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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-14 19:57:15 -0700 |
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DE RICARDO FÉ +Cedaceros, núm. 11 + +1884 + +Es propiedad. + + + + +ÍNDICE + + +El Retiro de Madrid: + + I. _Mañanas de Junio y Julio_ + + II. _El Estanque grande_ + + III. _La Casa de Fieras_ + + IV. _El Paseo de los coches_ + +El Pájaro en la nieve (novela) + +La Academia de Jurisprudencia + +El Hombre de los patíbulos + +La Confesión de un crimen + +La Biblioteca Nacional + +El Drama de las bambalinas + +Lloviendo + +El Paseo de Recoletos + +_La Castellana_ + +Los Mosquitos líricos + +El Ultimo bohemio + +Los Amores de Clotilde (novela) + +El Profesor León + +El Sueño de un reo de muerte + +La Abeja (periódico científico y literario) + +Los Puritanos + + + + + +EL RETIRO DE MADRID + + + + +I + +MAÑANAS DE JUNIO Y JULIO + + +Entre las muchas cosas oportunas que puede ejecutar un vecino de Madrid +durante el mes de Junio, pocas lo serán tanto como el levantarse de +madrugada y dar un paseo por el Retiro. No ofrece duda que el madrugar +es una de aquellas acciones que imprimen carácter y comunican +superioridad. El lector que haya tenido arrestos para realizar este acto +humanitario, habrá observado en sí mismo cierta complacencia no exenta +de orgullo, una sensación deliciosa semejante a la que habrá +experimentado Aquíles después de arrastrar el cadáver de Héctor en +torno de las murallas de Ilión. El heroísmo presenta diversas formas +según las edades y los países, mas en el fondo siempre es idéntico. + +Cuando madrugamos para ir a tomar chocolate malo al _restaurant_ del +Retiro, una voz secreta que habla en nuestro espíritu, nos regala con +plácemes y enhorabuenas. Nuestra personalidad adquiere mayor brío, nos +sentimos fuertes, nobles, serenos, admirables. Los barrenderos detienen +la escoba para mirarnos, y en sus ojos leemos estas o semejantes +palabras: «¡Así se hace! ¡Mueran los tumbones! ¡Usted es un hombre, +señorito!» Y en testimonio de admiración nos echan media arroba de polvo +en los pantalones. + +El día que madrugamos no admitimos más jerarquías sociales que las +determinadas por el levantarse temprano o tarde. Todas las demás se +borran ante esta división trazada por la misma naturaleza. Los que +tropezamos paseando en el Retiro adquieren derecho a nuestra simpatía y +respeto; son colegas estimables que forman con nosotros una familia +aristocrática y privilegiada. A la vuelta, cuando encontramos a algún +amigo que sale de su casa frotándose los ojos, no podemos menos de +hablarle con un tonillo impertinente, que acusa nuestra incontestable +superioridad. + +Pero no todo es tomar chocolate malo en el Retiro durante las mañanas de +Junio. Lo primero que hay que ver es al sol levantándose majestuoso por +encima del parque, al principio esparciendo una luz triste y blanca que +viene a besar fríamente el _Rege Carolo III_ de la puerta de Alcalá, +después otra rojiza y más alegre que tiñe los muros de las primeras +casas con que tropieza, finalmente la vívida, risueña y esplendorosa que +le caracteriza. El cortejo de nubecillas que le acompaña en su +ascensión, es de lo más gracioso y elegante que pueda verse. Todas ellas +van vestidas de un modo caprichoso y pintoresco, y ejecutan pasos de +gran dificultad y efecto en torno de su director. Los madrileños, sin +embargo, no son aficionados a esta clase de espectáculos. Prefieren ver +alzarse a la luna, disfrazada de queso, en el escenario del Teatro +Real, oportunamente evocada por los trinos solemnes de una +_mezzo-soprano_. Hay razón plausible para esto. El sol tiene el deber de +salir todos los días, haga frío o calor, al paso que la luna únicamente +cuando el Sr. Rovira lo considera oportuno. Si el sol no se prodigase +tanto y se hiciese pagar algo más, yo creo que tendría mucha mayor +reputación. Por ejemplo, haciendo tres o cuatro salidas cada año, y +anunciando los periódicos que «el más eminente de nuestros astros hará +su _debut_ el martes a primera hora y que todas las localidades están +vendidas con anticipación», se me ocurre que los revendedores de sillas +en el Retiro harían negocio redondo. + +Después del sol, lo más notable que yo encuentro en el Retiro son las +modistas. Este respetabilísimo gremio, aún más bello que respetable, se +pone en contacto con la naturaleza al llegar el mes de Junio. +Impidiéndoles sus numerosos quehaceres ir a pasar una temporada a San +Sebastián o a Biarritz, y necesitando por fuerza dar alguna expansión a +los sentimientos poéticos de su alma, eligen nuestras hermosas +costureras el Retiro como campo de sus excursiones matinales. Los +árboles, los pájaros, las flores, cuando no son de papel, ofrecen sin +duda mayores atractivos. Nada hay que apetezca tanto una modista de +corazón como el estado primitivo conforme con la naturaleza. Durante el +invierno, su espíritu yace dormido mientras las manos trabajan afanosas +debajo de la lámpara de petróleo; mas al llegar el mes de Mayo, cuando +el cuerpo empieza a sentir calor, el alma también lo siente, despiertan +la égloga y el idilio, se sueña con verdes praderas esmaltadas de +flores, con arroyos bullidores y cristalinos, con grutas frescas y +sombrías y con hermosos zagales que aguardan en ellas la dulce +recompensa de sus rendidas instancias. Entonces la modista, como primera +manifestación de la influencia que ejercen sobre ella tales puras ideas +y tales visiones risueñas, se despoja del corsé; y si es de temperamento +verdaderamente apasionado y guarda en su corazón el mundo de tiernos e +inefables sentimientos que es de esperar, se queda con poca, con +poquísima ropa. Se levanta muy tempranito, y sin aguardar el _landau_, +toma el camino del Retiro en compañía de sus amigas predilectas y de +algunos menestrales distinguidos. ¡Qué fresca y qué risueña! ¡Cómo +brillan sus grandes y hermosos ojos negros! ¡Cómo palpita de alegría su +seno delicado! El grupo va dispuesto a olvidar por algunos instantes las +ridículas ceremonias sociales, los refinamientos empalagosos de la vida +madrileña, y volver en lo que cabe al estado natural. Al efecto marchan +todos bien provistos de los enseres y artefactos propios de una +civilización primitiva y que se supone han usado más comúnmente nuestros +primeros padres: aros, cuerdas, trompos, volantes, etc., etc. Nuestra +modista, según va llegando a la Arcadia municipal, adquiere mayor +desenvoltura, y en sus movimientos y ademanes adviértese la influencia +que ejercen sobre ella las ideas campestres. Charla, corre, ríe, salta, +grita, y se autoriza con sus compañeras las inocentes libertades que +acostumbran en los bosques las pastoras con los zagales; les tapa los +ojos con las manos, les da pellizcos, les quita el sombrero y les tira +por las narices de un modo sencillo, encantador, conforme en un todo con +las leyes de la naturaleza. + +Así que entran en el parque y eligen un sitio a propósito, silencioso, +umbrío, embalsamado por las acacias, empiezan los juegos. La costurera +es un portento de gracia y habilidad en saltar la cuerda, tirar el +volante y chillar como una golondrina. ¡Qué linda está brincando y +haciendo carocas a los señoritos que acuden al reclamo de los chillidos! +El juego la vuelve a los días de su infancia, y en consecuencia se +sienta sobre las rodillas de sus compañeros y les ordena que le aten las +trenzas del cabello, sin pasársele por la mente que estas escenas +despiertan en los señoritos que las presencian ideas vituperables de +adquisición. Nadie diría al ver aquella gracia inocente y modesta, que +nuestra heroína ha corrido algunas borrascas en las berlinas de punto y +conoce los misterios de la calle de Panaderos tan bien como D. Antonio +San Martín. En ciertas ocasiones, rendida, jadeante, las mejillas +inflamadas, los ojos brillantes y el cabello desgreñado, la he visto +separarse del juego y tomar el brazo de algún zagal sietemesino con +guantes amarillos. La he visto seguir lentamente una calle solitaria de +árboles y perderse con él entre el follaje. ¿Iban tal vez en busca de +alguna gruta fresca y solitaria como aquella en que la esposa de Salomón +dejó olvidado su cuidado? No lo sé. En la vida del campo hay misterios +inefables que sería más grato que prudente el escrutar. + + + + +II + +EL ESTANQUE GRANDE + + +Apenas se deja atrás la famosa puerta de Alcalá y se dan algunos pasos +por la calle de árboles que nos lleva a lo interior del Retiro, empieza +a refrescar el rostro un vientecillo ligero y húmedo, y con ínfulas de +marino. El corazón y los pulmones se dilatan, se cierran +involuntariamente los ojos para recibir el beso blando de aquella brisa, +y acuden vagamente a la memoria playas, olas, peñascos, barcos, gaviotas +y sobre todo los horizontes dilatados del oceano que convidan a soñar. +Continuad, continuad con los ojos cerrados; no temáis tropezar con nada; +la calle es ancha y los coches no ruedan por aquel sitio. Durante +algunos momentos podéis meceros sin riesgo en esa grata ilusión marítima +por la cual habéis pagado ya vuestra contribución. + +Yo no diré que cuando abráis los ojos os encontréis frente al mar; +semejante exageración serviría tan sólo para desacreditar los +nobilísimos propósitos del poder ejecutivo, dado que éste nunca pensó, a +mi entender, en fundar un oceano en Madrid, y sí únicamente un epítome o +compendio de él. Pero si no frente al mar, os halláis por lo menos +frente a una cantidad de agua que divertirá y lisonjeará vuestras +aficiones marinas, aunque no las satisfaga por entero. Las audacias de +tal masa de agua están refrenadas por unos sencillos muros de ladrillo, +sobre los cuales hay una verja de hierro no muy alta. + +Cuando os inclinéis sobre esta verja para examinar de cerca el oceano +del Ayuntamiento, tal vez convengáis con la mayoría de los vecinos de +Madrid en que sus aguas no son lo bastante limpias y claras, y que la +Corporación municipal haría muy bien en renovarlas con frecuencia si se +propone, como es lo más seguro, halagar con ellas los sentimientos +naturalistas y poéticos del vecindario. No obstante, en ocasiones, esas +aguas verdes y cenagosas se rizan blandamente al soplo de la brisa, lo +mismo que el lago más hermoso, y a veces también, en la hora del medio +día, estando el cielo límpido, despiden vivos y gratos reflejos azules. +Le pasa al estanque lo que a las mujeres feas; todas ellas tienen +instantes, posturas o movimientos agradables. + +He indicado como lo más seguro que la fundación de dicho estanque débese +a la conveniencia de infundir en el espíritu del pueblo madrileño +ciertas tendencias poéticas y naturalistas. En efecto, comprendiendo el +Ayuntamiento (como no podía menos de comprender) que en las grandes +capitales como ésta, el amor de la naturaleza anda muy descuidado, y por +consecuencia de ello, la sensibilidad del vecindario no recibe el +cultivo indispensable para preservarlo de las garras del grosero +positivismo, hizo y hace laudables esfuerzos por mantener vivo en todas +las clases sociales un romanticismo urbano y municipal en armonía con +las necesidades del corazón y con la partida que en el presupuesto se +le destina. Ningún orden de la naturaleza se ha escapado a su +beneficiosa gestión. Las selvas umbrosas e impenetrables, llenas de +colores y armonías que se admiran en las soledades de América, están +representadas por las espesuras del Retiro y por los bosques de la +plazuela de Oriente, de la plazuela de Santo Domingo y otras plazuelas +menos conocidas. El prurito de contemplar y recrearse con las altas +montañas sobre cuya cima el pensamiento del hombre, como las nubes del +espacio, reposa de sus fatigas, encuentra dulce satisfacción en la +_montaña rusa_. Y por último, la aspiración enérgica del espíritu a +meditar tristemente ante la inmensidad del oceano que nos revela los +arcanos de lo infinito, obtiene respuesta adecuada, sino cumplida, en +las riberas del _estanque grande_. Aquí, sin embargo, se ofreció una +pequeña dificultad. Es verdad que la contemplación del mar enaltece +mucho el espíritu y lo purifica, pero no es menos cierto que también lo +turba y oscurece con sus ásperas impresiones. A fin de hacer frente a +este peligro psicológico, el Ayuntamiento quiso acudir a un expediente +seguro; acudió a la cooperación de los cisnes y los patos. En efecto, +estos animales acuáticos, por su mansedumbre y afabilidad, son muy aptos +para infundir en el corazón del hombre risueñas ideas y sentimientos de +paz, y a propósito, por tanto, para contrarestar la impresión fuerte y +abrumadora que no puede menos de dejar en el ánimo un estanque de la +magnitud de el del Retiro. Se introdujeron, pues, en dicho estanque como +obra de una docena de tales animales entre cisnes y patos, encargados de +secundar los generosos planes del Municipio, recibiendo por ello el +necesario alimento. Y debemos manifestar en conciencia que las inocentes +aves desempeñan su papel con maestría y ganan sus cortezas de pan +honradamente. Véase si no cuán gallardamente cruzan el estanque en todas +direcciones, cual si resbalaran por el agua a impulso del viento y no +por virtud del movimiento de sus palmas. Observemos sus posturas +caprichosas y fantásticas; de qué modo tan pintoresco extienden las alas +sobre el agua, levantando nubecillas de espuma, o sumergen la cabeza +para atrapar un insecto, o la ocultan bajo el ala, o levantan el vuelo +inesperadamente para dejarse caer a los pocos pasos llenos de pereza y +molicie sobre su elástico lecho, como un sátrapa sobre su diván de +pluma. Nadie dudará que todo esto ofrece un tinte tan bucólico y +pastoril, que no puede menos de producir el efecto apetecido. Por muy +exaltado que el ánimo se encuentre, es imposible que no ceda a los +esfuerzos combinados de aquella docena de patos. + +Navegan también en el estanque muchedumbre de botes, lanchas, canoas y +otras embarcaciones de diversas formas y tamaños. Los días de fiesta +suele cruzar por el horizonte un vapor que no se cansa jamás de silbar. +Parece un espectador de los dramas de Catalina. He querido averiguar +cuál era el precio del pasaje, y me han dicho que por recorrer todas las +costas del estanque, deteniéndose en los puntos más notables y dignos de +verse, se pagaba, en cámara de primera, diez céntimos. Pero es fácil de +comprender que estos viajes de itinerario forzoso no convienen más que +a las personas de poca imaginación y de sentimientos vulgares y +limitados. Los espíritus fantásticos y aventureros gustan más de viajar +sin itinerario. Hay, pues, mucha gente que prefiere tripular los botes y +canoas navegando sin rumbo prefijado y deteniéndose donde bien les place +el tiempo que tienen por conveniente. El amor a la naturaleza y el deseo +de conocer las rudas faenas de la mar les arrastra a despojarse de la +levita y a empuñar los remos con las manos cubiertas de sortijas. Desde +este momento su fisonomía se contrae duramente y toma la expresión +siniestra y terrible de los piratas: sus movimientos son torpes y +pesados como los de un lobo de mar. Cuando pasan cerca de la costa y ven +una niñera más o menos gentil que les contempla absorta y admirada, se +suelen guiñar el ojo con cierta malicia ruda, exclamando con voz ronca: +«¡Ohé, muchachos, una fragata a barlovento!» + +A otros les da por lo sentimental, y el espectáculo de las aguas +dormidas del lago les recuerda las novelas venecianas o las baladas de +la Suiza: se dejan balancear dulcemente, inmóviles y apoyados sobre el +remo, fijan la vista en un punto del espacio con expresión amarga, +propia de corazones lacerados, y prorrumpen a veces en tiernas +barcarolas que han aprendido en el teatro Real. + +Lo mismo las aventuras maravillosas de los unos que las barcarolas de +los otros cesan repentinamente así que se escucha una voz poderosa, +inmensa como la de Neptuno, que llega en alas del viento a todas las +riberas del estanque:--«Esquife número siete (pausa solemne)... la +hora.» Inmediatamente la embarcación, después de ejecutar las maniobras +indispensables, dirige su rumbo hacia el puerto. Si llega con felicidad +a él, como ordinariamente acontece, la tripulación, rendida y jadeante, +no tarda en saltar sobre el muelle, limpiándose los pantalones con el +pañuelo para después restituirse alegremente al seno de sus familias. + + + + +III + +LA CASA DE FIERAS + + +No sé de cuándo data la institución de que quiero dar cuenta: es posible +que haya nacido bajo el gobierno paternal del señor Moyano, aunque no lo +afirmo. Antes de ponerme a escribir acerca de ella, quizá debiera +examinar algunos documentos referentes a su erección y desenvolvimiento, +a fin de que las futuras generaciones, cuando lean el presente estudio, +sepan a quién deben las fieras el piadoso hospital que hoy disfrutan. +Prefiero, no obstante, improvisar algunas cuartillas, que caerán fuera +de los dominios de la ciencia histórica, hacia la cual me siento antes +de almorzar poco inclinado. + +A unas cien varas del estanque grande se alza el famoso hospicio donde +un gobierno atento a las necesidades morales de sus contribuyentes ha +colocado media docena de bestias feroces y veinte o treinta micos, con +el objeto de recrear y al propio tiempo vigorizar a la guarnición de +Madrid. Así como los cisnes del estanque reciben sus emolumentos para +despertar en los indígenas ideas bucólicas y sentimientos pastoriles, +las alimañas de la Casa de fieras han venido adrede de los desiertos de +África para infundir en la clase de tropa la ferocidad que suele perder +en el trato íntimo de criadas y costureras. Y es de admirar realmente el +acierto que ha presidido a la elección de estos terribles animales y con +qué esmero se han procurado utilizar sus diversas aptitudes. Por +ejemplo, a nadie puede caber duda de que el león ha sido traído para +despertar en el corazón de los espectadores la nobleza y la bravura, +como el leopardo la fiereza, el lobo la rapidez, la hiena la crueldad, +el mono la astucia y el oso la calma. La española infantería, al +recorrer por las tardes en la grata compañía de sus patronas las jaulas +del establecimiento, se siente regenerada y dispuesta a habérselas con +todo linaje de republicanos feroces y dañinos, mansos o amansados. + +Las fieras, como es lógico, conocen de vista a todos los reclutas de la +guarnición, y no sólo a los reclutas, sino a sus parientes y amigos. El +mejor obsequio que se puede hacer a un forastero después de beber unas +copas de ron y marrasquino, es llevarle a la Casa de fieras y pasearle +un buen rato en torno de la jaula de los micos. «Anda, anda, que +_Grabiel_ bien se divierte por allá por Madrid... no se esté con +_cudiao_ por él, tía Rosa... _toa_ la tarde se la pasa mira que te mira +a los micos en un sitio que llaman la Casa de fieras, que le digo, así +Dios me salve, que no hay otra cosa que ver en Madrid.» + +El soldado español es, además de bizarro, sufrido, frugal, pundonoroso, +etc., etc., chispeante en el pensamiento y ático en la frase. Nadie lo +ha puesto en duda. Pues bien; esta sal y este aticismo con que la +naturaleza dotó a nuestro ejército, y muy singularmente al arma de +infantería, se aumenta en un cincuenta por ciento lo menos cuando pasea +por los jardines de la Casa de fieras. En aquellos amenos parajes, +delante de la jaula del león africano, o del tigre de Bengala, o del +tití de las Indias, es donde el regocijado ingenio de nuestros quintos +derrama los tesoros de su gracia; allí donde se escuchan las frases +espirituales, los dichos agudos; allí donde revientan los epigramas +acerados, los discretos razonamientos. Parado frente a la jaula del +leopardo, que duerme tranquilo en un rincón, el quinto suele decirle en +tono de zumba:--«¡Anda tú, dormidor! ¿No te cansas de dormir, tuno? +¿Estás a gusto, eh gran ladrón?»--Pasa inmediatamente a la del león y +vierte sobre él otra granizada de chistes.--«¡_Miale, miale_, qué boca +abre el cochino! ¿Nos almorzarías de buena gana, verdad? Pues amigo, +_pacencia_ y llamar a Cachano, que _toos semos_ hijos de Dios. Manolo, +_arrepara_ qué melenas; ¡_paecen_ los pelos del tío Farruco!» + +El recluta se hincha en tales ocasiones porque tiene público: en pos de +él hay siempre media docena de robustas criadas de la Alcarria que le +escuchan embelesadas y le siguen con afán. ¡Cómo se desternillan de +risa! ¡Cómo paladean los chistes del donoso soldado! Nadie penetra como +ellas el sentido íntimo de sus frases, ni puede apreciar tan bien la +delicadeza nerviosa de su humorismo. Entre el recluta y las criadas se +engendra inmediatamente una misteriosa corriente de simpatía, mediante +la que el fondo poético de sus corazones y todos los dulces pensamientos +y vagas aspiraciones de su espíritu se confunden. El recluta siente en +el occipucio los ojos de las alcarreñas que le excitan a mostrarse cada +vez más agudo y espiritual, y éstas advierten con inocente alegría que +aquel derroche de gracia y de ingenio no es otra cosa que un fervoroso +homenaje de adoración que el gentil recluta les dedica. Allá, a la hora +del crepúsculo, cuando las nieblas descienden al fondo de los valles y +el céfiro pliega sus alas sobre las flores, Manolo suele pegar un +tremendo empujón a su amigo _Grabiel_ que le hace caer sobre el grupo de +criadas, las cuales reciben el golpe como una manifestación de respeto y +galantería. A partir del empujón, entre reclutas y criadas se establece +una amistad inalterable. Y la ferocidad que el ejército ha ganado por un +lado la pierde inmediatamente por otro, viniendo abajo de esta suerte la +obra paternal de la Administración. + +Antes de dar por terminado este artículo, necesito delatar a la +Corporación municipal un abuso que redunda en menoscabo del país y +descrédito de la importante institución en que me estoy ocupando. Por +muy sensible que me sea el decirlo, es lo cierto que las fieras del +Municipio no cumplen debidamente con su cometido. ¿Para qué han sido +traídos estos animales de los desiertos de África y Asia a costa de mil +sacrificios pecuniarios? Ya hemos dicho que para infundir energía y +vigorizar al pueblo y al ejército. Pues bien; yo no sé cómo han llenado +su deber en los primeros tiempos: mas actualmente puedo decir que están +muy lejos de desempeñarlo con la exactitud y el celo apetecidos. En vez +de mostrar una actitud imponente que sobrecoja y atemorice el ánimo, en +vez de rugir y echar centellas por los ojos, y sacudir las rejas de la +jaula con el aparato del que quiere saltar fuera y devorar en un credo +a todos los espectadores, se pasan la mayor parte del día en letargo +vergonzoso, tirados en un rincón como objetos inanimados, sin que las +excitaciones del respetable público logren hacerles menear siquiera la +cola. Cuando por casualidad se les encuentra de pie, no hacen otra cosa +que pasear tranquilamente por la celda sin desplegar ninguna especie de +ferocidad, como un poeta lírico que estuviese meditando algún soneto +enrevesado para la _Ilustración Española y Americana_: cuando abren la +boca y estiran las garras, nunca es en son de amenaza, sino para +desperezarse groseramente; y si tal vez que otra les da la humorada de +rugir, lo hacen con tanta delicadeza, que más que de devorarlos, parece +que tratan de enterarse de la salud de los espectadores. + +Es necesario cortar este abuso. ¿Cómo? Buscando el origen y destruyendo +la causa. El origen de tal apatía y negligencia por parte de estos +animales no puede ser otro que el no dárseles el sustento necesario. Las +bestias de la Casa de fieras pertenecen a la clase docente, y como el +profesorado en general, están muy mal retribuidas: tienen los huesos +salientes, el pellejo arrugado, el aspecto miserable y triste. Un +profesor amigo mío (que también tiene los huesos salientes y el pellejo +arrugado), me decía no ha mucho tiempo que él no enseñaba más ciencia +que la equivalente a los catorce mil reales que le daban. Las fieras +deben de seguir el mismo sistema. Auménteseles, pues, el sueldo, déseles +las piltrafas suficientes, y el Ayuntamiento verá sus cátedras de +energía y ferocidad perfectamente desempeñadas. + + + + +IV + +EL PASEO DE LOS COCHES + + +Se trabó una lucha titánica en el Ayuntamiento y en las columnas de los +periódicos. Los peones nos defendimos bizarramente. Hicimos esfuerzos +increíbles para salvar nuestro Retiro de la feroz invasión; pero +quedamos vencidos. En las hermosas calles de árboles nunca profanadas, +chasquearon las herraduras de los caballos, y los modernos +conquistadores, los bárbaros de la riqueza entraron soberbios, +arrollándonos entre las patas de sus corceles. + +Vivíamos felices y tranquilos, y a veces nos decíamos:--«Tenéis los +teatros, los salones, la Casa de Campo, la Castellana, sois los dueños +de Madrid; pero nosotros poseemos el Retiro. Para gozar el aroma de sus +flores, la frescura de sus árboles y la grata perspectiva de sus +calles, es necesario que dejéis vuestro coche a la puerta y ensuciéis un +poco la suela de los zapatos; porque el Retiro está hecho por Dios y el +Ayuntamiento para nosotros, exclusivamente para nosotros los villanos.» + +Mas he aquí que un día se les antoja a los bárbaros penetrar con sus +carros, con sus mujeres e hijas en nuestro delicioso campamento. Cayeron +los árboles más o menos seculares, y sus hojas sirvieron de alfombra a +los triunfadores. También nuestras frentes humilladas les sirvieron de +alfombra. + +Y lo peor de todo es que, imitando la crueldad de los soldados de +Alarico y Atila, nos han llevado y nos llevan atados a su carro. He +conocido a un joven que luchó valerosamente contra la invasión desde las +columnas de _La Correspondencia_. Recuerdo cierto suelto de su mano que +decía: «No es exacto que el Municipio trate de abrir en el Retiro un +paseo para los carruajes.» Este suelto cayó como una bomba en el campo +enemigo, haciendo en él graves destrozos, y estuvo a punto de dejar +fallidas sus esperanzas. Pues bien; a este mismo joven le he visto +después ignominiosamente atado a la carretela de un bárbaro, que le +llevaba a un paso muy superior a sus piernas. Y la hija del bárbaro aún +parece que se reía de él. + +Algunos refieren la historia del paseo de coches diciendo que a cierto +caballo inglés, hastiado de tanto ir y venir a la Castellana, acometido +del _spleen_ y en peligro inminente de suicidarse, se le puso un día +entre las dos orejas el hollar los jardines privilegiados; insinúa su +extravagante deseo al amo, le da algunas razones, y últimamente le +persuade a que interponga su influencia para que de allí en adelante se +extienda el privilegio de los bípedos a los caballos lucios y bien +educados. El amo, que era regidor, lo propuso en concejo, y pronunció +con tal motivo un bello discurso, donde expuso a la consideración del +Ayuntamiento los argumentos capitales que su jaca le había insinuado. +Armose el consiguiente motín, los bípedos se resistieron a abandonar sus +franquicias, acudieron a la prensa, dijeron que el echar árboles al +suelo era propio de los pueblos primitivos, y que es muy fácil construir +una casa, pero que un árbol nadie lo construye mas que la naturaleza; +hablaron del hacha devastadora y se autorizaron el dudar de los +sentimientos poéticos de los concejales. A tales afirmaciones contestó +el potro inglés, por boca de su amo, diciendo, que no eran más que +«huecas declamaciones», y que cuando el paseo estuviese abierto y +terminado, ya se vería. Y en efecto, después se vio que el potro tenía +razón. El paseo de coches, no sólo no ha quitado belleza al Retiro, pero +le ha añadido cierto esplendor fastuoso que antes no tenía; a cada cual +lo suyo. + +No está trazado en línea recta como el de la Castellana, porque no tiene +por objeto despertar en el vecindario ideas generales, sino que forma +una curva graciosa y bastante prolongada, que se extiende desde la Casa +de fieras hasta la estatua del Angel caído, en torno de la cual giran +los carruajes al dar la vuelta; es un Luzbel doblado por el espinazo, el +cuello descoyuntado y los músculos tendidos, que parece un artista +ecuestre del circo de Price. Sus colegas de acá, otros ángeles caídos +que suelen llamarse «la Tomasa, la Adela, la Paz, la Asunción, etc.», al +cruzar por su lado le miran con soberano desdén: ninguno ha caído como +él en medroso despeñadero; todos han venido a dar sobre algún _milord_ +con un caballo. + +En este moderno paseo se cita y emplaza la sociedad elegante en las +tardes de invierno, para gozar el inefable deleite de contemplarse un +par de horas, después de lo cual se apresura a ir a comer y escapa a uña +de caballo a contemplarse de nuevo en el Real otras tres o cuatro +horitas. Parece una sociedad de derviches: el goce supremo es la +contemplación. Hay hombre que se queda calvo, y defrauda al Estado, y +arruina a varias familias, solamente para que dos caballos le lleven a +todas partes a contemplar a otros hombres que también se han quedado +calvos y han defraudado al Estado y a los particulares con el mismo +objeto. Los madrileños, mejor que ningún otro pueblo antiguo o moderno, +han llevado al refinamiento este goce exquisito: en las iglesias, en +los teatros, en el paseo, en los salones, se apuran todos los medios de +contemplarse con más comodidad. Cuando viene el calor y es fuerza salir +de Madrid y separarse, entonces la sociedad vuela a las playas de San +Sebastián, a fin de no perderse un instante de vista. + +De cinco a cinco y media de la tarde está el paseo en todo su esplendor; +un millar de coches se apiña en la no muy ancha carretera, de tal +suerte, que no hay medio de caminar por ella: a veces tardan en dar una +sola vuelta más de hora y media, lo cual constituye, como es fácil de +comprender, el encanto de los que perennemente los ocupan; de esta +guisa, la contemplación es más fácil y más intensa. Las señoras levantan +suavemente las sombrillas para mirar por debajo de ellas a otras +señoras, que de igual manera dejan caer las suyas y pagan mirada por +mirada. Hace ya muchos años que se miran y llevan por cuenta los +vestidos, los coches, los caballos, los queridos, las pulseras, el +colorete y hasta los lunares que gastan; así que, ordinariamente, se +habla muy poco: sólo de vez en cuando alguna dama comunica a su +compañera en voz baja y estilo telegráfico ciertas observaciones de poca +monta: + +--¿Has visto a Bermejillo? + +--Sí. + +--¿Va detrás de Enriqueta? + +--Sí. + +Y de nuevo guardan silencio. + +--¿Has visto a la de Quintanar? + +--Hasta ahora no. + +--¿Y a la de Beleño? + +--Tampoco. + +La dama se calla otra vez, pero experimenta leve disgusto; para que se +vaya a casa satisfecha y coma con apetito, es preciso que estén en el +paseo la de Quintanar, la de Beleño, la de Casagonzalo, la de Trujillo, +la de Torrealta, la de Villavicencio, la de Córdova, la de Perales, la +de Vélez Málaga y la de Cerezangos, a quienes está viendo hace veinte +años, en todos sitios y a todas horas: si no, se marcha mal humorada, +diciendo que el paseo estaba muy cursi. Los cocheros y lacayos, desde lo +alto de los pescantes, dejan caer miradas olímpicas sobre las carrozas, +y murmuran de vez en cuando alguna frase insolente y obscena a +propósito de las damas que pasan cerca; o examinan fijamente las libreas +de sus compañeros, proponiéndose exigir otras iguales de sus amos. Los +caballos, aburridos, se contemplan sin cesar, y guardan silencio como +sus señores. Tal vez que otra, no obstante, dejan caer, entre resoplidos +y cabezadas, alguna observación punzante acerca de sus colegas: + +--¡Vaya unos arreos lucidos que les han echado encima a los jacos de +Villamediana! ¡Me da risa! + +--¿Qué otra cosa quieres que les pongan, chico? ¡Si son dos burros sin +orejas! + +--¿Y qué te parece del _tren_ de Rebolledo? + +--Que esos potros son tan ingleses como el forro de mis pezuñas. + +Así hablan los caballos a menudo; y a menudo también los amos. + +Por una de las calles laterales y antiguas caminan los bípedos de la +burguesía, contemplando sin pestañear el fastuoso cortejo de los +cuadrúpedos aristocráticos. Cuando se cansan de caminar, toman asiento +en las sillas metálicas puestas allí adrede para mirarse cómodamente. +Numerosas y respetables familias, cuyos jefes sirven dignamente a la +Administración pública, se autorizan diariamente el sabroso placer de +ver pasar en procesión a las damas y caballeros que en Madrid gastan +coche. La vida cortesana ofrece vivos y punzantes atractivos: el jefe de +familia la encuentra demasiado agitada cuando llega a su casa. + +Ciñendo la carretera, con el rostro vuelto hacia los coches, suelen +cruzar a paso largo algunos señoritos de palo, con el felpudo sombrero +ladeado, puños salientes, levita abrochada hasta la nuez y báculo. +Llevan dentro un resorte que en ciertos momentos les obliga a detener el +paso, llevar la mano al sombrero, agitarlo en el aire, ponérselo otra +vez y seguir andando. + +Y el sol, por no ser menos que todos, contempla con ojo de moribundo +esta escena interesante enfilando sus rayos oblicuos entre los árboles y +levantando mil graciosos reflejos en el barniz de los coches, en el +cristal de las linternas y en el metal de los botones de cocheros y +lacayos. Antes de morir envuelve con suave caricia la pompa abigarrada +de aquella muchedumbre, que no tiene ojos más que para sí misma, hace +brillar los arreos de los caballos y las joyas de las señoras, tiñe de +vivos colores la seda de los vestidos y extiende un manto brillante de +oro sobre la inmóvil y silenciosa comitiva. Los árboles recogen con más +placer que los hombres el último beso del astro del día, y entre sus +copas frondosas surgen gratas y fugitivas luces. A la izquierda el puro +azul del cielo se deja ver, desvaído ya y marchito, y su fondo luminoso +queda cortado a trechos por las formas rígidas de alguna conífera o por +los tricornios de los guardias que permanecen clavados a sus caballos, y +los caballos a la tierra como verdaderas estatuas. En el medio de la +curva que el paseo describe, hay abierto un boquete sin árboles, por +donde se contempla el paisaje: parece un enorme balcón desde donde se +divisan algunas leguas de tierra árida como toda la que rodea a Madrid. +Este paisaje sólo es bello a la caída de la tarde: entonces las brumas +del crepúsculo, traspasadas un instante por los rayos del sol, matizan +delicadamente la vasta planicie, las colinas lejanas flotan en una +neblina azulada, y sobre ellas resaltan como puntos blancos algunos +caseríos. Los juegos de la luz fingen en la llanura bosques, campos, +ríos y pueblos que no existen: es un país falso y teatral que guarda +cierta semejanza con el fondo del cuadro de las Lanzas, de Velázquez; +pero cautiva la vista por su esplendor, y dilata el pecho por su +inmensidad. + +El vapor luminoso que por aquella parte envuelve el paseo, amortiguando +los vivos colores de las sombrillas, borrando los elegantes contornos de +los caballos, esfumando las facciones de las damas y prestándole a todo +aspecto escenográfico, pierde lentamente su brillo y se transforma en un +polvo ceniciento que cae del cielo como heraldo de la noche. La noche se +llega al fin: el sol sepulta sus fuegos en los confines de la yerma +llanura: algunas nubecillas finas y delgadas, como rayas trazadas en el +firmamento, después de ennegrecerse fuertemente, concluyen por +desaparecer. El paseo pierde todo su esplendor; ya no es más que un +grupo numeroso de coches sin brillo ni poesía. La comitiva siente casi +al mismo tiempo un leve temblor de frío; las señoras se embozan en los +chales y tiran hacia sí las pieles que cubren sus rodillas; los +caballeros se esfuerzan en meterse los abrigos y agitan los brazos en el +aire como aspas de molino; piafan los caballos pensando en las próximas +dulzuras del pesebre, y los aurigas chasquean el látigo enderezándolos +ya hacia la ciudad. En pocos minutos queda la carretera desierta. Los +peones, que como es natural permanecen rezagados, escuchan algún tiempo +el ruido de los coches, como un rumor distante de olas que se +estrellan. + + + + +EL PÁJARO EN LA NIEVE + +(NOVELA) + + +Era ciego de nacimiento. Le habían enseñado lo único que los ciegos +suelen aprender, la música; y fue en este arte muy aventajado. Su madre +murió pocos años después de darle la vida; su padre, músico mayor de un +regimiento, hacía un año solamente. Tenía un hermano en América que no +daba cuenta de sí; sin embargo, sabía por referencias que estaba casado, +que tenía dos niños muy hermosos y ocupaba buena posición. El padre +indignado, mientras vivió, de la ingratitud del hijo, no quería oír su +nombre; pero el ciego le guardaba todavía mucho cariño; no podía menos +de recordar que aquel hermano, mayor que él, había sido su sostén en la +niñez, el defensor de su debilidad contra los ataques de los demás +chicos, y que siempre le hablaba con dulzura. La voz de Santiago, al +entrar por la mañana en su cuarto diciendo: «¡Hola, Juanito! arriba, +hombre, no duermas tanto,» sonaba en los oídos del ciego más grata y +armoniosa que las teclas del piano y las cuerdas del violín. ¿Cómo se +había trasformado en malo aquel corazón tan bueno? Juan no podía +persuadirse de ello, y le buscaba un millón de disculpas: unas veces +achacaba la falta al correo; otras se le figuraba que su hermano no +quería escribir hasta que pudiera mandar mucho dinero; otras pensaba que +iba a darles una sorpresa el mejor día presentándose cargado de millones +en el modesto entresuelo que habitaban: pero ninguna de estas +imaginaciones se atrevía a comunicar a su padre: únicamente cuando éste, +exasperado, lanzaba algún amargo apóstrofe contra el hijo ausente, se +atrevía a decirle: «No se desespere V., padre; Santiago es bueno; me da +el corazón que ha de escribir uno de estos días.» + +El padre se murió sin ver carta de su hijo mayor, entre un sacerdote que +le exhortaba y el pobre ciego que le apretaba convulso la mano, como si +tratase de retenerle a la fuerza en este mundo. Cuando quisieron sacar +el cadáver de casa sostuvo una lucha frenética, espantosa, con los +empleados fúnebres. Al fin se quedó solo; pero ¡qué soledad la suya! Ni +padre, ni madre, ni parientes, ni amigos: hasta el sol le faltaba, el +amigo de todos los seres creados. Pasó dos días metido en su cuarto, +recorriéndolo de una esquina a otra como un lobo enjaulado, sin probar +alimento. La criada, ayudada por una vecina compasiva, consiguió al cabo +impedir aquel suicidio: volvió a comer y pasó la vida desde entonces +rezando y tocando el piano. + +El padre, algún tiempo antes de morir, había conseguido que le diesen +una plaza de organista en una de las iglesias de Madrid, retribuida con +catorce reales diarios: no era bastante, como se comprende, para +sostener una casa abierta, por modesta que fuese; así que, pasados los +primeros quince días, nuestro ciego vendió por algunos cuartos, muy +pocos por cierto, el humilde ajuar de su morada, despidió a la criada y +se fue de pupilo a una casa de huéspedes pagando ocho reales; los seis +restantes le bastaban para atender a las demás necesidades. Durante +algunos meses vivió el ciego sin salir a la calle más que para cumplir +su obligación; de casa a la iglesia, y de la iglesia a casa. La tristeza +le tenía dominado y abatido de tal suerte, que apenas despegaba los +labios; pasaba las horas componiendo una gran misa de _requiem_ que +contaba se tocase por la caridad del párroco en obsequio del alma de su +difunto padre; y ya que no podía decirse que tenía los cinco sentidos +puestos en su obra, porque carecía de uno, sí diremos que se entregaba a +ella con alma y vida. + +El cambio de ministerio le sorprendió cuando aún no la había terminado: +no sé si entraron los radicales, o los conservadores, o los +constitucionales; pero entraron algunos nuevos. Juan no lo supo sino +tarde y con daño. El nuevo gabinete, pasados algunos días, juzgó que +Juan era un organista peligroso para el orden público, y que desde lo +alto del coro, en las vísperas y misas solemnes, roncando y zumbando con +todos los registros del órgano, le estaba haciendo una oposición +verdaderamente escandalosa. Como el ministerio entrante no estaba +dispuesto, según había afirmado en el Congreso por boca de uno de sus +miembros más autorizados, «a tolerar imposiciones de nadie,» procedió +inmediatamente y con saludable energía a dejar cesante a Juan, +buscándole un sustituto que en sus maniobras musicales ofreciese más +garantías o fuese más adicto a las instituciones. Cuando le notificaron +el cese, nuestro ciego no experimentó más emoción que la sorpresa; allá +en el fondo casi se alegró, porque le dejaban más horas desocupadas para +concluir su misa. Solamente se dio cuenta de su situación cuando al fin +del mes se presentó la patrona en el cuarto a pedirle dinero; no lo +tenía, porque ya no cobraba en la iglesia; fue necesario que llevase a +empeñar el reloj de su padre para pagar la casa. Después se quedó otra +vez tan tranquilo y siguió trabajando sin preocuparse de lo porvenir. +Mas otra vez volvió la patrona a pedirle dinero, y otra vez se vio +precisado a empeñar un objeto de la escasísima herencia paterna; era un +anillo de diamantes. Al cabo ya no tuvo qué empeñar. Entonces, por +consideración a su debilidad, le tuvieron algunos días más de cortesía, +muy pocos, y después le pusieron en la calle, gloriándose mucho de +dejarle libre el baúl y la ropa, ya que con ella podían cobrarse de los +pocos reales que les quedaba a deber. + +Buscó una nueva casa, pero no pudo alquilar piano, lo cual le causó una +inmensa tristeza; ya no podía terminar su misa. Todavía fue algún tiempo +a casa de un almacenista amigo y tocó el piano a ratos; no tardó, sin +embargo, en observar que se le iba recibiendo cada vez con menos +amabilidad, y dejó de ir por allá. + +Al poco tiempo le echaron de la nueva casa, pero esta vez quedándose con +el baúl en prenda. Entonces comenzó para el ciego una época tan +miserable y angustiosa, que pocos se darán cuenta cabal de los dolores, +mejor aún, de los martirios que la suerte le deparó. Sin amigos, sin +ropa, sin dinero, no hay duda que se pasa muy mal en el mundo; mas si a +esto se agrega el no ver la luz del sol, y hallarse por lo mismo +absolutamente desvalido, apenas si alcanzamos a divisar el límite del +dolor y la miseria. De posada en posada, arrojado de todas poco después +de haber entrado, metiéndose en la cama para que le lavasen la única +camisa que tenía, el calzado roto, los pantalones con hilachas por +debajo, sin cortarse el pelo y sin afeitarse, rodó Juan por Madrid no sé +cuánto tiempo. Pretendió, por medio de uno de los huéspedes que tuvo, +más compasivo que los demás, la plaza de pianista en un café. Al fin se +la otorgaron, pero fue para despedirle a los pocos días: la música de +Juan no agradaba a los parroquianos del _Café de la Cebada_; no tocaba +jotas, ni polos, ni sevillanas, ni cosa ninguna flamenca, ni siquiera +polkas; pasaba la noche interpretando sonatas de Beethoven y conciertos +de Chopín: los concurrentes se desesperaban al no poder llevar el +compás con las cucharillas. + +Otra vez volvió a rodar el mísero por los sitios más hediondos de la +capital. Algún alma caritativa, que por casualidad se enteraba de su +estado, socorríale indirectamente, porque Juan se estremecía a la idea +de pedir limosna. Comía lo preciso para no morirse de hambre en alguna +taberna de los barrios bajos, y dormía por cuatro cuartos entre mendigos +y malhechores en un desván destinado a este fin. En cierta ocasión le +robaron, mientras dormía, los pantalones, y le dejaron otros de dril +remendados. Era en el mes de Noviembre. + +El pobre Juan, que siempre había guardado en el pensamiento la quimera +de la venida de su hermano, ahogado ahora por la desgracia, comenzó a +alimentarla con afán. Hizo que le escribiesen a la Habana, sin poner +señas a la carta porque no las sabía; procuró informarse si le habían +visto, aunque sin resultado; y todos los días se pasaba algunas horas +pidiendo a Dios de rodillas que le trajese en su auxilio. Los únicos +momentos felices del desdichado eran los que pasaba en oración en el +ángulo de alguna iglesia solitaria: oculto detrás de un pilar, +aspirando los acres olores de la cera y la humedad, escuchando el +chisporroteo de los cirios y el leve rumor de las plegarias de los pocos +fieles distribuidos por las naves del templo, su alma inocente dejaba +este mundo, que tan cruelmente le trataba, y volaba a comunicarse con +Dios y su Madre Santísima. Tenía la devoción de la Virgen profundamente +arraigada en el corazón desde la infancia: como apenas había conocido a +su madre, buscó por instinto en la de Dios la protección tierna y +amorosa que sólo la mujer puede dispensar al niño; había compuesto en +honor suyo algunos himnos y plegarias, y no se dormía jamás sin besar +devotamente el escapulario del Carmen que llevaba al cuello. + +Llegó un día, no obstante, en que el cielo y la tierra le desampararon. +Arrojado de todas partes, sin tener un pedazo de pan que llevarse a la +boca, ni ropa con que preservarse del frío, comprendió el cuitado con +terror que se acercaba el instante de pedir limosna. Trabose una lucha +desesperada en el fondo de su espíritu; el dolor y la vergüenza +disputaron palmo a palmo el terreno a la necesidad; las tinieblas que le +rodeaban hacían aún más angustiosa esta batalla. Al cabo, como era de +esperar, venció el hambre. Después de pasar muchas horas sollozando y +pidiendo fuerzas a Dios para soportar su desdicha, resolviose a implorar +la caridad; pero todavía quiso el infeliz disfrazar la humillación, y +decidió cantar por las calles de noche solamente. Poseía una voz +regular, y conocía a la perfección el arte del canto; mas tropezó con la +dificultad de no tener medio de acompañarse. Al fin, otro desgraciado, +que no lo era tanto como él, le facilitó una guitarra vieja y rota, y +después de arreglarla del mejor modo que pudo, y después de derramar +abundantes lágrimas, salió cierta noche de Diciembre a la calle. El +corazón le latía fuertemente; las piernas le temblaban; cuando quiso +cantar en una de las calles más céntricas, no pudo; el dolor y la +vergüenza habían formado un nudo en su garganta. Arrimose a la pared de +una casa, descansó algunos instantes, y repuesto un tanto, empezó a +cantar la romanza de tenor del primer acto de _La Favorita_. Llamó +desde luego la atención de los transeúntes un ciego que no cantaba +peteneras o malagueñas, y muchos hicieron círculo en torno suyo, y no +pocos, al observar la maestría con que iba venciendo las dificultades de +la obra, se comunicaron en voz baja su sorpresa y dejaron algunos +cuartos en el sombrero, que había colgado del brazo. Terminada la +romanza, empezó el aria del cuarto acto de _La Africana_. Pero se había +reunido demasiada gente a su alrededor, y la autoridad temió que esto +fuese causa de algún desorden, pues era cosa averiguada para los agentes +de orden público que las personas que se reúnen en la calle a escuchar a +un ciego demuestran por este hecho instintos peligrosos de rebelión, +cierta hostilidad contra las instituciones, una actitud, en fin, +incompatible con el orden social y la seguridad del Estado. Por lo cual +un guardia cogió a Juan enérgicamente, por el brazo y le dijo: + +--A ver; retírese V. a su casa inmediatamente, y no se pare V. en +ninguna calle. + +--Pero yo no hago daño a nadie. + +--Esta V. impidiendo el tránsito. Adelante, adelante, si no quiere V. ir +a la prevención. + +Es realmente consolador el ver con qué esmero procura la autoridad +gubernativa que las vías públicas se hallen siempre limpias de ciegos +que canten. Y yo creo, por más que haya quien sostenga lo contrario, que +si pudiese igualmente tenerlas limpias de ladrones y asesinos, no +dejaría de hacerlo con gusto. + +Retirose a su zahúrda el pobre Juan, pesaroso, porque tenía buen +corazón, de haber comprometido por un instante la paz intestina y dado +pie para una intervención del poder ejecutivo. Había ganado cinco reales +y un perro grande. Con este dinero comió al día siguiente, y pagó el +alquiler del miserable colchón de paja en que durmió. Por la noche tornó +a salir y a cantar trozos de ópera y piezas de canto: vuelta a reunirse +la gente en torno suyo y vuelta a intervenir la autoridad gritándole con +energía:--Adelante, adelante. + +¡Pero si iba adelante no ganaba un cuarto, porque los transeúntes no +podían escucharle! Sin embargo, Juan marchaba, marchaba siempre porque +le estremecía, más que la muerte, la idea de infringir los mandatos de +la autoridad, y turbar, aunque fuese momentáneamente, el orden de su +país. + +Cada noche se iban reduciendo más sus ganancias. Por un lado la +necesidad de seguir siempre adelante, y por otro la falta de novedad, +que en España se paga siempre muy cara, le iban privando todos los días +de algunos céntimos. Con los que traía para casa al retirarse apenas +podía introducir en el estómago algo para no morirse de hambre. Su +situación era ya desesperada. Sólo un punto luminoso seguía viendo +tenazmente el desgraciado entre las tinieblas de su congojoso estado: +este punto luminoso era la llegada de su hermano Santiago. Todas las +noches, al salir de casa con la guitarra colgada del cuello, se le +ocurría el mismo pensamiento:--«Si Santiago estuviese en Madrid y me +oyese cantar, me conocería por la voz.» Y esta esperanza, mejor dicho, +esta quimera, era lo único que le daba fuerzas para soportar la vida. + +Llegó otro día, no obstante, en que la angustia y el dolor no conocieron +límites. En la noche anterior no había ganado más que seis cuartos. +¡Había estado tan fría! Como que amaneció Madrid envuelto en una sábana +de nieve de media cuarta de espesor. Y todo el día siguió nevando sin +cesar un instante, lo cual les tenía sin cuidado a la mayoría de la +gente, y fue motivo de regocijo para muchos aficionados a la estética. +Los poetas que gozaban de una posición desahogada, muy particularmente, +pasaron gran parte del día mirando caer los copos al través de los +cristales de su gabinete, y meditando lindos e ingeniosos símiles de +esos que hacen gritar al público en el teatro «¡bravo, bravo!» u obligan +a exclamar cuando se leen en un tomo de versos: «¡qué talento tiene este +joven!» + +Juan no había tomado más alimento que una taza de café de ínfima clase y +un panecillo. No pudo entretener el hambre contemplando la hermosura de +la nieve, en primer lugar, porque no tenía vista; y en segundo, porque +aunque la tuviese, era difícil que al través de la reja de vidrio +empañada y sucia de su desván pudiera verla. Pasó el día acurrucado +sobre el colchón, recordando los días de la infancia y acariciando la +dulce manía de la vuelta de su hermano. Al llegar la noche, apretado por +la necesidad, desfallecido, bajó a la calle a implorar una limosna. Ya +no tenía guitarra; la había vendido por tres pesetas en un momento +parecido de apuro. + +La nieve caía con la misma constancia, puede decirse con el mismo +encarnizamiento. Las piernas le temblaban al pobre ciego lo mismo que el +día primero en que salió a cantar; pero esta vez no era de vergüenza, +sino de hambre. Avanzó como pudo por las calles, enfangándose hasta más +arriba del tobillo: su oído le decía que no cruzaba apenas ningún +transeúnte; los coches no hacían ruido, y estuvo expuesto a ser +atropellado por uno. En una de las calles céntricas se puso al fin a +cantar el primer pedazo de ópera que acudió a sus labios: la voz salía +débil y enronquecida de la garganta; nadie se acercaba a él ni siquiera +por curiosidad. «Vamos a otra parte,» se dijo, y bajó por la Carrera de +San Jerónimo, caminando torpemente sobre la nieve, cubierto ya de un +blanco cendal y con los pies chapoteando agua. El frío se le iba +metiendo por los huesos; el hambre le producía un fuerte dolor en el +estómago. Llegó un momento en que el frío y el dolor le apretaron tanto, +que se sintió casi desvanecido, creyó morir, y elevando el espíritu a la +Virgen del Carmen, su protectora, exclamó con voz acongojada: «¡Madre +mía, socórreme!» Y después de pronunciar estas palabras, se sintió un +poco mejor y marchó, o más propiamente, se arrastró hasta la plaza de +las Cortes: allí se arrimó a la columna de un farol, y, todavía bajo la +impresión del socorro de la Virgen, comenzó a cantar el _Ave María_, de +Gounod, una melodía a la cual siempre había tenido mucha afición. Pero +nadie se acercaba tampoco. Los habitantes de la villa estaban todos +recogidos en los cafés y teatros, o bien en sus hogares haciendo bailar +a sus hijos sobre las rodillas al amor de la lumbre. Seguía cayendo la +nieve pausada y copiosamente, decidida a prestar asunto al día siguiente +a todos los revisteros de periódicos para encantar a sus aficionados +con una docena de frases delicadas. Los transeúntes que casualmente +cruzaban lo hacían apresuradamente, arrebujados en sus capas y tapándose +con el paraguas. Los faroles se habían puesto el gorro blanco de dormir, +y dejaban escapar melancólica claridad. No se oía ruido alguno si no era +el rumor vago y lejano de los coches, y el caer incesante de los copos +como un crujido levísimo y prolongado de sedería. Sólo la voz de Juan +vibraba en el silencio de la noche saludando a la Madre de los +Desamparados. Y su canto, más que himno de salutación, parecía un grito +de congoja algunas veces; otras, un gemido triste y resignado que helaba +el corazón más que el frío de la nieve. + +En vano clamó el ciego largo rato pidiendo favor al cielo; en vano +repitió el dulce nombre de María un sinnúmero de veces, acomodándolo a +los diversos tonos de la melodía. El cielo y la Virgen estaban lejos, al +parecer, y no le oyeron; los vecinos de la plaza estaban cerca, pero no +quisieron oírle. Nadie bajó a recogerlo; ningún balcón se abrió +siquiera para dejar caer sobre él una moneda de cobre. Los transeúntes, +como si viniesen perseguidos de cerca por la pulmonía, no osaban +detenerse. + +Al fin ya no pudo cantar más: la voz espiraba en la garganta; las +piernas se le doblaban; iba perdiendo la sensibilidad en las manos. Dio +algunos pasos y se sentó en la acera al pie de la verja que rodea el +jardín. Apoyó los codos en las rodillas y metió la cabeza entre las +manos. Y pensó vagamente en que había llegado el último instante de su +vida; y volvió a rezar fervorosamente implorando la misericordia divina. + +Al cabo de un rato percibió que un transeúnte se paraba delante de él y +se sintió cogido por el brazo. Levantó la cabeza, y sospechando que +sería lo de siempre, preguntó tímidamente: + +--¿Es V. algún guardia? + +--No soy ningún guardia--repuso el transeúnte,--pero levántese V. + +--Apenas puedo, caballero. + +--¿Tiene V. mucho frío? + +--Sí, señor... y además no he comido hoy. + +--Entonces, yo le ayudaré... vamos... ¡arriba! + +El caballero cogió a Juan por los brazos y le puso en pie; era un hombre +vigoroso. + +--Ahora apóyese V. bien en mí y vamos a ver si hallamos un coche. + +--¿Pero dónde me lleva V.? + +--A ningún sitio malo ¿tiene V. miedo? + +--¡Ah! no: el corazón me dice que es V. una persona caritativa. + +--Vamos andando... a ver si llegamos pronto a casa para que V. se seque +y tome algo caliente. + +--Dios se lo pagará a V. caballero... la Virgen se lo pagará... Creí que +iba a morirme en ese sitio. + +--Nada de morirse... no hable V. de eso ya. Lo que importa ahora es dar +pronto con un simón... Vamos adelante... ¿qué es eso; tropieza V.? + +--Sí, señor; creo que he dado contra la columna de un farol... ¡Como soy +ciego! + +--¿Es V. ciego?--preguntó vivamente el desconocido. + +--Sí, señor. + +--¿Desde cuándo? + +--Desde que nací. + +Juan sintió estremecerse el brazo de su protector; y siguieron caminando +en silencio. Al cabo éste se detuvo un instante y le preguntó con voz +alterada. + +--¿Cómo se llama V.? + +--Juan. + +--¿Juan qué? + +--Juan Martínez. + +--Su padre de V. Manuel, ¿verdad? músico mayor del tercero de artillería +¿no es cierto? + +--Sí, señor. + +En el mismo instante el ciego se sintió apretado fuertemente por unos +brazos vigorosos que casi le asfixiaron y escuchó en su oído una voz +temblorosa que exclamó: + +--¡Dios mío, qué horror y qué felicidad! Soy un criminal, soy tu hermano +Santiago. + +Y los dos hermanos quedaron abrazados y sollozando algunos minutos en +medio de la calle. La nieve caía sobre ellos dulcemente. + +Santiago se desprendió bruscamente de los brazos de su hermano y +comenzó a gritar salpicando sus palabras con fuertes interjecciones: + +--¡Un coche, un coche! ¿no hay un coche por ahí?... ¡maldita sea mi +suerte! Vamos, Juanillo, haz un esfuerzo; llegaremos pronto al puesto... +¿Pero señor, dónde se meten los coches...? Ni uno sólo cruza por aquí... +Allá lejos veo uno... ¡gracias a Dios!... ¡Se aleja el maldito!... Aquí +está otro... éste ya es mío. A ver cochero... cinco duros si V. nos +lleva volando al hotel número diez de la Castellana... + +Y cogiendo a su hermano en brazos como si fuera un chico lo metió en el +coche y detrás se introdujo él. El cochero arreó a la bestia y el +carruaje se deslizó velozmente y sin ruido sobre la nieve. Mientras +caminaban, Santiago teniendo siempre abrazado al pobre ciego, le contó +rápidamente su vida. No había estado en Cuba, sino en Costa Rica, donde +juntó una respetable fortuna; pero había pasado muchos años en el campo, +sin comunicación apenas con Europa; escribió tres o cuatro veces por +medio de los barcos que traficaban con Inglaterra y no obtuvo +respuesta. Y siempre pensando en tornar a España al año siguiente, dejó +de hacer averiguaciones proponiéndose darles una agradable sorpresa. +Después se casó y este acontecimiento retardó mucho su vuelta. Pero +hacía cuatro meses que estaba en Madrid, donde supo por el registro +parroquial que su padre había muerto; de Juan le dieron noticias vagas y +contradictorias: unos le dijeron que se había muerto también; otros que +reducido a la última miseria, había ido por el mundo cantando y tocando +la guitarra. Fueron inútiles cuantas gestiones hizo para averiguar su +paradero. Afortunadamente la Providencia se encargó de llevarlo a sus +brazos. Santiago reía unas veces, lloraba otras mostrando siempre el +carácter franco, generoso y jovial de cuando niño. + +Paró el coche al fin. Un criado vino a abrir la portezuela. Llevaron a +Juan casi en volandas hasta su casa. Al entrar percibió una temperatura +tibia, el aroma de bienestar que esparce la riqueza: los pies se le +hundían en mullida alfombra; por orden de Santiago dos criados le +despojaron inmediatamente de sus harapos empapados de agua y le pusieron +ropa limpia y de abrigo. En seguida le sirvieron en el mismo gabinete, +donde ardía un fuego delicioso, una taza de caldo confortador y después +algunas viandas, aunque con la debida cautela, por la flojedad en que +debía hallarse su estómago: subieron además de la bodega el vino más +exquisito y añejo. Santiago no dejaba de moverse, dictando las órdenes +oportunas, acercándose a cada instante al ciego para preguntarle con +ansiedad: + +--¿Cómo te encuentras ahora, Juan?--¿Estas bien?--¿Quieres otro +vino?--¿Necesitas más ropa? + +Terminada la refacción se quedaron ambos algunos momentos al lado de la +chimenea. Santiago preguntó a un criado si la señora y los niños estaban +ya acostados y habiéndole respondido afirmativamente, dijo a su hermano +rebosando de alegría: + +--¿Tú no tocas el piano? + +--Sí. + +--Pues vamos a dar un susto a mi mujer y a mis hijos. Ven al salón. + +Y le condujo hasta sentarle delante del piano. Después levantó la tapa +para que se oyera mejor, abrió con cuidado las puertas y ejecutó todas +las maniobras conducentes a producir una sorpresa en la casa; pero todo +ello con tal esmero, andando sobre la punta de los pies, hablando en +falsete y haciendo tantas y tan graciosas muecas, que Juan al notarlo no +pudo menos de reírse exclamando: ¡Siempre el mismo Santiago! + +--Ahora toca Juanillo, toca con todas tus fuerzas. + +El ciego comenzó a ejecutar una marcha guerrera. El silencioso hotel se +estremeció de pronto, como una caja de música cuando se la da cuerda. +Las notas se atropellaban al salir del piano, pero siempre con ritmo +belicoso. Santiago exclamaba de vez en cuando: + +--¡Más fuerte, Juanillo, más fuerte! + +Y el ciego golpeaba el teclado, cada vez con mayor brío. + +--Ya veo a mi mujer detrás de las cortinas... ¡adelante, Juanillo, +adelante!... Está la pobre en camisa... ji... ji... me hago como que no +la veo... se va a creer que estoy loco... ¡ji ji!... ¡adelante, +Juanillo, adelante! + +Juan obedecía a su hermano, aunque sin gusto ya, porque deseaba conocer +a su cuñada y besar a sus sobrinos. + +--Ahora veo a mi hija Manolita, que también sale en camisa... ¡Calle, +también se ha despertado Paquito!... ¡No te he dicho que todos iban a +recibir un susto!... Pero se van a constipar si andan de ese modo más +tiempo... No toques más Juan, no toques más. + +Cesó el estrépito infernal. + +--Vamos, Adela, Manolito, Paquito, abrigaos un poco y venid a dar un +abrazo a mi hermano Juan. Este es Juan de quien tanto os he hablado, a +quien acabo de encontrar en la calle a punto de morirse helado entre la +nieve... ¡Vamos, vestíos pronto! + +La noble familia de Santiago vino inmediatamente a abrazar al pobre +ciego. La voz de la esposa era dulce y armoniosa: Juan creía escuchar +la de la Virgen: notó que lloraba cuando su marido relató de qué modo le +había encontrado. Y todavía quiso añadir más cuidados a los de Santiago: +mandó traer un calorífero y ella misma se lo puso debajo de los pies; +después le envolvió las piernas en una manta y le puso en la cabeza una +gorra de terciopelo. Los niños revoloteaban en torno de la butaca, +acariciándole y dejándose acariciar de su tío. Todos escucharon en +silencio y embargados por la emoción, el breve relato que de sus +desgracias les hizo. Santiago se golpeaba la cabeza: su esposa lloraba: +los chicos atónitos le decían estrechándole la mano: ¿No volverás a +tener hambre ni a salir a la calle sin paraguas, verdad tiito?... yo no +quiero, Manolita no quiere tampoco... ni papá, ni mamá. + +--¡A que no le das tu cama, Paquito!--dijo Santiago, pasando a la +alegría inmediatamente. + +--¡Si no _quepe_ en ella, papá! En la sala hay otra muy grande, muy +grande, muy grande... + +--No quiero cama ahora,--interrumpió Juan... ¡me encuentro tan bien +aquí! + +--¿Te duele el estómago como antes?--preguntó Manolita abrazándole y +besándole. + +--No, hija mía, no, ¡bendita seas!... no me duele nada... soy muy +feliz... lo único que tengo es sueño... se me cierran los ojos sin +poderlo remediar... + +--Pues por nosotros no dejes de dormir, Juan,--dijo Santiago. + +--Sí, tiito, duerme, duerme--dijeron a un tiempo Manolita y Paquito +echándole los brazos al cuello y cubriéndole de caricias... + + * * * * * + +Y se durmió en efecto. Y despertó en el cielo. + +Al amanecer del día siguiente, un agente de orden público tropezó con su +cadáver entre la nieve. El médico de la casa de socorro certificó que +había muerto por la congelación de la sangre. + +--Mira, Jiménez--dijo un guardia de los que le habían llevado a su +compañero. + +--¡Parece que se está riendo! + + + + +LA ACADEMIA + +DE JURISPRUDENCIA + + +No todos los transeúntes de la calle de la Montera saben que en el +número 22, cuarto bajo, se encuentra establecida, desde algunos años +hace, la Academia de Jurisprudencia[*]. La mayoría de los ciudadanos que +van o vienen de la Puerta del Sol pasan por delante del largo portal de +la casa sin sospechar que dentro de ella discútense los más caros +intereses de su vida, la religión, la propiedad y la familia, todo lo +que se halla bajo la salvaguardia vigilante del Sr. Perier, director +propietario de _La Defensa de la Sociedad_. Si tuviesen el humor de +entrar, vieran quizá colgado de la pared en dicho portal un cuadrito +donde en letras gordas se dice: _No hay sesión_, o bien _El miércoles +continuará la discusión de la memoria del señor Martínez sobre el +derecho de acrecer: tienen pedida la palabra en pro los Sres. Pérez, +Fernández y Gutiérrez, y en contra los señores López, González y +Rodríguez_. El tema es por cierto asaz importante, y los nombres de los +oradores demasiado conocidos del público para que cualquier ciudadano no +entre en apetito de presenciar este debate. Restregándome, pues, las +manos y gustando anticipadamente con la imaginación sus ruidosas +peripecias, tengo salido muchas veces diciendo: No faltaré, no faltaré. + +[* Se encontraba cuando el autor escribía estos renglones: +posteriormente se ha trasladado a otro sitio.] + +Llega la noche señalada, empujo la mampara de la Academia y penetro en +el salón de sesiones. Una muchedumbre de trece a quince personas invade +el local destinado al público. Los académicos suelen estar aún en mayor +número, llegando algunas veces a ocupar casi todos los bancos +delanteros. Pérez ha comenzado ya su discurso. El celebrado orador que +_La Correspondencia de España_ ha llamado magistral en más de una +ocasión, por más que no haya logrado prebenda en ninguna basílica, podrá +tener, a juzgar por su fisonomía, unos nueve años de edad. Es +medianamente alto, delgado, de ojos pequeños e inquietos, y un poco +desgalichado: su rostro ofrece el sello de meditación y tristeza que +comunica una vida consagrada casi por entero al estudio de los arduos +problemas de la Filosofía. Principia siempre a hablar con cierto desdén +altanero, y su palabra en los primeros momentos es perezosa y torpe; +parece que está distraído como si le arrancasen de improviso al mundo de +reflexiones sabias y profundas donde habita a la continua. Mas a medida +que el tiempo trascurre y el asunto penetra en él, toma calor y su +discurso adquiere un brío extraordinario. + +El asunto que ahora se discute es de interés palpitante. Se trata de +saber si la ley de Partida que regula el derecho de acrecer se refiere +únicamente a las mandas o legados, o debe aplicarse también a las +herencias. Pérez, demostrando su destreza en esta clase de debates, +comienza a cimentar su discurso sobre bases sólidas. Empieza estudiando +detenidamente al hombre en su doble naturaleza física y moral, +internándose con paso firme en el campo de la Antropología. Su talento +esencialmente analítico va arrancando a la materia las secretas leyes +por que se rige, y más tarde al espíritu los vagos y complejos impulsos +que le animan. Combate ruda pero severamente la teoría de Darwin sobre +el origen de las especies, y demuestra con gran copia de datos y +razones, que la humanidad no es el coronamiento del proceso animal, por +más que rechace igualmente la procedencia de una sola pareja. Con este +motivo, examina las contradicciones entre la Biblia y la ciencia, y +expone clara y sucintamente el modo de resolverlas. Pasa después al +estudio de la pre-historia, y rápidamente analiza las últimas teorías, +declarándose franco y resuelto partidario de la existencia del hombre en +el terreno terciario. + +«Ninguno más reservado y más cauto que yo (dice con solemnidad) cuando +se trata de aceptar una teoría peregrina sobre problemas tan oscuros e +inaccesibles, pero todo el mundo está obligado a rendirse ante la +evidencia. Mi esclarecido amigo el señor Fernández ha tenido la fortuna +de encontrar este verano en una gruta de su provincia, e incrustada +entre rocas de granito de carácter terciario, una taza... + +(_Fernández, levantándose a medias del asiento_):--Una vinagrera. + +_Pérez_:--Entendía que era una taza lo que había hallado su señoría; +pero este cambio corrobora aún mejor la doctrina que estoy exponiendo. +La fabricación y el uso de esta clase de artefactos, lo mismo de las +tazas que de las vinagreras (singularmente de las vinagreras) manifiesta +y declara la existencia del hombre en dicho terreno, y supone además en +él un cierto grado de cultura nada compatible en verdad con el +embrutecimiento a que lo condenan las teorías de la escuela +materialista». + +El orador da fin a su discurso con una historia tan concienzuda como +brillante del derecho de propiedad. + +Por indisposición del Sr. López, que era el encargado de contestar al +discurso del Sr. Pérez, se levanta a hablar el Sr. González. Es hombre +más entrado en días que su contrincante: representa bien unos doce años, +y tiene fisonomía dulce, apacible y ruborosa donde se refleja un alma +creyente y sumisa. + +«Todos nosotros reconocemos (comienza a decir con voz suave de +contralto, muy semejante a la de los niños de coro), y con nosotros +cuantos siguen el movimiento intelectual contemporáneo, todos +reconocemos en mi ilustre amigo el Sr. Pérez una erudición inmensa +dichosamente unida a una inteligencia poderosa y perspicua que se +apodera de las ideas y se enseñorea de ellas sometiéndolas a un análisis +seguro y minucioso, bien así como el águila cae de súbito sobre su +presa, la coge entre sus garras y asciende con ella por los espacios, +arrastrándola a regiones desconocidas donde con el ensangrentado pico se +entretiene en explorar sus entrañas palpitantes... (_¡Bravo! ¡Bravo! +Las miradas del público se fijan sobre Pérez, que en aquel momento toma +notas_). + +«Pero ¡ah, señores! el eminente orador que me ha precedido en el uso de +la palabra, impulsado por su temperamento analítico, por la sed ardiente +de conocimientos que le devora, abandona las consoladoras creencias del +cristianismo, en que se ha educado, y marcha resueltamente por la senda +del libre examen, sin sospechar los riesgos que corre su noble espíritu; +de la misma suerte que el niño, persiguiendo por el campo a la mariposa +irisada, no ve el abismo que se abre a sus pies y amenaza sepultarle... +(_Prolongados aplausos_). + +Continúa el orador describiendo con rasgos magistrales el carácter de +Pérez, y pasa después a lamentarse con acento patético de que aquél no +crea en la procedencia del género humano de una sola pareja. Con este +motivo, hace una pintura acabada y elocuente del paraíso terrenal, y +describe a nuestros primeros padres en el estado de inocencia, +entreteniéndose sobre todo a dibujar con amor y cuidado la figura +esbelta, graciosa, cándida e incitante a la vez de la madre Eva, de tal +modo, que provoca en la juventud que le escucha entusiásticos y +fervorosos aplausos. + +Traza después a grandes pinceladas la historia de los primeros tiempos +de la humanidad, y afirma que la verdadera civilización tiene su origen +en el cristianismo. (_El Sr. Gutiérrez pide la palabra con voz irritada +y estentórea. Grande ansiedad en la media docena de circunstantes que +han quedado en el público_). + +Terminado el discurso, rectifica brevemente Pérez, y acto continuo el +presidente concede la palabra a Gutiérrez, que con el rostro encendido, +las manos trémulas y los ojos inyectados, comienza a gritar más que a +decir su oración. + +«Señores académicos--exclama:--No es el cristianismo, no, como acabáis +de oír, el que ha engendrado nuestra civilización. Todo lo contrario. El +cristianismo ha sido, es y será mientras exista, la rémora constante del +progreso de los pueblos. Hace mil ochocientos y tantos años que un judío +exaltado... + +(_El presidente, haciendo sonar la campanilla_):--La Mesa suplica al Sr. +Gutiérrez que procure no herir el sentimiento religioso de la asamblea. + +«Señor presidente, ha llegado la hora de las grandes verdades. Vosotros +venís de los templos, de los salones, de las universidades... Yo vengo +de la calle... Y vosotros no sabéis lo que pasa en la calle... Yo lo +sé... Por eso os digo que viváis alerta. La paciencia, una paciencia que +ha durado muchos siglos, está ya a punto de agotarse. Nos hemos contado +y os hemos contado también. Mañana, cuando más descuidados estéis, tal +vez vengamos a arrojaros de aquí. Los hombres de la calle, como un +torrente que se desata, como una inmensa y terrible avenida... + +_El presidente_:--La Mesa no puede permitir que el Sr. Gutiérrez siga +hablando de ese modo. + +(Algunas voces: _Muy bien, muy bien._ Otras: _Que siga, que siga_). + +«Señor presidente, creo estar en mi perfecto derecho al hablar de la +avenida que se precipita... + +_El presidente_:--Su señoría no puede hablar de la avenida... + +(_Muy bien, muy bien_. Una voz: _Fuera el presidente_. Terrible +confusión en el público. Cuatro espectadores baten palmas a la +presidencia. Dos gritan: _Que siga, que siga_. Los académicos se hablan +al oído, aconsejando moderación e imparcialidad). + +_Gutiérrez, con amargura_:--Señor presidente, veo con claridad que aquí, +como en la calle, no se respeta la justicia. Renuncio al uso de la +palabra... Antes de sentarme, sin embargo, os diré que, aunque vosotros +no la veáis, la avenida sube, sube, y concluirá por ahogaros. + +(_Indescriptible confusión. Dos espectadores apostrofan duramente al +orador. Algunos académicos tratan de imponerles silencio. El presidente +rompe la campanilla. Gutiérrez pasea miradas insolentes y sarcásticas +por el concurso_). + +_El presidente, logrando hacerse oír_:--Su señoría puede hacer lo que +guste, pero conste que la Mesa no le retira la palabra. El miércoles +próximo continuará la discusión sobre el derecho de acrecer. Se levanta +la sesión. + + +II + + +La vida pública de la Academia de Jurisprudencia no se resume en los +debates como el que acabamos de presenciar. Hay en su organización o +vida interna ciertos mecanismos que tocan, o por mejor decir, entran de +lleno en los dominios del derecho político y aun en el natural, o sea el +que la naturaleza enseñó lo mismo a los hombres que a los animales: +_quod natura omnia animalia docuit._ Me refiero a las elecciones. + +Cuando entramos en el salón de sesiones y vemos al lado del presidente a +un joven decentemente vestido que en ciertas ocasiones lee con voz +trémula y conmovida el resumen de los gastos y los ingresos, apenas +fijamos nuestra atención en él. ¡Y no obstante, ese joven es el +Secretario! ¡El Secretario! ¡Cuán poco nos figuramos lo que significa +esta palabra! + +Asistid como yo he asistido a una elección de Secretario en la Academia +de Jurisprudencia, y mediréis su extensión. Al solo anuncio de las +elecciones, conmuévese hondamente aquel respetable cuerpo jurídico, +preparándose a una terrible y dolorosa crisis. La chispa de la ambición +comunica instantáneamente el fuego a todos los corazones, y como sucede +siempre en las grandes perturbaciones sociales, los sórdidos intereses, +las pasiones bastardas, los rencores, las miserias, todo el fango del +espíritu, en una palabra, asciende a la superficie y enturbia por un +instante la pureza de la docta Corporación. Mas en medio de este +revuelto mar de apetitos y torpes deseos suelen flotar también, +digámoslo en honor de los jóvenes jurisconsultos españoles, nobles y +legítimas ambiciones y rasgos de conmovedora modestia. + +He conocido un joven a quien una Comisión salida del seno de la Academia +pasó a ofrecer en su misma casa el puesto de Secretario con el objeto +de apagar una querella suscitada entre dos enconados e igualmente +poderosos adversarios. Aquel joven esclarecido, dando a la historia el +mismo ejemplo de modestia y generosidad que el rey Wamba, se negó +terminantemente a aceptar los honores que le ofrecían. + +Este ejemplo, por desgracia, no ha tenido imitadores. Las dulzuras del +poder excitan demasiadamente el paladar de los jóvenes académicos para +que nadie piense en rechazarlas. Antes al contrario, se emplean para +conseguirlas todos los medios que la inteligencia despierta de los +socios, encendida por el deseo, les sugiere. ¡Qué de intrigas +espantables y tenebrosas! ¡Qué de crueles asechanzas! ¡Cuántas palabras +pérfidas! ¡Cuántas sonrisas traidoras! El espíritu se estremece y los +cabellos se erizan al acercarse a este hervidero de las pasiones +humanas. + +Ni tampoco faltan los arranques brutales de la fuerza, o sean las +coacciones escandalosas, como se dice en términos técnicos. A este +propósito se citan en la Academia algunos hechos que, por su gravedad y +por las tristísimas circunstancias de que se hallan rodeados, conturban +y abaten el ánimo. Se dice, por ejemplo, que en cierta ocasión el +bibliotecario, Sr. Torres Campos, obstruyó con su persona uno de los +pasillos del local para que sus contrarios no pudiesen ir a depositar el +voto en la urna. Yo nunca he creído semejante especie. Conozco muy bien +al distinguido bibliotecario, y aunque le considero con facultades para +obstruir cualquier pasillo, no creo que jamás haya puesto sus felices +condiciones físicas al servicio de una tan flagrante injusticia. De +todas suertes, es bueno, sin embargo, dejar apuntado que he visto a +algunos académicos calificar su legítima influencia en la Corporación de +«funesta e insufrible tiranía». + +Hay, no obstante, jóvenes privilegiados, favorecidos por la Providencia +con dotes excepcionales que alcanzan los más altos puestos sin lucha, +sin esfuerzo y sin peligro. Desde el instante en que uno de estos +jóvenes pisa los umbrales de la Academia, sus compañeros, como si viesen +en él un ser superior enviado del cielo, se apresuran a allanarle los +obstáculos y a sembrar de flores su camino. Cesan las envidiosas +maquinaciones, se apagan los rencores, cálmanse momentáneamente las +encrespadas olas, y el joven providencial marcha triunfante, bañado por +el sol de la gloria, libre y desembarazado, a la codiciada silla de +Secretario, donde se sienta, como los emperadores bárbaros, por derecho +propio. Tal ha sido la historia de mi distinguido amigo el Sr. Macaya y +de algunos otros, aunque muy escasos, jóvenes. + +A más del cargo supremo de Secretario (pues el de Presidente se ha +convenido en cederlo a la política), hay otros puestos que excitan +también la concupiscencia de los socios, que son los de presidentes y +vicepresidentes de las secciones. La elección de éstos, aunque no ofrece +la honda perturbación que la de Secretario, no por eso deja de ser +interesante y sembrada de peripecias. Algunos meses antes del día +señalado para la elección empiezan a echarse a volar algunos nombres +sobre los cuales se levanta viva e incesante discusión. Examínanse los +antecedentes del candidato, estúdianse detenidamente las fases de su +talento, aquilátanse sus méritos, y últimamente recae en él la sentencia +que le eleva o le confunde, expresada siempre en estos sacramentales +términos: «Tiene talla» o «No tiene talla». Hay cabildeos infinitos, +combinaciones, arreglos amistosos, bruscos desabrimientos, +transacciones, se imprimen varias candidaturas (lo cual suele costar +dinero a las familias), se traen a la palestra tarjetas del Presidente +del Consejo de ministros y del Cardenal Arzobispo de Toledo, intervienen +algunas damas de la nobleza y se dan algunas bofetadas. + +En cierta ocasión he asistido con un amigo a estas reñidas elecciones. +Mi amigo no se presentaba candidato, mas sin saber por qué ni cómo, +quizá para dar en la cabeza a algún ambicioso, lo cierto es que al +efectuarse el escrutinio, mi amigo salió nombrado presidente de la +sección de derecho canónico. Su alegría y sorpresa fueron tan grandes, +que estuvo a punto de caer desmayado en mis brazos. Salimos del local, y +en la calle me abrazó repetidas veces, me habló de su porvenir y me +comunicó en secreto que ahora pensaba dirigir sus tiros al puesto de +Secretario, se enterneció refiriéndome su primera y única aventura +amorosa, y concluyó por cantar a media voz la _Marsellesa_ (había sido +elegido por el elemento liberal de la corporación). Al tirar de la +campanilla de su casa, y al preguntar la criada ¿quién es? exclamó fuera +de sí: «¡Abre, muchacha, que tienes a tu amo Presidente de la Academia +de Jurisprudencia!» + +¡Noble y gloriosa emulación la que se establece en esta ilustre +sociedad! ¡Qué importa que esta emulación vaya manchada en algunos casos +por el fango de las malas pasiones! Las malas pasiones son un poderoso +auxiliar en la carrera que la juventud de la Academia ha emprendido, o +como decía cierto subsecretario amigo mío, «en la política es necesario +tener algunas onzas de mala sangre.» Consuela y ensancha el ánimo un +espectáculo semejante. Los vergeles de la política española tienen un +vivero en la Academia de Jurisprudencia. De allí se trasplantan los +caballeros de Isabel la Católica y los jefes superiores de +administración encargados de la gestión de nuestros intereses. +Actualmente existen ¡loado sea Dios! dentro de la respetable Corporación +que hemos tratado de describir a grandes rasgos, tres Venancios González +en agraz, cinco Camachos y un Posada Herrera. Pueden dormir tranquilos, +pues, nuestros labradores, industriales y comerciantes. Si alguna vez se +les ocurre entrar en el número 22 de la calle de la Montera, cuarto +bajo, contemplarán con lágrimas de enternecimiento un enjambre de +inocentes y juguetones cachorrillos adiestrándose para meterlos mañana u +otro día en la cárcel cuando voten a un candidato de oposición, impedir +que se reúnan con sus amigos, y subirles discretamente las +contribuciones. + + + + +EL HOMBRE + +DE LOS PATÍBULOS + + +Hace cosa de tres o cuatro años tuve la infame curiosidad de ir al Campo +de Guardias a presenciar la ejecución de dos reos. El afán de verlo todo +y vivirlo todo, como dicen los krausistas, me arrastró hacia aquel +sitio, venciendo una repugnancia que parecía invencible, y los serios +escrúpulos de la conciencia. Por aquel tiempo pensaba dedicarme a la +novela realista. + +Eran las siete de la mañana. La Puerta del Sol y la calle de la Montera +estaban cuajadas de gente. Había llovido por la noche, y el cielo, +plomizo, tocaba casi en la veleta del Principal. La atmósfera, +impregnada de vapor acuoso, y el suelo cubierto de lodo. La muchedumbre +levantaba incesante y áspero rumor, sobre el cual se alzaban los gritos +de los pregoneros anunciando «la salve que cantan los presos a los reos +que están en capilla», y «el extraordinario de _La Correspondencia_.» +Una fila de carruajes marchaba lentamente hacia la Red de San Luis. Los +cocheros, arrebujados en sus capotes raídos, se balanceaban +perezosamente sobre los pescantes. Otra fila de ómnibus, con las +portezuelas abiertas, convidaba a los curiosos a subir. Los cocheros nos +animaban con voces descompasadas. Uno de ellos gritaba al pie de su +carruaje: + +--¡Eh, eh! ¡al patíbulo! ¡dos reales al patíbulo! + +Me sentía aturdido, y empecé a subir por la calle de la Montera, +empujado por la ola de la multitud. Los pies chapoteaban asquerosamente +en el fango. ¡Cosa rara! en vez de pensar en la lúgubre escena que me +aguardaba, iba tenazmente preocupado por el lodo. Había oído decir a un +magistrado, no hacía mucho tiempo, que el barro de Madrid quemaba y +destruía la ropa como un corrosivo, lo cual tenía su explicación en la +piedra del pavimento, por regla general caliza. «¡Buenos me voy a poner +los pantalones!» iba diciendo para mis adentros, con acento doloroso. + +La muchedumbre ascendía con lento paso. El que bajase a la Puerta del +Sol en aquel instante y fuese examinando los rostros de los que +subíamos, si no tuviera otros datos, no sospecharía ciertamente a qué +lugar siniestro nos dirigíamos. Las fisonomías no expresaban ni dolor, +ni zozobra, ni preocupación siquiera. Marchábamos todos con la +indiferencia estúpida de un pueblo trashumante que va a establecerse a +otra comarca. Los que llevaban compañía, charlaban; los que iban solos, +echaban pestes de vez en cuando, entre dientes, contra el barro. Sólo el +cielo mostraba un semblante sombrío y melancólico, adecuado a las +circunstancias. + +Recorrimos la calle de Hortaleza, y al llegar cerca del Saladero +hallamos un gran montón de gente que invadía los alrededores y que nos +detuvo. La muchedumbre hormigueaba delante del sucio y repugnante +edificio en espera de algo; ¡un algo bien espantoso por cierto! Yo fui a +engrosar aquel gran montón, como una gota de agua que cae en el mar. +Allí los rostros ya expresaban algo: la impaciencia. Me parece excusado +decir que era plebe la inmensa mayoría de los circunstantes, porque la +plebe es la que particularmente se siente atraída hacia los espectáculos +cruentos. No obstante, hay también gente de levita y sombrero de copa +que se deleita con las emociones terribles; pero en aquella ocasión era +una minoría muy exigua. Un coche de plaza sin número esperaba a la +puerta: el cochero tenía la cara cubierta con un pañuelo. Crecido número +de guardias de orden público se hallaba distribuido en el concurso, y un +piquete de soldados, con los fusiles en «su lugar descanso», ceñía la +fachada del siniestro caserón, contemplando con ojos distraídos el +hervor de aquel mar de cabezas humanas. Algunas aristócratas del +comercio pregonaban a gañote tendido «agua y azucarillos, bellotas como +castañas, chufas, cacahuetes», y algunos otros artículos de +entretenimiento, para los estómagos desocupados. Los balcones de las +casas circunvecinas estaban poblados de gente, y no era raro ver en +ellos el rostro fresco y sonriente de alguna linda muchacha que acababa +de dejar el lecho, y que con sus menudos dedos blancos y rosados se +restregaba los ojos. + +Era tan horrible lo que iba a suceder, y tan lúgubres los preparativos +del suceso, que, más por huir la tristeza que por amor al bello sexo, +aunque no dejo de profesarlo, me coloqué debajo de uno de los balcones y +me puse a mirar a cierta rubia, que no pagó verdaderamente mi +atención--dicho sea en honor suyo. ¡Por qué había de mirarme, cuando ni +siquiera me iban a dar garrote! Sus ojos estaban clavados con ansiosa +curiosidad en la puerta del Saladero. Me acordé entonces de las damas +del imperio romano, que daban la señal de muerte a los gladiadores, e +hice una porción de reflexiones histórico-filosóficas, de las cuales +hago gracia a los lectores. + +Cuando más embebido me hallaba en ellas, escuché una voz cerca que +preguntaba: + +--Caballero, ¿sabe V. qué hora es? + +Volvime, sin saber a quién se dirigía la pregunta, y me hallé enfrente +de un hombre no muy alto, de barba y pelo cenicientos, de facciones +afiladas, que me miraba con unos ojos pequeños y hundidos, y de color +indefinible, esperando, a no dudarlo, mi respuesta. Como el reloj era de +niquel, eché mano de él, sin temor de mostrarlo, y le dije: + +--Las siete y veinte minutos. + +--Todavía esperaremos más de un cuarto de hora--repuso el hombre +reflejando disgusto en su fisonomía. Yo me encogí de hombros con +indiferencia, y alcé los ojos al cielo, quiero decir, a la rubia. + +--¡Oh, conozco bien a esos señores!--prosiguió.--¡No me darán chasco, +no!... Dicen que a las siete y media saldrá el primero _pa_ el campo... +Pues ya verá V. cómo han de ser las ocho menos cuarto bien largas... + +Me volví con alguna mayor curiosidad a mirar a aquel hombre, y confieso +que me causó repugnancia. Sin ser un monstruo por lo feo, éralo +bastante, y sobre todo, formaba contraste notable con la rubia que se +cernía sobre mi cabeza. Estaba pobremente vestido, de capa y gorra, como +los artesanos de Madrid, y debía de hallarse entre los cincuenta o +sesenta años de edad. Pude observarle bien, porque no me miraba: sus +ojos exploraban con avidez los contornos de la prisión. + +--¡Puercos, tunantes!--exclamó con irritación y sin mirarme, como si +hablase consigo mismo.--¡Mire V. que estar un hombre ayer toda la tarde, +espera que te espera, para salir al fin con que no era posible verlos! +Que el Gobernador no quería que se les molestase... ¿Y qué tiene ya que +mandar el Gobernador sobre ellos?... Un hombre, cuando le van a dar +_mulé_, hace lo que le da la gana, menos escaparse... Además, que no se +les molesta... al contrario... lo que les hace falta es un poco de +_distraición_ y beber unas copas con tranquilidad... ¿Han de estar todo +el día _rodeaos_ de paño negro?... Con media hora pa confesarse y otra +media _pa_ decir el «yo pecador», y recibir, y arrepentirse, queda un +hombre al sol. + +Como, después de todo, hablaba conmigo, por más que no me mirase, quise +demostrarle que le escuchaba, y le pregunté: + +--¿Cuál de los dos sale primero? + +--El viejo, el viejo--repuso en tono firme--. Cuando el otro llegue +allá, ya le habrán despachado a él. Hasta ahora es el que ha tenido más +pecho... _Paece_ mentira, ¿no es verdad? El chico me han dicho que está +medio _acabao_. ¡Vaya un papanatas! ¡Como si por cantar la gallina le +dejasen de apretar el gañote! Lo que debe tener un hombre ante todo es +_dirnidad_, mucha _dirnidad_, y morir como Dios manda, sin dar que +decir a la gente. + +--Pero ya ve usted que eso no se puede remediar: unos son valientes y +otros cobardes--repliqué en tono de mal humor. + +--Estamos en eso, caballero... Pero un hombre siempre es un hombre... + +--Verdad. + +--Y los hombres se portan como hombres. + +--También verdad. + +--Y cuando no hay más remedio, hay que aguantar la mecha, tener +paciencia, y barajar, y decir: «Pues, señor, otros han ido antes que yo, +y otros vendrán también». Mire usted, caballero: yo he visto a una +mujer... ya ve usted que una mujer no es lo mismo que un hombre. + +--Cierto. + +--La he visto morir mejor que si fuese un hombre... Usted también la +habrá visto... hablo de la Vicenta... + +--¿Qué Vicenta? + +--La Vicenta Sobrino. + +--No, no la he visto. + +--Es verdad que usted es joven--repuso mirándome de arriba abajo--; pero +bien pudieron haberle traído aunque fuese chico... Aquí se aprende +mucho... + +--No vivía en Madrid. + +--¡Ay, caballero! Pues en los pueblos estas cosas se ven pocas veces... +No es lo mismo que aquí, donde casi todos los años tenemos un +_espetáculo_, cuando no son dos o tres. Aquí se aprende a tener corazón +y a ver lo que es el mundo... Pues, como le decía, la Vicenta era mujer +que valía lo que pesaba... ¡tenía más agallas que un tiburón!... La +verdad es que daba gusto verla tan serena; porque, al fin, siempre es +una fatiga ver a una persona humana dando diente con diente y poniendo +los ojos de carnero _degollao_... Yo he visto de todo... Mire V.; a la +Bernaola la han tenido que subir a _puñaos_... y a muchos hombres +también, no vaya V. a creerse. He visitado yo a algunos en la capilla, +que _paecía_ que se tragaban a medio Madrid; mucha copa de vino, mucha +cháchara y mucho jaleo, y cuando llegó la hora de ser hombres, hincharon +el hocico haciendo pucheritos como los niños de escuela. + +Mi interlocutor hablaba siempre con los ojos clavados en la puerta del +Saladero. No muy lejos de ella se promovió una reyerta entre los +curiosos y los agentes de orden público, que hizo retroceder y ondular a +la muchedumbre. Nosotros sentimos, aunque no muy fuerte, el efecto de +esta agitación. El hombre de la capa exclamó: + +--¡No puedo resistir a estos del orden!... ¡Mire V. qué modo de tratar +al pueblo! No _paece_ más que ellos son los que nos dan permiso _pa_ +ver el _espetáculo_! + +--Se me figura, dije yo, que va a salir el reo. + +--¡Ca! No, señor, no tenga V. cuidado; hasta las ocho menos cuarto en +punto no hay quien los menee. Echan un cuarto de hora _pa_ llegar al +campo; pero ¡buen cuarto de hora te dé Dios! El campo no está aquí a la +vuelta; y como van a paso de carreta... ¿Qué hora es, caballero? Hágame +el favor de mirar el _reló_. + +--Las ocho menos veinticinco. + +Una mujer dijo a nuestra espalda en voz alta: + +--Manuela, ¿no sabes que los indultan? Acaba de llegar un soldado con el +perdón del Rey. + +Mi interlocutor se volvió instantáneamente, como si le hubiesen +pinchado. + +--¡Qué perdón ni qué ocho cuartos! ¡Qué sabe V. lo que se dice! + +--_Pus_ lo _mismito_ que V. ¡El diablo del hombre! + +El hombre de la capa dejó escapar una exclamación de desprecio mirando a +la mujerzuela de arriba abajo y dirigiéndose después a mí, me dijo en +tono confidencial: + +--Estas babiecas, en cuanto que ven a un soldado con un pliego en la +bayoneta, ya se sueltan a decir que es el indulto. El indulto no se da +casi nunca a última hora, porque tiene que llevar mucha requisitoria... +Usted bien lo sabrá... Ayer ha estado el padre del chico a echarse a los +pies del Rey, pero no ha conseguido nada. ¡Qué había de conseguir! De +perdonarle a él, tenían que perdonar al otro también... y eso no podía +ser... Así que ya deben contarse entre los difuntos... El Rey no lo hace +casi nunca de por sí y sin consultar a los _menistros_... Eso lo sé yo +bien, caballero, lo sé yo bien. + +--Pues yo me alegraría mucho de que los perdonasen--dije con cierto +tonillo irritado para protestar del afán de cadalso que adivinaba en +aquel hombre. + +--Eso es otra cosa--repuso un poco cortado.--Usted puede alegrarse lo +que le dé la gana; pero lo que le digo es que no vendrá el indulto... +Ellos siempre tienen esperanza, ya lo sé; están con el corbatín +enroscado al cuello y todavía esperan los pobrecitos que vengan a +sacarlos del barranco. Alguno he visto que se tragó la píldora enterita +desde muchos días antes; pero es una _esceción_... Aquél era un hombre +con un corazón más grande que el palacio de Buenavista. Como aquél no ha +habido otro ni lo habrá: se fue al palo con la misma cachaza que se iba +antes a la taberna. ¡Qué camelo dio al señor Gobernador y a los +marranillos que andaban cerca de él! Todos se pirraban por meterle miedo +y verle compungido. El Gobernador estuvo más de media hora hablándole +del infierno y de las penas de los condenados; tizonazos por aquí, +requemones por allá... ¡Como si hablase a la pared! El se reía, y de vez +en cuando pedía una copa de aguardiente. A todos los de la cárcel los +traía azorados poniéndoles motes; a uno le llamaba _mamoncillo_; a otro +que tenía un ojo torcido, _virulento_; al capellán de la cárcel, +_hopalandas_... ¡Ni por un Cristo se quedaba nadie solo con él, y eso +que le tenían con grillos!... A mí me quería mucho, como amigo +verdadero. Yo era entonces un muchacho. Había ido acompañando a su +mujer al Palacio, y la vi echarse a los pies de la Reina. ¡Si viera +usted que modo de llorar, caballero! La reina estuvo muy llana y muy +buena; la levantó del suelo y la dijo que haría lo que pudiera, que se +enteraría bien y hablaría con sus _menistros_; la dijo también que se +fuera tranquila a su casa, que la pasaría un aviso. Todo el día +estuvimos esperándolo y no pareció... La Reina no tenía la culpa, bien +lo hemos sabido; era un _menistro_ tunante el que estaba empeñado en +apretar el cuello a aquel valiente... Por la mañanita temprano me mandó +a llamar desde la capilla _pa_ despedirse de mí... Pero... ¡calla, +calla! Ahora salen... Sí, sí, ahora salen... Mire V. cómo el coche se +_aprosima_... Vamos a acercarnos un poco _pa_ ver salir el reo. ¡Ya +empiezan esos malditos a echar a _rempujones_ la gente! Mire usted, mire +V.; ya asoma la comitiva. + +En efecto, los guardias de orden público hacían esfuerzos para despejar +las avenidas de la cárcel. En la muchedumbre se engendró un movimiento +tumultuoso de vaivén. Rumor áspero y confuso salió de su seno, +esparciéndose por el aire. El piquete de soldados, que descansaba al pie +del muro, obedeciendo a la voz de su jefe, fue a colocarse junto a la +puerta, y por ella comenzó a salir alguna gente con semblante triste y +asustado: eran dependientes de la prisión, hermanos de la Paz y Caridad +y los pocos curiosos que habían tenido influencia para entrar. Por +último, apareció el reo. Venía acompañado de un sacerdote y rodeado de +guardias. Seguía a la comitiva bastante gente. Gastaba el reo barba +cerrada, negra y espesa; la hopa que le cubría y el birrete que llevaba +en la cabeza, el cual le venía un poco holgado, prestábanle un aspecto +lúgubre, espantoso. Esforzábase, sin duda, en aparecer sereno, pero en +su rostro demudado reflejábase, tal expresión de dolor y angustia, que +conmovía hasta lo más hondo del corazón. El hombre de la capa, que no se +había separado de mí, dijo en tono satisfecho: + +--Vamos... está pálido, pero bastante sereno... No se puede pedir más a +un hombre... porque, ya ve V., caballero, ¿a quién le gusta que le +aprieten el gañote?... + +El reo y el cura entraron en el carruaje. En la muchedumbre reinó por +breves instantes silencio sepulcral; mas así que se cerró la portezuela, +levantose nuevamente un insufrible clamoreo. El coche arrancó y +emprendió la marcha lentamente; el piquete formó la escolta; los +guardias procuraban hacer calle, dejando acercarse al carruaje solamente +a los cofrades de la Paz y Caridad. El hombre de la capa me obligó a +colocarme, como él, en las primeras filas de curiosos y caminar no muy +lejos del reo. + +El cielo seguía envuelto en un sudario ceniciento, y el piso no mejoraba +en aquellos sitios. A la verdad, no comprendo por qué razón me dejaba +arrastrar por aquel hombre. Me sentía cada vez más aturdido, como si +estuviese soñando. Iba sufriendo cruelmente, y no me pasaba siquiera por +la imaginación la idea de que podía evitar aquel sufrimiento con sólo +volverme atrás. + +--Pues ya verá V., caballero lo que sucedió--dijo el hombre, siguiendo +su historia mientras caminábamos hacia el cadalso.--Me mandó a llamar +muy tempranito, y yo me planté en la cárcel por el aire. Antes de +entrar a verle, me obligaron a quitarme la ropa. Los grandísimos puercos +tenían miedo que le trajese algún veneno. Querían a toda costa verle en +el palo. Para registrarme me pusieron en cueros vivos y me trataron como +a un perro... ¡Mala centella los mate a todos!... Pero, después de +muchos _arrodeos_, no tuvieron más remedio que dejarme entrar... «¡Hola! +¿Estás ahí, Miguelillo?--me dijo en cuanto me vio.--Acércate y agarra +una silla. Tenía ganas de verte antes de tomar el _tole pa_ el otro +barrio». Estaba fumando un cigarro de los de la Habana y tenía algunas +copas delante. Había tres o cuatro personas con él, entre ellas el cura. +«Acércate, hombre, y bebe una copa a tu salud, porque a la mía es como +si no la bebieses. Aquí todos han _trincado_ esta mañana, menos el +_pater_, que se empeña en no probar la gracia de Dios». Bebí la copa que +me echó, y hablamos un ratito de nuestras cosas. Yo no me cansaba de +mirarle. Estaba tan sereno como V. y yo, caballero. _Paecía_ que era a +otro a quien iban a dar _mulé_. «¿Verdad que no estoy _apurao_, +Miguelillo?... Eso hubieran querido los _mamones_ de la cárcel, pero no +les he _dao_ por el gusto... ¡Anda, que se lo dé la perra de su +madre!... Aquí el _pater_ también me predica, pero es muy hombre de +bien, y por ser muy hombre de bien le he servido en todo lo que hasta +ahora ha _mandao_». Y era verdad, porque había _confesao_ y _comulgao_ +sólo por el aprecio que le tenía. Cuando estábamos hablando entró un +hombre pequeño, _trabao_ y con las patas torcidas, y acercándose a la +mesa le preguntó: «Oye, Francisco, ¿me conoces?» Él entonces levantó la +vista, y contestó, bajándola otra vez: «Sí, eres el _buchí_». Es verdad, +has _acertao_. ¿Tienes ánimo?--¿No lo estás viendo?--Ya veo, ya, que no +se te encoge el ombligo... Vengo a pedirte perdón.--Anda con Dios, que +tú no tienes la culpa de nada. Tú eres un pobre, que ganas el pan con tu +trabajo.--Hasta luego.--Hasta luego». Después que salió el verdugo me +vinieron a avisar _pa_ que me fuese. Entonces él se levantó y me abrazó +como pudo (porque llevaba esposas) diciéndome: «Vamos, muchacho, no te +fatigues tanto... Este es un mal trago... Vaya por los muchos buenos +que tengo entre pecho y espalda». Después me echaron de la capilla y +hasta de la cárcel!... ¡Pero, caballero, apriete V. un poco más el paso, +que nos quedamos atrás!... + +Obedecí a mi compañero, como si lo tuviese por obligación, y nos +colocamos otra vez en las primeras filas. El carruaje de la Justicia +caminaba a unos veinte pasos de nosotros. La muchedumbre hormigueaba en +torno del piquete y de los guardias, esforzándose para ver al reo. +Algunos civiles de caballería, con el sable desenvainado, caracoleaban +para dejar libre el tránsito, atropellando a veces a la gente, que +dejaba escapar sordas imprecaciones contra la fuerza pública. Los +habitantes de las pobres viviendas que guarnecen por aquellos sitios la +carretera, se asomaban a las puertas y ventanas, reflejando en sus +rostros más curiosidad que tristeza, y las comadres del barrio se decían +de ventana a ventana algunas frases de compasión para el reo, y no pocos +insultos para los que íbamos a verle morir. De vez en cuando, el rostro +lívido de aquél aparecía en la ventanilla, y sus ojos negros y hundidos +paseaban una mirada angustiosa y feroz por la multitud; pero +inmediatamente se dejaba caer hacia atrás, escuchando el incesante +discurso del sacerdote. El cochero, enmascarado como un lúgubre +fantasma, animaba al caballo con su látigo, conduciéndolo hacia el +suplicio. + +La relación de aquel hombre había excitado mi curiosidad. Así que, +después de caminar un rato en silencio, le pregunté: + +--¿Y V., cuando le echaron de la cárcel, se habrá ido a su casa? + +--No, señor; me quedé cerca de la puerta para verle salir. Al cabo de +media hora de espera, _apaeció_ entre un montón de gente, lo mismo que +este que va en el coche... ¡Ay, caballero, si viese V. que otro hombre +era! Ese maldito sayo negro que les ponen, y el gorro de la cabeza, le +habían _mudao_ enteramente. _Paecía_ un alma del otro mundo. Montó, sin +ayuda de nadie, en el burro que estaba a la puerta... Entonces no iban +en coche, como ahora, sino _montaos_ en un burro... Estaba mejor así, +¿no le _paece_ a V.?... De este modo todo el mundo se enteraba y lo veía +bien... Cuando rompieron a andar, me puse lo más cerca que pude, y él, +que iba moviendo la cabeza a un lado y a otro, me _guipó_ en seguida y +me llamó con la mano. Me dejaron acercar, y me dijo: «Adiós, Miguelillo; +estos cochinos me llevan a degollar como un carnero; vete _pa_ casa, +querido, que estás muy _fatigao_». Me dio un apretón de manos y se puso +a hablar con el cura, que le reñía por lo que había dicho. Yo me separé, +pero no quise marcharme. Seguí la comitiva hasta el mismo campo... hasta +aquí, porque ya estamos en él. Le vi subir al _tablao_, le vi sentarse +en el banco, le vi besar el cristo que le ponían delante, y cuando le +echaron el pañuelo sobre la cara, entonces me puse a correr y no paré +hasta casa... + +Habíamos llegado, en efecto, al Campo de Guardias y veíamos a lo lejos +alzarse el lúgubre armatoste sobre el mar de cabezas humanas que lo +circundaba. El clamor era cada vez más alto; la agitación se convertía +en tumulto. Los gritos penetrantes de los pregoneros apenas se oían +entre aquel rumor tempestuoso. + +Mi compañero había guardado silencio. Yo, absorto completamente por la +escena terrible que se preparaba, tampoco despegué los labios. Me había +impresionado, no obstante, su cuento, y al fin, por hablar algo, y en +tono distraído, le pregunté: + +--Mucho lo habrá V. sentido, ¿no es verdad? + +--¡Pues no lo había de sentir!... ¿Para qué he de engañarle a V. +caballero?--me contestó mirándome fijamente.--¡No lo había de sentir, si +era mi padre!... + +Quedé estupefacto. Sentí algo semejante al miedo y al asco, y no supe +más que murmurar: + +--¡Qué horror! + +El hombre de la capa, al ver mi sorpresa, sonrió con humildad, como si +me pidiese perdón, y continuó: + +--Me acuerdo que, cuando llegué a casa, mi madre me dio una paliza que +me hubo de matar... no sé por qué... Decía que para que me acordase bien +de aquel día... ¡Cómo sino me acordase bien sin necesidad de los +palos!... Yo creo que estaba un poco _guillá_... La pobrecita no tardó +dos meses tan siquiera en _espichar_... Desde entonces no he _faltao_ +nunca a estos _espetáculos_. Todos los que han ajusticiado en Madrid de +cuarenta años _pa_ acá los he visto yo... menos tres o cuatro que no +pude ver porque estaba enfermo... Pero lo que le digo a V., caballero, +es que ninguno..., y no es porque fuese mi padre..., ninguno ha tenido +tantos _hígados pa_ morir como él... + +La agitación de la muchedumbre continuaba en aumento. El caracoleo de +los civiles y los esfuerzos de los agentes apenas bastaban a contenerla +y a impedir, sobre todo, que turbase la marcha del carruaje. + +El piquete de soldados que lo escoltaba tenía que estrecharse más de lo +que exige la táctica, para poder caminar. Mi compañero me dijo con tono +triunfal: + +--Oiga V., caballero; estos hombres se están matando para verlo y no +conseguirán nada; pero nosotros lo hemos de _guipar_ todito y con mucha +comodidad... No se separe V. de mí... Iremos pegados a los faldones de +los soldados, y llegaremos _a debajo_ del mismo _tablao_, sin mayor +inconveniente... Hay que saber arreglárselas... De algo le han de servir +a uno los años que tiene sobre el cogote... Vamos, no afloje V. el +paso... Apriétese V. contra mí y déjese llevar... ¡Que se está V. +separando, caballero!... Agárrese V. a mi capa... ¿Qué es eso? ¿Se queda +V.?... Hombre, lo siento, porque no va V. a ver nada... Vaya, adiós, +caballero... adiós... + + + + +LA CONFESIÓN DE UN CRIMEN + + +En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco +y media nada más. A falta de personas formales los niños tomaban +posesión del paseo, utilizándolo para los juegos del aro, de la cuerda, +de la pelota, pío campo, escondite, y otros no menos respetables, tan +respetables, por lo menos, y por de contado más saludables, que los de +el ajedrez, tresillo, ruleta y siete y media con que los hombres se +divierten. Y si no temiera ofender las instituciones, me atrevería a +ponerlos en parangón con los del salón de conferencias del Congreso y de +la Bolsa, seguro de que tampoco habían de desmerecer. + +El sol aún seguía bañando una parte no insignificante del paseo. Los +chiquillos resaltaban sobre la arena como un enjambre de mosquitos en +una mesa de mármol. Las niñeras, guardianas fieles de aquel rebaño, con +sus cofias blancas y rizadas, las trenzas del cabello sueltas, las manos +coloradas y las mejillas rebosando una salud, que yo para mí deseo, se +agrupaban a la sombra sentadas en algún banco, desahogando con placer +sus respectivos pechos henchidos de secretos domésticos, sin que por eso +perdiesen de vista un momento (dicho sea en honor suyo) los inquietos y +menudos objetos de su vigilancia. Tal vez que otra se levantaban +corriendo para ir a socorrer a algún mosquito infeliz que se había caído +boca abajo y que se revolcaba en la arena con horrísonos chillidos; +otras veces llamaban imperiosamente al que se desmandaba y le +residenciaban ante el consejo de doncellas y amas de cría, amonestándole +suavemente o recriminándole con dureza y administrándole algún leve +correctivo en la parte posterior, según el sistema y el temperamento de +cada juez. + +Esperando la llegada de la gente, me senté en una silla metálica de las +que dividen el paseo, y me puse a contemplar con ojos distraídos el +juego de los chicos. Detrás de mí estaban sentadas dos niñas de once a +doce años de edad, cuyos perfiles--lo único que veía de ellas--eran de +una corrección y pureza encantadoras. Ambas rubias y ambas vestidas con +singular gracia y elegancia: en Madrid esto último no tiene nada de +extraordinario porque las mamás, que han renunciado a ser coquetas para +sí, lo continúan siendo en sus hijas y han convenido en hacerse una +competencia poco favorable a los bolsillos de los papás. Me llamó la +atención desde luego la gravedad que las dos mostraban y el poco o +ningún efecto que les causaba la alegría de los demás muchachos. Al +principio creí que aquella circunspección procedía de considerarse ya +demasiado formales para corretear, y me pareció cómica; pero observando +mejor, me convencí de que algo serio pasaba entre ellas, y como no +tenía otra cosa que hacer, cambié de silla disimuladamente y me acerqué +cuanto pude a fin de averiguarlo. + +La una estaba pálida y tenía la vista fija constantemente en el suelo: +la otra la miraba de vez en cuando con inquietud y tristeza. Cuando me +acerqué guardaban silencio, pero no tardó en romperlo la primera +exclamando en voz baja y con acento melancólico: + +--¡Si lo hubiera sabido, no saldría hoy a paseo! + +--¿Por qué?--repuso la segunda.--De todos modos algún día os habíais de +encontrar. + +La primera no replicó nada a esta observación y callaron un buen rato. +Al cabo la segunda dijo poniéndole una mano sobre el hombro: + +--¿Sabes lo que estoy pensando, Asunción? + +--¿Qué? + +--Que debías decírselo todo. Lola es buena niña, aunque tenga el genio +vivo. ¿No te acuerdas cuando nos pegamos y nos arañamos porque le quité +de ser la mamá?... Ya ves que le pasó en seguida... + +--Sí, pero esto es muy distinto. + +--Ya lo sé que es distinto... pero debes decírselo. + +--¡Ay! No me mandes eso, por Dios, Luisa.... de seguro no me vuelve a +decir adiós, y se lo cuenta en seguida a sus papás. + +--¿Y no será peor que se lo cuente otra persona?... ¡Hay niñas más mal +intencionadas!... Elvira lo sabe ya... no sé quién se lo ha dicho... + +Profunda debió ser la impresión que esta noticia causó en el ánimo de +Asunción, porque no volvió a despegar los labios y siguió escuchando +consternada las razones de su amiga, que las amontonaba de un modo +incoherente, pero con resolución. + +El paseo se iba poblando poco a poco. El sol no se enseñoreaba ya sino +de uno de los ángulos del salón: al retirarse dejaba claro y nítido el +ambiente, en el cual resaltaban con admirable pureza el obelisco del Dos +de Mayo y las agujas del museo de Artillería y de San Jerónimo. Los +pequeños retrocedían ante la invasión de los grandes a los parajes más +apartados, donde establecían nuevamente sus juegos. Un chico rubio, +vestido de marinero, con cara de desvergonzado, se quedó fijo delante de +nuestras niñas contemplándolas con insistencia, y no hallando al parecer +conveniente la gravedad que mostraban, se puso a hacerlas muecas en son +de menosprecio, Luisa, al verse interrumpida en su discurso, se levantó +furiosa y le tiró por los cabellos. El chico se alejó llorando. + +Al cabo de un rato, cuando ya me disponía a dejar la silla para dar +algunas vueltas, oí exclamar a Luisa: + +--¡Calla... calla... me parece que ahí viene Lola! + +Asunción se estremeció y levantó la cabeza vivamente. + +--Sí, sí, es ella,--continuó Luisa.--Viene con Pepita y con Concha y +Eugenia... Es el primer domingo que viene después de la muerte de su +hermano... ¡No te pongas así, niña!... No te asustes... verás, yo lo voy +a arreglar todo. + +Asunción, en efecto, había empalidecido y estaba clavada e inmóvil en la +silla como una estatua. Pronto divisé un grupo de niñas de su misma +edad que se aproximaba; en el centro venía una completamente enlutada, +morenita, con grandes ojos negros y profundos que debía de ser la +causante de los temores de Asunción. Luisa se levantó a recibirlas y +echó una carrerita para cambiar con ellas buena partida de besos cuyo +rumor llegó hasta mis oídos. Asunción no se movió. Al llegar, todas la +saludaron con efusión, no siendo por cierto la menos expansiva la +enlutada Lolita. Después de cambiadas las primeras impresiones, observé +que Luisa hacía señas a Asunción en ademán de pedirle algo, y que +Asunción lo negaba, también por señas, pero con energía. Luisa, sin +embargo, se resolvió a hacer lo que pretendía a despecho de su amiga, y +llegándose a Lola, le dijo: + +--Mira, Asunción tiene que decirte una cosa; ve a sentarte junto a ella. + +Lolita se vino hacia la melancólica niña y le preguntó cariñosamente +tocándole la cara: + +--¿Qué tienes que decirme, Chonchita? + +La pobre Asunción, completamente abatida, no contestó nada; visto lo +cual por su amiga, tomó asiento al lado, y la instó con mucha viveza +para que le contase lo que la ponía tan triste. + +--Mira, Lola,--comenzó con voz temblorosa y casi imperceptible,--después +que te lo diga ya no me querrás. + +Lola protestó con una mueca. + +--No, no me querrás... Dame un beso ahora... Después que te lo diga, no +me darás ningún otro... + +Lolita se manifestó sorprendida, pero le dio algunos besos sonoros. + +--Mañana hace un mes que murió tu hermano Pepito... Yo sé que has tenido +una convulsión por haber visto la caja... A mí no me han dejado ir a tu +casa porque decían que me iba a impresionar, pero toda la tarde la pasé +llorando... Luisa te lo puede decir... Lloraba porque Pepito y yo éramos +novios... ¿no lo sabías? + +--¡No! + +--Pues lo éramos desde hacía dos meses. Me escribió una carta y me la +dio un día al entrar en tu casa: salió de un cuarto de repente, me la +dio y echó a correr. Me decía que desde la primera vez que me había +visto le había gustado, que podríamos ser novios si yo le quería, y que +en concluyendo la carrera de abogado, que era la que pensaba seguir, nos +casaríamos. A mí me daba mucha vergüenza contestarle, pero como a Luisa +le había escrito también Paco Núñez declarándose, yo por encargo de ella +le dije un día en el paseo: «Paco, de parte de Luisa, que sí», y a la +otra vuelta Luisa le dijo a Pepito: «Pepito, de parte de Asunción, que +sí». Y quedamos novios. Los domingos cuando bailábamos en tu casa o en +la mía, me sacaba más veces que a las demás, pero no se atrevía a +decirme nada... A pesar de eso, una vez bailando, como estaba triste y +hablaba poco, le pregunté si estaba enfadado, y él me contestó: «Yo no +me enfado con nadie, y mucho menos contigo». Yo me puse colorada... y él +también... Todos los días por la tarde iba a esperarme a la salida del +colegio; se estaba paseando por delante hasta que yo salía y después me +seguía hasta casa... + +Aquí Asunción cesó de hablar, y Lola, que la escuchaba con tristeza y +curiosidad, aguardó un rato a que continuase, y viendo que no lo hacía, +le preguntó: + +--Pero, ¿por qué me decías que después de contármelo no iba a darte más +besos y todas aquellas cosas?... Al contrario, ahora te quiero más... +mira como te quiero. + +Y Lolita al decir esto le daba apasionados besos. + +--Espera, espera... no me beses... ¿De qué murió tu hermano? ¿No dijeron +los médicos que había muerto de una mojadura que había cogido? + +--Sí. + +--Pues esa mojadura, Lola... la cogió por causa mía... Sí, la cogió por +causa mía... Una tarde en que estaba lloviendo a cántaros, fue a +esperarme al colegio... Le vi por los cristales metido en un portal... +en el portal de enfrente... no traía paraguas. Cuando salimos yo me tapé +perfectamente porque la criada había traído uno para mí y otro para +ella... Pepito nos siguió al descubierto... llovía atrozmente... y yo en +vez de ofrecerle el paraguas y taparme con el de la criada, le dejé ir +mojándose hasta casa... Pero no fue por gusto mío, Lola... por Dios, no +lo creas... fue que me daba vergüenza... + +Al decir estas palabras, le embargó la emoción, se le anudó la voz en la +garganta y rompió a sollozar fuertemente. Lolita se la quedó mirando un +buen rato, con ojos coléricos, el semblante pálido y las cejas +fruncidas; por último se levantó repentinamente y fue a reunirse con sus +amigas que estaban algo apartadas formando un grupo. La vi agitar los +brazos en medio de ellas narrando, al parecer, el suceso con vehemencia, +y observé que algunas lágrimas se desprendían de sus ojos, sin que por +eso perdiesen la expresión dura y sombría. Asunción permaneció sentada, +con la cabeza baja y ocultando el rostro entre las manos. + +En el grupo de Lolita hubo acalorada deliberación. Las amigas se +esforzaban en convencerla para que otorgase su perdón a la culpable. +Lolita se negaba a ello con una mímica (lo único que yo percibía) altiva +y violenta. Luisa no cesaba de ir y venir consolando a su triste amiga +y procurando calmar a la otra. + +El sol se había retirado ya del paseo, aunque anduviese todavía por las +ramas de los árboles y las fachadas de las casas. La estatua de Apolo +que corona la fuente del centro, recibía su postrera caricia; los +lejanos palacios del paseo de Recoletos resplandecían en aquel instante +como si fuesen de plata. El salón estaba ya lleno de gente. + +Después de discutir con violencia y de rechazar enérgicamente las +proposiciones conciliadoras, Lolita se encerró en un silencio sombrío. +Al ver esta muestra de debilidad, las amigas apretaron el asedio, +enviando cada cual un argumento más o menos poderoso; sobre todo Luisa, +era incansable en formar silogismos, que alternaba sin cesar con +súplicas ardientes. + +Al fin Lolita volvió lentamente la cabeza hacia Asunción. La pobre niña +seguía en la misma postura, abatida, ocultando siempre el rostro con las +manos. Al verla, debió pasar un soplo de enternecimiento por el corazón +de la irritada hermana; destacose del grupo, y viniendo hacia ella, la +echó los brazos al cuello diciendo: + +--No llores, Chonchita, no llores. + +Pero al pronunciar estas palabras lloraba también. La cabecita rubia y +la morena estuvieron un instante confundidas. Rodeáronlas las amigas, y +ni una sola dejó de verter lágrimas. + +--¡Vamos, niñas, que nos están mirando!--dijo Luisa.--Enjugad las +lágrimas y vamos a pasear. + +Y en efecto, llevándose el pañuelo a los ojos, ella la primera, con +rostro sereno y risueño se mezclaron agrupadas entre la muchedumbre; y +las perdí muy pronto de vista. + + + + +LA BIBLIOTECA NACIONAL + + +Madrid posee una biblioteca nacional. Esta biblioteca se halla situada +en la calle del mismo nombre que desemboca por un lado en la plaza de la +Encarnación y por el otro en la de Isabel II. Es fácil reconocer el +edificio. Además, posee en el barrio de Salamanca los cimientos de una +nueva biblioteca construidos con todo lujo, perfectamente resguardados +de la intemperie y rodeados de una bonita verja. Con tales elementos es +fuerza convenir en que la capital de España no carece de medios de +instrucción y que todo el que desee estudiar puede hacerlo. No obstante, +una cosa me ha sorprendido siempre, y es que la biblioteca nacional no +está tan concurrida como debiera suponerse, dado el número de habitantes +y su reconocida afición a meterse en todos los sitios donde no cueste +dinero. Quizá dependa de hallarse cerrada la mayor parte de las horas +del día y de la noche. En cuanto a los cimientos, a pesar de ser tan +bellos y sólidos, están siempre desiertos, lo cual les da un cierto +aspecto de necrópolis pagana, no ciertamente en consonancia con los +fines de su instituto, como dijo Pavía el del 3 de Enero hablando de la +Guardia civil. + +Pero dejando a un lado los cimientos, cuya importancia me complazco en +reconocer y acerca de los que no será esta la última palabra que diga, y +volviendo a la antigua biblioteca donde el gobierno de Su Majestad +distribuye la ciencia por el sistema dosimétrico, esto es, en pequeñas +dosis y repetidas, diré primeramente que tiene un portal muy análogo a +una bodega, donde los sabios de mañana aguardan, tiritando y dando +estériles patadas contra las losas para calentarse los pies, a que les +abran la puerta. El frío es por naturaleza anti-científico, y desde los +tiempos más remotos se ha ensañado siempre con los sabios. De aquí los +sabañones que tanto caracterizan a los hombres de ciencia. + +Arranca del portal una escalera medianamente espaciosa, cuidadosamente +tapizada de polvo como conviene a esta clase de establecimientos, la +cual termina en una portería o conserjería donde hay generalmente +sentados seis u ocho señores ocupados en la tarea de mirar lo que entra +y lo que sale y en charlar y discutir en voz alta a fin de que los que +estudian dentro se acostumbren a concentrar su atención, como hacía +Arquímedes en los tiempos antiguos. + +--¿Me hacen ustedes el favor de una papeleta?--pregunta en actitud +humilde el sabio, que ha llegado hasta allí tragando polvo. + +El portero encargado de facilitarlas vuelve la cabeza y le dirige una +mirada fría y hostil: después sigue tranquilamente la conversación +empeñada. + +--¿Cuánto te ha costado a tí la contrabarrera? + +--Lo que cuesta en el despacho: el amo ha pedido tres a un concejal y me +ha cedido una. + +--¡Todos los pillos tienen suerte! + +Mucha risa; mucha algazara. La conversación rueda después acerca de las +probabilidades que Frascuelo tiene de echar la pata a Lagartijo: los +toros eran de Veraguas, se podían lidiar con franqueza; sin riesgo; y el +matador «se las tiraría de plancheta» como acostumbraba, sin... + +--¿Me hace V. el favor de una papeleta? repite el sabio un poco más +alto. + +El portero le mira de nuevo con más frialdad si cabe, se levanta +lentamente, moja el dedo para sacar una papeleta del montón y dice: + +--Pues yo te aseguro que no pago primadas; a última hora ha de andar más +bajo el papel... + +--¿Quiere V. darme una papeleta?--dice el sabio con impaciencia. + +--¿Tiene V. prisa, verdad, caballero?--responde el dependiente con +cierta sonrisilla irrespetuosa. + +El sabio escribe en silencio sobre la papeleta el nombre de una obra +famosa, aunque reciente, y entra en el salón principal de la biblioteca. +En cada extremo de él hay un grupo de señores convenientemente separados +de los que leen arrimados a las mesas. El sabio de mañana vacila entre +dirigirse al grupo de la derecha o al grupo de la izquierda; decídese al +fin a emprender su marcha hacia el primero, procediendo lógicamente. Uno +de los señores de los extremos le toma la papeleta, mas antes de leerla +le examina escrupulosamente de pies a cabeza cual si tratase de +sonsacarle, mediante su aspecto, qué intención perversa le había movido +al venir hasta allí en demanda de un libro. Después que se entera del +que pide, crecen evidentemente sus sospechas porque le acribilla a +miradas escrutadoras, de tal suerte, que el presunto sabio baja la vista +avergonzado, juzgándose un matutero de la ciencia. El empleado, sin +dejar de mirarle, pasa la papeleta a otro empleado que a su vez le mira +también con cuidado y la pasa a otro, y así sucesivamente pasa por todas +las manos del grupo hasta que llega nuevamente a las del primero, el +cual se la devuelve diciendo: + +--Vaya V. allí enfrente. + +Y nuestro sabio atraviesa el salón y se dirige al grupo contrario, donde +sufre el mismo examen por parte de la inspección facultativa del +gobierno, y se repite con ninguna variante la escena anterior. Al +devolverle la papeleta le dicen también: + +--Vaya V. allí enfrente. + +--Ya he estado. + +--Entonces vaya V. al Índice... la primera puerta a la derecha. + +En el Índice, un señor empleado lee con toda calma la papeleta, y sin +decirle palabra desaparece con ella por el foro. Nuestro sabio espera +una buena media hora tocando el tambor sobre las rejas de la valla con +las yemas de los dedos. De vez en cuando levanta la vista a los estantes +donde en correcta formación se halla una muchedumbre de libros feos, +rugosos, mal encarados, que le infunden respeto. Ninguno de aquellos +libros se acuerda ya de cuándo fue sacado para ser leído. De ahí su +respetabilidad. En este mundo las cosas de poco uso son siempre las más +respetables; los senadores, los capitanes generales, los académicos, los +canónigos. Casi todos tienen escrita sobre su severo lomo en letras muy +gordas la palabra _Ópera_. No se ve en torno más que óperas; óperas +arriba, óperas abajo, óperas delante, óperas detrás. En esto llega el +señor empleado del Índice, silencioso siempre como un pez, y en lugar +del libro le entrega de nuevo la papeleta. El sabio en estado de +crisálida no sabe lo que aquello significa y da vueltas entre sus dedos +al papel hasta que percibe dos palabritas de distinta letra debajo de su +petición: _no consta_. El sabio, que es bastante listo, comprende en +seguida que con aquellas palabras se quiere decir que no hay semejante +libro. Lo mismo les ha pasado a todos los sabios que en el mundo han +sido y han ido a leer a la biblioteca de la nación. Ningún libro +reciente consta. ¿Y por qué había de constar? ¿No perdería mucho de su +prestigio esta biblioteca, admitiendo sin dificultad cualquier libro de +ayer mañana? La biblioteca nacional no puede proceder como la de un +particular; para que un libro tenga la honra de entrar en sus salones +es necesario que el tiempo lo garantice, pues hasta ahora no se conoce +nada mejor para garantir la ciencia que una serie de años, cuantos más +mejor. Un libro nuevo, bien impreso, satinado y limpio, no encaja bien +entre aquellas dignas y graves óperas, preñadas hasta reventar de latín +y de ciencia. + +Nuestro sabio torna a la portería meditando todo esto, y escribe sobre +otra papeleta el título de un libro sobre filosofía, del siglo trece. La +papeleta vuelve a pasar por las manos de los señores de los extremos; +pero esta vez, sin que el sabio adivine la razón, se miran consternados +los unos a los otros. Por último uno de ellos le dice en tono humilde: + +--Caballero, el libro que V. pide está en uno de los últimos estantes y +es un poco expuesto subir a buscarle... ¡Si a V. le fuese indiferente +pedir otro!... + +¡Pues no había de serle indiferente! Los sabios son muy finos y humanos. +Nada, nada, no se moleste V. Por nada en el mundo querría nuestro sabio +exponer la preciosa vida de ningún empleado del Gobierno. Así que, pian +pianito vuelve sobre sus pasos hasta la portería, atormentando la +imaginación para buscar una obra que fácilmente le pudiesen +proporcionar, fuese cual fuese. Al fin no encuentra nada mejor que pedir +el Quijote. + +--¿Qué edición quiere V.? + +--La que V. guste. + +--¡Ah! no, caballero, perdone V., nosotros no podemos dar sino la +edición que nos piden. + +--Bien, pues la de la Academia. + +--Tenga V. entonces la bondad de consignarlo así en la papeleta. + +Vuelta a la portería. Al fin, después de una brega tan larga y +deslucida, tiene la dicha de recibir el Quijote de manos del empleado. +El sabio deja escapar un suspiro de consuelo: estaba sudando. Trata de +sentarse a una de las mesas que hay esparcidas por la sala, sobre las +cuales, para que nada llame y distraiga la atención, no suele haber ni +pupitre, ni papel, ni plumas, ni tintero; nada más que la madera lisa y +reluciente, invitando al estudio y a la patinación. Al tomar una de las +sillas, observa con dolor que está cubierta de polvo y quizá de algo +más. ¿Qué tiene esto de particular? La ciencia y la porquería no son +enemigas declaradas: antes al contrario, parece que aquélla vive dichosa +en los brazos de ésta, como lo atestiguan multitud de ejemplos. La +sagrada Teología, muy especialmente, siempre ha tenido marcada +predilección por la suciedad. En otro tiempo se medía la profundidad de +un teólogo por la cantidad de grasa que llevaba adherida a la sotana. +También la literatura manifestó siempre tendencias bastante pronunciadas +en este sentido, y es cosa proverbial, sobre todo en las provincias, que +nuestros literatos no se lavan sino cuando llueve: hay hortera a quien +se le saltan las lágrimas de entusiasmo contando alguna gran +asquerosidad de Carlos Rubio, o la manera de vivir de Marcos +Zapata,--por más que respecto a este último, como amigo suyo que soy, +puedo declarar que hay exageración. Fundándose, a no dudarlo, en tales +razones, el gobierno de S. M. ha procurado mantener en la biblioteca +nacional una conveniente y adecuada porquería, de cuya conservación +están encargados algunos mozos no bastantemente retribuidos. + +Nuestro sabio en agraz, que aún no ha llegado a las altas regiones de la +ciencia, y que por lo tanto no comprende la ayuda poderosa que le +prestarían en la investigación de la verdad aquellas manchas grises de +la silla que mira con sobresalto, saca el pañuelo del bolsillo y lo +coloca bonitamente sobre ella, sentándose después lleno de confianza. + +¡Ea! ya está sentado el sabio; ya sopla el polvo de la mesa y coloca el +sombrero sobre ella; ya se saca a medias una bota que le oprime +mortalmente los sabañones; ya tose y se arranca la flema de la garganta; +ya trae el libro hacia sí, ya mira con curiosidad el sello de la +Academia estampado en la primera página; ya empieza a leer. + +«_En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha +mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, rocín +flaco....._» + +Tilín, tilín. + +--¿Qué es eso?--pregunta con sorpresa al compañero que tiene al lado. + +--Nada, que tocan a cerrar--contesta el otro levantándose. + +El sabio entonces se levanta también; le sigue; devuelve el Quijote al +empleado de quien lo recibiera; y se va a su casa. + + + + +EL DRAMA DE LAS BAMBALINAS + + +Antoñico era una chispa, al decir de cuantos andaban entre bastidores; +no se había conocido traspunte como él desde hacía muchos años: era +necesario remontarse a los tiempos de Máiquez y Rita Luna, como hacía +frecuentemente un caballero gordo que iba todas las noches de tertulia +al saloncillo, para hallar precedente de tal inteligencia y actividad. + +Solamente cuando falleció se estimaron sus servicios en lo que valían. +Porque no era el traspunte vulgar que con cinco minutos de antelación +recorre los cuartos de los actores gritando: «Don José; va V. a +salir--Señorita Clotilde; cuando V. guste». Ni por pienso: Antoñico +tenía en su cabeza todos los pormenores indispensables para el buen +orden de la representación; dirigía la tramoya con una precisión +admirable, daba oportunos consejos al mueblista, hacía bajar el telón +sin retrasarse ni adelantarse jamás; cuando había necesidad de sonar +cascabeles para imitar el ruido de un coche, él los sonaba; si de tocar +un pito, él lo tocaba, y hasta redoblaba el tambor con asombrosa +destreza apagando el ruido para hacer creer al espectador que la tropa +se iba alejando. En los dramas en que la muchedumbre llega rugiendo a +las puertas del palacio y amenaza saquearlo, nadie como él para hacer +mucho ruido con poca gente; una docena de comparsas le bastaban para +poner en sobresalto a la familia real; a uno le hacía gritar +continuamente _¡esto no se puede sufrir!_, a otro le mandaba exclamar +sin punto de reposo, _¡mueran los tiranos!_, a otro, _¡abajo las +cadenas!_, etc., etc., todo en un _crescendo_ perfectamente ejecutado, +que infundía pavor no sólo en el corazón del tirano sino en el de todos +los que se interesaban por su suerte. Además sabía arrojar piedras a la +escena de modo que produjesen mucho ruido y no hiciesen daño a nadie: +algunas veces hizo también escuchar su voz desde las cajas o desde el +sótano en calidad de fantasma. En fin, más que traspunte debía +considerarse a Antoñico como un actor eminente aunque invisible. + +En el teatro era casi un dictador: los actores le halagaban porque les +podía hacer daño con un descuido intencionado, la empresa se mostraba +satisfecha de él, y los dependientes le respetaban y le consideraban +como jefe. + +Era necesario verle con un reverbero en la mano derecha, el libro en la +izquierda, una barretina colorada en la cabeza a guisa de uniforme, +deslizarse velozmente por los bastidores acudiendo a opuestos parajes en +nada de tiempo, poniendo prisa a los empleados, contestando al sin +número de preguntas que le dirigían, y esparciendo órdenes en estilo +telegráfico como un general en el fragor de la batalla. + + + + +II + + +Con todo, Antoñico tenía un grave defecto: le gustaban demasiado las +mujeres. Quizá digan ustedes que este defecto no es grave: en cualquier +otro hombre, convengo en ello, pero en Antoñico, un funcionario +dramático de tal importancia, era un pecado mortal. No hay más que +pensar en que tenía bajo su inmediata inspección a varias actrices +secundarias, o sean racionistas, y que aun las principales veíanse +obligadas a estar con él en una relación constante. De donde resultaban +a menudo algunos disgustillos y desórdenes que se hubieran evitado si +nuestro traspunte tuviese un temperamento menos inflamable. +Verbigracia; se hubiera evitado que Narcisa, la jovencita que +desempeñaba papeles de chula, se fuese del teatro dando un fuerte +escándalo, diciendo a quien la quería oír que Antoñico pellizcaba las +piernas a las actrices en las ocasiones propicias; y también que la mamá +de Clotilde, la primera dama, se quejase al empresario de que Antoñico +fuese con demasiada prisa a levantar a su hija siempre que caía +desmayada al terminarse un acto. Hay que convenir en que todo esto era +muy feo y dañaba no poco a la respetabilidad del traspunte; que vuelvo a +decir, era sin disputa el alma del teatro. + +Sucedió, pues, que al medio de la temporada el primer tramoyista +contrajo matrimonio: era un hombre de unos treinta años de edad, feo, +silencioso, sombrío, ojos negros hundidos, barba rala y erizada; +inteligente con todo y amigo de cumplir con su deber. La mujer que +eligió por esposa era una jovencita, casi una niña, linda, vivaracha, +nariz arremangada, más alegre que unas castañuelas, perezosa y juguetona +como una gatita. Se casó con el tramoyista... no sé por qué; quizá por +su desahogada posición (ganaba seis pesetas diarias). + +Para no privarse de su compañía un momento, el enamorado marido la trajo +consigo al teatro; en los ratos que le dejaban libre sus ocupaciones, el +pobre hombre gozaba con acercarse a su mujercita y darle un pellizco o +un abrazo furtivo. La muchacha, que no había entrado hasta entonces en +la región de los bastidores, estaba maravillada y contenta al verse +entre aquel bullicio, y pronto fue una necesidad el pasarse tres o +cuatro horas todas las noches vagando por las cajas y por los cuartos de +las actrices con quienes simpatizó en seguida. + +Antoñico, al verla por primera vez, se relamió como el tigre cuando +atisba la presa. La barretina colorada sufrió un fuerte temblor y se +dispuso a cobijar un enjambre de pensamientos tenebrosos y lúbricos. Mas +como hombre experto y precavido, guardó sus ideas, contrarias a la +unidad de la familia, debajo de la barretina, y aparentó no fijar la +atención en la presa y dejar que tranquilamente fuese y viniese a su +buen talante. + +Sin embargo, una que otra vez al encontrarse en los pasillos le dirigía +miradas magnéticas que la fascinaban y profería unas _buenas noches_ +preñadas de ideas disolventes. Como es natural, la bella tramoyista no +dejó de sospechar el género de pensamientos que dentro de la barretina +se escondían, y en su consecuencia decidió ruborizarse hasta las orejas +siempre que tropezaba con el tigre-traspunte. Este avanzó con cautela, +paso tras paso; nada de pellizcos, ni de palabrotas necias, ni de +estrujones contra los bastidores: una actitud sosegada, dulce, casi +melancólica, adecuada para no espantar la caza, algunas palabritas +melosas y furtivas, varios conceptillos aduladores envueltos en +suspiros, y cuando todo estaba convenientemente preparado ¡zas! el salto +que todos conocen:--«María, yo me muero por V... perdóneme V. el +atrevimiento... yo no puedo tener escondido por más tiempo lo que +siento, etc., etc.» + +La vivaracha tramoyista quedó, como era de esperar, entre las uñas del +traspunte. Y comenzó para ambos el período de los placeres amargos, la +felicidad con sobresalto: aparentando no mirarse, no se quitaban ojo; +fingiendo que apenas se conocían, estaban siempre juntos: ¡el marido era +tan sombrío, tan suspicaz! Necesitaban llevar a cabo prodigios de +estrategia para no ser advertidos: a veces pasaban cuatro o cinco noches +sin poder decirse siquiera una palabra. Puesta en tortura la +imaginación, Antoñico ideaba las citas más estupendas y extravagantes; +unas veces en el sótano, otras en el cuarto de un actor que estaba en +escena; pero todas breves y agitadas, porque el tramoyista era pegajoso +como recién casado, y Antoñico no tomaba el aspecto de tigre sino con +las damas. + +Una noche en que el traspunte se sentía, por el ayuno forzoso de muchos +días, más enamorado que otras veces, dijo algunas palabras rápidamente +al oído de María y se perdió entre los bastidores. Ésta le siguió. +Encontráronse en un rincón sombrío cerca del telón de boca; y el +traspunte, que conocía el terreno a palmos, cogió de la mano a su +querida, separó con la otra un bastidor y penetraron ambos en un recinto +estrechísimo formado por telones y bastidores: Antoñico trajo hacia si +el que había separado, y quedaron perfectamente cerrados. Los amantes +pudieron gozar breves instantes del seguro que la experiencia y +habilidad del traspunte habían buscado. En aquel extraño retiro nadie +podía dar con ellos. ¿Nadie? Antoñico vio de improviso, en medio de su +embriaguez, que por un agujerito abierto en el telón, un ojo les +observaba; y su corazón de tigre dio un salto prodigioso dentro del +pecho:--«María--dijo con voz temblorosa, imperceptible--estamos +perdidos... nos están viendo... ¡silencio!... ¿quieres salir tú +primero?» La animosa tramoyista corrió bruscamente el bastidor y se +arrojó fuera: no había nadie. Antoñico salió detrás con el semblante +pintado de interesante palidez. Su primer cuidado fue buscar por todas +partes al tramoyista: encontráronlo sumamente preocupado porque la +chimenea de mármol que debía aparecer en el acto tercero había sido +rota al trasladarla; tanto que no reparó en su mujer al acercarse. + +--¿Lo ves, hombre--dijo María a Antoñico--como eres un gallina? A tí el +miedo te hace ver visiones. + + + + +III + + +Transcurrieron bastantes días. Las adúlteras relaciones de nuestros +héroes seguían la misma marcha dulce y borrascosa a la par: sobresaltos, +temores, ansias, vacilaciones sin cuento: regalos, vivos deleites, +instantes de dicha, con todo. Tal es el lote de la pasión criminal. +María había olvidado enteramente el episodio del agujero en el bastidor; +Antoñico soñaba todavía algunas veces con aquel ojo fantástico, +escrutador, y despertaba despavorido; poco a poco se fue convenciendo de +que había sido una ilusión del miedo y el miedo abrió paso a la +confianza. + +Una noche el tramoyista le habló de esta manera: + +--Oye, Antoñico; ¿sabes que el tercer telón, el de las columnas, debía +colocarse más atrás...? + +--¿Pues? + +--No hay perspectiva. + +--Sí la hay..., y además tropezaría casi con el lago. + +--El lago también puede correrse un poco. + +--No hay sitio. + +--Tenemos todavía metro y medio. + +--¡Qué hemos de tener, hombre! ¿Lo has medido? + +--Sí, lo he medido: ¿tienes tú ahí el metro...? Pues ven a verlo y te +convencerás. + +El tramoyista emprendió la marcha y Antoñico le siguió. Subieron por la +estrecha y frágil escalerilla que conduce a las bambalinas. Cuando +estaban a la mitad de la altura, el tramoyista volvió la cabeza, y sus +ojos se encontraron con los del traspunte. ¿Qué había de particular en +aquella mirada? ¿Por qué empalidece el rostro de Antoñico? ¿Por qué se +le doblan las piernas? + +Vacila un instante entre seguir o retroceder: la barretina colorada se +detiene y se agita presa de mortal incertidumbre. El tramoyista exclama: + +--¡Diablo de escalera...! La subo setenta veces al día y no acabo de +acostumbrarme... Me moriré del pecho, Antoñico, me moriré del pecho. + +El traspunte se siente fortalecido y sigue su camino. + + + + +IV + + +Aquella noche se representaba un drama histórico, acaecido en tiempo de +los godos. El primer galán era un mancebo muy simpático, rebosando de +entusiasmo y de décimas calderonianas. La primera dama gastaba una +túnica muy larga y comenzaba a llorar desde que subían el telón. El +barba hacía de rey y debía morir al fin del acto tercero a manos del +mancebo de las décimas: buena voz, potente y cavernosa, como convenía a +un rey visigodo. + +El público aguardaba con impaciencia la catástrofe: cuando le parecía +bien, bostezaba; cuando lo creía necesario, sacaba _La Correspondencia +de España_ y leía. Había muchas personas que llegaban a desear que el +barba cayese pronto bañado en su sangre para escapar a casa y meterse +en la cama. + +En el acto segundo había un monólogo del rey, de inusitadas dimensiones. +El público ya tenía entre pecho y espalda setenta y cinco endecasílabos +de este monólogo y se disponía a recibir con resignación otra partida no +menos crecida, cuando de pronto... + +--¿Qué ha pasado... qué sucede? ¿Por qué se levanta el público? ¿Por qué +se puebla la escena de gente? + +Un bulto, un hombre, acaba de caer de las bambalinas sobre el escenario +con espantoso estruendo. Un grupo de gente le rodea en seguida. El +público aterrado se agita y se alborota: quiere saber lo que ha pasado. +Al fin uno de los actores se destaca del grupo y dice en voz alta: «que +el traspunte Antonio García, caminando por los telares del teatro, había +tenido la desgracia de caerse. + +--¿Pero, está muerto?... ¿está muerto?--preguntan varias voces. + +El actor hace con la cabeza señal afirmativa. + + + + +LLOVIENDO + + +Cuando salí de casa recibí la desagradable sorpresa de ver que estaba +lloviendo. Había dejado al sol pavoneándose en el azul del cielo, +envolviendo a la ciudad en una esplendorosa caricia de padre... ¡Quién +había de sospechar!... + +En un instante desgarraron mi alma muchedumbre de ideas extrañas; la +duda se alojó en mi espíritu atormentado. ¿Subiría por el paraguas? En +aquella sazón mi paraguas ocupaba una de las más altas posiciones de +Madrid: se encontraba en un piso tercero, con entresuelo y primero. +Arranquémosle la careta: era un piso quinto. + +Las escaleras me fatigan casi tanto como los dramas históricos: a veces +prefiero escuchar una producción de Catalina o Sánchez de Castro, con +reyes visigodos y todo, a subir a un cuarto segundo. Me hallaba en una +de estas ocasiones. La verdad es que llovía sin gran aparato, pero de un +modo respetable. Los transeúntes pasaban ligeros por delante de mí, bien +guarecidos debajo de sus paraguas. Alguno que no le llevaba, vino a +buscar techo a mi lado. Todavía aguardé unos instantes presa de horrible +incertidumbre. Dí algunos paseos en el portal y eché todos los cálculos +que un hombre serio tiene el deber de echar en tales ocasiones. De un +lado, del lado de la calle, la consiguiente mojadura; del lado de la +escalera, la fatiga consiguiente. Por otra parte, los amigos estarían ya +reunidos en el café despellejando a alguno, ¡tal vez a mí! Además, el +café, según los datos que me ha suministrado una persona muy versada en +estas cosas, debe tomarse _inmediatamente_ (cuidado con ello) +inmediatamente después de las comidas. Al fin adopté una resolución +violentísima. Me remangué los pantalones y salí a la calle. + +¡Pues qué! Yo que he aguantado sin pestañear noches enteras todas las +leyendas de la Edad-Media que el Sr. Velarde y otros ilustres mosquitos +líricos de su misma familia, han dejado caer desde la tribuna del +Ateneo, ¿flaquearía ahora ante unas miserables gotas de agua? No en mis +días: si la faz no ha empalidecido, si el corazón no ha temblado ante +ningún poeta legendario, por cruel que se haya mostrado, las +alteraciones atmosféricas no prevalecerán contra mi heroísmo. + +En esta admirable disposición de espíritu atravesé casi toda la calle +del Arenal. Sin embargo, no quiero ser hipócrita: declaro que fui todo +el tiempo pegado a las casas, con lo cual evité que me cayese una +tercera parte de agua de la que por clasificación me correspondía. Antes +de llegar a la puerta del Sol eché una mirada al cielo, mirada +escrutadora que me hizo ver sombra arriba y sombra abajo. Esta mirada +dio por resultado además el que tropezase con un guardia municipal, que +me preguntó con severidad dónde tenía los ojos; yo, lleno de respeto y +sumisión hacia el poder ejecutivo, le contesté, procurando ablandar su +corazón con una sonrisa:--Donde usted guste.--La verdad es que estuve +demasiado humilde, casi rastrero, porque el guardia no llevaba la acera, +¡pero la idea de la Prevención ejerce tal ascendiente sobre mí!... Me +contenté con volverme y echarle una mirada terrible, que cayó sobre su +capote de hule y resbaló por encima como el agua resbalaba en aquel +instante. + +Las nubes no cejaban. La lluvia, en vez de ir disminuyendo gradualmente, +para satisfacer el ideal de todo el que, como yo, no llevase paraguas, +gradualmente iba aumentando. Al entrar en la Puerta del Sol, cruzaba muy +poca gente; algunos carruajes, cuyos aurigas parecían envoltorios de +paño pardo; algunas mujeres remangando con la coquetería que permitían +las circunstancias, sus blancas enaguas, y dejando ver esbozos de pies +fantásticos y perfiles de pantorrillas reales. Pero en aquel momento yo +me preocupaba más de mis pantorrillas que de las ajenas, como era, +después de todo, mi deber. El agua y el barro me salpicaban hasta las +narices; los canalones vomitaban en las aceras torrentes, que procuraba +salvar apelando a mis recuerdos gimnásticos. + +Poco a poco, de un modo insidioso y solapado, tendiéndome sus redes en +silencio y asegurando sus pasos con cautela, fue penetrando en mi +corazón el temor del reumatismo. En el espacio que media entre la calle +del Arenal y la del Carmen, casi se enseñoreó de él por completo. +Sombrías perspectivas de fiebres catarrales, dolores en las +articulaciones y fricciones de aguardiente alcanforado, se ofrecieron +ante mi vista, y con la visión intensa y terrible del alucinado, me vi +metido en unos calzoncillos de bayeta amarilla. + +Y temblé. Y eché una cobarde mirada en torno buscando un _simón_ vacío. +Los pocos que pasaban iban alquilados. Pero aún quedaban los portales. +¡Ah, los portales! Los portales me parecían un recurso de mala ley, +indigno de ser tomado en consideración por el momento. Para estar metido +en un portal viendo caer la lluvia, más valía haberse quedado en casa. +Además, los portales estaban llenos de canalla, vagos de profesión, +aventureros de la calle, gente sin hogar y sin paraguas. ¡Quién va a +exponerse a que le roben el reloj o le secuestren! + +Esto lo pensaba al cruzar por la calle del Carmen. Pues bien, al cruzar +por delante de la de la Montera, ya pensaba otra cosa. Y es que las +ideas del hombre se van modificando insensiblemente al través de la +existencia; las convicciones más profundas se desarraigan de nuestro +espíritu cuando menos lo esperamos, la antigua fe deja paso a la nueva, +y el entusiasmo se enfría y se calienta incesantemente durante nuestra +peregrinación por la tierra. Cogidos de la mano, con fuego en el +corazón, alta la frente y la pupila clavada en lo porvenir, hemos +partido muchos para recorrer los campos de la política; a los pocos +pasos, ya se ha desprendido uno, a quien el temor o la utilidad han +solicitado, más allá otro, más allá otro: al poco tiempo la caravana se +ha disuelto, y cada cual corre a refugiarse donde más le conviene. Esta +es la vida. Una verdad innegable he sacado, no obstante, de su +experiencia, y es, que cuando llueve, todo el mundo se cobija. + +Yo también claudiqué en aquella ocasión refugiándome en un portal, +aunque con circunstancias atenuantes, pues era el de una fotografía. Las +paredes estaban cubiertas de retratos: señoras bonitas, haciendo +resaltar sus gracias con actitudes lánguidas, dirigiendo una sonrisa +insinuante a todos los _timadores_ y fosforeros que se paraban a +contemplarlas; varones con los ojos estáticos, en muda y eterna +admiración de algo que nadie sabe. Algunos caballeros estaban +disfrazados: había uno vestido de fraile haciendo oración entre las +malezas de una sierra, con su calavera y todo al lado. Me dijeron que +era un muchacho de la nobleza que había renunciado al mundo por +desengaños de amor. Bien se le conocía al pobre, a pesar de su +vestimenta eremítica, que había tirado muchos tiros al pichón. Había +otro con traje de doctor, con las cejas fruncidas y la frente arrugada +como si tuviese agobiados los sesos bajo la pesadumbre de tanta +jurisprudencia. Tenía un birrete en la mano y otro sobre la mesa, +quizás para el caso de que se inutilizase el primero. + +Seguía cayendo agua copiosamente. El cielo mostraba la faz severa, +aunque tornadiza; algunas nubes grandes y oscuras rodaban sobre los +edificios de la Puerta del Sol, desahogándose un poco de su peso; +cruzaban con harta prisa para no presumir que pronto vendría un claro +que permitiera escaparse. Los poquísimos carruajes que pasaban vacíos +eran asaltados rabiosamente por los proscriptos de los portales, +quedándose con ellos, como sucede en todo lo demás, los más osados. + +Al fin, en cierto paraje del espacio se divisó un agujerito azul: por +aquel agujerito pasó tembloroso, y como avergonzado, un rayo de sol +empapado todavía en agua, que fue a chocar en los cristales de los +balcones más altos del hotel de la Paz. Al poco rato se divisó otro, +algo más allá, y ambos se comunicaron pronto por medio de una extensa +raya, azul también. Pero la lluvia no cesaba. Delante de nosotros empezó +a funcionar una manga de riego. ¿Por qué salen a relucir las mangas de +riego cuando llueve? No pretendamos averiguarlo. Hay más misterios en el +cielo y en el Municipio de los que puede soñar la filosofía. + +El sol hizo surgir los colores del iris en el chorro de agua que caía +como un espléndido penacho sobre la calle: el empleado municipal lo +sacudía sin curarse de su belleza, haciéndole servir a los fines +prosaicos de la policía urbana; mas el chorro salía altivo y alegre de +la manga y se esparcía en el aire, cayendo en lluvia de plata unas +veces, otras en lluvia de cristal y otras de fuego. El rumor que +producía al azotar el pavimento, era dulce y gozoso. Yo y un perro de +Terranova (me coloco el primero para no dar armas a los frenópatas del +Ateneo), fuimos los únicos que supimos apreciar su hermosura. El perro, +más exaltado o con menos miedo al ridículo, se lanzó a la calle +expresando su entusiasmo por medio de ladridos y saltos prodigiosos, +ahora parándose bajo el chorro y dejándose bañar, ahora brincando sobre +él, ahora dando un millón de volteretas y haciendo cómicas contorsiones, +sin cesar nunca de exhalar el frenesí de su entusiasmo en ladridos más +o menos correctos e inspirados, que de esto no entiendo. Me parece, no +obstante, que había más sinceridad en ellos que en el soneto del Sr. +Grilo a las cataratas del río Piedra, aunque, por supuesto, mucha menos +fantasía. + +La lluvia no cesaba. Con todo, se fue debilitando de tal modo, que ni +para la salud ni para el sombrero había gran peligro en salir y llegar +hasta Fornos. Así quise realizarlo, y desde luego me fui pegadito a los +edificios, observando cómo rápidamente el cielo se despejaba y la lluvia +se enrarecía. Todavía continuaba mucha gente en los portales. Al llegar +al del ministerio de Hacienda, un brazo de mujer se interpuso en mi +camino, y una manecita blanca y hermosa trató de averiguar si aún +llovía. Era una mano fina, correcta, aristocrática, con graciosas y +leves rayas azules; además, aún no estaba ajada, a juzgar por su color +sonrosado y por la frescura e inocencia que se adivinaba en sus +movimientos resueltos; la muñeca estaba aprisionada por un sencillo +brazalete de oro; en los dedos brillaban algunas sortijas. Ahora bien, +¿qué hubieran hecho ustedes si se les colocase delante del rostro, a dos +dedos de la boca, una mano semejante? Besarla, estoy seguro. Pues eso es +cabalmente lo que yo hice: besarla y escaparme riendo sin echar siquiera +una mirada a su dueño. Detrás de mí oí gran algazara y muchas carcajadas +femeninas, por lo cual comprendí que se me perdonaba de buen grado la +audacia. Llegué al café sano y salvo y de un humor excelente. Pero +estuve un poco inquieto toda la tarde. ¡Los nervios, sin duda, los +nervios! + + + + +EL PASEO DE RECOLETOS + + +Voy a denunciarme ante el severo tribunal de la sociedad _fashionable_ +de Madrid, y entregarme con las manos atadas a su justa reprobación. + +«Egregias damas: señores sietemesinos: Tengo la vergüenza de confesar a +ustedes que la mayor parte de los domingos y fiestas de guardar me paso +la tarde dando vueltas en el paseo de Recoletos lo mismo que un mancebo +de la _Dalia azul_. Y no subo hasta el Retiro, a admirar respetuosamente +vuestros _chaquettes_ y vuestros perros ratoneros, porque deje de poseer +carruaje; pues si bien es mucha verdad que no lo poseo (¡misericordia!) +no es menos exacto que tengo unas piernas que no me las merezco, las +cuales han hecho con fortuna más de una vez la competencia al tranvía, y +de ello puedo presentar testigos. Me quedo, por tanto, en Recoletos sin +motivo alguno que pueda justificarme, por pura perversidad, lo cual +revela mi depravada índole. Vuestra conciencia distinguida se alarmaría +aún más si supieseis... ¡pero no me atrevo a decirlo!... ¡que me gustan +mucho _las cursis_! ¡Perdón, señores, perdón! Ahora que he confesado mi +indignidad descargando el alma del peso que la abrumaba, aguardo +resignado vuestro fallo. Condenadme, si queréis, a perpetuos pantalones +anchos. Los llevaré como marca indeleble de mi deshonra, los pasearé +hasta la muerte como la librea del presidario... pero los pasearé los +domingos por Recoletos». + +El paseo de Recoletos no es bello ni grande; los árboles que lo +guarnecen dejan mucho que desear en cuanto a corpulencia y follaje; la +acera que lo atraviesa a lo largo cansa y lastima los pies. Pero tiene +la ventaja de estar dentro de la población. Parece hecho para la gente +de negocios que dispone de poco tiempo para pasear. Los días de trabajo +no suele haber mucha concurrencia: en cambio los domingos no hay quien +camine libremente por allí, lo cual declara bien paladinamente la +condición social de sus habituales concurrentes. Es el paseo de la +_burguesía_, y esto basta para que se haya captado la antipatía de la +sociedad distinguida y ociosa. + +Mas en el sexo femenino que allí acude los días de fiesta suelen verse +rostros muy lindos, dicho sea con perdón de aquella sociedad. Las damas +que cruzan arrellanadas en su _landau_ hacia el Retiro, podrán volver +desdeñosamente la cabeza y no verlos; los jóvenes, que apetecen la +gloria inmarcesible de vivir y morir perteneciendo al _Veloz_, pasarán +velozmente con la cabeza erguida, el sombrero ladeado y el bastón a +guisa de lanza, dando miradas amorosas a todos los carruajes y ansiando +descubrir su cabeza venerable ante alguna duquesa ajamonada, sin fijar +la atención en ellos; pero no es menos cierto que allí están para honra +y gloria de Dios y regocijo de los villanos y pecheros que en tales +lugares paseamos. + +La palabra _cursi_, que la magnanimidad nunca bastante loada de los +señores de la calle de Valverde ha introducido en nuestro diccionario, +se emplea como proyectil mortífero contra aquellos rostros celestiales. +Todo sietemesino bien criado tiene en su carcaj una buena cantidad de +tales flechas para arrojar a la primer belleza anónima que se presente +en su camino. Si habéis gozado la honra de acompañar alguna vez en sus +expediciones gloriosas por la carrera de San Jerónimo a uno de estos +jóvenes y habéis incurrido en la flaqueza de alabar la hermosura de +alguna niña modesta, de seguro le habréis visto fruncir el noble +entrecejo, alargar el labio inferior en testimonio de desdén y dejar +caer estas o semejantes palabras: + +--¡Pero, hombre, que siempre te has de fijar en estas cursilillas de +media tostada! + +Efectivamente, tengo esa desgracia. Lo mismo me pasa con las flores: la +rosa y el clavel, las más cursilonas de la jardinería, son las que más +me gustan. Pero no soy el único. Antes que yo el doctor Fausto fue +decidido partidario de las cursis y por ellas vendió su alma al diablo. +Los abonados al paraíso del Teatro Real saben muy bien que cuando +Gayarre en el primer acto _brama_ con voz atiplada la _giovinezza_, es +con el objeto exclusivo de ir a decir ternezas a Margarita en el +tercero. ¿Y quién era Margarita? Una muchacha que hilaba, barría, lavaba +la ropa de sus hermanos y paseaba los domingos por Recoletos. Pues eso +es precisamente lo que le seduce a Gayarre, y bien se le conoce cuando +se queda tan abrazadito con ella al tiempo de caer el telón y suelta +aquellas feroces carcajadas el artista mallorquín señor Uetam. + +En general, bien se puede decir que Goethe no ha amado ni pintado más +que cursis. Margarita, Federica Brion, Carlota, Lilí, Olimpia, eran +mujeres muy bonitas, pero absolutamente incapaces de molestar con su +charla desde las plateas del teatro Real a los abonados de las butacas, +los cuales, si no oyen la ópera en paz, en cambio tienen el honor de ser +molestados por alguna dama ilustre, descendiente de los guerreros de la +reconquista. + +Tengo la seguridad, pues, de que Goethe se hubiera paseado los domingos +por Recoletos. Esto le habría enajenado las simpatías de los salones (si +es que los salones pueden tener simpatías) y le colocaría en el concepto +de los nobles sietemesinos (si es que los sietemesinos pueden tener +concepto) muy por bajo del señor Grilo. Yo creo que ha hecho muy bien en +vivir en la corte de Weimar donde tales flaquezas se perdonaban +fácilmente. + +Y para terminar con el paseo de Recoletos. Ahora en la estación +primaveral queda cubierto por una bóveda de follaje que le presta +frescura y belleza. Cualquier ciudadano pacífico, incluso los poetas +líricos, puede pasar un rato agradable viendo desfilar una muchedumbre +de Margaritas rubias y morenas con las cuales se pudieran empezar +novelas tan amenas, si no tan famosas, como la de Fausto. Además, en el +centro del paseo hay un estanquillo. + + + + +LA CASTELLANA + + +La acera de Recoletos termina en la plaza de Colón. A la derecha se +encuentra la casa donde se fabrican las pocas pesetas buenas que hay en +España. A la izquierda está la que proporciona las pocas novelas bellas; +la casa de D. Benito Pérez Galdós. Todos los españoles saben lo primero: +muy pocos somos los que tenemos noticia de lo segundo. Pero los que lo +sabemos--dicho sea para nuestra honra y prez--solemos mirar con más +atención a la izquierda que a la derecha. Al cabo, las monedas que se +fabrican en aquel gran edificio de ladrillos irán como esclavas sumisas +a procurar deleites a los poderosos, a halagar sus torpes pasiones y sus +vicios, mientras las novelas que se escriben en aquel alto y silencioso +despacho, vendrán a posarse delante de nuestros ojos dándonos algunos +instantes de placer honrado, elevando nuestro espíritu y +esclareciéndolo. + +La inmensa mayoría, casi la totalidad de los hombres, guarda +consideración y respeto a los ricos sólo por el hecho de serlo. Los +grandes escritores sólo lo infunden cuando ejercen un cargo oficial. Y, +no obstante, el rico es un hombre que trabaja y se afana únicamente para +proporcionarse goces, de los cuales no nos hace, bien seguro, +partícipes, mientras el escritor se priva de los suyos, gasta sus +fuerzas, enferma del estómago o la cabeza y acorta su vida para +procurarnos deleite y cultura. Después, se da por satisfecho con un +estipendio parecido al de un albañil y con que le digamos: «¡Amigo, qué +bonito libro ha escrito usted!» + +El paseo de la Castellana, que sigue a la plaza de Colón, consiste en +una amplia carretera para los caballeros y dos caminos estrechos a los +lados para los peones. Hace unos cuantos años estaba concurridísimo por +las tardes: la carretera se henchía de carruajes y los caminos de gente +distinguida y ordinaria. Hoy apenas va nadie hacia allí porque está a +la moda el Retiro. Sin embargo, bien puede asegurarse sin temor a +engaño, que llegará un día en que la Castellana recobre su antiguo +esplendor: al cabo de los años mil, vuelven los coches por donde solían +ir. + +En los buenos tiempos de la Castellana observábase un fenómeno que +atestigua bien claramente de la exquisita delicadeza de sentimientos que +suele existir en nuestra sociedad distinguida. Como no había gente +bastante para llenar los dos caminos que ciñen la carretera, acaecía que +el paseo se fijaba en uno de ellos. Pues bien, las jóvenes distinguidas +no pudiendo soportar, como es natural, el contacto de otras jóvenes +menos distinguidas, empezaban a desertar del paseo acostumbrado yéndose +por pelotones al otro camino. Desde allí, irguiendo la noble cabeza, +miraban, al través de la red de carruajes, desfilar a sus enemigas +naturales por el paseo de enfrente. Que en esta mirada se advertía un +soberano desdén no hay para qué decirlo, y que este desdén se hallaba +perfectamente justificado, tampoco creo necesario demostrarlo. ¿Cómo ha +de sufrir con paciencia, verbigracia, la hija de un auxiliar de la clase +de primeros, que la de uno de la clase de cuartos pasee y disfrute de la +vista del mundo en el mismo paraje que ella? Claro está que todos somos +hermanos, pero no hay más remedio que atender un poco a los escalafones +que de vez en cuando publica el ministerio de la Gobernación, pues para +algo se publican. Además, este deseo de separarse de la muchedumbre y +del vulgo, señala en quien lo siente un espíritu fino y superior y +temperamento aristocrático. + +Sucedía, no obstante, que este temperamento o abundaba en demasía o se +falsificaba, como todas las cosas buenas, pues es lo cierto que unas +tras otras, con más o menos disimulo, todas las niñas del camino +despreciado se iban pasando al camino despreciador, quedando aquél al +cabo de algún tiempo totalmente desierto. Entonces las jóvenes del +verdadero y genuino temperamento aristocrático se comunicaban, no sé en +qué forma, sus impresiones dolorosas, y una tarde, cuando menos se +pensaba, enderezaban el paso, arrastradas por altos sentimientos, al +camino abandonado, donde permanecían hasta que de nuevo se veían +molestadas y tornaban a ejecutar graciosamente la idéntica maniobra. +Cuando la Castellana vuelva a ser lo que antes, el paseo más concurrido +de Madrid, confiamos en que se repetirá este fenómeno consolador hijo de +una noble altivez, sin la cual no es posible el refinamiento de las +costumbres ni el progreso de los pueblos. + +Aunque solitario, o porque lo esté quizá, el paseo no deja de ofrecer +atractivos, sobre todo para los melancólicos. No es frondoso y quebrado +como el Retiro, ni presenta variación de ninguna clase; es una línea +recta que se prolonga indefinidamente con cierta severidad clásica y +municipal convidando a los graves y tranquilos sentimientos. La línea +recta tiene también sus encantos, por más que yo prefiera la curva, como +ya he tenido el honor de decir en tres distintas ocasiones. De noche, +las dos hileras de faroles colocadas a entrambos lados de la carretera, +ofrecen una perspectiva muy bella: son dos cintas paralelas y luminosas +que van a perderse en un fondo oscuro, donde una imaginación viva puede +forjar, selvas dilatadas, abismos inmensurables o un desierto poblado de +monstruos. No sé hasta qué punto la comisión de alumbrado público ha +hecho bien en buscar este nuevo aliciente para excitar la fantasía del +vecindario. Sin embargo, fuerza es confesar que en esta ocasión ha +sabido herirla de un modo delicado y útil, revelando lo infinito por +medio de una misteriosa e indefinida sucesión de faroles. + +Adornando los flancos del paseo, álzanse un número considerable de +hoteles y palacios de formas muy diversas, no siempre bellas, aunque sí +caprichosas. Nuestros banqueros y contratistas de obras públicas no +queriendo, como es natural, pagar tributo a lo prosaico de las +construcciones modernas, han solicitado el concurso de las edades más +poéticas de la humanidad y de las comarcas más pintorescas para levantar +sus viviendas suntuosas. Se encuentran allí, a poca distancia unos de +otros, palacios egipcios, árabes, asirios, babilónicos, gallegos y +catalanes. Por regla general están rodeados de jardines que la +naturaleza, secundada eficazmente por las mangas de riego, ha poblado de +flores y verdor. He pasado muchas veces por allí y jamás he visto a +nadie disfrutando de su amenidad, salvo los pájaros. Las ventanas de los +palacios tienen las persianas echadas y reina tal silencio en sus +inmediaciones, que cualquiera los creería deshabitados. Esto contribuye +a despertar en la imaginación de los paseantes recuerdos o sueños +romancescos. Aquellos palacios deben de guardar seres bellos y felices +que se alejan del ruido de la corte a fin de paladear con más +tranquilidad su dicha. El amor debe de ser el dios a quien se rinde +culto en tales nidos tibios y suntuosos. Algunas veces al través de sus +persianas he oído los dulces acordes de un piano. ¡Cuántas cosas bellas +cruzaron entonces por mi mente! ¡Cuántas novelas interesantes se me +presentaron de improviso! + +Una mañana de primavera, impresionado por la reciente lectura de cierta +novela de Octavio Feuillet, iba paseando distraído por aquellos +silenciosos lugares gozando de la frescura y aroma de los árboles y de +la grata soledad que allí imperaba. De pronto, al pasar por delante de +uno de los palacios, creí percibir rumor de voces en el jardín. Al fin +sorprendo a la enamorada pareja de este nido, me dije sonriendo; y con +el corazón agitado y el paso cauteloso, me acerco a la verja revestida +de una espesa cortina de madreselva y aplico el oído. Detrás del muro de +verdura dos voces poco argentinas disputaban acaloradamente sobre el +proyecto de conversión de la deuda. + +Más allá de la Castellana se tropieza con el Hipódromo. Quisiera decir +algunas palabras acerca del Hipódromo, pero creo que aún no ha llegado +la época de juzgar con verdadera imparcialidad esta nueva institución. +Las grandes reformas necesitan algunos años para desenvolverse y dar el +fruto que el legislador ha buscado. Juzgando hoy aquélla, temo incurrir +en errores y apasionamientos, de los cuales me arrepentiría ya tarde. + + + + +LOS MOSQUITOS LÍRICOS + + + + +I + + +Emilio Zola sostiene que los poetas líricos de ahora son pajaritos que +cantan en el árbol de Víctor Hugo. Es la pura verdad. Carduci, Núñez de +Arce, Copee, Sully Prudhome, Campoamor y otros pocos no hacen más que +glosar con dulzura el canto sublime del titán del siglo XIX, reflejar la +luz gloriosa del astro que se está acostando entre vivas y esplendorosas +llamaradas. + +Los grandes poetas gozan el privilegio de fundar ciclos donde van a +reunirse los que cierta misteriosa simpatía y una evidente semejanza en +la manera de sentir y pensar arrastra hacia ellos. Sin remontarnos a +tiempos antiguos, y fijándonos solamente en la época moderna, saltan a +la vista ejemplos. Ahí está Goethe con su brillante falange de poetas +alegres, serenos, razonadores y sensibles. Ahí está Byron con su +numeroso cortejo de desgraciados, a quienes el mundo no comprende, almas +doloridas, corazones que destilan sangre y versos lacrimosos. Y por +último, vivo está todavía, por dicha nuestra, el egregio autor de las +_Orientales_ y la _Hojas de Otoño_, y viva también una gran parte de sus +discípulos, cuyos trinos y gorjeos escucha el mundo con placer. + +Ni quiere decir esto que la circunstancia de estar comprendidos en un +ciclo, prive a los poetas de originalidad. No hablamos aquí, ni valiera +la pena de que hablásemos, de aquellos que rastrean servilmente la pista +del maestro para posar sus pies en las huellas que va dejando, porque no +merecen los tales nombre de poetas. Hacemos referencia tan sólo a los +que, recibiendo impulso y dirección de algún ingenio extraordinario, +caminan solos y sin andadores, representando cada cual dentro del ciclo +un brillante color de los muchos en que la luz de la poesía puede +descomponerse. Los que hemos citado más arriba pertenecen a ese número. +Son poetas, por privilegio, de nacimiento, pero han nacido bajo la +influencia de un astro que aún resplandece sobre el horizonte, y no +pueden sustraerse a ella. Esto no les quita ningún mérito. Todos los +objetos hermosos que existen en el mundo necesitan absolutamente la luz +del sol, y, sin embargo, ¿quién se acuerda de éste al contemplar su +belleza? Además, en el firmamento las estrellas con luz refleja aparecen +tan bellas como las que la tienen propia. Algunas veces, cuando los +astros de primera magnitud brillan muy lejos, no ostentan tanta +hermosura como otros más pequeños y cercanos; bien así como tal o cual +poeta de la antigüedad, con ser mucho más grande, no nos produce la +impresión viva y profunda que otros modernos de importancia secundaria, +pero que participan de nuestra manera de sentir y pensar, y la +reflejan. + +Adviértase también que los ingenios extraordinarios que comunican +movimiento y señalan derrotero a un período literario, los que Juan +Pablo Richter denomina _genios activos_, son o han sido muy pocos en el +mundo. La mayor parte de los poetas que admiramos y nos deleitan +pertenecen a la categoría de los que el mismo crítico llama _genios +pasivos_, si bien, a nuestro entender, incluye en este número a algunos +que merecen ser colocados entre los primeros, como Rousseau y Schiller. + +Dejemos, pues, sentado que nos gustan todos los pájaros, ruiseñores, +canarios, malvises y jilgueros que cantan en el árbol de que nos habla +Zola. ¡Ojalá nos fuera permitido pasar la vida reclinados dulcemente +bajo su frondosa copa escuchándolos! Pero todo el mundo se empeña en +aconsejarle a uno que trabaje. Apenas nos distraemos un poquito con sus +gorjeos, cuando nos dice la voz de cualquier fiscal municipal o jefe de +sección: «¡Hola! ¿Versitos, eh? ¡Vaya una gana que tiene V. de perder el +tiempo!» + +Y no es eso lo peor. Debajo del árbol no se disfruta tampoco la paz y +sosiego necesarios. Los mosquitos y moscones, las arañas, los cínifes y +bichos de todo linaje no dejan un instante de atormentarle a uno con su +zumbido cuando no con sus pinchazos. Excuso decir que me refiero a la +nube de poetastros de todos sexos, edades y condiciones que, para +escarmiento de pícaros, existe en la capital. + + + + +II + + +Voy a hablar de algunos de nuestros mosquitos más distinguidos. Conviene +de vez en cuando sacudirse las moscas. Divídense en cuatro grandes +familias a cual más perversa y endemoniada. La primera es la de los +mosquitos _sentimentales_, que son los de apariencia más inofensiva, +aunque en realidad haya motivo para guardarse bien de ellos. Tienen un +zumbido dulce y quejumbroso, que al principio no molesta gran cosa, pero +que llega a hacerse insoportable. De estos mosquitos, algunos empiezan a +disgustarse de la vida así que entran a cursar la segunda enseñanza; +salen generalmente suspensos en los exámenes, reciben innumerables +coscorrones del jefe de la familia y se enamoran perdidamente y en +secreto de una mujer de treinta años. Hasta aquí sus estragos no pasan +del círculo de la familia; mas al llegar a los diez y seis años +comienzan a hacer coplas amargas como la hiel, inspiradas por lo común +en _La desesperación de Espronceda_, un estúpido y obsceno poema +fabricado por algún estudiante de medicina para deshonrar el nombre del +ilustre poeta. Estas coplas se escriben con lápiz mientras los papás se +figuran que está allá en su cuarto enfrascado en el estudio, y sólo son +admiradas de algún amigo discreto que recíprocamente presenta a su +admiración otras coplas no menos amargas. Tal vez que otra estas coplas, +que ruedan por los bolsillos de los pantalones hasta que se pudren, caen +en manos de la mamá al tiempo de coser o acepillar la ropa: la mamá, +claro es, no sabe lo que aquello significa, pero corre a mostrárselo al +papá, ¡y aquí fue Troya! Éste considera a su hijo sumido en un piélago +de liviandades, se pone lívido, lanza profundos suspiros de congoja, y +después de un enérgico discurso, encierra al culpable bajo llave +durante ocho días. La mamá, más dispuesta como mujer a los sentimientos +dulces, acude a la religión y le lleva a confesar con un sabio jesuita, +no sin que el joven poeta proteste sordamente, pues ya han huido de su +atormentado espíritu las consoladoras creencias de los primeros años. +Aunque pide perdón a su mamá y le promete no volver a escribir +_porquerías_, el mosquito sentimental no puede prescindir de continuar +zumbando a escondidas de su familia: las persecuciones, lejos de +abatirle, encienden más y más el horno de su inspiración y le acaban de +persuadir de que la copa de la vida está llena hasta los bordes de +cierto licor ponzoñoso, y que él se encuentra obligado a apurarla hasta +las heces. Un periódico semanal de la población se encarga de comunicar +este su convencimiento al público, expresado en términos solemnes, +aunque sin gramática. Desde esta fecha, nuestro mosquito comienza a +gozar de una envidiable reputación que se extiende como mancha de aceite +por toda la provincia. + +No obstante, por más que la opinión favorable de sus paisanos sea un +bálsamo precioso para cicatrizar las heridas del corazón, todavía no +está satisfecho y medita seriamente un día y otro en venir a zumbar a +Madrid, a fin de que se le oiga en todos los ámbitos de la península. El +papá, que ya se va convenciendo de que su hijo, aunque haya salido +suspenso en la mayor parte de las asignaturas, llegará a ser hombre +célebre, consiente en hacer un sacrificio. Ya le tenemos en la Corte. A +los cuatro meses justos publica una composición en cierta revista +literaria; a los quince días otra, a los quince días otra, y así +sucesivamente sigue zumbando periódicamente durante dos años. Al fin se +decide a coleccionar sus poesías en un tomo. El papá vende una finca y +le remite dinero. Pide un prólogo a Cañete, y este señor, que jamás se +niega a tales cosas, dice al frente del libro en lenguaje castizo que +hay en él composiciones muy lindas, y las cita; que el autor muestra por +lo general mucha «elegancia, donaire y estro», y que el joven mosquito, +si no se desgracia, llegará a ser un moscón insigne. Desgraciadamente, +esta profecía permanece guardada como santa reliquia en el almacén de +algún librero que ha aceptado el tomo _en comisión_. Transcurren meses +sin que ningún humano venga en demanda del tomo de _Preludios_ (estos +mosquitos casi siempre ponen a sus zumbidos algún nombre musical: +preludios, arpegios, acordes, calderones, etc.), hasta que el librero se +cansa de tener tanto papel inútil en el almacén y decide volvérselo a su +dueño o comprarlo al peso. Esta es una de las soluciones. Otra consiste +en que D. Modesto Fernández y González interponga su influencia para que +el Ministerio de Fomento le tome quinientos ejemplares con destino a las +bibliotecas públicas. Los súbditos españoles que las frecuentan no +podrán menos de agradecer al Ministro el interés con que mira el cultivo +de sus facultades imaginativas: todos los años les remite algunos miles +de quintales de ternezas rimadas. + +De todos modos, la falta de dinero es una de las causas primeras de +mortandad en la familia de los mosquitos sentimentales. Los que +consiguen sobrevivir a tal causa y llegan a dar una velada en el Ateneo +de Madrid, están salvados. El Ateneo es para los mosquitos el oxígeno. +Cuando alguno anda alicaído, asfixiado por la indiferencia del público y +a medio morir, no tiene más que venir a leer ante esta docta +corporación, y se le verá inmediatamente revolotear lleno de vida y +alegría. El Ateneo, en achaque de versos, es de una potencia digestiva +superior a la de los tiburones y avestruces. Los botones de metal y los +pedazos de vidrio que dicen que estos animales digieren, no son nada +comparados con los versos que yo he visto tragar en el Ateneo; un padre +cariñoso no haría más por su hijo que lo que suele hacer este cuerpo +docente por los mosquitos de que acabo de hablar. + + + + +III + + +Otra de las grandes familias en que se divide la especie de los +mosquitos líricos, es la de los _filósofos_ o _trascendentales_. No +tiene la misma fuerza reproductiva, y por consecuencia no es tan +numerosa, pero en cambio es infinitamente más devastadora. El mosquito +filosófico suele leer mucho, y está, por lo general, bastante enterado +de las literaturas extranjeras; apunta cuidadosamente en un libro de +memorias las frases brillantes y los pensamientos profundos y esmalta +con ellos sus híbridos engendros; no es partidario del arte por el arte, +ni gusta de la literatura frívola que sólo aspira a conmover y recrear; +de las tres dimensiones de los cuerpos, longitud, latitud y +profundidad, no admite más que la última. Es mucho más objetivo que sus +colegas los sentimentales, y aun cuando manifiesta tendencias muy +marcadas hacia el pesimismo, no llega a él por el camino puramente +subjetivo y personal de aquéllos sino mediante el estudio reflexivo de +los fenómenos y las leyes, por lo cual su pesimismo es siempre más +lúgubre, más desgarrador, como que es el resultado lógico de un sistema, +de un vasto y profundo concepto de la existencia. Desde niño se observa +en él gran amor a lo general y mucho desdén por lo particular. Estas +nobles aficiones le han perdido a menudo en los exámenes durante la +segunda enseñanza: se empeñaba en contestarlo todo _a ratione_ y en +resolver las más arduas cuestiones de plano y según le dictaba su alto +entendimiento. En historia natural salió suspenso, porque habiéndole +preguntado las clasificaciones, contestó que él no admitía +clasificaciones en la naturaleza, que el mundo debía considerarse +siempre en su unidad indivisible y permanente, y que todas las +clasificaciones estaban sujetas a cambios incesantes, según los +progresos que se hicieran en el estudio de la materia. Los profesores +de instituto (salvo honrosas excepciones), son más dados a lo temporal +que a lo permanente, y el mosquito filósofo padece por esta causa muchos +vejámenes en los albores de la vida. + +Después de formada su opinión en lo que atañe a la existencia, al amor, +a la religión, a la muerte, etc., etc., nuestro mosquito adopta la +manera que le parece más interesante para zumbarla al oído del público. +Unas veces se presenta con un escepticismo risueño y paradójico que +parece decir a los lectores: «Yo no creo en nada, ni en Dios, ni en los +hombres, ni en la madre que me parió, pero me gusta aprovecharme de las +cosas buenas que en el mundo nos encontramos, como el amor, los buenos +vinos, los paisajes bonitos, etcétera, etc., y vamos viviendo.» Su +maestro es Campoamor, a quien imita no tan sólo en el pensamiento sino +en la frase, expresando las ideas elevadas y abstrusas en forma llana y +corriente, y así como el ilustre poeta, también él desciende a los +pormenores vulgares de la existencia y se complace en describir lo +pequeño e insignificante. + + «Yo no voy a la escuela + aunque me pegue mi señora abuela.» + +¡Qué sobriedad tan encantadora! ¡Qué amable sencillez se advierte en +esta y en otras frases que se encuentran esparcidas por una muchedumbre +de poemas no bastante apreciados del público! + +Otras veces prefiere envolver sus vastas concepciones poéticas y +metafísicas, en un misterioso simbolismo atestado de laberintos. Su +modelo entonces es el _Fausto_ de Goethe, o el _Manfredo_ de Byron. Pasa +unos cuantos años escribiendo un grandioso poema, del cual lee solamente +de vez en cuando, en Academias y Ateneos algunos fragmentos que dejan en +suspensión y espanto el ánimo de algunos amigos. En este poema todos los +seres animados o inanimados del universo expresan su opinión acerca del +misterio de la existencia; y de la suma de estas ideas se propone el +autor que resulte la clave de todo. Las diversas opiniones se expresan +en el poema del mosquito filósofo por medio de voces que van +sucesivamente gritando por las páginas del libro. Cuanto existe y cuanto +ha existido tiene voz y voto en el poema: la _voz de la esclavitud, la +voz de la libertad, la voz de las ciudades, la voz de los campos, la voz +de la iglesia, la voz de la administración, la voz de los colegios +electorales, la voz de los tribunales colegiados, la voz de los +edificios del Estado_, etc., etc. Pero las cosas mejores las dice +siempre _una voz_ anónima, que debe de ser la del autor. De todo ello +resulta que la vida es un lazo insidioso que nos ha tendido una voluntad +perversa, y que para vencer a esta voluntad no hay otro medio que el +suicidio, el suicidio de la humanidad entera. + +A pesar de estas lúgubres y espantosas conclusiones, y del pesimismo que +mina su preciosa existencia, el mosquito filósofo gusta extremadamente +de que _El Imparcial_ y _El Globo_ digan en su hoja literaria que zumba +con corrección y elegancia. + +Viene después la familia de los _legendarios_, que estaba a punto de +desaparecer de la fauna, y que merced a ciertos trabajos misteriosos de +la naturaleza poderosamente secundada por la sección de literatura del +Ateneo de Madrid, ha vuelto a cobrar vida en estos últimos años. + +Los legendarios aborrecen la edad moderna y desprecian la antigua. La +única época histórica que les seduce es la comprendida entre la +irrupción de los bárbaros y el Renacimiento. Dentro de esta época la +institución que despierta en su juvenil fantasía mayor copia de romances +octosílabos y endecasílabos, es el feudalismo. El mosquito _legendario_ +no comprende cómo se puede vivir sin almenas, sin alfanjes, puentes +levadizos, cascos y cimitarras. El amor no tiene atractivo para él, sino +cuando la dama aguarda toda la noche a su galán en una ventana del +castillo, sin miedo a catarros ni a reumatismos, y el galán despacha al +otro barrio media docena de deudos para llegar hasta ella. Los combates, +las emboscadas, los asaltos, los pisos que se hunden para sumirle a uno +en profunda mazmorra, los fosos, los despeñaderos, etc., etc., son las +únicas cosas que entusiasman a nuestro mosquito. En su concepto, no se +puede vivir a gusto, sino con el alma en un hilo. Sus poemas, por +consiguiente, están saturados de aquellos elementos que admiten muchas y +variadas combinaciones, según puede verse en las infinitas leyendas que +los lectores habrán, sin duda, oído recitar en su vida. + +El argumento es lo único permanente o inalterable en estas leyendas; un +amor desgraciado por la enemistad tradicional de los papás de los +novios; dos señores feudales de cortos alcances y que padecen de +atrabilis; los chicos que no se resignan a ser desgraciados y continúan +sus relaciones hasta que una noche los sorprenden juntos y les arman un +belén; el padre de la niña que encierra a su presunto yerno en una +mazmorra, y le tiene a pan y agua sujeto con cadenas; el novio que se +escapa ayudado por la niña, y viene después con su mesnada a dar un +asalto a su suegro; rapto de la novia; el papá suegro que no se resigna, +arma su mesnada y va a dar otro asalto a su yerno y le lleva la novia; +el yerno, que tiene muy malas pulgas y arma de nuevo su mesnada y vuelve +a robar la chica, etc., etc. Los asaltos se prolongan hasta que la +novia, fatigada de tanto trasiego de un castillo a otro, se decide a +espirar. + +Con este sencillo argumento, que muchos años de uso han consagrado, +lograron triunfos imperecederos una muchedumbre de mosquitos, cuyos +nombres guardará tan cuidadosamente la historia, que nadie los +averiguará jamás. Dentro de él caben infinitas combinaciones, bellas e +interesantes, según el número y distribución de los asaltos y lo +sangriento de la lucha; según la calidad del novio, que puede ser +caballero y trovador o caballero solamente; el carácter del paisaje, que +puede estar cerca del oceano o en lo interior de la sierra; el corcel +del amante, que puede ser blanco, negro o alazán, etc., etc. De todos +modos, yo aconsejo a los jóvenes líricos que no se aventuren por ninguna +consideración a cambiarlo, pues al romper con los usos establecidos se +corre grave peligro, y no en vano está sancionado desde tiempo +inmemorial por cien generaciones de mosquitos. + +Por último, hablaré del mosquito _clásico_. Lleva la ventaja a sus +compañeros de que ha estudiado regularmente la segunda enseñanza y +conoce la retórica de Hermosilla. Ha obtenido siete escribanías de plata +en otros tantos certámenes poéticos abiertos en varias provincias de +España, y en todas partes se han hecho lenguas de su _forma_, que los +periódicos califican constantemente de gallarda. Como es natural, +desprecia profundamente el fondo, en el cual no ha brillado ni brillará, +y admira en primer término, tratándose de poesía, la paciencia, que es +la facultad que todo clásico debe cultivar con predilección. Así que, +cuando habla de alguna composición poética, nunca se mete a averiguar si +es elevada o rastrera, original o vulgar, si tiene o no tiene +inspiración: lo único que aprecia en ella es si está o no está _bien +trabajada_. No puede ver a un buen ebanista dando los últimos toques a +una cómoda sin exclamar para sus adentros: ¡Qué lástima de poeta! + +Por lo general viene a Madrid recomendado a D. Aureliano Fernández +Guerra o a Barrantes, a quienes admira de buena o de mala fe, que eso +no importa, y les lee unos cuantos sáficos adónicos y algunas +espinelitas: los académicos se dignan decirle que es muy «donoso y +maleante», y que sus composiciones están llenas de «sentencias briosas y +sales irónicas». Abroquelado con este juicio nuestro mosquito, da +algunas lecturas en la Juventud Católica y publica varios fragmentos en +_La defensa de la Sociedad_, hasta que, por consejo de sus amigos +académicos, deja repentinamente de zumbar. Escribiendo y publicando no +se va a ninguna parte. Para que un literato alcance respetabilidad y +obtenga la admiración de la gente, es condición ineludible que no +escriba poco ni mucho. + +Entonces el mosquito clásico se dedica a despellejar a Echegaray, a +Castelar, a Pérez Galdós, y en general a los escritores que son leídos y +aplaudidos. Al mismo tiempo se deshace en elogios de todo lo ñoño, pobre +y ridículo que se publica o se representa, con lo cual satisface sus +instintos y a la vez regocija a los astros literarios que le iluminan en +su carrera. + +Es el peor intencionado de los mosquitos que hemos estudiado, y por eso +es el único que tiene buen paradero. Sus compañeros arrastran una vida +miserable y triste; o vuelven a vegetar a su pueblo, o se distribuyen +por los ministerios de auxiliares y escribientes, o entran de factores +en alguna compañía de ferrocarriles, o mueren en el hospital. Pero el +mosquito clásico ¡ni por pienso! Ahí están sus protectores, que le hacen +archivero-bibliotecario, o le dan una comisión lucrativa en país +extranjero, o le ayudan a salir diputado y a ser director general y +ministro. Después de algunos años de mantenerse firme en no escribir, de +frecuentar los salones aristocráticos y de despellejar sin piedad a +cualquier escritor que muestre talento y fantasía poco comunes, el +mosquito clásico como recompensa de su brillante campaña, es conducido +en triunfo a la Academia de la Lengua. Que a todos mis lectores deseo. +Amén. + + + + +EL ÚLTIMO BOHEMIO + + +No hace todavía dos años que pasando por la Carrera de San Jerónimo di +con un amigo periodista, que me dijo al tiempo de saludarme:--Vaya usted +por la calle de Sevilla y verá V. a Pelayo del Castillo acostado en la +acera. + +Había oído hablar muchísimo de este personaje y tenía la cabeza llena de +sus extravagancias y proezas tabernarias: había visto en los teatros una +pieza suya titulada _El que nace para ochavo_, no desprovista +enteramente de gracia: no quise, pues, perder la ocasión de conocerle. A +los pocos pasos encontré a Urbano González Serrano, conocido seguramente +de todos mis lectores, y le invité a venir conmigo, lo que aceptó con +gusto. Ambos nos dirigimos al lugar que me habían designado, o sea, la +acera de la calle de Sevilla colocada en el sitio de los recientes +derribos, donde tumbado boca arriba, con la cabeza apoyada en una piedra +y expuesto a los rigores del sol, vimos a un mendigo sucio y +desarrapado. ¡Cómo se nos había de ocurrir que aquel hombre fuese Pelayo +del Castillo! Tenía la cabeza enteramente descubierta y llena de greñas, +el rostro encendido, el cuerpo envuelto en un andrajo que parecía el +residuo de una capa, los pies metidos en dos cosas asquerosas que en +otro tiempo habían sido alpargatas. + +Todo nos volvíamos mirar a un lado y a otro explorando la calle en busca +de nuestro literato, sin lograr hallarle. Al fin nuestros ojos se +encontraron y le pregunté recelosamente designando al mendigo: + +--¿Será ese? + +--¡Imposible!--replicó Serrano. + +No obstante, en la frente de aquel hombre había algo que no suele verse +en las de los braceros; era una frente degradada, pero era una frente +donde se había pensado. Insistí en que lo averiguásemos, y acercándonos +a él, Serrano le sacudió levemente: + +--Oiga V..... ¿es V. D. Pelayo del Castillo? + +El mendigo se incorporó lentamente y restregándose los ojos y +abriéndolos con dificultad a causa de la gran irritación de los +párpados, contestó mal humorado: + +--No señor, yo no soy ese Pelayo del Castillo. + +Serrano se quedó un instante suspenso. Los dos comprendimos, sin +embargo, que era él. + +--¿De veras no es V. Pelayo del Castillo? + +--No señor. + +Después de comunicarnos en voz baja nuestra opinión contraria, sacamos +cada cual una moneda del bolsillo. + +--Tome V. + +--No señor--repuso rechazándolas con la mano y el gesto--yo no puedo +aceptar eso..... yo no les conozco a ustedes. + +--Somos dos aficionados a las letras; tome V. + +Con algún trabajo hicimos que al fin las aceptase. Levantando entonces +la cabeza que tenía doblada sobre el pecho, nos preguntó. + +--¿A quién debo dar las gracias?... + +--Nuestros nombres no importan nada: somos dos amigos de la literatura: +quede V. con Dios. + +Y nos alejamos apresuradamente mientras él repetía esforzando la voz. + +--Gracias, caballeros... yo quisiera saber... + +A los pocos pasos volví la cara. Estaba mirando las monedas. Al verle de +aquella suerte, sentado en el suelo, cubierto de andrajos y la cabeza +desnuda al sol, me sentí conmovido. ¡Será posible que ese desdichado sea +un literato; que haya escuchado los aplausos del público y alternado con +los hombres más distinguidos de España! Y en aquel instante se me +ocurrió escribir algo acerca del estado en que se hallan los literatos y +artistas en nuestra nación. Celebro no haberlo hecho, porque desde +entonces hasta ahora se han modificado bastante mis opiniones en este +asunto. + +Impresionado por el espectáculo que acababa de presenciar, no pude menos +de dirigir _in mente_ amargas recriminaciones a la patria que deja +perecer de hambre a todo el que se dedica al cultivo de las letras y las +artes y ensalza y pone sobre su cabeza a cualquier necio que se engolfa +en la política sin más equipaje que su desvergüenza. Algo, y aun mucho +de esto, es verdad; pero no es toda la verdad. Para resolver un problema +es necesario examinarlo en todos sus aspectos. + +Primeramente, la nuestra, es una nación de diez y seis millones de +habitantes: por lo mismo, es absurdo pretender que el literato que vive +del público, sea aquí remunerado como en Francia o Inglaterra, donde la +población es más del doble. A más de ser el número de lectores menor en +absoluto, lo es también relativamente: si en Francia leen diez por cada +ciento, en España no lee siquiera uno, entre otras razones, porque no +saben, y es fuerza, por lo tanto, que este uno o este medio por ciento +eche sobre sus hombros la carga de alimentar a todos los que con razón o +sin ella nos dedicamos a escribir para el público. Harto hace, a mi +entender, con ayudarnos a vivir modestamente: no le pidamos hoteles, +coches y alfombras como en Francia o Inglaterra porque no puede +dárnoslos. + +Claro es que el número insignificante de lectores depende del atraso del +país, del detestable gobierno que nos ha regido, nos rige y nos regirá, +de la influencia venenosa de la política y de otras mil causas +enumeradas a la continua en libros y en periódicos. Aquí está la parte +de culpa de la nación, que realmente no es menuda. + +Mas también los artistas y literatos ayudan con su conducta al estado +miserable en que se hallan. En España se ha entendido hasta ahora que el +poeta o el artista es un ser mitad humano mitad angélico a quien no +sientan bien los deberes y hábitos exigidos a los demás hombres. Todo +hombre debe trabajar para ganarse el sustento; pues el literato no. Todo +hombre debe ser previsor y separar de lo que gana una parte para mañana; +pues el literato está exento de tal carga. Pasar la vida holgando y +tomar la pluma en los momentos de inspiración (que no suelen venir +precisamente cuando se está ayuno); vender los productos del ingenio al +primer editor usurero con quien se tropieza; gastarse el dinero +alegremente en un día y pasar el resto del mes viviendo del crédito, si +es que lo hay; tal ha sido hasta la fecha el proceder de la mayor parte +de nuestros literatos. En algo se han de distinguir los seres inspirados +de los que no lo son. + +Y si esta era la conducta de los grandes ingenios, de los hombres más +eminentes, calcúlese cuál sería la de los adocenados, los que no +pudiendo elevarse hasta ellos por la belleza de las obras imitan su vida +exterior y hasta pretenden oscurecerla (y a veces lo consiguen) por +medio de enormes extravagancias y atrocidades. Hubo una época en que la +bohemia invadió toda la literatura. Para ser literato era preciso no +sólo ser un perdulario sino afectarlo; vivir a la ventura, no pagar a la +patrona (este era el artículo primero del código bohemio), dormir +algunas veces al aire libre, rodar noche y día por los cafés, pedir +dinero a todo el mundo con resolución de no devolverlo, ponerse las +camisas y las botas de los amigos, _dar mico_ al sastre, jugar, +emborracharse, etc., etc. Los que tenían gracia solían emplearla en +estas cosas y se hacían célebres. Todavía se cuentan con entusiasmo las +pasadas que a sus patronas, sastres y zapateros han jugado algunos +escritores de menor cuantía, y hay quien les admira por ellas más que +por sus obras: quizá tengan razón, porque estos literatos tan chistosos +para no pagar, no solían serlo tanto para escribir. + +De la falange de los bohemios, que repito comprende la mayor parte de +los escritores que han parecido de treinta o cuarenta años a esta parte, +algunos, muy pocos por supuesto, han conseguido inmortalizarse con sus +escritos; otros abandonando la literatura se han hecho personas formales +y han entrado en la política o los negocios: éstos son los que mejor han +librado; pero uno que otro, o más viciosos o más soberbios o menos aptos +han persistido con extraña tenacidad en su vida aventurera y en sus +costumbres abyectas que los han conducido rápidamente a un abismo de +degradación. El representante genuino de estos últimos, el más +empedernido, el que gozaba de más notoriedad era Pelayo del Castillo, +fallecido recientemente en el hospital. Este desgraciado fue víctima de +su indolencia y de sus vicios, pero en parte también de las ideas +dominantes en su tiempo acerca del papel que en el mundo debe el +literato representar. Si en vez de celebrarse como chistes los vicios, +el desaseo, la desvergüenza y el desarreglo de las costumbres, se +consideraran como graves y repugnantes defectos, ni éste ni otros +desdichados hubiesen llegado a tal extremo de miseria. Nada hay tan +funesto como presentar al hombre un ideal que no esté de acuerdo con los +preceptos de la virtud y halague al propio tiempo sus malas +propensiones. + +Por fortuna el ideal ha desaparecido y sus representantes no tardarán en +desaparecer. El literato ya no pide a la sociedad privilegios inmorales: +es un hombre que debe trabajar como los demás y sacar el mejor partido +posible de sus productos. Si no puede vivir de la pluma, porque en +España no existan todavía medios de remunerarle cumplidamente, debe +alternar sus ocupaciones literarias con otras de diversa índole. Si +puede vivir, aunque sea modestamente, debe trabajar diariamente como +cualquier otro obrero. Claro es que no se le han de exigir las mismas +horas de trabajo que a un covachuelista, porque el del escritor es más +intenso; pero se marcará las que sin detrimento de la salud pueda +llenar. La teoría de la inspiración es falsa y ridícula: la inspiración +acude delante de las cuartillas y de los libros, no en las mesas de los +cafés ni en las salas de juego: cuando no gusta lo que se ha escrito, se +rompe y se escribe de nuevo preparándose convenientemente con el estudio +y la meditación; pero no se van a buscar ideas a la ruleta. + +Hay ejemplos irrecusables que comprueban la verdad de lo que acabo de +manifestar. El hombre más inspirado del siglo XIX, Víctor Hugo, el +inmortal autor de las _Hojas de Otoño_, trabaja diariamente un número +crecido de horas. Balzac, el coloso que rivaliza con él, trabajó más que +nadie en el mundo. Ni uno ni otro han necesitado esperar la inspiración +jugando a las siete y media. No obstante, es fuerza declarar que para +hacer lo que estos hombres, además de su ingenio soberano, se necesita +un gran vigor corporal que pocos poseen: mas a nadie se le pide sino lo +que puede ejecutar buenamente. En España tenemos dos ejemplos +notabilísimos: uno es el del primero de los oradores contemporáneos, D. +Emilio Castelar, el cual se puede decir que trabaja de la salida a la +puesta del sol como el último obrero, haciendo sudar a todas las prensas +del orbe y atendiendo al propio tiempo a sus tareas políticas: es de la +raza de los atletas como Víctor Hugo y Balzac. Otro es el ilustre +novelista D. Benito Pérez Galdós, embebido noche y día en un intenso +trabajo literario, aprovechando todos los momentos de la existencia para +preparar y escribir sus obras inmortales. + +Abandonemos, pues, para siempre el romanticismo bohemio, plaga de +nuestra literatura, que degrada al escritor y lo pone a merced de los +intrigantes políticos y de los especuladores avaros. El literato +necesita independencia, un relativo bienestar y sosiego para entregarse +a su trabajo, el cual de esta suerte se hace leve y ameno. Nada me +aflige tanto como ver a un hombre ilustre y respetado en la república de +las letras, arrastrarse a los pies de cualquier político estólido en +demanda de un destino o una pensión: me parece que aún subsiste aquel +doloroso estado del tiempo de Cervantes, en que los literatos eran los +domésticos de los magnates; aún peor hoy, pues que tienen que adular a +los que han sido sus compañeros, a quienes han aventajado siempre en el +talento, y que por dedicarse a la política, maltrechos quizá en la +literatura, ocupan altas posiciones y otorgan mercedes. + +Pero si todavía es poco lisonjera la situación del escritor en España, +en el horizonte se divisan ya señales de un nuevo y mejor estado. De +algunos años a esta parte ha mejorado notablemente el aspecto económico +de las letras: ya los autores o poetas que abastecen el teatro, pueden +vivir de sus obras, y dentro de algunos años tal vez los que escriben +libros y artículos puedan hacer lo mismo. Se fundan casas editoriales +serias y acaudaladas en sustitución de los editores sórdidos e ineptos +que antes se lucraban con la miseria del escritor; muchos literatos +administran sus obras con acierto, otros se hacen pagar dignamente, y +casi han desaparecido los necios que por verse en letras de molde +escriben de balde. En este respecto, preciso es confesar que la +población de España que más está haciendo para procurar independencia al +literato, beneficiando sus obras con habilidad en la península, +explotando los mercados de América para nosotros cerrados hasta ahora y +arriesgando fuertes capitales en este negocio, es Barcelona. Siguiendo +de tal suerte, y si Madrid no trabaja algo más en pro de las artes y las +letras patrias, barrunto que pronto será Barcelona el centro intelectual +de España. + + + + +LOS AMORES DE CLOTILDE + +(NOVELA) + + +En el cuarto de Clotilde, primera actriz de uno de los teatros más +importantes de la capital, se reúnen todas las noches hasta media docena +de amigos. La tertulia dura casi siempre tanto como la representación; +pero tiene algunos paréntesis. Cuando la actriz necesita cambiar de +traje se dirige a sus tertulios con sonrisa graciosa y ojos suplicantes: + +--Señores, ¿me dejan ustedes un momentito?... un momentito nada más. + +Todos se van al saloncillo y aguardan con paciencia: me he equivocado, +no todos, porque el más joven de ellos, que estudia hace tres años el +doctorado de medicina, aprovecha la ocasión y va a dar una vuelta por +los bastidores a estirar un poco las piernas y a pescar algún beso +descarriado. Pero en fin, la mayoría espera paseando o sentada a que +Clotilde entreabra la puerta y asomando su cabeza de reina o de villana, +según el papel que va a representar, les grite: + +--Adelante, caballeros... ¿He tardado mucho? + +Para D. Jerónimo siempre. Es el último que sale refunfuñando y el +primero que entra en el cuarto. No acaba de transigir con esta púdica +costumbre: y aunque no se atreva a expresarlo, allá en el fondo de su +pensamiento encuentra poco cortés que se le eche de su asiento para que +aquella mocosita se vista: ¡a él que hace treinta años pasa la vida +entre bastidores y ha sido el íntimo de todas las actrices y actores +antiguos y modernos! + +Tiene cincuenta y cuatro años, y es empleado en el Ministerio de +Ultramar desde los veinticinco. Todos los Gobiernos le han respetado +como una rueda indispensable de la maquinaria administrativa de las +colonias: soltero y mártir de las patronas. Allá en su juventud se +cuenta que escribió un drama que le valió una silba y la entrada por +toda la vida en el escenario de los teatros. Resignado o no resignado +con el fallo del público, dejó de escribir dramas y adoptó el noble +papel de protector de autores y artistas desconocidos y de empresas +arruinadas. El joven provinciano que llegase a Madrid con un drama en el +bolsillo, no podía emprender camino mejor para verlo representado que el +de la casa de D. Jerónimo. Todo lo acogía con los brazos abiertos, malo +y bueno. Sin embargo, como era asaz rudo en sus modales, no escatimaba a +los autores noveles que se confiaban en él y le leían sus producciones, +las censuras fuertes y hasta los insultos:--«Toda esa relación es puro +fárrago; eche V. tinta sobre ella.--Pero venga V. acá, alma de Dios, +¿cómo quiere usted que un hombre que está a punto de matar a otro, +suelte diez y siete décimas sin respirar!--¡Jesús qué disparate! ¡Amor +platónico a una prostituta! ¡Usted se ha caído de un nido, joven!» El +que entendía un poco la aguja de marear no se incomodaba, seguía +adelante y al terminar depositaba el manuscrito en manos de D. Jerónimo. +Y era bien seguro que el drama se ponía en escena. El veterano de los +bastidores ejercía mucho ascendiente con ribetes de miedo sobre empresas +y cómicos: cuando se incomodaba ¡tenía una lengua! Si el drama era +silbado, protestaba lleno de ira contra el juicio del público y seguía +protegiendo con más fuerza al autor. Si lograba buen éxito, callaba y +sonreía voluptuosamente, pero no volvía a acercarse al poeta aplaudido. +Cuando éste se quejaba de su desvío, respondía: «Usted ya ha demostrado +que tiene alas; vuele V., amigo mío, vuele V., que yo tengo que soltar a +otros pobrecitos». + +Su vida privada ofrecía muy poco de particular. Todas las noches, al +salir del teatro, se iba al café Habanero, donde cenaba constantemente +un _beefsteak_ con una chica de cerveza. Y, según cierto amigo que le +había observado repetidas veces, combinaba siempre su refacción con tal +arte, que había de concluir al mismo tiempo con el último bocado de +carne, el último de pan y el último sorbo de cerveza. + +Esta noche la tertulia se presenta muy animada. Los amigos de la actriz +charlan y ríen más que de costumbre. Don Jerónimo, embozado en su capa +(es privilegio), arrellanado en el sillón de la esquina y con un +empedernido cigarro en la boca (es privilegio también), deja escapar +famosos chistes, que a veces obligan a los tertulios a dirigir la vista +hacia Clotilde y a colorearse levemente las mejillas de ésta. Don +Jerónimo no lo echa de ver; la ha conocido tan niña, que se cree con +derecho a prescindir de ciertos miramientos debidos a las damas; +suponiendo que se los haya tributado en su vida a alguna, que no lo +creemos. La ha conocido muy niña y la ha encaminado al teatro: cuando +tropezó con ella vivía muy estrechamente aprendiendo el oficio de +florista: hoy, merced a su talento, gana lo bastante para mantener con +decoro a su madre y sus hermanas. + +Es agraciada y simpática más que hermosa; la tez morena, los ojos +rasgados y negros, lo más bonito de su rostro; la boca un poco grande, +pero fresca con dentadura admirable. Está vestida de dama del tiempo de +Luis XV, con una peluca blanca que le sienta a maravilla. No toma parte +apenas en la conversación. Parece muy satisfecha con escuchar solamente, +girando sin cesar sus ojos serenos de uno a otro interlocutor y +sonriendo a menudo cuando se dirigen a ella. + +Al llegar a cierto punto, se oye la voz del traspunte. + +--Señorita Clotilde, cuando V. guste... + +--Vamos allá--dice levantándose. + +Se dirige al espejo, se da los últimos toques a las cejas y pestañas con +el pincel, arregla con mano un poco nerviosa los tirabuzones de la +peluca, la cruz de brillantes que lleva al cuello y los pliegues del +vestido. Sus amigos guardan un instante silencio y contemplan estas +maniobras distraídamente. + +--Señores, hasta luego. + +Y sale del cuarto seguida de su doncella, que le lleva recogida la cola, +una espléndida cola de raso color crema. + +--¡Cada día va estando más linda esta Clotilde!--dice el estudiante del +doctorado, dejando escapar un imperceptible suspiro. + +D. Jerónimo da una enorme chupada al cigarro y queda envuelto +instantáneamente en una nube de humo. Por eso nadie advierte la sonrisa +de triunfo con que acoge la observación. + +--A mí también me parece más bonita cada día--dice otro tertulio;--pero +creo que se ha modificado mucho su genio de algún tiempo a esta parte... +Usted, pollo, no la ha conocido como nosotros... Era una loquita +encantadora, ¡tan alegre! ¡tan traviesa!... Nadie podía estar a su lado +de mal humor... Ahora la encuentro grave, triste casi siempre... + +--Es verdad que me ha chocado la melancolía que hay en sus ojos... + +D. Jerónimo dio otra enorme chupada al cigarro. Nadie vio el relámpago +de ira que pasó por su rostro. + +--Estos cambios, pollo, solamente los opera el amor. + +--¿Algún novio? + +--Eso... D. Jerónimo conoce bien la historia... + +--Voy a contarla--dijo sordamente aquél desde el fondo de su embozo,--y +crean ustedes que no es plato de gusto contar estas niñerías... Pero se +trata de una chica a quien todos queremos y cuanto a ella se refiere +debe interesarnos. + +Hará cosa de tres años se presentó al director de este teatro un joven +elegantemente vestido, con el manuscrito de un drama bajo el brazo. No +hay nada en el mundo más imponente y aterrador que un joven bien vestido +que lleva debajo del brazo el manuscrito de un drama. El director +procuró escurrir el bulto, le dio algunos quiebros con maestría y varios +pases, pero al fin fue cogido en la misma cuna; quiero decir, que el +joven le convidó un día a almorzar, le llevó engolosinado ofreciéndole +la perspectiva de unas cuantas docenas de ostras empapadas en Sauterne, +y como postre le descerrajó el drama a quema ropa. + +El drama era efectivamente _un tiro_. Pepe hizo lo que ustedes saben que +se hace en estos casos; se admiró profundamente de la versificación, +dijo ¡bravo! al llegar a ciertos pensamientos enrevesados, y por último +propuso algunas reformitas en el acto segundo, con las cuales quedaría +la obra que ni pintada. + +El poeta incauto se fue a su casa muy complacido y se puso a trabajar +con ardor en las reformas. Al cabo de quince días volvió a presentarse a +Pepe; pero éste halló entonces el acto primero un poco lánguido y le +aconsejó que a todo trance le diera más movimiento y lo acortase un +poquito. En mover el acto primero tardó el poeta un mes: cuando se +presentó de nuevo, el director, mostrándose muy admirado siempre de la +versificación y de algunos pensamientos, manifestó algunas dudas +respecto a que la obra fuese _teatral_. Que fuese _literaria_ no tenía +ninguna, al contrario, le parecía que en ese concepto podía competir con +las mejores de Ayala... pero teatral... realmente teatral... eso ya era +otra cosa. + +--¿Qué diferencia es esa, D. Jerónimo?... No entiendo... + +--Pues se la explicaré a V., pollo. Llamamos entre bastidores, teatrales +a las obras buenas y literarias a las malas. + +--¡Ah! + +Después de manifestar estas dudas, concluyó por proponer otras cuantas +reformitas en el acto tercero. + +Al fin el poeta comprendió, cosa verdaderamente maravillosa, porque los +poetas, que todo lo comprenden, que saben por qué vuela tan alto el +cóndor, ascienden a los cielos y bajan a los abismos y penetran el +sentido íntimo de todas las cosas creadas, no son capaces de entender +que sus obras a veces no gustan a los que las escuchan. Nuestro joven, a +quien llamaremos Inocencio, recogió no poco mohíno su manuscrito y +estuvo algún tiempo sin dar cuenta de sí; mas al fin, sin duda después +de haber meditado profundamente, se presentó cierta mañana en casa de +Clotilde. Excuso decirles a ustedes que llevaba el manuscrito debajo del +brazo. + +Esperó con paciencia en la sala a que nuestra amiga _hiciese su +toilette_, y cuando ésta se presentó al cabo, vio delante de sí a un +joven ruboroso, confundido, pero simpático y elegante, que la rogó con +labio balbuciente le otorgase el favor de escuchar la lectura de un +drama. Deben ustedes saber que a las mujeres les gusta mucho ejercer +protectorados, muy singularmente sobre los jóvenes simpáticos y +elegantes; así que no les sorprenderá que Clotilde escuchase con +paciencia el drama y hasta lo hallase muy aceptable. El joven se confió +a ella enteramente, depositando en sus hermosas manos el manuscrito, +cual si fuese un niño recién nacido, y ella lo recogió como madre +cariñosa y lo tomó bajo su amparo, prometiendo velar por su preciosa +existencia y presentarlo en el mundo. El joven manifestó que esa +resolución era digna de un noble corazón cuya fama había llegado ya a +sus oídos. Clotilde contestó que no era bondad de su parte el trabajar +porque el drama se representase, sino un acto de justicia. El joven dijo +que le halagaba muchísimo esa idea, porque el inmenso talento de +Clotilde y el acierto de sus juicios estaban bien reconocidos por todos, +pero que no osaba forjarse tal ilusión. Clotilde declaró que había +muchas reputaciones usurpadas en el mundo y que una de ellas era la +suya, pero que en esta ocasión creía estar en lo firme. El joven replicó +que cuando el río suena, agua lleva, y que cuando todo el mundo se +empeña en admirar no sólo la singular belleza y la inspiración artística +de una persona, sino también su claro ingenio y su brillante +ilustración, era necesario bajar la cabeza. Clotilde dijo que no la +bajaría en esta ocasión porque estaba bien persuadida de que el mundo se +engañaba mucho acerca de lo que llamaba su talento y que no era otra +cosa que un puro instinto. El joven puso el grito en el cielo contra +esta mistificación, que no tenía absolutamente ninguna razón de ser; +pero dulcificándose de pronto, mostrose profundamente conmovido ante la +modestia de su protectora, y juró por todos los santos del cielo que +jamás había conocido otra semejante. En fin, que el manuscrito fue +ganando por momentos terreno en el corazón de nuestra simpática amiga, y +que el joven se despidió de ella, embargado por la emoción, hasta el +día siguiente. + +Al día siguiente Clotilde se presentó al empresario y le arrancó, +mediante la amenaza de rescindir el contrato, la promesa de llevar a la +escena lo más pronto posible el drama de Inocencio. Este dio las gracias +aquella misma tarde a su protectora y la hizo además su confidente. +Pertenecía a una familia distinguida de provincia, aunque sin grandes +recursos de fortuna; a probarla había venido él a Madrid, confiado +únicamente en su ingenio. En el pueblo decían que tenía talento, y que +si publicase en Madrid los versos que había insertado en _El Eco del +Tajo_, hablarían de él como de Núñez de Arce y Grilo: no sabía si esto +era cierto, pero sentía su corazón lleno de nobles propósitos, y amaba +al teatro más que a las niñas de sus ojos. ¿Llegaría a ser un Ayala o un +Tamayo? ¿Sería rechazado por el público? Era un misterio inextricable +para él. + +En esta sesión Clotilde averiguó dos cosas importantísimas; a saber: que +Inocencio tenía un talento que no le cabía en la cabeza y que no había +en Madrid quien se pusiera con más gracia la _chalina_. Excuso decirles +que menudearon las sesiones confidenciales, y como resultado de ellas, +que Clotilde sufrió todos los días la influencia fascinadora de esta +chalina sobrenatural; a la postre se declaró vencida, entregándose a +ella atada de pies y manos. La chalina se dignó alzarla del suelo y +otorgarle la merced de su cariño. + +--¿Cómo la chalina?--preguntó uno que dormitaba. + +Don Jerónimo dio una inmensa, infernal chupada al cigarro en testimonio +de desagrado, y prosiguió sin hacer caso: + +--Por entonces empezaron los ensayos del drama de Inocencio, que se +titulaba, si mal no recuerdo _Subir bajando_;... callen ustedes, me +parece que era al revés; _Bajar subiendo_... En fin, de todos modos, era +un gerundio y un infinitivo. Yo vi en seguida que se habían entablado +relaciones amorosas entre nuestra amiga y el autor, y como realmente, +por más que Inocencio fuese un mal poeta, según los informes de Pepe, +parecía un buen muchacho, me alegré de ellas y las alenté en lo que +pude. Clotilde se confesó conmigo, declarándome que estaba perdidamente +enamorada; que sus aspiraciones ya no tenían nada que ver con el arte +escénico, el cual le parecía una esclavitud insoportable; que su ideal +era vivir tranquilamente, aunque fuese en una guardilla, unida al hombre +que adoraba; que la mujer había nacido para ser el ángel custodio del +hogar y no para divertir al público, y que estimaba ella más el reinar +en una humilde vivienda iluminada por el amor que todos los aplausos de +la tierra. En fin, caballeros, nuestra amiga se encontraba en pleno +idilio. + +Inocencio no estaba menos enamorado, al parecer. A menudo los encontraba +paseando por los parajes solitarios del Retiro, a distancia respetable +de la mamá, que se detenía oportunamente a contemplar los primeros +botones de las flores o algún insecto curioso: las mamás, en esta época +de crisis marital, tienen la obligación de ser admiradoras de las obras +de la naturaleza. La parejita de tórtolas se detenía al verme y me +saludaba ruborizada. No les puedo ocultar a ustedes, que aunque lo +sentía por el arte, me alegraba de que Clotilde se casara: la mujer +siempre necesita el amparo del hombre. Y lo cierto es, que eran dignos +el uno del otro por la figura: Inocencio tenía una presencia muy +simpática. + +En el teatro no se hablaba de otra cosa más que de este matrimonio en +ciernes. Todo el mundo se alegraba, porque Clotilde es la única artista +desde el principio del mundo, que ha llevado a cabo la empresa, hasta +ahora juzgada insuperable, de hacerse querer de sus compañeras. + +Observé, no obstante... ya saben ustedes que soy observador; es la única +cualidad que tengo; la observación, a la cual no dan importancia los +autores ahora; hoy todo es hojarasca en los dramas, muchos rayos de +luna, que se quiebran al pasar por el follaje de los árboles, mucha +descripción de alboradas y crepúsculos, muchos símiles retorcidos... +¡Todo eso es!... Cuando algún autorcillo me viene con tales monadas yo +le digo: ¡al grano, al grano!... El grano es el drama, que no existe en +la mayor parte de los _idem_... + +--¿Se enfada V., D. Jerónimo? + +--Pues, como decía a ustedes, observé, que según los ensayos iban +adelantando, crecía el ascendiente de Inocencio sobre nuestra amiga. El +tono en que se dirigía a ella ya no era el humilde y cortesano del +principio: corregíala a menudo en la manera de decir, señalábala las +actitudes y el gesto que debía adoptar, y a veces, cuando la actriz no +comprendía bien sus deseos, llegaba a dirigirla públicamente palabras +severas y miradas más severas aún. Nuestro poeta tronaba y relampagueaba +ya como amo y señor. Clotilde lo aceptaba de buen grado: ella tan +desdeñosa con los autores más eminentes, se estiraba y se encogía ahora +como blanda cera en las manos de este muñeco insulso. Era de ver la +humildad con que aceptaba sus correcciones, y la inquietud que la +causaban las censuras: mientras duraba el ensayo tenía los ojos puestos +constantemente en él, espiando como esclava sumisa los deseos de su +dueño. El poeta, arrellanado en una butaca, con el brasero delante, +dirigía la escena en la forma dictatorial que pudiera hacerlo García +Gutiérrez o Ayala: una mirada suya bastaba para ruborizar o poner +pálida a Clotilde: los demás no protestaban por respeto a ella. Cuando +salía de la escena, venía presurosa a sentarse al lado de su novio, que +se dignaba acogerla a veces con una sonrisa soberana, otras con +indiferencia olímpica. Yo estaba escandalizado. + +Una vez me acerqué por detrás y escuché lo que hablaban. Clotilde +llevaba la palabra sosteniendo con calor que el _Subir bajando_ o el +_Bajar subiendo_ de Inocencio era mejor que _Un drama nuevo_. El joven +se defendía débilmente. Otra vez hablaba acerca de su futuro enlace. +Clotilde pintaba con frase apasionada el retiro donde irían a esconder +su felicidad: un cuarto alto del barrio de Salamanca, lleno de luz, un +nido risueño donde Inocencio trabajaría en su despacho, escribiendo +comedias, mientras ella bordaría a su lado en el mayor silencio: cuando +se fatigase, charlarían un instante para descansar y después le daría un +beso y emprendería de nuevo su tarea: por la noche saldrían cogidos del +brazo a dar una vuelta y a casa otra vez: nada de teatro; lo aborrecía +con toda el alma: en la primavera irían a pasear por las mañanas al +Retiro y tomarían chocolate entre los árboles; en el verano a pasar un +mes o dos a la provincia de Inocencio a proveerse en el campo de buen +color y de salud para el invierno. + +La descripción de este tierno idilio, que a mí, con ser machucho, me +hacía bailar el corazón dentro del pecho, no producía en el autor novel +más que una impertinente soñolencia que sólo desaparecía repentinamente +cuando dirigía con voz imperiosa alguna advertencia a los cómicos. + +Llegó, por fin, el día del estreno. Todos estábamos ansiosos por ver el +resultado: la opinión corriente era que el drama ofrecía poco de +particular; pero como Clotilde había puesto en el desempeño toda su +alma, teníase como seguro un gran éxito. En el ensayo general nuestra +amiga había hecho verdaderos prodigios: hubo un instante en que los +pocos curiosos que asistíamos a él nos levantamos electrizados, +convulsos, gritando desaforadamente. No pueden ustedes figurarse qué a +maravilla decía su parte. Entonces me vino de golpe una idea a la +cabeza: relacionando todas mis observaciones sobre los amores de +Clotilde me convencí hasta la evidencia de que Inocencio al enamorarla +no se había propuesto otra cosa que adquirir una interpretación +excepcional para el papel de la protagonista de su drama y asegurar el +éxito lisonjero de esta suerte. No quise comunicar mis sospechas a +nadie; callé y esperé; pero declaro que el chico me fue desde entonces +muy antipático. + +El ruido que los amigos de Inocencio habían hecho con motivo del drama, +el haberlo elegido Clotilde para su beneficio y la voz esparcida de que +la célebre actriz iba a obtener en él un triunfo señaladísimo hizo que +los revendedores expendiesen todas las localidades a precios fabulosos: +conozco un marqués que dio once duros por dos butacas. Este cuarto donde +nos hallamos se llenó, como todos los años, de flores y baratijas; no se +podía andar en medio de tanta chuchería de porcelana, libros +preciosamente encuadernados, estuches de ébano, marcos de retrato y un +sin fin de objetos de bazar. + +La sala estaba brillante: las damas más encopetadas, los hombres +ilustres de la política, la literatura y la banca; en fin, la _high +life_, como ahora se dice. Pero más brillante y más radiante estaba aún +Inocencio; radiante de gloria y felicidad, recibiendo con agrado a +cuantas personas venían a ver los regalos, dictando órdenes a los +traspuntes y tramoyistas para el conveniente decorado de la escena y +multiplicando las sonrisas y los apretones de mano hasta lo infinito. +Clotilde, igualmente, aparecía más bella que nunca, revelando en su +rostro expresivo la dulce emoción que la embargaba y el ansia de ganar +laureles para su dueño. + +Abriose el telón, y todos se fueron a ocupar sus asientos. En las cajas +sólo nos quedamos el autor y cuatro o seis amigos. Las primeras escenas +fueron como siempre recibidas con indiferencia; las segundas con algún +agrado; la versificación era fluida y elegante, y el público, como +ustedes saben, se paga de las frasecillas de bombonera. Llegó el +momento de entrar Clotilde en las tablas y hubo en el público un +murmullo de curiosidad y expectación. Dijo su parte discretamente, pero +sin gran calor, se adivinaba que estaba poseída de miedo. Bajó el telón +en silencio. + +Al instante poblose el saloncillo y los pasillos de amigos de Inocencio, +que venían presurosos a decirle que la exposición de su drama era +lindísima.--¿Pero qué tiene Clotilde?... Apenas se mueve en la escena... +¡ella tan viva y tan suelta!--Nuestra amiga confesaba, en efecto, que +había sentido mucho miedo y que esto la embarazaba extremadamente. El +autor, sobresaltado por el éxito de su obra, trataba de persuadirla a +que abandonara todo temor, que se mostrase como ella era y que no +pensase para nada en él, mientras dijese los parlamentos.--No puedo +remediarlo, contestaba Clotilde, estoy hablando y pienso al mismo tiempo +en que eres tú el autor y me imagino que no va a gustar el drama y me +asusto.--Inocencio se desesperaba; dirigíale ruegos, advertencias, +argumentos, la acariciaba, sin tener en cuenta que le veían: trataba de +infundirle valor, excitando su amor propio de artista; en fin, hacía +todo lo imaginable para salvar su obra. + +Dio comienzo el acto segundo. Clotilde tenía algunas escenas patéticas: +al comenzarlas se produjo un poco de ruido en el público y esto bastó +para que se desconcertase y lo hiciese rematadamente mal, como nunca lo +había hecho en su vida. Oyéronse no pocas toses y fuertes murmullos de +impaciencia. Al finalizar el acto, algunos amigos indiscretos quisieron +aplaudir, pero el público se les vino encima con un inmenso y aterrador +chicheo. El autor, que estaba a mi lado, pálido como un muerto, se +desahogó con algunas palabrotas groseras y se fue al cuarto de Pepe en +vez de el de Clotilde, donde sus amiguitos le consolaron, echando la +culpa del fracaso a aquélla y encendiendo más y más la ira que rebosaba +de su corazón. Mientras tanto, nuestra pobre amiga se encontraba muy +afectada y abatida, preguntando a cada instante por su Inocencio. Yo, +para no afligirla más, le dije que el autor lo había tomado con +resignación y se había salido del teatro a respirar un poco el fresco. +La infeliz se revolvía contra sí misma echándose toda la culpa. + +Se alzó el telón para el acto tercero: todos acudimos a las cajas con +afán. Clotilde se mostró al principio, por un esfuerzo poderoso de la +voluntad, más serena que antes; pero ya la gente se encontraba dispuesta +a la broma y no valió ningún recurso para ponerla seria. El público, +cuando presiente el _jaleo_, es lo mismo que una fiera cuando huele la +sangre: no hay quien lo ataje, y es necesario darle carne a toda costa. +Y la verdad es, que en aquella ocasión se cebó de lo lindo; toses, +risas, estornudos, patadas, silbidos; de todo hubo. A nuestra pobre +amiga se le saltaron las lágrimas y estuvo a punto de desmayarse. Cuando +bajó el telón buscó con la vista a su amante, pero había desaparecido. +En el cuarto, a donde yo la seguí, gimió, pateó, se desesperó, se llamó +estúpida, dijo que se iba a marchar a una aldea a cuidar gallinas, etc., +etc. Me costó mucho trabajo sosegarla, pero al fin lo conseguí, si bien +quedó en un gran abatimiento. En la tristeza que sus ojos revelaban, +advertí que le atormentaba horriblemente la desaparición de Inocencio. + +La puerta del cuarto se abrió repentinamente; el poeta silbado se +presentó; estaba pálido, pero tranquilo al parecer: a primera vista +comprendí, no obstante, que aquella tranquilidad era ficticia y que la +sonrisa que contraía sus labios tenía mucha semejanza con la de los +ajusticiados que quieren morir serenos. + +Un relámpago de alegría iluminó el semblante de Clotilde: alzose +velozmente y le echó los brazos al cuello, diciéndole con voz conmovida: + +--¡Te he perdido, mi pobre Inocencio, te he perdido!... ¡Qué generoso +eres!... Pero mira... yo te juro, por la memoria de mi padre, que te he +de desquitar de la humillación que acabas de sufrir... + +--No hace falta que me desquites, querida--repuso el poeta con tono +sosegado, donde se advertía la ira desdeñosa,--mi familia no ha +conquistado un nombre ilustre por la intercesión de ningún cómico; +renuncio desde ahora, de buen grado, al teatro y a todo lo que con él +se relaciona... Con que... hasta la vista. + +Y separando nuevamente los brazos que le aprisionaban y sonriendo +sarcásticamente, retrocedió algunos pasos y se fue. Clotilde le miró +estupefacta: después cayó desmayada en el diván. + +Al verla en tal estado se me encendió la sangre y salí detrás del chico: +alcancele cerca de la escalera, y agarrándole por la muñeca le dije: + +--Oiga V... Lo primero que un hombre debe ser, antes que poeta, es +caballero... y V. no lo es... El drama se ha silbado porque le falta lo +mismo que a V... el corazón... Aquí tiene V. mi tarjeta. + +--¿Y le mandó los padrinos, D. Jerónimo?--preguntó el estudiante del +doctorado. + +--¡Silencio, silencio!--exclamó un tertulio--aquí llega Clotilde. + +La simpática actriz apareció efectivamente en la puerta, y sus grandes y +tristes ojos negros que resaltaban bellamente debajo de la blanca peluca +a lo Luis XV, sonrieron con dulzura a sus fieles amigos. + + + + +EL PROFESOR LEÓN + + +La otra noche en el café donde tengo costumbre de asistir, versó la +conversación sobre los maestros y catedráticos que habíamos tenido los +que en torno de la mesa nos juntábamos. Cada cual dio cuenta de los +talentos, las manías y los rasgos más o menos donosos de los suyos, +sazonando la descripción con anécdotas graciosas o desabridas, según el +numen del narrador. + +Mi amigo Duarte, notario, persona distinguida, de carácter observador y +muy cursado en letras clásicas, se llevó la palma. Nos hizo la pintura +de un antiguo profesor suyo, tan original y chistoso, que merece la +pena de darlo a conocer al público. Con permiso de mi ilustrado amigo, +voy a hacerlo, adoptando en cuanto sea posible las mismas palabras con +que él nos lo describió. + + * * * * * + +Llamábase León, o se apellidaba, que esto muy pocos lo sabían de +cierto--nos decía Duarte. Unos le llamaban D. León y otros Sr. León, y a +todos contestaba; era militar retirado aunque no muy viejo, no pasando +de los cincuenta a mucho estirar: su graduación en el ejército era +materia de arduas y prolongadas discusiones en el colegio: mientras unos +le hacían capitán o comandante, otros no le dejaban pasar de sargento, y +estaban en lo firme. Gastaba grandes bigotes retorcidos y perilla de +cazo; la estatura elevada, el porte marcial, cabellos grises cortados a +punta de tijera, levita negra, prolongada, más limpia y reluciente que +un espejo, bastón de hierro que hacía estremecer el suelo, advirtiendo +de su presencia desde muy lejos, pantalones cortos y botas de campana +escrupulosamente charoladas. Era bueno y afable con los discípulos, y +hombre de mucha voluntad en el cumplimiento de su deber: suscitábanse +dudas entre nosotros acerca de sus conocimientos filológicos y +literarios, que le hubiesen quizá acarreado nuestro desdén si una +especie muy grave que unos a otros nos decíamos en secreto al oído no le +sirviese de respetuosa salvaguardia. Afirmábase como cosa segura que D. +León o el Sr. León era un revolucionario. Contábase que había sido en su +juventud amigo y edecán de Riego, que había servido después bajo las +órdenes de Espartero, y algunos añadían que había estado en capilla para +ser fusilado como conspirador. Nadie puede figurarse lo que tales +insinuaciones influían en el respeto que generalmente se le tributaba: +la aureola de revolucionario, conspirador, y singularmente la de +sentenciado a muerte, le guardaban de las burlas, tretas y malas pasadas +que de otra suerte no le hubieran sus discípulos escatimado. + +El sueldo con que en el colegio remuneraban sus buenos oficios, no +pasaba de veinte duros mensuales; y como no se le conocía otro, pues no +había podido recabar retiro, según se decía, a causa de sus peligrosas +opiniones, teníase por seguro que con las cien pesetas se mantenía a sí +y a su familia; el cómo no he de decirlo ahora, aunque bien lo sé; lo +reservo para otra ocasión. Tienen el ahorro y la frugalidad héroes tan +grandes y admirables como los de la guerra de Troya y tan dignos de ser +pintados; mas como les faltan Homeros y Virgilios, viven y mueren +oscuros y quedan sepultadas eternamente sus hazañas. Entre dar la muerte +a Héctor (teniendo fuerzas para ello) y vivir en Madrid con +cuatrocientos reales al mes, manteniendo mujer e hijos, vistiendo +decentemente y no debiendo un cuarto a nadie, lo segundo es +infinitamente más maravilloso. Digo, pues, que a D. León no se le +conocieron en la vida más que un par de botas, unos pantalones de color +de ceniza muy sufridos, una levita y un enorme sombrero de copa, todo +ello tan limpio, tan planchado y reluciente que siempre pareció que +acababa de salir de la tienda. Cierto día en que se celebraba el santo +del director, un criado, azorado en demasía, dejó caer sobre nuestro +profesor una bandeja de vasos llenos de vino tinto. Todo el mundo se +preguntó: ¿En qué traje veremos a D. León mañana? Mas al día siguiente, +con grande admiración y sorpresa del colegio, apareció con la misma +levita, más fresca y más galana que nunca lo había sido. Por esta y +otras razones se la llamó _la levita del desierto_; porque segundaba el +milagro de los israelitas viajando por los desiertos de la Arabia +durante cuarenta años, sin menoscabo de sus vestidos. + +Aunque pudiera ponerse en tela de juicio la solidez y extensión de sus +conocimientos literarios, bien puedo asegurar sin rebozo que nadie +aventajaba a D. León en amor y decidida inclinación a las letras, y en +particular a las clásicas: las modernas y románticas teníalas en poco. +Rayaba en locura el entusiasmo con que hablaba de los grandes poetas de +la antigüedad, y la fruición con que los leía en los _Trozos escogidos_. +Decía del griego que era la lengua más rica, flexible y armoniosa que +hubiera existido, y que las modernas, tales como el francés, el +italiano, el alemán, no eran sino dialectos rudos y primitivos +comparados con ella, lo cual era tanto más meritorio cuanto que D. León +sólo conocía del griego las declinaciones y tal cual palabra +desperdigada, como _Zeos_ (Júpiter), _oicos_ (cosa), _logos_ (tratado), +_eros_ (amor), y así hasta unas tres o cuatro docenas; en cuanto a los +idiomas modernos tenía a mucha honra el no saber más que el patrio. +Sentía un desprecio sin límites hacia su compañero el profesor de +francés que una hora antes que él ponía clase en la misma aula y que era +de origen marsellés, marido, a la sazón, de una corsetera de la calle de +la Luna, antiguo barítono de opereta bufa, que había dejado el canto por +debilidad del pecho. Cuando se tropezaban en la puerta, D. León le +miraba desde lo alto de su clasicismo y le decía sonriendo: _bon jour +monsieur_, con acento que rebosaba de ironía. «Estos _franchutes_, decía +al tiempo de sentarse, son todos afeminados; no sirven más que para +tenores y bailarines.» Amaba la virilidad y la energía en sus discípulos +y gustaba de que tuviesen rasgos de independencia, aunque fuese a +expensas de la disciplina: cuando un muchacho sufría impasible los +golpes y se negaba por terquedad a ejecutar cualquier cosa, esto era lo +que le encantaba a don León. «¡Bien, hombre, bien! exclamaba, así me +gusta; los hombres no deben llorar aunque se vean con las tripas en la +mano; has faltado a la obediencia pero has sufrido el castigo con +entereza; a tí no te hubieran arrojado en Esparta de la roca como a +otras mujerzuelas que hay en la clase!» Y echaba miradas de soberano +desdén a ciertos individuos. Si quisiera vérsele encendido, colérico, +fuera de sí, no había más que traer alguna esencia en el pañuelo o la +cabeza perfumada con algún aceite; así que llegaba a su nariz el +malhadado perfume, ya se le subía la sangre a la cabeza, marchaba +derecho hacia el culpable, y después de alborotarle los cabellos, le +molía los cascos a coscorrones. «¡Corrompido! (_un coscorrón_). +¡Desgraciado! (_otro coscorrón_)... ¡Con que en vez de estudiar su +lección se entrega V. a la molicie! (_¡zas!_)... No sabe V. que yo +quiero en mi clase hombres y no cortesanas, eh? (_coscorrón_). Los +romanos de la república, los que vencieron a los germanos y a los galos, +y a los escytas, y a los parthos, y destruyeron a Cartago, no se daban +con ungüentos (_¡zas!_...) pero los vasallos envilecidos de Calígula y +Nerón gastaban las riquezas que sus mayores les habían adquirido en +tarros de pomadas, en aceites olorosos, y se dejaban vencer por los +extranjeros y azotar por los tiranos (_¡zas!_). Hijos míos +(_dirigiéndose a nosotros_), huyan ustedes de los afeites, no se dejen +aprisionar por la molicie, por los placeres muelles que afeminan y +debilitan. Un pueblo vigoroso es un pueblo libre... Vamos a ver, siga V. +hijo mío... _habeo_, transitivo...» + +No gustaba de que le diesen la traducción literal de los pasajes +culminantes; antes se complacía en que sus discípulos hallasen modo de +trasladarlos a nuestro idioma sin hacerles perder de su vigor y +galanura. Por ejemplo, traduciendo en Tito Libio, el episodio del +combate habido entre Horacios y Curiacios al llegar al punto en que el +autor dice que el último Horacio _tiró al suelo a su adversario_, D. +León no quiso pasar por la interpretación ajustada al texto que un +alumno le daba. «No, no, eso de tirar al suelo es muy poco; busque V. +otra frase más enérgica.--Le volcó en tierra.--Tampoco, eso es muy +flojo... algo más duro.--Le tiró rodando por el suelo.--¡Más fuerte, más +fuerte aún!» El muchacho no hallaba nada más fuerte que echarle a uno a +rodar; no obstante se aventuró a decir: «Le estrelló contra el suelo. +¡Más fuerte todavía!... Sí, hombre, sí, más fuerte... ¡Le +hi-zo-mor-der-el-pol-vo!» Y recalcó de tal manera las sílabas que, en +efecto, no podía darse nada más feroz e imponente que esta frase en sus +labios. + +Traduciendo la famosa catilinaria de Cicerón que comienza con aquel +exabrupto: + +_Quousque tandem abutere, Catilina, patientiâ nostrâ_, nadie consiguió +darle gusto: todos los hallaba tímidos, encogidos, cobardes, al +pronunciar los vehementes ataques del Senador romano: «Hijos, para +comprender bien lo que sería este modelo de exabruptos en boca del +príncipe de los oradores, es preciso figurarse la indignación y la +cólera que se apoderaría de él al ver entrar por las puertas del Senado +a su más encarnizado enemigo, al procaz y libertino Catilina; es preciso +verle dar un salto en la silla, levantarse descompuesto, el rostro +pálido, los cabellos en desorden, la mirada fulgurante. Si ustedes no se +colocan con la fantasía (que, como ustedes saben, es la facultad de +reproducir mentalmente las imágenes de los objetos sensibles) no +conseguirán nada... Vamos a ver, venga usted acá--dijo tomando a un +muchacho entre sus hercúleos brazos y poniéndole de pie sobre la +mesa.--Ahora eche fuego por los ojos y espuma por la boca, grite usted, +enciéndase usted, mueva usted los brazos en todos sentidos y +estremézcase usted de cólera y rabia... ¡Vamos, hombre, vamos...! +_¡Quosque tandem!_» + +El pobre chico no pudo encolerizarse por más que hacía, lo cual le valió +algunos razonables coscorrones. Fue necesario que el mismo don León +tomase la palabra y dijese a grandes voces el trozo, acompañándose de +furiosos ademanes. Nosotros sentimos el terror de lo patético, cosa que +lisonjeó mucho al profesor, y muy singularmente nos conmovimos al +observar que la mesa se resquebrajaba con un tremendo puñetazo. + +Su castidad igualaba, si no excedía, a su energía. Le ofendían, sobre +todo encarecimiento, las palabras y las canciones deshonestas. Cuando en +los poetas latinos llegaba a un pasaje algún tanto subido de color, o lo +pasaba por alto o lo velaba por medio de una interpretación de todo en +todo infiel. Siempre recordaré que al traducir la elegía de Ovidio que +empieza: _Cum subit illius tristisima noctis imago_, llegando a un punto +en que el poeta cuenta en qué forma se despidió de su esposa, y dice que +tocando ya en la puerta los pies, se negaban a marchar; y + + _Sæpe vale dicto, rursus sum multa locutus,_ + _Et quasi discedens oscula summa dedi,_ + +traduje el pasaje a la letra, diciendo: «Dicho muchas veces el último +adiós, todavía me volví a hablarle, y casi separándome la cubrí de +besos.» + +Don León, ruborizado, extendió los brazos exclamando: «¡No, hijo mío, +no! Y al tiempo de separarme la di el ósculo de paz.» También recuerdo +que en cierta ocasión, habiendo sorprendido en un discípulo un ademán +obsceno, cayó sobre él exclamando: «¡Infame, todavía no estamos en +Sodoma y en Gomorra!» Y por poco le despedaza. + +Finalmente, en estas y otras cualidades guardaba el buen profesor muchos +puntos de semejanza con el elefante. Yo, aunque nada tuviese de común +con este animal por mi figura menudísima, conseguí caerle en gracia, +merced a una cierta entereza de que estaba dotado y a mi mucha +aplicación. Estimó en mí cualidades que no tenía, y creyó sinceramente +que estaba llamado a ocupar un alto puesto en las letras. Por aquella +época, habiendo encargado una composición en décimas a toda la clase, la +mía logró despuntar sobre las demás. Tributome por ella desmedidos +elogios, y con tal motivo engendrose en mí la afición de escribir +versos, que tarde o nunca me dejó. Don León se encargaba de corregirlos +y señalar las figuras que iba _cometiendo_ sin saberlo. «Mire usted, +hijo mío, al llamar al rocío líquidas perlas comete usted una metáfora, +muy linda por cierto. Eso que usted dice de la aurora que con sus dedos +rosados abre las puertas del firmamento, es ya una alegoría, o lo que +es igual, una metáfora continuada... ¿A que no sabe usted qué figura +comete cuando dice al terminar la composición? + + ¡Triste suerte, cruel, parca inhumana + sumió a mi alma en duelo y amargura!» + +Efectivamente, no lo sabía. Don León me miraba con aspecto +triunfal.--¿No lo acierta usted...? Pues comete usted un _epifonema_, un +verdadero _epifonema_ (exclamación profunda que se hace después de +narrada, descrita o probada una cosa). Cuando entramos en mayor +confianza, el profesor me manifestó secretamente que él también había +escrito versos en su juventud, y que aún los escribía cuando le soplaba +la musa, si bien nunca había osado publicarlos con su firma. No tardó, +como es consiguiente, en leérmelos, encerrándose para ello previamente +en un cuarto retirado, donde a su sabor descargó la conciencia del grave +cargo de ciento y tantas composiciones en todos los metros imaginables, +aunque sus predilectos eran los sáficos y adónicos. Los dísticos, +compuestos de exámetros y pentámetros, también le gustaban sobremodo. +Pero de la que estaba más orgulloso y la que le había valido, al decir +de él, infinitas enhorabuenas, era un cierto poema dedicado al desafío +de dos íntimos amigos suyos, fatal para el uno de ellos, pues el +contrario le había atravesado el vientre de un balazo. Creyendo +necesario ponerme en antecedentes, me dijo que estos tales amigos se +hallaban una tarde en el café de Levante platicando apaciblemente con él +y otros varios, y que habiendo girado la conversación sobre varios +temas, vino a parar, como tal vez solía acontecer, a los toros, y que +haciendo uno el panegírico acabado de la plaza de Valencia, notable por +su amplitud y solidez, otro manifestó inmediatamente que la tal plaza +era un patio de vecindad comparada con la de Córdoba, a lo cual replicó +el primero que mirase bien lo que decía, porque la plaza de Valencia +tenía fama en todo el orbe. Empeñose una discusión viva y acalorada; +tanto más acalorada, cuanto que el que sostenía las ventajas de la plaza +de Córdoba no conocía la de Valencia, y viceversa; el defensor de la de +Valencia nunca había visto la de Córdoba, y bien sabido es que cuando +faltan razones, sobran siempre gritos. En resumen: la disputa subió +tanto, que llegó en forma de bofetadas a las mejillas de los +contendientes. Pusiéronse los amigos de por medio, alborotose el café, +rompiéronse algunos vasos: al día siguiente de madrugada efectuábase el +duelo más allá de la Fuente Castellana, y el campeón de la de Córdoba +caía al suelo revolcándose en su propia sangre. Este lance desgraciado +causó una penosa impresión en don León por tratarse de dos amigos +igualmente queridos, y bajo el sentimiento que le produjo escribió la +composición que he mencionado, donde menudeaban los signos de +admiración, los puntos suspensivos, las amargas reflexiones y los gritos +de dolor, todo ello sostenido en un tono severo y digno, como el de las +elegías clásicas. Siempre tengo en la memoria el acento dolorido con que +don León me recitaba aquellos versos salidos del alma: + + ¡Qué falta de cordura! + ¡Qué sobra de imprudencia! + ¡Adoptar desventura! + ¡Desechar avenencia! + +No hay para qué decir que yo celebraba mucho los versos de don León: +juzgábalos sinceramente bellos; mas, aunque así no fuese, el respeto me +obligaría a ponerlos sobre la cabeza. En cambio, don León acogía con +indulgencia y agrado los primeros vagidos de mi musa: escuchábalos +atentamente y los proponía, como dignos de imitarse, a los discípulos. +No pocas veces, leyéndole alguna composición, se sintió interesado +vivamente hasta el punto de acercar más la silla, inclinar el cuerpo y +exclamar con vehemencia: «¡Prosiga, querido, que me deleita!» + +Pronto se estrecharon nuestras relaciones de tal suerte que vinimos a +ser más bien amigos y camaradas que profesor y discípulo. Don León +depositó en mi seno, que contaba a la sazón catorce o quince años, una +muchedumbre de secretos que le atormentaban, casi todos pecuniarios, lo +mismo que había depositado todos sus versos; me nombró pasante de la +clase y me otorgó otra porción de testimonios de aprecio. Al cabo estas +relaciones, conservándose no obstante la buena amistad, se rompieron +bruscamente. He aquí de qué modo: + +Era el año mil ochocientos cincuenta y cuatro. Don León no pareció un +día por el colegio, lo cual causó cierta sorpresa al director, pues en +los años que llevaba de enseñanza no había estado indispuesto una sola +vez. Al día siguiente tampoco vino, y pensando pudiera hallarse enfermo +le pasó un recado; pero don León no estaba en su casa, lo que le +sorprendió todavía más. Al otro amaneció Madrid obstruido de barricadas, +las casas atrancadas; patrullas de soldados y ciudadanos armados por las +calles y ruido incesante de fusilería; muchos gritos subversivos, como +dicen los bandos de las autoridades, y mucho jaleo, como dicen los que +se paran a leerlos. Había estallado _la gorda_. ¡Quién pensaba en +matemáticas, retórica y psicología en el colegio! Los muchachos +celebramos el cataclismo como un acontecimiento fausto, corríamos por +los pasillos brincando de alegría, nos comunicábamos en voz baja +noticias a cual más estupendas, y mirábamos por los balcones lo que +pasaba en la calle, cuando la vigilancia de los superiores lo consentía. +Un criado vino diciendo, ya bien entrada la mañana, que D. León se +estaba batiendo en las barricadas y que mandaba una fuerza considerable, +cuya nueva cayó como una bomba en el colegio, produciendo gran +perturbación y sobresalto, ya que no sorpresa, entre los alumnos. El +profesor León adquirió entre nosotros en aquel mismo punto un +maravilloso prestigio, se levantó ante nuestros ojos con talla colosal y +no poco se arrepintieron algunos de haberle denigrado apodándole _el +Camello_ y haciendo chacota de su levita. Todo se volvió ensalzar su +valor y sus fuerzas y entregarse a mil gratos comentarios acerca de su +próxima victoria: uno que se jactaba de tener buen olfato decía que +algo había presumido al no verle los días anteriores en el colegio, otro +aseguraba que si vencía la revolución el capellán D. Jerónimo lo iba a +pasar muy mal porque había declarado la guerra sin motivo a D. León. +Mareábamos al criado que trajo la noticia con un sin fin de preguntas: +queríamos que nos informase de todos los pormenores, y el pobre sólo +sabía por referencia que el profesor se hallaba hacia la calle de Toledo +mandando una barricada. El director se había encerrado en su cuarto; el +capellán había desaparecido; algunos aseguraban que estaba metido entre +colchones con un _canguelo_ que no le llegaba la camisa al cuerpo. +Reinaba dulce indisciplina en el colegio. + +En esto, a mí y a otros dos compañeros nos vino la idea de fugarnos y +marchar a ponernos a las órdenes de D. León. Dicho y hecho; espiamos las +vueltas del inspector, bajamos quedito las escaleras, abrimos la puerta +con cuidado, y ¡pies para qué os quiero! nos dimos a correr hacia la +Puerta del Sol sin volver la cara atrás. Las calles presentaban un +aspecto siniestro, casi todas solitarias, los balcones de las casas +herméticamente cerrados, en las esquinas algunos centinelas con el fusil +terciado; los pocos transeúntes que veíamos cruzaban velozmente, con +ánimo, sin duda, de guarecerse en su casa lo más pronto posible, y sólo +se detenían trémulos ante el «¿quién vive?» del soldado. La Puerta del +Sol estaba ocupada militarmente; muchos soldados, muchos cañones y al +mismo tiempo mucho silencio: la _gresca_ andaba por los barrios bajos. +Tuvimos que dar un gran rodeo para llegar a ellos, cosa que no +hubiéramos conseguido si en vez de niños fuésemos hombres; mas nuestra +corta edad nos salvaba de toda detención y reconocimiento, pensando los +soldados que andábamos buenamente en busca de la casa. Llegados a la +plaza de Antón Martín pisamos terreno revolucionario: veíase una +muchedumbre de paisanos trabajando con afán en levantar una formidable +barricada; patrullas y grupos de hombres armados entraban y salían en la +plaza por sus bocacalles; las casas estaban fortificadas. Uno de +nosotros se acercó a preguntar a un obrero de luenga barba, que iba +armado con carabina de caza, por D. León. «D. León... D. León... ¿qué se +yo quién diablos es D. León?»--dijo sin detenerse;--y volviéndose a los +pocos pasos, exclamó en tono áspero: «¡Eh, chiquillos, metéos pronto en +casa, no vaya a suceder una desgracia!» Los tres alumnos del colegio del +Salvador seguimos por la calle de la Magdalena hasta la plaza del +Progreso. Allí volvimos a preguntar por D. León: tampoco nos dieron +noticia, pero un chulo compasivo nos dijo: «Venid conmigo, si queréis; +¿no decís que debe de estar en las barricadas de la calle de Toledo? +Pues apretad el paso, que yo voy hacia allá.» Al llegar a esta calle +tratamos igualmente de informarnos, y también fue en vano; mas en la +plaza de la Cebada, al preguntar a un grupo de hombres, todos armados de +carabinas, que había delante de una taberna, nos replicó uno de ellos: +«¿Ese D. León que manda una barricada, es alto, de bigotes +blancos?»--Sí, señor.--«¡Toma--dijo volviéndose a sus compañeros--pues +si es el general León!» Quedamos maravillados y pedimos con afán ser +presentados a él. El mismo interlocutor nos condujo a otra taberna que +allí cerca estaba, y entrando por ella hallamos en la trastienda, +rodeado de una docena de chulos y gañanes, a nuestro profesor, con un +_kepis_ de miliciano en la cabeza, faja encarnada de general, sable y +botas de montar; pero con la misma levita. + +Recibiónos con gran alborozo, nos hizo servir dulces, y como cosa +extraordinaria y propia de las batallas, un poco de vino; mas de ningún +modo consintió en darnos las armas que le pedíamos. Nos contó cómo había +rechazado en la Cava Baja con veintisiete hombres a dos compañías de +cazadores, y de qué forma estaba dispuesto a «rendir el último suspiro +en holocausto de la libertad». Los chulos que tenía a sus órdenes le +llamaban «mi general», cosa que nos tenía encantados, por más que no nos +pareciese muy en su lugar que los simples soldados bebiesen en la misma +copa que el general y discutiesen con él los planes de campaña. + +Al parecer, tratábase de secundar el movimiento de las tropas +revolucionarias que iban a atacar el palacio de la Reja. El general +reunió en la taberna hasta treinta hombres mejor o peor armados, y +echándoles una arenga, donde puso a los «césares y dictadores» por los +pies de los caballos, se dispuso a salir con su «valerosa legión» a +clavar «el puñal de Bruto en el corazón del tirano». Los chulos no +entendieron bien, pero bebieron una copa y se echaron de nuevo a la +calle. El general dio orden al tabernero de que nos hiciese conducir con +las debidas precauciones al colegio tan pronto como cesase el fuego. + +Al día siguiente supe que la revolución había triunfado. En el colegio +se murmuró como cosa cierta que D. León iba a ser nombrado Capitán +general de Madrid; pero aunque mucho leímos y releímos los periódicos en +los días siguientes, nunca pudimos tropezar con el nombre del general. +Llegó un instante en que creímos que había perecido en el combate, si +bien no comprendíamos cómo no se hablaba más de esta desgracia. Al cabo +de algún tiempo supimos por fin que el nuevo gobierno había reconocido +a D. León el grado de alférez y que pasaba a servir al cuerpo de +Carabineros. Crean ustedes que padecí un terrible desengaño, y hasta +escribí a mi profesor suplicándole que no aceptase; pero mis ruegos +fueron desoídos. D. León ganaba once duros más al mes... y tenía cinco +hijos. + + + + +EL SUEÑO DE UN REO DE MUERTE + + +Una mañana, al salir de casa, hirió mis oídos el repique agudo y +estridente de una campanilla. Llevé la mano al sombrero y busqué con la +vista al sacerdote portador de la sagrada forma; pero no le vi. En su +lugar tropezaron mis ojos con un anciano, vestido de negro, que llevaba +colgada al cuello una medalla de plata; a su lado marchaba un hombre con +una campanilla en la mano y un cajoncito verde en el cual la mayoría de +los transeúntes iban depositando algunas monedas. De vez en cuando se +abría con estrépito un balcón, y se veía una mano blanca que arrojaba a +la calle algo envuelto en un papel; el hombre de la campanilla se +bajaba a cogerlo, arrancaba el papel, y eran también monedas que +inmediatamente introducía en el cajoncito verde: cuando levantaba la +vista al balcón, estaba ya cerrado. Lo adiviné todo. + +Un ligero temblor corrió por todo mi cuerpo, y a toda prisa procuré +alejarme de aquella escena. Corrí por la ciudad, haciendo inútiles +esfuerzos para no escuchar el tañido de la fatal campanilla, y en todas +partes tropezaba con la misma escena. Notaba que los transeúntes se +miraban unos a otros con expresión de susto, y se hacían preguntas en +tono bajo y misterioso. Algunos chicos, pregoneros de periódicos, +chillaban ya desaforadamente: «La Salve que cantan los presos al reo que +está en capilla». + +Desde que tengo uso de razón he sabido que existe la pena de muerte en +nuestro país; y no obstante, siempre la he mirado del mismo modo que los +autos de fe y el tormento; como una cosa que pertenece a la historia. +Esto se explica, atendiendo a que he residido siempre en una provincia +donde por fortuna hace ya bastantes años que no se ha aplicado. Conocía +algunos detalles de la ejecución de los reos sólo por referencia de los +viejos, a los cuales no dejaba de mirar, cuando me lo contaban, con +cierta admiración, mezclada de terror. + +Recuerdo que en la madrugada de un día de otoño frío y lluvioso, salí de +mi pueblo para Madrid. Despedime de mi madre, y turbado y conmovido como +nunca lo había estado, bajé a escape la escalera en compañía de mi +padre. Ambos marchábamos embozados hasta las cejas, no sé si por miedo +al frío o por no vernos las caras. Nuestros pasos resonaban +profundamente en las calles solitarias; la luz triste y escasa del día +que comenzaba daba cierto aspecto de antorchas funerarias a los faroles +que aun se hallaban encendidos, y las casas, dejando caer de sus tejados +algunas gotas de lluvia, parecían llorar mi marcha. Al atravesar un +campo situado a la salida de la población, me dijo mi padre: «Este es el +sitio donde se ajusticiaba a los reos de muerte.» Sentí un temblor igual +al que corrió por mi cuerpo cuando vi al hombre del cajón verde. ¡Dios +mío, qué lejos estaba en aquel momento mi corazón de estas escenas de +horror! + +Pasé todo el día inquieto y nervioso escuchando el toque de la +campanilla fúnebre por todas partes. A la verdad, no puedo decidir si la +campanilla sonaba realmente, o eran mis oídos los que la hacían sonar. +Compré cuantos papeles se vendían por las calles referentes al reo, y +los devoré con ansia. No me atreví, sin embargo, a pasar por delante de +la cárcel para mirar la ventana de la estancia donde se hallaba, aunque +me dijeron que había mucha gente por aquellos sitios. En cambio pasé +varias veces por delante de la casa de su esposa. La desgraciada mujer +había venido de muchas leguas lejos, a solicitar el indulto, y alojaba +en una casa sucia y miserable de uno de los barrios extremos de Madrid. +Allá a la noche me sentí fatigado, cual si hubiera pasado el día +trabajando, cuando no hice otra cosa que errar distraído por las calles, +y me acosté temprano. Tardé en conciliar el sueño, como sucede siempre +que uno anda caviloso, y por dos o tres veces, cuando ya creía ganarlo, +me despertó un gran estremecimiento parecido a la emoción que se +experimenta al tocar el botón de una máquina eléctrica. Al fin me dormí. +Así como lo temía, toda la noche soñé con patíbulos y verdugos: mas no +dejaron de ser bastante curiosos y significativos mis sueños, por lo +cual, aunque me cueste trabajo, voy a trasladarlos al papel. + +Soñé que me achacaban un gran crimen, y que ponían en seguimiento de mis +pasos a toda la policía de Madrid. Mis tretas para burlar su +persecución, se redujeron a echarme a correr por la puerta de San +Vicente hacia fuera, metiéndome en los lavaderos del Manzanares, donde +me creí perfectamente seguro de las asechanzas de mis enemigos. Con +efecto, estando allí muy tranquilo mirando correr el agua de jabón y +viendo a las lavanderas colgar sus ropas en los cordeles, dieron sobre +mí el presidente del Consejo de Ministros, el de la Juventud Católica, +el ministro de Fomento y el de Gracia y Justicia, los cuales +inmediatamente me amarraron y me condujeron a la cárcel. El ministro de +Fomento propuso que se me llevara cogido por los pies y a la rastra, +pero el presidente de la Juventud Católica hizo observar que se me iba a +estropear la ropa, y fue desechada la proposición. + +La cárcel era un edificio grande, sólido y austero, con un crecido +número de balcones y ventanas, cosa que me sorprendió, a pesar de la +turbación de ánimo en que me hallaba, pues tenía la idea de que en las +cárceles había poca ventilación. Me encerraron en un calabozo circular, +sin ventana ninguna: de suerte que me vi sumido en la más completa +oscuridad. Mas no se pasó mucho tiempo sin que se abriera la puerta de +par en par, y entrara por ella un carcelero con una bujía encendida +anunciándome que pronto llegaría el juez y el escribano. Aparecieron al +fin estos dos varones, y fue extraordinaria mi sorpresa al encontrarme +enfrente de dos señores que jugaban todas las tardes al billar conmigo +en el café Suizo. Aparentaron no conocerme, e inmediatamente se pusieron +a tomarme declaración, ofreciéndome antes algunos merengues con objeto, +según decían, de que tuviese la voz más clara. El juez, que era de los +dos el que mejor jugaba las carambolas de retroceso, después de haberme +obligado a confesar una porción de crímenes a cual más horroroso, hizo +un gesto muy expresivo a su compañero, llevándose la mano al cuello y +sacando al mismo tiempo la lengua. Yo tomé el gesto por donde más +quemaba, y barrunté muy mal del asunto. + +A las dos horas poco más o menos, tornaron a abrir la puerta, y entró el +escribano a leerme la sentencia. No se me condenaba nada más que a morir +en garrote vil, si bien en atención a que jugaba con mucha seguridad los +recodos limpios, dejábase a mi arbitrio señalar el día de la ejecución. +Por un instante tuve el intento de aplazar indefinidamente este día, +juzgando que era muy joven para morir de modo tan desastroso: mas pronto +revoqué mi acuerdo por motivos de delicadeza, y pedí se me ejecutara al +día siguiente. Hay que confesar que tengo un sueño muy digno. + +Una vez resuelto que me ejecutarían al día siguiente, la única idea que +se apoderó de mí fue la de morir con serenidad y entereza; y en efecto, +demostré, al decir de todos los que me rodeaban, un gran carácter +durante las horas de la capilla. Comí y dormí tranquilamente, y pasé +algunos ratos departiendo con los redactores de _La Correspondencia_. De +vez en cuando procuraba verter alguna frase bonita para que éstos la +reprodujesen en su diario y las gentes se admirasen de mi valor. + +Llegó por fin el instante terrible de emprender la marcha hacia la +muerte, y yo la emprendí con la mayor sangre fría. En aquel momento lo +que me embargó fue un gran sentimiento de vergüenza, y recuerdo que +exclamé apretándome contra el sacerdote que marchaba a mi lado: «¡Ah, +por Dios, que no me vean, que no me vean!» Hasta el instante de salir de +la cárcel, no se me ocurrió que iba a hallarme frente a una muchedumbre +de espectadores, y que algunos millares de ojos se irían a clavar sobre +mi rostro con expresión de burla y desprecio. Este pensamiento hizo +flaquear mi valor: me aterraba infinitamente más que la perspectiva del +cadalso. Sentía dentro de mí fuerzas bastantes para mirar a la muerte +cara a cara, y al mismo tiempo me contemplaba incapaz por entero de +soportar la vista de un público curioso y hostil. + +Congojado y muerto de vergüenza salí por la puerta de la cárcel entre un +grupo de curas, soldados y carceleros. No quise levantar la vista del +suelo, porque temía desfallecer; mas el silencio pavoroso y +extraordinario que observé en torno mío, incitome a alzar los ojos. ¡Qué +sorpresa y qué ventura! La calle estaba desierta. Fuera del cortejo que +me rodeaba, ni una sola figura humana veíase cerca ni lejos. Los +balcones y ventanas de las casas, así como las puertas de los comercios, +se hallaban perfectamente cerradas. Los curas, soldados y carceleros, +después de pasear la vista por el ámbito de la calle, mirábanse unos a +otros con acentuada expresión de asombro. El único objeto que hería la +vista en medio de esta soledad era el carruaje miserable y fatídico que +me esperaba. Antes de entrar miré al cielo. Aparecía cubierto por un +leve manto de nubes, tan leve, que no conseguía velarlo por entero, +semejante a una colcha de encaje con fondo azul. El sol, asomando su +ardiente pupila por los agujeros de esta celosía de nubes, era el único +curioso que nos observaba. + +El carruaje marchaba lentamente. Yo, sin atender a las exhortaciones del +clérigo que iba a mi lado, asomaba la cabeza por la ventanilla +explorando con los ojos la calle, las puertas y los balcones de las +casas. Nada, ni un ser humano parecía. Allá en las afueras de la +población, distinguí dos niños que corrían sofocados hacia la puerta de +una casa, desde la cual su madre les llamaba a gritos. Cuando pasamos +por delante de esta casa, la madre y los hijos habían desaparecido. Un +poco más allá tropezamos con un hombre que llevaba un saco cargado sobre +la espalda, el cual, así que nos percibió, dio la vuelta y echó a andar +apresuradamente por una calle lateral, perdiéndose muy pronto de vista. + +Llegamos, por último, a la vista del patíbulo situado en medio de un +extenso campo. Allí fue mucho mayor mi sorpresa. Ni en torno del +patíbulo, ni en toda la tierra que alcanzaban los ojos, se veía tampoco +una figura humana. Subí las escaleras del tablado, deteniéndome a cada +instante para mirar alrededor, pues no acertaba a comprender lo que era +aquello. El cielo presentaba un aspecto distinto. Su manto de nubes era +más espeso; la vaporosa túnica de encaje había sido reemplazada por una +cortina gris que cerraba herméticamente toda la bóveda celeste; el sol +ya no tenía celosía por donde mirarnos. La llanura triste y oscura en +que reposa Madrid, exhalaba un vapor trasparente que concluía por +aproximar la línea vaga y fina que cierra el horizonte. Los objetos +ofrecíanse indecisos y temblorosos, como si hubieran perdido sus +contornos, y la luz se filtraba con trabajo por aquel cielo de algodón +para sumirse luego en la tierra negra y húmeda. Respirábase en este +ambiente espeso, que no hería apenas ruido alguno, cierta calma: pero +una calma que oprimía en vez de refrescar el corazón. + +Volví los ojos hacia la ciudad. La luz parecía que resbalaba sobre ella +sin penetrarla; sus mil torrecillas no tenían fuerza para romper +enteramente la atmósfera opaca que las envolvía. Mirando más y más, +observé que lentamente iban elevándose desde su seno hacia el firmamento +un número infinito de pequeñas columnas de humo, las cuales al +extenderse en el aire se abrazaban, y juntas subían a engrosar el ya +tupido velo que ocultaba al sol. Aquellas columnas de humo me hicieron +pensar en los hogares que debajo de ellas había, y todo lo comprendí en +un instante. En torno de aquellos hogares humeantes moraban muchos seres +que no habían tenido la curiosidad perversa de bajar a la calle para +verme pasar, y que ahora tampoco rodeaban el patíbulo para verme morir. +Me sentí profundamente conmovido. La gratitud penetró en mi corazón como +una luz del cielo, como un bálsamo dulcísimo, y perdí por completo los +pocos deseos que me ligaban a la vida. «Gracias pueblo de Madrid, +exclamé dirigiéndome a la ciudad: gracias, pueblo generoso y culto, por +no haber venido a gozar con el espectáculo de mi muerte ignominiosa. +¡Qué hubieras ganado presenciando la suprema agonía de un infeliz! En +este angustioso y solemne instante no has querido ennegrecer aún más mi +situación, con la vergüenza y el oprobio. Tú naciste para algo más que +para ser ayudante del verdugo. Si hubieses llegado hasta aquí, si +hubieses contemplado con refinada crueldad mi vergonzosa muerte, yo te +juro que al tornar a casa no serían tan serenas tus miradas como lo son +ahora, ni el beso de la hija o de la esposa te sabría tan dulce. Mi +agonía te hubiera quitado el sosiego, te hubiera envenenado el alma por +algunas horas. Tú has sabido vencer esa feroz y brutal curiosidad que +pudiera impulsarte a presenciar mi muerte, porque has adivinado que +degradándome a mí, te degradabas a tí mismo. Has sido misericordioso y +humano, y has respetado tu propio corazón. ¡Gracias, noble pueblo, +gracias, y que el Dios de los cielos te pague tu buena obra!» + +Un torrente de lágrimas salió de mis ojos al pronunciar estas palabras: +un torrente de lágrimas dulces, como son siempre las del agradecimiento. +Después, más sereno y animoso, senteme en el fatal banquillo, y seguí +contemplando la ciudad, que empezaba a romper las brumas que la +envolvían para recibir de nuevo las caricias del sol. Una mano ruda +sujetó por un instante mi cabeza; un lienzo cubrió mis ojos; sentí mucha +apretura en la garganta, y... desperté. + +El cuello de la camisa me estaba apretando de un modo extraordinario. No +hice más que soltar el botón y quedé otra vez profundamente dormido. + + + + +LA ABEJA + +PERIÓDICO CIENTÍFICO Y LITERARIO + + +No muchos días después de haber llegado a Madrid con el fin de seguir la +carrera de leyes, fui invitado por uno de mis condiscípulos para entrar +en cierta Academia o Ateneo escolar, donde algunos jóvenes estudiosos se +adiestraban en el arte de la elocuencia. Acepté con gusto la oferta; +asistí algunos jueves a la sesión, y vencida la timidez natural del +provinciano, llegué a intervenir en algún debate, si no con éxito +lisonjero, por lo menos con la tolerancia benévola de mis consocios. + +A los tres o cuatro meses de instituida aquella sabia y nobilísima +Sociedad, comprendimos la urgencia de tener un _órgano_ en la prensa, y +resolvimos incontinenti fundarlo. Había de ser semanal y titularse _La +Abeja_. Al efecto, vaciamos los bolsillos en manos del presidente +(director nato del periódico) y nos pusimos de todo en todo a sus +órdenes. La redacción se constituyó en el mismo local del Ateneo, que +era el cuarto de estudio de uno de nuestros compañeros; una habitación +aguardillada, donde los sábados se aplanchaba la ropa de la casa, no +pudiendo por lo mismo reunirnos en este día. + +Discutiose ampliamente el reglamento y se nombró administrador y +redactor en jefe. Yo quedé de simple redactor, pero encargado además de +entenderme con el impresor y corregir las segundas pruebas. + +Al cabo de un mes de idas y venidas y no pocos trabajos, salió a luz _La +Abeja_, que llevaba entre otros un artículo mío histórico acerca de +Felipe II. Este artículo en que se defendía la política del monarca +español y se vindicaba su nombre, consiguió llamar la atención de las +familias de los redactores y me valió no pocas enhorabuenas. + +¡Qué placer tan intenso experimentó aquel grupo de muchachos reunidos en +el cuarto aguardillado, cuando el mozo de la imprenta depositó en el +suelo un fardo de _Abejas_! Fui comisionado para ir en busca de +vendedores. En menos de una hora reuní treinta o cuarenta chicos en el +portal de la casa; pero se negaron resueltamente a dar un cuarto por el +nuevo periódico. Después de vacilar mucho, ardiendo en deseos de oírnos +pregonados por las calles, nos decidimos a darlo de balde, «aunque sólo +por una vez;» los chicos, tomando los puñados de ejemplares que yo les +repartía embargado de emoción, se echaron a correr gritando: «El primer +número de _La Abeja_, periódico científico y literario, a dos cuartos». + +Seguíles para ver el efecto que causaba su aparición «en el estadio de +la prensa» (así se decía en el artículo de entrada). Corría como un +gamo, aunque disimuladamente, para no perderlos de vista. ¡Cómo me +saltaba el corazón! Los gritos de los muchachos herían mis oídos con +dulzura inefable; las calles se mostraban más animadas que de ordinario; +los semblantes de los transeúntes parecían más alegres; el cielo estaba +más azul; el sol brillaba con más fuerza. Esperaba que la gente se +disputase los ejemplares como pan bendito (¡el título era tan +llamativo!). Pero nada; ni un solo transeúnte detuvo el paso para decir: +«¡Eh, chis, chis, venga _La Abeja_, muchacho!» + +Los chicos corrían, corrían siempre gritando furiosamente, y yo los +seguía jadeante: la hoguera de mi entusiasmo se iba apagando a medida +que entraba en calor. Aquel enjambre de _Abejas_ científicas y +literarias que zumbaba por los sitios céntricos no despertaba simpatía +en el público; al contrario, todos las huían, cual si temiesen que les +clavasen el aguijón. En la calle de Carretas, un caballero gordo con +barba de cazo compró un ejemplar. Me sentí enternecido; de buen grado le +hubiese dado un abrazo; no se me olvidó jamás la fisonomía de aquel +hombre. Más tarde me acometió el deseo vanidoso de distinguirme entre +mis compañeros: llamé a tres o cuatro muchachos que me conocían por +haber recibido el periódico de mis manos, y les ordené que gritaran: «El +primer número de _La Abeja_, con la defensa de la política de Felipe II +en los Países Bajos.» Contra lo que imaginaba, tampoco causó efecto el +nuevo pregón: solamente advertí que un grupo de jóvenes venía riendo y +soltando chistes groseros a propósito de los Países Bajos, lo que me +obligó a revocar la orden. + +Lastimado por la frialdad del público, que no sabía a qué atribuir, no +me acordé de ir a almorzar: tan pronto la achacaba a la poca o ninguna +afición que hay en España a la literatura, como a la falta de anuncios: +unas veces pensaba que en la primavera no es conveniente fundar +periódicos; otras me entregaba a la superstición imaginando que no +debimos comenzar a imprimir el nuestro en martes. Vi que mucha gente +compraba una revista de toros y loterías, y esto me sugirió un sin fin +de amargas consideraciones. Cansado, molido y triste me retiré a casa +después de vagar cuatro o cinco horas por las calles: al pasar por la +Puerta del Sol oí pregonar _La Abeja a cuarto_.--«¡Ah, tunante!--grité +ciego de cólera, sacudiendo a un chiquillo por el cuello--bien se conoce +que a tí no te ha costado nada!»--Aquella rebaja de precio me parecía +una vergonzosa degradación. + +Aunque la ilustrada redacción de _La Abeja_ experimentó notable +desengaño, no por eso desmayó. Pudo más en sus dignos individuos el +noble deseo de la gloria que el afán de lucro. Habíamos gastado algunos +cuartos, es verdad, pero en cambio habíamos salido a la luz de la +publicidad y visto nuestros pensamientos en letras de molde y con la +firma al pie. Para que el segundo número se imprimiese fue necesario +repartir un nuevo dividendo pasivo a los socios, que se impusieron con +gusto este sacrificio pecuniario. + +No fue más afortunado el segundo número de _La Abeja_ en su aspecto +económico: los chicos persistían en la idea funesta de no soltar un +cuarto por aquel periódico; si querían dárselo de balde, bueno; si no, +queden ustedes con Dios. + +El amor a la gloria venció de nuevo al sórdido interés, y lo entregamos +graciosamente a los desvergonzados pilluelos, que se reían de nuestra +inexperiencia. + +Tales sacrificios estaban compensados por ciertos deleites no +comprendidos sino de quien los haya experimentado. El primer deleite, el +de considerarse escritor público, que lleva envuelta la idea de maestro +y director de la opinión, y por consecuencia el respeto de la gente. +Cuando entrábamos en los cafés, y colgadas del armario del expendedor de +periódicos contemplábamos unas cuantas _Abejas_, con su viñeta en madera +henchida de alusiones simbólicas, un gozo inexplicable nos inundaba, +inflábase nuestro ser moral y físico, y sonreíamos desdeñosamente al +vulgo que nos rodeaba; nos parecía imposible que los concurrentes +hablasen de otra cosa que no fuese _La Abeja_, y no adivinasen que +tenían la honra de hallarse cerca de sus redactores. Además, ¡con qué +íntimo regocijo no decíamos a nuestras respectivas patronas al salir de +casa: «Si alguien pregunta por mí, decirle que estoy en la redacción... +ya sabe V... en la _redacción_!» Y la boca al proferir esta palabreja +mágica se nos hacía almíbar, como cuentan que le acaecía a cierto santo +cuando pronunciaba el nombre de María. + +Y efectivamente, en la aguardillada redacción pasábamos la mayor parte, +casi todas las horas de nuestra existencia. No que estuviésemos +escribiendo todo el tiempo ni mucho menos; pero había otros quehaceres +auxiliares del periodismo, que no por ser materiales dejaban de +participar de su alteza: sea ejemplo el arte delicado de cortar, +escribir y pegar las fajas, en el que sobresalíamos casi todos, y el no +menos noble y exquisito de pegar los sellos con la propia saliva, en el +que ya quedaban algunos rezagados, seco y exhausto el gaznate. + +Para un periódico semanal, y no de gran magnitud, la verdad es que +bastaban los diez y nueve redactores que habíamos tenido el honor de +fundarlo. ¿Con qué objeto, pues, se habían otorgado plazas de redactores +honorarios a una porción considerable de muchachos? Sin duda para +satisfacer cada cual los deseos de algún amigo; compromisos personales +que no se pueden eludir; y sin embargo, esta tolerancia produjo a la +postre funestos resultados. El cuarto destinado a redacción y +administración no era tan ámplio que consintiese la permanencia en él de +tanta gente. Desde por la mañana bien temprano comenzaban a entrar +escritores: y como ninguno salía, la consecuencia era que al poco rato +el local se atestaba y los redactores zumbaban como verdaderas y +genuinas abejas en una colmena, se codeaban, se estrujaban e impedían de +todo punto la entrada de los compañeros que llegaban tarde. Redactor +hubo que en ocho días no logró poner los pies en la oficina. + +¡Quién nos dijera que tan presto había de morir un periódico destinado a +ser «vigoroso adalid de la ciencia y campeón infatigable de la cultura +patria» (palabras textuales del programa firmado por la redacción)! +Estaba escrito, no obstante, que pocos días antes de salir el cuarto +número de _La Abeja_ estallaría una furiosa borrasca entre los campeones +infatigables de la cultura patria. Las más grandes empresas, las obras +más altas y portentosas pueden venir al suelo por livianos motivos. +Troya pereció por los devaneos de un petimetre: _La Abeja_ por una +disquisición histórica. + +Había escrito yo un articulito vindicando la memoria de D. Pedro I de +Castilla, demostrando que el título de _cruel_ con que le apodaban la +mayor parte de los historiadores no le cuadraba, y que mejor le venía el +de _justiciero_. En asuntos históricos me gustaba mucho defender a los +personajes caídos: ya había hecho otro tanto con Felipe II. Mas a uno de +los redactores, que ejercía al propio tiempo el cargo espinoso de +expedir volantes a los suscritores para el cobro de los recibos, no le +agradó esta defensa, y se autorizó el manifestar su opinión contraria. +Al instante salté yo henchido de erudición, relleno hasta la boca de +datos concluyentes: se entabló una discusión animada. + +El redactor disidente, a falta de datos, manifestó que era una +_tontería_ el ir contra la opinión general: yo sostuve con serenidad que +había muchas opiniones generales erradas, y que una de ellas era ésta; y +en apoyo de mi tesis, solté el chorro de la ciencia que había adquirido +tres días antes. El contrario repuso, que mientras los grandes +historiadores no lo autorizasen, consideraba una _estupidez_ el sostener +idea tan absurda: yo expuse con sangre fría y sonrisa impertinente, las +razones que tenía para opinar de esta manera. El partidario de la +crueldad de D. Pedro, viéndose acorralado, no encontró mejor recurso +para salir del paso que descargar un tremendo mojicón en la faz +insolente del campeón de la justicia. Gran alboroto en la colmena: +replico yo a mi adversario con idénticos argumentos: los redactores se +reparten en dos bandos, y se entabla una batalla donde menudean los +puñetazos y coscorrones; ruedan las sillas, caen las mesas, quiébranse +los vidrios de algunos cuadros, y hasta hubo quien apoderándose de las +tijeras de recortar sueltos, formó círculo en torno suyo y esparció el +terror entre los contendientes. + +Mas he aquí que en el marco de la puerta aparece la figura severa e +imponente de la doncella de la casa. Calmáronse las olas; silencio +sepulcral; todos los rostros vueltos hacia aquella nueva cabeza de +Medusa. + +--¿Se creen, por lo visto, que no hay nadie en casa más que Vds.? ¿No +saben ustedes que la señorita está delicada?... ¿Qué escándalo es +éste?... ¿No saben ustedes que el señor prohibió que se haga ruido?... + +Nadie se aventuró a responder a estas tremendas interrogaciones. + +La doncella se dignó pasear una mirada arrogante por toda la redacción; +pero la detuvo llena de horror y de cólera al llegar al hijo de los +dueños de la casa. + +--¡Cómo!... ¡Mi señorito sangrando por las narices!... ¡Tunantes!... +¡Granujas!... ¡Fuera de aquí todo el mundo!... ¡Pillería como esta no la +quiero yo en casa!... ¡Fuera!... ¡Fuera!... + +Y en efecto, el ilustrado cuerpo de redacción de _La Abeja_, herido, +escarnecido, arrojado ignominiosamente de su santuario por una miserable +sirviente, bajó las escaleras a toda prisa, se disolvió al llegar a la +calle, se esparció por Madrid y nunca más volvió a juntarse. + + + + +LOS PURITANOS + +(NOVELA) + + +Era un caballero fino, distinguido, de fisonomía ingenua y simpática. No +tenía motivo para negarme a recibirle en mi habitación algunos días. El +dueño de la fonda me lo presentó como un antiguo huésped a quien debía +muchas atenciones: si me negaba a compartir con él mi cuarto, se vería +en la precisión de despedirle por tener toda la casa ocupada, lo cual +sentía extremadamente. + +--Pues si no ha de estar en Madrid más que unos cuantos días, y no tiene +horas extraordinarias de acostarse y levantarse, no hay inconveniente en +que V. le ponga una cama en el gabinete.... Pero cuidado... ¡sin +ejemplar!... + +--Descuide V., señorito, no volveré a molestarle con estas embajadas: Lo +hago únicamente porque D. Ramón no vaya a parar a otra casa. Crea V. que +es una buena persona, un santo, y que no le incomodará poco ni mucho. + +Y así fue la verdad. En los quince días que D. Ramón estuvo en Madrid no +tuve razón para arrepentirme de mi condescendencia. Era el fénix de los +compañeros de cuarto. Si volvía a casa más tarde que yo, entraba y se +acostaba con tal cautela, que nunca me despertó; si se retiraba más +temprano, me aguardaba leyendo para que pudiese acostarme sin temor de +hacer ruido. Por las mañanas nunca se despertaba hasta que me oía toser +o moverme en la cama. Vivía cerca de Valencia, en una casa de campo, y +sólo venía a Madrid cuando algún asunto lo exigía: en esta ocasión era +para gestionar el ascenso de un hijo, registrador de la propiedad. A +pesar de que este hijo tenía la misma edad que yo, D. Ramón no pasaba de +los cincuenta años, lo cual hacía presumir, como así era en efecto, que +se había casado bastante joven. + +Y no debía de ser feo, ni mucho menos, en aquella época. Aún ahora con +su elevada estatura, la barba gris rizosa y bien cortada, los ojos +animados y brillantes y el cutis sin arrugas, sería aceptado por muchas +mujeres con preferencia a otros galanes sietemesinos. + +Tenía, lo mismo que yo, la manía de cantar o canturriar al tiempo de +lavarse. Pero observé al cabo de pocos días que, aunque tomaba y soltaba +con indiferencia distintos trozos de ópera y zarzuela deshaciéndolos y +pulverizándolos entre resoplidos y gruñidos, el pasaje que con más ardor +acometía y más a menudo, era uno de _Los Puritanos_; me parece que +pertenecía al aria de barítono en el primer acto. Don Ramón no sabía la +letra sino a medias, pero lo cantaba con el mismo entusiasmo que si la +supiera. Empezaba siempre: + + Il sogno beato + De pace e contento + Ti, ro, ri, ra, ri, ro, + Ti, ro, ri, ra, ri, ro. + +Necesitaba seguir tarareando hasta llegar a otros dos versos que decían: + + La dolce memoria + De un tenero amore. + +Sobre los cuales se apoyaba sin cesar hasta concluir el _allegro_. + +--¡Hola! D. Ramón, le dije un día desde la cama; parece que le gusta a +V. _Los Puritanos_. + +--Muchísimo; es una de las óperas que más me gustan. Daría cualquier +cosa por conocer un instrumento para poder tocarla toda. ¡Qué dulzura +hay en ella! ¡Qué inspiración! Estas son óperas y esta es música. +¡Parece mentira que ustedes se entusiasmen con esa algarabía alemana que +sólo sirve para hacer dormir!... A mí me gustan con pasión todas las +óperas de Bellini: _El Pirata_, _Sonámbula_, _I Capuletti e di +Montechi_; pero sobre todas ellas _Los Puritanos_... Tengo además +razones particulares para que me guste más que ninguna otra, añadió +bajando la voz. + +--¡Ole, ole, D. Ramón! exclamé incorporándome de un salto y poniéndome +los calcetines: vengan esas razones. + +--Son tonterías de la juventud... cuestión de amores, contestó +ruborizándose un poco. + +--Pues cuente V. esas tonterías. Me muero por ellas: no lo puedo +remediar, me gustan más esas cosas que la reforma de la ley Hipotecaria +de que V. me habló ayer. + +--¡Al fin poeta! + +--No soy poeta, D. Ramón; soy crítico. + +--Pues me había dicho el amo que era usted poeta... De todas maneras, se +lo contaré ya que V. tiene curiosidad... Verá V. como es una tontería +que no merece la pena... ¡Pero vístase V., criatura, que se está +helando! + + * * * * * + +El año de cincuenta y ocho vine a Madrid con una comisión del +Ayuntamiento de Valencia para gestionar la rebaja de la cuota de +consumos. Tenía yo entonces... eso es, veintinueve años; y ya hacía +siete cumplidos que estaba casado. Es una barbaridad casarse tan joven. +Aunque no tengo motivo para arrepentirme, no aconsejaré a nadie que lo +haga. Vine a parar a esta misma casa, esto es, a la misma posada; la +casa estaba entonces situada en la calle del Barquillo. En aquella +época, bueno será que le advierta, que me complacía en andar muy +lechuguino o sietemesino, como ustedes dicen ahora, cosa que tenía +siempre _escamada_ a mi pobre mujer. ¿Para qué te compones tanto, hombre +de Dios? ¿Vas de conquista? ¡Quién sabe! contestaba riendo y dejándola +un poco enojada. No es malo tener a las mujeres un si es no es celosas. + +Una tarde, una hermosa tarde de invierno, de las que sólo se ven en este +Madrid, salí de casa después de almorzar con el objeto de hacer algunas +visitas y también para espaciarme por esas calles de Dios. Iba caminando +lentamente por la de las Infantas, meditando sobre el plan de la noche o +sea el modo de pasarla más divertido, y saboreando un buen cigarro +habano, cuando de pronto ¡zas! recibo un fuerte golpe en la cabeza que +me hace vacilar; el flamante sombrero de copa fue rodando por un lado y +el cigarro por otro. Cuando me recobré del susto, lo primero que vi a +mis pies fue una enorme muñeca fresca, sonrosada y en camisa. + +Esta buena pieza es la que ha causado el destrozo, dije para mis +adentros, lanzándole una mirada iracunda que la muñeca aparentó no +comprender. Mas como no era de presumir que ella por su voluntad se +hubiese arrojado sobre mí de aquel modo brusco e inconveniente, pues +jamás había hecho daño a ninguna muñeca, creí más probable que de alguna +casa me la hubieran arrojado. Alcé la cabeza vivamente. + +En efecto, el reo estaba de pie en el balcón de un primer piso, +suspenso, atónito, consternado. Era una niña de trece o catorce años. + +Al observar la mirada de espanto y congoja que me dirigía se templó mi +furor, y en vez de lanzarle un apóstrofe violento, como tenía +determinado, le mandé una sonrisa galante. Puede ser que en la formación +de esta sonrisa haya intervenido más o menos directamente la belleza +nada vulgar del criminal. + +Recogí el sombrero, me lo puse, y volví a alzar la cabeza y a remitir +otra sonrisa, acompañada esta vez de un ligero saludo. Pero mi agresor +seguía inmóvil y aterrado sin darse cuenta ni poder explicarse las +amables disposiciones en que su víctima se hallaba. A todo esto la +muñeca seguía en el suelo inmóvil también, pero sin mostrar en modo +alguno sorpresa, pesar, terror, ni siquiera vergüenza de su situación +poco decorosa. Me apresuré a levantarla, cogiéndola, si mal no recuerdo, +por una pierna, y me informé minuciosamente de si había padecido alguna +fractura u otra herida grave. No tenía más que leves contusiones. Alcela +en alto y la mostré a su dueño haciéndole seña de que iba a subir para +entregársela. Y sin más dilaciones entro en el portal, subo la escalera +y tomo el cordón de la campanilla... Ya está abierta la puerta. Mi lindo +agresor asoma su rostro trigueño, gracioso, lleno de vida y frescura, y +extiende sus manos diminutas, en las cuales deposito respetuosamente a +la muñeca desmayada. Quise hablar, para dar mayor seguridad de que no +era nada lo que había pasado, que la muñeca conservaba íntegros sus +miembros, y yo lo mismo, y que celebraba la ocasión de conocer una niña +tan hermosa y simpática, etc., etc. Nada de esto fue posible. La chica +murmuró confusamente un «muchas gracias», y se apresuró a cerrar la +puerta, dejándome con el discurso en el cuerpo. + +Salgo a la calle un poco disgustado, como cualquier otro orador en el +mismo caso, y sigo mi camino, no sin volver repetidas veces la cabeza +hacia el balcón. A los treinta o cuarenta pasos observo que está la niña +asomada, y me paro y la envío una sonrisa y un saludo ceremonioso. Esta +vez contesta, aunque ligeramente, pero se apresura a retirarse. ¡Cuidado +que era linda aquella niña! Al llegar al extremo de la calle sentí la +necesidad imperiosa de verla otra vez, y di la vuelta, no sin percibir +cierta vergüenza en el fondo del corazón, pues ni mi edad, ni mi estado, +me autorizaban semejantes informalidades; mucho menos tratándose de tal +criaturita. Ya no estaba en el balcón. + +Pues yo no me voy sin verla, me dije, y pian pianito, comencé a pasear +la calle sin perder de vista la casa, con la misma frescura que un +cadete de Estado Mayor. Después de todo, aquí nadie me conoce--me iba +repitiendo a cada instante, a fin de comunicarme alientos para seguir +paseando.--Además, yo no tengo nada que hacer ahora; y lo mismo da vagar +por un lado que por otro. + +Justamente, al cruzar tercera o cuarta vez por delante del balcón +apareció en él la gentil chiquita, que al verme hizo un movimiento de +sorpresa, acompañado de una mueca encantadora, se echó a reír y se +ocultó de nuevo. + +¡Pero, qué necios somos los hombres y qué inocentes cuando se trata de +estos asuntos! ¿Querrá V. creer que entonces no sospeché siquiera que la +niña había estado presenciando, sin perder uno sólo, todos mis +movimientos? + +Satisfecho ya el capricho, dejé la calle de las Infantas, y me fui a +casa de un amigo. Mas al día siguiente, fuese casualidad o +premeditación, aunque es muy probable lo último, acerté a pasar por el +mismo sitio a la misma hora. Mi gentil agresor, que estaba de bruces +sobre la barandilla del balcón, se puso encarnado hasta las orejas así +que pudo distinguirme, y se retiró antes de que pasase por delante de la +casa. Como V. puede suponer, esto lejos de hacerme desistir, me animó a +quedarme petrificado en la esquina de la primer boca-calle, en +contemplación estática. No pasaron cuatro minutos sin que viese asomar +una naricita nacarada, que se retiró al momento velozmente, volvió a +asomarse a los dos minutos y volvió a retirarse, asomose al minuto otra +vez y se retiró de nuevo. Cuando se cansó de tales maniobras, se asomó +por entero y me miró fijamente por un buen rato, cual si tratase de +demostrar que no me tenía miedo alguno. Entonces se generalizó por +entrambas partes un fuego graneado de miradas, acompañado por lo que a +mí respecta de una multitud de sonrisas, saludos y otros proyectiles +mortíferos, que debieron causar notables estragos en el enemigo. Éste a +la media hora oyó sin duda en la sala el toque de «alto el fuego», y se +retiró cerrando el balcón. No necesitaré decirle, que por más que me +sintiese avergonzado de aquella aventura, seguí dando vueltas a la misma +hora por la calle, y que el tiroteo era cada vez más intenso y animado. +A los tres o cuatro días me decidí a arrancar una hoja de la cartera y a +escribir estas palabras: _Me gusta V. muchísimo_. Envolví dos cuartos en +la hoja, y aprovechando la ocasión de no pasar nadie, después de hacerle +seña de que se retirase, la arrojé al balcón. Al día siguiente, cuando +pasé por allí, vi caer una bolita de papel que me apresuré a recoger y +desdoblar. Decía así, en una letra inglesa, crecida, hecha con mucho +cuidado y el papel rayado para no torcer: _Tan bien ustez me gusta a mí +no crea que juego con muñecas era de mi ermanita_. + +Aunque sonreí al leer el billete amoroso, no dejó de causarme sensación +dulce y amable, que muy pronto hizo sitio a otra melancólica, al +recordar que me estaban prohibidas para siempre tales aventuras. Aquel +día mi chiquita no salió al balcón, sin duda avergonzada de su +condescendencia; pero al siguiente la hallé dispuesta y aparejada al +combate de miradas, señas y sonrisas, que ya no escasearon por ambas +partes. Una hora o más duraba todas las tardes este juego, hasta que se +oía llamar y se retiraba apresuradamente. La pregunté por señas si salía +de paseo, y me contestó que sí: y en efecto, un día aguardé en la calle +hasta las cuatro y la vi salir en compañía de una señora, que debía de +ser su mamá, y de dos hermanitos. Seguíles al Retiro, aunque a +respetable distancia, porque me hubiera causado mucha vergüenza el que +la mamá se enterase: la chiquilla, con menos prudencia, volvía a cada +instante la cabeza y me dirigía sonrisas, que me tenían en continuo +sobresalto. Al fin volvimos a casa en paz. A todo esto, yo no sabía cómo +se llamaba, y a fin de averiguarlo escribí la pregunta en otra hoja de +la cartera: _¿Cómo se llama V.?_ La chica contestó en la misma letra +inglesa y crecida, con el papel rayado: _Me llamo Teresa no crea ustez +por Dios que juego con muñecas_. + +Diez o doce días se transcurrieron de esta suerte. Teresa me parecía +cada día más linda, y lo era en efecto, porque según he averiguado en +el curso de mi vida, no hay pintura, raso ni brocado que hermosee tanto +a la mujer como el amor. La pregunté repetidas veces si podía hablar con +ella, y siempre me contestó que era de todo punto imposible: si la mamá +llegaba a saber algo ¡adiós balcón! Empecé a sospechar que me iba +enamorando y esto me traía inquieto. No podía pensar en aquella niña sin +sentir profunda melancolía como si personificase mi juventud, mis +ensueños de oro, todas mis ilusiones, que para siempre estaban separados +de mí por barrera infranqueable. Al mismo tiempo me acosaban los +remordimientos. ¡Cuál sería el dolor de mi pobre mujer si llegase a +averiguar que su marido andaba por la corte enamorando chiquillas! Un +día recibí carta suya, participándome que tenía a mi hijo menor un poco +indispuesto, y rogándome que procurase arreglar los negocios y volviese +pronto a casa. La noticia me produjo el disgusto que V. puede suponer; +porque siempre he delirado por mis hijos: y como si aquello fuese +castigo providencial o por lo menos advertencia saludable, después de +grave y prolongada meditación, en que me eché en cara sin piedad, mi +conducta infame y ridícula, canté sin rebozo el yo pecador y resolví +obedecer a mi esposa inmediatamente. Para llevar a cabo este propósito, +lo primero que se me ocurrió fue no acordarme más de Teresa, ni pasar +siquiera por su calle, aunque fuese camino obligado: después, abreviar +cuanto pudiese los asuntos. Según mis cálculos quedaría libre a los +cinco o seis días. + +Ya no seguí, pues, la calle de las Infantas como acostumbraba después de +almorzar, ni aun para ir a la de Valverde, donde vivían unos amigos. Por +la noche, después de comer, como no había peligro de ver a Teresa, la +cruzaba velozmente y sin echar una mirada a la casa. + +Pasaron cuatro días; ya no me acordaba de aquella niña, o si me acordaba +era de un modo vago, como la memoria de los días risueños de la +juventud. Tenía casi ultimados mis negocios y andaba preocupado con la +elección del día para marcharme. Será cosa, a más tardar, del viernes o +el sábado, me dije después de comer, encendiendo un cigarro y echándome +a la calle. El ministro se había negado a rebajar la cuota del +Ayuntamiento, lo cual me tenía muy disgustado. Pensando en lo que había +de decir a mis colegas cuando me viese entre ellos, y en el modo mejor +de explicarles la causa del fracaso, crucé la plaza del Rey y entré en +la calle de las Infantas. La noche era espléndida y bastante templada; +llevaba abierto el gabán y caminaba lentamente gozando con voluptuosidad +de la temperatura, del cigarro y de la seguridad de ver pronto a mi +familia. Al pasar por delante de la casa de la niña me detuve y la +contemplé un instante casi con indiferencia. Y seguí adelante +murmurando: «¡Qué chiquilla tan mona! ¡Lástima será que se la lleve un +tunante!» Después me puse a reflexionar en lo fácil que me hubiera sido +jugar una mala pasada al alcalde y alzarme con el cargo; pero no; +hubiera sido una felonía. Por más que fuese un poco díscolo y soberbio, +al fin era amigo: tiempo me quedaba para ser alcalde. Pero cuando más +embebido andaba en mis pensamientos y planes políticos, y cuando ya +estaba próximo a doblar la esquina de la calle, he aquí que siento un +brazo que se apoya en el mío y una voz que me dice: + +--¿Va V. muy lejos? + +--¡Teresa! + +Los dos quedamos mudos por algunos instantes; yo contemplándola +estupefacto; ella con la cabeza baja y sin abandonar mi brazo. + +--¿Pero dónde va V. a estas horas? + +--Me voy con V.--contestó alzando la cabeza y sonriendo como si dijese +la cosa más natural mundo. + +--¿A dónde? + +--¡Qué se yo! Donde V. quiera. + +A un mismo tiempo sentí escalofríos de placer y de miedo. + +--¿Ha huido V. de su casa? + +--¡Qué había de huir!... solamente se la he jugado a Manuel, del modo +más gracioso!... Verá V. cómo se ríe... Me empeñé hoy en ir a la +tertulia de unas primas, que viven en la calle de Fuencarral, y papá +mandó a Manuel que me acompañase. Llegamos hasta el portal y allí le +dije: márchate, que ya no haces falta; y me hice como que subía la +escalera, pero en seguida di la vuelta sin llamar y me vine detrás de él +hasta casa... ¡Cuando le vi entrar me dio una risa, que por poco me oye! + +La chiquilla se reía aún, con tanta gana y tan francamente, que me +obligó a hacer lo mismo. + +--¿Y V. por qué ha hecho eso?--le pregunté con la falta de delicadeza, +mejor dicho, con la brutalidad de que solemos estar tan bien provistos +los caballeros. + +--Por nada--repuso desprendiéndose de mi brazo repentinamente y echando +a correr. + +La seguí y la alcancé pronto. + +--¡Qué polvorilla es V.!--le dije echándolo a broma--¡Vaya un modo de +despedirse!... Perdón si la he ofendido... + +La niña, sin decir nada, volvió a tomar mi brazo. Caminamos un buen +pedazo en silencio. Yo iba pensando ansiosamente en lo que iba a decir y +en lo que iba a hacer, sobre todo en lo que iba a hacer. Al fin, Teresa +lo rompió, preguntándome resueltamente: + +--¿No me dijo V. por carta que me quería? + +--¡Pues ya lo creo que la quiero a V.! + +--¿Entonces, por qué ha dejado de venir a verme y de pasar por la calle +de día? + +--Porque temía que su mamá... + +--Sí, sí, porque los hombres son todos muy ingratos y cuanto más se les +quiere es peor... ¿Piensa V. que yo no lo sé?... Me ha tenido V. al +balcón todas estas tardes esperándole; ¡pero que si quieres!... Por la +noche detrás de los cristales, le veía pasar, muy serio, muy serio, sin +mirar siquiera hacia mi casa... Yo decía, ¿estará enfadado conmigo? ¿Por +qué se habrá enfadado? ¿Será porque he cerrado el balcón a las tres +menos cuarto? En fin, todo me volvía cavilar, cavilar, sin sacar nada en +limpio... Entonces dije: voy a darle un susto esta noche... + +--Ha sido un susto muy agradable. + +--Si no llega V. a pararse delante de mi casa y a quedarse mirando a los +balcones, no salgo del portal... pero aquello me decidió. + +Momento de pausa, en el cual me acudió a la mente un tropel de +pensamientos que todavía me avergüenzan. Teresa volvió a mirarme +fijamente. + +--¿Está V. contento? + +--¡Vaya! + +--¿Va V. a gusto conmigo? + +--Mejor que con nadie en el mundo. + +--¿No le estorbo? + +--Al contrario, siento un placer como usted no puede figurarse. + +--¿No tiene V. nada que hacer ahora? + +--Absolutamente nada. + +--Entonces vamos a pasear: cuando llegue la hora, V. me lleva a casa y +mamá se figura que me trajo el criado de las primas... Pero si le +estorbo o no le gusta pasear conmigo, dígamelo V... me voy en seguida... + +Yo le contesté apretándole el brazo y tirándole suavemente por la mano +para encajárselo bien en el mío. Teresa continuó hablando con graciosa +volubilidad. + +--Parece mentira que seamos tan amigos ¿no es verdad? Yo pensé cuando le +dejé caer la muñeca encima que le había matado... ¡Qué miedo tuve! ¡Si +V. viera!... Vamos a ver ¿por qué en lugar de enfadarse se sonrió V. +conmigo? + +--¡Toma! porque me gustó V. mucho. + +--Eso pensaba yo: debí de haberle sido simpática, porque sinó la verdad +es que tenía motivo para ponerse furioso. Todavía cuando V. subió a +llevármela estaba muerta de miedo y por eso cerré tan pronto la +puerta... ¡Dichosa muñeca! Me dio tal rabia que la tiré contra el suelo +y la partí un brazo. + +--Pues no debe V. tratarla mal; al contrario, debe V. conservarla como +un recuerdo. + +--¿Sabe V. que tiene razón? Si no hubiera sido por la muñeca no nos +hubiéramos conocido... ni sería V. mi novio;... porque tengo otro... + +--¿Cómo otro? + +--Es decir, ya no lo tengo: lo tenía... Es un primo que está empeñado en +que le he de querer a la fuerza... No vaya V. a creer que es feo... al +contrario, es guapo... pero a mí no me gusta... No lo puedo remediar. Le +dije que sí, porque me dio lástima un día que se echó a llorar. + +Mientras conversábamos de esta suerte, íbamos caminando sosegadamente +por las calles. Para evitar el encuentro con cualquier pariente o +conocido de la niña, procuré seguir las menos principales. Teresa iba +cogida a mi brazo como al de un antiguo amigo, hablando sin cesar, +riendo, sacudiéndome a veces fuertemente y deteniéndose a lo mejor +delante de un escaparate, para hacerme mirar cualquier chuchería. Su +charla era un gorjeo dulce, insinuante, que me conmovía y refrescaba el +corazón; a impulso de ella se fue disipando poco a poco el tropel de +pensamientos pérfidos que vagaba por mi cabeza. Sin saber de qué modo, +también desaparecieron todos mis temores; me figuraba que aquella niña +tenía algún parentesco conmigo, y no hallaba extraordinaria y peligrosa +nuestra situación como al principio. Su inocencia era un velo espeso, +que nos impedía ver el riesgo que corríamos. + +En poco tiempo me contó una infinidad de cosas. Era de Jerez; no hacía +más que un año que estaban en Madrid establecidos; su papá ocupaba un +alto empleo; tenía dos hermanitos y una hermanita. Acerca del carácter +y costumbres de cada uno de ellos se extendió considerablemente; la +hermanita era muy buena niña, amable y obediente; pero los chicos +insufribles; todo el día gritando, ensuciando la casa y peleándose. Su +mamá le había dado jurisdicción sobre ellos hasta para castigarles, pero +no quería usar de ella porque tenía miedo de que le perdiesen el cariño: +que la mamá se arreglara como pudiese. Después habló del papá, que era +muy serio, pero muy bueno; lo único que la tenía apesadumbrada era que +parecía querer más a los chicos que a ellas. La mamá, en cambio, +mostraba predilección por las niñas. Habló después de las primas de la +calle de Fuencarral; una era muy bonita, la otra graciosa solamente: las +dos tenían novio, pero no valían cuatro cuartos: chiquillos que todavía +estudiaban en el Instituto. Tenían, además, un hermano, que era el primo +que había sido su novio; éste ya era bachiller y se estaba preparando +para entrar en el colegio de Artillería. De vez en cuando, en los cortos +intervalos de silencio levantaba graciosamente la cabeza, +preguntándome: + +--¿Va V. a gusto conmigo? ¿Le estorbo? + +Y cuando me oía protestar vivamente contra semejante duda, su rostro +expresivo se iluminaba de alegría y continuaba hablando. + +Habíamos recorrido algunas calles. Ya puede V. imaginarse que yo iba +gozando como los ángeles en el paraíso, y pendiente de los labios de +aquella niña, que al referirme todas las nonadas infantiles de su vida, +parecía infundir en mi alma encantada la ciencia de la dicha. Sin +embargo, no podía desechar cierta vaga inquietud que turbaba mi alegría. +Buscando manera de pasar las horas de que disponíamos más dignamente que +vagando por las calles, tropezamos al bajar la cuesta de Santo Domingo +con el Teatro Real. Al instante se me ocurrió la idea de entrar: Teresa +la aceptó inmediatamente, y a fin de que no reparasen en nosotros, +tomamos entradas de paraíso. Se cantaba _Los Puritanos_, y aquél +rebosaba de gente; de suerte que nos costó algún trabajo introducirnos +y escalar uno de los rincones; pero al cabo llegamos. Teresa se encontró +admirablemente y me pagaba los trabajos que había pasado para llevarla +hasta allí con mil sonrisas y palabras amables. Mientras subían el telón +seguimos charlando, aunque muy bajito: se había establecido entre +nosotros una gran intimidad, y me abandonó una de sus manos que yo +acariciaba embelesado. Cuando empezó la ópera dejó de charlar y se puso +a atender tan decididamente, que a mí me hizo sonreír el verla con la +cabecita apoyada en la pared y los ojos estáticos. Sabía música, pero +había ido al teatro pocas veces; así que las melodías inspiradas de la +ópera de Bellini le causaban profunda impresión, que se traducía por un +leve temblor de las pupilas y los labios. Cuando llegó el sublime canto +del tenor que empieza _A te, oh cara_, me apretó con fuerza la mano +exclamando por lo bajo:--¡Oh qué hermoso! ¡oh qué hermoso! Después me +hizo explicarle lo que pasaba en la escena: halló el matrimonio del +tenor y la tiple muy proporcionado, pero compadecía de veras al +barítono, a quien birlaban la novia; quedó sumamente disgustada cuando +al fin del acto el tenor se ve en la precisión de acompañar a la reina y +dejar abandonada a su futura, y declaró resueltamente que esta era una +conducta indigna. + +--Pero advierta V. que estaba obligado a hacerlo porque era su reina +quien se lo pedía. + +--No importa, no importa; si la quisiera bien no hay reina que valga. Lo +primero siempre es la novia. + +No me fue posible arrancarle tan extraña teoría de la cabeza. Después +que bajó el telón permanecimos en el mismo sitio y me obligó a contarle +mi vida y milagros, cuántas novias había tenido, a quién había querido +más, etc., etc. Ya comprenderá usted que necesité ensartar un sin fin de +patrañas. Después, sin motivo alguno serio, manifestó rotundamente que +todos los hombres eran ingratos. Yo me atreví a apuntar que había +excepciones, pero no fue posible hacérselo reconocer.--Usted será lo +mismo que todos (anunció en tono profético y mirando a un punto del +espacio); me querrá V. un poco de tiempo, y después... si te vi, no me +acuerdo. + +¡Qué rato tan delicioso y tan infernal a la vez, me estaba haciendo +pasar aquella niña! Para llevar la conversación a otro punto, le +pregunté: + +--¿Cuántos años tiene V.? Hasta ahora no me lo ha dicho. + +--Tengo... tengo... mire V., yo siempre digo que tengo catorce, pero la +verdad es que no tengo más que trece y dos meses... ¿y V.? + +--¡Una atrocidad! No me lo pregunte usted, que me da vergüenza. + +--¡Ah qué presumido! ¡Si yo le he de querer lo mismo que tenga muchos +que pocos! + +En seguida me propuso que nos tratásemos de tú, pero después de aceptado +se volvió atrás ofreciéndome que yo la tratase de tú y ella siguiese con +el V. No quise conformarme. + +--Pues mire V., yo no puedo hablarle de tú; me da mucha vergüenza... +Pero, en fin, vamos a ensayar. + +Del ensayo resultó que para evitar el pronombre daba la pobrecilla +infinidad de rodeos y se metía en una serie interminable de perífrasis: +si se aventuraba a dirigirme un tú, lo hacía bajando la voz y pasando +como sobre ascuas. + +Cuando empezó el segundo acto, volvió a escuchar atentamente. Mis ojos +no se apartaban casi nunca de su rostro: ella entornaba a menudo los +suyos para dirigirme una sonrisa apretando al mismo tiempo mi mano. +Observé, no obstante, que se había amortiguado un poco la viva expresión +de su fisonomía y que iba perdiendo aquella graciosa volubilidad del +principio. Las sonrisas de sus labios se fueron haciendo tristes, y por +la cándida frente pasó una ráfaga de inquietud que comunicó a su lindo +rostro infantil cierta grave expresión que no tenía. Parecía que en +virtud de un misterioso movimiento de su espíritu, la niña se +transformaba en mujer en pocos instantes. Dejó de apretar mi mano y +hasta retiró la suya: volví a cogerla disimuladamente, pero al poco +tiempo la retiró de nuevo. + +El segundo acto había terminado. Al bajarse el telón me hizo mirar el +reloj, y viendo las once, dijo que era necesario partir en seguida, +porque a las once y media, a más tardar, iba el criado a buscarla. + +Salimos del teatro. La noche seguía tibia y estrellada: a la puerta +aguardaba una larga fila de coches, que nos fue preciso evitar. Ya no +había en las calles el movimiento de las primeras horas, pero con todo, +seguimos las más solitarias. Teresa no quiso aceptar mi brazo como +antes. Entonces me tocó llevar la voz cantante, y la dije al oído mil +requiebros y ternezas, explicándola por menudo el amor que me había +inspirado y lo que había sufrido en los días en que no pasé por su +calle: recordele todos los pormenores, hasta los más insignificantes, de +nuestro conocimiento visual y epistolar, y le di cuenta de los vestidos +que le había visto y de los adornos, a fin de que comprendiese la +profunda impresión que me había causado. Nada replicaba a mi discurso; +seguía caminando cabizbaja y preocupada, formando su actitud notable +contraste con la que tenía tres horas antes al pasar por los mismos +sitios. Cuando me detuve un instante a respirar, exclamó sin mirarme: + +--Hice una cosa muy mala, muy mala. ¡Dios mío, si lo supiese papá! + +Traté de probarle que su papá no podía enterarse de nada, porque +llegaríamos demasiado temprano. + +--De todas maneras, aunque papá no se entere, hice una cosa muy mala. +Usted bien lo sabe, pero no quiere decirlo. ¿No es verdad que una niña +bien educada no haría lo que yo hice esta noche?... ¡Si lo supiesen mis +primas, que están deseando siempre cogerme en alguna falta!... Pero no +piense V..., por Dios, que lo he hecho con mala intención... Yo soy muy +aturdida... todo el mundo lo dice... pero también dicen que tengo buen +fondo. + +Al proferir estas palabras se le había ido anudando la voz en la +garganta, hasta que se echó a llorar perdidamente. Me costó mucho +trabajo calmarla, pero al fin lo conseguí elogiando su carácter franco y +sencillo y su buen corazón, y prometiendo quererla y respetarla siempre. +Me hizo jurar una docena de veces que no pensaba nada malo de ella. +Después de secarse las lágrimas recobró su alegría y comenzó a charlar +por los codos. Me expuso en pocos instantes una infinidad de proyectos a +cual más absurdo: según ella, debía presentarme al día siguiente en +casa, y pedirle al papá su mano: el papá diría que era muy niña, pero yo +debía replicarle inmediatamente que no importaba nada: el papá +insistiría en que era demasiado pronto, pero yo le presentaría el +ejemplo de una tía, hermana de su mamá, que estaba jugando a las muñecas +cuando la avisaron para ir a casarse. ¿Qué había de oponer a este +poderoso argumento? Nada seguramente. Nos casaríamos, y acto continuo +nos iríamos a Jerez, para que conociese a sus amigas y a sus tíos. ¡Qué +susto llevarían todos al verla del brazo de un caballero, y mucho más, +cuando supieran que este caballero era su marido! + +Estaba tan linda, tan graciosa, que no pude menos de pedirle con +vehemencia que me permitiese darla un beso. No fue posible. Ningún +hombre la había besado hasta entonces; solamente su primo la había dado +un beso a traición, pero le costó caro, porque le dejó caer dos vasos de +limón sobre la cabeza: hasta en los juegos de prendas hacía que pusieran +las manos delante, para que no le tocasen la cara con los labios. Pero +cuando estuviésemos casados, ya sería otra cosa; entonces todos los +besos que se me antojaran, aunque sospechaba que no se los pediría con +tanto ardor como ahora. + +Estábamos próximos ya a su casa. Los carruajes de la gente que volvía de +las tertulias, al cruzar a nuestro lado, apagaban la voz de Teresa y la +obligaban a esforzarla un poco. Las estrellas desde el cielo nos hacían +guiños, como si nos invitasen a gozar apresuradamente de aquellos +momentos felices, que no habían de volver. A lo lejos sólo se veían, +como fuegos fatuos, los faroles de los serenos. + +Llegamos por fin a casa. Delante de la puerta, Teresa volvió a hacerme +jurar que no pensaba nada malo de ella, y que al día siguiente a las dos +en punto de la tarde, me presentaría debajo de sus balcones. + +--Cuidado que no faltes. + +--No faltaré, preciosa. + +--¿A las dos en punto? + +--A las dos en punto. + +--Llama ahora con un golpe a la puerta. + +Cogí la aldaba y di un golpe fuerte. Al poco rato se oyeron los pasos +del portero. + +--Ahora--dijo en voz bajita y temblorosa--dame un beso y escápate de +prisa. + +Al mismo tiempo me presentaba su cándida y rosada mejilla. Yo la tomé +entre las manos y la aplique un beso... dos... tres... cuatro... todos +los que pude hasta que oí rechinar la llave. Y me alejé a paso largo. + + * * * * * + +Dejó de hablar D. Ramón. + +--¿Y después, qué sucedió?--le pregunté con vivo interés. + +--Nada, que aquella noche no pude dormir de remordimientos y al día +siguiente tomé el tren para mi pueblo. + +--¿Sin ver a Teresa? + +--Sin ver a Teresa. + + + +***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AGUAS FUERTES*** + + +******* This file should be named 32235-8.txt or 32235-8.zip ******* + + +This and all associated files of various formats will be found in: +http://www.gutenberg.org/dirs/3/2/2/3/32235 + + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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