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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-14 20:05:49 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La guardia blanca
+ novela histórica escrita en inglés
+
+Author: Arthur Conan Doyle
+
+Translator: Juan L. Iribas
+
+Release Date: June 17, 2011 [EBook #36453]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA ***
+
+
+
+
+Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online
+Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
+book was produced from scanned images of public domain
+material from the Google Print project.)
+
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+
+
+En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+texto. (nota del transcriptor)
+
+
+ LA GUARDIA BLANCA
+
+ _NOVELA HISTÓRICA ESCRITA EN INGLÉS_
+
+ POR
+
+ A. CONAN DOYLE
+
+ TRADUCIDA AL CASTELLANO
+
+ POR JUAN L. IRIBAS
+
+ NUEVA YORK
+ D. APPLETON Y COMPAÑÍA
+ EDITORES
+ 1896
+
+ COPYRIGHT, 1896,
+
+ BY D. APPLETON AND COMPANY.
+
+
+_La propiedad de esta obra está protegida por la ley en
+varios países, donde se perseguirá á los que la
+reproduzcan fraudulentamente._
+
+
+
+
+Á QUIEN LEYERE.
+
+
+En la moderna literatura inglesa, menos quizás que en ninguna otra,
+espera encontrar el lector obras que por su carácter y forma le
+recuerden las narraciones históricas de tipos caballerescos, empresas
+aventuradas y altas hazañas, que han inmortalizado los nombres de
+escritores españoles, franceses é italianos. Diríase que esas novelas de
+capa y espada, galanas y airosas, en las que palpita la vida entera de
+hidalga tierra y se refleja el espíritu de toda una raza, son patrimonio
+exclusivo de otros pueblos y otros autores que los nacidos en la
+nebulosa Albión.
+
+De aquí la novedad y el buen éxito merecidísimo de la obra de Conan
+Doyle cuya traducción castellana ofrecemos al público en este volumen.
+Con erudición y exactitud sorprendentes reproduce el escritor inglés en
+_La Guardia Blanca_ una serie de episodios fidelísimos de la época en
+que se desarrolla el argumento de su novela. Época tan agitada como lo
+fué para Inglaterra la segunda mitad del siglo XIV, en la que á pesar de
+sus grandes y recientes victorias de Crécy y Poitiers y del tratado de
+Bretigny, volvía á encenderse, más fiera y sañuda si cabe, aquella lucha
+interminable conocida en la historia con el nombre de Guerra de los Cien
+Años.
+
+Á imitación de las famosas Compañías Blancas de Duguesclín, personaje
+que también figura en esta obra de muy pintoresca manera, la _Guardia
+Blanca_ inglesa se lanza de lleno en la contienda y tras breve
+permanencia en el Ducado de Aquitania, arrebatado por entonces á la
+corona de Francia, entra en España á la vanguardia del poderoso ejército
+que Eduardo de Inglaterra pusiera á las órdenes del Príncipe Negro para
+reinstalar en el solio de Castilla á su aliado Don Pedro el Cruel, á la
+sazón destronado por su hermano Don Enrique de Trastamara.
+
+Las proezas y aventuras de los expedicionarios ingleses y de su
+indomable capitán, las descripciones interesantísimas de tipos y
+costumbres de la época, los múltiples incidentes de aquellas marciales
+jornadas, ora sangrientos y heróicos ora altamente cómicos, todo en
+suma, está ideado y referido con tal naturalidad, con exactitud y gracia
+tantas, que hacen de este libro una obra acabada y uno de los más
+preciados timbres de la fama literaria de su autor.
+
+J. L. I.
+
+HARTFORD, _Abril de 1896_.
+
+
+
+
+LA GUARDIA BLANCA
+
+
+
+
+CAPÍTULO I
+
+DE CÓMO LA OVEJA DESCARRIADA ABANDONÓ EL REDIL
+
+
+La gran campana del monasterio de Belmonte dejaba oir sus sonoros
+tañidos por todo el valle y aun más allá de la obscura línea formada por
+los bosques. Los leñadores y carboneros que trabajaban por la parte de
+Vernel y los pescadores del río Lande, suspendían momentáneamente sus
+tareas para dirigirse interrogadoras miradas; pues aunque el sonido de
+las campanas de la abadía era tan familiar y conocido por aquellos
+contornos como el canto de las alondras ó la charla de las urracas en
+setos y bardales, los repiques tenían sus horas fijas, y aquella tarde
+la de nona había sonado ya y faltaba no poco para la oración. ¿Qué
+suceso extraordinario lanzaba á vuelo, tan á deshora, la campana mayor
+de la abadía?
+
+Por todas partes se veía llegar á los religiosos, cuyos blancos hábitos
+se destacaban vivamente sobre el césped que cubría las avenidas de
+nudosos robles. Procedían unos de los viñedos y lagares pertenecientes á
+la comunidad, otros de la vaquería, de las margueras y salinas, y
+algunos llegaban, apresurando el paso, de las lejanas fundiciones de
+Solent y la granja de San Bernardo. No les cogía de sorpresa el
+inusitado campaneo, porque ya la noche anterior había despachado el abad
+un mensajero especial á todas las dependencias exteriores del
+monasterio, con orden de anunciar en ellas la proyectada reunión general
+del día siguiente. En cambio el hermano lego Atanasio, que durante un
+cuarto de siglo había limpiado y bruñido el pesado aldabón de bronce de
+la abadía, declaraba con asombro que jamás había presenciado convocación
+tan extemporánea y urgente de todos los miembros de la comunidad.
+
+Bastaba observar á éstos para comprender la gran variedad de ocupaciones
+á que se dedicaban y para formar idea, aunque incompleta, de los
+inmensos recursos de la abadía, centro de activísima vida. Veíase aquí á
+dos religiosos cuyas manos y antebrazos teñía de rojo el mosto; más allá
+otro, anciano y robusto, llevaba al hombro el hacha con que acababa de
+cortar grandes haces de leña; seguíale el hermano esquilador, cuya
+ocupación denunciaban las enormes tijeras que llevaba colgadas al cinto
+y las vedijas de lana adheridas al sayal. Un numeroso grupo iba provisto
+de azadas y layas, y los dos monjes que cerraban la marcha conducían con
+trabajo una pesada cesta llena de carpas, truchas y tencas, pues siendo
+el siguiente día de vigilia, había que proveer al sustento de cincuenta
+religiosos con un apetito á toda prueba. Verdad es que trabajaban de
+firme, porque el venerable abad Fray Diego de Berguén era tan severo con
+todos ellos como consigo mismo, que es mucho decir, y en su convento no
+se toleraban holgazanes.
+
+Mientras se reunían frailes y novicios el abad, cruzadas las manos y
+preocupado el semblante, recorría de extremo á extremo la gran sala del
+monasterio destinada á los actos solemnes. Sus delgadas facciones y
+hundidas mejillas revelaban al asceta que ha sabido triunfar de sus
+pasiones, no sin cruel y larga lucha, hasta dominarlas por completo.
+Aunque de apariencia endeble, su mirada imperiosa y enérgica recordaba
+que por sus venas corría sangre de famosos guerreros y que su hermano
+mellizo, el capitán Bartolomé de Berguén, era uno de los esforzados
+campeones ingleses que habían plantado la cruz de San Jorge sobre los
+muros de París. Apenas sonó la última campanada, se acercó el abad á una
+mesa y tocó el timbre que servía para llamar al hermano lego de
+servicio, al cual preguntó en el dialecto anglo-francés usado en los
+monasterios ingleses durante casi todo el siglo catorce:
+
+--¿Han llegado los hermanos?
+
+--Reunidos están en el claustro mayor, reverendo padre, contestó el
+lego, que se hallaba en actitud humilde, cruzadas las manos sobre el
+pecho y fija en el suelo la vista.
+
+--¿Todos?
+
+--Treinta y dos profesos y quince novicios. Fray Marcos, postrado por la
+fiebre, es el único que falta. Dice que....
+
+--No hace al caso lo que él diga. Enfermo ó no, importaba ante todo
+acatar mi mandato. Domeñaré su espíritu rebelde, como lo haré con otros
+miembros de esta abadía que necesitan severa disciplina. Y vos mismo,
+hermano Francisco, estáis en falta. Ha llegado á mis oídos que habéis
+alzado la voz en el refectorio, mientras el hermano lector comentaba la
+palabra divina. ¿Qué contestáis á esa acusación?
+
+El lego no chistó, ni se movió siquiera.
+
+--Mil avemarías y otros tantos credos rezados con los brazos en cruz
+ante el altar de la Virgen, servirán para recordaros que el Supremo
+Creador nos dió dos orejas y una sola lengua, para que oigamos mucho y
+hablemos poco. Enviadme aquí al hermano Maestro.
+
+El atemorizado lego salió de puntillas, cerrando tras sí la puerta, que
+se abrió algunos momentos después para dar paso á un monje, corto de
+estatura, robusto de cuerpo y cuya imperiosa mirada acentuaba la
+expresión severa del semblante.
+
+--¿Me habéis llamado, reverendo padre?
+
+--Sí, hermano Maestro. Deseo que el acto de hoy, que me impone un deber
+durísimo, se verifique con el menor escándalo posible; y sin embargo, es
+fuerza dar al culpable una lección pública, para ejemplo de los
+restantes.
+
+Dijo el abad estas palabras en latín, lengua en que de ordinario hablaba
+á los religiosos á quienes por sus años ó por razón de su cargo ó de sus
+méritos, juzgaba dignos de especial deferencia.
+
+--Es mi parecer que los novicios no presencien el juicio, observó el
+hermano Maestro. En la acusación figura una mujer y temo que pérfidas
+imágenes empañen la pureza de sus pensamientos....
+
+--¡Mujer, mujer! murmuró el abad. _Radix malorum_, que dijo el venerable
+Crisóstomo, definición exacta y aplicable desde Eva hasta nuestros
+días. ¿Quién denunciará al pecador?
+
+--El hermano Ambrosio.
+
+--Casto y piadoso mancebo.
+
+--Y modelo de novicios.
+
+--Procédase, pues, al juicio de acuerdo con las prácticas tradicionales
+de la orden. Ved que se admita y acomode á los profesos por orden de
+edad y que á su tiempo comparezca el maleado Tristán de Horla, cuya
+conducta exige ya medidas severas.
+
+--¿Y los novicios?
+
+--Esperarán en el claustro de la capilla, donde convendrá que el lector
+les refresque la memoria sobre el tema _Gesta beati Benedicti_. Así se
+evitará toda conversación ociosa y toda ocasión de liviandad.
+
+Una vez solo el abad, volvió á fijar sus miradas en las páginas
+caprichosamente iluminadas de su breviario y permaneció en aquella
+actitud basta que hubo entrado en la sala el último de los monjes.
+Tomaron éstos asiento en los dos bancos de tallado roble que iban desde
+el estrado hasta el extremo opuesto de la estancia, donde el hermano
+Ambrosio y el Maestro de novicios ocuparon sendos sitiales. Era el
+primero un joven enteco, alto y pálido, que oprimía nerviosamente entre
+sus manos un enrollado pergamino. El abad contempló desde su asiento en
+el estrado las dos hileras de monjes, cuyos rostros plácidos, rollizos y
+bronceados por el sol, con raras excepciones, y cuya expresión
+satisfecha, daban clara muestra de la vida tranquila y feliz que allí
+llevaban.
+
+Fray Diego fijó después su penetrante mirada en el joven religioso
+sentado frente á él y dijo:
+
+--Sois el acusador, hermano Ambrosio. Quiera nuestro venerado patrón San
+Benito concederos su gracia y dirigir nuestros juicios en esta ocasión,
+para el bien de la comunidad y para la mayor gloria de Dios. ¿Cuántos
+son los cargos dirigidos contra el novicio Tristán?
+
+--Cuatro, reverendo padre, contestó el interpelado en voz baja y sumisa.
+
+--¿Los habéis enumerado y expuesto conforme lo manda nuestra santa
+regla?
+
+--Contenidos están en este pergamino....
+
+--Que entregaréis al hermano relator para su lectura cuando llegue el
+momento. Introducid al acusado.
+
+Al oir aquella orden, un lego situado junto á la puerta la abrió de par
+en par, dando entrada á un joven novicio y á otros dos legos que hasta
+entonces lo habían acompañado y vigilado en la antecámara. Era el
+novicio Tristán de Horla mancebo de aventajada estatura y atléticas
+formas, cuyos ojos negros contrastaban con el rojo cabello y cuyas
+facciones, nada desagradables, revelaban de ordinario la franqueza y el
+buen humor, si bien en aquel momento se reflejaba en ellas una expresión
+de reto y enojo. Caída sobre los hombros la capucha, desabrochado el
+hábito que mostraba el hercúleo cuello, desnudos hasta el codo los
+velludos brazos que tenía cruzados sobre el pecho, saludó reverentemente
+al abad y se dirigió con toda calma al reclinatorio que le estaba
+reservado en el centro de la sala. Sus negros ojos pasaron rápida
+revista á los circunstantes y acabaron por fijarse, con expresión un
+tanto irónica, en el hermano acusador.
+
+Entregó éste el pergamino al relator de la orden, quien lo leyó con voz
+pausada y entonación solemne, escuchado atentamente por todos los
+religiosos allí congregados. El documento decía así:
+
+"Cargos formulados el día de la Asunción, en el año de gracia de mil
+trescientos sesenta y seis, contra el hermano Tristán, antes llamado
+Tristán de Horla y al presente novicio de la santa orden monástica del
+Císter. Leídos el jueves siguiente á dicha fiesta de la Asunción, en la
+abadía de Belmonte, ante el reverendo abad Fray Diego de Berguén y la
+comunidad reunida en capítulo. Los cargos aducidos son:
+
+"Primero: Que habiéndose distribuido á los novicios determinada cantidad
+de cerveza floja, como concesión especial con motivo de la precitada
+festividad y en la proporción de un azumbre por cada cuatro novicios, el
+acusado se apoderó violentamente del jarro y se bebió el azumbre de una
+sentada, en detrimento de sus compañeros de mesa Pablo, Porfirio y
+Ambrosio; quienes declararon que á duras penas pudieron comer los
+arenques salados que formaron la refacción de aquel día."
+
+Al oir aquellos detalles el acusado se mordió los labios para disimular
+una sonrisa y varios religiosos se miraron de soslayo; otros tosieron á
+fin de no soltar la carcajada. Pero el abad permaneció impasible y
+severo, mientras el relator continuaba su lectura:
+
+"Segundo: Que como el Maestro de novicios castigase aquel desafuero
+poniendo al culpable á pan y agua por tres días, en honor de Santa
+Tiburcia, aquel pecador impenitente declaró en presencia del novicio
+Ambrosio que quisiera ver á una legión de demonios llevándose por los
+aires al susodicho hermano Maestro.
+
+"Tercero: Que amonestado por éste nuevamente, el acusado cogió á su
+denunciador por el pescuezo y lo zabulló en el estanque de la huerta,
+por espacio suficiente para que la víctima de tamaño atropello pudiera
+acabar el credo que rezó mentalmente con objeto de encomendar su alma á
+Dios, creyendo llegada la última hora."
+
+Las exclamaciones de sorpresa y censura que se oyeron en ambos bancos
+indicaron que los miembros de la comunidad apreciaban la gravedad del
+último cargo; pero el abad impuso silencio, levantando su huesuda mano.
+
+--Continuad, dijo al lector.
+
+--"Y cuarto: Que poco antes de vísperas, el día de Santiago Apóstol, se
+vió al citado Tristán en el camino de Vernel, en conversación con una
+mujer, la llamada María Soley, hija del guardabosque de este nombre. Y
+que después de muchas risas y resistencias por parte de la susodicha
+doncella, el acusado la tomó en brazos y la condujo al otro lado del
+riachuelo de Las Hayas, para evitar que aquella emisaria de Satán se
+mojase los pies. Esta infracción inaudita de nuestra santa regla fué
+presenciada por tres miembros de la comunidad, con gran escándalo suyo y
+con indudable regocijo de todo el infierno, que así veía caer en mortal
+pecado á un novicio de nuestra orden."
+
+El silencio profundo que siguió á aquellas palabras, aun más que los
+ademanes y el aspecto horrorizado de algunos religiosos, reveló cuán
+profunda y unánime era la reprobación de los oyentes.
+
+--¿Quiénes son los testigos de tan enorme pecado? preguntó el abad con
+voz que delataba su indignación.
+
+--Yo soy uno de ellos, dijo levantándose el hermano Ambrosio; y conmigo
+lo presenciaron Porfirio y Marcos, el cual se afectó de tal manera que
+desde entonces se halla en la enfermería.....
+
+--¿Y la mujer? continuó Fray Diego. ¿No prorrumpió en acongojado llanto
+al presenciar aquella conducta de un hombre que vestía nuestro sagrado
+hábito?
+
+--No, reverendo abad. Antes bien sonrió dulcemente cuando él la depositó
+allende el vado y le dió las gracias y le tendió su mano. Lo ví con mis
+propios ojos, como lo vió Marcos....
+
+--¡Lo visteis, desgraciados! gritó el abad. ¿Y acaso no sabíais que el
+capítulo treinta y cinco de los reglamentos de esta orden os lo prohibía
+terminantemente? ¿De cuándo acá habéis olvidado que en presencia de una
+mujer debemos todos bajar la vista y aun volver la cara? Y si hubierais
+tenido fija la mirada en vuestras sandalias, ¿cómo ver las sonrisas y
+mohines de aquel demonio disfrazado de mujer? ¡Á vuestras celdas, falsos
+hermanos, á pan y agua hasta el próximo domingo, con dobles laudes y
+maitines para que aprendáis á obedecer las leyes que nos rigen!
+
+Ambrosio y Porfirio, atemorizados ante aquella inesperada reprimenda,
+cayeron temblando en sus asientos. El abad apartó de ellos la vista para
+fijarla en el principal culpable, quien lejos de mostrar temor é
+inclinar la frente sostuvo con toda calma la mirada furibunda de Fray
+Diego.
+
+--¿Qué alegáis en vuestra defensa, hermano Tristán?
+
+--Poca cosa, padre mío, fué la contestación del joven, dada con el
+pronunciado acento sajón que por entonces caracterizaba á los campesinos
+ingleses del Oeste. Por cierto que el inusitado acento llamó mucho la
+atención de los religiosos, ingleses de pura raza en su mayoría. Pero el
+abad sólo se fijó en la tranquilidad y la indiferencia que la respuesta
+del novicio revelaba y la indignación coloreó su rostro enjuto.
+
+--¡Hablad! ordenó golpeando con el puño el brazo del sitial.
+
+--Pues cuanto á lo de la cerveza, observó Tristán sin inmutarse lo más
+mínimo, téngase en cuenta que acababa yo de llegar del trabajo en el
+campo y que apenas empiné el jarro ya le ví el fondo y sin saber cómo lo
+dejé en seco. Grande debió de ser mi sed. Cierto es que perdí los
+estribos cuando el buen Maestro me mandó ayunar, pero bien se explica
+eso recordando que pan y agua es triste dieta para un cuerpo y un
+apetito como los que Dios me ha dado. También es verdad que le senté la
+mano el cernícalo de Ambrosio, pero la zabullida de que se queja no pasó
+de un susto sin consecuencias. Y como no niego ninguno de los cargos
+anteriores, tampoco puedo negar, si tal cargo es, el de haber ayudado á
+la hija de Soley á pasar el vado de Las Hayas, en atención á que la
+pobre muchacha tenía puestos zapatos y medias y su saya de los domingos,
+al paso que yo iba descalzo y se me importaba un bledo remojarme los
+pies. Y tengo para mí que el no haberme portado cual entonces lo hice
+hubiera sido una vergüenza, para un novicio como para cualquier otro
+hombre que se respete y que respete á la mujer....
+
+Aquellas palabras colmaron la exasperación del abad, sobre todo
+pronunciadas como fueron con la sonrisa burlona que apenas había
+desaparecido un momento de los labios de Tristán desde el comienzo de su
+perorata.
+
+--¡Basta ya! exclamó Fray Diego. Lejos de defenderse el culpado confiesa
+y agrava su falta con sus livianas palabras. Sólo me resta imponerle el
+condigno castigo.
+
+Al decir esto dejó el abad su asiento y todos los monjes le imitaron,
+dirigiendo temerosas miradas al irritado semblante de su superior.
+
+--Tristán de Horla, continuó éste, en los dos meses de vuestro noviciado
+habéis dado pruebas evidentes de perversidad y de que por ningún
+concepto merecéis vestir el blanco hábito símbolo de un espíritu sin
+mancha. Seréis, pues, despojado de ese hábito y despedido de esta
+abadía, de sus tierras y pertenencias, sin renta ni beneficio de ninguna
+clase y sin las gracias espirituales que gozan cuantos viven bajo la
+tutela y especial protección de San Benito. Vuestro nombre será borrado
+de los registros de la orden y os queda prohibido volver á pisar los
+umbrales de la abadía y entrar en ninguna de las granjas y posesiones de
+Belmonte.
+
+Aquella primera parte de la sentencia pareció terrible á los monjes,
+especialmente á los más ancianos, acostumbrados como estaban á la vida
+sosegada de la abadía, fuera de la cual se hubieran visto tan
+desamparados y desvalidos como niños abandonados á sus propias fuerzas.
+Pero evidentemente la vida mundanal no tenía terrores para el novicio,
+antes le atraía y agradaba, á juzgar por la expresión regocijada con que
+oyó el anuncio de su expulsión. Su contento acrecentó la iracundia de
+Fray Diego, quien continuó diciendo:
+
+--Esto por lo que al castigo espiritual se refiere. Pero á los malos
+servidores de Dios, de corazón empedernido, poco les duelen tales penas.
+Yo sé cómo castigaros de manera que lo sintáis, ahora que vuestras
+fechorías os han privado de la protección de la iglesia. ¡Á ver! ¡Tres
+hermanos legos, Francisco, Atanasio y José, apoderaos del truhán, atadle
+los brazos y decid al hermano portero que le aplique unas cuantas
+docenas de azotes con un buen rebenque!
+
+Al acercársele los robustos legos para obedecer las órdenes del abad,
+desapareció toda la placidez del novicio, que asió con ambas manos el
+pesado reclinatorio de roble y levantándolo en alto como una maza, gritó
+con voz potente:
+
+--¡Teneos! ¡Juro por San Jorge que al primero de vosotros que ose
+tocarme le rompo la cabeza en mil pedazos!
+
+La advertencia no podía ser más clara ni más enérgica, y unida á la
+amenazadora actitud del novicio, cuyas fuerzas eran bien conocidas de
+todos, bastó para que los legos retrocedieran más que de prisa y para
+espantar á los religiosos, que se precipitaron en tropel hacia la
+puerta. Sólo el abad pareció pronto á lanzarse sobre el rebelde novicio,
+pero dos monjes que junto á él se hallaban lo asieron por los brazos y
+lograron ponerlo fuera de peligro.
+
+--¡Está poseído del demonio! gritaban los fugitivos. ¡Pedid socorro! Que
+venga el hortelano con su ballesta, y llamad también á los mozos de
+cuadra. ¡Pronto, decidles que estamos en peligro de muerte! ¡Corred,
+hermanos! ¡Ved que ya nos alcanza!
+
+Pero el victorioso Tristán de Horla no pensaba en perseguirlos. Estrelló
+contra el suelo el reclinatorio, derribó de un revés á su delator
+Ambrosio, que puso el grito en el cielo, y atropellando á los
+aturrullados frailes que formaban la retaguardia, bajó á escape la
+escalera. El portero Atanasio vió pasar rápidamente una gigantesca forma
+blanca y antes de enterarse de lo que aquello significaba y de la causa
+del tumulto que en la escalera se oía, ya el indómito Tristán estaba
+lejos de la abadía y á grandes zancadas recorrió el polvoriento camino
+de Vernel.
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+DE CÓMO ROGER DE CLINTON EMPEZÓ Á VER EL MUNDO
+
+
+Los muros del antiguo convento no habían presenciado jamás escándalo
+semejante. Pero Fray Diego de Berguén tenía en mucho la buena disciplina
+de la comunidad para permitir que ésta quedase bajo la impresión de la
+rebeldía triunfante del novicio; así fué que convocando nuevamente á los
+hermanos les dirigió una filípica como pocas, comparando la expulsión
+del iracundo Tristán á la de nuestros primeros padres del Paraíso,
+llamando sobre él los castigos del cielo y advirtiendo de paso á sus
+oyentes que si algunos de ellos no mostraban más celo y obediencia que
+hasta entonces, la expulsión de aquel día no sería la última. Con esto
+quedó restablecida la calma y en buen lugar la autoridad de Fray Diego,
+quien ordenó á los religiosos que volvieran á sus faenas respectivas y
+se retiró á su celda.
+
+Apenas comenzadas sus oraciones oyó que llamaban suavemente á la puerta.
+
+--Entrad, dijo con voz en que se traslucía el mal humor; pero apenas
+fijó los ojos en el importuno que así le interrumpía, desapareció la
+expresión ceñuda del semblante, reemplazándola bondadosa sonrisa.
+
+El que llegaba era un esbelto doncel, de facciones algo delgadas, rubios
+cabellos, buena presencia y muy joven á juzgar por la expresión aniñada
+del rostro. Sus claros y hermosos ojos revelaban también un candor casi
+infantil; su mirada era la del adolescente cuyo espíritu se había
+desarrollado hasta entonces lejos de las emociones, de las penas y de
+los combates del mundo. Sin embargo, las líneas de la boca y la
+pronunciada forma de la barba indicaban un carácter enérgico y
+resuelto.
+
+Aunque no vestía el hábito monástico, su ropilla, calzas y gruesas
+medias eran de obscuro color, cual convenía á un morador de aquella
+santa casa. De una ancha correa cruzada al hombro pendía henchido zurrón
+de los que por entonces usaban los viajeros; llevaba en la diestra un
+grueso bastón herrado y en la otra mano su gorra de paño pardo, que
+tenía cosida al frente una gran medalla con la imagen de Nuestra Señora
+de Rocamador.
+
+--Veo que estás ya pronto á ponerte en camino, hijo querido. Y no deja
+de ser coincidencia curiosa, continuó el abad con aire pensativo, la de
+que en un mismo día salgan de este monasterio el más perverso de sus
+novicios y el mancebo á quien todos consideramos como el más digno de
+nuestros jóvenes discípulos y que es también el predilecto de mi
+corazón.
+
+--Sois demasiado bondadoso, padre mío, contestó el doncel. Por mi parte,
+si me fuese dado elegir, acabaría mis días en Belmonte. Aquí he tenido
+mi dulce hogar desde la infancia y al salir de esta casa lo hago con
+verdadero pesar.
+
+--Pruebas impuestas por Dios son esas penas, Roger, y cada cual tiene su
+cruz. Pero tu partida, que á todos nos contrista, es inevitable. Yo
+prometí á tu padre que al cumplir los veinte años saldrías de Belmonte,
+para ver algo del mundo y juzgar por tí mismo si preferías seguir en él
+ó volver á este sagrado refugio. Acerca ese escabel y toma asiento.
+
+Hízolo así Roger y el abad continuó diciendo, después de reflexionar
+algunos momentos:
+
+--Veinte años hace que tu padre, el arrendador de la granja de Munster,
+murió, dejando valiosos cortijos y terrenos á la abadía y dejándonos
+también á su hijo menor, niño de pocos meses, á condición de criarlo y
+educarlo en el monasterio. Hízolo así el buen hidalgo no sólo porque
+había muerto tu santa madre, sino porque Hugo de Clinton, su hijo mayor
+y único hermano tuyo, había dado ya pruebas de su carácter díscolo y
+violento, y hubiera sido absurdo dejarte encomendado á él. Pero como
+dije antes, tu padre no quería dedicarte irrevocablemente á la vida
+monástica; la elección dependerá de tí, y no has de hacerla ahora, sino
+cuando tengas alguna experiencia de la vida, para resolver con acierto.
+
+--¿Y no impedirán mi partida los cargos que he ejercido ya en la
+comunidad, aparte de mis funciones de amanuense?
+
+--En manera alguna. Veamos: ¿has sido despensero y acólito?
+
+--Sí, padre.
+
+--¿Exorcista y lector después?
+
+--Sí, padre.
+
+--Y obediente y piadoso como un hermano profeso, pero nunca has hecho
+voto de castidad. ¿No es cierto?
+
+--Así es, padre mío.
+
+--Pues nada te impide entrar en el mundo y vivir en él tan libremente
+como el que nunca ha pisado el claustro. Y puedo decir con placer que
+esa nueva vida se abre ante tí con buenos auspicios, porque además de
+los sanos principios que te hemos inculcado, eres hábil y puedes
+bastarte á tí mismo haciéndote útil á otros. Dime qué has aprendido
+últimamente; ya sé que eres escultor de no mediano mérito y que pocos
+mancebos de tu edad te ganan á tocar la cítara y el rabel. Y nada diré
+de tu voz; nuestro coro pierde contigo el mejor de sus cantores.
+
+Sonrióse complacido el doncel y dijo:
+
+--Á la paciencia del buen hermano Jerónimo debo también el oficio de
+grabador, que he aprendido pasablemente y llevo hechos muchos trabajos
+en madera, marfil, bronce y plata. Con Fray Gregorio he aprendido á
+pintar sobre pergamino, metal y vidrio. Sé esmaltar, conozco algo el
+tallado de piedras preciosas, puedo construir muchos instrumentos
+músicos y cuanto á la heráldica, no hay en Belmonte amanuense ni novicio
+que la sepa mejor que yo.
+
+--¡Pues no es corta la lista! exclamó el superior con alegre acento. No
+hubieras aprendido más en el Real Colegio de Exeter. Pero ¿qué me dices
+de tus otros estudios, de tus lecturas y composiciones?
+
+--Sin ser mucho lo que he leído, el hermano Canciller os podrá decir que
+no he descuidado la biblioteca. Los Evangelios comentados, Santo Tomás,
+la Colección de Cánones....
+
+--Bueno es todo eso, pero más necesitas hoy otra clase de lecturas, algo
+de ciencias naturales, geografía y matemáticas. Veamos: desde esta
+ventana se divisa la desembocadura del Lande y más allá unas cuantas
+velas de barcos pescadores que han cruzado la barra y salido al mar.
+Supongamos que en lugar de volver esta noche al puerto, continuasen esas
+barcas su viaje por días y días en la dirección que ahora llevan. ¿Sabes
+á dónde llegarían?
+
+--Tienen puesta la proa en dirección á Oriente, contestó prontamente el
+joven, y van en derechura hacia aquella región de Francia que hoy forma
+parte de los dominios de nuestro poderoso señor el Rey de Inglaterra.
+Volviendo la proa hacia el sur llegarían á España y por el nordeste
+encontrarían los estados de Flandes y más allá la gente moscovita.
+
+--Cierto es. ¿Y si después de llegar á los dominios de nuestro rey en
+Francia emprendiese un caminante la marcha en dirección á Oriente?
+
+--Pues visitaría las tierras francesas que todavía están en tela de
+juicio y la famosa ciudad de Avignón, donde reside temporalmente Su
+Santidad. Más allá se extienden los estados de Alemania, el gran Imperio
+Romano, las tribus de los paganos Hunos y Lituanos y por último la
+ciudad de Constantino y el dominio de los odiados hijos de Mahoma.
+
+--Bien, Roger. ¿Y más allá?
+
+--Jerusalén, la Tierra Santa y el caudaloso río que tuvo sus fuentes en
+el paraíso terrenal. Después... no sé, padre mío; pero el fin del mundo
+no andará muy lejos de aquellos lugares, á lo que imagino.
+
+--No tal, mi buen Roger, y eso te probará que siempre queda algo que
+aprender. Has de saber que entre los Santos Lugares y el fin del mundo
+habitan muchos y muy numerosos pueblos, cuales son el de las amazonas,
+el de los pigmeos y aun el de ciertas mujeres, tan bellas como
+peligrosas, que matan con la mirada, como se dice del basilisco. Y al
+oriente de todas esas naciones está el reino del Preste Juan, cuyas
+vagas descripciones habrás hallado en los libros. Todo esto lo sé de
+buena tinta, por habérmelo asegurado y descrito un valiente capitán y
+gran viajero, el señor Farfán de Setién, que descansó en Belmonte á su
+paso para Southampton y nos refirió sus viajes, descubrimientos y
+aventuras en el refectorio, con detalles tan curiosos é interesantes que
+muchos hermanos se olvidaron de comer por el placer de escucharle sin
+perder una sílaba de su relato.
+
+--Lo que yo quisiera saber, padre mío, es qué hay al fin del mundo....
+
+--Poco á poco, amiguito, interrumpió el abad. Lo que allí hay ó deja de
+haber no es para preguntado. Pero hablemos de tu viaje. ¿Cuál será tu
+primera etapa?
+
+--La casa de mi hermano en Munster. No sólo deseo conocerlo, sino que
+los informes desfavorables que siempre he tenido de su carácter y método
+de vida me parecen una razón más para intentar reformarlo y atraerlo al
+buen camino.
+
+El abad movió la cabeza negativamente.
+
+--Pronto se echa de ver tu inexperiencia. La mala reputación del
+arrendador de Munster data de antiguo, y quiera Dios que no sea él quien
+logre apartarte del buen camino que has seguido hasta ahora. Pero ya
+vivas con él ya te lleve la suerte por otros rumbos, desconfía sobre
+todo de los falsos atractivos y de las artes de la mujer, el mayor
+peligro que amenaza á los hombres de tu edad y sobre todo á los que como
+tú no han encontrado jamás en su camino á ese enemigo de nuestra
+tranquilidad. Adiós, hijo mío. Abrázame y recibe la bendición del cielo
+que invoco sobre tu cabeza. Encomiéndote también fervientemente al
+glorioso San Julián, patrón de los viajeros. Sea tu vida cristiana y
+feliz.
+
+Penosa fué la despedida de aquellos dos hombres, el uno animado por el
+cariño paternal que profesaba al huérfano y el otro por su gratitud
+infinita hacia el bondadoso protector de toda su vida. Hacía más dura su
+separación la idea que ambos tenían formada del mundo, al que
+consideraban desde su tranquilo refugio como centro de iniquidades,
+peligros y rencores. Los monjes y novicios que no habían salido á sus
+quehaceres esperaban á Roger en el pórtico, donde se despidieron de él
+con efusión, pues de todos era grandemente apreciado. También le
+hicieron algunos regalos; un pequeño crucifijo de marfil, un libro de
+oraciones y un cuadrito que representaba la Degollación de los
+Inocentes, artísticamente ejecutado en pergamino. Todos aquellos
+recuerdos de sus cariñosos amigos quedaron pronto bien acondicionados en
+el zurrón, sobre el cual el previsor hermano Atanasio colocó también un
+paquete que recomendó mucho á Roger y que según descubrió éste después,
+contenía una hogaza de pan blanco, un magnífico queso y una botella de
+buen vino.
+
+Púsose por fin en camino el conmovido joven, en cuyos oídos resonaban
+las bendiciones y las frases de despedida de los bondadosos monjes. Al
+llegar á una altura vecina se detuvo para contemplar por última vez
+aquellos lugares en los que se había deslizado su vida tranquila y
+dichosa. Allí el obscuro y monumental edificio de la abadía, la
+residencia de Fray Diego, con su capilla adjunta, los jardines y
+huertos, iluminado todo ello por un sol espléndido. Más allá la
+anchurosa ría del Lande, el vetusto pozo de piedra, la capilla de la
+Virgen y en la esplanada frente al convento el grupo de blancos hábitos,
+aquellos amigos de su adolescencia, que al verle detenido renovaron sus
+saludos.
+
+Dos lágrimas surcaron las mejillas de Roger, que suspiró profundamente y
+volvió á emprender su jornada.
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+DE CÓMO TRISTÁN DE HORLA DEJÓ AL BATANERO EN PERNETAS
+
+
+Caso muy raro sería que un joven de veinte años, lleno de salud y vida,
+dedicase las primeras horas de absoluta independencia gozadas desde la
+infancia á llorar la celda de su convento y la disciplina del claustro.
+Sucedió, pues, que la emoción de Roger fué poco duradera y que aun antes
+de perder de vista á Belmonte recobró la alegría propia de sus años y
+pudo apreciar en toda su belleza los primores del paisaje. Era una tarde
+hermosísima; los rayos del sol caían oblicuamente sobre los frondosos
+árboles, trazando en el camino arabescos de sombras, alternados con
+anchas franjas doradas. Entre los árboles y en cuanto alcanzaba la
+vista, tupidos arbustos, amarilleando algunos al soplo del otoño. Al
+perfume de las flores se unían las gratas emanaciones resinosas de los
+pinares y sólo el rumor de claros arroyuelos interrumpía de cuando en
+cuando el murmullo de la brisa entre las ramas y el canto de los
+pájaros.
+
+Pero aquella soledad y quietud de los campos eran sólo aparentes. La
+vida se desarrollaba vigorosa y activa en ellos y en los vecinos
+bosques. Insectos de brillantes colores zumbaban en torno de hojas y
+flores; juguetonas ardillas suspendían sus escarceos para mirar al
+insólito caminante desde lo alto de las ramas, y ya se oía el gruñido
+del fiero jabalí en el matorral, ya el roce de las hojas secas pisadas
+por el gamo, que huía á todo correr.
+
+No tardó el risueño caminante en dejar muy atrás á Belmonte y sus verdes
+praderas y de aquí que fuera mayor su sorpresa al divisar sentado en una
+piedra junto al camino á uno al parecer religioso de aquella comunidad,
+á juzgar por los blancos hábitos que vestía. Pero al acercarse notó
+Roger que el rostro del fraile, desapacible y coloradote, le era
+totalmente desconocido y que por sus ademanes y la expresión dolorida
+del semblante más parecía caminante desbalijado que otra cosa. De pronto
+le vió incorporarse y correr camino arriba, recogiendo y levantando con
+ambas manos el sayal, lo menos dos palmos más largo de lo que pedía el
+cuerpo bajo y rechoncho del desconocido. Pero no tardó éste en
+detenerse, resoplando como si le faltara el aliento y acabando por
+dejarse caer sobre la hierba. Roger se dirigió hacia él apresuradamente
+y el otro le preguntó:
+
+--¿Conocéis, buen amigo, la abadía de Belmonte?
+
+--Mucho que sí, de allí vengo y en ella he vivido hasta hoy.
+
+--Loado sea Dios, porque en tal caso podréis decirme quién es un fraile
+como un dragón, con la cara llena de pecas, los ojos negros y el pelo
+rojo, á quien por mi mal acabo de encontrarme en este camino. ¿Le
+conocéis? No puede haber otro tan grande ni tan malvado como él en la
+abadía.
+
+--Por las señas es ése el novicio Tristán de Horla. ¿Qué os ha hecho?
+
+--¡Pesia mi alma que lo hecho por él no lo hicieran conmigo salteadores
+de camino! No sino que el menguado me quitó cuanta ropa llevaba puesta
+dejándome en gregüescos y después me enjaretó este sayal blanco,
+quedándome yo aquí corrido y sin atreverme á volver al pueblo y mucho
+menos á presentarme á mi mujer, que si me ve en esta guisa pondrá el
+grito en el cielo, tratándome de borracho y correntón.
+
+--¿Pero cómo fué eso? preguntó el amanuense, que á duras penas podía
+contener la risa.
+
+--Yo os lo contaré de la cruz á la fecha, repuso el otro. Pasaba por
+este mismo camino y muy cerca del lugar en que estamos, cuando me topé
+con el fraile bandido de la cabeza roja. Creyéndolo un religioso como
+Dios manda, entregado á sus oraciones, lo saludé y seguí mi marcha hacia
+Léminton, donde vivo y me gano el sustento como batanero que soy. Pero á
+los pocos pasos oí que me llamaba; volvíme y me preguntó si tenía
+noticia de la nueva indulgencia concedida á favor de los monjes del
+Císter. "No," le contesté. "Tanto peor para vuestra salvación eterna,"
+me dijo; y habló largamente de la gran estimación de Su Santidad por las
+virtudes del abad de Berguén y cómo en reconocimiento y recompensa de
+las mismas había resuelto el Papa conceder indulgencia plenaria á todo
+pecador que vistiese el hábito cisterciense y lo tuviese puesto el
+tiempo necesario para recitar los siete Salmos de David. Al oirlo me
+arrodillé á sus pies, rogándole que me dejase obtener tan grande gracia
+prestándome su hábito, á lo que se avino después de muchas súplicas y de
+entregarle yo doce sueldos para dorar la imagen del bendito San Lorenzo.
+Quitádose que hubo esta vestimenta, tuve que prestarle mi buen jubón y
+calzas de paño para que no le viese algún caminante en ropas menores y
+aun me pidió el grueso par de medias que yo llevaba para preservarse,
+dijo, del airecillo algo frío, mientras rezaba yo mis oraciones. Llegado
+apenas al segundo salmo, acabó él de arroparse y gritándome que
+procurase conducirme cual cuadraba á un piadoso fraile, apretó á correr
+camino arriba como si lo persiguieran los demonios. Cuanto á mí,
+pecador, ni puedo correr metido en este saco harinero que por todos
+lados me sobra, ni tampoco es cosa de quitármelo y presentarme en el
+pueblo sin más vestimenta que una almilla rabona, unos gregüescos
+remendados y un par de zapatos. Ni siquiera medias. ¡Por vida del fraile
+ladrón!
+
+--No os descorazonéis, buen hombre, dijo el doncel, que bien podréis
+trocar vuestro sayal por un jubón en el convento, cuando no tengáis más
+cerca algún conocido que os saque del paso.
+
+--Sí tengo, repuso el batanero. Allende el seto vive un pariente de mi
+mujer, pero la suya es lo más mordaz y maldiciente que conozco y como mi
+aventura llegase á oidos de aquella bruja no me atrevería á asomar la
+cara fuera de mi casa en un mes. Pero si vos quisierais, mi buen señor,
+podríais hacerme una grandísima merced con sólo desviaros de vuestro
+camino cosa de dos tiros de ballesta y....
+
+--Eso haré yo de muy buena gana, dijo Roger compadecido del pobre hombre
+á quien en tan duro trance habían puesto las diabluras de Tristán, su
+amigo del convento.
+
+--Pues tomad aquel sendero de la izquierda, que no tardará en llevaros
+á un claro del bosque, y allí veréis la choza de un carbonero. Decidle
+que os dé un par de prendas de ropa y que os envía con grande urgencia
+maese Rampas, el batanero de Léminton. Razones tiene para no negarme eso
+que en nombre mío váis á pedirle.
+
+Hízolo Roger como se lo decían y halló muy pronto la cabaña y sola en
+ella á la mujer del carbonero, por hallarse su marido trabajando en el
+monte. Expuso su misión y complaciente la mujer comenzó enseguida á
+preparar el hatillo, mientras Roger la contemplaba con la curiosidad
+natural en quien jamás había hablado á una mujer y mucho menos vístose
+mano á mano con una hija de Eva en solitaria cabaña perdida en el
+bosque. Observó que sus desnudos brazos eran de redondeadas formas,
+aunque requemados por el sol y que llevaba modesta basquiña parda y un
+pañolón cruzado y prendido sobre el pecho con enorme alfiler de cobre.
+
+--¡Maese Rampas el batanero! repetía ella yendo de aquí para allá en
+busca de las ropas. Si fuese yo su mujer ya le enseñaría á dejarse
+desbalijar en medio del camino por el primer perdulario que pase. Pero á
+bien que él ha sido siempre un alma de Dios y que no he de ser yo quien
+le ponga tachas ni le niegue un favor, que muy grande me lo hizo él
+pagando de su bolsillo el entierro de Frasquillo, mi hijo mayor, á quien
+tenía de aprendiz en el batán y me lo llevó la peste negra de hace dos
+años. ¿Y quién sois vos, mi buen señor?
+
+--Un caminante. Vengo de Belmonte y me propongo llegar á Munster esta
+noche ó mañana.
+
+--Y viniendo de Belmonte, me basta miraros para conocer que habéis sido
+discípulo de los monjes. Pero conmigo no hay por qué bajar los ojos ni
+poneros rojo como un pimiento. ¡Bah! ¿Á mí qué? ¡Buenas cosas os habrán
+contado los frailes de nosotras las mujeres, y á fe que se diría que
+ninguno de ellos ha conocido ni querido á su propia madre! ¡Bonito
+estaría el mundo si los padres priores echasen de él á todas las
+mujeres!
+
+--No lo quiera Dios, dijo fervientemente Roger.
+
+--Amén mil veces. Pero vos sois un gentil mozo y tanto más me lo
+parecéis á mí por lo mismo que sois á la vez modesto y comedido. Fácil
+es ver también que no habéis pasado vuestros pocos años á la
+intemperie, sufriendo las inclemencias del frío en invierno y quemado
+por los rayos del sol en verano, como tuvo que sufrirlo mi pobre
+Frasquillo, y eso que no había cumplido los catorce cuando me lo llevó
+Dios.
+
+--La verdad es que he visto muy poco del mundo, buena mujer, respondió
+el joven.
+
+--Tanto mejor para vos. Y ahora, aquí tenéis el hatillo para el bueno de
+Rampas y decidle que no se dé prisa por devolver esas ropas. Cuando
+buenamente pase por aquí cerca puede dejarlas en la cabaña. ¡Virgen
+Santa, cómo estáis cubierto de polvo! Bien se ve que en los conventos no
+hay mujer que os cuide. Os limpiaré un poco. ¡Vaya! Y ahora, dadme un
+beso é id en paz.
+
+Inclinóse Roger para que ella lo besase, saludo muy en boga en
+Inglaterra por aquella época, y así lo hizo notar Erasmo mucho después,
+diciendo que el beso como saludo era más usado en aquel reino que en
+ningún otro país. Pero la experiencia era nueva para Roger, y el
+contacto de la villana le produjo una impresión para él desconocida
+hasta entonces. Pensando iba en ello al dejar la casuca y recordó las
+palabras del abad, acabando por preguntarse qué hubiera dicho y sentido
+éste en caso parecido al suyo. Pero llegado de nuevo al camino vió Roger
+un cuadro que le hizo olvidar todo lo restante.
+
+El malhadado maese Rampas se hallaba á corta distancia del lugar donde
+él lo dejara, gimiendo, pateando y desesperándose más que nunca y lo que
+era peor, sin el hábito, ni más vestimenta que una cortísima almilla y
+los zapatos. Á lo lejos desaparecía entre los árboles á todo correr un
+hombrachón que llevaba un lío en una mano y apoyaba la otra sobre el
+costado como si le dolieran los ijares de tanto reirse.
+
+--¡Vedlo! aulló el batanero. ¡Allí va! Vos me sois testigo, para dar con
+él en la cárcel de Chester. ¡Que se me lleva mi hábito!
+
+--¿Pero qué ha pasado aquí? ¿Quién es aquel hombre?
+
+--¿Quién ha de ser, pesia mí, sino vuestro Tristán el ladrón, Tristán el
+bandido, que no contento con haberme dejado casi en cueros vivos, volvió
+para llevárseme el sayal, como si un cristiano pudiera andar por el
+camino público con este camisín. ¡Me ha robado mi hábito, mi hábito!
+
+--Perdonad, buen hombre, el hábito era suyo....
+
+--Corriente, pues que se lo lleve todo. No tardará en volver para
+despojarme de los zapatos y de este camisolín, que para lo que tapa....
+¡Nuestra Señora de Rocamador me valga!
+
+--¿Y cómo fué ello? preguntó Roger, lleno de asombro.
+
+--¿Son ésas las ropas que me traéis? Dadme acá, por favor, que éstas ni
+el Papa me las quita, aunque le ayude todo el Sacro Colegio. ¿Que cómo
+fué? Pues apenas me dejasteis volvió corriendo don ladrón y como yo
+empezase á apostrofarle me preguntó muy dulcemente si creía posible que
+un buen religioso abandonase su sayal nuevecito y abrigado para vestir
+el jubón y las calzas de un artesano. Empecé á quitarme el hábito muy
+regocijado, mientras él explicaba que se había ausentado para que yo
+dijera mis oraciones con mayor recogimiento. También hizo como que se
+desabrochaba mi jubón para devolvérmelo, pero no bien le entregué su
+sayal apretó á correr otra vez, dejándome con lo puesto, que no es mucho
+que digamos. ¡Habrá tuno! ¡Y cómo se reía el bigardón!
+
+Roger escuchó el relato de aquellas lástimas con toda la seriedad que
+pudo. Pero cuando contempló al pobre hombre vestido con los guiñapos del
+carbonero y vió la expresión de dignidad ofendida que tenían el rostro
+mofletudo y los ojillos saltones de maese Rampas, le fué imposible
+contener la risa. Jamás se había reido tanta ni de tan buena gana, é
+incapaz de tenerse de pie se apoyó contra el tronco de un árbol, sin
+poder hablar, saltándosele las lágrimas y riéndose á todo trapo.
+
+El batanero le miró gravemente; nuevos accesos de hilaridad retorcieron
+el cuerpo de Roger y maese Rampas, viendo que aquello no llevaba trazas
+de acabar, le hizo un ceremonioso saludo y se alejó pausada y
+altivamente, contoneándose. Roger le miró hasta perderle de vista, y aun
+después de ponerse él mismo en camino se reía de todo corazón cada vez
+que recordaba la facha y los visajes del batanero de Léminton.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+DE LA JUSTICIA INGLESA EN EL SIGLO CATORCE
+
+
+El camino que seguía Roger era poco frecuentado, mas no tanto que el
+viandante dejase de encontrar de vez en cuando ya unos arrieros, ya un
+pobre pedigüeño, y otros viajeros tan cansados como él. Entre los que
+halló Roger á su paso se contó también uno al parecer fraile, que
+gimoteando le pidió algunos cornados para comprar pan, pues estaba
+muerto de hambre. El joven apresuró el paso sin contestarle, porque en
+el convento había aprendido á desconfiar de esos frailes vagabundos; sin
+contar con que del morral que el pordiosero llevaba á la espalda vió
+salir el hueso no muy mondo de una pierna de cordero que para sí la
+hubiera querido el buen Roger. No anduvo largo trecho sin oir las
+maldiciones que le lanzaba el supuesto religioso; seguidas de tales
+blasfemias que el caminante echó á correr por no oirlas y no paró hasta
+perder de vista al deslenguado fraile.
+
+En los linderos del bosque descubrió Roger á un chalán que con su mujer
+despachaba un enorme pastel de liebre y un frasco de sidra, sentados
+ambos al borde del camino. El brutal chalán lanzó una exclamación
+grosera al pasar Roger, quien siguió su marcha sin darse por entendido;
+pero como á la mujer se le ocurriese llamar á gritos al apuesto joven
+invitándole á comer con ellos, su marido se enfureció de tal manera que
+empuñando la vara empezó á dar de palos á su caritativa compañera. El
+joven comprendió que lo mejor era poner tierra por medio, muy
+apesadumbrado al ver que por todas partes sólo hallaba violencias,
+engaños é injusticias.
+
+Pensando iba en ello y comparando aquellos episodios de su jornada con
+la vida monótona del convento, cuando detrás de un vallado que á su
+derecha quedaba vió el más raro espectáculo que imaginarse pueda. Cuatro
+piernas cubiertas con ajustadas medias de arlequinados colores y largos
+borceguíes de retorcidas puntas en los pies, se movían á compás, sin que
+el matorral permitiese ver los cuerpos invertidos á que pertenecían
+aquellas extremidades. Acercándose prudentemente oyó Roger los sonidos
+de una flauta y rodeando el vallado creció de punto su sorpresa al ver á
+dos jóvenes que, sin gran dificultad al parecer, se sostenían cabeza
+abajo sobre la hierba y tocaban sendas flautas, á la vez que imitaban
+con los pies los movimientos de la danza. Hizo Roger la señal de la cruz
+y tentado estuvo de echar á correr; pero en aquel momento lo
+descubrieron los músicos, que inmediatamente se le acercaron dando
+saltos sobre sus cabezas, como si fueran éstas de pedernal y no de carne
+y hueso. Llegados á pocos pasos de Roger, doblaron sus cuerpos aquellos
+rarísimos danzantes, y posando los pies en el suelo asumieron sin el
+menor esfuerzo su posición normal y se adelantaron sonrientes, con la
+mano sobre el corazón, en la actitud de acróbatas ó payasos saludando al
+público.
+
+--Sed generoso, príncipe mío, dijo uno de ellos tendiendo un birrete
+galoneado que recogió del suelo.
+
+--Mano al bolsillo, apuesto doncel, repuso el otro. Aceptamos toda clase
+de moneda y en cualquiera cantidad que sea, desde una talega de ducados
+ó un puñado de doblas, hasta un solo cornado, si no podéis hacer mayor
+ofrenda.
+
+Roger creyó hallarse en presencia de un par de duendes y aun procuró
+recordar la fórmula del exorcismo; pero los dos desconocidos
+prorrumpieron en grandes carcajadas al ver el espanto y la sorpresa
+reflejados en su semblante. Uno de ellos dió un salto y cayendo sobre
+las manos comenzó á andar con ellas, dando zapatetas en el aire. El otro
+preguntó:
+
+--¿No habéis visto nunca juglares? Por lo menos habréis oído hablar de
+ellos. Tales somos, que no brujos ni demonios.
+
+--¿Á qué ese espanto, rubio querubín? preguntó el otro.
+
+--No os extrañe mi sorpresa, repuso por fin Roger. No había visto un
+juglar en mi vida y mucho menos esperaba contemplar en el aire dos pares
+de piernas danzando misteriosamente. ¿Pues y el saltar sobre vuestros
+cráneos? Bien quisiera saber por qué hacéis cosas tan extraordinarias.
+
+--Difícil es la respuesta, y á buen seguro que si de mí dependiera no
+volveríais á verme andando cabeza abajo, tragando estopa encendida ni
+tocando el laúd con los pies, para entretenimiento de mirones y espanto
+de tiernos pajecillos como vos.... Pero ¿qué veo? ¡Un frasco! ¡Y lleno,
+lleno "del rico zumo de las dulces uvas"! ¡Decomiso!
+
+Y haciendo y diciendo se apoderó de la botella de vino que el hermano
+despensero regaló á Roger y que éste llevaba en el entreabierto zurrón.
+Beberse la mitad del vino fué obra de un instante para el juglar, que
+después pasó el frasco á su compañero. Apenas lo agotó éste hizo ademán
+de tragárselo, con tanta verdad que asustó á Roger; después reapareció
+el evaporado frasco en la diestra del juglar, que lanzándolo en alto lo
+recibió sobre la pantorrilla izquierda, de la cual pareció extraerlo
+para presentárselo á Roger, acompañado de cómica reverencia.
+
+--Gracias por el vino, mocito, dijo; es de lo poco bueno que hemos
+probado en largos días. Y contestando á vuestra pregunta, os diremos que
+nuestra profesión nos obliga á inventar y ensayar continuamente nuevas
+suertes, una de las cuales y de las más difíciles y aplaudidas habéis
+presenciado. Venimos de Chester, donde hemos hecho la admiración de
+nobles y plebeyos y nos dirigimos á las ferias de Pleyel, donde si no
+ganamos muchos ducados no nos faltarán aplausos. De mí os aseguro que
+daría buen número de éstos por uno de aquellos. Ó por otro trago de
+vuestro riquísimo vino. Y ahora, amiguito, si os sentáis en aquella
+piedra, nosotros continuaremos nuestro ensayo y vos pasaréis el rato
+entretenido.
+
+Hízolo así Roger, quien notó entonces los dos enormes fardos que
+formaban el equipaje de los juglares y que por lo que dejaban ver
+contenían jubones de seda, cintos relucientes y franjas de oropel y
+falsa pedrería. Junto á ellos yacía una vihuela que Roger tomó y empezó
+á tocar con gran maestría, mientras los acróbatas continuaban sus
+sorprendentes ejercicios. No tardaron éstos en tomar el compás de la
+vihuela y era cosa de verlos con los pies en el aire, bailando sobre las
+manos, con tanta presteza y facilidad como si toda la vida hubiesen
+andado en aquella postura.
+
+--¡Más aprisa, más aprisa! gritaban al tañedor, que los complacía
+riéndose á carcajadas.
+
+--¡Bravo, don alfeñique! exclamó por fin uno de los danzantes, dejándose
+caer rendido sobre la hierba.
+
+--¡Por vida de! Muy callado lo teníais, señor músico, dijo el otro
+imitándolo. ¿Dónde aprendisteis á tañer de tal suerte?
+
+--Lo que acabo de tocar lo aprendí yo solo, sin música ni maestro, por
+haberlo oído varias veces allá en Belmonte, de donde vengo.
+
+--¡El diablo me lleve si no sois vos el auxiliar que nos hace falta!
+dijo el juglar que parecía de más edad. Tiempo hace que busco un
+vihuelista, flautista, ó lo que sea, que nos acompañe y pueda tocar de
+oído, y vos lo tenéis magnífico. Venid con nosotros á Pleyel, que no os
+ha de pesar, ni os faltarán algunos ducados, buena cerveza y mejor humor
+mientras sigamos juntos.
+
+--Sin contar con que jamás hemos tenido cena sin una buena tajada de
+carne en el plato y vos no seréis menos. Por mi parte os prometo media
+azumbre de vino los domingos, mientras estemos en poblado, dijo el otro.
+Es gascón y del añejo, agregó guiñando un ojo para dar más valor á su
+oferta.
+
+--No, no puede ser, contestó el joven. Otro es mi destino y si he de
+llegar á él en sazón no puedo permitirme muchas paradas tan largas como
+ésta. Con Dios quedad.
+
+Dicho esto se alejó apresuradamente, sin atender á las repetidas ofertas
+de los juglares, quienes por fin se despidieron de él deseándole buena
+suerte. La última vez que los vió, antes de doblar un recodo del
+sendero, el más joven de los saltimbanquis se había subido sobre los
+hombros de su compañero y desde aquella altura lo saludaba con dos
+banderolas de chillones colores, que agitaba sobre su cabeza.
+
+Roger les hizo un ademán de despedida y emprendió sonriente el camino de
+Munster.
+
+Extraños y en gran manera interesantes le parecían todos aquellos
+variados incidentes de su jornada. Las pocas horas pasadas desde que
+abandonó el apacible claustro le habían procurado más emociones que un
+año de vida en Belmonte. Se le hacía increíble que el fresco pan que iba
+comiendo con placer fuese reciensalido de los hornos de la abadía.
+
+No tardó en dejar el terreno montañoso cubierto de arbolado y se halló
+en la vasta llanura de Solent, cuyos campos esmaltados de florecillas
+multicolores presentaban aquí y allá grupos verdes ó bronceados de
+ondulantes helechos. Á la izquierda del viajero y no muy lejos
+continuaba el espeso bosque, pero la senda divergía rápidamente de él y
+serpenteaba por el valle. El sol próximo á su ocaso entre purpurinas
+nubes, iluminaba con luz suave los alegres campos y rozaba de soslayo
+los primeros árboles del bosque, poniendo entre las ramas toques
+inimitables de oro y rojo. Admiró Roger el bellísimo paisaje, pero sin
+detenerse, porque según sus informes lo separaba todavía una legua larga
+del primer mesón donde se proponía pasar la noche. Lo único que hizo fué
+dar algunos mordiscos al pan y al apetitoso queso que llevaba de
+repuesto.
+
+Por aquella parte del camino se cruzó el viajero con buen número de
+personas. Vió primero á dos frailes dominicos de negros hábitos, que
+pasaron sin mirarle siquiera, fija la vista en el suelo y murmurando sus
+oraciones. Siguióles un obeso franciscano, mofletudo y sonriente, que
+detuvo á Roger para preguntarle si no había por allí cierta venta famosa
+por sus tortas de anguilas; y como el joven le contestase que siempre
+había oído poner por las nubes los guisos de anguilas de Solent, el
+epicúreo padre tomó el camino de aquel pueblo relamiéndose de gusto.
+Poco después vió venir nuestro viajero á tres segadores que cantaban á
+voz en cuello, con acento y jerga tan diferentes de cuanto hasta
+entonces había oído en su convento, que más bien le parecieron hombres
+de otra raza expresándose en lenguaje bárbaro. Llevaba uno de ellos una
+garza que habían cogido en la ciénaga vecina y se la ofreció á Roger por
+dos cornados. Excusóse éste como pudo y se alegró de dejar atrás á los
+cantantes, cuyos enmarañados cabellos rojos, afiladas hoces y risa
+brutal los hacían nada gratos compañeros de viaje y menos para
+encontrados al caer la noche en campo raso.
+
+Más peligroso que aquellos alegres campesinos demostró ser un macilento
+pordiosero que le salió al encuentro poco después, supliendo con una
+muleta la pierna que le faltaba. Aunque endeble y humilde al parecer, no
+bien hubo pasado Roger sin depositar en el grasiento sombrero la moneda
+que le pedía, oyó el grito de rabia del miserable y una blasfemia atroz,
+seguida de una pedrada que si hubiera acertado á nuestro héroe en la
+cabeza habría puesto probablemente fin á sus aventuras. Por suerte la
+piedra pasó rozándole una oreja y fue á dar violentamente contra un
+árbol cercano. Detrás de su tronco se guareció Roger de un salto y desde
+allí efectuó su retirada ocultándose entre la maleza, sin volver al
+sendero hasta que hubo puesto buen trecho entre su persona y el
+andrajoso energúmeno. Íbale pareciendo que en Inglaterra no había más
+protección de vidas y haciendas que la que cada cual pudiese
+proporcionarse con sus propios puños ó con la ligereza de sus piernas.
+¿Dónde estaba la ley, aquella ley de que había oído hablar en el
+claustro, superior á prelados y barones y de la cual no veía indicio ni
+señal? Sin embargo, no debía de ocultarse el sol aquel día sin que Roger
+viese por sí mismo un ejemplo inolvidable de la ley durísima de aquella
+época y de la más pronta distribución de justicia que jamás presenciaron
+ojos humanos.
+
+En el centro del valle había una hondonada por la que corrían las aguas
+de cristalino arroyuelo. Á la derecha del camino, en el punto donde
+cruzaba el arroyo, veíase un informe montón de piedras, acaso un antiguo
+túmulo, que desaparecía casi por completo bajo los brezos y helechos.
+Buscando estaba Roger el vado cuando vió venir por el lado opuesto á una
+pobre mujer cargada de años y achaques, que por dos veces trató
+inútilmente de poner el pie sobre una ancha piedra plana colocada en
+medio del arroyo. Roger la vió sentarse desalentada en el ribazo y
+cruzando el vado se le acercó y le ofreció ayudarla.
+
+--Venid, buena mujer; el paso no es tan difícil como parece.
+
+--No puedo, doncel; la edad ha nublado mis ojos y aunque sé que hay una
+piedra en el vado, no acierto á verla.
+
+--Pues por eso no ha de quedar, dijo Roger; y tomando en brazos á la
+enjuta viejecilla la trasladó prontamente á la otra margen. Muy débil y
+anciana parecéis para viajar sola, continuó cuando la vió vacilar y caer
+de rodillas. ¿Venís de muy lejos?
+
+--De Balsain, donde dejé mi arruinada casuca tres días há. Voy en busca
+de mi hijo, que es montero del rey en Corvalle y me ha ofrecido cuidar
+de mí estos últimos días de mi vida.
+
+--Deber suyo es hacerlo, que vos cuidasteis de él en su niñez. Pero
+¿habéis comido? ¿Lleváis provisiones?
+
+--Tomé un bocado al rayar el día, en el ventorrillo de Dunán.... Pero
+allí dejé también la última moneda que me quedaba y por eso necesito
+llegar esta misma noche á Corvalle, donde nada me faltará. ¡Si vierais á
+mi hijo, tan arrogante, tan generoso! Olvido mis tribulaciones al
+figurármelo con su verde sayo de montero, bordadas sobre el pecho las
+armas del rey.
+
+--Grande es la tirada de aquí á Corvalle, sobre todo para vos y ya casi
+de noche. Pero aquí tenéis un poco de pan y queso y también algunos
+sueldos para que con ellos completéis vuestra cena en el primer mesón. Á
+Dios quedad.
+
+--Él os guarde, generoso mancebo, dijo la viejecilla alejándose y
+menudeando sus bendiciones.
+
+Al volverse Roger para emprender la marcha descubrió lo que hasta
+entonces no había reparado; que su breve entrevista con la pobre mujer
+había tenido testigos. Eran éstos dos hombres, ocultos hasta entonces
+entre los brezos que cubrían el montón de piedras antes citado y que
+abandonando su escondrijo se dirigían hacia la hondonada. Uno de ellos,
+viejo de andrajosos vestidos, inculta barba y retorcida nariz, tenía más
+apariencias de bandido que de caminante; el otro era uno de los pocos
+negros que había en Inglaterra por aquella época, y Roger contempló
+asombrado los abultados labios y grandes y blancos dientes que hacían
+resaltar la negrura de la tez. Pero el aspecto de ambos desconocidos era
+tan sospechoso que Roger creyó prudente subir el ribazo y tomar el
+camino á buen paso, á fin de evitar su encuentro. No le siguieron los
+otros, pero antes de alejarse gran espacio oyó las voces de socorro que
+daba la vieja, detenida en medio del camino por ambos bribones, que la
+despojaban apresuradamente de las monedas que él le había dado, de su
+mantón de lana y de la cestilla que en la mano llevaba. Soltó Roger el
+zurrón y empuñando su herrado garrote volvió atrás, cruzó el arroyo de
+un salto y se dirigió á todo correr hacia el grupo que formaban los
+salteadores y su víctima.
+
+Pero aquéllos no parecían dispuestos á ceder el campo, pues viéndole
+venir el negro, sacó un reluciente cuchillo y lo esperó á pie firme; el
+otro empuño su nudoso bastón y entre amenazas y maldiciones invitó á
+Roger á acercarse. Ningún peligro hubiera detenido en aquel momento al
+denodado joven, de ordinario tan comedido y pacífico, pero cuyo
+semblante indicaba que la indignación y la cólera lo cegaban,
+convirtiéndolo en temible adversario. Llegado frente al negro, le
+descargó tan furioso garrotazo que soltó el cuchillo y huyó lanzando
+gritos de dolor. Al verlo el viejo, se abalanzó sobre Roger y rodeándole
+fuertemente la cintura con ambos brazos, gritó al otro que apuñaleara á
+su enemigo por la espalda. Acercóse el negro, recogió su arma y Roger
+creyó llegada su última hora, si bien no dejó de hacer vigorosos
+esfuerzos para derribar á su adversario, cuya garganta apretaba con
+furia mientras forcejeaban ambos de uno á otro lado del camino. En aquel
+momento supremo se oyó claramente el galope de numerosos caballos sobre
+las piedras y casi al mismo tiempo una exclamación de terror del negro,
+que huyó á todo correr y no tardó en ocultarse entre la maleza. El otro
+bandido, cuyos ojos delataban el miedo que se había apoderado de él,
+hizo esfuerzos desesperados por rechazar á Roger, pero éste logró al fin
+derribarlo y sujetarlo firmemente, contando recibir pronto refuerzo.
+
+Los jinetes llegaban á todo correr, precedidos por el que parecía ser
+jefe de la partida, que montaba un hermoso caballo negro y vestía fino
+sayo de vellorí, cruzado el pecho por ancha banda de rojo color recamada
+de oro y cubierta la cabeza con un birrete de blancas plumas. Seguíanle
+seis ballesteros, con jubones de paño buriel, cintos de baqueta,
+capacetes sin plumas y á la espalda ballesta y saetas. Bajaron la
+cuesta, cruzaron el vado y en pocos momentos llegaron al lugar de la
+lucha.
+
+--¡Aquí está uno de ellos! exclamó el jefe, echando pie á tierra y
+sacudiendo al bandido por el cuello. Á ver las cuerdas, Pedro, y que lo
+ates de pies y manos de manera que no vuelva á escurrirse. Le ha llegado
+la hora y ¡por San Jorge! que de esta vez las pagará todas juntas.
+¿Quién sois, joven? preguntó á Roger.
+
+--Un amanuense de la abadía de Belmonte, señor.
+
+--¿Tenéis carta ó papel que lo acredite? ¿No seréis uno de tantos
+pordioseros como infestan estos caminos?
+
+--Hé aquí las cartas del abad de Berguén. No necesito pedir limosna,
+dijo el joven algo ofendido.
+
+--Tanto mejor para vos. ¿Sabéis quién soy?
+
+--No, señor.
+
+--Yo soy la ley, soy el corregidor del condado y represento la justicia
+de nuestro bondadoso soberano, Eduardo III.
+
+--Á tiempo llegáis, señor, dijo Roger inclinándose ante el personaje.
+Unos momentos más y sólo hubierais hallado aquí mi cadáver y quizás
+también el de esta pobre mujer.
+
+--¡Pero nos falta el otro! exclamó el corregidor. ¿No habéis visto á un
+negro? Era el cómplice de ese ladrón y juntos huían....
+
+--El negro escapó en aquella dirección al oiros, dijo Roger señalando
+hacia las piedras del desmoronado túmulo.
+
+--Se esconde en la maleza y no puede estar lejos, dijo uno de los
+ballesteros preparando su temible arma. Desde que llegamos he estado
+vigilando los alrededores. Él sabe que con nuestros caballos lo
+alcanzaríamos en un santiamén y se guardará de huir.
+
+--¡Pues á buscarlo! Nunca se dirá que un criminal de su laya escapó al
+corregidor de Southampton y á sus ballesteros. Dejad á ese bandido
+tendido en el polvo. Y ahora, muchachos, formad en línea, á bastante
+distancia uno de otro, y empiece el ojeo; aprestad las ballestas y yo os
+procuraré caza como el mismo rey no puede tenerla. Norris, aquí, á la
+izquierda; Jacobo el Rojo á la derecha. Eso es. Mucho ojo con los
+matorrales, y un cuartillo de vino para el buen tirador que acierte á la
+pieza.
+
+El negro se había deslizado entre los brezos hasta llegar al derruido
+monumento, tras cuyas piedras se escondió; al poco rato quiso averiguar
+lo que hacían ó proyectaban sus perseguidores, á quienes vió separarse
+formando extensa línea y adelantar por la maleza en la dirección que él
+había tomado y que les había indicado Roger. Aunque el fugitivo asomó la
+cabeza lo más prudentemente posible, el ligero movimiento de unos
+helechos bastó para denunciar su presencia al corregidor, que en aquel
+momento miraba fijamente la eminencia formada por las piedras y el
+matorral que en parte las cubría.
+
+--¡Ah, bellaco! gritó el funcionario sacando la espada y señalándolo á
+sus soldados. ¡Allí le tenéis! ¡Á pie firme, ballesteros! Ya abandona su
+guarida y corre como un gamo. ¡Tirad!
+
+Así era en efecto, porque al oir el negro las voces del corregidor y
+verse descubierto, emprendió la fuga á todo correr.
+
+--Apunta dos varas á la derecha, muchacho, dijo un ballestero veterano,
+inmediato á Roger.
+
+--No, apenas hay viento; con vara y media basta, contestó su compañero,
+soltando la cuerda de su ballesta.
+
+Roger se estremeció, porque el acerado dardo pareció atravesar de parte
+á parte al fugitivo. Pero éste siguió corriendo.
+
+--Dos varas te digo, bodoque, comentó el viejo ballestero, apuntando con
+tanta calma como si tirase al blanco.
+
+Partió silbando la mortífera saeta y se vió al negro dar de repente un
+enorme salto, abrir los brazos y caer de cara al suelo, donde quedó
+inmóvil.
+
+--Debajo de la espaldilla izquierda, fué lo único que dijo su matador,
+adelantándose á recobrar su dardo.
+
+--Á perro viejo no hay tus tus. Esta noche podrás emborracharte con el
+mejor vino de Southampton, dijo el personaje á su impasible ballestero.
+¿Estás seguro de haberlo despachado?
+
+--Tan muerto está como mi abuela, señor.
+
+--Corriente. Ahora al otro bribón. No faltan árboles allá en el bosque,
+pero no tenemos tiempo que perder. Anda, Lobato, saca esa espada y
+córtale la cabeza al canalla, como tú sabes hacerlo.
+
+--¡Por favor, concededme una gracia que os pido! suplicó el sentenciado
+dando diente con diente.
+
+--¿Qué es ello? preguntó el magistrado.
+
+--Antes confesaré mi crimen. El negro y yo fuímos, en efecto, quienes
+después de robar cuanto pudimos en la barca _Rosamaría_ de la que él era
+cocinero, asesinamos y despojamos al mercader flamenco en Belfast.
+Pronto estoy á que me enviéis allá, ante mis jueces.
+
+--Poco mérito tiene esa confesión y no te valdrá. Es que además de tus
+fechorías en Belfast y en todas partes acabas de cometer un asalto en
+despoblado dentro del territorio de mi jurisdicción y vas á morir. Basta
+de charla.
+
+--Pero señor, observó Roger pálido de emoción; no ha sido juzgado y....
+
+--Vos, mocito, me complaceréis grandemente no hablando de lo que no
+entendéis y menos os importa. Y tú, belitre, continuó dirigiéndose al
+reo, ¿qué gracia es esa que pides?
+
+--Tengo en la bota del pie izquierdo un trocito de madera envuelto en
+lienzo. Perteneció un tiempo á la barca en que iba el bendito San Pablo
+cuando las olas lo arrojaron á la isla de Melita. Lo compré por tres
+doblas á un marinero que venía de Levante. Os pido que me permitáis
+morir con esa reliquia en la mano, y de esta manera no sólo obtendré mi
+salvación eterna sino también la vuestra, pues debiéndoos tan gran
+merced, no dejaré de interceder por vos un solo día.
+
+Á una señal de su jefe, el ballestero Jacobo descalzó al malhechor y
+halló en la bota la valiosa reliquia, envuelta en luenga tira de fino
+cendal. Los soldados se santiguaron devotamente y el corregidor se
+descubrió al tomarla y entregársela al sentenciado.
+
+--Si sucediese que por los méritos del gran apóstol San Pablo te fuesen
+perdonados tus delitos y abiertas las puertas del Paraíso, dijo el
+crédulo magistrado, espero que no olvides la gracia que te concedo y la
+promesa que me haces. Y ten también presente que toda tu intercesión ha
+de ser por Roberto de York, corregidor de Southampton y no por Roberto
+de York mi primo hermano, el condestable de Chester. Y ahora, Jacobo, al
+avío, que todavía tenemos una buena tirada de aquí á Munster y el sol se
+ha puesto ya.
+
+Con los ojos dilatados por el espanto contempló Roger aquella
+conmovedora escena; el obeso personaje ricamente vestido, el grupo de
+ballesteros que miraban indiferentes, teniendo asidas las riendas de
+sus caballos; la viejecilla, tan espantada como él, que esperaba el
+final del sangriento drama sentada á un lado del camino y por último el
+malhechor de pie, atados los brazos y pálido como un muerto. El más
+viejo de los ballesteros se adelantó en aquel momento y desenvainó la
+cortante hoja; Roger volvió la espalda y se retiró apresuradamente, pero
+á los pocos pasos oyó un sonido sordo, horrible, que le hizo temblar,
+seguido del golpe que dió el cuerpo al caer en tierra. Momentos después
+pasaron trotando junto á Roger el corregidor y cuatro ballesteros,
+habiendo recibido los otros dos la orden de cavar una fosa y enterrar
+los cadáveres. Uno de los soldados limpiaba la larga hoja de su espada
+en las crines del caballo, y al verlo Roger le sobrecogió tal angustia
+que arrojándose sobre la hierba prorrumpió en sollozos convulsivos.
+"¡Mundo perverso, se decía, hombres de corazón duro, así los criminales
+como los encargados de administrar una justicia brutal y cruenta!"
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+DE LA EXTRAÑA COMPAÑÍA QUE SE REUNIÓ EN LA VENTA DEL PÁJARO VERDE
+
+
+Había cerrado la noche y brillaba la luna entre ligeras nubes cuando
+Roger, cansado y hambriento, llegó al mesón de Dunán, famoso en diez
+leguas á la redonda y situado fuera del pueblo, en la intersección de
+los tres caminos de Balsain, Corvalle y Munster. Era un edificio bajo y
+sombrío, cuya puerta señalaban al caminante y alumbraban de noche dos
+hachones encendidos. De la ventana central proyectaba una larga barra á
+manera de asta, de cuya punta pendía enorme rama seca, señal cierta de
+que el sediento viajero hallaría en la venta toda clase de bebidas, y en
+especial la dorada cerveza y el buen vino que tanto contribuían á la
+justa fama del establecimiento.
+
+Á su puerta se detuvo el joven, contemplando distraídamente un caballo
+ensillado que allí esperaba piafando, atado á una gruesa argolla fija en
+la pared. Era la primera vez que el descendiente de los Clinton de
+Munster entraba en un mesón y preguntábase qué clase de gentes serían
+sus compañeros de hospedaje y qué recibimiento le harían. Pero pensó
+también que si la distancia á Munster no era larga, en cambio él no
+conocía á su hermano, de quien tenía los peores informes; y que lo
+derecho era pasar la noche en el albergue de Dunán y presentarse de día
+en casa de su pariente, que ni lo esperaba, ni sabía de él, ni jamás le
+había mostrado el menor interés.
+
+La viva luz que iluminaba la puerta del mesón, las carcajadas que desde
+ella se oían y el rumor de vasos entrechocados hicieron vacilar un
+momento al inexperto viajero, que hasta entonces había pasado sus noches
+en la pulcra y callada celda del convento. Pero hizo un esfuerzo y
+diciéndose que era aquella una posada pública en la que él tenía tanto
+derecho á entrar como cualquier otro, franqueó la puerta y se halló en
+la sala común.
+
+Aunque era la noche una de las primeras del otoño y nada fría, ardían en
+el hogar gruesos leños cuyo humo salía en parte por la chimenea y en
+parte invadía también la estancia y oprimía las gargantas de cuantos en
+ella se encontraban. Sobre el fuego se veía un gran caldero cuyo
+contenido hervía á borbotones y despedía el más apetitoso olor. Sentados
+en torno una docena ó más de toscos bebedores, quienes al ver á Roger
+prorrumpieron en voces tales que éste se quedo indeciso, mirándolos á
+través del humo que llenaba el local.
+
+--¡Otra tanda, otra tanda! gritó un gandul zarrapastroso. ¡Venga mi
+cerveza y que pague la tanda el recienllegado!
+
+--Esa es la ley del _Pájaro Verde_, aulló otro. ¡Cómo se entiende, tía
+Rojana! ¿Parroquiano nuevo y vasos vacíos?
+
+--Un momento, mis buenos señores, un momento. Si no he preguntado lo que
+queréis es porque ya lo sé, y escanciando estoy la cerveza para los
+leñadores, aguamiel para el músico, sidra para el herrero y vino para
+todos los demás. Llegaos aquí, buen hidalgo, dijo á Roger, y sed muy
+bienvenido. Sabed que ha sido siempre costumbre del _Pájaro Verde_ que
+el último en llegar pague una convidada. ¿Os conformáis á ello?
+
+--Me guardaré yo de contravenir los usos de vuestra casa, señora
+ventera. Pero no estará de más decir que si mi voluntad es buena mi
+bolsa no está muy henchida; sin embargo, daré con gusto hasta un ducado
+por obsequiar á los presentes.
+
+--¡Bravo! gritaron todos á una voz, chocando y vaciando sus vasos.
+
+--¡Bien dicho, frailecico mío! exclamó un vozarrón sonoro, á tiempo que
+una pesada mano caía sobre el hombro de Roger. Volvióse éste y vió á su
+lado á Tristán de Horla, su compañero de claustro, expulsado de la
+abadía aquella mañana.
+
+--¡Por la cruz de Gestas! Malos días se le preparan á Belmonte,
+continuó el fornido exnovicio. En veinticuatro horas han dicho adiós á
+sus vetustos paredones dos de los tres hombres que había en todo el
+convento. Porque hace tiempo que te conozco, Roger amigo, y á pesar de
+tu carita de muñeca llegaras á ser todo un hombre. El otro á quien me
+refiero es el buen abad. Ni él es mi amigo ni yo le debo favores, pero
+tiene un corazón animoso y sangre de pura raza y vale mucho más que la
+partida de gansos que tiene á sus órdenes. ¿No es así, Rogerito?
+
+--Los monjes de Belmonte son unos santos....
+
+--Santos calabacines, que sólo entienden de darse buena vida y llenar el
+buche. ¿Crees tú que estos brazos míos y esa cabeza tuya nos fueron
+dados para llevar semejante vida? Mucho hay que hacer y que ganar en el
+mundo, amigo, pero no para los que se encierran entre cuatro paredes.
+
+--Pues entonces ¿por qué te hiciste novicio?
+
+--Justa es la pregunta, á fe mía y no difícil la respuesta. Porque la
+rubia Margot, de la Granja Real, se casó con Gandolfo el Zurdo, un
+pillete de siete suelas, dejando plantado á Tristán de Horla, no
+obstante sus promesas y otras cosas que yo me sé. Y estando dicho
+Tristán enamorado como un bolonio, se metió en el convento, en lugar de
+pedir al rey una alabarda ó un arco y de dar al Zurdo un pie de paliza
+como para él solo. Con la calma vino la reflexión, le pegué un susto al
+soplón Ambrosio, hice que me quitaran el hábito blanco, se enfureció el
+abad, y por él lo siento, dejé para siempre el monasterio y aquí me
+tienes más contento que unas pascuas.
+
+Echáronse á reir sus oyentes, á tiempo que llegaba la patrona con dos
+grandes jarros de vino y cerveza y tras ella una sirvienta con platos y
+cucharas que distribuyó á los parroquianos. Dos de éstos que vestían el
+verde sayo de los guardabosques retiraron el caldero del fuego é
+hicieron plato á los restantes y todos atacaron con apetito el humeante
+potaje. Roger se instaló en un ángulo algo apartado del fuego, donde
+podía comer y beber con sosiego á la vez que observar los hechos y
+dichos de aquella extraña reunión, iluminada por la luz del hogar y tres
+ó cuatro antorchas colocadas en aros de hierro fijos en las ennegrecidas
+paredes. Además de los guardabosques y algunos robustos jayanes que
+ganaban su vida carboneando y cortando leña en los vecinos montes,
+veíase allí á un músico de rubicunda nariz, á un alegre estudiante de
+Exeter, y más allá un sujeto de enmarañados cabellos y luenga barba,
+envuelto en tosco tabardo y un joven, al parecer montero ó paje, cuyo
+raído jubón no reflejaba gran crédito sobre la munificencia de su señor,
+quienquiera que fuese. Junto á él comía con apetito el alegre exnovicio,
+á cuya derecha quedaban tres rudos mozos de labranza. En el rincón más
+apartado del hogar roncaba un parroquiano, rendido por las frecuentes
+libaciones á que sin duda se había entregado antes de la llegada de los
+otros huéspedes.
+
+--Ese es Ferrus el pintor, dijo la tía Rojana señalando con el cucharón
+al dormido bebedor. ¡Y yo, tonta de mí, que le creí y le dí de beber
+antes de que me pintara la muestra prometida y ahora me quedo sin
+muestra y sin el vino que se me ha tragado ese perdulario! Figuraos,
+continuó la indignada ventera dirigiéndose á Roger, que Ferrus me
+ofreció esta mañana pintarme una enseña con un pájaro verde, nombre que
+ha llevado por luengos años esta honrada venta, á condición de darle
+todo el vino que quisiese durante su trabajo; ¡y ved aquí lo que ese
+farsante ha pintado y quiere que cuelgue yo á la puerta de mi casa!
+
+Diciendo esto presentó la buena mujer un tablero en el que sobre fondo
+rojizo y nada limpio se contoneaba una especie de gallina moribunda
+pintarrajeada de verde, con un ojo saltón y amarillento colocado más
+cerca del pescuezo que del pico; era éste encorvado y enorme, y de él
+pendía un cartelón pintado de blanco con esta inscripción en letras
+negras: _¡Al Pagaro Berde!_
+
+Aquella obra maestra del pintor ambulante fué acogida con grandes risas,
+y el mismo Roger no pudo menos de convenir con la ventera en que aquel
+papagayo bizco y aquella ortografía fantástica perjudicarían á la buena
+fama del mesón y moverían á risa á los señores que allí se detuviesen á
+descansar y refrescar durante sus frecuentes cacerías.
+
+--Sería la ruina de mi casa, exclamó la tía Rojana.
+
+--No os apuréis, buena mujer, que yo espero mejorar algo el cuadro, dijo
+Roger, si vos me dáis los colores y pinceles del artista Ferrus.
+
+--El cielo os prospere si así lo hacéis, lindo señor, dijo ella
+sorprendida y encantada con aquella oferta; y en un santiamén le llevó y
+abrió el zurrón de Ferrus, admirando la prontitud y habilidad con que
+Roger manejó colores, paleta y pinceles y borrando el espantajo verde
+comenzó á pintar el fondo de la nueva muestra.
+
+--El barón de Ansur tendrá que arar él mismo sus campos, si quiere
+grano, voceaba en tanto uno de los bebedores, con zamarra y gruesas
+botas de cuero. Lo que es yo no vuelvo á poner el pie en sus tierras.
+Doscientos años hace que toda mi parentela suda la gota gorda para que
+los señores de Ansur tengan buen vino en sus mesas y copas de oro en que
+beberlo y brocados y sedas con que vestirse. ¡Voto á tal que desde hoy
+me quito la librea y no vuelvo á trabajar para esos señorones
+holgazanes!
+
+--Tened la lengua, Rodín, advirtió la ventera.
+
+--No, no, dejadle, dijo uno de los leñadores. Lo que necesitamos es que
+muchos villanos piensen como Rodín y sacudan el yugo. Medrados estamos
+si hasta el hablar se nos niega. Por mi parte, aunque me corten las
+orejas....
+
+--Ved que eso de cortar orejas, tan bonitamente pueden hacerlo los
+verdugos de los barones como los cuchillos de los leñadores, añadió otro
+de éstos. ¡Por San Jorge! De mí sé decir que prefiero vivir en el monte
+á servir á un criado del rey.
+
+--Yo no tengo más amo que el rey, declaró otro de los presentes, después
+de empinar un jarro lleno de cerveza.
+
+--¿Y quién es el rey? aventuró Rodín, que estaba ya entre dos luces. ¿Es
+por ventura un rey inglés cuando su lengua se niega á decir dos palabras
+en nuestro idioma? Acordaos de su visita del año pasado al castillo de
+Malvar, donde se presentó con gran golpe de senescales, justicias,
+condestables, monteros y guardas. En una de las cacerías vigilaba yo la
+verja de Glendale cuando héte al rey que me echa encima su caballo,
+diciendo "_¡Ouvrez, ouvrez!_" ó cosa parecida. ¿Es ese el rey que ahora
+tenemos los ingleses?
+
+--¡Á callar se ha dicho! gritó de repente Tristán de Horla, dando un
+tremendo puntapié al escabel que tenía delante y lanzándolo contra los
+troncos del hogar, que despidieron millares de chispas. Nadie insulte en
+mi presencia al buen rey Eduardo, ni le nombre siquiera si no ha de ser
+con el respeto debido. De lo contrario, ¡por la cruz de Gestas!... Si no
+sabe hablar inglés sabe combatir mejor que muchos ingleses, que pasaban
+la vida atiborrándose de jugosa carne y buena cerveza mientras él daba y
+recibía mandobles bajo los muros de París!
+
+Tan enérgicas palabras, dichas por aquel nervudo mocetón, desalentaron á
+los gruñones, que desde aquel punto y hora hablaron menos y bebieron
+más. Así pudo Roger oir lo que se decía en otro grupo compuesto, según
+le había dicho al oído la agradecida ventera, de un sangrador, un
+dentista ambulante y el músico de la encendida nariz.
+
+--Una rata cruda es mi receta invariable contra la peste, decía
+gravemente el medicastro; una rata cruda abierta en canal.
+
+--¿No sería mejor asarla un poco, señor físico? preguntó el sacamuelas.
+Porque eso de comer ratas crudas....
+
+--¿Quién habla de comerlas, maese Verdín? exclamó con desdén el
+discípulo de Esculapio. El animalito abierto en canal se aplica sobre la
+llaga ó sobre la inflamación que precede á ésta. Y siendo la rata animal
+inmundo, atrae y absorbe por su propia naturaleza los malos humores,
+libertando de ellos el cuerpo del paciente.
+
+--¿Y con tal remedio se cura también la viruela? preguntó el músico,
+después de convencerse de que su jarro no contenía gota de cerveza.
+
+--Con tanta seguridad como la peste, afirmó el físico, limpiando su
+plato con un mendrugo de pan.
+
+--Pues entonces, continuó el músico, me alegro de que vuestro
+tratamiento no sea muy conocido, porque para mi santiguada que la
+viruela y la peste son las mejores amigas del pobre en Inglaterra.
+
+--¿Cómo es eso, amigo? preguntó Tristán.
+
+--Escanciad un poco de cerveza de vuestro jarro en este cubilete y os lo
+diré. Pues bien, muchas veces se me ha ocurrido que si la peste y otras
+plagas se llevasen la mitad de la gente que hoy vive en los dominios del
+señor rey Eduardo, los que quedasen podrían habitar buenas casas,
+trabajar poco ó nada y vivir en la abundancia.
+
+--¡Miren por dónde asoma el arpista! exclamó maese Verdín. Pues ya que
+tan duras entrañas tenéis, os deseo que cuando la plaga empiece á matar
+ingleses se os lleve á vos el primero....
+
+--¡Pesia mí! Lo que á vos os duele, seor dentista, es que muriéndose
+medio mundo os quedaríais poco menos que sin trabajo, vos que sólo
+entendéis de despoblar quijadas y apenas ganáis hoy para pan y queso.
+
+Renovóse la risa á costa del buen Verdín y el músico se levantó para
+tomar de un rincón su arpa vetusta, que empezó á tañer con vigor.
+
+--¡Paso al coplero! exclamaron los leñadores; sentaos aquí junto al
+fuego, y venga una tonada alegre, como las que tocasteis en la romería
+de Malvar.
+
+--¡Que toque "La Rosa de Lancaster"!
+
+--¡No, no, "Las Niñas de Dunán"!
+
+--"¡El Arquero y la Villana!"
+
+Sin hacer el menor caso de aquellas voces, el músico seguía pulsando las
+cuerdas, fija la mirada en el ahumado techo, como tratando de recordar
+la letra de su canto. Luégo entonó con ronca voz una de las canciones
+más obscenas de la época, con visible aprobación de la mayoría de sus
+oyentes. La sangre se agolpó al rostro de Roger, que abandonando su
+asiento, exclamó imperiosamente:
+
+--¡Callad! ¡Qué vergüenza! ¡Vos, vos, un anciano que debería dar buen
+ejemplo á los otros!
+
+La sorpresa de todas aquellas gentes fué profunda.
+
+--¡Por las barbas del rey de Francia! exclamó uno de los monteros. El
+estudiantino ha recobrado el uso de la palabra y va á echarnos un
+sermón.
+
+--Se ha ofendido la damisela, dijo un campesino. Venid acá, señor
+físico, y sangrad á este querubín antes que se nos desmaye.
+
+--¡Seguid vuestra canción, maese Lucas, que no hay tilde que ponerle!
+¿Estamos en una venta ó en el salón de mi señora la baronesa?
+
+--¡Que me aspen si toco ni canto más! decía malhumorado el músico,
+enfundando su arpa. ¿Pues qué esperaba vuesa merced, un himno sacro ó la
+letanía? ¿Desde cuándo asustan á los pajecillos las trovas que entonan
+todos los juglares del reino? Lo dicho, no canto más.
+
+--Sí haréis, repuso uno de sus oyentes. Á ver, tía Rojana, un jarro de
+lo bueno para maese Lucas. Yo convido. Vengan trovas, y si al doncel no
+le gustan, que se largue, ó si no....
+
+--Poco á poco, don valiente, interrumpió Tristán, poniéndose delante de
+Roger, como para protegerlo. Mi compañero ha reprendido al viejo
+coplista porque ni ha oído jamás las desvergüenzas que os parecen
+gracias, ni está en él creer que pueda decirlas sin protesta un hombre
+de cabeza cana como la del maese, por más que su nariz lo proclame
+borrachín de oficio. Pero ya que este frailecico rubio no quiere oir
+vuestras trovas, ni vos las cantaréis hoy, ni vos, seor bravucón, lo
+echaréis á él de esta venta.
+
+--¡Rayos de Dios, y qué justicia mayor nos ha caído hoy encima! exclamó
+poniéndose en pie un ceñudo campesino.
+
+--¿Habéis acaso comprado _El Pájaro Verde_? preguntó otro. Ved que no
+sólo el paje llorón sino vos también váis á dar de bruces en el camino.
+
+--¡Tregua, Tristán! exclamó Roger apresuradamente. Me voy, antes que ser
+ocasión de una lucha.
+
+--Cállate, muchacho, le contestó su amigo, arremangándose y mostrando
+los hercúleos brazos. Mal año para mí si esta gentuza no ha dado con la
+horma de su zapato. Hazte á un lado y verás cómo les arde el pelo....
+¡Acercaos, mandrias! ¡Venid á trabar conocimiento con los puños de
+Tristán de Horla, bellacos!
+
+Viendo que la cosa iba de veras, levantáronse precipitadamente los
+guardabosques y monteros para poner paz, mientras la ventera y el físico
+se dirigían ya á los campesinos y leñadores, ya al brioso Tristán,
+procurando aplacarlos con buenas palabras. En aquel momento se abrió
+violentamente la puerta del mesón, y la atención de todos se fijó en el
+recienllegado que con tan poca ceremonia se presentaba.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+DE CÓMO EL ARQUERO SIMÓN APOSTÓ SU COBERTOR DE PLUMA
+
+
+Era el desconocido hombre de mediana estatura, vigoroso y bien plantado;
+moreno el rostro, afeitado cuidadosamente, y acentuadas y un tanto rudas
+las facciones, desfiguradas en parte por tremenda cicatriz que cruzaba
+la mejilla izquierda, desde la nariz hasta el cuello. Vivos los ojos,
+con expresión de amenaza en su brillo y en la contracción habitual de
+las cejas. Su boca de duras líneas y apretados labios no suavizaba por
+cierto la severidad del semblante, que revelaba al hombre familiarizado
+con el peligro y dispuesto siempre á combatirlo. Su larga tizona y el
+fuerte arco que llevaba á la espalda revelaban su profesión, así como
+las averías de su cota de malla y las abolladuras del casco decían á las
+claras que llegaba de los campos de batalla, á la sazón teñidos en
+sangre inglesa y francesa en la guerra que proseguían Eduardo III y su
+hijo el Príncipe Negro contra el Rey Carlos V de Francia. Del hombro
+izquierdo del arquero pendía un ferreruelo blanco, con la roja cruz de
+San Jorge en su centro.
+
+--¡Hola! exclamó guiñando rápidamente los ojos, deslumbrados por la
+brillante luz del hogar y de las antorchas. ¡Buena lumbre, buena
+compañía y buena cerveza! Dios os guarde, camaradas. ¡Una mujer, por
+vida mía! dijo al ver á la tía Rojana, que en aquel momento pasaba junto
+á él con un par de jarros rebosantes de cerveza. ¡Salud, prenda! y
+rodeando con su brazo el talle de la ventera, estampó dos sonoros besos
+en sus mejillas.
+
+--_¡Ah, c'est l'amour, madame, c'est l'amour!_ tarareó. Mal haya el
+pícaro francés, que se me ha pegado á la lengua y voy á tener que
+ahogarlo en buena cerveza inglesa. Porque habéis de saber que no tengo
+una gota de sangre francesa en las venas y que soy el arquero Simón
+Aluardo, inglés de buena cepa y contentísimo de volver á poner los pies
+en su tierra. Así fué que al desembarcar de la galera en la playa de
+Boyne besé la tierra, porque hacía ya ocho años que no la veía, como os
+he besado á vos, bella ventera, porque de Boyne aquí apenas si he visto
+media docena de buenas mozas, y ninguna tan apetitosa como vos.... Pero
+¡por mi espada! que esos bribones se han largado con la carga, exclamó
+lanzándose hacia la puerta. ¡Hola! ¿estáis ahí? ¡Entrad luego, truhanes!
+
+Á su voz entraron en la estancia tres cargadores con sendos fardos y
+permanecieron alineados cerca de la pared.
+
+--Veamos si me devolvéis intacta mi hacienda, buscones. Número uno: un
+cobertor francés de pluma finísima, dos sobrecamas de seda labrada de
+damasco y veinte varas de terciopelo genovés.
+
+--Aquí está todo, señor capitán.
+
+--¡Qué capitán ni qué niño muerto! Á ver, el segundo: un rollo de tela
+de púrpura, que no se ha visto matiz más hermoso en Inglaterra y otro de
+paño de oro; ponlo ahí en el suelo junto al fardo del otro, y si algo
+resulta manchado ó averiado te corto las orejas. Número tres: una caja
+cerrada que contiene broches de oro y plata, dos dagas de gran valor, un
+relicario guarnecido de perlas y otros despojos, ganados por mí con la
+punta de mi fiel espada. Item más, un paquete con un cáliz y dos
+crucifijos, todo ello de plata de ley y hallado por mí en la iglesia de
+San Dionisio de Narbona, durante el saqueo de aquella ciudad; objetos
+que me apropié para evitar que cayeran en manos peores que las muy
+limpias de un arquero del rey Eduardo. ¡Corriente, monigotes! La cuenta
+está completa. Aquí tenéis dos sueldos por barba, que no debiera
+dároslos, sino dos puntapiés á cada uno; y decid á la patrona que os
+eche un trago, que yo pago.
+
+Todos contemplaban y oían con interés al veterano, quien apenas aplacó
+la sed apurando un enorme cubilete de estaño lleno de cerveza, volvió á
+tomar la palabra:
+
+--Y ahora, á cenar, _ma belle_. Un capón asado, un trozo de carne digno
+de mi apetito y dos ó tres frascos de buen vino gascón. Tengo doblas de
+oro y cornados de plata en el bolsillo, y sé gastarlos, como buen
+soldado. Por lo pronto, cuantos me oyen van á tomar un trago de lo que
+gusten conmigo.
+
+La invitación no era para rehusada; volvieron á llenarse los jarros y
+bebieron á la salud del alegre arquero, á quien rodearon todos, á
+excepción de algunos leñadores y pecheros que vivían lejos y muy á su
+pesar tuvieron que abandonar la venta. El recienllegado se había quitado
+cota, casco y manto y puéstolos sobre sus fardos, junto con la espada,
+arco y flechas. Sentado frente al hogar, desabrochada la almilla y
+asiendo con la fuerte y atezada diestra el asa de un jarro de buen
+tamaño lleno hasta los bordes, sonreía con expresión de profundo
+contento. Los encrespados cabellos de castaño color le cubrían el cuello
+y no parecía tener más de cuarenta años, á pesar de las profundas
+huellas impresas en su rostro por las penalidades de sus largas campañas
+y por los excesos del placer y la bebida. Roger había suspendido la
+pintura de la famosa muestra y contemplaba admirado aquel tipo del
+guerrero de la época tan nuevo para él, y que en corto espacio habíase
+mostrado duro y violento, galante, generoso, sonriente y apacible por
+fin, seguro de su fuerza y satisfecho de sí mismo. En aquel momento
+acertó á mirarle el arquero y vió la sorpresa y la curiosidad retratadas
+en el rostro del joven.
+
+--¡Á tu salud, _mon garçon_! exclamó levantando su jarro y con sonrisa
+que descubrió dos hileras de firmes y blancos dientes ¡Por mi espada,
+que no has visto tú muchos hombres de armas, ó no me mirarías como si
+fuese yo un moro recienllegado de España!
+
+--Jamás había visto un soldado de nuestras guerras, confesó Roger
+francamente, aunque sí oído y leído mucho sobre sus proezas.
+
+--Pues á fe que si cruzas el mar los verás más numerosos que abejas en
+la colmena. Hoy no podrías disparar una flecha en las calles de Burdeos
+sin ensartar arquero, paje, caballero ó escudero de uno ú otro bando. Y
+no de los que estilamos por aquí, con justillo y manto, sino con cota de
+malla ó coraza.
+
+--¿Y dónde habéis hallado todas esas lindas cosas que ahí tenéis?
+preguntó Tristán, señalando las riquezas amontonadas del arquero.
+
+--Donde hay otras muchas y mejores esperando que vayan á recogerlas los
+mozos bien plantados como tú, que no deberían de seguir enmoheciéndose
+aquí, esperando que el amo les pague el salario, sino ir á ganarlo y
+cobrarlo por sí mismos, allá en tierra de Francia. ¡Voto á tal, que es
+aquella vida digna de hombres, noble y honrada cual ninguna! ¡Ea, bebed
+conmigo á la salud de mis camaradas, á la gloria del Príncipe Negro,
+hijo del buen rey Eduardo y sobre todo á la del noble señor Claudio
+Latour, jefe de la invicta Guardia Blanca!
+
+--¡Claudio Latour y la Guardia Blanca! exclamaron á una voz los
+presentes, casi todos conocedores de los altos hechos de aquel esforzado
+capitán y del invencible cuerpo de su mando, los famosos Arqueros
+Blancos, que habían tomando parte principalísima en las luchas contra
+Francia.
+
+--¡Bravo, camaradas! Volveré á llenar vuestros cubiletes, por lo bien
+que habéis brindado en honor de los valientes que visten el coleto
+blanco. ¡Venga esa cerveza, ángel mío! y dirigiéndose á la tía Rojana,
+que le miraba sonriente y complacida, entonó una canción bélica, con
+vozarrón tremendo y desafinando á todo trapo.
+
+--Á fe mía que más entiendo yo de dar flechazos que de cantar trovas.
+
+--La canción esa me la sé yo de la cruz á la fecha, y mi arpa la conoce
+tan bien como yo, dijo el músico. Y si este señor predicador, añadió
+mirando á Roger, no tiene en ello inconveniente, la tocaré y cantaré en
+obsequio de este valiente arquero....
+
+Muchas veces recordó después Roger el animado y pintoresco cuadro que
+presentaba la sala del _Pájaro Verde_ en aquellos momentos. En el centro
+del corro el mofletudo y enrojecido rostro del juglar, cantando con
+mucha expresión las populares estrofas; el grupo de oyentes, el arquero
+Simón llevando el compás con la cabeza y con la mano, y el exnovicio
+Tristán, que no era de los menos complacidos con el canto de maese
+Lucas, á juzgar por la sonrisa que animaba su rostro bonachón.
+
+--¡Por el filo de mi espada! exclamó el arquero al terminar la canción.
+Muchas noches he oído esa misma trova en el campo inglés y cuenta que
+le hacíamos coro más de doscientos soldados del rey; pero este viejo
+bebedor deja muy atrás á los que tenemos por oficio manejar el arco, la
+ballesta y la alabarda.
+
+Entretanto, la ventera y una buena moza que la ayudaba habían colocado
+sobre la maciza mesa de encina los apetitosos platos que formaban la
+cena de Simón, acompañados de algunas enormes rebanadas de plan blanco.
+
+--Lo que no entiendo, continuó alegremente el arquero mientras se
+preparaba á despachar su cena, es que mocetones como vosotros os
+avengáis á vivir pegados al terruño, doblando el espinazo y sudando el
+quilo, cuando tan buena vida podríais llevar bajo las banderas del rey.
+Miradme á mí. ¿Qué tengo que hacer? Lo que dice la canción que acabáis
+de oir: la mano en la cuerda, la cuerda en la flecha y la flecha en el
+blanco. Que es precisamente lo que vosotros hacéis como distracción y
+pasatiempo los domingos, después del rudo trabajo de la semana.
+
+--¿Y la paga? preguntó uno.
+
+--Pues ya lo estáis viendo: como bien, bebo mejor, convido á quien me
+place, no pido favores á nadie y le traigo á mi novia telas de seda y
+brocado dignas de una princesa. ¿Qué os parece la paga, _mes garçons_?
+¿Y qué del montón de chucherías y dijes que véis en aquel rincón? Todo
+ello viene en derechura del sur de Francia, donde hemos hecho la última
+campaña. ¿Cuándo esperáis ganar vosotros la centésima parte de ese
+botín?
+
+--Rico es, á fe mía, dijo el sacamuelas.
+
+--Y luego, la posibilidad de embolsarse un buen rescate. ¿No sabéis lo
+que pasó hace pocos años en las batallas de Crécy y de Poitiers? No hubo
+hombre de armas ni paje ó escudero inglés que no hiciera prisionero por
+lo menos á un rico barón, conde ó alto caballero francés. Ahí está mi
+primo Roberto, un gañán como hay pocos, que al empezar la retirada del
+enemigo en Poitiers puso sus manazas sobre el paladín francés Amaury de
+Chateauville, dueño y señor de cien villas y castillos, quien tuvo que
+aprontar cinco mil libras de oro por su rescate, amén de dos caballos
+soberbios con riquísimas preseas. Cierto que el zafio de Roberto no
+tardó en quedarse sin blanca, gracias á una mozuela francesa, linda como
+una perla y más lista que una ardilla. Pero esas son cuentas suyas, y
+además ¿no se han hecho las doblas para gastarlas, sobre todo en
+compañía de un buen palmito? ¿Verdad, _ma belle_?
+
+--Bien dicen que nuestros valientes arqueros vuelven al país no sólo
+ricos sino corteses, replicó la Rojana, á quien habían impresionado
+vivamente la franqueza, el buen humor y la generosidad de su nuevo
+huésped.
+
+--¡Á vuestra salud, ojos de cielo! fué la réplica del galante soldado,
+levantando su vaso y sonriendo á la ventera.
+
+--Una cosa no veo yo muy clara, señor arquero, dijo el estudiante de
+Exeter. Y es que habiendo firmado nuestro buen príncipe el tratado de
+Bretigny con el soberano francés, después de nuestras recientes y
+grandes victorias, nos habléis de guerra con Francia y de rescates y
+botines....
+
+--Lo cual quiere decir que yo miento, barbilindo, interrumpió el
+soldado, asiendo por las patas el enorme capón asado que delante tenía,
+como si fuese una maza de combate.
+
+--Líbreme Dios de semejante atrevimiento, exclamó apresuradamente el
+jovencillo. De allá venís vos, y quizás traigáis nuevas nunca oídas
+todavía en Inglaterra. La tregua con Francia no ha de ser eterna....
+
+--Ni mucho menos. Pero aun cuando es muy cierto, como decís, que hoy por
+hoy no estamos á rompernos los huesos con los soldados del rey Carlos,
+vuestra pregunta prueba que sois novicio en achaques de guerra. Habéis
+de saber que en tierra de Francia continúan los cintarazos, porque andan
+como siempre divididos y en armas brabantinos, nanteses, gascones y
+aventureros de todas clases, sin contar numerosas bandas de rufianes sin
+bandera, que cercan y saquean ciudades y dan y reciben cuchilladas sin
+cuento. Y malo sería que cuando cada quisque tiene la mano en la
+garganta del vecino y cada baroncillo marcha al frente de su mesnada
+contra el primero que se le ponga en el camino, no tuvieran medios de
+ganarse la vida en aquel río revuelto los quinientos arqueros ingleses
+que forman la invencible Guardia Blanca. No son tantos ahora, porque el
+caballero de Montclus se llevó un centenar de ellos en su expedición á
+Milán contra el Marqués de Monferrato; pero cuento reclutar yo mismo
+aquí no pocos muchachos ganosos de honra y provecho, y completar con
+ellos las filas del cuerpo más lucido que hoy campea bajo la bandera de
+San Jorge. Lo único que nos falta es que Sir León de Morel se avenga á
+dejar su castillo una vez más y á empuñar la espada, poniéndose al
+frente de nuestros arqueros.
+
+--No sería poca fortuna para ellos, observó el físico, porque
+exceptuando á nuestro príncipe y al noble señor de Chandos, no hay en
+todo el reino mejor lanza, ni valor más probado que el de Sir León de
+Morel.
+
+--Habláis como un libro, que yo le he visto batir el cobre y apenas hay
+quien le iguale. Nadie lo diría, con su cuerpecillo de paje, sus
+corteses maneras y su suave voz; pero ¡por mi espada! desde que nos
+embarcamos en Orvel hasta el sitio de París, y de esto hace ya casi
+veinte años, no hubo caballero inglés que diera mejor ejemplo, ni
+escaramuza, emboscada, asalto ó salida en que él no figurase en primera
+línea. En busca suya voy al castillo de Monteagudo, antes de reclutar mi
+gente, para entregarle una carta de Sir Claudio Latour, rogándole que
+ocupe el mando vacante por la partida de Montclus. Pero no quisiera
+presentarme a él solo, sino por lo menos con un buen par de futuros
+arqueros blancos.... ¿Qué dices tú á eso, ganapán? preguntó Simón
+dirigiéndose á un atlético leñador.
+
+--Mujer y tres hijos tengo en mi cabaña, replicó éste y no puedo
+dejarlos por servir al rey.
+
+--¿Y tú, mocito?
+
+--Yo soy hombre de paz, contestó Roger, y además tengo otra misión muy
+distinta.
+
+--¡No estáis vosotros malas gallinas! ¿Dónde están los hombres de Dunán,
+de Malvar, de Balsain? ¿No hay ya más que mujeres en Corvalle y Vernel?
+Pues entonces ¡rayos y truenos! ¿por qué no vestís guardapiés y cofia y
+os ponéis á manejar la rueca, que no á beber con hombres?
+
+En aquel momento cayó una pesada mano sobre el hombro de Simón, la
+manaza de Tristán de Horla, á quien se oyó decir con gran calma:
+
+--Sois un embustero de tomo y lomo, señor arquero, como lo prueban las
+patrañas que nos endilgáis hace media hora; y sois además un deslenguado
+y os abofetearé lindamente si repetís las palabras que acabáis de
+decir.
+
+--¡Bravo, _mon garçon_! gritó el arquero riendo á carcajadas. Ya sabía
+yo que de haber un hombre en el corro no me costaría trabajo
+descubrirlo. ¿Conque tú quieres abofetearme, eh? Pues mira, otra cosa te
+propongo. Una lucha en regla. No á puñadas, porque yo tengo mi plan y no
+quiero echar á perder esa cara de pascua que Dios te ha dado. Nos
+plantamos aquí en medio de la sala, nos agarramos cómo y por dónde
+podamos, y si tú me derribas te regalo aquel soberbio cobertor de pluma,
+que gané en la toma de Narbona y que no tiene igual ni en la cámara del
+rey....
+
+--Qué me place, asintió Tristán, quitándose apresuradamente ropilla y
+jubón y dejando ver los poderosos músculos de su cuello, pecho y brazos.
+Venid, arquero; ya podéis despediros de vuestro cobertor, y por lo menos
+de un par de huesos que voy á romperos contra el suelo.
+
+--Eres todo un hombre, cabeza roja, exclamó el arquero con gran risa,
+poniendo á un lado su jarro y apretando el ancho cinto de cuero.
+
+--Esperad, un momento, dijo un montero. Ya sabemos lo que el soldado
+apuesta; pero si vos perdéis, amigo Tristán ¿qué ganará con ello el
+otro?
+
+--Yo nada tengo que apostar, replicó Tristán muy contrariado y mirando á
+Simón.
+
+--Sí tienes, gigante mío, sí tienes, dijo éste. Si me derribas, te
+llevas el cobertor de una princesa; pero si te derribo yo, me llevo tu
+cuerpo, sin ser el diablo, y lo alisto por cuatro años en la Guardia
+Blanca, con otros mocetones como tú que espero llevarme á Francia y que
+si escapan con vida me lo han de agradecer.
+
+--¡Eso es! Justa es la propuesta, exclamaron tres ó cuatro voces.
+
+--Aceptado, y basta de charla, dijo Tristán adelantando el pie
+izquierdo, echando hacia atrás el cuerpo y abriendo y cerrando las
+enormes manos.
+
+El arquero, aunque de estatura mucho menor, tenía músculos de acero y
+era luchador experto. Acercóse con cauto paso á su adversario, que le
+miraba con ceño, erizada la roja cabellera y pronto á asirle entre sus
+garras. Sonrióse el arquero, y de pronto se lanzó sobre su contrincante
+con la velocidad del rayo, rodeó con su pierna la de Tristán y
+enlazándole la cintura con sus nervudos brazos, procuró hacer caer de
+espaldas al gigante. Pocos hombres hubieran resistido aquel ataque
+furioso, pero Tristán, sin perder pie, dió al arquero una sacudida
+terrible y lo arrojó contra la pared como disparado por una catapulta.
+
+--_¡Ma foi!_ En poco ha estado que te ganaras el cobertor y me hicieras
+abrir con la cabeza una ventana más en esta honrada hostelería, dijo el
+sorprendido soldado, que á duras penas pudo conservar el equilibrio.
+Probemos otra vez.
+
+Y volviendo al centro de la estancia fingió repetir su ataque anterior;
+inclinóse Tristán para echarle mano, tomando así la actitud que deseaba
+Simón, quien con rapidez increíble lo asió por ambas piernas, ó más bien
+se lanzó contra ellas, obligando á Tristán á caer hacia adelante y sobre
+las espaldas del arquero y de ellas de cabeza al suelo. Graves
+consecuencias hubiera tenido el golpazo para nuestro exnovicio, á no
+haberlo dado de lleno en la panza del malhadado pintor, que seguía
+durmiendo la mona en su rincón, ajeno á cuanto en la venta ocurría.
+Despertóse sobresaltado y dando grandes gritos, hiciéronle coro los
+espectadores con sus carcajadas y bravos; pero sobre todo aquel
+estrépito se oyeron las voces estentóreas del vencido atleta, pidiendo
+que continuase la lucha.
+
+--¡Otra vez, otra vez! ¡Venid, arquero y por San Pacomio que os he de
+estrujar como un guiñapo!
+
+--No en mis días, replicó Simón abrochando su coleto. Vencido estás en
+buena lid y no eres tú falderillo con quien se pueda jugar á menudo y
+sin riesgo.
+
+--¿En buena lid, decís? Ha sido una trampa infame....
+
+--No trampa, sino una jugarreta muy conocida de los luchadores franceses
+y que añadirá un magnífico recluta á las filas de la Guardia Blanca.
+
+--Cuanto á eso, repuso Tristán, no me pesa haber perdido, pues hace una
+hora resolví irme con vos, que me placen vuestro talante y la vida de
+soldado, para la que me creo nacido. Sin embargo, hubiera querido daros
+una costalada y ganarme el cobertor de pluma.
+
+--No lo dudo, _mon ami_, pero de tí depende buscarte un par de ellos
+donde abundan y con tus propios puños. ¡Á tu salud! ¿Pero qué le pasa
+al menguado ese, que tanto berrea?
+
+Referíanse estas últimas palabras al dolorido pintor, que seguía sentado
+en su rincón y poniendo el grito en el cielo. De repente se levantó y
+mirando al corro con ojos espantados exclamó:
+
+--¡Dios me valga! ¡No bebáis! La cerveza, el vino... ¡envenenados! y
+llevándose ambas manos al vientre echó á correr, traspuso la puerta y
+desapareció en la obscuridad, dejando á Simón, Tristán y demás bebedores
+desternillándose de risa.
+
+Poco después se retiraron á sus casas algunos de éstos y á sus no muy
+blandos lechos los huéspedes de la tía Rojana. Roger, cansado de cuerpo
+y espíritu, cayó pronto en profundo mas no sosegado sueño y se imaginó
+presenciar ruidoso aquelarre en el que figuraban, á vueltas con sendas
+brujas y trasgos, juglares, pordioseros, monjes, soldados y los muchos y
+muy curiosos tipos congregados aquella noche en la posada del _Pájaro
+Verde_.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+DE CÓMO LOS CAMINANTES ATRAVESARON EL BOSQUE
+
+
+Al romper el alba estaba ya la buena ventera atizando el fuego en la
+cocina, malhumorada con la pérdida de los doce sueldos que le debía el
+estudiante de Exeter, quien aprovechando las últimas sombras de la noche
+había tomado su hatillo y salido calladamente de la hospitalaria casa.
+Los lamentos de la tía Rojana y el cacareo de las gallinas que
+tranquilamente invadieron la sala común apenas abrió aquella la puerta
+de la venta, no tardaron en despertar á los huéspedes. Terminado el
+frugal desayuno, púsose en camino el físico, caballero en su pacífica
+mula y seguido á corta distancia por el sacamuelas y el músico,
+amodorrado éste todavía á consecuencia de los jarros de cerveza de la
+víspera. Pero el arquero Simón, que había bebido tanto ó más que los
+otros, dejó el duro lecho más alegre que unas castañuelas, cantando á
+voz en cuello _Los Amores de Albuino_, trova muy popular á la sazón; y
+después de besar á la patrona y de perseguir á la criada hasta el
+desván, se fué al arroyo cercano, en cuyas cristalinas aguas sumergió
+repetidas veces la cabeza, "como en campaña," según decía.
+
+--¿Á dónde os encamináis esta mañana, moro de paz? preguntó á Roger
+apenas le vió.
+
+--Á Munster, á casa de mi hermano, donde permaneceré probablemente algún
+tiempo, contestó Roger. Decidme lo que os debo, buena mujer.
+
+--¿Lo que vos me debéis? exclamó la ventera, que contemplaba admirada la
+muestra pintada por el joven la noche anterior. Decid más bien cuánto os
+debo yo, señor pintor. ¡Este sí que es un pájaro y no un muñeco; venid
+aquí, vosotros, y contemplad esta bella enseña!
+
+--¡Calla, y tiene los ojos de color de fuego! exclamó la criada.
+
+--Y unas garras y un pico que dan miedo, dijo Tristán.
+
+--Miren el niño, y qué callado lo tenía, comentó el arquero. Es ese un
+gran pájaro y una bonita enseña para vos, patrona.
+
+Complacido quedó el modesto artista al oir aquellos espontáneos elogios,
+y no menos al pensar que en la vida no todo eran rencores, luchas,
+crímenes y engaño, sino que podía ofrecer también momentos de legítima
+satisfacción. La ventera se negó redondamente á recibir un solo sueldo
+de Roger por su hospedaje, y el arquero y Tristán lo sentaron á la mesa
+entre ambos, invitándole á compartir su abundante almuerzo.
+
+--No me sorprendería saber, dijo Simón, que también sabes leer
+pergaminos, cuando tan listo eres con pinceles y colores.
+
+--Gran vergüenza sería para mí y para los buenos religiosos de Belmonte,
+que yo no supiera leer, contestó Roger. Como que he sido amanuense del
+convento por cinco años, y á los monjes debo todo lo que sé.
+
+--¡Este mozalbete es un prodigio! exclamó el arquero mirándole con
+admiración. ¡Y sin pelo de barba y con esa cara de niña! Cuidado que yo
+le pego un flechazo al blanco, por pequeño que sea y á trescientos
+cincuenta pasos, cosa que no pueden hacer muchos y muy buenos arqueros
+de ambos reinos; pero que me ahorquen si puedo leer mi nombre trazado
+con esos garabatos que vosotros usáis. En toda la Guardia Blanca un solo
+soldado sabía leer y recuerdo que se cayó en una cisterna durante el
+asalto de Ventadour; lo que prueba que el leer y escribir no es para
+hombres de guerra, por mucho que le pueda servir á un amanuense.
+
+--También yo entiendo algo de letra, dijo Tristán con la boca llena; por
+más que no estuve bastante tiempo con los monjes para aprenderlo bien,
+que ello es cosa de mucho intríngulis.
+
+--¿Sí? Pues aquí tengo yo algo que te permitirá lucirte, repuso el
+arquero, sacando del pecho un pergamino que entregó á Tristán. Era un
+delgado rollo, firmemente sujeto con una cinta de seda roja y cerrado
+por ambos extremos con grandes sellos de igual color. El exnovicio miró
+y remiró largo tiempo la inscripción exterior, contraídas las cejas y
+medio cerrados los ojos.
+
+--Como no he leído mucho estos días, acabó por decir, no estoy del todo
+seguro de lo que aquí reza. Yo puedo creer que dice una cosa y otro
+puede leer otra muy diferente. Pero á juzgar por lo largo de las líneas,
+paréceme que se trata de unos versículos de la Biblia.
+
+--No estás tu mal versículo, camarada, dijo Simón moviendo la cabeza
+negativamente. Lo que es á mí no me haces creer que el señor Claudio
+Latour, valiente capitán si los hay, me ha hecho cruzar el canal sin más
+embajada que una salmodia. Pasa el rollo al mocito y apuesto un escudo á
+que nos lo lee de golpe.
+
+--Pues por lo pronto, esto no es inglés, dijo Roger apenas leyó algunas
+palabras. Está escrito en francés, con muy primorosa letra por cierto, y
+traducido dice así: "Al muy alto y muy poderoso Barón León de Morel, de
+su fiel amigo Claudio Latour, Capitán de la Guardia Blanca, castellano
+de Biscar, señor de Altamonte y vasallo del invicto Gastón, Conde de
+Foix, señor de alta y baja justicia."
+
+--¿Qué tal? dijo el arquero recobrando el precioso documento. Vales
+mucho, chiquillo.
+
+--Ya me figuraba yo que decía algo por el estilo, comentó Tristán, pero
+me callé porque no entendí eso de alta y baja justicia.
+
+--¡Vive Dios y qué bien lo entenderías si fueras francés! Lo de baja
+justicia quiere decir que tu señor tiene el derecho de esquilmarte, y la
+alta justicia lo autoriza para colgarte de una almena, sin más
+requilorios. Pero aquí está la misiva que debo llevar al barón de Morel,
+limpios quedan los platos y seco el jarro; hora es ya de ponernos en
+camino. Tú te vienes conmigo, Tristán, y cuanto al barbilindo ¿á dónde
+dijiste que ibas?
+
+--Á Munster.
+
+--¡Ah, sí! Conozco bien este condado, aunque nací en el de Austin, en la
+aldehuela de Cando, y nada tengo que decir contra vosotros los de
+Hanson, pues no hay en la Guardia Blanca arqueros ni camaradas mejores
+que los que aprendieron á tirar el arco por estos contornos. Iremos
+contigo hasta Munster, muchacho, ya que eso poco nos apartará de nuestro
+camino.
+
+--¡Andando! exclamó alegremente Roger, que se felicitaba de continuar su
+viaje en tan buena compañía.
+
+--Pero antes importa poner mi botín en seguridad y creo que lo estará
+por completo en esta venta, de cuya dueña tengo los mejores informes.
+Oid, bella patrona. ¿Véis esos fardos? Pues quisiera dejarlos aquí, á
+vuestro cuidado, con todas las buenas cosas que contienen, á excepción
+de esta cajita de plata labrada, cristal y piedras preciosas, regalo de
+mi capitán á la baronesa de Morel. ¿Queréis guardarme mi tesoro?
+
+--Descuidad, arquero, que conmigo estará tan seguro como en las arcas
+del rey. Volved cuando queráis, que aquí habréis de hallarlo todo
+intacto.
+
+--Sois un ángel, _bonne amie_. Es lo que yo digo: tierra y mujer
+inglesas, vino y botín franceses. Volveré, sí, no sólo á buscar mi
+hacienda sino por veros. Algún día terminarán las guerras, ó me cansaré
+yo de ellas, y vendré á esta tierra bendita para no dejarla más,
+buscándome por aquí una mujercita tan retrechera como vos.... ¿Qué os
+parece mi plan? Pero ya hablaremos de esto. ¡Hola, Tristán! Á paso
+largo, hijos míos, que ya el sol ha traspuesto la cima de aquellos
+árboles y es una vergüenza perder estas horas de camino. _¡Adieu, ma
+vie!_ No olvidéis al buen Simón, que os quiere de veras. ¡Otro beso!
+¿No? Pues adiós, y que San Julián nos depare siempre ventas tan buenas
+como ésta.
+
+Hermoso y templado día, que convirtió en gratísimo paseo el camino de
+los tres amigos hasta Dunán, en cuyas calles vieron numerosos hombres de
+armas, guardias y escuderos de la escolta del rey y de sus nobles,
+hospedados por entonces en el vecino castillo de Malvar, centro de las
+reales cacerías. En las ventanas de algunas casas menos humildes y
+destartaladas que las restantes se veían pequeños escudos de armas que
+señalaban el alojamiento de un barón ó hidalgo de los muchos que no
+había sido posible aposentar en el castillo. El veterano arquero, como
+casi todos los soldados de la época, reconoció fácilmente las armas y
+divisas de muchos de aquellos caballeros.
+
+--Ahí está la cabeza del Sarraceno, iba diciendo á sus compañeros; lo
+cual prueba que por aquí anda Sir Bernardo de Brocas, á quien esas armas
+pertenecen. Yo le ví en Poitiers, en la última acometida que dimos á los
+elegantes caballeros franceses y os aseguro que peleó como un león. Es
+montero mayor de Su Alteza y trovador como hay pocos, pero no iguala al
+señor de Chandos, que canta unas trovas alegres con más gracia que
+nadie. Tres águilas de oro en campo azul; ese es uno de los Lutreles,
+dos hermanos á cual más esforzado. Por la media luna que va encima juzgo
+que debe de ser la divisa de Hugo Lutrel, hijo mayor del viejo
+condestable, á quien retiramos del campo de batalla de Romorantín con el
+pie atravesado por un dardo. Allí á la izquierda campea el casco con
+plumas rizadas de los Debrays. Serví un tiempo á las órdenes del señor
+Rolando Debray, gran bebedor y buena lanza, hasta que la gordura le
+impidió montar á caballo.
+
+Así continuó comentando Simón, atentamente escuchado por Roger, mientras
+su hercúleo compañero contemplaba con interés los grupos de pajes y
+escuderos, los magníficos lebreles y los mozos que limpiaban armas y
+monturas ó discutían sobre los méritos de los corceles pertenecientes á
+sus señores respectivos. Al pasar frente á la iglesia se abrieron las
+puertas de ésta para dar salida á numeroso grupo de fieles. Roger dobló
+la rodilla y se descubrió, pero antes de que terminara su corta oración
+ya habían desaparecido sus dos compañeros en el recodo que más allá de
+la iglesia formaba la calle del pueblo y Roger tuvo que correr para
+alcanzarlos.
+
+--¡Cómo! exclamó. ¿Ni siquiera un avemaría ante las abiertas puertas de
+la casa del Señor? ¿Así esperáis que Él bendiga vuestra jornada?
+
+--Amigo, repuso Tristán, he rezado tanto en los últimos dos meses, no
+sólo al levantarme y acostarme sino en maitines, laudes y vísperas, que
+todavía me da sueño al pensar en ello y creo que tengo rezos anticipados
+para algunas semanas por lo menos.
+
+--Nunca están demás las oraciones, observó Roger con calor. Es lo único
+que puede valernos. ¿Qué es, sino una bestia, el hombre para quien la
+vida se reduce á comer, beber y dormir? Sólo cuando se acuerda del
+inmortal espíritu que lo anima se eleva y se convierte en hombre, en
+sér racional. ¡Pensad cuán triste sería que el Redentor hubiese
+derramado en vano su preciosa sangre!
+
+--¡Tate, y qué gran cosa es el muchacho éste, que se ruboriza como una
+doncella y al propio tiempo sermonea como todo el sacro Colegio de
+Cardenales! exclamó el arquero. Y á propósito, ya que de la muerte de
+Nuestro Señor nos hablas, juro que no puedo pensar en ello sin desear
+que aquel bribón de Judas Iscariote, que por la cuenta debió de ser
+francés, hubiese venido por estas tierras, para tener el gusto de
+pegarle cien flechazos, desde los pies hasta la coronilla. Y no fueron
+menos canallas los que crucificaron á Jesús. Por mi parte, la muerte que
+prefiero es la que se recibe en el campo de batalla, cerca de la gran
+bandera roja con su león rampante, entre las voces de los combatientes,
+el chocar de las armas y el silbido de las flechas. Pero eso sí, máteme
+lanza, espada ó dardo, caiga yo á los golpes del hacha de combate ó
+atravesado por alabarda ó daga; pero me parecería una vergüenza recibir
+la muerte de una de esas bombardas que ahora empiezan á usar gentes
+cobardes, que derrengan á un valiente desde lejos y son más propias para
+asustar mujercillas y niños con sus fogonazos y estampidos que para
+habérselas con hombres de pelo en pecho.
+
+--Algo he leído en el claustro sobre esas nuevas máquinas de guerra,
+dijo Roger. Y á duras penas comprendo cómo una bombarda pueda lanzar
+pesada esfera de hierro á doble distancia que la alcanzada por la flecha
+del mejor arquero, y con fuerza suficiente á destrozar armaduras y batir
+murallas.
+
+--Así es, en efecto. Pero también es cierto que mientras los noveles
+armeros limpiaban sus bombardas y les hacían tragar un polvo negro que
+debe de ser obra del diablo y les atacaban una de sus pelotas de hierro,
+nosotros los arqueros blancos solíamos atizarles hasta diez flechazos
+cada uno, dejando ensartados y tendidos á buen número de aquellos
+bellacos, que Dios confunda. Sin embargo, no negaré que en el cerco de
+una plaza ó una fortaleza, las compañías de pedreros y bombardas prestan
+magno servicio y abren á los verdaderos soldados la brecha que
+necesitamos para ir á verle de cerca la cara al enemigo.... Pero ¿qué
+esto? Alguien gravemente herido ha pasado hace poco por aquí. ¡Mirad!
+
+Al decir esto señalaba y seguía el soldado un rastro de sangre que teñía
+la hierba y las piedras del camino.
+
+--Un ciervo herido, quizás....
+
+--No lo creo. Soy bastante buen cazador para descubrir su pista, si
+alguno hubiera pasado por aquí. Quienquiera que sea, no anda lejos.
+¿Oís?
+
+Los tres se pusieron á escuchar. De entre los árboles del bosque llegaba
+hasta ellos el ruido de unos golpes dados á intervalos regulares, el eco
+de ayes y lamentos dolorosos y una voz que entonaba acompasado canto.
+Llenos de curiosidad, se adelantaron rápidamente y vieron entre los
+árboles á un hombre alto, delgado, que vestía largo hábito blanco y
+andaba lentamente, inclinada la cabeza y cruzadas las manos. Abierto y
+caído el hábito desde los hombros hasta la cintura, dejaba descubiertas
+las espaldas, que aparecían cárdenas y ensangrentadas, dejando correr
+hilos de sangre que manchaban la túnica y goteaban sobre el suelo. Iba
+tras él otro individuo de menor estatura y más edad, vestido como el
+primero y con un libro abierto en la mano izquierda, al paso que la
+derecha empuñaba unas largas disciplinas, con las que azotaba cruelmente
+á su compañero al terminar la lectura de cada una de las oraciones que
+en francés salmodiaba.
+
+Asombrados contemplaban nuestros viajeros el inesperado espectáculo,
+cuando el azotador entregó libro y disciplinas á su compañero y
+descubrió sus propias espaldas, de las que muy pronto empezó á correr la
+sangre, á los zurriagazos furibundos que le daba su verdugo. Cosa
+extraña y nueva aquella para Roger y Tristán, mas no para el arquero.
+
+--Son los Penitentes, dijo; unos frailes que á cada paso encontrábamos
+en Francia y muy numerosos en Italia y Bohemia, pero apenas conocidos
+todavía en Inglaterra, donde ciertamente no esperaba yo verlos. Aun los
+pocos que aquí hay son todos extranjeros, según me han dicho. _¡En
+avant!_ Pongámonos al habla con esos reverendos que en tan poco estiman
+su pellejo.
+
+--Bastante os habéis azotado ya, padres míos, les dijo el arquero en
+buen francés al llegar junto á los penitentes. Largo es el reguero de
+vuestra sangre en el camino. ¿Por qué os maltratáis de esa manera?
+
+--_¡C'est pour vos péchés, pour vos péchés!_ murmuraron ambos, fijando
+en los recienllegados sus tristes miradas. Y volvieron á manejar las
+disciplinas tan vigorosamente como antes, sin atender á las palabras y
+súplicas de los desconocidos, quienes renunciaron á seguir contemplando
+aquel triste cuadro ya que no podían impedirlo, y se pusieron
+apresuradamente en camino.
+
+--¡Por vida de los babiecas estos! exclamó Simón. Si mis pecados
+necesitan sangre que los lave, más de dos azumbres de la que corre por
+mis venas he dejado yo en tierra de Francia; pero perdida en buena lucha
+y no friamente y gota á gota, como la derraman los penitentes sin más ni
+más. Pero ¿qué es eso, mocito? Estás más blanco que las famosas plumas
+del casco de Montclus, que nos servían para reconocerle y seguirle allá
+en Narbona. ¿Qué te pasa?
+
+--No es nada, dijo Roger. No estoy acostumbrado á ver correr la sangre
+humana.
+
+--Caso extraño es para mí, dijo el veterano, que quien tan bien piensa y
+mejor habla tenga el corazón tan débil....
+
+--¡Alto ahí! exclamó Tristán. No es flaqueza de ánimo, que yo conozco
+bien á este muchacho. Su corazón es tan entero como el tuyo ó el mío; lo
+que hay es que tiene en su mollera mucho más de lo que tú tendrás nunca
+debajo de ese puchero de peltre que te cubre el cráneo y por
+consiguiente ve más allá y siente más hondo que nosotros, y se afecta
+con lo que no puede afectarnos.
+
+--No hay duda que para mirar con indiferencia correr la sangre se
+requiere aprendizaje, asintió Simón, después de reirse de la
+irrespetuosa salida de su recluta.
+
+--Estos religiosos extranjeros me parecen gente muy santa, observó
+Roger, pues de lo contrario no se impondrían tan cruel martirio en
+satisfacción de pecados ajenos.
+
+--Pues yo me río de ellos y de sus azotes, salmos y melindres, dijo
+Tristán. ¿Á quién aprovecha la sangre que derraman? Déjate de simplezas,
+Roger, que después de todo esos frailes pueden ser muy bien como algunos
+que tú y yo conocemos, ¿eh? Más les valiera dejar tranquilas sus
+espaldas y no meterse á redentores sino ser algo más humildes, que á la
+legua se les trasluce el orgullo.
+
+--¡Por el rabo de Satanás, recluta, jamás creí que con esa cabeza color
+de zanahoria pudieras tú pensar cosas tan discretas! Diga lo que quiera
+el sabio Roger, ni este arquero, ni por lo visto este mameluco rojo,
+creerán jamás que al buen Dios le guste ver á los hombres, frailes ó no
+frailes, abriéndose las carnes con un rebenque. De seguro que mira con
+mejores ojos á un soldado franco y alegre como yo, que nunca ofendió al
+vencido ni volvió la espalda al enemigo.
+
+--Pensáis como podéis, y creéis decir bien, repuso Roger. Pero ¿acaso
+imagináis que no hay en el mundo otros enemigos que los guerreros
+franceses, ni más gloria que la que pueda alcanzarse combatiéndolos? Vos
+tendríais por esforzado campeón al que en un solo día venciese á siete
+poderosos rivales. Pues ¿qué me decís del justo que ataque, venza y
+subyugue á esos otros siete y más poderosos enemigos del alma, los
+pecados capitales, con algunos de los cuales ha de durar su lucha años
+enteros? Esos campeones que yo admiro son los modestos servidores de
+Dios que mortifican la carne para dominar el espíritu. Los admiro y los
+respeto.
+
+--Sea en buen hora, _mon petit_, y nadie te lo ha de impedir mientras yo
+ande cerca. Para predicador no tienes precio. Como que me recuerdas al
+difunto padre Bernardo, que fué un tiempo capellán de la Guardia Blanca
+y que era un ángel con verrugas y cabellos canos. Por cierto que en la
+batalla de Brignais lo atravesó con su pica un soldado tudesco al
+servicio del rey de Francia, sacrilegio por el cual obtuvimos que el
+Papa de Avignón excomulgara al matador. Pero como nadie le conocía y
+sólo sabíamos de él que era bajo y rechoncho y manejaba la pica como un
+ariete, es de temer que la excomunión no le haya alcanzado, ó lo que es
+peor, que haya recaído sobre algún otro maldito tudesco de los muchos
+que dejan su tierra para dejar después el pellejo en Francia.
+
+Rióse Roger de los fantásticos conocimientos canónicos del veterano, á
+quien preguntó si la valiente Guardia Blanca había llegado en efecto
+hasta Avignón y doblado la rodilla ante el sucesor de San Pedro.
+
+--No lo dudes, chiquillo, contestó Simón. Dos veces he visto yo al Papa
+Urbano con mis propios ojos. Es, ó era, porque en el campamento se habló
+hace poco de su muerte, un viejecillo chiquitín, con ojos muy grandes,
+nariz encorvada y un mechón de pelo blanco en la barba. La primera vez
+le sacamos diez mil ducados, pero gritó y se enfureció de mala manera.
+La segunda entrevista fué para pedirle veinte mil ducados más, y te
+aseguro que armó un cisco feroz. Tres días de reyertas y cabildeos nos
+costó antes de que nuestro capitán nos llamara para recibir y conducir
+las talegas que contenían las doblas de oro. Yo he creído siempre que
+hubiéramos salido mejor librados saqueando el palacio del Papa, pero los
+jefes ingleses se opusieron á ello. Recuerdo que un cardenal vino á
+preguntarnos si preferíamos recibir quince mil ducados con una
+indulgencia plenaria para cada arquero, ó veinte mil ducados con la
+maldición de Urbano V. En todo el campo no hubo más que una opinión:
+veinte mil ducados. Sin embargo nuestro capitán acabó por ceder y
+recibimos la bendición apostólica contra toda nuestra voluntad y un sin
+fin de indulgencias. Quizás valiera más así, porque bien las
+necesitábamos los arqueros blancos por aquel entonces.
+
+El piadoso Roger escuchaba horrorizado aquellos detalles. Las creencias
+de toda su vida, su profundo respeto por la dignidad pontificia, la
+veneración que profesaba al jefe visible de la Iglesia, todo le
+impulsaba á protestar contra la escandalosa irreverencia del soldado.
+Parecíale que con solo escuchar el impío relato había pecado él mismo;
+que el sol debía ocultar sus brillantes rayos tras negras nubes y trocar
+el campo sus alegres galas por la desolación y la tristeza del desierto.
+Sólo recobró un tanto la perdida calma cuando se hubo postrado de
+hinojos ante una de las toscas cruces inmediatas al camino y orado
+fervorosamente, pidiendo para el arquero y para sí mismo el perdón del
+Cielo.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VIII
+
+LOS TRES AMIGOS
+
+
+Tristán y Simón siguieron andando. Al terminar Roger sus oraciones
+recogió bastón y hatillo y corriendo como un gamo no tardó en llegar á
+una cabaña situada á la izquierda del sendero y rodeada de una cerca,
+junto á la cual estaban el arquero y su recluta, mirando á dos niños de
+unos ocho y diez años respectivamente; plantados ambos en medio del
+jardinillo que cercaba la casa, silenciosos é inmóviles, fija la vista
+en los árboles del otro lado del camino y teniendo en la mano izquierda,
+extendido horizontalmente el brazo, unos largos palos á manera de pica ó
+alabarda, parecían dos soldados en miniatura. Eran ambos de agraciadas
+facciones, azules ojos y rubio cabello; el bronceado color de su tez era
+claro indicio de la vida que hacían al aire libre en la soledad del
+frondoso bosque.
+
+--¡De tal palo tal astilla! gritaba regocijado el buen Simón al llegar
+Roger. Esta es la manera de criar chiquillos. ¡Por mi espada! yo mismo
+no hubiera podido adiestrarlos mejor.
+
+--Pero ¿qué es ello? preguntó Roger. Parecen dos estatuas. ¿Les pasa
+algo?
+
+--No, sino que están acostumbrando y fortaleciendo el brazo izquierdo
+para sostener debidamente, cuando sean hombres, el pesado arco de
+combate. Así mismo me enseñó mi padre y seis días de la semana tenía que
+aguantarme en esa posición lo menos una hora por día, sosteniendo á
+brazo tendido el pesado bastón herrado de mi padre, hasta que el brazo
+me parecía de plomo. ¡Hola, bribonzuelos! ¿cuánto os falta todavía?
+
+--Hasta que el sol salga por encima de aquel roble más alto y nos haga
+cerrar los ojos, contestó el mayor.
+
+--¿Y qué váis á ser vosotros? ¿Pecheros, leñadores?
+
+--¡No, arqueros! dijeron ambos á una voz.
+
+--¡Bien contestado, granujas! Ya se echa de ver que vuestro padre es de
+los míos. Pero ¿qué haréis cuando seáis soldados?
+
+--Matar escoceses, dijo el chiquitín frunciendo el ceño.
+
+--¡Acabáramos! ¿Y qué entuerto os han hecho los pobres súbditos del rey
+Roberto? Sé que las galeras de España y Francia no han andado muy lejos
+de Southampton en estos últimos tiempos, pero dudo que los escoceses
+asomen por aquí ahora ni en muchos años.
+
+--Pues nosotros, insistió el mayor de los niños, aprendemos á manejar el
+arco para matar escoceses, y no franceses ni españoles, porque aquéllos
+fueron los que cortaron los dedos á nuestro padre, para que no pudiera
+volver á manejar su arco.
+
+--Muy cierto es eso, dijo una voz sonora detrás de los caminantes.
+
+Era el que hablaba un rudo campesino de alta estatura, que al acercarse
+levantó ambas manos, á cada una de las cuales le faltaban el pulgar y
+los dos primeros dedos.
+
+--¡Por San Jorge! ¿Quién os ha maltratado de esa manera, camarada?
+preguntó Simón.
+
+--Bien se echa de ver, repuso el otro, que sois nacido lejos de la
+tierra maldita de Escocia y que aunque soldado, no os han conducido
+nuestras banderas á las guaridas de aquellos lobos. De lo contrario
+reconoceríais desde luego en estas mutilaciones la barbarie de Douglas
+el Diablo, ó el Conde Negro, como también le llaman.
+
+--¿Os hizo prisionero?
+
+--Sí, por mi mal. Nací en el norte, en Beverley, cerca de la frontera
+escocesa, y bien puedo decir que por muchos años no hubo mejor arquero
+desde Trent hasta Inverness. Mi fama me perdió, lo mismo que á otros
+muchos buenos tiradores ingleses, pues cuando nuestras luchas nos
+hicieron caer en manos de Douglas, aquella hiena, en lugar de matarnos,
+nos hizo cortar tres dedos de cada mano para que no pudiésemos
+despacharle más soldados ó atravesarle á él mismo los hígados de un
+flechazo. ¡Quiera Dios que estos dos hijos míos paguen un día con creces
+la deuda de su padre! Entre tanto, el rey me ha dado esa casita y
+algunas tierras acá en el sur, y de su producto vivimos. ¡Á ver,
+muchachos! ¿Cuál es el precio de los dos pulgares de vuestro padre?
+
+--Veinte vidas escocesas, contestó el mayor.
+
+--¿Y por los otros cuatro dedos que me faltan?
+
+--Diez vidas más, dijo su hermanito.
+
+--Total treinta. Cuando puedan doblar mi gran arco de guerra, los
+enviaré á la frontera, para que se alisten á las órdenes del invencible
+Copeland, gobernador de Carlisle. Y os aseguro que como lleguen á verse
+frente á frente de mi verdugo y á menos de cuatrocientos pasos, no
+cortará más dedos ingleses el viejo zorro de Douglas.
+
+--Así viváis para verlo, camarada, dijo Simón. Y vosotros, _mes
+enfants_, tened presente el consejo de un arquero veterano y que sabe su
+oficio: al tender el arco, la mano derecha pegada al cuerpo, para tirar
+de la cuerda no sólo con la fuerza del brazo, sino con ayuda del costado
+y muslo derechos. Y por vuestra vida, aprended también á disparar
+formando curva, pues aunque de ordinario la flecha va derecha al blanco,
+os hallaréis muchas veces atacando á gentes parapetadas tras las almenas
+ó en lo alto de una torre, ó á enemigos que ocultan pecho y cara con el
+escudo y á quienes sólo matan las flechas que les caen del cielo. No he
+tendido un arco hace dos semanas, pero eso no quita que os pueda dar una
+lección práctica, para que sepáis cómo taladrarle los sesos á un
+escocés, aunque sólo le veáis las plumas de la gorra.
+
+Diciendo esto, asió Simón el poderoso arco que á la espalda llevaba,
+tomó tres flechas y señaló á los niños, que ávidamente seguían todos sus
+movimientos, un altísimo árbol y más allá, en un claro del bosque, un
+tronco carcomido de un pie de diámetro y no más de dos ó tres de altura.
+Midió el arquero la distancia con mirada de águila y en seguida lanzó
+las tres flechas una tras otra, con increíble rapidez y apuntando á lo
+alto. Las flechas pasaron rozando las ramas más elevadas del árbol y dos
+de ellas fueron á clavarse en el tronco de que hemos hablado,
+describiendo una curva enorme y perfecta. La tercera flecha rozó el
+seco tronco y penetró profundamente en la tierra, á dos pulgadas de
+aquél.
+
+--¡Soberbio! exclamó el mutilado arquero. ¡Aprended, muchachos, que este
+es buen maestro!
+
+--Á fe mía que si empezara á hablaros de arcos y ballestas no acabara en
+todo el día, dijo Simón. En la Guardia Blanca tenemos tiradores capaces
+de asaetear uno por uno todos los encajes y junturas de la armadura
+mejor construida. Y ahora, pequeñuelos, id á traerme mis flechas, que
+algo cuestan y mucho sirven y no es cosa de dejarlas clavadas en los
+troncos secos del camino. Adiós, camarada; os deseo que adiestréis ese
+par de halconcillos de manera que un día puedan traeros buena caza y le
+saquen también los ojos al pajarraco con quien tenéis pendiente tan
+grave cuenta.
+
+Dejando atrás al mutilado arquero, siguieron la senda que se estrechaba
+al penetrar en el bosque, cuyo silencio interrumpió de pronto el ruido
+de una carrera precipitada entre la maleza. Un instante después saltó al
+camino una hermosa pareja de gamos, y aunque los viajeros se detuvieron,
+el macho, alarmado, saltó de nuevo y desapareció á la izquierda del
+camino. La hembra permaneció unos instantes como asombrada, mirando al
+grupo con sus grandes y dulces ojos. Contemplaba Roger con admiración el
+soberbio animal, pero Simón no pudo resistir el instinto del cazador y
+preparó su arco.
+
+--_¡Tête Dieu!_ exclamó en voz baja. No vamos á tener mal asado en la
+comida.
+
+--¡Teneos, amigo! dijo Tristán posando la mano sobre el arco de Simón, á
+tiempo que el gamo desaparecía á todo correr. ¿No sabéis que la ley es
+rigorosísima? En mi mismo pueblo de Horla recuerdo á dos cazadores á
+quienes sacaron los ojos por matar esos animales. Confieso que no me
+fuisteis muy simpático la primera vez que os ví y oí, pero desde
+entonces he aprendido á estimaros y ¡por la cruz de Gestas! no quisiera
+ver el cuchillo de los guardabosques jugándoos una mala partida.
+
+--Tengo por oficio arriesgar mi pellejo, repuso Simón encogiéndose de
+hombros.
+
+Sin embargo, volvió á poner la flecha en su aljaba, se echó el arco al
+hombro y continuó andando entre sus dos amigos. Iban subiendo una
+cuesta y pronto llegaron á un punto elevado desde el cual pudieron ver á
+la izquierda y detrás de ellos el espeso bosque y hacia la derecha,
+aunque á gran distancia, la alta torre blanca de Salisbury, cuyas
+alegres casitas rodeaban la iglesia y se extendían por la ladera. La
+vegetación poderosa, el aire puro de la montaña, el canto de multitud de
+pajarillos y la vista de los ondulantes prados que más allá de Salisbury
+se divisaban, eran espectáculo tan nuevo como interesante para Roger,
+que hasta entonces había vivido en la costa. Respiraba con delicia y
+sentía que la sangre corría con más fuerza por sus venas. El mismo
+Tristán apreció la belleza del paisaje y el robusto arquero entonó, ó
+por mejor decir, desentonó algunas picantes canciones francesas, con voz
+y berridos capaces de no dejar un solo pájaro en media milla á la
+redonda.
+
+Tendiéronse sobre la hierba y tras breve silencio dijo Simón:
+
+--Me gusta el compañero ese que hemos dejado allá abajo. Se le ve en la
+cara el odio que guarda á su verdugo, y á la verdad, me placen los
+hombres que saben preparar una venganza justa y mostrar un poco de hiel
+cuando llega la ocasión.
+
+--¿No sería más humano y más noble mostrar un poco de amor al prójimo?
+preguntó Roger.
+
+--Sermoncico tenemos, dijo Simón. Pero á bien que en eso de amor al
+prójimo estoy contigo, padre predicador; porque supongo que incluirás al
+bello sexo, que no tiene admirador más ferviente que yo. ¡Ah, _les
+petites_, como decíamos en Francia, han nacido para ser adoradas! Me
+alegro de ver que los frailes de Belmonte te han dado tan buenas
+lecciones, muchacho.
+
+--No, no hablo del bello sexo ni de amor mundano. Lo que quise decir fué
+que bien pudo el vengativo campesino tener en su corazón menos odio á
+sus enemigos.
+
+--Es imposible, contestó Simón moviendo la cabeza negativamente. El
+hombre ama naturalmente á los suyos, á los de su raza. Pero ¿cómo puede
+comprenderse que un inglés sienta el menor afecto por escoceses ó
+franceses? No los has visto tú en una de sus correrías, hendiendo
+cabezas y sajando cuerpos de hermanos nuestros. ¡Por el filo de mi
+espada! preferiría darle un abrazo al mismo Belcebú antes que estrechar
+la mano de uno de esos bergantes, aunque se llame el rey Roberto, ó
+Douglas el Diablo de Escocia, ó sea el mismísimo condestable Bertrán
+Duguesclín de Francia. Voy sospechando, _mon garçon_, que los obispos
+saben más que los abades, ó por lo menos dejan muy atrás á tu abad de
+Belmonte, porque yo mismo he visto con estos ojos al obispo de Lincoln
+agarrar con ambas manos un hacha de dos filos y atizarle á un soldado
+escocés tamaño hachazo que le partió la cabeza en dos, desde la
+coronilla hasta la barba. Con que si esa es la manera de mostrar amor
+fraternal, tú dirás.
+
+Ante argumento tan irresistible como el hachazo del obispo se quedó
+Roger sin réplica y no poco escandalizado.
+
+--¿Es decir que también habéis hecho armas contra los escoceses?
+preguntó por fin.
+
+--¡Pues bueno fuera! El primer flechazo que tiré desde las filas, y á
+matar, fué allá por Milne, un pedregal escocés lleno de cañadas y
+vericuetos. Nos mandaban Berwick y Copeland, el mismo que después hizo
+prisionero al rey de aquellos montañeses. Buena escuela, recluta, buena
+escuela es aquella para gente de guerra, y siento que antes de llevarte
+á Francia no hayas dado un paseo por aquellos riscos.
+
+--Tengo entendido que son los escoceses buenos guerreros, observó
+Tristán.
+
+--Fuertes y sufridos; no adelantan durante el combate, pero tampoco
+huyen, sino que se aguantan á pie firme, dando cada toque que saca
+chispas de cascos y coseletes. Con el hacha y la espada de combate no
+tienen igual, pero son muy malos ballesteros, y lo que es con el arco,
+no se diga. Además, los escoceses son por lo general muy pobres, aun sus
+jefes, y pocos de ellos pueden comprarse una cota de malla tan modesta
+como la que yo llevo puesta. De aquí que luchen con gran desventaja
+contra nuestros caballeros, muchos de los cuales llevan encima yelmos,
+petos, manoplas y cotas que representan el valor de cuatro ó seis
+mayorazgos escoceses. Hombre por hombre, con iguales armas, son tan
+buenos soldados como los mejores de Inglaterra y de toda la cristiandad.
+
+--¿Y qué nos decís de los franceses?
+
+--Son también combatientes de gran pujanza. Nuestras armas han sido muy
+afortunadas en Francia, mas no por eso hay que tener en menos á sus
+soldados. Los he visto pelear en campo abierto y encerrados en sus
+fortalezas, en asaltos, emboscadas, salidas, sorpresas nocturnas,
+duelos, justas y torneos; y puedo aseguraros, muchachos, que tienen el
+corazón valiente y el brazo duro. Entre los caballeros que seguían á
+Duguesclín podría citaros en este momento una veintena capaces de romper
+lanzas, sin desventaja, con los más brillantes paladines de Inglaterra.
+En tanto el pueblo, agobiado con tributos y gabelas, sufre, trabaja y
+calla, y vive como Dios le da á entender.
+
+--¿Habéis visitado otros países? preguntó Roger, á quien aquellos
+relatos é informes interesaban sobre manera.
+
+--He estado en Holanda, en Flandes y el Brabante y creo que de esta
+hecha Tristán tendrá oportunidad de ver no sólo buena parte de Francia,
+sino también algo y aun algos de la hermosa tierra de España. Del
+holandés os diré que es tardo y pesado, y que no desenvaina la espada
+por los bellos ojos de una doncella ni por un quítame allá esas pajas;
+pero con justa causa y buenos capitanes, sabe defender su país, más
+mojado que charca de ranas; y sobre todo, no toquéis sus fardos de lana,
+sus terciopelos de la antigua Brujas y demás mercaderías, porque
+entonces se enfurece y hay que matarlo para hacerlo entrar en razón.
+¡Sí, reíos! Pues acordaos de lo que les pasó á los franceses en
+Courtrai, donde los gordinflones holandeses les enseñaron que sabían
+manejar el acero tan bien como forjarlo.
+
+--¿Qué pensáis de los españoles? preguntó Roger.
+
+--Raza guerrera de veras. Como que á la fecha llevan seis siglos largos
+de continua lucha con lo más aguerrido de la gente árabe, que se
+posesionaron de casi todo el país y á lo que creo ocupan todavía la
+mitad de la Península. Me las hube con los súbditos del rey de Castilla
+en el mar, cuando su flota vino á retarnos en Chelsea, y allí tuvimos
+con ellos un zafarrancho de mil demonios, en el que participaron ochenta
+naves inglesas y españolas. Y ahora que he contestado á tus preguntas,
+mocito, voy á hacerte una proposición. Veo que te interesan mis relatos,
+sé que harías carrera en el ejército á pesar de que pareces un
+alfeñique, pero tienes buen consejo. Pues oye, elige uno cualquiera de
+los objetos que dejé en la venta, el que te parezca más valioso, y te lo
+regalo, á condición de que te vengas con este zagalón y conmigo á
+Francia, en cuanto termine la misión que me lleva al castillo de
+Monteagudo.
+
+--No puede ser, replicó el joven. De mil amores iría con vos á Francia ó
+á cualquier otro país, no sólo porque me place escucharos, sino porque
+fuera de Belmonte sois los únicos amigos que tengo en el mundo. Pero
+debo acatar la voluntad de mi padre muerto y ver ante todo á mi único
+hermano. Lo que después suceda está por ver, pero desde luego os digo
+que haríais conmigo una triste adquisición para vuestra Guardia Blanca,
+pues ni por temperamento ni por educación sirvo yo para ese continuo
+batallar en que vos vivís.
+
+--¡Culpa es de mi parlera lengua! gritó el arquero. No le doy suelta sin
+que se ponga á hablar de flechazos y estocadas, como si nada más hubiera
+en el mundo. Pero ven acá, doctorcillo mío, y déjame explicarte lo que
+tengo en mientes. Has de saber que no sólo necesitamos soldados y
+ballestas. En primer lugar, por cada pergamino que se ve en Inglaterra
+hay que escribir ó descifrar veinte en Francia. Por cada estatua, por
+cada piedra preciosa tallada, por cada blasón, escudo ó divisa, moldura
+y relieve que aquí pueda ocupar y dar de comer á un amanuense hábil y
+discreto como tú, hay allí ciento. En el saco de Carcasona ví yo
+habitaciones enteras atestadas de pergaminos, sin que ninguno de
+nosotros pudiera leer una palabra de tanto fárrago. En Arlés y Nimes hay
+ruinas de arcos y palacios y santuarios, mosaicos, pinturas é
+inscripciones, tan antiguos unos y tan primorosos otros, que multitud de
+gentes van á admirarlos, no sólo de toda Francia sino de otras naciones.
+En tus ojos veo ya el deseo de contemplar tanta cosa buena. ¡Vente con
+nosotros y voto á tal que no ha de pesarte!
+
+--Mucho desearía yo ver todas esas riquezas de la antigüedad y esos
+primores del arte, dijo Roger.
+
+--Otra cosa. Allá he dejado yo más de trescientos arqueros blancos que
+desde hace dos años no han oído una sola palabra de consejo, ni una
+plática religiosa y bien sabe Dios que nadie lo necesita tanto como
+ellos. Si tienes deberes aquí, tampoco es mala misión la que te ofrezco.
+Hasta ahora tu hermano se ha pasado sin tí muy bonitamente y por Tristán
+sé que en veinte años no se ha tomado una sola vez el trabajo de ir á
+Belmonte para mirarte á la cara. ¡Valiente hermanito vas tú á buscar!
+
+--¡No, pues y la fama que tiene en toda la comarca! añadió Tristán. Todo
+el mundo sabe y de ello hemos hablado tú y yo en el convento, que tu
+pariente Hugo de Clinton es un bebedor sin tasa, pendenciero y jugador,
+que ha dado escándalos mayúsculos y que probablemente hará tanto caso de
+tí como de un perro, si es que no te maltrata.
+
+--No puedo creerlo, repuso Roger. Y si tan malo es, mayor deber tengo
+yo, su único hermano, de darle algunos buenos consejos. No insistáis,
+amigos, que yo de buena gana os siguiera, si fuese libre mi elección. Y
+ahora, separémonos. Hé allí la torre cuadrada de Munster y aquí el
+sendero que según me explicó el abad lleva directamente al pueblo.
+
+--Dios te guarde, muchacho, exclamó el arquero dándole un estrecho
+abrazo. Soy pronto en odiar y en querer, y te aseguro que me duele
+separarme de tí.
+
+--¿No sería bien aguardar aquí hasta ver qué recibimiento le hace su
+hermano? propuso Tristán.
+
+--No tal, dijo Roger. Bien ó mal recibido, lo probable es que me quede
+en la granja de Munster y esperarme aquí sería tiempo perdido.
+
+--Sin embargo, observó Simón, por lo que pueda ocurrir bueno será que
+sepas dónde hallarnos, llegado el caso. Mira; Tristán y yo vamos á
+seguir ese camino de la izquierda, dejando á la derecha el bosque y el
+atajo que vas á tomar. Al caer la noche llegaremos al castillo de
+Monteagudo, residencia antes del conde Guillermo de Salisbury, de quien
+es condestable el barón de Morel que ahora habita aquel castillo. ¿Te
+acordarás? Es muy probable que allí permanezcamos alojados cosa de un
+mes, hasta nuestra salida para Francia.
+
+Gran esfuerzo costó á Roger separarse de aquellos dos buenos amigos,
+sobre todo inclinado como estaba á la vida de viajes y aventuras que
+tanto le atraía, no por los alicientes que en ella pudieran hallar
+hombres como el arquero y su recluta, sino por el vasto campo que
+ofrecía á su vivo deseo de aprender, de ver el mundo y de aprovechar
+prácticamente los variados conocimientos, oficios y artes adquiridos en
+el convento de Belmonte. No se atrevió á mirar atrás por temor de que
+flaqueara su resolución, y sólo cuando hubo andado buen trecho y
+ocultádose entre los árboles arriesgó una última mirada. El arquero
+continuaba inmóvil en el lugar mismo donde se habían despedido, cruzado
+de brazos y mirando al suelo pensativamente. El sol hacía brillar su
+almete y las mallas de su cota y sobre el hombro se veía la extremidad
+del enorme arco de guerra. Junto á él estaba el gigantesco Tristán,
+llevando todavía la raida vestimenta del batanero de Léminton. Momentos
+después siguieron ambos su camino y Roger tomó á buen paso el de la
+granja de su hermano.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IX
+
+EN LA SELVA DE MUNSTER
+
+
+Pasaba el sendero entre corpulentos y elevados árboles, cuyas ramas
+formaban en muchos puntos verdes arcos sobre el camino, recubierto de
+hierba y hojas secas. Pocas personas solían recorrerlo y el silencio era
+completo; una sola vez oyó Roger á lo lejos el agudo ladrido de los
+perros de caza.
+
+No sin alguna emoción recordaba el viajero que todo aquel bosque y gran
+parte de las tierras colindantes habían pertenecido un día á la entonces
+poderosa familia de Clinton. Conocedor de la historia de su casa, sabía
+que descendía de aquel Godofredo de Clinton, señor de las villas de
+Munster y Bisterne cuando los normandos posaron por primera vez la
+planta en territorio inglés. Pero las vicisitudes de la época privaron á
+sus descendientes de gran parte de aquellos dominios y por fin les fué
+confiscado el señorío de Bisterne en provecho del patrimonio real, por
+complicidad de uno de los Clinton en un alzamiento sajón. Las
+depredaciones de grandes señores feudales siguieron aminorando la
+propiedad, y no menos la redujeron algunas donaciones á la iglesia, como
+la hecha por el padre de Roger, que abrió á éste las puertas de
+Belmonte. Convertido aquél en arrendatario de Belmonte, ocupó hasta su
+muerte la antigua casa señorial de Munster, habitada ahora por su hijo
+mayor, á quien dejó encomendado el cultivo de dos granjas y la propiedad
+de algún ganado y parte del bosque. No ignoraba Roger que á pesar de la
+decadencia de la familia, su hermano Hugo ocupaba todavía una posición
+independiente y de relativa importancia en la comarca, y contemplaba con
+orgullo aquellos gigantes del bosque perteneciente por tantas
+generaciones á los Clinton de Munster. Absorto en sus recuerdos,
+sorprendióle la repentina aparición de un hombre vestido como los
+campesinos del país, alto y vigoroso, que le interceptó el paso
+enarbolando largo y nudoso bastón.
+
+--¡Ni un paso más! gritó el desconocido. ¿Quién eres que así te atreves
+á poner el pie en este bosque? ¿Qué buscas y á dónde vas?
+
+--¿Y quién sois vos para hacerme esas preguntas? dijo á su vez Roger
+poniéndose en guardia.
+
+--Quien puede abrirte el cráneo de un garrotazo si tienes tarda la
+lengua, fué la brutal respuesta. Pero ¿dónde he visto yo antes esa cara?
+
+--Anoche, sin ir más lejos, en la posada del _Pájaro Verde_, dijo Roger,
+que acababa de reconocer á Rodín, el pechero amenazado por Tristán y que
+tan violentamente se expresara contra el rey y sus nobles y en
+particular contra su señor el barón de Ansur.
+
+--¡Calla, pues es verdad! ¿Y qué llevas en ese zurrón?
+
+--Nada de valor, alguna ropa y media docena de libros.
+
+--Eso es lo que tú dices, pero lo que es á mí, ver y creer. Venga el
+zurrón.
+
+--No lo esperéis.
+
+--¡Por los clavos de Cristo! ¿No sabes, rapaz, que puedo descuartizarte
+en un santiamén?
+
+--Dado os hubiera las pocas monedas que poseo si me hubiérais pedido en
+nombre de la caridad. Pero amenazáis como un bandido y sabré defenderme.
+Sin contar que no escaparéis á la venganza del arrendatario de Munster
+cuando sepa la villana manera como tratáis á su hermano en sus mismas
+tierras.
+
+--¡Nuestra Señora de Rocamador me valga! exclamó asustado el malhechor
+bajando su arma. ¿Vos hermano de Hugo de Clinton? ¡Cómo había de
+figurármelo! No seré yo quien os robe ni os detenga un momento más.
+
+--Puesto que conocéis á mi hermano, hacedme la merced de indicarme el
+más corto camino para su casa.
+
+Antes de que pudiera contestar el bandolero se oyeron las sonoras notas
+de una trompa de caza y vió Roger un hermoso caballo blanco que pasó á
+la carrera entre los árboles á corta distancia, seguido de la traílla y
+de numerosos cazadores. Las voces de éstos, el galopar de los caballos y
+los ladridos de los perros resonaron ruidosamente en todo el bosque.
+Oíanse todavía los gritos con que animaban á los sabuesos: "¡Sus,
+Bayardo, Moro, Lebrel! ¡Sus, Sus!" cuando resonó de nuevo el trote de
+los caballos y apareció un grupo de cazadores á pocos pasos de Roger.
+
+Precedíalos un hombre de cincuenta á sesenta años de edad, de robusto
+cuerpo y atezado rostro, bajo cuyas pobladísimas cejas brillaban dos
+ojos de imperiosa y penetrante mirada. Llevaba larga barba entrecana y
+todo en su aspecto y ademanes revelaba al hombre acostumbrado á mandar y
+á ser obedecido. Manejaba el hermoso corcel con gracia soberana y vestía
+rica túnica de seda blanca bordada de pequeñas flores de lis de oro,
+flotante de sus hombros luengo manto de púrpura. Era imposible no
+reconocer desde luego á Eduardo III, el invasor de Francia y
+conquistador de la Normandía, al vencedor de Crécy, uno de los más
+brillantes guerreros entre los muchos y muy esforzados que habían regido
+al pueblo anglo-sajón. Roger se quitó la gorra reverentemente, pero el
+pechero apoyó ambas manos sobre su bastón y miró con expresión nada
+amistosa al grupo de caballeros que seguían al rey.
+
+--¡Hola! exclamó Eduardo deteniendo su caballo en medio del camino y
+mirando á Roger y su compañero. _¡Le cerf! ¿Est-il passé? ¿Non? Ici,
+Brocas, tu parles l'anglais._
+
+--¿Habéis visto el ciervo, bergantes? preguntó imperiosamente un
+caballero de la escolta. Si lo habéis espantado y hecho desviar os
+cuesta las orejas.
+
+--Pasó entre aquellos dos árboles, señaló Roger, y los perros le seguían
+de cerca.
+
+--Bien está, dijo el monarca, que siguió hablando en francés, pues
+aunque comprendía la lengua de su pueblo, jamás llegó á poseerla bien,
+ni quiso hablar lo que él llamaba idioma áspero y bárbaro. Os aseguro,
+continuó, volviéndose en la silla hacia el grupo de caballeros, que ó
+mucho me engaño ó es un venado de seis puntas, el más soberbio de
+cuantos hemos levantado hoy. ¡Adelante!
+
+Tras él desaparecieron á carrera tendida guerreros y cortesanos, excepto
+uno, el barón de Brocas, que haciendo dar un salto á su caballo,
+levantó el látigo y cruzó con él la cara del pechero, gritándole:
+
+--¡Descúbrete, perro! ¡Descúbrete siempre que tu rey se digne mirarte! Y
+dando rienda al caballo se lanzó en seguimiento de los cazadores.
+
+El villano recibió el latigazo sin mover un solo músculo. Después alzó
+el puño en dirección de su verdugo, y rugió:
+
+--¡Te conozco, maldito cerdo gascón, y algún día la pagarás! ¡Malhaya el
+en que dejaste tu pocilga de Rochecourt para pisar la tierra inglesa!
+¡Así te vea yo descuartizado y muertos de hambre á tu mujer y á tus
+hijos!
+
+--Tened la lengua, buen hombre, dijo Roger; aunque cobarde fué el golpe
+y capaz de encender en ira al más humilde. Dejadme buscar en mi zurrón
+un ungüento que llevo y que os será de mucho alivio.
+
+--No, una sola cosa puede calmar el dolor y lavar la afrenta, y esa el
+tiempo quizás me la depare. Ahí tenéis vuestro camino, el atajo que pasa
+entre aquel matorral y el árbol con la rama tronchada. Apresurad el
+paso, que hoy tiene Hugo de Clinton una reunión alegre con sus
+compañeros de francachela y no os traería cuenta retrasarle la fiesta ni
+tampoco presentárosle en medio de ella. Yo tengo que quedarme aquí por
+ahora.
+
+Aparte del dolor que causaban á Roger aquellas repetidas alusiones de
+todos á la vida licenciosa de su hermano, sorprendíale y angustiábale
+también el odio ciego que notaba entre las clases que constituían la
+sociedad de su tiempo. El trabajador maldiciendo á los poderosos, los
+nobles tratando á los humildes como bestias de carga. Antes, cuando la
+nobleza era el más firme baluarte de la nación, la toleraba el pueblo;
+ahora, sabido ya que las grandes victorias obtenidas en Francia lo
+habían sido no por la pujanza de tales ó cuales barones, por la lanza de
+este ó aquel caballero, sino por el valor de los soldados, hijos del
+pueblo de Inglaterra y Gales, había desaparecido en gran parte el
+prestigio de la nobleza militante y se protestaba contra sus exacciones
+y se censuraba su arrogancia. Los hombres cuyos padres y hermanos habían
+peleado como leones en Crécy y Poitiers y visto estrellarse lo más
+florido de la caballería europea contra los muros de hierro que formaban
+los plebeyos disciplinados de Inglaterra, no concebían que un gran señor
+pudiese infundirles temor y mucho menos respeto. El poder había
+cambiado de manos. El protector habíase convertido en protegido y todo
+el vetusto armatoste feudal vacilaba sobre sus carcomidos cimientos. De
+aquí las continuas quejas y murmuraciones del pueblo anglo-sajón, su
+descontento perenne, las asonadas locales, todo aquel malestar que
+culminó algunos años más tarde en el gran alzamiento de Tyler. Aquello
+que tanto inquietaba á Roger á medida que iba conociendo el estado de
+los ánimos en la comarca de Hanson, hubiera sorprendido igualmente á
+cualquier otro viajero en todos los restantes condados del reino, desde
+el Canal hasta los riscos y las lagunas de Escocia.
+
+Los temores del doncel aumentaban á medida que se acercaba á la morada
+de Hugo, á la casa paterna. Pronto se hizo menos espesa la arboleda y
+por fin se presentó ante su vista una gran pradera en la que pastaban
+hermosas vacas; más allá se divisaban numerosas piaras de cerdos y por
+el centro del llano corría un ancho arroyo. Rústico puente conducía á un
+camino que llevaba en derechura hasta la puerta de un vasto edificio de
+madera que Roger contempló con emoción profunda. Una columna de humo
+salía por la alta chimenea y á la puerta dormía tranquilamente un mastín
+encadenado.
+
+Rumor de voces sacó de su contemplación al viajero, que vió salir de
+entre los árboles y dirigirse hacia el puente á un hombre y una mujer,
+en animada conversación. Llevaba el primero un traje de elegante corte,
+aunque de obscuro color y sin los adornos y preseas que distinguían á
+los señores de la escolta real. Largos y muy rubios el cabello y la
+barba, contrastaban con la negra cabellera de la hermosísima joven que
+iba á su lado. Era alta y esbelta, de moreno y agraciado rostro. Llevaba
+una gorra de terciopelo rojo coquetamente ladeada, rico y bien ceñido
+traje y en la enguantada diestra un pequeño halcón, cuyas erizadas
+plumas acariciaba suavemente. Roger notó que la hermosa desconocida
+tenía todo un lado del vestido manchado de lodo. Oculto á medias en la
+sombra de un roble enorme, contempló embebecido aquella aparición
+radiante, aquel rostro puro y bello que le recordaba los de los ángeles
+pintados y esculpidos en los altares de Belmonte.
+
+Por fin la joven se adelantó algunos pasos á su acompañante y ambos
+cruzaron rápidamente el prado hasta llegar al puentecillo rústico, donde
+se detuvieron y reanudaron la interrumpida plática. ¿Dos amantes? Tal
+creyó desde luego el único testigo de aquella escena, mas pronto notó
+que el hombre interceptaba el paso del puente á la joven y que ésta se
+expresaba con gran animación, llegando á tomar su voz algunas veces
+acentos de amenaza y cólera. De vez en cuando dirigía una mirada hacia
+el bosque, como en espera de auxilio por aquel lado y por fin tomó su
+rostro tal expresión de angustia que Roger, incapaz de resistir aquella
+muda apelación, abandonó su escondite y se dirigió aceleradamente hacia
+el puente. Llegado había muy cerca de ambos personajes sin que éstos
+notaran su presencia, cuando el hombre enlazó repentinamente con su
+brazo el talle de la joven y la estrechó contra su pecho. Soltó ella el
+asustado halcón y lanzando un agudo grito abofeteó y arañó el rostro del
+rufián, procurando en vano desasirse.
+
+--No os encolericéis, linda paloma, dijo él con gran risa; sólo
+conseguiréis lastimaros. Lo dicho, bella Constanza, estáis en mis
+tierras y no saldréis de ellas sin pagarme el tributo de vuestra
+hermosura.
+
+--¡Soltad, villano! exclamó ella. ¿Es esta vuestra hospitalidad? ¡Antes
+la muerte que cederos! ¡Soltadme, ó si no!... ¡Á mí, doncel! gritó
+desesperadamente al ver á Roger. ¡Amparadme, por Dios!
+
+--Sí haré, exclamó el joven acudiendo en su auxilio. ¡Dejad libre á esa
+dama, que vergüenza debiera daros vuestra conducta!
+
+El agresor dirigió á Roger una mirada centelleante, que denotaba su
+furor. Al joven le pareció en aquel momento el hombre más hermoso que
+había visto en su vida, por más que la ira contraía sus facciones
+acentuando su expresión algo siniestra.
+
+--¡Miserable loco! exclamó, sin soltar á la doncella, que se debatía
+inútilmente. ¿Osas darme órdenes? ¡Sigue tu camino, aléjate á toda
+prisa, si no quieres que te arroje de aquí á puntapiés! ¡Largo, te digo!
+Esta buena moza ha venido á visitarme y no quiero que me deje tan
+pronto. ¿No es así? dijo soltando el talle de la joven y asiéndola por
+una muñeca.
+
+--¡Mentís! gritó ella, é inclinándose rápidamente clavó los dientes en
+la mano que la apresaba.
+
+Soltóla él, lanzando un rugido de dolor y la doncella corrió á
+guarecerse detrás de Roger.
+
+--¡Fuera de mis tierras, vagabundo! gritó furioso el otro. Por la pinta
+y el traje me pareces uno de esos ratones de sacristía que engordan en
+los conventos y no son ni hombre ni mujer. ¡Largo de aquí, antes que te
+corte las orejas, belitre!
+
+--¿Decís que son estas vuestras tierras? preguntó vivamente Roger,
+desoyendo amenazas é improperios.
+
+--¿Pues de quién han de ser, farsante, sino mías? ¿Por ventura no soy yo
+Hugo de Clinton, descendiente de Godofredo y de todos los señores que ha
+tenido Munster por más de trescientos años? ¿Pretendes disputármelo,
+falderillo? Pero no, que tú eres de una raza tan perezosa para trabajar
+como cobarde para habértelas con un hombre. ¡Huye ó te estrello!
+
+--¡Por piedad, no me abandonéis! exclamó temblando la llorosa doncella.
+
+--No lo temáis, le dijo Roger resueltamente. Y vos, Hugo de Clinton, no
+debiérais olvidar, pues noble sois, que nobleza obliga. Deponed vuestro
+furor y dejad partir en paz á esta dama, como os lo pide
+encarecidamente, no un villano, sino un hombre tan bien nacido como vos.
+
+--¡Mientes! No hay en todo el condado quien pueda pretender nobleza cual
+la mía.
+
+--Excepto yo, repuso Roger, que soy también descendiente directo de
+Godofredo de Clinton y de todos los señores que ha tenido Munster en los
+últimos tres siglos. Aquí está mi mano, continuó sonriendo; no dudo que
+ahora me daréis la bienvenida. Somos las dos únicas ramas que quedan del
+noble y antiguo tronco sajón.
+
+Pero Hugo rechazó con una blasfemia la mano que le tendía Roger y en su
+rostro se dibujó una expresión de odio.
+
+--¿Es decir que eres el lobezno de Belmonte? Debí figurármelo y
+reconocer en tí al novicio hipócrita que no se atreve á contestar á la
+injuria con la injuria, sino con melosas palabras. Tu padre, á pesar de
+sus faltas, tenía corazón de león y pocos hombres le hubieran mirado á
+la cara en sus momentos de cólera. ¡Pero tú! ¿Sabes lo que le costaste
+á él y lo que me has arrebatado á mí? Mira aquellos pastos, y las
+siembras de la colina, y el huerto inmediato á la iglesia. ¿Sabes que
+todo eso y mucho más se lo arrebataron á tu padre moribundo los
+insaciables frailes, á cambio de hacer de tí un santurrón inútil en su
+convento? Por tí me robaron antes y ahora vienes tú en persona,
+probablemente para pedirme con tus lloriqueos otro pedazo de mi hacienda
+con que engordar á tus amigotes. Lo que voy á hacer es soltar los perros
+para que te acuerdes toda la vida de tu primera y última visita á
+Munster; y entre tanto, ¡abre paso!
+
+Diciendo esto empujó á Roger violentamente y asió otra vez el brazo de
+su víctima. Pero toda idea de reconciliación había desaparecido de la
+mente del doncel, que acudió rápido en auxilio de la joven y enarbolando
+su grueso bastón gritó:
+
+--¡Á mí podréis decirme lo que queráis, pero hermano ó no, juro por la
+salvación de mi alma que os mato como un perro si no respetáis á esta
+dama! ¡Soltad, ú os parto el brazo!
+
+El movimiento amenazador del garrote y la mirada y la expresión de Roger
+indicaban claramente que iba á hacerlo como lo decía. Era en aquel
+momento el descendiente de los nobles Clinton, convertido en temible
+paladín del honor de una dama. Su corazón latía con violencia y hubiera
+combatido hasta la muerte, no con uno sino con diez enemigos. Hugo
+comprendió inmediatamente con quién tenía que habérselas. Soltó el brazo
+de la doncella y miró á uno y otro lado buscando un arma cualquiera, un
+palo ó una piedra; y no hallándolos, se lanzó á la carrera en dirección
+de la casa, á la vez que aplicaba un silbato á sus labios y lanzaba
+prolongado y penetrante silbido.
+
+--¡Huid, por Dios! exclamó la joven. ¡Ponéos en salvo antes que vuelva!
+
+--¡No sin vos, por vida mía! dijo resueltamente Roger. Dejad que llame á
+cuantos perros quiera.
+
+--¡Venid, venid conmigo, pues! ¡Os lo ruego! insistió ella tirándole del
+brazo. Conozco á ese hombre y sé que os matará sin compasión....
+
+--¡Pues bien, huyamos! y asidos de la mano corrieron en dirección al
+bosque.
+
+No bien había llegado la nueva pareja á los primeros árboles, vieron que
+Hugo salía de la casa apresuradamente; llevaba en la mano una espada
+desnuda que brillaba á los rayos del sol, pero no le seguían sus perros
+y se detuvo un momento á la puerta para soltar al mastín que allí tenía
+encadenado.
+
+--Por aquí, dijo la joven, que al parecer conocía perfectamente el
+bosque. Por la maleza, hasta aquel fresno cuyas ramas se inclinan sobre
+el agua. No os ocupéis de mí, que sé correr tan ligeramente como vos. Y
+ahora, por el arroyo. Nos mojaremos los pies, pero hay que hacer perder
+la pista al perro, que probablemente es de tan mala ralea como su amo.
+
+Diciendo esto, corría la hermosa doncella por el centro del arroyo,
+llevando posado en el hombro su asustado halcón, apartando rápidamente
+con las manos las ramas que le impedían el paso, saltando á veces de
+piedra en piedra y ganando terreno con ligereza tanta que á Roger le
+costaba trabajo seguirla. Admirábale aquella joven tan animosa, tan
+bella, á quien había salvado y que á su vez procuraba salvarle á él.
+Larga fué su carrera por el lecho del tortuoso arroyo, y cuando á Roger
+empezaba á faltarle el aliento, su hermosa guía se arrojó palpitante
+sobre la hierba, oprimiendo con ambas manos el agitado pecho. Roger se
+detuvo. Á los pocos momentos recobró la fugitiva su buen humor habitual,
+y sentándose, casi olvidada del peligro reciente, exclamó:
+
+--¡La Santa Virgen me proteja! Ved cómo me he puesto de agua y lodo. De
+esta hecha me encierra mi madre por una semana en mi cámara, haciéndome
+bordar mañana y tarde la famosa tapicería de los Siete Pares de Francia.
+Ya me amenazó con ello el otro día, cuando me caí en el estanque del
+parque. Y eso porque sabe que no puedo sufrir la tapicería y que mi
+gusto es correr por los campos y el bosque á pie ó á caballo.
+
+Roger la contemplaba embelesado, admirando sus negros cabellos, el
+perfecto óvalo de su rostro, los alegres y hermosos ojos y la franca
+sonrisa que le dirigía y que demostraba su confianza en él. Por ella
+recordó Roger el peligro que los amenazaba.
+
+--Haced un esfuerzo, dijo, y continuemos alejándonos. Todavía puede
+alcanzarnos y tiemblo, no por mí, sino por vos.
+
+--Ha pasado el peligro, contestó ella. No sólo estamos fuera de sus
+tierras, sino que habiéndolo despistado tomando el arroyo, le es casi
+imposible hallarnos en este inmenso bosque. Pero decidme; habiéndole
+tenido á vuestra merced ¿por qué no lo matasteis?
+
+--¿Matar á mi hermano?
+
+--¿Y por qué no? dijo la resuelta doncella con expresión de cólera que
+dió nuevo encanto á su lindo rostro. Él os hubiera dado muerte sin
+vacilar. ¡Qué infame! De haber yo tenido en la mano el garrote ése, el
+vil Hugo de Clinton se hubiera acordado de mí.
+
+--Demasiado siento lo que he hecho, dijo Roger sentándose junto á ella y
+ocultando el rostro entre las manos. ¡Dios me asista! En aquel momento
+perdí la serenidad, me olvidé de todo, y si tarda un momento más en
+soltaros... ¡Á mi único hermano, al hombre en cuya casa pensaba vivir y
+cuyo cariño ansiaba conquistarme! ¡Cuán débil he sido!
+
+--¿Débil? repuso ella. No creo que mi mismo padre os creyese tal, y eso
+que es severo cual ninguno en juzgar el valor y la entereza de los
+hombres. Pero ¿sabéis que no es nada lisonjero para mí el oiros lamentar
+lo que habéis hecho? Pensándolo bien, reconozco que una mujer, una
+extraña para vos, no debe separar á dos hermanos; y si queréis, volvamos
+pie atrás y haced las paces con Hugo entregándole á vuestra prisionera.
+Yo sabré deshacerme de él.
+
+--Muy miserable y cobarde sería el hombre que tal hiciese. Lamento, sí,
+que vuestro agresor haya sido mi propio hermano, ¿pero entregaros? ¡Eso
+nunca!
+
+--Bien está, dijo la doncella sonriéndose, y comprendo lo que os pasa.
+La verdad es que os presentasteis tan repentinamente como lo hacen los
+juglares en sus comedias; fuisteis el valiente campeón que salva á la
+afligida dama en los momentos en que va á devorarla el horrible dragón.
+Pero venid, dijo incorporándose, llamando al halcón y arreglando como
+pudo sus mojadas ropas. Salgamos al claro y es muy probable que
+encontremos á mi paje Rubín con _Trovador_, mi palafrén, á cuya caída
+debo yo todos mis percances de este día y el haberme visto en manos del
+ogro de Munster. Pero hacedme la merced de darme el brazo; estoy más
+cansada de lo que creía y casi tan asustada como mi pobre halconcillo.
+Mirad cómo tiembla. Él también está indignado de ver á su ama tan
+maltratada.
+
+Roger oía con delicia la charla de la joven y la sostenía con su brazo
+todo lo posible, apartando las ramas y buscando en vano un sendero
+practicable.
+
+--Callado estáis, señor campeón, le dijo al fin su alegre compañera. ¿No
+queréis saber quién soy ni oir mi historia?
+
+--Si á vos os place contármela....
+
+--Oh, si tan poco os interesa, lo mejor será guardármela....
+
+--No, por favor, dijo él vivamente. Contad, que me desvivo por saber
+algo de vos.
+
+--Pues bien, sabréis la historia, pero no el nombre. Algo he de otorgar
+al hombre que ha hecho de su hermano un enemigo, por culpa mía. Después
+de todo, Hugo dijo que venís derechamente del convento, de suerte que
+será esto á manera de confesión, como si fuerais un reverendo de barba
+blanca ¿eh? Sabed, pues, que vuestro pariente ha pretendido mi mano, no
+tanto, á lo que imagino, por prendas que no tengo, sino por los caudales
+que le aportaría su matrimonio con la hija única de... mi padre, porque
+ya os he dicho que no sabréis quién soy. No es mi padre excesivamente
+rico, pero sí hombre de alta alcurnia, valiente caballero, en verdad,
+guerrero famoso, á quien las pretensiones de ese hombre grosero y
+bellaco.... ¡Perdonad! Olvidé que lleváis el mismo nombre.
+
+--No importa; continuad, os lo suplico.
+
+--De un mismo manantial suelen proceder arroyos muy distintos; turbio
+uno, claro y cristalino el otro, dijo ella prontamente. Abreviando, os
+diré que ni mi padre ni yo podíamos tolerar tales pretensiones, y que
+ese hombre violento y vengativo ha sido desde entonces nuestro enemigo.
+Temeroso mi padre del daño que pudiera causarme, me tiene prohibido
+cazar en toda la parte del bosque situada al norte del camino de
+Munster; pero esta mañana mi valiente halcón dió caza á una garza enorme
+y mi paje Rubín y yo olvidamos por completo el camino que seguíamos y la
+distancia recorrida, sin pensar más que en las peripecias de la caza.
+_Trovador_ tropezó, por desgracia, lanzándome con violencia al suelo, y
+echando á perder mi falda, la segunda que llevo desgarrada y manchada
+esta semana, para mayor indignación de mi madre y dolor de Águeda, mi
+buena aya....
+
+--¿Y después? preguntó ansiosamente Roger.
+
+--Entre el tropezón, mi caída, el grito que dí y las voces de Rubín, se
+asustó el caballo de tal manera que salió á escape, perseguido por el
+paje. Antes de que pudiera levantarme ví á mi lado al desairado
+pretendiente, quien me anunció que estaba en sus tierras y me ofreció
+cortésmente acompañarme hasta su casa, donde podría esperar con
+comodidad el regreso del paje. No me atreví á rehusar, pero muy pronto
+conocí por sus miradas y palabras que había hecho mal; quise tomar por
+el puente, me lo impidió descaradamente y después ¡Jesús me valga! no
+puedo pensar en sus soeces insultos sin estremecerme. ¡Cuánto os debo! Y
+cuando recuerdo que yo.... ¡Qué asco!
+
+--¿Qué es ello? preguntó Roger admirado.
+
+--Cuando recuerdo que mordí su mano, que posé mis labios sobre la carne
+del malvado, me parece haber sufrido el contacto asqueroso de una
+serpiente. Pero vos ¡cuán animoso y enérgico ante tan temible enemigo!
+Si yo fuera hombre me enorgullecería de actos como ese.
+
+--Poca cosa cuando tan grande es el placer de serviros, contestó Roger,
+vivamente complacido al oir aquel elogio de tales labios. ¿Y vos? ¿Qué
+pensáis hacer ahora?
+
+--¿Véis á lo lejos, allá abajo, aquel enorme tronco, junto al rosal
+silvestre? Pues ó mucho me engaño ó no tardará en llegar á él Rubín con
+los caballos, por ser ese el lugar donde me detengo á descansar en casi
+todas mis excursiones por estos rumbos. Después, á casa sin tardanza. Un
+galope de dos leguas secará completamente pies y ropas.
+
+--Pero ¿qué hará vuestro padre?
+
+--No le diré una palabra de lo ocurrido. Si le conocierais sabríais que
+no es posible desobedecerle sin atenerse á terribles consecuencias, y yo
+le he desobedecido. Él me vengaría, es cierto, pero no es en él en quien
+buscaré vengador. Día llegará, en justa ó torneo, en que un hidalgo
+quiera llevar mis colores al palenque y yo le diré que hay una afrenta
+pendiente, que su competidor está elegido y que es Hugo de Clinton.
+Ofensa lavada y un corazón villano de menos en el mundo.... ¿Qué os
+parece mi plan?
+
+--Indigno de vos. ¿Cómo podéis hablar de venganza y muerte, vos, tan
+joven y cándida, en cuyos labios sólo deberían oirse palabras de bondad
+y perdón? ¡Mundo cruel, que á cada paso me hace recordar el retiro y la
+paz de mi celda! Cuando así habláis me parecéis un ángel del Señor
+aconsejando seguir al espíritu del mal.
+
+--Gracias mil por el favor, señor hidalgo, repuso ella soltando su brazo
+y mirándole severamente. ¿Es decir que no solo sentís haberme encontrado
+en vuestro camino sino que me llamáis en suma diablo predicador? Cuidado
+que mi padre es violento cuando se irrita, pero ni aun él me ha dicho
+jamás cosa semejante. Tomad ese camino de la izquierda, señor de
+Clinton, que yo no soy buena compañía para vos. Y haciéndole una seca
+cortesía se alejó rápidamente.
+
+Sorprendido quedó el doncel y lamentando su inexperiencia que por dos
+veces le había hecho decir á la bella cosa muy distinta de lo que
+ansiaba expresar. Miróla tristemente, esperando en vano que se detuviera
+ó que con una mirada le anunciase su perdón; pero ella siguió bajando á
+buen paso el pendiente sendero, hasta que sólo se divisó á trechos entre
+las ramas su roja toquilla. Lanzando un profundo suspiro, tomó Roger la
+senda que ella le indicara y anduvo buen espacio con el corazón
+oprimido, repasando en la memoria todos los incidentes de aquel
+inolvidable encuentro. De pronto oyó á su espalda ligero paso y
+volviéndose vivamente se halló cara á cara con la hermosa, inclinada la
+frente, fijos en el suelo los ojos y convertida en imagen del más
+humilde arrepentimiento.
+
+--No volveré á ofenderos, ni siquiera á hablar, dijo la joven, pero
+quisiera continuar en vuestra compañía hasta salir del bosque.
+
+--¡Vos no podéis ofenderme! exclamó Roger alborozado al verla. Lejos de
+eso, yo soy quien debí refrenar la lengua. Pero tened en cuenta, para
+perdonarme, que he pasado mi vida entre hombres y mal puedo saber cómo
+hablar á una mujer de suerte que ni aun ligeramente lleguen á
+disgustarla mis palabras.
+
+--Así me gusta. Y ahora, completad vuestra retractación; decid que tenía
+yo razón al querer vengarme de mi ofensor.
+
+--¡Ah, eso no! contestó él gravemente.
+
+--¿Lo véis? exclamó triunfante y sonriendo la joven. ¿Quién es aquí el
+corazón duro é inflexible, el predicador severo, el que se empeña en que
+continuemos reñidos? Pues bien, cederé yo, porque lo que es vos habéis
+de seguir haciendo méritos hasta obtener, como os lo deseo, la mitra de
+obispo ó el capelo cardenalicio. Oidme; por vos perdono á vuestro
+hermano y tomo sobre mí toda la culpa de lo ocurrido, ya que yo misma
+fuí en busca del peligro. ¿Estáis contento?
+
+--¡Cuán dignas de vos son esas palabras! En ellas hallaréis sin duda más
+placer que en vuestras primeras ideas de venganza.
+
+Movió ella la cabeza en señal de duda y al mirar á lo lejos lanzó una
+ligera exclamación que revelaba más sorpresa que placer.
+
+--¡Ah! dijo. Allí está Rubín con los caballos.
+
+También los había visto el pajecillo, cuyos rubios y largos cabellos
+rizados rodeaban el gracioso rostro. Cabalgaba alegremente, llevando de
+la brida el blanco palafrén causa involuntaria de las aventuras de su
+dueña.
+
+--¡Os he buscado en vano por todas partes, mi señora Doña Constanza!
+gritó agitando en el aire la emplumada gorra. _Trovador_ no se detuvo
+hasta El Castañar, añadió echando pie á tierra y teniendo el estribo á
+su ama; y aun así, trabajo me costó cogerlo. ¿Os ha sucedido algo
+desagradable? Estaréis cansada ¿verdad?
+
+--Nada me ha sucedido, Rubín, gracias á la cortesía de este doncel,
+dijo, mientras el paje miraba atentamente á Roger. Y ahora, señor de
+Clinton, continuó, tomando la rienda y montando ligeramente, no quiero
+separarme de vos sin deciros que os habéis conducido hoy como honrado
+caballero y sin daros las gracias. Sois joven y no os creo rico; quizás
+mi padre pueda serviros en vuestra carrera futura, cualquiera que sea.
+Es respetado de todos y tiene amigos poderosos. ¿No me diréis cuáles son
+vuestros proyectos, ahora que no podéis contar con vuestro hermano?
+
+--¿Proyectos? Ninguno; no puedo tenerlos. Sólo dos amigos cuento fuera
+de la abadía de Belmonte y de ellos me separé esta mañana. Quizás pueda
+reunirme con ellos en Salisbury.
+
+--¿Y qué han ido á hacer allí?
+
+--Uno de ellos, bravo soldado, lleva importante mensaje al castillo de
+Monteagudo para el barón León de Morel....
+
+Una alegre carcajada de la hermosa hizo enmudecer al sorprendido joven,
+que momentos después se vió solo en medio del camino, contemplando la
+nube de polvo que levantaban los caballos. Llegados á una pequeña
+eminencia, detuvo la dama su corcel y le envió amistosa señal de
+despedida. Allí permaneció Roger inmóvil hasta que perdió de vista á su
+linda compañera. Después tomó lentamente el camino del pueblo, con ideas
+y sentimientos muy distintos de los del inexperto mancebo, casi un niño,
+que pocas horas antes había dejado aquel mismo camino por el atajo del
+bosque.
+
+
+
+
+CAPÍTULO X
+
+UN CAPITÁN COMO HAY POCOS
+
+
+Pensando iba Roger que ni podía regresar á Belmonte en el término de un
+año, ni asomar por las inmediaciones de la casa paterna sin que su
+atrabiliario hermano le echase los perros encima; y que por consiguiente
+se hallaba en el mundo á la ventura, sin saber qué hacer y harto escaso
+de recursos para continuar viajando y gastando, sin oficio ni beneficio.
+Con los diez ducados de plata que el buen abad había depositado en su
+escarcela podría vivir escasamente un mes, pero no doce. Su única
+esperanza era reunirse cuanto antes á los dos camaradas por quienes
+sentía el afecto que ellos también le habían mostrado. Apretó pues el
+paso, y corrió á trechos, comiendo el pan que llevaba en el zurrón y
+apagando la sed en los cristalinos arroyos que halló á su paso.
+
+Al cabo de una hora tuvo la fortuna de alcanzar á un leñador que con su
+hacha al hombro llevaba la misma dirección que él, lo que le evitó
+perder más tiempo y aun extraviarse en los numerosos senderos que
+cruzaban el bosque. No fué muy animada la conversación entre ambos, pues
+el leñador sólo platicaba sobre asuntos de su oficio, la calidad de
+tales ó cuales maderas y las reyertas entre trabajadores de éste ó aquel
+villorrio, al paso que Roger no podía apartar de su imaginación el
+recuerdo de la encantadora desconocida. Tan distraído y preocupado iba
+que su compañero acabó por callarse, hasta que torció á la izquierda por
+el sendero de El Castañar, dejando á Roger en el ancho camino de
+Salisbury.
+
+Algunos pordioseros, un correo del rey, varios leñadores y otras
+personas que encontró en su camino le indicaron la proximidad del
+poblado. También vió pasar á un jinete corpulento, de luenga y negra
+barba, que llevaba un rosario de gruesas cuentas en la mano y enorme
+espadón pendiente del cinto. Por la forma y color del hábito y la
+estrella de ocho puntas bordada en la manga reconoció en él á uno de los
+caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, cuyo maestre residía
+en Bristol. El joven viajero recibió descubierto y reverente la
+bendición del hospitalario, lleno de admiración por aquella famosa
+orden, sin saber que á la sazón había adquirido ya gran parte de las
+cuantiosas riquezas de los templarios y que los un tiempo humildes y
+desinteresados caballeros de San Juan preferían ya las comodidades de
+sus palacios á las aventuras y peligros de la campaña contra los
+infieles del Oriente.
+
+El sol se había ocultado tras negras nubes y á poco empezó á llover. Un
+frondoso árbol cercano ofrecía el mejor refugio y bajo sus ramas se
+cobijó Roger, aun antes de oir la cordial invitación de dos viajeros que
+le habían precedido y que sentados al pie del árbol tenían delante media
+docena de arenques salados, un pan moreno y una bota que después resultó
+estar llena de leche fresca y no de vino. Eran dos jóvenes estudiantes
+de los muchos que por aquella época se veían no sólo en las grandes
+ciudades sino en los caminos y ventorrillos de casi toda Inglaterra.
+Disputaban más que comían y saludaron alegremente al recienllegado.
+
+--¡Venid aquí, camarada! dijo uno de ellos, bajo y rechoncho. _Vultus
+ingenui puer._ No os asuste la cara de mi compañero, que como dijo
+Horacio, _foenum habet in cornu_; pero es más inofensivo de lo que
+parece.
+
+--No rebuznes tan fuerte, Colás, repuso el otro, que era enteco y alto.
+Si á citar vamos á Horacio, recuerda aquello de _loquaces si sapiat_...
+ó como diríamos en buen inglés, huye de los charlatanes como de la
+peste. Y á fe mía, que de seguir todos el consejo habías de verte tú
+solo en el mundo.
+
+--¡Buena lógica, buena! Como de costumbre, te enredas en tus propios
+argumentos y te caes de bruces, dijo Colás con gran risa. Primera
+premisa: los hombres deben huir de mi locuacidad. Segunda: tú estás aquí
+comiendo arenques mano á mano conmigo. _Ergo_, tú no eres hombre. Que
+es lo que se quería demostrar, Florián amigo, y lo que yo me tenía muy
+sabido; que eres un monigote y no un nombre.
+
+Roger y Florián se rieron de buena gana y el primero se sentó junto á
+los polemistas.
+
+--Ahí va un arenque, compañero, dijo Florián; pero antes de participar
+de nuestra espléndida hospitalidad, tenemos que imponeros ciertas
+condiciones.
+
+--La que á mí más me interesa, repuso Roger jovialmente, es que con el
+arenque venga también una rebanada de pan.
+
+--¿Lo ves, gandul? preguntó Colás al otro estudiante. ¿No te he dicho
+cien veces que el ingenio y la gracia en el decir me rodean como un aura
+sutil y que nadie se me acerca sin dar á poco muestras evidentes de la
+agudeza que en mí rebosa? Tú mismo eras el mostrenco más zafio que he
+conocido en toda mi vida, pero en la semana que llevas conmigo has hecho
+ya dos ó tres juegos de palabras muy pasables y esta mañana un
+comentario asaz agudo, que yo no tendría inconveniente en aceptar por
+mío.
+
+--Como lo harás á la primera oportunidad, socarrón, para pavonearte con
+plumas ajenas. Pero decidme, amigo, ¿sois estudiante? Y siéndolo ¿venís
+de las aulas de Oxford ó de las de París?
+
+--Algo he estudiado, contestó Roger, pero no en esas grandes
+universidades, sino con los monjes del Císter, en su convento de
+Belmonte.
+
+--¡Bah! poco y malo probablemente. ¿Qué diablos de enseñanza pueden dar
+allí?
+
+--_Non cui vis contingit adire Corinthum_, observó Roger.
+
+--¡Toma y vuelve por otra, hermano Florián! Pero dejémonos de
+discusiones y á comer se ha dicho, que se _enfrían_ los arenques y el
+pan amenaza convertirse en guijarro y la leche en requesón.
+
+Lo cual no impidió que mientras Roger comía renovasen los otros sus
+argucias y que á poco menudeasen argumentos y sofismas y lloviesen las
+citas latinas y griegas, escolásticas y evangélicas, silogismos,
+premisas, inferencias y deducciones. Sucedíanse las preguntas y
+respuestas como los golpes de incansables espadas sobre fuertes
+escudos. Por fin, aplacóse un tanto Colás, mientras su compañero siguió
+perorando, triunfante y engreído.
+
+--¡Ah, ladrón! gritó de pronto. ¡Te has comido mis arenques!
+
+--Y muy ricos que estaban, contestó Colás con sorna. Pero eso es parte
+de mi argumentación, el esfuerzo final, la _peroratio_, que dicen los
+oradores. Porque amigo Florián, siendo _cosas_ las ideas, como lo acabas
+de dejar muy bien sentado y probado, no tienes más que pensar ó idearte
+un par de arenques rollizos y conjurar un frasco de leche de dos
+azumbres, con lo cual quedará tu estómago tan satisfecho y tan campante.
+
+--¿Con que esas tenemos, eh? Buen argumento, bueno, pero hay que
+contestarlo; y haciendo y diciendo atizó al rubicundo Colás una bofetada
+que lo hizo caer de espaldas. Y ahora, continuó, levantándose, imagínate
+que no te has llevado ese revés y verás cómo ni te duele, ni vuelves á
+robar arenques.
+
+El estudiante santiguado agarró el garrote de Roger y en poco estuvo que
+le rompiese un hueso á su compañero. Por fin consiguió Roger ponerlos en
+paz, y habiendo cesado la lluvia se despidió de aquellos divertidos
+polemistas. No tardó en divisar grupos de cabañas, campos cultivados y
+una que otra granja; pero el sol se acercaba á su ocaso cuando el
+viajero vió á distancia la elevada torre del priorato de Salisbury.
+Alegróse de llegar al término de su viaje por aquel día, y mucho más
+cuando al rodear las tapias de un huerto descubrió á Simón y Tristán,
+sentados muy sosegadamente sobre un árbol caído.
+
+Ninguno de ellos notó su presencia porque dedicaban toda su atención á
+la partida de dados que tenían empeñada. Acercóse Roger muy quedamente y
+observó con sorpresa que Tristán tenía cruzado á la espalda el arco de
+Simón y ceñida la espada de éste y que entre los dos, como si fuese la
+puesta de la próxima jugada, se hallaba el casco del arquero.
+
+--¡Maldición! exclamó éste al mirar los dados. ¡Uno y tres! No he tenido
+suerte peor desde que salí de Rennes, donde perdí hasta los borceguíes.
+_À toi, camarade._
+
+--Cuatro y tres, dijo Tristán con voz de bajo profundo. Venga el
+capacete. Y ahora te lo apuesto contra tu coleto, arquero.
+
+--¡Apostado! Pero como siga la mala racha voy á llegar al castillo en
+camisa. ¡Voto á sanes! Bonita facha para un embajador. ¡Hola! gritó
+levantándose apresuradamente al ver á Roger y echándole los brazos al
+cuello; mira quién nos ha caído de las nubes, recluta.
+
+No menos complacido que el arquero quedó Tristán, pero se limitó á abrir
+la bocaza y entornar los ojos, que era su manera de sonreirse,
+procurando con ambas manos ponerse el casco de Simón sobre la enorme
+melena roja.
+
+--¿Vienes á quedarte con nosotros, _petit_? preguntó el veterano, dando
+golpecitos en la espalda de Roger.
+
+--Por lo menos así lo deseo, respondió éste, conmovido ante la cariñosa
+acogida de sus amigos.
+
+--¡Bravo, muchacho! Juntos iremos los tres á la guerra, y que el diablo
+se lleve la veleta del convento de Belmonte. Pero ¿dónde te has metido,
+que vienes de barro hasta las rodillas?
+
+--En un arroyo, dijo Roger; y tomando la palabra les refirió los
+incidentes de su jornada, el ataque del bandolero, su encuentro con el
+rey, la recepción que le hizo su hermano y el rescate de la hermosa
+cazadora. Escuchábanle los otros atentamente, pero no había acabado su
+relato, que hacía andando entre los dos amigos, cuando Simón volvió pie
+atrás y se alejó dando resoplidos.
+
+--¿Qué os pasa, arquero? gritó Roger corriendo tras él y echándole mano
+al coleto. ¿Á dónde váis?
+
+--Á Munster. ¡Suelta, muñeco!
+
+--Pero ¿qué váis á hacer allí?
+
+--Meterle seis pulgadas de hierro á tu hermanito en la barriga. ¡Cómo!
+¡Insultar á una doncella inglesa y azuzar los perros contra su hermano!
+Pues ¿para qué tengo yo esta espada? Digo, no, que la tiene el gandul
+ese de Tristán y se la voy á quitar ahora mismo.
+
+--¡Á mí, Tristán! ¡Échale mano! gritó Roger riendo á carcajadas y
+tirando de Simón. Ni ella ni yo sufrimos un rasguño. ¡Venid, amigo! y
+entre los dos lograron por fin ponerlo de nuevo en dirección de
+Salisbury. Sin embargo, anduvo buen trecho con la cara hosca, hasta que
+divisó una fresca labradora y le envió con un beso una sonrisa.
+
+--Pero vamos á ver, dijo Roger. ¿Cómo es que el soldado no lleva ahora
+consigo las herramientas de su oficio? Y tú Tristán ¿qué haces con arco,
+espada y casco en tiempo de paz?
+
+--Te diré. Es un juego que el amigo Simón se empeñó en enseñarme.
+
+--Y el bribón resultó maestro, gruñó el arquero. Me ha desplumado como
+si hubiese caído en manos de los ballesteros del rey de Francia. Pero
+¡por mis pecados! que me has de devolver esos trastos, amigo, si he de
+cumplir la misión de Sir Claudio Latour, y te los pagaré como nuevos, á
+precio de armero.
+
+--Aquí tienes todo lo que te he ganado y no hables de pagármelo, dijo
+Tristán. Mi único deseo era llevar encima esos arreos por un rato, para
+tomarles el peso, ya que en Francia y España he de llevarlos á diario
+por algunos años.
+
+--_Ma foi_, has nacido para soldado y buen compañero, exclamó regocijado
+Simón. Eso es hablar y portarse como se debe. ¡Bien, recluta! ¿Quién ha
+visto jamás arquero sin arco? Descuida, que yo te procuraré uno tan
+bueno como éste, allá en el ejército. Pero ¡mirad! Á la derecha del
+priorato se destaca la torre parda y cuadrada del castillo en la
+eminencia, y aun á esta distancia me parece distinguir en la bandera que
+allí ondea el rojo corzo de las armas de Monteagudo.
+
+--Rojo en campo blanco, dijo Roger, pero no sé si es corzo, león ó
+águila. ¿Qué es aquello que brilla sobre el muro? En la almena, debajo
+de la bandera.
+
+--El casco de acero de un centinela, contestó Simón. Pero apretemos el
+paso si hemos de llegar antes que la campana dé la señal de vísperas y
+el clarín la de alzar el puente levadizo; porque el barón de Morel, á
+fuer de buen soldado, es lo más exigente y riguroso en punto á
+disciplina.
+
+Pronto se hallaron los tres camaradas en la extensa población construída
+al pie de la antigua iglesia y del amenazador castillo. El barón de
+Morel había cenado aquella tarde antes de ponerse el sol, según su
+costumbre; visitó después las caballerizas, donde sus dos corceles de
+batalla, _Darío_ y _Armorel_, descansaban de sus pasadas campañas, en
+unión de otros buenos caballos y de los palafrenes de las damas, y por
+último dispuso que los monteros sacasen á los perros y los dejasen
+correr y retozar en libertad por media hora en las avenidas del
+castillo. Unos treinta contenían las perreras y no fué mal concierto de
+ladridos el que armaron al precipitarse en tropel perdigueros y
+lebreles, mastines, galgos, sabuesos y podencos, de todos tamaños y
+colores. Detrás de los monteros y pajes que con sus voces aumentaban la
+algazara, veíase al noble señor de Morel, que contemplaba sonriente
+aquel animado cuadro. Iba á su lado la buena baronesa y ambos siguieron
+andando hasta el puente de piedra que separaba el pueblo del castillo.
+
+Era el famoso guerrero de corta estatura y pocas carnes, y ni su aspecto
+ni sus maneras revelaban en él al esforzado campeón inglés cuyos altos
+hechos andaban en lenguas de todos. Los años habían encorvado algo su
+cuerpo, aunque no pasaban de cuarenta y ocho los que tenía; y en la
+época en que le conocemos sufría todavía de la vista á consecuencia de
+haberle vaciado encima una espuerta de cal viva los sitiados de
+Bergerac, cuando el barón dirigía el asalto de aquella plaza al frente
+de los veteranos de Derby. El constante ejercicio de las armas y las
+penalidades de su pasada vida de soldado lo habían conservado vigoroso y
+activo como siempre; era delgado de rostro, de color moreno y llevaba el
+retorcido bigote y larga perilla que por entonces estaban en boga entre
+los caballeros del ejército. El chambergo de fino fieltro con airosa
+pluma blanca, algo inclinado sobre la oreja derecha, ocultaba en parte
+la cicatriz de una larga herida que partía desde la sien; la mitad de
+aquella oreja se la llevó una bala de bombarda allá en Tournay, en las
+guerras de Flandes. Vestía rico traje de terciopelo negro y capa corta
+del mismo color, y usaba calzado de retorcida punta, aunque no tan
+desmesurada como fué uso llevarla en el siguiente reinado. Ceñíale el
+cuerpo un cinturón bordado de oro, en cuya ancha hebilla estaban
+grabadas las armas de los Morel, cinco rosas gules en campo de plata.
+
+Á su lado y apoyada en el parapeto del puente, la baronesa parecía el
+tipo acabado de las altivas castellanas de la época. Más alta que su
+esposo, tenía la mirada dominante y la robustez física que había hecho
+posibles las heróicas proezas de Agnes Dunbar, de las condesas de
+Salisbury y de Monfort y de otras damas inglesas que habían demostrado
+ser tan animosas como sus nobles maridos llegada la ocasión, y poco
+menos expertas que ellos en el manejo de la espada ó del hacha de
+combate. Pero muchas de aquellas heroínas inglesas y otras que
+pudiéramos citar, como las de Monteagudo, Chandos y Belver, eran no sólo
+valerosas sino bellas, calificativo este último que por ningún concepto
+podía aplicarse á la baronesa de Morel.
+
+--Os repito, barón, que una doncella como nuestra hija no debería pasar
+su vida cazando y corriendo por campos y bosques, decía la imponente
+dama á su esposo. Si la dejamos que siga rodeada de caballos y perros,
+pajes, monteros y soldados, cuidando halcones y aprendiendo, la muy
+taimada, trovas francesas, que tal hacía cuando la sorprendí ayer en su
+cuarto, ¿cómo ha de servir para esposa de un noble compañero y para
+gobernar un castillo, cual lo he hecho yo en vuestras largas ausencias,
+con un centenar de hombres de armas y sirvientes á sus órdenes, la mitad
+de los cuales sólo entienden de holgar y beber cerveza? Y cuenta que las
+trovas de que os hablo, que ella escondió bajo la almohada al verme
+entrar, se las había prestado, según confesión suya, el mismísimo padre
+Cristóbal, del Priorato. Es verdad que siempre me dice lo mismo.
+
+--Muy cierto es todo eso, mi buena amiga, respondió el magnate, pero
+tened en cuenta que es muy joven, llena de vida y salud, traviesa y
+alegre como una niña y que tiempo hay para todo.
+
+--Sus travesuras van siendo graves por demás y demandan de vos severa
+corrección.
+
+--No querréis decir seguramente que llegue yo á levantarle la mano.
+Jamás lo he hecho con ninguna mujer y no exceptuaré precisamente á la
+que lleva mi sangre en sus venas. En vos confío para enmendarla, cuando
+su conducta merezca enmienda; sobre todo en mi ausencia, querida mía,
+pues si llevo largo tiempo de asueto en el castillo, sólo por vos ha
+sido, y os confieso que sin vuestra presencia no podría tolerar una
+semana esta vida tranquila y regalona. Soldado nací y soldado he de
+morir.
+
+--Eso era lo que yo temía, exclamó angustiada la baronesa. ¿Creéis que
+no he notado vuestro desasosiego de estos últimos tiempos, y la revista
+que habéis pasado á vuestras armas en compañía de Renato el escudero?
+¡Nuestra Señora de Embrún me valga!
+
+--No os aflijáis. No se trata sólo de inclinación mía, sino de un deber,
+de un llamamiento á nuestro honor. Bien sabéis que la renovación de la
+guerra es cosa resuelta, que nuestras tropas se reconcentran en Burdeos
+y ¡por San Jorge! sería cosa de ver que junto á los leones del
+estandarte real figurasen las armas de toda la nobleza inglesa, excepto
+las rosas de Morel.
+
+--No lo hubiera permitido yo misma diez ó quince años hace; pero ¿no
+habéis servido al rey como el primero? ¿No habéis dado pruebas
+brillantes de valor en diez campañas? Díganlo las heridas de vuestro
+cuerpo y la fama de vuestro nombre. El mismo rey no espera de vos que
+combatáis hasta morir y el más bravo soldado depone un día las armas y
+regresa al hogar.
+
+--No está en mí el hacerlo, creedme. Cuando nuestro gracioso soberano se
+apresura á vestir la armadura de combate á los setenta años y el señor
+de Chandos le imita á los setenta y cinco, con tantas campañas y heridas
+como cuento yo, mal puede quedar en reposo la lanza del barón León de
+Morel. Mi propia fama me obliga, ya que tanto más notada sería mi
+ausencia. No, Leonor, debo partir. Sin contar que nuestra hacienda no es
+tan grande cual yo por vos y por nuestra hija la quisiera, y que sólo el
+cargo de condestable que ejerzo aquí por merced de mi buen y poderoso
+amigo el conde de Monteagudo, cuyo castillo habitamos, nos permite
+sostener la posición correspondiente á nuestro rango. Y bien sabéis que
+en la guerra es donde el noble y el bravo hallan hoy no sólo honores,
+sino riquezas. La recompensa regia, el rico botín y los rescates enormes
+de esta guerra nos pondrán para siempre al abrigo de todo temor, por lo
+que á nuestros bienes de fortuna se refiere.
+
+--Rescates y botín soberbios habéis ganado con vuestro esfuerzo, pero
+sois tan generoso como valiente y otros se han aprovechado de vuestra
+hacienda.
+
+--Descuidad. No más esplendidez á costa de la tranquilidad y el
+bienestar de los míos. Cobrad ánimos; la campaña no será larga y ansío
+recibir noticias definitivas.
+
+--Mirad, barón, cerca de la última casa del pueblo, aquellos tres
+hombres que toman el camino del castillo. Soldado es uno de ellos.
+
+Nuestros tres conocidos llegaban, en efecto, al término de su viaje,
+cubiertos de polvo, pero sin señal de fatiga y platicando alegremente.
+El barón se fijó desde luego en el joven de rubios cabellos é
+inteligente rostro, que observaba atentamente el castillo y sus
+alrededores. Iba á su derecha un gigante pobremente vestido, que por lo
+estrechos y cortos que le venían sus arreos decían bien claro no haber
+sido cortados para él. El caminante de la izquierda era un veterano
+robusto y de atezado rostro, con espada al cinto y largo arco á la
+espalda; el abollado capacete y los desteñidos colores del león de San
+Jorge que llevaba cosido en el coleto no dejaban duda sobre la
+procedencia del soldado, cuyo aspecto todo denotaba sus recientes
+campañas. Llegados al puente, miró el arquero fijamente al noble
+capitán, saludó á la baronesa con una inclinación respetuosa y dijo:
+
+--Perdonad, señor barón, pero á pesar de los años transcurridos os he
+reconocido al momento, y eso que hasta hoy no os había visto vistiendo
+terciopelo, sino yelmo y coselete. Junto á vos he tendido muchas veces
+mi arco en Romorantín, La Roche, Maupertuis, Auray, Nogent y otros
+lugares.
+
+--Y yo me felicito de verte, y darte la bienvenida al castillo de Morel.
+Mi mayordomo os proporcionará en él buen lecho y buena mesa á tí y á tus
+compañeros. Espera, arquero; sí, me parece recordar tu rostro, aunque ya
+no puedo fiarme de mi vista como antes. Descansa un tanto y después te
+llamaré para que me des noticias de lo que en Francia ocurre. Hasta aquí
+han llegado rumores de que antes de terminar el año ondearán nuestras
+banderas al sur de las grandes montañas de la frontera española.
+
+--Mucho se hablaba de ello en Burdeos á mi partida, repuso Simón, y á fe
+que los armeros trabajaban sin descanso y que ví llegar buen número de
+soldados. Pero permitid que os entregue esta misiva que para vos puso en
+mis manos el bravo caballero gascón Sir Claudio Latour. Y á vos, señora,
+os traigo de él este joyero, que le fué presentado en Narbona y que os
+ofrece con sus respetos.
+
+El arquero se había repetido muchas veces durante su viaje aquellas
+palabras, que eran las mismas pronunciadas por su capitán; pero la
+verdad es que la dama, aunque estimando el rico presente, no se fijó en
+las frases del arquero porque estaba tan absorta como su esposo en la
+lectura del pergamino, que aquél le hacía en voz baja. Roger y Tristán,
+que se habían detenido á algunos pasos de distancia del arquero, vieron
+que la baronesa palidecía y que su esposo se sonreía satisfecho.
+
+--Ya véis, señora mía, dijo, que no quieren dejar tranquilo al viejo
+lebrel cuando se preparan á levantar la caza. ¿Qué me dices, arquero, de
+esta Guardia Blanca de que aquí me hablan?
+
+--De lebreles hablasteis vos, señor barón, y os aseguro que no hay mejor
+jauría que aquella Guardia en ambos reinos, cuando se trata de correr
+caza mayor, sobre todo si los dirige un buen montero. Juntos hemos
+estado en las guerras, señor, pero jamás he visto cuerpo de arqueros más
+valientes ni más temibles. Todos os queremos tener por capitán en esta
+próxima campaña; y lo que la Guardia Blanca quiere ¿quién lo impide?
+
+--¡Pues me gusta! exclamó el barón sin ocultar su contento. La verdad es
+que si todos aquellos arqueros se os parecen, no hay jefe que no deba
+sentirse orgulloso de mandarlos. ¿Cómo os llamáis?
+
+--Simón Aluardo, del condado de Austin.
+
+--¿Y el gigante ese?
+
+--Es Tristán de Horla, un montañés como hay pocos, á quien acabo de
+alistar en la Guardia Blanca.
+
+--Hará un soldado excelente. ¿Buenos puños, eh? Robusto y forzudo
+pareces, arquero, pero estoy seguro de que ese buen mozo lo es más
+todavía. Á ver, Tristán, si avergüenzas á todos mis ballesteros, ninguno
+de los cuales pudo ayer hacer rodar aquella piedra y arrojarla al
+torrente. Aunque me temo que ni tus brazos de hércules puedan con ella.
+
+Tristán se dirigió al peñasco sonriéndose. Era de enorme peso y hundido
+en parte en la tierra; pero el coloso lo arrancó de su húmedo lecho á la
+primera sacudida, y no contentándose con hacerlo rodar lo levantó del
+suelo y lo lanzó al agua. La noble pareja manifestó su admiración ante
+aquel prodigio de fuerza, mientras Tristán se limpiaba el barro de las
+manos, sin dejar de sonreirse bonachonamente.
+
+--Esos brazos suyos me han rodeado una vez las costillas, dijo Simón, y
+todavía me parece oirlas crujir. Este otro compañero mío, continuó al
+notar que el barón miraba á Roger, ha sido hasta ahora amanuense en la
+abadía de Belmonte, donde deja el mejor recuerdo, como lo atestiguan las
+letras del abad que consigo lleva. Y es también doncel de mucha ciencia,
+aunque de pocos años. Su nombre, Roger de Clinton y es hermano del
+arrendatario de Munster.
+
+--Mala recomendación esta última, dijo el señor de Morel frunciendo el
+ceño; y si á tu hermano te pareces por los hechos....
+
+--Lejos de eso, señor, dijo vivamente el arquero. Puedo aseguraros lo
+contrario, y á fe que hoy mismo lo amenazó de muerte su hermano y le
+soltó los perros.
+
+--¿Perteneces también á la Guardia Blanca? Á juzgar por tu rostro, edad
+y porte, no has tenido mucha práctica militar.
+
+--Quisiera ir á Francia con estos dos amigos, señor, dijo Roger. Pero no
+sé que sirva para soldado, porque he sido siempre hombre de paz;
+estudiante desde que salí de la niñez y también lector, exorcista,
+acólito y amanuense en la abadía.
+
+--Eso no quita, observó el barón, y nunca está de más que cada compañía
+tenga su amanuense, alguien que entienda más de leer un pergamino y de
+redactar un informe que de andar á flechazos con el enemigo. Todavía
+recuerdo yo á un secretario que tuve en la campaña de Calais, llamado
+Sandal, que era también trovador y juglar de mérito. Habíais de oir las
+rimas que compuso describiendo combates, asaltos y salidas, y cuantos
+incidentes ocurrieron en el largo asedio de aquella plaza. Pero bastante
+hemos hablado y hora es de regresar al castillo. Reposad, comed y bebed
+con mis hombres de armas, que son gente de buena y alegre compañía.
+Venid, señora, si gustáis.
+
+--Sí, que el aire ha refrescado mucho, dijo la dama, tomando el brazo
+del barón.
+
+Dirigióse la noble pareja hacia el castillo, seguida de Simón, que se
+alegraba de haber desempeñado su misión y visto á su querido capitán de
+otros tiempos, y de Roger, admirado de hallar en el afamado guerrero á
+un hombre modesto y afable, sin sombra de la insufrible altivez de
+muchos nobles. Sólo Tristán parecía descontento y lo manifestaba con
+sordos gruñidos.
+
+--¿Qué le pasa al mastuerzo éste? dijo Simón en voz baja, deteniéndose y
+mirando á Tristán.
+
+--Me pasa que me has engañado, que me prometiste hacerme servir á las
+órdenes de uno de los más grandes capitanes del reino y en su lugar
+buscas para capitán de la Guardia Blanca á ese alfeñique vestido de
+terciopelo, con sus ojillos llorosos y que por lo flaco y desmedrado
+parece no haber comido en tres días....
+
+--¡Hola, con que ahí es donde te duele! Pues mira, Sansón, procura que
+no te oiga él, el chiquitín ese de los ojillos llorosos, porque sólo
+entonces conocerías tú la fuerza de sus puños. Por lo demás, tres meses
+de plazo te doy para cambiar de opinión. Al capitán Morel sólo le
+conocen los que lo han visto hilar por lo fino en la guerra. Ya verás,
+ya verás.
+
+En aquel momento se oyó gran gritería en las calles del pueblo; hombres,
+mujeres y niños corrían de uno á otro lado de la calle central dando
+voces y se refugiaban en las casas. Al otro lado del puente y corriendo
+cuanto podía en dirección al castillo, apareció un hombre, que al ver á
+la baronesa se llegó á ella y gritó, sudoroso y jadeante:
+
+--¡Huid, señora, huid! ¡Salvadla! ¡El oso, el oso!
+
+En efecto, corriendo hacia ellos venía un oso negro enorme, de terrible
+aspecto, entreabierta la boca y con un trozo de cadena atado al cuello.
+En dos saltos se puso Tristán al lado de la baronesa, á quien levantó en
+sus brazos como si fuera una pluma, y con ella corrió rápidamente fuera
+del camino, hasta llegar á unos árboles vecinos. Roger solo acertó á dar
+algunos pasos en igual dirección y se quedó mirando atónito al furioso
+animal; entre tanto soltaba Simón una retahila de tacos franceses é
+ingleses y preparaba su arco. Entonces, con sorpresa de todos, vieron
+que el barón de Morel no sólo no había huido sino que se dirigía en
+derechura al oso con tranquilo paso, llevando en la mano el rojo pañuelo
+de seda que en ella tenía cuando hablaba con Simón y sus amigos. El oso
+llegó hasta él, dió un sordo gruñido, y alzándose sobre las patas
+traseras, levantó la poderosa zarpa.
+
+--¡Hola, feo! ¿Con que estamos de mal humor? dijo tranquilamente el
+barón, cruzando por dos veces con su pañuelo de seda el hocico del oso.
+
+El animal, sorprendido, le miró un momento, cayó sobre las cuatro patas
+y gruñó de nuevo, mirando á derecha é izquierda como sin saber qué
+resolución tomar, mientras el barón, á dos pasos, lo contemplaba con
+curiosidad, guiñando sus irritados ojillos. En aquel momento llegaron
+cuatro gañanes con gruesas cuerdas y en pocos instantes tuvieron
+asegurado al fugitivo. El dueño del oso llegó también, temeroso del
+castigo que pudiera aguardarle y descubriéndose explicó al barón que
+había dejado á la fiera bien encadenada á la puerta de una taberna
+mientras él tomaba un vaso de cerveza, y que habiendo llegado de súbito
+los perros del castillo, atacaron al oso, enfureciéndolo y haciéndole
+romper la cadena. Lejos de castigarlo ó reprenderlo el barón le dió
+algunas monedas de plata, con escándalo de la baronesa, á la que todavía
+no se le había pasado el susto.
+
+--Te pido perdón, camarada, dijo Tristán al arquero, á tiempo que
+entraban por las puertas del castillo. El señor de Morel es todo un
+hombre. ¡Digo, qué calma y qué nervio! Por mi parte, no quiero más jefe
+que él.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XI
+
+DEL CONVENTO Á ESCUDERO Y DE DISCÍPULO Á MAESTRO
+
+
+Sobre el macizo arco que daba entrada á la fortaleza se veía el escudo
+de los Monteagudo, un corzo gules en campo de plata, y junto á él las
+armas del veterano condestable, las rosas de Morel. Al pasar el puente
+levadizo le pareció á Roger que en una de las saeteras brillaba la
+armadura de un soldado; y apenas estuvieron todos en el pórtico, sonó un
+clarín y el pesado puente se elevó tras ellos como impulsado por manos
+invisibles, con gran ruido de cadenas. El barón acompañó á su esposa á
+la sala del castillo y un obeso mayordomo se encargó de los tres
+recienllegados, á quienes trató á cuerpo de rey. Satisfechos ampliamente
+sus estómagos y refrescados con un baño en la cercana acequia, siguieron
+Tristán y Roger al arquero, que examinaba atentamente la fortaleza con
+la práctica de quien tantas había visto en su vida. Á sus dos
+compañeros, que por primera vez se hallaban en un castillo, les parecían
+aquellos gruesos muros del todo inexpugnables, y veían con asombro el
+número de centinelas apostados en puertas, murallas y almenas, sin
+contar los soldados del cuerpo de guardia situado cerca del puente
+levadizo, que limpiaban sus armas, cantaban ó hablaban con sus mujeres é
+hijos en el ancho pórtico.
+
+--Me parece que un puñado de rústicos podría defender esta fortaleza
+contra diez compañías del rey, dijo Tristán.
+
+--Lo mismo digo, asintió Roger.
+
+--Pues bien os equivocáis, _mes garçons_, exclamó el arquero. Mucho más
+formidables que ésta las he visto yo rendidas en una sola noche. ¡Por el
+filo de mi espada! Pues ¿y el castillo de Monleón, en Picardía, que
+parecía un cerro y que batimos, tomamos y saqueamos los soldados de Sir
+Roberto Nolles, antes de que existiera la Guardia Blanca? De allí saqué
+yo unos arreos de caballo, de plata maciza, que me valieron cien
+ducados.
+
+--¿Sois vos el arquero Aluardo? le preguntó en aquel momento un
+ballestero que acababa de cruzar el patio del castillo.
+
+--Simón Aluardo, para serviros.
+
+--Pues mírame bien, camarada, y no tendré necesidad de nombrarme.
+
+--¡Mala bombarda me parta si no es esa la cáfila de Reno el arquero!
+_Embrasse-moi_, camarada; y ambos amigos se estrecharon como dos osos.
+
+--Sí, el arquero Reno, ahora ballestero al servicio del barón, y casi
+olvidado ya de disparar ballesta ó arco. Pero ven acá, viejo lobo; en la
+sala de armas se habla de recorrer una vez más la buena tierra de
+Francia y aun se dice que el barón en persona....
+
+--Las buenas noticias se saben pronto, á lo que veo, dijo Simón dando
+una carcajada y guiñando el ojo á Tristán.
+
+--¡Bravo! gritó Reno. Desde ahora ofrezco un cirio de dos libras á mi
+santo patrón. ¡Si supieras tú lo que es pudrirse aquí la sangre, entre
+cuatro paredes, para un soldado como yo! Vengan en buenhora aquellos
+tiempos en que teníamos franceses que matar y saetazos que dar y
+recibir, sin hablar de lo que siempre se gana y se divide con los
+amigos.
+
+--Qué me place verte tan bien dispuesto, repuso Simón. Pero oye, amigo
+¿tan vacía está tu bolsa? Porque en tal caso, mientras entramos en el
+primer campo, castillo ó villa de Francia, aquí llevo yo mi vieja
+escarcela de cuero al cinto y no tienes más que meter en ella la mano.
+Ya sabes que entre hermanos de armas no hay tuyo ni mío.
+
+--No, amigo; aquí ni dinero se necesita. No es como en Francia, donde
+andábamos siempre á puñadas con los hombres y con la rodilla en tierra y
+la mano abierta ante las mujeres. ¡Qué tiempos aquellos! Con tal que
+vuelvan pronto.... Y además, se trata de saldar una cuentecilla
+pendiente. Tú no lo sabes, pero mientras nosotros batíamos el cobre en
+Rennes, las galeras francesas hicieron un desembarco en Chelsea y
+quemaron y mataron hasta cansarse y cuando volví á mi pueblo me
+encontré con que entre las víctimas de sus alabardas se contaban mi
+madre, mi hermana y sus dos hijos, dos chiquitines que apenas sabían
+hablar. ¡Rayos de Dios! Cuando te digo que ardo en deseos de verme otra
+vez frente á frente de aquella canalla....
+
+--Pues descuida, Reno, que si bien parece que esta vez nos esperan en
+España más que en Francia, andan las cosas tan revueltas que siempre
+habrá trabajo en todas partes y para todos los gustos. Desde luego
+hallaremos por Castilla el famoso Duguesclín, que con las mejores lanzas
+francesas anda al servicio de un príncipe español, Don Enrique de
+Trastamara, empeñado en ponerlo en el trono, al paso que el monarca
+legítimo Don Pedro, hermano del pretendiente, se ha dirigido á nuestro
+rey Eduardo en demanda de auxilio y creo que el mismísimo Príncipe Negro
+nos llevará al combate. Ya ves, pues, que habrá ocasión de poner una
+flecha tan pronto en un castellano como en un francés. Pero entre tanto,
+amigo Reno, creo que también tú y yo tenemos nuestra cuenta pendiente
+y....
+
+--¡Pesia mí, que lo había olvidado con la alegría de verte, camarada!
+dijo Reno. Muy cierto es ello, y también que apenas nos habíamos puesto
+en guardia nos separaron el maldito preboste y sus hombres de armas.
+
+--Á quienes la peste se lleve por entremetidos. Pero como quedamos en
+aclarar el punto en nuestra próxima entrevista, y veo que llevas puesta
+la espada, en guardia, Reno amigo y á quien Dios se la dé....
+
+--Palabra empeñada y cuestión de honra son cosa sagrada, dijo Reno
+desenvainando el acero. La luz de la luna basta para vernos el bulto y
+estos dos mozos servirán de testigos. Cuestión de honra, compañeros.
+
+--¿Qué decís? exclamó Roger. ¿Qué cuestión de honra puede inducir á dos
+amigos como vosotros á matarse á sangre fría? ¡Tened! Pero ¿no sabéis
+que eso es un pecado mortal, que el odio os ciega? ¡Por favor, Simón!
+
+--No hay odio ni cosa que se le parezca, frailecico mío, repuso
+jovialmente Simón, mientras el otro veterano miraba sorprendido al
+doncel. No hay sino una cuestioncilla no terminada á gusto nuestro. ¡Ojo
+á mi espada, Reno!
+
+--Guárdate de la mía, Simón hermano, que hace meses no he tenido
+ocasión de esgrimirla una sola vez y necesito esta escaramuza para
+ejercitar la muñeca. ¡Á ello!
+
+--¿Pero qué espíritu sanguinario os anima? ¡No lo consentiré y antes
+tendréis que matarme! gritó Roger poniéndose delante del arquero.
+
+--Tampoco lo consentiré yo, exclamó el no menos sorprendido Tristán,
+enarbolando un pesado tablón que vió apoyado contra el muro. ¡Ea, basta
+de broma! Al primero que mueva el chafarote lo aplasto como un sapo.
+¡Pues no faltaba más!
+
+--¿Qué mala mosca ha picado á este par de gansos? preguntó Reno.
+Cuidado, gigantón, no empiece yo por darte una sangría y te caiga encima
+la tabla esa....
+
+--Decidme, Simón, interrumpió vivamente Roger, la causa de vuestra
+querella, para ver si ello admite honroso arreglo, antes de que os
+degolléis como enemigos implacables.
+
+El arquero miró pensativamente al suelo y después á la luna.
+
+--¿La causa, muchacho? ¿Y cómo quieres tú que yo me acuerde de tal cosa,
+cuando nuestra disputa ocurrió allá en Limoges hace más de dos años?
+Pero ahí está Reno, que te lo dirá en un santiamén.
+
+--No tal, dijo Reno bajando la espada. Desde entonces he tenido otras
+muchas cosas en que pensar y aunque me rompa la crisma no lo recordaré
+nunca. Creo que estábamos jugando á los dados. No, creo que fué cuestión
+de faldas. ¿Eh, Simón?
+
+--Dados ó mujeres, creo que le andas cerca. Á ver, en Limoges conocíamos
+á... ¡Calla! ¿pues no te acuerdas de aquella Rosa tan frescachona, que
+servía en el mesón de Los Tres Cuervos? _¡Aux Trois Corbeaux!_ Apuesto á
+que ya no sabes una palabra de francés, animal. ¡Qué chica aquella! Yo
+me enamoré como un bendito.
+
+--Y yo, y otros muchos también, dijo Reno. No estoy seguro de que fuese
+ella el objeto de nuestra reyerta, pero sé muy bien que el mismo día que
+íbamos á batirnos desapareció de la venta en compañía de Ivón, el
+arquero aquel de Gales ¿te acuerdas? Un licenciado del ejército me dijo
+después que habían abierto una taberna, en no sé qué ciudad del Garona y
+que Rosa sigue haciendo de las suyas y él bebe tanto vino y cerveza
+como diez de sus parroquianos.
+
+--¿Sí? Pues aquí acaba nuestra querella, dijo Simón envainando la
+espada. No se dirá que por una chiquilla capaz de preferir á un desertor
+y sobre todo á un hijo de Gales, se han dado de cuchilladas dos mozos
+como nosotros.
+
+--Más vale así, repuso Reno envainando á su vez, porque el barón nos
+hubiera oído ó hubiera sabido el duelo y tiene pregonado que á los
+duelistas de la guarnición les hará cortar la mano derecha. Y ya sabes
+que cuando él dice una cosa....
+
+--Como si lo dijera la Biblia, ya lo sé. Ea, una visita al mayordomo,
+que me parece buen hombre, á ver si nos da alguna cerveza con que
+brindar por el barón.
+
+Dirigiéronse los cuatro hacia las cocinas del castillo, pero al salir
+del patio vieron á un gentil pajecillo que se dirigió á Roger
+diciéndole:
+
+--El señor de Morel os espera arriba, en la saleta contigua á su cámara.
+
+--¿Y mis compañeros?
+
+--Á vos solo.
+
+Siguió Roger al paje, que le condujo por una ancha escalera al corredor
+del primer piso y á una cámara cuyas paredes cubrían tapices y
+panoplias, donde le dejó solo. Descubrióse el doncel y no viendo á nadie
+comenzó á examinar las armas y los antiguos y macizos muebles de roble
+tallado. Había desaparecido la primitiva sencillez de las habitaciones
+en los castillos, debido en parte al deseo de proporcionar mayores
+comodidades á las damas y sobre todo al ejemplo de los cruzados, que
+habían traído de Oriente el lujo y las riquezas incompatibles con la
+vida incómoda y mezquina de las fortalezas feudales. Influencia no menos
+poderosa había sido después la de las grandes guerras con Francia,
+nación que en el siglo XIV adelantaba en mucho á Inglaterra en las artes
+de la paz y cuyos progresos y refinamientos dejaron huella marcadísima
+en las costumbres inglesas de aquella época.
+
+Absorto estaba Roger en la contemplación de los objetos de arte que
+enriquecían la estancia, cuando oyó la risa mal reprimida de una mujer.
+Miró á todos lados sin ver persona alguna, repitióse la risa y por fin
+distinguió detrás de la mampara que á su izquierda tenía una blanca
+mano que sustentaba un espejo con marco y mango de plata, puesto de
+manera que reflejaba todos sus movimientos. Permaneció el joven por
+algunos momentos inmóvil, sin saber qué hacer y luégo vió que
+desaparecían mano y espejo y que se adelantaba hacia él una hermosísima
+joven, con traje tan elegante como rico. En su rostro sonriente
+reconoció Roger el de la doncella á quien aquella mañana librara él de
+las asechanzas de su hermano, y su sorpresa creció de punto.
+
+--Veo que os admira hallarme aquí, dijo alegremente la encantadora dama.
+Trovador quisiera ser para cantar cual se merece nuestra aventura de
+ayer; el perverso Hugo, la cuitada doncella y el paladín esforzado que
+la rescata de las garras del tirano. Mis trovas os harían célebre y
+pasaríais á la posteridad cual otro Percival ó Amadís famoso y gran
+desfacedor de entuertos.
+
+--Insignificante fué lo que yo hice para merecer tanto elogio, pudo
+decir por fin Roger. Mas no sabéis, señora, cuánta es mi alegría al
+volver á veros y saber que llegasteis sana y salva á vuestra morada,
+suponiendo que lo sea este castillo.
+
+--Lo es, y el barón León de Morel es mi padre. Pude revelároslo al
+despedirnos, pero como me dijisteis que era este el término de vuestro
+viaje, preferí callarme y daros una sorpresa, antes de que volváis á
+encerraros entre las cuatro paredes de vuestra celda. Pero ante todo, os
+he hecho llamar para haceros un encargo, mejor dicho, para pediros un
+servicio.
+
+--¿Qué deseáis?
+
+--¡Cuan poco galante sois! Pero en fin, no me extraña. Un caballero más
+acostumbrado al trato de las damas se hubiera puesto desde luego á mis
+órdenes, pero vos me preguntáis qué os quiero. Pues bien, necesito que
+corroboréis con vuestro testimonio mis palabras. Voy á decir á mi padre
+que os encontré en la parte del bosque situada al sur del camino de
+Munster. De lo contrario, si averigua que le desobedecí y puse la planta
+en las tierras de Clinton, no escapo sin una encerrona atroz y lo menos
+una semana de rueca y tapicería.
+
+--Si el barón me interroga no le contestaré.
+
+--¡Cómo! Pero es que tendréis que contestarle. Y asegurarle lo que os he
+dicho, ó lo pasaré muy mal.
+
+--¿Pero cómo he de poder decirle lo que no es cierto? ¿Seríais capaz de
+hacerlo vos, sabiendo que estabais leguas al norte del camino?...
+
+--¡Oh, me aburrís con vuestros sermones! ¿Os negáis? Pues yo sé lo que
+debo hacer.
+
+--No os ofendáis, por favor. Pensad en lo que me pedís.... Pero aquí
+está vuestro noble padre.
+
+--Estadme atento y veréis si soy ó no buena discípula vuestra. Padre
+mío, continuó dirigiéndose al barón, que acababa de entrar; estoy
+altamente obligada á este caballero, á quien encontré esta mañana en el
+bosque de Munster y que me prestó un valioso servicio. Ocurrió el hecho
+á dos leguas justas al norte del camino de Munster y por consiguiente en
+una propiedad donde vos me habíais prohibido poner los pies.
+
+--¡Ah, Constanza! repuso el señor de Morel, que daba el brazo á una
+anciana dama; me cuesta más hacerme obedecer de tí que de aquellos
+doscientos arqueros de la piel del diablo á quienes capitaneaba yo en el
+sitio de Guiena. Pero silencio, niña, que tu madre estará aquí dentro de
+un momento y no hay necesidad de que se entere. Por esta vez no
+llamaremos al preboste y sus guardas ¿eh? Pero retírate á tu cámara y no
+vuelvas á las andadas. Sentáos aquí, junto al fuego, madre mía, dijo á
+la anciana cuando se hubo retirado su hija. Acercáos, Roger de Clinton;
+deseo hablaros, y en presencia de mi madre, sin cuyo buen consejo no
+gusto de resolver siempre que puedo consultarla.
+
+Roger, sorprendido, se inclinó.
+
+--Yo misma indiqué al barón que os hiciera llamar, dijo la noble dama,
+porque tengo de vos los mejores informes y creo que merecéis entera
+confianza. Conozco algo vuestra historia; habéis vivido en el claustro y
+es bien que veáis ahora algo del mundo antes de elegir entre uno y otro.
+Precisamente, mi hijo necesita junto á sí una persona como vos, que vele
+por él, que lo atienda. Entre vuestros compañeros, si aceptáis, veréis
+jóvenes de la mejor nobleza del reino.
+
+--¿Sois jinete? preguntó el barón.
+
+--He cabalgado mucho en las posesiones de Belmonte.
+
+--Sin embargo, tendremos en cuenta la diferencia entre la pacífica mula
+de los frailes y el caballo de batalla. ¿Sois músico?
+
+--Sé cantar y toco la cítara, la flauta, el rabel....
+
+--¡Bravo! ¿Y en heráldica? ¿Leéis blasón?
+
+--¡Oh sí, perfectamente! Lo aprendí, como todo lo demás, en el convento.
+
+--Pues en tal caso, interpretad aquellas armas; y el señor de Morel
+señaló uno de los escudos que ocupaban el testero de la habitación.
+
+--Plata; cuatro cuarteles, azul y gules; triple león rampante; la rosa
+heráldica, unida al blasón de la torre, plata sobre gules; brazo armado,
+con espada doble; grifo, medio vuelo y casco de cimera.
+
+--Olvidásteis que uno de los tres leones, el de mis deudos los Lutrel,
+va también armado y los otros no. Pero bien está para un novicio. Sé que
+además leéis y escribís bien, cosa muy útil en ocasiones, cuando de un
+mensaje secreto depende la vida de muchos, la suerte de una plaza y
+quizás el éxito de la guerra. ¿Creéis poder servir de escudero á un
+noble en la campaña que vamos á emprender?
+
+--Tengo buena voluntad y aprenderé lo que no sepa, contestó Roger, á
+quien llenaba de gozo la perspectiva de obtener aquel puesto cerca del
+barón.
+
+--Pues vos seréis el escudero de mi hijo, agregó la anciana. Cuidaréis
+de sus efectos, de sus armas, de cuanto le haga falta y pueda contribuir
+á su mayor comodidad, aunque nunca fué mucha la de los campamentos. Y
+vos cuidaréis también de su escarcela, porque mi querido barón es tan
+generoso que probablemente la vaciaría en manos del primer desdichado
+que le diera lástima. No sería la primera vez. Muchos detalles del
+servicio escuderil os son desconocidos, naturalmente, pero como decís
+vos mismo, no tardaréis en aprenderlos y creo que seréis el mejor
+escudero de cuantos hasta ahora ha tenido mi hijo.
+
+--Señora, dijo el doncel muy conmovido, aprecio la alta honra que vos y
+el señor barón me hacéis, confiándome cargo tan cercano á la persona de
+uno de los más famosos caballeros del reino. Al aceptar tan gran merced,
+tanto más bienvenida para mí por las circunstancias y el aislamiento en
+que me hallo, sólo temo que mi inexperiencia me haga indigno de vuestro
+favor.
+
+--No sólo instruido, sino modesto; cualidades bien raras por cierto en
+pajes y escuderos, continuó la bondadosa dama. Descansad esta noche y
+mañana os verá mi hijo. Conocimos y estimamos á vuestro padre y nos
+place hacer algo por su hijo, si bien no podemos conceder nuestra
+estimación á vuestro hermano, uno de los espíritus más turbulentos de la
+comarca.
+
+--Nos será imposible partir en todo el mes, dijo el barón, pues hay
+mucho que preparar y tiempo tendréis de familiarizaros con vuestros
+deberes. Rubín, el paje de mi hija, está loco por seguirme, pero es aun
+más joven que vos, casi un niño, y vacilo en exponerlo á las penalidades
+de esta guerra en lejanos países.
+
+--Puesto que no partiréis en algunas semanas, observó la anciana, se me
+ocurre que este joven puede prestarnos un buen servicio durante su
+permanencia en el castillo. ¿Entiendo que en la abadía habéis aprendido
+mucho?
+
+--He estudiado mucho, señora, pero aprendido sólo una pequeña parte de
+lo que saben mis buenos maestros.
+
+--Lo que sabéis basta á mi propósito. Quisiera que desde mañana
+dedicáseis un par de horas diarias á instruir en lo posible á mi nieta
+Constanza, que bien lo necesita y no gusta de estudios. No parece sino
+que aprendió á leer para devorar novelas sentimentales é inútiles ó
+trovas insulsas. El padre Cristóbal viene del priorato á enseñarle lo
+que puede, pero no sólo es muy anciano sino que su discípula lo domina y
+poco provecho saca de sus conferencias con el buen padre. Con ella y con
+Luisa y Dorotea de Pierpont, doncellas de buena familia que con nosotros
+residen, formaréis una pequeña clase. Hasta mañana.
+
+Así se vió Roger convertido no sólo en escudero del barón León de Morel,
+futuro capitán de la Guardia Blanca, sino en maestro de tres nobles
+doncellas, cargo este último en que jamás soñara. Pensando en ello y
+gozoso del cambio ocurrido en su suerte, resolvió no omitir por su parte
+esfuerzo alguno para complacer á sus bienhechores.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XII
+
+DE CÓMO ROGER APRENDIÓ MÁS DE LO QUE ÉL PODÍA ENSEÑAR
+
+
+En todo el sur de Inglaterra comenzaron simultáneamente y con gran vigor
+los preparativos de guerra. Las nuevas que Simón y otros emisarios de
+los jefes del ejército en Francia habían llevado á la corte y á los
+castillos del reino fueron recibidas con entusiasmo por nobles y
+soldados, para quienes una nueva campaña en tierra ajena significaba
+gloria y provecho. Seis años de paz tenían impacientes á millares de
+veteranos que habían participado en las jornadas de Crécy, Nogent y
+Poitiers y para quienes no existía perspectiva más risueña que la de
+invadir el territorio de Francia ó España, mandados por el hijo de su
+soberano, el famoso Príncipe Negro; y de uno á otro mar sólo se hablaba
+de aprestos bélicos, de reclutamientos y de concentración de fuerzas en
+los puntos de antemano señalados.
+
+Cada villa, cada aldea preparó y facilitó su contingente sin tardanza, y
+en todo aquel otoño y parte del siguiente invierno se oyó de continuo
+por los caminos el toque de los clarines, el trotar de los caballos y el
+paso acompasado de los infantes, arqueros, ballesteros y hombres de
+armas, ya en compañías organizadas ya en grupos aislados, que de todas
+partes se dirigían á éste ó aquel castillo ó puerto.
+
+El antiguo y populoso condado de Hanson fué de los primeros en responder
+al llamamiento con gran golpe de soldados. Al norte ondeaban los
+estandartes de los señores de Brocas y Roche, el primero con la cortada
+cabeza de sarraceno en el centro del escudo y el segundo con el
+histórico castillo rojo de la casa de Roche, seguidos ambos por
+numerosos combatientes. Los vasallos de Embrún en el este y los del
+potentado Juan de Montague en el oeste se unieron en pocas semanas á las
+fuerzas levantadas por los señores de Bruin, Liscombe, Oliver de Buitrón
+y Bruce, procedentes de Andover, Arlesford, Chester y York y marcharon
+al sur, en dirección de Southampton. Pero el más nutrido y brillante
+contingente del condado fué el que se agrupó en torno del estandarte de
+Morel, gracias á la fama del barón. Arqueros de la Selva de Balsain,
+montañeses y cazadores de Vernel, Dunán y Malvar, hombres de armas
+veteranos y bisoños y nobles caballeros ganosos de prestigio, dirigíanse
+todos á Salisbury, desde las riberas del Avón hasta las del Lande, para
+alistarse bajo la bandera de las cinco rosas gules de Morel.
+
+Sin embargo, no era el barón uno de aquellos acaudalados magnates que
+podían mantener en armas numerosa hueste, y con dolor se vió obligado á
+despedir gran número de voluntarios, que buscaron otros jefes,
+limitándose él á seguir las instrucciones que le había enviado su amigo
+Claudio Latour, autorizándole para equipar cien arqueros y cincuenta
+hombre de armas, que unidos á los trescientos veteranos de la Guardia
+Blanca que quedaban en Francia, formarían un cuerpo cuyo mando podría
+aceptar sin vacilación tan gran capitán como el barón de Morel. Con el
+auxilio de Simón, nombrado sargento instructor, Reno y otros veteranos,
+eligió cuidadosamente sus hombres y á mediados de Noviembre tenía ya
+completa una fuerza escogida, cien de los mejores arqueros de Hanson y
+cincuenta hombres de armas bien montados. Dos nobles amigos del barón le
+encomendaron á sus hijos, jóvenes y apuestos caballeros llamados Froilán
+de Roda y Gualtero de Pleyel, para que compartiesen con Roger de Clinton
+los honores, peligros y deberes del cargo de escuderos.
+
+Las piezas de armadura para los hombres de armas y la mayor parte de las
+espadas, hachas y lanzas aguardaban á los soldados de Morel en Burdeos,
+donde podían procurarse mejores y mucho menos costosas que en
+Inglaterra; mas no así los grandes arcos de combate, en cuyo material y
+buena construcción los armeros ingleses superaban á todos los demás.
+También hubo que uniformar á hombres de armas y arqueros con el capacete
+liso, cota de malla, blanco coleto sin mangas sobre la cota y con el
+rojo león de San Jorge en el pecho, todo lo cual componía el uniforme de
+la famosa Guardia Blanca que con tanto orgullo llevaba Simón Aluardo.
+Soberbio aspecto presentaron las fuerzas de Morel cuando su veterano
+capitán, montando su mejor caballo de batalla, les pasó revista final en
+el gran patio del castillo. De los ciento cincuenta hombres la mitad por
+lo menos habían sido soldados, algunos toda su vida; entre los reclutas
+llamaba la atención el gigantesco Tristán de Horla, que cerraba la
+marcha, llevando á la espalda su enorme arco de guerra.
+
+El equipo de la compañía requirió algunas semanas y Roger y sus amigos
+llevaban dos meses en el castillo cuando el barón anunció á su esposa
+que todo estaba pronto para la marcha. Aquellos dos meses transformaron
+por completo el porvenir de Roger, despertaron en él un sentimiento
+desconocido y le hicieron más grata la vida. Entonces aprendió también á
+bendecir la previsión de su padre, que le había permitido conocer algo
+el mundo, antes de sepultarse para siempre en la soledad del claustro.
+¡Cuán diferente le parecía entonces la vida, cuán exageradas las
+palabras del Maestro de los novicios al describirle con los más negros
+colores la manada de lobos, como él decía, que le esperaban para
+devorarle apenas abandonase los muros protectores de Belmonte! Junto á
+los criminales y depravados había hallado también hombres de corazón
+valiente, amigos cordiales, un noble jefe cien veces más útil á su país
+y á sus compatriotas que el virtuoso abad de Berguén, cuya vida
+transcurría olvidada y monótona de año en año, en un círculo mezquino,
+rodeado de aquellos monjes que rezaban, comían y trabajaban
+sosegadamente, aislados del resto de los mortales y como si en el mundo
+no hubiera más habitantes que ellos ni más horizontes que el de los
+terrenos de la abadía. Su propio criterio dijo á Roger que al pasar del
+servicio del abad al del barón, lejos de perder había efectuado un
+cambio ventajoso. Cierto que su carácter apacible le hacía mirar con
+horror las violencias de la guerra, pero en aquella época de órdenes
+militares no era tan marcada como en nuestros días la separación entre
+el religioso y el soldado, unidos entonces con frecuencia en una sola
+persona.
+
+En justicia á Roger debe decirse que antes de aceptar definitivamente la
+oferta del barón meditó mucho y pidió consejo al cielo en sus oraciones;
+pero el resultado fué que á los tres días eligió armas y caballo, cuyo
+importe ofreció pagar con parte de lo que le correspondiese como botín
+de guerra. Dedicó desde entonces largas horas al manejo de las armas, y
+como sobraban buenos maestros y él era joven, ágil y vigoroso, no tardó
+en dirigir su caballo y esgrimir la espada muy diestramente, mereciendo
+palabras de aprobación de los veteranos y haciendo frente con su tizona
+á Froilán y Gualtero, los otros dos escuderos de su señor.
+
+Pero es casi innecesario decir que Roger tenía otra razón muy poderosa
+para preferir la carrera de las armas y despedirse del convento. La vida
+le ofrecía un atractivo irresistible, la presencia de la mujer amada. La
+mujer, que allá en el claustro representaba la suma de todas las
+tentaciones, peligros y asechanzas mundanales, el escollo que ante todo
+debía evitar el hombre para perseverar en el buen camino, el ser á quien
+los monjes del Císter no podían mirar sin pecado ni tocar sin exponerse
+á los más severos castigos de la regla. En cambio Roger se veía
+diariamente, una hora después de la de nona y otra antes de la oración,
+en compañía de tres lindas doncellas, sus discípulas; y lejos de
+parecerle la presencia de aquellas jóvenes cosa reprensible ni
+pecaminosa, sentíase más dichoso que nunca al instruirlas, contestar á
+sus preguntas ó sostener con ellas amena plática.
+
+Pocas discípulas como Constanza de Morel. Á un hombre de más edad y
+experiencia que Roger le hubieran sorprendido, é irritado quizás, sus
+réplicas, las súbitas alteraciones de su carácter, la prontitud con que
+se ofendía algunas veces y las lágrimas y protestas con que se sometía
+otras á las indicaciones de su maestro. Si el objeto de la lección la
+interesaba, seguía las explicaciones con entusiasmo sorprendente y
+dejaba muy atrás á sus compañeras. Pero si el tema le parecía pesado y
+árido, no había medio de atraer su atención ni de hacerle comprender ó
+recordar lo explicado. Alguna que otra vez se rebelaba abiertamente
+contra Roger, quien sin la menor irritación, con paciencia infinita,
+continuaba su lección; poco después la rebelde discípula se arrepentía y
+humillaba, acusándose á sí misma, avergonzada de la injusticia hecha á
+Roger con su conducta. En cambio no permitía que sus otras dos
+compañeras mostrasen el más leve indicio de desatención ó rebeldía; una
+sola vez intentó Dorotea contradecir á Roger, y fué tanta la indignación
+de Constanza y tales sus reproches, que la pobre niña abandonó la
+habitación con los ojos llenos de lágrimas, lo que valió á Constanza la
+más severa reprensión que jamás recibiera del joven profesor.
+
+Pero pasadas las primeras semanas se notó la influencia de Roger, de su
+paciencia y dignidad inalterables, en la conducta de la noble doncella.
+Comprendía que la rectitud y la elevación de ideas de Roger eran un
+ejemplo admirable y apreciaba los altos méritos del apuesto escudero. Y
+Roger por su parte comprendía también que de día en día era mayor su
+admiración por aquella adorable joven, cuya imagen y cuyo recuerdo no le
+abandonaban un instante. Decíase también que era la única hija del barón
+de Morel y que mal podía poner los ojos en ella el pobre escudero, sin
+un puñado de plata con que pagar el caballo y las armas con que por
+primera vez iba á buscar nombre y fortuna en la guerra. Pero su amor por
+Constanza era su vida. Ninguna consideración, ningún obstáculo, podían
+hacerle renunciar á él.
+
+Era una hermosa tarde de otoño. Roger y su compañero Froilán de Roda
+habían ido á Bristol para apresurar la terminación y entrega de la
+última remesa de arcos de repuesto que el barón tenía encomendados á los
+armeros de aquella ciudad. Acercábase el día de la partida. Los dos
+escuderos, terminada su comisión, cabalgaban por el camino de Salisbury
+y Roger notó con sorpresa el insólito mutismo de su compañero. Froilán
+era un muchacho alegre y decidor, encantado de dejar la tranquila casa
+paterna por las aventuras y emociones del largo viaje que iban á
+emprender y de la guerra futura. Pero aquel día lo veía Roger callado y
+pensativo, contestando apenas á sus preguntas.
+
+--Dime con toda franqueza, amigo Roger, exclamó de pronto, si no te
+parece como á mí que la bella Doña Constanza anda estos días
+entristecida y pálida, cual si la atormentase ignorada cuita.
+
+--Nada he notado, contestó Roger sorprendido, mas bien pudiera ser como
+lo dices.
+
+--Oh, sin duda. Mírala sentada y pensativa hora tras hora, ó paseando
+por la terraza del castillo, olvidada de su halcón, de _Trovador_ y de
+la caza. Sospecho, amigo Roger, que tanto estudio y tanta ciencia como
+tú le enseñas sean tarea demasiado pesada para ella, que poco ó nada
+estudiaba antes, y la preocupen y aun puedan llegar á enfermarle el
+ánimo y el cuerpo.
+
+--Orden es de la baronesa, su señora madre....
+
+--Pues sin que ello sea faltarle al respeto, creo yo que mi señora la
+baronesa estaría más en su lugar defendiendo las murallas del castillo ó
+mandando una compañía en el asalto de una plaza que encargada de la
+educación de su hija. Pero oye, Roger amigo, lo que á nadie he revelado
+hasta ahora. Yo amo á Doña Constanza, y por ella daría gustoso mi
+vida....
+
+Roger palideció y guardó silencio.
+
+--Mi padre es rico, siguió diciendo Froilán, y yo su hijo único y
+heredero de los dominios de Roda. No creo que el barón tenga objeción
+que hacer por lo que á caudal y nobleza se refiere.
+
+--Pero ¿y ella? preguntó Roger en voz baja y sin mirar al escudero para
+que éste no notase su turbación.
+
+--Eso es lo que me desespera. Nunca he visto indiferencia como la suya y
+hasta ahora tanto me hubiera valido suspirar ante una de las estatuas de
+mármol del parque de Roda. ¿Recuerdas aquel finísino velo blanco que
+llevaba ayer? Pues se lo pedí como una merced para ponerlo en mi yelmo
+en combates y torneos, cual emblema de la dama y señora de mis
+pensamientos. Se limitó á darme la negativa más fría y más rotunda,
+agregando que si cierto caballero cuidaba de pedirle el velo, se lo
+entregaría; de lo contrario, no se lo daría á nadie. No tengo la menor
+idea de quién sea ese mortal afortunado. ¿Y tú, Roger? ¿Sabes á quién
+ama?
+
+--Ni lo sospecho siquiera, contestó Roger; y sin embargo, al decir
+aquellas palabras se despertó en él una gratísima esperanza.
+
+--Desde ayer me devano los sesos tratando de averiguarlo; no es Doña
+Constanza doncella que oculte sus amores, si los tiene, y por
+consiguiente el galán debe sernos conocido. Pero ¿á quién ve y habla
+ella, además de sus padres, sus dos amigas y la servidumbre del
+castillo? Te voy á dar la lista completa de los hombres que con ella han
+hablado en estos dos meses: tú y nuestro camarada Gualtero de Pleyel, el
+padre Cristóbal, del priorato, el pajecillo Rubín y yo. ¿Sabes de algún
+otro?
+
+--No por cierto, respondió Roger; y ambos apuestos jóvenes siguieron
+cabalgando en silencio hasta llegar al castillo.
+
+Durante la lección de la mañana siguiente notó Roger que la hermosa
+joven estaba, en efecto, pálida y triste. Su rostro parecía adelgazado y
+los bellos ojos habían perdido en parte la viveza y alegría que les
+daban tan precioso atractivo. Terminada la hora de clase interrogó el
+joven profesor á las señoritas de Pierpont, sus otras dos discípulas.
+
+--Constanza sufre, es muy cierto, le contestó Dorotea con picaresca
+sonrisa. Pero su enfermedad no es de las que matan.
+
+--¡No lo quiera Dios! exclamó Roger. Pero decidme, os ruego, ¿qué mal la
+aqueja?
+
+--Uno que en mi opinión aqueja también á otra persona, cuyo nombre
+podría decir sin temor de equivocarme, repuso á su vez Luisa de
+Pierpont. Y vos que tanto sabéis ¿no adivináis su mal?
+
+--No. Parece cansada y triste, ella siempre tan alegre....
+
+--Pues bien, pensad que dentro de tres días partiréis todos y quedará el
+castillo poco menos que desierto y nosotras sin ver alma viviente, como
+no sea un soldado ó un rústico....
+
+--Cierto es, exclamó Roger. No había pensado en que dentro de tres días
+tendrá que separarse de su padre....
+
+--¡Su padre! dijeron ambas jóvenes, lanzando argentina carcajada. ¡Ah
+sí, su padre! ¡Hasta la tarde, señor Roger! y se alejaron alegremente,
+llamando á voces á su amiga Constanza.
+
+Roger se quedó absorto. Le parecía ver una insinuación clarísima en las
+palabras y en la risa de ambas jóvenes, y sin embargo apenas osaba dar á
+la tristeza y á los suspiros de Constanza la interpretación que su amor
+anhelaba.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIII
+
+DE CÓMO LA GUARDIA BLANCA PARTIÓ PARA LA GUERRA
+
+
+El día de San Andrés, último de Noviembre, fué el designado para la
+marcha. Á hora muy temprana comenzó el redoble de los atabales, que
+llamaba á los soldados, seguido de los toques de clarín ordenando la
+formación de la Guardia Blanca en el patio de honor de la fortaleza.
+Desde una ventana de la armería contemplaba Roger el interesante
+espectáculo; las filas de robustos arqueros y tras ellos el imponente
+grupo de los hombres de armas, cubiertos de hierro é inmóviles sobre sus
+caballos, que piafaban impacientes. Mandábalos el veterano Reno, de cuya
+lanza ondeaba estrecho y largo pendón con las cinco rosas; frente á los
+infantes, el arquero Simón, orgulloso de la magnífica compañía que tenía
+á sus órdenes. Acudieron también al patio los sirvientes del castillo y
+algunos hombres de armas que debían quedarse de guarnición en la
+fortaleza y querían despedirse de sus amigos. Admiraba Roger el marcial
+talante de la tropa, cuando le sorprendió un sollozo que oyó á su
+espalda. Volvióse vivamente y vió con asombro á Doña Constanza, que
+pálida y desfallecida se apoyaba en el muro de la habitación y procuraba
+ahogar con un pañuelo posado sobre los labios los sollozos que agitaban
+su pecho. Los hermosos ojos fijos en el suelo, estaban llenos de
+lágrimas.
+
+--¡Oh, no lloréis! exclamó Roger corriendo á su lado.
+
+--Me hace daño la vista de todos esos valientes, cuando pienso en su
+destino y en la suerte que á muchos de ellos aguarda.
+
+--¡Quiera Dios que volváis á verlos á todos antes que transcurra un
+año! No os aflijáis así, dijo el doncel atreviéndose á tomarle una mano.
+
+--Quisiera poder partir yo también, añadió Constanza, mirándole á través
+de sus lágrimas y sonriéndose tristemente. Pero en tiempo de guerra sólo
+nos está permitido consumirnos de impaciencia entre los muros de una
+fortaleza, hilando ó bordando, mientras que allá, en los campos de
+batalla... ¡Ah, de qué sirvo yo en este mundo!
+
+--¡Vos! exclamó Roger apasionadamente. ¡Vos sois un ángel del cielo, mi
+único pensamiento, mi vida entera! ¡Oh, Constanza, sin vos no puedo
+vivir, como puedo dejaros sin una palabra de amor! Desde que os ví por
+vez primera todo ha cambiado para mí. Soy pobre y no de vuestra
+alcurnia, aunque de origen noble, pero os ofrezco un amor acendrado, una
+adoración constante y eterna. Decidme una sola palabra de afecto, ya que
+no de amor y ella bastará para animarme y sostenerme en vuestra
+ausencia, más mortal mil veces que todos los peligros de la guerra. Pero
+¡ay de mí! os he atemorizado con mis palabras, ofendídoos quizás....
+
+La conmovida doncella se había llevado las manos al pecho y por dos
+veces trató de replicar, pero inútilmente. Al fin dijo con débil voz:
+
+--Me habéis sorprendido, sí, mas no ofendido. Completo y súbito ha sido
+el cambio realizado en vos. ¿No cambiaréis otra vez en la ausencia?
+
+--¡Cruel! ¿Cómo dejar de amaros? ¡Por favor, una sola palabra de
+esperanza, una mirada, para atesorarla como un bien supremo y saber que
+puedo seguir adorándoos! No os pido juramento ni promesa.... Decidme
+solamente que no me prohibís amaros, que algún día tendréis quizás una
+palabra afectuosa para mí....
+
+Mirábale la joven con dulzura, entreabiertos los labios por una ligera
+sonrisa y á Roger le parecía oir ya la anhelada respuesta; pero en aquel
+momento resonó en el patio del castillo una voz potente, seguida de gran
+ruido de armas y pasos y el trote de los caballos. La columna se ponía
+en marcha.
+
+--¿Oís? exclamó la joven, erguida, brillante la mirada. Van á partir. Es
+la voz de mi padre. Vuestro puesto está á su lado, desde este momento
+hasta su regreso, hasta el regreso de ambos. Ni una palabra más, Roger.
+Conquistad ante todo la estimación de mi padre. El buen caballero no
+espera recompensa hasta después de haber cumplido su deber. ¡Adiós, y el
+cielo os proteja!
+
+El doncel, lleno de alegría al escuchar aquellas palabras, se inclinó
+para besar la mano de su amada. Retiróla ésta prontamente, al sentir el
+contacto de los ardientes labios de Roger y salió presurosa de la
+habitación, dejando en manos del atónito y alborozado escudero el velo
+blanco que en vano había solicitado Froilán de Roda como preciadísima
+presea. Oyóse en aquel momento el chirrido de las cadenas que bajaban el
+puente levadizo; los expedicionarios aclamaron á su jefe, que puesto al
+frente de la columna había dado la voz de marcha y Roger, besando
+fervorosamente el fino cendal, lo ocultó en el pecho y salió corriendo
+al patio.
+
+Soplaba un viento frío y el cielo empezaba á cubrirse de nubes cuando
+los soldados de Morel tomaron el pendiente camino del pueblo. Á orillas
+del Avón los esperaban casi todos los vecinos de Salisbury, que vieron
+en primer lugar á Reno, vistiendo armadura completa, caballero en negro
+corcel y llevando majestuosamente el pendón de su famoso capitán. Tras
+él, de tres en fondo, doce veteranos de las grandes guerras, que
+conocían la costa de Francia y las principales ciudades, desde Calais
+hasta Burdeos, tan bien como los bosques y villas de su tierra natal, el
+condado de Hanson. Iban armados hasta los dientes, con lanza, espada y
+hacha de dos filos y llevaban al brazo izquierdo el escudo corto y
+cuadrado que usaban los hombres de armas de la época.
+
+Campesinos, mujeres y niños aclamaron con entusiasmo la bandera de las
+cinco rosas y su arrogante guardia de honor. Seguíanla cincuenta
+arqueros escogidos, robustos y de elevada estatura, que llevaban el
+casco sencillo, la cota de armas y sobre ella el coleto blanco con el
+rojo león de San Jorge y calzaban recios borceguíes anudados á la pierna
+con luengas correa, todo lo cual constituía el equipo de los Arqueros
+Blancos. Á la espalda la bien provista aljaba de cuero y el arco de
+combate, arma la más terrible y mortífera de las conocidas hasta la
+fecha y pendiente del cinto la espada, el hacha ó la maza, según la
+elección de cada cual. Á pocos pasos de los arqueros iban los atabales
+y clarines, cuatro en número, y tras ellos diez ó doce mulas con la
+impedimenta de la pequeña columna, tiendas, ropas, armas de repuesto,
+batería de cocina, provisiones, herramientas, arneses, herraduras y
+demás artículos indispensables ó siquiera útiles en campaña. Un servidor
+del barón conducía la blanca mula vistosamente enjaezada que llevaba las
+ropas, armas y otros efectos de la propiedad del noble guerrero. Formaba
+el centro de la columna un centenar de arqueros y cerraba la marcha el
+resto de la caballería, es decir, los hombres de armas reclutados
+recientemente, soldados escogidos todos ellos, aunque no veteranos como
+sus compañeros de la vanguardia. Mandaba el grueso de los arqueros
+nuestro amigo Simón y tras él, en primera línea, descollaba Tristán de
+Horla, un Alcides con capacete, cota de malla, arco, flechas y maza
+descomunal.
+
+Apenas desembocó la columna en la calle del pueblo comenzó un fuego
+graneado de chanzas, y menudearon las despedidas y los abrazos.
+
+--¡Hola, maese Retinto! gritó Simón al ver la nariz amoratada del
+tabernero. ¿Qué harás con tu vinagre y tu cerveza aguada, ahora que nos
+vamos nosotros?
+
+--Pues voy á descansar, porque tú y tus compañeros os habéis bebido
+hasta la última gota de cuanto tenía en casa, excepto el agua.
+
+--¡Tus toneles estarán enjutos, pero tu escarcela repleta, truhán!
+exclamó otro arquero. Á ver si haces buena provisión para cuando
+volvamos.
+
+--Trae tú el gaznate ileso, que lo que es cerveza y vino no te faltarán,
+arquero, gritó una voz entre la multitud, respondiéndole grandes
+carcajadas.
+
+--Estrechar filas, que aquí la calle es callejuela, ordenó Simón. ¡Por
+vida de! Allí está Catalina, la molinerita, más preciosa que nunca. _¡Au
+revoir, ma belle!_ Aprieta ese cinturón, Guillermo, ó el hacha te va á
+cortar los callos. Y á ver si andas con un poco más de vida, moviendo
+esos hombros y alta la cabeza, como sólo saben andar los arqueros
+blancos. Y tú, Reinaldo, no vuelvas á sacudirte el polvo del coleto. ¿Si
+creerás que vamos á alguna parada? Aguarda, hijo, que antes de llegar al
+puerto estarás tan empolvado como yo, por mucho que te limpies.
+
+Había llegado la columna á las últimas casas del pueblo cuando el señor
+de Morel salió del castillo, caballero en el brioso _Ardorel_, negro
+como el azabache y el mejor caballo de batalla de todo el condado.
+Vestía el barón de terciopelo negro y birrete de lo mismo con larga
+pluma blanca, sujeta por un broche de oro, y no llevaba más armas que su
+espada, suspendida del arzón. Pero los tres galanos escuderos que le
+seguían bien montados llevaban, además de sus propias armas, Froilán el
+yelmo con celada de su señor, Gualtero la robusta lanza y Roger el
+escudo blasonado. Junto al barón trotaba el blanco palafrén de su
+esposa, pues ésta deseaba acompañarle hasta la entrada del bosque. La
+buena baronesa no había querido confiar á nadie la tarea de elegir y
+empaquetar cuidadosamente las ropas y efectos de su esposo; todo lo
+había dispuesto ella misma, á excepción de las armas. Y eran de oir las
+instrucciones que daba á Roger y á los otros escuderos, al encomendarles
+la persona del barón.
+
+--Creo que nada se ha olvidado, iba diciéndoles. Te lo recomiendo mucho,
+Roger. La ropa va toda en esa caja, al lado derecho de la mula. Las
+botellas de Malvasía en el cestillo de la izquierda; le prepararás un
+vaso de ese vino, bien caliente, por las noches, para que lo tome antes
+de acostarse. Cuida de que no permanezca horas y horas con los pies
+mojados, porque lo que es él jamás se acuerda de tal cosa. Entre la ropa
+va un estuchillo con las drogas más indispensables; y cuanto á las
+mantas del lecho, han de estar bien secas, sobre todo en campaña....
+
+--No os inquietéis por mí, dijo el barón riéndose al oir aquella
+enumeración. Os agradezco en el alma vuestra solicitud, pero queréis que
+mis escuderos me traten más bien como viejo achacoso que como soldado
+aguerrido. ¿Y tú qué dices, Roger? ¿Por qué tan pálido? ¿No te alegra el
+corazón, como á mí, el ver las cinco rosas sirviendo de enseña á tan
+bizarros soldados?
+
+--Ya te he dado la escarcela, Roger, continuó impávida la baronesa, para
+evitar que tu señor se quede sin blanca desde los primeros días de
+marcha. Mucho cuidado con el dinero. Los borceguíes bordados de oro son
+exclusivamente para el día que el barón se presente á nuestro gracioso
+soberano, ó al príncipe su heredero, y para las reuniones de los
+nobles. Después los vuelves á guardar, antes de que el barón se vaya de
+caza con ellos puestos y los destroce....
+
+--Mi buena amiga, observó el señor de Morel, duéleme en el alma
+separarme de vos, pero hemos llegado á los linderos del bosque y no
+debéis ir más lejos. La Virgen os guarde á vos y á Constanza basta mi
+regreso. Pero antes de separarnos, entregadme, os ruego, uno de vuestros
+guantes, que lo quiero llevar al frente de mi casco en torneos y
+combates, como prenda de la mujer amada.
+
+--Dejad, barón, que yo soy vieja y nada hermosa y los apuestos señores
+de la corte se reirían de vos si os proclamaseis paladín de tan pobre
+dama....
+
+--¡Oid, escuderos! exclamó el señor de Morel. Vuestra vista es mejor que
+la mía, y quiero que si véis á un caballero, por noble y alto que sea,
+menospreciar esta prenda de la dama á quien sirvo, le anunciéis
+inmediatamente que tiene que habérselas con el barón León de Morel, á
+caballo con lanza y escudo ó á pie con espada y daga, en combate á
+muerte.
+
+Dicho esto, recibió respetuosamente el guante que le tendía la baronesa
+y lo aseguró en su gorra, con el mismo broche de oro que sostenía la
+ondulante pluma. Despidióse después afectuosamente de la dama anegada en
+lágrimas y poniendo su caballo al trote, seguido de los escuderos, tomó
+el camino del bosque.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIV
+
+AVENTURAS DE VIAJE
+
+
+El barón permaneció algún tiempo cabizbajo; Froilán y Roger no iban
+menos silenciosos y pensativos que él, pero el alegre Gualtero, que no
+tenía penas ni amores, se entretenía en blandir la pesada lanza de su
+señor, amenazando con ella á los árboles y dirigiendo grandes botes á
+imaginarios enemigos, aunque cuidando mucho de que el barón no
+advirtiese su belicosa pantomima. Iban á retaguardia de la columna, y á
+veces oía Roger el paso acompasado de los arqueros y los relinchos de
+los caballos.
+
+--Venid á mi lado, muchachos, dijo el señor de Morel al pasar frente á
+un cortijo, donde el camino se ensanchaba notablemente. Puesto que me
+habéis de seguir á la guerra, bueno será que os diga cómo quiero ser
+servido. No dudo que Froilán de Roda mostrará ser digno hijo de su
+valiente padre, y tú, Gualtero, del tuyo, el noble señor de Pleyel.
+Cuanto á Roger, recuerda siempre la casa á que perteneces y el honor que
+te hace y los deberes que te impone la larga línea de los señores de
+Clinton. No cometáis el error, muy común entre soldados, de creer que
+nuestra expedición tiene por objeto principal el de obtener botín y
+rescates, aunque ambas cosas puede y suele conseguirlas todo buen
+caballero. Vamos á Francia, y á España según espero, en primer lugar
+para sostener el brillo de las armas inglesas y en segundo término para
+hacer famosos nuestro nombre y nuestro escudo, ventaja inmensa del
+caballero sobre el villano. Y ese prestigio puede obtenerse no sólo en
+combates y asedios sino en justas y duelos, para los cuales nunca falta
+razón ó pretexto. Pero en tierra extraña ó en territorio enemigo ni
+pretexto se necesita y basta desenvainar la espada é invitar
+cortésmente á otro hidalgo á duelo singular. Por ejemplo, si
+estuviéramos en Francia diría yo ahora á Gualtero que se dirigiese al
+galope hacia aquel caballero que allí viene y que después de saludarlo
+en mi nombre lo invitase á cruzar conmigo la espada.
+
+--Pues no se llevaría mal susto el infeliz, exclamó Gualtero, que miraba
+atentamente al desconocido. Como que es el molinero de Salisbury,
+caballero en su mula bermeja y probablemente atiborrado de cerveza,
+según costumbre.
+
+--Por eso es que el escudero debe preguntar, en caso de duda, si el
+pasante es ó no caballero. Yo he tenido muchas y muy interesantes
+aventuras de viaje, y una de las que más recuerdo es mi encuentro á una
+legua de Reims con un paladín francés con quien combatí cerca de una
+hora. Rota su espada, me dió con la maza tan terrible golpe que caí
+maltrecho y no pude despedirme como deseaba de aquel valiente campeón,
+ni preguntarle su nombre. Sólo recuerdo que tenía por armas una cabeza
+de grifo sobre franja azul. En parecida ocasión recibí en el hombro una
+estocada de León de Montcourt, con quien tuve la honra de cruzar la
+espada en el camino de Burdeos. Fué aquella nuestra única entrevista y
+conservo de ella el más grato recuerdo, porgue mi enemigo se condujo
+como cumplido caballero. Y no olvidemos al bravo justador Le Capillet,
+que hubiera llegado á ser un gran capitán de las huestes francesas....
+
+--¿Murió? preguntó Roger.
+
+--Tuve la desgracia de matarlo en un delicioso bosquecillo inmediato á
+los muros de Tarbes. Aventuras parecidas las hallábamos en todas partes,
+en el Languedoc, Ventadour, Bergerac, Narbona, aun sin buscarlas, porque
+á menudo nos esperaba un escudero francés, á la vuelta del camino,
+portador de cortés mensaje de su señor para el primer caballero inglés
+que quisiera aceptar el reto. Uno de ellos rompió tres lanzas conmigo en
+Ventadour, en honor de su dama.
+
+--¿Pereció en la demanda, señor barón? dijo Froilán.
+
+--Nunca lo he sabido. Sus servidores se lo llevaron en brazos, aturdido,
+desmayado ó muerto. Por entonces no cuidé de indagar su suerte porque yo
+mismo salí de la lucha contuso y malparado. Pero allí viene un jinete
+al galope, como si lo persiguiera una legión de enemigos.
+
+El viento barría el camino, que en aquel punto formaba suave pendiente.
+Al otro lado de una hondonada volvía á subir y se perdía en un
+bosquecillo, entre cuyos primeros árboles desaparecía en aquel momento
+la retaguardia de la columna. El jinete pasó junto á ésta sin detenerse
+y empezó á subir la cuesta en cuya cima estaban el barón y sus
+servidores, hostigando incesantemente á su caballo con espuela y látigo.
+Roger vió que el corcel venía cubierto de polvo y sudor y que lo montaba
+uno al parecer soldado, de duras facciones y con casco, coleto de ante y
+espada. Sobre el arzón llevaba un paquete envuelto en blanco lienzo.
+
+--¡Paso al mensajero del rey! gritó al acercarse.
+
+--Poco á poco, seor gritón, dijo el noble atravesando su caballo en el
+camino. También yo he sido servidor del rey por más de treinta años,
+pero jamás lo he ido pregonando á voces.
+
+--Estoy de servicio y llevo conmigo lo que al rey pertenece. Me impedís
+el paso á vuestra costa....
+
+--Entre mis muchas aventuras tampoco me ha faltado la de toparme de
+manos á boca con bergantes que encubrían sus traidores designios
+pretendiendo ser mensajeros de Su Alteza, insistió el señor de Morel.
+Veamos qué credenciales os abonan.
+
+--¡Á la fuerza, entonces! gritó el jinete echando mano á la espada.
+
+--Si sois caballero, dijo el barón, continuaremos nuestra entrevista
+aquí mismo. Si plebeyo, cualquiera de estos tres escuderos míos, aunque
+de noble cuna, se dará por bien servido con castigar vuestra audacia.
+
+El desconocido los miró airado y soltando el puño de la espada comenzó á
+desenvolver apresuradamente el paquete que sobre el arzón llevaba.
+
+--Yo no soy caballero ni escudero, dijo, sino antiguo soldado y ahora
+servidor de la justicia de nuestro príncipe. ¿Queréis credenciales? Pues
+aquí las tenéis; y presentó á los horrorizados caballeros una pierna
+humana reciéncortada. Esta es la pierna de un ladrón descuartizado en
+Dunán y que por orden del justiciero mayor llevo á Milton para clavarla
+allí en un poste donde todos la vean y sirva de escarmiento.
+
+--¡Peste! exclamó el barón. Hacéos á un lado con vuestra carga. Seguidme
+al trote, escuderos, y dejemos atrás cuanto antes á este ayudante del
+verdugo. ¡Uf! Os aseguro, continuó cuando estuvieron en la ladera
+opuesta, que los montones de muertos en un campo de batalla no me causan
+tanta repugnancia como una sola de esas carnicerías del cadalso.
+
+--Pues á bien que no han faltado atrocidades en las guerras de Francia,
+según los relatos de nuestros soldados, observó Roger.
+
+--Cierto es, contestó el barón. Pero sabed que los mejores combatientes,
+los verdaderos soldados, no maltratan jamás á un hombre vencido y
+desarmado, ni degüellan y destrozan prisioneros, ni se encarnizan en los
+débiles en el saqueo de una plaza. Esa tarea cruel se queda para los
+cobardes y los viles, que por desgracia nunca faltan y para esas turbas
+de merodeadores que van como buitres en seguimiento de las tropas y en
+busca de fáciles presas. Si no me engaño, allí á la derecha del camino
+hay una casa entre los árboles.
+
+--Una capilla de la Virgen, dijo Froilán, y á su puerta un anciano
+pordiosero.
+
+El noble se descubrió y deteniendo su caballo á la puerta de la modesta
+capilla, rogó en alta voz á la Reina de los Cielos que bendijese sus
+armas y las de sus soldados en la próxima campaña.
+
+--Una limosna, mis buenos señores, dijo entonces el mendigo, con voz
+suplicante. Favoreced á este pobre ciego, que hace veinte años no ve la
+luz del día.
+
+--¿Cómo perdisteis la vista, abuelo? preguntó el barón.
+
+--Entre las llamas de un incendio, que me quemaron toda la cara.
+
+--Grande es vuestra desdicha, pero también os libra de ver no pocas
+miserias, como la que acabamos de contemplar nosotros en este mismo
+camino, dijo el señor de Morel, recordando la ensangrentada pierna del
+ladrón descuartizado. Dale mi bolsa, Roger, y apresuremos el paso, que
+nos hemos quedado muy atrás.
+
+Roger se guardó muy bien de obedecer la orden de su señor y recordando
+las instrucciones de la baronesa, tomó una sola moneda de la escarcela
+encomendada á su cuidado y se la dió al mendigo, que la recibió
+murmurando gracias y oraciones.
+
+Desde una eminencia cercana vieron los viajeros el pueblo de Horla,
+situado en el fondo de un valle y á cuyas primeras casas llegaba en
+aquel momento la vanguardia de las fuerzas de Morel. Éste y sus
+escuderos pusieron los caballos al galope y muy pronto alcanzaron las
+últimas filas, á tiempo que se oyó una voz estridente y estallaron las
+carcajadas de los soldados. El barón vió entonces un gigantesco arquero
+que marchaba fuera de las filas y tras él una viejecilla diminuta,
+vestida pobremente y con una vara en la mano, con la cual sacudía
+vigorosamente las espaldas del arquero á cada pocos pasos, sin dejar de
+reñirlo á gritos. La víctima de aquella novel ejecución hacía tanto caso
+de los palos que recibía como si hubiesen sido dados en uno de los
+robles del bosque.
+
+--¿Qué es eso, Simón? preguntó el señor de Morel. ¿Qué atropello ha
+cometido el arquero? Si ha ofendido á esa mujer ó apoderádose de su
+hacienda, juro dejarlo colgado en la plaza del pueblo, aunque sea el
+mejor soldado de mi compañía.
+
+--No, señor barón, contestó el veterano esforzándose por contener la
+risa. El arquero Tristán es de este pueblo de Horla y la mujer es su
+madre, que le da la bienvenida á su manera.
+
+--¡Yo te enseñaré, holgazán, perdido, gandul! gritaba la vieja
+esgrimiendo la vara.
+
+--Poco á poco, madre, decía Tristán, que ya no ando de vago sino que soy
+arquero del rey y voy á las guerras de Francia.
+
+--¿Con que á Francia, bribón? Más te valiera quedarte aquí, que yo te
+daré toda la guerra que quieras, sin ir tan lejos.
+
+--Eso no lo dudaré yo, buena mujer, dijo Simón, que ni franceses ni
+españoles han de sacudirle el polvo como vos lo hacéis.
+
+--¿Y á tí qué te importa, deslenguado? exclamó la viejecilla volviéndose
+airada contra Simón. ¡Bonito soldado estás tú también, entrometido,
+borrachín!
+
+--¡Aguanta, Simón! dijeron los arqueos en coro, con gran risa.
+
+--Dejadla en paz, camaradas, dijo Tristán, que ha sido siempre buena
+madre y lo que la desespera es que yo he hecho mi santa voluntad toda la
+vida, en lugar de trabajar como un forzado con los leñadores de Horla.
+Ya es hora de decirnos adiós, madre, continuó, levantando á la endeble
+mujer como una pluma y besándola cariñosamente. Quedad tranquila, que os
+he de traer una saya de seda y un manto de terciopelo que ni para una
+reina y decid á Juanilla mi hermana que también habrá para ella buenos
+ducados de plata cuando yo vuelva.
+
+Dicho esto regresó el arquero á las filas y continuó la marcha con sus
+compañeros. La mujer se quedó lloriqueando, y al llegar junto á ella el
+barón le dijo:
+
+--¿Lo véis, señor? Siempre ha sido lo mismo; primero se metió á fraile
+para holgazanear, y porque una mozuela no le quiso, y ahora se me marcha
+á la guerra dejándome vieja y pobre, sin un alma de Dios que me traiga
+un brazado de leña del monte....
+
+--Consoláos, buena mujer, que con la protección de Dios él volverá sano
+y salvo y no sin su parte de botín. Lo que siento es haber dado mi bolsa
+á un mendigo allá en el bosque....
+
+--Perdonad, señor, dijo Roger; todavía quedan en ella algunas monedas.
+
+--Pues dádselas á la madre del arquero, ordenó el noble, poniendo al
+trote su caballo, mientras Roger depositaba dos ducados en la mano de la
+vieja, que olvidando su cólera invocó las bendiciones del cielo sobre el
+barón, Tristán y sus compañeros.
+
+Llegada la columna al río Léminton se dió la voz de alto para comer y
+descansar, y antes de que el sol empezara su marcha hacia el ocaso
+reanudaron la suya los soldados, entonando alegres canciones. Por su
+parte el barón deseaba vivamente llegar al término de su viaje y á
+tierra enemiga, para cruzar la espada y romper lanzas una vez más con
+los adversarios de sus anteriores campañas. Pensando iba en ellas cuando
+él y sus escuderos vieron venir por el camino á dos hombres que desde
+luego llamaron toda su atención. El que iba delante era un ser raquítico
+y deforme, cuyos alborotados cabellos rojos aumentaban el volumen de
+una cabeza enorme; cruel y torva la mirada de los húmedos ojos, parecía
+lleno de terror y tenía en la mano un pequeño crucifijo que alzaba en
+alto, como mostrándolo á todos los pasantes. Iba tras él un sujeto alto
+y fornido, con luenga barba negra, llevando al hombro una maza
+claveteada que á intervalos alzaba sobre la cabeza del otro,
+amenazándole de muerte.
+
+--¡Por San Jorge, aventura tenemos! dijo el barón. Averigua, Roger, qué
+gente es esa y por qué uno de los villanos así amenaza y espanta al
+otro.
+
+Pero no necesitó adelantarse el escudero, porque los dos hombres
+siguieron andando y pronto llegaron á pocos pasos del barón. El que
+llevaba el crucifijo se dejó caer entonces sobre la hierba y el otro
+enarboló enseguida la pesada maza, con tal expresión de furor y odio que
+en verdad parecía llegada la última hora del caído.
+
+--¡Teneos! gritó el barón. ¿Quién sois y qué os ha hecho ese infeliz?
+
+--No tengo que dar cuenta de mis actos á los viandantes que encuentro en
+el camino, contestó secamente el desconocido. La ley me protege.
+
+--No es esa mi opinión, dijo el noble, que si la ley os permite amenazar
+con esa clava á un hombre indefenso, tampoco me ha de impedir á mí
+poneros la espada al pecho.
+
+--¡Por los clavos de Cristo, protejedme, buen caballero! exclamó en
+aquel punto el del crucifijo, poniéndose de rodillas y tendiendo las
+manos en ademán suplicante. Cien doblas tengo en el cinto y vuestras son
+si matáis á mi verdugo.
+
+--¿Cómo se entiende, tunante? ¿Pretendes comprar con oro el brazo y la
+espada de un noble? Creyendo estoy, á fe mía, que eres tan ruin de alma
+como de cuerpo y que tienes merecido el trato que recibes.
+
+--Gran verdad decís, señor caballero, repuso el de la maza, que es éste
+Pedro el Bermejo, salteador de caminos y con más de una muerte sobre la
+conciencia, terror por muchos meses de Chester y toda la comarca. Una
+semana hace que mató á mi hermano alevosamente, perseguíle con otros
+vecinos míos y acosado de cerca se refugió en el monasterio de San Juan.
+El reverendo prior no quiso entregármelo hasta que hube jurado respetar
+la vida de este asesino mientras tenga en la mano el crucifijo que le
+dió en prenda de asilo. He respetado mi juramento hasta ahora como buen
+cristiano, pero también he jurado seguir al miserable hasta que caiga
+rendido y matarlo como un perro, tan luego se le escape de las manos la
+santa cruz que aun le protege.
+
+El bandido rugió como una fiera, acercósele amenazante el otro con la
+maza en alto y los espectadores de aquella escena los contemplaron algún
+tiempo en silencio, alejándose después por el camino que llevaba la
+columna.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XV
+
+DE CÓMO EL GALEÓN AMARILLO SE HIZO Á LA VELA
+
+
+Los soldados de Morel durmieron aquella noche en San Leonardo,
+repartidos entre las granjas, graneros y dependencias de aquel poblado,
+perteneciente, como tantos otros, á la rica abadía de Belmonte, que no
+muy lejos quedaba. Roger volvió á ver con alegría el hábito blanco de
+algunos religiosos allí aposentados y recordó conmovido sus años de vida
+monástica al oir la campana de la capilla convocando á vísperas. Al
+rayar el alba se embarcaron hombres de armas, arqueros y servidores en
+anchas barcas que los esperaban en la ría del Lande y pasando frente al
+pintoresco pueblo de Esbury llegaron á la rada de Solent y al puerto de
+Lepe, donde debía de efectuarse su embarco en la galera del rey. En el
+puerto vieron multitud de barcas y botes, y anclado á buena distancia un
+buque de gran tamaño que se balanceaba sobre las espumosas olas.
+
+--¡Dios sea loado! exclamó el barón. Nuestros amigos de Southampton han
+cumplido su promesa y hé allí el galeón pintado de amarillo que nos
+describían y ofrecían enviarnos á Lepe en sus últimas cartas.
+
+--Amarillo canario, dijo Roger. Y á lo que parece, bastante grande para
+recibir á bordo más soldados que semillas tiene una granada.
+
+--De lo cual me alegro, observó Froilán, porque ó mucho me engaño ó no
+haremos el viaje solos. ¿No véis allá á lo lejos, entre aquellas
+casuchas de la playa, los colores de un gonfalón y el brillo de las
+armas? Esos reflejos no proceden de remos de pescadores ni de ropilla de
+villanos.
+
+--Muy cierto es ello, contestó Gualtero. Mirad, allá va un bote lleno de
+hombres de armas, con dirección á la nave. Tendremos compañía numerosa,
+tanto mejor. Y por lo pronto nos dan la bienvenida; ved á los del pueblo
+que vienen á recibirnos.
+
+Grupos numerosos de hombres, mujeres y niños se dirigían al encuentro de
+las barcas y agitaban desde la playa sombreros y pañuelos, lanzando
+alegres exclamaciones y vitoreando al famoso capitán. Apenas saltaron á
+tierra los arqueros de la primera barca, mandados por el sargento Simón,
+se acercó á éste un obeso personaje ricamente vestido, que llevaba al
+cuello gruesa cadena de oro de la que pendía sobre el pecho enorme
+medalla del mismo metal.
+
+--Sed bienvenido, alto y poderoso señor, dijo descubriendo una gran
+calva y saludando profundamente á Simón. Sed bienvenido á nuestra ciudad
+y aceptad nuestros humildes respetos. Dadme desde luego vuestras
+órdenes, capitán ilustre, y decidme en qué puedo serviros, á vos y á
+vuestra gente.
+
+--Pues ya que tan atento lo ofrecéis, contestó Simón con sorna, por lo
+que á mí toca me contentaré con un par de eslabones de esa cadena que
+lleváis al cuello, que más gruesa no la he visto jamás, ni aun entre los
+más opulentos caballeros de Francia.
+
+--Sin duda os chanceáis, señor barón, repuso admirado el personaje, que
+no era otro sino el corregidor de Lepe. ¿Cómo he de entregaros parte de
+esta cadena, insignia del municipio de nuestra ciudad?
+
+--Acabáramos, gruñó el veterano. Vos buscáis al barón de Morel, nuestro
+valiente capitán, y allí lo tenéis, que acaba de desembarcar y monta el
+caballo negro.
+
+El corregidor contempló sorprendido al barón, cuya endeble apariencia
+mal se avenía con la fama de sus proezas.
+
+--Sois tanto más bienvenido, díjole después de repetir el respetuoso
+saludo que antes había dirigido al taimado arquero, por cuanto esta leal
+ciudad de Lepe necesita más que nunca defensores como vos y vuestros
+soldados.
+
+--¿Qué decís? Explicaos, exclamó el señor de Morel, esperando
+atentamente la respuesta del funcionario.
+
+--Lo que pasa, señor, es que el sanguinario pirata Cabeza Negra, uno de
+los más crueles bandidos normandos, acompañado del genovés Tito Carleti,
+ha aparecido últimamente por nuestras costas, saqueando, incendiando y
+matando. Ni el valor de nuestro pueblo ni las vetustas murallas de Lepe
+ofrecen protección suficiente contra tan temibles enemigos, y el día que
+se presenten por aquí....
+
+--Adiós Lepe, concluyó Gontrán el escudero, á media voz.
+
+--¿Pero tenéis motivos para creer que atacarán vuestra villa? preguntó
+el barón.
+
+--Sin duda alguna. Las dos grandes galeras cargadas de piratas han
+saqueado ya las vecinas poblaciones de Veymouz y Porland y ayer
+incendiaron á Coves. Muy pronto nos tocará el turno.
+
+--Pero es el caso, observó el señor de Morel poniendo su caballo en
+dirección de las puertas de la ciudad, que el príncipe real nos espera
+en Burdeos y por nada en el mundo quisiera verle en camino dejándome
+rezagado. No obstante, os prometo dirigirme á Coves y hacer todo lo
+posible para descubrir y castigar á esos bandidos por aquellas
+cercanías, tratándolos de suerte que no piensen en nuevas expediciones
+ni desembarcos.
+
+--Mucho os agradecemos la oferta, repuso el magistrado, pero no veo cómo
+podáis triunfar con vuestro único barco sobre las dos poderosas galeras
+corsarias, al paso que con vuestros arqueros en los muros de Lepe fácil
+os sería dar á los piratas una lección sangrienta.
+
+--Ya os he dicho mis razones para no detenerme aquí. Y por lo que hace á
+la desigualdad de fuerzas, creed que me infunde gran confianza el
+aspecto de aquel galeón amarillo que allí me espera, y que con mi gente
+á bordo no temeré los ataques de dos ni de tres barcos piratas. Hoy
+mismo nos haremos á la vela.
+
+--Perdonad, señor barón dijo entonces uno de los que acompañaban al
+corregidor. Me llamo Golvín y soy capitán del _Galeón Amarillo_,
+destinado á conduciros. Marino desde la infancia, he peleado á bordo de
+barcos ingleses contra normandos y genoveses, bretones, españoles y
+sarracenos, y os aseguro que la nave de mi mando es muy débil para
+atacar corsarios. Lo único que conseguiréis si dáis con ellos será el
+degüello de la mitad de vuestra gente y la perspectiva, para los que
+sobrevivan, de ser vendidos como esclavos y pasar la vida remando en
+galeras piratas ó moras.
+
+--Pues no creáis, señor capitán, que me han faltado combates navales en
+mi larga carrera de soldado, replicó el noble, y por lo mismo que el
+castigo de esos bribones presenta dificultades tanto mayor es mi deseo
+de vérmelas con ellos y sentarles la mano. Á pesar de vuestras palabras,
+capitán, me parecéis marino experto y valeroso y creo que conmigo
+ganaréis honra y provecho en esta empresa.
+
+--He cumplido mi deber diciéndoos francamente lo que de ella opino, en
+las condiciones en que váis á emprenderla, dijo Golvín, lisonjeado por
+las palabras del barón. Pero ¡por Santa Bárbara! marino viejo soy y no
+sé lo que es el miedo. Que nos hundamos ó no, contad conmigo. Á Coves os
+he de llevar, y si á los amos del barco no les gusta el viaje, que
+busquen otro capitán después del zafarrancho.
+
+Tras el grupo de jefes y escuderos entraron en la población los soldados
+de Morel, mezclados con multitud de gentes del pueblo en cuyos
+semblantes se leía el contento que les causaba la llegada de aquellos
+bizarros defensores. El tuno de Simón llevaba del brazo á dos robustas
+muchachas, á las que juraba amor eterno, y entre las últimas filas
+descollaba la elevada estatura de Tristán, en cuyo ancho hombro se
+sentaba una chicuela pescadora de quince abriles, que un tanto asustada
+asía con ambas manos el casco del gigante.
+
+Pensativo cabalgaba el corregidor junto á su ilustre huésped y no notó
+que un caballero de obesidad portentosa y rubicundo semblante se abría
+paso entre las filas de curiosos y se dirigía precipitadamente á su
+encuentro.
+
+--¡Cómo se entiende, señor corregidor! gritó el recienllegado con
+esfuerzo tal que se le amorató el rostro. ¿Dónde están las ostras y
+almejas prometidas para la comida de hoy?
+
+--Calmaos, Sir Oliver, dijo el magistrado. Es muy posible que mi
+mayordomo y mi cocinero hayan olvidado los ostras ó no hayan podido
+conseguirlas; pero no hay motivo para desesperarse por tal bicoca. No
+faltará que comer.
+
+--¿Bicoca? ¡Pues me gusta! Una comida sin ostras, sin una miserable
+almeja. ¿Qué va á ser de mí? Nunca me hubierais convidado á vuestra
+mesa....
+
+--Vamos, quedaos siquiera un día sin ostras, amigo Oliver, exclamó el
+barón riéndose, que si hoy habéis perdido vuestro plato favorito en
+cambio volvéis á ver á un amigo, á un compañero de armas.
+
+--¡Por San Martín! gritó el mofletudo personaje, olvidando toda su
+cólera. ¡Vos, Sir León, el paladín del Garona! ¡Bienvenido seáis! Ah,
+con vos se renueva la memoria de aquellos buenos tiempos. ¡Qué
+aventuras, qué tajos y qué guerreros! ¿Os acordáis?
+
+--Sí á fe mía. Felices días y gloriosos triunfos aquellos.
+
+--Pero tampoco nos faltaron tribulaciones y pesares. ¿Recordáis lo que
+nos pasó en Medoc?
+
+--No sería gran cosa, buen Oliver; alguna escaramuza que tuvisteis y en
+la que no tomé parte, pues recuerdo muy bien no haber desenvainado la
+espada mientras en Medoc estuve....
+
+--Siempre el mismo, furibundo Morel, fierabrás incorregible. No se trata
+de dar ni recibir lanzadas y mandobles, sino de la calamidad
+irremediable que nos sucedió en aquel figón, donde nos quedamos sin la
+más apetitosa empanada de liebre que he visto en mi vida porque el bruto
+del posadero, en lugar de sal, la llenó de azúcar. ¡Dios de justicia,
+cómo olvidar tamaño desastre!
+
+--¡Ja, ja, ja! Veo que también vos seguís siendo el mismo, Sir Oliver,
+gastrónomo incomparable, cuyo apetito iguala á vuestro valor. ¡Oh, sí!
+La posada de Medoc, en compañía de Lord Pomers y Claudio Latour, y
+vuestra desesperación al ver perdido el guisado, y cómo perseguisteis al
+mesonero espada en mano hasta la calle y quisisteis pegar fuego al
+figón. ¡Ja, ja! Creedme, señor corregidor; mi amigo y compañero el noble
+Oliver de Butrón es hombre peligroso cuando enristra la lanza y cuando
+se queja su estómago, y lo mejor que podéis hacer es procurarle cuanto
+antes esos mariscos que tanto anhela.
+
+--Antes de una hora los tendrá en su plato, dijo el corregidor. Con la
+alarma en que estamos no he podido pensar en nada y confieso que olvidé
+por completo la promesa que hice anoche á vuestro noble amigo de
+proporcionarle uno de sus platos favoritos. Pero supongo, señor de
+Morel, que vos también honraréis mi pobre mesa.
+
+--Mucho tengo que hacer todavía, contestó el barón, pues me propongo
+embarcar á toda mi gente esta misma tarde. ¿Qué fuerza mandáis, Sir
+Oliver?
+
+--Cuarenta y tres hombres. Los cuarenta están borrachos perdidos y los
+tres entre dos luces, pero los tengo á todos seguros á bordo.
+
+--Pues bueno será que no beban un trago más, porque antes de que cierre
+la noche me propongo darles tarea cumplida, lanzándolos con mi gente
+sobre esos piratas normandos y genoveses de quienes habréis oído hablar.
+
+--Y que llevan consigo buena provisión de caviar y finas especias de
+Levante y otras golosinas apetitosas que me prometo gustar, dijo el
+corpulento noble relamiéndose los labios. Sin contar el buen negocio que
+puede hacerse con la venta de las especias sobrantes. Os ruego, señor
+capitán, que cuando volváis á bordo mandéis á los marineros que echen un
+cubo de agua sobre cuantos soldados de mi mando estén todavía
+calamocanos.
+
+Dejando á su noble amigo y á los personajes de la ciudad congregados
+para el banquete, dirigióse el barón con su Guardia Blanca á la playa,
+donde comenzó rápidamente el embarque de hombres, caballos y armas en
+grandes barcas que los condujeron á bordo del galeón. Tanta prisa les
+dió el barón y con tan buena maña los recibieron y acomodaron á bordo el
+capitán y sus marinos, que se dió la señal de levar el ancla cuando el
+señor de Butrón estaba todavía engullendo los delicados manjares que
+cubrían la mesa del corregidor. No es de extrañar tanta presteza si se
+recuerda que poco antes había embarcado el Príncipe Negro cincuenta mil
+hombres en el puerto de Orvel, con caballos, artillería é impedimenta,
+haciéndose la escuadra á la vela á las veinticuatro horas de comenzado
+el embarque. En el último bote que dejó la playa de Lepe iban los dos
+famosos capitanes, el barón León de Morel y el caballero Oliver de
+Butrón, formando por su aspecto el mayor contraste imaginable. Seguíalos
+otra barca llena de grandes piedras que el barón había ordenado llevar á
+bordo. Poco después se hacía á la vela el enorme _Galeón Amarillo_,
+enarbolando el pabellón morado con una imagen dorada de San Cristóbal en
+su centro y saludado por las aclamaciones de la multitud que se agolpaba
+en la playa. Más allá de Lepe se extendían los bosques de Hanson y tras
+ellos las verdes colinas en línea no interrumpida, formando un paisaje
+risueño y pintoresco.
+
+--¡Juro por mis pecados que bien vale la pena de pelear y morir por
+tierra tan hermosa! exclamó el barón, que de pie en la popa tenía fijos
+los ojos en aquella costa fértil y poblada cual ninguna. Pero mirad
+allí, Sir Oliver, entre aquellas rocas; ¿no os ha parecido ver á un
+jorobado?
+
+--Nada puedo ver, contestó el interpelado con melancólico acento, porque
+con las prisas que vos nos dáis siempre que se trata de ir á romperse el
+alma con alguien, tengo atragantada una ostra como el puño y no puedo
+olvidar la botella de vino de Chipre que tuve que dejar sobre la mesa,
+sin más que catarlo.
+
+--Yo lo he visto, señor barón, dijo Froilán; el jorobado estaba sobre la
+roca más alta, mirando nuestro barco, y desapareció de súbito.
+
+--Su presencia confirma los buenos augurios que he observado hoy, repuso
+el barón. Al dirigirnos á la playa cruzaron nuestro paso un religioso y
+una mujer, y ahora divisamos un jorobado antes de perder de vista la
+costa. Presagio dichoso. ¿Qué piensas tú de ello, Roger?
+
+--No sé qué deciros, señor barón, contesto el doncel. Romanos y griegos,
+con ser pueblos de gran ilustración, tenían completa fe en esos
+augurios, pero no faltan entre los modernos pensadores y hombres de
+ciencia muchos que consideran tales signos como vanos y pueriles.
+
+--No diré yo tal, observó el señor de Butrón, recordando en aquel
+momento otro de los desastres gastronómicos que tanto lamentaba. Los
+presagios nunca fallan, y si no dígalo todo el ejército del príncipe
+Eduardo, que allá en el paso de los Pirineos oyó de repente un trueno
+formidable en medio del día, sin que una sola nube ocultase el azul del
+cielo. Todos sabíamos lo que aquello significaba y que estábamos
+amenazados de una gran calamidad; y en efecto, trece días después
+desapareció de la puerta de mi tienda un soberbio cuarto de venado y mis
+escuderos descubrieron que se habían agriado seis botellas de vino
+bearnés que llevaba para mi mesa....
+
+--Pues ya que de escuderos habláis, dijo el barón cuando cesó la risa
+provocada por los recuerdos de Sir Oliver, debo decir á los míos que hoy
+mismo tendrán brillante ocasión de acreditar su valor y de imitar el
+ejemplo que les han dejado nobles antecesores. Id á la cámara,
+muchachos, y traedme mi arnés; el señor de Butrón y yo nos armaremos
+aquí, sobre cubierta, con vuestra ayuda. Después aprestaos vosotros, por
+lo que pueda ocurrir y decid á los oficiales que tengan hombres y armas
+dispuestos á la primera señal. ¿Quién de nosotros mandará en jefe, Sir
+Oliver?
+
+--Vos, amigo mío, vos. Yo soy guerrero viejo como vos y conozco mi
+oficio, pero no puedo compararme con el gran capitán que fué un tiempo
+escudero de Guillermo de Marny. Lo que hagáis estará bien hecho.
+
+--Corriente y gracias. Vuestro pabellón ondeará en la proa y el mío á
+popa. Os daré como vanguardia vuestros cuarenta hombres y otros tantos
+arqueros míos. Cincuenta hombres más con mis escuderos formarán la
+guardia de popa. Los demás en el centro y á los costados del barco, á
+excepción de una docena armados de arcos y ballestas, que irán á las
+cofas. ¿Qué os parece la distribución?
+
+--Inmejorable. Pero aquí me traen mi armadura y el ponérmela es ya para
+mí tarea larga y difícil.
+
+Entretanto se notaba gran movimiento á bordo, los arqueros y hombres de
+armas formaban en grupos sobre cubierta, examinando aquéllos sus arcos y
+atendiendo á los consejos que les daban el sargento Simón y otros
+veteranos, expertos en el manejo de la temible arma.
+
+--Firmes, muchachos y que no se mueva nadie de donde yo lo ponga, iba
+diciendo Simón de grupo en grupo. Mientras tengáis un buen arco en la
+mano no hay pirata que se acerque. Y sobre todo, no olvidéis que en
+cuanto se suelta una flecha ya debe estar la otra en la mano y en la
+cuerda. Esta ha sido siempre la regla en la Guardia Blanca.
+
+--Y digo yo, amigo Simón ¿no es también regla el dar á cada soldado
+medio cuartillo de vino mientras espera á los piratas con el gaznate
+seco? preguntó Tristán de Horla.
+
+--Eso vendrá después, borrachín, pero ahora hay que ganarlo. Cada uno á
+su puesto, que ó mucho me engaño ó apuntan por allí dos mástiles, tras
+las Agujas de Coves.
+
+Arqueros y hombres de armas se tendieron sobre cubierta, en cumplimiento
+de las órdenes del barón. Cerca de la proa colgaba de una robusta lanza
+el escudo de armas de Butrón, una cabeza negra de jabalí en campo de
+oro, y en el centro de la proa Reno el veterano clavaba el estandarte
+con las cinco rosas de Morel. Cubrían el centro de la nave los atezados
+marinos de Southampton, gente aguerrida toda, armada con hachas de
+abordaje, mazas y picas. Su jefe el capitán Golvín hablaba con el barón
+á popa, escudriñando ambos el horizonte y vigilando el velamen y los dos
+timoneles.
+
+--Dad orden, dijo el barón, de que ningún soldado ni marino se deje ver
+hasta que el clarín les mande tender los arcos. Conviene que esos
+corsarios tomen al _Galeón_ por un barco mercante de Southampton que
+huye al descubrir sus naves.
+
+--¡Allí están! ¿No lo dije yo? exclamó el capitán volviendo apresurado
+junto al barón después de transmitir su orden. Ved las dos galeras
+balanceándose plácidamente en la bahía exterior de Coves, y mirad
+también en tierra, hacia el este, la humareda que levantan sus últimos
+incendios. ¡Ah, perros! Ya nos han visto; las lanchas de los
+incendiarios se apartan de la costa á todo remo, dirigiéndose á sus
+galeras, que Dios confunda. ¡Y qué multitud á bordo! Parece aquello un
+hormiguero. Os repito, señor barón, que la empresa pudiera muy bien
+resultar superior á nuestras fuerzas. Esos buques piratas son de primer
+orden y sus tripulantes gente desesperada, que lucha hasta morir.
+
+--Pues amigo, os envidio la buena vista que tenéis, contestó el señor de
+Morel con imperturbable calma, guiñando sus ojillos irritados. Por lo
+pronto, hacedme la merced de decir á la gente que hoy no se da cuartel á
+nadie. Tratándose de esas fieras, no quiero prisioneros. ¿Tenéis á bordo
+un sacerdote ó un religioso?
+
+--No, señor barón.
+
+--No importa. La Guardia Blanca se puede pasar sin ellos, porque los
+tengo á todos bien confesados desde Salisbury y maldito si han tenido
+ocasión de cometer fechorías desde que emprendimos la marcha. Pero á la
+verdad, lo siento por el contingente de Vinchester que manda mi noble
+amigo de Butrón, pues según noticias y señales, es gente díscola y la
+han corrido en grande estos días. Á ver, dad orden de que recen todos un
+padrenuestro y un avemaría mientras esperan la señal de ataque.
+
+No tardó en oirse el prolongado murmullo de todas aquellas preces,
+dichas con singular recogimiento por arqueros, marinos y hombres de
+armas tan devotos como valientes. Muchos de ellos sacaron cruces y
+reliquias que besaron fervientemente, tendidos sobre cubierta y sin
+mostrarse al enemigo.
+
+El _Galeón Amarillo_ había abandonado las aguas del Solent y se alejaba
+de la costa á toda vela, cortando pesadamente las espumosas olas. En su
+seguimiento se habían lanzado las dos naves piratas, pintadas de negro,
+de corte estrecho y largo, que contrastaba con la mayor altura y rotunda
+forma del galeón á que daban caza. Parecían dos lobos hambrientos en
+seguimiento de su presa.
+
+--Pero decidme, señor barón. Esos perros han visto ya el escudo y pendón
+que llevamos á proa y popa y saben que tenemos dos nobles á bordo, dijo
+Golvín.
+
+--Ya había pensado yo en ello, pero no es de caballeros ni de jefes de
+tropas reales el ocultar su presencia. Se dirán que os dirigís á Gascuña
+y habéis recibido nobles pasajeros con destino al cuartel general de
+nuestro príncipe. ¡Cómo acortan la distancia! Á juzgar por su aspecto y
+el nuestro diríase que dos halcones se preparan á caer sobre inocente
+paloma. Pero no es maravilla que nos alcancen tan pronto, con su triple
+hilera de remos, al paso que nosotros sólo tenemos las velas. ¿Véis
+alguna señal ó bandera á bordo de esos barcos?
+
+--En la vela mayor del de la izquierda hay pintada una enorme cabeza
+negra, respondió el capitán.
+
+--Es la galera del cruel pirata normando y la primera vez que la ví fué
+en Chelsea. También lo ví á él, _Cabeza Negra_, en medio del combate. Es
+un gigante con la fuerza de seis hombres y los crímenes de sesenta sobre
+la conciencia.
+
+--Sólo á un bárbaro como él se le ocurriría entrar en combate con dos
+infelices colgados de las vergas de su buque. ¿Los véis?
+
+--Así es en efecto, replicó el barón. La Virgen de Embrún me concederá
+la merced de ahorcarlo también á él dentro de pocas horas. ¿Qué insignia
+es aquella en las velas del otro pirata?
+
+--La cruz roja de Génova.
+
+--Lo que prueba que tenemos allí al barbudo Tito Carleti, tan valiente y
+casi tan malo como su compañero de piraterías. Ese genovés pretende que
+no hay en el mundo arqueros ni soldados como los suyos y tenemos que
+probarle lo contrario.
+
+--Se lo probaremos, asintió el animoso capitán. Pero entre tanto, bueno
+será que los arqueros y ballesteros escogidos de antemano suban á las
+cofas disimulando su presencia y su número lo más posible. Las tres
+anclas están ya en el centro del buque, con veinte pies de cable cada
+una y sólidamente amarradas al palo mayor, con cuatro buenos marineros á
+cargo de cada ancla. Según vuestras órdenes, diez hombres distribuídos á
+lo largo de la cubierta, con pellejos llenos de agua, cuidarán de apagar
+todo fuego que puedan producir las flechas incendiarias si las usan esos
+bandidos. Las piedras están también en las cofas, y los arqueros se
+encargarán de aplastar con ellas á cuanto grupo de piratas se les ponga
+á tiro.
+
+--Enviadles á más de las piedras cualquier otro objeto pesado que
+tengáis á bordo, dispuso el barón.
+
+--Pues en tal caso lo mejor será izarles á Sir Oliver, apuntó Gualtero.
+
+--¡Brava ocasión para chanzas! dijo el señor de Morel, con mirada tal
+que hizo temblar al escudero. Además, no se dirá que un servidor mío ha
+hecho burla de un noble en mi presencia sin el debido correctivo.
+Después de todo, continuó reprimiendo con trabajo una sonrisa, demasiado
+sé que ha sido esa una chanza de muchacho, sin intención aviesa. Sin
+embargo, Gualtero, debo á vuestro padre Carter de Pleyel el ordenaros
+que procuréis refrenar la lengua.
+
+--Ataque por babor y estribor á la vez, exclamó el capitán Golvín,
+viendo separarse los dos barcos enemigos. El normando tiene á proa un
+pedrero y se preparan á disparar.
+
+--Á ver, Simón, tres arqueros, los mejores que tengas, ordenó el barón;
+que elijan los arcos más poderosos que haya á mano y den una lección á
+los artilleros apenas crean que no perderán sus flechas.
+
+--¡Arnoldo, Renato y Jaime, á popa! exclamó enseguida el veterano. Una
+sangría al primer babieca que toque aquel pedrero. Trescientos cincuenta
+pasos, á lo sumo. Arnoldo, hijo mío, tú el primero y á ver si te luces.
+¿Ves el canalla aquel con la gorra roja? Pues á ensartarlo, antes de que
+disparen.
+
+Los tres arqueros nombrados, fija la mirada en la proa del barco
+enemigo, tendían lentamente la cuerda de sus enormes arcos, sin cuidarse
+ya de si los veían ó no los piratas. El numeroso grupo que éstos
+formaban se había apartado del pedrero, dejando solos junto á él á dos
+hombres encargados de dispararlo. El de la gorra roja se inclinó para
+apuntar, abrió los brazos y cayó de bruces con una flecha clavada en el
+costado. Casi en el mismo instante recibió el otro pirata un dardo en la
+garganta y otro en una pierna y quedó retorciéndose sobre cubierta.
+
+Al grito de furor de los piratas respondieron las carcajadas de los
+arqueros.
+
+--¡Bien, muchachos! gritó Simón. Pero ocultaos de nuevo tras la borda,
+porque veo que han resuelto aprovechar la lección y tienden red de malla
+para protegerse contra nuestras flechas. Que nadie asome. No tardaremos
+en oir silbar las piedras de esos jayanes.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XVI
+
+DEL COMBATE ENTRE EL GALEÓN AMARILLO Y LOS DOS PIRATAS.
+
+
+El supuesto barco mercante y sus dos perseguidores se dirigían
+rápidamente hacia el oeste, dejando al norte la costa de San Albano. No
+se divisaba otra vela en todo el horizonte. Roger permanecía cerca del
+timón, mirando las galeras enemigas y recibiendo de lleno en el rostro
+la fuerte brisa del mar que agitaba su rizado cabello rubio. Digno
+descendiente de tantos famosos guerreros sajones, su corazón latía con
+violencia y hubiera deseado llegar á las manos con los piratas sin más
+tardanza.
+
+De pronto le pareció que una voz ronca le hablaba al oído, y volviéndose
+prontamente dirigió al timonel una mirada interrogadora. El marino,
+sonriente, señaló con el pie una gruesa saeta clavada profundamente en
+un tablón á tres pasos de la cabeza de Roger. Pocos segundos después el
+timonel cayó de bruces y Roger vió en su espalda el asta ensangrentada
+de otra flecha. Inclinóse para levantar al infeliz y oyó el ruido de los
+dardos que caían á bordo, semejante al que produce la lluvia de otoño
+sobre las hojas secas del bosque.
+
+--¡Redes de malla á popa! ordenó el barón.
+
+--¡Y otro hombre al timón! dijo imperiosamente el capitán.
+
+--Tú con diez arqueros entretén á los normandos, añadió el señor de
+Morel dirigiéndose á Simón y que otros diez hombres de Sir Oliver hagan
+lo mismo con los genoveses. No quiero revelarles todavía toda nuestra
+fuerza.
+
+Diez arqueros escogidos mandados por Simón se apostaron enseguida en el
+lado de la popa por donde avanzaba el barco normando, y los tres
+escuderos vieron con admiración la calma de aquellos veteranos en tales
+momentos y la precisión con que obedecían las voces de mando, moviéndose
+á la vez como si fueran un solo hombre. Sus compañeros, ocultos tras la
+borda, no les escaseaban las chanzas y los consejos.
+
+--Más alto, Fernán, más alto, que todavía no suben al abordaje. Pégate
+al arco, Renato; no parece sino que le tienes miedo ó temes que la
+cuerda te manche el coleto. Ten en cuenta el viento, y no desperdicies
+flecha.
+
+Entre tanto los dos pedreros enemigos habían tomado la ofensiva, bien
+protegidos los servidores de ambas piezas por alta red de malla. La
+primera piedra del genovés pasó silbando sobre las cabezas de los
+arqueros y cayó al mar; la del pedrero normando mató un caballo y
+derribó á varios soldados, otra abrió un boquete enorme en la vela del
+_Galeón_ y la cuarta dió en el centro de la proa y rebotando, arrojó al
+agua dos hombres de armas de Butrón. El capitán miró fijamente al barón.
+
+--Se mantienen á distancia, dijo, porque nuestros veinte arqueros les
+han causado grandes pérdidas. Pero nos van á matar mucha gente con sus
+pedreros.
+
+--Pues una estratagema para que se acerquen, y el barón dió brevemente
+sus órdenes.
+
+Trasmitidas que fueron éstas, los arqueros empezaron á caer como si la
+artillería y las flechas de los piratas causasen en ellos grandes
+estragos. Muy pronto no quedaron más que tres arqueros por banda y los
+barcos enemigos se acercaron rápidamente, con las cubiertas llenas de
+una turba horrible que lanzaba gritos de triunfo y blandía sables,
+hachas, puñales y picas.
+
+--Acuden como peces al cebo, exclamó el barón. ¡Á ellos, soldados, á
+ellos! El estandarte aquí, á mi lado, y los escuderos á defenderlo.
+Tened las anclas listas para lanzarlas á bordo de esos condenados.
+¡Suenen los clarines y Dios proteja nuestra causa!
+
+Una aclamación unánime le respondió y las bordas del barco inglés
+aparecieron repentinamente cubiertas de proa á popa por una doble línea
+de cascos. La turba enemiga lanzó gritos de rabia, sobre todo al recibir
+el nublado de flechas que lanzaron los arqueros ingleses en el centro
+de aquella abigarrada multitud, compuesta de hombres de todas cataduras
+y colores, normandos, sicilianos, genoveses, levantinos y moros. La
+confusión á bordo de ambos piratas fué espantosa y grande la matanza,
+pues los arqueros lanzaban sus flechas y dardos desde lo alto del enorme
+_Galeón_, que dominaba las cubiertas enemigas. Además, en aquella masa
+compacta, pronta al abordaje del que creían ser punto menos que
+inofensivo buque mercante, no se perdía una sola flecha y los piratas
+caían á montones, muertos ó heridos. En tanto los hombres de armas
+destinados al efecto habían lanzado dos anclas á bordo de los buques
+enemigos, para impedirles la retirada y las tres naves quedaron unidas
+por doble lazo de hierro, cabeceando pesadamente.
+
+Entonces empezó una de esas luchas frenéticas, sangrientas y heróicas,
+no referidas por ningún historiador, no cantadas por ningún poeta, de
+las que no queda otra señal ni monumento que una nación poderosa y feliz
+y una costa no devastada por las depredaciones que un tiempo la
+asolaran.
+
+Los arqueros habían limpiado de enemigos la proa y popa de ambas
+galeras, pero los piratas éstos atacaron en gran número el centro del
+_Galeón_, cayendo con furia por ambos costados sobre los marinos y
+hombres de armas y luchando con ellos cuerpo á cuerpo, en confusión tal
+que los soldados y marineros situados en las cofas no se atrevían á
+lanzar dardos ni peñascos, temerosos de herir y aplastar á sus propios
+compañeros. En aquella masa confusa de hombres sólo se veía el brillo de
+sables y hachas que caían con ruido estridente sobre cascos y armaduras,
+derribando ingleses, genoveses y normandos, en medio de una gritería
+espantosa, de un tumulto indescriptible. El gigante _Cabeza Negra_,
+cubierto de hierro y con una tremenda maza, anonadaba á cuantos se
+ponían á su alcance; cada golpe de su maza derribaba una víctima. Por
+estribor se había lanzado al abordaje con no menos ímpetu el genovés
+Carleti, bajo de estatura, pero cuyos anchos hombros, robusto cuerpo y
+membrudos brazos denotaban su fuerza. Á la cabeza de cincuenta italianos
+escogidos y bien armados se abrió paso casi hasta el mástil del barco
+inglés y los marinos se vieron cogidos como entre dos muros de hierro
+por sus fieros asaltantes, dando y recibiendo la muerte sin pedir
+cuartel.
+
+Pero en aquel instante supremo les llegó el auxilio que tanto
+necesitaban. El señor de Butrón con sus hombres de armas y el barón
+seguido de sus escuderos, de Reno, Simón, Tristán de Horla y otros
+veinte, se lanzaron como leones contra las turbas que por ambos lados
+habían invadido la cubierta y abriéndose sangriento paso llegaron á lo
+más recio de la lucha. Roger no se apartó de su señor un solo momento y
+aunque mucho había oído de sus proezas, nunca hasta entonces había
+tenido idea de su valor, de su calma en el combate y de la presteza de
+sus movimientos. Saltaba de uno á otro pirata, derribándolos de una
+estocada ó un tajo, parando los golpes que le asestaban con el escudo y
+la espada y llevando el terror entre sus enemigos. Uno de sus golpes
+alcanzó á Tito Carleti, hiriéndolo en el cuello y por fin el mismo
+_Cabeza Negra_ resolvió concluir con aquel temible combatiente y
+lanzándose á su encuentro alzó sobre él la pesada maza. Inclinóse el
+barón para protegerse mejor con el escudo, al propio tiempo que paraba
+los golpes del furioso genovés, pero en aquel instante resbaló en un
+charco de sangre y cayó sobre cubierta. Roger atacó al gigante normando,
+pero un golpe de la maza de éste hizo pedazos su espada y lo derribó
+sobre un grupo de muertos y heridos. Iba _Cabeza Negra_ á repetir el
+golpe, cuando sintió su muñeca cogida como con unas tenazas de hierro y
+vió á su lado á Tristán, el hercúleo arquero, que doblando hacia atrás
+el cuerpo del normando, haciendo gala de su increíble fuerza, acabó por
+romperle el brazo y tenderlo cuan largo era sobre las tablas del puente.
+Una vez derribado le puso el puñal al rostro por entre las barras de la
+visera y el temible pirata permaneció inmóvil, único modo de evitar la
+muerte que tan de cerca le amenazaba.
+
+Desalentados los normandos con la pérdida de su jefe y acosados de
+cerca, volvieron la espalda y abandonaron el _Galeón_, saltando
+atropelladamente sobre la cubierta de su barco, donde empezaron á
+diezmarlos las flechas de los arqueros ingleses y los peñascos que desde
+las cofas les lanzaban los marinos. Además, unido firmemente el barco
+pirata al _Galeón_ por el ancla de éste, pasaron á bordo del normando el
+señor de Butrón y cincuenta veteranos, en persecución de los fugitivos.
+
+Á estribor continuaba encarnizada la lucha. El genovés y sus secuaces
+se defendían con vigor, retrocediendo paso á paso ante los furiosos
+ataques del barón de Morel, Roger, Reno y sus arqueros. Carleti, ronco
+de ira y de cansancio y cubierto de heridas de las que manaba la sangre
+en abundancia, volvió á bordo de su buque con los piratas que le
+quedaban, sin cesar de defenderse y perseguido por una docena de
+ingleses que se lanzaron al abordaje de la galera. Entonces Carleti
+abandonó de un salto á sus compañeros, corrió á lo largo de la cubierta
+y regresando á bordo del _Galeón_ cortó de un tajo el cable del ancla
+que retenía á su barco. Hecho esto saltó de nuevo sobre la cubierta de
+su galera, cuyos remeros empezaron á impelirla y apartarla del _Galeón_.
+
+--¡San Jorge nos asista! gritó Gualtero de Pleyel. ¡El barón está en la
+galera, peleando con los genoveses! ¡Se lo llevan!
+
+--¡Está perdido! gritó á su vez Froilán de Roda. ¡Saltemos, Gualtero!
+Ambos jóvenes, de pie sobre la borda del _Galeón_, se lanzaron al
+espacio. El desgraciado Froilán cayó sobre los remos de la galera pirata
+y desapareció entre las olas; más afortunado Gualtero, alcanzó la
+cubierta del barco enemigo y se unió á los compañeros del barón. Roger
+quiso seguir á sus dos amigos en defensa de su señor, pero Tristán de
+Horla se lo impidió á la fuerza.
+
+--¿Cómo has de dar ese salto de muerte, muchacho, si apenas puedes
+sostenerte en pie? le dijo. Tienes la cabeza llena de sangre.
+
+--¡Mi puesto está al lado del barón! rugió Roger, forcejeando
+inútilmente.
+
+--Quédate aquí, te digo, y te quedarás á las buenas ó á las malas.
+Necesitarías alas para llegar á la galera. Esta se alejaba gradualmente.
+
+--¡Mirad qué valor, cómo se defienden, cómo atacan! continuó Tristán
+siguiendo los detalles de la lucha á bordo del pirata. Los nuestros han
+limpiado la popa de enemigos y adelantan, con el barón á la cabeza.
+¡Bravo Simón, buen golpe! Reno se bate como un tigre. El genovés, aunque
+bandido, es un valiente, no hay que dudarlo. Ha conseguido reunir á su
+gente en la proa.... ¡Por la Cruz de Gestas, ya cayó un arquero, y otro!
+¡Maldito Carleti! Pero allá va el barón, á dar cuenta de él. ¡Mira,
+Roger!
+
+--El barón ha caído....
+
+--No, una de sus tretas. Ahí lo tienes otra vez, más brioso que nunca,
+¡Qué espada! El jefe pirata retrocede, cae, atravesado de parte á parte.
+¡Viva, viva! Los otros huyen, se rinden. Allá va Simón. ¡Por vida de! Ya
+arría la bandera de la cruz roja, ya iza la de Morel, las cinco
+rosas.... ¡Viva!
+
+La muerte de Tito Carleti puso fin á toda resistencia y su galera,
+cambiando de bordada, se dirigió de nuevo hacia el _Galeón_, saludada
+por los gritos de entusiasmo de los soldados. El barón y Sir Oliver no
+tardaron en reunirse sobre la cubierta del barco inglés, y retirada el
+ancla que lo aferraba á la galera del normando, se hicieron las tres
+naves á la vela, á corta distancia una de otra. Roger, más débil á cada
+momento que pasaba, oyó con admiración la voz tranquila del capitán que
+seguía mandando la maniobra con tanta calma como lo había hecho durante
+el combate.
+
+--No deja de tener averías bastante graves nuestro pobre _Galeón_, dijo
+Golvín al señor de Morel apenas pudo hablarle. La borda destrozada, la
+vela mayor hecha trizas. ¿Qué dirán los armadores cuando me presente con
+su barco en tan triste estado?
+
+--Lo triste sería, dijo el barón, que fueseis vos á sufrir por causa
+mía, sobre todo después de la faena de hoy y de vuestro brillante
+comportamiento. Nada, os lleváis esas dos galeras como prueba de la
+jornada y que las vendan los armadores. Con el importe se reembolsarán
+de los perjuicios que haya sufrido el _Galeón Amarillo_ y el resto que
+lo guarden hasta mi regreso, para distribuirlo entre todos. No os
+quejaréis de vuestra parte. Por la mía, debo á la Virgen del Priorato
+una imagen de plata de diez libras por haberme otorgado la merced de
+vencer y matar al pirata genovés, cuyo valor y pericia en el manejo de
+las armas soy el primero en reconocer. ¿Y tú, Roger? ¿Herido?
+
+--No es nada, dijo el doncel con voz débil, quitándose el casco que
+conservaba claras señales de la poderosa maza del normando. Pero apenas
+se hubo descubierto, la sangre inundó su rostro y cayó desvanecido.
+
+--Pronto volverá en sí, dijo el noble después de examinarlo atentamente.
+He perdido hoy un valiente escudero y mal puedo perder otro. ¿Cuántas
+bajas hemos tenido, Simón?
+
+--Nueve arqueros, siete marinos, once hombres de armas y vuestro
+escudero el joven señor de Roda.
+
+--¿Y el enemigo?
+
+--Sólo queda con vida el jefe normando. Ahí está, bien agarrotado. Vos
+dispondréis de él, señor barón.
+
+--Ahórcalo sin tardanza. Hice el voto y hay que cumplirlo. Pero cuélgalo
+de una verga de su propio barco, que tal fué mi promesa.
+
+_Cabeza Negra_, aunque herido y con un brazo roto, se había mantenido de
+pie junto á la borda, entre dos arqueros. Al oir las palabras del barón
+se estremeció y su rostro se contrajo violentamente.
+
+--¿Ahorcado, yo? exclamó en francés. ¿Muerte de villano, á mí?
+
+--Pues según noticias, dijo el señor de Morel, vos ahorcabais á cuantos
+caían vivos en vuestras manos, sin distinción de nobles ó plebeyos.
+Además he hecho voto de colgaros.
+
+--Soy señor de Andelys y corre por mis venas sangre real....
+
+--Sois un pirata desalmado, replicó el barón volviéndole la espalda, á
+tiempo que dos marineros asían á _Cabeza Negra_ y le echaban el dogal al
+cuello.
+
+Al sentir la cuerda hizo el jefe pirata un esfuerzo supremo y rompió las
+ligaduras que ataban sus manos, derribó á uno de los arqueros que le
+guardaban y asiendo por la cintura con su único brazo sano al marinero
+que sujetaba la cuerda, lo levantó y se arrojó con él al mar.
+
+--¡Se ha escapado! gritó Simón, corriendo hacia el punto de la cubierta
+por donde había desaparecido _Cabeza Negra_.
+
+--Decid más bien que ha muerto, repuso el capitán. Ambos se han hundido
+en las aguas como un plomo.
+
+--No me pesa, dijo el barón; que si bien no he podido cumplir mi voto,
+el tal pirata se ha portado como valiente en la lucha, ha muerto como
+tal y hubiera sido lástima ahorcarlo cual si se tratara de uno de esos
+menguados que lo acompañaban.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XVII
+
+EN LA BARRA DEL GARONA
+
+
+Por dos días navegó el _Galeón Amarillo_ á velas desplegadas, impelido
+por vientos favorables del nordeste, dejó atrás á Ouessant, punto más
+occidental de Francia y al tercer día pasó frente á Bella Isla y avistó
+algunos transportes que regresaban á Inglaterra. Los dos nobles hicieron
+colgar sus escudos de armas al costado del barco y observaron con el
+mayor interés las señales con que respondían los transportes y que les
+indicaban los nombres de aquellos caballeros á quienes las enfermedades
+ó las heridas hacían regresar á sus hogares en tan críticos momentos.
+
+Por la tarde se notaron señales de próxima tempestad que alarmaron
+profundamente al capitán Golvín, pues no sólo había perdido la tercera
+parte de sus marineros sino que la mitad de los restantes estaban á
+bordo de las dos galeras apresadas; y unido esto á las averías sufridas
+por su propio barco, lo ponían en muy malas condiciones para arrostrar
+las tempestades de aquella peligrosa costa. El viento sopló con
+violencia toda la noche, imprimiendo al pesado transporte fuertes
+balances. Roger, aunque debilitado por la pérdida de sangre, subió sobre
+cubierta al despuntar el día, prefiriendo que lo mojaran las olas á
+continuar encerrado en los estrechos y obscuros camarotes, nauseabundos
+y llenos de ratas. Asido á una driza, contempló con emoción el
+espectáculo del mar alborotado, cubierto de innumerables olas y
+reflejando el negro color de las nubes. Las dos galeras apresadas
+seguían al _Galeón_ á corta distancia, luchando también con el viento y
+las olas. Á la izquierda, entre la bruma, se veía la tierra de Francia,
+aquella tierra donde sus antepasados habían derramado su sangre y
+conquistado imperecedera gloria; Francia, patria de tantos famosos
+caballeros, de tantas beldades, teatro de altos hechos inolvidables y
+asiento de los grandes monumentos, del arte, el lujo y la riqueza. En
+presencia de aquella costa francesa besó Roger el preciado velo que le
+diera la bella Constanza de Morel, y besándolo hizo el juramento de
+conquistar con su valor fama digna de tan noble dama, ó perecer en la
+demanda. Sacóle de sus meditaciones la ronca voz del capitán, que
+dominando el tumulto de los elementos, le gritó:
+
+--Mal gesto tenéis, señor caballero, y no me extraña, que yo mismo con
+haber navegado desde la infancia, no recuerdo haber visto nunca promesa
+tan segura de una tempestad deshecha. Mal día y peor noche nos esperan.
+
+--Otros eran mis pensamientos, dijo el escudero, muy ajenos á la
+tempestad que nos amaga.
+
+--Disponed de mí, si en algo puedo serviros. Pero hablando de
+pensamientos, no son menos negros los que me asaltan al figurarme las
+dificultades de mi viaje de vuelta; vientos contrarios, la vela mayor
+partida en dos, muertos la tercera parte de mis marineros, y el barco
+con averías y boquetes por todos lados. Creo que antes de llegar de
+nuevo á Southampton hemos de vernos convertidos en arenques salados, á
+juzgar por la cantidad de agua que espero embarcar en cuanto ponga la
+proa á Inglaterra.
+
+--¿Y qué dice á ello mi señor?
+
+--Abajo está, ayudando á su amigo á descifrar blasones. Lo único que me
+contesta es que no le hable de tales pequeñeces. ¡Pequeñeces! Pues ¿y
+Sir Oliver? En cuanto le digo que me faltan marineros me contesta que
+los guise á todos con salsa de Gascuña. Me dirigí á los arqueros. ¡Que
+si quieres! Allá se están las horas muertas jugando á los dados,
+presididos por el sargento Simón y Reno, y el gigantón cabeza roja que
+le rompió el brazo al pirata. "Mirad que el _Galeón_ éste se va á hundir
+de un momento á otro," les digo. Y maldito lo que se les importa. "Esa
+es cuenta vuestra, mal capitán," me dice uno. "Seis y blanco," gruñe
+otro. Y ese Simón que Dios confunda acaba por mandarme al demonio.
+¡Desde aquí se les oye, manada de tiburones!
+
+En efecto, á pesar del rumor del viento y de las olas, llegaba hasta
+ellos el eco de los juramentos y las carcajadas de los jugadores que
+llenaban la proa.
+
+--Si yo puedo ayudaros... propuso Roger.
+
+--Bastante tenéis que hacer con cuidar vuestra averiada cabeza, ó lo que
+de ella os queda gracias al capacete que aguantó lo mejor del golpe.
+Pero cuanto puede hacerse por ahora está hecho; tapada con velas y
+cables entrelazados la brecha de estribor, sólo falta ver lo que
+sucederá cuando cambiemos de rumbo para evitar las rocas y bajíos de la
+costa, á la cual nos vamos acercando demasiado. Aquí viene el barón y á
+fe mía que llega á tiempo.
+
+--No toméis á desaire mi distracción, maese Golvín, dijo el caballero,
+andando con dificultad á consecuencia de los balances del barco. Estaba
+muy preocupado con una difícil cuestión heráldica, sobre la cual
+quisiera oir vuestra opinión, Roger. Se trata de los cuarteles del
+escudo perteneciente á la familia de Sosire, cuyo jefe Sir Leiton es mi
+tío, casado con la viuda de Sir Enrique Oglander, de Nunvel. La
+delimitación de esos cuarteles ha sido cuestión muy debatida entre
+cuantos entienden de blasones. ¿Qué tal vamos, capitán?
+
+--Me preocupa el estado de la nave, señor barón. Tendremos que orzar muy
+pronto y en cuanto lo intente empezará el pobre _Galeón_ á embarcar
+agua.
+
+--¡Que llamen enseguida á Sir Oliver! gritó el barón.
+
+Poco después llegaba á popa el obeso caballero, resbalando á cada paso,
+agarrándose á la borda, á las drizas y á cuanto se le ponía á mano,
+abotargado el rostro y maldiciendo su suerte.
+
+--¿Qué barco es éste, señor capitán, exclamó entre dos balances, en el
+que un honrado caballero no puede dar un paso sin exponerse á partirse
+el alma? Si ha de continuar mucho tiempo esta danza, ponedme á bordo de
+uno de esos piratas, que más saltarines que vuestra nave no pueden ser,
+á buen seguro. Cuando ya no podía tenerme de debilidad, me senté ante un
+frasco de malvasía y un jigote de carnero, y al primer bandazo se me
+vino encima el frasco, poniéndome de perlas ropilla y calzas, y el guiso
+fué á dar con salsa y todo en el santo suelo. Allá quedan mis pajes
+corriendo tras él, como lebreles en seguimiento de una cierva. ¡Rayos
+del cielo, qué galera ni qué tarasca!... Pero ¿me habéis llamado, amigo
+Morel?
+
+--Para oir vuestra opinión, desgraciado y hambriento caballero. Aquí
+tenéis á maese Golvín temeroso de que si vira de bordo el _Galeón_
+empezará á hacer agua.
+
+--Pues que no vire, la cosa es clara. Y con vuestra venia, barón, me
+vuelvo á ver qué hacen aquellos tunantes de pajes....
+
+--Pero es que si no viramos iremos á dar en las rocas antes que os
+sentéis de nuevo á la mesa, dijo el capitán.
+
+--Pues entonces, virad, con mil de á caballo, gruñó el señor de Butrón.
+¿Permitís, amigo barón?
+
+En aquel instante se oyó la voz de los vigías: "¡Rocas á proa!" En el
+centro de una ola enorme, á cien varas de distancia, aparecieron las
+obscuras piedras de un arrecife, cubiertas de espuma. El capitán se
+lanzó al timón y comenzó á dar voces de mando, los marineros practicaron
+las maniobras sin perder momento, giró el botalón con prolongado
+chirrido y el galeón cambió de rumbo, á cortísima distancia de los
+amenazadores peñascos.
+
+--No creo poder salvarlos á tiempo, rugió el capitán aferrado al timón.
+¡San Cristóbal nos valga!
+
+--Pues en tan gran peligro estamos, quiero que ondee mi pabellón sobre
+cubierta, dijo el barón tranquilamente. Id á buscarlo, Roger, y clavadlo
+aquí.
+
+--Y yo, exclamó Sir Oliver, prometo á mi excelso patrón Santiago de
+Compostela visitar su santuario allá en España, si me saca en bien de
+este trance, y comerme una carpa más cada día de vigilia, durante un
+año. ¡Cómo ruge el mar! ¿Qué decís, capitán?
+
+--¡Pasamos, pasamos! gritó Golvín, fija la vista en las rompientes más
+inmediatas á la proa. ¡Á la buena de Dios!
+
+Siguieron unos momentos de espera y luégo se sintió en todo el barco el
+roce de la quilla sobre las rocas. Una de éstas, cuya punta proyectaba
+oblícuamente, raspó con fuerza el costado del casco, arrancándole largas
+astillas. Un momento después el _Galeón Amarillo_ completaba su
+evolución, el viento hinchaba las velas y escapaban todos al gravísimo
+peligro, huyendo de la amenazadora costa, entre las aclamaciones de
+marineros y soldados.
+
+--¡Dios sea loado! exclamó el capitán enjugando el sudor que le bañaba
+la frente. No volveré á Southampton sin ofrecer un cirio de cinco libras
+al buen San Cristóbal en la capilla del convento.
+
+--Vaya, pues me alegro, comentó Sir Oliver, porque á la verdad prefiero
+morir enjuto, por más que después de haber comido tanto pescado en esta
+vida, sería muy justo que los peces me comiesen á mí. Y ya que de comer
+se trata, á mi cámara me vuelvo....
+
+--Esperad algo más, querido compañero, dijo el barón, porque si no he
+entendido mal, escapamos de un peligro para caer en otro.
+
+--¡Capitán! gritó en aquel momento el contramaestre ¡las olas se han
+llevado las velas que cerraban el boquete de babor! ¡El barco hace agua!
+
+Tras el contramaestre aparecieron corriendo muchos marineros, anunciando
+que el agua inundaba el interior del barco y que los caballos estaban en
+inmediato peligro. Obedeciendo las órdenes enérgicas de Golvín,
+afianzaron velas sobre el boquete abierto en el costado, operación
+dificilísima en aquellas circunstancias y que una vez terminada impidió,
+aunque no totalmente, la entrada del agua. El _Galeón_ se había hundido
+bastante y las olas barrían la cubierta con frecuencia.
+
+--No creo que resista en la dirección que llevamos, dijo el capitán,
+pero si viro encallamos en la costa.
+
+--¿Y amainando velas? sugirió el barón. ¿No podríamos esperar la calma
+del mar y el viento?
+
+--No, una y otro no tardarían en arrojarnos contra las rocas. En treinta
+años que llevo á bordo no me he visto en lance igual. ¡Los santos del
+cielo se apiaden de nosotros!
+
+--Y muy particularmente confío yo en la protección del gran Santiago, en
+cuyo día hago voto de comerme otra carpa, además de la prometida ya para
+todos los días de vigilia del año....
+
+Golvín miró en dirección de las dos galeras apresadas; veíaselas á gran
+distancia, ya saltando sobre las olas ya cayendo pesadamente entre
+ellas.
+
+--Si estuviesen más cerca, dijo el marino, todavía podríamos salvarnos.
+Por lo pronto, señor barón, convendría que os quitáseis la armadura,
+porque de un momento á otro podemos vernos en el agua.
+
+--No acepto el consejo, respondió el caballero. No se dirá que un noble
+se desarma voluntariamente porque le amenazan Eolo y Neptuno. Lo que
+haré será convocar sobre cubierta á la Guardia Blanca y aguardar con
+ella la buena ó mala suerte que el cielo nos depare. Pero ¿qué es
+aquello, maese Golvín? Por escasa que sea mi vista me parece no ser ésta
+la primera vez que contemplo aquellos dos promontorios, allá á la
+izquierda.
+
+--¡Por San Cristóbal bendito! exclamó el marino con voz gozosa y mirando
+ávidamente en la dirección indicada. ¡Es La Tremblade! ¡Y yo que creía
+no haber pasado de Olorón! Allí, frente á nosotros, está la
+desembocadura del Garona, y una vez pasada la barra habrá desaparecido
+el peligro. ¡Orza, muchachos! ¡Timón á babor!
+
+Movióse otra vez el botalón, el viento cogió las velas á estribor é
+impulsó el asendereado barco en la nueva dirección que le ofrecía tan
+inesperado refugio. De uno á otro extremo de la anchurosa ría formaban
+las olas movible barrera coronada de espuma que se extendía, por el
+norte, hasta un elevado pico y por el sud hasta una punta baja y
+arenosa. En el centro una pequeña isla contra la cual se estrellaban
+furiosas las olas.
+
+--Entre la isla y el promontorio hay un canal, dijo el capitán; me lo
+indicó el piloto del príncipe real en persona. Veremos si el _Galeón_
+obedece á mi mano, cargado de agua como vá y sumergido una braza más de
+lo que debiera.
+
+--Adelante, maese, exclamó el señor de Butrón; dos veces nos ha sido
+favorable la fortuna en los inminentes peligros de este día, y si nos
+protege ahora, hago voto al bendito Santiago de....
+
+--Tened la lengua, Butrón amigo, que si seguís ofreciéndoos carpas
+acabaréis por atraernos la indignación del santo....
+
+--Os ruego ordenéis á los soldados que se tiendan sobre cubierta y
+permanezcan inmóviles, dijo el capitán. Dentro de pocos minutos
+estaremos salvados ó habrá llegado nuestra última hora.
+
+Arqueros y hombres de armas obedecieron prontamente. Golvín se aferró
+al timón y miró fijamente á proa, por debajo de la hinchada vela mayor.
+Los dos jefes, inmóviles á popa, contemplaban también la temida barra.
+Por fin el _Galeón Amarillo_ llegó á las rompientes, evitó los
+obstáculos y en cortos momentos, dejando atrás todo peligro, surcó las
+tranquilas aguas del Garona.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XVIII
+
+DE CÓMO EL BARÓN HIZO VOTO DE PONERSE UN PARCHE
+
+
+Un viernes por la mañana, el veintinueve de Diciembre, dos días antes
+del de San Silvestre, ancló el _Galeón Amarillo_ frente á la noble
+ciudad de Burdeos. Grandes fueron el interés y la admiración de Roger al
+contemplar desde á bordo el bosque de mástiles, los numerosos botes que
+cruzaban en todas direcciones y la hermosa ciudad extendida en forma de
+media luna á orillas del río, con sus altas torres y la multitud de
+edificios de arquitectura y colores variadísimos. Nunca en su tranquila
+vida había visto ciudad de igual importancia, ni contaba Inglaterra, con
+la sola excepción de Londres, otra que pudiera comparársele en extensión
+y riqueza. Á Burdeos llegaban por aquella época los productos de todas
+las fértiles comarcas bañadas por el Dordoña y el Garona; los tejidos
+del sud, las pieles de Guiena, los vinos del Medoc, para exportarlos
+después á Hull, Exeter, Dartmouth, Bristol ó Chester, en cambio de las
+lanas y lanillas inglesas. En Burdeos se hallaban también los famosos
+hornos de fundición y las forjas que habían dado á sus aceros universal
+renombre y con los cuales se forjaban las espadas y lanzas mejor
+templadas. Desde su galeón veía Roger el humo que despedían las altas
+chimeneas de las fundiciones y la brisa le llevaba de cuando en cuando
+el toque de los clarines que resonaba en las murallas de la plaza.
+
+--¡Hola, _mon petit_! dijo Simón acercándosele. Hete ya escudero hecho y
+derecho y en camino de calzarte muy pronto la espuela de oro, mientras
+que yo soy y seré sargento instructor de arqueros y nada más. Apenas me
+atrevo á seguir hablándote con la misma franqueza que cuando
+trincábamos en los mesones de nuestra tierra. Sin embargo, todavía puedo
+servirte de guía por estos rumbos, nuevos para tí y sobre todo en
+Burdeos, cuyas casas conozco una por una, tan bien como conoce el fraile
+las cuentas de su rosario.
+
+--Demasiado me conocéis también á mí, Simón, para creer que pueda yo
+menospreciar á un amigo como vos porque la fortuna parece sonreirme,
+contestó el doncel poniendo una mano sobre el hombro del veterano.
+Siento que hayáis pensado cosa semejante.
+
+--No, camarada, ni pensarlo siquiera. Fué una prueba para ver si seguías
+siendo el mismo, aunque no debí dudarlo un momento.
+
+--¿Dónde estaría yo hoy, á no haberos conocido en la venta de Dunán?
+Desde luego no hubiera ido al castillo de Monteagudo, ni sería escudero
+de nuestro valiente capitán, y probablemente no hubiera visto nunca
+á....
+
+Aquí se detuvo ruborizándose, pero Simón no lo notó, absorto como estaba
+con sus propios recuerdos.
+
+--Buen mesón el del _Pájaro Verde_ ¿eh? ¡Por el filo de mi espada!
+Peores cosas podría hacer que casarme con aquella ventera tan fresca y
+rolliza, cuando me llegue el día de trocar este coleto y la cota de
+malla por la ropilla de paño.
+
+--Pues yo creía que habíais dado palabra de casamiento á una muchacha de
+Salisbury.
+
+--Á tres, amigo Roger, á tres. Y mucho me temo no volver jamás á aquel
+pueblo, á fin de evitar un recibimiento más caluroso que el que pudieran
+hacerme tres escuadrones franceses en Gascuña.... Pero mira aquella gran
+torre donde flamea el estandarte de los leones de oro; es la bandera
+real inglesa, con la divisa de nuestro príncipe. El edificio es la
+abadía de San Andrés, y allí se hospeda con su corte hace más de un año.
+
+--¿Y aquella otra torre gris?
+
+--La iglesia de San Miguel, y á la izquierda la de San Remo. El caserón
+inmediato es el palacio de Berland. Mira también esas fuertes murallas,
+con tres poternas hacia el río y diez y seis en todo el circuito de
+tierra.
+
+--¿Y á qué el continuo sonar de tantos clarines?
+
+--Mal puede ser otra cosa, cuando casi todos los grandes señores de
+Inglaterra y Gascuña están aposentados detrás de esos muros y el que más
+y el que menos quiere que el clarín á su servicio se oiga tanto y tan
+frecuentemente como el de su vecino. Á fe mía que me recuerdan un
+campamento escocés por la zambra que arman éstos con sus gaitas. Allí
+avanza un grupo de pajes que van á dar de beber á los caballos. Cada uno
+de esos corceles indica la presencia de un caballero en Burdeos, porque
+tengo entendido que los hombres de armas y arqueros han marchado ya con
+dirección á Dax.
+
+--¡Simón! llamó el señor de Morel. Avisa á la gente que dentro de una
+hora estarán aquí las lanchas y que lo tengan todo listo para el
+desembarco.
+
+El arquero saludó y se dirigió apresuradamente á proa. Sir Oliver no
+tardó en reunirse á su amigo y ambos caballeros empezaron á pasear sobre
+cubierta, observando y comentando la vista de la ciudad. Vestía el barón
+un traje de terciopelo negro, con gorra redonda de igual material y
+color, y sujeto á ésta el guante de la baronesa, cubierto en parte por
+rizada pluma blanca. Con la modestia aparente del rico pero obscuro
+traje contrastaban los brillantes arreos de Sir Oliver, vestido á la
+última moda, con justillo, calzón y capa corta de terciopelo verde,
+acuchilladas de rojo las mangas y con birrete rojo también y de gran
+tamaño. Las puntas de su calzado, encorvadas _à la poulaine_, parecían
+amenazar las piernas del rechoncho caballero.
+
+--Una vez más nos vemos frente á esta puerta de honor que en tantas
+ocasiones nos ha franqueado el paso á los campos del combate y de la
+gloria, dijo el barón contemplando la ciudad con brillante mirada. Allí
+ondea el pabellón del príncipe y justo es que ante todo le rindamos
+homenaje. Ya veo dirigirse hacia aquí las lanchas que deben de
+conducirnos.
+
+--No es maleja la posada inmediata á la puerta del oeste, contestó el
+glotón, y bien pudiéramos aplacar el hambre antes de ir á saludar al
+príncipe, porque la mesa de éste, aunque cubierta de brocado y plata, no
+es gran cosa para gentes de mi apetito, ni Su Alteza tiene la menor
+simpatía por sus superiores....
+
+--¿Sus superiores?
+
+--En la mesa y con el tenedor en la mano, quiero decir. Dios me libre
+de faltarle al respeto, pero le he visto sonreirse porque yo miraba por
+cuarta vez al trinchante un día que nos sirvieron caza soberbia. Y en
+cambio él me da lástima en la mesa, jugueteando con su cubilete de oro,
+en el que bebe cuando más un poco de vino aguado. Y os recuerdo lo del
+mesón, amigo, porque la guerra y la gloria no bastan á un cuerpo como el
+mío, ni es cosa de estrechar el cinto por la prisa de saludar á Su
+Alteza.
+
+--Casi todas las naves cercanas á la nuestra ostentan el escudo de algún
+noble, continuó el señor de Morel. Hé allí el de los Percy, é inmediatos
+los de Abercombe, Moreland, Bruce y tantos otros. Extraño sería que de
+tal reunión de bizarros caballeros no resultasen notables hechos de
+armas. Aquí está nuestra lancha, Butrón, y si es vuestro parecer iremos
+directamente á la abadía con nuestros escuderos, dejando á maese Golvín
+al cuidado de armas y bagajes y de su desembarque.
+
+Pronto quedaron instalados caballeros y escuderos en una de las lanchas
+y sus caballos en una barcaza prevenida al efecto. Apenas llegó el barón
+á tierra hincó la rodilla y elevó al cielo ferviente súplica. Después
+sacó de su pecho un pequeño parche negro y poniéndoselo sobre el ojo
+izquierdo lo ató firmemente, diciendo:
+
+--¡Por San Jorge y por mi dama! Hago voto de no descubrir este ojo hasta
+haber visto la tierra de España y realizado en ella un hecho de armas
+que redunde en honra de mi patria y de mi nombre. Así lo juro sobre mi
+espada y sobre el guante de mi dama.
+
+--Al veros y oiros me siento rejuvenecer veinte años, Morel, le dijo su
+amigo cuando hubieron montado y puéstose en camino hacia la Puerta del
+Mar. Pero, por merced, si un caballero cegato como vos se quita
+voluntariamente la mitad de la poca vista que le queda, no váis á
+distinguir un arquero inglés de un capitán español. Paréceme que no
+habéis andado muy cuerdo en la elección de vuestro voto.
+
+--Sabed, señor caballero, repuso el barón con voz imperiosa, que siempre
+veré lo bastante para distinguir la senda del deber y de la gloria,
+camino en el cual no necesito guía.
+
+--¡Medrados estamos, y no es mal humorcillo el que mostráis apenas
+llegado á tierra de Francia! exclamó Sir Oliver. Pero á bien que si me
+buscáis querella, y con vos no he de tenerla, aprovecharé la ocasión
+para dejaros solo y visitar una vez más la _Cabeza de Oro_ aquí cercana,
+cuyos guisos de perdices adobadas han dejado en mí eterna remembranza.
+
+--No, amigo, dijo sonriente el barón. Nos conocemos y estimamos
+demasiado para reñir por palabra más ó menos, como dos pajecillos.
+Creedme, venid conmigo á saludar al príncipe y después buscaremos
+alojamiento y mesa; aunque tengo para mí que verá con pesar á tan buen
+servidor como vos trocar la mesa del príncipe por la de un figón. Pero
+¿quién viene ahí? ¿No es ese caballero que nos saluda el señor Roberto
+Delvar? ¡Dios sea con vos, buen Roberto! Y aquí está también De Cheney.
+¡Qué grato encuentro!
+
+Los cuatro caballeros continuaron juntos su camino, seguidos de Roger,
+Gualtero y Juan de Norbury, escudero de Sir Oliver. Tras ellos iban Reno
+y Verney, portaestandartes de Morel y Butrón. Norbury era un joven alto
+y seco, que cabalgaba erguido y sin mirar á derecha ni izquierda, como
+muy conocedor de la ciudad, donde ya había estado pocos años antes; pero
+Gualtero y Roger, llenos de curiosidad, lo escudriñaban todo, paseantes,
+calles, edificios y blasones, llamándose mutuamente la atención á cada
+instante hacia cuanto les rodeaba. El joven de Pleyel no se cansaba de
+oir la nueva lengua en que se expresaban los vendedores de los puestos
+ambulantes y los grupos de gentes del pueblo.
+
+--¿Pero has oído en tu vida cosa semejante? preguntaba á su compañero.
+Lo raro es que no se les haya ocurrido aprender el inglés y hablar como
+Dios manda, ahora que su tierra pertenece á la corona de Inglaterra. Y
+¡por vida mía! que estas muchachas francesas valen un imperio. Mira esa
+moza del zagalejo azul. ¡Vaya un palmito!
+
+No es maravilla que el aspecto de la ciudad produjera profunda impresión
+en los que la contemplaban por vez primera. Rica, populosa, animadísima,
+Burdeos se hallaba entonces en su apogeo. Además de sus industrias,
+armerías y gran comercio, las prolongadas guerras que habían arruinado á
+tantas otras villas francesas la habían favorecido notablemente. En
+Burdeos se acaparaba y se vendía inmenso botín, procedente de batallas,
+saqueos y presas marítimas, cuyo producto en ella se gastaba casi
+totalmente. Además, la numerosa corte del Príncipe Negro allí instalada
+definitivamente, había atraído á multitud de nobles ingleses con sus
+familias y servidores, elemento fastuoso cuyo entretenimiento, fiestas y
+grandes gastos contribuían no poco á la prosperidad de la noble villa
+del Garona. Sin embargo, la reciente acumulación de fuerzas numerosas
+para la próxima expedición á España en auxilio de Don Pedro de Castilla
+contra su hermano bastardo Don Enrique de Trastamara, había producido
+gran escasez y carestía de provisiones y el Príncipe Negro acababa de
+enviar la mayor parte de sus tercios y escuadrones á la comarca de Dax,
+en Gascuña.
+
+Frente á la abadía de San Andrés se abría una gran plaza que á la
+llegada de nuestros caballeros estaba ocupada por multitud de gentes del
+pueblo atraídas por la curiosidad, soldados, religiosos, pajes y
+vendedores ambulantes. Algunos brillantes caballeros que se dirigían á
+la morada del príncipe cruzaban la plaza á intervalos, separando con
+dificultad los grupos de hombres, mujeres y chiquillos que se
+precipitaban á su paso. Las enormes puertas de roble y hierro estaban
+abiertas de par en par, indicando que el príncipe daba audiencia en
+aquel momento; y una veintena de arqueros apostados frente al edificio
+mantenía las turbas á debida distancia, no sin distribuir de cuando en
+cuando cintarazos sendos entre los curiosos más osados. En el ancho
+portal daban guardia dos caballeros armados de punta en blanco, calada
+la visera y apoyados en sus lanzas; y entre ellos, sentado á una mesa
+baja y atendido por dos pajes, se hallaba el secretario de Su Alteza,
+encargado de anotar en el registro que delante tenía el nombre y títulos
+de los nobles visitantes y en especial los de aquellos recién llegados á
+la corte. Era aquel personaje hombre de avanzada edad, cuyos largos
+cabellos y barba blancos le daban venerable aspecto, realzado por el
+amplio ropaje de color púrpura que lo cubría hasta los pies.
+
+--Ahí tenéis á Roldán de Parington, secretario regio, dijo el señor de
+Morel. Pobre del que trate de engañarle ó de contradecir sus notas y
+registros, porque es el hombre más versado que existe en asuntos
+genealógicos y tiene en la memoria los títulos y blasones de cuantos
+caballeros hay en Francia é Inglaterra y creo que también la historia
+completa de sus alianzas y servicios. Dejemos aquí nuestros caballos y
+entremos con los escuderos.
+
+Llegados al portal y al secretario regio, halláronle en animado coloquio
+con un joven y elegante caballero, muy deseoso al parecer de conseguir
+entrada en la abadía.
+
+--¿Os llamáis Marvel? decía Roldán de Parington. Pues me parece que no
+habéis sido presentado aún.
+
+--Así es, contestó el otro. Aunque sólo llevo veinticuatro horas en
+Burdeos, no he querido diferir la presentación de mis respetos á Su
+Alteza.
+
+--Que no deja de tener otros muchos y muy graves asuntos á que atender.
+Pero siendo Marvel por fuerza pertenecéis á los Marvel de Normanton, y
+así lo veo en efecto por vuestro blasón: sable y armiño.
+
+--Marvel de Normanton soy, afirmó el joven tras un momento de
+vacilación.
+
+--En tal caso vuestro nombre es Esteban Marvel, hijo primogénito del
+barón Guy del mismo apellido, muerto recientemente.
+
+--El barón Esteban es mi hermano mayor, confesó en voz baja el noble y
+yo soy Arturo, el segundo de mi casa y de mi nombre.
+
+--¡Acabáramos! exclamó el implacable secretario. Y siendo ello así
+¿dónde está en vuestro escudo el crestón que lo denote? ¿Para cuándo es
+la media luna de plata que debería de llevar vuestro blasón para indicar
+que no es el del jefe de la familia, sino el de un segundón? Retiraos,
+señor mío y no esperéis ser presentado al príncipe hasta tener vuestro
+escudo de armas muy en regla.
+
+Retiróse confuso el noble, siguióle con la vista el secretario y notó
+casi en seguida el estandarte con las cinco rosas encarnadas que tan
+orgullosamente portaba el veterano Reno.
+
+--¡Por mi nombre! exclamó Parington. Huéspedes tenemos hoy aquí á
+quienes no hay que preguntar si los abona nobleza de primer orden. ¡Las
+Rosas de Morel! ¡Y digo, la cabeza de jabalí de los Butrón! ¡Ah!
+Pendones son esos que podrán estarse aquí en fila, esperando turno, pero
+que han figurado y figurarán siempre en primera línea en los campos de
+batalla. ¡Bienvenidos, señores! ¡Qué alegría la del canciller De Chandos
+cuando vea y abrace á sus predilectos compañeros de armas! Por aquí,
+caballeros. Vuestros escuderos son sin duda dignos del renombre de sus
+señores. Á ver las armas. ¡Hola! aquí tenemos á un Clinton, de la
+antigua familia de Hanson y á uno de los Pleyel, rancia nobleza sajona.
+¿Y vos? Norbury. Los hay en Chesire y también en la frontera de Escocia.
+Corriente, señores míos; vuestra admisión y presentación tendrán efecto
+al instante.
+
+Los pajes abrieron una puerta inmediata que daba entrada á un amplio
+salón, en el que nuestros caballeros hallaron congregados á otros muchos
+nobles que como ellos esperaban audiencia. En el testero fronterizo á la
+puerta de entrada había otra guardada por dos hombres de armas. Abríase
+á intervalos para dar paso á un funcionario que nombraba en alta voz al
+noble designado por el príncipe.
+
+Butrón y Morel tomaron asiento y Roger no tardó en distinguir entre los
+grupos de apuestos caballeros á uno que hacia él se dirigía y á quienes
+todos saludaban con respeto y miraban con evidente interés. Muy alto y
+delgado, blanco el cabello y blancos también los desmesurados bigotes
+que caían laciamente hacia el cuello, parecía conservar por su mirada de
+águila, la viveza de sus ademanes y la gracia de su paso todo el vigor
+de la juventud. Tenía el rostro lleno de cicatrices, señal indeleble,
+algunas de tremendas heridas, que lo desfiguraban por completo;
+faltábale además un ojo, y con tantas averías hubiera sido imposible
+reconocer en él al bizarro doncel que cuarenta años antes había sido el
+encanto de la corte inglesa por su valor, su fama y su presencia y el
+caballero predilecto de las damas. Pero entonces como después seguía
+siendo el canciller De Chandos honra y prez de la nobleza del reino, una
+de sus mejores lanzas y el más respetado de sus caballeros, el héroe de
+Crécy, Chelsea, Poitiers, Auray y de tántos otros combates como años
+contaba su larga y gloriosa vida.
+
+--¡Ah, por fin os encuentro, corazón de oro! exclamó Chandos abrazando
+estrechamente al barón de Morel. Tenía noticias de vuestra llegada y no
+he parado hasta dar con vos.
+
+--Grande es el placer que me causa volver á ver al amigo querido y al
+modelo de caballeros, dijo Morel devolviendo el abrazo.
+
+--Y por lo que veo, añadió riéndose el de Chandos, en esta campaña
+seremos tal para cual, porque á mí me falta un ojo y vos os habéis
+tapado uno de los vuestros. ¡Bienvenido, Sir Oliver! No os había visto.
+Entraremos á saludar al príncipe cuanto antes, pero os prevengo que si
+hace esperar á tales caballeros es porque está ocupadísimo. Don Pedro de
+Castilla por una parte, el rey de Aragón por otra, el de Navarra, que
+cambia de parecer de la noche á la mañana, y luégo el enjambre de
+señores gascones, añadió bajando la voz, con sus interminables
+pretensiones, todo contribuye á que el príncipe no tenga una hora suya.
+¿Cómo dejasteis á mi señora de Morel?
+
+--Bien de salud, pero entristecido el ánimo. Mucho me encargó que os
+saludara en su nombre.
+
+--Soy siempre su caballero y su esclavo. ¿Y vuestro viaje?
+
+--No pudiera desearlo mejor, contestó el barón. La mar algo alborotada,
+pero tuvimos la suerte de avistar unas galeras piratas, á las que
+dijimos dos palabras.
+
+--¡Siempre afortunado, Morel! Ya nos contaréis la aventura esa. Pero
+ahora, dejad aquí á vuestros escuderos, seguidme de cerca y creo que el
+príncipe no vacilará en recibiros fuera de turno, cuando sepa qué par de
+veteranos ilustres están haciendo antesala.
+
+Los señores de Morel y Butrón siguieron al de Chandos, saludando á su
+paso entre los grupos de nobles á muchos antiguos compañeros de armas.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XIX
+
+ANTE EL DUQUE DE AQUITANIA
+
+
+Aunque no de grandes dimensiones, la cámara del príncipe estaba
+amueblada y decorada con tanto gusto como riqueza. En el testero, sobre
+un estrado, dos regios sillones con dosel de terciopelo carmesí
+esmaltado de flores de lis de plata. Sitiales tallados recubiertos de
+damasco, tapices, alfombras y almohadones ricamente guarnecidos
+completaban el mueblaje.
+
+Ocupaba uno de los sillones del estrado un personaje de elevada estatura
+y formas bien proporcionadas, pálido el rostro y cuya mirada algo dura
+daba al semblante expresión un tanto amenazadora. Era éste Don Pedro de
+Castilla. En el sillón de la izquierda se sentaba otro príncipe español,
+Don Jaime, quien lejos de parecer aburrido como su compañero, mostraba
+gran interés en cuanto le rodeaba y acogía con sonrisas y saludos á los
+caballeros ingleses y gascones. Cerca de ambos y sobre el mismo estrado
+ocupaba también un sitial más bajo el famoso Príncipe Negro, Eduardo,
+hijo del soberano de Inglaterra. Vestido modestamente, nadie que no le
+conociese hubiera soñado ver en él al vencedor de tantas y tan grandes
+victorias, cuya fama llenaba el mundo. En su preocupado semblante se
+reflejaba en aquellos momentos una expresión de enojo. Á uno y otro lado
+del salón veíase triple fila de prelados y altos dignatarios de
+Aquitania, barones, caballeros y cortesanos.
+
+--Hé allí al príncipe, dijo Chandos al entrar. Los dos personajes
+sentados detrás de él son los monarcas españoles para quienes, con la
+ayuda de Dios y nuestro esfuerzo, vamos á conquistar respectivamente á
+Castilla y Mallorca. Muy preocupado está Su Alteza, y no me asombra.
+
+Pero el príncipe había notado su entrada y placentera sonrisa animó su
+rostro.
+
+--Innecesarios son esta vez vuestros buenos oficios, Chandos, dijo
+levantándose. Estos valientes caballeros me son muy bien conocidos para
+necesitar introductor. Bienvenidos á mi ducado de Aquitania sean Sir
+León de Morel y Sir Oliver Butrón. No, amigos; doblad la rodilla ante el
+rey mi padre en Windsor; á mí dadme vuestras manos. Bien llegáis, pues
+cuento daros no poco que hacer antes de que volváis á ver vuestra tierra
+de Hanson. ¿Habéis estado en España, señor de Butrón?
+
+--Sí, Alteza, y lo que más recuerdo es aquella famosa y deliciosísima
+olla podrida del país....
+
+--¡Siempre el mismo, á lo que veo! exclamó el príncipe riéndose, lo
+mismo que otros muchos caballeros. Pero descuidad, que una vez allí
+trataremos de que obtengáis vuestro plato español favorito, preparado
+con todas las reglas del arte. Ya ve Vuestra Alteza, continuó
+dirigiéndose al rey Don Pedro, que no faltan entre nuestros caballeros
+admiradores entusiastas de la cocina española. Pero, dicho sea en honor
+de Sir Oliver, también sabe pelear con el estómago vacío. Bien lo probó
+allá en Poitiers, cuando batallamos por dos días sin más alimento que
+unos mendrugos de pan y unos tragos de agua cenagosa; y todavía recuerdo
+cómo se lanzó en lo más recio del combate y de un solo tajo hizo rodar
+por tierra la cabeza de un brillante caballero picardo.
+
+--Porque se le ocurrió impedirme el paso á un carro cargado de víveres
+que tenían los franceses, observó Sir Oliver, con gran risa de todos los
+presentes.
+
+--¿Cuántos reclutas me traéis? le preguntó el príncipe.
+
+--Cuarenta hombres de armas, señor, contestó Sir Oliver.
+
+--Y yo cien arqueros y cincuenta lanzas, dijo el señor de Morel; pero
+cerca de la frontera navarra me esperan otros doscientos hombres.
+
+--¿Qué fuerza es esa, barón?
+
+--Una compañía famosa, llamada la Guardia Blanca.
+
+Con gran sorpresa del barón, sus palabras fueron acogidas con unánime
+carcajada. El mismo príncipe y los dos reyes extranjeros participaron de
+la hilaridad general. El barón de Morel miró tranquilamente á uno y
+otro lado, y fijándose por último en un fornido caballero de poblada
+barba negra situado cerca de él y que se reía más ruidosamente que los
+demás, se dirigió á él y tocándole el brazo le dijo:
+
+--Cuando hayáis acabado de reíros no me negaréis la merced de una breve
+entrevista, en lugar donde podamos entendernos cara á cara y espada en
+mano....
+
+--¡Calma, barón! exclamó Su Alteza. No busquéis querella al señor
+Roberto Briquet, que tanta culpa tiene él como todos nosotros. La verdad
+es que cuando entrasteis acabábamos de oir, y yo con enojo, noticias de
+las fechorías cometidas por esa misma Guardia Blanca, tales y tántas que
+juré ahorcar al capitán de esa compañía. Lejos estaba yo de hallarlo
+entre los más valientes y escogidos de mis jefes. Pero mi juramento es
+nulo, en vista de que acabáis de llegar de Inglaterra y ni sabéis lo que
+ha hecho vuestra gente por aquí, ni es posible exigiros por ello asomo
+de responsabilidad.
+
+--Que yo sea ahorcado es cuestión de poca monta, señor, contestó al
+punto el barón, si bien el género de muerte es menos noble de lo que yo
+esperara. Pero lo esencial es que el príncipe de Inglaterra y modelo de
+caballeros, no deje sin cumplir su juramento, por ninguna razón ni
+pretexto....
+
+--No insistáis, barón. Al oir hace poco á un vecino de Montaubán, que
+nos refería los saqueos y depredaciones de esos foragidos, hice voto de
+castigar duramente al que en realidad los manda hoy. Vos y el señor de
+Butrón quedáis invitados á mi mesa y por lo pronto formáis parte de los
+caballeros de mi séquito.
+
+Inclináronse ambos nobles y siguiendo al señor de Chandos, llegaron al
+extremo opuesto del salón, fuera de los apretados grupos de guerreros y
+cortesanos.
+
+--Muchos deseos tenéis de que os ahorquen, mi buen amigo, dijo Chandos,
+y por vida mía, en tal caso lo mejor hubiera sido dirigiros al rey Don
+Pedro, que no hubiera tardado en complaceros, atendido á que vuestra
+Guardia Blanca se ha conducido en la frontera como una manada de lobos.
+
+--No tardaré en meterlos en cintura, con el favor de San Jorge y una
+buena cuerda para ahorcar á los más díscolos. Y ahora os ruego, noble
+amigo, que me digáis los nombres de algunos de estos caballeros, pues
+son muchas las caras desconocidas que me rodean. En cambio otras las
+conozco desde que ciño espada.
+
+--Mirad ante todo aquellos graves religiosos, inmediatos á los regios
+asientos. Es uno el arzobispo de Burdeos y el otro el obispo de Agén.
+Aquel caballero de la barba entrecana, que sin duda ha llamado vuestra
+atención por su imponente figura y marcial aspecto, es Sir Guillermo
+Fenton. Tengo la honra de compartir con él las funciones de la
+Cancillería de Aquitania.
+
+--¿Y los nobles situados á la derecha de Don Pedro?
+
+--Son distinguidos capitanes españoles que han seguido al monarca en su
+destierro, y entre ellos he de nombraros á Don Fernando de Castro, el
+primero junto á las gradas, modelo de caballeros y tan hidalgo como
+valiente. Frente á nosotros están los señores gascones, cuyo serio y
+enojado aspecto revela el reciente disgusto que han tenido con Su
+Alteza. El de elevada estatura y hercúleo cuerpo es Captal de Buch,
+nombre que habréis oído con frecuencia, pues no hay en Gascuña más
+famosa lanza. Habla con él Oliverio de Clisón, apellidado el
+Pendenciero, pronto siempre á enconar los ánimos y atizar la discordia.
+Una cuchillada en la mejilla izquierda os señalará al señor de Pomers, á
+quien acompañan sus dos hermanos y les siguen en línea los señores de
+Lesparre, de Rosem, de Albret, de Mucident y de la Trane. Tras ellos veo
+numerosos caballeros procedentes del Limosín, Saintonges, Quercy, Poitou
+y Aquitania, con el valiente Guiscardo de Angle en último término, el
+del jubón púrpura y ferreruelo guarnecido de armiño.
+
+--¿Qué de los caballeros situados á este lado del salón?
+
+--Son todos ingleses, unos del séquito regio y otros, como vos,
+capitanes de compañías auxiliares ó del ejército. Ahí tenéis á los
+señores de Neville, Cosinton, Gourney, Huet y Tomás Fenton, hermano del
+canciller Guillermo. Fijaos bien en aquel caballero de la nariz aguileña
+y roja barba, que pone la mano sobre el hombro del capitán de moreno
+rostro, dura mirada y modesto traje.
+
+--Bien los veo, dijo el barón. Y juraría que ambos están más
+acostumbrados á ceñir la armadura y repartir mandobles que á figurar
+entre cortesanos en la regia cámara.
+
+--Á otros muchos nos pasa lo mismo, Sir León, repuso Chandos, y bien
+puedo asegurar que el mismo príncipe respira más á sus anchas en el
+campo de batalla que en su palacio. Pero oid los nombres de aquellos dos
+capitanes: Hugo Calverley y Roberto Nolles.
+
+El señor de Morel se inclinó para contemplar á su sabor á tan famosos
+guerreros; uno capitán de compañías auxiliares y guerrillero
+incomparable; el otro paladín renombrado, que desde muy modesta posición
+habíase elevado hasta ocupar el segundo lugar después de Chandos entre
+las mejores lanzas inglesas, y conquistádose inmensa popularidad entre
+los soldados de todo el ejército.
+
+--Pesada mano la de Nolles en tiempo de guerra, continuó el señor de
+Chandos. Á su paso por tierra enemiga deja siempre tras sí rastro
+sangriento y en el norte de Francia llaman todavía "Ruinas de Nolles" á
+los castillos desmantelados y pueblos destruídos que Sir Roberto dejó en
+aquellas asoladas comarcas.
+
+--Conozco su nombre y no me disgustaría romper una lanza con tan
+principal y temido caballero, dijo el barón. Pero mirad, muy enojado
+está el príncipe.
+
+Mientras hablaban ambos nobles había recibido Guillermo el homenaje de
+otros recién llegados y oído con impaciencia las propuestas de algunos,
+por lo general aventureros, que ofrecían vender su espada y las
+reclamaciones de no pocos negociantes y armadores de la ciudad,
+perjudicados, según ellos, por los excesos de la soldadesca. De repente,
+al oir uno de los nombres anunciados por el funcionario encargado de
+presentar á los que solicitaban audiencia, levantóse apresuradamente el
+príncipe y exclamó:
+
+--¡Por fin! Acercaos, Don Martín de la Carra. ¿Qué nuevas y sobre todo
+qué mensaje me traéis de parte de mi muy amado primo el de Navarra?
+
+Era el recién llegado caballero de arrogante figura y majestuoso porte.
+Su moreno rostro y negrísimos ojos, cabellos y barba indicaban su origen
+meridional. Sobre el traje de corte llevaba luenga capa negra, de forma
+y material muy diferentes de los usados en Francia é Inglaterra.
+Adelantóse con mesurado paso y saludando profundamente, dijo:
+
+--Mi poderoso é ilustre señor, Carlos, rey de Navarra, conde de Evreux y
+de Champaña y señor del Bearn, me ordena saludar fraternalmente á su muy
+amado primo Eduardo, príncipe de Gales, duque de Aquitania,
+lugarteniente....
+
+--¡Basta ya, Don Martín! interrumpió impacientemente el príncipe.
+Conozco los títulos de vuestro soberano y ciertamente no ignoro los
+míos. Decidme sin más preámbulos si se halla libre el paso por los
+desfiladeros, ó si vuestro señor opta por faltar á la palabra que me dió
+pocos meses há, en nuestra última entrevista.
+
+--Mal podría el rey de Navarra faltar á su palabra, dijo el enviado
+español con irritado acento. Lo único que mi ilustre soberano recaba es
+la prolongación del plazo para el cumplimiento de lo pactado, así como
+ciertas condiciones....
+
+--¡Condiciones, aplazamientos! ¿Habla vuestro rey con el príncipe real
+de Inglaterra ó con el preboste de una de sus villas? ¡Condiciones! Yo
+se las dictaré bien pronto. Pero vamos á lo que importa. ¿Entiendo que
+hallaremos cerrados los pasos de la cordillera?
+
+--No, Alteza....
+
+--¿Libres, entonces, y expedito el paso?
+
+--No, Alteza, pero yo....
+
+--¡Nada más digáis, Don Martín! Triste espectáculo en verdad el de tan
+noble y respetable caballero abogando por causa tan mezquina. Sé lo que
+ha hecho Carlos de Navarra, y cómo mientras con una mano recibía los
+cincuenta mil soberanos de oro convenidos á cambio de dejarnos libre el
+paso de la frontera, tendía la otra mano á Don Enrique el de Trastamara
+ó al rey de Francia, recibiendo en ella rica compensación por
+disputarnos la entrada. Pero juro por mi santo patrón que tan bien como
+conozco yo á mi primo de Navarra me conocerá él á mí muy pronto.
+¡Falso!...
+
+--¡Señor, permitidme recordaros que si tales palabras fuesen
+pronunciadas por otros labios que los vuestros, yo exigiría retractación
+inmediata! dijo el de Carra, trémulo de indignación.
+
+Don Pedro frunció el entrecejo y miró sañudo á su compatriota, pero el
+príncipe inglés acogió aquellas palabras con aprobadora sonrisa.
+
+--¡Bien, Don Martín! exclamó, ¡digno es de vos ese arranque! Decid á
+vuestro rey que si cumple lo convenido entre nosotros, no tocaré una
+piedra de sus castillos ni un cabello de sus súbditos; pero que de lo
+contrario, os seguiré de cerca, llevando conmigo una llave que abrirá de
+par en par cuantas puertas él nos cierre. Y ¡ay entonces de Carlos y ay
+de Navarra!
+
+Inclinóse después Su Alteza hacia los dos caudillos Nolles y Calverley,
+que cerca tenía, y habló con ellos breves instantes. Ambos nobles
+salieron inmediatamente de la cámara con altanero paso y gozosa sonrisa.
+
+--Juro por los santos del Paraíso, continuó el príncipe, que así como he
+sido aliado generoso, sabré ser también enemigo implacable. Vos,
+Chandos, dad las órdenes oportunas para que el señor de la Carra sea
+tratado y atendido cual lo merece por su rango y por sus prendas.
+
+--Siempre bondadoso, observó Don Pedro.
+
+--Aun con los que se le muestran tan altivos como acaba de hacerlo ese
+enviado, añadió Don Jaime.
+
+--Decid más bien que procuro ser siempre justo, repuso el príncipe
+Eduardo. Pero aquí tengo noticias de interés para Vuestras Altezas; un
+pliego de mi hermano el duque de Lancaster anunciándome su salida de
+Windsor para traernos el refuerzo de cuatrocientas lanzas y otros tantos
+arqueros. Tan luego mi esposa la duquesa recobre la salud, y espero que
+no tardará mucho, emprenderemos nuestra marcha con la gracia de Dios,
+para unirnos al grueso del ejército en Dax y poner á Vuestras Altezas en
+posesión de sus estados.
+
+Un murmullo de aprobación acogió aquellas palabras y el príncipe
+contempló con satisfacción los rostros de todos aquellos capitanes,
+ganosos de seguirle y distinguirse bajo sus banderas.
+
+--El titulado rey de Castilla, Enrique de Trastamara, contra cuyas
+fuerzas vamos á luchar, es un guerrero hábil y animoso y la campaña
+proporcionará ocasión de conquistar lauros sin cuento. Á sus órdenes
+tiene cincuenta mil soldados castellanos y leoneses, con más doce mil
+hombres de armas de las compañías francesas que tiene á sueldo,
+veteranos cuyo valor reconozco. También es un hecho la misión del sin
+par Bertrán Duguesclín cerca del Duque de Anjou, para atraerlo á la
+causa de Enrique y volver á España con tercios numerosos reclutados en
+Bretaña y Picardía. Y probablemente lo hará como se propone, porque el
+gran condestable es uno de los hombres de más prestigio y energía de
+nuestra época. ¿Qué decís á ello, Captal? Duguesclín os venció en
+Cocherel y esta campaña os ofrece la revancha.
+
+El guerrero gascón acogió aquella alusión del príncipe con avinagrado
+gesto y no hizo mejor gracia á los caballeros gascones que rodeaban á
+Captal de Buch, pues les recordaba que la única vez que habían atacado á
+las tropas francesas sin el auxilio de Inglaterra les había tocado en
+suerte completa derrota.
+
+--No es menos cierto, Alteza, dijo Clisón, que la revancha la hemos
+obtenido ya, pues sin el concurso de las espadas gasconas no hubierais
+hecho prisionero á Duguesclín en Auray, ni quizás roto las huestes del
+rey Juan en Poitiers....
+
+--Muy alto pretende picar el gallo gascón, y apenas levanta del suelo un
+palmo, interrumpió un caballero inglés.
+
+--Cuanto más pequeño el gallo mayores suelen ser los espolones, repuso
+con fuerte voz Captal de Buch.
+
+--Si no se los corta quien puede hacerlo, dijo el señor de Abercombe.
+
+--Á osados y altaneros nos ganáis vosotros los ingleses, contestó el
+capitán Roberto Briquet. Pero gascón soy, y vos, Abercombe, me daréis
+cuenta de esas palabras.
+
+--Cuando gustéis, dijo el otro volviéndole la espalda.
+
+--Como vos me la daréis á mí, señor de Clisón, exclamó á su vez Sir
+Vivián Bruce.
+
+--Ocasión inmejorable, se oyó decir entonces al barón de Morel, para que
+tan lucida lanza gascona como la del señor de Pomers me haga el honor de
+cruzarse con la muy humilde mía.
+
+Oyéronse en pocos instantes una docena de retos, que revelaban la mala
+voluntad y los rencores existentes entre gascones é ingleses.
+Gesticulaban furiosos los primeros, contestábanles los segundos con
+impasible desprecio y en tanto el príncipe Eduardo los contemplaba en
+silencio, secretamente complacido de presenciar aquella escena tan
+conforme con su espíritu batallador. Sin embargo, la división entre sus
+propios jefes ningún buen resultado podía darle y se apresuró á calmar
+los ánimos.
+
+--Haya paz, señores, ordenó extendiendo el brazo. Quienquiera de
+vosotros que continúe tan tonta querella fuera de aquí, tendrá que darme
+cuenta de ello. Necesito el concurso de todas vuestras espadas y no
+permitiré que las volváis unos contra otros. Abercombe, Morel, Bruce
+¿dudáis acaso del valor de los caballeros gascones?
+
+--Eso no haré yo, contestó Bruce, pues demasiadas veces los he visto
+pelear como buenos.
+
+--Valientes son, sin duda, pero no hay temor de que nadie lo olvide
+mientras tengan lengua para proclamarlo á todas horas, sin ton ni son,
+dijo á su vez Abercombe.
+
+--No os demandéis de nuevo, se apresuró á decir el príncipe. Si es de
+gente gascona el decir en alta voz lo que piensan, tampoco falta quien
+tache á los ingleses de fríos y taciturnos. Pero ya lo habéis oído,
+señores de Gascuña; los mismos que acaban de tener con vosotros una
+querella pueril os reconocen el valor y las dotes de todo honrado
+caballero. Captal, Clisón, Pomers, Briquet, cuento con vuestra palabra.
+
+--La tiene Vuestra Alteza, respondieron los gascones, aunque sin ocultar
+que lo hacían de pésima gana.
+
+--¡Y ahora, á la sala del banquete! prosiguió Eduardo. Ahoguemos hasta
+el último recuerdo de esta contienda en unos cuantos frascos de buena
+malvasía.
+
+Volviéndose entonces hacia sus regios huéspedes, los condujo con toda
+cortesía á los puestos de honor que les estaban reservados en la mesa
+servida en la vecina estancia. Tras ellos siguieron los brillantes
+caballeros de antemano invitados á la mesa del príncipe.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XX
+
+DE CÓMO ROGER DESHIZO UN ENTUERTO Y TOMÓ UN BAÑO
+
+
+Recordará el lector que Gualtero y Roger se habían quedado en la
+antecámara, donde no tardó en rodearlos animado grupo de jóvenes
+caballeros ingleses, deseosos de obtener noticias recientes de su país.
+Las preguntas menudearon:
+
+--¿Sigue nuestro amado soberano en Windsor?
+
+--¿Qué nos decís de la buena reina Felipa?
+
+--¿Y qué de la bella Alicia Perla, la otra reina?
+
+--El diablo te lleve, Haroldo, dijo un alto y fornido escudero, asiendo
+por el cuello y sacudiendo al que acababa de hablar. ¿Sabes que si el
+príncipe hubiera oído la preguntilla esa te podría costar la cabeza?
+
+--Y como está vacía poco perdería con ella el buen Haroldo.
+
+--No tan vacía como tu escarcela, Rodolfo. Pero ¿qué demonios piensa el
+mayordomo? Todavía no han empezado á poner la mesa.
+
+--¡Pardiez! En todo Burdeos no hay doncel más hambriento. Si las
+espuelas de caballero y los ricos cargos se ganasen con el estómago,
+serías ya lo menos condestable.
+
+--Pues digo, que si se ganasen empinando el codo, Rodolfito mío, te
+tendríamos de canciller hace años.
+
+--Basta de charla, exclamó otro, y que hablen los escuderos de Morel.
+¿Qué se dice por Inglaterra, mocitos?
+
+--Probablemente lo mismo que al salir de ella vosotros, contestó picado
+Gualtero. Sin embargo, tengo para mí que no se hablaba ya tanto como
+cuando andaban por allí muchos parlanchines....
+
+--¡Hola! ¿Qué quiere decir eso, moderno Salomón?
+
+--Averiguadlo si podéis.
+
+--Medrados estamos con el paladín éste, que todavía no se ha quitado de
+los zapatos el barro amarillo de los breñales de Hanson y ya viene
+tratándonos de parlanchines.
+
+--¡Qué gente tan lista la de esta tierra, Roger! dijo Gualtero con
+sorna, guiñando el ojo á su amigo.
+
+--¿Cómo debemos tomar vuestras palabras, señor mío?
+
+--Tomadlas por donde podáis sin quemaros, respondió Gualtero.
+
+--¡Otra agudeza!
+
+--Gracias por el cumplido.
+
+--Mira, Germán, lo mejor será que lo dejes, porque el escudero de Morel
+es más despierto y más listo de lengua que tú.
+
+--De lengua, lo concedo. ¿Y de espada? preguntó Germán.
+
+--Punto es ese, observó Rodolfo, que podrá esclarecerse dentro de dos
+días, la víspera del gran torneo.
+
+--Poco á poco, Germán, exclamó entonces un escudero de rudas facciones,
+cuyo robusto cuello y anchos hombros revelaban su fuerza. Tomáis los
+insultos de esta gente con asombrosa calma, y yo no estoy dispuesto á
+que me llamen parlanchín sin más ni más. El barón de Morel ha dado
+pruebas repetidas de lo que puede y vale, pero ¿quién conoce á estos
+caballeritos? Este otro ni siquiera chista. ¿Qué decís vos á ello?
+
+Al pronunciar estas palabras posó su pesada mano sobre el hombro de
+Roger.
+
+--Á vos nada tengo que deciros, respondió el doncel procurando
+contenerse.
+
+--Vamos, este no es escudero, sino tierno pajecillo. Pero descuidad, que
+vuestras mejillas tendrán menos colorete y más bríos vuestra mano antes
+de que volváis á guareceros tras el guardapié de vuestra nodriza.
+
+--De mi mano puedo deciros que está siempre pronta....
+
+--¿Pronta á qué?
+
+--Á castigar una insolencia, señor mío, replicó Roger, airado el rostro
+y centelleante la mirada.
+
+--¡Pero qué interesante se va poniendo el querubín éste! continuó el
+rudo escudero. Vamos á ver si lo describo: ojos de gacela, piel
+finísima, como la de mi prima Berta, y unos buclecillos tan luengos y
+tan rubios... Al decir esto, su mano tocó el rizado cabello de Roger.
+
+--Buscáis pendencia....
+
+--¿Y aunque así fuera?
+
+--Yo os diría que lo hacéis como un patán, y no como hombre bien nacido.
+Os diría también que en la escuela de mi señor no se aprende á buscar un
+lance por medio de tan groseros modos....
+
+--¿Y cómo habéis aprendido á hacerlo vos, modelo de escuderos?
+
+--No siendo brutal ni insolente, sino dirigiéndome á vos, por ejemplo,
+para deciros cortésmente: "He resuelto mataros y espero que me hagáis la
+merced de designar hora y lugar donde podamos vernos cara á cara y
+espada en mano." Y tratándose de un escudero comedido y digno de ese
+nombre, me quitaría el guante, como lo hago ahora y lo dejaría caer á
+sus pies; pero teniendo que habérmelas con un destripaterrones como vos,
+se lo lanzaría á la cara!
+
+Y con toda su fuerza arrojó el guante al rostro burlón del escudero.
+
+--¡Lo pagaréis con vuestra vida! rugió éste, blanco de ira.
+
+--Si podéis quitármela, repuso Roger con entereza.
+
+--¡Bravo, muchacho! exclamó Gualtero. Tente firme.
+
+--Se ha portado como debía y puede contar conmigo, agregó Norbury,
+escudero de Sir Oliver.
+
+--Tú tienes la culpa de todo esto, Tránter, dijo Germán. ¿No andas
+siempre buscando pendencia á los recien llegados? Pues ahí la tienes.
+Pero sería una vergüenza que el asunto pasase á mayores. El mozo no ha
+hecho más que contestar á una provocación con otra.
+
+--¡Imposible! exclamaron algunos. ¡Tránter ha recibido un golpe! Tanto
+valdría quedarse con una bofetada.
+
+--¿Pues y los insultos de Tránter? ¿No empezó él por poner su mano en
+los cabellos del otro? dijo Haroldo.
+
+--Habla tú, Tránter. Ha habido ofensa por ambas partes y bien podrían
+quedar las cosas como están.
+
+--Todos vosotros me conocéis, dijo Tránter, y no podéis dudar de mi
+valor. Que recoja su guante y reconozca que ha hecho mal, y no volveré á
+hablar del asunto.
+
+--Mala centella lo parta si tal hace, murmuró Gualtero.
+
+--¿Lo oís, joven? preguntó Germán. El escudero ofendido olvidará el
+golpe si le decís que habéis obrado precipitadamente.
+
+--No puedo decir tal cosa, declaró Roger.
+
+--Tened en cuenta que solemos poner á prueba el valor de los escuderos
+recien llegados, para saber si debemos de tratarlos como amigos. Vos
+habéis tomado esa prueba como ofensa mortal y contestado con un golpe.
+Decid que lo sentís, y basta.
+
+--No llevéis las cosas á punta de lanza, dijo entonces Norbury al oído
+de Roger. Conozco al tal Tránter, que no sólo es superior á vos en
+fuerza física sino muy hábil en el manejo de la espada.
+
+Pero Roger de Clinton tenía en las venas noble sangre sajona, y una vez
+irritado era muy difícil aplacarlo. Las palabras de Norbury que le
+indicaban un peligro acabaron de afirmarlo en su resolución.
+
+--He venido aquí acompañando á mi señor, dijo, y en la inteligencia de
+que me rodeaban ingleses y amigos. Pero ese escudero me ha hecho un
+recibimiento brutal y lo ocurrido es culpa suya. Pronto estoy á recoger
+mi guante, mas ¡por Dios vivo! no sin que antes me pida él perdón por
+sus palabras y ademanes.
+
+--¡Basta ya! exclamó Tránter encogiéndose de hombros. Tú, Germán, has
+hecho todo lo posible para sustraerlo á mi venganza. Lo que procede es
+solventar la cuestión en seguida.
+
+--Lo mismo digo, asintió Roger.
+
+--Después del banquete hay consejo de jefes y tenemos lo menos dos horas
+disponibles, dijo un escudero de cabellos grises.
+
+--¿Y el lugar del combate?
+
+--Desierto está el campo del torneo, y en él podemos....
+
+--Nada de eso; ha de ser dentro de los límites de este edificio donde
+reside la corte. De lo contrario, recaería sobre todos nosotros la
+indignación del príncipe.
+
+--¡Bah! Conozco yo un lugar inmejorable para tales lances, á la orilla
+misma del río. Salimos de los terrenos de la abadía y tomamos por la
+calle de los Apóstoles. En tres minutos estamos allí.
+
+--Pues entonces _¡en avant!_, dijo Tránter, echando á andar con gran
+prisa, seguido de numerosos escuderos.
+
+Á orillas del Garona había una pequeña pradera limitada en dos de sus
+extremos por altos paredones. El terreno formaba rápido declive al
+acercarse al río, muy profundo en aquel punto, y los únicos dos ó tres
+botes visibles estaban amarrados á gran distancia. En el centro del río
+anclaban algunos barcos. Ambos combatientes se despojaron prontamente de
+sus ropillas y birretes y empuñaron las espadas. En aquella época no se
+conocía la etiqueta del duelo, pero eran muy frecuentes los encuentros
+singulares como el que describimos, y en ellos, así como en las justas,
+habíase conquistado el escudero Tránter una reputación que justificaba
+sobradamente la amistosa advertencia de Norbury. Roger no había
+descuidado por su parte el diario ejercicio de las armas y podía
+considerársele como tirador no despreciable, ya que no de los primeros.
+Grande era el contraste que ambos combatientes presentaban: moreno y
+robusto Tránter, mostraba el velludo pecho y la recia musculatura de
+hombros y brazos, en tanto que Roger, rubio y sonrosado, personificaba
+la gracia juvenil. La mayor parte de los espectadores preveían una lucha
+desigual, mas no faltaban dos ó tres lidiadores expertos que notaban con
+aprobación la firme mirada y los ágiles movimientos del doncel.
+
+--¡Alto, señores! exclamó Norbury apenas se cruzaron las espadas. El
+arma de Tránter es casi un palmo más larga que la de su adversario.
+
+--Toma la mía, Roger, dijo Gualtero de Pleyel.
+
+--Dejad, amigos, respondió el servidor de Morel. Conozco bien el peso y
+alcance de mi espada y estoy acostumbrado á ella. Nada importa la
+desigualdad. ¡Adelante, señor mío, que pueden necesitarnos en la abadía!
+
+La desmesurada tizona de Tránter dábale, en efecto, marcada ventaja.
+Bien separados los pies y algo dobladas ambas rodillas, parecía pronto á
+precipitarse de un salto sobre su enemigo, al cual presentaba la punta
+de su larga espada á la altura de los ojos. La empuñadura tenía una
+guarda de gran tamaño que protegía bien mano y muñeca, y al comienzo de
+la cruz, junto á la hoja, una profunda muesca destinada á recibir y
+retener la espada del adversario y á romperla ó desarmarlo por medio de
+un vigoroso movimiento de la muñeca. En cambio Roger tenía que confiar
+por completo en su propia destreza; el arma que empuñaba, aunque del
+mejor temple, era delgada y de sencilla empuñadura; una espada de corte
+más que de combate.
+
+Conocedor Tránter de las ventajas que le favorecían no tardó en
+aprovecharlas y adelantándose de un salto dirigió á Roger una estocada
+vigorosa, seguida de tremendo tajo capaz de cortarlo en dos; pero con no
+menos rapidez acudió Roger al doble quite, aunque la violencia del
+ataque le hizo retroceder un paso y aun así, la punta de la hoja enemiga
+le desgarró el justillo sobre el pecho. Pronto como el rayo atacó á su
+vez, mas la espada de Tránter apartó violentamente la suya y continuando
+su giro descargó otro tajo terrible, que si bien fué parado á tiempo,
+sobrecogió á los espectadores amigos de Roger. Pero el peligro parecía
+atraer á éste, que contestó con dos estocadas á fondo, rapidísimas, la
+segunda de las cuales apenas pudo parar Tránter, y al trazar el quite su
+espada rozó la frente de Roger, tanto se había aproximado éste. La
+sangre brotó abundante y cubrió su rostro, obligándole á retroceder para
+ponerse fuera del alcance de su enemigo, quien se detuvo por un momento
+respirando agitadamente, mientras los testigos de aquella lucha rompían
+el silencio que hasta entonces guardaran.
+
+--¡Bien por ambos! exclamó Germán. Sois tan valientes como diestros y
+aquí debe terminar esta contienda.
+
+--Con lo hecho basta, Roger, dijo Norbury.
+
+--¡Sí, sí! exclamaron otros; se ha portado como bueno.
+
+--Por mi parte, no tengo el menor deseo de matar á este doncel, si se
+confiesa vencido, dijo Tránter enjugando el sudor que bañaba su frente.
+
+--¿Me pedís perdón por haberme insultado? le preguntó Roger súbitamente.
+
+--¿Yo? No en mis días, contestó Tránter.
+
+--¡En guardia, pues!
+
+Los relucientes aceros chocaron con furia. Roger cuidó de adelantar
+continuamente, impidiendo al enemigo el libre manejo de su larga tizona;
+alcanzóle ésta levemente en un hombro y casi al mismo tiempo hirió él
+también á Tránter en un muslo, pero al elevar su espada para dirigirle
+otro golpe al pecho, la sintió firmemente trabada en el corte hecho con
+ese objeto en la hoja del contrario. Un instante después se oyó el ruido
+seco que hacía la espada de Roger al romperse, quedándole tan sólo en la
+mano un pedazo de hoja de no más de tres palmos de largo.
+
+--Vuestra vida está en mis manos, exclamó Tránter con triunfante
+sonrisa.
+
+--¡Teneos! ¡se rinde! exclamaron á una varios escuderos.
+
+--¡Otra espada! gritó Gualtero.
+
+--Imposible, dijo Rodolfo; sería contra todas las reglas del duelo.
+
+--Pues entonces, Roger, tirad al suelo ese trozo de espada, aconsejó
+Norbury.
+
+--¿Me pedís perdón? repitió Roger dirigiéndose á Tránter.
+
+--¿Estáis loco? contestó éste.
+
+--¡Pues en guardia otra vez! gritó Roger, renovando el ataque con vigor
+tal que compensó la pequeñez de su arma.
+
+Había notado que la respiración de Tránter era fatigosa y se propuso
+hostigarle y cansarle, haciendo valer la propia agilidad. Su adversario
+paraba como podía aquel diluvio de golpes, atisbando la oportunidad de
+acabar el combate con uno de sus mortales tajos; mas ni la corta
+distancia á que de propósito se mantenía Roger, ni la prontitud de los
+movimientos de éste le permitían usar su larga espada con ventaja. Pero
+Tránter, duelista experto, sabía que era imposible sostener dos minutos
+más aquel ataque violentísimo y fatigoso cual ninguno y que muy pronto
+cedería el nublado de golpes que caían sobre su espada con rapidez
+vertiginosa. Así sucedió, en efecto; el cansancio paralizaba ya el brazo
+de Roger, su adversario comprendió que había llegado el momento de dar
+un golpe decisivo y oprimiendo con fuerza el puño de su acero, saltó
+hacia atrás para ganar el espacio que necesitaba.... Aquel movimiento
+salvó á Roger; su adversario había retrocedido sin cesar desde la
+renovación del combate y llegado sin saberlo á la misma orilla. Al
+retroceder una vez más le faltó pie y se hundió en las aguas del
+Garona.
+
+Con una exclamación general de sorpresa precipitáronse todos en auxilio
+de Tránter, que había desaparecido por completo en las profundas y
+heladas aguas del río. Dos veces apareció sobre ellas su angustiado
+rostro y en vano procuró asir los cintos, espadas y ramas que sus
+compañeros le tendían. Roger había lanzado al suelo su rota espada y
+contemplaba aquella dolorosa agonía con profunda lástima. Todo su furor
+habíase disipado como por encanto. En aquel momento apareció por tercera
+vez sobre las aguas el rostro contraído del escudero; su mirada se cruzó
+con la de Roger y éste, incapaz de resistir aquella muda apelación,
+apartó violentamente á un escudero que delante tenía y se lanzó al
+Garona.
+
+Nadador experto, pocas brazadas bastaron para llevarle junto á su
+adversario, á quien asió por los cabellos. Pero la corriente era
+poderosa y muy pronto comprendió el animoso doncel la dificultad de
+sostener á flote el cuerpo de Tránter y nadar al propio tiempo hacia la
+orilla. Á pesar de los más vigorosos esfuerzos no parecía ganar una
+línea. Dió con desesperación algunas brazadas más y un grito de júbilo
+de cuantos estaban en tierra le anunció que había salido de la peligrosa
+corriente y llegado á un tranquilo remanso allí formado por una
+proyección del terreno. Momentos después caía en su diestra mano la
+extremidad del cinto de Gualtero, al que había anudado éste los de
+algunos otros escuderos. Asiólo con fuerza, incapaz de seguir nadando un
+momento más, pero sin soltar á Tránter. Los escuderos los sacaron del
+agua en un tris, depositándolos casi exánimes sobre la hierba.
+
+Tránter, que no había luchado como su adversario contra la impetuosa
+corriente, fué el primero en salir de aquel letargo. Incorporóse
+lentamente y contempló á Roger, que no tardó en abrir los ojos y en
+sonreirse complacido al escuchar los elogios que todos á porfía le
+prodigaban.
+
+--Os estoy muy reconocido, señor mío, díjole Tránter, con no muy
+amistoso acento. Sin vos hubiera perecido en el río, porque soy natural
+de las montañas de Varén, donde se cuentan muy pocos que sepan nadar.
+
+--No pido ni espero gracias, repuso Roger. Ayúdame á levantarme,
+Gualtero.
+
+--El río ha sido hoy mi enemigo, continuó Tránter, pero se ha portado
+como bueno con vos, pues á él le debéis la vida que yo iba á
+arrancaros....
+
+--Eso estaba por ver, repuso Roger.
+
+--¡Todo ha concluído! exclamó Germán, y más felizmente de lo que yo
+creía. Lo que no ofrece duda es que este joven, cuyo nombre me dicen es
+Roger de Clinton, ha ganado brillantemente el derecho de pertenecer al
+muy honrado gremio de los escuderos de Burdeos. Aquí está vuestra
+ropilla, Tránter.
+
+--Y vos, Clinton, echaos esta capa sobre los hombros y venid cuanto
+antes.
+
+--Lo que más deploro es la pérdida de mi buena espada, que yace en el
+fondo del río, suspiró Tránter.
+
+--¡Á la abadía! exclamaron varios escuderos.
+
+--¡Un momento, señores! dijo entonces Roger, que había recogido del
+suelo su rota espada y se apoyaba en el hombro de Gualtero. No he oído á
+este hidalgo retractar las palabras que me dirigió y....
+
+--¡Cómo! ¿Todavía insistís? preguntó Tránter sorprendido.
+
+--¿Y por qué no? Soy tardo en recoger las provocaciones, pero una vez
+resuelto á obtener reparación la exijo mientras me quedan fuerzas y
+alientos.
+
+--_Ma foi_, pues bien pocos os quedan ya, exclamó Germán bruscamente.
+Estáis blanco como la cera. Seguid mi consejo y dad por terminada la
+cuestión, que no os podéis quejar del resultado.
+
+--No, insistió Roger. Yo no provoqué esta querella, pero ya comenzada,
+juro no partir hasta haber obtenido lo que vine á buscar ó perecer en la
+demanda. No hay más que hablar; dadme vuestras excusas ó procuraos otra
+espada y reanudemos el combate.
+
+El joven escudero, pálido como un muerto, extenuado con el tremendo
+esfuerzo que acababa de hacer para salvar á su enemigo y con la pérdida
+de sangre que manchaba su hombro y su frente, probaba sin embargo con su
+actitud, sus palabras y su acento que lo animaba una resolución
+inquebrantable. El mismo Tránter admiró aquella energía invencible y
+cedió ante la gran fuerza de carácter que acababa de demostrar el joven
+hidalgo.
+
+--Puesto que á tal punto lleváis lo que debisteis de considerar como
+inocente broma, me avengo á declarar que siento haberos dicho lo que
+tanto os ofende, dijo Tránter en voz baja.
+
+--Y yo deploro también la respuesta que á ello dí, repuso prontamente
+Roger. Hé aquí mi mano.
+
+--Y con esta van tres veces que suena la campana llamándonos á comer,
+exclamó Germán mientras todos se dirigían en grupos hacia la abadía,
+comentando las peripecias del combate. ¡Por Dios vivo! señor de Pleyel,
+dad una copa de buen vino á vuestro amigo en cuanto lleguéis, porque
+está transido, sin contar que ha tragado dos azumbres de agua. Confieso
+que á juzgar por su aspecto no hubiera esperado de él tanta entereza.
+
+--Pues yo declaro que el aire de Burdeos ha trocado á mi compañero en
+gallo de pelea, porque jamás había salido del condado de Hanson joven
+más apacible y modesto que él.
+
+--¿Sí, eh? Pues también tiene fama de modesto y apacible como una dama
+su señor el de Morel; y la verdad es que ni uno ni otro aguantan moscas.
+¡Cáspita con el mozo!
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXI
+
+DONDE AGUSTÍN PISANO ARRIESGA SU CABEZA
+
+
+Abundante y bien servida era la mesa de los escuderos en la abadía de
+San Andrés desde que el príncipe Eduardo estableció su corte en aquel
+histórico edificio. Allí aprendió Roger lo que el lujo y el buen gusto
+significaban, sobre todo al comparar aquellos festines con las frugales
+comidas del convento y la parsimonia de la mesa de Morel. Cabezas de
+jabalí deliciosamente adobadas, faisanes asados, dulces y cremas nunca
+gustados antes, prodigios de repostería, uno de los cuales representaba
+en todos sus detalles el exterior del regio palacio de Windsor, tales
+fueron algunas de las maravillas culinarias que saboreó Roger en la
+antigua abadía francesa. Un arquero se apresuró á llevarle ropas y traje
+de los que á bordo del galeón dejara, y después de mudarse y lavar sus
+heridas no tardó en recobrar fuerzas y buen humor, olvidado por completo
+de la fatiga de aquella mañana. Un paje le anunció que su señor se
+proponía visitar aquella noche al canciller de Chandos y deseaba que sus
+dos escuderos se alojasen en el hostal de la _Media Luna_, al fin de la
+calle de los Apóstoles. Al cual mesón se dirigieron Roger y Gualtero al
+anochecer, después de su larga comida y de oir los brindis y canciones
+con que pasaron rápidas las horas en compañía de los otros alegres
+escuderos.
+
+Caía menuda lluvia cuando los dos camaradas empezaron á recorrer las
+calles de Burdeos, después de dejar bien cuidados sus corceles y el del
+barón en las caballerizas del príncipe. No hallaban á su paso más
+alumbrado que el muy escaso de tal cual farol de aceite colgado en una
+esquina ó á la entrada de las casas principales de la ciudad; pero ni la
+semiobscuridad ni la lluvia impedían que las calles siguiesen casi tan
+concurridas como en pleno día. Los transeuntes pertenecían á todas las
+clases de aquella rica y por entonces bélica ciudad. Allí el obeso
+comerciante, cuyo rostro complacido y sonriente, traje obscuro de fino
+paño y repleta escarcela pregonaban su riqueza y bienestar. Tras él
+modesta sirviente, llevando la encendida linterna que indicaba á su amo
+donde poner los pies sin grave tropiezo. En dirección contraria veíase
+un grupo de mocetones ingleses, arqueros del condado de Estápleton á
+juzgar por el pelícano azul cosido sobre el coleto; gente alegre de
+cascos y dura de puños, que bebían á más y mejor y cantaban á voz en
+cuello y cuya presencia obligaba al mercader á apresurar el paso,
+mientras su fámula ocultaba el rostro con el manto al oir los piropos
+nada delicados de aquella turba. No escaseaban los soldados de la
+guardia real, los pajes ingleses elegantemente ataviados, las mujeres
+del pueblo cuyas agudas voces se oían á gran distancia, parejas de
+frailes, filas de ballesteros y hombres de armas, marineros, soldados de
+los cuerpos de guardia, caballeros gascones que vociferaban y
+gesticulaban según costumbre invariable, campesinos del Medoc, escuderos
+ingleses y gascones y tantas otras gentes, que cruzaban en todas
+direcciones ó hablaban en grupos, empleando ya las lenguas inglesa,
+francesa y del país de Gales, ya el vascuence ó los dialectos de Gascuña
+y Guiena. Á veces se abrían los grupos para dar paso á la litera de una
+noble dama, ó á los arqueros que con antorchas encendidas precedían á un
+caballero de alto rango camino de su alojamiento y procedente de los
+festines de la corte. Las pisadas y el relinchar de los caballos, los
+gritos de los vendedores ambulantes, el choque de las armas, las voces
+de borrachos pendencieros, las carcajadas de hombres y mujeres, todo
+aquel clamor se elevaba y se cernía, como la neblina en el pantano,
+sobre las calles obscuras y atestadas de la gran ciudad.
+
+La atención de nuestros escuderos se fijó particularmente en dos
+personas que iban delante y en la misma dirección que ellos. Eran un
+hombre y una mujer, alto, cojo caído de hombros el primero, que llevaba
+debajo del brazo un objeto grande y plano envuelto en negro lienzo. La
+mujer era joven y gracioso su andar, pero mal podía vérsele el rostro,
+cubierto por tupido manto que sólo daba paso á la brillante mirada de
+unos ojos grandes y pardos y descubría uno ó dos rizos de negrísimo
+pelo. El hombre se apoyaba pesadamente en el brazo de la joven, y
+procuraba proteger cuanto podía el envoltorio que llevaba, evitando el
+encuentro de los transeuntes que con él pudieran tropezar en la
+obscuridad. La ansiedad evidente de aquel hombre, que parecía llevar
+oculta preciosa carga y el aspecto de su compañera despertaron el
+interés de los dos jóvenes ingleses que los seguían á dos pasos de
+distancia.
+
+--¡Ánimo, hija mía! exclamó el desconocido en lo que parecía ser uno de
+los dialectos de aquella región. Cien pasos más y lo ponemos en salvo.
+
+--Cuidadlo bien, padre, y no temáis ya, repuso la mujer en la misma
+extraña habla.
+
+--La verdad es que nos rodea una turba de bárbaros, borrachos muchos de
+ellos. Cincuenta pasos más, Tita mía, y juro por el bendito San Telmo no
+poner otra vez los pies fuera de casa hasta que el enjambre éste se
+halle en Dax ó donde lo lleven los demonios. ¡Cómo empujan y aullan!
+Procura apartarlos, hija, adelantando un poco el cuerpo. Dale un codazo
+á ese animal. Ya es imposible andar. ¡Buena la hemos hecho!
+
+La multitud apiñada que los precedía formaba allí una barrera
+infranqueable y tuvieron que detenerse. Algunos arqueros ingleses
+repletos de cerveza se fijaron en la extraña pareja y empezaron á
+examinarla con curiosidad.
+
+--¡Por el rabo de Satanás! exclamó uno, mirad la arrogante muleta que
+usa este viejo. No te apoyes tanto en la chica y más en tus piernas,
+abuelo.
+
+--¡Cómo se entiende! dijo otro arquero. Los soldados del rey sin una
+muchacha que los mire, porque los viejos franceses se las llevan de
+paseo. ¡Vente conmigo, reina!
+
+--Ó conmigo, paloma. ¡Por San Jorge! la vida es corta y lo mejor es
+hacerla alegre. ¡No vuelvan á ver mis ojos el puente de Chester si no le
+digo dos palabritas á esta buena moza!
+
+--¿Qué lleva el lagarto ese bajo el brazo? preguntó un tercero.
+
+--Á ver, manojo de huesos. Venga el envoltorio.
+
+Los arqueros rodeaban á la pareja y el hombre, azorado, sin comprender
+una palabra de lo que decían, oprimía con una mano el brazo de la mujer
+y con la otra apoyaba sobre el pecho el precioso paquete, dirigiendo en
+torno miradas suplicantes.
+
+--¡Ea, muchachos! exclamó Gualtero de Pleyel con imperiosa voz,
+apartando al arquero que más cerca tenía. Os portáis como villanos.
+¡Quedas las manos, ó puede costaros caro!
+
+--¡Tened vos la lengua ó más caro ha de costaros todavía! respondió el
+soldado más ebrio. ¿Quién sois vos para impedir que los arqueros
+ingleses se diviertan?
+
+--Un escudero palurdo, acabado de desembarcar, dijo otro. ¡Bonito sería
+que además de nuestros jefes viniera á darnos órdenes el primer
+muchachuelo que abandone á su mamá y se aparezca en Aquitania!
+
+--¡Por Dios, mis buenos señores! suplicó la joven en mal francés
+¡amparadnos! ¡Impedid que estos hombres nos maltraten!
+
+--Nada temáis, señora, dijo cortésmente Roger. ¡Suelta, rufián! ordenó
+dirigiéndose á un arquero que había enlazado con su brazo el talle de la
+joven.
+
+--¡No la sueltes, Bastián! aulló un hombre de armas gigantesco, de
+luenga barba negra, cuya coraza brillaba á la tenue luz del farol más
+próximo. Y vosotros, mozalbetes, cuidado con tocar esos espadines que
+lleváis ú os hago tragar un palmo de hierro en menos que canta un gallo.
+
+--¡Dios sea loado! exclamó en aquel momento Roger, viendo venir hacia
+ellos un casco enorme sobre roja melena, que descollaba entre la
+multitud. ¡Á mí, Tristán! Y también Simón. ¡Á mí, compañeros, ayudadme á
+proteger á una mujer y un anciano!
+
+--¡Hola, _mon petit_! gritó Simón con voz tonante, abriéndose paso en un
+santiamén y seguido del sonriente Tristán de Horla. ¿Qué pasa aquí? ¡Por
+el filo de mi espada! te advierto, Roger, que si vas á proteger á
+cuantos se hallen en apuro en esta tierra ya tienes tela cortada para
+rato. Pero descuida, que al cabo de un año de aprendizaje en la Guardia
+Blanca harás menos caso de lo que digan y emprendan unos cuantos
+arqueros calamocanos. ¿De qué se trata, repito? Por ahí viene el
+preboste con sus guardias y es muy probable que si no tomáis soleta
+tendremos aquí un par de arqueros ahorcados en menos de diez minutos.
+
+--¡Digo, pues si es este el viejo Simón Aluardo, de la Guardia Blanca!
+exclamó el hombre de armas que tan insolente se había mostrado con los
+escuderos. ¡Un abrazo, Simón! Por vida mía, tiempo hubo en que desde
+Limoges hasta Navarra no se conocía arquero más pronto en conquistar á
+una muchacha ó derrengar á un enemigo.
+
+--No lo dudo, amigo Carlín, repuso Simón, y á fe que no creo haber
+cambiado mucho desde entonces. Pero también sabes que ni tomo yo un beso
+á la fuerza, ni ataco al enemigo por la espalda y diez contra uno. Al
+buen entendedor....
+
+Una mirada al resuelto rostro del sargento y á las manazas de Tristán
+convenció á los arqueros de que allí nada bueno podrían sacar á la
+fuerza. La mujer y su padre comenzaron á abrirse paso sin que nadie
+intentase impedírselo y Gualtero y Roger fueron tras ellos.
+
+--Un momento, camarada, dijo Simón á Roger. Ya sé que esta mañana has
+hecho proezas en la abadía; pero te recomiendo alguna prudencia en eso
+de sacar la espada á relucir. Mira que he sido yo quien te ha metido en
+estos líos y que si te pasa algo lo sentiré de veras, muchacho.
+
+--Descuidad, Simón, seré prudente.
+
+--No busques el peligro, _mon petit_, y espera á tener la muñeca algo
+más sólida. Oye; esta noche nos reuniremos algunos amigos en la _Rosa de
+Aquitania_, á dos puertas de tu hostería de la _Media Luna_, y si
+quieres vaciar un vaso en compañía de simples arqueros ¡bienvenido!
+
+Prometió el doncel reunirse con ellos si se lo permitían sus deberes de
+escudero y deslizándose entre los grupos llegó á donde estaba Gualtero,
+en conversación con el viejo y la muchacha, en el portal de su casa.
+
+--¡Gracias, valiente caballero! exclamó el desconocido abrazando á
+Roger. ¿Cómo manifestaros mi gratitud? Sin vuestro auxilio y el de
+vuestros amigos habría yo perdido la cabeza y sabe Dios qué suerte
+hubiera cabido á mi pobre Tita....
+
+--No creo que aquellos energúmenos se hubieran propasado á tal extremo,
+dijo el joven algo sorprendido.
+
+--_¡Ah, diavolo!_ exclamó el otro soltando la carcajada, no hablo de mi
+cabeza sino de la que llevo aquí bajo el brazo.
+
+--Quizás estos caballeros deseen entrar y reposar un momento en nuestra
+casa, padre mío. Si seguimos aquí puede estallar otro tumulto de un
+momento á otro.
+
+--¡Tienes razón, hija! Entrad, señores. ¡Una luz, Jacobo, pronto! Siete
+escalones, eso es. Tomad asiento. _¡Corpo di Bacco_, qué susto me han
+dado esos canallas! Pero no es extraño. Tomad un vándalo, un normando y
+un alano, mezcladlos con el moro más redomado, emborrachad al aborto
+resultante de esa mezcla y ya tenéis un inglés hecho y derecho.... Me
+dicen que ahora están invadiendo á Italia, mi patria, como han invadido
+á Francia. ¡Qué gente, Dios eterno! En todas partes se meten, menos en
+el cielo.
+
+--Padre mío, dijo la joven mientras ayudaba al anciano á sentarse en
+cómoda poltrona, olvidáis que estos buenos señores que nos han protegido
+son también ingleses....
+
+--¡Mil perdones! Pero ¡quién lo dijera! Mirad, señores míos, estas obras
+de arte que aquí tengo; quizás os interesen, aunque entiendo que allá en
+vuestra isla no se conoce más arte que el de la guerra.
+
+Cuatro lámparas iluminaban ampliamente la estancia de artesonado techo
+en que se hallaban. Colgadas de las paredes, sobre los muebles, en los
+rincones, por todas partes se veían placas de vidrio de diferentes
+tamaños y formas, pintadas delicadamente. Gualtero y Roger miraron en
+torno asombrados, porque jamás habían visto juntas tantas y tan
+magníficas obras de arte.
+
+--Veo que os gustan, dijo el artista al notar la expresión de grata
+sorpresa reflejada en los semblantes de ambos hidalgos. Lo cual me
+prueba que no faltan ingleses capaces de apreciar tales fruslerías.
+
+--Nunca lo hubiera creído posible, exclamó Roger. ¡Qué colorido, qué
+perfilado! Admira, Gualtero, este Martirio de San Esteban; no parece
+sino que tú ó yo podríamos coger esas piedras ahí pintadas.
+
+--¿Pues y este ciervo, con la cruz que sobre su cabeza destella como una
+aparición portentosa? Es perfecto; no he visto ciervos más naturales en
+los bosques de Bere.
+
+--Mira la hierba, de un verde claro, que parece movida por el viento.
+¡Por vida de! Cuanto he pintado hasta la fecha ha sido juego de niños.
+Este hombre debe de ser uno de aquellos grandes artistas de quienes me
+hablaba el hermano Bartolomé allá en Belmonte.
+
+Una expresión de profundo contento animó el cetrino rostro del artista
+al oir aquellos espontáneos elogios. Su hija se había quitado el manto
+que hasta entonces cubriera sus hombros y cabeza y los dos jóvenes
+admiraron en ella uno de los tipos más acabados de la belleza italiana,
+que muy pronto atrajo toda la atención y las miradas de Gualtero.
+
+--¿Y qué me decís de esto? preguntó el anciano, desenvolviendo el
+paquete que tantas zozobras le había proporcionado.
+
+Era una lámina de vidrio en forma de hoja enorme y pintada en ella una
+cabeza de admirables líneas, rodeada de resplandeciente aureola. Era tan
+natural el colorido, tanta la verdad y la expresión del rostro, que
+parecía imagen viva, mirando dulcemente á los ojos de Roger. Este
+palmoteó, con el entusiasmo que la belleza produce siempre en todo
+verdadero artista.
+
+--¡Es un portento! exclamó; y me admira que hayáis arriesgado por las
+calles una maravilla tan frágil como ésta.
+
+--Confieso que fué grave imprudencia. ¡Un frasco de vino, Tita, pero del
+mejor, del florentino! Sin vuestro auxilio no sé qué hubiera sucedido.
+Examinad bien la tez; á mí mismo me resulta muchas veces demasiado
+obscura, enrojecida por haberse caldeado los colores, ó pálida y falta
+de vida. Pero aquí se ven latir las sienes y se siente correr la sangre
+bajo esa piel bronceada. La pérdida de este trabajo hubiera sido para mí
+una calamidad irreparable. Está destinado á la iglesia de San Remo y
+esta tarde fuí con mi hija para ver si ajustaba bien en el marco de
+piedra que allí lo espera. Me demoré más de lo que esperaba, cerró la
+noche y ya sabéis lo que sucedió después. Pero vos también, hidalgo,
+parecéis tener aficiones artísticas. ¿Sois pintor?
+
+--Apenas me atrevo á responderos afirmativamente después de lo que aquí
+he visto, contestó Roger. Criado y educado en el claustro, no fué tarea
+muy difícil la de manejar los pinceles mejor que los otros novicios.
+
+--Ahí tenéis colores, pinceles y cartón, dijo el viejo artista, y no os
+doy vidrio porque eso requiere conocimientos especiales y bastante
+tiempo. Os ruego que me déis una muestra de vuestro trabajo. Gracias,
+hija mía. Llena los vasos hasta el borde.
+
+Gualtero sostenía conversación animada y al parecer muy interesante con
+la hermosa doncella, expresándose él en una mezcla de francés é inglés y
+ella en graciosas frases franco-italianas, lo cual no les impedía
+entenderse perfectamente. El artista examinaba atento su última y
+maravillosa creación para ver si la pintura había sufrido algún rasguño
+y en tanto Roger manejaba rápidamente los pinceles, hasta dejar
+bosquejadas las facciones y el torneado cuello de bellísima mujer.
+
+--¡Bravo! exclamó el maestro; sois pintor, no hay que dudarlo y podéis
+llegar á serlo muy bueno. ¡Es la cara de un ángel!
+
+--Decid más bien la cara de mi señora Constanza de Morel, exclamó
+sorprendido Gualtero.
+
+--Algo se le parece, á fe mía, dijo Roger un tanto confuso.
+
+--¿Con que un retrato? Tanto mejor y más difícil. Joven, soy Agustín
+Pisano, hijo del maestro Andrés Pisano y os repito que tenéis mano de
+artista. Diré más; que si os quedáis en mi compañía os enseñaré el
+secreto de la preparación de esos trabajos sobre vidrio que ahí véis; la
+composición de los pigmentos y sus mezclas, cómo espesarlos, cuáles
+penetran el vidrio y cuáles no, el caldeado y glaseado de las placas, en
+fin, todos los detalles del oficio.
+
+--Mucho me placería practicar y aprender con tan gran maestro, dijo el
+doncel, pero mi deber me obliga á seguir á mi señor, por lo menos
+mientras dure la guerra.
+
+--¡Guerra, guerra! ¡Siempre lo mismo! exclamó Pisano. Y por consiguiente
+llamáis héroes y grandes hombres á los que más destruyen y matan. _¡Per
+Bacco!_ para hombres notables, de verdadero mérito, dignos de toda
+gloria, los artistas que tenemos en Italia, los que edifican en lugar de
+destruir, los que han creado las bellezas artísticas de mi noble Pisa,
+los que ennoblecen á toda la nación, los Andrés Orcagna, Tadeo Gaddi,
+Giottino, Stefano, Simón Memmi, maestros cuyos colores sería yo indigno
+de mezclar. Y me ha tocado en suerte el contemplar con mis propios ojos
+sus obras inmortales. He visto al anciano Giotto, discípulo á su vez del
+gran Cimabue, con anterioridad al cual sostengo que no existía el arte
+en Italia y hubo que importar artistas griegos para decorar la capilla
+de los Gondi de Florencia. ¡Ah, señores, esos son los grandes hombres,
+los bienhechores de la humanidad, cuyos nombres vivirán eternamente!
+¡Qué contraste con vuestros soldados, que aspiran á la gloria asolando
+comarcas enteras, recorriendo la tierra á sangre y fuego!
+
+--Pues tengo para mí que tampoco están de más los soldados, observó
+Gualtero. De otra suerte ¿cómo podrían esos artistas que nombráis
+proteger y conservar los productos de su genio?
+
+--De los cuales tenemos no pocos á la vista, agregó Roger. ¿Son todos
+estos trabajos de vuestra mano?
+
+--Todos. Notaréis que algunos están concluídos en diferentes placas, que
+unidas forman cuadros de gran tamaño. Aquí en Francia tienen á Clemente
+de Chartres y algunos otros artífices de mérito, dedicados á esta misma
+clase de trabajos. Pero ¿oís? Ya suena otra vez el clarín bélico para
+recordarnos que vivimos bajo la mano férrea del conquistador y no en las
+regiones donde impera el arte.
+
+--Señal es esa también para nosotros, dijo Gualtero al oir el toque de
+los clarines. Bien quisiera yo permanecer aquí más largo tiempo, rodeado
+de tantas cosas bellas--y al decirlo miraba con admiración á la ruborosa
+Tita--pero fuerza es volver á nuestra posada y eso antes de que á ella
+regrese el señor de Morel.
+
+Renovaron Pisano y su hija las demostraciones de gratitud, prometieron
+los escuderos repetir tan grata visita y habiendo cesado la lluvia, se
+dirigieron éstos de la calle del Rey, donde vivía el artista italiano, á
+la de los Apóstoles, en cuya esquina ostentaba su muestra la _Hostería
+de la Media Luna_.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXII
+
+UNA NOCHE DE HOLGORIO EN "LA ROSA DE AQUITANIA"
+
+
+--¿Has visto cara más hermosa, Roger? preguntó Gualtero apenas se
+apartaron de la puerta de Pisano. ¡Qué ojos, qué perfil divino!
+
+--No puedo negar que es bella. ¿Pues y aquel color moreno de las
+mejillas y los negrísimos rizos que circundan el óvalo perfecto de la
+cara?
+
+--¿Dónde me dejas los ojos? De mirada tan clara y tan profunda á la vez;
+tan inocentes al par que tan expresivos....
+
+--Si algún pero se le puede poner está en la barba.
+
+--Pues no lo he notado....
+
+--Graciosamente cortada, eso sí.
+
+--Una barbilla preciosa, Roger.
+
+--Sin embargo ¿no te parece que el conjunto hubiera ganado bastante con
+medio palmo más de bien poblada barba?
+
+--¡Ave María Purísima! Pero ¿de dónde has sacado tú que Tita tenga
+barbas?
+
+--¿Tita? ¿Quién habla de ella?
+
+--¿Pues de quién demonios estás hablando?
+
+--De la magnífica figura destinada á la iglesia de San Remo, ¿no
+recuerdas? Aquella cabeza de santo....
+
+--¡Anda, anda! exclamó Gualtero riéndose. Miren con lo que nos sale
+ahora. Tú sí que eres un menjurje de vándalo, normando, alano y perro
+moro, como nos llamaba á los ingleses el buen Pisano. ¿Quién se acuerda
+de cuadros ni pinturas cuando se tiene delante un ángel del cielo,
+hechura del mismo Dios, como la incomparable Tita? ¡Quién va!
+
+--Me manda el sargento Simón, dijo un arquero acercándoseles
+apresuradamente, para deciros que el señor barón ha resuelto pasar la
+noche en el alojamiento del canciller de Chandos y no necesitará
+vuestros servicios. Simón está en esa taberna con algunos camaradas y
+dice que si quisierais trincar con nosotros....
+
+--Á fe mía, dijo riéndose Gualtero, que con sus cantos y gritos hacen
+bastante algazara para anunciar su presencia sin necesidad de guías ni
+emisarios. ¡Adelante!
+
+Á dos puertas se oía el estrépito de la francachela. Entraron por un
+portalón bajo y al final de estrecho corredor se hallaron en una gran
+sala iluminada por dos antorchas. Junto á las paredes, en casi toda la
+extensión del local, montones de paja sobre la cual reposaban veinte ó
+treinta arqueros de la Guardia Blanca, sentados ó reclinados sobre el
+codo, sin capacetes, coletos ni espadas y con sendos recipientes de
+cuero y estaño llenos de cerveza ó vino, según el gusto de cada cual.
+Dos toneles colocados en un extremo de la estancia indicaban que no
+faltaría con qué llenar de nuevo aquellos enormes cubiletes, cuantas
+veces lo exigiese la sed de los arqueros. Junto á los toneles y como
+presidiendo la reunión, hallábanse el portaestandarte Reno, Simón,
+Tristán y otros tres ó cuatro arqueros veteranos, amén del valiente
+Golvín, capitán del _Galeón Amarillo_, que había ido á tomar unos tragos
+en compañía de sus alegres compañeros de viaje antes de emprender el de
+regreso á Inglaterra. Gualtero y Roger tomaron asiento entre Reno y
+Simón, sin que su llegada acallara por un momento el bullicio.
+
+--¡Cerveza ó vino, camaradas! gritó Simón. Que elija cada cual y no me
+vengáis con arrumacos, porque la mezcla emborracha y ha de ser una cosa
+ú otra. Aquí está tu cubilete, Rubén, rebosando vino generoso. ¿Sabéis
+la noticia, barbilindos?
+
+--No. ¿Qué es ello? dijeron ambos escuderos.
+
+--Pues que tendremos torneo.
+
+--¡Bravo!
+
+--Sí. El arrogante Captal de Buch se ha empeñado en demostrarnos que él
+y otros cuatro caballeros gascones pueden hacer morder el polvo á los
+cinco mejores paladines ingleses de cuantos hay en Burdeos á la fecha.
+Chandos aceptó el reto sobre la marcha, encargándose de elegir á
+nuestros campeones; el príncipe ha prometido una hermosa copa de oro al
+que más altos honores obtenga y en toda la corte no se habla hoy de otra
+cosa.
+
+--¿Por qué han de ser los grandes señores los únicos que se diviertan?
+preguntó Tristán de Horla. Bien pudieran abrirnos el palenque á los
+arqueros y ¡por la cruz de Gestas! que sería cosa de ver cómo
+descoyuntábamos á cinco arqueros gascones.
+
+--Ó cómo otros tantos hombres de armas baldábamos á igual número de
+soldados de esta tierra, dijo Reno.
+
+--¿Quiénes son los mantenedores ingleses? preguntó Golvín.
+
+--Trescientos cuarenta y un caballeros tenemos hoy en Burdeos, y ya se
+han recibido trescientos cuarenta carteles aceptando el reto. El único
+que falta es el de Sir Mauricio de Ravens, á quien la gota tiene clavado
+en el lecho.
+
+--Un arquero de la guardia me ha dicho que el príncipe quería romper una
+lanza, pero que sus consejeros no se lo han permitido, porque habrá más
+de combate que de torneo, tal están que arden los señores gascones.
+
+--Por lo pronto tenemos á Chandos.
+
+--Su Alteza le ha prohibido tomar parte en la próxima justa. Chandos
+será juez del campo, en unión de Sir Guillermo Fenton y el duque de
+Armagnac. Nuestros campeones serán los señores de Abercombe, Percy,
+Beauchamp y Leiton, y el invencible barón de Morel.
+
+--¡Viva! ¡San Jorge le proteja! ¡Buena elección! vociferaron los
+arqueros.
+
+--¡Buena, como hay Dios! exclamó Simón. No hay para un soldado de buena
+fibra honra mayor que la de tenerle por jefe. Ya veréis á dónde nos
+lleva, muchachos, y en qué aventuras nos mete. Noto que desde su llegada
+á Burdeos anda con un parche en un ojo, lo mismo que hizo la víspera de
+Poitiers. Pues ese parche va á costar mucha sangre, os lo digo yo.
+
+--¿Cómo fué lo de Poitiers, sargento? preguntó un joven arquero.
+
+--¡Cuéntalo, Simón! exclamaron otros.
+
+--¡Á la salud de Simón Aluardo! dijeron muchos empinando el codo.
+
+--Preguntádselo á éste, peneques, contestó modestamente el veterano
+señalando á Reno. Él vió más que yo, pero ¡por los clavos de Cristo! no
+dejé de tomar también parte y buena en aquella tremolina.
+
+--Gran día fué aquel, dijo Reno moviendo la cabeza y entornando los
+ojos; como no espero volver á verlo. Muchos y muy buenos arqueros
+cayeron también en la jornada.
+
+--¿Buenos? Pues no hay más que nombrar á Gofredo, Calvino, el Payo,
+Nelson, que antes de caer para no levantarse más se aferró á un gran
+señor francés y le cortó la cabeza á cercén. Mejores arqueros no los he
+visto en mi pícara vida.
+
+--¡Pero la batalla, Simón, la batalla! gritaron muchos. ¡Cuenta, cuenta!
+
+--¡Á callar se ha dicho, moscones! berreó el sargento. "¡Cuenta, Simón!"
+Pues no hay cuento que valga hasta que me haya remojado el gaznate.
+¡Buena cerveza! Era en el otoño de 1356; nuestro príncipe Eduardo tomó
+por Auvernia, el Berry, Anjou y Turena, y de Auvernia os diré que las
+muchachas son zalameras y el vino agriado. En Berry dadle vuelta y
+aprended que las mozas son hoscas y el vino una bendición. Pero Anjou es
+gran tierra para los arqueros decentes, porque allí vino y mujeres son
+unas mieles. Lo único que saqué de Turena fué una descalabradura, pero
+en Vierzón, en un monasterio de órdago, me hice con un copón de oro por
+el cual me dió treinta ducados un judío genovés. De allí, anda que anda
+hasta llegar á Bourges, donde me tocó en suerte una túnica de seda
+carmesí labrada de oro y perlas, como vosotros no la veréis jamás, y un
+par de borceguíes con borlas de seda blanca, lo mismo que los del rey
+nuestro señor.
+
+--¿Los arrebañaste en alguna tienda, Simón?
+
+--¡Se los quité de los pies á un caballero enemigo, so lagarto! Bien
+pensado el caso, me dije que él no había de necesitarlos más, visto que
+le salía por pecho y espalda una flecha mía de las gordas....
+
+--¿Qué más, qué más?
+
+--Nos dimos otra zampada de camino, y éramos lo menos seis mil arqueros
+cuando llegamos á Isodún, donde también me favoreció la suerte.
+
+--¿Otra batalla? ¿Otro par de botas, Simón? se oyó decir á los
+arqueros.
+
+--No, algo mejor que eso. En las batallas poco hay que ganar, como no
+sean testarazos, á menos que se logre rescate por algún pájaro gordo. Lo
+que hubo fué que en Isodún yo y otros tres muchachos de Gales nos
+metimos en un caserón muy grande que los otros camaradas pasaron por
+alto y allí descubrí y me apropié un cobertor de finas plumas como sólo
+los estilan las duquesas de Francia. Tú lo has visto, Tristán, y sabes
+si es rico y mullido. Lo acomodé bien envuelto sobre una mula del
+vivandero y allá lo tengo en una venta cerca de Dunán, para el día en
+que me case. ¿Te acuerdas de la ventera, _mon petit_? preguntó á Roger,
+guiñándole el ojo.
+
+--¡Adelante! vocearon tres ó cuatro arqueros.
+
+--Eso es, continuó el veterano. Que otros saquen las castañas del fuego
+para que vosotros os estéis como unos papanatas oyendo historias con la
+boca abierta. ¡Buena cerveza! Nuestros seis mil tunantes, el príncipe y
+sus caballeros, yo y la mula con el cobertor de pluma salimos por fin de
+Turena, dejando allí sangrienta memoria. En Romorantín topé con una
+cadena y unos brazaletes de oro, pero topé también con una mozuela como
+un sol, que me los robó al día siguiente. Porque habéis de saber que hay
+gentes que no vacilan en apoderarse de lo ajeno....
+
+--¡Al grano, Simón! ¡Esa batalla!
+
+--Todo se andará, cachorros, si me dejáis respirar. Pues sucedió que el
+rey de Francia, llamado Juan II, se puso al frente de cincuenta mil
+hombres y nos persiguió furiosamente. Pero lo bueno fué que cuando nos
+alcanzó, seguro de pasarnos á cuchillo, se halló con que no supo cómo
+atacarnos ni cómo cogernos, porque lo esperamos esparcidos por los
+vallados y viñedos de unas alturas, hasta donde sólo podían subir por
+una ladera y eso al descubierto, ofreciéndonos magnífico blanco. Así
+ocultos y protegidos, formaban nuestra derecha los arqueros, con los
+hombres de armas á la izquierda, los caballeros en el centro y detrás de
+ellos la mula del cobertor. Trescientos caballeros franceses se
+dirigieron hacia ella en línea recta, para empezar, y muy valientes y
+apuestos parecían, pero los cogió en el camino tal nublado de flechas
+que pocos escaparon con vida. Tras ellos subieron al ataque los soldados
+tudescos al servicio del rey Juan y pelearon muy guapamente, tanto que
+tres ó cuatro se colaron por entre los arqueros y corrieron hacia la
+preciosa mula. Pero trabajo inútil, porque ví á nuestro capitán, el sin
+par barón de Morel, destacarse del grupo de nobles, con su parchecito
+sobre un ojo como lo lleva estos días y despachar á aquellos perdularios
+con toda calma. En seguida el barón se lanzó contra el grueso de los
+asaltantes, seguido de Lord Abercombe con sus cuatro escuderos del
+Chesire y otros de igual temple, tras ellos Chandos y el príncipe y
+detrás nosotros con espada y hacha, porque habíamos agotado las flechas.
+Muy imprudente fué aquella maniobra nuestra, porque no sólo abandonamos
+la protección del terreno sino que dejamos sin defensa á la mula del
+vivandero y cualquier taimado francés ó tudesco pudo hacerla prisionera
+con el tesoro mío que llevaba encima. Pero todo salió bien, cayeron en
+nuestro poder el rey Juan y su hijo, Nelson y yo descubrimos un carro
+con doce barriles de vino generoso destinado á la mesa del rey... y no
+sé cómo fué, muchachos, pero os aseguro que no me acuerdo de lo que
+sucedió después, ni tampoco pudo recordarlo Nelson.
+
+--¿Y al día siguiente?
+
+--Como podéis figuraros, no perdimos mucho tiempo por aquellos
+andurriales, sino que tomamos al trote el camino de Burdeos, á donde
+llegamos sin tropiezo con el rey de Francia y el cobertor de pluma.
+Vendí el resto de mi botín, _mes garçons_, por tantas monedas de oro
+como cupieron en mi bolsón de cuero y por siete días tuve doce velas
+encendidas en el altar del bendito San Andrés, porque sabido es que si
+olvidáis á los santos cuando las cosas marchan bien es muy probable que
+ellos se olviden de vosotros cuando los necesitéis.
+
+--Decidme, sargento, preguntó un mozalbete desde el extremo opuesto del
+cuarto ¿á qué cuento fué la batalla aquella?
+
+--¿Ahora salimos con esas, rocín? ¿Pues á qué cuento había de ser sino á
+dejar sentado una vez por todas quién había de llevar la corona de
+Francia?
+
+--Bueno es saberlo. Creíame yo que era para averiguar quién debía de
+quedarse con vuestro cobertor de pluma....
+
+--Mira, hijo, que si me llego á tí con este cinto mío y empiezo á darte
+zurriagazos lo vas á sentir de veras, dijo Simón entre las carcajadas de
+todo el concurso. Pero se hace tarde, Reno, y cuando los polluelos
+empiezan á piar contra gallos viejos como yo, es hora de que vuelvan al
+gallinero.
+
+--¡No, no, venga otra canción! gritaron muchos.
+
+--¡Que cante Sabas! Como él no hay otro en la Guardia Blanca. ¡Que
+cante, que cante!
+
+--¡Alto ahí! dijo entonces el capitán Golvín. Para entonar unas trovas
+como Dios manda nadie mejor que el mocetón éste. Y al decirlo puso la
+mano en el hombro de Tristán.
+
+--Muy cierto es, que á bordo del galeón parecía rugir la tempestad
+cuando él cantaba "Las campanas de Milton."
+
+--Ó "La Molinera de York." ¡Anda, Tristán!
+
+El exnovicio se pasó el dorso de la mano sobre los labios y mirando á la
+pared de enfrente entonó la canción pedida con un vozarrón tremendo. Al
+concluir lo saludaron sus oyentes con una tempestad de aplausos y
+gritos, y Tristán agarró el vaso de cerveza que halló más cerca y lo
+vació de un tirón.
+
+--La primera vez que canté "La Molinera," dijo modestamente, fué en la
+taberna de Horla, cuando ni soñaba ser arquero.
+
+--¡Otro trago, camaradas! gritó Reno sumergiendo su enorme recipiente de
+cuero en el tonel. ¡Á la salud de la Guardia Blanca y de cuantos siguen
+el estandarte de las cinco rosas!
+
+--¡Por la guerra próxima y la victoria segura! brindó el capitán Golvín.
+
+--¡Por el montón de oro que aguarda á los buenos arqueros!
+
+--¡Y por las muchachas bonitas! gritó Simón. ¡Y se acabaron los brindis,
+canastos! añadió pegando tremebundo puntapié al tonel que tenía más
+cerca.
+
+Con cantos, risas y chanzas fueron desfilando los alegres arqueros, y no
+tardó en reinar completo silencio en la poco antes bulliciosa sala de
+_La Rosa de Aquitania_.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXIII
+
+LAS JUSTAS DE BURDEOS
+
+
+La fama y brillo de la corte que rodeaba al príncipe Eduardo desde su
+instalación como Duque de Aquitania, atraían á numerosos caballeros de
+toda Europa y los torneos y justas eran por entonces espectáculos que
+con frecuencia presenciaban los vecinos de Burdeos. Con los más afamados
+paladines ingleses y franceses solían romper lanzas diestros justadores
+de Alemania, caballeros de Calatrava, nobles portugueses é italianos y
+aun formidables guerreros de la Escandinavia y otras regiones del norte
+y del oeste.
+
+Pero en la ciudad y en toda la comarca fué objeto del mayor interés y de
+incesantes comentarios la noticia de que cinco caballeros ingleses entre
+los más esforzados habían dirigido un cartel de reto á otros tantos
+nobles de la cristiandad, quienesquiera que fuesen. Había gran
+curiosidad por ver quienes lo aceptarían y sabíase además que aquellas
+justas serían las últimas por entonces, ya que el príncipe se aprestaba
+á salir con toda su gente para la guerra de España. La víspera del
+torneo llegaron á Burdeos multitud de gentes de todo el Medoc, que
+tuvieron que acampar fuera de las murallas, en el llano y á orillas del
+Garona. Tampoco faltaron oficiales del ejército acuartelado en Dax, ni
+nobles y burgueses de Blaye, Bourg, Libourne, Cardillac, Ryons y otras
+muchas villas, que llegaron durante el día y parte de la noche anterior
+al combate, á pie, á caballo y en vehículos de todas clases.
+
+No fué pequeña empresa la de elegir cinco caballeros por banda, cuando
+tantos y tan valientes y ganosos de gloria los había congregados allí; y
+en poco estuvo que la elección ocasionase una serie de duelos
+preliminares que sólo pudieron evitarse con la intervención del príncipe
+y de los nobles de más edad y merecimientos. Hasta la víspera del día
+fijado para el torneo no se fijaron en la liza, pendientes de sendas
+lanzas, los escudos de los campeones, para que los heraldos y el público
+supiesen sus nombres y también para que se presentase ante los jueces de
+campo toda fundada querella ó protesta contra la participación de
+cualquiera de ellos en el torneo.
+
+Los dos aguerridos capitanes Roberto Nolles y Hugo Calverley no habían
+regresado de la expedición á Navarra que el príncipe les encomendara, lo
+cual privó á los justadores ingleses de dos de sus mejores lanzas. Pero
+eran tantas y tan buenas las que aun quedaban que los señores Chandos y
+Fenton, á quienes en definitiva se encomendó la elección, tuvieron que
+discutir y pesar uno por uno los méritos y hazañas de muchos aspirantes;
+decidiéndose por fin á favor de Morel de Hanson y Abercombe de Chesire,
+renombradísimo el primero entre los nobles veteranos y héroe de Poitiers
+el segundo. De los caballeros más jóvenes resultaron agraciados tres
+brillantes paladines: Tomás Percy, Guillermo Beauchamp y Raniero Leiton.
+Desde luego aceptaron el reto inglés todos los caballeros gascones y la
+elección, difícil de suyo, favoreció á Captal de Buch, Oliverio de
+Clisón, Pedro de Albret, el señor de Mucident y un caballero teutón
+llamado Segismundo de Bohemia. Al mirar aquellos diez escudos los
+veteranos ingleses se prometían un torneo brillante cual ninguno, pues
+eran los mantenedores hombres de gloriosa historia y de valor y esfuerzo
+probadísimos.
+
+--Á fe mía, Chandos, dijo el príncipe mientras cabalgaba junto al
+canciller por las estrechas y tortuosas calles de la ciudad, camino del
+palenque; bien quisiera yo romper una lanza en estas justas, suponiendo
+que los jueces de campo no me creyesen indigno de alternar con tan
+famosos campeones.
+
+--No hay en el ejército mejor ni más digno paladín que vos, señor,
+replicó Chandos, pero dadas las circunstancias de este torneo, creedme,
+no conviene que participéis en él. No es de vuestro alto cargo el tomar
+aquí partido á favor de ingleses contra gascones, ni poneros con éstos
+frente á aquellos, lanza en ristre ó espada en mano. Demasiado
+sobreexcitados están ya los ánimos.
+
+--Siempre la razón de estado, Chandos, que vos sacáis á relucir no sólo
+en la sala del consejo sino camino de fiesta tan alegre y lucida como
+ésta. ¿Y qué piensan de ella mis hermanos de Castilla y Mallorca?
+preguntó dirigiéndose á los príncipes españoles, que á su derecha
+cabalgaban.
+
+--Mi opinión es que hoy presenciaremos no pocas proezas, dijo Don Pedro,
+en vista de la fama y pujanza de los justadores.
+
+--¡Por Santiago! observó Don Jaime, otra cosa va llamando mi atención y
+es el buen porte y mejores vestidos de esos burgueses de Burdeos que se
+agolpan á mirarnos. Rica en verdad debe de ser esta gran villa y holgada
+la condición de sus moradores, á pesar de recientes guerras y
+trastornos.
+
+--Pues si el aspecto de los buenos burgueses os admira, repuso Don
+Pedro, ¿qué me decís de esos hombres de armas escogidos y de los bien
+plantados arqueros? Difícil sería igualar y menos vencer fuerzas tan
+apuestas y bien disciplinadas.
+
+--Con esos soldados cuento, dijo el príncipe inglés, y con otros muchos
+como ellos, para hacer entrar en razón á los usurpadores de Castilla y
+Mallorca.
+
+Sonriéronse ambos pretendientes, revelando en sus semblantes la
+satisfacción y la confianza con que habían oído aquellas palabras.
+
+--Y una vez hecha justicia, dijo Don Pedro de Castilla, uniremos las
+fuerzas de Inglaterra, Aquitania y España y mucho sería que de tal unión
+no resultasen magnas consecuencias.
+
+--Por ejemplo, agregó el príncipe Eduardo con evidente entusiasmo,
+completar para siempre la expulsión de los infieles del territorio de
+Europa. No creo que pudiéramos acometer empresa más grata para la Santa
+Virgen, excelsa patrona de Aquitania.
+
+--Ni más aceptable para todo español. En tal empresa cuente Vuestra
+Alteza con el apoyo absoluto de nobles y plebeyos, así en León y
+Castilla como en Asturias, Navarra, Mallorca y Aragón. Y aun para
+perseguir á los moros allende el mar y combatirlos en sus guaridas del
+África y de Oriente.
+
+--¡Sí, por Dios! exclamó el Príncipe Negro. Ese ha sido uno de mis
+sueños dorados, ver ondear el estandarte inglés sobre los muros y
+mezquitas de la ciudad santa.
+
+--La conquista de Jerusalén no puede parecer peligrosa ni ardua á
+quienes han realizado la conquista de París.
+
+--Ni me había de contentar yo con eso, sino con el sitio y toma de
+Constantinopla y la guerra á muerte contra el Sultán de Damasco. Y
+vencido éste, todavía podríamos imponer tributo á las hordas tártaras,
+otra amenaza de la cristiandad. Decidme, Chandos, ¿no habríamos de poder
+llegar nosotros hasta donde llegó Ricardo Corazón de León?
+
+--Poder hacerlo es una cosa, replicó el prudente consejero, y otra muy
+distinta saber si conviene y debe hacerse. Desde luego, cuente Vuestra
+Alteza con que el rey de Francia vería el cielo abierto el día que los
+ejércitos ingleses cruzasen el mar, en persecución de los infieles de
+Oriente.
+
+--Os conozco demasiado, Chandos, para no saber que esas palabras os las
+dicta vuestra razón, no el temor ni el cansancio de las guerras. ¡Qué
+enorme multitud! No recuerdo haber visto tantos curiosos desde el día en
+que recorrí las calles de Londres acompañando á mi prisionero el rey de
+Francia.
+
+Un mar de cabezas cubría por completo la vasta llanura que se extendía
+desde la Puerta del Norte hasta los primeros viñedos del este de la
+ciudad y hasta las orillas del río. Entre los obscuros tonos de aquella
+multitud se destacaban ya las toquillas de vivos colores de las mujeres,
+ya el casco de un arquero herido por los rayos del sol. En el centro de
+la llanura, quedaba el espacio cercado que se destinaba á las justas,
+con gradas y tribunas engalanadas con multitud de gallardetes y
+banderas. Trabajo costó abrir estrecho paso á los príncipes y su séquito
+entre aquella masa compacta, que los saludó con aclamaciones
+atronadoras. Tras ellos fueron llegando numerosos nobles y damas
+ricamente ataviadas y pronto quedaron llenas las tribunas, relucientes
+de oro y pedrería. En el numeroso séquito del príncipe y sus regios
+huéspedes figuraban capitanes y cortesanos de Gascuña y España, de
+Inglaterra, el Lemosín y Saintonge. En los asientos y gradas encantaban
+la mirada las morenas bellezas del Garona y junto á ellas las rubias
+beldades inglesas, ostentando unas y otras sus mejores galas. De las
+balaustradas de las tribunas colgaban ricos tapices y anchas franjas de
+terciopelo en cuyo centro destacábanse, bordados en oro, plata y sedas
+de vivos colores, los escudos de armas de cien nobles. No tardaron en
+tomar éstos asiento, la multitud y los soldados se acomodaron como mejor
+pudieron y los pajes y palafreneros se encargaron de las armas y
+monturas de sus señores.
+
+Los mantenedores ocupaban la extremidad del campo más cercana á las
+puertas de la ciudad. Frente á sus respectivos pabellones se veían los
+escudos de armas de los cinco campeones ingleses, sostenidos por otros
+tantos escuderos; allí las rosas de Morel, las barras gules de Leiton,
+el león de Percy, los grifos de Abercombe y las plateadas alas de
+Beauchamp. Tras los pabellones piafaban impacientes los grandes caballos
+de batalla lujosamente enjaezados. La gran mayoría de los arqueros y
+hombres de armas ingleses se agrupaban en aquel extremo de la liza,
+ganosos de contemplar y vitorear á sus famosos campeones, que sentados á
+la puerta de sus tiendas, armados completamente y con el yelmo sobre las
+rodillas, departían tranquilamente sobre el gran suceso del día en que
+tan importante parte les tocaba desempeñar. Pero el pueblo gascón no
+ocultaba su preferencia por Captal de Buch y sus compañeros, pues la
+popularidad de los ingleses había decaído mucho desde las enconadas
+contiendas originadas por la captura del rey de Francia y el destino que
+debía de darse al regio prisionero. De aquí que no fueran generales,
+aunque sí muy nutridos, los aplausos que acogieron la proclamación del
+rey de armas, anunciando los nombres y títulos de los caballeros
+ingleses que estaban prontos, "por su Dios, por su patria, por su rey y
+por su dama," á combatir contra cuantos hidalgos les hiciesen la honra
+de romper lanzas con ellos. Más que aplausos, en cambio, fueron
+aclamaciones ensordecedoras las que saludaron al heraldo que en el
+opuesto extremo de la liza enumeró los nombres popularísimos de los
+justadores gascones.
+
+--Comienzo á creer que teníais mucha razón, Chandos, al aconsejarme que
+no tomase hoy partido ni enristrase lanza, dijo el príncipe en voz baja
+al notar el estado de los ánimos. Paréceme, señor de Armagnac, que
+nuestros amigos de Aquitania no verían con malos ojos la derrota de los
+campeones ingleses.
+
+--Bien pudiera ser, príncipe, como no dudo que en iguales circunstancias
+el pueblo de Londres ó Windsor favorecería ó aclamaría á sus
+compatriotas.
+
+--Y no está lejos la demostración palpable de lo que decís, exclamó
+riéndose el príncipe, porque allá diviso unas veintenas de arqueros cuyo
+vocerío no cede al de la multitud. Mucho me temo que sufran amargo
+desencanto si la copa de oro que he ofrecido al vencedor se queda en
+Aquitania en vez de cruzar el mar. ¿Cuáles son las condiciones, Chandos?
+
+--Cada pareja justará no menos de tres veces y la victoria será del
+partido cuyos campeones hayan triunfado en mayor número de encuentros
+singulares. El que más se distinga entre ellos recibirá el trofeo
+ofrecido por Vuestra Alteza, y el más diestro justador de los vencidos
+un broche de oro y piedras preciosas. ¿Doy la señal?
+
+Contestó el príncipe afirmativamente, sonaron los clarines y los
+mantenedores fueron entrando en liza uno tras otro y arremetiendo á sus
+contrarios, con varia fortuna para ambos bandos. Así, Sir Guillermo
+Beauchamp cayó al poderoso golpe de Captal de Buch, pero Percy desarzonó
+al de Mucident; Lord Abercombe derribó á su vez al señor de Albret y por
+fin el hercúleo Oliverio de Clisón igualó la suerte del combate con la
+victoria que alcanzó sobre Sir Raniero Leiton.
+
+--¡Por Santiago! exclamó Don Pedro, buenas lanzas y grande empuje, tanto
+los señores gascones como los ingleses.
+
+--¿Quién es el próximo adalid inglés? preguntó el príncipe con voz que
+denotaba su viva emoción.
+
+--El barón León de Morel, de Hanson, respondió Chandos.
+
+--Campeón esforzado y diestro si los hay.
+
+--Sin duda alguna, señor, pero su vista, como la mía, se halla muy
+quebrantada tras largas campañas. Con su poderoso brazo ganó en buena
+lid la diadema de oro ofrecida como trofeo por la reina Felipa, augusta
+madre de Vuestra Alteza, en las grandes justas con que se celebró en
+Inglaterra la toma de Calais. En el castillo de Monteagudo, donde
+reside, tiene un tesoro en premios y trofeos.
+
+--Ojalá vaya á reunirse con ellos la copa de este torneo, dijo el
+príncipe en voz baja. Aquí tenemos al paladín alemán y por su aspecto
+parece muy temible enemigo. Advertid al rey de armas que les permita
+encontrarse por tres veces en la liza, ya que tanto depende ahora del
+resultado de este combate.
+
+Sonaron de nuevo los clarines, hizo el rey de armas la señal que
+repitieron los farautes y se adelantó el último campeón de los gascones
+entre los vítores desaforados de la multitud. Era un guerrero de gran
+talla y fornido cuerpo, con yelmo y armadura negros y escudo sin divisa,
+pues prohibían tenerla los estatutos de la orden teutónica á que
+pertenecía. Flotaba á su espalda amplio manto blanco que tenía bordada
+en su centro la cruz negra orillada de plata de aquella orden. Manejaba
+briosamente su soberbio bridón, negro como el azabache y de gran alzada;
+y después de saludar al príncipe volvió grupas y ocupó su puesto á un
+extremo de la liza.
+
+Inmediatamente salió el barón de Morel de su tienda y se dirigió al
+galope hacia el balconcillo regio, ante el cual detuvo súbitamente al
+fogoso corcel con tal fuerza que lo hizo retroceder y alzarse de manos,
+á tiempo que el jinete saludaba profundamente. Llevaba el barón
+brillante armadura blanca, escudo blasonado y yelmo con largo y airoso
+penacho de plumas también blancas. La gracia y viveza de sus
+movimientos, el esplendor de su armadura y de los paramentos de su
+caballo y los corveteos de éste hicieron estallar unánimes aplausos. El
+barón saludó otra vez con singular donaire y se dirigió al punto del
+campo frontero al que ocupaba su contrario, haciendo caracolear al noble
+bruto y más como quien se dirige á una alegre fiesta que á fiero
+combate.
+
+Tan luego se hallaron frente á frente ambos campeones reinó absoluto
+silencio en todo el palenque. Del resultado dependía no sólo la gloria
+que pudiera caber al vencedor sino la victoria ó la derrota del bando
+que respectivamente representaban. Guerreros ambos de mucha nombradía,
+sus proezas los habían llevado á muy distintos países y campos de
+combate, sin darles hasta entonces la oportunidad de medirse cuerpo á
+cuerpo. Dióse la señal, y puestas las lanzas en los ristres arremetieron
+uno contra otro ambos combatientes, encontrándose con tremendo choque
+frente á la regia tribuna. Aunque el teutón se estremeció al golpe
+furibundo del caballero inglés, su lanza alcanzó á éste en la visera con
+fuerza tal que rompió las cintas que sujetaban el casco y éste cayó
+hecho pedazos, pero el barón continuó su carrera, descubierta la calva
+cabeza que brillaba á los rayos del sol. Millares de pañuelos y gorras
+agitados en el aire y un vocerío inmenso acogieron aquella ligera
+ventaja del caballero teutón.
+
+Nada desanimado el de Morel, llegóse á escape á su pabellón y se
+presentó á los pocos momentos con otro fuerte yelmo, pronto para la
+segunda justa. El resultado de ésta fué tan igual para ambos que los
+mejores jueces no hubieran podido adjudicar la victoria á uno ni otro.
+Así Morel como el de Bohemia resistieron impávidos el bote formidable
+del contrario, que ambos recibieron de lleno en el pecho y sin perder la
+silla. Pero en el tercer encuentro la lanza del barón se clavó entre las
+barras de la celada del contrario, arrancándole de golpe la visera, á
+tiempo que el de Bohemia, con singular mala suerte, desviaba su lanza y
+daba con ella fuerte golpe en el muslo de Morel, contra todas las reglas
+del torneo, que prohibían herir al contrario de la cintura abajo y
+declaraban vencido al que tal hiciera. También daba á Morel aquel
+malhadado golpe el derecho de apropiarse las armas y el caballo del
+enemigo, si hubiera querido ejercerlo. Los aplausos y gritos delirantes
+de los soldados ingleses y el silencio y los ceñudos rostros del pueblo
+anunciaron, antes que lo hicieran los farautes, el triunfo de los
+primeros, que habían obtenido ventaja en tres encuentros, contra dos que
+ganaran los gascones. Ya se habían congregado los diez combatientes
+frente á la tribuna del príncipe para recibir dos de ellos el galardón
+merecido, cuando el agudo toque de un clarín llamó la atención de los
+presentes hacia un extremo del palenque, ganosos todos de ver al
+inesperado caballero que así anunciaba su llegada.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXIV
+
+DE CÓMO EL ESTE ENVIÓ UN FAMOSO CAMPEÓN
+
+
+Dicho queda que las grandes justas de Burdeos, para las cuales era
+estrecha y de todo punto inadecuada la plaza frontera á la abadía de San
+Andrés, se celebraban extramuros, en la vasta llanura inmediata al río.
+Al este de aquella se elevaba el terreno, cubierto de verdes viñedos en
+verano, por entre los cuales serpenteaba el camino que conducía al
+interior, muy frecuentado de ordinario pero solitario aquel día en que
+todos, así viajeros como habitantes de la ciudad, formaban parte de la
+multitud espectadora.
+
+Mirando en la dirección de aquel camino hubiera podido verse, aun mucho
+antes de terminar el combate, dos puntos brillantes y móviles que fueron
+acercándose hasta mostrar al observador que procedían del reflejo del
+sol sobre los cascos de dos jinetes que se adelantaban al galope en
+dirección á Burdeos. Era el primero de ellos un caballero armado de
+punta en blanco, que montaba brioso corcel negro con blanca estrella en
+la frente. Parecía el jinete de corta estatura pero robusto y ancho de
+hombros, y llevaba calada la visera, sin empresa ni blasón sobre el
+blanco arnés ni el liso y bruñido escudo. El otro era evidentemente su
+escudero, sin más armas ofensivas ni defensivas que su yelmo y la
+poderosa lanza de su señor, que empuñaba con la diestra mano. En la
+izquierda, además de las riendas de su propia montura, tenía también la
+brida de un soberbio alazán con lujosos paramentos que le llegaban hasta
+los corvejones. Llegados ambos jinetes con los tres caballos á la
+entrada del palenque, dió el escudero aquel vibrante toque que tanto
+sorprendió á los espectadores.
+
+--¿Quién es ese caballero, Chandos, y qué desea? preguntó el príncipe
+Eduardo.
+
+--Á fe mía, replicó el canciller con no disimulada sorpresa, que ó mucho
+me engaño ó es un noble francés.
+
+--¡Francés! exclamó Don Pedro de Castilla. ¿Qué os induce á creerlo si
+no lleva blasón ni divisa que lo acredite?
+
+--Me basta mirar la forma de su armadura, señor, más redondeada en el
+codo y las hombreras que cuantas proceden de Inglaterra ó de España.
+También podría ser arnés de fabricación italiana, sin la curva especial
+del peto; y cuanto más lo miro más seguro estoy de que ese coselete ha
+sido hecho por artífices de la parte de acá del Rin. Pero aquí viene su
+escudero y no tardará Vuestra Alteza en saber qué lo trae por estos
+rumbos.
+
+Llegado el escudero ante el príncipe detuvo su caballo, tocó por segunda
+vez la bocina que llevaba suspendida del cinto y dijo con sonora voz y
+marcado acento bretón:
+
+--Vengo como heraldo y escudero de mi señor, noble y esforzado caballero
+y súbdito fiel del muy poderoso rey Carlos de Francia. Sabedor de que se
+celebraban estas justas, solicita mi señor la honra de medir sus armas
+con un caballero inglés que quiera aceptar su reto, ya rompiendo lanzas,
+ya combatiendo con espada y daga, maza ó hacha de armas. Y me ha
+ordenado muy expresamente declarar que su cartel va dirigido tan sólo á
+los nobles caballeros ingleses, no á los que sin serlo, ni ser tampoco
+buenos franceses, hablan la lengua de éstos y sirven bajo la bandera de
+aquéllos.
+
+--¡Osado sois, voto á tal! exclamó el de Clisón con voz tonante, á la
+vez que otros señores gascones llevaban la mano á la espada.
+
+--Mi señor, continuó el enviado sin hacer caso de las palabras de uno ni
+del ademán amenazador de los otros, está pronto á justar desde luego, á
+pesar de que su caballo de batalla acaba de recorrer largo trecho sin
+descanso, pues temíamos llegar tarde al torneo.
+
+--Tarde habéis llegado, en efecto, repuso el príncipe, pues sólo falta
+adjudicar el premio á los vencedores. Pero no dudo que entre estos
+caballeros míos los habrá dispuestos á complacer al campeón de Francia.
+
+--Y cuanto al trofeo, dijo el barón de Morel, seguro estoy de
+interpretar los deseos de estos señores al declarar que le será
+entregado, á pesar de su tardanza, si logra ganarlo en buena lid.
+
+--Llevad, escudero, ambas respuestas á vuestro amo, dijo el príncipe, y
+pedidle que nombre á uno de los cinco mantenedores ingleses que han
+justado hoy para romper lanzas con él. Un momento; ese caballero no
+lleva blasón ni divisa y necesitamos conocer su nombre.
+
+--Mi señor ha hecho voto de no revelar su nombre ni alzar la celada
+hasta pisar de nuevo la tierra de Francia.
+
+--Pero entonces ¿qué garantía tenemos de que no es un rústico diestro en
+el manejo de las armas, ó un palafrenero disfrazado con el arnés de su
+amo, cuando no un noble deshonrado con quien no se dignaría combatir
+ninguno de mis caballeros?
+
+--¡No hay tal, señor, lo juro por lo más sagrado! dijo el escudero con
+vehemencia. Antes bien declaro que no hay en el mundo caballero que no
+se tenga por muy honrado en cruzar la espada con quien aquí me envía.
+
+--Arrogante es la respuesta del escudero, dijo el príncipe, pero
+mientras no nos déis mejores pruebas de la noble calidad de vuestro amo,
+no consiento que con él justen las mejores lanzas de mi corte.
+
+--¿Rehusa Vuestra Alteza?
+
+--Rehuso resueltamente.
+
+--En tal caso, señor, el mío me ha autorizado para revelar secretamente
+su nombre al muy ilustre señor de Chandos, y sólo á él, para que declare
+si Vuestra Alteza misma podría ó no romper lanzas con mi señor, sin el
+menor desdoro.
+
+--Acepto la propuesta, dijo vivamente el príncipe.
+
+Acercóse Chandos al escudero, díjole éste algunas palabras al oído y el
+anciano canciller hizo un ademán de profunda sorpresa, á la vez que
+miraba con curiosidad é interés evidentes al inmóvil caballero que á
+distancia esperaba el resultado de aquellas negociaciones.
+
+--¿Será posible? exclamó.
+
+--Es la pura verdad, señor, dijo el escudero. Lo juro por San Iván de
+Bretaña.
+
+--Debí sospecharlo, agregó Chandos retorciendo los largos bigotes y
+mirando fijamente al apartado caballero.
+
+--¿Qué decís, Chandos? preguntó el príncipe.
+
+--Señor, una gracia os pido. Permitid á mi escudero que me traiga arnés
+para revestirlo y tener la alta honra de cruzar la espada con el campeón
+francés.
+
+--Poco á poco, mi buen Chandos. Tenéis, y muy bien ganados, cuantos
+lauros puede conquistar un hombre y hora es ya de que descanséis.
+Escudero, decid á vuestro amo que es muy bienvenido á mi corte, y que si
+gusta de tomar algún descanso y refrescar en mi compañía antes de la
+justa, pronto estoy á obsequiarle.
+
+--Perdonad, señor, no puede beber con Vuestra Alteza.
+
+--Que designe, pues, al caballero de su elección.
+
+--Desea justar con los cinco mantenedores ingleses, y con las armas que
+cada uno de ellos prefiera y elija.
+
+--Grande es su confianza, á lo que veo. Pero no es bien prolongar su
+espera ni tenemos ya mucho tiempo disponible, pues el sol se acerca al
+ocaso. Á vuestros puestos, caballeros, y veamos si este desconocido
+iguala con la alteza de sus hechos la arrogancia de sus palabras.
+
+Mientras duraron aquellos preliminares permaneció el incógnito campeón
+inmóvil como una estatua de acero, erguido en la silla de su caballo de
+batalla y apoyado en la robusta lanza. El ojo experto de nobles y
+soldados adivinaba un adversario temible en aquel hombre de atléticas
+formas é imponente aspecto. El arquero Simón, que figuraba en primera
+línea con Reno, Tristán y otros camaradas, no escaseaba sus comentarios
+más encomiásticos sobre el talante del desconocido y la maestría con que
+momentos antes había manejado caballo y lanza. Á fuerza de mirarle
+pareció despertarse un confuso recuerdo en la memoria del veterano.
+
+--Apuesto los bigotes del gran turco, dijo contrayendo las cejas, á que
+yo he visto antes al buen mozo ese, aunque no recuerdo dónde. ¿Fué en
+Nogent, fué en Auray? Lo que os digo, muchachos, es que estáis mirando á
+una de las primeras lanzas de Francia, y cuenta que mejores no las hay
+en el mundo y que yo sé lo que me digo.
+
+--Pues yo digo que todos estos torneos y melindres son pura niñería,
+gruñó Tristán de Horla. ¡Por la cruz de Gestas! No sino dejad que me
+vinieran á mí con lancitas y puyazos....
+
+--¿Pues cómo combatirías tú, Tristán? preguntaron algunos.
+
+--Varios modos hay de hacerlo, replicó el gigante reflexionando; pero me
+parece que yo empezaría por romper mi espada.
+
+--Eso es lo que todos procuran hacer.
+
+--¡Ah, no! Pero es que yo no la rompería tontamente sobre el escudo del
+otro, sino contra mi rodilla. Y así convertiría lo que no es más que un
+pincho inútil en una buena maza.
+
+--¿Y después?
+
+--Dejaría que el otro me clavase su espadín en una pierna ó en el brazo,
+ó donde mejor le pareciese y luego y con toda calma le estrellaría los
+sesos con mi maza.
+
+--¡Bravo, Tristán! Vamos, que daría yo mi cobertor de pluma por verte
+suelto en la liza. ¡Bonita manera de justar la tuya! exclamó Simón.
+
+--Pues á mí me parece la mejor, dijo muy serio Tristán. Ó si no,
+agarraría yo al otro por la cintura, lo arrancaría de la silla quieras
+que no y me lo llevaría á mi tienda para no soltarlo hasta que me pagase
+un buen rescate.
+
+Grandes carcajadas acogieron aquella salida del valiente arquero y Simón
+prometió hacer todo lo posible para que nombrasen á Tristán rey de armas
+y pudiese llevar á la práctica sus peregrinas ideas sobre justas y
+torneos.
+
+--Allí viene Sir Guillermo Beauchamp, dijo Reno. Valiente caballero,
+pero temo que no pueda resistir el bote que promete darle la lanza del
+francés.
+
+Y así fué, porque si bien Beauchamp asestó á su contrario fuerte golpe
+en el yelmo, recibió en cambio tan furiosa lanzada que lo sacó de la
+silla y lo hizo rodar por el suelo. No tuvo mejor suerte el de Percy,
+que sacó roto el escudo y desguarnecido el brazo izquierdo, amén de una
+ligera herida en el costado. Abercombe dirigió su lanza á la cabeza del
+desconocido y éste le imitó, manteniéndose firme y erguido en la silla
+después del choque, al paso que el inglés quedó doblado hacia atrás,
+medio caído sobre la grupa del caballo, que recorrió la mitad del campo
+antes de que el jinete recobrase su posición normal. Leiton cayó á los
+golpes de maza del francés, arma elegida por el primero; sus servidores
+lo llevaron en brazos á su pabellón. Aquellas rápidas victorias sobre
+cuatro famosos guerreros llenaron de admiración á los espectadores, y
+así los soldados como las gentes del pueblo le prodigaron sus aplausos.
+
+--Temible campeón, comentó el príncipe; pero ya se adelanta el bravo de
+Morel, á pie y espada en mano, arma en que es quizás el más diestro de
+nuestro reino.
+
+Los combatientes se acercaron llevando al hombro y asidas con ambas
+manos las enormes espadas de combate. La lucha fué empeñada y brillante;
+se atacaban con denuedo y se defendían con destreza increíble,
+menudeando los golpes formidables que resonaban al chocar las espadas
+entre sí ó sobre los fuertes arneses. Por fin levantó el francés su arma
+para descargar un tajo decisivo, pero aquel momento bastó para que el
+barón descubriera un punto vulnerable en la armadura del contrario, y
+pronta como el rayo se clavó su espada en el brazo del francés, en la
+unión de aquél con el hombro. Poco profunda fué la herida, pero bastó
+para hacer brotar la sangre, que trazó roja línea sobre el bruñido peto.
+Aunque el desconocido parecía dispuesto á continuar la lucha, el rey de
+armas lanzó su dorado bastón á la liza y los combatientes bajaron las
+espadas.
+
+El príncipe dispuso inmediatamente que invitasen al campeón francés á
+permanecer algún tiempo en su corte, y si esto no fuera posible, á
+sentarse á su mesa aquella noche y descansar algunas horas en Burdeos.
+Oyó el caballero el cortés mensaje y se dirigió al trote de su corcel
+hacia la tribuna regia, vendado el hombro con blanco pañuelo de seda.
+
+--Señor, dijo con firme voz, saludando al príncipe; no puedo sentarme á
+vuestra mesa. Francés soy y por ende enemigo vuestro. El día más feliz
+de mi vida será aquel en que vea desaparecer en el horizonte la última
+de las galeras inglesas, llevándose al último de los soldados
+extranjeros que hoy pisan y dominan parte de esta tierra de Francia.
+Duras os parecerán mis palabras, pero os lo repito, soy vuestro enemigo.
+
+--Y por las muestras que hoy habéis dado, un enemigo valeroso y temible.
+El rey de Francia puede enorgullecerse de tener servidores como vos.
+Pero vuestra herida....
+
+--Es insignificante y mi caballo puede hacer muy bien la jornada de
+vuelta, que emprenderé ahora mismo. Con Dios quedad; y saludando de
+nuevo se dirigió al galope á la entrada del palenque y desapareció
+seguido de su escudero.
+
+--Valiente, patriota y altivo, exclamó el príncipe. Tengo para mí que el
+justador desconocido de hoy es un gran guerrero francés.
+
+--No lo dudéis, señor, dijo Chandos, y de los más famosos.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXV
+
+DE UNA CARTA Y UNAS RELIQUIAS
+
+
+Cuando Roger se presentó en la cámara del barón al siguiente día,
+hallóle muy ocupado en trazar sobre emborronado pergamino unos signos
+retorcidos y enormes, que según averiguó después eran un conato de carta
+del barón á su esposa.
+
+--Bien vienes, Roger, dijo alborozado apenas divisó al joven. Confieso
+que no soy muy fuerte en achaques de escritura, y aquí me tienes sudando
+para contar á mi señora la baronesa muchas cosas que quiero decirle, con
+unos garabatos que se empeñan en no salir derechos y que no los
+entenderá ella, ni tú, ni yo mismo.
+
+Sonrióse el fiel escudero, ofreció al barón escribirle en un santiamén
+cuantas cartas quisiese y poco tardó en quedar firmada y sellada la en
+que el caballero refería ligeramente los principales episodios de su
+viaje, el encuentro con los piratas, la desgraciada muerte del joven
+escudero Froilán de Roda, su presentación en la corte y cómo se proponía
+salir sin tardanza para Montaubán, donde el resto de la famosa Guardia
+Blanca de su mando entretenía sus ocios quemando y saqueando.
+
+--Algo falta, señor, observó Roger, y si me lo permitís....
+
+--Escribe lo que gustes, Roger, y agrégalo á mi carta, que cuanto digas
+habrá de ser interesante y agradable para mi señora la baronesa.
+
+Aprovechando el permiso, describió el doncel lo que por modestia callaba
+el barón, la gloria alcanzada por éste en combates y justas; aseguró á
+la castellana de Morel que la salud del barón era inmejorable, que
+todavía quedaban en la escarcela confiada á su guarda muy buenos
+ducados y durarían hasta llegar él con su señor á Montaubán, y por
+último rogaba á la baronesa que aceptase sus respetos y se sirviese
+presentárselos muy rendidos á su hija la sin par Constanza.
+
+--Muy bien expresado está todo eso, dijo el barón, moviendo satisfecho
+su calva cabeza. Y ahora, Roger, si algo quieres escribir á tus
+parientes de Inglaterra, lo enviaré con el mismo mensajero que ha de
+llevar mis cartas.
+
+--No tengo parientes, señor, dijo Roger tristemente. Mi hermano es el
+único....
+
+--Sí, recuerdo cómo os separasteis y te aseguro que no pierdes mucho.
+Pero ya que no personas de tu misma sangre ¿no tienes allá alguien que
+te sea querido?
+
+--Oh, sí, replicó el joven, suspirando.
+
+--Vamos, ya veo. ¿Es hermosa?
+
+--Bellísima.
+
+--¿Buena?
+
+--Como un ángel.
+
+--¿Y no te ama?
+
+--No puedo decir que ame á otro.
+
+--En tal caso, tu deber es hacerte digno de su amor. Sé honrado y
+valiente; sin humillarte ante el poderoso, muéstrate afable y dulce con
+el pobre y humilde, y á su tiempo te verás honrado con el amor de una
+doncella pura y buena, el mayor galardón á que aspirar pueda todo
+cumplido caballero. ¿Es tu amada de noble alcurnia?
+
+--De nuestra más distinguida nobleza, señor.
+
+--Cuidado, Roger, cuidado. No piques muy alto y recojas desengaños y
+amarguras.
+
+--Vos conocisteis á mi padre, señor barón, y sabéis también lo que vale
+el linaje de los Clinton de Hanson....
+
+--Rancia é indiscutible nobleza y gloriosa historia. Mas no lo digo por
+tus blasones, hijo mío, sino por tu carencia de fortuna. Si fueras tú el
+señor de Munster, en lugar de tu bullicioso hermano.... Pero, ó mucho me
+engaño ó los pasos que resuenan son los de Sir Oliver.
+
+No tardó en presentarse el rechoncho caballero, rojo de indignación, con
+la inaudita noticia de que acababa de enviar un cartel de desafío á los
+señores de Chandos y Fenton, cancilleres del ducado de Aquitania y á
+quienes el príncipe encomendara la elección de los caballeros que con
+tanto lucimiento sostuvieron el honor de las armas inglesas en el torneo
+de la víspera. Atónito el de Morel ante tamaño desplante, averiguó que
+el señor de Butrón se sentía ofendido por no haber figurado su nombre
+entre los cinco elegidos y se proponía pedir cuenta de aquel desacato á
+Chandos y Fenton. Trabajo le costó al barón apaciguar á su alborotado
+amigo, quien acabó por confesarle que sólo esperaba saborear un nuevo y
+gustoso guiso que en aquel momento le preparaban, para enviar también un
+cartel al mismo príncipe.
+
+--Pero ¿estáis dejado de la mano de Dios? le preguntó el barón. ¿Qué os
+ha hecho el príncipe?
+
+--Me tiene en poco, lo mismo que Chandos, y empieza á convertirme en
+blanco de sus pullas y cuchufletas. ¿Sabéis la que me lanzó anoche
+después del torneo? Alababa uno de mis amigos la fuerza de mi brazo y el
+príncipe tuvo á bien decir que por fuerte que fuera el brazo nunca lo
+sería tanto como el espinazo de mi caballo. Gracia ésta que fué recibida
+con gran risa por todos los presentes.
+
+Rióse también el barón, volvió á calmar á su pletórico amigo lo mejor
+que supo y pudo, y viéndolo ya más dispuesto á gozar de sus guisos y
+golosinas que á seguir lanzando retos á troche y moche, se despidió de
+él hasta verse de nuevo en Dax. Sir Oliver se encargaba de mandar los
+doscientos hombres de Morel y conducirlos á Dax en unión de sus
+cincuenta ganapanes, mientras el barón anticipaba su salida de Burdeos
+para dirigirse á Montaubán, tomar el mando del resto de la Guardia
+Blanca que por allí merodeaba y reunirse al grueso del ejército en Dax
+antes de que el príncipe emprendiese la marcha con dirección á España.
+
+--Tú, Gualtero y el sargento Simón me acompañaréis, y también otro
+arquero que Simón elija para que cuide de mis armas y arnés, dispuso el
+barón.
+
+Poco después salía éste de Burdeos acompañado de Gualtero de Pleyel y
+dos horas más tarde se ponían en su seguimiento Roger, Simón y Tristán
+de Horla, para quienes el primero tuvo que procurarse dos caballejos de
+las Landas, de tan pobre apariencia como excelentes cualidades. Por el
+camino iba pensando Roger, mientras sus dos compañeros departían
+animadamente, en la conversación que poco antes había tenido con el
+barón y se preguntaba si debió de haber completado su confesión
+revelándole que no era otra su adorada que la bella heredera de Morel.
+¿Cómo hubiera acogido éste semejante declaración? Desde luégo, declarado
+había que por su nobleza podía aspirar á la mano de la más linajuda
+dama, sin otro obstáculo en su camino que la falta de bienes de fortuna.
+Por primera vez en su vida deseó tenerlos, y aunque no dudaba del amor
+de Constanza, sabía también que la hechicera joven no le daría su mano
+sin contar antes con la plena aprobación de su padre.
+
+--¿Dónde dijo el capitán que le encontraríamos? preguntó á la sazón el
+veterano arquero, volviéndose hacia Roger y sacándolo de sus
+meditaciones.
+
+--En Marmande ó Aiguillón, y añadió que no había extravío posible porque
+desde Burdeos hasta los dos pueblos nombrados no hay otro camino que
+éste que seguimos.
+
+--Y que yo conozco como la palma de mi mano, dijo Simón. Quiera mi buena
+suerte que al regreso lo recorra tan bien provisto de botín como la
+última vez que por él pasé. ¿Véis á lo lejos aquel pueblecillo con el
+castillejo feudal? Pues es Cadillac, nombre y lugar que tengo en la
+memoria gracias á la taberna que estas gentes llaman del _Mouton d'Or_ y
+que yo llamaría del buen vino, que probaremos muy pronto. Á orillas del
+Garona veremos después el villorrio de Bazán, donde me detuve tres días
+á mi regreso de la última campaña; y la culpa fué de las hijas del
+talabartero del lugar, tres pimpollos á cual más rozagante y á las
+cuales dí palabra de casamiento.
+
+--¿Á las tres?
+
+--El diablo enredó las cosas de manera que no hubo medio de dejar una ó
+dos buscando novio. Lo cual hubiera sido de muy mal gusto, á fe mía, y
+más tratándose de un arquero galante, porque son á cual más bonita y el
+diablo me lleve si hubiera yo podido preferir y elegir una de las tres.
+
+--Pedigüeño tenemos, dijo en aquel punto Tristán, señalando hacia un
+árbol cercano á cuya sombra se sentaba un viejo, cubierto desde el
+cuello hasta los descalzos pies con tosco sayal gris de triple esclavina
+y llevando un grasiento sombrero de anchas alas con tres conchas
+cosidas en hilera al frente de la copa.
+
+--Diría que es un religioso ó peregrino, á no ser por las extrañas
+mercancías que parece tener de venta, dijo Simón.
+
+Acercándose vieron que sobre una tabla que delante tenía se hallaban
+colocados en línea algunos trozos de madera, varias piedras y un clavo
+de buen tamaño.
+
+--Socorred, señores, á un pobre peregrino, exclamó el viejo, que perdió
+la vista de sus ojos después de contemplar con ellos los Santos Lugares
+y que no prueba bocado desde hace dos días.
+
+--Pues nadie lo diría al ver lo repleto y lucio que estáis, buen hombre,
+dijo Simón mirándole atentamente.
+
+--Con esas ligeras palabras no hacéis más que aumentar mi pena, dijo el
+ciego. Me véis repleto y obeso al parecer y por ende me creéis bien
+comido, cuando lo que en realidad me hincha y me mata es una hidropesía
+incurable.
+
+--¡Pobre hombre! murmuró Roger.
+
+--¡Mala centella me parta si vuelvo á decir palabra! exclamó el arquero
+arrepentido.
+
+--No juréis, dijo el peregrino, y por lo que á mí toca os perdono de
+corazón. Mis desgracias y mi desamparo han llegado á tal extremo que por
+fin me veo obligado á deshacerme de mis tesoros para procurarme algunos
+recursos con que terminar mi viaje. Voy al santuario de Nuestra Señora
+de Rocamador y allí espero acabar mis días.
+
+--¿Y qué tesoros son esos de que habláis?
+
+--Helos aquí, sobre esta tabla. Ante todo este clavo, uno de los que
+contribuyeron al infame suplicio que tuvo por consecuencia la redención
+de la humanidad. Obtuve esta reliquia invaluable de los descendientes de
+José de Arimatea, que viven todavía en Jerusalén.
+
+--¿Y esas piedras y maderas? preguntó Tristán, no menos sorprendido que
+sus compañeros.
+
+--Una astilla de la verdadera cruz, otra del arca de Noé y la tercera de
+la puerta del gran templo de Salomón. De los tres cantos que aquí tengo,
+el menor fué uno de los que le arrojaron á San Esteban sus crueles
+verdugos, y los otros dos proceden de la torre de Babel. Mucho me ha
+costado obtener estas preciadas reliquias y por todo el oro del mundo no
+me hubiera separado de ellas; pero próximo á morir, porque siento que
+mis días están contados, os ofrezco las que queráis, al precio que
+vuestros recursos os permitan ofrecerme.
+
+Transportado Roger y sin reflexionar gran cosa, se volvió hacia sus
+compañeros diciéndoles:
+
+--Ocasión como esta no volverá á presentársenos en toda la vida. Sin el
+clavo ese no me quedo, y se lo he de llevar y ofrecer á la abadía de
+Belmonte.
+
+--Como yo le llevaré á mi madre esa piedra que le arrojaron al santo,
+dijo Tristán.
+
+--Pues á mi vez prefiero la astilla de las puertas del templo, dijo por
+su parte Simón, y aquí os entrego tres ducados, de cuatro que me quedan.
+
+--Y aquí van dos más, agregó Tristán.
+
+--Y cuatro míos, dijo Roger.
+
+Con lo cual se despidieron del piadoso y cuitado peregrino, llevándose
+aquellas venerables reliquias tan impensada cuanto fácilmente
+adquiridas.
+
+Lo malo fué que á poco andar dieron con una herrería, donde se
+detuvieron para atender al caballo de Simón, que mucho necesitaba los
+servicios del herrero. En conversación con éste, contóle Simón su
+reciente encuentro y la gran compra que habían hecho; ver el rústico las
+reliquias y echarse á reir fué todo uno, y asiendo un cajón lleno de
+luengos clavos se lo presentó á Roger.
+
+--Mirad, le dijo, si vuestro clavo no es uno de estos y si los cascorros
+y astillas del santo varón no proceden del montón aquel que está á mi
+puerta y donde yo mismo se los ví tomar no hace dos horas y meterlos en
+su zurrón. El clavo me lo pidió él mismo y yo se lo dí. ¡Por vida de!
+Sobrado crédulos sois para soldados.
+
+Oir aquello y echar á correr en busca del tramoyista viejo fué todo uno.
+Á poco lo vieron en lo alto de una cuesta que formaba el camino, pero
+también los divisó él á buena distancia y suponiendo la embajada que
+llevaban, prescindió de su ceguera y dejando el camino se metió por los
+jarales y ganó el bosque, dejando más que mohinos á los tres amigos, tan
+bonitamente burlados.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXVI
+
+DONDE SE AVERIGUA QUIÉN ERA EL MISTERIOSO PALADÍN
+
+
+En Aiguillón, á donde llegaron aquella noche, los esperaban el barón de
+Morel y el risueño Gualtero, cómodamente instalados en la hostería del
+_Bâton Rouge_. El noble inglés sostenía interesante coloquio con un
+afamado caballero del Poitou, Gastón de Estela, que acababa de llegar de
+Lituania, donde había servido con los caballeros teutones á las órdenes
+del gran maestre de Marienberga. Complacidísimo el señor de Morel con
+aquel encuentro, se pasó las horas muertas hablando de campañas,
+asedios, justas y aventuras y amanecía cuando se despidió del de Estela.
+No le impidió esto ponerse en camino á la temprana hora que había fijado
+la víspera, y dejando en Aiguillón el curso del Garona, tomó con sus
+cuatro acompañantes por la orilla del Lot, no ya en dirección de
+Montaubán sino de Villafranca, por donde, según noticias recogidas en el
+camino, andaban sueltos unos arqueros ingleses más malos que Caín y que
+desde luego supuso eran los mismos á quienes buscaba y de quienes era
+capitán. Numerosos indicios revelaban la agitación y el estado de alarma
+predominantes en aquella comarca y más de una vez se vió cercada y
+detenida la pequeña cabalgata por numerosos grupos de vecinos armados, á
+quienes tuvieron que dar cuenta del objeto de su viaje, so pena de
+hacerse sospechosos y verse metidos en un mal lance.
+
+--Bien se echa de ver que la paz de Bretigny no ha procurado gran
+sosiego á esta región, dijo el señor de Morel. En ella parecen haberse
+congregado cuanto malsín y aventurero quedaron por Francia y Aquitania
+después de la guerra, gente sin fe ni ley que vive del despojo y la
+violencia. Aquellas altas torres que allí véis pertenecen á la villa de
+Cahors, y más allá queda la tierra de Francia.
+
+En Cahors descansaron los caminantes, sin incidente ni aventura que
+merezcan relato aparte, y al dejar aquella población se apartaron
+también de las orillas del río, tomando una senda estrecha y tortuosa
+que atravesaba extensa y desolada llanura. Limitábala por el sur
+frondoso bosque, al salir del cual anunció el barón á sus escuderos que
+habían dejado atrás los dominios de Inglaterra y pisaban el territorio
+francés. Por todas partes se veían montones de ruinas, árboles y campos
+quemados, viñedos cubiertos de piedras, puentes destrozados y aquí y
+allá un castillo ó un monasterio convertidos en escombros; señales por
+doquier del asolamiento y la rapiña. Aquel espectáculo contristó el
+ánimo de los viajeros y el barón empezó á preguntarse con recelo si en
+tal yermo hallaría provisiones para su pequeña tropa. Grande fué por lo
+tanto la satisfacción de hidalgos y arqueros al notar que el sendero
+desembocaba en ancho camino y que á poca distancia del cruce se veía una
+casa intacta, grande y cuadrada, una de cuyas ventanas ostentaba la
+enorme rama seca que anunciaba un mesón ó paradero.
+
+--¡Ya era tiempo, vive Dios! exclamó el barón regocijado. Adelántate,
+Roger, y dí al dueño de esa hostería ó taberna ó lo que sea que prepare
+alojamiento para un caballero inglés y sus servidores.
+
+Picó Roger espuelas á su caballo y llegó á la puerta de la casa, dejando
+á sus compañeros á un tiro de ballesta. No viendo alma viviente, empujó
+la entornada puerta, entró en el zaguán y llamó á gritos al mesonero. Ni
+por esas; y como no era cosa de quedarse plantado allí, el joven
+escudero se coló bonitamente en una gran pieza que á la izquierda
+quedaba y en cuyo hogar chisporroteaban y ardían con alegre llama unos
+gruesos troncos. Junto al fuego y sentada en un sillón de baqueta de
+altísimo respaldo, hallábase una dama cuya edad no pasaría de los
+treinta y cinco, y cuyos ojos, cejas y cabellos negrísimos contrastaban
+con la extremada blancura de la tez. Pero más que su hermosura llamaban
+en ella la atención su aire majestuoso y digno y la expresión grave y
+pensativa del semblante. Sentado frente á ella en un escabel se hallaba
+un hidalgo de robusta apariencia, cuyos anchos hombros cubría holgada
+capa negra y que tenía puesta una gorra de terciopelo negro también, con
+rizada pluma blanca. Sobre la tosca mesa cercana se veían un jarro de
+vino y un cubilete de estaño, que el hidalgo llenaba y vaciaba de cuando
+en cuando; al entrar Roger se ocupaba en partir y comer nueces, de las
+que había un plato lleno sobre la mesa y cuyas cáscaras arrojaba entre
+las llamas del hogar. Volvió un tanto el rostro para mirar á Roger y
+éste contempló con sorpresa unas facciones deformes, cruzadas de
+cicatrices, unos ojillos verdosos y la nariz abollada y torcida como si
+hubiera recibido tremendo golpe.
+
+--¿Sois vos el que así vocea? exclamó con voz gutural y desabrido
+acento. ¿Habráse visto jovenzuelo con más frescura y menos miramientos?
+Ganas tengo de coger mi látigo y daros una lección que bien necesitáis.
+
+El asombro de Roger creció de punto, sobreponiéndose á su indignación y
+por algunos instantes permaneció inmóvil, mirando al insolente caballero
+y sin saber cómo contestarle en presencia de la dama. En aquel momento
+llegaron á la puerta el barón, Gualtero y los dos soldados y echaron pie
+á tierra; mas apenas oyó el desconocido sus voces y la lengua en que
+hablaban, enfureciósele el rostro y arrojando con fuerza al suelo el
+plato de nueces empezó á dar voces desaforadas llamando al hostalero.
+Acudió éste pálido y temblando y dirigiéndose á la puerta de la casa
+dijo en voz baja á los recién llegados:
+
+--No lo encolericéis, mis buenos señores, por el amor de Dios lo pido.
+
+--¿Qué decís? ¿De quién se trata? preguntó el barón.
+
+Antes de que Roger pudiera explicarse resonó de nuevo la voz del
+irritado huésped:
+
+--¿Pero qué sentina es ésta? gritó. ¿No os pregunté al llegar, posadero
+de los demonios, si estaba vuestra casa limpia de sabandijas, para que
+pudiera alojarse en ella mi noble esposa sin asco ni molestias?
+
+--Y os contesté, poderoso señor, que está limpia como una patena,
+replicó el otro humildemente.
+
+--¿Pues cómo se entiende, bellaco, que apenas llegados á ella oigamos ya
+la charla de esos condenados ingleses? ¿Qué peores ni más dañinas
+sabandijas para un buen caballero francés? ¡Que se larguen pronto,
+maese, y de lo contrario, tanto peor para ellos y para vos!
+
+No se lo hizo repetir el posadero, que salió corriendo de la estancia, á
+tiempo que la dama protestaba dulcemente contra el violento lenguaje del
+caballero.
+
+--¡Por amor de Dios! dijo el atribulado posadero á los ingleses, hacedme
+la merced de seguir vuestro camino. Villafranca no dista más de dos
+leguas y allí encontraréis cómodo alojamiento en la posada de Anjou.
+
+--No haré yo tal, dijo el barón de Morel, sin ver antes á quien así
+habla y decirle dos palabras. ¿Cuáles son su nombre y sus títulos?
+
+--Imposible nombrarle, señor, sin su permiso. Pero ved que si entráis
+montará en ira y entonces.... Creedme, mi buen señor; ¡no sabéis de
+quién se trata! Discreto sois, avisado estáis; ¡seguid, por merced,
+vuestro camino!
+
+--¡Calle el ventero! exclamó furioso ya el noble inglés. Ó mejor, id á
+decir á ese tan formidable caballero que aquí está y aquí se queda el
+barón León de Morel, porque así le place y sin que él ni nadie sea osado
+á impedírselo. ¡Id!
+
+Azorado el pobre hombre y sin saber á qué santo encomendarse, dió
+algunos pasos por el zaguán, cuando se abrió de golpe la puerta interior
+y apareció el furibundo francés, cerrados los puños y las deformes
+facciones convulsas por la ira.
+
+--¡Todavía estáis ahí, perros ingleses! gritó. ¡Mi espada, venga mi
+espada! Pero en aquel instante se fijaron sus ojos en el escudo
+blasonado del barón, sostenido por Tristán, y después de contemplarlo un
+instante suavizóse la expresión de su semblante y apareció en sus labios
+una sonrisa.
+
+--_¡Mort Dieu!_ exclamó, ¡pues si es mi espadachín de Burdeos! Las cinco
+rosas. Motivos tengo para recordarlas desde que las ví, no hace tres
+días, en las justas del Garona. ¡Ah, señor León de Morel, tengo
+contraída con vos una deuda! y al decir esto señaló su hombro derecho,
+vendado con un pañuelo de seda.
+
+Pero la sorpresa del desconocido al ver al barón no pudo compararse con
+la de éste. Miró fijamente al herido y por fin exclamó con acento que
+revelaba su profundo regocijo:
+
+--¡Bertrán Duguesclín!
+
+--El mismo que viste y calza, replicó el otro riéndose. Bien hice, á fe
+mía, en ocultar el rostro allá en Burdeos, pues quien lo ve una vez
+jamás lo olvida. Yo soy, señor de Morel, y hé aquí mi mano, que jamás
+estrechará otras manos inglesas que la vuestra y la de Chandos.
+
+--No soy joven, repuso el barón, y las guerras han añadido algunos años
+á los que ya tengo, pero hasta ahora no me había otorgado el cielo la
+merced y la honra de cruzar mi espada con otra de tan limpia y merecida
+fama como la que me opusisteis vos en la liza de Burdeos. ¡Feliz yo mil
+veces! Imposible me parece todavía haber tenido tan alta honra.
+
+--¡Voto á! Motivos me habéis dado para no dudarlo, querido barón, dijo
+el famoso guerrero con gran risa. Pero venid, y entren también vuestros
+escuderos. No quiero privar á mi amada compañera del placer de ver en
+vos á un modelo de nobles, aunque inglés, y á un guerrero famoso.
+
+Recibiólos la noble dama con bondadosa sonrisa y á los pocos minutos de
+conversación se había conquistado ya todo el respeto y toda la
+admiración de Morel y sus escuderos. Con el aire de una reina y las
+maneras de la más aristocrática dama, poseía un tacto incomparable, un
+encanto que á todos seducía. Únase á esto el misterio de que la rodeaba
+la creencia general de que poseía una facultad sobrenatural, la de
+adivinar y predecir lo futuro y se comprenderá la impresión vivísima que
+produjo en los tres hidalgos ingleses.
+
+El mismo Duguesclín observaba con evidente satisfacción el interés que
+en ellos despertaban la conversación amena de su esposa, sus puras y
+elevadas ideas y la ilustración nada común de que daba clara muestra sin
+la menor pesadez ni afectación.
+
+--Perdonad, dijo por fin el guerrero francés. Tan noble y grata compañía
+merece digno albergue y este ventorrillo no puede ofrecéroslo para pasar
+la noche. Aprovechemos el poco tiempo que nos queda para montar á
+caballo y llegar al castillo de Tristán de Rochefort, situado á una
+legua de Villafranca y al cual nos dirigíamos cuando resolvimos
+descansar aquí algunas horas. Es el señor de Rochefort antiguo
+compañero de mis campañas y hoy senescal de Auvernia.
+
+--Y os recibirá en palmas, á no dudarlo, dijo el barón. Mas ¿qué pensará
+el senescal de nuestra llaneza?
+
+--Pues os bendecirá cuando sepa que venís á limpiar la comarca de esos
+tunantes uniformados que la devastan. ¡Á caballo, señores! Y vos, maese,
+aquí tenéis unas monedas de oro; si algo sobra, tenédselo en cuenta al
+primer caballero necesitado que por aquí aporte.
+
+Momentos después cabalgaban ambos señores y la dama entre ellos,
+escoltados por el joven Pleyel. Habíase retardado Roger en el mesón
+llamando á los arqueros, cuando oyó una voz angustiada pidiendo favor á
+gritos. Acercóse á la puerta de la estancia de donde procedían las voces
+y se halló de manos á boca con Simón y Tristán, que se reían á
+carcajadas y se dirigieron apresuradamente á la puerta del caserón,
+donde los esperaban sus monturas. Entró Roger en la habitación y quedó
+atónito al ver que de un fuerte garfio de hierro pendiente del techo
+colgaba un hombrecillo que era quien tan desaforadamente gritaba. El
+garfio lo tenía sujeto por el cinto y el infeliz manoteaba y perneaba
+como un poseído.
+
+--_¡À moi, mes amis!_ seguía berreando, cárdeno el rostro. ¡Favor al
+campeón del Obispo de Montaubán! _¡À moi!_
+
+Llegó el ventero en aquel instante, precipitóse con Roger en auxilio del
+colgado, para lo cual tuvieron que subirse sobre la pesada mesa de
+encina en la que se veían los restos del refrigerio de ambos arqueros, y
+no sin trabajo lograron desenganchar al campeón del obispo.
+
+--¿Se ha ido? preguntó apenas puso los pies en el suelo.
+
+--¿Quién?
+
+--El gigante, el monstruo de la cabellera roja.
+
+--¡Ah, vamos! Tristán el arquero. Sí, se ha ido, dijo Roger.
+
+--¿Y no volverá?
+
+--No.
+
+--¡De buena ha escapado! exclamó el hombrecillo dando un suspiro de
+satisfacción. ¡Cobarde! ¡Atreverse conmigo y huir! ¡Ah, de haberme
+esperado hubiera hecho con él un escarmiento, como hay Dios, para
+ejemplo de pícaros!
+
+--Permitidme, señor de Pelisier, dijo el ventero, que ponga á vuestra
+disposición mi caballejo, con el cual no tardaréis en alcanzar al
+descortés arquero.
+
+--Ni pensarlo, exclamó apresuradamente el fanfarrón. Tengo estropeada
+una pierna desde el día en que maté á tres enemigos, en el combate de
+Castelnau.
+
+--¡Pues corro á buscarlo yo mismo, para que lo castiguéis cual se merece
+quien de tal suerte ofende á mi buen parroquiano, el señor Oscar
+Reginaldo Bombardón de Pelisier!
+
+--_¡Pas si vite, mon ami!_ Yo sabré buscarlo en su día. Imaginaos el
+destrozo que sufriría vuestra hacienda si ese gigante y yo trabásemos
+aquí descomunal combate.
+
+En aquel momento se oyó el trote de un caballo que se detuvo á la puerta
+de la hostería, palideció el prudente Pelisier y se agazapó bajo la
+mesa, á tiempo que se oía la voz de Gualtero llamando á Roger. Dejó éste
+la venta con su compañero y pronto alcanzaron á los dos arqueros.
+
+--Bonita manera de tratar al señor Bombardón de Pelisier, dijo Roger á
+Tristán con fingida severidad.
+
+--No lo hice adrede... comenzó á decir el mocetón, á la vez que Simón
+prorrumpía en sonoras carcajadas.
+
+--¡Por el filo de mi espada! exclamó. Fanfarrón más insoportable no
+espero volver á verlo en mi vida. Se negó á comer y beber con nosotros y
+aun á dirigirnos la palabra. Después empezó á contar sus proezas á las
+vigas del techo y acabó diciendo que había matado más ingleses que pelos
+tenía en la cabeza. Iba yo á despanzurrarlo de un puntapie, cuando este
+mameluco alargó su manaza y agarrando á Bombardón me lo colgó del gancho
+como un cochinillo ó un trozo de cecina. ¡Por vida de! ¡Ja, ja, ja!
+
+Reíanse todavía de la aventura los cuatro amigos cuando alcanzaron á su
+capitán y poco después llegaron todos al castillo de Rochefort, cuyas
+puertas se les abrieron de par en par apenas oyeron los que las
+guardaban el nombre de Bertrán Duguesclín.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXVII
+
+VISIÓN PROFÉTICA
+
+
+Tristán de Rochefort, senescal de Auvernia y señor de Villafranca, había
+encanecido peleando contra los invasores ingleses y desde que se firmó
+la paz no había tenido punto de reposo, persiguiendo á las partidas de
+aventureros, salteadores y vagos que infestaban la comarca de su mando.
+De aquellas excursiones regresaba unas veces vencedor, con una docena de
+prisioneros que no tardaban en aparecer ahorcados sobre los muros de la
+fortaleza; y otras se le veía volver huyendo y perseguido de cerca por
+desertores y bandidos de todas razas y cataduras. Odiado por sus
+enemigos, lo era también por los mismos á quienes gobernaba y defendía,
+pues aparte de su dureza y despotismo no le perdonaban los azotes y las
+torturas con que les había obligado á pagar su propio rescate, las dos
+veces que los ingleses lo habían hecho prisionero.
+
+Su residencia era una sombría fortaleza de sólidas murallas y con alta
+torre almenada en su centro. Numerosa era la guardia que nuestros
+viajeros hallaron á la puerta del castillo, pero la doble águila de
+Duguesclín ofrecía por entonces el mejor salvoconducto para viajar en
+aquella turbulenta región y era también llave de oro capaz de abrir
+todas las fortalezas de Francia. El noble veterano acudió presuroso á
+recibir á su amigo y compañero de armas; y fué grande su júbilo al saber
+que el acompañante de Duguesclín no tardaría en librar al país de
+aquellos endemoniados arqueros ingleses que más de una vez habían puesto
+en fuga á los soldados del senescal enviados contra ellos.
+
+Una hora después tomaban asiento en torno de la bien servida mesa los
+tres nobles guerreros y las damas de Duguesclín y Rochefort, alegre y
+amable esta última y mucho más joven que su dueño y señor; otros dos
+huéspedes del senescal eran Amaury de Monticourt, de la orden de los
+Hospitalarios y Otón Reiter, caballero bohemio de gran fama, y también
+tomaron asiento con sus señores cuatro escuderos franceses, los dos de
+Morel, Roger y Gualtero y el capellán de la fortaleza. Larga y alegre
+fué la cena, sin que uno siquiera de los comensales se acordase de los
+rencorosos y hambrientos pecheros que en aquellos mismos instantes,
+ocultos entre la maleza, contemplaban desde lejos y con ideas de
+venganza y muerte las ventanas iluminadas del castillo.
+
+Levantados los manteles, tomaron cómodo asiento los huéspedes del
+senescal en torno de un gran fuego, porque estaba la noche desapacible y
+fría. El señor de Rochefort manifestó como de costumbre el desprecio que
+le inspiraban los que él llamaba guardadores de cerdos y soeces
+villanos; defendió el bondadoso capellán á las pobres gentes del pueblo;
+comentóse la osadía creciente de los pecheros y su menguante respeto por
+los privilegios de la nobleza y en amena plática pasaron agradablemente
+las horas. Rato hacía que Roger contemplaba con interés y no sin alguna
+alarma el rostro de la noble esposa de Duguesclín, que hundida en su
+sillón parecía últimamente ajena á cuanto en torno suyo se decía,
+brillantes los ojos, fija la mirada y empalidecidas las mejillas. Notó
+Roger que Duguesclín observaba también á su esposa, inquieto y trémulo.
+
+--¿Qué tenéis, esposa mía? le preguntó.
+
+--Nada, Bertrán, dijo ella con voz apagada y sin apartar los ojos del
+muro opuesto en que fijos los tenía. Pero allí... una visión....
+
+--Me lo temía, dijo el célebre guerrero francés. Os debo una
+explicación, señores. Mi buena esposa está dotada de una facultad
+profética que se manifiesta en ella de tarde en tarde y le permite
+predecir determinados acontecimientos futuros. Misterio es éste
+incomprensible para mí, pero ese poder extraordinario había hecho ya la
+admiración de todos allá en Bretaña, mucho antes de que yo viese por
+primera vez á mi Leonor en Dinán. Lo que puedo aseguraros es que ese dón
+suyo procede del cielo y no del espíritu del mal, que es lo que
+constituye la diferencia entre la magia blanca y la magia negra. Y por
+indicios que me son harto conocidos, comprendo que mi buena compañera se
+halla al presente en uno de esos momentos lúcidos. La última vez que la
+ví en el mismo estado, la víspera de la batalla de Auray, me predijo que
+el siguiente día sería fatal para mí y para Carlos de Blois. Veinte y
+cuatro horas después había muerto éste y veíame yo prisionero del señor
+de Chandos....
+
+--¡Bertrán, Bertrán! llamó la vidente con dulce voz.
+
+--Decidme, amada mía, qué me reserva la suerte.
+
+--Un peligro grande te amenaza, Bertrán, en este mismo instante.
+
+--¡Bah! Un soldado está siempre en peligro, dijo el gran campeón francés
+con tranquila sonrisa.
+
+--Pero tus enemigos se ocultan, se arrastran, te rodean en este momento.
+¡Ah, Bertrán! ¡Guárdate!
+
+Tal expresión de terror manifestaban sus facciones descompuestas y los
+ojos desmesuradamente abiertos, que Duguesclín miró rápidamente en torno
+de la sala, clavó la vista por breves instantes en los tapices que
+cubrían las paredes y luégo en los anhelantes rostros de sus amigos.
+
+--Esperaré ese peligro si él no me espera á mí, dijo. Y ahora, Leonor,
+habla. ¿Cuál será el término de la guerra de España?
+
+--Apenas puedo ver lo que allí sucede. Espera.... Grandes montañas y más
+allá una extensa y árida llanura, el chocar de las armas, los gritos del
+combate. El fracaso mismo de tu misión en España te dará el triunfo en
+definitiva....
+
+--¿Qué decís á eso, barón? Amargo y dulce á la vez, ó como si dijéramos,
+un favor y un disfavor. ¿No queréis hacer vos mismo alguna pregunta?
+
+--Si me lo permitís. ¿Os place decirme, señora, qué sucede allá en el
+castillo de Monteagudo?
+
+--Para contestar á esa pregunta necesito posar mi mano sobre una persona
+cuya memoria y cuya mente estén fijas de continuo en ese castillo de que
+habláis. ¿Vuestra mano? No, barón; otra persona hay aquí cuyo
+pensamiento permanece fijo en Monteagudo aun con más insistencia que el
+vuestro....
+
+--Me asombráis, noble señora, balbuceó Morel.
+
+--Acercáos, joven de los rubios cabellos rizados, dijo doña Leonor
+extendiendo la diestra en dirección de Roger. Poned vuestra mano sobre
+mi frente. Así, esperad. Una niebla espesa de la cual se destaca enorme
+torre cuadrada; la niebla se disipa, ya veo las murallas, la fortaleza
+toda, en una verde colina, con el río á sus pies, las olas del mar á
+distancia y una iglesia á tiro de ballesta de las almenas. Junto al río
+se alzan las tiendas de los sitiadores.
+
+--¡Los sitiadores! exclamaron á la vez el barón, Gualtero y Roger.
+
+--Sí, que asaltan los muros con vigor. Ya plantan las escalas y disparan
+un nublado de flechas. Allí su jefe, alto y hermoso, con luenga barba
+rubia, lanza á sus soldados contra la maciza puerta. Pero los del
+castillo se defienden valerosamente. Una mujer, sí, una heroína los
+manda. Dos, dos mujeres sobre la muralla animan á las gentes de Morel,
+que devuelven golpe por golpe y lanzan grandes piedras sobre sus
+enemigos. Cayó el jefe de éstos y sus soldados retroceden, huyen, todo
+se obscurece, nada más veo ya....
+
+--¡Por San Jorge! exclamó el barón. Apenas puedo creer que Salisbury y
+Monteagudo sean teatro de tales escenas; pero habéis hecho tan exacta
+descripción del terreno y la fortaleza que me llenáis de asombro y de
+temor.
+
+--Aprovechad los momentos si algo más queréis saber, dijo Duguesclín.
+
+--¿Cuál será el resultado de esta larga serie de luchas entre Francia é
+Inglaterra? preguntó uno de los escuderos franceses.
+
+--Ambas conservarán lo que es suyo, contestó la dama.
+
+--¿Luego nosotros seguiremos dominando en Gascuña y Aquitania? preguntó
+el señor de Morel.
+
+--No. Tierra francesa, sangre y lengua francesas. De Francia son y ella
+las reconquistará y conservará.
+
+--¿Pero no Burdeos?
+
+--Burdeos es también Francia.
+
+--¿Y Calais?
+
+--También Calais.
+
+--¡Negra estrella la nuestra si tal sucede! exclamó el barón. ¿Qué le
+quedará entonces á Inglaterra?
+
+--Permitid, barón; y vos, señora, decidme antes ¿cuál será el porvenir
+de nuestra amada patria? preguntó lleno de júbilo Duguesclín.
+
+--Grande, rica y poderosa. Á través de los siglos véola al frente de las
+otras naciones, pueblo rey entre todos los pueblos, grande en la guerra
+pero más grande aún en la paz, progresiva y feliz, sin más monarca que
+la voluntad de sus hijos, una desde Calais hasta los azules mares del
+sur.
+
+--¿Oíslo, señor de Morel? exclamó triunfante el caudillo francés.
+
+--Pero ¿qué de Inglaterra? preguntó tristemente el barón. La profetisa
+parecía contemplar con profunda sorpresa un cuadro insólito, un
+espectáculo para ella inesperado.
+
+--¡Dios mío! exclamó por fin. ¿De dónde proceden esos vastos pueblos,
+esos estados poderosos que ante mí se levantan? Y más allá otros, y
+otros, allende los mares. Ocupan continentes enteros en los que resuenan
+los martillos de sus fábricas y las campanas de sus iglesias. Sus
+nombres, muchos, son ingleses y también la lengua que hablan. Otras
+tierras, cercadas por otros mares y bajo diverso cielo, pero son también
+tierras inglesas. La bandera de San Jorge ondea por todas partes, así
+bajo el sol de los trópicos como entre las nieves del polo. La sombra de
+Inglaterra se extiende al otro lado de los mares. ¡Bertrán, Bertrán!
+¡Nos vencen, porque el menor de sus capullos es más hermoso que la mejor
+y más perfumada de nuestras flores!
+
+La profetisa dió una gran voz, alzóse del asiento y cayó desvanecida en
+brazos de su esposo, que dijo conmovido:
+
+--¡Ha terminado la visión, la hora sagrada y misteriosa que revela el
+secreto de lo porvenir!
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXVIII
+
+ATAQUE Y DEFENSA DEL CASTILLO DE VILLAFRANCA
+
+
+Muy tarde era cuando Roger pudo retirarse á descansar, no sin dejar
+antes cómodamente instalado al barón en la habitación que le había sido
+destinada. La suya, situada en el piso segundo de la feudal morada,
+contenía un pequeño lecho para él y tendidos en el suelo dos colchones
+en los que al entrar Roger dormían y roncaban Simón y Tristán. Rezaba el
+joven sus oraciones cuando oyó un discreto golpe dado á la puerta y casi
+en seguida entró Gualtero con un candil, pálido el rostro y temblorosas
+las manos.
+
+--¿Qué ocurre, amigo? le preguntó prontamente Roger.
+
+--Apenas sé qué decirte. Me asaltan los más tristes presentimientos y
+tiemblo sin saber por qué. ¿Te acuerdas de Tita, la hija del artista de
+Burdeos? Yo la requerí de amores allá en la calle de los Apóstoles y le
+dí una sortija de oro que me prometió llevar siempre en recuerdo mío. Al
+despedirnos me dijo que su pensamiento me seguiría en las guerras y que
+mis peligros serían también los suyos propios.... Pues acabo de verla.
+
+--¡Bah! Estás sobreexcitado con las profecías y los espasmos de mi
+señora Duguesclín y se te antojan los dedos huéspedes.
+
+--Te digo que la he visto ahora mismo, al subir la escalera, tan
+distintamente como veo á esos dos arqueros dormidos. Tenía los ojos
+anegados en lágrimas y sus manos se adelantaban como para protegerme....
+
+--Mira, Gualtero, es tarde y necesitas descansar. ¿Dónde está tu cuarto?
+
+--En el próximo piso. Queda precisamente sobre éste. ¡La santa Virgen
+nos proteja!
+
+Oyó Roger las pisadas de su amigo en la escalera, y dirigiéndose después
+á la ventana contempló el paisaje iluminado por la luna. Por aquella
+parte del castillo se extendía una ancha faja de terreno cubierto de
+menuda hierba y algo más lejos dos bosquecillos separados por un espacio
+descubierto en el que sólo crecían algunos matorrales, plateados por los
+rayos de la luna. Mirábalos Roger distraído, cuando vió que un hombre
+salía lentamente de entre los árboles de la derecha y cruzando con
+rapidez el claro, inclinándose como si quisiera ocultarse, desapareció
+en el bosquecillo de la izquierda. Tras él pasó otro y después otro, y
+luego muchos más, solos ó en grupos, llevando no pocos de ellos unos
+grandes bultos asegurados á la espalda. Absorto quedó el joven escudero
+por un momento, pero muy pronto se inclinó y tocó ligeramente el hombro
+de Simón.
+
+--¿Quién va? exclamó el arquero levantándose de un salto. ¡Hola, _mon
+petit_! Creí que nos sorprendía el enemigo. ¿Qué me quieres?
+
+Llevóle Roger á la ventana y díjole lo que acababa de ver.
+
+--Mira, mocito, fué la contestación del veterano; en este endemoniado
+país yo ya no me admiro de nada. Á bien que hay en él más tunantes que
+conejos en los sotos de Hanson, gentes desalmadas todas, que se pasean
+de noche porque si lo hicieran de día no tardaría en echarles mano el
+verdugo. ¡Mala centella los parta y á dormir se ha dicho! Pero antes no
+estará de más correr este cerrojo, que estamos en casa extraña.
+Acuéstate y duerme.
+
+Con esto se tendió el arquero en su jergón y á los dos minutos dormía
+profundamente. Imitóle Roger, pensó que serían ya cerca de las tres de
+la mañana y dormitando se hallaba cuando le pareció que alguien empujaba
+y hacía crujir la puerta del cuarto, procurando en vano abrirla. Púsose
+á escuchar sobresaltado y oyó pasos cautelosos que se alejaban de su
+puerta y continuaban escalera arriba. Poco después resonó algo como un
+grito ahogado, como un lamento de agonía y cuando Roger se disponía á
+saltar del lecho, dirigió la vista á la ventana y quedó casi paralizado
+de terror. Un cuerpo humano se balanceaba lentamente ante el hueco de la
+ventana y de la parte exterior del muro. Pendía de una cuerda anudada
+al cuello y fija evidentemente por el otro extremo en la ventana del
+piso superior. Una atracción irresistible obligó á Roger á saltar del
+lecho y acercarse, á tiempo que la luz de la luna daba de lleno en el
+rostro del ahorcado. Era Gualtero de Pleyel, cobardemente sorprendido y
+asesinado. Al tremendo grito de sorpresa y de dolor que lanzó Roger se
+despertaron sobresaltados los dos arqueros.
+
+--El pedernal y la yesca, pronto, dijo Tristán con reposada voz. Esta
+luz de luna es cosa de espectros. Aquí está el candil y ahora nos
+veremos las caras.
+
+--Es el pobre Pleyel, no hay duda, gruñó Simón. ¡Pero que me aspen si no
+le ajusto yo las cuentas á este senescal de los demonios por la manera
+que tiene de tratar á sus huéspedes!
+
+--No, no, Simón, los asesinos son aquellos bandidos ocultos en el bosque
+de que te hablé antes. Y el barón, sabe Dios qué suerte le habrá cabido.
+Vuelo á su lado....
+
+--Un momento, camarada, que yo soy perro viejo y sé cómo se hacen estas
+cosas. Lo primero es poner mi casco en la punta del arco. Tú abres la
+puerta lentamente y yo presento el cebo á esos canallas, si por ventura
+están ahí esperando degollarnos.
+
+Así lo hicieron, y no bien se abrió la puerta y asomó por ella el
+almete, recibió éste un tremendo tajo y estallaron los gritos de los
+asesinos. Pero antes de que pudieran repetir el golpe brilló la espada
+de Simón, y uno de sus enemigos cayó atravesado de parte á parte.
+
+--¡Adelante! ¡Seguidme, y á ellos! gritó Simón, y abriendo de par en par
+la puerta se lanzaron los tres ingleses fuera del cuarto, atropellando
+violentamente á dos hombres que hallaron á su paso y bajando las
+escaleras á toda prisa.
+
+Los gritos partían del piso inferior, cuyo vestíbulo iluminaban
+vivamente algunas antorchas clavadas en los trofeos que adornaban sus
+paredes. Frente á una de las tres puertas que daban al vestíbulo veíanse
+los ensangrentados cadáveres del senescal y de su esposa, ésta con la
+cabeza separada del tronco y aquél atravesado el cuerpo por una pica.
+Junto á ellos, muertos también, tres servidores del castillo,
+destrozados é informes como si hubiera caído sobre ellos una manada de
+lobos. En la puerta inmediata, Duguesclín y el barón de Morel, á medio
+vestir y mal armados, tenían á raya á los asesinos; en los ojos de ambos
+guerreros brillaba con luz siniestra el fuego del combate y ante ellos
+se amontonaban los cadáveres enemigos. Un numeroso grupo de hombres
+andrajosos, con horrendos visajes y armados de picas, hoces y chuzos,
+arremetía de nuevo contra los dos caballeros, que hacían prodigios de
+valor y destreza, en el momento en que les llegó el refuerzo de Roger y
+los dos arqueros, cuyas espadas abrieron sangriento camino en la
+vocinglera turba. Retrocedió ésta con gritos de rabia, uniéronse y
+adelantáronse los cinco defensores del castillo y no tardó en quedar
+libre de enemigos el vestíbulo. Tristán se apoderó de los dos últimos y
+los lanzó escaleras abajo, sobre las cabezas de sus compañeros.
+
+--¡No los sigáis! gritó Duguesclín. Si nos separamos estamos perdidos.
+Poco me importaría morir matando, pero tengo que proteger á mi pobre
+esposa. ¿Qué nos aconsejáis, barón?
+
+--Para consejos estoy yo, que todavía no sé á qué viene ni qué significa
+esta matanza.
+
+--Son esos perros bandidos del bosque, la ralea peor que se conoce en la
+tierra. Se han apoderado del castillo. Mirad por esa ventana.
+
+--¡El cielo me valga! Hay más de un millar dentro de la fortaleza y
+sobre las murallas. En aquel grupo con antorchas están descuartizando á
+un arquero. Allí arrojan á otro desde el muro. Por las abiertas puertas
+entran ahora muchos con grandes haces de leña y ramaje....
+
+--Justo, para pegar fuego al castillo.
+
+--¡Quién me diera ahora mi Guardia Blanca! Pero ¿dónde está Gualtero?
+
+--Ha sido asesinado, señor.
+
+--¡Dios acoja su alma! Y ahora, á defendernos y sobretodo á defender á
+una dama que necesita de todo nuestro esfuerzo. Aquí llega quien quizás
+pueda servirnos de guía por estos corredores y aun conducirnos fuera de
+la fortaleza.
+
+--En la cual no tardaremos en morir asados si no la dejamos pronto,
+agregó Duguesclín.
+
+Los que llegaban bajando los escalones de cuatro en cuatro eran un
+escudero francés y el caballero bohemio, con una herida en la frente el
+último.
+
+--Habla, Godofredo, dijo Duguesclín al escudero. ¿Conoces alguna salida
+libre?
+
+--La única es el subterráneo secreto que da al campo y por él han
+entrado esos bandidos con el auxilio de algún traidor dentro de la
+fortaleza. El caballero hospitalario, que venía delante de nosotros,
+cayó muerto allá arriba de un hachazo en el cráneo. La servidumbre y la
+guarnición han sido pasadas á cuchillo. Somos los únicos que han
+escapado con vida hasta ahora. En mi opinión el único recurso es
+refugiarnos en la torre, cuyas llaves véis allí, pendientes del cinto de
+mi infortunado señor. Una vez en ella podremos defender con más ventaja
+la estrecha escalera; los muros de la torre son gruesos y el fuego
+tardará mucho en consumirlos. Con tal que podamos conducir á la dama....
+
+--Iré yo misma, se oyó decir á la noble señora, que apareció pálida y
+grave á la puerta de la habitación que con su esposo ocupara aquella
+noche fatal. Estoy acostumbrada á los azares de la guerra, y si vuestra
+protección, valientes caballeros, fuese insuficiente, jamás caeré viva
+en manos de esos malvados.
+
+Al decir esto, mostró en su diestra agudísima daga.
+
+--Leonor, dijo Duguesclín, os he amado siempre, pero en este instante
+más que nunca. Si la Virgen nos permite protegeros, hago voto de ofrecer
+una corona de oro á Nuestra Señora de Rennes. ¡Adelante, amigos!
+
+Los asaltantes, cansados de matar, se dedicaban al saqueo. Sólo un grupo
+bastante numeroso atizaba el fuego y observaba en silencio los progresos
+del incendio. Al pie de la escalera tortuosa por donde los guió el
+escudero francés hallaron los fugitivos á un desarrapado centinela, de
+quien dió pronta cuenta una flecha disparada por la segura mano de
+Simón. Pequeña puerta los separaba del gran patio del castillo y al otro
+lado de ella se oían las voces y carcajadas de multitud de enemigos,
+ebrios de sangre y enloquecidos con su triunfo. Aun el hombre más
+animoso hubiera vacilado antes de salvar aquella frágil barrera, pero
+Duguesclín puso fin á toda indecisión abriendo de golpe la puertecilla.
+
+--¡Hacia la torre, á la carrera! gritó. ¡Los dos arqueros delante, mi
+esposa entre los dos escuderos y los señores de Reiter y Morel á
+retaguardia, para contener á esa gentuza!
+
+Así lo hicieron y con tanta rapidez que habían recorrido ya la mitad del
+gran patio del castillo, antes de que los sorprendidos villanos
+comenzaran á atacarlos. Los arqueros derribaron en un abrir y cerrar de
+ojos á los pocos que se pusieron en su camino, y los que llegaron á
+perseguirlos de cerca mordieron el polvo, atravesados por las temibles
+espadas de los tres nobles. Llegaron sin tropiezo á la puerta de la
+torre y el escudero francés, que procuraba abrirla, lanzó de repente un
+grito de angustia y desesperación.
+
+--¡Esta no es la llave! exclamó, y fuera de sí dió dos pasos en
+dirección del ala del castillo que acababan de dejar, como si quisiera
+ir á pedir al cadáver de su señor la llave salvadora.
+
+En aquel momento un hercúleo campesino lanzó contra él enorme piedra,
+que le dió de lleno en la cabeza y lo tendió sin sentido á los pies del
+barón.
+
+--¡Esta es para mí la mejor llave! rugió Tristán; y levantando la pesada
+roca la lanzó á su vez con irresistible fuerza contra la puerta de la
+torre.
+
+Un momento después acababa de echarla abajo el gigantesco arquero y los
+fugitivos entraron por fin en aquel momentáneo refugio.
+
+--¡Vos arriba, señora! exclamó el barón indicando á Doña Leonor la
+escalera de piedra, en tanto que Duguesclín y sus compañeros derribaban
+malheridos á los cuatro agresores más próximos.
+
+Los demás retrocedieron vociferando y amenazadores siempre, pero
+quedándose á prudente distancia, después de destrozar el cuerpo del
+infeliz escudero; acto de crueldad que vengó Tristán abalanzándose sobre
+la chusma y asiendo con sus nervudas manos á dos villanos, cuyas cabezas
+golpeó una contra otra con fuerza tal que ambos quedaron tendidos en el
+suelo, sin dar señales de vida.
+
+--Ahora organicemos la defensa de la torre, dijo Duguesclín. El barón y
+yo al pie de la escalera; Inglaterra y Francia pelearán hoy juntas
+contra el enemigo común. El señor Otón de Reiter y el joven escudero de
+Morel ahí, en el primer escalón; los arqueros algo más arriba, para que
+puedan manejar sus arcos. ¡Atención!
+
+Á la primera señal de ataque por parte de la furiosa multitud se oyeron
+silbar dos flechas, lanzadas por Tristán y Simón, y los dos que parecían
+jefes de los bandidos quedaron revolcándose en su sangre á la entrada de
+la torre. Otros dos tuvieron igual suerte y entonces los sitiadores
+desesperados se lanzaron en tropel al ataque. Poco hubiera durado la
+resistencia sin la estrechez de la puerta y de la escalera, que impedían
+los movimientos del enemigo, en tanto que cuatro espadas incansables
+hacían tremendo estrago en aquella apretada masa de hombres mal armados.
+Porfiada fué la lucha, pero terminó con la retirada del enemigo, no sin
+que los sitiados tuvieran que deplorar la muerte de Reiter, el caballero
+bohemio, á quién alcanzó en la cabeza un golpe de maza.
+
+--Primera etapa, dijo tranquilamente Duguesclín. Parece que por ahora
+tienen bastante.
+
+--Y no deja de haber entre esos perros algunos muy valientes y que se
+baten bien, comentó el señor de Morel. Pero ¿qué hacen ahora?
+
+--¡Nuestra Señora de Rennes nos valga! dijo el paladín francés. Se
+proponen pegar fuego á la torre y asarnos en ella. Me lo temía. Duro en
+ellos, arqueros, que ahora de nada nos sirven nuestras espadas.
+
+Una docena de sitiadores se adelantaron escudándose con enormes haces de
+leña y ramas secas, que colocaron contra los muros. Otros les pegaron
+fuego con antorchas y pronto estuvo la torre rodeada en su base por un
+círculo de llamas. El humo obligó á sus defensores á refugiarse en el
+primer piso, pero pronto empezaron á arder las tablas del suelo, se
+llenó de humo espeso aquella estancia y á duras penas pudieron subir sin
+ahogarse el último tramo y llegar á lo más alto de la torre.
+
+Imponente era el cuadro que desde aquella elevación se divisaba. Prados
+y bosque iluminados dulcemente por la luz argentada de la luna; oíase á
+lo lejos el tañido penetrante de una campana; á un lado de la torre se
+desmoronaban los muros del castillo, presa de las llamas, y al pie de su
+último refugio agitábase con ademanes furiosos y roncos gritos la
+multitud de sus enemigos.
+
+--¡Por el filo de mi espada! exclamó Simón. Paréceme, amigo Tristán, que
+de este viaje no veremos á España; ni tampoco mi cobertor de pluma, que
+por fortuna se halla en buenas manos. Trece flechas me quedan y que me
+ahorquen si una sola de ellas no da en el blanco. La primera para el
+maldito aquel que agita el manto de seda de la pobre castellana.
+¡Ensartado por la cintura, un palmo más abajo de lo que yo esperaba!
+Número dos: regalo de despedida al condenado aquel que lleva una cabeza
+clavada en la pica. Ya está tendido panza arriba. ¡Buen flechazo también
+el tuyo, Tristán! Has hecho caer á ese buen mozo de narices en el fuego.
+¡Allá va otra!
+
+Mientras ambos arqueros se despachaban á su gusto, Duguesclín y su
+esposa consultaban con el barón y Roger, y reconocían lo desesperado de
+su situación.
+
+--Por ella lo siento, decía el famoso guerrero francés.
+
+--No te apesadumbre mi suerte, contestó la amante y valerosa dama, que
+pues la muerte me amenaza, nunca tan bienvenida como recibiéndola
+contigo á mi lado.
+
+--Bien, señora, dijo el barón; esa es sin duda la respuesta que en
+iguales circunstancias me hubiera dado mi inolvidable esposa, para quien
+son mis últimos pensamientos.
+
+--¿Qué es esto, señor barón? exclamó en aquel momento Roger con fuerte
+voz, desde el lado opuesto de la terraza.
+
+--¿Esto? ¡Por San Jorge! dijo el barón acudiendo presuroso, un montón de
+proyectiles para bombardas. Y aquí está la caja de hierro destinada á la
+pólvora. Ahora veréis el destrozo que vamos á hacer en la canalla. Tú,
+Tristán, levanta esa caja y ponla sobre el parapeto. Y tú, Simón, alza
+la tapa. Bien, está casi llena. Ahora dejad caer la caja al pie de la
+torre, entre las llamas.
+
+No bien quedó cumplida la orden resonó una detonación espantosa. La
+torre tembló y quedó cuarteada, amenazando desplomarse de un momento á
+otro. Los sitiados, pálidos y mudos de terror, se asieron al parapeto y
+contemplaron los estragos de la explosión. Desde el pie de la torre
+hasta una distancia de cincuenta varas se veía una masa confusa de
+cuerpos destrozados, de heridos que lanzaban pavorosos gritos, muchos de
+ellos envueltos por las llamas que consumían sus harapos. Más allá de
+aquella escena de destrucción numerosos grupos de gentes aterrorizadas
+que huían á todo correr, ansiosos de alejarse cuanto antes de la funesta
+torre y de sus temibles defensores.
+
+--¡Una salida, Duguesclín! gritó el barón. Aprovechemos su confusión
+para salir de aquí y huir si posible es.
+
+Dicho esto desenvainó la espada y comenzó á bajar rápidamente la
+escalera, seguido de sus compañeros, pero antes de llegar al piso
+inmediato se detuvo, con el desaliento reflejado en el rostro.
+
+--¿Qué pasa?
+
+--Mirad. La explosión ha derribado la pared, cuyos escombros interceptan
+por completo la escalera. Y más abajo el fuego continúa minando la
+torre.
+
+--Estamos perdidos, dijo Duguesclín.
+
+Volvieron todos lentamente á la terraza superior y apenas llegados lanzó
+Simón una exclamación de alegría.
+
+--¡Albricias! exclamó. ¿Oís? Es el canto de guerra de la Guardia Blanca.
+Antes de bajar me pareció oirlo también como un eco lejano, pero no
+estaba seguro de ello. Nuestros amigos llegan. ¡Oid!
+
+Todos se pusieron á escuchar. La duda no era posible. Del valle se
+elevaba un canto marcial y sonoro, más grato para los sitiados que la
+más armoniosa melodía.
+
+--¡Allí, allí! prosiguió Simón. Vedlos que salen del bosque y toman el
+camino del castillo. Han visto las llamas y también la turba de esos
+condenados y cantan como siempre que la Guardia Blanca se prepara á dar
+y recibir testarazos. ¡Ah, valientes! ¡Á mí, Yonson, Roldán, Vifredo!
+
+--¿Quién va? preguntó una voz potente.
+
+--¡Simón Aluardo, voto á bríos, que no quiere morir asado! ¡Y aquí en la
+torre tenéis también una dama á quien rescatar, junto con vuestro
+capitán el barón de Morel! ¡Pronto, bergantes! ¡La flecha y la cuerda,
+Vifredo, como en el sitio de Maupertuis!
+
+--¡Viva Simón! se oyó gritar á los arqueros y poco después la voz de
+Vifredo, que decía: ¿Estás pronto, camarada?
+
+--¡Tira! contestó Simón.
+
+El arquero tendió su arco y la flecha cayó dentro del parapeto. Atado á
+su extremo tenía un largo bramante del que Simón se apoderó con avidez.
+
+--¡Salvados! dijo, y luégo inclinándose hacia sus camaradas, gritó:
+¡Atad ahora la cuerda, larga y fuerte!
+
+Á los pocos momentos tenía en sus manos la gruesa cuerda salvadora. Con
+su auxilio bajaron primero á la noble dama y no tardaron en verse todos
+al pie de la torre, rodeados de los valientes arqueros de la Guardia
+Blanca.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXIX
+
+EL PASO DE RONCESVALLES
+
+
+--¿Dónde está el capitán Claudio Latour? fué lo primero que preguntó el
+barón de Morel, apenas sus pies tocaron el suelo.
+
+--En nuestro campamento de Montpezat, señor barón, á dos horas de camino
+de aquí, dijo respetuosamente Yonson, el sargento que mandaba á los
+arqueros.
+
+--Pues en marcha sin pérdida de momento, muchachos, que quiero veros á
+todos en el cuartel general de Dax, á tiempo para marchar á la
+vanguardia del príncipe.
+
+En aquel instante trajeron al señor de Morel y á Roger sus caballos, así
+como los de Duguesclín y su esposa, abandonados por los villanos en su
+precipitada fuga. La despedida de los dos guerreros fué por manera
+afectuosa.
+
+--Gran ventura ha sido para mí, dijo Duguesclín, la de haber conocido y
+tratado en tan excepcionales circunstancias al caudillo famoso cuyo
+nombre tantas veces me anunciara la fama. Pero es fuerza separarnos,
+porque mi puesto está al lado del rey de España, á cuyas órdenes debo
+ponerme antes de que vos crucéis las montañas de la frontera.
+
+--Á la verdad, yo os creía en España con el valiente Enrique de
+Trastamara.
+
+--Allá estuve, barón, y á Francia vine con la misión de reclutar gente
+en su auxilio. En España me hallaréis, al frente de cuatro mil lanzas
+francesas escogidas, para hacer á vuestro príncipe una acogida digna de
+él y de sus valientes caballeros. ¡Dios os guarde, amigo barón, y nos
+permita volver á vernos en circunstancias más propicias!
+
+--No creo que exista caballero más cumplido en toda la cristiandad, dijo
+el de Morel mirándole alejarse en compañía de su animosa consorte. Pero
+¿estás herido, Roger? ¿Qué palidez es esa?
+
+--Lo único que tengo, señor barón, es pesar amargo por la desdichada
+muerte de mi buen compañero de Pleyel.
+
+--¡Ah, sí! dijo tristemente el noble. Dos valientes escuderos he perdido
+ya y me pregunto por qué la implacable suerte arrebata de mi lado á esos
+jóvenes de brillante porvenir, dejando intactas las blancas cabezas como
+la mía. ¿Pero no recuerdas, Roger, cómo Doña Leonor nos predijo todos
+estos peligros y desgracias de la pasada noche?
+
+--Así es en efecto, señor.
+
+--Lo cual renueva mis temores de ver cumplida también su otra visión
+profética sobre el asedio de Monteagudo. Pero no puedo creer que haya
+llegado hasta Salisbury una fuerza enemiga francesa ó escocesa bastante
+numerosa para atacar el castillo. Convoca á esa gente, Simón, y en
+marcha.
+
+Al primer toque de clarín acudieron presurosos los arqueros blancos,
+cargados de botín, y el barón no ocultó una sonrisa de satisfacción al
+recorrer con su penetrante mirada las filas de aquellos aguerridos
+soldados. Pocos jefes podían enorgullecerse de mandar una fuerza tan
+temible y tan marcial como aquella. No faltaban allí algunos veteranos
+de las grandes guerras de Francia, pero en su mayoría formaban la
+Guardia Blanca jóvenes arqueros, robustos mocetones ingleses, sobre
+cuyos petos lucían ricas bandas de seda y oro y brillaban las piedras
+preciosas, muestra evidente del abundante botín recogido en su larga
+campaña del sur. Perfectamente armados y protegidos con sus cascos de
+acero, cota de malla recubierta por el coleto blanco con la cruz roja de
+San Jorge en el pecho, el largo arco á la espalda y la maza ó el hacha
+de combate colgada del cinto, sentíase el barón capaz de grandes
+empresas al frente de aquellos hombres denodados.
+
+Dos horas de marcha por la orilla del Aveyron los llevaron al campamento
+de la Guardia Blanca, formado por unas cincuenta tiendas, y entre los
+primeros en acudir á su encuentro figuraba un jinete ricamente vestido,
+que saludó al barón con entusiasmo.
+
+--¡Por fin! exclamó estrechándole las manos. Más de un mes hace que os
+esperamos ansiosos, señor de Morel. ¡Bienvenido seáis! ¿Recibísteis mi
+carta?
+
+--Sólo á ella se debe mi presencia aquí. Pero me admira, en verdad,
+señor de Latour, que no hayáis tomado vos mismo el mando de estos
+valientes arqueros.
+
+--¡Imposible, mi noble amigo! exclamó el jefe gascón. Ya sabéis cómo son
+estos ingleses y no hay medio de que acaten como jefe á quien no sea
+compatriota suyo. Yo mismo no he podido conquistarme su confianza y
+obediencia; tuvieron como de costumbre su conciliábulo y los muy tercos,
+dirigidos por ese cabeza dura que ahí traéis, Simón Aluardo, resolvieron
+que habíais de ser vos y no otro quien los mandara. Pero vuestro plan
+era reforzar la Guardia con un centenar de reclutas, barón. ¿Dónde
+están?
+
+--Esperándonos en Dax, donde no tardaremos en reunirnos con ellos.
+
+--Venid á mi tienda, donde descansaréis y vos y vuestro escudero
+repondréis un tanto las fuerzas con lo poco que aquí puedo ofreceros.
+
+En el curso de la conversación no tardó Claudio Latour en exponer su
+proyecto de atacar á Montpezat y Castelnau, villas cercanas y mal
+defendidas, en la primera de las cuales aseguró al barón que hallarían
+más de doscientos mil ducados ocultos en la fortaleza, amén de otro
+botín nada despreciable.
+
+--Muy diferentes son mis planes, señor de Latour, dijo irritado el de
+Morel. He venido aquí para capitanear á esos arqueros, poniéndolos al
+servicio del rey nuestro señor y del príncipe su hijo, que necesita de
+todo nuestro auxilio para reinstalar á su aliado Don Pedro en el trono
+de Castilla. Hoy mismo me propongo seguir la marcha en dirección á Dax.
+
+--Pues por mí, repuso Latour con evidente sorpresa y disgusto, estoy muy
+satisfecho con la vida que aquí llevo, no tengo el menor interés en esa
+guerra de que habláis y desde luego no me veréis en Dax.
+
+--En tal caso, señor mío, tendré el disgusto de ponerme al frente de la
+Guardia Blanca sin vos.
+
+--Si la Guardia os sigue, barón, cuando sepa que pensáis sacarla de esta
+comarca, donde vive en la abundancia, sin más ley que su voluntad.
+
+--Pues á averiguarlo en seguida, replicó impetuosamente el barón. Si soy
+su jefe, se vienen conmigo á Dax en este momento; y si no lo soy ¡por mi
+nombre! entonces no sé qué hago yo en Auvernia, en vez de ocupar mi
+puesto en la escolta del príncipe.
+
+No tardaron en hallarse congregados los arqueros, á quienes el barón,
+con voz firme y ademán enérgico, dirigió la palabra en estos términos:
+
+--Me dicen, arqueros, que os habéis aficionado á esta regalada vida que
+aquí lleváis, hasta el punto de no querer salir de Auvernia. Pero ¡por
+San Jorge! que no he de creerlo de tan valientes soldados, sobre todo
+cuando sepáis que vuestro príncipe prepara una gran empresa y necesita
+de vosotros. Me habéis elegido por jefe y lo seré para guiaros á España;
+os juro que el estandarte de las cinco rosas ondeará siempre allí donde
+haya más lauros que conquistar. Pero si es vuestro deseo cambiar gloria
+y renombre por vil lucro y seguir en esta comarca entre la molicie y el
+saqueo, buscad otro jefe, que yo he vivido honrado y con honra he de
+morir. Entre vosotros hay muchos hijos del condado de Hanson; que hablen
+los primeros y digan si están prontos á seguir la bandera de Morel.
+
+Inmediatamente se destacó de la columna un numeroso grupo de arqueros,
+montañeses robustos de Hanson, que aclamaron al barón con entusiasmo.
+
+--¡Por la cruz de mi espada, muchachos! gritó en aquel punto Simón
+saltando sobre un tronco caído. ¡Sería una vergüenza para la Guardia
+Blanca permitir que el príncipe cruzase las montañas del sur sin que le
+abriésemos camino con nuestros arcos! La guerra está declarada, el
+estandarte real ondea al viento, y bajo sus pliegues se hallará al viejo
+Simón, aunque tenga que ir solo hasta Dax....
+
+--¡No, no! ¡Viva Simón! ¡Iremos todos! gritaron los arqueros, que en su
+mayor parte no necesitaban del ejemplo dado tan oportunamente por el
+popularísimo veterano.
+
+--¡Que hable el capitán Latour! se oyó decir en las filas.
+
+--¡Sí, oigamos también al gascón! apoyó otra voz.
+
+--¡Soldados! exclamó Claudio Latour sin hacerse de rogar. No haré más
+que recordaros lo mucho y bueno que aquí dejáis y la triste recompensa
+que váis á buscar en lejana guerra. La libertad y el rico botín en
+Auvernia, la severa disciplina y mísera paga en el ejército. Ya sabéis
+lo que han ganado vuestros camaradas de la Guardia Blanca que fueron á
+Italia; el saco de Mantua y el rescate de seiscientos nobles. Yo os
+proporcionaré aquí golpes de mano tan brillantes como ese....
+
+--¡Que los convertirán en una gavilla de ladrones! vociferó Tristán,
+furioso con aquella arenga.
+
+--Sin embargo, no va del todo descaminado el capitán gascón, dijo
+tímidamente un arquero de torva mirada.
+
+--¡Tú has sido siempre un cobarde y un traidor, Marcos! rugió Simón
+enseñándole el puño.
+
+--Haya paz, dijo el barón con voz tranquila. Los que prefieran servir al
+señor de Latour, libres son de seguirle. Los demás, conmigo á donde nos
+llaman el deber y el patriotismo.
+
+Una docena de arqueros se deslizaron avergonzados en dirección á la
+tienda del gascón, despedidos por la rechifla de toda la columna, que
+poco después se ponía en marcha con el barón, camino del cuartel general
+inglés.
+
+En toda la comarca, de ordinario tan tranquila, que se extiende desde el
+Adour hasta la frontera de Navarra, vivaqueaban los numerosos cuerpos
+del magno ejército; por todas partes se veían las tiendas de jefes y
+soldados de Aquitania, gascones é ingleses. Acababa de llegar de
+Inglaterra el duque de Lancaster, hermano del príncipe, con séquito de
+cuatrocientos caballeros y numerosa fuerza de arqueros, último refuerzo
+que se esperaba y todo estaba pronto para la marcha.
+
+Los desfiladeros de Navarra seguían en manos del vacilante Carlos, que
+había tratado de negociar á la vez con Enrique de Castilla y con Eduardo
+de Inglaterra; pero la mano de hierro del Príncipe Negro le obligó á
+ceder y dejar libres los pasos de la cordillera. Para conseguirlo
+comisionó el príncipe al capitán Hugo Calverley, quien al frente de su
+compañía entró rápidamente en Navarra y pegó fuego á Puente la Reina y
+Miranda. Aquel reto bastó para que el rey Carlos desistiese de toda
+oposición al paso del fuerte ejército invasor por territorio navarro.
+
+Á principios de Febrero, tres días después de la llegada del barón de
+Morel y su Guardia Blanca á Dax, recibió el ejército inglés la orden de
+marcha en dirección á Roncesvalles. Los primeros en obedecerla, por
+disposición expresa del príncipe, fueron los trescientos arqueros de
+Morel, elegidos para abrir el camino y situarse en el último tramo de la
+cordillera, á fin {de} esperar y proteger allí el paso de todo el
+ejército. Orgulloso en verdad cabalgaba el barón á la cabeza de su
+gente, armado de punta en blanco y seguido de Roger, Simón y Reno,
+portando este último el estandarte del famoso guerrero.
+
+--Á fe mía, Roger, dijo éste, que hubiera preferido ver á Carlos de
+Navarra disputarnos el paso de esos montes, que tengo entendido fueron
+teatro de un reñido combate en el que perdió la vida cierto valeroso
+Roldán.
+
+--Si me lo permitís, señor barón, repuso Reno, os diré que conozco bien
+el país por haber servido á las órdenes del rey de Navarra. Aquel
+edificio cuyo techo véis entre los árboles es un asilo y monasterio y
+señala el lugar donde pereció Roldán. El pueblo que á la izquierda mano
+queda es Orbaiceta, tierra del buen vino.
+
+--Y á la derecha veo un caserío....
+
+--Es el pueblo de Los Aldudes, y más allá los picachos de Altavista.
+
+El barón hizo notar á Roger, que contemplaba admirado tan hermoso
+cuadro, el contraste que desde aquella altura presentaban las áridas
+llanuras gasconas del norte con las verdes praderas y las colinas
+pintorescas de la tierra navarra. Tampoco dejaban de ver aquí y allá, en
+lo alto de las rocas ó al torcer de un camino, pequeños grupos de
+caballeros y soldados del rey Carlos, que los contemplaban en silencio;
+vista que ponía de muy mal humor al barón, quien hablaba nada menos que
+de caer espada en mano sobre aquellos soldados neutrales. El veterano
+echaba de menos los días en que, según él decía, jamás se compraba con
+oro ni tratados el paso por tierra extranjera, sino que se ganaba á
+punta de lanza ó se perecía en la demanda. Por fin llegaron los arqueros
+á un lugar de la sierra desde el cual se divisaban en el lejano
+horizonte las torres de Pamplona, y allí se detuvo la Guardia Blanca, en
+cumplimiento de las órdenes del príncipe. Los altos montes estaban
+cubiertos de nieve y los arqueros se acomodaron lo mejor que pudieron
+en una aldea vecina. Roger dedicó el resto de aquel día y parte del
+siguiente, á ver desfilar el brillante ejército reunido para aquella
+expedición bajo las banderas del rey de Inglaterra. No tardó en
+reunírsele Simón, que tomó asiento á su lado sobre una elevada roca.
+
+--Hombres, caballos, armas y arreos, todo esto es magnífico, Roger, y
+digno de la atención que le dedicas, dijo el veterano. Nuestro valiente
+capitán está furioso porque hemos cruzado los montes sin andar á
+flechazos ni lanzadas, pero ó mucho me engaño ó esta campaña de Castilla
+le proporcionará tantas ocasiones de combatir como pueda pedirle el
+cuerpo, antes de que volvamos á emprender la marcha hacia el norte.
+Dicen en el ejército que Enrique de Trastamara puede lanzar contra
+nosotros cuarenta mil soldados, sin contar las lanzas francesas de
+Duguesclín y que todos ellos han jurado morir antes que ver á Don Pedro
+otra vez en el trono de Castilla.
+
+--Pero nuestro ejército es también numeroso y aguerrido.
+
+--Veinte y siete mil hombres por junto y en tierra extraña. Pero
+atención, _mon petit_, que aquí llega Chandos en persona con su compañía
+y tras ella pendones y escudos entre los que reconocerás á lo mejor de
+nuestra nobleza.
+
+Mientras hablaba Simón había desfilado ante ellos fuerte columna de
+arqueros, seguidos de un portaestandarte que llevaba en alto el pendón
+de Chandos. Cabalgaba éste á corta distancia, revestido de armadura
+completa á excepción del casco con luengas plumas blancas, que sostenía
+sobre el arzón uno de los escuderos de su escolta. Cubría sus blancos
+cabellos un birrete de terciopelo color de púrpura y un paje le llevaba
+la poderosa lanza. Sonrióse complacido al ver el estandarte de las cinco
+rosas que ondeaba sobre la aldehuela y con una señal de despedida tomó
+tras sus arqueros el camino de Pamplona.
+
+Á corta distancia de él iban mil doscientos caballeros ingleses, cuyos
+almetes, petos y armas relucían al sol, formando deslumbrador escuadrón,
+escoltado por Lord Audley en persona con sus seiscientos arqueros y los
+cuatro renombrados escuderos que tamaña gloria conquistaran en Poitiers.
+Doscientos jinetes pesadamente armados precedían al duque de Lancaster y
+su brillante séquito, en el que descollaban cuatro heraldos cuyos
+luengos tabardos llevaban bordadas sobre el pecho las armas reales. Á
+uno y otro lado del joven príncipe cabalgaban los dos senescales de
+Aquitania, Guiscardo de Angle y Esteban Cosinton, portando el primero la
+bandera del ducado y el segundo la de San Jorge. Más allá, en cuanto del
+camino abarcaba la vista, se extendía sin cesar columna tras columna,
+como un río de acero, dominado por airosas cimeras, gonfalones y
+blasonados escudos.
+
+Gran parte de aquel día permaneció absorto el buen Roger en la
+contemplación de los lúcidos escuadrones y compañías que ante él
+desfilaron, á la vez que escuchaba atento los nombres que citaba y los
+interesantes comentarios que hacía el veterano Simón, hasta que los
+últimos hombres de armas hubieron desaparecido en los profundos
+desfiladeros de Roncesvalles, con dirección á los llanos de Navarra.
+
+En compañía del duque de Lancaster llegaron á Pamplona, con la
+vanguardia inglesa, los reyes de Mallorca y de Navarra y el impaciente
+Don Pedro de Castilla. También se contaban allí apuestos caballeros
+gascones, procedentes de Aquitania y de Saintonge, de La Rochelle,
+Quercy, el Lemosín, Agenois, Poitou y Bigorre, con los pendones y
+fuerzas de sus distritos respectivos. Y no es de omitir el numeroso
+contingente del país de Gales, bajo la bandera escarlata de Merlín. Allí
+también el anciano duque de Armagnac con su sobrino el señor de Albret,
+los de Esparre, Breteuil y tantos más.
+
+Al cuarto día todo el ejército quedó acampado en el valle de Pamplona y
+el príncipe inglés convocó á sus jefes á consejo en el palacio real de
+la antigua capital de Navarra.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXX
+
+LA GUARDIA BLANCA EN EL VALLE DE PAMPLONA
+
+
+Mientras se celebraba el consejo de guerra en Pamplona hallábase
+acampada la Guardia Blanca en las afueras de la ciudad, entre las
+compañías del jefe gascón La Nuit y del flamenco Ortingo, y allí se
+divertían tirando la espada, luchando cuerpo á cuerpo como antiguos
+gladiadores ó mostrando su habilidad en el manejo del arco, para lo cual
+les servían de blanco escudos colocados sobre las cercanas eminencias
+del terreno. Los arqueros bisoños se adelantaban formados en filas y
+tendían cuidadosamente los grandes arcos, en tanto que los veteranos
+como Yonson, Reno, Simón y otros seguían con atención el vuelo de las
+flechas, comentando, aplaudiendo ó corrigiendo los esfuerzos de los
+tiradores. Tras ellos se agrupaban muchos ballesteros de La Nuit y del
+Brabante, que observaban con interés el ejercicio á que se entregaban
+sus aliados ingleses.
+
+--¡Bravo, Gerardo! dijo el viejo Yonson á un mocetón de ojos azules y
+rubio cabello que con labios entreabiertos y fija mirada, seguía la
+dirección de la flecha que acababa de lanzar. Ahí la tienes en el centro
+del blanco, y así lo esperaba desde que la ví salir de tu mano. ¡Buen
+arquero, muchacho!
+
+--Tirad siempre de la cuerda lentamente y por igual y soltad la flecha
+sin mover la mano, pero de pronto, dijo Simón. Y acordaos de que esas
+reglas son ley lo mismo cuando tiréis al blanco que cuando tras del
+escudo se os venga encima un jinete lanza en ristre ó espada en alto,
+dispuesto á partiros el alma. Pero ¿quién es ése que agarra el arco como
+un cayado y que hace tantas muecas para apuntar?
+
+--Es Sabas, de Bristol. ¡Oye tú, Sabas! gritó Vifredo, no dobles el
+espinazo, hijo, ni saques la lengua, que maldito lo que eso te ayudará
+para poner la flecha en el blanco. Levanta esa cara tan fea que Dios te
+ha dado, tente tieso, y extiende bien el brazo izquierdo, sin moverlo;
+ahora tira despacio de la cuerda con la derecha.
+
+--Á fe mía, que más entiendo yo de manejar la espada y la pica que el
+arco, dijo Reno, pero he llevado tantos años entre arqueros que recuerdo
+haber presenciado prodigios. Buenos tiradores hay aquí, pero no como
+algunos que recuerdo.
+
+--¿Ves aquello? preguntó Yonson al veterano, extendiendo el brazo hacia
+una bombarda que á no gran distancia se alzaba sobre su poco airosa
+cureña. Pues la culpa la tienen esos armatostes, con sus humaredas y sus
+rugidos. Ante ellos van desapareciendo poco á poco los arqueros de la
+buena escuela. Y es maravilla que tan gentil guerrero como nuestro
+príncipe lleve consigo esas sucias máquinas, que ojalá revienten todas
+con mil demonios.
+
+--Para arqueros de primer orden algunos que teníamos en el sitio de
+Calais, observó Simón. Recuerdo que en una de las muchas salidas un
+genovés levantó el brazo y lo agitó como amenazándonos. Diez de nuestros
+muchachos le soltaron en el acto otras tantas flechas, y cuando
+descubrimos después su cadáver se vió que tenía ocho de ellas clavadas
+en el antebrazo.
+
+--Pues yo os diré, repuso Vifredo, que cuando los franceses nos cogieron
+el galeón _Cristóbal_ y lo anclaron á doscientos pasos de la playa, dos
+arqueros de marca, Robín y Elías, no necesitaron más de cuatro flechas
+para cortar el cable del ancla como con un cuchillo, de suerte que por
+poco se estrella el galeón contra las rocas y á los de á bordo los
+asaeteamos de lo lindo.
+
+--Buenos tiempos aquellos y mejores arqueros, en verdad, dijo Reno, pero
+á bien que ahí está Simón Aluardo, tan perito como el que más; y cuanto
+á tí, Yonson, como si no te hubiera visto yo ganarte el buey gordo allá
+en Fenbury, cuando te lo disputaron en el tiro al blanco los primeros
+arqueros de Londres.
+
+Habíalos estado escuchando muy atentamente, apoyado en su ballesta, un
+robusto flamenco de penetrante mirada y atezado rostro, cuyo traje y
+porte revelaban á un oficial subalterno de las tropas del Brabante.
+
+--No comprendo, dijo dirigiéndose á los arqueros ingleses, por qué os
+gusta tanto la percha esa de seis pies de largo, que os hace tirar y
+esforzaros como mulos de carga, cuando yo con el molinete de mi ballesta
+obtengo sin molestia los mismos resultados.
+
+--Buenos tiros de ballesta han visto mis ojos, contestó Simón, pero
+permitidme deciros, camarada, que comparando vuestra arma con el arco me
+parece una bicoca propia de mujeres, que pueden dispararla con tanta
+facilidad y tanto acierto como vos.
+
+--Mucho habría que decir sobre eso, repuso bruscamente el flamenco. Pero
+desde luego aseguro que con mi ballesta hago yo lo que ninguno de
+vosotros con el arco.
+
+--¡Bien dicho, _mon garçon!_ exclamó Simón. El buen gallo canta siempre
+alto. Pero á los hechos me atengo y como yo he practicado muy poco con
+el arco en estos últimos tiempos, ahí está el viejo Yonson, que sabe
+hacer bien las cosas y sostendrá contra vos el honor de la Guardia
+Blanca.
+
+--Un galón de vino del Jura apuesto por el arco, dijo Reno, y por mis
+barbas que preferiría apostarlo de buena cerveza de Londres si tal
+hubiera por estas tierras.
+
+--¡Apostado! exclamó el ballestero. Lo que no veo, continuó mirando
+rápidamente en derredor, es un blanco que merezca tal nombre, pues yo no
+he de perder el tiempo tirando á esos escudos, buenos para ejercitar
+reclutas.
+
+--El tío ese es el mejor tirador de las compañías aliadas, dijo en voz
+baja á Simón un hombre de armas inglés. Esta misma mañana oí decir de él
+que fué quien derribó malherido al condestable de Borbón.
+
+--Respondo de Yonson, á quien he visto manejar el arco durante veinte
+años, contestó Simón. ¿Qué tal, viejo mío? ¿Te resuelves á demostrar á
+este camarada lo que vale un arco inglés?
+
+--Á buena parte vienes, Simón, como si para lances tales valiera más un
+arquero machucho, por bueno que haya sido, que uno de esos zánganos
+mozos con ojos de lince y puños de hierro. Pero en fin, déjame tomarle
+el tiento á ese arco tuyo, Roldán, que me parece de los buenos. Escocés
+de construcción, no hay más que verlo, ligero y flexible á la vez que
+poderoso. No, esas flechas no; una de aquellas, tres plumas por banda y
+punta estrecha y larga.
+
+--Esas son las que á mí me gustan, marrullero, dijo Simón.
+
+--¿Estáis pronto? preguntó el ballestero, poniendo cuidadosamente en su
+arma un grueso dardo.
+
+La noticia de la prueba que se preparaba había cundido por el campo y
+numerosos espectadores de las diferentes compañías formaban extenso
+semicírculo detrás de los dos justadores. La mirada del ballestero se
+fijó de pronto en una cigüeña que trasponiendo lejana colina continuó su
+perezoso vuelo en dirección al campamento. Al acercarse divisaron todos
+un punto negro que se cernía á grande altura, y que muy pronto
+conocieron era un milano en seguimiento de su víctima. Aterrorizada la
+cigüeña llegó á unos cien pasos de los arqueros y el ave de rapiña
+empezó á trazar pequeños círculos, como si se preparase á caer sobre
+ella, cuando el ballestero, apuntando rápidamente, atravesó con su dardo
+á la pobre cigüeña. Casi al mismo tiempo tendió Yonson su temible arco y
+la flecha detuvo en su vuelo al milano, que empezó á caer velozmente;
+alzóse gran clamoreo de los espectadores, que aplaudían ambas proezas;
+pero la aprobación de todos se trocó en asombro al ver que Yonson ponía
+apresurado otra flecha en su arco apenas disparada la primera y
+apuntando horizontalmente clavaba á su vez una saeta en la infeliz
+cigüeña, casi en los momentos de dar ésta con su cuerpo en el suelo. Un
+grito unánime de los arqueros, resonante expresión de triunfo, acogió
+aquella doble hazaña de su camarada, á quien abrazó estrechamente Simón,
+que danzaba de gozo.
+
+--¡Ah, viejo lobo! gritó. Esta la celebraremos juntos vaciando un
+azumbre de lo bueno. No contento con el milano habías de ensartar
+también la cigüeña. ¡Por las barbas del gran turco! ¡Otro abrazo!
+
+--Buen tirador sois, á fe mía, dijo gravemente el ballestero, pero no
+habéis probado serlo mejor que yo. Apunté á la cigüeña y dí en el
+blanco; nadie hubiera podido hacer más.
+
+--No pretendo aventajaros como tirador, repuso Yonson, pues conozco
+vuestra fama; pero sí quería demostrar que con el arco es posible hacer
+lo que no hubierais podido realizar con vuestra ballesta en igual
+tiempo, dado el que necesitáis para armarla y disparar por segunda vez.
+
+--Cierto es ello, pero ahora me toca á mí enseñaros una ventaja de la
+ballesta sobre el arco. Tended el vuestro cuanto podáis y lanzad la
+flecha lo más lejos que alcance. Mi dardo la dejará muy atrás. Marca las
+distancias, Arnaldo, clavando en tierra una pica á cada cien pasos y
+espérate junto á la quinta para recoger y traerme mis dardos.
+
+Hízolo así el soldado y momentos después partía silbando la flecha de
+Yonson.
+
+--¡Más allá de la cuarta pica! gritó Simón.
+
+--¡Bravo, Yonson! exclamaron los arqueros.
+
+--¡Cuatrocientos veinte pasos! dijo un ballestero que con Arnaldo
+acababa de medir la distancia exacta y llegó corriendo al grupo.
+
+--Pues ahora veréis cómo vuela un buen dardo del Brabante, dijo
+tranquilamente el ballestero.
+
+--¡Por la cruz de Gestas! gruñó Tristán, ha caído cerca de la quinta
+pica.
+
+--¡No, más allá, más allá! gritaron entusiasmados los flamencos.
+
+--¡Quinientos ocho pasos! voceó Arnaldo y repitieron todos con asombro.
+
+--¿Cuál de las dos armas vence ahora? preguntó orgullosamente el
+ballestero.
+
+--En el tiro á distancia, la vuestra lleva la ventaja, lo confieso,
+replicó Yonson cortésmente.
+
+--¡Poco á poco! gritó en aquel punto nuestro amigo Tristán con un
+vozarrón tremendo y adelantándose hasta llegar junto al engreído
+ballestero. Este arco que aquí véis alcanza más lejos que esa maquinaria
+vuestra, con molinillo y todo, y os lo voy á probar ahora mismo.
+¿Preferís tirar otra vez?
+
+--Me atengo á los quinientos ocho pasos de mi último dardo.
+
+--Pues allá va el mío camino de los seiscientos, dijo el gigantesco
+arquero tendiéndose en el suelo, poniendo un pie en cada extremo de su
+arco y tirando vigorosamente de la cuerda, después de colocar en ella
+larguísima flecha.
+
+--Vas á hacer un pan como unas hostias, gandul, le dijo Simón. ¿De
+cuándo acá pretendes tú superar á los arqueros veteranos?
+
+--Calma, Simón, que esta es una treta mía y yo sé lo que me hago.
+
+--¡Bien por Tristán! ¡Rompe el arco si es preciso, camarada! vocearon
+los arqueros.
+
+--¿Quién es aquel imbécil que está allí plantado, camino de mi flecha?
+preguntó Tristán alzando la cabeza y mirando hacia la última pica.
+
+--Es mi soldado Arnaldo, que marca el lugar donde cayó mi dardo y sabe
+que allí nada tiene que temer de vos, dijo el ballestero.
+
+--¿No? ¡Pues que Dios lo perdone! exclamó Tristán tendiéndose de nuevo
+en el suelo, afirmando los pies y tirando de la cuerda hasta hacer
+crujir el arco. ¡Allá va!
+
+El silbido de la flecha se oyó á gran distancia; el medidor del terreno
+se arrojó de cara al suelo y levantándose enseguida echó á correr en
+dirección opuesta al grupo que formaban los tiradores.
+
+--¡Aprieta, Tristán! ¡Si no se tira al suelo no lo cuenta! ¡Bien,
+muchacho! exclamaron los arqueros.
+
+--_¡Mon Dieu!_ No he visto jamás proeza igual, dijo el de Brabante.
+
+--Lo dicho, es una treta mía con la cual me he ganado muy buenos
+cuartillos de cerveza allá en las ferias de Hanson, repuso Tristán
+levantándose y sonriendo satisfecho.
+
+--La flecha ha caído á ciento treinta pasos más allá de la quinta pica,
+dijeron varios arqueros y soldados.
+
+--¡Seiscientos treinta pasos! Es un tiro descomunal, pero nada prueba á
+favor de vuestra arma, robusto amigo, porque para llegar á tal distancia
+os habéis convertido vos mismo en arco y eso no era lo pactado.
+
+--¡No deja de ser verdad lo que decís! asintió Simón riéndose. Pero
+probados ya el tiro al blanco y el de distancia, voy á demostraros á mi
+vez cómo el arco gana á la ballesta en fuerza de penetración. ¿Véis
+aquel escudo, en la altura? Es de roble recubierto de cuero. Clavad en
+él vuestro dardo lo más profundamente que podáis.
+
+--Allá va, dijo el ballestero, á quien imitó Simón después de ensebar
+con cuidado la punta de su flecha.
+
+--Tráeme el escudo, Elías, dijo Simón á un arquero.
+
+Cariacontecidos quedaron los ingleses y grande fué la risa de los de La
+Nuit y Brabante al ver que el sólido escudo sólo tenía el dardo del
+ballestero clavado profundamente y ni señales de la flecha de Simón.
+
+--¡Por vida de los tres reyes! exclamó el flamenco. Ni siquiera habéis
+dado en el blanco, seor inglés.
+
+--¿No, eh? replicó el veterano con sorna; y dando vuelta al escudo
+señaló en la cara interior de éste un pequeño agujero. ¿Véis esto? Pues
+es que ha sucedido lo que yo esperaba; vuestro dardo ha quedado
+atarugado en el roble á poco de atravesar el cuero, en tanto que mi
+flecha ha horadado el escudo de parte á parte.
+
+El semblante del oficial reveló su humillación y su disgusto, pero antes
+de que pudiera despegar los labios llegó al galope Roger, que
+dirigiéndose á los arqueros les dijo:
+
+--Nuestro capitán el barón de Morel me sigue de cerca y quiere hallar
+reunidos á sus soldados para darles en persona una buena noticia.
+
+Arqueros y hombres de armas se calaron á toda prisa los cascos,
+endosaron cotas de malla y coletos, asieron sus respectivas armas y en
+dos minutos quedó perfectamente formada la Guardia Blanca. Poco después
+llegó el barón al trote de su brioso corcel y contempló con evidente
+satisfacción el marcial aspecto de su gente.
+
+--Soldados, les dijo, vengo á anunciaros que la Guardia Blanca acaba de
+ser objeto de un alto honor. El príncipe nos ha elegido para formar la
+vanguardia y seremos los primeros en atacar al enemigo. Si alguno de
+vosotros vacila en este momento....
+
+--¡Os seguiremos hasta el último! ¡Viva nuestro capitán! gritaron á una
+los arqueros.
+
+--Bien está. ¡Por San Jorge! no esperaba menos de vosotros. Nos
+pondremos en marcha mañana al despuntar el día, y montaréis los caballos
+de la compañía Loring, que por ahora queda incorporada á la reserva.
+Hasta mañana.
+
+Los arqueros rompieron filas con mil exclamaciones de contento,
+palmoteando y abrazándose como si acabasen de ganar una victoria.
+Contemplábalos sonriente el barón cuando cayó sobre su hombro una pesada
+mano y volviéndose halló el rostro coloradote y mofletudo de Sir Oliver
+Butrón.
+
+--¡Aquí tenéis otro recluta, caballero andante! le dijo el rollizo
+guerrero. Acabo de saber que seréis el primero en marchar camino del
+Ebro y con vos me largo aunque no queráis.
+
+--¡Bienvenido, Oliver! Vuestra compañía, á más de gustosa, es honra para
+mí.
+
+--Pero debo confesaros con franqueza que tengo para ello una razón
+poderosa....
+
+--Sí, vuestro deseo de hallaros siempre donde hay peligros que correr y
+lauros que conquistar.
+
+--No precisamente....
+
+--¿Qué buscáis, pues?
+
+--Gallinas.
+
+--¿Eh?
+
+--Os explicaré. Hasta ahora hemos debido de tener por vanguardia una
+partida de gentes famélicas, á juzgar por la limpia de vituallas que han
+hecho en todo el camino. Desde que salimos de Dax trae á la grupa mi
+escudero un saco de exquisitas trufas, pero estad seguro de que no
+hallaremos una sola gallina ni un mal pollastre con que comerlas
+mientras no dejemos atrás á esos voraces merodeadores. Y hé aquí por
+qué, mi buen León, me alisto desde ahora bajo vuestra bandera, con
+trufas y todo.
+
+--¡Siempre el mismo, Oliver! dijo el barón riéndose de la salida de su
+amigo é invitándolo á entrar en su tienda.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXI
+
+DE CÓMO TRISTÁN Y EL BARÓN HICIERON DOS PRISIONEROS
+
+
+Dos días de acelerada marcha llevaron al barón y su gente á la orilla
+opuesta del rápido Arga y más allá de Estella, hasta dejar atrás los
+valles y las cañadas de Navarra y hallarse frente al anchuroso Ebro, en
+cuyas riberas se alzaban numerosos caseríos. Durante toda una noche
+contemplaron los sorprendidos habitantes de Viana el paso del río por
+aquella tropa, que hablaba una lengua extraña á sus oídos y cuyas armas
+y equipo llamaban no menos poderosamente su atención. Desde aquel
+momento se hallaba la Guardia Blanca en tierra de Castilla y la próxima
+jornada los dejó en un pinar cercano á la ciudad de Logroño, en el cual
+se detuvieron para tomar hombres y caballos el muy necesitado descanso,
+mientras los jefes celebraban consejo presidido por el barón.
+
+Tenía éste consigo á los señores Guillermo Fenton, Oliver de Butrón,
+Burley, llamado el caballero andante de Escocia, Ricardo Causton y el
+conde de Angus, distinguidos todos ellos entre los primeros caballeros
+del ejército. Componían el resto de la fuerza sesenta hombres de armas
+veteranos y trescientos veinte arqueros. Don Enrique de Trastamara, rey
+de Castilla, se hallaba acampado con su ejército á unas diez leguas de
+distancia en dirección á Burgos, según informes suministrados al barón
+por numerosos espías. Por éstos supo también que el monarca castellano
+mandaba poderosa hueste de cuarenta mil infantes y veinte mil caballos.
+
+Largas fueron las deliberaciones del consejo, y aunque Fenton y Burley
+sostuvieron que la misión de la vanguardia quedaba bien cumplida por
+entonces, pues habían averiguado la posición y número del enemigo, y
+que era temeridad continuar allí con sólo cuatrocientos hombres, entre
+un ejército de sesenta mil y un caudaloso río, prevaleció la opinión del
+señor de Morel y otros caballeros, que no querían repasar el Ebro sin
+ver á un solo enemigo ni intentar hazaña ó aventura por arriesgada que
+fuese.
+
+Continuaron, pues, la marcha, protegidos por la obscuridad de la noche y
+guiados por un pastor de cuya guarda se encargó Reno, empezando por
+atarle sólidamente una muñeca con recia cuerda cuyo otro extremo aseguró
+al arzón de su silla. Momentos después de amanecer, cuando ya el paso
+por aquellas breñas iba haciéndose harto difícil, les anunció temblando
+su guía que en la obscuridad había perdido el camino; palabras que
+indignaron á los arqueros más próximos, sospechosos de una traición y
+que á punto estuvo de costar la vida al pastor, cuando repentino toque
+de cornetas y tambores reveló á los expedicionarios la inmediación del
+enemigo.
+
+--¡Habla, villano! ¿Qué significa ese rumor? preguntó en buen castellano
+el señor de Fenton al tembloroso guía.
+
+--¡Ya sé dónde estamos! exclamó éste. El ejército acampa en aquel valle.
+Salgamos de esta cañada y desde esa altura que á la izquierda queda
+veréis las tiendas del rey.
+
+Tomó Fenton ladera arriba, siguiéronle sigilosamente los otros y al
+llegar á la cumbre miraron con precaución el barón y los caballeros por
+entre rocas y matorrales.
+
+El cuadro que el inmediato valle ofreció á su vista los dejó atónitos.
+Frente á ellos se extendía una gran llanura cubierta de verde hierba y
+por la que serpenteaban dos riachuelos. En todo el valle, hasta donde
+alcanzaba la vista, millares de blancas tiendas, adornadas muchas de
+ellas con enseñas y pendones de los altivos señores castellanos y
+leoneses. Á gran distancia, en el centro de aquella improvisada ciudad,
+una tienda mayor y más vistosa que todas las restantes era sin duda la
+vivienda del monarca. El toque que habían oído los ingleses era la
+primera llamada matutina; el campamento despertaba, numerosos soldados
+salían de las tiendas, dirigiéndose unos al riachuelo más cercano y
+preparando y encendiendo otros multitud de fogatas que empezaron á
+desprender columnas de humo.
+
+Largo rato continuaron en acecho los ingleses y vieron que algunos
+grupos de nobles castellanos, montando sus hermosos corceles y seguidos
+de pajes que llevaban halcones y azores adiestrados, se preparaban á
+entregarse á su ejercicio favorito de la caza. Á su lado corrían y
+saltaban grandes lebreles.
+
+--Arrogantes galanes, á fe mía, dijo Simón á Roger, que olvidado de todo
+contemplaba con embeleso espectáculo tan nuevo para él.
+
+--Lo que yo pienso, dijo á su vez Tristán, es que si pudiera apoderarme
+de uno de aquellos alegres jinetes y hacerle pagar rescate, podría
+también comprarle a mi madre un par de vacas....
+
+--No seas cernícalo, Tristán, repuso Simón. Dí más bien que con el
+rescate podrías comprar una hermosa granja inglesa y diez aranzadas de
+terreno á orillas del Avón.
+
+--¿Sí? Pues allá voy á traerme uno de ellos, exclamó Tristán haciendo
+ademán de bajar al valle y en voz tan alta que llamó la atención de
+Morel.
+
+--Nadie se mueva, ordenó éste. Quitáos los cascos y bajad las armas para
+que el brillo del acero á los rayos del sol no llame la atención del
+enemigo. Aquí hemos de aguardar ocultos hasta la noche.
+
+Así lo hicieron, temiendo verse descubiertos y aniquilados de un momento
+á otro, cosa que pareció inevitable cuando á eso de mediodía vieron
+subir por el sendero del valle á un apuesto caballero, ligeramente
+armado, que montaba un caballo blanco y llevaba posado sobre el puño
+izquierdo un halcón. El cazador siguió trepando hasta llegar á la
+cumbre, obligó á su caballo á trasponer la valla natural que formaban
+los arbustos y cuando menos lo esperaba se halló rodeado de los extraños
+guerreros allí ocultos. Lanzando una exclamación de sorpresa y despecho
+hizo volver grupas á su caballo, derribó éste á los dos arqueros que
+intentaban detenerlo é iba ya á lanzarse al galope hacia el valle,
+cuando caballo y caballero se vieron detenidos bruscamente por las
+férreas manazas de Tristán. Un momento después yacía el jinete derribado
+en el suelo.
+
+--Rescate tenemos, dijo Tristán.
+
+--Si no me engaño, arquero, dijo el barón adelantándose después de mirar
+atentamente al sorprendido cautivo, acabas de hacer prisionero al noble
+caballero español Don Diego de Álvarez, á quien tuve la honra de ver un
+tiempo en la corte de nuestro príncipe.
+
+--Don Diego soy, repuso el caballero, y preferiría mil veces la muerte á
+verme hecho prisionero en una emboscada y por las villanas manos de un
+arquero.... Tomad vos mi espada, señor capitán.
+
+--Poco á poco, caballero, dijo el barón. Sois prisionero del soldado que
+os ha hecho cautivo, mozo valiente y honrado. Potentados de más alto
+rango que vos hanse visto antes de ahora prisioneros de arqueros
+ingleses....
+
+--¿Qué rescate pide ese hombre? interrumpió el castellano.
+
+--Pues yo, dijo titubeando Tristán cuando le hubieron traducido la
+pregunta, quisiera unas cuantas vacas, y una casita aunque fuese
+pequeña, con su huerto y....
+
+--¡Basta, basta! dijo el barón con gran risa. Déjame arreglar este
+asunto por tí, arquero. Todo lo que el soldado quiere, Don Diego, puede
+comprarse con dinero, y creo que cinco mil ducados no es mucho pedir por
+la libertad de tan renombrado caballero.
+
+--Le serán pagados.
+
+--Me veo obligado, eso sí, á reteneros entre nosotros por algunos días,
+y á pediros permiso para usar vuestra armadura, escudo y caballo en una
+expedición que proyecto.
+
+--Mi arnés, armas y caballo vuestros son por la ley de la guerra.
+
+--Pero os serán devueltos. Coloca centinelas, Simón, ahí en la entrada
+del paso y una guardia de arqueros con armas preparadas por si algún
+otro caballero nos visita.
+
+Pasaron las horas y los ingleses siguieron vigilando todos los
+movimientos de la gran hueste enemiga. Al caer la tarde se notó gran
+agitación en el campo y luégo fuertes clamores y el toque de cien
+cornetas. No tardó en descubrirse la causa; por el camino más lejano del
+punto donde se hallaban agazapados los arqueros llegaba una fuerte
+columna, nuevos refuerzos para el ejército castellano.
+
+--¡El diablo me lleve, dijo por fin Burley, si al frente de esos
+caballos no ondea el estandarte con la doble águila de Duguesclín!
+
+--Así es, dijo el de Angus, y con él los caballeros franceses alistados
+en Bretaña y Anjou.
+
+--Cuatro mil jinetes lo menos, repuso Guillermo Fenton. Y allí veo al
+gran Bertrán en persona, junto á su bandera. El rey Enrique sale á su
+encuentro con heraldos, caballeros y pendones. Vedlos que juntos se
+dirigen hacia la tienda real.
+
+En tanto el barón de Morel había revestido la armadura de su prisionero
+Don Diego y tan luego se puso el sol dió orden á su gente de preparar
+las armas.
+
+--Señor de Fenton, dijo, he resuelto intentar no pequeña empresa y os he
+elegido para mandar á nuestros soldados en una salida y sorpresa al
+campamento castellano. Antes saldré yo con dirección al centro del
+campo, con sólo mi escudero y dos arqueros. Caed sobre el enemigo cuando
+me veáis llegar á la tienda del rey. Dejaréis veinte hombres aquí, en el
+sendero que parte de la cañada, y regresaréis apresuradamente á este
+mismo lugar después de vuestro rápido ataque.
+
+--¿Qué proyectáis, Morel?
+
+--Después lo veréis. Roger, me seguirás llevando por la brida un caballo
+de repuesto. Que vengan con nosotros, bien montados, los dos arqueros
+que nos acompañaron en nuestro viaje por Francia, y en quienes tengo
+confianza absoluta. Dejarán aquí sus arcos y ni ellos ni tú diréis
+palabra, aunque os hablen en el campo. ¿Estás pronto?
+
+--Á vuestras órdenes, señor barón, dijo Roger.
+
+--¡Y también nosotros! exclamaron Simón y Tristán, montando y
+adelantándose á su vez.
+
+--En vos confío, Fenton, dijo el barón. Si Dios nos protege hemos de
+vernos reunidos otra vez aquí antes de una hora. ¡Adelante!
+
+Montó el barón el blanco caballo de Don Diego de Álvarez, y salió
+tranquilamente de su escondite seguido de sus tres compañeros. Llegados
+al valle hallaron multitud de grupos de soldados y caballeros
+castellanos y franceses que fraternizaban, por entre los cuales pasaron
+sin que su presencia llamase la atención, y deslizándose entre las filas
+de tiendas no tardaron en hallarse frente á la que ostentaba el
+estandarte real. En aquel momento estallaron grandes gritos de sorpresa
+y terror á la izquierda del campo, hacia donde se dirigieron velozmente
+millares de infantes y jinetes y muy pronto se oyó á lo lejos el rumor
+de furioso combate. Á excepción de algunos centinelas y pajes, cuantos
+se hallaban cercanos á la tienda real habían desaparecido, voceando y
+arma en mano, en dirección al lugar de la lucha.
+
+--¡He venido aquí á apoderarme del rey! dijo entonces el barón á los
+suyos; y lo conseguiré ó pereceré en la demanda.
+
+Roger y Simón cayeron en seguida sobre los hombres de armas que
+guardaban la puerta y los tendieron á los pies de sus caballos.
+Desmontaron rápidamente, como ya lo había hecho el barón y los tres se
+precipitaron en la tienda espada en mano, seguidos un momento después
+por Tristán que se había encargado de asegurar los cinco caballos cerca
+de la puerta. Oyéronse gritos y choque de armas dentro de la tienda y á
+los pocos instantes volvieron á salir los audaces guerreros, tintas en
+sangre las espadas y llevando Tristán á cuestas el cuerpo ricamente
+ataviado de un hombre desvanecido ó muerto, que en un abrir y cerrar de
+ojos quedó asegurado sobre el caballo de repuesto. Poco costó al barón y
+sus soldados, una vez montados, dispersar á los pajes y servidores del
+rey que los rodeaban, y se lanzaron al galope en dirección á la colina
+donde esperaban refugiarse.
+
+El inesperado y furioso ataque de Guillermo Fenton con sus cuatrocientos
+arqueros había llevado á medio campamento una confusión espantosa y
+sembrado la muerte á su paso. Multitud de jinetes castellanos corrían en
+todas direcciones, sin hallar al enemigo, confundiéndolo en la
+obscuridad con sus aliados los franceses. En tanto el barón, Roger y los
+dos arqueros con su cautivo salían del campo por otro lado, sin hallar á
+su paso más que dos á tres grupos de soldados, que sorprendieron y
+dispersaron fácilmente. Los pocos que dieron en perseguirlos
+retrocedieron á toda prisa al llegar á la cañada y oir las cornetas y
+atabales que allí tocaban furiosamente los veinte arqueros emboscados al
+efecto. Los perseguidores, como lo había previsto el barón, creyeron que
+una gran fuerza inglesa, quizás todo el ejército del Príncipe Negro,
+había tomado posesión de aquellas alturas. Lo mismo sucedió cuando poco
+después llegaron á escape y perseguidos los jinetes mandados por Sir
+Guillermo Fenton, sin que el enemigo se atreviera á continuar la
+persecución en la espesura, donde evidentemente se hallaban emboscados
+los ingleses en considerable número.
+
+--¡Contemplad mi conquista, Morel! gritó apenas llegado Oliver de
+Butrón, agitando sobre su cabeza un enorme jamón que había arrebatado al
+enemigo. Os convido, amigo barón, aunque es lástima que no tengamos una
+botella de buen vino con que rociarlo....
+
+--Más tarde hablaremos, Oliver, dijo el barón jadeante. Por ahora lo que
+importa es marchar á toda prisa hacia el Ebro, por lo más cerrado del
+bosque.
+
+--¡Paciencia! dijo el señor de Butrón. Pero ¿quién es ese individuo que
+ahí traéis?
+
+--Un prisionero que acabo de hacer en la tienda real y que á juzgar por
+su ropaje y el escudo con las armas de Castilla bordado sobre el pecho
+espero sea el mismísimo rey Don Enrique.
+
+--¡El rey! exclamaron asombrados sus oyentes, rodeando al desconocido.
+
+--Os engañáis, barón, dijo Fenton, que miraba atentamente al cautivo.
+Dos veces he visto al de Trastamara y este hombre en nada se le parece.
+
+--Pues entonces ¡por el cielo! juro volver ahora mismo al campo y
+traerme al rey, vivo ó muerto.
+
+--Sería una temeridad inútil, barón. El campo enemigo está todo sobre
+las armas. ¿Quién sois vos? preguntó bruscamente Fenton en castellano,
+dirigiéndose al desconocido. ¿Y cómo no siendo el rey ostentáis el
+escudo de Castilla?
+
+El prisionero había vuelto en sí del desmayo que le ocasionaran los
+vigorosos puños de Tristán, que le habían apretado el pescuezo sin
+compasión ni miramientos.
+
+--Formo parte, dijo, de la guardia de nobles encargados de velar por la
+persona del rey. Mi soberano se hallaba por fortuna en la tienda
+destinada á Duguesclín cuando vos me sorprendisteis. Soy Don Sancho de
+Penelosa, caballero aragonés al servicio de su alteza Don Enrique de
+Castilla y pronto estoy á pagar el rescate que se me exija.
+
+--Guardaos en buenhora vuestro dinero, dijo el barón, profundamente
+disgustado con el fracaso de su atrevida empresa. Libre estáis. Decid á
+vuestro señor que un noble inglés, el barón León de Morel, ha hecho esta
+noche todo lo posible, aunque inútilmente, por ofrecerle sus respetos en
+persona. Otra vez será. ¡Y ahora, amigos míos, á caballo y en marcha!
+Había creído poder quitarme esta noche el parche que cubre mi ojo, pero
+por lo visto tengo que llevarlo puesto algún tiempo todavía. ¡En
+marcha!
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXII
+
+DONDE EL SEÑOR DE MOREL CUMPLE SU VOTO
+
+
+La mañana siguiente, desapacible y fría como muchas del mes de Marzo en
+aquellos contornos, halló á nuestros arqueros en un terreno pedregoso y
+al pie de elevadísimas rocas, cuyas cimas empezaba á dorar el sol
+naciente. En uno de los grupos que apresuradamente disponían el desayuno
+figuraban Reno, Simón y Yonson, más atentos á preparar sus flechas y
+afilar sus espadas que á vigilar el guiso, del cual cuidaba solícito el
+voraz Tristán. Roger y Norbury, el silencioso escudero de Sir Oliver,
+procuraban calentar al fuego de la hoguera sus manos ateridas.
+
+--¡Ya hierve el guisote! exclamó Yonson poniendo á un lado el espadón.
+¡Á comer, antes de que nos den la orden de marcha ó nos caiga encima un
+nublado de castellanos y franceses!
+
+--¡Por vida de! dijo Simón mirando á su amigo Tristán, ahora que este
+cernícalo está en vísperas de recibir el cuantioso rescate de su
+prisionero desdeñará quizas comer con pobres arqueros. ¿Eh, Tristán? No
+más cubiletes de cerveza ni medias raciones de cecina, cuanto te veas
+otra vez en Horla, sino vino gascón á diario y carne asada hasta que te
+hartes.
+
+--Lo que en Horla haré, sargento, si allá llego otra vez, está por ver;
+lo que sí sé es que por ahora voy á meter mi casco en esa caldera y á
+comer cuanto pueda, por si no volvemos á ver un guiso en todo el día.
+
+--¡Bien dicho, muchacho! ¡Ea, cada cual para sí! ¿Á quién buscas, Robín?
+
+--El señor barón desea veros en su tienda, dijo á Roger un joven
+arquero.
+
+Apenas llegado Roger á presencia de su señor entrególe éste un abultado
+pergamino, diciendo:
+
+--Acaba de traérmelo un mensajero de Su Alteza, quien me dice que fué
+portador de ese y otros pergaminos un caballero recienllegado de
+Inglaterra al cuartel general.
+
+--Está dirigido á vos, señor barón y escrito, según aquí reza, "de mano
+de Cristóbal, siervo de Dios y Prior del monasterio de Salisbury."
+
+--Lee pronto, Roger.
+
+El joven escudero recorrió con la vista las primeras líneas, palideció y
+lanzó una exclamación de sorpresa y dolor.
+
+--¿Qué es ello? preguntó el barón. ¿Vas á darme malas noticias de la
+señora baronesa ó de mi hija Constanza?
+
+--¡Mi hermano, mi desgraciado hermano! exclamó Roger. ¡Hugo ha muerto!
+
+--Te trató en vida como á mortal enemigo, Roger, y no veo fundado motivo
+para que tanto sientas su muerte.
+
+--Era el único pariente que me quedaba en el mundo. Pero ¡qué noticias!
+¡Cuánto inesperado desastre! Oid, señor barón.
+
+El prior escribía que poco después de la partida de Morel se había
+congregado en la granja de Munster y puéstose á las órdenes del díscolo
+Hugo de Clinton numerosa fuerza compuesta de aventureros, bandidos y
+gente perdida de toda la comarca, quienes después de derrotar á las
+gentes de justicia y soldados del rey enviados contra ellos, habían
+puesto sitio al castillo de Monteagudo, habitado por la esposa é hija
+del barón. Que la baronesa, lejos de entregar la fortaleza, había
+organizado y dirigido la defensa con tantos bríos y acierto tal que al
+segundo día, después de empeñados y mortíferos asaltos, había perdido la
+vida Hugo, el jefe de los sitiadores, y huído y dispersádose éstos. La
+carta terminaba dando las mejores noticias sobre la salud de ambas damas
+é invocando sobre el barón las bendiciones del cielo.
+
+--¡La profecía! dijo el barón tras larga pausa. ¿Recuerdas, Roger lo que
+nos dijo aquella noche memorable y fatal la esposa de Duguesclín? El
+asalto del castillo, el jefe de la barba rubia, todo, todo. ¡Es
+portentoso! Y á propósito, Roger; nunca te he preguntado por qué la
+noble profetisa dijo de tí que tenías el pensamiento puesto en el
+castillo de Monteagudo con más constancia y cariño que yo mismo....
+
+--Quizás tuviera también razón al decirlo, señor, replicó el escudero
+ruborizándose, porque os confieso que en aquel castillo pienso todo el
+día y con él sueño de noche.
+
+--¡Hola! exclamó el barón. ¿Y cómo es eso, Roger?
+
+--Debo confesároslo. Amo á mi señora Doña Constanza, vuestra hija, con
+el más puro y profundo amor....
+
+--Me sorprendes, doncel, dijo el barón frunciendo el ceño. ¡Por San
+Jorge! ¿sabes que es muy noble nuestra sangre y muy antiguo nuestro
+nombre?
+
+--También lo es el mío, señor barón, y muy noble la sangre heredada de
+mis mayores.
+
+--Constanza es nuestra única hija y cuanto tenemos le pertenecerá algún
+día.
+
+--También soy yo ahora el único Clinton, y muerto sin hijos mi hermano
+soy dueño y señor de Munster.
+
+--Cierto es. Pero ¿cómo no me has hablado antes del caso?
+
+--No podía hacerlo, señor barón, porque ni aun sé si vuestra hija me ama
+y no media entre nosotros oferta ni promesa.
+
+Quedóse pensativo el famoso guerrero y por fin se echó á reir.
+
+--¡Juro por San Jorge no tomar cartas en el asunto! exclamó. Mi muy
+amada hija es árbitra de su elección, pues la juzgo muy capaz de mirar
+por sí misma y elegir con acierto. La conozco, amigo Roger, y si como me
+figuro está ella pensando en tí como tú en ella, ni Enrique de
+Trastamara con sus sesenta mil soldados puede impedir que mi Constanza
+haga su voluntad y deje de amar á quien ame. Lo que sí me toca recordar
+aquí es que siempre he deseado para esposo de mi hija á un caballero
+valiente y cumplido. Tú, Roger de Clinton, estás en camino de ser una
+brillante lanza si Dios te protege. Sigue haciendo méritos y
+conquistando lauros. Pero basta de este asunto, que volveremos á tratar
+cuando veamos otra vez las costas de Inglaterra. Nos hallamos en
+situación gravísima é importa salir de ella cuanto antes. Hazme la
+merced de llamar al señor de Fenton, con quien deseo conferenciar antes
+de que nos alcance el enemigo en esta desventajosa posición.
+
+Obedeció Roger inmediatamente y sentándose después sobre apartada roca
+trató de recordar una á una las palabras del barón y su propia
+confesión; comparó también las desfavorables circunstancias que le
+rodeaban cuando por primera vez vió á su amada, novicio indigente y sin
+hogar, con la holgada posición que le creaba la prematura muerte de su
+hermano. Además, había sabido ganarse el aprecio y la confianza del
+barón, sus compañeros de armas lo consideraban como valiente entre los
+valientes de la Guardia Blanca, á pesar de sus pocos años, y sobre todo,
+el barón acababa de oir la revelación de su amor más complacido que
+enojado. El resultado de sus meditaciones fué la resolución de no
+abandonar aquellas montañas sin conquistar lauros brillantes, que
+acabaran de hacerle digno de merced tan alta y felicidad tan cumplida
+cual podía prometerse el futuro esposo de la encantadora Constanza de
+Morel.
+
+En aquel instante oyó Roger, tres veces repetida, la nota penetrante de
+un clarín, y saltando de la roca en que estaba sentado vió que los
+arqueros empuñaban sus armas y se dirigían apresuradamente hacia los
+caballos. Llegó en pocos momentos al grupo que formaban los jefes y oyó
+al señor de Fenton que decía:
+
+--No me queda duda, es el toque del clarín enemigo. Pero es imposible
+que las tropas de Enrique nos hayan dado alcance tan pronto.
+
+--Olvidáis, dijo el barón, los informes del villano á quien sorprendimos
+anoche. Un hermano del rey castellano, nos dijo, se había adelantado al
+grueso del ejército para hostigar á nuestras avanzadas con un cuerpo de
+seis mil jinetes y mucho me temo que nuestra precipitada marcha nos haya
+alejado de un peligro para hacernos caer en otro.
+
+--Así es, en efecto, dijo el de Angus. ¿Qué hacer?
+
+--Tomar posiciones en aquella altura y vender caras nuestras vidas, ó
+salvarlas si nos llegan refuerzos. La más alta de aquellas colinas, de
+difícil subida por todos lados y con una planicie bastante extensa en la
+cumbre, nos ofrece una admirable fortaleza natural. Dad, Fenton, la
+orden de marcha sin perder momento. Conservad, señores, vuestros
+caballos, pero que abandonen los suyos los soldados. Si vencemos nos
+sobrarán caballos del enemigo. Puesto que el jefe castellano nos ha
+descubierto y no se oculta, enseñémosle también los colores de nuestra
+bandera. Nuestras almas están en manos de Dios, nuestros cuerpos al
+servicio del rey. ¡Desenvainemos las espadas, por San Jorge é
+Inglaterra!
+
+El entusiasmo del barón se comunicó á sus soldados, y la Guardia toda
+escaló con resuelto paso la ladera menos pendiente, erizada de peñascos
+y cubierta de rocas sueltas que rodaban á su paso é iban á perderse,
+rebotando, en el fondo del valle. La altura á que por fin llegaron los
+arqueros ingleses constituía en efecto una posición fortísima, un enorme
+cono truncado desde cuya base superior podían barrer con sus flechas el
+pendiente camino que ellos acababan de recorrer con gran dificultad, al
+paso que por los otros lados la roca cortada á pico hacía la posición
+inexpugnable.
+
+La niebla que hasta entonces cubriera el valle comenzó á disiparse,
+flotando en grandes jirones que rozaban por un momento las copas de los
+árboles y luégo se elevaban desvaneciéndose en el espacio. El sol
+iluminó entonces los alrededores de la roca convertida en fortaleza y
+nobles y arqueros contemplaron con admiración la vasta fuerza que los
+cercaba. Brillaban los cascos y corazas de numerosos escuadrones y las
+voces que dieron y el toque de las cornetas y atabales indicaron también
+que habían descubierto el refugio de sus enemigos y que se preparaban
+para el ataque. El barón y sus jefes se reunieron ante los cuatro
+estandartes de su fuerza, que eran el de las armas inglesas, el de Morel
+y los de Butrón y Merlín, enseña este último de unos sesenta arqueros
+del país de Gales.
+
+--¿Véis, barón, aquella hermosa bandera bordada de oro que ondea al
+frente de las otras? preguntó Fenton. Pues es la de los famosos
+caballeros de Calatrava, y no lejos de ella la de la Orden de Santiago.
+En el centro el estandarte real, y ó mucho me engaño ó hay también en
+esa fuerza muchos caballeros franceses. ¿Qué decís á ello, Don Diego?
+
+El prisionero de Tristán de Horla contemplaba con alegría y entusiasmo
+las brillantes cohortes de sus compatriotas.
+
+--¡Por Santiago! exclamó. Vos y vuestros amigos váis á caer al empuje de
+los más afamados caballeros de León y Castilla. Manda esa fuerza un
+hermano de nuestro rey, y sin contar los gloriosos pendones de Calatrava
+y de Santiago, veo allí los de Albornoz, Toledo, Cazorla, Rodríguez
+Tavera y tantos otros, amén de los de muchos nobles aragoneses y
+franceses.
+
+No se hizo esperar el ataque. Los brillantes escuadrones de las dos
+grandes órdenes militares se adelantaron en formación perfecta, y cuando
+ya los arqueros preparaban sus armas vieron con sorpresa que sus
+enemigos se detenían, blandiendo lanzas y espadas, y que de sus filas se
+adelantaban dos guerreros armados de punta en blanco, caladas las
+viseras y con grandes penachos blancos que sobre los relucientes yelmos
+ondeaban al viento. Alzados ambos sobre los estribos y blandiendo las
+lanzas, era evidente que dirigían un reto á los caballeros ingleses.
+
+--¡Un cartel, por vida mía! gritó el barón, brillándole el único ojo que
+tenía descubierto. No se dirá que el barón de Morel ha rehusado tan
+cortés propuesta. ¿Y vos, Fenton?
+
+La contestación del caballero inglés fué saltar sobre su caballo, y
+empuñando, como el barón, la lanza y embrazando el escudo, ambos jinetes
+descendieron con peligrosa rapidez la enhiesta pendiente, en dirección á
+los dos campeones castellanos, que á su vez les salieron al encuentro.
+Era el contrincante de Guillermo Fenton un apuesto caballero, joven y
+vigoroso en apariencia, cuya lanza dió en el escudo del inglés tan recio
+golpe que lo partió en dos, á tiempo que la acerada lanza de Fenton le
+atravesaba la garganta, derribándolo moribundo. Impulsado Sir Guillermo
+por el entusiasmo del triunfo y el ardor del combate, siguió su furiosa
+carrera y desapareció entre las apretadas filas de los caballeros de
+Calatrava, que en un abrir y cerrar de ojos dieron cuenta del valeroso
+campeón inglés.
+
+El barón en tanto había hallado un competidor digno de su esfuerzo y
+bríos en guerrero tan famoso como Don Sebastián de Gomera, lanza
+escogida de los caballeros de la Orden de Santiago. Acometiéronse con
+tal furia que al primer encuentro quedaron rotas ambas lanzas, y
+empuñando los aceros se atacaron con denuedo sin igual. Largo fué el
+combate, brillantes los golpes y paradas que demostraron la pericia de
+ambos, hasta que impaciente el de Santiago hizo saltar á su caballo
+hasta tocar al del inglés, y abalanzándose sobre el barón le rodeó el
+cuerpo con sus brazos. Cayeron al suelo ambos enemigos estrechamente
+unidos, logró el castellano dominar á su adversario, de cuerpo más
+endeble que el suyo, y posándole una rodilla en el pecho alzó el brazo
+armado para poner de una estocada fin al furioso combate. Pero nunca
+llegó á dar el golpe mortal. La espada del barón, rápida como el rayo,
+entró oblícuamente por debajo del levantado brazo de su enemigo, y éste
+cayó pesadamente en tierra, lanzando ahogado grito. Confusa gritería de
+aplauso y de despecho se dejó oir en uno y otro bando y el barón,
+saltando sobre su caballo, se lanzó hacia la altura, á la vez que los
+sitiadores emprendían el ataque de la posición inglesa.
+
+Los arqueros los recibieron con una granizada de flechas que hicieron
+morder el polvo á filas enteras de los asaltantes. Inútiles fueron los
+esfuerzos denodados de éstos por llegar hasta la altura; la estrechez y
+la pendiente del camino y los obstáculos que añadían á su paso los
+cuerpos de hombres y caballos hacinados y revolcándose en sangrientos
+montones sólo les permitían avanzar lentamente, haciéndolos fácil blanco
+de las flechas enemigas, y muy pronto se oyó el toque de retirada.
+
+Felicitábanse los arqueros cuando descubrieron otro enemigo aun más
+temible que las impotentes lanzas de los jinetes. Numerosos honderos
+castellanos habían tomado posesión de otras alturas cercanas y desde
+ellas lanzaron mortíferas piedras, con fuerza y acierto tal que en pocos
+momentos quedaron tendidos sin vida el veterano Yonson y algunos otros
+arqueros y malheridos quince de éstos y seis hombres de armas.
+Parapetáronse los ingleses lo mejor que pudieron detrás de los peñascos,
+tendiéronse muchos en el suelo y dirigieron sus certeras flechas contra
+los honderos.
+
+--¡Barón! exclamó en aquel momento el señor de Burley; acaba de decirme
+Simón que no nos quedan más de doscientas flechas por junto. ¿Qué hacer?
+En mi opinión ha llegado la hora de parlamentar ó de morir casi
+indefensos.
+
+--¡Por lo pronto, contestó el barón de Morel arrancándose el parche que
+por tanto tiempo cubriera su ojo izquierdo, creo haber cumplido mi voto
+dando muerte en leal combate á uno de los más pujantes y famosos
+caballeros enemigos! Y ahora ¡á morir matando!
+
+--Lo mismo digo, asintió tranquilamente Oliver de Butrón, enarbolando
+pesada maza.
+
+--¡Disparad hasta vuestra última flecha, arqueros! gritó el de Morel.
+¡Entonces os quedarán todavía espadas y hachas para vender caras
+vuestras vidas!
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXIII
+
+"LA ROCA DE LOS INGLESES"
+
+
+Como si el enemigo hubiera oído ó adivinado las palabras del intrépido
+jefe, alzóse entonces en todo el valle y en las cumbres vecinas el grito
+de venganza y exterminio de aquella raza aguerrida, que llevaba siglos
+enteros de lucha con los árabes y que preparaba el anonadamiento de otro
+puñado de invasores, no menos odiados que los sectarios de Mahoma.
+Cruenta y terrible fué la lucha, tan larga, tan encarnizada que aun hoy
+día conserva memoria de ella la tradición y entre los montañeses de la
+comarca se conoce el teatro de la hecatombe con el nombre de la "Roca de
+los Ingleses."
+
+Mas no cedieron éstos al segundo asalto. Agotadas muy pronto las flechas
+de los arqueros, lucharon desesperadamente con espadas, picas, hachas y
+mazas, aprovechando todas las ventajas de su posición. Por fortuna, el
+combate cuerpo á cuerpo impidió á los honderos castellanos continuar su
+obra de destrucción. Sitiadores y sitiados luchaban confundidos en el
+único punto del camino por donde podía escalarse la altura y allí
+acudieron, dando el ejemplo á sus soldados, los pocos nobles ingleses
+que rodeaban al barón. Momentos hubo en que éste, Roger y Butrón
+hubieran perecido sin el oportuno refuerzo del escocés Burley al frente
+de los veteranos de Gales, que cayeron sobre el enemigo con furia sin
+igual, obligándole á retroceder buen trecho. Pero las pérdidas de los
+sitiados eran irreparables, al paso que los castellanos tenían
+escuadrones y compañías enteras de reserva en el valle, imposibilitados
+unos y otras de tomar parte en la lucha hasta entonces por las
+condiciones del terreno.
+
+Un gigantesco caballero de Santiago llegó á escalar los últimos
+peñascos, y derribando á tres arqueros de otros tantos golpes blandía de
+nuevo la tajante espada, cuando le asió entre sus nervudos brazos el
+animoso Sir Oliver. Forcejeando furiosamente ambos enemigos, y rodando
+por el suelo en mortal abrazo, llegaron al borde de la elevada planicie
+y cayeron despeñados en el horrendo precipicio. La espada de Simón y la
+enorme hacha de Tristán brillaban al sol y golpeaban incesantemente
+sobre las cabezas enemigas, en primera línea. Reno cayó á su lado,
+malherido, y también pereció allí Sir Ricardo Causton. El señor de
+Morel, cubierto de sangre, hacía prodigios de valor, acudiendo á todas
+partes, animando y dirigiendo á sus soldados, seguido de cerca por
+Roger, que devolvía golpe por golpe, más ganoso de proteger á su señor
+que á sí mismo. Por último, los arqueros y hombres de armas que formaban
+á derecha é izquierda del lugar donde era más encarnizada la lucha,
+hicieron un esfuerzo supremo y precipitándose sobre los sitiadores,
+persiguiéndolos y atacándolos con desesperación, hicieron retroceder un
+tanto aquella incesante columna enemiga, en la que parecían no hacer
+mella las incesantes bajas.
+
+Mientras se rehacían las fuerzas castellanas y consultaban sus jefes,
+aquella retirada parcial proporcionó á los ingleses que aun quedaban con
+vida el descanso que tanto necesitaban. Grandes habían sido sus
+pérdidas. De los trescientos setenta hombres que contaban al emprender
+la defensa de aquella altura, no quedaban en pie más de ciento
+cincuenta, heridos muchos de ellos. Entre los muertos se contaban ya los
+valientes nobles Burley, Butrón y Causton y los veteranos Yonson y Reno.
+Ni fué completo el respiro de los sobrevivientes, porque apenas
+deslindados los campos reanudaron el ataque los honderos posesionados de
+las cumbres inmediatas.
+
+--Ahora más que nunca me enorgullezco de mandaros, dijo el barón
+contemplando con amor al puñado de héroes que le rodeaba. ¿Qué es eso,
+Roger? ¿Estás herido?
+
+--Un rasguño, señor barón, contestó el escudero restañando la sangre de
+un tajo que le cruzaba la frente.
+
+--Deseo hablarte, Roger, y también á vos, Norbury, dijo el barón
+dirigiéndose al escudero de Sir Oliver.
+
+Los tres se encaminaron al extremo opuesto de la elevada planicie, bajo
+la cual se veía la roca cortada casi á pico, con algunos peñascos
+salientes de trecho en trecho.
+
+--Es indispensable, continuó el señor de Morel, que el príncipe tenga
+noticia exacta de lo ocurrido. Podremos quizás resistir otra acometida
+porque no pueden atacarnos todos á la vez, pero el fin no está lejano.
+En cambio, la llegada de auxilios oportunos permitiría prolongar la
+defensa de esta posición y salvar la vida de los que aún quedasen
+defendiéndola. ¿Véis aquellos caballos que pastan allá bajo, entre las
+rocas?
+
+--Sí, señor barón, contestaron los escuderos.
+
+--¿Y aquel sendero que se pierde más lejos entre los árboles y parece
+conducir al otro extremo del valle? Un jinete resuelto podría quizás
+llegar hasta el campo del príncipe, ó cruzarse en el camino con las
+fuerzas de Sir Hugo Calverley, que no deben de estar muy lejos, y
+procurarnos el ansiado socorro. Hé aquí una cuerda suficientemente larga
+y fuerte para que uno de vosotros pueda bajar hasta los primeros
+peñascos de la hondonada. ¿Qué decís?
+
+--Digo, señor, replicó Roger, que estoy pronto á obedeceros ahora mismo.
+Pero ¿cómo apartarme de vos en estas circunstancias?
+
+--Para servirme mejor y quizás para salvarme, Roger. ¿Y vos, Norbury?
+
+Por toda respuesta el escudero, no menos animoso que Roger, asió la
+cuerda y empezó á asegurarla firmemente en torno de una saliente roca.
+Después se quitó algunas piezas de la armadura, ayudado por Roger, que
+hizo lo propio con la suya, mientras el barón continuaba, dirigiéndose á
+Norbury:
+
+--Si el príncipe ha pasado ya con el grueso del ejército, indagad como
+podáis el paradero de Chandos, Calverley ó Nolles. ¡Dios os proteja!
+
+El barón y Roger, profundamente conmovidos, siguieron con la vista,
+inclinados sobre las rocas, el peligroso descenso del joven escudero.
+Llegado había éste á corta distancia y trataba de apoyar el pie en una
+hendidura de la roca, cuando recibió la primera descarga de los honderos
+enemigos. Una de las piedras le alcanzó de lleno en la sien y
+extendiendo los brazos cayó desplomado al abismo.
+
+--Si Dios no me da mejor fortuna que á ese infeliz, dijo Roger al barón,
+hacedme la merced de decir á vuestra hija que he muerto pensando en ella
+y con su nombre en los labios.
+
+Las lágrimas asomaron á los ojos del noble guerrero, que poniendo ambas
+manos en los hombros de Roger lo besó cariñosamente. El joven corrió á
+la cuerda y se deslizó por ella con gran presteza; las piedras lanzadas
+por las hondas enemigas se estrellaban contra la roca, una le rozó los
+cabellos y por fin otra le alcanzó en un costado, ocasionándole vivísimo
+dolor. Llegado, sin embargo, al extremo de la cuerda, se dejó caer desde
+no pequeña altura sobre la cumbre del más alto risco, que quedaba al pie
+de la formidable roca donde se hallaban sitiados sus amigos. Tan alta
+era ésta que todavía tuvo que descender Roger más de veinte varas, por
+una escarpada pendiente que apenas le ofrecía punto de apoyo.
+Aferrándose desesperadamente á las plantas silvestres que crecían en las
+hendiduras de las rocas, poniendo los pies en ligerísimas depresiones
+del inclinado plano, ó en piedras que con frecuencia se desprendían y
+amenazaban arrastrarlo consigo, expuesto á morir diez veces, llegó por
+fin á terreno firme y saltando de roca en roca ó corriendo entre los
+matorrales, se vió sano y salvo en la planicie que desde arriba le había
+mostrado el barón y donde pacían algunos caballos. Tendía ya la mano
+para asir la brida de uno de ellos, cuando recibió en la cabeza fuerte
+pedrada que lo derribó aturdido.
+
+El hondero autor de aquella hazaña, viendo á Roger solo y exánime y
+juzgando por el aspecto y traje del joven que se trataba de un caballero
+inglés, comenzó á bajar precipitadamente de la colina donde se hallaba
+apostado con otros, ansioso de despojar á su víctima y sabedor de que
+los arqueros habían agotado todas sus flechas. Pero no contaba con
+Tristán de Horla, que levantando con sus forzudas manos pesado peñasco
+lo dejó caer á plomo sobre el hondero, al pasar éste al pie de la roca,
+con tanto tino que le destrozó un hombro, derribándolo al suelo, donde
+empezó á dar grandes gritos. Al oírlos se incorporó Roger, miró en
+derredor como atontado, y de pronto vió uno de los caballos que á pocos
+pasos de él estaba. Un momento le bastó para ponerse en la silla y
+lanzarse al galope por el sendero que debía conducirlo fuera de aquel
+valle fatal. Pero bien pronto conoció que iban á faltarle las fuerzas;
+sintió en el costado un dolor atroz, nublóse su vista y haciendo un
+esfuerzo supremo se inclinó sobre el cuello del caballo, lo estrechó
+fuertemente entre sus brazos y cerró los ojos, casi insensible ya á
+cuanto le rodeaba.
+
+Nunca supo Roger lo que duró aquella carrera desenfrenada. Cuando volvió
+en sí se halló rodeado de soldados ingleses que le prestaban solícitos
+cuidados. Era un destacamento de doscientos arqueros y hombres de armas
+mandados por el temible Hugo de Calverley, quien á las primeras palabras
+de Roger despachó mensajeros con dirección al cercano campamento del
+príncipe y poniéndose al frente de sus soldados se lanzó al galope en
+auxilio del barón de Morel. Con él fué también Roger, atado sobre el
+caballo que le conducía, casi exánime por la pérdida de sangre, los
+golpes recibidos y las peripecias de aquella tremenda jornada.
+
+Llegados los ingleses á una altura que dominaba en parte el valle
+divisaron en la cima de la roca convertida en fortaleza la bandera
+castellana. El enemigo se había apoderado por fin de aquel baluarte con
+tanto heroísmo defendido. Pero la lucha no había cesado por completo; en
+un extremo de la elevada planicie oponía todavía débil resistencia un
+puñado de ingleses. Aquel espectáculo arrancó un grito de furor á Sir
+Hugo y sus soldados, que clavando las espuelas en los ijares de sus
+caballos se lanzaron, ciegos de ira, contra los escuadrones enemigos.
+
+El furioso ataque sorprendió á éstos sobre manera, é ignorantes del
+número de sus enemigos y creyendo que los rodeaba el grueso del ejército
+inglés que se hallaba por aquellos contornos, dieron la señal de
+retirada, apresurándose á dejar el valle en busca de posición más
+favorable para la defensa.
+
+Los ingleses no pensaron en continuar su ataque ni en perseguirlos. Su
+principal anhelo era llegar á la altura donde esperaban rescatar á
+algunos de sus amigos. Triste cuadro se ofreció á su vista; montones de
+muertos y heridos castellanos y leoneses, franceses é ingleses; y mas
+allá, al pie de una roca, siete arqueros, con el indomable Tristán de
+Horla en el centro, heridos todos pero no vencidos todavía, blandiendo
+las ensangrentadas espadas y saludando á sus salvadores con un grito de
+bienvenida.
+
+--¡Tremenda lucha y defensa heróica la vuestra! exclamó Sir Hugo,
+contemplando con asombro aquella escena asoladora. Pero ¿qué es eso?
+¿También habéis hecho prisioneros? continuó diciendo al ver á Don Diego
+de Álvarez desarmado entre los arqueros.
+
+--Sólo uno, y me pertenece, respondió Tristán. Lo he custodiado y
+defendido cuidadosamente, porque representa mi fortuna y la de mi
+viejecita madre si vuelvo á verme algún día en Horla....
+
+--Tristán, ¿dónde está el barón de Morel? interrumpió Roger
+ansiosamente.
+
+--Creo que ha perecido, como casi todos. Yo ví al enemigo poner su
+cuerpo sobre un caballo. Estaba desvanecido ó muerto y se lo
+llevaron....
+
+--¡Dios del cielo! ¿Y Simón?
+
+--También le ví arrojarse espada en mano sobre los captores de nuestro
+señor, y no sé si lo mataron ó lo hicieron prisionero.
+
+--¡Den los clarines la orden de marcha! gritó Sir Hugo con voz tonante.
+¡Maldición! ¡Volvamos al campo, y os prometo que antes de tres días
+habremos vengado al barón de Morel! Cuento con vosotros, valientes, y
+desde ahora quedáis incorporados á mi escuadrón predilecto.
+
+--Somos arqueros y pertenecemos á la Guardia Blanca, señor, se aventuró
+á decir Tristán.
+
+--¡Ah, sí! ¡La famosa Guardia Blanca! repuso el gran guerrillero inglés,
+mirando tristemente en torno. Pero la Guardia ya no existe; la muerte se
+ha encargado de desbandarla. Cuidadme bien á ese valiente escudero,
+porque temo que no vuelva á ver la luz del sol, añadió señalando á Roger
+desfallecido. ¡En marcha!
+
+
+
+
+CAPÍTULO XXXIV
+
+REGRESO Á LA PATRIA
+
+
+Nos hallamos en Inglaterra, en una hermosa mañana de Julio, cuatro meses
+después de los sucesos que quedan relatados. Por el camino que conducía
+derechamente á la antigua ciudad de Vinchester y á no muy grande
+distancia de ella iban dos jinetes, joven, apuesto y ricamente ataviado
+el uno, con las espuelas de oro del caballero, al paso que el otro,
+hercúleo mocetón, tenía más trazas de gañán que de soldado, á no revelar
+su profesión la formidable espada que al cinto llevaba. Sobre la grupa
+de su caballo veíase un saco que contenía, entre otras cosas, los cinco
+mil ducados que pagara por su rescate Don Diego de Álvarez. Inútil es
+decir que era el jinete nuestro jovial amigo Tristán de Horla, elevado
+recientemente á la dignidad de escudero de Sir Roger de Clinton, señor
+de Munster, á cuyo lado cabalgaba en aquel momento.
+
+Roger había sido armado caballero por el Príncipe Negro en persona, con
+aplauso de todo el ejército que le consideraba como uno de los más
+brillantes soldados del reino. Aquella defensa inaudita, aquel esfuerzo
+supremo de la Guardia Blanca había sido referido y ensalzado en toda la
+cristiandad y el príncipe heredero, en nombre del soberano, había
+colmado de honores á los escasos sobrevivientes de tan honroso hecho de
+armas. Por más de un mes fluctuó Roger entre la vida y la muerte, y tan
+luego triunfó su juventud y cesó el delirio, supo que había terminado la
+guerra y que nada se había podido averiguar sobre el paradero ni la
+suerte del barón de Morel. Recibió las felicitaciones y alabanzas que le
+prodigó en persona el príncipe, y tan luego se halló en disposición de
+soportar el viaje á Londres se embarcó acompañado de su fiel Tristán.
+Inmediatamente que llegaron á aquella ciudad emprendieron el camino de
+Hanson, pues Roger carecía de toda noticia desde la carta del prior que
+le anunció la muerte de su hermano.
+
+Tristán comentaba con admiración y entusiasmo cuanto veían en el camino,
+la verdura y lozanía de los campos, los matices de las flores y la
+hermosa apariencia del ganado.
+
+--Bien está que te regocijes, amigo Tristán, le dijo el joven caballero,
+pero cuanto á mí jamás pensé volver á la patria con tanta amargura en el
+corazón. Lloro por mi señor y por el valiente Simón Aluardo, y no sé
+cómo atreverme á comunicar la pérdida del primero á la baronesa y á su
+hija, suponiendo que no tengan ya noticia de su desgracia.
+
+--¡Ay de mí! exclamó Tristán dando un gemido que espantó á los caballos.
+Duro es el trance en que os véis y también yo lamento la muerte de
+ambos. Pero descuidad, que la mitad de estos ducados que aquí llevo se
+la daré á mi madre y la otra mitad la agregaremos á los dineros que vos
+tengáis, para comprar el _Galeón Amarillo_ que nos llevó á Burdeos y con
+él saldremos en busca del barón.
+
+--¡Buen Tristán! dijo Roger sonriéndose. Pero ¡ah! que si el barón
+viviese ya hubiéramos tenido nuevas suyas. ¿Qué villa es esa? preguntó
+poco después.
+
+--¡Romsey! La conozco bien. Allí está el monasterio con su vieja torre
+parda. Permitidme que dé una moneda al venerable ermitaño que allí véis,
+sentado en aquella piedra junto al camino.
+
+Suspendió el anciano sus preces para aceptar la dádiva del arquero.
+
+--Soldados sois á lo que veo, hijos míos, y mis oraciones os acompañarán
+en vuestras empresas.
+
+--De España venimos, reverendo padre, dijo Tristán.
+
+--¿De España decís? ¡Ah! Infortunada expedición en la que tantos bravos
+ingleses han sacrificado las vidas que Dios les concediera. Hoy mismo he
+dado mi bendición á una noble dama que ha perdido cuanto amaba en esa
+cruel y lejana guerra.
+
+--¿Qué decís? preguntó Roger con vivo interés.
+
+--Sí, una joven y principalísima dama de esta comarca, tranquila y
+dichosa cual ninguna pocos meses hace y que se prepara á tomar el velo
+en el convento de Romsey. ¿No habéis oído hablar, mis buenos caballeros,
+de una compañía llamada la Guardia Blanca?
+
+--¡Oh, sí, mucho! dijeron ambos á la vez.
+
+--Pues el padre de la dama de que os hablo era el jefe de esa valiente
+fuerza, y su prometido era escudero del famoso capitán. Llegó aquí la
+nueva de que ni un solo miembro de la Guardia había sobrevivido á una
+serie de cruentos combates y la pobre doncella....
+
+--¡Acabad! gritó Roger. ¿Habláis de Doña Constanza de Morel?
+
+--La misma.
+
+--¡Constanza monja! ¿Qué decís? ¿Tan terrible efecto le ha causado la
+pérdida de su padre?
+
+--De su padre y del gallardo mancebo de rubios cabellos á quien adoraba.
+La muerte de este último es la que en verdad abre para ella las puertas
+del claustro....
+
+--¡Á escape, Tristán! ¡Á Romsey! gritó Roger espoleando á su caballo,
+que partió como una flecha.
+
+Grande había sido la alegría de las monjas de Romsey al saber que la
+noble cuanto hermosa Constanza de Morel había pedido ser recibida como
+hermana suya, tras corto noviciado. Hechos estaban todos los
+preparativos para la solemne ceremonia, decorado el templo, cubierto de
+flores el altar y numerosos grupos de gentes del pueblo se hallaban
+congregados en el atrio ó se encaminaban hacia la iglesia inmediata al
+monasterio, ansiosos de presenciar el imponente acto. Ya habían visto
+pasar á la venerable abadesa con su gran crucifijo de oro, seguida de
+las hermanas, del clero y los acólitos con los humeantes incensarios y
+de unas hermosas niñas que iban alfombrando de flores el suelo, al paso
+de la novicia. Seguíalas ésta entre cuatro compañeras suyas, cubierta de
+la cabeza á los pies por el blanco velo, y centro de todas las miradas.
+
+Aquella solemne procesión llegó á las puertas del templo y se disponía á
+entrar en él cuando se notó súbita confusión en uno de los ángulos de la
+plaza, de donde pronto partieron grandes clamores. La multitud osciló
+primero y abrió luego paso á un jinete, á un joven caballero cubierto de
+polvo, que sin miramientos lanzaba su corcel sobre la compacta masa del
+pueblo. Era el mensajero de la juventud y del amor, que llegaba á
+tiempo de arrancar al claustro una vida que por ningún concepto le
+estaba destinaba. Llegado á los escalones que conducían al atrio saltó
+de su caballo, y apartando bruscamente á la sorprendida abadesa,
+dirigióse el doncel al punto donde se hallaba la novicia y extendiendo
+hacia ella sus brazos, exclamó con amoroso acento, en el que palpitaba
+profundísima emoción:
+
+--¡Constanza!
+
+--¡Roger!
+
+La novicia iba á caer desvanecida, pero Roger la recibió en sus brazos y
+la estrechó amorosamente, con gran escándalo de la abadesa y con no
+menor admiración de las veinte monjas y novicias que presenciaban tan
+inesperado desenlace. Pero Constanza y Roger no se daban cuenta de lo
+que en torno de ellos sucedía, perdidos como estaban en mutua
+contemplación, embriagados con la felicidad inmensa de verse reunidos
+después de una separación que ella había creído eterna. Tras los amantes
+quedaba el obscuro arco de entrada del templo; frente á ellos la vida
+entera, llena de luz, de alegría y felicidad. Su elección quedó hecha en
+un momento y se dirigieron, entrelazadas las manos, hacia la luz, en
+busca del amor, abandonando ella para siempre el claustro, olvidados
+ambos por el momento de sus pasadas tristezas.
+
+El anciano padre Cristóbal bendijo poco tiempo después su unión en la
+iglesia del Priorato de Salisbury. Los únicos testigos de la tierna
+ceremonia fueron la baronesa, Tristán de Horla y una docena de arqueros
+y servidores del castillo. La animosa señora de Morel, tras largos meses
+de ansiedad y amargos sufrimientos, dudaba todavía de la muerte del
+barón; parecíale imposible que habiendo regresado de tantas y tan
+mortíferas campañas, hubiese sonado para él la hora suprema en aquella
+última expedición, lejos de su hogar, privado del amor de los suyos y de
+los solícitos cuidados de su amante esposa. Desde luego manifestó el
+deseo de ir á España en persona y agotar todos los recursos para
+averiguar el paradero del barón. Disuadióla Roger de su proyecto,
+convenciéndola de que á él le tocaba emprender aquel viaje, debiendo
+quedarse ella acompañando á su hija y al cuidado de los múltiples
+intereses que suponía la administración de las vastas propiedades de
+Munster, unidas á la del castillo de Monteagudo y sus dependencias.
+
+Fletó Roger el _Galeón Amarillo_, mandado por el mismo valiente capitán
+Golvín, y un mes después de su boda partió el joven señor de Munster
+para Sorel, acompañado de su fiel Tristán, á fin de averiguar si había
+llegado de Southampton el para ellos inolvidable galeón. Poco antes de
+llegar á Sorel se detuvieron en Dalton, pueblecillo de la costa, donde
+notó Roger la presencia de una pequeña galera recienllegada, á juzgar
+por el número de botes y lanchas que la rodeaban para conducir á tierra
+su cargamento.
+
+Á un tiro de ballesta del pueblo había un pequeño edificio, entre mesón
+y taberna, hacia el cual se dirigieron los dos viajeros. Á una ventana
+del primero y único piso de la casita se asomaba un individuo que
+parecía contemplarlos con curiosidad. Mirándole estaba Tristán cuando
+salió corriendo del mesón una robusta moza, riéndose á carcajadas y
+perseguida de cerca por un truhán que muy pronto desapareció, lo mismo
+que la muchacha, entre los árboles del huerto. Echando pie á tierra los
+jinetes, ataron sus caballos á la cerca y apenas tomaron por el sendero
+que á la casa conducía se detuvieron atónitos, contemplándose en
+silencio, presa de profunda emoción.
+
+--¡Ah, _ma belle!_ decía una voz sonora. ¿Con que así tratas á un viejo
+soldado que hace tiempo no ha visto tan siquiera una buena moza inglesa?
+¡Por el filo de mi espada! aguarda un poco y en lugar de un beso te daré
+media docena....
+
+Una exclamación de alegría se escapó de los labios sonrientes de Roger y
+Tristán. ¡Era Simón, no cabía duda! Simón bueno y sano, que apenas
+puesto el pie en tierra volvía á las andadas. Iban á precipitarse en su
+busca, á llamarle á gritos, cuando oyeron otra voz que partía de la
+ventana.
+
+--¿Qué ocurre, Simón? decía. Si me necesitas, no pido cosa mejor que
+empuñar la espada y desentumecer un poco el brazo, metiendo en cintura
+al primero que se desmande y nos busque pendencia, aunque sea en tierra
+propia.
+
+Apareció Simón al oir la voz de su señor y en un instante se vió asido
+por los formidables brazos de Tristán, de los que pasó á los de Roger.
+No había vuelto de su sorpresa el buen Simón cuando se presentó en la
+puerta el barón de Morel, espada en mano y guiñando más que nunca sus
+ojillos, en busca de imaginario enemigo. Renováronse entonces los
+abrazos, que el barón y el veterano no tardaron en devolver con creces,
+poseídos de inmensa alegría.
+
+Durante el viaje de regreso oyeron sus amigos el relato de sus
+portentosas aventuras. Hechos prisioneros ambos en la homérica lucha,
+allá en España, viéronse cautivos de un noble aragonés, que tras largo
+viaje los condujo á la costa, donde los embarcó con rumbo á unas
+posesiones que por allí tenía. Sorprendida su embarcación en alta mar
+por los piratas berberiscos, se acrecentaron sus sufrimientos bajo el
+yugo bárbaro de su nuevo amo; pero llegados á un puertecillo africano,
+el indomable barón halló modo de matar al capitán pirata en la barca que
+á tierra los conducía y arrojándose después al agua seguido de Simón
+ganaron á nado la tierra y tras mil penalidades lograron embarcarse en
+la galera que acababa de llevarlos á Inglaterra, no sin rico botín
+arrebatado con astucia á sus crueles enemigos. Inútil es hablar de su
+recepción en el castillo de Monteagudo, y de la inmensa ventura que
+llenó aquel dichoso hogar, poco antes tan agobiado por la tristeza y el
+dolor.
+
+El barón León de Morel vivió todavía largos años, colmado de honores,
+tranquilo y feliz. La dicha de Roger de Clinton y su esposa adorada fué
+también completa. Dos veces guerreó él en Francia, conquistando
+preciados laureles y altísima fama. Concediósele distinguido puesto en
+la corte y por muchos años ejerció brillantes cargos en los reinados de
+Ricardo y de Enrique IV, quien le confirió la orden de la Jarretiera y
+le honró como á uno de los primeros caballeros y más valientes campeones
+de su tiempo.
+
+Cuanto á Tristán de Horla, se casó con una linda muchacha de Dunán y
+allí se estableció definitivamente, gozando del prestigio que le daban
+sus proezas y los cinco mil ducados tan briosamente ganados allá en
+tierra de España. Él y su inseparable amigo Simón animaron
+frecuentemente con su presencia y su alegría perenne las bulliciosas
+veladas del _Pájaro Verde_. Simón acabó por ofrecer su amor y su nombre
+á la buena ventera que tan fielmente le guardara su botín de anteriores
+campañas. Así vivieron aquellos hombres, rudos si se quiere, como la
+época que los vió nacer y morir, pero francos, honrados y valientes,
+dejando á las generaciones venideras un ejemplo digno de imitación y
+aplauso.
+
+FIN.
+
+
+GEOGRAFÍAS, MAPAS, CARTAS, ETC., PUBLICADAS POR LA CASA EDITORIAL DE D.
+APPLETON Y CÍA., Nueva York.
+
+
+I.
+
+ _=La Geografía Científica.=_ Un tomo de 171 páginas, con mapas y
+ diagramas; encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de
+ las cuales forma parte. Precio, 30 centavos.
+
+La Cartilla que hemos publicado bajo este título, por GROVE, es la
+primera de su clase en los países españoles é hispanoamericanos. No es
+la geografía de este ó de aquel país, ó de tal ó cual estado, sino la
+geografía propiamente dicha, la Geografía como ciencia; y bajo este
+punto de vista, no está lejano el día en que se comience á enseñar á los
+jóvenes LA GEOGRAFÍA CIENTÍFICA. Sin el conocimiento de los rudimentos
+de esta ciencia, ¿cómo se podrá jamás llegar con provecho al estudio y
+menos aún, al conocimiento de la geografía patria ni de la universal?
+
+
+II.
+
+ _=Geografía Elemental, la Novísima, de Cornell.=_ Traducida por
+ VEITELLE, corregida y adicionada recientemente por varios
+ profesores. Un tomo en 4º menor, 71 páginas, con nuevos mapas,
+ muchas láminas. Undécima edición corregida. Encartonada. Precio, 30
+ centavos.
+
+Obra adoptada como texto en las escuelas de varias repúblicas
+hispanoamericanas.
+
+La undécima edición, es más completa que todas las anteriores. Lleva al
+fin un _Cuestionario_ de mucha utilidad práctica; y se la ha mejorado
+generalmente en la parte material.
+
+En grandes cantidades, la facturamos á precios _netos_.
+
+
+III.
+
+ _=Geografía de Smith, ó Primer Libro de Geografía Elemental=_,
+ dispuesto para los Niños. Adornado con cíen grabados y catorce
+ Mapas. Por ASA SMITH. Traducido del inglés y adaptado al uso de las
+ Escuelas de la América del Sur, las Antillas y Méjico, con
+ Adiciones, por TEMÍSTOCLES PAREDES. La nueva edición está adornada
+ con más de 100 grabados, 18 mapas y un cuadro cromo-litográfico de
+ las banderas de todas las Naciones. La obra ha sido enteramente
+ refundida y arreglada por varios profesores. Es la única que
+ conserva el plan original del autor y la ortografía Castellana
+ moderna de la Academia. La nueva edición se vende á 50 centavos.
+
+Esta obrita se ha preparado expresamente para el uso de las Escuelas
+Primarias. Examinándola, se hallará sumamente simple y fácil. Las
+definiciones de las divisiones naturales de la superficie de la tierra,
+son breves; las ilustraciones atractivas, los mapas claros y hermosos y
+el todo arreglado á la capacidad de los jóvenes estudiantes.
+
+Los libros de Geografía de Smith que se han publicado en inglés, son las
+obras más populares para los niños en los Estados Unidos.
+
+ _La Geografía de Smith publicada por esta casa, es la única
+ autorizada por el autor._ Multitud de ediciones inferiores y
+ fraudulentas, se han hecho de ella; pero ninguna ha logrado los
+ resultados que la nuestra, de la cual hemos publicado ya numerosas
+ ediciones y cuya impresión se hace por millones de ejemplares.
+
+ La edición especial para la República Argentina, contiene un cuadro
+ cromo-litográfico de Prohombres de aquel país.
+
+ IMPORTANTE.--Esta Geografía, si se ordenan grandes cantidades, se
+ factura á precio _neto_.
+
+
+IV.
+
+ _=Nociones de Geografía Física.=_ Por ARCHIBALDO GEIKIE. Un tomo de
+ unas 150 páginas, con láminas. Encartonado y uniforme con nuestra
+ serie de CARTILLAS de las cuales forma parte. Precio, 20 centavos.
+
+
+V.
+
+ _=Nociones de Geografía Antigua ó Clásica.=_ Por TOZER. Un tomo
+ encartonado y uniforme con nuestra serie de CARTILLAS de las cuales
+ forma parte. Precio, 30 centavos.
+
+Aunque de ésta como de otras muchas de nuestras CARTILLAS, se han hecho
+traducciones y reimpresiones que abundan en el mercado á precios
+sumamente bajos; en nuestro deseo de completar la serie de CARTILLAS,
+que venimos publicando desde hace muchos años, y de hacer una edición
+legítima y completa, de una buena traducción castellana, hemos dispuesto
+llevar á cabo la de ésta obrita, que está ilustrada con mapas y
+arreglada á los Planes de Estudios de España y de la América española.
+
+
+VI.
+
+ _=Libro Segundo de Geografía Descriptiva.=_ Por D. RAMÓN PÁEZ.
+ Destinado á seguir al PRIMERO DE SMITH. Adornado con doce grandes
+ Mapas enteramente nuevos y multitud de grabados. Forma un tomo de
+ unas 100 páginas grandes, y la NUEVA EDICIÓN DE 1886, no obstante
+ las grandes mejoras, se vende al mismo precio de $1.25.
+
+Edición Enteramente Nueva, corregida y aumentada, conforme á los últimos
+datos estadísticos y cambios políticos, y arreglada al uso de las
+escuelas hispanoamericanas.
+
+
+VII.
+
+ _=Geografía Superior Ilustrada de Appleton.=_ "_La mejor de cuantas
+ se conocen hasta ahora en español._" Un hermoso tomo de 156 grandes
+ páginas, con numerosos grabados y mapas coloreados, impreso en
+ papel fino y satinado. Precio, $2.00.
+
+El libro ha sido escrito con un espíritu imparcial para los PAÍSES DE
+AMÉRICA Á QUE ESTÁ ESPECIALMENTE DESTINADO, y ni las antigüedades de sus
+primeras épocas, ni las maravillas y riquezas útiles de su suelo, ni su
+interés actual y porvenir, fueron desatendidos un solo momento en su
+preparación, compuesta en estricta obediencia con los adelantos de la
+_educación moderna_.
+
+
+VIII.
+
+ _=Geografía Física Superior de Appleton.=_ (GEOGRAFÍA FÍSICA
+ UNIVERSAL.) Un tomo de 120 grandes páginas, con numerosos grabados,
+ mapas de colores, diagramas, etc. Impreso en papel satinado fino y
+ bien encuadernado. Precio,----.
+
+Esta obra, escrita en inglés por los más notables profesores de la
+materia en los Estados Unidos, encierra todos los descubrimientos y
+adelantos hechos hasta el día en ésta ciencia. Está á la altura de las
+mejores obras de su clase escritas en otras lenguas, ventajosamente
+puede competir con todas, y _es la mejor que en su género se ha
+publicado en castellano_.
+
+
+IX.
+
+ _=Mapas Mudos de Cornell.=_ Juego de 13 Mapas Mudos, con los Lugares
+ marcados con números en vez de sus nombres. Precio, $15.00.
+
+No. 1. MAPAS MUDOS (Pliego-doble), comprendiendo los Hemisferios
+Occidental y Oriental, Diagramas de los Meridianos y Paralelos, Trópicos
+y Zonas, los Hemisferios del Norte y del Sur, y las Alturas de las
+Montañas principales.
+
+No. 2. LA AMÉRICA DEL NORTE.
+
+No. 3. LOS ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ.
+
+No. 4. LOS ESTADOS OCCIDENTALES Y CENTRALES, con planos grandes de las
+ciudades de Boston y Nueva York y sus alrededores.
+
+No. 5. LOS ESTADOS DEL SUR.
+
+No. 6. LOS ESTADOS OCCIDENTALES.
+
+No. 7. MÉJICO, AMÉRICA CENTRAL, Y LAS INDIAS OCCIDENTALES, con planos
+grandes del istmo de Nicaragua y las Grandes Antillas.
+
+No. 8. LA AMÉRICA DEL SUR.
+
+No. 9. EUROPA.
+
+No. 10. LAS ISLAS BRITÁNICAS.
+
+No. 11. EUROPA CENTRAL, MERIDIONAL Y OCCIDENTAL.
+
+No. 12. ASIA, con planos grandes de la Palestina y las Islas de
+Sandwich.
+
+No. 13. ÁFRICA, con planos grandes de Egipto, Liberia y la Colonia del
+Cabo.
+
+ _Cada juego va acompañado de una cartera y una clave._
+
+ =CLAVE DE LOS MAPAS MUDOS DE CORNELL.= Para uso del Maestro. Un tomo
+ de 59 páginas en 12º. Precio, 50 centavos.
+
+ =MAPA MUDO, NO. 14, DE LA REPÚBLICA ARGENTINA=, con Clave especial
+ Precio, $1.00.
+
+
+X.
+
+ _=Mapa General de la República Argentina=_ y Países Limítrofes. El
+ ejemplar en papel cartulina, artísticamente coloreado, $12.00.
+
+
+XI.
+
+ _=Mapa-Carta de la Isla de Cuba.=_ Con el mar y las divisorias
+ provinciales en color, papel cartulina, $8.50. El mismo, forrado en
+ tela, barnizado, ribeteado, montado en cañas, $10.00.
+
+
+XII.
+
+ _=Mapas para Escuelas y para Oficinas en General.=_ Proyectados por
+ Colton y Cía., Publicados por D. Appleton y Cía.
+
+ I. HEMISFERIO ORIENTAL cuyo tamaño es de 40 por 35 pulgadas.
+ II. HEMISFERIO OCCIDENTAL, de tamaño y condiciones iguales á
+ los del precedente.
+
+Estos mapas contienen, no solamente el dibujo principal, sino otros
+accesorios, colocados en los ángulos y espacios libres, cada cual
+completo en su género; como los Hemisferios Norte y Sur, los de agua y
+tierra, los del Atlántico y del Pacifico y otros que determinan las
+corrientes del Océano, las cuencas de desagüe, vientos dominantes,
+temperaturas, productos principales, etc.
+
+ III. EUROPA--cuyo tamaño es de 40 por 40 pulgadas.
+ IV. ASIA--de iguales dimensiones que el anterior.
+ V. ÁFRICA--de 40 por 35 pulgadas.
+ VI. AMÉRICA DEL NORTE--de tamaño igual al del precedente.
+ VII. AMÉRICA DEL SUR--de idénticas dimensiones que los anteriores.
+ VIII. AMÉRICA CENTRAL--abraza los tres canales ó vías interoceánicas.
+
+Cada uno de estos mapas de las grandes divisiones del mundo, lleva
+perfiles que presentan las principales alturas de cada país, y otros
+hechos en analogía con la materia, todos ellos sobre la misma escala
+vertical para facilitar la comparación.
+
+
+XIII.
+
+ _=Cuadros Murales=_, compuestos por MARCIO WILLSON y N. A. CALKINS,
+ pudiendo usarse, bien por separado, bien como complemento del
+ MANUAL DE ENSEÑANZA OBJETIVA de Calkins. La colección, montados en
+ cartón. Precio, $14.00.
+
+Son trece cuadros de _Dibujo y Perspectiva_, _Líneas y Medidas_, _Formas
+y Sólidos_, _Colores_, _Escala Cromática_ (de los Colores), _Zoología_:
+partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª; y _Botánica_: partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª. Todas
+las figuras de estos cartones, están coloreadas y sombreadas, y á su
+incuestionable utilidad reunen las cualidades de adorno y belleza en los
+planteles de enseñanza. Son un medio eficaz para iniciar á los jóvenes
+en el conocimiento elemental de estas Ciencias, despertar en ellos el
+amor á estudios más completos de cada una de ellas y muy particularmente
+de la Zoología y de la Botánica.
+
+
+XIV.
+
+ _=Cartones de Appleton=_ para el Estudio y Práctica del Dibujo de
+ Mapas. Arreglados para ser adaptados á cualquiera geografía y muy
+ especialmente á la Superior Universal de APPLETON. La colección de
+ cartones y diagramas con instrucciones completas, todo colocado en
+ una cartera de papel, 75 centavos.
+
+La serie se compone de seis diagramas con instrucciones para dibujar los
+mapas de la América del Norte, América del Sur, Europa, Asia, África y
+Australia, y quince cartones en los cuales los paralelos y meridianos,
+están calculados para construir los mapas siguientes:
+
+ 1. HEMISFERIO OCCIDENTAL.
+ 2. HEMISFERIO ORIENTAL.
+ 3. AMÉRICA DEL NORTE.
+ 4. ESTADOS UNIDOS.
+ 5. MÉJICO.
+ 6. AMÉRICA CENTRAL.
+ 7. LAS ANTILLAS.
+ 8. AMÉRICA DEL SUR.
+ 9. COLOMBIA, VENEZUELA Y GUAYANAS.
+ 10. ECUADOR, PERÚ Y BOLIVIA.
+ 11. REP. ARGENTINA, URUGUAY, PARAGUAY Y CHILE.
+ 12. EUROPA.
+ 13. ASIA.
+ 14. ÁFRICA.
+ 15. OCEANÍA.
+
+Los diagramas, se han preparado con instrucciones para levantar las
+líneas de construcción, y en los cartones, los meridianos y paralelos
+están calculados para los mapas de las cinco partes del mundo; y el
+resto, para los de los países principales de América. Después de haber
+hecho dibujos aproximados, pueden los alumnos, provistos de ellos,
+reunir los resultados de sus estudios en Geografía construyendo mapas
+completos de cada Continente y de países especiales, y llenarlos con
+tanta minuciosidad como juzguen oportuna.
+
+
+OBRAS DE HISTORIA NATURAL
+
+PUBLICADAS POR
+
+LA CASA EDITORIAL DE D. APPLETON Y CÍA.,
+
+Nueva York.
+
+
+I.
+
+ _=El Reino Animal para Niños.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN.
+ Instruir Deleitando. Serie de Libros Primarios de EL REINO ANIMAL
+ PARA NIÑOS. Arreglados para la instrucción gradual y progresiva de
+ la infancia, en las escuelas y en la familia. Cada cuaderno,
+ contiene 6 hermosas láminas de colores, yendo en cada una numeradas
+ las figuras de los varios animales; y 8 páginas de lectura amena,
+ variada y progresiva, con una cubierta iluminada. En paquetes de
+ una docena surtida (dos ejemplares de cada número). El paquete,
+ $2.00.
+
+La serie se compone de seis libros ó cuadernos:
+
+ No. 1. ANIMALES DOMÉSTICOS.
+ No. 2. AVES MAYORES.
+ No. 3. ANIMALES DE CAZA.
+ No. 4. ANIMALES SALVAJES.
+ No. 5. AVES MENORES.
+ No. 6. CUADRUMANOS Y PEQUEÑOS CUADRÚPEDOS.
+
+Recomienda Rollin que se enseñe á los niños la Historia Natural; pero
+del modo que conviene á su edad. "Llamo, dice, _Física de los niños_, á
+un estudio de la Naturaleza que no requiere sino _vista_, y que por lo
+mismo está al alcance de toda clase de personas, hasta de los niños.
+Desde la más temprana edad se les puede imponer á los niños; pero
+proporcionándolo á sus pocos años, y llamando su atención sobre lo que
+esté más á su alcance, ya sea en lo referente á hechos, ya acerca de las
+reflexiones á que estos den ocasión. Parece increíble el número de
+conocimientos agradables y útiles con que ese ejercicio continuado desde
+los primeros años y metódicamente, llenaría el espíritu de los
+niños...." Un maestro cuidadoso, encuentra en este estudio el medio de
+formar el corazón de sus discípulos y de guiarlos á la verdad y el bien
+valiéndose de la misma Naturaleza.
+
+"El primer libro para instruir á la infancia, dice Figuier, debe versar
+sobre la Historia Natural; y en lugar de llamar la atención de las
+jóvenes inteligencias hacia las fábulas y cuentos sin doctrina, es
+necesario dirigirlas hacia los sencillos y verídicos espectáculos de la
+Naturaleza; tales como la estructura de un árbol, la composición de una
+flor, los órganos de los animales, la perfección de las formas
+cristalinas de un mineral, ó la disposición interior de las capas que
+componen la tierra que hollamos con nuestra planta." Tal es el objeto
+con que el autor ha preparado estos libros, en los que ha reunido la
+instrucción, los ejemplos de moral y el deleite de la infancia.
+
+
+II.
+
+ _=Nociones de Botánica.=_ Por J. D. HOOKER. Precio, 20 centavos.
+
+Esta pequeña obra, que forma parte de nuestra serie de CARTILLAS
+CIENTÍFICAS, contiene una serie de lecciones elementales sobre los
+carácteres generales de las plantas que dan flores; trata de la célula y
+los tegidos, del alimento y desarrollo de la semilla y de la planta, de
+la raiz, el tallo, las yemas, las hojas, la flor, el cáliz, la corola y
+de multitud de otros asuntos presentados de un modo fácil y sencillo. Se
+ocupa de los Jardines Botánicos para colegios, y da modelos para
+ejercicios de lecciones con hojas y flores.
+
+
+III.
+
+ _=Libro Primero de Zoología.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN. _Obra
+ adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos._
+ Forma un tomo uniforme con la BOTÁNICA y la MINERALOGÍA del mismo
+ autor; está ilustrado profusamente con hermosos grabados
+ intercalados en el texto y elegantemente encuadernado. Precio, 70
+ centavos.
+
+EL LIBRO PRIMERO DE ZOOLOGÍA que ofrecemos al público, está considerado
+como el mejor de cuantos se conocen, y el único de su género en
+castellano. El autor, elevándose á las necesidades de la época y á los
+adelantos de la ciencia moderna; ha puesto su obra á la altura de los
+tiempos y al alcance de la juventud. Conduce gradualmente, _de lo
+conocido, á lo desconocido por medio de lo semejante_, despertando el
+interés del joven, y á la ves deleitándolo con el estudio. No existe un
+libro tan ameno é interesante, ni tan apropósito para el estudio del
+reino animal; al que no sólo da á conocer en todas sus fases, sino que
+inspira en los niños el amor hacia los animales.
+
+
+IV.
+
+ _=Libro Primero de Botánica.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN. _Obra
+ adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos._
+ Precio, 80 centavos.
+
+En esta obra, la BOTÁNICA está tratada desde el punto de vista del
+_estudio objetivo_, que tanto facilita á los jóvenes el conocimiento de
+dicha ciencia. Como en la ZOOLOGÍA y la MINERALOGÍA del mismo autor, el
+plan seguido en la Botánica, es _llegar á lo desconocido por medio de lo
+conocido y lo semejante_; empleando para ello, el estudio de lo que más
+pueda interesar y grabarse en la imaginación de los niños.
+
+La obra, está ilustrada con numerosos grabados; tiene una excelente
+impresión sobre papel satinado y muy bien encuadernada; circunstancias,
+que como complemento á su selecto contenido científico, la hacen sin
+rival en su género. Es un tomo uniforme con los de ZOOLOGÍA y
+MINERALOGÍA.
+
+
+V.
+
+ _=Libro Primero de Mineralogía.=_ Por el Doctor JUAN GARCÍA PURÓN.
+ _Obra adoptada de texto en España y varios países
+ Hispano-Americanos._ Precio, 80 centavos.
+
+Este tratado de MINERALOGÍA, que con las de ZOOLOGÍA y BOTÁNICA por el
+mismo autor, forma un _Curso Completo de Historia Natural_; además de
+tratar extensamente de todo lo que atañe directamente á la Mineralogía,
+propiamente dicha, estudia las relaciones entre ésta y la _Geología_, y
+por lo tanto trata de los fósiles, ó sea de la _Paleontología_;
+siguiendo los principios más modernos en su parte didáctica.
+
+La obra tiene numerosos grabados intercalados en el texto; es rica en
+estilo y asuntos interesantes, y se halla impresa en magnífico papel
+satinado y empastada en uniformidad con la BOTÁNICA y la ZOOLOGÍA.
+
+ * * * * *
+
+Los _=Cuadros Murales=_ de WILLSON y CALKINS además de otros asuntos,
+tratan tambien de la
+
+ ZOOLOGÍA en las partes 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, y de la
+ BOTÁNICA en las 1ª, 2ª, 3ª, 4ª.
+
+La colección de trece, artísticamente sombreados, coloreados y montados
+en cartón. Precio, $14.00.
+
+
+LAS AVENTURAS DEL VICARIO DE WAKEFIELD.
+
+Por OLIVERIO GOLDSMITH.
+
+
+VERSIÓN castellana hecha con sumo esmero y la única completa en nuestra
+lengua, de esta famosísima obra, considerada universalmente como
+CLÁSICA.
+
+Un tomo de unas 300 páginas, bien impreso, con preciosos grabados y
+encuadernado artísticamente.
+
+Edición económica 50 centavos. De medio lujo 75 centavos.
+
+
+EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"La novela más interesante en lengua
+inglesa."--LORD BYRON.
+
+EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"Excelente, interesante, lo mejor de cuanto se
+ha escrito como novela doméstica."--GOETHE.
+
+EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"Lo más delicado de cuanto la inteligencia
+humana ha producido en su género."--WALTER SCOTT.
+
+EL VICARIO DE WAKEFIELD.--"Ningún otro escritor ha logrado con tan buen
+suceso llegar á los fines del moralista. Pensamientos, humoradas y
+agudezas abundan en cada página."--WASHINGTON IRVING.
+
+
+La única versión española del VICARIO DE WAKEFIELD, completa y correcta
+es la publicada por
+
+ D. APPLETON Y COMPAÑÍA,
+ EDITORES,
+ NUEVA YORK.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA ***
+
+***** This file should be named 36453-8.txt or 36453-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ http://www.gutenberg.org/3/6/4/5/36453/
+
+Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online
+Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
+book was produced from scanned images of public domain
+material from the Google Print project.)
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
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+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
+http://gutenberg.org/license).
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+
+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
+
+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
+and accept all the terms of this license and intellectual property
+(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
+all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
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+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
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+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
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+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
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+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
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+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
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+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
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+access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
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+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
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+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
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+LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
+PROVIDED IN PARAGRAPH F3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
+TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
+LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
+DAMAGE.
+
+1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
+defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
+receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
+written explanation to the person you received the work from. If you
+received the work on a physical medium, you must return the medium with
+your written explanation. The person or entity that provided you with
+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
+refund. If you received the work electronically, the person or entity
+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+ The Project Gutenberg eBook of Guardia Blanca, por A. Conan Doyle.
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+The Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
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+Title: La guardia blanca
+ novela histórica escrita en inglés
+
+Author: Arthur Conan Doyle
+
+Translator: Juan L. Iribas
+
+Release Date: June 17, 2011 [EBook #36453]
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+Language: Spanish
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA ***
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+book was produced from scanned images of public domain
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+<hr class="full" />
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+<table summary="note" border="4" cellpadding="10" style="background-color: #ffffff;">
+<tr><td valign="top" align="center">En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del
+original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el
+texto. (nota del transcriptor)</td></tr>
+</table>
+
+<h1>GUARDIA BLANCA</h1>
+
+<p class="cb"><i>NOVELA HISTÓRICA ESCRITA EN INGLÉS</i></p>
+
+<p><a name="page_001" id="page_001"></a></p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="cb"><small>POR</small><br />
+A. CONAN DOYLE</p>
+
+<p>
+<br />
+</p>
+
+<p class="cb"><small>TRADUCIDA AL CASTELLANO</small><br />
+P<small>OR</small> JUAN L. IRIBAS</p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="cb">NUEVA YORK<br />
+D. APPLETON Y COMPAÑÍA<br />
+EDITORES<br />
+1896</p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p><a name="page_002" id="page_002"></a></p>
+
+<p class="c"><small>C<small>OPYRIGHT</small>, 1896,<br />
+B<small>Y</small> D. APPLETON AND COMPANY.</small></p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="c"><small><i>La propiedad de esta obra está protegida por la ley en<br />
+varios países, donde se perseguirá á los que la<br />
+reproduzcan fraudulentamente.</i></small></p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+<br />
+<a name="CONTENTS" id="CONTENTS"></a></p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="center"><a href="#LA_GUARDIA_BLANCA">LA GUARDIA BLANCA: </a>
+<a href="#CAPITULO_I">Capítulo I, </a>
+<a href="#CAPITULO_II">II, </a>
+<a href="#CAPITULO_III">III, </a>
+<a href="#CAPITULO_IV">IV, </a>
+<a href="#CAPITULO_V">V, </a>
+<a href="#CAPITULO_VI">VI, </a>
+<a href="#CAPITULO_VII">VII, </a>
+<a href="#CAPITULO_VIII">VIII, </a>
+<a href="#CAPITULO_IX">IX, </a>
+<a href="#CAPITULO_X">X, </a>
+<a href="#CAPITULO_XI">XI, </a>
+<a href="#CAPITULO_XII">XII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XIII">XIII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XIV">XIV, </a>
+<a href="#CAPITULO_XV">XV, </a>
+<a href="#CAPITULO_XVI">XVI, </a>
+<a href="#CAPITULO_XVII">XVII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XVIII">XVIII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XIX">XIX, </a>
+<a href="#CAPITULO_XX">XX, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXI">XXI, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXII">XXII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXIII">XXIII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXIV">XXIV, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXV">XXV, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXVI">XXVI, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXVII">XXVII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXVIII">XXVIII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXIX">XXIX, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXX">XXX, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXXI">XXXI, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXXII">XXXII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXXIII">XXXIII, </a>
+<a href="#CAPITULO_XXXIV">XXXIV</a>
+</td></tr>
+</table>
+
+<p><a name="page_003" id="page_003"></a></p>
+
+<h3>Á QUIEN LEYERE.</h3>
+
+<p class="cb">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<p>E<small>N</small> la moderna literatura inglesa, menos quizás que en ninguna otra,
+espera encontrar el lector obras que por su carácter y forma le
+recuerden las narraciones históricas de tipos caballerescos, empresas
+aventuradas y altas hazañas, que han inmortalizado los nombres de
+escritores españoles, franceses é italianos. Diríase que esas novelas de
+capa y espada, galanas y airosas, en las que palpita la vida entera de
+hidalga tierra y se refleja el espíritu de toda una raza, son patrimonio
+exclusivo de otros pueblos y otros autores que los nacidos en la
+nebulosa Albión.</p>
+
+<p>De aquí la novedad y el buen éxito merecidísimo de la obra de Conan
+Doyle cuya traducción castellana ofrecemos al público en este volumen.
+Con erudición y exactitud sorprendentes reproduce el escritor inglés en
+<i>La Guardia Blanca</i> una serie de episodios fidelísimos de la época en
+que se desarrolla el argumento de su novela. Época tan agitada como lo
+fué para Inglaterra la segunda mitad del siglo XIV, en la que á pesar de
+sus grandes y recientes victorias de Crécy y Poitiers y del tratado de
+Bretigny, volvía á encenderse, más fiera y sañuda si cabe, aquella lucha
+interminable conocida en la historia con el nombre de Guerra de los Cien
+Años.</p>
+
+<p>Á imitación de las famosas Compañías Blancas de Duguesclín, personaje
+que también figura en esta obra de muy<a name="page_004" id="page_004"></a> pintoresca manera, la <i>Guardia
+Blanca</i> inglesa se lanza de lleno en la contienda y tras breve
+permanencia en el Ducado de Aquitania, arrebatado por entonces á la
+corona de Francia, entra en España á la vanguardia del poderoso ejército
+que Eduardo de Inglaterra pusiera á las órdenes del Príncipe Negro para
+reinstalar en el solio de Castilla á su aliado Don Pedro el Cruel, á la
+sazón destronado por su hermano Don Enrique de Trastamara.</p>
+
+<p>Las proezas y aventuras de los expedicionarios ingleses y de su
+indomable capitán, las descripciones interesantísimas de tipos y
+costumbres de la época, los múltiples incidentes de aquellas marciales
+jornadas, ora sangrientos y heróicos ora altamente cómicos, todo en
+suma, está ideado y referido con tal naturalidad, con exactitud y gracia
+tantas, que hacen de este libro una obra acabada y uno de los más
+preciados timbres de la fama literaria de su autor.</p>
+
+<p class="r">J. L. I.</p>
+
+<p><small>H<small>ARTFORD</small>, <i>Abril de 1896</i>.</small></p>
+
+<p><a name="page_005" id="page_005"></a></p>
+
+<h3><a name="LA_GUARDIA_BLANCA" id="LA_GUARDIA_BLANCA"></a>LA GUARDIA BLANCA</h3>
+
+<h3><a name="CAPITULO_I" id="CAPITULO_I"></a>CAPÍTULO I<br /><br />
+<small>DE CÓMO LA OVEJA DESCARRIADA ABANDONÓ EL REDIL</small></h3>
+
+<p>L<small>A</small> gran campana del monasterio de Belmonte dejaba oir sus sonoros
+tañidos por todo el valle y aun más allá de la obscura línea formada por
+los bosques. Los leñadores y carboneros que trabajaban por la parte de
+Vernel y los pescadores del río Lande, suspendían momentáneamente sus
+tareas para dirigirse interrogadoras miradas; pues aunque el sonido de
+las campanas de la abadía era tan familiar y conocido por aquellos
+contornos como el canto de las alondras ó la charla de las urracas en
+setos y bardales, los repiques tenían sus horas fijas, y aquella tarde
+la de nona había sonado ya y faltaba no poco para la oración. ¿Qué
+suceso extraordinario lanzaba á vuelo, tan á deshora, la campana mayor
+de la abadía?</p>
+
+<p>Por todas partes se veía llegar á los religiosos, cuyos blancos hábitos
+se destacaban vivamente sobre el césped que cubría las avenidas de
+nudosos robles. Procedían unos de los viñedos y lagares pertenecientes á
+la comunidad, otros de la vaquería, de las margueras y salinas, y
+algunos llegaban, apresurando el paso, de las lejanas fundiciones de
+Solent y la granja de San Bernardo. No les cogía de sorpresa el
+inusitado campaneo, porque ya la noche anterior había despachado el abad
+un mensajero especial á todas las dependencias exteriores del
+monasterio, con orden de anunciar en ellas la proyectada reunión general
+del día siguiente. En cambio el hermano lego Atanasio, que durante un<a name="page_006" id="page_006"></a>
+cuarto de siglo había limpiado y bruñido el pesado aldabón de bronce de
+la abadía, declaraba con asombro que jamás había presenciado convocación
+tan extemporánea y urgente de todos los miembros de la comunidad.</p>
+
+<p>Bastaba observar á éstos para comprender la gran variedad de ocupaciones
+á que se dedicaban y para formar idea, aunque incompleta, de los
+inmensos recursos de la abadía, centro de activísima vida. Veíase aquí á
+dos religiosos cuyas manos y antebrazos teñía de rojo el mosto; más allá
+otro, anciano y robusto, llevaba al hombro el hacha con que acababa de
+cortar grandes haces de leña; seguíale el hermano esquilador, cuya
+ocupación denunciaban las enormes tijeras que llevaba colgadas al cinto
+y las vedijas de lana adheridas al sayal. Un numeroso grupo iba provisto
+de azadas y layas, y los dos monjes que cerraban la marcha conducían con
+trabajo una pesada cesta llena de carpas, truchas y tencas, pues siendo
+el siguiente día de vigilia, había que proveer al sustento de cincuenta
+religiosos con un apetito á toda prueba. Verdad es que trabajaban de
+firme, porque el venerable abad Fray Diego de Berguén era tan severo con
+todos ellos como consigo mismo, que es mucho decir, y en su convento no
+se toleraban holgazanes.</p>
+
+<p>Mientras se reunían frailes y novicios el abad, cruzadas las manos y
+preocupado el semblante, recorría de extremo á extremo la gran sala del
+monasterio destinada á los actos solemnes. Sus delgadas facciones y
+hundidas mejillas revelaban al asceta que ha sabido triunfar de sus
+pasiones, no sin cruel y larga lucha, hasta dominarlas por completo.
+Aunque de apariencia endeble, su mirada imperiosa y enérgica recordaba
+que por sus venas corría sangre de famosos guerreros y que su hermano
+mellizo, el capitán Bartolomé de Berguén, era uno de los esforzados
+campeones ingleses que habían plantado la cruz de San Jorge sobre los
+muros de París. Apenas sonó la última campanada, se acercó el abad á una
+mesa y tocó el timbre que servía para llamar al hermano lego de
+servicio, al cual preguntó en el dialecto anglo-francés usado en los
+monasterios ingleses durante casi todo el siglo catorce:</p>
+
+<p>&mdash;¿Han llegado los hermanos?</p>
+
+<p>&mdash;Reunidos están en el claustro mayor, reverendo padre,<a name="page_007" id="page_007"></a> contestó el
+lego, que se hallaba en actitud humilde, cruzadas las manos sobre el
+pecho y fija en el suelo la vista.</p>
+
+<p>&mdash;¿Todos?</p>
+
+<p>&mdash;Treinta y dos profesos y quince novicios. Fray Marcos, postrado por la
+fiebre, es el único que falta. Dice que....</p>
+
+<p>&mdash;No hace al caso lo que él diga. Enfermo ó no, importaba ante todo
+acatar mi mandato. Domeñaré su espíritu rebelde, como lo haré con otros
+miembros de esta abadía que necesitan severa disciplina. Y vos mismo,
+hermano Francisco, estáis en falta. Ha llegado á mis oídos que habéis
+alzado la voz en el refectorio, mientras el hermano lector comentaba la
+palabra divina. ¿Qué contestáis á esa acusación?</p>
+
+<p>El lego no chistó, ni se movió siquiera.</p>
+
+<p>&mdash;Mil avemarías y otros tantos credos rezados con los brazos en cruz
+ante el altar de la Virgen, servirán para recordaros que el Supremo
+Creador nos dió dos orejas y una sola lengua, para que oigamos mucho y
+hablemos poco. Enviadme aquí al hermano Maestro.</p>
+
+<p>El atemorizado lego salió de puntillas, cerrando tras sí la puerta, que
+se abrió algunos momentos después para dar paso á un monje, corto de
+estatura, robusto de cuerpo y cuya imperiosa mirada acentuaba la
+expresión severa del semblante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me habéis llamado, reverendo padre?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hermano Maestro. Deseo que el acto de hoy, que me impone un deber
+durísimo, se verifique con el menor escándalo posible; y sin embargo, es
+fuerza dar al culpable una lección pública, para ejemplo de los
+restantes.</p>
+
+<p>Dijo el abad estas palabras en latín, lengua en que de ordinario hablaba
+á los religiosos á quienes por sus años ó por razón de su cargo ó de sus
+méritos, juzgaba dignos de especial deferencia.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi parecer que los novicios no presencien el juicio, observó el
+hermano Maestro. En la acusación figura una mujer y temo que pérfidas
+imágenes empañen la pureza de sus pensamientos....</p>
+
+<p>&mdash;¡Mujer, mujer! murmuró el abad. <i>Radix malorum</i>, que dijo el venerable
+Crisóstomo, definición exacta y aplicable<a name="page_008" id="page_008"></a> desde Eva hasta nuestros
+días. ¿Quién denunciará al pecador?</p>
+
+<p>&mdash;El hermano Ambrosio.</p>
+
+<p>&mdash;Casto y piadoso mancebo.</p>
+
+<p>&mdash;Y modelo de novicios.</p>
+
+<p>&mdash;Procédase, pues, al juicio de acuerdo con las prácticas tradicionales
+de la orden. Ved que se admita y acomode á los profesos por orden de
+edad y que á su tiempo comparezca el maleado Tristán de Horla, cuya
+conducta exige ya medidas severas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y los novicios?</p>
+
+<p>&mdash;Esperarán en el claustro de la capilla, donde convendrá que el lector
+les refresque la memoria sobre el tema <i>Gesta beati Benedicti</i>. Así se
+evitará toda conversación ociosa y toda ocasión de liviandad.</p>
+
+<p>Una vez solo el abad, volvió á fijar sus miradas en las páginas
+caprichosamente iluminadas de su breviario y permaneció en aquella
+actitud basta que hubo entrado en la sala el último de los monjes.
+Tomaron éstos asiento en los dos bancos de tallado roble que iban desde
+el estrado hasta el extremo opuesto de la estancia, donde el hermano
+Ambrosio y el Maestro de novicios ocuparon sendos sitiales. Era el
+primero un joven enteco, alto y pálido, que oprimía nerviosamente entre
+sus manos un enrollado pergamino. El abad contempló desde su asiento en
+el estrado las dos hileras de monjes, cuyos rostros plácidos, rollizos y
+bronceados por el sol, con raras excepciones, y cuya expresión
+satisfecha, daban clara muestra de la vida tranquila y feliz que allí
+llevaban.</p>
+
+<p>Fray Diego fijó después su penetrante mirada en el joven religioso
+sentado frente á él y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Sois el acusador, hermano Ambrosio. Quiera nuestro venerado patrón San
+Benito concederos su gracia y dirigir nuestros juicios en esta ocasión,
+para el bien de la comunidad y para la mayor gloria de Dios. ¿Cuántos
+son los cargos dirigidos contra el novicio Tristán?</p>
+
+<p>&mdash;Cuatro, reverendo padre, contestó el interpelado en voz baja y sumisa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Los habéis enumerado y expuesto conforme lo manda nuestra santa
+regla?</p>
+
+<p>&mdash;Contenidos están en este pergamino....<a name="page_009" id="page_009"></a></p>
+
+<p>&mdash;Que entregaréis al hermano relator para su lectura cuando llegue el
+momento. Introducid al acusado.</p>
+
+<p>Al oir aquella orden, un lego situado junto á la puerta la abrió de par
+en par, dando entrada á un joven novicio y á otros dos legos que hasta
+entonces lo habían acompañado y vigilado en la antecámara. Era el
+novicio Tristán de Horla mancebo de aventajada estatura y atléticas
+formas, cuyos ojos negros contrastaban con el rojo cabello y cuyas
+facciones, nada desagradables, revelaban de ordinario la franqueza y el
+buen humor, si bien en aquel momento se reflejaba en ellas una expresión
+de reto y enojo. Caída sobre los hombros la capucha, desabrochado el
+hábito que mostraba el hercúleo cuello, desnudos hasta el codo los
+velludos brazos que tenía cruzados sobre el pecho, saludó reverentemente
+al abad y se dirigió con toda calma al reclinatorio que le estaba
+reservado en el centro de la sala. Sus negros ojos pasaron rápida
+revista á los circunstantes y acabaron por fijarse, con expresión un
+tanto irónica, en el hermano acusador.</p>
+
+<p>Entregó éste el pergamino al relator de la orden, quien lo leyó con voz
+pausada y entonación solemne, escuchado atentamente por todos los
+religiosos allí congregados. El documento decía así:</p>
+
+<p>"Cargos formulados el día de la Asunción, en el año de gracia de mil
+trescientos sesenta y seis, contra el hermano Tristán, antes llamado
+Tristán de Horla y al presente novicio de la santa orden monástica del
+Císter. Leídos el jueves siguiente á dicha fiesta de la Asunción, en la
+abadía de Belmonte, ante el reverendo abad Fray Diego de Berguén y la
+comunidad reunida en capítulo. Los cargos aducidos son:</p>
+
+<p>"Primero: Que habiéndose distribuido á los novicios determinada cantidad
+de cerveza floja, como concesión especial con motivo de la precitada
+festividad y en la proporción de un azumbre por cada cuatro novicios, el
+acusado se apoderó violentamente del jarro y se bebió el azumbre de una
+sentada, en detrimento de sus compañeros de mesa Pablo, Porfirio y
+Ambrosio; quienes declararon que á duras penas pudieron comer los
+arenques salados que formaron la refacción de aquel día."</p>
+
+<p>Al oir aquellos detalles el acusado se mordió los labios<a name="page_010" id="page_010"></a> para disimular
+una sonrisa y varios religiosos se miraron de soslayo; otros tosieron á
+fin de no soltar la carcajada. Pero el abad permaneció impasible y
+severo, mientras el relator continuaba su lectura:</p>
+
+<p>"Segundo: Que como el Maestro de novicios castigase aquel desafuero
+poniendo al culpable á pan y agua por tres días, en honor de Santa
+Tiburcia, aquel pecador impenitente declaró en presencia del novicio
+Ambrosio que quisiera ver á una legión de demonios llevándose por los
+aires al susodicho hermano Maestro.</p>
+
+<p>"Tercero: Que amonestado por éste nuevamente, el acusado cogió á su
+denunciador por el pescuezo y lo zabulló en el estanque de la huerta,
+por espacio suficiente para que la víctima de tamaño atropello pudiera
+acabar el credo que rezó mentalmente con objeto de encomendar su alma á
+Dios, creyendo llegada la última hora."</p>
+
+<p>Las exclamaciones de sorpresa y censura que se oyeron en ambos bancos
+indicaron que los miembros de la comunidad apreciaban la gravedad del
+último cargo; pero el abad impuso silencio, levantando su huesuda mano.</p>
+
+<p>&mdash;Continuad, dijo al lector.</p>
+
+<p>&mdash;"Y cuarto: Que poco antes de vísperas, el día de Santiago Apóstol, se
+vió al citado Tristán en el camino de Vernel, en conversación con una
+mujer, la llamada María Soley, hija del guardabosque de este nombre. Y
+que después de muchas risas y resistencias por parte de la susodicha
+doncella, el acusado la tomó en brazos y la condujo al otro lado del
+riachuelo de Las Hayas, para evitar que aquella emisaria de Satán se
+mojase los pies. Esta infracción inaudita de nuestra santa regla fué
+presenciada por tres miembros de la comunidad, con gran escándalo suyo y
+con indudable regocijo de todo el infierno, que así veía caer en mortal
+pecado á un novicio de nuestra orden."</p>
+
+<p>El silencio profundo que siguió á aquellas palabras, aun más que los
+ademanes y el aspecto horrorizado de algunos religiosos, reveló cuán
+profunda y unánime era la reprobación de los oyentes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiénes son los testigos de tan enorme pecado? preguntó el abad con
+voz que delataba su indignación.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy uno de ellos, dijo levantándose el hermano Ambrosio; y conmigo
+lo presenciaron Porfirio y Marcos, el<a name="page_011" id="page_011"></a> cual se afectó de tal manera que
+desde entonces se halla en la enfermería.....</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la mujer? continuó Fray Diego. ¿No prorrumpió en acongojado llanto
+al presenciar aquella conducta de un hombre que vestía nuestro sagrado
+hábito?</p>
+
+<p>&mdash;No, reverendo abad. Antes bien sonrió dulcemente cuando él la depositó
+allende el vado y le dió las gracias y le tendió su mano. Lo ví con mis
+propios ojos, como lo vió Marcos....</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo visteis, desgraciados! gritó el abad. ¿Y acaso no sabíais que el
+capítulo treinta y cinco de los reglamentos de esta orden os lo prohibía
+terminantemente? ¿De cuándo acá habéis olvidado que en presencia de una
+mujer debemos todos bajar la vista y aun volver la cara? Y si hubierais
+tenido fija la mirada en vuestras sandalias, ¿cómo ver las sonrisas y
+mohines de aquel demonio disfrazado de mujer? ¡Á vuestras celdas, falsos
+hermanos, á pan y agua hasta el próximo domingo, con dobles laudes y
+maitines para que aprendáis á obedecer las leyes que nos rigen!</p>
+
+<p>Ambrosio y Porfirio, atemorizados ante aquella inesperada reprimenda,
+cayeron temblando en sus asientos. El abad apartó de ellos la vista para
+fijarla en el principal culpable, quien lejos de mostrar temor é
+inclinar la frente sostuvo con toda calma la mirada furibunda de Fray
+Diego.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué alegáis en vuestra defensa, hermano Tristán?</p>
+
+<p>&mdash;Poca cosa, padre mío, fué la contestación del joven, dada con el
+pronunciado acento sajón que por entonces caracterizaba á los campesinos
+ingleses del Oeste. Por cierto que el inusitado acento llamó mucho la
+atención de los religiosos, ingleses de pura raza en su mayoría. Pero el
+abad sólo se fijó en la tranquilidad y la indiferencia que la respuesta
+del novicio revelaba y la indignación coloreó su rostro enjuto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hablad! ordenó golpeando con el puño el brazo del sitial.</p>
+
+<p>&mdash;Pues cuanto á lo de la cerveza, observó Tristán sin inmutarse lo más
+mínimo, téngase en cuenta que acababa yo de llegar del trabajo en el
+campo y que apenas empiné el jarro ya le ví el fondo y sin saber cómo lo
+dejé en seco.<a name="page_012" id="page_012"></a> Grande debió de ser mi sed. Cierto es que perdí los
+estribos cuando el buen Maestro me mandó ayunar, pero bien se explica
+eso recordando que pan y agua es triste dieta para un cuerpo y un
+apetito como los que Dios me ha dado. También es verdad que le senté la
+mano el cernícalo de Ambrosio, pero la zabullida de que se queja no pasó
+de un susto sin consecuencias. Y como no niego ninguno de los cargos
+anteriores, tampoco puedo negar, si tal cargo es, el de haber ayudado á
+la hija de Soley á pasar el vado de Las Hayas, en atención á que la
+pobre muchacha tenía puestos zapatos y medias y su saya de los domingos,
+al paso que yo iba descalzo y se me importaba un bledo remojarme los
+pies. Y tengo para mí que el no haberme portado cual entonces lo hice
+hubiera sido una vergüenza, para un novicio como para cualquier otro
+hombre que se respete y que respete á la mujer....</p>
+
+<p>Aquellas palabras colmaron la exasperación del abad, sobre todo
+pronunciadas como fueron con la sonrisa burlona que apenas había
+desaparecido un momento de los labios de Tristán desde el comienzo de su
+perorata.</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta ya! exclamó Fray Diego. Lejos de defenderse el culpado confiesa
+y agrava su falta con sus livianas palabras. Sólo me resta imponerle el
+condigno castigo.</p>
+
+<p>Al decir esto dejó el abad su asiento y todos los monjes le imitaron,
+dirigiendo temerosas miradas al irritado semblante de su superior.</p>
+
+<p>&mdash;Tristán de Horla, continuó éste, en los dos meses de vuestro noviciado
+habéis dado pruebas evidentes de perversidad y de que por ningún
+concepto merecéis vestir el blanco hábito símbolo de un espíritu sin
+mancha. Seréis, pues, despojado de ese hábito y despedido de esta
+abadía, de sus tierras y pertenencias, sin renta ni beneficio de ninguna
+clase y sin las gracias espirituales que gozan cuantos viven bajo la
+tutela y especial protección de San Benito. Vuestro nombre será borrado
+de los registros de la orden y os queda prohibido volver á pisar los
+umbrales de la abadía y entrar en ninguna de las granjas y posesiones de
+Belmonte.</p>
+
+<p>Aquella primera parte de la sentencia pareció terrible á los monjes,
+especialmente á los más ancianos, acostumbrados<a name="page_013" id="page_013"></a> como estaban á la vida
+sosegada de la abadía, fuera de la cual se hubieran visto tan
+desamparados y desvalidos como niños abandonados á sus propias fuerzas.
+Pero evidentemente la vida mundanal no tenía terrores para el novicio,
+antes le atraía y agradaba, á juzgar por la expresión regocijada con que
+oyó el anuncio de su expulsión. Su contento acrecentó la iracundia de
+Fray Diego, quien continuó diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Esto por lo que al castigo espiritual se refiere. Pero á los malos
+servidores de Dios, de corazón empedernido, poco les duelen tales penas.
+Yo sé cómo castigaros de manera que lo sintáis, ahora que vuestras
+fechorías os han privado de la protección de la iglesia. ¡Á ver! ¡Tres
+hermanos legos, Francisco, Atanasio y José, apoderaos del truhán, atadle
+los brazos y decid al hermano portero que le aplique unas cuantas
+docenas de azotes con un buen rebenque!</p>
+
+<p>Al acercársele los robustos legos para obedecer las órdenes del abad,
+desapareció toda la placidez del novicio, que asió con ambas manos el
+pesado reclinatorio de roble y levantándolo en alto como una maza, gritó
+con voz potente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Teneos! ¡Juro por San Jorge que al primero de vosotros que ose
+tocarme le rompo la cabeza en mil pedazos!</p>
+
+<p>La advertencia no podía ser más clara ni más enérgica, y unida á la
+amenazadora actitud del novicio, cuyas fuerzas eran bien conocidas de
+todos, bastó para que los legos retrocedieran más que de prisa y para
+espantar á los religiosos, que se precipitaron en tropel hacia la
+puerta. Sólo el abad pareció pronto á lanzarse sobre el rebelde novicio,
+pero dos monjes que junto á él se hallaban lo asieron por los brazos y
+lograron ponerlo fuera de peligro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Está poseído del demonio! gritaban los fugitivos. ¡Pedid socorro! Que
+venga el hortelano con su ballesta, y llamad también á los mozos de
+cuadra. ¡Pronto, decidles que estamos en peligro de muerte! ¡Corred,
+hermanos! ¡Ved que ya nos alcanza!</p>
+
+<p>Pero el victorioso Tristán de Horla no pensaba en perseguirlos. Estrelló
+contra el suelo el reclinatorio, derribó de un revés á su delator
+Ambrosio, que puso el grito en el cielo, y atropellando á los
+aturrullados frailes que formaban<a name="page_014" id="page_014"></a> la retaguardia, bajó á escape la
+escalera. El portero Atanasio vió pasar rápidamente una gigantesca forma
+blanca y antes de enterarse de lo que aquello significaba y de la causa
+del tumulto que en la escalera se oía, ya el indómito Tristán estaba
+lejos de la abadía y á grandes zancadas recorrió el polvoriento camino
+de Vernel.<a name="page_015" id="page_015"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_II" id="CAPITULO_II"></a>CAPÍTULO II<br /><br />
+<small>DE CÓMO ROGER DE CLINTON EMPEZÓ Á VER EL MUNDO</small></h3>
+
+<p>L<small>OS</small> muros del antiguo convento no habían presenciado jamás escándalo
+semejante. Pero Fray Diego de Berguén tenía en mucho la buena disciplina
+de la comunidad para permitir que ésta quedase bajo la impresión de la
+rebeldía triunfante del novicio; así fué que convocando nuevamente á los
+hermanos les dirigió una filípica como pocas, comparando la expulsión
+del iracundo Tristán á la de nuestros primeros padres del Paraíso,
+llamando sobre él los castigos del cielo y advirtiendo de paso á sus
+oyentes que si algunos de ellos no mostraban más celo y obediencia que
+hasta entonces, la expulsión de aquel día no sería la última. Con esto
+quedó restablecida la calma y en buen lugar la autoridad de Fray Diego,
+quien ordenó á los religiosos que volvieran á sus faenas respectivas y
+se retiró á su celda.</p>
+
+<p>Apenas comenzadas sus oraciones oyó que llamaban suavemente á la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;Entrad, dijo con voz en que se traslucía el mal humor; pero apenas
+fijó los ojos en el importuno que así le interrumpía, desapareció la
+expresión ceñuda del semblante, reemplazándola bondadosa sonrisa.</p>
+
+<p>El que llegaba era un esbelto doncel, de facciones algo delgadas, rubios
+cabellos, buena presencia y muy joven á juzgar por la expresión aniñada
+del rostro. Sus claros y hermosos ojos revelaban también un candor casi
+infantil; su mirada era la del adolescente cuyo espíritu se había
+desarrollado hasta entonces lejos de las emociones, de las penas y de
+los combates del mundo. Sin embargo, las líneas de la boca y la
+pronunciada forma de la barba indicaban un carácter enérgico y
+resuelto.<a name="page_016" id="page_016"></a></p>
+
+<p>Aunque no vestía el hábito monástico, su ropilla, calzas y gruesas
+medias eran de obscuro color, cual convenía á un morador de aquella
+santa casa. De una ancha correa cruzada al hombro pendía henchido zurrón
+de los que por entonces usaban los viajeros; llevaba en la diestra un
+grueso bastón herrado y en la otra mano su gorra de paño pardo, que
+tenía cosida al frente una gran medalla con la imagen de Nuestra Señora
+de Rocamador.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que estás ya pronto á ponerte en camino, hijo querido. Y no deja
+de ser coincidencia curiosa, continuó el abad con aire pensativo, la de
+que en un mismo día salgan de este monasterio el más perverso de sus
+novicios y el mancebo á quien todos consideramos como el más digno de
+nuestros jóvenes discípulos y que es también el predilecto de mi
+corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Sois demasiado bondadoso, padre mío, contestó el doncel. Por mi parte,
+si me fuese dado elegir, acabaría mis días en Belmonte. Aquí he tenido
+mi dulce hogar desde la infancia y al salir de esta casa lo hago con
+verdadero pesar.</p>
+
+<p>&mdash;Pruebas impuestas por Dios son esas penas, Roger, y cada cual tiene su
+cruz. Pero tu partida, que á todos nos contrista, es inevitable. Yo
+prometí á tu padre que al cumplir los veinte años saldrías de Belmonte,
+para ver algo del mundo y juzgar por tí mismo si preferías seguir en él
+ó volver á este sagrado refugio. Acerca ese escabel y toma asiento.</p>
+
+<p>Hízolo así Roger y el abad continuó diciendo, después de reflexionar
+algunos momentos:</p>
+
+<p>&mdash;Veinte años hace que tu padre, el arrendador de la granja de Munster,
+murió, dejando valiosos cortijos y terrenos á la abadía y dejándonos
+también á su hijo menor, niño de pocos meses, á condición de criarlo y
+educarlo en el monasterio. Hízolo así el buen hidalgo no sólo porque
+había muerto tu santa madre, sino porque Hugo de Clinton, su hijo mayor
+y único hermano tuyo, había dado ya pruebas de su carácter díscolo y
+violento, y hubiera sido absurdo dejarte encomendado á él. Pero como
+dije antes, tu padre no quería dedicarte irrevocablemente á la vida
+monástica; la elección dependerá de tí, y no has de hacerla ahora, sino
+cuando tengas alguna experiencia de la vida, para resolver con acierto.<a name="page_017" id="page_017"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Y no impedirán mi partida los cargos que he ejercido ya en la
+comunidad, aparte de mis funciones de amanuense?</p>
+
+<p>&mdash;En manera alguna. Veamos: ¿has sido despensero y acólito?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, padre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Exorcista y lector después?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, padre.</p>
+
+<p>&mdash;Y obediente y piadoso como un hermano profeso, pero nunca has hecho
+voto de castidad. ¿No es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;Así es, padre mío.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada te impide entrar en el mundo y vivir en él tan libremente
+como el que nunca ha pisado el claustro. Y puedo decir con placer que
+esa nueva vida se abre ante tí con buenos auspicios, porque además de
+los sanos principios que te hemos inculcado, eres hábil y puedes
+bastarte á tí mismo haciéndote útil á otros. Dime qué has aprendido
+últimamente; ya sé que eres escultor de no mediano mérito y que pocos
+mancebos de tu edad te ganan á tocar la cítara y el rabel. Y nada diré
+de tu voz; nuestro coro pierde contigo el mejor de sus cantores.</p>
+
+<p>Sonrióse complacido el doncel y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Á la paciencia del buen hermano Jerónimo debo también el oficio de
+grabador, que he aprendido pasablemente y llevo hechos muchos trabajos
+en madera, marfil, bronce y plata. Con Fray Gregorio he aprendido á
+pintar sobre pergamino, metal y vidrio. Sé esmaltar, conozco algo el
+tallado de piedras preciosas, puedo construir muchos instrumentos
+músicos y cuanto á la heráldica, no hay en Belmonte amanuense ni novicio
+que la sepa mejor que yo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues no es corta la lista! exclamó el superior con alegre acento. No
+hubieras aprendido más en el Real Colegio de Exeter. Pero ¿qué me dices
+de tus otros estudios, de tus lecturas y composiciones?</p>
+
+<p>&mdash;Sin ser mucho lo que he leído, el hermano Canciller os podrá decir que
+no he descuidado la biblioteca. Los Evangelios comentados, Santo Tomás,
+la Colección de Cánones....</p>
+
+<p>&mdash;Bueno es todo eso, pero más necesitas hoy otra clase de lecturas, algo
+de ciencias naturales, geografía y matemáticas. Veamos: desde esta
+ventana se divisa la desembocadura<a name="page_018" id="page_018"></a> del Lande y más allá unas cuantas
+velas de barcos pescadores que han cruzado la barra y salido al mar.
+Supongamos que en lugar de volver esta noche al puerto, continuasen esas
+barcas su viaje por días y días en la dirección que ahora llevan. ¿Sabes
+á dónde llegarían?</p>
+
+<p>&mdash;Tienen puesta la proa en dirección á Oriente, contestó prontamente el
+joven, y van en derechura hacia aquella región de Francia que hoy forma
+parte de los dominios de nuestro poderoso señor el Rey de Inglaterra.
+Volviendo la proa hacia el sur llegarían á España y por el nordeste
+encontrarían los estados de Flandes y más allá la gente moscovita.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto es. ¿Y si después de llegar á los dominios de nuestro rey en
+Francia emprendiese un caminante la marcha en dirección á Oriente?</p>
+
+<p>&mdash;Pues visitaría las tierras francesas que todavía están en tela de
+juicio y la famosa ciudad de Avignón, donde reside temporalmente Su
+Santidad. Más allá se extienden los estados de Alemania, el gran Imperio
+Romano, las tribus de los paganos Hunos y Lituanos y por último la
+ciudad de Constantino y el dominio de los odiados hijos de Mahoma.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, Roger. ¿Y más allá?</p>
+
+<p>&mdash;Jerusalén, la Tierra Santa y el caudaloso río que tuvo sus fuentes en
+el paraíso terrenal. Después... no sé, padre mío; pero el fin del mundo
+no andará muy lejos de aquellos lugares, á lo que imagino.</p>
+
+<p>&mdash;No tal, mi buen Roger, y eso te probará que siempre queda algo que
+aprender. Has de saber que entre los Santos Lugares y el fin del mundo
+habitan muchos y muy numerosos pueblos, cuales son el de las amazonas,
+el de los pigmeos y aun el de ciertas mujeres, tan bellas como
+peligrosas, que matan con la mirada, como se dice del basilisco. Y al
+oriente de todas esas naciones está el reino del Preste Juan, cuyas
+vagas descripciones habrás hallado en los libros. Todo esto lo sé de
+buena tinta, por habérmelo asegurado y descrito un valiente capitán y
+gran viajero, el señor Farfán de Setién, que descansó en Belmonte á su
+paso para Southampton y nos refirió sus viajes, descubrimientos y
+aventuras en el refectorio, con detalles tan curiosos é interesantes que
+muchos hermanos se olvidaron de comer por el placer de escucharle sin
+perder una sílaba de su relato.<a name="page_019" id="page_019"></a></p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo quisiera saber, padre mío, es qué hay al fin del mundo....</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, amiguito, interrumpió el abad. Lo que allí hay ó deja de
+haber no es para preguntado. Pero hablemos de tu viaje. ¿Cuál será tu
+primera etapa?</p>
+
+<p>&mdash;La casa de mi hermano en Munster. No sólo deseo conocerlo, sino que
+los informes desfavorables que siempre he tenido de su carácter y método
+de vida me parecen una razón más para intentar reformarlo y atraerlo al
+buen camino.</p>
+
+<p>El abad movió la cabeza negativamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pronto se echa de ver tu inexperiencia. La mala reputación del
+arrendador de Munster data de antiguo, y quiera Dios que no sea él quien
+logre apartarte del buen camino que has seguido hasta ahora. Pero ya
+vivas con él ya te lleve la suerte por otros rumbos, desconfía sobre
+todo de los falsos atractivos y de las artes de la mujer, el mayor
+peligro que amenaza á los hombres de tu edad y sobre todo á los que como
+tú no han encontrado jamás en su camino á ese enemigo de nuestra
+tranquilidad. Adiós, hijo mío. Abrázame y recibe la bendición del cielo
+que invoco sobre tu cabeza. Encomiéndote también fervientemente al
+glorioso San Julián, patrón de los viajeros. Sea tu vida cristiana y
+feliz.</p>
+
+<p>Penosa fué la despedida de aquellos dos hombres, el uno animado por el
+cariño paternal que profesaba al huérfano y el otro por su gratitud
+infinita hacia el bondadoso protector de toda su vida. Hacía más dura su
+separación la idea que ambos tenían formada del mundo, al que
+consideraban desde su tranquilo refugio como centro de iniquidades,
+peligros y rencores. Los monjes y novicios que no habían salido á sus
+quehaceres esperaban á Roger en el pórtico, donde se despidieron de él
+con efusión, pues de todos era grandemente apreciado. También le
+hicieron algunos regalos; un pequeño crucifijo de marfil, un libro de
+oraciones y un cuadrito que representaba la Degollación de los
+Inocentes, artísticamente ejecutado en pergamino. Todos aquellos
+recuerdos de sus cariñosos amigos quedaron pronto bien acondicionados en
+el zurrón, sobre el cual el previsor hermano Atanasio colocó también un
+paquete que recomendó mucho á Roger y que según descubrió éste después,
+contenía una<a name="page_020" id="page_020"></a> hogaza de pan blanco, un magnífico queso y una botella de
+buen vino.</p>
+
+<p>Púsose por fin en camino el conmovido joven, en cuyos oídos resonaban
+las bendiciones y las frases de despedida de los bondadosos monjes. Al
+llegar á una altura vecina se detuvo para contemplar por última vez
+aquellos lugares en los que se había deslizado su vida tranquila y
+dichosa. Allí el obscuro y monumental edificio de la abadía, la
+residencia de Fray Diego, con su capilla adjunta, los jardines y
+huertos, iluminado todo ello por un sol espléndido. Más allá la
+anchurosa ría del Lande, el vetusto pozo de piedra, la capilla de la
+Virgen y en la esplanada frente al convento el grupo de blancos hábitos,
+aquellos amigos de su adolescencia, que al verle detenido renovaron sus
+saludos.</p>
+
+<p>Dos lágrimas surcaron las mejillas de Roger, que suspiró profundamente y
+volvió á emprender su jornada.<a name="page_021" id="page_021"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_III" id="CAPITULO_III"></a>CAPÍTULO III<br /><br />
+<small>DE CÓMO TRISTÁN DE HORLA DEJÓ AL BATANERO EN PERNETAS</small></h3>
+
+<p>C<small>ASO</small> muy raro sería que un joven de veinte años, lleno de salud y vida,
+dedicase las primeras horas de absoluta independencia gozadas desde la
+infancia á llorar la celda de su convento y la disciplina del claustro.
+Sucedió, pues, que la emoción de Roger fué poco duradera y que aun antes
+de perder de vista á Belmonte recobró la alegría propia de sus años y
+pudo apreciar en toda su belleza los primores del paisaje. Era una tarde
+hermosísima; los rayos del sol caían oblicuamente sobre los frondosos
+árboles, trazando en el camino arabescos de sombras, alternados con
+anchas franjas doradas. Entre los árboles y en cuanto alcanzaba la
+vista, tupidos arbustos, amarilleando algunos al soplo del otoño. Al
+perfume de las flores se unían las gratas emanaciones resinosas de los
+pinares y sólo el rumor de claros arroyuelos interrumpía de cuando en
+cuando el murmullo de la brisa entre las ramas y el canto de los
+pájaros.</p>
+
+<p>Pero aquella soledad y quietud de los campos eran sólo aparentes. La
+vida se desarrollaba vigorosa y activa en ellos y en los vecinos
+bosques. Insectos de brillantes colores zumbaban en torno de hojas y
+flores; juguetonas ardillas suspendían sus escarceos para mirar al
+insólito caminante desde lo alto de las ramas, y ya se oía el gruñido
+del fiero jabalí en el matorral, ya el roce de las hojas secas pisadas
+por el gamo, que huía á todo correr.</p>
+
+<p>No tardó el risueño caminante en dejar muy atrás á Belmonte y sus verdes
+praderas y de aquí que fuera mayor su sorpresa al divisar sentado en una
+piedra junto al camino á uno al parecer religioso de aquella comunidad,
+á juzgar<a name="page_022" id="page_022"></a> por los blancos hábitos que vestía. Pero al acercarse notó
+Roger que el rostro del fraile, desapacible y coloradote, le era
+totalmente desconocido y que por sus ademanes y la expresión dolorida
+del semblante más parecía caminante desbalijado que otra cosa. De pronto
+le vió incorporarse y correr camino arriba, recogiendo y levantando con
+ambas manos el sayal, lo menos dos palmos más largo de lo que pedía el
+cuerpo bajo y rechoncho del desconocido. Pero no tardó éste en
+detenerse, resoplando como si le faltara el aliento y acabando por
+dejarse caer sobre la hierba. Roger se dirigió hacia él apresuradamente
+y el otro le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Conocéis, buen amigo, la abadía de Belmonte?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho que sí, de allí vengo y en ella he vivido hasta hoy.</p>
+
+<p>&mdash;Loado sea Dios, porque en tal caso podréis decirme quién es un fraile
+como un dragón, con la cara llena de pecas, los ojos negros y el pelo
+rojo, á quien por mi mal acabo de encontrarme en este camino. ¿Le
+conocéis? No puede haber otro tan grande ni tan malvado como él en la
+abadía.</p>
+
+<p>&mdash;Por las señas es ése el novicio Tristán de Horla. ¿Qué os ha hecho?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pesia mi alma que lo hecho por él no lo hicieran conmigo salteadores
+de camino! No sino que el menguado me quitó cuanta ropa llevaba puesta
+dejándome en gregüescos y después me enjaretó este sayal blanco,
+quedándome yo aquí corrido y sin atreverme á volver al pueblo y mucho
+menos á presentarme á mi mujer, que si me ve en esta guisa pondrá el
+grito en el cielo, tratándome de borracho y correntón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero cómo fué eso? preguntó el amanuense, que á duras penas podía
+contener la risa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo os lo contaré de la cruz á la fecha, repuso el otro. Pasaba por
+este mismo camino y muy cerca del lugar en que estamos, cuando me topé
+con el fraile bandido de la cabeza roja. Creyéndolo un religioso como
+Dios manda, entregado á sus oraciones, lo saludé y seguí mi marcha hacia
+Léminton, donde vivo y me gano el sustento como batanero que soy. Pero á
+los pocos pasos oí que me llamaba; volvíme y me preguntó si tenía
+noticia de la nueva indulgencia<a name="page_023" id="page_023"></a> concedida á favor de los monjes del
+Císter. "No," le contesté. "Tanto peor para vuestra salvación eterna,"
+me dijo; y habló largamente de la gran estimación de Su Santidad por las
+virtudes del abad de Berguén y cómo en reconocimiento y recompensa de
+las mismas había resuelto el Papa conceder indulgencia plenaria á todo
+pecador que vistiese el hábito cisterciense y lo tuviese puesto el
+tiempo necesario para recitar los siete Salmos de David. Al oirlo me
+arrodillé á sus pies, rogándole que me dejase obtener tan grande gracia
+prestándome su hábito, á lo que se avino después de muchas súplicas y de
+entregarle yo doce sueldos para dorar la imagen del bendito San Lorenzo.
+Quitádose que hubo esta vestimenta, tuve que prestarle mi buen jubón y
+calzas de paño para que no le viese algún caminante en ropas menores y
+aun me pidió el grueso par de medias que yo llevaba para preservarse,
+dijo, del airecillo algo frío, mientras rezaba yo mis oraciones. Llegado
+apenas al segundo salmo, acabó él de arroparse y gritándome que
+procurase conducirme cual cuadraba á un piadoso fraile, apretó á correr
+camino arriba como si lo persiguieran los demonios. Cuanto á mí,
+pecador, ni puedo correr metido en este saco harinero que por todos
+lados me sobra, ni tampoco es cosa de quitármelo y presentarme en el
+pueblo sin más vestimenta que una almilla rabona, unos gregüescos
+remendados y un par de zapatos. Ni siquiera medias. ¡Por vida del fraile
+ladrón!</p>
+
+<p>&mdash;No os descorazonéis, buen hombre, dijo el doncel, que bien podréis
+trocar vuestro sayal por un jubón en el convento, cuando no tengáis más
+cerca algún conocido que os saque del paso.</p>
+
+<p>&mdash;Sí tengo, repuso el batanero. Allende el seto vive un pariente de mi
+mujer, pero la suya es lo más mordaz y maldiciente que conozco y como mi
+aventura llegase á oidos de aquella bruja no me atrevería á asomar la
+cara fuera de mi casa en un mes. Pero si vos quisierais, mi buen señor,
+podríais hacerme una grandísima merced con sólo desviaros de vuestro
+camino cosa de dos tiros de ballesta y....</p>
+
+<p>&mdash;Eso haré yo de muy buena gana, dijo Roger compadecido del pobre hombre
+á quien en tan duro trance habían puesto las diabluras de Tristán, su
+amigo del convento.</p>
+
+<p>&mdash;Pues tomad aquel sendero de la izquierda, que no tardará<a name="page_024" id="page_024"></a> en llevaros
+á un claro del bosque, y allí veréis la choza de un carbonero. Decidle
+que os dé un par de prendas de ropa y que os envía con grande urgencia
+maese Rampas, el batanero de Léminton. Razones tiene para no negarme eso
+que en nombre mío váis á pedirle.</p>
+
+<p>Hízolo Roger como se lo decían y halló muy pronto la cabaña y sola en
+ella á la mujer del carbonero, por hallarse su marido trabajando en el
+monte. Expuso su misión y complaciente la mujer comenzó enseguida á
+preparar el hatillo, mientras Roger la contemplaba con la curiosidad
+natural en quien jamás había hablado á una mujer y mucho menos vístose
+mano á mano con una hija de Eva en solitaria cabaña perdida en el
+bosque. Observó que sus desnudos brazos eran de redondeadas formas,
+aunque requemados por el sol y que llevaba modesta basquiña parda y un
+pañolón cruzado y prendido sobre el pecho con enorme alfiler de cobre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Maese Rampas el batanero! repetía ella yendo de aquí para allá en
+busca de las ropas. Si fuese yo su mujer ya le enseñaría á dejarse
+desbalijar en medio del camino por el primer perdulario que pase. Pero á
+bien que él ha sido siempre un alma de Dios y que no he de ser yo quien
+le ponga tachas ni le niegue un favor, que muy grande me lo hizo él
+pagando de su bolsillo el entierro de Frasquillo, mi hijo mayor, á quien
+tenía de aprendiz en el batán y me lo llevó la peste negra de hace dos
+años. ¿Y quién sois vos, mi buen señor?</p>
+
+<p>&mdash;Un caminante. Vengo de Belmonte y me propongo llegar á Munster esta
+noche ó mañana.</p>
+
+<p>&mdash;Y viniendo de Belmonte, me basta miraros para conocer que habéis sido
+discípulo de los monjes. Pero conmigo no hay por qué bajar los ojos ni
+poneros rojo como un pimiento. ¡Bah! ¿Á mí qué? ¡Buenas cosas os habrán
+contado los frailes de nosotras las mujeres, y á fe que se diría que
+ninguno de ellos ha conocido ni querido á su propia madre! ¡Bonito
+estaría el mundo si los padres priores echasen de él á todas las
+mujeres!</p>
+
+<p>&mdash;No lo quiera Dios, dijo fervientemente Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Amén mil veces. Pero vos sois un gentil mozo y tanto más me lo
+parecéis á mí por lo mismo que sois á la vez modesto y comedido. Fácil
+es ver también que no habéis<a name="page_025" id="page_025"></a> pasado vuestros pocos años á la
+intemperie, sufriendo las inclemencias del frío en invierno y quemado
+por los rayos del sol en verano, como tuvo que sufrirlo mi pobre
+Frasquillo, y eso que no había cumplido los catorce cuando me lo llevó
+Dios.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que he visto muy poco del mundo, buena mujer, respondió
+el joven.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto mejor para vos. Y ahora, aquí tenéis el hatillo para el bueno de
+Rampas y decidle que no se dé prisa por devolver esas ropas. Cuando
+buenamente pase por aquí cerca puede dejarlas en la cabaña. ¡Virgen
+Santa, cómo estáis cubierto de polvo! Bien se ve que en los conventos no
+hay mujer que os cuide. Os limpiaré un poco. ¡Vaya! Y ahora, dadme un
+beso é id en paz.</p>
+
+<p>Inclinóse Roger para que ella lo besase, saludo muy en boga en
+Inglaterra por aquella época, y así lo hizo notar Erasmo mucho después,
+diciendo que el beso como saludo era más usado en aquel reino que en
+ningún otro país. Pero la experiencia era nueva para Roger, y el
+contacto de la villana le produjo una impresión para él desconocida
+hasta entonces. Pensando iba en ello al dejar la casuca y recordó las
+palabras del abad, acabando por preguntarse qué hubiera dicho y sentido
+éste en caso parecido al suyo. Pero llegado de nuevo al camino vió Roger
+un cuadro que le hizo olvidar todo lo restante.</p>
+
+<p>El malhadado maese Rampas se hallaba á corta distancia del lugar donde
+él lo dejara, gimiendo, pateando y desesperándose más que nunca y lo que
+era peor, sin el hábito, ni más vestimenta que una cortísima almilla y
+los zapatos. Á lo lejos desaparecía entre los árboles á todo correr un
+hombrachón que llevaba un lío en una mano y apoyaba la otra sobre el
+costado como si le dolieran los ijares de tanto reirse.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vedlo! aulló el batanero. ¡Allí va! Vos me sois testigo, para dar con
+él en la cárcel de Chester. ¡Que se me lleva mi hábito!</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué ha pasado aquí? ¿Quién es aquel hombre?</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién ha de ser, pesia mí, sino vuestro Tristán el ladrón, Tristán el
+bandido, que no contento con haberme dejado casi en cueros vivos, volvió
+para llevárseme el sayal,<a name="page_026" id="page_026"></a> como si un cristiano pudiera andar por el
+camino público con este camisín. ¡Me ha robado mi hábito, mi hábito!</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, buen hombre, el hábito era suyo....</p>
+
+<p>&mdash;Corriente, pues que se lo lleve todo. No tardará en volver para
+despojarme de los zapatos y de este camisolín, que para lo que tapa....
+¡Nuestra Señora de Rocamador me valga!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo fué ello? preguntó Roger, lleno de asombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Son ésas las ropas que me traéis? Dadme acá, por favor, que éstas ni
+el Papa me las quita, aunque le ayude todo el Sacro Colegio. ¿Que cómo
+fué? Pues apenas me dejasteis volvió corriendo don ladrón y como yo
+empezase á apostrofarle me preguntó muy dulcemente si creía posible que
+un buen religioso abandonase su sayal nuevecito y abrigado para vestir
+el jubón y las calzas de un artesano. Empecé á quitarme el hábito muy
+regocijado, mientras él explicaba que se había ausentado para que yo
+dijera mis oraciones con mayor recogimiento. También hizo como que se
+desabrochaba mi jubón para devolvérmelo, pero no bien le entregué su
+sayal apretó á correr otra vez, dejándome con lo puesto, que no es mucho
+que digamos. ¡Habrá tuno! ¡Y cómo se reía el bigardón!</p>
+
+<p>Roger escuchó el relato de aquellas lástimas con toda la seriedad que
+pudo. Pero cuando contempló al pobre hombre vestido con los guiñapos del
+carbonero y vió la expresión de dignidad ofendida que tenían el rostro
+mofletudo y los ojillos saltones de maese Rampas, le fué imposible
+contener la risa. Jamás se había reido tanta ni de tan buena gana, é
+incapaz de tenerse de pie se apoyó contra el tronco de un árbol, sin
+poder hablar, saltándosele las lágrimas y riéndose á todo trapo.</p>
+
+<p>El batanero le miró gravemente; nuevos accesos de hilaridad retorcieron
+el cuerpo de Roger y maese Rampas, viendo que aquello no llevaba trazas
+de acabar, le hizo un ceremonioso saludo y se alejó pausada y
+altivamente, contoneándose. Roger le miró hasta perderle de vista, y aun
+después de ponerse él mismo en camino se reía de todo corazón cada vez
+que recordaba la facha y los visajes del batanero de Léminton.<a name="page_027" id="page_027"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_IV" id="CAPITULO_IV"></a>CAPÍTULO IV<br /><br />
+<small>DE LA JUSTICIA INGLESA EN EL SIGLO CATORCE</small></h3>
+
+<p>E<small>L</small> camino que seguía Roger era poco frecuentado, mas no tanto que el
+viandante dejase de encontrar de vez en cuando ya unos arrieros, ya un
+pobre pedigüeño, y otros viajeros tan cansados como él. Entre los que
+halló Roger á su paso se contó también uno al parecer fraile, que
+gimoteando le pidió algunos cornados para comprar pan, pues estaba
+muerto de hambre. El joven apresuró el paso sin contestarle, porque en
+el convento había aprendido á desconfiar de esos frailes vagabundos; sin
+contar con que del morral que el pordiosero llevaba á la espalda vió
+salir el hueso no muy mondo de una pierna de cordero que para sí la
+hubiera querido el buen Roger. No anduvo largo trecho sin oir las
+maldiciones que le lanzaba el supuesto religioso; seguidas de tales
+blasfemias que el caminante echó á correr por no oirlas y no paró hasta
+perder de vista al deslenguado fraile.</p>
+
+<p>En los linderos del bosque descubrió Roger á un chalán que con su mujer
+despachaba un enorme pastel de liebre y un frasco de sidra, sentados
+ambos al borde del camino. El brutal chalán lanzó una exclamación
+grosera al pasar Roger, quien siguió su marcha sin darse por entendido;
+pero como á la mujer se le ocurriese llamar á gritos al apuesto joven
+invitándole á comer con ellos, su marido se enfureció de tal manera que
+empuñando la vara empezó á dar de palos á su caritativa compañera. El
+joven comprendió que lo mejor era poner tierra por medio, muy
+apesadumbrado al ver que por todas partes sólo hallaba violencias,
+engaños é injusticias.</p>
+
+<p>Pensando iba en ello y comparando aquellos episodios<a name="page_028" id="page_028"></a> de su jornada con
+la vida monótona del convento, cuando detrás de un vallado que á su
+derecha quedaba vió el más raro espectáculo que imaginarse pueda. Cuatro
+piernas cubiertas con ajustadas medias de arlequinados colores y largos
+borceguíes de retorcidas puntas en los pies, se movían á compás, sin que
+el matorral permitiese ver los cuerpos invertidos á que pertenecían
+aquellas extremidades. Acercándose prudentemente oyó Roger los sonidos
+de una flauta y rodeando el vallado creció de punto su sorpresa al ver á
+dos jóvenes que, sin gran dificultad al parecer, se sostenían cabeza
+abajo sobre la hierba y tocaban sendas flautas, á la vez que imitaban
+con los pies los movimientos de la danza. Hizo Roger la señal de la cruz
+y tentado estuvo de echar á correr; pero en aquel momento lo
+descubrieron los músicos, que inmediatamente se le acercaron dando
+saltos sobre sus cabezas, como si fueran éstas de pedernal y no de carne
+y hueso. Llegados á pocos pasos de Roger, doblaron sus cuerpos aquellos
+rarísimos danzantes, y posando los pies en el suelo asumieron sin el
+menor esfuerzo su posición normal y se adelantaron sonrientes, con la
+mano sobre el corazón, en la actitud de acróbatas ó payasos saludando al
+público.</p>
+
+<p>&mdash;Sed generoso, príncipe mío, dijo uno de ellos tendiendo un birrete
+galoneado que recogió del suelo.</p>
+
+<p>&mdash;Mano al bolsillo, apuesto doncel, repuso el otro. Aceptamos toda clase
+de moneda y en cualquiera cantidad que sea, desde una talega de ducados
+ó un puñado de doblas, hasta un solo cornado, si no podéis hacer mayor
+ofrenda.</p>
+
+<p>Roger creyó hallarse en presencia de un par de duendes y aun procuró
+recordar la fórmula del exorcismo; pero los dos desconocidos
+prorrumpieron en grandes carcajadas al ver el espanto y la sorpresa
+reflejados en su semblante. Uno de ellos dió un salto y cayendo sobre
+las manos comenzó á andar con ellas, dando zapatetas en el aire. El otro
+preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿No habéis visto nunca juglares? Por lo menos habréis oído hablar de
+ellos. Tales somos, que no brujos ni demonios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Á qué ese espanto, rubio querubín? preguntó el otro.</p>
+
+<p>&mdash;No os extrañe mi sorpresa, repuso por fin Roger. No<a name="page_029" id="page_029"></a> había visto un
+juglar en mi vida y mucho menos esperaba contemplar en el aire dos pares
+de piernas danzando misteriosamente. ¿Pues y el saltar sobre vuestros
+cráneos? Bien quisiera saber por qué hacéis cosas tan extraordinarias.</p>
+
+<p>&mdash;Difícil es la respuesta, y á buen seguro que si de mí dependiera no
+volveríais á verme andando cabeza abajo, tragando estopa encendida ni
+tocando el laúd con los pies, para entretenimiento de mirones y espanto
+de tiernos pajecillos como vos.... Pero ¿qué veo? ¡Un frasco! ¡Y lleno,
+lleno "del rico zumo de las dulces uvas"! ¡Decomiso!</p>
+
+<p>Y haciendo y diciendo se apoderó de la botella de vino que el hermano
+despensero regaló á Roger y que éste llevaba en el entreabierto zurrón.
+Beberse la mitad del vino fué obra de un instante para el juglar, que
+después pasó el frasco á su compañero. Apenas lo agotó éste hizo ademán
+de tragárselo, con tanta verdad que asustó á Roger; después reapareció
+el evaporado frasco en la diestra del juglar, que lanzándolo en alto lo
+recibió sobre la pantorrilla izquierda, de la cual pareció extraerlo
+para presentárselo á Roger, acompañado de cómica reverencia.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por el vino, mocito, dijo; es de lo poco bueno que hemos
+probado en largos días. Y contestando á vuestra pregunta, os diremos que
+nuestra profesión nos obliga á inventar y ensayar continuamente nuevas
+suertes, una de las cuales y de las más difíciles y aplaudidas habéis
+presenciado. Venimos de Chester, donde hemos hecho la admiración de
+nobles y plebeyos y nos dirigimos á las ferias de Pleyel, donde si no
+ganamos muchos ducados no nos faltarán aplausos. De mí os aseguro que
+daría buen número de éstos por uno de aquellos. Ó por otro trago de
+vuestro riquísimo vino. Y ahora, amiguito, si os sentáis en aquella
+piedra, nosotros continuaremos nuestro ensayo y vos pasaréis el rato
+entretenido.</p>
+
+<p>Hízolo así Roger, quien notó entonces los dos enormes fardos que
+formaban el equipaje de los juglares y que por lo que dejaban ver
+contenían jubones de seda, cintos relucientes y franjas de oropel y
+falsa pedrería. Junto á ellos yacía una vihuela que Roger tomó y empezó
+á tocar con gran maestría, mientras los acróbatas continuaban sus<a name="page_030" id="page_030"></a>
+sorprendentes ejercicios. No tardaron éstos en tomar el compás de la
+vihuela y era cosa de verlos con los pies en el aire, bailando sobre las
+manos, con tanta presteza y facilidad como si toda la vida hubiesen
+andado en aquella postura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Más aprisa, más aprisa! gritaban al tañedor, que los complacía
+riéndose á carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, don alfeñique! exclamó por fin uno de los danzantes, dejándose
+caer rendido sobre la hierba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por vida de! Muy callado lo teníais, señor músico, dijo el otro
+imitándolo. ¿Dónde aprendisteis á tañer de tal suerte?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que acabo de tocar lo aprendí yo solo, sin música ni maestro, por
+haberlo oído varias veces allá en Belmonte, de donde vengo.</p>
+
+<p>&mdash;¡El diablo me lleve si no sois vos el auxiliar que nos hace falta!
+dijo el juglar que parecía de más edad. Tiempo hace que busco un
+vihuelista, flautista, ó lo que sea, que nos acompañe y pueda tocar de
+oído, y vos lo tenéis magnífico. Venid con nosotros á Pleyel, que no os
+ha de pesar, ni os faltarán algunos ducados, buena cerveza y mejor humor
+mientras sigamos juntos.</p>
+
+<p>&mdash;Sin contar con que jamás hemos tenido cena sin una buena tajada de
+carne en el plato y vos no seréis menos. Por mi parte os prometo media
+azumbre de vino los domingos, mientras estemos en poblado, dijo el otro.
+Es gascón y del añejo, agregó guiñando un ojo para dar más valor á su
+oferta.</p>
+
+<p>&mdash;No, no puede ser, contestó el joven. Otro es mi destino y si he de
+llegar á él en sazón no puedo permitirme muchas paradas tan largas como
+ésta. Con Dios quedad.</p>
+
+<p>Dicho esto se alejó apresuradamente, sin atender á las repetidas ofertas
+de los juglares, quienes por fin se despidieron de él deseándole buena
+suerte. La última vez que los vió, antes de doblar un recodo del
+sendero, el más joven de los saltimbanquis se había subido sobre los
+hombros de su compañero y desde aquella altura lo saludaba con dos
+banderolas de chillones colores, que agitaba sobre su cabeza.</p>
+
+<p>Roger les hizo un ademán de despedida y emprendió sonriente el camino de
+Munster.<a name="page_031" id="page_031"></a></p>
+
+<p>Extraños y en gran manera interesantes le parecían todos aquellos
+variados incidentes de su jornada. Las pocas horas pasadas desde que
+abandonó el apacible claustro le habían procurado más emociones que un
+año de vida en Belmonte. Se le hacía increíble que el fresco pan que iba
+comiendo con placer fuese reciensalido de los hornos de la abadía.</p>
+
+<p>No tardó en dejar el terreno montañoso cubierto de arbolado y se halló
+en la vasta llanura de Solent, cuyos campos esmaltados de florecillas
+multicolores presentaban aquí y allá grupos verdes ó bronceados de
+ondulantes helechos. Á la izquierda del viajero y no muy lejos
+continuaba el espeso bosque, pero la senda divergía rápidamente de él y
+serpenteaba por el valle. El sol próximo á su ocaso entre purpurinas
+nubes, iluminaba con luz suave los alegres campos y rozaba de soslayo
+los primeros árboles del bosque, poniendo entre las ramas toques
+inimitables de oro y rojo. Admiró Roger el bellísimo paisaje, pero sin
+detenerse, porque según sus informes lo separaba todavía una legua larga
+del primer mesón donde se proponía pasar la noche. Lo único que hizo fué
+dar algunos mordiscos al pan y al apetitoso queso que llevaba de
+repuesto.</p>
+
+<p>Por aquella parte del camino se cruzó el viajero con buen número de
+personas. Vió primero á dos frailes dominicos de negros hábitos, que
+pasaron sin mirarle siquiera, fija la vista en el suelo y murmurando sus
+oraciones. Siguióles un obeso franciscano, mofletudo y sonriente, que
+detuvo á Roger para preguntarle si no había por allí cierta venta famosa
+por sus tortas de anguilas; y como el joven le contestase que siempre
+había oído poner por las nubes los guisos de anguilas de Solent, el
+epicúreo padre tomó el camino de aquel pueblo relamiéndose de gusto.
+Poco después vió venir nuestro viajero á tres segadores que cantaban á
+voz en cuello, con acento y jerga tan diferentes de cuanto hasta
+entonces había oído en su convento, que más bien le parecieron hombres
+de otra raza expresándose en lenguaje bárbaro. Llevaba uno de ellos una
+garza que habían cogido en la ciénaga vecina y se la ofreció á Roger por
+dos cornados. Excusóse éste como pudo y se alegró de dejar atrás á los
+cantantes, cuyos enmarañados cabellos rojos, afiladas hoces y risa
+brutal los hacían nada gratos compañeros<a name="page_032" id="page_032"></a> de viaje y menos para
+encontrados al caer la noche en campo raso.</p>
+
+<p>Más peligroso que aquellos alegres campesinos demostró ser un macilento
+pordiosero que le salió al encuentro poco después, supliendo con una
+muleta la pierna que le faltaba. Aunque endeble y humilde al parecer, no
+bien hubo pasado Roger sin depositar en el grasiento sombrero la moneda
+que le pedía, oyó el grito de rabia del miserable y una blasfemia atroz,
+seguida de una pedrada que si hubiera acertado á nuestro héroe en la
+cabeza habría puesto probablemente fin á sus aventuras. Por suerte la
+piedra pasó rozándole una oreja y fue á dar violentamente contra un
+árbol cercano. Detrás de su tronco se guareció Roger de un salto y desde
+allí efectuó su retirada ocultándose entre la maleza, sin volver al
+sendero hasta que hubo puesto buen trecho entre su persona y el
+andrajoso energúmeno. Íbale pareciendo que en Inglaterra no había más
+protección de vidas y haciendas que la que cada cual pudiese
+proporcionarse con sus propios puños ó con la ligereza de sus piernas.
+¿Dónde estaba la ley, aquella ley de que había oído hablar en el
+claustro, superior á prelados y barones y de la cual no veía indicio ni
+señal? Sin embargo, no debía de ocultarse el sol aquel día sin que Roger
+viese por sí mismo un ejemplo inolvidable de la ley durísima de aquella
+época y de la más pronta distribución de justicia que jamás presenciaron
+ojos humanos.</p>
+
+<p>En el centro del valle había una hondonada por la que corrían las aguas
+de cristalino arroyuelo. Á la derecha del camino, en el punto donde
+cruzaba el arroyo, veíase un informe montón de piedras, acaso un antiguo
+túmulo, que desaparecía casi por completo bajo los brezos y helechos.
+Buscando estaba Roger el vado cuando vió venir por el lado opuesto á una
+pobre mujer cargada de años y achaques, que por dos veces trató
+inútilmente de poner el pie sobre una ancha piedra plana colocada en
+medio del arroyo. Roger la vió sentarse desalentada en el ribazo y
+cruzando el vado se le acercó y le ofreció ayudarla.</p>
+
+<p>&mdash;Venid, buena mujer; el paso no es tan difícil como parece.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo, doncel; la edad ha nublado mis ojos y aunque sé que hay una
+piedra en el vado, no acierto á verla.</p>
+
+<p>&mdash;Pues por eso no ha de quedar, dijo Roger; y tomando<a name="page_033" id="page_033"></a> en brazos á la
+enjuta viejecilla la trasladó prontamente á la otra margen. Muy débil y
+anciana parecéis para viajar sola, continuó cuando la vió vacilar y caer
+de rodillas. ¿Venís de muy lejos?</p>
+
+<p>&mdash;De Balsain, donde dejé mi arruinada casuca tres días há. Voy en busca
+de mi hijo, que es montero del rey en Corvalle y me ha ofrecido cuidar
+de mí estos últimos días de mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;Deber suyo es hacerlo, que vos cuidasteis de él en su niñez. Pero
+¿habéis comido? ¿Lleváis provisiones?</p>
+
+<p>&mdash;Tomé un bocado al rayar el día, en el ventorrillo de Dunán.... Pero
+allí dejé también la última moneda que me quedaba y por eso necesito
+llegar esta misma noche á Corvalle, donde nada me faltará. ¡Si vierais á
+mi hijo, tan arrogante, tan generoso! Olvido mis tribulaciones al
+figurármelo con su verde sayo de montero, bordadas sobre el pecho las
+armas del rey.</p>
+
+<p>&mdash;Grande es la tirada de aquí á Corvalle, sobre todo para vos y ya casi
+de noche. Pero aquí tenéis un poco de pan y queso y también algunos
+sueldos para que con ellos completéis vuestra cena en el primer mesón. Á
+Dios quedad.</p>
+
+<p>&mdash;Él os guarde, generoso mancebo, dijo la viejecilla alejándose y
+menudeando sus bendiciones.</p>
+
+<p>Al volverse Roger para emprender la marcha descubrió lo que hasta
+entonces no había reparado; que su breve entrevista con la pobre mujer
+había tenido testigos. Eran éstos dos hombres, ocultos hasta entonces
+entre los brezos que cubrían el montón de piedras antes citado y que
+abandonando su escondrijo se dirigían hacia la hondonada. Uno de ellos,
+viejo de andrajosos vestidos, inculta barba y retorcida nariz, tenía más
+apariencias de bandido que de caminante; el otro era uno de los pocos
+negros que había en Inglaterra por aquella época, y Roger contempló
+asombrado los abultados labios y grandes y blancos dientes que hacían
+resaltar la negrura de la tez. Pero el aspecto de ambos desconocidos era
+tan sospechoso que Roger creyó prudente subir el ribazo y tomar el
+camino á buen paso, á fin de evitar su encuentro. No le siguieron los
+otros, pero antes de alejarse gran espacio oyó las voces de socorro que
+daba la vieja, detenida en medio del camino por ambos bribones,<a name="page_034" id="page_034"></a> que la
+despojaban apresuradamente de las monedas que él le había dado, de su
+mantón de lana y de la cestilla que en la mano llevaba. Soltó Roger el
+zurrón y empuñando su herrado garrote volvió atrás, cruzó el arroyo de
+un salto y se dirigió á todo correr hacia el grupo que formaban los
+salteadores y su víctima.</p>
+
+<p>Pero aquéllos no parecían dispuestos á ceder el campo, pues viéndole
+venir el negro, sacó un reluciente cuchillo y lo esperó á pie firme; el
+otro empuño su nudoso bastón y entre amenazas y maldiciones invitó á
+Roger á acercarse. Ningún peligro hubiera detenido en aquel momento al
+denodado joven, de ordinario tan comedido y pacífico, pero cuyo
+semblante indicaba que la indignación y la cólera lo cegaban,
+convirtiéndolo en temible adversario. Llegado frente al negro, le
+descargó tan furioso garrotazo que soltó el cuchillo y huyó lanzando
+gritos de dolor. Al verlo el viejo, se abalanzó sobre Roger y rodeándole
+fuertemente la cintura con ambos brazos, gritó al otro que apuñaleara á
+su enemigo por la espalda. Acercóse el negro, recogió su arma y Roger
+creyó llegada su última hora, si bien no dejó de hacer vigorosos
+esfuerzos para derribar á su adversario, cuya garganta apretaba con
+furia mientras forcejeaban ambos de uno á otro lado del camino. En aquel
+momento supremo se oyó claramente el galope de numerosos caballos sobre
+las piedras y casi al mismo tiempo una exclamación de terror del negro,
+que huyó á todo correr y no tardó en ocultarse entre la maleza. El otro
+bandido, cuyos ojos delataban el miedo que se había apoderado de él,
+hizo esfuerzos desesperados por rechazar á Roger, pero éste logró al fin
+derribarlo y sujetarlo firmemente, contando recibir pronto refuerzo.</p>
+
+<p>Los jinetes llegaban á todo correr, precedidos por el que parecía ser
+jefe de la partida, que montaba un hermoso caballo negro y vestía fino
+sayo de vellorí, cruzado el pecho por ancha banda de rojo color recamada
+de oro y cubierta la cabeza con un birrete de blancas plumas. Seguíanle
+seis ballesteros, con jubones de paño buriel, cintos de baqueta,
+capacetes sin plumas y á la espalda ballesta y saetas. Bajaron la
+cuesta, cruzaron el vado y en pocos momentos llegaron al lugar de la
+lucha.</p>
+
+<p>&mdash;¡Aquí está uno de ellos! exclamó el jefe, echando pie<a name="page_035" id="page_035"></a> á tierra y
+sacudiendo al bandido por el cuello. Á ver las cuerdas, Pedro, y que lo
+ates de pies y manos de manera que no vuelva á escurrirse. Le ha llegado
+la hora y ¡por San Jorge! que de esta vez las pagará todas juntas.
+¿Quién sois, joven? preguntó á Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Un amanuense de la abadía de Belmonte, señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tenéis carta ó papel que lo acredite? ¿No seréis uno de tantos
+pordioseros como infestan estos caminos?</p>
+
+<p>&mdash;Hé aquí las cartas del abad de Berguén. No necesito pedir limosna,
+dijo el joven algo ofendido.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto mejor para vos. ¿Sabéis quién soy?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy la ley, soy el corregidor del condado y represento la justicia
+de nuestro bondadoso soberano, Eduardo III.</p>
+
+<p>&mdash;Á tiempo llegáis, señor, dijo Roger inclinándose ante el personaje.
+Unos momentos más y sólo hubierais hallado aquí mi cadáver y quizás
+también el de esta pobre mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero nos falta el otro! exclamó el corregidor. ¿No habéis visto á un
+negro? Era el cómplice de ese ladrón y juntos huían....</p>
+
+<p>&mdash;El negro escapó en aquella dirección al oiros, dijo Roger señalando
+hacia las piedras del desmoronado túmulo.</p>
+
+<p>&mdash;Se esconde en la maleza y no puede estar lejos, dijo uno de los
+ballesteros preparando su temible arma. Desde que llegamos he estado
+vigilando los alrededores. Él sabe que con nuestros caballos lo
+alcanzaríamos en un santiamén y se guardará de huir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues á buscarlo! Nunca se dirá que un criminal de su laya escapó al
+corregidor de Southampton y á sus ballesteros. Dejad á ese bandido
+tendido en el polvo. Y ahora, muchachos, formad en línea, á bastante
+distancia uno de otro, y empiece el ojeo; aprestad las ballestas y yo os
+procuraré caza como el mismo rey no puede tenerla. Norris, aquí, á la
+izquierda; Jacobo el Rojo á la derecha. Eso es. Mucho ojo con los
+matorrales, y un cuartillo de vino para el buen tirador que acierte á la
+pieza.</p>
+
+<p>El negro se había deslizado entre los brezos hasta llegar al derruido
+monumento, tras cuyas piedras se escondió; al poco rato quiso averiguar
+lo que hacían ó proyectaban sus<a name="page_036" id="page_036"></a> perseguidores, á quienes vió separarse
+formando extensa línea y adelantar por la maleza en la dirección que él
+había tomado y que les había indicado Roger. Aunque el fugitivo asomó la
+cabeza lo más prudentemente posible, el ligero movimiento de unos
+helechos bastó para denunciar su presencia al corregidor, que en aquel
+momento miraba fijamente la eminencia formada por las piedras y el
+matorral que en parte las cubría.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, bellaco! gritó el funcionario sacando la espada y señalándolo á
+sus soldados. ¡Allí le tenéis! ¡Á pie firme, ballesteros! Ya abandona su
+guarida y corre como un gamo. ¡Tirad!</p>
+
+<p>Así era en efecto, porque al oir el negro las voces del corregidor y
+verse descubierto, emprendió la fuga á todo correr.</p>
+
+<p>&mdash;Apunta dos varas á la derecha, muchacho, dijo un ballestero veterano,
+inmediato á Roger.</p>
+
+<p>&mdash;No, apenas hay viento; con vara y media basta, contestó su compañero,
+soltando la cuerda de su ballesta.</p>
+
+<p>Roger se estremeció, porque el acerado dardo pareció atravesar de parte
+á parte al fugitivo. Pero éste siguió corriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Dos varas te digo, bodoque, comentó el viejo ballestero, apuntando con
+tanta calma como si tirase al blanco.</p>
+
+<p>Partió silbando la mortífera saeta y se vió al negro dar de repente un
+enorme salto, abrir los brazos y caer de cara al suelo, donde quedó
+inmóvil.</p>
+
+<p>&mdash;Debajo de la espaldilla izquierda, fué lo único que dijo su matador,
+adelantándose á recobrar su dardo.</p>
+
+<p>&mdash;Á perro viejo no hay tus tus. Esta noche podrás emborracharte con el
+mejor vino de Southampton, dijo el personaje á su impasible ballestero.
+¿Estás seguro de haberlo despachado?</p>
+
+<p>&mdash;Tan muerto está como mi abuela, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente. Ahora al otro bribón. No faltan árboles allá en el bosque,
+pero no tenemos tiempo que perder. Anda, Lobato, saca esa espada y
+córtale la cabeza al canalla, como tú sabes hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por favor, concededme una gracia que os pido! suplicó el sentenciado
+dando diente con diente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es ello? preguntó el magistrado.<a name="page_037" id="page_037"></a></p>
+
+<p>&mdash;Antes confesaré mi crimen. El negro y yo fuímos, en efecto, quienes
+después de robar cuanto pudimos en la barca <i>Rosamaría</i> de la que él era
+cocinero, asesinamos y despojamos al mercader flamenco en Belfast.
+Pronto estoy á que me enviéis allá, ante mis jueces.</p>
+
+<p>&mdash;Poco mérito tiene esa confesión y no te valdrá. Es que además de tus
+fechorías en Belfast y en todas partes acabas de cometer un asalto en
+despoblado dentro del territorio de mi jurisdicción y vas á morir. Basta
+de charla.</p>
+
+<p>&mdash;Pero señor, observó Roger pálido de emoción; no ha sido juzgado y....</p>
+
+<p>&mdash;Vos, mocito, me complaceréis grandemente no hablando de lo que no
+entendéis y menos os importa. Y tú, belitre, continuó dirigiéndose al
+reo, ¿qué gracia es esa que pides?</p>
+
+<p>&mdash;Tengo en la bota del pie izquierdo un trocito de madera envuelto en
+lienzo. Perteneció un tiempo á la barca en que iba el bendito San Pablo
+cuando las olas lo arrojaron á la isla de Melita. Lo compré por tres
+doblas á un marinero que venía de Levante. Os pido que me permitáis
+morir con esa reliquia en la mano, y de esta manera no sólo obtendré mi
+salvación eterna sino también la vuestra, pues debiéndoos tan gran
+merced, no dejaré de interceder por vos un solo día.</p>
+
+<p>Á una señal de su jefe, el ballestero Jacobo descalzó al malhechor y
+halló en la bota la valiosa reliquia, envuelta en luenga tira de fino
+cendal. Los soldados se santiguaron devotamente y el corregidor se
+descubrió al tomarla y entregársela al sentenciado.</p>
+
+<p>&mdash;Si sucediese que por los méritos del gran apóstol San Pablo te fuesen
+perdonados tus delitos y abiertas las puertas del Paraíso, dijo el
+crédulo magistrado, espero que no olvides la gracia que te concedo y la
+promesa que me haces. Y ten también presente que toda tu intercesión ha
+de ser por Roberto de York, corregidor de Southampton y no por Roberto
+de York mi primo hermano, el condestable de Chester. Y ahora, Jacobo, al
+avío, que todavía tenemos una buena tirada de aquí á Munster y el sol se
+ha puesto ya.</p>
+
+<p>Con los ojos dilatados por el espanto contempló Roger aquella
+conmovedora escena; el obeso personaje ricamente vestido, el grupo de
+ballesteros que miraban indiferentes,<a name="page_038" id="page_038"></a> teniendo asidas las riendas de
+sus caballos; la viejecilla, tan espantada como él, que esperaba el
+final del sangriento drama sentada á un lado del camino y por último el
+malhechor de pie, atados los brazos y pálido como un muerto. El más
+viejo de los ballesteros se adelantó en aquel momento y desenvainó la
+cortante hoja; Roger volvió la espalda y se retiró apresuradamente, pero
+á los pocos pasos oyó un sonido sordo, horrible, que le hizo temblar,
+seguido del golpe que dió el cuerpo al caer en tierra. Momentos después
+pasaron trotando junto á Roger el corregidor y cuatro ballesteros,
+habiendo recibido los otros dos la orden de cavar una fosa y enterrar
+los cadáveres. Uno de los soldados limpiaba la larga hoja de su espada
+en las crines del caballo, y al verlo Roger le sobrecogió tal angustia
+que arrojándose sobre la hierba prorrumpió en sollozos convulsivos.
+"¡Mundo perverso, se decía, hombres de corazón duro, así los criminales
+como los encargados de administrar una justicia brutal y cruenta!"<a name="page_039" id="page_039"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_V" id="CAPITULO_V"></a>CAPÍTULO V<br /><br />
+<small>DE LA EXTRAÑA COMPAÑÍA QUE SE REUNIÓ EN LA VENTA DEL PÁJARO VERDE</small></h3>
+
+<p>H<small>ABÍA</small> cerrado la noche y brillaba la luna entre ligeras nubes cuando
+Roger, cansado y hambriento, llegó al mesón de Dunán, famoso en diez
+leguas á la redonda y situado fuera del pueblo, en la intersección de
+los tres caminos de Balsain, Corvalle y Munster. Era un edificio bajo y
+sombrío, cuya puerta señalaban al caminante y alumbraban de noche dos
+hachones encendidos. De la ventana central proyectaba una larga barra á
+manera de asta, de cuya punta pendía enorme rama seca, señal cierta de
+que el sediento viajero hallaría en la venta toda clase de bebidas, y en
+especial la dorada cerveza y el buen vino que tanto contribuían á la
+justa fama del establecimiento.</p>
+
+<p>Á su puerta se detuvo el joven, contemplando distraídamente un caballo
+ensillado que allí esperaba piafando, atado á una gruesa argolla fija en
+la pared. Era la primera vez que el descendiente de los Clinton de
+Munster entraba en un mesón y preguntábase qué clase de gentes serían
+sus compañeros de hospedaje y qué recibimiento le harían. Pero pensó
+también que si la distancia á Munster no era larga, en cambio él no
+conocía á su hermano, de quien tenía los peores informes; y que lo
+derecho era pasar la noche en el albergue de Dunán y presentarse de día
+en casa de su pariente, que ni lo esperaba, ni sabía de él, ni jamás le
+había mostrado el menor interés.</p>
+
+<p>La viva luz que iluminaba la puerta del mesón, las carcajadas que desde
+ella se oían y el rumor de vasos entrechocados hicieron vacilar un
+momento al inexperto viajero, que hasta entonces había pasado sus noches
+en la pulcra y<a name="page_040" id="page_040"></a> callada celda del convento. Pero hizo un esfuerzo y
+diciéndose que era aquella una posada pública en la que él tenía tanto
+derecho á entrar como cualquier otro, franqueó la puerta y se halló en
+la sala común.</p>
+
+<p>Aunque era la noche una de las primeras del otoño y nada fría, ardían en
+el hogar gruesos leños cuyo humo salía en parte por la chimenea y en
+parte invadía también la estancia y oprimía las gargantas de cuantos en
+ella se encontraban. Sobre el fuego se veía un gran caldero cuyo
+contenido hervía á borbotones y despedía el más apetitoso olor. Sentados
+en torno una docena ó más de toscos bebedores, quienes al ver á Roger
+prorrumpieron en voces tales que éste se quedo indeciso, mirándolos á
+través del humo que llenaba el local.</p>
+
+<p>&mdash;¡Otra tanda, otra tanda! gritó un gandul zarrapastroso. ¡Venga mi
+cerveza y que pague la tanda el recienllegado!</p>
+
+<p>&mdash;Esa es la ley del <i>Pájaro Verde</i>, aulló otro. ¡Cómo se entiende, tía
+Rojana! ¿Parroquiano nuevo y vasos vacíos?</p>
+
+<p>&mdash;Un momento, mis buenos señores, un momento. Si no he preguntado lo que
+queréis es porque ya lo sé, y escanciando estoy la cerveza para los
+leñadores, aguamiel para el músico, sidra para el herrero y vino para
+todos los demás. Llegaos aquí, buen hidalgo, dijo á Roger, y sed muy
+bienvenido. Sabed que ha sido siempre costumbre del <i>Pájaro Verde</i> que
+el último en llegar pague una convidada. ¿Os conformáis á ello?</p>
+
+<p>&mdash;Me guardaré yo de contravenir los usos de vuestra casa, señora
+ventera. Pero no estará de más decir que si mi voluntad es buena mi
+bolsa no está muy henchida; sin embargo, daré con gusto hasta un ducado
+por obsequiar á los presentes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo! gritaron todos á una voz, chocando y vaciando sus vasos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien dicho, frailecico mío! exclamó un vozarrón sonoro, á tiempo que
+una pesada mano caía sobre el hombro de Roger. Volvióse éste y vió á su
+lado á Tristán de Horla, su compañero de claustro, expulsado de la
+abadía aquella mañana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por la cruz de Gestas! Malos días se le preparan á<a name="page_041" id="page_041"></a> Belmonte,
+continuó el fornido exnovicio. En veinticuatro horas han dicho adiós á
+sus vetustos paredones dos de los tres hombres que había en todo el
+convento. Porque hace tiempo que te conozco, Roger amigo, y á pesar de
+tu carita de muñeca llegaras á ser todo un hombre. El otro á quien me
+refiero es el buen abad. Ni él es mi amigo ni yo le debo favores, pero
+tiene un corazón animoso y sangre de pura raza y vale mucho más que la
+partida de gansos que tiene á sus órdenes. ¿No es así, Rogerito?</p>
+
+<p>&mdash;Los monjes de Belmonte son unos santos....</p>
+
+<p>&mdash;Santos calabacines, que sólo entienden de darse buena vida y llenar el
+buche. ¿Crees tú que estos brazos míos y esa cabeza tuya nos fueron
+dados para llevar semejante vida? Mucho hay que hacer y que ganar en el
+mundo, amigo, pero no para los que se encierran entre cuatro paredes.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces ¿por qué te hiciste novicio?</p>
+
+<p>&mdash;Justa es la pregunta, á fe mía y no difícil la respuesta. Porque la
+rubia Margot, de la Granja Real, se casó con Gandolfo el Zurdo, un
+pillete de siete suelas, dejando plantado á Tristán de Horla, no
+obstante sus promesas y otras cosas que yo me sé. Y estando dicho
+Tristán enamorado como un bolonio, se metió en el convento, en lugar de
+pedir al rey una alabarda ó un arco y de dar al Zurdo un pie de paliza
+como para él solo. Con la calma vino la reflexión, le pegué un susto al
+soplón Ambrosio, hice que me quitaran el hábito blanco, se enfureció el
+abad, y por él lo siento, dejé para siempre el monasterio y aquí me
+tienes más contento que unas pascuas.</p>
+
+<p>Echáronse á reir sus oyentes, á tiempo que llegaba la patrona con dos
+grandes jarros de vino y cerveza y tras ella una sirvienta con platos y
+cucharas que distribuyó á los parroquianos. Dos de éstos que vestían el
+verde sayo de los guardabosques retiraron el caldero del fuego é
+hicieron plato á los restantes y todos atacaron con apetito el humeante
+potaje. Roger se instaló en un ángulo algo apartado del fuego, donde
+podía comer y beber con sosiego á la vez que observar los hechos y
+dichos de aquella extraña reunión, iluminada por la luz del hogar y tres
+ó cuatro antorchas colocadas en aros de hierro fijos en las ennegrecidas
+paredes. Además de los guardabosques y algunos robustos<a name="page_042" id="page_042"></a> jayanes que
+ganaban su vida carboneando y cortando leña en los vecinos montes,
+veíase allí á un músico de rubicunda nariz, á un alegre estudiante de
+Exeter, y más allá un sujeto de enmarañados cabellos y luenga barba,
+envuelto en tosco tabardo y un joven, al parecer montero ó paje, cuyo
+raído jubón no reflejaba gran crédito sobre la munificencia de su señor,
+quienquiera que fuese. Junto á él comía con apetito el alegre exnovicio,
+á cuya derecha quedaban tres rudos mozos de labranza. En el rincón más
+apartado del hogar roncaba un parroquiano, rendido por las frecuentes
+libaciones á que sin duda se había entregado antes de la llegada de los
+otros huéspedes.</p>
+
+<p>&mdash;Ese es Ferrus el pintor, dijo la tía Rojana señalando con el cucharón
+al dormido bebedor. ¡Y yo, tonta de mí, que le creí y le dí de beber
+antes de que me pintara la muestra prometida y ahora me quedo sin
+muestra y sin el vino que se me ha tragado ese perdulario! Figuraos,
+continuó la indignada ventera dirigiéndose á Roger, que Ferrus me
+ofreció esta mañana pintarme una enseña con un pájaro verde, nombre que
+ha llevado por luengos años esta honrada venta, á condición de darle
+todo el vino que quisiese durante su trabajo; ¡y ved aquí lo que ese
+farsante ha pintado y quiere que cuelgue yo á la puerta de mi casa!</p>
+
+<p>Diciendo esto presentó la buena mujer un tablero en el que sobre fondo
+rojizo y nada limpio se contoneaba una especie de gallina moribunda
+pintarrajeada de verde, con un ojo saltón y amarillento colocado más
+cerca del pescuezo que del pico; era éste encorvado y enorme, y de él
+pendía un cartelón pintado de blanco con esta inscripción en letras
+negras: <i>¡Al Pagaro Berde!</i></p>
+
+<p>Aquella obra maestra del pintor ambulante fué acogida con grandes risas,
+y el mismo Roger no pudo menos de convenir con la ventera en que aquel
+papagayo bizco y aquella ortografía fantástica perjudicarían á la buena
+fama del mesón y moverían á risa á los señores que allí se detuviesen á
+descansar y refrescar durante sus frecuentes cacerías.</p>
+
+<p>&mdash;Sería la ruina de mi casa, exclamó la tía Rojana.</p>
+
+<p>&mdash;No os apuréis, buena mujer, que yo espero mejorar algo el cuadro, dijo
+Roger, si vos me dáis los colores y pinceles del artista Ferrus.</p>
+
+<p>&mdash;El cielo os prospere si así lo hacéis, lindo señor, dijo<a name="page_043" id="page_043"></a> ella
+sorprendida y encantada con aquella oferta; y en un santiamén le llevó y
+abrió el zurrón de Ferrus, admirando la prontitud y habilidad con que
+Roger manejó colores, paleta y pinceles y borrando el espantajo verde
+comenzó á pintar el fondo de la nueva muestra.</p>
+
+<p>&mdash;El barón de Ansur tendrá que arar él mismo sus campos, si quiere
+grano, voceaba en tanto uno de los bebedores, con zamarra y gruesas
+botas de cuero. Lo que es yo no vuelvo á poner el pie en sus tierras.
+Doscientos años hace que toda mi parentela suda la gota gorda para que
+los señores de Ansur tengan buen vino en sus mesas y copas de oro en que
+beberlo y brocados y sedas con que vestirse. ¡Voto á tal que desde hoy
+me quito la librea y no vuelvo á trabajar para esos señorones
+holgazanes!</p>
+
+<p>&mdash;Tened la lengua, Rodín, advirtió la ventera.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, dejadle, dijo uno de los leñadores. Lo que necesitamos es que
+muchos villanos piensen como Rodín y sacudan el yugo. Medrados estamos
+si hasta el hablar se nos niega. Por mi parte, aunque me corten las
+orejas....</p>
+
+<p>&mdash;Ved que eso de cortar orejas, tan bonitamente pueden hacerlo los
+verdugos de los barones como los cuchillos de los leñadores, añadió otro
+de éstos. ¡Por San Jorge! De mí sé decir que prefiero vivir en el monte
+á servir á un criado del rey.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tengo más amo que el rey, declaró otro de los presentes, después
+de empinar un jarro lleno de cerveza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quién es el rey? aventuró Rodín, que estaba ya entre dos luces. ¿Es
+por ventura un rey inglés cuando su lengua se niega á decir dos palabras
+en nuestro idioma? Acordaos de su visita del año pasado al castillo de
+Malvar, donde se presentó con gran golpe de senescales, justicias,
+condestables, monteros y guardas. En una de las cacerías vigilaba yo la
+verja de Glendale cuando héte al rey que me echa encima su caballo,
+diciendo "<i>¡Ouvrez, ouvrez!</i>" ó cosa parecida. ¿Es ese el rey que ahora
+tenemos los ingleses?</p>
+
+<p>&mdash;¡Á callar se ha dicho! gritó de repente Tristán de Horla, dando un
+tremendo puntapié al escabel que tenía delante y lanzándolo contra los
+troncos del hogar, que despidieron millares de chispas. Nadie insulte en
+mi presencia al buen rey Eduardo, ni le nombre siquiera si no ha de ser<a name="page_044" id="page_044"></a>
+con el respeto debido. De lo contrario, ¡por la cruz de Gestas!... Si no
+sabe hablar inglés sabe combatir mejor que muchos ingleses, que pasaban
+la vida atiborrándose de jugosa carne y buena cerveza mientras él daba y
+recibía mandobles bajo los muros de París!</p>
+
+<p>Tan enérgicas palabras, dichas por aquel nervudo mocetón, desalentaron á
+los gruñones, que desde aquel punto y hora hablaron menos y bebieron
+más. Así pudo Roger oir lo que se decía en otro grupo compuesto, según
+le había dicho al oído la agradecida ventera, de un sangrador, un
+dentista ambulante y el músico de la encendida nariz.</p>
+
+<p>&mdash;Una rata cruda es mi receta invariable contra la peste, decía
+gravemente el medicastro; una rata cruda abierta en canal.</p>
+
+<p>&mdash;¿No sería mejor asarla un poco, señor físico? preguntó el sacamuelas.
+Porque eso de comer ratas crudas....</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién habla de comerlas, maese Verdín? exclamó con desdén el
+discípulo de Esculapio. El animalito abierto en canal se aplica sobre la
+llaga ó sobre la inflamación que precede á ésta. Y siendo la rata animal
+inmundo, atrae y absorbe por su propia naturaleza los malos humores,
+libertando de ellos el cuerpo del paciente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y con tal remedio se cura también la viruela? preguntó el músico,
+después de convencerse de que su jarro no contenía gota de cerveza.</p>
+
+<p>&mdash;Con tanta seguridad como la peste, afirmó el físico, limpiando su
+plato con un mendrugo de pan.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, continuó el músico, me alegro de que vuestro
+tratamiento no sea muy conocido, porque para mi santiguada que la
+viruela y la peste son las mejores amigas del pobre en Inglaterra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso, amigo? preguntó Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Escanciad un poco de cerveza de vuestro jarro en este cubilete y os lo
+diré. Pues bien, muchas veces se me ha ocurrido que si la peste y otras
+plagas se llevasen la mitad de la gente que hoy vive en los dominios del
+señor rey Eduardo, los que quedasen podrían habitar buenas casas,
+trabajar poco ó nada y vivir en la abundancia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Miren por dónde asoma el arpista! exclamó maese Verdín. Pues ya que
+tan duras entrañas tenéis, os deseo<a name="page_045" id="page_045"></a> que cuando la plaga empiece á matar
+ingleses se os lleve á vos el primero....</p>
+
+<p>&mdash;¡Pesia mí! Lo que á vos os duele, seor dentista, es que muriéndose
+medio mundo os quedaríais poco menos que sin trabajo, vos que sólo
+entendéis de despoblar quijadas y apenas ganáis hoy para pan y queso.</p>
+
+<p>Renovóse la risa á costa del buen Verdín y el músico se levantó para
+tomar de un rincón su arpa vetusta, que empezó á tañer con vigor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Paso al coplero! exclamaron los leñadores; sentaos aquí junto al
+fuego, y venga una tonada alegre, como las que tocasteis en la romería
+de Malvar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que toque "La Rosa de Lancaster"!</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no, "Las Niñas de Dunán"!</p>
+
+<p>&mdash;"¡El Arquero y la Villana!"</p>
+
+<p>Sin hacer el menor caso de aquellas voces, el músico seguía pulsando las
+cuerdas, fija la mirada en el ahumado techo, como tratando de recordar
+la letra de su canto. Luégo entonó con ronca voz una de las canciones
+más obscenas de la época, con visible aprobación de la mayoría de sus
+oyentes. La sangre se agolpó al rostro de Roger, que abandonando su
+asiento, exclamó imperiosamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Callad! ¡Qué vergüenza! ¡Vos, vos, un anciano que debería dar buen
+ejemplo á los otros!</p>
+
+<p>La sorpresa de todas aquellas gentes fué profunda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por las barbas del rey de Francia! exclamó uno de los monteros. El
+estudiantino ha recobrado el uso de la palabra y va á echarnos un
+sermón.</p>
+
+<p>&mdash;Se ha ofendido la damisela, dijo un campesino. Venid acá, señor
+físico, y sangrad á este querubín antes que se nos desmaye.</p>
+
+<p>&mdash;¡Seguid vuestra canción, maese Lucas, que no hay tilde que ponerle!
+¿Estamos en una venta ó en el salón de mi señora la baronesa?</p>
+
+<p>&mdash;¡Que me aspen si toco ni canto más! decía malhumorado el músico,
+enfundando su arpa. ¿Pues qué esperaba vuesa merced, un himno sacro ó la
+letanía? ¿Desde cuándo asustan á los pajecillos las trovas que entonan
+todos los juglares del reino? Lo dicho, no canto más.</p>
+
+<p>&mdash;Sí haréis, repuso uno de sus oyentes. Á ver, tía Rojana, un jarro de
+lo bueno para maese Lucas. Yo convido.<a name="page_046" id="page_046"></a> Vengan trovas, y si al doncel no
+le gustan, que se largue, ó si no....</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, don valiente, interrumpió Tristán, poniéndose delante de
+Roger, como para protegerlo. Mi compañero ha reprendido al viejo
+coplista porque ni ha oído jamás las desvergüenzas que os parecen
+gracias, ni está en él creer que pueda decirlas sin protesta un hombre
+de cabeza cana como la del maese, por más que su nariz lo proclame
+borrachín de oficio. Pero ya que este frailecico rubio no quiere oir
+vuestras trovas, ni vos las cantaréis hoy, ni vos, seor bravucón, lo
+echaréis á él de esta venta.</p>
+
+<p>&mdash;¡Rayos de Dios, y qué justicia mayor nos ha caído hoy encima! exclamó
+poniéndose en pie un ceñudo campesino.</p>
+
+<p>&mdash;¿Habéis acaso comprado <i>El Pájaro Verde</i>? preguntó otro. Ved que no
+sólo el paje llorón sino vos también váis á dar de bruces en el camino.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tregua, Tristán! exclamó Roger apresuradamente. Me voy, antes que ser
+ocasión de una lucha.</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, muchacho, le contestó su amigo, arremangándose y mostrando
+los hercúleos brazos. Mal año para mí si esta gentuza no ha dado con la
+horma de su zapato. Hazte á un lado y verás cómo les arde el pelo....
+¡Acercaos, mandrias! ¡Venid á trabar conocimiento con los puños de
+Tristán de Horla, bellacos!</p>
+
+<p>Viendo que la cosa iba de veras, levantáronse precipitadamente los
+guardabosques y monteros para poner paz, mientras la ventera y el físico
+se dirigían ya á los campesinos y leñadores, ya al brioso Tristán,
+procurando aplacarlos con buenas palabras. En aquel momento se abrió
+violentamente la puerta del mesón, y la atención de todos se fijó en el
+recienllegado que con tan poca ceremonia se presentaba.<a name="page_047" id="page_047"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_VI" id="CAPITULO_VI"></a>CAPÍTULO VI<br /><br />
+<small>DE CÓMO EL ARQUERO SIMÓN APOSTÓ SU COBERTOR DE PLUMA</small></h3>
+
+<p>E<small>RA</small> el desconocido hombre de mediana estatura, vigoroso y bien plantado;
+moreno el rostro, afeitado cuidadosamente, y acentuadas y un tanto rudas
+las facciones, desfiguradas en parte por tremenda cicatriz que cruzaba
+la mejilla izquierda, desde la nariz hasta el cuello. Vivos los ojos,
+con expresión de amenaza en su brillo y en la contracción habitual de
+las cejas. Su boca de duras líneas y apretados labios no suavizaba por
+cierto la severidad del semblante, que revelaba al hombre familiarizado
+con el peligro y dispuesto siempre á combatirlo. Su larga tizona y el
+fuerte arco que llevaba á la espalda revelaban su profesión, así como
+las averías de su cota de malla y las abolladuras del casco decían á las
+claras que llegaba de los campos de batalla, á la sazón teñidos en
+sangre inglesa y francesa en la guerra que proseguían Eduardo III y su
+hijo el Príncipe Negro contra el Rey Carlos V de Francia. Del hombro
+izquierdo del arquero pendía un ferreruelo blanco, con la roja cruz de
+San Jorge en su centro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! exclamó guiñando rápidamente los ojos, deslumbrados por la
+brillante luz del hogar y de las antorchas. ¡Buena lumbre, buena
+compañía y buena cerveza! Dios os guarde, camaradas. ¡Una mujer, por
+vida mía! dijo al ver á la tía Rojana, que en aquel momento pasaba junto
+á él con un par de jarros rebosantes de cerveza. ¡Salud, prenda! y
+rodeando con su brazo el talle de la ventera, estampó dos sonoros besos
+en sus mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Ah, c'est l'amour, madame, c'est l'amour!</i> tarareó. Mal haya el
+pícaro francés, que se me ha pegado á la lengua<a name="page_048" id="page_048"></a> y voy á tener que
+ahogarlo en buena cerveza inglesa. Porque habéis de saber que no tengo
+una gota de sangre francesa en las venas y que soy el arquero Simón
+Aluardo, inglés de buena cepa y contentísimo de volver á poner los pies
+en su tierra. Así fué que al desembarcar de la galera en la playa de
+Boyne besé la tierra, porque hacía ya ocho años que no la veía, como os
+he besado á vos, bella ventera, porque de Boyne aquí apenas si he visto
+media docena de buenas mozas, y ninguna tan apetitosa como vos.... Pero
+¡por mi espada! que esos bribones se han largado con la carga, exclamó
+lanzándose hacia la puerta. ¡Hola! ¿estáis ahí? ¡Entrad luego, truhanes!</p>
+
+<p>Á su voz entraron en la estancia tres cargadores con sendos fardos y
+permanecieron alineados cerca de la pared.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos si me devolvéis intacta mi hacienda, buscones. Número uno: un
+cobertor francés de pluma finísima, dos sobrecamas de seda labrada de
+damasco y veinte varas de terciopelo genovés.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí está todo, señor capitán.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué capitán ni qué niño muerto! Á ver, el segundo: un rollo de tela
+de púrpura, que no se ha visto matiz más hermoso en Inglaterra y otro de
+paño de oro; ponlo ahí en el suelo junto al fardo del otro, y si algo
+resulta manchado ó averiado te corto las orejas. Número tres: una caja
+cerrada que contiene broches de oro y plata, dos dagas de gran valor, un
+relicario guarnecido de perlas y otros despojos, ganados por mí con la
+punta de mi fiel espada. Item más, un paquete con un cáliz y dos
+crucifijos, todo ello de plata de ley y hallado por mí en la iglesia de
+San Dionisio de Narbona, durante el saqueo de aquella ciudad; objetos
+que me apropié para evitar que cayeran en manos peores que las muy
+limpias de un arquero del rey Eduardo. ¡Corriente, monigotes! La cuenta
+está completa. Aquí tenéis dos sueldos por barba, que no debiera
+dároslos, sino dos puntapiés á cada uno; y decid á la patrona que os
+eche un trago, que yo pago.</p>
+
+<p>Todos contemplaban y oían con interés al veterano, quien apenas aplacó
+la sed apurando un enorme cubilete de estaño lleno de cerveza, volvió á
+tomar la palabra:</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, á cenar, <i>ma belle</i>. Un capón asado, un trozo<a name="page_049" id="page_049"></a> de carne digno
+de mi apetito y dos ó tres frascos de buen vino gascón. Tengo doblas de
+oro y cornados de plata en el bolsillo, y sé gastarlos, como buen
+soldado. Por lo pronto, cuantos me oyen van á tomar un trago de lo que
+gusten conmigo.</p>
+
+<p>La invitación no era para rehusada; volvieron á llenarse los jarros y
+bebieron á la salud del alegre arquero, á quien rodearon todos, á
+excepción de algunos leñadores y pecheros que vivían lejos y muy á su
+pesar tuvieron que abandonar la venta. El recienllegado se había quitado
+cota, casco y manto y puéstolos sobre sus fardos, junto con la espada,
+arco y flechas. Sentado frente al hogar, desabrochada la almilla y
+asiendo con la fuerte y atezada diestra el asa de un jarro de buen
+tamaño lleno hasta los bordes, sonreía con expresión de profundo
+contento. Los encrespados cabellos de castaño color le cubrían el cuello
+y no parecía tener más de cuarenta años, á pesar de las profundas
+huellas impresas en su rostro por las penalidades de sus largas campañas
+y por los excesos del placer y la bebida. Roger había suspendido la
+pintura de la famosa muestra y contemplaba admirado aquel tipo del
+guerrero de la época tan nuevo para él, y que en corto espacio habíase
+mostrado duro y violento, galante, generoso, sonriente y apacible por
+fin, seguro de su fuerza y satisfecho de sí mismo. En aquel momento
+acertó á mirarle el arquero y vió la sorpresa y la curiosidad retratadas
+en el rostro del joven.</p>
+
+<p>&mdash;¡Á tu salud, <i>mon garçon</i>! exclamó levantando su jarro y con sonrisa
+que descubrió dos hileras de firmes y blancos dientes ¡Por mi espada,
+que no has visto tú muchos hombres de armas, ó no me mirarías como si
+fuese yo un moro recienllegado de España!</p>
+
+<p>&mdash;Jamás había visto un soldado de nuestras guerras, confesó Roger
+francamente, aunque sí oído y leído mucho sobre sus proezas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues á fe que si cruzas el mar los verás más numerosos que abejas en
+la colmena. Hoy no podrías disparar una flecha en las calles de Burdeos
+sin ensartar arquero, paje, caballero ó escudero de uno ú otro bando. Y
+no de los que estilamos por aquí, con justillo y manto, sino con cota de
+malla ó coraza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y dónde habéis hallado todas esas lindas cosas que<a name="page_050" id="page_050"></a> ahí tenéis?
+preguntó Tristán, señalando las riquezas amontonadas del arquero.</p>
+
+<p>&mdash;Donde hay otras muchas y mejores esperando que vayan á recogerlas los
+mozos bien plantados como tú, que no deberían de seguir enmoheciéndose
+aquí, esperando que el amo les pague el salario, sino ir á ganarlo y
+cobrarlo por sí mismos, allá en tierra de Francia. ¡Voto á tal, que es
+aquella vida digna de hombres, noble y honrada cual ninguna! ¡Ea, bebed
+conmigo á la salud de mis camaradas, á la gloria del Príncipe Negro,
+hijo del buen rey Eduardo y sobre todo á la del noble señor Claudio
+Latour, jefe de la invicta Guardia Blanca!</p>
+
+<p>&mdash;¡Claudio Latour y la Guardia Blanca! exclamaron á una voz los
+presentes, casi todos conocedores de los altos hechos de aquel esforzado
+capitán y del invencible cuerpo de su mando, los famosos Arqueros
+Blancos, que habían tomando parte principalísima en las luchas contra
+Francia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, camaradas! Volveré á llenar vuestros cubiletes, por lo bien
+que habéis brindado en honor de los valientes que visten el coleto
+blanco. ¡Venga esa cerveza, ángel mío! y dirigiéndose á la tía Rojana,
+que le miraba sonriente y complacida, entonó una canción bélica, con
+vozarrón tremendo y desafinando á todo trapo.</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía que más entiendo yo de dar flechazos que de cantar trovas.</p>
+
+<p>&mdash;La canción esa me la sé yo de la cruz á la fecha, y mi arpa la conoce
+tan bien como yo, dijo el músico. Y si este señor predicador, añadió
+mirando á Roger, no tiene en ello inconveniente, la tocaré y cantaré en
+obsequio de este valiente arquero....</p>
+
+<p>Muchas veces recordó después Roger el animado y pintoresco cuadro que
+presentaba la sala del <i>Pájaro Verde</i> en aquellos momentos. En el centro
+del corro el mofletudo y enrojecido rostro del juglar, cantando con
+mucha expresión las populares estrofas; el grupo de oyentes, el arquero
+Simón llevando el compás con la cabeza y con la mano, y el exnovicio
+Tristán, que no era de los menos complacidos con el canto de maese
+Lucas, á juzgar por la sonrisa que animaba su rostro bonachón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por el filo de mi espada! exclamó el arquero al terminar la canción.
+Muchas noches he oído esa misma trova<a name="page_051" id="page_051"></a> en el campo inglés y cuenta que
+le hacíamos coro más de doscientos soldados del rey; pero este viejo
+bebedor deja muy atrás á los que tenemos por oficio manejar el arco, la
+ballesta y la alabarda.</p>
+
+<p>Entretanto, la ventera y una buena moza que la ayudaba habían colocado
+sobre la maciza mesa de encina los apetitosos platos que formaban la
+cena de Simón, acompañados de algunas enormes rebanadas de plan blanco.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que no entiendo, continuó alegremente el arquero mientras se
+preparaba á despachar su cena, es que mocetones como vosotros os
+avengáis á vivir pegados al terruño, doblando el espinazo y sudando el
+quilo, cuando tan buena vida podríais llevar bajo las banderas del rey.
+Miradme á mí. ¿Qué tengo que hacer? Lo que dice la canción que acabáis
+de oir: la mano en la cuerda, la cuerda en la flecha y la flecha en el
+blanco. Que es precisamente lo que vosotros hacéis como distracción y
+pasatiempo los domingos, después del rudo trabajo de la semana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y la paga? preguntó uno.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya lo estáis viendo: como bien, bebo mejor, convido á quien me
+place, no pido favores á nadie y le traigo á mi novia telas de seda y
+brocado dignas de una princesa. ¿Qué os parece la paga, <i>mes garçons</i>?
+¿Y qué del montón de chucherías y dijes que véis en aquel rincón? Todo
+ello viene en derechura del sur de Francia, donde hemos hecho la última
+campaña. ¿Cuándo esperáis ganar vosotros la centésima parte de ese
+botín?</p>
+
+<p>&mdash;Rico es, á fe mía, dijo el sacamuelas.</p>
+
+<p>&mdash;Y luego, la posibilidad de embolsarse un buen rescate. ¿No sabéis lo
+que pasó hace pocos años en las batallas de Crécy y de Poitiers? No hubo
+hombre de armas ni paje ó escudero inglés que no hiciera prisionero por
+lo menos á un rico barón, conde ó alto caballero francés. Ahí está mi
+primo Roberto, un gañán como hay pocos, que al empezar la retirada del
+enemigo en Poitiers puso sus manazas sobre el paladín francés Amaury de
+Chateauville, dueño y señor de cien villas y castillos, quien tuvo que
+aprontar cinco mil libras de oro por su rescate, amén de dos caballos
+soberbios con riquísimas preseas. Cierto que el zafio de Roberto no
+tardó en quedarse sin blanca, gracias á una mozuela francesa, linda como
+una perla y más lista que una ardilla.<a name="page_052" id="page_052"></a> Pero esas son cuentas suyas, y
+además ¿no se han hecho las doblas para gastarlas, sobre todo en
+compañía de un buen palmito? ¿Verdad, <i>ma belle</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Bien dicen que nuestros valientes arqueros vuelven al país no sólo
+ricos sino corteses, replicó la Rojana, á quien habían impresionado
+vivamente la franqueza, el buen humor y la generosidad de su nuevo
+huésped.</p>
+
+<p>&mdash;¡Á vuestra salud, ojos de cielo! fué la réplica del galante soldado,
+levantando su vaso y sonriendo á la ventera.</p>
+
+<p>&mdash;Una cosa no veo yo muy clara, señor arquero, dijo el estudiante de
+Exeter. Y es que habiendo firmado nuestro buen príncipe el tratado de
+Bretigny con el soberano francés, después de nuestras recientes y
+grandes victorias, nos habléis de guerra con Francia y de rescates y
+botines....</p>
+
+<p>&mdash;Lo cual quiere decir que yo miento, barbilindo, interrumpió el
+soldado, asiendo por las patas el enorme capón asado que delante tenía,
+como si fuese una maza de combate.</p>
+
+<p>&mdash;Líbreme Dios de semejante atrevimiento, exclamó apresuradamente el
+jovencillo. De allá venís vos, y quizás traigáis nuevas nunca oídas
+todavía en Inglaterra. La tregua con Francia no ha de ser eterna....</p>
+
+<p>&mdash;Ni mucho menos. Pero aun cuando es muy cierto, como decís, que hoy por
+hoy no estamos á rompernos los huesos con los soldados del rey Carlos,
+vuestra pregunta prueba que sois novicio en achaques de guerra. Habéis
+de saber que en tierra de Francia continúan los cintarazos, porque andan
+como siempre divididos y en armas brabantinos, nanteses, gascones y
+aventureros de todas clases, sin contar numerosas bandas de rufianes sin
+bandera, que cercan y saquean ciudades y dan y reciben cuchilladas sin
+cuento. Y malo sería que cuando cada quisque tiene la mano en la
+garganta del vecino y cada baroncillo marcha al frente de su mesnada
+contra el primero que se le ponga en el camino, no tuvieran medios de
+ganarse la vida en aquel río revuelto los quinientos arqueros ingleses
+que forman la invencible Guardia Blanca. No son tantos ahora, porque el
+caballero de Montclus se llevó un centenar de ellos en su expedición á
+Milán contra el Marqués de Monferrato; pero cuento reclutar yo mismo
+aquí no pocos muchachos<a name="page_053" id="page_053"></a> ganosos de honra y provecho, y completar con
+ellos las filas del cuerpo más lucido que hoy campea bajo la bandera de
+San Jorge. Lo único que nos falta es que Sir León de Morel se avenga á
+dejar su castillo una vez más y á empuñar la espada, poniéndose al
+frente de nuestros arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;No sería poca fortuna para ellos, observó el físico, porque
+exceptuando á nuestro príncipe y al noble señor de Chandos, no hay en
+todo el reino mejor lanza, ni valor más probado que el de Sir León de
+Morel.</p>
+
+<p>&mdash;Habláis como un libro, que yo le he visto batir el cobre y apenas hay
+quien le iguale. Nadie lo diría, con su cuerpecillo de paje, sus
+corteses maneras y su suave voz; pero ¡por mi espada! desde que nos
+embarcamos en Orvel hasta el sitio de París, y de esto hace ya casi
+veinte años, no hubo caballero inglés que diera mejor ejemplo, ni
+escaramuza, emboscada, asalto ó salida en que él no figurase en primera
+línea. En busca suya voy al castillo de Monteagudo, antes de reclutar mi
+gente, para entregarle una carta de Sir Claudio Latour, rogándole que
+ocupe el mando vacante por la partida de Montclus. Pero no quisiera
+presentarme a él solo, sino por lo menos con un buen par de futuros
+arqueros blancos.... ¿Qué dices tú á eso, ganapán? preguntó Simón
+dirigiéndose á un atlético leñador.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer y tres hijos tengo en mi cabaña, replicó éste y no puedo
+dejarlos por servir al rey.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tú, mocito?</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy hombre de paz, contestó Roger, y además tengo otra misión muy
+distinta.</p>
+
+<p>&mdash;¡No estáis vosotros malas gallinas! ¿Dónde están los hombres de Dunán,
+de Malvar, de Balsain? ¿No hay ya más que mujeres en Corvalle y Vernel?
+Pues entonces ¡rayos y truenos! ¿por qué no vestís guardapiés y cofia y
+os ponéis á manejar la rueca, que no á beber con hombres?</p>
+
+<p>En aquel momento cayó una pesada mano sobre el hombro de Simón, la
+manaza de Tristán de Horla, á quien se oyó decir con gran calma:</p>
+
+<p>&mdash;Sois un embustero de tomo y lomo, señor arquero, como lo prueban las
+patrañas que nos endilgáis hace media hora; y sois además un deslenguado
+y os abofetearé lindamente si repetís las palabras que acabáis de
+decir.<a name="page_054" id="page_054"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, <i>mon garçon</i>! gritó el arquero riendo á carcajadas. Ya sabía
+yo que de haber un hombre en el corro no me costaría trabajo
+descubrirlo. ¿Conque tú quieres abofetearme, eh? Pues mira, otra cosa te
+propongo. Una lucha en regla. No á puñadas, porque yo tengo mi plan y no
+quiero echar á perder esa cara de pascua que Dios te ha dado. Nos
+plantamos aquí en medio de la sala, nos agarramos cómo y por dónde
+podamos, y si tú me derribas te regalo aquel soberbio cobertor de pluma,
+que gané en la toma de Narbona y que no tiene igual ni en la cámara del
+rey....</p>
+
+<p>&mdash;Qué me place, asintió Tristán, quitándose apresuradamente ropilla y
+jubón y dejando ver los poderosos músculos de su cuello, pecho y brazos.
+Venid, arquero; ya podéis despediros de vuestro cobertor, y por lo menos
+de un par de huesos que voy á romperos contra el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;Eres todo un hombre, cabeza roja, exclamó el arquero con gran risa,
+poniendo á un lado su jarro y apretando el ancho cinto de cuero.</p>
+
+<p>&mdash;Esperad, un momento, dijo un montero. Ya sabemos lo que el soldado
+apuesta; pero si vos perdéis, amigo Tristán ¿qué ganará con ello el
+otro?</p>
+
+<p>&mdash;Yo nada tengo que apostar, replicó Tristán muy contrariado y mirando á
+Simón.</p>
+
+<p>&mdash;Sí tienes, gigante mío, sí tienes, dijo éste. Si me derribas, te
+llevas el cobertor de una princesa; pero si te derribo yo, me llevo tu
+cuerpo, sin ser el diablo, y lo alisto por cuatro años en la Guardia
+Blanca, con otros mocetones como tú que espero llevarme á Francia y que
+si escapan con vida me lo han de agradecer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eso es! Justa es la propuesta, exclamaron tres ó cuatro voces.</p>
+
+<p>&mdash;Aceptado, y basta de charla, dijo Tristán adelantando el pie
+izquierdo, echando hacia atrás el cuerpo y abriendo y cerrando las
+enormes manos.</p>
+
+<p>El arquero, aunque de estatura mucho menor, tenía músculos de acero y
+era luchador experto. Acercóse con cauto paso á su adversario, que le
+miraba con ceño, erizada la roja cabellera y pronto á asirle entre sus
+garras. Sonrióse el arquero, y de pronto se lanzó sobre su contrincante
+con la velocidad del rayo, rodeó con su pierna la de Tristán y
+enlazándole<a name="page_055" id="page_055"></a> la cintura con sus nervudos brazos, procuró hacer caer de
+espaldas al gigante. Pocos hombres hubieran resistido aquel ataque
+furioso, pero Tristán, sin perder pie, dió al arquero una sacudida
+terrible y lo arrojó contra la pared como disparado por una catapulta.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Ma foi!</i> En poco ha estado que te ganaras el cobertor y me hicieras
+abrir con la cabeza una ventana más en esta honrada hostelería, dijo el
+sorprendido soldado, que á duras penas pudo conservar el equilibrio.
+Probemos otra vez.</p>
+
+<p>Y volviendo al centro de la estancia fingió repetir su ataque anterior;
+inclinóse Tristán para echarle mano, tomando así la actitud que deseaba
+Simón, quien con rapidez increíble lo asió por ambas piernas, ó más bien
+se lanzó contra ellas, obligando á Tristán á caer hacia adelante y sobre
+las espaldas del arquero y de ellas de cabeza al suelo. Graves
+consecuencias hubiera tenido el golpazo para nuestro exnovicio, á no
+haberlo dado de lleno en la panza del malhadado pintor, que seguía
+durmiendo la mona en su rincón, ajeno á cuanto en la venta ocurría.
+Despertóse sobresaltado y dando grandes gritos, hiciéronle coro los
+espectadores con sus carcajadas y bravos; pero sobre todo aquel
+estrépito se oyeron las voces estentóreas del vencido atleta, pidiendo
+que continuase la lucha.</p>
+
+<p>&mdash;¡Otra vez, otra vez! ¡Venid, arquero y por San Pacomio que os he de
+estrujar como un guiñapo!</p>
+
+<p>&mdash;No en mis días, replicó Simón abrochando su coleto. Vencido estás en
+buena lid y no eres tú falderillo con quien se pueda jugar á menudo y
+sin riesgo.</p>
+
+<p>&mdash;¿En buena lid, decís? Ha sido una trampa infame....</p>
+
+<p>&mdash;No trampa, sino una jugarreta muy conocida de los luchadores franceses
+y que añadirá un magnífico recluta á las filas de la Guardia Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto á eso, repuso Tristán, no me pesa haber perdido, pues hace una
+hora resolví irme con vos, que me placen vuestro talante y la vida de
+soldado, para la que me creo nacido. Sin embargo, hubiera querido daros
+una costalada y ganarme el cobertor de pluma.</p>
+
+<p>&mdash;No lo dudo, <i>mon ami</i>, pero de tí depende buscarte un par de ellos
+donde abundan y con tus propios puños. ¡Á<a name="page_056" id="page_056"></a> tu salud! ¿Pero qué le pasa
+al menguado ese, que tanto berrea?</p>
+
+<p>Referíanse estas últimas palabras al dolorido pintor, que seguía sentado
+en su rincón y poniendo el grito en el cielo. De repente se levantó y
+mirando al corro con ojos espantados exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios me valga! ¡No bebáis! La cerveza, el vino... ¡envenenados! y
+llevándose ambas manos al vientre echó á correr, traspuso la puerta y
+desapareció en la obscuridad, dejando á Simón, Tristán y demás bebedores
+desternillándose de risa.</p>
+
+<p>Poco después se retiraron á sus casas algunos de éstos y á sus no muy
+blandos lechos los huéspedes de la tía Rojana. Roger, cansado de cuerpo
+y espíritu, cayó pronto en profundo mas no sosegado sueño y se imaginó
+presenciar ruidoso aquelarre en el que figuraban, á vueltas con sendas
+brujas y trasgos, juglares, pordioseros, monjes, soldados y los muchos y
+muy curiosos tipos congregados aquella noche en la posada del <i>Pájaro
+Verde</i>.<a name="page_057" id="page_057"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_VII" id="CAPITULO_VII"></a>CAPÍTULO VII<br /><br />
+<small>DE CÓMO LOS CAMINANTES ATRAVESARON EL BOSQUE</small></h3>
+
+<p>A<small>L</small> romper el alba estaba ya la buena ventera atizando el fuego en la
+cocina, malhumorada con la pérdida de los doce sueldos que le debía el
+estudiante de Exeter, quien aprovechando las últimas sombras de la noche
+había tomado su hatillo y salido calladamente de la hospitalaria casa.
+Los lamentos de la tía Rojana y el cacareo de las gallinas que
+tranquilamente invadieron la sala común apenas abrió aquella la puerta
+de la venta, no tardaron en despertar á los huéspedes. Terminado el
+frugal desayuno, púsose en camino el físico, caballero en su pacífica
+mula y seguido á corta distancia por el sacamuelas y el músico,
+amodorrado éste todavía á consecuencia de los jarros de cerveza de la
+víspera. Pero el arquero Simón, que había bebido tanto ó más que los
+otros, dejó el duro lecho más alegre que unas castañuelas, cantando á
+voz en cuello <i>Los Amores de Albuino</i>, trova muy popular á la sazón; y
+después de besar á la patrona y de perseguir á la criada hasta el
+desván, se fué al arroyo cercano, en cuyas cristalinas aguas sumergió
+repetidas veces la cabeza, "como en campaña," según decía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Á dónde os encamináis esta mañana, moro de paz? preguntó á Roger
+apenas le vió.</p>
+
+<p>&mdash;Á Munster, á casa de mi hermano, donde permaneceré probablemente algún
+tiempo, contestó Roger. Decidme lo que os debo, buena mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo que vos me debéis? exclamó la ventera, que contemplaba admirada la
+muestra pintada por el joven la noche anterior. Decid más bien cuánto os
+debo yo, señor pintor. ¡Este sí que es un pájaro y no un muñeco; venid
+aquí, vosotros, y contemplad esta bella enseña!<a name="page_058" id="page_058"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, y tiene los ojos de color de fuego! exclamó la criada.</p>
+
+<p>&mdash;Y unas garras y un pico que dan miedo, dijo Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Miren el niño, y qué callado lo tenía, comentó el arquero. Es ese un
+gran pájaro y una bonita enseña para vos, patrona.</p>
+
+<p>Complacido quedó el modesto artista al oir aquellos espontáneos elogios,
+y no menos al pensar que en la vida no todo eran rencores, luchas,
+crímenes y engaño, sino que podía ofrecer también momentos de legítima
+satisfacción. La ventera se negó redondamente á recibir un solo sueldo
+de Roger por su hospedaje, y el arquero y Tristán lo sentaron á la mesa
+entre ambos, invitándole á compartir su abundante almuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;No me sorprendería saber, dijo Simón, que también sabes leer
+pergaminos, cuando tan listo eres con pinceles y colores.</p>
+
+<p>&mdash;Gran vergüenza sería para mí y para los buenos religiosos de Belmonte,
+que yo no supiera leer, contestó Roger. Como que he sido amanuense del
+convento por cinco años, y á los monjes debo todo lo que sé.</p>
+
+<p>&mdash;¡Este mozalbete es un prodigio! exclamó el arquero mirándole con
+admiración. ¡Y sin pelo de barba y con esa cara de niña! Cuidado que yo
+le pego un flechazo al blanco, por pequeño que sea y á trescientos
+cincuenta pasos, cosa que no pueden hacer muchos y muy buenos arqueros
+de ambos reinos; pero que me ahorquen si puedo leer mi nombre trazado
+con esos garabatos que vosotros usáis. En toda la Guardia Blanca un solo
+soldado sabía leer y recuerdo que se cayó en una cisterna durante el
+asalto de Ventadour; lo que prueba que el leer y escribir no es para
+hombres de guerra, por mucho que le pueda servir á un amanuense.</p>
+
+<p>&mdash;También yo entiendo algo de letra, dijo Tristán con la boca llena; por
+más que no estuve bastante tiempo con los monjes para aprenderlo bien,
+que ello es cosa de mucho intríngulis.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí? Pues aquí tengo yo algo que te permitirá lucirte, repuso el
+arquero, sacando del pecho un pergamino que entregó á Tristán. Era un
+delgado rollo, firmemente sujeto con una cinta de seda roja y cerrado
+por ambos extremos<a name="page_059" id="page_059"></a> con grandes sellos de igual color. El exnovicio miró
+y remiró largo tiempo la inscripción exterior, contraídas las cejas y
+medio cerrados los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Como no he leído mucho estos días, acabó por decir, no estoy del todo
+seguro de lo que aquí reza. Yo puedo creer que dice una cosa y otro
+puede leer otra muy diferente. Pero á juzgar por lo largo de las líneas,
+paréceme que se trata de unos versículos de la Biblia.</p>
+
+<p>&mdash;No estás tu mal versículo, camarada, dijo Simón moviendo la cabeza
+negativamente. Lo que es á mí no me haces creer que el señor Claudio
+Latour, valiente capitán si los hay, me ha hecho cruzar el canal sin más
+embajada que una salmodia. Pasa el rollo al mocito y apuesto un escudo á
+que nos lo lee de golpe.</p>
+
+<p>&mdash;Pues por lo pronto, esto no es inglés, dijo Roger apenas leyó algunas
+palabras. Está escrito en francés, con muy primorosa letra por cierto, y
+traducido dice así: "Al muy alto y muy poderoso Barón León de Morel, de
+su fiel amigo Claudio Latour, Capitán de la Guardia Blanca, castellano
+de Biscar, señor de Altamonte y vasallo del invicto Gastón, Conde de
+Foix, señor de alta y baja justicia."</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tal? dijo el arquero recobrando el precioso documento. Vales
+mucho, chiquillo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me figuraba yo que decía algo por el estilo, comentó Tristán, pero
+me callé porque no entendí eso de alta y baja justicia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vive Dios y qué bien lo entenderías si fueras francés! Lo de baja
+justicia quiere decir que tu señor tiene el derecho de esquilmarte, y la
+alta justicia lo autoriza para colgarte de una almena, sin más
+requilorios. Pero aquí está la misiva que debo llevar al barón de Morel,
+limpios quedan los platos y seco el jarro; hora es ya de ponernos en
+camino. Tú te vienes conmigo, Tristán, y cuanto al barbilindo ¿á dónde
+dijiste que ibas?</p>
+
+<p>&mdash;Á Munster.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí! Conozco bien este condado, aunque nací en el de Austin, en la
+aldehuela de Cando, y nada tengo que decir contra vosotros los de
+Hanson, pues no hay en la Guardia Blanca arqueros ni camaradas mejores
+que los que aprendieron á tirar el arco por estos contornos. Iremos<a name="page_060" id="page_060"></a>
+contigo hasta Munster, muchacho, ya que eso poco nos apartará de nuestro
+camino.</p>
+
+<p>&mdash;¡Andando! exclamó alegremente Roger, que se felicitaba de continuar su
+viaje en tan buena compañía.</p>
+
+<p>&mdash;Pero antes importa poner mi botín en seguridad y creo que lo estará
+por completo en esta venta, de cuya dueña tengo los mejores informes.
+Oid, bella patrona. ¿Véis esos fardos? Pues quisiera dejarlos aquí, á
+vuestro cuidado, con todas las buenas cosas que contienen, á excepción
+de esta cajita de plata labrada, cristal y piedras preciosas, regalo de
+mi capitán á la baronesa de Morel. ¿Queréis guardarme mi tesoro?</p>
+
+<p>&mdash;Descuidad, arquero, que conmigo estará tan seguro como en las arcas
+del rey. Volved cuando queráis, que aquí habréis de hallarlo todo
+intacto.</p>
+
+<p>&mdash;Sois un ángel, <i>bonne amie</i>. Es lo que yo digo: tierra y mujer
+inglesas, vino y botín franceses. Volveré, sí, no sólo á buscar mi
+hacienda sino por veros. Algún día terminarán las guerras, ó me cansaré
+yo de ellas, y vendré á esta tierra bendita para no dejarla más,
+buscándome por aquí una mujercita tan retrechera como vos.... ¿Qué os
+parece mi plan? Pero ya hablaremos de esto. ¡Hola, Tristán! Á paso
+largo, hijos míos, que ya el sol ha traspuesto la cima de aquellos
+árboles y es una vergüenza perder estas horas de camino. <i>¡Adieu, ma
+vie!</i> No olvidéis al buen Simón, que os quiere de veras. ¡Otro beso!
+¿No? Pues adiós, y que San Julián nos depare siempre ventas tan buenas
+como ésta.</p>
+
+<p>Hermoso y templado día, que convirtió en gratísimo paseo el camino de
+los tres amigos hasta Dunán, en cuyas calles vieron numerosos hombres de
+armas, guardias y escuderos de la escolta del rey y de sus nobles,
+hospedados por entonces en el vecino castillo de Malvar, centro de las
+reales cacerías. En las ventanas de algunas casas menos humildes y
+destartaladas que las restantes se veían pequeños escudos de armas que
+señalaban el alojamiento de un barón ó hidalgo de los muchos que no
+había sido posible aposentar en el castillo. El veterano arquero, como
+casi todos los soldados de la época, reconoció fácilmente las armas y
+divisas de muchos de aquellos caballeros.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí está la cabeza del Sarraceno, iba diciendo á sus<a name="page_061" id="page_061"></a> compañeros; lo
+cual prueba que por aquí anda Sir Bernardo de Brocas, á quien esas armas
+pertenecen. Yo le ví en Poitiers, en la última acometida que dimos á los
+elegantes caballeros franceses y os aseguro que peleó como un león. Es
+montero mayor de Su Alteza y trovador como hay pocos, pero no iguala al
+señor de Chandos, que canta unas trovas alegres con más gracia que
+nadie. Tres águilas de oro en campo azul; ese es uno de los Lutreles,
+dos hermanos á cual más esforzado. Por la media luna que va encima juzgo
+que debe de ser la divisa de Hugo Lutrel, hijo mayor del viejo
+condestable, á quien retiramos del campo de batalla de Romorantín con el
+pie atravesado por un dardo. Allí á la izquierda campea el casco con
+plumas rizadas de los Debrays. Serví un tiempo á las órdenes del señor
+Rolando Debray, gran bebedor y buena lanza, hasta que la gordura le
+impidió montar á caballo.</p>
+
+<p>Así continuó comentando Simón, atentamente escuchado por Roger, mientras
+su hercúleo compañero contemplaba con interés los grupos de pajes y
+escuderos, los magníficos lebreles y los mozos que limpiaban armas y
+monturas ó discutían sobre los méritos de los corceles pertenecientes á
+sus señores respectivos. Al pasar frente á la iglesia se abrieron las
+puertas de ésta para dar salida á numeroso grupo de fieles. Roger dobló
+la rodilla y se descubrió, pero antes de que terminara su corta oración
+ya habían desaparecido sus dos compañeros en el recodo que más allá de
+la iglesia formaba la calle del pueblo y Roger tuvo que correr para
+alcanzarlos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! exclamó. ¿Ni siquiera un avemaría ante las abiertas puertas de
+la casa del Señor? ¿Así esperáis que Él bendiga vuestra jornada?</p>
+
+<p>&mdash;Amigo, repuso Tristán, he rezado tanto en los últimos dos meses, no
+sólo al levantarme y acostarme sino en maitines, laudes y vísperas, que
+todavía me da sueño al pensar en ello y creo que tengo rezos anticipados
+para algunas semanas por lo menos.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca están demás las oraciones, observó Roger con calor. Es lo único
+que puede valernos. ¿Qué es, sino una bestia, el hombre para quien la
+vida se reduce á comer, beber y dormir? Sólo cuando se acuerda del
+inmortal espíritu que lo anima se eleva y se convierte en hombre, en
+sér<a name="page_062" id="page_062"></a> racional. ¡Pensad cuán triste sería que el Redentor hubiese
+derramado en vano su preciosa sangre!</p>
+
+<p>&mdash;¡Tate, y qué gran cosa es el muchacho éste, que se ruboriza como una
+doncella y al propio tiempo sermonea como todo el sacro Colegio de
+Cardenales! exclamó el arquero. Y á propósito, ya que de la muerte de
+Nuestro Señor nos hablas, juro que no puedo pensar en ello sin desear
+que aquel bribón de Judas Iscariote, que por la cuenta debió de ser
+francés, hubiese venido por estas tierras, para tener el gusto de
+pegarle cien flechazos, desde los pies hasta la coronilla. Y no fueron
+menos canallas los que crucificaron á Jesús. Por mi parte, la muerte que
+prefiero es la que se recibe en el campo de batalla, cerca de la gran
+bandera roja con su león rampante, entre las voces de los combatientes,
+el chocar de las armas y el silbido de las flechas. Pero eso sí, máteme
+lanza, espada ó dardo, caiga yo á los golpes del hacha de combate ó
+atravesado por alabarda ó daga; pero me parecería una vergüenza recibir
+la muerte de una de esas bombardas que ahora empiezan á usar gentes
+cobardes, que derrengan á un valiente desde lejos y son más propias para
+asustar mujercillas y niños con sus fogonazos y estampidos que para
+habérselas con hombres de pelo en pecho.</p>
+
+<p>&mdash;Algo he leído en el claustro sobre esas nuevas máquinas de guerra,
+dijo Roger. Y á duras penas comprendo cómo una bombarda pueda lanzar
+pesada esfera de hierro á doble distancia que la alcanzada por la flecha
+del mejor arquero, y con fuerza suficiente á destrozar armaduras y batir
+murallas.</p>
+
+<p>&mdash;Así es, en efecto. Pero también es cierto que mientras los noveles
+armeros limpiaban sus bombardas y les hacían tragar un polvo negro que
+debe de ser obra del diablo y les atacaban una de sus pelotas de hierro,
+nosotros los arqueros blancos solíamos atizarles hasta diez flechazos
+cada uno, dejando ensartados y tendidos á buen número de aquellos
+bellacos, que Dios confunda. Sin embargo, no negaré que en el cerco de
+una plaza ó una fortaleza, las compañías de pedreros y bombardas prestan
+magno servicio y abren á los verdaderos soldados la brecha que
+necesitamos para ir á verle de cerca la cara al enemigo.... Pero ¿qué
+esto? Alguien gravemente herido ha pasado hace poco por aquí. ¡Mirad!<a name="page_063" id="page_063"></a></p>
+
+<p>Al decir esto señalaba y seguía el soldado un rastro de sangre que teñía
+la hierba y las piedras del camino.</p>
+
+<p>&mdash;Un ciervo herido, quizás....</p>
+
+<p>&mdash;No lo creo. Soy bastante buen cazador para descubrir su pista, si
+alguno hubiera pasado por aquí. Quienquiera que sea, no anda lejos.
+¿Oís?</p>
+
+<p>Los tres se pusieron á escuchar. De entre los árboles del bosque llegaba
+hasta ellos el ruido de unos golpes dados á intervalos regulares, el eco
+de ayes y lamentos dolorosos y una voz que entonaba acompasado canto.
+Llenos de curiosidad, se adelantaron rápidamente y vieron entre los
+árboles á un hombre alto, delgado, que vestía largo hábito blanco y
+andaba lentamente, inclinada la cabeza y cruzadas las manos. Abierto y
+caído el hábito desde los hombros hasta la cintura, dejaba descubiertas
+las espaldas, que aparecían cárdenas y ensangrentadas, dejando correr
+hilos de sangre que manchaban la túnica y goteaban sobre el suelo. Iba
+tras él otro individuo de menor estatura y más edad, vestido como el
+primero y con un libro abierto en la mano izquierda, al paso que la
+derecha empuñaba unas largas disciplinas, con las que azotaba cruelmente
+á su compañero al terminar la lectura de cada una de las oraciones que
+en francés salmodiaba.</p>
+
+<p>Asombrados contemplaban nuestros viajeros el inesperado espectáculo,
+cuando el azotador entregó libro y disciplinas á su compañero y
+descubrió sus propias espaldas, de las que muy pronto empezó á correr la
+sangre, á los zurriagazos furibundos que le daba su verdugo. Cosa
+extraña y nueva aquella para Roger y Tristán, mas no para el arquero.</p>
+
+<p>&mdash;Son los Penitentes, dijo; unos frailes que á cada paso encontrábamos
+en Francia y muy numerosos en Italia y Bohemia, pero apenas conocidos
+todavía en Inglaterra, donde ciertamente no esperaba yo verlos. Aun los
+pocos que aquí hay son todos extranjeros, según me han dicho. <i>¡En
+avant!</i> Pongámonos al habla con esos reverendos que en tan poco estiman
+su pellejo.</p>
+
+<p>&mdash;Bastante os habéis azotado ya, padres míos, les dijo el arquero en
+buen francés al llegar junto á los penitentes. Largo es el reguero de
+vuestra sangre en el camino. ¿Por qué os maltratáis de esa manera?<a name="page_064" id="page_064"></a></p>
+
+<p>&mdash;<i>¡C'est pour vos péchés, pour vos péchés!</i> murmuraron ambos, fijando
+en los recienllegados sus tristes miradas. Y volvieron á manejar las
+disciplinas tan vigorosamente como antes, sin atender á las palabras y
+súplicas de los desconocidos, quienes renunciaron á seguir contemplando
+aquel triste cuadro ya que no podían impedirlo, y se pusieron
+apresuradamente en camino.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por vida de los babiecas estos! exclamó Simón. Si mis pecados
+necesitan sangre que los lave, más de dos azumbres de la que corre por
+mis venas he dejado yo en tierra de Francia; pero perdida en buena lucha
+y no friamente y gota á gota, como la derraman los penitentes sin más ni
+más. Pero ¿qué es eso, mocito? Estás más blanco que las famosas plumas
+del casco de Montclus, que nos servían para reconocerle y seguirle allá
+en Narbona. ¿Qué te pasa?</p>
+
+<p>&mdash;No es nada, dijo Roger. No estoy acostumbrado á ver correr la sangre
+humana.</p>
+
+<p>&mdash;Caso extraño es para mí, dijo el veterano, que quien tan bien piensa y
+mejor habla tenga el corazón tan débil....</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto ahí! exclamó Tristán. No es flaqueza de ánimo, que yo conozco
+bien á este muchacho. Su corazón es tan entero como el tuyo ó el mío; lo
+que hay es que tiene en su mollera mucho más de lo que tú tendrás nunca
+debajo de ese puchero de peltre que te cubre el cráneo y por
+consiguiente ve más allá y siente más hondo que nosotros, y se afecta
+con lo que no puede afectarnos.</p>
+
+<p>&mdash;No hay duda que para mirar con indiferencia correr la sangre se
+requiere aprendizaje, asintió Simón, después de reirse de la
+irrespetuosa salida de su recluta.</p>
+
+<p>&mdash;Estos religiosos extranjeros me parecen gente muy santa, observó
+Roger, pues de lo contrario no se impondrían tan cruel martirio en
+satisfacción de pecados ajenos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo me río de ellos y de sus azotes, salmos y melindres, dijo
+Tristán. ¿Á quién aprovecha la sangre que derraman? Déjate de simplezas,
+Roger, que después de todo esos frailes pueden ser muy bien como algunos
+que tú y yo conocemos, ¿eh? Más les valiera dejar tranquilas sus
+espaldas y no meterse á redentores sino ser algo más humildes, que á la
+legua se les trasluce el orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por el rabo de Satanás, recluta, jamás creí que con<a name="page_065" id="page_065"></a> esa cabeza color
+de zanahoria pudieras tú pensar cosas tan discretas! Diga lo que quiera
+el sabio Roger, ni este arquero, ni por lo visto este mameluco rojo,
+creerán jamás que al buen Dios le guste ver á los hombres, frailes ó no
+frailes, abriéndose las carnes con un rebenque. De seguro que mira con
+mejores ojos á un soldado franco y alegre como yo, que nunca ofendió al
+vencido ni volvió la espalda al enemigo.</p>
+
+<p>&mdash;Pensáis como podéis, y creéis decir bien, repuso Roger. Pero ¿acaso
+imagináis que no hay en el mundo otros enemigos que los guerreros
+franceses, ni más gloria que la que pueda alcanzarse combatiéndolos? Vos
+tendríais por esforzado campeón al que en un solo día venciese á siete
+poderosos rivales. Pues ¿qué me decís del justo que ataque, venza y
+subyugue á esos otros siete y más poderosos enemigos del alma, los
+pecados capitales, con algunos de los cuales ha de durar su lucha años
+enteros? Esos campeones que yo admiro son los modestos servidores de
+Dios que mortifican la carne para dominar el espíritu. Los admiro y los
+respeto.</p>
+
+<p>&mdash;Sea en buen hora, <i>mon petit</i>, y nadie te lo ha de impedir mientras yo
+ande cerca. Para predicador no tienes precio. Como que me recuerdas al
+difunto padre Bernardo, que fué un tiempo capellán de la Guardia Blanca
+y que era un ángel con verrugas y cabellos canos. Por cierto que en la
+batalla de Brignais lo atravesó con su pica un soldado tudesco al
+servicio del rey de Francia, sacrilegio por el cual obtuvimos que el
+Papa de Avignón excomulgara al matador. Pero como nadie le conocía y
+sólo sabíamos de él que era bajo y rechoncho y manejaba la pica como un
+ariete, es de temer que la excomunión no le haya alcanzado, ó lo que es
+peor, que haya recaído sobre algún otro maldito tudesco de los muchos
+que dejan su tierra para dejar después el pellejo en Francia.</p>
+
+<p>Rióse Roger de los fantásticos conocimientos canónicos del veterano, á
+quien preguntó si la valiente Guardia Blanca había llegado en efecto
+hasta Avignón y doblado la rodilla ante el sucesor de San Pedro.</p>
+
+<p>&mdash;No lo dudes, chiquillo, contestó Simón. Dos veces he visto yo al Papa
+Urbano con mis propios ojos. Es, ó era, porque en el campamento se habló
+hace poco de su<a name="page_066" id="page_066"></a> muerte, un viejecillo chiquitín, con ojos muy grandes,
+nariz encorvada y un mechón de pelo blanco en la barba. La primera vez
+le sacamos diez mil ducados, pero gritó y se enfureció de mala manera.
+La segunda entrevista fué para pedirle veinte mil ducados más, y te
+aseguro que armó un cisco feroz. Tres días de reyertas y cabildeos nos
+costó antes de que nuestro capitán nos llamara para recibir y conducir
+las talegas que contenían las doblas de oro. Yo he creído siempre que
+hubiéramos salido mejor librados saqueando el palacio del Papa, pero los
+jefes ingleses se opusieron á ello. Recuerdo que un cardenal vino á
+preguntarnos si preferíamos recibir quince mil ducados con una
+indulgencia plenaria para cada arquero, ó veinte mil ducados con la
+maldición de Urbano V. En todo el campo no hubo más que una opinión:
+veinte mil ducados. Sin embargo nuestro capitán acabó por ceder y
+recibimos la bendición apostólica contra toda nuestra voluntad y un sin
+fin de indulgencias. Quizás valiera más así, porque bien las
+necesitábamos los arqueros blancos por aquel entonces.</p>
+
+<p>El piadoso Roger escuchaba horrorizado aquellos detalles. Las creencias
+de toda su vida, su profundo respeto por la dignidad pontificia, la
+veneración que profesaba al jefe visible de la Iglesia, todo le
+impulsaba á protestar contra la escandalosa irreverencia del soldado.
+Parecíale que con solo escuchar el impío relato había pecado él mismo;
+que el sol debía ocultar sus brillantes rayos tras negras nubes y trocar
+el campo sus alegres galas por la desolación y la tristeza del desierto.
+Sólo recobró un tanto la perdida calma cuando se hubo postrado de
+hinojos ante una de las toscas cruces inmediatas al camino y orado
+fervorosamente, pidiendo para el arquero y para sí mismo el perdón del
+Cielo.<a name="page_067" id="page_067"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_VIII" id="CAPITULO_VIII"></a>CAPÍTULO VIII<br /><br />
+<small>LOS TRES AMIGOS</small></h3>
+
+<p>T<small>RISTÁN</small> y Simón siguieron andando. Al terminar Roger sus oraciones
+recogió bastón y hatillo y corriendo como un gamo no tardó en llegar á
+una cabaña situada á la izquierda del sendero y rodeada de una cerca,
+junto á la cual estaban el arquero y su recluta, mirando á dos niños de
+unos ocho y diez años respectivamente; plantados ambos en medio del
+jardinillo que cercaba la casa, silenciosos é inmóviles, fija la vista
+en los árboles del otro lado del camino y teniendo en la mano izquierda,
+extendido horizontalmente el brazo, unos largos palos á manera de pica ó
+alabarda, parecían dos soldados en miniatura. Eran ambos de agraciadas
+facciones, azules ojos y rubio cabello; el bronceado color de su tez era
+claro indicio de la vida que hacían al aire libre en la soledad del
+frondoso bosque.</p>
+
+<p>&mdash;¡De tal palo tal astilla! gritaba regocijado el buen Simón al llegar
+Roger. Esta es la manera de criar chiquillos. ¡Por mi espada! yo mismo
+no hubiera podido adiestrarlos mejor.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué es ello? preguntó Roger. Parecen dos estatuas. ¿Les pasa
+algo?</p>
+
+<p>&mdash;No, sino que están acostumbrando y fortaleciendo el brazo izquierdo
+para sostener debidamente, cuando sean hombres, el pesado arco de
+combate. Así mismo me enseñó mi padre y seis días de la semana tenía que
+aguantarme en esa posición lo menos una hora por día, sosteniendo á
+brazo tendido el pesado bastón herrado de mi padre, hasta que el brazo
+me parecía de plomo. ¡Hola, bribonzuelos! ¿cuánto os falta todavía?<a name="page_068" id="page_068"></a></p>
+
+<p>&mdash;Hasta que el sol salga por encima de aquel roble más alto y nos haga
+cerrar los ojos, contestó el mayor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué váis á ser vosotros? ¿Pecheros, leñadores?</p>
+
+<p>&mdash;¡No, arqueros! dijeron ambos á una voz.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien contestado, granujas! Ya se echa de ver que vuestro padre es de
+los míos. Pero ¿qué haréis cuando seáis soldados?</p>
+
+<p>&mdash;Matar escoceses, dijo el chiquitín frunciendo el ceño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Acabáramos! ¿Y qué entuerto os han hecho los pobres súbditos del rey
+Roberto? Sé que las galeras de España y Francia no han andado muy lejos
+de Southampton en estos últimos tiempos, pero dudo que los escoceses
+asomen por aquí ahora ni en muchos años.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nosotros, insistió el mayor de los niños, aprendemos á manejar el
+arco para matar escoceses, y no franceses ni españoles, porque aquéllos
+fueron los que cortaron los dedos á nuestro padre, para que no pudiera
+volver á manejar su arco.</p>
+
+<p>&mdash;Muy cierto es eso, dijo una voz sonora detrás de los caminantes.</p>
+
+<p>Era el que hablaba un rudo campesino de alta estatura, que al acercarse
+levantó ambas manos, á cada una de las cuales le faltaban el pulgar y
+los dos primeros dedos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por San Jorge! ¿Quién os ha maltratado de esa manera, camarada?
+preguntó Simón.</p>
+
+<p>&mdash;Bien se echa de ver, repuso el otro, que sois nacido lejos de la
+tierra maldita de Escocia y que aunque soldado, no os han conducido
+nuestras banderas á las guaridas de aquellos lobos. De lo contrario
+reconoceríais desde luego en estas mutilaciones la barbarie de Douglas
+el Diablo, ó el Conde Negro, como también le llaman.</p>
+
+<p>&mdash;¿Os hizo prisionero?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por mi mal. Nací en el norte, en Beverley, cerca de la frontera
+escocesa, y bien puedo decir que por muchos años no hubo mejor arquero
+desde Trent hasta Inverness. Mi fama me perdió, lo mismo que á otros
+muchos buenos tiradores ingleses, pues cuando nuestras luchas nos
+hicieron caer en manos de Douglas, aquella hiena, en lugar de matarnos,
+nos hizo cortar tres dedos de cada mano para que no pudiésemos
+despacharle más soldados ó atravesarle á él<a name="page_069" id="page_069"></a> mismo los hígados de un
+flechazo. ¡Quiera Dios que estos dos hijos míos paguen un día con creces
+la deuda de su padre! Entre tanto, el rey me ha dado esa casita y
+algunas tierras acá en el sur, y de su producto vivimos. ¡Á ver,
+muchachos! ¿Cuál es el precio de los dos pulgares de vuestro padre?</p>
+
+<p>&mdash;Veinte vidas escocesas, contestó el mayor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por los otros cuatro dedos que me faltan?</p>
+
+<p>&mdash;Diez vidas más, dijo su hermanito.</p>
+
+<p>&mdash;Total treinta. Cuando puedan doblar mi gran arco de guerra, los
+enviaré á la frontera, para que se alisten á las órdenes del invencible
+Copeland, gobernador de Carlisle. Y os aseguro que como lleguen á verse
+frente á frente de mi verdugo y á menos de cuatrocientos pasos, no
+cortará más dedos ingleses el viejo zorro de Douglas.</p>
+
+<p>&mdash;Así viváis para verlo, camarada, dijo Simón. Y vosotros, <i>mes
+enfants</i>, tened presente el consejo de un arquero veterano y que sabe su
+oficio: al tender el arco, la mano derecha pegada al cuerpo, para tirar
+de la cuerda no sólo con la fuerza del brazo, sino con ayuda del costado
+y muslo derechos. Y por vuestra vida, aprended también á disparar
+formando curva, pues aunque de ordinario la flecha va derecha al blanco,
+os hallaréis muchas veces atacando á gentes parapetadas tras las almenas
+ó en lo alto de una torre, ó á enemigos que ocultan pecho y cara con el
+escudo y á quienes sólo matan las flechas que les caen del cielo. No he
+tendido un arco hace dos semanas, pero eso no quita que os pueda dar una
+lección práctica, para que sepáis cómo taladrarle los sesos á un
+escocés, aunque sólo le veáis las plumas de la gorra.</p>
+
+<p>Diciendo esto, asió Simón el poderoso arco que á la espalda llevaba,
+tomó tres flechas y señaló á los niños, que ávidamente seguían todos sus
+movimientos, un altísimo árbol y más allá, en un claro del bosque, un
+tronco carcomido de un pie de diámetro y no más de dos ó tres de altura.
+Midió el arquero la distancia con mirada de águila y en seguida lanzó
+las tres flechas una tras otra, con increíble rapidez y apuntando á lo
+alto. Las flechas pasaron rozando las ramas más elevadas del árbol y dos
+de ellas fueron á clavarse en el tronco de que hemos hablado,
+describiendo una curva enorme y perfecta. La tercera flecha rozó el<a name="page_070" id="page_070"></a>
+seco tronco y penetró profundamente en la tierra, á dos pulgadas de
+aquél.</p>
+
+<p>&mdash;¡Soberbio! exclamó el mutilado arquero. ¡Aprended, muchachos, que este
+es buen maestro!</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía que si empezara á hablaros de arcos y ballestas no acabara en
+todo el día, dijo Simón. En la Guardia Blanca tenemos tiradores capaces
+de asaetear uno por uno todos los encajes y junturas de la armadura
+mejor construida. Y ahora, pequeñuelos, id á traerme mis flechas, que
+algo cuestan y mucho sirven y no es cosa de dejarlas clavadas en los
+troncos secos del camino. Adiós, camarada; os deseo que adiestréis ese
+par de halconcillos de manera que un día puedan traeros buena caza y le
+saquen también los ojos al pajarraco con quien tenéis pendiente tan
+grave cuenta.</p>
+
+<p>Dejando atrás al mutilado arquero, siguieron la senda que se estrechaba
+al penetrar en el bosque, cuyo silencio interrumpió de pronto el ruido
+de una carrera precipitada entre la maleza. Un instante después saltó al
+camino una hermosa pareja de gamos, y aunque los viajeros se detuvieron,
+el macho, alarmado, saltó de nuevo y desapareció á la izquierda del
+camino. La hembra permaneció unos instantes como asombrada, mirando al
+grupo con sus grandes y dulces ojos. Contemplaba Roger con admiración el
+soberbio animal, pero Simón no pudo resistir el instinto del cazador y
+preparó su arco.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Tête Dieu!</i> exclamó en voz baja. No vamos á tener mal asado en la
+comida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Teneos, amigo! dijo Tristán posando la mano sobre el arco de Simón, á
+tiempo que el gamo desaparecía á todo correr. ¿No sabéis que la ley es
+rigorosísima? En mi mismo pueblo de Horla recuerdo á dos cazadores á
+quienes sacaron los ojos por matar esos animales. Confieso que no me
+fuisteis muy simpático la primera vez que os ví y oí, pero desde
+entonces he aprendido á estimaros y ¡por la cruz de Gestas! no quisiera
+ver el cuchillo de los guardabosques jugándoos una mala partida.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo por oficio arriesgar mi pellejo, repuso Simón encogiéndose de
+hombros.</p>
+
+<p>Sin embargo, volvió á poner la flecha en su aljaba, se echó el arco al
+hombro y continuó andando entre sus dos<a name="page_071" id="page_071"></a> amigos. Iban subiendo una
+cuesta y pronto llegaron á un punto elevado desde el cual pudieron ver á
+la izquierda y detrás de ellos el espeso bosque y hacia la derecha,
+aunque á gran distancia, la alta torre blanca de Salisbury, cuyas
+alegres casitas rodeaban la iglesia y se extendían por la ladera. La
+vegetación poderosa, el aire puro de la montaña, el canto de multitud de
+pajarillos y la vista de los ondulantes prados que más allá de Salisbury
+se divisaban, eran espectáculo tan nuevo como interesante para Roger,
+que hasta entonces había vivido en la costa. Respiraba con delicia y
+sentía que la sangre corría con más fuerza por sus venas. El mismo
+Tristán apreció la belleza del paisaje y el robusto arquero entonó, ó
+por mejor decir, desentonó algunas picantes canciones francesas, con voz
+y berridos capaces de no dejar un solo pájaro en media milla á la
+redonda.</p>
+
+<p>Tendiéronse sobre la hierba y tras breve silencio dijo Simón:</p>
+
+<p>&mdash;Me gusta el compañero ese que hemos dejado allá abajo. Se le ve en la
+cara el odio que guarda á su verdugo, y á la verdad, me placen los
+hombres que saben preparar una venganza justa y mostrar un poco de hiel
+cuando llega la ocasión.</p>
+
+<p>&mdash;¿No sería más humano y más noble mostrar un poco de amor al prójimo?
+preguntó Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Sermoncico tenemos, dijo Simón. Pero á bien que en eso de amor al
+prójimo estoy contigo, padre predicador; porque supongo que incluirás al
+bello sexo, que no tiene admirador más ferviente que yo. ¡Ah, <i>les
+petites</i>, como decíamos en Francia, han nacido para ser adoradas! Me
+alegro de ver que los frailes de Belmonte te han dado tan buenas
+lecciones, muchacho.</p>
+
+<p>&mdash;No, no hablo del bello sexo ni de amor mundano. Lo que quise decir fué
+que bien pudo el vengativo campesino tener en su corazón menos odio á
+sus enemigos.</p>
+
+<p>&mdash;Es imposible, contestó Simón moviendo la cabeza negativamente. El
+hombre ama naturalmente á los suyos, á los de su raza. Pero ¿cómo puede
+comprenderse que un inglés sienta el menor afecto por escoceses ó
+franceses? No los has visto tú en una de sus correrías, hendiendo
+cabezas y sajando cuerpos de hermanos nuestros. ¡Por el filo de mi
+espada! preferiría darle un abrazo al mismo Belcebú<a name="page_072" id="page_072"></a> antes que estrechar
+la mano de uno de esos bergantes, aunque se llame el rey Roberto, ó
+Douglas el Diablo de Escocia, ó sea el mismísimo condestable Bertrán
+Duguesclín de Francia. Voy sospechando, <i>mon garçon</i>, que los obispos
+saben más que los abades, ó por lo menos dejan muy atrás á tu abad de
+Belmonte, porque yo mismo he visto con estos ojos al obispo de Lincoln
+agarrar con ambas manos un hacha de dos filos y atizarle á un soldado
+escocés tamaño hachazo que le partió la cabeza en dos, desde la
+coronilla hasta la barba. Con que si esa es la manera de mostrar amor
+fraternal, tú dirás.</p>
+
+<p>Ante argumento tan irresistible como el hachazo del obispo se quedó
+Roger sin réplica y no poco escandalizado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es decir que también habéis hecho armas contra los escoceses?
+preguntó por fin.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues bueno fuera! El primer flechazo que tiré desde las filas, y á
+matar, fué allá por Milne, un pedregal escocés lleno de cañadas y
+vericuetos. Nos mandaban Berwick y Copeland, el mismo que después hizo
+prisionero al rey de aquellos montañeses. Buena escuela, recluta, buena
+escuela es aquella para gente de guerra, y siento que antes de llevarte
+á Francia no hayas dado un paseo por aquellos riscos.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo entendido que son los escoceses buenos guerreros, observó
+Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Fuertes y sufridos; no adelantan durante el combate, pero tampoco
+huyen, sino que se aguantan á pie firme, dando cada toque que saca
+chispas de cascos y coseletes. Con el hacha y la espada de combate no
+tienen igual, pero son muy malos ballesteros, y lo que es con el arco,
+no se diga. Además, los escoceses son por lo general muy pobres, aun sus
+jefes, y pocos de ellos pueden comprarse una cota de malla tan modesta
+como la que yo llevo puesta. De aquí que luchen con gran desventaja
+contra nuestros caballeros, muchos de los cuales llevan encima yelmos,
+petos, manoplas y cotas que representan el valor de cuatro ó seis
+mayorazgos escoceses. Hombre por hombre, con iguales armas, son tan
+buenos soldados como los mejores de Inglaterra y de toda la cristiandad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué nos decís de los franceses?</p>
+
+<p>&mdash;Son también combatientes de gran pujanza. Nuestras armas han sido muy
+afortunadas en Francia, mas no por eso<a name="page_073" id="page_073"></a> hay que tener en menos á sus
+soldados. Los he visto pelear en campo abierto y encerrados en sus
+fortalezas, en asaltos, emboscadas, salidas, sorpresas nocturnas,
+duelos, justas y torneos; y puedo aseguraros, muchachos, que tienen el
+corazón valiente y el brazo duro. Entre los caballeros que seguían á
+Duguesclín podría citaros en este momento una veintena capaces de romper
+lanzas, sin desventaja, con los más brillantes paladines de Inglaterra.
+En tanto el pueblo, agobiado con tributos y gabelas, sufre, trabaja y
+calla, y vive como Dios le da á entender.</p>
+
+<p>&mdash;¿Habéis visitado otros países? preguntó Roger, á quien aquellos
+relatos é informes interesaban sobre manera.</p>
+
+<p>&mdash;He estado en Holanda, en Flandes y el Brabante y creo que de esta
+hecha Tristán tendrá oportunidad de ver no sólo buena parte de Francia,
+sino también algo y aun algos de la hermosa tierra de España. Del
+holandés os diré que es tardo y pesado, y que no desenvaina la espada
+por los bellos ojos de una doncella ni por un quítame allá esas pajas;
+pero con justa causa y buenos capitanes, sabe defender su país, más
+mojado que charca de ranas; y sobre todo, no toquéis sus fardos de lana,
+sus terciopelos de la antigua Brujas y demás mercaderías, porque
+entonces se enfurece y hay que matarlo para hacerlo entrar en razón.
+¡Sí, reíos! Pues acordaos de lo que les pasó á los franceses en
+Courtrai, donde los gordinflones holandeses les enseñaron que sabían
+manejar el acero tan bien como forjarlo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué pensáis de los españoles? preguntó Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Raza guerrera de veras. Como que á la fecha llevan seis siglos largos
+de continua lucha con lo más aguerrido de la gente árabe, que se
+posesionaron de casi todo el país y á lo que creo ocupan todavía la
+mitad de la Península. Me las hube con los súbditos del rey de Castilla
+en el mar, cuando su flota vino á retarnos en Chelsea, y allí tuvimos
+con ellos un zafarrancho de mil demonios, en el que participaron ochenta
+naves inglesas y españolas. Y ahora que he contestado á tus preguntas,
+mocito, voy á hacerte una proposición. Veo que te interesan mis relatos,
+sé que harías carrera en el ejército á pesar de que pareces un
+alfeñique, pero tienes buen consejo. Pues oye, elige uno cualquiera de
+los objetos que dejé en la venta, el que te parezca más valioso, y te lo
+regalo, á condición de que te vengas con<a name="page_074" id="page_074"></a> este zagalón y conmigo á
+Francia, en cuanto termine la misión que me lleva al castillo de
+Monteagudo.</p>
+
+<p>&mdash;No puede ser, replicó el joven. De mil amores iría con vos á Francia ó
+á cualquier otro país, no sólo porque me place escucharos, sino porque
+fuera de Belmonte sois los únicos amigos que tengo en el mundo. Pero
+debo acatar la voluntad de mi padre muerto y ver ante todo á mi único
+hermano. Lo que después suceda está por ver, pero desde luego os digo
+que haríais conmigo una triste adquisición para vuestra Guardia Blanca,
+pues ni por temperamento ni por educación sirvo yo para ese continuo
+batallar en que vos vivís.</p>
+
+<p>&mdash;¡Culpa es de mi parlera lengua! gritó el arquero. No le doy suelta sin
+que se ponga á hablar de flechazos y estocadas, como si nada más hubiera
+en el mundo. Pero ven acá, doctorcillo mío, y déjame explicarte lo que
+tengo en mientes. Has de saber que no sólo necesitamos soldados y
+ballestas. En primer lugar, por cada pergamino que se ve en Inglaterra
+hay que escribir ó descifrar veinte en Francia. Por cada estatua, por
+cada piedra preciosa tallada, por cada blasón, escudo ó divisa, moldura
+y relieve que aquí pueda ocupar y dar de comer á un amanuense hábil y
+discreto como tú, hay allí ciento. En el saco de Carcasona ví yo
+habitaciones enteras atestadas de pergaminos, sin que ninguno de
+nosotros pudiera leer una palabra de tanto fárrago. En Arlés y Nimes hay
+ruinas de arcos y palacios y santuarios, mosaicos, pinturas é
+inscripciones, tan antiguos unos y tan primorosos otros, que multitud de
+gentes van á admirarlos, no sólo de toda Francia sino de otras naciones.
+En tus ojos veo ya el deseo de contemplar tanta cosa buena. ¡Vente con
+nosotros y voto á tal que no ha de pesarte!</p>
+
+<p>&mdash;Mucho desearía yo ver todas esas riquezas de la antigüedad y esos
+primores del arte, dijo Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Otra cosa. Allá he dejado yo más de trescientos arqueros blancos que
+desde hace dos años no han oído una sola palabra de consejo, ni una
+plática religiosa y bien sabe Dios que nadie lo necesita tanto como
+ellos. Si tienes deberes aquí, tampoco es mala misión la que te ofrezco.
+Hasta ahora tu hermano se ha pasado sin tí muy bonitamente y por Tristán
+sé que en veinte años no se ha tomado<a name="page_075" id="page_075"></a> una sola vez el trabajo de ir á
+Belmonte para mirarte á la cara. ¡Valiente hermanito vas tú á buscar!</p>
+
+<p>&mdash;¡No, pues y la fama que tiene en toda la comarca! añadió Tristán. Todo
+el mundo sabe y de ello hemos hablado tú y yo en el convento, que tu
+pariente Hugo de Clinton es un bebedor sin tasa, pendenciero y jugador,
+que ha dado escándalos mayúsculos y que probablemente hará tanto caso de
+tí como de un perro, si es que no te maltrata.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo creerlo, repuso Roger. Y si tan malo es, mayor deber tengo
+yo, su único hermano, de darle algunos buenos consejos. No insistáis,
+amigos, que yo de buena gana os siguiera, si fuese libre mi elección. Y
+ahora, separémonos. Hé allí la torre cuadrada de Munster y aquí el
+sendero que según me explicó el abad lleva directamente al pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;Dios te guarde, muchacho, exclamó el arquero dándole un estrecho
+abrazo. Soy pronto en odiar y en querer, y te aseguro que me duele
+separarme de tí.</p>
+
+<p>&mdash;¿No sería bien aguardar aquí hasta ver qué recibimiento le hace su
+hermano? propuso Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;No tal, dijo Roger. Bien ó mal recibido, lo probable es que me quede
+en la granja de Munster y esperarme aquí sería tiempo perdido.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, observó Simón, por lo que pueda ocurrir bueno será que
+sepas dónde hallarnos, llegado el caso. Mira; Tristán y yo vamos á
+seguir ese camino de la izquierda, dejando á la derecha el bosque y el
+atajo que vas á tomar. Al caer la noche llegaremos al castillo de
+Monteagudo, residencia antes del conde Guillermo de Salisbury, de quien
+es condestable el barón de Morel que ahora habita aquel castillo. ¿Te
+acordarás? Es muy probable que allí permanezcamos alojados cosa de un
+mes, hasta nuestra salida para Francia.</p>
+
+<p>Gran esfuerzo costó á Roger separarse de aquellos dos buenos amigos,
+sobre todo inclinado como estaba á la vida de viajes y aventuras que
+tanto le atraía, no por los alicientes que en ella pudieran hallar
+hombres como el arquero y su recluta, sino por el vasto campo que
+ofrecía á su vivo deseo de aprender, de ver el mundo y de aprovechar
+prácticamente los variados conocimientos, oficios y artes adquiridos en
+el convento de Belmonte. No se atrevió á mirar<a name="page_076" id="page_076"></a> atrás por temor de que
+flaqueara su resolución, y sólo cuando hubo andado buen trecho y
+ocultádose entre los árboles arriesgó una última mirada. El arquero
+continuaba inmóvil en el lugar mismo donde se habían despedido, cruzado
+de brazos y mirando al suelo pensativamente. El sol hacía brillar su
+almete y las mallas de su cota y sobre el hombro se veía la extremidad
+del enorme arco de guerra. Junto á él estaba el gigantesco Tristán,
+llevando todavía la raida vestimenta del batanero de Léminton. Momentos
+después siguieron ambos su camino y Roger tomó á buen paso el de la
+granja de su hermano.<a name="page_077" id="page_077"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_IX" id="CAPITULO_IX"></a>CAPÍTULO IX<br /><br />
+<small>EN LA SELVA DE MUNSTER</small></h3>
+
+<p>P<small>ASABA</small> el sendero entre corpulentos y elevados árboles, cuyas ramas
+formaban en muchos puntos verdes arcos sobre el camino, recubierto de
+hierba y hojas secas. Pocas personas solían recorrerlo y el silencio era
+completo; una sola vez oyó Roger á lo lejos el agudo ladrido de los
+perros de caza.</p>
+
+<p>No sin alguna emoción recordaba el viajero que todo aquel bosque y gran
+parte de las tierras colindantes habían pertenecido un día á la entonces
+poderosa familia de Clinton. Conocedor de la historia de su casa, sabía
+que descendía de aquel Godofredo de Clinton, señor de las villas de
+Munster y Bisterne cuando los normandos posaron por primera vez la
+planta en territorio inglés. Pero las vicisitudes de la época privaron á
+sus descendientes de gran parte de aquellos dominios y por fin les fué
+confiscado el señorío de Bisterne en provecho del patrimonio real, por
+complicidad de uno de los Clinton en un alzamiento sajón. Las
+depredaciones de grandes señores feudales siguieron aminorando la
+propiedad, y no menos la redujeron algunas donaciones á la iglesia, como
+la hecha por el padre de Roger, que abrió á éste las puertas de
+Belmonte. Convertido aquél en arrendatario de Belmonte, ocupó hasta su
+muerte la antigua casa señorial de Munster, habitada ahora por su hijo
+mayor, á quien dejó encomendado el cultivo de dos granjas y la propiedad
+de algún ganado y parte del bosque. No ignoraba Roger que á pesar de la
+decadencia de la familia, su hermano Hugo ocupaba todavía una posición
+independiente y de relativa importancia en la comarca, y contemplaba con
+orgullo aquellos gigantes del bosque perteneciente por tantas<a name="page_078" id="page_078"></a>
+generaciones á los Clinton de Munster. Absorto en sus recuerdos,
+sorprendióle la repentina aparición de un hombre vestido como los
+campesinos del país, alto y vigoroso, que le interceptó el paso
+enarbolando largo y nudoso bastón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ni un paso más! gritó el desconocido. ¿Quién eres que así te atreves
+á poner el pie en este bosque? ¿Qué buscas y á dónde vas?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quién sois vos para hacerme esas preguntas? dijo á su vez Roger
+poniéndose en guardia.</p>
+
+<p>&mdash;Quien puede abrirte el cráneo de un garrotazo si tienes tarda la
+lengua, fué la brutal respuesta. Pero ¿dónde he visto yo antes esa cara?</p>
+
+<p>&mdash;Anoche, sin ir más lejos, en la posada del <i>Pájaro Verde</i>, dijo Roger,
+que acababa de reconocer á Rodín, el pechero amenazado por Tristán y que
+tan violentamente se expresara contra el rey y sus nobles y en
+particular contra su señor el barón de Ansur.</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla, pues es verdad! ¿Y qué llevas en ese zurrón?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de valor, alguna ropa y media docena de libros.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que tú dices, pero lo que es á mí, ver y creer. Venga el
+zurrón.</p>
+
+<p>&mdash;No lo esperéis.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por los clavos de Cristo! ¿No sabes, rapaz, que puedo descuartizarte
+en un santiamén?</p>
+
+<p>&mdash;Dado os hubiera las pocas monedas que poseo si me hubiérais pedido en
+nombre de la caridad. Pero amenazáis como un bandido y sabré defenderme.
+Sin contar que no escaparéis á la venganza del arrendatario de Munster
+cuando sepa la villana manera como tratáis á su hermano en sus mismas
+tierras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Nuestra Señora de Rocamador me valga! exclamó asustado el malhechor
+bajando su arma. ¿Vos hermano de Hugo de Clinton? ¡Cómo había de
+figurármelo! No seré yo quien os robe ni os detenga un momento más.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que conocéis á mi hermano, hacedme la merced de indicarme el
+más corto camino para su casa.</p>
+
+<p>Antes de que pudiera contestar el bandolero se oyeron las sonoras notas
+de una trompa de caza y vió Roger un hermoso caballo blanco que pasó á
+la carrera entre los árboles<a name="page_079" id="page_079"></a> á corta distancia, seguido de la traílla y
+de numerosos cazadores. Las voces de éstos, el galopar de los caballos y
+los ladridos de los perros resonaron ruidosamente en todo el bosque.
+Oíanse todavía los gritos con que animaban á los sabuesos: "¡Sus,
+Bayardo, Moro, Lebrel! ¡Sus, Sus!" cuando resonó de nuevo el trote de
+los caballos y apareció un grupo de cazadores á pocos pasos de Roger.</p>
+
+<p>Precedíalos un hombre de cincuenta á sesenta años de edad, de robusto
+cuerpo y atezado rostro, bajo cuyas pobladísimas cejas brillaban dos
+ojos de imperiosa y penetrante mirada. Llevaba larga barba entrecana y
+todo en su aspecto y ademanes revelaba al hombre acostumbrado á mandar y
+á ser obedecido. Manejaba el hermoso corcel con gracia soberana y vestía
+rica túnica de seda blanca bordada de pequeñas flores de lis de oro,
+flotante de sus hombros luengo manto de púrpura. Era imposible no
+reconocer desde luego á Eduardo III, el invasor de Francia y
+conquistador de la Normandía, al vencedor de Crécy, uno de los más
+brillantes guerreros entre los muchos y muy esforzados que habían regido
+al pueblo anglo-sajón. Roger se quitó la gorra reverentemente, pero el
+pechero apoyó ambas manos sobre su bastón y miró con expresión nada
+amistosa al grupo de caballeros que seguían al rey.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! exclamó Eduardo deteniendo su caballo en medio del camino y
+mirando á Roger y su compañero. <i>¡Le cerf! ¿Est-il passé? ¿Non? Ici,
+Brocas, tu parles l'anglais.</i></p>
+
+<p>&mdash;¿Habéis visto el ciervo, bergantes? preguntó imperiosamente un
+caballero de la escolta. Si lo habéis espantado y hecho desviar os
+cuesta las orejas.</p>
+
+<p>&mdash;Pasó entre aquellos dos árboles, señaló Roger, y los perros le seguían
+de cerca.</p>
+
+<p>&mdash;Bien está, dijo el monarca, que siguió hablando en francés, pues
+aunque comprendía la lengua de su pueblo, jamás llegó á poseerla bien,
+ni quiso hablar lo que él llamaba idioma áspero y bárbaro. Os aseguro,
+continuó, volviéndose en la silla hacia el grupo de caballeros, que ó
+mucho me engaño ó es un venado de seis puntas, el más soberbio de
+cuantos hemos levantado hoy. ¡Adelante!</p>
+
+<p>Tras él desaparecieron á carrera tendida guerreros y cortesanos, excepto
+uno, el barón de Brocas, que haciendo dar<a name="page_080" id="page_080"></a> un salto á su caballo,
+levantó el látigo y cruzó con él la cara del pechero, gritándole:</p>
+
+<p>&mdash;¡Descúbrete, perro! ¡Descúbrete siempre que tu rey se digne mirarte! Y
+dando rienda al caballo se lanzó en seguimiento de los cazadores.</p>
+
+<p>El villano recibió el latigazo sin mover un solo músculo. Después alzó
+el puño en dirección de su verdugo, y rugió:</p>
+
+<p>&mdash;¡Te conozco, maldito cerdo gascón, y algún día la pagarás! ¡Malhaya el
+en que dejaste tu pocilga de Rochecourt para pisar la tierra inglesa!
+¡Así te vea yo descuartizado y muertos de hambre á tu mujer y á tus
+hijos!</p>
+
+<p>&mdash;Tened la lengua, buen hombre, dijo Roger; aunque cobarde fué el golpe
+y capaz de encender en ira al más humilde. Dejadme buscar en mi zurrón
+un ungüento que llevo y que os será de mucho alivio.</p>
+
+<p>&mdash;No, una sola cosa puede calmar el dolor y lavar la afrenta, y esa el
+tiempo quizás me la depare. Ahí tenéis vuestro camino, el atajo que pasa
+entre aquel matorral y el árbol con la rama tronchada. Apresurad el
+paso, que hoy tiene Hugo de Clinton una reunión alegre con sus
+compañeros de francachela y no os traería cuenta retrasarle la fiesta ni
+tampoco presentárosle en medio de ella. Yo tengo que quedarme aquí por
+ahora.</p>
+
+<p>Aparte del dolor que causaban á Roger aquellas repetidas alusiones de
+todos á la vida licenciosa de su hermano, sorprendíale y angustiábale
+también el odio ciego que notaba entre las clases que constituían la
+sociedad de su tiempo. El trabajador maldiciendo á los poderosos, los
+nobles tratando á los humildes como bestias de carga. Antes, cuando la
+nobleza era el más firme baluarte de la nación, la toleraba el pueblo;
+ahora, sabido ya que las grandes victorias obtenidas en Francia lo
+habían sido no por la pujanza de tales ó cuales barones, por la lanza de
+este ó aquel caballero, sino por el valor de los soldados, hijos del
+pueblo de Inglaterra y Gales, había desaparecido en gran parte el
+prestigio de la nobleza militante y se protestaba contra sus exacciones
+y se censuraba su arrogancia. Los hombres cuyos padres y hermanos habían
+peleado como leones en Crécy y Poitiers y visto estrellarse lo más
+florido de la caballería europea contra los muros de hierro que formaban
+los plebeyos disciplinados de Inglaterra, no concebían que un gran señor
+pudiese<a name="page_081" id="page_081"></a> infundirles temor y mucho menos respeto. El poder había
+cambiado de manos. El protector habíase convertido en protegido y todo
+el vetusto armatoste feudal vacilaba sobre sus carcomidos cimientos. De
+aquí las continuas quejas y murmuraciones del pueblo anglo-sajón, su
+descontento perenne, las asonadas locales, todo aquel malestar que
+culminó algunos años más tarde en el gran alzamiento de Tyler. Aquello
+que tanto inquietaba á Roger á medida que iba conociendo el estado de
+los ánimos en la comarca de Hanson, hubiera sorprendido igualmente á
+cualquier otro viajero en todos los restantes condados del reino, desde
+el Canal hasta los riscos y las lagunas de Escocia.</p>
+
+<p>Los temores del doncel aumentaban á medida que se acercaba á la morada
+de Hugo, á la casa paterna. Pronto se hizo menos espesa la arboleda y
+por fin se presentó ante su vista una gran pradera en la que pastaban
+hermosas vacas; más allá se divisaban numerosas piaras de cerdos y por
+el centro del llano corría un ancho arroyo. Rústico puente conducía á un
+camino que llevaba en derechura hasta la puerta de un vasto edificio de
+madera que Roger contempló con emoción profunda. Una columna de humo
+salía por la alta chimenea y á la puerta dormía tranquilamente un mastín
+encadenado.</p>
+
+<p>Rumor de voces sacó de su contemplación al viajero, que vió salir de
+entre los árboles y dirigirse hacia el puente á un hombre y una mujer,
+en animada conversación. Llevaba el primero un traje de elegante corte,
+aunque de obscuro color y sin los adornos y preseas que distinguían á
+los señores de la escolta real. Largos y muy rubios el cabello y la
+barba, contrastaban con la negra cabellera de la hermosísima joven que
+iba á su lado. Era alta y esbelta, de moreno y agraciado rostro. Llevaba
+una gorra de terciopelo rojo coquetamente ladeada, rico y bien ceñido
+traje y en la enguantada diestra un pequeño halcón, cuyas erizadas
+plumas acariciaba suavemente. Roger notó que la hermosa desconocida
+tenía todo un lado del vestido manchado de lodo. Oculto á medias en la
+sombra de un roble enorme, contempló embebecido aquella aparición
+radiante, aquel rostro puro y bello que le recordaba los de los ángeles
+pintados y esculpidos en los altares de Belmonte.</p>
+
+<p>Por fin la joven se adelantó algunos pasos á su acompañante<a name="page_082" id="page_082"></a> y ambos
+cruzaron rápidamente el prado hasta llegar al puentecillo rústico, donde
+se detuvieron y reanudaron la interrumpida plática. ¿Dos amantes? Tal
+creyó desde luego el único testigo de aquella escena, mas pronto notó
+que el hombre interceptaba el paso del puente á la joven y que ésta se
+expresaba con gran animación, llegando á tomar su voz algunas veces
+acentos de amenaza y cólera. De vez en cuando dirigía una mirada hacia
+el bosque, como en espera de auxilio por aquel lado y por fin tomó su
+rostro tal expresión de angustia que Roger, incapaz de resistir aquella
+muda apelación, abandonó su escondite y se dirigió aceleradamente hacia
+el puente. Llegado había muy cerca de ambos personajes sin que éstos
+notaran su presencia, cuando el hombre enlazó repentinamente con su
+brazo el talle de la joven y la estrechó contra su pecho. Soltó ella el
+asustado halcón y lanzando un agudo grito abofeteó y arañó el rostro del
+rufián, procurando en vano desasirse.</p>
+
+<p>&mdash;No os encolericéis, linda paloma, dijo él con gran risa; sólo
+conseguiréis lastimaros. Lo dicho, bella Constanza, estáis en mis
+tierras y no saldréis de ellas sin pagarme el tributo de vuestra
+hermosura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Soltad, villano! exclamó ella. ¿Es esta vuestra hospitalidad? ¡Antes
+la muerte que cederos! ¡Soltadme, ó si no!... ¡Á mí, doncel! gritó
+desesperadamente al ver á Roger. ¡Amparadme, por Dios!</p>
+
+<p>&mdash;Sí haré, exclamó el joven acudiendo en su auxilio. ¡Dejad libre á esa
+dama, que vergüenza debiera daros vuestra conducta!</p>
+
+<p>El agresor dirigió á Roger una mirada centelleante, que denotaba su
+furor. Al joven le pareció en aquel momento el hombre más hermoso que
+había visto en su vida, por más que la ira contraía sus facciones
+acentuando su expresión algo siniestra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Miserable loco! exclamó, sin soltar á la doncella, que se debatía
+inútilmente. ¿Osas darme órdenes? ¡Sigue tu camino, aléjate á toda
+prisa, si no quieres que te arroje de aquí á puntapiés! ¡Largo, te digo!
+Esta buena moza ha venido á visitarme y no quiero que me deje tan
+pronto. ¿No es así? dijo soltando el talle de la joven y asiéndola por
+una muñeca.<a name="page_083" id="page_083"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Mentís! gritó ella, é inclinándose rápidamente clavó los dientes en
+la mano que la apresaba.</p>
+
+<p>Soltóla él, lanzando un rugido de dolor y la doncella corrió á
+guarecerse detrás de Roger.</p>
+
+<p>&mdash;¡Fuera de mis tierras, vagabundo! gritó furioso el otro. Por la pinta
+y el traje me pareces uno de esos ratones de sacristía que engordan en
+los conventos y no son ni hombre ni mujer. ¡Largo de aquí, antes que te
+corte las orejas, belitre!</p>
+
+<p>&mdash;¿Decís que son estas vuestras tierras? preguntó vivamente Roger,
+desoyendo amenazas é improperios.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues de quién han de ser, farsante, sino mías? ¿Por ventura no soy yo
+Hugo de Clinton, descendiente de Godofredo y de todos los señores que ha
+tenido Munster por más de trescientos años? ¿Pretendes disputármelo,
+falderillo? Pero no, que tú eres de una raza tan perezosa para trabajar
+como cobarde para habértelas con un hombre. ¡Huye ó te estrello!</p>
+
+<p>&mdash;¡Por piedad, no me abandonéis! exclamó temblando la llorosa doncella.</p>
+
+<p>&mdash;No lo temáis, le dijo Roger resueltamente. Y vos, Hugo de Clinton, no
+debiérais olvidar, pues noble sois, que nobleza obliga. Deponed vuestro
+furor y dejad partir en paz á esta dama, como os lo pide
+encarecidamente, no un villano, sino un hombre tan bien nacido como vos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mientes! No hay en todo el condado quien pueda pretender nobleza cual
+la mía.</p>
+
+<p>&mdash;Excepto yo, repuso Roger, que soy también descendiente directo de
+Godofredo de Clinton y de todos los señores que ha tenido Munster en los
+últimos tres siglos. Aquí está mi mano, continuó sonriendo; no dudo que
+ahora me daréis la bienvenida. Somos las dos únicas ramas que quedan del
+noble y antiguo tronco sajón.</p>
+
+<p>Pero Hugo rechazó con una blasfemia la mano que le tendía Roger y en su
+rostro se dibujó una expresión de odio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es decir que eres el lobezno de Belmonte? Debí figurármelo y
+reconocer en tí al novicio hipócrita que no se atreve á contestar á la
+injuria con la injuria, sino con melosas palabras. Tu padre, á pesar de
+sus faltas, tenía corazón de león y pocos hombres le hubieran mirado á
+la cara<a name="page_084" id="page_084"></a> en sus momentos de cólera. ¡Pero tú! ¿Sabes lo que le costaste
+á él y lo que me has arrebatado á mí? Mira aquellos pastos, y las
+siembras de la colina, y el huerto inmediato á la iglesia. ¿Sabes que
+todo eso y mucho más se lo arrebataron á tu padre moribundo los
+insaciables frailes, á cambio de hacer de tí un santurrón inútil en su
+convento? Por tí me robaron antes y ahora vienes tú en persona,
+probablemente para pedirme con tus lloriqueos otro pedazo de mi hacienda
+con que engordar á tus amigotes. Lo que voy á hacer es soltar los perros
+para que te acuerdes toda la vida de tu primera y última visita á
+Munster; y entre tanto, ¡abre paso!</p>
+
+<p>Diciendo esto empujó á Roger violentamente y asió otra vez el brazo de
+su víctima. Pero toda idea de reconciliación había desaparecido de la
+mente del doncel, que acudió rápido en auxilio de la joven y enarbolando
+su grueso bastón gritó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Á mí podréis decirme lo que queráis, pero hermano ó no, juro por la
+salvación de mi alma que os mato como un perro si no respetáis á esta
+dama! ¡Soltad, ú os parto el brazo!</p>
+
+<p>El movimiento amenazador del garrote y la mirada y la expresión de Roger
+indicaban claramente que iba á hacerlo como lo decía. Era en aquel
+momento el descendiente de los nobles Clinton, convertido en temible
+paladín del honor de una dama. Su corazón latía con violencia y hubiera
+combatido hasta la muerte, no con uno sino con diez enemigos. Hugo
+comprendió inmediatamente con quién tenía que habérselas. Soltó el brazo
+de la doncella y miró á uno y otro lado buscando un arma cualquiera, un
+palo ó una piedra; y no hallándolos, se lanzó á la carrera en dirección
+de la casa, á la vez que aplicaba un silbato á sus labios y lanzaba
+prolongado y penetrante silbido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Huid, por Dios! exclamó la joven. ¡Ponéos en salvo antes que vuelva!</p>
+
+<p>&mdash;¡No sin vos, por vida mía! dijo resueltamente Roger. Dejad que llame á
+cuantos perros quiera.</p>
+
+<p>&mdash;¡Venid, venid conmigo, pues! ¡Os lo ruego! insistió ella tirándole del
+brazo. Conozco á ese hombre y sé que os matará sin compasión....</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues bien, huyamos! y asidos de la mano corrieron en dirección al
+bosque.<a name="page_085" id="page_085"></a></p>
+
+<p>No bien había llegado la nueva pareja á los primeros árboles, vieron que
+Hugo salía de la casa apresuradamente; llevaba en la mano una espada
+desnuda que brillaba á los rayos del sol, pero no le seguían sus perros
+y se detuvo un momento á la puerta para soltar al mastín que allí tenía
+encadenado.</p>
+
+<p>&mdash;Por aquí, dijo la joven, que al parecer conocía perfectamente el
+bosque. Por la maleza, hasta aquel fresno cuyas ramas se inclinan sobre
+el agua. No os ocupéis de mí, que sé correr tan ligeramente como vos. Y
+ahora, por el arroyo. Nos mojaremos los pies, pero hay que hacer perder
+la pista al perro, que probablemente es de tan mala ralea como su amo.</p>
+
+<p>Diciendo esto, corría la hermosa doncella por el centro del arroyo,
+llevando posado en el hombro su asustado halcón, apartando rápidamente
+con las manos las ramas que le impedían el paso, saltando á veces de
+piedra en piedra y ganando terreno con ligereza tanta que á Roger le
+costaba trabajo seguirla. Admirábale aquella joven tan animosa, tan
+bella, á quien había salvado y que á su vez procuraba salvarle á él.
+Larga fué su carrera por el lecho del tortuoso arroyo, y cuando á Roger
+empezaba á faltarle el aliento, su hermosa guía se arrojó palpitante
+sobre la hierba, oprimiendo con ambas manos el agitado pecho. Roger se
+detuvo. Á los pocos momentos recobró la fugitiva su buen humor habitual,
+y sentándose, casi olvidada del peligro reciente, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡La Santa Virgen me proteja! Ved cómo me he puesto de agua y lodo. De
+esta hecha me encierra mi madre por una semana en mi cámara, haciéndome
+bordar mañana y tarde la famosa tapicería de los Siete Pares de Francia.
+Ya me amenazó con ello el otro día, cuando me caí en el estanque del
+parque. Y eso porque sabe que no puedo sufrir la tapicería y que mi
+gusto es correr por los campos y el bosque á pie ó á caballo.</p>
+
+<p>Roger la contemplaba embelesado, admirando sus negros cabellos, el
+perfecto óvalo de su rostro, los alegres y hermosos ojos y la franca
+sonrisa que le dirigía y que demostraba su confianza en él. Por ella
+recordó Roger el peligro que los amenazaba.</p>
+
+<p>&mdash;Haced un esfuerzo, dijo, y continuemos alejándonos.<a name="page_086" id="page_086"></a> Todavía puede
+alcanzarnos y tiemblo, no por mí, sino por vos.</p>
+
+<p>&mdash;Ha pasado el peligro, contestó ella. No sólo estamos fuera de sus
+tierras, sino que habiéndolo despistado tomando el arroyo, le es casi
+imposible hallarnos en este inmenso bosque. Pero decidme; habiéndole
+tenido á vuestra merced ¿por qué no lo matasteis?</p>
+
+<p>&mdash;¿Matar á mi hermano?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no? dijo la resuelta doncella con expresión de cólera que
+dió nuevo encanto á su lindo rostro. Él os hubiera dado muerte sin
+vacilar. ¡Qué infame! De haber yo tenido en la mano el garrote ése, el
+vil Hugo de Clinton se hubiera acordado de mí.</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado siento lo que he hecho, dijo Roger sentándose junto á ella y
+ocultando el rostro entre las manos. ¡Dios me asista! En aquel momento
+perdí la serenidad, me olvidé de todo, y si tarda un momento más en
+soltaros... ¡Á mi único hermano, al hombre en cuya casa pensaba vivir y
+cuyo cariño ansiaba conquistarme! ¡Cuán débil he sido!</p>
+
+<p>&mdash;¿Débil? repuso ella. No creo que mi mismo padre os creyese tal, y eso
+que es severo cual ninguno en juzgar el valor y la entereza de los
+hombres. Pero ¿sabéis que no es nada lisonjero para mí el oiros lamentar
+lo que habéis hecho? Pensándolo bien, reconozco que una mujer, una
+extraña para vos, no debe separar á dos hermanos; y si queréis, volvamos
+pie atrás y haced las paces con Hugo entregándole á vuestra prisionera.
+Yo sabré deshacerme de él.</p>
+
+<p>&mdash;Muy miserable y cobarde sería el hombre que tal hiciese. Lamento, sí,
+que vuestro agresor haya sido mi propio hermano, ¿pero entregaros? ¡Eso
+nunca!</p>
+
+<p>&mdash;Bien está, dijo la doncella sonriéndose, y comprendo lo que os pasa.
+La verdad es que os presentasteis tan repentinamente como lo hacen los
+juglares en sus comedias; fuisteis el valiente campeón que salva á la
+afligida dama en los momentos en que va á devorarla el horrible dragón.
+Pero venid, dijo incorporándose, llamando al halcón y arreglando como
+pudo sus mojadas ropas. Salgamos al claro y es muy probable que
+encontremos á mi paje Rubín con <i>Trovador</i>, mi palafrén, á cuya caída
+debo yo todos mis percances<a name="page_087" id="page_087"></a> de este día y el haberme visto en manos del
+ogro de Munster. Pero hacedme la merced de darme el brazo; estoy más
+cansada de lo que creía y casi tan asustada como mi pobre halconcillo.
+Mirad cómo tiembla. Él también está indignado de ver á su ama tan
+maltratada.</p>
+
+<p>Roger oía con delicia la charla de la joven y la sostenía con su brazo
+todo lo posible, apartando las ramas y buscando en vano un sendero
+practicable.</p>
+
+<p>&mdash;Callado estáis, señor campeón, le dijo al fin su alegre compañera. ¿No
+queréis saber quién soy ni oir mi historia?</p>
+
+<p>&mdash;Si á vos os place contármela....</p>
+
+<p>&mdash;Oh, si tan poco os interesa, lo mejor será guardármela....</p>
+
+<p>&mdash;No, por favor, dijo él vivamente. Contad, que me desvivo por saber
+algo de vos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, sabréis la historia, pero no el nombre. Algo he de otorgar
+al hombre que ha hecho de su hermano un enemigo, por culpa mía. Después
+de todo, Hugo dijo que venís derechamente del convento, de suerte que
+será esto á manera de confesión, como si fuerais un reverendo de barba
+blanca ¿eh? Sabed, pues, que vuestro pariente ha pretendido mi mano, no
+tanto, á lo que imagino, por prendas que no tengo, sino por los caudales
+que le aportaría su matrimonio con la hija única de... mi padre, porque
+ya os he dicho que no sabréis quién soy. No es mi padre excesivamente
+rico, pero sí hombre de alta alcurnia, valiente caballero, en verdad,
+guerrero famoso, á quien las pretensiones de ese hombre grosero y
+bellaco.... ¡Perdonad! Olvidé que lleváis el mismo nombre.</p>
+
+<p>&mdash;No importa; continuad, os lo suplico.</p>
+
+<p>&mdash;De un mismo manantial suelen proceder arroyos muy distintos; turbio
+uno, claro y cristalino el otro, dijo ella prontamente. Abreviando, os
+diré que ni mi padre ni yo podíamos tolerar tales pretensiones, y que
+ese hombre violento y vengativo ha sido desde entonces nuestro enemigo.
+Temeroso mi padre del daño que pudiera causarme, me tiene prohibido
+cazar en toda la parte del bosque situada al norte del camino de
+Munster; pero esta mañana mi valiente halcón dió caza á una garza enorme
+y mi paje Rubín y yo olvidamos por completo el camino que seguíamos y la
+distancia<a name="page_088" id="page_088"></a> recorrida, sin pensar más que en las peripecias de la caza.
+<i>Trovador</i> tropezó, por desgracia, lanzándome con violencia al suelo, y
+echando á perder mi falda, la segunda que llevo desgarrada y manchada
+esta semana, para mayor indignación de mi madre y dolor de Águeda, mi
+buena aya....</p>
+
+<p>&mdash;¿Y después? preguntó ansiosamente Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Entre el tropezón, mi caída, el grito que dí y las voces de Rubín, se
+asustó el caballo de tal manera que salió á escape, perseguido por el
+paje. Antes de que pudiera levantarme ví á mi lado al desairado
+pretendiente, quien me anunció que estaba en sus tierras y me ofreció
+cortésmente acompañarme hasta su casa, donde podría esperar con
+comodidad el regreso del paje. No me atreví á rehusar, pero muy pronto
+conocí por sus miradas y palabras que había hecho mal; quise tomar por
+el puente, me lo impidió descaradamente y después ¡Jesús me valga! no
+puedo pensar en sus soeces insultos sin estremecerme. ¡Cuánto os debo! Y
+cuando recuerdo que yo.... ¡Qué asco!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es ello? preguntó Roger admirado.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando recuerdo que mordí su mano, que posé mis labios sobre la carne
+del malvado, me parece haber sufrido el contacto asqueroso de una
+serpiente. Pero vos ¡cuán animoso y enérgico ante tan temible enemigo!
+Si yo fuera hombre me enorgullecería de actos como ese.</p>
+
+<p>&mdash;Poca cosa cuando tan grande es el placer de serviros, contestó Roger,
+vivamente complacido al oir aquel elogio de tales labios. ¿Y vos? ¿Qué
+pensáis hacer ahora?</p>
+
+<p>&mdash;¿Véis á lo lejos, allá abajo, aquel enorme tronco, junto al rosal
+silvestre? Pues ó mucho me engaño ó no tardará en llegar á él Rubín con
+los caballos, por ser ese el lugar donde me detengo á descansar en casi
+todas mis excursiones por estos rumbos. Después, á casa sin tardanza. Un
+galope de dos leguas secará completamente pies y ropas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué hará vuestro padre?</p>
+
+<p>&mdash;No le diré una palabra de lo ocurrido. Si le conocierais sabríais que
+no es posible desobedecerle sin atenerse á terribles consecuencias, y yo
+le he desobedecido. Él me vengaría, es cierto, pero no es en él en quien
+buscaré vengador. Día llegará, en justa ó torneo, en que un hidalgo
+quiera llevar mis colores al palenque y yo le diré que hay<a name="page_089" id="page_089"></a> una afrenta
+pendiente, que su competidor está elegido y que es Hugo de Clinton.
+Ofensa lavada y un corazón villano de menos en el mundo.... ¿Qué os
+parece mi plan?</p>
+
+<p>&mdash;Indigno de vos. ¿Cómo podéis hablar de venganza y muerte, vos, tan
+joven y cándida, en cuyos labios sólo deberían oirse palabras de bondad
+y perdón? ¡Mundo cruel, que á cada paso me hace recordar el retiro y la
+paz de mi celda! Cuando así habláis me parecéis un ángel del Señor
+aconsejando seguir al espíritu del mal.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias mil por el favor, señor hidalgo, repuso ella soltando su brazo
+y mirándole severamente. ¿Es decir que no solo sentís haberme encontrado
+en vuestro camino sino que me llamáis en suma diablo predicador? Cuidado
+que mi padre es violento cuando se irrita, pero ni aun él me ha dicho
+jamás cosa semejante. Tomad ese camino de la izquierda, señor de
+Clinton, que yo no soy buena compañía para vos. Y haciéndole una seca
+cortesía se alejó rápidamente.</p>
+
+<p>Sorprendido quedó el doncel y lamentando su inexperiencia que por dos
+veces le había hecho decir á la bella cosa muy distinta de lo que
+ansiaba expresar. Miróla tristemente, esperando en vano que se detuviera
+ó que con una mirada le anunciase su perdón; pero ella siguió bajando á
+buen paso el pendiente sendero, hasta que sólo se divisó á trechos entre
+las ramas su roja toquilla. Lanzando un profundo suspiro, tomó Roger la
+senda que ella le indicara y anduvo buen espacio con el corazón
+oprimido, repasando en la memoria todos los incidentes de aquel
+inolvidable encuentro. De pronto oyó á su espalda ligero paso y
+volviéndose vivamente se halló cara á cara con la hermosa, inclinada la
+frente, fijos en el suelo los ojos y convertida en imagen del más
+humilde arrepentimiento.</p>
+
+<p>&mdash;No volveré á ofenderos, ni siquiera á hablar, dijo la joven, pero
+quisiera continuar en vuestra compañía hasta salir del bosque.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vos no podéis ofenderme! exclamó Roger alborozado al verla. Lejos de
+eso, yo soy quien debí refrenar la lengua. Pero tened en cuenta, para
+perdonarme, que he pasado mi vida entre hombres y mal puedo saber cómo
+hablar á una mujer de suerte que ni aun ligeramente lleguen á
+disgustarla mis palabras.<a name="page_090" id="page_090"></a></p>
+
+<p>&mdash;Así me gusta. Y ahora, completad vuestra retractación; decid que tenía
+yo razón al querer vengarme de mi ofensor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, eso no! contestó él gravemente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo véis? exclamó triunfante y sonriendo la joven. ¿Quién es aquí el
+corazón duro é inflexible, el predicador severo, el que se empeña en que
+continuemos reñidos? Pues bien, cederé yo, porque lo que es vos habéis
+de seguir haciendo méritos hasta obtener, como os lo deseo, la mitra de
+obispo ó el capelo cardenalicio. Oidme; por vos perdono á vuestro
+hermano y tomo sobre mí toda la culpa de lo ocurrido, ya que yo misma
+fuí en busca del peligro. ¿Estáis contento?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuán dignas de vos son esas palabras! En ellas hallaréis sin duda más
+placer que en vuestras primeras ideas de venganza.</p>
+
+<p>Movió ella la cabeza en señal de duda y al mirar á lo lejos lanzó una
+ligera exclamación que revelaba más sorpresa que placer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! dijo. Allí está Rubín con los caballos.</p>
+
+<p>También los había visto el pajecillo, cuyos rubios y largos cabellos
+rizados rodeaban el gracioso rostro. Cabalgaba alegremente, llevando de
+la brida el blanco palafrén causa involuntaria de las aventuras de su
+dueña.</p>
+
+<p>&mdash;¡Os he buscado en vano por todas partes, mi señora Doña Constanza!
+gritó agitando en el aire la emplumada gorra. <i>Trovador</i> no se detuvo
+hasta El Castañar, añadió echando pie á tierra y teniendo el estribo á
+su ama; y aun así, trabajo me costó cogerlo. ¿Os ha sucedido algo
+desagradable? Estaréis cansada ¿verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Nada me ha sucedido, Rubín, gracias á la cortesía de este doncel,
+dijo, mientras el paje miraba atentamente á Roger. Y ahora, señor de
+Clinton, continuó, tomando la rienda y montando ligeramente, no quiero
+separarme de vos sin deciros que os habéis conducido hoy como honrado
+caballero y sin daros las gracias. Sois joven y no os creo rico; quizás
+mi padre pueda serviros en vuestra carrera futura, cualquiera que sea.
+Es respetado de todos y tiene amigos poderosos. ¿No me diréis cuáles son
+vuestros proyectos, ahora que no podéis contar con vuestro hermano?</p>
+
+<p>&mdash;¿Proyectos? Ninguno; no puedo tenerlos. Sólo<a name="page_091" id="page_091"></a> dos amigos cuento fuera
+de la abadía de Belmonte y de ellos me separé esta mañana. Quizás pueda
+reunirme con ellos en Salisbury.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué han ido á hacer allí?</p>
+
+<p>&mdash;Uno de ellos, bravo soldado, lleva importante mensaje al castillo de
+Monteagudo para el barón León de Morel....</p>
+
+<p>Una alegre carcajada de la hermosa hizo enmudecer al sorprendido joven,
+que momentos después se vió solo en medio del camino, contemplando la
+nube de polvo que levantaban los caballos. Llegados á una pequeña
+eminencia, detuvo la dama su corcel y le envió amistosa señal de
+despedida. Allí permaneció Roger inmóvil hasta que perdió de vista á su
+linda compañera. Después tomó lentamente el camino del pueblo, con ideas
+y sentimientos muy distintos de los del inexperto mancebo, casi un niño,
+que pocas horas antes había dejado aquel mismo camino por el atajo del
+bosque.<a name="page_092" id="page_092"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_X" id="CAPITULO_X"></a>CAPÍTULO X<br /><br />
+<small>UN CAPITÁN COMO HAY POCOS</small></h3>
+
+<p>P<small>ENSANDO</small> iba Roger que ni podía regresar á Belmonte en el término de un
+año, ni asomar por las inmediaciones de la casa paterna sin que su
+atrabiliario hermano le echase los perros encima; y que por consiguiente
+se hallaba en el mundo á la ventura, sin saber qué hacer y harto escaso
+de recursos para continuar viajando y gastando, sin oficio ni beneficio.
+Con los diez ducados de plata que el buen abad había depositado en su
+escarcela podría vivir escasamente un mes, pero no doce. Su única
+esperanza era reunirse cuanto antes á los dos camaradas por quienes
+sentía el afecto que ellos también le habían mostrado. Apretó pues el
+paso, y corrió á trechos, comiendo el pan que llevaba en el zurrón y
+apagando la sed en los cristalinos arroyos que halló á su paso.</p>
+
+<p>Al cabo de una hora tuvo la fortuna de alcanzar á un leñador que con su
+hacha al hombro llevaba la misma dirección que él, lo que le evitó
+perder más tiempo y aun extraviarse en los numerosos senderos que
+cruzaban el bosque. No fué muy animada la conversación entre ambos, pues
+el leñador sólo platicaba sobre asuntos de su oficio, la calidad de
+tales ó cuales maderas y las reyertas entre trabajadores de éste ó aquel
+villorrio, al paso que Roger no podía apartar de su imaginación el
+recuerdo de la encantadora desconocida. Tan distraído y preocupado iba
+que su compañero acabó por callarse, hasta que torció á la izquierda por
+el sendero de El Castañar, dejando á Roger en el ancho camino de
+Salisbury.</p>
+
+<p>Algunos pordioseros, un correo del rey, varios leñadores<a name="page_093" id="page_093"></a> y otras
+personas que encontró en su camino le indicaron la proximidad del
+poblado. También vió pasar á un jinete corpulento, de luenga y negra
+barba, que llevaba un rosario de gruesas cuentas en la mano y enorme
+espadón pendiente del cinto. Por la forma y color del hábito y la
+estrella de ocho puntas bordada en la manga reconoció en él á uno de los
+caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, cuyo maestre residía
+en Bristol. El joven viajero recibió descubierto y reverente la
+bendición del hospitalario, lleno de admiración por aquella famosa
+orden, sin saber que á la sazón había adquirido ya gran parte de las
+cuantiosas riquezas de los templarios y que los un tiempo humildes y
+desinteresados caballeros de San Juan preferían ya las comodidades de
+sus palacios á las aventuras y peligros de la campaña contra los
+infieles del Oriente.</p>
+
+<p>El sol se había ocultado tras negras nubes y á poco empezó á llover. Un
+frondoso árbol cercano ofrecía el mejor refugio y bajo sus ramas se
+cobijó Roger, aun antes de oir la cordial invitación de dos viajeros que
+le habían precedido y que sentados al pie del árbol tenían delante media
+docena de arenques salados, un pan moreno y una bota que después resultó
+estar llena de leche fresca y no de vino. Eran dos jóvenes estudiantes
+de los muchos que por aquella época se veían no sólo en las grandes
+ciudades sino en los caminos y ventorrillos de casi toda Inglaterra.
+Disputaban más que comían y saludaron alegremente al recienllegado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Venid aquí, camarada! dijo uno de ellos, bajo y rechoncho. <i>Vultus
+ingenui puer.</i> No os asuste la cara de mi compañero, que como dijo
+Horacio, <i>f&oelig;num habet in cornu</i>; pero es más inofensivo de lo que
+parece.</p>
+
+<p>&mdash;No rebuznes tan fuerte, Colás, repuso el otro, que era enteco y alto.
+Si á citar vamos á Horacio, recuerda aquello de <i>loquaces si sapiat</i>...
+ó como diríamos en buen inglés, huye de los charlatanes como de la
+peste. Y á fe mía, que de seguir todos el consejo habías de verte tú
+solo en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena lógica, buena! Como de costumbre, te enredas en tus propios
+argumentos y te caes de bruces, dijo Colás con gran risa. Primera
+premisa: los hombres deben huir de mi locuacidad. Segunda: tú estás aquí
+comiendo arenques mano á mano conmigo. <i>Ergo</i>, tú no eres hombre.<a name="page_094" id="page_094"></a> Que
+es lo que se quería demostrar, Florián amigo, y lo que yo me tenía muy
+sabido; que eres un monigote y no un nombre.</p>
+
+<p>Roger y Florián se rieron de buena gana y el primero se sentó junto á
+los polemistas.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí va un arenque, compañero, dijo Florián; pero antes de participar
+de nuestra espléndida hospitalidad, tenemos que imponeros ciertas
+condiciones.</p>
+
+<p>&mdash;La que á mí más me interesa, repuso Roger jovialmente, es que con el
+arenque venga también una rebanada de pan.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ves, gandul? preguntó Colás al otro estudiante. ¿No te he dicho
+cien veces que el ingenio y la gracia en el decir me rodean como un aura
+sutil y que nadie se me acerca sin dar á poco muestras evidentes de la
+agudeza que en mí rebosa? Tú mismo eras el mostrenco más zafio que he
+conocido en toda mi vida, pero en la semana que llevas conmigo has hecho
+ya dos ó tres juegos de palabras muy pasables y esta mañana un
+comentario asaz agudo, que yo no tendría inconveniente en aceptar por
+mío.</p>
+
+<p>&mdash;Como lo harás á la primera oportunidad, socarrón, para pavonearte con
+plumas ajenas. Pero decidme, amigo, ¿sois estudiante? Y siéndolo ¿venís
+de las aulas de Oxford ó de las de París?</p>
+
+<p>&mdash;Algo he estudiado, contestó Roger, pero no en esas grandes
+universidades, sino con los monjes del Císter, en su convento de
+Belmonte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! poco y malo probablemente. ¿Qué diablos de enseñanza pueden dar
+allí?</p>
+
+<p>&mdash;<i>Non cui vis contingit adire Corinthum</i>, observó Roger.</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma y vuelve por otra, hermano Florián! Pero dejémonos de
+discusiones y á comer se ha dicho, que se <i>enfrían</i> los arenques y el
+pan amenaza convertirse en guijarro y la leche en requesón.</p>
+
+<p>Lo cual no impidió que mientras Roger comía renovasen los otros sus
+argucias y que á poco menudeasen argumentos y sofismas y lloviesen las
+citas latinas y griegas, escolásticas y evangélicas, silogismos,
+premisas, inferencias y deducciones. Sucedíanse las preguntas y
+respuestas como los golpes de incansables espadas sobre fuertes
+escudos.<a name="page_095" id="page_095"></a> Por fin, aplacóse un tanto Colás, mientras su compañero siguió
+perorando, triunfante y engreído.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, ladrón! gritó de pronto. ¡Te has comido mis arenques!</p>
+
+<p>&mdash;Y muy ricos que estaban, contestó Colás con sorna. Pero eso es parte
+de mi argumentación, el esfuerzo final, la <i>peroratio</i>, que dicen los
+oradores. Porque amigo Florián, siendo <i>cosas</i> las ideas, como lo acabas
+de dejar muy bien sentado y probado, no tienes más que pensar ó idearte
+un par de arenques rollizos y conjurar un frasco de leche de dos
+azumbres, con lo cual quedará tu estómago tan satisfecho y tan campante.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con que esas tenemos, eh? Buen argumento, bueno, pero hay que
+contestarlo; y haciendo y diciendo atizó al rubicundo Colás una bofetada
+que lo hizo caer de espaldas. Y ahora, continuó, levantándose, imagínate
+que no te has llevado ese revés y verás cómo ni te duele, ni vuelves á
+robar arenques.</p>
+
+<p>El estudiante santiguado agarró el garrote de Roger y en poco estuvo que
+le rompiese un hueso á su compañero. Por fin consiguió Roger ponerlos en
+paz, y habiendo cesado la lluvia se despidió de aquellos divertidos
+polemistas. No tardó en divisar grupos de cabañas, campos cultivados y
+una que otra granja; pero el sol se acercaba á su ocaso cuando el
+viajero vió á distancia la elevada torre del priorato de Salisbury.
+Alegróse de llegar al término de su viaje por aquel día, y mucho más
+cuando al rodear las tapias de un huerto descubrió á Simón y Tristán,
+sentados muy sosegadamente sobre un árbol caído.</p>
+
+<p>Ninguno de ellos notó su presencia porque dedicaban toda su atención á
+la partida de dados que tenían empeñada. Acercóse Roger muy quedamente y
+observó con sorpresa que Tristán tenía cruzado á la espalda el arco de
+Simón y ceñida la espada de éste y que entre los dos, como si fuese la
+puesta de la próxima jugada, se hallaba el casco del arquero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Maldición! exclamó éste al mirar los dados. ¡Uno y tres! No he tenido
+suerte peor desde que salí de Rennes, donde perdí hasta los borceguíes.
+<i>À toi, camarade.</i></p>
+
+<p>&mdash;Cuatro y tres, dijo Tristán con voz de bajo profundo.<a name="page_096" id="page_096"></a> Venga el
+capacete. Y ahora te lo apuesto contra tu coleto, arquero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Apostado! Pero como siga la mala racha voy á llegar al castillo en
+camisa. ¡Voto á sanes! Bonita facha para un embajador. ¡Hola! gritó
+levantándose apresuradamente al ver á Roger y echándole los brazos al
+cuello; mira quién nos ha caído de las nubes, recluta.</p>
+
+<p>No menos complacido que el arquero quedó Tristán, pero se limitó á abrir
+la bocaza y entornar los ojos, que era su manera de sonreirse,
+procurando con ambas manos ponerse el casco de Simón sobre la enorme
+melena roja.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vienes á quedarte con nosotros, <i>petit</i>? preguntó el veterano, dando
+golpecitos en la espalda de Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo menos así lo deseo, respondió éste, conmovido ante la cariñosa
+acogida de sus amigos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, muchacho! Juntos iremos los tres á la guerra, y que el diablo
+se lleve la veleta del convento de Belmonte. Pero ¿dónde te has metido,
+que vienes de barro hasta las rodillas?</p>
+
+<p>&mdash;En un arroyo, dijo Roger; y tomando la palabra les refirió los
+incidentes de su jornada, el ataque del bandolero, su encuentro con el
+rey, la recepción que le hizo su hermano y el rescate de la hermosa
+cazadora. Escuchábanle los otros atentamente, pero no había acabado su
+relato, que hacía andando entre los dos amigos, cuando Simón volvió pie
+atrás y se alejó dando resoplidos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué os pasa, arquero? gritó Roger corriendo tras él y echándole mano
+al coleto. ¿Á dónde váis?</p>
+
+<p>&mdash;Á Munster. ¡Suelta, muñeco!</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué váis á hacer allí?</p>
+
+<p>&mdash;Meterle seis pulgadas de hierro á tu hermanito en la barriga. ¡Cómo!
+¡Insultar á una doncella inglesa y azuzar los perros contra su hermano!
+Pues ¿para qué tengo yo esta espada? Digo, no, que la tiene el gandul
+ese de Tristán y se la voy á quitar ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Á mí, Tristán! ¡Échale mano! gritó Roger riendo á carcajadas y
+tirando de Simón. Ni ella ni yo sufrimos un rasguño. ¡Venid, amigo! y
+entre los dos lograron por fin ponerlo de nuevo en dirección de
+Salisbury. Sin embargo, anduvo buen trecho con la cara hosca, hasta que<a name="page_097" id="page_097"></a>
+divisó una fresca labradora y le envió con un beso una sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero vamos á ver, dijo Roger. ¿Cómo es que el soldado no lleva ahora
+consigo las herramientas de su oficio? Y tú Tristán ¿qué haces con arco,
+espada y casco en tiempo de paz?</p>
+
+<p>&mdash;Te diré. Es un juego que el amigo Simón se empeñó en enseñarme.</p>
+
+<p>&mdash;Y el bribón resultó maestro, gruñó el arquero. Me ha desplumado como
+si hubiese caído en manos de los ballesteros del rey de Francia. Pero
+¡por mis pecados! que me has de devolver esos trastos, amigo, si he de
+cumplir la misión de Sir Claudio Latour, y te los pagaré como nuevos, á
+precio de armero.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí tienes todo lo que te he ganado y no hables de pagármelo, dijo
+Tristán. Mi único deseo era llevar encima esos arreos por un rato, para
+tomarles el peso, ya que en Francia y España he de llevarlos á diario
+por algunos años.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ma foi</i>, has nacido para soldado y buen compañero, exclamó regocijado
+Simón. Eso es hablar y portarse como se debe. ¡Bien, recluta! ¿Quién ha
+visto jamás arquero sin arco? Descuida, que yo te procuraré uno tan
+bueno como éste, allá en el ejército. Pero ¡mirad! Á la derecha del
+priorato se destaca la torre parda y cuadrada del castillo en la
+eminencia, y aun á esta distancia me parece distinguir en la bandera que
+allí ondea el rojo corzo de las armas de Monteagudo.</p>
+
+<p>&mdash;Rojo en campo blanco, dijo Roger, pero no sé si es corzo, león ó
+águila. ¿Qué es aquello que brilla sobre el muro? En la almena, debajo
+de la bandera.</p>
+
+<p>&mdash;El casco de acero de un centinela, contestó Simón. Pero apretemos el
+paso si hemos de llegar antes que la campana dé la señal de vísperas y
+el clarín la de alzar el puente levadizo; porque el barón de Morel, á
+fuer de buen soldado, es lo más exigente y riguroso en punto á
+disciplina.</p>
+
+<p>Pronto se hallaron los tres camaradas en la extensa población construída
+al pie de la antigua iglesia y del amenazador castillo. El barón de
+Morel había cenado aquella tarde antes de ponerse el sol, según su
+costumbre; visitó después las caballerizas, donde sus dos corceles de
+batalla, <i>Darío</i> y <i>Armorel</i>, descansaban de sus pasadas campañas,<a name="page_098" id="page_098"></a> en
+unión de otros buenos caballos y de los palafrenes de las damas, y por
+último dispuso que los monteros sacasen á los perros y los dejasen
+correr y retozar en libertad por media hora en las avenidas del
+castillo. Unos treinta contenían las perreras y no fué mal concierto de
+ladridos el que armaron al precipitarse en tropel perdigueros y
+lebreles, mastines, galgos, sabuesos y podencos, de todos tamaños y
+colores. Detrás de los monteros y pajes que con sus voces aumentaban la
+algazara, veíase al noble señor de Morel, que contemplaba sonriente
+aquel animado cuadro. Iba á su lado la buena baronesa y ambos siguieron
+andando hasta el puente de piedra que separaba el pueblo del castillo.</p>
+
+<p>Era el famoso guerrero de corta estatura y pocas carnes, y ni su aspecto
+ni sus maneras revelaban en él al esforzado campeón inglés cuyos altos
+hechos andaban en lenguas de todos. Los años habían encorvado algo su
+cuerpo, aunque no pasaban de cuarenta y ocho los que tenía; y en la
+época en que le conocemos sufría todavía de la vista á consecuencia de
+haberle vaciado encima una espuerta de cal viva los sitiados de
+Bergerac, cuando el barón dirigía el asalto de aquella plaza al frente
+de los veteranos de Derby. El constante ejercicio de las armas y las
+penalidades de su pasada vida de soldado lo habían conservado vigoroso y
+activo como siempre; era delgado de rostro, de color moreno y llevaba el
+retorcido bigote y larga perilla que por entonces estaban en boga entre
+los caballeros del ejército. El chambergo de fino fieltro con airosa
+pluma blanca, algo inclinado sobre la oreja derecha, ocultaba en parte
+la cicatriz de una larga herida que partía desde la sien; la mitad de
+aquella oreja se la llevó una bala de bombarda allá en Tournay, en las
+guerras de Flandes. Vestía rico traje de terciopelo negro y capa corta
+del mismo color, y usaba calzado de retorcida punta, aunque no tan
+desmesurada como fué uso llevarla en el siguiente reinado. Ceñíale el
+cuerpo un cinturón bordado de oro, en cuya ancha hebilla estaban
+grabadas las armas de los Morel, cinco rosas gules en campo de plata.</p>
+
+<p>Á su lado y apoyada en el parapeto del puente, la baronesa parecía el
+tipo acabado de las altivas castellanas de la época. Más alta que su
+esposo, tenía la mirada dominante y la robustez física que había hecho
+posibles las heróicas<a name="page_099" id="page_099"></a> proezas de Agnes Dunbar, de las condesas de
+Salisbury y de Monfort y de otras damas inglesas que habían demostrado
+ser tan animosas como sus nobles maridos llegada la ocasión, y poco
+menos expertas que ellos en el manejo de la espada ó del hacha de
+combate. Pero muchas de aquellas heroínas inglesas y otras que
+pudiéramos citar, como las de Monteagudo, Chandos y Belver, eran no sólo
+valerosas sino bellas, calificativo este último que por ningún concepto
+podía aplicarse á la baronesa de Morel.</p>
+
+<p>&mdash;Os repito, barón, que una doncella como nuestra hija no debería pasar
+su vida cazando y corriendo por campos y bosques, decía la imponente
+dama á su esposo. Si la dejamos que siga rodeada de caballos y perros,
+pajes, monteros y soldados, cuidando halcones y aprendiendo, la muy
+taimada, trovas francesas, que tal hacía cuando la sorprendí ayer en su
+cuarto, ¿cómo ha de servir para esposa de un noble compañero y para
+gobernar un castillo, cual lo he hecho yo en vuestras largas ausencias,
+con un centenar de hombres de armas y sirvientes á sus órdenes, la mitad
+de los cuales sólo entienden de holgar y beber cerveza? Y cuenta que las
+trovas de que os hablo, que ella escondió bajo la almohada al verme
+entrar, se las había prestado, según confesión suya, el mismísimo padre
+Cristóbal, del Priorato. Es verdad que siempre me dice lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Muy cierto es todo eso, mi buena amiga, respondió el magnate, pero
+tened en cuenta que es muy joven, llena de vida y salud, traviesa y
+alegre como una niña y que tiempo hay para todo.</p>
+
+<p>&mdash;Sus travesuras van siendo graves por demás y demandan de vos severa
+corrección.</p>
+
+<p>&mdash;No querréis decir seguramente que llegue yo á levantarle la mano.
+Jamás lo he hecho con ninguna mujer y no exceptuaré precisamente á la
+que lleva mi sangre en sus venas. En vos confío para enmendarla, cuando
+su conducta merezca enmienda; sobre todo en mi ausencia, querida mía,
+pues si llevo largo tiempo de asueto en el castillo, sólo por vos ha
+sido, y os confieso que sin vuestra presencia no podría tolerar una
+semana esta vida tranquila y regalona. Soldado nací y soldado he de
+morir.</p>
+
+<p>&mdash;Eso era lo que yo temía, exclamó angustiada la baronesa. ¿Creéis que
+no he notado vuestro desasosiego de<a name="page_100" id="page_100"></a> estos últimos tiempos, y la revista
+que habéis pasado á vuestras armas en compañía de Renato el escudero?
+¡Nuestra Señora de Embrún me valga!</p>
+
+<p>&mdash;No os aflijáis. No se trata sólo de inclinación mía, sino de un deber,
+de un llamamiento á nuestro honor. Bien sabéis que la renovación de la
+guerra es cosa resuelta, que nuestras tropas se reconcentran en Burdeos
+y ¡por San Jorge! sería cosa de ver que junto á los leones del
+estandarte real figurasen las armas de toda la nobleza inglesa, excepto
+las rosas de Morel.</p>
+
+<p>&mdash;No lo hubiera permitido yo misma diez ó quince años hace; pero ¿no
+habéis servido al rey como el primero? ¿No habéis dado pruebas
+brillantes de valor en diez campañas? Díganlo las heridas de vuestro
+cuerpo y la fama de vuestro nombre. El mismo rey no espera de vos que
+combatáis hasta morir y el más bravo soldado depone un día las armas y
+regresa al hogar.</p>
+
+<p>&mdash;No está en mí el hacerlo, creedme. Cuando nuestro gracioso soberano se
+apresura á vestir la armadura de combate á los setenta años y el señor
+de Chandos le imita á los setenta y cinco, con tantas campañas y heridas
+como cuento yo, mal puede quedar en reposo la lanza del barón León de
+Morel. Mi propia fama me obliga, ya que tanto más notada sería mi
+ausencia. No, Leonor, debo partir. Sin contar que nuestra hacienda no es
+tan grande cual yo por vos y por nuestra hija la quisiera, y que sólo el
+cargo de condestable que ejerzo aquí por merced de mi buen y poderoso
+amigo el conde de Monteagudo, cuyo castillo habitamos, nos permite
+sostener la posición correspondiente á nuestro rango. Y bien sabéis que
+en la guerra es donde el noble y el bravo hallan hoy no sólo honores,
+sino riquezas. La recompensa regia, el rico botín y los rescates enormes
+de esta guerra nos pondrán para siempre al abrigo de todo temor, por lo
+que á nuestros bienes de fortuna se refiere.</p>
+
+<p>&mdash;Rescates y botín soberbios habéis ganado con vuestro esfuerzo, pero
+sois tan generoso como valiente y otros se han aprovechado de vuestra
+hacienda.</p>
+
+<p>&mdash;Descuidad. No más esplendidez á costa de la tranquilidad y el
+bienestar de los míos. Cobrad ánimos; la campaña no será larga y ansío
+recibir noticias definitivas.<a name="page_101" id="page_101"></a></p>
+
+<p>&mdash;Mirad, barón, cerca de la última casa del pueblo, aquellos tres
+hombres que toman el camino del castillo. Soldado es uno de ellos.</p>
+
+<p>Nuestros tres conocidos llegaban, en efecto, al término de su viaje,
+cubiertos de polvo, pero sin señal de fatiga y platicando alegremente.
+El barón se fijó desde luego en el joven de rubios cabellos é
+inteligente rostro, que observaba atentamente el castillo y sus
+alrededores. Iba á su derecha un gigante pobremente vestido, que por lo
+estrechos y cortos que le venían sus arreos decían bien claro no haber
+sido cortados para él. El caminante de la izquierda era un veterano
+robusto y de atezado rostro, con espada al cinto y largo arco á la
+espalda; el abollado capacete y los desteñidos colores del león de San
+Jorge que llevaba cosido en el coleto no dejaban duda sobre la
+procedencia del soldado, cuyo aspecto todo denotaba sus recientes
+campañas. Llegados al puente, miró el arquero fijamente al noble
+capitán, saludó á la baronesa con una inclinación respetuosa y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, señor barón, pero á pesar de los años transcurridos os he
+reconocido al momento, y eso que hasta hoy no os había visto vistiendo
+terciopelo, sino yelmo y coselete. Junto á vos he tendido muchas veces
+mi arco en Romorantín, La Roche, Maupertuis, Auray, Nogent y otros
+lugares.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo me felicito de verte, y darte la bienvenida al castillo de Morel.
+Mi mayordomo os proporcionará en él buen lecho y buena mesa á tí y á tus
+compañeros. Espera, arquero; sí, me parece recordar tu rostro, aunque ya
+no puedo fiarme de mi vista como antes. Descansa un tanto y después te
+llamaré para que me des noticias de lo que en Francia ocurre. Hasta aquí
+han llegado rumores de que antes de terminar el año ondearán nuestras
+banderas al sur de las grandes montañas de la frontera española.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho se hablaba de ello en Burdeos á mi partida, repuso Simón, y á fe
+que los armeros trabajaban sin descanso y que ví llegar buen número de
+soldados. Pero permitid que os entregue esta misiva que para vos puso en
+mis manos el bravo caballero gascón Sir Claudio Latour. Y á vos, señora,
+os traigo de él este joyero, que le fué presentado en Narbona y que os
+ofrece con sus respetos.</p>
+
+<p>El arquero se había repetido muchas veces durante su<a name="page_102" id="page_102"></a> viaje aquellas
+palabras, que eran las mismas pronunciadas por su capitán; pero la
+verdad es que la dama, aunque estimando el rico presente, no se fijó en
+las frases del arquero porque estaba tan absorta como su esposo en la
+lectura del pergamino, que aquél le hacía en voz baja. Roger y Tristán,
+que se habían detenido á algunos pasos de distancia del arquero, vieron
+que la baronesa palidecía y que su esposo se sonreía satisfecho.</p>
+
+<p>&mdash;Ya véis, señora mía, dijo, que no quieren dejar tranquilo al viejo
+lebrel cuando se preparan á levantar la caza. ¿Qué me dices, arquero, de
+esta Guardia Blanca de que aquí me hablan?</p>
+
+<p>&mdash;De lebreles hablasteis vos, señor barón, y os aseguro que no hay mejor
+jauría que aquella Guardia en ambos reinos, cuando se trata de correr
+caza mayor, sobre todo si los dirige un buen montero. Juntos hemos
+estado en las guerras, señor, pero jamás he visto cuerpo de arqueros más
+valientes ni más temibles. Todos os queremos tener por capitán en esta
+próxima campaña; y lo que la Guardia Blanca quiere ¿quién lo impide?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues me gusta! exclamó el barón sin ocultar su contento. La verdad es
+que si todos aquellos arqueros se os parecen, no hay jefe que no deba
+sentirse orgulloso de mandarlos. ¿Cómo os llamáis?</p>
+
+<p>&mdash;Simón Aluardo, del condado de Austin.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el gigante ese?</p>
+
+<p>&mdash;Es Tristán de Horla, un montañés como hay pocos, á quien acabo de
+alistar en la Guardia Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;Hará un soldado excelente. ¿Buenos puños, eh? Robusto y forzudo
+pareces, arquero, pero estoy seguro de que ese buen mozo lo es más
+todavía. Á ver, Tristán, si avergüenzas á todos mis ballesteros, ninguno
+de los cuales pudo ayer hacer rodar aquella piedra y arrojarla al
+torrente. Aunque me temo que ni tus brazos de hércules puedan con ella.</p>
+
+<p>Tristán se dirigió al peñasco sonriéndose. Era de enorme peso y hundido
+en parte en la tierra; pero el coloso lo arrancó de su húmedo lecho á la
+primera sacudida, y no contentándose con hacerlo rodar lo levantó del
+suelo y lo lanzó al agua. La noble pareja manifestó su admiración ante
+aquel prodigio de fuerza, mientras Tristán se limpiaba<a name="page_103" id="page_103"></a> el barro de las
+manos, sin dejar de sonreirse bonachonamente.</p>
+
+<p>&mdash;Esos brazos suyos me han rodeado una vez las costillas, dijo Simón, y
+todavía me parece oirlas crujir. Este otro compañero mío, continuó al
+notar que el barón miraba á Roger, ha sido hasta ahora amanuense en la
+abadía de Belmonte, donde deja el mejor recuerdo, como lo atestiguan las
+letras del abad que consigo lleva. Y es también doncel de mucha ciencia,
+aunque de pocos años. Su nombre, Roger de Clinton y es hermano del
+arrendatario de Munster.</p>
+
+<p>&mdash;Mala recomendación esta última, dijo el señor de Morel frunciendo el
+ceño; y si á tu hermano te pareces por los hechos....</p>
+
+<p>&mdash;Lejos de eso, señor, dijo vivamente el arquero. Puedo aseguraros lo
+contrario, y á fe que hoy mismo lo amenazó de muerte su hermano y le
+soltó los perros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Perteneces también á la Guardia Blanca? Á juzgar por tu rostro, edad
+y porte, no has tenido mucha práctica militar.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera ir á Francia con estos dos amigos, señor, dijo Roger. Pero no
+sé que sirva para soldado, porque he sido siempre hombre de paz;
+estudiante desde que salí de la niñez y también lector, exorcista,
+acólito y amanuense en la abadía.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no quita, observó el barón, y nunca está de más que cada compañía
+tenga su amanuense, alguien que entienda más de leer un pergamino y de
+redactar un informe que de andar á flechazos con el enemigo. Todavía
+recuerdo yo á un secretario que tuve en la campaña de Calais, llamado
+Sandal, que era también trovador y juglar de mérito. Habíais de oir las
+rimas que compuso describiendo combates, asaltos y salidas, y cuantos
+incidentes ocurrieron en el largo asedio de aquella plaza. Pero bastante
+hemos hablado y hora es de regresar al castillo. Reposad, comed y bebed
+con mis hombres de armas, que son gente de buena y alegre compañía.
+Venid, señora, si gustáis.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, que el aire ha refrescado mucho, dijo la dama, tomando el brazo
+del barón.</p>
+
+<p>Dirigióse la noble pareja hacia el castillo, seguida de Simón, que se
+alegraba de haber desempeñado su misión y visto á su querido capitán de
+otros tiempos, y de Roger,<a name="page_104" id="page_104"></a> admirado de hallar en el afamado guerrero á
+un hombre modesto y afable, sin sombra de la insufrible altivez de
+muchos nobles. Sólo Tristán parecía descontento y lo manifestaba con
+sordos gruñidos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué le pasa al mastuerzo éste? dijo Simón en voz baja, deteniéndose y
+mirando á Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Me pasa que me has engañado, que me prometiste hacerme servir á las
+órdenes de uno de los más grandes capitanes del reino y en su lugar
+buscas para capitán de la Guardia Blanca á ese alfeñique vestido de
+terciopelo, con sus ojillos llorosos y que por lo flaco y desmedrado
+parece no haber comido en tres días....</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, con que ahí es donde te duele! Pues mira, Sansón, procura que
+no te oiga él, el chiquitín ese de los ojillos llorosos, porque sólo
+entonces conocerías tú la fuerza de sus puños. Por lo demás, tres meses
+de plazo te doy para cambiar de opinión. Al capitán Morel sólo le
+conocen los que lo han visto hilar por lo fino en la guerra. Ya verás,
+ya verás.</p>
+
+<p>En aquel momento se oyó gran gritería en las calles del pueblo; hombres,
+mujeres y niños corrían de uno á otro lado de la calle central dando
+voces y se refugiaban en las casas. Al otro lado del puente y corriendo
+cuanto podía en dirección al castillo, apareció un hombre, que al ver á
+la baronesa se llegó á ella y gritó, sudoroso y jadeante:</p>
+
+<p>&mdash;¡Huid, señora, huid! ¡Salvadla! ¡El oso, el oso!</p>
+
+<p>En efecto, corriendo hacia ellos venía un oso negro enorme, de terrible
+aspecto, entreabierta la boca y con un trozo de cadena atado al cuello.
+En dos saltos se puso Tristán al lado de la baronesa, á quien levantó en
+sus brazos como si fuera una pluma, y con ella corrió rápidamente fuera
+del camino, hasta llegar á unos árboles vecinos. Roger solo acertó á dar
+algunos pasos en igual dirección y se quedó mirando atónito al furioso
+animal; entre tanto soltaba Simón una retahila de tacos franceses é
+ingleses y preparaba su arco. Entonces, con sorpresa de todos, vieron
+que el barón de Morel no sólo no había huido sino que se dirigía en
+derechura al oso con tranquilo paso, llevando en la mano el rojo pañuelo
+de seda que en ella tenía cuando hablaba con Simón y sus amigos. El oso
+llegó hasta él, dió un sordo<a name="page_105" id="page_105"></a> gruñido, y alzándose sobre las patas
+traseras, levantó la poderosa zarpa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, feo! ¿Con que estamos de mal humor? dijo tranquilamente el
+barón, cruzando por dos veces con su pañuelo de seda el hocico del oso.</p>
+
+<p>El animal, sorprendido, le miró un momento, cayó sobre las cuatro patas
+y gruñó de nuevo, mirando á derecha é izquierda como sin saber qué
+resolución tomar, mientras el barón, á dos pasos, lo contemplaba con
+curiosidad, guiñando sus irritados ojillos. En aquel momento llegaron
+cuatro gañanes con gruesas cuerdas y en pocos instantes tuvieron
+asegurado al fugitivo. El dueño del oso llegó también, temeroso del
+castigo que pudiera aguardarle y descubriéndose explicó al barón que
+había dejado á la fiera bien encadenada á la puerta de una taberna
+mientras él tomaba un vaso de cerveza, y que habiendo llegado de súbito
+los perros del castillo, atacaron al oso, enfureciéndolo y haciéndole
+romper la cadena. Lejos de castigarlo ó reprenderlo el barón le dió
+algunas monedas de plata, con escándalo de la baronesa, á la que todavía
+no se le había pasado el susto.</p>
+
+<p>&mdash;Te pido perdón, camarada, dijo Tristán al arquero, á tiempo que
+entraban por las puertas del castillo. El señor de Morel es todo un
+hombre. ¡Digo, qué calma y qué nervio! Por mi parte, no quiero más jefe
+que él.<a name="page_106" id="page_106"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XI" id="CAPITULO_XI"></a>CAPÍTULO XI<br /><br />
+<small>DEL CONVENTO Á ESCUDERO Y DE DISCÍPULO Á MAESTRO</small></h3>
+
+<p>S<small>OBRE</small> el macizo arco que daba entrada á la fortaleza se veía el escudo
+de los Monteagudo, un corzo gules en campo de plata, y junto á él las
+armas del veterano condestable, las rosas de Morel. Al pasar el puente
+levadizo le pareció á Roger que en una de las saeteras brillaba la
+armadura de un soldado; y apenas estuvieron todos en el pórtico, sonó un
+clarín y el pesado puente se elevó tras ellos como impulsado por manos
+invisibles, con gran ruido de cadenas. El barón acompañó á su esposa á
+la sala del castillo y un obeso mayordomo se encargó de los tres
+recienllegados, á quienes trató á cuerpo de rey. Satisfechos ampliamente
+sus estómagos y refrescados con un baño en la cercana acequia, siguieron
+Tristán y Roger al arquero, que examinaba atentamente la fortaleza con
+la práctica de quien tantas había visto en su vida. Á sus dos
+compañeros, que por primera vez se hallaban en un castillo, les parecían
+aquellos gruesos muros del todo inexpugnables, y veían con asombro el
+número de centinelas apostados en puertas, murallas y almenas, sin
+contar los soldados del cuerpo de guardia situado cerca del puente
+levadizo, que limpiaban sus armas, cantaban ó hablaban con sus mujeres é
+hijos en el ancho pórtico.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que un puñado de rústicos podría defender esta fortaleza
+contra diez compañías del rey, dijo Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo digo, asintió Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien os equivocáis, <i>mes garçons</i>, exclamó el arquero. Mucho más
+formidables que ésta las he visto yo rendidas en una sola noche. ¡Por el
+filo de mi espada! Pues ¿y el castillo de Monleón, en Picardía, que
+parecía un cerro y que batimos, tomamos y saqueamos los soldados<a name="page_107" id="page_107"></a> de Sir
+Roberto Nolles, antes de que existiera la Guardia Blanca? De allí saqué
+yo unos arreos de caballo, de plata maciza, que me valieron cien
+ducados.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sois vos el arquero Aluardo? le preguntó en aquel momento un
+ballestero que acababa de cruzar el patio del castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Simón Aluardo, para serviros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mírame bien, camarada, y no tendré necesidad de nombrarme.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mala bombarda me parta si no es esa la cáfila de Reno el arquero!
+<i>Embrasse-moi</i>, camarada; y ambos amigos se estrecharon como dos osos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, el arquero Reno, ahora ballestero al servicio del barón, y casi
+olvidado ya de disparar ballesta ó arco. Pero ven acá, viejo lobo; en la
+sala de armas se habla de recorrer una vez más la buena tierra de
+Francia y aun se dice que el barón en persona....</p>
+
+<p>&mdash;Las buenas noticias se saben pronto, á lo que veo, dijo Simón dando
+una carcajada y guiñando el ojo á Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo! gritó Reno. Desde ahora ofrezco un cirio de dos libras á mi
+santo patrón. ¡Si supieras tú lo que es pudrirse aquí la sangre, entre
+cuatro paredes, para un soldado como yo! Vengan en buenhora aquellos
+tiempos en que teníamos franceses que matar y saetazos que dar y
+recibir, sin hablar de lo que siempre se gana y se divide con los
+amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Qué me place verte tan bien dispuesto, repuso Simón. Pero oye, amigo
+¿tan vacía está tu bolsa? Porque en tal caso, mientras entramos en el
+primer campo, castillo ó villa de Francia, aquí llevo yo mi vieja
+escarcela de cuero al cinto y no tienes más que meter en ella la mano.
+Ya sabes que entre hermanos de armas no hay tuyo ni mío.</p>
+
+<p>&mdash;No, amigo; aquí ni dinero se necesita. No es como en Francia, donde
+andábamos siempre á puñadas con los hombres y con la rodilla en tierra y
+la mano abierta ante las mujeres. ¡Qué tiempos aquellos! Con tal que
+vuelvan pronto.... Y además, se trata de saldar una cuentecilla
+pendiente. Tú no lo sabes, pero mientras nosotros batíamos el cobre en
+Rennes, las galeras francesas hicieron un desembarco en Chelsea y
+quemaron y mataron hasta cansarse<a name="page_108" id="page_108"></a> y cuando volví á mi pueblo me
+encontré con que entre las víctimas de sus alabardas se contaban mi
+madre, mi hermana y sus dos hijos, dos chiquitines que apenas sabían
+hablar. ¡Rayos de Dios! Cuando te digo que ardo en deseos de verme otra
+vez frente á frente de aquella canalla....</p>
+
+<p>&mdash;Pues descuida, Reno, que si bien parece que esta vez nos esperan en
+España más que en Francia, andan las cosas tan revueltas que siempre
+habrá trabajo en todas partes y para todos los gustos. Desde luego
+hallaremos por Castilla el famoso Duguesclín, que con las mejores lanzas
+francesas anda al servicio de un príncipe español, Don Enrique de
+Trastamara, empeñado en ponerlo en el trono, al paso que el monarca
+legítimo Don Pedro, hermano del pretendiente, se ha dirigido á nuestro
+rey Eduardo en demanda de auxilio y creo que el mismísimo Príncipe Negro
+nos llevará al combate. Ya ves, pues, que habrá ocasión de poner una
+flecha tan pronto en un castellano como en un francés. Pero entre tanto,
+amigo Reno, creo que también tú y yo tenemos nuestra cuenta pendiente
+y....</p>
+
+<p>&mdash;¡Pesia mí, que lo había olvidado con la alegría de verte, camarada!
+dijo Reno. Muy cierto es ello, y también que apenas nos habíamos puesto
+en guardia nos separaron el maldito preboste y sus hombres de armas.</p>
+
+<p>&mdash;Á quienes la peste se lleve por entremetidos. Pero como quedamos en
+aclarar el punto en nuestra próxima entrevista, y veo que llevas puesta
+la espada, en guardia, Reno amigo y á quien Dios se la dé....</p>
+
+<p>&mdash;Palabra empeñada y cuestión de honra son cosa sagrada, dijo Reno
+desenvainando el acero. La luz de la luna basta para vernos el bulto y
+estos dos mozos servirán de testigos. Cuestión de honra, compañeros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué decís? exclamó Roger. ¿Qué cuestión de honra puede inducir á dos
+amigos como vosotros á matarse á sangre fría? ¡Tened! Pero ¿no sabéis
+que eso es un pecado mortal, que el odio os ciega? ¡Por favor, Simón!</p>
+
+<p>&mdash;No hay odio ni cosa que se le parezca, frailecico mío, repuso
+jovialmente Simón, mientras el otro veterano miraba sorprendido al
+doncel. No hay sino una cuestioncilla no terminada á gusto nuestro. ¡Ojo
+á mi espada, Reno!</p>
+
+<p>&mdash;Guárdate de la mía, Simón hermano, que hace meses<a name="page_109" id="page_109"></a> no he tenido
+ocasión de esgrimirla una sola vez y necesito esta escaramuza para
+ejercitar la muñeca. ¡Á ello!</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué espíritu sanguinario os anima? ¡No lo consentiré y antes
+tendréis que matarme! gritó Roger poniéndose delante del arquero.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco lo consentiré yo, exclamó el no menos sorprendido Tristán,
+enarbolando un pesado tablón que vió apoyado contra el muro. ¡Ea, basta
+de broma! Al primero que mueva el chafarote lo aplasto como un sapo.
+¡Pues no faltaba más!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué mala mosca ha picado á este par de gansos? preguntó Reno.
+Cuidado, gigantón, no empiece yo por darte una sangría y te caiga encima
+la tabla esa....</p>
+
+<p>&mdash;Decidme, Simón, interrumpió vivamente Roger, la causa de vuestra
+querella, para ver si ello admite honroso arreglo, antes de que os
+degolléis como enemigos implacables.</p>
+
+<p>El arquero miró pensativamente al suelo y después á la luna.</p>
+
+<p>&mdash;¿La causa, muchacho? ¿Y cómo quieres tú que yo me acuerde de tal cosa,
+cuando nuestra disputa ocurrió allá en Limoges hace más de dos años?
+Pero ahí está Reno, que te lo dirá en un santiamén.</p>
+
+<p>&mdash;No tal, dijo Reno bajando la espada. Desde entonces he tenido otras
+muchas cosas en que pensar y aunque me rompa la crisma no lo recordaré
+nunca. Creo que estábamos jugando á los dados. No, creo que fué cuestión
+de faldas. ¿Eh, Simón?</p>
+
+<p>&mdash;Dados ó mujeres, creo que le andas cerca. Á ver, en Limoges conocíamos
+á... ¡Calla! ¿pues no te acuerdas de aquella Rosa tan frescachona, que
+servía en el mesón de Los Tres Cuervos? <i>¡Aux Trois Corbeaux!</i> Apuesto á
+que ya no sabes una palabra de francés, animal. ¡Qué chica aquella! Yo
+me enamoré como un bendito.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo, y otros muchos también, dijo Reno. No estoy seguro de que fuese
+ella el objeto de nuestra reyerta, pero sé muy bien que el mismo día que
+íbamos á batirnos desapareció de la venta en compañía de Ivón, el
+arquero aquel de Gales ¿te acuerdas? Un licenciado del ejército me dijo
+después que habían abierto una taberna, en no sé qué ciudad del Garona y
+que Rosa sigue haciendo de las suyas y<a name="page_110" id="page_110"></a> él bebe tanto vino y cerveza
+como diez de sus parroquianos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí? Pues aquí acaba nuestra querella, dijo Simón envainando la
+espada. No se dirá que por una chiquilla capaz de preferir á un desertor
+y sobre todo á un hijo de Gales, se han dado de cuchilladas dos mozos
+como nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Más vale así, repuso Reno envainando á su vez, porque el barón nos
+hubiera oído ó hubiera sabido el duelo y tiene pregonado que á los
+duelistas de la guarnición les hará cortar la mano derecha. Y ya sabes
+que cuando él dice una cosa....</p>
+
+<p>&mdash;Como si lo dijera la Biblia, ya lo sé. Ea, una visita al mayordomo,
+que me parece buen hombre, á ver si nos da alguna cerveza con que
+brindar por el barón.</p>
+
+<p>Dirigiéronse los cuatro hacia las cocinas del castillo, pero al salir
+del patio vieron á un gentil pajecillo que se dirigió á Roger
+diciéndole:</p>
+
+<p>&mdash;El señor de Morel os espera arriba, en la saleta contigua á su cámara.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y mis compañeros?</p>
+
+<p>&mdash;Á vos solo.</p>
+
+<p>Siguió Roger al paje, que le condujo por una ancha escalera al corredor
+del primer piso y á una cámara cuyas paredes cubrían tapices y
+panoplias, donde le dejó solo. Descubrióse el doncel y no viendo á nadie
+comenzó á examinar las armas y los antiguos y macizos muebles de roble
+tallado. Había desaparecido la primitiva sencillez de las habitaciones
+en los castillos, debido en parte al deseo de proporcionar mayores
+comodidades á las damas y sobre todo al ejemplo de los cruzados, que
+habían traído de Oriente el lujo y las riquezas incompatibles con la
+vida incómoda y mezquina de las fortalezas feudales. Influencia no menos
+poderosa había sido después la de las grandes guerras con Francia,
+nación que en el siglo XIV adelantaba en mucho á Inglaterra en las artes
+de la paz y cuyos progresos y refinamientos dejaron huella marcadísima
+en las costumbres inglesas de aquella época.</p>
+
+<p>Absorto estaba Roger en la contemplación de los objetos de arte que
+enriquecían la estancia, cuando oyó la risa mal reprimida de una mujer.
+Miró á todos lados sin ver persona alguna, repitióse la risa y por fin
+distinguió detrás<a name="page_111" id="page_111"></a> de la mampara que á su izquierda tenía una blanca
+mano que sustentaba un espejo con marco y mango de plata, puesto de
+manera que reflejaba todos sus movimientos. Permaneció el joven por
+algunos momentos inmóvil, sin saber qué hacer y luégo vió que
+desaparecían mano y espejo y que se adelantaba hacia él una hermosísima
+joven, con traje tan elegante como rico. En su rostro sonriente
+reconoció Roger el de la doncella á quien aquella mañana librara él de
+las asechanzas de su hermano, y su sorpresa creció de punto.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que os admira hallarme aquí, dijo alegremente la encantadora dama.
+Trovador quisiera ser para cantar cual se merece nuestra aventura de
+ayer; el perverso Hugo, la cuitada doncella y el paladín esforzado que
+la rescata de las garras del tirano. Mis trovas os harían célebre y
+pasaríais á la posteridad cual otro Percival ó Amadís famoso y gran
+desfacedor de entuertos.</p>
+
+<p>&mdash;Insignificante fué lo que yo hice para merecer tanto elogio, pudo
+decir por fin Roger. Mas no sabéis, señora, cuánta es mi alegría al
+volver á veros y saber que llegasteis sana y salva á vuestra morada,
+suponiendo que lo sea este castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo es, y el barón León de Morel es mi padre. Pude revelároslo al
+despedirnos, pero como me dijisteis que era este el término de vuestro
+viaje, preferí callarme y daros una sorpresa, antes de que volváis á
+encerraros entre las cuatro paredes de vuestra celda. Pero ante todo, os
+he hecho llamar para haceros un encargo, mejor dicho, para pediros un
+servicio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué deseáis?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuan poco galante sois! Pero en fin, no me extraña. Un caballero más
+acostumbrado al trato de las damas se hubiera puesto desde luego á mis
+órdenes, pero vos me preguntáis qué os quiero. Pues bien, necesito que
+corroboréis con vuestro testimonio mis palabras. Voy á decir á mi padre
+que os encontré en la parte del bosque situada al sur del camino de
+Munster. De lo contrario, si averigua que le desobedecí y puse la planta
+en las tierras de Clinton, no escapo sin una encerrona atroz y lo menos
+una semana de rueca y tapicería.</p>
+
+<p>&mdash;Si el barón me interroga no le contestaré.<a name="page_112" id="page_112"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! Pero es que tendréis que contestarle. Y asegurarle lo que os he
+dicho, ó lo pasaré muy mal.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero cómo he de poder decirle lo que no es cierto? ¿Seríais capaz de
+hacerlo vos, sabiendo que estabais leguas al norte del camino?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, me aburrís con vuestros sermones! ¿Os negáis? Pues yo sé lo que
+debo hacer.</p>
+
+<p>&mdash;No os ofendáis, por favor. Pensad en lo que me pedís.... Pero aquí
+está vuestro noble padre.</p>
+
+<p>&mdash;Estadme atento y veréis si soy ó no buena discípula vuestra. Padre
+mío, continuó dirigiéndose al barón, que acababa de entrar; estoy
+altamente obligada á este caballero, á quien encontré esta mañana en el
+bosque de Munster y que me prestó un valioso servicio. Ocurrió el hecho
+á dos leguas justas al norte del camino de Munster y por consiguiente en
+una propiedad donde vos me habíais prohibido poner los pies.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, Constanza! repuso el señor de Morel, que daba el brazo á una
+anciana dama; me cuesta más hacerme obedecer de tí que de aquellos
+doscientos arqueros de la piel del diablo á quienes capitaneaba yo en el
+sitio de Guiena. Pero silencio, niña, que tu madre estará aquí dentro de
+un momento y no hay necesidad de que se entere. Por esta vez no
+llamaremos al preboste y sus guardas ¿eh? Pero retírate á tu cámara y no
+vuelvas á las andadas. Sentáos aquí, junto al fuego, madre mía, dijo á
+la anciana cuando se hubo retirado su hija. Acercáos, Roger de Clinton;
+deseo hablaros, y en presencia de mi madre, sin cuyo buen consejo no
+gusto de resolver siempre que puedo consultarla.</p>
+
+<p>Roger, sorprendido, se inclinó.</p>
+
+<p>&mdash;Yo misma indiqué al barón que os hiciera llamar, dijo la noble dama,
+porque tengo de vos los mejores informes y creo que merecéis entera
+confianza. Conozco algo vuestra historia; habéis vivido en el claustro y
+es bien que veáis ahora algo del mundo antes de elegir entre uno y otro.
+Precisamente, mi hijo necesita junto á sí una persona como vos, que vele
+por él, que lo atienda. Entre vuestros compañeros, si aceptáis, veréis
+jóvenes de la mejor nobleza del reino.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sois jinete? preguntó el barón.<a name="page_113" id="page_113"></a></p>
+
+<p>&mdash;He cabalgado mucho en las posesiones de Belmonte.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, tendremos en cuenta la diferencia entre la pacífica mula
+de los frailes y el caballo de batalla. ¿Sois músico?</p>
+
+<p>&mdash;Sé cantar y toco la cítara, la flauta, el rabel....</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo! ¿Y en heráldica? ¿Leéis blasón?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh sí, perfectamente! Lo aprendí, como todo lo demás, en el convento.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en tal caso, interpretad aquellas armas; y el señor de Morel
+señaló uno de los escudos que ocupaban el testero de la habitación.</p>
+
+<p>&mdash;Plata; cuatro cuarteles, azul y gules; triple león rampante; la rosa
+heráldica, unida al blasón de la torre, plata sobre gules; brazo armado,
+con espada doble; grifo, medio vuelo y casco de cimera.</p>
+
+<p>&mdash;Olvidásteis que uno de los tres leones, el de mis deudos los Lutrel,
+va también armado y los otros no. Pero bien está para un novicio. Sé que
+además leéis y escribís bien, cosa muy útil en ocasiones, cuando de un
+mensaje secreto depende la vida de muchos, la suerte de una plaza y
+quizás el éxito de la guerra. ¿Creéis poder servir de escudero á un
+noble en la campaña que vamos á emprender?</p>
+
+<p>&mdash;Tengo buena voluntad y aprenderé lo que no sepa, contestó Roger, á
+quien llenaba de gozo la perspectiva de obtener aquel puesto cerca del
+barón.</p>
+
+<p>&mdash;Pues vos seréis el escudero de mi hijo, agregó la anciana. Cuidaréis
+de sus efectos, de sus armas, de cuanto le haga falta y pueda contribuir
+á su mayor comodidad, aunque nunca fué mucha la de los campamentos. Y
+vos cuidaréis también de su escarcela, porque mi querido barón es tan
+generoso que probablemente la vaciaría en manos del primer desdichado
+que le diera lástima. No sería la primera vez. Muchos detalles del
+servicio escuderil os son desconocidos, naturalmente, pero como decís
+vos mismo, no tardaréis en aprenderlos y creo que seréis el mejor
+escudero de cuantos hasta ahora ha tenido mi hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Señora, dijo el doncel muy conmovido, aprecio la alta honra que vos y
+el señor barón me hacéis, confiándome cargo tan cercano á la persona de
+uno de los más famosos caballeros del reino. Al aceptar tan gran merced,
+tanto más bienvenida para mí por las circunstancias y el aislamiento<a name="page_114" id="page_114"></a> en
+que me hallo, sólo temo que mi inexperiencia me haga indigno de vuestro
+favor.</p>
+
+<p>&mdash;No sólo instruido, sino modesto; cualidades bien raras por cierto en
+pajes y escuderos, continuó la bondadosa dama. Descansad esta noche y
+mañana os verá mi hijo. Conocimos y estimamos á vuestro padre y nos
+place hacer algo por su hijo, si bien no podemos conceder nuestra
+estimación á vuestro hermano, uno de los espíritus más turbulentos de la
+comarca.</p>
+
+<p>&mdash;Nos será imposible partir en todo el mes, dijo el barón, pues hay
+mucho que preparar y tiempo tendréis de familiarizaros con vuestros
+deberes. Rubín, el paje de mi hija, está loco por seguirme, pero es aun
+más joven que vos, casi un niño, y vacilo en exponerlo á las penalidades
+de esta guerra en lejanos países.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que no partiréis en algunas semanas, observó la anciana, se me
+ocurre que este joven puede prestarnos un buen servicio durante su
+permanencia en el castillo. ¿Entiendo que en la abadía habéis aprendido
+mucho?</p>
+
+<p>&mdash;He estudiado mucho, señora, pero aprendido sólo una pequeña parte de
+lo que saben mis buenos maestros.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que sabéis basta á mi propósito. Quisiera que desde mañana
+dedicáseis un par de horas diarias á instruir en lo posible á mi nieta
+Constanza, que bien lo necesita y no gusta de estudios. No parece sino
+que aprendió á leer para devorar novelas sentimentales é inútiles ó
+trovas insulsas. El padre Cristóbal viene del priorato á enseñarle lo
+que puede, pero no sólo es muy anciano sino que su discípula lo domina y
+poco provecho saca de sus conferencias con el buen padre. Con ella y con
+Luisa y Dorotea de Pierpont, doncellas de buena familia que con nosotros
+residen, formaréis una pequeña clase. Hasta mañana.</p>
+
+<p>Así se vió Roger convertido no sólo en escudero del barón León de Morel,
+futuro capitán de la Guardia Blanca, sino en maestro de tres nobles
+doncellas, cargo este último en que jamás soñara. Pensando en ello y
+gozoso del cambio ocurrido en su suerte, resolvió no omitir por su parte
+esfuerzo alguno para complacer á sus bienhechores.<a name="page_115" id="page_115"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XII" id="CAPITULO_XII"></a>CAPÍTULO XII<br /><br />
+<small>DE CÓMO ROGER APRENDIÓ MÁS DE LO QUE ÉL PODÍA ENSEÑAR</small></h3>
+
+<p>E<small>N</small> todo el sur de Inglaterra comenzaron simultáneamente y con gran vigor
+los preparativos de guerra. Las nuevas que Simón y otros emisarios de
+los jefes del ejército en Francia habían llevado á la corte y á los
+castillos del reino fueron recibidas con entusiasmo por nobles y
+soldados, para quienes una nueva campaña en tierra ajena significaba
+gloria y provecho. Seis años de paz tenían impacientes á millares de
+veteranos que habían participado en las jornadas de Crécy, Nogent y
+Poitiers y para quienes no existía perspectiva más risueña que la de
+invadir el territorio de Francia ó España, mandados por el hijo de su
+soberano, el famoso Príncipe Negro; y de uno á otro mar sólo se hablaba
+de aprestos bélicos, de reclutamientos y de concentración de fuerzas en
+los puntos de antemano señalados.</p>
+
+<p>Cada villa, cada aldea preparó y facilitó su contingente sin tardanza, y
+en todo aquel otoño y parte del siguiente invierno se oyó de continuo
+por los caminos el toque de los clarines, el trotar de los caballos y el
+paso acompasado de los infantes, arqueros, ballesteros y hombres de
+armas, ya en compañías organizadas ya en grupos aislados, que de todas
+partes se dirigían á éste ó aquel castillo ó puerto.</p>
+
+<p>El antiguo y populoso condado de Hanson fué de los primeros en responder
+al llamamiento con gran golpe de soldados. Al norte ondeaban los
+estandartes de los señores de Brocas y Roche, el primero con la cortada
+cabeza de sarraceno en el centro del escudo y el segundo con el
+histórico castillo rojo de la casa de Roche, seguidos ambos por<a name="page_116" id="page_116"></a>
+numerosos combatientes. Los vasallos de Embrún en el este y los del
+potentado Juan de Montague en el oeste se unieron en pocas semanas á las
+fuerzas levantadas por los señores de Bruin, Liscombe, Oliver de Buitrón
+y Bruce, procedentes de Andover, Arlesford, Chester y York y marcharon
+al sur, en dirección de Southampton. Pero el más nutrido y brillante
+contingente del condado fué el que se agrupó en torno del estandarte de
+Morel, gracias á la fama del barón. Arqueros de la Selva de Balsain,
+montañeses y cazadores de Vernel, Dunán y Malvar, hombres de armas
+veteranos y bisoños y nobles caballeros ganosos de prestigio, dirigíanse
+todos á Salisbury, desde las riberas del Avón hasta las del Lande, para
+alistarse bajo la bandera de las cinco rosas gules de Morel.</p>
+
+<p>Sin embargo, no era el barón uno de aquellos acaudalados magnates que
+podían mantener en armas numerosa hueste, y con dolor se vió obligado á
+despedir gran número de voluntarios, que buscaron otros jefes,
+limitándose él á seguir las instrucciones que le había enviado su amigo
+Claudio Latour, autorizándole para equipar cien arqueros y cincuenta
+hombre de armas, que unidos á los trescientos veteranos de la Guardia
+Blanca que quedaban en Francia, formarían un cuerpo cuyo mando podría
+aceptar sin vacilación tan gran capitán como el barón de Morel. Con el
+auxilio de Simón, nombrado sargento instructor, Reno y otros veteranos,
+eligió cuidadosamente sus hombres y á mediados de Noviembre tenía ya
+completa una fuerza escogida, cien de los mejores arqueros de Hanson y
+cincuenta hombres de armas bien montados. Dos nobles amigos del barón le
+encomendaron á sus hijos, jóvenes y apuestos caballeros llamados Froilán
+de Roda y Gualtero de Pleyel, para que compartiesen con Roger de Clinton
+los honores, peligros y deberes del cargo de escuderos.</p>
+
+<p>Las piezas de armadura para los hombres de armas y la mayor parte de las
+espadas, hachas y lanzas aguardaban á los soldados de Morel en Burdeos,
+donde podían procurarse mejores y mucho menos costosas que en
+Inglaterra; mas no así los grandes arcos de combate, en cuyo material y
+buena construcción los armeros ingleses superaban á todos los demás.
+También hubo que uniformar á hombres de armas y arqueros con el capacete
+liso, cota de malla, blanco<a name="page_117" id="page_117"></a> coleto sin mangas sobre la cota y con el
+rojo león de San Jorge en el pecho, todo lo cual componía el uniforme de
+la famosa Guardia Blanca que con tanto orgullo llevaba Simón Aluardo.
+Soberbio aspecto presentaron las fuerzas de Morel cuando su veterano
+capitán, montando su mejor caballo de batalla, les pasó revista final en
+el gran patio del castillo. De los ciento cincuenta hombres la mitad por
+lo menos habían sido soldados, algunos toda su vida; entre los reclutas
+llamaba la atención el gigantesco Tristán de Horla, que cerraba la
+marcha, llevando á la espalda su enorme arco de guerra.</p>
+
+<p>El equipo de la compañía requirió algunas semanas y Roger y sus amigos
+llevaban dos meses en el castillo cuando el barón anunció á su esposa
+que todo estaba pronto para la marcha. Aquellos dos meses transformaron
+por completo el porvenir de Roger, despertaron en él un sentimiento
+desconocido y le hicieron más grata la vida. Entonces aprendió también á
+bendecir la previsión de su padre, que le había permitido conocer algo
+el mundo, antes de sepultarse para siempre en la soledad del claustro.
+¡Cuán diferente le parecía entonces la vida, cuán exageradas las
+palabras del Maestro de los novicios al describirle con los más negros
+colores la manada de lobos, como él decía, que le esperaban para
+devorarle apenas abandonase los muros protectores de Belmonte! Junto á
+los criminales y depravados había hallado también hombres de corazón
+valiente, amigos cordiales, un noble jefe cien veces más útil á su país
+y á sus compatriotas que el virtuoso abad de Berguén, cuya vida
+transcurría olvidada y monótona de año en año, en un círculo mezquino,
+rodeado de aquellos monjes que rezaban, comían y trabajaban
+sosegadamente, aislados del resto de los mortales y como si en el mundo
+no hubiera más habitantes que ellos ni más horizontes que el de los
+terrenos de la abadía. Su propio criterio dijo á Roger que al pasar del
+servicio del abad al del barón, lejos de perder había efectuado un
+cambio ventajoso. Cierto que su carácter apacible le hacía mirar con
+horror las violencias de la guerra, pero en aquella época de órdenes
+militares no era tan marcada como en nuestros días la separación entre
+el religioso y el soldado, unidos entonces con frecuencia en una sola
+persona.<a name="page_118" id="page_118"></a></p>
+
+<p>En justicia á Roger debe decirse que antes de aceptar definitivamente la
+oferta del barón meditó mucho y pidió consejo al cielo en sus oraciones;
+pero el resultado fué que á los tres días eligió armas y caballo, cuyo
+importe ofreció pagar con parte de lo que le correspondiese como botín
+de guerra. Dedicó desde entonces largas horas al manejo de las armas, y
+como sobraban buenos maestros y él era joven, ágil y vigoroso, no tardó
+en dirigir su caballo y esgrimir la espada muy diestramente, mereciendo
+palabras de aprobación de los veteranos y haciendo frente con su tizona
+á Froilán y Gualtero, los otros dos escuderos de su señor.</p>
+
+<p>Pero es casi innecesario decir que Roger tenía otra razón muy poderosa
+para preferir la carrera de las armas y despedirse del convento. La vida
+le ofrecía un atractivo irresistible, la presencia de la mujer amada. La
+mujer, que allá en el claustro representaba la suma de todas las
+tentaciones, peligros y asechanzas mundanales, el escollo que ante todo
+debía evitar el hombre para perseverar en el buen camino, el ser á quien
+los monjes del Císter no podían mirar sin pecado ni tocar sin exponerse
+á los más severos castigos de la regla. En cambio Roger se veía
+diariamente, una hora después de la de nona y otra antes de la oración,
+en compañía de tres lindas doncellas, sus discípulas; y lejos de
+parecerle la presencia de aquellas jóvenes cosa reprensible ni
+pecaminosa, sentíase más dichoso que nunca al instruirlas, contestar á
+sus preguntas ó sostener con ellas amena plática.</p>
+
+<p>Pocas discípulas como Constanza de Morel. Á un hombre de más edad y
+experiencia que Roger le hubieran sorprendido, é irritado quizás, sus
+réplicas, las súbitas alteraciones de su carácter, la prontitud con que
+se ofendía algunas veces y las lágrimas y protestas con que se sometía
+otras á las indicaciones de su maestro. Si el objeto de la lección la
+interesaba, seguía las explicaciones con entusiasmo sorprendente y
+dejaba muy atrás á sus compañeras. Pero si el tema le parecía pesado y
+árido, no había medio de atraer su atención ni de hacerle comprender ó
+recordar lo explicado. Alguna que otra vez se rebelaba abiertamente
+contra Roger, quien sin la menor irritación, con paciencia infinita,
+continuaba su lección; poco después la rebelde discípula se arrepentía y
+humillaba, acusándose á sí<a name="page_119" id="page_119"></a> misma, avergonzada de la injusticia hecha á
+Roger con su conducta. En cambio no permitía que sus otras dos
+compañeras mostrasen el más leve indicio de desatención ó rebeldía; una
+sola vez intentó Dorotea contradecir á Roger, y fué tanta la indignación
+de Constanza y tales sus reproches, que la pobre niña abandonó la
+habitación con los ojos llenos de lágrimas, lo que valió á Constanza la
+más severa reprensión que jamás recibiera del joven profesor.</p>
+
+<p>Pero pasadas las primeras semanas se notó la influencia de Roger, de su
+paciencia y dignidad inalterables, en la conducta de la noble doncella.
+Comprendía que la rectitud y la elevación de ideas de Roger eran un
+ejemplo admirable y apreciaba los altos méritos del apuesto escudero. Y
+Roger por su parte comprendía también que de día en día era mayor su
+admiración por aquella adorable joven, cuya imagen y cuyo recuerdo no le
+abandonaban un instante. Decíase también que era la única hija del barón
+de Morel y que mal podía poner los ojos en ella el pobre escudero, sin
+un puñado de plata con que pagar el caballo y las armas con que por
+primera vez iba á buscar nombre y fortuna en la guerra. Pero su amor por
+Constanza era su vida. Ninguna consideración, ningún obstáculo, podían
+hacerle renunciar á él.</p>
+
+<p>Era una hermosa tarde de otoño. Roger y su compañero Froilán de Roda
+habían ido á Bristol para apresurar la terminación y entrega de la
+última remesa de arcos de repuesto que el barón tenía encomendados á los
+armeros de aquella ciudad. Acercábase el día de la partida. Los dos
+escuderos, terminada su comisión, cabalgaban por el camino de Salisbury
+y Roger notó con sorpresa el insólito mutismo de su compañero. Froilán
+era un muchacho alegre y decidor, encantado de dejar la tranquila casa
+paterna por las aventuras y emociones del largo viaje que iban á
+emprender y de la guerra futura. Pero aquel día lo veía Roger callado y
+pensativo, contestando apenas á sus preguntas.</p>
+
+<p>&mdash;Dime con toda franqueza, amigo Roger, exclamó de pronto, si no te
+parece como á mí que la bella Doña Constanza anda estos días
+entristecida y pálida, cual si la atormentase ignorada cuita.</p>
+
+<p>&mdash;Nada he notado, contestó Roger sorprendido, mas bien pudiera ser como
+lo dices.<a name="page_120" id="page_120"></a></p>
+
+<p>&mdash;Oh, sin duda. Mírala sentada y pensativa hora tras hora, ó paseando
+por la terraza del castillo, olvidada de su halcón, de <i>Trovador</i> y de
+la caza. Sospecho, amigo Roger, que tanto estudio y tanta ciencia como
+tú le enseñas sean tarea demasiado pesada para ella, que poco ó nada
+estudiaba antes, y la preocupen y aun puedan llegar á enfermarle el
+ánimo y el cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;Orden es de la baronesa, su señora madre....</p>
+
+<p>&mdash;Pues sin que ello sea faltarle al respeto, creo yo que mi señora la
+baronesa estaría más en su lugar defendiendo las murallas del castillo ó
+mandando una compañía en el asalto de una plaza que encargada de la
+educación de su hija. Pero oye, Roger amigo, lo que á nadie he revelado
+hasta ahora. Yo amo á Doña Constanza, y por ella daría gustoso mi
+vida....</p>
+
+<p>Roger palideció y guardó silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Mi padre es rico, siguió diciendo Froilán, y yo su hijo único y
+heredero de los dominios de Roda. No creo que el barón tenga objeción
+que hacer por lo que á caudal y nobleza se refiere.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿y ella? preguntó Roger en voz baja y sin mirar al escudero para
+que éste no notase su turbación.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que me desespera. Nunca he visto indiferencia como la suya y
+hasta ahora tanto me hubiera valido suspirar ante una de las estatuas de
+mármol del parque de Roda. ¿Recuerdas aquel finísino velo blanco que
+llevaba ayer? Pues se lo pedí como una merced para ponerlo en mi yelmo
+en combates y torneos, cual emblema de la dama y señora de mis
+pensamientos. Se limitó á darme la negativa más fría y más rotunda,
+agregando que si cierto caballero cuidaba de pedirle el velo, se lo
+entregaría; de lo contrario, no se lo daría á nadie. No tengo la menor
+idea de quién sea ese mortal afortunado. ¿Y tú, Roger? ¿Sabes á quién
+ama?</p>
+
+<p>&mdash;Ni lo sospecho siquiera, contestó Roger; y sin embargo, al decir
+aquellas palabras se despertó en él una gratísima esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;Desde ayer me devano los sesos tratando de averiguarlo; no es Doña
+Constanza doncella que oculte sus amores, si los tiene, y por
+consiguiente el galán debe sernos conocido. Pero ¿á quién ve y habla
+ella, además de sus<a name="page_121" id="page_121"></a> padres, sus dos amigas y la servidumbre del
+castillo? Te voy á dar la lista completa de los hombres que con ella han
+hablado en estos dos meses: tú y nuestro camarada Gualtero de Pleyel, el
+padre Cristóbal, del priorato, el pajecillo Rubín y yo. ¿Sabes de algún
+otro?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto, respondió Roger; y ambos apuestos jóvenes siguieron
+cabalgando en silencio hasta llegar al castillo.</p>
+
+<p>Durante la lección de la mañana siguiente notó Roger que la hermosa
+joven estaba, en efecto, pálida y triste. Su rostro parecía adelgazado y
+los bellos ojos habían perdido en parte la viveza y alegría que les
+daban tan precioso atractivo. Terminada la hora de clase interrogó el
+joven profesor á las señoritas de Pierpont, sus otras dos discípulas.</p>
+
+<p>&mdash;Constanza sufre, es muy cierto, le contestó Dorotea con picaresca
+sonrisa. Pero su enfermedad no es de las que matan.</p>
+
+<p>&mdash;¡No lo quiera Dios! exclamó Roger. Pero decidme, os ruego, ¿qué mal la
+aqueja?</p>
+
+<p>&mdash;Uno que en mi opinión aqueja también á otra persona, cuyo nombre
+podría decir sin temor de equivocarme, repuso á su vez Luisa de
+Pierpont. Y vos que tanto sabéis ¿no adivináis su mal?</p>
+
+<p>&mdash;No. Parece cansada y triste, ella siempre tan alegre....</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, pensad que dentro de tres días partiréis todos y quedará el
+castillo poco menos que desierto y nosotras sin ver alma viviente, como
+no sea un soldado ó un rústico....</p>
+
+<p>&mdash;Cierto es, exclamó Roger. No había pensado en que dentro de tres días
+tendrá que separarse de su padre....</p>
+
+<p>&mdash;¡Su padre! dijeron ambas jóvenes, lanzando argentina carcajada. ¡Ah
+sí, su padre! ¡Hasta la tarde, señor Roger! y se alejaron alegremente,
+llamando á voces á su amiga Constanza.</p>
+
+<p>Roger se quedó absorto. Le parecía ver una insinuación clarísima en las
+palabras y en la risa de ambas jóvenes, y sin embargo apenas osaba dar á
+la tristeza y á los suspiros de Constanza la interpretación que su amor
+anhelaba.<a name="page_122" id="page_122"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XIII" id="CAPITULO_XIII"></a>CAPÍTULO XIII<br /><br />
+<small>DE CÓMO LA GUARDIA BLANCA PARTIÓ PARA LA GUERRA</small></h3>
+
+<p>E<small>L</small> día de San Andrés, último de Noviembre, fué el designado para la
+marcha. Á hora muy temprana comenzó el redoble de los atabales, que
+llamaba á los soldados, seguido de los toques de clarín ordenando la
+formación de la Guardia Blanca en el patio de honor de la fortaleza.
+Desde una ventana de la armería contemplaba Roger el interesante
+espectáculo; las filas de robustos arqueros y tras ellos el imponente
+grupo de los hombres de armas, cubiertos de hierro é inmóviles sobre sus
+caballos, que piafaban impacientes. Mandábalos el veterano Reno, de cuya
+lanza ondeaba estrecho y largo pendón con las cinco rosas; frente á los
+infantes, el arquero Simón, orgulloso de la magnífica compañía que tenía
+á sus órdenes. Acudieron también al patio los sirvientes del castillo y
+algunos hombres de armas que debían quedarse de guarnición en la
+fortaleza y querían despedirse de sus amigos. Admiraba Roger el marcial
+talante de la tropa, cuando le sorprendió un sollozo que oyó á su
+espalda. Volvióse vivamente y vió con asombro á Doña Constanza, que
+pálida y desfallecida se apoyaba en el muro de la habitación y procuraba
+ahogar con un pañuelo posado sobre los labios los sollozos que agitaban
+su pecho. Los hermosos ojos fijos en el suelo, estaban llenos de
+lágrimas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, no lloréis! exclamó Roger corriendo á su lado.</p>
+
+<p>&mdash;Me hace daño la vista de todos esos valientes, cuando pienso en su
+destino y en la suerte que á muchos de ellos aguarda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quiera Dios que volváis á verlos á todos antes<a name="page_123" id="page_123"></a> que transcurra un
+año! No os aflijáis así, dijo el doncel atreviéndose á tomarle una mano.</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera poder partir yo también, añadió Constanza, mirándole á través
+de sus lágrimas y sonriéndose tristemente. Pero en tiempo de guerra sólo
+nos está permitido consumirnos de impaciencia entre los muros de una
+fortaleza, hilando ó bordando, mientras que allá, en los campos de
+batalla... ¡Ah, de qué sirvo yo en este mundo!</p>
+
+<p>&mdash;¡Vos! exclamó Roger apasionadamente. ¡Vos sois un ángel del cielo, mi
+único pensamiento, mi vida entera! ¡Oh, Constanza, sin vos no puedo
+vivir, como puedo dejaros sin una palabra de amor! Desde que os ví por
+vez primera todo ha cambiado para mí. Soy pobre y no de vuestra
+alcurnia, aunque de origen noble, pero os ofrezco un amor acendrado, una
+adoración constante y eterna. Decidme una sola palabra de afecto, ya que
+no de amor y ella bastará para animarme y sostenerme en vuestra
+ausencia, más mortal mil veces que todos los peligros de la guerra. Pero
+¡ay de mí! os he atemorizado con mis palabras, ofendídoos quizás....</p>
+
+<p>La conmovida doncella se había llevado las manos al pecho y por dos
+veces trató de replicar, pero inútilmente. Al fin dijo con débil voz:</p>
+
+<p>&mdash;Me habéis sorprendido, sí, mas no ofendido. Completo y súbito ha sido
+el cambio realizado en vos. ¿No cambiaréis otra vez en la ausencia?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cruel! ¿Cómo dejar de amaros? ¡Por favor, una sola palabra de
+esperanza, una mirada, para atesorarla como un bien supremo y saber que
+puedo seguir adorándoos! No os pido juramento ni promesa.... Decidme
+solamente que no me prohibís amaros, que algún día tendréis quizás una
+palabra afectuosa para mí....</p>
+
+<p>Mirábale la joven con dulzura, entreabiertos los labios por una ligera
+sonrisa y á Roger le parecía oir ya la anhelada respuesta; pero en aquel
+momento resonó en el patio del castillo una voz potente, seguida de gran
+ruido de armas y pasos y el trote de los caballos. La columna se ponía
+en marcha.</p>
+
+<p>&mdash;¿Oís? exclamó la joven, erguida, brillante la mirada. Van á partir. Es
+la voz de mi padre. Vuestro puesto está á su lado, desde este momento
+hasta su regreso, hasta el regreso<a name="page_124" id="page_124"></a> de ambos. Ni una palabra más, Roger.
+Conquistad ante todo la estimación de mi padre. El buen caballero no
+espera recompensa hasta después de haber cumplido su deber. ¡Adiós, y el
+cielo os proteja!</p>
+
+<p>El doncel, lleno de alegría al escuchar aquellas palabras, se inclinó
+para besar la mano de su amada. Retiróla ésta prontamente, al sentir el
+contacto de los ardientes labios de Roger y salió presurosa de la
+habitación, dejando en manos del atónito y alborozado escudero el velo
+blanco que en vano había solicitado Froilán de Roda como preciadísima
+presea. Oyóse en aquel momento el chirrido de las cadenas que bajaban el
+puente levadizo; los expedicionarios aclamaron á su jefe, que puesto al
+frente de la columna había dado la voz de marcha y Roger, besando
+fervorosamente el fino cendal, lo ocultó en el pecho y salió corriendo
+al patio.</p>
+
+<p>Soplaba un viento frío y el cielo empezaba á cubrirse de nubes cuando
+los soldados de Morel tomaron el pendiente camino del pueblo. Á orillas
+del Avón los esperaban casi todos los vecinos de Salisbury, que vieron
+en primer lugar á Reno, vistiendo armadura completa, caballero en negro
+corcel y llevando majestuosamente el pendón de su famoso capitán. Tras
+él, de tres en fondo, doce veteranos de las grandes guerras, que
+conocían la costa de Francia y las principales ciudades, desde Calais
+hasta Burdeos, tan bien como los bosques y villas de su tierra natal, el
+condado de Hanson. Iban armados hasta los dientes, con lanza, espada y
+hacha de dos filos y llevaban al brazo izquierdo el escudo corto y
+cuadrado que usaban los hombres de armas de la época.</p>
+
+<p>Campesinos, mujeres y niños aclamaron con entusiasmo la bandera de las
+cinco rosas y su arrogante guardia de honor. Seguíanla cincuenta
+arqueros escogidos, robustos y de elevada estatura, que llevaban el
+casco sencillo, la cota de armas y sobre ella el coleto blanco con el
+rojo león de San Jorge y calzaban recios borceguíes anudados á la pierna
+con luengas correa, todo lo cual constituía el equipo de los Arqueros
+Blancos. Á la espalda la bien provista aljaba de cuero y el arco de
+combate, arma la más terrible y mortífera de las conocidas hasta la
+fecha y pendiente del cinto la espada, el hacha ó la maza, según la
+elección de<a name="page_125" id="page_125"></a> cada cual. Á pocos pasos de los arqueros iban los atabales
+y clarines, cuatro en número, y tras ellos diez ó doce mulas con la
+impedimenta de la pequeña columna, tiendas, ropas, armas de repuesto,
+batería de cocina, provisiones, herramientas, arneses, herraduras y
+demás artículos indispensables ó siquiera útiles en campaña. Un servidor
+del barón conducía la blanca mula vistosamente enjaezada que llevaba las
+ropas, armas y otros efectos de la propiedad del noble guerrero. Formaba
+el centro de la columna un centenar de arqueros y cerraba la marcha el
+resto de la caballería, es decir, los hombres de armas reclutados
+recientemente, soldados escogidos todos ellos, aunque no veteranos como
+sus compañeros de la vanguardia. Mandaba el grueso de los arqueros
+nuestro amigo Simón y tras él, en primera línea, descollaba Tristán de
+Horla, un Alcides con capacete, cota de malla, arco, flechas y maza
+descomunal.</p>
+
+<p>Apenas desembocó la columna en la calle del pueblo comenzó un fuego
+graneado de chanzas, y menudearon las despedidas y los abrazos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, maese Retinto! gritó Simón al ver la nariz amoratada del
+tabernero. ¿Qué harás con tu vinagre y tu cerveza aguada, ahora que nos
+vamos nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;Pues voy á descansar, porque tú y tus compañeros os habéis bebido
+hasta la última gota de cuanto tenía en casa, excepto el agua.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tus toneles estarán enjutos, pero tu escarcela repleta, truhán!
+exclamó otro arquero. Á ver si haces buena provisión para cuando
+volvamos.</p>
+
+<p>&mdash;Trae tú el gaznate ileso, que lo que es cerveza y vino no te faltarán,
+arquero, gritó una voz entre la multitud, respondiéndole grandes
+carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;Estrechar filas, que aquí la calle es callejuela, ordenó Simón. ¡Por
+vida de! Allí está Catalina, la molinerita, más preciosa que nunca. <i>¡Au
+revoir, ma belle!</i> Aprieta ese cinturón, Guillermo, ó el hacha te va á
+cortar los callos. Y á ver si andas con un poco más de vida, moviendo
+esos hombros y alta la cabeza, como sólo saben andar los arqueros
+blancos. Y tú, Reinaldo, no vuelvas á sacudirte el polvo del coleto. ¿Si
+creerás que vamos á alguna parada? Aguarda, hijo, que antes de llegar al
+puerto estarás tan empolvado como yo, por mucho que te limpies.<a name="page_126" id="page_126"></a></p>
+
+<p>Había llegado la columna á las últimas casas del pueblo cuando el señor
+de Morel salió del castillo, caballero en el brioso <i>Ardorel</i>, negro
+como el azabache y el mejor caballo de batalla de todo el condado.
+Vestía el barón de terciopelo negro y birrete de lo mismo con larga
+pluma blanca, sujeta por un broche de oro, y no llevaba más armas que su
+espada, suspendida del arzón. Pero los tres galanos escuderos que le
+seguían bien montados llevaban, además de sus propias armas, Froilán el
+yelmo con celada de su señor, Gualtero la robusta lanza y Roger el
+escudo blasonado. Junto al barón trotaba el blanco palafrén de su
+esposa, pues ésta deseaba acompañarle hasta la entrada del bosque. La
+buena baronesa no había querido confiar á nadie la tarea de elegir y
+empaquetar cuidadosamente las ropas y efectos de su esposo; todo lo
+había dispuesto ella misma, á excepción de las armas. Y eran de oir las
+instrucciones que daba á Roger y á los otros escuderos, al encomendarles
+la persona del barón.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que nada se ha olvidado, iba diciéndoles. Te lo recomiendo mucho,
+Roger. La ropa va toda en esa caja, al lado derecho de la mula. Las
+botellas de Malvasía en el cestillo de la izquierda; le prepararás un
+vaso de ese vino, bien caliente, por las noches, para que lo tome antes
+de acostarse. Cuida de que no permanezca horas y horas con los pies
+mojados, porque lo que es él jamás se acuerda de tal cosa. Entre la ropa
+va un estuchillo con las drogas más indispensables; y cuanto á las
+mantas del lecho, han de estar bien secas, sobre todo en campaña....</p>
+
+<p>&mdash;No os inquietéis por mí, dijo el barón riéndose al oir aquella
+enumeración. Os agradezco en el alma vuestra solicitud, pero queréis que
+mis escuderos me traten más bien como viejo achacoso que como soldado
+aguerrido. ¿Y tú qué dices, Roger? ¿Por qué tan pálido? ¿No te alegra el
+corazón, como á mí, el ver las cinco rosas sirviendo de enseña á tan
+bizarros soldados?</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dado la escarcela, Roger, continuó impávida la baronesa, para
+evitar que tu señor se quede sin blanca desde los primeros días de
+marcha. Mucho cuidado con el dinero. Los borceguíes bordados de oro son
+exclusivamente para el día que el barón se presente á nuestro gracioso
+soberano, ó al príncipe su heredero, y para las reuniones<a name="page_127" id="page_127"></a> de los
+nobles. Después los vuelves á guardar, antes de que el barón se vaya de
+caza con ellos puestos y los destroce....</p>
+
+<p>&mdash;Mi buena amiga, observó el señor de Morel, duéleme en el alma
+separarme de vos, pero hemos llegado á los linderos del bosque y no
+debéis ir más lejos. La Virgen os guarde á vos y á Constanza basta mi
+regreso. Pero antes de separarnos, entregadme, os ruego, uno de vuestros
+guantes, que lo quiero llevar al frente de mi casco en torneos y
+combates, como prenda de la mujer amada.</p>
+
+<p>&mdash;Dejad, barón, que yo soy vieja y nada hermosa y los apuestos señores
+de la corte se reirían de vos si os proclamaseis paladín de tan pobre
+dama....</p>
+
+<p>&mdash;¡Oid, escuderos! exclamó el señor de Morel. Vuestra vista es mejor que
+la mía, y quiero que si véis á un caballero, por noble y alto que sea,
+menospreciar esta prenda de la dama á quien sirvo, le anunciéis
+inmediatamente que tiene que habérselas con el barón León de Morel, á
+caballo con lanza y escudo ó á pie con espada y daga, en combate á
+muerte.</p>
+
+<p>Dicho esto, recibió respetuosamente el guante que le tendía la baronesa
+y lo aseguró en su gorra, con el mismo broche de oro que sostenía la
+ondulante pluma. Despidióse después afectuosamente de la dama anegada en
+lágrimas y poniendo su caballo al trote, seguido de los escuderos, tomó
+el camino del bosque.<a name="page_128" id="page_128"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XIV" id="CAPITULO_XIV"></a>CAPÍTULO XIV<br /><br />
+<small>AVENTURAS DE VIAJE</small></h3>
+
+<p>E<small>L</small> barón permaneció algún tiempo cabizbajo; Froilán y Roger no iban
+menos silenciosos y pensativos que él, pero el alegre Gualtero, que no
+tenía penas ni amores, se entretenía en blandir la pesada lanza de su
+señor, amenazando con ella á los árboles y dirigiendo grandes botes á
+imaginarios enemigos, aunque cuidando mucho de que el barón no
+advirtiese su belicosa pantomima. Iban á retaguardia de la columna, y á
+veces oía Roger el paso acompasado de los arqueros y los relinchos de
+los caballos.</p>
+
+<p>&mdash;Venid á mi lado, muchachos, dijo el señor de Morel al pasar frente á
+un cortijo, donde el camino se ensanchaba notablemente. Puesto que me
+habéis de seguir á la guerra, bueno será que os diga cómo quiero ser
+servido. No dudo que Froilán de Roda mostrará ser digno hijo de su
+valiente padre, y tú, Gualtero, del tuyo, el noble señor de Pleyel.
+Cuanto á Roger, recuerda siempre la casa á que perteneces y el honor que
+te hace y los deberes que te impone la larga línea de los señores de
+Clinton. No cometáis el error, muy común entre soldados, de creer que
+nuestra expedición tiene por objeto principal el de obtener botín y
+rescates, aunque ambas cosas puede y suele conseguirlas todo buen
+caballero. Vamos á Francia, y á España según espero, en primer lugar
+para sostener el brillo de las armas inglesas y en segundo término para
+hacer famosos nuestro nombre y nuestro escudo, ventaja inmensa del
+caballero sobre el villano. Y ese prestigio puede obtenerse no sólo en
+combates y asedios sino en justas y duelos, para los cuales nunca falta
+razón ó pretexto. Pero en tierra extraña ó en territorio enemigo ni
+pretexto se necesita y basta<a name="page_129" id="page_129"></a> desenvainar la espada é invitar
+cortésmente á otro hidalgo á duelo singular. Por ejemplo, si
+estuviéramos en Francia diría yo ahora á Gualtero que se dirigiese al
+galope hacia aquel caballero que allí viene y que después de saludarlo
+en mi nombre lo invitase á cruzar conmigo la espada.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no se llevaría mal susto el infeliz, exclamó Gualtero, que miraba
+atentamente al desconocido. Como que es el molinero de Salisbury,
+caballero en su mula bermeja y probablemente atiborrado de cerveza,
+según costumbre.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso es que el escudero debe preguntar, en caso de duda, si el
+pasante es ó no caballero. Yo he tenido muchas y muy interesantes
+aventuras de viaje, y una de las que más recuerdo es mi encuentro á una
+legua de Reims con un paladín francés con quien combatí cerca de una
+hora. Rota su espada, me dió con la maza tan terrible golpe que caí
+maltrecho y no pude despedirme como deseaba de aquel valiente campeón,
+ni preguntarle su nombre. Sólo recuerdo que tenía por armas una cabeza
+de grifo sobre franja azul. En parecida ocasión recibí en el hombro una
+estocada de León de Montcourt, con quien tuve la honra de cruzar la
+espada en el camino de Burdeos. Fué aquella nuestra única entrevista y
+conservo de ella el más grato recuerdo, porgue mi enemigo se condujo
+como cumplido caballero. Y no olvidemos al bravo justador Le Capillet,
+que hubiera llegado á ser un gran capitán de las huestes francesas....</p>
+
+<p>&mdash;¿Murió? preguntó Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Tuve la desgracia de matarlo en un delicioso bosquecillo inmediato á
+los muros de Tarbes. Aventuras parecidas las hallábamos en todas partes,
+en el Languedoc, Ventadour, Bergerac, Narbona, aun sin buscarlas, porque
+á menudo nos esperaba un escudero francés, á la vuelta del camino,
+portador de cortés mensaje de su señor para el primer caballero inglés
+que quisiera aceptar el reto. Uno de ellos rompió tres lanzas conmigo en
+Ventadour, en honor de su dama.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pereció en la demanda, señor barón? dijo Froilán.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca lo he sabido. Sus servidores se lo llevaron en brazos, aturdido,
+desmayado ó muerto. Por entonces no cuidé de indagar su suerte porque yo
+mismo salí de la lucha<a name="page_130" id="page_130"></a> contuso y malparado. Pero allí viene un jinete
+al galope, como si lo persiguiera una legión de enemigos.</p>
+
+<p>El viento barría el camino, que en aquel punto formaba suave pendiente.
+Al otro lado de una hondonada volvía á subir y se perdía en un
+bosquecillo, entre cuyos primeros árboles desaparecía en aquel momento
+la retaguardia de la columna. El jinete pasó junto á ésta sin detenerse
+y empezó á subir la cuesta en cuya cima estaban el barón y sus
+servidores, hostigando incesantemente á su caballo con espuela y látigo.
+Roger vió que el corcel venía cubierto de polvo y sudor y que lo montaba
+uno al parecer soldado, de duras facciones y con casco, coleto de ante y
+espada. Sobre el arzón llevaba un paquete envuelto en blanco lienzo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Paso al mensajero del rey! gritó al acercarse.</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, seor gritón, dijo el noble atravesando su caballo en el
+camino. También yo he sido servidor del rey por más de treinta años,
+pero jamás lo he ido pregonando á voces.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy de servicio y llevo conmigo lo que al rey pertenece. Me impedís
+el paso á vuestra costa....</p>
+
+<p>&mdash;Entre mis muchas aventuras tampoco me ha faltado la de toparme de
+manos á boca con bergantes que encubrían sus traidores designios
+pretendiendo ser mensajeros de Su Alteza, insistió el señor de Morel.
+Veamos qué credenciales os abonan.</p>
+
+<p>&mdash;¡Á la fuerza, entonces! gritó el jinete echando mano á la espada.</p>
+
+<p>&mdash;Si sois caballero, dijo el barón, continuaremos nuestra entrevista
+aquí mismo. Si plebeyo, cualquiera de estos tres escuderos míos, aunque
+de noble cuna, se dará por bien servido con castigar vuestra audacia.</p>
+
+<p>El desconocido los miró airado y soltando el puño de la espada comenzó á
+desenvolver apresuradamente el paquete que sobre el arzón llevaba.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy caballero ni escudero, dijo, sino antiguo soldado y ahora
+servidor de la justicia de nuestro príncipe. ¿Queréis credenciales? Pues
+aquí las tenéis; y presentó á los horrorizados caballeros una pierna
+humana reciéncortada. Esta es la pierna de un ladrón descuartizado en
+Dunán y que por orden del justiciero mayor llevo á Milton para clavarla<a name="page_131" id="page_131"></a>
+allí en un poste donde todos la vean y sirva de escarmiento.</p>
+
+<p>&mdash;¡Peste! exclamó el barón. Hacéos á un lado con vuestra carga. Seguidme
+al trote, escuderos, y dejemos atrás cuanto antes á este ayudante del
+verdugo. ¡Uf! Os aseguro, continuó cuando estuvieron en la ladera
+opuesta, que los montones de muertos en un campo de batalla no me causan
+tanta repugnancia como una sola de esas carnicerías del cadalso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues á bien que no han faltado atrocidades en las guerras de Francia,
+según los relatos de nuestros soldados, observó Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto es, contestó el barón. Pero sabed que los mejores combatientes,
+los verdaderos soldados, no maltratan jamás á un hombre vencido y
+desarmado, ni degüellan y destrozan prisioneros, ni se encarnizan en los
+débiles en el saqueo de una plaza. Esa tarea cruel se queda para los
+cobardes y los viles, que por desgracia nunca faltan y para esas turbas
+de merodeadores que van como buitres en seguimiento de las tropas y en
+busca de fáciles presas. Si no me engaño, allí á la derecha del camino
+hay una casa entre los árboles.</p>
+
+<p>&mdash;Una capilla de la Virgen, dijo Froilán, y á su puerta un anciano
+pordiosero.</p>
+
+<p>El noble se descubrió y deteniendo su caballo á la puerta de la modesta
+capilla, rogó en alta voz á la Reina de los Cielos que bendijese sus
+armas y las de sus soldados en la próxima campaña.</p>
+
+<p>&mdash;Una limosna, mis buenos señores, dijo entonces el mendigo, con voz
+suplicante. Favoreced á este pobre ciego, que hace veinte años no ve la
+luz del día.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo perdisteis la vista, abuelo? preguntó el barón.</p>
+
+<p>&mdash;Entre las llamas de un incendio, que me quemaron toda la cara.</p>
+
+<p>&mdash;Grande es vuestra desdicha, pero también os libra de ver no pocas
+miserias, como la que acabamos de contemplar nosotros en este mismo
+camino, dijo el señor de Morel, recordando la ensangrentada pierna del
+ladrón descuartizado. Dale mi bolsa, Roger, y apresuremos el paso, que
+nos hemos quedado muy atrás.</p>
+
+<p>Roger se guardó muy bien de obedecer la orden de su<a name="page_132" id="page_132"></a> señor y recordando
+las instrucciones de la baronesa, tomó una sola moneda de la escarcela
+encomendada á su cuidado y se la dió al mendigo, que la recibió
+murmurando gracias y oraciones.</p>
+
+<p>Desde una eminencia cercana vieron los viajeros el pueblo de Horla,
+situado en el fondo de un valle y á cuyas primeras casas llegaba en
+aquel momento la vanguardia de las fuerzas de Morel. Éste y sus
+escuderos pusieron los caballos al galope y muy pronto alcanzaron las
+últimas filas, á tiempo que se oyó una voz estridente y estallaron las
+carcajadas de los soldados. El barón vió entonces un gigantesco arquero
+que marchaba fuera de las filas y tras él una viejecilla diminuta,
+vestida pobremente y con una vara en la mano, con la cual sacudía
+vigorosamente las espaldas del arquero á cada pocos pasos, sin dejar de
+reñirlo á gritos. La víctima de aquella novel ejecución hacía tanto caso
+de los palos que recibía como si hubiesen sido dados en uno de los
+robles del bosque.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, Simón? preguntó el señor de Morel. ¿Qué atropello ha
+cometido el arquero? Si ha ofendido á esa mujer ó apoderádose de su
+hacienda, juro dejarlo colgado en la plaza del pueblo, aunque sea el
+mejor soldado de mi compañía.</p>
+
+<p>&mdash;No, señor barón, contestó el veterano esforzándose por contener la
+risa. El arquero Tristán es de este pueblo de Horla y la mujer es su
+madre, que le da la bienvenida á su manera.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo te enseñaré, holgazán, perdido, gandul! gritaba la vieja
+esgrimiendo la vara.</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, madre, decía Tristán, que ya no ando de vago sino que soy
+arquero del rey y voy á las guerras de Francia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con que á Francia, bribón? Más te valiera quedarte aquí, que yo te
+daré toda la guerra que quieras, sin ir tan lejos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no lo dudaré yo, buena mujer, dijo Simón, que ni franceses ni
+españoles han de sacudirle el polvo como vos lo hacéis.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y á tí qué te importa, deslenguado? exclamó la viejecilla volviéndose
+airada contra Simón. ¡Bonito soldado estás tú también, entrometido,
+borrachín!<a name="page_133" id="page_133"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Aguanta, Simón! dijeron los arqueos en coro, con gran risa.</p>
+
+<p>&mdash;Dejadla en paz, camaradas, dijo Tristán, que ha sido siempre buena
+madre y lo que la desespera es que yo he hecho mi santa voluntad toda la
+vida, en lugar de trabajar como un forzado con los leñadores de Horla.
+Ya es hora de decirnos adiós, madre, continuó, levantando á la endeble
+mujer como una pluma y besándola cariñosamente. Quedad tranquila, que os
+he de traer una saya de seda y un manto de terciopelo que ni para una
+reina y decid á Juanilla mi hermana que también habrá para ella buenos
+ducados de plata cuando yo vuelva.</p>
+
+<p>Dicho esto regresó el arquero á las filas y continuó la marcha con sus
+compañeros. La mujer se quedó lloriqueando, y al llegar junto á ella el
+barón le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo véis, señor? Siempre ha sido lo mismo; primero se metió á fraile
+para holgazanear, y porque una mozuela no le quiso, y ahora se me marcha
+á la guerra dejándome vieja y pobre, sin un alma de Dios que me traiga
+un brazado de leña del monte....</p>
+
+<p>&mdash;Consoláos, buena mujer, que con la protección de Dios él volverá sano
+y salvo y no sin su parte de botín. Lo que siento es haber dado mi bolsa
+á un mendigo allá en el bosque....</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, señor, dijo Roger; todavía quedan en ella algunas monedas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dádselas á la madre del arquero, ordenó el noble, poniendo al
+trote su caballo, mientras Roger depositaba dos ducados en la mano de la
+vieja, que olvidando su cólera invocó las bendiciones del cielo sobre el
+barón, Tristán y sus compañeros.</p>
+
+<p>Llegada la columna al río Léminton se dió la voz de alto para comer y
+descansar, y antes de que el sol empezara su marcha hacia el ocaso
+reanudaron la suya los soldados, entonando alegres canciones. Por su
+parte el barón deseaba vivamente llegar al término de su viaje y á
+tierra enemiga, para cruzar la espada y romper lanzas una vez más con
+los adversarios de sus anteriores campañas. Pensando iba en ellas cuando
+él y sus escuderos vieron venir por el camino á dos hombres que desde
+luego llamaron toda su atención. El que iba delante era un ser raquítico
+y deforme, cuyos<a name="page_134" id="page_134"></a> alborotados cabellos rojos aumentaban el volumen de
+una cabeza enorme; cruel y torva la mirada de los húmedos ojos, parecía
+lleno de terror y tenía en la mano un pequeño crucifijo que alzaba en
+alto, como mostrándolo á todos los pasantes. Iba tras él un sujeto alto
+y fornido, con luenga barba negra, llevando al hombro una maza
+claveteada que á intervalos alzaba sobre la cabeza del otro,
+amenazándole de muerte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por San Jorge, aventura tenemos! dijo el barón. Averigua, Roger, qué
+gente es esa y por qué uno de los villanos así amenaza y espanta al
+otro.</p>
+
+<p>Pero no necesitó adelantarse el escudero, porque los dos hombres
+siguieron andando y pronto llegaron á pocos pasos del barón. El que
+llevaba el crucifijo se dejó caer entonces sobre la hierba y el otro
+enarboló enseguida la pesada maza, con tal expresión de furor y odio que
+en verdad parecía llegada la última hora del caído.</p>
+
+<p>&mdash;¡Teneos! gritó el barón. ¿Quién sois y qué os ha hecho ese infeliz?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo que dar cuenta de mis actos á los viandantes que encuentro en
+el camino, contestó secamente el desconocido. La ley me protege.</p>
+
+<p>&mdash;No es esa mi opinión, dijo el noble, que si la ley os permite amenazar
+con esa clava á un hombre indefenso, tampoco me ha de impedir á mí
+poneros la espada al pecho.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por los clavos de Cristo, protejedme, buen caballero! exclamó en
+aquel punto el del crucifijo, poniéndose de rodillas y tendiendo las
+manos en ademán suplicante. Cien doblas tengo en el cinto y vuestras son
+si matáis á mi verdugo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se entiende, tunante? ¿Pretendes comprar con oro el brazo y la
+espada de un noble? Creyendo estoy, á fe mía, que eres tan ruin de alma
+como de cuerpo y que tienes merecido el trato que recibes.</p>
+
+<p>&mdash;Gran verdad decís, señor caballero, repuso el de la maza, que es éste
+Pedro el Bermejo, salteador de caminos y con más de una muerte sobre la
+conciencia, terror por muchos meses de Chester y toda la comarca. Una
+semana hace que mató á mi hermano alevosamente, perseguíle con otros
+vecinos míos y acosado de cerca se refugió en el monasterio de San Juan.
+El reverendo prior no quiso entregármelo<a name="page_135" id="page_135"></a> hasta que hube jurado respetar
+la vida de este asesino mientras tenga en la mano el crucifijo que le
+dió en prenda de asilo. He respetado mi juramento hasta ahora como buen
+cristiano, pero también he jurado seguir al miserable hasta que caiga
+rendido y matarlo como un perro, tan luego se le escape de las manos la
+santa cruz que aun le protege.</p>
+
+<p>El bandido rugió como una fiera, acercósele amenazante el otro con la
+maza en alto y los espectadores de aquella escena los contemplaron algún
+tiempo en silencio, alejándose después por el camino que llevaba la
+columna.<a name="page_136" id="page_136"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XV" id="CAPITULO_XV"></a>CAPÍTULO XV<br /><br />
+<small>DE CÓMO EL GALEÓN AMARILLO SE HIZO Á LA VELA</small></h3>
+
+<p>L<small>OS</small> soldados de Morel durmieron aquella noche en San Leonardo,
+repartidos entre las granjas, graneros y dependencias de aquel poblado,
+perteneciente, como tantos otros, á la rica abadía de Belmonte, que no
+muy lejos quedaba. Roger volvió á ver con alegría el hábito blanco de
+algunos religiosos allí aposentados y recordó conmovido sus años de vida
+monástica al oir la campana de la capilla convocando á vísperas. Al
+rayar el alba se embarcaron hombres de armas, arqueros y servidores en
+anchas barcas que los esperaban en la ría del Lande y pasando frente al
+pintoresco pueblo de Esbury llegaron á la rada de Solent y al puerto de
+Lepe, donde debía de efectuarse su embarco en la galera del rey. En el
+puerto vieron multitud de barcas y botes, y anclado á buena distancia un
+buque de gran tamaño que se balanceaba sobre las espumosas olas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios sea loado! exclamó el barón. Nuestros amigos de Southampton han
+cumplido su promesa y hé allí el galeón pintado de amarillo que nos
+describían y ofrecían enviarnos á Lepe en sus últimas cartas.</p>
+
+<p>&mdash;Amarillo canario, dijo Roger. Y á lo que parece, bastante grande para
+recibir á bordo más soldados que semillas tiene una granada.</p>
+
+<p>&mdash;De lo cual me alegro, observó Froilán, porque ó mucho me engaño ó no
+haremos el viaje solos. ¿No véis allá á lo lejos, entre aquellas
+casuchas de la playa, los colores de un gonfalón y el brillo de las
+armas? Esos reflejos no proceden de remos de pescadores ni de ropilla de
+villanos.</p>
+
+<p>&mdash;Muy cierto es ello, contestó Gualtero. Mirad, allá va un bote lleno de
+hombres de armas, con dirección á la nave.<a name="page_137" id="page_137"></a> Tendremos compañía numerosa,
+tanto mejor. Y por lo pronto nos dan la bienvenida; ved á los del pueblo
+que vienen á recibirnos.</p>
+
+<p>Grupos numerosos de hombres, mujeres y niños se dirigían al encuentro de
+las barcas y agitaban desde la playa sombreros y pañuelos, lanzando
+alegres exclamaciones y vitoreando al famoso capitán. Apenas saltaron á
+tierra los arqueros de la primera barca, mandados por el sargento Simón,
+se acercó á éste un obeso personaje ricamente vestido, que llevaba al
+cuello gruesa cadena de oro de la que pendía sobre el pecho enorme
+medalla del mismo metal.</p>
+
+<p>&mdash;Sed bienvenido, alto y poderoso señor, dijo descubriendo una gran
+calva y saludando profundamente á Simón. Sed bienvenido á nuestra ciudad
+y aceptad nuestros humildes respetos. Dadme desde luego vuestras
+órdenes, capitán ilustre, y decidme en qué puedo serviros, á vos y á
+vuestra gente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya que tan atento lo ofrecéis, contestó Simón con sorna, por lo
+que á mí toca me contentaré con un par de eslabones de esa cadena que
+lleváis al cuello, que más gruesa no la he visto jamás, ni aun entre los
+más opulentos caballeros de Francia.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda os chanceáis, señor barón, repuso admirado el personaje, que
+no era otro sino el corregidor de Lepe. ¿Cómo he de entregaros parte de
+esta cadena, insignia del municipio de nuestra ciudad?</p>
+
+<p>&mdash;Acabáramos, gruñó el veterano. Vos buscáis al barón de Morel, nuestro
+valiente capitán, y allí lo tenéis, que acaba de desembarcar y monta el
+caballo negro.</p>
+
+<p>El corregidor contempló sorprendido al barón, cuya endeble apariencia
+mal se avenía con la fama de sus proezas.</p>
+
+<p>&mdash;Sois tanto más bienvenido, díjole después de repetir el respetuoso
+saludo que antes había dirigido al taimado arquero, por cuanto esta leal
+ciudad de Lepe necesita más que nunca defensores como vos y vuestros
+soldados.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué decís? Explicaos, exclamó el señor de Morel, esperando
+atentamente la respuesta del funcionario.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que pasa, señor, es que el sanguinario pirata Cabeza Negra, uno de
+los más crueles bandidos normandos, acompañado del genovés Tito Carleti,
+ha aparecido últimamente por nuestras costas, saqueando, incendiando y
+matando.<a name="page_138" id="page_138"></a> Ni el valor de nuestro pueblo ni las vetustas murallas de Lepe
+ofrecen protección suficiente contra tan temibles enemigos, y el día que
+se presenten por aquí....</p>
+
+<p>&mdash;Adiós Lepe, concluyó Gontrán el escudero, á media voz.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero tenéis motivos para creer que atacarán vuestra villa? preguntó
+el barón.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda alguna. Las dos grandes galeras cargadas de piratas han
+saqueado ya las vecinas poblaciones de Veymouz y Porland y ayer
+incendiaron á Coves. Muy pronto nos tocará el turno.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es el caso, observó el señor de Morel poniendo su caballo en
+dirección de las puertas de la ciudad, que el príncipe real nos espera
+en Burdeos y por nada en el mundo quisiera verle en camino dejándome
+rezagado. No obstante, os prometo dirigirme á Coves y hacer todo lo
+posible para descubrir y castigar á esos bandidos por aquellas
+cercanías, tratándolos de suerte que no piensen en nuevas expediciones
+ni desembarcos.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho os agradecemos la oferta, repuso el magistrado, pero no veo cómo
+podáis triunfar con vuestro único barco sobre las dos poderosas galeras
+corsarias, al paso que con vuestros arqueros en los muros de Lepe fácil
+os sería dar á los piratas una lección sangrienta.</p>
+
+<p>&mdash;Ya os he dicho mis razones para no detenerme aquí. Y por lo que hace á
+la desigualdad de fuerzas, creed que me infunde gran confianza el
+aspecto de aquel galeón amarillo que allí me espera, y que con mi gente
+á bordo no temeré los ataques de dos ni de tres barcos piratas. Hoy
+mismo nos haremos á la vela.</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, señor barón dijo entonces uno de los que acompañaban al
+corregidor. Me llamo Golvín y soy capitán del <i>Galeón Amarillo</i>,
+destinado á conduciros. Marino desde la infancia, he peleado á bordo de
+barcos ingleses contra normandos y genoveses, bretones, españoles y
+sarracenos, y os aseguro que la nave de mi mando es muy débil para
+atacar corsarios. Lo único que conseguiréis si dáis con ellos será el
+degüello de la mitad de vuestra gente y la perspectiva, para los que
+sobrevivan, de ser vendidos como esclavos y pasar la vida remando en
+galeras piratas ó moras.<a name="page_139" id="page_139"></a></p>
+
+<p>&mdash;Pues no creáis, señor capitán, que me han faltado combates navales en
+mi larga carrera de soldado, replicó el noble, y por lo mismo que el
+castigo de esos bribones presenta dificultades tanto mayor es mi deseo
+de vérmelas con ellos y sentarles la mano. Á pesar de vuestras palabras,
+capitán, me parecéis marino experto y valeroso y creo que conmigo
+ganaréis honra y provecho en esta empresa.</p>
+
+<p>&mdash;He cumplido mi deber diciéndoos francamente lo que de ella opino, en
+las condiciones en que váis á emprenderla, dijo Golvín, lisonjeado por
+las palabras del barón. Pero ¡por Santa Bárbara! marino viejo soy y no
+sé lo que es el miedo. Que nos hundamos ó no, contad conmigo. Á Coves os
+he de llevar, y si á los amos del barco no les gusta el viaje, que
+busquen otro capitán después del zafarrancho.</p>
+
+<p>Tras el grupo de jefes y escuderos entraron en la población los soldados
+de Morel, mezclados con multitud de gentes del pueblo en cuyos
+semblantes se leía el contento que les causaba la llegada de aquellos
+bizarros defensores. El tuno de Simón llevaba del brazo á dos robustas
+muchachas, á las que juraba amor eterno, y entre las últimas filas
+descollaba la elevada estatura de Tristán, en cuyo ancho hombro se
+sentaba una chicuela pescadora de quince abriles, que un tanto asustada
+asía con ambas manos el casco del gigante.</p>
+
+<p>Pensativo cabalgaba el corregidor junto á su ilustre huésped y no notó
+que un caballero de obesidad portentosa y rubicundo semblante se abría
+paso entre las filas de curiosos y se dirigía precipitadamente á su
+encuentro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo se entiende, señor corregidor! gritó el recienllegado con
+esfuerzo tal que se le amorató el rostro. ¿Dónde están las ostras y
+almejas prometidas para la comida de hoy?</p>
+
+<p>&mdash;Calmaos, Sir Oliver, dijo el magistrado. Es muy posible que mi
+mayordomo y mi cocinero hayan olvidado los ostras ó no hayan podido
+conseguirlas; pero no hay motivo para desesperarse por tal bicoca. No
+faltará que comer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Bicoca? ¡Pues me gusta! Una comida sin ostras, sin una miserable
+almeja. ¿Qué va á ser de mí? Nunca me hubierais convidado á vuestra
+mesa....</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, quedaos siquiera un día sin ostras, amigo<a name="page_140" id="page_140"></a> Oliver, exclamó el
+barón riéndose, que si hoy habéis perdido vuestro plato favorito en
+cambio volvéis á ver á un amigo, á un compañero de armas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por San Martín! gritó el mofletudo personaje, olvidando toda su
+cólera. ¡Vos, Sir León, el paladín del Garona! ¡Bienvenido seáis! Ah,
+con vos se renueva la memoria de aquellos buenos tiempos. ¡Qué
+aventuras, qué tajos y qué guerreros! ¿Os acordáis?</p>
+
+<p>&mdash;Sí á fe mía. Felices días y gloriosos triunfos aquellos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tampoco nos faltaron tribulaciones y pesares. ¿Recordáis lo que
+nos pasó en Medoc?</p>
+
+<p>&mdash;No sería gran cosa, buen Oliver; alguna escaramuza que tuvisteis y en
+la que no tomé parte, pues recuerdo muy bien no haber desenvainado la
+espada mientras en Medoc estuve....</p>
+
+<p>&mdash;Siempre el mismo, furibundo Morel, fierabrás incorregible. No se trata
+de dar ni recibir lanzadas y mandobles, sino de la calamidad
+irremediable que nos sucedió en aquel figón, donde nos quedamos sin la
+más apetitosa empanada de liebre que he visto en mi vida porque el bruto
+del posadero, en lugar de sal, la llenó de azúcar. ¡Dios de justicia,
+cómo olvidar tamaño desastre!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ja, ja, ja! Veo que también vos seguís siendo el mismo, Sir Oliver,
+gastrónomo incomparable, cuyo apetito iguala á vuestro valor. ¡Oh, sí!
+La posada de Medoc, en compañía de Lord Pomers y Claudio Latour, y
+vuestra desesperación al ver perdido el guisado, y cómo perseguisteis al
+mesonero espada en mano hasta la calle y quisisteis pegar fuego al
+figón. ¡Ja, ja! Creedme, señor corregidor; mi amigo y compañero el noble
+Oliver de Butrón es hombre peligroso cuando enristra la lanza y cuando
+se queja su estómago, y lo mejor que podéis hacer es procurarle cuanto
+antes esos mariscos que tanto anhela.</p>
+
+<p>&mdash;Antes de una hora los tendrá en su plato, dijo el corregidor. Con la
+alarma en que estamos no he podido pensar en nada y confieso que olvidé
+por completo la promesa que hice anoche á vuestro noble amigo de
+proporcionarle uno de sus platos favoritos. Pero supongo, señor de
+Morel, que vos también honraréis mi pobre mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho tengo que hacer todavía, contestó el barón,<a name="page_141" id="page_141"></a> pues me propongo
+embarcar á toda mi gente esta misma tarde. ¿Qué fuerza mandáis, Sir
+Oliver?</p>
+
+<p>&mdash;Cuarenta y tres hombres. Los cuarenta están borrachos perdidos y los
+tres entre dos luces, pero los tengo á todos seguros á bordo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bueno será que no beban un trago más, porque antes de que cierre
+la noche me propongo darles tarea cumplida, lanzándolos con mi gente
+sobre esos piratas normandos y genoveses de quienes habréis oído hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Y que llevan consigo buena provisión de caviar y finas especias de
+Levante y otras golosinas apetitosas que me prometo gustar, dijo el
+corpulento noble relamiéndose los labios. Sin contar el buen negocio que
+puede hacerse con la venta de las especias sobrantes. Os ruego, señor
+capitán, que cuando volváis á bordo mandéis á los marineros que echen un
+cubo de agua sobre cuantos soldados de mi mando estén todavía
+calamocanos.</p>
+
+<p>Dejando á su noble amigo y á los personajes de la ciudad congregados
+para el banquete, dirigióse el barón con su Guardia Blanca á la playa,
+donde comenzó rápidamente el embarque de hombres, caballos y armas en
+grandes barcas que los condujeron á bordo del galeón. Tanta prisa les
+dió el barón y con tan buena maña los recibieron y acomodaron á bordo el
+capitán y sus marinos, que se dió la señal de levar el ancla cuando el
+señor de Butrón estaba todavía engullendo los delicados manjares que
+cubrían la mesa del corregidor. No es de extrañar tanta presteza si se
+recuerda que poco antes había embarcado el Príncipe Negro cincuenta mil
+hombres en el puerto de Orvel, con caballos, artillería é impedimenta,
+haciéndose la escuadra á la vela á las veinticuatro horas de comenzado
+el embarque. En el último bote que dejó la playa de Lepe iban los dos
+famosos capitanes, el barón León de Morel y el caballero Oliver de
+Butrón, formando por su aspecto el mayor contraste imaginable. Seguíalos
+otra barca llena de grandes piedras que el barón había ordenado llevar á
+bordo. Poco después se hacía á la vela el enorme <i>Galeón Amarillo</i>,
+enarbolando el pabellón morado con una imagen dorada de San Cristóbal en
+su centro y saludado por las aclamaciones de la multitud que se agolpaba
+en la playa. Más allá de Lepe se extendían los bosques de Hanson y tras
+ellos las verdes<a name="page_142" id="page_142"></a> colinas en línea no interrumpida, formando un paisaje
+risueño y pintoresco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Juro por mis pecados que bien vale la pena de pelear y morir por
+tierra tan hermosa! exclamó el barón, que de pie en la popa tenía fijos
+los ojos en aquella costa fértil y poblada cual ninguna. Pero mirad
+allí, Sir Oliver, entre aquellas rocas; ¿no os ha parecido ver á un
+jorobado?</p>
+
+<p>&mdash;Nada puedo ver, contestó el interpelado con melancólico acento, porque
+con las prisas que vos nos dáis siempre que se trata de ir á romperse el
+alma con alguien, tengo atragantada una ostra como el puño y no puedo
+olvidar la botella de vino de Chipre que tuve que dejar sobre la mesa,
+sin más que catarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo he visto, señor barón, dijo Froilán; el jorobado estaba sobre la
+roca más alta, mirando nuestro barco, y desapareció de súbito.</p>
+
+<p>&mdash;Su presencia confirma los buenos augurios que he observado hoy, repuso
+el barón. Al dirigirnos á la playa cruzaron nuestro paso un religioso y
+una mujer, y ahora divisamos un jorobado antes de perder de vista la
+costa. Presagio dichoso. ¿Qué piensas tú de ello, Roger?</p>
+
+<p>&mdash;No sé qué deciros, señor barón, contesto el doncel. Romanos y griegos,
+con ser pueblos de gran ilustración, tenían completa fe en esos
+augurios, pero no faltan entre los modernos pensadores y hombres de
+ciencia muchos que consideran tales signos como vanos y pueriles.</p>
+
+<p>&mdash;No diré yo tal, observó el señor de Butrón, recordando en aquel
+momento otro de los desastres gastronómicos que tanto lamentaba. Los
+presagios nunca fallan, y si no dígalo todo el ejército del príncipe
+Eduardo, que allá en el paso de los Pirineos oyó de repente un trueno
+formidable en medio del día, sin que una sola nube ocultase el azul del
+cielo. Todos sabíamos lo que aquello significaba y que estábamos
+amenazados de una gran calamidad; y en efecto, trece días después
+desapareció de la puerta de mi tienda un soberbio cuarto de venado y mis
+escuderos descubrieron que se habían agriado seis botellas de vino
+bearnés que llevaba para mi mesa....</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya que de escuderos habláis, dijo el barón cuando cesó la risa
+provocada por los recuerdos de Sir Oliver, debo decir á los míos que hoy
+mismo tendrán brillante ocasión de<a name="page_143" id="page_143"></a> acreditar su valor y de imitar el
+ejemplo que les han dejado nobles antecesores. Id á la cámara,
+muchachos, y traedme mi arnés; el señor de Butrón y yo nos armaremos
+aquí, sobre cubierta, con vuestra ayuda. Después aprestaos vosotros, por
+lo que pueda ocurrir y decid á los oficiales que tengan hombres y armas
+dispuestos á la primera señal. ¿Quién de nosotros mandará en jefe, Sir
+Oliver?</p>
+
+<p>&mdash;Vos, amigo mío, vos. Yo soy guerrero viejo como vos y conozco mi
+oficio, pero no puedo compararme con el gran capitán que fué un tiempo
+escudero de Guillermo de Marny. Lo que hagáis estará bien hecho.</p>
+
+<p>&mdash;Corriente y gracias. Vuestro pabellón ondeará en la proa y el mío á
+popa. Os daré como vanguardia vuestros cuarenta hombres y otros tantos
+arqueros míos. Cincuenta hombres más con mis escuderos formarán la
+guardia de popa. Los demás en el centro y á los costados del barco, á
+excepción de una docena armados de arcos y ballestas, que irán á las
+cofas. ¿Qué os parece la distribución?</p>
+
+<p>&mdash;Inmejorable. Pero aquí me traen mi armadura y el ponérmela es ya para
+mí tarea larga y difícil.</p>
+
+<p>Entretanto se notaba gran movimiento á bordo, los arqueros y hombres de
+armas formaban en grupos sobre cubierta, examinando aquéllos sus arcos y
+atendiendo á los consejos que les daban el sargento Simón y otros
+veteranos, expertos en el manejo de la temible arma.</p>
+
+<p>&mdash;Firmes, muchachos y que no se mueva nadie de donde yo lo ponga, iba
+diciendo Simón de grupo en grupo. Mientras tengáis un buen arco en la
+mano no hay pirata que se acerque. Y sobre todo, no olvidéis que en
+cuanto se suelta una flecha ya debe estar la otra en la mano y en la
+cuerda. Esta ha sido siempre la regla en la Guardia Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;Y digo yo, amigo Simón ¿no es también regla el dar á cada soldado
+medio cuartillo de vino mientras espera á los piratas con el gaznate
+seco? preguntó Tristán de Horla.</p>
+
+<p>&mdash;Eso vendrá después, borrachín, pero ahora hay que ganarlo. Cada uno á
+su puesto, que ó mucho me engaño ó apuntan por allí dos mástiles, tras
+las Agujas de Coves.</p>
+
+<p>Arqueros y hombres de armas se tendieron sobre cubierta, en cumplimiento
+de las órdenes del barón. Cerca de la proa colgaba de una robusta lanza
+el escudo de armas de Butrón, una cabeza negra de jabalí en campo de
+oro, y en<a name="page_144" id="page_144"></a> el centro de la proa Reno el veterano clavaba el estandarte
+con las cinco rosas de Morel. Cubrían el centro de la nave los atezados
+marinos de Southampton, gente aguerrida toda, armada con hachas de
+abordaje, mazas y picas. Su jefe el capitán Golvín hablaba con el barón
+á popa, escudriñando ambos el horizonte y vigilando el velamen y los dos
+timoneles.</p>
+
+<p>&mdash;Dad orden, dijo el barón, de que ningún soldado ni marino se deje ver
+hasta que el clarín les mande tender los arcos. Conviene que esos
+corsarios tomen al <i>Galeón</i> por un barco mercante de Southampton que
+huye al descubrir sus naves.</p>
+
+<p>&mdash;¡Allí están! ¿No lo dije yo? exclamó el capitán volviendo apresurado
+junto al barón después de transmitir su orden. Ved las dos galeras
+balanceándose plácidamente en la bahía exterior de Coves, y mirad
+también en tierra, hacia el este, la humareda que levantan sus últimos
+incendios. ¡Ah, perros! Ya nos han visto; las lanchas de los
+incendiarios se apartan de la costa á todo remo, dirigiéndose á sus
+galeras, que Dios confunda. ¡Y qué multitud á bordo! Parece aquello un
+hormiguero. Os repito, señor barón, que la empresa pudiera muy bien
+resultar superior á nuestras fuerzas. Esos buques piratas son de primer
+orden y sus tripulantes gente desesperada, que lucha hasta morir.</p>
+
+<p>&mdash;Pues amigo, os envidio la buena vista que tenéis, contestó el señor de
+Morel con imperturbable calma, guiñando sus ojillos irritados. Por lo
+pronto, hacedme la merced de decir á la gente que hoy no se da cuartel á
+nadie. Tratándose de esas fieras, no quiero prisioneros. ¿Tenéis á bordo
+un sacerdote ó un religioso?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor barón.</p>
+
+<p>&mdash;No importa. La Guardia Blanca se puede pasar sin ellos, porque los
+tengo á todos bien confesados desde Salisbury y maldito si han tenido
+ocasión de cometer fechorías desde que emprendimos la marcha. Pero á la
+verdad, lo siento por el contingente de Vinchester que manda mi noble
+amigo de Butrón, pues según noticias y señales, es gente díscola y la
+han corrido en grande estos días. Á ver, dad orden de que recen todos un
+padrenuestro y un avemaría mientras esperan la señal de ataque.<a name="page_145" id="page_145"></a></p>
+
+<p>No tardó en oirse el prolongado murmullo de todas aquellas preces,
+dichas con singular recogimiento por arqueros, marinos y hombres de
+armas tan devotos como valientes. Muchos de ellos sacaron cruces y
+reliquias que besaron fervientemente, tendidos sobre cubierta y sin
+mostrarse al enemigo.</p>
+
+<p>El <i>Galeón Amarillo</i> había abandonado las aguas del Solent y se alejaba
+de la costa á toda vela, cortando pesadamente las espumosas olas. En su
+seguimiento se habían lanzado las dos naves piratas, pintadas de negro,
+de corte estrecho y largo, que contrastaba con la mayor altura y rotunda
+forma del galeón á que daban caza. Parecían dos lobos hambrientos en
+seguimiento de su presa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero decidme, señor barón. Esos perros han visto ya el escudo y pendón
+que llevamos á proa y popa y saben que tenemos dos nobles á bordo, dijo
+Golvín.</p>
+
+<p>&mdash;Ya había pensado yo en ello, pero no es de caballeros ni de jefes de
+tropas reales el ocultar su presencia. Se dirán que os dirigís á Gascuña
+y habéis recibido nobles pasajeros con destino al cuartel general de
+nuestro príncipe. ¡Cómo acortan la distancia! Á juzgar por su aspecto y
+el nuestro diríase que dos halcones se preparan á caer sobre inocente
+paloma. Pero no es maravilla que nos alcancen tan pronto, con su triple
+hilera de remos, al paso que nosotros sólo tenemos las velas. ¿Véis
+alguna señal ó bandera á bordo de esos barcos?</p>
+
+<p>&mdash;En la vela mayor del de la izquierda hay pintada una enorme cabeza
+negra, respondió el capitán.</p>
+
+<p>&mdash;Es la galera del cruel pirata normando y la primera vez que la ví fué
+en Chelsea. También lo ví á él, <i>Cabeza Negra</i>, en medio del combate. Es
+un gigante con la fuerza de seis hombres y los crímenes de sesenta sobre
+la conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Sólo á un bárbaro como él se le ocurriría entrar en combate con dos
+infelices colgados de las vergas de su buque. ¿Los véis?</p>
+
+<p>&mdash;Así es en efecto, replicó el barón. La Virgen de Embrún me concederá
+la merced de ahorcarlo también á él dentro de pocas horas. ¿Qué insignia
+es aquella en las velas del otro pirata?</p>
+
+<p>&mdash;La cruz roja de Génova.<a name="page_146" id="page_146"></a></p>
+
+<p>&mdash;Lo que prueba que tenemos allí al barbudo Tito Carleti, tan valiente y
+casi tan malo como su compañero de piraterías. Ese genovés pretende que
+no hay en el mundo arqueros ni soldados como los suyos y tenemos que
+probarle lo contrario.</p>
+
+<p>&mdash;Se lo probaremos, asintió el animoso capitán. Pero entre tanto, bueno
+será que los arqueros y ballesteros escogidos de antemano suban á las
+cofas disimulando su presencia y su número lo más posible. Las tres
+anclas están ya en el centro del buque, con veinte pies de cable cada
+una y sólidamente amarradas al palo mayor, con cuatro buenos marineros á
+cargo de cada ancla. Según vuestras órdenes, diez hombres distribuídos á
+lo largo de la cubierta, con pellejos llenos de agua, cuidarán de apagar
+todo fuego que puedan producir las flechas incendiarias si las usan esos
+bandidos. Las piedras están también en las cofas, y los arqueros se
+encargarán de aplastar con ellas á cuanto grupo de piratas se les ponga
+á tiro.</p>
+
+<p>&mdash;Enviadles á más de las piedras cualquier otro objeto pesado que
+tengáis á bordo, dispuso el barón.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en tal caso lo mejor será izarles á Sir Oliver, apuntó Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Brava ocasión para chanzas! dijo el señor de Morel, con mirada tal
+que hizo temblar al escudero. Además, no se dirá que un servidor mío ha
+hecho burla de un noble en mi presencia sin el debido correctivo.
+Después de todo, continuó reprimiendo con trabajo una sonrisa, demasiado
+sé que ha sido esa una chanza de muchacho, sin intención aviesa. Sin
+embargo, Gualtero, debo á vuestro padre Carter de Pleyel el ordenaros
+que procuréis refrenar la lengua.</p>
+
+<p>&mdash;Ataque por babor y estribor á la vez, exclamó el capitán Golvín,
+viendo separarse los dos barcos enemigos. El normando tiene á proa un
+pedrero y se preparan á disparar.</p>
+
+<p>&mdash;Á ver, Simón, tres arqueros, los mejores que tengas, ordenó el barón;
+que elijan los arcos más poderosos que haya á mano y den una lección á
+los artilleros apenas crean que no perderán sus flechas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Arnoldo, Renato y Jaime, á popa! exclamó enseguida el veterano. Una
+sangría al primer babieca que toque aquel pedrero. Trescientos cincuenta
+pasos, á lo sumo. Arnoldo, hijo mío, tú el primero y á ver si te luces.<a name="page_147" id="page_147"></a>
+¿Ves el canalla aquel con la gorra roja? Pues á ensartarlo, antes de que
+disparen.</p>
+
+<p>Los tres arqueros nombrados, fija la mirada en la proa del barco
+enemigo, tendían lentamente la cuerda de sus enormes arcos, sin cuidarse
+ya de si los veían ó no los piratas. El numeroso grupo que éstos
+formaban se había apartado del pedrero, dejando solos junto á él á dos
+hombres encargados de dispararlo. El de la gorra roja se inclinó para
+apuntar, abrió los brazos y cayó de bruces con una flecha clavada en el
+costado. Casi en el mismo instante recibió el otro pirata un dardo en la
+garganta y otro en una pierna y quedó retorciéndose sobre cubierta.</p>
+
+<p>Al grito de furor de los piratas respondieron las carcajadas de los
+arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien, muchachos! gritó Simón. Pero ocultaos de nuevo tras la borda,
+porque veo que han resuelto aprovechar la lección y tienden red de malla
+para protegerse contra nuestras flechas. Que nadie asome. No tardaremos
+en oir silbar las piedras de esos jayanes.<a name="page_148" id="page_148"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XVI" id="CAPITULO_XVI"></a>CAPÍTULO XVI<br /><br />
+<small>DEL COMBATE ENTRE EL GALEÓN AMARILLO Y LOS DOS PIRATAS.</small></h3>
+
+<p>E<small>L</small> supuesto barco mercante y sus dos perseguidores se dirigían
+rápidamente hacia el oeste, dejando al norte la costa de San Albano. No
+se divisaba otra vela en todo el horizonte. Roger permanecía cerca del
+timón, mirando las galeras enemigas y recibiendo de lleno en el rostro
+la fuerte brisa del mar que agitaba su rizado cabello rubio. Digno
+descendiente de tantos famosos guerreros sajones, su corazón latía con
+violencia y hubiera deseado llegar á las manos con los piratas sin más
+tardanza.</p>
+
+<p>De pronto le pareció que una voz ronca le hablaba al oído, y volviéndose
+prontamente dirigió al timonel una mirada interrogadora. El marino,
+sonriente, señaló con el pie una gruesa saeta clavada profundamente en
+un tablón á tres pasos de la cabeza de Roger. Pocos segundos después el
+timonel cayó de bruces y Roger vió en su espalda el asta ensangrentada
+de otra flecha. Inclinóse para levantar al infeliz y oyó el ruido de los
+dardos que caían á bordo, semejante al que produce la lluvia de otoño
+sobre las hojas secas del bosque.</p>
+
+<p>&mdash;¡Redes de malla á popa! ordenó el barón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y otro hombre al timón! dijo imperiosamente el capitán.</p>
+
+<p>&mdash;Tú con diez arqueros entretén á los normandos, añadió el señor de
+Morel dirigiéndose á Simón y que otros diez hombres de Sir Oliver hagan
+lo mismo con los genoveses. No quiero revelarles todavía toda nuestra
+fuerza.</p>
+
+<p>Diez arqueros escogidos mandados por Simón se apostaron enseguida en el
+lado de la popa por donde avanzaba el<a name="page_149" id="page_149"></a> barco normando, y los tres
+escuderos vieron con admiración la calma de aquellos veteranos en tales
+momentos y la precisión con que obedecían las voces de mando, moviéndose
+á la vez como si fueran un solo hombre. Sus compañeros, ocultos tras la
+borda, no les escaseaban las chanzas y los consejos.</p>
+
+<p>&mdash;Más alto, Fernán, más alto, que todavía no suben al abordaje. Pégate
+al arco, Renato; no parece sino que le tienes miedo ó temes que la
+cuerda te manche el coleto. Ten en cuenta el viento, y no desperdicies
+flecha.</p>
+
+<p>Entre tanto los dos pedreros enemigos habían tomado la ofensiva, bien
+protegidos los servidores de ambas piezas por alta red de malla. La
+primera piedra del genovés pasó silbando sobre las cabezas de los
+arqueros y cayó al mar; la del pedrero normando mató un caballo y
+derribó á varios soldados, otra abrió un boquete enorme en la vela del
+<i>Galeón</i> y la cuarta dió en el centro de la proa y rebotando, arrojó al
+agua dos hombres de armas de Butrón. El capitán miró fijamente al barón.</p>
+
+<p>&mdash;Se mantienen á distancia, dijo, porque nuestros veinte arqueros les
+han causado grandes pérdidas. Pero nos van á matar mucha gente con sus
+pedreros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues una estratagema para que se acerquen, y el barón dió brevemente
+sus órdenes.</p>
+
+<p>Trasmitidas que fueron éstas, los arqueros empezaron á caer como si la
+artillería y las flechas de los piratas causasen en ellos grandes
+estragos. Muy pronto no quedaron más que tres arqueros por banda y los
+barcos enemigos se acercaron rápidamente, con las cubiertas llenas de
+una turba horrible que lanzaba gritos de triunfo y blandía sables,
+hachas, puñales y picas.</p>
+
+<p>&mdash;Acuden como peces al cebo, exclamó el barón. ¡Á ellos, soldados, á
+ellos! El estandarte aquí, á mi lado, y los escuderos á defenderlo.
+Tened las anclas listas para lanzarlas á bordo de esos condenados.
+¡Suenen los clarines y Dios proteja nuestra causa!</p>
+
+<p>Una aclamación unánime le respondió y las bordas del barco inglés
+aparecieron repentinamente cubiertas de proa á popa por una doble línea
+de cascos. La turba enemiga lanzó gritos de rabia, sobre todo al recibir
+el nublado de flechas que lanzaron los arqueros ingleses en el centro
+de<a name="page_150" id="page_150"></a> aquella abigarrada multitud, compuesta de hombres de todas cataduras
+y colores, normandos, sicilianos, genoveses, levantinos y moros. La
+confusión á bordo de ambos piratas fué espantosa y grande la matanza,
+pues los arqueros lanzaban sus flechas y dardos desde lo alto del enorme
+<i>Galeón</i>, que dominaba las cubiertas enemigas. Además, en aquella masa
+compacta, pronta al abordaje del que creían ser punto menos que
+inofensivo buque mercante, no se perdía una sola flecha y los piratas
+caían á montones, muertos ó heridos. En tanto los hombres de armas
+destinados al efecto habían lanzado dos anclas á bordo de los buques
+enemigos, para impedirles la retirada y las tres naves quedaron unidas
+por doble lazo de hierro, cabeceando pesadamente.</p>
+
+<p>Entonces empezó una de esas luchas frenéticas, sangrientas y heróicas,
+no referidas por ningún historiador, no cantadas por ningún poeta, de
+las que no queda otra señal ni monumento que una nación poderosa y feliz
+y una costa no devastada por las depredaciones que un tiempo la
+asolaran.</p>
+
+<p>Los arqueros habían limpiado de enemigos la proa y popa de ambas
+galeras, pero los piratas éstos atacaron en gran número el centro del
+<i>Galeón</i>, cayendo con furia por ambos costados sobre los marinos y
+hombres de armas y luchando con ellos cuerpo á cuerpo, en confusión tal
+que los soldados y marineros situados en las cofas no se atrevían á
+lanzar dardos ni peñascos, temerosos de herir y aplastar á sus propios
+compañeros. En aquella masa confusa de hombres sólo se veía el brillo de
+sables y hachas que caían con ruido estridente sobre cascos y armaduras,
+derribando ingleses, genoveses y normandos, en medio de una gritería
+espantosa, de un tumulto indescriptible. El gigante <i>Cabeza Negra</i>,
+cubierto de hierro y con una tremenda maza, anonadaba á cuantos se
+ponían á su alcance; cada golpe de su maza derribaba una víctima. Por
+estribor se había lanzado al abordaje con no menos ímpetu el genovés
+Carleti, bajo de estatura, pero cuyos anchos hombros, robusto cuerpo y
+membrudos brazos denotaban su fuerza. Á la cabeza de cincuenta italianos
+escogidos y bien armados se abrió paso casi hasta el mástil del barco
+inglés y los marinos se vieron cogidos como entre dos muros de hierro
+por sus fieros asaltantes, dando y recibiendo la muerte sin pedir
+cuartel.<a name="page_151" id="page_151"></a></p>
+
+<p>Pero en aquel instante supremo les llegó el auxilio que tanto
+necesitaban. El señor de Butrón con sus hombres de armas y el barón
+seguido de sus escuderos, de Reno, Simón, Tristán de Horla y otros
+veinte, se lanzaron como leones contra las turbas que por ambos lados
+habían invadido la cubierta y abriéndose sangriento paso llegaron á lo
+más recio de la lucha. Roger no se apartó de su señor un solo momento y
+aunque mucho había oído de sus proezas, nunca hasta entonces había
+tenido idea de su valor, de su calma en el combate y de la presteza de
+sus movimientos. Saltaba de uno á otro pirata, derribándolos de una
+estocada ó un tajo, parando los golpes que le asestaban con el escudo y
+la espada y llevando el terror entre sus enemigos. Uno de sus golpes
+alcanzó á Tito Carleti, hiriéndolo en el cuello y por fin el mismo
+<i>Cabeza Negra</i> resolvió concluir con aquel temible combatiente y
+lanzándose á su encuentro alzó sobre él la pesada maza. Inclinóse el
+barón para protegerse mejor con el escudo, al propio tiempo que paraba
+los golpes del furioso genovés, pero en aquel instante resbaló en un
+charco de sangre y cayó sobre cubierta. Roger atacó al gigante normando,
+pero un golpe de la maza de éste hizo pedazos su espada y lo derribó
+sobre un grupo de muertos y heridos. Iba <i>Cabeza Negra</i> á repetir el
+golpe, cuando sintió su muñeca cogida como con unas tenazas de hierro y
+vió á su lado á Tristán, el hercúleo arquero, que doblando hacia atrás
+el cuerpo del normando, haciendo gala de su increíble fuerza, acabó por
+romperle el brazo y tenderlo cuan largo era sobre las tablas del puente.
+Una vez derribado le puso el puñal al rostro por entre las barras de la
+visera y el temible pirata permaneció inmóvil, único modo de evitar la
+muerte que tan de cerca le amenazaba.</p>
+
+<p>Desalentados los normandos con la pérdida de su jefe y acosados de
+cerca, volvieron la espalda y abandonaron el <i>Galeón</i>, saltando
+atropelladamente sobre la cubierta de su barco, donde empezaron á
+diezmarlos las flechas de los arqueros ingleses y los peñascos que desde
+las cofas les lanzaban los marinos. Además, unido firmemente el barco
+pirata al <i>Galeón</i> por el ancla de éste, pasaron á bordo del normando el
+señor de Butrón y cincuenta veteranos, en persecución de los fugitivos.</p>
+
+<p>Á estribor continuaba encarnizada la lucha. El genovés<a name="page_152" id="page_152"></a> y sus secuaces
+se defendían con vigor, retrocediendo paso á paso ante los furiosos
+ataques del barón de Morel, Roger, Reno y sus arqueros. Carleti, ronco
+de ira y de cansancio y cubierto de heridas de las que manaba la sangre
+en abundancia, volvió á bordo de su buque con los piratas que le
+quedaban, sin cesar de defenderse y perseguido por una docena de
+ingleses que se lanzaron al abordaje de la galera. Entonces Carleti
+abandonó de un salto á sus compañeros, corrió á lo largo de la cubierta
+y regresando á bordo del <i>Galeón</i> cortó de un tajo el cable del ancla
+que retenía á su barco. Hecho esto saltó de nuevo sobre la cubierta de
+su galera, cuyos remeros empezaron á impelirla y apartarla del <i>Galeón</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡San Jorge nos asista! gritó Gualtero de Pleyel. ¡El barón está en la
+galera, peleando con los genoveses! ¡Se lo llevan!</p>
+
+<p>&mdash;¡Está perdido! gritó á su vez Froilán de Roda. ¡Saltemos, Gualtero!
+Ambos jóvenes, de pie sobre la borda del <i>Galeón</i>, se lanzaron al
+espacio. El desgraciado Froilán cayó sobre los remos de la galera pirata
+y desapareció entre las olas; más afortunado Gualtero, alcanzó la
+cubierta del barco enemigo y se unió á los compañeros del barón. Roger
+quiso seguir á sus dos amigos en defensa de su señor, pero Tristán de
+Horla se lo impidió á la fuerza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo has de dar ese salto de muerte, muchacho, si apenas puedes
+sostenerte en pie? le dijo. Tienes la cabeza llena de sangre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi puesto está al lado del barón! rugió Roger, forcejeando
+inútilmente.</p>
+
+<p>&mdash;Quédate aquí, te digo, y te quedarás á las buenas ó á las malas.
+Necesitarías alas para llegar á la galera. Esta se alejaba gradualmente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mirad qué valor, cómo se defienden, cómo atacan! continuó Tristán
+siguiendo los detalles de la lucha á bordo del pirata. Los nuestros han
+limpiado la popa de enemigos y adelantan, con el barón á la cabeza.
+¡Bravo Simón, buen golpe! Reno se bate como un tigre. El genovés, aunque
+bandido, es un valiente, no hay que dudarlo. Ha conseguido reunir á su
+gente en la proa.... ¡Por la Cruz de Gestas, ya cayó un arquero, y otro!
+¡Maldito Carleti! Pero allá va el barón, á dar cuenta de él. ¡Mira,
+Roger!<a name="page_153" id="page_153"></a></p>
+
+<p>&mdash;El barón ha caído....</p>
+
+<p>&mdash;No, una de sus tretas. Ahí lo tienes otra vez, más brioso que nunca,
+¡Qué espada! El jefe pirata retrocede, cae, atravesado de parte á parte.
+¡Viva, viva! Los otros huyen, se rinden. Allá va Simón. ¡Por vida de! Ya
+arría la bandera de la cruz roja, ya iza la de Morel, las cinco
+rosas.... ¡Viva!</p>
+
+<p>La muerte de Tito Carleti puso fin á toda resistencia y su galera,
+cambiando de bordada, se dirigió de nuevo hacia el <i>Galeón</i>, saludada
+por los gritos de entusiasmo de los soldados. El barón y Sir Oliver no
+tardaron en reunirse sobre la cubierta del barco inglés, y retirada el
+ancla que lo aferraba á la galera del normando, se hicieron las tres
+naves á la vela, á corta distancia una de otra. Roger, más débil á cada
+momento que pasaba, oyó con admiración la voz tranquila del capitán que
+seguía mandando la maniobra con tanta calma como lo había hecho durante
+el combate.</p>
+
+<p>&mdash;No deja de tener averías bastante graves nuestro pobre <i>Galeón</i>, dijo
+Golvín al señor de Morel apenas pudo hablarle. La borda destrozada, la
+vela mayor hecha trizas. ¿Qué dirán los armadores cuando me presente con
+su barco en tan triste estado?</p>
+
+<p>&mdash;Lo triste sería, dijo el barón, que fueseis vos á sufrir por causa
+mía, sobre todo después de la faena de hoy y de vuestro brillante
+comportamiento. Nada, os lleváis esas dos galeras como prueba de la
+jornada y que las vendan los armadores. Con el importe se reembolsarán
+de los perjuicios que haya sufrido el <i>Galeón Amarillo</i> y el resto que
+lo guarden hasta mi regreso, para distribuirlo entre todos. No os
+quejaréis de vuestra parte. Por la mía, debo á la Virgen del Priorato
+una imagen de plata de diez libras por haberme otorgado la merced de
+vencer y matar al pirata genovés, cuyo valor y pericia en el manejo de
+las armas soy el primero en reconocer. ¿Y tú, Roger? ¿Herido?</p>
+
+<p>&mdash;No es nada, dijo el doncel con voz débil, quitándose el casco que
+conservaba claras señales de la poderosa maza del normando. Pero apenas
+se hubo descubierto, la sangre inundó su rostro y cayó desvanecido.</p>
+
+<p>&mdash;Pronto volverá en sí, dijo el noble después de examinarlo atentamente.
+He perdido hoy un valiente escudero<a name="page_154" id="page_154"></a> y mal puedo perder otro. ¿Cuántas
+bajas hemos tenido, Simón?</p>
+
+<p>&mdash;Nueve arqueros, siete marinos, once hombres de armas y vuestro
+escudero el joven señor de Roda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el enemigo?</p>
+
+<p>&mdash;Sólo queda con vida el jefe normando. Ahí está, bien agarrotado. Vos
+dispondréis de él, señor barón.</p>
+
+<p>&mdash;Ahórcalo sin tardanza. Hice el voto y hay que cumplirlo. Pero cuélgalo
+de una verga de su propio barco, que tal fué mi promesa.</p>
+
+<p><i>Cabeza Negra</i>, aunque herido y con un brazo roto, se había mantenido de
+pie junto á la borda, entre dos arqueros. Al oir las palabras del barón
+se estremeció y su rostro se contrajo violentamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ahorcado, yo? exclamó en francés. ¿Muerte de villano, á mí?</p>
+
+<p>&mdash;Pues según noticias, dijo el señor de Morel, vos ahorcabais á cuantos
+caían vivos en vuestras manos, sin distinción de nobles ó plebeyos.
+Además he hecho voto de colgaros.</p>
+
+<p>&mdash;Soy señor de Andelys y corre por mis venas sangre real....</p>
+
+<p>&mdash;Sois un pirata desalmado, replicó el barón volviéndole la espalda, á
+tiempo que dos marineros asían á <i>Cabeza Negra</i> y le echaban el dogal al
+cuello.</p>
+
+<p>Al sentir la cuerda hizo el jefe pirata un esfuerzo supremo y rompió las
+ligaduras que ataban sus manos, derribó á uno de los arqueros que le
+guardaban y asiendo por la cintura con su único brazo sano al marinero
+que sujetaba la cuerda, lo levantó y se arrojó con él al mar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Se ha escapado! gritó Simón, corriendo hacia el punto de la cubierta
+por donde había desaparecido <i>Cabeza Negra</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Decid más bien que ha muerto, repuso el capitán. Ambos se han hundido
+en las aguas como un plomo.</p>
+
+<p>&mdash;No me pesa, dijo el barón; que si bien no he podido cumplir mi voto,
+el tal pirata se ha portado como valiente en la lucha, ha muerto como
+tal y hubiera sido lástima ahorcarlo cual si se tratara de uno de esos
+menguados que lo acompañaban.<a name="page_155" id="page_155"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XVII" id="CAPITULO_XVII"></a>CAPÍTULO XVII<br /><br />
+<small>EN LA BARRA DEL GARONA</small></h3>
+
+<p>P<small>OR</small> dos días navegó el <i>Galeón Amarillo</i> á velas desplegadas, impelido
+por vientos favorables del nordeste, dejó atrás á Ouessant, punto más
+occidental de Francia y al tercer día pasó frente á Bella Isla y avistó
+algunos transportes que regresaban á Inglaterra. Los dos nobles hicieron
+colgar sus escudos de armas al costado del barco y observaron con el
+mayor interés las señales con que respondían los transportes y que les
+indicaban los nombres de aquellos caballeros á quienes las enfermedades
+ó las heridas hacían regresar á sus hogares en tan críticos momentos.</p>
+
+<p>Por la tarde se notaron señales de próxima tempestad que alarmaron
+profundamente al capitán Golvín, pues no sólo había perdido la tercera
+parte de sus marineros sino que la mitad de los restantes estaban á
+bordo de las dos galeras apresadas; y unido esto á las averías sufridas
+por su propio barco, lo ponían en muy malas condiciones para arrostrar
+las tempestades de aquella peligrosa costa. El viento sopló con
+violencia toda la noche, imprimiendo al pesado transporte fuertes
+balances. Roger, aunque debilitado por la pérdida de sangre, subió sobre
+cubierta al despuntar el día, prefiriendo que lo mojaran las olas á
+continuar encerrado en los estrechos y obscuros camarotes, nauseabundos
+y llenos de ratas. Asido á una driza, contempló con emoción el
+espectáculo del mar alborotado, cubierto de innumerables olas y
+reflejando el negro color de las nubes. Las dos galeras apresadas
+seguían al <i>Galeón</i> á corta distancia, luchando también con el viento y
+las olas. Á la izquierda, entre la bruma, se veía la tierra de Francia,
+aquella tierra donde sus antepasados habían derramado su<a name="page_156" id="page_156"></a> sangre y
+conquistado imperecedera gloria; Francia, patria de tantos famosos
+caballeros, de tantas beldades, teatro de altos hechos inolvidables y
+asiento de los grandes monumentos, del arte, el lujo y la riqueza. En
+presencia de aquella costa francesa besó Roger el preciado velo que le
+diera la bella Constanza de Morel, y besándolo hizo el juramento de
+conquistar con su valor fama digna de tan noble dama, ó perecer en la
+demanda. Sacóle de sus meditaciones la ronca voz del capitán, que
+dominando el tumulto de los elementos, le gritó:</p>
+
+<p>&mdash;Mal gesto tenéis, señor caballero, y no me extraña, que yo mismo con
+haber navegado desde la infancia, no recuerdo haber visto nunca promesa
+tan segura de una tempestad deshecha. Mal día y peor noche nos esperan.</p>
+
+<p>&mdash;Otros eran mis pensamientos, dijo el escudero, muy ajenos á la
+tempestad que nos amaga.</p>
+
+<p>&mdash;Disponed de mí, si en algo puedo serviros. Pero hablando de
+pensamientos, no son menos negros los que me asaltan al figurarme las
+dificultades de mi viaje de vuelta; vientos contrarios, la vela mayor
+partida en dos, muertos la tercera parte de mis marineros, y el barco
+con averías y boquetes por todos lados. Creo que antes de llegar de
+nuevo á Southampton hemos de vernos convertidos en arenques salados, á
+juzgar por la cantidad de agua que espero embarcar en cuanto ponga la
+proa á Inglaterra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué dice á ello mi señor?</p>
+
+<p>&mdash;Abajo está, ayudando á su amigo á descifrar blasones. Lo único que me
+contesta es que no le hable de tales pequeñeces. ¡Pequeñeces! Pues ¿y
+Sir Oliver? En cuanto le digo que me faltan marineros me contesta que
+los guise á todos con salsa de Gascuña. Me dirigí á los arqueros. ¡Que
+si quieres! Allá se están las horas muertas jugando á los dados,
+presididos por el sargento Simón y Reno, y el gigantón cabeza roja que
+le rompió el brazo al pirata. "Mirad que el <i>Galeón</i> éste se va á hundir
+de un momento á otro," les digo. Y maldito lo que se les importa. "Esa
+es cuenta vuestra, mal capitán," me dice uno. "Seis y blanco," gruñe
+otro. Y ese Simón que Dios confunda acaba por mandarme al demonio.
+¡Desde aquí se les oye, manada de tiburones!</p>
+
+<p>En efecto, á pesar del rumor del viento y de las olas,<a name="page_157" id="page_157"></a> llegaba hasta
+ellos el eco de los juramentos y las carcajadas de los jugadores que
+llenaban la proa.</p>
+
+<p>&mdash;Si yo puedo ayudaros... propuso Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Bastante tenéis que hacer con cuidar vuestra averiada cabeza, ó lo que
+de ella os queda gracias al capacete que aguantó lo mejor del golpe.
+Pero cuanto puede hacerse por ahora está hecho; tapada con velas y
+cables entrelazados la brecha de estribor, sólo falta ver lo que
+sucederá cuando cambiemos de rumbo para evitar las rocas y bajíos de la
+costa, á la cual nos vamos acercando demasiado. Aquí viene el barón y á
+fe mía que llega á tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;No toméis á desaire mi distracción, maese Golvín, dijo el caballero,
+andando con dificultad á consecuencia de los balances del barco. Estaba
+muy preocupado con una difícil cuestión heráldica, sobre la cual
+quisiera oir vuestra opinión, Roger. Se trata de los cuarteles del
+escudo perteneciente á la familia de Sosire, cuyo jefe Sir Leiton es mi
+tío, casado con la viuda de Sir Enrique Oglander, de Nunvel. La
+delimitación de esos cuarteles ha sido cuestión muy debatida entre
+cuantos entienden de blasones. ¿Qué tal vamos, capitán?</p>
+
+<p>&mdash;Me preocupa el estado de la nave, señor barón. Tendremos que orzar muy
+pronto y en cuanto lo intente empezará el pobre <i>Galeón</i> á embarcar
+agua.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que llamen enseguida á Sir Oliver! gritó el barón.</p>
+
+<p>Poco después llegaba á popa el obeso caballero, resbalando á cada paso,
+agarrándose á la borda, á las drizas y á cuanto se le ponía á mano,
+abotargado el rostro y maldiciendo su suerte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué barco es éste, señor capitán, exclamó entre dos balances, en el
+que un honrado caballero no puede dar un paso sin exponerse á partirse
+el alma? Si ha de continuar mucho tiempo esta danza, ponedme á bordo de
+uno de esos piratas, que más saltarines que vuestra nave no pueden ser,
+á buen seguro. Cuando ya no podía tenerme de debilidad, me senté ante un
+frasco de malvasía y un jigote de carnero, y al primer bandazo se me
+vino encima el frasco, poniéndome de perlas ropilla y calzas, y el guiso
+fué á dar con salsa y todo en el santo suelo. Allá quedan mis pajes
+corriendo tras él, como lebreles en seguimiento de una cierva. ¡Rayos<a name="page_158" id="page_158"></a>
+del cielo, qué galera ni qué tarasca!... Pero ¿me habéis llamado, amigo
+Morel?</p>
+
+<p>&mdash;Para oir vuestra opinión, desgraciado y hambriento caballero. Aquí
+tenéis á maese Golvín temeroso de que si vira de bordo el <i>Galeón</i>
+empezará á hacer agua.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que no vire, la cosa es clara. Y con vuestra venia, barón, me
+vuelvo á ver qué hacen aquellos tunantes de pajes....</p>
+
+<p>&mdash;Pero es que si no viramos iremos á dar en las rocas antes que os
+sentéis de nuevo á la mesa, dijo el capitán.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, virad, con mil de á caballo, gruñó el señor de Butrón.
+¿Permitís, amigo barón?</p>
+
+<p>En aquel instante se oyó la voz de los vigías: "¡Rocas á proa!" En el
+centro de una ola enorme, á cien varas de distancia, aparecieron las
+obscuras piedras de un arrecife, cubiertas de espuma. El capitán se
+lanzó al timón y comenzó á dar voces de mando, los marineros practicaron
+las maniobras sin perder momento, giró el botalón con prolongado
+chirrido y el galeón cambió de rumbo, á cortísima distancia de los
+amenazadores peñascos.</p>
+
+<p>&mdash;No creo poder salvarlos á tiempo, rugió el capitán aferrado al timón.
+¡San Cristóbal nos valga!</p>
+
+<p>&mdash;Pues en tan gran peligro estamos, quiero que ondee mi pabellón sobre
+cubierta, dijo el barón tranquilamente. Id á buscarlo, Roger, y clavadlo
+aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo, exclamó Sir Oliver, prometo á mi excelso patrón Santiago de
+Compostela visitar su santuario allá en España, si me saca en bien de
+este trance, y comerme una carpa más cada día de vigilia, durante un
+año. ¡Cómo ruge el mar! ¿Qué decís, capitán?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pasamos, pasamos! gritó Golvín, fija la vista en las rompientes más
+inmediatas á la proa. ¡Á la buena de Dios!</p>
+
+<p>Siguieron unos momentos de espera y luégo se sintió en todo el barco el
+roce de la quilla sobre las rocas. Una de éstas, cuya punta proyectaba
+oblícuamente, raspó con fuerza el costado del casco, arrancándole largas
+astillas. Un momento después el <i>Galeón Amarillo</i> completaba su
+evolución, el viento hinchaba las velas y escapaban todos al gravísimo
+peligro, huyendo de la amenazadora costa, entre las aclamaciones de
+marineros y soldados.<a name="page_159" id="page_159"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Dios sea loado! exclamó el capitán enjugando el sudor que le bañaba
+la frente. No volveré á Southampton sin ofrecer un cirio de cinco libras
+al buen San Cristóbal en la capilla del convento.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, pues me alegro, comentó Sir Oliver, porque á la verdad prefiero
+morir enjuto, por más que después de haber comido tanto pescado en esta
+vida, sería muy justo que los peces me comiesen á mí. Y ya que de comer
+se trata, á mi cámara me vuelvo....</p>
+
+<p>&mdash;Esperad algo más, querido compañero, dijo el barón, porque si no he
+entendido mal, escapamos de un peligro para caer en otro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Capitán! gritó en aquel momento el contramaestre ¡las olas se han
+llevado las velas que cerraban el boquete de babor! ¡El barco hace agua!</p>
+
+<p>Tras el contramaestre aparecieron corriendo muchos marineros, anunciando
+que el agua inundaba el interior del barco y que los caballos estaban en
+inmediato peligro. Obedeciendo las órdenes enérgicas de Golvín,
+afianzaron velas sobre el boquete abierto en el costado, operación
+dificilísima en aquellas circunstancias y que una vez terminada impidió,
+aunque no totalmente, la entrada del agua. El <i>Galeón</i> se había hundido
+bastante y las olas barrían la cubierta con frecuencia.</p>
+
+<p>&mdash;No creo que resista en la dirección que llevamos, dijo el capitán,
+pero si viro encallamos en la costa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y amainando velas? sugirió el barón. ¿No podríamos esperar la calma
+del mar y el viento?</p>
+
+<p>&mdash;No, una y otro no tardarían en arrojarnos contra las rocas. En treinta
+años que llevo á bordo no me he visto en lance igual. ¡Los santos del
+cielo se apiaden de nosotros!</p>
+
+<p>&mdash;Y muy particularmente confío yo en la protección del gran Santiago, en
+cuyo día hago voto de comerme otra carpa, además de la prometida ya para
+todos los días de vigilia del año....</p>
+
+<p>Golvín miró en dirección de las dos galeras apresadas; veíaselas á gran
+distancia, ya saltando sobre las olas ya cayendo pesadamente entre
+ellas.</p>
+
+<p>&mdash;Si estuviesen más cerca, dijo el marino, todavía podríamos salvarnos.
+Por lo pronto, señor barón, convendría<a name="page_160" id="page_160"></a> que os quitáseis la armadura,
+porque de un momento á otro podemos vernos en el agua.</p>
+
+<p>&mdash;No acepto el consejo, respondió el caballero. No se dirá que un noble
+se desarma voluntariamente porque le amenazan Eolo y Neptuno. Lo que
+haré será convocar sobre cubierta á la Guardia Blanca y aguardar con
+ella la buena ó mala suerte que el cielo nos depare. Pero ¿qué es
+aquello, maese Golvín? Por escasa que sea mi vista me parece no ser ésta
+la primera vez que contemplo aquellos dos promontorios, allá á la
+izquierda.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por San Cristóbal bendito! exclamó el marino con voz gozosa y mirando
+ávidamente en la dirección indicada. ¡Es La Tremblade! ¡Y yo que creía
+no haber pasado de Olorón! Allí, frente á nosotros, está la
+desembocadura del Garona, y una vez pasada la barra habrá desaparecido
+el peligro. ¡Orza, muchachos! ¡Timón á babor!</p>
+
+<p>Movióse otra vez el botalón, el viento cogió las velas á estribor é
+impulsó el asendereado barco en la nueva dirección que le ofrecía tan
+inesperado refugio. De uno á otro extremo de la anchurosa ría formaban
+las olas movible barrera coronada de espuma que se extendía, por el
+norte, hasta un elevado pico y por el sud hasta una punta baja y
+arenosa. En el centro una pequeña isla contra la cual se estrellaban
+furiosas las olas.</p>
+
+<p>&mdash;Entre la isla y el promontorio hay un canal, dijo el capitán; me lo
+indicó el piloto del príncipe real en persona. Veremos si el <i>Galeón</i>
+obedece á mi mano, cargado de agua como vá y sumergido una braza más de
+lo que debiera.</p>
+
+<p>&mdash;Adelante, maese, exclamó el señor de Butrón; dos veces nos ha sido
+favorable la fortuna en los inminentes peligros de este día, y si nos
+protege ahora, hago voto al bendito Santiago de....</p>
+
+<p>&mdash;Tened la lengua, Butrón amigo, que si seguís ofreciéndoos carpas
+acabaréis por atraernos la indignación del santo....</p>
+
+<p>&mdash;Os ruego ordenéis á los soldados que se tiendan sobre cubierta y
+permanezcan inmóviles, dijo el capitán. Dentro de pocos minutos
+estaremos salvados ó habrá llegado nuestra última hora.</p>
+
+<p>Arqueros y hombres de armas obedecieron prontamente.<a name="page_161" id="page_161"></a> Golvín se aferró
+al timón y miró fijamente á proa, por debajo de la hinchada vela mayor.
+Los dos jefes, inmóviles á popa, contemplaban también la temida barra.
+Por fin el <i>Galeón Amarillo</i> llegó á las rompientes, evitó los
+obstáculos y en cortos momentos, dejando atrás todo peligro, surcó las
+tranquilas aguas del Garona.<a name="page_162" id="page_162"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XVIII" id="CAPITULO_XVIII"></a>CAPÍTULO XVIII<br /><br />
+<small>DE CÓMO EL BARÓN HIZO VOTO DE PONERSE UN PARCHE</small></h3>
+
+<p>U<small>N</small> viernes por la mañana, el veintinueve de Diciembre, dos días antes
+del de San Silvestre, ancló el <i>Galeón Amarillo</i> frente á la noble
+ciudad de Burdeos. Grandes fueron el interés y la admiración de Roger al
+contemplar desde á bordo el bosque de mástiles, los numerosos botes que
+cruzaban en todas direcciones y la hermosa ciudad extendida en forma de
+media luna á orillas del río, con sus altas torres y la multitud de
+edificios de arquitectura y colores variadísimos. Nunca en su tranquila
+vida había visto ciudad de igual importancia, ni contaba Inglaterra, con
+la sola excepción de Londres, otra que pudiera comparársele en extensión
+y riqueza. Á Burdeos llegaban por aquella época los productos de todas
+las fértiles comarcas bañadas por el Dordoña y el Garona; los tejidos
+del sud, las pieles de Guiena, los vinos del Medoc, para exportarlos
+después á Hull, Exeter, Dartmouth, Bristol ó Chester, en cambio de las
+lanas y lanillas inglesas. En Burdeos se hallaban también los famosos
+hornos de fundición y las forjas que habían dado á sus aceros universal
+renombre y con los cuales se forjaban las espadas y lanzas mejor
+templadas. Desde su galeón veía Roger el humo que despedían las altas
+chimeneas de las fundiciones y la brisa le llevaba de cuando en cuando
+el toque de los clarines que resonaba en las murallas de la plaza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, <i>mon petit</i>! dijo Simón acercándosele. Hete ya escudero hecho y
+derecho y en camino de calzarte muy pronto la espuela de oro, mientras
+que yo soy y seré sargento instructor de arqueros y nada más. Apenas me
+atrevo á seguir hablándote con la misma franqueza que<a name="page_163" id="page_163"></a> cuando
+trincábamos en los mesones de nuestra tierra. Sin embargo, todavía puedo
+servirte de guía por estos rumbos, nuevos para tí y sobre todo en
+Burdeos, cuyas casas conozco una por una, tan bien como conoce el fraile
+las cuentas de su rosario.</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado me conocéis también á mí, Simón, para creer que pueda yo
+menospreciar á un amigo como vos porque la fortuna parece sonreirme,
+contestó el doncel poniendo una mano sobre el hombro del veterano.
+Siento que hayáis pensado cosa semejante.</p>
+
+<p>&mdash;No, camarada, ni pensarlo siquiera. Fué una prueba para ver si seguías
+siendo el mismo, aunque no debí dudarlo un momento.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde estaría yo hoy, á no haberos conocido en la venta de Dunán?
+Desde luego no hubiera ido al castillo de Monteagudo, ni sería escudero
+de nuestro valiente capitán, y probablemente no hubiera visto nunca
+á....</p>
+
+<p>Aquí se detuvo ruborizándose, pero Simón no lo notó, absorto como estaba
+con sus propios recuerdos.</p>
+
+<p>&mdash;Buen mesón el del <i>Pájaro Verde</i> ¿eh? ¡Por el filo de mi espada!
+Peores cosas podría hacer que casarme con aquella ventera tan fresca y
+rolliza, cuando me llegue el día de trocar este coleto y la cota de
+malla por la ropilla de paño.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo creía que habíais dado palabra de casamiento á una muchacha de
+Salisbury.</p>
+
+<p>&mdash;Á tres, amigo Roger, á tres. Y mucho me temo no volver jamás á aquel
+pueblo, á fin de evitar un recibimiento más caluroso que el que pudieran
+hacerme tres escuadrones franceses en Gascuña.... Pero mira aquella gran
+torre donde flamea el estandarte de los leones de oro; es la bandera
+real inglesa, con la divisa de nuestro príncipe. El edificio es la
+abadía de San Andrés, y allí se hospeda con su corte hace más de un año.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y aquella otra torre gris?</p>
+
+<p>&mdash;La iglesia de San Miguel, y á la izquierda la de San Remo. El caserón
+inmediato es el palacio de Berland. Mira también esas fuertes murallas,
+con tres poternas hacia el río y diez y seis en todo el circuito de
+tierra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y á qué el continuo sonar de tantos clarines?</p>
+
+<p>&mdash;Mal puede ser otra cosa, cuando casi todos los grandes<a name="page_164" id="page_164"></a> señores de
+Inglaterra y Gascuña están aposentados detrás de esos muros y el que más
+y el que menos quiere que el clarín á su servicio se oiga tanto y tan
+frecuentemente como el de su vecino. Á fe mía que me recuerdan un
+campamento escocés por la zambra que arman éstos con sus gaitas. Allí
+avanza un grupo de pajes que van á dar de beber á los caballos. Cada uno
+de esos corceles indica la presencia de un caballero en Burdeos, porque
+tengo entendido que los hombres de armas y arqueros han marchado ya con
+dirección á Dax.</p>
+
+<p>&mdash;¡Simón! llamó el señor de Morel. Avisa á la gente que dentro de una
+hora estarán aquí las lanchas y que lo tengan todo listo para el
+desembarco.</p>
+
+<p>El arquero saludó y se dirigió apresuradamente á proa. Sir Oliver no
+tardó en reunirse á su amigo y ambos caballeros empezaron á pasear sobre
+cubierta, observando y comentando la vista de la ciudad. Vestía el barón
+un traje de terciopelo negro, con gorra redonda de igual material y
+color, y sujeto á ésta el guante de la baronesa, cubierto en parte por
+rizada pluma blanca. Con la modestia aparente del rico pero obscuro
+traje contrastaban los brillantes arreos de Sir Oliver, vestido á la
+última moda, con justillo, calzón y capa corta de terciopelo verde,
+acuchilladas de rojo las mangas y con birrete rojo también y de gran
+tamaño. Las puntas de su calzado, encorvadas <i>à la poulaine</i>, parecían
+amenazar las piernas del rechoncho caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Una vez más nos vemos frente á esta puerta de honor que en tantas
+ocasiones nos ha franqueado el paso á los campos del combate y de la
+gloria, dijo el barón contemplando la ciudad con brillante mirada. Allí
+ondea el pabellón del príncipe y justo es que ante todo le rindamos
+homenaje. Ya veo dirigirse hacia aquí las lanchas que deben de
+conducirnos.</p>
+
+<p>&mdash;No es maleja la posada inmediata á la puerta del oeste, contestó el
+glotón, y bien pudiéramos aplacar el hambre antes de ir á saludar al
+príncipe, porque la mesa de éste, aunque cubierta de brocado y plata, no
+es gran cosa para gentes de mi apetito, ni Su Alteza tiene la menor
+simpatía por sus superiores....</p>
+
+<p>&mdash;¿Sus superiores?</p>
+
+<p>&mdash;En la mesa y con el tenedor en la mano, quiero decir.<a name="page_165" id="page_165"></a> Dios me libre
+de faltarle al respeto, pero le he visto sonreirse porque yo miraba por
+cuarta vez al trinchante un día que nos sirvieron caza soberbia. Y en
+cambio él me da lástima en la mesa, jugueteando con su cubilete de oro,
+en el que bebe cuando más un poco de vino aguado. Y os recuerdo lo del
+mesón, amigo, porque la guerra y la gloria no bastan á un cuerpo como el
+mío, ni es cosa de estrechar el cinto por la prisa de saludar á Su
+Alteza.</p>
+
+<p>&mdash;Casi todas las naves cercanas á la nuestra ostentan el escudo de algún
+noble, continuó el señor de Morel. Hé allí el de los Percy, é inmediatos
+los de Abercombe, Moreland, Bruce y tantos otros. Extraño sería que de
+tal reunión de bizarros caballeros no resultasen notables hechos de
+armas. Aquí está nuestra lancha, Butrón, y si es vuestro parecer iremos
+directamente á la abadía con nuestros escuderos, dejando á maese Golvín
+al cuidado de armas y bagajes y de su desembarque.</p>
+
+<p>Pronto quedaron instalados caballeros y escuderos en una de las lanchas
+y sus caballos en una barcaza prevenida al efecto. Apenas llegó el barón
+á tierra hincó la rodilla y elevó al cielo ferviente súplica. Después
+sacó de su pecho un pequeño parche negro y poniéndoselo sobre el ojo
+izquierdo lo ató firmemente, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por San Jorge y por mi dama! Hago voto de no descubrir este ojo hasta
+haber visto la tierra de España y realizado en ella un hecho de armas
+que redunde en honra de mi patria y de mi nombre. Así lo juro sobre mi
+espada y sobre el guante de mi dama.</p>
+
+<p>&mdash;Al veros y oiros me siento rejuvenecer veinte años, Morel, le dijo su
+amigo cuando hubieron montado y puéstose en camino hacia la Puerta del
+Mar. Pero, por merced, si un caballero cegato como vos se quita
+voluntariamente la mitad de la poca vista que le queda, no váis á
+distinguir un arquero inglés de un capitán español. Paréceme que no
+habéis andado muy cuerdo en la elección de vuestro voto.</p>
+
+<p>&mdash;Sabed, señor caballero, repuso el barón con voz imperiosa, que siempre
+veré lo bastante para distinguir la senda del deber y de la gloria,
+camino en el cual no necesito guía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Medrados estamos, y no es mal humorcillo el que mostráis apenas
+llegado á tierra de Francia! exclamó Sir Oliver. Pero á bien que si me
+buscáis querella, y con vos<a name="page_166" id="page_166"></a> no he de tenerla, aprovecharé la ocasión
+para dejaros solo y visitar una vez más la <i>Cabeza de Oro</i> aquí cercana,
+cuyos guisos de perdices adobadas han dejado en mí eterna remembranza.</p>
+
+<p>&mdash;No, amigo, dijo sonriente el barón. Nos conocemos y estimamos
+demasiado para reñir por palabra más ó menos, como dos pajecillos.
+Creedme, venid conmigo á saludar al príncipe y después buscaremos
+alojamiento y mesa; aunque tengo para mí que verá con pesar á tan buen
+servidor como vos trocar la mesa del príncipe por la de un figón. Pero
+¿quién viene ahí? ¿No es ese caballero que nos saluda el señor Roberto
+Delvar? ¡Dios sea con vos, buen Roberto! Y aquí está también De Cheney.
+¡Qué grato encuentro!</p>
+
+<p>Los cuatro caballeros continuaron juntos su camino, seguidos de Roger,
+Gualtero y Juan de Norbury, escudero de Sir Oliver. Tras ellos iban Reno
+y Verney, portaestandartes de Morel y Butrón. Norbury era un joven alto
+y seco, que cabalgaba erguido y sin mirar á derecha ni izquierda, como
+muy conocedor de la ciudad, donde ya había estado pocos años antes; pero
+Gualtero y Roger, llenos de curiosidad, lo escudriñaban todo, paseantes,
+calles, edificios y blasones, llamándose mutuamente la atención á cada
+instante hacia cuanto les rodeaba. El joven de Pleyel no se cansaba de
+oir la nueva lengua en que se expresaban los vendedores de los puestos
+ambulantes y los grupos de gentes del pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero has oído en tu vida cosa semejante? preguntaba á su compañero.
+Lo raro es que no se les haya ocurrido aprender el inglés y hablar como
+Dios manda, ahora que su tierra pertenece á la corona de Inglaterra. Y
+¡por vida mía! que estas muchachas francesas valen un imperio. Mira esa
+moza del zagalejo azul. ¡Vaya un palmito!</p>
+
+<p>No es maravilla que el aspecto de la ciudad produjera profunda impresión
+en los que la contemplaban por vez primera. Rica, populosa, animadísima,
+Burdeos se hallaba entonces en su apogeo. Además de sus industrias,
+armerías y gran comercio, las prolongadas guerras que habían arruinado á
+tantas otras villas francesas la habían favorecido notablemente. En
+Burdeos se acaparaba y se vendía inmenso botín, procedente de batallas,
+saqueos y presas marítimas, cuyo producto en ella se gastaba casi
+totalmente.<a name="page_167" id="page_167"></a> Además, la numerosa corte del Príncipe Negro allí instalada
+definitivamente, había atraído á multitud de nobles ingleses con sus
+familias y servidores, elemento fastuoso cuyo entretenimiento, fiestas y
+grandes gastos contribuían no poco á la prosperidad de la noble villa
+del Garona. Sin embargo, la reciente acumulación de fuerzas numerosas
+para la próxima expedición á España en auxilio de Don Pedro de Castilla
+contra su hermano bastardo Don Enrique de Trastamara, había producido
+gran escasez y carestía de provisiones y el Príncipe Negro acababa de
+enviar la mayor parte de sus tercios y escuadrones á la comarca de Dax,
+en Gascuña.</p>
+
+<p>Frente á la abadía de San Andrés se abría una gran plaza que á la
+llegada de nuestros caballeros estaba ocupada por multitud de gentes del
+pueblo atraídas por la curiosidad, soldados, religiosos, pajes y
+vendedores ambulantes. Algunos brillantes caballeros que se dirigían á
+la morada del príncipe cruzaban la plaza á intervalos, separando con
+dificultad los grupos de hombres, mujeres y chiquillos que se
+precipitaban á su paso. Las enormes puertas de roble y hierro estaban
+abiertas de par en par, indicando que el príncipe daba audiencia en
+aquel momento; y una veintena de arqueros apostados frente al edificio
+mantenía las turbas á debida distancia, no sin distribuir de cuando en
+cuando cintarazos sendos entre los curiosos más osados. En el ancho
+portal daban guardia dos caballeros armados de punta en blanco, calada
+la visera y apoyados en sus lanzas; y entre ellos, sentado á una mesa
+baja y atendido por dos pajes, se hallaba el secretario de Su Alteza,
+encargado de anotar en el registro que delante tenía el nombre y títulos
+de los nobles visitantes y en especial los de aquellos recién llegados á
+la corte. Era aquel personaje hombre de avanzada edad, cuyos largos
+cabellos y barba blancos le daban venerable aspecto, realzado por el
+amplio ropaje de color púrpura que lo cubría hasta los pies.</p>
+
+<p>&mdash;Ahí tenéis á Roldán de Parington, secretario regio, dijo el señor de
+Morel. Pobre del que trate de engañarle ó de contradecir sus notas y
+registros, porque es el hombre más versado que existe en asuntos
+genealógicos y tiene en la memoria los títulos y blasones de cuantos
+caballeros hay en Francia é Inglaterra y creo que también la historia
+completa<a name="page_168" id="page_168"></a> de sus alianzas y servicios. Dejemos aquí nuestros caballos y
+entremos con los escuderos.</p>
+
+<p>Llegados al portal y al secretario regio, halláronle en animado coloquio
+con un joven y elegante caballero, muy deseoso al parecer de conseguir
+entrada en la abadía.</p>
+
+<p>&mdash;¿Os llamáis Marvel? decía Roldán de Parington. Pues me parece que no
+habéis sido presentado aún.</p>
+
+<p>&mdash;Así es, contestó el otro. Aunque sólo llevo veinticuatro horas en
+Burdeos, no he querido diferir la presentación de mis respetos á Su
+Alteza.</p>
+
+<p>&mdash;Que no deja de tener otros muchos y muy graves asuntos á que atender.
+Pero siendo Marvel por fuerza pertenecéis á los Marvel de Normanton, y
+así lo veo en efecto por vuestro blasón: sable y armiño.</p>
+
+<p>&mdash;Marvel de Normanton soy, afirmó el joven tras un momento de
+vacilación.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso vuestro nombre es Esteban Marvel, hijo primogénito del
+barón Guy del mismo apellido, muerto recientemente.</p>
+
+<p>&mdash;El barón Esteban es mi hermano mayor, confesó en voz baja el noble y
+yo soy Arturo, el segundo de mi casa y de mi nombre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Acabáramos! exclamó el implacable secretario. Y siendo ello así
+¿dónde está en vuestro escudo el crestón que lo denote? ¿Para cuándo es
+la media luna de plata que debería de llevar vuestro blasón para indicar
+que no es el del jefe de la familia, sino el de un segundón? Retiraos,
+señor mío y no esperéis ser presentado al príncipe hasta tener vuestro
+escudo de armas muy en regla.</p>
+
+<p>Retiróse confuso el noble, siguióle con la vista el secretario y notó
+casi en seguida el estandarte con las cinco rosas encarnadas que tan
+orgullosamente portaba el veterano Reno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por mi nombre! exclamó Parington. Huéspedes tenemos hoy aquí á
+quienes no hay que preguntar si los abona nobleza de primer orden. ¡Las
+Rosas de Morel! ¡Y digo, la cabeza de jabalí de los Butrón! ¡Ah!
+Pendones son esos que podrán estarse aquí en fila, esperando turno, pero
+que han figurado y figurarán siempre en primera línea en los campos de
+batalla. ¡Bienvenidos, señores! ¡Qué alegría la del canciller De Chandos
+cuando vea y<a name="page_169" id="page_169"></a> abrace á sus predilectos compañeros de armas! Por aquí,
+caballeros. Vuestros escuderos son sin duda dignos del renombre de sus
+señores. Á ver las armas. ¡Hola! aquí tenemos á un Clinton, de la
+antigua familia de Hanson y á uno de los Pleyel, rancia nobleza sajona.
+¿Y vos? Norbury. Los hay en Chesire y también en la frontera de Escocia.
+Corriente, señores míos; vuestra admisión y presentación tendrán efecto
+al instante.</p>
+
+<p>Los pajes abrieron una puerta inmediata que daba entrada á un amplio
+salón, en el que nuestros caballeros hallaron congregados á otros muchos
+nobles que como ellos esperaban audiencia. En el testero fronterizo á la
+puerta de entrada había otra guardada por dos hombres de armas. Abríase
+á intervalos para dar paso á un funcionario que nombraba en alta voz al
+noble designado por el príncipe.</p>
+
+<p>Butrón y Morel tomaron asiento y Roger no tardó en distinguir entre los
+grupos de apuestos caballeros á uno que hacia él se dirigía y á quienes
+todos saludaban con respeto y miraban con evidente interés. Muy alto y
+delgado, blanco el cabello y blancos también los desmesurados bigotes
+que caían laciamente hacia el cuello, parecía conservar por su mirada de
+águila, la viveza de sus ademanes y la gracia de su paso todo el vigor
+de la juventud. Tenía el rostro lleno de cicatrices, señal indeleble,
+algunas de tremendas heridas, que lo desfiguraban por completo;
+faltábale además un ojo, y con tantas averías hubiera sido imposible
+reconocer en él al bizarro doncel que cuarenta años antes había sido el
+encanto de la corte inglesa por su valor, su fama y su presencia y el
+caballero predilecto de las damas. Pero entonces como después seguía
+siendo el canciller De Chandos honra y prez de la nobleza del reino, una
+de sus mejores lanzas y el más respetado de sus caballeros, el héroe de
+Crécy, Chelsea, Poitiers, Auray y de tántos otros combates como años
+contaba su larga y gloriosa vida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, por fin os encuentro, corazón de oro! exclamó Chandos abrazando
+estrechamente al barón de Morel. Tenía noticias de vuestra llegada y no
+he parado hasta dar con vos.</p>
+
+<p>&mdash;Grande es el placer que me causa volver á ver al amigo querido y al
+modelo de caballeros, dijo Morel devolviendo el abrazo.<a name="page_170" id="page_170"></a></p>
+
+<p>&mdash;Y por lo que veo, añadió riéndose el de Chandos, en esta campaña
+seremos tal para cual, porque á mí me falta un ojo y vos os habéis
+tapado uno de los vuestros. ¡Bienvenido, Sir Oliver! No os había visto.
+Entraremos á saludar al príncipe cuanto antes, pero os prevengo que si
+hace esperar á tales caballeros es porque está ocupadísimo. Don Pedro de
+Castilla por una parte, el rey de Aragón por otra, el de Navarra, que
+cambia de parecer de la noche á la mañana, y luégo el enjambre de
+señores gascones, añadió bajando la voz, con sus interminables
+pretensiones, todo contribuye á que el príncipe no tenga una hora suya.
+¿Cómo dejasteis á mi señora de Morel?</p>
+
+<p>&mdash;Bien de salud, pero entristecido el ánimo. Mucho me encargó que os
+saludara en su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Soy siempre su caballero y su esclavo. ¿Y vuestro viaje?</p>
+
+<p>&mdash;No pudiera desearlo mejor, contestó el barón. La mar algo alborotada,
+pero tuvimos la suerte de avistar unas galeras piratas, á las que
+dijimos dos palabras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre afortunado, Morel! Ya nos contaréis la aventura esa. Pero
+ahora, dejad aquí á vuestros escuderos, seguidme de cerca y creo que el
+príncipe no vacilará en recibiros fuera de turno, cuando sepa qué par de
+veteranos ilustres están haciendo antesala.</p>
+
+<p>Los señores de Morel y Butrón siguieron al de Chandos, saludando á su
+paso entre los grupos de nobles á muchos antiguos compañeros de armas.<a name="page_171" id="page_171"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XIX" id="CAPITULO_XIX"></a>CAPÍTULO XIX<br /><br />
+<small>ANTE EL DUQUE DE AQUITANIA</small></h3>
+
+<p>A<small>UNQUE</small> no de grandes dimensiones, la cámara del príncipe estaba
+amueblada y decorada con tanto gusto como riqueza. En el testero, sobre
+un estrado, dos regios sillones con dosel de terciopelo carmesí
+esmaltado de flores de lis de plata. Sitiales tallados recubiertos de
+damasco, tapices, alfombras y almohadones ricamente guarnecidos
+completaban el mueblaje.</p>
+
+<p>Ocupaba uno de los sillones del estrado un personaje de elevada estatura
+y formas bien proporcionadas, pálido el rostro y cuya mirada algo dura
+daba al semblante expresión un tanto amenazadora. Era éste Don Pedro de
+Castilla. En el sillón de la izquierda se sentaba otro príncipe español,
+Don Jaime, quien lejos de parecer aburrido como su compañero, mostraba
+gran interés en cuanto le rodeaba y acogía con sonrisas y saludos á los
+caballeros ingleses y gascones. Cerca de ambos y sobre el mismo estrado
+ocupaba también un sitial más bajo el famoso Príncipe Negro, Eduardo,
+hijo del soberano de Inglaterra. Vestido modestamente, nadie que no le
+conociese hubiera soñado ver en él al vencedor de tantas y tan grandes
+victorias, cuya fama llenaba el mundo. En su preocupado semblante se
+reflejaba en aquellos momentos una expresión de enojo. Á uno y otro lado
+del salón veíase triple fila de prelados y altos dignatarios de
+Aquitania, barones, caballeros y cortesanos.</p>
+
+<p>&mdash;Hé allí al príncipe, dijo Chandos al entrar. Los dos personajes
+sentados detrás de él son los monarcas españoles para quienes, con la
+ayuda de Dios y nuestro esfuerzo, vamos á conquistar respectivamente á
+Castilla y Mallorca. Muy preocupado está Su Alteza, y no me asombra.<a name="page_172" id="page_172"></a></p>
+
+<p>Pero el príncipe había notado su entrada y placentera sonrisa animó su
+rostro.</p>
+
+<p>&mdash;Innecesarios son esta vez vuestros buenos oficios, Chandos, dijo
+levantándose. Estos valientes caballeros me son muy bien conocidos para
+necesitar introductor. Bienvenidos á mi ducado de Aquitania sean Sir
+León de Morel y Sir Oliver Butrón. No, amigos; doblad la rodilla ante el
+rey mi padre en Windsor; á mí dadme vuestras manos. Bien llegáis, pues
+cuento daros no poco que hacer antes de que volváis á ver vuestra tierra
+de Hanson. ¿Habéis estado en España, señor de Butrón?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, Alteza, y lo que más recuerdo es aquella famosa y deliciosísima
+olla podrida del país....</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre el mismo, á lo que veo! exclamó el príncipe riéndose, lo
+mismo que otros muchos caballeros. Pero descuidad, que una vez allí
+trataremos de que obtengáis vuestro plato español favorito, preparado
+con todas las reglas del arte. Ya ve Vuestra Alteza, continuó
+dirigiéndose al rey Don Pedro, que no faltan entre nuestros caballeros
+admiradores entusiastas de la cocina española. Pero, dicho sea en honor
+de Sir Oliver, también sabe pelear con el estómago vacío. Bien lo probó
+allá en Poitiers, cuando batallamos por dos días sin más alimento que
+unos mendrugos de pan y unos tragos de agua cenagosa; y todavía recuerdo
+cómo se lanzó en lo más recio del combate y de un solo tajo hizo rodar
+por tierra la cabeza de un brillante caballero picardo.</p>
+
+<p>&mdash;Porque se le ocurrió impedirme el paso á un carro cargado de víveres
+que tenían los franceses, observó Sir Oliver, con gran risa de todos los
+presentes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuántos reclutas me traéis? le preguntó el príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;Cuarenta hombres de armas, señor, contestó Sir Oliver.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo cien arqueros y cincuenta lanzas, dijo el señor de Morel; pero
+cerca de la frontera navarra me esperan otros doscientos hombres.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué fuerza es esa, barón?</p>
+
+<p>&mdash;Una compañía famosa, llamada la Guardia Blanca.</p>
+
+<p>Con gran sorpresa del barón, sus palabras fueron acogidas con unánime
+carcajada. El mismo príncipe y los dos reyes extranjeros participaron de
+la hilaridad general. El<a name="page_173" id="page_173"></a> barón de Morel miró tranquilamente á uno y
+otro lado, y fijándose por último en un fornido caballero de poblada
+barba negra situado cerca de él y que se reía más ruidosamente que los
+demás, se dirigió á él y tocándole el brazo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Cuando hayáis acabado de reíros no me negaréis la merced de una breve
+entrevista, en lugar donde podamos entendernos cara á cara y espada en
+mano....</p>
+
+<p>&mdash;¡Calma, barón! exclamó Su Alteza. No busquéis querella al señor
+Roberto Briquet, que tanta culpa tiene él como todos nosotros. La verdad
+es que cuando entrasteis acabábamos de oir, y yo con enojo, noticias de
+las fechorías cometidas por esa misma Guardia Blanca, tales y tántas que
+juré ahorcar al capitán de esa compañía. Lejos estaba yo de hallarlo
+entre los más valientes y escogidos de mis jefes. Pero mi juramento es
+nulo, en vista de que acabáis de llegar de Inglaterra y ni sabéis lo que
+ha hecho vuestra gente por aquí, ni es posible exigiros por ello asomo
+de responsabilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Que yo sea ahorcado es cuestión de poca monta, señor, contestó al
+punto el barón, si bien el género de muerte es menos noble de lo que yo
+esperara. Pero lo esencial es que el príncipe de Inglaterra y modelo de
+caballeros, no deje sin cumplir su juramento, por ninguna razón ni
+pretexto....</p>
+
+<p>&mdash;No insistáis, barón. Al oir hace poco á un vecino de Montaubán, que
+nos refería los saqueos y depredaciones de esos foragidos, hice voto de
+castigar duramente al que en realidad los manda hoy. Vos y el señor de
+Butrón quedáis invitados á mi mesa y por lo pronto formáis parte de los
+caballeros de mi séquito.</p>
+
+<p>Inclináronse ambos nobles y siguiendo al señor de Chandos, llegaron al
+extremo opuesto del salón, fuera de los apretados grupos de guerreros y
+cortesanos.</p>
+
+<p>&mdash;Muchos deseos tenéis de que os ahorquen, mi buen amigo, dijo Chandos,
+y por vida mía, en tal caso lo mejor hubiera sido dirigiros al rey Don
+Pedro, que no hubiera tardado en complaceros, atendido á que vuestra
+Guardia Blanca se ha conducido en la frontera como una manada de lobos.</p>
+
+<p>&mdash;No tardaré en meterlos en cintura, con el favor de San Jorge y una
+buena cuerda para ahorcar á los más díscolos.<a name="page_174" id="page_174"></a> Y ahora os ruego, noble
+amigo, que me digáis los nombres de algunos de estos caballeros, pues
+son muchas las caras desconocidas que me rodean. En cambio otras las
+conozco desde que ciño espada.</p>
+
+<p>&mdash;Mirad ante todo aquellos graves religiosos, inmediatos á los regios
+asientos. Es uno el arzobispo de Burdeos y el otro el obispo de Agén.
+Aquel caballero de la barba entrecana, que sin duda ha llamado vuestra
+atención por su imponente figura y marcial aspecto, es Sir Guillermo
+Fenton. Tengo la honra de compartir con él las funciones de la
+Cancillería de Aquitania.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y los nobles situados á la derecha de Don Pedro?</p>
+
+<p>&mdash;Son distinguidos capitanes españoles que han seguido al monarca en su
+destierro, y entre ellos he de nombraros á Don Fernando de Castro, el
+primero junto á las gradas, modelo de caballeros y tan hidalgo como
+valiente. Frente á nosotros están los señores gascones, cuyo serio y
+enojado aspecto revela el reciente disgusto que han tenido con Su
+Alteza. El de elevada estatura y hercúleo cuerpo es Captal de Buch,
+nombre que habréis oído con frecuencia, pues no hay en Gascuña más
+famosa lanza. Habla con él Oliverio de Clisón, apellidado el
+Pendenciero, pronto siempre á enconar los ánimos y atizar la discordia.
+Una cuchillada en la mejilla izquierda os señalará al señor de Pomers, á
+quien acompañan sus dos hermanos y les siguen en línea los señores de
+Lesparre, de Rosem, de Albret, de Mucident y de la Trane. Tras ellos veo
+numerosos caballeros procedentes del Limosín, Saintonges, Quercy, Poitou
+y Aquitania, con el valiente Guiscardo de Angle en último término, el
+del jubón púrpura y ferreruelo guarnecido de armiño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué de los caballeros situados á este lado del salón?</p>
+
+<p>&mdash;Son todos ingleses, unos del séquito regio y otros, como vos,
+capitanes de compañías auxiliares ó del ejército. Ahí tenéis á los
+señores de Neville, Cosinton, Gourney, Huet y Tomás Fenton, hermano del
+canciller Guillermo. Fijaos bien en aquel caballero de la nariz aguileña
+y roja barba, que pone la mano sobre el hombro del capitán de moreno
+rostro, dura mirada y modesto traje.</p>
+
+<p>&mdash;Bien los veo, dijo el barón. Y juraría que ambos<a name="page_175" id="page_175"></a> están más
+acostumbrados á ceñir la armadura y repartir mandobles que á figurar
+entre cortesanos en la regia cámara.</p>
+
+<p>&mdash;Á otros muchos nos pasa lo mismo, Sir León, repuso Chandos, y bien
+puedo asegurar que el mismo príncipe respira más á sus anchas en el
+campo de batalla que en su palacio. Pero oid los nombres de aquellos dos
+capitanes: Hugo Calverley y Roberto Nolles.</p>
+
+<p>El señor de Morel se inclinó para contemplar á su sabor á tan famosos
+guerreros; uno capitán de compañías auxiliares y guerrillero
+incomparable; el otro paladín renombrado, que desde muy modesta posición
+habíase elevado hasta ocupar el segundo lugar después de Chandos entre
+las mejores lanzas inglesas, y conquistádose inmensa popularidad entre
+los soldados de todo el ejército.</p>
+
+<p>&mdash;Pesada mano la de Nolles en tiempo de guerra, continuó el señor de
+Chandos. Á su paso por tierra enemiga deja siempre tras sí rastro
+sangriento y en el norte de Francia llaman todavía "Ruinas de Nolles" á
+los castillos desmantelados y pueblos destruídos que Sir Roberto dejó en
+aquellas asoladas comarcas.</p>
+
+<p>&mdash;Conozco su nombre y no me disgustaría romper una lanza con tan
+principal y temido caballero, dijo el barón. Pero mirad, muy enojado
+está el príncipe.</p>
+
+<p>Mientras hablaban ambos nobles había recibido Guillermo el homenaje de
+otros recién llegados y oído con impaciencia las propuestas de algunos,
+por lo general aventureros, que ofrecían vender su espada y las
+reclamaciones de no pocos negociantes y armadores de la ciudad,
+perjudicados, según ellos, por los excesos de la soldadesca. De repente,
+al oir uno de los nombres anunciados por el funcionario encargado de
+presentar á los que solicitaban audiencia, levantóse apresuradamente el
+príncipe y exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Por fin! Acercaos, Don Martín de la Carra. ¿Qué nuevas y sobre todo
+qué mensaje me traéis de parte de mi muy amado primo el de Navarra?</p>
+
+<p>Era el recién llegado caballero de arrogante figura y majestuoso porte.
+Su moreno rostro y negrísimos ojos, cabellos y barba indicaban su origen
+meridional. Sobre el traje de corte llevaba luenga capa negra, de forma
+y material muy diferentes de los usados en Francia é Inglaterra.<a name="page_176" id="page_176"></a>
+Adelantóse con mesurado paso y saludando profundamente, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mi poderoso é ilustre señor, Carlos, rey de Navarra, conde de Evreux y
+de Champaña y señor del Bearn, me ordena saludar fraternalmente á su muy
+amado primo Eduardo, príncipe de Gales, duque de Aquitania,
+lugarteniente....</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta ya, Don Martín! interrumpió impacientemente el príncipe.
+Conozco los títulos de vuestro soberano y ciertamente no ignoro los
+míos. Decidme sin más preámbulos si se halla libre el paso por los
+desfiladeros, ó si vuestro señor opta por faltar á la palabra que me dió
+pocos meses há, en nuestra última entrevista.</p>
+
+<p>&mdash;Mal podría el rey de Navarra faltar á su palabra, dijo el enviado
+español con irritado acento. Lo único que mi ilustre soberano recaba es
+la prolongación del plazo para el cumplimiento de lo pactado, así como
+ciertas condiciones....</p>
+
+<p>&mdash;¡Condiciones, aplazamientos! ¿Habla vuestro rey con el príncipe real
+de Inglaterra ó con el preboste de una de sus villas? ¡Condiciones! Yo
+se las dictaré bien pronto. Pero vamos á lo que importa. ¿Entiendo que
+hallaremos cerrados los pasos de la cordillera?</p>
+
+<p>&mdash;No, Alteza....</p>
+
+<p>&mdash;¿Libres, entonces, y expedito el paso?</p>
+
+<p>&mdash;No, Alteza, pero yo....</p>
+
+<p>&mdash;¡Nada más digáis, Don Martín! Triste espectáculo en verdad el de tan
+noble y respetable caballero abogando por causa tan mezquina. Sé lo que
+ha hecho Carlos de Navarra, y cómo mientras con una mano recibía los
+cincuenta mil soberanos de oro convenidos á cambio de dejarnos libre el
+paso de la frontera, tendía la otra mano á Don Enrique el de Trastamara
+ó al rey de Francia, recibiendo en ella rica compensación por
+disputarnos la entrada. Pero juro por mi santo patrón que tan bien como
+conozco yo á mi primo de Navarra me conocerá él á mí muy pronto.
+¡Falso!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Señor, permitidme recordaros que si tales palabras fuesen
+pronunciadas por otros labios que los vuestros, yo exigiría retractación
+inmediata! dijo el de Carra, trémulo de indignación.</p>
+
+<p>Don Pedro frunció el entrecejo y miró sañudo á su compatriota,<a name="page_177" id="page_177"></a> pero el
+príncipe inglés acogió aquellas palabras con aprobadora sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien, Don Martín! exclamó, ¡digno es de vos ese arranque! Decid á
+vuestro rey que si cumple lo convenido entre nosotros, no tocaré una
+piedra de sus castillos ni un cabello de sus súbditos; pero que de lo
+contrario, os seguiré de cerca, llevando conmigo una llave que abrirá de
+par en par cuantas puertas él nos cierre. Y ¡ay entonces de Carlos y ay
+de Navarra!</p>
+
+<p>Inclinóse después Su Alteza hacia los dos caudillos Nolles y Calverley,
+que cerca tenía, y habló con ellos breves instantes. Ambos nobles
+salieron inmediatamente de la cámara con altanero paso y gozosa sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Juro por los santos del Paraíso, continuó el príncipe, que así como he
+sido aliado generoso, sabré ser también enemigo implacable. Vos,
+Chandos, dad las órdenes oportunas para que el señor de la Carra sea
+tratado y atendido cual lo merece por su rango y por sus prendas.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre bondadoso, observó Don Pedro.</p>
+
+<p>&mdash;Aun con los que se le muestran tan altivos como acaba de hacerlo ese
+enviado, añadió Don Jaime.</p>
+
+<p>&mdash;Decid más bien que procuro ser siempre justo, repuso el príncipe
+Eduardo. Pero aquí tengo noticias de interés para Vuestras Altezas; un
+pliego de mi hermano el duque de Lancaster anunciándome su salida de
+Windsor para traernos el refuerzo de cuatrocientas lanzas y otros tantos
+arqueros. Tan luego mi esposa la duquesa recobre la salud, y espero que
+no tardará mucho, emprenderemos nuestra marcha con la gracia de Dios,
+para unirnos al grueso del ejército en Dax y poner á Vuestras Altezas en
+posesión de sus estados.</p>
+
+<p>Un murmullo de aprobación acogió aquellas palabras y el príncipe
+contempló con satisfacción los rostros de todos aquellos capitanes,
+ganosos de seguirle y distinguirse bajo sus banderas.</p>
+
+<p>&mdash;El titulado rey de Castilla, Enrique de Trastamara, contra cuyas
+fuerzas vamos á luchar, es un guerrero hábil y animoso y la campaña
+proporcionará ocasión de conquistar lauros sin cuento. Á sus órdenes
+tiene cincuenta mil soldados castellanos y leoneses, con más doce mil
+hombres de armas de las compañías francesas que tiene á sueldo,<a name="page_178" id="page_178"></a>
+veteranos cuyo valor reconozco. También es un hecho la misión del sin
+par Bertrán Duguesclín cerca del Duque de Anjou, para atraerlo á la
+causa de Enrique y volver á España con tercios numerosos reclutados en
+Bretaña y Picardía. Y probablemente lo hará como se propone, porque el
+gran condestable es uno de los hombres de más prestigio y energía de
+nuestra época. ¿Qué decís á ello, Captal? Duguesclín os venció en
+Cocherel y esta campaña os ofrece la revancha.</p>
+
+<p>El guerrero gascón acogió aquella alusión del príncipe con avinagrado
+gesto y no hizo mejor gracia á los caballeros gascones que rodeaban á
+Captal de Buch, pues les recordaba que la única vez que habían atacado á
+las tropas francesas sin el auxilio de Inglaterra les había tocado en
+suerte completa derrota.</p>
+
+<p>&mdash;No es menos cierto, Alteza, dijo Clisón, que la revancha la hemos
+obtenido ya, pues sin el concurso de las espadas gasconas no hubierais
+hecho prisionero á Duguesclín en Auray, ni quizás roto las huestes del
+rey Juan en Poitiers....</p>
+
+<p>&mdash;Muy alto pretende picar el gallo gascón, y apenas levanta del suelo un
+palmo, interrumpió un caballero inglés.</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto más pequeño el gallo mayores suelen ser los espolones, repuso
+con fuerte voz Captal de Buch.</p>
+
+<p>&mdash;Si no se los corta quien puede hacerlo, dijo el señor de Abercombe.</p>
+
+<p>&mdash;Á osados y altaneros nos ganáis vosotros los ingleses, contestó el
+capitán Roberto Briquet. Pero gascón soy, y vos, Abercombe, me daréis
+cuenta de esas palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando gustéis, dijo el otro volviéndole la espalda.</p>
+
+<p>&mdash;Como vos me la daréis á mí, señor de Clisón, exclamó á su vez Sir
+Vivián Bruce.</p>
+
+<p>&mdash;Ocasión inmejorable, se oyó decir entonces al barón de Morel, para que
+tan lucida lanza gascona como la del señor de Pomers me haga el honor de
+cruzarse con la muy humilde mía.</p>
+
+<p>Oyéronse en pocos instantes una docena de retos, que revelaban la mala
+voluntad y los rencores existentes entre gascones é ingleses.
+Gesticulaban furiosos los primeros, contestábanles los segundos con
+impasible desprecio y en<a name="page_179" id="page_179"></a> tanto el príncipe Eduardo los contemplaba en
+silencio, secretamente complacido de presenciar aquella escena tan
+conforme con su espíritu batallador. Sin embargo, la división entre sus
+propios jefes ningún buen resultado podía darle y se apresuró á calmar
+los ánimos.</p>
+
+<p>&mdash;Haya paz, señores, ordenó extendiendo el brazo. Quienquiera de
+vosotros que continúe tan tonta querella fuera de aquí, tendrá que darme
+cuenta de ello. Necesito el concurso de todas vuestras espadas y no
+permitiré que las volváis unos contra otros. Abercombe, Morel, Bruce
+¿dudáis acaso del valor de los caballeros gascones?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no haré yo, contestó Bruce, pues demasiadas veces los he visto
+pelear como buenos.</p>
+
+<p>&mdash;Valientes son, sin duda, pero no hay temor de que nadie lo olvide
+mientras tengan lengua para proclamarlo á todas horas, sin ton ni son,
+dijo á su vez Abercombe.</p>
+
+<p>&mdash;No os demandéis de nuevo, se apresuró á decir el príncipe. Si es de
+gente gascona el decir en alta voz lo que piensan, tampoco falta quien
+tache á los ingleses de fríos y taciturnos. Pero ya lo habéis oído,
+señores de Gascuña; los mismos que acaban de tener con vosotros una
+querella pueril os reconocen el valor y las dotes de todo honrado
+caballero. Captal, Clisón, Pomers, Briquet, cuento con vuestra palabra.</p>
+
+<p>&mdash;La tiene Vuestra Alteza, respondieron los gascones, aunque sin ocultar
+que lo hacían de pésima gana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y ahora, á la sala del banquete! prosiguió Eduardo. Ahoguemos hasta
+el último recuerdo de esta contienda en unos cuantos frascos de buena
+malvasía.</p>
+
+<p>Volviéndose entonces hacia sus regios huéspedes, los condujo con toda
+cortesía á los puestos de honor que les estaban reservados en la mesa
+servida en la vecina estancia. Tras ellos siguieron los brillantes
+caballeros de antemano invitados á la mesa del príncipe.<a name="page_180" id="page_180"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XX" id="CAPITULO_XX"></a>CAPÍTULO XX<br /><br />
+<small>DE CÓMO ROGER DESHIZO UN ENTUERTO Y TOMÓ UN BAÑO</small></h3>
+
+<p>R<small>ECORDARÁ</small> el lector que Gualtero y Roger se habían quedado en la
+antecámara, donde no tardó en rodearlos animado grupo de jóvenes
+caballeros ingleses, deseosos de obtener noticias recientes de su país.
+Las preguntas menudearon:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sigue nuestro amado soberano en Windsor?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué nos decís de la buena reina Felipa?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué de la bella Alicia Perla, la otra reina?</p>
+
+<p>&mdash;El diablo te lleve, Haroldo, dijo un alto y fornido escudero, asiendo
+por el cuello y sacudiendo al que acababa de hablar. ¿Sabes que si el
+príncipe hubiera oído la preguntilla esa te podría costar la cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;Y como está vacía poco perdería con ella el buen Haroldo.</p>
+
+<p>&mdash;No tan vacía como tu escarcela, Rodolfo. Pero ¿qué demonios piensa el
+mayordomo? Todavía no han empezado á poner la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pardiez! En todo Burdeos no hay doncel más hambriento. Si las
+espuelas de caballero y los ricos cargos se ganasen con el estómago,
+serías ya lo menos condestable.</p>
+
+<p>&mdash;Pues digo, que si se ganasen empinando el codo, Rodolfito mío, te
+tendríamos de canciller hace años.</p>
+
+<p>&mdash;Basta de charla, exclamó otro, y que hablen los escuderos de Morel.
+¿Qué se dice por Inglaterra, mocitos?</p>
+
+<p>&mdash;Probablemente lo mismo que al salir de ella vosotros, contestó picado
+Gualtero. Sin embargo, tengo para mí que no se hablaba ya tanto como
+cuando andaban por allí muchos parlanchines....<a name="page_181" id="page_181"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! ¿Qué quiere decir eso, moderno Salomón?</p>
+
+<p>&mdash;Averiguadlo si podéis.</p>
+
+<p>&mdash;Medrados estamos con el paladín éste, que todavía no se ha quitado de
+los zapatos el barro amarillo de los breñales de Hanson y ya viene
+tratándonos de parlanchines.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué gente tan lista la de esta tierra, Roger! dijo Gualtero con
+sorna, guiñando el ojo á su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo debemos tomar vuestras palabras, señor mío?</p>
+
+<p>&mdash;Tomadlas por donde podáis sin quemaros, respondió Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Otra agudeza!</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por el cumplido.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Germán, lo mejor será que lo dejes, porque el escudero de Morel
+es más despierto y más listo de lengua que tú.</p>
+
+<p>&mdash;De lengua, lo concedo. ¿Y de espada? preguntó Germán.</p>
+
+<p>&mdash;Punto es ese, observó Rodolfo, que podrá esclarecerse dentro de dos
+días, la víspera del gran torneo.</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, Germán, exclamó entonces un escudero de rudas facciones,
+cuyo robusto cuello y anchos hombros revelaban su fuerza. Tomáis los
+insultos de esta gente con asombrosa calma, y yo no estoy dispuesto á
+que me llamen parlanchín sin más ni más. El barón de Morel ha dado
+pruebas repetidas de lo que puede y vale, pero ¿quién conoce á estos
+caballeritos? Este otro ni siquiera chista. ¿Qué decís vos á ello?</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras posó su pesada mano sobre el hombro de
+Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Á vos nada tengo que deciros, respondió el doncel procurando
+contenerse.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, este no es escudero, sino tierno pajecillo. Pero descuidad, que
+vuestras mejillas tendrán menos colorete y más bríos vuestra mano antes
+de que volváis á guareceros tras el guardapié de vuestra nodriza.</p>
+
+<p>&mdash;De mi mano puedo deciros que está siempre pronta....</p>
+
+<p>&mdash;¿Pronta á qué?</p>
+
+<p>&mdash;Á castigar una insolencia, señor mío, replicó Roger, airado el rostro
+y centelleante la mirada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero qué interesante se va poniendo el querubín éste! continuó el
+rudo escudero. Vamos á ver si lo describo:<a name="page_182" id="page_182"></a> ojos de gacela, piel
+finísima, como la de mi prima Berta, y unos buclecillos tan luengos y
+tan rubios... Al decir esto, su mano tocó el rizado cabello de Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Buscáis pendencia....</p>
+
+<p>&mdash;¿Y aunque así fuera?</p>
+
+<p>&mdash;Yo os diría que lo hacéis como un patán, y no como hombre bien nacido.
+Os diría también que en la escuela de mi señor no se aprende á buscar un
+lance por medio de tan groseros modos....</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo habéis aprendido á hacerlo vos, modelo de escuderos?</p>
+
+<p>&mdash;No siendo brutal ni insolente, sino dirigiéndome á vos, por ejemplo,
+para deciros cortésmente: "He resuelto mataros y espero que me hagáis la
+merced de designar hora y lugar donde podamos vernos cara á cara y
+espada en mano." Y tratándose de un escudero comedido y digno de ese
+nombre, me quitaría el guante, como lo hago ahora y lo dejaría caer á
+sus pies; pero teniendo que habérmelas con un destripaterrones como vos,
+se lo lanzaría á la cara!</p>
+
+<p>Y con toda su fuerza arrojó el guante al rostro burlón del escudero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo pagaréis con vuestra vida! rugió éste, blanco de ira.</p>
+
+<p>&mdash;Si podéis quitármela, repuso Roger con entereza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, muchacho! exclamó Gualtero. Tente firme.</p>
+
+<p>&mdash;Se ha portado como debía y puede contar conmigo, agregó Norbury,
+escudero de Sir Oliver.</p>
+
+<p>&mdash;Tú tienes la culpa de todo esto, Tránter, dijo Germán. ¿No andas
+siempre buscando pendencia á los recien llegados? Pues ahí la tienes.
+Pero sería una vergüenza que el asunto pasase á mayores. El mozo no ha
+hecho más que contestar á una provocación con otra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Imposible! exclamaron algunos. ¡Tránter ha recibido un golpe! Tanto
+valdría quedarse con una bofetada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues y los insultos de Tránter? ¿No empezó él por poner su mano en
+los cabellos del otro? dijo Haroldo.</p>
+
+<p>&mdash;Habla tú, Tránter. Ha habido ofensa por ambas partes y bien podrían
+quedar las cosas como están.</p>
+
+<p>&mdash;Todos vosotros me conocéis, dijo Tránter, y no podéis dudar de mi
+valor. Que recoja su guante y reconozca que ha hecho mal, y no volveré á
+hablar del asunto.<a name="page_183" id="page_183"></a></p>
+
+<p>&mdash;Mala centella lo parta si tal hace, murmuró Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo oís, joven? preguntó Germán. El escudero ofendido olvidará el
+golpe si le decís que habéis obrado precipitadamente.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo decir tal cosa, declaró Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Tened en cuenta que solemos poner á prueba el valor de los escuderos
+recien llegados, para saber si debemos de tratarlos como amigos. Vos
+habéis tomado esa prueba como ofensa mortal y contestado con un golpe.
+Decid que lo sentís, y basta.</p>
+
+<p>&mdash;No llevéis las cosas á punta de lanza, dijo entonces Norbury al oído
+de Roger. Conozco al tal Tránter, que no sólo es superior á vos en
+fuerza física sino muy hábil en el manejo de la espada.</p>
+
+<p>Pero Roger de Clinton tenía en las venas noble sangre sajona, y una vez
+irritado era muy difícil aplacarlo. Las palabras de Norbury que le
+indicaban un peligro acabaron de afirmarlo en su resolución.</p>
+
+<p>&mdash;He venido aquí acompañando á mi señor, dijo, y en la inteligencia de
+que me rodeaban ingleses y amigos. Pero ese escudero me ha hecho un
+recibimiento brutal y lo ocurrido es culpa suya. Pronto estoy á recoger
+mi guante, mas ¡por Dios vivo! no sin que antes me pida él perdón por
+sus palabras y ademanes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta ya! exclamó Tránter encogiéndose de hombros. Tú, Germán, has
+hecho todo lo posible para sustraerlo á mi venganza. Lo que procede es
+solventar la cuestión en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo digo, asintió Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Después del banquete hay consejo de jefes y tenemos lo menos dos horas
+disponibles, dijo un escudero de cabellos grises.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el lugar del combate?</p>
+
+<p>&mdash;Desierto está el campo del torneo, y en él podemos....</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso; ha de ser dentro de los límites de este edificio donde
+reside la corte. De lo contrario, recaería sobre todos nosotros la
+indignación del príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Conozco yo un lugar inmejorable para tales lances, á la orilla
+misma del río. Salimos de los terrenos<a name="page_184" id="page_184"></a> de la abadía y tomamos por la
+calle de los Apóstoles. En tres minutos estamos allí.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces <i>¡en avant!</i>, dijo Tránter, echando á andar con gran
+prisa, seguido de numerosos escuderos.</p>
+
+<p>Á orillas del Garona había una pequeña pradera limitada en dos de sus
+extremos por altos paredones. El terreno formaba rápido declive al
+acercarse al río, muy profundo en aquel punto, y los únicos dos ó tres
+botes visibles estaban amarrados á gran distancia. En el centro del río
+anclaban algunos barcos. Ambos combatientes se despojaron prontamente de
+sus ropillas y birretes y empuñaron las espadas. En aquella época no se
+conocía la etiqueta del duelo, pero eran muy frecuentes los encuentros
+singulares como el que describimos, y en ellos, así como en las justas,
+habíase conquistado el escudero Tránter una reputación que justificaba
+sobradamente la amistosa advertencia de Norbury. Roger no había
+descuidado por su parte el diario ejercicio de las armas y podía
+considerársele como tirador no despreciable, ya que no de los primeros.
+Grande era el contraste que ambos combatientes presentaban: moreno y
+robusto Tránter, mostraba el velludo pecho y la recia musculatura de
+hombros y brazos, en tanto que Roger, rubio y sonrosado, personificaba
+la gracia juvenil. La mayor parte de los espectadores preveían una lucha
+desigual, mas no faltaban dos ó tres lidiadores expertos que notaban con
+aprobación la firme mirada y los ágiles movimientos del doncel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto, señores! exclamó Norbury apenas se cruzaron las espadas. El
+arma de Tránter es casi un palmo más larga que la de su adversario.</p>
+
+<p>&mdash;Toma la mía, Roger, dijo Gualtero de Pleyel.</p>
+
+<p>&mdash;Dejad, amigos, respondió el servidor de Morel. Conozco bien el peso y
+alcance de mi espada y estoy acostumbrado á ella. Nada importa la
+desigualdad. ¡Adelante, señor mío, que pueden necesitarnos en la abadía!</p>
+
+<p>La desmesurada tizona de Tránter dábale, en efecto, marcada ventaja.
+Bien separados los pies y algo dobladas ambas rodillas, parecía pronto á
+precipitarse de un salto sobre su enemigo, al cual presentaba la punta
+de su larga espada á la altura de los ojos. La empuñadura tenía una
+guarda de gran tamaño que protegía bien mano y muñeca, y al comienzo de
+la cruz, junto á la hoja, una profunda<a name="page_185" id="page_185"></a> muesca destinada á recibir y
+retener la espada del adversario y á romperla ó desarmarlo por medio de
+un vigoroso movimiento de la muñeca. En cambio Roger tenía que confiar
+por completo en su propia destreza; el arma que empuñaba, aunque del
+mejor temple, era delgada y de sencilla empuñadura; una espada de corte
+más que de combate.</p>
+
+<p>Conocedor Tránter de las ventajas que le favorecían no tardó en
+aprovecharlas y adelantándose de un salto dirigió á Roger una estocada
+vigorosa, seguida de tremendo tajo capaz de cortarlo en dos; pero con no
+menos rapidez acudió Roger al doble quite, aunque la violencia del
+ataque le hizo retroceder un paso y aun así, la punta de la hoja enemiga
+le desgarró el justillo sobre el pecho. Pronto como el rayo atacó á su
+vez, mas la espada de Tránter apartó violentamente la suya y continuando
+su giro descargó otro tajo terrible, que si bien fué parado á tiempo,
+sobrecogió á los espectadores amigos de Roger. Pero el peligro parecía
+atraer á éste, que contestó con dos estocadas á fondo, rapidísimas, la
+segunda de las cuales apenas pudo parar Tránter, y al trazar el quite su
+espada rozó la frente de Roger, tanto se había aproximado éste. La
+sangre brotó abundante y cubrió su rostro, obligándole á retroceder para
+ponerse fuera del alcance de su enemigo, quien se detuvo por un momento
+respirando agitadamente, mientras los testigos de aquella lucha rompían
+el silencio que hasta entonces guardaran.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien por ambos! exclamó Germán. Sois tan valientes como diestros y
+aquí debe terminar esta contienda.</p>
+
+<p>&mdash;Con lo hecho basta, Roger, dijo Norbury.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, sí! exclamaron otros; se ha portado como bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Por mi parte, no tengo el menor deseo de matar á este doncel, si se
+confiesa vencido, dijo Tránter enjugando el sudor que bañaba su frente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me pedís perdón por haberme insultado? le preguntó Roger súbitamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo? No en mis días, contestó Tránter.</p>
+
+<p>&mdash;¡En guardia, pues!</p>
+
+<p>Los relucientes aceros chocaron con furia. Roger cuidó de adelantar
+continuamente, impidiendo al enemigo el libre manejo de su larga tizona;
+alcanzóle ésta levemente en un<a name="page_186" id="page_186"></a> hombro y casi al mismo tiempo hirió él
+también á Tránter en un muslo, pero al elevar su espada para dirigirle
+otro golpe al pecho, la sintió firmemente trabada en el corte hecho con
+ese objeto en la hoja del contrario. Un instante después se oyó el ruido
+seco que hacía la espada de Roger al romperse, quedándole tan sólo en la
+mano un pedazo de hoja de no más de tres palmos de largo.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra vida está en mis manos, exclamó Tránter con triunfante
+sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Teneos! ¡se rinde! exclamaron á una varios escuderos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Otra espada! gritó Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;Imposible, dijo Rodolfo; sería contra todas las reglas del duelo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, Roger, tirad al suelo ese trozo de espada, aconsejó
+Norbury.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me pedís perdón? repitió Roger dirigiéndose á Tránter.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estáis loco? contestó éste.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues en guardia otra vez! gritó Roger, renovando el ataque con vigor
+tal que compensó la pequeñez de su arma.</p>
+
+<p>Había notado que la respiración de Tránter era fatigosa y se propuso
+hostigarle y cansarle, haciendo valer la propia agilidad. Su adversario
+paraba como podía aquel diluvio de golpes, atisbando la oportunidad de
+acabar el combate con uno de sus mortales tajos; mas ni la corta
+distancia á que de propósito se mantenía Roger, ni la prontitud de los
+movimientos de éste le permitían usar su larga espada con ventaja. Pero
+Tránter, duelista experto, sabía que era imposible sostener dos minutos
+más aquel ataque violentísimo y fatigoso cual ninguno y que muy pronto
+cedería el nublado de golpes que caían sobre su espada con rapidez
+vertiginosa. Así sucedió, en efecto; el cansancio paralizaba ya el brazo
+de Roger, su adversario comprendió que había llegado el momento de dar
+un golpe decisivo y oprimiendo con fuerza el puño de su acero, saltó
+hacia atrás para ganar el espacio que necesitaba.... Aquel movimiento
+salvó á Roger; su adversario había retrocedido sin cesar desde la
+renovación del combate y llegado sin saberlo á la misma orilla. Al
+retroceder una vez más le faltó pie y se hundió en las aguas del
+Garona.<a name="page_187" id="page_187"></a></p>
+
+<p>Con una exclamación general de sorpresa precipitáronse todos en auxilio
+de Tránter, que había desaparecido por completo en las profundas y
+heladas aguas del río. Dos veces apareció sobre ellas su angustiado
+rostro y en vano procuró asir los cintos, espadas y ramas que sus
+compañeros le tendían. Roger había lanzado al suelo su rota espada y
+contemplaba aquella dolorosa agonía con profunda lástima. Todo su furor
+habíase disipado como por encanto. En aquel momento apareció por tercera
+vez sobre las aguas el rostro contraído del escudero; su mirada se cruzó
+con la de Roger y éste, incapaz de resistir aquella muda apelación,
+apartó violentamente á un escudero que delante tenía y se lanzó al
+Garona.</p>
+
+<p>Nadador experto, pocas brazadas bastaron para llevarle junto á su
+adversario, á quien asió por los cabellos. Pero la corriente era
+poderosa y muy pronto comprendió el animoso doncel la dificultad de
+sostener á flote el cuerpo de Tránter y nadar al propio tiempo hacia la
+orilla. Á pesar de los más vigorosos esfuerzos no parecía ganar una
+línea. Dió con desesperación algunas brazadas más y un grito de júbilo
+de cuantos estaban en tierra le anunció que había salido de la peligrosa
+corriente y llegado á un tranquilo remanso allí formado por una
+proyección del terreno. Momentos después caía en su diestra mano la
+extremidad del cinto de Gualtero, al que había anudado éste los de
+algunos otros escuderos. Asiólo con fuerza, incapaz de seguir nadando un
+momento más, pero sin soltar á Tránter. Los escuderos los sacaron del
+agua en un tris, depositándolos casi exánimes sobre la hierba.</p>
+
+<p>Tránter, que no había luchado como su adversario contra la impetuosa
+corriente, fué el primero en salir de aquel letargo. Incorporóse
+lentamente y contempló á Roger, que no tardó en abrir los ojos y en
+sonreirse complacido al escuchar los elogios que todos á porfía le
+prodigaban.</p>
+
+<p>&mdash;Os estoy muy reconocido, señor mío, díjole Tránter, con no muy
+amistoso acento. Sin vos hubiera perecido en el río, porque soy natural
+de las montañas de Varén, donde se cuentan muy pocos que sepan nadar.</p>
+
+<p>&mdash;No pido ni espero gracias, repuso Roger. Ayúdame á levantarme,
+Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;El río ha sido hoy mi enemigo, continuó Tránter, pero<a name="page_188" id="page_188"></a> se ha portado
+como bueno con vos, pues á él le debéis la vida que yo iba á
+arrancaros....</p>
+
+<p>&mdash;Eso estaba por ver, repuso Roger.</p>
+
+<p>&mdash;¡Todo ha concluído! exclamó Germán, y más felizmente de lo que yo
+creía. Lo que no ofrece duda es que este joven, cuyo nombre me dicen es
+Roger de Clinton, ha ganado brillantemente el derecho de pertenecer al
+muy honrado gremio de los escuderos de Burdeos. Aquí está vuestra
+ropilla, Tránter.</p>
+
+<p>&mdash;Y vos, Clinton, echaos esta capa sobre los hombros y venid cuanto
+antes.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que más deploro es la pérdida de mi buena espada, que yace en el
+fondo del río, suspiró Tránter.</p>
+
+<p>&mdash;¡Á la abadía! exclamaron varios escuderos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un momento, señores! dijo entonces Roger, que había recogido del
+suelo su rota espada y se apoyaba en el hombro de Gualtero. No he oído á
+este hidalgo retractar las palabras que me dirigió y....</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Todavía insistís? preguntó Tránter sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no? Soy tardo en recoger las provocaciones, pero una vez
+resuelto á obtener reparación la exijo mientras me quedan fuerzas y
+alientos.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ma foi</i>, pues bien pocos os quedan ya, exclamó Germán bruscamente.
+Estáis blanco como la cera. Seguid mi consejo y dad por terminada la
+cuestión, que no os podéis quejar del resultado.</p>
+
+<p>&mdash;No, insistió Roger. Yo no provoqué esta querella, pero ya comenzada,
+juro no partir hasta haber obtenido lo que vine á buscar ó perecer en la
+demanda. No hay más que hablar; dadme vuestras excusas ó procuraos otra
+espada y reanudemos el combate.</p>
+
+<p>El joven escudero, pálido como un muerto, extenuado con el tremendo
+esfuerzo que acababa de hacer para salvar á su enemigo y con la pérdida
+de sangre que manchaba su hombro y su frente, probaba sin embargo con su
+actitud, sus palabras y su acento que lo animaba una resolución
+inquebrantable. El mismo Tránter admiró aquella energía invencible y
+cedió ante la gran fuerza de carácter que acababa de demostrar el joven
+hidalgo.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que á tal punto lleváis lo que debisteis de considerar<a name="page_189" id="page_189"></a> como
+inocente broma, me avengo á declarar que siento haberos dicho lo que
+tanto os ofende, dijo Tránter en voz baja.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo deploro también la respuesta que á ello dí, repuso prontamente
+Roger. Hé aquí mi mano.</p>
+
+<p>&mdash;Y con esta van tres veces que suena la campana llamándonos á comer,
+exclamó Germán mientras todos se dirigían en grupos hacia la abadía,
+comentando las peripecias del combate. ¡Por Dios vivo! señor de Pleyel,
+dad una copa de buen vino á vuestro amigo en cuanto lleguéis, porque
+está transido, sin contar que ha tragado dos azumbres de agua. Confieso
+que á juzgar por su aspecto no hubiera esperado de él tanta entereza.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo declaro que el aire de Burdeos ha trocado á mi compañero en
+gallo de pelea, porque jamás había salido del condado de Hanson joven
+más apacible y modesto que él.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí, eh? Pues también tiene fama de modesto y apacible como una dama
+su señor el de Morel; y la verdad es que ni uno ni otro aguantan moscas.
+¡Cáspita con el mozo!<a name="page_190" id="page_190"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXI" id="CAPITULO_XXI"></a>CAPÍTULO XXI<br /><br />
+<small>DONDE AGUSTÍN PISANO ARRIESGA SU CABEZA</small></h3>
+
+<p>A<small>BUNDANTE</small> y bien servida era la mesa de los escuderos en la abadía de
+San Andrés desde que el príncipe Eduardo estableció su corte en aquel
+histórico edificio. Allí aprendió Roger lo que el lujo y el buen gusto
+significaban, sobre todo al comparar aquellos festines con las frugales
+comidas del convento y la parsimonia de la mesa de Morel. Cabezas de
+jabalí deliciosamente adobadas, faisanes asados, dulces y cremas nunca
+gustados antes, prodigios de repostería, uno de los cuales representaba
+en todos sus detalles el exterior del regio palacio de Windsor, tales
+fueron algunas de las maravillas culinarias que saboreó Roger en la
+antigua abadía francesa. Un arquero se apresuró á llevarle ropas y traje
+de los que á bordo del galeón dejara, y después de mudarse y lavar sus
+heridas no tardó en recobrar fuerzas y buen humor, olvidado por completo
+de la fatiga de aquella mañana. Un paje le anunció que su señor se
+proponía visitar aquella noche al canciller de Chandos y deseaba que sus
+dos escuderos se alojasen en el hostal de la <i>Media Luna</i>, al fin de la
+calle de los Apóstoles. Al cual mesón se dirigieron Roger y Gualtero al
+anochecer, después de su larga comida y de oir los brindis y canciones
+con que pasaron rápidas las horas en compañía de los otros alegres
+escuderos.</p>
+
+<p>Caía menuda lluvia cuando los dos camaradas empezaron á recorrer las
+calles de Burdeos, después de dejar bien cuidados sus corceles y el del
+barón en las caballerizas del príncipe. No hallaban á su paso más
+alumbrado que el muy escaso de tal cual farol de aceite colgado en una
+esquina ó á la entrada de las casas principales de la ciudad; pero ni la
+semiobscuridad ni la lluvia impedían que las calles siguiesen<a name="page_191" id="page_191"></a> casi tan
+concurridas como en pleno día. Los transeuntes pertenecían á todas las
+clases de aquella rica y por entonces bélica ciudad. Allí el obeso
+comerciante, cuyo rostro complacido y sonriente, traje obscuro de fino
+paño y repleta escarcela pregonaban su riqueza y bienestar. Tras él
+modesta sirviente, llevando la encendida linterna que indicaba á su amo
+donde poner los pies sin grave tropiezo. En dirección contraria veíase
+un grupo de mocetones ingleses, arqueros del condado de Estápleton á
+juzgar por el pelícano azul cosido sobre el coleto; gente alegre de
+cascos y dura de puños, que bebían á más y mejor y cantaban á voz en
+cuello y cuya presencia obligaba al mercader á apresurar el paso,
+mientras su fámula ocultaba el rostro con el manto al oir los piropos
+nada delicados de aquella turba. No escaseaban los soldados de la
+guardia real, los pajes ingleses elegantemente ataviados, las mujeres
+del pueblo cuyas agudas voces se oían á gran distancia, parejas de
+frailes, filas de ballesteros y hombres de armas, marineros, soldados de
+los cuerpos de guardia, caballeros gascones que vociferaban y
+gesticulaban según costumbre invariable, campesinos del Medoc, escuderos
+ingleses y gascones y tantas otras gentes, que cruzaban en todas
+direcciones ó hablaban en grupos, empleando ya las lenguas inglesa,
+francesa y del país de Gales, ya el vascuence ó los dialectos de Gascuña
+y Guiena. Á veces se abrían los grupos para dar paso á la litera de una
+noble dama, ó á los arqueros que con antorchas encendidas precedían á un
+caballero de alto rango camino de su alojamiento y procedente de los
+festines de la corte. Las pisadas y el relinchar de los caballos, los
+gritos de los vendedores ambulantes, el choque de las armas, las voces
+de borrachos pendencieros, las carcajadas de hombres y mujeres, todo
+aquel clamor se elevaba y se cernía, como la neblina en el pantano,
+sobre las calles obscuras y atestadas de la gran ciudad.</p>
+
+<p>La atención de nuestros escuderos se fijó particularmente en dos
+personas que iban delante y en la misma dirección que ellos. Eran un
+hombre y una mujer, alto, cojo caído de hombros el primero, que llevaba
+debajo del brazo un objeto grande y plano envuelto en negro lienzo. La
+mujer era joven y gracioso su andar, pero mal podía vérsele el rostro,
+cubierto por tupido manto que sólo daba paso á<a name="page_192" id="page_192"></a> la brillante mirada de
+unos ojos grandes y pardos y descubría uno ó dos rizos de negrísimo
+pelo. El hombre se apoyaba pesadamente en el brazo de la joven, y
+procuraba proteger cuanto podía el envoltorio que llevaba, evitando el
+encuentro de los transeuntes que con él pudieran tropezar en la
+obscuridad. La ansiedad evidente de aquel hombre, que parecía llevar
+oculta preciosa carga y el aspecto de su compañera despertaron el
+interés de los dos jóvenes ingleses que los seguían á dos pasos de
+distancia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ánimo, hija mía! exclamó el desconocido en lo que parecía ser uno de
+los dialectos de aquella región. Cien pasos más y lo ponemos en salvo.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidadlo bien, padre, y no temáis ya, repuso la mujer en la misma
+extraña habla.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que nos rodea una turba de bárbaros, borrachos muchos de
+ellos. Cincuenta pasos más, Tita mía, y juro por el bendito San Telmo no
+poner otra vez los pies fuera de casa hasta que el enjambre éste se
+halle en Dax ó donde lo lleven los demonios. ¡Cómo empujan y aullan!
+Procura apartarlos, hija, adelantando un poco el cuerpo. Dale un codazo
+á ese animal. Ya es imposible andar. ¡Buena la hemos hecho!</p>
+
+<p>La multitud apiñada que los precedía formaba allí una barrera
+infranqueable y tuvieron que detenerse. Algunos arqueros ingleses
+repletos de cerveza se fijaron en la extraña pareja y empezaron á
+examinarla con curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por el rabo de Satanás! exclamó uno, mirad la arrogante muleta que
+usa este viejo. No te apoyes tanto en la chica y más en tus piernas,
+abuelo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo se entiende! dijo otro arquero. Los soldados del rey sin una
+muchacha que los mire, porque los viejos franceses se las llevan de
+paseo. ¡Vente conmigo, reina!</p>
+
+<p>&mdash;Ó conmigo, paloma. ¡Por San Jorge! la vida es corta y lo mejor es
+hacerla alegre. ¡No vuelvan á ver mis ojos el puente de Chester si no le
+digo dos palabritas á esta buena moza!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué lleva el lagarto ese bajo el brazo? preguntó un tercero.</p>
+
+<p>&mdash;Á ver, manojo de huesos. Venga el envoltorio.</p>
+
+<p>Los arqueros rodeaban á la pareja y el hombre, azorado, sin comprender
+una palabra de lo que decían, oprimía con<a name="page_193" id="page_193"></a> una mano el brazo de la mujer
+y con la otra apoyaba sobre el pecho el precioso paquete, dirigiendo en
+torno miradas suplicantes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea, muchachos! exclamó Gualtero de Pleyel con imperiosa voz,
+apartando al arquero que más cerca tenía. Os portáis como villanos.
+¡Quedas las manos, ó puede costaros caro!</p>
+
+<p>&mdash;¡Tened vos la lengua ó más caro ha de costaros todavía! respondió el
+soldado más ebrio. ¿Quién sois vos para impedir que los arqueros
+ingleses se diviertan?</p>
+
+<p>&mdash;Un escudero palurdo, acabado de desembarcar, dijo otro. ¡Bonito sería
+que además de nuestros jefes viniera á darnos órdenes el primer
+muchachuelo que abandone á su mamá y se aparezca en Aquitania!</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Dios, mis buenos señores! suplicó la joven en mal francés
+¡amparadnos! ¡Impedid que estos hombres nos maltraten!</p>
+
+<p>&mdash;Nada temáis, señora, dijo cortésmente Roger. ¡Suelta, rufián! ordenó
+dirigiéndose á un arquero que había enlazado con su brazo el talle de la
+joven.</p>
+
+<p>&mdash;¡No la sueltes, Bastián! aulló un hombre de armas gigantesco, de
+luenga barba negra, cuya coraza brillaba á la tenue luz del farol más
+próximo. Y vosotros, mozalbetes, cuidado con tocar esos espadines que
+lleváis ú os hago tragar un palmo de hierro en menos que canta un gallo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios sea loado! exclamó en aquel momento Roger, viendo venir hacia
+ellos un casco enorme sobre roja melena, que descollaba entre la
+multitud. ¡Á mí, Tristán! Y también Simón. ¡Á mí, compañeros, ayudadme á
+proteger á una mujer y un anciano!</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, <i>mon petit</i>! gritó Simón con voz tonante, abriéndose paso en un
+santiamén y seguido del sonriente Tristán de Horla. ¿Qué pasa aquí? ¡Por
+el filo de mi espada! te advierto, Roger, que si vas á proteger á
+cuantos se hallen en apuro en esta tierra ya tienes tela cortada para
+rato. Pero descuida, que al cabo de un año de aprendizaje en la Guardia
+Blanca harás menos caso de lo que digan y emprendan unos cuantos
+arqueros calamocanos. ¿De qué se trata, repito? Por ahí viene el
+preboste con sus guardias y es muy probable que si no tomáis soleta
+tendremos aquí<a name="page_194" id="page_194"></a> un par de arqueros ahorcados en menos de diez minutos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Digo, pues si es este el viejo Simón Aluardo, de la Guardia Blanca!
+exclamó el hombre de armas que tan insolente se había mostrado con los
+escuderos. ¡Un abrazo, Simón! Por vida mía, tiempo hubo en que desde
+Limoges hasta Navarra no se conocía arquero más pronto en conquistar á
+una muchacha ó derrengar á un enemigo.</p>
+
+<p>&mdash;No lo dudo, amigo Carlín, repuso Simón, y á fe que no creo haber
+cambiado mucho desde entonces. Pero también sabes que ni tomo yo un beso
+á la fuerza, ni ataco al enemigo por la espalda y diez contra uno. Al
+buen entendedor....</p>
+
+<p>Una mirada al resuelto rostro del sargento y á las manazas de Tristán
+convenció á los arqueros de que allí nada bueno podrían sacar á la
+fuerza. La mujer y su padre comenzaron á abrirse paso sin que nadie
+intentase impedírselo y Gualtero y Roger fueron tras ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Un momento, camarada, dijo Simón á Roger. Ya sé que esta mañana has
+hecho proezas en la abadía; pero te recomiendo alguna prudencia en eso
+de sacar la espada á relucir. Mira que he sido yo quien te ha metido en
+estos líos y que si te pasa algo lo sentiré de veras, muchacho.</p>
+
+<p>&mdash;Descuidad, Simón, seré prudente.</p>
+
+<p>&mdash;No busques el peligro, <i>mon petit</i>, y espera á tener la muñeca algo
+más sólida. Oye; esta noche nos reuniremos algunos amigos en la <i>Rosa de
+Aquitania</i>, á dos puertas de tu hostería de la <i>Media Luna</i>, y si
+quieres vaciar un vaso en compañía de simples arqueros ¡bienvenido!</p>
+
+<p>Prometió el doncel reunirse con ellos si se lo permitían sus deberes de
+escudero y deslizándose entre los grupos llegó á donde estaba Gualtero,
+en conversación con el viejo y la muchacha, en el portal de su casa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias, valiente caballero! exclamó el desconocido abrazando á
+Roger. ¿Cómo manifestaros mi gratitud? Sin vuestro auxilio y el de
+vuestros amigos habría yo perdido la cabeza y sabe Dios qué suerte
+hubiera cabido á mi pobre Tita....</p>
+
+<p>&mdash;No creo que aquellos energúmenos se hubieran propasado á tal extremo,
+dijo el joven algo sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Ah, diavolo!</i> exclamó el otro soltando la carcajada,<a name="page_195" id="page_195"></a> no hablo de mi
+cabeza sino de la que llevo aquí bajo el brazo.</p>
+
+<p>&mdash;Quizás estos caballeros deseen entrar y reposar un momento en nuestra
+casa, padre mío. Si seguimos aquí puede estallar otro tumulto de un
+momento á otro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tienes razón, hija! Entrad, señores. ¡Una luz, Jacobo, pronto! Siete
+escalones, eso es. Tomad asiento. <i>¡Corpo di Bacco</i>, qué susto me han
+dado esos canallas! Pero no es extraño. Tomad un vándalo, un normando y
+un alano, mezcladlos con el moro más redomado, emborrachad al aborto
+resultante de esa mezcla y ya tenéis un inglés hecho y derecho.... Me
+dicen que ahora están invadiendo á Italia, mi patria, como han invadido
+á Francia. ¡Qué gente, Dios eterno! En todas partes se meten, menos en
+el cielo.</p>
+
+<p>&mdash;Padre mío, dijo la joven mientras ayudaba al anciano á sentarse en
+cómoda poltrona, olvidáis que estos buenos señores que nos han protegido
+son también ingleses....</p>
+
+<p>&mdash;¡Mil perdones! Pero ¡quién lo dijera! Mirad, señores míos, estas obras
+de arte que aquí tengo; quizás os interesen, aunque entiendo que allá en
+vuestra isla no se conoce más arte que el de la guerra.</p>
+
+<p>Cuatro lámparas iluminaban ampliamente la estancia de artesonado techo
+en que se hallaban. Colgadas de las paredes, sobre los muebles, en los
+rincones, por todas partes se veían placas de vidrio de diferentes
+tamaños y formas, pintadas delicadamente. Gualtero y Roger miraron en
+torno asombrados, porque jamás habían visto juntas tantas y tan
+magníficas obras de arte.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que os gustan, dijo el artista al notar la expresión de grata
+sorpresa reflejada en los semblantes de ambos hidalgos. Lo cual me
+prueba que no faltan ingleses capaces de apreciar tales fruslerías.</p>
+
+<p>&mdash;Nunca lo hubiera creído posible, exclamó Roger. ¡Qué colorido, qué
+perfilado! Admira, Gualtero, este Martirio de San Esteban; no parece
+sino que tú ó yo podríamos coger esas piedras ahí pintadas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues y este ciervo, con la cruz que sobre su cabeza destella como una
+aparición portentosa? Es perfecto; no he visto ciervos más naturales en
+los bosques de Bere.</p>
+
+<p>&mdash;Mira la hierba, de un verde claro, que parece movida<a name="page_196" id="page_196"></a> por el viento.
+¡Por vida de! Cuanto he pintado hasta la fecha ha sido juego de niños.
+Este hombre debe de ser uno de aquellos grandes artistas de quienes me
+hablaba el hermano Bartolomé allá en Belmonte.</p>
+
+<p>Una expresión de profundo contento animó el cetrino rostro del artista
+al oir aquellos espontáneos elogios. Su hija se había quitado el manto
+que hasta entonces cubriera sus hombros y cabeza y los dos jóvenes
+admiraron en ella uno de los tipos más acabados de la belleza italiana,
+que muy pronto atrajo toda la atención y las miradas de Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué me decís de esto? preguntó el anciano, desenvolviendo el
+paquete que tantas zozobras le había proporcionado.</p>
+
+<p>Era una lámina de vidrio en forma de hoja enorme y pintada en ella una
+cabeza de admirables líneas, rodeada de resplandeciente aureola. Era tan
+natural el colorido, tanta la verdad y la expresión del rostro, que
+parecía imagen viva, mirando dulcemente á los ojos de Roger. Este
+palmoteó, con el entusiasmo que la belleza produce siempre en todo
+verdadero artista.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es un portento! exclamó; y me admira que hayáis arriesgado por las
+calles una maravilla tan frágil como ésta.</p>
+
+<p>&mdash;Confieso que fué grave imprudencia. ¡Un frasco de vino, Tita, pero del
+mejor, del florentino! Sin vuestro auxilio no sé qué hubiera sucedido.
+Examinad bien la tez; á mí mismo me resulta muchas veces demasiado
+obscura, enrojecida por haberse caldeado los colores, ó pálida y falta
+de vida. Pero aquí se ven latir las sienes y se siente correr la sangre
+bajo esa piel bronceada. La pérdida de este trabajo hubiera sido para mí
+una calamidad irreparable. Está destinado á la iglesia de San Remo y
+esta tarde fuí con mi hija para ver si ajustaba bien en el marco de
+piedra que allí lo espera. Me demoré más de lo que esperaba, cerró la
+noche y ya sabéis lo que sucedió después. Pero vos también, hidalgo,
+parecéis tener aficiones artísticas. ¿Sois pintor?</p>
+
+<p>&mdash;Apenas me atrevo á responderos afirmativamente después de lo que aquí
+he visto, contestó Roger. Criado y educado en el claustro, no fué tarea
+muy difícil la de manejar los pinceles mejor que los otros novicios.<a name="page_197" id="page_197"></a></p>
+
+<p>&mdash;Ahí tenéis colores, pinceles y cartón, dijo el viejo artista, y no os
+doy vidrio porque eso requiere conocimientos especiales y bastante
+tiempo. Os ruego que me déis una muestra de vuestro trabajo. Gracias,
+hija mía. Llena los vasos hasta el borde.</p>
+
+<p>Gualtero sostenía conversación animada y al parecer muy interesante con
+la hermosa doncella, expresándose él en una mezcla de francés é inglés y
+ella en graciosas frases franco-italianas, lo cual no les impedía
+entenderse perfectamente. El artista examinaba atento su última y
+maravillosa creación para ver si la pintura había sufrido algún rasguño
+y en tanto Roger manejaba rápidamente los pinceles, hasta dejar
+bosquejadas las facciones y el torneado cuello de bellísima mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo! exclamó el maestro; sois pintor, no hay que dudarlo y podéis
+llegar á serlo muy bueno. ¡Es la cara de un ángel!</p>
+
+<p>&mdash;Decid más bien la cara de mi señora Constanza de Morel, exclamó
+sorprendido Gualtero.</p>
+
+<p>&mdash;Algo se le parece, á fe mía, dijo Roger un tanto confuso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con que un retrato? Tanto mejor y más difícil. Joven, soy Agustín
+Pisano, hijo del maestro Andrés Pisano y os repito que tenéis mano de
+artista. Diré más; que si os quedáis en mi compañía os enseñaré el
+secreto de la preparación de esos trabajos sobre vidrio que ahí véis; la
+composición de los pigmentos y sus mezclas, cómo espesarlos, cuáles
+penetran el vidrio y cuáles no, el caldeado y glaseado de las placas, en
+fin, todos los detalles del oficio.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho me placería practicar y aprender con tan gran maestro, dijo el
+doncel, pero mi deber me obliga á seguir á mi señor, por lo menos
+mientras dure la guerra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Guerra, guerra! ¡Siempre lo mismo! exclamó Pisano. Y por consiguiente
+llamáis héroes y grandes hombres á los que más destruyen y matan. <i>¡Per
+Bacco!</i> para hombres notables, de verdadero mérito, dignos de toda
+gloria, los artistas que tenemos en Italia, los que edifican en lugar de
+destruir, los que han creado las bellezas artísticas de mi noble Pisa,
+los que ennoblecen á toda la nación, los Andrés Orcagna, Tadeo Gaddi,
+Giottino, Stefano, Simón Memmi, maestros cuyos colores sería yo indigno
+de mezclar.<a name="page_198" id="page_198"></a> Y me ha tocado en suerte el contemplar con mis propios ojos
+sus obras inmortales. He visto al anciano Giotto, discípulo á su vez del
+gran Cimabue, con anterioridad al cual sostengo que no existía el arte
+en Italia y hubo que importar artistas griegos para decorar la capilla
+de los Gondi de Florencia. ¡Ah, señores, esos son los grandes hombres,
+los bienhechores de la humanidad, cuyos nombres vivirán eternamente!
+¡Qué contraste con vuestros soldados, que aspiran á la gloria asolando
+comarcas enteras, recorriendo la tierra á sangre y fuego!</p>
+
+<p>&mdash;Pues tengo para mí que tampoco están de más los soldados, observó
+Gualtero. De otra suerte ¿cómo podrían esos artistas que nombráis
+proteger y conservar los productos de su genio?</p>
+
+<p>&mdash;De los cuales tenemos no pocos á la vista, agregó Roger. ¿Son todos
+estos trabajos de vuestra mano?</p>
+
+<p>&mdash;Todos. Notaréis que algunos están concluídos en diferentes placas, que
+unidas forman cuadros de gran tamaño. Aquí en Francia tienen á Clemente
+de Chartres y algunos otros artífices de mérito, dedicados á esta misma
+clase de trabajos. Pero ¿oís? Ya suena otra vez el clarín bélico para
+recordarnos que vivimos bajo la mano férrea del conquistador y no en las
+regiones donde impera el arte.</p>
+
+<p>&mdash;Señal es esa también para nosotros, dijo Gualtero al oir el toque de
+los clarines. Bien quisiera yo permanecer aquí más largo tiempo, rodeado
+de tantas cosas bellas&mdash;y al decirlo miraba con admiración á la ruborosa
+Tita&mdash;pero fuerza es volver á nuestra posada y eso antes de que á ella
+regrese el señor de Morel.</p>
+
+<p>Renovaron Pisano y su hija las demostraciones de gratitud, prometieron
+los escuderos repetir tan grata visita y habiendo cesado la lluvia, se
+dirigieron éstos de la calle del Rey, donde vivía el artista italiano, á
+la de los Apóstoles, en cuya esquina ostentaba su muestra la <i>Hostería
+de la Media Luna</i>.<a name="page_199" id="page_199"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXII" id="CAPITULO_XXII"></a>CAPÍTULO XXII<br /><br />
+<small>UNA NOCHE DE HOLGORIO EN "LA ROSA DE AQUITANIA"</small></h3>
+
+<p>&mdash;¿H<small>AS</small> visto cara más hermosa, Roger? preguntó Gualtero apenas se
+apartaron de la puerta de Pisano. ¡Qué ojos, qué perfil divino!</p>
+
+<p>&mdash;No puedo negar que es bella. ¿Pues y aquel color moreno de las
+mejillas y los negrísimos rizos que circundan el óvalo perfecto de la
+cara?</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde me dejas los ojos? De mirada tan clara y tan profunda á la vez;
+tan inocentes al par que tan expresivos....</p>
+
+<p>&mdash;Si algún pero se le puede poner está en la barba.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo he notado....</p>
+
+<p>&mdash;Graciosamente cortada, eso sí.</p>
+
+<p>&mdash;Una barbilla preciosa, Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo ¿no te parece que el conjunto hubiera ganado bastante con
+medio palmo más de bien poblada barba?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ave María Purísima! Pero ¿de dónde has sacado tú que Tita tenga
+barbas?</p>
+
+<p>&mdash;¿Tita? ¿Quién habla de ella?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues de quién demonios estás hablando?</p>
+
+<p>&mdash;De la magnífica figura destinada á la iglesia de San Remo, ¿no
+recuerdas? Aquella cabeza de santo....</p>
+
+<p>&mdash;¡Anda, anda! exclamó Gualtero riéndose. Miren con lo que nos sale
+ahora. Tú sí que eres un menjurje de vándalo, normando, alano y perro
+moro, como nos llamaba á los ingleses el buen Pisano. ¿Quién se acuerda
+de cuadros ni pinturas cuando se tiene delante un ángel del cielo,
+hechura del mismo Dios, como la incomparable Tita? ¡Quién va!</p>
+
+<p>&mdash;Me manda el sargento Simón, dijo un arquero acercándoseles<a name="page_200" id="page_200"></a>
+apresuradamente, para deciros que el señor barón ha resuelto pasar la
+noche en el alojamiento del canciller de Chandos y no necesitará
+vuestros servicios. Simón está en esa taberna con algunos camaradas y
+dice que si quisierais trincar con nosotros....</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía, dijo riéndose Gualtero, que con sus cantos y gritos hacen
+bastante algazara para anunciar su presencia sin necesidad de guías ni
+emisarios. ¡Adelante!</p>
+
+<p>Á dos puertas se oía el estrépito de la francachela. Entraron por un
+portalón bajo y al final de estrecho corredor se hallaron en una gran
+sala iluminada por dos antorchas. Junto á las paredes, en casi toda la
+extensión del local, montones de paja sobre la cual reposaban veinte ó
+treinta arqueros de la Guardia Blanca, sentados ó reclinados sobre el
+codo, sin capacetes, coletos ni espadas y con sendos recipientes de
+cuero y estaño llenos de cerveza ó vino, según el gusto de cada cual.
+Dos toneles colocados en un extremo de la estancia indicaban que no
+faltaría con qué llenar de nuevo aquellos enormes cubiletes, cuantas
+veces lo exigiese la sed de los arqueros. Junto á los toneles y como
+presidiendo la reunión, hallábanse el portaestandarte Reno, Simón,
+Tristán y otros tres ó cuatro arqueros veteranos, amén del valiente
+Golvín, capitán del <i>Galeón Amarillo</i>, que había ido á tomar unos tragos
+en compañía de sus alegres compañeros de viaje antes de emprender el de
+regreso á Inglaterra. Gualtero y Roger tomaron asiento entre Reno y
+Simón, sin que su llegada acallara por un momento el bullicio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cerveza ó vino, camaradas! gritó Simón. Que elija cada cual y no me
+vengáis con arrumacos, porque la mezcla emborracha y ha de ser una cosa
+ú otra. Aquí está tu cubilete, Rubén, rebosando vino generoso. ¿Sabéis
+la noticia, barbilindos?</p>
+
+<p>&mdash;No. ¿Qué es ello? dijeron ambos escuderos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que tendremos torneo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo!</p>
+
+<p>&mdash;Sí. El arrogante Captal de Buch se ha empeñado en demostrarnos que él
+y otros cuatro caballeros gascones pueden hacer morder el polvo á los
+cinco mejores paladines ingleses de cuantos hay en Burdeos á la fecha.
+Chandos aceptó el reto sobre la marcha, encargándose de elegir á<a name="page_201" id="page_201"></a>
+nuestros campeones; el príncipe ha prometido una hermosa copa de oro al
+que más altos honores obtenga y en toda la corte no se habla hoy de otra
+cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué han de ser los grandes señores los únicos que se diviertan?
+preguntó Tristán de Horla. Bien pudieran abrirnos el palenque á los
+arqueros y ¡por la cruz de Gestas! que sería cosa de ver cómo
+descoyuntábamos á cinco arqueros gascones.</p>
+
+<p>&mdash;Ó cómo otros tantos hombres de armas baldábamos á igual número de
+soldados de esta tierra, dijo Reno.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiénes son los mantenedores ingleses? preguntó Golvín.</p>
+
+<p>&mdash;Trescientos cuarenta y un caballeros tenemos hoy en Burdeos, y ya se
+han recibido trescientos cuarenta carteles aceptando el reto. El único
+que falta es el de Sir Mauricio de Ravens, á quien la gota tiene clavado
+en el lecho.</p>
+
+<p>&mdash;Un arquero de la guardia me ha dicho que el príncipe quería romper una
+lanza, pero que sus consejeros no se lo han permitido, porque habrá más
+de combate que de torneo, tal están que arden los señores gascones.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo pronto tenemos á Chandos.</p>
+
+<p>&mdash;Su Alteza le ha prohibido tomar parte en la próxima justa. Chandos
+será juez del campo, en unión de Sir Guillermo Fenton y el duque de
+Armagnac. Nuestros campeones serán los señores de Abercombe, Percy,
+Beauchamp y Leiton, y el invencible barón de Morel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Viva! ¡San Jorge le proteja! ¡Buena elección! vociferaron los
+arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena, como hay Dios! exclamó Simón. No hay para un soldado de buena
+fibra honra mayor que la de tenerle por jefe. Ya veréis á dónde nos
+lleva, muchachos, y en qué aventuras nos mete. Noto que desde su llegada
+á Burdeos anda con un parche en un ojo, lo mismo que hizo la víspera de
+Poitiers. Pues ese parche va á costar mucha sangre, os lo digo yo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo fué lo de Poitiers, sargento? preguntó un joven arquero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuéntalo, Simón! exclamaron otros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Á la salud de Simón Aluardo! dijeron muchos empinando el codo.</p>
+
+<p>&mdash;Preguntádselo á éste, peneques, contestó modestamente<a name="page_202" id="page_202"></a> el veterano
+señalando á Reno. Él vió más que yo, pero ¡por los clavos de Cristo! no
+dejé de tomar también parte y buena en aquella tremolina.</p>
+
+<p>&mdash;Gran día fué aquel, dijo Reno moviendo la cabeza y entornando los
+ojos; como no espero volver á verlo. Muchos y muy buenos arqueros
+cayeron también en la jornada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Buenos? Pues no hay más que nombrar á Gofredo, Calvino, el Payo,
+Nelson, que antes de caer para no levantarse más se aferró á un gran
+señor francés y le cortó la cabeza á cercén. Mejores arqueros no los he
+visto en mi pícara vida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero la batalla, Simón, la batalla! gritaron muchos. ¡Cuenta, cuenta!</p>
+
+<p>&mdash;¡Á callar se ha dicho, moscones! berreó el sargento. "¡Cuenta, Simón!"
+Pues no hay cuento que valga hasta que me haya remojado el gaznate.
+¡Buena cerveza! Era en el otoño de 1356; nuestro príncipe Eduardo tomó
+por Auvernia, el Berry, Anjou y Turena, y de Auvernia os diré que las
+muchachas son zalameras y el vino agriado. En Berry dadle vuelta y
+aprended que las mozas son hoscas y el vino una bendición. Pero Anjou es
+gran tierra para los arqueros decentes, porque allí vino y mujeres son
+unas mieles. Lo único que saqué de Turena fué una descalabradura, pero
+en Vierzón, en un monasterio de órdago, me hice con un copón de oro por
+el cual me dió treinta ducados un judío genovés. De allí, anda que anda
+hasta llegar á Bourges, donde me tocó en suerte una túnica de seda
+carmesí labrada de oro y perlas, como vosotros no la veréis jamás, y un
+par de borceguíes con borlas de seda blanca, lo mismo que los del rey
+nuestro señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Los arrebañaste en alguna tienda, Simón?</p>
+
+<p>&mdash;¡Se los quité de los pies á un caballero enemigo, so lagarto! Bien
+pensado el caso, me dije que él no había de necesitarlos más, visto que
+le salía por pecho y espalda una flecha mía de las gordas....</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué más, qué más?</p>
+
+<p>&mdash;Nos dimos otra zampada de camino, y éramos lo menos seis mil arqueros
+cuando llegamos á Isodún, donde también me favoreció la suerte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Otra batalla? ¿Otro par de botas, Simón? se oyó decir á los
+arqueros.<a name="page_203" id="page_203"></a></p>
+
+<p>&mdash;No, algo mejor que eso. En las batallas poco hay que ganar, como no
+sean testarazos, á menos que se logre rescate por algún pájaro gordo. Lo
+que hubo fué que en Isodún yo y otros tres muchachos de Gales nos
+metimos en un caserón muy grande que los otros camaradas pasaron por
+alto y allí descubrí y me apropié un cobertor de finas plumas como sólo
+los estilan las duquesas de Francia. Tú lo has visto, Tristán, y sabes
+si es rico y mullido. Lo acomodé bien envuelto sobre una mula del
+vivandero y allá lo tengo en una venta cerca de Dunán, para el día en
+que me case. ¿Te acuerdas de la ventera, <i>mon petit</i>? preguntó á Roger,
+guiñándole el ojo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adelante! vocearon tres ó cuatro arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, continuó el veterano. Que otros saquen las castañas del fuego
+para que vosotros os estéis como unos papanatas oyendo historias con la
+boca abierta. ¡Buena cerveza! Nuestros seis mil tunantes, el príncipe y
+sus caballeros, yo y la mula con el cobertor de pluma salimos por fin de
+Turena, dejando allí sangrienta memoria. En Romorantín topé con una
+cadena y unos brazaletes de oro, pero topé también con una mozuela como
+un sol, que me los robó al día siguiente. Porque habéis de saber que hay
+gentes que no vacilan en apoderarse de lo ajeno....</p>
+
+<p>&mdash;¡Al grano, Simón! ¡Esa batalla!</p>
+
+<p>&mdash;Todo se andará, cachorros, si me dejáis respirar. Pues sucedió que el
+rey de Francia, llamado Juan II, se puso al frente de cincuenta mil
+hombres y nos persiguió furiosamente. Pero lo bueno fué que cuando nos
+alcanzó, seguro de pasarnos á cuchillo, se halló con que no supo cómo
+atacarnos ni cómo cogernos, porque lo esperamos esparcidos por los
+vallados y viñedos de unas alturas, hasta donde sólo podían subir por
+una ladera y eso al descubierto, ofreciéndonos magnífico blanco. Así
+ocultos y protegidos, formaban nuestra derecha los arqueros, con los
+hombres de armas á la izquierda, los caballeros en el centro y detrás de
+ellos la mula del cobertor. Trescientos caballeros franceses se
+dirigieron hacia ella en línea recta, para empezar, y muy valientes y
+apuestos parecían, pero los cogió en el camino tal nublado de flechas
+que pocos escaparon con vida. Tras ellos subieron al ataque los soldados
+tudescos al servicio del rey Juan y pelearon muy guapamente, tanto que
+tres ó cuatro<a name="page_204" id="page_204"></a> se colaron por entre los arqueros y corrieron hacia la
+preciosa mula. Pero trabajo inútil, porque ví á nuestro capitán, el sin
+par barón de Morel, destacarse del grupo de nobles, con su parchecito
+sobre un ojo como lo lleva estos días y despachar á aquellos perdularios
+con toda calma. En seguida el barón se lanzó contra el grueso de los
+asaltantes, seguido de Lord Abercombe con sus cuatro escuderos del
+Chesire y otros de igual temple, tras ellos Chandos y el príncipe y
+detrás nosotros con espada y hacha, porque habíamos agotado las flechas.
+Muy imprudente fué aquella maniobra nuestra, porque no sólo abandonamos
+la protección del terreno sino que dejamos sin defensa á la mula del
+vivandero y cualquier taimado francés ó tudesco pudo hacerla prisionera
+con el tesoro mío que llevaba encima. Pero todo salió bien, cayeron en
+nuestro poder el rey Juan y su hijo, Nelson y yo descubrimos un carro
+con doce barriles de vino generoso destinado á la mesa del rey... y no
+sé cómo fué, muchachos, pero os aseguro que no me acuerdo de lo que
+sucedió después, ni tampoco pudo recordarlo Nelson.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y al día siguiente?</p>
+
+<p>&mdash;Como podéis figuraros, no perdimos mucho tiempo por aquellos
+andurriales, sino que tomamos al trote el camino de Burdeos, á donde
+llegamos sin tropiezo con el rey de Francia y el cobertor de pluma.
+Vendí el resto de mi botín, <i>mes garçons</i>, por tantas monedas de oro
+como cupieron en mi bolsón de cuero y por siete días tuve doce velas
+encendidas en el altar del bendito San Andrés, porque sabido es que si
+olvidáis á los santos cuando las cosas marchan bien es muy probable que
+ellos se olviden de vosotros cuando los necesitéis.</p>
+
+<p>&mdash;Decidme, sargento, preguntó un mozalbete desde el extremo opuesto del
+cuarto ¿á qué cuento fué la batalla aquella?</p>
+
+<p>&mdash;¿Ahora salimos con esas, rocín? ¿Pues á qué cuento había de ser sino á
+dejar sentado una vez por todas quién había de llevar la corona de
+Francia?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno es saberlo. Creíame yo que era para averiguar quién debía de
+quedarse con vuestro cobertor de pluma....</p>
+
+<p>&mdash;Mira, hijo, que si me llego á tí con este cinto mío y<a name="page_205" id="page_205"></a> empiezo á darte
+zurriagazos lo vas á sentir de veras, dijo Simón entre las carcajadas de
+todo el concurso. Pero se hace tarde, Reno, y cuando los polluelos
+empiezan á piar contra gallos viejos como yo, es hora de que vuelvan al
+gallinero.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no, venga otra canción! gritaron muchos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que cante Sabas! Como él no hay otro en la Guardia Blanca. ¡Que
+cante, que cante!</p>
+
+<p>&mdash;¡Alto ahí! dijo entonces el capitán Golvín. Para entonar unas trovas
+como Dios manda nadie mejor que el mocetón éste. Y al decirlo puso la
+mano en el hombro de Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Muy cierto es, que á bordo del galeón parecía rugir la tempestad
+cuando él cantaba "Las campanas de Milton."</p>
+
+<p>&mdash;Ó "La Molinera de York." ¡Anda, Tristán!</p>
+
+<p>El exnovicio se pasó el dorso de la mano sobre los labios y mirando á la
+pared de enfrente entonó la canción pedida con un vozarrón tremendo. Al
+concluir lo saludaron sus oyentes con una tempestad de aplausos y
+gritos, y Tristán agarró el vaso de cerveza que halló más cerca y lo
+vació de un tirón.</p>
+
+<p>&mdash;La primera vez que canté "La Molinera," dijo modestamente, fué en la
+taberna de Horla, cuando ni soñaba ser arquero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Otro trago, camaradas! gritó Reno sumergiendo su enorme recipiente de
+cuero en el tonel. ¡Á la salud de la Guardia Blanca y de cuantos siguen
+el estandarte de las cinco rosas!</p>
+
+<p>&mdash;¡Por la guerra próxima y la victoria segura! brindó el capitán Golvín.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por el montón de oro que aguarda á los buenos arqueros!</p>
+
+<p>&mdash;¡Y por las muchachas bonitas! gritó Simón. ¡Y se acabaron los brindis,
+canastos! añadió pegando tremebundo puntapié al tonel que tenía más
+cerca.</p>
+
+<p>Con cantos, risas y chanzas fueron desfilando los alegres arqueros, y no
+tardó en reinar completo silencio en la poco antes bulliciosa sala de
+<i>La Rosa de Aquitania</i>.<a name="page_206" id="page_206"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXIII" id="CAPITULO_XXIII"></a>CAPÍTULO XXIII<br /><br />
+<small>LAS JUSTAS DE BURDEOS</small></h3>
+
+<p>L<small>A</small> fama y brillo de la corte que rodeaba al príncipe Eduardo desde su
+instalación como Duque de Aquitania, atraían á numerosos caballeros de
+toda Europa y los torneos y justas eran por entonces espectáculos que
+con frecuencia presenciaban los vecinos de Burdeos. Con los más afamados
+paladines ingleses y franceses solían romper lanzas diestros justadores
+de Alemania, caballeros de Calatrava, nobles portugueses é italianos y
+aun formidables guerreros de la Escandinavia y otras regiones del norte
+y del oeste.</p>
+
+<p>Pero en la ciudad y en toda la comarca fué objeto del mayor interés y de
+incesantes comentarios la noticia de que cinco caballeros ingleses entre
+los más esforzados habían dirigido un cartel de reto á otros tantos
+nobles de la cristiandad, quienesquiera que fuesen. Había gran
+curiosidad por ver quienes lo aceptarían y sabíase además que aquellas
+justas serían las últimas por entonces, ya que el príncipe se aprestaba
+á salir con toda su gente para la guerra de España. La víspera del
+torneo llegaron á Burdeos multitud de gentes de todo el Medoc, que
+tuvieron que acampar fuera de las murallas, en el llano y á orillas del
+Garona. Tampoco faltaron oficiales del ejército acuartelado en Dax, ni
+nobles y burgueses de Blaye, Bourg, Libourne, Cardillac, Ryons y otras
+muchas villas, que llegaron durante el día y parte de la noche anterior
+al combate, á pie, á caballo y en vehículos de todas clases.</p>
+
+<p>No fué pequeña empresa la de elegir cinco caballeros por banda, cuando
+tantos y tan valientes y ganosos de gloria los había congregados allí; y
+en poco estuvo que la elección<a name="page_207" id="page_207"></a> ocasionase una serie de duelos
+preliminares que sólo pudieron evitarse con la intervención del príncipe
+y de los nobles de más edad y merecimientos. Hasta la víspera del día
+fijado para el torneo no se fijaron en la liza, pendientes de sendas
+lanzas, los escudos de los campeones, para que los heraldos y el público
+supiesen sus nombres y también para que se presentase ante los jueces de
+campo toda fundada querella ó protesta contra la participación de
+cualquiera de ellos en el torneo.</p>
+
+<p>Los dos aguerridos capitanes Roberto Nolles y Hugo Calverley no habían
+regresado de la expedición á Navarra que el príncipe les encomendara, lo
+cual privó á los justadores ingleses de dos de sus mejores lanzas. Pero
+eran tantas y tan buenas las que aun quedaban que los señores Chandos y
+Fenton, á quienes en definitiva se encomendó la elección, tuvieron que
+discutir y pesar uno por uno los méritos y hazañas de muchos aspirantes;
+decidiéndose por fin á favor de Morel de Hanson y Abercombe de Chesire,
+renombradísimo el primero entre los nobles veteranos y héroe de Poitiers
+el segundo. De los caballeros más jóvenes resultaron agraciados tres
+brillantes paladines: Tomás Percy, Guillermo Beauchamp y Raniero Leiton.
+Desde luego aceptaron el reto inglés todos los caballeros gascones y la
+elección, difícil de suyo, favoreció á Captal de Buch, Oliverio de
+Clisón, Pedro de Albret, el señor de Mucident y un caballero teutón
+llamado Segismundo de Bohemia. Al mirar aquellos diez escudos los
+veteranos ingleses se prometían un torneo brillante cual ninguno, pues
+eran los mantenedores hombres de gloriosa historia y de valor y esfuerzo
+probadísimos.</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía, Chandos, dijo el príncipe mientras cabalgaba junto al
+canciller por las estrechas y tortuosas calles de la ciudad, camino del
+palenque; bien quisiera yo romper una lanza en estas justas, suponiendo
+que los jueces de campo no me creyesen indigno de alternar con tan
+famosos campeones.</p>
+
+<p>&mdash;No hay en el ejército mejor ni más digno paladín que vos, señor,
+replicó Chandos, pero dadas las circunstancias de este torneo, creedme,
+no conviene que participéis en él. No es de vuestro alto cargo el tomar
+aquí partido á favor de ingleses contra gascones, ni poneros con éstos
+frente á<a name="page_208" id="page_208"></a> aquellos, lanza en ristre ó espada en mano. Demasiado
+sobreexcitados están ya los ánimos.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre la razón de estado, Chandos, que vos sacáis á relucir no sólo
+en la sala del consejo sino camino de fiesta tan alegre y lucida como
+ésta. ¿Y qué piensan de ella mis hermanos de Castilla y Mallorca?
+preguntó dirigiéndose á los príncipes españoles, que á su derecha
+cabalgaban.</p>
+
+<p>&mdash;Mi opinión es que hoy presenciaremos no pocas proezas, dijo Don Pedro,
+en vista de la fama y pujanza de los justadores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Santiago! observó Don Jaime, otra cosa va llamando mi atención y
+es el buen porte y mejores vestidos de esos burgueses de Burdeos que se
+agolpan á mirarnos. Rica en verdad debe de ser esta gran villa y holgada
+la condición de sus moradores, á pesar de recientes guerras y
+trastornos.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si el aspecto de los buenos burgueses os admira, repuso Don
+Pedro, ¿qué me decís de esos hombres de armas escogidos y de los bien
+plantados arqueros? Difícil sería igualar y menos vencer fuerzas tan
+apuestas y bien disciplinadas.</p>
+
+<p>&mdash;Con esos soldados cuento, dijo el príncipe inglés, y con otros muchos
+como ellos, para hacer entrar en razón á los usurpadores de Castilla y
+Mallorca.</p>
+
+<p>Sonriéronse ambos pretendientes, revelando en sus semblantes la
+satisfacción y la confianza con que habían oído aquellas palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Y una vez hecha justicia, dijo Don Pedro de Castilla, uniremos las
+fuerzas de Inglaterra, Aquitania y España y mucho sería que de tal unión
+no resultasen magnas consecuencias.</p>
+
+<p>&mdash;Por ejemplo, agregó el príncipe Eduardo con evidente entusiasmo,
+completar para siempre la expulsión de los infieles del territorio de
+Europa. No creo que pudiéramos acometer empresa más grata para la Santa
+Virgen, excelsa patrona de Aquitania.</p>
+
+<p>&mdash;Ni más aceptable para todo español. En tal empresa cuente Vuestra
+Alteza con el apoyo absoluto de nobles y plebeyos, así en León y
+Castilla como en Asturias, Navarra, Mallorca y Aragón. Y aun para
+perseguir á los moros<a name="page_209" id="page_209"></a> allende el mar y combatirlos en sus guaridas del
+África y de Oriente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, por Dios! exclamó el Príncipe Negro. Ese ha sido uno de mis
+sueños dorados, ver ondear el estandarte inglés sobre los muros y
+mezquitas de la ciudad santa.</p>
+
+<p>&mdash;La conquista de Jerusalén no puede parecer peligrosa ni ardua á
+quienes han realizado la conquista de París.</p>
+
+<p>&mdash;Ni me había de contentar yo con eso, sino con el sitio y toma de
+Constantinopla y la guerra á muerte contra el Sultán de Damasco. Y
+vencido éste, todavía podríamos imponer tributo á las hordas tártaras,
+otra amenaza de la cristiandad. Decidme, Chandos, ¿no habríamos de poder
+llegar nosotros hasta donde llegó Ricardo Corazón de León?</p>
+
+<p>&mdash;Poder hacerlo es una cosa, replicó el prudente consejero, y otra muy
+distinta saber si conviene y debe hacerse. Desde luego, cuente Vuestra
+Alteza con que el rey de Francia vería el cielo abierto el día que los
+ejércitos ingleses cruzasen el mar, en persecución de los infieles de
+Oriente.</p>
+
+<p>&mdash;Os conozco demasiado, Chandos, para no saber que esas palabras os las
+dicta vuestra razón, no el temor ni el cansancio de las guerras. ¡Qué
+enorme multitud! No recuerdo haber visto tantos curiosos desde el día en
+que recorrí las calles de Londres acompañando á mi prisionero el rey de
+Francia.</p>
+
+<p>Un mar de cabezas cubría por completo la vasta llanura que se extendía
+desde la Puerta del Norte hasta los primeros viñedos del este de la
+ciudad y hasta las orillas del río. Entre los obscuros tonos de aquella
+multitud se destacaban ya las toquillas de vivos colores de las mujeres,
+ya el casco de un arquero herido por los rayos del sol. En el centro de
+la llanura, quedaba el espacio cercado que se destinaba á las justas,
+con gradas y tribunas engalanadas con multitud de gallardetes y
+banderas. Trabajo costó abrir estrecho paso á los príncipes y su séquito
+entre aquella masa compacta, que los saludó con aclamaciones
+atronadoras. Tras ellos fueron llegando numerosos nobles y damas
+ricamente ataviadas y pronto quedaron llenas las tribunas, relucientes
+de oro y pedrería. En el numeroso séquito del príncipe y sus regios
+huéspedes figuraban capitanes y cortesanos de<a name="page_210" id="page_210"></a> Gascuña y España, de
+Inglaterra, el Lemosín y Saintonge. En los asientos y gradas encantaban
+la mirada las morenas bellezas del Garona y junto á ellas las rubias
+beldades inglesas, ostentando unas y otras sus mejores galas. De las
+balaustradas de las tribunas colgaban ricos tapices y anchas franjas de
+terciopelo en cuyo centro destacábanse, bordados en oro, plata y sedas
+de vivos colores, los escudos de armas de cien nobles. No tardaron en
+tomar éstos asiento, la multitud y los soldados se acomodaron como mejor
+pudieron y los pajes y palafreneros se encargaron de las armas y
+monturas de sus señores.</p>
+
+<p>Los mantenedores ocupaban la extremidad del campo más cercana á las
+puertas de la ciudad. Frente á sus respectivos pabellones se veían los
+escudos de armas de los cinco campeones ingleses, sostenidos por otros
+tantos escuderos; allí las rosas de Morel, las barras gules de Leiton,
+el león de Percy, los grifos de Abercombe y las plateadas alas de
+Beauchamp. Tras los pabellones piafaban impacientes los grandes caballos
+de batalla lujosamente enjaezados. La gran mayoría de los arqueros y
+hombres de armas ingleses se agrupaban en aquel extremo de la liza,
+ganosos de contemplar y vitorear á sus famosos campeones, que sentados á
+la puerta de sus tiendas, armados completamente y con el yelmo sobre las
+rodillas, departían tranquilamente sobre el gran suceso del día en que
+tan importante parte les tocaba desempeñar. Pero el pueblo gascón no
+ocultaba su preferencia por Captal de Buch y sus compañeros, pues la
+popularidad de los ingleses había decaído mucho desde las enconadas
+contiendas originadas por la captura del rey de Francia y el destino que
+debía de darse al regio prisionero. De aquí que no fueran generales,
+aunque sí muy nutridos, los aplausos que acogieron la proclamación del
+rey de armas, anunciando los nombres y títulos de los caballeros
+ingleses que estaban prontos, "por su Dios, por su patria, por su rey y
+por su dama," á combatir contra cuantos hidalgos les hiciesen la honra
+de romper lanzas con ellos. Más que aplausos, en cambio, fueron
+aclamaciones ensordecedoras las que saludaron al heraldo que en el
+opuesto extremo de la liza enumeró los nombres popularísimos de los
+justadores gascones.</p>
+
+<p>&mdash;Comienzo á creer que teníais mucha razón, Chandos,<a name="page_211" id="page_211"></a> al aconsejarme que
+no tomase hoy partido ni enristrase lanza, dijo el príncipe en voz baja
+al notar el estado de los ánimos. Paréceme, señor de Armagnac, que
+nuestros amigos de Aquitania no verían con malos ojos la derrota de los
+campeones ingleses.</p>
+
+<p>&mdash;Bien pudiera ser, príncipe, como no dudo que en iguales circunstancias
+el pueblo de Londres ó Windsor favorecería ó aclamaría á sus
+compatriotas.</p>
+
+<p>&mdash;Y no está lejos la demostración palpable de lo que decís, exclamó
+riéndose el príncipe, porque allá diviso unas veintenas de arqueros cuyo
+vocerío no cede al de la multitud. Mucho me temo que sufran amargo
+desencanto si la copa de oro que he ofrecido al vencedor se queda en
+Aquitania en vez de cruzar el mar. ¿Cuáles son las condiciones, Chandos?</p>
+
+<p>&mdash;Cada pareja justará no menos de tres veces y la victoria será del
+partido cuyos campeones hayan triunfado en mayor número de encuentros
+singulares. El que más se distinga entre ellos recibirá el trofeo
+ofrecido por Vuestra Alteza, y el más diestro justador de los vencidos
+un broche de oro y piedras preciosas. ¿Doy la señal?</p>
+
+<p>Contestó el príncipe afirmativamente, sonaron los clarines y los
+mantenedores fueron entrando en liza uno tras otro y arremetiendo á sus
+contrarios, con varia fortuna para ambos bandos. Así, Sir Guillermo
+Beauchamp cayó al poderoso golpe de Captal de Buch, pero Percy desarzonó
+al de Mucident; Lord Abercombe derribó á su vez al señor de Albret y por
+fin el hercúleo Oliverio de Clisón igualó la suerte del combate con la
+victoria que alcanzó sobre Sir Raniero Leiton.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Santiago! exclamó Don Pedro, buenas lanzas y grande empuje, tanto
+los señores gascones como los ingleses.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es el próximo adalid inglés? preguntó el príncipe con voz que
+denotaba su viva emoción.</p>
+
+<p>&mdash;El barón León de Morel, de Hanson, respondió Chandos.</p>
+
+<p>&mdash;Campeón esforzado y diestro si los hay.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda alguna, señor, pero su vista, como la mía, se halla muy
+quebrantada tras largas campañas. Con su poderoso brazo ganó en buena
+lid la diadema de oro ofrecida<a name="page_212" id="page_212"></a> como trofeo por la reina Felipa, augusta
+madre de Vuestra Alteza, en las grandes justas con que se celebró en
+Inglaterra la toma de Calais. En el castillo de Monteagudo, donde
+reside, tiene un tesoro en premios y trofeos.</p>
+
+<p>&mdash;Ojalá vaya á reunirse con ellos la copa de este torneo, dijo el
+príncipe en voz baja. Aquí tenemos al paladín alemán y por su aspecto
+parece muy temible enemigo. Advertid al rey de armas que les permita
+encontrarse por tres veces en la liza, ya que tanto depende ahora del
+resultado de este combate.</p>
+
+<p>Sonaron de nuevo los clarines, hizo el rey de armas la señal que
+repitieron los farautes y se adelantó el último campeón de los gascones
+entre los vítores desaforados de la multitud. Era un guerrero de gran
+talla y fornido cuerpo, con yelmo y armadura negros y escudo sin divisa,
+pues prohibían tenerla los estatutos de la orden teutónica á que
+pertenecía. Flotaba á su espalda amplio manto blanco que tenía bordada
+en su centro la cruz negra orillada de plata de aquella orden. Manejaba
+briosamente su soberbio bridón, negro como el azabache y de gran alzada;
+y después de saludar al príncipe volvió grupas y ocupó su puesto á un
+extremo de la liza.</p>
+
+<p>Inmediatamente salió el barón de Morel de su tienda y se dirigió al
+galope hacia el balconcillo regio, ante el cual detuvo súbitamente al
+fogoso corcel con tal fuerza que lo hizo retroceder y alzarse de manos,
+á tiempo que el jinete saludaba profundamente. Llevaba el barón
+brillante armadura blanca, escudo blasonado y yelmo con largo y airoso
+penacho de plumas también blancas. La gracia y viveza de sus
+movimientos, el esplendor de su armadura y de los paramentos de su
+caballo y los corveteos de éste hicieron estallar unánimes aplausos. El
+barón saludó otra vez con singular donaire y se dirigió al punto del
+campo frontero al que ocupaba su contrario, haciendo caracolear al noble
+bruto y más como quien se dirige á una alegre fiesta que á fiero
+combate.</p>
+
+<p>Tan luego se hallaron frente á frente ambos campeones reinó absoluto
+silencio en todo el palenque. Del resultado dependía no sólo la gloria
+que pudiera caber al vencedor sino la victoria ó la derrota del bando
+que respectivamente representaban. Guerreros ambos de mucha nombradía,
+sus<a name="page_213" id="page_213"></a> proezas los habían llevado á muy distintos países y campos de
+combate, sin darles hasta entonces la oportunidad de medirse cuerpo á
+cuerpo. Dióse la señal, y puestas las lanzas en los ristres arremetieron
+uno contra otro ambos combatientes, encontrándose con tremendo choque
+frente á la regia tribuna. Aunque el teutón se estremeció al golpe
+furibundo del caballero inglés, su lanza alcanzó á éste en la visera con
+fuerza tal que rompió las cintas que sujetaban el casco y éste cayó
+hecho pedazos, pero el barón continuó su carrera, descubierta la calva
+cabeza que brillaba á los rayos del sol. Millares de pañuelos y gorras
+agitados en el aire y un vocerío inmenso acogieron aquella ligera
+ventaja del caballero teutón.</p>
+
+<p>Nada desanimado el de Morel, llegóse á escape á su pabellón y se
+presentó á los pocos momentos con otro fuerte yelmo, pronto para la
+segunda justa. El resultado de ésta fué tan igual para ambos que los
+mejores jueces no hubieran podido adjudicar la victoria á uno ni otro.
+Así Morel como el de Bohemia resistieron impávidos el bote formidable
+del contrario, que ambos recibieron de lleno en el pecho y sin perder la
+silla. Pero en el tercer encuentro la lanza del barón se clavó entre las
+barras de la celada del contrario, arrancándole de golpe la visera, á
+tiempo que el de Bohemia, con singular mala suerte, desviaba su lanza y
+daba con ella fuerte golpe en el muslo de Morel, contra todas las reglas
+del torneo, que prohibían herir al contrario de la cintura abajo y
+declaraban vencido al que tal hiciera. También daba á Morel aquel
+malhadado golpe el derecho de apropiarse las armas y el caballo del
+enemigo, si hubiera querido ejercerlo. Los aplausos y gritos delirantes
+de los soldados ingleses y el silencio y los ceñudos rostros del pueblo
+anunciaron, antes que lo hicieran los farautes, el triunfo de los
+primeros, que habían obtenido ventaja en tres encuentros, contra dos que
+ganaran los gascones. Ya se habían congregado los diez combatientes
+frente á la tribuna del príncipe para recibir dos de ellos el galardón
+merecido, cuando el agudo toque de un clarín llamó la atención de los
+presentes hacia un extremo del palenque, ganosos todos de ver al
+inesperado caballero que así anunciaba su llegada.<a name="page_214" id="page_214"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXIV" id="CAPITULO_XXIV"></a>CAPÍTULO XXIV<br /><br />
+<small>DE CÓMO EL ESTE ENVIÓ UN FAMOSO CAMPEÓN</small></h3>
+
+<p>D<small>ICHO</small> queda que las grandes justas de Burdeos, para las cuales era
+estrecha y de todo punto inadecuada la plaza frontera á la abadía de San
+Andrés, se celebraban extramuros, en la vasta llanura inmediata al río.
+Al este de aquella se elevaba el terreno, cubierto de verdes viñedos en
+verano, por entre los cuales serpenteaba el camino que conducía al
+interior, muy frecuentado de ordinario pero solitario aquel día en que
+todos, así viajeros como habitantes de la ciudad, formaban parte de la
+multitud espectadora.</p>
+
+<p>Mirando en la dirección de aquel camino hubiera podido verse, aun mucho
+antes de terminar el combate, dos puntos brillantes y móviles que fueron
+acercándose hasta mostrar al observador que procedían del reflejo del
+sol sobre los cascos de dos jinetes que se adelantaban al galope en
+dirección á Burdeos. Era el primero de ellos un caballero armado de
+punta en blanco, que montaba brioso corcel negro con blanca estrella en
+la frente. Parecía el jinete de corta estatura pero robusto y ancho de
+hombros, y llevaba calada la visera, sin empresa ni blasón sobre el
+blanco arnés ni el liso y bruñido escudo. El otro era evidentemente su
+escudero, sin más armas ofensivas ni defensivas que su yelmo y la
+poderosa lanza de su señor, que empuñaba con la diestra mano. En la
+izquierda, además de las riendas de su propia montura, tenía también la
+brida de un soberbio alazán con lujosos paramentos que le llegaban hasta
+los corvejones. Llegados ambos jinetes con los tres caballos á la
+entrada del palenque, dió el escudero aquel vibrante toque que tanto
+sorprendió á los espectadores.<a name="page_215" id="page_215"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es ese caballero, Chandos, y qué desea? preguntó el príncipe
+Eduardo.</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía, replicó el canciller con no disimulada sorpresa, que ó mucho
+me engaño ó es un noble francés.</p>
+
+<p>&mdash;¡Francés! exclamó Don Pedro de Castilla. ¿Qué os induce á creerlo si
+no lleva blasón ni divisa que lo acredite?</p>
+
+<p>&mdash;Me basta mirar la forma de su armadura, señor, más redondeada en el
+codo y las hombreras que cuantas proceden de Inglaterra ó de España.
+También podría ser arnés de fabricación italiana, sin la curva especial
+del peto; y cuanto más lo miro más seguro estoy de que ese coselete ha
+sido hecho por artífices de la parte de acá del Rin. Pero aquí viene su
+escudero y no tardará Vuestra Alteza en saber qué lo trae por estos
+rumbos.</p>
+
+<p>Llegado el escudero ante el príncipe detuvo su caballo, tocó por segunda
+vez la bocina que llevaba suspendida del cinto y dijo con sonora voz y
+marcado acento bretón:</p>
+
+<p>&mdash;Vengo como heraldo y escudero de mi señor, noble y esforzado caballero
+y súbdito fiel del muy poderoso rey Carlos de Francia. Sabedor de que se
+celebraban estas justas, solicita mi señor la honra de medir sus armas
+con un caballero inglés que quiera aceptar su reto, ya rompiendo lanzas,
+ya combatiendo con espada y daga, maza ó hacha de armas. Y me ha
+ordenado muy expresamente declarar que su cartel va dirigido tan sólo á
+los nobles caballeros ingleses, no á los que sin serlo, ni ser tampoco
+buenos franceses, hablan la lengua de éstos y sirven bajo la bandera de
+aquéllos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Osado sois, voto á tal! exclamó el de Clisón con voz tonante, á la
+vez que otros señores gascones llevaban la mano á la espada.</p>
+
+<p>&mdash;Mi señor, continuó el enviado sin hacer caso de las palabras de uno ni
+del ademán amenazador de los otros, está pronto á justar desde luego, á
+pesar de que su caballo de batalla acaba de recorrer largo trecho sin
+descanso, pues temíamos llegar tarde al torneo.</p>
+
+<p>&mdash;Tarde habéis llegado, en efecto, repuso el príncipe, pues sólo falta
+adjudicar el premio á los vencedores. Pero no dudo que entre estos
+caballeros míos los habrá dispuestos á complacer al campeón de Francia.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuanto al trofeo, dijo el barón de Morel, seguro estoy de
+interpretar los deseos de estos señores al declarar<a name="page_216" id="page_216"></a> que le será
+entregado, á pesar de su tardanza, si logra ganarlo en buena lid.</p>
+
+<p>&mdash;Llevad, escudero, ambas respuestas á vuestro amo, dijo el príncipe, y
+pedidle que nombre á uno de los cinco mantenedores ingleses que han
+justado hoy para romper lanzas con él. Un momento; ese caballero no
+lleva blasón ni divisa y necesitamos conocer su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Mi señor ha hecho voto de no revelar su nombre ni alzar la celada
+hasta pisar de nuevo la tierra de Francia.</p>
+
+<p>&mdash;Pero entonces ¿qué garantía tenemos de que no es un rústico diestro en
+el manejo de las armas, ó un palafrenero disfrazado con el arnés de su
+amo, cuando no un noble deshonrado con quien no se dignaría combatir
+ninguno de mis caballeros?</p>
+
+<p>&mdash;¡No hay tal, señor, lo juro por lo más sagrado! dijo el escudero con
+vehemencia. Antes bien declaro que no hay en el mundo caballero que no
+se tenga por muy honrado en cruzar la espada con quien aquí me envía.</p>
+
+<p>&mdash;Arrogante es la respuesta del escudero, dijo el príncipe, pero
+mientras no nos déis mejores pruebas de la noble calidad de vuestro amo,
+no consiento que con él justen las mejores lanzas de mi corte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Rehusa Vuestra Alteza?</p>
+
+<p>&mdash;Rehuso resueltamente.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso, señor, el mío me ha autorizado para revelar secretamente
+su nombre al muy ilustre señor de Chandos, y sólo á él, para que declare
+si Vuestra Alteza misma podría ó no romper lanzas con mi señor, sin el
+menor desdoro.</p>
+
+<p>&mdash;Acepto la propuesta, dijo vivamente el príncipe.</p>
+
+<p>Acercóse Chandos al escudero, díjole éste algunas palabras al oído y el
+anciano canciller hizo un ademán de profunda sorpresa, á la vez que
+miraba con curiosidad é interés evidentes al inmóvil caballero que á
+distancia esperaba el resultado de aquellas negociaciones.</p>
+
+<p>&mdash;¿Será posible? exclamó.</p>
+
+<p>&mdash;Es la pura verdad, señor, dijo el escudero. Lo juro por San Iván de
+Bretaña.</p>
+
+<p>&mdash;Debí sospecharlo, agregó Chandos retorciendo los largos bigotes y
+mirando fijamente al apartado caballero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué decís, Chandos? preguntó el príncipe.<a name="page_217" id="page_217"></a></p>
+
+<p>&mdash;Señor, una gracia os pido. Permitid á mi escudero que me traiga arnés
+para revestirlo y tener la alta honra de cruzar la espada con el campeón
+francés.</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, mi buen Chandos. Tenéis, y muy bien ganados, cuantos
+lauros puede conquistar un hombre y hora es ya de que descanséis.
+Escudero, decid á vuestro amo que es muy bienvenido á mi corte, y que si
+gusta de tomar algún descanso y refrescar en mi compañía antes de la
+justa, pronto estoy á obsequiarle.</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, señor, no puede beber con Vuestra Alteza.</p>
+
+<p>&mdash;Que designe, pues, al caballero de su elección.</p>
+
+<p>&mdash;Desea justar con los cinco mantenedores ingleses, y con las armas que
+cada uno de ellos prefiera y elija.</p>
+
+<p>&mdash;Grande es su confianza, á lo que veo. Pero no es bien prolongar su
+espera ni tenemos ya mucho tiempo disponible, pues el sol se acerca al
+ocaso. Á vuestros puestos, caballeros, y veamos si este desconocido
+iguala con la alteza de sus hechos la arrogancia de sus palabras.</p>
+
+<p>Mientras duraron aquellos preliminares permaneció el incógnito campeón
+inmóvil como una estatua de acero, erguido en la silla de su caballo de
+batalla y apoyado en la robusta lanza. El ojo experto de nobles y
+soldados adivinaba un adversario temible en aquel hombre de atléticas
+formas é imponente aspecto. El arquero Simón, que figuraba en primera
+línea con Reno, Tristán y otros camaradas, no escaseaba sus comentarios
+más encomiásticos sobre el talante del desconocido y la maestría con que
+momentos antes había manejado caballo y lanza. Á fuerza de mirarle
+pareció despertarse un confuso recuerdo en la memoria del veterano.</p>
+
+<p>&mdash;Apuesto los bigotes del gran turco, dijo contrayendo las cejas, á que
+yo he visto antes al buen mozo ese, aunque no recuerdo dónde. ¿Fué en
+Nogent, fué en Auray? Lo que os digo, muchachos, es que estáis mirando á
+una de las primeras lanzas de Francia, y cuenta que mejores no las hay
+en el mundo y que yo sé lo que me digo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo digo que todos estos torneos y melindres son pura niñería,
+gruñó Tristán de Horla. ¡Por la cruz de Gestas! No sino dejad que me
+vinieran á mí con lancitas y puyazos....<a name="page_218" id="page_218"></a></p>
+
+<p>&mdash;¿Pues cómo combatirías tú, Tristán? preguntaron algunos.</p>
+
+<p>&mdash;Varios modos hay de hacerlo, replicó el gigante reflexionando; pero me
+parece que yo empezaría por romper mi espada.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que todos procuran hacer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, no! Pero es que yo no la rompería tontamente sobre el escudo del
+otro, sino contra mi rodilla. Y así convertiría lo que no es más que un
+pincho inútil en una buena maza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y después?</p>
+
+<p>&mdash;Dejaría que el otro me clavase su espadín en una pierna ó en el brazo,
+ó donde mejor le pareciese y luego y con toda calma le estrellaría los
+sesos con mi maza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, Tristán! Vamos, que daría yo mi cobertor de pluma por verte
+suelto en la liza. ¡Bonita manera de justar la tuya! exclamó Simón.</p>
+
+<p>&mdash;Pues á mí me parece la mejor, dijo muy serio Tristán. Ó si no,
+agarraría yo al otro por la cintura, lo arrancaría de la silla quieras
+que no y me lo llevaría á mi tienda para no soltarlo hasta que me pagase
+un buen rescate.</p>
+
+<p>Grandes carcajadas acogieron aquella salida del valiente arquero y Simón
+prometió hacer todo lo posible para que nombrasen á Tristán rey de armas
+y pudiese llevar á la práctica sus peregrinas ideas sobre justas y
+torneos.</p>
+
+<p>&mdash;Allí viene Sir Guillermo Beauchamp, dijo Reno. Valiente caballero,
+pero temo que no pueda resistir el bote que promete darle la lanza del
+francés.</p>
+
+<p>Y así fué, porque si bien Beauchamp asestó á su contrario fuerte golpe
+en el yelmo, recibió en cambio tan furiosa lanzada que lo sacó de la
+silla y lo hizo rodar por el suelo. No tuvo mejor suerte el de Percy,
+que sacó roto el escudo y desguarnecido el brazo izquierdo, amén de una
+ligera herida en el costado. Abercombe dirigió su lanza á la cabeza del
+desconocido y éste le imitó, manteniéndose firme y erguido en la silla
+después del choque, al paso que el inglés quedó doblado hacia atrás,
+medio caído sobre la grupa del caballo, que recorrió la mitad del campo
+antes de que el jinete recobrase su posición normal. Leiton cayó á los
+golpes de maza del francés, arma elegida por el primero; sus servidores
+lo llevaron en brazos á su pabellón. Aquellas<a name="page_219" id="page_219"></a> rápidas victorias sobre
+cuatro famosos guerreros llenaron de admiración á los espectadores, y
+así los soldados como las gentes del pueblo le prodigaron sus aplausos.</p>
+
+<p>&mdash;Temible campeón, comentó el príncipe; pero ya se adelanta el bravo de
+Morel, á pie y espada en mano, arma en que es quizás el más diestro de
+nuestro reino.</p>
+
+<p>Los combatientes se acercaron llevando al hombro y asidas con ambas
+manos las enormes espadas de combate. La lucha fué empeñada y brillante;
+se atacaban con denuedo y se defendían con destreza increíble,
+menudeando los golpes formidables que resonaban al chocar las espadas
+entre sí ó sobre los fuertes arneses. Por fin levantó el francés su arma
+para descargar un tajo decisivo, pero aquel momento bastó para que el
+barón descubriera un punto vulnerable en la armadura del contrario, y
+pronta como el rayo se clavó su espada en el brazo del francés, en la
+unión de aquél con el hombro. Poco profunda fué la herida, pero bastó
+para hacer brotar la sangre, que trazó roja línea sobre el bruñido peto.
+Aunque el desconocido parecía dispuesto á continuar la lucha, el rey de
+armas lanzó su dorado bastón á la liza y los combatientes bajaron las
+espadas.</p>
+
+<p>El príncipe dispuso inmediatamente que invitasen al campeón francés á
+permanecer algún tiempo en su corte, y si esto no fuera posible, á
+sentarse á su mesa aquella noche y descansar algunas horas en Burdeos.
+Oyó el caballero el cortés mensaje y se dirigió al trote de su corcel
+hacia la tribuna regia, vendado el hombro con blanco pañuelo de seda.</p>
+
+<p>&mdash;Señor, dijo con firme voz, saludando al príncipe; no puedo sentarme á
+vuestra mesa. Francés soy y por ende enemigo vuestro. El día más feliz
+de mi vida será aquel en que vea desaparecer en el horizonte la última
+de las galeras inglesas, llevándose al último de los soldados
+extranjeros que hoy pisan y dominan parte de esta tierra de Francia.
+Duras os parecerán mis palabras, pero os lo repito, soy vuestro enemigo.</p>
+
+<p>&mdash;Y por las muestras que hoy habéis dado, un enemigo valeroso y temible.
+El rey de Francia puede enorgullecerse de tener servidores como vos.
+Pero vuestra herida....</p>
+
+<p>&mdash;Es insignificante y mi caballo puede hacer muy bien<a name="page_220" id="page_220"></a> la jornada de
+vuelta, que emprenderé ahora mismo. Con Dios quedad; y saludando de
+nuevo se dirigió al galope á la entrada del palenque y desapareció
+seguido de su escudero.</p>
+
+<p>&mdash;Valiente, patriota y altivo, exclamó el príncipe. Tengo para mí que el
+justador desconocido de hoy es un gran guerrero francés.</p>
+
+<p>&mdash;No lo dudéis, señor, dijo Chandos, y de los más famosos.<a name="page_221" id="page_221"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXV" id="CAPITULO_XXV"></a>CAPÍTULO XXV<br /><br />
+<small>DE UNA CARTA Y UNAS RELIQUIAS</small></h3>
+
+<p>C<small>UANDO</small> Roger se presentó en la cámara del barón al siguiente día,
+hallóle muy ocupado en trazar sobre emborronado pergamino unos signos
+retorcidos y enormes, que según averiguó después eran un conato de carta
+del barón á su esposa.</p>
+
+<p>&mdash;Bien vienes, Roger, dijo alborozado apenas divisó al joven. Confieso
+que no soy muy fuerte en achaques de escritura, y aquí me tienes sudando
+para contar á mi señora la baronesa muchas cosas que quiero decirle, con
+unos garabatos que se empeñan en no salir derechos y que no los
+entenderá ella, ni tú, ni yo mismo.</p>
+
+<p>Sonrióse el fiel escudero, ofreció al barón escribirle en un santiamén
+cuantas cartas quisiese y poco tardó en quedar firmada y sellada la en
+que el caballero refería ligeramente los principales episodios de su
+viaje, el encuentro con los piratas, la desgraciada muerte del joven
+escudero Froilán de Roda, su presentación en la corte y cómo se proponía
+salir sin tardanza para Montaubán, donde el resto de la famosa Guardia
+Blanca de su mando entretenía sus ocios quemando y saqueando.</p>
+
+<p>&mdash;Algo falta, señor, observó Roger, y si me lo permitís....</p>
+
+<p>&mdash;Escribe lo que gustes, Roger, y agrégalo á mi carta, que cuanto digas
+habrá de ser interesante y agradable para mi señora la baronesa.</p>
+
+<p>Aprovechando el permiso, describió el doncel lo que por modestia callaba
+el barón, la gloria alcanzada por éste en combates y justas; aseguró á
+la castellana de Morel que la salud del barón era inmejorable, que
+todavía quedaban en<a name="page_222" id="page_222"></a> la escarcela confiada á su guarda muy buenos
+ducados y durarían hasta llegar él con su señor á Montaubán, y por
+último rogaba á la baronesa que aceptase sus respetos y se sirviese
+presentárselos muy rendidos á su hija la sin par Constanza.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien expresado está todo eso, dijo el barón, moviendo satisfecho
+su calva cabeza. Y ahora, Roger, si algo quieres escribir á tus
+parientes de Inglaterra, lo enviaré con el mismo mensajero que ha de
+llevar mis cartas.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo parientes, señor, dijo Roger tristemente. Mi hermano es el
+único....</p>
+
+<p>&mdash;Sí, recuerdo cómo os separasteis y te aseguro que no pierdes mucho.
+Pero ya que no personas de tu misma sangre ¿no tienes allá alguien que
+te sea querido?</p>
+
+<p>&mdash;Oh, sí, replicó el joven, suspirando.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, ya veo. ¿Es hermosa?</p>
+
+<p>&mdash;Bellísima.</p>
+
+<p>&mdash;¿Buena?</p>
+
+<p>&mdash;Como un ángel.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no te ama?</p>
+
+<p>&mdash;No puedo decir que ame á otro.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso, tu deber es hacerte digno de su amor. Sé honrado y
+valiente; sin humillarte ante el poderoso, muéstrate afable y dulce con
+el pobre y humilde, y á su tiempo te verás honrado con el amor de una
+doncella pura y buena, el mayor galardón á que aspirar pueda todo
+cumplido caballero. ¿Es tu amada de noble alcurnia?</p>
+
+<p>&mdash;De nuestra más distinguida nobleza, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidado, Roger, cuidado. No piques muy alto y recojas desengaños y
+amarguras.</p>
+
+<p>&mdash;Vos conocisteis á mi padre, señor barón, y sabéis también lo que vale
+el linaje de los Clinton de Hanson....</p>
+
+<p>&mdash;Rancia é indiscutible nobleza y gloriosa historia. Mas no lo digo por
+tus blasones, hijo mío, sino por tu carencia de fortuna. Si fueras tú el
+señor de Munster, en lugar de tu bullicioso hermano.... Pero, ó mucho me
+engaño ó los pasos que resuenan son los de Sir Oliver.</p>
+
+<p>No tardó en presentarse el rechoncho caballero, rojo de indignación, con
+la inaudita noticia de que acababa de enviar un cartel de desafío á los
+señores de Chandos y Fenton, cancilleres del ducado de Aquitania y á
+quienes el príncipe<a name="page_223" id="page_223"></a> encomendara la elección de los caballeros que con
+tanto lucimiento sostuvieron el honor de las armas inglesas en el torneo
+de la víspera. Atónito el de Morel ante tamaño desplante, averiguó que
+el señor de Butrón se sentía ofendido por no haber figurado su nombre
+entre los cinco elegidos y se proponía pedir cuenta de aquel desacato á
+Chandos y Fenton. Trabajo le costó al barón apaciguar á su alborotado
+amigo, quien acabó por confesarle que sólo esperaba saborear un nuevo y
+gustoso guiso que en aquel momento le preparaban, para enviar también un
+cartel al mismo príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿estáis dejado de la mano de Dios? le preguntó el barón. ¿Qué os
+ha hecho el príncipe?</p>
+
+<p>&mdash;Me tiene en poco, lo mismo que Chandos, y empieza á convertirme en
+blanco de sus pullas y cuchufletas. ¿Sabéis la que me lanzó anoche
+después del torneo? Alababa uno de mis amigos la fuerza de mi brazo y el
+príncipe tuvo á bien decir que por fuerte que fuera el brazo nunca lo
+sería tanto como el espinazo de mi caballo. Gracia ésta que fué recibida
+con gran risa por todos los presentes.</p>
+
+<p>Rióse también el barón, volvió á calmar á su pletórico amigo lo mejor
+que supo y pudo, y viéndolo ya más dispuesto á gozar de sus guisos y
+golosinas que á seguir lanzando retos á troche y moche, se despidió de
+él hasta verse de nuevo en Dax. Sir Oliver se encargaba de mandar los
+doscientos hombres de Morel y conducirlos á Dax en unión de sus
+cincuenta ganapanes, mientras el barón anticipaba su salida de Burdeos
+para dirigirse á Montaubán, tomar el mando del resto de la Guardia
+Blanca que por allí merodeaba y reunirse al grueso del ejército en Dax
+antes de que el príncipe emprendiese la marcha con dirección á España.</p>
+
+<p>&mdash;Tú, Gualtero y el sargento Simón me acompañaréis, y también otro
+arquero que Simón elija para que cuide de mis armas y arnés, dispuso el
+barón.</p>
+
+<p>Poco después salía éste de Burdeos acompañado de Gualtero de Pleyel y
+dos horas más tarde se ponían en su seguimiento Roger, Simón y Tristán
+de Horla, para quienes el primero tuvo que procurarse dos caballejos de
+las Landas, de tan pobre apariencia como excelentes cualidades. Por el
+camino iba pensando Roger, mientras sus dos compañeros<a name="page_224" id="page_224"></a> departían
+animadamente, en la conversación que poco antes había tenido con el
+barón y se preguntaba si debió de haber completado su confesión
+revelándole que no era otra su adorada que la bella heredera de Morel.
+¿Cómo hubiera acogido éste semejante declaración? Desde luégo, declarado
+había que por su nobleza podía aspirar á la mano de la más linajuda
+dama, sin otro obstáculo en su camino que la falta de bienes de fortuna.
+Por primera vez en su vida deseó tenerlos, y aunque no dudaba del amor
+de Constanza, sabía también que la hechicera joven no le daría su mano
+sin contar antes con la plena aprobación de su padre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde dijo el capitán que le encontraríamos? preguntó á la sazón el
+veterano arquero, volviéndose hacia Roger y sacándolo de sus
+meditaciones.</p>
+
+<p>&mdash;En Marmande ó Aiguillón, y añadió que no había extravío posible porque
+desde Burdeos hasta los dos pueblos nombrados no hay otro camino que
+éste que seguimos.</p>
+
+<p>&mdash;Y que yo conozco como la palma de mi mano, dijo Simón. Quiera mi buena
+suerte que al regreso lo recorra tan bien provisto de botín como la
+última vez que por él pasé. ¿Véis á lo lejos aquel pueblecillo con el
+castillejo feudal? Pues es Cadillac, nombre y lugar que tengo en la
+memoria gracias á la taberna que estas gentes llaman del <i>Mouton d'Or</i> y
+que yo llamaría del buen vino, que probaremos muy pronto. Á orillas del
+Garona veremos después el villorrio de Bazán, donde me detuve tres días
+á mi regreso de la última campaña; y la culpa fué de las hijas del
+talabartero del lugar, tres pimpollos á cual más rozagante y á las
+cuales dí palabra de casamiento.</p>
+
+<p>&mdash;¿Á las tres?</p>
+
+<p>&mdash;El diablo enredó las cosas de manera que no hubo medio de dejar una ó
+dos buscando novio. Lo cual hubiera sido de muy mal gusto, á fe mía, y
+más tratándose de un arquero galante, porque son á cual más bonita y el
+diablo me lleve si hubiera yo podido preferir y elegir una de las tres.</p>
+
+<p>&mdash;Pedigüeño tenemos, dijo en aquel punto Tristán, señalando hacia un
+árbol cercano á cuya sombra se sentaba un viejo, cubierto desde el
+cuello hasta los descalzos pies con tosco sayal gris de triple esclavina
+y llevando un grasiento<a name="page_225" id="page_225"></a> sombrero de anchas alas con tres conchas
+cosidas en hilera al frente de la copa.</p>
+
+<p>&mdash;Diría que es un religioso ó peregrino, á no ser por las extrañas
+mercancías que parece tener de venta, dijo Simón.</p>
+
+<p>Acercándose vieron que sobre una tabla que delante tenía se hallaban
+colocados en línea algunos trozos de madera, varias piedras y un clavo
+de buen tamaño.</p>
+
+<p>&mdash;Socorred, señores, á un pobre peregrino, exclamó el viejo, que perdió
+la vista de sus ojos después de contemplar con ellos los Santos Lugares
+y que no prueba bocado desde hace dos días.</p>
+
+<p>&mdash;Pues nadie lo diría al ver lo repleto y lucio que estáis, buen hombre,
+dijo Simón mirándole atentamente.</p>
+
+<p>&mdash;Con esas ligeras palabras no hacéis más que aumentar mi pena, dijo el
+ciego. Me véis repleto y obeso al parecer y por ende me creéis bien
+comido, cuando lo que en realidad me hincha y me mata es una hidropesía
+incurable.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre hombre! murmuró Roger.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mala centella me parta si vuelvo á decir palabra! exclamó el arquero
+arrepentido.</p>
+
+<p>&mdash;No juréis, dijo el peregrino, y por lo que á mí toca os perdono de
+corazón. Mis desgracias y mi desamparo han llegado á tal extremo que por
+fin me veo obligado á deshacerme de mis tesoros para procurarme algunos
+recursos con que terminar mi viaje. Voy al santuario de Nuestra Señora
+de Rocamador y allí espero acabar mis días.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué tesoros son esos de que habláis?</p>
+
+<p>&mdash;Helos aquí, sobre esta tabla. Ante todo este clavo, uno de los que
+contribuyeron al infame suplicio que tuvo por consecuencia la redención
+de la humanidad. Obtuve esta reliquia invaluable de los descendientes de
+José de Arimatea, que viven todavía en Jerusalén.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y esas piedras y maderas? preguntó Tristán, no menos sorprendido que
+sus compañeros.</p>
+
+<p>&mdash;Una astilla de la verdadera cruz, otra del arca de Noé y la tercera de
+la puerta del gran templo de Salomón. De los tres cantos que aquí tengo,
+el menor fué uno de los que le arrojaron á San Esteban sus crueles
+verdugos, y los otros dos proceden de la torre de Babel. Mucho me ha
+costado obtener estas preciadas reliquias y por todo el oro del mundo no
+me hubiera separado de ellas; pero próximo á morir,<a name="page_226" id="page_226"></a> porque siento que
+mis días están contados, os ofrezco las que queráis, al precio que
+vuestros recursos os permitan ofrecerme.</p>
+
+<p>Transportado Roger y sin reflexionar gran cosa, se volvió hacia sus
+compañeros diciéndoles:</p>
+
+<p>&mdash;Ocasión como esta no volverá á presentársenos en toda la vida. Sin el
+clavo ese no me quedo, y se lo he de llevar y ofrecer á la abadía de
+Belmonte.</p>
+
+<p>&mdash;Como yo le llevaré á mi madre esa piedra que le arrojaron al santo,
+dijo Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Pues á mi vez prefiero la astilla de las puertas del templo, dijo por
+su parte Simón, y aquí os entrego tres ducados, de cuatro que me quedan.</p>
+
+<p>&mdash;Y aquí van dos más, agregó Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuatro míos, dijo Roger.</p>
+
+<p>Con lo cual se despidieron del piadoso y cuitado peregrino, llevándose
+aquellas venerables reliquias tan impensada cuanto fácilmente
+adquiridas.</p>
+
+<p>Lo malo fué que á poco andar dieron con una herrería, donde se
+detuvieron para atender al caballo de Simón, que mucho necesitaba los
+servicios del herrero. En conversación con éste, contóle Simón su
+reciente encuentro y la gran compra que habían hecho; ver el rústico las
+reliquias y echarse á reir fué todo uno, y asiendo un cajón lleno de
+luengos clavos se lo presentó á Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Mirad, le dijo, si vuestro clavo no es uno de estos y si los cascorros
+y astillas del santo varón no proceden del montón aquel que está á mi
+puerta y donde yo mismo se los ví tomar no hace dos horas y meterlos en
+su zurrón. El clavo me lo pidió él mismo y yo se lo dí. ¡Por vida de!
+Sobrado crédulos sois para soldados.</p>
+
+<p>Oir aquello y echar á correr en busca del tramoyista viejo fué todo uno.
+Á poco lo vieron en lo alto de una cuesta que formaba el camino, pero
+también los divisó él á buena distancia y suponiendo la embajada que
+llevaban, prescindió de su ceguera y dejando el camino se metió por los
+jarales y ganó el bosque, dejando más que mohinos á los tres amigos, tan
+bonitamente burlados.<a name="page_227" id="page_227"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXVI" id="CAPITULO_XXVI"></a>CAPÍTULO XXVI<br /><br />
+<small>DONDE SE AVERIGUA QUIÉN ERA EL MISTERIOSO PALADÍN</small></h3>
+
+<p>E<small>N</small> Aiguillón, á donde llegaron aquella noche, los esperaban el barón de
+Morel y el risueño Gualtero, cómodamente instalados en la hostería del
+<i>Bâton Rouge</i>. El noble inglés sostenía interesante coloquio con un
+afamado caballero del Poitou, Gastón de Estela, que acababa de llegar de
+Lituania, donde había servido con los caballeros teutones á las órdenes
+del gran maestre de Marienberga. Complacidísimo el señor de Morel con
+aquel encuentro, se pasó las horas muertas hablando de campañas,
+asedios, justas y aventuras y amanecía cuando se despidió del de Estela.
+No le impidió esto ponerse en camino á la temprana hora que había fijado
+la víspera, y dejando en Aiguillón el curso del Garona, tomó con sus
+cuatro acompañantes por la orilla del Lot, no ya en dirección de
+Montaubán sino de Villafranca, por donde, según noticias recogidas en el
+camino, andaban sueltos unos arqueros ingleses más malos que Caín y que
+desde luego supuso eran los mismos á quienes buscaba y de quienes era
+capitán. Numerosos indicios revelaban la agitación y el estado de alarma
+predominantes en aquella comarca y más de una vez se vió cercada y
+detenida la pequeña cabalgata por numerosos grupos de vecinos armados, á
+quienes tuvieron que dar cuenta del objeto de su viaje, so pena de
+hacerse sospechosos y verse metidos en un mal lance.</p>
+
+<p>&mdash;Bien se echa de ver que la paz de Bretigny no ha procurado gran
+sosiego á esta región, dijo el señor de Morel. En ella parecen haberse
+congregado cuanto malsín y aventurero quedaron por Francia y Aquitania
+después de la guerra, gente sin fe ni ley que vive del despojo y la
+violencia.<a name="page_228" id="page_228"></a> Aquellas altas torres que allí véis pertenecen á la villa de
+Cahors, y más allá queda la tierra de Francia.</p>
+
+<p>En Cahors descansaron los caminantes, sin incidente ni aventura que
+merezcan relato aparte, y al dejar aquella población se apartaron
+también de las orillas del río, tomando una senda estrecha y tortuosa
+que atravesaba extensa y desolada llanura. Limitábala por el sur
+frondoso bosque, al salir del cual anunció el barón á sus escuderos que
+habían dejado atrás los dominios de Inglaterra y pisaban el territorio
+francés. Por todas partes se veían montones de ruinas, árboles y campos
+quemados, viñedos cubiertos de piedras, puentes destrozados y aquí y
+allá un castillo ó un monasterio convertidos en escombros; señales por
+doquier del asolamiento y la rapiña. Aquel espectáculo contristó el
+ánimo de los viajeros y el barón empezó á preguntarse con recelo si en
+tal yermo hallaría provisiones para su pequeña tropa. Grande fué por lo
+tanto la satisfacción de hidalgos y arqueros al notar que el sendero
+desembocaba en ancho camino y que á poca distancia del cruce se veía una
+casa intacta, grande y cuadrada, una de cuyas ventanas ostentaba la
+enorme rama seca que anunciaba un mesón ó paradero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya era tiempo, vive Dios! exclamó el barón regocijado. Adelántate,
+Roger, y dí al dueño de esa hostería ó taberna ó lo que sea que prepare
+alojamiento para un caballero inglés y sus servidores.</p>
+
+<p>Picó Roger espuelas á su caballo y llegó á la puerta de la casa, dejando
+á sus compañeros á un tiro de ballesta. No viendo alma viviente, empujó
+la entornada puerta, entró en el zaguán y llamó á gritos al mesonero. Ni
+por esas; y como no era cosa de quedarse plantado allí, el joven
+escudero se coló bonitamente en una gran pieza que á la izquierda
+quedaba y en cuyo hogar chisporroteaban y ardían con alegre llama unos
+gruesos troncos. Junto al fuego y sentada en un sillón de baqueta de
+altísimo respaldo, hallábase una dama cuya edad no pasaría de los
+treinta y cinco, y cuyos ojos, cejas y cabellos negrísimos contrastaban
+con la extremada blancura de la tez. Pero más que su hermosura llamaban
+en ella la atención su aire majestuoso y digno y la expresión grave y
+pensativa del semblante. Sentado frente á ella en un escabel se hallaba
+un hidalgo de robusta<a name="page_229" id="page_229"></a> apariencia, cuyos anchos hombros cubría holgada
+capa negra y que tenía puesta una gorra de terciopelo negro también, con
+rizada pluma blanca. Sobre la tosca mesa cercana se veían un jarro de
+vino y un cubilete de estaño, que el hidalgo llenaba y vaciaba de cuando
+en cuando; al entrar Roger se ocupaba en partir y comer nueces, de las
+que había un plato lleno sobre la mesa y cuyas cáscaras arrojaba entre
+las llamas del hogar. Volvió un tanto el rostro para mirar á Roger y
+éste contempló con sorpresa unas facciones deformes, cruzadas de
+cicatrices, unos ojillos verdosos y la nariz abollada y torcida como si
+hubiera recibido tremendo golpe.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sois vos el que así vocea? exclamó con voz gutural y desabrido
+acento. ¿Habráse visto jovenzuelo con más frescura y menos miramientos?
+Ganas tengo de coger mi látigo y daros una lección que bien necesitáis.</p>
+
+<p>El asombro de Roger creció de punto, sobreponiéndose á su indignación y
+por algunos instantes permaneció inmóvil, mirando al insolente caballero
+y sin saber cómo contestarle en presencia de la dama. En aquel momento
+llegaron á la puerta el barón, Gualtero y los dos soldados y echaron pie
+á tierra; mas apenas oyó el desconocido sus voces y la lengua en que
+hablaban, enfureciósele el rostro y arrojando con fuerza al suelo el
+plato de nueces empezó á dar voces desaforadas llamando al hostalero.
+Acudió éste pálido y temblando y dirigiéndose á la puerta de la casa
+dijo en voz baja á los recién llegados:</p>
+
+<p>&mdash;No lo encolericéis, mis buenos señores, por el amor de Dios lo pido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué decís? ¿De quién se trata? preguntó el barón.</p>
+
+<p>Antes de que Roger pudiera explicarse resonó de nuevo la voz del
+irritado huésped:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué sentina es ésta? gritó. ¿No os pregunté al llegar, posadero
+de los demonios, si estaba vuestra casa limpia de sabandijas, para que
+pudiera alojarse en ella mi noble esposa sin asco ni molestias?</p>
+
+<p>&mdash;Y os contesté, poderoso señor, que está limpia como una patena,
+replicó el otro humildemente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues cómo se entiende, bellaco, que apenas llegados á ella oigamos ya
+la charla de esos condenados ingleses? ¿Qué peores ni más dañinas
+sabandijas para un buen caballero<a name="page_230" id="page_230"></a> francés? ¡Que se larguen pronto,
+maese, y de lo contrario, tanto peor para ellos y para vos!</p>
+
+<p>No se lo hizo repetir el posadero, que salió corriendo de la estancia, á
+tiempo que la dama protestaba dulcemente contra el violento lenguaje del
+caballero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por amor de Dios! dijo el atribulado posadero á los ingleses, hacedme
+la merced de seguir vuestro camino. Villafranca no dista más de dos
+leguas y allí encontraréis cómodo alojamiento en la posada de Anjou.</p>
+
+<p>&mdash;No haré yo tal, dijo el barón de Morel, sin ver antes á quien así
+habla y decirle dos palabras. ¿Cuáles son su nombre y sus títulos?</p>
+
+<p>&mdash;Imposible nombrarle, señor, sin su permiso. Pero ved que si entráis
+montará en ira y entonces.... Creedme, mi buen señor; ¡no sabéis de
+quién se trata! Discreto sois, avisado estáis; ¡seguid, por merced,
+vuestro camino!</p>
+
+<p>&mdash;¡Calle el ventero! exclamó furioso ya el noble inglés. Ó mejor, id á
+decir á ese tan formidable caballero que aquí está y aquí se queda el
+barón León de Morel, porque así le place y sin que él ni nadie sea osado
+á impedírselo. ¡Id!</p>
+
+<p>Azorado el pobre hombre y sin saber á qué santo encomendarse, dió
+algunos pasos por el zaguán, cuando se abrió de golpe la puerta interior
+y apareció el furibundo francés, cerrados los puños y las deformes
+facciones convulsas por la ira.</p>
+
+<p>&mdash;¡Todavía estáis ahí, perros ingleses! gritó. ¡Mi espada, venga mi
+espada! Pero en aquel instante se fijaron sus ojos en el escudo
+blasonado del barón, sostenido por Tristán, y después de contemplarlo un
+instante suavizóse la expresión de su semblante y apareció en sus labios
+una sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Mort Dieu!</i> exclamó, ¡pues si es mi espadachín de Burdeos! Las cinco
+rosas. Motivos tengo para recordarlas desde que las ví, no hace tres
+días, en las justas del Garona. ¡Ah, señor León de Morel, tengo
+contraída con vos una deuda! y al decir esto señaló su hombro derecho,
+vendado con un pañuelo de seda.</p>
+
+<p>Pero la sorpresa del desconocido al ver al barón no pudo compararse con
+la de éste. Miró fijamente al herido y por fin exclamó con acento que
+revelaba su profundo regocijo:<a name="page_231" id="page_231"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Bertrán Duguesclín!</p>
+
+<p>&mdash;El mismo que viste y calza, replicó el otro riéndose. Bien hice, á fe
+mía, en ocultar el rostro allá en Burdeos, pues quien lo ve una vez
+jamás lo olvida. Yo soy, señor de Morel, y hé aquí mi mano, que jamás
+estrechará otras manos inglesas que la vuestra y la de Chandos.</p>
+
+<p>&mdash;No soy joven, repuso el barón, y las guerras han añadido algunos años
+á los que ya tengo, pero hasta ahora no me había otorgado el cielo la
+merced y la honra de cruzar mi espada con otra de tan limpia y merecida
+fama como la que me opusisteis vos en la liza de Burdeos. ¡Feliz yo mil
+veces! Imposible me parece todavía haber tenido tan alta honra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Voto á! Motivos me habéis dado para no dudarlo, querido barón, dijo
+el famoso guerrero con gran risa. Pero venid, y entren también vuestros
+escuderos. No quiero privar á mi amada compañera del placer de ver en
+vos á un modelo de nobles, aunque inglés, y á un guerrero famoso.</p>
+
+<p>Recibiólos la noble dama con bondadosa sonrisa y á los pocos minutos de
+conversación se había conquistado ya todo el respeto y toda la
+admiración de Morel y sus escuderos. Con el aire de una reina y las
+maneras de la más aristocrática dama, poseía un tacto incomparable, un
+encanto que á todos seducía. Únase á esto el misterio de que la rodeaba
+la creencia general de que poseía una facultad sobrenatural, la de
+adivinar y predecir lo futuro y se comprenderá la impresión vivísima que
+produjo en los tres hidalgos ingleses.</p>
+
+<p>El mismo Duguesclín observaba con evidente satisfacción el interés que
+en ellos despertaban la conversación amena de su esposa, sus puras y
+elevadas ideas y la ilustración nada común de que daba clara muestra sin
+la menor pesadez ni afectación.</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, dijo por fin el guerrero francés. Tan noble y grata compañía
+merece digno albergue y este ventorrillo no puede ofrecéroslo para pasar
+la noche. Aprovechemos el poco tiempo que nos queda para montar á
+caballo y llegar al castillo de Tristán de Rochefort, situado á una
+legua de Villafranca y al cual nos dirigíamos cuando resolvimos
+descansar aquí algunas horas. Es el señor de Rochefort<a name="page_232" id="page_232"></a> antiguo
+compañero de mis campañas y hoy senescal de Auvernia.</p>
+
+<p>&mdash;Y os recibirá en palmas, á no dudarlo, dijo el barón. Mas ¿qué pensará
+el senescal de nuestra llaneza?</p>
+
+<p>&mdash;Pues os bendecirá cuando sepa que venís á limpiar la comarca de esos
+tunantes uniformados que la devastan. ¡Á caballo, señores! Y vos, maese,
+aquí tenéis unas monedas de oro; si algo sobra, tenédselo en cuenta al
+primer caballero necesitado que por aquí aporte.</p>
+
+<p>Momentos después cabalgaban ambos señores y la dama entre ellos,
+escoltados por el joven Pleyel. Habíase retardado Roger en el mesón
+llamando á los arqueros, cuando oyó una voz angustiada pidiendo favor á
+gritos. Acercóse á la puerta de la estancia de donde procedían las voces
+y se halló de manos á boca con Simón y Tristán, que se reían á
+carcajadas y se dirigieron apresuradamente á la puerta del caserón,
+donde los esperaban sus monturas. Entró Roger en la habitación y quedó
+atónito al ver que de un fuerte garfio de hierro pendiente del techo
+colgaba un hombrecillo que era quien tan desaforadamente gritaba. El
+garfio lo tenía sujeto por el cinto y el infeliz manoteaba y perneaba
+como un poseído.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡À moi, mes amis!</i> seguía berreando, cárdeno el rostro. ¡Favor al
+campeón del Obispo de Montaubán! <i>¡À moi!</i></p>
+
+<p>Llegó el ventero en aquel instante, precipitóse con Roger en auxilio del
+colgado, para lo cual tuvieron que subirse sobre la pesada mesa de
+encina en la que se veían los restos del refrigerio de ambos arqueros, y
+no sin trabajo lograron desenganchar al campeón del obispo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se ha ido? preguntó apenas puso los pies en el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién?</p>
+
+<p>&mdash;El gigante, el monstruo de la cabellera roja.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, vamos! Tristán el arquero. Sí, se ha ido, dijo Roger.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no volverá?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;¡De buena ha escapado! exclamó el hombrecillo dando un suspiro de
+satisfacción. ¡Cobarde! ¡Atreverse conmigo y huir! ¡Ah, de haberme
+esperado hubiera hecho<a name="page_233" id="page_233"></a> con él un escarmiento, como hay Dios, para
+ejemplo de pícaros!</p>
+
+<p>&mdash;Permitidme, señor de Pelisier, dijo el ventero, que ponga á vuestra
+disposición mi caballejo, con el cual no tardaréis en alcanzar al
+descortés arquero.</p>
+
+<p>&mdash;Ni pensarlo, exclamó apresuradamente el fanfarrón. Tengo estropeada
+una pierna desde el día en que maté á tres enemigos, en el combate de
+Castelnau.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues corro á buscarlo yo mismo, para que lo castiguéis cual se merece
+quien de tal suerte ofende á mi buen parroquiano, el señor Oscar
+Reginaldo Bombardón de Pelisier!</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Pas si vite, mon ami!</i> Yo sabré buscarlo en su día. Imaginaos el
+destrozo que sufriría vuestra hacienda si ese gigante y yo trabásemos
+aquí descomunal combate.</p>
+
+<p>En aquel momento se oyó el trote de un caballo que se detuvo á la puerta
+de la hostería, palideció el prudente Pelisier y se agazapó bajo la
+mesa, á tiempo que se oía la voz de Gualtero llamando á Roger. Dejó éste
+la venta con su compañero y pronto alcanzaron á los dos arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;Bonita manera de tratar al señor Bombardón de Pelisier, dijo Roger á
+Tristán con fingida severidad.</p>
+
+<p>&mdash;No lo hice adrede... comenzó á decir el mocetón, á la vez que Simón
+prorrumpía en sonoras carcajadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por el filo de mi espada! exclamó. Fanfarrón más insoportable no
+espero volver á verlo en mi vida. Se negó á comer y beber con nosotros y
+aun á dirigirnos la palabra. Después empezó á contar sus proezas á las
+vigas del techo y acabó diciendo que había matado más ingleses que pelos
+tenía en la cabeza. Iba yo á despanzurrarlo de un puntapie, cuando este
+mameluco alargó su manaza y agarrando á Bombardón me lo colgó del gancho
+como un cochinillo ó un trozo de cecina. ¡Por vida de! ¡Ja, ja, ja!</p>
+
+<p>Reíanse todavía de la aventura los cuatro amigos cuando alcanzaron á su
+capitán y poco después llegaron todos al castillo de Rochefort, cuyas
+puertas se les abrieron de par en par apenas oyeron los que las
+guardaban el nombre de Bertrán Duguesclín.<a name="page_234" id="page_234"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXVII" id="CAPITULO_XXVII"></a>CAPÍTULO XXVII<br /><br />
+<small>VISIÓN PROFÉTICA</small></h3>
+
+<p>T<small>RISTÁN</small> de Rochefort, senescal de Auvernia y señor de Villafranca, había
+encanecido peleando contra los invasores ingleses y desde que se firmó
+la paz no había tenido punto de reposo, persiguiendo á las partidas de
+aventureros, salteadores y vagos que infestaban la comarca de su mando.
+De aquellas excursiones regresaba unas veces vencedor, con una docena de
+prisioneros que no tardaban en aparecer ahorcados sobre los muros de la
+fortaleza; y otras se le veía volver huyendo y perseguido de cerca por
+desertores y bandidos de todas razas y cataduras. Odiado por sus
+enemigos, lo era también por los mismos á quienes gobernaba y defendía,
+pues aparte de su dureza y despotismo no le perdonaban los azotes y las
+torturas con que les había obligado á pagar su propio rescate, las dos
+veces que los ingleses lo habían hecho prisionero.</p>
+
+<p>Su residencia era una sombría fortaleza de sólidas murallas y con alta
+torre almenada en su centro. Numerosa era la guardia que nuestros
+viajeros hallaron á la puerta del castillo, pero la doble águila de
+Duguesclín ofrecía por entonces el mejor salvoconducto para viajar en
+aquella turbulenta región y era también llave de oro capaz de abrir
+todas las fortalezas de Francia. El noble veterano acudió presuroso á
+recibir á su amigo y compañero de armas; y fué grande su júbilo al saber
+que el acompañante de Duguesclín no tardaría en librar al país de
+aquellos endemoniados arqueros ingleses que más de una vez habían puesto
+en fuga á los soldados del senescal enviados contra ellos.</p>
+
+<p>Una hora después tomaban asiento en torno de la bien servida mesa los
+tres nobles guerreros y las damas de Duguesclín<a name="page_235" id="page_235"></a> y Rochefort, alegre y
+amable esta última y mucho más joven que su dueño y señor; otros dos
+huéspedes del senescal eran Amaury de Monticourt, de la orden de los
+Hospitalarios y Otón Reiter, caballero bohemio de gran fama, y también
+tomaron asiento con sus señores cuatro escuderos franceses, los dos de
+Morel, Roger y Gualtero y el capellán de la fortaleza. Larga y alegre
+fué la cena, sin que uno siquiera de los comensales se acordase de los
+rencorosos y hambrientos pecheros que en aquellos mismos instantes,
+ocultos entre la maleza, contemplaban desde lejos y con ideas de
+venganza y muerte las ventanas iluminadas del castillo.</p>
+
+<p>Levantados los manteles, tomaron cómodo asiento los huéspedes del
+senescal en torno de un gran fuego, porque estaba la noche desapacible y
+fría. El señor de Rochefort manifestó como de costumbre el desprecio que
+le inspiraban los que él llamaba guardadores de cerdos y soeces
+villanos; defendió el bondadoso capellán á las pobres gentes del pueblo;
+comentóse la osadía creciente de los pecheros y su menguante respeto por
+los privilegios de la nobleza y en amena plática pasaron agradablemente
+las horas. Rato hacía que Roger contemplaba con interés y no sin alguna
+alarma el rostro de la noble esposa de Duguesclín, que hundida en su
+sillón parecía últimamente ajena á cuanto en torno suyo se decía,
+brillantes los ojos, fija la mirada y empalidecidas las mejillas. Notó
+Roger que Duguesclín observaba también á su esposa, inquieto y trémulo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tenéis, esposa mía? le preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, Bertrán, dijo ella con voz apagada y sin apartar los ojos del
+muro opuesto en que fijos los tenía. Pero allí... una visión....</p>
+
+<p>&mdash;Me lo temía, dijo el célebre guerrero francés. Os debo una
+explicación, señores. Mi buena esposa está dotada de una facultad
+profética que se manifiesta en ella de tarde en tarde y le permite
+predecir determinados acontecimientos futuros. Misterio es éste
+incomprensible para mí, pero ese poder extraordinario había hecho ya la
+admiración de todos allá en Bretaña, mucho antes de que yo viese por
+primera vez á mi Leonor en Dinán. Lo que puedo aseguraros es que ese dón
+suyo procede del cielo y no del espíritu del mal, que es lo que
+constituye la diferencia<a name="page_236" id="page_236"></a> entre la magia blanca y la magia negra. Y por
+indicios que me son harto conocidos, comprendo que mi buena compañera se
+halla al presente en uno de esos momentos lúcidos. La última vez que la
+ví en el mismo estado, la víspera de la batalla de Auray, me predijo que
+el siguiente día sería fatal para mí y para Carlos de Blois. Veinte y
+cuatro horas después había muerto éste y veíame yo prisionero del señor
+de Chandos....</p>
+
+<p>&mdash;¡Bertrán, Bertrán! llamó la vidente con dulce voz.</p>
+
+<p>&mdash;Decidme, amada mía, qué me reserva la suerte.</p>
+
+<p>&mdash;Un peligro grande te amenaza, Bertrán, en este mismo instante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Un soldado está siempre en peligro, dijo el gran campeón francés
+con tranquila sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tus enemigos se ocultan, se arrastran, te rodean en este momento.
+¡Ah, Bertrán! ¡Guárdate!</p>
+
+<p>Tal expresión de terror manifestaban sus facciones descompuestas y los
+ojos desmesuradamente abiertos, que Duguesclín miró rápidamente en torno
+de la sala, clavó la vista por breves instantes en los tapices que
+cubrían las paredes y luégo en los anhelantes rostros de sus amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Esperaré ese peligro si él no me espera á mí, dijo. Y ahora, Leonor,
+habla. ¿Cuál será el término de la guerra de España?</p>
+
+<p>&mdash;Apenas puedo ver lo que allí sucede. Espera.... Grandes montañas y más
+allá una extensa y árida llanura, el chocar de las armas, los gritos del
+combate. El fracaso mismo de tu misión en España te dará el triunfo en
+definitiva....</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué decís á eso, barón? Amargo y dulce á la vez, ó como si dijéramos,
+un favor y un disfavor. ¿No queréis hacer vos mismo alguna pregunta?</p>
+
+<p>&mdash;Si me lo permitís. ¿Os place decirme, señora, qué sucede allá en el
+castillo de Monteagudo?</p>
+
+<p>&mdash;Para contestar á esa pregunta necesito posar mi mano sobre una persona
+cuya memoria y cuya mente estén fijas de continuo en ese castillo de que
+habláis. ¿Vuestra mano? No, barón; otra persona hay aquí cuyo
+pensamiento permanece fijo en Monteagudo aun con más insistencia que el
+vuestro....</p>
+
+<p>&mdash;Me asombráis, noble señora, balbuceó Morel.<a name="page_237" id="page_237"></a></p>
+
+<p>&mdash;Acercáos, joven de los rubios cabellos rizados, dijo doña Leonor
+extendiendo la diestra en dirección de Roger. Poned vuestra mano sobre
+mi frente. Así, esperad. Una niebla espesa de la cual se destaca enorme
+torre cuadrada; la niebla se disipa, ya veo las murallas, la fortaleza
+toda, en una verde colina, con el río á sus pies, las olas del mar á
+distancia y una iglesia á tiro de ballesta de las almenas. Junto al río
+se alzan las tiendas de los sitiadores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Los sitiadores! exclamaron á la vez el barón, Gualtero y Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, que asaltan los muros con vigor. Ya plantan las escalas y disparan
+un nublado de flechas. Allí su jefe, alto y hermoso, con luenga barba
+rubia, lanza á sus soldados contra la maciza puerta. Pero los del
+castillo se defienden valerosamente. Una mujer, sí, una heroína los
+manda. Dos, dos mujeres sobre la muralla animan á las gentes de Morel,
+que devuelven golpe por golpe y lanzan grandes piedras sobre sus
+enemigos. Cayó el jefe de éstos y sus soldados retroceden, huyen, todo
+se obscurece, nada más veo ya....</p>
+
+<p>&mdash;¡Por San Jorge! exclamó el barón. Apenas puedo creer que Salisbury y
+Monteagudo sean teatro de tales escenas; pero habéis hecho tan exacta
+descripción del terreno y la fortaleza que me llenáis de asombro y de
+temor.</p>
+
+<p>&mdash;Aprovechad los momentos si algo más queréis saber, dijo Duguesclín.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál será el resultado de esta larga serie de luchas entre Francia é
+Inglaterra? preguntó uno de los escuderos franceses.</p>
+
+<p>&mdash;Ambas conservarán lo que es suyo, contestó la dama.</p>
+
+<p>&mdash;¿Luego nosotros seguiremos dominando en Gascuña y Aquitania? preguntó
+el señor de Morel.</p>
+
+<p>&mdash;No. Tierra francesa, sangre y lengua francesas. De Francia son y ella
+las reconquistará y conservará.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no Burdeos?</p>
+
+<p>&mdash;Burdeos es también Francia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y Calais?</p>
+
+<p>&mdash;También Calais.</p>
+
+<p>&mdash;¡Negra estrella la nuestra si tal sucede! exclamó el barón. ¿Qué le
+quedará entonces á Inglaterra?</p>
+
+<p>&mdash;Permitid, barón; y vos, señora, decidme antes ¿cuál<a name="page_238" id="page_238"></a> será el porvenir
+de nuestra amada patria? preguntó lleno de júbilo Duguesclín.</p>
+
+<p>&mdash;Grande, rica y poderosa. Á través de los siglos véola al frente de las
+otras naciones, pueblo rey entre todos los pueblos, grande en la guerra
+pero más grande aún en la paz, progresiva y feliz, sin más monarca que
+la voluntad de sus hijos, una desde Calais hasta los azules mares del
+sur.</p>
+
+<p>&mdash;¿Oíslo, señor de Morel? exclamó triunfante el caudillo francés.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué de Inglaterra? preguntó tristemente el barón. La profetisa
+parecía contemplar con profunda sorpresa un cuadro insólito, un
+espectáculo para ella inesperado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! exclamó por fin. ¿De dónde proceden esos vastos pueblos,
+esos estados poderosos que ante mí se levantan? Y más allá otros, y
+otros, allende los mares. Ocupan continentes enteros en los que resuenan
+los martillos de sus fábricas y las campanas de sus iglesias. Sus
+nombres, muchos, son ingleses y también la lengua que hablan. Otras
+tierras, cercadas por otros mares y bajo diverso cielo, pero son también
+tierras inglesas. La bandera de San Jorge ondea por todas partes, así
+bajo el sol de los trópicos como entre las nieves del polo. La sombra de
+Inglaterra se extiende al otro lado de los mares. ¡Bertrán, Bertrán!
+¡Nos vencen, porque el menor de sus capullos es más hermoso que la mejor
+y más perfumada de nuestras flores!</p>
+
+<p>La profetisa dió una gran voz, alzóse del asiento y cayó desvanecida en
+brazos de su esposo, que dijo conmovido:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ha terminado la visión, la hora sagrada y misteriosa que revela el
+secreto de lo porvenir!<a name="page_239" id="page_239"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXVIII" id="CAPITULO_XXVIII"></a>CAPÍTULO XXVIII<br /><br />
+<small>ATAQUE Y DEFENSA DEL CASTILLO DE VILLAFRANCA</small></h3>
+
+<p>M<small>UY</small> tarde era cuando Roger pudo retirarse á descansar, no sin dejar
+antes cómodamente instalado al barón en la habitación que le había sido
+destinada. La suya, situada en el piso segundo de la feudal morada,
+contenía un pequeño lecho para él y tendidos en el suelo dos colchones
+en los que al entrar Roger dormían y roncaban Simón y Tristán. Rezaba el
+joven sus oraciones cuando oyó un discreto golpe dado á la puerta y casi
+en seguida entró Gualtero con un candil, pálido el rostro y temblorosas
+las manos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre, amigo? le preguntó prontamente Roger.</p>
+
+<p>&mdash;Apenas sé qué decirte. Me asaltan los más tristes presentimientos y
+tiemblo sin saber por qué. ¿Te acuerdas de Tita, la hija del artista de
+Burdeos? Yo la requerí de amores allá en la calle de los Apóstoles y le
+dí una sortija de oro que me prometió llevar siempre en recuerdo mío. Al
+despedirnos me dijo que su pensamiento me seguiría en las guerras y que
+mis peligros serían también los suyos propios.... Pues acabo de verla.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Estás sobreexcitado con las profecías y los espasmos de mi
+señora Duguesclín y se te antojan los dedos huéspedes.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que la he visto ahora mismo, al subir la escalera, tan
+distintamente como veo á esos dos arqueros dormidos. Tenía los ojos
+anegados en lágrimas y sus manos se adelantaban como para protegerme....</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Gualtero, es tarde y necesitas descansar. ¿Dónde está tu cuarto?</p>
+
+<p>&mdash;En el próximo piso. Queda precisamente sobre éste. ¡La santa Virgen
+nos proteja!<a name="page_240" id="page_240"></a></p>
+
+<p>Oyó Roger las pisadas de su amigo en la escalera, y dirigiéndose después
+á la ventana contempló el paisaje iluminado por la luna. Por aquella
+parte del castillo se extendía una ancha faja de terreno cubierto de
+menuda hierba y algo más lejos dos bosquecillos separados por un espacio
+descubierto en el que sólo crecían algunos matorrales, plateados por los
+rayos de la luna. Mirábalos Roger distraído, cuando vió que un hombre
+salía lentamente de entre los árboles de la derecha y cruzando con
+rapidez el claro, inclinándose como si quisiera ocultarse, desapareció
+en el bosquecillo de la izquierda. Tras él pasó otro y después otro, y
+luego muchos más, solos ó en grupos, llevando no pocos de ellos unos
+grandes bultos asegurados á la espalda. Absorto quedó el joven escudero
+por un momento, pero muy pronto se inclinó y tocó ligeramente el hombro
+de Simón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién va? exclamó el arquero levantándose de un salto. ¡Hola, <i>mon
+petit</i>! Creí que nos sorprendía el enemigo. ¿Qué me quieres?</p>
+
+<p>Llevóle Roger á la ventana y díjole lo que acababa de ver.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mocito, fué la contestación del veterano; en este endemoniado
+país yo ya no me admiro de nada. Á bien que hay en él más tunantes que
+conejos en los sotos de Hanson, gentes desalmadas todas, que se pasean
+de noche porque si lo hicieran de día no tardaría en echarles mano el
+verdugo. ¡Mala centella los parta y á dormir se ha dicho! Pero antes no
+estará de más correr este cerrojo, que estamos en casa extraña.
+Acuéstate y duerme.</p>
+
+<p>Con esto se tendió el arquero en su jergón y á los dos minutos dormía
+profundamente. Imitóle Roger, pensó que serían ya cerca de las tres de
+la mañana y dormitando se hallaba cuando le pareció que alguien empujaba
+y hacía crujir la puerta del cuarto, procurando en vano abrirla. Púsose
+á escuchar sobresaltado y oyó pasos cautelosos que se alejaban de su
+puerta y continuaban escalera arriba. Poco después resonó algo como un
+grito ahogado, como un lamento de agonía y cuando Roger se disponía á
+saltar del lecho, dirigió la vista á la ventana y quedó casi paralizado
+de terror. Un cuerpo humano se balanceaba lentamente ante el hueco de la
+ventana y de la parte exterior del muro.<a name="page_241" id="page_241"></a> Pendía de una cuerda anudada
+al cuello y fija evidentemente por el otro extremo en la ventana del
+piso superior. Una atracción irresistible obligó á Roger á saltar del
+lecho y acercarse, á tiempo que la luz de la luna daba de lleno en el
+rostro del ahorcado. Era Gualtero de Pleyel, cobardemente sorprendido y
+asesinado. Al tremendo grito de sorpresa y de dolor que lanzó Roger se
+despertaron sobresaltados los dos arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;El pedernal y la yesca, pronto, dijo Tristán con reposada voz. Esta
+luz de luna es cosa de espectros. Aquí está el candil y ahora nos
+veremos las caras.</p>
+
+<p>&mdash;Es el pobre Pleyel, no hay duda, gruñó Simón. ¡Pero que me aspen si no
+le ajusto yo las cuentas á este senescal de los demonios por la manera
+que tiene de tratar á sus huéspedes!</p>
+
+<p>&mdash;No, no, Simón, los asesinos son aquellos bandidos ocultos en el bosque
+de que te hablé antes. Y el barón, sabe Dios qué suerte le habrá cabido.
+Vuelo á su lado....</p>
+
+<p>&mdash;Un momento, camarada, que yo soy perro viejo y sé cómo se hacen estas
+cosas. Lo primero es poner mi casco en la punta del arco. Tú abres la
+puerta lentamente y yo presento el cebo á esos canallas, si por ventura
+están ahí esperando degollarnos.</p>
+
+<p>Así lo hicieron, y no bien se abrió la puerta y asomó por ella el
+almete, recibió éste un tremendo tajo y estallaron los gritos de los
+asesinos. Pero antes de que pudieran repetir el golpe brilló la espada
+de Simón, y uno de sus enemigos cayó atravesado de parte á parte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Adelante! ¡Seguidme, y á ellos! gritó Simón, y abriendo de par en par
+la puerta se lanzaron los tres ingleses fuera del cuarto, atropellando
+violentamente á dos hombres que hallaron á su paso y bajando las
+escaleras á toda prisa.</p>
+
+<p>Los gritos partían del piso inferior, cuyo vestíbulo iluminaban
+vivamente algunas antorchas clavadas en los trofeos que adornaban sus
+paredes. Frente á una de las tres puertas que daban al vestíbulo veíanse
+los ensangrentados cadáveres del senescal y de su esposa, ésta con la
+cabeza separada del tronco y aquél atravesado el cuerpo por una pica.
+Junto á ellos, muertos también, tres servidores del castillo,
+destrozados é informes como si hubiera caído sobre<a name="page_242" id="page_242"></a> ellos una manada de
+lobos. En la puerta inmediata, Duguesclín y el barón de Morel, á medio
+vestir y mal armados, tenían á raya á los asesinos; en los ojos de ambos
+guerreros brillaba con luz siniestra el fuego del combate y ante ellos
+se amontonaban los cadáveres enemigos. Un numeroso grupo de hombres
+andrajosos, con horrendos visajes y armados de picas, hoces y chuzos,
+arremetía de nuevo contra los dos caballeros, que hacían prodigios de
+valor y destreza, en el momento en que les llegó el refuerzo de Roger y
+los dos arqueros, cuyas espadas abrieron sangriento camino en la
+vocinglera turba. Retrocedió ésta con gritos de rabia, uniéronse y
+adelantáronse los cinco defensores del castillo y no tardó en quedar
+libre de enemigos el vestíbulo. Tristán se apoderó de los dos últimos y
+los lanzó escaleras abajo, sobre las cabezas de sus compañeros.</p>
+
+<p>&mdash;¡No los sigáis! gritó Duguesclín. Si nos separamos estamos perdidos.
+Poco me importaría morir matando, pero tengo que proteger á mi pobre
+esposa. ¿Qué nos aconsejáis, barón?</p>
+
+<p>&mdash;Para consejos estoy yo, que todavía no sé á qué viene ni qué significa
+esta matanza.</p>
+
+<p>&mdash;Son esos perros bandidos del bosque, la ralea peor que se conoce en la
+tierra. Se han apoderado del castillo. Mirad por esa ventana.</p>
+
+<p>&mdash;¡El cielo me valga! Hay más de un millar dentro de la fortaleza y
+sobre las murallas. En aquel grupo con antorchas están descuartizando á
+un arquero. Allí arrojan á otro desde el muro. Por las abiertas puertas
+entran ahora muchos con grandes haces de leña y ramaje....</p>
+
+<p>&mdash;Justo, para pegar fuego al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quién me diera ahora mi Guardia Blanca! Pero ¿dónde está Gualtero?</p>
+
+<p>&mdash;Ha sido asesinado, señor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios acoja su alma! Y ahora, á defendernos y sobretodo á defender á
+una dama que necesita de todo nuestro esfuerzo. Aquí llega quien quizás
+pueda servirnos de guía por estos corredores y aun conducirnos fuera de
+la fortaleza.</p>
+
+<p>&mdash;En la cual no tardaremos en morir asados si no la dejamos pronto,
+agregó Duguesclín.</p>
+
+<p>Los que llegaban bajando los escalones de cuatro en<a name="page_243" id="page_243"></a> cuatro eran un
+escudero francés y el caballero bohemio, con una herida en la frente el
+último.</p>
+
+<p>&mdash;Habla, Godofredo, dijo Duguesclín al escudero. ¿Conoces alguna salida
+libre?</p>
+
+<p>&mdash;La única es el subterráneo secreto que da al campo y por él han
+entrado esos bandidos con el auxilio de algún traidor dentro de la
+fortaleza. El caballero hospitalario, que venía delante de nosotros,
+cayó muerto allá arriba de un hachazo en el cráneo. La servidumbre y la
+guarnición han sido pasadas á cuchillo. Somos los únicos que han
+escapado con vida hasta ahora. En mi opinión el único recurso es
+refugiarnos en la torre, cuyas llaves véis allí, pendientes del cinto de
+mi infortunado señor. Una vez en ella podremos defender con más ventaja
+la estrecha escalera; los muros de la torre son gruesos y el fuego
+tardará mucho en consumirlos. Con tal que podamos conducir á la dama....</p>
+
+<p>&mdash;Iré yo misma, se oyó decir á la noble señora, que apareció pálida y
+grave á la puerta de la habitación que con su esposo ocupara aquella
+noche fatal. Estoy acostumbrada á los azares de la guerra, y si vuestra
+protección, valientes caballeros, fuese insuficiente, jamás caeré viva
+en manos de esos malvados.</p>
+
+<p>Al decir esto, mostró en su diestra agudísima daga.</p>
+
+<p>&mdash;Leonor, dijo Duguesclín, os he amado siempre, pero en este instante
+más que nunca. Si la Virgen nos permite protegeros, hago voto de ofrecer
+una corona de oro á Nuestra Señora de Rennes. ¡Adelante, amigos!</p>
+
+<p>Los asaltantes, cansados de matar, se dedicaban al saqueo. Sólo un grupo
+bastante numeroso atizaba el fuego y observaba en silencio los progresos
+del incendio. Al pie de la escalera tortuosa por donde los guió el
+escudero francés hallaron los fugitivos á un desarrapado centinela, de
+quien dió pronta cuenta una flecha disparada por la segura mano de
+Simón. Pequeña puerta los separaba del gran patio del castillo y al otro
+lado de ella se oían las voces y carcajadas de multitud de enemigos,
+ebrios de sangre y enloquecidos con su triunfo. Aun el hombre más
+animoso hubiera vacilado antes de salvar aquella frágil barrera, pero
+Duguesclín puso fin á toda indecisión abriendo de golpe la puertecilla.<a name="page_244" id="page_244"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Hacia la torre, á la carrera! gritó. ¡Los dos arqueros delante, mi
+esposa entre los dos escuderos y los señores de Reiter y Morel á
+retaguardia, para contener á esa gentuza!</p>
+
+<p>Así lo hicieron y con tanta rapidez que habían recorrido ya la mitad del
+gran patio del castillo, antes de que los sorprendidos villanos
+comenzaran á atacarlos. Los arqueros derribaron en un abrir y cerrar de
+ojos á los pocos que se pusieron en su camino, y los que llegaron á
+perseguirlos de cerca mordieron el polvo, atravesados por las temibles
+espadas de los tres nobles. Llegaron sin tropiezo á la puerta de la
+torre y el escudero francés, que procuraba abrirla, lanzó de repente un
+grito de angustia y desesperación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Esta no es la llave! exclamó, y fuera de sí dió dos pasos en
+dirección del ala del castillo que acababan de dejar, como si quisiera
+ir á pedir al cadáver de su señor la llave salvadora.</p>
+
+<p>En aquel momento un hercúleo campesino lanzó contra él enorme piedra,
+que le dió de lleno en la cabeza y lo tendió sin sentido á los pies del
+barón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Esta es para mí la mejor llave! rugió Tristán; y levantando la pesada
+roca la lanzó á su vez con irresistible fuerza contra la puerta de la
+torre.</p>
+
+<p>Un momento después acababa de echarla abajo el gigantesco arquero y los
+fugitivos entraron por fin en aquel momentáneo refugio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vos arriba, señora! exclamó el barón indicando á Doña Leonor la
+escalera de piedra, en tanto que Duguesclín y sus compañeros derribaban
+malheridos á los cuatro agresores más próximos.</p>
+
+<p>Los demás retrocedieron vociferando y amenazadores siempre, pero
+quedándose á prudente distancia, después de destrozar el cuerpo del
+infeliz escudero; acto de crueldad que vengó Tristán abalanzándose sobre
+la chusma y asiendo con sus nervudas manos á dos villanos, cuyas cabezas
+golpeó una contra otra con fuerza tal que ambos quedaron tendidos en el
+suelo, sin dar señales de vida.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora organicemos la defensa de la torre, dijo Duguesclín. El barón y
+yo al pie de la escalera; Inglaterra y Francia pelearán hoy juntas
+contra el enemigo común. El señor Otón de Reiter y el joven escudero de
+Morel ahí, en<a name="page_245" id="page_245"></a> el primer escalón; los arqueros algo más arriba, para que
+puedan manejar sus arcos. ¡Atención!</p>
+
+<p>Á la primera señal de ataque por parte de la furiosa multitud se oyeron
+silbar dos flechas, lanzadas por Tristán y Simón, y los dos que parecían
+jefes de los bandidos quedaron revolcándose en su sangre á la entrada de
+la torre. Otros dos tuvieron igual suerte y entonces los sitiadores
+desesperados se lanzaron en tropel al ataque. Poco hubiera durado la
+resistencia sin la estrechez de la puerta y de la escalera, que impedían
+los movimientos del enemigo, en tanto que cuatro espadas incansables
+hacían tremendo estrago en aquella apretada masa de hombres mal armados.
+Porfiada fué la lucha, pero terminó con la retirada del enemigo, no sin
+que los sitiados tuvieran que deplorar la muerte de Reiter, el caballero
+bohemio, á quién alcanzó en la cabeza un golpe de maza.</p>
+
+<p>&mdash;Primera etapa, dijo tranquilamente Duguesclín. Parece que por ahora
+tienen bastante.</p>
+
+<p>&mdash;Y no deja de haber entre esos perros algunos muy valientes y que se
+baten bien, comentó el señor de Morel. Pero ¿qué hacen ahora?</p>
+
+<p>&mdash;¡Nuestra Señora de Rennes nos valga! dijo el paladín francés. Se
+proponen pegar fuego á la torre y asarnos en ella. Me lo temía. Duro en
+ellos, arqueros, que ahora de nada nos sirven nuestras espadas.</p>
+
+<p>Una docena de sitiadores se adelantaron escudándose con enormes haces de
+leña y ramas secas, que colocaron contra los muros. Otros les pegaron
+fuego con antorchas y pronto estuvo la torre rodeada en su base por un
+círculo de llamas. El humo obligó á sus defensores á refugiarse en el
+primer piso, pero pronto empezaron á arder las tablas del suelo, se
+llenó de humo espeso aquella estancia y á duras penas pudieron subir sin
+ahogarse el último tramo y llegar á lo más alto de la torre.</p>
+
+<p>Imponente era el cuadro que desde aquella elevación se divisaba. Prados
+y bosque iluminados dulcemente por la luz argentada de la luna; oíase á
+lo lejos el tañido penetrante de una campana; á un lado de la torre se
+desmoronaban los muros del castillo, presa de las llamas, y al pie de su
+último refugio agitábase con ademanes furiosos y roncos gritos la
+multitud de sus enemigos.<a name="page_246" id="page_246"></a></p>
+
+<p>&mdash;¡Por el filo de mi espada! exclamó Simón. Paréceme, amigo Tristán, que
+de este viaje no veremos á España; ni tampoco mi cobertor de pluma, que
+por fortuna se halla en buenas manos. Trece flechas me quedan y que me
+ahorquen si una sola de ellas no da en el blanco. La primera para el
+maldito aquel que agita el manto de seda de la pobre castellana.
+¡Ensartado por la cintura, un palmo más abajo de lo que yo esperaba!
+Número dos: regalo de despedida al condenado aquel que lleva una cabeza
+clavada en la pica. Ya está tendido panza arriba. ¡Buen flechazo también
+el tuyo, Tristán! Has hecho caer á ese buen mozo de narices en el fuego.
+¡Allá va otra!</p>
+
+<p>Mientras ambos arqueros se despachaban á su gusto, Duguesclín y su
+esposa consultaban con el barón y Roger, y reconocían lo desesperado de
+su situación.</p>
+
+<p>&mdash;Por ella lo siento, decía el famoso guerrero francés.</p>
+
+<p>&mdash;No te apesadumbre mi suerte, contestó la amante y valerosa dama, que
+pues la muerte me amenaza, nunca tan bienvenida como recibiéndola
+contigo á mi lado.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, señora, dijo el barón; esa es sin duda la respuesta que en
+iguales circunstancias me hubiera dado mi inolvidable esposa, para quien
+son mis últimos pensamientos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es esto, señor barón? exclamó en aquel momento Roger con fuerte
+voz, desde el lado opuesto de la terraza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Esto? ¡Por San Jorge! dijo el barón acudiendo presuroso, un montón de
+proyectiles para bombardas. Y aquí está la caja de hierro destinada á la
+pólvora. Ahora veréis el destrozo que vamos á hacer en la canalla. Tú,
+Tristán, levanta esa caja y ponla sobre el parapeto. Y tú, Simón, alza
+la tapa. Bien, está casi llena. Ahora dejad caer la caja al pie de la
+torre, entre las llamas.</p>
+
+<p>No bien quedó cumplida la orden resonó una detonación espantosa. La
+torre tembló y quedó cuarteada, amenazando desplomarse de un momento á
+otro. Los sitiados, pálidos y mudos de terror, se asieron al parapeto y
+contemplaron los estragos de la explosión. Desde el pie de la torre
+hasta una distancia de cincuenta varas se veía una masa confusa de
+cuerpos destrozados, de heridos que lanzaban pavorosos gritos, muchos de
+ellos envueltos por las llamas que consumían<a name="page_247" id="page_247"></a> sus harapos. Más allá de
+aquella escena de destrucción numerosos grupos de gentes aterrorizadas
+que huían á todo correr, ansiosos de alejarse cuanto antes de la funesta
+torre y de sus temibles defensores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Una salida, Duguesclín! gritó el barón. Aprovechemos su confusión
+para salir de aquí y huir si posible es.</p>
+
+<p>Dicho esto desenvainó la espada y comenzó á bajar rápidamente la
+escalera, seguido de sus compañeros, pero antes de llegar al piso
+inmediato se detuvo, con el desaliento reflejado en el rostro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Mirad. La explosión ha derribado la pared, cuyos escombros interceptan
+por completo la escalera. Y más abajo el fuego continúa minando la
+torre.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos perdidos, dijo Duguesclín.</p>
+
+<p>Volvieron todos lentamente á la terraza superior y apenas llegados lanzó
+Simón una exclamación de alegría.</p>
+
+<p>&mdash;¡Albricias! exclamó. ¿Oís? Es el canto de guerra de la Guardia Blanca.
+Antes de bajar me pareció oirlo también como un eco lejano, pero no
+estaba seguro de ello. Nuestros amigos llegan. ¡Oid!</p>
+
+<p>Todos se pusieron á escuchar. La duda no era posible. Del valle se
+elevaba un canto marcial y sonoro, más grato para los sitiados que la
+más armoniosa melodía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Allí, allí! prosiguió Simón. Vedlos que salen del bosque y toman el
+camino del castillo. Han visto las llamas y también la turba de esos
+condenados y cantan como siempre que la Guardia Blanca se prepara á dar
+y recibir testarazos. ¡Ah, valientes! ¡Á mí, Yonson, Roldán, Vifredo!</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién va? preguntó una voz potente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Simón Aluardo, voto á bríos, que no quiere morir asado! ¡Y aquí en la
+torre tenéis también una dama á quien rescatar, junto con vuestro
+capitán el barón de Morel! ¡Pronto, bergantes! ¡La flecha y la cuerda,
+Vifredo, como en el sitio de Maupertuis!</p>
+
+<p>&mdash;¡Viva Simón! se oyó gritar á los arqueros y poco después la voz de
+Vifredo, que decía: ¿Estás pronto, camarada?</p>
+
+<p>&mdash;¡Tira! contestó Simón.</p>
+
+<p>El arquero tendió su arco y la flecha cayó dentro del<a name="page_248" id="page_248"></a> parapeto. Atado á
+su extremo tenía un largo bramante del que Simón se apoderó con avidez.</p>
+
+<p>&mdash;¡Salvados! dijo, y luégo inclinándose hacia sus camaradas, gritó:
+¡Atad ahora la cuerda, larga y fuerte!</p>
+
+<p>Á los pocos momentos tenía en sus manos la gruesa cuerda salvadora. Con
+su auxilio bajaron primero á la noble dama y no tardaron en verse todos
+al pie de la torre, rodeados de los valientes arqueros de la Guardia
+Blanca.<a name="page_249" id="page_249"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXIX" id="CAPITULO_XXIX"></a>CAPÍTULO XXIX<br /><br />
+<small>EL PASO DE RONCESVALLES</small></h3>
+
+<p>&mdash;¿D<small>ÓNDE</small> está el capitán Claudio Latour? fué lo primero que preguntó el
+barón de Morel, apenas sus pies tocaron el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;En nuestro campamento de Montpezat, señor barón, á dos horas de camino
+de aquí, dijo respetuosamente Yonson, el sargento que mandaba á los
+arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en marcha sin pérdida de momento, muchachos, que quiero veros á
+todos en el cuartel general de Dax, á tiempo para marchar á la
+vanguardia del príncipe.</p>
+
+<p>En aquel instante trajeron al señor de Morel y á Roger sus caballos, así
+como los de Duguesclín y su esposa, abandonados por los villanos en su
+precipitada fuga. La despedida de los dos guerreros fué por manera
+afectuosa.</p>
+
+<p>&mdash;Gran ventura ha sido para mí, dijo Duguesclín, la de haber conocido y
+tratado en tan excepcionales circunstancias al caudillo famoso cuyo
+nombre tantas veces me anunciara la fama. Pero es fuerza separarnos,
+porque mi puesto está al lado del rey de España, á cuyas órdenes debo
+ponerme antes de que vos crucéis las montañas de la frontera.</p>
+
+<p>&mdash;Á la verdad, yo os creía en España con el valiente Enrique de
+Trastamara.</p>
+
+<p>&mdash;Allá estuve, barón, y á Francia vine con la misión de reclutar gente
+en su auxilio. En España me hallaréis, al frente de cuatro mil lanzas
+francesas escogidas, para hacer á vuestro príncipe una acogida digna de
+él y de sus valientes caballeros. ¡Dios os guarde, amigo barón, y nos
+permita volver á vernos en circunstancias más propicias!</p>
+
+<p>&mdash;No creo que exista caballero más cumplido en toda la cristiandad, dijo
+el de Morel mirándole alejarse en compañía<a name="page_250" id="page_250"></a> de su animosa consorte. Pero
+¿estás herido, Roger? ¿Qué palidez es esa?</p>
+
+<p>&mdash;Lo único que tengo, señor barón, es pesar amargo por la desdichada
+muerte de mi buen compañero de Pleyel.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí! dijo tristemente el noble. Dos valientes escuderos he perdido
+ya y me pregunto por qué la implacable suerte arrebata de mi lado á esos
+jóvenes de brillante porvenir, dejando intactas las blancas cabezas como
+la mía. ¿Pero no recuerdas, Roger, cómo Doña Leonor nos predijo todos
+estos peligros y desgracias de la pasada noche?</p>
+
+<p>&mdash;Así es en efecto, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Lo cual renueva mis temores de ver cumplida también su otra visión
+profética sobre el asedio de Monteagudo. Pero no puedo creer que haya
+llegado hasta Salisbury una fuerza enemiga francesa ó escocesa bastante
+numerosa para atacar el castillo. Convoca á esa gente, Simón, y en
+marcha.</p>
+
+<p>Al primer toque de clarín acudieron presurosos los arqueros blancos,
+cargados de botín, y el barón no ocultó una sonrisa de satisfacción al
+recorrer con su penetrante mirada las filas de aquellos aguerridos
+soldados. Pocos jefes podían enorgullecerse de mandar una fuerza tan
+temible y tan marcial como aquella. No faltaban allí algunos veteranos
+de las grandes guerras de Francia, pero en su mayoría formaban la
+Guardia Blanca jóvenes arqueros, robustos mocetones ingleses, sobre
+cuyos petos lucían ricas bandas de seda y oro y brillaban las piedras
+preciosas, muestra evidente del abundante botín recogido en su larga
+campaña del sur. Perfectamente armados y protegidos con sus cascos de
+acero, cota de malla recubierta por el coleto blanco con la cruz roja de
+San Jorge en el pecho, el largo arco á la espalda y la maza ó el hacha
+de combate colgada del cinto, sentíase el barón capaz de grandes
+empresas al frente de aquellos hombres denodados.</p>
+
+<p>Dos horas de marcha por la orilla del Aveyron los llevaron al campamento
+de la Guardia Blanca, formado por unas cincuenta tiendas, y entre los
+primeros en acudir á su encuentro figuraba un jinete ricamente vestido,
+que saludó al barón con entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por fin! exclamó estrechándole las manos. Más de<a name="page_251" id="page_251"></a> un mes hace que os
+esperamos ansiosos, señor de Morel. ¡Bienvenido seáis! ¿Recibísteis mi
+carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sólo á ella se debe mi presencia aquí. Pero me admira, en verdad,
+señor de Latour, que no hayáis tomado vos mismo el mando de estos
+valientes arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Imposible, mi noble amigo! exclamó el jefe gascón. Ya sabéis cómo son
+estos ingleses y no hay medio de que acaten como jefe á quien no sea
+compatriota suyo. Yo mismo no he podido conquistarme su confianza y
+obediencia; tuvieron como de costumbre su conciliábulo y los muy tercos,
+dirigidos por ese cabeza dura que ahí traéis, Simón Aluardo, resolvieron
+que habíais de ser vos y no otro quien los mandara. Pero vuestro plan
+era reforzar la Guardia con un centenar de reclutas, barón. ¿Dónde
+están?</p>
+
+<p>&mdash;Esperándonos en Dax, donde no tardaremos en reunirnos con ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Venid á mi tienda, donde descansaréis y vos y vuestro escudero
+repondréis un tanto las fuerzas con lo poco que aquí puedo ofreceros.</p>
+
+<p>En el curso de la conversación no tardó Claudio Latour en exponer su
+proyecto de atacar á Montpezat y Castelnau, villas cercanas y mal
+defendidas, en la primera de las cuales aseguró al barón que hallarían
+más de doscientos mil ducados ocultos en la fortaleza, amén de otro
+botín nada despreciable.</p>
+
+<p>&mdash;Muy diferentes son mis planes, señor de Latour, dijo irritado el de
+Morel. He venido aquí para capitanear á esos arqueros, poniéndolos al
+servicio del rey nuestro señor y del príncipe su hijo, que necesita de
+todo nuestro auxilio para reinstalar á su aliado Don Pedro en el trono
+de Castilla. Hoy mismo me propongo seguir la marcha en dirección á Dax.</p>
+
+<p>&mdash;Pues por mí, repuso Latour con evidente sorpresa y disgusto, estoy muy
+satisfecho con la vida que aquí llevo, no tengo el menor interés en esa
+guerra de que habláis y desde luego no me veréis en Dax.</p>
+
+<p>&mdash;En tal caso, señor mío, tendré el disgusto de ponerme al frente de la
+Guardia Blanca sin vos.</p>
+
+<p>&mdash;Si la Guardia os sigue, barón, cuando sepa que pensáis sacarla de esta
+comarca, donde vive en la abundancia, sin más ley que su voluntad.<a name="page_252" id="page_252"></a></p>
+
+<p>&mdash;Pues á averiguarlo en seguida, replicó impetuosamente el barón. Si soy
+su jefe, se vienen conmigo á Dax en este momento; y si no lo soy ¡por mi
+nombre! entonces no sé qué hago yo en Auvernia, en vez de ocupar mi
+puesto en la escolta del príncipe.</p>
+
+<p>No tardaron en hallarse congregados los arqueros, á quienes el barón,
+con voz firme y ademán enérgico, dirigió la palabra en estos términos:</p>
+
+<p>&mdash;Me dicen, arqueros, que os habéis aficionado á esta regalada vida que
+aquí lleváis, hasta el punto de no querer salir de Auvernia. Pero ¡por
+San Jorge! que no he de creerlo de tan valientes soldados, sobre todo
+cuando sepáis que vuestro príncipe prepara una gran empresa y necesita
+de vosotros. Me habéis elegido por jefe y lo seré para guiaros á España;
+os juro que el estandarte de las cinco rosas ondeará siempre allí donde
+haya más lauros que conquistar. Pero si es vuestro deseo cambiar gloria
+y renombre por vil lucro y seguir en esta comarca entre la molicie y el
+saqueo, buscad otro jefe, que yo he vivido honrado y con honra he de
+morir. Entre vosotros hay muchos hijos del condado de Hanson; que hablen
+los primeros y digan si están prontos á seguir la bandera de Morel.</p>
+
+<p>Inmediatamente se destacó de la columna un numeroso grupo de arqueros,
+montañeses robustos de Hanson, que aclamaron al barón con entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por la cruz de mi espada, muchachos! gritó en aquel punto Simón
+saltando sobre un tronco caído. ¡Sería una vergüenza para la Guardia
+Blanca permitir que el príncipe cruzase las montañas del sur sin que le
+abriésemos camino con nuestros arcos! La guerra está declarada, el
+estandarte real ondea al viento, y bajo sus pliegues se hallará al viejo
+Simón, aunque tenga que ir solo hasta Dax....</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no! ¡Viva Simón! ¡Iremos todos! gritaron los arqueros, que en su
+mayor parte no necesitaban del ejemplo dado tan oportunamente por el
+popularísimo veterano.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que hable el capitán Latour! se oyó decir en las filas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sí, oigamos también al gascón! apoyó otra voz.</p>
+
+<p>&mdash;¡Soldados! exclamó Claudio Latour sin hacerse de rogar. No haré más
+que recordaros lo mucho y bueno<a name="page_253" id="page_253"></a> que aquí dejáis y la triste recompensa
+que váis á buscar en lejana guerra. La libertad y el rico botín en
+Auvernia, la severa disciplina y mísera paga en el ejército. Ya sabéis
+lo que han ganado vuestros camaradas de la Guardia Blanca que fueron á
+Italia; el saco de Mantua y el rescate de seiscientos nobles. Yo os
+proporcionaré aquí golpes de mano tan brillantes como ese....</p>
+
+<p>&mdash;¡Que los convertirán en una gavilla de ladrones! vociferó Tristán,
+furioso con aquella arenga.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, no va del todo descaminado el capitán gascón, dijo
+tímidamente un arquero de torva mirada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tú has sido siempre un cobarde y un traidor, Marcos! rugió Simón
+enseñándole el puño.</p>
+
+<p>&mdash;Haya paz, dijo el barón con voz tranquila. Los que prefieran servir al
+señor de Latour, libres son de seguirle. Los demás, conmigo á donde nos
+llaman el deber y el patriotismo.</p>
+
+<p>Una docena de arqueros se deslizaron avergonzados en dirección á la
+tienda del gascón, despedidos por la rechifla de toda la columna, que
+poco después se ponía en marcha con el barón, camino del cuartel general
+inglés.</p>
+
+<p>En toda la comarca, de ordinario tan tranquila, que se extiende desde el
+Adour hasta la frontera de Navarra, vivaqueaban los numerosos cuerpos
+del magno ejército; por todas partes se veían las tiendas de jefes y
+soldados de Aquitania, gascones é ingleses. Acababa de llegar de
+Inglaterra el duque de Lancaster, hermano del príncipe, con séquito de
+cuatrocientos caballeros y numerosa fuerza de arqueros, último refuerzo
+que se esperaba y todo estaba pronto para la marcha.</p>
+
+<p>Los desfiladeros de Navarra seguían en manos del vacilante Carlos, que
+había tratado de negociar á la vez con Enrique de Castilla y con Eduardo
+de Inglaterra; pero la mano de hierro del Príncipe Negro le obligó á
+ceder y dejar libres los pasos de la cordillera. Para conseguirlo
+comisionó el príncipe al capitán Hugo Calverley, quien al frente de su
+compañía entró rápidamente en Navarra y pegó fuego á Puente la Reina y
+Miranda. Aquel reto bastó para que el rey Carlos desistiese de toda
+oposición al paso del fuerte ejército invasor por territorio navarro.</p>
+
+<p>Á principios de Febrero, tres días después de la llegada<a name="page_254" id="page_254"></a> del barón de
+Morel y su Guardia Blanca á Dax, recibió el ejército inglés la orden de
+marcha en dirección á Roncesvalles. Los primeros en obedecerla, por
+disposición expresa del príncipe, fueron los trescientos arqueros de
+Morel, elegidos para abrir el camino y situarse en el último tramo de la
+cordillera, á fin {de} esperar y proteger allí el paso de todo el
+ejército. Orgulloso en verdad cabalgaba el barón á la cabeza de su
+gente, armado de punta en blanco y seguido de Roger, Simón y Reno,
+portando este último el estandarte del famoso guerrero.</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía, Roger, dijo éste, que hubiera preferido ver á Carlos de
+Navarra disputarnos el paso de esos montes, que tengo entendido fueron
+teatro de un reñido combate en el que perdió la vida cierto valeroso
+Roldán.</p>
+
+<p>&mdash;Si me lo permitís, señor barón, repuso Reno, os diré que conozco bien
+el país por haber servido á las órdenes del rey de Navarra. Aquel
+edificio cuyo techo véis entre los árboles es un asilo y monasterio y
+señala el lugar donde pereció Roldán. El pueblo que á la izquierda mano
+queda es Orbaiceta, tierra del buen vino.</p>
+
+<p>&mdash;Y á la derecha veo un caserío....</p>
+
+<p>&mdash;Es el pueblo de Los Aldudes, y más allá los picachos de Altavista.</p>
+
+<p>El barón hizo notar á Roger, que contemplaba admirado tan hermoso
+cuadro, el contraste que desde aquella altura presentaban las áridas
+llanuras gasconas del norte con las verdes praderas y las colinas
+pintorescas de la tierra navarra. Tampoco dejaban de ver aquí y allá, en
+lo alto de las rocas ó al torcer de un camino, pequeños grupos de
+caballeros y soldados del rey Carlos, que los contemplaban en silencio;
+vista que ponía de muy mal humor al barón, quien hablaba nada menos que
+de caer espada en mano sobre aquellos soldados neutrales. El veterano
+echaba de menos los días en que, según él decía, jamás se compraba con
+oro ni tratados el paso por tierra extranjera, sino que se ganaba á
+punta de lanza ó se perecía en la demanda. Por fin llegaron los arqueros
+á un lugar de la sierra desde el cual se divisaban en el lejano
+horizonte las torres de Pamplona, y allí se detuvo la Guardia Blanca, en
+cumplimiento de las órdenes del príncipe. Los altos montes estaban
+cubiertos de nieve y los arqueros se acomodaron lo<a name="page_255" id="page_255"></a> mejor que pudieron
+en una aldea vecina. Roger dedicó el resto de aquel día y parte del
+siguiente, á ver desfilar el brillante ejército reunido para aquella
+expedición bajo las banderas del rey de Inglaterra. No tardó en
+reunírsele Simón, que tomó asiento á su lado sobre una elevada roca.</p>
+
+<p>&mdash;Hombres, caballos, armas y arreos, todo esto es magnífico, Roger, y
+digno de la atención que le dedicas, dijo el veterano. Nuestro valiente
+capitán está furioso porque hemos cruzado los montes sin andar á
+flechazos ni lanzadas, pero ó mucho me engaño ó esta campaña de Castilla
+le proporcionará tantas ocasiones de combatir como pueda pedirle el
+cuerpo, antes de que volvamos á emprender la marcha hacia el norte.
+Dicen en el ejército que Enrique de Trastamara puede lanzar contra
+nosotros cuarenta mil soldados, sin contar las lanzas francesas de
+Duguesclín y que todos ellos han jurado morir antes que ver á Don Pedro
+otra vez en el trono de Castilla.</p>
+
+<p>&mdash;Pero nuestro ejército es también numeroso y aguerrido.</p>
+
+<p>&mdash;Veinte y siete mil hombres por junto y en tierra extraña. Pero
+atención, <i>mon petit</i>, que aquí llega Chandos en persona con su compañía
+y tras ella pendones y escudos entre los que reconocerás á lo mejor de
+nuestra nobleza.</p>
+
+<p>Mientras hablaba Simón había desfilado ante ellos fuerte columna de
+arqueros, seguidos de un portaestandarte que llevaba en alto el pendón
+de Chandos. Cabalgaba éste á corta distancia, revestido de armadura
+completa á excepción del casco con luengas plumas blancas, que sostenía
+sobre el arzón uno de los escuderos de su escolta. Cubría sus blancos
+cabellos un birrete de terciopelo color de púrpura y un paje le llevaba
+la poderosa lanza. Sonrióse complacido al ver el estandarte de las cinco
+rosas que ondeaba sobre la aldehuela y con una señal de despedida tomó
+tras sus arqueros el camino de Pamplona.</p>
+
+<p>Á corta distancia de él iban mil doscientos caballeros ingleses, cuyos
+almetes, petos y armas relucían al sol, formando deslumbrador escuadrón,
+escoltado por Lord Audley en persona con sus seiscientos arqueros y los
+cuatro renombrados escuderos que tamaña gloria conquistaran en Poitiers.
+Doscientos jinetes pesadamente armados precedían al duque de Lancaster y
+su brillante séquito, en el que descollaban<a name="page_256" id="page_256"></a> cuatro heraldos cuyos
+luengos tabardos llevaban bordadas sobre el pecho las armas reales. Á
+uno y otro lado del joven príncipe cabalgaban los dos senescales de
+Aquitania, Guiscardo de Angle y Esteban Cosinton, portando el primero la
+bandera del ducado y el segundo la de San Jorge. Más allá, en cuanto del
+camino abarcaba la vista, se extendía sin cesar columna tras columna,
+como un río de acero, dominado por airosas cimeras, gonfalones y
+blasonados escudos.</p>
+
+<p>Gran parte de aquel día permaneció absorto el buen Roger en la
+contemplación de los lúcidos escuadrones y compañías que ante él
+desfilaron, á la vez que escuchaba atento los nombres que citaba y los
+interesantes comentarios que hacía el veterano Simón, hasta que los
+últimos hombres de armas hubieron desaparecido en los profundos
+desfiladeros de Roncesvalles, con dirección á los llanos de Navarra.</p>
+
+<p>En compañía del duque de Lancaster llegaron á Pamplona, con la
+vanguardia inglesa, los reyes de Mallorca y de Navarra y el impaciente
+Don Pedro de Castilla. También se contaban allí apuestos caballeros
+gascones, procedentes de Aquitania y de Saintonge, de La Rochelle,
+Quercy, el Lemosín, Agenois, Poitou y Bigorre, con los pendones y
+fuerzas de sus distritos respectivos. Y no es de omitir el numeroso
+contingente del país de Gales, bajo la bandera escarlata de Merlín. Allí
+también el anciano duque de Armagnac con su sobrino el señor de Albret,
+los de Esparre, Breteuil y tantos más.</p>
+
+<p>Al cuarto día todo el ejército quedó acampado en el valle de Pamplona y
+el príncipe inglés convocó á sus jefes á consejo en el palacio real de
+la antigua capital de Navarra.<a name="page_257" id="page_257"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXX" id="CAPITULO_XXX"></a>CAPÍTULO XXX<br /><br />
+<small>LA GUARDIA BLANCA EN EL VALLE DE PAMPLONA</small></h3>
+
+<p>M<small>IENTRAS</small> se celebraba el consejo de guerra en Pamplona hallábase
+acampada la Guardia Blanca en las afueras de la ciudad, entre las
+compañías del jefe gascón La Nuit y del flamenco Ortingo, y allí se
+divertían tirando la espada, luchando cuerpo á cuerpo como antiguos
+gladiadores ó mostrando su habilidad en el manejo del arco, para lo cual
+les servían de blanco escudos colocados sobre las cercanas eminencias
+del terreno. Los arqueros bisoños se adelantaban formados en filas y
+tendían cuidadosamente los grandes arcos, en tanto que los veteranos
+como Yonson, Reno, Simón y otros seguían con atención el vuelo de las
+flechas, comentando, aplaudiendo ó corrigiendo los esfuerzos de los
+tiradores. Tras ellos se agrupaban muchos ballesteros de La Nuit y del
+Brabante, que observaban con interés el ejercicio á que se entregaban
+sus aliados ingleses.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, Gerardo! dijo el viejo Yonson á un mocetón de ojos azules y
+rubio cabello que con labios entreabiertos y fija mirada, seguía la
+dirección de la flecha que acababa de lanzar. Ahí la tienes en el centro
+del blanco, y así lo esperaba desde que la ví salir de tu mano. ¡Buen
+arquero, muchacho!</p>
+
+<p>&mdash;Tirad siempre de la cuerda lentamente y por igual y soltad la flecha
+sin mover la mano, pero de pronto, dijo Simón. Y acordaos de que esas
+reglas son ley lo mismo cuando tiréis al blanco que cuando tras del
+escudo se os venga encima un jinete lanza en ristre ó espada en alto,
+dispuesto á partiros el alma. Pero ¿quién es ése que agarra el arco como
+un cayado y que hace tantas muecas para apuntar?<a name="page_258" id="page_258"></a></p>
+
+<p>&mdash;Es Sabas, de Bristol. ¡Oye tú, Sabas! gritó Vifredo, no dobles el
+espinazo, hijo, ni saques la lengua, que maldito lo que eso te ayudará
+para poner la flecha en el blanco. Levanta esa cara tan fea que Dios te
+ha dado, tente tieso, y extiende bien el brazo izquierdo, sin moverlo;
+ahora tira despacio de la cuerda con la derecha.</p>
+
+<p>&mdash;Á fe mía, que más entiendo yo de manejar la espada y la pica que el
+arco, dijo Reno, pero he llevado tantos años entre arqueros que recuerdo
+haber presenciado prodigios. Buenos tiradores hay aquí, pero no como
+algunos que recuerdo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ves aquello? preguntó Yonson al veterano, extendiendo el brazo hacia
+una bombarda que á no gran distancia se alzaba sobre su poco airosa
+cureña. Pues la culpa la tienen esos armatostes, con sus humaredas y sus
+rugidos. Ante ellos van desapareciendo poco á poco los arqueros de la
+buena escuela. Y es maravilla que tan gentil guerrero como nuestro
+príncipe lleve consigo esas sucias máquinas, que ojalá revienten todas
+con mil demonios.</p>
+
+<p>&mdash;Para arqueros de primer orden algunos que teníamos en el sitio de
+Calais, observó Simón. Recuerdo que en una de las muchas salidas un
+genovés levantó el brazo y lo agitó como amenazándonos. Diez de nuestros
+muchachos le soltaron en el acto otras tantas flechas, y cuando
+descubrimos después su cadáver se vió que tenía ocho de ellas clavadas
+en el antebrazo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo os diré, repuso Vifredo, que cuando los franceses nos cogieron
+el galeón <i>Cristóbal</i> y lo anclaron á doscientos pasos de la playa, dos
+arqueros de marca, Robín y Elías, no necesitaron más de cuatro flechas
+para cortar el cable del ancla como con un cuchillo, de suerte que por
+poco se estrella el galeón contra las rocas y á los de á bordo los
+asaeteamos de lo lindo.</p>
+
+<p>&mdash;Buenos tiempos aquellos y mejores arqueros, en verdad, dijo Reno, pero
+á bien que ahí está Simón Aluardo, tan perito como el que más; y cuanto
+á tí, Yonson, como si no te hubiera visto yo ganarte el buey gordo allá
+en Fenbury, cuando te lo disputaron en el tiro al blanco los primeros
+arqueros de Londres.</p>
+
+<p>Habíalos estado escuchando muy atentamente, apoyado<a name="page_259" id="page_259"></a> en su ballesta, un
+robusto flamenco de penetrante mirada y atezado rostro, cuyo traje y
+porte revelaban á un oficial subalterno de las tropas del Brabante.</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo, dijo dirigiéndose á los arqueros ingleses, por qué os
+gusta tanto la percha esa de seis pies de largo, que os hace tirar y
+esforzaros como mulos de carga, cuando yo con el molinete de mi ballesta
+obtengo sin molestia los mismos resultados.</p>
+
+<p>&mdash;Buenos tiros de ballesta han visto mis ojos, contestó Simón, pero
+permitidme deciros, camarada, que comparando vuestra arma con el arco me
+parece una bicoca propia de mujeres, que pueden dispararla con tanta
+facilidad y tanto acierto como vos.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho habría que decir sobre eso, repuso bruscamente el flamenco. Pero
+desde luego aseguro que con mi ballesta hago yo lo que ninguno de
+vosotros con el arco.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien dicho, <i>mon garçon!</i> exclamó Simón. El buen gallo canta siempre
+alto. Pero á los hechos me atengo y como yo he practicado muy poco con
+el arco en estos últimos tiempos, ahí está el viejo Yonson, que sabe
+hacer bien las cosas y sostendrá contra vos el honor de la Guardia
+Blanca.</p>
+
+<p>&mdash;Un galón de vino del Jura apuesto por el arco, dijo Reno, y por mis
+barbas que preferiría apostarlo de buena cerveza de Londres si tal
+hubiera por estas tierras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Apostado! exclamó el ballestero. Lo que no veo, continuó mirando
+rápidamente en derredor, es un blanco que merezca tal nombre, pues yo no
+he de perder el tiempo tirando á esos escudos, buenos para ejercitar
+reclutas.</p>
+
+<p>&mdash;El tío ese es el mejor tirador de las compañías aliadas, dijo en voz
+baja á Simón un hombre de armas inglés. Esta misma mañana oí decir de él
+que fué quien derribó malherido al condestable de Borbón.</p>
+
+<p>&mdash;Respondo de Yonson, á quien he visto manejar el arco durante veinte
+años, contestó Simón. ¿Qué tal, viejo mío? ¿Te resuelves á demostrar á
+este camarada lo que vale un arco inglés?</p>
+
+<p>&mdash;Á buena parte vienes, Simón, como si para lances tales valiera más un
+arquero machucho, por bueno que haya sido, que uno de esos zánganos
+mozos con ojos de lince y puños de hierro. Pero en fin, déjame tomarle
+el tiento á ese arco<a name="page_260" id="page_260"></a> tuyo, Roldán, que me parece de los buenos. Escocés
+de construcción, no hay más que verlo, ligero y flexible á la vez que
+poderoso. No, esas flechas no; una de aquellas, tres plumas por banda y
+punta estrecha y larga.</p>
+
+<p>&mdash;Esas son las que á mí me gustan, marrullero, dijo Simón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Estáis pronto? preguntó el ballestero, poniendo cuidadosamente en su
+arma un grueso dardo.</p>
+
+<p>La noticia de la prueba que se preparaba había cundido por el campo y
+numerosos espectadores de las diferentes compañías formaban extenso
+semicírculo detrás de los dos justadores. La mirada del ballestero se
+fijó de pronto en una cigüeña que trasponiendo lejana colina continuó su
+perezoso vuelo en dirección al campamento. Al acercarse divisaron todos
+un punto negro que se cernía á grande altura, y que muy pronto
+conocieron era un milano en seguimiento de su víctima. Aterrorizada la
+cigüeña llegó á unos cien pasos de los arqueros y el ave de rapiña
+empezó á trazar pequeños círculos, como si se preparase á caer sobre
+ella, cuando el ballestero, apuntando rápidamente, atravesó con su dardo
+á la pobre cigüeña. Casi al mismo tiempo tendió Yonson su temible arco y
+la flecha detuvo en su vuelo al milano, que empezó á caer velozmente;
+alzóse gran clamoreo de los espectadores, que aplaudían ambas proezas;
+pero la aprobación de todos se trocó en asombro al ver que Yonson ponía
+apresurado otra flecha en su arco apenas disparada la primera y
+apuntando horizontalmente clavaba á su vez una saeta en la infeliz
+cigüeña, casi en los momentos de dar ésta con su cuerpo en el suelo. Un
+grito unánime de los arqueros, resonante expresión de triunfo, acogió
+aquella doble hazaña de su camarada, á quien abrazó estrechamente Simón,
+que danzaba de gozo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, viejo lobo! gritó. Esta la celebraremos juntos vaciando un
+azumbre de lo bueno. No contento con el milano habías de ensartar
+también la cigüeña. ¡Por las barbas del gran turco! ¡Otro abrazo!</p>
+
+<p>&mdash;Buen tirador sois, á fe mía, dijo gravemente el ballestero, pero no
+habéis probado serlo mejor que yo. Apunté á la cigüeña y dí en el
+blanco; nadie hubiera podido hacer más.</p>
+
+<p>&mdash;No pretendo aventajaros como tirador, repuso Yonson,<a name="page_261" id="page_261"></a> pues conozco
+vuestra fama; pero sí quería demostrar que con el arco es posible hacer
+lo que no hubierais podido realizar con vuestra ballesta en igual
+tiempo, dado el que necesitáis para armarla y disparar por segunda vez.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto es ello, pero ahora me toca á mí enseñaros una ventaja de la
+ballesta sobre el arco. Tended el vuestro cuanto podáis y lanzad la
+flecha lo más lejos que alcance. Mi dardo la dejará muy atrás. Marca las
+distancias, Arnaldo, clavando en tierra una pica á cada cien pasos y
+espérate junto á la quinta para recoger y traerme mis dardos.</p>
+
+<p>Hízolo así el soldado y momentos después partía silbando la flecha de
+Yonson.</p>
+
+<p>&mdash;¡Más allá de la cuarta pica! gritó Simón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, Yonson! exclamaron los arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuatrocientos veinte pasos! dijo un ballestero que con Arnaldo
+acababa de medir la distancia exacta y llegó corriendo al grupo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ahora veréis cómo vuela un buen dardo del Brabante, dijo
+tranquilamente el ballestero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por la cruz de Gestas! gruñó Tristán, ha caído cerca de la quinta
+pica.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, más allá, más allá! gritaron entusiasmados los flamencos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Quinientos ocho pasos! voceó Arnaldo y repitieron todos con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál de las dos armas vence ahora? preguntó orgullosamente el
+ballestero.</p>
+
+<p>&mdash;En el tiro á distancia, la vuestra lleva la ventaja, lo confieso,
+replicó Yonson cortésmente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Poco á poco! gritó en aquel punto nuestro amigo Tristán con un
+vozarrón tremendo y adelantándose hasta llegar junto al engreído
+ballestero. Este arco que aquí véis alcanza más lejos que esa maquinaria
+vuestra, con molinillo y todo, y os lo voy á probar ahora mismo.
+¿Preferís tirar otra vez?</p>
+
+<p>&mdash;Me atengo á los quinientos ocho pasos de mi último dardo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues allá va el mío camino de los seiscientos, dijo el gigantesco
+arquero tendiéndose en el suelo, poniendo un pie en cada extremo de su
+arco y tirando vigorosamente de la cuerda, después de colocar en ella
+larguísima flecha.<a name="page_262" id="page_262"></a></p>
+
+<p>&mdash;Vas á hacer un pan como unas hostias, gandul, le dijo Simón. ¿De
+cuándo acá pretendes tú superar á los arqueros veteranos?</p>
+
+<p>&mdash;Calma, Simón, que esta es una treta mía y yo sé lo que me hago.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien por Tristán! ¡Rompe el arco si es preciso, camarada! vocearon
+los arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es aquel imbécil que está allí plantado, camino de mi flecha?
+preguntó Tristán alzando la cabeza y mirando hacia la última pica.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi soldado Arnaldo, que marca el lugar donde cayó mi dardo y sabe
+que allí nada tiene que temer de vos, dijo el ballestero.</p>
+
+<p>&mdash;¿No? ¡Pues que Dios lo perdone! exclamó Tristán tendiéndose de nuevo
+en el suelo, afirmando los pies y tirando de la cuerda hasta hacer
+crujir el arco. ¡Allá va!</p>
+
+<p>El silbido de la flecha se oyó á gran distancia; el medidor del terreno
+se arrojó de cara al suelo y levantándose enseguida echó á correr en
+dirección opuesta al grupo que formaban los tiradores.</p>
+
+<p>&mdash;¡Aprieta, Tristán! ¡Si no se tira al suelo no lo cuenta! ¡Bien,
+muchacho! exclamaron los arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Mon Dieu!</i> No he visto jamás proeza igual, dijo el de Brabante.</p>
+
+<p>&mdash;Lo dicho, es una treta mía con la cual me he ganado muy buenos
+cuartillos de cerveza allá en las ferias de Hanson, repuso Tristán
+levantándose y sonriendo satisfecho.</p>
+
+<p>&mdash;La flecha ha caído á ciento treinta pasos más allá de la quinta pica,
+dijeron varios arqueros y soldados.</p>
+
+<p>&mdash;¡Seiscientos treinta pasos! Es un tiro descomunal, pero nada prueba á
+favor de vuestra arma, robusto amigo, porque para llegar á tal distancia
+os habéis convertido vos mismo en arco y eso no era lo pactado.</p>
+
+<p>&mdash;¡No deja de ser verdad lo que decís! asintió Simón riéndose. Pero
+probados ya el tiro al blanco y el de distancia, voy á demostraros á mi
+vez cómo el arco gana á la ballesta en fuerza de penetración. ¿Véis
+aquel escudo, en la altura? Es de roble recubierto de cuero. Clavad en
+él vuestro dardo lo más profundamente que podáis.</p>
+
+<p>&mdash;Allá va, dijo el ballestero, á quien imitó Simón después de ensebar
+con cuidado la punta de su flecha.<a name="page_263" id="page_263"></a></p>
+
+<p>&mdash;Tráeme el escudo, Elías, dijo Simón á un arquero.</p>
+
+<p>Cariacontecidos quedaron los ingleses y grande fué la risa de los de La
+Nuit y Brabante al ver que el sólido escudo sólo tenía el dardo del
+ballestero clavado profundamente y ni señales de la flecha de Simón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por vida de los tres reyes! exclamó el flamenco. Ni siquiera habéis
+dado en el blanco, seor inglés.</p>
+
+<p>&mdash;¿No, eh? replicó el veterano con sorna; y dando vuelta al escudo
+señaló en la cara interior de éste un pequeño agujero. ¿Véis esto? Pues
+es que ha sucedido lo que yo esperaba; vuestro dardo ha quedado
+atarugado en el roble á poco de atravesar el cuero, en tanto que mi
+flecha ha horadado el escudo de parte á parte.</p>
+
+<p>El semblante del oficial reveló su humillación y su disgusto, pero antes
+de que pudiera despegar los labios llegó al galope Roger, que
+dirigiéndose á los arqueros les dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Nuestro capitán el barón de Morel me sigue de cerca y quiere hallar
+reunidos á sus soldados para darles en persona una buena noticia.</p>
+
+<p>Arqueros y hombres de armas se calaron á toda prisa los cascos,
+endosaron cotas de malla y coletos, asieron sus respectivas armas y en
+dos minutos quedó perfectamente formada la Guardia Blanca. Poco después
+llegó el barón al trote de su brioso corcel y contempló con evidente
+satisfacción el marcial aspecto de su gente.</p>
+
+<p>&mdash;Soldados, les dijo, vengo á anunciaros que la Guardia Blanca acaba de
+ser objeto de un alto honor. El príncipe nos ha elegido para formar la
+vanguardia y seremos los primeros en atacar al enemigo. Si alguno de
+vosotros vacila en este momento....</p>
+
+<p>&mdash;¡Os seguiremos hasta el último! ¡Viva nuestro capitán! gritaron á una
+los arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;Bien está. ¡Por San Jorge! no esperaba menos de vosotros. Nos
+pondremos en marcha mañana al despuntar el día, y montaréis los caballos
+de la compañía Loring, que por ahora queda incorporada á la reserva.
+Hasta mañana.</p>
+
+<p>Los arqueros rompieron filas con mil exclamaciones de contento,
+palmoteando y abrazándose como si acabasen de ganar una victoria.
+Contemplábalos sonriente el barón cuando cayó sobre su hombro una pesada
+mano y volviéndose<a name="page_264" id="page_264"></a> halló el rostro coloradote y mofletudo de Sir Oliver
+Butrón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Aquí tenéis otro recluta, caballero andante! le dijo el rollizo
+guerrero. Acabo de saber que seréis el primero en marchar camino del
+Ebro y con vos me largo aunque no queráis.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bienvenido, Oliver! Vuestra compañía, á más de gustosa, es honra para
+mí.</p>
+
+<p>&mdash;Pero debo confesaros con franqueza que tengo para ello una razón
+poderosa....</p>
+
+<p>&mdash;Sí, vuestro deseo de hallaros siempre donde hay peligros que correr y
+lauros que conquistar.</p>
+
+<p>&mdash;No precisamente....</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué buscáis, pues?</p>
+
+<p>&mdash;Gallinas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Eh?</p>
+
+<p>&mdash;Os explicaré. Hasta ahora hemos debido de tener por vanguardia una
+partida de gentes famélicas, á juzgar por la limpia de vituallas que han
+hecho en todo el camino. Desde que salimos de Dax trae á la grupa mi
+escudero un saco de exquisitas trufas, pero estad seguro de que no
+hallaremos una sola gallina ni un mal pollastre con que comerlas
+mientras no dejemos atrás á esos voraces merodeadores. Y hé aquí por
+qué, mi buen León, me alisto desde ahora bajo vuestra bandera, con
+trufas y todo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre el mismo, Oliver! dijo el barón riéndose de la salida de su
+amigo é invitándolo á entrar en su tienda.<a name="page_265" id="page_265"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXXI" id="CAPITULO_XXXI"></a>CAPÍTULO XXXI<br /><br />
+<small>DE CÓMO TRISTÁN Y EL BARÓN HICIERON DOS PRISIONEROS</small></h3>
+
+<p>D<small>OS</small> días de acelerada marcha llevaron al barón y su gente á la orilla
+opuesta del rápido Arga y más allá de Estella, hasta dejar atrás los
+valles y las cañadas de Navarra y hallarse frente al anchuroso Ebro, en
+cuyas riberas se alzaban numerosos caseríos. Durante toda una noche
+contemplaron los sorprendidos habitantes de Viana el paso del río por
+aquella tropa, que hablaba una lengua extraña á sus oídos y cuyas armas
+y equipo llamaban no menos poderosamente su atención. Desde aquel
+momento se hallaba la Guardia Blanca en tierra de Castilla y la próxima
+jornada los dejó en un pinar cercano á la ciudad de Logroño, en el cual
+se detuvieron para tomar hombres y caballos el muy necesitado descanso,
+mientras los jefes celebraban consejo presidido por el barón.</p>
+
+<p>Tenía éste consigo á los señores Guillermo Fenton, Oliver de Butrón,
+Burley, llamado el caballero andante de Escocia, Ricardo Causton y el
+conde de Angus, distinguidos todos ellos entre los primeros caballeros
+del ejército. Componían el resto de la fuerza sesenta hombres de armas
+veteranos y trescientos veinte arqueros. Don Enrique de Trastamara, rey
+de Castilla, se hallaba acampado con su ejército á unas diez leguas de
+distancia en dirección á Burgos, según informes suministrados al barón
+por numerosos espías. Por éstos supo también que el monarca castellano
+mandaba poderosa hueste de cuarenta mil infantes y veinte mil caballos.</p>
+
+<p>Largas fueron las deliberaciones del consejo, y aunque Fenton y Burley
+sostuvieron que la misión de la vanguardia quedaba bien cumplida por
+entonces, pues habían averiguado<a name="page_266" id="page_266"></a> la posición y número del enemigo, y
+que era temeridad continuar allí con sólo cuatrocientos hombres, entre
+un ejército de sesenta mil y un caudaloso río, prevaleció la opinión del
+señor de Morel y otros caballeros, que no querían repasar el Ebro sin
+ver á un solo enemigo ni intentar hazaña ó aventura por arriesgada que
+fuese.</p>
+
+<p>Continuaron, pues, la marcha, protegidos por la obscuridad de la noche y
+guiados por un pastor de cuya guarda se encargó Reno, empezando por
+atarle sólidamente una muñeca con recia cuerda cuyo otro extremo aseguró
+al arzón de su silla. Momentos después de amanecer, cuando ya el paso
+por aquellas breñas iba haciéndose harto difícil, les anunció temblando
+su guía que en la obscuridad había perdido el camino; palabras que
+indignaron á los arqueros más próximos, sospechosos de una traición y
+que á punto estuvo de costar la vida al pastor, cuando repentino toque
+de cornetas y tambores reveló á los expedicionarios la inmediación del
+enemigo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Habla, villano! ¿Qué significa ese rumor? preguntó en buen castellano
+el señor de Fenton al tembloroso guía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya sé dónde estamos! exclamó éste. El ejército acampa en aquel valle.
+Salgamos de esta cañada y desde esa altura que á la izquierda queda
+veréis las tiendas del rey.</p>
+
+<p>Tomó Fenton ladera arriba, siguiéronle sigilosamente los otros y al
+llegar á la cumbre miraron con precaución el barón y los caballeros por
+entre rocas y matorrales.</p>
+
+<p>El cuadro que el inmediato valle ofreció á su vista los dejó atónitos.
+Frente á ellos se extendía una gran llanura cubierta de verde hierba y
+por la que serpenteaban dos riachuelos. En todo el valle, hasta donde
+alcanzaba la vista, millares de blancas tiendas, adornadas muchas de
+ellas con enseñas y pendones de los altivos señores castellanos y
+leoneses. Á gran distancia, en el centro de aquella improvisada ciudad,
+una tienda mayor y más vistosa que todas las restantes era sin duda la
+vivienda del monarca. El toque que habían oído los ingleses era la
+primera llamada matutina; el campamento despertaba, numerosos soldados
+salían de las tiendas, dirigiéndose unos al riachuelo más cercano y
+preparando y encendiendo otros multitud<a name="page_267" id="page_267"></a> de fogatas que empezaron á
+desprender columnas de humo.</p>
+
+<p>Largo rato continuaron en acecho los ingleses y vieron que algunos
+grupos de nobles castellanos, montando sus hermosos corceles y seguidos
+de pajes que llevaban halcones y azores adiestrados, se preparaban á
+entregarse á su ejercicio favorito de la caza. Á su lado corrían y
+saltaban grandes lebreles.</p>
+
+<p>&mdash;Arrogantes galanes, á fe mía, dijo Simón á Roger, que olvidado de todo
+contemplaba con embeleso espectáculo tan nuevo para él.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo pienso, dijo á su vez Tristán, es que si pudiera apoderarme
+de uno de aquellos alegres jinetes y hacerle pagar rescate, podría
+también comprarle a mi madre un par de vacas....</p>
+
+<p>&mdash;No seas cernícalo, Tristán, repuso Simón. Dí más bien que con el
+rescate podrías comprar una hermosa granja inglesa y diez aranzadas de
+terreno á orillas del Avón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sí? Pues allá voy á traerme uno de ellos, exclamó Tristán haciendo
+ademán de bajar al valle y en voz tan alta que llamó la atención de
+Morel.</p>
+
+<p>&mdash;Nadie se mueva, ordenó éste. Quitáos los cascos y bajad las armas para
+que el brillo del acero á los rayos del sol no llame la atención del
+enemigo. Aquí hemos de aguardar ocultos hasta la noche.</p>
+
+<p>Así lo hicieron, temiendo verse descubiertos y aniquilados de un momento
+á otro, cosa que pareció inevitable cuando á eso de mediodía vieron
+subir por el sendero del valle á un apuesto caballero, ligeramente
+armado, que montaba un caballo blanco y llevaba posado sobre el puño
+izquierdo un halcón. El cazador siguió trepando hasta llegar á la
+cumbre, obligó á su caballo á trasponer la valla natural que formaban
+los arbustos y cuando menos lo esperaba se halló rodeado de los extraños
+guerreros allí ocultos. Lanzando una exclamación de sorpresa y despecho
+hizo volver grupas á su caballo, derribó éste á los dos arqueros que
+intentaban detenerlo é iba ya á lanzarse al galope hacia el valle,
+cuando caballo y caballero se vieron detenidos bruscamente por las
+férreas manazas de Tristán. Un momento después yacía el jinete derribado
+en el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;Rescate tenemos, dijo Tristán.<a name="page_268" id="page_268"></a></p>
+
+<p>&mdash;Si no me engaño, arquero, dijo el barón adelantándose después de mirar
+atentamente al sorprendido cautivo, acabas de hacer prisionero al noble
+caballero español Don Diego de Álvarez, á quien tuve la honra de ver un
+tiempo en la corte de nuestro príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;Don Diego soy, repuso el caballero, y preferiría mil veces la muerte á
+verme hecho prisionero en una emboscada y por las villanas manos de un
+arquero.... Tomad vos mi espada, señor capitán.</p>
+
+<p>&mdash;Poco á poco, caballero, dijo el barón. Sois prisionero del soldado que
+os ha hecho cautivo, mozo valiente y honrado. Potentados de más alto
+rango que vos hanse visto antes de ahora prisioneros de arqueros
+ingleses....</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué rescate pide ese hombre? interrumpió el castellano.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo, dijo titubeando Tristán cuando le hubieron traducido la
+pregunta, quisiera unas cuantas vacas, y una casita aunque fuese
+pequeña, con su huerto y....</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta, basta! dijo el barón con gran risa. Déjame arreglar este
+asunto por tí, arquero. Todo lo que el soldado quiere, Don Diego, puede
+comprarse con dinero, y creo que cinco mil ducados no es mucho pedir por
+la libertad de tan renombrado caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Le serán pagados.</p>
+
+<p>&mdash;Me veo obligado, eso sí, á reteneros entre nosotros por algunos días,
+y á pediros permiso para usar vuestra armadura, escudo y caballo en una
+expedición que proyecto.</p>
+
+<p>&mdash;Mi arnés, armas y caballo vuestros son por la ley de la guerra.</p>
+
+<p>&mdash;Pero os serán devueltos. Coloca centinelas, Simón, ahí en la entrada
+del paso y una guardia de arqueros con armas preparadas por si algún
+otro caballero nos visita.</p>
+
+<p>Pasaron las horas y los ingleses siguieron vigilando todos los
+movimientos de la gran hueste enemiga. Al caer la tarde se notó gran
+agitación en el campo y luégo fuertes clamores y el toque de cien
+cornetas. No tardó en descubrirse la causa; por el camino más lejano del
+punto donde se hallaban agazapados los arqueros llegaba una fuerte
+columna, nuevos refuerzos para el ejército castellano.</p>
+
+<p>&mdash;¡El diablo me lleve, dijo por fin Burley, si al frente<a name="page_269" id="page_269"></a> de esos
+caballos no ondea el estandarte con la doble águila de Duguesclín!</p>
+
+<p>&mdash;Así es, dijo el de Angus, y con él los caballeros franceses alistados
+en Bretaña y Anjou.</p>
+
+<p>&mdash;Cuatro mil jinetes lo menos, repuso Guillermo Fenton. Y allí veo al
+gran Bertrán en persona, junto á su bandera. El rey Enrique sale á su
+encuentro con heraldos, caballeros y pendones. Vedlos que juntos se
+dirigen hacia la tienda real.</p>
+
+<p>En tanto el barón de Morel había revestido la armadura de su prisionero
+Don Diego y tan luego se puso el sol dió orden á su gente de preparar
+las armas.</p>
+
+<p>&mdash;Señor de Fenton, dijo, he resuelto intentar no pequeña empresa y os he
+elegido para mandar á nuestros soldados en una salida y sorpresa al
+campamento castellano. Antes saldré yo con dirección al centro del
+campo, con sólo mi escudero y dos arqueros. Caed sobre el enemigo cuando
+me veáis llegar á la tienda del rey. Dejaréis veinte hombres aquí, en el
+sendero que parte de la cañada, y regresaréis apresuradamente á este
+mismo lugar después de vuestro rápido ataque.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué proyectáis, Morel?</p>
+
+<p>&mdash;Después lo veréis. Roger, me seguirás llevando por la brida un caballo
+de repuesto. Que vengan con nosotros, bien montados, los dos arqueros
+que nos acompañaron en nuestro viaje por Francia, y en quienes tengo
+confianza absoluta. Dejarán aquí sus arcos y ni ellos ni tú diréis
+palabra, aunque os hablen en el campo. ¿Estás pronto?</p>
+
+<p>&mdash;Á vuestras órdenes, señor barón, dijo Roger.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y también nosotros! exclamaron Simón y Tristán, montando y
+adelantándose á su vez.</p>
+
+<p>&mdash;En vos confío, Fenton, dijo el barón. Si Dios nos protege hemos de
+vernos reunidos otra vez aquí antes de una hora. ¡Adelante!</p>
+
+<p>Montó el barón el blanco caballo de Don Diego de Álvarez, y salió
+tranquilamente de su escondite seguido de sus tres compañeros. Llegados
+al valle hallaron multitud de grupos de soldados y caballeros
+castellanos y franceses que fraternizaban, por entre los cuales pasaron
+sin que su presencia llamase la atención, y deslizándose entre las filas
+de tiendas no tardaron en hallarse frente á la que ostentaba<a name="page_270" id="page_270"></a> el
+estandarte real. En aquel momento estallaron grandes gritos de sorpresa
+y terror á la izquierda del campo, hacia donde se dirigieron velozmente
+millares de infantes y jinetes y muy pronto se oyó á lo lejos el rumor
+de furioso combate. Á excepción de algunos centinelas y pajes, cuantos
+se hallaban cercanos á la tienda real habían desaparecido, voceando y
+arma en mano, en dirección al lugar de la lucha.</p>
+
+<p>&mdash;¡He venido aquí á apoderarme del rey! dijo entonces el barón á los
+suyos; y lo conseguiré ó pereceré en la demanda.</p>
+
+<p>Roger y Simón cayeron en seguida sobre los hombres de armas que
+guardaban la puerta y los tendieron á los pies de sus caballos.
+Desmontaron rápidamente, como ya lo había hecho el barón y los tres se
+precipitaron en la tienda espada en mano, seguidos un momento después
+por Tristán que se había encargado de asegurar los cinco caballos cerca
+de la puerta. Oyéronse gritos y choque de armas dentro de la tienda y á
+los pocos instantes volvieron á salir los audaces guerreros, tintas en
+sangre las espadas y llevando Tristán á cuestas el cuerpo ricamente
+ataviado de un hombre desvanecido ó muerto, que en un abrir y cerrar de
+ojos quedó asegurado sobre el caballo de repuesto. Poco costó al barón y
+sus soldados, una vez montados, dispersar á los pajes y servidores del
+rey que los rodeaban, y se lanzaron al galope en dirección á la colina
+donde esperaban refugiarse.</p>
+
+<p>El inesperado y furioso ataque de Guillermo Fenton con sus cuatrocientos
+arqueros había llevado á medio campamento una confusión espantosa y
+sembrado la muerte á su paso. Multitud de jinetes castellanos corrían en
+todas direcciones, sin hallar al enemigo, confundiéndolo en la
+obscuridad con sus aliados los franceses. En tanto el barón, Roger y los
+dos arqueros con su cautivo salían del campo por otro lado, sin hallar á
+su paso más que dos á tres grupos de soldados, que sorprendieron y
+dispersaron fácilmente. Los pocos que dieron en perseguirlos
+retrocedieron á toda prisa al llegar á la cañada y oir las cornetas y
+atabales que allí tocaban furiosamente los veinte arqueros emboscados al
+efecto. Los perseguidores, como lo había previsto el barón, creyeron que
+una gran fuerza inglesa, quizás todo el ejército del Príncipe Negro,
+había tomado posesión de<a name="page_271" id="page_271"></a> aquellas alturas. Lo mismo sucedió cuando poco
+después llegaron á escape y perseguidos los jinetes mandados por Sir
+Guillermo Fenton, sin que el enemigo se atreviera á continuar la
+persecución en la espesura, donde evidentemente se hallaban emboscados
+los ingleses en considerable número.</p>
+
+<p>&mdash;¡Contemplad mi conquista, Morel! gritó apenas llegado Oliver de
+Butrón, agitando sobre su cabeza un enorme jamón que había arrebatado al
+enemigo. Os convido, amigo barón, aunque es lástima que no tengamos una
+botella de buen vino con que rociarlo....</p>
+
+<p>&mdash;Más tarde hablaremos, Oliver, dijo el barón jadeante. Por ahora lo que
+importa es marchar á toda prisa hacia el Ebro, por lo más cerrado del
+bosque.</p>
+
+<p>&mdash;¡Paciencia! dijo el señor de Butrón. Pero ¿quién es ese individuo que
+ahí traéis?</p>
+
+<p>&mdash;Un prisionero que acabo de hacer en la tienda real y que á juzgar por
+su ropaje y el escudo con las armas de Castilla bordado sobre el pecho
+espero sea el mismísimo rey Don Enrique.</p>
+
+<p>&mdash;¡El rey! exclamaron asombrados sus oyentes, rodeando al desconocido.</p>
+
+<p>&mdash;Os engañáis, barón, dijo Fenton, que miraba atentamente al cautivo.
+Dos veces he visto al de Trastamara y este hombre en nada se le parece.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces ¡por el cielo! juro volver ahora mismo al campo y
+traerme al rey, vivo ó muerto.</p>
+
+<p>&mdash;Sería una temeridad inútil, barón. El campo enemigo está todo sobre
+las armas. ¿Quién sois vos? preguntó bruscamente Fenton en castellano,
+dirigiéndose al desconocido. ¿Y cómo no siendo el rey ostentáis el
+escudo de Castilla?</p>
+
+<p>El prisionero había vuelto en sí del desmayo que le ocasionaran los
+vigorosos puños de Tristán, que le habían apretado el pescuezo sin
+compasión ni miramientos.</p>
+
+<p>&mdash;Formo parte, dijo, de la guardia de nobles encargados de velar por la
+persona del rey. Mi soberano se hallaba por fortuna en la tienda
+destinada á Duguesclín cuando vos me sorprendisteis. Soy Don Sancho de
+Penelosa, caballero aragonés al servicio de su alteza Don Enrique de
+Castilla y pronto estoy á pagar el rescate que se me exija.<a name="page_272" id="page_272"></a></p>
+
+<p>&mdash;Guardaos en buenhora vuestro dinero, dijo el barón, profundamente
+disgustado con el fracaso de su atrevida empresa. Libre estáis. Decid á
+vuestro señor que un noble inglés, el barón León de Morel, ha hecho esta
+noche todo lo posible, aunque inútilmente, por ofrecerle sus respetos en
+persona. Otra vez será. ¡Y ahora, amigos míos, á caballo y en marcha!
+Había creído poder quitarme esta noche el parche que cubre mi ojo, pero
+por lo visto tengo que llevarlo puesto algún tiempo todavía. ¡En
+marcha!<a name="page_273" id="page_273"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXXII" id="CAPITULO_XXXII"></a>CAPÍTULO XXXII<br /><br />
+<small>DONDE EL SEÑOR DE MOREL CUMPLE SU VOTO</small></h3>
+
+<p>L<small>A</small> mañana siguiente, desapacible y fría como muchas del mes de Marzo en
+aquellos contornos, halló á nuestros arqueros en un terreno pedregoso y
+al pie de elevadísimas rocas, cuyas cimas empezaba á dorar el sol
+naciente. En uno de los grupos que apresuradamente disponían el desayuno
+figuraban Reno, Simón y Yonson, más atentos á preparar sus flechas y
+afilar sus espadas que á vigilar el guiso, del cual cuidaba solícito el
+voraz Tristán. Roger y Norbury, el silencioso escudero de Sir Oliver,
+procuraban calentar al fuego de la hoguera sus manos ateridas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya hierve el guisote! exclamó Yonson poniendo á un lado el espadón.
+¡Á comer, antes de que nos den la orden de marcha ó nos caiga encima un
+nublado de castellanos y franceses!</p>
+
+<p>&mdash;¡Por vida de! dijo Simón mirando á su amigo Tristán, ahora que este
+cernícalo está en vísperas de recibir el cuantioso rescate de su
+prisionero desdeñará quizas comer con pobres arqueros. ¿Eh, Tristán? No
+más cubiletes de cerveza ni medias raciones de cecina, cuanto te veas
+otra vez en Horla, sino vino gascón á diario y carne asada hasta que te
+hartes.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que en Horla haré, sargento, si allá llego otra vez, está por ver;
+lo que sí sé es que por ahora voy á meter mi casco en esa caldera y á
+comer cuanto pueda, por si no volvemos á ver un guiso en todo el día.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien dicho, muchacho! ¡Ea, cada cual para sí! ¿Á quién buscas, Robín?</p>
+
+<p>&mdash;El señor barón desea veros en su tienda, dijo á Roger un joven
+arquero.<a name="page_274" id="page_274"></a></p>
+
+<p>Apenas llegado Roger á presencia de su señor entrególe éste un abultado
+pergamino, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Acaba de traérmelo un mensajero de Su Alteza, quien me dice que fué
+portador de ese y otros pergaminos un caballero recienllegado de
+Inglaterra al cuartel general.</p>
+
+<p>&mdash;Está dirigido á vos, señor barón y escrito, según aquí reza, "de mano
+de Cristóbal, siervo de Dios y Prior del monasterio de Salisbury."</p>
+
+<p>&mdash;Lee pronto, Roger.</p>
+
+<p>El joven escudero recorrió con la vista las primeras líneas, palideció y
+lanzó una exclamación de sorpresa y dolor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es ello? preguntó el barón. ¿Vas á darme malas noticias de la
+señora baronesa ó de mi hija Constanza?</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi hermano, mi desgraciado hermano! exclamó Roger. ¡Hugo ha muerto!</p>
+
+<p>&mdash;Te trató en vida como á mortal enemigo, Roger, y no veo fundado motivo
+para que tanto sientas su muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Era el único pariente que me quedaba en el mundo. Pero ¡qué noticias!
+¡Cuánto inesperado desastre! Oid, señor barón.</p>
+
+<p>El prior escribía que poco después de la partida de Morel se había
+congregado en la granja de Munster y puéstose á las órdenes del díscolo
+Hugo de Clinton numerosa fuerza compuesta de aventureros, bandidos y
+gente perdida de toda la comarca, quienes después de derrotar á las
+gentes de justicia y soldados del rey enviados contra ellos, habían
+puesto sitio al castillo de Monteagudo, habitado por la esposa é hija
+del barón. Que la baronesa, lejos de entregar la fortaleza, había
+organizado y dirigido la defensa con tantos bríos y acierto tal que al
+segundo día, después de empeñados y mortíferos asaltos, había perdido la
+vida Hugo, el jefe de los sitiadores, y huído y dispersádose éstos. La
+carta terminaba dando las mejores noticias sobre la salud de ambas damas
+é invocando sobre el barón las bendiciones del cielo.</p>
+
+<p>&mdash;¡La profecía! dijo el barón tras larga pausa. ¿Recuerdas, Roger lo que
+nos dijo aquella noche memorable y fatal la esposa de Duguesclín? El
+asalto del castillo, el jefe de la barba rubia, todo, todo. ¡Es
+portentoso! Y á<a name="page_275" id="page_275"></a> propósito, Roger; nunca te he preguntado por qué la
+noble profetisa dijo de tí que tenías el pensamiento puesto en el
+castillo de Monteagudo con más constancia y cariño que yo mismo....</p>
+
+<p>&mdash;Quizás tuviera también razón al decirlo, señor, replicó el escudero
+ruborizándose, porque os confieso que en aquel castillo pienso todo el
+día y con él sueño de noche.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! exclamó el barón. ¿Y cómo es eso, Roger?</p>
+
+<p>&mdash;Debo confesároslo. Amo á mi señora Doña Constanza, vuestra hija, con
+el más puro y profundo amor....</p>
+
+<p>&mdash;Me sorprendes, doncel, dijo el barón frunciendo el ceño. ¡Por San
+Jorge! ¿sabes que es muy noble nuestra sangre y muy antiguo nuestro
+nombre?</p>
+
+<p>&mdash;También lo es el mío, señor barón, y muy noble la sangre heredada de
+mis mayores.</p>
+
+<p>&mdash;Constanza es nuestra única hija y cuanto tenemos le pertenecerá algún
+día.</p>
+
+<p>&mdash;También soy yo ahora el único Clinton, y muerto sin hijos mi hermano
+soy dueño y señor de Munster.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto es. Pero ¿cómo no me has hablado antes del caso?</p>
+
+<p>&mdash;No podía hacerlo, señor barón, porque ni aun sé si vuestra hija me ama
+y no media entre nosotros oferta ni promesa.</p>
+
+<p>Quedóse pensativo el famoso guerrero y por fin se echó á reir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Juro por San Jorge no tomar cartas en el asunto! exclamó. Mi muy
+amada hija es árbitra de su elección, pues la juzgo muy capaz de mirar
+por sí misma y elegir con acierto. La conozco, amigo Roger, y si como me
+figuro está ella pensando en tí como tú en ella, ni Enrique de
+Trastamara con sus sesenta mil soldados puede impedir que mi Constanza
+haga su voluntad y deje de amar á quien ame. Lo que sí me toca recordar
+aquí es que siempre he deseado para esposo de mi hija á un caballero
+valiente y cumplido. Tú, Roger de Clinton, estás en camino de ser una
+brillante lanza si Dios te protege. Sigue haciendo méritos y
+conquistando lauros. Pero basta de este asunto, que volveremos á tratar
+cuando veamos otra vez las costas de Inglaterra. Nos hallamos en
+situación gravísima é importa salir de ella cuanto antes. Hazme la
+merced de<a name="page_276" id="page_276"></a> llamar al señor de Fenton, con quien deseo conferenciar antes
+de que nos alcance el enemigo en esta desventajosa posición.</p>
+
+<p>Obedeció Roger inmediatamente y sentándose después sobre apartada roca
+trató de recordar una á una las palabras del barón y su propia
+confesión; comparó también las desfavorables circunstancias que le
+rodeaban cuando por primera vez vió á su amada, novicio indigente y sin
+hogar, con la holgada posición que le creaba la prematura muerte de su
+hermano. Además, había sabido ganarse el aprecio y la confianza del
+barón, sus compañeros de armas lo consideraban como valiente entre los
+valientes de la Guardia Blanca, á pesar de sus pocos años, y sobre todo,
+el barón acababa de oir la revelación de su amor más complacido que
+enojado. El resultado de sus meditaciones fué la resolución de no
+abandonar aquellas montañas sin conquistar lauros brillantes, que
+acabaran de hacerle digno de merced tan alta y felicidad tan cumplida
+cual podía prometerse el futuro esposo de la encantadora Constanza de
+Morel.</p>
+
+<p>En aquel instante oyó Roger, tres veces repetida, la nota penetrante de
+un clarín, y saltando de la roca en que estaba sentado vió que los
+arqueros empuñaban sus armas y se dirigían apresuradamente hacia los
+caballos. Llegó en pocos momentos al grupo que formaban los jefes y oyó
+al señor de Fenton que decía:</p>
+
+<p>&mdash;No me queda duda, es el toque del clarín enemigo. Pero es imposible
+que las tropas de Enrique nos hayan dado alcance tan pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Olvidáis, dijo el barón, los informes del villano á quien sorprendimos
+anoche. Un hermano del rey castellano, nos dijo, se había adelantado al
+grueso del ejército para hostigar á nuestras avanzadas con un cuerpo de
+seis mil jinetes y mucho me temo que nuestra precipitada marcha nos haya
+alejado de un peligro para hacernos caer en otro.</p>
+
+<p>&mdash;Así es, en efecto, dijo el de Angus. ¿Qué hacer?</p>
+
+<p>&mdash;Tomar posiciones en aquella altura y vender caras nuestras vidas, ó
+salvarlas si nos llegan refuerzos. La más alta de aquellas colinas, de
+difícil subida por todos lados y con una planicie bastante extensa en la
+cumbre, nos ofrece una admirable fortaleza natural. Dad, Fenton, la
+orden de<a name="page_277" id="page_277"></a> marcha sin perder momento. Conservad, señores, vuestros
+caballos, pero que abandonen los suyos los soldados. Si vencemos nos
+sobrarán caballos del enemigo. Puesto que el jefe castellano nos ha
+descubierto y no se oculta, enseñémosle también los colores de nuestra
+bandera. Nuestras almas están en manos de Dios, nuestros cuerpos al
+servicio del rey. ¡Desenvainemos las espadas, por San Jorge é
+Inglaterra!</p>
+
+<p>El entusiasmo del barón se comunicó á sus soldados, y la Guardia toda
+escaló con resuelto paso la ladera menos pendiente, erizada de peñascos
+y cubierta de rocas sueltas que rodaban á su paso é iban á perderse,
+rebotando, en el fondo del valle. La altura á que por fin llegaron los
+arqueros ingleses constituía en efecto una posición fortísima, un enorme
+cono truncado desde cuya base superior podían barrer con sus flechas el
+pendiente camino que ellos acababan de recorrer con gran dificultad, al
+paso que por los otros lados la roca cortada á pico hacía la posición
+inexpugnable.</p>
+
+<p>La niebla que hasta entonces cubriera el valle comenzó á disiparse,
+flotando en grandes jirones que rozaban por un momento las copas de los
+árboles y luégo se elevaban desvaneciéndose en el espacio. El sol
+iluminó entonces los alrededores de la roca convertida en fortaleza y
+nobles y arqueros contemplaron con admiración la vasta fuerza que los
+cercaba. Brillaban los cascos y corazas de numerosos escuadrones y las
+voces que dieron y el toque de las cornetas y atabales indicaron también
+que habían descubierto el refugio de sus enemigos y que se preparaban
+para el ataque. El barón y sus jefes se reunieron ante los cuatro
+estandartes de su fuerza, que eran el de las armas inglesas, el de Morel
+y los de Butrón y Merlín, enseña este último de unos sesenta arqueros
+del país de Gales.</p>
+
+<p>&mdash;¿Véis, barón, aquella hermosa bandera bordada de oro que ondea al
+frente de las otras? preguntó Fenton. Pues es la de los famosos
+caballeros de Calatrava, y no lejos de ella la de la Orden de Santiago.
+En el centro el estandarte real, y ó mucho me engaño ó hay también en
+esa fuerza muchos caballeros franceses. ¿Qué decís á ello, Don Diego?</p>
+
+<p>El prisionero de Tristán de Horla contemplaba con alegría<a name="page_278" id="page_278"></a> y entusiasmo
+las brillantes cohortes de sus compatriotas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por Santiago! exclamó. Vos y vuestros amigos váis á caer al empuje de
+los más afamados caballeros de León y Castilla. Manda esa fuerza un
+hermano de nuestro rey, y sin contar los gloriosos pendones de Calatrava
+y de Santiago, veo allí los de Albornoz, Toledo, Cazorla, Rodríguez
+Tavera y tantos otros, amén de los de muchos nobles aragoneses y
+franceses.</p>
+
+<p>No se hizo esperar el ataque. Los brillantes escuadrones de las dos
+grandes órdenes militares se adelantaron en formación perfecta, y cuando
+ya los arqueros preparaban sus armas vieron con sorpresa que sus
+enemigos se detenían, blandiendo lanzas y espadas, y que de sus filas se
+adelantaban dos guerreros armados de punta en blanco, caladas las
+viseras y con grandes penachos blancos que sobre los relucientes yelmos
+ondeaban al viento. Alzados ambos sobre los estribos y blandiendo las
+lanzas, era evidente que dirigían un reto á los caballeros ingleses.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un cartel, por vida mía! gritó el barón, brillándole el único ojo que
+tenía descubierto. No se dirá que el barón de Morel ha rehusado tan
+cortés propuesta. ¿Y vos, Fenton?</p>
+
+<p>La contestación del caballero inglés fué saltar sobre su caballo, y
+empuñando, como el barón, la lanza y embrazando el escudo, ambos jinetes
+descendieron con peligrosa rapidez la enhiesta pendiente, en dirección á
+los dos campeones castellanos, que á su vez les salieron al encuentro.
+Era el contrincante de Guillermo Fenton un apuesto caballero, joven y
+vigoroso en apariencia, cuya lanza dió en el escudo del inglés tan recio
+golpe que lo partió en dos, á tiempo que la acerada lanza de Fenton le
+atravesaba la garganta, derribándolo moribundo. Impulsado Sir Guillermo
+por el entusiasmo del triunfo y el ardor del combate, siguió su furiosa
+carrera y desapareció entre las apretadas filas de los caballeros de
+Calatrava, que en un abrir y cerrar de ojos dieron cuenta del valeroso
+campeón inglés.</p>
+
+<p>El barón en tanto había hallado un competidor digno de su esfuerzo y
+bríos en guerrero tan famoso como Don Sebastián de Gomera, lanza
+escogida de los caballeros de la Orden de Santiago. Acometiéronse con
+tal furia que al<a name="page_279" id="page_279"></a> primer encuentro quedaron rotas ambas lanzas, y
+empuñando los aceros se atacaron con denuedo sin igual. Largo fué el
+combate, brillantes los golpes y paradas que demostraron la pericia de
+ambos, hasta que impaciente el de Santiago hizo saltar á su caballo
+hasta tocar al del inglés, y abalanzándose sobre el barón le rodeó el
+cuerpo con sus brazos. Cayeron al suelo ambos enemigos estrechamente
+unidos, logró el castellano dominar á su adversario, de cuerpo más
+endeble que el suyo, y posándole una rodilla en el pecho alzó el brazo
+armado para poner de una estocada fin al furioso combate. Pero nunca
+llegó á dar el golpe mortal. La espada del barón, rápida como el rayo,
+entró oblícuamente por debajo del levantado brazo de su enemigo, y éste
+cayó pesadamente en tierra, lanzando ahogado grito. Confusa gritería de
+aplauso y de despecho se dejó oir en uno y otro bando y el barón,
+saltando sobre su caballo, se lanzó hacia la altura, á la vez que los
+sitiadores emprendían el ataque de la posición inglesa.</p>
+
+<p>Los arqueros los recibieron con una granizada de flechas que hicieron
+morder el polvo á filas enteras de los asaltantes. Inútiles fueron los
+esfuerzos denodados de éstos por llegar hasta la altura; la estrechez y
+la pendiente del camino y los obstáculos que añadían á su paso los
+cuerpos de hombres y caballos hacinados y revolcándose en sangrientos
+montones sólo les permitían avanzar lentamente, haciéndolos fácil blanco
+de las flechas enemigas, y muy pronto se oyó el toque de retirada.</p>
+
+<p>Felicitábanse los arqueros cuando descubrieron otro enemigo aun más
+temible que las impotentes lanzas de los jinetes. Numerosos honderos
+castellanos habían tomado posesión de otras alturas cercanas y desde
+ellas lanzaron mortíferas piedras, con fuerza y acierto tal que en pocos
+momentos quedaron tendidos sin vida el veterano Yonson y algunos otros
+arqueros y malheridos quince de éstos y seis hombres de armas.
+Parapetáronse los ingleses lo mejor que pudieron detrás de los peñascos,
+tendiéronse muchos en el suelo y dirigieron sus certeras flechas contra
+los honderos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Barón! exclamó en aquel momento el señor de Burley; acaba de decirme
+Simón que no nos quedan más de doscientas flechas por junto. ¿Qué hacer?
+En mi opinión<a name="page_280" id="page_280"></a> ha llegado la hora de parlamentar ó de morir casi
+indefensos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por lo pronto, contestó el barón de Morel arrancándose el parche que
+por tanto tiempo cubriera su ojo izquierdo, creo haber cumplido mi voto
+dando muerte en leal combate á uno de los más pujantes y famosos
+caballeros enemigos! Y ahora ¡á morir matando!</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo digo, asintió tranquilamente Oliver de Butrón, enarbolando
+pesada maza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Disparad hasta vuestra última flecha, arqueros! gritó el de Morel.
+¡Entonces os quedarán todavía espadas y hachas para vender caras
+vuestras vidas!<a name="page_281" id="page_281"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXXIII" id="CAPITULO_XXXIII"></a>CAPÍTULO XXXIII<br /><br />
+<small>"LA ROCA DE LOS INGLESES"</small></h3>
+
+<p>C<small>OMO</small> si el enemigo hubiera oído ó adivinado las palabras del intrépido
+jefe, alzóse entonces en todo el valle y en las cumbres vecinas el grito
+de venganza y exterminio de aquella raza aguerrida, que llevaba siglos
+enteros de lucha con los árabes y que preparaba el anonadamiento de otro
+puñado de invasores, no menos odiados que los sectarios de Mahoma.
+Cruenta y terrible fué la lucha, tan larga, tan encarnizada que aun hoy
+día conserva memoria de ella la tradición y entre los montañeses de la
+comarca se conoce el teatro de la hecatombe con el nombre de la "Roca de
+los Ingleses."</p>
+
+<p>Mas no cedieron éstos al segundo asalto. Agotadas muy pronto las flechas
+de los arqueros, lucharon desesperadamente con espadas, picas, hachas y
+mazas, aprovechando todas las ventajas de su posición. Por fortuna, el
+combate cuerpo á cuerpo impidió á los honderos castellanos continuar su
+obra de destrucción. Sitiadores y sitiados luchaban confundidos en el
+único punto del camino por donde podía escalarse la altura y allí
+acudieron, dando el ejemplo á sus soldados, los pocos nobles ingleses
+que rodeaban al barón. Momentos hubo en que éste, Roger y Butrón
+hubieran perecido sin el oportuno refuerzo del escocés Burley al frente
+de los veteranos de Gales, que cayeron sobre el enemigo con furia sin
+igual, obligándole á retroceder buen trecho. Pero las pérdidas de los
+sitiados eran irreparables, al paso que los castellanos tenían
+escuadrones y compañías enteras de reserva en el valle, imposibilitados
+unos y otras de tomar parte en la lucha hasta entonces por las
+condiciones del terreno.<a name="page_282" id="page_282"></a></p>
+
+<p>Un gigantesco caballero de Santiago llegó á escalar los últimos
+peñascos, y derribando á tres arqueros de otros tantos golpes blandía de
+nuevo la tajante espada, cuando le asió entre sus nervudos brazos el
+animoso Sir Oliver. Forcejeando furiosamente ambos enemigos, y rodando
+por el suelo en mortal abrazo, llegaron al borde de la elevada planicie
+y cayeron despeñados en el horrendo precipicio. La espada de Simón y la
+enorme hacha de Tristán brillaban al sol y golpeaban incesantemente
+sobre las cabezas enemigas, en primera línea. Reno cayó á su lado,
+malherido, y también pereció allí Sir Ricardo Causton. El señor de
+Morel, cubierto de sangre, hacía prodigios de valor, acudiendo á todas
+partes, animando y dirigiendo á sus soldados, seguido de cerca por
+Roger, que devolvía golpe por golpe, más ganoso de proteger á su señor
+que á sí mismo. Por último, los arqueros y hombres de armas que formaban
+á derecha é izquierda del lugar donde era más encarnizada la lucha,
+hicieron un esfuerzo supremo y precipitándose sobre los sitiadores,
+persiguiéndolos y atacándolos con desesperación, hicieron retroceder un
+tanto aquella incesante columna enemiga, en la que parecían no hacer
+mella las incesantes bajas.</p>
+
+<p>Mientras se rehacían las fuerzas castellanas y consultaban sus jefes,
+aquella retirada parcial proporcionó á los ingleses que aun quedaban con
+vida el descanso que tanto necesitaban. Grandes habían sido sus
+pérdidas. De los trescientos setenta hombres que contaban al emprender
+la defensa de aquella altura, no quedaban en pie más de ciento
+cincuenta, heridos muchos de ellos. Entre los muertos se contaban ya los
+valientes nobles Burley, Butrón y Causton y los veteranos Yonson y Reno.
+Ni fué completo el respiro de los sobrevivientes, porque apenas
+deslindados los campos reanudaron el ataque los honderos posesionados de
+las cumbres inmediatas.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora más que nunca me enorgullezco de mandaros, dijo el barón
+contemplando con amor al puñado de héroes que le rodeaba. ¿Qué es eso,
+Roger? ¿Estás herido?</p>
+
+<p>&mdash;Un rasguño, señor barón, contestó el escudero restañando la sangre de
+un tajo que le cruzaba la frente.</p>
+
+<p>&mdash;Deseo hablarte, Roger, y también á vos, Norbury, dijo el barón
+dirigiéndose al escudero de Sir Oliver.</p>
+
+<p>Los tres se encaminaron al extremo opuesto de la elevada<a name="page_283" id="page_283"></a> planicie, bajo
+la cual se veía la roca cortada casi á pico, con algunos peñascos
+salientes de trecho en trecho.</p>
+
+<p>&mdash;Es indispensable, continuó el señor de Morel, que el príncipe tenga
+noticia exacta de lo ocurrido. Podremos quizás resistir otra acometida
+porque no pueden atacarnos todos á la vez, pero el fin no está lejano.
+En cambio, la llegada de auxilios oportunos permitiría prolongar la
+defensa de esta posición y salvar la vida de los que aún quedasen
+defendiéndola. ¿Véis aquellos caballos que pastan allá bajo, entre las
+rocas?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor barón, contestaron los escuderos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y aquel sendero que se pierde más lejos entre los árboles y parece
+conducir al otro extremo del valle? Un jinete resuelto podría quizás
+llegar hasta el campo del príncipe, ó cruzarse en el camino con las
+fuerzas de Sir Hugo Calverley, que no deben de estar muy lejos, y
+procurarnos el ansiado socorro. Hé aquí una cuerda suficientemente larga
+y fuerte para que uno de vosotros pueda bajar hasta los primeros
+peñascos de la hondonada. ¿Qué decís?</p>
+
+<p>&mdash;Digo, señor, replicó Roger, que estoy pronto á obedeceros ahora mismo.
+Pero ¿cómo apartarme de vos en estas circunstancias?</p>
+
+<p>&mdash;Para servirme mejor y quizás para salvarme, Roger. ¿Y vos, Norbury?</p>
+
+<p>Por toda respuesta el escudero, no menos animoso que Roger, asió la
+cuerda y empezó á asegurarla firmemente en torno de una saliente roca.
+Después se quitó algunas piezas de la armadura, ayudado por Roger, que
+hizo lo propio con la suya, mientras el barón continuaba, dirigiéndose á
+Norbury:</p>
+
+<p>&mdash;Si el príncipe ha pasado ya con el grueso del ejército, indagad como
+podáis el paradero de Chandos, Calverley ó Nolles. ¡Dios os proteja!</p>
+
+<p>El barón y Roger, profundamente conmovidos, siguieron con la vista,
+inclinados sobre las rocas, el peligroso descenso del joven escudero.
+Llegado había éste á corta distancia y trataba de apoyar el pie en una
+hendidura de la roca, cuando recibió la primera descarga de los honderos
+enemigos. Una de las piedras le alcanzó de lleno en la sien y
+extendiendo los brazos cayó desplomado al abismo.<a name="page_284" id="page_284"></a></p>
+
+<p>&mdash;Si Dios no me da mejor fortuna que á ese infeliz, dijo Roger al barón,
+hacedme la merced de decir á vuestra hija que he muerto pensando en ella
+y con su nombre en los labios.</p>
+
+<p>Las lágrimas asomaron á los ojos del noble guerrero, que poniendo ambas
+manos en los hombros de Roger lo besó cariñosamente. El joven corrió á
+la cuerda y se deslizó por ella con gran presteza; las piedras lanzadas
+por las hondas enemigas se estrellaban contra la roca, una le rozó los
+cabellos y por fin otra le alcanzó en un costado, ocasionándole vivísimo
+dolor. Llegado, sin embargo, al extremo de la cuerda, se dejó caer desde
+no pequeña altura sobre la cumbre del más alto risco, que quedaba al pie
+de la formidable roca donde se hallaban sitiados sus amigos. Tan alta
+era ésta que todavía tuvo que descender Roger más de veinte varas, por
+una escarpada pendiente que apenas le ofrecía punto de apoyo.
+Aferrándose desesperadamente á las plantas silvestres que crecían en las
+hendiduras de las rocas, poniendo los pies en ligerísimas depresiones
+del inclinado plano, ó en piedras que con frecuencia se desprendían y
+amenazaban arrastrarlo consigo, expuesto á morir diez veces, llegó por
+fin á terreno firme y saltando de roca en roca ó corriendo entre los
+matorrales, se vió sano y salvo en la planicie que desde arriba le había
+mostrado el barón y donde pacían algunos caballos. Tendía ya la mano
+para asir la brida de uno de ellos, cuando recibió en la cabeza fuerte
+pedrada que lo derribó aturdido.</p>
+
+<p>El hondero autor de aquella hazaña, viendo á Roger solo y exánime y
+juzgando por el aspecto y traje del joven que se trataba de un caballero
+inglés, comenzó á bajar precipitadamente de la colina donde se hallaba
+apostado con otros, ansioso de despojar á su víctima y sabedor de que
+los arqueros habían agotado todas sus flechas. Pero no contaba con
+Tristán de Horla, que levantando con sus forzudas manos pesado peñasco
+lo dejó caer á plomo sobre el hondero, al pasar éste al pie de la roca,
+con tanto tino que le destrozó un hombro, derribándolo al suelo, donde
+empezó á dar grandes gritos. Al oírlos se incorporó Roger, miró en
+derredor como atontado, y de pronto vió uno de los caballos que á pocos
+pasos de él estaba. Un momento le bastó para ponerse en la silla y
+lanzarse al galope por el<a name="page_285" id="page_285"></a> sendero que debía conducirlo fuera de aquel
+valle fatal. Pero bien pronto conoció que iban á faltarle las fuerzas;
+sintió en el costado un dolor atroz, nublóse su vista y haciendo un
+esfuerzo supremo se inclinó sobre el cuello del caballo, lo estrechó
+fuertemente entre sus brazos y cerró los ojos, casi insensible ya á
+cuanto le rodeaba.</p>
+
+<p>Nunca supo Roger lo que duró aquella carrera desenfrenada. Cuando volvió
+en sí se halló rodeado de soldados ingleses que le prestaban solícitos
+cuidados. Era un destacamento de doscientos arqueros y hombres de armas
+mandados por el temible Hugo de Calverley, quien á las primeras palabras
+de Roger despachó mensajeros con dirección al cercano campamento del
+príncipe y poniéndose al frente de sus soldados se lanzó al galope en
+auxilio del barón de Morel. Con él fué también Roger, atado sobre el
+caballo que le conducía, casi exánime por la pérdida de sangre, los
+golpes recibidos y las peripecias de aquella tremenda jornada.</p>
+
+<p>Llegados los ingleses á una altura que dominaba en parte el valle
+divisaron en la cima de la roca convertida en fortaleza la bandera
+castellana. El enemigo se había apoderado por fin de aquel baluarte con
+tanto heroísmo defendido. Pero la lucha no había cesado por completo; en
+un extremo de la elevada planicie oponía todavía débil resistencia un
+puñado de ingleses. Aquel espectáculo arrancó un grito de furor á Sir
+Hugo y sus soldados, que clavando las espuelas en los ijares de sus
+caballos se lanzaron, ciegos de ira, contra los escuadrones enemigos.</p>
+
+<p>El furioso ataque sorprendió á éstos sobre manera, é ignorantes del
+número de sus enemigos y creyendo que los rodeaba el grueso del ejército
+inglés que se hallaba por aquellos contornos, dieron la señal de
+retirada, apresurándose á dejar el valle en busca de posición más
+favorable para la defensa.</p>
+
+<p>Los ingleses no pensaron en continuar su ataque ni en perseguirlos. Su
+principal anhelo era llegar á la altura donde esperaban rescatar á
+algunos de sus amigos. Triste cuadro se ofreció á su vista; montones de
+muertos y heridos castellanos y leoneses, franceses é ingleses; y mas
+allá, al pie de una roca, siete arqueros, con el indomable Tristán de
+Horla en el centro, heridos todos pero no vencidos todavía,<a name="page_286" id="page_286"></a> blandiendo
+las ensangrentadas espadas y saludando á sus salvadores con un grito de
+bienvenida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tremenda lucha y defensa heróica la vuestra! exclamó Sir Hugo,
+contemplando con asombro aquella escena asoladora. Pero ¿qué es eso?
+¿También habéis hecho prisioneros? continuó diciendo al ver á Don Diego
+de Álvarez desarmado entre los arqueros.</p>
+
+<p>&mdash;Sólo uno, y me pertenece, respondió Tristán. Lo he custodiado y
+defendido cuidadosamente, porque representa mi fortuna y la de mi
+viejecita madre si vuelvo á verme algún día en Horla....</p>
+
+<p>&mdash;Tristán, ¿dónde está el barón de Morel? interrumpió Roger
+ansiosamente.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que ha perecido, como casi todos. Yo ví al enemigo poner su
+cuerpo sobre un caballo. Estaba desvanecido ó muerto y se lo
+llevaron....</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios del cielo! ¿Y Simón?</p>
+
+<p>&mdash;También le ví arrojarse espada en mano sobre los captores de nuestro
+señor, y no sé si lo mataron ó lo hicieron prisionero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Den los clarines la orden de marcha! gritó Sir Hugo con voz tonante.
+¡Maldición! ¡Volvamos al campo, y os prometo que antes de tres días
+habremos vengado al barón de Morel! Cuento con vosotros, valientes, y
+desde ahora quedáis incorporados á mi escuadrón predilecto.</p>
+
+<p>&mdash;Somos arqueros y pertenecemos á la Guardia Blanca, señor, se aventuró
+á decir Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, sí! ¡La famosa Guardia Blanca! repuso el gran guerrillero inglés,
+mirando tristemente en torno. Pero la Guardia ya no existe; la muerte se
+ha encargado de desbandarla. Cuidadme bien á ese valiente escudero,
+porque temo que no vuelva á ver la luz del sol, añadió señalando á Roger
+desfallecido. ¡En marcha!<a name="page_287" id="page_287"></a></p>
+
+<h3><a name="CAPITULO_XXXIV" id="CAPITULO_XXXIV"></a>CAPÍTULO XXXIV<br /><br />
+<small>REGRESO Á LA PATRIA</small></h3>
+
+<p>N<small>OS</small> hallamos en Inglaterra, en una hermosa mañana de Julio, cuatro meses
+después de los sucesos que quedan relatados. Por el camino que conducía
+derechamente á la antigua ciudad de Vinchester y á no muy grande
+distancia de ella iban dos jinetes, joven, apuesto y ricamente ataviado
+el uno, con las espuelas de oro del caballero, al paso que el otro,
+hercúleo mocetón, tenía más trazas de gañán que de soldado, á no revelar
+su profesión la formidable espada que al cinto llevaba. Sobre la grupa
+de su caballo veíase un saco que contenía, entre otras cosas, los cinco
+mil ducados que pagara por su rescate Don Diego de Álvarez. Inútil es
+decir que era el jinete nuestro jovial amigo Tristán de Horla, elevado
+recientemente á la dignidad de escudero de Sir Roger de Clinton, señor
+de Munster, á cuyo lado cabalgaba en aquel momento.</p>
+
+<p>Roger había sido armado caballero por el Príncipe Negro en persona, con
+aplauso de todo el ejército que le consideraba como uno de los más
+brillantes soldados del reino. Aquella defensa inaudita, aquel esfuerzo
+supremo de la Guardia Blanca había sido referido y ensalzado en toda la
+cristiandad y el príncipe heredero, en nombre del soberano, había
+colmado de honores á los escasos sobrevivientes de tan honroso hecho de
+armas. Por más de un mes fluctuó Roger entre la vida y la muerte, y tan
+luego triunfó su juventud y cesó el delirio, supo que había terminado la
+guerra y que nada se había podido averiguar sobre el paradero ni la
+suerte del barón de Morel. Recibió las felicitaciones y alabanzas que le
+prodigó en persona el príncipe, y tan luego se halló en disposición de
+soportar el viaje á Londres se embarcó acompañado<a name="page_288" id="page_288"></a> de su fiel Tristán.
+Inmediatamente que llegaron á aquella ciudad emprendieron el camino de
+Hanson, pues Roger carecía de toda noticia desde la carta del prior que
+le anunció la muerte de su hermano.</p>
+
+<p>Tristán comentaba con admiración y entusiasmo cuanto veían en el camino,
+la verdura y lozanía de los campos, los matices de las flores y la
+hermosa apariencia del ganado.</p>
+
+<p>&mdash;Bien está que te regocijes, amigo Tristán, le dijo el joven caballero,
+pero cuanto á mí jamás pensé volver á la patria con tanta amargura en el
+corazón. Lloro por mi señor y por el valiente Simón Aluardo, y no sé
+cómo atreverme á comunicar la pérdida del primero á la baronesa y á su
+hija, suponiendo que no tengan ya noticia de su desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay de mí! exclamó Tristán dando un gemido que espantó á los caballos.
+Duro es el trance en que os véis y también yo lamento la muerte de
+ambos. Pero descuidad, que la mitad de estos ducados que aquí llevo se
+la daré á mi madre y la otra mitad la agregaremos á los dineros que vos
+tengáis, para comprar el <i>Galeón Amarillo</i> que nos llevó á Burdeos y con
+él saldremos en busca del barón.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen Tristán! dijo Roger sonriéndose. Pero ¡ah! que si el barón
+viviese ya hubiéramos tenido nuevas suyas. ¿Qué villa es esa? preguntó
+poco después.</p>
+
+<p>&mdash;¡Romsey! La conozco bien. Allí está el monasterio con su vieja torre
+parda. Permitidme que dé una moneda al venerable ermitaño que allí véis,
+sentado en aquella piedra junto al camino.</p>
+
+<p>Suspendió el anciano sus preces para aceptar la dádiva del arquero.</p>
+
+<p>&mdash;Soldados sois á lo que veo, hijos míos, y mis oraciones os acompañarán
+en vuestras empresas.</p>
+
+<p>&mdash;De España venimos, reverendo padre, dijo Tristán.</p>
+
+<p>&mdash;¿De España decís? ¡Ah! Infortunada expedición en la que tantos bravos
+ingleses han sacrificado las vidas que Dios les concediera. Hoy mismo he
+dado mi bendición á una noble dama que ha perdido cuanto amaba en esa
+cruel y lejana guerra.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué decís? preguntó Roger con vivo interés.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, una joven y principalísima dama de esta comarca, tranquila y
+dichosa cual ninguna pocos meses hace y que<a name="page_289" id="page_289"></a> se prepara á tomar el velo
+en el convento de Romsey. ¿No habéis oído hablar, mis buenos caballeros,
+de una compañía llamada la Guardia Blanca?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí, mucho! dijeron ambos á la vez.</p>
+
+<p>&mdash;Pues el padre de la dama de que os hablo era el jefe de esa valiente
+fuerza, y su prometido era escudero del famoso capitán. Llegó aquí la
+nueva de que ni un solo miembro de la Guardia había sobrevivido á una
+serie de cruentos combates y la pobre doncella....</p>
+
+<p>&mdash;¡Acabad! gritó Roger. ¿Habláis de Doña Constanza de Morel?</p>
+
+<p>&mdash;La misma.</p>
+
+<p>&mdash;¡Constanza monja! ¿Qué decís? ¿Tan terrible efecto le ha causado la
+pérdida de su padre?</p>
+
+<p>&mdash;De su padre y del gallardo mancebo de rubios cabellos á quien adoraba.
+La muerte de este último es la que en verdad abre para ella las puertas
+del claustro....</p>
+
+<p>&mdash;¡Á escape, Tristán! ¡Á Romsey! gritó Roger espoleando á su caballo,
+que partió como una flecha.</p>
+
+<p>Grande había sido la alegría de las monjas de Romsey al saber que la
+noble cuanto hermosa Constanza de Morel había pedido ser recibida como
+hermana suya, tras corto noviciado. Hechos estaban todos los
+preparativos para la solemne ceremonia, decorado el templo, cubierto de
+flores el altar y numerosos grupos de gentes del pueblo se hallaban
+congregados en el atrio ó se encaminaban hacia la iglesia inmediata al
+monasterio, ansiosos de presenciar el imponente acto. Ya habían visto
+pasar á la venerable abadesa con su gran crucifijo de oro, seguida de
+las hermanas, del clero y los acólitos con los humeantes incensarios y
+de unas hermosas niñas que iban alfombrando de flores el suelo, al paso
+de la novicia. Seguíalas ésta entre cuatro compañeras suyas, cubierta de
+la cabeza á los pies por el blanco velo, y centro de todas las miradas.</p>
+
+<p>Aquella solemne procesión llegó á las puertas del templo y se disponía á
+entrar en él cuando se notó súbita confusión en uno de los ángulos de la
+plaza, de donde pronto partieron grandes clamores. La multitud osciló
+primero y abrió luego paso á un jinete, á un joven caballero cubierto de
+polvo, que sin miramientos lanzaba su corcel sobre la compacta masa del
+pueblo. Era el mensajero de la juventud<a name="page_290" id="page_290"></a> y del amor, que llegaba á
+tiempo de arrancar al claustro una vida que por ningún concepto le
+estaba destinaba. Llegado á los escalones que conducían al atrio saltó
+de su caballo, y apartando bruscamente á la sorprendida abadesa,
+dirigióse el doncel al punto donde se hallaba la novicia y extendiendo
+hacia ella sus brazos, exclamó con amoroso acento, en el que palpitaba
+profundísima emoción:</p>
+
+<p>&mdash;¡Constanza!</p>
+
+<p>&mdash;¡Roger!</p>
+
+<p>La novicia iba á caer desvanecida, pero Roger la recibió en sus brazos y
+la estrechó amorosamente, con gran escándalo de la abadesa y con no
+menor admiración de las veinte monjas y novicias que presenciaban tan
+inesperado desenlace. Pero Constanza y Roger no se daban cuenta de lo
+que en torno de ellos sucedía, perdidos como estaban en mutua
+contemplación, embriagados con la felicidad inmensa de verse reunidos
+después de una separación que ella había creído eterna. Tras los amantes
+quedaba el obscuro arco de entrada del templo; frente á ellos la vida
+entera, llena de luz, de alegría y felicidad. Su elección quedó hecha en
+un momento y se dirigieron, entrelazadas las manos, hacia la luz, en
+busca del amor, abandonando ella para siempre el claustro, olvidados
+ambos por el momento de sus pasadas tristezas.</p>
+
+<p>El anciano padre Cristóbal bendijo poco tiempo después su unión en la
+iglesia del Priorato de Salisbury. Los únicos testigos de la tierna
+ceremonia fueron la baronesa, Tristán de Horla y una docena de arqueros
+y servidores del castillo. La animosa señora de Morel, tras largos meses
+de ansiedad y amargos sufrimientos, dudaba todavía de la muerte del
+barón; parecíale imposible que habiendo regresado de tantas y tan
+mortíferas campañas, hubiese sonado para él la hora suprema en aquella
+última expedición, lejos de su hogar, privado del amor de los suyos y de
+los solícitos cuidados de su amante esposa. Desde luego manifestó el
+deseo de ir á España en persona y agotar todos los recursos para
+averiguar el paradero del barón. Disuadióla Roger de su proyecto,
+convenciéndola de que á él le tocaba emprender aquel viaje, debiendo
+quedarse ella acompañando á su hija y al cuidado de los múltiples
+intereses que suponía la administración de las vastas propiedades de
+Munster,<a name="page_291" id="page_291"></a> unidas á la del castillo de Monteagudo y sus dependencias.</p>
+
+<p>Fletó Roger el <i>Galeón Amarillo</i>, mandado por el mismo valiente capitán
+Golvín, y un mes después de su boda partió el joven señor de Munster
+para Sorel, acompañado de su fiel Tristán, á fin de averiguar si había
+llegado de Southampton el para ellos inolvidable galeón. Poco antes de
+llegar á Sorel se detuvieron en Dalton, pueblecillo de la costa, donde
+notó Roger la presencia de una pequeña galera recienllegada, á juzgar
+por el número de botes y lanchas que la rodeaban para conducir á tierra
+su cargamento.</p>
+
+<p>Á un tiro de ballesta del pueblo había un pequeño edificio, entre mesón
+y taberna, hacia el cual se dirigieron los dos viajeros. Á una ventana
+del primero y único piso de la casita se asomaba un individuo que
+parecía contemplarlos con curiosidad. Mirándole estaba Tristán cuando
+salió corriendo del mesón una robusta moza, riéndose á carcajadas y
+perseguida de cerca por un truhán que muy pronto desapareció, lo mismo
+que la muchacha, entre los árboles del huerto. Echando pie á tierra los
+jinetes, ataron sus caballos á la cerca y apenas tomaron por el sendero
+que á la casa conducía se detuvieron atónitos, contemplándose en
+silencio, presa de profunda emoción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, <i>ma belle!</i> decía una voz sonora. ¿Con que así tratas á un viejo
+soldado que hace tiempo no ha visto tan siquiera una buena moza inglesa?
+¡Por el filo de mi espada! aguarda un poco y en lugar de un beso te daré
+media docena....</p>
+
+<p>Una exclamación de alegría se escapó de los labios sonrientes de Roger y
+Tristán. ¡Era Simón, no cabía duda! Simón bueno y sano, que apenas
+puesto el pie en tierra volvía á las andadas. Iban á precipitarse en su
+busca, á llamarle á gritos, cuando oyeron otra voz que partía de la
+ventana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre, Simón? decía. Si me necesitas, no pido cosa mejor que
+empuñar la espada y desentumecer un poco el brazo, metiendo en cintura
+al primero que se desmande y nos busque pendencia, aunque sea en tierra
+propia.</p>
+
+<p>Apareció Simón al oir la voz de su señor y en un instante<a name="page_292" id="page_292"></a> se vió asido
+por los formidables brazos de Tristán, de los que pasó á los de Roger.
+No había vuelto de su sorpresa el buen Simón cuando se presentó en la
+puerta el barón de Morel, espada en mano y guiñando más que nunca sus
+ojillos, en busca de imaginario enemigo. Renováronse entonces los
+abrazos, que el barón y el veterano no tardaron en devolver con creces,
+poseídos de inmensa alegría.</p>
+
+<p>Durante el viaje de regreso oyeron sus amigos el relato de sus
+portentosas aventuras. Hechos prisioneros ambos en la homérica lucha,
+allá en España, viéronse cautivos de un noble aragonés, que tras largo
+viaje los condujo á la costa, donde los embarcó con rumbo á unas
+posesiones que por allí tenía. Sorprendida su embarcación en alta mar
+por los piratas berberiscos, se acrecentaron sus sufrimientos bajo el
+yugo bárbaro de su nuevo amo; pero llegados á un puertecillo africano,
+el indomable barón halló modo de matar al capitán pirata en la barca que
+á tierra los conducía y arrojándose después al agua seguido de Simón
+ganaron á nado la tierra y tras mil penalidades lograron embarcarse en
+la galera que acababa de llevarlos á Inglaterra, no sin rico botín
+arrebatado con astucia á sus crueles enemigos. Inútil es hablar de su
+recepción en el castillo de Monteagudo, y de la inmensa ventura que
+llenó aquel dichoso hogar, poco antes tan agobiado por la tristeza y el
+dolor.</p>
+
+<p>El barón León de Morel vivió todavía largos años, colmado de honores,
+tranquilo y feliz. La dicha de Roger de Clinton y su esposa adorada fué
+también completa. Dos veces guerreó él en Francia, conquistando
+preciados laureles y altísima fama. Concediósele distinguido puesto en
+la corte y por muchos años ejerció brillantes cargos en los reinados de
+Ricardo y de Enrique IV, quien le confirió la orden de la Jarretiera y
+le honró como á uno de los primeros caballeros y más valientes campeones
+de su tiempo.</p>
+
+<p>Cuanto á Tristán de Horla, se casó con una linda muchacha de Dunán y
+allí se estableció definitivamente, gozando del prestigio que le daban
+sus proezas y los cinco mil ducados tan briosamente ganados allá en
+tierra de España. Él y su inseparable amigo Simón animaron
+frecuentemente con su presencia y su alegría perenne las bulliciosas<a name="page_293" id="page_293"></a>
+veladas del <i>Pájaro Verde</i>. Simón acabó por ofrecer su amor y su nombre
+á la buena ventera que tan fielmente le guardara su botín de anteriores
+campañas. Así vivieron aquellos hombres, rudos si se quiere, como la
+época que los vió nacer y morir, pero francos, honrados y valientes,
+dejando á las generaciones venideras un ejemplo digno de imitación y
+aplauso.</p>
+
+<p class="c">
+<br />
+<br />
+<br />
+FIN.</p>
+
+<hr />
+
+<p class="cb"><big>G<small>EOGRAFÍAS</small>, M<small>APAS</small>, C<small>ARTAS</small>, E<small>TC</small>.,</big><br />
+<small><small>PUBLICADAS POR</small></small><br />
+LA CASA EDITORIAL DE D.
+APPLETON <small>Y</small> CÍA.,<br />
+<small>Nueva York.</small></p>
+
+<p class="cb">I.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>La Geografía Científica.</b></i> Un tomo de 171 páginas, con mapas y
+diagramas; encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de
+las cuales forma parte. Precio, 30 centavos.</p>
+
+<p>La Cartilla que hemos publicado bajo este título, por <span class="smcap">Grove</span>, es la
+primera de su clase en los países españoles é hispanoamericanos. No es
+la geografía de este ó de aquel país, ó de tal ó cual estado, sino la
+geografía propiamente dicha, la Geografía como ciencia; y bajo este
+punto de vista, no está lejano el día en que se comience á enseñar á los
+jóvenes <span class="smcap">La Geografía Científica</span>. Sin el conocimiento de los rudimentos
+de esta ciencia, ¿cómo se podrá jamás llegar con provecho al estudio y
+menos aún, al conocimiento de la geografía patria ni de la universal?</p>
+
+<p class="cb">II.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Geografía Elemental, la Novísima, de Cornell.</b></i> Traducida por
+<span class="smcap">Veitelle</span>, corregida y adicionada recientemente por varios
+profesores. Un tomo en 4º menor, 71 páginas, con nuevos mapas,
+muchas láminas. Undécima edición corregida. Encartonada. Precio, 30
+centavos.</p>
+
+<p>Obra adoptada como texto en las escuelas de varias repúblicas
+hispanoamericanas.</p>
+
+<p>La undécima edición, es más completa que todas las anteriores. Lleva al
+fin un <i>Cuestionario</i> de mucha utilidad práctica; y se la ha mejorado
+generalmente en la parte material.</p>
+
+<p>En grandes cantidades, la facturamos á precios <i>netos</i>.</p>
+
+<p class="cb">III.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Geografía de Smith, ó Primer Libro de Geografía Elemental</b></i>,
+dispuesto para los Niños. Adornado con cíen grabados y catorce
+Mapas. Por <span class="smcap">Asa Smith</span>. Traducido del inglés y adaptado al uso de las
+Escuelas de la América del Sur, las Antillas y Méjico, con
+Adiciones, por <span class="smcap">Temístocles Paredes</span>. La nueva edición está adornada
+con más de 100 grabados, 18 mapas y un cuadro cromo-litográfico de
+las banderas de todas las Naciones. La obra ha sido enteramente
+refundida y arreglada por varios profesores. Es la única que
+conserva el plan original del autor y la ortografía Castellana
+moderna de la Academia. La nueva edición se vende á 50 centavos.</p>
+
+<p>Esta obrita se ha preparado expresamente para el uso de las Escuelas
+Primarias. Examinándola, se hallará sumamente simple y fácil. Las
+definiciones de las divisiones naturales de la superficie de la tierra,
+son breves; las ilustraciones atractivas, los mapas claros y hermosos y
+el todo arreglado á la capacidad de los jóvenes estudiantes.</p>
+
+<p>Los libros de Geografía de Smith que se han publicado en inglés, son las
+obras más populares para los niños en los Estados Unidos.</p>
+
+<p class="hang"><i>La Geografía de Smith publicada por esta casa, es la única
+autorizada por el autor.</i> Multitud de ediciones inferiores y
+fraudulentas, se han hecho de ella; pero ninguna ha logrado los
+resultados que la nuestra, de la cual hemos publicado ya numerosas
+ediciones y cuya impresión se hace por millones de ejemplares.</p>
+
+<p>La edición especial para la República Argentina, contiene un cuadro
+cromo-litográfico de Prohombres de aquel país.</p>
+
+<p><span class="smcap">Importante.</span>&mdash;Esta Geografía, si se ordenan grandes cantidades, se
+factura á precio <i>neto</i>.</p>
+
+<p class="cb">IV.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Nociones de Geografía Física.</b></i> Por <span class="smcap">Archibaldo Geikie</span>. Un tomo de
+unas 150 páginas, con láminas. Encartonado y uniforme con nuestra
+serie de <span class="smcap">Cartillas</span> de las cuales forma parte. Precio, 20 centavos.</p>
+
+<p class="cb">V.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Nociones de Geografía Antigua ó Clásica.</b></i> Por <span class="smcap">Tozer</span>. Un tomo
+encartonado y uniforme con nuestra serie de <span class="smcap">Cartillas</span> de las cuales
+forma parte. Precio, 30 centavos.</p>
+
+<p>Aunque de ésta como de otras muchas de nuestras <span class="smcap">Cartillas</span>, se han hecho
+traducciones y reimpresiones que abundan en el mercado á precios
+sumamente bajos; en nuestro deseo de completar la serie de <span class="smcap">Cartillas</span>,
+que venimos publicando desde hace muchos años, y de hacer una edición
+legítima y completa, de una buena traducción castellana, hemos dispuesto
+llevar á cabo la de ésta obrita, que está ilustrada con mapas y
+arreglada á los Planes de Estudios de España y de la América española.</p>
+
+<p class="cb">VI.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Libro Segundo de Geografía Descriptiva.</b></i> Por <span class="smcap">D. Ramón Páez</span>.
+Destinado á seguir al <span class="smcap">Primero de Smith</span>. Adornado con doce grandes
+Mapas enteramente nuevos y multitud de grabados. Forma un tomo de
+unas 100 páginas grandes, y la <span class="smcap">NUEVA EDICIÓN DE</span> 1886, no obstante
+las grandes mejoras, se vende al mismo precio de $1.25.</p>
+
+<p>Edición Enteramente Nueva, corregida y aumentada, conforme á los últimos
+datos estadísticos y cambios políticos, y arreglada al uso de las
+escuelas hispanoamericanas.</p>
+
+<p class="cb">VII.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Geografía Superior Ilustrada de Appleton.</b></i> "<i>La mejor de cuantas
+se conocen hasta ahora en español.</i>" Un hermoso tomo de 156 grandes
+páginas, con numerosos grabados y mapas coloreados, impreso en
+papel fino y satinado. Precio, $2.00.</p>
+
+<p>El libro ha sido escrito con un espíritu imparcial para los <span class="smcap">países de
+América á que está especialmente destinado</span>, y ni las antigüedades de sus
+primeras épocas, ni las maravillas y riquezas útiles de su suelo, ni su
+interés actual y porvenir, fueron desatendidos un solo momento en su
+preparación, compuesta en estricta obediencia con los adelantos de la
+<i>educación moderna</i>.</p>
+
+<p class="cb">VIII.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Geografía Física Superior de Appleton.</b></i> (<span class="smcap">Geografía Física
+Universal.</span>) Un tomo de 120 grandes páginas, con numerosos grabados,
+mapas de colores, diagramas, etc. Impreso en papel satinado fino y
+bien encuadernado. Precio,&mdash;&mdash;.</p>
+
+<p>Esta obra, escrita en inglés por los más notables profesores de la
+materia en los Estados Unidos, encierra todos los descubrimientos y
+adelantos hechos hasta el día en ésta ciencia. Está á la altura de las
+mejores obras de su clase escritas en otras lenguas, ventajosamente
+puede competir con todas, y <i>es la mejor que en su género se ha
+publicado en castellano</i>.</p>
+
+<p class="cb">IX.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Mapas Mudos de Cornell.</b></i> Juego de 13 Mapas Mudos, con los Lugares
+marcados con números en vez de sus nombres. Precio, $15.00.</p>
+
+<p>No. 1. <span class="smcap">Mapas Mudos</span> (Pliego-doble), comprendiendo los Hemisferios
+Occidental y Oriental, Diagramas de los Meridianos y Paralelos, Trópicos
+y Zonas, los Hemisferios del Norte y del Sur, y las Alturas de las
+Montañas principales.</p>
+
+<p>No. 2. <span class="smcap">La América del Norte.</span></p>
+
+<p>No. 3. <span class="smcap">Los Estados Unidos y Canadá.</span></p>
+
+<p>No. 4. <span class="smcap">Los Estados Occidentales y Centrales</span>, con planos grandes de las
+ciudades de Boston y Nueva York y sus alrededores.</p>
+
+<p>No. 5. <span class="smcap">Los Estados del Sur.</span></p>
+
+<p>No. 6. <span class="smcap">Los Estados Occidentales.</span></p>
+
+<p>No. 7. <span class="smcap">Méjico, América Central, y Las Indias Occidentales</span>, con planos
+grandes del istmo de Nicaragua y las Grandes Antillas.</p>
+
+<p>No. 8. <span class="smcap">La América del Sur.</span></p>
+
+<p>No. 9. <span class="smcap">Europa.</span></p>
+
+<p>No. 10. <span class="smcap">Las Islas Británicas.</span></p>
+
+<p>No. 11. <span class="smcap">Europa Central, Meridional y Occidental.</span></p>
+
+<p>No. 12. <span class="smcap">Asia</span>, con planos grandes de la Palestina y las Islas de
+Sandwich.</p>
+
+<p>No. 13. <span class="smcap">África</span>, con planos grandes de Egipto, Liberia y la Colonia del
+Cabo.</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Cada juego va acompañado de una cartera y una clave.</i></span><br />
+</p>
+
+<p class="hang"><span class="smcap"><b>Clave de los Mapas Mudos de Cornell.</b></span> Para uso del Maestro. Un tomo
+de 59 páginas en 12º. Precio, 50 centavos.</p>
+
+<p class="hang"><span class="smcap"><b>Mapa Mudo, No. 14, de la República Argentina</b></span>, con Clave especial
+Precio, $1.00.</p>
+
+<p class="cb">X.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Mapa General de la República Argentina</b></i> y Países Limítrofes. El
+ejemplar en papel cartulina, artísticamente coloreado, $12.00.</p>
+
+<p class="cb">XI.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Mapa-Carta de la Isla de Cuba.</b></i> Con el mar y las divisorias
+provinciales en color, papel cartulina, $8.50. El mismo, forrado en
+tela, barnizado, ribeteado, montado en cañas, $10.00.</p>
+
+<p class="cb">XII.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Mapas para Escuelas y para Oficinas en General.</b></i> Proyectados por
+Colton y Cía., Publicados por D. Appleton y Cía.</p>
+
+<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="right">I.</td><td align="left">Hemisferio Oriental cuyo tamaño es de 40 por 35 pulgadas.</td></tr>
+<tr><td align="right">II.</td><td align="left">Hemisferio Occidental, de tamaño y condiciones iguales á los del precedente.</td></tr>
+<tr><td align="left" colspan="2"><p>Estos mapas contienen, no solamente el dibujo principal, sino otros
+accesorios, colocados en los ángulos y espacios libres, cada cual
+completo en su género; como los Hemisferios Norte y Sur, los de agua y
+tierra, los del Atlántico y del Pacifico y otros que determinan las
+corrientes del Océano, las cuencas de desagüe, vientos dominantes,
+temperaturas, productos principales, etc.</p></td></tr>
+<tr><td align="right">III.</td><td align="left">Europa&mdash;cuyo tamaño es de 40 por 40 pulgadas.</td></tr>
+<tr><td align="right">IV.</td><td align="left">Asia&mdash;de iguales dimensiones que el anterior.</td></tr>
+<tr><td align="right">V.</td><td align="left">África&mdash;de 40 por 35 pulgadas.</td></tr>
+<tr><td align="right">VI.</td><td align="left">América del Norte&mdash;de tamaño igual al del precedente.</td></tr>
+<tr><td align="right">VII.</td><td align="left">América del Sur&mdash;de idénticas dimensiones que los anteriores.</td></tr>
+<tr><td align="right">VIII.</td><td align="left">América Central&mdash;abraza los tres canales ó vías interoceánicas.</td></tr>
+<tr><td align="left" colspan="2"><p>Cada uno de estos mapas de las grandes divisiones del mundo, lleva
+perfiles que presentan las principales alturas de cada país, y otros
+hechos en analogía con la materia, todos ellos sobre la misma escala
+vertical para facilitar la comparación.</p></td></tr>
+</table>
+
+<p class="cb">XIII.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Cuadros Murales</b></i>, compuestos por <span class="smcap">Marcio Willson</span> y <span class="smcap">N. A. Calkins</span>,
+pudiendo usarse, bien por separado, bien como complemento del
+<span class="smcap">Manual de Enseñanza Objetiva</span> de Calkins. La colección, montados en
+cartón. Precio, $14.00.</p>
+
+<p>Son trece cuadros de <i>Dibujo y Perspectiva</i>, <i>Líneas y Medidas</i>, <i>Formas
+y Sólidos</i>, <i>Colores</i>, <i>Escala Cromática</i> (de los Colores), <i>Zoología</i>:
+partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª; y <i>Botánica</i>: partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª. Todas
+las figuras de estos cartones, están coloreadas y sombreadas, y á su
+incuestionable utilidad reunen las cualidades de adorno y belleza en los
+planteles de enseñanza. Son un medio eficaz para iniciar á los jóvenes
+en el conocimiento elemental de estas Ciencias, despertar en ellos el
+amor á estudios más completos de cada una de ellas y muy particularmente
+de la Zoología y de la Botánica.</p>
+
+<p class="cb">XIV.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Cartones de Appleton</b></i> para el Estudio y Práctica del Dibujo de
+Mapas. Arreglados para ser adaptados á cualquiera geografía y muy
+especialmente á la Superior Universal de <span class="smcap">Appleton</span>. La colección de
+cartones y diagramas con instrucciones completas, todo colocado en
+una cartera de papel, 75 centavos.</p>
+
+<p>La serie se compone de seis diagramas con instrucciones para dibujar los
+mapas de la América del Norte, América del Sur, Europa, Asia, África y
+Australia, y quince cartones en los cuales los paralelos y meridianos,
+están calculados para construir los mapas siguientes:</p>
+
+<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
+<tr valign="top"><td align="right">1.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Hemisferio Occidental. &nbsp; &nbsp; &nbsp;</td><td align="right">9.</td><td align="left">Colombia, Venezuela y Guayanas.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">2.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Hemisferio Oriental.</td><td align="right">10.</td><td align="left">Ecuador, Perú y Bolivia.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">3.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">América del Norte.</td><td align="right">11.</td><td align="left">Rep. Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">4.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Estados Unidos.</td><td align="right">12.</td><td align="left">Europa.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">5.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Méjico.</td><td align="right">13.</td><td align="left">Asia.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">6.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">América Central.</td><td align="right">14.</td><td align="left">África.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">7.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">Las Antillas.</td><td align="right">15.</td><td align="left">Oceanía.</td></tr>
+<tr valign="top"><td align="right">8.</td><td align="left" style="border-right:1px solid black;">América del Sur.</td><td>&nbsp;</td></tr>
+</table>
+
+<p>Los diagramas, se han preparado con instrucciones para levantar las
+líneas de construcción, y en los cartones, los meridianos y paralelos
+están calculados para los mapas de las cinco partes del mundo; y el
+resto, para los de los países principales de América. Después de haber
+hecho dibujos aproximados, pueden los alumnos, provistos de ellos,
+reunir los resultados de sus estudios en Geografía construyendo mapas
+completos de cada Continente y de países especiales, y llenarlos con
+tanta minuciosidad como juzguen oportuna.</p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="cb"><big>O<small>BRAS DE</small> H<small>ISTORIA</small> N<small>ATURAL</small></big></p>
+
+<p class="cb"><small>PUBLICADAS POR</small></p>
+
+<p class="cb">LA CASA EDITORIAL DE D. APPLETON <span class="smcap">Y</span> CÍA.,</p>
+
+<p class="cb">Nueva York.</p>
+
+<p class="cb">I.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>El Reino Animal para Niños.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>.
+Instruir Deleitando. Serie de Libros Primarios de <span class="smcap">El Reino Animal
+para Niños</span>. Arreglados para la instrucción gradual y progresiva de
+la infancia, en las escuelas y en la familia. Cada cuaderno,
+contiene 6 hermosas láminas de colores, yendo en cada una numeradas
+las figuras de los varios animales; y 8 páginas de lectura amena,
+variada y progresiva, con una cubierta iluminada. En paquetes de
+una docena surtida (dos ejemplares de cada número). El paquete,
+$2.00.</p>
+
+<p>La serie se compone de seis libros ó cuadernos:</p>
+
+<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="left">No. 1. Animales Domésticos.</td></tr>
+<tr><td align="left">No. 2. Aves Mayores.</td></tr>
+<tr><td align="left">No. 3. Animales de Caza.</td></tr>
+<tr><td align="left">No. 4. Animales Salvajes.</td></tr>
+<tr><td align="left">No. 5. Aves Menores.</td></tr>
+<tr><td align="left">No. 6. Cuadrumanos y Pequeños Cuadrúpedos.</td></tr>
+</table>
+
+<p>Recomienda Rollin que se enseñe á los niños la Historia Natural; pero
+del modo que conviene á su edad. "Llamo, dice, <i>Física de los niños</i>, á
+un estudio de la Naturaleza que no requiere sino <i>vista</i>, y que por lo
+mismo está al alcance de toda clase de personas, hasta de los niños.
+Desde la más temprana edad se les puede imponer á los niños; pero
+proporcionándolo á sus pocos años, y llamando su atención sobre lo que
+esté más á su alcance, ya sea en lo referente á hechos, ya acerca de las
+reflexiones á que estos den ocasión. Parece increíble el número de
+conocimientos agradables y útiles con que ese ejercicio continuado desde
+los primeros años y metódicamente, llenaría el espíritu de los
+niños...." Un maestro cuidadoso, encuentra en este estudio el medio de
+formar el corazón de sus discípulos y de guiarlos á la verdad y el bien
+valiéndose de la misma Naturaleza.</p>
+
+<p>"El primer libro para instruir á la infancia, dice Figuier, debe versar
+sobre la Historia Natural; y en lugar de llamar la atención de las
+jóvenes inteligencias hacia las fábulas y cuentos sin doctrina, es
+necesario dirigirlas hacia los sencillos y verídicos espectáculos de la
+Naturaleza; tales como la estructura de un árbol, la composición de una
+flor, los órganos de los animales, la perfección de las formas
+cristalinas de un mineral, ó la disposición interior de las capas que
+componen la tierra que hollamos con nuestra planta." Tal es el objeto
+con que el autor ha preparado estos libros, en los que ha reunido la
+instrucción, los ejemplos de moral y el deleite de la infancia.</p>
+
+<p class="cb">II.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Nociones de Botánica.</b></i> Por <span class="smcap">J. D. Hooker</span>. Precio, 20 centavos.</p>
+
+<p>Esta pequeña obra, que forma parte de nuestra serie de <span class="smcap">Cartillas
+Científicas</span>, contiene una serie de lecciones elementales sobre los
+carácteres generales de las plantas que dan flores; trata de la célula y
+los tegidos, del alimento y desarrollo de la semilla y de la planta, de
+la raiz, el tallo, las yemas, las hojas, la flor, el cáliz, la corola y
+de multitud de otros asuntos presentados de un modo fácil y sencillo. Se
+ocupa de los Jardines Botánicos para colegios, y da modelos para
+ejercicios de lecciones con hojas y flores.</p>
+
+<p class="cb">III.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Libro Primero de Zoología.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>. <i>Obra
+adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos.</i>
+Forma un tomo uniforme con la <span class="smcap">Botánica</span> y la <span class="smcap">Mineralogía</span> del mismo
+autor; está ilustrado profusamente con hermosos grabados
+intercalados en el texto y elegantemente encuadernado. Precio, 70
+centavos.</p>
+
+<p><span class="smcap">El Libro Primero de Zoología</span> que ofrecemos al público, está considerado
+como el mejor de cuantos se conocen, y el único de su género en
+castellano. El autor, elevándose á las necesidades de la época y á los
+adelantos de la ciencia moderna; ha puesto su obra á la altura de los
+tiempos y al alcance de la juventud. Conduce gradualmente, <i>de lo
+conocido, á lo desconocido por medio de lo semejante</i>, despertando el
+interés del joven, y á la ves deleitándolo con el estudio. No existe un
+libro tan ameno é interesante, ni tan apropósito para el estudio del
+reino animal; al que no sólo da á conocer en todas sus fases, sino que
+inspira en los niños el amor hacia los animales.</p>
+
+<p class="cb">IV.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Libro Primero de Botánica.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>. <i>Obra
+adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos.</i>
+Precio, 80 centavos.</p>
+
+<p>En esta obra, la <span class="smcap">Botánica</span> está tratada desde el punto de vista del
+<i>estudio objetivo</i>, que tanto facilita á los jóvenes el conocimiento de
+dicha ciencia. Como en la <span class="smcap">Zoología</span> y la <span class="smcap">Mineralogía</span> del mismo autor, el
+plan seguido en la Botánica, es <i>llegar á lo desconocido por medio de lo
+conocido y lo semejante</i>; empleando para ello, el estudio de lo que más
+pueda interesar y grabarse en la imaginación de los niños.</p>
+
+<p>La obra, está ilustrada con numerosos grabados; tiene una excelente
+impresión sobre papel satinado y muy bien encuadernada; circunstancias,
+que como complemento á su selecto contenido científico, la hacen sin
+rival en su género. Es un tomo uniforme con los de <span class="smcap">Zoología</span> y
+<span class="smcap">Mineralogía</span>.</p>
+
+<p class="cb">V.</p>
+
+<p class="hang"><i><b>Libro Primero de Mineralogía.</b></i> Por el Doctor <span class="smcap">Juan García Purón</span>.
+<i>Obra adoptada de texto en España y varios países
+Hispano-Americanos.</i> Precio, 80 centavos.</p>
+
+<p>Este tratado de <span class="smcap">Mineralogía</span>, que con las de <span class="smcap">Zoología</span> y <span class="smcap">Botánica</span> por el
+mismo autor, forma un <i>Curso Completo de Historia Natural</i>; además de
+tratar extensamente de todo lo que atañe directamente á la Mineralogía,
+propiamente dicha, estudia las relaciones entre ésta y la <i>Geología</i>, y
+por lo tanto trata de los fósiles, ó sea de la <i>Paleontología</i>;
+siguiendo los principios más modernos en su parte didáctica.</p>
+
+<p>La obra tiene numerosos grabados intercalados en el texto; es rica en
+estilo y asuntos interesantes, y se halla impresa en magnífico papel
+satinado y empastada en uniformidad con la <span class="smcap">Botánica</span> y la <span class="smcap">Zoología</span>.</p>
+
+<p class="cb">*<br />
+* *</p>
+
+<p>Los <i><b>Cuadros Murales</b></i> de <span class="smcap">Willson</span> y <span class="smcap">Calkins</span> además de otros asuntos,
+tratan tambien de la</p>
+
+<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" summary="">
+<tr><td align="left">ZOOLOGÍA en las partes 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, y de la</td></tr>
+<tr><td align="left">BOTÁNICA en las 1ª, 2ª, 3ª, 4ª.</td></tr>
+</table>
+
+<p>La colección de trece, artísticamente sombreados, coloreados y montados
+en cartón. Precio, $14.00.</p>
+
+<p>
+<br />
+<br />
+<br />
+</p>
+
+<p class="cb"><big>LAS AVENTURAS DEL<br /><br />
+<big>VICARIO DE WAKEFIELD.</big><br /><br />
+Por OLIVERIO GOLDSMITH.</big></p>
+
+<p class="cb">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<p><span class="smcap">Versión</span> castellana hecha con sumo esmero y la única completa en nuestra
+lengua, de esta famosísima obra, considerada universalmente como
+<span class="smcap">Clásica</span>.</p>
+
+<p>Un tomo de unas 300 páginas, bien impreso, con preciosos grabados y
+encuadernado artísticamente.</p>
+
+<p>Edición económica 50 centavos. De medio lujo 75 centavos.</p>
+
+<p class="cb">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>&mdash;"La novela más interesante en lengua
+inglesa."&mdash;<span class="smcap">Lord Byron.</span></p>
+
+<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>&mdash;"Excelente, interesante, lo mejor de cuanto se
+ha escrito como novela doméstica."&mdash;<span class="smcap">Goethe.</span></p>
+
+<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>&mdash;"Lo más delicado de cuanto la inteligencia
+humana ha producido en su género."&mdash;<span class="smcap">Walter Scott.</span></p>
+
+<p><span class="smcap">El Vicario de Wakefield.</span>&mdash;"Ningún otro escritor ha logrado con tan buen
+suceso llegar á los fines del moralista. Pensamientos, humoradas y
+agudezas abundan en cada página."&mdash;<span class="smcap">Washington Irving.</span></p>
+
+<p class="cb">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<p>La única versión española del <span class="smcap">Vicario de Wakefield</span>, completa y correcta
+es la publicada por</p>
+
+<p class="cb"><br />
+D. APPLETON Y COMPAÑÍA,<br />
+EDITORES,<br />
+NUEVA YORK.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La guardia blanca, by Arthur Conan Doyle
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA GUARDIA BLANCA ***
+
+***** This file should be named 36453-h.htm or 36453-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
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+
+Produced by David Starner, Chuck Greif and the Online
+Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
+book was produced from scanned images of public domain
+material from the Google Print project.)
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
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+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
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+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
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+
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+
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+opportunities to fix the problem.
+
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
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+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
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