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+The Project Gutenberg eBook, Aguas fuertes, by Armando Palacio Valdés
+
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+
+
+
+Title: Aguas fuertes
+
+
+Author: Armando Palacio Valdés
+
+
+
+Release Date: May 3, 2010 [eBook #32235]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+
+***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AGUAS FUERTES***
+
+
+E-text prepared by Chuck Greif and the Project Gutenberg Online
+Distributed Proofreading Team (http://www.pgdp.net)
+
+
+
+AGUAS FUERTES
+
+NOVELAS Y CUADROS
+
+POR
+
+ARMANDO PALACIO VALDÉS
+
+
+
+
+
+
+
+MADRID
+EST. TIP. DE RICARDO FÉ
+Cedaceros, núm. 11
+
+1884
+
+Es propiedad.
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+El Retiro de Madrid:
+
+ I. _Mañanas de Junio y Julio_
+
+ II. _El Estanque grande_
+
+ III. _La Casa de Fieras_
+
+ IV. _El Paseo de los coches_
+
+El Pájaro en la nieve (novela)
+
+La Academia de Jurisprudencia
+
+El Hombre de los patíbulos
+
+La Confesión de un crimen
+
+La Biblioteca Nacional
+
+El Drama de las bambalinas
+
+Lloviendo
+
+El Paseo de Recoletos
+
+_La Castellana_
+
+Los Mosquitos líricos
+
+El Ultimo bohemio
+
+Los Amores de Clotilde (novela)
+
+El Profesor León
+
+El Sueño de un reo de muerte
+
+La Abeja (periódico científico y literario)
+
+Los Puritanos
+
+
+
+
+
+EL RETIRO DE MADRID
+
+
+
+
+I
+
+MAÑANAS DE JUNIO Y JULIO
+
+
+Entre las muchas cosas oportunas que puede ejecutar un vecino de Madrid
+durante el mes de Junio, pocas lo serán tanto como el levantarse de
+madrugada y dar un paseo por el Retiro. No ofrece duda que el madrugar
+es una de aquellas acciones que imprimen carácter y comunican
+superioridad. El lector que haya tenido arrestos para realizar este acto
+humanitario, habrá observado en sí mismo cierta complacencia no exenta
+de orgullo, una sensación deliciosa semejante a la que habrá
+experimentado Aquíles después de arrastrar el cadáver de Héctor en
+torno de las murallas de Ilión. El heroísmo presenta diversas formas
+según las edades y los países, mas en el fondo siempre es idéntico.
+
+Cuando madrugamos para ir a tomar chocolate malo al _restaurant_ del
+Retiro, una voz secreta que habla en nuestro espíritu, nos regala con
+plácemes y enhorabuenas. Nuestra personalidad adquiere mayor brío, nos
+sentimos fuertes, nobles, serenos, admirables. Los barrenderos detienen
+la escoba para mirarnos, y en sus ojos leemos estas o semejantes
+palabras: «¡Así se hace! ¡Mueran los tumbones! ¡Usted es un hombre,
+señorito!» Y en testimonio de admiración nos echan media arroba de polvo
+en los pantalones.
+
+El día que madrugamos no admitimos más jerarquías sociales que las
+determinadas por el levantarse temprano o tarde. Todas las demás se
+borran ante esta división trazada por la misma naturaleza. Los que
+tropezamos paseando en el Retiro adquieren derecho a nuestra simpatía y
+respeto; son colegas estimables que forman con nosotros una familia
+aristocrática y privilegiada. A la vuelta, cuando encontramos a algún
+amigo que sale de su casa frotándose los ojos, no podemos menos de
+hablarle con un tonillo impertinente, que acusa nuestra incontestable
+superioridad.
+
+Pero no todo es tomar chocolate malo en el Retiro durante las mañanas de
+Junio. Lo primero que hay que ver es al sol levantándose majestuoso por
+encima del parque, al principio esparciendo una luz triste y blanca que
+viene a besar fríamente el _Rege Carolo III_ de la puerta de Alcalá,
+después otra rojiza y más alegre que tiñe los muros de las primeras
+casas con que tropieza, finalmente la vívida, risueña y esplendorosa que
+le caracteriza. El cortejo de nubecillas que le acompaña en su
+ascensión, es de lo más gracioso y elegante que pueda verse. Todas ellas
+van vestidas de un modo caprichoso y pintoresco, y ejecutan pasos de
+gran dificultad y efecto en torno de su director. Los madrileños, sin
+embargo, no son aficionados a esta clase de espectáculos. Prefieren ver
+alzarse a la luna, disfrazada de queso, en el escenario del Teatro
+Real, oportunamente evocada por los trinos solemnes de una
+_mezzo-soprano_. Hay razón plausible para esto. El sol tiene el deber de
+salir todos los días, haga frío o calor, al paso que la luna únicamente
+cuando el Sr. Rovira lo considera oportuno. Si el sol no se prodigase
+tanto y se hiciese pagar algo más, yo creo que tendría mucha mayor
+reputación. Por ejemplo, haciendo tres o cuatro salidas cada año, y
+anunciando los periódicos que «el más eminente de nuestros astros hará
+su _debut_ el martes a primera hora y que todas las localidades están
+vendidas con anticipación», se me ocurre que los revendedores de sillas
+en el Retiro harían negocio redondo.
+
+Después del sol, lo más notable que yo encuentro en el Retiro son las
+modistas. Este respetabilísimo gremio, aún más bello que respetable, se
+pone en contacto con la naturaleza al llegar el mes de Junio.
+Impidiéndoles sus numerosos quehaceres ir a pasar una temporada a San
+Sebastián o a Biarritz, y necesitando por fuerza dar alguna expansión a
+los sentimientos poéticos de su alma, eligen nuestras hermosas
+costureras el Retiro como campo de sus excursiones matinales. Los
+árboles, los pájaros, las flores, cuando no son de papel, ofrecen sin
+duda mayores atractivos. Nada hay que apetezca tanto una modista de
+corazón como el estado primitivo conforme con la naturaleza. Durante el
+invierno, su espíritu yace dormido mientras las manos trabajan afanosas
+debajo de la lámpara de petróleo; mas al llegar el mes de Mayo, cuando
+el cuerpo empieza a sentir calor, el alma también lo siente, despiertan
+la égloga y el idilio, se sueña con verdes praderas esmaltadas de
+flores, con arroyos bullidores y cristalinos, con grutas frescas y
+sombrías y con hermosos zagales que aguardan en ellas la dulce
+recompensa de sus rendidas instancias. Entonces la modista, como primera
+manifestación de la influencia que ejercen sobre ella tales puras ideas
+y tales visiones risueñas, se despoja del corsé; y si es de temperamento
+verdaderamente apasionado y guarda en su corazón el mundo de tiernos e
+inefables sentimientos que es de esperar, se queda con poca, con
+poquísima ropa. Se levanta muy tempranito, y sin aguardar el _landau_,
+toma el camino del Retiro en compañía de sus amigas predilectas y de
+algunos menestrales distinguidos. ¡Qué fresca y qué risueña! ¡Cómo
+brillan sus grandes y hermosos ojos negros! ¡Cómo palpita de alegría su
+seno delicado! El grupo va dispuesto a olvidar por algunos instantes las
+ridículas ceremonias sociales, los refinamientos empalagosos de la vida
+madrileña, y volver en lo que cabe al estado natural. Al efecto marchan
+todos bien provistos de los enseres y artefactos propios de una
+civilización primitiva y que se supone han usado más comúnmente nuestros
+primeros padres: aros, cuerdas, trompos, volantes, etc., etc. Nuestra
+modista, según va llegando a la Arcadia municipal, adquiere mayor
+desenvoltura, y en sus movimientos y ademanes adviértese la influencia
+que ejercen sobre ella las ideas campestres. Charla, corre, ríe, salta,
+grita, y se autoriza con sus compañeras las inocentes libertades que
+acostumbran en los bosques las pastoras con los zagales; les tapa los
+ojos con las manos, les da pellizcos, les quita el sombrero y les tira
+por las narices de un modo sencillo, encantador, conforme en un todo con
+las leyes de la naturaleza.
+
+Así que entran en el parque y eligen un sitio a propósito, silencioso,
+umbrío, embalsamado por las acacias, empiezan los juegos. La costurera
+es un portento de gracia y habilidad en saltar la cuerda, tirar el
+volante y chillar como una golondrina. ¡Qué linda está brincando y
+haciendo carocas a los señoritos que acuden al reclamo de los chillidos!
+El juego la vuelve a los días de su infancia, y en consecuencia se
+sienta sobre las rodillas de sus compañeros y les ordena que le aten las
+trenzas del cabello, sin pasársele por la mente que estas escenas
+despiertan en los señoritos que las presencian ideas vituperables de
+adquisición. Nadie diría al ver aquella gracia inocente y modesta, que
+nuestra heroína ha corrido algunas borrascas en las berlinas de punto y
+conoce los misterios de la calle de Panaderos tan bien como D. Antonio
+San Martín. En ciertas ocasiones, rendida, jadeante, las mejillas
+inflamadas, los ojos brillantes y el cabello desgreñado, la he visto
+separarse del juego y tomar el brazo de algún zagal sietemesino con
+guantes amarillos. La he visto seguir lentamente una calle solitaria de
+árboles y perderse con él entre el follaje. ¿Iban tal vez en busca de
+alguna gruta fresca y solitaria como aquella en que la esposa de Salomón
+dejó olvidado su cuidado? No lo sé. En la vida del campo hay misterios
+inefables que sería más grato que prudente el escrutar.
+
+
+
+
+II
+
+EL ESTANQUE GRANDE
+
+
+Apenas se deja atrás la famosa puerta de Alcalá y se dan algunos pasos
+por la calle de árboles que nos lleva a lo interior del Retiro, empieza
+a refrescar el rostro un vientecillo ligero y húmedo, y con ínfulas de
+marino. El corazón y los pulmones se dilatan, se cierran
+involuntariamente los ojos para recibir el beso blando de aquella brisa,
+y acuden vagamente a la memoria playas, olas, peñascos, barcos, gaviotas
+y sobre todo los horizontes dilatados del oceano que convidan a soñar.
+Continuad, continuad con los ojos cerrados; no temáis tropezar con nada;
+la calle es ancha y los coches no ruedan por aquel sitio. Durante
+algunos momentos podéis meceros sin riesgo en esa grata ilusión marítima
+por la cual habéis pagado ya vuestra contribución.
+
+Yo no diré que cuando abráis los ojos os encontréis frente al mar;
+semejante exageración serviría tan sólo para desacreditar los
+nobilísimos propósitos del poder ejecutivo, dado que éste nunca pensó, a
+mi entender, en fundar un oceano en Madrid, y sí únicamente un epítome o
+compendio de él. Pero si no frente al mar, os halláis por lo menos
+frente a una cantidad de agua que divertirá y lisonjeará vuestras
+aficiones marinas, aunque no las satisfaga por entero. Las audacias de
+tal masa de agua están refrenadas por unos sencillos muros de ladrillo,
+sobre los cuales hay una verja de hierro no muy alta.
+
+Cuando os inclinéis sobre esta verja para examinar de cerca el oceano
+del Ayuntamiento, tal vez convengáis con la mayoría de los vecinos de
+Madrid en que sus aguas no son lo bastante limpias y claras, y que la
+Corporación municipal haría muy bien en renovarlas con frecuencia si se
+propone, como es lo más seguro, halagar con ellas los sentimientos
+naturalistas y poéticos del vecindario. No obstante, en ocasiones, esas
+aguas verdes y cenagosas se rizan blandamente al soplo de la brisa, lo
+mismo que el lago más hermoso, y a veces también, en la hora del medio
+día, estando el cielo límpido, despiden vivos y gratos reflejos azules.
+Le pasa al estanque lo que a las mujeres feas; todas ellas tienen
+instantes, posturas o movimientos agradables.
+
+He indicado como lo más seguro que la fundación de dicho estanque débese
+a la conveniencia de infundir en el espíritu del pueblo madrileño
+ciertas tendencias poéticas y naturalistas. En efecto, comprendiendo el
+Ayuntamiento (como no podía menos de comprender) que en las grandes
+capitales como ésta, el amor de la naturaleza anda muy descuidado, y por
+consecuencia de ello, la sensibilidad del vecindario no recibe el
+cultivo indispensable para preservarlo de las garras del grosero
+positivismo, hizo y hace laudables esfuerzos por mantener vivo en todas
+las clases sociales un romanticismo urbano y municipal en armonía con
+las necesidades del corazón y con la partida que en el presupuesto se
+le destina. Ningún orden de la naturaleza se ha escapado a su
+beneficiosa gestión. Las selvas umbrosas e impenetrables, llenas de
+colores y armonías que se admiran en las soledades de América, están
+representadas por las espesuras del Retiro y por los bosques de la
+plazuela de Oriente, de la plazuela de Santo Domingo y otras plazuelas
+menos conocidas. El prurito de contemplar y recrearse con las altas
+montañas sobre cuya cima el pensamiento del hombre, como las nubes del
+espacio, reposa de sus fatigas, encuentra dulce satisfacción en la
+_montaña rusa_. Y por último, la aspiración enérgica del espíritu a
+meditar tristemente ante la inmensidad del oceano que nos revela los
+arcanos de lo infinito, obtiene respuesta adecuada, sino cumplida, en
+las riberas del _estanque grande_. Aquí, sin embargo, se ofreció una
+pequeña dificultad. Es verdad que la contemplación del mar enaltece
+mucho el espíritu y lo purifica, pero no es menos cierto que también lo
+turba y oscurece con sus ásperas impresiones. A fin de hacer frente a
+este peligro psicológico, el Ayuntamiento quiso acudir a un expediente
+seguro; acudió a la cooperación de los cisnes y los patos. En efecto,
+estos animales acuáticos, por su mansedumbre y afabilidad, son muy aptos
+para infundir en el corazón del hombre risueñas ideas y sentimientos de
+paz, y a propósito, por tanto, para contrarestar la impresión fuerte y
+abrumadora que no puede menos de dejar en el ánimo un estanque de la
+magnitud de el del Retiro. Se introdujeron, pues, en dicho estanque como
+obra de una docena de tales animales entre cisnes y patos, encargados de
+secundar los generosos planes del Municipio, recibiendo por ello el
+necesario alimento. Y debemos manifestar en conciencia que las inocentes
+aves desempeñan su papel con maestría y ganan sus cortezas de pan
+honradamente. Véase si no cuán gallardamente cruzan el estanque en todas
+direcciones, cual si resbalaran por el agua a impulso del viento y no
+por virtud del movimiento de sus palmas. Observemos sus posturas
+caprichosas y fantásticas; de qué modo tan pintoresco extienden las alas
+sobre el agua, levantando nubecillas de espuma, o sumergen la cabeza
+para atrapar un insecto, o la ocultan bajo el ala, o levantan el vuelo
+inesperadamente para dejarse caer a los pocos pasos llenos de pereza y
+molicie sobre su elástico lecho, como un sátrapa sobre su diván de
+pluma. Nadie dudará que todo esto ofrece un tinte tan bucólico y
+pastoril, que no puede menos de producir el efecto apetecido. Por muy
+exaltado que el ánimo se encuentre, es imposible que no ceda a los
+esfuerzos combinados de aquella docena de patos.
+
+Navegan también en el estanque muchedumbre de botes, lanchas, canoas y
+otras embarcaciones de diversas formas y tamaños. Los días de fiesta
+suele cruzar por el horizonte un vapor que no se cansa jamás de silbar.
+Parece un espectador de los dramas de Catalina. He querido averiguar
+cuál era el precio del pasaje, y me han dicho que por recorrer todas las
+costas del estanque, deteniéndose en los puntos más notables y dignos de
+verse, se pagaba, en cámara de primera, diez céntimos. Pero es fácil de
+comprender que estos viajes de itinerario forzoso no convienen más que
+a las personas de poca imaginación y de sentimientos vulgares y
+limitados. Los espíritus fantásticos y aventureros gustan más de viajar
+sin itinerario. Hay, pues, mucha gente que prefiere tripular los botes y
+canoas navegando sin rumbo prefijado y deteniéndose donde bien les place
+el tiempo que tienen por conveniente. El amor a la naturaleza y el deseo
+de conocer las rudas faenas de la mar les arrastra a despojarse de la
+levita y a empuñar los remos con las manos cubiertas de sortijas. Desde
+este momento su fisonomía se contrae duramente y toma la expresión
+siniestra y terrible de los piratas: sus movimientos son torpes y
+pesados como los de un lobo de mar. Cuando pasan cerca de la costa y ven
+una niñera más o menos gentil que les contempla absorta y admirada, se
+suelen guiñar el ojo con cierta malicia ruda, exclamando con voz ronca:
+«¡Ohé, muchachos, una fragata a barlovento!»
+
+A otros les da por lo sentimental, y el espectáculo de las aguas
+dormidas del lago les recuerda las novelas venecianas o las baladas de
+la Suiza: se dejan balancear dulcemente, inmóviles y apoyados sobre el
+remo, fijan la vista en un punto del espacio con expresión amarga,
+propia de corazones lacerados, y prorrumpen a veces en tiernas
+barcarolas que han aprendido en el teatro Real.
+
+Lo mismo las aventuras maravillosas de los unos que las barcarolas de
+los otros cesan repentinamente así que se escucha una voz poderosa,
+inmensa como la de Neptuno, que llega en alas del viento a todas las
+riberas del estanque:--«Esquife número siete (pausa solemne)... la
+hora.» Inmediatamente la embarcación, después de ejecutar las maniobras
+indispensables, dirige su rumbo hacia el puerto. Si llega con felicidad
+a él, como ordinariamente acontece, la tripulación, rendida y jadeante,
+no tarda en saltar sobre el muelle, limpiándose los pantalones con el
+pañuelo para después restituirse alegremente al seno de sus familias.
+
+
+
+
+III
+
+LA CASA DE FIERAS
+
+
+No sé de cuándo data la institución de que quiero dar cuenta: es posible
+que haya nacido bajo el gobierno paternal del señor Moyano, aunque no lo
+afirmo. Antes de ponerme a escribir acerca de ella, quizá debiera
+examinar algunos documentos referentes a su erección y desenvolvimiento,
+a fin de que las futuras generaciones, cuando lean el presente estudio,
+sepan a quién deben las fieras el piadoso hospital que hoy disfrutan.
+Prefiero, no obstante, improvisar algunas cuartillas, que caerán fuera
+de los dominios de la ciencia histórica, hacia la cual me siento antes
+de almorzar poco inclinado.
+
+A unas cien varas del estanque grande se alza el famoso hospicio donde
+un gobierno atento a las necesidades morales de sus contribuyentes ha
+colocado media docena de bestias feroces y veinte o treinta micos, con
+el objeto de recrear y al propio tiempo vigorizar a la guarnición de
+Madrid. Así como los cisnes del estanque reciben sus emolumentos para
+despertar en los indígenas ideas bucólicas y sentimientos pastoriles,
+las alimañas de la Casa de fieras han venido adrede de los desiertos de
+África para infundir en la clase de tropa la ferocidad que suele perder
+en el trato íntimo de criadas y costureras. Y es de admirar realmente el
+acierto que ha presidido a la elección de estos terribles animales y con
+qué esmero se han procurado utilizar sus diversas aptitudes. Por
+ejemplo, a nadie puede caber duda de que el león ha sido traído para
+despertar en el corazón de los espectadores la nobleza y la bravura,
+como el leopardo la fiereza, el lobo la rapidez, la hiena la crueldad,
+el mono la astucia y el oso la calma. La española infantería, al
+recorrer por las tardes en la grata compañía de sus patronas las jaulas
+del establecimiento, se siente regenerada y dispuesta a habérselas con
+todo linaje de republicanos feroces y dañinos, mansos o amansados.
+
+Las fieras, como es lógico, conocen de vista a todos los reclutas de la
+guarnición, y no sólo a los reclutas, sino a sus parientes y amigos. El
+mejor obsequio que se puede hacer a un forastero después de beber unas
+copas de ron y marrasquino, es llevarle a la Casa de fieras y pasearle
+un buen rato en torno de la jaula de los micos. «Anda, anda, que
+_Grabiel_ bien se divierte por allá por Madrid... no se esté con
+_cudiao_ por él, tía Rosa... _toa_ la tarde se la pasa mira que te mira
+a los micos en un sitio que llaman la Casa de fieras, que le digo, así
+Dios me salve, que no hay otra cosa que ver en Madrid.»
+
+El soldado español es, además de bizarro, sufrido, frugal, pundonoroso,
+etc., etc., chispeante en el pensamiento y ático en la frase. Nadie lo
+ha puesto en duda. Pues bien; esta sal y este aticismo con que la
+naturaleza dotó a nuestro ejército, y muy singularmente al arma de
+infantería, se aumenta en un cincuenta por ciento lo menos cuando pasea
+por los jardines de la Casa de fieras. En aquellos amenos parajes,
+delante de la jaula del león africano, o del tigre de Bengala, o del
+tití de las Indias, es donde el regocijado ingenio de nuestros quintos
+derrama los tesoros de su gracia; allí donde se escuchan las frases
+espirituales, los dichos agudos; allí donde revientan los epigramas
+acerados, los discretos razonamientos. Parado frente a la jaula del
+leopardo, que duerme tranquilo en un rincón, el quinto suele decirle en
+tono de zumba:--«¡Anda tú, dormidor! ¿No te cansas de dormir, tuno?
+¿Estás a gusto, eh gran ladrón?»--Pasa inmediatamente a la del león y
+vierte sobre él otra granizada de chistes.--«¡_Miale, miale_, qué boca
+abre el cochino! ¿Nos almorzarías de buena gana, verdad? Pues amigo,
+_pacencia_ y llamar a Cachano, que _toos semos_ hijos de Dios. Manolo,
+_arrepara_ qué melenas; ¡_paecen_ los pelos del tío Farruco!»
+
+El recluta se hincha en tales ocasiones porque tiene público: en pos de
+él hay siempre media docena de robustas criadas de la Alcarria que le
+escuchan embelesadas y le siguen con afán. ¡Cómo se desternillan de
+risa! ¡Cómo paladean los chistes del donoso soldado! Nadie penetra como
+ellas el sentido íntimo de sus frases, ni puede apreciar tan bien la
+delicadeza nerviosa de su humorismo. Entre el recluta y las criadas se
+engendra inmediatamente una misteriosa corriente de simpatía, mediante
+la que el fondo poético de sus corazones y todos los dulces pensamientos
+y vagas aspiraciones de su espíritu se confunden. El recluta siente en
+el occipucio los ojos de las alcarreñas que le excitan a mostrarse cada
+vez más agudo y espiritual, y éstas advierten con inocente alegría que
+aquel derroche de gracia y de ingenio no es otra cosa que un fervoroso
+homenaje de adoración que el gentil recluta les dedica. Allá, a la hora
+del crepúsculo, cuando las nieblas descienden al fondo de los valles y
+el céfiro pliega sus alas sobre las flores, Manolo suele pegar un
+tremendo empujón a su amigo _Grabiel_ que le hace caer sobre el grupo de
+criadas, las cuales reciben el golpe como una manifestación de respeto y
+galantería. A partir del empujón, entre reclutas y criadas se establece
+una amistad inalterable. Y la ferocidad que el ejército ha ganado por un
+lado la pierde inmediatamente por otro, viniendo abajo de esta suerte la
+obra paternal de la Administración.
+
+Antes de dar por terminado este artículo, necesito delatar a la
+Corporación municipal un abuso que redunda en menoscabo del país y
+descrédito de la importante institución en que me estoy ocupando. Por
+muy sensible que me sea el decirlo, es lo cierto que las fieras del
+Municipio no cumplen debidamente con su cometido. ¿Para qué han sido
+traídos estos animales de los desiertos de África y Asia a costa de mil
+sacrificios pecuniarios? Ya hemos dicho que para infundir energía y
+vigorizar al pueblo y al ejército. Pues bien; yo no sé cómo han llenado
+su deber en los primeros tiempos: mas actualmente puedo decir que están
+muy lejos de desempeñarlo con la exactitud y el celo apetecidos. En vez
+de mostrar una actitud imponente que sobrecoja y atemorice el ánimo, en
+vez de rugir y echar centellas por los ojos, y sacudir las rejas de la
+jaula con el aparato del que quiere saltar fuera y devorar en un credo
+a todos los espectadores, se pasan la mayor parte del día en letargo
+vergonzoso, tirados en un rincón como objetos inanimados, sin que las
+excitaciones del respetable público logren hacerles menear siquiera la
+cola. Cuando por casualidad se les encuentra de pie, no hacen otra cosa
+que pasear tranquilamente por la celda sin desplegar ninguna especie de
+ferocidad, como un poeta lírico que estuviese meditando algún soneto
+enrevesado para la _Ilustración Española y Americana_: cuando abren la
+boca y estiran las garras, nunca es en son de amenaza, sino para
+desperezarse groseramente; y si tal vez que otra les da la humorada de
+rugir, lo hacen con tanta delicadeza, que más que de devorarlos, parece
+que tratan de enterarse de la salud de los espectadores.
+
+Es necesario cortar este abuso. ¿Cómo? Buscando el origen y destruyendo
+la causa. El origen de tal apatía y negligencia por parte de estos
+animales no puede ser otro que el no dárseles el sustento necesario. Las
+bestias de la Casa de fieras pertenecen a la clase docente, y como el
+profesorado en general, están muy mal retribuidas: tienen los huesos
+salientes, el pellejo arrugado, el aspecto miserable y triste. Un
+profesor amigo mío (que también tiene los huesos salientes y el pellejo
+arrugado), me decía no ha mucho tiempo que él no enseñaba más ciencia
+que la equivalente a los catorce mil reales que le daban. Las fieras
+deben de seguir el mismo sistema. Auménteseles, pues, el sueldo, déseles
+las piltrafas suficientes, y el Ayuntamiento verá sus cátedras de
+energía y ferocidad perfectamente desempeñadas.
+
+
+
+
+IV
+
+EL PASEO DE LOS COCHES
+
+
+Se trabó una lucha titánica en el Ayuntamiento y en las columnas de los
+periódicos. Los peones nos defendimos bizarramente. Hicimos esfuerzos
+increíbles para salvar nuestro Retiro de la feroz invasión; pero
+quedamos vencidos. En las hermosas calles de árboles nunca profanadas,
+chasquearon las herraduras de los caballos, y los modernos
+conquistadores, los bárbaros de la riqueza entraron soberbios,
+arrollándonos entre las patas de sus corceles.
+
+Vivíamos felices y tranquilos, y a veces nos decíamos:--«Tenéis los
+teatros, los salones, la Casa de Campo, la Castellana, sois los dueños
+de Madrid; pero nosotros poseemos el Retiro. Para gozar el aroma de sus
+flores, la frescura de sus árboles y la grata perspectiva de sus
+calles, es necesario que dejéis vuestro coche a la puerta y ensuciéis un
+poco la suela de los zapatos; porque el Retiro está hecho por Dios y el
+Ayuntamiento para nosotros, exclusivamente para nosotros los villanos.»
+
+Mas he aquí que un día se les antoja a los bárbaros penetrar con sus
+carros, con sus mujeres e hijas en nuestro delicioso campamento. Cayeron
+los árboles más o menos seculares, y sus hojas sirvieron de alfombra a
+los triunfadores. También nuestras frentes humilladas les sirvieron de
+alfombra.
+
+Y lo peor de todo es que, imitando la crueldad de los soldados de
+Alarico y Atila, nos han llevado y nos llevan atados a su carro. He
+conocido a un joven que luchó valerosamente contra la invasión desde las
+columnas de _La Correspondencia_. Recuerdo cierto suelto de su mano que
+decía: «No es exacto que el Municipio trate de abrir en el Retiro un
+paseo para los carruajes.» Este suelto cayó como una bomba en el campo
+enemigo, haciendo en él graves destrozos, y estuvo a punto de dejar
+fallidas sus esperanzas. Pues bien; a este mismo joven le he visto
+después ignominiosamente atado a la carretela de un bárbaro, que le
+llevaba a un paso muy superior a sus piernas. Y la hija del bárbaro aún
+parece que se reía de él.
+
+Algunos refieren la historia del paseo de coches diciendo que a cierto
+caballo inglés, hastiado de tanto ir y venir a la Castellana, acometido
+del _spleen_ y en peligro inminente de suicidarse, se le puso un día
+entre las dos orejas el hollar los jardines privilegiados; insinúa su
+extravagante deseo al amo, le da algunas razones, y últimamente le
+persuade a que interponga su influencia para que de allí en adelante se
+extienda el privilegio de los bípedos a los caballos lucios y bien
+educados. El amo, que era regidor, lo propuso en concejo, y pronunció
+con tal motivo un bello discurso, donde expuso a la consideración del
+Ayuntamiento los argumentos capitales que su jaca le había insinuado.
+Armose el consiguiente motín, los bípedos se resistieron a abandonar sus
+franquicias, acudieron a la prensa, dijeron que el echar árboles al
+suelo era propio de los pueblos primitivos, y que es muy fácil construir
+una casa, pero que un árbol nadie lo construye mas que la naturaleza;
+hablaron del hacha devastadora y se autorizaron el dudar de los
+sentimientos poéticos de los concejales. A tales afirmaciones contestó
+el potro inglés, por boca de su amo, diciendo, que no eran más que
+«huecas declamaciones», y que cuando el paseo estuviese abierto y
+terminado, ya se vería. Y en efecto, después se vio que el potro tenía
+razón. El paseo de coches, no sólo no ha quitado belleza al Retiro, pero
+le ha añadido cierto esplendor fastuoso que antes no tenía; a cada cual
+lo suyo.
+
+No está trazado en línea recta como el de la Castellana, porque no tiene
+por objeto despertar en el vecindario ideas generales, sino que forma
+una curva graciosa y bastante prolongada, que se extiende desde la Casa
+de fieras hasta la estatua del Angel caído, en torno de la cual giran
+los carruajes al dar la vuelta; es un Luzbel doblado por el espinazo, el
+cuello descoyuntado y los músculos tendidos, que parece un artista
+ecuestre del circo de Price. Sus colegas de acá, otros ángeles caídos
+que suelen llamarse «la Tomasa, la Adela, la Paz, la Asunción, etc.», al
+cruzar por su lado le miran con soberano desdén: ninguno ha caído como
+él en medroso despeñadero; todos han venido a dar sobre algún _milord_
+con un caballo.
+
+En este moderno paseo se cita y emplaza la sociedad elegante en las
+tardes de invierno, para gozar el inefable deleite de contemplarse un
+par de horas, después de lo cual se apresura a ir a comer y escapa a uña
+de caballo a contemplarse de nuevo en el Real otras tres o cuatro
+horitas. Parece una sociedad de derviches: el goce supremo es la
+contemplación. Hay hombre que se queda calvo, y defrauda al Estado, y
+arruina a varias familias, solamente para que dos caballos le lleven a
+todas partes a contemplar a otros hombres que también se han quedado
+calvos y han defraudado al Estado y a los particulares con el mismo
+objeto. Los madrileños, mejor que ningún otro pueblo antiguo o moderno,
+han llevado al refinamiento este goce exquisito: en las iglesias, en
+los teatros, en el paseo, en los salones, se apuran todos los medios de
+contemplarse con más comodidad. Cuando viene el calor y es fuerza salir
+de Madrid y separarse, entonces la sociedad vuela a las playas de San
+Sebastián, a fin de no perderse un instante de vista.
+
+De cinco a cinco y media de la tarde está el paseo en todo su esplendor;
+un millar de coches se apiña en la no muy ancha carretera, de tal
+suerte, que no hay medio de caminar por ella: a veces tardan en dar una
+sola vuelta más de hora y media, lo cual constituye, como es fácil de
+comprender, el encanto de los que perennemente los ocupan; de esta
+guisa, la contemplación es más fácil y más intensa. Las señoras levantan
+suavemente las sombrillas para mirar por debajo de ellas a otras
+señoras, que de igual manera dejan caer las suyas y pagan mirada por
+mirada. Hace ya muchos años que se miran y llevan por cuenta los
+vestidos, los coches, los caballos, los queridos, las pulseras, el
+colorete y hasta los lunares que gastan; así que, ordinariamente, se
+habla muy poco: sólo de vez en cuando alguna dama comunica a su
+compañera en voz baja y estilo telegráfico ciertas observaciones de poca
+monta:
+
+--¿Has visto a Bermejillo?
+
+--Sí.
+
+--¿Va detrás de Enriqueta?
+
+--Sí.
+
+Y de nuevo guardan silencio.
+
+--¿Has visto a la de Quintanar?
+
+--Hasta ahora no.
+
+--¿Y a la de Beleño?
+
+--Tampoco.
+
+La dama se calla otra vez, pero experimenta leve disgusto; para que se
+vaya a casa satisfecha y coma con apetito, es preciso que estén en el
+paseo la de Quintanar, la de Beleño, la de Casagonzalo, la de Trujillo,
+la de Torrealta, la de Villavicencio, la de Córdova, la de Perales, la
+de Vélez Málaga y la de Cerezangos, a quienes está viendo hace veinte
+años, en todos sitios y a todas horas: si no, se marcha mal humorada,
+diciendo que el paseo estaba muy cursi. Los cocheros y lacayos, desde lo
+alto de los pescantes, dejan caer miradas olímpicas sobre las carrozas,
+y murmuran de vez en cuando alguna frase insolente y obscena a
+propósito de las damas que pasan cerca; o examinan fijamente las libreas
+de sus compañeros, proponiéndose exigir otras iguales de sus amos. Los
+caballos, aburridos, se contemplan sin cesar, y guardan silencio como
+sus señores. Tal vez que otra, no obstante, dejan caer, entre resoplidos
+y cabezadas, alguna observación punzante acerca de sus colegas:
+
+--¡Vaya unos arreos lucidos que les han echado encima a los jacos de
+Villamediana! ¡Me da risa!
+
+--¿Qué otra cosa quieres que les pongan, chico? ¡Si son dos burros sin
+orejas!
+
+--¿Y qué te parece del _tren_ de Rebolledo?
+
+--Que esos potros son tan ingleses como el forro de mis pezuñas.
+
+Así hablan los caballos a menudo; y a menudo también los amos.
+
+Por una de las calles laterales y antiguas caminan los bípedos de la
+burguesía, contemplando sin pestañear el fastuoso cortejo de los
+cuadrúpedos aristocráticos. Cuando se cansan de caminar, toman asiento
+en las sillas metálicas puestas allí adrede para mirarse cómodamente.
+Numerosas y respetables familias, cuyos jefes sirven dignamente a la
+Administración pública, se autorizan diariamente el sabroso placer de
+ver pasar en procesión a las damas y caballeros que en Madrid gastan
+coche. La vida cortesana ofrece vivos y punzantes atractivos: el jefe de
+familia la encuentra demasiado agitada cuando llega a su casa.
+
+Ciñendo la carretera, con el rostro vuelto hacia los coches, suelen
+cruzar a paso largo algunos señoritos de palo, con el felpudo sombrero
+ladeado, puños salientes, levita abrochada hasta la nuez y báculo.
+Llevan dentro un resorte que en ciertos momentos les obliga a detener el
+paso, llevar la mano al sombrero, agitarlo en el aire, ponérselo otra
+vez y seguir andando.
+
+Y el sol, por no ser menos que todos, contempla con ojo de moribundo
+esta escena interesante enfilando sus rayos oblicuos entre los árboles y
+levantando mil graciosos reflejos en el barniz de los coches, en el
+cristal de las linternas y en el metal de los botones de cocheros y
+lacayos. Antes de morir envuelve con suave caricia la pompa abigarrada
+de aquella muchedumbre, que no tiene ojos más que para sí misma, hace
+brillar los arreos de los caballos y las joyas de las señoras, tiñe de
+vivos colores la seda de los vestidos y extiende un manto brillante de
+oro sobre la inmóvil y silenciosa comitiva. Los árboles recogen con más
+placer que los hombres el último beso del astro del día, y entre sus
+copas frondosas surgen gratas y fugitivas luces. A la izquierda el puro
+azul del cielo se deja ver, desvaído ya y marchito, y su fondo luminoso
+queda cortado a trechos por las formas rígidas de alguna conífera o por
+los tricornios de los guardias que permanecen clavados a sus caballos, y
+los caballos a la tierra como verdaderas estatuas. En el medio de la
+curva que el paseo describe, hay abierto un boquete sin árboles, por
+donde se contempla el paisaje: parece un enorme balcón desde donde se
+divisan algunas leguas de tierra árida como toda la que rodea a Madrid.
+Este paisaje sólo es bello a la caída de la tarde: entonces las brumas
+del crepúsculo, traspasadas un instante por los rayos del sol, matizan
+delicadamente la vasta planicie, las colinas lejanas flotan en una
+neblina azulada, y sobre ellas resaltan como puntos blancos algunos
+caseríos. Los juegos de la luz fingen en la llanura bosques, campos,
+ríos y pueblos que no existen: es un país falso y teatral que guarda
+cierta semejanza con el fondo del cuadro de las Lanzas, de Velázquez;
+pero cautiva la vista por su esplendor, y dilata el pecho por su
+inmensidad.
+
+El vapor luminoso que por aquella parte envuelve el paseo, amortiguando
+los vivos colores de las sombrillas, borrando los elegantes contornos de
+los caballos, esfumando las facciones de las damas y prestándole a todo
+aspecto escenográfico, pierde lentamente su brillo y se transforma en un
+polvo ceniciento que cae del cielo como heraldo de la noche. La noche se
+llega al fin: el sol sepulta sus fuegos en los confines de la yerma
+llanura: algunas nubecillas finas y delgadas, como rayas trazadas en el
+firmamento, después de ennegrecerse fuertemente, concluyen por
+desaparecer. El paseo pierde todo su esplendor; ya no es más que un
+grupo numeroso de coches sin brillo ni poesía. La comitiva siente casi
+al mismo tiempo un leve temblor de frío; las señoras se embozan en los
+chales y tiran hacia sí las pieles que cubren sus rodillas; los
+caballeros se esfuerzan en meterse los abrigos y agitan los brazos en el
+aire como aspas de molino; piafan los caballos pensando en las próximas
+dulzuras del pesebre, y los aurigas chasquean el látigo enderezándolos
+ya hacia la ciudad. En pocos minutos queda la carretera desierta. Los
+peones, que como es natural permanecen rezagados, escuchan algún tiempo
+el ruido de los coches, como un rumor distante de olas que se
+estrellan.
+
+
+
+
+EL PÁJARO EN LA NIEVE
+
+(NOVELA)
+
+
+Era ciego de nacimiento. Le habían enseñado lo único que los ciegos
+suelen aprender, la música; y fue en este arte muy aventajado. Su madre
+murió pocos años después de darle la vida; su padre, músico mayor de un
+regimiento, hacía un año solamente. Tenía un hermano en América que no
+daba cuenta de sí; sin embargo, sabía por referencias que estaba casado,
+que tenía dos niños muy hermosos y ocupaba buena posición. El padre
+indignado, mientras vivió, de la ingratitud del hijo, no quería oír su
+nombre; pero el ciego le guardaba todavía mucho cariño; no podía menos
+de recordar que aquel hermano, mayor que él, había sido su sostén en la
+niñez, el defensor de su debilidad contra los ataques de los demás
+chicos, y que siempre le hablaba con dulzura. La voz de Santiago, al
+entrar por la mañana en su cuarto diciendo: «¡Hola, Juanito! arriba,
+hombre, no duermas tanto,» sonaba en los oídos del ciego más grata y
+armoniosa que las teclas del piano y las cuerdas del violín. ¿Cómo se
+había trasformado en malo aquel corazón tan bueno? Juan no podía
+persuadirse de ello, y le buscaba un millón de disculpas: unas veces
+achacaba la falta al correo; otras se le figuraba que su hermano no
+quería escribir hasta que pudiera mandar mucho dinero; otras pensaba que
+iba a darles una sorpresa el mejor día presentándose cargado de millones
+en el modesto entresuelo que habitaban: pero ninguna de estas
+imaginaciones se atrevía a comunicar a su padre: únicamente cuando éste,
+exasperado, lanzaba algún amargo apóstrofe contra el hijo ausente, se
+atrevía a decirle: «No se desespere V., padre; Santiago es bueno; me da
+el corazón que ha de escribir uno de estos días.»
+
+El padre se murió sin ver carta de su hijo mayor, entre un sacerdote que
+le exhortaba y el pobre ciego que le apretaba convulso la mano, como si
+tratase de retenerle a la fuerza en este mundo. Cuando quisieron sacar
+el cadáver de casa sostuvo una lucha frenética, espantosa, con los
+empleados fúnebres. Al fin se quedó solo; pero ¡qué soledad la suya! Ni
+padre, ni madre, ni parientes, ni amigos: hasta el sol le faltaba, el
+amigo de todos los seres creados. Pasó dos días metido en su cuarto,
+recorriéndolo de una esquina a otra como un lobo enjaulado, sin probar
+alimento. La criada, ayudada por una vecina compasiva, consiguió al cabo
+impedir aquel suicidio: volvió a comer y pasó la vida desde entonces
+rezando y tocando el piano.
+
+El padre, algún tiempo antes de morir, había conseguido que le diesen
+una plaza de organista en una de las iglesias de Madrid, retribuida con
+catorce reales diarios: no era bastante, como se comprende, para
+sostener una casa abierta, por modesta que fuese; así que, pasados los
+primeros quince días, nuestro ciego vendió por algunos cuartos, muy
+pocos por cierto, el humilde ajuar de su morada, despidió a la criada y
+se fue de pupilo a una casa de huéspedes pagando ocho reales; los seis
+restantes le bastaban para atender a las demás necesidades. Durante
+algunos meses vivió el ciego sin salir a la calle más que para cumplir
+su obligación; de casa a la iglesia, y de la iglesia a casa. La tristeza
+le tenía dominado y abatido de tal suerte, que apenas despegaba los
+labios; pasaba las horas componiendo una gran misa de _requiem_ que
+contaba se tocase por la caridad del párroco en obsequio del alma de su
+difunto padre; y ya que no podía decirse que tenía los cinco sentidos
+puestos en su obra, porque carecía de uno, sí diremos que se entregaba a
+ella con alma y vida.
+
+El cambio de ministerio le sorprendió cuando aún no la había terminado:
+no sé si entraron los radicales, o los conservadores, o los
+constitucionales; pero entraron algunos nuevos. Juan no lo supo sino
+tarde y con daño. El nuevo gabinete, pasados algunos días, juzgó que
+Juan era un organista peligroso para el orden público, y que desde lo
+alto del coro, en las vísperas y misas solemnes, roncando y zumbando con
+todos los registros del órgano, le estaba haciendo una oposición
+verdaderamente escandalosa. Como el ministerio entrante no estaba
+dispuesto, según había afirmado en el Congreso por boca de uno de sus
+miembros más autorizados, «a tolerar imposiciones de nadie,» procedió
+inmediatamente y con saludable energía a dejar cesante a Juan,
+buscándole un sustituto que en sus maniobras musicales ofreciese más
+garantías o fuese más adicto a las instituciones. Cuando le notificaron
+el cese, nuestro ciego no experimentó más emoción que la sorpresa; allá
+en el fondo casi se alegró, porque le dejaban más horas desocupadas para
+concluir su misa. Solamente se dio cuenta de su situación cuando al fin
+del mes se presentó la patrona en el cuarto a pedirle dinero; no lo
+tenía, porque ya no cobraba en la iglesia; fue necesario que llevase a
+empeñar el reloj de su padre para pagar la casa. Después se quedó otra
+vez tan tranquilo y siguió trabajando sin preocuparse de lo porvenir.
+Mas otra vez volvió la patrona a pedirle dinero, y otra vez se vio
+precisado a empeñar un objeto de la escasísima herencia paterna; era un
+anillo de diamantes. Al cabo ya no tuvo qué empeñar. Entonces, por
+consideración a su debilidad, le tuvieron algunos días más de cortesía,
+muy pocos, y después le pusieron en la calle, gloriándose mucho de
+dejarle libre el baúl y la ropa, ya que con ella podían cobrarse de los
+pocos reales que les quedaba a deber.
+
+Buscó una nueva casa, pero no pudo alquilar piano, lo cual le causó una
+inmensa tristeza; ya no podía terminar su misa. Todavía fue algún tiempo
+a casa de un almacenista amigo y tocó el piano a ratos; no tardó, sin
+embargo, en observar que se le iba recibiendo cada vez con menos
+amabilidad, y dejó de ir por allá.
+
+Al poco tiempo le echaron de la nueva casa, pero esta vez quedándose con
+el baúl en prenda. Entonces comenzó para el ciego una época tan
+miserable y angustiosa, que pocos se darán cuenta cabal de los dolores,
+mejor aún, de los martirios que la suerte le deparó. Sin amigos, sin
+ropa, sin dinero, no hay duda que se pasa muy mal en el mundo; mas si a
+esto se agrega el no ver la luz del sol, y hallarse por lo mismo
+absolutamente desvalido, apenas si alcanzamos a divisar el límite del
+dolor y la miseria. De posada en posada, arrojado de todas poco después
+de haber entrado, metiéndose en la cama para que le lavasen la única
+camisa que tenía, el calzado roto, los pantalones con hilachas por
+debajo, sin cortarse el pelo y sin afeitarse, rodó Juan por Madrid no sé
+cuánto tiempo. Pretendió, por medio de uno de los huéspedes que tuvo,
+más compasivo que los demás, la plaza de pianista en un café. Al fin se
+la otorgaron, pero fue para despedirle a los pocos días: la música de
+Juan no agradaba a los parroquianos del _Café de la Cebada_; no tocaba
+jotas, ni polos, ni sevillanas, ni cosa ninguna flamenca, ni siquiera
+polkas; pasaba la noche interpretando sonatas de Beethoven y conciertos
+de Chopín: los concurrentes se desesperaban al no poder llevar el
+compás con las cucharillas.
+
+Otra vez volvió a rodar el mísero por los sitios más hediondos de la
+capital. Algún alma caritativa, que por casualidad se enteraba de su
+estado, socorríale indirectamente, porque Juan se estremecía a la idea
+de pedir limosna. Comía lo preciso para no morirse de hambre en alguna
+taberna de los barrios bajos, y dormía por cuatro cuartos entre mendigos
+y malhechores en un desván destinado a este fin. En cierta ocasión le
+robaron, mientras dormía, los pantalones, y le dejaron otros de dril
+remendados. Era en el mes de Noviembre.
+
+El pobre Juan, que siempre había guardado en el pensamiento la quimera
+de la venida de su hermano, ahogado ahora por la desgracia, comenzó a
+alimentarla con afán. Hizo que le escribiesen a la Habana, sin poner
+señas a la carta porque no las sabía; procuró informarse si le habían
+visto, aunque sin resultado; y todos los días se pasaba algunas horas
+pidiendo a Dios de rodillas que le trajese en su auxilio. Los únicos
+momentos felices del desdichado eran los que pasaba en oración en el
+ángulo de alguna iglesia solitaria: oculto detrás de un pilar,
+aspirando los acres olores de la cera y la humedad, escuchando el
+chisporroteo de los cirios y el leve rumor de las plegarias de los pocos
+fieles distribuidos por las naves del templo, su alma inocente dejaba
+este mundo, que tan cruelmente le trataba, y volaba a comunicarse con
+Dios y su Madre Santísima. Tenía la devoción de la Virgen profundamente
+arraigada en el corazón desde la infancia: como apenas había conocido a
+su madre, buscó por instinto en la de Dios la protección tierna y
+amorosa que sólo la mujer puede dispensar al niño; había compuesto en
+honor suyo algunos himnos y plegarias, y no se dormía jamás sin besar
+devotamente el escapulario del Carmen que llevaba al cuello.
+
+Llegó un día, no obstante, en que el cielo y la tierra le desampararon.
+Arrojado de todas partes, sin tener un pedazo de pan que llevarse a la
+boca, ni ropa con que preservarse del frío, comprendió el cuitado con
+terror que se acercaba el instante de pedir limosna. Trabose una lucha
+desesperada en el fondo de su espíritu; el dolor y la vergüenza
+disputaron palmo a palmo el terreno a la necesidad; las tinieblas que le
+rodeaban hacían aún más angustiosa esta batalla. Al cabo, como era de
+esperar, venció el hambre. Después de pasar muchas horas sollozando y
+pidiendo fuerzas a Dios para soportar su desdicha, resolviose a implorar
+la caridad; pero todavía quiso el infeliz disfrazar la humillación, y
+decidió cantar por las calles de noche solamente. Poseía una voz
+regular, y conocía a la perfección el arte del canto; mas tropezó con la
+dificultad de no tener medio de acompañarse. Al fin, otro desgraciado,
+que no lo era tanto como él, le facilitó una guitarra vieja y rota, y
+después de arreglarla del mejor modo que pudo, y después de derramar
+abundantes lágrimas, salió cierta noche de Diciembre a la calle. El
+corazón le latía fuertemente; las piernas le temblaban; cuando quiso
+cantar en una de las calles más céntricas, no pudo; el dolor y la
+vergüenza habían formado un nudo en su garganta. Arrimose a la pared de
+una casa, descansó algunos instantes, y repuesto un tanto, empezó a
+cantar la romanza de tenor del primer acto de _La Favorita_. Llamó
+desde luego la atención de los transeúntes un ciego que no cantaba
+peteneras o malagueñas, y muchos hicieron círculo en torno suyo, y no
+pocos, al observar la maestría con que iba venciendo las dificultades de
+la obra, se comunicaron en voz baja su sorpresa y dejaron algunos
+cuartos en el sombrero, que había colgado del brazo. Terminada la
+romanza, empezó el aria del cuarto acto de _La Africana_. Pero se había
+reunido demasiada gente a su alrededor, y la autoridad temió que esto
+fuese causa de algún desorden, pues era cosa averiguada para los agentes
+de orden público que las personas que se reúnen en la calle a escuchar a
+un ciego demuestran por este hecho instintos peligrosos de rebelión,
+cierta hostilidad contra las instituciones, una actitud, en fin,
+incompatible con el orden social y la seguridad del Estado. Por lo cual
+un guardia cogió a Juan enérgicamente, por el brazo y le dijo:
+
+--A ver; retírese V. a su casa inmediatamente, y no se pare V. en
+ninguna calle.
+
+--Pero yo no hago daño a nadie.
+
+--Esta V. impidiendo el tránsito. Adelante, adelante, si no quiere V. ir
+a la prevención.
+
+Es realmente consolador el ver con qué esmero procura la autoridad
+gubernativa que las vías públicas se hallen siempre limpias de ciegos
+que canten. Y yo creo, por más que haya quien sostenga lo contrario, que
+si pudiese igualmente tenerlas limpias de ladrones y asesinos, no
+dejaría de hacerlo con gusto.
+
+Retirose a su zahúrda el pobre Juan, pesaroso, porque tenía buen
+corazón, de haber comprometido por un instante la paz intestina y dado
+pie para una intervención del poder ejecutivo. Había ganado cinco reales
+y un perro grande. Con este dinero comió al día siguiente, y pagó el
+alquiler del miserable colchón de paja en que durmió. Por la noche tornó
+a salir y a cantar trozos de ópera y piezas de canto: vuelta a reunirse
+la gente en torno suyo y vuelta a intervenir la autoridad gritándole con
+energía:--Adelante, adelante.
+
+¡Pero si iba adelante no ganaba un cuarto, porque los transeúntes no
+podían escucharle! Sin embargo, Juan marchaba, marchaba siempre porque
+le estremecía, más que la muerte, la idea de infringir los mandatos de
+la autoridad, y turbar, aunque fuese momentáneamente, el orden de su
+país.
+
+Cada noche se iban reduciendo más sus ganancias. Por un lado la
+necesidad de seguir siempre adelante, y por otro la falta de novedad,
+que en España se paga siempre muy cara, le iban privando todos los días
+de algunos céntimos. Con los que traía para casa al retirarse apenas
+podía introducir en el estómago algo para no morirse de hambre. Su
+situación era ya desesperada. Sólo un punto luminoso seguía viendo
+tenazmente el desgraciado entre las tinieblas de su congojoso estado:
+este punto luminoso era la llegada de su hermano Santiago. Todas las
+noches, al salir de casa con la guitarra colgada del cuello, se le
+ocurría el mismo pensamiento:--«Si Santiago estuviese en Madrid y me
+oyese cantar, me conocería por la voz.» Y esta esperanza, mejor dicho,
+esta quimera, era lo único que le daba fuerzas para soportar la vida.
+
+Llegó otro día, no obstante, en que la angustia y el dolor no conocieron
+límites. En la noche anterior no había ganado más que seis cuartos.
+¡Había estado tan fría! Como que amaneció Madrid envuelto en una sábana
+de nieve de media cuarta de espesor. Y todo el día siguió nevando sin
+cesar un instante, lo cual les tenía sin cuidado a la mayoría de la
+gente, y fue motivo de regocijo para muchos aficionados a la estética.
+Los poetas que gozaban de una posición desahogada, muy particularmente,
+pasaron gran parte del día mirando caer los copos al través de los
+cristales de su gabinete, y meditando lindos e ingeniosos símiles de
+esos que hacen gritar al público en el teatro «¡bravo, bravo!» u obligan
+a exclamar cuando se leen en un tomo de versos: «¡qué talento tiene este
+joven!»
+
+Juan no había tomado más alimento que una taza de café de ínfima clase y
+un panecillo. No pudo entretener el hambre contemplando la hermosura de
+la nieve, en primer lugar, porque no tenía vista; y en segundo, porque
+aunque la tuviese, era difícil que al través de la reja de vidrio
+empañada y sucia de su desván pudiera verla. Pasó el día acurrucado
+sobre el colchón, recordando los días de la infancia y acariciando la
+dulce manía de la vuelta de su hermano. Al llegar la noche, apretado por
+la necesidad, desfallecido, bajó a la calle a implorar una limosna. Ya
+no tenía guitarra; la había vendido por tres pesetas en un momento
+parecido de apuro.
+
+La nieve caía con la misma constancia, puede decirse con el mismo
+encarnizamiento. Las piernas le temblaban al pobre ciego lo mismo que el
+día primero en que salió a cantar; pero esta vez no era de vergüenza,
+sino de hambre. Avanzó como pudo por las calles, enfangándose hasta más
+arriba del tobillo: su oído le decía que no cruzaba apenas ningún
+transeúnte; los coches no hacían ruido, y estuvo expuesto a ser
+atropellado por uno. En una de las calles céntricas se puso al fin a
+cantar el primer pedazo de ópera que acudió a sus labios: la voz salía
+débil y enronquecida de la garganta; nadie se acercaba a él ni siquiera
+por curiosidad. «Vamos a otra parte,» se dijo, y bajó por la Carrera de
+San Jerónimo, caminando torpemente sobre la nieve, cubierto ya de un
+blanco cendal y con los pies chapoteando agua. El frío se le iba
+metiendo por los huesos; el hambre le producía un fuerte dolor en el
+estómago. Llegó un momento en que el frío y el dolor le apretaron tanto,
+que se sintió casi desvanecido, creyó morir, y elevando el espíritu a la
+Virgen del Carmen, su protectora, exclamó con voz acongojada: «¡Madre
+mía, socórreme!» Y después de pronunciar estas palabras, se sintió un
+poco mejor y marchó, o más propiamente, se arrastró hasta la plaza de
+las Cortes: allí se arrimó a la columna de un farol, y, todavía bajo la
+impresión del socorro de la Virgen, comenzó a cantar el _Ave María_, de
+Gounod, una melodía a la cual siempre había tenido mucha afición. Pero
+nadie se acercaba tampoco. Los habitantes de la villa estaban todos
+recogidos en los cafés y teatros, o bien en sus hogares haciendo bailar
+a sus hijos sobre las rodillas al amor de la lumbre. Seguía cayendo la
+nieve pausada y copiosamente, decidida a prestar asunto al día siguiente
+a todos los revisteros de periódicos para encantar a sus aficionados
+con una docena de frases delicadas. Los transeúntes que casualmente
+cruzaban lo hacían apresuradamente, arrebujados en sus capas y tapándose
+con el paraguas. Los faroles se habían puesto el gorro blanco de dormir,
+y dejaban escapar melancólica claridad. No se oía ruido alguno si no era
+el rumor vago y lejano de los coches, y el caer incesante de los copos
+como un crujido levísimo y prolongado de sedería. Sólo la voz de Juan
+vibraba en el silencio de la noche saludando a la Madre de los
+Desamparados. Y su canto, más que himno de salutación, parecía un grito
+de congoja algunas veces; otras, un gemido triste y resignado que helaba
+el corazón más que el frío de la nieve.
+
+En vano clamó el ciego largo rato pidiendo favor al cielo; en vano
+repitió el dulce nombre de María un sinnúmero de veces, acomodándolo a
+los diversos tonos de la melodía. El cielo y la Virgen estaban lejos, al
+parecer, y no le oyeron; los vecinos de la plaza estaban cerca, pero no
+quisieron oírle. Nadie bajó a recogerlo; ningún balcón se abrió
+siquiera para dejar caer sobre él una moneda de cobre. Los transeúntes,
+como si viniesen perseguidos de cerca por la pulmonía, no osaban
+detenerse.
+
+Al fin ya no pudo cantar más: la voz espiraba en la garganta; las
+piernas se le doblaban; iba perdiendo la sensibilidad en las manos. Dio
+algunos pasos y se sentó en la acera al pie de la verja que rodea el
+jardín. Apoyó los codos en las rodillas y metió la cabeza entre las
+manos. Y pensó vagamente en que había llegado el último instante de su
+vida; y volvió a rezar fervorosamente implorando la misericordia divina.
+
+Al cabo de un rato percibió que un transeúnte se paraba delante de él y
+se sintió cogido por el brazo. Levantó la cabeza, y sospechando que
+sería lo de siempre, preguntó tímidamente:
+
+--¿Es V. algún guardia?
+
+--No soy ningún guardia--repuso el transeúnte,--pero levántese V.
+
+--Apenas puedo, caballero.
+
+--¿Tiene V. mucho frío?
+
+--Sí, señor... y además no he comido hoy.
+
+--Entonces, yo le ayudaré... vamos... ¡arriba!
+
+El caballero cogió a Juan por los brazos y le puso en pie; era un hombre
+vigoroso.
+
+--Ahora apóyese V. bien en mí y vamos a ver si hallamos un coche.
+
+--¿Pero dónde me lleva V.?
+
+--A ningún sitio malo ¿tiene V. miedo?
+
+--¡Ah! no: el corazón me dice que es V. una persona caritativa.
+
+--Vamos andando... a ver si llegamos pronto a casa para que V. se seque
+y tome algo caliente.
+
+--Dios se lo pagará a V. caballero... la Virgen se lo pagará... Creí que
+iba a morirme en ese sitio.
+
+--Nada de morirse... no hable V. de eso ya. Lo que importa ahora es dar
+pronto con un simón... Vamos adelante... ¿qué es eso; tropieza V.?
+
+--Sí, señor; creo que he dado contra la columna de un farol... ¡Como soy
+ciego!
+
+--¿Es V. ciego?--preguntó vivamente el desconocido.
+
+--Sí, señor.
+
+--¿Desde cuándo?
+
+--Desde que nací.
+
+Juan sintió estremecerse el brazo de su protector; y siguieron caminando
+en silencio. Al cabo éste se detuvo un instante y le preguntó con voz
+alterada.
+
+--¿Cómo se llama V.?
+
+--Juan.
+
+--¿Juan qué?
+
+--Juan Martínez.
+
+--Su padre de V. Manuel, ¿verdad? músico mayor del tercero de artillería
+¿no es cierto?
+
+--Sí, señor.
+
+En el mismo instante el ciego se sintió apretado fuertemente por unos
+brazos vigorosos que casi le asfixiaron y escuchó en su oído una voz
+temblorosa que exclamó:
+
+--¡Dios mío, qué horror y qué felicidad! Soy un criminal, soy tu hermano
+Santiago.
+
+Y los dos hermanos quedaron abrazados y sollozando algunos minutos en
+medio de la calle. La nieve caía sobre ellos dulcemente.
+
+Santiago se desprendió bruscamente de los brazos de su hermano y
+comenzó a gritar salpicando sus palabras con fuertes interjecciones:
+
+--¡Un coche, un coche! ¿no hay un coche por ahí?... ¡maldita sea mi
+suerte! Vamos, Juanillo, haz un esfuerzo; llegaremos pronto al puesto...
+¿Pero señor, dónde se meten los coches...? Ni uno sólo cruza por aquí...
+Allá lejos veo uno... ¡gracias a Dios!... ¡Se aleja el maldito!... Aquí
+está otro... éste ya es mío. A ver cochero... cinco duros si V. nos
+lleva volando al hotel número diez de la Castellana...
+
+Y cogiendo a su hermano en brazos como si fuera un chico lo metió en el
+coche y detrás se introdujo él. El cochero arreó a la bestia y el
+carruaje se deslizó velozmente y sin ruido sobre la nieve. Mientras
+caminaban, Santiago teniendo siempre abrazado al pobre ciego, le contó
+rápidamente su vida. No había estado en Cuba, sino en Costa Rica, donde
+juntó una respetable fortuna; pero había pasado muchos años en el campo,
+sin comunicación apenas con Europa; escribió tres o cuatro veces por
+medio de los barcos que traficaban con Inglaterra y no obtuvo
+respuesta. Y siempre pensando en tornar a España al año siguiente, dejó
+de hacer averiguaciones proponiéndose darles una agradable sorpresa.
+Después se casó y este acontecimiento retardó mucho su vuelta. Pero
+hacía cuatro meses que estaba en Madrid, donde supo por el registro
+parroquial que su padre había muerto; de Juan le dieron noticias vagas y
+contradictorias: unos le dijeron que se había muerto también; otros que
+reducido a la última miseria, había ido por el mundo cantando y tocando
+la guitarra. Fueron inútiles cuantas gestiones hizo para averiguar su
+paradero. Afortunadamente la Providencia se encargó de llevarlo a sus
+brazos. Santiago reía unas veces, lloraba otras mostrando siempre el
+carácter franco, generoso y jovial de cuando niño.
+
+Paró el coche al fin. Un criado vino a abrir la portezuela. Llevaron a
+Juan casi en volandas hasta su casa. Al entrar percibió una temperatura
+tibia, el aroma de bienestar que esparce la riqueza: los pies se le
+hundían en mullida alfombra; por orden de Santiago dos criados le
+despojaron inmediatamente de sus harapos empapados de agua y le pusieron
+ropa limpia y de abrigo. En seguida le sirvieron en el mismo gabinete,
+donde ardía un fuego delicioso, una taza de caldo confortador y después
+algunas viandas, aunque con la debida cautela, por la flojedad en que
+debía hallarse su estómago: subieron además de la bodega el vino más
+exquisito y añejo. Santiago no dejaba de moverse, dictando las órdenes
+oportunas, acercándose a cada instante al ciego para preguntarle con
+ansiedad:
+
+--¿Cómo te encuentras ahora, Juan?--¿Estas bien?--¿Quieres otro
+vino?--¿Necesitas más ropa?
+
+Terminada la refacción se quedaron ambos algunos momentos al lado de la
+chimenea. Santiago preguntó a un criado si la señora y los niños estaban
+ya acostados y habiéndole respondido afirmativamente, dijo a su hermano
+rebosando de alegría:
+
+--¿Tú no tocas el piano?
+
+--Sí.
+
+--Pues vamos a dar un susto a mi mujer y a mis hijos. Ven al salón.
+
+Y le condujo hasta sentarle delante del piano. Después levantó la tapa
+para que se oyera mejor, abrió con cuidado las puertas y ejecutó todas
+las maniobras conducentes a producir una sorpresa en la casa; pero todo
+ello con tal esmero, andando sobre la punta de los pies, hablando en
+falsete y haciendo tantas y tan graciosas muecas, que Juan al notarlo no
+pudo menos de reírse exclamando: ¡Siempre el mismo Santiago!
+
+--Ahora toca Juanillo, toca con todas tus fuerzas.
+
+El ciego comenzó a ejecutar una marcha guerrera. El silencioso hotel se
+estremeció de pronto, como una caja de música cuando se la da cuerda.
+Las notas se atropellaban al salir del piano, pero siempre con ritmo
+belicoso. Santiago exclamaba de vez en cuando:
+
+--¡Más fuerte, Juanillo, más fuerte!
+
+Y el ciego golpeaba el teclado, cada vez con mayor brío.
+
+--Ya veo a mi mujer detrás de las cortinas... ¡adelante, Juanillo,
+adelante!... Está la pobre en camisa... ji... ji... me hago como que no
+la veo... se va a creer que estoy loco... ¡ji ji!... ¡adelante,
+Juanillo, adelante!
+
+Juan obedecía a su hermano, aunque sin gusto ya, porque deseaba conocer
+a su cuñada y besar a sus sobrinos.
+
+--Ahora veo a mi hija Manolita, que también sale en camisa... ¡Calle,
+también se ha despertado Paquito!... ¡No te he dicho que todos iban a
+recibir un susto!... Pero se van a constipar si andan de ese modo más
+tiempo... No toques más Juan, no toques más.
+
+Cesó el estrépito infernal.
+
+--Vamos, Adela, Manolito, Paquito, abrigaos un poco y venid a dar un
+abrazo a mi hermano Juan. Este es Juan de quien tanto os he hablado, a
+quien acabo de encontrar en la calle a punto de morirse helado entre la
+nieve... ¡Vamos, vestíos pronto!
+
+La noble familia de Santiago vino inmediatamente a abrazar al pobre
+ciego. La voz de la esposa era dulce y armoniosa: Juan creía escuchar
+la de la Virgen: notó que lloraba cuando su marido relató de qué modo le
+había encontrado. Y todavía quiso añadir más cuidados a los de Santiago:
+mandó traer un calorífero y ella misma se lo puso debajo de los pies;
+después le envolvió las piernas en una manta y le puso en la cabeza una
+gorra de terciopelo. Los niños revoloteaban en torno de la butaca,
+acariciándole y dejándose acariciar de su tío. Todos escucharon en
+silencio y embargados por la emoción, el breve relato que de sus
+desgracias les hizo. Santiago se golpeaba la cabeza: su esposa lloraba:
+los chicos atónitos le decían estrechándole la mano: ¿No volverás a
+tener hambre ni a salir a la calle sin paraguas, verdad tiito?... yo no
+quiero, Manolita no quiere tampoco... ni papá, ni mamá.
+
+--¡A que no le das tu cama, Paquito!--dijo Santiago, pasando a la
+alegría inmediatamente.
+
+--¡Si no _quepe_ en ella, papá! En la sala hay otra muy grande, muy
+grande, muy grande...
+
+--No quiero cama ahora,--interrumpió Juan... ¡me encuentro tan bien
+aquí!
+
+--¿Te duele el estómago como antes?--preguntó Manolita abrazándole y
+besándole.
+
+--No, hija mía, no, ¡bendita seas!... no me duele nada... soy muy
+feliz... lo único que tengo es sueño... se me cierran los ojos sin
+poderlo remediar...
+
+--Pues por nosotros no dejes de dormir, Juan,--dijo Santiago.
+
+--Sí, tiito, duerme, duerme--dijeron a un tiempo Manolita y Paquito
+echándole los brazos al cuello y cubriéndole de caricias...
+
+ * * * * *
+
+Y se durmió en efecto. Y despertó en el cielo.
+
+Al amanecer del día siguiente, un agente de orden público tropezó con su
+cadáver entre la nieve. El médico de la casa de socorro certificó que
+había muerto por la congelación de la sangre.
+
+--Mira, Jiménez--dijo un guardia de los que le habían llevado a su
+compañero.
+
+--¡Parece que se está riendo!
+
+
+
+
+LA ACADEMIA
+
+DE JURISPRUDENCIA
+
+
+No todos los transeúntes de la calle de la Montera saben que en el
+número 22, cuarto bajo, se encuentra establecida, desde algunos años
+hace, la Academia de Jurisprudencia[*]. La mayoría de los ciudadanos que
+van o vienen de la Puerta del Sol pasan por delante del largo portal de
+la casa sin sospechar que dentro de ella discútense los más caros
+intereses de su vida, la religión, la propiedad y la familia, todo lo
+que se halla bajo la salvaguardia vigilante del Sr. Perier, director
+propietario de _La Defensa de la Sociedad_. Si tuviesen el humor de
+entrar, vieran quizá colgado de la pared en dicho portal un cuadrito
+donde en letras gordas se dice: _No hay sesión_, o bien _El miércoles
+continuará la discusión de la memoria del señor Martínez sobre el
+derecho de acrecer: tienen pedida la palabra en pro los Sres. Pérez,
+Fernández y Gutiérrez, y en contra los señores López, González y
+Rodríguez_. El tema es por cierto asaz importante, y los nombres de los
+oradores demasiado conocidos del público para que cualquier ciudadano no
+entre en apetito de presenciar este debate. Restregándome, pues, las
+manos y gustando anticipadamente con la imaginación sus ruidosas
+peripecias, tengo salido muchas veces diciendo: No faltaré, no faltaré.
+
+[* Se encontraba cuando el autor escribía estos renglones:
+posteriormente se ha trasladado a otro sitio.]
+
+Llega la noche señalada, empujo la mampara de la Academia y penetro en
+el salón de sesiones. Una muchedumbre de trece a quince personas invade
+el local destinado al público. Los académicos suelen estar aún en mayor
+número, llegando algunas veces a ocupar casi todos los bancos
+delanteros. Pérez ha comenzado ya su discurso. El celebrado orador que
+_La Correspondencia de España_ ha llamado magistral en más de una
+ocasión, por más que no haya logrado prebenda en ninguna basílica, podrá
+tener, a juzgar por su fisonomía, unos nueve años de edad. Es
+medianamente alto, delgado, de ojos pequeños e inquietos, y un poco
+desgalichado: su rostro ofrece el sello de meditación y tristeza que
+comunica una vida consagrada casi por entero al estudio de los arduos
+problemas de la Filosofía. Principia siempre a hablar con cierto desdén
+altanero, y su palabra en los primeros momentos es perezosa y torpe;
+parece que está distraído como si le arrancasen de improviso al mundo de
+reflexiones sabias y profundas donde habita a la continua. Mas a medida
+que el tiempo trascurre y el asunto penetra en él, toma calor y su
+discurso adquiere un brío extraordinario.
+
+El asunto que ahora se discute es de interés palpitante. Se trata de
+saber si la ley de Partida que regula el derecho de acrecer se refiere
+únicamente a las mandas o legados, o debe aplicarse también a las
+herencias. Pérez, demostrando su destreza en esta clase de debates,
+comienza a cimentar su discurso sobre bases sólidas. Empieza estudiando
+detenidamente al hombre en su doble naturaleza física y moral,
+internándose con paso firme en el campo de la Antropología. Su talento
+esencialmente analítico va arrancando a la materia las secretas leyes
+por que se rige, y más tarde al espíritu los vagos y complejos impulsos
+que le animan. Combate ruda pero severamente la teoría de Darwin sobre
+el origen de las especies, y demuestra con gran copia de datos y
+razones, que la humanidad no es el coronamiento del proceso animal, por
+más que rechace igualmente la procedencia de una sola pareja. Con este
+motivo, examina las contradicciones entre la Biblia y la ciencia, y
+expone clara y sucintamente el modo de resolverlas. Pasa después al
+estudio de la pre-historia, y rápidamente analiza las últimas teorías,
+declarándose franco y resuelto partidario de la existencia del hombre en
+el terreno terciario.
+
+«Ninguno más reservado y más cauto que yo (dice con solemnidad) cuando
+se trata de aceptar una teoría peregrina sobre problemas tan oscuros e
+inaccesibles, pero todo el mundo está obligado a rendirse ante la
+evidencia. Mi esclarecido amigo el señor Fernández ha tenido la fortuna
+de encontrar este verano en una gruta de su provincia, e incrustada
+entre rocas de granito de carácter terciario, una taza...
+
+(_Fernández, levantándose a medias del asiento_):--Una vinagrera.
+
+_Pérez_:--Entendía que era una taza lo que había hallado su señoría;
+pero este cambio corrobora aún mejor la doctrina que estoy exponiendo.
+La fabricación y el uso de esta clase de artefactos, lo mismo de las
+tazas que de las vinagreras (singularmente de las vinagreras) manifiesta
+y declara la existencia del hombre en dicho terreno, y supone además en
+él un cierto grado de cultura nada compatible en verdad con el
+embrutecimiento a que lo condenan las teorías de la escuela
+materialista».
+
+El orador da fin a su discurso con una historia tan concienzuda como
+brillante del derecho de propiedad.
+
+Por indisposición del Sr. López, que era el encargado de contestar al
+discurso del Sr. Pérez, se levanta a hablar el Sr. González. Es hombre
+más entrado en días que su contrincante: representa bien unos doce años,
+y tiene fisonomía dulce, apacible y ruborosa donde se refleja un alma
+creyente y sumisa.
+
+«Todos nosotros reconocemos (comienza a decir con voz suave de
+contralto, muy semejante a la de los niños de coro), y con nosotros
+cuantos siguen el movimiento intelectual contemporáneo, todos
+reconocemos en mi ilustre amigo el Sr. Pérez una erudición inmensa
+dichosamente unida a una inteligencia poderosa y perspicua que se
+apodera de las ideas y se enseñorea de ellas sometiéndolas a un análisis
+seguro y minucioso, bien así como el águila cae de súbito sobre su
+presa, la coge entre sus garras y asciende con ella por los espacios,
+arrastrándola a regiones desconocidas donde con el ensangrentado pico se
+entretiene en explorar sus entrañas palpitantes... (_¡Bravo! ¡Bravo!
+Las miradas del público se fijan sobre Pérez, que en aquel momento toma
+notas_).
+
+«Pero ¡ah, señores! el eminente orador que me ha precedido en el uso de
+la palabra, impulsado por su temperamento analítico, por la sed ardiente
+de conocimientos que le devora, abandona las consoladoras creencias del
+cristianismo, en que se ha educado, y marcha resueltamente por la senda
+del libre examen, sin sospechar los riesgos que corre su noble espíritu;
+de la misma suerte que el niño, persiguiendo por el campo a la mariposa
+irisada, no ve el abismo que se abre a sus pies y amenaza sepultarle...
+(_Prolongados aplausos_).
+
+Continúa el orador describiendo con rasgos magistrales el carácter de
+Pérez, y pasa después a lamentarse con acento patético de que aquél no
+crea en la procedencia del género humano de una sola pareja. Con este
+motivo, hace una pintura acabada y elocuente del paraíso terrenal, y
+describe a nuestros primeros padres en el estado de inocencia,
+entreteniéndose sobre todo a dibujar con amor y cuidado la figura
+esbelta, graciosa, cándida e incitante a la vez de la madre Eva, de tal
+modo, que provoca en la juventud que le escucha entusiásticos y
+fervorosos aplausos.
+
+Traza después a grandes pinceladas la historia de los primeros tiempos
+de la humanidad, y afirma que la verdadera civilización tiene su origen
+en el cristianismo. (_El Sr. Gutiérrez pide la palabra con voz irritada
+y estentórea. Grande ansiedad en la media docena de circunstantes que
+han quedado en el público_).
+
+Terminado el discurso, rectifica brevemente Pérez, y acto continuo el
+presidente concede la palabra a Gutiérrez, que con el rostro encendido,
+las manos trémulas y los ojos inyectados, comienza a gritar más que a
+decir su oración.
+
+«Señores académicos--exclama:--No es el cristianismo, no, como acabáis
+de oír, el que ha engendrado nuestra civilización. Todo lo contrario. El
+cristianismo ha sido, es y será mientras exista, la rémora constante del
+progreso de los pueblos. Hace mil ochocientos y tantos años que un judío
+exaltado...
+
+(_El presidente, haciendo sonar la campanilla_):--La Mesa suplica al Sr.
+Gutiérrez que procure no herir el sentimiento religioso de la asamblea.
+
+«Señor presidente, ha llegado la hora de las grandes verdades. Vosotros
+venís de los templos, de los salones, de las universidades... Yo vengo
+de la calle... Y vosotros no sabéis lo que pasa en la calle... Yo lo
+sé... Por eso os digo que viváis alerta. La paciencia, una paciencia que
+ha durado muchos siglos, está ya a punto de agotarse. Nos hemos contado
+y os hemos contado también. Mañana, cuando más descuidados estéis, tal
+vez vengamos a arrojaros de aquí. Los hombres de la calle, como un
+torrente que se desata, como una inmensa y terrible avenida...
+
+_El presidente_:--La Mesa no puede permitir que el Sr. Gutiérrez siga
+hablando de ese modo.
+
+(Algunas voces: _Muy bien, muy bien._ Otras: _Que siga, que siga_).
+
+«Señor presidente, creo estar en mi perfecto derecho al hablar de la
+avenida que se precipita...
+
+_El presidente_:--Su señoría no puede hablar de la avenida...
+
+(_Muy bien, muy bien_. Una voz: _Fuera el presidente_. Terrible
+confusión en el público. Cuatro espectadores baten palmas a la
+presidencia. Dos gritan: _Que siga, que siga_. Los académicos se hablan
+al oído, aconsejando moderación e imparcialidad).
+
+_Gutiérrez, con amargura_:--Señor presidente, veo con claridad que aquí,
+como en la calle, no se respeta la justicia. Renuncio al uso de la
+palabra... Antes de sentarme, sin embargo, os diré que, aunque vosotros
+no la veáis, la avenida sube, sube, y concluirá por ahogaros.
+
+(_Indescriptible confusión. Dos espectadores apostrofan duramente al
+orador. Algunos académicos tratan de imponerles silencio. El presidente
+rompe la campanilla. Gutiérrez pasea miradas insolentes y sarcásticas
+por el concurso_).
+
+_El presidente, logrando hacerse oír_:--Su señoría puede hacer lo que
+guste, pero conste que la Mesa no le retira la palabra. El miércoles
+próximo continuará la discusión sobre el derecho de acrecer. Se levanta
+la sesión.
+
+
+II
+
+
+La vida pública de la Academia de Jurisprudencia no se resume en los
+debates como el que acabamos de presenciar. Hay en su organización o
+vida interna ciertos mecanismos que tocan, o por mejor decir, entran de
+lleno en los dominios del derecho político y aun en el natural, o sea el
+que la naturaleza enseñó lo mismo a los hombres que a los animales:
+_quod natura omnia animalia docuit._ Me refiero a las elecciones.
+
+Cuando entramos en el salón de sesiones y vemos al lado del presidente a
+un joven decentemente vestido que en ciertas ocasiones lee con voz
+trémula y conmovida el resumen de los gastos y los ingresos, apenas
+fijamos nuestra atención en él. ¡Y no obstante, ese joven es el
+Secretario! ¡El Secretario! ¡Cuán poco nos figuramos lo que significa
+esta palabra!
+
+Asistid como yo he asistido a una elección de Secretario en la Academia
+de Jurisprudencia, y mediréis su extensión. Al solo anuncio de las
+elecciones, conmuévese hondamente aquel respetable cuerpo jurídico,
+preparándose a una terrible y dolorosa crisis. La chispa de la ambición
+comunica instantáneamente el fuego a todos los corazones, y como sucede
+siempre en las grandes perturbaciones sociales, los sórdidos intereses,
+las pasiones bastardas, los rencores, las miserias, todo el fango del
+espíritu, en una palabra, asciende a la superficie y enturbia por un
+instante la pureza de la docta Corporación. Mas en medio de este
+revuelto mar de apetitos y torpes deseos suelen flotar también,
+digámoslo en honor de los jóvenes jurisconsultos españoles, nobles y
+legítimas ambiciones y rasgos de conmovedora modestia.
+
+He conocido un joven a quien una Comisión salida del seno de la Academia
+pasó a ofrecer en su misma casa el puesto de Secretario con el objeto
+de apagar una querella suscitada entre dos enconados e igualmente
+poderosos adversarios. Aquel joven esclarecido, dando a la historia el
+mismo ejemplo de modestia y generosidad que el rey Wamba, se negó
+terminantemente a aceptar los honores que le ofrecían.
+
+Este ejemplo, por desgracia, no ha tenido imitadores. Las dulzuras del
+poder excitan demasiadamente el paladar de los jóvenes académicos para
+que nadie piense en rechazarlas. Antes al contrario, se emplean para
+conseguirlas todos los medios que la inteligencia despierta de los
+socios, encendida por el deseo, les sugiere. ¡Qué de intrigas
+espantables y tenebrosas! ¡Qué de crueles asechanzas! ¡Cuántas palabras
+pérfidas! ¡Cuántas sonrisas traidoras! El espíritu se estremece y los
+cabellos se erizan al acercarse a este hervidero de las pasiones
+humanas.
+
+Ni tampoco faltan los arranques brutales de la fuerza, o sean las
+coacciones escandalosas, como se dice en términos técnicos. A este
+propósito se citan en la Academia algunos hechos que, por su gravedad y
+por las tristísimas circunstancias de que se hallan rodeados, conturban
+y abaten el ánimo. Se dice, por ejemplo, que en cierta ocasión el
+bibliotecario, Sr. Torres Campos, obstruyó con su persona uno de los
+pasillos del local para que sus contrarios no pudiesen ir a depositar el
+voto en la urna. Yo nunca he creído semejante especie. Conozco muy bien
+al distinguido bibliotecario, y aunque le considero con facultades para
+obstruir cualquier pasillo, no creo que jamás haya puesto sus felices
+condiciones físicas al servicio de una tan flagrante injusticia. De
+todas suertes, es bueno, sin embargo, dejar apuntado que he visto a
+algunos académicos calificar su legítima influencia en la Corporación de
+«funesta e insufrible tiranía».
+
+Hay, no obstante, jóvenes privilegiados, favorecidos por la Providencia
+con dotes excepcionales que alcanzan los más altos puestos sin lucha,
+sin esfuerzo y sin peligro. Desde el instante en que uno de estos
+jóvenes pisa los umbrales de la Academia, sus compañeros, como si viesen
+en él un ser superior enviado del cielo, se apresuran a allanarle los
+obstáculos y a sembrar de flores su camino. Cesan las envidiosas
+maquinaciones, se apagan los rencores, cálmanse momentáneamente las
+encrespadas olas, y el joven providencial marcha triunfante, bañado por
+el sol de la gloria, libre y desembarazado, a la codiciada silla de
+Secretario, donde se sienta, como los emperadores bárbaros, por derecho
+propio. Tal ha sido la historia de mi distinguido amigo el Sr. Macaya y
+de algunos otros, aunque muy escasos, jóvenes.
+
+A más del cargo supremo de Secretario (pues el de Presidente se ha
+convenido en cederlo a la política), hay otros puestos que excitan
+también la concupiscencia de los socios, que son los de presidentes y
+vicepresidentes de las secciones. La elección de éstos, aunque no ofrece
+la honda perturbación que la de Secretario, no por eso deja de ser
+interesante y sembrada de peripecias. Algunos meses antes del día
+señalado para la elección empiezan a echarse a volar algunos nombres
+sobre los cuales se levanta viva e incesante discusión. Examínanse los
+antecedentes del candidato, estúdianse detenidamente las fases de su
+talento, aquilátanse sus méritos, y últimamente recae en él la sentencia
+que le eleva o le confunde, expresada siempre en estos sacramentales
+términos: «Tiene talla» o «No tiene talla». Hay cabildeos infinitos,
+combinaciones, arreglos amistosos, bruscos desabrimientos,
+transacciones, se imprimen varias candidaturas (lo cual suele costar
+dinero a las familias), se traen a la palestra tarjetas del Presidente
+del Consejo de ministros y del Cardenal Arzobispo de Toledo, intervienen
+algunas damas de la nobleza y se dan algunas bofetadas.
+
+En cierta ocasión he asistido con un amigo a estas reñidas elecciones.
+Mi amigo no se presentaba candidato, mas sin saber por qué ni cómo,
+quizá para dar en la cabeza a algún ambicioso, lo cierto es que al
+efectuarse el escrutinio, mi amigo salió nombrado presidente de la
+sección de derecho canónico. Su alegría y sorpresa fueron tan grandes,
+que estuvo a punto de caer desmayado en mis brazos. Salimos del local, y
+en la calle me abrazó repetidas veces, me habló de su porvenir y me
+comunicó en secreto que ahora pensaba dirigir sus tiros al puesto de
+Secretario, se enterneció refiriéndome su primera y única aventura
+amorosa, y concluyó por cantar a media voz la _Marsellesa_ (había sido
+elegido por el elemento liberal de la corporación). Al tirar de la
+campanilla de su casa, y al preguntar la criada ¿quién es? exclamó fuera
+de sí: «¡Abre, muchacha, que tienes a tu amo Presidente de la Academia
+de Jurisprudencia!»
+
+¡Noble y gloriosa emulación la que se establece en esta ilustre
+sociedad! ¡Qué importa que esta emulación vaya manchada en algunos casos
+por el fango de las malas pasiones! Las malas pasiones son un poderoso
+auxiliar en la carrera que la juventud de la Academia ha emprendido, o
+como decía cierto subsecretario amigo mío, «en la política es necesario
+tener algunas onzas de mala sangre.» Consuela y ensancha el ánimo un
+espectáculo semejante. Los vergeles de la política española tienen un
+vivero en la Academia de Jurisprudencia. De allí se trasplantan los
+caballeros de Isabel la Católica y los jefes superiores de
+administración encargados de la gestión de nuestros intereses.
+Actualmente existen ¡loado sea Dios! dentro de la respetable Corporación
+que hemos tratado de describir a grandes rasgos, tres Venancios González
+en agraz, cinco Camachos y un Posada Herrera. Pueden dormir tranquilos,
+pues, nuestros labradores, industriales y comerciantes. Si alguna vez se
+les ocurre entrar en el número 22 de la calle de la Montera, cuarto
+bajo, contemplarán con lágrimas de enternecimiento un enjambre de
+inocentes y juguetones cachorrillos adiestrándose para meterlos mañana u
+otro día en la cárcel cuando voten a un candidato de oposición, impedir
+que se reúnan con sus amigos, y subirles discretamente las
+contribuciones.
+
+
+
+
+EL HOMBRE
+
+DE LOS PATÍBULOS
+
+
+Hace cosa de tres o cuatro años tuve la infame curiosidad de ir al Campo
+de Guardias a presenciar la ejecución de dos reos. El afán de verlo todo
+y vivirlo todo, como dicen los krausistas, me arrastró hacia aquel
+sitio, venciendo una repugnancia que parecía invencible, y los serios
+escrúpulos de la conciencia. Por aquel tiempo pensaba dedicarme a la
+novela realista.
+
+Eran las siete de la mañana. La Puerta del Sol y la calle de la Montera
+estaban cuajadas de gente. Había llovido por la noche, y el cielo,
+plomizo, tocaba casi en la veleta del Principal. La atmósfera,
+impregnada de vapor acuoso, y el suelo cubierto de lodo. La muchedumbre
+levantaba incesante y áspero rumor, sobre el cual se alzaban los gritos
+de los pregoneros anunciando «la salve que cantan los presos a los reos
+que están en capilla», y «el extraordinario de _La Correspondencia_.»
+Una fila de carruajes marchaba lentamente hacia la Red de San Luis. Los
+cocheros, arrebujados en sus capotes raídos, se balanceaban
+perezosamente sobre los pescantes. Otra fila de ómnibus, con las
+portezuelas abiertas, convidaba a los curiosos a subir. Los cocheros nos
+animaban con voces descompasadas. Uno de ellos gritaba al pie de su
+carruaje:
+
+--¡Eh, eh! ¡al patíbulo! ¡dos reales al patíbulo!
+
+Me sentía aturdido, y empecé a subir por la calle de la Montera,
+empujado por la ola de la multitud. Los pies chapoteaban asquerosamente
+en el fango. ¡Cosa rara! en vez de pensar en la lúgubre escena que me
+aguardaba, iba tenazmente preocupado por el lodo. Había oído decir a un
+magistrado, no hacía mucho tiempo, que el barro de Madrid quemaba y
+destruía la ropa como un corrosivo, lo cual tenía su explicación en la
+piedra del pavimento, por regla general caliza. «¡Buenos me voy a poner
+los pantalones!» iba diciendo para mis adentros, con acento doloroso.
+
+La muchedumbre ascendía con lento paso. El que bajase a la Puerta del
+Sol en aquel instante y fuese examinando los rostros de los que
+subíamos, si no tuviera otros datos, no sospecharía ciertamente a qué
+lugar siniestro nos dirigíamos. Las fisonomías no expresaban ni dolor,
+ni zozobra, ni preocupación siquiera. Marchábamos todos con la
+indiferencia estúpida de un pueblo trashumante que va a establecerse a
+otra comarca. Los que llevaban compañía, charlaban; los que iban solos,
+echaban pestes de vez en cuando, entre dientes, contra el barro. Sólo el
+cielo mostraba un semblante sombrío y melancólico, adecuado a las
+circunstancias.
+
+Recorrimos la calle de Hortaleza, y al llegar cerca del Saladero
+hallamos un gran montón de gente que invadía los alrededores y que nos
+detuvo. La muchedumbre hormigueaba delante del sucio y repugnante
+edificio en espera de algo; ¡un algo bien espantoso por cierto! Yo fui a
+engrosar aquel gran montón, como una gota de agua que cae en el mar.
+Allí los rostros ya expresaban algo: la impaciencia. Me parece excusado
+decir que era plebe la inmensa mayoría de los circunstantes, porque la
+plebe es la que particularmente se siente atraída hacia los espectáculos
+cruentos. No obstante, hay también gente de levita y sombrero de copa
+que se deleita con las emociones terribles; pero en aquella ocasión era
+una minoría muy exigua. Un coche de plaza sin número esperaba a la
+puerta: el cochero tenía la cara cubierta con un pañuelo. Crecido número
+de guardias de orden público se hallaba distribuido en el concurso, y un
+piquete de soldados, con los fusiles en «su lugar descanso», ceñía la
+fachada del siniestro caserón, contemplando con ojos distraídos el
+hervor de aquel mar de cabezas humanas. Algunas aristócratas del
+comercio pregonaban a gañote tendido «agua y azucarillos, bellotas como
+castañas, chufas, cacahuetes», y algunos otros artículos de
+entretenimiento, para los estómagos desocupados. Los balcones de las
+casas circunvecinas estaban poblados de gente, y no era raro ver en
+ellos el rostro fresco y sonriente de alguna linda muchacha que acababa
+de dejar el lecho, y que con sus menudos dedos blancos y rosados se
+restregaba los ojos.
+
+Era tan horrible lo que iba a suceder, y tan lúgubres los preparativos
+del suceso, que, más por huir la tristeza que por amor al bello sexo,
+aunque no dejo de profesarlo, me coloqué debajo de uno de los balcones y
+me puse a mirar a cierta rubia, que no pagó verdaderamente mi
+atención--dicho sea en honor suyo. ¡Por qué había de mirarme, cuando ni
+siquiera me iban a dar garrote! Sus ojos estaban clavados con ansiosa
+curiosidad en la puerta del Saladero. Me acordé entonces de las damas
+del imperio romano, que daban la señal de muerte a los gladiadores, e
+hice una porción de reflexiones histórico-filosóficas, de las cuales
+hago gracia a los lectores.
+
+Cuando más embebido me hallaba en ellas, escuché una voz cerca que
+preguntaba:
+
+--Caballero, ¿sabe V. qué hora es?
+
+Volvime, sin saber a quién se dirigía la pregunta, y me hallé enfrente
+de un hombre no muy alto, de barba y pelo cenicientos, de facciones
+afiladas, que me miraba con unos ojos pequeños y hundidos, y de color
+indefinible, esperando, a no dudarlo, mi respuesta. Como el reloj era de
+niquel, eché mano de él, sin temor de mostrarlo, y le dije:
+
+--Las siete y veinte minutos.
+
+--Todavía esperaremos más de un cuarto de hora--repuso el hombre
+reflejando disgusto en su fisonomía. Yo me encogí de hombros con
+indiferencia, y alcé los ojos al cielo, quiero decir, a la rubia.
+
+--¡Oh, conozco bien a esos señores!--prosiguió.--¡No me darán chasco,
+no!... Dicen que a las siete y media saldrá el primero _pa_ el campo...
+Pues ya verá V. cómo han de ser las ocho menos cuarto bien largas...
+
+Me volví con alguna mayor curiosidad a mirar a aquel hombre, y confieso
+que me causó repugnancia. Sin ser un monstruo por lo feo, éralo
+bastante, y sobre todo, formaba contraste notable con la rubia que se
+cernía sobre mi cabeza. Estaba pobremente vestido, de capa y gorra, como
+los artesanos de Madrid, y debía de hallarse entre los cincuenta o
+sesenta años de edad. Pude observarle bien, porque no me miraba: sus
+ojos exploraban con avidez los contornos de la prisión.
+
+--¡Puercos, tunantes!--exclamó con irritación y sin mirarme, como si
+hablase consigo mismo.--¡Mire V. que estar un hombre ayer toda la tarde,
+espera que te espera, para salir al fin con que no era posible verlos!
+Que el Gobernador no quería que se les molestase... ¿Y qué tiene ya que
+mandar el Gobernador sobre ellos?... Un hombre, cuando le van a dar
+_mulé_, hace lo que le da la gana, menos escaparse... Además, que no se
+les molesta... al contrario... lo que les hace falta es un poco de
+_distraición_ y beber unas copas con tranquilidad... ¿Han de estar todo
+el día _rodeaos_ de paño negro?... Con media hora pa confesarse y otra
+media _pa_ decir el «yo pecador», y recibir, y arrepentirse, queda un
+hombre al sol.
+
+Como, después de todo, hablaba conmigo, por más que no me mirase, quise
+demostrarle que le escuchaba, y le pregunté:
+
+--¿Cuál de los dos sale primero?
+
+--El viejo, el viejo--repuso en tono firme--. Cuando el otro llegue
+allá, ya le habrán despachado a él. Hasta ahora es el que ha tenido más
+pecho... _Paece_ mentira, ¿no es verdad? El chico me han dicho que está
+medio _acabao_. ¡Vaya un papanatas! ¡Como si por cantar la gallina le
+dejasen de apretar el gañote! Lo que debe tener un hombre ante todo es
+_dirnidad_, mucha _dirnidad_, y morir como Dios manda, sin dar que
+decir a la gente.
+
+--Pero ya ve usted que eso no se puede remediar: unos son valientes y
+otros cobardes--repliqué en tono de mal humor.
+
+--Estamos en eso, caballero... Pero un hombre siempre es un hombre...
+
+--Verdad.
+
+--Y los hombres se portan como hombres.
+
+--También verdad.
+
+--Y cuando no hay más remedio, hay que aguantar la mecha, tener
+paciencia, y barajar, y decir: «Pues, señor, otros han ido antes que yo,
+y otros vendrán también». Mire usted, caballero: yo he visto a una
+mujer... ya ve usted que una mujer no es lo mismo que un hombre.
+
+--Cierto.
+
+--La he visto morir mejor que si fuese un hombre... Usted también la
+habrá visto... hablo de la Vicenta...
+
+--¿Qué Vicenta?
+
+--La Vicenta Sobrino.
+
+--No, no la he visto.
+
+--Es verdad que usted es joven--repuso mirándome de arriba abajo--; pero
+bien pudieron haberle traído aunque fuese chico... Aquí se aprende
+mucho...
+
+--No vivía en Madrid.
+
+--¡Ay, caballero! Pues en los pueblos estas cosas se ven pocas veces...
+No es lo mismo que aquí, donde casi todos los años tenemos un
+_espetáculo_, cuando no son dos o tres. Aquí se aprende a tener corazón
+y a ver lo que es el mundo... Pues, como le decía, la Vicenta era mujer
+que valía lo que pesaba... ¡tenía más agallas que un tiburón!... La
+verdad es que daba gusto verla tan serena; porque, al fin, siempre es
+una fatiga ver a una persona humana dando diente con diente y poniendo
+los ojos de carnero _degollao_... Yo he visto de todo... Mire V.; a la
+Bernaola la han tenido que subir a _puñaos_... y a muchos hombres
+también, no vaya V. a creerse. He visitado yo a algunos en la capilla,
+que _paecía_ que se tragaban a medio Madrid; mucha copa de vino, mucha
+cháchara y mucho jaleo, y cuando llegó la hora de ser hombres, hincharon
+el hocico haciendo pucheritos como los niños de escuela.
+
+Mi interlocutor hablaba siempre con los ojos clavados en la puerta del
+Saladero. No muy lejos de ella se promovió una reyerta entre los
+curiosos y los agentes de orden público, que hizo retroceder y ondular a
+la muchedumbre. Nosotros sentimos, aunque no muy fuerte, el efecto de
+esta agitación. El hombre de la capa exclamó:
+
+--¡No puedo resistir a estos del orden!... ¡Mire V. qué modo de tratar
+al pueblo! No _paece_ más que ellos son los que nos dan permiso _pa_
+ver el _espetáculo_!
+
+--Se me figura, dije yo, que va a salir el reo.
+
+--¡Ca! No, señor, no tenga V. cuidado; hasta las ocho menos cuarto en
+punto no hay quien los menee. Echan un cuarto de hora _pa_ llegar al
+campo; pero ¡buen cuarto de hora te dé Dios! El campo no está aquí a la
+vuelta; y como van a paso de carreta... ¿Qué hora es, caballero? Hágame
+el favor de mirar el _reló_.
+
+--Las ocho menos veinticinco.
+
+Una mujer dijo a nuestra espalda en voz alta:
+
+--Manuela, ¿no sabes que los indultan? Acaba de llegar un soldado con el
+perdón del Rey.
+
+Mi interlocutor se volvió instantáneamente, como si le hubiesen
+pinchado.
+
+--¡Qué perdón ni qué ocho cuartos! ¡Qué sabe V. lo que se dice!
+
+--_Pus_ lo _mismito_ que V. ¡El diablo del hombre!
+
+El hombre de la capa dejó escapar una exclamación de desprecio mirando a
+la mujerzuela de arriba abajo y dirigiéndose después a mí, me dijo en
+tono confidencial:
+
+--Estas babiecas, en cuanto que ven a un soldado con un pliego en la
+bayoneta, ya se sueltan a decir que es el indulto. El indulto no se da
+casi nunca a última hora, porque tiene que llevar mucha requisitoria...
+Usted bien lo sabrá... Ayer ha estado el padre del chico a echarse a los
+pies del Rey, pero no ha conseguido nada. ¡Qué había de conseguir! De
+perdonarle a él, tenían que perdonar al otro también... y eso no podía
+ser... Así que ya deben contarse entre los difuntos... El Rey no lo hace
+casi nunca de por sí y sin consultar a los _menistros_... Eso lo sé yo
+bien, caballero, lo sé yo bien.
+
+--Pues yo me alegraría mucho de que los perdonasen--dije con cierto
+tonillo irritado para protestar del afán de cadalso que adivinaba en
+aquel hombre.
+
+--Eso es otra cosa--repuso un poco cortado.--Usted puede alegrarse lo
+que le dé la gana; pero lo que le digo es que no vendrá el indulto...
+Ellos siempre tienen esperanza, ya lo sé; están con el corbatín
+enroscado al cuello y todavía esperan los pobrecitos que vengan a
+sacarlos del barranco. Alguno he visto que se tragó la píldora enterita
+desde muchos días antes; pero es una _esceción_... Aquél era un hombre
+con un corazón más grande que el palacio de Buenavista. Como aquél no ha
+habido otro ni lo habrá: se fue al palo con la misma cachaza que se iba
+antes a la taberna. ¡Qué camelo dio al señor Gobernador y a los
+marranillos que andaban cerca de él! Todos se pirraban por meterle miedo
+y verle compungido. El Gobernador estuvo más de media hora hablándole
+del infierno y de las penas de los condenados; tizonazos por aquí,
+requemones por allá... ¡Como si hablase a la pared! El se reía, y de vez
+en cuando pedía una copa de aguardiente. A todos los de la cárcel los
+traía azorados poniéndoles motes; a uno le llamaba _mamoncillo_; a otro
+que tenía un ojo torcido, _virulento_; al capellán de la cárcel,
+_hopalandas_... ¡Ni por un Cristo se quedaba nadie solo con él, y eso
+que le tenían con grillos!... A mí me quería mucho, como amigo
+verdadero. Yo era entonces un muchacho. Había ido acompañando a su
+mujer al Palacio, y la vi echarse a los pies de la Reina. ¡Si viera
+usted que modo de llorar, caballero! La reina estuvo muy llana y muy
+buena; la levantó del suelo y la dijo que haría lo que pudiera, que se
+enteraría bien y hablaría con sus _menistros_; la dijo también que se
+fuera tranquila a su casa, que la pasaría un aviso. Todo el día
+estuvimos esperándolo y no pareció... La Reina no tenía la culpa, bien
+lo hemos sabido; era un _menistro_ tunante el que estaba empeñado en
+apretar el cuello a aquel valiente... Por la mañanita temprano me mandó
+a llamar desde la capilla _pa_ despedirse de mí... Pero... ¡calla,
+calla! Ahora salen... Sí, sí, ahora salen... Mire V. cómo el coche se
+_aprosima_... Vamos a acercarnos un poco _pa_ ver salir el reo. ¡Ya
+empiezan esos malditos a echar a _rempujones_ la gente! Mire usted, mire
+V.; ya asoma la comitiva.
+
+En efecto, los guardias de orden público hacían esfuerzos para despejar
+las avenidas de la cárcel. En la muchedumbre se engendró un movimiento
+tumultuoso de vaivén. Rumor áspero y confuso salió de su seno,
+esparciéndose por el aire. El piquete de soldados, que descansaba al pie
+del muro, obedeciendo a la voz de su jefe, fue a colocarse junto a la
+puerta, y por ella comenzó a salir alguna gente con semblante triste y
+asustado: eran dependientes de la prisión, hermanos de la Paz y Caridad
+y los pocos curiosos que habían tenido influencia para entrar. Por
+último, apareció el reo. Venía acompañado de un sacerdote y rodeado de
+guardias. Seguía a la comitiva bastante gente. Gastaba el reo barba
+cerrada, negra y espesa; la hopa que le cubría y el birrete que llevaba
+en la cabeza, el cual le venía un poco holgado, prestábanle un aspecto
+lúgubre, espantoso. Esforzábase, sin duda, en aparecer sereno, pero en
+su rostro demudado reflejábase, tal expresión de dolor y angustia, que
+conmovía hasta lo más hondo del corazón. El hombre de la capa, que no se
+había separado de mí, dijo en tono satisfecho:
+
+--Vamos... está pálido, pero bastante sereno... No se puede pedir más a
+un hombre... porque, ya ve V., caballero, ¿a quién le gusta que le
+aprieten el gañote?...
+
+El reo y el cura entraron en el carruaje. En la muchedumbre reinó por
+breves instantes silencio sepulcral; mas así que se cerró la portezuela,
+levantose nuevamente un insufrible clamoreo. El coche arrancó y
+emprendió la marcha lentamente; el piquete formó la escolta; los
+guardias procuraban hacer calle, dejando acercarse al carruaje solamente
+a los cofrades de la Paz y Caridad. El hombre de la capa me obligó a
+colocarme, como él, en las primeras filas de curiosos y caminar no muy
+lejos del reo.
+
+El cielo seguía envuelto en un sudario ceniciento, y el piso no mejoraba
+en aquellos sitios. A la verdad, no comprendo por qué razón me dejaba
+arrastrar por aquel hombre. Me sentía cada vez más aturdido, como si
+estuviese soñando. Iba sufriendo cruelmente, y no me pasaba siquiera por
+la imaginación la idea de que podía evitar aquel sufrimiento con sólo
+volverme atrás.
+
+--Pues ya verá V., caballero lo que sucedió--dijo el hombre, siguiendo
+su historia mientras caminábamos hacia el cadalso.--Me mandó a llamar
+muy tempranito, y yo me planté en la cárcel por el aire. Antes de
+entrar a verle, me obligaron a quitarme la ropa. Los grandísimos puercos
+tenían miedo que le trajese algún veneno. Querían a toda costa verle en
+el palo. Para registrarme me pusieron en cueros vivos y me trataron como
+a un perro... ¡Mala centella los mate a todos!... Pero, después de
+muchos _arrodeos_, no tuvieron más remedio que dejarme entrar... «¡Hola!
+¿Estás ahí, Miguelillo?--me dijo en cuanto me vio.--Acércate y agarra
+una silla. Tenía ganas de verte antes de tomar el _tole pa_ el otro
+barrio». Estaba fumando un cigarro de los de la Habana y tenía algunas
+copas delante. Había tres o cuatro personas con él, entre ellas el cura.
+«Acércate, hombre, y bebe una copa a tu salud, porque a la mía es como
+si no la bebieses. Aquí todos han _trincado_ esta mañana, menos el
+_pater_, que se empeña en no probar la gracia de Dios». Bebí la copa que
+me echó, y hablamos un ratito de nuestras cosas. Yo no me cansaba de
+mirarle. Estaba tan sereno como V. y yo, caballero. _Paecía_ que era a
+otro a quien iban a dar _mulé_. «¿Verdad que no estoy _apurao_,
+Miguelillo?... Eso hubieran querido los _mamones_ de la cárcel, pero no
+les he _dao_ por el gusto... ¡Anda, que se lo dé la perra de su
+madre!... Aquí el _pater_ también me predica, pero es muy hombre de
+bien, y por ser muy hombre de bien le he servido en todo lo que hasta
+ahora ha _mandao_». Y era verdad, porque había _confesao_ y _comulgao_
+sólo por el aprecio que le tenía. Cuando estábamos hablando entró un
+hombre pequeño, _trabao_ y con las patas torcidas, y acercándose a la
+mesa le preguntó: «Oye, Francisco, ¿me conoces?» Él entonces levantó la
+vista, y contestó, bajándola otra vez: «Sí, eres el _buchí_». Es verdad,
+has _acertao_. ¿Tienes ánimo?--¿No lo estás viendo?--Ya veo, ya, que no
+se te encoge el ombligo... Vengo a pedirte perdón.--Anda con Dios, que
+tú no tienes la culpa de nada. Tú eres un pobre, que ganas el pan con tu
+trabajo.--Hasta luego.--Hasta luego». Después que salió el verdugo me
+vinieron a avisar _pa_ que me fuese. Entonces él se levantó y me abrazó
+como pudo (porque llevaba esposas) diciéndome: «Vamos, muchacho, no te
+fatigues tanto... Este es un mal trago... Vaya por los muchos buenos
+que tengo entre pecho y espalda». Después me echaron de la capilla y
+hasta de la cárcel!... ¡Pero, caballero, apriete V. un poco más el paso,
+que nos quedamos atrás!...
+
+Obedecí a mi compañero, como si lo tuviese por obligación, y nos
+colocamos otra vez en las primeras filas. El carruaje de la Justicia
+caminaba a unos veinte pasos de nosotros. La muchedumbre hormigueaba en
+torno del piquete y de los guardias, esforzándose para ver al reo.
+Algunos civiles de caballería, con el sable desenvainado, caracoleaban
+para dejar libre el tránsito, atropellando a veces a la gente, que
+dejaba escapar sordas imprecaciones contra la fuerza pública. Los
+habitantes de las pobres viviendas que guarnecen por aquellos sitios la
+carretera, se asomaban a las puertas y ventanas, reflejando en sus
+rostros más curiosidad que tristeza, y las comadres del barrio se decían
+de ventana a ventana algunas frases de compasión para el reo, y no pocos
+insultos para los que íbamos a verle morir. De vez en cuando, el rostro
+lívido de aquél aparecía en la ventanilla, y sus ojos negros y hundidos
+paseaban una mirada angustiosa y feroz por la multitud; pero
+inmediatamente se dejaba caer hacia atrás, escuchando el incesante
+discurso del sacerdote. El cochero, enmascarado como un lúgubre
+fantasma, animaba al caballo con su látigo, conduciéndolo hacia el
+suplicio.
+
+La relación de aquel hombre había excitado mi curiosidad. Así que,
+después de caminar un rato en silencio, le pregunté:
+
+--¿Y V., cuando le echaron de la cárcel, se habrá ido a su casa?
+
+--No, señor; me quedé cerca de la puerta para verle salir. Al cabo de
+media hora de espera, _apaeció_ entre un montón de gente, lo mismo que
+este que va en el coche... ¡Ay, caballero, si viese V. que otro hombre
+era! Ese maldito sayo negro que les ponen, y el gorro de la cabeza, le
+habían _mudao_ enteramente. _Paecía_ un alma del otro mundo. Montó, sin
+ayuda de nadie, en el burro que estaba a la puerta... Entonces no iban
+en coche, como ahora, sino _montaos_ en un burro... Estaba mejor así,
+¿no le _paece_ a V.?... De este modo todo el mundo se enteraba y lo veía
+bien... Cuando rompieron a andar, me puse lo más cerca que pude, y él,
+que iba moviendo la cabeza a un lado y a otro, me _guipó_ en seguida y
+me llamó con la mano. Me dejaron acercar, y me dijo: «Adiós, Miguelillo;
+estos cochinos me llevan a degollar como un carnero; vete _pa_ casa,
+querido, que estás muy _fatigao_». Me dio un apretón de manos y se puso
+a hablar con el cura, que le reñía por lo que había dicho. Yo me separé,
+pero no quise marcharme. Seguí la comitiva hasta el mismo campo... hasta
+aquí, porque ya estamos en él. Le vi subir al _tablao_, le vi sentarse
+en el banco, le vi besar el cristo que le ponían delante, y cuando le
+echaron el pañuelo sobre la cara, entonces me puse a correr y no paré
+hasta casa...
+
+Habíamos llegado, en efecto, al Campo de Guardias y veíamos a lo lejos
+alzarse el lúgubre armatoste sobre el mar de cabezas humanas que lo
+circundaba. El clamor era cada vez más alto; la agitación se convertía
+en tumulto. Los gritos penetrantes de los pregoneros apenas se oían
+entre aquel rumor tempestuoso.
+
+Mi compañero había guardado silencio. Yo, absorto completamente por la
+escena terrible que se preparaba, tampoco despegué los labios. Me había
+impresionado, no obstante, su cuento, y al fin, por hablar algo, y en
+tono distraído, le pregunté:
+
+--Mucho lo habrá V. sentido, ¿no es verdad?
+
+--¡Pues no lo había de sentir!... ¿Para qué he de engañarle a V.
+caballero?--me contestó mirándome fijamente.--¡No lo había de sentir, si
+era mi padre!...
+
+Quedé estupefacto. Sentí algo semejante al miedo y al asco, y no supe
+más que murmurar:
+
+--¡Qué horror!
+
+El hombre de la capa, al ver mi sorpresa, sonrió con humildad, como si
+me pidiese perdón, y continuó:
+
+--Me acuerdo que, cuando llegué a casa, mi madre me dio una paliza que
+me hubo de matar... no sé por qué... Decía que para que me acordase bien
+de aquel día... ¡Cómo sino me acordase bien sin necesidad de los
+palos!... Yo creo que estaba un poco _guillá_... La pobrecita no tardó
+dos meses tan siquiera en _espichar_... Desde entonces no he _faltao_
+nunca a estos _espetáculos_. Todos los que han ajusticiado en Madrid de
+cuarenta años _pa_ acá los he visto yo... menos tres o cuatro que no
+pude ver porque estaba enfermo... Pero lo que le digo a V., caballero,
+es que ninguno..., y no es porque fuese mi padre..., ninguno ha tenido
+tantos _hígados pa_ morir como él...
+
+La agitación de la muchedumbre continuaba en aumento. El caracoleo de
+los civiles y los esfuerzos de los agentes apenas bastaban a contenerla
+y a impedir, sobre todo, que turbase la marcha del carruaje.
+
+El piquete de soldados que lo escoltaba tenía que estrecharse más de lo
+que exige la táctica, para poder caminar. Mi compañero me dijo con tono
+triunfal:
+
+--Oiga V., caballero; estos hombres se están matando para verlo y no
+conseguirán nada; pero nosotros lo hemos de _guipar_ todito y con mucha
+comodidad... No se separe V. de mí... Iremos pegados a los faldones de
+los soldados, y llegaremos _a debajo_ del mismo _tablao_, sin mayor
+inconveniente... Hay que saber arreglárselas... De algo le han de servir
+a uno los años que tiene sobre el cogote... Vamos, no afloje V. el
+paso... Apriétese V. contra mí y déjese llevar... ¡Que se está V.
+separando, caballero!... Agárrese V. a mi capa... ¿Qué es eso? ¿Se queda
+V.?... Hombre, lo siento, porque no va V. a ver nada... Vaya, adiós,
+caballero... adiós...
+
+
+
+
+LA CONFESIÓN DE UN CRIMEN
+
+
+En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco
+y media nada más. A falta de personas formales los niños tomaban
+posesión del paseo, utilizándolo para los juegos del aro, de la cuerda,
+de la pelota, pío campo, escondite, y otros no menos respetables, tan
+respetables, por lo menos, y por de contado más saludables, que los de
+el ajedrez, tresillo, ruleta y siete y media con que los hombres se
+divierten. Y si no temiera ofender las instituciones, me atrevería a
+ponerlos en parangón con los del salón de conferencias del Congreso y de
+la Bolsa, seguro de que tampoco habían de desmerecer.
+
+El sol aún seguía bañando una parte no insignificante del paseo. Los
+chiquillos resaltaban sobre la arena como un enjambre de mosquitos en
+una mesa de mármol. Las niñeras, guardianas fieles de aquel rebaño, con
+sus cofias blancas y rizadas, las trenzas del cabello sueltas, las manos
+coloradas y las mejillas rebosando una salud, que yo para mí deseo, se
+agrupaban a la sombra sentadas en algún banco, desahogando con placer
+sus respectivos pechos henchidos de secretos domésticos, sin que por eso
+perdiesen de vista un momento (dicho sea en honor suyo) los inquietos y
+menudos objetos de su vigilancia. Tal vez que otra se levantaban
+corriendo para ir a socorrer a algún mosquito infeliz que se había caído
+boca abajo y que se revolcaba en la arena con horrísonos chillidos;
+otras veces llamaban imperiosamente al que se desmandaba y le
+residenciaban ante el consejo de doncellas y amas de cría, amonestándole
+suavemente o recriminándole con dureza y administrándole algún leve
+correctivo en la parte posterior, según el sistema y el temperamento de
+cada juez.
+
+Esperando la llegada de la gente, me senté en una silla metálica de las
+que dividen el paseo, y me puse a contemplar con ojos distraídos el
+juego de los chicos. Detrás de mí estaban sentadas dos niñas de once a
+doce años de edad, cuyos perfiles--lo único que veía de ellas--eran de
+una corrección y pureza encantadoras. Ambas rubias y ambas vestidas con
+singular gracia y elegancia: en Madrid esto último no tiene nada de
+extraordinario porque las mamás, que han renunciado a ser coquetas para
+sí, lo continúan siendo en sus hijas y han convenido en hacerse una
+competencia poco favorable a los bolsillos de los papás. Me llamó la
+atención desde luego la gravedad que las dos mostraban y el poco o
+ningún efecto que les causaba la alegría de los demás muchachos. Al
+principio creí que aquella circunspección procedía de considerarse ya
+demasiado formales para corretear, y me pareció cómica; pero observando
+mejor, me convencí de que algo serio pasaba entre ellas, y como no
+tenía otra cosa que hacer, cambié de silla disimuladamente y me acerqué
+cuanto pude a fin de averiguarlo.
+
+La una estaba pálida y tenía la vista fija constantemente en el suelo:
+la otra la miraba de vez en cuando con inquietud y tristeza. Cuando me
+acerqué guardaban silencio, pero no tardó en romperlo la primera
+exclamando en voz baja y con acento melancólico:
+
+--¡Si lo hubiera sabido, no saldría hoy a paseo!
+
+--¿Por qué?--repuso la segunda.--De todos modos algún día os habíais de
+encontrar.
+
+La primera no replicó nada a esta observación y callaron un buen rato.
+Al cabo la segunda dijo poniéndole una mano sobre el hombro:
+
+--¿Sabes lo que estoy pensando, Asunción?
+
+--¿Qué?
+
+--Que debías decírselo todo. Lola es buena niña, aunque tenga el genio
+vivo. ¿No te acuerdas cuando nos pegamos y nos arañamos porque le quité
+de ser la mamá?... Ya ves que le pasó en seguida...
+
+--Sí, pero esto es muy distinto.
+
+--Ya lo sé que es distinto... pero debes decírselo.
+
+--¡Ay! No me mandes eso, por Dios, Luisa.... de seguro no me vuelve a
+decir adiós, y se lo cuenta en seguida a sus papás.
+
+--¿Y no será peor que se lo cuente otra persona?... ¡Hay niñas más mal
+intencionadas!... Elvira lo sabe ya... no sé quién se lo ha dicho...
+
+Profunda debió ser la impresión que esta noticia causó en el ánimo de
+Asunción, porque no volvió a despegar los labios y siguió escuchando
+consternada las razones de su amiga, que las amontonaba de un modo
+incoherente, pero con resolución.
+
+El paseo se iba poblando poco a poco. El sol no se enseñoreaba ya sino
+de uno de los ángulos del salón: al retirarse dejaba claro y nítido el
+ambiente, en el cual resaltaban con admirable pureza el obelisco del Dos
+de Mayo y las agujas del museo de Artillería y de San Jerónimo. Los
+pequeños retrocedían ante la invasión de los grandes a los parajes más
+apartados, donde establecían nuevamente sus juegos. Un chico rubio,
+vestido de marinero, con cara de desvergonzado, se quedó fijo delante de
+nuestras niñas contemplándolas con insistencia, y no hallando al parecer
+conveniente la gravedad que mostraban, se puso a hacerlas muecas en son
+de menosprecio, Luisa, al verse interrumpida en su discurso, se levantó
+furiosa y le tiró por los cabellos. El chico se alejó llorando.
+
+Al cabo de un rato, cuando ya me disponía a dejar la silla para dar
+algunas vueltas, oí exclamar a Luisa:
+
+--¡Calla... calla... me parece que ahí viene Lola!
+
+Asunción se estremeció y levantó la cabeza vivamente.
+
+--Sí, sí, es ella,--continuó Luisa.--Viene con Pepita y con Concha y
+Eugenia... Es el primer domingo que viene después de la muerte de su
+hermano... ¡No te pongas así, niña!... No te asustes... verás, yo lo voy
+a arreglar todo.
+
+Asunción, en efecto, había empalidecido y estaba clavada e inmóvil en la
+silla como una estatua. Pronto divisé un grupo de niñas de su misma
+edad que se aproximaba; en el centro venía una completamente enlutada,
+morenita, con grandes ojos negros y profundos que debía de ser la
+causante de los temores de Asunción. Luisa se levantó a recibirlas y
+echó una carrerita para cambiar con ellas buena partida de besos cuyo
+rumor llegó hasta mis oídos. Asunción no se movió. Al llegar, todas la
+saludaron con efusión, no siendo por cierto la menos expansiva la
+enlutada Lolita. Después de cambiadas las primeras impresiones, observé
+que Luisa hacía señas a Asunción en ademán de pedirle algo, y que
+Asunción lo negaba, también por señas, pero con energía. Luisa, sin
+embargo, se resolvió a hacer lo que pretendía a despecho de su amiga, y
+llegándose a Lola, le dijo:
+
+--Mira, Asunción tiene que decirte una cosa; ve a sentarte junto a ella.
+
+Lolita se vino hacia la melancólica niña y le preguntó cariñosamente
+tocándole la cara:
+
+--¿Qué tienes que decirme, Chonchita?
+
+La pobre Asunción, completamente abatida, no contestó nada; visto lo
+cual por su amiga, tomó asiento al lado, y la instó con mucha viveza
+para que le contase lo que la ponía tan triste.
+
+--Mira, Lola,--comenzó con voz temblorosa y casi imperceptible,--después
+que te lo diga ya no me querrás.
+
+Lola protestó con una mueca.
+
+--No, no me querrás... Dame un beso ahora... Después que te lo diga, no
+me darás ningún otro...
+
+Lolita se manifestó sorprendida, pero le dio algunos besos sonoros.
+
+--Mañana hace un mes que murió tu hermano Pepito... Yo sé que has tenido
+una convulsión por haber visto la caja... A mí no me han dejado ir a tu
+casa porque decían que me iba a impresionar, pero toda la tarde la pasé
+llorando... Luisa te lo puede decir... Lloraba porque Pepito y yo éramos
+novios... ¿no lo sabías?
+
+--¡No!
+
+--Pues lo éramos desde hacía dos meses. Me escribió una carta y me la
+dio un día al entrar en tu casa: salió de un cuarto de repente, me la
+dio y echó a correr. Me decía que desde la primera vez que me había
+visto le había gustado, que podríamos ser novios si yo le quería, y que
+en concluyendo la carrera de abogado, que era la que pensaba seguir, nos
+casaríamos. A mí me daba mucha vergüenza contestarle, pero como a Luisa
+le había escrito también Paco Núñez declarándose, yo por encargo de ella
+le dije un día en el paseo: «Paco, de parte de Luisa, que sí», y a la
+otra vuelta Luisa le dijo a Pepito: «Pepito, de parte de Asunción, que
+sí». Y quedamos novios. Los domingos cuando bailábamos en tu casa o en
+la mía, me sacaba más veces que a las demás, pero no se atrevía a
+decirme nada... A pesar de eso, una vez bailando, como estaba triste y
+hablaba poco, le pregunté si estaba enfadado, y él me contestó: «Yo no
+me enfado con nadie, y mucho menos contigo». Yo me puse colorada... y él
+también... Todos los días por la tarde iba a esperarme a la salida del
+colegio; se estaba paseando por delante hasta que yo salía y después me
+seguía hasta casa...
+
+Aquí Asunción cesó de hablar, y Lola, que la escuchaba con tristeza y
+curiosidad, aguardó un rato a que continuase, y viendo que no lo hacía,
+le preguntó:
+
+--Pero, ¿por qué me decías que después de contármelo no iba a darte más
+besos y todas aquellas cosas?... Al contrario, ahora te quiero más...
+mira como te quiero.
+
+Y Lolita al decir esto le daba apasionados besos.
+
+--Espera, espera... no me beses... ¿De qué murió tu hermano? ¿No dijeron
+los médicos que había muerto de una mojadura que había cogido?
+
+--Sí.
+
+--Pues esa mojadura, Lola... la cogió por causa mía... Sí, la cogió por
+causa mía... Una tarde en que estaba lloviendo a cántaros, fue a
+esperarme al colegio... Le vi por los cristales metido en un portal...
+en el portal de enfrente... no traía paraguas. Cuando salimos yo me tapé
+perfectamente porque la criada había traído uno para mí y otro para
+ella... Pepito nos siguió al descubierto... llovía atrozmente... y yo en
+vez de ofrecerle el paraguas y taparme con el de la criada, le dejé ir
+mojándose hasta casa... Pero no fue por gusto mío, Lola... por Dios, no
+lo creas... fue que me daba vergüenza...
+
+Al decir estas palabras, le embargó la emoción, se le anudó la voz en la
+garganta y rompió a sollozar fuertemente. Lolita se la quedó mirando un
+buen rato, con ojos coléricos, el semblante pálido y las cejas
+fruncidas; por último se levantó repentinamente y fue a reunirse con sus
+amigas que estaban algo apartadas formando un grupo. La vi agitar los
+brazos en medio de ellas narrando, al parecer, el suceso con vehemencia,
+y observé que algunas lágrimas se desprendían de sus ojos, sin que por
+eso perdiesen la expresión dura y sombría. Asunción permaneció sentada,
+con la cabeza baja y ocultando el rostro entre las manos.
+
+En el grupo de Lolita hubo acalorada deliberación. Las amigas se
+esforzaban en convencerla para que otorgase su perdón a la culpable.
+Lolita se negaba a ello con una mímica (lo único que yo percibía) altiva
+y violenta. Luisa no cesaba de ir y venir consolando a su triste amiga
+y procurando calmar a la otra.
+
+El sol se había retirado ya del paseo, aunque anduviese todavía por las
+ramas de los árboles y las fachadas de las casas. La estatua de Apolo
+que corona la fuente del centro, recibía su postrera caricia; los
+lejanos palacios del paseo de Recoletos resplandecían en aquel instante
+como si fuesen de plata. El salón estaba ya lleno de gente.
+
+Después de discutir con violencia y de rechazar enérgicamente las
+proposiciones conciliadoras, Lolita se encerró en un silencio sombrío.
+Al ver esta muestra de debilidad, las amigas apretaron el asedio,
+enviando cada cual un argumento más o menos poderoso; sobre todo Luisa,
+era incansable en formar silogismos, que alternaba sin cesar con
+súplicas ardientes.
+
+Al fin Lolita volvió lentamente la cabeza hacia Asunción. La pobre niña
+seguía en la misma postura, abatida, ocultando siempre el rostro con las
+manos. Al verla, debió pasar un soplo de enternecimiento por el corazón
+de la irritada hermana; destacose del grupo, y viniendo hacia ella, la
+echó los brazos al cuello diciendo:
+
+--No llores, Chonchita, no llores.
+
+Pero al pronunciar estas palabras lloraba también. La cabecita rubia y
+la morena estuvieron un instante confundidas. Rodeáronlas las amigas, y
+ni una sola dejó de verter lágrimas.
+
+--¡Vamos, niñas, que nos están mirando!--dijo Luisa.--Enjugad las
+lágrimas y vamos a pasear.
+
+Y en efecto, llevándose el pañuelo a los ojos, ella la primera, con
+rostro sereno y risueño se mezclaron agrupadas entre la muchedumbre; y
+las perdí muy pronto de vista.
+
+
+
+
+LA BIBLIOTECA NACIONAL
+
+
+Madrid posee una biblioteca nacional. Esta biblioteca se halla situada
+en la calle del mismo nombre que desemboca por un lado en la plaza de la
+Encarnación y por el otro en la de Isabel II. Es fácil reconocer el
+edificio. Además, posee en el barrio de Salamanca los cimientos de una
+nueva biblioteca construidos con todo lujo, perfectamente resguardados
+de la intemperie y rodeados de una bonita verja. Con tales elementos es
+fuerza convenir en que la capital de España no carece de medios de
+instrucción y que todo el que desee estudiar puede hacerlo. No obstante,
+una cosa me ha sorprendido siempre, y es que la biblioteca nacional no
+está tan concurrida como debiera suponerse, dado el número de habitantes
+y su reconocida afición a meterse en todos los sitios donde no cueste
+dinero. Quizá dependa de hallarse cerrada la mayor parte de las horas
+del día y de la noche. En cuanto a los cimientos, a pesar de ser tan
+bellos y sólidos, están siempre desiertos, lo cual les da un cierto
+aspecto de necrópolis pagana, no ciertamente en consonancia con los
+fines de su instituto, como dijo Pavía el del 3 de Enero hablando de la
+Guardia civil.
+
+Pero dejando a un lado los cimientos, cuya importancia me complazco en
+reconocer y acerca de los que no será esta la última palabra que diga, y
+volviendo a la antigua biblioteca donde el gobierno de Su Majestad
+distribuye la ciencia por el sistema dosimétrico, esto es, en pequeñas
+dosis y repetidas, diré primeramente que tiene un portal muy análogo a
+una bodega, donde los sabios de mañana aguardan, tiritando y dando
+estériles patadas contra las losas para calentarse los pies, a que les
+abran la puerta. El frío es por naturaleza anti-científico, y desde los
+tiempos más remotos se ha ensañado siempre con los sabios. De aquí los
+sabañones que tanto caracterizan a los hombres de ciencia.
+
+Arranca del portal una escalera medianamente espaciosa, cuidadosamente
+tapizada de polvo como conviene a esta clase de establecimientos, la
+cual termina en una portería o conserjería donde hay generalmente
+sentados seis u ocho señores ocupados en la tarea de mirar lo que entra
+y lo que sale y en charlar y discutir en voz alta a fin de que los que
+estudian dentro se acostumbren a concentrar su atención, como hacía
+Arquímedes en los tiempos antiguos.
+
+--¿Me hacen ustedes el favor de una papeleta?--pregunta en actitud
+humilde el sabio, que ha llegado hasta allí tragando polvo.
+
+El portero encargado de facilitarlas vuelve la cabeza y le dirige una
+mirada fría y hostil: después sigue tranquilamente la conversación
+empeñada.
+
+--¿Cuánto te ha costado a tí la contrabarrera?
+
+--Lo que cuesta en el despacho: el amo ha pedido tres a un concejal y me
+ha cedido una.
+
+--¡Todos los pillos tienen suerte!
+
+Mucha risa; mucha algazara. La conversación rueda después acerca de las
+probabilidades que Frascuelo tiene de echar la pata a Lagartijo: los
+toros eran de Veraguas, se podían lidiar con franqueza; sin riesgo; y el
+matador «se las tiraría de plancheta» como acostumbraba, sin...
+
+--¿Me hace V. el favor de una papeleta? repite el sabio un poco más
+alto.
+
+El portero le mira de nuevo con más frialdad si cabe, se levanta
+lentamente, moja el dedo para sacar una papeleta del montón y dice:
+
+--Pues yo te aseguro que no pago primadas; a última hora ha de andar más
+bajo el papel...
+
+--¿Quiere V. darme una papeleta?--dice el sabio con impaciencia.
+
+--¿Tiene V. prisa, verdad, caballero?--responde el dependiente con
+cierta sonrisilla irrespetuosa.
+
+El sabio escribe en silencio sobre la papeleta el nombre de una obra
+famosa, aunque reciente, y entra en el salón principal de la biblioteca.
+En cada extremo de él hay un grupo de señores convenientemente separados
+de los que leen arrimados a las mesas. El sabio de mañana vacila entre
+dirigirse al grupo de la derecha o al grupo de la izquierda; decídese al
+fin a emprender su marcha hacia el primero, procediendo lógicamente. Uno
+de los señores de los extremos le toma la papeleta, mas antes de leerla
+le examina escrupulosamente de pies a cabeza cual si tratase de
+sonsacarle, mediante su aspecto, qué intención perversa le había movido
+al venir hasta allí en demanda de un libro. Después que se entera del
+que pide, crecen evidentemente sus sospechas porque le acribilla a
+miradas escrutadoras, de tal suerte, que el presunto sabio baja la vista
+avergonzado, juzgándose un matutero de la ciencia. El empleado, sin
+dejar de mirarle, pasa la papeleta a otro empleado que a su vez le mira
+también con cuidado y la pasa a otro, y así sucesivamente pasa por todas
+las manos del grupo hasta que llega nuevamente a las del primero, el
+cual se la devuelve diciendo:
+
+--Vaya V. allí enfrente.
+
+Y nuestro sabio atraviesa el salón y se dirige al grupo contrario, donde
+sufre el mismo examen por parte de la inspección facultativa del
+gobierno, y se repite con ninguna variante la escena anterior. Al
+devolverle la papeleta le dicen también:
+
+--Vaya V. allí enfrente.
+
+--Ya he estado.
+
+--Entonces vaya V. al Índice... la primera puerta a la derecha.
+
+En el Índice, un señor empleado lee con toda calma la papeleta, y sin
+decirle palabra desaparece con ella por el foro. Nuestro sabio espera
+una buena media hora tocando el tambor sobre las rejas de la valla con
+las yemas de los dedos. De vez en cuando levanta la vista a los estantes
+donde en correcta formación se halla una muchedumbre de libros feos,
+rugosos, mal encarados, que le infunden respeto. Ninguno de aquellos
+libros se acuerda ya de cuándo fue sacado para ser leído. De ahí su
+respetabilidad. En este mundo las cosas de poco uso son siempre las más
+respetables; los senadores, los capitanes generales, los académicos, los
+canónigos. Casi todos tienen escrita sobre su severo lomo en letras muy
+gordas la palabra _Ópera_. No se ve en torno más que óperas; óperas
+arriba, óperas abajo, óperas delante, óperas detrás. En esto llega el
+señor empleado del Índice, silencioso siempre como un pez, y en lugar
+del libro le entrega de nuevo la papeleta. El sabio en estado de
+crisálida no sabe lo que aquello significa y da vueltas entre sus dedos
+al papel hasta que percibe dos palabritas de distinta letra debajo de su
+petición: _no consta_. El sabio, que es bastante listo, comprende en
+seguida que con aquellas palabras se quiere decir que no hay semejante
+libro. Lo mismo les ha pasado a todos los sabios que en el mundo han
+sido y han ido a leer a la biblioteca de la nación. Ningún libro
+reciente consta. ¿Y por qué había de constar? ¿No perdería mucho de su
+prestigio esta biblioteca, admitiendo sin dificultad cualquier libro de
+ayer mañana? La biblioteca nacional no puede proceder como la de un
+particular; para que un libro tenga la honra de entrar en sus salones
+es necesario que el tiempo lo garantice, pues hasta ahora no se conoce
+nada mejor para garantir la ciencia que una serie de años, cuantos más
+mejor. Un libro nuevo, bien impreso, satinado y limpio, no encaja bien
+entre aquellas dignas y graves óperas, preñadas hasta reventar de latín
+y de ciencia.
+
+Nuestro sabio torna a la portería meditando todo esto, y escribe sobre
+otra papeleta el título de un libro sobre filosofía, del siglo trece. La
+papeleta vuelve a pasar por las manos de los señores de los extremos;
+pero esta vez, sin que el sabio adivine la razón, se miran consternados
+los unos a los otros. Por último uno de ellos le dice en tono humilde:
+
+--Caballero, el libro que V. pide está en uno de los últimos estantes y
+es un poco expuesto subir a buscarle... ¡Si a V. le fuese indiferente
+pedir otro!...
+
+¡Pues no había de serle indiferente! Los sabios son muy finos y humanos.
+Nada, nada, no se moleste V. Por nada en el mundo querría nuestro sabio
+exponer la preciosa vida de ningún empleado del Gobierno. Así que, pian
+pianito vuelve sobre sus pasos hasta la portería, atormentando la
+imaginación para buscar una obra que fácilmente le pudiesen
+proporcionar, fuese cual fuese. Al fin no encuentra nada mejor que pedir
+el Quijote.
+
+--¿Qué edición quiere V.?
+
+--La que V. guste.
+
+--¡Ah! no, caballero, perdone V., nosotros no podemos dar sino la
+edición que nos piden.
+
+--Bien, pues la de la Academia.
+
+--Tenga V. entonces la bondad de consignarlo así en la papeleta.
+
+Vuelta a la portería. Al fin, después de una brega tan larga y
+deslucida, tiene la dicha de recibir el Quijote de manos del empleado.
+El sabio deja escapar un suspiro de consuelo: estaba sudando. Trata de
+sentarse a una de las mesas que hay esparcidas por la sala, sobre las
+cuales, para que nada llame y distraiga la atención, no suele haber ni
+pupitre, ni papel, ni plumas, ni tintero; nada más que la madera lisa y
+reluciente, invitando al estudio y a la patinación. Al tomar una de las
+sillas, observa con dolor que está cubierta de polvo y quizá de algo
+más. ¿Qué tiene esto de particular? La ciencia y la porquería no son
+enemigas declaradas: antes al contrario, parece que aquélla vive dichosa
+en los brazos de ésta, como lo atestiguan multitud de ejemplos. La
+sagrada Teología, muy especialmente, siempre ha tenido marcada
+predilección por la suciedad. En otro tiempo se medía la profundidad de
+un teólogo por la cantidad de grasa que llevaba adherida a la sotana.
+También la literatura manifestó siempre tendencias bastante pronunciadas
+en este sentido, y es cosa proverbial, sobre todo en las provincias, que
+nuestros literatos no se lavan sino cuando llueve: hay hortera a quien
+se le saltan las lágrimas de entusiasmo contando alguna gran
+asquerosidad de Carlos Rubio, o la manera de vivir de Marcos
+Zapata,--por más que respecto a este último, como amigo suyo que soy,
+puedo declarar que hay exageración. Fundándose, a no dudarlo, en tales
+razones, el gobierno de S. M. ha procurado mantener en la biblioteca
+nacional una conveniente y adecuada porquería, de cuya conservación
+están encargados algunos mozos no bastantemente retribuidos.
+
+Nuestro sabio en agraz, que aún no ha llegado a las altas regiones de la
+ciencia, y que por lo tanto no comprende la ayuda poderosa que le
+prestarían en la investigación de la verdad aquellas manchas grises de
+la silla que mira con sobresalto, saca el pañuelo del bolsillo y lo
+coloca bonitamente sobre ella, sentándose después lleno de confianza.
+
+¡Ea! ya está sentado el sabio; ya sopla el polvo de la mesa y coloca el
+sombrero sobre ella; ya se saca a medias una bota que le oprime
+mortalmente los sabañones; ya tose y se arranca la flema de la garganta;
+ya trae el libro hacia sí, ya mira con curiosidad el sello de la
+Academia estampado en la primera página; ya empieza a leer.
+
+«_En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha
+mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, rocín
+flaco....._»
+
+Tilín, tilín.
+
+--¿Qué es eso?--pregunta con sorpresa al compañero que tiene al lado.
+
+--Nada, que tocan a cerrar--contesta el otro levantándose.
+
+El sabio entonces se levanta también; le sigue; devuelve el Quijote al
+empleado de quien lo recibiera; y se va a su casa.
+
+
+
+
+EL DRAMA DE LAS BAMBALINAS
+
+
+Antoñico era una chispa, al decir de cuantos andaban entre bastidores;
+no se había conocido traspunte como él desde hacía muchos años: era
+necesario remontarse a los tiempos de Máiquez y Rita Luna, como hacía
+frecuentemente un caballero gordo que iba todas las noches de tertulia
+al saloncillo, para hallar precedente de tal inteligencia y actividad.
+
+Solamente cuando falleció se estimaron sus servicios en lo que valían.
+Porque no era el traspunte vulgar que con cinco minutos de antelación
+recorre los cuartos de los actores gritando: «Don José; va V. a
+salir--Señorita Clotilde; cuando V. guste». Ni por pienso: Antoñico
+tenía en su cabeza todos los pormenores indispensables para el buen
+orden de la representación; dirigía la tramoya con una precisión
+admirable, daba oportunos consejos al mueblista, hacía bajar el telón
+sin retrasarse ni adelantarse jamás; cuando había necesidad de sonar
+cascabeles para imitar el ruido de un coche, él los sonaba; si de tocar
+un pito, él lo tocaba, y hasta redoblaba el tambor con asombrosa
+destreza apagando el ruido para hacer creer al espectador que la tropa
+se iba alejando. En los dramas en que la muchedumbre llega rugiendo a
+las puertas del palacio y amenaza saquearlo, nadie como él para hacer
+mucho ruido con poca gente; una docena de comparsas le bastaban para
+poner en sobresalto a la familia real; a uno le hacía gritar
+continuamente _¡esto no se puede sufrir!_, a otro le mandaba exclamar
+sin punto de reposo, _¡mueran los tiranos!_, a otro, _¡abajo las
+cadenas!_, etc., etc., todo en un _crescendo_ perfectamente ejecutado,
+que infundía pavor no sólo en el corazón del tirano sino en el de todos
+los que se interesaban por su suerte. Además sabía arrojar piedras a la
+escena de modo que produjesen mucho ruido y no hiciesen daño a nadie:
+algunas veces hizo también escuchar su voz desde las cajas o desde el
+sótano en calidad de fantasma. En fin, más que traspunte debía
+considerarse a Antoñico como un actor eminente aunque invisible.
+
+En el teatro era casi un dictador: los actores le halagaban porque les
+podía hacer daño con un descuido intencionado, la empresa se mostraba
+satisfecha de él, y los dependientes le respetaban y le consideraban
+como jefe.
+
+Era necesario verle con un reverbero en la mano derecha, el libro en la
+izquierda, una barretina colorada en la cabeza a guisa de uniforme,
+deslizarse velozmente por los bastidores acudiendo a opuestos parajes en
+nada de tiempo, poniendo prisa a los empleados, contestando al sin
+número de preguntas que le dirigían, y esparciendo órdenes en estilo
+telegráfico como un general en el fragor de la batalla.
+
+
+
+
+II
+
+
+Con todo, Antoñico tenía un grave defecto: le gustaban demasiado las
+mujeres. Quizá digan ustedes que este defecto no es grave: en cualquier
+otro hombre, convengo en ello, pero en Antoñico, un funcionario
+dramático de tal importancia, era un pecado mortal. No hay más que
+pensar en que tenía bajo su inmediata inspección a varias actrices
+secundarias, o sean racionistas, y que aun las principales veíanse
+obligadas a estar con él en una relación constante. De donde resultaban
+a menudo algunos disgustillos y desórdenes que se hubieran evitado si
+nuestro traspunte tuviese un temperamento menos inflamable.
+Verbigracia; se hubiera evitado que Narcisa, la jovencita que
+desempeñaba papeles de chula, se fuese del teatro dando un fuerte
+escándalo, diciendo a quien la quería oír que Antoñico pellizcaba las
+piernas a las actrices en las ocasiones propicias; y también que la mamá
+de Clotilde, la primera dama, se quejase al empresario de que Antoñico
+fuese con demasiada prisa a levantar a su hija siempre que caía
+desmayada al terminarse un acto. Hay que convenir en que todo esto era
+muy feo y dañaba no poco a la respetabilidad del traspunte; que vuelvo a
+decir, era sin disputa el alma del teatro.
+
+Sucedió, pues, que al medio de la temporada el primer tramoyista
+contrajo matrimonio: era un hombre de unos treinta años de edad, feo,
+silencioso, sombrío, ojos negros hundidos, barba rala y erizada;
+inteligente con todo y amigo de cumplir con su deber. La mujer que
+eligió por esposa era una jovencita, casi una niña, linda, vivaracha,
+nariz arremangada, más alegre que unas castañuelas, perezosa y juguetona
+como una gatita. Se casó con el tramoyista... no sé por qué; quizá por
+su desahogada posición (ganaba seis pesetas diarias).
+
+Para no privarse de su compañía un momento, el enamorado marido la trajo
+consigo al teatro; en los ratos que le dejaban libre sus ocupaciones, el
+pobre hombre gozaba con acercarse a su mujercita y darle un pellizco o
+un abrazo furtivo. La muchacha, que no había entrado hasta entonces en
+la región de los bastidores, estaba maravillada y contenta al verse
+entre aquel bullicio, y pronto fue una necesidad el pasarse tres o
+cuatro horas todas las noches vagando por las cajas y por los cuartos de
+las actrices con quienes simpatizó en seguida.
+
+Antoñico, al verla por primera vez, se relamió como el tigre cuando
+atisba la presa. La barretina colorada sufrió un fuerte temblor y se
+dispuso a cobijar un enjambre de pensamientos tenebrosos y lúbricos. Mas
+como hombre experto y precavido, guardó sus ideas, contrarias a la
+unidad de la familia, debajo de la barretina, y aparentó no fijar la
+atención en la presa y dejar que tranquilamente fuese y viniese a su
+buen talante.
+
+Sin embargo, una que otra vez al encontrarse en los pasillos le dirigía
+miradas magnéticas que la fascinaban y profería unas _buenas noches_
+preñadas de ideas disolventes. Como es natural, la bella tramoyista no
+dejó de sospechar el género de pensamientos que dentro de la barretina
+se escondían, y en su consecuencia decidió ruborizarse hasta las orejas
+siempre que tropezaba con el tigre-traspunte. Este avanzó con cautela,
+paso tras paso; nada de pellizcos, ni de palabrotas necias, ni de
+estrujones contra los bastidores: una actitud sosegada, dulce, casi
+melancólica, adecuada para no espantar la caza, algunas palabritas
+melosas y furtivas, varios conceptillos aduladores envueltos en
+suspiros, y cuando todo estaba convenientemente preparado ¡zas! el salto
+que todos conocen:--«María, yo me muero por V... perdóneme V. el
+atrevimiento... yo no puedo tener escondido por más tiempo lo que
+siento, etc., etc.»
+
+La vivaracha tramoyista quedó, como era de esperar, entre las uñas del
+traspunte. Y comenzó para ambos el período de los placeres amargos, la
+felicidad con sobresalto: aparentando no mirarse, no se quitaban ojo;
+fingiendo que apenas se conocían, estaban siempre juntos: ¡el marido era
+tan sombrío, tan suspicaz! Necesitaban llevar a cabo prodigios de
+estrategia para no ser advertidos: a veces pasaban cuatro o cinco noches
+sin poder decirse siquiera una palabra. Puesta en tortura la
+imaginación, Antoñico ideaba las citas más estupendas y extravagantes;
+unas veces en el sótano, otras en el cuarto de un actor que estaba en
+escena; pero todas breves y agitadas, porque el tramoyista era pegajoso
+como recién casado, y Antoñico no tomaba el aspecto de tigre sino con
+las damas.
+
+Una noche en que el traspunte se sentía, por el ayuno forzoso de muchos
+días, más enamorado que otras veces, dijo algunas palabras rápidamente
+al oído de María y se perdió entre los bastidores. Ésta le siguió.
+Encontráronse en un rincón sombrío cerca del telón de boca; y el
+traspunte, que conocía el terreno a palmos, cogió de la mano a su
+querida, separó con la otra un bastidor y penetraron ambos en un recinto
+estrechísimo formado por telones y bastidores: Antoñico trajo hacia si
+el que había separado, y quedaron perfectamente cerrados. Los amantes
+pudieron gozar breves instantes del seguro que la experiencia y
+habilidad del traspunte habían buscado. En aquel extraño retiro nadie
+podía dar con ellos. ¿Nadie? Antoñico vio de improviso, en medio de su
+embriaguez, que por un agujerito abierto en el telón, un ojo les
+observaba; y su corazón de tigre dio un salto prodigioso dentro del
+pecho:--«María--dijo con voz temblorosa, imperceptible--estamos
+perdidos... nos están viendo... ¡silencio!... ¿quieres salir tú
+primero?» La animosa tramoyista corrió bruscamente el bastidor y se
+arrojó fuera: no había nadie. Antoñico salió detrás con el semblante
+pintado de interesante palidez. Su primer cuidado fue buscar por todas
+partes al tramoyista: encontráronlo sumamente preocupado porque la
+chimenea de mármol que debía aparecer en el acto tercero había sido
+rota al trasladarla; tanto que no reparó en su mujer al acercarse.
+
+--¿Lo ves, hombre--dijo María a Antoñico--como eres un gallina? A tí el
+miedo te hace ver visiones.
+
+
+
+
+III
+
+
+Transcurrieron bastantes días. Las adúlteras relaciones de nuestros
+héroes seguían la misma marcha dulce y borrascosa a la par: sobresaltos,
+temores, ansias, vacilaciones sin cuento: regalos, vivos deleites,
+instantes de dicha, con todo. Tal es el lote de la pasión criminal.
+María había olvidado enteramente el episodio del agujero en el bastidor;
+Antoñico soñaba todavía algunas veces con aquel ojo fantástico,
+escrutador, y despertaba despavorido; poco a poco se fue convenciendo de
+que había sido una ilusión del miedo y el miedo abrió paso a la
+confianza.
+
+Una noche el tramoyista le habló de esta manera:
+
+--Oye, Antoñico; ¿sabes que el tercer telón, el de las columnas, debía
+colocarse más atrás...?
+
+--¿Pues?
+
+--No hay perspectiva.
+
+--Sí la hay..., y además tropezaría casi con el lago.
+
+--El lago también puede correrse un poco.
+
+--No hay sitio.
+
+--Tenemos todavía metro y medio.
+
+--¡Qué hemos de tener, hombre! ¿Lo has medido?
+
+--Sí, lo he medido: ¿tienes tú ahí el metro...? Pues ven a verlo y te
+convencerás.
+
+El tramoyista emprendió la marcha y Antoñico le siguió. Subieron por la
+estrecha y frágil escalerilla que conduce a las bambalinas. Cuando
+estaban a la mitad de la altura, el tramoyista volvió la cabeza, y sus
+ojos se encontraron con los del traspunte. ¿Qué había de particular en
+aquella mirada? ¿Por qué empalidece el rostro de Antoñico? ¿Por qué se
+le doblan las piernas?
+
+Vacila un instante entre seguir o retroceder: la barretina colorada se
+detiene y se agita presa de mortal incertidumbre. El tramoyista exclama:
+
+--¡Diablo de escalera...! La subo setenta veces al día y no acabo de
+acostumbrarme... Me moriré del pecho, Antoñico, me moriré del pecho.
+
+El traspunte se siente fortalecido y sigue su camino.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Aquella noche se representaba un drama histórico, acaecido en tiempo de
+los godos. El primer galán era un mancebo muy simpático, rebosando de
+entusiasmo y de décimas calderonianas. La primera dama gastaba una
+túnica muy larga y comenzaba a llorar desde que subían el telón. El
+barba hacía de rey y debía morir al fin del acto tercero a manos del
+mancebo de las décimas: buena voz, potente y cavernosa, como convenía a
+un rey visigodo.
+
+El público aguardaba con impaciencia la catástrofe: cuando le parecía
+bien, bostezaba; cuando lo creía necesario, sacaba _La Correspondencia
+de España_ y leía. Había muchas personas que llegaban a desear que el
+barba cayese pronto bañado en su sangre para escapar a casa y meterse
+en la cama.
+
+En el acto segundo había un monólogo del rey, de inusitadas dimensiones.
+El público ya tenía entre pecho y espalda setenta y cinco endecasílabos
+de este monólogo y se disponía a recibir con resignación otra partida no
+menos crecida, cuando de pronto...
+
+--¿Qué ha pasado... qué sucede? ¿Por qué se levanta el público? ¿Por qué
+se puebla la escena de gente?
+
+Un bulto, un hombre, acaba de caer de las bambalinas sobre el escenario
+con espantoso estruendo. Un grupo de gente le rodea en seguida. El
+público aterrado se agita y se alborota: quiere saber lo que ha pasado.
+Al fin uno de los actores se destaca del grupo y dice en voz alta: «que
+el traspunte Antonio García, caminando por los telares del teatro, había
+tenido la desgracia de caerse.
+
+--¿Pero, está muerto?... ¿está muerto?--preguntan varias voces.
+
+El actor hace con la cabeza señal afirmativa.
+
+
+
+
+LLOVIENDO
+
+
+Cuando salí de casa recibí la desagradable sorpresa de ver que estaba
+lloviendo. Había dejado al sol pavoneándose en el azul del cielo,
+envolviendo a la ciudad en una esplendorosa caricia de padre... ¡Quién
+había de sospechar!...
+
+En un instante desgarraron mi alma muchedumbre de ideas extrañas; la
+duda se alojó en mi espíritu atormentado. ¿Subiría por el paraguas? En
+aquella sazón mi paraguas ocupaba una de las más altas posiciones de
+Madrid: se encontraba en un piso tercero, con entresuelo y primero.
+Arranquémosle la careta: era un piso quinto.
+
+Las escaleras me fatigan casi tanto como los dramas históricos: a veces
+prefiero escuchar una producción de Catalina o Sánchez de Castro, con
+reyes visigodos y todo, a subir a un cuarto segundo. Me hallaba en una
+de estas ocasiones. La verdad es que llovía sin gran aparato, pero de un
+modo respetable. Los transeúntes pasaban ligeros por delante de mí, bien
+guarecidos debajo de sus paraguas. Alguno que no le llevaba, vino a
+buscar techo a mi lado. Todavía aguardé unos instantes presa de horrible
+incertidumbre. Dí algunos paseos en el portal y eché todos los cálculos
+que un hombre serio tiene el deber de echar en tales ocasiones. De un
+lado, del lado de la calle, la consiguiente mojadura; del lado de la
+escalera, la fatiga consiguiente. Por otra parte, los amigos estarían ya
+reunidos en el café despellejando a alguno, ¡tal vez a mí! Además, el
+café, según los datos que me ha suministrado una persona muy versada en
+estas cosas, debe tomarse _inmediatamente_ (cuidado con ello)
+inmediatamente después de las comidas. Al fin adopté una resolución
+violentísima. Me remangué los pantalones y salí a la calle.
+
+¡Pues qué! Yo que he aguantado sin pestañear noches enteras todas las
+leyendas de la Edad-Media que el Sr. Velarde y otros ilustres mosquitos
+líricos de su misma familia, han dejado caer desde la tribuna del
+Ateneo, ¿flaquearía ahora ante unas miserables gotas de agua? No en mis
+días: si la faz no ha empalidecido, si el corazón no ha temblado ante
+ningún poeta legendario, por cruel que se haya mostrado, las
+alteraciones atmosféricas no prevalecerán contra mi heroísmo.
+
+En esta admirable disposición de espíritu atravesé casi toda la calle
+del Arenal. Sin embargo, no quiero ser hipócrita: declaro que fui todo
+el tiempo pegado a las casas, con lo cual evité que me cayese una
+tercera parte de agua de la que por clasificación me correspondía. Antes
+de llegar a la puerta del Sol eché una mirada al cielo, mirada
+escrutadora que me hizo ver sombra arriba y sombra abajo. Esta mirada
+dio por resultado además el que tropezase con un guardia municipal, que
+me preguntó con severidad dónde tenía los ojos; yo, lleno de respeto y
+sumisión hacia el poder ejecutivo, le contesté, procurando ablandar su
+corazón con una sonrisa:--Donde usted guste.--La verdad es que estuve
+demasiado humilde, casi rastrero, porque el guardia no llevaba la acera,
+¡pero la idea de la Prevención ejerce tal ascendiente sobre mí!... Me
+contenté con volverme y echarle una mirada terrible, que cayó sobre su
+capote de hule y resbaló por encima como el agua resbalaba en aquel
+instante.
+
+Las nubes no cejaban. La lluvia, en vez de ir disminuyendo gradualmente,
+para satisfacer el ideal de todo el que, como yo, no llevase paraguas,
+gradualmente iba aumentando. Al entrar en la Puerta del Sol, cruzaba muy
+poca gente; algunos carruajes, cuyos aurigas parecían envoltorios de
+paño pardo; algunas mujeres remangando con la coquetería que permitían
+las circunstancias, sus blancas enaguas, y dejando ver esbozos de pies
+fantásticos y perfiles de pantorrillas reales. Pero en aquel momento yo
+me preocupaba más de mis pantorrillas que de las ajenas, como era,
+después de todo, mi deber. El agua y el barro me salpicaban hasta las
+narices; los canalones vomitaban en las aceras torrentes, que procuraba
+salvar apelando a mis recuerdos gimnásticos.
+
+Poco a poco, de un modo insidioso y solapado, tendiéndome sus redes en
+silencio y asegurando sus pasos con cautela, fue penetrando en mi
+corazón el temor del reumatismo. En el espacio que media entre la calle
+del Arenal y la del Carmen, casi se enseñoreó de él por completo.
+Sombrías perspectivas de fiebres catarrales, dolores en las
+articulaciones y fricciones de aguardiente alcanforado, se ofrecieron
+ante mi vista, y con la visión intensa y terrible del alucinado, me vi
+metido en unos calzoncillos de bayeta amarilla.
+
+Y temblé. Y eché una cobarde mirada en torno buscando un _simón_ vacío.
+Los pocos que pasaban iban alquilados. Pero aún quedaban los portales.
+¡Ah, los portales! Los portales me parecían un recurso de mala ley,
+indigno de ser tomado en consideración por el momento. Para estar metido
+en un portal viendo caer la lluvia, más valía haberse quedado en casa.
+Además, los portales estaban llenos de canalla, vagos de profesión,
+aventureros de la calle, gente sin hogar y sin paraguas. ¡Quién va a
+exponerse a que le roben el reloj o le secuestren!
+
+Esto lo pensaba al cruzar por la calle del Carmen. Pues bien, al cruzar
+por delante de la de la Montera, ya pensaba otra cosa. Y es que las
+ideas del hombre se van modificando insensiblemente al través de la
+existencia; las convicciones más profundas se desarraigan de nuestro
+espíritu cuando menos lo esperamos, la antigua fe deja paso a la nueva,
+y el entusiasmo se enfría y se calienta incesantemente durante nuestra
+peregrinación por la tierra. Cogidos de la mano, con fuego en el
+corazón, alta la frente y la pupila clavada en lo porvenir, hemos
+partido muchos para recorrer los campos de la política; a los pocos
+pasos, ya se ha desprendido uno, a quien el temor o la utilidad han
+solicitado, más allá otro, más allá otro: al poco tiempo la caravana se
+ha disuelto, y cada cual corre a refugiarse donde más le conviene. Esta
+es la vida. Una verdad innegable he sacado, no obstante, de su
+experiencia, y es, que cuando llueve, todo el mundo se cobija.
+
+Yo también claudiqué en aquella ocasión refugiándome en un portal,
+aunque con circunstancias atenuantes, pues era el de una fotografía. Las
+paredes estaban cubiertas de retratos: señoras bonitas, haciendo
+resaltar sus gracias con actitudes lánguidas, dirigiendo una sonrisa
+insinuante a todos los _timadores_ y fosforeros que se paraban a
+contemplarlas; varones con los ojos estáticos, en muda y eterna
+admiración de algo que nadie sabe. Algunos caballeros estaban
+disfrazados: había uno vestido de fraile haciendo oración entre las
+malezas de una sierra, con su calavera y todo al lado. Me dijeron que
+era un muchacho de la nobleza que había renunciado al mundo por
+desengaños de amor. Bien se le conocía al pobre, a pesar de su
+vestimenta eremítica, que había tirado muchos tiros al pichón. Había
+otro con traje de doctor, con las cejas fruncidas y la frente arrugada
+como si tuviese agobiados los sesos bajo la pesadumbre de tanta
+jurisprudencia. Tenía un birrete en la mano y otro sobre la mesa,
+quizás para el caso de que se inutilizase el primero.
+
+Seguía cayendo agua copiosamente. El cielo mostraba la faz severa,
+aunque tornadiza; algunas nubes grandes y oscuras rodaban sobre los
+edificios de la Puerta del Sol, desahogándose un poco de su peso;
+cruzaban con harta prisa para no presumir que pronto vendría un claro
+que permitiera escaparse. Los poquísimos carruajes que pasaban vacíos
+eran asaltados rabiosamente por los proscriptos de los portales,
+quedándose con ellos, como sucede en todo lo demás, los más osados.
+
+Al fin, en cierto paraje del espacio se divisó un agujerito azul: por
+aquel agujerito pasó tembloroso, y como avergonzado, un rayo de sol
+empapado todavía en agua, que fue a chocar en los cristales de los
+balcones más altos del hotel de la Paz. Al poco rato se divisó otro,
+algo más allá, y ambos se comunicaron pronto por medio de una extensa
+raya, azul también. Pero la lluvia no cesaba. Delante de nosotros empezó
+a funcionar una manga de riego. ¿Por qué salen a relucir las mangas de
+riego cuando llueve? No pretendamos averiguarlo. Hay más misterios en el
+cielo y en el Municipio de los que puede soñar la filosofía.
+
+El sol hizo surgir los colores del iris en el chorro de agua que caía
+como un espléndido penacho sobre la calle: el empleado municipal lo
+sacudía sin curarse de su belleza, haciéndole servir a los fines
+prosaicos de la policía urbana; mas el chorro salía altivo y alegre de
+la manga y se esparcía en el aire, cayendo en lluvia de plata unas
+veces, otras en lluvia de cristal y otras de fuego. El rumor que
+producía al azotar el pavimento, era dulce y gozoso. Yo y un perro de
+Terranova (me coloco el primero para no dar armas a los frenópatas del
+Ateneo), fuimos los únicos que supimos apreciar su hermosura. El perro,
+más exaltado o con menos miedo al ridículo, se lanzó a la calle
+expresando su entusiasmo por medio de ladridos y saltos prodigiosos,
+ahora parándose bajo el chorro y dejándose bañar, ahora brincando sobre
+él, ahora dando un millón de volteretas y haciendo cómicas contorsiones,
+sin cesar nunca de exhalar el frenesí de su entusiasmo en ladridos más
+o menos correctos e inspirados, que de esto no entiendo. Me parece, no
+obstante, que había más sinceridad en ellos que en el soneto del Sr.
+Grilo a las cataratas del río Piedra, aunque, por supuesto, mucha menos
+fantasía.
+
+La lluvia no cesaba. Con todo, se fue debilitando de tal modo, que ni
+para la salud ni para el sombrero había gran peligro en salir y llegar
+hasta Fornos. Así quise realizarlo, y desde luego me fui pegadito a los
+edificios, observando cómo rápidamente el cielo se despejaba y la lluvia
+se enrarecía. Todavía continuaba mucha gente en los portales. Al llegar
+al del ministerio de Hacienda, un brazo de mujer se interpuso en mi
+camino, y una manecita blanca y hermosa trató de averiguar si aún
+llovía. Era una mano fina, correcta, aristocrática, con graciosas y
+leves rayas azules; además, aún no estaba ajada, a juzgar por su color
+sonrosado y por la frescura e inocencia que se adivinaba en sus
+movimientos resueltos; la muñeca estaba aprisionada por un sencillo
+brazalete de oro; en los dedos brillaban algunas sortijas. Ahora bien,
+¿qué hubieran hecho ustedes si se les colocase delante del rostro, a dos
+dedos de la boca, una mano semejante? Besarla, estoy seguro. Pues eso es
+cabalmente lo que yo hice: besarla y escaparme riendo sin echar siquiera
+una mirada a su dueño. Detrás de mí oí gran algazara y muchas carcajadas
+femeninas, por lo cual comprendí que se me perdonaba de buen grado la
+audacia. Llegué al café sano y salvo y de un humor excelente. Pero
+estuve un poco inquieto toda la tarde. ¡Los nervios, sin duda, los
+nervios!
+
+
+
+
+EL PASEO DE RECOLETOS
+
+
+Voy a denunciarme ante el severo tribunal de la sociedad _fashionable_
+de Madrid, y entregarme con las manos atadas a su justa reprobación.
+
+«Egregias damas: señores sietemesinos: Tengo la vergüenza de confesar a
+ustedes que la mayor parte de los domingos y fiestas de guardar me paso
+la tarde dando vueltas en el paseo de Recoletos lo mismo que un mancebo
+de la _Dalia azul_. Y no subo hasta el Retiro, a admirar respetuosamente
+vuestros _chaquettes_ y vuestros perros ratoneros, porque deje de poseer
+carruaje; pues si bien es mucha verdad que no lo poseo (¡misericordia!)
+no es menos exacto que tengo unas piernas que no me las merezco, las
+cuales han hecho con fortuna más de una vez la competencia al tranvía, y
+de ello puedo presentar testigos. Me quedo, por tanto, en Recoletos sin
+motivo alguno que pueda justificarme, por pura perversidad, lo cual
+revela mi depravada índole. Vuestra conciencia distinguida se alarmaría
+aún más si supieseis... ¡pero no me atrevo a decirlo!... ¡que me gustan
+mucho _las cursis_! ¡Perdón, señores, perdón! Ahora que he confesado mi
+indignidad descargando el alma del peso que la abrumaba, aguardo
+resignado vuestro fallo. Condenadme, si queréis, a perpetuos pantalones
+anchos. Los llevaré como marca indeleble de mi deshonra, los pasearé
+hasta la muerte como la librea del presidario... pero los pasearé los
+domingos por Recoletos».
+
+El paseo de Recoletos no es bello ni grande; los árboles que lo
+guarnecen dejan mucho que desear en cuanto a corpulencia y follaje; la
+acera que lo atraviesa a lo largo cansa y lastima los pies. Pero tiene
+la ventaja de estar dentro de la población. Parece hecho para la gente
+de negocios que dispone de poco tiempo para pasear. Los días de trabajo
+no suele haber mucha concurrencia: en cambio los domingos no hay quien
+camine libremente por allí, lo cual declara bien paladinamente la
+condición social de sus habituales concurrentes. Es el paseo de la
+_burguesía_, y esto basta para que se haya captado la antipatía de la
+sociedad distinguida y ociosa.
+
+Mas en el sexo femenino que allí acude los días de fiesta suelen verse
+rostros muy lindos, dicho sea con perdón de aquella sociedad. Las damas
+que cruzan arrellanadas en su _landau_ hacia el Retiro, podrán volver
+desdeñosamente la cabeza y no verlos; los jóvenes, que apetecen la
+gloria inmarcesible de vivir y morir perteneciendo al _Veloz_, pasarán
+velozmente con la cabeza erguida, el sombrero ladeado y el bastón a
+guisa de lanza, dando miradas amorosas a todos los carruajes y ansiando
+descubrir su cabeza venerable ante alguna duquesa ajamonada, sin fijar
+la atención en ellos; pero no es menos cierto que allí están para honra
+y gloria de Dios y regocijo de los villanos y pecheros que en tales
+lugares paseamos.
+
+La palabra _cursi_, que la magnanimidad nunca bastante loada de los
+señores de la calle de Valverde ha introducido en nuestro diccionario,
+se emplea como proyectil mortífero contra aquellos rostros celestiales.
+Todo sietemesino bien criado tiene en su carcaj una buena cantidad de
+tales flechas para arrojar a la primer belleza anónima que se presente
+en su camino. Si habéis gozado la honra de acompañar alguna vez en sus
+expediciones gloriosas por la carrera de San Jerónimo a uno de estos
+jóvenes y habéis incurrido en la flaqueza de alabar la hermosura de
+alguna niña modesta, de seguro le habréis visto fruncir el noble
+entrecejo, alargar el labio inferior en testimonio de desdén y dejar
+caer estas o semejantes palabras:
+
+--¡Pero, hombre, que siempre te has de fijar en estas cursilillas de
+media tostada!
+
+Efectivamente, tengo esa desgracia. Lo mismo me pasa con las flores: la
+rosa y el clavel, las más cursilonas de la jardinería, son las que más
+me gustan. Pero no soy el único. Antes que yo el doctor Fausto fue
+decidido partidario de las cursis y por ellas vendió su alma al diablo.
+Los abonados al paraíso del Teatro Real saben muy bien que cuando
+Gayarre en el primer acto _brama_ con voz atiplada la _giovinezza_, es
+con el objeto exclusivo de ir a decir ternezas a Margarita en el
+tercero. ¿Y quién era Margarita? Una muchacha que hilaba, barría, lavaba
+la ropa de sus hermanos y paseaba los domingos por Recoletos. Pues eso
+es precisamente lo que le seduce a Gayarre, y bien se le conoce cuando
+se queda tan abrazadito con ella al tiempo de caer el telón y suelta
+aquellas feroces carcajadas el artista mallorquín señor Uetam.
+
+En general, bien se puede decir que Goethe no ha amado ni pintado más
+que cursis. Margarita, Federica Brion, Carlota, Lilí, Olimpia, eran
+mujeres muy bonitas, pero absolutamente incapaces de molestar con su
+charla desde las plateas del teatro Real a los abonados de las butacas,
+los cuales, si no oyen la ópera en paz, en cambio tienen el honor de ser
+molestados por alguna dama ilustre, descendiente de los guerreros de la
+reconquista.
+
+Tengo la seguridad, pues, de que Goethe se hubiera paseado los domingos
+por Recoletos. Esto le habría enajenado las simpatías de los salones (si
+es que los salones pueden tener simpatías) y le colocaría en el concepto
+de los nobles sietemesinos (si es que los sietemesinos pueden tener
+concepto) muy por bajo del señor Grilo. Yo creo que ha hecho muy bien en
+vivir en la corte de Weimar donde tales flaquezas se perdonaban
+fácilmente.
+
+Y para terminar con el paseo de Recoletos. Ahora en la estación
+primaveral queda cubierto por una bóveda de follaje que le presta
+frescura y belleza. Cualquier ciudadano pacífico, incluso los poetas
+líricos, puede pasar un rato agradable viendo desfilar una muchedumbre
+de Margaritas rubias y morenas con las cuales se pudieran empezar
+novelas tan amenas, si no tan famosas, como la de Fausto. Además, en el
+centro del paseo hay un estanquillo.
+
+
+
+
+LA CASTELLANA
+
+
+La acera de Recoletos termina en la plaza de Colón. A la derecha se
+encuentra la casa donde se fabrican las pocas pesetas buenas que hay en
+España. A la izquierda está la que proporciona las pocas novelas bellas;
+la casa de D. Benito Pérez Galdós. Todos los españoles saben lo primero:
+muy pocos somos los que tenemos noticia de lo segundo. Pero los que lo
+sabemos--dicho sea para nuestra honra y prez--solemos mirar con más
+atención a la izquierda que a la derecha. Al cabo, las monedas que se
+fabrican en aquel gran edificio de ladrillos irán como esclavas sumisas
+a procurar deleites a los poderosos, a halagar sus torpes pasiones y sus
+vicios, mientras las novelas que se escriben en aquel alto y silencioso
+despacho, vendrán a posarse delante de nuestros ojos dándonos algunos
+instantes de placer honrado, elevando nuestro espíritu y
+esclareciéndolo.
+
+La inmensa mayoría, casi la totalidad de los hombres, guarda
+consideración y respeto a los ricos sólo por el hecho de serlo. Los
+grandes escritores sólo lo infunden cuando ejercen un cargo oficial. Y,
+no obstante, el rico es un hombre que trabaja y se afana únicamente para
+proporcionarse goces, de los cuales no nos hace, bien seguro,
+partícipes, mientras el escritor se priva de los suyos, gasta sus
+fuerzas, enferma del estómago o la cabeza y acorta su vida para
+procurarnos deleite y cultura. Después, se da por satisfecho con un
+estipendio parecido al de un albañil y con que le digamos: «¡Amigo, qué
+bonito libro ha escrito usted!»
+
+El paseo de la Castellana, que sigue a la plaza de Colón, consiste en
+una amplia carretera para los caballeros y dos caminos estrechos a los
+lados para los peones. Hace unos cuantos años estaba concurridísimo por
+las tardes: la carretera se henchía de carruajes y los caminos de gente
+distinguida y ordinaria. Hoy apenas va nadie hacia allí porque está a
+la moda el Retiro. Sin embargo, bien puede asegurarse sin temor a
+engaño, que llegará un día en que la Castellana recobre su antiguo
+esplendor: al cabo de los años mil, vuelven los coches por donde solían
+ir.
+
+En los buenos tiempos de la Castellana observábase un fenómeno que
+atestigua bien claramente de la exquisita delicadeza de sentimientos que
+suele existir en nuestra sociedad distinguida. Como no había gente
+bastante para llenar los dos caminos que ciñen la carretera, acaecía que
+el paseo se fijaba en uno de ellos. Pues bien, las jóvenes distinguidas
+no pudiendo soportar, como es natural, el contacto de otras jóvenes
+menos distinguidas, empezaban a desertar del paseo acostumbrado yéndose
+por pelotones al otro camino. Desde allí, irguiendo la noble cabeza,
+miraban, al través de la red de carruajes, desfilar a sus enemigas
+naturales por el paseo de enfrente. Que en esta mirada se advertía un
+soberano desdén no hay para qué decirlo, y que este desdén se hallaba
+perfectamente justificado, tampoco creo necesario demostrarlo. ¿Cómo ha
+de sufrir con paciencia, verbigracia, la hija de un auxiliar de la clase
+de primeros, que la de uno de la clase de cuartos pasee y disfrute de la
+vista del mundo en el mismo paraje que ella? Claro está que todos somos
+hermanos, pero no hay más remedio que atender un poco a los escalafones
+que de vez en cuando publica el ministerio de la Gobernación, pues para
+algo se publican. Además, este deseo de separarse de la muchedumbre y
+del vulgo, señala en quien lo siente un espíritu fino y superior y
+temperamento aristocrático.
+
+Sucedía, no obstante, que este temperamento o abundaba en demasía o se
+falsificaba, como todas las cosas buenas, pues es lo cierto que unas
+tras otras, con más o menos disimulo, todas las niñas del camino
+despreciado se iban pasando al camino despreciador, quedando aquél al
+cabo de algún tiempo totalmente desierto. Entonces las jóvenes del
+verdadero y genuino temperamento aristocrático se comunicaban, no sé en
+qué forma, sus impresiones dolorosas, y una tarde, cuando menos se
+pensaba, enderezaban el paso, arrastradas por altos sentimientos, al
+camino abandonado, donde permanecían hasta que de nuevo se veían
+molestadas y tornaban a ejecutar graciosamente la idéntica maniobra.
+Cuando la Castellana vuelva a ser lo que antes, el paseo más concurrido
+de Madrid, confiamos en que se repetirá este fenómeno consolador hijo de
+una noble altivez, sin la cual no es posible el refinamiento de las
+costumbres ni el progreso de los pueblos.
+
+Aunque solitario, o porque lo esté quizá, el paseo no deja de ofrecer
+atractivos, sobre todo para los melancólicos. No es frondoso y quebrado
+como el Retiro, ni presenta variación de ninguna clase; es una línea
+recta que se prolonga indefinidamente con cierta severidad clásica y
+municipal convidando a los graves y tranquilos sentimientos. La línea
+recta tiene también sus encantos, por más que yo prefiera la curva, como
+ya he tenido el honor de decir en tres distintas ocasiones. De noche,
+las dos hileras de faroles colocadas a entrambos lados de la carretera,
+ofrecen una perspectiva muy bella: son dos cintas paralelas y luminosas
+que van a perderse en un fondo oscuro, donde una imaginación viva puede
+forjar, selvas dilatadas, abismos inmensurables o un desierto poblado de
+monstruos. No sé hasta qué punto la comisión de alumbrado público ha
+hecho bien en buscar este nuevo aliciente para excitar la fantasía del
+vecindario. Sin embargo, fuerza es confesar que en esta ocasión ha
+sabido herirla de un modo delicado y útil, revelando lo infinito por
+medio de una misteriosa e indefinida sucesión de faroles.
+
+Adornando los flancos del paseo, álzanse un número considerable de
+hoteles y palacios de formas muy diversas, no siempre bellas, aunque sí
+caprichosas. Nuestros banqueros y contratistas de obras públicas no
+queriendo, como es natural, pagar tributo a lo prosaico de las
+construcciones modernas, han solicitado el concurso de las edades más
+poéticas de la humanidad y de las comarcas más pintorescas para levantar
+sus viviendas suntuosas. Se encuentran allí, a poca distancia unos de
+otros, palacios egipcios, árabes, asirios, babilónicos, gallegos y
+catalanes. Por regla general están rodeados de jardines que la
+naturaleza, secundada eficazmente por las mangas de riego, ha poblado de
+flores y verdor. He pasado muchas veces por allí y jamás he visto a
+nadie disfrutando de su amenidad, salvo los pájaros. Las ventanas de los
+palacios tienen las persianas echadas y reina tal silencio en sus
+inmediaciones, que cualquiera los creería deshabitados. Esto contribuye
+a despertar en la imaginación de los paseantes recuerdos o sueños
+romancescos. Aquellos palacios deben de guardar seres bellos y felices
+que se alejan del ruido de la corte a fin de paladear con más
+tranquilidad su dicha. El amor debe de ser el dios a quien se rinde
+culto en tales nidos tibios y suntuosos. Algunas veces al través de sus
+persianas he oído los dulces acordes de un piano. ¡Cuántas cosas bellas
+cruzaron entonces por mi mente! ¡Cuántas novelas interesantes se me
+presentaron de improviso!
+
+Una mañana de primavera, impresionado por la reciente lectura de cierta
+novela de Octavio Feuillet, iba paseando distraído por aquellos
+silenciosos lugares gozando de la frescura y aroma de los árboles y de
+la grata soledad que allí imperaba. De pronto, al pasar por delante de
+uno de los palacios, creí percibir rumor de voces en el jardín. Al fin
+sorprendo a la enamorada pareja de este nido, me dije sonriendo; y con
+el corazón agitado y el paso cauteloso, me acerco a la verja revestida
+de una espesa cortina de madreselva y aplico el oído. Detrás del muro de
+verdura dos voces poco argentinas disputaban acaloradamente sobre el
+proyecto de conversión de la deuda.
+
+Más allá de la Castellana se tropieza con el Hipódromo. Quisiera decir
+algunas palabras acerca del Hipódromo, pero creo que aún no ha llegado
+la época de juzgar con verdadera imparcialidad esta nueva institución.
+Las grandes reformas necesitan algunos años para desenvolverse y dar el
+fruto que el legislador ha buscado. Juzgando hoy aquélla, temo incurrir
+en errores y apasionamientos, de los cuales me arrepentiría ya tarde.
+
+
+
+
+LOS MOSQUITOS LÍRICOS
+
+
+
+
+I
+
+
+Emilio Zola sostiene que los poetas líricos de ahora son pajaritos que
+cantan en el árbol de Víctor Hugo. Es la pura verdad. Carduci, Núñez de
+Arce, Copee, Sully Prudhome, Campoamor y otros pocos no hacen más que
+glosar con dulzura el canto sublime del titán del siglo XIX, reflejar la
+luz gloriosa del astro que se está acostando entre vivas y esplendorosas
+llamaradas.
+
+Los grandes poetas gozan el privilegio de fundar ciclos donde van a
+reunirse los que cierta misteriosa simpatía y una evidente semejanza en
+la manera de sentir y pensar arrastra hacia ellos. Sin remontarnos a
+tiempos antiguos, y fijándonos solamente en la época moderna, saltan a
+la vista ejemplos. Ahí está Goethe con su brillante falange de poetas
+alegres, serenos, razonadores y sensibles. Ahí está Byron con su
+numeroso cortejo de desgraciados, a quienes el mundo no comprende, almas
+doloridas, corazones que destilan sangre y versos lacrimosos. Y por
+último, vivo está todavía, por dicha nuestra, el egregio autor de las
+_Orientales_ y la _Hojas de Otoño_, y viva también una gran parte de sus
+discípulos, cuyos trinos y gorjeos escucha el mundo con placer.
+
+Ni quiere decir esto que la circunstancia de estar comprendidos en un
+ciclo, prive a los poetas de originalidad. No hablamos aquí, ni valiera
+la pena de que hablásemos, de aquellos que rastrean servilmente la pista
+del maestro para posar sus pies en las huellas que va dejando, porque no
+merecen los tales nombre de poetas. Hacemos referencia tan sólo a los
+que, recibiendo impulso y dirección de algún ingenio extraordinario,
+caminan solos y sin andadores, representando cada cual dentro del ciclo
+un brillante color de los muchos en que la luz de la poesía puede
+descomponerse. Los que hemos citado más arriba pertenecen a ese número.
+Son poetas, por privilegio, de nacimiento, pero han nacido bajo la
+influencia de un astro que aún resplandece sobre el horizonte, y no
+pueden sustraerse a ella. Esto no les quita ningún mérito. Todos los
+objetos hermosos que existen en el mundo necesitan absolutamente la luz
+del sol, y, sin embargo, ¿quién se acuerda de éste al contemplar su
+belleza? Además, en el firmamento las estrellas con luz refleja aparecen
+tan bellas como las que la tienen propia. Algunas veces, cuando los
+astros de primera magnitud brillan muy lejos, no ostentan tanta
+hermosura como otros más pequeños y cercanos; bien así como tal o cual
+poeta de la antigüedad, con ser mucho más grande, no nos produce la
+impresión viva y profunda que otros modernos de importancia secundaria,
+pero que participan de nuestra manera de sentir y pensar, y la
+reflejan.
+
+Adviértase también que los ingenios extraordinarios que comunican
+movimiento y señalan derrotero a un período literario, los que Juan
+Pablo Richter denomina _genios activos_, son o han sido muy pocos en el
+mundo. La mayor parte de los poetas que admiramos y nos deleitan
+pertenecen a la categoría de los que el mismo crítico llama _genios
+pasivos_, si bien, a nuestro entender, incluye en este número a algunos
+que merecen ser colocados entre los primeros, como Rousseau y Schiller.
+
+Dejemos, pues, sentado que nos gustan todos los pájaros, ruiseñores,
+canarios, malvises y jilgueros que cantan en el árbol de que nos habla
+Zola. ¡Ojalá nos fuera permitido pasar la vida reclinados dulcemente
+bajo su frondosa copa escuchándolos! Pero todo el mundo se empeña en
+aconsejarle a uno que trabaje. Apenas nos distraemos un poquito con sus
+gorjeos, cuando nos dice la voz de cualquier fiscal municipal o jefe de
+sección: «¡Hola! ¿Versitos, eh? ¡Vaya una gana que tiene V. de perder el
+tiempo!»
+
+Y no es eso lo peor. Debajo del árbol no se disfruta tampoco la paz y
+sosiego necesarios. Los mosquitos y moscones, las arañas, los cínifes y
+bichos de todo linaje no dejan un instante de atormentarle a uno con su
+zumbido cuando no con sus pinchazos. Excuso decir que me refiero a la
+nube de poetastros de todos sexos, edades y condiciones que, para
+escarmiento de pícaros, existe en la capital.
+
+
+
+
+II
+
+
+Voy a hablar de algunos de nuestros mosquitos más distinguidos. Conviene
+de vez en cuando sacudirse las moscas. Divídense en cuatro grandes
+familias a cual más perversa y endemoniada. La primera es la de los
+mosquitos _sentimentales_, que son los de apariencia más inofensiva,
+aunque en realidad haya motivo para guardarse bien de ellos. Tienen un
+zumbido dulce y quejumbroso, que al principio no molesta gran cosa, pero
+que llega a hacerse insoportable. De estos mosquitos, algunos empiezan a
+disgustarse de la vida así que entran a cursar la segunda enseñanza;
+salen generalmente suspensos en los exámenes, reciben innumerables
+coscorrones del jefe de la familia y se enamoran perdidamente y en
+secreto de una mujer de treinta años. Hasta aquí sus estragos no pasan
+del círculo de la familia; mas al llegar a los diez y seis años
+comienzan a hacer coplas amargas como la hiel, inspiradas por lo común
+en _La desesperación de Espronceda_, un estúpido y obsceno poema
+fabricado por algún estudiante de medicina para deshonrar el nombre del
+ilustre poeta. Estas coplas se escriben con lápiz mientras los papás se
+figuran que está allá en su cuarto enfrascado en el estudio, y sólo son
+admiradas de algún amigo discreto que recíprocamente presenta a su
+admiración otras coplas no menos amargas. Tal vez que otra estas coplas,
+que ruedan por los bolsillos de los pantalones hasta que se pudren, caen
+en manos de la mamá al tiempo de coser o acepillar la ropa: la mamá,
+claro es, no sabe lo que aquello significa, pero corre a mostrárselo al
+papá, ¡y aquí fue Troya! Éste considera a su hijo sumido en un piélago
+de liviandades, se pone lívido, lanza profundos suspiros de congoja, y
+después de un enérgico discurso, encierra al culpable bajo llave
+durante ocho días. La mamá, más dispuesta como mujer a los sentimientos
+dulces, acude a la religión y le lleva a confesar con un sabio jesuita,
+no sin que el joven poeta proteste sordamente, pues ya han huido de su
+atormentado espíritu las consoladoras creencias de los primeros años.
+Aunque pide perdón a su mamá y le promete no volver a escribir
+_porquerías_, el mosquito sentimental no puede prescindir de continuar
+zumbando a escondidas de su familia: las persecuciones, lejos de
+abatirle, encienden más y más el horno de su inspiración y le acaban de
+persuadir de que la copa de la vida está llena hasta los bordes de
+cierto licor ponzoñoso, y que él se encuentra obligado a apurarla hasta
+las heces. Un periódico semanal de la población se encarga de comunicar
+este su convencimiento al público, expresado en términos solemnes,
+aunque sin gramática. Desde esta fecha, nuestro mosquito comienza a
+gozar de una envidiable reputación que se extiende como mancha de aceite
+por toda la provincia.
+
+No obstante, por más que la opinión favorable de sus paisanos sea un
+bálsamo precioso para cicatrizar las heridas del corazón, todavía no
+está satisfecho y medita seriamente un día y otro en venir a zumbar a
+Madrid, a fin de que se le oiga en todos los ámbitos de la península. El
+papá, que ya se va convenciendo de que su hijo, aunque haya salido
+suspenso en la mayor parte de las asignaturas, llegará a ser hombre
+célebre, consiente en hacer un sacrificio. Ya le tenemos en la Corte. A
+los cuatro meses justos publica una composición en cierta revista
+literaria; a los quince días otra, a los quince días otra, y así
+sucesivamente sigue zumbando periódicamente durante dos años. Al fin se
+decide a coleccionar sus poesías en un tomo. El papá vende una finca y
+le remite dinero. Pide un prólogo a Cañete, y este señor, que jamás se
+niega a tales cosas, dice al frente del libro en lenguaje castizo que
+hay en él composiciones muy lindas, y las cita; que el autor muestra por
+lo general mucha «elegancia, donaire y estro», y que el joven mosquito,
+si no se desgracia, llegará a ser un moscón insigne. Desgraciadamente,
+esta profecía permanece guardada como santa reliquia en el almacén de
+algún librero que ha aceptado el tomo _en comisión_. Transcurren meses
+sin que ningún humano venga en demanda del tomo de _Preludios_ (estos
+mosquitos casi siempre ponen a sus zumbidos algún nombre musical:
+preludios, arpegios, acordes, calderones, etc.), hasta que el librero se
+cansa de tener tanto papel inútil en el almacén y decide volvérselo a su
+dueño o comprarlo al peso. Esta es una de las soluciones. Otra consiste
+en que D. Modesto Fernández y González interponga su influencia para que
+el Ministerio de Fomento le tome quinientos ejemplares con destino a las
+bibliotecas públicas. Los súbditos españoles que las frecuentan no
+podrán menos de agradecer al Ministro el interés con que mira el cultivo
+de sus facultades imaginativas: todos los años les remite algunos miles
+de quintales de ternezas rimadas.
+
+De todos modos, la falta de dinero es una de las causas primeras de
+mortandad en la familia de los mosquitos sentimentales. Los que
+consiguen sobrevivir a tal causa y llegan a dar una velada en el Ateneo
+de Madrid, están salvados. El Ateneo es para los mosquitos el oxígeno.
+Cuando alguno anda alicaído, asfixiado por la indiferencia del público y
+a medio morir, no tiene más que venir a leer ante esta docta
+corporación, y se le verá inmediatamente revolotear lleno de vida y
+alegría. El Ateneo, en achaque de versos, es de una potencia digestiva
+superior a la de los tiburones y avestruces. Los botones de metal y los
+pedazos de vidrio que dicen que estos animales digieren, no son nada
+comparados con los versos que yo he visto tragar en el Ateneo; un padre
+cariñoso no haría más por su hijo que lo que suele hacer este cuerpo
+docente por los mosquitos de que acabo de hablar.
+
+
+
+
+III
+
+
+Otra de las grandes familias en que se divide la especie de los
+mosquitos líricos, es la de los _filósofos_ o _trascendentales_. No
+tiene la misma fuerza reproductiva, y por consecuencia no es tan
+numerosa, pero en cambio es infinitamente más devastadora. El mosquito
+filosófico suele leer mucho, y está, por lo general, bastante enterado
+de las literaturas extranjeras; apunta cuidadosamente en un libro de
+memorias las frases brillantes y los pensamientos profundos y esmalta
+con ellos sus híbridos engendros; no es partidario del arte por el arte,
+ni gusta de la literatura frívola que sólo aspira a conmover y recrear;
+de las tres dimensiones de los cuerpos, longitud, latitud y
+profundidad, no admite más que la última. Es mucho más objetivo que sus
+colegas los sentimentales, y aun cuando manifiesta tendencias muy
+marcadas hacia el pesimismo, no llega a él por el camino puramente
+subjetivo y personal de aquéllos sino mediante el estudio reflexivo de
+los fenómenos y las leyes, por lo cual su pesimismo es siempre más
+lúgubre, más desgarrador, como que es el resultado lógico de un sistema,
+de un vasto y profundo concepto de la existencia. Desde niño se observa
+en él gran amor a lo general y mucho desdén por lo particular. Estas
+nobles aficiones le han perdido a menudo en los exámenes durante la
+segunda enseñanza: se empeñaba en contestarlo todo _a ratione_ y en
+resolver las más arduas cuestiones de plano y según le dictaba su alto
+entendimiento. En historia natural salió suspenso, porque habiéndole
+preguntado las clasificaciones, contestó que él no admitía
+clasificaciones en la naturaleza, que el mundo debía considerarse
+siempre en su unidad indivisible y permanente, y que todas las
+clasificaciones estaban sujetas a cambios incesantes, según los
+progresos que se hicieran en el estudio de la materia. Los profesores
+de instituto (salvo honrosas excepciones), son más dados a lo temporal
+que a lo permanente, y el mosquito filósofo padece por esta causa muchos
+vejámenes en los albores de la vida.
+
+Después de formada su opinión en lo que atañe a la existencia, al amor,
+a la religión, a la muerte, etc., etc., nuestro mosquito adopta la
+manera que le parece más interesante para zumbarla al oído del público.
+Unas veces se presenta con un escepticismo risueño y paradójico que
+parece decir a los lectores: «Yo no creo en nada, ni en Dios, ni en los
+hombres, ni en la madre que me parió, pero me gusta aprovecharme de las
+cosas buenas que en el mundo nos encontramos, como el amor, los buenos
+vinos, los paisajes bonitos, etcétera, etc., y vamos viviendo.» Su
+maestro es Campoamor, a quien imita no tan sólo en el pensamiento sino
+en la frase, expresando las ideas elevadas y abstrusas en forma llana y
+corriente, y así como el ilustre poeta, también él desciende a los
+pormenores vulgares de la existencia y se complace en describir lo
+pequeño e insignificante.
+
+ «Yo no voy a la escuela
+ aunque me pegue mi señora abuela.»
+
+¡Qué sobriedad tan encantadora! ¡Qué amable sencillez se advierte en
+esta y en otras frases que se encuentran esparcidas por una muchedumbre
+de poemas no bastante apreciados del público!
+
+Otras veces prefiere envolver sus vastas concepciones poéticas y
+metafísicas, en un misterioso simbolismo atestado de laberintos. Su
+modelo entonces es el _Fausto_ de Goethe, o el _Manfredo_ de Byron. Pasa
+unos cuantos años escribiendo un grandioso poema, del cual lee solamente
+de vez en cuando, en Academias y Ateneos algunos fragmentos que dejan en
+suspensión y espanto el ánimo de algunos amigos. En este poema todos los
+seres animados o inanimados del universo expresan su opinión acerca del
+misterio de la existencia; y de la suma de estas ideas se propone el
+autor que resulte la clave de todo. Las diversas opiniones se expresan
+en el poema del mosquito filósofo por medio de voces que van
+sucesivamente gritando por las páginas del libro. Cuanto existe y cuanto
+ha existido tiene voz y voto en el poema: la _voz de la esclavitud, la
+voz de la libertad, la voz de las ciudades, la voz de los campos, la voz
+de la iglesia, la voz de la administración, la voz de los colegios
+electorales, la voz de los tribunales colegiados, la voz de los
+edificios del Estado_, etc., etc. Pero las cosas mejores las dice
+siempre _una voz_ anónima, que debe de ser la del autor. De todo ello
+resulta que la vida es un lazo insidioso que nos ha tendido una voluntad
+perversa, y que para vencer a esta voluntad no hay otro medio que el
+suicidio, el suicidio de la humanidad entera.
+
+A pesar de estas lúgubres y espantosas conclusiones, y del pesimismo que
+mina su preciosa existencia, el mosquito filósofo gusta extremadamente
+de que _El Imparcial_ y _El Globo_ digan en su hoja literaria que zumba
+con corrección y elegancia.
+
+Viene después la familia de los _legendarios_, que estaba a punto de
+desaparecer de la fauna, y que merced a ciertos trabajos misteriosos de
+la naturaleza poderosamente secundada por la sección de literatura del
+Ateneo de Madrid, ha vuelto a cobrar vida en estos últimos años.
+
+Los legendarios aborrecen la edad moderna y desprecian la antigua. La
+única época histórica que les seduce es la comprendida entre la
+irrupción de los bárbaros y el Renacimiento. Dentro de esta época la
+institución que despierta en su juvenil fantasía mayor copia de romances
+octosílabos y endecasílabos, es el feudalismo. El mosquito _legendario_
+no comprende cómo se puede vivir sin almenas, sin alfanjes, puentes
+levadizos, cascos y cimitarras. El amor no tiene atractivo para él, sino
+cuando la dama aguarda toda la noche a su galán en una ventana del
+castillo, sin miedo a catarros ni a reumatismos, y el galán despacha al
+otro barrio media docena de deudos para llegar hasta ella. Los combates,
+las emboscadas, los asaltos, los pisos que se hunden para sumirle a uno
+en profunda mazmorra, los fosos, los despeñaderos, etc., etc., son las
+únicas cosas que entusiasman a nuestro mosquito. En su concepto, no se
+puede vivir a gusto, sino con el alma en un hilo. Sus poemas, por
+consiguiente, están saturados de aquellos elementos que admiten muchas y
+variadas combinaciones, según puede verse en las infinitas leyendas que
+los lectores habrán, sin duda, oído recitar en su vida.
+
+El argumento es lo único permanente o inalterable en estas leyendas; un
+amor desgraciado por la enemistad tradicional de los papás de los
+novios; dos señores feudales de cortos alcances y que padecen de
+atrabilis; los chicos que no se resignan a ser desgraciados y continúan
+sus relaciones hasta que una noche los sorprenden juntos y les arman un
+belén; el padre de la niña que encierra a su presunto yerno en una
+mazmorra, y le tiene a pan y agua sujeto con cadenas; el novio que se
+escapa ayudado por la niña, y viene después con su mesnada a dar un
+asalto a su suegro; rapto de la novia; el papá suegro que no se resigna,
+arma su mesnada y va a dar otro asalto a su yerno y le lleva la novia;
+el yerno, que tiene muy malas pulgas y arma de nuevo su mesnada y vuelve
+a robar la chica, etc., etc. Los asaltos se prolongan hasta que la
+novia, fatigada de tanto trasiego de un castillo a otro, se decide a
+espirar.
+
+Con este sencillo argumento, que muchos años de uso han consagrado,
+lograron triunfos imperecederos una muchedumbre de mosquitos, cuyos
+nombres guardará tan cuidadosamente la historia, que nadie los
+averiguará jamás. Dentro de él caben infinitas combinaciones, bellas e
+interesantes, según el número y distribución de los asaltos y lo
+sangriento de la lucha; según la calidad del novio, que puede ser
+caballero y trovador o caballero solamente; el carácter del paisaje, que
+puede estar cerca del oceano o en lo interior de la sierra; el corcel
+del amante, que puede ser blanco, negro o alazán, etc., etc. De todos
+modos, yo aconsejo a los jóvenes líricos que no se aventuren por ninguna
+consideración a cambiarlo, pues al romper con los usos establecidos se
+corre grave peligro, y no en vano está sancionado desde tiempo
+inmemorial por cien generaciones de mosquitos.
+
+Por último, hablaré del mosquito _clásico_. Lleva la ventaja a sus
+compañeros de que ha estudiado regularmente la segunda enseñanza y
+conoce la retórica de Hermosilla. Ha obtenido siete escribanías de plata
+en otros tantos certámenes poéticos abiertos en varias provincias de
+España, y en todas partes se han hecho lenguas de su _forma_, que los
+periódicos califican constantemente de gallarda. Como es natural,
+desprecia profundamente el fondo, en el cual no ha brillado ni brillará,
+y admira en primer término, tratándose de poesía, la paciencia, que es
+la facultad que todo clásico debe cultivar con predilección. Así que,
+cuando habla de alguna composición poética, nunca se mete a averiguar si
+es elevada o rastrera, original o vulgar, si tiene o no tiene
+inspiración: lo único que aprecia en ella es si está o no está _bien
+trabajada_. No puede ver a un buen ebanista dando los últimos toques a
+una cómoda sin exclamar para sus adentros: ¡Qué lástima de poeta!
+
+Por lo general viene a Madrid recomendado a D. Aureliano Fernández
+Guerra o a Barrantes, a quienes admira de buena o de mala fe, que eso
+no importa, y les lee unos cuantos sáficos adónicos y algunas
+espinelitas: los académicos se dignan decirle que es muy «donoso y
+maleante», y que sus composiciones están llenas de «sentencias briosas y
+sales irónicas». Abroquelado con este juicio nuestro mosquito, da
+algunas lecturas en la Juventud Católica y publica varios fragmentos en
+_La defensa de la Sociedad_, hasta que, por consejo de sus amigos
+académicos, deja repentinamente de zumbar. Escribiendo y publicando no
+se va a ninguna parte. Para que un literato alcance respetabilidad y
+obtenga la admiración de la gente, es condición ineludible que no
+escriba poco ni mucho.
+
+Entonces el mosquito clásico se dedica a despellejar a Echegaray, a
+Castelar, a Pérez Galdós, y en general a los escritores que son leídos y
+aplaudidos. Al mismo tiempo se deshace en elogios de todo lo ñoño, pobre
+y ridículo que se publica o se representa, con lo cual satisface sus
+instintos y a la vez regocija a los astros literarios que le iluminan en
+su carrera.
+
+Es el peor intencionado de los mosquitos que hemos estudiado, y por eso
+es el único que tiene buen paradero. Sus compañeros arrastran una vida
+miserable y triste; o vuelven a vegetar a su pueblo, o se distribuyen
+por los ministerios de auxiliares y escribientes, o entran de factores
+en alguna compañía de ferrocarriles, o mueren en el hospital. Pero el
+mosquito clásico ¡ni por pienso! Ahí están sus protectores, que le hacen
+archivero-bibliotecario, o le dan una comisión lucrativa en país
+extranjero, o le ayudan a salir diputado y a ser director general y
+ministro. Después de algunos años de mantenerse firme en no escribir, de
+frecuentar los salones aristocráticos y de despellejar sin piedad a
+cualquier escritor que muestre talento y fantasía poco comunes, el
+mosquito clásico como recompensa de su brillante campaña, es conducido
+en triunfo a la Academia de la Lengua. Que a todos mis lectores deseo.
+Amén.
+
+
+
+
+EL ÚLTIMO BOHEMIO
+
+
+No hace todavía dos años que pasando por la Carrera de San Jerónimo di
+con un amigo periodista, que me dijo al tiempo de saludarme:--Vaya usted
+por la calle de Sevilla y verá V. a Pelayo del Castillo acostado en la
+acera.
+
+Había oído hablar muchísimo de este personaje y tenía la cabeza llena de
+sus extravagancias y proezas tabernarias: había visto en los teatros una
+pieza suya titulada _El que nace para ochavo_, no desprovista
+enteramente de gracia: no quise, pues, perder la ocasión de conocerle. A
+los pocos pasos encontré a Urbano González Serrano, conocido seguramente
+de todos mis lectores, y le invité a venir conmigo, lo que aceptó con
+gusto. Ambos nos dirigimos al lugar que me habían designado, o sea, la
+acera de la calle de Sevilla colocada en el sitio de los recientes
+derribos, donde tumbado boca arriba, con la cabeza apoyada en una piedra
+y expuesto a los rigores del sol, vimos a un mendigo sucio y
+desarrapado. ¡Cómo se nos había de ocurrir que aquel hombre fuese Pelayo
+del Castillo! Tenía la cabeza enteramente descubierta y llena de greñas,
+el rostro encendido, el cuerpo envuelto en un andrajo que parecía el
+residuo de una capa, los pies metidos en dos cosas asquerosas que en
+otro tiempo habían sido alpargatas.
+
+Todo nos volvíamos mirar a un lado y a otro explorando la calle en busca
+de nuestro literato, sin lograr hallarle. Al fin nuestros ojos se
+encontraron y le pregunté recelosamente designando al mendigo:
+
+--¿Será ese?
+
+--¡Imposible!--replicó Serrano.
+
+No obstante, en la frente de aquel hombre había algo que no suele verse
+en las de los braceros; era una frente degradada, pero era una frente
+donde se había pensado. Insistí en que lo averiguásemos, y acercándonos
+a él, Serrano le sacudió levemente:
+
+--Oiga V..... ¿es V. D. Pelayo del Castillo?
+
+El mendigo se incorporó lentamente y restregándose los ojos y
+abriéndolos con dificultad a causa de la gran irritación de los
+párpados, contestó mal humorado:
+
+--No señor, yo no soy ese Pelayo del Castillo.
+
+Serrano se quedó un instante suspenso. Los dos comprendimos, sin
+embargo, que era él.
+
+--¿De veras no es V. Pelayo del Castillo?
+
+--No señor.
+
+Después de comunicarnos en voz baja nuestra opinión contraria, sacamos
+cada cual una moneda del bolsillo.
+
+--Tome V.
+
+--No señor--repuso rechazándolas con la mano y el gesto--yo no puedo
+aceptar eso..... yo no les conozco a ustedes.
+
+--Somos dos aficionados a las letras; tome V.
+
+Con algún trabajo hicimos que al fin las aceptase. Levantando entonces
+la cabeza que tenía doblada sobre el pecho, nos preguntó.
+
+--¿A quién debo dar las gracias?...
+
+--Nuestros nombres no importan nada: somos dos amigos de la literatura:
+quede V. con Dios.
+
+Y nos alejamos apresuradamente mientras él repetía esforzando la voz.
+
+--Gracias, caballeros... yo quisiera saber...
+
+A los pocos pasos volví la cara. Estaba mirando las monedas. Al verle de
+aquella suerte, sentado en el suelo, cubierto de andrajos y la cabeza
+desnuda al sol, me sentí conmovido. ¡Será posible que ese desdichado sea
+un literato; que haya escuchado los aplausos del público y alternado con
+los hombres más distinguidos de España! Y en aquel instante se me
+ocurrió escribir algo acerca del estado en que se hallan los literatos y
+artistas en nuestra nación. Celebro no haberlo hecho, porque desde
+entonces hasta ahora se han modificado bastante mis opiniones en este
+asunto.
+
+Impresionado por el espectáculo que acababa de presenciar, no pude menos
+de dirigir _in mente_ amargas recriminaciones a la patria que deja
+perecer de hambre a todo el que se dedica al cultivo de las letras y las
+artes y ensalza y pone sobre su cabeza a cualquier necio que se engolfa
+en la política sin más equipaje que su desvergüenza. Algo, y aun mucho
+de esto, es verdad; pero no es toda la verdad. Para resolver un problema
+es necesario examinarlo en todos sus aspectos.
+
+Primeramente, la nuestra, es una nación de diez y seis millones de
+habitantes: por lo mismo, es absurdo pretender que el literato que vive
+del público, sea aquí remunerado como en Francia o Inglaterra, donde la
+población es más del doble. A más de ser el número de lectores menor en
+absoluto, lo es también relativamente: si en Francia leen diez por cada
+ciento, en España no lee siquiera uno, entre otras razones, porque no
+saben, y es fuerza, por lo tanto, que este uno o este medio por ciento
+eche sobre sus hombros la carga de alimentar a todos los que con razón o
+sin ella nos dedicamos a escribir para el público. Harto hace, a mi
+entender, con ayudarnos a vivir modestamente: no le pidamos hoteles,
+coches y alfombras como en Francia o Inglaterra porque no puede
+dárnoslos.
+
+Claro es que el número insignificante de lectores depende del atraso del
+país, del detestable gobierno que nos ha regido, nos rige y nos regirá,
+de la influencia venenosa de la política y de otras mil causas
+enumeradas a la continua en libros y en periódicos. Aquí está la parte
+de culpa de la nación, que realmente no es menuda.
+
+Mas también los artistas y literatos ayudan con su conducta al estado
+miserable en que se hallan. En España se ha entendido hasta ahora que el
+poeta o el artista es un ser mitad humano mitad angélico a quien no
+sientan bien los deberes y hábitos exigidos a los demás hombres. Todo
+hombre debe trabajar para ganarse el sustento; pues el literato no. Todo
+hombre debe ser previsor y separar de lo que gana una parte para mañana;
+pues el literato está exento de tal carga. Pasar la vida holgando y
+tomar la pluma en los momentos de inspiración (que no suelen venir
+precisamente cuando se está ayuno); vender los productos del ingenio al
+primer editor usurero con quien se tropieza; gastarse el dinero
+alegremente en un día y pasar el resto del mes viviendo del crédito, si
+es que lo hay; tal ha sido hasta la fecha el proceder de la mayor parte
+de nuestros literatos. En algo se han de distinguir los seres inspirados
+de los que no lo son.
+
+Y si esta era la conducta de los grandes ingenios, de los hombres más
+eminentes, calcúlese cuál sería la de los adocenados, los que no
+pudiendo elevarse hasta ellos por la belleza de las obras imitan su vida
+exterior y hasta pretenden oscurecerla (y a veces lo consiguen) por
+medio de enormes extravagancias y atrocidades. Hubo una época en que la
+bohemia invadió toda la literatura. Para ser literato era preciso no
+sólo ser un perdulario sino afectarlo; vivir a la ventura, no pagar a la
+patrona (este era el artículo primero del código bohemio), dormir
+algunas veces al aire libre, rodar noche y día por los cafés, pedir
+dinero a todo el mundo con resolución de no devolverlo, ponerse las
+camisas y las botas de los amigos, _dar mico_ al sastre, jugar,
+emborracharse, etc., etc. Los que tenían gracia solían emplearla en
+estas cosas y se hacían célebres. Todavía se cuentan con entusiasmo las
+pasadas que a sus patronas, sastres y zapateros han jugado algunos
+escritores de menor cuantía, y hay quien les admira por ellas más que
+por sus obras: quizá tengan razón, porque estos literatos tan chistosos
+para no pagar, no solían serlo tanto para escribir.
+
+De la falange de los bohemios, que repito comprende la mayor parte de
+los escritores que han parecido de treinta o cuarenta años a esta parte,
+algunos, muy pocos por supuesto, han conseguido inmortalizarse con sus
+escritos; otros abandonando la literatura se han hecho personas formales
+y han entrado en la política o los negocios: éstos son los que mejor han
+librado; pero uno que otro, o más viciosos o más soberbios o menos aptos
+han persistido con extraña tenacidad en su vida aventurera y en sus
+costumbres abyectas que los han conducido rápidamente a un abismo de
+degradación. El representante genuino de estos últimos, el más
+empedernido, el que gozaba de más notoriedad era Pelayo del Castillo,
+fallecido recientemente en el hospital. Este desgraciado fue víctima de
+su indolencia y de sus vicios, pero en parte también de las ideas
+dominantes en su tiempo acerca del papel que en el mundo debe el
+literato representar. Si en vez de celebrarse como chistes los vicios,
+el desaseo, la desvergüenza y el desarreglo de las costumbres, se
+consideraran como graves y repugnantes defectos, ni éste ni otros
+desdichados hubiesen llegado a tal extremo de miseria. Nada hay tan
+funesto como presentar al hombre un ideal que no esté de acuerdo con los
+preceptos de la virtud y halague al propio tiempo sus malas
+propensiones.
+
+Por fortuna el ideal ha desaparecido y sus representantes no tardarán en
+desaparecer. El literato ya no pide a la sociedad privilegios inmorales:
+es un hombre que debe trabajar como los demás y sacar el mejor partido
+posible de sus productos. Si no puede vivir de la pluma, porque en
+España no existan todavía medios de remunerarle cumplidamente, debe
+alternar sus ocupaciones literarias con otras de diversa índole. Si
+puede vivir, aunque sea modestamente, debe trabajar diariamente como
+cualquier otro obrero. Claro es que no se le han de exigir las mismas
+horas de trabajo que a un covachuelista, porque el del escritor es más
+intenso; pero se marcará las que sin detrimento de la salud pueda
+llenar. La teoría de la inspiración es falsa y ridícula: la inspiración
+acude delante de las cuartillas y de los libros, no en las mesas de los
+cafés ni en las salas de juego: cuando no gusta lo que se ha escrito, se
+rompe y se escribe de nuevo preparándose convenientemente con el estudio
+y la meditación; pero no se van a buscar ideas a la ruleta.
+
+Hay ejemplos irrecusables que comprueban la verdad de lo que acabo de
+manifestar. El hombre más inspirado del siglo XIX, Víctor Hugo, el
+inmortal autor de las _Hojas de Otoño_, trabaja diariamente un número
+crecido de horas. Balzac, el coloso que rivaliza con él, trabajó más que
+nadie en el mundo. Ni uno ni otro han necesitado esperar la inspiración
+jugando a las siete y media. No obstante, es fuerza declarar que para
+hacer lo que estos hombres, además de su ingenio soberano, se necesita
+un gran vigor corporal que pocos poseen: mas a nadie se le pide sino lo
+que puede ejecutar buenamente. En España tenemos dos ejemplos
+notabilísimos: uno es el del primero de los oradores contemporáneos, D.
+Emilio Castelar, el cual se puede decir que trabaja de la salida a la
+puesta del sol como el último obrero, haciendo sudar a todas las prensas
+del orbe y atendiendo al propio tiempo a sus tareas políticas: es de la
+raza de los atletas como Víctor Hugo y Balzac. Otro es el ilustre
+novelista D. Benito Pérez Galdós, embebido noche y día en un intenso
+trabajo literario, aprovechando todos los momentos de la existencia para
+preparar y escribir sus obras inmortales.
+
+Abandonemos, pues, para siempre el romanticismo bohemio, plaga de
+nuestra literatura, que degrada al escritor y lo pone a merced de los
+intrigantes políticos y de los especuladores avaros. El literato
+necesita independencia, un relativo bienestar y sosiego para entregarse
+a su trabajo, el cual de esta suerte se hace leve y ameno. Nada me
+aflige tanto como ver a un hombre ilustre y respetado en la república de
+las letras, arrastrarse a los pies de cualquier político estólido en
+demanda de un destino o una pensión: me parece que aún subsiste aquel
+doloroso estado del tiempo de Cervantes, en que los literatos eran los
+domésticos de los magnates; aún peor hoy, pues que tienen que adular a
+los que han sido sus compañeros, a quienes han aventajado siempre en el
+talento, y que por dedicarse a la política, maltrechos quizá en la
+literatura, ocupan altas posiciones y otorgan mercedes.
+
+Pero si todavía es poco lisonjera la situación del escritor en España,
+en el horizonte se divisan ya señales de un nuevo y mejor estado. De
+algunos años a esta parte ha mejorado notablemente el aspecto económico
+de las letras: ya los autores o poetas que abastecen el teatro, pueden
+vivir de sus obras, y dentro de algunos años tal vez los que escriben
+libros y artículos puedan hacer lo mismo. Se fundan casas editoriales
+serias y acaudaladas en sustitución de los editores sórdidos e ineptos
+que antes se lucraban con la miseria del escritor; muchos literatos
+administran sus obras con acierto, otros se hacen pagar dignamente, y
+casi han desaparecido los necios que por verse en letras de molde
+escriben de balde. En este respecto, preciso es confesar que la
+población de España que más está haciendo para procurar independencia al
+literato, beneficiando sus obras con habilidad en la península,
+explotando los mercados de América para nosotros cerrados hasta ahora y
+arriesgando fuertes capitales en este negocio, es Barcelona. Siguiendo
+de tal suerte, y si Madrid no trabaja algo más en pro de las artes y las
+letras patrias, barrunto que pronto será Barcelona el centro intelectual
+de España.
+
+
+
+
+LOS AMORES DE CLOTILDE
+
+(NOVELA)
+
+
+En el cuarto de Clotilde, primera actriz de uno de los teatros más
+importantes de la capital, se reúnen todas las noches hasta media docena
+de amigos. La tertulia dura casi siempre tanto como la representación;
+pero tiene algunos paréntesis. Cuando la actriz necesita cambiar de
+traje se dirige a sus tertulios con sonrisa graciosa y ojos suplicantes:
+
+--Señores, ¿me dejan ustedes un momentito?... un momentito nada más.
+
+Todos se van al saloncillo y aguardan con paciencia: me he equivocado,
+no todos, porque el más joven de ellos, que estudia hace tres años el
+doctorado de medicina, aprovecha la ocasión y va a dar una vuelta por
+los bastidores a estirar un poco las piernas y a pescar algún beso
+descarriado. Pero en fin, la mayoría espera paseando o sentada a que
+Clotilde entreabra la puerta y asomando su cabeza de reina o de villana,
+según el papel que va a representar, les grite:
+
+--Adelante, caballeros... ¿He tardado mucho?
+
+Para D. Jerónimo siempre. Es el último que sale refunfuñando y el
+primero que entra en el cuarto. No acaba de transigir con esta púdica
+costumbre: y aunque no se atreva a expresarlo, allá en el fondo de su
+pensamiento encuentra poco cortés que se le eche de su asiento para que
+aquella mocosita se vista: ¡a él que hace treinta años pasa la vida
+entre bastidores y ha sido el íntimo de todas las actrices y actores
+antiguos y modernos!
+
+Tiene cincuenta y cuatro años, y es empleado en el Ministerio de
+Ultramar desde los veinticinco. Todos los Gobiernos le han respetado
+como una rueda indispensable de la maquinaria administrativa de las
+colonias: soltero y mártir de las patronas. Allá en su juventud se
+cuenta que escribió un drama que le valió una silba y la entrada por
+toda la vida en el escenario de los teatros. Resignado o no resignado
+con el fallo del público, dejó de escribir dramas y adoptó el noble
+papel de protector de autores y artistas desconocidos y de empresas
+arruinadas. El joven provinciano que llegase a Madrid con un drama en el
+bolsillo, no podía emprender camino mejor para verlo representado que el
+de la casa de D. Jerónimo. Todo lo acogía con los brazos abiertos, malo
+y bueno. Sin embargo, como era asaz rudo en sus modales, no escatimaba a
+los autores noveles que se confiaban en él y le leían sus producciones,
+las censuras fuertes y hasta los insultos:--«Toda esa relación es puro
+fárrago; eche V. tinta sobre ella.--Pero venga V. acá, alma de Dios,
+¿cómo quiere usted que un hombre que está a punto de matar a otro,
+suelte diez y siete décimas sin respirar!--¡Jesús qué disparate! ¡Amor
+platónico a una prostituta! ¡Usted se ha caído de un nido, joven!» El
+que entendía un poco la aguja de marear no se incomodaba, seguía
+adelante y al terminar depositaba el manuscrito en manos de D. Jerónimo.
+Y era bien seguro que el drama se ponía en escena. El veterano de los
+bastidores ejercía mucho ascendiente con ribetes de miedo sobre empresas
+y cómicos: cuando se incomodaba ¡tenía una lengua! Si el drama era
+silbado, protestaba lleno de ira contra el juicio del público y seguía
+protegiendo con más fuerza al autor. Si lograba buen éxito, callaba y
+sonreía voluptuosamente, pero no volvía a acercarse al poeta aplaudido.
+Cuando éste se quejaba de su desvío, respondía: «Usted ya ha demostrado
+que tiene alas; vuele V., amigo mío, vuele V., que yo tengo que soltar a
+otros pobrecitos».
+
+Su vida privada ofrecía muy poco de particular. Todas las noches, al
+salir del teatro, se iba al café Habanero, donde cenaba constantemente
+un _beefsteak_ con una chica de cerveza. Y, según cierto amigo que le
+había observado repetidas veces, combinaba siempre su refacción con tal
+arte, que había de concluir al mismo tiempo con el último bocado de
+carne, el último de pan y el último sorbo de cerveza.
+
+Esta noche la tertulia se presenta muy animada. Los amigos de la actriz
+charlan y ríen más que de costumbre. Don Jerónimo, embozado en su capa
+(es privilegio), arrellanado en el sillón de la esquina y con un
+empedernido cigarro en la boca (es privilegio también), deja escapar
+famosos chistes, que a veces obligan a los tertulios a dirigir la vista
+hacia Clotilde y a colorearse levemente las mejillas de ésta. Don
+Jerónimo no lo echa de ver; la ha conocido tan niña, que se cree con
+derecho a prescindir de ciertos miramientos debidos a las damas;
+suponiendo que se los haya tributado en su vida a alguna, que no lo
+creemos. La ha conocido muy niña y la ha encaminado al teatro: cuando
+tropezó con ella vivía muy estrechamente aprendiendo el oficio de
+florista: hoy, merced a su talento, gana lo bastante para mantener con
+decoro a su madre y sus hermanas.
+
+Es agraciada y simpática más que hermosa; la tez morena, los ojos
+rasgados y negros, lo más bonito de su rostro; la boca un poco grande,
+pero fresca con dentadura admirable. Está vestida de dama del tiempo de
+Luis XV, con una peluca blanca que le sienta a maravilla. No toma parte
+apenas en la conversación. Parece muy satisfecha con escuchar solamente,
+girando sin cesar sus ojos serenos de uno a otro interlocutor y
+sonriendo a menudo cuando se dirigen a ella.
+
+Al llegar a cierto punto, se oye la voz del traspunte.
+
+--Señorita Clotilde, cuando V. guste...
+
+--Vamos allá--dice levantándose.
+
+Se dirige al espejo, se da los últimos toques a las cejas y pestañas con
+el pincel, arregla con mano un poco nerviosa los tirabuzones de la
+peluca, la cruz de brillantes que lleva al cuello y los pliegues del
+vestido. Sus amigos guardan un instante silencio y contemplan estas
+maniobras distraídamente.
+
+--Señores, hasta luego.
+
+Y sale del cuarto seguida de su doncella, que le lleva recogida la cola,
+una espléndida cola de raso color crema.
+
+--¡Cada día va estando más linda esta Clotilde!--dice el estudiante del
+doctorado, dejando escapar un imperceptible suspiro.
+
+D. Jerónimo da una enorme chupada al cigarro y queda envuelto
+instantáneamente en una nube de humo. Por eso nadie advierte la sonrisa
+de triunfo con que acoge la observación.
+
+--A mí también me parece más bonita cada día--dice otro tertulio;--pero
+creo que se ha modificado mucho su genio de algún tiempo a esta parte...
+Usted, pollo, no la ha conocido como nosotros... Era una loquita
+encantadora, ¡tan alegre! ¡tan traviesa!... Nadie podía estar a su lado
+de mal humor... Ahora la encuentro grave, triste casi siempre...
+
+--Es verdad que me ha chocado la melancolía que hay en sus ojos...
+
+D. Jerónimo dio otra enorme chupada al cigarro. Nadie vio el relámpago
+de ira que pasó por su rostro.
+
+--Estos cambios, pollo, solamente los opera el amor.
+
+--¿Algún novio?
+
+--Eso... D. Jerónimo conoce bien la historia...
+
+--Voy a contarla--dijo sordamente aquél desde el fondo de su embozo,--y
+crean ustedes que no es plato de gusto contar estas niñerías... Pero se
+trata de una chica a quien todos queremos y cuanto a ella se refiere
+debe interesarnos.
+
+Hará cosa de tres años se presentó al director de este teatro un joven
+elegantemente vestido, con el manuscrito de un drama bajo el brazo. No
+hay nada en el mundo más imponente y aterrador que un joven bien vestido
+que lleva debajo del brazo el manuscrito de un drama. El director
+procuró escurrir el bulto, le dio algunos quiebros con maestría y varios
+pases, pero al fin fue cogido en la misma cuna; quiero decir, que el
+joven le convidó un día a almorzar, le llevó engolosinado ofreciéndole
+la perspectiva de unas cuantas docenas de ostras empapadas en Sauterne,
+y como postre le descerrajó el drama a quema ropa.
+
+El drama era efectivamente _un tiro_. Pepe hizo lo que ustedes saben que
+se hace en estos casos; se admiró profundamente de la versificación,
+dijo ¡bravo! al llegar a ciertos pensamientos enrevesados, y por último
+propuso algunas reformitas en el acto segundo, con las cuales quedaría
+la obra que ni pintada.
+
+El poeta incauto se fue a su casa muy complacido y se puso a trabajar
+con ardor en las reformas. Al cabo de quince días volvió a presentarse a
+Pepe; pero éste halló entonces el acto primero un poco lánguido y le
+aconsejó que a todo trance le diera más movimiento y lo acortase un
+poquito. En mover el acto primero tardó el poeta un mes: cuando se
+presentó de nuevo, el director, mostrándose muy admirado siempre de la
+versificación y de algunos pensamientos, manifestó algunas dudas
+respecto a que la obra fuese _teatral_. Que fuese _literaria_ no tenía
+ninguna, al contrario, le parecía que en ese concepto podía competir con
+las mejores de Ayala... pero teatral... realmente teatral... eso ya era
+otra cosa.
+
+--¿Qué diferencia es esa, D. Jerónimo?... No entiendo...
+
+--Pues se la explicaré a V., pollo. Llamamos entre bastidores, teatrales
+a las obras buenas y literarias a las malas.
+
+--¡Ah!
+
+Después de manifestar estas dudas, concluyó por proponer otras cuantas
+reformitas en el acto tercero.
+
+Al fin el poeta comprendió, cosa verdaderamente maravillosa, porque los
+poetas, que todo lo comprenden, que saben por qué vuela tan alto el
+cóndor, ascienden a los cielos y bajan a los abismos y penetran el
+sentido íntimo de todas las cosas creadas, no son capaces de entender
+que sus obras a veces no gustan a los que las escuchan. Nuestro joven, a
+quien llamaremos Inocencio, recogió no poco mohíno su manuscrito y
+estuvo algún tiempo sin dar cuenta de sí; mas al fin, sin duda después
+de haber meditado profundamente, se presentó cierta mañana en casa de
+Clotilde. Excuso decirles a ustedes que llevaba el manuscrito debajo del
+brazo.
+
+Esperó con paciencia en la sala a que nuestra amiga _hiciese su
+toilette_, y cuando ésta se presentó al cabo, vio delante de sí a un
+joven ruboroso, confundido, pero simpático y elegante, que la rogó con
+labio balbuciente le otorgase el favor de escuchar la lectura de un
+drama. Deben ustedes saber que a las mujeres les gusta mucho ejercer
+protectorados, muy singularmente sobre los jóvenes simpáticos y
+elegantes; así que no les sorprenderá que Clotilde escuchase con
+paciencia el drama y hasta lo hallase muy aceptable. El joven se confió
+a ella enteramente, depositando en sus hermosas manos el manuscrito,
+cual si fuese un niño recién nacido, y ella lo recogió como madre
+cariñosa y lo tomó bajo su amparo, prometiendo velar por su preciosa
+existencia y presentarlo en el mundo. El joven manifestó que esa
+resolución era digna de un noble corazón cuya fama había llegado ya a
+sus oídos. Clotilde contestó que no era bondad de su parte el trabajar
+porque el drama se representase, sino un acto de justicia. El joven dijo
+que le halagaba muchísimo esa idea, porque el inmenso talento de
+Clotilde y el acierto de sus juicios estaban bien reconocidos por todos,
+pero que no osaba forjarse tal ilusión. Clotilde declaró que había
+muchas reputaciones usurpadas en el mundo y que una de ellas era la
+suya, pero que en esta ocasión creía estar en lo firme. El joven replicó
+que cuando el río suena, agua lleva, y que cuando todo el mundo se
+empeña en admirar no sólo la singular belleza y la inspiración artística
+de una persona, sino también su claro ingenio y su brillante
+ilustración, era necesario bajar la cabeza. Clotilde dijo que no la
+bajaría en esta ocasión porque estaba bien persuadida de que el mundo se
+engañaba mucho acerca de lo que llamaba su talento y que no era otra
+cosa que un puro instinto. El joven puso el grito en el cielo contra
+esta mistificación, que no tenía absolutamente ninguna razón de ser;
+pero dulcificándose de pronto, mostrose profundamente conmovido ante la
+modestia de su protectora, y juró por todos los santos del cielo que
+jamás había conocido otra semejante. En fin, que el manuscrito fue
+ganando por momentos terreno en el corazón de nuestra simpática amiga, y
+que el joven se despidió de ella, embargado por la emoción, hasta el
+día siguiente.
+
+Al día siguiente Clotilde se presentó al empresario y le arrancó,
+mediante la amenaza de rescindir el contrato, la promesa de llevar a la
+escena lo más pronto posible el drama de Inocencio. Este dio las gracias
+aquella misma tarde a su protectora y la hizo además su confidente.
+Pertenecía a una familia distinguida de provincia, aunque sin grandes
+recursos de fortuna; a probarla había venido él a Madrid, confiado
+únicamente en su ingenio. En el pueblo decían que tenía talento, y que
+si publicase en Madrid los versos que había insertado en _El Eco del
+Tajo_, hablarían de él como de Núñez de Arce y Grilo: no sabía si esto
+era cierto, pero sentía su corazón lleno de nobles propósitos, y amaba
+al teatro más que a las niñas de sus ojos. ¿Llegaría a ser un Ayala o un
+Tamayo? ¿Sería rechazado por el público? Era un misterio inextricable
+para él.
+
+En esta sesión Clotilde averiguó dos cosas importantísimas; a saber: que
+Inocencio tenía un talento que no le cabía en la cabeza y que no había
+en Madrid quien se pusiera con más gracia la _chalina_. Excuso decirles
+que menudearon las sesiones confidenciales, y como resultado de ellas,
+que Clotilde sufrió todos los días la influencia fascinadora de esta
+chalina sobrenatural; a la postre se declaró vencida, entregándose a
+ella atada de pies y manos. La chalina se dignó alzarla del suelo y
+otorgarle la merced de su cariño.
+
+--¿Cómo la chalina?--preguntó uno que dormitaba.
+
+Don Jerónimo dio una inmensa, infernal chupada al cigarro en testimonio
+de desagrado, y prosiguió sin hacer caso:
+
+--Por entonces empezaron los ensayos del drama de Inocencio, que se
+titulaba, si mal no recuerdo _Subir bajando_;... callen ustedes, me
+parece que era al revés; _Bajar subiendo_... En fin, de todos modos, era
+un gerundio y un infinitivo. Yo vi en seguida que se habían entablado
+relaciones amorosas entre nuestra amiga y el autor, y como realmente,
+por más que Inocencio fuese un mal poeta, según los informes de Pepe,
+parecía un buen muchacho, me alegré de ellas y las alenté en lo que
+pude. Clotilde se confesó conmigo, declarándome que estaba perdidamente
+enamorada; que sus aspiraciones ya no tenían nada que ver con el arte
+escénico, el cual le parecía una esclavitud insoportable; que su ideal
+era vivir tranquilamente, aunque fuese en una guardilla, unida al hombre
+que adoraba; que la mujer había nacido para ser el ángel custodio del
+hogar y no para divertir al público, y que estimaba ella más el reinar
+en una humilde vivienda iluminada por el amor que todos los aplausos de
+la tierra. En fin, caballeros, nuestra amiga se encontraba en pleno
+idilio.
+
+Inocencio no estaba menos enamorado, al parecer. A menudo los encontraba
+paseando por los parajes solitarios del Retiro, a distancia respetable
+de la mamá, que se detenía oportunamente a contemplar los primeros
+botones de las flores o algún insecto curioso: las mamás, en esta época
+de crisis marital, tienen la obligación de ser admiradoras de las obras
+de la naturaleza. La parejita de tórtolas se detenía al verme y me
+saludaba ruborizada. No les puedo ocultar a ustedes, que aunque lo
+sentía por el arte, me alegraba de que Clotilde se casara: la mujer
+siempre necesita el amparo del hombre. Y lo cierto es, que eran dignos
+el uno del otro por la figura: Inocencio tenía una presencia muy
+simpática.
+
+En el teatro no se hablaba de otra cosa más que de este matrimonio en
+ciernes. Todo el mundo se alegraba, porque Clotilde es la única artista
+desde el principio del mundo, que ha llevado a cabo la empresa, hasta
+ahora juzgada insuperable, de hacerse querer de sus compañeras.
+
+Observé, no obstante... ya saben ustedes que soy observador; es la única
+cualidad que tengo; la observación, a la cual no dan importancia los
+autores ahora; hoy todo es hojarasca en los dramas, muchos rayos de
+luna, que se quiebran al pasar por el follaje de los árboles, mucha
+descripción de alboradas y crepúsculos, muchos símiles retorcidos...
+¡Todo eso es!... Cuando algún autorcillo me viene con tales monadas yo
+le digo: ¡al grano, al grano!... El grano es el drama, que no existe en
+la mayor parte de los _idem_...
+
+--¿Se enfada V., D. Jerónimo?
+
+--Pues, como decía a ustedes, observé, que según los ensayos iban
+adelantando, crecía el ascendiente de Inocencio sobre nuestra amiga. El
+tono en que se dirigía a ella ya no era el humilde y cortesano del
+principio: corregíala a menudo en la manera de decir, señalábala las
+actitudes y el gesto que debía adoptar, y a veces, cuando la actriz no
+comprendía bien sus deseos, llegaba a dirigirla públicamente palabras
+severas y miradas más severas aún. Nuestro poeta tronaba y relampagueaba
+ya como amo y señor. Clotilde lo aceptaba de buen grado: ella tan
+desdeñosa con los autores más eminentes, se estiraba y se encogía ahora
+como blanda cera en las manos de este muñeco insulso. Era de ver la
+humildad con que aceptaba sus correcciones, y la inquietud que la
+causaban las censuras: mientras duraba el ensayo tenía los ojos puestos
+constantemente en él, espiando como esclava sumisa los deseos de su
+dueño. El poeta, arrellanado en una butaca, con el brasero delante,
+dirigía la escena en la forma dictatorial que pudiera hacerlo García
+Gutiérrez o Ayala: una mirada suya bastaba para ruborizar o poner
+pálida a Clotilde: los demás no protestaban por respeto a ella. Cuando
+salía de la escena, venía presurosa a sentarse al lado de su novio, que
+se dignaba acogerla a veces con una sonrisa soberana, otras con
+indiferencia olímpica. Yo estaba escandalizado.
+
+Una vez me acerqué por detrás y escuché lo que hablaban. Clotilde
+llevaba la palabra sosteniendo con calor que el _Subir bajando_ o el
+_Bajar subiendo_ de Inocencio era mejor que _Un drama nuevo_. El joven
+se defendía débilmente. Otra vez hablaba acerca de su futuro enlace.
+Clotilde pintaba con frase apasionada el retiro donde irían a esconder
+su felicidad: un cuarto alto del barrio de Salamanca, lleno de luz, un
+nido risueño donde Inocencio trabajaría en su despacho, escribiendo
+comedias, mientras ella bordaría a su lado en el mayor silencio: cuando
+se fatigase, charlarían un instante para descansar y después le daría un
+beso y emprendería de nuevo su tarea: por la noche saldrían cogidos del
+brazo a dar una vuelta y a casa otra vez: nada de teatro; lo aborrecía
+con toda el alma: en la primavera irían a pasear por las mañanas al
+Retiro y tomarían chocolate entre los árboles; en el verano a pasar un
+mes o dos a la provincia de Inocencio a proveerse en el campo de buen
+color y de salud para el invierno.
+
+La descripción de este tierno idilio, que a mí, con ser machucho, me
+hacía bailar el corazón dentro del pecho, no producía en el autor novel
+más que una impertinente soñolencia que sólo desaparecía repentinamente
+cuando dirigía con voz imperiosa alguna advertencia a los cómicos.
+
+Llegó, por fin, el día del estreno. Todos estábamos ansiosos por ver el
+resultado: la opinión corriente era que el drama ofrecía poco de
+particular; pero como Clotilde había puesto en el desempeño toda su
+alma, teníase como seguro un gran éxito. En el ensayo general nuestra
+amiga había hecho verdaderos prodigios: hubo un instante en que los
+pocos curiosos que asistíamos a él nos levantamos electrizados,
+convulsos, gritando desaforadamente. No pueden ustedes figurarse qué a
+maravilla decía su parte. Entonces me vino de golpe una idea a la
+cabeza: relacionando todas mis observaciones sobre los amores de
+Clotilde me convencí hasta la evidencia de que Inocencio al enamorarla
+no se había propuesto otra cosa que adquirir una interpretación
+excepcional para el papel de la protagonista de su drama y asegurar el
+éxito lisonjero de esta suerte. No quise comunicar mis sospechas a
+nadie; callé y esperé; pero declaro que el chico me fue desde entonces
+muy antipático.
+
+El ruido que los amigos de Inocencio habían hecho con motivo del drama,
+el haberlo elegido Clotilde para su beneficio y la voz esparcida de que
+la célebre actriz iba a obtener en él un triunfo señaladísimo hizo que
+los revendedores expendiesen todas las localidades a precios fabulosos:
+conozco un marqués que dio once duros por dos butacas. Este cuarto donde
+nos hallamos se llenó, como todos los años, de flores y baratijas; no se
+podía andar en medio de tanta chuchería de porcelana, libros
+preciosamente encuadernados, estuches de ébano, marcos de retrato y un
+sin fin de objetos de bazar.
+
+La sala estaba brillante: las damas más encopetadas, los hombres
+ilustres de la política, la literatura y la banca; en fin, la _high
+life_, como ahora se dice. Pero más brillante y más radiante estaba aún
+Inocencio; radiante de gloria y felicidad, recibiendo con agrado a
+cuantas personas venían a ver los regalos, dictando órdenes a los
+traspuntes y tramoyistas para el conveniente decorado de la escena y
+multiplicando las sonrisas y los apretones de mano hasta lo infinito.
+Clotilde, igualmente, aparecía más bella que nunca, revelando en su
+rostro expresivo la dulce emoción que la embargaba y el ansia de ganar
+laureles para su dueño.
+
+Abriose el telón, y todos se fueron a ocupar sus asientos. En las cajas
+sólo nos quedamos el autor y cuatro o seis amigos. Las primeras escenas
+fueron como siempre recibidas con indiferencia; las segundas con algún
+agrado; la versificación era fluida y elegante, y el público, como
+ustedes saben, se paga de las frasecillas de bombonera. Llegó el
+momento de entrar Clotilde en las tablas y hubo en el público un
+murmullo de curiosidad y expectación. Dijo su parte discretamente, pero
+sin gran calor, se adivinaba que estaba poseída de miedo. Bajó el telón
+en silencio.
+
+Al instante poblose el saloncillo y los pasillos de amigos de Inocencio,
+que venían presurosos a decirle que la exposición de su drama era
+lindísima.--¿Pero qué tiene Clotilde?... Apenas se mueve en la escena...
+¡ella tan viva y tan suelta!--Nuestra amiga confesaba, en efecto, que
+había sentido mucho miedo y que esto la embarazaba extremadamente. El
+autor, sobresaltado por el éxito de su obra, trataba de persuadirla a
+que abandonara todo temor, que se mostrase como ella era y que no
+pensase para nada en él, mientras dijese los parlamentos.--No puedo
+remediarlo, contestaba Clotilde, estoy hablando y pienso al mismo tiempo
+en que eres tú el autor y me imagino que no va a gustar el drama y me
+asusto.--Inocencio se desesperaba; dirigíale ruegos, advertencias,
+argumentos, la acariciaba, sin tener en cuenta que le veían: trataba de
+infundirle valor, excitando su amor propio de artista; en fin, hacía
+todo lo imaginable para salvar su obra.
+
+Dio comienzo el acto segundo. Clotilde tenía algunas escenas patéticas:
+al comenzarlas se produjo un poco de ruido en el público y esto bastó
+para que se desconcertase y lo hiciese rematadamente mal, como nunca lo
+había hecho en su vida. Oyéronse no pocas toses y fuertes murmullos de
+impaciencia. Al finalizar el acto, algunos amigos indiscretos quisieron
+aplaudir, pero el público se les vino encima con un inmenso y aterrador
+chicheo. El autor, que estaba a mi lado, pálido como un muerto, se
+desahogó con algunas palabrotas groseras y se fue al cuarto de Pepe en
+vez de el de Clotilde, donde sus amiguitos le consolaron, echando la
+culpa del fracaso a aquélla y encendiendo más y más la ira que rebosaba
+de su corazón. Mientras tanto, nuestra pobre amiga se encontraba muy
+afectada y abatida, preguntando a cada instante por su Inocencio. Yo,
+para no afligirla más, le dije que el autor lo había tomado con
+resignación y se había salido del teatro a respirar un poco el fresco.
+La infeliz se revolvía contra sí misma echándose toda la culpa.
+
+Se alzó el telón para el acto tercero: todos acudimos a las cajas con
+afán. Clotilde se mostró al principio, por un esfuerzo poderoso de la
+voluntad, más serena que antes; pero ya la gente se encontraba dispuesta
+a la broma y no valió ningún recurso para ponerla seria. El público,
+cuando presiente el _jaleo_, es lo mismo que una fiera cuando huele la
+sangre: no hay quien lo ataje, y es necesario darle carne a toda costa.
+Y la verdad es, que en aquella ocasión se cebó de lo lindo; toses,
+risas, estornudos, patadas, silbidos; de todo hubo. A nuestra pobre
+amiga se le saltaron las lágrimas y estuvo a punto de desmayarse. Cuando
+bajó el telón buscó con la vista a su amante, pero había desaparecido.
+En el cuarto, a donde yo la seguí, gimió, pateó, se desesperó, se llamó
+estúpida, dijo que se iba a marchar a una aldea a cuidar gallinas, etc.,
+etc. Me costó mucho trabajo sosegarla, pero al fin lo conseguí, si bien
+quedó en un gran abatimiento. En la tristeza que sus ojos revelaban,
+advertí que le atormentaba horriblemente la desaparición de Inocencio.
+
+La puerta del cuarto se abrió repentinamente; el poeta silbado se
+presentó; estaba pálido, pero tranquilo al parecer: a primera vista
+comprendí, no obstante, que aquella tranquilidad era ficticia y que la
+sonrisa que contraía sus labios tenía mucha semejanza con la de los
+ajusticiados que quieren morir serenos.
+
+Un relámpago de alegría iluminó el semblante de Clotilde: alzose
+velozmente y le echó los brazos al cuello, diciéndole con voz conmovida:
+
+--¡Te he perdido, mi pobre Inocencio, te he perdido!... ¡Qué generoso
+eres!... Pero mira... yo te juro, por la memoria de mi padre, que te he
+de desquitar de la humillación que acabas de sufrir...
+
+--No hace falta que me desquites, querida--repuso el poeta con tono
+sosegado, donde se advertía la ira desdeñosa,--mi familia no ha
+conquistado un nombre ilustre por la intercesión de ningún cómico;
+renuncio desde ahora, de buen grado, al teatro y a todo lo que con él
+se relaciona... Con que... hasta la vista.
+
+Y separando nuevamente los brazos que le aprisionaban y sonriendo
+sarcásticamente, retrocedió algunos pasos y se fue. Clotilde le miró
+estupefacta: después cayó desmayada en el diván.
+
+Al verla en tal estado se me encendió la sangre y salí detrás del chico:
+alcancele cerca de la escalera, y agarrándole por la muñeca le dije:
+
+--Oiga V... Lo primero que un hombre debe ser, antes que poeta, es
+caballero... y V. no lo es... El drama se ha silbado porque le falta lo
+mismo que a V... el corazón... Aquí tiene V. mi tarjeta.
+
+--¿Y le mandó los padrinos, D. Jerónimo?--preguntó el estudiante del
+doctorado.
+
+--¡Silencio, silencio!--exclamó un tertulio--aquí llega Clotilde.
+
+La simpática actriz apareció efectivamente en la puerta, y sus grandes y
+tristes ojos negros que resaltaban bellamente debajo de la blanca peluca
+a lo Luis XV, sonrieron con dulzura a sus fieles amigos.
+
+
+
+
+EL PROFESOR LEÓN
+
+
+La otra noche en el café donde tengo costumbre de asistir, versó la
+conversación sobre los maestros y catedráticos que habíamos tenido los
+que en torno de la mesa nos juntábamos. Cada cual dio cuenta de los
+talentos, las manías y los rasgos más o menos donosos de los suyos,
+sazonando la descripción con anécdotas graciosas o desabridas, según el
+numen del narrador.
+
+Mi amigo Duarte, notario, persona distinguida, de carácter observador y
+muy cursado en letras clásicas, se llevó la palma. Nos hizo la pintura
+de un antiguo profesor suyo, tan original y chistoso, que merece la
+pena de darlo a conocer al público. Con permiso de mi ilustrado amigo,
+voy a hacerlo, adoptando en cuanto sea posible las mismas palabras con
+que él nos lo describió.
+
+ * * * * *
+
+Llamábase León, o se apellidaba, que esto muy pocos lo sabían de
+cierto--nos decía Duarte. Unos le llamaban D. León y otros Sr. León, y a
+todos contestaba; era militar retirado aunque no muy viejo, no pasando
+de los cincuenta a mucho estirar: su graduación en el ejército era
+materia de arduas y prolongadas discusiones en el colegio: mientras unos
+le hacían capitán o comandante, otros no le dejaban pasar de sargento, y
+estaban en lo firme. Gastaba grandes bigotes retorcidos y perilla de
+cazo; la estatura elevada, el porte marcial, cabellos grises cortados a
+punta de tijera, levita negra, prolongada, más limpia y reluciente que
+un espejo, bastón de hierro que hacía estremecer el suelo, advirtiendo
+de su presencia desde muy lejos, pantalones cortos y botas de campana
+escrupulosamente charoladas. Era bueno y afable con los discípulos, y
+hombre de mucha voluntad en el cumplimiento de su deber: suscitábanse
+dudas entre nosotros acerca de sus conocimientos filológicos y
+literarios, que le hubiesen quizá acarreado nuestro desdén si una
+especie muy grave que unos a otros nos decíamos en secreto al oído no le
+sirviese de respetuosa salvaguardia. Afirmábase como cosa segura que D.
+León o el Sr. León era un revolucionario. Contábase que había sido en su
+juventud amigo y edecán de Riego, que había servido después bajo las
+órdenes de Espartero, y algunos añadían que había estado en capilla para
+ser fusilado como conspirador. Nadie puede figurarse lo que tales
+insinuaciones influían en el respeto que generalmente se le tributaba:
+la aureola de revolucionario, conspirador, y singularmente la de
+sentenciado a muerte, le guardaban de las burlas, tretas y malas pasadas
+que de otra suerte no le hubieran sus discípulos escatimado.
+
+El sueldo con que en el colegio remuneraban sus buenos oficios, no
+pasaba de veinte duros mensuales; y como no se le conocía otro, pues no
+había podido recabar retiro, según se decía, a causa de sus peligrosas
+opiniones, teníase por seguro que con las cien pesetas se mantenía a sí
+y a su familia; el cómo no he de decirlo ahora, aunque bien lo sé; lo
+reservo para otra ocasión. Tienen el ahorro y la frugalidad héroes tan
+grandes y admirables como los de la guerra de Troya y tan dignos de ser
+pintados; mas como les faltan Homeros y Virgilios, viven y mueren
+oscuros y quedan sepultadas eternamente sus hazañas. Entre dar la muerte
+a Héctor (teniendo fuerzas para ello) y vivir en Madrid con
+cuatrocientos reales al mes, manteniendo mujer e hijos, vistiendo
+decentemente y no debiendo un cuarto a nadie, lo segundo es
+infinitamente más maravilloso. Digo, pues, que a D. León no se le
+conocieron en la vida más que un par de botas, unos pantalones de color
+de ceniza muy sufridos, una levita y un enorme sombrero de copa, todo
+ello tan limpio, tan planchado y reluciente que siempre pareció que
+acababa de salir de la tienda. Cierto día en que se celebraba el santo
+del director, un criado, azorado en demasía, dejó caer sobre nuestro
+profesor una bandeja de vasos llenos de vino tinto. Todo el mundo se
+preguntó: ¿En qué traje veremos a D. León mañana? Mas al día siguiente,
+con grande admiración y sorpresa del colegio, apareció con la misma
+levita, más fresca y más galana que nunca lo había sido. Por esta y
+otras razones se la llamó _la levita del desierto_; porque segundaba el
+milagro de los israelitas viajando por los desiertos de la Arabia
+durante cuarenta años, sin menoscabo de sus vestidos.
+
+Aunque pudiera ponerse en tela de juicio la solidez y extensión de sus
+conocimientos literarios, bien puedo asegurar sin rebozo que nadie
+aventajaba a D. León en amor y decidida inclinación a las letras, y en
+particular a las clásicas: las modernas y románticas teníalas en poco.
+Rayaba en locura el entusiasmo con que hablaba de los grandes poetas de
+la antigüedad, y la fruición con que los leía en los _Trozos escogidos_.
+Decía del griego que era la lengua más rica, flexible y armoniosa que
+hubiera existido, y que las modernas, tales como el francés, el
+italiano, el alemán, no eran sino dialectos rudos y primitivos
+comparados con ella, lo cual era tanto más meritorio cuanto que D. León
+sólo conocía del griego las declinaciones y tal cual palabra
+desperdigada, como _Zeos_ (Júpiter), _oicos_ (cosa), _logos_ (tratado),
+_eros_ (amor), y así hasta unas tres o cuatro docenas; en cuanto a los
+idiomas modernos tenía a mucha honra el no saber más que el patrio.
+Sentía un desprecio sin límites hacia su compañero el profesor de
+francés que una hora antes que él ponía clase en la misma aula y que era
+de origen marsellés, marido, a la sazón, de una corsetera de la calle de
+la Luna, antiguo barítono de opereta bufa, que había dejado el canto por
+debilidad del pecho. Cuando se tropezaban en la puerta, D. León le
+miraba desde lo alto de su clasicismo y le decía sonriendo: _bon jour
+monsieur_, con acento que rebosaba de ironía. «Estos _franchutes_, decía
+al tiempo de sentarse, son todos afeminados; no sirven más que para
+tenores y bailarines.» Amaba la virilidad y la energía en sus discípulos
+y gustaba de que tuviesen rasgos de independencia, aunque fuese a
+expensas de la disciplina: cuando un muchacho sufría impasible los
+golpes y se negaba por terquedad a ejecutar cualquier cosa, esto era lo
+que le encantaba a don León. «¡Bien, hombre, bien! exclamaba, así me
+gusta; los hombres no deben llorar aunque se vean con las tripas en la
+mano; has faltado a la obediencia pero has sufrido el castigo con
+entereza; a tí no te hubieran arrojado en Esparta de la roca como a
+otras mujerzuelas que hay en la clase!» Y echaba miradas de soberano
+desdén a ciertos individuos. Si quisiera vérsele encendido, colérico,
+fuera de sí, no había más que traer alguna esencia en el pañuelo o la
+cabeza perfumada con algún aceite; así que llegaba a su nariz el
+malhadado perfume, ya se le subía la sangre a la cabeza, marchaba
+derecho hacia el culpable, y después de alborotarle los cabellos, le
+molía los cascos a coscorrones. «¡Corrompido! (_un coscorrón_).
+¡Desgraciado! (_otro coscorrón_)... ¡Con que en vez de estudiar su
+lección se entrega V. a la molicie! (_¡zas!_)... No sabe V. que yo
+quiero en mi clase hombres y no cortesanas, eh? (_coscorrón_). Los
+romanos de la república, los que vencieron a los germanos y a los galos,
+y a los escytas, y a los parthos, y destruyeron a Cartago, no se daban
+con ungüentos (_¡zas!_...) pero los vasallos envilecidos de Calígula y
+Nerón gastaban las riquezas que sus mayores les habían adquirido en
+tarros de pomadas, en aceites olorosos, y se dejaban vencer por los
+extranjeros y azotar por los tiranos (_¡zas!_). Hijos míos
+(_dirigiéndose a nosotros_), huyan ustedes de los afeites, no se dejen
+aprisionar por la molicie, por los placeres muelles que afeminan y
+debilitan. Un pueblo vigoroso es un pueblo libre... Vamos a ver, siga V.
+hijo mío... _habeo_, transitivo...»
+
+No gustaba de que le diesen la traducción literal de los pasajes
+culminantes; antes se complacía en que sus discípulos hallasen modo de
+trasladarlos a nuestro idioma sin hacerles perder de su vigor y
+galanura. Por ejemplo, traduciendo en Tito Libio, el episodio del
+combate habido entre Horacios y Curiacios al llegar al punto en que el
+autor dice que el último Horacio _tiró al suelo a su adversario_, D.
+León no quiso pasar por la interpretación ajustada al texto que un
+alumno le daba. «No, no, eso de tirar al suelo es muy poco; busque V.
+otra frase más enérgica.--Le volcó en tierra.--Tampoco, eso es muy
+flojo... algo más duro.--Le tiró rodando por el suelo.--¡Más fuerte, más
+fuerte aún!» El muchacho no hallaba nada más fuerte que echarle a uno a
+rodar; no obstante se aventuró a decir: «Le estrelló contra el suelo.
+¡Más fuerte todavía!... Sí, hombre, sí, más fuerte... ¡Le
+hi-zo-mor-der-el-pol-vo!» Y recalcó de tal manera las sílabas que, en
+efecto, no podía darse nada más feroz e imponente que esta frase en sus
+labios.
+
+Traduciendo la famosa catilinaria de Cicerón que comienza con aquel
+exabrupto:
+
+_Quousque tandem abutere, Catilina, patientiâ nostrâ_, nadie consiguió
+darle gusto: todos los hallaba tímidos, encogidos, cobardes, al
+pronunciar los vehementes ataques del Senador romano: «Hijos, para
+comprender bien lo que sería este modelo de exabruptos en boca del
+príncipe de los oradores, es preciso figurarse la indignación y la
+cólera que se apoderaría de él al ver entrar por las puertas del Senado
+a su más encarnizado enemigo, al procaz y libertino Catilina; es preciso
+verle dar un salto en la silla, levantarse descompuesto, el rostro
+pálido, los cabellos en desorden, la mirada fulgurante. Si ustedes no se
+colocan con la fantasía (que, como ustedes saben, es la facultad de
+reproducir mentalmente las imágenes de los objetos sensibles) no
+conseguirán nada... Vamos a ver, venga usted acá--dijo tomando a un
+muchacho entre sus hercúleos brazos y poniéndole de pie sobre la
+mesa.--Ahora eche fuego por los ojos y espuma por la boca, grite usted,
+enciéndase usted, mueva usted los brazos en todos sentidos y
+estremézcase usted de cólera y rabia... ¡Vamos, hombre, vamos...!
+_¡Quosque tandem!_»
+
+El pobre chico no pudo encolerizarse por más que hacía, lo cual le valió
+algunos razonables coscorrones. Fue necesario que el mismo don León
+tomase la palabra y dijese a grandes voces el trozo, acompañándose de
+furiosos ademanes. Nosotros sentimos el terror de lo patético, cosa que
+lisonjeó mucho al profesor, y muy singularmente nos conmovimos al
+observar que la mesa se resquebrajaba con un tremendo puñetazo.
+
+Su castidad igualaba, si no excedía, a su energía. Le ofendían, sobre
+todo encarecimiento, las palabras y las canciones deshonestas. Cuando en
+los poetas latinos llegaba a un pasaje algún tanto subido de color, o lo
+pasaba por alto o lo velaba por medio de una interpretación de todo en
+todo infiel. Siempre recordaré que al traducir la elegía de Ovidio que
+empieza: _Cum subit illius tristisima noctis imago_, llegando a un punto
+en que el poeta cuenta en qué forma se despidió de su esposa, y dice que
+tocando ya en la puerta los pies, se negaban a marchar; y
+
+ _Sæpe vale dicto, rursus sum multa locutus,_
+ _Et quasi discedens oscula summa dedi,_
+
+traduje el pasaje a la letra, diciendo: «Dicho muchas veces el último
+adiós, todavía me volví a hablarle, y casi separándome la cubrí de
+besos.»
+
+Don León, ruborizado, extendió los brazos exclamando: «¡No, hijo mío,
+no! Y al tiempo de separarme la di el ósculo de paz.» También recuerdo
+que en cierta ocasión, habiendo sorprendido en un discípulo un ademán
+obsceno, cayó sobre él exclamando: «¡Infame, todavía no estamos en
+Sodoma y en Gomorra!» Y por poco le despedaza.
+
+Finalmente, en estas y otras cualidades guardaba el buen profesor muchos
+puntos de semejanza con el elefante. Yo, aunque nada tuviese de común
+con este animal por mi figura menudísima, conseguí caerle en gracia,
+merced a una cierta entereza de que estaba dotado y a mi mucha
+aplicación. Estimó en mí cualidades que no tenía, y creyó sinceramente
+que estaba llamado a ocupar un alto puesto en las letras. Por aquella
+época, habiendo encargado una composición en décimas a toda la clase, la
+mía logró despuntar sobre las demás. Tributome por ella desmedidos
+elogios, y con tal motivo engendrose en mí la afición de escribir
+versos, que tarde o nunca me dejó. Don León se encargaba de corregirlos
+y señalar las figuras que iba _cometiendo_ sin saberlo. «Mire usted,
+hijo mío, al llamar al rocío líquidas perlas comete usted una metáfora,
+muy linda por cierto. Eso que usted dice de la aurora que con sus dedos
+rosados abre las puertas del firmamento, es ya una alegoría, o lo que
+es igual, una metáfora continuada... ¿A que no sabe usted qué figura
+comete cuando dice al terminar la composición?
+
+ ¡Triste suerte, cruel, parca inhumana
+ sumió a mi alma en duelo y amargura!»
+
+Efectivamente, no lo sabía. Don León me miraba con aspecto
+triunfal.--¿No lo acierta usted...? Pues comete usted un _epifonema_, un
+verdadero _epifonema_ (exclamación profunda que se hace después de
+narrada, descrita o probada una cosa). Cuando entramos en mayor
+confianza, el profesor me manifestó secretamente que él también había
+escrito versos en su juventud, y que aún los escribía cuando le soplaba
+la musa, si bien nunca había osado publicarlos con su firma. No tardó,
+como es consiguiente, en leérmelos, encerrándose para ello previamente
+en un cuarto retirado, donde a su sabor descargó la conciencia del grave
+cargo de ciento y tantas composiciones en todos los metros imaginables,
+aunque sus predilectos eran los sáficos y adónicos. Los dísticos,
+compuestos de exámetros y pentámetros, también le gustaban sobremodo.
+Pero de la que estaba más orgulloso y la que le había valido, al decir
+de él, infinitas enhorabuenas, era un cierto poema dedicado al desafío
+de dos íntimos amigos suyos, fatal para el uno de ellos, pues el
+contrario le había atravesado el vientre de un balazo. Creyendo
+necesario ponerme en antecedentes, me dijo que estos tales amigos se
+hallaban una tarde en el café de Levante platicando apaciblemente con él
+y otros varios, y que habiendo girado la conversación sobre varios
+temas, vino a parar, como tal vez solía acontecer, a los toros, y que
+haciendo uno el panegírico acabado de la plaza de Valencia, notable por
+su amplitud y solidez, otro manifestó inmediatamente que la tal plaza
+era un patio de vecindad comparada con la de Córdoba, a lo cual replicó
+el primero que mirase bien lo que decía, porque la plaza de Valencia
+tenía fama en todo el orbe. Empeñose una discusión viva y acalorada;
+tanto más acalorada, cuanto que el que sostenía las ventajas de la plaza
+de Córdoba no conocía la de Valencia, y viceversa; el defensor de la de
+Valencia nunca había visto la de Córdoba, y bien sabido es que cuando
+faltan razones, sobran siempre gritos. En resumen: la disputa subió
+tanto, que llegó en forma de bofetadas a las mejillas de los
+contendientes. Pusiéronse los amigos de por medio, alborotose el café,
+rompiéronse algunos vasos: al día siguiente de madrugada efectuábase el
+duelo más allá de la Fuente Castellana, y el campeón de la de Córdoba
+caía al suelo revolcándose en su propia sangre. Este lance desgraciado
+causó una penosa impresión en don León por tratarse de dos amigos
+igualmente queridos, y bajo el sentimiento que le produjo escribió la
+composición que he mencionado, donde menudeaban los signos de
+admiración, los puntos suspensivos, las amargas reflexiones y los gritos
+de dolor, todo ello sostenido en un tono severo y digno, como el de las
+elegías clásicas. Siempre tengo en la memoria el acento dolorido con que
+don León me recitaba aquellos versos salidos del alma:
+
+ ¡Qué falta de cordura!
+ ¡Qué sobra de imprudencia!
+ ¡Adoptar desventura!
+ ¡Desechar avenencia!
+
+No hay para qué decir que yo celebraba mucho los versos de don León:
+juzgábalos sinceramente bellos; mas, aunque así no fuese, el respeto me
+obligaría a ponerlos sobre la cabeza. En cambio, don León acogía con
+indulgencia y agrado los primeros vagidos de mi musa: escuchábalos
+atentamente y los proponía, como dignos de imitarse, a los discípulos.
+No pocas veces, leyéndole alguna composición, se sintió interesado
+vivamente hasta el punto de acercar más la silla, inclinar el cuerpo y
+exclamar con vehemencia: «¡Prosiga, querido, que me deleita!»
+
+Pronto se estrecharon nuestras relaciones de tal suerte que vinimos a
+ser más bien amigos y camaradas que profesor y discípulo. Don León
+depositó en mi seno, que contaba a la sazón catorce o quince años, una
+muchedumbre de secretos que le atormentaban, casi todos pecuniarios, lo
+mismo que había depositado todos sus versos; me nombró pasante de la
+clase y me otorgó otra porción de testimonios de aprecio. Al cabo estas
+relaciones, conservándose no obstante la buena amistad, se rompieron
+bruscamente. He aquí de qué modo:
+
+Era el año mil ochocientos cincuenta y cuatro. Don León no pareció un
+día por el colegio, lo cual causó cierta sorpresa al director, pues en
+los años que llevaba de enseñanza no había estado indispuesto una sola
+vez. Al día siguiente tampoco vino, y pensando pudiera hallarse enfermo
+le pasó un recado; pero don León no estaba en su casa, lo que le
+sorprendió todavía más. Al otro amaneció Madrid obstruido de barricadas,
+las casas atrancadas; patrullas de soldados y ciudadanos armados por las
+calles y ruido incesante de fusilería; muchos gritos subversivos, como
+dicen los bandos de las autoridades, y mucho jaleo, como dicen los que
+se paran a leerlos. Había estallado _la gorda_. ¡Quién pensaba en
+matemáticas, retórica y psicología en el colegio! Los muchachos
+celebramos el cataclismo como un acontecimiento fausto, corríamos por
+los pasillos brincando de alegría, nos comunicábamos en voz baja
+noticias a cual más estupendas, y mirábamos por los balcones lo que
+pasaba en la calle, cuando la vigilancia de los superiores lo consentía.
+Un criado vino diciendo, ya bien entrada la mañana, que D. León se
+estaba batiendo en las barricadas y que mandaba una fuerza considerable,
+cuya nueva cayó como una bomba en el colegio, produciendo gran
+perturbación y sobresalto, ya que no sorpresa, entre los alumnos. El
+profesor León adquirió entre nosotros en aquel mismo punto un
+maravilloso prestigio, se levantó ante nuestros ojos con talla colosal y
+no poco se arrepintieron algunos de haberle denigrado apodándole _el
+Camello_ y haciendo chacota de su levita. Todo se volvió ensalzar su
+valor y sus fuerzas y entregarse a mil gratos comentarios acerca de su
+próxima victoria: uno que se jactaba de tener buen olfato decía que
+algo había presumido al no verle los días anteriores en el colegio, otro
+aseguraba que si vencía la revolución el capellán D. Jerónimo lo iba a
+pasar muy mal porque había declarado la guerra sin motivo a D. León.
+Mareábamos al criado que trajo la noticia con un sin fin de preguntas:
+queríamos que nos informase de todos los pormenores, y el pobre sólo
+sabía por referencia que el profesor se hallaba hacia la calle de Toledo
+mandando una barricada. El director se había encerrado en su cuarto; el
+capellán había desaparecido; algunos aseguraban que estaba metido entre
+colchones con un _canguelo_ que no le llegaba la camisa al cuerpo.
+Reinaba dulce indisciplina en el colegio.
+
+En esto, a mí y a otros dos compañeros nos vino la idea de fugarnos y
+marchar a ponernos a las órdenes de D. León. Dicho y hecho; espiamos las
+vueltas del inspector, bajamos quedito las escaleras, abrimos la puerta
+con cuidado, y ¡pies para qué os quiero! nos dimos a correr hacia la
+Puerta del Sol sin volver la cara atrás. Las calles presentaban un
+aspecto siniestro, casi todas solitarias, los balcones de las casas
+herméticamente cerrados, en las esquinas algunos centinelas con el fusil
+terciado; los pocos transeúntes que veíamos cruzaban velozmente, con
+ánimo, sin duda, de guarecerse en su casa lo más pronto posible, y sólo
+se detenían trémulos ante el «¿quién vive?» del soldado. La Puerta del
+Sol estaba ocupada militarmente; muchos soldados, muchos cañones y al
+mismo tiempo mucho silencio: la _gresca_ andaba por los barrios bajos.
+Tuvimos que dar un gran rodeo para llegar a ellos, cosa que no
+hubiéramos conseguido si en vez de niños fuésemos hombres; mas nuestra
+corta edad nos salvaba de toda detención y reconocimiento, pensando los
+soldados que andábamos buenamente en busca de la casa. Llegados a la
+plaza de Antón Martín pisamos terreno revolucionario: veíase una
+muchedumbre de paisanos trabajando con afán en levantar una formidable
+barricada; patrullas y grupos de hombres armados entraban y salían en la
+plaza por sus bocacalles; las casas estaban fortificadas. Uno de
+nosotros se acercó a preguntar a un obrero de luenga barba, que iba
+armado con carabina de caza, por D. León. «D. León... D. León... ¿qué se
+yo quién diablos es D. León?»--dijo sin detenerse;--y volviéndose a los
+pocos pasos, exclamó en tono áspero: «¡Eh, chiquillos, metéos pronto en
+casa, no vaya a suceder una desgracia!» Los tres alumnos del colegio del
+Salvador seguimos por la calle de la Magdalena hasta la plaza del
+Progreso. Allí volvimos a preguntar por D. León: tampoco nos dieron
+noticia, pero un chulo compasivo nos dijo: «Venid conmigo, si queréis;
+¿no decís que debe de estar en las barricadas de la calle de Toledo?
+Pues apretad el paso, que yo voy hacia allá.» Al llegar a esta calle
+tratamos igualmente de informarnos, y también fue en vano; mas en la
+plaza de la Cebada, al preguntar a un grupo de hombres, todos armados de
+carabinas, que había delante de una taberna, nos replicó uno de ellos:
+«¿Ese D. León que manda una barricada, es alto, de bigotes
+blancos?»--Sí, señor.--«¡Toma--dijo volviéndose a sus compañeros--pues
+si es el general León!» Quedamos maravillados y pedimos con afán ser
+presentados a él. El mismo interlocutor nos condujo a otra taberna que
+allí cerca estaba, y entrando por ella hallamos en la trastienda,
+rodeado de una docena de chulos y gañanes, a nuestro profesor, con un
+_kepis_ de miliciano en la cabeza, faja encarnada de general, sable y
+botas de montar; pero con la misma levita.
+
+Recibiónos con gran alborozo, nos hizo servir dulces, y como cosa
+extraordinaria y propia de las batallas, un poco de vino; mas de ningún
+modo consintió en darnos las armas que le pedíamos. Nos contó cómo había
+rechazado en la Cava Baja con veintisiete hombres a dos compañías de
+cazadores, y de qué forma estaba dispuesto a «rendir el último suspiro
+en holocausto de la libertad». Los chulos que tenía a sus órdenes le
+llamaban «mi general», cosa que nos tenía encantados, por más que no nos
+pareciese muy en su lugar que los simples soldados bebiesen en la misma
+copa que el general y discutiesen con él los planes de campaña.
+
+Al parecer, tratábase de secundar el movimiento de las tropas
+revolucionarias que iban a atacar el palacio de la Reja. El general
+reunió en la taberna hasta treinta hombres mejor o peor armados, y
+echándoles una arenga, donde puso a los «césares y dictadores» por los
+pies de los caballos, se dispuso a salir con su «valerosa legión» a
+clavar «el puñal de Bruto en el corazón del tirano». Los chulos no
+entendieron bien, pero bebieron una copa y se echaron de nuevo a la
+calle. El general dio orden al tabernero de que nos hiciese conducir con
+las debidas precauciones al colegio tan pronto como cesase el fuego.
+
+Al día siguiente supe que la revolución había triunfado. En el colegio
+se murmuró como cosa cierta que D. León iba a ser nombrado Capitán
+general de Madrid; pero aunque mucho leímos y releímos los periódicos en
+los días siguientes, nunca pudimos tropezar con el nombre del general.
+Llegó un instante en que creímos que había perecido en el combate, si
+bien no comprendíamos cómo no se hablaba más de esta desgracia. Al cabo
+de algún tiempo supimos por fin que el nuevo gobierno había reconocido
+a D. León el grado de alférez y que pasaba a servir al cuerpo de
+Carabineros. Crean ustedes que padecí un terrible desengaño, y hasta
+escribí a mi profesor suplicándole que no aceptase; pero mis ruegos
+fueron desoídos. D. León ganaba once duros más al mes... y tenía cinco
+hijos.
+
+
+
+
+EL SUEÑO DE UN REO DE MUERTE
+
+
+Una mañana, al salir de casa, hirió mis oídos el repique agudo y
+estridente de una campanilla. Llevé la mano al sombrero y busqué con la
+vista al sacerdote portador de la sagrada forma; pero no le vi. En su
+lugar tropezaron mis ojos con un anciano, vestido de negro, que llevaba
+colgada al cuello una medalla de plata; a su lado marchaba un hombre con
+una campanilla en la mano y un cajoncito verde en el cual la mayoría de
+los transeúntes iban depositando algunas monedas. De vez en cuando se
+abría con estrépito un balcón, y se veía una mano blanca que arrojaba a
+la calle algo envuelto en un papel; el hombre de la campanilla se
+bajaba a cogerlo, arrancaba el papel, y eran también monedas que
+inmediatamente introducía en el cajoncito verde: cuando levantaba la
+vista al balcón, estaba ya cerrado. Lo adiviné todo.
+
+Un ligero temblor corrió por todo mi cuerpo, y a toda prisa procuré
+alejarme de aquella escena. Corrí por la ciudad, haciendo inútiles
+esfuerzos para no escuchar el tañido de la fatal campanilla, y en todas
+partes tropezaba con la misma escena. Notaba que los transeúntes se
+miraban unos a otros con expresión de susto, y se hacían preguntas en
+tono bajo y misterioso. Algunos chicos, pregoneros de periódicos,
+chillaban ya desaforadamente: «La Salve que cantan los presos al reo que
+está en capilla».
+
+Desde que tengo uso de razón he sabido que existe la pena de muerte en
+nuestro país; y no obstante, siempre la he mirado del mismo modo que los
+autos de fe y el tormento; como una cosa que pertenece a la historia.
+Esto se explica, atendiendo a que he residido siempre en una provincia
+donde por fortuna hace ya bastantes años que no se ha aplicado. Conocía
+algunos detalles de la ejecución de los reos sólo por referencia de los
+viejos, a los cuales no dejaba de mirar, cuando me lo contaban, con
+cierta admiración, mezclada de terror.
+
+Recuerdo que en la madrugada de un día de otoño frío y lluvioso, salí de
+mi pueblo para Madrid. Despedime de mi madre, y turbado y conmovido como
+nunca lo había estado, bajé a escape la escalera en compañía de mi
+padre. Ambos marchábamos embozados hasta las cejas, no sé si por miedo
+al frío o por no vernos las caras. Nuestros pasos resonaban
+profundamente en las calles solitarias; la luz triste y escasa del día
+que comenzaba daba cierto aspecto de antorchas funerarias a los faroles
+que aun se hallaban encendidos, y las casas, dejando caer de sus tejados
+algunas gotas de lluvia, parecían llorar mi marcha. Al atravesar un
+campo situado a la salida de la población, me dijo mi padre: «Este es el
+sitio donde se ajusticiaba a los reos de muerte.» Sentí un temblor igual
+al que corrió por mi cuerpo cuando vi al hombre del cajón verde. ¡Dios
+mío, qué lejos estaba en aquel momento mi corazón de estas escenas de
+horror!
+
+Pasé todo el día inquieto y nervioso escuchando el toque de la
+campanilla fúnebre por todas partes. A la verdad, no puedo decidir si la
+campanilla sonaba realmente, o eran mis oídos los que la hacían sonar.
+Compré cuantos papeles se vendían por las calles referentes al reo, y
+los devoré con ansia. No me atreví, sin embargo, a pasar por delante de
+la cárcel para mirar la ventana de la estancia donde se hallaba, aunque
+me dijeron que había mucha gente por aquellos sitios. En cambio pasé
+varias veces por delante de la casa de su esposa. La desgraciada mujer
+había venido de muchas leguas lejos, a solicitar el indulto, y alojaba
+en una casa sucia y miserable de uno de los barrios extremos de Madrid.
+Allá a la noche me sentí fatigado, cual si hubiera pasado el día
+trabajando, cuando no hice otra cosa que errar distraído por las calles,
+y me acosté temprano. Tardé en conciliar el sueño, como sucede siempre
+que uno anda caviloso, y por dos o tres veces, cuando ya creía ganarlo,
+me despertó un gran estremecimiento parecido a la emoción que se
+experimenta al tocar el botón de una máquina eléctrica. Al fin me dormí.
+Así como lo temía, toda la noche soñé con patíbulos y verdugos: mas no
+dejaron de ser bastante curiosos y significativos mis sueños, por lo
+cual, aunque me cueste trabajo, voy a trasladarlos al papel.
+
+Soñé que me achacaban un gran crimen, y que ponían en seguimiento de mis
+pasos a toda la policía de Madrid. Mis tretas para burlar su
+persecución, se redujeron a echarme a correr por la puerta de San
+Vicente hacia fuera, metiéndome en los lavaderos del Manzanares, donde
+me creí perfectamente seguro de las asechanzas de mis enemigos. Con
+efecto, estando allí muy tranquilo mirando correr el agua de jabón y
+viendo a las lavanderas colgar sus ropas en los cordeles, dieron sobre
+mí el presidente del Consejo de Ministros, el de la Juventud Católica,
+el ministro de Fomento y el de Gracia y Justicia, los cuales
+inmediatamente me amarraron y me condujeron a la cárcel. El ministro de
+Fomento propuso que se me llevara cogido por los pies y a la rastra,
+pero el presidente de la Juventud Católica hizo observar que se me iba a
+estropear la ropa, y fue desechada la proposición.
+
+La cárcel era un edificio grande, sólido y austero, con un crecido
+número de balcones y ventanas, cosa que me sorprendió, a pesar de la
+turbación de ánimo en que me hallaba, pues tenía la idea de que en las
+cárceles había poca ventilación. Me encerraron en un calabozo circular,
+sin ventana ninguna: de suerte que me vi sumido en la más completa
+oscuridad. Mas no se pasó mucho tiempo sin que se abriera la puerta de
+par en par, y entrara por ella un carcelero con una bujía encendida
+anunciándome que pronto llegaría el juez y el escribano. Aparecieron al
+fin estos dos varones, y fue extraordinaria mi sorpresa al encontrarme
+enfrente de dos señores que jugaban todas las tardes al billar conmigo
+en el café Suizo. Aparentaron no conocerme, e inmediatamente se pusieron
+a tomarme declaración, ofreciéndome antes algunos merengues con objeto,
+según decían, de que tuviese la voz más clara. El juez, que era de los
+dos el que mejor jugaba las carambolas de retroceso, después de haberme
+obligado a confesar una porción de crímenes a cual más horroroso, hizo
+un gesto muy expresivo a su compañero, llevándose la mano al cuello y
+sacando al mismo tiempo la lengua. Yo tomé el gesto por donde más
+quemaba, y barrunté muy mal del asunto.
+
+A las dos horas poco más o menos, tornaron a abrir la puerta, y entró el
+escribano a leerme la sentencia. No se me condenaba nada más que a morir
+en garrote vil, si bien en atención a que jugaba con mucha seguridad los
+recodos limpios, dejábase a mi arbitrio señalar el día de la ejecución.
+Por un instante tuve el intento de aplazar indefinidamente este día,
+juzgando que era muy joven para morir de modo tan desastroso: mas pronto
+revoqué mi acuerdo por motivos de delicadeza, y pedí se me ejecutara al
+día siguiente. Hay que confesar que tengo un sueño muy digno.
+
+Una vez resuelto que me ejecutarían al día siguiente, la única idea que
+se apoderó de mí fue la de morir con serenidad y entereza; y en efecto,
+demostré, al decir de todos los que me rodeaban, un gran carácter
+durante las horas de la capilla. Comí y dormí tranquilamente, y pasé
+algunos ratos departiendo con los redactores de _La Correspondencia_. De
+vez en cuando procuraba verter alguna frase bonita para que éstos la
+reprodujesen en su diario y las gentes se admirasen de mi valor.
+
+Llegó por fin el instante terrible de emprender la marcha hacia la
+muerte, y yo la emprendí con la mayor sangre fría. En aquel momento lo
+que me embargó fue un gran sentimiento de vergüenza, y recuerdo que
+exclamé apretándome contra el sacerdote que marchaba a mi lado: «¡Ah,
+por Dios, que no me vean, que no me vean!» Hasta el instante de salir de
+la cárcel, no se me ocurrió que iba a hallarme frente a una muchedumbre
+de espectadores, y que algunos millares de ojos se irían a clavar sobre
+mi rostro con expresión de burla y desprecio. Este pensamiento hizo
+flaquear mi valor: me aterraba infinitamente más que la perspectiva del
+cadalso. Sentía dentro de mí fuerzas bastantes para mirar a la muerte
+cara a cara, y al mismo tiempo me contemplaba incapaz por entero de
+soportar la vista de un público curioso y hostil.
+
+Congojado y muerto de vergüenza salí por la puerta de la cárcel entre un
+grupo de curas, soldados y carceleros. No quise levantar la vista del
+suelo, porque temía desfallecer; mas el silencio pavoroso y
+extraordinario que observé en torno mío, incitome a alzar los ojos. ¡Qué
+sorpresa y qué ventura! La calle estaba desierta. Fuera del cortejo que
+me rodeaba, ni una sola figura humana veíase cerca ni lejos. Los
+balcones y ventanas de las casas, así como las puertas de los comercios,
+se hallaban perfectamente cerradas. Los curas, soldados y carceleros,
+después de pasear la vista por el ámbito de la calle, mirábanse unos a
+otros con acentuada expresión de asombro. El único objeto que hería la
+vista en medio de esta soledad era el carruaje miserable y fatídico que
+me esperaba. Antes de entrar miré al cielo. Aparecía cubierto por un
+leve manto de nubes, tan leve, que no conseguía velarlo por entero,
+semejante a una colcha de encaje con fondo azul. El sol, asomando su
+ardiente pupila por los agujeros de esta celosía de nubes, era el único
+curioso que nos observaba.
+
+El carruaje marchaba lentamente. Yo, sin atender a las exhortaciones del
+clérigo que iba a mi lado, asomaba la cabeza por la ventanilla
+explorando con los ojos la calle, las puertas y los balcones de las
+casas. Nada, ni un ser humano parecía. Allá en las afueras de la
+población, distinguí dos niños que corrían sofocados hacia la puerta de
+una casa, desde la cual su madre les llamaba a gritos. Cuando pasamos
+por delante de esta casa, la madre y los hijos habían desaparecido. Un
+poco más allá tropezamos con un hombre que llevaba un saco cargado sobre
+la espalda, el cual, así que nos percibió, dio la vuelta y echó a andar
+apresuradamente por una calle lateral, perdiéndose muy pronto de vista.
+
+Llegamos, por último, a la vista del patíbulo situado en medio de un
+extenso campo. Allí fue mucho mayor mi sorpresa. Ni en torno del
+patíbulo, ni en toda la tierra que alcanzaban los ojos, se veía tampoco
+una figura humana. Subí las escaleras del tablado, deteniéndome a cada
+instante para mirar alrededor, pues no acertaba a comprender lo que era
+aquello. El cielo presentaba un aspecto distinto. Su manto de nubes era
+más espeso; la vaporosa túnica de encaje había sido reemplazada por una
+cortina gris que cerraba herméticamente toda la bóveda celeste; el sol
+ya no tenía celosía por donde mirarnos. La llanura triste y oscura en
+que reposa Madrid, exhalaba un vapor trasparente que concluía por
+aproximar la línea vaga y fina que cierra el horizonte. Los objetos
+ofrecíanse indecisos y temblorosos, como si hubieran perdido sus
+contornos, y la luz se filtraba con trabajo por aquel cielo de algodón
+para sumirse luego en la tierra negra y húmeda. Respirábase en este
+ambiente espeso, que no hería apenas ruido alguno, cierta calma: pero
+una calma que oprimía en vez de refrescar el corazón.
+
+Volví los ojos hacia la ciudad. La luz parecía que resbalaba sobre ella
+sin penetrarla; sus mil torrecillas no tenían fuerza para romper
+enteramente la atmósfera opaca que las envolvía. Mirando más y más,
+observé que lentamente iban elevándose desde su seno hacia el firmamento
+un número infinito de pequeñas columnas de humo, las cuales al
+extenderse en el aire se abrazaban, y juntas subían a engrosar el ya
+tupido velo que ocultaba al sol. Aquellas columnas de humo me hicieron
+pensar en los hogares que debajo de ellas había, y todo lo comprendí en
+un instante. En torno de aquellos hogares humeantes moraban muchos seres
+que no habían tenido la curiosidad perversa de bajar a la calle para
+verme pasar, y que ahora tampoco rodeaban el patíbulo para verme morir.
+Me sentí profundamente conmovido. La gratitud penetró en mi corazón como
+una luz del cielo, como un bálsamo dulcísimo, y perdí por completo los
+pocos deseos que me ligaban a la vida. «Gracias pueblo de Madrid,
+exclamé dirigiéndome a la ciudad: gracias, pueblo generoso y culto, por
+no haber venido a gozar con el espectáculo de mi muerte ignominiosa.
+¡Qué hubieras ganado presenciando la suprema agonía de un infeliz! En
+este angustioso y solemne instante no has querido ennegrecer aún más mi
+situación, con la vergüenza y el oprobio. Tú naciste para algo más que
+para ser ayudante del verdugo. Si hubieses llegado hasta aquí, si
+hubieses contemplado con refinada crueldad mi vergonzosa muerte, yo te
+juro que al tornar a casa no serían tan serenas tus miradas como lo son
+ahora, ni el beso de la hija o de la esposa te sabría tan dulce. Mi
+agonía te hubiera quitado el sosiego, te hubiera envenenado el alma por
+algunas horas. Tú has sabido vencer esa feroz y brutal curiosidad que
+pudiera impulsarte a presenciar mi muerte, porque has adivinado que
+degradándome a mí, te degradabas a tí mismo. Has sido misericordioso y
+humano, y has respetado tu propio corazón. ¡Gracias, noble pueblo,
+gracias, y que el Dios de los cielos te pague tu buena obra!»
+
+Un torrente de lágrimas salió de mis ojos al pronunciar estas palabras:
+un torrente de lágrimas dulces, como son siempre las del agradecimiento.
+Después, más sereno y animoso, senteme en el fatal banquillo, y seguí
+contemplando la ciudad, que empezaba a romper las brumas que la
+envolvían para recibir de nuevo las caricias del sol. Una mano ruda
+sujetó por un instante mi cabeza; un lienzo cubrió mis ojos; sentí mucha
+apretura en la garganta, y... desperté.
+
+El cuello de la camisa me estaba apretando de un modo extraordinario. No
+hice más que soltar el botón y quedé otra vez profundamente dormido.
+
+
+
+
+LA ABEJA
+
+PERIÓDICO CIENTÍFICO Y LITERARIO
+
+
+No muchos días después de haber llegado a Madrid con el fin de seguir la
+carrera de leyes, fui invitado por uno de mis condiscípulos para entrar
+en cierta Academia o Ateneo escolar, donde algunos jóvenes estudiosos se
+adiestraban en el arte de la elocuencia. Acepté con gusto la oferta;
+asistí algunos jueves a la sesión, y vencida la timidez natural del
+provinciano, llegué a intervenir en algún debate, si no con éxito
+lisonjero, por lo menos con la tolerancia benévola de mis consocios.
+
+A los tres o cuatro meses de instituida aquella sabia y nobilísima
+Sociedad, comprendimos la urgencia de tener un _órgano_ en la prensa, y
+resolvimos incontinenti fundarlo. Había de ser semanal y titularse _La
+Abeja_. Al efecto, vaciamos los bolsillos en manos del presidente
+(director nato del periódico) y nos pusimos de todo en todo a sus
+órdenes. La redacción se constituyó en el mismo local del Ateneo, que
+era el cuarto de estudio de uno de nuestros compañeros; una habitación
+aguardillada, donde los sábados se aplanchaba la ropa de la casa, no
+pudiendo por lo mismo reunirnos en este día.
+
+Discutiose ampliamente el reglamento y se nombró administrador y
+redactor en jefe. Yo quedé de simple redactor, pero encargado además de
+entenderme con el impresor y corregir las segundas pruebas.
+
+Al cabo de un mes de idas y venidas y no pocos trabajos, salió a luz _La
+Abeja_, que llevaba entre otros un artículo mío histórico acerca de
+Felipe II. Este artículo en que se defendía la política del monarca
+español y se vindicaba su nombre, consiguió llamar la atención de las
+familias de los redactores y me valió no pocas enhorabuenas.
+
+¡Qué placer tan intenso experimentó aquel grupo de muchachos reunidos en
+el cuarto aguardillado, cuando el mozo de la imprenta depositó en el
+suelo un fardo de _Abejas_! Fui comisionado para ir en busca de
+vendedores. En menos de una hora reuní treinta o cuarenta chicos en el
+portal de la casa; pero se negaron resueltamente a dar un cuarto por el
+nuevo periódico. Después de vacilar mucho, ardiendo en deseos de oírnos
+pregonados por las calles, nos decidimos a darlo de balde, «aunque sólo
+por una vez;» los chicos, tomando los puñados de ejemplares que yo les
+repartía embargado de emoción, se echaron a correr gritando: «El primer
+número de _La Abeja_, periódico científico y literario, a dos cuartos».
+
+Seguíles para ver el efecto que causaba su aparición «en el estadio de
+la prensa» (así se decía en el artículo de entrada). Corría como un
+gamo, aunque disimuladamente, para no perderlos de vista. ¡Cómo me
+saltaba el corazón! Los gritos de los muchachos herían mis oídos con
+dulzura inefable; las calles se mostraban más animadas que de ordinario;
+los semblantes de los transeúntes parecían más alegres; el cielo estaba
+más azul; el sol brillaba con más fuerza. Esperaba que la gente se
+disputase los ejemplares como pan bendito (¡el título era tan
+llamativo!). Pero nada; ni un solo transeúnte detuvo el paso para decir:
+«¡Eh, chis, chis, venga _La Abeja_, muchacho!»
+
+Los chicos corrían, corrían siempre gritando furiosamente, y yo los
+seguía jadeante: la hoguera de mi entusiasmo se iba apagando a medida
+que entraba en calor. Aquel enjambre de _Abejas_ científicas y
+literarias que zumbaba por los sitios céntricos no despertaba simpatía
+en el público; al contrario, todos las huían, cual si temiesen que les
+clavasen el aguijón. En la calle de Carretas, un caballero gordo con
+barba de cazo compró un ejemplar. Me sentí enternecido; de buen grado le
+hubiese dado un abrazo; no se me olvidó jamás la fisonomía de aquel
+hombre. Más tarde me acometió el deseo vanidoso de distinguirme entre
+mis compañeros: llamé a tres o cuatro muchachos que me conocían por
+haber recibido el periódico de mis manos, y les ordené que gritaran: «El
+primer número de _La Abeja_, con la defensa de la política de Felipe II
+en los Países Bajos.» Contra lo que imaginaba, tampoco causó efecto el
+nuevo pregón: solamente advertí que un grupo de jóvenes venía riendo y
+soltando chistes groseros a propósito de los Países Bajos, lo que me
+obligó a revocar la orden.
+
+Lastimado por la frialdad del público, que no sabía a qué atribuir, no
+me acordé de ir a almorzar: tan pronto la achacaba a la poca o ninguna
+afición que hay en España a la literatura, como a la falta de anuncios:
+unas veces pensaba que en la primavera no es conveniente fundar
+periódicos; otras me entregaba a la superstición imaginando que no
+debimos comenzar a imprimir el nuestro en martes. Vi que mucha gente
+compraba una revista de toros y loterías, y esto me sugirió un sin fin
+de amargas consideraciones. Cansado, molido y triste me retiré a casa
+después de vagar cuatro o cinco horas por las calles: al pasar por la
+Puerta del Sol oí pregonar _La Abeja a cuarto_.--«¡Ah, tunante!--grité
+ciego de cólera, sacudiendo a un chiquillo por el cuello--bien se conoce
+que a tí no te ha costado nada!»--Aquella rebaja de precio me parecía
+una vergonzosa degradación.
+
+Aunque la ilustrada redacción de _La Abeja_ experimentó notable
+desengaño, no por eso desmayó. Pudo más en sus dignos individuos el
+noble deseo de la gloria que el afán de lucro. Habíamos gastado algunos
+cuartos, es verdad, pero en cambio habíamos salido a la luz de la
+publicidad y visto nuestros pensamientos en letras de molde y con la
+firma al pie. Para que el segundo número se imprimiese fue necesario
+repartir un nuevo dividendo pasivo a los socios, que se impusieron con
+gusto este sacrificio pecuniario.
+
+No fue más afortunado el segundo número de _La Abeja_ en su aspecto
+económico: los chicos persistían en la idea funesta de no soltar un
+cuarto por aquel periódico; si querían dárselo de balde, bueno; si no,
+queden ustedes con Dios.
+
+El amor a la gloria venció de nuevo al sórdido interés, y lo entregamos
+graciosamente a los desvergonzados pilluelos, que se reían de nuestra
+inexperiencia.
+
+Tales sacrificios estaban compensados por ciertos deleites no
+comprendidos sino de quien los haya experimentado. El primer deleite, el
+de considerarse escritor público, que lleva envuelta la idea de maestro
+y director de la opinión, y por consecuencia el respeto de la gente.
+Cuando entrábamos en los cafés, y colgadas del armario del expendedor de
+periódicos contemplábamos unas cuantas _Abejas_, con su viñeta en madera
+henchida de alusiones simbólicas, un gozo inexplicable nos inundaba,
+inflábase nuestro ser moral y físico, y sonreíamos desdeñosamente al
+vulgo que nos rodeaba; nos parecía imposible que los concurrentes
+hablasen de otra cosa que no fuese _La Abeja_, y no adivinasen que
+tenían la honra de hallarse cerca de sus redactores. Además, ¡con qué
+íntimo regocijo no decíamos a nuestras respectivas patronas al salir de
+casa: «Si alguien pregunta por mí, decirle que estoy en la redacción...
+ya sabe V... en la _redacción_!» Y la boca al proferir esta palabreja
+mágica se nos hacía almíbar, como cuentan que le acaecía a cierto santo
+cuando pronunciaba el nombre de María.
+
+Y efectivamente, en la aguardillada redacción pasábamos la mayor parte,
+casi todas las horas de nuestra existencia. No que estuviésemos
+escribiendo todo el tiempo ni mucho menos; pero había otros quehaceres
+auxiliares del periodismo, que no por ser materiales dejaban de
+participar de su alteza: sea ejemplo el arte delicado de cortar,
+escribir y pegar las fajas, en el que sobresalíamos casi todos, y el no
+menos noble y exquisito de pegar los sellos con la propia saliva, en el
+que ya quedaban algunos rezagados, seco y exhausto el gaznate.
+
+Para un periódico semanal, y no de gran magnitud, la verdad es que
+bastaban los diez y nueve redactores que habíamos tenido el honor de
+fundarlo. ¿Con qué objeto, pues, se habían otorgado plazas de redactores
+honorarios a una porción considerable de muchachos? Sin duda para
+satisfacer cada cual los deseos de algún amigo; compromisos personales
+que no se pueden eludir; y sin embargo, esta tolerancia produjo a la
+postre funestos resultados. El cuarto destinado a redacción y
+administración no era tan ámplio que consintiese la permanencia en él de
+tanta gente. Desde por la mañana bien temprano comenzaban a entrar
+escritores: y como ninguno salía, la consecuencia era que al poco rato
+el local se atestaba y los redactores zumbaban como verdaderas y
+genuinas abejas en una colmena, se codeaban, se estrujaban e impedían de
+todo punto la entrada de los compañeros que llegaban tarde. Redactor
+hubo que en ocho días no logró poner los pies en la oficina.
+
+¡Quién nos dijera que tan presto había de morir un periódico destinado a
+ser «vigoroso adalid de la ciencia y campeón infatigable de la cultura
+patria» (palabras textuales del programa firmado por la redacción)!
+Estaba escrito, no obstante, que pocos días antes de salir el cuarto
+número de _La Abeja_ estallaría una furiosa borrasca entre los campeones
+infatigables de la cultura patria. Las más grandes empresas, las obras
+más altas y portentosas pueden venir al suelo por livianos motivos.
+Troya pereció por los devaneos de un petimetre: _La Abeja_ por una
+disquisición histórica.
+
+Había escrito yo un articulito vindicando la memoria de D. Pedro I de
+Castilla, demostrando que el título de _cruel_ con que le apodaban la
+mayor parte de los historiadores no le cuadraba, y que mejor le venía el
+de _justiciero_. En asuntos históricos me gustaba mucho defender a los
+personajes caídos: ya había hecho otro tanto con Felipe II. Mas a uno de
+los redactores, que ejercía al propio tiempo el cargo espinoso de
+expedir volantes a los suscritores para el cobro de los recibos, no le
+agradó esta defensa, y se autorizó el manifestar su opinión contraria.
+Al instante salté yo henchido de erudición, relleno hasta la boca de
+datos concluyentes: se entabló una discusión animada.
+
+El redactor disidente, a falta de datos, manifestó que era una
+_tontería_ el ir contra la opinión general: yo sostuve con serenidad que
+había muchas opiniones generales erradas, y que una de ellas era ésta; y
+en apoyo de mi tesis, solté el chorro de la ciencia que había adquirido
+tres días antes. El contrario repuso, que mientras los grandes
+historiadores no lo autorizasen, consideraba una _estupidez_ el sostener
+idea tan absurda: yo expuse con sangre fría y sonrisa impertinente, las
+razones que tenía para opinar de esta manera. El partidario de la
+crueldad de D. Pedro, viéndose acorralado, no encontró mejor recurso
+para salir del paso que descargar un tremendo mojicón en la faz
+insolente del campeón de la justicia. Gran alboroto en la colmena:
+replico yo a mi adversario con idénticos argumentos: los redactores se
+reparten en dos bandos, y se entabla una batalla donde menudean los
+puñetazos y coscorrones; ruedan las sillas, caen las mesas, quiébranse
+los vidrios de algunos cuadros, y hasta hubo quien apoderándose de las
+tijeras de recortar sueltos, formó círculo en torno suyo y esparció el
+terror entre los contendientes.
+
+Mas he aquí que en el marco de la puerta aparece la figura severa e
+imponente de la doncella de la casa. Calmáronse las olas; silencio
+sepulcral; todos los rostros vueltos hacia aquella nueva cabeza de
+Medusa.
+
+--¿Se creen, por lo visto, que no hay nadie en casa más que Vds.? ¿No
+saben ustedes que la señorita está delicada?... ¿Qué escándalo es
+éste?... ¿No saben ustedes que el señor prohibió que se haga ruido?...
+
+Nadie se aventuró a responder a estas tremendas interrogaciones.
+
+La doncella se dignó pasear una mirada arrogante por toda la redacción;
+pero la detuvo llena de horror y de cólera al llegar al hijo de los
+dueños de la casa.
+
+--¡Cómo!... ¡Mi señorito sangrando por las narices!... ¡Tunantes!...
+¡Granujas!... ¡Fuera de aquí todo el mundo!... ¡Pillería como esta no la
+quiero yo en casa!... ¡Fuera!... ¡Fuera!...
+
+Y en efecto, el ilustrado cuerpo de redacción de _La Abeja_, herido,
+escarnecido, arrojado ignominiosamente de su santuario por una miserable
+sirviente, bajó las escaleras a toda prisa, se disolvió al llegar a la
+calle, se esparció por Madrid y nunca más volvió a juntarse.
+
+
+
+
+LOS PURITANOS
+
+(NOVELA)
+
+
+Era un caballero fino, distinguido, de fisonomía ingenua y simpática. No
+tenía motivo para negarme a recibirle en mi habitación algunos días. El
+dueño de la fonda me lo presentó como un antiguo huésped a quien debía
+muchas atenciones: si me negaba a compartir con él mi cuarto, se vería
+en la precisión de despedirle por tener toda la casa ocupada, lo cual
+sentía extremadamente.
+
+--Pues si no ha de estar en Madrid más que unos cuantos días, y no tiene
+horas extraordinarias de acostarse y levantarse, no hay inconveniente en
+que V. le ponga una cama en el gabinete.... Pero cuidado... ¡sin
+ejemplar!...
+
+--Descuide V., señorito, no volveré a molestarle con estas embajadas: Lo
+hago únicamente porque D. Ramón no vaya a parar a otra casa. Crea V. que
+es una buena persona, un santo, y que no le incomodará poco ni mucho.
+
+Y así fue la verdad. En los quince días que D. Ramón estuvo en Madrid no
+tuve razón para arrepentirme de mi condescendencia. Era el fénix de los
+compañeros de cuarto. Si volvía a casa más tarde que yo, entraba y se
+acostaba con tal cautela, que nunca me despertó; si se retiraba más
+temprano, me aguardaba leyendo para que pudiese acostarme sin temor de
+hacer ruido. Por las mañanas nunca se despertaba hasta que me oía toser
+o moverme en la cama. Vivía cerca de Valencia, en una casa de campo, y
+sólo venía a Madrid cuando algún asunto lo exigía: en esta ocasión era
+para gestionar el ascenso de un hijo, registrador de la propiedad. A
+pesar de que este hijo tenía la misma edad que yo, D. Ramón no pasaba de
+los cincuenta años, lo cual hacía presumir, como así era en efecto, que
+se había casado bastante joven.
+
+Y no debía de ser feo, ni mucho menos, en aquella época. Aún ahora con
+su elevada estatura, la barba gris rizosa y bien cortada, los ojos
+animados y brillantes y el cutis sin arrugas, sería aceptado por muchas
+mujeres con preferencia a otros galanes sietemesinos.
+
+Tenía, lo mismo que yo, la manía de cantar o canturriar al tiempo de
+lavarse. Pero observé al cabo de pocos días que, aunque tomaba y soltaba
+con indiferencia distintos trozos de ópera y zarzuela deshaciéndolos y
+pulverizándolos entre resoplidos y gruñidos, el pasaje que con más ardor
+acometía y más a menudo, era uno de _Los Puritanos_; me parece que
+pertenecía al aria de barítono en el primer acto. Don Ramón no sabía la
+letra sino a medias, pero lo cantaba con el mismo entusiasmo que si la
+supiera. Empezaba siempre:
+
+ Il sogno beato
+ De pace e contento
+ Ti, ro, ri, ra, ri, ro,
+ Ti, ro, ri, ra, ri, ro.
+
+Necesitaba seguir tarareando hasta llegar a otros dos versos que decían:
+
+ La dolce memoria
+ De un tenero amore.
+
+Sobre los cuales se apoyaba sin cesar hasta concluir el _allegro_.
+
+--¡Hola! D. Ramón, le dije un día desde la cama; parece que le gusta a
+V. _Los Puritanos_.
+
+--Muchísimo; es una de las óperas que más me gustan. Daría cualquier
+cosa por conocer un instrumento para poder tocarla toda. ¡Qué dulzura
+hay en ella! ¡Qué inspiración! Estas son óperas y esta es música.
+¡Parece mentira que ustedes se entusiasmen con esa algarabía alemana que
+sólo sirve para hacer dormir!... A mí me gustan con pasión todas las
+óperas de Bellini: _El Pirata_, _Sonámbula_, _I Capuletti e di
+Montechi_; pero sobre todas ellas _Los Puritanos_... Tengo además
+razones particulares para que me guste más que ninguna otra, añadió
+bajando la voz.
+
+--¡Ole, ole, D. Ramón! exclamé incorporándome de un salto y poniéndome
+los calcetines: vengan esas razones.
+
+--Son tonterías de la juventud... cuestión de amores, contestó
+ruborizándose un poco.
+
+--Pues cuente V. esas tonterías. Me muero por ellas: no lo puedo
+remediar, me gustan más esas cosas que la reforma de la ley Hipotecaria
+de que V. me habló ayer.
+
+--¡Al fin poeta!
+
+--No soy poeta, D. Ramón; soy crítico.
+
+--Pues me había dicho el amo que era usted poeta... De todas maneras, se
+lo contaré ya que V. tiene curiosidad... Verá V. como es una tontería
+que no merece la pena... ¡Pero vístase V., criatura, que se está
+helando!
+
+ * * * * *
+
+El año de cincuenta y ocho vine a Madrid con una comisión del
+Ayuntamiento de Valencia para gestionar la rebaja de la cuota de
+consumos. Tenía yo entonces... eso es, veintinueve años; y ya hacía
+siete cumplidos que estaba casado. Es una barbaridad casarse tan joven.
+Aunque no tengo motivo para arrepentirme, no aconsejaré a nadie que lo
+haga. Vine a parar a esta misma casa, esto es, a la misma posada; la
+casa estaba entonces situada en la calle del Barquillo. En aquella
+época, bueno será que le advierta, que me complacía en andar muy
+lechuguino o sietemesino, como ustedes dicen ahora, cosa que tenía
+siempre _escamada_ a mi pobre mujer. ¿Para qué te compones tanto, hombre
+de Dios? ¿Vas de conquista? ¡Quién sabe! contestaba riendo y dejándola
+un poco enojada. No es malo tener a las mujeres un si es no es celosas.
+
+Una tarde, una hermosa tarde de invierno, de las que sólo se ven en este
+Madrid, salí de casa después de almorzar con el objeto de hacer algunas
+visitas y también para espaciarme por esas calles de Dios. Iba caminando
+lentamente por la de las Infantas, meditando sobre el plan de la noche o
+sea el modo de pasarla más divertido, y saboreando un buen cigarro
+habano, cuando de pronto ¡zas! recibo un fuerte golpe en la cabeza que
+me hace vacilar; el flamante sombrero de copa fue rodando por un lado y
+el cigarro por otro. Cuando me recobré del susto, lo primero que vi a
+mis pies fue una enorme muñeca fresca, sonrosada y en camisa.
+
+Esta buena pieza es la que ha causado el destrozo, dije para mis
+adentros, lanzándole una mirada iracunda que la muñeca aparentó no
+comprender. Mas como no era de presumir que ella por su voluntad se
+hubiese arrojado sobre mí de aquel modo brusco e inconveniente, pues
+jamás había hecho daño a ninguna muñeca, creí más probable que de alguna
+casa me la hubieran arrojado. Alcé la cabeza vivamente.
+
+En efecto, el reo estaba de pie en el balcón de un primer piso,
+suspenso, atónito, consternado. Era una niña de trece o catorce años.
+
+Al observar la mirada de espanto y congoja que me dirigía se templó mi
+furor, y en vez de lanzarle un apóstrofe violento, como tenía
+determinado, le mandé una sonrisa galante. Puede ser que en la formación
+de esta sonrisa haya intervenido más o menos directamente la belleza
+nada vulgar del criminal.
+
+Recogí el sombrero, me lo puse, y volví a alzar la cabeza y a remitir
+otra sonrisa, acompañada esta vez de un ligero saludo. Pero mi agresor
+seguía inmóvil y aterrado sin darse cuenta ni poder explicarse las
+amables disposiciones en que su víctima se hallaba. A todo esto la
+muñeca seguía en el suelo inmóvil también, pero sin mostrar en modo
+alguno sorpresa, pesar, terror, ni siquiera vergüenza de su situación
+poco decorosa. Me apresuré a levantarla, cogiéndola, si mal no recuerdo,
+por una pierna, y me informé minuciosamente de si había padecido alguna
+fractura u otra herida grave. No tenía más que leves contusiones. Alcela
+en alto y la mostré a su dueño haciéndole seña de que iba a subir para
+entregársela. Y sin más dilaciones entro en el portal, subo la escalera
+y tomo el cordón de la campanilla... Ya está abierta la puerta. Mi lindo
+agresor asoma su rostro trigueño, gracioso, lleno de vida y frescura, y
+extiende sus manos diminutas, en las cuales deposito respetuosamente a
+la muñeca desmayada. Quise hablar, para dar mayor seguridad de que no
+era nada lo que había pasado, que la muñeca conservaba íntegros sus
+miembros, y yo lo mismo, y que celebraba la ocasión de conocer una niña
+tan hermosa y simpática, etc., etc. Nada de esto fue posible. La chica
+murmuró confusamente un «muchas gracias», y se apresuró a cerrar la
+puerta, dejándome con el discurso en el cuerpo.
+
+Salgo a la calle un poco disgustado, como cualquier otro orador en el
+mismo caso, y sigo mi camino, no sin volver repetidas veces la cabeza
+hacia el balcón. A los treinta o cuarenta pasos observo que está la niña
+asomada, y me paro y la envío una sonrisa y un saludo ceremonioso. Esta
+vez contesta, aunque ligeramente, pero se apresura a retirarse. ¡Cuidado
+que era linda aquella niña! Al llegar al extremo de la calle sentí la
+necesidad imperiosa de verla otra vez, y di la vuelta, no sin percibir
+cierta vergüenza en el fondo del corazón, pues ni mi edad, ni mi estado,
+me autorizaban semejantes informalidades; mucho menos tratándose de tal
+criaturita. Ya no estaba en el balcón.
+
+Pues yo no me voy sin verla, me dije, y pian pianito, comencé a pasear
+la calle sin perder de vista la casa, con la misma frescura que un
+cadete de Estado Mayor. Después de todo, aquí nadie me conoce--me iba
+repitiendo a cada instante, a fin de comunicarme alientos para seguir
+paseando.--Además, yo no tengo nada que hacer ahora; y lo mismo da vagar
+por un lado que por otro.
+
+Justamente, al cruzar tercera o cuarta vez por delante del balcón
+apareció en él la gentil chiquita, que al verme hizo un movimiento de
+sorpresa, acompañado de una mueca encantadora, se echó a reír y se
+ocultó de nuevo.
+
+¡Pero, qué necios somos los hombres y qué inocentes cuando se trata de
+estos asuntos! ¿Querrá V. creer que entonces no sospeché siquiera que la
+niña había estado presenciando, sin perder uno sólo, todos mis
+movimientos?
+
+Satisfecho ya el capricho, dejé la calle de las Infantas, y me fui a
+casa de un amigo. Mas al día siguiente, fuese casualidad o
+premeditación, aunque es muy probable lo último, acerté a pasar por el
+mismo sitio a la misma hora. Mi gentil agresor, que estaba de bruces
+sobre la barandilla del balcón, se puso encarnado hasta las orejas así
+que pudo distinguirme, y se retiró antes de que pasase por delante de la
+casa. Como V. puede suponer, esto lejos de hacerme desistir, me animó a
+quedarme petrificado en la esquina de la primer boca-calle, en
+contemplación estática. No pasaron cuatro minutos sin que viese asomar
+una naricita nacarada, que se retiró al momento velozmente, volvió a
+asomarse a los dos minutos y volvió a retirarse, asomose al minuto otra
+vez y se retiró de nuevo. Cuando se cansó de tales maniobras, se asomó
+por entero y me miró fijamente por un buen rato, cual si tratase de
+demostrar que no me tenía miedo alguno. Entonces se generalizó por
+entrambas partes un fuego graneado de miradas, acompañado por lo que a
+mí respecta de una multitud de sonrisas, saludos y otros proyectiles
+mortíferos, que debieron causar notables estragos en el enemigo. Éste a
+la media hora oyó sin duda en la sala el toque de «alto el fuego», y se
+retiró cerrando el balcón. No necesitaré decirle, que por más que me
+sintiese avergonzado de aquella aventura, seguí dando vueltas a la misma
+hora por la calle, y que el tiroteo era cada vez más intenso y animado.
+A los tres o cuatro días me decidí a arrancar una hoja de la cartera y a
+escribir estas palabras: _Me gusta V. muchísimo_. Envolví dos cuartos en
+la hoja, y aprovechando la ocasión de no pasar nadie, después de hacerle
+seña de que se retirase, la arrojé al balcón. Al día siguiente, cuando
+pasé por allí, vi caer una bolita de papel que me apresuré a recoger y
+desdoblar. Decía así, en una letra inglesa, crecida, hecha con mucho
+cuidado y el papel rayado para no torcer: _Tan bien ustez me gusta a mí
+no crea que juego con muñecas era de mi ermanita_.
+
+Aunque sonreí al leer el billete amoroso, no dejó de causarme sensación
+dulce y amable, que muy pronto hizo sitio a otra melancólica, al
+recordar que me estaban prohibidas para siempre tales aventuras. Aquel
+día mi chiquita no salió al balcón, sin duda avergonzada de su
+condescendencia; pero al siguiente la hallé dispuesta y aparejada al
+combate de miradas, señas y sonrisas, que ya no escasearon por ambas
+partes. Una hora o más duraba todas las tardes este juego, hasta que se
+oía llamar y se retiraba apresuradamente. La pregunté por señas si salía
+de paseo, y me contestó que sí: y en efecto, un día aguardé en la calle
+hasta las cuatro y la vi salir en compañía de una señora, que debía de
+ser su mamá, y de dos hermanitos. Seguíles al Retiro, aunque a
+respetable distancia, porque me hubiera causado mucha vergüenza el que
+la mamá se enterase: la chiquilla, con menos prudencia, volvía a cada
+instante la cabeza y me dirigía sonrisas, que me tenían en continuo
+sobresalto. Al fin volvimos a casa en paz. A todo esto, yo no sabía cómo
+se llamaba, y a fin de averiguarlo escribí la pregunta en otra hoja de
+la cartera: _¿Cómo se llama V.?_ La chica contestó en la misma letra
+inglesa y crecida, con el papel rayado: _Me llamo Teresa no crea ustez
+por Dios que juego con muñecas_.
+
+Diez o doce días se transcurrieron de esta suerte. Teresa me parecía
+cada día más linda, y lo era en efecto, porque según he averiguado en
+el curso de mi vida, no hay pintura, raso ni brocado que hermosee tanto
+a la mujer como el amor. La pregunté repetidas veces si podía hablar con
+ella, y siempre me contestó que era de todo punto imposible: si la mamá
+llegaba a saber algo ¡adiós balcón! Empecé a sospechar que me iba
+enamorando y esto me traía inquieto. No podía pensar en aquella niña sin
+sentir profunda melancolía como si personificase mi juventud, mis
+ensueños de oro, todas mis ilusiones, que para siempre estaban separados
+de mí por barrera infranqueable. Al mismo tiempo me acosaban los
+remordimientos. ¡Cuál sería el dolor de mi pobre mujer si llegase a
+averiguar que su marido andaba por la corte enamorando chiquillas! Un
+día recibí carta suya, participándome que tenía a mi hijo menor un poco
+indispuesto, y rogándome que procurase arreglar los negocios y volviese
+pronto a casa. La noticia me produjo el disgusto que V. puede suponer;
+porque siempre he delirado por mis hijos: y como si aquello fuese
+castigo providencial o por lo menos advertencia saludable, después de
+grave y prolongada meditación, en que me eché en cara sin piedad, mi
+conducta infame y ridícula, canté sin rebozo el yo pecador y resolví
+obedecer a mi esposa inmediatamente. Para llevar a cabo este propósito,
+lo primero que se me ocurrió fue no acordarme más de Teresa, ni pasar
+siquiera por su calle, aunque fuese camino obligado: después, abreviar
+cuanto pudiese los asuntos. Según mis cálculos quedaría libre a los
+cinco o seis días.
+
+Ya no seguí, pues, la calle de las Infantas como acostumbraba después de
+almorzar, ni aun para ir a la de Valverde, donde vivían unos amigos. Por
+la noche, después de comer, como no había peligro de ver a Teresa, la
+cruzaba velozmente y sin echar una mirada a la casa.
+
+Pasaron cuatro días; ya no me acordaba de aquella niña, o si me acordaba
+era de un modo vago, como la memoria de los días risueños de la
+juventud. Tenía casi ultimados mis negocios y andaba preocupado con la
+elección del día para marcharme. Será cosa, a más tardar, del viernes o
+el sábado, me dije después de comer, encendiendo un cigarro y echándome
+a la calle. El ministro se había negado a rebajar la cuota del
+Ayuntamiento, lo cual me tenía muy disgustado. Pensando en lo que había
+de decir a mis colegas cuando me viese entre ellos, y en el modo mejor
+de explicarles la causa del fracaso, crucé la plaza del Rey y entré en
+la calle de las Infantas. La noche era espléndida y bastante templada;
+llevaba abierto el gabán y caminaba lentamente gozando con voluptuosidad
+de la temperatura, del cigarro y de la seguridad de ver pronto a mi
+familia. Al pasar por delante de la casa de la niña me detuve y la
+contemplé un instante casi con indiferencia. Y seguí adelante
+murmurando: «¡Qué chiquilla tan mona! ¡Lástima será que se la lleve un
+tunante!» Después me puse a reflexionar en lo fácil que me hubiera sido
+jugar una mala pasada al alcalde y alzarme con el cargo; pero no;
+hubiera sido una felonía. Por más que fuese un poco díscolo y soberbio,
+al fin era amigo: tiempo me quedaba para ser alcalde. Pero cuando más
+embebido andaba en mis pensamientos y planes políticos, y cuando ya
+estaba próximo a doblar la esquina de la calle, he aquí que siento un
+brazo que se apoya en el mío y una voz que me dice:
+
+--¿Va V. muy lejos?
+
+--¡Teresa!
+
+Los dos quedamos mudos por algunos instantes; yo contemplándola
+estupefacto; ella con la cabeza baja y sin abandonar mi brazo.
+
+--¿Pero dónde va V. a estas horas?
+
+--Me voy con V.--contestó alzando la cabeza y sonriendo como si dijese
+la cosa más natural mundo.
+
+--¿A dónde?
+
+--¡Qué se yo! Donde V. quiera.
+
+A un mismo tiempo sentí escalofríos de placer y de miedo.
+
+--¿Ha huido V. de su casa?
+
+--¡Qué había de huir!... solamente se la he jugado a Manuel, del modo
+más gracioso!... Verá V. cómo se ríe... Me empeñé hoy en ir a la
+tertulia de unas primas, que viven en la calle de Fuencarral, y papá
+mandó a Manuel que me acompañase. Llegamos hasta el portal y allí le
+dije: márchate, que ya no haces falta; y me hice como que subía la
+escalera, pero en seguida di la vuelta sin llamar y me vine detrás de él
+hasta casa... ¡Cuando le vi entrar me dio una risa, que por poco me oye!
+
+La chiquilla se reía aún, con tanta gana y tan francamente, que me
+obligó a hacer lo mismo.
+
+--¿Y V. por qué ha hecho eso?--le pregunté con la falta de delicadeza,
+mejor dicho, con la brutalidad de que solemos estar tan bien provistos
+los caballeros.
+
+--Por nada--repuso desprendiéndose de mi brazo repentinamente y echando
+a correr.
+
+La seguí y la alcancé pronto.
+
+--¡Qué polvorilla es V.!--le dije echándolo a broma--¡Vaya un modo de
+despedirse!... Perdón si la he ofendido...
+
+La niña, sin decir nada, volvió a tomar mi brazo. Caminamos un buen
+pedazo en silencio. Yo iba pensando ansiosamente en lo que iba a decir y
+en lo que iba a hacer, sobre todo en lo que iba a hacer. Al fin, Teresa
+lo rompió, preguntándome resueltamente:
+
+--¿No me dijo V. por carta que me quería?
+
+--¡Pues ya lo creo que la quiero a V.!
+
+--¿Entonces, por qué ha dejado de venir a verme y de pasar por la calle
+de día?
+
+--Porque temía que su mamá...
+
+--Sí, sí, porque los hombres son todos muy ingratos y cuanto más se les
+quiere es peor... ¿Piensa V. que yo no lo sé?... Me ha tenido V. al
+balcón todas estas tardes esperándole; ¡pero que si quieres!... Por la
+noche detrás de los cristales, le veía pasar, muy serio, muy serio, sin
+mirar siquiera hacia mi casa... Yo decía, ¿estará enfadado conmigo? ¿Por
+qué se habrá enfadado? ¿Será porque he cerrado el balcón a las tres
+menos cuarto? En fin, todo me volvía cavilar, cavilar, sin sacar nada en
+limpio... Entonces dije: voy a darle un susto esta noche...
+
+--Ha sido un susto muy agradable.
+
+--Si no llega V. a pararse delante de mi casa y a quedarse mirando a los
+balcones, no salgo del portal... pero aquello me decidió.
+
+Momento de pausa, en el cual me acudió a la mente un tropel de
+pensamientos que todavía me avergüenzan. Teresa volvió a mirarme
+fijamente.
+
+--¿Está V. contento?
+
+--¡Vaya!
+
+--¿Va V. a gusto conmigo?
+
+--Mejor que con nadie en el mundo.
+
+--¿No le estorbo?
+
+--Al contrario, siento un placer como usted no puede figurarse.
+
+--¿No tiene V. nada que hacer ahora?
+
+--Absolutamente nada.
+
+--Entonces vamos a pasear: cuando llegue la hora, V. me lleva a casa y
+mamá se figura que me trajo el criado de las primas... Pero si le
+estorbo o no le gusta pasear conmigo, dígamelo V... me voy en seguida...
+
+Yo le contesté apretándole el brazo y tirándole suavemente por la mano
+para encajárselo bien en el mío. Teresa continuó hablando con graciosa
+volubilidad.
+
+--Parece mentira que seamos tan amigos ¿no es verdad? Yo pensé cuando le
+dejé caer la muñeca encima que le había matado... ¡Qué miedo tuve! ¡Si
+V. viera!... Vamos a ver ¿por qué en lugar de enfadarse se sonrió V.
+conmigo?
+
+--¡Toma! porque me gustó V. mucho.
+
+--Eso pensaba yo: debí de haberle sido simpática, porque sinó la verdad
+es que tenía motivo para ponerse furioso. Todavía cuando V. subió a
+llevármela estaba muerta de miedo y por eso cerré tan pronto la
+puerta... ¡Dichosa muñeca! Me dio tal rabia que la tiré contra el suelo
+y la partí un brazo.
+
+--Pues no debe V. tratarla mal; al contrario, debe V. conservarla como
+un recuerdo.
+
+--¿Sabe V. que tiene razón? Si no hubiera sido por la muñeca no nos
+hubiéramos conocido... ni sería V. mi novio;... porque tengo otro...
+
+--¿Cómo otro?
+
+--Es decir, ya no lo tengo: lo tenía... Es un primo que está empeñado en
+que le he de querer a la fuerza... No vaya V. a creer que es feo... al
+contrario, es guapo... pero a mí no me gusta... No lo puedo remediar. Le
+dije que sí, porque me dio lástima un día que se echó a llorar.
+
+Mientras conversábamos de esta suerte, íbamos caminando sosegadamente
+por las calles. Para evitar el encuentro con cualquier pariente o
+conocido de la niña, procuré seguir las menos principales. Teresa iba
+cogida a mi brazo como al de un antiguo amigo, hablando sin cesar,
+riendo, sacudiéndome a veces fuertemente y deteniéndose a lo mejor
+delante de un escaparate, para hacerme mirar cualquier chuchería. Su
+charla era un gorjeo dulce, insinuante, que me conmovía y refrescaba el
+corazón; a impulso de ella se fue disipando poco a poco el tropel de
+pensamientos pérfidos que vagaba por mi cabeza. Sin saber de qué modo,
+también desaparecieron todos mis temores; me figuraba que aquella niña
+tenía algún parentesco conmigo, y no hallaba extraordinaria y peligrosa
+nuestra situación como al principio. Su inocencia era un velo espeso,
+que nos impedía ver el riesgo que corríamos.
+
+En poco tiempo me contó una infinidad de cosas. Era de Jerez; no hacía
+más que un año que estaban en Madrid establecidos; su papá ocupaba un
+alto empleo; tenía dos hermanitos y una hermanita. Acerca del carácter
+y costumbres de cada uno de ellos se extendió considerablemente; la
+hermanita era muy buena niña, amable y obediente; pero los chicos
+insufribles; todo el día gritando, ensuciando la casa y peleándose. Su
+mamá le había dado jurisdicción sobre ellos hasta para castigarles, pero
+no quería usar de ella porque tenía miedo de que le perdiesen el cariño:
+que la mamá se arreglara como pudiese. Después habló del papá, que era
+muy serio, pero muy bueno; lo único que la tenía apesadumbrada era que
+parecía querer más a los chicos que a ellas. La mamá, en cambio,
+mostraba predilección por las niñas. Habló después de las primas de la
+calle de Fuencarral; una era muy bonita, la otra graciosa solamente: las
+dos tenían novio, pero no valían cuatro cuartos: chiquillos que todavía
+estudiaban en el Instituto. Tenían, además, un hermano, que era el primo
+que había sido su novio; éste ya era bachiller y se estaba preparando
+para entrar en el colegio de Artillería. De vez en cuando, en los cortos
+intervalos de silencio levantaba graciosamente la cabeza,
+preguntándome:
+
+--¿Va V. a gusto conmigo? ¿Le estorbo?
+
+Y cuando me oía protestar vivamente contra semejante duda, su rostro
+expresivo se iluminaba de alegría y continuaba hablando.
+
+Habíamos recorrido algunas calles. Ya puede V. imaginarse que yo iba
+gozando como los ángeles en el paraíso, y pendiente de los labios de
+aquella niña, que al referirme todas las nonadas infantiles de su vida,
+parecía infundir en mi alma encantada la ciencia de la dicha. Sin
+embargo, no podía desechar cierta vaga inquietud que turbaba mi alegría.
+Buscando manera de pasar las horas de que disponíamos más dignamente que
+vagando por las calles, tropezamos al bajar la cuesta de Santo Domingo
+con el Teatro Real. Al instante se me ocurrió la idea de entrar: Teresa
+la aceptó inmediatamente, y a fin de que no reparasen en nosotros,
+tomamos entradas de paraíso. Se cantaba _Los Puritanos_, y aquél
+rebosaba de gente; de suerte que nos costó algún trabajo introducirnos
+y escalar uno de los rincones; pero al cabo llegamos. Teresa se encontró
+admirablemente y me pagaba los trabajos que había pasado para llevarla
+hasta allí con mil sonrisas y palabras amables. Mientras subían el telón
+seguimos charlando, aunque muy bajito: se había establecido entre
+nosotros una gran intimidad, y me abandonó una de sus manos que yo
+acariciaba embelesado. Cuando empezó la ópera dejó de charlar y se puso
+a atender tan decididamente, que a mí me hizo sonreír el verla con la
+cabecita apoyada en la pared y los ojos estáticos. Sabía música, pero
+había ido al teatro pocas veces; así que las melodías inspiradas de la
+ópera de Bellini le causaban profunda impresión, que se traducía por un
+leve temblor de las pupilas y los labios. Cuando llegó el sublime canto
+del tenor que empieza _A te, oh cara_, me apretó con fuerza la mano
+exclamando por lo bajo:--¡Oh qué hermoso! ¡oh qué hermoso! Después me
+hizo explicarle lo que pasaba en la escena: halló el matrimonio del
+tenor y la tiple muy proporcionado, pero compadecía de veras al
+barítono, a quien birlaban la novia; quedó sumamente disgustada cuando
+al fin del acto el tenor se ve en la precisión de acompañar a la reina y
+dejar abandonada a su futura, y declaró resueltamente que esta era una
+conducta indigna.
+
+--Pero advierta V. que estaba obligado a hacerlo porque era su reina
+quien se lo pedía.
+
+--No importa, no importa; si la quisiera bien no hay reina que valga. Lo
+primero siempre es la novia.
+
+No me fue posible arrancarle tan extraña teoría de la cabeza. Después
+que bajó el telón permanecimos en el mismo sitio y me obligó a contarle
+mi vida y milagros, cuántas novias había tenido, a quién había querido
+más, etc., etc. Ya comprenderá usted que necesité ensartar un sin fin de
+patrañas. Después, sin motivo alguno serio, manifestó rotundamente que
+todos los hombres eran ingratos. Yo me atreví a apuntar que había
+excepciones, pero no fue posible hacérselo reconocer.--Usted será lo
+mismo que todos (anunció en tono profético y mirando a un punto del
+espacio); me querrá V. un poco de tiempo, y después... si te vi, no me
+acuerdo.
+
+¡Qué rato tan delicioso y tan infernal a la vez, me estaba haciendo
+pasar aquella niña! Para llevar la conversación a otro punto, le
+pregunté:
+
+--¿Cuántos años tiene V.? Hasta ahora no me lo ha dicho.
+
+--Tengo... tengo... mire V., yo siempre digo que tengo catorce, pero la
+verdad es que no tengo más que trece y dos meses... ¿y V.?
+
+--¡Una atrocidad! No me lo pregunte usted, que me da vergüenza.
+
+--¡Ah qué presumido! ¡Si yo le he de querer lo mismo que tenga muchos
+que pocos!
+
+En seguida me propuso que nos tratásemos de tú, pero después de aceptado
+se volvió atrás ofreciéndome que yo la tratase de tú y ella siguiese con
+el V. No quise conformarme.
+
+--Pues mire V., yo no puedo hablarle de tú; me da mucha vergüenza...
+Pero, en fin, vamos a ensayar.
+
+Del ensayo resultó que para evitar el pronombre daba la pobrecilla
+infinidad de rodeos y se metía en una serie interminable de perífrasis:
+si se aventuraba a dirigirme un tú, lo hacía bajando la voz y pasando
+como sobre ascuas.
+
+Cuando empezó el segundo acto, volvió a escuchar atentamente. Mis ojos
+no se apartaban casi nunca de su rostro: ella entornaba a menudo los
+suyos para dirigirme una sonrisa apretando al mismo tiempo mi mano.
+Observé, no obstante, que se había amortiguado un poco la viva expresión
+de su fisonomía y que iba perdiendo aquella graciosa volubilidad del
+principio. Las sonrisas de sus labios se fueron haciendo tristes, y por
+la cándida frente pasó una ráfaga de inquietud que comunicó a su lindo
+rostro infantil cierta grave expresión que no tenía. Parecía que en
+virtud de un misterioso movimiento de su espíritu, la niña se
+transformaba en mujer en pocos instantes. Dejó de apretar mi mano y
+hasta retiró la suya: volví a cogerla disimuladamente, pero al poco
+tiempo la retiró de nuevo.
+
+El segundo acto había terminado. Al bajarse el telón me hizo mirar el
+reloj, y viendo las once, dijo que era necesario partir en seguida,
+porque a las once y media, a más tardar, iba el criado a buscarla.
+
+Salimos del teatro. La noche seguía tibia y estrellada: a la puerta
+aguardaba una larga fila de coches, que nos fue preciso evitar. Ya no
+había en las calles el movimiento de las primeras horas, pero con todo,
+seguimos las más solitarias. Teresa no quiso aceptar mi brazo como
+antes. Entonces me tocó llevar la voz cantante, y la dije al oído mil
+requiebros y ternezas, explicándola por menudo el amor que me había
+inspirado y lo que había sufrido en los días en que no pasé por su
+calle: recordele todos los pormenores, hasta los más insignificantes, de
+nuestro conocimiento visual y epistolar, y le di cuenta de los vestidos
+que le había visto y de los adornos, a fin de que comprendiese la
+profunda impresión que me había causado. Nada replicaba a mi discurso;
+seguía caminando cabizbaja y preocupada, formando su actitud notable
+contraste con la que tenía tres horas antes al pasar por los mismos
+sitios. Cuando me detuve un instante a respirar, exclamó sin mirarme:
+
+--Hice una cosa muy mala, muy mala. ¡Dios mío, si lo supiese papá!
+
+Traté de probarle que su papá no podía enterarse de nada, porque
+llegaríamos demasiado temprano.
+
+--De todas maneras, aunque papá no se entere, hice una cosa muy mala.
+Usted bien lo sabe, pero no quiere decirlo. ¿No es verdad que una niña
+bien educada no haría lo que yo hice esta noche?... ¡Si lo supiesen mis
+primas, que están deseando siempre cogerme en alguna falta!... Pero no
+piense V..., por Dios, que lo he hecho con mala intención... Yo soy muy
+aturdida... todo el mundo lo dice... pero también dicen que tengo buen
+fondo.
+
+Al proferir estas palabras se le había ido anudando la voz en la
+garganta, hasta que se echó a llorar perdidamente. Me costó mucho
+trabajo calmarla, pero al fin lo conseguí elogiando su carácter franco y
+sencillo y su buen corazón, y prometiendo quererla y respetarla siempre.
+Me hizo jurar una docena de veces que no pensaba nada malo de ella.
+Después de secarse las lágrimas recobró su alegría y comenzó a charlar
+por los codos. Me expuso en pocos instantes una infinidad de proyectos a
+cual más absurdo: según ella, debía presentarme al día siguiente en
+casa, y pedirle al papá su mano: el papá diría que era muy niña, pero yo
+debía replicarle inmediatamente que no importaba nada: el papá
+insistiría en que era demasiado pronto, pero yo le presentaría el
+ejemplo de una tía, hermana de su mamá, que estaba jugando a las muñecas
+cuando la avisaron para ir a casarse. ¿Qué había de oponer a este
+poderoso argumento? Nada seguramente. Nos casaríamos, y acto continuo
+nos iríamos a Jerez, para que conociese a sus amigas y a sus tíos. ¡Qué
+susto llevarían todos al verla del brazo de un caballero, y mucho más,
+cuando supieran que este caballero era su marido!
+
+Estaba tan linda, tan graciosa, que no pude menos de pedirle con
+vehemencia que me permitiese darla un beso. No fue posible. Ningún
+hombre la había besado hasta entonces; solamente su primo la había dado
+un beso a traición, pero le costó caro, porque le dejó caer dos vasos de
+limón sobre la cabeza: hasta en los juegos de prendas hacía que pusieran
+las manos delante, para que no le tocasen la cara con los labios. Pero
+cuando estuviésemos casados, ya sería otra cosa; entonces todos los
+besos que se me antojaran, aunque sospechaba que no se los pediría con
+tanto ardor como ahora.
+
+Estábamos próximos ya a su casa. Los carruajes de la gente que volvía de
+las tertulias, al cruzar a nuestro lado, apagaban la voz de Teresa y la
+obligaban a esforzarla un poco. Las estrellas desde el cielo nos hacían
+guiños, como si nos invitasen a gozar apresuradamente de aquellos
+momentos felices, que no habían de volver. A lo lejos sólo se veían,
+como fuegos fatuos, los faroles de los serenos.
+
+Llegamos por fin a casa. Delante de la puerta, Teresa volvió a hacerme
+jurar que no pensaba nada malo de ella, y que al día siguiente a las dos
+en punto de la tarde, me presentaría debajo de sus balcones.
+
+--Cuidado que no faltes.
+
+--No faltaré, preciosa.
+
+--¿A las dos en punto?
+
+--A las dos en punto.
+
+--Llama ahora con un golpe a la puerta.
+
+Cogí la aldaba y di un golpe fuerte. Al poco rato se oyeron los pasos
+del portero.
+
+--Ahora--dijo en voz bajita y temblorosa--dame un beso y escápate de
+prisa.
+
+Al mismo tiempo me presentaba su cándida y rosada mejilla. Yo la tomé
+entre las manos y la aplique un beso... dos... tres... cuatro... todos
+los que pude hasta que oí rechinar la llave. Y me alejé a paso largo.
+
+ * * * * *
+
+Dejó de hablar D. Ramón.
+
+--¿Y después, qué sucedió?--le pregunté con vivo interés.
+
+--Nada, que aquella noche no pude dormir de remordimientos y al día
+siguiente tomé el tren para mi pueblo.
+
+--¿Sin ver a Teresa?
+
+--Sin ver a Teresa.
+
+
+
+***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AGUAS FUERTES***
+
+
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+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://www.gutenberg.org/about/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
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+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit:
+http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+<h1 class="pg">The Project Gutenberg eBook, Aguas fuertes, by Armando Palacio Valdés</h1>
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at <a href = "http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></pre>
+<p>Title: Aguas fuertes</p>
+<p>Author: Armando Palacio Valdés</p>
+<p>Release Date: May 3, 2010 [eBook #32235]</p>
+<p>Language: Spanish</p>
+<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p>
+<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AGUAS FUERTES***</p>
+<h3 class="pg">E-text prepared by Chuck Greif<br />
+ and the Project Gutenberg Online Distributed Proofreading Team<br />
+ (http://www.pgdp.net)</h3>
+
+<h1>AGUAS FUERTES</h1>
+
+<p class="c">NOVELAS Y CUADROS</p>
+
+<p class="c">POR</p>
+
+<h3 class="top5">ARMANDO PALACIO VALDÉS</h3>
+
+<p class="c">MADRID<br />
+EST. TIP. DE RICARDO FÉ<br />
+Cedaceros, núm. 11<br />
+1884</p>
+
+<p class="c">Es propiedad.</p>
+
+<hr />
+
+<h3>ÍNDICE</h3>
+
+<table summary="toc"
+cellpadding="0"
+cellspacing="0">
+<tr><td><a href="#EL_RETIRO_DE_MADRID"><b>El Retiro de Madrid:</b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp; <a href="#I"><b>&nbsp;&nbsp;I. <i>Mañanas de Junio y Julio</i> </b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp; <a href="#IIa"><b>&nbsp;II. <i>El Estanque grande</i> </b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp; <a href="#IIIa"><b>III. <i>La Casa de Fieras</i> </b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp;<a href="#IVa"><b>&nbsp;IV. <i>El Paseo de los coches</i> </b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_PAJARO_EN_LA_NIEVE"><b>El Pájaro en la nieve</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_ACADEMIA"><b>La Academia de Jurisprudencia</b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp; <a href="#IIb"><b>&nbsp;II.</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_HOMBRE"><b>El Hombre de los patíbulos </b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_CONFESION_DE_UN_CRIMEN"><b>La Confesión de un crimen</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_BIBLIOTECA_NACIONAL"><b>La Biblioteca Nacional</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_DRAMA_DE_LAS_BAMBALINAS"><b>El Drama de las bambalinas</b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp; <a href="#IIc"><b>II.</b></a>, <a href="#IIIb"><b>III.</b></a>, <a href="#IVb"><b>IV.</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LLOVIENDO"><b>Lloviendo</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_PASEO_DE_RECOLETOS"><b>El Paseo de Recoletos </b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_CASTELLANA"><b><i>La Castellana</i></b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOS_MOSQUITOS_LIRICOS"><b>Los Mosquitos líricos</b></a></td></tr>
+<tr><td>&nbsp; &nbsp; <a href="#IId"><b>II.</b></a>, <a href="#IIIc"><b>III.</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_ULTIMO_BOHEMIO"><b>El Último bohemio</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOS_AMORES_DE_CLOTILDE"><b>Los Amores de Clotilde (novela) </b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_PROFESOR_LEON"><b>El Profesor León</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#EL_SUENO_DE_UN_REO_DE_MUERTE"><b>El Sueño de un reo de muerte</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LA_ABEJA"><b>La Abeja</b></a></td></tr>
+<tr><td><a href="#LOS_PURITANOS"><b>Los Puritanos</b></a></td></tr>
+</table>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_RETIRO_DE_MADRID" id="EL_RETIRO_DE_MADRID"></a>EL RETIRO DE MADRID</h3>
+
+<hr />
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3>
+
+<h4>MAÑANAS DE JUNIO Y JULIO</h4>
+
+<p>Entre las muchas cosas oportunas que puede ejecutar un vecino de Madrid
+durante el mes de Junio, pocas lo serán tanto como el levantarse de
+madrugada y dar un paseo por el Retiro. No ofrece duda que el madrugar
+es una de aquellas acciones que imprimen carácter y comunican
+superioridad. El lector que haya tenido arrestos para realizar este acto
+humanitario, habrá observado en sí mismo cierta complacencia no exenta
+de orgullo, una sensación deliciosa semejante a la que habrá
+experimentado Aquíles después de arrastrar el cadáver de Héctor en
+torno de las murallas de Ilión. El heroísmo presenta diversas formas
+según las edades y los países, mas en el fondo siempre es idéntico.</p>
+
+<p>Cuando madrugamos para ir a tomar chocolate malo al <i>restaurant</i> del
+Retiro, una voz secreta que habla en nuestro espíritu, nos regala con
+plácemes y enhorabuenas. Nuestra personalidad adquiere mayor brío, nos
+sentimos fuertes, nobles, serenos, admirables. Los barrenderos detienen
+la escoba para mirarnos, y en sus ojos leemos estas o semejantes
+palabras: «¡Así se hace! ¡Mueran los tumbones! ¡Usted es un hombre,
+señorito!» Y en testimonio de admiración nos echan media arroba de polvo
+en los pantalones.</p>
+
+<p>El día que madrugamos no admitimos más jerarquías sociales que las
+determinadas por el levantarse temprano o tarde. Todas las demás se
+borran ante esta división trazada por la misma naturaleza. Los que
+tropezamos paseando en el Retiro adquieren derecho a nuestra simpatía y
+respeto; son colegas estimables que forman con nosotros una familia
+aristocrática y privilegiada. A la vuelta, cuando encontramos a algún
+amigo que sale de su casa frotándose los ojos, no podemos menos de
+hablarle con un tonillo impertinente, que acusa nuestra incontestable
+superioridad.</p>
+
+<p>Pero no todo es tomar chocolate malo en el Retiro durante las mañanas de
+Junio. Lo primero que hay que ver es al sol levantándose majestuoso por
+encima del parque, al principio esparciendo una luz triste y blanca que
+viene a besar fríamente el <i>Rege Carolo III</i> de la puerta de Alcalá,
+después otra rojiza y más alegre que tiñe los muros de las primeras
+casas con que tropieza, finalmente la vívida, risueña y esplendorosa que
+le caracteriza. El cortejo de nubecillas que le acompaña en su
+ascensión, es de lo más gracioso y elegante que pueda verse. Todas ellas
+van vestidas de un modo caprichoso y pintoresco, y ejecutan pasos de
+gran dificultad y efecto en torno de su director. Los madrileños, sin
+embargo, no son aficionados a esta clase de espectáculos. Prefieren ver
+alzarse a la luna, disfrazada de queso, en el escenario del Teatro
+Real, oportunamente evocada por los trinos solemnes de una
+<i>mezzo-soprano</i>. Hay razón plausible para esto. El sol tiene el deber de
+salir todos los días, haga frío o calor, al paso que la luna únicamente
+cuando el Sr. Rovira lo considera oportuno. Si el sol no se prodigase
+tanto y se hiciese pagar algo más, yo creo que tendría mucha mayor
+reputación. Por ejemplo, haciendo tres o cuatro salidas cada año, y
+anunciando los periódicos que «el más eminente de nuestros astros hará
+su <i>debut</i> el martes a primera hora y que todas las localidades están
+vendidas con anticipación», se me ocurre que los revendedores de sillas
+en el Retiro harían negocio redondo.</p>
+
+<p>Después del sol, lo más notable que yo encuentro en el Retiro son las
+modistas. Este respetabilísimo gremio, aún más bello que respetable, se
+pone en contacto con la naturaleza al llegar el mes de Junio.
+Impidiéndoles sus numerosos quehaceres ir a pasar una temporada a San
+Sebastián o a Biarritz, y necesitando por fuerza dar alguna expansión a
+los sentimientos poéticos de su alma, eligen nuestras hermosas
+costureras el Retiro como campo de sus excursiones matinales. Los
+árboles, los pájaros, las flores, cuando no son de papel, ofrecen sin
+duda mayores atractivos. Nada hay que apetezca tanto una modista de
+corazón como el estado primitivo conforme con la naturaleza. Durante el
+invierno, su espíritu yace dormido mientras las manos trabajan afanosas
+debajo de la lámpara de petróleo; mas al llegar el mes de Mayo, cuando
+el cuerpo empieza a sentir calor, el alma también lo siente, despiertan
+la égloga y el idilio, se sueña con verdes praderas esmaltadas de
+flores, con arroyos bullidores y cristalinos, con grutas frescas y
+sombrías y con hermosos zagales que aguardan en ellas la dulce
+recompensa de sus rendidas instancias. Entonces la modista, como primera
+manifestación de la influencia que ejercen sobre ella tales puras ideas
+y tales visiones risueñas, se despoja del corsé; y si es de temperamento
+verdaderamente apasionado y guarda en su corazón el mundo de tiernos e
+inefables sentimientos que es de esperar, se queda con poca, con
+poquísima ropa. Se levanta muy tempranito, y sin aguardar el <i>landau</i>,
+toma el camino del Retiro en compañía de sus amigas predilectas y de
+algunos menestrales distinguidos. ¡Qué fresca y qué risueña! ¡Cómo
+brillan sus grandes y hermosos ojos negros! ¡Cómo palpita de alegría su
+seno delicado! El grupo va dispuesto a olvidar por algunos instantes las
+ridículas ceremonias sociales, los refinamientos empalagosos de la vida
+madrileña, y volver en lo que cabe al estado natural. Al efecto marchan
+todos bien provistos de los enseres y artefactos propios de una
+civilización primitiva y que se supone han usado más comúnmente nuestros
+primeros padres: aros, cuerdas, trompos, volantes, etc., etc. Nuestra
+modista, según va llegando a la Arcadia municipal, adquiere mayor
+desenvoltura, y en sus movimientos y ademanes adviértese la influencia
+que ejercen sobre ella las ideas campestres. Charla, corre, ríe, salta,
+grita, y se autoriza con sus compañeras las inocentes libertades que
+acostumbran en los bosques las pastoras con los zagales; les tapa los
+ojos con las manos, les da pellizcos, les quita el sombrero y les tira
+por las narices de un modo sencillo, encantador, conforme en un todo con
+las leyes de la naturaleza.</p>
+
+<p>Así que entran en el parque y eligen un sitio a propósito, silencioso,
+umbrío, embalsamado por las acacias, empiezan los juegos. La costurera
+es un portento de gracia y habilidad en saltar la cuerda, tirar el
+volante y chillar como una golondrina. ¡Qué linda está brincando y
+haciendo carocas a los señoritos que acuden al reclamo de los chillidos!
+El juego la vuelve a los días de su infancia, y en consecuencia se
+sienta sobre las rodillas de sus compañeros y les ordena que le aten las
+trenzas del cabello, sin pasársele por la mente que estas escenas
+despiertan en los señoritos que las presencian ideas vituperables de
+adquisición. Nadie diría al ver aquella gracia inocente y modesta, que
+nuestra heroína ha corrido algunas borrascas en las berlinas de punto y
+conoce los misterios de la calle de Panaderos tan bien como D. Antonio
+San Martín. En ciertas ocasiones, rendida, jadeante, las mejillas
+inflamadas, los ojos brillantes y el cabello desgreñado, la he visto
+separarse del juego y tomar el brazo de algún zagal sietemesino con
+guantes amarillos. La he visto seguir lentamente una calle solitaria de
+árboles y perderse con él entre el follaje. ¿Iban tal vez en busca de
+alguna gruta fresca y solitaria como aquella en que la esposa de Salomón
+dejó olvidado su cuidado? No lo sé. En la vida del campo hay misterios
+inefables que sería más grato que prudente el escrutar.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3>
+
+<h4>EL ESTANQUE GRANDE</h4>
+
+<p>Apenas se deja atrás la famosa puerta de Alcalá y se dan algunos pasos
+por la calle de árboles que nos lleva a lo interior del Retiro, empieza
+a refrescar el rostro un vientecillo ligero y húmedo, y con ínfulas de
+marino. El corazón y los pulmones se dilatan, se cierran
+involuntariamente los ojos para recibir el beso blando de aquella brisa,
+y acuden vagamente a la memoria playas, olas, peñascos, barcos, gaviotas
+y sobre todo los horizontes dilatados del oceano que convidan a soñar.
+Continuad, continuad con los ojos cerrados; no temáis tropezar con nada;
+la calle es ancha y los coches no ruedan por aquel sitio. Durante
+algunos momentos podéis meceros sin riesgo en esa grata ilusión marítima
+por la cual habéis pagado ya vuestra contribución.</p>
+
+<p>Yo no diré que cuando abráis los ojos os encontréis frente al mar;
+semejante exageración serviría tan sólo para desacreditar los
+nobilísimos propósitos del poder ejecutivo, dado que éste nunca pensó, a
+mi entender, en fundar un oceano en Madrid, y sí únicamente un epítome o
+compendio de él. Pero si no frente al mar, os halláis por lo menos
+frente a una cantidad de agua que divertirá y lisonjeará vuestras
+aficiones marinas, aunque no las satisfaga por entero. Las audacias de
+tal masa de agua están refrenadas por unos sencillos muros de ladrillo,
+sobre los cuales hay una verja de hierro no muy alta.</p>
+
+<p>Cuando os inclinéis sobre esta verja para examinar de cerca el oceano
+del Ayuntamiento, tal vez convengáis con la mayoría de los vecinos de
+Madrid en que sus aguas no son lo bastante limpias y claras, y que la
+Corporación municipal haría muy bien en renovarlas con frecuencia si se
+propone, como es lo más seguro, halagar con ellas los sentimientos
+naturalistas y poéticos del vecindario. No obstante, en ocasiones, esas
+aguas verdes y cenagosas se rizan blandamente al soplo de la brisa, lo
+mismo que el lago más hermoso, y a veces también, en la hora del medio
+día, estando el cielo límpido, despiden vivos y gratos reflejos azules.
+Le pasa al estanque lo que a las mujeres feas; todas ellas tienen
+instantes, posturas o movimientos agradables.</p>
+
+<p>He indicado como lo más seguro que la fundación de dicho estanque débese
+a la conveniencia de infundir en el espíritu del pueblo madrileño
+ciertas tendencias poéticas y naturalistas. En efecto, comprendiendo el
+Ayuntamiento (como no podía menos de comprender) que en las grandes
+capitales como ésta, el amor de la naturaleza anda muy descuidado, y por
+consecuencia de ello, la sensibilidad del vecindario no recibe el
+cultivo indispensable para preservarlo de las garras del grosero
+positivismo, hizo y hace laudables esfuerzos por mantener vivo en todas
+las clases sociales un romanticismo urbano y municipal en armonía con
+las necesidades del corazón y con la partida que en el presupuesto se
+le destina. Ningún orden de la naturaleza se ha escapado a su
+beneficiosa gestión. Las selvas umbrosas e impenetrables, llenas de
+colores y armonías que se admiran en las soledades de América, están
+representadas por las espesuras del Retiro y por los bosques de la
+plazuela de Oriente, de la plazuela de Santo Domingo y otras plazuelas
+menos conocidas. El prurito de contemplar y recrearse con las altas
+montañas sobre cuya cima el pensamiento del hombre, como las nubes del
+espacio, reposa de sus fatigas, encuentra dulce satisfacción en la
+<i>montaña rusa</i>. Y por último, la aspiración enérgica del espíritu a
+meditar tristemente ante la inmensidad del oceano que nos revela los
+arcanos de lo infinito, obtiene respuesta adecuada, sino cumplida, en
+las riberas del <i>estanque grande</i>. Aquí, sin embargo, se ofreció una
+pequeña dificultad. Es verdad que la contemplación del mar enaltece
+mucho el espíritu y lo purifica, pero no es menos cierto que también lo
+turba y oscurece con sus ásperas impresiones. A fin de hacer frente a
+este peligro psicológico, el Ayuntamiento quiso acudir a un expediente
+seguro; acudió a la cooperación de los cisnes y los patos. En efecto,
+estos animales acuáticos, por su mansedumbre y afabilidad, son muy aptos
+para infundir en el corazón del hombre risueñas ideas y sentimientos de
+paz, y a propósito, por tanto, para contrarestar la impresión fuerte y
+abrumadora que no puede menos de dejar en el ánimo un estanque de la
+magnitud de el del Retiro. Se introdujeron, pues, en dicho estanque como
+obra de una docena de tales animales entre cisnes y patos, encargados de
+secundar los generosos planes del Municipio, recibiendo por ello el
+necesario alimento. Y debemos manifestar en conciencia que las inocentes
+aves desempeñan su papel con maestría y ganan sus cortezas de pan
+honradamente. Véase si no cuán gallardamente cruzan el estanque en todas
+direcciones, cual si resbalaran por el agua a impulso del viento y no
+por virtud del movimiento de sus palmas. Observemos sus posturas
+caprichosas y fantásticas; de qué modo tan pintoresco extienden las alas
+sobre el agua, levantando nubecillas de espuma, o sumergen la cabeza
+para atrapar un insecto, o la ocultan bajo el ala, o levantan el vuelo
+inesperadamente para dejarse caer a los pocos pasos llenos de pereza y
+molicie sobre su elástico lecho, como un sátrapa sobre su diván de
+pluma. Nadie dudará que todo esto ofrece un tinte tan bucólico y
+pastoril, que no puede menos de producir el efecto apetecido. Por muy
+exaltado que el ánimo se encuentre, es imposible que no ceda a los
+esfuerzos combinados de aquella docena de patos.</p>
+
+<p>Navegan también en el estanque muchedumbre de botes, lanchas, canoas y
+otras embarcaciones de diversas formas y tamaños. Los días de fiesta
+suele cruzar por el horizonte un vapor que no se cansa jamás de silbar.
+Parece un espectador de los dramas de Catalina. He querido averiguar
+cuál era el precio del pasaje, y me han dicho que por recorrer todas las
+costas del estanque, deteniéndose en los puntos más notables y dignos de
+verse, se pagaba, en cámara de primera, diez céntimos. Pero es fácil de
+comprender que estos viajes de itinerario forzoso no convienen más que
+a las personas de poca imaginación y de sentimientos vulgares y
+limitados. Los espíritus fantásticos y aventureros gustan más de viajar
+sin itinerario. Hay, pues, mucha gente que prefiere tripular los botes y
+canoas navegando sin rumbo prefijado y deteniéndose donde bien les place
+el tiempo que tienen por conveniente. El amor a la naturaleza y el deseo
+de conocer las rudas faenas de la mar les arrastra a despojarse de la
+levita y a empuñar los remos con las manos cubiertas de sortijas. Desde
+este momento su fisonomía se contrae duramente y toma la expresión
+siniestra y terrible de los piratas: sus movimientos son torpes y
+pesados como los de un lobo de mar. Cuando pasan cerca de la costa y ven
+una niñera más o menos gentil que les contempla absorta y admirada, se
+suelen guiñar el ojo con cierta malicia ruda, exclamando con voz ronca:
+«¡Ohé, muchachos, una fragata a barlovento!»</p>
+
+<p>A otros les da por lo sentimental, y el espectáculo de las aguas
+dormidas del lago les recuerda las novelas venecianas o las baladas de
+la Suiza: se dejan balancear dulcemente, inmóviles y apoyados sobre el
+remo, fijan la vista en un punto del espacio con expresión amarga,
+propia de corazones lacerados, y prorrumpen a veces en tiernas
+barcarolas que han aprendido en el teatro Real.</p>
+
+<p>Lo mismo las aventuras maravillosas de los unos que las barcarolas de
+los otros cesan repentinamente así que se escucha una voz poderosa,
+inmensa como la de Neptuno, que llega en alas del viento a todas las
+riberas del estanque:&mdash;«Esquife número siete (pausa solemne)... la
+hora.» Inmediatamente la embarcación, después de ejecutar las maniobras
+indispensables, dirige su rumbo hacia el puerto. Si llega con felicidad
+a él, como ordinariamente acontece, la tripulación, rendida y jadeante,
+no tarda en saltar sobre el muelle, limpiándose los pantalones con el
+pañuelo para después restituirse alegremente al seno de sus familias.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3>
+
+<h4>LA CASA DE FIERAS</h4>
+
+<p>No sé de cuándo data la institución de que quiero dar cuenta: es posible
+que haya nacido bajo el gobierno paternal del señor Moyano, aunque no lo
+afirmo. Antes de ponerme a escribir acerca de ella, quizá debiera
+examinar algunos documentos referentes a su erección y desenvolvimiento,
+a fin de que las futuras generaciones, cuando lean el presente estudio,
+sepan a quién deben las fieras el piadoso hospital que hoy disfrutan.
+Prefiero, no obstante, improvisar algunas cuartillas, que caerán fuera
+de los dominios de la ciencia histórica, hacia la cual me siento antes
+de almorzar poco inclinado.</p>
+
+<p>A unas cien varas del estanque grande se alza el famoso hospicio donde
+un gobierno atento a las necesidades morales de sus contribuyentes ha
+colocado media docena de bestias feroces y veinte o treinta micos, con
+el objeto de recrear y al propio tiempo vigorizar a la guarnición de
+Madrid. Así como los cisnes del estanque reciben sus emolumentos para
+despertar en los indígenas ideas bucólicas y sentimientos pastoriles,
+las alimañas de la Casa de fieras han venido adrede de los desiertos de
+África para infundir en la clase de tropa la ferocidad que suele perder
+en el trato íntimo de criadas y costureras. Y es de admirar realmente el
+acierto que ha presidido a la elección de estos terribles animales y con
+qué esmero se han procurado utilizar sus diversas aptitudes. Por
+ejemplo, a nadie puede caber duda de que el león ha sido traído para
+despertar en el corazón de los espectadores la nobleza y la bravura,
+como el leopardo la fiereza, el lobo la rapidez, la hiena la crueldad,
+el mono la astucia y el oso la calma. La española infantería, al
+recorrer por las tardes en la grata compañía de sus patronas las jaulas
+del establecimiento, se siente regenerada y dispuesta a habérselas con
+todo linaje de republicanos feroces y dañinos, mansos o amansados.</p>
+
+<p>Las fieras, como es lógico, conocen de vista a todos los reclutas de la
+guarnición, y no sólo a los reclutas, sino a sus parientes y amigos. El
+mejor obsequio que se puede hacer a un forastero después de beber unas
+copas de ron y marrasquino, es llevarle a la Casa de fieras y pasearle
+un buen rato en torno de la jaula de los micos. «Anda, anda, que
+<i>Grabiel</i> bien se divierte por allá por Madrid... no se esté con
+<i>cudiao</i> por él, tía Rosa... <i>toa</i> la tarde se la pasa mira que te mira
+a los micos en un sitio que llaman la Casa de fieras, que le digo, así
+Dios me salve, que no hay otra cosa que ver en Madrid.»</p>
+
+<p>El soldado español es, además de bizarro, sufrido, frugal, pundonoroso,
+etc., etc., chispeante en el pensamiento y ático en la frase. Nadie lo
+ha puesto en duda. Pues bien; esta sal y este aticismo con que la
+naturaleza dotó a nuestro ejército, y muy singularmente al arma de
+infantería, se aumenta en un cincuenta por ciento lo menos cuando pasea
+por los jardines de la Casa de fieras. En aquellos amenos parajes,
+delante de la jaula del león africano, o del tigre de Bengala, o del
+tití de las Indias, es donde el regocijado ingenio de nuestros quintos
+derrama los tesoros de su gracia; allí donde se escuchan las frases
+espirituales, los dichos agudos; allí donde revientan los epigramas
+acerados, los discretos razonamientos. Parado frente a la jaula del
+leopardo, que duerme tranquilo en un rincón, el quinto suele decirle en
+tono de zumba:&mdash;«¡Anda tú, dormidor! ¿No te cansas de dormir, tuno?
+¿Estás a gusto, eh gran ladrón?»&mdash;Pasa inmediatamente a la del león y
+vierte sobre él otra granizada de chistes.&mdash;«¡<i>Miale, miale</i>, qué boca
+abre el cochino! ¿Nos almorzarías de buena gana, verdad? Pues amigo,
+<i>pacencia</i> y llamar a Cachano, que <i>toos semos</i> hijos de Dios. Manolo,
+<i>arrepara</i> qué melenas; ¡<i>paecen</i> los pelos del tío Farruco!»</p>
+
+<p>El recluta se hincha en tales ocasiones porque tiene público: en pos de
+él hay siempre media docena de robustas criadas de la Alcarria que le
+escuchan embelesadas y le siguen con afán. ¡Cómo se desternillan de
+risa! ¡Cómo paladean los chistes del donoso soldado! Nadie penetra como
+ellas el sentido íntimo de sus frases, ni puede apreciar tan bien la
+delicadeza nerviosa de su humorismo. Entre el recluta y las criadas se
+engendra inmediatamente una misteriosa corriente de simpatía, mediante
+la que el fondo poético de sus corazones y todos los dulces pensamientos
+y vagas aspiraciones de su espíritu se confunden. El recluta siente en
+el occipucio los ojos de las alcarreñas que le excitan a mostrarse cada
+vez más agudo y espiritual, y éstas advierten con inocente alegría que
+aquel derroche de gracia y de ingenio no es otra cosa que un fervoroso
+homenaje de adoración que el gentil recluta les dedica. Allá, a la hora
+del crepúsculo, cuando las nieblas descienden al fondo de los valles y
+el céfiro pliega sus alas sobre las flores, Manolo suele pegar un
+tremendo empujón a su amigo <i>Grabiel</i> que le hace caer sobre el grupo de
+criadas, las cuales reciben el golpe como una manifestación de respeto y
+galantería. A partir del empujón, entre reclutas y criadas se establece
+una amistad inalterable. Y la ferocidad que el ejército ha ganado por un
+lado la pierde inmediatamente por otro, viniendo abajo de esta suerte la
+obra paternal de la Administración.</p>
+
+<p>Antes de dar por terminado este artículo, necesito delatar a la
+Corporación municipal un abuso que redunda en menoscabo del país y
+descrédito de la importante institución en que me estoy ocupando. Por
+muy sensible que me sea el decirlo, es lo cierto que las fieras del
+Municipio no cumplen debidamente con su cometido. ¿Para qué han sido
+traídos estos animales de los desiertos de África y Asia a costa de mil
+sacrificios pecuniarios? Ya hemos dicho que para infundir energía y
+vigorizar al pueblo y al ejército. Pues bien; yo no sé cómo han llenado
+su deber en los primeros tiempos: mas actualmente puedo decir que están
+muy lejos de desempeñarlo con la exactitud y el celo apetecidos. En vez
+de mostrar una actitud imponente que sobrecoja y atemorice el ánimo, en
+vez de rugir y echar centellas por los ojos, y sacudir las rejas de la
+jaula con el aparato del que quiere saltar fuera y devorar en un credo
+a todos los espectadores, se pasan la mayor parte del día en letargo
+vergonzoso, tirados en un rincón como objetos inanimados, sin que las
+excitaciones del respetable público logren hacerles menear siquiera la
+cola. Cuando por casualidad se les encuentra de pie, no hacen otra cosa
+que pasear tranquilamente por la celda sin desplegar ninguna especie de
+ferocidad, como un poeta lírico que estuviese meditando algún soneto
+enrevesado para la <i>Ilustración Española y Americana</i>: cuando abren la
+boca y estiran las garras, nunca es en son de amenaza, sino para
+desperezarse groseramente; y si tal vez que otra les da la humorada de
+rugir, lo hacen con tanta delicadeza, que más que de devorarlos, parece
+que tratan de enterarse de la salud de los espectadores.</p>
+
+<p>Es necesario cortar este abuso. ¿Cómo? Buscando el origen y destruyendo
+la causa. El origen de tal apatía y negligencia por parte de estos
+animales no puede ser otro que el no dárseles el sustento necesario. Las
+bestias de la Casa de fieras pertenecen a la clase docente, y como el
+profesorado en general, están muy mal retribuidas: tienen los huesos
+salientes, el pellejo arrugado, el aspecto miserable y triste. Un
+profesor amigo mío (que también tiene los huesos salientes y el pellejo
+arrugado), me decía no ha mucho tiempo que él no enseñaba más ciencia
+que la equivalente a los catorce mil reales que le daban. Las fieras
+deben de seguir el mismo sistema. Auménteseles, pues, el sueldo, déseles
+las piltrafas suficientes, y el Ayuntamiento verá sus cátedras de
+energía y ferocidad perfectamente desempeñadas.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3>
+
+<h4>EL PASEO DE LOS COCHES</h4>
+
+<p>Se trabó una lucha titánica en el Ayuntamiento y en las columnas de los
+periódicos. Los peones nos defendimos bizarramente. Hicimos esfuerzos
+increíbles para salvar nuestro Retiro de la feroz invasión; pero
+quedamos vencidos. En las hermosas calles de árboles nunca profanadas,
+chasquearon las herraduras de los caballos, y los modernos
+conquistadores, los bárbaros de la riqueza entraron soberbios,
+arrollándonos entre las patas de sus corceles.</p>
+
+<p>Vivíamos felices y tranquilos, y a veces nos decíamos:&mdash;«Tenéis los
+teatros, los salones, la Casa de Campo, la Castellana, sois los dueños
+de Madrid; pero nosotros poseemos el Retiro. Para gozar el aroma de sus
+flores, la frescura de sus árboles y la grata perspectiva de sus
+calles, es necesario que dejéis vuestro coche a la puerta y ensuciéis un
+poco la suela de los zapatos; porque el Retiro está hecho por Dios y el
+Ayuntamiento para nosotros, exclusivamente para nosotros los villanos.»</p>
+
+<p>Mas he aquí que un día se les antoja a los bárbaros penetrar con sus
+carros, con sus mujeres e hijas en nuestro delicioso campamento. Cayeron
+los árboles más o menos seculares, y sus hojas sirvieron de alfombra a
+los triunfadores. También nuestras frentes humilladas les sirvieron de
+alfombra.</p>
+
+<p>Y lo peor de todo es que, imitando la crueldad de los soldados de
+Alarico y Atila, nos han llevado y nos llevan atados a su carro. He
+conocido a un joven que luchó valerosamente contra la invasión desde las
+columnas de <i>La Correspondencia</i>. Recuerdo cierto suelto de su mano que
+decía: «No es exacto que el Municipio trate de abrir en el Retiro un
+paseo para los carruajes.» Este suelto cayó como una bomba en el campo
+enemigo, haciendo en él graves destrozos, y estuvo a punto de dejar
+fallidas sus esperanzas. Pues bien; a este mismo joven le he visto
+después ignominiosamente atado a la carretela de un bárbaro, que le
+llevaba a un paso muy superior a sus piernas. Y la hija del bárbaro aún
+parece que se reía de él.</p>
+
+<p>Algunos refieren la historia del paseo de coches diciendo que a cierto
+caballo inglés, hastiado de tanto ir y venir a la Castellana, acometido
+del <i>spleen</i> y en peligro inminente de suicidarse, se le puso un día
+entre las dos orejas el hollar los jardines privilegiados; insinúa su
+extravagante deseo al amo, le da algunas razones, y últimamente le
+persuade a que interponga su influencia para que de allí en adelante se
+extienda el privilegio de los bípedos a los caballos lucios y bien
+educados. El amo, que era regidor, lo propuso en concejo, y pronunció
+con tal motivo un bello discurso, donde expuso a la consideración del
+Ayuntamiento los argumentos capitales que su jaca le había insinuado.
+Armose el consiguiente motín, los bípedos se resistieron a abandonar sus
+franquicias, acudieron a la prensa, dijeron que el echar árboles al
+suelo era propio de los pueblos primitivos, y que es muy fácil construir
+una casa, pero que un árbol nadie lo construye mas que la naturaleza;
+hablaron del hacha devastadora y se autorizaron el dudar de los
+sentimientos poéticos de los concejales. A tales afirmaciones contestó
+el potro inglés, por boca de su amo, diciendo, que no eran más que
+«huecas declamaciones», y que cuando el paseo estuviese abierto y
+terminado, ya se vería. Y en efecto, después se vio que el potro tenía
+razón. El paseo de coches, no sólo no ha quitado belleza al Retiro, pero
+le ha añadido cierto esplendor fastuoso que antes no tenía; a cada cual
+lo suyo.</p>
+
+<p>No está trazado en línea recta como el de la Castellana, porque no tiene
+por objeto despertar en el vecindario ideas generales, sino que forma
+una curva graciosa y bastante prolongada, que se extiende desde la Casa
+de fieras hasta la estatua del Angel caído, en torno de la cual giran
+los carruajes al dar la vuelta; es un Luzbel doblado por el espinazo, el
+cuello descoyuntado y los músculos tendidos, que parece un artista
+ecuestre del circo de Price. Sus colegas de acá, otros ángeles caídos
+que suelen llamarse «la Tomasa, la Adela, la Paz, la Asunción, etc.», al
+cruzar por su lado le miran con soberano desdén: ninguno ha caído como
+él en medroso despeñadero; todos han venido a dar sobre algún <i>milord</i>
+con un caballo.</p>
+
+<p>En este moderno paseo se cita y emplaza la sociedad elegante en las
+tardes de invierno, para gozar el inefable deleite de contemplarse un
+par de horas, después de lo cual se apresura a ir a comer y escapa a uña
+de caballo a contemplarse de nuevo en el Real otras tres o cuatro
+horitas. Parece una sociedad de derviches: el goce supremo es la
+contemplación. Hay hombre que se queda calvo, y defrauda al Estado, y
+arruina a varias familias, solamente para que dos caballos le lleven a
+todas partes a contemplar a otros hombres que también se han quedado
+calvos y han defraudado al Estado y a los particulares con el mismo
+objeto. Los madrileños, mejor que ningún otro pueblo antiguo o moderno,
+han llevado al refinamiento este goce exquisito: en las iglesias, en
+los teatros, en el paseo, en los salones, se apuran todos los medios de
+contemplarse con más comodidad. Cuando viene el calor y es fuerza salir
+de Madrid y separarse, entonces la sociedad vuela a las playas de San
+Sebastián, a fin de no perderse un instante de vista.</p>
+
+<p>De cinco a cinco y media de la tarde está el paseo en todo su esplendor;
+un millar de coches se apiña en la no muy ancha carretera, de tal
+suerte, que no hay medio de caminar por ella: a veces tardan en dar una
+sola vuelta más de hora y media, lo cual constituye, como es fácil de
+comprender, el encanto de los que perennemente los ocupan; de esta
+guisa, la contemplación es más fácil y más intensa. Las señoras levantan
+suavemente las sombrillas para mirar por debajo de ellas a otras
+señoras, que de igual manera dejan caer las suyas y pagan mirada por
+mirada. Hace ya muchos años que se miran y llevan por cuenta los
+vestidos, los coches, los caballos, los queridos, las pulseras, el
+colorete y hasta los lunares que gastan; así que, ordinariamente, se
+habla muy poco: sólo de vez en cuando alguna dama comunica a su
+compañera en voz baja y estilo telegráfico ciertas observaciones de poca
+monta:</p>
+
+<p>&mdash;¿Has visto a Bermejillo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Va detrás de Enriqueta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>Y de nuevo guardan silencio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has visto a la de Quintanar?</p>
+
+<p>&mdash;Hasta ahora no.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y a la de Beleño?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco.</p>
+
+<p>La dama se calla otra vez, pero experimenta leve disgusto; para que se
+vaya a casa satisfecha y coma con apetito, es preciso que estén en el
+paseo la de Quintanar, la de Beleño, la de Casagonzalo, la de Trujillo,
+la de Torrealta, la de Villavicencio, la de Córdova, la de Perales, la
+de Vélez Málaga y la de Cerezangos, a quienes está viendo hace veinte
+años, en todos sitios y a todas horas: si no, se marcha mal humorada,
+diciendo que el paseo estaba muy cursi. Los cocheros y lacayos, desde lo
+alto de los pescantes, dejan caer miradas olímpicas sobre las carrozas,
+y murmuran de vez en cuando alguna frase insolente y obscena a
+propósito de las damas que pasan cerca; o examinan fijamente las libreas
+de sus compañeros, proponiéndose exigir otras iguales de sus amos. Los
+caballos, aburridos, se contemplan sin cesar, y guardan silencio como
+sus señores. Tal vez que otra, no obstante, dejan caer, entre resoplidos
+y cabezadas, alguna observación punzante acerca de sus colegas:</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya unos arreos lucidos que les han echado encima a los jacos de
+Villamediana! ¡Me da risa!</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué otra cosa quieres que les pongan, chico? ¡Si son dos burros sin
+orejas!</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te parece del <i>tren</i> de Rebolledo?</p>
+
+<p>&mdash;Que esos potros son tan ingleses como el forro de mis pezuñas.</p>
+
+<p>Así hablan los caballos a menudo; y a menudo también los amos.</p>
+
+<p>Por una de las calles laterales y antiguas caminan los bípedos de la
+burguesía, contemplando sin pestañear el fastuoso cortejo de los
+cuadrúpedos aristocráticos. Cuando se cansan de caminar, toman asiento
+en las sillas metálicas puestas allí adrede para mirarse cómodamente.
+Numerosas y respetables familias, cuyos jefes sirven dignamente a la
+Administración pública, se autorizan diariamente el sabroso placer de
+ver pasar en procesión a las damas y caballeros que en Madrid gastan
+coche. La vida cortesana ofrece vivos y punzantes atractivos: el jefe de
+familia la encuentra demasiado agitada cuando llega a su casa.</p>
+
+<p>Ciñendo la carretera, con el rostro vuelto hacia los coches, suelen
+cruzar a paso largo algunos señoritos de palo, con el felpudo sombrero
+ladeado, puños salientes, levita abrochada hasta la nuez y báculo.
+Llevan dentro un resorte que en ciertos momentos les obliga a detener el
+paso, llevar la mano al sombrero, agitarlo en el aire, ponérselo otra
+vez y seguir andando.</p>
+
+<p>Y el sol, por no ser menos que todos, contempla con ojo de moribundo
+esta escena interesante enfilando sus rayos oblicuos entre los árboles y
+levantando mil graciosos reflejos en el barniz de los coches, en el
+cristal de las linternas y en el metal de los botones de cocheros y
+lacayos. Antes de morir envuelve con suave caricia la pompa abigarrada
+de aquella muchedumbre, que no tiene ojos más que para sí misma, hace
+brillar los arreos de los caballos y las joyas de las señoras, tiñe de
+vivos colores la seda de los vestidos y extiende un manto brillante de
+oro sobre la inmóvil y silenciosa comitiva. Los árboles recogen con más
+placer que los hombres el último beso del astro del día, y entre sus
+copas frondosas surgen gratas y fugitivas luces. A la izquierda el puro
+azul del cielo se deja ver, desvaído ya y marchito, y su fondo luminoso
+queda cortado a trechos por las formas rígidas de alguna conífera o por
+los tricornios de los guardias que permanecen clavados a sus caballos, y
+los caballos a la tierra como verdaderas estatuas. En el medio de la
+curva que el paseo describe, hay abierto un boquete sin árboles, por
+donde se contempla el paisaje: parece un enorme balcón desde donde se
+divisan algunas leguas de tierra árida como toda la que rodea a Madrid.
+Este paisaje sólo es bello a la caída de la tarde: entonces las brumas
+del crepúsculo, traspasadas un instante por los rayos del sol, matizan
+delicadamente la vasta planicie, las colinas lejanas flotan en una
+neblina azulada, y sobre ellas resaltan como puntos blancos algunos
+caseríos. Los juegos de la luz fingen en la llanura bosques, campos,
+ríos y pueblos que no existen: es un país falso y teatral que guarda
+cierta semejanza con el fondo del cuadro de las Lanzas, de Velázquez;
+pero cautiva la vista por su esplendor, y dilata el pecho por su
+inmensidad.</p>
+
+<p>El vapor luminoso que por aquella parte envuelve el paseo, amortiguando
+los vivos colores de las sombrillas, borrando los elegantes contornos de
+los caballos, esfumando las facciones de las damas y prestándole a todo
+aspecto escenográfico, pierde lentamente su brillo y se transforma en un
+polvo ceniciento que cae del cielo como heraldo de la noche. La noche se
+llega al fin: el sol sepulta sus fuegos en los confines de la yerma
+llanura: algunas nubecillas finas y delgadas, como rayas trazadas en el
+firmamento, después de ennegrecerse fuertemente, concluyen por
+desaparecer. El paseo pierde todo su esplendor; ya no es más que un
+grupo numeroso de coches sin brillo ni poesía. La comitiva siente casi
+al mismo tiempo un leve temblor de frío; las señoras se embozan en los
+chales y tiran hacia sí las pieles que cubren sus rodillas; los
+caballeros se esfuerzan en meterse los abrigos y agitan los brazos en el
+aire como aspas de molino; piafan los caballos pensando en las próximas
+dulzuras del pesebre, y los aurigas chasquean el látigo enderezándolos
+ya hacia la ciudad. En pocos minutos queda la carretera desierta. Los
+peones, que como es natural permanecen rezagados, escuchan algún tiempo
+el ruido de los coches, como un rumor distante de olas que se
+estrellan.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_PAJARO_EN_LA_NIEVE" id="EL_PAJARO_EN_LA_NIEVE"></a>EL PÁJARO EN LA NIEVE</h3>
+
+<hr />
+
+<h4>(NOVELA)</h4>
+
+<p>Era ciego de nacimiento. Le habían enseñado lo único que los ciegos
+suelen aprender, la música; y fue en este arte muy aventajado. Su madre
+murió pocos años después de darle la vida; su padre, músico mayor de un
+regimiento, hacía un año solamente. Tenía un hermano en América que no
+daba cuenta de sí; sin embargo, sabía por referencias que estaba casado,
+que tenía dos niños muy hermosos y ocupaba buena posición. El padre
+indignado, mientras vivió, de la ingratitud del hijo, no quería oír su
+nombre; pero el ciego le guardaba todavía mucho cariño; no podía menos
+de recordar que aquel hermano, mayor que él, había sido su sostén en la
+niñez, el defensor de su debilidad contra los ataques de los demás
+chicos, y que siempre le hablaba con dulzura. La voz de Santiago, al
+entrar por la mañana en su cuarto diciendo: «¡Hola, Juanito! arriba,
+hombre, no duermas tanto,» sonaba en los oídos del ciego más grata y
+armoniosa que las teclas del piano y las cuerdas del violín. ¿Cómo se
+había trasformado en malo aquel corazón tan bueno? Juan no podía
+persuadirse de ello, y le buscaba un millón de disculpas: unas veces
+achacaba la falta al correo; otras se le figuraba que su hermano no
+quería escribir hasta que pudiera mandar mucho dinero; otras pensaba que
+iba a darles una sorpresa el mejor día presentándose cargado de millones
+en el modesto entresuelo que habitaban: pero ninguna de estas
+imaginaciones se atrevía a comunicar a su padre: únicamente cuando éste,
+exasperado, lanzaba algún amargo apóstrofe contra el hijo ausente, se
+atrevía a decirle: «No se desespere V., padre; Santiago es bueno; me da
+el corazón que ha de escribir uno de estos días.»</p>
+
+<p>El padre se murió sin ver carta de su hijo mayor, entre un sacerdote que
+le exhortaba y el pobre ciego que le apretaba convulso la mano, como si
+tratase de retenerle a la fuerza en este mundo. Cuando quisieron sacar
+el cadáver de casa sostuvo una lucha frenética, espantosa, con los
+empleados fúnebres. Al fin se quedó solo; pero ¡qué soledad la suya! Ni
+padre, ni madre, ni parientes, ni amigos: hasta el sol le faltaba, el
+amigo de todos los seres creados. Pasó dos días metido en su cuarto,
+recorriéndolo de una esquina a otra como un lobo enjaulado, sin probar
+alimento. La criada, ayudada por una vecina compasiva, consiguió al cabo
+impedir aquel suicidio: volvió a comer y pasó la vida desde entonces
+rezando y tocando el piano.</p>
+
+<p>El padre, algún tiempo antes de morir, había conseguido que le diesen
+una plaza de organista en una de las iglesias de Madrid, retribuida con
+catorce reales diarios: no era bastante, como se comprende, para
+sostener una casa abierta, por modesta que fuese; así que, pasados los
+primeros quince días, nuestro ciego vendió por algunos cuartos, muy
+pocos por cierto, el humilde ajuar de su morada, despidió a la criada y
+se fue de pupilo a una casa de huéspedes pagando ocho reales; los seis
+restantes le bastaban para atender a las demás necesidades. Durante
+algunos meses vivió el ciego sin salir a la calle más que para cumplir
+su obligación; de casa a la iglesia, y de la iglesia a casa. La tristeza
+le tenía dominado y abatido de tal suerte, que apenas despegaba los
+labios; pasaba las horas componiendo una gran misa de <i>requiem</i> que
+contaba se tocase por la caridad del párroco en obsequio del alma de su
+difunto padre; y ya que no podía decirse que tenía los cinco sentidos
+puestos en su obra, porque carecía de uno, sí diremos que se entregaba a
+ella con alma y vida.</p>
+
+<p>El cambio de ministerio le sorprendió cuando aún no la había terminado:
+no sé si entraron los radicales, o los conservadores, o los
+constitucionales; pero entraron algunos nuevos. Juan no lo supo sino
+tarde y con daño. El nuevo gabinete, pasados algunos días, juzgó que
+Juan era un organista peligroso para el orden público, y que desde lo
+alto del coro, en las vísperas y misas solemnes, roncando y zumbando con
+todos los registros del órgano, le estaba haciendo una oposición
+verdaderamente escandalosa. Como el ministerio entrante no estaba
+dispuesto, según había afirmado en el Congreso por boca de uno de sus
+miembros más autorizados, «a tolerar imposiciones de nadie,» procedió
+inmediatamente y con saludable energía a dejar cesante a Juan,
+buscándole un sustituto que en sus maniobras musicales ofreciese más
+garantías o fuese más adicto a las instituciones. Cuando le notificaron
+el cese, nuestro ciego no experimentó más emoción que la sorpresa; allá
+en el fondo casi se alegró, porque le dejaban más horas desocupadas para
+concluir su misa. Solamente se dio cuenta de su situación cuando al fin
+del mes se presentó la patrona en el cuarto a pedirle dinero; no lo
+tenía, porque ya no cobraba en la iglesia; fue necesario que llevase a
+empeñar el reloj de su padre para pagar la casa. Después se quedó otra
+vez tan tranquilo y siguió trabajando sin preocuparse de lo porvenir.
+Mas otra vez volvió la patrona a pedirle dinero, y otra vez se vio
+precisado a empeñar un objeto de la escasísima herencia paterna; era un
+anillo de diamantes. Al cabo ya no tuvo qué empeñar. Entonces, por
+consideración a su debilidad, le tuvieron algunos días más de cortesía,
+muy pocos, y después le pusieron en la calle, gloriándose mucho de
+dejarle libre el baúl y la ropa, ya que con ella podían cobrarse de los
+pocos reales que les quedaba a deber.</p>
+
+<p>Buscó una nueva casa, pero no pudo alquilar piano, lo cual le causó una
+inmensa tristeza; ya no podía terminar su misa. Todavía fue algún tiempo
+a casa de un almacenista amigo y tocó el piano a ratos; no tardó, sin
+embargo, en observar que se le iba recibiendo cada vez con menos
+amabilidad, y dejó de ir por allá.</p>
+
+<p>Al poco tiempo le echaron de la nueva casa, pero esta vez quedándose con
+el baúl en prenda. Entonces comenzó para el ciego una época tan
+miserable y angustiosa, que pocos se darán cuenta cabal de los dolores,
+mejor aún, de los martirios que la suerte le deparó. Sin amigos, sin
+ropa, sin dinero, no hay duda que se pasa muy mal en el mundo; mas si a
+esto se agrega el no ver la luz del sol, y hallarse por lo mismo
+absolutamente desvalido, apenas si alcanzamos a divisar el límite del
+dolor y la miseria. De posada en posada, arrojado de todas poco después
+de haber entrado, metiéndose en la cama para que le lavasen la única
+camisa que tenía, el calzado roto, los pantalones con hilachas por
+debajo, sin cortarse el pelo y sin afeitarse, rodó Juan por Madrid no sé
+cuánto tiempo. Pretendió, por medio de uno de los huéspedes que tuvo,
+más compasivo que los demás, la plaza de pianista en un café. Al fin se
+la otorgaron, pero fue para despedirle a los pocos días: la música de
+Juan no agradaba a los parroquianos del <i>Café de la Cebada</i>; no tocaba
+jotas, ni polos, ni sevillanas, ni cosa ninguna flamenca, ni siquiera
+polkas; pasaba la noche interpretando sonatas de Beethoven y conciertos
+de Chopín: los concurrentes se desesperaban al no poder llevar el
+compás con las cucharillas.</p>
+
+<p>Otra vez volvió a rodar el mísero por los sitios más hediondos de la
+capital. Algún alma caritativa, que por casualidad se enteraba de su
+estado, socorríale indirectamente, porque Juan se estremecía a la idea
+de pedir limosna. Comía lo preciso para no morirse de hambre en alguna
+taberna de los barrios bajos, y dormía por cuatro cuartos entre mendigos
+y malhechores en un desván destinado a este fin. En cierta ocasión le
+robaron, mientras dormía, los pantalones, y le dejaron otros de dril
+remendados. Era en el mes de Noviembre.</p>
+
+<p>El pobre Juan, que siempre había guardado en el pensamiento la quimera
+de la venida de su hermano, ahogado ahora por la desgracia, comenzó a
+alimentarla con afán. Hizo que le escribiesen a la Habana, sin poner
+señas a la carta porque no las sabía; procuró informarse si le habían
+visto, aunque sin resultado; y todos los días se pasaba algunas horas
+pidiendo a Dios de rodillas que le trajese en su auxilio. Los únicos
+momentos felices del desdichado eran los que pasaba en oración en el
+ángulo de alguna iglesia solitaria: oculto detrás de un pilar,
+aspirando los acres olores de la cera y la humedad, escuchando el
+chisporroteo de los cirios y el leve rumor de las plegarias de los pocos
+fieles distribuidos por las naves del templo, su alma inocente dejaba
+este mundo, que tan cruelmente le trataba, y volaba a comunicarse con
+Dios y su Madre Santísima. Tenía la devoción de la Virgen profundamente
+arraigada en el corazón desde la infancia: como apenas había conocido a
+su madre, buscó por instinto en la de Dios la protección tierna y
+amorosa que sólo la mujer puede dispensar al niño; había compuesto en
+honor suyo algunos himnos y plegarias, y no se dormía jamás sin besar
+devotamente el escapulario del Carmen que llevaba al cuello.</p>
+
+<p>Llegó un día, no obstante, en que el cielo y la tierra le desampararon.
+Arrojado de todas partes, sin tener un pedazo de pan que llevarse a la
+boca, ni ropa con que preservarse del frío, comprendió el cuitado con
+terror que se acercaba el instante de pedir limosna. Trabose una lucha
+desesperada en el fondo de su espíritu; el dolor y la vergüenza
+disputaron palmo a palmo el terreno a la necesidad; las tinieblas que le
+rodeaban hacían aún más angustiosa esta batalla. Al cabo, como era de
+esperar, venció el hambre. Después de pasar muchas horas sollozando y
+pidiendo fuerzas a Dios para soportar su desdicha, resolviose a implorar
+la caridad; pero todavía quiso el infeliz disfrazar la humillación, y
+decidió cantar por las calles de noche solamente. Poseía una voz
+regular, y conocía a la perfección el arte del canto; mas tropezó con la
+dificultad de no tener medio de acompañarse. Al fin, otro desgraciado,
+que no lo era tanto como él, le facilitó una guitarra vieja y rota, y
+después de arreglarla del mejor modo que pudo, y después de derramar
+abundantes lágrimas, salió cierta noche de Diciembre a la calle. El
+corazón le latía fuertemente; las piernas le temblaban; cuando quiso
+cantar en una de las calles más céntricas, no pudo; el dolor y la
+vergüenza habían formado un nudo en su garganta. Arrimose a la pared de
+una casa, descansó algunos instantes, y repuesto un tanto, empezó a
+cantar la romanza de tenor del primer acto de <i>La Favorita</i>. Llamó
+desde luego la atención de los transeúntes un ciego que no cantaba
+peteneras o malagueñas, y muchos hicieron círculo en torno suyo, y no
+pocos, al observar la maestría con que iba venciendo las dificultades de
+la obra, se comunicaron en voz baja su sorpresa y dejaron algunos
+cuartos en el sombrero, que había colgado del brazo. Terminada la
+romanza, empezó el aria del cuarto acto de <i>La Africana</i>. Pero se había
+reunido demasiada gente a su alrededor, y la autoridad temió que esto
+fuese causa de algún desorden, pues era cosa averiguada para los agentes
+de orden público que las personas que se reúnen en la calle a escuchar a
+un ciego demuestran por este hecho instintos peligrosos de rebelión,
+cierta hostilidad contra las instituciones, una actitud, en fin,
+incompatible con el orden social y la seguridad del Estado. Por lo cual
+un guardia cogió a Juan enérgicamente, por el brazo y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;A ver; retírese V. a su casa inmediatamente, y no se pare V. en
+ninguna calle.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo no hago daño a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Esta V. impidiendo el tránsito. Adelante, adelante, si no quiere V. ir
+a la prevención.</p>
+
+<p>Es realmente consolador el ver con qué esmero procura la autoridad
+gubernativa que las vías públicas se hallen siempre limpias de ciegos
+que canten. Y yo creo, por más que haya quien sostenga lo contrario, que
+si pudiese igualmente tenerlas limpias de ladrones y asesinos, no
+dejaría de hacerlo con gusto.</p>
+
+<p>Retirose a su zahúrda el pobre Juan, pesaroso, porque tenía buen
+corazón, de haber comprometido por un instante la paz intestina y dado
+pie para una intervención del poder ejecutivo. Había ganado cinco reales
+y un perro grande. Con este dinero comió al día siguiente, y pagó el
+alquiler del miserable colchón de paja en que durmió. Por la noche tornó
+a salir y a cantar trozos de ópera y piezas de canto: vuelta a reunirse
+la gente en torno suyo y vuelta a intervenir la autoridad gritándole con
+energía:&mdash;Adelante, adelante.</p>
+
+<p>¡Pero si iba adelante no ganaba un cuarto, porque los transeúntes no
+podían escucharle! Sin embargo, Juan marchaba, marchaba siempre porque
+le estremecía, más que la muerte, la idea de infringir los mandatos de
+la autoridad, y turbar, aunque fuese momentáneamente, el orden de su
+país.</p>
+
+<p>Cada noche se iban reduciendo más sus ganancias. Por un lado la
+necesidad de seguir siempre adelante, y por otro la falta de novedad,
+que en España se paga siempre muy cara, le iban privando todos los días
+de algunos céntimos. Con los que traía para casa al retirarse apenas
+podía introducir en el estómago algo para no morirse de hambre. Su
+situación era ya desesperada. Sólo un punto luminoso seguía viendo
+tenazmente el desgraciado entre las tinieblas de su congojoso estado:
+este punto luminoso era la llegada de su hermano Santiago. Todas las
+noches, al salir de casa con la guitarra colgada del cuello, se le
+ocurría el mismo pensamiento:&mdash;«Si Santiago estuviese en Madrid y me
+oyese cantar, me conocería por la voz.» Y esta esperanza, mejor dicho,
+esta quimera, era lo único que le daba fuerzas para soportar la vida.</p>
+
+<p>Llegó otro día, no obstante, en que la angustia y el dolor no conocieron
+límites. En la noche anterior no había ganado más que seis cuartos.
+¡Había estado tan fría! Como que amaneció Madrid envuelto en una sábana
+de nieve de media cuarta de espesor. Y todo el día siguió nevando sin
+cesar un instante, lo cual les tenía sin cuidado a la mayoría de la
+gente, y fue motivo de regocijo para muchos aficionados a la estética.
+Los poetas que gozaban de una posición desahogada, muy particularmente,
+pasaron gran parte del día mirando caer los copos al través de los
+cristales de su gabinete, y meditando lindos e ingeniosos símiles de
+esos que hacen gritar al público en el teatro «¡bravo, bravo!» u obligan
+a exclamar cuando se leen en un tomo de versos: «¡qué talento tiene este
+joven!»</p>
+
+<p>Juan no había tomado más alimento que una taza de café de ínfima clase y
+un panecillo. No pudo entretener el hambre contemplando la hermosura de
+la nieve, en primer lugar, porque no tenía vista; y en segundo, porque
+aunque la tuviese, era difícil que al través de la reja de vidrio
+empañada y sucia de su desván pudiera verla. Pasó el día acurrucado
+sobre el colchón, recordando los días de la infancia y acariciando la
+dulce manía de la vuelta de su hermano. Al llegar la noche, apretado por
+la necesidad, desfallecido, bajó a la calle a implorar una limosna. Ya
+no tenía guitarra; la había vendido por tres pesetas en un momento
+parecido de apuro.</p>
+
+<p>La nieve caía con la misma constancia, puede decirse con el mismo
+encarnizamiento. Las piernas le temblaban al pobre ciego lo mismo que el
+día primero en que salió a cantar; pero esta vez no era de vergüenza,
+sino de hambre. Avanzó como pudo por las calles, enfangándose hasta más
+arriba del tobillo: su oído le decía que no cruzaba apenas ningún
+transeúnte; los coches no hacían ruido, y estuvo expuesto a ser
+atropellado por uno. En una de las calles céntricas se puso al fin a
+cantar el primer pedazo de ópera que acudió a sus labios: la voz salía
+débil y enronquecida de la garganta; nadie se acercaba a él ni siquiera
+por curiosidad. «Vamos a otra parte,» se dijo, y bajó por la Carrera de
+San Jerónimo, caminando torpemente sobre la nieve, cubierto ya de un
+blanco cendal y con los pies chapoteando agua. El frío se le iba
+metiendo por los huesos; el hambre le producía un fuerte dolor en el
+estómago. Llegó un momento en que el frío y el dolor le apretaron tanto,
+que se sintió casi desvanecido, creyó morir, y elevando el espíritu a la
+Virgen del Carmen, su protectora, exclamó con voz acongojada: «¡Madre
+mía, socórreme!» Y después de pronunciar estas palabras, se sintió un
+poco mejor y marchó, o más propiamente, se arrastró hasta la plaza de
+las Cortes: allí se arrimó a la columna de un farol, y, todavía bajo la
+impresión del socorro de la Virgen, comenzó a cantar el <i>Ave María</i>, de
+Gounod, una melodía a la cual siempre había tenido mucha afición. Pero
+nadie se acercaba tampoco. Los habitantes de la villa estaban todos
+recogidos en los cafés y teatros, o bien en sus hogares haciendo bailar
+a sus hijos sobre las rodillas al amor de la lumbre. Seguía cayendo la
+nieve pausada y copiosamente, decidida a prestar asunto al día siguiente
+a todos los revisteros de periódicos para encantar a sus aficionados
+con una docena de frases delicadas. Los transeúntes que casualmente
+cruzaban lo hacían apresuradamente, arrebujados en sus capas y tapándose
+con el paraguas. Los faroles se habían puesto el gorro blanco de dormir,
+y dejaban escapar melancólica claridad. No se oía ruido alguno si no era
+el rumor vago y lejano de los coches, y el caer incesante de los copos
+como un crujido levísimo y prolongado de sedería. Sólo la voz de Juan
+vibraba en el silencio de la noche saludando a la Madre de los
+Desamparados. Y su canto, más que himno de salutación, parecía un grito
+de congoja algunas veces; otras, un gemido triste y resignado que helaba
+el corazón más que el frío de la nieve.</p>
+
+<p>En vano clamó el ciego largo rato pidiendo favor al cielo; en vano
+repitió el dulce nombre de María un sinnúmero de veces, acomodándolo a
+los diversos tonos de la melodía. El cielo y la Virgen estaban lejos, al
+parecer, y no le oyeron; los vecinos de la plaza estaban cerca, pero no
+quisieron oírle. Nadie bajó a recogerlo; ningún balcón se abrió
+siquiera para dejar caer sobre él una moneda de cobre. Los transeúntes,
+como si viniesen perseguidos de cerca por la pulmonía, no osaban
+detenerse.</p>
+
+<p>Al fin ya no pudo cantar más: la voz espiraba en la garganta; las
+piernas se le doblaban; iba perdiendo la sensibilidad en las manos. Dio
+algunos pasos y se sentó en la acera al pie de la verja que rodea el
+jardín. Apoyó los codos en las rodillas y metió la cabeza entre las
+manos. Y pensó vagamente en que había llegado el último instante de su
+vida; y volvió a rezar fervorosamente implorando la misericordia divina.</p>
+
+<p>Al cabo de un rato percibió que un transeúnte se paraba delante de él y
+se sintió cogido por el brazo. Levantó la cabeza, y sospechando que
+sería lo de siempre, preguntó tímidamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Es V. algún guardia?</p>
+
+<p>&mdash;No soy ningún guardia&mdash;repuso el transeúnte,&mdash;pero levántese V.</p>
+
+<p>&mdash;Apenas puedo, caballero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene V. mucho frío?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor... y además no he comido hoy.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, yo le ayudaré... vamos... ¡arriba!</p>
+
+<p>El caballero cogió a Juan por los brazos y le puso en pie; era un hombre
+vigoroso.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora apóyese V. bien en mí y vamos a ver si hallamos un coche.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero dónde me lleva V.?</p>
+
+<p>&mdash;A ningún sitio malo ¿tiene V. miedo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! no: el corazón me dice que es V. una persona caritativa.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos andando... a ver si llegamos pronto a casa para que V. se seque
+y tome algo caliente.</p>
+
+<p>&mdash;Dios se lo pagará a V. caballero... la Virgen se lo pagará... Creí que
+iba a morirme en ese sitio.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de morirse... no hable V. de eso ya. Lo que importa ahora es dar
+pronto con un simón... Vamos adelante... ¿qué es eso; tropieza V.?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; creo que he dado contra la columna de un farol... ¡Como soy
+ciego!</p>
+
+<p>&mdash;¿Es V. ciego?&mdash;preguntó vivamente el desconocido.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Desde cuándo?</p>
+
+<p>&mdash;Desde que nací.</p>
+
+<p>Juan sintió estremecerse el brazo de su protector; y siguieron caminando
+en silencio. Al cabo éste se detuvo un instante y le preguntó con voz
+alterada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se llama V.?</p>
+
+<p>&mdash;Juan.</p>
+
+<p>&mdash;¿Juan qué?</p>
+
+<p>&mdash;Juan Martínez.</p>
+
+<p>&mdash;Su padre de V. Manuel, ¿verdad? músico mayor del tercero de artillería
+¿no es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>En el mismo instante el ciego se sintió apretado fuertemente por unos
+brazos vigorosos que casi le asfixiaron y escuchó en su oído una voz
+temblorosa que exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, qué horror y qué felicidad! Soy un criminal, soy tu hermano
+Santiago.</p>
+
+<p>Y los dos hermanos quedaron abrazados y sollozando algunos minutos en
+medio de la calle. La nieve caía sobre ellos dulcemente.</p>
+
+<p>Santiago se desprendió bruscamente de los brazos de su hermano y
+comenzó a gritar salpicando sus palabras con fuertes interjecciones:</p>
+
+<p>&mdash;¡Un coche, un coche! ¿no hay un coche por ahí?... ¡maldita sea mi
+suerte! Vamos, Juanillo, haz un esfuerzo; llegaremos pronto al puesto...
+¿Pero señor, dónde se meten los coches...? Ni uno sólo cruza por aquí...
+Allá lejos veo uno... ¡gracias a Dios!... ¡Se aleja el maldito!... Aquí
+está otro... éste ya es mío. A ver cochero... cinco duros si V. nos
+lleva volando al hotel número diez de la Castellana...</p>
+
+<p>Y cogiendo a su hermano en brazos como si fuera un chico lo metió en el
+coche y detrás se introdujo él. El cochero arreó a la bestia y el
+carruaje se deslizó velozmente y sin ruido sobre la nieve. Mientras
+caminaban, Santiago teniendo siempre abrazado al pobre ciego, le contó
+rápidamente su vida. No había estado en Cuba, sino en Costa Rica, donde
+juntó una respetable fortuna; pero había pasado muchos años en el campo,
+sin comunicación apenas con Europa; escribió tres o cuatro veces por
+medio de los barcos que traficaban con Inglaterra y no obtuvo
+respuesta. Y siempre pensando en tornar a España al año siguiente, dejó
+de hacer averiguaciones proponiéndose darles una agradable sorpresa.
+Después se casó y este acontecimiento retardó mucho su vuelta. Pero
+hacía cuatro meses que estaba en Madrid, donde supo por el registro
+parroquial que su padre había muerto; de Juan le dieron noticias vagas y
+contradictorias: unos le dijeron que se había muerto también; otros que
+reducido a la última miseria, había ido por el mundo cantando y tocando
+la guitarra. Fueron inútiles cuantas gestiones hizo para averiguar su
+paradero. Afortunadamente la Providencia se encargó de llevarlo a sus
+brazos. Santiago reía unas veces, lloraba otras mostrando siempre el
+carácter franco, generoso y jovial de cuando niño.</p>
+
+<p>Paró el coche al fin. Un criado vino a abrir la portezuela. Llevaron a
+Juan casi en volandas hasta su casa. Al entrar percibió una temperatura
+tibia, el aroma de bienestar que esparce la riqueza: los pies se le
+hundían en mullida alfombra; por orden de Santiago dos criados le
+despojaron inmediatamente de sus harapos empapados de agua y le pusieron
+ropa limpia y de abrigo. En seguida le sirvieron en el mismo gabinete,
+donde ardía un fuego delicioso, una taza de caldo confortador y después
+algunas viandas, aunque con la debida cautela, por la flojedad en que
+debía hallarse su estómago: subieron además de la bodega el vino más
+exquisito y añejo. Santiago no dejaba de moverse, dictando las órdenes
+oportunas, acercándose a cada instante al ciego para preguntarle con
+ansiedad:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo te encuentras ahora, Juan?&mdash;¿Estas bien?&mdash;¿Quieres otro
+vino?&mdash;¿Necesitas más ropa?</p>
+
+<p>Terminada la refacción se quedaron ambos algunos momentos al lado de la
+chimenea. Santiago preguntó a un criado si la señora y los niños estaban
+ya acostados y habiéndole respondido afirmativamente, dijo a su hermano
+rebosando de alegría:</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú no tocas el piano?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;Pues vamos a dar un susto a mi mujer y a mis hijos. Ven al salón.</p>
+
+<p>Y le condujo hasta sentarle delante del piano. Después levantó la tapa
+para que se oyera mejor, abrió con cuidado las puertas y ejecutó todas
+las maniobras conducentes a producir una sorpresa en la casa; pero todo
+ello con tal esmero, andando sobre la punta de los pies, hablando en
+falsete y haciendo tantas y tan graciosas muecas, que Juan al notarlo no
+pudo menos de reírse exclamando: ¡Siempre el mismo Santiago!</p>
+
+<p>&mdash;Ahora toca Juanillo, toca con todas tus fuerzas.</p>
+
+<p>El ciego comenzó a ejecutar una marcha guerrera. El silencioso hotel se
+estremeció de pronto, como una caja de música cuando se la da cuerda.
+Las notas se atropellaban al salir del piano, pero siempre con ritmo
+belicoso. Santiago exclamaba de vez en cuando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Más fuerte, Juanillo, más fuerte!</p>
+
+<p>Y el ciego golpeaba el teclado, cada vez con mayor brío.</p>
+
+<p>&mdash;Ya veo a mi mujer detrás de las cortinas... ¡adelante, Juanillo,
+adelante!... Está la pobre en camisa... ji... ji... me hago como que no
+la veo... se va a creer que estoy loco... ¡ji ji!... ¡adelante,
+Juanillo, adelante!</p>
+
+<p>Juan obedecía a su hermano, aunque sin gusto ya, porque deseaba conocer
+a su cuñada y besar a sus sobrinos.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora veo a mi hija Manolita, que también sale en camisa... ¡Calle,
+también se ha despertado Paquito!... ¡No te he dicho que todos iban a
+recibir un susto!... Pero se van a constipar si andan de ese modo más
+tiempo... No toques más Juan, no toques más.</p>
+
+<p>Cesó el estrépito infernal.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Adela, Manolito, Paquito, abrigaos un poco y venid a dar un
+abrazo a mi hermano Juan. Este es Juan de quien tanto os he hablado, a
+quien acabo de encontrar en la calle a punto de morirse helado entre la
+nieve... ¡Vamos, vestíos pronto!</p>
+
+<p>La noble familia de Santiago vino inmediatamente a abrazar al pobre
+ciego. La voz de la esposa era dulce y armoniosa: Juan creía escuchar
+la de la Virgen: notó que lloraba cuando su marido relató de qué modo le
+había encontrado. Y todavía quiso añadir más cuidados a los de Santiago:
+mandó traer un calorífero y ella misma se lo puso debajo de los pies;
+después le envolvió las piernas en una manta y le puso en la cabeza una
+gorra de terciopelo. Los niños revoloteaban en torno de la butaca,
+acariciándole y dejándose acariciar de su tío. Todos escucharon en
+silencio y embargados por la emoción, el breve relato que de sus
+desgracias les hizo. Santiago se golpeaba la cabeza: su esposa lloraba:
+los chicos atónitos le decían estrechándole la mano: ¿No volverás a
+tener hambre ni a salir a la calle sin paraguas, verdad tiito?... yo no
+quiero, Manolita no quiere tampoco... ni papá, ni mamá.</p>
+
+<p>&mdash;¡A que no le das tu cama, Paquito!&mdash;dijo Santiago, pasando a la
+alegría inmediatamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Si no <i>quepe</i> en ella, papá! En la sala hay otra muy grande, muy
+grande, muy grande...</p>
+
+<p>&mdash;No quiero cama ahora,&mdash;interrumpió Juan... ¡me encuentro tan bien
+aquí!</p>
+
+<p>&mdash;¿Te duele el estómago como antes?&mdash;preguntó Manolita abrazándole y
+besándole.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;No, hija mía, no, ¡bendita seas!... no me duele nada... soy muy
+feliz... lo único que tengo es sueño... se me cierran los ojos sin
+poderlo remediar...</p>
+
+<p>&mdash;Pues por nosotros no dejes de dormir, Juan,&mdash;dijo Santiago.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, tiito, duerme, duerme&mdash;dijeron a un tiempo Manolita y Paquito
+echándole los brazos al cuello y cubriéndole de caricias...</p>
+
+<p>Y se durmió en efecto. Y despertó en el cielo.</p>
+
+<p>Al amanecer del día siguiente, un agente de orden público tropezó con su
+cadáver entre la nieve. El médico de la casa de socorro certificó que
+había muerto por la congelación de la sangre.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Jiménez&mdash;dijo un guardia de los que le habían llevado a su
+compañero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Parece que se está riendo!</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LA_ACADEMIA" id="LA_ACADEMIA"></a>LA ACADEMIA</h3>
+
+<h4>DE JURISPRUDENCIA</h4>
+
+<hr />
+
+<p>No todos los transeúntes de la calle de la Montera saben que en el
+número 22, cuarto bajo, se encuentra establecida, desde algunos años
+hace, la Academia de Jurisprudencia<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a>. La mayoría de los ciudadanos que
+van o vienen de la Puerta del Sol pasan por delante del largo portal de
+la casa sin sospechar que dentro de ella discútense los más caros
+intereses de su vida, la religión, la propiedad y la familia, todo lo
+que se halla bajo la salvaguardia vigilante del Sr. Perier, director
+propietario de <i>La Defensa de la Sociedad</i>. Si tuviesen el humor de
+entrar, vieran quizá colgado de la pared en dicho portal un cuadrito
+donde en letras gordas se dice: <i>No hay sesión</i>, o bien <i>El miércoles
+continuará la discusión de la memoria del señor Martínez sobre el
+derecho de acrecer: tienen pedida la palabra en pro los Sres. Pérez,
+Fernández y Gutiérrez, y en contra los señores López, González y
+Rodríguez</i>. El tema es por cierto asaz importante, y los nombres de los
+oradores demasiado conocidos del público para que cualquier ciudadano no
+entre en apetito de presenciar este debate. Restregándome, pues, las
+manos y gustando anticipadamente con la imaginación sus ruidosas
+peripecias, tengo salido muchas veces diciendo: No faltaré, no faltaré.</p>
+
+<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Se encontraba cuando el autor escribía estos renglones:
+posteriormente se ha trasladado a otro sitio.</p></div>
+
+<p>Llega la noche señalada, empujo la mampara de la Academia y penetro en
+el salón de sesiones. Una muchedumbre de trece a quince personas invade
+el local destinado al público. Los académicos suelen estar aún en mayor
+número, llegando algunas veces a ocupar casi todos los bancos
+delanteros. Pérez ha comenzado ya su discurso. El celebrado orador que
+<i>La Correspondencia de España</i> ha llamado magistral en más de una
+ocasión, por más que no haya logrado prebenda en ninguna basílica, podrá
+tener, a juzgar por su fisonomía, unos nueve años de edad. Es
+medianamente alto, delgado, de ojos pequeños e inquietos, y un poco
+desgalichado: su rostro ofrece el sello de meditación y tristeza que
+comunica una vida consagrada casi por entero al estudio de los arduos
+problemas de la Filosofía. Principia siempre a hablar con cierto desdén
+altanero, y su palabra en los primeros momentos es perezosa y torpe;
+parece que está distraído como si le arrancasen de improviso al mundo de
+reflexiones sabias y profundas donde habita a la continua. Mas a medida
+que el tiempo trascurre y el asunto penetra en él, toma calor y su
+discurso adquiere un brío extraordinario.</p>
+
+<p>El asunto que ahora se discute es de interés palpitante. Se trata de
+saber si la ley de Partida que regula el derecho de acrecer se refiere
+únicamente a las mandas o legados, o debe aplicarse también a las
+herencias. Pérez, demostrando su destreza en esta clase de debates,
+comienza a cimentar su discurso sobre bases sólidas. Empieza estudiando
+detenidamente al hombre en su doble naturaleza física y moral,
+internándose con paso firme en el campo de la Antropología. Su talento
+esencialmente analítico va arrancando a la materia las secretas leyes
+por que se rige, y más tarde al espíritu los vagos y complejos impulsos
+que le animan. Combate ruda pero severamente la teoría de Darwin sobre
+el origen de las especies, y demuestra con gran copia de datos y
+razones, que la humanidad no es el coronamiento del proceso animal, por
+más que rechace igualmente la procedencia de una sola pareja. Con este
+motivo, examina las contradicciones entre la Biblia y la ciencia, y
+expone clara y sucintamente el modo de resolverlas. Pasa después al
+estudio de la pre-historia, y rápidamente analiza las últimas teorías,
+declarándose franco y resuelto partidario de la existencia del hombre en
+el terreno terciario.</p>
+
+<p>«Ninguno más reservado y más cauto que yo (dice con solemnidad) cuando
+se trata de aceptar una teoría peregrina sobre problemas tan oscuros e
+inaccesibles, pero todo el mundo está obligado a rendirse ante la
+evidencia. Mi esclarecido amigo el señor Fernández ha tenido la fortuna
+de encontrar este verano en una gruta de su provincia, e incrustada
+entre rocas de granito de carácter terciario, una taza...</p>
+
+<p>(<i>Fernández, levantándose a medias del asiento</i>):&mdash;Una vinagrera.</p>
+
+<p><i>Pérez</i>:&mdash;Entendía que era una taza lo que había hallado su señoría;
+pero este cambio corrobora aún mejor la doctrina que estoy exponiendo.
+La fabricación y el uso de esta clase de artefactos, lo mismo de las
+tazas que de las vinagreras (singularmente de las vinagreras) manifiesta
+y declara la existencia del hombre en dicho terreno, y supone además en
+él un cierto grado de cultura nada compatible en verdad con el
+embrutecimiento a que lo condenan las teorías de la escuela
+materialista».</p>
+
+<p>El orador da fin a su discurso con una historia tan concienzuda como
+brillante del derecho de propiedad.</p>
+
+<p>Por indisposición del Sr. López, que era el encargado de contestar al
+discurso del Sr. Pérez, se levanta a hablar el Sr. González. Es hombre
+más entrado en días que su contrincante: representa bien unos doce años,
+y tiene fisonomía dulce, apacible y ruborosa donde se refleja un alma
+creyente y sumisa.</p>
+
+<p>«Todos nosotros reconocemos (comienza a decir con voz suave de
+contralto, muy semejante a la de los niños de coro), y con nosotros
+cuantos siguen el movimiento intelectual contemporáneo, todos
+reconocemos en mi ilustre amigo el Sr. Pérez una erudición inmensa
+dichosamente unida a una inteligencia poderosa y perspicua que se
+apodera de las ideas y se enseñorea de ellas sometiéndolas a un análisis
+seguro y minucioso, bien así como el águila cae de súbito sobre su
+presa, la coge entre sus garras y asciende con ella por los espacios,
+arrastrándola a regiones desconocidas donde con el ensangrentado pico se
+entretiene en explorar sus entrañas palpitantes... (<i>¡Bravo! ¡Bravo!
+Las miradas del público se fijan sobre Pérez, que en aquel momento toma
+notas</i>).</p>
+
+<p>«Pero ¡ah, señores! el eminente orador que me ha precedido en el uso de
+la palabra, impulsado por su temperamento analítico, por la sed ardiente
+de conocimientos que le devora, abandona las consoladoras creencias del
+cristianismo, en que se ha educado, y marcha resueltamente por la senda
+del libre examen, sin sospechar los riesgos que corre su noble espíritu;
+de la misma suerte que el niño, persiguiendo por el campo a la mariposa
+irisada, no ve el abismo que se abre a sus pies y amenaza sepultarle...
+(<i>Prolongados aplausos</i>).</p>
+
+<p>Continúa el orador describiendo con rasgos magistrales el carácter de
+Pérez, y pasa después a lamentarse con acento patético de que aquél no
+crea en la procedencia del género humano de una sola pareja. Con este
+motivo, hace una pintura acabada y elocuente del paraíso terrenal, y
+describe a nuestros primeros padres en el estado de inocencia,
+entreteniéndose sobre todo a dibujar con amor y cuidado la figura
+esbelta, graciosa, cándida e incitante a la vez de la madre Eva, de tal
+modo, que provoca en la juventud que le escucha entusiásticos y
+fervorosos aplausos.</p>
+
+<p>Traza después a grandes pinceladas la historia de los primeros tiempos
+de la humanidad, y afirma que la verdadera civilización tiene su origen
+en el cristianismo. (<i>El Sr. Gutiérrez pide la palabra con voz irritada
+y estentórea. Grande ansiedad en la media docena de circunstantes que
+han quedado en el público</i>).</p>
+
+<p>Terminado el discurso, rectifica brevemente Pérez, y acto continuo el
+presidente concede la palabra a Gutiérrez, que con el rostro encendido,
+las manos trémulas y los ojos inyectados, comienza a gritar más que a
+decir su oración.</p>
+
+<p>«Señores académicos&mdash;exclama:&mdash;No es el cristianismo, no, como acabáis
+de oír, el que ha engendrado nuestra civilización. Todo lo contrario. El
+cristianismo ha sido, es y será mientras exista, la rémora constante del
+progreso de los pueblos. Hace mil ochocientos y tantos años que un judío
+exaltado...</p>
+
+<p>(<i>El presidente, haciendo sonar la campanilla</i>):&mdash;La Mesa suplica al Sr.
+Gutiérrez que procure no herir el sentimiento religioso de la asamblea.</p>
+
+<p>«Señor presidente, ha llegado la hora de las grandes verdades. Vosotros
+venís de los templos, de los salones, de las universidades... Yo vengo
+de la calle... Y vosotros no sabéis lo que pasa en la calle... Yo lo
+sé... Por eso os digo que viváis alerta. La paciencia, una paciencia que
+ha durado muchos siglos, está ya a punto de agotarse. Nos hemos contado
+y os hemos contado también. Mañana, cuando más descuidados estéis, tal
+vez vengamos a arrojaros de aquí. Los hombres de la calle, como un
+torrente que se desata, como una inmensa y terrible avenida...</p>
+
+<p><i>El presidente</i>:&mdash;La Mesa no puede permitir que el Sr. Gutiérrez siga
+hablando de ese modo.</p>
+
+<p>(Algunas voces: <i>Muy bien, muy bien.</i> Otras: <i>Que siga, que siga</i>).</p>
+
+<p>«Señor presidente, creo estar en mi perfecto derecho al hablar de la
+avenida que se precipita...</p>
+
+<p><i>El presidente</i>:&mdash;Su señoría no puede hablar de la avenida...</p>
+
+<p>(<i>Muy bien, muy bien</i>. Una voz: <i>Fuera el presidente</i>. Terrible
+confusión en el público. Cuatro espectadores baten palmas a la
+presidencia. Dos gritan: <i>Que siga, que siga</i>. Los académicos se hablan
+al oído, aconsejando moderación e imparcialidad).</p>
+
+<p><i>Gutiérrez, con amargura</i>:&mdash;Señor presidente, veo con claridad que aquí,
+como en la calle, no se respeta la justicia. Renuncio al uso de la
+palabra... Antes de sentarme, sin embargo, os diré que, aunque vosotros
+no la veáis, la avenida sube, sube, y concluirá por ahogaros.</p>
+
+<p>(<i>Indescriptible confusión. Dos espectadores apostrofan duramente al
+orador. Algunos académicos tratan de imponerles silencio. El presidente
+rompe la campanilla. Gutiérrez pasea miradas insolentes y sarcásticas
+por el concurso</i>).</p>
+
+<p><i>El presidente, logrando hacerse oír</i>:&mdash;Su señoría puede hacer lo que
+guste, pero conste que la Mesa no le retira la palabra. El miércoles
+próximo continuará la discusión sobre el derecho de acrecer. Se levanta
+la sesión.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II</h3>
+
+<p>La vida pública de la Academia de Jurisprudencia no se resume en los
+debates como el que acabamos de presenciar. Hay en su organización o
+vida interna ciertos mecanismos que tocan, o por mejor decir, entran de
+lleno en los dominios del derecho político y aun en el natural, o sea el
+que la naturaleza enseñó lo mismo a los hombres que a los animales:
+<i>quod natura omnia animalia docuit.</i> Me refiero a las elecciones.</p>
+
+<p>Cuando entramos en el salón de sesiones y vemos al lado del presidente a
+un joven decentemente vestido que en ciertas ocasiones lee con voz
+trémula y conmovida el resumen de los gastos y los ingresos, apenas
+fijamos nuestra atención en él. ¡Y no obstante, ese joven es el
+Secretario! ¡El Secretario! ¡Cuán poco nos figuramos lo que significa
+esta palabra!</p>
+
+<p>Asistid como yo he asistido a una elección de Secretario en la Academia
+de Jurisprudencia, y mediréis su extensión. Al solo anuncio de las
+elecciones, conmuévese hondamente aquel respetable cuerpo jurídico,
+preparándose a una terrible y dolorosa crisis. La chispa de la ambición
+comunica instantáneamente el fuego a todos los corazones, y como sucede
+siempre en las grandes perturbaciones sociales, los sórdidos intereses,
+las pasiones bastardas, los rencores, las miserias, todo el fango del
+espíritu, en una palabra, asciende a la superficie y enturbia por un
+instante la pureza de la docta Corporación. Mas en medio de este
+revuelto mar de apetitos y torpes deseos suelen flotar también,
+digámoslo en honor de los jóvenes jurisconsultos españoles, nobles y
+legítimas ambiciones y rasgos de conmovedora modestia.</p>
+
+<p>He conocido un joven a quien una Comisión salida del seno de la Academia
+pasó a ofrecer en su misma casa el puesto de Secretario con el objeto
+de apagar una querella suscitada entre dos enconados e igualmente
+poderosos adversarios. Aquel joven esclarecido, dando a la historia el
+mismo ejemplo de modestia y generosidad que el rey Wamba, se negó
+terminantemente a aceptar los honores que le ofrecían.</p>
+
+<p>Este ejemplo, por desgracia, no ha tenido imitadores. Las dulzuras del
+poder excitan demasiadamente el paladar de los jóvenes académicos para
+que nadie piense en rechazarlas. Antes al contrario, se emplean para
+conseguirlas todos los medios que la inteligencia despierta de los
+socios, encendida por el deseo, les sugiere. ¡Qué de intrigas
+espantables y tenebrosas! ¡Qué de crueles asechanzas! ¡Cuántas palabras
+pérfidas! ¡Cuántas sonrisas traidoras! El espíritu se estremece y los
+cabellos se erizan al acercarse a este hervidero de las pasiones
+humanas.</p>
+
+<p>Ni tampoco faltan los arranques brutales de la fuerza, o sean las
+coacciones escandalosas, como se dice en términos técnicos. A este
+propósito se citan en la Academia algunos hechos que, por su gravedad y
+por las tristísimas circunstancias de que se hallan rodeados, conturban
+y abaten el ánimo. Se dice, por ejemplo, que en cierta ocasión el
+bibliotecario, Sr. Torres Campos, obstruyó con su persona uno de los
+pasillos del local para que sus contrarios no pudiesen ir a depositar el
+voto en la urna. Yo nunca he creído semejante especie. Conozco muy bien
+al distinguido bibliotecario, y aunque le considero con facultades para
+obstruir cualquier pasillo, no creo que jamás haya puesto sus felices
+condiciones físicas al servicio de una tan flagrante injusticia. De
+todas suertes, es bueno, sin embargo, dejar apuntado que he visto a
+algunos académicos calificar su legítima influencia en la Corporación de
+«funesta e insufrible tiranía».</p>
+
+<p>Hay, no obstante, jóvenes privilegiados, favorecidos por la Providencia
+con dotes excepcionales que alcanzan los más altos puestos sin lucha,
+sin esfuerzo y sin peligro. Desde el instante en que uno de estos
+jóvenes pisa los umbrales de la Academia, sus compañeros, como si viesen
+en él un ser superior enviado del cielo, se apresuran a allanarle los
+obstáculos y a sembrar de flores su camino. Cesan las envidiosas
+maquinaciones, se apagan los rencores, cálmanse momentáneamente las
+encrespadas olas, y el joven providencial marcha triunfante, bañado por
+el sol de la gloria, libre y desembarazado, a la codiciada silla de
+Secretario, donde se sienta, como los emperadores bárbaros, por derecho
+propio. Tal ha sido la historia de mi distinguido amigo el Sr. Macaya y
+de algunos otros, aunque muy escasos, jóvenes.</p>
+
+<p>A más del cargo supremo de Secretario (pues el de Presidente se ha
+convenido en cederlo a la política), hay otros puestos que excitan
+también la concupiscencia de los socios, que son los de presidentes y
+vicepresidentes de las secciones. La elección de éstos, aunque no ofrece
+la honda perturbación que la de Secretario, no por eso deja de ser
+interesante y sembrada de peripecias. Algunos meses antes del día
+señalado para la elección empiezan a echarse a volar algunos nombres
+sobre los cuales se levanta viva e incesante discusión. Examínanse los
+antecedentes del candidato, estúdianse detenidamente las fases de su
+talento, aquilátanse sus méritos, y últimamente recae en él la sentencia
+que le eleva o le confunde, expresada siempre en estos sacramentales
+términos: «Tiene talla» o «No tiene talla». Hay cabildeos infinitos,
+combinaciones, arreglos amistosos, bruscos desabrimientos,
+transacciones, se imprimen varias candidaturas (lo cual suele costar
+dinero a las familias), se traen a la palestra tarjetas del Presidente
+del Consejo de ministros y del Cardenal Arzobispo de Toledo, intervienen
+algunas damas de la nobleza y se dan algunas bofetadas.</p>
+
+<p>En cierta ocasión he asistido con un amigo a estas reñidas elecciones.
+Mi amigo no se presentaba candidato, mas sin saber por qué ni cómo,
+quizá para dar en la cabeza a algún ambicioso, lo cierto es que al
+efectuarse el escrutinio, mi amigo salió nombrado presidente de la
+sección de derecho canónico. Su alegría y sorpresa fueron tan grandes,
+que estuvo a punto de caer desmayado en mis brazos. Salimos del local, y
+en la calle me abrazó repetidas veces, me habló de su porvenir y me
+comunicó en secreto que ahora pensaba dirigir sus tiros al puesto de
+Secretario, se enterneció refiriéndome su primera y única aventura
+amorosa, y concluyó por cantar a media voz la <i>Marsellesa</i> (había sido
+elegido por el elemento liberal de la corporación). Al tirar de la
+campanilla de su casa, y al preguntar la criada ¿quién es? exclamó fuera
+de sí: «¡Abre, muchacha, que tienes a tu amo Presidente de la Academia
+de Jurisprudencia!»</p>
+
+<p>¡Noble y gloriosa emulación la que se establece en esta ilustre
+sociedad! ¡Qué importa que esta emulación vaya manchada en algunos casos
+por el fango de las malas pasiones! Las malas pasiones son un poderoso
+auxiliar en la carrera que la juventud de la Academia ha emprendido, o
+como decía cierto subsecretario amigo mío, «en la política es necesario
+tener algunas onzas de mala sangre.» Consuela y ensancha el ánimo un
+espectáculo semejante. Los vergeles de la política española tienen un
+vivero en la Academia de Jurisprudencia. De allí se trasplantan los
+caballeros de Isabel la Católica y los jefes superiores de
+administración encargados de la gestión de nuestros intereses.
+Actualmente existen ¡loado sea Dios! dentro de la respetable Corporación
+que hemos tratado de describir a grandes rasgos, tres Venancios González
+en agraz, cinco Camachos y un Posada Herrera. Pueden dormir tranquilos,
+pues, nuestros labradores, industriales y comerciantes. Si alguna vez se
+les ocurre entrar en el número 22 de la calle de la Montera, cuarto
+bajo, contemplarán con lágrimas de enternecimiento un enjambre de
+inocentes y juguetones cachorrillos adiestrándose para meterlos mañana u
+otro día en la cárcel cuando voten a un candidato de oposición, impedir
+que se reúnan con sus amigos, y subirles discretamente las
+contribuciones.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_HOMBRE" id="EL_HOMBRE"></a>EL HOMBRE</h3>
+
+<h4>DE LOS PATÍBULOS</h4>
+
+<hr />
+
+<p>Hace cosa de tres o cuatro años tuve la infame curiosidad de ir al Campo
+de Guardias a presenciar la ejecución de dos reos. El afán de verlo todo
+y vivirlo todo, como dicen los krausistas, me arrastró hacia aquel
+sitio, venciendo una repugnancia que parecía invencible, y los serios
+escrúpulos de la conciencia. Por aquel tiempo pensaba dedicarme a la
+novela realista.</p>
+
+<p>Eran las siete de la mañana. La Puerta del Sol y la calle de la Montera
+estaban cuajadas de gente. Había llovido por la noche, y el cielo,
+plomizo, tocaba casi en la veleta del Principal. La atmósfera,
+impregnada de vapor acuoso, y el suelo cubierto de lodo. La muchedumbre
+levantaba incesante y áspero rumor, sobre el cual se alzaban los gritos
+de los pregoneros anunciando «la salve que cantan los presos a los reos
+que están en capilla», y «el extraordinario de <i>La Correspondencia</i>.»
+Una fila de carruajes marchaba lentamente hacia la Red de San Luis. Los
+cocheros, arrebujados en sus capotes raídos, se balanceaban
+perezosamente sobre los pescantes. Otra fila de ómnibus, con las
+portezuelas abiertas, convidaba a los curiosos a subir. Los cocheros nos
+animaban con voces descompasadas. Uno de ellos gritaba al pie de su
+carruaje:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh, eh! ¡al patíbulo! ¡dos reales al patíbulo!</p>
+
+<p>Me sentía aturdido, y empecé a subir por la calle de la Montera,
+empujado por la ola de la multitud. Los pies chapoteaban asquerosamente
+en el fango. ¡Cosa rara! en vez de pensar en la lúgubre escena que me
+aguardaba, iba tenazmente preocupado por el lodo. Había oído decir a un
+magistrado, no hacía mucho tiempo, que el barro de Madrid quemaba y
+destruía la ropa como un corrosivo, lo cual tenía su explicación en la
+piedra del pavimento, por regla general caliza. «¡Buenos me voy a poner
+los pantalones!» iba diciendo para mis adentros, con acento doloroso.</p>
+
+<p>La muchedumbre ascendía con lento paso. El que bajase a la Puerta del
+Sol en aquel instante y fuese examinando los rostros de los que
+subíamos, si no tuviera otros datos, no sospecharía ciertamente a qué
+lugar siniestro nos dirigíamos. Las fisonomías no expresaban ni dolor,
+ni zozobra, ni preocupación siquiera. Marchábamos todos con la
+indiferencia estúpida de un pueblo trashumante que va a establecerse a
+otra comarca. Los que llevaban compañía, charlaban; los que iban solos,
+echaban pestes de vez en cuando, entre dientes, contra el barro. Sólo el
+cielo mostraba un semblante sombrío y melancólico, adecuado a las
+circunstancias.</p>
+
+<p>Recorrimos la calle de Hortaleza, y al llegar cerca del Saladero
+hallamos un gran montón de gente que invadía los alrededores y que nos
+detuvo. La muchedumbre hormigueaba delante del sucio y repugnante
+edificio en espera de algo; ¡un algo bien espantoso por cierto! Yo fui a
+engrosar aquel gran montón, como una gota de agua que cae en el mar.
+Allí los rostros ya expresaban algo: la impaciencia. Me parece excusado
+decir que era plebe la inmensa mayoría de los circunstantes, porque la
+plebe es la que particularmente se siente atraída hacia los espectáculos
+cruentos. No obstante, hay también gente de levita y sombrero de copa
+que se deleita con las emociones terribles; pero en aquella ocasión era
+una minoría muy exigua. Un coche de plaza sin número esperaba a la
+puerta: el cochero tenía la cara cubierta con un pañuelo. Crecido número
+de guardias de orden público se hallaba distribuido en el concurso, y un
+piquete de soldados, con los fusiles en «su lugar descanso», ceñía la
+fachada del siniestro caserón, contemplando con ojos distraídos el
+hervor de aquel mar de cabezas humanas. Algunas aristócratas del
+comercio pregonaban a gañote tendido «agua y azucarillos, bellotas como
+castañas, chufas, cacahuetes», y algunos otros artículos de
+entretenimiento, para los estómagos desocupados. Los balcones de las
+casas circunvecinas estaban poblados de gente, y no era raro ver en
+ellos el rostro fresco y sonriente de alguna linda muchacha que acababa
+de dejar el lecho, y que con sus menudos dedos blancos y rosados se
+restregaba los ojos.</p>
+
+<p>Era tan horrible lo que iba a suceder, y tan lúgubres los preparativos
+del suceso, que, más por huir la tristeza que por amor al bello sexo,
+aunque no dejo de profesarlo, me coloqué debajo de uno de los balcones y
+me puse a mirar a cierta rubia, que no pagó verdaderamente mi
+atención&mdash;dicho sea en honor suyo. ¡Por qué había de mirarme, cuando ni
+siquiera me iban a dar garrote! Sus ojos estaban clavados con ansiosa
+curiosidad en la puerta del Saladero. Me acordé entonces de las damas
+del imperio romano, que daban la señal de muerte a los gladiadores, e
+hice una porción de reflexiones histórico-filosóficas, de las cuales
+hago gracia a los lectores.</p>
+
+<p>Cuando más embebido me hallaba en ellas, escuché una voz cerca que
+preguntaba:</p>
+
+<p>&mdash;Caballero, ¿sabe V. qué hora es?</p>
+
+<p>Volvime, sin saber a quién se dirigía la pregunta, y me hallé enfrente
+de un hombre no muy alto, de barba y pelo cenicientos, de facciones
+afiladas, que me miraba con unos ojos pequeños y hundidos, y de color
+indefinible, esperando, a no dudarlo, mi respuesta. Como el reloj era de
+niquel, eché mano de él, sin temor de mostrarlo, y le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Las siete y veinte minutos.</p>
+
+<p>&mdash;Todavía esperaremos más de un cuarto de hora&mdash;repuso el hombre
+reflejando disgusto en su fisonomía. Yo me encogí de hombros con
+indiferencia, y alcé los ojos al cielo, quiero decir, a la rubia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, conozco bien a esos señores!&mdash;prosiguió.&mdash;¡No me darán chasco,
+no!... Dicen que a las siete y media saldrá el primero <i>pa</i> el campo...
+Pues ya verá V. cómo han de ser las ocho menos cuarto bien largas...</p>
+
+<p>Me volví con alguna mayor curiosidad a mirar a aquel hombre, y confieso
+que me causó repugnancia. Sin ser un monstruo por lo feo, éralo
+bastante, y sobre todo, formaba contraste notable con la rubia que se
+cernía sobre mi cabeza. Estaba pobremente vestido, de capa y gorra, como
+los artesanos de Madrid, y debía de hallarse entre los cincuenta o
+sesenta años de edad. Pude observarle bien, porque no me miraba: sus
+ojos exploraban con avidez los contornos de la prisión.</p>
+
+<p>&mdash;¡Puercos, tunantes!&mdash;exclamó con irritación y sin mirarme, como si
+hablase consigo mismo.&mdash;¡Mire V. que estar un hombre ayer toda la tarde,
+espera que te espera, para salir al fin con que no era posible verlos!
+Que el Gobernador no quería que se les molestase... ¿Y qué tiene ya que
+mandar el Gobernador sobre ellos?... Un hombre, cuando le van a dar
+<i>mulé</i>, hace lo que le da la gana, menos escaparse... Además, que no se
+les molesta... al contrario... lo que les hace falta es un poco de
+<i>distraición</i> y beber unas copas con tranquilidad... ¿Han de estar todo
+el día <i>rodeaos</i> de paño negro?... Con media hora pa confesarse y otra
+media <i>pa</i> decir el «yo pecador», y recibir, y arrepentirse, queda un
+hombre al sol.</p>
+
+<p>Como, después de todo, hablaba conmigo, por más que no me mirase, quise
+demostrarle que le escuchaba, y le pregunté:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál de los dos sale primero?</p>
+
+<p>&mdash;El viejo, el viejo&mdash;repuso en tono firme&mdash;. Cuando el otro llegue
+allá, ya le habrán despachado a él. Hasta ahora es el que ha tenido más
+pecho... <i>Paece</i> mentira, ¿no es verdad? El chico me han dicho que está
+medio <i>acabao</i>. ¡Vaya un papanatas! ¡Como si por cantar la gallina le
+dejasen de apretar el gañote! Lo que debe tener un hombre ante todo es
+<i>dirnidad</i>, mucha <i>dirnidad</i>, y morir como Dios manda, sin dar que
+decir a la gente.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ya ve usted que eso no se puede remediar: unos son valientes y
+otros cobardes&mdash;repliqué en tono de mal humor.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos en eso, caballero... Pero un hombre siempre es un hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Y los hombres se portan como hombres.</p>
+
+<p>&mdash;También verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Y cuando no hay más remedio, hay que aguantar la mecha, tener
+paciencia, y barajar, y decir: «Pues, señor, otros han ido antes que yo,
+y otros vendrán también». Mire usted, caballero: yo he visto a una
+mujer... ya ve usted que una mujer no es lo mismo que un hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Cierto.</p>
+
+<p>&mdash;La he visto morir mejor que si fuese un hombre... Usted también la
+habrá visto... hablo de la Vicenta...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué Vicenta?</p>
+
+<p>&mdash;La Vicenta Sobrino.</p>
+
+<p>&mdash;No, no la he visto.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que usted es joven&mdash;repuso mirándome de arriba abajo&mdash;; pero
+bien pudieron haberle traído aunque fuese chico... Aquí se aprende
+mucho...</p>
+
+<p>&mdash;No vivía en Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay, caballero! Pues en los pueblos estas cosas se ven pocas veces...
+No es lo mismo que aquí, donde casi todos los años tenemos un
+<i>espetáculo</i>, cuando no son dos o tres. Aquí se aprende a tener corazón
+y a ver lo que es el mundo... Pues, como le decía, la Vicenta era mujer
+que valía lo que pesaba... ¡tenía más agallas que un tiburón!... La
+verdad es que daba gusto verla tan serena; porque, al fin, siempre es
+una fatiga ver a una persona humana dando diente con diente y poniendo
+los ojos de carnero <i>degollao</i>... Yo he visto de todo... Mire V.; a la
+Bernaola la han tenido que subir a <i>puñaos</i>... y a muchos hombres
+también, no vaya V. a creerse. He visitado yo a algunos en la capilla,
+que <i>paecía</i> que se tragaban a medio Madrid; mucha copa de vino, mucha
+cháchara y mucho jaleo, y cuando llegó la hora de ser hombres, hincharon
+el hocico haciendo pucheritos como los niños de escuela.</p>
+
+<p>Mi interlocutor hablaba siempre con los ojos clavados en la puerta del
+Saladero. No muy lejos de ella se promovió una reyerta entre los
+curiosos y los agentes de orden público, que hizo retroceder y ondular a
+la muchedumbre. Nosotros sentimos, aunque no muy fuerte, el efecto de
+esta agitación. El hombre de la capa exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡No puedo resistir a estos del orden!... ¡Mire V. qué modo de tratar
+al pueblo! No <i>paece</i> más que ellos son los que nos dan permiso <i>pa</i>
+ver el <i>espetáculo</i>!</p>
+
+<p>&mdash;Se me figura, dije yo, que va a salir el reo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ca! No, señor, no tenga V. cuidado; hasta las ocho menos cuarto en
+punto no hay quien los menee. Echan un cuarto de hora <i>pa</i> llegar al
+campo; pero ¡buen cuarto de hora te dé Dios! El campo no está aquí a la
+vuelta; y como van a paso de carreta... ¿Qué hora es, caballero? Hágame
+el favor de mirar el <i>reló</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Las ocho menos veinticinco.</p>
+
+<p>Una mujer dijo a nuestra espalda en voz alta:</p>
+
+<p>&mdash;Manuela, ¿no sabes que los indultan? Acaba de llegar un soldado con el
+perdón del Rey.</p>
+
+<p>Mi interlocutor se volvió instantáneamente, como si le hubiesen
+pinchado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué perdón ni qué ocho cuartos! ¡Qué sabe V. lo que se dice!</p>
+
+<p>&mdash;<i>Pus</i> lo <i>mismito</i> que V. ¡El diablo del hombre!</p>
+
+<p>El hombre de la capa dejó escapar una exclamación de desprecio mirando a
+la mujerzuela de arriba abajo y dirigiéndose después a mí, me dijo en
+tono confidencial:</p>
+
+<p>&mdash;Estas babiecas, en cuanto que ven a un soldado con un pliego en la
+bayoneta, ya se sueltan a decir que es el indulto. El indulto no se da
+casi nunca a última hora, porque tiene que llevar mucha requisitoria...
+Usted bien lo sabrá... Ayer ha estado el padre del chico a echarse a los
+pies del Rey, pero no ha conseguido nada. ¡Qué había de conseguir! De
+perdonarle a él, tenían que perdonar al otro también... y eso no podía
+ser... Así que ya deben contarse entre los difuntos... El Rey no lo hace
+casi nunca de por sí y sin consultar a los <i>menistros</i>... Eso lo sé yo
+bien, caballero, lo sé yo bien.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo me alegraría mucho de que los perdonasen&mdash;dije con cierto
+tonillo irritado para protestar del afán de cadalso que adivinaba en
+aquel hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es otra cosa&mdash;repuso un poco cortado.&mdash;Usted puede alegrarse lo
+que le dé la gana; pero lo que le digo es que no vendrá el indulto...
+Ellos siempre tienen esperanza, ya lo sé; están con el corbatín
+enroscado al cuello y todavía esperan los pobrecitos que vengan a
+sacarlos del barranco. Alguno he visto que se tragó la píldora enterita
+desde muchos días antes; pero es una <i>esceción</i>... Aquél era un hombre
+con un corazón más grande que el palacio de Buenavista. Como aquél no ha
+habido otro ni lo habrá: se fue al palo con la misma cachaza que se iba
+antes a la taberna. ¡Qué camelo dio al señor Gobernador y a los
+marranillos que andaban cerca de él! Todos se pirraban por meterle miedo
+y verle compungido. El Gobernador estuvo más de media hora hablándole
+del infierno y de las penas de los condenados; tizonazos por aquí,
+requemones por allá... ¡Como si hablase a la pared! El se reía, y de vez
+en cuando pedía una copa de aguardiente. A todos los de la cárcel los
+traía azorados poniéndoles motes; a uno le llamaba <i>mamoncillo</i>; a otro
+que tenía un ojo torcido, <i>virulento</i>; al capellán de la cárcel,
+<i>hopalandas</i>... ¡Ni por un Cristo se quedaba nadie solo con él, y eso
+que le tenían con grillos!... A mí me quería mucho, como amigo
+verdadero. Yo era entonces un muchacho. Había ido acompañando a su
+mujer al Palacio, y la vi echarse a los pies de la Reina. ¡Si viera
+usted que modo de llorar, caballero! La reina estuvo muy llana y muy
+buena; la levantó del suelo y la dijo que haría lo que pudiera, que se
+enteraría bien y hablaría con sus <i>menistros</i>; la dijo también que se
+fuera tranquila a su casa, que la pasaría un aviso. Todo el día
+estuvimos esperándolo y no pareció... La Reina no tenía la culpa, bien
+lo hemos sabido; era un <i>menistro</i> tunante el que estaba empeñado en
+apretar el cuello a aquel valiente... Por la mañanita temprano me mandó
+a llamar desde la capilla <i>pa</i> despedirse de mí... Pero... ¡calla,
+calla! Ahora salen... Sí, sí, ahora salen... Mire V. cómo el coche se
+<i>aprosima</i>... Vamos a acercarnos un poco <i>pa</i> ver salir el reo. ¡Ya
+empiezan esos malditos a echar a <i>rempujones</i> la gente! Mire usted, mire
+V.; ya asoma la comitiva.</p>
+
+<p>En efecto, los guardias de orden público hacían esfuerzos para despejar
+las avenidas de la cárcel. En la muchedumbre se engendró un movimiento
+tumultuoso de vaivén. Rumor áspero y confuso salió de su seno,
+esparciéndose por el aire. El piquete de soldados, que descansaba al pie
+del muro, obedeciendo a la voz de su jefe, fue a colocarse junto a la
+puerta, y por ella comenzó a salir alguna gente con semblante triste y
+asustado: eran dependientes de la prisión, hermanos de la Paz y Caridad
+y los pocos curiosos que habían tenido influencia para entrar. Por
+último, apareció el reo. Venía acompañado de un sacerdote y rodeado de
+guardias. Seguía a la comitiva bastante gente. Gastaba el reo barba
+cerrada, negra y espesa; la hopa que le cubría y el birrete que llevaba
+en la cabeza, el cual le venía un poco holgado, prestábanle un aspecto
+lúgubre, espantoso. Esforzábase, sin duda, en aparecer sereno, pero en
+su rostro demudado reflejábase, tal expresión de dolor y angustia, que
+conmovía hasta lo más hondo del corazón. El hombre de la capa, que no se
+había separado de mí, dijo en tono satisfecho:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos... está pálido, pero bastante sereno... No se puede pedir más a
+un hombre... porque, ya ve V., caballero, ¿a quién le gusta que le
+aprieten el gañote?...</p>
+
+<p>El reo y el cura entraron en el carruaje. En la muchedumbre reinó por
+breves instantes silencio sepulcral; mas así que se cerró la portezuela,
+levantose nuevamente un insufrible clamoreo. El coche arrancó y
+emprendió la marcha lentamente; el piquete formó la escolta; los
+guardias procuraban hacer calle, dejando acercarse al carruaje solamente
+a los cofrades de la Paz y Caridad. El hombre de la capa me obligó a
+colocarme, como él, en las primeras filas de curiosos y caminar no muy
+lejos del reo.</p>
+
+<p>El cielo seguía envuelto en un sudario ceniciento, y el piso no mejoraba
+en aquellos sitios. A la verdad, no comprendo por qué razón me dejaba
+arrastrar por aquel hombre. Me sentía cada vez más aturdido, como si
+estuviese soñando. Iba sufriendo cruelmente, y no me pasaba siquiera por
+la imaginación la idea de que podía evitar aquel sufrimiento con sólo
+volverme atrás.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ya verá V., caballero lo que sucedió&mdash;dijo el hombre, siguiendo
+su historia mientras caminábamos hacia el cadalso.&mdash;Me mandó a llamar
+muy tempranito, y yo me planté en la cárcel por el aire. Antes de
+entrar a verle, me obligaron a quitarme la ropa. Los grandísimos puercos
+tenían miedo que le trajese algún veneno. Querían a toda costa verle en
+el palo. Para registrarme me pusieron en cueros vivos y me trataron como
+a un perro... ¡Mala centella los mate a todos!... Pero, después de
+muchos <i>arrodeos</i>, no tuvieron más remedio que dejarme entrar... «¡Hola!
+¿Estás ahí, Miguelillo?&mdash;me dijo en cuanto me vio.&mdash;Acércate y agarra
+una silla. Tenía ganas de verte antes de tomar el <i>tole pa</i> el otro
+barrio». Estaba fumando un cigarro de los de la Habana y tenía algunas
+copas delante. Había tres o cuatro personas con él, entre ellas el cura.
+«Acércate, hombre, y bebe una copa a tu salud, porque a la mía es como
+si no la bebieses. Aquí todos han <i>trincado</i> esta mañana, menos el
+<i>pater</i>, que se empeña en no probar la gracia de Dios». Bebí la copa que
+me echó, y hablamos un ratito de nuestras cosas. Yo no me cansaba de
+mirarle. Estaba tan sereno como V. y yo, caballero. <i>Paecía</i> que era a
+otro a quien iban a dar <i>mulé</i>. «¿Verdad que no estoy <i>apurao</i>,
+Miguelillo?... Eso hubieran querido los <i>mamones</i> de la cárcel, pero no
+les he <i>dao</i> por el gusto... ¡Anda, que se lo dé la perra de su
+madre!... Aquí el <i>pater</i> también me predica, pero es muy hombre de
+bien, y por ser muy hombre de bien le he servido en todo lo que hasta
+ahora ha <i>mandao</i>». Y era verdad, porque había <i>confesao</i> y <i>comulgao</i>
+sólo por el aprecio que le tenía. Cuando estábamos hablando entró un
+hombre pequeño, <i>trabao</i> y con las patas torcidas, y acercándose a la
+mesa le preguntó: «Oye, Francisco, ¿me conoces?» Él entonces levantó la
+vista, y contestó, bajándola otra vez: «Sí, eres el <i>buchí</i>». Es verdad,
+has <i>acertao</i>. ¿Tienes ánimo?&mdash;¿No lo estás viendo?&mdash;Ya veo, ya, que no
+se te encoge el ombligo... Vengo a pedirte perdón.&mdash;Anda con Dios, que
+tú no tienes la culpa de nada. Tú eres un pobre, que ganas el pan con tu
+trabajo.&mdash;Hasta luego.&mdash;Hasta luego». Después que salió el verdugo me
+vinieron a avisar <i>pa</i> que me fuese. Entonces él se levantó y me abrazó
+como pudo (porque llevaba esposas) diciéndome: «Vamos, muchacho, no te
+fatigues tanto... Este es un mal trago... Vaya por los muchos buenos
+que tengo entre pecho y espalda». Después me echaron de la capilla y
+hasta de la cárcel!... ¡Pero, caballero, apriete V. un poco más el paso,
+que nos quedamos atrás!...</p>
+
+<p>Obedecí a mi compañero, como si lo tuviese por obligación, y nos
+colocamos otra vez en las primeras filas. El carruaje de la Justicia
+caminaba a unos veinte pasos de nosotros. La muchedumbre hormigueaba en
+torno del piquete y de los guardias, esforzándose para ver al reo.
+Algunos civiles de caballería, con el sable desenvainado, caracoleaban
+para dejar libre el tránsito, atropellando a veces a la gente, que
+dejaba escapar sordas imprecaciones contra la fuerza pública. Los
+habitantes de las pobres viviendas que guarnecen por aquellos sitios la
+carretera, se asomaban a las puertas y ventanas, reflejando en sus
+rostros más curiosidad que tristeza, y las comadres del barrio se decían
+de ventana a ventana algunas frases de compasión para el reo, y no pocos
+insultos para los que íbamos a verle morir. De vez en cuando, el rostro
+lívido de aquél aparecía en la ventanilla, y sus ojos negros y hundidos
+paseaban una mirada angustiosa y feroz por la multitud; pero
+inmediatamente se dejaba caer hacia atrás, escuchando el incesante
+discurso del sacerdote. El cochero, enmascarado como un lúgubre
+fantasma, animaba al caballo con su látigo, conduciéndolo hacia el
+suplicio.</p>
+
+<p>La relación de aquel hombre había excitado mi curiosidad. Así que,
+después de caminar un rato en silencio, le pregunté:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y V., cuando le echaron de la cárcel, se habrá ido a su casa?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor; me quedé cerca de la puerta para verle salir. Al cabo de
+media hora de espera, <i>apaeció</i> entre un montón de gente, lo mismo que
+este que va en el coche... ¡Ay, caballero, si viese V. que otro hombre
+era! Ese maldito sayo negro que les ponen, y el gorro de la cabeza, le
+habían <i>mudao</i> enteramente. <i>Paecía</i> un alma del otro mundo. Montó, sin
+ayuda de nadie, en el burro que estaba a la puerta... Entonces no iban
+en coche, como ahora, sino <i>montaos</i> en un burro... Estaba mejor así,
+¿no le <i>paece</i> a V.?... De este modo todo el mundo se enteraba y lo veía
+bien... Cuando rompieron a andar, me puse lo más cerca que pude, y él,
+que iba moviendo la cabeza a un lado y a otro, me <i>guipó</i> en seguida y
+me llamó con la mano. Me dejaron acercar, y me dijo: «Adiós, Miguelillo;
+estos cochinos me llevan a degollar como un carnero; vete <i>pa</i> casa,
+querido, que estás muy <i>fatigao</i>». Me dio un apretón de manos y se puso
+a hablar con el cura, que le reñía por lo que había dicho. Yo me separé,
+pero no quise marcharme. Seguí la comitiva hasta el mismo campo... hasta
+aquí, porque ya estamos en él. Le vi subir al <i>tablao</i>, le vi sentarse
+en el banco, le vi besar el cristo que le ponían delante, y cuando le
+echaron el pañuelo sobre la cara, entonces me puse a correr y no paré
+hasta casa...</p>
+
+<p>Habíamos llegado, en efecto, al Campo de Guardias y veíamos a lo lejos
+alzarse el lúgubre armatoste sobre el mar de cabezas humanas que lo
+circundaba. El clamor era cada vez más alto; la agitación se convertía
+en tumulto. Los gritos penetrantes de los pregoneros apenas se oían
+entre aquel rumor tempestuoso.</p>
+
+<p>Mi compañero había guardado silencio. Yo, absorto completamente por la
+escena terrible que se preparaba, tampoco despegué los labios. Me había
+impresionado, no obstante, su cuento, y al fin, por hablar algo, y en
+tono distraído, le pregunté:</p>
+
+<p>&mdash;Mucho lo habrá V. sentido, ¿no es verdad?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues no lo había de sentir!... ¿Para qué he de engañarle a V.
+caballero?&mdash;me contestó mirándome fijamente.&mdash;¡No lo había de sentir, si
+era mi padre!...</p>
+
+<p>Quedé estupefacto. Sentí algo semejante al miedo y al asco, y no supe
+más que murmurar:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué horror!</p>
+
+<p>El hombre de la capa, al ver mi sorpresa, sonrió con humildad, como si
+me pidiese perdón, y continuó:</p>
+
+<p>&mdash;Me acuerdo que, cuando llegué a casa, mi madre me dio una paliza que
+me hubo de matar... no sé por qué... Decía que para que me acordase bien
+de aquel día... ¡Cómo sino me acordase bien sin necesidad de los
+palos!... Yo creo que estaba un poco <i>guillá</i>... La pobrecita no tardó
+dos meses tan siquiera en <i>espichar</i>... Desde entonces no he <i>faltao</i>
+nunca a estos <i>espetáculos</i>. Todos los que han ajusticiado en Madrid de
+cuarenta años <i>pa</i> acá los he visto yo... menos tres o cuatro que no
+pude ver porque estaba enfermo... Pero lo que le digo a V., caballero,
+es que ninguno..., y no es porque fuese mi padre..., ninguno ha tenido
+tantos <i>hígados pa</i> morir como él...</p>
+
+<p>La agitación de la muchedumbre continuaba en aumento. El caracoleo de
+los civiles y los esfuerzos de los agentes apenas bastaban a contenerla
+y a impedir, sobre todo, que turbase la marcha del carruaje.</p>
+
+<p>El piquete de soldados que lo escoltaba tenía que estrecharse más de lo
+que exige la táctica, para poder caminar. Mi compañero me dijo con tono
+triunfal:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga V., caballero; estos hombres se están matando para verlo y no
+conseguirán nada; pero nosotros lo hemos de <i>guipar</i> todito y con mucha
+comodidad... No se separe V. de mí... Iremos pegados a los faldones de
+los soldados, y llegaremos <i>a debajo</i> del mismo <i>tablao</i>, sin mayor
+inconveniente... Hay que saber arreglárselas... De algo le han de servir
+a uno los años que tiene sobre el cogote... Vamos, no afloje V. el
+paso... Apriétese V. contra mí y déjese llevar... ¡Que se está V.
+separando, caballero!... Agárrese V. a mi capa... ¿Qué es eso? ¿Se queda
+V.?... Hombre, lo siento, porque no va V. a ver nada... Vaya, adiós,
+caballero... adiós...</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LA_CONFESION_DE_UN_CRIMEN" id="LA_CONFESION_DE_UN_CRIMEN"></a>LA CONFESIÓN DE UN CRIMEN</h3>
+
+<hr />
+
+<p>En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco
+y media nada más. A falta de personas formales los niños tomaban
+posesión del paseo, utilizándolo para los juegos del aro, de la cuerda,
+de la pelota, pío campo, escondite, y otros no menos respetables, tan
+respetables, por lo menos, y por de contado más saludables, que los de
+el ajedrez, tresillo, ruleta y siete y media con que los hombres se
+divierten. Y si no temiera ofender las instituciones, me atrevería a
+ponerlos en parangón con los del salón de conferencias del Congreso y de
+la Bolsa, seguro de que tampoco habían de desmerecer.</p>
+
+<p>El sol aún seguía bañando una parte no insignificante del paseo. Los
+chiquillos resaltaban sobre la arena como un enjambre de mosquitos en
+una mesa de mármol. Las niñeras, guardianas fieles de aquel rebaño, con
+sus cofias blancas y rizadas, las trenzas del cabello sueltas, las manos
+coloradas y las mejillas rebosando una salud, que yo para mí deseo, se
+agrupaban a la sombra sentadas en algún banco, desahogando con placer
+sus respectivos pechos henchidos de secretos domésticos, sin que por eso
+perdiesen de vista un momento (dicho sea en honor suyo) los inquietos y
+menudos objetos de su vigilancia. Tal vez que otra se levantaban
+corriendo para ir a socorrer a algún mosquito infeliz que se había caído
+boca abajo y que se revolcaba en la arena con horrísonos chillidos;
+otras veces llamaban imperiosamente al que se desmandaba y le
+residenciaban ante el consejo de doncellas y amas de cría, amonestándole
+suavemente o recriminándole con dureza y administrándole algún leve
+correctivo en la parte posterior, según el sistema y el temperamento de
+cada juez.</p>
+
+<p>Esperando la llegada de la gente, me senté en una silla metálica de las
+que dividen el paseo, y me puse a contemplar con ojos distraídos el
+juego de los chicos. Detrás de mí estaban sentadas dos niñas de once a
+doce años de edad, cuyos perfiles&mdash;lo único que veía de ellas&mdash;eran de
+una corrección y pureza encantadoras. Ambas rubias y ambas vestidas con
+singular gracia y elegancia: en Madrid esto último no tiene nada de
+extraordinario porque las mamás, que han renunciado a ser coquetas para
+sí, lo continúan siendo en sus hijas y han convenido en hacerse una
+competencia poco favorable a los bolsillos de los papás. Me llamó la
+atención desde luego la gravedad que las dos mostraban y el poco o
+ningún efecto que les causaba la alegría de los demás muchachos. Al
+principio creí que aquella circunspección procedía de considerarse ya
+demasiado formales para corretear, y me pareció cómica; pero observando
+mejor, me convencí de que algo serio pasaba entre ellas, y como no
+tenía otra cosa que hacer, cambié de silla disimuladamente y me acerqué
+cuanto pude a fin de averiguarlo.</p>
+
+<p>La una estaba pálida y tenía la vista fija constantemente en el suelo:
+la otra la miraba de vez en cuando con inquietud y tristeza. Cuando me
+acerqué guardaban silencio, pero no tardó en romperlo la primera
+exclamando en voz baja y con acento melancólico:</p>
+
+<p>&mdash;¡Si lo hubiera sabido, no saldría hoy a paseo!</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;repuso la segunda.&mdash;De todos modos algún día os habíais de
+encontrar.</p>
+
+<p>La primera no replicó nada a esta observación y callaron un buen rato.
+Al cabo la segunda dijo poniéndole una mano sobre el hombro:</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes lo que estoy pensando, Asunción?</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Que debías decírselo todo. Lola es buena niña, aunque tenga el genio
+vivo. ¿No te acuerdas cuando nos pegamos y nos arañamos porque le quité
+de ser la mamá?... Ya ves que le pasó en seguida...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero esto es muy distinto.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo sé que es distinto... pero debes decírselo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! No me mandes eso, por Dios, Luisa.... de seguro no me vuelve a
+decir adiós, y se lo cuenta en seguida a sus papás.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no será peor que se lo cuente otra persona?... ¡Hay niñas más mal
+intencionadas!... Elvira lo sabe ya... no sé quién se lo ha dicho...</p>
+
+<p>Profunda debió ser la impresión que esta noticia causó en el ánimo de
+Asunción, porque no volvió a despegar los labios y siguió escuchando
+consternada las razones de su amiga, que las amontonaba de un modo
+incoherente, pero con resolución.</p>
+
+<p>El paseo se iba poblando poco a poco. El sol no se enseñoreaba ya sino
+de uno de los ángulos del salón: al retirarse dejaba claro y nítido el
+ambiente, en el cual resaltaban con admirable pureza el obelisco del Dos
+de Mayo y las agujas del museo de Artillería y de San Jerónimo. Los
+pequeños retrocedían ante la invasión de los grandes a los parajes más
+apartados, donde establecían nuevamente sus juegos. Un chico rubio,
+vestido de marinero, con cara de desvergonzado, se quedó fijo delante de
+nuestras niñas contemplándolas con insistencia, y no hallando al parecer
+conveniente la gravedad que mostraban, se puso a hacerlas muecas en son
+de menosprecio, Luisa, al verse interrumpida en su discurso, se levantó
+furiosa y le tiró por los cabellos. El chico se alejó llorando.</p>
+
+<p>Al cabo de un rato, cuando ya me disponía a dejar la silla para dar
+algunas vueltas, oí exclamar a Luisa:</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla... calla... me parece que ahí viene Lola!</p>
+
+<p>Asunción se estremeció y levantó la cabeza vivamente.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, es ella,&mdash;continuó Luisa.&mdash;Viene con Pepita y con Concha y
+Eugenia... Es el primer domingo que viene después de la muerte de su
+hermano... ¡No te pongas así, niña!... No te asustes... verás, yo lo voy
+a arreglar todo.</p>
+
+<p>Asunción, en efecto, había empalidecido y estaba clavada e inmóvil en la
+silla como una estatua. Pronto divisé un grupo de niñas de su misma
+edad que se aproximaba; en el centro venía una completamente enlutada,
+morenita, con grandes ojos negros y profundos que debía de ser la
+causante de los temores de Asunción. Luisa se levantó a recibirlas y
+echó una carrerita para cambiar con ellas buena partida de besos cuyo
+rumor llegó hasta mis oídos. Asunción no se movió. Al llegar, todas la
+saludaron con efusión, no siendo por cierto la menos expansiva la
+enlutada Lolita. Después de cambiadas las primeras impresiones, observé
+que Luisa hacía señas a Asunción en ademán de pedirle algo, y que
+Asunción lo negaba, también por señas, pero con energía. Luisa, sin
+embargo, se resolvió a hacer lo que pretendía a despecho de su amiga, y
+llegándose a Lola, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Asunción tiene que decirte una cosa; ve a sentarte junto a ella.</p>
+
+<p>Lolita se vino hacia la melancólica niña y le preguntó cariñosamente
+tocándole la cara:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué tienes que decirme, Chonchita?</p>
+
+<p>La pobre Asunción, completamente abatida, no contestó nada; visto lo
+cual por su amiga, tomó asiento al lado, y la instó con mucha viveza
+para que le contase lo que la ponía tan triste.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Lola,&mdash;comenzó con voz temblorosa y casi imperceptible,&mdash;después
+que te lo diga ya no me querrás.</p>
+
+<p>Lola protestó con una mueca.</p>
+
+<p>&mdash;No, no me querrás... Dame un beso ahora... Después que te lo diga, no
+me darás ningún otro...</p>
+
+<p>Lolita se manifestó sorprendida, pero le dio algunos besos sonoros.</p>
+
+<p>&mdash;Mañana hace un mes que murió tu hermano Pepito... Yo sé que has tenido
+una convulsión por haber visto la caja... A mí no me han dejado ir a tu
+casa porque decían que me iba a impresionar, pero toda la tarde la pasé
+llorando... Luisa te lo puede decir... Lloraba porque Pepito y yo éramos
+novios... ¿no lo sabías?</p>
+
+<p>&mdash;¡No!</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo éramos desde hacía dos meses. Me escribió una carta y me la
+dio un día al entrar en tu casa: salió de un cuarto de repente, me la
+dio y echó a correr. Me decía que desde la primera vez que me había
+visto le había gustado, que podríamos ser novios si yo le quería, y que
+en concluyendo la carrera de abogado, que era la que pensaba seguir, nos
+casaríamos. A mí me daba mucha vergüenza contestarle, pero como a Luisa
+le había escrito también Paco Núñez declarándose, yo por encargo de ella
+le dije un día en el paseo: «Paco, de parte de Luisa, que sí», y a la
+otra vuelta Luisa le dijo a Pepito: «Pepito, de parte de Asunción, que
+sí». Y quedamos novios. Los domingos cuando bailábamos en tu casa o en
+la mía, me sacaba más veces que a las demás, pero no se atrevía a
+decirme nada... A pesar de eso, una vez bailando, como estaba triste y
+hablaba poco, le pregunté si estaba enfadado, y él me contestó: «Yo no
+me enfado con nadie, y mucho menos contigo». Yo me puse colorada... y él
+también... Todos los días por la tarde iba a esperarme a la salida del
+colegio; se estaba paseando por delante hasta que yo salía y después me
+seguía hasta casa...</p>
+
+<p>Aquí Asunción cesó de hablar, y Lola, que la escuchaba con tristeza y
+curiosidad, aguardó un rato a que continuase, y viendo que no lo hacía,
+le preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, ¿por qué me decías que después de contármelo no iba a darte más
+besos y todas aquellas cosas?... Al contrario, ahora te quiero más...
+mira como te quiero.</p>
+
+<p>Y Lolita al decir esto le daba apasionados besos.</p>
+
+<p>&mdash;Espera, espera... no me beses... ¿De qué murió tu hermano? ¿No dijeron
+los médicos que había muerto de una mojadura que había cogido?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;Pues esa mojadura, Lola... la cogió por causa mía... Sí, la cogió por
+causa mía... Una tarde en que estaba lloviendo a cántaros, fue a
+esperarme al colegio... Le vi por los cristales metido en un portal...
+en el portal de enfrente... no traía paraguas. Cuando salimos yo me tapé
+perfectamente porque la criada había traído uno para mí y otro para
+ella... Pepito nos siguió al descubierto... llovía atrozmente... y yo en
+vez de ofrecerle el paraguas y taparme con el de la criada, le dejé ir
+mojándose hasta casa... Pero no fue por gusto mío, Lola... por Dios, no
+lo creas... fue que me daba vergüenza...</p>
+
+<p>Al decir estas palabras, le embargó la emoción, se le anudó la voz en la
+garganta y rompió a sollozar fuertemente. Lolita se la quedó mirando un
+buen rato, con ojos coléricos, el semblante pálido y las cejas
+fruncidas; por último se levantó repentinamente y fue a reunirse con sus
+amigas que estaban algo apartadas formando un grupo. La vi agitar los
+brazos en medio de ellas narrando, al parecer, el suceso con vehemencia,
+y observé que algunas lágrimas se desprendían de sus ojos, sin que por
+eso perdiesen la expresión dura y sombría. Asunción permaneció sentada,
+con la cabeza baja y ocultando el rostro entre las manos.</p>
+
+<p>En el grupo de Lolita hubo acalorada deliberación. Las amigas se
+esforzaban en convencerla para que otorgase su perdón a la culpable.
+Lolita se negaba a ello con una mímica (lo único que yo percibía) altiva
+y violenta. Luisa no cesaba de ir y venir consolando a su triste amiga
+y procurando calmar a la otra.</p>
+
+<p>El sol se había retirado ya del paseo, aunque anduviese todavía por las
+ramas de los árboles y las fachadas de las casas. La estatua de Apolo
+que corona la fuente del centro, recibía su postrera caricia; los
+lejanos palacios del paseo de Recoletos resplandecían en aquel instante
+como si fuesen de plata. El salón estaba ya lleno de gente.</p>
+
+<p>Después de discutir con violencia y de rechazar enérgicamente las
+proposiciones conciliadoras, Lolita se encerró en un silencio sombrío.
+Al ver esta muestra de debilidad, las amigas apretaron el asedio,
+enviando cada cual un argumento más o menos poderoso; sobre todo Luisa,
+era incansable en formar silogismos, que alternaba sin cesar con
+súplicas ardientes.</p>
+
+<p>Al fin Lolita volvió lentamente la cabeza hacia Asunción. La pobre niña
+seguía en la misma postura, abatida, ocultando siempre el rostro con las
+manos. Al verla, debió pasar un soplo de enternecimiento por el corazón
+de la irritada hermana; destacose del grupo, y viniendo hacia ella, la
+echó los brazos al cuello diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No llores, Chonchita, no llores.</p>
+
+<p>Pero al pronunciar estas palabras lloraba también. La cabecita rubia y
+la morena estuvieron un instante confundidas. Rodeáronlas las amigas, y
+ni una sola dejó de verter lágrimas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Vamos, niñas, que nos están mirando!&mdash;dijo Luisa.&mdash;Enjugad las
+lágrimas y vamos a pasear.</p>
+
+<p>Y en efecto, llevándose el pañuelo a los ojos, ella la primera, con
+rostro sereno y risueño se mezclaron agrupadas entre la muchedumbre; y
+las perdí muy pronto de vista.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LA_BIBLIOTECA_NACIONAL" id="LA_BIBLIOTECA_NACIONAL"></a>LA BIBLIOTECA NACIONAL</h3>
+
+<hr />
+
+<p>Madrid posee una biblioteca nacional. Esta biblioteca se halla situada
+en la calle del mismo nombre que desemboca por un lado en la plaza de la
+Encarnación y por el otro en la de Isabel II. Es fácil reconocer el
+edificio. Además, posee en el barrio de Salamanca los cimientos de una
+nueva biblioteca construidos con todo lujo, perfectamente resguardados
+de la intemperie y rodeados de una bonita verja. Con tales elementos es
+fuerza convenir en que la capital de España no carece de medios de
+instrucción y que todo el que desee estudiar puede hacerlo. No obstante,
+una cosa me ha sorprendido siempre, y es que la biblioteca nacional no
+está tan concurrida como debiera suponerse, dado el número de habitantes
+y su reconocida afición a meterse en todos los sitios donde no cueste
+dinero. Quizá dependa de hallarse cerrada la mayor parte de las horas
+del día y de la noche. En cuanto a los cimientos, a pesar de ser tan
+bellos y sólidos, están siempre desiertos, lo cual les da un cierto
+aspecto de necrópolis pagana, no ciertamente en consonancia con los
+fines de su instituto, como dijo Pavía el del 3 de Enero hablando de la
+Guardia civil.</p>
+
+<p>Pero dejando a un lado los cimientos, cuya importancia me complazco en
+reconocer y acerca de los que no será esta la última palabra que diga, y
+volviendo a la antigua biblioteca donde el gobierno de Su Majestad
+distribuye la ciencia por el sistema dosimétrico, esto es, en pequeñas
+dosis y repetidas, diré primeramente que tiene un portal muy análogo a
+una bodega, donde los sabios de mañana aguardan, tiritando y dando
+estériles patadas contra las losas para calentarse los pies, a que les
+abran la puerta. El frío es por naturaleza anti-científico, y desde los
+tiempos más remotos se ha ensañado siempre con los sabios. De aquí los
+sabañones que tanto caracterizan a los hombres de ciencia.</p>
+
+<p>Arranca del portal una escalera medianamente espaciosa, cuidadosamente
+tapizada de polvo como conviene a esta clase de establecimientos, la
+cual termina en una portería o conserjería donde hay generalmente
+sentados seis u ocho señores ocupados en la tarea de mirar lo que entra
+y lo que sale y en charlar y discutir en voz alta a fin de que los que
+estudian dentro se acostumbren a concentrar su atención, como hacía
+Arquímedes en los tiempos antiguos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Me hacen ustedes el favor de una papeleta?&mdash;pregunta en actitud
+humilde el sabio, que ha llegado hasta allí tragando polvo.</p>
+
+<p>El portero encargado de facilitarlas vuelve la cabeza y le dirige una
+mirada fría y hostil: después sigue tranquilamente la conversación
+empeñada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto te ha costado a tí la contrabarrera?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que cuesta en el despacho: el amo ha pedido tres a un concejal y me
+ha cedido una.</p>
+
+<p>&mdash;¡Todos los pillos tienen suerte!</p>
+
+<p>Mucha risa; mucha algazara. La conversación rueda después acerca de las
+probabilidades que Frascuelo tiene de echar la pata a Lagartijo: los
+toros eran de Veraguas, se podían lidiar con franqueza; sin riesgo; y el
+matador «se las tiraría de plancheta» como acostumbraba, sin...</p>
+
+<p>&mdash;¿Me hace V. el favor de una papeleta? repite el sabio un poco más
+alto.</p>
+
+<p>El portero le mira de nuevo con más frialdad si cabe, se levanta
+lentamente, moja el dedo para sacar una papeleta del montón y dice:</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te aseguro que no pago primadas; a última hora ha de andar más
+bajo el papel...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiere V. darme una papeleta?&mdash;dice el sabio con impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tiene V. prisa, verdad, caballero?&mdash;responde el dependiente con
+cierta sonrisilla irrespetuosa.</p>
+
+<p>El sabio escribe en silencio sobre la papeleta el nombre de una obra
+famosa, aunque reciente, y entra en el salón principal de la biblioteca.
+En cada extremo de él hay un grupo de señores convenientemente separados
+de los que leen arrimados a las mesas. El sabio de mañana vacila entre
+dirigirse al grupo de la derecha o al grupo de la izquierda; decídese al
+fin a emprender su marcha hacia el primero, procediendo lógicamente. Uno
+de los señores de los extremos le toma la papeleta, mas antes de leerla
+le examina escrupulosamente de pies a cabeza cual si tratase de
+sonsacarle, mediante su aspecto, qué intención perversa le había movido
+al venir hasta allí en demanda de un libro. Después que se entera del
+que pide, crecen evidentemente sus sospechas porque le acribilla a
+miradas escrutadoras, de tal suerte, que el presunto sabio baja la vista
+avergonzado, juzgándose un matutero de la ciencia. El empleado, sin
+dejar de mirarle, pasa la papeleta a otro empleado que a su vez le mira
+también con cuidado y la pasa a otro, y así sucesivamente pasa por todas
+las manos del grupo hasta que llega nuevamente a las del primero, el
+cual se la devuelve diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya V. allí enfrente.</p>
+
+<p>Y nuestro sabio atraviesa el salón y se dirige al grupo contrario, donde
+sufre el mismo examen por parte de la inspección facultativa del
+gobierno, y se repite con ninguna variante la escena anterior. Al
+devolverle la papeleta le dicen también:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya V. allí enfrente.</p>
+
+<p>&mdash;Ya he estado.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces vaya V. al Índice... la primera puerta a la derecha.</p>
+
+<p>En el Índice, un señor empleado lee con toda calma la papeleta, y sin
+decirle palabra desaparece con ella por el foro. Nuestro sabio espera
+una buena media hora tocando el tambor sobre las rejas de la valla con
+las yemas de los dedos. De vez en cuando levanta la vista a los estantes
+donde en correcta formación se halla una muchedumbre de libros feos,
+rugosos, mal encarados, que le infunden respeto. Ninguno de aquellos
+libros se acuerda ya de cuándo fue sacado para ser leído. De ahí su
+respetabilidad. En este mundo las cosas de poco uso son siempre las más
+respetables; los senadores, los capitanes generales, los académicos, los
+canónigos. Casi todos tienen escrita sobre su severo lomo en letras muy
+gordas la palabra <i>Ópera</i>. No se ve en torno más que óperas; óperas
+arriba, óperas abajo, óperas delante, óperas detrás. En esto llega el
+señor empleado del Índice, silencioso siempre como un pez, y en lugar
+del libro le entrega de nuevo la papeleta. El sabio en estado de
+crisálida no sabe lo que aquello significa y da vueltas entre sus dedos
+al papel hasta que percibe dos palabritas de distinta letra debajo de su
+petición: <i>no consta</i>. El sabio, que es bastante listo, comprende en
+seguida que con aquellas palabras se quiere decir que no hay semejante
+libro. Lo mismo les ha pasado a todos los sabios que en el mundo han
+sido y han ido a leer a la biblioteca de la nación. Ningún libro
+reciente consta. ¿Y por qué había de constar? ¿No perdería mucho de su
+prestigio esta biblioteca, admitiendo sin dificultad cualquier libro de
+ayer mañana? La biblioteca nacional no puede proceder como la de un
+particular; para que un libro tenga la honra de entrar en sus salones
+es necesario que el tiempo lo garantice, pues hasta ahora no se conoce
+nada mejor para garantir la ciencia que una serie de años, cuantos más
+mejor. Un libro nuevo, bien impreso, satinado y limpio, no encaja bien
+entre aquellas dignas y graves óperas, preñadas hasta reventar de latín
+y de ciencia.</p>
+
+<p>Nuestro sabio torna a la portería meditando todo esto, y escribe sobre
+otra papeleta el título de un libro sobre filosofía, del siglo trece. La
+papeleta vuelve a pasar por las manos de los señores de los extremos;
+pero esta vez, sin que el sabio adivine la razón, se miran consternados
+los unos a los otros. Por último uno de ellos le dice en tono humilde:</p>
+
+<p>&mdash;Caballero, el libro que V. pide está en uno de los últimos estantes y
+es un poco expuesto subir a buscarle... ¡Si a V. le fuese indiferente
+pedir otro!...</p>
+
+<p>¡Pues no había de serle indiferente! Los sabios son muy finos y humanos.
+Nada, nada, no se moleste V. Por nada en el mundo querría nuestro sabio
+exponer la preciosa vida de ningún empleado del Gobierno. Así que, pian
+pianito vuelve sobre sus pasos hasta la portería, atormentando la
+imaginación para buscar una obra que fácilmente le pudiesen
+proporcionar, fuese cual fuese. Al fin no encuentra nada mejor que pedir
+el Quijote.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué edición quiere V.?</p>
+
+<p>&mdash;La que V. guste.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! no, caballero, perdone V., nosotros no podemos dar sino la
+edición que nos piden.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, pues la de la Academia.</p>
+
+<p>&mdash;Tenga V. entonces la bondad de consignarlo así en la papeleta.</p>
+
+<p>Vuelta a la portería. Al fin, después de una brega tan larga y
+deslucida, tiene la dicha de recibir el Quijote de manos del empleado.
+El sabio deja escapar un suspiro de consuelo: estaba sudando. Trata de
+sentarse a una de las mesas que hay esparcidas por la sala, sobre las
+cuales, para que nada llame y distraiga la atención, no suele haber ni
+pupitre, ni papel, ni plumas, ni tintero; nada más que la madera lisa y
+reluciente, invitando al estudio y a la patinación. Al tomar una de las
+sillas, observa con dolor que está cubierta de polvo y quizá de algo
+más. ¿Qué tiene esto de particular? La ciencia y la porquería no son
+enemigas declaradas: antes al contrario, parece que aquélla vive dichosa
+en los brazos de ésta, como lo atestiguan multitud de ejemplos. La
+sagrada Teología, muy especialmente, siempre ha tenido marcada
+predilección por la suciedad. En otro tiempo se medía la profundidad de
+un teólogo por la cantidad de grasa que llevaba adherida a la sotana.
+También la literatura manifestó siempre tendencias bastante pronunciadas
+en este sentido, y es cosa proverbial, sobre todo en las provincias, que
+nuestros literatos no se lavan sino cuando llueve: hay hortera a quien
+se le saltan las lágrimas de entusiasmo contando alguna gran
+asquerosidad de Carlos Rubio, o la manera de vivir de Marcos
+Zapata,&mdash;por más que respecto a este último, como amigo suyo que soy,
+puedo declarar que hay exageración. Fundándose, a no dudarlo, en tales
+razones, el gobierno de S. M. ha procurado mantener en la biblioteca
+nacional una conveniente y adecuada porquería, de cuya conservación
+están encargados algunos mozos no bastantemente retribuidos.</p>
+
+<p>Nuestro sabio en agraz, que aún no ha llegado a las altas regiones de la
+ciencia, y que por lo tanto no comprende la ayuda poderosa que le
+prestarían en la investigación de la verdad aquellas manchas grises de
+la silla que mira con sobresalto, saca el pañuelo del bolsillo y lo
+coloca bonitamente sobre ella, sentándose después lleno de confianza.</p>
+
+<p>¡Ea! ya está sentado el sabio; ya sopla el polvo de la mesa y coloca el
+sombrero sobre ella; ya se saca a medias una bota que le oprime
+mortalmente los sabañones; ya tose y se arranca la flema de la garganta;
+ya trae el libro hacia sí, ya mira con curiosidad el sello de la
+Academia estampado en la primera página; ya empieza a leer.</p>
+
+<p>«<i>En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha
+mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, rocín
+flaco.....</i>»</p>
+
+<p>Tilín, tilín.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso?&mdash;pregunta con sorpresa al compañero que tiene al lado.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, que tocan a cerrar&mdash;contesta el otro levantándose.</p>
+
+<p>El sabio entonces se levanta también; le sigue; devuelve el Quijote al
+empleado de quien lo recibiera; y se va a su casa.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_DRAMA_DE_LAS_BAMBALINAS" id="EL_DRAMA_DE_LAS_BAMBALINAS"></a>EL DRAMA DE LAS BAMBALINAS</h3>
+
+<hr />
+
+<p>Antoñico era una chispa, al decir de cuantos andaban entre bastidores;
+no se había conocido traspunte como él desde hacía muchos años: era
+necesario remontarse a los tiempos de Máiquez y Rita Luna, como hacía
+frecuentemente un caballero gordo que iba todas las noches de tertulia
+al saloncillo, para hallar precedente de tal inteligencia y actividad.</p>
+
+<p>Solamente cuando falleció se estimaron sus servicios en lo que valían.
+Porque no era el traspunte vulgar que con cinco minutos de antelación
+recorre los cuartos de los actores gritando: «Don José; va V. a
+salir&mdash;Señorita Clotilde; cuando V. guste». Ni por pienso: Antoñico
+tenía en su cabeza todos los pormenores indispensables para el buen
+orden de la representación; dirigía la tramoya con una precisión
+admirable, daba oportunos consejos al mueblista, hacía bajar el telón
+sin retrasarse ni adelantarse jamás; cuando había necesidad de sonar
+cascabeles para imitar el ruido de un coche, él los sonaba; si de tocar
+un pito, él lo tocaba, y hasta redoblaba el tambor con asombrosa
+destreza apagando el ruido para hacer creer al espectador que la tropa
+se iba alejando. En los dramas en que la muchedumbre llega rugiendo a
+las puertas del palacio y amenaza saquearlo, nadie como él para hacer
+mucho ruido con poca gente; una docena de comparsas le bastaban para
+poner en sobresalto a la familia real; a uno le hacía gritar
+continuamente <i>¡esto no se puede sufrir!</i>, a otro le mandaba exclamar
+sin punto de reposo, <i>¡mueran los tiranos!</i>, a otro, <i>¡abajo las
+cadenas!</i>, etc., etc., todo en un <i>crescendo</i> perfectamente ejecutado,
+que infundía pavor no sólo en el corazón del tirano sino en el de todos
+los que se interesaban por su suerte. Además sabía arrojar piedras a la
+escena de modo que produjesen mucho ruido y no hiciesen daño a nadie:
+algunas veces hizo también escuchar su voz desde las cajas o desde el
+sótano en calidad de fantasma. En fin, más que traspunte debía
+considerarse a Antoñico como un actor eminente aunque invisible.</p>
+
+<p>En el teatro era casi un dictador: los actores le halagaban porque les
+podía hacer daño con un descuido intencionado, la empresa se mostraba
+satisfecha de él, y los dependientes le respetaban y le consideraban
+como jefe.</p>
+
+<p>Era necesario verle con un reverbero en la mano derecha, el libro en la
+izquierda, una barretina colorada en la cabeza a guisa de uniforme,
+deslizarse velozmente por los bastidores acudiendo a opuestos parajes en
+nada de tiempo, poniendo prisa a los empleados, contestando al sin
+número de preguntas que le dirigían, y esparciendo órdenes en estilo
+telegráfico como un general en el fragor de la batalla.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IIc" id="IIc"></a>II</h3>
+
+<p>Con todo, Antoñico tenía un grave defecto: le gustaban demasiado las
+mujeres. Quizá digan ustedes que este defecto no es grave: en cualquier
+otro hombre, convengo en ello, pero en Antoñico, un funcionario
+dramático de tal importancia, era un pecado mortal. No hay más que
+pensar en que tenía bajo su inmediata inspección a varias actrices
+secundarias, o sean racionistas, y que aun las principales veíanse
+obligadas a estar con él en una relación constante. De donde resultaban
+a menudo algunos disgustillos y desórdenes que se hubieran evitado si
+nuestro traspunte tuviese un temperamento menos inflamable.
+Verbigracia; se hubiera evitado que Narcisa, la jovencita que
+desempeñaba papeles de chula, se fuese del teatro dando un fuerte
+escándalo, diciendo a quien la quería oír que Antoñico pellizcaba las
+piernas a las actrices en las ocasiones propicias; y también que la mamá
+de Clotilde, la primera dama, se quejase al empresario de que Antoñico
+fuese con demasiada prisa a levantar a su hija siempre que caía
+desmayada al terminarse un acto. Hay que convenir en que todo esto era
+muy feo y dañaba no poco a la respetabilidad del traspunte; que vuelvo a
+decir, era sin disputa el alma del teatro.</p>
+
+<p>Sucedió, pues, que al medio de la temporada el primer tramoyista
+contrajo matrimonio: era un hombre de unos treinta años de edad, feo,
+silencioso, sombrío, ojos negros hundidos, barba rala y erizada;
+inteligente con todo y amigo de cumplir con su deber. La mujer que
+eligió por esposa era una jovencita, casi una niña, linda, vivaracha,
+nariz arremangada, más alegre que unas castañuelas, perezosa y juguetona
+como una gatita. Se casó con el tramoyista... no sé por qué; quizá por
+su desahogada posición (ganaba seis pesetas diarias).</p>
+
+<p>Para no privarse de su compañía un momento, el enamorado marido la trajo
+consigo al teatro; en los ratos que le dejaban libre sus ocupaciones, el
+pobre hombre gozaba con acercarse a su mujercita y darle un pellizco o
+un abrazo furtivo. La muchacha, que no había entrado hasta entonces en
+la región de los bastidores, estaba maravillada y contenta al verse
+entre aquel bullicio, y pronto fue una necesidad el pasarse tres o
+cuatro horas todas las noches vagando por las cajas y por los cuartos de
+las actrices con quienes simpatizó en seguida.</p>
+
+<p>Antoñico, al verla por primera vez, se relamió como el tigre cuando
+atisba la presa. La barretina colorada sufrió un fuerte temblor y se
+dispuso a cobijar un enjambre de pensamientos tenebrosos y lúbricos. Mas
+como hombre experto y precavido, guardó sus ideas, contrarias a la
+unidad de la familia, debajo de la barretina, y aparentó no fijar la
+atención en la presa y dejar que tranquilamente fuese y viniese a su
+buen talante.</p>
+
+<p>Sin embargo, una que otra vez al encontrarse en los pasillos le dirigía
+miradas magnéticas que la fascinaban y profería unas <i>buenas noches</i>
+preñadas de ideas disolventes. Como es natural, la bella tramoyista no
+dejó de sospechar el género de pensamientos que dentro de la barretina
+se escondían, y en su consecuencia decidió ruborizarse hasta las orejas
+siempre que tropezaba con el tigre-traspunte. Este avanzó con cautela,
+paso tras paso; nada de pellizcos, ni de palabrotas necias, ni de
+estrujones contra los bastidores: una actitud sosegada, dulce, casi
+melancólica, adecuada para no espantar la caza, algunas palabritas
+melosas y furtivas, varios conceptillos aduladores envueltos en
+suspiros, y cuando todo estaba convenientemente preparado ¡zas! el salto
+que todos conocen:&mdash;«María, yo me muero por V... perdóneme V. el
+atrevimiento... yo no puedo tener escondido por más tiempo lo que
+siento, etc., etc.»</p>
+
+<p>La vivaracha tramoyista quedó, como era de esperar, entre las uñas del
+traspunte. Y comenzó para ambos el período de los placeres amargos, la
+felicidad con sobresalto: aparentando no mirarse, no se quitaban ojo;
+fingiendo que apenas se conocían, estaban siempre juntos: ¡el marido era
+tan sombrío, tan suspicaz! Necesitaban llevar a cabo prodigios de
+estrategia para no ser advertidos: a veces pasaban cuatro o cinco noches
+sin poder decirse siquiera una palabra. Puesta en tortura la
+imaginación, Antoñico ideaba las citas más estupendas y extravagantes;
+unas veces en el sótano, otras en el cuarto de un actor que estaba en
+escena; pero todas breves y agitadas, porque el tramoyista era pegajoso
+como recién casado, y Antoñico no tomaba el aspecto de tigre sino con
+las damas.</p>
+
+<p>Una noche en que el traspunte se sentía, por el ayuno forzoso de muchos
+días, más enamorado que otras veces, dijo algunas palabras rápidamente
+al oído de María y se perdió entre los bastidores. Ésta le siguió.
+Encontráronse en un rincón sombrío cerca del telón de boca; y el
+traspunte, que conocía el terreno a palmos, cogió de la mano a su
+querida, separó con la otra un bastidor y penetraron ambos en un recinto
+estrechísimo formado por telones y bastidores: Antoñico trajo hacia si
+el que había separado, y quedaron perfectamente cerrados. Los amantes
+pudieron gozar breves instantes del seguro que la experiencia y
+habilidad del traspunte habían buscado. En aquel extraño retiro nadie
+podía dar con ellos. ¿Nadie? Antoñico vio de improviso, en medio de su
+embriaguez, que por un agujerito abierto en el telón, un ojo les
+observaba; y su corazón de tigre dio un salto prodigioso dentro del
+pecho:&mdash;«María&mdash;dijo con voz temblorosa, imperceptible&mdash;estamos
+perdidos... nos están viendo... ¡silencio!... ¿quieres salir tú
+primero?» La animosa tramoyista corrió bruscamente el bastidor y se
+arrojó fuera: no había nadie. Antoñico salió detrás con el semblante
+pintado de interesante palidez. Su primer cuidado fue buscar por todas
+partes al tramoyista: encontráronlo sumamente preocupado porque la
+chimenea de mármol que debía aparecer en el acto tercero había sido
+rota al trasladarla; tanto que no reparó en su mujer al acercarse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ves, hombre&mdash;dijo María a Antoñico&mdash;como eres un gallina? A tí el
+miedo te hace ver visiones.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III</h3>
+
+<p>Transcurrieron bastantes días. Las adúlteras relaciones de nuestros
+héroes seguían la misma marcha dulce y borrascosa a la par: sobresaltos,
+temores, ansias, vacilaciones sin cuento: regalos, vivos deleites,
+instantes de dicha, con todo. Tal es el lote de la pasión criminal.
+María había olvidado enteramente el episodio del agujero en el bastidor;
+Antoñico soñaba todavía algunas veces con aquel ojo fantástico,
+escrutador, y despertaba despavorido; poco a poco se fue convenciendo de
+que había sido una ilusión del miedo y el miedo abrió paso a la
+confianza.</p>
+
+<p>Una noche el tramoyista le habló de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, Antoñico; ¿sabes que el tercer telón, el de las columnas, debía
+colocarse más atrás...?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pues?</p>
+
+<p>&mdash;No hay perspectiva.</p>
+
+<p>&mdash;Sí la hay..., y además tropezaría casi con el lago.</p>
+
+<p>&mdash;El lago también puede correrse un poco.</p>
+
+<p>&mdash;No hay sitio.</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos todavía metro y medio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hemos de tener, hombre! ¿Lo has medido?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, lo he medido: ¿tienes tú ahí el metro...? Pues ven a verlo y te
+convencerás.</p>
+
+<p>El tramoyista emprendió la marcha y Antoñico le siguió. Subieron por la
+estrecha y frágil escalerilla que conduce a las bambalinas. Cuando
+estaban a la mitad de la altura, el tramoyista volvió la cabeza, y sus
+ojos se encontraron con los del traspunte. ¿Qué había de particular en
+aquella mirada? ¿Por qué empalidece el rostro de Antoñico? ¿Por qué se
+le doblan las piernas?</p>
+
+<p>Vacila un instante entre seguir o retroceder: la barretina colorada se
+detiene y se agita presa de mortal incertidumbre. El tramoyista exclama:</p>
+
+<p>&mdash;¡Diablo de escalera...! La subo setenta veces al día y no acabo de
+acostumbrarme... Me moriré del pecho, Antoñico, me moriré del pecho.</p>
+
+<p>El traspunte se siente fortalecido y sigue su camino.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV</h3>
+
+<p>Aquella noche se representaba un drama histórico, acaecido en tiempo de
+los godos. El primer galán era un mancebo muy simpático, rebosando de
+entusiasmo y de décimas calderonianas. La primera dama gastaba una
+túnica muy larga y comenzaba a llorar desde que subían el telón. El
+barba hacía de rey y debía morir al fin del acto tercero a manos del
+mancebo de las décimas: buena voz, potente y cavernosa, como convenía a
+un rey visigodo.</p>
+
+<p>El público aguardaba con impaciencia la catástrofe: cuando le parecía
+bien, bostezaba; cuando lo creía necesario, sacaba <i>La Correspondencia
+de España</i> y leía. Había muchas personas que llegaban a desear que el
+barba cayese pronto bañado en su sangre para escapar a casa y meterse
+en la cama.</p>
+
+<p>En el acto segundo había un monólogo del rey, de inusitadas dimensiones.
+El público ya tenía entre pecho y espalda setenta y cinco endecasílabos
+de este monólogo y se disponía a recibir con resignación otra partida no
+menos crecida, cuando de pronto...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ha pasado... qué sucede? ¿Por qué se levanta el público? ¿Por qué
+se puebla la escena de gente?</p>
+
+<p>Un bulto, un hombre, acaba de caer de las bambalinas sobre el escenario
+con espantoso estruendo. Un grupo de gente le rodea en seguida. El
+público aterrado se agita y se alborota: quiere saber lo que ha pasado.
+Al fin uno de los actores se destaca del grupo y dice en voz alta: «que
+el traspunte Antonio García, caminando por los telares del teatro, había
+tenido la desgracia de caerse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero, está muerto?... ¿está muerto?&mdash;preguntan varias voces.</p>
+
+<p>El actor hace con la cabeza señal afirmativa.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LLOVIENDO" id="LLOVIENDO"></a>LLOVIENDO</h3>
+
+<hr />
+
+<p>Cuando salí de casa recibí la desagradable sorpresa de ver que estaba
+lloviendo. Había dejado al sol pavoneándose en el azul del cielo,
+envolviendo a la ciudad en una esplendorosa caricia de padre... ¡Quién
+había de sospechar!...</p>
+
+<p>En un instante desgarraron mi alma muchedumbre de ideas extrañas; la
+duda se alojó en mi espíritu atormentado. ¿Subiría por el paraguas? En
+aquella sazón mi paraguas ocupaba una de las más altas posiciones de
+Madrid: se encontraba en un piso tercero, con entresuelo y primero.
+Arranquémosle la careta: era un piso quinto.</p>
+
+<p>Las escaleras me fatigan casi tanto como los dramas históricos: a veces
+prefiero escuchar una producción de Catalina o Sánchez de Castro, con
+reyes visigodos y todo, a subir a un cuarto segundo. Me hallaba en una
+de estas ocasiones. La verdad es que llovía sin gran aparato, pero de un
+modo respetable. Los transeúntes pasaban ligeros por delante de mí, bien
+guarecidos debajo de sus paraguas. Alguno que no le llevaba, vino a
+buscar techo a mi lado. Todavía aguardé unos instantes presa de horrible
+incertidumbre. Dí algunos paseos en el portal y eché todos los cálculos
+que un hombre serio tiene el deber de echar en tales ocasiones. De un
+lado, del lado de la calle, la consiguiente mojadura; del lado de la
+escalera, la fatiga consiguiente. Por otra parte, los amigos estarían ya
+reunidos en el café despellejando a alguno, ¡tal vez a mí! Además, el
+café, según los datos que me ha suministrado una persona muy versada en
+estas cosas, debe tomarse <i>inmediatamente</i> (cuidado con ello)
+inmediatamente después de las comidas. Al fin adopté una resolución
+violentísima. Me remangué los pantalones y salí a la calle.</p>
+
+<p>¡Pues qué! Yo que he aguantado sin pestañear noches enteras todas las
+leyendas de la Edad-Media que el Sr. Velarde y otros ilustres mosquitos
+líricos de su misma familia, han dejado caer desde la tribuna del
+Ateneo, ¿flaquearía ahora ante unas miserables gotas de agua? No en mis
+días: si la faz no ha empalidecido, si el corazón no ha temblado ante
+ningún poeta legendario, por cruel que se haya mostrado, las
+alteraciones atmosféricas no prevalecerán contra mi heroísmo.</p>
+
+<p>En esta admirable disposición de espíritu atravesé casi toda la calle
+del Arenal. Sin embargo, no quiero ser hipócrita: declaro que fui todo
+el tiempo pegado a las casas, con lo cual evité que me cayese una
+tercera parte de agua de la que por clasificación me correspondía. Antes
+de llegar a la puerta del Sol eché una mirada al cielo, mirada
+escrutadora que me hizo ver sombra arriba y sombra abajo. Esta mirada
+dio por resultado además el que tropezase con un guardia municipal, que
+me preguntó con severidad dónde tenía los ojos; yo, lleno de respeto y
+sumisión hacia el poder ejecutivo, le contesté, procurando ablandar su
+corazón con una sonrisa:&mdash;Donde usted guste.&mdash;La verdad es que estuve
+demasiado humilde, casi rastrero, porque el guardia no llevaba la acera,
+¡pero la idea de la Prevención ejerce tal ascendiente sobre mí!... Me
+contenté con volverme y echarle una mirada terrible, que cayó sobre su
+capote de hule y resbaló por encima como el agua resbalaba en aquel
+instante.</p>
+
+<p>Las nubes no cejaban. La lluvia, en vez de ir disminuyendo gradualmente,
+para satisfacer el ideal de todo el que, como yo, no llevase paraguas,
+gradualmente iba aumentando. Al entrar en la Puerta del Sol, cruzaba muy
+poca gente; algunos carruajes, cuyos aurigas parecían envoltorios de
+paño pardo; algunas mujeres remangando con la coquetería que permitían
+las circunstancias, sus blancas enaguas, y dejando ver esbozos de pies
+fantásticos y perfiles de pantorrillas reales. Pero en aquel momento yo
+me preocupaba más de mis pantorrillas que de las ajenas, como era,
+después de todo, mi deber. El agua y el barro me salpicaban hasta las
+narices; los canalones vomitaban en las aceras torrentes, que procuraba
+salvar apelando a mis recuerdos gimnásticos.</p>
+
+<p>Poco a poco, de un modo insidioso y solapado, tendiéndome sus redes en
+silencio y asegurando sus pasos con cautela, fue penetrando en mi
+corazón el temor del reumatismo. En el espacio que media entre la calle
+del Arenal y la del Carmen, casi se enseñoreó de él por completo.
+Sombrías perspectivas de fiebres catarrales, dolores en las
+articulaciones y fricciones de aguardiente alcanforado, se ofrecieron
+ante mi vista, y con la visión intensa y terrible del alucinado, me vi
+metido en unos calzoncillos de bayeta amarilla.</p>
+
+<p>Y temblé. Y eché una cobarde mirada en torno buscando un <i>simón</i> vacío.
+Los pocos que pasaban iban alquilados. Pero aún quedaban los portales.
+¡Ah, los portales! Los portales me parecían un recurso de mala ley,
+indigno de ser tomado en consideración por el momento. Para estar metido
+en un portal viendo caer la lluvia, más valía haberse quedado en casa.
+Además, los portales estaban llenos de canalla, vagos de profesión,
+aventureros de la calle, gente sin hogar y sin paraguas. ¡Quién va a
+exponerse a que le roben el reloj o le secuestren!</p>
+
+<p>Esto lo pensaba al cruzar por la calle del Carmen. Pues bien, al cruzar
+por delante de la de la Montera, ya pensaba otra cosa. Y es que las
+ideas del hombre se van modificando insensiblemente al través de la
+existencia; las convicciones más profundas se desarraigan de nuestro
+espíritu cuando menos lo esperamos, la antigua fe deja paso a la nueva,
+y el entusiasmo se enfría y se calienta incesantemente durante nuestra
+peregrinación por la tierra. Cogidos de la mano, con fuego en el
+corazón, alta la frente y la pupila clavada en lo porvenir, hemos
+partido muchos para recorrer los campos de la política; a los pocos
+pasos, ya se ha desprendido uno, a quien el temor o la utilidad han
+solicitado, más allá otro, más allá otro: al poco tiempo la caravana se
+ha disuelto, y cada cual corre a refugiarse donde más le conviene. Esta
+es la vida. Una verdad innegable he sacado, no obstante, de su
+experiencia, y es, que cuando llueve, todo el mundo se cobija.</p>
+
+<p>Yo también claudiqué en aquella ocasión refugiándome en un portal,
+aunque con circunstancias atenuantes, pues era el de una fotografía. Las
+paredes estaban cubiertas de retratos: señoras bonitas, haciendo
+resaltar sus gracias con actitudes lánguidas, dirigiendo una sonrisa
+insinuante a todos los <i>timadores</i> y fosforeros que se paraban a
+contemplarlas; varones con los ojos estáticos, en muda y eterna
+admiración de algo que nadie sabe. Algunos caballeros estaban
+disfrazados: había uno vestido de fraile haciendo oración entre las
+malezas de una sierra, con su calavera y todo al lado. Me dijeron que
+era un muchacho de la nobleza que había renunciado al mundo por
+desengaños de amor. Bien se le conocía al pobre, a pesar de su
+vestimenta eremítica, que había tirado muchos tiros al pichón. Había
+otro con traje de doctor, con las cejas fruncidas y la frente arrugada
+como si tuviese agobiados los sesos bajo la pesadumbre de tanta
+jurisprudencia. Tenía un birrete en la mano y otro sobre la mesa,
+quizás para el caso de que se inutilizase el primero.</p>
+
+<p>Seguía cayendo agua copiosamente. El cielo mostraba la faz severa,
+aunque tornadiza; algunas nubes grandes y oscuras rodaban sobre los
+edificios de la Puerta del Sol, desahogándose un poco de su peso;
+cruzaban con harta prisa para no presumir que pronto vendría un claro
+que permitiera escaparse. Los poquísimos carruajes que pasaban vacíos
+eran asaltados rabiosamente por los proscriptos de los portales,
+quedándose con ellos, como sucede en todo lo demás, los más osados.</p>
+
+<p>Al fin, en cierto paraje del espacio se divisó un agujerito azul: por
+aquel agujerito pasó tembloroso, y como avergonzado, un rayo de sol
+empapado todavía en agua, que fue a chocar en los cristales de los
+balcones más altos del hotel de la Paz. Al poco rato se divisó otro,
+algo más allá, y ambos se comunicaron pronto por medio de una extensa
+raya, azul también. Pero la lluvia no cesaba. Delante de nosotros empezó
+a funcionar una manga de riego. ¿Por qué salen a relucir las mangas de
+riego cuando llueve? No pretendamos averiguarlo. Hay más misterios en el
+cielo y en el Municipio de los que puede soñar la filosofía.</p>
+
+<p>El sol hizo surgir los colores del iris en el chorro de agua que caía
+como un espléndido penacho sobre la calle: el empleado municipal lo
+sacudía sin curarse de su belleza, haciéndole servir a los fines
+prosaicos de la policía urbana; mas el chorro salía altivo y alegre de
+la manga y se esparcía en el aire, cayendo en lluvia de plata unas
+veces, otras en lluvia de cristal y otras de fuego. El rumor que
+producía al azotar el pavimento, era dulce y gozoso. Yo y un perro de
+Terranova (me coloco el primero para no dar armas a los frenópatas del
+Ateneo), fuimos los únicos que supimos apreciar su hermosura. El perro,
+más exaltado o con menos miedo al ridículo, se lanzó a la calle
+expresando su entusiasmo por medio de ladridos y saltos prodigiosos,
+ahora parándose bajo el chorro y dejándose bañar, ahora brincando sobre
+él, ahora dando un millón de volteretas y haciendo cómicas contorsiones,
+sin cesar nunca de exhalar el frenesí de su entusiasmo en ladridos más
+o menos correctos e inspirados, que de esto no entiendo. Me parece, no
+obstante, que había más sinceridad en ellos que en el soneto del Sr.
+Grilo a las cataratas del río Piedra, aunque, por supuesto, mucha menos
+fantasía.</p>
+
+<p>La lluvia no cesaba. Con todo, se fue debilitando de tal modo, que ni
+para la salud ni para el sombrero había gran peligro en salir y llegar
+hasta Fornos. Así quise realizarlo, y desde luego me fui pegadito a los
+edificios, observando cómo rápidamente el cielo se despejaba y la lluvia
+se enrarecía. Todavía continuaba mucha gente en los portales. Al llegar
+al del ministerio de Hacienda, un brazo de mujer se interpuso en mi
+camino, y una manecita blanca y hermosa trató de averiguar si aún
+llovía. Era una mano fina, correcta, aristocrática, con graciosas y
+leves rayas azules; además, aún no estaba ajada, a juzgar por su color
+sonrosado y por la frescura e inocencia que se adivinaba en sus
+movimientos resueltos; la muñeca estaba aprisionada por un sencillo
+brazalete de oro; en los dedos brillaban algunas sortijas. Ahora bien,
+¿qué hubieran hecho ustedes si se les colocase delante del rostro, a dos
+dedos de la boca, una mano semejante? Besarla, estoy seguro. Pues eso es
+cabalmente lo que yo hice: besarla y escaparme riendo sin echar siquiera
+una mirada a su dueño. Detrás de mí oí gran algazara y muchas carcajadas
+femeninas, por lo cual comprendí que se me perdonaba de buen grado la
+audacia. Llegué al café sano y salvo y de un humor excelente. Pero
+estuve un poco inquieto toda la tarde. ¡Los nervios, sin duda, los
+nervios!</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_PASEO_DE_RECOLETOS" id="EL_PASEO_DE_RECOLETOS"></a>EL PASEO DE RECOLETOS</h3>
+
+<hr />
+
+<p>Voy a denunciarme ante el severo tribunal de la sociedad <i>fashionable</i>
+de Madrid, y entregarme con las manos atadas a su justa reprobación.</p>
+
+<p>«Egregias damas: señores sietemesinos: Tengo la vergüenza de confesar a
+ustedes que la mayor parte de los domingos y fiestas de guardar me paso
+la tarde dando vueltas en el paseo de Recoletos lo mismo que un mancebo
+de la <i>Dalia azul</i>. Y no subo hasta el Retiro, a admirar respetuosamente
+vuestros <i>chaquettes</i> y vuestros perros ratoneros, porque deje de poseer
+carruaje; pues si bien es mucha verdad que no lo poseo (¡misericordia!)
+no es menos exacto que tengo unas piernas que no me las merezco, las
+cuales han hecho con fortuna más de una vez la competencia al tranvía, y
+de ello puedo presentar testigos. Me quedo, por tanto, en Recoletos sin
+motivo alguno que pueda justificarme, por pura perversidad, lo cual
+revela mi depravada índole. Vuestra conciencia distinguida se alarmaría
+aún más si supieseis... ¡pero no me atrevo a decirlo!... ¡que me gustan
+mucho <i>las cursis</i>! ¡Perdón, señores, perdón! Ahora que he confesado mi
+indignidad descargando el alma del peso que la abrumaba, aguardo
+resignado vuestro fallo. Condenadme, si queréis, a perpetuos pantalones
+anchos. Los llevaré como marca indeleble de mi deshonra, los pasearé
+hasta la muerte como la librea del presidario... pero los pasearé los
+domingos por Recoletos».</p>
+
+<p>El paseo de Recoletos no es bello ni grande; los árboles que lo
+guarnecen dejan mucho que desear en cuanto a corpulencia y follaje; la
+acera que lo atraviesa a lo largo cansa y lastima los pies. Pero tiene
+la ventaja de estar dentro de la población. Parece hecho para la gente
+de negocios que dispone de poco tiempo para pasear. Los días de trabajo
+no suele haber mucha concurrencia: en cambio los domingos no hay quien
+camine libremente por allí, lo cual declara bien paladinamente la
+condición social de sus habituales concurrentes. Es el paseo de la
+<i>burguesía</i>, y esto basta para que se haya captado la antipatía de la
+sociedad distinguida y ociosa.</p>
+
+<p>Mas en el sexo femenino que allí acude los días de fiesta suelen verse
+rostros muy lindos, dicho sea con perdón de aquella sociedad. Las damas
+que cruzan arrellanadas en su <i>landau</i> hacia el Retiro, podrán volver
+desdeñosamente la cabeza y no verlos; los jóvenes, que apetecen la
+gloria inmarcesible de vivir y morir perteneciendo al <i>Veloz</i>, pasarán
+velozmente con la cabeza erguida, el sombrero ladeado y el bastón a
+guisa de lanza, dando miradas amorosas a todos los carruajes y ansiando
+descubrir su cabeza venerable ante alguna duquesa ajamonada, sin fijar
+la atención en ellos; pero no es menos cierto que allí están para honra
+y gloria de Dios y regocijo de los villanos y pecheros que en tales
+lugares paseamos.</p>
+
+<p>La palabra <i>cursi</i>, que la magnanimidad nunca bastante loada de los
+señores de la calle de Valverde ha introducido en nuestro diccionario,
+se emplea como proyectil mortífero contra aquellos rostros celestiales.
+Todo sietemesino bien criado tiene en su carcaj una buena cantidad de
+tales flechas para arrojar a la primer belleza anónima que se presente
+en su camino. Si habéis gozado la honra de acompañar alguna vez en sus
+expediciones gloriosas por la carrera de San Jerónimo a uno de estos
+jóvenes y habéis incurrido en la flaqueza de alabar la hermosura de
+alguna niña modesta, de seguro le habréis visto fruncir el noble
+entrecejo, alargar el labio inferior en testimonio de desdén y dejar
+caer estas o semejantes palabras:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pero, hombre, que siempre te has de fijar en estas cursilillas de
+media tostada!</p>
+
+<p>Efectivamente, tengo esa desgracia. Lo mismo me pasa con las flores: la
+rosa y el clavel, las más cursilonas de la jardinería, son las que más
+me gustan. Pero no soy el único. Antes que yo el doctor Fausto fue
+decidido partidario de las cursis y por ellas vendió su alma al diablo.
+Los abonados al paraíso del Teatro Real saben muy bien que cuando
+Gayarre en el primer acto <i>brama</i> con voz atiplada la <i>giovinezza</i>, es
+con el objeto exclusivo de ir a decir ternezas a Margarita en el
+tercero. ¿Y quién era Margarita? Una muchacha que hilaba, barría, lavaba
+la ropa de sus hermanos y paseaba los domingos por Recoletos. Pues eso
+es precisamente lo que le seduce a Gayarre, y bien se le conoce cuando
+se queda tan abrazadito con ella al tiempo de caer el telón y suelta
+aquellas feroces carcajadas el artista mallorquín señor Uetam.</p>
+
+<p>En general, bien se puede decir que Goethe no ha amado ni pintado más
+que cursis. Margarita, Federica Brion, Carlota, Lilí, Olimpia, eran
+mujeres muy bonitas, pero absolutamente incapaces de molestar con su
+charla desde las plateas del teatro Real a los abonados de las butacas,
+los cuales, si no oyen la ópera en paz, en cambio tienen el honor de ser
+molestados por alguna dama ilustre, descendiente de los guerreros de la
+reconquista.</p>
+
+<p>Tengo la seguridad, pues, de que Goethe se hubiera paseado los domingos
+por Recoletos. Esto le habría enajenado las simpatías de los salones (si
+es que los salones pueden tener simpatías) y le colocaría en el concepto
+de los nobles sietemesinos (si es que los sietemesinos pueden tener
+concepto) muy por bajo del señor Grilo. Yo creo que ha hecho muy bien en
+vivir en la corte de Weimar donde tales flaquezas se perdonaban
+fácilmente.</p>
+
+<p>Y para terminar con el paseo de Recoletos. Ahora en la estación
+primaveral queda cubierto por una bóveda de follaje que le presta
+frescura y belleza. Cualquier ciudadano pacífico, incluso los poetas
+líricos, puede pasar un rato agradable viendo desfilar una muchedumbre
+de Margaritas rubias y morenas con las cuales se pudieran empezar
+novelas tan amenas, si no tan famosas, como la de Fausto. Además, en el
+centro del paseo hay un estanquillo.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LA_CASTELLANA" id="LA_CASTELLANA"></a>LA CASTELLANA</h3>
+
+<p>La acera de Recoletos termina en la plaza de Colón. A la derecha se
+encuentra la casa donde se fabrican las pocas pesetas buenas que hay en
+España. A la izquierda está la que proporciona las pocas novelas bellas;
+la casa de D. Benito Pérez Galdós. Todos los españoles saben lo primero:
+muy pocos somos los que tenemos noticia de lo segundo. Pero los que lo
+sabemos&mdash;dicho sea para nuestra honra y prez&mdash;solemos mirar con más
+atención a la izquierda que a la derecha. Al cabo, las monedas que se
+fabrican en aquel gran edificio de ladrillos irán como esclavas sumisas
+a procurar deleites a los poderosos, a halagar sus torpes pasiones y sus
+vicios, mientras las novelas que se escriben en aquel alto y silencioso
+despacho, vendrán a posarse delante de nuestros ojos dándonos algunos
+instantes de placer honrado, elevando nuestro espíritu y
+esclareciéndolo.</p>
+
+<p>La inmensa mayoría, casi la totalidad de los hombres, guarda
+consideración y respeto a los ricos sólo por el hecho de serlo. Los
+grandes escritores sólo lo infunden cuando ejercen un cargo oficial. Y,
+no obstante, el rico es un hombre que trabaja y se afana únicamente para
+proporcionarse goces, de los cuales no nos hace, bien seguro,
+partícipes, mientras el escritor se priva de los suyos, gasta sus
+fuerzas, enferma del estómago o la cabeza y acorta su vida para
+procurarnos deleite y cultura. Después, se da por satisfecho con un
+estipendio parecido al de un albañil y con que le digamos: «¡Amigo, qué
+bonito libro ha escrito usted!»</p>
+
+<p>El paseo de la Castellana, que sigue a la plaza de Colón, consiste en
+una amplia carretera para los caballeros y dos caminos estrechos a los
+lados para los peones. Hace unos cuantos años estaba concurridísimo por
+las tardes: la carretera se henchía de carruajes y los caminos de gente
+distinguida y ordinaria. Hoy apenas va nadie hacia allí porque está a
+la moda el Retiro. Sin embargo, bien puede asegurarse sin temor a
+engaño, que llegará un día en que la Castellana recobre su antiguo
+esplendor: al cabo de los años mil, vuelven los coches por donde solían
+ir.</p>
+
+<p>En los buenos tiempos de la Castellana observábase un fenómeno que
+atestigua bien claramente de la exquisita delicadeza de sentimientos que
+suele existir en nuestra sociedad distinguida. Como no había gente
+bastante para llenar los dos caminos que ciñen la carretera, acaecía que
+el paseo se fijaba en uno de ellos. Pues bien, las jóvenes distinguidas
+no pudiendo soportar, como es natural, el contacto de otras jóvenes
+menos distinguidas, empezaban a desertar del paseo acostumbrado yéndose
+por pelotones al otro camino. Desde allí, irguiendo la noble cabeza,
+miraban, al través de la red de carruajes, desfilar a sus enemigas
+naturales por el paseo de enfrente. Que en esta mirada se advertía un
+soberano desdén no hay para qué decirlo, y que este desdén se hallaba
+perfectamente justificado, tampoco creo necesario demostrarlo. ¿Cómo ha
+de sufrir con paciencia, verbigracia, la hija de un auxiliar de la clase
+de primeros, que la de uno de la clase de cuartos pasee y disfrute de la
+vista del mundo en el mismo paraje que ella? Claro está que todos somos
+hermanos, pero no hay más remedio que atender un poco a los escalafones
+que de vez en cuando publica el ministerio de la Gobernación, pues para
+algo se publican. Además, este deseo de separarse de la muchedumbre y
+del vulgo, señala en quien lo siente un espíritu fino y superior y
+temperamento aristocrático.</p>
+
+<p>Sucedía, no obstante, que este temperamento o abundaba en demasía o se
+falsificaba, como todas las cosas buenas, pues es lo cierto que unas
+tras otras, con más o menos disimulo, todas las niñas del camino
+despreciado se iban pasando al camino despreciador, quedando aquél al
+cabo de algún tiempo totalmente desierto. Entonces las jóvenes del
+verdadero y genuino temperamento aristocrático se comunicaban, no sé en
+qué forma, sus impresiones dolorosas, y una tarde, cuando menos se
+pensaba, enderezaban el paso, arrastradas por altos sentimientos, al
+camino abandonado, donde permanecían hasta que de nuevo se veían
+molestadas y tornaban a ejecutar graciosamente la idéntica maniobra.
+Cuando la Castellana vuelva a ser lo que antes, el paseo más concurrido
+de Madrid, confiamos en que se repetirá este fenómeno consolador hijo de
+una noble altivez, sin la cual no es posible el refinamiento de las
+costumbres ni el progreso de los pueblos.</p>
+
+<p>Aunque solitario, o porque lo esté quizá, el paseo no deja de ofrecer
+atractivos, sobre todo para los melancólicos. No es frondoso y quebrado
+como el Retiro, ni presenta variación de ninguna clase; es una línea
+recta que se prolonga indefinidamente con cierta severidad clásica y
+municipal convidando a los graves y tranquilos sentimientos. La línea
+recta tiene también sus encantos, por más que yo prefiera la curva, como
+ya he tenido el honor de decir en tres distintas ocasiones. De noche,
+las dos hileras de faroles colocadas a entrambos lados de la carretera,
+ofrecen una perspectiva muy bella: son dos cintas paralelas y luminosas
+que van a perderse en un fondo oscuro, donde una imaginación viva puede
+forjar, selvas dilatadas, abismos inmensurables o un desierto poblado de
+monstruos. No sé hasta qué punto la comisión de alumbrado público ha
+hecho bien en buscar este nuevo aliciente para excitar la fantasía del
+vecindario. Sin embargo, fuerza es confesar que en esta ocasión ha
+sabido herirla de un modo delicado y útil, revelando lo infinito por
+medio de una misteriosa e indefinida sucesión de faroles.</p>
+
+<p>Adornando los flancos del paseo, álzanse un número considerable de
+hoteles y palacios de formas muy diversas, no siempre bellas, aunque sí
+caprichosas. Nuestros banqueros y contratistas de obras públicas no
+queriendo, como es natural, pagar tributo a lo prosaico de las
+construcciones modernas, han solicitado el concurso de las edades más
+poéticas de la humanidad y de las comarcas más pintorescas para levantar
+sus viviendas suntuosas. Se encuentran allí, a poca distancia unos de
+otros, palacios egipcios, árabes, asirios, babilónicos, gallegos y
+catalanes. Por regla general están rodeados de jardines que la
+naturaleza, secundada eficazmente por las mangas de riego, ha poblado de
+flores y verdor. He pasado muchas veces por allí y jamás he visto a
+nadie disfrutando de su amenidad, salvo los pájaros. Las ventanas de los
+palacios tienen las persianas echadas y reina tal silencio en sus
+inmediaciones, que cualquiera los creería deshabitados. Esto contribuye
+a despertar en la imaginación de los paseantes recuerdos o sueños
+romancescos. Aquellos palacios deben de guardar seres bellos y felices
+que se alejan del ruido de la corte a fin de paladear con más
+tranquilidad su dicha. El amor debe de ser el dios a quien se rinde
+culto en tales nidos tibios y suntuosos. Algunas veces al través de sus
+persianas he oído los dulces acordes de un piano. ¡Cuántas cosas bellas
+cruzaron entonces por mi mente! ¡Cuántas novelas interesantes se me
+presentaron de improviso!</p>
+
+<p>Una mañana de primavera, impresionado por la reciente lectura de cierta
+novela de Octavio Feuillet, iba paseando distraído por aquellos
+silenciosos lugares gozando de la frescura y aroma de los árboles y de
+la grata soledad que allí imperaba. De pronto, al pasar por delante de
+uno de los palacios, creí percibir rumor de voces en el jardín. Al fin
+sorprendo a la enamorada pareja de este nido, me dije sonriendo; y con
+el corazón agitado y el paso cauteloso, me acerco a la verja revestida
+de una espesa cortina de madreselva y aplico el oído. Detrás del muro de
+verdura dos voces poco argentinas disputaban acaloradamente sobre el
+proyecto de conversión de la deuda.</p>
+
+<p>Más allá de la Castellana se tropieza con el Hipódromo. Quisiera decir
+algunas palabras acerca del Hipódromo, pero creo que aún no ha llegado
+la época de juzgar con verdadera imparcialidad esta nueva institución.
+Las grandes reformas necesitan algunos años para desenvolverse y dar el
+fruto que el legislador ha buscado. Juzgando hoy aquélla, temo incurrir
+en errores y apasionamientos, de los cuales me arrepentiría ya tarde.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LOS_MOSQUITOS_LIRICOS" id="LOS_MOSQUITOS_LIRICOS"></a>LOS MOSQUITOS LÍRICOS</h3>
+
+<hr />
+
+<h3 class="top5">I</h3>
+
+<p>Emilio Zola sostiene que los poetas líricos de ahora son pajaritos que
+cantan en el árbol de Víctor Hugo. Es la pura verdad. Carduci, Núñez de
+Arce, Copee, Sully Prudhome, Campoamor y otros pocos no hacen más que
+glosar con dulzura el canto sublime del titán del siglo XIX, reflejar la
+luz gloriosa del astro que se está acostando entre vivas y esplendorosas
+llamaradas.</p>
+
+<p>Los grandes poetas gozan el privilegio de fundar ciclos donde van a
+reunirse los que cierta misteriosa simpatía y una evidente semejanza en
+la manera de sentir y pensar arrastra hacia ellos. Sin remontarnos a
+tiempos antiguos, y fijándonos solamente en la época moderna, saltan a
+la vista ejemplos. Ahí está Goethe con su brillante falange de poetas
+alegres, serenos, razonadores y sensibles. Ahí está Byron con su
+numeroso cortejo de desgraciados, a quienes el mundo no comprende, almas
+doloridas, corazones que destilan sangre y versos lacrimosos. Y por
+último, vivo está todavía, por dicha nuestra, el egregio autor de las
+<i>Orientales</i> y la <i>Hojas de Otoño</i>, y viva también una gran parte de sus
+discípulos, cuyos trinos y gorjeos escucha el mundo con placer.</p>
+
+<p>Ni quiere decir esto que la circunstancia de estar comprendidos en un
+ciclo, prive a los poetas de originalidad. No hablamos aquí, ni valiera
+la pena de que hablásemos, de aquellos que rastrean servilmente la pista
+del maestro para posar sus pies en las huellas que va dejando, porque no
+merecen los tales nombre de poetas. Hacemos referencia tan sólo a los
+que, recibiendo impulso y dirección de algún ingenio extraordinario,
+caminan solos y sin andadores, representando cada cual dentro del ciclo
+un brillante color de los muchos en que la luz de la poesía puede
+descomponerse. Los que hemos citado más arriba pertenecen a ese número.
+Son poetas, por privilegio, de nacimiento, pero han nacido bajo la
+influencia de un astro que aún resplandece sobre el horizonte, y no
+pueden sustraerse a ella. Esto no les quita ningún mérito. Todos los
+objetos hermosos que existen en el mundo necesitan absolutamente la luz
+del sol, y, sin embargo, ¿quién se acuerda de éste al contemplar su
+belleza? Además, en el firmamento las estrellas con luz refleja aparecen
+tan bellas como las que la tienen propia. Algunas veces, cuando los
+astros de primera magnitud brillan muy lejos, no ostentan tanta
+hermosura como otros más pequeños y cercanos; bien así como tal o cual
+poeta de la antigüedad, con ser mucho más grande, no nos produce la
+impresión viva y profunda que otros modernos de importancia secundaria,
+pero que participan de nuestra manera de sentir y pensar, y la
+reflejan.</p>
+
+<p>Adviértase también que los ingenios extraordinarios que comunican
+movimiento y señalan derrotero a un período literario, los que Juan
+Pablo Richter denomina <i>genios activos</i>, son o han sido muy pocos en el
+mundo. La mayor parte de los poetas que admiramos y nos deleitan
+pertenecen a la categoría de los que el mismo crítico llama <i>genios
+pasivos</i>, si bien, a nuestro entender, incluye en este número a algunos
+que merecen ser colocados entre los primeros, como Rousseau y Schiller.</p>
+
+<p>Dejemos, pues, sentado que nos gustan todos los pájaros, ruiseñores,
+canarios, malvises y jilgueros que cantan en el árbol de que nos habla
+Zola. ¡Ojalá nos fuera permitido pasar la vida reclinados dulcemente
+bajo su frondosa copa escuchándolos! Pero todo el mundo se empeña en
+aconsejarle a uno que trabaje. Apenas nos distraemos un poquito con sus
+gorjeos, cuando nos dice la voz de cualquier fiscal municipal o jefe de
+sección: «¡Hola! ¿Versitos, eh? ¡Vaya una gana que tiene V. de perder el
+tiempo!»</p>
+
+<p>Y no es eso lo peor. Debajo del árbol no se disfruta tampoco la paz y
+sosiego necesarios. Los mosquitos y moscones, las arañas, los cínifes y
+bichos de todo linaje no dejan un instante de atormentarle a uno con su
+zumbido cuando no con sus pinchazos. Excuso decir que me refiero a la
+nube de poetastros de todos sexos, edades y condiciones que, para
+escarmiento de pícaros, existe en la capital.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IId" id="IId"></a>II</h3>
+
+<p>Voy a hablar de algunos de nuestros mosquitos más distinguidos. Conviene
+de vez en cuando sacudirse las moscas. Divídense en cuatro grandes
+familias a cual más perversa y endemoniada. La primera es la de los
+mosquitos <i>sentimentales</i>, que son los de apariencia más inofensiva,
+aunque en realidad haya motivo para guardarse bien de ellos. Tienen un
+zumbido dulce y quejumbroso, que al principio no molesta gran cosa, pero
+que llega a hacerse insoportable. De estos mosquitos, algunos empiezan a
+disgustarse de la vida así que entran a cursar la segunda enseñanza;
+salen generalmente suspensos en los exámenes, reciben innumerables
+coscorrones del jefe de la familia y se enamoran perdidamente y en
+secreto de una mujer de treinta años. Hasta aquí sus estragos no pasan
+del círculo de la familia; mas al llegar a los diez y seis años
+comienzan a hacer coplas amargas como la hiel, inspiradas por lo común
+en <i>La desesperación de Espronceda</i>, un estúpido y obsceno poema
+fabricado por algún estudiante de medicina para deshonrar el nombre del
+ilustre poeta. Estas coplas se escriben con lápiz mientras los papás se
+figuran que está allá en su cuarto enfrascado en el estudio, y sólo son
+admiradas de algún amigo discreto que recíprocamente presenta a su
+admiración otras coplas no menos amargas. Tal vez que otra estas coplas,
+que ruedan por los bolsillos de los pantalones hasta que se pudren, caen
+en manos de la mamá al tiempo de coser o acepillar la ropa: la mamá,
+claro es, no sabe lo que aquello significa, pero corre a mostrárselo al
+papá, ¡y aquí fue Troya! Éste considera a su hijo sumido en un piélago
+de liviandades, se pone lívido, lanza profundos suspiros de congoja, y
+después de un enérgico discurso, encierra al culpable bajo llave
+durante ocho días. La mamá, más dispuesta como mujer a los sentimientos
+dulces, acude a la religión y le lleva a confesar con un sabio jesuita,
+no sin que el joven poeta proteste sordamente, pues ya han huido de su
+atormentado espíritu las consoladoras creencias de los primeros años.
+Aunque pide perdón a su mamá y le promete no volver a escribir
+<i>porquerías</i>, el mosquito sentimental no puede prescindir de continuar
+zumbando a escondidas de su familia: las persecuciones, lejos de
+abatirle, encienden más y más el horno de su inspiración y le acaban de
+persuadir de que la copa de la vida está llena hasta los bordes de
+cierto licor ponzoñoso, y que él se encuentra obligado a apurarla hasta
+las heces. Un periódico semanal de la población se encarga de comunicar
+este su convencimiento al público, expresado en términos solemnes,
+aunque sin gramática. Desde esta fecha, nuestro mosquito comienza a
+gozar de una envidiable reputación que se extiende como mancha de aceite
+por toda la provincia.</p>
+
+<p>No obstante, por más que la opinión favorable de sus paisanos sea un
+bálsamo precioso para cicatrizar las heridas del corazón, todavía no
+está satisfecho y medita seriamente un día y otro en venir a zumbar a
+Madrid, a fin de que se le oiga en todos los ámbitos de la península. El
+papá, que ya se va convenciendo de que su hijo, aunque haya salido
+suspenso en la mayor parte de las asignaturas, llegará a ser hombre
+célebre, consiente en hacer un sacrificio. Ya le tenemos en la Corte. A
+los cuatro meses justos publica una composición en cierta revista
+literaria; a los quince días otra, a los quince días otra, y así
+sucesivamente sigue zumbando periódicamente durante dos años. Al fin se
+decide a coleccionar sus poesías en un tomo. El papá vende una finca y
+le remite dinero. Pide un prólogo a Cañete, y este señor, que jamás se
+niega a tales cosas, dice al frente del libro en lenguaje castizo que
+hay en él composiciones muy lindas, y las cita; que el autor muestra por
+lo general mucha «elegancia, donaire y estro», y que el joven mosquito,
+si no se desgracia, llegará a ser un moscón insigne. Desgraciadamente,
+esta profecía permanece guardada como santa reliquia en el almacén de
+algún librero que ha aceptado el tomo <i>en comisión</i>. Transcurren meses
+sin que ningún humano venga en demanda del tomo de <i>Preludios</i> (estos
+mosquitos casi siempre ponen a sus zumbidos algún nombre musical:
+preludios, arpegios, acordes, calderones, etc.), hasta que el librero se
+cansa de tener tanto papel inútil en el almacén y decide volvérselo a su
+dueño o comprarlo al peso. Esta es una de las soluciones. Otra consiste
+en que D. Modesto Fernández y González interponga su influencia para que
+el Ministerio de Fomento le tome quinientos ejemplares con destino a las
+bibliotecas públicas. Los súbditos españoles que las frecuentan no
+podrán menos de agradecer al Ministro el interés con que mira el cultivo
+de sus facultades imaginativas: todos los años les remite algunos miles
+de quintales de ternezas rimadas.</p>
+
+<p>De todos modos, la falta de dinero es una de las causas primeras de
+mortandad en la familia de los mosquitos sentimentales. Los que
+consiguen sobrevivir a tal causa y llegan a dar una velada en el Ateneo
+de Madrid, están salvados. El Ateneo es para los mosquitos el oxígeno.
+Cuando alguno anda alicaído, asfixiado por la indiferencia del público y
+a medio morir, no tiene más que venir a leer ante esta docta
+corporación, y se le verá inmediatamente revolotear lleno de vida y
+alegría. El Ateneo, en achaque de versos, es de una potencia digestiva
+superior a la de los tiburones y avestruces. Los botones de metal y los
+pedazos de vidrio que dicen que estos animales digieren, no son nada
+comparados con los versos que yo he visto tragar en el Ateneo; un padre
+cariñoso no haría más por su hijo que lo que suele hacer este cuerpo
+docente por los mosquitos de que acabo de hablar.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="IIIc" id="IIIc"></a>III</h3>
+
+<p>Otra de las grandes familias en que se divide la especie de los
+mosquitos líricos, es la de los <i>filósofos</i> o <i>trascendentales</i>. No
+tiene la misma fuerza reproductiva, y por consecuencia no es tan
+numerosa, pero en cambio es infinitamente más devastadora. El mosquito
+filosófico suele leer mucho, y está, por lo general, bastante enterado
+de las literaturas extranjeras; apunta cuidadosamente en un libro de
+memorias las frases brillantes y los pensamientos profundos y esmalta
+con ellos sus híbridos engendros; no es partidario del arte por el arte,
+ni gusta de la literatura frívola que sólo aspira a conmover y recrear;
+de las tres dimensiones de los cuerpos, longitud, latitud y
+profundidad, no admite más que la última. Es mucho más objetivo que sus
+colegas los sentimentales, y aun cuando manifiesta tendencias muy
+marcadas hacia el pesimismo, no llega a él por el camino puramente
+subjetivo y personal de aquéllos sino mediante el estudio reflexivo de
+los fenómenos y las leyes, por lo cual su pesimismo es siempre más
+lúgubre, más desgarrador, como que es el resultado lógico de un sistema,
+de un vasto y profundo concepto de la existencia. Desde niño se observa
+en él gran amor a lo general y mucho desdén por lo particular. Estas
+nobles aficiones le han perdido a menudo en los exámenes durante la
+segunda enseñanza: se empeñaba en contestarlo todo <i>a ratione</i> y en
+resolver las más arduas cuestiones de plano y según le dictaba su alto
+entendimiento. En historia natural salió suspenso, porque habiéndole
+preguntado las clasificaciones, contestó que él no admitía
+clasificaciones en la naturaleza, que el mundo debía considerarse
+siempre en su unidad indivisible y permanente, y que todas las
+clasificaciones estaban sujetas a cambios incesantes, según los
+progresos que se hicieran en el estudio de la materia. Los profesores
+de instituto (salvo honrosas excepciones), son más dados a lo temporal
+que a lo permanente, y el mosquito filósofo padece por esta causa muchos
+vejámenes en los albores de la vida.</p>
+
+<p>Después de formada su opinión en lo que atañe a la existencia, al amor,
+a la religión, a la muerte, etc., etc., nuestro mosquito adopta la
+manera que le parece más interesante para zumbarla al oído del público.
+Unas veces se presenta con un escepticismo risueño y paradójico que
+parece decir a los lectores: «Yo no creo en nada, ni en Dios, ni en los
+hombres, ni en la madre que me parió, pero me gusta aprovecharme de las
+cosas buenas que en el mundo nos encontramos, como el amor, los buenos
+vinos, los paisajes bonitos, etcétera, etc., y vamos viviendo.» Su
+maestro es Campoamor, a quien imita no tan sólo en el pensamiento sino
+en la frase, expresando las ideas elevadas y abstrusas en forma llana y
+corriente, y así como el ilustre poeta, también él desciende a los
+pormenores vulgares de la existencia y se complace en describir lo
+pequeño e insignificante.</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">«Yo no voy a la escuela</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">aunque me pegue mi señora abuela.»</span><br />
+</p>
+
+<p>¡Qué sobriedad tan encantadora! ¡Qué amable sencillez se advierte en
+esta y en otras frases que se encuentran esparcidas por una muchedumbre
+de poemas no bastante apreciados del público!</p>
+
+<p>Otras veces prefiere envolver sus vastas concepciones poéticas y
+metafísicas, en un misterioso simbolismo atestado de laberintos. Su
+modelo entonces es el <i>Fausto</i> de Goethe, o el <i>Manfredo</i> de Byron. Pasa
+unos cuantos años escribiendo un grandioso poema, del cual lee solamente
+de vez en cuando, en Academias y Ateneos algunos fragmentos que dejan en
+suspensión y espanto el ánimo de algunos amigos. En este poema todos los
+seres animados o inanimados del universo expresan su opinión acerca del
+misterio de la existencia; y de la suma de estas ideas se propone el
+autor que resulte la clave de todo. Las diversas opiniones se expresan
+en el poema del mosquito filósofo por medio de voces que van
+sucesivamente gritando por las páginas del libro. Cuanto existe y cuanto
+ha existido tiene voz y voto en el poema: la <i>voz de la esclavitud, la
+voz de la libertad, la voz de las ciudades, la voz de los campos, la voz
+de la iglesia, la voz de la administración, la voz de los colegios
+electorales, la voz de los tribunales colegiados, la voz de los
+edificios del Estado</i>, etc., etc. Pero las cosas mejores las dice
+siempre <i>una voz</i> anónima, que debe de ser la del autor. De todo ello
+resulta que la vida es un lazo insidioso que nos ha tendido una voluntad
+perversa, y que para vencer a esta voluntad no hay otro medio que el
+suicidio, el suicidio de la humanidad entera.</p>
+
+<p>A pesar de estas lúgubres y espantosas conclusiones, y del pesimismo que
+mina su preciosa existencia, el mosquito filósofo gusta extremadamente
+de que <i>El Imparcial</i> y <i>El Globo</i> digan en su hoja literaria que zumba
+con corrección y elegancia.</p>
+
+<p>Viene después la familia de los <i>legendarios</i>, que estaba a punto de
+desaparecer de la fauna, y que merced a ciertos trabajos misteriosos de
+la naturaleza poderosamente secundada por la sección de literatura del
+Ateneo de Madrid, ha vuelto a cobrar vida en estos últimos años.</p>
+
+<p>Los legendarios aborrecen la edad moderna y desprecian la antigua. La
+única época histórica que les seduce es la comprendida entre la
+irrupción de los bárbaros y el Renacimiento. Dentro de esta época la
+institución que despierta en su juvenil fantasía mayor copia de romances
+octosílabos y endecasílabos, es el feudalismo. El mosquito <i>legendario</i>
+no comprende cómo se puede vivir sin almenas, sin alfanjes, puentes
+levadizos, cascos y cimitarras. El amor no tiene atractivo para él, sino
+cuando la dama aguarda toda la noche a su galán en una ventana del
+castillo, sin miedo a catarros ni a reumatismos, y el galán despacha al
+otro barrio media docena de deudos para llegar hasta ella. Los combates,
+las emboscadas, los asaltos, los pisos que se hunden para sumirle a uno
+en profunda mazmorra, los fosos, los despeñaderos, etc., etc., son las
+únicas cosas que entusiasman a nuestro mosquito. En su concepto, no se
+puede vivir a gusto, sino con el alma en un hilo. Sus poemas, por
+consiguiente, están saturados de aquellos elementos que admiten muchas y
+variadas combinaciones, según puede verse en las infinitas leyendas que
+los lectores habrán, sin duda, oído recitar en su vida.</p>
+
+<p>El argumento es lo único permanente o inalterable en estas leyendas; un
+amor desgraciado por la enemistad tradicional de los papás de los
+novios; dos señores feudales de cortos alcances y que padecen de
+atrabilis; los chicos que no se resignan a ser desgraciados y continúan
+sus relaciones hasta que una noche los sorprenden juntos y les arman un
+belén; el padre de la niña que encierra a su presunto yerno en una
+mazmorra, y le tiene a pan y agua sujeto con cadenas; el novio que se
+escapa ayudado por la niña, y viene después con su mesnada a dar un
+asalto a su suegro; rapto de la novia; el papá suegro que no se resigna,
+arma su mesnada y va a dar otro asalto a su yerno y le lleva la novia;
+el yerno, que tiene muy malas pulgas y arma de nuevo su mesnada y vuelve
+a robar la chica, etc., etc. Los asaltos se prolongan hasta que la
+novia, fatigada de tanto trasiego de un castillo a otro, se decide a
+espirar.</p>
+
+<p>Con este sencillo argumento, que muchos años de uso han consagrado,
+lograron triunfos imperecederos una muchedumbre de mosquitos, cuyos
+nombres guardará tan cuidadosamente la historia, que nadie los
+averiguará jamás. Dentro de él caben infinitas combinaciones, bellas e
+interesantes, según el número y distribución de los asaltos y lo
+sangriento de la lucha; según la calidad del novio, que puede ser
+caballero y trovador o caballero solamente; el carácter del paisaje, que
+puede estar cerca del oceano o en lo interior de la sierra; el corcel
+del amante, que puede ser blanco, negro o alazán, etc., etc. De todos
+modos, yo aconsejo a los jóvenes líricos que no se aventuren por ninguna
+consideración a cambiarlo, pues al romper con los usos establecidos se
+corre grave peligro, y no en vano está sancionado desde tiempo
+inmemorial por cien generaciones de mosquitos.</p>
+
+<p>Por último, hablaré del mosquito <i>clásico</i>. Lleva la ventaja a sus
+compañeros de que ha estudiado regularmente la segunda enseñanza y
+conoce la retórica de Hermosilla. Ha obtenido siete escribanías de plata
+en otros tantos certámenes poéticos abiertos en varias provincias de
+España, y en todas partes se han hecho lenguas de su <i>forma</i>, que los
+periódicos califican constantemente de gallarda. Como es natural,
+desprecia profundamente el fondo, en el cual no ha brillado ni brillará,
+y admira en primer término, tratándose de poesía, la paciencia, que es
+la facultad que todo clásico debe cultivar con predilección. Así que,
+cuando habla de alguna composición poética, nunca se mete a averiguar si
+es elevada o rastrera, original o vulgar, si tiene o no tiene
+inspiración: lo único que aprecia en ella es si está o no está <i>bien
+trabajada</i>. No puede ver a un buen ebanista dando los últimos toques a
+una cómoda sin exclamar para sus adentros: ¡Qué lástima de poeta!</p>
+
+<p>Por lo general viene a Madrid recomendado a D. Aureliano Fernández
+Guerra o a Barrantes, a quienes admira de buena o de mala fe, que eso
+no importa, y les lee unos cuantos sáficos adónicos y algunas
+espinelitas: los académicos se dignan decirle que es muy «donoso y
+maleante», y que sus composiciones están llenas de «sentencias briosas y
+sales irónicas». Abroquelado con este juicio nuestro mosquito, da
+algunas lecturas en la Juventud Católica y publica varios fragmentos en
+<i>La defensa de la Sociedad</i>, hasta que, por consejo de sus amigos
+académicos, deja repentinamente de zumbar. Escribiendo y publicando no
+se va a ninguna parte. Para que un literato alcance respetabilidad y
+obtenga la admiración de la gente, es condición ineludible que no
+escriba poco ni mucho.</p>
+
+<p>Entonces el mosquito clásico se dedica a despellejar a Echegaray, a
+Castelar, a Pérez Galdós, y en general a los escritores que son leídos y
+aplaudidos. Al mismo tiempo se deshace en elogios de todo lo ñoño, pobre
+y ridículo que se publica o se representa, con lo cual satisface sus
+instintos y a la vez regocija a los astros literarios que le iluminan en
+su carrera.</p>
+
+<p>Es el peor intencionado de los mosquitos que hemos estudiado, y por eso
+es el único que tiene buen paradero. Sus compañeros arrastran una vida
+miserable y triste; o vuelven a vegetar a su pueblo, o se distribuyen
+por los ministerios de auxiliares y escribientes, o entran de factores
+en alguna compañía de ferrocarriles, o mueren en el hospital. Pero el
+mosquito clásico ¡ni por pienso! Ahí están sus protectores, que le hacen
+archivero-bibliotecario, o le dan una comisión lucrativa en país
+extranjero, o le ayudan a salir diputado y a ser director general y
+ministro. Después de algunos años de mantenerse firme en no escribir, de
+frecuentar los salones aristocráticos y de despellejar sin piedad a
+cualquier escritor que muestre talento y fantasía poco comunes, el
+mosquito clásico como recompensa de su brillante campaña, es conducido
+en triunfo a la Academia de la Lengua. Que a todos mis lectores deseo.
+Amén.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_ULTIMO_BOHEMIO" id="EL_ULTIMO_BOHEMIO"></a>EL ÚLTIMO BOHEMIO</h3>
+
+<hr />
+
+<p>No hace todavía dos años que pasando por la Carrera de San Jerónimo di
+con un amigo periodista, que me dijo al tiempo de saludarme:&mdash;Vaya usted
+por la calle de Sevilla y verá V. a Pelayo del Castillo acostado en la
+acera.</p>
+
+<p>Había oído hablar muchísimo de este personaje y tenía la cabeza llena de
+sus extravagancias y proezas tabernarias: había visto en los teatros una
+pieza suya titulada <i>El que nace para ochavo</i>, no desprovista
+enteramente de gracia: no quise, pues, perder la ocasión de conocerle. A
+los pocos pasos encontré a Urbano González Serrano, conocido seguramente
+de todos mis lectores, y le invité a venir conmigo, lo que aceptó con
+gusto. Ambos nos dirigimos al lugar que me habían designado, o sea, la
+acera de la calle de Sevilla colocada en el sitio de los recientes
+derribos, donde tumbado boca arriba, con la cabeza apoyada en una piedra
+y expuesto a los rigores del sol, vimos a un mendigo sucio y
+desarrapado. ¡Cómo se nos había de ocurrir que aquel hombre fuese Pelayo
+del Castillo! Tenía la cabeza enteramente descubierta y llena de greñas,
+el rostro encendido, el cuerpo envuelto en un andrajo que parecía el
+residuo de una capa, los pies metidos en dos cosas asquerosas que en
+otro tiempo habían sido alpargatas.</p>
+
+<p>Todo nos volvíamos mirar a un lado y a otro explorando la calle en busca
+de nuestro literato, sin lograr hallarle. Al fin nuestros ojos se
+encontraron y le pregunté recelosamente designando al mendigo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Será ese?</p>
+
+<p>&mdash;¡Imposible!&mdash;replicó Serrano.</p>
+
+<p>No obstante, en la frente de aquel hombre había algo que no suele verse
+en las de los braceros; era una frente degradada, pero era una frente
+donde se había pensado. Insistí en que lo averiguásemos, y acercándonos
+a él, Serrano le sacudió levemente:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga V..... ¿es V. D. Pelayo del Castillo?</p>
+
+<p>El mendigo se incorporó lentamente y restregándose los ojos y
+abriéndolos con dificultad a causa de la gran irritación de los
+párpados, contestó mal humorado:</p>
+
+<p>&mdash;No señor, yo no soy ese Pelayo del Castillo.</p>
+
+<p>Serrano se quedó un instante suspenso. Los dos comprendimos, sin
+embargo, que era él.</p>
+
+<p>&mdash;¿De veras no es V. Pelayo del Castillo?</p>
+
+<p>&mdash;No señor.</p>
+
+<p>Después de comunicarnos en voz baja nuestra opinión contraria, sacamos
+cada cual una moneda del bolsillo.</p>
+
+<p>&mdash;Tome V.</p>
+
+<p>&mdash;No señor&mdash;repuso rechazándolas con la mano y el gesto&mdash;yo no puedo
+aceptar eso..... yo no les conozco a ustedes.</p>
+
+<p>&mdash;Somos dos aficionados a las letras; tome V.</p>
+
+<p>Con algún trabajo hicimos que al fin las aceptase. Levantando entonces
+la cabeza que tenía doblada sobre el pecho, nos preguntó.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién debo dar las gracias?...</p>
+
+<p>&mdash;Nuestros nombres no importan nada: somos dos amigos de la literatura:
+quede V. con Dios.</p>
+
+<p>Y nos alejamos apresuradamente mientras él repetía esforzando la voz.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, caballeros... yo quisiera saber...</p>
+
+<p>A los pocos pasos volví la cara. Estaba mirando las monedas. Al verle de
+aquella suerte, sentado en el suelo, cubierto de andrajos y la cabeza
+desnuda al sol, me sentí conmovido. ¡Será posible que ese desdichado sea
+un literato; que haya escuchado los aplausos del público y alternado con
+los hombres más distinguidos de España! Y en aquel instante se me
+ocurrió escribir algo acerca del estado en que se hallan los literatos y
+artistas en nuestra nación. Celebro no haberlo hecho, porque desde
+entonces hasta ahora se han modificado bastante mis opiniones en este
+asunto.</p>
+
+<p>Impresionado por el espectáculo que acababa de presenciar, no pude menos
+de dirigir <i>in mente</i> amargas recriminaciones a la patria que deja
+perecer de hambre a todo el que se dedica al cultivo de las letras y las
+artes y ensalza y pone sobre su cabeza a cualquier necio que se engolfa
+en la política sin más equipaje que su desvergüenza. Algo, y aun mucho
+de esto, es verdad; pero no es toda la verdad. Para resolver un problema
+es necesario examinarlo en todos sus aspectos.</p>
+
+<p>Primeramente, la nuestra, es una nación de diez y seis millones de
+habitantes: por lo mismo, es absurdo pretender que el literato que vive
+del público, sea aquí remunerado como en Francia o Inglaterra, donde la
+población es más del doble. A más de ser el número de lectores menor en
+absoluto, lo es también relativamente: si en Francia leen diez por cada
+ciento, en España no lee siquiera uno, entre otras razones, porque no
+saben, y es fuerza, por lo tanto, que este uno o este medio por ciento
+eche sobre sus hombros la carga de alimentar a todos los que con razón o
+sin ella nos dedicamos a escribir para el público. Harto hace, a mi
+entender, con ayudarnos a vivir modestamente: no le pidamos hoteles,
+coches y alfombras como en Francia o Inglaterra porque no puede
+dárnoslos.</p>
+
+<p>Claro es que el número insignificante de lectores depende del atraso del
+país, del detestable gobierno que nos ha regido, nos rige y nos regirá,
+de la influencia venenosa de la política y de otras mil causas
+enumeradas a la continua en libros y en periódicos. Aquí está la parte
+de culpa de la nación, que realmente no es menuda.</p>
+
+<p>Mas también los artistas y literatos ayudan con su conducta al estado
+miserable en que se hallan. En España se ha entendido hasta ahora que el
+poeta o el artista es un ser mitad humano mitad angélico a quien no
+sientan bien los deberes y hábitos exigidos a los demás hombres. Todo
+hombre debe trabajar para ganarse el sustento; pues el literato no. Todo
+hombre debe ser previsor y separar de lo que gana una parte para mañana;
+pues el literato está exento de tal carga. Pasar la vida holgando y
+tomar la pluma en los momentos de inspiración (que no suelen venir
+precisamente cuando se está ayuno); vender los productos del ingenio al
+primer editor usurero con quien se tropieza; gastarse el dinero
+alegremente en un día y pasar el resto del mes viviendo del crédito, si
+es que lo hay; tal ha sido hasta la fecha el proceder de la mayor parte
+de nuestros literatos. En algo se han de distinguir los seres inspirados
+de los que no lo son.</p>
+
+<p>Y si esta era la conducta de los grandes ingenios, de los hombres más
+eminentes, calcúlese cuál sería la de los adocenados, los que no
+pudiendo elevarse hasta ellos por la belleza de las obras imitan su vida
+exterior y hasta pretenden oscurecerla (y a veces lo consiguen) por
+medio de enormes extravagancias y atrocidades. Hubo una época en que la
+bohemia invadió toda la literatura. Para ser literato era preciso no
+sólo ser un perdulario sino afectarlo; vivir a la ventura, no pagar a la
+patrona (este era el artículo primero del código bohemio), dormir
+algunas veces al aire libre, rodar noche y día por los cafés, pedir
+dinero a todo el mundo con resolución de no devolverlo, ponerse las
+camisas y las botas de los amigos, <i>dar mico</i> al sastre, jugar,
+emborracharse, etc., etc. Los que tenían gracia solían emplearla en
+estas cosas y se hacían célebres. Todavía se cuentan con entusiasmo las
+pasadas que a sus patronas, sastres y zapateros han jugado algunos
+escritores de menor cuantía, y hay quien les admira por ellas más que
+por sus obras: quizá tengan razón, porque estos literatos tan chistosos
+para no pagar, no solían serlo tanto para escribir.</p>
+
+<p>De la falange de los bohemios, que repito comprende la mayor parte de
+los escritores que han parecido de treinta o cuarenta años a esta parte,
+algunos, muy pocos por supuesto, han conseguido inmortalizarse con sus
+escritos; otros abandonando la literatura se han hecho personas formales
+y han entrado en la política o los negocios: éstos son los que mejor han
+librado; pero uno que otro, o más viciosos o más soberbios o menos aptos
+han persistido con extraña tenacidad en su vida aventurera y en sus
+costumbres abyectas que los han conducido rápidamente a un abismo de
+degradación. El representante genuino de estos últimos, el más
+empedernido, el que gozaba de más notoriedad era Pelayo del Castillo,
+fallecido recientemente en el hospital. Este desgraciado fue víctima de
+su indolencia y de sus vicios, pero en parte también de las ideas
+dominantes en su tiempo acerca del papel que en el mundo debe el
+literato representar. Si en vez de celebrarse como chistes los vicios,
+el desaseo, la desvergüenza y el desarreglo de las costumbres, se
+consideraran como graves y repugnantes defectos, ni éste ni otros
+desdichados hubiesen llegado a tal extremo de miseria. Nada hay tan
+funesto como presentar al hombre un ideal que no esté de acuerdo con los
+preceptos de la virtud y halague al propio tiempo sus malas
+propensiones.</p>
+
+<p>Por fortuna el ideal ha desaparecido y sus representantes no tardarán en
+desaparecer. El literato ya no pide a la sociedad privilegios inmorales:
+es un hombre que debe trabajar como los demás y sacar el mejor partido
+posible de sus productos. Si no puede vivir de la pluma, porque en
+España no existan todavía medios de remunerarle cumplidamente, debe
+alternar sus ocupaciones literarias con otras de diversa índole. Si
+puede vivir, aunque sea modestamente, debe trabajar diariamente como
+cualquier otro obrero. Claro es que no se le han de exigir las mismas
+horas de trabajo que a un covachuelista, porque el del escritor es más
+intenso; pero se marcará las que sin detrimento de la salud pueda
+llenar. La teoría de la inspiración es falsa y ridícula: la inspiración
+acude delante de las cuartillas y de los libros, no en las mesas de los
+cafés ni en las salas de juego: cuando no gusta lo que se ha escrito, se
+rompe y se escribe de nuevo preparándose convenientemente con el estudio
+y la meditación; pero no se van a buscar ideas a la ruleta.</p>
+
+<p>Hay ejemplos irrecusables que comprueban la verdad de lo que acabo de
+manifestar. El hombre más inspirado del siglo <span class="smcap">xix</span>, Víctor Hugo, el
+inmortal autor de las <i>Hojas de Otoño</i>, trabaja diariamente un número
+crecido de horas. Balzac, el coloso que rivaliza con él, trabajó más que
+nadie en el mundo. Ni uno ni otro han necesitado esperar la inspiración
+jugando a las siete y media. No obstante, es fuerza declarar que para
+hacer lo que estos hombres, además de su ingenio soberano, se necesita
+un gran vigor corporal que pocos poseen: mas a nadie se le pide sino lo
+que puede ejecutar buenamente. En España tenemos dos ejemplos
+notabilísimos: uno es el del primero de los oradores contemporáneos, D.
+Emilio Castelar, el cual se puede decir que trabaja de la salida a la
+puesta del sol como el último obrero, haciendo sudar a todas las prensas
+del orbe y atendiendo al propio tiempo a sus tareas políticas: es de la
+raza de los atletas como Víctor Hugo y Balzac. Otro es el ilustre
+novelista D. Benito Pérez Galdós, embebido noche y día en un intenso
+trabajo literario, aprovechando todos los momentos de la existencia para
+preparar y escribir sus obras inmortales.</p>
+
+<p>Abandonemos, pues, para siempre el romanticismo bohemio, plaga de
+nuestra literatura, que degrada al escritor y lo pone a merced de los
+intrigantes políticos y de los especuladores avaros. El literato
+necesita independencia, un relativo bienestar y sosiego para entregarse
+a su trabajo, el cual de esta suerte se hace leve y ameno. Nada me
+aflige tanto como ver a un hombre ilustre y respetado en la república de
+las letras, arrastrarse a los pies de cualquier político estólido en
+demanda de un destino o una pensión: me parece que aún subsiste aquel
+doloroso estado del tiempo de Cervantes, en que los literatos eran los
+domésticos de los magnates; aún peor hoy, pues que tienen que adular a
+los que han sido sus compañeros, a quienes han aventajado siempre en el
+talento, y que por dedicarse a la política, maltrechos quizá en la
+literatura, ocupan altas posiciones y otorgan mercedes.</p>
+
+<p>Pero si todavía es poco lisonjera la situación del escritor en España,
+en el horizonte se divisan ya señales de un nuevo y mejor estado. De
+algunos años a esta parte ha mejorado notablemente el aspecto económico
+de las letras: ya los autores o poetas que abastecen el teatro, pueden
+vivir de sus obras, y dentro de algunos años tal vez los que escriben
+libros y artículos puedan hacer lo mismo. Se fundan casas editoriales
+serias y acaudaladas en sustitución de los editores sórdidos e ineptos
+que antes se lucraban con la miseria del escritor; muchos literatos
+administran sus obras con acierto, otros se hacen pagar dignamente, y
+casi han desaparecido los necios que por verse en letras de molde
+escriben de balde. En este respecto, preciso es confesar que la
+población de España que más está haciendo para procurar independencia al
+literato, beneficiando sus obras con habilidad en la península,
+explotando los mercados de América para nosotros cerrados hasta ahora y
+arriesgando fuertes capitales en este negocio, es Barcelona. Siguiendo
+de tal suerte, y si Madrid no trabaja algo más en pro de las artes y las
+letras patrias, barrunto que pronto será Barcelona el centro intelectual
+de España.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LOS_AMORES_DE_CLOTILDE" id="LOS_AMORES_DE_CLOTILDE"></a>LOS AMORES DE CLOTILDE</h3>
+
+<hr />
+
+<h4>(NOVELA)</h4>
+
+<p>En el cuarto de Clotilde, primera actriz de uno de los teatros más
+importantes de la capital, se reúnen todas las noches hasta media docena
+de amigos. La tertulia dura casi siempre tanto como la representación;
+pero tiene algunos paréntesis. Cuando la actriz necesita cambiar de
+traje se dirige a sus tertulios con sonrisa graciosa y ojos suplicantes:</p>
+
+<p>&mdash;Señores, ¿me dejan ustedes un momentito?... un momentito nada más.</p>
+
+<p>Todos se van al saloncillo y aguardan con paciencia: me he equivocado,
+no todos, porque el más joven de ellos, que estudia hace tres años el
+doctorado de medicina, aprovecha la ocasión y va a dar una vuelta por
+los bastidores a estirar un poco las piernas y a pescar algún beso
+descarriado. Pero en fin, la mayoría espera paseando o sentada a que
+Clotilde entreabra la puerta y asomando su cabeza de reina o de villana,
+según el papel que va a representar, les grite:</p>
+
+<p>&mdash;Adelante, caballeros... ¿He tardado mucho?</p>
+
+<p>Para D. Jerónimo siempre. Es el último que sale refunfuñando y el
+primero que entra en el cuarto. No acaba de transigir con esta púdica
+costumbre: y aunque no se atreva a expresarlo, allá en el fondo de su
+pensamiento encuentra poco cortés que se le eche de su asiento para que
+aquella mocosita se vista: ¡a él que hace treinta años pasa la vida
+entre bastidores y ha sido el íntimo de todas las actrices y actores
+antiguos y modernos!</p>
+
+<p>Tiene cincuenta y cuatro años, y es empleado en el Ministerio de
+Ultramar desde los veinticinco. Todos los Gobiernos le han respetado
+como una rueda indispensable de la maquinaria administrativa de las
+colonias: soltero y mártir de las patronas. Allá en su juventud se
+cuenta que escribió un drama que le valió una silba y la entrada por
+toda la vida en el escenario de los teatros. Resignado o no resignado
+con el fallo del público, dejó de escribir dramas y adoptó el noble
+papel de protector de autores y artistas desconocidos y de empresas
+arruinadas. El joven provinciano que llegase a Madrid con un drama en el
+bolsillo, no podía emprender camino mejor para verlo representado que el
+de la casa de D. Jerónimo. Todo lo acogía con los brazos abiertos, malo
+y bueno. Sin embargo, como era asaz rudo en sus modales, no escatimaba a
+los autores noveles que se confiaban en él y le leían sus producciones,
+las censuras fuertes y hasta los insultos:&mdash;«Toda esa relación es puro
+fárrago; eche V. tinta sobre ella.&mdash;Pero venga V. acá, alma de Dios,
+¿cómo quiere usted que un hombre que está a punto de matar a otro,
+suelte diez y siete décimas sin respirar!&mdash;¡Jesús qué disparate! ¡Amor
+platónico a una prostituta! ¡Usted se ha caído de un nido, joven!» El
+que entendía un poco la aguja de marear no se incomodaba, seguía
+adelante y al terminar depositaba el manuscrito en manos de D. Jerónimo.
+Y era bien seguro que el drama se ponía en escena. El veterano de los
+bastidores ejercía mucho ascendiente con ribetes de miedo sobre empresas
+y cómicos: cuando se incomodaba ¡tenía una lengua! Si el drama era
+silbado, protestaba lleno de ira contra el juicio del público y seguía
+protegiendo con más fuerza al autor. Si lograba buen éxito, callaba y
+sonreía voluptuosamente, pero no volvía a acercarse al poeta aplaudido.
+Cuando éste se quejaba de su desvío, respondía: «Usted ya ha demostrado
+que tiene alas; vuele V., amigo mío, vuele V., que yo tengo que soltar a
+otros pobrecitos».</p>
+
+<p>Su vida privada ofrecía muy poco de particular. Todas las noches, al
+salir del teatro, se iba al café Habanero, donde cenaba constantemente
+un <i>beefsteak</i> con una chica de cerveza. Y, según cierto amigo que le
+había observado repetidas veces, combinaba siempre su refacción con tal
+arte, que había de concluir al mismo tiempo con el último bocado de
+carne, el último de pan y el último sorbo de cerveza.</p>
+
+<p>Esta noche la tertulia se presenta muy animada. Los amigos de la actriz
+charlan y ríen más que de costumbre. Don Jerónimo, embozado en su capa
+(es privilegio), arrellanado en el sillón de la esquina y con un
+empedernido cigarro en la boca (es privilegio también), deja escapar
+famosos chistes, que a veces obligan a los tertulios a dirigir la vista
+hacia Clotilde y a colorearse levemente las mejillas de ésta. Don
+Jerónimo no lo echa de ver; la ha conocido tan niña, que se cree con
+derecho a prescindir de ciertos miramientos debidos a las damas;
+suponiendo que se los haya tributado en su vida a alguna, que no lo
+creemos. La ha conocido muy niña y la ha encaminado al teatro: cuando
+tropezó con ella vivía muy estrechamente aprendiendo el oficio de
+florista: hoy, merced a su talento, gana lo bastante para mantener con
+decoro a su madre y sus hermanas.</p>
+
+<p>Es agraciada y simpática más que hermosa; la tez morena, los ojos
+rasgados y negros, lo más bonito de su rostro; la boca un poco grande,
+pero fresca con dentadura admirable. Está vestida de dama del tiempo de
+Luis XV, con una peluca blanca que le sienta a maravilla. No toma parte
+apenas en la conversación. Parece muy satisfecha con escuchar solamente,
+girando sin cesar sus ojos serenos de uno a otro interlocutor y
+sonriendo a menudo cuando se dirigen a ella.</p>
+
+<p>Al llegar a cierto punto, se oye la voz del traspunte.</p>
+
+<p>&mdash;Señorita Clotilde, cuando V. guste...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos allá&mdash;dice levantándose.</p>
+
+<p>Se dirige al espejo, se da los últimos toques a las cejas y pestañas con
+el pincel, arregla con mano un poco nerviosa los tirabuzones de la
+peluca, la cruz de brillantes que lleva al cuello y los pliegues del
+vestido. Sus amigos guardan un instante silencio y contemplan estas
+maniobras distraídamente.</p>
+
+<p>&mdash;Señores, hasta luego.</p>
+
+<p>Y sale del cuarto seguida de su doncella, que le lleva recogida la cola,
+una espléndida cola de raso color crema.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cada día va estando más linda esta Clotilde!&mdash;dice el estudiante del
+doctorado, dejando escapar un imperceptible suspiro.</p>
+
+<p>D. Jerónimo da una enorme chupada al cigarro y queda envuelto
+instantáneamente en una nube de humo. Por eso nadie advierte la sonrisa
+de triunfo con que acoge la observación.</p>
+
+<p>&mdash;A mí también me parece más bonita cada día&mdash;dice otro tertulio;&mdash;pero
+creo que se ha modificado mucho su genio de algún tiempo a esta parte...
+Usted, pollo, no la ha conocido como nosotros... Era una loquita
+encantadora, ¡tan alegre! ¡tan traviesa!... Nadie podía estar a su lado
+de mal humor... Ahora la encuentro grave, triste casi siempre...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que me ha chocado la melancolía que hay en sus ojos...</p>
+
+<p>D. Jerónimo dio otra enorme chupada al cigarro. Nadie vio el relámpago
+de ira que pasó por su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;Estos cambios, pollo, solamente los opera el amor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Algún novio?</p>
+
+<p>&mdash;Eso... D. Jerónimo conoce bien la historia...</p>
+
+<p>&mdash;Voy a contarla&mdash;dijo sordamente aquél desde el fondo de su embozo,&mdash;y
+crean ustedes que no es plato de gusto contar estas niñerías... Pero se
+trata de una chica a quien todos queremos y cuanto a ella se refiere
+debe interesarnos.</p>
+
+<p>Hará cosa de tres años se presentó al director de este teatro un joven
+elegantemente vestido, con el manuscrito de un drama bajo el brazo. No
+hay nada en el mundo más imponente y aterrador que un joven bien vestido
+que lleva debajo del brazo el manuscrito de un drama. El director
+procuró escurrir el bulto, le dio algunos quiebros con maestría y varios
+pases, pero al fin fue cogido en la misma cuna; quiero decir, que el
+joven le convidó un día a almorzar, le llevó engolosinado ofreciéndole
+la perspectiva de unas cuantas docenas de ostras empapadas en Sauterne,
+y como postre le descerrajó el drama a quema ropa.</p>
+
+<p>El drama era efectivamente <i>un tiro</i>. Pepe hizo lo que ustedes saben que
+se hace en estos casos; se admiró profundamente de la versificación,
+dijo ¡bravo! al llegar a ciertos pensamientos enrevesados, y por último
+propuso algunas reformitas en el acto segundo, con las cuales quedaría
+la obra que ni pintada.</p>
+
+<p>El poeta incauto se fue a su casa muy complacido y se puso a trabajar
+con ardor en las reformas. Al cabo de quince días volvió a presentarse a
+Pepe; pero éste halló entonces el acto primero un poco lánguido y le
+aconsejó que a todo trance le diera más movimiento y lo acortase un
+poquito. En mover el acto primero tardó el poeta un mes: cuando se
+presentó de nuevo, el director, mostrándose muy admirado siempre de la
+versificación y de algunos pensamientos, manifestó algunas dudas
+respecto a que la obra fuese <i>teatral</i>. Que fuese <i>literaria</i> no tenía
+ninguna, al contrario, le parecía que en ese concepto podía competir con
+las mejores de Ayala... pero teatral... realmente teatral... eso ya era
+otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué diferencia es esa, D. Jerónimo?... No entiendo...</p>
+
+<p>&mdash;Pues se la explicaré a V., pollo. Llamamos entre bastidores, teatrales
+a las obras buenas y literarias a las malas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!</p>
+
+<p>Después de manifestar estas dudas, concluyó por proponer otras cuantas
+reformitas en el acto tercero.</p>
+
+<p>Al fin el poeta comprendió, cosa verdaderamente maravillosa, porque los
+poetas, que todo lo comprenden, que saben por qué vuela tan alto el
+cóndor, ascienden a los cielos y bajan a los abismos y penetran el
+sentido íntimo de todas las cosas creadas, no son capaces de entender
+que sus obras a veces no gustan a los que las escuchan. Nuestro joven, a
+quien llamaremos Inocencio, recogió no poco mohíno su manuscrito y
+estuvo algún tiempo sin dar cuenta de sí; mas al fin, sin duda después
+de haber meditado profundamente, se presentó cierta mañana en casa de
+Clotilde. Excuso decirles a ustedes que llevaba el manuscrito debajo del
+brazo.</p>
+
+<p>Esperó con paciencia en la sala a que nuestra amiga <i>hiciese su
+toilette</i>, y cuando ésta se presentó al cabo, vio delante de sí a un
+joven ruboroso, confundido, pero simpático y elegante, que la rogó con
+labio balbuciente le otorgase el favor de escuchar la lectura de un
+drama. Deben ustedes saber que a las mujeres les gusta mucho ejercer
+protectorados, muy singularmente sobre los jóvenes simpáticos y
+elegantes; así que no les sorprenderá que Clotilde escuchase con
+paciencia el drama y hasta lo hallase muy aceptable. El joven se confió
+a ella enteramente, depositando en sus hermosas manos el manuscrito,
+cual si fuese un niño recién nacido, y ella lo recogió como madre
+cariñosa y lo tomó bajo su amparo, prometiendo velar por su preciosa
+existencia y presentarlo en el mundo. El joven manifestó que esa
+resolución era digna de un noble corazón cuya fama había llegado ya a
+sus oídos. Clotilde contestó que no era bondad de su parte el trabajar
+porque el drama se representase, sino un acto de justicia. El joven dijo
+que le halagaba muchísimo esa idea, porque el inmenso talento de
+Clotilde y el acierto de sus juicios estaban bien reconocidos por todos,
+pero que no osaba forjarse tal ilusión. Clotilde declaró que había
+muchas reputaciones usurpadas en el mundo y que una de ellas era la
+suya, pero que en esta ocasión creía estar en lo firme. El joven replicó
+que cuando el río suena, agua lleva, y que cuando todo el mundo se
+empeña en admirar no sólo la singular belleza y la inspiración artística
+de una persona, sino también su claro ingenio y su brillante
+ilustración, era necesario bajar la cabeza. Clotilde dijo que no la
+bajaría en esta ocasión porque estaba bien persuadida de que el mundo se
+engañaba mucho acerca de lo que llamaba su talento y que no era otra
+cosa que un puro instinto. El joven puso el grito en el cielo contra
+esta mistificación, que no tenía absolutamente ninguna razón de ser;
+pero dulcificándose de pronto, mostrose profundamente conmovido ante la
+modestia de su protectora, y juró por todos los santos del cielo que
+jamás había conocido otra semejante. En fin, que el manuscrito fue
+ganando por momentos terreno en el corazón de nuestra simpática amiga, y
+que el joven se despidió de ella, embargado por la emoción, hasta el
+día siguiente.</p>
+
+<p>Al día siguiente Clotilde se presentó al empresario y le arrancó,
+mediante la amenaza de rescindir el contrato, la promesa de llevar a la
+escena lo más pronto posible el drama de Inocencio. Este dio las gracias
+aquella misma tarde a su protectora y la hizo además su confidente.
+Pertenecía a una familia distinguida de provincia, aunque sin grandes
+recursos de fortuna; a probarla había venido él a Madrid, confiado
+únicamente en su ingenio. En el pueblo decían que tenía talento, y que
+si publicase en Madrid los versos que había insertado en <i>El Eco del
+Tajo</i>, hablarían de él como de Núñez de Arce y Grilo: no sabía si esto
+era cierto, pero sentía su corazón lleno de nobles propósitos, y amaba
+al teatro más que a las niñas de sus ojos. ¿Llegaría a ser un Ayala o un
+Tamayo? ¿Sería rechazado por el público? Era un misterio inextricable
+para él.</p>
+
+<p>En esta sesión Clotilde averiguó dos cosas importantísimas; a saber: que
+Inocencio tenía un talento que no le cabía en la cabeza y que no había
+en Madrid quien se pusiera con más gracia la <i>chalina</i>. Excuso decirles
+que menudearon las sesiones confidenciales, y como resultado de ellas,
+que Clotilde sufrió todos los días la influencia fascinadora de esta
+chalina sobrenatural; a la postre se declaró vencida, entregándose a
+ella atada de pies y manos. La chalina se dignó alzarla del suelo y
+otorgarle la merced de su cariño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo la chalina?&mdash;preguntó uno que dormitaba.</p>
+
+<p>Don Jerónimo dio una inmensa, infernal chupada al cigarro en testimonio
+de desagrado, y prosiguió sin hacer caso:</p>
+
+<p>&mdash;Por entonces empezaron los ensayos del drama de Inocencio, que se
+titulaba, si mal no recuerdo <i>Subir bajando</i>;... callen ustedes, me
+parece que era al revés; <i>Bajar subiendo</i>... En fin, de todos modos, era
+un gerundio y un infinitivo. Yo vi en seguida que se habían entablado
+relaciones amorosas entre nuestra amiga y el autor, y como realmente,
+por más que Inocencio fuese un mal poeta, según los informes de Pepe,
+parecía un buen muchacho, me alegré de ellas y las alenté en lo que
+pude. Clotilde se confesó conmigo, declarándome que estaba perdidamente
+enamorada; que sus aspiraciones ya no tenían nada que ver con el arte
+escénico, el cual le parecía una esclavitud insoportable; que su ideal
+era vivir tranquilamente, aunque fuese en una guardilla, unida al hombre
+que adoraba; que la mujer había nacido para ser el ángel custodio del
+hogar y no para divertir al público, y que estimaba ella más el reinar
+en una humilde vivienda iluminada por el amor que todos los aplausos de
+la tierra. En fin, caballeros, nuestra amiga se encontraba en pleno
+idilio.</p>
+
+<p>Inocencio no estaba menos enamorado, al parecer. A menudo los encontraba
+paseando por los parajes solitarios del Retiro, a distancia respetable
+de la mamá, que se detenía oportunamente a contemplar los primeros
+botones de las flores o algún insecto curioso: las mamás, en esta época
+de crisis marital, tienen la obligación de ser admiradoras de las obras
+de la naturaleza. La parejita de tórtolas se detenía al verme y me
+saludaba ruborizada. No les puedo ocultar a ustedes, que aunque lo
+sentía por el arte, me alegraba de que Clotilde se casara: la mujer
+siempre necesita el amparo del hombre. Y lo cierto es, que eran dignos
+el uno del otro por la figura: Inocencio tenía una presencia muy
+simpática.</p>
+
+<p>En el teatro no se hablaba de otra cosa más que de este matrimonio en
+ciernes. Todo el mundo se alegraba, porque Clotilde es la única artista
+desde el principio del mundo, que ha llevado a cabo la empresa, hasta
+ahora juzgada insuperable, de hacerse querer de sus compañeras.</p>
+
+<p>Observé, no obstante... ya saben ustedes que soy observador; es la única
+cualidad que tengo; la observación, a la cual no dan importancia los
+autores ahora; hoy todo es hojarasca en los dramas, muchos rayos de
+luna, que se quiebran al pasar por el follaje de los árboles, mucha
+descripción de alboradas y crepúsculos, muchos símiles retorcidos...
+¡Todo eso es!... Cuando algún autorcillo me viene con tales monadas yo
+le digo: ¡al grano, al grano!... El grano es el drama, que no existe en
+la mayor parte de los <i>idem</i>...</p>
+
+<p>&mdash;¿Se enfada V., D. Jerónimo?</p>
+
+<p>&mdash;Pues, como decía a ustedes, observé, que según los ensayos iban
+adelantando, crecía el ascendiente de Inocencio sobre nuestra amiga. El
+tono en que se dirigía a ella ya no era el humilde y cortesano del
+principio: corregíala a menudo en la manera de decir, señalábala las
+actitudes y el gesto que debía adoptar, y a veces, cuando la actriz no
+comprendía bien sus deseos, llegaba a dirigirla públicamente palabras
+severas y miradas más severas aún. Nuestro poeta tronaba y relampagueaba
+ya como amo y señor. Clotilde lo aceptaba de buen grado: ella tan
+desdeñosa con los autores más eminentes, se estiraba y se encogía ahora
+como blanda cera en las manos de este muñeco insulso. Era de ver la
+humildad con que aceptaba sus correcciones, y la inquietud que la
+causaban las censuras: mientras duraba el ensayo tenía los ojos puestos
+constantemente en él, espiando como esclava sumisa los deseos de su
+dueño. El poeta, arrellanado en una butaca, con el brasero delante,
+dirigía la escena en la forma dictatorial que pudiera hacerlo García
+Gutiérrez o Ayala: una mirada suya bastaba para ruborizar o poner
+pálida a Clotilde: los demás no protestaban por respeto a ella. Cuando
+salía de la escena, venía presurosa a sentarse al lado de su novio, que
+se dignaba acogerla a veces con una sonrisa soberana, otras con
+indiferencia olímpica. Yo estaba escandalizado.</p>
+
+<p>Una vez me acerqué por detrás y escuché lo que hablaban. Clotilde
+llevaba la palabra sosteniendo con calor que el <i>Subir bajando</i> o el
+<i>Bajar subiendo</i> de Inocencio era mejor que <i>Un drama nuevo</i>. El joven
+se defendía débilmente. Otra vez hablaba acerca de su futuro enlace.
+Clotilde pintaba con frase apasionada el retiro donde irían a esconder
+su felicidad: un cuarto alto del barrio de Salamanca, lleno de luz, un
+nido risueño donde Inocencio trabajaría en su despacho, escribiendo
+comedias, mientras ella bordaría a su lado en el mayor silencio: cuando
+se fatigase, charlarían un instante para descansar y después le daría un
+beso y emprendería de nuevo su tarea: por la noche saldrían cogidos del
+brazo a dar una vuelta y a casa otra vez: nada de teatro; lo aborrecía
+con toda el alma: en la primavera irían a pasear por las mañanas al
+Retiro y tomarían chocolate entre los árboles; en el verano a pasar un
+mes o dos a la provincia de Inocencio a proveerse en el campo de buen
+color y de salud para el invierno.</p>
+
+<p>La descripción de este tierno idilio, que a mí, con ser machucho, me
+hacía bailar el corazón dentro del pecho, no producía en el autor novel
+más que una impertinente soñolencia que sólo desaparecía repentinamente
+cuando dirigía con voz imperiosa alguna advertencia a los cómicos.</p>
+
+<p>Llegó, por fin, el día del estreno. Todos estábamos ansiosos por ver el
+resultado: la opinión corriente era que el drama ofrecía poco de
+particular; pero como Clotilde había puesto en el desempeño toda su
+alma, teníase como seguro un gran éxito. En el ensayo general nuestra
+amiga había hecho verdaderos prodigios: hubo un instante en que los
+pocos curiosos que asistíamos a él nos levantamos electrizados,
+convulsos, gritando desaforadamente. No pueden ustedes figurarse qué a
+maravilla decía su parte. Entonces me vino de golpe una idea a la
+cabeza: relacionando todas mis observaciones sobre los amores de
+Clotilde me convencí hasta la evidencia de que Inocencio al enamorarla
+no se había propuesto otra cosa que adquirir una interpretación
+excepcional para el papel de la protagonista de su drama y asegurar el
+éxito lisonjero de esta suerte. No quise comunicar mis sospechas a
+nadie; callé y esperé; pero declaro que el chico me fue desde entonces
+muy antipático.</p>
+
+<p>El ruido que los amigos de Inocencio habían hecho con motivo del drama,
+el haberlo elegido Clotilde para su beneficio y la voz esparcida de que
+la célebre actriz iba a obtener en él un triunfo señaladísimo hizo que
+los revendedores expendiesen todas las localidades a precios fabulosos:
+conozco un marqués que dio once duros por dos butacas. Este cuarto donde
+nos hallamos se llenó, como todos los años, de flores y baratijas; no se
+podía andar en medio de tanta chuchería de porcelana, libros
+preciosamente encuadernados, estuches de ébano, marcos de retrato y un
+sin fin de objetos de bazar.</p>
+
+<p>La sala estaba brillante: las damas más encopetadas, los hombres
+ilustres de la política, la literatura y la banca; en fin, la <i>high
+life</i>, como ahora se dice. Pero más brillante y más radiante estaba aún
+Inocencio; radiante de gloria y felicidad, recibiendo con agrado a
+cuantas personas venían a ver los regalos, dictando órdenes a los
+traspuntes y tramoyistas para el conveniente decorado de la escena y
+multiplicando las sonrisas y los apretones de mano hasta lo infinito.
+Clotilde, igualmente, aparecía más bella que nunca, revelando en su
+rostro expresivo la dulce emoción que la embargaba y el ansia de ganar
+laureles para su dueño.</p>
+
+<p>Abriose el telón, y todos se fueron a ocupar sus asientos. En las cajas
+sólo nos quedamos el autor y cuatro o seis amigos. Las primeras escenas
+fueron como siempre recibidas con indiferencia; las segundas con algún
+agrado; la versificación era fluida y elegante, y el público, como
+ustedes saben, se paga de las frasecillas de bombonera. Llegó el
+momento de entrar Clotilde en las tablas y hubo en el público un
+murmullo de curiosidad y expectación. Dijo su parte discretamente, pero
+sin gran calor, se adivinaba que estaba poseída de miedo. Bajó el telón
+en silencio.</p>
+
+<p>Al instante poblose el saloncillo y los pasillos de amigos de Inocencio,
+que venían presurosos a decirle que la exposición de su drama era
+lindísima.&mdash;¿Pero qué tiene Clotilde?... Apenas se mueve en la escena...
+¡ella tan viva y tan suelta!&mdash;Nuestra amiga confesaba, en efecto, que
+había sentido mucho miedo y que esto la embarazaba extremadamente. El
+autor, sobresaltado por el éxito de su obra, trataba de persuadirla a
+que abandonara todo temor, que se mostrase como ella era y que no
+pensase para nada en él, mientras dijese los parlamentos.&mdash;No puedo
+remediarlo, contestaba Clotilde, estoy hablando y pienso al mismo tiempo
+en que eres tú el autor y me imagino que no va a gustar el drama y me
+asusto.&mdash;Inocencio se desesperaba; dirigíale ruegos, advertencias,
+argumentos, la acariciaba, sin tener en cuenta que le veían: trataba de
+infundirle valor, excitando su amor propio de artista; en fin, hacía
+todo lo imaginable para salvar su obra.</p>
+
+<p>Dio comienzo el acto segundo. Clotilde tenía algunas escenas patéticas:
+al comenzarlas se produjo un poco de ruido en el público y esto bastó
+para que se desconcertase y lo hiciese rematadamente mal, como nunca lo
+había hecho en su vida. Oyéronse no pocas toses y fuertes murmullos de
+impaciencia. Al finalizar el acto, algunos amigos indiscretos quisieron
+aplaudir, pero el público se les vino encima con un inmenso y aterrador
+chicheo. El autor, que estaba a mi lado, pálido como un muerto, se
+desahogó con algunas palabrotas groseras y se fue al cuarto de Pepe en
+vez de el de Clotilde, donde sus amiguitos le consolaron, echando la
+culpa del fracaso a aquélla y encendiendo más y más la ira que rebosaba
+de su corazón. Mientras tanto, nuestra pobre amiga se encontraba muy
+afectada y abatida, preguntando a cada instante por su Inocencio. Yo,
+para no afligirla más, le dije que el autor lo había tomado con
+resignación y se había salido del teatro a respirar un poco el fresco.
+La infeliz se revolvía contra sí misma echándose toda la culpa.</p>
+
+<p>Se alzó el telón para el acto tercero: todos acudimos a las cajas con
+afán. Clotilde se mostró al principio, por un esfuerzo poderoso de la
+voluntad, más serena que antes; pero ya la gente se encontraba dispuesta
+a la broma y no valió ningún recurso para ponerla seria. El público,
+cuando presiente el <i>jaleo</i>, es lo mismo que una fiera cuando huele la
+sangre: no hay quien lo ataje, y es necesario darle carne a toda costa.
+Y la verdad es, que en aquella ocasión se cebó de lo lindo; toses,
+risas, estornudos, patadas, silbidos; de todo hubo. A nuestra pobre
+amiga se le saltaron las lágrimas y estuvo a punto de desmayarse. Cuando
+bajó el telón buscó con la vista a su amante, pero había desaparecido.
+En el cuarto, a donde yo la seguí, gimió, pateó, se desesperó, se llamó
+estúpida, dijo que se iba a marchar a una aldea a cuidar gallinas, etc.,
+etc. Me costó mucho trabajo sosegarla, pero al fin lo conseguí, si bien
+quedó en un gran abatimiento. En la tristeza que sus ojos revelaban,
+advertí que le atormentaba horriblemente la desaparición de Inocencio.</p>
+
+<p>La puerta del cuarto se abrió repentinamente; el poeta silbado se
+presentó; estaba pálido, pero tranquilo al parecer: a primera vista
+comprendí, no obstante, que aquella tranquilidad era ficticia y que la
+sonrisa que contraía sus labios tenía mucha semejanza con la de los
+ajusticiados que quieren morir serenos.</p>
+
+<p>Un relámpago de alegría iluminó el semblante de Clotilde: alzose
+velozmente y le echó los brazos al cuello, diciéndole con voz conmovida:</p>
+
+<p>&mdash;¡Te he perdido, mi pobre Inocencio, te he perdido!... ¡Qué generoso
+eres!... Pero mira... yo te juro, por la memoria de mi padre, que te he
+de desquitar de la humillación que acabas de sufrir...</p>
+
+<p>&mdash;No hace falta que me desquites, querida&mdash;repuso el poeta con tono
+sosegado, donde se advertía la ira desdeñosa,&mdash;mi familia no ha
+conquistado un nombre ilustre por la intercesión de ningún cómico;
+renuncio desde ahora, de buen grado, al teatro y a todo lo que con él
+se relaciona... Con que... hasta la vista.</p>
+
+<p>Y separando nuevamente los brazos que le aprisionaban y sonriendo
+sarcásticamente, retrocedió algunos pasos y se fue. Clotilde le miró
+estupefacta: después cayó desmayada en el diván.</p>
+
+<p>Al verla en tal estado se me encendió la sangre y salí detrás del chico:
+alcancele cerca de la escalera, y agarrándole por la muñeca le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga V... Lo primero que un hombre debe ser, antes que poeta, es
+caballero... y V. no lo es... El drama se ha silbado porque le falta lo
+mismo que a V... el corazón... Aquí tiene V. mi tarjeta.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y le mandó los padrinos, D. Jerónimo?&mdash;preguntó el estudiante del
+doctorado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio, silencio!&mdash;exclamó un tertulio&mdash;aquí llega Clotilde.</p>
+
+<p>La simpática actriz apareció efectivamente en la puerta, y sus grandes y
+tristes ojos negros que resaltaban bellamente debajo de la blanca peluca
+a lo Luis XV, sonrieron con dulzura a sus fieles amigos.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_PROFESOR_LEON" id="EL_PROFESOR_LEON"></a>EL PROFESOR LEÓN</h3>
+
+<hr />
+
+<p>La otra noche en el café donde tengo costumbre de asistir, versó la
+conversación sobre los maestros y catedráticos que habíamos tenido los
+que en torno de la mesa nos juntábamos. Cada cual dio cuenta de los
+talentos, las manías y los rasgos más o menos donosos de los suyos,
+sazonando la descripción con anécdotas graciosas o desabridas, según el
+numen del narrador.</p>
+
+<p>Mi amigo Duarte, notario, persona distinguida, de carácter observador y
+muy cursado en letras clásicas, se llevó la palma. Nos hizo la pintura
+de un antiguo profesor suyo, tan original y chistoso, que merece la
+pena de darlo a conocer al público. Con permiso de mi ilustrado amigo,
+voy a hacerlo, adoptando en cuanto sea posible las mismas palabras con
+que él nos lo describió.</p>
+
+<p class="top5">Llamábase León, o se apellidaba, que esto muy pocos lo sabían de
+cierto&mdash;nos decía Duarte. Unos le llamaban D. León y otros Sr. León, y a
+todos contestaba; era militar retirado aunque no muy viejo, no pasando
+de los cincuenta a mucho estirar: su graduación en el ejército era
+materia de arduas y prolongadas discusiones en el colegio: mientras unos
+le hacían capitán o comandante, otros no le dejaban pasar de sargento, y
+estaban en lo firme. Gastaba grandes bigotes retorcidos y perilla de
+cazo; la estatura elevada, el porte marcial, cabellos grises cortados a
+punta de tijera, levita negra, prolongada, más limpia y reluciente que
+un espejo, bastón de hierro que hacía estremecer el suelo, advirtiendo
+de su presencia desde muy lejos, pantalones cortos y botas de campana
+escrupulosamente charoladas. Era bueno y afable con los discípulos, y
+hombre de mucha voluntad en el cumplimiento de su deber: suscitábanse
+dudas entre nosotros acerca de sus conocimientos filológicos y
+literarios, que le hubiesen quizá acarreado nuestro desdén si una
+especie muy grave que unos a otros nos decíamos en secreto al oído no le
+sirviese de respetuosa salvaguardia. Afirmábase como cosa segura que D.
+León o el Sr. León era un revolucionario. Contábase que había sido en su
+juventud amigo y edecán de Riego, que había servido después bajo las
+órdenes de Espartero, y algunos añadían que había estado en capilla para
+ser fusilado como conspirador. Nadie puede figurarse lo que tales
+insinuaciones influían en el respeto que generalmente se le tributaba:
+la aureola de revolucionario, conspirador, y singularmente la de
+sentenciado a muerte, le guardaban de las burlas, tretas y malas pasadas
+que de otra suerte no le hubieran sus discípulos escatimado.</p>
+
+<p>El sueldo con que en el colegio remuneraban sus buenos oficios, no
+pasaba de veinte duros mensuales; y como no se le conocía otro, pues no
+había podido recabar retiro, según se decía, a causa de sus peligrosas
+opiniones, teníase por seguro que con las cien pesetas se mantenía a sí
+y a su familia; el cómo no he de decirlo ahora, aunque bien lo sé; lo
+reservo para otra ocasión. Tienen el ahorro y la frugalidad héroes tan
+grandes y admirables como los de la guerra de Troya y tan dignos de ser
+pintados; mas como les faltan Homeros y Virgilios, viven y mueren
+oscuros y quedan sepultadas eternamente sus hazañas. Entre dar la muerte
+a Héctor (teniendo fuerzas para ello) y vivir en Madrid con
+cuatrocientos reales al mes, manteniendo mujer e hijos, vistiendo
+decentemente y no debiendo un cuarto a nadie, lo segundo es
+infinitamente más maravilloso. Digo, pues, que a D. León no se le
+conocieron en la vida más que un par de botas, unos pantalones de color
+de ceniza muy sufridos, una levita y un enorme sombrero de copa, todo
+ello tan limpio, tan planchado y reluciente que siempre pareció que
+acababa de salir de la tienda. Cierto día en que se celebraba el santo
+del director, un criado, azorado en demasía, dejó caer sobre nuestro
+profesor una bandeja de vasos llenos de vino tinto. Todo el mundo se
+preguntó: ¿En qué traje veremos a D. León mañana? Mas al día siguiente,
+con grande admiración y sorpresa del colegio, apareció con la misma
+levita, más fresca y más galana que nunca lo había sido. Por esta y
+otras razones se la llamó <i>la levita del desierto</i>; porque segundaba el
+milagro de los israelitas viajando por los desiertos de la Arabia
+durante cuarenta años, sin menoscabo de sus vestidos.</p>
+
+<p>Aunque pudiera ponerse en tela de juicio la solidez y extensión de sus
+conocimientos literarios, bien puedo asegurar sin rebozo que nadie
+aventajaba a D. León en amor y decidida inclinación a las letras, y en
+particular a las clásicas: las modernas y románticas teníalas en poco.
+Rayaba en locura el entusiasmo con que hablaba de los grandes poetas de
+la antigüedad, y la fruición con que los leía en los <i>Trozos escogidos</i>.
+Decía del griego que era la lengua más rica, flexible y armoniosa que
+hubiera existido, y que las modernas, tales como el francés, el
+italiano, el alemán, no eran sino dialectos rudos y primitivos
+comparados con ella, lo cual era tanto más meritorio cuanto que D. León
+sólo conocía del griego las declinaciones y tal cual palabra
+desperdigada, como <i>Zeos</i> (Júpiter), <i>oicos</i> (cosa), <i>logos</i> (tratado),
+<i>eros</i> (amor), y así hasta unas tres o cuatro docenas; en cuanto a los
+idiomas modernos tenía a mucha honra el no saber más que el patrio.
+Sentía un desprecio sin límites hacia su compañero el profesor de
+francés que una hora antes que él ponía clase en la misma aula y que era
+de origen marsellés, marido, a la sazón, de una corsetera de la calle de
+la Luna, antiguo barítono de opereta bufa, que había dejado el canto por
+debilidad del pecho. Cuando se tropezaban en la puerta, D. León le
+miraba desde lo alto de su clasicismo y le decía sonriendo: <i>bon jour
+monsieur</i>, con acento que rebosaba de ironía. «Estos <i>franchutes</i>, decía
+al tiempo de sentarse, son todos afeminados; no sirven más que para
+tenores y bailarines.» Amaba la virilidad y la energía en sus discípulos
+y gustaba de que tuviesen rasgos de independencia, aunque fuese a
+expensas de la disciplina: cuando un muchacho sufría impasible los
+golpes y se negaba por terquedad a ejecutar cualquier cosa, esto era lo
+que le encantaba a don León. «¡Bien, hombre, bien! exclamaba, así me
+gusta; los hombres no deben llorar aunque se vean con las tripas en la
+mano; has faltado a la obediencia pero has sufrido el castigo con
+entereza; a tí no te hubieran arrojado en Esparta de la roca como a
+otras mujerzuelas que hay en la clase!» Y echaba miradas de soberano
+desdén a ciertos individuos. Si quisiera vérsele encendido, colérico,
+fuera de sí, no había más que traer alguna esencia en el pañuelo o la
+cabeza perfumada con algún aceite; así que llegaba a su nariz el
+malhadado perfume, ya se le subía la sangre a la cabeza, marchaba
+derecho hacia el culpable, y después de alborotarle los cabellos, le
+molía los cascos a coscorrones. «¡Corrompido! (<i>un coscorrón</i>).
+¡Desgraciado! (<i>otro coscorrón</i>)... ¡Con que en vez de estudiar su
+lección se entrega V. a la molicie! (<i>¡zas!</i>)... No sabe V. que yo
+quiero en mi clase hombres y no cortesanas, eh? (<i>coscorrón</i>). Los
+romanos de la república, los que vencieron a los germanos y a los galos,
+y a los escytas, y a los parthos, y destruyeron a Cartago, no se daban
+con ungüentos (<i>¡zas!</i>...) pero los vasallos envilecidos de Calígula y
+Nerón gastaban las riquezas que sus mayores les habían adquirido en
+tarros de pomadas, en aceites olorosos, y se dejaban vencer por los
+extranjeros y azotar por los tiranos (<i>¡zas!</i>). Hijos míos
+(<i>dirigiéndose a nosotros</i>), huyan ustedes de los afeites, no se dejen
+aprisionar por la molicie, por los placeres muelles que afeminan y
+debilitan. Un pueblo vigoroso es un pueblo libre... Vamos a ver, siga V.
+hijo mío... <i>habeo</i>, transitivo...»</p>
+
+<p>No gustaba de que le diesen la traducción literal de los pasajes
+culminantes; antes se complacía en que sus discípulos hallasen modo de
+trasladarlos a nuestro idioma sin hacerles perder de su vigor y
+galanura. Por ejemplo, traduciendo en Tito Libio, el episodio del
+combate habido entre Horacios y Curiacios al llegar al punto en que el
+autor dice que el último Horacio <i>tiró al suelo a su adversario</i>, D.
+León no quiso pasar por la interpretación ajustada al texto que un
+alumno le daba. «No, no, eso de tirar al suelo es muy poco; busque V.
+otra frase más enérgica.&mdash;Le volcó en tierra.&mdash;Tampoco, eso es muy
+flojo... algo más duro.&mdash;Le tiró rodando por el suelo.&mdash;¡Más fuerte, más
+fuerte aún!» El muchacho no hallaba nada más fuerte que echarle a uno a
+rodar; no obstante se aventuró a decir: «Le estrelló contra el suelo.
+¡Más fuerte todavía!... Sí, hombre, sí, más fuerte... ¡Le
+hi-zo-mor-der-el-pol-vo!» Y recalcó de tal manera las sílabas que, en
+efecto, no podía darse nada más feroz e imponente que esta frase en sus
+labios.</p>
+
+<p>Traduciendo la famosa catilinaria de Cicerón que comienza con aquel
+exabrupto:</p>
+
+<p><i>Quousque tandem abutere, Catilina, patientiâ nostrâ</i>, nadie consiguió
+darle gusto: todos los hallaba tímidos, encogidos, cobardes, al
+pronunciar los vehementes ataques del Senador romano: «Hijos, para
+comprender bien lo que sería este modelo de exabruptos en boca del
+príncipe de los oradores, es preciso figurarse la indignación y la
+cólera que se apoderaría de él al ver entrar por las puertas del Senado
+a su más encarnizado enemigo, al procaz y libertino Catilina; es preciso
+verle dar un salto en la silla, levantarse descompuesto, el rostro
+pálido, los cabellos en desorden, la mirada fulgurante. Si ustedes no se
+colocan con la fantasía (que, como ustedes saben, es la facultad de
+reproducir mentalmente las imágenes de los objetos sensibles) no
+conseguirán nada... Vamos a ver, venga usted acá&mdash;dijo tomando a un
+muchacho entre sus hercúleos brazos y poniéndole de pie sobre la
+mesa.&mdash;Ahora eche fuego por los ojos y espuma por la boca, grite usted,
+enciéndase usted, mueva usted los brazos en todos sentidos y
+estremézcase usted de cólera y rabia... ¡Vamos, hombre, vamos...!
+<i>¡Quosque tandem!</i>»</p>
+
+<p>El pobre chico no pudo encolerizarse por más que hacía, lo cual le valió
+algunos razonables coscorrones. Fue necesario que el mismo don León
+tomase la palabra y dijese a grandes voces el trozo, acompañándose de
+furiosos ademanes. Nosotros sentimos el terror de lo patético, cosa que
+lisonjeó mucho al profesor, y muy singularmente nos conmovimos al
+observar que la mesa se resquebrajaba con un tremendo puñetazo.</p>
+
+<p>Su castidad igualaba, si no excedía, a su energía. Le ofendían, sobre
+todo encarecimiento, las palabras y las canciones deshonestas. Cuando en
+los poetas latinos llegaba a un pasaje algún tanto subido de color, o lo
+pasaba por alto o lo velaba por medio de una interpretación de todo en
+todo infiel. Siempre recordaré que al traducir la elegía de Ovidio que
+empieza: <i>Cum subit illius tristisima noctis imago</i>, llegando a un punto
+en que el poeta cuenta en qué forma se despidió de su esposa, y dice que
+tocando ya en la puerta los pies, se negaban a marchar; y</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;"><i>Sæpe vale dicto, rursus sum multa locutus,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Et quasi discedens oscula summa dedi,</i></span><br />
+</p>
+
+<p class="nind">traduje el pasaje a la letra, diciendo: «Dicho muchas veces el último
+adiós, todavía me volví a hablarle, y casi separándome la cubrí de
+besos.»</p>
+
+<p>Don León, ruborizado, extendió los brazos exclamando: «¡No, hijo mío,
+no! Y al tiempo de separarme la di el ósculo de paz.» También recuerdo
+que en cierta ocasión, habiendo sorprendido en un discípulo un ademán
+obsceno, cayó sobre él exclamando: «¡Infame, todavía no estamos en
+Sodoma y en Gomorra!» Y por poco le despedaza.</p>
+
+<p>Finalmente, en estas y otras cualidades guardaba el buen profesor muchos
+puntos de semejanza con el elefante. Yo, aunque nada tuviese de común
+con este animal por mi figura menudísima, conseguí caerle en gracia,
+merced a una cierta entereza de que estaba dotado y a mi mucha
+aplicación. Estimó en mí cualidades que no tenía, y creyó sinceramente
+que estaba llamado a ocupar un alto puesto en las letras. Por aquella
+época, habiendo encargado una composición en décimas a toda la clase, la
+mía logró despuntar sobre las demás. Tributome por ella desmedidos
+elogios, y con tal motivo engendrose en mí la afición de escribir
+versos, que tarde o nunca me dejó. Don León se encargaba de corregirlos
+y señalar las figuras que iba <i>cometiendo</i> sin saberlo. «Mire usted,
+hijo mío, al llamar al rocío líquidas perlas comete usted una metáfora,
+muy linda por cierto. Eso que usted dice de la aurora que con sus dedos
+rosados abre las puertas del firmamento, es ya una alegoría, o lo que
+es igual, una metáfora continuada... ¿A que no sabe usted qué figura
+comete cuando dice al terminar la composición?</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">¡Triste suerte, cruel, parca inhumana</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">sumió a mi alma en duelo y amargura!»</span><br />
+</p>
+
+<p>Efectivamente, no lo sabía. Don León me miraba con aspecto
+triunfal.&mdash;¿No lo acierta usted...? Pues comete usted un <i>epifonema</i>, un
+verdadero <i>epifonema</i> (exclamación profunda que se hace después de
+narrada, descrita o probada una cosa). Cuando entramos en mayor
+confianza, el profesor me manifestó secretamente que él también había
+escrito versos en su juventud, y que aún los escribía cuando le soplaba
+la musa, si bien nunca había osado publicarlos con su firma. No tardó,
+como es consiguiente, en leérmelos, encerrándose para ello previamente
+en un cuarto retirado, donde a su sabor descargó la conciencia del grave
+cargo de ciento y tantas composiciones en todos los metros imaginables,
+aunque sus predilectos eran los sáficos y adónicos. Los dísticos,
+compuestos de exámetros y pentámetros, también le gustaban sobremodo.
+Pero de la que estaba más orgulloso y la que le había valido, al decir
+de él, infinitas enhorabuenas, era un cierto poema dedicado al desafío
+de dos íntimos amigos suyos, fatal para el uno de ellos, pues el
+contrario le había atravesado el vientre de un balazo. Creyendo
+necesario ponerme en antecedentes, me dijo que estos tales amigos se
+hallaban una tarde en el café de Levante platicando apaciblemente con él
+y otros varios, y que habiendo girado la conversación sobre varios
+temas, vino a parar, como tal vez solía acontecer, a los toros, y que
+haciendo uno el panegírico acabado de la plaza de Valencia, notable por
+su amplitud y solidez, otro manifestó inmediatamente que la tal plaza
+era un patio de vecindad comparada con la de Córdoba, a lo cual replicó
+el primero que mirase bien lo que decía, porque la plaza de Valencia
+tenía fama en todo el orbe. Empeñose una discusión viva y acalorada;
+tanto más acalorada, cuanto que el que sostenía las ventajas de la plaza
+de Córdoba no conocía la de Valencia, y viceversa; el defensor de la de
+Valencia nunca había visto la de Córdoba, y bien sabido es que cuando
+faltan razones, sobran siempre gritos. En resumen: la disputa subió
+tanto, que llegó en forma de bofetadas a las mejillas de los
+contendientes. Pusiéronse los amigos de por medio, alborotose el café,
+rompiéronse algunos vasos: al día siguiente de madrugada efectuábase el
+duelo más allá de la Fuente Castellana, y el campeón de la de Córdoba
+caía al suelo revolcándose en su propia sangre. Este lance desgraciado
+causó una penosa impresión en don León por tratarse de dos amigos
+igualmente queridos, y bajo el sentimiento que le produjo escribió la
+composición que he mencionado, donde menudeaban los signos de
+admiración, los puntos suspensivos, las amargas reflexiones y los gritos
+de dolor, todo ello sostenido en un tono severo y digno, como el de las
+elegías clásicas. Siempre tengo en la memoria el acento dolorido con que
+don León me recitaba aquellos versos salidos del alma:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">¡Qué falta de cordura!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Qué sobra de imprudencia!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Adoptar desventura!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">¡Desechar avenencia!</span><br />
+</p>
+
+<p>No hay para qué decir que yo celebraba mucho los versos de don León:
+juzgábalos sinceramente bellos; mas, aunque así no fuese, el respeto me
+obligaría a ponerlos sobre la cabeza. En cambio, don León acogía con
+indulgencia y agrado los primeros vagidos de mi musa: escuchábalos
+atentamente y los proponía, como dignos de imitarse, a los discípulos.
+No pocas veces, leyéndole alguna composición, se sintió interesado
+vivamente hasta el punto de acercar más la silla, inclinar el cuerpo y
+exclamar con vehemencia: «¡Prosiga, querido, que me deleita!»</p>
+
+<p>Pronto se estrecharon nuestras relaciones de tal suerte que vinimos a
+ser más bien amigos y camaradas que profesor y discípulo. Don León
+depositó en mi seno, que contaba a la sazón catorce o quince años, una
+muchedumbre de secretos que le atormentaban, casi todos pecuniarios, lo
+mismo que había depositado todos sus versos; me nombró pasante de la
+clase y me otorgó otra porción de testimonios de aprecio. Al cabo estas
+relaciones, conservándose no obstante la buena amistad, se rompieron
+bruscamente. He aquí de qué modo:</p>
+
+<p>Era el año mil ochocientos cincuenta y cuatro. Don León no pareció un
+día por el colegio, lo cual causó cierta sorpresa al director, pues en
+los años que llevaba de enseñanza no había estado indispuesto una sola
+vez. Al día siguiente tampoco vino, y pensando pudiera hallarse enfermo
+le pasó un recado; pero don León no estaba en su casa, lo que le
+sorprendió todavía más. Al otro amaneció Madrid obstruido de barricadas,
+las casas atrancadas; patrullas de soldados y ciudadanos armados por las
+calles y ruido incesante de fusilería; muchos gritos subversivos, como
+dicen los bandos de las autoridades, y mucho jaleo, como dicen los que
+se paran a leerlos. Había estallado <i>la gorda</i>. ¡Quién pensaba en
+matemáticas, retórica y psicología en el colegio! Los muchachos
+celebramos el cataclismo como un acontecimiento fausto, corríamos por
+los pasillos brincando de alegría, nos comunicábamos en voz baja
+noticias a cual más estupendas, y mirábamos por los balcones lo que
+pasaba en la calle, cuando la vigilancia de los superiores lo consentía.
+Un criado vino diciendo, ya bien entrada la mañana, que D. León se
+estaba batiendo en las barricadas y que mandaba una fuerza considerable,
+cuya nueva cayó como una bomba en el colegio, produciendo gran
+perturbación y sobresalto, ya que no sorpresa, entre los alumnos. El
+profesor León adquirió entre nosotros en aquel mismo punto un
+maravilloso prestigio, se levantó ante nuestros ojos con talla colosal y
+no poco se arrepintieron algunos de haberle denigrado apodándole <i>el
+Camello</i> y haciendo chacota de su levita. Todo se volvió ensalzar su
+valor y sus fuerzas y entregarse a mil gratos comentarios acerca de su
+próxima victoria: uno que se jactaba de tener buen olfato decía que
+algo había presumido al no verle los días anteriores en el colegio, otro
+aseguraba que si vencía la revolución el capellán D. Jerónimo lo iba a
+pasar muy mal porque había declarado la guerra sin motivo a D. León.
+Mareábamos al criado que trajo la noticia con un sin fin de preguntas:
+queríamos que nos informase de todos los pormenores, y el pobre sólo
+sabía por referencia que el profesor se hallaba hacia la calle de Toledo
+mandando una barricada. El director se había encerrado en su cuarto; el
+capellán había desaparecido; algunos aseguraban que estaba metido entre
+colchones con un <i>canguelo</i> que no le llegaba la camisa al cuerpo.
+Reinaba dulce indisciplina en el colegio.</p>
+
+<p>En esto, a mí y a otros dos compañeros nos vino la idea de fugarnos y
+marchar a ponernos a las órdenes de D. León. Dicho y hecho; espiamos las
+vueltas del inspector, bajamos quedito las escaleras, abrimos la puerta
+con cuidado, y ¡pies para qué os quiero! nos dimos a correr hacia la
+Puerta del Sol sin volver la cara atrás. Las calles presentaban un
+aspecto siniestro, casi todas solitarias, los balcones de las casas
+herméticamente cerrados, en las esquinas algunos centinelas con el fusil
+terciado; los pocos transeúntes que veíamos cruzaban velozmente, con
+ánimo, sin duda, de guarecerse en su casa lo más pronto posible, y sólo
+se detenían trémulos ante el «¿quién vive?» del soldado. La Puerta del
+Sol estaba ocupada militarmente; muchos soldados, muchos cañones y al
+mismo tiempo mucho silencio: la <i>gresca</i> andaba por los barrios bajos.
+Tuvimos que dar un gran rodeo para llegar a ellos, cosa que no
+hubiéramos conseguido si en vez de niños fuésemos hombres; mas nuestra
+corta edad nos salvaba de toda detención y reconocimiento, pensando los
+soldados que andábamos buenamente en busca de la casa. Llegados a la
+plaza de Antón Martín pisamos terreno revolucionario: veíase una
+muchedumbre de paisanos trabajando con afán en levantar una formidable
+barricada; patrullas y grupos de hombres armados entraban y salían en la
+plaza por sus bocacalles; las casas estaban fortificadas. Uno de
+nosotros se acercó a preguntar a un obrero de luenga barba, que iba
+armado con carabina de caza, por D. León. «D. León... D. León... ¿qué se
+yo quién diablos es D. León?»&mdash;dijo sin detenerse;&mdash;y volviéndose a los
+pocos pasos, exclamó en tono áspero: «¡Eh, chiquillos, metéos pronto en
+casa, no vaya a suceder una desgracia!» Los tres alumnos del colegio del
+Salvador seguimos por la calle de la Magdalena hasta la plaza del
+Progreso. Allí volvimos a preguntar por D. León: tampoco nos dieron
+noticia, pero un chulo compasivo nos dijo: «Venid conmigo, si queréis;
+¿no decís que debe de estar en las barricadas de la calle de Toledo?
+Pues apretad el paso, que yo voy hacia allá.» Al llegar a esta calle
+tratamos igualmente de informarnos, y también fue en vano; mas en la
+plaza de la Cebada, al preguntar a un grupo de hombres, todos armados de
+carabinas, que había delante de una taberna, nos replicó uno de ellos:
+«¿Ese D. León que manda una barricada, es alto, de bigotes
+blancos?»&mdash;Sí, señor.&mdash;«¡Toma&mdash;dijo volviéndose a sus compañeros&mdash;pues
+si es el general León!» Quedamos maravillados y pedimos con afán ser
+presentados a él. El mismo interlocutor nos condujo a otra taberna que
+allí cerca estaba, y entrando por ella hallamos en la trastienda,
+rodeado de una docena de chulos y gañanes, a nuestro profesor, con un
+<i>kepis</i> de miliciano en la cabeza, faja encarnada de general, sable y
+botas de montar; pero con la misma levita.</p>
+
+<p>Recibiónos con gran alborozo, nos hizo servir dulces, y como cosa
+extraordinaria y propia de las batallas, un poco de vino; mas de ningún
+modo consintió en darnos las armas que le pedíamos. Nos contó cómo había
+rechazado en la Cava Baja con veintisiete hombres a dos compañías de
+cazadores, y de qué forma estaba dispuesto a «rendir el último suspiro
+en holocausto de la libertad». Los chulos que tenía a sus órdenes le
+llamaban «mi general», cosa que nos tenía encantados, por más que no nos
+pareciese muy en su lugar que los simples soldados bebiesen en la misma
+copa que el general y discutiesen con él los planes de campaña.</p>
+
+<p>Al parecer, tratábase de secundar el movimiento de las tropas
+revolucionarias que iban a atacar el palacio de la Reja. El general
+reunió en la taberna hasta treinta hombres mejor o peor armados, y
+echándoles una arenga, donde puso a los «césares y dictadores» por los
+pies de los caballos, se dispuso a salir con su «valerosa legión» a
+clavar «el puñal de Bruto en el corazón del tirano». Los chulos no
+entendieron bien, pero bebieron una copa y se echaron de nuevo a la
+calle. El general dio orden al tabernero de que nos hiciese conducir con
+las debidas precauciones al colegio tan pronto como cesase el fuego.</p>
+
+<p>Al día siguiente supe que la revolución había triunfado. En el colegio
+se murmuró como cosa cierta que D. León iba a ser nombrado Capitán
+general de Madrid; pero aunque mucho leímos y releímos los periódicos en
+los días siguientes, nunca pudimos tropezar con el nombre del general.
+Llegó un instante en que creímos que había perecido en el combate, si
+bien no comprendíamos cómo no se hablaba más de esta desgracia. Al cabo
+de algún tiempo supimos por fin que el nuevo gobierno había reconocido
+a D. León el grado de alférez y que pasaba a servir al cuerpo de
+Carabineros. Crean ustedes que padecí un terrible desengaño, y hasta
+escribí a mi profesor suplicándole que no aceptase; pero mis ruegos
+fueron desoídos. D. León ganaba once duros más al mes... y tenía cinco
+hijos.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="EL_SUENO_DE_UN_REO_DE_MUERTE" id="EL_SUENO_DE_UN_REO_DE_MUERTE"></a>EL SUEÑO DE UN REO DE MUERTE</h3>
+
+<hr />
+
+<p>Una mañana, al salir de casa, hirió mis oídos el repique agudo y
+estridente de una campanilla. Llevé la mano al sombrero y busqué con la
+vista al sacerdote portador de la sagrada forma; pero no le vi. En su
+lugar tropezaron mis ojos con un anciano, vestido de negro, que llevaba
+colgada al cuello una medalla de plata; a su lado marchaba un hombre con
+una campanilla en la mano y un cajoncito verde en el cual la mayoría de
+los transeúntes iban depositando algunas monedas. De vez en cuando se
+abría con estrépito un balcón, y se veía una mano blanca que arrojaba a
+la calle algo envuelto en un papel; el hombre de la campanilla se
+bajaba a cogerlo, arrancaba el papel, y eran también monedas que
+inmediatamente introducía en el cajoncito verde: cuando levantaba la
+vista al balcón, estaba ya cerrado. Lo adiviné todo.</p>
+
+<p>Un ligero temblor corrió por todo mi cuerpo, y a toda prisa procuré
+alejarme de aquella escena. Corrí por la ciudad, haciendo inútiles
+esfuerzos para no escuchar el tañido de la fatal campanilla, y en todas
+partes tropezaba con la misma escena. Notaba que los transeúntes se
+miraban unos a otros con expresión de susto, y se hacían preguntas en
+tono bajo y misterioso. Algunos chicos, pregoneros de periódicos,
+chillaban ya desaforadamente: «La Salve que cantan los presos al reo que
+está en capilla».</p>
+
+<p>Desde que tengo uso de razón he sabido que existe la pena de muerte en
+nuestro país; y no obstante, siempre la he mirado del mismo modo que los
+autos de fe y el tormento; como una cosa que pertenece a la historia.
+Esto se explica, atendiendo a que he residido siempre en una provincia
+donde por fortuna hace ya bastantes años que no se ha aplicado. Conocía
+algunos detalles de la ejecución de los reos sólo por referencia de los
+viejos, a los cuales no dejaba de mirar, cuando me lo contaban, con
+cierta admiración, mezclada de terror.</p>
+
+<p>Recuerdo que en la madrugada de un día de otoño frío y lluvioso, salí de
+mi pueblo para Madrid. Despedime de mi madre, y turbado y conmovido como
+nunca lo había estado, bajé a escape la escalera en compañía de mi
+padre. Ambos marchábamos embozados hasta las cejas, no sé si por miedo
+al frío o por no vernos las caras. Nuestros pasos resonaban
+profundamente en las calles solitarias; la luz triste y escasa del día
+que comenzaba daba cierto aspecto de antorchas funerarias a los faroles
+que aun se hallaban encendidos, y las casas, dejando caer de sus tejados
+algunas gotas de lluvia, parecían llorar mi marcha. Al atravesar un
+campo situado a la salida de la población, me dijo mi padre: «Este es el
+sitio donde se ajusticiaba a los reos de muerte.» Sentí un temblor igual
+al que corrió por mi cuerpo cuando vi al hombre del cajón verde. ¡Dios
+mío, qué lejos estaba en aquel momento mi corazón de estas escenas de
+horror!</p>
+
+<p>Pasé todo el día inquieto y nervioso escuchando el toque de la
+campanilla fúnebre por todas partes. A la verdad, no puedo decidir si la
+campanilla sonaba realmente, o eran mis oídos los que la hacían sonar.
+Compré cuantos papeles se vendían por las calles referentes al reo, y
+los devoré con ansia. No me atreví, sin embargo, a pasar por delante de
+la cárcel para mirar la ventana de la estancia donde se hallaba, aunque
+me dijeron que había mucha gente por aquellos sitios. En cambio pasé
+varias veces por delante de la casa de su esposa. La desgraciada mujer
+había venido de muchas leguas lejos, a solicitar el indulto, y alojaba
+en una casa sucia y miserable de uno de los barrios extremos de Madrid.
+Allá a la noche me sentí fatigado, cual si hubiera pasado el día
+trabajando, cuando no hice otra cosa que errar distraído por las calles,
+y me acosté temprano. Tardé en conciliar el sueño, como sucede siempre
+que uno anda caviloso, y por dos o tres veces, cuando ya creía ganarlo,
+me despertó un gran estremecimiento parecido a la emoción que se
+experimenta al tocar el botón de una máquina eléctrica. Al fin me dormí.
+Así como lo temía, toda la noche soñé con patíbulos y verdugos: mas no
+dejaron de ser bastante curiosos y significativos mis sueños, por lo
+cual, aunque me cueste trabajo, voy a trasladarlos al papel.</p>
+
+<p>Soñé que me achacaban un gran crimen, y que ponían en seguimiento de mis
+pasos a toda la policía de Madrid. Mis tretas para burlar su
+persecución, se redujeron a echarme a correr por la puerta de San
+Vicente hacia fuera, metiéndome en los lavaderos del Manzanares, donde
+me creí perfectamente seguro de las asechanzas de mis enemigos. Con
+efecto, estando allí muy tranquilo mirando correr el agua de jabón y
+viendo a las lavanderas colgar sus ropas en los cordeles, dieron sobre
+mí el presidente del Consejo de Ministros, el de la Juventud Católica,
+el ministro de Fomento y el de Gracia y Justicia, los cuales
+inmediatamente me amarraron y me condujeron a la cárcel. El ministro de
+Fomento propuso que se me llevara cogido por los pies y a la rastra,
+pero el presidente de la Juventud Católica hizo observar que se me iba a
+estropear la ropa, y fue desechada la proposición.</p>
+
+<p>La cárcel era un edificio grande, sólido y austero, con un crecido
+número de balcones y ventanas, cosa que me sorprendió, a pesar de la
+turbación de ánimo en que me hallaba, pues tenía la idea de que en las
+cárceles había poca ventilación. Me encerraron en un calabozo circular,
+sin ventana ninguna: de suerte que me vi sumido en la más completa
+oscuridad. Mas no se pasó mucho tiempo sin que se abriera la puerta de
+par en par, y entrara por ella un carcelero con una bujía encendida
+anunciándome que pronto llegaría el juez y el escribano. Aparecieron al
+fin estos dos varones, y fue extraordinaria mi sorpresa al encontrarme
+enfrente de dos señores que jugaban todas las tardes al billar conmigo
+en el café Suizo. Aparentaron no conocerme, e inmediatamente se pusieron
+a tomarme declaración, ofreciéndome antes algunos merengues con objeto,
+según decían, de que tuviese la voz más clara. El juez, que era de los
+dos el que mejor jugaba las carambolas de retroceso, después de haberme
+obligado a confesar una porción de crímenes a cual más horroroso, hizo
+un gesto muy expresivo a su compañero, llevándose la mano al cuello y
+sacando al mismo tiempo la lengua. Yo tomé el gesto por donde más
+quemaba, y barrunté muy mal del asunto.</p>
+
+<p>A las dos horas poco más o menos, tornaron a abrir la puerta, y entró el
+escribano a leerme la sentencia. No se me condenaba nada más que a morir
+en garrote vil, si bien en atención a que jugaba con mucha seguridad los
+recodos limpios, dejábase a mi arbitrio señalar el día de la ejecución.
+Por un instante tuve el intento de aplazar indefinidamente este día,
+juzgando que era muy joven para morir de modo tan desastroso: mas pronto
+revoqué mi acuerdo por motivos de delicadeza, y pedí se me ejecutara al
+día siguiente. Hay que confesar que tengo un sueño muy digno.</p>
+
+<p>Una vez resuelto que me ejecutarían al día siguiente, la única idea que
+se apoderó de mí fue la de morir con serenidad y entereza; y en efecto,
+demostré, al decir de todos los que me rodeaban, un gran carácter
+durante las horas de la capilla. Comí y dormí tranquilamente, y pasé
+algunos ratos departiendo con los redactores de <i>La Correspondencia</i>. De
+vez en cuando procuraba verter alguna frase bonita para que éstos la
+reprodujesen en su diario y las gentes se admirasen de mi valor.</p>
+
+<p>Llegó por fin el instante terrible de emprender la marcha hacia la
+muerte, y yo la emprendí con la mayor sangre fría. En aquel momento lo
+que me embargó fue un gran sentimiento de vergüenza, y recuerdo que
+exclamé apretándome contra el sacerdote que marchaba a mi lado: «¡Ah,
+por Dios, que no me vean, que no me vean!» Hasta el instante de salir de
+la cárcel, no se me ocurrió que iba a hallarme frente a una muchedumbre
+de espectadores, y que algunos millares de ojos se irían a clavar sobre
+mi rostro con expresión de burla y desprecio. Este pensamiento hizo
+flaquear mi valor: me aterraba infinitamente más que la perspectiva del
+cadalso. Sentía dentro de mí fuerzas bastantes para mirar a la muerte
+cara a cara, y al mismo tiempo me contemplaba incapaz por entero de
+soportar la vista de un público curioso y hostil.</p>
+
+<p>Congojado y muerto de vergüenza salí por la puerta de la cárcel entre un
+grupo de curas, soldados y carceleros. No quise levantar la vista del
+suelo, porque temía desfallecer; mas el silencio pavoroso y
+extraordinario que observé en torno mío, incitome a alzar los ojos. ¡Qué
+sorpresa y qué ventura! La calle estaba desierta. Fuera del cortejo que
+me rodeaba, ni una sola figura humana veíase cerca ni lejos. Los
+balcones y ventanas de las casas, así como las puertas de los comercios,
+se hallaban perfectamente cerradas. Los curas, soldados y carceleros,
+después de pasear la vista por el ámbito de la calle, mirábanse unos a
+otros con acentuada expresión de asombro. El único objeto que hería la
+vista en medio de esta soledad era el carruaje miserable y fatídico que
+me esperaba. Antes de entrar miré al cielo. Aparecía cubierto por un
+leve manto de nubes, tan leve, que no conseguía velarlo por entero,
+semejante a una colcha de encaje con fondo azul. El sol, asomando su
+ardiente pupila por los agujeros de esta celosía de nubes, era el único
+curioso que nos observaba.</p>
+
+<p>El carruaje marchaba lentamente. Yo, sin atender a las exhortaciones del
+clérigo que iba a mi lado, asomaba la cabeza por la ventanilla
+explorando con los ojos la calle, las puertas y los balcones de las
+casas. Nada, ni un ser humano parecía. Allá en las afueras de la
+población, distinguí dos niños que corrían sofocados hacia la puerta de
+una casa, desde la cual su madre les llamaba a gritos. Cuando pasamos
+por delante de esta casa, la madre y los hijos habían desaparecido. Un
+poco más allá tropezamos con un hombre que llevaba un saco cargado sobre
+la espalda, el cual, así que nos percibió, dio la vuelta y echó a andar
+apresuradamente por una calle lateral, perdiéndose muy pronto de vista.</p>
+
+<p>Llegamos, por último, a la vista del patíbulo situado en medio de un
+extenso campo. Allí fue mucho mayor mi sorpresa. Ni en torno del
+patíbulo, ni en toda la tierra que alcanzaban los ojos, se veía tampoco
+una figura humana. Subí las escaleras del tablado, deteniéndome a cada
+instante para mirar alrededor, pues no acertaba a comprender lo que era
+aquello. El cielo presentaba un aspecto distinto. Su manto de nubes era
+más espeso; la vaporosa túnica de encaje había sido reemplazada por una
+cortina gris que cerraba herméticamente toda la bóveda celeste; el sol
+ya no tenía celosía por donde mirarnos. La llanura triste y oscura en
+que reposa Madrid, exhalaba un vapor trasparente que concluía por
+aproximar la línea vaga y fina que cierra el horizonte. Los objetos
+ofrecíanse indecisos y temblorosos, como si hubieran perdido sus
+contornos, y la luz se filtraba con trabajo por aquel cielo de algodón
+para sumirse luego en la tierra negra y húmeda. Respirábase en este
+ambiente espeso, que no hería apenas ruido alguno, cierta calma: pero
+una calma que oprimía en vez de refrescar el corazón.</p>
+
+<p>Volví los ojos hacia la ciudad. La luz parecía que resbalaba sobre ella
+sin penetrarla; sus mil torrecillas no tenían fuerza para romper
+enteramente la atmósfera opaca que las envolvía. Mirando más y más,
+observé que lentamente iban elevándose desde su seno hacia el firmamento
+un número infinito de pequeñas columnas de humo, las cuales al
+extenderse en el aire se abrazaban, y juntas subían a engrosar el ya
+tupido velo que ocultaba al sol. Aquellas columnas de humo me hicieron
+pensar en los hogares que debajo de ellas había, y todo lo comprendí en
+un instante. En torno de aquellos hogares humeantes moraban muchos seres
+que no habían tenido la curiosidad perversa de bajar a la calle para
+verme pasar, y que ahora tampoco rodeaban el patíbulo para verme morir.
+Me sentí profundamente conmovido. La gratitud penetró en mi corazón como
+una luz del cielo, como un bálsamo dulcísimo, y perdí por completo los
+pocos deseos que me ligaban a la vida. «Gracias pueblo de Madrid,
+exclamé dirigiéndome a la ciudad: gracias, pueblo generoso y culto, por
+no haber venido a gozar con el espectáculo de mi muerte ignominiosa.
+¡Qué hubieras ganado presenciando la suprema agonía de un infeliz! En
+este angustioso y solemne instante no has querido ennegrecer aún más mi
+situación, con la vergüenza y el oprobio. Tú naciste para algo más que
+para ser ayudante del verdugo. Si hubieses llegado hasta aquí, si
+hubieses contemplado con refinada crueldad mi vergonzosa muerte, yo te
+juro que al tornar a casa no serían tan serenas tus miradas como lo son
+ahora, ni el beso de la hija o de la esposa te sabría tan dulce. Mi
+agonía te hubiera quitado el sosiego, te hubiera envenenado el alma por
+algunas horas. Tú has sabido vencer esa feroz y brutal curiosidad que
+pudiera impulsarte a presenciar mi muerte, porque has adivinado que
+degradándome a mí, te degradabas a tí mismo. Has sido misericordioso y
+humano, y has respetado tu propio corazón. ¡Gracias, noble pueblo,
+gracias, y que el Dios de los cielos te pague tu buena obra!»</p>
+
+<p>Un torrente de lágrimas salió de mis ojos al pronunciar estas palabras:
+un torrente de lágrimas dulces, como son siempre las del agradecimiento.
+Después, más sereno y animoso, senteme en el fatal banquillo, y seguí
+contemplando la ciudad, que empezaba a romper las brumas que la
+envolvían para recibir de nuevo las caricias del sol. Una mano ruda
+sujetó por un instante mi cabeza; un lienzo cubrió mis ojos; sentí mucha
+apretura en la garganta, y... desperté.</p>
+
+<p>El cuello de la camisa me estaba apretando de un modo extraordinario. No
+hice más que soltar el botón y quedé otra vez profundamente dormido.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LA_ABEJA" id="LA_ABEJA"></a>LA ABEJA</h3>
+
+<h4>PERIÓDICO CIENTÍFICO Y LITERARIO</h4>
+
+<hr />
+
+<p>No muchos días después de haber llegado a Madrid con el fin de seguir la
+carrera de leyes, fui invitado por uno de mis condiscípulos para entrar
+en cierta Academia o Ateneo escolar, donde algunos jóvenes estudiosos se
+adiestraban en el arte de la elocuencia. Acepté con gusto la oferta;
+asistí algunos jueves a la sesión, y vencida la timidez natural del
+provinciano, llegué a intervenir en algún debate, si no con éxito
+lisonjero, por lo menos con la tolerancia benévola de mis consocios.</p>
+
+<p>A los tres o cuatro meses de instituida aquella sabia y nobilísima
+Sociedad, comprendimos la urgencia de tener un <i>órgano</i> en la prensa, y
+resolvimos incontinenti fundarlo. Había de ser semanal y titularse <i>La
+Abeja</i>. Al efecto, vaciamos los bolsillos en manos del presidente
+(director nato del periódico) y nos pusimos de todo en todo a sus
+órdenes. La redacción se constituyó en el mismo local del Ateneo, que
+era el cuarto de estudio de uno de nuestros compañeros; una habitación
+aguardillada, donde los sábados se aplanchaba la ropa de la casa, no
+pudiendo por lo mismo reunirnos en este día.</p>
+
+<p>Discutiose ampliamente el reglamento y se nombró administrador y
+redactor en jefe. Yo quedé de simple redactor, pero encargado además de
+entenderme con el impresor y corregir las segundas pruebas.</p>
+
+<p>Al cabo de un mes de idas y venidas y no pocos trabajos, salió a luz <i>La
+Abeja</i>, que llevaba entre otros un artículo mío histórico acerca de
+Felipe II. Este artículo en que se defendía la política del monarca
+español y se vindicaba su nombre, consiguió llamar la atención de las
+familias de los redactores y me valió no pocas enhorabuenas.</p>
+
+<p>¡Qué placer tan intenso experimentó aquel grupo de muchachos reunidos en
+el cuarto aguardillado, cuando el mozo de la imprenta depositó en el
+suelo un fardo de <i>Abejas</i>! Fui comisionado para ir en busca de
+vendedores. En menos de una hora reuní treinta o cuarenta chicos en el
+portal de la casa; pero se negaron resueltamente a dar un cuarto por el
+nuevo periódico. Después de vacilar mucho, ardiendo en deseos de oírnos
+pregonados por las calles, nos decidimos a darlo de balde, «aunque sólo
+por una vez;» los chicos, tomando los puñados de ejemplares que yo les
+repartía embargado de emoción, se echaron a correr gritando: «El primer
+número de <i>La Abeja</i>, periódico científico y literario, a dos cuartos».</p>
+
+<p>Seguíles para ver el efecto que causaba su aparición «en el estadio de
+la prensa» (así se decía en el artículo de entrada). Corría como un
+gamo, aunque disimuladamente, para no perderlos de vista. ¡Cómo me
+saltaba el corazón! Los gritos de los muchachos herían mis oídos con
+dulzura inefable; las calles se mostraban más animadas que de ordinario;
+los semblantes de los transeúntes parecían más alegres; el cielo estaba
+más azul; el sol brillaba con más fuerza. Esperaba que la gente se
+disputase los ejemplares como pan bendito (¡el título era tan
+llamativo!). Pero nada; ni un solo transeúnte detuvo el paso para decir:
+«¡Eh, chis, chis, venga <i>La Abeja</i>, muchacho!»</p>
+
+<p>Los chicos corrían, corrían siempre gritando furiosamente, y yo los
+seguía jadeante: la hoguera de mi entusiasmo se iba apagando a medida
+que entraba en calor. Aquel enjambre de <i>Abejas</i> científicas y
+literarias que zumbaba por los sitios céntricos no despertaba simpatía
+en el público; al contrario, todos las huían, cual si temiesen que les
+clavasen el aguijón. En la calle de Carretas, un caballero gordo con
+barba de cazo compró un ejemplar. Me sentí enternecido; de buen grado le
+hubiese dado un abrazo; no se me olvidó jamás la fisonomía de aquel
+hombre. Más tarde me acometió el deseo vanidoso de distinguirme entre
+mis compañeros: llamé a tres o cuatro muchachos que me conocían por
+haber recibido el periódico de mis manos, y les ordené que gritaran: «El
+primer número de <i>La Abeja</i>, con la defensa de la política de Felipe II
+en los Países Bajos.» Contra lo que imaginaba, tampoco causó efecto el
+nuevo pregón: solamente advertí que un grupo de jóvenes venía riendo y
+soltando chistes groseros a propósito de los Países Bajos, lo que me
+obligó a revocar la orden.</p>
+
+<p>Lastimado por la frialdad del público, que no sabía a qué atribuir, no
+me acordé de ir a almorzar: tan pronto la achacaba a la poca o ninguna
+afición que hay en España a la literatura, como a la falta de anuncios:
+unas veces pensaba que en la primavera no es conveniente fundar
+periódicos; otras me entregaba a la superstición imaginando que no
+debimos comenzar a imprimir el nuestro en martes. Vi que mucha gente
+compraba una revista de toros y loterías, y esto me sugirió un sin fin
+de amargas consideraciones. Cansado, molido y triste me retiré a casa
+después de vagar cuatro o cinco horas por las calles: al pasar por la
+Puerta del Sol oí pregonar <i>La Abeja a cuarto</i>.&mdash;«¡Ah, tunante!&mdash;grité
+ciego de cólera, sacudiendo a un chiquillo por el cuello&mdash;bien se conoce
+que a tí no te ha costado nada!»&mdash;Aquella rebaja de precio me parecía
+una vergonzosa degradación.</p>
+
+<p>Aunque la ilustrada redacción de <i>La Abeja</i> experimentó notable
+desengaño, no por eso desmayó. Pudo más en sus dignos individuos el
+noble deseo de la gloria que el afán de lucro. Habíamos gastado algunos
+cuartos, es verdad, pero en cambio habíamos salido a la luz de la
+publicidad y visto nuestros pensamientos en letras de molde y con la
+firma al pie. Para que el segundo número se imprimiese fue necesario
+repartir un nuevo dividendo pasivo a los socios, que se impusieron con
+gusto este sacrificio pecuniario.</p>
+
+<p>No fue más afortunado el segundo número de <i>La Abeja</i> en su aspecto
+económico: los chicos persistían en la idea funesta de no soltar un
+cuarto por aquel periódico; si querían dárselo de balde, bueno; si no,
+queden ustedes con Dios.</p>
+
+<p>El amor a la gloria venció de nuevo al sórdido interés, y lo entregamos
+graciosamente a los desvergonzados pilluelos, que se reían de nuestra
+inexperiencia.</p>
+
+<p>Tales sacrificios estaban compensados por ciertos deleites no
+comprendidos sino de quien los haya experimentado. El primer deleite, el
+de considerarse escritor público, que lleva envuelta la idea de maestro
+y director de la opinión, y por consecuencia el respeto de la gente.
+Cuando entrábamos en los cafés, y colgadas del armario del expendedor de
+periódicos contemplábamos unas cuantas <i>Abejas</i>, con su viñeta en madera
+henchida de alusiones simbólicas, un gozo inexplicable nos inundaba,
+inflábase nuestro ser moral y físico, y sonreíamos desdeñosamente al
+vulgo que nos rodeaba; nos parecía imposible que los concurrentes
+hablasen de otra cosa que no fuese <i>La Abeja</i>, y no adivinasen que
+tenían la honra de hallarse cerca de sus redactores. Además, ¡con qué
+íntimo regocijo no decíamos a nuestras respectivas patronas al salir de
+casa: «Si alguien pregunta por mí, decirle que estoy en la redacción...
+ya sabe V... en la <i>redacción</i>!» Y la boca al proferir esta palabreja
+mágica se nos hacía almíbar, como cuentan que le acaecía a cierto santo
+cuando pronunciaba el nombre de María.</p>
+
+<p>Y efectivamente, en la aguardillada redacción pasábamos la mayor parte,
+casi todas las horas de nuestra existencia. No que estuviésemos
+escribiendo todo el tiempo ni mucho menos; pero había otros quehaceres
+auxiliares del periodismo, que no por ser materiales dejaban de
+participar de su alteza: sea ejemplo el arte delicado de cortar,
+escribir y pegar las fajas, en el que sobresalíamos casi todos, y el no
+menos noble y exquisito de pegar los sellos con la propia saliva, en el
+que ya quedaban algunos rezagados, seco y exhausto el gaznate.</p>
+
+<p>Para un periódico semanal, y no de gran magnitud, la verdad es que
+bastaban los diez y nueve redactores que habíamos tenido el honor de
+fundarlo. ¿Con qué objeto, pues, se habían otorgado plazas de redactores
+honorarios a una porción considerable de muchachos? Sin duda para
+satisfacer cada cual los deseos de algún amigo; compromisos personales
+que no se pueden eludir; y sin embargo, esta tolerancia produjo a la
+postre funestos resultados. El cuarto destinado a redacción y
+administración no era tan ámplio que consintiese la permanencia en él de
+tanta gente. Desde por la mañana bien temprano comenzaban a entrar
+escritores: y como ninguno salía, la consecuencia era que al poco rato
+el local se atestaba y los redactores zumbaban como verdaderas y
+genuinas abejas en una colmena, se codeaban, se estrujaban e impedían de
+todo punto la entrada de los compañeros que llegaban tarde. Redactor
+hubo que en ocho días no logró poner los pies en la oficina.</p>
+
+<p>¡Quién nos dijera que tan presto había de morir un periódico destinado a
+ser «vigoroso adalid de la ciencia y campeón infatigable de la cultura
+patria» (palabras textuales del programa firmado por la redacción)!
+Estaba escrito, no obstante, que pocos días antes de salir el cuarto
+número de <i>La Abeja</i> estallaría una furiosa borrasca entre los campeones
+infatigables de la cultura patria. Las más grandes empresas, las obras
+más altas y portentosas pueden venir al suelo por livianos motivos.
+Troya pereció por los devaneos de un petimetre: <i>La Abeja</i> por una
+disquisición histórica.</p>
+
+<p>Había escrito yo un articulito vindicando la memoria de D. Pedro I de
+Castilla, demostrando que el título de <i>cruel</i> con que le apodaban la
+mayor parte de los historiadores no le cuadraba, y que mejor le venía el
+de <i>justiciero</i>. En asuntos históricos me gustaba mucho defender a los
+personajes caídos: ya había hecho otro tanto con Felipe II. Mas a uno de
+los redactores, que ejercía al propio tiempo el cargo espinoso de
+expedir volantes a los suscritores para el cobro de los recibos, no le
+agradó esta defensa, y se autorizó el manifestar su opinión contraria.
+Al instante salté yo henchido de erudición, relleno hasta la boca de
+datos concluyentes: se entabló una discusión animada.</p>
+
+<p>El redactor disidente, a falta de datos, manifestó que era una
+<i>tontería</i> el ir contra la opinión general: yo sostuve con serenidad que
+había muchas opiniones generales erradas, y que una de ellas era ésta; y
+en apoyo de mi tesis, solté el chorro de la ciencia que había adquirido
+tres días antes. El contrario repuso, que mientras los grandes
+historiadores no lo autorizasen, consideraba una <i>estupidez</i> el sostener
+idea tan absurda: yo expuse con sangre fría y sonrisa impertinente, las
+razones que tenía para opinar de esta manera. El partidario de la
+crueldad de D. Pedro, viéndose acorralado, no encontró mejor recurso
+para salir del paso que descargar un tremendo mojicón en la faz
+insolente del campeón de la justicia. Gran alboroto en la colmena:
+replico yo a mi adversario con idénticos argumentos: los redactores se
+reparten en dos bandos, y se entabla una batalla donde menudean los
+puñetazos y coscorrones; ruedan las sillas, caen las mesas, quiébranse
+los vidrios de algunos cuadros, y hasta hubo quien apoderándose de las
+tijeras de recortar sueltos, formó círculo en torno suyo y esparció el
+terror entre los contendientes.</p>
+
+<p>Mas he aquí que en el marco de la puerta aparece la figura severa e
+imponente de la doncella de la casa. Calmáronse las olas; silencio
+sepulcral; todos los rostros vueltos hacia aquella nueva cabeza de
+Medusa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se creen, por lo visto, que no hay nadie en casa más que Vds.? ¿No
+saben ustedes que la señorita está delicada?... ¿Qué escándalo es
+éste?... ¿No saben ustedes que el señor prohibió que se haga ruido?...</p>
+
+<p>Nadie se aventuró a responder a estas tremendas interrogaciones.</p>
+
+<p>La doncella se dignó pasear una mirada arrogante por toda la redacción;
+pero la detuvo llena de horror y de cólera al llegar al hijo de los
+dueños de la casa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!... ¡Mi señorito sangrando por las narices!... ¡Tunantes!...
+¡Granujas!... ¡Fuera de aquí todo el mundo!... ¡Pillería como esta no la
+quiero yo en casa!... ¡Fuera!... ¡Fuera!...</p>
+
+<p>Y en efecto, el ilustrado cuerpo de redacción de <i>La Abeja</i>, herido,
+escarnecido, arrojado ignominiosamente de su santuario por una miserable
+sirviente, bajó las escaleras a toda prisa, se disolvió al llegar a la
+calle, se esparció por Madrid y nunca más volvió a juntarse.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3><a name="LOS_PURITANOS" id="LOS_PURITANOS"></a>LOS PURITANOS</h3>
+
+<hr />
+
+<h4>(NOVELA)</h4>
+
+<p>Era un caballero fino, distinguido, de fisonomía ingenua y simpática. No
+tenía motivo para negarme a recibirle en mi habitación algunos días. El
+dueño de la fonda me lo presentó como un antiguo huésped a quien debía
+muchas atenciones: si me negaba a compartir con él mi cuarto, se vería
+en la precisión de despedirle por tener toda la casa ocupada, lo cual
+sentía extremadamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues si no ha de estar en Madrid más que unos cuantos días, y no tiene
+horas extraordinarias de acostarse y levantarse, no hay inconveniente en
+que V. le ponga una cama en el gabinete.... Pero cuidado... ¡sin
+ejemplar!...</p>
+
+<p>&mdash;Descuide V., señorito, no volveré a molestarle con estas embajadas: Lo
+hago únicamente porque D. Ramón no vaya a parar a otra casa. Crea V. que
+es una buena persona, un santo, y que no le incomodará poco ni mucho.</p>
+
+<p>Y así fue la verdad. En los quince días que D. Ramón estuvo en Madrid no
+tuve razón para arrepentirme de mi condescendencia. Era el fénix de los
+compañeros de cuarto. Si volvía a casa más tarde que yo, entraba y se
+acostaba con tal cautela, que nunca me despertó; si se retiraba más
+temprano, me aguardaba leyendo para que pudiese acostarme sin temor de
+hacer ruido. Por las mañanas nunca se despertaba hasta que me oía toser
+o moverme en la cama. Vivía cerca de Valencia, en una casa de campo, y
+sólo venía a Madrid cuando algún asunto lo exigía: en esta ocasión era
+para gestionar el ascenso de un hijo, registrador de la propiedad. A
+pesar de que este hijo tenía la misma edad que yo, D. Ramón no pasaba de
+los cincuenta años, lo cual hacía presumir, como así era en efecto, que
+se había casado bastante joven.</p>
+
+<p>Y no debía de ser feo, ni mucho menos, en aquella época. Aún ahora con
+su elevada estatura, la barba gris rizosa y bien cortada, los ojos
+animados y brillantes y el cutis sin arrugas, sería aceptado por muchas
+mujeres con preferencia a otros galanes sietemesinos.</p>
+
+<p>Tenía, lo mismo que yo, la manía de cantar o canturriar al tiempo de
+lavarse. Pero observé al cabo de pocos días que, aunque tomaba y soltaba
+con indiferencia distintos trozos de ópera y zarzuela deshaciéndolos y
+pulverizándolos entre resoplidos y gruñidos, el pasaje que con más ardor
+acometía y más a menudo, era uno de <i>Los Puritanos</i>; me parece que
+pertenecía al aria de barítono en el primer acto. Don Ramón no sabía la
+letra sino a medias, pero lo cantaba con el mismo entusiasmo que si la
+supiera. Empezaba siempre:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">Il sogno beato</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De pace e contento</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ti, ro, ri, ra, ri, ro,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Ti, ro, ri, ra, ri, ro.</span><br />
+</p>
+
+<p>Necesitaba seguir tarareando hasta llegar a otros dos versos que decían:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">La dolce memoria</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">De un tenero amore.</span><br />
+</p>
+
+<p>Sobre los cuales se apoyaba sin cesar hasta concluir el <i>allegro</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! D. Ramón, le dije un día desde la cama; parece que le gusta a
+V. <i>Los Puritanos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Muchísimo; es una de las óperas que más me gustan. Daría cualquier
+cosa por conocer un instrumento para poder tocarla toda. ¡Qué dulzura
+hay en ella! ¡Qué inspiración! Estas son óperas y esta es música.
+¡Parece mentira que ustedes se entusiasmen con esa algarabía alemana que
+sólo sirve para hacer dormir!... A mí me gustan con pasión todas las
+óperas de Bellini: <i>El Pirata</i>, <i>Sonámbula</i>, <i>I Capuletti e di
+Montechi</i>; pero sobre todas ellas <i>Los Puritanos</i>... Tengo además
+razones particulares para que me guste más que ninguna otra, añadió
+bajando la voz.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ole, ole, D. Ramón! exclamé incorporándome de un salto y poniéndome
+los calcetines: vengan esas razones.</p>
+
+<p>&mdash;Son tonterías de la juventud... cuestión de amores, contestó
+ruborizándose un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Pues cuente V. esas tonterías. Me muero por ellas: no lo puedo
+remediar, me gustan más esas cosas que la reforma de la ley Hipotecaria
+de que V. me habló ayer.</p>
+
+<p>&mdash;¡Al fin poeta!</p>
+
+<p>&mdash;No soy poeta, D. Ramón; soy crítico.</p>
+
+<p>&mdash;Pues me había dicho el amo que era usted poeta... De todas maneras, se
+lo contaré ya que V. tiene curiosidad... Verá V. como es una tontería
+que no merece la pena... ¡Pero vístase V., criatura, que se está
+helando!</p>
+
+<p class="top5">El año de cincuenta y ocho vine a Madrid con una comisión del
+Ayuntamiento de Valencia para gestionar la rebaja de la cuota de
+consumos. Tenía yo entonces... eso es, veintinueve años; y ya hacía
+siete cumplidos que estaba casado. Es una barbaridad casarse tan joven.
+Aunque no tengo motivo para arrepentirme, no aconsejaré a nadie que lo
+haga. Vine a parar a esta misma casa, esto es, a la misma posada; la
+casa estaba entonces situada en la calle del Barquillo. En aquella
+época, bueno será que le advierta, que me complacía en andar muy
+lechuguino o sietemesino, como ustedes dicen ahora, cosa que tenía
+siempre <i>escamada</i> a mi pobre mujer. ¿Para qué te compones tanto, hombre
+de Dios? ¿Vas de conquista? ¡Quién sabe! contestaba riendo y dejándola
+un poco enojada. No es malo tener a las mujeres un si es no es celosas.</p>
+
+<p>Una tarde, una hermosa tarde de invierno, de las que sólo se ven en este
+Madrid, salí de casa después de almorzar con el objeto de hacer algunas
+visitas y también para espaciarme por esas calles de Dios. Iba caminando
+lentamente por la de las Infantas, meditando sobre el plan de la noche o
+sea el modo de pasarla más divertido, y saboreando un buen cigarro
+habano, cuando de pronto ¡zas! recibo un fuerte golpe en la cabeza que
+me hace vacilar; el flamante sombrero de copa fue rodando por un lado y
+el cigarro por otro. Cuando me recobré del susto, lo primero que vi a
+mis pies fue una enorme muñeca fresca, sonrosada y en camisa.</p>
+
+<p>Esta buena pieza es la que ha causado el destrozo, dije para mis
+adentros, lanzándole una mirada iracunda que la muñeca aparentó no
+comprender. Mas como no era de presumir que ella por su voluntad se
+hubiese arrojado sobre mí de aquel modo brusco e inconveniente, pues
+jamás había hecho daño a ninguna muñeca, creí más probable que de alguna
+casa me la hubieran arrojado. Alcé la cabeza vivamente.</p>
+
+<p>En efecto, el reo estaba de pie en el balcón de un primer piso,
+suspenso, atónito, consternado. Era una niña de trece o catorce años.</p>
+
+<p>Al observar la mirada de espanto y congoja que me dirigía se templó mi
+furor, y en vez de lanzarle un apóstrofe violento, como tenía
+determinado, le mandé una sonrisa galante. Puede ser que en la formación
+de esta sonrisa haya intervenido más o menos directamente la belleza
+nada vulgar del criminal.</p>
+
+<p>Recogí el sombrero, me lo puse, y volví a alzar la cabeza y a remitir
+otra sonrisa, acompañada esta vez de un ligero saludo. Pero mi agresor
+seguía inmóvil y aterrado sin darse cuenta ni poder explicarse las
+amables disposiciones en que su víctima se hallaba. A todo esto la
+muñeca seguía en el suelo inmóvil también, pero sin mostrar en modo
+alguno sorpresa, pesar, terror, ni siquiera vergüenza de su situación
+poco decorosa. Me apresuré a levantarla, cogiéndola, si mal no recuerdo,
+por una pierna, y me informé minuciosamente de si había padecido alguna
+fractura u otra herida grave. No tenía más que leves contusiones. Alcela
+en alto y la mostré a su dueño haciéndole seña de que iba a subir para
+entregársela. Y sin más dilaciones entro en el portal, subo la escalera
+y tomo el cordón de la campanilla... Ya está abierta la puerta. Mi lindo
+agresor asoma su rostro trigueño, gracioso, lleno de vida y frescura, y
+extiende sus manos diminutas, en las cuales deposito respetuosamente a
+la muñeca desmayada. Quise hablar, para dar mayor seguridad de que no
+era nada lo que había pasado, que la muñeca conservaba íntegros sus
+miembros, y yo lo mismo, y que celebraba la ocasión de conocer una niña
+tan hermosa y simpática, etc., etc. Nada de esto fue posible. La chica
+murmuró confusamente un «muchas gracias», y se apresuró a cerrar la
+puerta, dejándome con el discurso en el cuerpo.</p>
+
+<p>Salgo a la calle un poco disgustado, como cualquier otro orador en el
+mismo caso, y sigo mi camino, no sin volver repetidas veces la cabeza
+hacia el balcón. A los treinta o cuarenta pasos observo que está la niña
+asomada, y me paro y la envío una sonrisa y un saludo ceremonioso. Esta
+vez contesta, aunque ligeramente, pero se apresura a retirarse. ¡Cuidado
+que era linda aquella niña! Al llegar al extremo de la calle sentí la
+necesidad imperiosa de verla otra vez, y di la vuelta, no sin percibir
+cierta vergüenza en el fondo del corazón, pues ni mi edad, ni mi estado,
+me autorizaban semejantes informalidades; mucho menos tratándose de tal
+criaturita. Ya no estaba en el balcón.</p>
+
+<p>Pues yo no me voy sin verla, me dije, y pian pianito, comencé a pasear
+la calle sin perder de vista la casa, con la misma frescura que un
+cadete de Estado Mayor. Después de todo, aquí nadie me conoce&mdash;me iba
+repitiendo a cada instante, a fin de comunicarme alientos para seguir
+paseando.&mdash;Además, yo no tengo nada que hacer ahora; y lo mismo da vagar
+por un lado que por otro.</p>
+
+<p>Justamente, al cruzar tercera o cuarta vez por delante del balcón
+apareció en él la gentil chiquita, que al verme hizo un movimiento de
+sorpresa, acompañado de una mueca encantadora, se echó a reír y se
+ocultó de nuevo.</p>
+
+<p>¡Pero, qué necios somos los hombres y qué inocentes cuando se trata de
+estos asuntos! ¿Querrá V. creer que entonces no sospeché siquiera que la
+niña había estado presenciando, sin perder uno sólo, todos mis
+movimientos?</p>
+
+<p>Satisfecho ya el capricho, dejé la calle de las Infantas, y me fui a
+casa de un amigo. Mas al día siguiente, fuese casualidad o
+premeditación, aunque es muy probable lo último, acerté a pasar por el
+mismo sitio a la misma hora. Mi gentil agresor, que estaba de bruces
+sobre la barandilla del balcón, se puso encarnado hasta las orejas así
+que pudo distinguirme, y se retiró antes de que pasase por delante de la
+casa. Como V. puede suponer, esto lejos de hacerme desistir, me animó a
+quedarme petrificado en la esquina de la primer boca-calle, en
+contemplación estática. No pasaron cuatro minutos sin que viese asomar
+una naricita nacarada, que se retiró al momento velozmente, volvió a
+asomarse a los dos minutos y volvió a retirarse, asomose al minuto otra
+vez y se retiró de nuevo. Cuando se cansó de tales maniobras, se asomó
+por entero y me miró fijamente por un buen rato, cual si tratase de
+demostrar que no me tenía miedo alguno. Entonces se generalizó por
+entrambas partes un fuego graneado de miradas, acompañado por lo que a
+mí respecta de una multitud de sonrisas, saludos y otros proyectiles
+mortíferos, que debieron causar notables estragos en el enemigo. Éste a
+la media hora oyó sin duda en la sala el toque de «alto el fuego», y se
+retiró cerrando el balcón. No necesitaré decirle, que por más que me
+sintiese avergonzado de aquella aventura, seguí dando vueltas a la misma
+hora por la calle, y que el tiroteo era cada vez más intenso y animado.
+A los tres o cuatro días me decidí a arrancar una hoja de la cartera y a
+escribir estas palabras: <i>Me gusta V. muchísimo</i>. Envolví dos cuartos en
+la hoja, y aprovechando la ocasión de no pasar nadie, después de hacerle
+seña de que se retirase, la arrojé al balcón. Al día siguiente, cuando
+pasé por allí, vi caer una bolita de papel que me apresuré a recoger y
+desdoblar. Decía así, en una letra inglesa, crecida, hecha con mucho
+cuidado y el papel rayado para no torcer: <i>Tan bien ustez me gusta a mí
+no crea que juego con muñecas era de mi ermanita</i>.</p>
+
+<p>Aunque sonreí al leer el billete amoroso, no dejó de causarme sensación
+dulce y amable, que muy pronto hizo sitio a otra melancólica, al
+recordar que me estaban prohibidas para siempre tales aventuras. Aquel
+día mi chiquita no salió al balcón, sin duda avergonzada de su
+condescendencia; pero al siguiente la hallé dispuesta y aparejada al
+combate de miradas, señas y sonrisas, que ya no escasearon por ambas
+partes. Una hora o más duraba todas las tardes este juego, hasta que se
+oía llamar y se retiraba apresuradamente. La pregunté por señas si salía
+de paseo, y me contestó que sí: y en efecto, un día aguardé en la calle
+hasta las cuatro y la vi salir en compañía de una señora, que debía de
+ser su mamá, y de dos hermanitos. Seguíles al Retiro, aunque a
+respetable distancia, porque me hubiera causado mucha vergüenza el que
+la mamá se enterase: la chiquilla, con menos prudencia, volvía a cada
+instante la cabeza y me dirigía sonrisas, que me tenían en continuo
+sobresalto. Al fin volvimos a casa en paz. A todo esto, yo no sabía cómo
+se llamaba, y a fin de averiguarlo escribí la pregunta en otra hoja de
+la cartera: <i>¿Cómo se llama V.?</i> La chica contestó en la misma letra
+inglesa y crecida, con el papel rayado: <i>Me llamo Teresa no crea ustez
+por Dios que juego con muñecas</i>.</p>
+
+<p>Diez o doce días se transcurrieron de esta suerte. Teresa me parecía
+cada día más linda, y lo era en efecto, porque según he averiguado en
+el curso de mi vida, no hay pintura, raso ni brocado que hermosee tanto
+a la mujer como el amor. La pregunté repetidas veces si podía hablar con
+ella, y siempre me contestó que era de todo punto imposible: si la mamá
+llegaba a saber algo ¡adiós balcón! Empecé a sospechar que me iba
+enamorando y esto me traía inquieto. No podía pensar en aquella niña sin
+sentir profunda melancolía como si personificase mi juventud, mis
+ensueños de oro, todas mis ilusiones, que para siempre estaban separados
+de mí por barrera infranqueable. Al mismo tiempo me acosaban los
+remordimientos. ¡Cuál sería el dolor de mi pobre mujer si llegase a
+averiguar que su marido andaba por la corte enamorando chiquillas! Un
+día recibí carta suya, participándome que tenía a mi hijo menor un poco
+indispuesto, y rogándome que procurase arreglar los negocios y volviese
+pronto a casa. La noticia me produjo el disgusto que V. puede suponer;
+porque siempre he delirado por mis hijos: y como si aquello fuese
+castigo providencial o por lo menos advertencia saludable, después de
+grave y prolongada meditación, en que me eché en cara sin piedad, mi
+conducta infame y ridícula, canté sin rebozo el yo pecador y resolví
+obedecer a mi esposa inmediatamente. Para llevar a cabo este propósito,
+lo primero que se me ocurrió fue no acordarme más de Teresa, ni pasar
+siquiera por su calle, aunque fuese camino obligado: después, abreviar
+cuanto pudiese los asuntos. Según mis cálculos quedaría libre a los
+cinco o seis días.</p>
+
+<p>Ya no seguí, pues, la calle de las Infantas como acostumbraba después de
+almorzar, ni aun para ir a la de Valverde, donde vivían unos amigos. Por
+la noche, después de comer, como no había peligro de ver a Teresa, la
+cruzaba velozmente y sin echar una mirada a la casa.</p>
+
+<p>Pasaron cuatro días; ya no me acordaba de aquella niña, o si me acordaba
+era de un modo vago, como la memoria de los días risueños de la
+juventud. Tenía casi ultimados mis negocios y andaba preocupado con la
+elección del día para marcharme. Será cosa, a más tardar, del viernes o
+el sábado, me dije después de comer, encendiendo un cigarro y echándome
+a la calle. El ministro se había negado a rebajar la cuota del
+Ayuntamiento, lo cual me tenía muy disgustado. Pensando en lo que había
+de decir a mis colegas cuando me viese entre ellos, y en el modo mejor
+de explicarles la causa del fracaso, crucé la plaza del Rey y entré en
+la calle de las Infantas. La noche era espléndida y bastante templada;
+llevaba abierto el gabán y caminaba lentamente gozando con voluptuosidad
+de la temperatura, del cigarro y de la seguridad de ver pronto a mi
+familia. Al pasar por delante de la casa de la niña me detuve y la
+contemplé un instante casi con indiferencia. Y seguí adelante
+murmurando: «¡Qué chiquilla tan mona! ¡Lástima será que se la lleve un
+tunante!» Después me puse a reflexionar en lo fácil que me hubiera sido
+jugar una mala pasada al alcalde y alzarme con el cargo; pero no;
+hubiera sido una felonía. Por más que fuese un poco díscolo y soberbio,
+al fin era amigo: tiempo me quedaba para ser alcalde. Pero cuando más
+embebido andaba en mis pensamientos y planes políticos, y cuando ya
+estaba próximo a doblar la esquina de la calle, he aquí que siento un
+brazo que se apoya en el mío y una voz que me dice:</p>
+
+<p>&mdash;¿Va V. muy lejos?</p>
+
+<p>&mdash;¡Teresa!</p>
+
+<p>Los dos quedamos mudos por algunos instantes; yo contemplándola
+estupefacto; ella con la cabeza baja y sin abandonar mi brazo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero dónde va V. a estas horas?</p>
+
+<p>&mdash;Me voy con V.&mdash;contestó alzando la cabeza y sonriendo como si dijese
+la cosa más natural mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¿A dónde?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué se yo! Donde V. quiera.</p>
+
+<p>A un mismo tiempo sentí escalofríos de placer y de miedo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha huido V. de su casa?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué había de huir!... solamente se la he jugado a Manuel, del modo
+más gracioso!... Verá V. cómo se ríe... Me empeñé hoy en ir a la
+tertulia de unas primas, que viven en la calle de Fuencarral, y papá
+mandó a Manuel que me acompañase. Llegamos hasta el portal y allí le
+dije: márchate, que ya no haces falta; y me hice como que subía la
+escalera, pero en seguida di la vuelta sin llamar y me vine detrás de él
+hasta casa... ¡Cuando le vi entrar me dio una risa, que por poco me oye!</p>
+
+<p>La chiquilla se reía aún, con tanta gana y tan francamente, que me
+obligó a hacer lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y V. por qué ha hecho eso?&mdash;le pregunté con la falta de delicadeza,
+mejor dicho, con la brutalidad de que solemos estar tan bien provistos
+los caballeros.</p>
+
+<p>&mdash;Por nada&mdash;repuso desprendiéndose de mi brazo repentinamente y echando
+a correr.</p>
+
+<p>La seguí y la alcancé pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué polvorilla es V.!&mdash;le dije echándolo a broma&mdash;¡Vaya un modo de
+despedirse!... Perdón si la he ofendido...</p>
+
+<p>La niña, sin decir nada, volvió a tomar mi brazo. Caminamos un buen
+pedazo en silencio. Yo iba pensando ansiosamente en lo que iba a decir y
+en lo que iba a hacer, sobre todo en lo que iba a hacer. Al fin, Teresa
+lo rompió, preguntándome resueltamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿No me dijo V. por carta que me quería?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues ya lo creo que la quiero a V.!</p>
+
+<p>&mdash;¿Entonces, por qué ha dejado de venir a verme y de pasar por la calle
+de día?</p>
+
+<p>&mdash;Porque temía que su mamá...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, porque los hombres son todos muy ingratos y cuanto más se les
+quiere es peor... ¿Piensa V. que yo no lo sé?... Me ha tenido V. al
+balcón todas estas tardes esperándole; ¡pero que si quieres!... Por la
+noche detrás de los cristales, le veía pasar, muy serio, muy serio, sin
+mirar siquiera hacia mi casa... Yo decía, ¿estará enfadado conmigo? ¿Por
+qué se habrá enfadado? ¿Será porque he cerrado el balcón a las tres
+menos cuarto? En fin, todo me volvía cavilar, cavilar, sin sacar nada en
+limpio... Entonces dije: voy a darle un susto esta noche...</p>
+
+<p>&mdash;Ha sido un susto muy agradable.</p>
+
+<p>&mdash;Si no llega V. a pararse delante de mi casa y a quedarse mirando a los
+balcones, no salgo del portal... pero aquello me decidió.</p>
+
+<p>Momento de pausa, en el cual me acudió a la mente un tropel de
+pensamientos que todavía me avergüenzan. Teresa volvió a mirarme
+fijamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está V. contento?</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya!</p>
+
+<p>&mdash;¿Va V. a gusto conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;Mejor que con nadie en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¿No le estorbo?</p>
+
+<p>&mdash;Al contrario, siento un placer como usted no puede figurarse.</p>
+
+<p>&mdash;¿No tiene V. nada que hacer ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Absolutamente nada.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces vamos a pasear: cuando llegue la hora, V. me lleva a casa y
+mamá se figura que me trajo el criado de las primas... Pero si le
+estorbo o no le gusta pasear conmigo, dígamelo V... me voy en seguida...</p>
+
+<p>Yo le contesté apretándole el brazo y tirándole suavemente por la mano
+para encajárselo bien en el mío. Teresa continuó hablando con graciosa
+volubilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Parece mentira que seamos tan amigos ¿no es verdad? Yo pensé cuando le
+dejé caer la muñeca encima que le había matado... ¡Qué miedo tuve! ¡Si
+V. viera!... Vamos a ver ¿por qué en lugar de enfadarse se sonrió V.
+conmigo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma! porque me gustó V. mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Eso pensaba yo: debí de haberle sido simpática, porque sinó la verdad
+es que tenía motivo para ponerse furioso. Todavía cuando V. subió a
+llevármela estaba muerta de miedo y por eso cerré tan pronto la
+puerta... ¡Dichosa muñeca! Me dio tal rabia que la tiré contra el suelo
+y la partí un brazo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no debe V. tratarla mal; al contrario, debe V. conservarla como
+un recuerdo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabe V. que tiene razón? Si no hubiera sido por la muñeca no nos
+hubiéramos conocido... ni sería V. mi novio;... porque tengo otro...</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo otro?</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, ya no lo tengo: lo tenía... Es un primo que está empeñado en
+que le he de querer a la fuerza... No vaya V. a creer que es feo... al
+contrario, es guapo... pero a mí no me gusta... No lo puedo remediar. Le
+dije que sí, porque me dio lástima un día que se echó a llorar.</p>
+
+<p>Mientras conversábamos de esta suerte, íbamos caminando sosegadamente
+por las calles. Para evitar el encuentro con cualquier pariente o
+conocido de la niña, procuré seguir las menos principales. Teresa iba
+cogida a mi brazo como al de un antiguo amigo, hablando sin cesar,
+riendo, sacudiéndome a veces fuertemente y deteniéndose a lo mejor
+delante de un escaparate, para hacerme mirar cualquier chuchería. Su
+charla era un gorjeo dulce, insinuante, que me conmovía y refrescaba el
+corazón; a impulso de ella se fue disipando poco a poco el tropel de
+pensamientos pérfidos que vagaba por mi cabeza. Sin saber de qué modo,
+también desaparecieron todos mis temores; me figuraba que aquella niña
+tenía algún parentesco conmigo, y no hallaba extraordinaria y peligrosa
+nuestra situación como al principio. Su inocencia era un velo espeso,
+que nos impedía ver el riesgo que corríamos.</p>
+
+<p>En poco tiempo me contó una infinidad de cosas. Era de Jerez; no hacía
+más que un año que estaban en Madrid establecidos; su papá ocupaba un
+alto empleo; tenía dos hermanitos y una hermanita. Acerca del carácter
+y costumbres de cada uno de ellos se extendió considerablemente; la
+hermanita era muy buena niña, amable y obediente; pero los chicos
+insufribles; todo el día gritando, ensuciando la casa y peleándose. Su
+mamá le había dado jurisdicción sobre ellos hasta para castigarles, pero
+no quería usar de ella porque tenía miedo de que le perdiesen el cariño:
+que la mamá se arreglara como pudiese. Después habló del papá, que era
+muy serio, pero muy bueno; lo único que la tenía apesadumbrada era que
+parecía querer más a los chicos que a ellas. La mamá, en cambio,
+mostraba predilección por las niñas. Habló después de las primas de la
+calle de Fuencarral; una era muy bonita, la otra graciosa solamente: las
+dos tenían novio, pero no valían cuatro cuartos: chiquillos que todavía
+estudiaban en el Instituto. Tenían, además, un hermano, que era el primo
+que había sido su novio; éste ya era bachiller y se estaba preparando
+para entrar en el colegio de Artillería. De vez en cuando, en los cortos
+intervalos de silencio levantaba graciosamente la cabeza,
+preguntándome:</p>
+
+<p>&mdash;¿Va V. a gusto conmigo? ¿Le estorbo?</p>
+
+<p>Y cuando me oía protestar vivamente contra semejante duda, su rostro
+expresivo se iluminaba de alegría y continuaba hablando.</p>
+
+<p>Habíamos recorrido algunas calles. Ya puede V. imaginarse que yo iba
+gozando como los ángeles en el paraíso, y pendiente de los labios de
+aquella niña, que al referirme todas las nonadas infantiles de su vida,
+parecía infundir en mi alma encantada la ciencia de la dicha. Sin
+embargo, no podía desechar cierta vaga inquietud que turbaba mi alegría.
+Buscando manera de pasar las horas de que disponíamos más dignamente que
+vagando por las calles, tropezamos al bajar la cuesta de Santo Domingo
+con el Teatro Real. Al instante se me ocurrió la idea de entrar: Teresa
+la aceptó inmediatamente, y a fin de que no reparasen en nosotros,
+tomamos entradas de paraíso. Se cantaba <i>Los Puritanos</i>, y aquél
+rebosaba de gente; de suerte que nos costó algún trabajo introducirnos
+y escalar uno de los rincones; pero al cabo llegamos. Teresa se encontró
+admirablemente y me pagaba los trabajos que había pasado para llevarla
+hasta allí con mil sonrisas y palabras amables. Mientras subían el telón
+seguimos charlando, aunque muy bajito: se había establecido entre
+nosotros una gran intimidad, y me abandonó una de sus manos que yo
+acariciaba embelesado. Cuando empezó la ópera dejó de charlar y se puso
+a atender tan decididamente, que a mí me hizo sonreír el verla con la
+cabecita apoyada en la pared y los ojos estáticos. Sabía música, pero
+había ido al teatro pocas veces; así que las melodías inspiradas de la
+ópera de Bellini le causaban profunda impresión, que se traducía por un
+leve temblor de las pupilas y los labios. Cuando llegó el sublime canto
+del tenor que empieza <i>A te, oh cara</i>, me apretó con fuerza la mano
+exclamando por lo bajo:&mdash;¡Oh qué hermoso! ¡oh qué hermoso! Después me
+hizo explicarle lo que pasaba en la escena: halló el matrimonio del
+tenor y la tiple muy proporcionado, pero compadecía de veras al
+barítono, a quien birlaban la novia; quedó sumamente disgustada cuando
+al fin del acto el tenor se ve en la precisión de acompañar a la reina y
+dejar abandonada a su futura, y declaró resueltamente que esta era una
+conducta indigna.</p>
+
+<p>&mdash;Pero advierta V. que estaba obligado a hacerlo porque era su reina
+quien se lo pedía.</p>
+
+<p>&mdash;No importa, no importa; si la quisiera bien no hay reina que valga. Lo
+primero siempre es la novia.</p>
+
+<p>No me fue posible arrancarle tan extraña teoría de la cabeza. Después
+que bajó el telón permanecimos en el mismo sitio y me obligó a contarle
+mi vida y milagros, cuántas novias había tenido, a quién había querido
+más, etc., etc. Ya comprenderá usted que necesité ensartar un sin fin de
+patrañas. Después, sin motivo alguno serio, manifestó rotundamente que
+todos los hombres eran ingratos. Yo me atreví a apuntar que había
+excepciones, pero no fue posible hacérselo reconocer.&mdash;Usted será lo
+mismo que todos (anunció en tono profético y mirando a un punto del
+espacio); me querrá V. un poco de tiempo, y después... si te vi, no me
+acuerdo.</p>
+
+<p>¡Qué rato tan delicioso y tan infernal a la vez, me estaba haciendo
+pasar aquella niña! Para llevar la conversación a otro punto, le
+pregunté:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuántos años tiene V.? Hasta ahora no me lo ha dicho.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo... tengo... mire V., yo siempre digo que tengo catorce, pero la
+verdad es que no tengo más que trece y dos meses... ¿y V.?</p>
+
+<p>&mdash;¡Una atrocidad! No me lo pregunte usted, que me da vergüenza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah qué presumido! ¡Si yo le he de querer lo mismo que tenga muchos
+que pocos!</p>
+
+<p>En seguida me propuso que nos tratásemos de tú, pero después de aceptado
+se volvió atrás ofreciéndome que yo la tratase de tú y ella siguiese con
+el V. No quise conformarme.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mire V., yo no puedo hablarle de tú; me da mucha vergüenza...
+Pero, en fin, vamos a ensayar.</p>
+
+<p>Del ensayo resultó que para evitar el pronombre daba la pobrecilla
+infinidad de rodeos y se metía en una serie interminable de perífrasis:
+si se aventuraba a dirigirme un tú, lo hacía bajando la voz y pasando
+como sobre ascuas.</p>
+
+<p>Cuando empezó el segundo acto, volvió a escuchar atentamente. Mis ojos
+no se apartaban casi nunca de su rostro: ella entornaba a menudo los
+suyos para dirigirme una sonrisa apretando al mismo tiempo mi mano.
+Observé, no obstante, que se había amortiguado un poco la viva expresión
+de su fisonomía y que iba perdiendo aquella graciosa volubilidad del
+principio. Las sonrisas de sus labios se fueron haciendo tristes, y por
+la cándida frente pasó una ráfaga de inquietud que comunicó a su lindo
+rostro infantil cierta grave expresión que no tenía. Parecía que en
+virtud de un misterioso movimiento de su espíritu, la niña se
+transformaba en mujer en pocos instantes. Dejó de apretar mi mano y
+hasta retiró la suya: volví a cogerla disimuladamente, pero al poco
+tiempo la retiró de nuevo.</p>
+
+<p>El segundo acto había terminado. Al bajarse el telón me hizo mirar el
+reloj, y viendo las once, dijo que era necesario partir en seguida,
+porque a las once y media, a más tardar, iba el criado a buscarla.</p>
+
+<p>Salimos del teatro. La noche seguía tibia y estrellada: a la puerta
+aguardaba una larga fila de coches, que nos fue preciso evitar. Ya no
+había en las calles el movimiento de las primeras horas, pero con todo,
+seguimos las más solitarias. Teresa no quiso aceptar mi brazo como
+antes. Entonces me tocó llevar la voz cantante, y la dije al oído mil
+requiebros y ternezas, explicándola por menudo el amor que me había
+inspirado y lo que había sufrido en los días en que no pasé por su
+calle: recordele todos los pormenores, hasta los más insignificantes, de
+nuestro conocimiento visual y epistolar, y le di cuenta de los vestidos
+que le había visto y de los adornos, a fin de que comprendiese la
+profunda impresión que me había causado. Nada replicaba a mi discurso;
+seguía caminando cabizbaja y preocupada, formando su actitud notable
+contraste con la que tenía tres horas antes al pasar por los mismos
+sitios. Cuando me detuve un instante a respirar, exclamó sin mirarme:</p>
+
+<p>&mdash;Hice una cosa muy mala, muy mala. ¡Dios mío, si lo supiese papá!</p>
+
+<p>Traté de probarle que su papá no podía enterarse de nada, porque
+llegaríamos demasiado temprano.</p>
+
+<p>&mdash;De todas maneras, aunque papá no se entere, hice una cosa muy mala.
+Usted bien lo sabe, pero no quiere decirlo. ¿No es verdad que una niña
+bien educada no haría lo que yo hice esta noche?... ¡Si lo supiesen mis
+primas, que están deseando siempre cogerme en alguna falta!... Pero no
+piense V..., por Dios, que lo he hecho con mala intención... Yo soy muy
+aturdida... todo el mundo lo dice... pero también dicen que tengo buen
+fondo.</p>
+
+<p>Al proferir estas palabras se le había ido anudando la voz en la
+garganta, hasta que se echó a llorar perdidamente. Me costó mucho
+trabajo calmarla, pero al fin lo conseguí elogiando su carácter franco y
+sencillo y su buen corazón, y prometiendo quererla y respetarla siempre.
+Me hizo jurar una docena de veces que no pensaba nada malo de ella.
+Después de secarse las lágrimas recobró su alegría y comenzó a charlar
+por los codos. Me expuso en pocos instantes una infinidad de proyectos a
+cual más absurdo: según ella, debía presentarme al día siguiente en
+casa, y pedirle al papá su mano: el papá diría que era muy niña, pero yo
+debía replicarle inmediatamente que no importaba nada: el papá
+insistiría en que era demasiado pronto, pero yo le presentaría el
+ejemplo de una tía, hermana de su mamá, que estaba jugando a las muñecas
+cuando la avisaron para ir a casarse. ¿Qué había de oponer a este
+poderoso argumento? Nada seguramente. Nos casaríamos, y acto continuo
+nos iríamos a Jerez, para que conociese a sus amigas y a sus tíos. ¡Qué
+susto llevarían todos al verla del brazo de un caballero, y mucho más,
+cuando supieran que este caballero era su marido!</p>
+
+<p>Estaba tan linda, tan graciosa, que no pude menos de pedirle con
+vehemencia que me permitiese darla un beso. No fue posible. Ningún
+hombre la había besado hasta entonces; solamente su primo la había dado
+un beso a traición, pero le costó caro, porque le dejó caer dos vasos de
+limón sobre la cabeza: hasta en los juegos de prendas hacía que pusieran
+las manos delante, para que no le tocasen la cara con los labios. Pero
+cuando estuviésemos casados, ya sería otra cosa; entonces todos los
+besos que se me antojaran, aunque sospechaba que no se los pediría con
+tanto ardor como ahora.</p>
+
+<p>Estábamos próximos ya a su casa. Los carruajes de la gente que volvía de
+las tertulias, al cruzar a nuestro lado, apagaban la voz de Teresa y la
+obligaban a esforzarla un poco. Las estrellas desde el cielo nos hacían
+guiños, como si nos invitasen a gozar apresuradamente de aquellos
+momentos felices, que no habían de volver. A lo lejos sólo se veían,
+como fuegos fatuos, los faroles de los serenos.</p>
+
+<p>Llegamos por fin a casa. Delante de la puerta, Teresa volvió a hacerme
+jurar que no pensaba nada malo de ella, y que al día siguiente a las dos
+en punto de la tarde, me presentaría debajo de sus balcones.</p>
+
+<p>&mdash;Cuidado que no faltes.</p>
+
+<p>&mdash;No faltaré, preciosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿A las dos en punto?</p>
+
+<p>&mdash;A las dos en punto.</p>
+
+<p>&mdash;Llama ahora con un golpe a la puerta.</p>
+
+<p>Cogí la aldaba y di un golpe fuerte. Al poco rato se oyeron los pasos
+del portero.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora&mdash;dijo en voz bajita y temblorosa&mdash;dame un beso y escápate de
+prisa.</p>
+
+<p>Al mismo tiempo me presentaba su cándida y rosada mejilla. Yo la tomé
+entre las manos y la aplique un beso... dos... tres... cuatro... todos
+los que pude hasta que oí rechinar la llave. Y me alejé a paso largo.</p>
+
+<p class="top5">Dejó de hablar D. Ramón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y después, qué sucedió?&mdash;le pregunté con vivo interés.</p>
+
+<p>&mdash;Nada, que aquella noche no pude dormir de remordimientos y al día
+siguiente tomé el tren para mi pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Sin ver a Teresa?</p>
+
+<p>&mdash;Sin ver a Teresa.</p>
+
+<p>&nbsp;</p>
+<hr class="pg" />
+
+<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AGUAS FUERTES***</p>
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+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://www.gutenberg.org/about/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Each eBook is in a subdirectory of the same number as the eBook's
+eBook number, often in several formats including plain vanilla ASCII,
+compressed (zipped), HTML and others.
+
+Corrected EDITIONS of our eBooks replace the old file and take over
+the old filename and etext number. The replaced older file is renamed.
+VERSIONS based on separate sources are treated as new eBooks receiving
+new filenames and etext numbers.
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+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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+are filed in directories based on their release date. If you want to
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+filed in a different way. The year of a release date is no longer part
+of the directory path. The path is based on the etext number (which is
+identical to the filename). The path to the file is made up of single
+digits corresponding to all but the last digit in the filename. For
+example an eBook of filename 10234 would be found at:
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+http://www.gutenberg.org/dirs/1/0/2/3/10234
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