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+The Project Gutenberg EBook of La rana viajera, by Julio Camba
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La rana viajera
+
+Author: Julio Camba
+
+Release Date: October 17, 2009 [EBook #30275]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA ***
+
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online
+Distributed Proofreading Team at (http://dp.rastko.net).
+
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+
+JULIO CAMBA
+
+LA RANA VIAJERA
+
+CALPE MADRID-BARCELONA
+
+1920
+
+Papel fabricado especialmente por LA PAPELERA ESPAÑOLA
+
+Sociedad Española de Artes Gráficas.--Fuencarral, 137, Madrid
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+_Mi nombre de charca_
+
+ESPAÑA REENCONTRADA
+
+I Psicología crematística
+
+II El templo de la Eternidad
+
+III Se enciende una estrella
+
+IV Una nueva teoría del clima
+
+V El tiempo y el espacio
+
+VI La mujer, país exótico
+
+VII Las casas
+
+VIII Patriotismo de género ínfimo
+
+IX La huelga de cuernos caídos
+
+X Experiencias de un atropellado
+
+XI La juerga heroica
+
+XII Julio Antonio
+
+XIII La piedra filosofal
+
+XIV La peseta
+
+XV Escultura Kodak
+
+XVI Un admirador
+
+XVII Literatura patológica
+
+XVIII Una tempestad en una taza de te
+
+XIX La taza de te
+
+
+EN LA TIERRA DE LOS POLÍTICOS
+
+I El viaje
+
+II Los políticos
+
+III La gracia gallega
+
+IV La raza
+
+V El idioma
+
+VI El acento
+
+VII Antoniño
+
+VIII Un amigo de míster Borrow
+
+IX El arado virgiliano
+
+X Propiedad, abogadismo, política
+
+XI El celta migratorio
+
+XII Grandes hombres
+
+XIII ¿Quién soy yo?
+
+XIV El camino de Santiago
+
+XV El botafumeiro
+
+XVI Cabezas de cerdo
+
+XVII La vieira
+
+XVIII Opiniones políticas y literarias de la Rosario
+
+
+EN EL PAÍS DE LA RULETA
+
+I Los temas literarios
+
+II El treinta y cuarenta
+
+III Los bolsillos y el espíritu de propiedad
+
+IV Un nuevo sistema planetario
+
+V Rousseau y Anatole France
+
+VI El jugador objetivo
+
+
+EN EL RINCÓN DE LOS MILLONARIOS
+
+I El hierro
+
+II La reivindicación de los millonarios
+
+III El hombre que se vendió brea a sí mismo
+
+IV El vascuence
+
+
+UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA
+
+I La guerra sobre el papel
+
+II El pueblo de los gases lacrimantes
+
+III Si los alemanes hubiesen ganado
+
+IV El libro futuro
+
+
+LOS MÉDICOS
+
+I En defensa del resfriado
+
+II El virtuosismo de la cirugía
+
+III La viruela obligatoria
+
+IV Croydon y Madrid
+
+V Microbios a sueldo
+
+VI Juventud, divino tesoro
+
+
+ENTRE CABALLEROS
+
+I Los desafíos y el médico
+
+II Los desafíos y la técnica
+
+III Los desafíos y el honor
+
+LA POLÍTICA
+
+I Cerebros artificiales para uso de diputados
+
+II La industria electoral
+
+III Una carta
+
+IV El autor necesita un distrito
+
+V España, emporio del parlamentarismo
+
+VI Los ministros nuevos
+
+VII Un artículo ministerial
+
+VIII El engaño de las crisis
+
+IX Acción política de los mariscos
+
+X Arrasamientos
+
+XI El Congreso, a cuarenta grados
+
+XII Optimismo
+
+
+LA ANTIPOLÍTICA
+
+I El nuevo decorado del mundo
+
+II Los proletarios de levita
+
+III El sindicalismo como base de una nueva antropología
+
+IV El bolchevismo, enfermedad infecciosa
+
+V La magia del dinero
+
+VI El delito de ser ruso
+
+VII Los rusos políticos
+
+VIII La tiranía del trabajo
+
+IX Una policía filosófica
+
+X Asesinos manuales y asesinos intelectuales
+
+XI Ferrer
+
+
+
+
+MI NOMBRE DE CHARCA...
+
+
+_Hará siete u ocho años. El director de un periódico donde yo trabajaba
+me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París. Mis
+artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras
+capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el
+carácter nacional, pero el único sujeto de experimentación que había en
+ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras
+como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede
+verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo
+que parecen críticas o comentarios no son más que reacciones contra el
+ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a Londres, y a Berlín, y
+a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y
+si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la
+civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el
+resultado: una serie constante de movimientos absurdos y de actitudes
+grotescas._
+
+_Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana_ torna a la
+charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma
+rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar
+menos ingenua y algo más instruida--que no en balde se ha pasado tanto
+tiempo en los laboratorios--, muy tiesa sobre sus zancas y hasta
+provista de gafas. ¿Qué efecto le producirán las otras ranas a esta rana
+que está transformada de tal modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana
+viajera, después de una ausencia de tantos años?
+
+Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia
+para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente
+porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de
+todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto
+de referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países.
+
+Y no sólo resultará que España no puede ser un modelo para las otras
+gentes, sino que no sirve apenas para los mismos españoles. La rana
+encontrará su charca muy poco confortable.
+
+
+
+
+ESPAÑA REENCONTRADA
+
+
+
+
+I
+
+PSICOLOGÍA CREMATÍSTICA
+
+
+La primera impresión que nos produce España es un poco confusa. Al
+principio no reconocemos exactamente a nuestro país, no lo encontramos
+del todo igual al recuerdo que teníamos de él. ¿Es que España ha
+cambiado? Es, más bien, que la miramos desde otro punto de vista y con
+unos ojos algo distintos a como la mirábamos antes. Los españoles, por
+ejemplo, ¿qué duda cabe de que no han disminuido de estatura? Sin
+embargo, ahora nos parecen pequeñísimos. Hombres muy pequeños, bigotes
+muy anchos, voces muy roncas...
+
+--¿Por qué están tan enfadados estos hombres tan pequeños?--me pregunta
+un extranjero que ha sido compañero mío de viaje.
+
+Yo le explico a duras penas que no se trata de un enfado momentáneo,
+sino de una actitud general ante la vida. Mi compañero se esfuerza en
+comprender.
+
+--¡Ah, vamos!--exclama, por último--. Es que los españoles no tienen
+dinero...
+
+Y, aunque esta explicación de la psicología nacional me resulta
+excesivamente americana, yo, obligado a hacer una síntesis, la acepto
+sin grandes escrúpulos.
+
+--Sí. Es eso, principalmente...
+
+--De modo que si nosotros metiésemos aquí algunos millones de dólares,
+¿cree usted que sus compatriotas se calmarían?
+
+--Yo creo que sí. Creo que estas voces ásperas se irían suavizando poco
+a poco y que las mesas de los cafés no recibirían tantos puñetazos.
+Creo, en fin, que cambiarían ustedes el alma española. Siempre,
+naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos
+particulares...
+
+Hay muy poco dinero en España. Poco y malo. El primer tendero a quien le
+doy un duro lo coge y lo arroja diferentes veces sobre el mostrador con
+una violencia terrible. Yo hago votos para que, si no es de plata, sea,
+por lo menos, de un metal muy sólido, porque, si no, el tendero me lo
+romperá. La prueba resulta bien; pero al tendero no le basta. Con un ojo
+escudriñador y terrible que parece salirse de su órbita examina
+detenidamente las dos caras del duro. Luego vuelve a sacudirlo y, por
+último, lo muerde. Lo muerde con tal furia que debe de mellarlo. Y el
+duro triunfa.
+
+España es el país del mundo en donde un duro tiene más importancia.
+Claro que el gesto de coger un duro y echarlo a rodar despectivamente
+sobre la mesa para que el camarero lo recoja es un gesto muy español;
+pero ese gesto no le quita prestigio al duro, sino que se lo añade.
+
+--He aquí un duro--parece decir el hombre que va a echarlo a rodar--.
+¿Conciben ustedes nada más grande que un duro? Si yo no tuviera un alma
+heroica y caballeresca, ante la cual carecen de poder las sugestiones de
+la fortuna, yo depositaría este duro sobre la mesa tomando para ello
+precauciones infinitas a fin de que no se rompiese, o bien se lo
+entregaría al camarero en propia mano, religiosamente, como si se
+tratara de un rito. Pero yo desprecio los bienes terrenales, y no me
+preocupo del porvenir. ¿Ven ustedes este duro? Pues ahí va...
+
+Y hecho esto, el hombre aguarda la vuelta, cuenta las perras gordas una
+por una y se las guarda en un bolsillo profundo...
+
+Poco dinero y malo. Hombres furiosos. Señoras gruesas, siempre
+sofocadas, o por el calor o por los berrinches, que se abanican
+constantemente. Muchos curas. Muchos militares... Grandes partidas de
+dominó y de billar. Cuestiones de honor. Toros. Juergas. Broncas. Nubes
+de limpiabotas, de vendedoras de décimos de la Lotería, de gitanas que
+dicen la buenaventura, de músicos ambulantes, de ciegos, de cojos, de
+paralíticos... Indudablemente, España no ha cambiado. Y es posible que
+nosotros mismos no hayamos cambiado tampoco.
+
+
+
+
+II
+
+EL TEMPLO DE LA ETERNIDAD
+
+
+Henos aquí en Madrid, en nuestra casa, como quien dice... Bernard Shaw,
+para demostrar que en los _music-halls_ no se ha operado evolución
+alguna, cuenta que una noche estaba en uno de ellos viendo a un
+prestidigitador que hacía ejercicios con unas bolitas. Aburrido, Bernard
+Shaw se fue a la calle, y diez años después volvió a entrar en el mismo
+_music-hall_.
+
+--El prestidigitador--añade Bernard Shaw--continuaba todavía allí
+jugando ante la audiencia con las mismas bolas...
+
+A mi vez, yo diré que una noche me despedí de unos amigos con los que
+había estado cenando en un café de la Puerta del Sol. Creo que les dije
+que iba a volver en seguida, y volví siete años más tarde; pero ¿qué son
+siete años en un café de Madrid? Los amigos estaban todavía allí, y la
+discusión continuaba. Las ideas eran las mismas, y la media tostada que
+Fulánez mojaba en el café, dijérase también la misma media tostada que
+siete años atrás y en mi propia presencia le había servido el camarero.
+Uno de los amigos pretende leerme un drama. El amigo está igual, y del
+drama no ha sido cambiada ni una sola coma.
+
+--Va a estrenarse dentro de quince días--me dice mi amigo.
+
+¡Lo mismo, exactamente lo mismo que hace siete años!
+
+El camarero me llama por mi nombre:
+
+--¡Hola, D. Julio! ¿Qué va usted a tomar?
+
+Elijo una paella, como plato castizo, y del que me encontré privado
+durante mucho tiempo.
+
+--Esta paella--observa alguien que la conoce--es la misma de ayer.
+
+A mí me parece que es la misma de hace siete años, con los mismos
+cangrejos y todo.
+
+--Y ¿qué?--les digo a mis amigos--. Habladme. Dadme noticias. Los
+académicos, ¿son inmortales todavía? Pío Baroja, ¿sigue siendo un joven
+escritor? Fulanito, ¿continúa con aquel hermoso porvenir ante él? Y la
+Fulana y la Zutana y la Mengana, ¿es que son todavía unas jóvenes y
+hermosas actrices? Habladme de política. La revolución supongo que,
+igual que hace siete años, será una cosa inminente. España no tardará ni
+seis meses en transformarse, dándole así la razón a los que, desde hace
+medio siglo, vienen anunciando esta transformación tan rápida...
+
+Todo está igual, y yo, que creía haberme modificado, yo me encuentro
+también el mismo de antes. A medida que apuro este vaso de café recobro,
+como si dijéramos, mi verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yo
+creía injertas en mí noto que se desvanecen y que se van. Yo soy como
+aquel salvaje de Darwin que se había civilizado y que, al regresar a su
+tribu, se volvió nuevamente salvaje, perdiendo en unas horas de contacto
+con los suyos lo que había adquirido en diez años de esfuerzo. Y es que
+este café de la Puerta del Sol representa la eternidad. París, Londres,
+Berlín..., el espíritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso es
+transitorio, todo cambia y se transforma, mientras que este café
+permanece inmutable, con los mismos divanes, con los mismos camareros,
+con los mismos clientes, con el mismo _menu_, con las mismas ideas, con
+el mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos.
+
+
+
+
+III
+
+SE ENCIENDE UNA ESTRELLA
+
+
+Mi llegada a Madrid tuvo algo de bíblica. Coincidiendo con ella,
+apareció en el cielo una estrella resplandeciente. ¡Una nueva estrella y
+un nuevo microbio! ¡Para que luego digamos que en Madrid no se descubre
+nada!
+
+La estrella en cuestión fue encontrada por el señor Roso de Luna, quien
+ya había encontrado otra algunos años atrás y nos la había presentado
+familiarmente, como hubiera podido presentarnos una estrella de
+_variétés_: «La modesta estrella que he tenido el honor de descubrir...»
+
+¿Cómo se las arreglará el Sr. Roso de Luna para encontrar tantas
+estrellas? Yo he hecho numerosos viajes y jamás me he tropezado con
+ninguna. Bien es verdad que tampoco las he buscado, ignorando la
+utilidad que pudieran reportarme.
+
+El Sr. Roso de Luna encontró su estrella a las dos o las tres de la
+madrugada, y se fue corriendo a la redacción de un periódico para que
+los lectores de la primera edición tuvieran noticia del hallazgo. No sé
+cuánto le habrá dado por la estrella el popular colega. Yo, en el caso
+del Sr. Roso de Luna, me habría ido con ella a Nueva York y se la habría
+ofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos periódicos. Mr.
+Hearst, que es un especialista en patriotismo, podría así añadirle una
+estrella a la bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar el
+nuevo astro para hacer anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba,
+entonces hubiese llevado mi estrella a la Embajada alemana de Madrid.
+Esos alemanes lo utilizan todo y pagan espléndidamente.
+
+Yo me he sentido muy halagado al ver que a mi llegada se encendía una
+nueva estrella en el cielo de Madrid. Desgraciadamente, la nueva
+estrella resultó algo semejante al nuevo microbio, que todos creíamos
+español y que resultó proceder del centro de Europa. No acabamos de
+descubrir nada por completo, ni en la región de lo infinitamente
+pequeño, ni en la de lo infinitamente grande. Nuestros nuevos astros y
+nuestros nuevos microbios son, poco más o menos, tan viejos como
+nuestros nuevos políticos.
+
+
+
+
+IV
+
+UNA NUEVA TEORÍA DEL CLIMA
+
+
+¿Qué tal le va a usted--me preguntan desde el extranjero--en ese hermoso
+país del sol y del cielo azul?
+
+Pues en este hermoso país del sol y del cielo azul nos pasamos la vida
+tomando bromo-quinina para luchar contra el constipado. Madrid es uno de
+los pueblos más fríos de Europa, y lo es por una razón muy sencilla: la
+de que carece de aparatos de calefacción. En París, como en Berlín, y en
+Londres como San Petersburgo, ha habido una época en que el clima era
+sumamente frío; pero, poco a poco, ha ido transformándose
+artificialmente el clima natural de esas ciudades. Claro que no se ha
+calentado la atmósfera; ello ofrecía, de momento, dificultades
+insuperables aun para la misma química alemana. Se han calentado, en
+cambio, las viviendas, los establecimientos públicos, los tranvías y
+coches, etc., etc. Hoy puede afirmarse que, mientras los madrileños
+tiritan, los berlineses y los londinenses pasan sus inviernos a una
+temperatura media de 17 grados. En la Friedrichstrasse y en Oxford
+Street hará ahora, seguramente, más frío que en la calle de Alcalá;
+pero no así en las casas de Oxford Street ni de la Friedrichstrasse. Y
+como no es en la calle, sino en las casas, donde realmente se vive,
+resulta que los madrileños son habitantes de un país frío, mientras que
+los londinenses y los berlineses lo son de países cálidos.
+
+Con estos datos como base, se podría fundar una teoría en contra de
+aquella que estudia la influencia del medio natural sobre los hombres:
+la teoría del medio artificial. Esta nueva teoría demostraría que el
+carácter de cada país depende de sus aparatos de calefacción, y
+semejante demostración tendría una gran importancia porque nos llevaría
+a la conclusión siguiente: para acabar con las diferencias raciales que
+separan a unos pueblos de otros, y que tanto han contribuido al origen
+de la guerra europea, bastará que todo el mundo se caliente con el mismo
+procedimiento de calefacción y que ponga sus casas a una idéntica
+temperatura...
+
+No tengo representación bastante para fundar la teoría que queda
+esbozada, ni dispongo tampoco del tiempo necesario para ocuparme en un
+asunto tan trascendental y tan poco lucrativo; pero que no me digan a mí
+que España, por razón de su clima, será siempre lo que es ahora. Que no
+me digan que en este país del sol y del cielo azul los hombres tendrán,
+por los siglos de los siglos, una naturaleza perezosa, violenta e
+incapaz de disciplina. Que no me digan, en fin, que el teatro de Ibsen
+no será comprendido nunca aquí porque es el teatro de un país brumoso, y
+que las leyes inglesas son tan inadaptables al carácter español como lo
+son los impermeables ingleses al clima de España.
+
+Porque España no es un país cálido nada más que durante unos cuantos
+meses al año, y porque, desde que se han inventado los ventiladores
+eléctricos y la calefacción central, no hay países cálidos ni países
+fríos. El clima no existe ya como una determinante del carácter de los
+hombres. Son, al contrario, los hombres quienes influyen sobre el clima.
+Reconozcamos que, afortunadamente, Madrid comienza ya a preocuparse de
+mejorar el suyo.
+
+
+
+
+V
+
+EL TIEMPO Y EL ESPACIO
+
+
+Tengo un asunto urgente a ventilar con un amigo. Desde luego, el amigo
+se opone a que lo ventilemos hoy.
+
+--¿Le parece a usted que nos veamos mañana?
+
+--Muy bien. ¿A qué hora?
+
+--A cualquier hora. Después de almorzar, por ejemplo...
+
+Yo le hago observar a mi amigo que eso no constituye una hora. Después
+de almorzar es algo demasiado vago, demasiado elástico.
+
+--¿A qué hora almuerza usted?--le pregunto.
+
+--¿Que a qué hora almuerzo? Pues a la hora en que almuerza todo el
+mundo: a la hora de almorzar...
+
+--Pero ¿qué hora es la hora de almorzar para usted? ¿El mediodía? ¿La
+una de la tarde? ¿Las dos...?
+
+--Por ahí, por ahí...--dice mi amigo--. Yo almuerzo de una a dos. A
+veces, me siento a la mesa cerca de las tres... De todos modos, a las
+cuatro siempre estoy libre.
+
+--Perfectamente. Entonces podríamos citarnos para las cuatro.
+
+Mi amigo asiente.
+
+--Claro que, si me retraso unos minutos--añade--, usted me esperará.
+Quien dice a las cuatro, dice a las cuatro y cuarto o cuatro y media. En
+fin, de cuatro a cinco yo estaré sin falta en el café. ¿Le parece a
+usted?
+
+Yo quiero puntualizar:
+
+--Digamos a las cinco.
+
+--¿A las cinco? Muy bien. A las cinco... Es decir, de cinco a cinco y
+media... Uno no es un tren, ¡qué diablo! Supóngase usted que me rompo
+una pierna...
+
+--Pues citémonos para las cinco y media--propongo yo.
+
+Entonces, a mi amigo se le ocurre una idea genial.
+
+--¿Por qué no citarnos a la hora del aperitivo?--sugiere.
+
+Hay una nueva discusión para fijar en términos de reloj la hora del
+aperitivo. Por último, quedamos en reunirnos de siete a ocho. Al día
+siguiente dan las ocho, y claro está, mi amigo no comparece. Llega a las
+ocho y media echando el bofe, y el camarero le dice que yo me he
+marchado.
+
+--No hay derecho--exclama días después al encontrarme en la calle--. Me
+hace usted fijar una hora, me hace usted correr, y resulta que no me
+aguarda usted ni diez minutos. A las ocho y media en punto yo estaba en
+el café.
+
+Y lo más curioso es que la indignación de mi amigo es auténtica. Eso de
+que dos hombres que se citan a las ocho tengan que reunirse a las ocho,
+le parece algo completamente absurdo.
+
+Lo lógico, para él, es que se vean media hora, tres cuartos de hora o
+una hora después.
+
+--Pero fíjese usted bien--le digo--. Una cita es una cosa que tiene que
+estar tan limitada en el tiempo como en el espacio. ¿Qué diría usted si
+habiéndose citado conmigo en Puerta del Sol, se enterase de que yo había
+acudido a la cita en los Cuatro Caminos? Pues eso digo yo de usted
+cuando, habiéndonos citado a las ocho, veo que usted comparece a las
+ocho y media. De despreciar el tiempo, desprecie usted también el
+espacio. Y de respetar el espacio, ¿por qué no guardarle también al
+tiempo un poco de consideración?
+
+--Pero con esa precisión, con esa exactitud, la vida sería
+imposible--opina mi amigo.
+
+¿Cómo explicarle que esa exactitud y esa precisión sirven, al contrario,
+para simplificar la vida? ¿Cómo convencerle de que, acudiendo
+puntualmente a las citas, se ahorra mucho tiempo para invertirlo en lo
+que se quiera?
+
+Imposible. El español no acude puntualmente a las citas, no porque
+considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque
+el tiempo no tiene importancia para nadie en España. No somos
+superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por
+debajo, de la puntualidad.
+
+
+
+
+VI
+
+LA MUJER, PAÍS EXÓTICO
+
+
+En España hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. Los
+asuntos de iglesia, por ejemplo, son asuntos de mujeres. No es que el
+español odie la iglesia. Al contrario. Cuando se casa busca una mujer de
+sentimientos religiosos. Le parece que la mujer debe tener sentimientos
+religiosos, así como debe tener también ojos bonitos. Los sentimientos
+religiosos son sentimientos de mujer. Sin ellos, la mujer no sería
+verdaderamente femenina. Con que la mujer tenga sentimientos religiosos
+para su propio adorno y para la dignidad del hogar, el marido ya está
+satisfecho, y se va tranquilamente al café, al teatro de _variétés_ y
+hasta a un casino republicano...
+
+La política, en cambio, es cosa de hombres. La mujer que habla de
+política en un círculo de hombres pasa por un marimacho, y al hombre que
+habla de política delante de una mujer se le considera poco menos que
+como si le hubiera hablado de política al jilguero. Positivamente, la
+política española es bastante aburrida. Con esto, sin embargo, de
+considerarla un tema para hombres solos, lo será cada vez más. Los
+mismos articulistas políticos tendrían que adoptar un estilo algo más
+ameno el día en que nuestra política pudiera comentarse en presencia de
+señoras.
+
+Pero de las conversaciones de hombres, la más corriente es la que versa
+acerca de las mujeres. En otras partes, apenas si los hombres hablan de
+mujeres. La presencia constante de mujeres se lo impide. Ante ellas el
+tema resulta inútil e impracticable. ¿Para qué se va a hablar de
+mujeres? Mejor es hablar con ellas.
+
+Los españoles, en cambio, hablan de mujeres como pudieran hablar de
+viajes:
+
+--Yo he conocido una mujer una vez...
+
+Y viene una descripción que recuerda las descripciones de países
+exóticos. Hay quien, al oír el relato, tiene una sensación así como la
+de estar escuchando a un explorador que cuente sus aventuras en tierras
+totalmente ignoradas...
+
+Fuera de España, ni los hombres le dan tanta importancia a las mujeres,
+ni las mujeres le dan tanta importancia a los hombres. Unos y otras han
+averiguado que se necesitan mutuamente y han decidido ponerse de
+acuerdo. Y un acuerdo así es el que se impone en España.
+
+Porque mientras ese acuerdo no llegue a establecerse, no tan sólo será
+la vida española una cosa inarmónica, sino que nadie tendrá aquí manera
+de hacer nada. La mujer constituirá siempre para nosotros lo más
+importante de todo.
+
+
+
+
+VII
+
+LAS CASAS
+
+
+No se puede vivir en Madrid--me dice un amigo--. ¿Por qué no hace usted
+un artículo contra las casas?
+
+--Porque es imposible--le contesto--. ¿Cómo quiere usted que yo haga un
+artículo contra las casas en un sitio donde no las hay?
+
+Pero, bien mirado, si en Madrid hubiera casas, no se necesitaría
+escribir contra ellas. Todos los defectos de las casas de Madrid se
+condensan en uno solo: el de la escasez. Como no puede mudarse, el
+inquilino tiene que transigir constantemente. Las casas madrileñas son
+malas y son caras porque son pocas. Claro que el Gobierno podría
+intervenir en este asunto; pero yo confío más en una nueva epidemia que
+reduzca a un cincuenta por ciento la población de nuestra capital.
+
+¡Las casas de Madrid! Hace tiempo que yo me lancé a buscar una, y no
+recuerdo haber experimentado jamás mayores vejaciones.
+
+--¿Hay calefacción?--le pregunté a la portera de un inmueble donde se
+alquilaba un cuarto piso.
+
+Esta hipótesis pareció ofender gravemente la dignidad de aquella mujer.
+
+--No, señor--me contestó con orgullo--. Aquí estamos a la antigua
+española...
+
+Y, cuando yo llegaba ya a la esquina, después de haberme despedido, la
+portera me hizo volver sobre mis pasos.
+
+--¿Qué ocurre?--exclamé.
+
+--Que ni _calefación_ ni tampoco cuarto de baño--me respondió.
+
+Dicho lo cual, la buena señora me dejó plantado. En su cara se leía esa
+satisfacción que produce siempre el hecho de darle una lección a alguna
+persona impertinente.
+
+Entonces me dediqué a explorar los barrios extremos, donde hay
+edificaciones modernas. Tan modernas son estas edificaciones, que la
+madera de que están construidas, todavía verde, se dilata con
+voluptuosidad a los primeros efluvios de la primavera. Bajo el barniz de
+muñeca se siente circular la savia, y uno--hombre urbano y
+prosaico--teme que las puertas se le cubran de follaje y que los pájaros
+vengan a hacer sus nidos en el pasillo. Todas estas casas tienen
+ascensor, y todos estos ascensores tienen un letrero que dice: «No
+funciona.» En una, sin embargo, el ascensor carecía de letrero, lo que
+me hizo pensar muy mal del servicio.
+
+--Esta casa es la que no funciona bien--me dije.
+
+Y, dirigiéndome a la portera, la interrogué sobre el particular. Me
+había equivocado. El ascensor marchaba admirablemente, y para
+demostrármelo, la portera me aseguró que tres días antes, aquella
+perfecta maquinaria había matado al inquilino del tercero.
+
+--Por eso tenemos el piso libre--añadió.
+
+La historia del piso no era muy seductora; pero un inquilino tiene que
+estar en Madrid dispuesto a todo.
+
+--¿Y cuánto renta el piso desocupado?--inquirí.
+
+--Rentaba treinta duros; pero lo han subido a treinta y ocho. ¡Qué
+quiere usted! Es un piso muy bueno y tiene un ascensor magnífico...
+
+Decididamente, no nos queda más esperanza que la de una epidemia que
+acabe con la mitad de los vecinos de Madrid. Claro que si esta epidemia
+atacase tan sólo a los caseros, no se necesitaría que muriese tanta
+gente.
+
+
+
+
+VIII
+
+PATRIOTISMO DE GÉNERO ÍNFIMO
+
+
+Yo creo que una cupletista es algo mucho más patriótico que un diputado
+o que un senador. En todos nuestros teatros del género ínfimo existe
+algo así como un convencimiento vago, pero muy firme, de que la mujer es
+una invención exclusivamente española. A las extranjeras no se les
+reconoce categoría de mujeres. Son muy poco gordas, muy poco negras, muy
+poco analfabetas. No tienen acento andaluz, ni mantones de Manila, ni
+gracia gitana, ni nada...
+
+--Soy española, ¡olé!--canta una cupletista.
+
+Y para afirmar su españolismo, golpea fuertemente el tablado con un pie,
+y se dedica, durante un año, a hacer flexión de riñones al compás de la
+música. Luego dice dónde ha nacido, que es: o en el barrio de
+Maravillas, o en las Vistillas, o en Triana, o en Granada. A veces, y al
+son de la jota, una cupletista se declara aragonesa; pero ¿quién ha oído
+de alguna que haya nacido en el distrito del Sr. Rahola? La España del
+género ínfimo es muy limitada, y mi provincia, por ejemplo, la hermosa
+provincia de Pontevedra, tan fecunda en navegantes, en políticos y en
+cangrejos, no figura en ella...
+
+--Soy española--insiste la cupletista.
+
+Después, en versos más o menos congruentes, añade:
+
+--¿De dónde iba a ser, si no? ¿Dónde hay este garbo, esta sal, estos
+andares, estas hechuras?...
+
+El público va inflamándose poco a poco en un sentimiento mixto de amor a
+la patria y de entusiasmo por la cupletista.
+
+--¡Viva España!--grita la chica al final.
+
+--¡Viva!--contestan varias voces.
+
+Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho
+en lo que consiste la España del género ínfimo: Maravillas, las
+Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragón. Y nunca Manresa,
+ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan,
+sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de
+Quintas.
+
+La señorita Mary-Focela ha introducido en este género de cuplés una
+variación notable. Parece que sus versos eran éstos:
+
+ Lucho como una leona
+ al grito de ¡Viva España!
+ Y es que por mis venas corre
+ la sangre de _Malasaña_...
+
+Sabíamos de cupletistas que luchaban contra gente extraña; sabíamos de
+otras que luchaban con saña; pero eso de Malasaña es todo un hallazgo.
+
+ Lucho como una leona
+ al grito de ¡Viva España!
+ Y es que por mis venas corre
+ la sangre de Malasaña...
+
+Me imagino a la señorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de
+luchadora. El público, viéndola, ha debido también de sentir en sus
+venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios.
+¡Viva España! ¡Viva la gracia! ¡Viva Mary-Focela!...
+
+
+
+
+IX
+
+LA HUELGA DE CUERNOS CAÍDOS
+
+
+Desengáñese usted--me decía un viejo aficionado--. Ya no hay toros...
+
+El viejo aficionado, como todos los viejos aficionados, creía que los
+toros se dividen en mansos y bravos, y que la especie de estos últimos
+está extinguiéndose. Por mi parte, yo he adquirido el convencimiento de
+que todos los toros son igualmente mansos, y de que si en la plaza
+tratan, a veces, de matar a los toreros, es por la misma razón en virtud
+de la cual los toreros tratan--también a veces--de matar a los toros:
+para entretener al público. Días atrás estuve en una ganadería. Los
+toros pacían por allí de una manera perfectamente bucólica, dejándose
+acariciar de los vaqueros y de los visitantes.
+
+--¿Y éstas son las fieras?--dije yo.
+
+--¡Hombre!--me contestaron--. ¿Qué quiere usted que hagan aquí? Ya las
+verá usted en la plaza...
+
+Esto de suponer que el toro no desarrolla su verdadera naturaleza de
+fiera mientras no llega a la plaza, es algo así como imaginarse que el
+tigre tampoco desarrolla la suya hasta que lo llevan a un circo. Si en
+el interior de África nos enseñaran unos tigres muy sociables, y si ante
+nuestra estupefacción nos dijeran que esa sociabilidad era natural y que
+esperásemos a ver a los tigres en Price, esta contestación nos parecería
+bastante absurda. Pues igualmente absurda me pareció a mí la
+contestación que me dieron en la ganadería sobre la ferocidad de los
+toros.
+
+No. El toro no es un animal más feroz que el torero. Es, al contrario,
+una bestia pacífica que ama la naturaleza y que sigue un régimen
+estrictamente vegetariano. Algunos se dejan lidiar, y el público los
+llama bravos. Ahora, sin embargo, la mayoría parece que van a declararse
+en huelga. Yo he visto recientemente un toro que, a los dos minutos, se
+dio cuenta de que todo en la plaza estaba organizado en contra suya y
+adoptó una actitud que pudiéramos llamar de cuernos caídos. Los toreros
+corrían detrás de él enseñándole unas telas vistosas y llamándole con
+sus voces más dulces; pero todo era en vano. A veces, el toro se paraba
+un instante y parecía que iba a dejarse conquistar. Unos toreros le
+sonreían con sonrisa tentadora. Otros procuraban excitar su orgullo...
+El toro reflexionaba un rato. Luego hacía un movimiento de cabeza como
+diciendo:
+
+--¡No! ¡Nunca!... Este negocio no me conviene...
+
+Y seguía su camino, insensible a todos los requerimientos.
+
+Fue entonces cuando el viejo aficionado me dijo que ya no había toros:
+
+--Ya no hay toros. Ya no hay emoción. ¡Vaya un veranito el que nos
+espera!
+
+Y yo, condolido, le di lo que consideraba un buen consejo.
+
+--Váyase usted al Congreso--le dije--. Un viejo aficionado como usted no
+lo pasará allí del todo mal.
+
+
+
+
+X
+
+EXPERIENCIAS DE UN ATROPELLADO
+
+
+Un amigo mío ha sido atropellado por un automóvil.
+
+--He tenido que pasarme quince días en cama--me decía este amigo,
+contándome el percance--; pero ahora no les quedará más remedio que
+darme una indemnización.
+
+--¡Error profundo!--exclamé yo--. Lejos de valerte una indemnización, el
+atropello te costará un ojo de la cara. Yo también he sido
+atropellado--añadí con orgullo--, y gracias a que la cosa me cogió con
+algún dinero. Si llego a encontrarme desprevenido, a estas horas me
+tendrías aún gimiendo amargamente en el fondo de una mazmorra.
+
+Y para convencerle, le conté al amigo mi experiencia personal. Fue en
+Barcelona, hará cosa de unos dos años. Estaban conmigo Luis Bello,
+Eugenio Xammar, Wenceslao Fernández Flórez, Gregorio Martínez Sierra y
+Anselmo Miguel Nieto, cuando un automóvil me atropelló en la calle del
+Conde del Asalto. El automóvil llevaba una velocidad justa para
+atropellar a los transeúntes, pero que, con arreglo a las Ordenanzas
+municipales, resultaba excesiva. Fui transportado a una farmacia, y
+mientras me curaban, apareció el _chauffeur_, bastante indignado. El
+_chauffeur_ pretendía que su automóvil no había chocado conmigo, sino al
+contrario, que yo había chocado con su automóvil.
+
+--Usted--gritaba--se ha echado encima de nosotros.
+
+--Pero ¿con qué objeto?--le preguntaba yo.
+
+A lo cual el _chauffeur_ hacía un gesto vago como diciendo:
+
+--¡Lo ignoro! Seguramente sería algún objeto inconfesable...
+
+En vano yo le hacía observar al _chauffeur_ que al atravesar la calle
+del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevábamos exceso de
+velocidad. El _chauffeur_ insistía, y los espectadores comenzaban a
+sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto
+automóviles indefensos.
+
+De la farmacia nos fuimos a la Casa de Socorro, y de la Casa de Socorro
+a la Comisaría. Entablé mi reclamación y me fui a la cama, donde, a los
+quince días, recibí una comunicación del Juzgado de Atarazanas.
+
+--Por fin ha llegado la mía--pensé.
+
+Pero, al leer la comunicación, sufrí un horrible desengaño. El juez me
+citaba a las nueve de la mañana para ver el estado de mis heridas, y me
+amenazaba, en caso de que yo no acudiese a la cita, con una multa, con
+la prisión o con el castigo «a que hubiese lugar»... Yo soy un
+trasnochador impenitente. Para hacerme levantar temprano se han ensayado
+conmigo todos los procedimientos, desde el despertador de campana al
+jarro de agua fría; pero el de la multa y el de la prisión eran
+totalmente inéditos. ¿Qué iba a ser de mí si no me levantaba? Y todo
+porque en un momento de distracción me había dejado atropellar por un
+automóvil...
+
+Le escribí al juez informándole de mis costumbres. «Además--le decía--,
+¿para qué quiere usted ver mis heridas? Si están curadas, no vale la
+pena de que usted las vea, y si no lo están, me será difícil abandonar
+la cama para ir a enseñárselas a usted. En realidad de verdad, debo
+comunicarle a usted que mis heridas son bastante leves, por lo cual
+espero que no me tratará usted con excesivo rigor. Me he dejado
+atropellar, lo reconozco; pero he procurado que me atropellasen lo menos
+posible, y mi delito no tiene, por lo tanto, una gran importancia. En lo
+sucesivo, haré todo cuanto esté en mis manos para que no vuelvan a
+atropellarme.»
+
+Ignoro si esta carta llegó a poder del juez, pero yo recibí una segunda
+citación mucho más conminatoria que la primera. Me vi ya en presidio. Me
+vi deshonrado para toda la vida, y huí abandonando cuanto tenía entre
+manos.
+
+Y luego de relatarle estos hechos al amigo que me los recordó, le dije:
+
+--Desengáñate. Cuando en este país le atropellan a uno, no hay más
+remedio que callarse. Si uno no se calla, los atropelladores, para
+justificar el atropello, vuelven a atropellarle. A veces le atropellan a
+uno los _chauffeurs_. A veces, los ministros. Si quieres que no te
+atropellen, yo sólo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu
+vez, en atropellador.
+
+
+
+
+XI
+
+LA JUERGA HEROICA
+
+
+Antes de la guerra europea no había _cabarets_ en Madrid ni parecía que
+pudiese nunca llegar a haberlos. Cuando varios hombres coincidían de
+madrugada en un mismo _restaurant_, solían lanzarse unos contra otros en
+batallas más o menos descomunales. La juerga tenía entonces entre
+nosotros un sentido heroico que la ennoblecía. Para tomarse una ración
+de calamares pasadas las doce de la noche, hacía falta un ánimo sereno,
+a más de un estómago excelente, y aunque algunos fisiólogos sostienen
+que estas dos cosas van juntas y que el valor se deriva del buen
+funcionamiento gástrico, yo sé de muchísimas personas que se han
+acostado con hambre en Madrid, no por carecer de dinero, sino por
+carecer de arrojo. Los dueños de _restaurants_ nocturnos veíanse
+obligados a dividir sus establecimientos en una especie de
+compartimientos estancos a fin de contener el ímpetu de los comensales.
+Cada uno de aquellos compartimientos era algo así como una pequeña
+fortaleza en donde el trasnochador se encontraba relativamente a salvo
+de agresiones. El juerguista madrileño tenía que atrincherarse con la
+elegida de su corazón. ¿Cómo concebir, en aquellos tiempos belicosos,
+que llegase un día en el que los madrileños pudieran mezclarse en una
+sala bien iluminada donde hubiese _weine, weibe und gesang_, esto es,
+vino, mujeres y canciones?
+
+Pero estalló la guerra, y a medida que se cerraban _cabarets_ en Europa,
+comenzaron a abrirse _cabarets_ en Madrid. Es decir, que los españoles
+dejamos de pelearnos precisamente cuando empezaba a pelearse todo el
+resto de la Humanidad... Por aquel entonces llegué yo a Madrid, y una
+noche, en un _restaurant_, me quedé asombrado al ver que los hombres no
+se arrojaban unos a otros objetos de vidrio ni de porcelana. ¡Y eso que,
+indudablemente, todos estaban allí de buen humor y todo el mundo tenía
+ganas de divertirse!... Había en el _restaurant_ unas cuantas francesas
+que, tratadas algo a fondo, resultaban ser de Zurich o de Rotterdam;
+había otras mujeres que se declaraban vienesas, pero sin darle a esta
+declaración un carácter irrevocable, porque si uno insistía, decían que
+habían salido muy chicas de Viena, y que, «en realidad», eran de Dresde
+o de Leipzig. Estas mujeres venían a constituir algo así como la resaca
+de Europa. La guerra las había arrojado a estas playas pintorescas, y
+aquí siguen, ya algo familiarizadas con las costumbres de los indígenas.
+
+Y a estas mujeres--una docena escasa que forman la base de todos los
+_cabarets_ que se inauguran en Madrid y que son siempre las mismas en el
+espacio, ya que no puedan serlo en el tiempo--es a las que se debe esta
+transformación radical que se ha operado en nuestras costumbres. Gracias
+a ellas, uno puede entrar hoy de noche en cualquier café sin revólver,
+llave inglesa ni bomba de mano. La menos parisiense, la menos vienesa,
+la menos joven y la menos elegante de todas ellas, ha hecho más para
+identificarnos con Europa que todos los profesores que han venido aquí
+en viaje de propaganda. Y yo creo firmemente que sería cosa de
+pensionarlas o, por lo menos, de darles una condecoración.
+
+
+
+
+XII
+
+JULIO ANTONIO
+
+
+Las gentes que, en hace cosa de tres meses, desconocían a Julio Antonio
+y que, hace cosa de un mes, le adoraban frenéticamente, van ahora a
+contemplar sus bustos de la raza como irían a ver la obra de un clásico.
+¡Pobre Julio Antonio! ¿Qué es lo que se estuvo esperando tanto tiempo
+para hacer su consagración? ¿Una obra definitiva?... Yo tengo la
+sensación de que se estuvo esperando más bien al dictamen médico. Años
+atrás, Julio Antonio había hecho cosas tan buenas como la estatua
+yacente, o tal vez mejores; pero, entonces, el artista no estaba aún
+completamente desahuciado. Con un poco de dinero hubiera podido, quizás,
+reponerse del todo y, un genio en buena salud, es siempre cosa
+peligrosa. ¿Qué dirían los viejos escultores, cuyas manos se han
+encallecido modelando levitas de barro, guerreras, fajines, gabanes de
+pieles y otras prendas más o menos suntuarias? Y no hablemos de la
+juventud. El caso de un muchacho que no sigue los cánones oficiales, ni
+adula a los ministros y que triunfa por sus propios méritos, tiene,
+forzosamente, que constituir para ella un ejemplo desmoralizador...
+
+Llegó, sin embargo, para Julio Antonio el día del éxito, y fue un éxito
+como no se recuerda otro. Las marquesas se mezclaban con las niñeras y
+las criadas de servir, haciendo cola a la intemperie, durante horas y
+horas, para ver aquella obra, de la que se contaban tantas maravillas.
+Fue el Rey, fueron los ministros, fueron los académicos, fueron los
+obispos y los generales.
+
+Los periódicos por aquellos días hablaban de Julio Antonio con tanta
+extensión como si se tratara del propio Belmonte. Todo eran plácemes,
+sonrisas, invitaciones, encargos... Yo, en el caso de Julio Antonio, me
+hubiese alarmado sobremanera.
+
+--¿Tan malo estoy?--me hubiese dicho.
+
+Y Julio Antonio, que realmente estaba muy malo, se murió. Probablemente
+hubiese podido tirar todavía una temporada; pero, yo no sé si por
+amabilidad o por buen gusto, se murió en plena apoteosis. ¡Hizo bien! De
+no morirse, le habrían nombrado académico. Le habrían obligado a hacer
+estatuas de filántropos repugnantes, de generales a caballo, de
+políticos de levita. Hubiera tenido que modelar, con todo su parecido
+vulgar y ramplón, la cara del hijo ilustre de cada ciudad, que,
+generalmente, es el cacique de la misma. Hubiese tenido que cambiar su
+amplio chambergo por una chistera, y su vida bohemia por una vida seria
+y respetable, y su arte libre por el arte oficial. Hizo bien en morirse,
+y, además, ¡hacía ya tanto tiempo que no se moría aquí nadie
+románticamente!...
+
+Pero, a los que vienen detrás, yo no les aconsejaría que siguiesen el
+mismo procedimiento.
+
+Se le organizó un banquete al que solo yo me negué a ir. «No
+iré--dije--, y no porque yo sea un hombre de esos que vacilan mucho
+antes de asistir a un banquete, sino, al contrario, porque no suelo
+vacilar nunca. Me basta que un amigo estrene un drama cualquiera, que
+publique una novela, o, simplemente, que sea nombrado ministro, para que
+yo me apresure a acudir al inevitable banquete de homenaje; pero Julio
+Antonio está en un caso muy distinto.
+
+Si Julio Antonio hubiese hecho una estatua del conde de Romanones,
+vestido de chistera y levita, un monumento a las víctimas del 8 de
+diciembre o un grupo dedicado a los héroes del 13 de abril, yo le
+banquetearía sin inconveniente ninguno. La tortilla sería tan mala como
+de costumbre, y, sin embargo, yo me resignaría a comerla pensando que no
+había desproporción alguna entre ella y el objeto en cuya conmemoración
+se había confeccionado. Vería en el local a algún ministro más o menos
+solemne, oiría leer cartas y telegramas de adhesión, escucharía
+discursos llenos de lugares comunes y todo me parecería que se
+deslizaba en una armonía perfecta y que era completamente natural. Pero
+Julio Antonio no ha hecho una obra cualquiera. No ha hecho una cosa
+pasable, una cosa mediana, ni una cosa buena, sino, muy probablemente,
+una cosa genial. Y yo, que no tendría inconveniente alguno en
+banquetearle si le considerase una ostra, y que quizás le banquetease
+también aunque le supusiera algún talento, me niego terminantemente a
+banquetearle después de haber visto esa maravillosa estatua yacente que
+expone en el edificio de la Biblioteca Nacional. Es decir, que yo no le
+rindo homenaje a Julio Antonio por la simple razón de que Julio Antonio
+no es un imbécil; y esto, que quizás parezca un rasgo de humorismo, no
+es, después de todo, ni más ni menos que lo que se viene haciendo en las
+llamadas «esferas oficiales».
+
+
+
+
+XIII
+
+LA PIEDRA FILOSOFAL
+
+
+Don Germán Botella, joven físico alicantino, asegura que ha encontrado
+un procedimiento para obtener oro descomponiendo el mercurio, y nos
+ofrece pruebas. ¿Por qué no nos ofrece algunos billetes de mil pesetas?
+Repartiendo oro, el Sr. Botella nos podría convencer fácilmente de
+cualquier cosa; pero, sobre todo, nos podría convencer de que tenía oro.
+En cuanto a que el oro lo extrajese del mercurio o de alguna Embajada,
+ello sería para nosotros perfectamente secundario.
+
+Perdone el Sr. Botella esta observación de un profano, y no me desprecie
+demasiado por ella. Si él considera el oro desde un punto de vista
+puramente científico, tal vez no haya entre él y yo tanta diferencia
+como pueda parecer a primera vista. Para mí, señor Botella, el oro es
+también una teoría...
+
+Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de su
+descubrimiento sea acogida con algún escepticismo. ¡Ahí es nada
+encontrar oro en España! Al mismo tiempo que el Sr. Botella, hemos
+estado buscándolo veinte millones de españoles y no hemos logrado aún
+pasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin éxito ninguno, y
+aunque sabemos que el oro español está prodigiosamente escondido, se nos
+hace un poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestras
+pesquisas, sus acaparadores lo hayan mezclado con mercurio.
+
+Por lo demás, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto,
+vendría a constituir, en cierto modo, una reivindicación para los
+falsificadores, quienes cuando necesitan dinero no hacen dramas,
+crónicas ni novelas, como los literatos, sino que hacen dinero. El señor
+Botella necesitaba oro--con un fin económico o con un fin científico--,
+y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacer
+chaquetas, se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lector
+español, y si no puede hacer oro, trate, por lo menos, de hacer
+billetes.
+
+Por mi parte, yo me alegraría mucho de que el descubrimiento del Sr.
+Botella fuese realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metal
+extraño, frío y terapéutico que se llama mercurio, todo el mundo tendrá
+oro próximamente. Por lo menos, todo el mundo tendrá oro en una
+proporción equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que entonces el
+oro perderá casi toda su importancia; pero por eso precisamente es por
+lo que yo, con una intención algo bolchevique, digo que me alegraría...
+
+
+
+
+XIV
+
+LA PESETA
+
+
+¿Que ha subido el precio de los alquileres? ¿Que las patatas están por
+las nubes? ¿Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Es
+que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.
+
+Teóricamente, las patatas están donde estaban; pero la peseta no puede
+ya adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunían quince o
+veinte pesetas, se iba a una tienda y adquiríase en el acto un par de
+zapatos bastante aceptables. Ahora, para realizar la misma empresa, se
+necesitan sesenta pesetas, por lo menos. No es que el coste del calzado
+haya aumentado, aunque tal crean los profanos en cuestiones económicas.
+No. Es que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.
+
+Los profanos en cuestiones económicas pueden decir que esto es igual, y,
+en efecto, es igual. Es igual prácticamente; pero, ¿y la teoría?
+
+Por mi parte, cuando yo creía que los alquileres estaban muy caros, me
+resignaba a vivir en un piso deficiente; pero desde que sé que los
+alquileres no han sufrido aumento alguno de precio, mi resignación es
+imposible. ¿Cómo voy a resignarme a pagar muy cara una casa que,
+teóricamente, es muy barata? ¿Cómo voy a resignarme a que mis pesetas
+hayan perdido su capacidad adquisitiva?
+
+El caso es que, con una peseta, yo sigo adquiriendo diez perras gordas
+siempre que quiero. La capacidad adquisitiva de las pesetas, con
+respecto a las perras gordas, es la misma de siempre, y, con respecto a
+las monedas extranjeras, es mucho mayor de lo que haya podido serlo
+nunca. Con una peseta se adquieren hoy numerosos marcos, abundantes
+coronas y liras a profusión. Patatas, en cambio, se adquieren
+poquísimas. La peseta ha perdido su capacidad adquisitiva, pero
+únicamente para las cosas, lo que equivale a afirmar que es todo el
+dinero el que ha perdido capacidad de adquirir.
+
+¡Y el partido socialista protesta!... Indudablemente, no existe en
+nuestra política otro partido tan burgués. ¿De qué se trata, señores,
+más que de que el dinero pierda su capacidad adquisitiva? Antes, con las
+pesetas se compraban patatas. Ahora, con las patatas hay ya quien se
+dedica a acaparar pesetas. Y, dentro de poco, en vez de pesetas, los
+hombres utilizarán para sus transacciones patatas, chorizos, rodajas de
+salchichón y cigarrillos de cincuenta.
+
+
+
+
+XV
+
+ESCULTURA KODAK
+
+
+En cierta avenida del Retiro hay un grupo escultórico dedicado a D.
+Ramón de Campoamor. El público, generalmente, lo contempla con
+admiración, y esto es muy lógico. ¿Para qué son los monumentos más que
+para admirarlos?
+
+--¡Qué naturalidad!--le oí decir un día a una señora en presencia de
+aquellas figuras--. ¡Parece que están hablando!
+
+Y, en efecto, parece que están hablando. El artista ha dispuesto su
+grupo como si fuera a hacer una instantánea al centésimo de segundo.
+Aquí las personas mayores. Los niños delante y en pie. Esta cabeza un
+poco más a la derecha... ¡Clik!...
+
+Don Ramón aparece sentado en un banco sobre el cual ha dejado unos
+guantes de mármol y una chistera del mismo material. Tiene unas botas de
+cartera cuyo precio en mármol ignoro, pero que, en cabritilla o
+tafilete, ha debido oscilar alrededor de las veinticinco pesetas. Estas
+botas no han llevado nunca tapas ni medias suelas; conservan todos sus
+botones, y, probablemente, son unas botas recién estrenadas. En cuanto
+a la chistera, de mármol, como hemos dicho, es maciza, y seguramente no
+pesa menos de treinta kilos. ¿Cómo se las arreglaría el poeta, ya
+anciano y sin fuerzas, para saludar con un instrumento tan pesado?
+
+No se indigne el autor del monumento por estos cálculos que yo hago
+sobre la densidad de la chistera campoamorina. O somos realistas, o no
+lo somos. Uno no puede, a voluntad del artista, fijar su atención en
+tales detalles y apartarla de tales otros. El autor parece haber puesto
+un gran interés en hacernos observar que las botas del poeta tienen seis
+botones cada una. ¿Cómo podrá luego pasarnos inadvertido el peso de
+aquella chistera tan ostensible? Y además, ¿qué hace allí aquella
+chistera, ya que el poeta está descubierto?
+
+Si la escultura representa la eternidad, puede decirse que D. Ramón de
+Campoamor ha entrado en ella como si no fuera a permanecer más que unos
+breves instantes. Ha entrado de paso en la eternidad, con unas botas de
+cartera, y ha dejado al alcance de la mano, para cuando llegue el
+momento de retirarse, su chistera de mármol y sus guantes del mismo
+material. A mí me da la idea de que ha ido en tranvía y de que está allí
+un poco azorado, como en una visita de cumplido. Sus personajes--la
+anciana de la cofia, la niña que tiene el pecho de cristal, etc.--le
+rodean, y según decía la admiradora desconocida, parece que están
+hablando. Parece que están hablando y hablando en prosa, y esto es lo
+malo, porque en escultura no se debe hablar. Parecen, en fin, un grupo
+fotográfico de escultura _Kodak_.
+
+Algunas veces yo había acariciado el propósito de ser un grande hombre,
+como tantos otros; pero ahora he resuelto renunciar definitivamente a
+semejante idea. Mientras la inmortalidad sea una cosa tan parecida a la
+vida corriente, y mientras en ella deba uno preocuparse también del
+almidonado de la tirilla, no creo que valga la pena ser inmortal.
+
+
+
+
+XVI
+
+UN ADMIRADOR
+
+
+Parece que hay escritores a quienes el público anima dirigiéndoles, con
+más o menos frecuencia, cartas de aprobación. Conmigo, sin embargo, este
+caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusión de ser leído por
+alguien, es, tan sólo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en
+cuando me envían misivas insultantes a propósito de mis artículos. Yo
+enseño estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi
+posición y mi prestigio.
+
+--No dirán ustedes--exclamo--que mis trabajos pasan inadvertidos o que
+no hacen mella. Aquí hay un señor que me llama animal, y otro que me
+anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el éxito no admite dudas...
+
+Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador,
+en la provincia de Guadalajara. «Soy--me viene a decir este hombre
+magnífico--uno de sus lectores más asiduos y más inteligentes, y me he
+suscrito a _El Sol_ con el único objeto de ver los artículos de
+usted...»
+
+Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador
+me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma
+e inmediatamente me digo:
+
+--¿Le gustará este tema al señor de Guadalajara?
+
+Yo tengo la sensación de que escribo únicamente para este señor, y no
+quisiera defraudarle. Este señor vive en un pequeño pueblo de la
+provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en
+absoluto la ideología local, y esto pone en mi trabajo dificultades
+enormes. De buena gana me pasaría varias noches en claro leyendo, con
+unas gafas muy gordas, unos volúmenes muy grandes, si a esta costa
+pudiera llegar a conocer las opiniones políticas, estéticas y religiosas
+que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo
+temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal párrafo que acabo de
+escribir creo que le parecerá vulgar, y lo borro. Pongo en tensión todos
+mis nervios hasta que se me ocurre una cosa más fina, y entonces me
+asalta un pensamiento terrible.
+
+--¿Entenderá esto mi admirador?--me pregunto--. ¿No resultarán estas
+consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos?
+
+Verdaderamente, el señor de la provincia de Guadalajara ha tenido una
+idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo
+por qué tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores.
+Con dos admiradores más, yo me volveré completamente idiota.
+
+
+
+
+XVII
+
+LITERATURA PATOLÓGICA
+
+
+Desgraciadamente, en la literatura española no hay más que genios. Ese
+tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que
+Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a
+Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores
+pertenecen a la categoría genial. Yo mismo, en mi pequeñísima escala,
+¿qué duda cabe de que también soy un genio? Y esta literatura de genios
+en chico viene a ser algo así como un grupo de tullidos que, a la puerta
+de una iglesia, le pidiesen dinero al público mostrándole sus diversas
+monstruosidades.
+
+Cuando, en algún escaparate, yo veo un libro mío entre los libros de
+otros autores españoles, tengo la sensación de encontrarme en una sala
+de hospital esperando, con mis compañeros de dolor, la visita de alguna
+señora vieja que no sepa en qué matar el tiempo. La literatura española,
+en efecto, no es más que una serie de enfermedades, debidas,
+generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutrición. El uno
+está enfermo del hígado. Al otro se le forman ácidos en el estómago.
+Este se encuentra amagado de parálisis general progresiva y tiene
+delirio de grandezas. Aquél padece del bazo... Hay escritor que perdería
+todo su interés en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de
+algún producto más o menos alemán, o en cuanto se le sometiese a un buen
+régimen alimenticio. Y, en realidad, este último caso ya se ha dado
+varias veces. ¿Cuántos muchachos que comenzaron haciendo cosas
+interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llamó a un
+buen periódico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se
+explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fácil de
+comprender: esos muchachos nunca habían tenido talento. Lo que habían
+tenido era hambre. Con el estómago normalizado, quedaban al nivel del
+más vulgar empleado de Hacienda...
+
+¡Cosa terrible esta de ser un pequeño monstruo y de darse cuenta de
+ello! ¡Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse
+médicamente como un flemón o como una enfermedad de los riñones!... Pero
+hay algo peor aún en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los
+enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos,
+se creen atacados de genialidad...
+
+
+
+
+XVIII
+
+UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE
+
+
+«Un distinguido escritor--decía yo en _El Sol_--se queja de que los
+españoles hayamos adoptado la costumbre inglesa de ponerle una hache al
+te.» A esto contesta el Sr. Salaverría afirmando que yo miento, porque
+él no ha dicho nunca que los españoles hubiésemos adoptado semejante
+costumbre. Y he aquí por dónde vengo a enterarme de que el Sr.
+Salaverría lo ha dicho.
+
+Yo no he nombrado al Sr. Salaverría, no he dado ninguna de sus señas
+personales ni he reproducido ningún párrafo suyo. Y si el Sr. Salaverría
+no hubiese dicho que los españoles habíamos adoptado la costumbre
+inglesa de ponerle una hache al te, ¿para qué iba a decir ahora que no
+lo había dicho?
+
+Al decir que no lo ha dicho, el Sr. Salaverría dice que lo ha dicho. Y
+si, diciendo que lo ha dicho, resulta que no lo ha dicho, entonces es el
+Sr. Salaverría quien falta a la verdad, cometiendo así una acción tan
+indigna de él como de mí, porque el Sr. Salaverría también es
+inteligente y también es chistoso. (Los chistosos inteligentes--escribe
+el Sr. Salaverría--no necesitan recurrir a la mentira.)
+
+Lo que más le ha molestado al Sr. Salaverría, al creerse aludido por mí,
+es el que yo le atribuya un concepto desdeñoso hacia la hache británica.
+«Yo ignoro muchas cosas--dice--. Sin embargo, conozco la importancia que
+tiene la hache para los ingleses.» Pues bien, Sr. Salaverría, todo ha
+sido una broma. La hache no tiene para los ingleses importancia ninguna.
+El hombre que verdaderamente le ha dado importancia a la hache ha sido
+usted. Por ella, Sr. Salaverría, no ha vacilado usted en arremeter
+contra un viejo amigo como yo, llegando hasta a decirme que involucro.
+¡Oh hache!... Tienes nombre de mujer...
+
+
+
+
+XIX
+
+LA TAZA DE TE
+
+
+Por si a algún lector le interesa, reproducimos el artículo que ha dado
+origen a la nota anterior.
+
+«Un distinguido escritor se queja de que los españoles hayamos adoptado
+la costumbre inglesa de ponerle una hache al te. Por mi parte, y aunque
+he vivido varios años en Londres, desconozco totalmente esta costumbre.
+En la gran metrópoli he tomado te de la China y te de Ceylán. He tomado
+te con leche y te con limón. He tomado te con _scones_, y con _mufirs_,
+y con pan y manteca, y con toda clase de bocadillos, pero no recuerdo
+haber tomado nunca te con hache. Allí no hay más te con hache que el
+_The Thimes_. Los otros tes, como no lleven la hache dentro de algún
+bocadillo, se toman siempre sin ella, y, muchas veces, también se toman
+sin azúcar.
+
+El escritor a quien me refiero ignora, probablemente, toda la
+importancia que tiene la hache en Inglaterra. En Inglaterra la hache
+tiene una importancia social verdaderamente formidable. Es, como si
+dijéramos, una letra de lujo. Las clases cultivadas la aspiran
+orgullosamente, pero el pueblo no la pronuncia. Aunque, de derecho, la
+hache sea allí una letra tan popular como cualquier otra, de hecho no
+existe para el pueblo. Y ahora, cuando, cargados de impuestos, los ricos
+ingleses son cada día más pobres, y cuando, mejorados sus salarios, los
+pobres ingleses son cada día más ricos, ¿qué barrera es la que, en
+Inglaterra, separa a unas clases sociales de otras? La hache... Y
+mientras una revolución no destruya esa letra aristocrática, yo, como el
+Sr. Vázquez Mella, no podré creer que la democracia inglesa es una cosa
+perfecta.
+
+En España, país de los viceversas, son sólo algunos pobres campesinos
+andaluces quienes pronuncian la hache. Las demás gentes se limitan a
+usarla como un elemento decorativo, y mientras unas se la echan al te,
+otras se la ponen a las toallas. ¿Qué más da? Pero conste que la hache
+con que algunos españoles amenizan su te no es inglesa, ya que los
+ingleses escriben _tea_, que pronuncian _ti_. Convengo en que a muchos
+incautos, un te con hache les parecerá más inglés que sin ella. No
+obstante, yo sospecho que esa hache es de manufactura catalana, y, en
+vez de combatirla estérilmente, creo que debiéramos unir nuestras
+fuerzas a las de un señor que en un gran hotel protestaba, días atrás,
+contra la frase _five o'clock_, empleando una argumentación llena de
+lógica.
+
+--¿No somos españoles?--decía aquel caballero--. ¿No estamos en España?
+Y entonces, ¿por qué hemos de llamarle _five o'clocks_ a los
+bocadillos?»
+
+
+
+
+EN LA TIERRA DE LOS POLÍTICOS
+
+
+
+
+I
+
+EL VIAJE
+
+
+De cada mil gallegos puede decirse que han estado en Buenos Aires lo
+menos novecientos. En cambio, apenas si dos o tres se habrán atrevido a
+llegar hasta Madrid. Hay muchas razones que expliquen este hecho; pero
+la principal es que, para ir a Buenos Aires, un gallego no necesita más
+que veintitantos días; y ¿qué son veintitantos días comparados con la
+eternidad? (Por eternidad, naturalmente, yo entiendo, en este caso, el
+viaje a la villa y corte.)
+
+Al gallego, hombre de espíritu aventurero, no le arredra la
+incertidumbre de su porvenir en tierras de América, ni le atemorizan los
+peligros del inmenso Tártaro. Va a Buenos Aires por afán de ver mundo,
+aun suponiendo que, una vez allí, no se hará millonario ni nada, y que,
+al volver, no podrá darse el pisto de fundar un hospital, ni un grupo
+escolar, ni siquiera una modesta fábrica de conservas. Va a hacer de
+dependiente, de criado, de cochero, de lo que sea... En cambio, cuando
+un gallego se arriesga a ir a Madrid, es con el propósito firme de
+llegar a ministro. Cualquier otro cargo inferior a éste no le
+compensaría de las fatigas del viaje...
+
+Yo no he sido ministro todavía; pero mis paisanos no desesperan de que
+llegue a serlo. Si yo me dedicara en Madrid a hacer sillas, mis paisanos
+creerían que las hacía para conseguir una cartera. Hago artículos, y no
+se imaginan que pueda hacerlos más que para trabajar mi nombramiento. En
+Galicia se admite el que uno sea original, pero no hasta el punto de ir
+a Madrid para no volver de ministro...
+
+Y, probablemente, mis paisanos tienen razón. El viaje entre Madrid y
+Galicia no se debe hacer más que con un ideal muy grande. Cuando yo
+venía hacia acá, me encontré en el tren con mi compañero Domínguez
+Rodiño, quien se proponía tomar en Vigo un vapor hasta Ámsterdam para
+entrar luego en Alemania y ver si desde allí podía trasladarse a Moscou.
+
+--Es un viaje penoso--me decía Rodiño.
+
+--¡Bah!--le contestaba yo--. La dificultad está en llegar a Vigo. Lo
+demás es un paso.
+
+Ya en Vigo, Rodiño parecía un poco arrepentido de su proyecto.
+
+--Va a ser una lata--exclamaba--eso de atravesar ahora la frontera de
+Rusia. Al salir de Madrid yo estaba mucho más animado.
+
+--Cosas de la edad. Entonces era usted bastante más joven.
+
+¿Por qué marchará tan despacio el tren de Madrid a Galicia? Algunos
+hablan de falta de carbón; pero esto es inexacto. En los respaldos y en
+las almohadillas de los asientos hay carbón a toneladas. Este carbón,
+admirable depósito de calórico, mantiene los coches a una temperatura
+elevadísima. Yo creí que no lograría nunca sacarme de encima todo el
+carbón del viaje. Al llegar a Vigo me miraba al espejo y me costaba gran
+trabajo reconocerme como un individuo perteneciente, en relación más o
+menos directa, a la gran familia aria.
+
+--¡Que un hombre del tronco indogermánico llegue a verse así!--exclamaba
+para mis adentros.
+
+Y, blandiendo un áspero estropajo, yo pensaba que, para hacer de España
+un todo ordenado y armónico, puede haber varios procedimientos; pero que
+el primero debe consistir en unir materialmente unas regiones con otras
+construyendo caminos y ferrocarriles que anden.
+
+
+
+
+II
+
+LOS POLÍTICOS
+
+
+Galicia es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen
+unas de otras, y los políticos, también. Para ser un político gallego,
+lo primero que se necesita es ser pariente de otro político gallego. El
+hijo de un gran político gallego tiene, desde su nacimiento, categoría
+de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director
+general, y así sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de
+ningún político gallego--cosa rara, dada la portentosa facultad de
+reproducción que caracteriza a esta especie--, entonces tiene uno que
+hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga
+advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los
+prohombres de la política se les llama parientes políticos.
+
+Luego, el nuevo político se va a Madrid y comienza a pedir. Pide
+muelles, dársenas, puentes, carreteras, grupos escolares, ¡lo que haya!
+Un día, paseándome por los pasillos del Congreso con un prócer de la
+política, vimos aparecer a lo lejos la figura de un diputado paisano
+mío.
+
+--Vamos a darle esquinazo--me dijo el prócer--; porque, en cuanto me
+descuide, ese hombre me saca un puerto...
+
+Hay quien le concede mucha importancia a un puerto, aunque sólo sea de
+trescientas o cuatrocientas mil pesetas. Sin embargo, es mucho más fácil
+que un amigo le dé a uno un puerto que no una escribanía de bronce. A
+veces, para captarse la buena voluntad del ministro, el diputado
+pedigüeño le regalaba una caja de puros. ¡Una caja de puros por un
+puerto! Otras veces no había puertos disponibles.
+
+--¡Un puerto! ¿No le sería a usted igual un puente?
+
+--¡Hombre! Yo les he prometido un puerto...
+
+--Es que la consignación para esa clase de obras está completamente
+agotada. Anímese usted y llévese un puente. Podemos darle uno magnífico.
+
+El diputado iba resignándose.
+
+--Si, a lo menos, tuviésemos un río...--exclamaba, ya medio convencido.
+
+Y, al final, acababa por llevarse el puente, ya que el caso era llevarse
+algo.
+
+Se le daba un puente al pueblo que necesitaba un puerto, y el que
+esperaba el puente tenía que arreglárselas con un grupo escolar. El
+marqués de Riestra, padre espiritual de todos los políticos gallegos,
+aportaba a las obras sus maderas, sus ladrillos, su cemento y sus otros
+materiales de construcción. Los pueblos, agradecidos, hacían fiestas.
+Los diputados salían reelegidos, y todo el mundo estaba contento.
+
+Al ver ahora todas estas carreteras, todas estas escuelas, todos estos
+muelles y todas estas dársenas, yo tengo la sensación de que alguien
+está de días y que los amigos y parientes le han llenado la casa de
+objetos inútiles y aparatosos. ¡Veinte escribanías, una docena de
+bastones, otra docena de paraguas, quince pitilleras, doscientos
+cubiertos de plata Meneses!... ¡Con la falta que, a lo mejor, le hace al
+festejado un gabán de invierno o una mesa de despacho!...
+
+
+
+
+III
+
+LA GRACIA GALLEGA
+
+
+Cuando un andaluz se pone a decir: «¡Vamoj, hombre! ¡Mardita zea! ¡Mijte
+quej grande!», y todo el mundo le escucha con gran contentamiento, como
+si dijera algo sumamente ingenioso, yo me abismo en amargas reflexiones.
+
+--He ahí un hombre con gracia--me digo--. ¡Y pensar--añado--que si ese
+hombre hubiese nacido en la provincia de Pontevedra no tendría gracia
+ninguna!...
+
+A un pontevedrés, en efecto, le es mucho más difícil caer en gracia que
+a un sevillano. Desde luego, como no se le ocurra nada más que decir:
+«¡Vamos, hombre!» «¡Maldita sea!» y «¡Mire usted que es grande!», el
+pontevedrés irá a un fracaso absoluto. El pontevedrés no tiene gracia de
+nacimiento. Las gentes le exigen una gracia de concepto, mientras que al
+andaluz le basta con el acento. Si se le hubiese quitado el acento a las
+obras de los hermanos Quintero, haciendo que sus personajes vocalizaran
+todas las letras con arreglo a la prosodia oficial, los hermanos
+Quintero no hubiesen entrado nunca en la Academia. ¡Y dicen que la
+Academia está destinada a velar por la pureza del idioma!...
+
+Indudablemente, los gallegos no tenemos público. Frecuentemente, cuando
+uno dice que es gallego, nota en el auditorio un deseo así como de
+contestarle:
+
+--¡Hombre, no! Eso será una aprensión de usted...
+
+Conmigo nadie ha llegado a este extremo; pero a veces me han dicho:
+
+--¿Gallego? Pues nadie lo creería. No se le nota a usted nada, ¿verdad?
+(Dirigiéndose a los circunstantes.)
+
+Los circunstantes entonces, con una gran finura, han confirmado que, en
+efecto, no se me notaba nada el que yo fuese gallego. Y luego no ha
+faltado nunca alguien que dijese:
+
+--Si hay gallegos «muy bien». ¡Cuando un gallego sale listo!...
+
+--¡Ya lo creo!--ha añadido algún otro señor en este momento--. Hay
+gallegos que llegan a ministros y todo. Ahí tiene usted a Besada.
+
+--Y a Montero Ríos...
+
+--Y a Canalejas...
+
+¡Terrible cosa es esta de que para serle agradable a uno tengan que
+compararle con un ministro! Es la consecuencia de un prejuicio secular
+que existe contra Galicia; pero, por mi parte, yo creo que este
+prejuicio constituye para Galicia una ventaja enorme. Cada gallego, en
+efecto, tiene que rectificarlo con su propio esfuerzo. El andaluz, al
+nacer, se encuentra con una herencia de gracia, de simpatía y de
+popularidad que le permite abrirse fácilmente un camino en la vida,
+aunque carezca de méritos personales. El gallego, en cambio, sólo se
+encuentra con deudas que necesita saldar por sí mismo, y si
+individualmente esto es un mal, colectivamente tiene que ser un bien. A
+la larga resultará que los pueblos han sido, en cada época, lo contrario
+de la fama que tenían, ya que, cuando tenían la fama, no necesitaban la
+cosa, y ya que la cosa, y no la fama, es lo fundamental.
+
+Pero como esto está resultando demasiado conceptuoso, acaso valga más
+dejarlo.
+
+
+
+
+IV
+
+LA RAZA
+
+
+La última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más
+hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de
+nación.
+
+--_Le_ somos una nación, ¿sabe usted?--me explica alguien--. _Le_
+tenemos una personalidad nacional tan fuerte como la primera...
+
+--¿Por qué no?--le contesto.
+
+Y, en efecto, ¿por qué no? Una nación se hace lo mismo que cualquier
+otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un
+millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el
+mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más
+hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que
+hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los
+braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que
+algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo
+sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos
+locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría
+terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y si alguien osaba
+decirme entonces que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es
+lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de
+nación, le habría reducido al silencio.
+
+El nacionalista a quien he aludido antes tiene de las naciones una idea
+mucho más respetuosa que la mía.
+
+--Pero usted mismo--me dice--; usted es un celta.
+
+--No--le respondo--. Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez,
+pero en una época tan remota, que no conservo de ello ni el más vago
+recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteció mucho antes
+del imperio romano, y, desde entonces acá, ¡han pasado tantas cosas! Es
+posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido también godo,
+fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin
+embargo, yo me siento mucho más afín a un madrileño que a un irlandés.
+
+No--continúo--. Yo no soy celta. Soy, sencillamente, un hombre nervioso
+y, en vez de unirme a un celta sanguíneo, prefiero hacerlo a un ibero de
+mi mismo temperamento. ¿Por qué no han de asociarse los hombres por
+temperamentos en vez de hacerlo por razas o por religiones? Ello sería,
+indudablemente, mucho más científico, y yo no desespero aún de ver
+terminada esta guerra, una gran guerra intercontinental de biliosos
+contra linfáticos. Los biliosos, naturalmente, serán quienes rompan las
+hostilidades.
+
+
+
+
+V
+
+EL IDIOMA
+
+
+Un amigo quería meterme en la hermandad del habla, que es una Liga
+constituida para propagar el uso del gallego. Yo me negué. Creo que todo
+el mundo habla gallego en Galicia, y creo que, más que nadie, lo hablan
+aquellos que hablan castellano. El castellano, es, en efecto, la
+verdadera forma actual del gallego. Los labradores que se expresan en
+gallego no usan aquí un idioma distinto del de los industriales que se
+valen del castellano; usan el mismo idioma, pero con un léxico limitado
+y primitivo. En realidad no hablan gallego, sino que malhablan
+castellano. Y, de formar una Liga para reconstituir el castellano en sus
+formas más remotas, yo no veo por qué esa Liga ha de formarse
+precisamente en Galicia. Lo mismo se podría formar en Valladolid.
+
+No creo que haya un idioma gallego distinto del castellano. Lo que sí
+creo es que se podría inventar. Conozco lenguas medievales que se han
+fabricado en estos últimos treinta años, de acuerdo con todos los
+adelantos filológicos. Con una pequeña base se hace una lengua en menos
+tiempo del que se necesita para hacer un partido político. Podríamos,
+pues, hacer un idioma gallego; pero ¿cuánto nos duraría?
+
+A la vuelta de cincuenta, de sesenta o de cien años, este idioma gallego
+llegaría, lógica y fatalmente, a confundirse con el castellano. El
+gallego evolucionaría siguiendo su curso natural.
+
+--¿Y el castellano?--preguntará alguien.
+
+El castellano no evolucionaría nada, porque ahí están los académicos
+para impedir que evolucione.
+
+Por lo demás, acaso todo esto de los idiomas sea mucho menos importante
+de lo que nos parece. Yo creo que la importancia de los idiomas es muy
+pequeña, hasta en la misma literatura. Si lo más importante en
+literatura fuese el idioma, los iberoamericanos leerían libros españoles
+con preferencia a los libros de otros países. El idioma une los
+iberoamericanos a nosotros; pero otras cosas, positivamente más fuertes,
+los atraen hacia países de hablas muy distintas.
+
+
+
+
+VI
+
+EL ACENTO
+
+
+En un viaje reciente, a bordo de un transatlántico, tuve la fortuna de
+coincidir con una ilustre compañía de actores españoles. Yo venía algo
+mareado. Mi cabeza me producía una sensación extraña, como si no fuese
+exactamente la mía, sino, más bien, una cabeza parecida, que alguien me
+hubiese dado el encargo molesto de transportar hasta España. Juzgando
+con esta cabeza, tomé por una gran actriz a una señora que hablaba
+siempre de un modo muy enfático; pero ella me sacó pronto de mi error.
+Si hablaba así, no era por ella, sino por las niñas, dos hijas suyas,
+muy monas, por cierto. Las niñas estaban comenzando su carrera teatral,
+y apenas si ponían en la compañía algo más que sus caras bonitas; pero
+la madre, entre bastidores, ponía el énfasis.
+
+--¡Pobrecitas!--decía la buena señora--. Hay una que habla algo; pero la
+otra no dice ni una palabra.
+
+Yo me compadecí de la infeliz porque la mudez me parece una gran
+desgracia para una niña casadera. Afortunadamente, sólo se trataba de
+una mudez artística. La chica tenía una lengua bastante suelta; pero el
+director no se atrevía a confiarle más que papeles silenciosos.
+
+--Y ¿por qué no la dejan hablar?
+
+--Por el acento--me respondió la afligida madre--. Nosotras somos
+gallegas, y en esta compañía no se puede tener acento. ¿Se cree usted
+que, de no ser por el acento, vendrían mis niñas en segunda? El acento
+es nuestra desgracia. Afortunadamente, la mayorcita ya va perdiéndolo...
+
+La mayorcita, en efecto, sabía decir sin acento «¡hola, vizconde!», «yo
+lo tomo sin azúcar» y demás frases de alta comedia; pero la pequeña era
+incorregible y, mientras no perdiese el acento, no la permitirían
+hablar. En aquella compañía se suponía, probablemente, que la acción de
+todas las comedias ocurre en la Luna. No se le autorizaba a nadie acento
+ninguno. Una marquesa con dejo gallego o catalán, andaluz o madrileño,
+les resultaba inadmisible, como si las marquesas no nacieran en ninguna
+parte. Y la pobrecita muda no podría romper a hablar hasta que hubiera
+desnaturalizado su voz por completo y lograra expresarse como un
+fonógrafo. Mientras tanto, su madre le cuidaba el acento lo mismo que
+pudiera cuidarle una enfermedad del hígado.
+
+--Fíjate, mujer--solía decirle--. Ayer estabas bastante aliviada, pero
+hoy te encuentro mucho peor.
+
+--¡Qué quiere usted, mamá! Debe de ser el mareo...
+
+El acento es uno de los grandes encantos de Galicia. Cuando yo llegué,
+los primeros amigos a quienes vi prorrumpieron en ayes lastimeros.
+
+--¡Fulaniño!--me decían--. Vendrás muy cansadiño. ¡Pobriño!...
+
+Parecía que lloraban, y lo que hacían era manifestar una gran alegría.
+Son los inconvenientes de este acento tan dulce.
+
+Pero yo no quiero hacer comentarios sobre el acento gallego. En esto de
+los acentos tengo una experiencia algo desagradable y no desearía
+repetirla con mis propios paisanos.
+
+
+
+
+VII
+
+ANTONIÑO
+
+
+Hará cosa de dos o tres meses, _Antoniño_ fue a confesarse, y en el
+curso de su confesión, le dijo al cura que leía periódicos.
+
+--¡Malo! ¡Malo!...--refunfuñó el cura--. No veo qué necesidad tienes tú
+de leer periódicos. ¡Siquiera fuesen de la buena Prensa!... Pero,
+seguramente, serán de la otra.
+
+Eran de la otra, en efecto, y _Antoniño_ lo reconoció así, aunque
+aduciendo un motivo justificante.
+
+--¡Qué quiere usted, padre!--exclamó--. La buena Prensa es tan mala!...
+
+--No hay más Prensa mala que la mala Prensa--repuso el cura
+sentenciosamente--. Y vamos a ver, ¿qué periódicos son esos que tú
+lees?...
+
+--Leo _El Sol_--dijo Antoniño.
+
+--_¿El Sol?_
+
+--_El Sol_.
+
+--¿Un periódico de diez céntimos?
+
+--Justamente.
+
+Un periódico de diez céntimos--pensó quizás el cura--debe de ser tan
+malo como dos periódicos de cinco. Luego, en voz alta, continuó:
+
+--¿Un periódico que no admite el anticipo reintegrable?
+
+--Sí, padre--contestó _Antoniño_ ya medio anonadado.
+
+--¿Un periódico--interrogó aún el cura--que hace campaña contra el
+espionaje alemán?
+
+_Antoniño_ no podía negar.
+
+--El mismo, padre--suspiró--. ¡El mismo!...
+
+--Pues, hijo mío--dijo entonces el cura--. Lo siento mucho, pero no te
+puedo dar la absolución.
+
+_Antoniño_ se quedó aterrado. Si le hubiesen dejado sin novia, tal vez
+hubiera podido resignarse. Hubiera podido también vivir algún tiempo sin
+empleo, pero, ¡sin absolución!...
+
+--Pues yo--le dije a _Antoniño_ cuando el pobre muchacho me contaba sus
+cuitas--. Yo creo que, en caso necesario, podría vivir sin absolución.
+He visto personas que viven con un pulmón sólo, y otras que carecen
+totalmente de bazo. Y aun he visto algo más curioso, _Antoniño_, he
+visto hombres que viven sin dinero y que viven muy bien... En Madrid hay
+la mar.
+
+--En Madrid es diferente--observó _Antoniño_--. Aquello es una gran
+ciudad. Yo no digo que allí me fuese de todo punto indispensable la
+absolución; pero, ¡aquí!... ¿Cómo quiere usted que viva aquí sin
+absolución un pobre tonelero?
+
+--Y ¿qué pasó por fin? ¿No te dieron la absolución?
+
+--¡Quia!... ¡Si fuese el cura de Ribalta!... Aquel sí que es un cura
+campechano. Todas las muchachas van a confesarse con él porque las
+absuelve siempre y les pone unas penitencias muy pequeñas.
+«Divertíos--les dice--. Tiempo tendréis de rezar si no encontráis mozos
+de ley que se casen con vosotras»... Pero el cura de aquí es muy
+estricto. ¡Y eso que yo le regalo de cuando en cuando unos huevos o unas
+manzanas! ¡Para que digan que los hombres de iglesia son agradecidos!
+
+--¿De modo que no te dio la absolución?
+
+--No, señor. Me dijo que no me la daba aunque me borrase del periódico
+aquel mismo día. Todo el pueblo se enteró. Algunas personas dejaron de
+saludarme, y en la fábrica estuvieron a punto de quitarme el pan.
+Entonces yo me marché a la ciudad, dispuesto a conseguir una absolución,
+aunque me tuviese que gastar doscientos reales. ¡Qué demonio! Para estos
+casos quiere uno el dinero. Llegué a la iglesia, me senté al
+confesionario, y lo primero que le dije al cura fue esto: «Acúsome,
+padre, de leer _El Sol_».
+
+--¿Así lo dijiste, _Antoniño_?
+
+--Así, sí, señor, y con la misma tranquilidad con que hubiese podido
+decir «buenos días». No se figure usted que yo soy un gallina.
+
+--Y el cura, ¿qué te contestó?
+
+--El cura me preguntó que si eso de _El Sol_ era una novela, y cuando yo
+le expliqué que era un periódico de diez céntimos, me dijo:
+
+--Si es de diez céntimos, debe de ser bueno...
+
+--¿Y conseguiste la absolución?
+
+--Ya lo creo. En las ciudades se consigue todo. Pero yo quería vengarme
+del cura de aquí, y al día siguiente, cuando estaba sirviendo la
+comunión, me puse con los demás, y me la tuvo que dar él mismo. El ya
+debía de comprender que yo tenía mi absolución en el bolsillo; pero, ¡si
+viera usted qué cara me puso!...
+
+--¡Bravo, _Antoniño_! Y, ¿sigues leyendo _El Sol_?
+
+--Sí, señor.
+
+--Pues dentro de unos días leerás en él tu historia. La gente no va a
+creerla, pero ahí estás tú para dar fe.
+
+--Es que... si por casualidad se enteran en la fábrica y me despiden...
+
+--Descuida, _Antoniño_. No daré detalles y seguirás conservando todos
+los elementos necesarios a tu vida: un empleo, una novia, una
+absolución...
+
+
+
+
+VIII
+
+UN AMIGO DE MISTER BORROW
+
+
+Allá por el año de 1835 cayó en España un inglés estrafalario que venía
+a vender biblias. Un día este inglés llegó a Pontevedra con una carta de
+recomendación para el Sr. García, notario de la ciudad. El señor García
+resultó ser un patriota entusiasta, pero en un sentido puramente local,
+según cuenta el inglés. Su patria era Pontevedra, y el extranjero, Vigo.
+
+--Esos tíos de Vigo--exclamaba--dicen que su ciudad es mejor que la
+nuestra y que debiera convertírsela en capital de la provincia. ¿Ha oído
+usted alguna vez una locura semejante? ¿Se le hubiese ocurrido a usted
+nunca comparar a Vigo con Pontevedra?
+
+--Yo no sé--replicó el inglés--. Yo nunca estuve en Vigo; pero he oído
+decir que la bahía de Vigo es la mejor del mundo.
+
+--¡La bahía!--refunfuñaba el Sr. García--. ¡La bahía!... Sí. Esos
+canallas tienen una bahía, y con ella nos han robado a nosotros todo el
+comercio; pero, ¿para qué necesita tener bahía una capital de provincia?
+¡La bahía! Yo espero--continuó el Sr. García, dirigiéndose al
+inglés--que usted no ha venido desde tan lejos para tomar la defensa de
+una taifa de bandidos como esos de Vigo.
+
+--No--contestó el inglés--. En realidad yo ignoraba que los vigueses
+necesitasen mi auxilio en esta disputa. Lo único que me propongo hacer
+con ellos es llevarles el Nuevo Testamento, del cual, evidentemente,
+tienen mucha necesidad si son tan golfos y tan canallas como usted los
+pinta...
+
+Y largo rato después, todavía el Sr. García refunfuñaba:
+
+--¡La bahía!... A mí nunca se me ha alcanzado con qué derecho puede
+tener bahía un pueblo como el de Vigo...
+
+Yo había leído este diálogo, que acabo de traducir casi literalmente, en
+_La Biblia en España_, de Jorge Borrow, que así se llamaba aquel inglés
+estrafalario, hoy una de las glorias más puras con que cuenta la
+literatura inglesa. Lo había leído hace tiempo, y creía que el Sr.
+García, ya no muy joven a comienzos del siglo pasado, yacería ahora bajo
+su amada tierra pontevedresa, quizás alimentando con sus despojos algún
+castaño o algún cerezo. Pero España es el país donde no se muere nunca
+completamente. Al llegar a Pontevedra uno se encuentra en seguida con el
+Sr. García, que comienza a hablarle mal de Vigo.
+
+La lucha entre Vigo y Pontevedra continúa hoy igual que en el año 1835.
+Y lo que ignora el Sr. García, como si desde que habló con Mr. Borrow no
+hubiesen pasado días ningunos, es que, frente a Vigo, Pontevedra no es
+Pontevedra, sino más bien Madrid. Pontevedra es el Ministerio de
+Hacienda, y el de la Guerra, y el de Fomento, y el de Gobernación.
+Pontevedra es la Administración, y Vigo es la Geografía. Si Vigo llegase
+a ser un día el centro de comunicaciones más importante entre Europa y
+América, yo no creo que el pueblo pontevedrés perdiese nada con ello. La
+bahía de Vigo vendría a ser entonces, sencillamente, una bahía de
+Pontevedra. Algo así como su propia bahía de usted, querido Sr. García.
+
+En cuanto a los vigueses, yo temo que su bahía sea superior a su
+ambición. Con una ambición digna de una bahía tan hermosa, los vigueses
+debieran considerar a Pontevedra como un barrio del Vigo futuro. ¡El
+barrio aristocrático, el barrio oficial a unos veinte kilómetros y pico
+del barrio mercantil! El barrio de los notarios viejos, como aquel
+excelente y parroquial señor García, que, después de comprarle algunas
+biblias a Borrow, le dijo:
+
+--Si alguna vez tiene usted ocasión de hablar de mí en letras de
+imprenta, no deje usted de hacerlo. Ya sabe mi nombre y mis títulos:
+Señor García, notario público de Pontevedra...
+
+
+
+
+IX
+
+EL ARADO VIRGILIANO
+
+
+Si, al escribir su _Historia del Arado_, hubiera tenido que limitarse a
+Galicia, el doctor Raer, por muy sabio, por muy pesado y por muy alemán
+que fuese, no hubiese podido llenar arriba de unas veinte páginas. El
+arado gallego, como la mujer honrada, carece de historia. Es un
+instrumento prehistórico, cuya imagen exacta se encuentra en algunas
+tumbas etruscas y creo que en ciertas monedas celtíberas. Don Casto
+Sampedro, un distinguido arqueólogo que se pasa la vida recogiendo
+curiosidades celtas y romanas para el museo de Pontevedra, debiera
+llevarse allí un arado y, con poco esfuerzo, dotaría así de una
+antigüedad indiscutible a la simpática institución.
+
+Los carros gallegos tampoco han progresado mucho más que el arado. Al
+avanzar, sus ruedas producen un sonido agudo que se va modulando en
+inflexiones lentas y quejumbrosas. Dicen que este sonido anima a los
+bueyes y les hace seguir andando. También se podría sostener que el
+ruido de unas botas nuevas anima al que las lleva y le impulsa a
+continuar su camino... Dicen que sirve como de bocina para avisar a los
+carros que vengan en dirección contraria, y es indudable que al ruido de
+unas botas nuevas cabría atribuirle asimismo un objeto muy semejante...
+Yo me he pasado horas y horas oyendo la voz de los carros gallegos. Me
+parecía una voz familiar, y tenía la sensación de haberla oído ya, hacía
+muchísimos siglos.
+
+ _Chirrar d'os carros d'a Ponte_
+ _Tristes campanas d'Herbón..._
+
+Los carros gallegos cantan, y los poetas cantan el canto de los carros
+gallegos. No les hablen ustedes a estos poetas de sembradoras mecánicas
+ni de trilladoras automóviles. Semejantes chismes destruirían la poesía
+del campo, y entonces no habría certámenes literarios, ni flores
+naturales, ni nada. Las chicas elegantes, perdida toda esperanza de que
+se las nombrase reinas en alguna fiesta del gay saber, no les harían ya
+ni pizca de caso a los pobres poetas, quienes tendrían que limitar su
+vida al prosaico empleíllo de la Delegación de Hacienda o de la
+Diputación provincial. El hijo ilustre de la provincia, varias veces ex
+ministro, no vendría nunca más de mantenedor a pronunciar discursos
+grandilocuentes, y sus opiniones estéticas quedarían inéditas en lo
+porvenir... Sería la ruina de la poesía; y, ¿qué se iba a hacer sin
+poesía en las capitales de segundo y tercer orden?
+
+No. Los poetas quieren el carro primitivo y el arado virgiliano. Yo
+tengo grandes sospechas de que si Virgilio viviese hoy, cantaría la
+trilladora mecánica; pero Virgilio ha muerto, y su arado es como una
+herencia que les hubiese dejado a todos sus sucesores. ¡El arado
+virgiliano! ¡El carro venerable! ¡La campiña arcádica, por donde los
+ríos se deslizan mansamente!... En el fondo, es posible que los poetas
+tengan razón y que más valiera el que las cosas siguiesen así. Lo malo
+es la competencia. Cuando los ríos de otras partes se han puesto de
+lleno a trabajar y están constantemente transportando cargamentos y
+moviendo turbinas, los nuestros tienen que prepararse a la defensa. Con
+unos ríos ociosos y un material agrícola prehistórico no se puede
+conseguir ya nada más que una flor natural en algún certamen literario
+de provincias, una escribanía de plata o una colección de las obras
+completas del marqués de Figueroa.
+
+
+
+
+X
+
+PROPIEDAD, ABOGADISMO, POLÍTICA
+
+
+Excepto el autor de estas líneas, todos los gallegos son propietarios.
+El pobre más pobre puede siempre cosechar un repollo y ponerlo a hervir
+en su olla al amparo de cuatro tejas familiares. Difícilmente podrá
+encontrarse país alguno donde la propiedad esté tan distribuida como en
+Galicia. Hay fincas como una alcoba y otras como un pasillo. De algunas
+huertas apenas si lograrían sacarse al año patatas bastantes para un
+banquete de treinta cubiertos. ¿Quién va a comprar, para cultivarlas,
+máquinas sembradoras ni tractores automóviles?
+
+Esta subdivisión de la propiedad no creo que resuelva, ni muchos menos,
+el problema de alimentar al campesino; pero, en cambio, mantiene al
+abogado. Cada ferrado de terreno gallego está siempre en pleito con uno
+de los ferrados de terrenos vecinos. El solo hecho de la entrada a una
+finca que, muchas veces, se encuentra rodeada de veinte o treinta, suele
+ser un semillero de cuestiones, y, mientras se arruina el campesino, el
+abogado engorda. Bien es verdad que los campesinos son también un poco
+abogados. Todos son abogados aquí, unos con título y otros sin él. Yo no
+sé si la marrullería gallega es una consecuencia de la subdivisión de la
+propiedad, o si los gallegos han conseguido que la propiedad se
+subdividiese gracias a su proverbial marrullería. Lo que sí sé es que
+ambas cosas se relacionan y se apoyan, dando origen a una tercera: la
+política. Este ambiente abogadil de intrigas constantes y de habilidades
+pequeñas no puede ser más a propósito para la formación del político
+español. De él salió Montero Ríos, su representante máximo, con toda esa
+caterva de hijos, sobrinos, yernos, amigos y contertulios que nos
+mangonean todavía...
+
+Hay quien opina que subdividir la propiedad es una manera de abolirla y
+que no existe diferencia entre el que la propiedad sea de todos y el que
+no sea de nadie. Es como si a cada uno nos diesen un balón de oxígeno
+para respirar y nos dijesen que eso equivalía exactamente al uso libre
+de la atmósfera. La socialización de la propiedad se hará en toda España
+antes que en Galicia, donde no falta quien ya la considere hecha. En
+Galicia la tierra es de todos; pero tan pronto como un gallego traspone
+su propio ferrado de secano o de regadío, cada paso que da le cuesta un
+pleito. Los andaluces tienen una fama de generosos contraria a la de los
+gallegos, y es muy posible que esta fama esté justificada. Andalucía es
+un país de proletarios, donde el espíritu de propiedad no ha tenido
+ocasión de difundirse. Galicia, en cambio, es un país donde todos poseen
+algo, a excepción de algún escritor más o menos original, como el autor
+de esta crónica.
+
+
+
+
+XI
+
+EL CELTA MIGRATORIO
+
+
+¿La emigración?--me dice un amigo--. Pero, ¿usted cree que la emigración
+es un mal? Todo el dinero que ganan los gallegos en América viene luego
+aquí, a mover nuestra industria. Y no es sólo dinero lo que los indianos
+hacen circular entre nosotros, sino también espíritu de progreso y de
+tolerancia. Con su acento absurdo, diciendo San Jorge de Bolsas en vez
+de San Jorge de Sacos, y cosas por el estilo, los gallegos que vuelven
+de América están modernizando Galicia. Desengáñese usted. La emigración
+es un bien...
+
+Yo estaba ya completamente desengañado. Creo que la emigración es un
+bien; pero en esto, precisamente, consiste el mal. Hay circunstancias en
+las que un hombre no tiene más recurso que ponerse al servicio de otro
+hombre si no quiere morirse: a ese hombre le conviene hacer de criado;
+pero, indudablemente, el estado de criado no constituye un estado
+envidiable. La emigración es un bien, y esto es lo malo. También es un
+bien salir de presidio; pero sería mucho mejor no haber entrado en él.
+
+Hay quien atribuye la emigración de los gallegos a su sangre celta, y
+apoya esta opinión con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde
+la raza céltica se conserva más pura, es también pródiga en emigrantes.
+Yo no quiero negar el espíritu aventurero de la raza céltica, a la que,
+según parece, tengo el honor de pertenecer; pero, ¿por qué es tan
+aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no sé
+qué enfermedad, y desde entonces al 1850 más de un millón de irlandeses
+huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos
+años más celtas que nunca. Después desapareció la enfermedad de la
+patata, y la emigración irlandesa disminuyó en un 80 por 100. Amigo
+lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrézcale una patata y,
+acto continuo, lo convertirá usted en un europeo sedentario. Las razas
+aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de
+libertad. Se echa de sus casas a los judíos, a los polacos y a los
+armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se
+dice que tienen un espíritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen,
+que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace...
+
+La emigración es un bien para Galicia y para España; pero, sobre todo,
+lo es para América. Por cada mil pesetas en dinero que los emigrantes
+mandan aquí, ¿cuántas no se dejarán allí en trabajo? Desgraciadamente,
+aquí el trabajo no les produciría nada, y la emigración sigue. En
+Galicia no se ven apenas más que mujeres, viejos que ya han vuelto de
+América, niños que esperan a ir, caciques y curas. Por cada revista
+madrileña que llega a Galicia, hay cinco o seis revistas argentinas. No
+falta en Galicia quien tome su mate por las tardes leyendo _Caras y
+Caretas_ o _El Mundo Argentino_. Y a mí el separatismo político no me
+asusta; pero este separatismo práctico me parece una cosa muy seria.
+
+
+
+
+XII
+
+GRANDES HOMBRES
+
+
+Las provincias están llenas con estatuas de grandes hombres, sin contar
+las grandes mujeres, como Concepción Arenal y doña Emilia Pardo Bazán.
+Y, ante este fenómeno, yo no puedo menos de preguntarme:
+
+--¿Hay muchas estatuas porque hay muchos grandes hombres, o hay muchos
+grandes hombres para que haya muchas estatuas? ¿Quién hace a quién? ¿El
+escultor es una consecuencia del grande hombre, o el grande hombre una
+consecuencia del escultor?
+
+Desde luego, parece evidente que los grandes hombres, en caso de
+necesidad, podrían, bien que mal, arreglárselas sin escultores. En
+cambio, los escultores se verían bastante apurados el día en que hubiese
+una huelga de grandes hombres.
+
+Un escultor amigo mío, hablándome de cómo iba el hombre resolviendo su
+vida, me decía recientemente:
+
+--Tengo bastante que hacer. Antes sólo había trabajo en España para una
+media docena de escultores. Ahora trabajamos constantemente cerca de un
+centenar.
+
+Yo me acordé entonces del Sr. Salaverría y de sus imprecaciones contra
+el pesimismo. Indudablemente--me dije--el Sr. Salaverría tiene razón.
+Estamos en un período de gran florecimiento. ¿Cómo puede encontrarse en
+decadencia un país que produce grandes hombres bastantes para emplear a
+cien escultores diarios?
+
+Pero luego me asaltó la idea de que, si España dejase de producir
+grandes hombres repentinamente, esos cien escultores no iban a morirse
+de hambre.
+
+--A falta de grandes hombres--pensé--, se arreglarían con hombres
+medianos, y hasta con hombrecitos chiquitines.
+
+Y de situar esta hipótesis en el porvenir a trasladarla al presente no
+había más que un paso. No son los grandes hombres quienes hacen a los
+escultores, sino los escultores quienes hacen a los grandes hombres. Se
+van por las capitales de provincia y trabajan el artículo.
+
+--Pero ¿es posible?--exclaman--. ¿Cómo tienen ustedes esta alameda así,
+sin un grande hombre ni nada?
+
+--¿Un grande hombre?
+
+--Sí. Un grande hombre. Un hijo ilustre de la provincia.
+
+Los provincianos no se acuerdan de ninguno.
+
+--Fíjense ustedes bien. No faltará por ahí un filántropo, un héroe, un
+cronista local, aunque sea un ex ministro.
+
+Generalmente, se acaba por elegir al ex ministro, y el escultor, que ya
+suele tener preparados cuerpos para ex ministros, para filántropos y
+para generales, no hace más que preparar la cabeza y enchufarla. En una
+ciudad, cuyo nombre no importa, el poeta local fue desechado porque era
+tuerto, y se le sustituyó con un abogado.
+
+--¡Un tuerto!--decía el escultor--. Si me dieran ustedes un ciego, les
+haría una obra magnífica; pero, ¡por Dios!, no me den ustedes un tuerto.
+
+--Es que es el único hombre de algún mérito que tenemos por aquí. El
+único digno de una estatua.
+
+El escultor fue irreductible:
+
+--¿Cómo va a ser digno de una estatua un tuerto? ¿Cómo va un tuerto a
+tener mérito?
+
+Los que no somos tuertos no debemos desconfiar todavía de llegar a tener
+nuestra estatua; pero, para adquirir una personalidad algo estatuaria,
+debemos dejarnos crecer la barba y vestir siempre de levita.
+
+
+
+
+XIII
+
+¿QUIÉN SOY YO?
+
+
+¿Sabe usted quién soy yo?--me dice un señor, colocándose en plena luz
+delante de mí.
+
+Positivamente yo no sé quién es este señor, pero me guardo muy bien de
+decirlo así, porque temo entristecerlo.
+
+--Tengo una idea--le contesto--. Su cara de usted no me es
+desconocida...
+
+--Fíjese usted bien...
+
+Me fijo bien.
+
+--¿No ha visto usted nunca caras parecidas a la mía?
+
+Indudablemente, yo he visto caras parecidas a la de este señor: caras
+con una nariz, caras con unos ojos, caras con unos bigotes... También he
+visto sombreros de jipi-japa semejantes a este sombrero de jipi-japa.
+Sin embargo, no caigo.
+
+--No hay duda--exclamo--de que yo le conozco a usted; pero, así, de
+momento, no doy con el nombre...
+
+--¿De modo que no puede usted decirme quién soy yo?
+
+--No, señor...
+
+El hombre se queda muy apesadumbrado. ¿Se tratará, acaso, de un hombre
+que ignora su estado civil y que pretende averiguarlo preguntándoselo a
+las gentes? ¿Considerará este hombre, tal vez, que, siendo periodista,
+yo debo estar mejor informado que las otras personas? ¡Caso triste, en
+verdad, el de un señor que no sabe quién es y que no encuentra quien se
+lo diga!... Yo comienzo a afligirme, pero el señor me recita de pronto
+su nombre, su edad, su profesión, sus apellidos y sus motes.
+
+--¿De modo que usted sabía quién es?--exclamo.
+
+--Claro está.
+
+--Y entonces--prosigo--, ¿con qué objeto me lo preguntaba usted a mí?
+
+No me lo preguntaba para informarse, sino que lo hacía con una intención
+perfectamente capciosa.
+
+Yo permanezco algo desconcertado, y al poco rato comparece otro hombre.
+
+--¡Hola!--exclama el otro hombre--. ¿No sabes quién soy?
+
+--No sé quién eres.
+
+--Y éste--añade señalando a un compañero suyo--, ¿tampoco sabes quién
+es?
+
+--Tampoco. No sé quiénes sois; pero tal vez puedan informaros en el
+Juzgado municipal.
+
+Desde que estoy en el pueblo, numerosas personas se me han acercado para
+que les diga sus nombres. Al principio procuraba complacerlas y hacía
+esfuerzos inauditos a fin de recordar bien. Ahora ya no me canso. Se
+trata de un _sport_ local que no me interesa gran cosa. Faltas de otro
+entretenimiento, las gentes esperan aquí cinco, diez o quince años el
+regreso de algún convecino viajero para preguntarle quiénes son. Quieren
+ver si uno ha conservado la memoria durante sus viajes, y, si el tabaco,
+por ejemplo, se la ha estropeado a uno, entonces le consideran a uno un
+hombre terriblemente orgulloso.
+
+
+
+
+XIV
+
+EL CAMINO DE SANTIAGO
+
+
+El que quiera trasladarse en ferrocarril al siglo XIII, que no piense en
+Santiago. Lo más siglo XIII de Santiago es el viaje. Desde la Coruña se
+va en automóvil, pero ¡qué automóvil! Viajando en él, yo he tenido una
+sensación de cosa arcaica y primitiva que no hubiese podido tener nunca
+viajando en una diligencia. Me parecía así como si el automovilismo
+fuese una invención medieval, una invención que se hubiese perfeccionado
+en otras partes a fuerza de siglos, pero que hubiese permanecido
+estacionaria en el camino de Santiago. Si me aseguran que cuando se
+descubrió el cuerpo del Apóstol, aquel mismo automóvil había servido
+para conducir a Santiago los primeros peregrinos, yo lo creo sin
+vacilar.
+
+En Santiago quise comprar periódicos, pero no había más que _El Correo
+Español_ y _El Debate_. Esto también me produjo una impresión de
+medievalismo. Se hablaba de la guerra, y a mí me parecía que, ya en el
+siglo XIII, se debía de comentar en Santiago la guerra europea con el
+mismo criterio.
+
+Lo que me pareció más moderno fue la catedral. En ninguna parte se
+encuentran más adelantadas las catedrales medievales. La catedral de
+Santiago podía estar perfectamente en Francia, en Inglaterra o en
+Alemania, al lado de las fábricas y de los laboratorios. Ante la
+catedral de Santiago no se experimenta ninguna impresión de anacronismo.
+Esta impresión, si no se ha recibido antes, se recibe después, cuando
+uno pregunta las horas del tren para Villagarcía y le dicen a uno que
+este tren sólo sale tres veces por semana.
+
+
+
+
+XV
+
+EL BOTAFUMEIRO
+
+
+Hubo un tiempo en que las catorce puertas de la catedral de Santiago no
+se cerraban de día ni de noche. Constantemente llegaban peregrinos de
+todas las partes del mundo, que, entonces, sólo eran tres. Venían persas
+con las cabezas tonsuradas; griegos que traían tatuado en las manos el
+signo de la cruz; ingleses, irlandeses, franceses, italianos, eslavos...
+Unos, mudos de nacimiento, querían que el Apóstol les concediese el uso
+de la palabra; otros, ciegos, deseaban ver, y muchos sólo se proponían
+cobrar una herencia, ya que en la Edad Media, para cobrar una herencia
+solía imponerse como condición la peregrinación a Santiago. No faltaban
+príncipes que, en vísperas de alguna batalla, viniesen a implorar el
+auxilio militar del Apóstol contra sus enemigos. Fuera de la catedral,
+unos hombres, sentados en cuclillas, iban apilando a su alrededor
+monedas de todos los países. Eran los cambiantes, padres de nuestros
+actuales banqueros. Dentro, los peregrinos, agrupados por
+nacionalidades, rezaban y cantaban. Cantaban en sus diversos latines
+respectivos y se acompañaban con sus instrumentos predilectos. Cítaras,
+crótalos, flautas, gaitas, arpas, salterios, trompetas, liras, todo
+sonaba allí, y el Apóstol hacía el milagro de armonizarlo. Luego, los
+peregrinos se iban a ver las reliquias, guiados por el _lenguajero_, una
+especie de intérprete de hotel, que sabía decir en varios idiomas
+piedra, corona, cuchillo, hacha, sombrero...
+
+Unos peregrinos viajaban a sus expensas; otros venían implorando la
+caridad. La mayoría llegaban rotos, sucios, mugrientos y enfermos.
+Algunas veces se declararon en Santiago epidemias muy serias, y el
+Apóstol no daba abasto haciendo milagros. Fue entonces cuando se inventó
+el _botafumeiro_, «rey de los incensarios», como le llama Víctor Hugo.
+El _botafumeiro_ no fue en sus orígenes un objeto litúrgico, sino,
+sencillamente, un aparato de desinfección. Lo cargaban con incienso
+porque todavía no existía el ácido fénico. Aquellos peregrinos, que
+venían directamente desde el fondo del Asia, tenían mucha fe, pero olían
+muy mal, y los santiagueses procuraban aislarlos en una nube de
+incienso. Si hubieran podido, también se hubiesen untado las narices con
+aceite mentolado, y quizás hoy, al olor del aceite mentolado, uno se
+llenase de evocaciones religiosas y viese, en su imaginación, coros de
+ángeles y serafines...
+
+¡Grandioso _botafumeiro_! Hoy, que la falta de fe lo mantiene ocioso,
+¿por qué no se piensa el medio de trasladarlo al Congreso? Cuanto más
+animados fuesen los debates, el _botafumeiro_ giraría más velozmente. Y
+en vez de procurarse una entrada o de leer el _Diario de las Sesiones_,
+uno se limitaría a ver, desde fuera, cómo salía y se elevaba y se
+desvanecía el humo.
+
+
+
+
+XVI
+
+CABEZAS DE CERDO
+
+
+Hace tiempo, los cerdos de Galicia llevaban una vida completamente
+patriarcal. Eran, quizás, algo inmorales, eran glotones y tenían una
+cierta socarronería muy campesina; pero ninguno de ellos estaba
+contaminado por las ideas del siglo. Los chicos de los paisanos crecían
+entre ellos, y a veces, chicos y cerdos dormían en la misma habitación.
+¿Puede imaginarse nada más virgiliano? En ciudades como Santiago había
+quien se llevaba los cerdos a un segundo piso y salía luego a pasearse
+con ellos entre los canónigos, los tenientes de la guarnición y los
+estudiantes de latín. Una señorita inglesa que estuvo hace algunos años
+en la ciudad del Apóstol--la autora de _Galicia. The Switzerland of
+Spain_--le preguntó a su hostelera si era cierto lo que se decía de los
+cerdos santiagueses como animales de sociedad.
+
+--No son únicamente los cerdos--contestó la interpelada--. Desde su
+ventana puede usted ver dos cabras en el piso de enfrente. Sus dueños
+las tratan como personas de la familia...
+
+Todavía hay en Santiago quien recuerda a Montero Ríos guiando por las
+calles un rebaño de cerdos. Más tarde guió electores. Luego,
+diputados...
+
+Sí. Los cerdos llevaban aquí una vida completamente patriarcal. Cuando
+les llegaba su San Martín, berreaban horriblemente y estiraban una pata,
+que era un jamón. Morían dolorosamente, pero sin remordimientos de
+conciencia. Nunca habían tenido ambiciones ni vanidades. Si habían
+procurado engordar, no lo hicieron por ellos tanto como por sus dueños.
+Engordaron para que sus morcillas fuesen más sabrosas y para que su
+tocino le diera más gusto al caldo de las buenas familias en cuyo seno
+habían vivido.
+
+Pero ahora hay en Galicia una nueva generación de cerdos. A poco de
+estallar la guerra, unos hombres extraños vinieron por aquí y
+soliviantaron a los cerdos, a las gallinas y a otros muchos animales
+domésticos.
+
+--¿Cuánto os dan aquí por una docena de huevos?--parece que les
+preguntaron a las gallinas.
+
+--Y los jamones--dijeron, dirigiéndose a los cerdos--, ¿a cómo los
+vendéis?
+
+El cerdo, animal muy tradicionalista, dio un gruñido y no hizo caso. La
+gallina cacareó. Pero aquellos hombres hablaron de los mercados
+extranjeros, donde todo se pagaba diez veces más que aquí, y hoy
+nuestros animales de corral y de alcoba han aprendido ya los caminos del
+mundo. El cerdo gallego tiene actualmente sus ideas industriales, ni
+más ni menos que si fuese un cerdo de Chicago. Dentro de poco será capaz
+de pedir que lo maten automáticamente y que lo desmenucen de un modo
+científico.
+
+Las costumbres patriarcales del cerdo gallego van desapareciendo. El
+cerdo progresa. Y si esto continúa así, será cosa de recomendar a
+nuestros políticos que coman cabeza de cerdo a ver si se les pega algo.
+
+
+
+
+XVII
+
+LA VIEIRA
+
+
+Uno de los mariscos más dignos de estimación es la _vieira_. Madrid, que
+lo ignora todo respecto a provincias, no come _vieiras_, y es una
+lástima. Asadas en su concha, con un diente de ajo y un poco de
+pimentón, las _vieiras_ son bastante más sabrosas que esos cangrejos de
+celuloide con que los madrileños pretenden consolarse de su falta de
+mar. En Inglaterra la vieira carece de triptongo; se llama _scallop_, y
+este nombre, escaso en vocales, es como si le quitara la mitad del
+gusto. Sin embargo, la _vieira_ tiene allí, por lo menos, tanta
+popularidad como la ostra. En Francia las vieiras bretonas, las vieiras
+armoricanas, gozan de gran reputación y son consideradas un bocado
+exquisito. ¿Y saben ustedes cómo las llaman los franceses a las
+_vieiras_? Las llaman _coquilles Saint-Jacques_, o conchas de Santiago.
+
+Porque la vieira es el marisco del Apóstol. Es un marisco casi sagrado,
+así como otros mariscos son literarios, y otros, políticos. Se cuenta
+que cuando el cuerpo de Santiago fue conducido al Padrón, un caballero
+que deseaba acompañarlo llegó tarde al puerto. El barco había izado ya
+sus velas y se perdía en el horizonte, sobre un mar de oro y de plata.
+Entonces el caballero hizo el signo de la cruz y se lanzó audazmente
+entre las olas. Durante varios días su caballo fue galopando sobre el
+fondo del mar, con gran asombro de merluzas y salmonetes, y cuando
+llegaron a Iria Flavia, caballo y caballero estaban cubiertos de
+_vieiras_. Desde entonces la vieira ha sido el símbolo de los
+peregrinos, y para que éstos no tuviesen que ir a buscarlas debajo del
+mar--la experiencia del caballero no se consideraba concluyente y había
+el temor de que algún peregrino pudiese morir ahogado--, los
+santiagueses se las vendían ya muy bien preparadas. Al principio vendían
+conchas naturales. Después hacían conchas de cobre, de plata, de latón,
+de porcelana y de azabache. Todavía existe en Santiago la calle de los
+Azabacheros, desde donde se ve una fachada de la catedral, y a esta
+fachada se la llama la Azabachería. Y muchas casas, que antiguamente
+sirvieron de mesones para los peregrinos, conservan aún, como
+distintivo, una concha de vieira esculpida a la entrada.
+
+Pocos mariscos unirán, como la _vieira_, una carne tan sabrosa a un
+abolengo tan ilustre. Ya, mucho antes de la Edad Media, la _vieira_ le
+había servido a Afrodita, surgiendo del mar, para alisarse los húmedos y
+admirables cabellos. Hoy Afrodita usa peines bastante más caros; pero
+esto no quiere decir nada contra la _vieira_. La _vieira_ es el _pecten
+Veneris_ de los antiguos, y el Arte ha buscado mil veces inspiración en
+sus curvas sencillas y maravillosas.
+
+De paso en Galicia, tierra de _vieiras_, yo me considero obligado a
+hacer la apología de este marisco. Creo que Madrid no debe ignorarlo, y
+que mantenerlo más tiempo en el olvido sería una política funesta. Si
+Madrid no se interesa por nuestras vieiras, ¿cómo va a interesarse por
+nuestros conflictos sociales? Indudablemente, la política central carece
+de sensibilidad con respecto a provincias.
+
+
+
+
+XVIII
+
+OPINIONES POLÍTICAS Y LITERARIAS DE LA ROSARIO
+
+
+Al volver a Madrid, tras una ausencia de mes y pico, soy cariñosamente
+acogido por mi buena Rosario, una chica mitad ama de llaves y mitad
+cocinera, que arregla mis papeles y cuida de mi estómago.
+
+--Te entrego mi estómago, un poco estropeado por las salsas al por
+mayor--le dije al darle posesión de su cargo--, y espero que me lo
+trates bien. El estómago es el alma del escritor. Con un poco de acidez
+o de flatulencia, yo haría una literatura triste y perdería lectores. Al
+nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme
+guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el
+respeto de la crítica y la aceptación del público.
+
+Desde entonces, la Rosario pone sus cinco sentidos en la cocina. A
+veces, advierto la desaparición de algún plato, pero no es culpa de la
+Rosario.
+
+--Yo no lo rompí. Fue él. Lo tenía en la mano, y se cayó. Se hizo
+pedazos contra el suelo...
+
+--Debe de ser un caso de suicidio--observo yo entonces--. El pobre plato
+estaría desesperado de la vida.
+
+Otras veces, la carne está espantosamente dura, y la Rosario dice que no
+ha querido cocerse. Verdaderamente, ¿qué interés puede tener la carne en
+ponerse blanda?
+
+Pero, a pesar de todo, la Rosario es una excelente muchacha. Yo le doy a
+leer los libros de mis amigos, y luego le pregunto qué es lo que
+opinamos de ellos. La Rosario tiene un criterio literario en el que la
+crítica no ha ejercido aún su perniciosa influencia: un criterio sano y
+honrado. Algunos autores, al enviarme sus obras, lo hacen dedicándoselas
+ya a la Rosario, y no falta quien le prodigue adjetivos laudatorios para
+congraciarse con ella.
+
+Ahora, al volver de Galicia, la Rosario me contó todo lo que había
+ocurrido durante mi ausencia. Yo había estado más de un mes sin recibir
+cartas ni leer periódicos, y quería restablecer mi contacto con la vida
+urbana.
+
+--¿Se han suicidado muchos platos? ¿Han traído muchas cuentas? ¿En qué
+nuevas aventuras se ha metido el amigo Charlot?...
+
+La Rosario ha ido contestándome a todas estas preguntas y satisfaciendo
+así mi curiosidad.
+
+--Y Gobierno, ¿qué Gobierno tenemos ahora?--añadí.
+
+--¿Gobierno? Yo creo que tenemos el mismo.
+
+--Imposible, Rosario. Hace más de un mes que salí de Madrid, y no es
+posible que un Gobierno dure tanto. Seguramente tenemos un Gobierno
+nuevo.
+
+La Rosario entonces reflexionó un poco, y dijo:
+
+--Quizás. La verdad, yo, que gobiernen unos o que gobiernen otros, no lo
+noto nunca...
+
+Y aquí me tiene el lector, ignorando si estoy gobernado por Maura, por
+Sánchez de Toca o por Romanones. En casa no lo notamos. Las patatas
+cuestan lo mismo. El alquiler no baja. Los guisos salen igual...
+
+
+
+
+EN EL PAÍS DE LA RULETA
+
+
+
+
+I
+
+LOS TEMAS LITERARIOS
+
+
+Los escritores solemos dirigirnos a «el lector», poco más o menos, así
+como los criados se dirigen a «el señor». Desgraciadamente, este
+concepto de «el lector» es demasiado vago. Por lo general, el lector
+tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el
+lector--este lector de quien hablamos tanto los escritores--fuese una
+realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigiría a él y le diría:
+
+--¿Qué artículo de San Sebastián quiere usted que yo le haga? ¿El de la
+lluvia? ¿El del jugador? ¿El de las pulgas? ¿El de la Concha? ¿El del
+objeto perdido? ¿El de la misteriosa extranjera...?
+
+Porque en San Sebastián no hay arriba de doce temas para artículos. Los
+corresponsales madrileños que vienen aquí hacen las mismas crónicas cada
+temporada. Yo conozco a un compañero que lleva ya quince sobre la
+lluvia. Es un especialista.
+
+¿Cómo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras
+cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal
+abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no varía
+sus temas literarios, una playa que no renueva sus crónicas, está
+condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastián resultará una
+cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantábrico o del
+Mediterráneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los
+cronistas. Los periódicos madrileños se apresurarán a mandar allí la
+nube de corresponsales que ahora envían a San Sebastián. Al artículo de
+la lluvia sucederá el artículo del sol o del relente; la crónica de las
+pulgas será substituida por una sobre las chinches o sobre las
+cucarachas. ¡Qué placer para los periodistas y para los lectores de
+periódicos! Será una transformación literaria comparable tan sólo al
+advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirán en masa a la
+nueva playa de moda, y San Sebastián desaparecerá del mundo como centro
+de placeres.
+
+Yo he llegado a San Sebastián hace varios días. Mi querido Fernández
+Flórez estaba todavía aquí.
+
+--Supongo--le dije--que me habrá dejado usted algún tema disponible,
+aunque sea de segundo o tercer orden.
+
+Fernández Flórez se rascó la cabeza.
+
+--Veamos, veamos--insistí yo--. Ha hecho usted ya el artículo de la
+lluvia, el del Casino, el de las pulgas...
+
+Los había hecho todos, y, además, los había hecho como yo precisamente
+hubiese querido hacerlos.
+
+«Voy a tener que volverme a Madrid», pensaba yo.
+
+En esto transponíamos las puertas del Casino, y yo observé que el
+portero era tuerto.
+
+«¡Qué coincidencia!--exclamé--. Este portero tuerto, aquí donde se juega
+tanto dinero... ¿Es que habrá todavía en San Sebastián una crónica por
+hacer?»
+
+Pero Fernández Flórez ya había hablado también del portero tuerto...
+
+El Municipio de San Sebastián creerá, sin duda, que esto de los temas
+literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastián no tardará en
+sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de
+los concejales, del Casino, de las sociedades de atracción de
+forasteros, de las comisiones de festejos, etcétera, etc. Estas
+entidades debieran renovar cada temporada los temas periodísticos de San
+Sebastián, a fin de que ningún corresponsal permaneciera aquí ocioso.
+Más que de dinero se trata de organización. Con seis temas inéditos por
+temporada, San Sebastián podría ir tirando todavía.
+
+
+
+
+II
+
+EL TREINTA Y CUARENTA
+
+
+¡Hagan juego, señores...!
+
+Sobre la mesa van cayendo fichas de un duro y de cuatro duros, y placas
+de 50, de 100, de 500 y de 1.000 pesetas. Las raquetas van y vienen,
+manejadas por manos febriles. Un señor, alargando trabajosamente el
+brazo por entre la muchedumbre, pone 1.000 pesetas a encarnado. Es un
+jugador de _a pie_. Los empleados dividen a los jugadores en dos
+categorías fundamentales: jugadores de a pie y jugadores sentados, y la
+primera categoría es la única que les infunde cierto pavor. Si el
+jugador de a pie gana, en efecto, hay muchas probabilidades de que se
+vaya con la ganancia. Puede dar un pase, dos, tres y marcharse con 15 o
+20.000 pesetas. En cambio, el jugador sentado no importa que amontone
+algún dinero. La banca siempre tiene esperanzas de recuperarlo.
+
+--¡Hagan juego...!
+
+Los mirones encuentran floja la partida.
+
+--Esto está aburridísimo--dicen--. No hay sangre...
+
+Algunos reconvienen a sus amigos.
+
+--¿Por qué juega usted a ese paño? Es absurdo...
+
+Y luego, si por casualidad aciertan, insistirán en sus censuras,
+llenando de vituperios a los pobres perdidosos.
+
+--¿No se lo dije yo a usted? Si era infalible...
+
+--Yo prefiero ganar diez duros a negro--murmura una voz--que 1.000
+pesetas a encarnado. ¡Qué quiere usted! Es una manía. Además, no me
+sería posible jugar a encarnado. ¡Hace ya noventa y un años que juego a
+negro...!
+
+Vuelvo la cabeza y veo a un viejecito que empuja las fichas con una
+raqueta temblorosa. Debe de sentirse próximo a la muerte, y por eso no
+juega a encarnado. Acaso ganara; pero por unos cuantos duros no va a
+dejar a última hora su camino de siempre. ¡Qué hermoso ejemplo de
+consecuencia para los políticos! Yo lo someto a la consideración de un
+distinguido diputado, el cual se echa a reír.
+
+--Ya ves. En solo media hora he ganado 20.000 pesetas con mi juego de
+alternativa...
+
+El _croupier_ va cantando con un acento muy francés:
+
+--Siete... Cuatro... _Encagnado_ gana _et colog_.
+
+--¡Qué le vamos a hacer!--suspira el viejecito.
+
+Y vuelve a jugar a negro. Su cara está alegre, sonriente, satisfecha. Se
+ve que este hombre, tan próximo al umbral de la otra vida, lo traspasará
+sin temor alguno. Ha sido un hombre leal. Ha cumplido siempre, sin
+vacilaciones, el deber que se impuso noventa y un años atrás. Su
+conciencia está tranquila. Cuando Dios le llame a juicio y le pregunte
+si jugó alguna vez a encarnado, él dirá:
+
+--Nunca. Seguí el negro en la adversidad como en la fortuna, en sus
+horas buenas y en sus horas malas, cuando todos acudían a él lo mismo
+que cuando se veía abandonado de todos...
+
+--Dos...--canta el empleado.
+
+Y, extendiendo sobre la mesa otra hilera de cartas, vuelve a cantar:
+
+--Dos...
+
+Es un _aprés_. Uno de los que juegan a negro retira su postura.
+
+--Hace usted mal--le dice un mirón--. Eso lo que demuestra es la fuerza
+de la baraja. Ya ve usted si será fuerte el encarnado, que ni a dos
+puede ganarle el negro.
+
+--¿Cuántos encarnados van?--pregunta alguien.
+
+--Cuatro.
+
+--Es una racha. Hay que aprovecharla...
+
+Llueven sobre el encarnado fichas, placas y billetes. Los postores de
+grandes sumas las hacen asegurar. Naturalmente que este seguro no es
+contra la pérdida. No se ha llegado aún a constituir una compañía que
+asegure las rachas de un color contra el color contrario. Es únicamente
+para el caso de que se dé un _aprés_ de treinta y una. Por un duro cada
+cien duros o fracción de cien duros, el jugador garantiza su capital
+contra lo que constituye el cero del treinta y cuarenta.
+
+Se produce una gran emoción. Al griterío de hace un segundo sucede un
+silencio imponente. Estamos como en el circo, cuando para la música y se
+avecina el ejercicio peligroso.
+
+El empleado comienza a echar las cartas, y el encarnado saca dos.
+
+--¿Otra vez dos?
+
+--¡Malo! ¡Malo...!
+
+--Ahora quiebra la racha...
+
+Y, en efecto, quiebra la racha. El negro gana. Las raquetas de los
+empleados, miradas con ojos de perdidosos, parecen enormes...
+
+--¿Ha visto usted con lo que se sale ahora la baraja?--exclama uno de
+los que habían puesto a encarnado--. Mire usted...
+
+Y enseña su cartón. Estos cartones están divididos en columnas donde se
+marcan con puntos los colores que ganan. En una columna se ponen los
+puntos correspondientes al negro, y, en otra, los correspondientes al
+encarnado. Luego se trazan las líneas de punto a punto y se va
+obteniendo un gráfico del juego, que es algo así como el gráfico de una
+fiebre tifoidea. Hay juegos serpentinos, de línea inquieta, que salta
+constantemente de columna a columna y que podrían llamarse juegos de
+alambique. Hay juegos casi rectos, en los que se dan 10, 15, 20 negros o
+encarnados sucesivos. Hay juegos mixtos... Lo malo es que el gráfico del
+juego no se conoce hasta el final. El jugador que ve salir cuatro negros
+consecutivos deduce que el juego lleva una dirección recta, y haciendo,
+a su vez, un juego recto, pone su dinero a negro. Naturalmente que, a lo
+mejor, sale encarnado. Entonces el jugador dice que ha quebrado el juego
+y considera que la baraja se ha hecho traición a sí misma. Yo me inclino
+a creer que los jugadores se precipitan en sus juicios sobre las
+barajas. ¿Que por qué, si a la postre iba a resultar que se trataba de
+una baraja de alternativa, ha comenzado el juego con cuatro encarnados?
+¡Quién sabe! A lo mejor la baraja lo hizo para despistar...
+
+--Ha quebrado el juego. Mire usted mi cartón...
+
+En realidad, lo único que ha quebrado es la línea.
+
+Todo el mundo pierde, excepto el viejecito y un señor que había puesto
+1.000 pesetas a negro.
+
+--¡Por no saber jugar!--murmura un técnico, en discusión con otro
+jugador--. Ese señor ha ganado, ¿y qué? ¿Es que demuestra algo el que
+haya ganado ese señor?
+
+Porque ante la teoría general, ante la ley profunda del treinta y
+cuarenta, los hechos aislados carecen de importancia. ¿Es que se va a
+destruir con 1.000 pesetas toda una filosofía?
+
+--Oye, dame dos duros--dice una voz femenina.
+
+--Pídeselos a Marquet--contesta una voz masculina.
+
+--Es que ya ves lo que ha pasado. Ha quebrado la racha...
+
+--Yo llevo perdidas ya 40.000 pesetas desde el mes de agosto--le dice
+una amiga a la pedigüeña.
+
+--¿Cuarenta mil pesetas? Y ¿a quién se las has perdido?
+
+--Se las perdí a varios. Si fuese para comer, no me las hubiesen dado...
+
+Un jugador abandona su asiento con cara de malhumor.
+
+--¿Perdió usted mucho?
+
+--No. Perdí poco; pero lo que más me indigna es ver ganar a los amigos.
+Que yo pierda, pase. Que ganen los desconocidos, pase. Que ganen los
+amigos, eso, francamente, me desespera.
+
+Se oye la voz del empleado, que domina todas las otras.
+
+--¡Hagan juego, señores...!
+
+La mesa se llena de miles de pesetas. ¡Y luego diremos que el dinero
+español carece de audacia y que está dormido en las cuentas corrientes!
+
+
+
+
+III
+
+LOS BOLSILLOS Y EL ESPÍRITU DE PROPIEDAD
+
+
+Viendo, en el Casino, a los empleados de las mesas de juego, se me han
+venido a la memoria las reflexiones de un oso: el oso _Atta Troll_,
+inmortalizado por Heine. Según _Atta Troll_, los hombres son unos
+animales infelices y depravados, y todo su mal proviene de la invención
+de los bolsillos. Si los hombres no usáramos bolsillos, no habría entre
+nosotros egoísmo, no habría ambición, no habría _tuyo_ y _mío_, no
+habría propiedad, no habría tiranía... Seríamos como unos osos de
+diferente especie, serios y dignos, aunque aficionados a la danza.
+Desgraciadamente, un día los hombres inventaron los bolsillos, y desde
+entonces cada uno trata de meter en los suyos lo que debiera estar a la
+disposición de todos...
+
+En el Casino de San Sebastián, los empleados de las mesas de juego
+carecen de bolsillos. La dirección del establecimiento, como el oso de
+Heine, cree que, despojando de bolsillos a los hombres, se suprime en
+ellos el sentido de la propiedad, y a medida que los empleados llegan,
+hace que cambien sus trajes por unos trajes especiales, en los que no
+hay medio de guardar ni una sola perra chica. Los empleados pueden, así,
+manejar todas las noches miles y miles de duros sin la menor emoción. Si
+tuvieran bolsillos, tendrían, con ellos, el sentido de la propiedad, y
+al pensar que todo aquel dinero era un dinero ajeno, sufrirían tormentos
+espantosos. Sin bolsillos, esto es, sin sentido de la propiedad, no se
+les ocurre nunca guardarse un duro de nadie. Juegan con el dinero como
+jugarían con chinas al borde de la playa. Las fichas de 1.000 pesetas no
+los tantalizan ni poco ni mucho. Su estado de espíritu es igual al de
+los osos, para quienes no existe el concepto de la propiedad individual.
+
+Yo creo que todos los concurrentes al Casino debiéramos tomar ejemplo de
+los empleados, y no penetrar nunca en las salas de juego con nuestros
+trajes de costumbre. En vez del _smocking_, debiéramos ponernos también,
+para ir al Casino, unos trajes desprovistos de bolsillos. De este modo
+no se nos ocurriría nunca ganar el dinero de la banca y nos ahorraríamos
+el nuestro. Y, aunque se nos ocurriese, no podríamos intentarlo, porque
+nos habríamos dejado la cartera en casa.
+
+Mientras tanto, esto es, mientras la supresión de los bolsillos no se
+extienda de los empleados a los clientes, la cosa nunca podrá tener el
+valor de un ensayo social. Y es que, detrás de estos empleados
+desbolsillados que cantan los plenos y los colores, uno ve,
+imaginativamente, unos bolsillos enormes, profundos e insondables,
+adonde afluye el dinero de todos nosotros.
+
+Todavía es tiempo de que suprimamos nuestros bolsillos. Y si no los
+suprimimos ahora, espontáneamente, tendremos que suprimirlos muy pronto,
+por inútiles...
+
+
+
+
+IV
+
+UN NUEVO SISTEMA PLANETARIO
+
+
+Las cuatro de la mañana. El Casino, que es como si dijéramos todo San
+Sebastián, ha cerrado ya sus puertas. No queda ni un solo
+establecimiento abierto. Los serenos, únicos transeúntes de la ciudad,
+marcan lentamente sus pasos en el silencio profundo. San Sebastián
+duerme.
+
+Desde mi balcón, sin embargo, en el hotel de enfrente, yo veo una
+ventana iluminada. Estas ventanas iluminadas a las altas horas de la
+noche han constituido siempre un gran motivo literario, y, últimamente,
+constituyen un poderoso motivo detectivesco. A mí me interesan en ambos
+sentidos.
+
+--¿Quién habrá en esa habitación?--me pregunto--. ¿Será un enfermo que
+se revuelca sobre su lecho de dolor? ¿Será acaso un avaro contando su
+tesoro? ¿Será un veraneante en lucha con las famosas pulgas
+donostiarras? ¿Será, tal vez, un poeta que sacrifica su sueño para
+escribir, al dorso de una cuenta sin pagar, versos y más versos en honor
+de una amada que no existe? ¿Será una hermosa admirándose a sí misma
+ante el espejo, o será, quizá, una ex hermosa empastándose las arrugas y
+arrancándose las canas? ¿Serán unos recién casados? ¿Será un sabio?
+¿Será un espía alemán...?
+
+Yo apostaría a que es un jugador dedicado al ejercicio de la cábala
+sobre un plano de la ruleta. La ruleta viene a ser algo así como un
+segundo sistema planetario. Se trata de descubrir sus leyes y de fundar
+una ciencia que sea, con relación a la ruleta, lo que es la Astronomía
+con relación al Universo. Millares de hombres se han consagrado
+heroicamente a la causa y le han hecho todos los sacrificios: el de su
+inteligencia, el de su tiempo, el de sus cuartos... Hasta ahora, sin
+embargo, no hay una verdadera ciencia de la ruleta. Los jugadores que
+presumen de científicos, que leen la revista de Montecarlo y que hacen
+sus posturas con arreglo a un plan, no pasan de ser algo semejante a los
+antiguos astrólogos.
+
+No existen aún astrónomos de la ruleta. Acaso mi vecino sea un nuevo
+Giordano Bruno, a quien hará quemar el Sr. Marquet en la terraza del
+Casino. Mientras tanto, las leyes de la ruleta continúan en el misterio.
+¿Gira la bola alrededor de la ruleta, o gira la ruleta alrededor de la
+bola? He aquí una cuestión bien clara y concreta y que, siendo
+fundamental, no ha obtenido solución todavía. ¿Cómo podrían haberla
+obtenido las otras?
+
+--La ruleta--me decía un _amateur_--es la única obra humana
+verdaderamente perfecta. Ríase usted de las pirámides de Egipto. Ríase
+de la _Critica de la Razón Pura_. No hay más que la ruleta. Millares y
+millares de hombres han dedicado sus esfuerzos a encontrarle un defecto,
+y hasta ahora no se lo han encontrado. Hay quien dice que sí, que se lo
+ha encontrado, que la ruleta es inquebrantable con tal o cual
+combinación; pero no haga usted caso ninguno. El día en que se le
+encontrara un flaco a la ruleta, la banca se arruinaría, y la ruleta
+dejaría de existir. Mientras exista la ruleta es que no se le ha
+descubierto la menor imperfección. Y ¿usted ha visto qué equidad la de
+la ruleta? Si con un duro quiere usted ganar otro duro, tiene usted un
+50 por 100 de probabilidades en contra, y si quiere usted ganar dos
+duros, tiene usted un 75. El riesgo aumenta siempre, matemáticamente, en
+proporción a la ganancia. No hay nada más justo. No hay nada más
+equitativo. Si yo fuera escultor y quisiera representar a la Equidad, la
+representaría en forma de _croupier_ manejando una ruleta...
+
+--Una ruleta sin cero--observo yo.
+
+--Claro. Una ruleta sin cero. De tan equitativa que es la ruleta, ha
+habido que ponerle un cero para garantizarle a las empresas sus gastos
+infinitos. Convénzase usted. La ruleta es la única obra humana
+verdaderamente perfecta...
+
+Esto decía mi amigo; pero actualmente mi entusiasmo supera al suyo. Para
+mí, la ruleta es algo más que una obra humana. Es, como he dicho antes,
+todo un sistema planetario. Los puntos se sientan alrededor de la
+ruleta, y poco a poco van quedándose desprovistos de dinero. ¿Qué leyes
+determinan esta atracción de la ruleta sobre el dinero de las gentes?
+Acaso mi vecino llegue a descubrirlas; pero, mientras tanto, permanecen
+en el más sombrío de los misterios. Se sabe el porqué del flujo y
+reflujo de la mar, se conoce el curso del Sol y el de la Luna, se
+predicen los eclipses al minuto; pero cuando la ruleta comienza a dar
+vueltas en un sentido, y la bola en el otro, nadie puede sospechar si va
+a darse el 7 o el 13, la primera, la segunda o la tercera docena, el
+rojo o el negro, la _manque_ o la _passe_, el par o el impar... Y en el
+siglo XX, todo afeitado y vestido de _smocking_ o de frac, uno se
+encuentra ante la ruleta en el mismo estado de espíritu en que el hombre
+primitivo se encontraba ante el enigma del Universo.
+
+
+
+
+V
+
+ROUSSEAU Y ANATOLE FRANCE
+
+
+Actualmente sólo funciona un teatro en San Sebastián. No hay
+espectáculos. No hay baile. No hay _restaurants_ nocturnos... ni apenas
+diurnos. La Policía, con el menor pretexto, clausura aquí todos los
+lugares de diversión y sólo queda para disputarse al veraneante estas
+dos potencias sobrehumanas: la Naturaleza y el Casino. Juan Jacobo
+Rousseau experimentaría un serio disgusto al ver que el Casino va
+venciendo. Anatole France, en cambio, para quien la civilización es una
+lucha constante del hombre contra la Naturaleza, sonreiría encantado.
+
+Porque no hay duda ninguna: la ruleta tiene mucho más éxito que el
+paisaje, con ser tan hermoso el paisaje de San Sebastián. Poco a poco,
+los alrededores de la bella Easo van quedándose sin clientela. El Casino
+les arrebata todos los parroquianos, y este triunfo es tanto más
+notable, cuanto que, frente al cielo azul, al verde mar, a los bosques
+sombríos, al Sol radiante y a las montañas augustas y solemnes, la
+dirección del establecimiento no ha puesto más que una esfera giratoria
+con 37 números.
+
+Es, como si dijéramos, la bancarrota de la Naturaleza. En honor de la
+verdad, sin embargo, conviene advertir que el triunfo del Casino no ha
+sido cosa muy fácil. La Naturaleza ha hecho esfuerzos prodigiosos. A
+veces ha organizado días espléndidos, con una temperatura deliciosa y
+una luz ideal. Los más amigos del Casino sentían entonces deseos de
+pasarse al otro bando. Su conducta anterior respecto a la madre común se
+les aparecía de pronto como una injusticia y experimentaban vivos deseos
+de rectificarla.
+
+--¿Vamos a encerrarnos en el Casino en un día como éste?--exclamaban--.
+No, nunca. Sería una verdadera vergüenza...
+
+Pero después de almorzar, el cielo comenzaba a nublarse. Malas lenguas
+afirman que era el Casino quien preparaba los nublados.
+
+--No hay nada imposible para los _croupiers_--sostenían.
+
+Naturalmente, que ninguna persona razonable puede considerar en serio
+semejantes rumores. Lo indudable, sin embargo, es que el cielo se
+nublaba. Un descuido de la Naturaleza, un momento de debilidad, ¡qué sé
+yo! Entonces millares de personas, hábilmente diseminadas por los
+hoteles y cafés de San Sebastián, prorrumpían en gritos estentóreos.
+
+--¡La galerna...! ¡La galerna...!--vociferaban.
+
+¿Eran alquiladas estas personas? Yo tampoco lo he creído nunca; pero lo
+cierto es que todos los entusiasmos por la Naturaleza se amortiguaban de
+un golpe.
+
+--¿Lo ven ustedes? Si aquí no se puede salir... No hay más remedio que
+meterse en el Casino...
+
+El Monte Igueldo, especialmente, tan bonito y tan próximo a la ciudad,
+le hacía al Casino una concurrencia terrible. Claro que el Casino
+hubiese acabado por dominarlo; pero, ¿para qué perder el tiempo?
+
+--Ya que la montaña no viene a mí, yo iré a la montaña--pensó la
+dirección.
+
+Y la dirección fue a la montaña y puso en ella unos caballitos, y ya
+nadie mira el paisaje, sino los caballitos, y la Naturaleza ha sucumbido
+una vez más.
+
+Hoy el Casino no necesita ya hacer esfuerzo ninguno para atraer al
+veraneante. El veraneante le pertenece por entero. Estos días está
+haciendo un tiempo magnífico, y, sin embargo, los alrededores de la
+ciudad se encuentran desiertos a todas horas. La Naturaleza ha perdido
+el prestigio en San Sebastián. Lo ha perdido... a la ruleta.
+
+
+
+
+VI
+
+EL JUGADOR OBJETIVO
+
+
+Esto es una ladronera, una perfecta ladronera--dice D. Salustiano--. Ni
+por casualidad se gana. Va usted a ver...
+
+D. Salustiano coge una ficha de 20 pesetas y la arroja sobre la mesa.
+
+--Veinticinco y veintiocho--exclama--. Caballo...
+
+Luego, dirigiéndose a mí, continúa:
+
+--Son 20 pesetas tiradas... Este año llevo perdidas ya 15.000. ¡Como no
+se repita lo del año pasado...! ¿Sabe usted cuánto me costó la broma el
+año pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca...
+
+La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando
+la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetín y el
+_croupier_ canta el número.
+
+--Doce. Rojo. _Manque._ Par...
+
+--¿Lo ve usted?--suspira D. Salustiano--. Era indudable. No hay manera
+humana de ganar.
+
+Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una «calle». Diez y nueve,
+veinte y veintiuno.
+
+--Ocho duros más que voy a perder--me dice--. No se gana nunca. Está
+demostrado...
+
+En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros.
+
+--¿Se ha convencido usted?--me pregunta--. Pues para que acabe usted de
+convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perderé, ya lo
+sé, pero no importa...
+
+Como D. Salustiano, hay en San Sebastián infinidad de personas que se
+arruinan para demostrar que es imposible ganar a la ruleta. Porque,
+desde luego, D. Salustiano está firmemente persuadido de esta
+imposibilidad. Su juego es a modo de una lección experimental para los
+amigos y para los espectadores.
+
+Yo me creo en el caso de contenerle.
+
+--No juegue usted más--le digo--. La demostración ya está hecha. La
+práctica ha confirmado suficientemente la teoría. No vale la pena que
+pierda usted cien pesetas más para persuadir a un convencido como yo.
+
+Pero D. Salustiano insiste.
+
+--Es que no tan sólo se pierde en general, sino que se pierde siempre,
+todas las veces--exclama.
+
+La fila de D. Salustiano comprendía los seis números que van del 13 al
+18, inclusive. Sale el 16, y D. Salustiano gana 500 pesetas. Yo voy a
+felicitarle, pero me contengo. El buen señor está desconcertado. Todos
+sus principios se acaban de caer a tierra. D. Salustiano tenía una
+convicción en la vida: la de que nunca se gana a la ruleta, y he aquí
+que una bola ciega, un azar incomprensible, acaba de destruir esta
+convicción. ¿Qué le queda ahora a D. Salustiano? Nada más que las 500
+pesetas. En lo futuro, su existencia carecerá de todo sostén ideal, y
+será una cosa baldía...
+
+--Juéguese usted las 500 pesetas a una docena--le aconsejo.
+
+D. Salustiano las juega y las pierde. Entonces su rostro se anima de
+nuevo.
+
+--¿Ha visto usted?--me dice--. Lo de la fila había sido una casualidad
+que no demuestra nada. Indudablemente, no hay posibilidad de ganar nunca
+a la ruleta.
+
+Y cogiendo cinco duros, los tira sobre la mesa:
+
+--Para los empleados...
+
+
+
+
+EN EL RINCÓN DE LOS MILLONARIOS
+
+
+
+
+I
+
+EL HIERRO
+
+
+Cada vez que un bilbaíno me invita a comer, me parece que me da a comer
+hierro. El hierro es el pan de Bilbao. Todo ha sido aquí hierro en su
+origen, hasta el mármol y el oro de los millonarios de Algorta. Y el
+mismo chacolí, en estas alegres cenas bilbaínas, me produce un efecto
+así como de vino ferruginoso.
+
+Constantemente se denuncian nuevos yacimientos, a veces bajo casas
+habitadas. Se denuncian calles, se denuncian viviendas, se denuncian
+amigos y vecinos... Y toda la actividad bilbaína, todo el tráfago
+gigantesco de la ría con sus hornos formidables que, durante el día,
+eclipsan al Sol y que enrojecen el cielo por las noches, no son más que
+un esfuerzo para convertir este hierro en oro y en billetes.
+
+Hay quien dice que el dinero bilbaíno es más valiente que el dinero de
+otras ciudades españolas. Yo no creo gran cosa en la antropología del
+dinero. En un caso particular, el dinero puede ser más o menos audaz o
+más o menos timorato; pero, colectivamente, no hay calidades en el
+dinero: no hay más que cantidad. El dinero de un pueblo no es cobarde ni
+es valiente, sino que es poco o mucho. Las grandes fortunas, como los
+hombres grandes, se atreven a cosas que, por regla general, asustan a
+las fortunas pequeñas y a los hombres chiquitines. ¿Valor? No. Fuerza,
+peso, volumen.
+
+Además, esto de tener el dinero en acciones es, poco más o menos, como
+tenerlo en fichas. Uno no le concede el mismo valor que si estuviera en
+billetes, y se lo juega. Todo el mundo pica. Un poeta bilbaíno que me
+quiso leer unos versos el otro día tuvo que buscar el manuscrito entre
+unas cuantas navieras que llevaba en la cartera.
+
+Afortunadamente, Bilbao está llamado a tener más dinero cada vez, y uno
+no puede imaginarse su porvenir más que en una visión gloriosa. Hoy por
+hoy, Bilbao es ya una ciudad donde el dinero se cuenta por millones, y
+esta ciudad resulta doblemente extraordinaria porque se encuentra
+situada en el país de la calderilla.
+
+
+
+
+II
+
+LA REIVINDICACIÓN DE LOS MILLONARIOS
+
+
+Indalecio Prieto, el actual diputado por Bilbao, es un diputado
+socialista, pero socialista para obreros. Esperemos que, en una próxima
+legislatura, Bilbao se haga representar en Cortes por un socialista de
+otra clase: un socialista para millonarios.
+
+La idea de un socialismo para millonarios no es mía, sino de Bernard
+Shaw. Permítaseme adoptarla, sin embargo, para brindársela a los
+capitalistas bilbaínos.
+
+Los capitalistas bilbaínos están completamente desamparados frente a sus
+obreros. Mientras se fundan cooperativas, y se construyen casas baratas,
+y se crean parques y jardines, y se instalan bibliotecas públicas y
+baños municipales, adaptando a los recursos del obrero toda la vida del
+país, ¿quién se acuerda de los millonarios? Un millonario bilbaíno puede
+gastarse dos o tres millones en un _yacht_ y otros dos o tres en su
+palacio de Algorta; pero, ¿qué hace luego con los millones restantes?
+
+Hace poco se ha fundado aquí una Compañía para lograr que el kilo de
+merluza no cueste nunca mucho más de seis reales; pero, ¿dónde está la
+compañía que venda merluzas para millonarios a mil o a dos mil duros? No
+hay merluzas para millonarios, no hay zapatos para millonarios, no hay
+sombreros para millonarios. Yo he visto al señor Sota el otro día con un
+gabán que, desde luego, no le había costado mucho más que el mío. Claro
+que el señor Sota puede comprarse cien, doscientos, quinientos gabanes;
+pero esto sería una superfluidad. En un país organizado para
+millonarios, el ilustre naviero debiera poder adquirir un gabán de
+varios millones de pesetas. Hoy no puede adquirirlo, y es que el
+millonario se encuentra postergado en el mundo. Mientras todos gozamos
+de la vida en proporción con nuestros recursos, el millonario, no. Nadie
+se cuida de los millonarios, y helos ahí teniendo que fundar escuelas y
+hospitales y que distribuir su dinero en obras de beneficencia.
+
+¡Pobres millonarios! Hasta hace poco, su desamparo se explicaba por su
+rareza. Los millonarios eran escasísimos y no podían imponerse. Pero las
+cosas han cambiado, y hoy, en Bilbao, ¿quién no está ya en el tercero o
+cuarto millón?
+
+Ha llegado la hora de las grandes reivindicaciones. La sociedad tendrá
+que dejarles un puesto a los millonarios, y si no lo hace, yo,
+millonario, dimitiría.
+
+
+
+
+III
+
+EL HOMBRE QUE SE VENDIÓ BREA A SÍ MISMO
+
+
+Cuando un hombre, en Bilbao, dice que necesita vagonetas, esto no
+significa necesariamente que ese hombre necesite vagonetas. A lo sumo,
+las vagonetas las necesita un amigo de un amigo de un amigo suyo. Y
+cuando otro hombre, en el mismo Bilbao, le ofrece vagonetas a la gente,
+esto tampoco implica el que ese hombre tenga muchas vagonetas en su
+poder, sino que conoce a un señor, el cual, por medio de otro señor,
+sabe de un tercer señor que quiere vender vagonetas. Y así ocurre el que
+unos hombres que no necesitan vagonetas absolutamente para nada se pasen
+la vida comprándoles vagonetas a otros hombres que no las tienen. Y
+quien habla de vagonetas, habla de traviesas. Y quien habla de
+traviesas, habla de clavos. Y quien habla de clavos, habla de brea. Y
+quien habla de brea, habla de barcos. Y así sucesivamente.
+
+Yo tengo en Bilbao un amigo que se compró a sí mismo trescientas
+toneladas de brea. No se trata de un bilbaíno, sino de un madrileño. A
+poco de llegar al café del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea.
+En _Maxim's_ hubiese pedido _whisky_, pero en el café del bulevar se le
+desarrollaron apetitos de más importancia. Quería brea, muchas toneladas
+de brea, y cuanto antes, mejor. Pasaron días, y los deseos de mi amigo
+fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en
+realidad, él no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se
+puso a ofrecerla.
+
+--¿Quién quiere brea?--dijo--. Yo puedo venderla en excelentes
+condiciones.
+
+--¿Vende usted brea?--le preguntó un señor--.Pues yo le compro a usted
+trescientas toneladas.
+
+Convinieron el precio y firmaron un documento. Pero el comprador no
+compraba por su cuenta, sino por cuenta de un señor a quien, quince días
+antes, le había oído decir que quería brea. Y este señor resultó ser
+precisamente mi amigo, el cual, siendo vendedor de sí propio, no pudo
+robarse gran cosa y sólo perdió la comisión.
+
+¿Cuántas operaciones de este género no se harán diariamente en Bilbao?
+¿Cuántos hombres que ni hacen clavos, ni tienen fábricas de clavos, ni
+se dedican a industrias para las que necesiten clavos, no vivirán de los
+clavos en esta ciudad? Es el comercio, el honrado comercio, genio del
+mundo moderno.....
+
+
+
+
+IV
+
+EL VASCUENCE
+
+
+Yo he creído en el vascuence hasta que lo he oído hablar. Ahora tengo la
+idea de que hay trescientas, cuatrocientas, tal vez quinientas palabras
+de vascuence, y que todas las otras son una hábil invención. Me he
+enterado, por ejemplo, de que mientras los vascos españoles le llaman al
+tenedor _tenedoróa_, los vascos franceses le dicen _fourchetóa_. En una
+esquina, y al lado de un letrero que decía «Calle de Echembarrena», otro
+letrero ponía «Echembarrena kalia». Y cuando me dijeron que el segundo
+letrero estaba en vascuence, yo me reservé unas dudas bastante serias.
+Luego he oído decir «genté elegantía», por gente elegante, y otras cosas
+análogas. A veces, una palabra como «oguía», que significa pan, le
+desconcierta a uno; pero luego resulta que se trata de un derivado de
+hogaza.
+
+--No se fije usted--me dijeron algunos amigos--. Los que dicen
+«tenedoróa» y «genté elegantía» no saben vascuence; pero pregúntele
+usted a Mourlane Michelena...
+
+Y en fuerza de oír esto he llegado a deducir que existe en efecto un
+rico vocabulario vascuence, y que Mourlane Michelena es su único
+depositario.
+
+¿Qué hará con el vascuence Mourlane Michelena? Yo me explico que se
+tenga una casa para uno solo, y una botella para uno solo, y una mujer
+para uno solo; pero no me explico que nadie tenga un teléfono ni un
+idioma para usarlos exclusivamente consigo mismo.
+
+¡Habrá que oír a Mourlane Michelena en sus monólogos aglutinantes y
+prearios! Pero, por otro lado, yo no puedo menos de felicitar a un
+hombre que, en medio del tráfago bilbaíno, se encuentra de pronto este
+tesoro de un idioma perdido durante tantos siglos.
+
+Me explico que se coleccionen las palabras de vascuence con un espíritu
+de numismático, como pudieran coleccionarse raras, preciosas e
+interesantísimas monedas antiguas. Por mi parte, es con ese espíritu con
+el que las oigo; pero los «tenedoróa» y los «elegantía» me producen el
+efecto de duros sevillanos entre monedas romanas.
+
+
+
+
+UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA
+
+
+_La guerra ha terminado en todo el mundo excepto en España. Los alemanes
+se han rendido, pero no así los germanófilos, quienes siguen apoyando al
+káiser y cantando las victorias de Hindenburg. Los aliados, por nuestra
+parte, seguimos creyendo que Inglaterra y Francia representan la
+libertad, la democracia, el derecho de pueblos, etc., etc._
+
+_Es una nueva Batracomiomaquia, de la que el autor--modesta rana
+beligerante--le ofrece algunas notas a su público._
+
+
+
+
+I
+
+LA GUERRA SOBRE EL PAPEL
+
+
+Si los alemanes perdieron la guerra, no fue por culpa de los críticos
+germanófilos. Los críticos germanófilos han combatido con tanto ardor
+como el más heroico de los soldados alemanes. Fabián Vidal y Manuel
+Aznar pueden decir el trabajo que costaba desalojar a los críticos
+germanófilos de ciertas posiciones. Se destruían los últimos nidos de
+ametralladoras, Ludendorff ordenaba la retirada y los ejércitos aliados
+avanzaban, pero Armando Guerra no se rendía tan fácilmente. En sus
+mapas, la línea alemana manteníase intacta hasta tres o cuatro días
+después.
+
+Cuando las tropas alemanas obtenían algún éxito, los críticos alemanes
+lo anotaban como un éxito propio, y en sus periódicos les aumentaban el
+sueldo.
+
+--Estoy avanzando en Rusia, en Servia y en Rumania--debió de decirle a
+su director--. He echado de todas partes al crítico de la _Corres_, y
+creo que esto bien vale los doscientos duros...
+
+En 1916, los críticos germanófilos llegaron a entrar en Verdun, en el
+propio Verdun, y si luego abandonaron la plaza, fue, sencillamente,
+porque el kronprinz no los siguió, y los pobres se encontraron allí
+solos, sin contacto ninguno con el ejército alemán...
+
+Han luchado como unos héroes los críticos germanófilos; pero,
+últimamente, las cosas les han salido algo mal, y yo temo que les
+rebajen el sueldo, por la misma razón en virtud de la cual se lo
+subieron un día. En vano tratan de justificarse. Uno de ellos decía
+recientemente que el avance aliado carecía de mérito porque, según
+confesión francesa, los alemanes andaban escasos de armas. Pero ¿por qué
+andaban escasos de armas los alemanes? Pues simplemente porque los
+aliados les tomaron más de cuatro mil cañones desde el mes de julio.
+Supongamos que yo me lanzo con un cuchillo sobre el lector. El lector
+retrocede, para el golpe, y se pone a forcejear conmigo hasta que logra
+desarmarme. Luego me ataca con mi propio cuchillo, yo huyo, y _El
+Debate_, comentando el suceso, escribe: «La huida del Sr. Camba no
+constituye éxito ninguno para su lector, porque el Sr. Camba estaba
+desarmado...»
+
+
+
+
+II
+
+EL PUEBLO DE LOS GASES LACRIMANTES
+
+
+Una de las cosas que más le han servido a Alemania es la afición a la
+música. La gente no cree que los alemanes puedan ser crueles.
+
+--¡Qué van a ser crueles!--dice la gente--. ¡Unos hombres tan tiernos!
+¡Tan dulces! ¡Tan musicales!...
+
+Son muy musicales, en efecto, los alemanes. Al más encarnizado
+perseguidor de armenios se le haría llorar tocándole una melopea.
+Desgraciadamente, es muy probable que siguiese machacando al armenio
+mientras sonaba la música. La sensibilidad ante la música no tiene para
+mí mucho más valor que la sensibilidad ante el zumo de cebolla. Si puede
+constituir una prueba de bondad, esta bondad no pasará nunca de ser una
+bondad baja y primitiva. Los misioneros y los exploradores solían
+tocarles el acordeón a los antropófagos africanos, a fin de ver si eran
+civilizables; pero utilizar el mismo procedimiento para contrastar la
+bondad alemana, francamente, me parece algo ofensivo.
+
+Los alemanes son tiernos, son dulces, son musicales y lloran en el
+cinematógrafo. Yo recuerdo, a propósito de la ternura alemana, una
+Nochebuena que pasé en Berlín. La patrona de mi casa de huéspedes había
+comprado un pino, que los inquilinos se encargaron de adornar con
+ampollas de cristal coloreado, con algodón hidrófilo, con cintas de
+plata y oro, con bombillas eléctricas, con lentejuelas y con toda esa
+pacotilla sentimental a que había allí tanta afición. Sobre una mesa
+estaban los regalos que unos huéspedes se hacían a otros. A mí me habían
+regalado una corbata de siete colores, una cajetilla de sesenta
+«pfening», un tomo de poesías de Schiller, unos tirantes y un grupo
+escultórico en escayola, que representaba Psiquis y el Amor. Llegó la
+hora solemne. Se encendió el árbol, y la patrona produjo un gran jarro
+de vino caliente con especies aromáticas. Comenzamos todos a berrear en
+torno del pino:
+
+--_Weinachtsbaume... Weinachtsbaume..._
+
+Poco a poco, la pensión entera fue emborrachándose y enterneciéndose, y,
+al cabo de una hora, todo el mundo lloraba allí a lágrima viva. ¿Bondad?
+¿Vino? ¿Música? ¿Estupidez?... Yo lo que sé es que cogí mi corbata, mi
+cajetilla, mi tomo de Schiller, mis tirantes y mi grupo escultórico de
+Psiquis y el Amor y que desaparecí. Aquel ambiente tan tierno me parecía
+indigno del centro de Europa. Yo me consideraba rebajado en él. Además,
+yo no creía que la bondad se caracterizase por la blandura ni por la
+humedad. Conocía muy bien a mis convecinos, y el que se les cayesen las
+lágrimas o el moco era para mí lo mismo que si les hubiese atacado el
+hipo.
+
+¿Cuántos de aquellos hombres habrán tomado luego parte en el atropello
+de Bélgica? ¡Y quién sabe si alguno de ellos no habrá intervenido
+también en el bombardeo de París!...
+
+Los alemanes son aficionados a la música como los chinos son aficionados
+al opio. Son un pueblo triste y llorón. Yo simbolizaría esta especie de
+sentimentalismo sin piedad que constituye su espíritu en una de sus
+últimas invenciones de guerra: los gases lacrimantes.
+
+
+
+
+III
+
+SI LOS ALEMANES HUBIESEN GANADO
+
+
+Terminada la guerra no hemos resuelto nada.
+
+Nos esperan catástrofes, revoluciones, guerras, asolamientos y fieros
+males.
+
+--¿Lo ve usted?--me dice un germanófilo--. Si los alemanes hubiesen
+ganado, no ocurriría nada de esto.
+
+Y el caso es que, por primera vez, desde agosto del año 14, este
+germanófilo tiene razón. Si los alemanes hubiesen ganado, en efecto, el
+problema de las nacionalidades dejaría de ser un conflicto, porque todos
+seríamos alemanes. Todos seríamos alemanes, y hasta es posible que todos
+fuésemos rubios. Y, siendo alemanes todos los hombres, no tan sólo no
+habría conflictos internacionales, sino que no habría tampoco
+discusiones particulares. Todos tendríamos las mismas ideas. Los
+filósofos discurrirían por nosotros, y ¿quién duda de que las ideas
+hechas en las Universidades son siempre de mejor resultado que las que
+se hacen en casa?
+
+El ciudadano se proveería de ideas lo mismo que de salchichas. La
+cuestión de las lenguas--el polaco, el armenio, el catalán,
+etc.--desaparecería por completo, ya que todo el mundo hablaría alemán.
+Se clasificarían todas las cosas. A los perros se les prohibiría ladrar,
+y a los socialistas se les negaría el uso de la palabra. En los paseos
+públicos habría unos bancos para niños, unos bancos para niñeras, unos
+bancos para ancianos, y quizás hubiese también unos bancos especiales
+para los candidatos al Parlamento: los chicos de tres años, cuando
+estuviesen cansados de jugar, irían de banco en banco, y, calándose unas
+gafas, estudiarían los diferentes letreros:
+
+--¿Soy yo candidato?--se preguntaría Manolín--. ¿Soy una niñera?...
+
+Si los alemanes hubiesen ganado, el individuo no tendría nada que hacer,
+y el Estado alemán se encargaría de todo. Uno cobraría, y el Estado se
+le llevaría a uno el dinero. Uno fumaría, y el Estado escupiría por uno.
+En España, es probable que la situación no hubiese variado gran cosa.
+Tendríamos también, seguramente, un gobierno Maura y un régimen de
+censura; pero como toda Europa estaría en condiciones análogas, no
+constituiríamos una excepción.
+
+¡Qué orden, qué paz, qué tranquilidad las del mundo si, en vez de
+triunfar los aliados, hubiesen triunfado los alemanes! Entonces, nadie
+se hubiese vuelto contra los triunfadores. Ahora, en cambio, hasta los
+alemanes mismos van a tener que hacerse revolucionarios de veras.
+
+
+
+
+IV
+
+EL LIBRO FUTURO
+
+
+Un periódico, y no por cierto un periódico aliadófilo, hablando del
+destrozo de Alemania, decía: «Es inútil que los alemanes pretendan
+protestar. ¡Que lloren como mujeres lo que no han sabido defender como
+hombres!...» Parece, sin embargo, que los alemanes no lloran como
+mujeres lo que no han sabido defender como hombres. Antes bien, lo
+bailan, lo cantan y lo beben con gran regocijo. Según el _Daily
+Mail_--en una carta de su corresponsal en Berlín--la antigua capital del
+imperio se divierte como en sus mejores días. Alemania está
+deshaciéndose, y los mismos hombres que hace apenas unos meses lo
+sacrificaban todo por ella, hoy le dedican al _fox-trot_ sus energías
+restantes.
+
+--¿Es posible tanta depravación?--preguntará el lector.
+
+Y yo, que he vivido dos años entre alemanes, le contesto:
+
+--Sí; es posible. Y es posible... porque no es depravación.
+
+A comienzos de la guerra, muchas gentes no creían que los alemanes
+fueran capaces de bombardear ciudades indefensas ni de hundir barcos de
+pasajeros. Yo sí lo creía. Y no es que yo tuviese de los alemanes peor
+concepto que mis interlocutores, sino que tenía un concepto distinto.
+Mis interlocutores suponían que para que un alemán matase a un niño en
+la guerra era preciso que ese alemán fuese un malvado. Yo, en cambio,
+opinaba que un alemán podía matar niños sin dejar por ello de ser un
+excelente padre de familia y un hombre sensible a las emociones de
+carácter más elevado. Hay mujeres que ni aun puestas en la cumbre del
+Mont-Blanc, como decía no sé quién, serían inaccesibles; mujeres que han
+caído mil veces y cuya alma, sin embargo, adivinamos más pura que la de
+una niña de seis años. Parece que no se enteran nunca. Pues la
+psicología de estas mujeres podría acaso servir para explicar la de ese
+alemán que con una rosa entre las páginas de un libro de versos se iba,
+tiernamente, a arrojar bombas de cuarenta kilos sobre los tejados de
+París...
+
+Ahora, mientras Alemania se desmorona, Berlín arde en fiestas.
+¿Depravación? Nada de eso. Lo que pasa es que los alemanes no se han
+enterado aún del resultado de la guerra. Saben que su ejército ha sido
+vencido; saben que el Káiser ha abdicado; saben todo esto vaga y
+confusamente; pero no saben nada más.
+
+Dentro de veinte años, sin embargo, las cosas cambiarán radicalmente.
+Hacia esa época, un sabio profesor habrá publicado una obra enorme en
+muchos volúmenes muy gordos, estudiando la guerra, no sólo en su aspecto
+militar, sino en su aspecto social, en su aspecto político, en su
+aspecto económico y en todos sus aspectos. Probablemente, la primera
+parte de esta obra estará dedicada a las guerras de la Edad Antigua,
+cuando aun no existía Alemania. Quizás el autor habrá hecho también un
+estudio detenido sobre la catapulta, considerándola como punto de origen
+del mortero del 42. Y entonces, toda una generación de alemanes se
+calará las gafas, se pasará las noches en claro estudiando y se enterará
+exactamente de lo que le ha ocurrido a su patria desde el 1914 al 1918.
+
+Todo el mundo sabe que los alemanes no suelen reír los chistes hasta
+veinticuatro horas después de haberlos oído, que es cuando «les ven la
+punta». Dentro de veinte años le verán también la punta a la guerra
+europea y romperán a llorar. Llorarán en verso y llorarán en música.
+Llorarán todos los violines, todas las arpas, todas las gaitas, todos
+los saxofones, todos los contrabajos del ex imperio. Alemania entera
+llorará, y llorará mucho; pero llorará tarde.
+
+Y, mientras tanto, en el _Palais des Dances_, Alemania ríe a cien marcos
+por hora.
+
+
+
+
+LOS MÉDICOS
+
+
+
+
+I
+
+EN DEFENSA DEL RESFRIADO
+
+
+El Congreso Médico de Madrid ha sido, según parece, uno de los mejores
+Congresos Médicos celebrados en el mundo, y de aquí en adelante,
+nuestros sabios doctores van a curárnoslo todo: el cáncer, la
+tuberculosis, la lepra, la ceguera, el reblandecimiento medular, etc.,
+etc. ¡Muy bien, señores médicos! ¡Admirable! Pero ¿qué me dicen ustedes
+del resfriado?
+
+Porque yo ni estoy reblandecido, ni soy ciego, ni sufro de lepra, ni
+padezco de tuberculosis, ni tengo cáncer ninguno. En cambio, me
+encuentro resfriado casi siempre y no comprendo por qué razón han de
+tratarme ustedes con tanto desprecio. Muchas veces, harto de toser y de
+estornudar, yo he acudido a ustedes en consulta. Ustedes me han
+auscultado, me han preguntado si me canso al subir escaleras, a lo que
+yo he contestado que, desde luego, me canso mucho más que al bajarlas,
+me han obligado a respirar fuerte, y, por último, con un gesto de
+infinito desdén, me han dicho:
+
+--¡Bah!... Usted no tiene más que un simple resfriado...
+
+¡Un simple resfriado! ¡Y yo que me creía poseedor de una enfermedad
+importante!... Profundamente avergonzado, yo he cogido entonces mi
+sombrero y me he lanzado a la calle, sumido en amargas reflexiones.
+
+--El fracaso es evidente--decía yo para mis adentros--. ¿Con qué cara me
+presento ahora ante los amigos?
+
+Pero ya me he cansado, y en nombre de toda la humanidad acatarrada,
+solicito para el resfriado la atención de la ciencia y el respeto de las
+familias. Convengo en que la tuberculosis es más dramática que el
+resfriado, pero exijo que al resfriado se le otorgue también cierta
+categoría. Si el gato es el tigre del pobre, como decía no sé quién, el
+resfriado es la tuberculosis del principiante. Es una tuberculosis
+modesta, una tuberculosis para personas de poco dinero que no pueden
+dejar de trabajar ni irse a la sierra a beber leche y respirar aire
+puro. ¿Por qué este desdén hacia el resfriado en una época tan
+democrática?
+
+Yo sospecho que es, sencillamente, porque los médicos no saben curarlo.
+Y es inútil que me hablen del cáncer, de la lepra, de la tuberculosis,
+etc. Mientras los médicos no curen los resfriados, yo no creeré en la
+Medicina.
+
+
+
+
+II
+
+EL VIRTUOSISMO DE LA CIRUGÍA
+
+
+A un amigo mío le tenían que operar de la apendicitis.
+
+--Voy a quedarme arruinado--me dijo--; pero no tendré más remedio que
+acudir a un gran cirujano.
+
+Era un amigo querido, y yo me alarmé.
+
+--No haga usted semejante cosa--le respondí--. Llame usted a un
+medicucho cualquiera. Llame usted a un sastre. Llame usted a un barbero
+o a un ebanista, pero no llame usted a un gran cirujano. El gran
+cirujano le considerará a usted el apéndice así como un virtuoso del
+violín puede considerar la _Sonata de Kreutzer_, y de una manera muy
+artística, le matará a usted...
+
+Yo he visto trabajar una vez a un virtuoso de la cirugía. Rodeado de un
+coro de admiradores se dirigió a una mesa de mármol, donde,
+convenientemente narcotizado, yacía el enfermo. El virtuoso cogió unas
+pinzas y un bisturí y se dirigió a nosotros.
+
+--Para la mayoría de los cirujanos--nos explicó--esta operación no
+ofrecería dificultad ninguna. Es una operación sencillísima, que está
+resuelta desde hace mucho tiempo, y que puede realizar cualquiera sin
+el menor peligro. Comprenderán ustedes, sin embargo, que después de
+reunir aquí a tan buenos amigos, yo no voy a defraudar su expectación.
+Las posibilidades quirúrgicas son ilimitadas para todo médico que tenga
+sangre de artista, y yo voy a demostrarlo ensayando con este enfermo un
+procedimiento inédito y completamente personal. Es un procedimiento
+peligroso, indudablemente, pero en eso consiste su encanto. Ya saben
+ustedes, señores, que a mí no me arredra el peligro...
+
+Y, con un gesto a lo Thuillier, el gran cirujano se lanzó sobre el
+enfermo, quien, bajo la influencia del cloroformo, había comenzado a
+cantar unas peteneras. Los admiradores no pudieron contenerse y
+rompieron a aplaudir.
+
+--Van ustedes a ver con qué rapidez procedo--añadió el gran cirujano--.
+Toda la operación se reduce a tres trazos. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!...
+
+El gran cirujano hizo sus tres trazos y el enfermo dejó de cantar.
+
+--Se le va el pulso--observó un ayudante.
+
+Otro ayudante cogió con unas pinzas la lengua del pobre hombre, y se
+puso a tirar de ella desesperadamente, pero todo fue inútil. Al poco
+rato el enfermo había muerto.
+
+--¡Qué lástima!--exclamó uno.
+
+--¡Verdaderamente!--exclamó otro, que quizás fuese yo mismo--. Este
+pequeño detalle enturbia un poco el éxito de la operación...
+
+El príncipe de la cirugía se lavó las manos, y si alguien se ha lavado
+alguna vez las manos como Pilatos, fue precisamente aquel hombre.
+Salimos a la calle; pero, como de costumbre, no se veía un guardia...
+
+Amigo lector: Permítame usted que le dé el mismo consejo con que ya
+favorecí al amigo de quien he hablado antes. Si alguna vez necesita
+usted que le operen, llame usted a un medicucho cualquiera. Llame usted
+a un sastre. Llame usted a un barbero o a un ebanista; pero no llame
+usted a un gran cirujano...
+
+
+
+
+III
+
+LA VIRUELA OBLIGATORIA
+
+
+Cuando se decretó en Madrid la vacuna obligatoria, todo el mundo se
+indignó.
+
+--Que se vacune el que quiera--solía decirse--; pero ¿y si a mí se me
+antoja tener viruelas?
+
+Libertad de tener viruelas... Libertad de pegárselas al vecino...
+Libertad de escupir... Libertad de tronchar los árboles... ¡Con qué
+ahínco defiende todas estas libertades el español!
+
+--Desengáñese usted--me decía un amigo antes de la vacuna obligatoria--,
+España es el país más liberal del mundo. Aquí puede usted hacer lo que
+le da la gana...
+
+--Yo no--le contesté--. Usted. Usted puede hacer aquí lo que le dé la
+gana, y con usted, pueden hacerlo el Sr. La Chica y otros cuantos
+señores; pero yo, no. No hay posibilidad de que todo el mundo haga nunca
+lo que le dé la gana, y si ustedes hacen su gana de ustedes, es
+sencillamente porque una buena cantidad de señores no podemos hacer la
+nuestra...
+
+En el caso concreto de la vacuna, la mayoría del vecindario parece
+considerarla como una tiranía, y si se considera que la vacuna es la
+tiranía, no se está muy lejos de creer que la viruela sea la libertad.
+¿Lo es, en efecto? Desde el punto de vista de los microbios, no cabe la
+menor duda; pero, desde nuestro punto de vista, la cosa es ya bastante
+más discutible. Por mi parte, considero la viruela como una verdadera
+imposición de que han venido haciéndonos víctimas nuestros gobiernos. La
+viruela tenía en España el mismo carácter obligatorio que ahora tiene la
+vacuna, y nadie protestaba contra ella. Las gentes se resignaban a
+padecerla como se resignaban a padecer el tifus y el caciquismo. Y, al
+igual de los caciques, los microbios, sin duda, pensaban también que
+España era el país más liberal del mundo.
+
+¡Qué lástima que la libertad práctica no pueda ser absoluta como la
+libertad teórica! ¡Qué lástima que nuestros intereses no coincidan con
+los de los microbios! ¡Qué lástima... para los microbios!...
+
+
+
+
+IV
+
+CROYDON Y MADRID
+
+
+PARECE que en Croydon, cerca de Londres, la Liga antivacunista se ha
+opuesto violentamente a la vacunación obligatoria del vecindario. Un
+periódico español da cuenta del hecho poniéndole esta coletilla: «En
+todas partes cuecen habas.» Y esta otra: «¡Y aún hablan de _l'Espagne et
+le Maroc_!»...
+
+¿Quiénes hablan de _l'Espagne et le Maroc_? Los ingleses, en todo caso,
+hablarían de _Spain and Marocco_, y la verdad es que si nosotros no
+tuviéramos con Europa más analogía que la de oponernos a la vacunación
+obligatoria, no tendríamos analogía ninguna y estaríamos completamente
+unidos al África. Porque Europa puede combatir la vacunación obligatoria
+y nosotros no. Es el caso de dos personas que se opusieran al alumbrado
+de petróleo, una en nombre de la luz eléctrica y otra en nombre del
+candil. Los vecinos de Croydon, con una urbanización excelente, creen
+que deben prescindir de la vacuna. «En vez de vacunarnos--dicen--dennos
+ustedes más agua y más aire.» Aquí, en cambio, la alternativa es
+trágica: o vacuna o viruela. Nosotros estamos todavía en el período de
+la vacuna, como estamos en el del reformismo y el republicanismo. De
+vivir en Croydon yo sería, muy probablemente, miembro de la Liga
+antivacunista, y, no obstante, cuando el Sr. Romeo inició aquí su
+campaña en pro de la vacunación obligatoria, hice un artículo
+defendiéndola. La vacuna, que en Inglaterra me parecería reaccionaria y
+anticientífica, aquí me parece liberal y cientificísima. Y si los
+espíritus revolucionarios ingleses pudieran traspasarnos con la vacuna
+su partido conservador, no habría un hombre verdaderamente progresivo en
+España que se negara a acogerlo. El partido conservador inglés vendría
+entonces a representar la tendencia más avanzada de la política
+española.
+
+Indudablemente, el hecho de que en Londres se combata la vacuna, no debe
+servir para animar a los antivacunistas españoles. En un Estado
+norteamericano se está haciendo ahora una campaña con cierto ferrocarril
+en proyecto... pero con objeto de que se establezca un servicio de
+comunicaciones aéreas. El ferrocarril comienza ya a ser un atraso en el
+mundo. Aquí no se puede decir aún que tengamos ferrocarriles.
+
+
+
+
+V
+
+MICROBIOS A SUELDO
+
+
+El microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio
+local fue a visitarlo con propósitos periodísticos.
+
+--Parece que ha recorrido usted medio mundo--le dijo el microbio local.
+
+--Sí... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en
+Inglaterra, en los Estados Unidos...
+
+--Grandes países, ¿eh?
+
+--¡Quite usted allá! Para un pobre microbio que quiera vivir
+tranquilamente, el mejor país es España. Aquí funda usted una pequeña
+familia--cuatrocientos o quinientos mil hijos--, y la saca usted
+adelante sin el menor contratiempo. Lleva usted sus chicos a la escuela,
+al teatro y al _cine_, y es un gusto ver cómo se instruyen y se
+divierten. La alimentación es magnífica. ¡Qué carnes tan podridas! ¡Qué
+leche tan adulterada!...
+
+--La leche es muy buena, en efecto--respondió el microbio local--; pero
+¿y el ácido fénico?
+
+--¿El ácido fénico?--exclamó el microbio de la gripe--. ¿Pero usted cree
+en el ácido fénico?
+
+--¡Hombre! Los médicos aseguran...
+
+--¿Pero es que cree usted en los médicos?... Que un hombre crea en los
+médicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que está en el
+secreto de estas cosas, les haga caso ninguno. Por mi parte, le aseguro
+a usted que el ácido fénico me hace engordar y que su aroma me parece
+exquisito. Desengáñese usted, querido colega. El ácido fénico sólo es
+desagradable para los hombres...
+
+--¿Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aquí?
+
+--Verá usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis
+correrías por el mundo. Fuera de España todo se vuelve hablar de
+libertad; pero si existe algún país donde un pobre microbio puede hacer
+lo que quiera, ese país es éste. Aquí se siente uno amparado por las
+leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna
+autoridad inicia una campaña contra nosotros no faltan amigos que nos
+defiendan enérgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a
+cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo demás
+es cuento. ¿Sabe usted cuánto peso he perdido durante mi estancia en
+Inglaterra? Pues muy cerca de una diezmillonésima de miligramo. ¡Para
+que digan que Inglaterra es un país más libre que España!... Además, en
+España uno puede cultivar el trato de toda clase de microbios, y esto
+siempre es instructivo. El microbio del tifus, por ejemplo, y el de la
+viruela, expulsados de todo el mundo, se han refugiado aquí, donde viven
+a las mil maravillas. Yo los he visto el otro día en el pecho de un
+enfermo que es cliente mío y a quien se los había llevado su médico.
+
+--¿De modo que se establece usted entre nosotros para siempre?
+
+--¡Ah, no!... Llegará un día en que España será un país de microbios
+solos, y entonces la lucha por la vida adquirirá aquí caracteres
+horribles.
+
+--Antes de esa fecha--exclamó el microbio local--yo me agarraré al
+presupuesto. Buscaré un empleíllo en algún laboratorio, como microbio de
+cultivo, y ¡a vivir!
+
+
+
+
+VI
+
+JUVENTUD, DIVINO TESORO...
+
+
+¿Han leído ustedes las experiencias del doctor Voronof? El doctor
+Voronof pretende haber descubierto, sencillamente, el secreto de la
+eterna juventud. «Nuestra vida--dice el doctor Voronof--no depende tanto
+del funcionamiento de los grandes órganos como de la secreción de
+ciertas glándulas, minúsculas algunas veces...» Al leer esto, le entran
+a uno vivísimas sospechas de que el doctor Voronof llama glándulas
+minúsculas a los talones del Banco de España, al papel moneda y a los
+distintos valores en curso, sospechas que se acentúan a medida que uno
+sigue leyendo: «Un hombre--añade el sabio cirujano--puede vivir sin
+riñón o sin estómago; pero si le suprimimos, por ejemplo, las cápsulas
+subrenales, muere...» Indudablemente--piensa uno--el doctor Voronof,
+llevado de su tecnicismo profesional, denomina cápsulas subrenales a las
+piezas de cinco pesetas. El nombre parece extraño; pero quizás no
+carezca de abolengo. Un filósofo podría, tal vez, descubrir cierta
+analogía entre ese término y la expresión popular de «costarle a uno un
+riñon», expresión demostrativa de que el pueblo considera también los
+duros como una especie de cápsulas subrenales...
+
+Pero todo esto son fantasías. El doctor Voronof sabe muy bien lo que se
+dice y nos asegura que los médicos pueden rejuvenecer a la humanidad sin
+más que injertar en los organismos decrépitos las glándulas
+intersticiales de organismos vigorosos. Por este procedimiento ya le ha
+devuelto el doctor Voronof la juventud a numerosos carneros. ¿No se la
+podría devolver también a algunos de nuestros políticos?
+
+Es posible que todos los problemas españoles se reduzcan a un solo
+problema quirúrgico, y que lo único que necesitemos en este país sean
+glándulas intersticiales. Nuestros carneros son más o menos viejos; pero
+nuestros políticos son todos anteriores a la revolución francesa, y si
+los cirujanos no logran matarlos, que por lo menos procuren
+rejuvenecerlos. No creo que los políticos se diferencien tanto de los
+carneros que no se pueda hacer con los unos lo que se ha hecho con los
+otros. Ensaye en ellos sus glándulas intersticiales el doctor Voronof y
+ensaye también esas glándulas tiroideas con las cuales parece que, ya en
+el año de 1913, convirtió a un idiota en un ser sensato y razonable.
+
+Ahora, que el doctor Voronof debe tomar precauciones, porque aunque
+científicamente un político sea igual a un carnero, hay, sin embargo,
+entre ambos una diferencia esencial. El carnero no vive de su vejez, y
+el político sí. ¿Qué sería de un político español sin vientre, sin
+barbas blancas, sin asma y sin calvicie? Quitarle estas cosas a un
+político es quitarle el prestigio y la respetabilidad. Por otra parte,
+¿es que los ex ministros seguirían cobrando sus cesantías cuando
+volviesen a la edad en que eran simples diputados? Porque si seguían
+cobrándolas, el fracaso del doctor Voronof no podía ser más evidente.
+
+Decididamente, no creo que sea nada fácil rejuvenecer a un político
+español. El doctor Voronof podrá rejuvenecer a un carnero de catorce
+años, a un loro de ciento cincuenta y a una carpa de doscientos; pero no
+así a uno de nuestros políticos. Y es que para devolverle la juventud a
+un animal cualquiera, se necesita una cosa que no depende ni del doctor
+Voronof ni tampoco del animal. Se necesita, sencillamente, que el animal
+en cuestión haya sido joven alguna vez.
+
+
+
+
+ENTRE CABALLEROS
+
+
+
+
+I
+
+LOS DESAFÍOS Y EL MÉDICO
+
+
+Si la proposición que algunos médicos presentaron un día al Colegio de
+Madrid hubiese llegado a adoptarse, los «lances entre caballeros» no
+tardarían en pasar a la historia. Se trata de una proposición para que
+ningún médico asista como tal médico a ningún desafío. Claro está que en
+los desafíos no suele ocurrir nada. A primera vista no hay, por lo
+tanto, ninguna razón para que los caballeros se hagan acompañar de un
+médico cuando van a batirse y no cuando van a tomar café, ya que el
+café, bien solo o bien con leche, es, en casi todos los
+establecimientos, un brebaje engañoso que da lugar a serias
+complicaciones gástricas. Se puede demostrar que, prácticamente, los
+médicos son del todo innecesarios en los desafíos; pero, al demostrar
+esto, se demostraría también que los desafíos son prácticamente
+innecesarios en la vida. Ya se sabe que en los desafíos no muere nadie;
+pero es preciso mantener la creencia de que puede morir alguien, y para
+mantenerla es para lo que están los médicos. Las espadas, los sables,
+las pistolas todo esto tiene un carácter decorativo y de panoplia, y
+uno puede mirarlo alegremente; pero, ¿y el botiquín? ¿A quién no le
+asalta por un instante la idea de la muerte al ver a un médico con su
+botiquín debajo del brazo?
+
+En Francia, los duelistas procuran presentarle al público de vez en
+cuando un pequeño cadáver. Aquí no se ha cambiado de cadáver desde hace
+muchísimos años, y el duelo está perdiendo prestigio. Vean ustedes las
+estadísticas de accidentes del trabajo y observarán que la industria
+corchotaponera produce más víctimas que el duelo. ¿Qué se discute en
+España entre los partidarios del desafío y sus antipartidarios? Pues,
+sencillamente, un muerto de allá por el año 98, muerto que, al parecer,
+debió su muerte a un descuido del médico...
+
+Si los médicos, pues, le hacen el _boicot_ a los desafíos, si cuando un
+caballero le haya producido a otro con un sable o con una espada un
+rasguño en la muñeca, no hay un médico que describa este rasguño como
+una herida inciso-trinchante de tantos centímetros de extensión, en la
+región tal, interesando la dermis y la epidermis y la paquidermis; si
+además el médico no echa en este rasguño tintura de yodo y yodoformo y
+alguna otra porquería, y no arma allí una cantera y no cubre luego el
+brazo de gasas malolientes, ¿qué va a ser de los desafíos?
+
+Los desafíos quedarán entonces reducidos a un _sport_, así como la
+natación, como el billar o como la pesca de caña, y no digo como el mus
+o el _poker_, porque estos juegos es indudable que producen víctimas. Se
+convertirán en un ejercicio vulgar y caro y no tardarán en desaparecer.
+Y esto sería grave porque, probablemente, daría origen a un aumento de
+mortalidad.
+
+
+
+
+II
+
+LOS DESAFÍOS Y LA TÉCNICA
+
+
+Si un señor me invitase un día a jugar una partida de ajedrez, por muy
+obligado que yo le estuviera, no le complacería. Le demostraría que no
+sé jugar al ajedrez, y el señor en cuestión tendría que renunciar a la
+partida proyectada.
+
+Si el mismo señor pretendiese otro día hacerme ejecutar al piano la
+_Marcha fúnebre_ de Chopin, tampoco me sería fácil complacerle.
+
+--No sé tocar el piano--le diría--. Y si, en vez del ajedrez o el piano,
+el señor en cuestión se orientase hacia la esgrima y quisiera batirse
+conmigo a espada o a sable, mi contestación sería igualmente lacónica.
+
+--Lo siento mucho, pero no sé batirme a sable ni a espada...
+
+En el primero y el segundo casos, todo el mundo encontraría mi negativa
+perfectamente natural. Se puede ser un gran aficionado al ajedrez, pero
+se comprende que cuando un hombre no sabe jugarlo, no lo juegue. Se
+puede ser muy entusiasta de la _Marcha fúnebre_, y no obstante, ante la
+imposibilidad técnica de ejecutarla al piano, la gente se explica, sin
+dificultad, el que un hombre no quiera ejecutarla...
+
+En el tercer caso, sin embargo, es seguro que yo quedaría muy mal.
+Cualquier razón sirve para no batirse, excepto la de que uno no se sabe
+batir. A nadie se le ocurre atribuir al miedo el motivo de que yo no dé
+conciertos en la Sociedad Filarmónica; pero si yo me negara a batirme,
+se diría que el miedo me dominaba:
+
+--En el terreno, la técnica significa muy poco. Lo decisivo es el
+valor...
+
+Y esto es posible; pero yo creo que se tiene tanto más valor cuanto se
+tiene más técnica. Está demostrado que la técnica de la natación
+consiste principalmente en perder el miedo. Nadie nada de primera
+intención, porque el miedo le lleva a hacer una serie de movimientos con
+los que, irremisiblemente, se ahoga. Pues yo cogería a D'Artagnan, de
+quien no es publico que supiese nadar, le pondría al borde de un mar
+profundo, y le diría:
+
+--Láncese usted. Todo es cuestión de no tener miedo...
+
+Y el intrépido mosquetero se iría a hacerle compañía a los pacíficos
+besugos.
+
+Es posible que yo no me batiese, aunque supiera batirme; como es posible
+que no ejecutase la _Marcha fúnebre_, aunque supiera ejecutarla; pero si
+alguien me pide alguna vez que ejecute esta marcha, yo no me voy a
+salir diciéndole que prefiero otra marcha más jovial, o que no me
+inspira simpatías la autonomía de Polonia, tierra del autor, sino,
+sencillamente, que no sé tocar el piano.
+
+Y cuando alguien me desafíe, yo le diré que no me sé batir, en vez de
+plantearle el problema de la moral del duelo. Por lo demás, acaso toda
+la moral del duelo consista precisamente en esto. Cuando todo el mundo
+llevaba una espada al cinto y sabía más o menos manejarla, batirse en
+duelo era una cosa así como lo que es hoy liarse a garrotazos. Hoy, en
+cambio, el duelo es la equivalente de lo que será liarse a garrotazos en
+el año 2000, cuando, en vez de bastones, los hombres salgan a la calle
+con unos tubos de goma llenos de aire comprimido, de energía
+radioactiva, de café con leche o de lo que sea.
+
+
+
+
+III
+
+LOS DESAFÍOS Y EL HONOR
+
+
+Sigamos con esto del duelo. Un hombre hace una canallada; este hombre se
+bate y es un hombre de honor. A un hombre le hacen una canallada; este
+hombre no se bate y es un hombre sin honor. El honor o el deshonor no
+consisten, pues, en conducirse honorable o deshonorablemente, sino en
+batirse o no batirse. Yo me atrevería a decir del honor caballeresco
+exactamente lo mismo que he dicho del valor, esto es, que se tiene tanto
+más cuanto se tiene más técnica. El honor se puede aprender, si no en
+doce, en cien o en doscientas lecciones. Todo es cuestión de tener algún
+dinero para ir a una sala de esgrima. Por mil pesetas uno puede llegar a
+hacerse un caballero perfecto, a condición de que uno no esté demasiado
+viejo ni demasiado gordo, ya que el honor también tiene edad, peso y
+estatura.
+
+--Pero si esto es así--dirán ustedes--, ¿por qué hay tantos hombres sin
+honor?
+
+Sencillamente, porque no lo necesitan. Yo he observado que sólo tienen
+honor aquellas personas a quienes les hace verdadera falta tenerlo. ¿De
+qué le serviría el honor a un ebanista o a un comerciante? Cuando un
+joven piensa dedicarse a la ebanistería o al comercio, no se preocupa
+del honor. En cambio, si quiere entrar en la política, o si es
+aristócrata, se compra unos floretes, unas zapatillas y una careta y se
+inscribe en una academia de esgrima. En Inglaterra no existe el honor
+caballeresco, y en Barcelona, tampoco. Un barcelonés puede ser un hombre
+muy digno y hasta un hombre muy sinvergüenza sin necesidad ninguna de
+tener honor; pero no así un madrileño. Hubo un tiempo en que para
+dedicarse al periodismo, el honor era también una cosa indispensable.
+Hoy creo que todavía se exige el honor en algunos periódicos; pero, en
+la mayoría, sólo procuran que el periodista sepa su oficio. Días atrás
+hablaba yo con un periodista de la vieja escuela y le decía que,
+francamente, eso del honor me parecía absurdo.
+
+--¡Ah!--me contestó--. Usted ha tenido mucha suerte y puede usted
+prescindir del honor. Si yo hubiese podido hacerme una firma, también
+prescindiría de él; pero a los cincuenta años de edad no he logrado
+llegar aún a las doscientas pesetas, trabajando diez horas diarias. Yo
+soy un fracasado, y si no tuviese honor, me moriría de hambre...
+
+Mi pobre compañero tiene honor porque le hace muchísima falta. Si el día
+de mañana heredase, dejaría inmediatamente de tenerlo.
+
+
+
+
+LA POLÍTICA
+
+_En estos comentarios, que fueron escritos a fines del año 18 y
+comienzos del 19, el lector verá algunos nombres propios: Maura, Cierva,
+Dato, Sánchez de Toca, Romanones... Lo probable es que semejantes
+nombres no varíen, o bien porque sus titulares vivan indefinidamente, o
+bien porque, al morir, le dejen la herencia política a sus hijos. Y,
+aunque varíen los nombres, es indudable que las cosas no variarán. Es
+decir, que el lector del año 50 no tendrá que hacer, a lo sumo, nada más
+que la simple sustitución mental de unos apellidos por otros para
+convertir este pequeño trozo de historia en una página de actualidad
+palpitante._
+
+
+
+
+I
+
+CEREBROS ARTIFICIALES PARA USO DE DIPUTADOS
+
+
+El otro día, al salir del Congreso, me fui a cenar con un amigo
+diputado. Nos sirvieron de postre unas chirimoyas, fruta tropical, y mi
+amigo, con su chirimoya en la mano, comenzó a hablarme de la autonomía
+catalana. Yo le miraba, a la vez que le oía, y tenía una sensación así
+como si fuese de la chirimoya de donde mi amigo sacaba las ideas. De
+cuando en cuando, y coincidiendo con los momentos en que la
+argumentación exigía mayor sutileza, mi amigo oprimía nerviosamente la
+chirimoya, como si quisiera extraerle todo el jugo. Y entonces se me
+venía a la imaginación la imagen prodigiosa de _Le Penseur_, de Rodin.
+Hubo instantes en que yo temí que la chirimoya reventase en manos de mi
+amigo, quien, cuando no podía terminar un razonamiento, la apretaba de
+un modo verdaderamente suicida. Por fin, mi amigo se comió la chirimoya
+y dejó de hablar de la autonomía catalana. Pedimos la cuenta. Las
+chirimoyas costaban a cinco pesetas cada una. Y yo pensé que, para
+decirme lo que me había dicho, mi amigo hubiera podido arreglarse
+perfectamente con una fruta del país, como, por ejemplo, la naranja, que
+es bastante jugosa y que se encuentra al alcance de las fortunas más
+modestas.
+
+Estamos ante problemas demasiado graves, y yo temo que nuestros
+cerebros, ociosos durante muchísimos años, no puedan ahora funcionar con
+la exactitud necesaria. Algunos diputados razonan con chirimoyas. Otros,
+vistos desde la tribuna de la Prensa, nos presentan unos cráneos largos
+y depilados, como melones. Y otros, en fin, más acres, cuando estrujan
+su pequeña masa encefálica, parece que estrujaran un limón. ¿Por qué no
+se harán máquinas de pensar, como se hacen máquinas de calcular? El Sr.
+Torres Quevedo, que ha hecho una máquina para jugar al ajedrez, podría,
+seguramente, con mucha más facilidad, hacer máquinas que estudiasen la
+cuestión catalana y vendérselas o alquilárselas a los señores diputados.
+
+Podrían hacerse cerebros de celuloide, sólidos, prácticos y que, como se
+venderían mucho, resultarían bastante baratos; cerebros a los que se les
+diese cuerda para veinticuatro horas, o bien que tuviesen una ranura,
+como ciertos aparatos de gas, para que, al querer iluminar algún punto
+obscuro de nuestra política, bastase echar en ellos una moneda y
+aproximar un fósforo. La idea parecerá descabellada, pero yo me
+atrevería a apoyarla con un precedente: los cerebros alemanes.
+Minuciosamente preparados por el Estado y exactamente iguales unos a
+otros, los cerebros alemanes de la _avant-guerre_ podrían considerarse
+como un producto industrial.
+
+Claro que el día en que los españoles razonemos con unos cerebros
+artificiales, confeccionados al por mayor, perderemos toda nuestra
+variedad, tan pintoresca. Pero acaso sea precisamente esto lo que nos
+esté haciendo falta.
+
+
+
+
+II
+
+LA INDUSTRIA ELECTORAL
+
+
+Las elecciones son nuestra única industria nacional, y si se hicieran
+dos veces al año, España se depauperizaría. Hay pueblos en los que la
+cosecha representa unos diez mil duros anuales, la industria unos cinco
+mil, y las elecciones ciento o ciento cincuenta mil. ¡Y aun hay quien
+echa pestes contra la ley del Sufragio!
+
+--¿Para qué queremos el voto?--se preguntan algunas gentes.
+
+Y estas gentes, no sólo carecen de sentido político, sino que carecen
+también de todo instinto comercial. Queremos el voto para venderlo. La
+ley que nos ha proporcionado el derecho a votar nos ha asegurado con él
+una renta vitalicia. Un voto puede valer cinco, diez, veinte, cien,
+hasta doscientos duros. Muchos hombres en España ganan con su trabajo
+cincuenta duros al año, y con el voto obtienen el doble y el triple.
+Claro que es preciso votar a los candidatos conservadores. Los
+socialistas, que se las echan de protectores del pueblo, en realidad
+quieren robarle al pretender que el pueblo los vote gratis. ¡Falsos
+apóstoles!, como dice un colega...
+
+Cuando llegan las elecciones es como si llegara una cosecha milagrosa.
+Una cosecha de cereales, de salchichones, de chorizos y de cigarros de a
+peseta con áureas sortijillas. El vino circula abundantemente en
+nuestros pueblos más miserables. Las gallinas, animadas de un fuego
+sagrado, dijérase que ponen los huevos ya cocidos y todo. Los corderos
+nacen asados. España come y bebe a sus anchas.
+
+¿Y son los socialistas quienes censuran al Sr. Maura por echar sobre el
+pueblo español esta bendición de unas elecciones generales? Pues que el
+decreto de disolución se retrase unos meses más, y con lo cara que está
+la vida, España se morirá de hambre. Es preciso acabar con esta leyenda
+de que un candidato no es importante más que como un diputado en
+potencia. Lo importante no es el diputado, sino el candidato. Lo
+importante no es el Parlamento, sino el período electoral. Un hombre que
+se deja en un distrito de cincuenta mil duros para arriba es,
+indudablemente, un hombre que favorece al distrito, y el pueblo,
+agradecido, debe votarle...
+
+A no ser que el candidato contrario se deje lo doble.
+
+
+
+
+III
+
+UNA CARTA
+
+
+Un lector me envía la siguiente carta:
+
+«Sr. D. Julio Camba.
+
+Muy señor mío: Su artículo sobre las elecciones, publicado en _El Sol_
+del día 13, contiene varias inexactitudes que me apresuro a rectificar.
+Dice usted que los votos constituyen en España una gran industria. ¡Ay,
+señor Camba! Como tantas otras, esta industria ha venido aquí
+considerablemente a menos. La concurrencia es terrible. Hay quien vende
+su voto por dos duros. Hay quien lo da a cambio de una comida, de un
+paseo en automóvil o de un cigarro puro. Hay quien vota por amistad, y
+hay algo mucho peor aún: hay quien vota por convicciones políticas. Y
+así se explica el que se presenten candidatos hombres que no tienen
+donde caerse muertos.
+
+Yo creo que se debiera constituir una liga de electores imponiendo una
+tarifa mínima para los votos. Esta sería, a mi juicio, la única manera
+práctica de que los ciudadanos hiciéramos valer nuestros derechos. Cinco
+duros por voto, y si los candidatos no aceptaban, iríamos a la huelga.
+Y no me hable usted de inmoralidad. El hecho de que usted cobre sus
+artículos no quiere decir que usted venda sus ideas. En realidad, un
+escritor no tiene verdadera independencia de pensamiento mientras no
+puede vivir de su pluma, y algo de esto ocurre también con el elector.
+¿Sabe usted lo que yo he tenido que hacer en las elecciones pasadas para
+valorizar un tanto mi derecho de elector? Pues he tenido que votar dos
+veces: una por un candidato monárquico, y otra, por un republicano.
+
+Porque eso de que los candidatos conservadores son quienes pagan mejor
+los votos, tampoco es exacto, señor Camba. Cuando están en el Poder,
+¿qué necesidad tienen de pagarlos? Generalmente, ni siquiera se toman la
+molestia de echarnos un discurso.
+
+Desengáñese usted. Para levantar un poco la industria electoral no hay
+más procedimiento que la Liga. Recientemente se hablaba de señalar
+sueldo a los diputados. Muy bien; pero que los diputados comiencen por
+pagar a sus electores. Y mientras haya gentes que voten de balde, yo no
+podré creer que el derecho a votar represente para el pueblo conquista
+ninguna...»
+
+Hasta aquí la carta de mi comunicante. Yo, en prueba de imparcialidad,
+la reproduzco íntegra.
+
+
+
+
+IV
+
+EL AUTOR NECESITA UN DISTRITO
+
+
+En estos hermosos días de mayo, para estar a tono con las costumbres y
+no hacer entre mis contemporáneos un papel despreciable, yo necesito dos
+cosas: un distrito y un sombrero de paja.
+
+Casi todo el mundo tiene un distrito y un sombrero de paja. Algunos
+tienen sombrero de paja y carecen de distrito. Otros tienen el distrito
+únicamente, pero podrán contarse con los dedos de una mano los españoles
+que se encuentren hoy, a la vez, sin distrito y sin sombrero.
+
+Lector: ¿No tendrá usted por ahí algún distrito suelto que ofrecerme?
+¿Ha mirado usted bien?...
+
+Todos mis amigos tienen distrito, y hasta hay quien hace gala de dos o
+tres. A juzgar por las apariencias, en España hay muchos más distritos
+que candidatos, y muchos más ciudadanos elegibles que ciudadanos
+electores. Hombres que se han pasado el invierno sin gabán comparecen
+ahora en la tertulia del café con distritos magníficos. No me extrañaría
+nada que alguno de ellos empeñara el suyo...
+
+Es muy hermosa la libertad del hombre soltero; pero cuando uno se va
+haciendo un poco viejo y comienza a padecer del estómago, echa de menos
+una mano amante que le arrope bien en la cama y le sirva tacitas de
+caldo. También es muy hermosa la situación del escritor independiente;
+pero no en época de elecciones. En época de elecciones, ¿quién no siente
+el anhelo de un partido político, un partido cariñoso que le dé un
+distrito así como le daría un caldo la tierna esposa?
+
+Al salir a la calle y coger su sombrero, su bastón y sus guantes, uno
+tiene estos días la sensación de que le falta algo todavía, y lo que le
+falta es un distrito. Luego, en la tertulia habitual, así que todos los
+amigos se ponen a hablar de sus distritos respectivos, el hombre que
+carece de distrito es algo así como un paria. Los camareros mismos le
+sirven de cualquier manera. El limpiabotas no acude a sus
+requerimientos...
+
+La vida sin distrito ha llegado a parecerme ya una carga insoportable.
+Me figuro que las gentes me señalan en la calle diciéndose:--He ahí un
+hombre que no tiene distrito. Y por esto me dirijo al lector pidiéndole
+uno. Después de todo, un distrito se le da a cualquiera. Haga el lector
+un pequeño esfuerzo. Necesito un distrito, y lo necesito de toda
+necesidad.
+
+
+
+
+V
+
+ESPAÑA, EMPORIO DEL PARLAMENTARISMO
+
+
+¿Qué se entiende por un hombre muy parlamentario?
+
+En España, por un hombre muy parlamentario se enriende un hombre que
+tiene mucho parlamento. El señor Dato, por ejemplo, y el señor conde de
+Romanones son hombres muy parlamentarios. También es bastante
+parlamentario el Sr. García Prieto. Y yo mismo, que a primera vista no
+parezco nada parlamentario, lo soy, sin embargo, considerablemente más
+que la mayoría de los españoles: tengo numerosos amigos diputados, puedo
+tomar café en el Congreso, puedo utilizar la franquicia postal
+parlamentaria...
+
+Cuando el Sr. Maura disolvió las Cortes, dijo que lo hacía porque siendo
+un hombre muy parlamentario, no quería aprobar los presupuestos a
+espaldas de la representación nacional. La representación nacional era
+entonces datista, romanonista, albista, socialista, etcétera, y el Sr.
+Maura necesitaba una representación nacional maurista a fin de no
+gobernar a espaldas del país, sino de acuerdo con él. Necesitaba un
+Parlamento, en fin, para que no se dijese de él que era un gobernante
+antiparlamentario.
+
+Y como necesitaba un Parlamento, el Sr. Maura--y quien dice el Sr. Maura
+dice el Sr. Cierva--se dedicó a hacerlo. Primero, el jefe del Gobierno
+eligió los candidatos. Luego, los candidatos eligieron a los electores.
+Y, dentro de pocos días, el Sr. Maura tendrá un Parlamento propio, así
+como algunos señores tienen un teatro casero.
+
+¿Quién ha dicho que aquí se gobierna arbitrariamente, sin tener en
+cuenta los gustos ni las aficiones del país? Aquí no se hace semejante
+cosa. El país ha derramado su sangre para conseguir el régimen
+parlamentario, y respetuosos de la voluntad nacional, a cada Gobierno le
+damos aquí su Parlamento correspondiente. En el mismo espacio de tiempo,
+ninguna nación ha tenido tantos Parlamentos como España. España es,
+indudablemente, el pueblo más parlamentario del mundo.
+
+
+
+
+VI
+
+LOS MINISTROS NUEVOS
+
+
+Cuando caiga el actual Gobierno, nuestro presupuesto de gastos se
+encontrará gravado con unas cuantas cesantías más. ¡Para que la gente
+pida ministros nuevos!
+
+¿Qué se entiende por un ministro nuevo? Por un ministro nuevo no se
+entiende un ministro joven ni un ministro distinto de los otros
+ministros, sino un hombre que es ministro por primera vez. Un ministro
+nuevo suele ser un subsecretario viejo, un gobernador viejo o un general
+viejo... El marqués de Mochales llegó a ministro y se murió; pero este
+lamentable suceso será único en nuestra historia. La mayoría de los
+políticos no consideran colmada su ambición al llegar a ministros. Ser
+ministro no es, en realidad, ser nada. Un ministro está a merced del
+poder moderador, a merced de la Prensa, a merced de las oposiciones
+parlamentarias, a merced de todo el mundo. En cambió, un ex ministro no
+está a merced de nadie. Las carteras pasan y las cesantías quedan. Y por
+esto, lejos de morirse una vez que han jurado el cargo, es entonces
+cuando la mayoría de los ministros comienzan a vivir.
+
+¿Ministros nuevos? No. Nunca. Un ministro nuevo se usa en seguida y a
+los dos o tres meses queda convertido en un ex ministro. Hay países de
+una intensa vida económica que pueden permitirse el lujo de cambiar
+frecuentemente de ministros, así como un hombre rico cambia
+frecuentemente de automóvil; pero nosotros no estamos en el mismo caso.
+¡Si cada nueva cesantía anulase una cesantía vieja! ¡Si cuando el señor
+Prado Palacio, por ejemplo, sea declarado ex ministro, dejasen de ser ex
+ministros el marqués de Lema o el conde de Bugallal!... Pero, hoy por
+hoy, lo que nos conviene es ir tirando con los ex ministros actuales.
+Son viejos, muy viejos, tan viejos como el mismo sistema parlamentario;
+son malos y están pasados de moda, pero no nos suponen ningún nuevo
+gasto. Bien conservados, estos ex ministros pueden durar todavía otro
+cuarto de siglo u otro medio siglo, lo que en la política española no
+creo que represente gran cosa. Y cuando se mueran del todo--allá para el
+año 1950--, entonces se podrá pensar en sustituirlos con algunos hombres
+jóvenes, como D. Melquiades Alvarez, por ejemplo, o el doctor
+Simarro...
+
+
+
+
+VII
+
+UN ARTÍCULO MINISTERIAL
+
+
+Si yo fuese un escritor ministerial, ¡qué artículo haría acerca de las
+últimas elecciones!
+
+Nos han derrotado en las grandes ciudades--diría--, pero esto no nos
+extraña. Las grandes ciudades son verdaderos focos de corrupción, donde
+se van perdiendo íntegramente los sentimientos de humildad, de
+obediencia y de amor al pasado. Casi todos los madrileños saben leer y
+escribir, y aunque una enérgica censura amordaza a los escritores de la
+mala prensa, las ideas disolventes siempre encuentran camino por donde
+llegar al cerebro del pueblo. Indudablemente, el analfabetismo vale mil
+veces más que la censura. Todo el arte de los escritores radicales se
+estrella contra el hombre del campo, hombre sano de cuerpo y de
+inteligencia, que no sabe leer ni lo necesita para trabajar las tierras
+de su señor y para darles el voto a los candidatos del orden. Y el
+hombre del campo ha votado la candidatura ministerial.
+
+Hemos triunfado en el campo, donde todavía se conservan las venerandas
+tradiciones de nuestros mayores; donde el médico, no contaminado por
+teorías extrañas, sangra buenamente a sus enfermos, igual que en tiempo
+de nuestros abuelos; donde el pobre se resigna a ser pobre como el rubio
+se resigna a ser rubio; donde el cura prohíbe que se baile el agarrado y
+que se lean los periódicos liberales, y donde se respeta el orden, la
+propiedad, el clero y la Guardia civil. Hemos triunfado en el campo y
+hemos fracasado en las ciudades. ¿Hay nada más significativo?
+
+Porque las ciudades están dejadas de la mano de Dios. En Madrid, la
+juventud pasa su vida bailando bailes extranjeros, bebiendo bebidas
+extranjeras y--cosa mil veces más nefanda--leyendo libros extranjeros.
+Ahora les ha dado a los madrileños por poner en las casas baño y
+ascensor, y esto será muy agradable para el cuerpo, pero tiene que ser
+funesto para el alma. Baños, librerías, grandes hoteles, derechos
+políticos, un Ateneo, una Casa del Pueblo... ¿Es que nuestros mayores
+necesitaban ninguna de estas cosas?
+
+Días atrás, cuando los balcones de Madrid se engalanaron con toda suerte
+de colgaduras en homenaje al Corazón de Jesús, creíamos que la capital
+de España se arrepentía y hacía enmienda de sus errores. Las elecciones
+nos demostraron que esta hipótesis era falsa. Indudablemente, el
+madrileño que tiene colgaduras está deseando un pretexto para
+exhibirlas, y cualquiera que sea este pretexto las exhibe; pero esta
+exhibición, puramente decorativa, no tiene jamás un carácter
+ideológico. Madrid está perdido, y con él están perdidas todas las
+grandes ciudades españolas. Las han perdido las bibliotecas públicas, la
+Prensa, el agua corriente, los hoteles cosmopolitas, el telégrafo, el
+teléfono, los teatros, que, de lugares de solaz, van convirtiéndose en
+vehículos de ideas pecaminosas, y tantas otras invenciones de este siglo
+maldito. (Para un escritor ministerial todas las cosas antiministeriales
+son invención de este siglo.) ¿Cómo iban a votarnos?
+
+Nuestra derrota demuestra que nosotros no tenemos nada que ver con esta
+época de disolución social. Nosotros representamos las venerandas
+tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el año de la
+Nanita...
+
+
+
+
+VIII
+
+EL ENGAÑO DE LAS CRISIS
+
+
+Cada vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de
+liberación. El aire me parece más puro; las mujeres, más guapas; los
+manjares, más sabrosos.
+
+--Trabajillo ha costado--exclamo--; pero, al fin, somos libres. Ya no
+tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal...
+
+Desgraciadamente, está en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos
+cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible,
+y por esto, acaban resolviéndose todas las crisis ministeriales. Al cabo
+de dos o tres días, el Gobierno caído es siempre sustituido por otro, y
+de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las
+diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si España
+llegará a vivir al año un mes entero sin Gobierno. ¡Un mes entre doce!
+No vale la pena.
+
+Por mi parte, yo no ayudaré ya nunca a echar abajo a ningún Gobierno,
+como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho más
+cuando al otro es seguro que ya habíamos tenido también que echarlo
+abajo anteriormente. No veo en qué puede convenirle a un hombre soltero,
+que ejerce una profesión liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el
+señor Maura, el Sr. García Prieto o el Sr. Sánchez de Toca.
+Probablemente, les interesa mucho más a estos señores gobernarme a mí de
+lo que pueda nunca interesarme a mí el que me gobiernen ellos.
+
+Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno--premisa a la que no le
+concederé ningún valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir
+con él--; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos
+constituyen «un mal necesario», entonces, por lo menos, debemos exigir
+que las crisis duren un poco más. Una crisis de tres o cuatro días no
+compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos
+ministros que parecen lapas.
+
+
+
+
+IX
+
+ACCIÓN POLÍTICA DE LOS MARISCOS
+
+
+Se inicia un cambio en la política española. Hasta hace muy pocos días,
+el político solía ser, entre nosotros, un hombre de la provincia de
+Pontevedra, amigo personal del marqués de Riestra y padre de una
+numerosa familia. Cuando un paisano mío carecía de oficio y no sabía
+hacer nada que le permitiese vivir en su tierra, si no tenía dinero
+bastante para irse a Buenos Aires, venía a Madrid y se dedicaba a
+ministro. De mí sé decir que, este verano, unos marineros me pidieron en
+mi pueblo nada menos que un grupo escolar; aquellas gentes sencillas
+sabían que yo vivía en Madrid y no concebían que pudiese vivir de otra
+cosa más que de ministro, lo que, después de todo, demostraba cierta
+lógica. Si, en efecto, la mayoría de mis paisanos residentes en Madrid
+no fuesen ministros o ex ministros, ¿cómo se las arreglarían para pagar
+al casero? ¿Es que el Sr. García Prieto, por ejemplo, podría sostenerse
+en la corte escribiendo artículos para _El Sol_? Pero ahora, para llegar
+a ministro, ya no basta haber nacido en la provincia de Pontevedra, y
+comienza a hacerse indispensable el ser catalán. Y éste es el cambio que
+se inicia en la política española.
+
+A primera vista, parece que se trata de un cambio superficial, y quizá
+no se trate, en efecto, de un cambio muy profundo. Sin embargo, yo creo
+que entre el político gallego y el político catalán hay una diferencia
+mucho más importante que la del acento. Lo terrible del político gallego
+era su asombrosa capacidad de reproducción. Nacidos al pie de las rías
+bajas, aquellos políticos se reproducían como las sardinas. Al cabo de
+quince años, cada ministro le había dado vida a cinco ministros, a diez
+subsecretarios, a diez directores generales y a veinte gobernadores, sin
+contar los empleados subalternos. Todo el mundo conoce la fecundidad de
+la provincia de Pontevedra, que es una de las más pobladas, si no la más
+poblada, de España. Esta fecundidad suele atribuírsele a los mariscos, y
+si la explicación es exacta, los mariscos vienen a ser, en fin de
+cuentas, los verdaderos responsables del nepotismo español. ¡El
+nepotismo español o las ostras, los cangrejos y los percebes de las rías
+bajas!...
+
+Los políticos catalanes no parece que se reproduzcan tanto como los
+políticos gallegos, y esto constituye, por sí sólo, una gran ventaja
+para el país. ¿No se comen, quizá, muchos mariscos en Cataluña, o es que
+el marisco del Mediterráneo vale menos que el del Atlántico? Y por otro
+lado, ¿conocemos nosotros todas las posibilidades políticas del marisco
+catalán? Si hubiese en España alguien que estudiase la política con un
+criterio realmente científico, yo le propondría este problema, que
+considero de un interés capital; pero, por desgracia, aquí no hay ningún
+tratadista político verdaderamente serio.
+
+
+
+
+X
+
+ARRASAMIENTOS
+
+
+«Cuando una insubordinación se manifiesta en Barcelona o en otra
+provincia--ha dicho el general Aznar--, sólo procediendo enérgicamente
+se domina y se la hace entrar en la ley.» «Si es preciso--añadió--, se
+arrasa la población...»
+
+Yo creo que estas palabras del general Aznar tienen toda la categoría de
+un proyecto, y me extraña el ver que algunos periódicos lo rechazan sin
+tomarse la molestia de estudiarlo técnicamente. Porque desde luego, si
+existe en España alguna dificultad para arrasar poblaciones, a mí me
+parece que es una dificultad exclusivamente técnica. Eso de imaginarse
+que el Gobierno no puede arrasar Barcelona por razones de orden moral,
+político o jurídico, demuestra, en mi sentir, una profunda ignorancia en
+materia de arrasamientos. Las dificultades de este triple carácter
+tienen muy poca importancia en el país de La Cierva y Sánchez Guerra. En
+cambio, las dificultades técnicas constituyen, en el país de los mismos
+señores, algo verdaderamente muy serio.
+
+Y, sentado esto, yo considero que debemos dejar a un lado
+consideraciones ociosas, y rogarle al general Aznar que no desarrolle su
+plan. Cuando el general Aznar, que ocupa en el Ejército un puesto tan
+alto, ha insinuado la idea de arrasar Barcelona para dominar a los
+elementos rebeldes, es que, indudablemente, esta idea es factible. Ahora
+bien, general: nos hace falta un presupuesto. Queremos saber en cuánto
+tiempo y por cuánto dinero se comprometería su señoría a hacer en
+Barcelona un arrasamiento en forma. El Ejército alemán, con un material
+formidable y una dirección de primer orden, tardó cuatro años en arrasar
+Reims a satisfacción del Káiser; y siendo Reims una de las ciudades más
+ricas de Francia, invirtió en la destrucción tanto como lo que ella
+valía. Claro que nosotros no somos tan exigentes como el ex Káiser.
+Acostumbrados a innumerables resignaciones, probablemente nos
+conformaríamos con un arrasamiento mucho más vasto que el de la ciudad
+de Reims; pero ¿qué nos vendría a costar ese arrasamientito? El caso
+está en que, para evitar la posibilidad remota de perder Barcelona una
+vez, no vayamos realmente a perderla dos veces, primero arrasándola, y
+segundo, invirtiendo en el arrasamiento el dinero que costó la
+edificación. Por otro lado, el problema de Barcelona es urgente, y si el
+arrasamiento puede durar cincuenta o sesenta años, no creo que
+constituya una solución eficaz.
+
+Supongo que el general Aznar sabrá apreciar la diferencia que existe
+entre esos periódicos que han acogido sus manifestaciones del Senado con
+una vocinglería sentimental, y yo, que las enfoco seriamente en el
+terreno de la realidad. ¡Arrasar Barcelona! ¿Qué duda cabe de que así se
+acabaría de una vez y para siempre con todas las cuestiones de
+Barcelona? Lo malo, como digo, son las dificultades prácticas. A veces,
+discutiendo con un amigo, y no logrando hacerle adoptar mis puntos de
+vista, yo he sentido también el deseo de arrasarlo, y, si me contuve, no
+fue, no, por motivos morales, sino, precisamente, por dificultades
+técnicas. Y es--para decirlo con una frase digna de la Alta Cámara,
+donde hizo sus manifestaciones el general Aznar--que «los individuos son
+como los pueblos, y los pueblos son como los individuos».
+
+
+
+
+XI
+
+EL CONGRESO, A CUARENTA GRADOS
+
+
+El otro día, con un calor de cuarenta y tantos grados, estuve en el
+Congreso. Yo nunca había observado la política española a una
+temperatura tan alta. Algunos diputados, tendidos en sus escaños,
+parecían cadáveres en descomposición. Olía mal.
+
+--Indudablemente--pensé--, el Parlamento no es un espectáculo de verano.
+Para el verano ya tenemos las corridas de toros, que se hacen al aire
+libre.
+
+Y, dirigiéndome a un diputado amigo:
+
+--¿Por qué no cierran ustedes?--le dije.
+
+--¿Cerrar?--exclamó--. Y la labor legislativa que tenemos por delante,
+¿es que van a hacerla los porteros?
+
+--¡Hombre! En caso de apuro...
+
+--Todo se vuelven diatribas contra el diputado en este país--añadió mi
+amigo--, y el diputado es un mártir. Ya ve usted a los diputados
+franceses. No contentos con ganar quince mil francos al año, quieren que
+se les dupliquen las dietas. El diputado español, en cambio, lejos de
+cobrar, paga. ¿Sabe usted cuánto me han costado a mí las elecciones?
+Veinte mil duritos. Así se demuestra el amor a la patria. Y aquí me
+tiene usted, en pleno mes de agosto, respirando este aire corrompido.
+
+--Es el aire de la política. Yo había oído hablar de él, pero no lo
+había respirado nunca. Cuando leía en algún periódico eso del aire
+corrompido de nuestra política, creía que se trataba de una frase. Ahora
+lo respiro materialmente y me doy cuenta de que es mefítico.
+
+--A veces huele como a ajos.
+
+--Ese olor es la democracia. Es la esencia misma del régimen
+parlamentario. No hable usted mal de él...
+
+Los ventiladores giraban a toda velocidad; pero inútilmente. Está
+demostrado que la política española, sometida a una temperatura de
+cuarenta grados, se descompone por completo. Quizás ocurra también lo
+mismo con la política inglesa, por ejemplo; pero ¿cuándo marca el
+termómetro cuarenta grados en Londres?
+
+Decididamente, habrá que cerrar el Congreso si no queremos que se
+declare en Madrid, y que se extienda luego por el mundo, una nueva
+epidemia hispánica. Y por tarde que lo abran después, siempre lo abrirán
+a tiempo.
+
+
+
+
+XII
+
+OPTIMISMO
+
+
+Yo no sé si el lector ha observado mi actitud ante el porvenir de
+España. Hasta ahora, esta actitud ha venido siendo la de un escéptico,
+la de un hombre sin fe ni esperanza ningunas. Los conservadores nos
+prometían una revolución desde arriba, y yo sonreía incrédulamente; los
+republicanos y los socialistas nos anunciaban una revolución desde
+abajo, y yo volvía a sonreír con la misma incredulidad.
+
+--Esto no puede seguir así--me decían--. Esto tiene fatalmente que
+transformarse. El mundo entero se transforma, y España no está en la
+Luna, sino en el mundo...
+
+Todo era inútil. En el fondo, yo tenía una idea así como de que España
+no estaba en el mundo, sino en la Luna. Yo no creía en el porvenir de
+España. Yo era un escéptico...
+
+Era un escéptico, amigo lector, pero ya no lo soy. Mi escepticismo tenía
+una causa y esta causa acaba de desaparecer. Ahora sólo me toca
+manifestar que la causa en cuestión estaba en la calle de Cedaceros, y
+que era esa valla con que el Sr. Vitórica ha estado, durante tanto
+tiempo, entorpeciendo el tráfico de Madrid.
+
+Cuando yo pasaba por la calle de Cedaceros, mi espíritu se anegaba en un
+torrente de amargas reflexiones.
+
+--¿Cómo vamos a derrumbar nada en España--pensaba yo--si todavía no
+hemos podido derrumbar esta valla? La Prensa la ataca, el Parlamento la
+combate, el pueblo la maldice y ella sigue en pie. La juventud
+estudiantil, esperanza de la patria, ha venido aquí una noche, armada de
+mazas y de picos, y la ha asaltado románticamente, pero la valla sigue
+incólume. Hasta las autoridades gubernativas se propusieron echarla
+abajo, sin que su gestión obtuviera éxito ninguno... Y ¿qué se puede
+esperar de un pueblo que, todo él, no logra demoler una pobre valla de
+maderas carcomidas?...
+
+Es indudable que, si yo me manifesté durante estos últimos años como un
+escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia
+con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla
+ha caído en tierra, y ahora todo me parece posible.
+
+--Unas gentes que han acabado con la valla de Vitórica--me digo--pueden
+acabar con la misma política del Sr. Cierva. España se transformará.
+Llegará un día en que los madrileños tendremos hasta gas para el
+alumbrado público. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser
+optimistas... Dentro de más o de menos años, no tendría nada de
+asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La
+Coruña en un término de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un
+pueblo tan enérgico. Los trenes andarán. Un kilo de pan llegará a pesar
+lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las
+familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han
+deshecho la valla de la calle de Cedaceros.
+
+
+
+
+LA ANTIPOLÍTICA
+
+
+
+
+I
+
+EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO
+
+
+Cada tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a
+fregar, a empapelar y a repintar el mundo. ¿Lo dejan mejor?
+Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo
+refrescan, lo varían y le dan un interés nuevo. Si los revolucionarios
+pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una
+temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente,
+no sufriría tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones
+interplanetarias no han pasado aún de la categoría de proyecto, y cuando
+la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y
+a echarlos patas arriba.
+
+Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se está transformando, con gran
+indignación de muchos señores que se habían instalado en él
+confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos señores no ven
+la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien,
+y en realidad, ¿qué mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefacción
+central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas,
+tiene luz eléctrica, tiene telégrafo y teléfono, tiene leyes de
+Accidentes del trabajo, y tiene cinematógrafo. Es un mundo con todo el
+_confort_ moderno, un mundo sumamente recomendable.
+
+Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los
+rusos, por ejemplo, tienen otras teorías estéticas, y después de haber
+transformado el decorado teatral, no sería extraño que transformasen
+también el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendrá a ser, poco más
+o menos, con respecto al mundo actual, una cosa así como el _ballet_
+ruso con relación a la ópera italiana.
+
+¿Qué quieren esos obreros que arman tanto escándalo? ¿Qué quieren esos
+carpinteros? ¿Qué quieren esos fontaneros? ¿Qué quieren esos fumistas?
+¿Qué quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto
+desde la Revolución francesa, para que tire una temporadita de algunos
+siglos. ¡Si se les pudiese decir que volviesen otro día!... Pero es
+inútil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa
+donde se están haciendo reparaciones.
+
+
+
+
+II
+
+LOS PROLETARIOS DE LEVITA
+
+
+Yo soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una
+levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita
+son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita.
+Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo
+que en un periódico conservador se habla de los proletarios de levita,
+no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase
+«proletario de levita» representa un concepto teórico, y aunque para los
+usos prácticos de la vida yo no tenga levita ninguna, teóricamente sí la
+tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita teórica. Es una levita que
+no se puede empeñar; pero, en teoría, esto carece de importancia.
+
+En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A
+veces, tiene un _smocking_ para conquistar, en los hoteles de moda,
+ricas herederas o políticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en
+algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero,
+desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de
+pertenecer a una clase que se caracteriza tan sólo por el uso de una
+prenda que no usa jamás. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario
+de levita...
+
+Hace varios años, el dueño de un periódico donde yo solía colaborar
+desde París, me envió una carta diciéndome: «El periódico marcha muy
+bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con
+respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al público de levita;
+pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con
+usted...» Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por
+artículo, y yo le contesté sin gran entusiasmo: «El termómetro--le
+decía--marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en
+vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabán de abrigo.» Mi
+ideal consistía entonces en ser un proletario de gabán, y creo que lo
+realicé ya algo entrado el verano...
+
+Pero volvamos a los proletarios de levita. «Todo el mundo piensa en los
+obreros--escribe un periódico conservador--. Todo el mundo se ocupa de
+los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se
+acuerda nadie...» Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de
+blusa más que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, ¿cómo
+no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? ¿Cómo van a fijarse
+los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita
+viste de americana?
+
+Yo propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran
+sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un día haríamos, por
+ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no
+saldría a la calle ni un solo adjetivo. ¡Qué conflicto para el
+régimen!... Pero ya verán ustedes cómo no hacemos nada. Los proletarios
+de levita no tenemos instinto de conservación, además de no tener
+levita.
+
+
+
+
+III
+
+EL SINDICALISMO COMO BASE DE UNA NUEVA ANTROPOLOGÍA
+
+
+Después de todo, los sindicalistas no se proponen una cosa tan
+extraordinaria como puede creerse. ¿Qué más da el que los hombres estén
+clasificados por naciones que el que lo estén por oficios? La raza, el
+idioma, la religión, las costumbres... Convengo en que todo esto es un
+poco vago y un poco confuso; pero, ¿y la cerrajería?
+
+Los sindicalistas pretenden que donde hoy dice «España», «Inglaterra»,
+«Francia» o «Alemania», diga mañana «Sindicato del Hierro», «Sindicato
+del Carbón», «Sindicato de la Madera», «Sindicato del Papel»... Al
+principio, naturalmente, los miembros de unos Sindicatos aparecerán
+mezclados con los de los otros, y en lo que hoy es España, por ejemplo,
+habrá hombres de papel a la vez que hombres de madera, de carbón y de
+hierro; pero, a la larga, es lógico suponer que cada Sindicato vaya
+localizándose en lo posible allí donde encuentre sus primeras materias.
+Entonces surgirá, no sólo una nueva Geografía política, sino también
+una nueva Antropología. Los trabajadores del carbón constituirán una
+raza muy morena. Los albañiles formarán una muy rubia. Si hoy se parecen
+ya todos los albañiles del mundo, aunque no sean hijos de albañiles y
+aunque la albañilería sea el único vínculo que los une, ¿qué no ocurrirá
+a los dos siglos de sindicalismo? Probablemente, los distintos
+Sindicatos darán origen también a religiones diversas, ya que no es
+fácil concebir cómo se pueden tener las mismas creencias ni los mismos
+sentimientos en el país del carbón que en el país de la cal. Y si es
+verdad que la terminología de los oficios constituye el manantial más
+rico donde se nutren todos los idiomas modernos, ¿cómo no suponer que
+cada Sindicato llegará a tener una lengua propia, ininteligible para los
+otros?
+
+Parece que los sindicalistas van a hacer una revolución terrible; pero,
+a los dos siglos de sindicalismo, el mundo estará, poco más o menos,
+como ahora. Un Sindicato muy fuerte querrá dominar a los otros, les
+declarará la guerra y morirán a millones hombres de hierro, hombres de
+carbón, hombres de cartón piedra y hombres de celuloide...
+
+Indudablemente, no hay una gran diferencia entre clasificar a los
+hombres por oficios o clasificarlos por razas, religiones, idiomas y
+costumbres. Y no tan sólo no hay una gran diferencia, sino que es igual.
+En realidad, los hombres no se han clasificado nunca por razas,
+religiones, idiomas ni costumbres. Los han clasificado así los
+historiadores mucho después de que ellos habían hecho su propia
+clasificación; pero los primeros hombres se clasificaban siempre por
+oficios, ni más ni menos que si hubiesen oído a Pestaña o al _Noy del
+Sucre_. Los pescadores se reunían para establecerse a orillas de los
+ríos o construir ciudades lacustres; los cazadores se iban a los
+bosques. Las nacionalidades modernas no son más que una consecuencia
+directa de aquel sindicalismo primitivo. Y por esto yo creo que no es
+muy difícil imaginarse el resultado del sindicalismo actual.
+
+
+
+
+IV
+
+EL BOLCHEVISMO, ENFERMEDAD INFECCIOSA
+
+
+Cuando los primeros _poilus_ penetraron en territorio alemán, muchos
+franceses se alarmaron.
+
+--Alemania--decían--está apestada de bolchevismo. A ver si nuestros
+soldados lo cogen y lo extienden luego por aquí...
+
+Y es que para la inmensa mayoría de las gentes, el bolchevismo no pasa
+de ser una enfermedad infecciosa. Los Gobiernos más serios lo tratan
+como una nueva forma de gripe. Creen que se propaga por contagio, igual
+que la gripe española, y, a fin de combatirlo, forman cordones
+sanitarios en las fronteras. A los casos reconocidos los aíslan
+cuidadosamente, metiéndolos en las cárceles, y, dentro de poco,
+prohibirán el derecho de reunión, para evitar los hacinamientos.
+
+A mí, esto de combatir el bolchevismo con medidas sanitarias me parece
+algo así como si se hubiera pretendido combatir la gripe reformando la
+Constitución. No creo que las medidas sanitarias hayan sido nunca muy
+útiles contra las epidemias, y, desde luego, creo que serán
+perfectamente inútiles contra el bolchevismo.
+
+Porque, para mí, el bolchevismo no es un problema sanitario, sino un
+problema social, y, en el estado actual de la Ciencia, me parece absurdo
+pretender que nadie cambie de religión o de política sometiéndolo a un
+tratamiento médico. Acaso el agua bendita haya resuelto algunos
+problemas sociales; pero, probablemente, el agua oxigenada no resolverá
+ninguno. Y la prueba de que el bolchevismo no es una enfermedad, es que
+mientras las enfermedades sólo ponen en peligro a los enfermos, el
+bolchevismo constituye un peligro únicamente para aquellos que no son
+bolchevikis.
+
+Pero si, a pesar de todo, seguimos considerando el bolchevismo como una
+enfermedad, ¿qué vamos a hacer con los otros sistemas políticos? ¿Con
+qué curaremos el maurismo, pongo por caso? El bolchevismo vendría a ser
+algo así como un enorme trastorno gástrico, mientras la mayoría de las
+sectas políticas representarían deficiencias mentales imposibles de
+combatir.
+
+
+
+
+V
+
+LA MAGIA DEL DINERO
+
+
+Cuando el bolchevismo comienza a asomar en un país, parece que los ricos
+se apresuran a realizar sus fortunas para dilapidarlas alegremente antes
+de que se las lleve la trampa. Así dicen que han procedido los grandes
+duques rusos y que están procediendo los aristócratas magiares. El
+bolchevismo es un gran estimulante de la generosidad, y por eso yo no
+veo que en España corramos todavía el menor peligro de pasar a un
+régimen bolchevique. Cuando algún millonario os cuente que aquí vamos
+derechos al bolchevismo, pedidle mil pesetas, y si os las niega--que os
+las negará--, es que habla por hablar y sin convicción ninguna.
+
+Hay quien dice que el bolchevismo tiende a suprimir el dinero, y esto
+merece cierta reflexión. Indudablemente, el dinero es una cosa muy mala,
+sobre todo para aquellos que no lo tienen; pero también es una cosa muy
+buena, especialmente para aquellos que lo atesoran. Algunas personas,
+cuando se discute este tema de la bondad o maldad del dinero, exclaman:
+
+--¡Quite usted!... Lo importante es tener salud...
+
+Probablemente, esas personas se figuran que el dinero constituye una
+enfermedad, y si, en efecto, la constituye, hay que convenir que, entre
+nosotros, no ha tenido nunca caracteres endémicos.
+
+Por mi parte, confieso que el dinero me ha parecido siempre una cosa
+milagrosa. Yo no puedo ver el proceso de un duro que se transforma en
+patatas, sin imaginarme el proceso contrario, y me figuro que,
+previamente, se han cogido kilos y kilos del sabroso tubérculo, que se
+los ha cocido, que se los ha machacado, que se los ha sometido a
+diversos reactivos, que se los ha puesto en un alambique y que se ha
+obtenido el duro como resultado. Esto es lo que yo me figuro cuando
+compro un duro de patatas, y esto es ya bastante maravilloso; pero la
+maravilla crece cuando pienso que mi duro no sólo es susceptible de
+transformarse en patatas, sino que se puede transformar también en
+guisantes, en zanahorias, en poesías líricas, en cigarros habanos y en
+otros muchos objetos que me dicte mi fantasía. ¿Qué otra cosa, en
+nuestro mundo moderno, tiene este poder mágico que tiene un duro, como
+no sea un billete de cinco duros? Y ¿cómo es posible que haya quien
+desprecie el dinero, considerándolo una realidad demasiado prosaica?
+
+No hay duda de que el dinero es una cosa excelente... para aquellos que
+lo tienen. ¡Si lo pudiésemos tener todos!... Pero en cuanto lo
+tuviésemos todos, su virtud milagrosa desaparecería en absoluto. Yo
+creo que se debiera establecer un turno pacífico para el disfrute del
+dinero. Así se evitarían las revoluciones, los grandes negocios y otra
+porción de cosas más o menos molestas.
+
+
+
+
+VI
+
+EL DELITO DE SER RUSO
+
+
+Un extranjero, preso en la Cárcel Modelo, se dirige a los periódicos
+protestando contra su detención. «Soy un ciudadano ruso--dice--, y no he
+cometido ningún delito.»
+
+¡Un ciudadano ruso que no ha cometido ningún delito!... La contradicción
+salta a la vista. Es como si se dijera «un homicida que no ha matado a
+nadie», o «un ladrón que no robó nunca». ¿Le parece poco delito al Sr.
+Weissbein el hecho de ser ruso? Rusia es un país demasiado frío,
+demasiado lejano y demasiado complicado, y a nuestra Policía le ha
+inspirado siempre muy hondas sospechas. En Madrid, Sr. Weissbein, ya
+resulta bastante difícil el ser catalán o gallego, para que se le
+permita a nadie ser ruso. Si quiere usted vivir tranquilo entre
+nosotros, hágase usted de Vallecas o de Getafe y renuncie incontinenti a
+toda pretensión moscovita.
+
+¡Ahí es nada ser ruso, esto es, ser del país del terrorismo y del
+bolchevismo!... Mi amigo Corpus Barga, actual redactor de _El Sol_ en
+París, tuvo la debilidad de interesarse por las cuestiones rusas, y en
+cuanto se presentó en España, con unos bigotes caídos a la tártara, la
+Policía lo cogió y lo metió en la cárcel. Otro amigo mío, que quiso
+estudiar ruso, fue detenido a la tercera lección. Y si a Cristóbal de
+Castro, autor de _Rusia por dentro_, le han nombrado gobernador de
+Ávila, ha sido cuando ya no le cabía a nadie la menor duda de que ni
+Cristóbal de Castro había llegado nunca a Rusia ni sabía una palabra de
+ruso.
+
+Ignoro en qué artículo de nuestro Código penal se condena la ciudadanía
+rusa, y por eso no le doy el número al Sr. Weissbein. Lo cierto, sin
+embargo, es que, en cuanto la Policía española sospecha que alguien
+puede ser ruso, le busca y le detiene. Si yo no he estado en Rusia
+todavía, es porque no he querido que, a la vuelta, me encerrasen para
+siempre en la Cárcel Modelo. No hay manera de ser ruso en España, Sr.
+Weissbein. Los mismos libros rusos han sido perseguidos y decomisados
+aquí diferentes veces. Hágame usted caso: olvide su idioma y adopte la
+ciudadanía de los Cuatro Caminos, que, después de la derrota alemana, es
+el país más lejano de donde se puede ser en Madrid.
+
+
+
+
+VII
+
+LOS RUSOS POLÍTICOS
+
+
+Antes de la guerra, España no creía en los rusos.
+
+--¿Un ruso? ¡Vamos, hombre! ¡Mire usted que un ruso!--decían los
+madrileños.
+
+Entonces no había más que una persona que, de vez en cuando, recibiese
+algunos rusos en Madrid. Esta persona era Luis Morote, diputado a Cortes
+y periodista famoso por la longitud de sus artículos. Luis Morote había
+estado en Rusia; pero, sin embargo, no recibía directamente sus envíos.
+Los rusos se los mandaba Fabra Ribas, ya un poco adulterados, desde la
+redacción de _L'Humanité_, de París, adonde iban todos antes de venir a
+España.
+
+--Puesto que tiene usted tantos rusos disponibles--le preguntaba yo a
+Fabra Ribas un día--, ¿por qué no los distribuye usted de una manera más
+equitativa? Eso de darle a Morote la exclusiva de los rusos para toda
+España, me parece injusto.
+
+Yo sospecho que Fabra Ribas quería serle agradable a Morote, y que por
+eso le proveía de rusos con tanta abundancia; pero él se disculpaba
+diciendo que Morote era la única persona que había en Madrid capaz de
+servir a un extranjero. El caso es que, cada dos meses o cosa así,
+Morote salía a la calle muy orgulloso con unos rusos inéditos; pero los
+pobres hombres fracasaban completamente. Nadie creía en ellos como tales
+rusos.
+
+--Con ese ruso no tendrá usted frío, ¿eh, amigo Morote?--solían decirle
+al distinguido periodista.
+
+O bien:
+
+--¿Un ruso nuevo? Pues ya tiene usted para tirar lo que queda de
+temporada...
+
+En un libro que se llama _Playas, Ciudades y Montañas_, yo cuento las
+aventuras de estos primeros rusos en Madrid, y el capítulo dedicado al
+asunto tiene un título muy significativo: _Los rusos existen_. Entonces
+nadie creía en los rusos. Ahora, en cambio, todos los hombres le parecen
+un poco rusos a la gente. En el _Manuel Calvo_, de Barcelona, se han
+hecho a la mar, expulsados por el Gobierno, rusos de Turquía, rusos de
+Bulgaria, rusos franceses, rusos ingleses y hasta rusos españoles. Y es
+que la palabra ruso ha evolucionado. Antes tenía un concepto geográfico.
+Ahora tiene un concepto político. Se es ruso como se es republicano o
+como se es reformista. Se es algo ruso o se es terriblemente ruso. Todo
+hombre que protesta contra el caciquismo o contra la carestía de la
+vida, es un ruso presunto. ¡Y pensar que yo he sido ruso, sin enterarme
+de ello, hace más de quince años!...
+
+Este nuevo concepto de la palabra ruso es lo que explica el proyecto del
+Sr. Doval, jefe de policía de Barcelona, quien, para sondear a los
+detenidos en el _Manuel Calvo_, proponía que se introdujeran entre
+ellos, fingiéndose rusos, cinco o seis policías españoles. Yo no creo
+que un policía español pueda fingirse ni siquiera portugués. Decirle que
+se finja ruso a un policía que gana diez pesetas diarias es algo así
+como decirle que se finja gran filósofo. Indudablemente, el señor Doval
+no aspiraba a que los policías españoles se fingieran rusos de idioma,
+sino sencillamente rusos políticos.
+
+Pero si la palabra ruso ya no designa más que cierta clase de opiniones,
+¿por qué se considera a los rusos como extranjeros? ¿Cree el conde de
+Romanones que los naturales de Moscú son más rusos que nosotros? No hay
+duda de que, antes, un hombre que nacía en Moscú tenía muchas y muy
+buenas razones para ser ruso. Hoy quizá las tenga más y mejores un
+hombre nacido en España.
+
+
+
+
+VIII
+
+LA TIRANÍA DEL TRABAJO
+
+
+¿Me permite el lector que yo le dé mis opiniones sobre la cuestión
+social? Para mí, toda la cuestión social se reduce a una cosa: que el
+hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no
+quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere
+trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no
+quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo
+colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un
+absurdo.
+
+Toda la civilización no es más que una lucha desesperada del hombre para
+no tener que trabajar. Si se han inventado máquinas, si se han
+canalizado ríos, si se han domesticado animales y si se han blanqueado
+negros, ha sido con el único objeto de que los negros, los animales, los
+ríos y las máquinas trabajasen por nosotros.
+
+--¡Lo que inventan los hombres _pa_ no trabajar!--decía el baturro del
+cuento viendo cómo un pintor copiaba el paisaje.
+
+Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado
+rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han
+creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades
+infecciosas...
+
+Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje.
+Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajará menos, y el dolor de
+los más será atenuado, pero...
+
+Pero en la sociedad actual uno tenía siempre una esperanza de
+liberación, y en la sociedad futura no la tendrá nadie. El mal será
+menor, pero lo hará parecer mil veces mayor su carácter de mal
+ineludible. Hasta ahora, uno podía siempre pensar, según sus aptitudes o
+sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una
+fábrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero
+salvarse al fin. Mañana, en cambio, no habrá posibilidad de salvación
+para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o
+cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestión
+social seguirá en pie.
+
+Hasta que unas máquinas maravillosas nos lo hagan todo... y mientras no
+se den cuenta de que las explotamos.
+
+
+
+
+IX
+
+UNA POLICÍA FILOSÓFICA
+
+
+Si la Policía no encuentra nunca a los autores materiales de los
+atentados contra los patronos, ¿cómo va a encontrar a los autores
+morales? Si no descubre, ni por casualidad, la mano que mata, ¿cómo va a
+descubrir el cerebro que sugiere la idea de matar? Habría que crear una
+Policía filosófica que fichase las ideas y fuera siguiéndoles la pista
+de libro en libro, porque yo creo que a la Policía actual esta labor le
+resultaría demasiado molesta. El camino de una idea, desde que nace
+hasta que se convierte en cinco tiros de pistola, es largo y sinuoso.
+Claro que en España hay muy pocas ideas. Generalmente, los hombres que
+tienen alguna están fichados ya; pero, de todos modos, la tarea del
+nuevo organismo policíaco tropezaría con dificultades insuperables.
+
+Yo estoy de acuerdo con la prensa conservadora en creer que los autores
+materiales de los atentados contra los patronos no son más que
+instrumentos; pero ¿instrumentos de quién? Probablemente, la prensa
+conservadora cree que de Pestaña, del _Noy del Sucre_, de Indalecio
+Prieto o de Marcelino Domingo. Yo creo que de Platón. Marcelino Domingo,
+Indalecio Prieto, el _Noy del Sucre_ y Pestaña hablan, escriben,
+_agitan_ y crean contra los patronos un estado de opinión sin el cual
+tal vez no se cometiesen tantos atentados; pero de aquí a suponer que
+esos señores son responsables, hay una gran diferencia. Esos señores no
+son responsables. Esos señores son instrumentos.
+
+¿Por qué vamos a suponer que el hombre que habla es más consciente de lo
+que hace que el hombre que tira tiros? Si Carlos Marx no hubiese escrito
+_El Capital_, los oradores socialistas, o no dirían nada, o dirían unas
+cosas muy distintas de las que dicen. Los oradores socialistas no son
+más que autores materiales de sus discursos, y Carlos Marx es uno de los
+autores morales; pero, aquí se nos vuelve a presentar el mismo problema,
+¿hasta qué punto se puede hacer a Carlos Marx responsable de _El
+Capital_? Si otros hombres no hubiesen trabajado con anterioridad en el
+mismo orden de ideas, ¿dónde hubiese encontrado el ilustre economista
+alemán los materiales necesarios para construir su obra?
+
+Indudablemente, Carlos Marx no tiene culpa ninguna de lo que ocurra en
+Barcelona ni en Bilbao. La culpa, como digo, es de Platón, a quien le
+comunicó las malas ideas el señor Sócrates.
+
+Y como el señor Sócrates ya se tomó la cicuta, resulta que ya están
+castigados, no sólo todos los asesinatos de patronos que van perpetrados
+hasta la fecha, sino los que puedan perpetrarse en el corto porvenir que
+le queda a la clase patronal.
+
+
+
+
+X
+
+ASESINOS MANUALES Y ASESINOS INTELECTUALES
+
+
+El otro día he recibido la visita de un joven que tenía el rostro
+asimétrico, la frente huida y la mandíbula _prognata_.
+
+--Perdone usted--me dijo este hombre extraño, con voz cavernosa--. Vengo
+a verle porque me han dicho que es usted un intelectual.
+
+--Exageraciones, calumnias de mis enemigos, que tienen, sin duda, ganas
+de verme en la Cárcel Modelo--le contesté--. ¿Es usted de la Policía?
+
+--No. De momento, no--dijo el hombre con una sonrisa helada--. Soy un
+modesto asesino, para servir a usted...
+
+_Il n'y à pas de sot métier_, como dicen los franceses. La profesión de
+asesino, desde que ha entrado en vigor esta ley de las ocho horas,
+puede, con poco esfuerzo, producir ingresos suficientes para cubrir
+todas las necesidades de un buen padre de familia.
+
+--¿Conque asesino?--exclamé yo, con una amabilidad que quizá no fuese
+completamente espontánea--. Muy interesante. Ustedes matan a algunos
+hombres; pero le dan de vivir a muchos más. Siéntese usted y dígame en
+qué puedo serle útil. ¿Quiere usted, quizá, que le recomiende algunos
+amigos? Lo haré con mucho gusto...
+
+Mi visitante se dejó caer en una butaca.
+
+--Yo venía en busca de un intelectual--exclamó--y usted niega serlo.
+Esto me contraría considerablemente. Necesito un intelectual a todo
+trance...
+
+--Si es para asesinarlo--le dije--me parece absurdo. Aunque llevara
+usted luego su pelleja al Ministerio de la Gobernación, no creo que el
+asesinato de un intelectual pudiese producirle siquiera lo necesario
+para cubrir gastos. Los intelectuales, en este país, se cotizan a menos
+que los conejos.
+
+--Pero, en fin--repuso el hombre, que parecía dominado por una idea
+fija--. Aunque usted no sea completamente un intelectual, por lo menos
+tendrá usted un cerebro...
+
+Yo me rasqué instintivamente el cráneo.
+
+--¡Hombre! ¡Un cerebro! ¿Quién no tiene un cerebro? Claro que son muy
+pocas las personas que lo usan; pero todo el mundo tiene un cerebro.
+Usted mismo tiene uno de esos magníficos cerebros de criminal nato que
+ha estudiado minuciosamente, en Italia, el profesor Lombroso.
+
+--Yo carezco de cerebro, señor mío--respondió el asesino--. ¿Es que no
+lee usted la prensa conservadora? Los asesinos no somos más que brazos,
+instrumentos que ejecutan las ideas de otros hombres. En tiempos del
+señor Lombroso teníamos, en efecto, unos cerebros especiales, y cuando
+queríamos trabajar, buscábamos, de acuerdo con nuestros gustos
+particulares o según la inspiración del momento, un hacha, un cuchillo,
+un revólver o una maza. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. El cerebro
+es nuestra herramienta. ¿Comprende usted mi situación? Yo quiero
+asesinar a un frutero de los Cuatro Caminos; pero, antes de ponerme a la
+obra, necesito un cerebro que me sugiera la idea de este asesinato. Por
+eso venía a verle a usted...
+
+Yo me disculpé como pude; pero el asesino no se convenció.
+
+--Usted me engaña--me dijo--. Usted podría perfectamente sugerirme la
+idea que yo le pido. Mil veces, de seguro, habrá tenido usted en su vida
+intenciones asesinas. Lo que ocurre es que no quiere usted complacerme.
+Es usted un Tartufo.
+
+--¡Caballero!
+
+--Un Tartufo, sí, señor. ¡Ah! ¡Si alguien pudiera sugerirme la idea de
+asesinarle a usted!... ¡Cómo me vengaría yo entonces de su hipocresía!
+Pero yo soy un pobre asesino, incapacitado por mi profesión para matar a
+nadie, y por eso usted se permite abusar de mí. ¡Adiós, señor mío! Voy a
+revisar unas colecciones de periódicos a ver si algún artículo de un
+adversario suyo me inspira la intención de estrangularlo a usted. Hasta
+la vista.
+
+Y el extraño visitante se fue por donde había venido.
+
+
+
+
+XI
+
+FERRER
+
+
+Ferrer, como se sabe, tenía una estatua en Bruselas. Los alemanes,
+durante su ocupación de la ciudad, echaron la estatua abajo, y cuando se
+trató de erigirla, algunos periódicos españoles protestaron y otros
+aplauden. Yo creo que los españoles, como tales españoles, no tenemos
+voto en este asunto. Ferrer era español; pero nosotros no quisimos que
+siguiera siéndolo, y para conseguirlo lo hemos fusilado. Desde que lo
+fusilamos, Ferrer dejó de ser uno de los nuestros, y hoy ¿qué nos
+importa el que su cadáver suscite por ahí simpatías o antipatías? Al
+fusilarlo, nosotros hemos roto con el señor Ferrer toda solidaridad.
+¿Que actualmente Ferrer nos denigra en Bruselas? Pero ¿cómo puede
+denigrarnos un muerto? Y si un muerto puede denigrarnos, entonces, ¿no
+habremos cometido una ligereza al matar a Ferrer?
+
+Por mi parte, yo creo que, en efecto, hemos cometido una gran ligereza,
+un descuido imperdonable. En vano sus enemigos dicen que Ferrer no era
+un sabio ni un pedagogo. Si se va a fusilar a todos los españoles que
+no son sabios ni pedagogos, entonces ya puede el Gobierno solicitar un
+crédito extraordinario para comprar fusiles. Yo no conozco más que un
+pedagogo, D. Lorenzo Luzuriaga, y francamente, no creo que este querido
+amigo se divierta mucho cuando llegue a quedarse solo consigo mismo en
+una España despoblada por los fusilamientos.
+
+No. A Ferrer no se le ha fusilado porque no era un pedagogo ni un sabio.
+Por lo menos, las obras de la colección Sempere se las había leído, y
+esto le ponía en un nivel de cultura muy superior al de los hombres que
+dispusieron su fusilamiento. Si se fusiló a Ferrer fue, al contrario,
+porque se le consideraba un sabio y un pedagogo, una especie de Giordano
+Bruno de la rambla de Canaletas. Esto, además, era lo lógico, y si no lo
+lógico, lo tradicional. Esto era lo que tenía precedentes. Yo le hice en
+tiempo oportuno una prudente advertencia al Sr. Maura por medio de un
+artículo que los ferreristas interpretaron, por cierto, bastante mal.
+
+--Que no se fusile a Ferrer--decía yo--. Ustedes se creen que Ferrer es
+un genio; pero yo, que lo conozco, les doy mi palabra de que no lo es.
+Fusilen ustedes al Sr. Unamuno, que sabe griego; fusilen a don Francisco
+Giner, fusilen aunque sea al doctor Simarro; pero yo les aseguro que
+sería una equivocación fusilar a Ferrer...
+
+Nadie atendió mis consejos, y Ferrer fue fusilado. Ahora, muchos
+españoles se indignan al ver que en el extranjero se le levantan
+estatuas a Ferrer. «Ferrer no es un apóstol», dicen. Pero Ferrer _ya_ es
+un apóstol. Todo hombre que muere por una idea es un apóstol, y como los
+apóstoles estorban mucho a los ministros de la Gobernación, el buen
+gobernante no debe matar a nadie por sus opiniones ni por sus doctrinas.
+Así como así, ¿qué necesidad hay de matar a la gente en el país de la
+viruela y de la gripe?
+
+FIN
+
+
+OTRAS OBRAS DE JULIO CAMBA
+
+_Alemania_.
+
+_Londres_.
+
+_Playas, ciudades y montañas_.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La rana viajera, by Julio Camba
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA ***
+
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+This and all associated files of various formats will be found in:
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+Produced by Chuck Greif, R. Cedron and the Online
+Distributed Proofreading Team at (http://dp.rastko.net).
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+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
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+used on or associated in any way with an electronic work by people who
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
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+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
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+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
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+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
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+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
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+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
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+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
+word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
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+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
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+copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
+performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
+
+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
+access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
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+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
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+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
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+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
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+LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+Title: La rana viajera
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+Author: Julio Camba
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+Release Date: October 17, 2009 [EBook #30275]
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+
+<h2>JULIO CAMBA</h2>
+
+<hr />
+
+<h1>LA RANA<br /><span style="margin-left: 2em;">VIAJERA</span></h1>
+
+<p class="c">CALPE<br />MADRID-BARCELONA<br />
+1920</p>
+
+<p class="ct">Papel fabricado especialmente por <span class="smcap">La Papelera Española</span></p>
+<hr class="linea" />
+<p class="c">Sociedad Española de Artes Gráficas.&mdash;Fuencarral, 137, Madrid</p>
+
+
+
+<h3><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</h3>
+<table summary="toc"
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+cellpadding="3">
+<tr><td colspan="2" align="left"><i>Mi nombre de charca</i></td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">España reencontrada</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#I">I</a></td><td>Psicología crematística</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#II">II</a></td><td>El templo de la Eternidad</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#III">III</a></td><td>Se enciende una estrella</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IV">IV</a></td><td>Una nueva teoría del clima</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#V">V</a></td><td>El tiempo y el espacio</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VI">VI</a></td><td>La mujer, país exótico</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VII">VII</a></td><td>Las casas</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII</a></td><td>Patriotismo de género ínfimo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IX">IX</a></td><td>La huelga de cuernos caídos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#X">X</a></td><td>Experiencias de un atropellado</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XI">XI</a></td><td>La juerga heroica</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XII">XII</a></td><td>Julio Antonio</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII</a></td><td>La piedra filosofal</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV</a></td><td>La peseta</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XV">XV</a></td><td>Escultura Kodak</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVI">XVI</a></td><td>Un admirador</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVII">XVII</a></td><td>Literatura patológica</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVIII">XVIII</a></td><td>Una tempestad en una taza de te</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIX">XIX</a></td><td>La taza de te</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En la tierra de los políticos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ia">I</a></td><td>El viaje</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIa">II</a></td><td>Los políticos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIa">III</a></td><td>La gracia gallega</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVa">IV</a></td><td>La raza</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Va">V</a></td><td>El idioma</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIa">VI</a></td><td>El acento</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIIa">VII</a></td><td>Antoniño</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIIIa">VIII</a></td><td>Un amigo de míster Borrow</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IXa">IX</a></td><td>El arado virgiliano</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Xa">X</a></td><td>Propiedad, abogadismo, política</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIa">XI</a></td><td>El celta migratorio</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIIa">XII</a></td><td>Grandes hombres</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIIIa">XIII</a></td><td>¿Quién soy yo?</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIVa">XIV</a></td><td>El camino de Santiago</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVa">XV</a></td><td>El botafumeiro</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVIa">XVI</a></td><td>Cabezas de cerdo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVIIa">XVII</a></td><td>La vieira</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XVIIIa">XVIII</a></td><td>Opiniones políticas y literarias de la Rosario</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En el país de la ruleta</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ib">I</a></td><td>Los temas literarios</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIb">II</a></td><td>El treinta y cuarenta</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIb">III</a></td><td>Los bolsillos y el espíritu de propiedad</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVb">IV</a></td><td>Un nuevo sistema planetario</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Vb">V</a></td><td>Rousseau y Anatole France</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIb">VI</a></td><td>El jugador objetivo</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En el rincón de los millonarios</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ic">I</a></td><td>El hierro</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIc">II</a></td><td>La reivindicación de los millonarios</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIc">III</a></td><td>El hombre que se vendió brea a sí mismo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVc">IV</a></td><td>El vascuence</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Una nueva Batracomiomaquia</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Id">I</a></td><td>La guerra sobre el papel</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IId">II</a></td><td>El pueblo de los gases lacrimantes</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIId">III</a></td><td>Si los alemanes hubiesen ganado</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVd">IV</a></td><td>El libro futuro</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Los médicos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ie">I</a></td><td>En defensa del resfriado</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIe">II</a></td><td>El virtuosismo de la cirugía</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIe">III</a></td><td>La viruela obligatoria</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVe">IV</a></td><td>Croydon y Madrid</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ve">V</a></td><td>Microbios a sueldo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIe">VI</a></td><td>Juventud, divino tesoro</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Entre caballeros</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#If">I</a></td><td>Los desafíos y el médico</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIf">II</a></td><td>Los desafíos y la técnica</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIf">III</a></td><td>Los desafíos y el honor</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">La política</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ig">I</a></td><td>Cerebros artificiales para uso de diputados</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIg">II</a></td><td>La industria electoral</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIg">III</a></td><td>Una carta</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVg">IV</a></td><td>El autor necesita un distrito</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Vg">V</a></td><td>España, emporio del parlamentarismo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIg">VI</a></td><td>Los ministros nuevos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIIg">VII</a></td><td>Un artículo ministerial</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIIIg">VIII</a></td><td>El engaño de las crisis</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IXg">IX</a></td><td>Acción política de los mariscos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Xg">X</a></td><td>Arrasamientos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIg">XI</a></td><td>El Congreso, a cuarenta grados</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIIg">XII</a></td><td>Optimismo</td></tr>
+<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">La antipolítica</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Ih">I</a></td><td>El nuevo decorado del mundo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIh">II</a></td><td>Los proletarios de levita</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IIIh">III</a></td><td>El sindicalismo como base de una nueva antropología</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IVh">IV</a></td><td>El bolchevismo, enfermedad infecciosa</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Vh">V</a></td><td>La magia del dinero</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIh">VI</a></td><td>El delito de ser ruso</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIIh">VII</a></td><td>Los rusos políticos</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#VIIIh">VIII</a></td><td>La tiranía del trabajo</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#IXh">IX</a></td><td>Una policía filosófica</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#Xh">X</a></td><td>Asesinos manuales y asesinos intelectuales</td></tr>
+<tr><td align="right"><a href="#XIh">XI</a></td><td>Ferrer</td></tr>
+</table>
+
+<h3><a name="MI_NOMBRE_DE_CHARCA" id="MI_NOMBRE_DE_CHARCA"></a>MI NOMBRE DE CHARCA...</h3>
+
+<hr />
+
+<p><i>Hará siete u ocho años. El director de un periódico donde yo trabajaba
+me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París. Mis
+artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras
+capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el
+carácter nacional, pero el único sujeto de experimentación que había en
+ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras
+como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede
+verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo
+que parecen críticas o comentarios no son más que reacciones contra el
+ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a Londres, y a Berlín, y
+a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y
+si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la
+civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el
+resultado: una serie constante de movimientos absurdos y de actitudes
+grotescas.</i></p>
+
+<p><i>Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana</i> torna a la
+charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma
+rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar
+menos ingenua y algo más instruida&mdash;que no en balde se ha pasado tanto
+tiempo en los laboratorios&mdash;, muy tiesa sobre sus zancas y hasta
+provista de gafas. ¿Qué efecto le producirán las otras ranas a esta rana
+que está transformada de tal modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana
+viajera, después de una ausencia de tantos años?</p>
+
+<p>Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia
+para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente
+porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de
+todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto
+de referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países.</p>
+
+<p>Y no sólo resultará que España no puede ser un modelo para las otras
+gentes, sino que no sirve apenas para los mismos españoles. La rana
+encontrará su charca muy poco confortable.</p>
+
+
+
+<h2><a name="ESPANA_REENCONTRADA" id="ESPANA_REENCONTRADA"></a>ESPAÑA REENCONTRADA</h2>
+
+
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I<br /> <br />
+PSICOLOGÍA CREMATÍSTICA</h3>
+<hr />
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span>A primera impresión que nos produce España es un poco confusa. Al
+principio no reconocemos exactamente a nuestro país, no lo encontramos
+del todo igual al recuerdo que teníamos de él. ¿Es que España ha
+cambiado? Es, más bien, que la miramos desde otro punto de vista y con
+unos ojos algo distintos a como la mirábamos antes. Los españoles, por
+ejemplo, ¿qué duda cabe de que no han disminuido de estatura? Sin
+embargo, ahora nos parecen pequeñísimos. Hombres muy pequeños, bigotes
+muy anchos, voces muy roncas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué están tan enfadados estos hombres tan pequeños?&mdash;me pregunta
+un extranjero que ha sido compañero mío de viaje.</p>
+
+<p>Yo le explico a duras penas que no se trata de un enfado momentáneo,
+sino de una actitud general ante la vida. Mi compañero se esfuerza en
+comprender.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, vamos!&mdash;exclama, por último&mdash;. Es que los españoles no tienen
+dinero...</p>
+
+<p>Y, aunque esta explicación de la psicología nacional me resulta
+excesivamente americana, yo, obligado a hacer una síntesis, la acepto
+sin grandes escrúpulos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí. Es eso, principalmente...</p>
+
+<p>&mdash;De modo que si nosotros metiésemos aquí algunos millones de dólares,
+¿cree usted que sus compatriotas se calmarían?</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que sí. Creo que estas voces ásperas se irían suavizando poco
+a poco y que las mesas de los cafés no recibirían tantos puñetazos.
+Creo, en fin, que cambiarían ustedes el alma española. Siempre,
+naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos
+particulares...</p>
+
+<p>Hay muy poco dinero en España. Poco y malo. El primer tendero a quien le
+doy un duro lo coge y lo arroja diferentes veces sobre el mostrador con
+una violencia terrible. Yo hago votos para que, si no es de plata, sea,
+por lo menos, de un metal muy sólido, porque, si no, el tendero me lo
+romperá. La prueba resulta bien; pero al tendero no le basta. Con un ojo
+escudriñador y terrible que parece salirse de su órbita examina
+detenidamente las dos caras del duro. Luego vuelve a sacudirlo y, por
+último, lo muerde. Lo muerde con tal furia que debe de mellarlo. Y el
+duro triunfa.</p>
+
+<p>España es el país del mundo en donde un duro tiene más importancia.
+Claro que el gesto de coger un duro y echarlo a rodar despectivamente
+sobre la mesa para que el camarero lo recoja es un gesto muy español;
+pero ese gesto no le quita prestigio al duro, sino que se lo añade.</p>
+
+<p>&mdash;He aquí un duro&mdash;parece decir el hombre que va a echarlo a rodar&mdash;.
+¿Conciben ustedes nada más grande que un duro? Si yo no tuviera un alma
+heroica y caballeresca, ante la cual carecen de poder las sugestiones de
+la fortuna, yo depositaría este duro sobre la mesa tomando para ello
+precauciones infinitas a fin de que no se rompiese, o bien se lo
+entregaría al camarero en propia mano, religiosamente, como si se
+tratara de un rito. Pero yo desprecio los bienes terrenales, y no me
+preocupo del porvenir. ¿Ven ustedes este duro? Pues ahí va...</p>
+
+<p>Y hecho esto, el hombre aguarda la vuelta, cuenta las perras gordas una
+por una y se las guarda en un bolsillo profundo...</p>
+
+<p>Poco dinero y malo. Hombres furiosos. Señoras gruesas, siempre
+sofocadas, o por el calor o por los berrinches, que se abanican
+constantemente. Muchos curas. Muchos militares... Grandes partidas de
+dominó y de billar. Cuestiones de honor. Toros. Juergas. Broncas. Nubes
+de limpiabotas, de vendedoras de décimos de la Lotería, de gitanas que
+dicen la buenaventura, de músicos ambulantes, de ciegos, de cojos, de
+paralíticos... Indudablemente, España no ha cambiado. Y es posible que
+nosotros mismos no hayamos cambiado tampoco.</p>
+
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II<br /> <br />
+EL TEMPLO DE LA ETERNIDAD</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">enos</span> aquí en Madrid, en nuestra casa, como quien dice... Bernard Shaw,
+para demostrar que en los <i>music-halls</i> no se ha operado evolución
+alguna, cuenta que una noche estaba en uno de ellos viendo a un
+prestidigitador que hacía ejercicios con unas bolitas. Aburrido, Bernard
+Shaw se fue a la calle, y diez años después volvió a entrar en el mismo
+<i>music-hall</i>.</p>
+
+<p>&mdash;El prestidigitador&mdash;añade Bernard Shaw&mdash;continuaba todavía allí
+jugando ante la audiencia con las mismas bolas...</p>
+
+<p>A mi vez, yo diré que una noche me despedí de unos amigos con los que
+había estado cenando en un café de la Puerta del Sol. Creo que les dije
+que iba a volver en seguida, y volví siete años más tarde; pero ¿qué son
+siete años en un café de Madrid? Los amigos estaban todavía allí, y la
+discusión continuaba. Las ideas eran las mismas, y la media tostada que
+Fulánez mojaba en el café, dijérase también la misma media tostada que
+siete años atrás y en mi propia presencia le había servido el camarero.
+Uno de los amigos pretende leerme un drama. El amigo está igual, y del
+drama no ha sido cambiada ni una sola coma.</p>
+
+<p>&mdash;Va a estrenarse dentro de quince días&mdash;me dice mi amigo.</p>
+
+<p>¡Lo mismo, exactamente lo mismo que hace siete años!</p>
+
+<p>El camarero me llama por mi nombre:</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola, D. Julio! ¿Qué va usted a tomar?</p>
+
+<p>Elijo una paella, como plato castizo, y del que me encontré privado
+durante mucho tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Esta paella&mdash;observa alguien que la conoce&mdash;es la misma de ayer.</p>
+
+<p>A mí me parece que es la misma de hace siete años, con los mismos
+cangrejos y todo.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿qué?&mdash;les digo a mis amigos&mdash;. Habladme. Dadme noticias. Los
+académicos, ¿son inmortales todavía? Pío Baroja, ¿sigue siendo un joven
+escritor? Fulanito, ¿continúa con aquel hermoso porvenir ante él? Y la
+Fulana y la Zutana y la Mengana, ¿es que son todavía unas jóvenes y
+hermosas actrices? Habladme de política. La revolución supongo que,
+igual que hace siete años, será una cosa inminente. España no tardará ni
+seis meses en transformarse, dándole así la razón a los que, desde hace
+medio siglo, vienen anunciando esta transformación tan rápida...</p>
+
+<p>Todo está igual, y yo, que creía haberme modificado, yo me encuentro
+también el mismo de antes. A medida que apuro este vaso de café recobro,
+como si dijéramos, mi verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yo
+creía injertas en mí noto que se desvanecen y que se van. Yo soy como
+aquel salvaje de Darwin que se había civilizado y que, al regresar a su
+tribu, se volvió nuevamente salvaje, perdiendo en unas horas de contacto
+con los suyos lo que había adquirido en diez años de esfuerzo. Y es que
+este café de la Puerta del Sol representa la eternidad. París, Londres,
+Berlín..., el espíritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso es
+transitorio, todo cambia y se transforma, mientras que este café
+permanece inmutable, con los mismos divanes, con los mismos camareros,
+con los mismos clientes, con el mismo <i>menu</i>, con las mismas ideas, con
+el mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III<br /> <br />
+SE ENCIENDE UNA ESTRELLA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">M</span><span class="smcap">i</span> llegada a Madrid tuvo algo de bíblica. Coincidiendo con ella,
+apareció en el cielo una estrella resplandeciente. ¡Una nueva estrella y
+un nuevo microbio! ¡Para que luego digamos que en Madrid no se descubre
+nada!</p>
+
+<p>La estrella en cuestión fue encontrada por el señor Roso de Luna, quien
+ya había encontrado otra algunos años atrás y nos la había presentado
+familiarmente, como hubiera podido presentarnos una estrella de
+<i>variétés</i>: «La modesta estrella que he tenido el honor de descubrir...»</p>
+
+<p>¿Cómo se las arreglará el Sr. Roso de Luna para encontrar tantas
+estrellas? Yo he hecho numerosos viajes y jamás me he tropezado con
+ninguna. Bien es verdad que tampoco las he buscado, ignorando la
+utilidad que pudieran reportarme.</p>
+
+<p>El Sr. Roso de Luna encontró su estrella a las dos o las tres de la
+madrugada, y se fue corriendo a la redacción de un periódico para que
+los lectores de la primera edición tuvieran noticia del hallazgo. No sé
+cuánto le habrá dado por la estrella el popular colega. Yo, en el caso
+del Sr. Roso de Luna, me habría ido con ella a Nueva York y se la habría
+ofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos periódicos. Mr.
+Hearst, que es un especialista en patriotismo, podría así añadirle una
+estrella a la bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar el
+nuevo astro para hacer anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba,
+entonces hubiese llevado mi estrella a la Embajada alemana de Madrid.
+Esos alemanes lo utilizan todo y pagan espléndidamente.</p>
+
+<p>Yo me he sentido muy halagado al ver que a mi llegada se encendía una
+nueva estrella en el cielo de Madrid. Desgraciadamente, la nueva
+estrella resultó algo semejante al nuevo microbio, que todos creíamos
+español y que resultó proceder del centro de Europa. No acabamos de
+descubrir nada por completo, ni en la región de lo infinitamente
+pequeño, ni en la de lo infinitamente grande. Nuestros nuevos astros y
+nuestros nuevos microbios son, poco más o menos, tan viejos como
+nuestros nuevos políticos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /> <br />
+UNA NUEVA TEORÍA DEL CLIMA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ué</span> tal le va a usted&mdash;me preguntan desde el extranjero&mdash;en ese hermoso
+país del sol y del cielo azul?</p>
+
+<p>Pues en este hermoso país del sol y del cielo azul nos pasamos la vida
+tomando bromo-quinina para luchar contra el constipado. Madrid es uno de
+los pueblos más fríos de Europa, y lo es por una razón muy sencilla: la
+de que carece de aparatos de calefacción. En París, como en Berlín, y en
+Londres como San Petersburgo, ha habido una época en que el clima era
+sumamente frío; pero, poco a poco, ha ido transformándose
+artificialmente el clima natural de esas ciudades. Claro que no se ha
+calentado la atmósfera; ello ofrecía, de momento, dificultades
+insuperables aun para la misma química alemana. Se han calentado, en
+cambio, las viviendas, los establecimientos públicos, los tranvías y
+coches, etc., etc. Hoy puede afirmarse que, mientras los madrileños
+tiritan, los berlineses y los londinenses pasan sus inviernos a una
+temperatura media de 17 grados. En la Friedrichstrasse y en Oxford
+Street hará ahora, seguramente, más frío que en la calle de Alcalá;
+pero no así en las casas de Oxford Street ni de la Friedrichstrasse. Y
+como no es en la calle, sino en las casas, donde realmente se vive,
+resulta que los madrileños son habitantes de un país frío, mientras que
+los londinenses y los berlineses lo son de países cálidos.</p>
+
+<p>Con estos datos como base, se podría fundar una teoría en contra de
+aquella que estudia la influencia del medio natural sobre los hombres:
+la teoría del medio artificial. Esta nueva teoría demostraría que el
+carácter de cada país depende de sus aparatos de calefacción, y
+semejante demostración tendría una gran importancia porque nos llevaría
+a la conclusión siguiente: para acabar con las diferencias raciales que
+separan a unos pueblos de otros, y que tanto han contribuido al origen
+de la guerra europea, bastará que todo el mundo se caliente con el mismo
+procedimiento de calefacción y que ponga sus casas a una idéntica
+temperatura...</p>
+
+<p>No tengo representación bastante para fundar la teoría que queda
+esbozada, ni dispongo tampoco del tiempo necesario para ocuparme en un
+asunto tan trascendental y tan poco lucrativo; pero que no me digan a mí
+que España, por razón de su clima, será siempre lo que es ahora. Que no
+me digan que en este país del sol y del cielo azul los hombres tendrán,
+por los siglos de los siglos, una naturaleza perezosa, violenta e
+incapaz de disciplina. Que no me digan, en fin, que el teatro de Ibsen
+no será comprendido nunca aquí porque es el teatro de un país brumoso, y
+que las leyes inglesas son tan inadaptables al carácter español como lo
+son los impermeables ingleses al clima de España.</p>
+
+<p>Porque España no es un país cálido nada más que durante unos cuantos
+meses al año, y porque, desde que se han inventado los ventiladores
+eléctricos y la calefacción central, no hay países cálidos ni países
+fríos. El clima no existe ya como una determinante del carácter de los
+hombres. Son, al contrario, los hombres quienes influyen sobre el clima.
+Reconozcamos que, afortunadamente, Madrid comienza ya a preocuparse de
+mejorar el suyo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V<br /> <br />
+EL TIEMPO Y EL ESPACIO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">T</span><span class="smcap">engo</span> un asunto urgente a ventilar con un amigo. Desde luego, el amigo
+se opone a que lo ventilemos hoy.</p>
+
+<p>&mdash;¿Le parece a usted que nos veamos mañana?</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien. ¿A qué hora?</p>
+
+<p>&mdash;A cualquier hora. Después de almorzar, por ejemplo...</p>
+
+<p>Yo le hago observar a mi amigo que eso no constituye una hora. Después
+de almorzar es algo demasiado vago, demasiado elástico.</p>
+
+<p>&mdash;¿A qué hora almuerza usted?&mdash;le pregunto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que a qué hora almuerzo? Pues a la hora en que almuerza todo el
+mundo: a la hora de almorzar...</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué hora es la hora de almorzar para usted? ¿El mediodía? ¿La
+una de la tarde? ¿Las dos...?</p>
+
+<p>&mdash;Por ahí, por ahí...&mdash;dice mi amigo&mdash;. Yo almuerzo de una a dos. A
+veces, me siento a la mesa cerca de las tres... De todos modos, a las
+cuatro siempre estoy libre.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente. Entonces podríamos citarnos para las cuatro.</p>
+
+<p>Mi amigo asiente.</p>
+
+<p>&mdash;Claro que, si me retraso unos minutos&mdash;añade&mdash;, usted me esperará.
+Quien dice a las cuatro, dice a las cuatro y cuarto o cuatro y media. En
+fin, de cuatro a cinco yo estaré sin falta en el café. ¿Le parece a
+usted?</p>
+
+<p>Yo quiero puntualizar:</p>
+
+<p>&mdash;Digamos a las cinco.</p>
+
+<p>&mdash;¿A las cinco? Muy bien. A las cinco... Es decir, de cinco a cinco y
+media... Uno no es un tren, ¡qué diablo! Supóngase usted que me rompo
+una pierna...</p>
+
+<p>&mdash;Pues citémonos para las cinco y media&mdash;propongo yo.</p>
+
+<p>Entonces, a mi amigo se le ocurre una idea genial.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no citarnos a la hora del aperitivo?&mdash;sugiere.</p>
+
+<p>Hay una nueva discusión para fijar en términos de reloj la hora del
+aperitivo. Por último, quedamos en reunirnos de siete a ocho. Al día
+siguiente dan las ocho, y claro está, mi amigo no comparece. Llega a las
+ocho y media echando el bofe, y el camarero le dice que yo me he
+marchado.</p>
+
+<p>&mdash;No hay derecho&mdash;exclama días después al encontrarme en la calle&mdash;. Me
+hace usted fijar una hora, me hace usted correr, y resulta que no me
+aguarda usted ni diez minutos. A las ocho y media en punto yo estaba en
+el café.</p>
+
+<p>Y lo más curioso es que la indignación de mi amigo es auténtica. Eso de
+que dos hombres que se citan a las ocho tengan que reunirse a las ocho,
+le parece algo completamente absurdo.</p>
+
+<p>Lo lógico, para él, es que se vean media hora, tres cuartos de hora o
+una hora después.</p>
+
+<p>&mdash;Pero fíjese usted bien&mdash;le digo&mdash;. Una cita es una cosa que tiene que
+estar tan limitada en el tiempo como en el espacio. ¿Qué diría usted si
+habiéndose citado conmigo en Puerta del Sol, se enterase de que yo había
+acudido a la cita en los Cuatro Caminos? Pues eso digo yo de usted
+cuando, habiéndonos citado a las ocho, veo que usted comparece a las
+ocho y media. De despreciar el tiempo, desprecie usted también el
+espacio. Y de respetar el espacio, ¿por qué no guardarle también al
+tiempo un poco de consideración?</p>
+
+<p>&mdash;Pero con esa precisión, con esa exactitud, la vida sería
+imposible&mdash;opina mi amigo.</p>
+
+<p>¿Cómo explicarle que esa exactitud y esa precisión sirven, al contrario,
+para simplificar la vida? ¿Cómo convencerle de que, acudiendo
+puntualmente a las citas, se ahorra mucho tiempo para invertirlo en lo
+que se quiera?</p>
+
+<p>Imposible. El español no acude puntualmente a las citas, no porque
+considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque
+el tiempo no tiene importancia para nadie en España. No somos
+superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por
+debajo, de la puntualidad.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /> <br />
+LA MUJER, PAÍS EXÓTICO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> España hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. Los
+asuntos de iglesia, por ejemplo, son asuntos de mujeres. No es que el
+español odie la iglesia. Al contrario. Cuando se casa busca una mujer de
+sentimientos religiosos. Le parece que la mujer debe tener sentimientos
+religiosos, así como debe tener también ojos bonitos. Los sentimientos
+religiosos son sentimientos de mujer. Sin ellos, la mujer no sería
+verdaderamente femenina. Con que la mujer tenga sentimientos religiosos
+para su propio adorno y para la dignidad del hogar, el marido ya está
+satisfecho, y se va tranquilamente al café, al teatro de <i>variétés</i> y
+hasta a un casino republicano...</p>
+
+<p>La política, en cambio, es cosa de hombres. La mujer que habla de
+política en un círculo de hombres pasa por un marimacho, y al hombre que
+habla de política delante de una mujer se le considera poco menos que
+como si le hubiera hablado de política al jilguero. Positivamente, la
+política española es bastante aburrida. Con esto, sin embargo, de
+considerarla un tema para hombres solos, lo será cada vez más. Los
+mismos articulistas políticos tendrían que adoptar un estilo algo más
+ameno el día en que nuestra política pudiera comentarse en presencia de
+señoras.</p>
+
+<p>Pero de las conversaciones de hombres, la más corriente es la que versa
+acerca de las mujeres. En otras partes, apenas si los hombres hablan de
+mujeres. La presencia constante de mujeres se lo impide. Ante ellas el
+tema resulta inútil e impracticable. ¿Para qué se va a hablar de
+mujeres? Mejor es hablar con ellas.</p>
+
+<p>Los españoles, en cambio, hablan de mujeres como pudieran hablar de
+viajes:</p>
+
+<p>&mdash;Yo he conocido una mujer una vez...</p>
+
+<p>Y viene una descripción que recuerda las descripciones de países
+exóticos. Hay quien, al oír el relato, tiene una sensación así como la
+de estar escuchando a un explorador que cuente sus aventuras en tierras
+totalmente ignoradas...</p>
+
+<p>Fuera de España, ni los hombres le dan tanta importancia a las mujeres,
+ni las mujeres le dan tanta importancia a los hombres. Unos y otras han
+averiguado que se necesitan mutuamente y han decidido ponerse de
+acuerdo. Y un acuerdo así es el que se impone en España.</p>
+
+<p>Porque mientras ese acuerdo no llegue a establecerse, no tan sólo será
+la vida española una cosa inarmónica, sino que nadie tendrá aquí manera
+de hacer nada. La mujer constituirá siempre para nosotros lo más
+importante de todo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /> <br />
+LAS CASAS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">N</span><span class="smcap">o</span> se puede vivir en Madrid&mdash;me dice un amigo&mdash;. ¿Por qué no hace usted
+un artículo contra las casas?</p>
+
+<p>&mdash;Porque es imposible&mdash;le contesto&mdash;. ¿Cómo quiere usted que yo haga un
+artículo contra las casas en un sitio donde no las hay?</p>
+
+<p>Pero, bien mirado, si en Madrid hubiera casas, no se necesitaría
+escribir contra ellas. Todos los defectos de las casas de Madrid se
+condensan en uno solo: el de la escasez. Como no puede mudarse, el
+inquilino tiene que transigir constantemente. Las casas madrileñas son
+malas y son caras porque son pocas. Claro que el Gobierno podría
+intervenir en este asunto; pero yo confío más en una nueva epidemia que
+reduzca a un cincuenta por ciento la población de nuestra capital.</p>
+
+<p>¡Las casas de Madrid! Hace tiempo que yo me lancé a buscar una, y no
+recuerdo haber experimentado jamás mayores vejaciones.</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay calefacción?&mdash;le pregunté a la portera de un inmueble donde se
+alquilaba un cuarto piso.</p>
+
+<p>Esta hipótesis pareció ofender gravemente la dignidad de aquella mujer.</p>
+
+<p>&mdash;No, señor&mdash;me contestó con orgullo&mdash;. Aquí estamos a la antigua
+española...</p>
+
+<p>Y, cuando yo llegaba ya a la esquina, después de haberme despedido, la
+portera me hizo volver sobre mis pasos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre?&mdash;exclamé.</p>
+
+<p>&mdash;Que ni <i>calefación</i> ni tampoco cuarto de baño&mdash;me respondió.</p>
+
+<p>Dicho lo cual, la buena señora me dejó plantado. En su cara se leía esa
+satisfacción que produce siempre el hecho de darle una lección a alguna
+persona impertinente.</p>
+
+<p>Entonces me dediqué a explorar los barrios extremos, donde hay
+edificaciones modernas. Tan modernas son estas edificaciones, que la
+madera de que están construidas, todavía verde, se dilata con
+voluptuosidad a los primeros efluvios de la primavera. Bajo el barniz de
+muñeca se siente circular la savia, y uno&mdash;hombre urbano y
+prosaico&mdash;teme que las puertas se le cubran de follaje y que los pájaros
+vengan a hacer sus nidos en el pasillo. Todas estas casas tienen
+ascensor, y todos estos ascensores tienen un letrero que dice: «No
+funciona.» En una, sin embargo, el ascensor carecía de letrero, lo que
+me hizo pensar muy mal del servicio.</p>
+
+<p>&mdash;Esta casa es la que no funciona bien&mdash;me dije.</p>
+
+<p>Y, dirigiéndome a la portera, la interrogué sobre el particular. Me
+había equivocado. El ascensor marchaba admirablemente, y para
+demostrármelo, la portera me aseguró que tres días antes, aquella
+perfecta maquinaria había matado al inquilino del tercero.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso tenemos el piso libre&mdash;añadió.</p>
+
+<p>La historia del piso no era muy seductora; pero un inquilino tiene que
+estar en Madrid dispuesto a todo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cuánto renta el piso desocupado?&mdash;inquirí.</p>
+
+<p>&mdash;Rentaba treinta duros; pero lo han subido a treinta y ocho. ¡Qué
+quiere usted! Es un piso muy bueno y tiene un ascensor magnífico...</p>
+
+<p>Decididamente, no nos queda más esperanza que la de una epidemia que
+acabe con la mitad de los vecinos de Madrid. Claro que si esta epidemia
+atacase tan sólo a los caseros, no se necesitaría que muriese tanta
+gente.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /> <br />
+PATRIOTISMO DE GÉNERO ÍNFIMO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> creo que una cupletista es algo mucho más patriótico que un diputado
+o que un senador. En todos nuestros teatros del género ínfimo existe
+algo así como un convencimiento vago, pero muy firme, de que la mujer es
+una invención exclusivamente española. A las extranjeras no se les
+reconoce categoría de mujeres. Son muy poco gordas, muy poco negras, muy
+poco analfabetas. No tienen acento andaluz, ni mantones de Manila, ni
+gracia gitana, ni nada...</p>
+
+<p>&mdash;Soy española, ¡olé!&mdash;canta una cupletista.</p>
+
+<p>Y para afirmar su españolismo, golpea fuertemente el tablado con un pie,
+y se dedica, durante un año, a hacer flexión de riñones al compás de la
+música. Luego dice dónde ha nacido, que es: o en el barrio de
+Maravillas, o en las Vistillas, o en Triana, o en Granada. A veces, y al
+son de la jota, una cupletista se declara aragonesa; pero ¿quién ha oído
+de alguna que haya nacido en el distrito del Sr. Rahola? La España del
+género ínfimo es muy limitada, y mi provincia, por ejemplo, la hermosa
+provincia de Pontevedra, tan fecunda en navegantes, en políticos y en
+cangrejos, no figura en ella...</p>
+
+<p>&mdash;Soy española&mdash;insiste la cupletista.</p>
+
+<p>Después, en versos más o menos congruentes, añade:</p>
+
+<p>&mdash;¿De dónde iba a ser, si no? ¿Dónde hay este garbo, esta sal, estos
+andares, estas hechuras?...</p>
+
+<p>El público va inflamándose poco a poco en un sentimiento mixto de amor a
+la patria y de entusiasmo por la cupletista.</p>
+
+<p>&mdash;¡Viva España!&mdash;grita la chica al final.</p>
+
+<p>&mdash;¡Viva!&mdash;contestan varias voces.</p>
+
+<p>Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho
+en lo que consiste la España del género ínfimo: Maravillas, las
+Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragón. Y nunca Manresa,
+ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan,
+sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de
+Quintas.</p>
+
+<p>La señorita Mary-Focela ha introducido en este género de cuplés una
+variación notable. Parece que sus versos eran éstos:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Lucho como una leona</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">al grito de ¡Viva España!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y es que por mis venas corre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la sangre de <i>Malasaña</i>...</span><br />
+</p>
+
+<p>Sabíamos de cupletistas que luchaban contra gente extraña; sabíamos de
+otras que luchaban con saña; pero eso de Malasaña es todo un hallazgo.</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Lucho como una leona</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">al grito de ¡Viva España!</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Y es que por mis venas corre</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la sangre de Malasaña...</span><br />
+</p>
+
+<p>Me imagino a la señorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de
+luchadora. El público, viéndola, ha debido también de sentir en sus
+venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios.
+¡Viva España! ¡Viva la gracia! ¡Viva Mary-Focela!...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /> <br />
+LA HUELGA DE CUERNOS CAÍDOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">esengáñese</span> usted&mdash;me decía un viejo aficionado&mdash;. Ya no hay toros...</p>
+
+<p>El viejo aficionado, como todos los viejos aficionados, creía que los
+toros se dividen en mansos y bravos, y que la especie de estos últimos
+está extinguiéndose. Por mi parte, yo he adquirido el convencimiento de
+que todos los toros son igualmente mansos, y de que si en la plaza
+tratan, a veces, de matar a los toreros, es por la misma razón en virtud
+de la cual los toreros tratan&mdash;también a veces&mdash;de matar a los toros:
+para entretener al público. Días atrás estuve en una ganadería. Los
+toros pacían por allí de una manera perfectamente bucólica, dejándose
+acariciar de los vaqueros y de los visitantes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y éstas son las fieras?&mdash;dije yo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre!&mdash;me contestaron&mdash;. ¿Qué quiere usted que hagan aquí? Ya las
+verá usted en la plaza...</p>
+
+<p>Esto de suponer que el toro no desarrolla su verdadera naturaleza de
+fiera mientras no llega a la plaza, es algo así como imaginarse que el
+tigre tampoco desarrolla la suya hasta que lo llevan a un circo. Si en
+el interior de África nos enseñaran unos tigres muy sociables, y si ante
+nuestra estupefacción nos dijeran que esa sociabilidad era natural y que
+esperásemos a ver a los tigres en Price, esta contestación nos parecería
+bastante absurda. Pues igualmente absurda me pareció a mí la
+contestación que me dieron en la ganadería sobre la ferocidad de los
+toros.</p>
+
+<p>No. El toro no es un animal más feroz que el torero. Es, al contrario,
+una bestia pacífica que ama la naturaleza y que sigue un régimen
+estrictamente vegetariano. Algunos se dejan lidiar, y el público los
+llama bravos. Ahora, sin embargo, la mayoría parece que van a declararse
+en huelga. Yo he visto recientemente un toro que, a los dos minutos, se
+dio cuenta de que todo en la plaza estaba organizado en contra suya y
+adoptó una actitud que pudiéramos llamar de cuernos caídos. Los toreros
+corrían detrás de él enseñándole unas telas vistosas y llamándole con
+sus voces más dulces; pero todo era en vano. A veces, el toro se paraba
+un instante y parecía que iba a dejarse conquistar. Unos toreros le
+sonreían con sonrisa tentadora. Otros procuraban excitar su orgullo...
+El toro reflexionaba un rato. Luego hacía un movimiento de cabeza como
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡No! ¡Nunca!... Este negocio no me conviene...</p>
+
+<p>Y seguía su camino, insensible a todos los requerimientos.</p>
+
+<p>Fue entonces cuando el viejo aficionado me dijo que ya no había toros:</p>
+
+<p>&mdash;Ya no hay toros. Ya no hay emoción. ¡Vaya un veranito el que nos
+espera!</p>
+
+<p>Y yo, condolido, le di lo que consideraba un buen consejo.</p>
+
+<p>&mdash;Váyase usted al Congreso&mdash;le dije&mdash;. Un viejo aficionado como usted no
+lo pasará allí del todo mal.</p>
+
+
+
+<h3><a name="X" id="X"></a>X<br /> <br />
+EXPERIENCIAS DE UN ATROPELLADO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> amigo mío ha sido atropellado por un automóvil.</p>
+
+<p>&mdash;He tenido que pasarme quince días en cama&mdash;me decía este amigo,
+contándome el percance&mdash;; pero ahora no les quedará más remedio que
+darme una indemnización.</p>
+
+<p>&mdash;¡Error profundo!&mdash;exclamé yo&mdash;. Lejos de valerte una indemnización, el
+atropello te costará un ojo de la cara. Yo también he sido
+atropellado&mdash;añadí con orgullo&mdash;, y gracias a que la cosa me cogió con
+algún dinero. Si llego a encontrarme desprevenido, a estas horas me
+tendrías aún gimiendo amargamente en el fondo de una mazmorra.</p>
+
+<p>Y para convencerle, le conté al amigo mi experiencia personal. Fue en
+Barcelona, hará cosa de unos dos años. Estaban conmigo Luis Bello,
+Eugenio Xammar, Wenceslao Fernández Flórez, Gregorio Martínez Sierra y
+Anselmo Miguel Nieto, cuando un automóvil me atropelló en la calle del
+Conde del Asalto. El automóvil llevaba una velocidad justa para
+atropellar a los transeúntes, pero que, con arreglo a las Ordenanzas
+municipales, resultaba excesiva. Fui transportado a una farmacia, y
+mientras me curaban, apareció el <i>chauffeur</i>, bastante indignado. El
+<i>chauffeur</i> pretendía que su automóvil no había chocado conmigo, sino al
+contrario, que yo había chocado con su automóvil.</p>
+
+<p>&mdash;Usted&mdash;gritaba&mdash;se ha echado encima de nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿con qué objeto?&mdash;le preguntaba yo.</p>
+
+<p>A lo cual el <i>chauffeur</i> hacía un gesto vago como diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo ignoro! Seguramente sería algún objeto inconfesable...</p>
+
+<p>En vano yo le hacía observar al <i>chauffeur</i> que al atravesar la calle
+del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevábamos exceso de
+velocidad. El <i>chauffeur</i> insistía, y los espectadores comenzaban a
+sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto
+automóviles indefensos.</p>
+
+<p>De la farmacia nos fuimos a la Casa de Socorro, y de la Casa de Socorro
+a la Comisaría. Entablé mi reclamación y me fui a la cama, donde, a los
+quince días, recibí una comunicación del Juzgado de Atarazanas.</p>
+
+<p>&mdash;Por fin ha llegado la mía&mdash;pensé.</p>
+
+<p>Pero, al leer la comunicación, sufrí un horrible desengaño. El juez me
+citaba a las nueve de la mañana para ver el estado de mis heridas, y me
+amenazaba, en caso de que yo no acudiese a la cita, con una multa, con
+la prisión o con el castigo «a que hubiese lugar»... Yo soy un
+trasnochador impenitente. Para hacerme levantar temprano se han ensayado
+conmigo todos los procedimientos, desde el despertador de campana al
+jarro de agua fría; pero el de la multa y el de la prisión eran
+totalmente inéditos. ¿Qué iba a ser de mí si no me levantaba? Y todo
+porque en un momento de distracción me había dejado atropellar por un
+automóvil...</p>
+
+<p>Le escribí al juez informándole de mis costumbres. «Además&mdash;le decía&mdash;,
+¿para qué quiere usted ver mis heridas? Si están curadas, no vale la
+pena de que usted las vea, y si no lo están, me será difícil abandonar
+la cama para ir a enseñárselas a usted. En realidad de verdad, debo
+comunicarle a usted que mis heridas son bastante leves, por lo cual
+espero que no me tratará usted con excesivo rigor. Me he dejado
+atropellar, lo reconozco; pero he procurado que me atropellasen lo menos
+posible, y mi delito no tiene, por lo tanto, una gran importancia. En lo
+sucesivo, haré todo cuanto esté en mis manos para que no vuelvan a
+atropellarme.»</p>
+
+<p>Ignoro si esta carta llegó a poder del juez, pero yo recibí una segunda
+citación mucho más conminatoria que la primera. Me vi ya en presidio. Me
+vi deshonrado para toda la vida, y huí abandonando cuanto tenía entre
+manos.</p>
+
+<p>Y luego de relatarle estos hechos al amigo que me los recordó, le dije:</p>
+
+<p>&mdash;Desengáñate. Cuando en este país le atropellan a uno, no hay más
+remedio que callarse. Si uno no se calla, los atropelladores, para
+justificar el atropello, vuelven a atropellarle. A veces le atropellan a
+uno los <i>chauffeurs</i>. A veces, los ministros. Si quieres que no te
+atropellen, yo sólo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu
+vez, en atropellador.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /> <br />
+LA JUERGA HEROICA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ntes</span> de la guerra europea no había <i>cabarets</i> en Madrid ni parecía que
+pudiese nunca llegar a haberlos. Cuando varios hombres coincidían de
+madrugada en un mismo <i>restaurant</i>, solían lanzarse unos contra otros en
+batallas más o menos descomunales. La juerga tenía entonces entre
+nosotros un sentido heroico que la ennoblecía. Para tomarse una ración
+de calamares pasadas las doce de la noche, hacía falta un ánimo sereno,
+a más de un estómago excelente, y aunque algunos fisiólogos sostienen
+que estas dos cosas van juntas y que el valor se deriva del buen
+funcionamiento gástrico, yo sé de muchísimas personas que se han
+acostado con hambre en Madrid, no por carecer de dinero, sino por
+carecer de arrojo. Los dueños de <i>restaurants</i> nocturnos veíanse
+obligados a dividir sus establecimientos en una especie de
+compartimientos estancos a fin de contener el ímpetu de los comensales.
+Cada uno de aquellos compartimientos era algo así como una pequeña
+fortaleza en donde el trasnochador se encontraba relativamente a salvo
+de agresiones. El juerguista madrileño tenía que atrincherarse con la
+elegida de su corazón. ¿Cómo concebir, en aquellos tiempos belicosos,
+que llegase un día en el que los madrileños pudieran mezclarse en una
+sala bien iluminada donde hubiese <i>weine, weibe und gesang</i>, esto es,
+vino, mujeres y canciones?</p>
+
+<p>Pero estalló la guerra, y a medida que se cerraban <i>cabarets</i> en Europa,
+comenzaron a abrirse <i>cabarets</i> en Madrid. Es decir, que los españoles
+dejamos de pelearnos precisamente cuando empezaba a pelearse todo el
+resto de la Humanidad... Por aquel entonces llegué yo a Madrid, y una
+noche, en un <i>restaurant</i>, me quedé asombrado al ver que los hombres no
+se arrojaban unos a otros objetos de vidrio ni de porcelana. ¡Y eso que,
+indudablemente, todos estaban allí de buen humor y todo el mundo tenía
+ganas de divertirse!... Había en el <i>restaurant</i> unas cuantas francesas
+que, tratadas algo a fondo, resultaban ser de Zurich o de Rotterdam;
+había otras mujeres que se declaraban vienesas, pero sin darle a esta
+declaración un carácter irrevocable, porque si uno insistía, decían que
+habían salido muy chicas de Viena, y que, «en realidad», eran de Dresde
+o de Leipzig. Estas mujeres venían a constituir algo así como la resaca
+de Europa. La guerra las había arrojado a estas playas pintorescas, y
+aquí siguen, ya algo familiarizadas con las costumbres de los indígenas.</p>
+
+<p>Y a estas mujeres&mdash;una docena escasa que forman la base de todos los
+<i>cabarets</i> que se inauguran en Madrid y que son siempre las mismas en el
+espacio, ya que no puedan serlo en el tiempo&mdash;es a las que se debe esta
+transformación radical que se ha operado en nuestras costumbres. Gracias
+a ellas, uno puede entrar hoy de noche en cualquier café sin revólver,
+llave inglesa ni bomba de mano. La menos parisiense, la menos vienesa,
+la menos joven y la menos elegante de todas ellas, ha hecho más para
+identificarnos con Europa que todos los profesores que han venido aquí
+en viaje de propaganda. Y yo creo firmemente que sería cosa de
+pensionarlas o, por lo menos, de darles una condecoración.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /> <br />
+JULIO ANTONIO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> gentes que, en hace cosa de tres meses, desconocían a Julio Antonio
+y que, hace cosa de un mes, le adoraban frenéticamente, van ahora a
+contemplar sus bustos de la raza como irían a ver la obra de un clásico.
+¡Pobre Julio Antonio! ¿Qué es lo que se estuvo esperando tanto tiempo
+para hacer su consagración? ¿Una obra definitiva?... Yo tengo la
+sensación de que se estuvo esperando más bien al dictamen médico. Años
+atrás, Julio Antonio había hecho cosas tan buenas como la estatua
+yacente, o tal vez mejores; pero, entonces, el artista no estaba aún
+completamente desahuciado. Con un poco de dinero hubiera podido, quizás,
+reponerse del todo y, un genio en buena salud, es siempre cosa
+peligrosa. ¿Qué dirían los viejos escultores, cuyas manos se han
+encallecido modelando levitas de barro, guerreras, fajines, gabanes de
+pieles y otras prendas más o menos suntuarias? Y no hablemos de la
+juventud. El caso de un muchacho que no sigue los cánones oficiales, ni
+adula a los ministros y que triunfa por sus propios méritos, tiene,
+forzosamente, que constituir para ella un ejemplo desmoralizador...</p>
+
+<p>Llegó, sin embargo, para Julio Antonio el día del éxito, y fue un éxito
+como no se recuerda otro. Las marquesas se mezclaban con las niñeras y
+las criadas de servir, haciendo cola a la intemperie, durante horas y
+horas, para ver aquella obra, de la que se contaban tantas maravillas.
+Fue el Rey, fueron los ministros, fueron los académicos, fueron los
+obispos y los generales.</p>
+
+<p>Los periódicos por aquellos días hablaban de Julio Antonio con tanta
+extensión como si se tratara del propio Belmonte. Todo eran plácemes,
+sonrisas, invitaciones, encargos... Yo, en el caso de Julio Antonio, me
+hubiese alarmado sobremanera.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tan malo estoy?&mdash;me hubiese dicho.</p>
+
+<p>Y Julio Antonio, que realmente estaba muy malo, se murió. Probablemente
+hubiese podido tirar todavía una temporada; pero, yo no sé si por
+amabilidad o por buen gusto, se murió en plena apoteosis. ¡Hizo bien! De
+no morirse, le habrían nombrado académico. Le habrían obligado a hacer
+estatuas de filántropos repugnantes, de generales a caballo, de
+políticos de levita. Hubiera tenido que modelar, con todo su parecido
+vulgar y ramplón, la cara del hijo ilustre de cada ciudad, que,
+generalmente, es el cacique de la misma. Hubiese tenido que cambiar su
+amplio chambergo por una chistera, y su vida bohemia por una vida seria
+y respetable, y su arte libre por el arte oficial. Hizo bien en morirse,
+y, además, ¡hacía ya tanto tiempo que no se moría aquí nadie
+románticamente!...</p>
+
+<p>Pero, a los que vienen detrás, yo no les aconsejaría que siguiesen el
+mismo procedimiento.</p>
+
+<p>Se le organizó un banquete al que solo yo me negué a ir. «No
+iré&mdash;dije&mdash;, y no porque yo sea un hombre de esos que vacilan mucho
+antes de asistir a un banquete, sino, al contrario, porque no suelo
+vacilar nunca. Me basta que un amigo estrene un drama cualquiera, que
+publique una novela, o, simplemente, que sea nombrado ministro, para que
+yo me apresure a acudir al inevitable banquete de homenaje; pero Julio
+Antonio está en un caso muy distinto.</p>
+
+<p>Si Julio Antonio hubiese hecho una estatua del conde de Romanones,
+vestido de chistera y levita, un monumento a las víctimas del 8 de
+diciembre o un grupo dedicado a los héroes del 13 de abril, yo le
+banquetearía sin inconveniente ninguno. La tortilla sería tan mala como
+de costumbre, y, sin embargo, yo me resignaría a comerla pensando que no
+había desproporción alguna entre ella y el objeto en cuya conmemoración
+se había confeccionado. Vería en el local a algún ministro más o menos
+solemne, oiría leer cartas y telegramas de adhesión, escucharía
+discursos llenos de lugares comunes y todo me parecería que se
+deslizaba en una armonía perfecta y que era completamente natural. Pero
+Julio Antonio no ha hecho una obra cualquiera. No ha hecho una cosa
+pasable, una cosa mediana, ni una cosa buena, sino, muy probablemente,
+una cosa genial. Y yo, que no tendría inconveniente alguno en
+banquetearle si le considerase una ostra, y que quizás le banquetease
+también aunque le supusiera algún talento, me niego terminantemente a
+banquetearle después de haber visto esa maravillosa estatua yacente que
+expone en el edificio de la Biblioteca Nacional. Es decir, que yo no le
+rindo homenaje a Julio Antonio por la simple razón de que Julio Antonio
+no es un imbécil; y esto, que quizás parezca un rasgo de humorismo, no
+es, después de todo, ni más ni menos que lo que se viene haciendo en las
+llamadas «esferas oficiales».</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /> <br />
+LA PIEDRA FILOSOFAL</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">on</span> Germán Botella, joven físico alicantino, asegura que ha encontrado
+un procedimiento para obtener oro descomponiendo el mercurio, y nos
+ofrece pruebas. ¿Por qué no nos ofrece algunos billetes de mil pesetas?
+Repartiendo oro, el Sr. Botella nos podría convencer fácilmente de
+cualquier cosa; pero, sobre todo, nos podría convencer de que tenía oro.
+En cuanto a que el oro lo extrajese del mercurio o de alguna Embajada,
+ello sería para nosotros perfectamente secundario.</p>
+
+<p>Perdone el Sr. Botella esta observación de un profano, y no me desprecie
+demasiado por ella. Si él considera el oro desde un punto de vista
+puramente científico, tal vez no haya entre él y yo tanta diferencia
+como pueda parecer a primera vista. Para mí, señor Botella, el oro es
+también una teoría...</p>
+
+<p>Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de su
+descubrimiento sea acogida con algún escepticismo. ¡Ahí es nada
+encontrar oro en España! Al mismo tiempo que el Sr. Botella, hemos
+estado buscándolo veinte millones de españoles y no hemos logrado aún
+pasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin éxito ninguno, y
+aunque sabemos que el oro español está prodigiosamente escondido, se nos
+hace un poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestras
+pesquisas, sus acaparadores lo hayan mezclado con mercurio.</p>
+
+<p>Por lo demás, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto,
+vendría a constituir, en cierto modo, una reivindicación para los
+falsificadores, quienes cuando necesitan dinero no hacen dramas,
+crónicas ni novelas, como los literatos, sino que hacen dinero. El señor
+Botella necesitaba oro&mdash;con un fin económico o con un fin científico&mdash;,
+y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacer
+chaquetas, se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lector
+español, y si no puede hacer oro, trate, por lo menos, de hacer
+billetes.</p>
+
+<p>Por mi parte, yo me alegraría mucho de que el descubrimiento del Sr.
+Botella fuese realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metal
+extraño, frío y terapéutico que se llama mercurio, todo el mundo tendrá
+oro próximamente. Por lo menos, todo el mundo tendrá oro en una
+proporción equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que entonces el
+oro perderá casi toda su importancia; pero por eso precisamente es por
+lo que yo, con una intención algo bolchevique, digo que me alegraría...</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /> <br />
+LA PESETA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ue</span> ha subido el precio de los alquileres? ¿Que las patatas están por
+las nubes? ¿Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Es
+que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.</p>
+
+<p>Teóricamente, las patatas están donde estaban; pero la peseta no puede
+ya adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunían quince o
+veinte pesetas, se iba a una tienda y adquiríase en el acto un par de
+zapatos bastante aceptables. Ahora, para realizar la misma empresa, se
+necesitan sesenta pesetas, por lo menos. No es que el coste del calzado
+haya aumentado, aunque tal crean los profanos en cuestiones económicas.
+No. Es que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.</p>
+
+<p>Los profanos en cuestiones económicas pueden decir que esto es igual, y,
+en efecto, es igual. Es igual prácticamente; pero, ¿y la teoría?</p>
+
+<p>Por mi parte, cuando yo creía que los alquileres estaban muy caros, me
+resignaba a vivir en un piso deficiente; pero desde que sé que los
+alquileres no han sufrido aumento alguno de precio, mi resignación es
+imposible. ¿Cómo voy a resignarme a pagar muy cara una casa que,
+teóricamente, es muy barata? ¿Cómo voy a resignarme a que mis pesetas
+hayan perdido su capacidad adquisitiva?</p>
+
+<p>El caso es que, con una peseta, yo sigo adquiriendo diez perras gordas
+siempre que quiero. La capacidad adquisitiva de las pesetas, con
+respecto a las perras gordas, es la misma de siempre, y, con respecto a
+las monedas extranjeras, es mucho mayor de lo que haya podido serlo
+nunca. Con una peseta se adquieren hoy numerosos marcos, abundantes
+coronas y liras a profusión. Patatas, en cambio, se adquieren
+poquísimas. La peseta ha perdido su capacidad adquisitiva, pero
+únicamente para las cosas, lo que equivale a afirmar que es todo el
+dinero el que ha perdido capacidad de adquirir.</p>
+
+<p>¡Y el partido socialista protesta!... Indudablemente, no existe en
+nuestra política otro partido tan burgués. ¿De qué se trata, señores,
+más que de que el dinero pierda su capacidad adquisitiva? Antes, con las
+pesetas se compraban patatas. Ahora, con las patatas hay ya quien se
+dedica a acaparar pesetas. Y, dentro de poco, en vez de pesetas, los
+hombres utilizarán para sus transacciones patatas, chorizos, rodajas de
+salchichón y cigarrillos de cincuenta.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /> <br />
+ESCULTURA KODAK</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> cierta avenida del Retiro hay un grupo escultórico dedicado a D.
+Ramón de Campoamor. El público, generalmente, lo contempla con
+admiración, y esto es muy lógico. ¿Para qué son los monumentos más que
+para admirarlos?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué naturalidad!&mdash;le oí decir un día a una señora en presencia de
+aquellas figuras&mdash;. ¡Parece que están hablando!</p>
+
+<p>Y, en efecto, parece que están hablando. El artista ha dispuesto su
+grupo como si fuera a hacer una instantánea al centésimo de segundo.
+Aquí las personas mayores. Los niños delante y en pie. Esta cabeza un
+poco más a la derecha... ¡Clik!...</p>
+
+<p>Don Ramón aparece sentado en un banco sobre el cual ha dejado unos
+guantes de mármol y una chistera del mismo material. Tiene unas botas de
+cartera cuyo precio en mármol ignoro, pero que, en cabritilla o
+tafilete, ha debido oscilar alrededor de las veinticinco pesetas. Estas
+botas no han llevado nunca tapas ni medias suelas; conservan todos sus
+botones, y, probablemente, son unas botas recién estrenadas. En cuanto
+a la chistera, de mármol, como hemos dicho, es maciza, y seguramente no
+pesa menos de treinta kilos. ¿Cómo se las arreglaría el poeta, ya
+anciano y sin fuerzas, para saludar con un instrumento tan pesado?</p>
+
+<p>No se indigne el autor del monumento por estos cálculos que yo hago
+sobre la densidad de la chistera campoamorina. O somos realistas, o no
+lo somos. Uno no puede, a voluntad del artista, fijar su atención en
+tales detalles y apartarla de tales otros. El autor parece haber puesto
+un gran interés en hacernos observar que las botas del poeta tienen seis
+botones cada una. ¿Cómo podrá luego pasarnos inadvertido el peso de
+aquella chistera tan ostensible? Y además, ¿qué hace allí aquella
+chistera, ya que el poeta está descubierto?</p>
+
+<p>Si la escultura representa la eternidad, puede decirse que D. Ramón de
+Campoamor ha entrado en ella como si no fuera a permanecer más que unos
+breves instantes. Ha entrado de paso en la eternidad, con unas botas de
+cartera, y ha dejado al alcance de la mano, para cuando llegue el
+momento de retirarse, su chistera de mármol y sus guantes del mismo
+material. A mí me da la idea de que ha ido en tranvía y de que está allí
+un poco azorado, como en una visita de cumplido. Sus personajes&mdash;la
+anciana de la cofia, la niña que tiene el pecho de cristal, etc.&mdash;le
+rodean, y según decía la admiradora desconocida, parece que están
+hablando. Parece que están hablando y hablando en prosa, y esto es lo
+malo, porque en escultura no se debe hablar. Parecen, en fin, un grupo
+fotográfico de escultura <i>Kodak</i>.</p>
+
+<p>Algunas veces yo había acariciado el propósito de ser un grande hombre,
+como tantos otros; pero ahora he resuelto renunciar definitivamente a
+semejante idea. Mientras la inmortalidad sea una cosa tan parecida a la
+vida corriente, y mientras en ella deba uno preocuparse también del
+almidonado de la tirilla, no creo que valga la pena ser inmortal.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /> <br />
+UN ADMIRADOR</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">arece</span> que hay escritores a quienes el público anima dirigiéndoles, con
+más o menos frecuencia, cartas de aprobación. Conmigo, sin embargo, este
+caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusión de ser leído por
+alguien, es, tan sólo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en
+cuando me envían misivas insultantes a propósito de mis artículos. Yo
+enseño estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi
+posición y mi prestigio.</p>
+
+<p>&mdash;No dirán ustedes&mdash;exclamo&mdash;que mis trabajos pasan inadvertidos o que
+no hacen mella. Aquí hay un señor que me llama animal, y otro que me
+anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el éxito no admite dudas...</p>
+
+<p>Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador,
+en la provincia de Guadalajara. «Soy&mdash;me viene a decir este hombre
+magnífico&mdash;uno de sus lectores más asiduos y más inteligentes, y me he
+suscrito a <i>El Sol</i> con el único objeto de ver los artículos de
+usted...»</p>
+
+<p>Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador
+me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma
+e inmediatamente me digo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Le gustará este tema al señor de Guadalajara?</p>
+
+<p>Yo tengo la sensación de que escribo únicamente para este señor, y no
+quisiera defraudarle. Este señor vive en un pequeño pueblo de la
+provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en
+absoluto la ideología local, y esto pone en mi trabajo dificultades
+enormes. De buena gana me pasaría varias noches en claro leyendo, con
+unas gafas muy gordas, unos volúmenes muy grandes, si a esta costa
+pudiera llegar a conocer las opiniones políticas, estéticas y religiosas
+que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo
+temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal párrafo que acabo de
+escribir creo que le parecerá vulgar, y lo borro. Pongo en tensión todos
+mis nervios hasta que se me ocurre una cosa más fina, y entonces me
+asalta un pensamiento terrible.</p>
+
+<p>&mdash;¿Entenderá esto mi admirador?&mdash;me pregunto&mdash;. ¿No resultarán estas
+consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos?</p>
+
+<p>Verdaderamente, el señor de la provincia de Guadalajara ha tenido una
+idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo
+por qué tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores.
+Con dos admiradores más, yo me volveré completamente idiota.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /> <br />
+LITERATURA PATOLÓGICA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">esgraciadamente</span>, en la literatura española no hay más que genios. Ese
+tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que
+Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a
+Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores
+pertenecen a la categoría genial. Yo mismo, en mi pequeñísima escala,
+¿qué duda cabe de que también soy un genio? Y esta literatura de genios
+en chico viene a ser algo así como un grupo de tullidos que, a la puerta
+de una iglesia, le pidiesen dinero al público mostrándole sus diversas
+monstruosidades.</p>
+
+<p>Cuando, en algún escaparate, yo veo un libro mío entre los libros de
+otros autores españoles, tengo la sensación de encontrarme en una sala
+de hospital esperando, con mis compañeros de dolor, la visita de alguna
+señora vieja que no sepa en qué matar el tiempo. La literatura española,
+en efecto, no es más que una serie de enfermedades, debidas,
+generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutrición. El uno
+está enfermo del hígado. Al otro se le forman ácidos en el estómago.
+Este se encuentra amagado de parálisis general progresiva y tiene
+delirio de grandezas. Aquél padece del bazo... Hay escritor que perdería
+todo su interés en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de
+algún producto más o menos alemán, o en cuanto se le sometiese a un buen
+régimen alimenticio. Y, en realidad, este último caso ya se ha dado
+varias veces. ¿Cuántos muchachos que comenzaron haciendo cosas
+interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llamó a un
+buen periódico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se
+explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fácil de
+comprender: esos muchachos nunca habían tenido talento. Lo que habían
+tenido era hambre. Con el estómago normalizado, quedaban al nivel del
+más vulgar empleado de Hacienda...</p>
+
+<p>¡Cosa terrible esta de ser un pequeño monstruo y de darse cuenta de
+ello! ¡Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse
+médicamente como un flemón o como una enfermedad de los riñones!... Pero
+hay algo peor aún en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los
+enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos,
+se creen atacados de genialidad...</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /> <br />
+UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> distinguido escritor&mdash;decía yo en <i>El Sol</i>&mdash;se queja de que los
+españoles hayamos adoptado la costumbre inglesa de ponerle una hache al
+te.» A esto contesta el Sr. Salaverría afirmando que yo miento, porque
+él no ha dicho nunca que los españoles hubiésemos adoptado semejante
+costumbre. Y he aquí por dónde vengo a enterarme de que el Sr.
+Salaverría lo ha dicho.</p>
+
+<p>Yo no he nombrado al Sr. Salaverría, no he dado ninguna de sus señas
+personales ni he reproducido ningún párrafo suyo. Y si el Sr. Salaverría
+no hubiese dicho que los españoles habíamos adoptado la costumbre
+inglesa de ponerle una hache al te, ¿para qué iba a decir ahora que no
+lo había dicho?</p>
+
+<p>Al decir que no lo ha dicho, el Sr. Salaverría dice que lo ha dicho. Y
+si, diciendo que lo ha dicho, resulta que no lo ha dicho, entonces es el
+Sr. Salaverría quien falta a la verdad, cometiendo así una acción tan
+indigna de él como de mí, porque el Sr. Salaverría también es
+inteligente y también es chistoso. (Los chistosos inteligentes&mdash;escribe
+el Sr. Salaverría&mdash;no necesitan recurrir a la mentira.)</p>
+
+<p>Lo que más le ha molestado al Sr. Salaverría, al creerse aludido por mí,
+es el que yo le atribuya un concepto desdeñoso hacia la hache británica.
+«Yo ignoro muchas cosas&mdash;dice&mdash;. Sin embargo, conozco la importancia que
+tiene la hache para los ingleses.» Pues bien, Sr. Salaverría, todo ha
+sido una broma. La hache no tiene para los ingleses importancia ninguna.
+El hombre que verdaderamente le ha dado importancia a la hache ha sido
+usted. Por ella, Sr. Salaverría, no ha vacilado usted en arremeter
+contra un viejo amigo como yo, llegando hasta a decirme que involucro.
+¡Oh hache!... Tienes nombre de mujer...</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /> <br />
+LA TAZA DE TE</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">or</span> si a algún lector le interesa, reproducimos el artículo que ha dado
+origen a la nota anterior.</p>
+
+<p>«Un distinguido escritor se queja de que los españoles hayamos adoptado
+la costumbre inglesa de ponerle una hache al te. Por mi parte, y aunque
+he vivido varios años en Londres, desconozco totalmente esta costumbre.
+En la gran metrópoli he tomado te de la China y te de Ceylán. He tomado
+te con leche y te con limón. He tomado te con <i>scones</i>, y con <i>mufirs</i>,
+y con pan y manteca, y con toda clase de bocadillos, pero no recuerdo
+haber tomado nunca te con hache. Allí no hay más te con hache que el
+<i>The Thimes</i>. Los otros tes, como no lleven la hache dentro de algún
+bocadillo, se toman siempre sin ella, y, muchas veces, también se toman
+sin azúcar.</p>
+
+<p>El escritor a quien me refiero ignora, probablemente, toda la
+importancia que tiene la hache en Inglaterra. En Inglaterra la hache
+tiene una importancia social verdaderamente formidable. Es, como si
+dijéramos, una letra de lujo. Las clases cultivadas la aspiran
+orgullosamente, pero el pueblo no la pronuncia. Aunque, de derecho, la
+hache sea allí una letra tan popular como cualquier otra, de hecho no
+existe para el pueblo. Y ahora, cuando, cargados de impuestos, los ricos
+ingleses son cada día más pobres, y cuando, mejorados sus salarios, los
+pobres ingleses son cada día más ricos, ¿qué barrera es la que, en
+Inglaterra, separa a unas clases sociales de otras? La hache... Y
+mientras una revolución no destruya esa letra aristocrática, yo, como el
+Sr. Vázquez Mella, no podré creer que la democracia inglesa es una cosa
+perfecta.</p>
+
+<p>En España, país de los viceversas, son sólo algunos pobres campesinos
+andaluces quienes pronuncian la hache. Las demás gentes se limitan a
+usarla como un elemento decorativo, y mientras unas se la echan al te,
+otras se la ponen a las toallas. ¿Qué más da? Pero conste que la hache
+con que algunos españoles amenizan su te no es inglesa, ya que los
+ingleses escriben <i>tea</i>, que pronuncian <i>ti</i>. Convengo en que a muchos
+incautos, un te con hache les parecerá más inglés que sin ella. No
+obstante, yo sospecho que esa hache es de manufactura catalana, y, en
+vez de combatirla estérilmente, creo que debiéramos unir nuestras
+fuerzas a las de un señor que en un gran hotel protestaba, días atrás,
+contra la frase <i>five o'clock</i>, empleando una argumentación llena de
+lógica.</p>
+
+<p>&mdash;¿No somos españoles?&mdash;decía aquel caballero&mdash;. ¿No estamos en España?
+Y entonces, ¿por qué hemos de llamarle <i>five o'clocks</i> a los
+bocadillos?»</p>
+
+
+
+<h2><a name="EN_LA_TIERRA_DE_LOS_POLITICOS" id="EN_LA_TIERRA_DE_LOS_POLITICOS"></a>EN LA TIERRA DE LOS POLÍTICOS</h2>
+
+
+
+<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I<br /> <br />
+EL VIAJE</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">e</span> cada mil gallegos puede decirse que han estado en Buenos Aires lo
+menos novecientos. En cambio, apenas si dos o tres se habrán atrevido a
+llegar hasta Madrid. Hay muchas razones que expliquen este hecho; pero
+la principal es que, para ir a Buenos Aires, un gallego no necesita más
+que veintitantos días; y ¿qué son veintitantos días comparados con la
+eternidad? (Por eternidad, naturalmente, yo entiendo, en este caso, el
+viaje a la villa y corte.)</p>
+
+<p>Al gallego, hombre de espíritu aventurero, no le arredra la
+incertidumbre de su porvenir en tierras de América, ni le atemorizan los
+peligros del inmenso Tártaro. Va a Buenos Aires por afán de ver mundo,
+aun suponiendo que, una vez allí, no se hará millonario ni nada, y que,
+al volver, no podrá darse el pisto de fundar un hospital, ni un grupo
+escolar, ni siquiera una modesta fábrica de conservas. Va a hacer de
+dependiente, de criado, de cochero, de lo que sea... En cambio, cuando
+un gallego se arriesga a ir a Madrid, es con el propósito firme de
+llegar a ministro. Cualquier otro cargo inferior a éste no le
+compensaría de las fatigas del viaje...</p>
+
+<p>Yo no he sido ministro todavía; pero mis paisanos no desesperan de que
+llegue a serlo. Si yo me dedicara en Madrid a hacer sillas, mis paisanos
+creerían que las hacía para conseguir una cartera. Hago artículos, y no
+se imaginan que pueda hacerlos más que para trabajar mi nombramiento. En
+Galicia se admite el que uno sea original, pero no hasta el punto de ir
+a Madrid para no volver de ministro...</p>
+
+<p>Y, probablemente, mis paisanos tienen razón. El viaje entre Madrid y
+Galicia no se debe hacer más que con un ideal muy grande. Cuando yo
+venía hacia acá, me encontré en el tren con mi compañero Domínguez
+Rodiño, quien se proponía tomar en Vigo un vapor hasta Ámsterdam para
+entrar luego en Alemania y ver si desde allí podía trasladarse a Moscou.</p>
+
+<p>&mdash;Es un viaje penoso&mdash;me decía Rodiño.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;le contestaba yo&mdash;. La dificultad está en llegar a Vigo. Lo
+demás es un paso.</p>
+
+<p>Ya en Vigo, Rodiño parecía un poco arrepentido de su proyecto.</p>
+
+<p>&mdash;Va a ser una lata&mdash;exclamaba&mdash;eso de atravesar ahora la frontera de
+Rusia. Al salir de Madrid yo estaba mucho más animado.</p>
+
+<p>&mdash;Cosas de la edad. Entonces era usted bastante más joven.</p>
+
+<p>¿Por qué marchará tan despacio el tren de Madrid a Galicia? Algunos
+hablan de falta de carbón; pero esto es inexacto. En los respaldos y en
+las almohadillas de los asientos hay carbón a toneladas. Este carbón,
+admirable depósito de calórico, mantiene los coches a una temperatura
+elevadísima. Yo creí que no lograría nunca sacarme de encima todo el
+carbón del viaje. Al llegar a Vigo me miraba al espejo y me costaba gran
+trabajo reconocerme como un individuo perteneciente, en relación más o
+menos directa, a la gran familia aria.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que un hombre del tronco indogermánico llegue a verse así!&mdash;exclamaba
+para mis adentros.</p>
+
+<p>Y, blandiendo un áspero estropajo, yo pensaba que, para hacer de España
+un todo ordenado y armónico, puede haber varios procedimientos; pero que
+el primero debe consistir en unir materialmente unas regiones con otras
+construyendo caminos y ferrocarriles que anden.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II<br /> <br />
+LOS POLÍTICOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">G</span><span class="smcap">alicia</span> es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen
+unas de otras, y los políticos, también. Para ser un político gallego,
+lo primero que se necesita es ser pariente de otro político gallego. El
+hijo de un gran político gallego tiene, desde su nacimiento, categoría
+de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director
+general, y así sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de
+ningún político gallego&mdash;cosa rara, dada la portentosa facultad de
+reproducción que caracteriza a esta especie&mdash;, entonces tiene uno que
+hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga
+advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los
+prohombres de la política se les llama parientes políticos.</p>
+
+<p>Luego, el nuevo político se va a Madrid y comienza a pedir. Pide
+muelles, dársenas, puentes, carreteras, grupos escolares, ¡lo que haya!
+Un día, paseándome por los pasillos del Congreso con un prócer de la
+política, vimos aparecer a lo lejos la figura de un diputado paisano
+mío.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a darle esquinazo&mdash;me dijo el prócer&mdash;; porque, en cuanto me
+descuide, ese hombre me saca un puerto...</p>
+
+<p>Hay quien le concede mucha importancia a un puerto, aunque sólo sea de
+trescientas o cuatrocientas mil pesetas. Sin embargo, es mucho más fácil
+que un amigo le dé a uno un puerto que no una escribanía de bronce. A
+veces, para captarse la buena voluntad del ministro, el diputado
+pedigüeño le regalaba una caja de puros. ¡Una caja de puros por un
+puerto! Otras veces no había puertos disponibles.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un puerto! ¿No le sería a usted igual un puente?</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre! Yo les he prometido un puerto...</p>
+
+<p>&mdash;Es que la consignación para esa clase de obras está completamente
+agotada. Anímese usted y llévese un puente. Podemos darle uno magnífico.</p>
+
+<p>El diputado iba resignándose.</p>
+
+<p>&mdash;Si, a lo menos, tuviésemos un río...&mdash;exclamaba, ya medio convencido.</p>
+
+<p>Y, al final, acababa por llevarse el puente, ya que el caso era llevarse
+algo.</p>
+
+<p>Se le daba un puente al pueblo que necesitaba un puerto, y el que
+esperaba el puente tenía que arreglárselas con un grupo escolar. El
+marqués de Riestra, padre espiritual de todos los políticos gallegos,
+aportaba a las obras sus maderas, sus ladrillos, su cemento y sus otros
+materiales de construcción. Los pueblos, agradecidos, hacían fiestas.
+Los diputados salían reelegidos, y todo el mundo estaba contento.</p>
+
+<p>Al ver ahora todas estas carreteras, todas estas escuelas, todos estos
+muelles y todas estas dársenas, yo tengo la sensación de que alguien
+está de días y que los amigos y parientes le han llenado la casa de
+objetos inútiles y aparatosos. ¡Veinte escribanías, una docena de
+bastones, otra docena de paraguas, quince pitilleras, doscientos
+cubiertos de plata Meneses!... ¡Con la falta que, a lo mejor, le hace al
+festejado un gabán de invierno o una mesa de despacho!...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III<br /> <br />
+LA GRACIA GALLEGA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> un andaluz se pone a decir: «¡Vamoj, hombre! ¡Mardita zea! ¡Mijte
+quej grande!», y todo el mundo le escucha con gran contentamiento, como
+si dijera algo sumamente ingenioso, yo me abismo en amargas reflexiones.</p>
+
+<p>&mdash;He ahí un hombre con gracia&mdash;me digo&mdash;. ¡Y pensar&mdash;añado&mdash;que si ese
+hombre hubiese nacido en la provincia de Pontevedra no tendría gracia
+ninguna!...</p>
+
+<p>A un pontevedrés, en efecto, le es mucho más difícil caer en gracia que
+a un sevillano. Desde luego, como no se le ocurra nada más que decir:
+«¡Vamos, hombre!» «¡Maldita sea!» y «¡Mire usted que es grande!», el
+pontevedrés irá a un fracaso absoluto. El pontevedrés no tiene gracia de
+nacimiento. Las gentes le exigen una gracia de concepto, mientras que al
+andaluz le basta con el acento. Si se le hubiese quitado el acento a las
+obras de los hermanos Quintero, haciendo que sus personajes vocalizaran
+todas las letras con arreglo a la prosodia oficial, los hermanos
+Quintero no hubiesen entrado nunca en la Academia. ¡Y dicen que la
+Academia está destinada a velar por la pureza del idioma!...</p>
+
+<p>Indudablemente, los gallegos no tenemos público. Frecuentemente, cuando
+uno dice que es gallego, nota en el auditorio un deseo así como de
+contestarle:</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre, no! Eso será una aprensión de usted...</p>
+
+<p>Conmigo nadie ha llegado a este extremo; pero a veces me han dicho:</p>
+
+<p>&mdash;¿Gallego? Pues nadie lo creería. No se le nota a usted nada, ¿verdad?
+(Dirigiéndose a los circunstantes.)</p>
+
+<p>Los circunstantes entonces, con una gran finura, han confirmado que, en
+efecto, no se me notaba nada el que yo fuese gallego. Y luego no ha
+faltado nunca alguien que dijese:</p>
+
+<p>&mdash;Si hay gallegos «muy bien». ¡Cuando un gallego sale listo!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo creo!&mdash;ha añadido algún otro señor en este momento&mdash;. Hay
+gallegos que llegan a ministros y todo. Ahí tiene usted a Besada.</p>
+
+<p>&mdash;Y a Montero Ríos...</p>
+
+<p>&mdash;Y a Canalejas...</p>
+
+<p>¡Terrible cosa es esta de que para serle agradable a uno tengan que
+compararle con un ministro! Es la consecuencia de un prejuicio secular
+que existe contra Galicia; pero, por mi parte, yo creo que este
+prejuicio constituye para Galicia una ventaja enorme. Cada gallego, en
+efecto, tiene que rectificarlo con su propio esfuerzo. El andaluz, al
+nacer, se encuentra con una herencia de gracia, de simpatía y de
+popularidad que le permite abrirse fácilmente un camino en la vida,
+aunque carezca de méritos personales. El gallego, en cambio, sólo se
+encuentra con deudas que necesita saldar por sí mismo, y si
+individualmente esto es un mal, colectivamente tiene que ser un bien. A
+la larga resultará que los pueblos han sido, en cada época, lo contrario
+de la fama que tenían, ya que, cuando tenían la fama, no necesitaban la
+cosa, y ya que la cosa, y no la fama, es lo fundamental.</p>
+
+<p>Pero como esto está resultando demasiado conceptuoso, acaso valga más
+dejarlo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV<br /> <br />
+LA RAZA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">a</span> última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más
+hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de
+nación.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Le</i> somos una nación, ¿sabe usted?&mdash;me explica alguien&mdash;. <i>Le</i>
+tenemos una personalidad nacional tan fuerte como la primera...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?&mdash;le contesto.</p>
+
+<p>Y, en efecto, ¿por qué no? Una nación se hace lo mismo que cualquier
+otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un
+millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el
+mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más
+hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que
+hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los
+braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que
+algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo
+sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos
+locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría
+terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y si alguien osaba
+decirme entonces que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es
+lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de
+nación, le habría reducido al silencio.</p>
+
+<p>El nacionalista a quien he aludido antes tiene de las naciones una idea
+mucho más respetuosa que la mía.</p>
+
+<p>&mdash;Pero usted mismo&mdash;me dice&mdash;; usted es un celta.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;le respondo&mdash;. Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez,
+pero en una época tan remota, que no conservo de ello ni el más vago
+recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteció mucho antes
+del imperio romano, y, desde entonces acá, ¡han pasado tantas cosas! Es
+posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido también godo,
+fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin
+embargo, yo me siento mucho más afín a un madrileño que a un irlandés.</p>
+
+<p>No&mdash;continúo&mdash;. Yo no soy celta. Soy, sencillamente, un hombre nervioso
+y, en vez de unirme a un celta sanguíneo, prefiero hacerlo a un ibero de
+mi mismo temperamento. ¿Por qué no han de asociarse los hombres por
+temperamentos en vez de hacerlo por razas o por religiones? Ello sería,
+indudablemente, mucho más científico, y yo no desespero aún de ver
+terminada esta guerra, una gran guerra intercontinental de biliosos
+contra linfáticos. Los biliosos, naturalmente, serán quienes rompan las
+hostilidades.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Va" id="Va"></a>V<br /> <br />
+EL IDIOMA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> amigo quería meterme en la hermandad del habla, que es una Liga
+constituida para propagar el uso del gallego. Yo me negué. Creo que todo
+el mundo habla gallego en Galicia, y creo que, más que nadie, lo hablan
+aquellos que hablan castellano. El castellano, es, en efecto, la
+verdadera forma actual del gallego. Los labradores que se expresan en
+gallego no usan aquí un idioma distinto del de los industriales que se
+valen del castellano; usan el mismo idioma, pero con un léxico limitado
+y primitivo. En realidad no hablan gallego, sino que malhablan
+castellano. Y, de formar una Liga para reconstituir el castellano en sus
+formas más remotas, yo no veo por qué esa Liga ha de formarse
+precisamente en Galicia. Lo mismo se podría formar en Valladolid.</p>
+
+<p>No creo que haya un idioma gallego distinto del castellano. Lo que sí
+creo es que se podría inventar. Conozco lenguas medievales que se han
+fabricado en estos últimos treinta años, de acuerdo con todos los
+adelantos filológicos. Con una pequeña base se hace una lengua en menos
+tiempo del que se necesita para hacer un partido político. Podríamos,
+pues, hacer un idioma gallego; pero ¿cuánto nos duraría?</p>
+
+<p>A la vuelta de cincuenta, de sesenta o de cien años, este idioma gallego
+llegaría, lógica y fatalmente, a confundirse con el castellano. El
+gallego evolucionaría siguiendo su curso natural.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el castellano?&mdash;preguntará alguien.</p>
+
+<p>El castellano no evolucionaría nada, porque ahí están los académicos
+para impedir que evolucione.</p>
+
+<p>Por lo demás, acaso todo esto de los idiomas sea mucho menos importante
+de lo que nos parece. Yo creo que la importancia de los idiomas es muy
+pequeña, hasta en la misma literatura. Si lo más importante en
+literatura fuese el idioma, los iberoamericanos leerían libros españoles
+con preferencia a los libros de otros países. El idioma une los
+iberoamericanos a nosotros; pero otras cosas, positivamente más fuertes,
+los atraen hacia países de hablas muy distintas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI<br /> <br />
+EL ACENTO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> un viaje reciente, a bordo de un transatlántico, tuve la fortuna de
+coincidir con una ilustre compañía de actores españoles. Yo venía algo
+mareado. Mi cabeza me producía una sensación extraña, como si no fuese
+exactamente la mía, sino, más bien, una cabeza parecida, que alguien me
+hubiese dado el encargo molesto de transportar hasta España. Juzgando
+con esta cabeza, tomé por una gran actriz a una señora que hablaba
+siempre de un modo muy enfático; pero ella me sacó pronto de mi error.
+Si hablaba así, no era por ella, sino por las niñas, dos hijas suyas,
+muy monas, por cierto. Las niñas estaban comenzando su carrera teatral,
+y apenas si ponían en la compañía algo más que sus caras bonitas; pero
+la madre, entre bastidores, ponía el énfasis.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobrecitas!&mdash;decía la buena señora&mdash;. Hay una que habla algo; pero la
+otra no dice ni una palabra.</p>
+
+<p>Yo me compadecí de la infeliz porque la mudez me parece una gran
+desgracia para una niña casadera. Afortunadamente, sólo se trataba de
+una mudez artística. La chica tenía una lengua bastante suelta; pero el
+director no se atrevía a confiarle más que papeles silenciosos.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿por qué no la dejan hablar?</p>
+
+<p>&mdash;Por el acento&mdash;me respondió la afligida madre&mdash;. Nosotras somos
+gallegas, y en esta compañía no se puede tener acento. ¿Se cree usted
+que, de no ser por el acento, vendrían mis niñas en segunda? El acento
+es nuestra desgracia. Afortunadamente, la mayorcita ya va perdiéndolo...</p>
+
+<p>La mayorcita, en efecto, sabía decir sin acento «¡hola, vizconde!», «yo
+lo tomo sin azúcar» y demás frases de alta comedia; pero la pequeña era
+incorregible y, mientras no perdiese el acento, no la permitirían
+hablar. En aquella compañía se suponía, probablemente, que la acción de
+todas las comedias ocurre en la Luna. No se le autorizaba a nadie acento
+ninguno. Una marquesa con dejo gallego o catalán, andaluz o madrileño,
+les resultaba inadmisible, como si las marquesas no nacieran en ninguna
+parte. Y la pobrecita muda no podría romper a hablar hasta que hubiera
+desnaturalizado su voz por completo y lograra expresarse como un
+fonógrafo. Mientras tanto, su madre le cuidaba el acento lo mismo que
+pudiera cuidarle una enfermedad del hígado.</p>
+
+<p>&mdash;Fíjate, mujer&mdash;solía decirle&mdash;. Ayer estabas bastante aliviada, pero
+hoy te encuentro mucho peor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué quiere usted, mamá! Debe de ser el mareo...</p>
+
+<p>El acento es uno de los grandes encantos de Galicia. Cuando yo llegué,
+los primeros amigos a quienes vi prorrumpieron en ayes lastimeros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Fulaniño!&mdash;me decían&mdash;. Vendrás muy cansadiño. ¡Pobriño!...</p>
+
+<p>Parecía que lloraban, y lo que hacían era manifestar una gran alegría.
+Son los inconvenientes de este acento tan dulce.</p>
+
+<p>Pero yo no quiero hacer comentarios sobre el acento gallego. En esto de
+los acentos tengo una experiencia algo desagradable y no desearía
+repetirla con mis propios paisanos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII<br /> <br />
+ANTONIÑO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ará</span> cosa de dos o tres meses, <i>Antoniño</i> fue a confesarse, y en el
+curso de su confesión, le dijo al cura que leía periódicos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Malo! ¡Malo!...&mdash;refunfuñó el cura&mdash;. No veo qué necesidad tienes tú
+de leer periódicos. ¡Siquiera fuesen de la buena Prensa!... Pero,
+seguramente, serán de la otra.</p>
+
+<p>Eran de la otra, en efecto, y <i>Antoniño</i> lo reconoció así, aunque
+aduciendo un motivo justificante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué quiere usted, padre!&mdash;exclamó&mdash;. La buena Prensa es tan mala!...</p>
+
+<p>&mdash;No hay más Prensa mala que la mala Prensa&mdash;repuso el cura
+sentenciosamente&mdash;. Y vamos a ver, ¿qué periódicos son esos que tú
+lees?...</p>
+
+<p>&mdash;Leo <i>El Sol</i>&mdash;dijo Antoniño.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¿El Sol?</i></p>
+
+<p>&mdash;<i>El Sol</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¿Un periódico de diez céntimos?</p>
+
+<p>&mdash;Justamente.</p>
+
+<p>Un periódico de diez céntimos&mdash;pensó quizás el cura&mdash;debe de ser tan
+malo como dos periódicos de cinco. Luego, en voz alta, continuó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Un periódico que no admite el anticipo reintegrable?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, padre&mdash;contestó <i>Antoniño</i> ya medio anonadado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Un periódico&mdash;interrogó aún el cura&mdash;que hace campaña contra el
+espionaje alemán?</p>
+
+<p><i>Antoniño</i> no podía negar.</p>
+
+<p>&mdash;El mismo, padre&mdash;suspiró&mdash;. ¡El mismo!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hijo mío&mdash;dijo entonces el cura&mdash;. Lo siento mucho, pero no te
+puedo dar la absolución.</p>
+
+<p><i>Antoniño</i> se quedó aterrado. Si le hubiesen dejado sin novia, tal vez
+hubiera podido resignarse. Hubiera podido también vivir algún tiempo sin
+empleo, pero, ¡sin absolución!...</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;le dije a <i>Antoniño</i> cuando el pobre muchacho me contaba sus
+cuitas&mdash;. Yo creo que, en caso necesario, podría vivir sin absolución.
+He visto personas que viven con un pulmón sólo, y otras que carecen
+totalmente de bazo. Y aun he visto algo más curioso, <i>Antoniño</i>, he
+visto hombres que viven sin dinero y que viven muy bien... En Madrid hay
+la mar.</p>
+
+<p>&mdash;En Madrid es diferente&mdash;observó <i>Antoniño</i>&mdash;. Aquello es una gran
+ciudad. Yo no digo que allí me fuese de todo punto indispensable la
+absolución; pero, ¡aquí!... ¿Cómo quiere usted que viva aquí sin
+absolución un pobre tonelero?</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿qué pasó por fin? ¿No te dieron la absolución?</p>
+
+<p>&mdash;¡Quia!... ¡Si fuese el cura de Ribalta!... Aquel sí que es un cura
+campechano. Todas las muchachas van a confesarse con él porque las
+absuelve siempre y les pone unas penitencias muy pequeñas.
+«Divertíos&mdash;les dice&mdash;. Tiempo tendréis de rezar si no encontráis mozos
+de ley que se casen con vosotras»... Pero el cura de aquí es muy
+estricto. ¡Y eso que yo le regalo de cuando en cuando unos huevos o unas
+manzanas! ¡Para que digan que los hombres de iglesia son agradecidos!</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que no te dio la absolución?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor. Me dijo que no me la daba aunque me borrase del periódico
+aquel mismo día. Todo el pueblo se enteró. Algunas personas dejaron de
+saludarme, y en la fábrica estuvieron a punto de quitarme el pan.
+Entonces yo me marché a la ciudad, dispuesto a conseguir una absolución,
+aunque me tuviese que gastar doscientos reales. ¡Qué demonio! Para estos
+casos quiere uno el dinero. Llegué a la iglesia, me senté al
+confesionario, y lo primero que le dije al cura fue esto: «Acúsome,
+padre, de leer <i>El Sol</i>».</p>
+
+<p>&mdash;¿Así lo dijiste, <i>Antoniño</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Así, sí, señor, y con la misma tranquilidad con que hubiese podido
+decir «buenos días». No se figure usted que yo soy un gallina.</p>
+
+<p>&mdash;Y el cura, ¿qué te contestó?</p>
+
+<p>&mdash;El cura me preguntó que si eso de <i>El Sol</i> era una novela, y cuando yo
+le expliqué que era un periódico de diez céntimos, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si es de diez céntimos, debe de ser bueno...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y conseguiste la absolución?</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo creo. En las ciudades se consigue todo. Pero yo quería vengarme
+del cura de aquí, y al día siguiente, cuando estaba sirviendo la
+comunión, me puse con los demás, y me la tuvo que dar él mismo. El ya
+debía de comprender que yo tenía mi absolución en el bolsillo; pero, ¡si
+viera usted qué cara me puso!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, <i>Antoniño</i>! Y, ¿sigues leyendo <i>El Sol</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dentro de unos días leerás en él tu historia. La gente no va a
+creerla, pero ahí estás tú para dar fe.</p>
+
+<p>&mdash;Es que... si por casualidad se enteran en la fábrica y me despiden...</p>
+
+<p>&mdash;Descuida, <i>Antoniño</i>. No daré detalles y seguirás conservando todos
+los elementos necesarios a tu vida: un empleo, una novia, una
+absolución...</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII<br /> <br />
+UN AMIGO DE MISTER BORROW</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">llá</span> por el año de 1835 cayó en España un inglés estrafalario que venía
+a vender biblias. Un día este inglés llegó a Pontevedra con una carta de
+recomendación para el Sr. García, notario de la ciudad. El señor García
+resultó ser un patriota entusiasta, pero en un sentido puramente local,
+según cuenta el inglés. Su patria era Pontevedra, y el extranjero, Vigo.</p>
+
+<p>&mdash;Esos tíos de Vigo&mdash;exclamaba&mdash;dicen que su ciudad es mejor que la
+nuestra y que debiera convertírsela en capital de la provincia. ¿Ha oído
+usted alguna vez una locura semejante? ¿Se le hubiese ocurrido a usted
+nunca comparar a Vigo con Pontevedra?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no sé&mdash;replicó el inglés&mdash;. Yo nunca estuve en Vigo; pero he oído
+decir que la bahía de Vigo es la mejor del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡La bahía!&mdash;refunfuñaba el Sr. García&mdash;. ¡La bahía!... Sí. Esos
+canallas tienen una bahía, y con ella nos han robado a nosotros todo el
+comercio; pero, ¿para qué necesita tener bahía una capital de provincia?
+¡La bahía! Yo espero&mdash;continuó el Sr. García, dirigiéndose al
+inglés&mdash;que usted no ha venido desde tan lejos para tomar la defensa de
+una taifa de bandidos como esos de Vigo.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;contestó el inglés&mdash;. En realidad yo ignoraba que los vigueses
+necesitasen mi auxilio en esta disputa. Lo único que me propongo hacer
+con ellos es llevarles el Nuevo Testamento, del cual, evidentemente,
+tienen mucha necesidad si son tan golfos y tan canallas como usted los
+pinta...</p>
+
+<p>Y largo rato después, todavía el Sr. García refunfuñaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡La bahía!... A mí nunca se me ha alcanzado con qué derecho puede
+tener bahía un pueblo como el de Vigo...</p>
+
+<p>Yo había leído este diálogo, que acabo de traducir casi literalmente, en
+<i>La Biblia en España</i>, de Jorge Borrow, que así se llamaba aquel inglés
+estrafalario, hoy una de las glorias más puras con que cuenta la
+literatura inglesa. Lo había leído hace tiempo, y creía que el Sr.
+García, ya no muy joven a comienzos del siglo pasado, yacería ahora bajo
+su amada tierra pontevedresa, quizás alimentando con sus despojos algún
+castaño o algún cerezo. Pero España es el país donde no se muere nunca
+completamente. Al llegar a Pontevedra uno se encuentra en seguida con el
+Sr. García, que comienza a hablarle mal de Vigo.</p>
+
+<p>La lucha entre Vigo y Pontevedra continúa hoy igual que en el año 1835.
+Y lo que ignora el Sr. García, como si desde que habló con Mr. Borrow no
+hubiesen pasado días ningunos, es que, frente a Vigo, Pontevedra no es
+Pontevedra, sino más bien Madrid. Pontevedra es el Ministerio de
+Hacienda, y el de la Guerra, y el de Fomento, y el de Gobernación.
+Pontevedra es la Administración, y Vigo es la Geografía. Si Vigo llegase
+a ser un día el centro de comunicaciones más importante entre Europa y
+América, yo no creo que el pueblo pontevedrés perdiese nada con ello. La
+bahía de Vigo vendría a ser entonces, sencillamente, una bahía de
+Pontevedra. Algo así como su propia bahía de usted, querido Sr. García.</p>
+
+<p>En cuanto a los vigueses, yo temo que su bahía sea superior a su
+ambición. Con una ambición digna de una bahía tan hermosa, los vigueses
+debieran considerar a Pontevedra como un barrio del Vigo futuro. ¡El
+barrio aristocrático, el barrio oficial a unos veinte kilómetros y pico
+del barrio mercantil! El barrio de los notarios viejos, como aquel
+excelente y parroquial señor García, que, después de comprarle algunas
+biblias a Borrow, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si alguna vez tiene usted ocasión de hablar de mí en letras de
+imprenta, no deje usted de hacerlo. Ya sabe mi nombre y mis títulos:
+Señor García, notario público de Pontevedra...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX<br /> <br />
+EL ARADO VIRGILIANO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span>, al escribir su <i>Historia del Arado</i>, hubiera tenido que limitarse a
+Galicia, el doctor Raer, por muy sabio, por muy pesado y por muy alemán
+que fuese, no hubiese podido llenar arriba de unas veinte páginas. El
+arado gallego, como la mujer honrada, carece de historia. Es un
+instrumento prehistórico, cuya imagen exacta se encuentra en algunas
+tumbas etruscas y creo que en ciertas monedas celtíberas. Don Casto
+Sampedro, un distinguido arqueólogo que se pasa la vida recogiendo
+curiosidades celtas y romanas para el museo de Pontevedra, debiera
+llevarse allí un arado y, con poco esfuerzo, dotaría así de una
+antigüedad indiscutible a la simpática institución.</p>
+
+<p>Los carros gallegos tampoco han progresado mucho más que el arado. Al
+avanzar, sus ruedas producen un sonido agudo que se va modulando en
+inflexiones lentas y quejumbrosas. Dicen que este sonido anima a los
+bueyes y les hace seguir andando. También se podría sostener que el
+ruido de unas botas nuevas anima al que las lleva y le impulsa a
+continuar su camino... Dicen que sirve como de bocina para avisar a los
+carros que vengan en dirección contraria, y es indudable que al ruido de
+unas botas nuevas cabría atribuirle asimismo un objeto muy semejante...
+Yo me he pasado horas y horas oyendo la voz de los carros gallegos. Me
+parecía una voz familiar, y tenía la sensación de haberla oído ya, hacía
+muchísimos siglos.</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Chirrar d'os carros d'a Ponte</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2em;"><i>Tristes campanas d'Herbón...</i></span><br />
+</p>
+
+<p>Los carros gallegos cantan, y los poetas cantan el canto de los carros
+gallegos. No les hablen ustedes a estos poetas de sembradoras mecánicas
+ni de trilladoras automóviles. Semejantes chismes destruirían la poesía
+del campo, y entonces no habría certámenes literarios, ni flores
+naturales, ni nada. Las chicas elegantes, perdida toda esperanza de que
+se las nombrase reinas en alguna fiesta del gay saber, no les harían ya
+ni pizca de caso a los pobres poetas, quienes tendrían que limitar su
+vida al prosaico empleíllo de la Delegación de Hacienda o de la
+Diputación provincial. El hijo ilustre de la provincia, varias veces ex
+ministro, no vendría nunca más de mantenedor a pronunciar discursos
+grandilocuentes, y sus opiniones estéticas quedarían inéditas en lo
+porvenir... Sería la ruina de la poesía; y, ¿qué se iba a hacer sin
+poesía en las capitales de segundo y tercer orden?</p>
+
+<p>No. Los poetas quieren el carro primitivo y el arado virgiliano. Yo
+tengo grandes sospechas de que si Virgilio viviese hoy, cantaría la
+trilladora mecánica; pero Virgilio ha muerto, y su arado es como una
+herencia que les hubiese dejado a todos sus sucesores. ¡El arado
+virgiliano! ¡El carro venerable! ¡La campiña arcádica, por donde los
+ríos se deslizan mansamente!... En el fondo, es posible que los poetas
+tengan razón y que más valiera el que las cosas siguiesen así. Lo malo
+es la competencia. Cuando los ríos de otras partes se han puesto de
+lleno a trabajar y están constantemente transportando cargamentos y
+moviendo turbinas, los nuestros tienen que prepararse a la defensa. Con
+unos ríos ociosos y un material agrícola prehistórico no se puede
+conseguir ya nada más que una flor natural en algún certamen literario
+de provincias, una escribanía de plata o una colección de las obras
+completas del marqués de Figueroa.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X<br /> <br />
+PROPIEDAD, ABOGADISMO, POLÍTICA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">xcepto</span> el autor de estas líneas, todos los gallegos son propietarios.
+El pobre más pobre puede siempre cosechar un repollo y ponerlo a hervir
+en su olla al amparo de cuatro tejas familiares. Difícilmente podrá
+encontrarse país alguno donde la propiedad esté tan distribuida como en
+Galicia. Hay fincas como una alcoba y otras como un pasillo. De algunas
+huertas apenas si lograrían sacarse al año patatas bastantes para un
+banquete de treinta cubiertos. ¿Quién va a comprar, para cultivarlas,
+máquinas sembradoras ni tractores automóviles?</p>
+
+<p>Esta subdivisión de la propiedad no creo que resuelva, ni muchos menos,
+el problema de alimentar al campesino; pero, en cambio, mantiene al
+abogado. Cada ferrado de terreno gallego está siempre en pleito con uno
+de los ferrados de terrenos vecinos. El solo hecho de la entrada a una
+finca que, muchas veces, se encuentra rodeada de veinte o treinta, suele
+ser un semillero de cuestiones, y, mientras se arruina el campesino, el
+abogado engorda. Bien es verdad que los campesinos son también un poco
+abogados. Todos son abogados aquí, unos con título y otros sin él. Yo no
+sé si la marrullería gallega es una consecuencia de la subdivisión de la
+propiedad, o si los gallegos han conseguido que la propiedad se
+subdividiese gracias a su proverbial marrullería. Lo que sí sé es que
+ambas cosas se relacionan y se apoyan, dando origen a una tercera: la
+política. Este ambiente abogadil de intrigas constantes y de habilidades
+pequeñas no puede ser más a propósito para la formación del político
+español. De él salió Montero Ríos, su representante máximo, con toda esa
+caterva de hijos, sobrinos, yernos, amigos y contertulios que nos
+mangonean todavía...</p>
+
+<p>Hay quien opina que subdividir la propiedad es una manera de abolirla y
+que no existe diferencia entre el que la propiedad sea de todos y el que
+no sea de nadie. Es como si a cada uno nos diesen un balón de oxígeno
+para respirar y nos dijesen que eso equivalía exactamente al uso libre
+de la atmósfera. La socialización de la propiedad se hará en toda España
+antes que en Galicia, donde no falta quien ya la considere hecha. En
+Galicia la tierra es de todos; pero tan pronto como un gallego traspone
+su propio ferrado de secano o de regadío, cada paso que da le cuesta un
+pleito. Los andaluces tienen una fama de generosos contraria a la de los
+gallegos, y es muy posible que esta fama esté justificada. Andalucía es
+un país de proletarios, donde el espíritu de propiedad no ha tenido
+ocasión de difundirse. Galicia, en cambio, es un país donde todos poseen
+algo, a excepción de algún escritor más o menos original, como el autor
+de esta crónica.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI<br /> <br />
+EL CELTA MIGRATORIO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">a</span> emigración?&mdash;me dice un amigo&mdash;. Pero, ¿usted cree que la emigración
+es un mal? Todo el dinero que ganan los gallegos en América viene luego
+aquí, a mover nuestra industria. Y no es sólo dinero lo que los indianos
+hacen circular entre nosotros, sino también espíritu de progreso y de
+tolerancia. Con su acento absurdo, diciendo San Jorge de Bolsas en vez
+de San Jorge de Sacos, y cosas por el estilo, los gallegos que vuelven
+de América están modernizando Galicia. Desengáñese usted. La emigración
+es un bien...</p>
+
+<p>Yo estaba ya completamente desengañado. Creo que la emigración es un
+bien; pero en esto, precisamente, consiste el mal. Hay circunstancias en
+las que un hombre no tiene más recurso que ponerse al servicio de otro
+hombre si no quiere morirse: a ese hombre le conviene hacer de criado;
+pero, indudablemente, el estado de criado no constituye un estado
+envidiable. La emigración es un bien, y esto es lo malo. También es un
+bien salir de presidio; pero sería mucho mejor no haber entrado en él.</p>
+
+<p>Hay quien atribuye la emigración de los gallegos a su sangre celta, y
+apoya esta opinión con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde
+la raza céltica se conserva más pura, es también pródiga en emigrantes.
+Yo no quiero negar el espíritu aventurero de la raza céltica, a la que,
+según parece, tengo el honor de pertenecer; pero, ¿por qué es tan
+aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no sé
+qué enfermedad, y desde entonces al 1850 más de un millón de irlandeses
+huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos
+años más celtas que nunca. Después desapareció la enfermedad de la
+patata, y la emigración irlandesa disminuyó en un 80 por 100. Amigo
+lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrézcale una patata y,
+acto continuo, lo convertirá usted en un europeo sedentario. Las razas
+aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de
+libertad. Se echa de sus casas a los judíos, a los polacos y a los
+armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se
+dice que tienen un espíritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen,
+que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace...</p>
+
+<p>La emigración es un bien para Galicia y para España; pero, sobre todo,
+lo es para América. Por cada mil pesetas en dinero que los emigrantes
+mandan aquí, ¿cuántas no se dejarán allí en trabajo? Desgraciadamente,
+aquí el trabajo no les produciría nada, y la emigración sigue. En
+Galicia no se ven apenas más que mujeres, viejos que ya han vuelto de
+América, niños que esperan a ir, caciques y curas. Por cada revista
+madrileña que llega a Galicia, hay cinco o seis revistas argentinas. No
+falta en Galicia quien tome su mate por las tardes leyendo <i>Caras y
+Caretas</i> o <i>El Mundo Argentino</i>. Y a mí el separatismo político no me
+asusta; pero este separatismo práctico me parece una cosa muy seria.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII<br /> <br />
+GRANDES HOMBRES</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> provincias están llenas con estatuas de grandes hombres, sin contar
+las grandes mujeres, como Concepción Arenal y doña Emilia Pardo Bazán.
+Y, ante este fenómeno, yo no puedo menos de preguntarme:</p>
+
+<p>&mdash;¿Hay muchas estatuas porque hay muchos grandes hombres, o hay muchos
+grandes hombres para que haya muchas estatuas? ¿Quién hace a quién? ¿El
+escultor es una consecuencia del grande hombre, o el grande hombre una
+consecuencia del escultor?</p>
+
+<p>Desde luego, parece evidente que los grandes hombres, en caso de
+necesidad, podrían, bien que mal, arreglárselas sin escultores. En
+cambio, los escultores se verían bastante apurados el día en que hubiese
+una huelga de grandes hombres.</p>
+
+<p>Un escultor amigo mío, hablándome de cómo iba el hombre resolviendo su
+vida, me decía recientemente:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo bastante que hacer. Antes sólo había trabajo en España para una
+media docena de escultores. Ahora trabajamos constantemente cerca de un
+centenar.</p>
+
+<p>Yo me acordé entonces del Sr. Salaverría y de sus imprecaciones contra
+el pesimismo. Indudablemente&mdash;me dije&mdash;el Sr. Salaverría tiene razón.
+Estamos en un período de gran florecimiento. ¿Cómo puede encontrarse en
+decadencia un país que produce grandes hombres bastantes para emplear a
+cien escultores diarios?</p>
+
+<p>Pero luego me asaltó la idea de que, si España dejase de producir
+grandes hombres repentinamente, esos cien escultores no iban a morirse
+de hambre.</p>
+
+<p>&mdash;A falta de grandes hombres&mdash;pensé&mdash;, se arreglarían con hombres
+medianos, y hasta con hombrecitos chiquitines.</p>
+
+<p>Y de situar esta hipótesis en el porvenir a trasladarla al presente no
+había más que un paso. No son los grandes hombres quienes hacen a los
+escultores, sino los escultores quienes hacen a los grandes hombres. Se
+van por las capitales de provincia y trabajan el artículo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿es posible?&mdash;exclaman&mdash;. ¿Cómo tienen ustedes esta alameda así,
+sin un grande hombre ni nada?</p>
+
+<p>&mdash;¿Un grande hombre?</p>
+
+<p>&mdash;Sí. Un grande hombre. Un hijo ilustre de la provincia.</p>
+
+<p>Los provincianos no se acuerdan de ninguno.</p>
+
+<p>&mdash;Fíjense ustedes bien. No faltará por ahí un filántropo, un héroe, un
+cronista local, aunque sea un ex ministro.</p>
+
+<p>Generalmente, se acaba por elegir al ex ministro, y el escultor, que ya
+suele tener preparados cuerpos para ex ministros, para filántropos y
+para generales, no hace más que preparar la cabeza y enchufarla. En una
+ciudad, cuyo nombre no importa, el poeta local fue desechado porque era
+tuerto, y se le sustituyó con un abogado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un tuerto!&mdash;decía el escultor&mdash;. Si me dieran ustedes un ciego, les
+haría una obra magnífica; pero, ¡por Dios!, no me den ustedes un tuerto.</p>
+
+<p>&mdash;Es que es el único hombre de algún mérito que tenemos por aquí. El
+único digno de una estatua.</p>
+
+<p>El escultor fue irreductible:</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo va a ser digno de una estatua un tuerto? ¿Cómo va un tuerto a
+tener mérito?</p>
+
+<p>Los que no somos tuertos no debemos desconfiar todavía de llegar a tener
+nuestra estatua; pero, para adquirir una personalidad algo estatuaria,
+debemos dejarnos crecer la barba y vestir siempre de levita.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIIa" id="XIIIa"></a>XIII<br /> <br />
+¿QUIÉN SOY YO?</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">abe</span> usted quién soy yo?&mdash;me dice un señor, colocándose en plena luz
+delante de mí.</p>
+
+<p>Positivamente yo no sé quién es este señor, pero me guardo muy bien de
+decirlo así, porque temo entristecerlo.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo una idea&mdash;le contesto&mdash;. Su cara de usted no me es
+desconocida...</p>
+
+<p>&mdash;Fíjese usted bien...</p>
+
+<p>Me fijo bien.</p>
+
+<p>&mdash;¿No ha visto usted nunca caras parecidas a la mía?</p>
+
+<p>Indudablemente, yo he visto caras parecidas a la de este señor: caras
+con una nariz, caras con unos ojos, caras con unos bigotes... También he
+visto sombreros de jipi-japa semejantes a este sombrero de jipi-japa.
+Sin embargo, no caigo.</p>
+
+<p>&mdash;No hay duda&mdash;exclamo&mdash;de que yo le conozco a usted; pero, así, de
+momento, no doy con el nombre...</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que no puede usted decirme quién soy yo?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor...</p>
+
+<p>El hombre se queda muy apesadumbrado. ¿Se tratará, acaso, de un hombre
+que ignora su estado civil y que pretende averiguarlo preguntándoselo a
+las gentes? ¿Considerará este hombre, tal vez, que, siendo periodista,
+yo debo estar mejor informado que las otras personas? ¡Caso triste, en
+verdad, el de un señor que no sabe quién es y que no encuentra quien se
+lo diga!... Yo comienzo a afligirme, pero el señor me recita de pronto
+su nombre, su edad, su profesión, sus apellidos y sus motes.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que usted sabía quién es?&mdash;exclamo.</p>
+
+<p>&mdash;Claro está.</p>
+
+<p>&mdash;Y entonces&mdash;prosigo&mdash;, ¿con qué objeto me lo preguntaba usted a mí?</p>
+
+<p>No me lo preguntaba para informarse, sino que lo hacía con una intención
+perfectamente capciosa.</p>
+
+<p>Yo permanezco algo desconcertado, y al poco rato comparece otro hombre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola!&mdash;exclama el otro hombre&mdash;. ¿No sabes quién soy?</p>
+
+<p>&mdash;No sé quién eres.</p>
+
+<p>&mdash;Y éste&mdash;añade señalando a un compañero suyo&mdash;, ¿tampoco sabes quién
+es?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco. No sé quiénes sois; pero tal vez puedan informaros en el
+Juzgado municipal.</p>
+
+<p>Desde que estoy en el pueblo, numerosas personas se me han acercado para
+que les diga sus nombres. Al principio procuraba complacerlas y hacía
+esfuerzos inauditos a fin de recordar bien. Ahora ya no me canso. Se
+trata de un <i>sport</i> local que no me interesa gran cosa. Faltas de otro
+entretenimiento, las gentes esperan aquí cinco, diez o quince años el
+regreso de algún convecino viajero para preguntarle quiénes son. Quieren
+ver si uno ha conservado la memoria durante sus viajes, y, si el tabaco,
+por ejemplo, se la ha estropeado a uno, entonces le consideran a uno un
+hombre terriblemente orgulloso.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIVa" id="XIVa"></a>XIV<br /> <br />
+EL CAMINO DE SANTIAGO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> que quiera trasladarse en ferrocarril al siglo <span class="smcap">xiii</span>, que no piense en
+Santiago. Lo más siglo <span class="smcap">xiii</span> de Santiago es el viaje. Desde la Coruña se
+va en automóvil, pero ¡qué automóvil! Viajando en él, yo he tenido una
+sensación de cosa arcaica y primitiva que no hubiese podido tener nunca
+viajando en una diligencia. Me parecía así como si el automovilismo
+fuese una invención medieval, una invención que se hubiese perfeccionado
+en otras partes a fuerza de siglos, pero que hubiese permanecido
+estacionaria en el camino de Santiago. Si me aseguran que cuando se
+descubrió el cuerpo del Apóstol, aquel mismo automóvil había servido
+para conducir a Santiago los primeros peregrinos, yo lo creo sin
+vacilar.</p>
+
+<p>En Santiago quise comprar periódicos, pero no había más que <i>El Correo
+Español</i> y <i>El Debate</i>. Esto también me produjo una impresión de
+medievalismo. Se hablaba de la guerra, y a mí me parecía que, ya en el
+siglo <span class="smcap">xiii</span>, se debía de comentar en Santiago la guerra europea con el
+mismo criterio.</p>
+
+<p>Lo que me pareció más moderno fue la catedral. En ninguna parte se
+encuentran más adelantadas las catedrales medievales. La catedral de
+Santiago podía estar perfectamente en Francia, en Inglaterra o en
+Alemania, al lado de las fábricas y de los laboratorios. Ante la
+catedral de Santiago no se experimenta ninguna impresión de anacronismo.
+Esta impresión, si no se ha recibido antes, se recibe después, cuando
+uno pregunta las horas del tren para Villagarcía y le dicen a uno que
+este tren sólo sale tres veces por semana.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVa" id="XVa"></a>XV<br /> <br />
+EL BOTAFUMEIRO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ubo</span> un tiempo en que las catorce puertas de la catedral de Santiago no
+se cerraban de día ni de noche. Constantemente llegaban peregrinos de
+todas las partes del mundo, que, entonces, sólo eran tres. Venían persas
+con las cabezas tonsuradas; griegos que traían tatuado en las manos el
+signo de la cruz; ingleses, irlandeses, franceses, italianos, eslavos...
+Unos, mudos de nacimiento, querían que el Apóstol les concediese el uso
+de la palabra; otros, ciegos, deseaban ver, y muchos sólo se proponían
+cobrar una herencia, ya que en la Edad Media, para cobrar una herencia
+solía imponerse como condición la peregrinación a Santiago. No faltaban
+príncipes que, en vísperas de alguna batalla, viniesen a implorar el
+auxilio militar del Apóstol contra sus enemigos. Fuera de la catedral,
+unos hombres, sentados en cuclillas, iban apilando a su alrededor
+monedas de todos los países. Eran los cambiantes, padres de nuestros
+actuales banqueros. Dentro, los peregrinos, agrupados por
+nacionalidades, rezaban y cantaban. Cantaban en sus diversos latines
+respectivos y se acompañaban con sus instrumentos predilectos. Cítaras,
+crótalos, flautas, gaitas, arpas, salterios, trompetas, liras, todo
+sonaba allí, y el Apóstol hacía el milagro de armonizarlo. Luego, los
+peregrinos se iban a ver las reliquias, guiados por el <i>lenguajero</i>, una
+especie de intérprete de hotel, que sabía decir en varios idiomas
+piedra, corona, cuchillo, hacha, sombrero...</p>
+
+<p>Unos peregrinos viajaban a sus expensas; otros venían implorando la
+caridad. La mayoría llegaban rotos, sucios, mugrientos y enfermos.
+Algunas veces se declararon en Santiago epidemias muy serias, y el
+Apóstol no daba abasto haciendo milagros. Fue entonces cuando se inventó
+el <i>botafumeiro</i>, «rey de los incensarios», como le llama Víctor Hugo.
+El <i>botafumeiro</i> no fue en sus orígenes un objeto litúrgico, sino,
+sencillamente, un aparato de desinfección. Lo cargaban con incienso
+porque todavía no existía el ácido fénico. Aquellos peregrinos, que
+venían directamente desde el fondo del Asia, tenían mucha fe, pero olían
+muy mal, y los santiagueses procuraban aislarlos en una nube de
+incienso. Si hubieran podido, también se hubiesen untado las narices con
+aceite mentolado, y quizás hoy, al olor del aceite mentolado, uno se
+llenase de evocaciones religiosas y viese, en su imaginación, coros de
+ángeles y serafines...</p>
+
+<p>¡Grandioso <i>botafumeiro</i>! Hoy, que la falta de fe lo mantiene ocioso,
+¿por qué no se piensa el medio de trasladarlo al Congreso? Cuanto más
+animados fuesen los debates, el <i>botafumeiro</i> giraría más velozmente. Y
+en vez de procurarse una entrada o de leer el <i>Diario de las Sesiones</i>,
+uno se limitaría a ver, desde fuera, cómo salía y se elevaba y se
+desvanecía el humo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIa" id="XVIa"></a>XVI<br /> <br />
+CABEZAS DE CERDO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ace</span> tiempo, los cerdos de Galicia llevaban una vida completamente
+patriarcal. Eran, quizás, algo inmorales, eran glotones y tenían una
+cierta socarronería muy campesina; pero ninguno de ellos estaba
+contaminado por las ideas del siglo. Los chicos de los paisanos crecían
+entre ellos, y a veces, chicos y cerdos dormían en la misma habitación.
+¿Puede imaginarse nada más virgiliano? En ciudades como Santiago había
+quien se llevaba los cerdos a un segundo piso y salía luego a pasearse
+con ellos entre los canónigos, los tenientes de la guarnición y los
+estudiantes de latín. Una señorita inglesa que estuvo hace algunos años
+en la ciudad del Apóstol&mdash;la autora de <i>Galicia. The Switzerland of
+Spain</i>&mdash;le preguntó a su hostelera si era cierto lo que se decía de los
+cerdos santiagueses como animales de sociedad.</p>
+
+<p>&mdash;No son únicamente los cerdos&mdash;contestó la interpelada&mdash;. Desde su
+ventana puede usted ver dos cabras en el piso de enfrente. Sus dueños
+las tratan como personas de la familia...</p>
+
+<p>Todavía hay en Santiago quien recuerda a Montero Ríos guiando por las
+calles un rebaño de cerdos. Más tarde guió electores. Luego,
+diputados...</p>
+
+<p>Sí. Los cerdos llevaban aquí una vida completamente patriarcal. Cuando
+les llegaba su San Martín, berreaban horriblemente y estiraban una pata,
+que era un jamón. Morían dolorosamente, pero sin remordimientos de
+conciencia. Nunca habían tenido ambiciones ni vanidades. Si habían
+procurado engordar, no lo hicieron por ellos tanto como por sus dueños.
+Engordaron para que sus morcillas fuesen más sabrosas y para que su
+tocino le diera más gusto al caldo de las buenas familias en cuyo seno
+habían vivido.</p>
+
+<p>Pero ahora hay en Galicia una nueva generación de cerdos. A poco de
+estallar la guerra, unos hombres extraños vinieron por aquí y
+soliviantaron a los cerdos, a las gallinas y a otros muchos animales
+domésticos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto os dan aquí por una docena de huevos?&mdash;parece que les
+preguntaron a las gallinas.</p>
+
+<p>&mdash;Y los jamones&mdash;dijeron, dirigiéndose a los cerdos&mdash;, ¿a cómo los
+vendéis?</p>
+
+<p>El cerdo, animal muy tradicionalista, dio un gruñido y no hizo caso. La
+gallina cacareó. Pero aquellos hombres hablaron de los mercados
+extranjeros, donde todo se pagaba diez veces más que aquí, y hoy
+nuestros animales de corral y de alcoba han aprendido ya los caminos del
+mundo. El cerdo gallego tiene actualmente sus ideas industriales, ni
+más ni menos que si fuese un cerdo de Chicago. Dentro de poco será capaz
+de pedir que lo maten automáticamente y que lo desmenucen de un modo
+científico.</p>
+
+<p>Las costumbres patriarcales del cerdo gallego van desapareciendo. El
+cerdo progresa. Y si esto continúa así, será cosa de recomendar a
+nuestros políticos que coman cabeza de cerdo a ver si se les pega algo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIIa" id="XVIIa"></a>XVII<br /> <br />
+LA VIEIRA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">no</span> de los mariscos más dignos de estimación es la <i>vieira</i>. Madrid, que
+lo ignora todo respecto a provincias, no come <i>vieiras</i>, y es una
+lástima. Asadas en su concha, con un diente de ajo y un poco de
+pimentón, las <i>vieiras</i> son bastante más sabrosas que esos cangrejos de
+celuloide con que los madrileños pretenden consolarse de su falta de
+mar. En Inglaterra la vieira carece de triptongo; se llama <i>scallop</i>, y
+este nombre, escaso en vocales, es como si le quitara la mitad del
+gusto. Sin embargo, la <i>vieira</i> tiene allí, por lo menos, tanta
+popularidad como la ostra. En Francia las vieiras bretonas, las vieiras
+armoricanas, gozan de gran reputación y son consideradas un bocado
+exquisito. ¿Y saben ustedes cómo las llaman los franceses a las
+<i>vieiras</i>? Las llaman <i>coquilles Saint-Jacques</i>, o conchas de Santiago.</p>
+
+<p>Porque la vieira es el marisco del Apóstol. Es un marisco casi sagrado,
+así como otros mariscos son literarios, y otros, políticos. Se cuenta
+que cuando el cuerpo de Santiago fue conducido al Padrón, un caballero
+que deseaba acompañarlo llegó tarde al puerto. El barco había izado ya
+sus velas y se perdía en el horizonte, sobre un mar de oro y de plata.
+Entonces el caballero hizo el signo de la cruz y se lanzó audazmente
+entre las olas. Durante varios días su caballo fue galopando sobre el
+fondo del mar, con gran asombro de merluzas y salmonetes, y cuando
+llegaron a Iria Flavia, caballo y caballero estaban cubiertos de
+<i>vieiras</i>. Desde entonces la vieira ha sido el símbolo de los
+peregrinos, y para que éstos no tuviesen que ir a buscarlas debajo del
+mar&mdash;la experiencia del caballero no se consideraba concluyente y había
+el temor de que algún peregrino pudiese morir ahogado&mdash;, los
+santiagueses se las vendían ya muy bien preparadas. Al principio vendían
+conchas naturales. Después hacían conchas de cobre, de plata, de latón,
+de porcelana y de azabache. Todavía existe en Santiago la calle de los
+Azabacheros, desde donde se ve una fachada de la catedral, y a esta
+fachada se la llama la Azabachería. Y muchas casas, que antiguamente
+sirvieron de mesones para los peregrinos, conservan aún, como
+distintivo, una concha de vieira esculpida a la entrada.</p>
+
+<p>Pocos mariscos unirán, como la <i>vieira</i>, una carne tan sabrosa a un
+abolengo tan ilustre. Ya, mucho antes de la Edad Media, la <i>vieira</i> le
+había servido a Afrodita, surgiendo del mar, para alisarse los húmedos y
+admirables cabellos. Hoy Afrodita usa peines bastante más caros; pero
+esto no quiere decir nada contra la <i>vieira</i>. La <i>vieira</i> es el <i>pecten
+Veneris</i> de los antiguos, y el Arte ha buscado mil veces inspiración en
+sus curvas sencillas y maravillosas.</p>
+
+<p>De paso en Galicia, tierra de <i>vieiras</i>, yo me considero obligado a
+hacer la apología de este marisco. Creo que Madrid no debe ignorarlo, y
+que mantenerlo más tiempo en el olvido sería una política funesta. Si
+Madrid no se interesa por nuestras vieiras, ¿cómo va a interesarse por
+nuestros conflictos sociales? Indudablemente, la política central carece
+de sensibilidad con respecto a provincias.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XVIIIa" id="XVIIIa"></a>XVIII<br /> <br />
+OPINIONES POLÍTICAS Y LITERARIAS DE LA ROSARIO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">l</span> volver a Madrid, tras una ausencia de mes y pico, soy cariñosamente
+acogido por mi buena Rosario, una chica mitad ama de llaves y mitad
+cocinera, que arregla mis papeles y cuida de mi estómago.</p>
+
+<p>&mdash;Te entrego mi estómago, un poco estropeado por las salsas al por
+mayor&mdash;le dije al darle posesión de su cargo&mdash;, y espero que me lo
+trates bien. El estómago es el alma del escritor. Con un poco de acidez
+o de flatulencia, yo haría una literatura triste y perdería lectores. Al
+nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme
+guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el
+respeto de la crítica y la aceptación del público.</p>
+
+<p>Desde entonces, la Rosario pone sus cinco sentidos en la cocina. A
+veces, advierto la desaparición de algún plato, pero no es culpa de la
+Rosario.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no lo rompí. Fue él. Lo tenía en la mano, y se cayó. Se hizo
+pedazos contra el suelo...</p>
+
+<p>&mdash;Debe de ser un caso de suicidio&mdash;observo yo entonces&mdash;. El pobre plato
+estaría desesperado de la vida.</p>
+
+<p>Otras veces, la carne está espantosamente dura, y la Rosario dice que no
+ha querido cocerse. Verdaderamente, ¿qué interés puede tener la carne en
+ponerse blanda?</p>
+
+<p>Pero, a pesar de todo, la Rosario es una excelente muchacha. Yo le doy a
+leer los libros de mis amigos, y luego le pregunto qué es lo que
+opinamos de ellos. La Rosario tiene un criterio literario en el que la
+crítica no ha ejercido aún su perniciosa influencia: un criterio sano y
+honrado. Algunos autores, al enviarme sus obras, lo hacen dedicándoselas
+ya a la Rosario, y no falta quien le prodigue adjetivos laudatorios para
+congraciarse con ella.</p>
+
+<p>Ahora, al volver de Galicia, la Rosario me contó todo lo que había
+ocurrido durante mi ausencia. Yo había estado más de un mes sin recibir
+cartas ni leer periódicos, y quería restablecer mi contacto con la vida
+urbana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se han suicidado muchos platos? ¿Han traído muchas cuentas? ¿En qué
+nuevas aventuras se ha metido el amigo Charlot?...</p>
+
+<p>La Rosario ha ido contestándome a todas estas preguntas y satisfaciendo
+así mi curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;Y Gobierno, ¿qué Gobierno tenemos ahora?&mdash;añadí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Gobierno? Yo creo que tenemos el mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Imposible, Rosario. Hace más de un mes que salí de Madrid, y no es
+posible que un Gobierno dure tanto. Seguramente tenemos un Gobierno
+nuevo.</p>
+
+<p>La Rosario entonces reflexionó un poco, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Quizás. La verdad, yo, que gobiernen unos o que gobiernen otros, no lo
+noto nunca...</p>
+
+<p>Y aquí me tiene el lector, ignorando si estoy gobernado por Maura, por
+Sánchez de Toca o por Romanones. En casa no lo notamos. Las patatas
+cuestan lo mismo. El alquiler no baja. Los guisos salen igual...</p>
+
+
+
+<h2><a name="EN_EL_PAIS_DE_LA_RULETA" id="EN_EL_PAIS_DE_LA_RULETA"></a>EN EL PAÍS DE LA RULETA</h2>
+
+
+
+<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I<br /> <br />
+LOS TEMAS LITERARIOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">os</span> escritores solemos dirigirnos a «el lector», poco más o menos, así
+como los criados se dirigen a «el señor». Desgraciadamente, este
+concepto de «el lector» es demasiado vago. Por lo general, el lector
+tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el
+lector&mdash;este lector de quien hablamos tanto los escritores&mdash;fuese una
+realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigiría a él y le diría:</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué artículo de San Sebastián quiere usted que yo le haga? ¿El de la
+lluvia? ¿El del jugador? ¿El de las pulgas? ¿El de la Concha? ¿El del
+objeto perdido? ¿El de la misteriosa extranjera...?</p>
+
+<p>Porque en San Sebastián no hay arriba de doce temas para artículos. Los
+corresponsales madrileños que vienen aquí hacen las mismas crónicas cada
+temporada. Yo conozco a un compañero que lleva ya quince sobre la
+lluvia. Es un especialista.</p>
+
+<p>¿Cómo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras
+cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal
+abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no varía
+sus temas literarios, una playa que no renueva sus crónicas, está
+condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastián resultará una
+cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantábrico o del
+Mediterráneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los
+cronistas. Los periódicos madrileños se apresurarán a mandar allí la
+nube de corresponsales que ahora envían a San Sebastián. Al artículo de
+la lluvia sucederá el artículo del sol o del relente; la crónica de las
+pulgas será substituida por una sobre las chinches o sobre las
+cucarachas. ¡Qué placer para los periodistas y para los lectores de
+periódicos! Será una transformación literaria comparable tan sólo al
+advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirán en masa a la
+nueva playa de moda, y San Sebastián desaparecerá del mundo como centro
+de placeres.</p>
+
+<p>Yo he llegado a San Sebastián hace varios días. Mi querido Fernández
+Flórez estaba todavía aquí.</p>
+
+<p>&mdash;Supongo&mdash;le dije&mdash;que me habrá dejado usted algún tema disponible,
+aunque sea de segundo o tercer orden.</p>
+
+<p>Fernández Flórez se rascó la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Veamos, veamos&mdash;insistí yo&mdash;. Ha hecho usted ya el artículo de la
+lluvia, el del Casino, el de las pulgas...</p>
+
+<p>Los había hecho todos, y, además, los había hecho como yo precisamente
+hubiese querido hacerlos.</p>
+
+<p>«Voy a tener que volverme a Madrid», pensaba yo.</p>
+
+<p>En esto transponíamos las puertas del Casino, y yo observé que el
+portero era tuerto.</p>
+
+<p>«¡Qué coincidencia!&mdash;exclamé&mdash;. Este portero tuerto, aquí donde se juega
+tanto dinero... ¿Es que habrá todavía en San Sebastián una crónica por
+hacer?»</p>
+
+<p>Pero Fernández Flórez ya había hablado también del portero tuerto...</p>
+
+<p>El Municipio de San Sebastián creerá, sin duda, que esto de los temas
+literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastián no tardará en
+sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de
+los concejales, del Casino, de las sociedades de atracción de
+forasteros, de las comisiones de festejos, etcétera, etc. Estas
+entidades debieran renovar cada temporada los temas periodísticos de San
+Sebastián, a fin de que ningún corresponsal permaneciera aquí ocioso.
+Más que de dinero se trata de organización. Con seis temas inéditos por
+temporada, San Sebastián podría ir tirando todavía.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II<br /> <br />
+EL TREINTA Y CUARENTA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">agan</span> juego, señores...!</p>
+
+<p>Sobre la mesa van cayendo fichas de un duro y de cuatro duros, y placas
+de 50, de 100, de 500 y de 1.000 pesetas. Las raquetas van y vienen,
+manejadas por manos febriles. Un señor, alargando trabajosamente el
+brazo por entre la muchedumbre, pone 1.000 pesetas a encarnado. Es un
+jugador de <i>a pie</i>. Los empleados dividen a los jugadores en dos
+categorías fundamentales: jugadores de a pie y jugadores sentados, y la
+primera categoría es la única que les infunde cierto pavor. Si el
+jugador de a pie gana, en efecto, hay muchas probabilidades de que se
+vaya con la ganancia. Puede dar un pase, dos, tres y marcharse con 15 o
+20.000 pesetas. En cambio, el jugador sentado no importa que amontone
+algún dinero. La banca siempre tiene esperanzas de recuperarlo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hagan juego...!</p>
+
+<p>Los mirones encuentran floja la partida.</p>
+
+<p>&mdash;Esto está aburridísimo&mdash;dicen&mdash;. No hay sangre...</p>
+
+<p>Algunos reconvienen a sus amigos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué juega usted a ese paño? Es absurdo...</p>
+
+<p>Y luego, si por casualidad aciertan, insistirán en sus censuras,
+llenando de vituperios a los pobres perdidosos.</p>
+
+<p>&mdash;¿No se lo dije yo a usted? Si era infalible...</p>
+
+<p>&mdash;Yo prefiero ganar diez duros a negro&mdash;murmura una voz&mdash;que 1.000
+pesetas a encarnado. ¡Qué quiere usted! Es una manía. Además, no me
+sería posible jugar a encarnado. ¡Hace ya noventa y un años que juego a
+negro...!</p>
+
+<p>Vuelvo la cabeza y veo a un viejecito que empuja las fichas con una
+raqueta temblorosa. Debe de sentirse próximo a la muerte, y por eso no
+juega a encarnado. Acaso ganara; pero por unos cuantos duros no va a
+dejar a última hora su camino de siempre. ¡Qué hermoso ejemplo de
+consecuencia para los políticos! Yo lo someto a la consideración de un
+distinguido diputado, el cual se echa a reír.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves. En solo media hora he ganado 20.000 pesetas con mi juego de
+alternativa...</p>
+
+<p>El <i>croupier</i> va cantando con un acento muy francés:</p>
+
+<p>&mdash;Siete... Cuatro... <i>Encagnado</i> gana <i>et colog</i>.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué le vamos a hacer!&mdash;suspira el viejecito.</p>
+
+<p>Y vuelve a jugar a negro. Su cara está alegre, sonriente, satisfecha. Se
+ve que este hombre, tan próximo al umbral de la otra vida, lo traspasará
+sin temor alguno. Ha sido un hombre leal. Ha cumplido siempre, sin
+vacilaciones, el deber que se impuso noventa y un años atrás. Su
+conciencia está tranquila. Cuando Dios le llame a juicio y le pregunte
+si jugó alguna vez a encarnado, él dirá:</p>
+
+<p>&mdash;Nunca. Seguí el negro en la adversidad como en la fortuna, en sus
+horas buenas y en sus horas malas, cuando todos acudían a él lo mismo
+que cuando se veía abandonado de todos...</p>
+
+<p>&mdash;Dos...&mdash;canta el empleado.</p>
+
+<p>Y, extendiendo sobre la mesa otra hilera de cartas, vuelve a cantar:</p>
+
+<p>&mdash;Dos...</p>
+
+<p>Es un <i>aprés</i>. Uno de los que juegan a negro retira su postura.</p>
+
+<p>&mdash;Hace usted mal&mdash;le dice un mirón&mdash;. Eso lo que demuestra es la fuerza
+de la baraja. Ya ve usted si será fuerte el encarnado, que ni a dos
+puede ganarle el negro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuántos encarnados van?&mdash;pregunta alguien.</p>
+
+<p>&mdash;Cuatro.</p>
+
+<p>&mdash;Es una racha. Hay que aprovecharla...</p>
+
+<p>Llueven sobre el encarnado fichas, placas y billetes. Los postores de
+grandes sumas las hacen asegurar. Naturalmente que este seguro no es
+contra la pérdida. No se ha llegado aún a constituir una compañía que
+asegure las rachas de un color contra el color contrario. Es únicamente
+para el caso de que se dé un <i>aprés</i> de treinta y una. Por un duro cada
+cien duros o fracción de cien duros, el jugador garantiza su capital
+contra lo que constituye el cero del treinta y cuarenta.</p>
+
+<p>Se produce una gran emoción. Al griterío de hace un segundo sucede un
+silencio imponente. Estamos como en el circo, cuando para la música y se
+avecina el ejercicio peligroso.</p>
+
+<p>El empleado comienza a echar las cartas, y el encarnado saca dos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Otra vez dos?</p>
+
+<p>&mdash;¡Malo! ¡Malo...!</p>
+
+<p>&mdash;Ahora quiebra la racha...</p>
+
+<p>Y, en efecto, quiebra la racha. El negro gana. Las raquetas de los
+empleados, miradas con ojos de perdidosos, parecen enormes...</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha visto usted con lo que se sale ahora la baraja?&mdash;exclama uno de
+los que habían puesto a encarnado&mdash;. Mire usted...</p>
+
+<p>Y enseña su cartón. Estos cartones están divididos en columnas donde se
+marcan con puntos los colores que ganan. En una columna se ponen los
+puntos correspondientes al negro, y, en otra, los correspondientes al
+encarnado. Luego se trazan las líneas de punto a punto y se va
+obteniendo un gráfico del juego, que es algo así como el gráfico de una
+fiebre tifoidea. Hay juegos serpentinos, de línea inquieta, que salta
+constantemente de columna a columna y que podrían llamarse juegos de
+alambique. Hay juegos casi rectos, en los que se dan 10, 15, 20 negros o
+encarnados sucesivos. Hay juegos mixtos... Lo malo es que el gráfico del
+juego no se conoce hasta el final. El jugador que ve salir cuatro negros
+consecutivos deduce que el juego lleva una dirección recta, y haciendo,
+a su vez, un juego recto, pone su dinero a negro. Naturalmente que, a lo
+mejor, sale encarnado. Entonces el jugador dice que ha quebrado el juego
+y considera que la baraja se ha hecho traición a sí misma. Yo me inclino
+a creer que los jugadores se precipitan en sus juicios sobre las
+barajas. ¿Que por qué, si a la postre iba a resultar que se trataba de
+una baraja de alternativa, ha comenzado el juego con cuatro encarnados?
+¡Quién sabe! A lo mejor la baraja lo hizo para despistar...</p>
+
+<p>&mdash;Ha quebrado el juego. Mire usted mi cartón...</p>
+
+<p>En realidad, lo único que ha quebrado es la línea.</p>
+
+<p>Todo el mundo pierde, excepto el viejecito y un señor que había puesto
+1.000 pesetas a negro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por no saber jugar!&mdash;murmura un técnico, en discusión con otro
+jugador&mdash;. Ese señor ha ganado, ¿y qué? ¿Es que demuestra algo el que
+haya ganado ese señor?</p>
+
+<p>Porque ante la teoría general, ante la ley profunda del treinta y
+cuarenta, los hechos aislados carecen de importancia. ¿Es que se va a
+destruir con 1.000 pesetas toda una filosofía?</p>
+
+<p>&mdash;Oye, dame dos duros&mdash;dice una voz femenina.</p>
+
+<p>&mdash;Pídeselos a Marquet&mdash;contesta una voz masculina.</p>
+
+<p>&mdash;Es que ya ves lo que ha pasado. Ha quebrado la racha...</p>
+
+<p>&mdash;Yo llevo perdidas ya 40.000 pesetas desde el mes de agosto&mdash;le dice
+una amiga a la pedigüeña.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuarenta mil pesetas? Y ¿a quién se las has perdido?</p>
+
+<p>&mdash;Se las perdí a varios. Si fuese para comer, no me las hubiesen dado...</p>
+
+<p>Un jugador abandona su asiento con cara de malhumor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Perdió usted mucho?</p>
+
+<p>&mdash;No. Perdí poco; pero lo que más me indigna es ver ganar a los amigos.
+Que yo pierda, pase. Que ganen los desconocidos, pase. Que ganen los
+amigos, eso, francamente, me desespera.</p>
+
+<p>Se oye la voz del empleado, que domina todas las otras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hagan juego, señores...!</p>
+
+<p>La mesa se llena de miles de pesetas. ¡Y luego diremos que el dinero
+español carece de audacia y que está dormido en las cuentas corrientes!</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III<br /> <br />
+LOS BOLSILLOS Y EL ESPÍRITU DE PROPIEDAD</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">V</span><span class="smcap">iendo</span>, en el Casino, a los empleados de las mesas de juego, se me han
+venido a la memoria las reflexiones de un oso: el oso <i>Atta Troll</i>,
+inmortalizado por Heine. Según <i>Atta Troll</i>, los hombres son unos
+animales infelices y depravados, y todo su mal proviene de la invención
+de los bolsillos. Si los hombres no usáramos bolsillos, no habría entre
+nosotros egoísmo, no habría ambición, no habría <i>tuyo</i> y <i>mío</i>, no
+habría propiedad, no habría tiranía... Seríamos como unos osos de
+diferente especie, serios y dignos, aunque aficionados a la danza.
+Desgraciadamente, un día los hombres inventaron los bolsillos, y desde
+entonces cada uno trata de meter en los suyos lo que debiera estar a la
+disposición de todos...</p>
+
+<p>En el Casino de San Sebastián, los empleados de las mesas de juego
+carecen de bolsillos. La dirección del establecimiento, como el oso de
+Heine, cree que, despojando de bolsillos a los hombres, se suprime en
+ellos el sentido de la propiedad, y a medida que los empleados llegan,
+hace que cambien sus trajes por unos trajes especiales, en los que no
+hay medio de guardar ni una sola perra chica. Los empleados pueden, así,
+manejar todas las noches miles y miles de duros sin la menor emoción. Si
+tuvieran bolsillos, tendrían, con ellos, el sentido de la propiedad, y
+al pensar que todo aquel dinero era un dinero ajeno, sufrirían tormentos
+espantosos. Sin bolsillos, esto es, sin sentido de la propiedad, no se
+les ocurre nunca guardarse un duro de nadie. Juegan con el dinero como
+jugarían con chinas al borde de la playa. Las fichas de 1.000 pesetas no
+los tantalizan ni poco ni mucho. Su estado de espíritu es igual al de
+los osos, para quienes no existe el concepto de la propiedad individual.</p>
+
+<p>Yo creo que todos los concurrentes al Casino debiéramos tomar ejemplo de
+los empleados, y no penetrar nunca en las salas de juego con nuestros
+trajes de costumbre. En vez del <i>smocking</i>, debiéramos ponernos también,
+para ir al Casino, unos trajes desprovistos de bolsillos. De este modo
+no se nos ocurriría nunca ganar el dinero de la banca y nos ahorraríamos
+el nuestro. Y, aunque se nos ocurriese, no podríamos intentarlo, porque
+nos habríamos dejado la cartera en casa.</p>
+
+<p>Mientras tanto, esto es, mientras la supresión de los bolsillos no se
+extienda de los empleados a los clientes, la cosa nunca podrá tener el
+valor de un ensayo social. Y es que, detrás de estos empleados
+desbolsillados que cantan los plenos y los colores, uno ve,
+imaginativamente, unos bolsillos enormes, profundos e insondables,
+adonde afluye el dinero de todos nosotros.</p>
+
+<p>Todavía es tiempo de que suprimamos nuestros bolsillos. Y si no los
+suprimimos ahora, espontáneamente, tendremos que suprimirlos muy pronto,
+por inútiles...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV<br /> <br />
+UN NUEVO SISTEMA PLANETARIO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> cuatro de la mañana. El Casino, que es como si dijéramos todo San
+Sebastián, ha cerrado ya sus puertas. No queda ni un solo
+establecimiento abierto. Los serenos, únicos transeúntes de la ciudad,
+marcan lentamente sus pasos en el silencio profundo. San Sebastián
+duerme.</p>
+
+<p>Desde mi balcón, sin embargo, en el hotel de enfrente, yo veo una
+ventana iluminada. Estas ventanas iluminadas a las altas horas de la
+noche han constituido siempre un gran motivo literario, y, últimamente,
+constituyen un poderoso motivo detectivesco. A mí me interesan en ambos
+sentidos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién habrá en esa habitación?&mdash;me pregunto&mdash;. ¿Será un enfermo que
+se revuelca sobre su lecho de dolor? ¿Será acaso un avaro contando su
+tesoro? ¿Será un veraneante en lucha con las famosas pulgas
+donostiarras? ¿Será, tal vez, un poeta que sacrifica su sueño para
+escribir, al dorso de una cuenta sin pagar, versos y más versos en honor
+de una amada que no existe? ¿Será una hermosa admirándose a sí misma
+ante el espejo, o será, quizá, una ex hermosa empastándose las arrugas y
+arrancándose las canas? ¿Serán unos recién casados? ¿Será un sabio?
+¿Será un espía alemán...?</p>
+
+<p>Yo apostaría a que es un jugador dedicado al ejercicio de la cábala
+sobre un plano de la ruleta. La ruleta viene a ser algo así como un
+segundo sistema planetario. Se trata de descubrir sus leyes y de fundar
+una ciencia que sea, con relación a la ruleta, lo que es la Astronomía
+con relación al Universo. Millares de hombres se han consagrado
+heroicamente a la causa y le han hecho todos los sacrificios: el de su
+inteligencia, el de su tiempo, el de sus cuartos... Hasta ahora, sin
+embargo, no hay una verdadera ciencia de la ruleta. Los jugadores que
+presumen de científicos, que leen la revista de Montecarlo y que hacen
+sus posturas con arreglo a un plan, no pasan de ser algo semejante a los
+antiguos astrólogos.</p>
+
+<p>No existen aún astrónomos de la ruleta. Acaso mi vecino sea un nuevo
+Giordano Bruno, a quien hará quemar el Sr. Marquet en la terraza del
+Casino. Mientras tanto, las leyes de la ruleta continúan en el misterio.
+¿Gira la bola alrededor de la ruleta, o gira la ruleta alrededor de la
+bola? He aquí una cuestión bien clara y concreta y que, siendo
+fundamental, no ha obtenido solución todavía. ¿Cómo podrían haberla
+obtenido las otras?</p>
+
+<p>&mdash;La ruleta&mdash;me decía un <i>amateur</i>&mdash;es la única obra humana
+verdaderamente perfecta. Ríase usted de las pirámides de Egipto. Ríase
+de la <i>Critica de la Razón Pura</i>. No hay más que la ruleta. Millares y
+millares de hombres han dedicado sus esfuerzos a encontrarle un defecto,
+y hasta ahora no se lo han encontrado. Hay quien dice que sí, que se lo
+ha encontrado, que la ruleta es inquebrantable con tal o cual
+combinación; pero no haga usted caso ninguno. El día en que se le
+encontrara un flaco a la ruleta, la banca se arruinaría, y la ruleta
+dejaría de existir. Mientras exista la ruleta es que no se le ha
+descubierto la menor imperfección. Y ¿usted ha visto qué equidad la de
+la ruleta? Si con un duro quiere usted ganar otro duro, tiene usted un
+50 por 100 de probabilidades en contra, y si quiere usted ganar dos
+duros, tiene usted un 75. El riesgo aumenta siempre, matemáticamente, en
+proporción a la ganancia. No hay nada más justo. No hay nada más
+equitativo. Si yo fuera escultor y quisiera representar a la Equidad, la
+representaría en forma de <i>croupier</i> manejando una ruleta...</p>
+
+<p>&mdash;Una ruleta sin cero&mdash;observo yo.</p>
+
+<p>&mdash;Claro. Una ruleta sin cero. De tan equitativa que es la ruleta, ha
+habido que ponerle un cero para garantizarle a las empresas sus gastos
+infinitos. Convénzase usted. La ruleta es la única obra humana
+verdaderamente perfecta...</p>
+
+<p>Esto decía mi amigo; pero actualmente mi entusiasmo supera al suyo. Para
+mí, la ruleta es algo más que una obra humana. Es, como he dicho antes,
+todo un sistema planetario. Los puntos se sientan alrededor de la
+ruleta, y poco a poco van quedándose desprovistos de dinero. ¿Qué leyes
+determinan esta atracción de la ruleta sobre el dinero de las gentes?
+Acaso mi vecino llegue a descubrirlas; pero, mientras tanto, permanecen
+en el más sombrío de los misterios. Se sabe el porqué del flujo y
+reflujo de la mar, se conoce el curso del Sol y el de la Luna, se
+predicen los eclipses al minuto; pero cuando la ruleta comienza a dar
+vueltas en un sentido, y la bola en el otro, nadie puede sospechar si va
+a darse el 7 o el 13, la primera, la segunda o la tercera docena, el
+rojo o el negro, la <i>manque</i> o la <i>passe</i>, el par o el impar... Y en el
+siglo <span class="smcap">xx</span>, todo afeitado y vestido de <i>smocking</i> o de frac, uno se
+encuentra ante la ruleta en el mismo estado de espíritu en que el hombre
+primitivo se encontraba ante el enigma del Universo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V<br /> <br />
+ROUSSEAU Y ANATOLE FRANCE</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ctualmente</span> sólo funciona un teatro en San Sebastián. No hay
+espectáculos. No hay baile. No hay <i>restaurants</i> nocturnos... ni apenas
+diurnos. La Policía, con el menor pretexto, clausura aquí todos los
+lugares de diversión y sólo queda para disputarse al veraneante estas
+dos potencias sobrehumanas: la Naturaleza y el Casino. Juan Jacobo
+Rousseau experimentaría un serio disgusto al ver que el Casino va
+venciendo. Anatole France, en cambio, para quien la civilización es una
+lucha constante del hombre contra la Naturaleza, sonreiría encantado.</p>
+
+<p>Porque no hay duda ninguna: la ruleta tiene mucho más éxito que el
+paisaje, con ser tan hermoso el paisaje de San Sebastián. Poco a poco,
+los alrededores de la bella Easo van quedándose sin clientela. El Casino
+les arrebata todos los parroquianos, y este triunfo es tanto más
+notable, cuanto que, frente al cielo azul, al verde mar, a los bosques
+sombríos, al Sol radiante y a las montañas augustas y solemnes, la
+dirección del establecimiento no ha puesto más que una esfera giratoria
+con 37 números.</p>
+
+<p>Es, como si dijéramos, la bancarrota de la Naturaleza. En honor de la
+verdad, sin embargo, conviene advertir que el triunfo del Casino no ha
+sido cosa muy fácil. La Naturaleza ha hecho esfuerzos prodigiosos. A
+veces ha organizado días espléndidos, con una temperatura deliciosa y
+una luz ideal. Los más amigos del Casino sentían entonces deseos de
+pasarse al otro bando. Su conducta anterior respecto a la madre común se
+les aparecía de pronto como una injusticia y experimentaban vivos deseos
+de rectificarla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vamos a encerrarnos en el Casino en un día como éste?&mdash;exclamaban&mdash;.
+No, nunca. Sería una verdadera vergüenza...</p>
+
+<p>Pero después de almorzar, el cielo comenzaba a nublarse. Malas lenguas
+afirman que era el Casino quien preparaba los nublados.</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada imposible para los <i>croupiers</i>&mdash;sostenían.</p>
+
+<p>Naturalmente, que ninguna persona razonable puede considerar en serio
+semejantes rumores. Lo indudable, sin embargo, es que el cielo se
+nublaba. Un descuido de la Naturaleza, un momento de debilidad, ¡qué sé
+yo! Entonces millares de personas, hábilmente diseminadas por los
+hoteles y cafés de San Sebastián, prorrumpían en gritos estentóreos.</p>
+
+<p>&mdash;¡La galerna...! ¡La galerna...!&mdash;vociferaban.</p>
+
+<p>¿Eran alquiladas estas personas? Yo tampoco lo he creído nunca; pero lo
+cierto es que todos los entusiasmos por la Naturaleza se amortiguaban de
+un golpe.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ven ustedes? Si aquí no se puede salir... No hay más remedio que
+meterse en el Casino...</p>
+
+<p>El Monte Igueldo, especialmente, tan bonito y tan próximo a la ciudad,
+le hacía al Casino una concurrencia terrible. Claro que el Casino
+hubiese acabado por dominarlo; pero, ¿para qué perder el tiempo?</p>
+
+<p>&mdash;Ya que la montaña no viene a mí, yo iré a la montaña&mdash;pensó la
+dirección.</p>
+
+<p>Y la dirección fue a la montaña y puso en ella unos caballitos, y ya
+nadie mira el paisaje, sino los caballitos, y la Naturaleza ha sucumbido
+una vez más.</p>
+
+<p>Hoy el Casino no necesita ya hacer esfuerzo ninguno para atraer al
+veraneante. El veraneante le pertenece por entero. Estos días está
+haciendo un tiempo magnífico, y, sin embargo, los alrededores de la
+ciudad se encuentran desiertos a todas horas. La Naturaleza ha perdido
+el prestigio en San Sebastián. Lo ha perdido... a la ruleta.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI<br /> <br />
+EL JUGADOR OBJETIVO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">sto</span> es una ladronera, una perfecta ladronera&mdash;dice D. Salustiano&mdash;. Ni
+por casualidad se gana. Va usted a ver...</p>
+
+<p>D. Salustiano coge una ficha de 20 pesetas y la arroja sobre la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;Veinticinco y veintiocho&mdash;exclama&mdash;. Caballo...</p>
+
+<p>Luego, dirigiéndose a mí, continúa:</p>
+
+<p>&mdash;Son 20 pesetas tiradas... Este año llevo perdidas ya 15.000. ¡Como no
+se repita lo del año pasado...! ¿Sabe usted cuánto me costó la broma el
+año pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca...</p>
+
+<p>La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando
+la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetín y el
+<i>croupier</i> canta el número.</p>
+
+<p>&mdash;Doce. Rojo. <i>Manque.</i> Par...</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ve usted?&mdash;suspira D. Salustiano&mdash;. Era indudable. No hay manera
+humana de ganar.</p>
+
+<p>Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una «calle». Diez y nueve,
+veinte y veintiuno.</p>
+
+<p>&mdash;Ocho duros más que voy a perder&mdash;me dice&mdash;. No se gana nunca. Está
+demostrado...</p>
+
+<p>En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se ha convencido usted?&mdash;me pregunta&mdash;. Pues para que acabe usted de
+convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perderé, ya lo
+sé, pero no importa...</p>
+
+<p>Como D. Salustiano, hay en San Sebastián infinidad de personas que se
+arruinan para demostrar que es imposible ganar a la ruleta. Porque,
+desde luego, D. Salustiano está firmemente persuadido de esta
+imposibilidad. Su juego es a modo de una lección experimental para los
+amigos y para los espectadores.</p>
+
+<p>Yo me creo en el caso de contenerle.</p>
+
+<p>&mdash;No juegue usted más&mdash;le digo&mdash;. La demostración ya está hecha. La
+práctica ha confirmado suficientemente la teoría. No vale la pena que
+pierda usted cien pesetas más para persuadir a un convencido como yo.</p>
+
+<p>Pero D. Salustiano insiste.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no tan sólo se pierde en general, sino que se pierde siempre,
+todas las veces&mdash;exclama.</p>
+
+<p>La fila de D. Salustiano comprendía los seis números que van del 13 al
+18, inclusive. Sale el 16, y D. Salustiano gana 500 pesetas. Yo voy a
+felicitarle, pero me contengo. El buen señor está desconcertado. Todos
+sus principios se acaban de caer a tierra. D. Salustiano tenía una
+convicción en la vida: la de que nunca se gana a la ruleta, y he aquí
+que una bola ciega, un azar incomprensible, acaba de destruir esta
+convicción. ¿Qué le queda ahora a D. Salustiano? Nada más que las 500
+pesetas. En lo futuro, su existencia carecerá de todo sostén ideal, y
+será una cosa baldía...</p>
+
+<p>&mdash;Juéguese usted las 500 pesetas a una docena&mdash;le aconsejo.</p>
+
+<p>D. Salustiano las juega y las pierde. Entonces su rostro se anima de
+nuevo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha visto usted?&mdash;me dice&mdash;. Lo de la fila había sido una casualidad
+que no demuestra nada. Indudablemente, no hay posibilidad de ganar nunca
+a la ruleta.</p>
+
+<p>Y cogiendo cinco duros, los tira sobre la mesa:</p>
+
+<p>&mdash;Para los empleados...</p>
+
+
+
+<h2><a name="EN_EL_RINCON_DE_LOS_MILLONARIOS" id="EN_EL_RINCON_DE_LOS_MILLONARIOS"></a>EN EL RINCÓN DE LOS MILLONARIOS</h2>
+
+
+
+<h3><a name="Ic" id="Ic"></a>I<br /> <br />
+EL HIERRO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> vez que un bilbaíno me invita a comer, me parece que me da a comer
+hierro. El hierro es el pan de Bilbao. Todo ha sido aquí hierro en su
+origen, hasta el mármol y el oro de los millonarios de Algorta. Y el
+mismo chacolí, en estas alegres cenas bilbaínas, me produce un efecto
+así como de vino ferruginoso.</p>
+
+<p>Constantemente se denuncian nuevos yacimientos, a veces bajo casas
+habitadas. Se denuncian calles, se denuncian viviendas, se denuncian
+amigos y vecinos... Y toda la actividad bilbaína, todo el tráfago
+gigantesco de la ría con sus hornos formidables que, durante el día,
+eclipsan al Sol y que enrojecen el cielo por las noches, no son más que
+un esfuerzo para convertir este hierro en oro y en billetes.</p>
+
+<p>Hay quien dice que el dinero bilbaíno es más valiente que el dinero de
+otras ciudades españolas. Yo no creo gran cosa en la antropología del
+dinero. En un caso particular, el dinero puede ser más o menos audaz o
+más o menos timorato; pero, colectivamente, no hay calidades en el
+dinero: no hay más que cantidad. El dinero de un pueblo no es cobarde ni
+es valiente, sino que es poco o mucho. Las grandes fortunas, como los
+hombres grandes, se atreven a cosas que, por regla general, asustan a
+las fortunas pequeñas y a los hombres chiquitines. ¿Valor? No. Fuerza,
+peso, volumen.</p>
+
+<p>Además, esto de tener el dinero en acciones es, poco más o menos, como
+tenerlo en fichas. Uno no le concede el mismo valor que si estuviera en
+billetes, y se lo juega. Todo el mundo pica. Un poeta bilbaíno que me
+quiso leer unos versos el otro día tuvo que buscar el manuscrito entre
+unas cuantas navieras que llevaba en la cartera.</p>
+
+<p>Afortunadamente, Bilbao está llamado a tener más dinero cada vez, y uno
+no puede imaginarse su porvenir más que en una visión gloriosa. Hoy por
+hoy, Bilbao es ya una ciudad donde el dinero se cuenta por millones, y
+esta ciudad resulta doblemente extraordinaria porque se encuentra
+situada en el país de la calderilla.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIc" id="IIc"></a>II<br /> <br />
+LA REIVINDICACIÓN DE LOS MILLONARIOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">I</span><span class="smcap">ndalecio</span> Prieto, el actual diputado por Bilbao, es un diputado
+socialista, pero socialista para obreros. Esperemos que, en una próxima
+legislatura, Bilbao se haga representar en Cortes por un socialista de
+otra clase: un socialista para millonarios.</p>
+
+<p>La idea de un socialismo para millonarios no es mía, sino de Bernard
+Shaw. Permítaseme adoptarla, sin embargo, para brindársela a los
+capitalistas bilbaínos.</p>
+
+<p>Los capitalistas bilbaínos están completamente desamparados frente a sus
+obreros. Mientras se fundan cooperativas, y se construyen casas baratas,
+y se crean parques y jardines, y se instalan bibliotecas públicas y
+baños municipales, adaptando a los recursos del obrero toda la vida del
+país, ¿quién se acuerda de los millonarios? Un millonario bilbaíno puede
+gastarse dos o tres millones en un <i>yacht</i> y otros dos o tres en su
+palacio de Algorta; pero, ¿qué hace luego con los millones restantes?</p>
+
+<p>Hace poco se ha fundado aquí una Compañía para lograr que el kilo de
+merluza no cueste nunca mucho más de seis reales; pero, ¿dónde está la
+compañía que venda merluzas para millonarios a mil o a dos mil duros? No
+hay merluzas para millonarios, no hay zapatos para millonarios, no hay
+sombreros para millonarios. Yo he visto al señor Sota el otro día con un
+gabán que, desde luego, no le había costado mucho más que el mío. Claro
+que el señor Sota puede comprarse cien, doscientos, quinientos gabanes;
+pero esto sería una superfluidad. En un país organizado para
+millonarios, el ilustre naviero debiera poder adquirir un gabán de
+varios millones de pesetas. Hoy no puede adquirirlo, y es que el
+millonario se encuentra postergado en el mundo. Mientras todos gozamos
+de la vida en proporción con nuestros recursos, el millonario, no. Nadie
+se cuida de los millonarios, y helos ahí teniendo que fundar escuelas y
+hospitales y que distribuir su dinero en obras de beneficencia.</p>
+
+<p>¡Pobres millonarios! Hasta hace poco, su desamparo se explicaba por su
+rareza. Los millonarios eran escasísimos y no podían imponerse. Pero las
+cosas han cambiado, y hoy, en Bilbao, ¿quién no está ya en el tercero o
+cuarto millón?</p>
+
+<p>Ha llegado la hora de las grandes reivindicaciones. La sociedad tendrá
+que dejarles un puesto a los millonarios, y si no lo hace, yo,
+millonario, dimitiría.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIc" id="IIIc"></a>III<br /> <br />
+EL HOMBRE QUE SE VENDIÓ BREA A SÍ MISMO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> un hombre, en Bilbao, dice que necesita vagonetas, esto no
+significa necesariamente que ese hombre necesite vagonetas. A lo sumo,
+las vagonetas las necesita un amigo de un amigo de un amigo suyo. Y
+cuando otro hombre, en el mismo Bilbao, le ofrece vagonetas a la gente,
+esto tampoco implica el que ese hombre tenga muchas vagonetas en su
+poder, sino que conoce a un señor, el cual, por medio de otro señor,
+sabe de un tercer señor que quiere vender vagonetas. Y así ocurre el que
+unos hombres que no necesitan vagonetas absolutamente para nada se pasen
+la vida comprándoles vagonetas a otros hombres que no las tienen. Y
+quien habla de vagonetas, habla de traviesas. Y quien habla de
+traviesas, habla de clavos. Y quien habla de clavos, habla de brea. Y
+quien habla de brea, habla de barcos. Y así sucesivamente.</p>
+
+<p>Yo tengo en Bilbao un amigo que se compró a sí mismo trescientas
+toneladas de brea. No se trata de un bilbaíno, sino de un madrileño. A
+poco de llegar al café del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea.
+En <i>Maxim's</i> hubiese pedido <i>whisky</i>, pero en el café del bulevar se le
+desarrollaron apetitos de más importancia. Quería brea, muchas toneladas
+de brea, y cuanto antes, mejor. Pasaron días, y los deseos de mi amigo
+fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en
+realidad, él no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se
+puso a ofrecerla.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién quiere brea?&mdash;dijo&mdash;. Yo puedo venderla en excelentes
+condiciones.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vende usted brea?&mdash;le preguntó un señor&mdash;.Pues yo le compro a usted
+trescientas toneladas.</p>
+
+<p>Convinieron el precio y firmaron un documento. Pero el comprador no
+compraba por su cuenta, sino por cuenta de un señor a quien, quince días
+antes, le había oído decir que quería brea. Y este señor resultó ser
+precisamente mi amigo, el cual, siendo vendedor de sí propio, no pudo
+robarse gran cosa y sólo perdió la comisión.</p>
+
+<p>¿Cuántas operaciones de este género no se harán diariamente en Bilbao?
+¿Cuántos hombres que ni hacen clavos, ni tienen fábricas de clavos, ni
+se dedican a industrias para las que necesiten clavos, no vivirán de los
+clavos en esta ciudad? Es el comercio, el honrado comercio, genio del
+mundo moderno.....</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVc" id="IVc"></a>IV<br /> <br />
+EL VASCUENCE</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> he creído en el vascuence hasta que lo he oído hablar. Ahora tengo la
+idea de que hay trescientas, cuatrocientas, tal vez quinientas palabras
+de vascuence, y que todas las otras son una hábil invención. Me he
+enterado, por ejemplo, de que mientras los vascos españoles le llaman al
+tenedor <i>tenedoróa</i>, los vascos franceses le dicen <i>fourchetóa</i>. En una
+esquina, y al lado de un letrero que decía «Calle de Echembarrena», otro
+letrero ponía «Echembarrena kalia». Y cuando me dijeron que el segundo
+letrero estaba en vascuence, yo me reservé unas dudas bastante serias.
+Luego he oído decir «genté elegantía», por gente elegante, y otras cosas
+análogas. A veces, una palabra como «oguía», que significa pan, le
+desconcierta a uno; pero luego resulta que se trata de un derivado de
+hogaza.</p>
+
+<p>&mdash;No se fije usted&mdash;me dijeron algunos amigos&mdash;. Los que dicen
+«tenedoróa» y «genté elegantía» no saben vascuence; pero pregúntele
+usted a Mourlane Michelena...</p>
+
+<p>Y en fuerza de oír esto he llegado a deducir que existe en efecto un
+rico vocabulario vascuence, y que Mourlane Michelena es su único
+depositario.</p>
+
+<p>¿Qué hará con el vascuence Mourlane Michelena? Yo me explico que se
+tenga una casa para uno solo, y una botella para uno solo, y una mujer
+para uno solo; pero no me explico que nadie tenga un teléfono ni un
+idioma para usarlos exclusivamente consigo mismo.</p>
+
+<p>¡Habrá que oír a Mourlane Michelena en sus monólogos aglutinantes y
+prearios! Pero, por otro lado, yo no puedo menos de felicitar a un
+hombre que, en medio del tráfago bilbaíno, se encuentra de pronto este
+tesoro de un idioma perdido durante tantos siglos.</p>
+
+<p>Me explico que se coleccionen las palabras de vascuence con un espíritu
+de numismático, como pudieran coleccionarse raras, preciosas e
+interesantísimas monedas antiguas. Por mi parte, es con ese espíritu con
+el que las oigo; pero los «tenedoróa» y los «elegantía» me producen el
+efecto de duros sevillanos entre monedas romanas.</p>
+
+
+
+<h2><a name="UNA_NUEVA_BATRACOMIOMAQUIA" id="UNA_NUEVA_BATRACOMIOMAQUIA"></a>UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA</h2>
+
+
+<p><i>La guerra ha terminado en todo el mundo excepto en España. Los alemanes
+se han rendido, pero no así los germanófilos, quienes siguen apoyando al
+káiser y cantando las victorias de Hindenburg. Los aliados, por nuestra
+parte, seguimos creyendo que Inglaterra y Francia representan la
+libertad, la democracia, el derecho de pueblos, etc., etc.</i></p>
+
+<p><i>Es una nueva Batracomiomaquia, de la que el autor&mdash;modesta rana
+beligerante&mdash;le ofrece algunas notas a su público.</i></p>
+
+
+
+<h3><a name="Id" id="Id"></a>I<br /> <br />
+LA GUERRA SOBRE EL PAPEL</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> los alemanes perdieron la guerra, no fue por culpa de los críticos
+germanófilos. Los críticos germanófilos han combatido con tanto ardor
+como el más heroico de los soldados alemanes. Fabián Vidal y Manuel
+Aznar pueden decir el trabajo que costaba desalojar a los críticos
+germanófilos de ciertas posiciones. Se destruían los últimos nidos de
+ametralladoras, Ludendorff ordenaba la retirada y los ejércitos aliados
+avanzaban, pero Armando Guerra no se rendía tan fácilmente. En sus
+mapas, la línea alemana manteníase intacta hasta tres o cuatro días
+después.</p>
+
+<p>Cuando las tropas alemanas obtenían algún éxito, los críticos alemanes
+lo anotaban como un éxito propio, y en sus periódicos les aumentaban el
+sueldo.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy avanzando en Rusia, en Servia y en Rumania&mdash;debió de decirle a
+su director&mdash;. He echado de todas partes al crítico de la <i>Corres</i>, y
+creo que esto bien vale los doscientos duros...</p>
+
+<p>En 1916, los críticos germanófilos llegaron a entrar en Verdun, en el
+propio Verdun, y si luego abandonaron la plaza, fue, sencillamente,
+porque el kronprinz no los siguió, y los pobres se encontraron allí
+solos, sin contacto ninguno con el ejército alemán...</p>
+
+<p>Han luchado como unos héroes los críticos germanófilos; pero,
+últimamente, las cosas les han salido algo mal, y yo temo que les
+rebajen el sueldo, por la misma razón en virtud de la cual se lo
+subieron un día. En vano tratan de justificarse. Uno de ellos decía
+recientemente que el avance aliado carecía de mérito porque, según
+confesión francesa, los alemanes andaban escasos de armas. Pero ¿por qué
+andaban escasos de armas los alemanes? Pues simplemente porque los
+aliados les tomaron más de cuatro mil cañones desde el mes de julio.
+Supongamos que yo me lanzo con un cuchillo sobre el lector. El lector
+retrocede, para el golpe, y se pone a forcejear conmigo hasta que logra
+desarmarme. Luego me ataca con mi propio cuchillo, yo huyo, y <i>El
+Debate</i>, comentando el suceso, escribe: «La huida del Sr. Camba no
+constituye éxito ninguno para su lector, porque el Sr. Camba estaba
+desarmado...»</p>
+
+
+
+<h3><a name="IId" id="IId"></a>II<br /> <br />
+EL PUEBLO DE LOS GASES LACRIMANTES</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">na</span> de las cosas que más le han servido a Alemania es la afición a la
+música. La gente no cree que los alemanes puedan ser crueles.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué van a ser crueles!&mdash;dice la gente&mdash;. ¡Unos hombres tan tiernos!
+¡Tan dulces! ¡Tan musicales!...</p>
+
+<p>Son muy musicales, en efecto, los alemanes. Al más encarnizado
+perseguidor de armenios se le haría llorar tocándole una melopea.
+Desgraciadamente, es muy probable que siguiese machacando al armenio
+mientras sonaba la música. La sensibilidad ante la música no tiene para
+mí mucho más valor que la sensibilidad ante el zumo de cebolla. Si puede
+constituir una prueba de bondad, esta bondad no pasará nunca de ser una
+bondad baja y primitiva. Los misioneros y los exploradores solían
+tocarles el acordeón a los antropófagos africanos, a fin de ver si eran
+civilizables; pero utilizar el mismo procedimiento para contrastar la
+bondad alemana, francamente, me parece algo ofensivo.</p>
+
+<p>Los alemanes son tiernos, son dulces, son musicales y lloran en el
+cinematógrafo. Yo recuerdo, a propósito de la ternura alemana, una
+Nochebuena que pasé en Berlín. La patrona de mi casa de huéspedes había
+comprado un pino, que los inquilinos se encargaron de adornar con
+ampollas de cristal coloreado, con algodón hidrófilo, con cintas de
+plata y oro, con bombillas eléctricas, con lentejuelas y con toda esa
+pacotilla sentimental a que había allí tanta afición. Sobre una mesa
+estaban los regalos que unos huéspedes se hacían a otros. A mí me habían
+regalado una corbata de siete colores, una cajetilla de sesenta
+«pfening», un tomo de poesías de Schiller, unos tirantes y un grupo
+escultórico en escayola, que representaba Psiquis y el Amor. Llegó la
+hora solemne. Se encendió el árbol, y la patrona produjo un gran jarro
+de vino caliente con especies aromáticas. Comenzamos todos a berrear en
+torno del pino:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Weinachtsbaume... Weinachtsbaume...</i></p>
+
+<p>Poco a poco, la pensión entera fue emborrachándose y enterneciéndose, y,
+al cabo de una hora, todo el mundo lloraba allí a lágrima viva. ¿Bondad?
+¿Vino? ¿Música? ¿Estupidez?... Yo lo que sé es que cogí mi corbata, mi
+cajetilla, mi tomo de Schiller, mis tirantes y mi grupo escultórico de
+Psiquis y el Amor y que desaparecí. Aquel ambiente tan tierno me parecía
+indigno del centro de Europa. Yo me consideraba rebajado en él. Además,
+yo no creía que la bondad se caracterizase por la blandura ni por la
+humedad. Conocía muy bien a mis convecinos, y el que se les cayesen las
+lágrimas o el moco era para mí lo mismo que si les hubiese atacado el
+hipo.</p>
+
+<p>¿Cuántos de aquellos hombres habrán tomado luego parte en el atropello
+de Bélgica? ¡Y quién sabe si alguno de ellos no habrá intervenido
+también en el bombardeo de París!...</p>
+
+<p>Los alemanes son aficionados a la música como los chinos son aficionados
+al opio. Son un pueblo triste y llorón. Yo simbolizaría esta especie de
+sentimentalismo sin piedad que constituye su espíritu en una de sus
+últimas invenciones de guerra: los gases lacrimantes.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIId" id="IIId"></a>III<br /> <br />
+SI LOS ALEMANES HUBIESEN GANADO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">T</span><span class="smcap">erminada</span> la guerra no hemos resuelto nada.</p>
+
+<p>Nos esperan catástrofes, revoluciones, guerras, asolamientos y fieros
+males.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo ve usted?&mdash;me dice un germanófilo&mdash;. Si los alemanes hubiesen
+ganado, no ocurriría nada de esto.</p>
+
+<p>Y el caso es que, por primera vez, desde agosto del año 14, este
+germanófilo tiene razón. Si los alemanes hubiesen ganado, en efecto, el
+problema de las nacionalidades dejaría de ser un conflicto, porque todos
+seríamos alemanes. Todos seríamos alemanes, y hasta es posible que todos
+fuésemos rubios. Y, siendo alemanes todos los hombres, no tan sólo no
+habría conflictos internacionales, sino que no habría tampoco
+discusiones particulares. Todos tendríamos las mismas ideas. Los
+filósofos discurrirían por nosotros, y ¿quién duda de que las ideas
+hechas en las Universidades son siempre de mejor resultado que las que
+se hacen en casa?</p>
+
+<p>El ciudadano se proveería de ideas lo mismo que de salchichas. La
+cuestión de las lenguas&mdash;el polaco, el armenio, el catalán,
+etc.&mdash;desaparecería por completo, ya que todo el mundo hablaría alemán.
+Se clasificarían todas las cosas. A los perros se les prohibiría ladrar,
+y a los socialistas se les negaría el uso de la palabra. En los paseos
+públicos habría unos bancos para niños, unos bancos para niñeras, unos
+bancos para ancianos, y quizás hubiese también unos bancos especiales
+para los candidatos al Parlamento: los chicos de tres años, cuando
+estuviesen cansados de jugar, irían de banco en banco, y, calándose unas
+gafas, estudiarían los diferentes letreros:</p>
+
+<p>&mdash;¿Soy yo candidato?&mdash;se preguntaría Manolín&mdash;. ¿Soy una niñera?...</p>
+
+<p>Si los alemanes hubiesen ganado, el individuo no tendría nada que hacer,
+y el Estado alemán se encargaría de todo. Uno cobraría, y el Estado se
+le llevaría a uno el dinero. Uno fumaría, y el Estado escupiría por uno.
+En España, es probable que la situación no hubiese variado gran cosa.
+Tendríamos también, seguramente, un gobierno Maura y un régimen de
+censura; pero como toda Europa estaría en condiciones análogas, no
+constituiríamos una excepción.</p>
+
+<p>¡Qué orden, qué paz, qué tranquilidad las del mundo si, en vez de
+triunfar los aliados, hubiesen triunfado los alemanes! Entonces, nadie
+se hubiese vuelto contra los triunfadores. Ahora, en cambio, hasta los
+alemanes mismos van a tener que hacerse revolucionarios de veras.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVd" id="IVd"></a>IV<br /> <br />
+EL LIBRO FUTURO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> periódico, y no por cierto un periódico aliadófilo, hablando del
+destrozo de Alemania, decía: «Es inútil que los alemanes pretendan
+protestar. ¡Que lloren como mujeres lo que no han sabido defender como
+hombres!...» Parece, sin embargo, que los alemanes no lloran como
+mujeres lo que no han sabido defender como hombres. Antes bien, lo
+bailan, lo cantan y lo beben con gran regocijo. Según el <i>Daily
+Mail</i>&mdash;en una carta de su corresponsal en Berlín&mdash;la antigua capital del
+imperio se divierte como en sus mejores días. Alemania está
+deshaciéndose, y los mismos hombres que hace apenas unos meses lo
+sacrificaban todo por ella, hoy le dedican al <i>fox-trot</i> sus energías
+restantes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es posible tanta depravación?&mdash;preguntará el lector.</p>
+
+<p>Y yo, que he vivido dos años entre alemanes, le contesto:</p>
+
+<p>&mdash;Sí; es posible. Y es posible... porque no es depravación.</p>
+
+<p>A comienzos de la guerra, muchas gentes no creían que los alemanes
+fueran capaces de bombardear ciudades indefensas ni de hundir barcos de
+pasajeros. Yo sí lo creía. Y no es que yo tuviese de los alemanes peor
+concepto que mis interlocutores, sino que tenía un concepto distinto.
+Mis interlocutores suponían que para que un alemán matase a un niño en
+la guerra era preciso que ese alemán fuese un malvado. Yo, en cambio,
+opinaba que un alemán podía matar niños sin dejar por ello de ser un
+excelente padre de familia y un hombre sensible a las emociones de
+carácter más elevado. Hay mujeres que ni aun puestas en la cumbre del
+Mont-Blanc, como decía no sé quién, serían inaccesibles; mujeres que han
+caído mil veces y cuya alma, sin embargo, adivinamos más pura que la de
+una niña de seis años. Parece que no se enteran nunca. Pues la
+psicología de estas mujeres podría acaso servir para explicar la de ese
+alemán que con una rosa entre las páginas de un libro de versos se iba,
+tiernamente, a arrojar bombas de cuarenta kilos sobre los tejados de
+París...</p>
+
+<p>Ahora, mientras Alemania se desmorona, Berlín arde en fiestas.
+¿Depravación? Nada de eso. Lo que pasa es que los alemanes no se han
+enterado aún del resultado de la guerra. Saben que su ejército ha sido
+vencido; saben que el Káiser ha abdicado; saben todo esto vaga y
+confusamente; pero no saben nada más.</p>
+
+<p>Dentro de veinte años, sin embargo, las cosas cambiarán radicalmente.
+Hacia esa época, un sabio profesor habrá publicado una obra enorme en
+muchos volúmenes muy gordos, estudiando la guerra, no sólo en su aspecto
+militar, sino en su aspecto social, en su aspecto político, en su
+aspecto económico y en todos sus aspectos. Probablemente, la primera
+parte de esta obra estará dedicada a las guerras de la Edad Antigua,
+cuando aun no existía Alemania. Quizás el autor habrá hecho también un
+estudio detenido sobre la catapulta, considerándola como punto de origen
+del mortero del 42. Y entonces, toda una generación de alemanes se
+calará las gafas, se pasará las noches en claro estudiando y se enterará
+exactamente de lo que le ha ocurrido a su patria desde el 1914 al 1918.</p>
+
+<p>Todo el mundo sabe que los alemanes no suelen reír los chistes hasta
+veinticuatro horas después de haberlos oído, que es cuando «les ven la
+punta». Dentro de veinte años le verán también la punta a la guerra
+europea y romperán a llorar. Llorarán en verso y llorarán en música.
+Llorarán todos los violines, todas las arpas, todas las gaitas, todos
+los saxofones, todos los contrabajos del ex imperio. Alemania entera
+llorará, y llorará mucho; pero llorará tarde.</p>
+
+<p>Y, mientras tanto, en el <i>Palais des Dances</i>, Alemania ríe a cien marcos
+por hora.</p>
+
+
+
+<h2><a name="LOS_MEDICOS" id="LOS_MEDICOS"></a>LOS MÉDICOS</h2>
+
+
+
+<h3><a name="Ie" id="Ie"></a>I<br /> <br />
+EN DEFENSA DEL RESFRIADO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> Congreso Médico de Madrid ha sido, según parece, uno de los mejores
+Congresos Médicos celebrados en el mundo, y de aquí en adelante,
+nuestros sabios doctores van a curárnoslo todo: el cáncer, la
+tuberculosis, la lepra, la ceguera, el reblandecimiento medular, etc.,
+etc. ¡Muy bien, señores médicos! ¡Admirable! Pero ¿qué me dicen ustedes
+del resfriado?</p>
+
+<p>Porque yo ni estoy reblandecido, ni soy ciego, ni sufro de lepra, ni
+padezco de tuberculosis, ni tengo cáncer ninguno. En cambio, me
+encuentro resfriado casi siempre y no comprendo por qué razón han de
+tratarme ustedes con tanto desprecio. Muchas veces, harto de toser y de
+estornudar, yo he acudido a ustedes en consulta. Ustedes me han
+auscultado, me han preguntado si me canso al subir escaleras, a lo que
+yo he contestado que, desde luego, me canso mucho más que al bajarlas,
+me han obligado a respirar fuerte, y, por último, con un gesto de
+infinito desdén, me han dicho:</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!... Usted no tiene más que un simple resfriado...</p>
+
+<p>¡Un simple resfriado! ¡Y yo que me creía poseedor de una enfermedad
+importante!... Profundamente avergonzado, yo he cogido entonces mi
+sombrero y me he lanzado a la calle, sumido en amargas reflexiones.</p>
+
+<p>&mdash;El fracaso es evidente&mdash;decía yo para mis adentros&mdash;. ¿Con qué cara me
+presento ahora ante los amigos?</p>
+
+<p>Pero ya me he cansado, y en nombre de toda la humanidad acatarrada,
+solicito para el resfriado la atención de la ciencia y el respeto de las
+familias. Convengo en que la tuberculosis es más dramática que el
+resfriado, pero exijo que al resfriado se le otorgue también cierta
+categoría. Si el gato es el tigre del pobre, como decía no sé quién, el
+resfriado es la tuberculosis del principiante. Es una tuberculosis
+modesta, una tuberculosis para personas de poco dinero que no pueden
+dejar de trabajar ni irse a la sierra a beber leche y respirar aire
+puro. ¿Por qué este desdén hacia el resfriado en una época tan
+democrática?</p>
+
+<p>Yo sospecho que es, sencillamente, porque los médicos no saben curarlo.
+Y es inútil que me hablen del cáncer, de la lepra, de la tuberculosis,
+etc. Mientras los médicos no curen los resfriados, yo no creeré en la
+Medicina.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIe" id="IIe"></a>II<br /> <br />
+EL VIRTUOSISMO DE LA CIRUGÍA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">A</span> un amigo mío le tenían que operar de la apendicitis.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a quedarme arruinado&mdash;me dijo&mdash;; pero no tendré más remedio que
+acudir a un gran cirujano.</p>
+
+<p>Era un amigo querido, y yo me alarmé.</p>
+
+<p>&mdash;No haga usted semejante cosa&mdash;le respondí&mdash;. Llame usted a un
+medicucho cualquiera. Llame usted a un sastre. Llame usted a un barbero
+o a un ebanista, pero no llame usted a un gran cirujano. El gran
+cirujano le considerará a usted el apéndice así como un virtuoso del
+violín puede considerar la <i>Sonata de Kreutzer</i>, y de una manera muy
+artística, le matará a usted...</p>
+
+<p>Yo he visto trabajar una vez a un virtuoso de la cirugía. Rodeado de un
+coro de admiradores se dirigió a una mesa de mármol, donde,
+convenientemente narcotizado, yacía el enfermo. El virtuoso cogió unas
+pinzas y un bisturí y se dirigió a nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Para la mayoría de los cirujanos&mdash;nos explicó&mdash;esta operación no
+ofrecería dificultad ninguna. Es una operación sencillísima, que está
+resuelta desde hace mucho tiempo, y que puede realizar cualquiera sin
+el menor peligro. Comprenderán ustedes, sin embargo, que después de
+reunir aquí a tan buenos amigos, yo no voy a defraudar su expectación.
+Las posibilidades quirúrgicas son ilimitadas para todo médico que tenga
+sangre de artista, y yo voy a demostrarlo ensayando con este enfermo un
+procedimiento inédito y completamente personal. Es un procedimiento
+peligroso, indudablemente, pero en eso consiste su encanto. Ya saben
+ustedes, señores, que a mí no me arredra el peligro...</p>
+
+<p>Y, con un gesto a lo Thuillier, el gran cirujano se lanzó sobre el
+enfermo, quien, bajo la influencia del cloroformo, había comenzado a
+cantar unas peteneras. Los admiradores no pudieron contenerse y
+rompieron a aplaudir.</p>
+
+<p>&mdash;Van ustedes a ver con qué rapidez procedo&mdash;añadió el gran cirujano&mdash;.
+Toda la operación se reduce a tres trazos. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!...</p>
+
+<p>El gran cirujano hizo sus tres trazos y el enfermo dejó de cantar.</p>
+
+<p>&mdash;Se le va el pulso&mdash;observó un ayudante.</p>
+
+<p>Otro ayudante cogió con unas pinzas la lengua del pobre hombre, y se
+puso a tirar de ella desesperadamente, pero todo fue inútil. Al poco
+rato el enfermo había muerto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué lástima!&mdash;exclamó uno.</p>
+
+<p>&mdash;¡Verdaderamente!&mdash;exclamó otro, que quizás fuese yo mismo&mdash;. Este
+pequeño detalle enturbia un poco el éxito de la operación...</p>
+
+<p>El príncipe de la cirugía se lavó las manos, y si alguien se ha lavado
+alguna vez las manos como Pilatos, fue precisamente aquel hombre.
+Salimos a la calle; pero, como de costumbre, no se veía un guardia...</p>
+
+<p>Amigo lector: Permítame usted que le dé el mismo consejo con que ya
+favorecí al amigo de quien he hablado antes. Si alguna vez necesita
+usted que le operen, llame usted a un medicucho cualquiera. Llame usted
+a un sastre. Llame usted a un barbero o a un ebanista; pero no llame
+usted a un gran cirujano...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIe" id="IIIe"></a>III<br /> <br />
+LA VIRUELA OBLIGATORIA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> se decretó en Madrid la vacuna obligatoria, todo el mundo se
+indignó.</p>
+
+<p>&mdash;Que se vacune el que quiera&mdash;solía decirse&mdash;; pero ¿y si a mí se me
+antoja tener viruelas?</p>
+
+<p>Libertad de tener viruelas... Libertad de pegárselas al vecino...
+Libertad de escupir... Libertad de tronchar los árboles... ¡Con qué
+ahínco defiende todas estas libertades el español!</p>
+
+<p>&mdash;Desengáñese usted&mdash;me decía un amigo antes de la vacuna obligatoria&mdash;,
+España es el país más liberal del mundo. Aquí puede usted hacer lo que
+le da la gana...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no&mdash;le contesté&mdash;. Usted. Usted puede hacer aquí lo que le dé la
+gana, y con usted, pueden hacerlo el Sr. La Chica y otros cuantos
+señores; pero yo, no. No hay posibilidad de que todo el mundo haga nunca
+lo que le dé la gana, y si ustedes hacen su gana de ustedes, es
+sencillamente porque una buena cantidad de señores no podemos hacer la
+nuestra...</p>
+
+<p>En el caso concreto de la vacuna, la mayoría del vecindario parece
+considerarla como una tiranía, y si se considera que la vacuna es la
+tiranía, no se está muy lejos de creer que la viruela sea la libertad.
+¿Lo es, en efecto? Desde el punto de vista de los microbios, no cabe la
+menor duda; pero, desde nuestro punto de vista, la cosa es ya bastante
+más discutible. Por mi parte, considero la viruela como una verdadera
+imposición de que han venido haciéndonos víctimas nuestros gobiernos. La
+viruela tenía en España el mismo carácter obligatorio que ahora tiene la
+vacuna, y nadie protestaba contra ella. Las gentes se resignaban a
+padecerla como se resignaban a padecer el tifus y el caciquismo. Y, al
+igual de los caciques, los microbios, sin duda, pensaban también que
+España era el país más liberal del mundo.</p>
+
+<p>¡Qué lástima que la libertad práctica no pueda ser absoluta como la
+libertad teórica! ¡Qué lástima que nuestros intereses no coincidan con
+los de los microbios! ¡Qué lástima... para los microbios!...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVe" id="IVe"></a>IV<br /> <br />
+CROYDON Y MADRID</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">arece</span> que en Croydon, cerca de Londres, la Liga antivacunista se ha
+opuesto violentamente a la vacunación obligatoria del vecindario. Un
+periódico español da cuenta del hecho poniéndole esta coletilla: «En
+todas partes cuecen habas.» Y esta otra: «¡Y aún hablan de <i>l'Espagne et
+le Maroc</i>!»...</p>
+
+<p>¿Quiénes hablan de <i>l'Espagne et le Maroc</i>? Los ingleses, en todo caso,
+hablarían de <i>Spain and Marocco</i>, y la verdad es que si nosotros no
+tuviéramos con Europa más analogía que la de oponernos a la vacunación
+obligatoria, no tendríamos analogía ninguna y estaríamos completamente
+unidos al África. Porque Europa puede combatir la vacunación obligatoria
+y nosotros no. Es el caso de dos personas que se opusieran al alumbrado
+de petróleo, una en nombre de la luz eléctrica y otra en nombre del
+candil. Los vecinos de Croydon, con una urbanización excelente, creen
+que deben prescindir de la vacuna. «En vez de vacunarnos&mdash;dicen&mdash;dennos
+ustedes más agua y más aire.» Aquí, en cambio, la alternativa es
+trágica: o vacuna o viruela. Nosotros estamos todavía en el período de
+la vacuna, como estamos en el del reformismo y el republicanismo. De
+vivir en Croydon yo sería, muy probablemente, miembro de la Liga
+antivacunista, y, no obstante, cuando el Sr. Romeo inició aquí su
+campaña en pro de la vacunación obligatoria, hice un artículo
+defendiéndola. La vacuna, que en Inglaterra me parecería reaccionaria y
+anticientífica, aquí me parece liberal y cientificísima. Y si los
+espíritus revolucionarios ingleses pudieran traspasarnos con la vacuna
+su partido conservador, no habría un hombre verdaderamente progresivo en
+España que se negara a acogerlo. El partido conservador inglés vendría
+entonces a representar la tendencia más avanzada de la política
+española.</p>
+
+<p>Indudablemente, el hecho de que en Londres se combata la vacuna, no debe
+servir para animar a los antivacunistas españoles. En un Estado
+norteamericano se está haciendo ahora una campaña con cierto ferrocarril
+en proyecto... pero con objeto de que se establezca un servicio de
+comunicaciones aéreas. El ferrocarril comienza ya a ser un atraso en el
+mundo. Aquí no se puede decir aún que tengamos ferrocarriles.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Ve" id="Ve"></a>V<br /> <br />
+MICROBIOS A SUELDO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio
+local fue a visitarlo con propósitos periodísticos.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que ha recorrido usted medio mundo&mdash;le dijo el microbio local.</p>
+
+<p>&mdash;Sí... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en
+Inglaterra, en los Estados Unidos...</p>
+
+<p>&mdash;Grandes países, ¿eh?</p>
+
+<p>&mdash;¡Quite usted allá! Para un pobre microbio que quiera vivir
+tranquilamente, el mejor país es España. Aquí funda usted una pequeña
+familia&mdash;cuatrocientos o quinientos mil hijos&mdash;, y la saca usted
+adelante sin el menor contratiempo. Lleva usted sus chicos a la escuela,
+al teatro y al <i>cine</i>, y es un gusto ver cómo se instruyen y se
+divierten. La alimentación es magnífica. ¡Qué carnes tan podridas! ¡Qué
+leche tan adulterada!...</p>
+
+<p>&mdash;La leche es muy buena, en efecto&mdash;respondió el microbio local&mdash;; pero
+¿y el ácido fénico?</p>
+
+<p>&mdash;¿El ácido fénico?&mdash;exclamó el microbio de la gripe&mdash;. ¿Pero usted cree
+en el ácido fénico?</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre! Los médicos aseguran...</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero es que cree usted en los médicos?... Que un hombre crea en los
+médicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que está en el
+secreto de estas cosas, les haga caso ninguno. Por mi parte, le aseguro
+a usted que el ácido fénico me hace engordar y que su aroma me parece
+exquisito. Desengáñese usted, querido colega. El ácido fénico sólo es
+desagradable para los hombres...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aquí?</p>
+
+<p>&mdash;Verá usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis
+correrías por el mundo. Fuera de España todo se vuelve hablar de
+libertad; pero si existe algún país donde un pobre microbio puede hacer
+lo que quiera, ese país es éste. Aquí se siente uno amparado por las
+leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna
+autoridad inicia una campaña contra nosotros no faltan amigos que nos
+defiendan enérgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a
+cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo demás
+es cuento. ¿Sabe usted cuánto peso he perdido durante mi estancia en
+Inglaterra? Pues muy cerca de una diezmillonésima de miligramo. ¡Para
+que digan que Inglaterra es un país más libre que España!... Además, en
+España uno puede cultivar el trato de toda clase de microbios, y esto
+siempre es instructivo. El microbio del tifus, por ejemplo, y el de la
+viruela, expulsados de todo el mundo, se han refugiado aquí, donde viven
+a las mil maravillas. Yo los he visto el otro día en el pecho de un
+enfermo que es cliente mío y a quien se los había llevado su médico.</p>
+
+<p>&mdash;¿De modo que se establece usted entre nosotros para siempre?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, no!... Llegará un día en que España será un país de microbios
+solos, y entonces la lucha por la vida adquirirá aquí caracteres
+horribles.</p>
+
+<p>&mdash;Antes de esa fecha&mdash;exclamó el microbio local&mdash;yo me agarraré al
+presupuesto. Buscaré un empleíllo en algún laboratorio, como microbio de
+cultivo, y ¡a vivir!</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIe" id="VIe"></a>VI<br /> <br />
+JUVENTUD, DIVINO TESORO...</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">an</span> leído ustedes las experiencias del doctor Voronof? El doctor
+Voronof pretende haber descubierto, sencillamente, el secreto de la
+eterna juventud. «Nuestra vida&mdash;dice el doctor Voronof&mdash;no depende tanto
+del funcionamiento de los grandes órganos como de la secreción de
+ciertas glándulas, minúsculas algunas veces...» Al leer esto, le entran
+a uno vivísimas sospechas de que el doctor Voronof llama glándulas
+minúsculas a los talones del Banco de España, al papel moneda y a los
+distintos valores en curso, sospechas que se acentúan a medida que uno
+sigue leyendo: «Un hombre&mdash;añade el sabio cirujano&mdash;puede vivir sin
+riñón o sin estómago; pero si le suprimimos, por ejemplo, las cápsulas
+subrenales, muere...» Indudablemente&mdash;piensa uno&mdash;el doctor Voronof,
+llevado de su tecnicismo profesional, denomina cápsulas subrenales a las
+piezas de cinco pesetas. El nombre parece extraño; pero quizás no
+carezca de abolengo. Un filósofo podría, tal vez, descubrir cierta
+analogía entre ese término y la expresión popular de «costarle a uno un
+riñon», expresión demostrativa de que el pueblo considera también los
+duros como una especie de cápsulas subrenales...</p>
+
+<p>Pero todo esto son fantasías. El doctor Voronof sabe muy bien lo que se
+dice y nos asegura que los médicos pueden rejuvenecer a la humanidad sin
+más que injertar en los organismos decrépitos las glándulas
+intersticiales de organismos vigorosos. Por este procedimiento ya le ha
+devuelto el doctor Voronof la juventud a numerosos carneros. ¿No se la
+podría devolver también a algunos de nuestros políticos?</p>
+
+<p>Es posible que todos los problemas españoles se reduzcan a un solo
+problema quirúrgico, y que lo único que necesitemos en este país sean
+glándulas intersticiales. Nuestros carneros son más o menos viejos; pero
+nuestros políticos son todos anteriores a la revolución francesa, y si
+los cirujanos no logran matarlos, que por lo menos procuren
+rejuvenecerlos. No creo que los políticos se diferencien tanto de los
+carneros que no se pueda hacer con los unos lo que se ha hecho con los
+otros. Ensaye en ellos sus glándulas intersticiales el doctor Voronof y
+ensaye también esas glándulas tiroideas con las cuales parece que, ya en
+el año de 1913, convirtió a un idiota en un ser sensato y razonable.</p>
+
+<p>Ahora, que el doctor Voronof debe tomar precauciones, porque aunque
+científicamente un político sea igual a un carnero, hay, sin embargo,
+entre ambos una diferencia esencial. El carnero no vive de su vejez, y
+el político sí. ¿Qué sería de un político español sin vientre, sin
+barbas blancas, sin asma y sin calvicie? Quitarle estas cosas a un
+político es quitarle el prestigio y la respetabilidad. Por otra parte,
+¿es que los ex ministros seguirían cobrando sus cesantías cuando
+volviesen a la edad en que eran simples diputados? Porque si seguían
+cobrándolas, el fracaso del doctor Voronof no podía ser más evidente.</p>
+
+<p>Decididamente, no creo que sea nada fácil rejuvenecer a un político
+español. El doctor Voronof podrá rejuvenecer a un carnero de catorce
+años, a un loro de ciento cincuenta y a una carpa de doscientos; pero no
+así a uno de nuestros políticos. Y es que para devolverle la juventud a
+un animal cualquiera, se necesita una cosa que no depende ni del doctor
+Voronof ni tampoco del animal. Se necesita, sencillamente, que el animal
+en cuestión haya sido joven alguna vez.</p>
+
+
+
+<h2><a name="ENTRE_CABALLEROS" id="ENTRE_CABALLEROS"></a>ENTRE CABALLEROS</h2>
+
+
+
+<h3><a name="If" id="If"></a>I<br /> <br />
+LOS DESAFÍOS Y EL MÉDICO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> la proposición que algunos médicos presentaron un día al Colegio de
+Madrid hubiese llegado a adoptarse, los «lances entre caballeros» no
+tardarían en pasar a la historia. Se trata de una proposición para que
+ningún médico asista como tal médico a ningún desafío. Claro está que en
+los desafíos no suele ocurrir nada. A primera vista no hay, por lo
+tanto, ninguna razón para que los caballeros se hagan acompañar de un
+médico cuando van a batirse y no cuando van a tomar café, ya que el
+café, bien solo o bien con leche, es, en casi todos los
+establecimientos, un brebaje engañoso que da lugar a serias
+complicaciones gástricas. Se puede demostrar que, prácticamente, los
+médicos son del todo innecesarios en los desafíos; pero, al demostrar
+esto, se demostraría también que los desafíos son prácticamente
+innecesarios en la vida. Ya se sabe que en los desafíos no muere nadie;
+pero es preciso mantener la creencia de que puede morir alguien, y para
+mantenerla es para lo que están los médicos. Las espadas, los sables,
+las pistolas todo esto tiene un carácter decorativo y de panoplia, y
+uno puede mirarlo alegremente; pero, ¿y el botiquín? ¿A quién no le
+asalta por un instante la idea de la muerte al ver a un médico con su
+botiquín debajo del brazo?</p>
+
+<p>En Francia, los duelistas procuran presentarle al público de vez en
+cuando un pequeño cadáver. Aquí no se ha cambiado de cadáver desde hace
+muchísimos años, y el duelo está perdiendo prestigio. Vean ustedes las
+estadísticas de accidentes del trabajo y observarán que la industria
+corchotaponera produce más víctimas que el duelo. ¿Qué se discute en
+España entre los partidarios del desafío y sus antipartidarios? Pues,
+sencillamente, un muerto de allá por el año 98, muerto que, al parecer,
+debió su muerte a un descuido del médico...</p>
+
+<p>Si los médicos, pues, le hacen el <i>boicot</i> a los desafíos, si cuando un
+caballero le haya producido a otro con un sable o con una espada un
+rasguño en la muñeca, no hay un médico que describa este rasguño como
+una herida inciso-trinchante de tantos centímetros de extensión, en la
+región tal, interesando la dermis y la epidermis y la paquidermis; si
+además el médico no echa en este rasguño tintura de yodo y yodoformo y
+alguna otra porquería, y no arma allí una cantera y no cubre luego el
+brazo de gasas malolientes, ¿qué va a ser de los desafíos?</p>
+
+<p>Los desafíos quedarán entonces reducidos a un <i>sport</i>, así como la
+natación, como el billar o como la pesca de caña, y no digo como el mus
+o el <i>poker</i>, porque estos juegos es indudable que producen víctimas. Se
+convertirán en un ejercicio vulgar y caro y no tardarán en desaparecer.
+Y esto sería grave porque, probablemente, daría origen a un aumento de
+mortalidad.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIf" id="IIf"></a>II<br /> <br />
+LOS DESAFÍOS Y LA TÉCNICA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> un señor me invitase un día a jugar una partida de ajedrez, por muy
+obligado que yo le estuviera, no le complacería. Le demostraría que no
+sé jugar al ajedrez, y el señor en cuestión tendría que renunciar a la
+partida proyectada.</p>
+
+<p>Si el mismo señor pretendiese otro día hacerme ejecutar al piano la
+<i>Marcha fúnebre</i> de Chopin, tampoco me sería fácil complacerle.</p>
+
+<p>&mdash;No sé tocar el piano&mdash;le diría&mdash;. Y si, en vez del ajedrez o el piano,
+el señor en cuestión se orientase hacia la esgrima y quisiera batirse
+conmigo a espada o a sable, mi contestación sería igualmente lacónica.</p>
+
+<p>&mdash;Lo siento mucho, pero no sé batirme a sable ni a espada...</p>
+
+<p>En el primero y el segundo casos, todo el mundo encontraría mi negativa
+perfectamente natural. Se puede ser un gran aficionado al ajedrez, pero
+se comprende que cuando un hombre no sabe jugarlo, no lo juegue. Se
+puede ser muy entusiasta de la <i>Marcha fúnebre</i>, y no obstante, ante la
+imposibilidad técnica de ejecutarla al piano, la gente se explica, sin
+dificultad, el que un hombre no quiera ejecutarla...</p>
+
+<p>En el tercer caso, sin embargo, es seguro que yo quedaría muy mal.
+Cualquier razón sirve para no batirse, excepto la de que uno no se sabe
+batir. A nadie se le ocurre atribuir al miedo el motivo de que yo no dé
+conciertos en la Sociedad Filarmónica; pero si yo me negara a batirme,
+se diría que el miedo me dominaba:</p>
+
+<p>&mdash;En el terreno, la técnica significa muy poco. Lo decisivo es el
+valor...</p>
+
+<p>Y esto es posible; pero yo creo que se tiene tanto más valor cuanto se
+tiene más técnica. Está demostrado que la técnica de la natación
+consiste principalmente en perder el miedo. Nadie nada de primera
+intención, porque el miedo le lleva a hacer una serie de movimientos con
+los que, irremisiblemente, se ahoga. Pues yo cogería a D'Artagnan, de
+quien no es publico que supiese nadar, le pondría al borde de un mar
+profundo, y le diría:</p>
+
+<p>&mdash;Láncese usted. Todo es cuestión de no tener miedo...</p>
+
+<p>Y el intrépido mosquetero se iría a hacerle compañía a los pacíficos
+besugos.</p>
+
+<p>Es posible que yo no me batiese, aunque supiera batirme; como es posible
+que no ejecutase la <i>Marcha fúnebre</i>, aunque supiera ejecutarla; pero si
+alguien me pide alguna vez que ejecute esta marcha, yo no me voy a
+salir diciéndole que prefiero otra marcha más jovial, o que no me
+inspira simpatías la autonomía de Polonia, tierra del autor, sino,
+sencillamente, que no sé tocar el piano.</p>
+
+<p>Y cuando alguien me desafíe, yo le diré que no me sé batir, en vez de
+plantearle el problema de la moral del duelo. Por lo demás, acaso toda
+la moral del duelo consista precisamente en esto. Cuando todo el mundo
+llevaba una espada al cinto y sabía más o menos manejarla, batirse en
+duelo era una cosa así como lo que es hoy liarse a garrotazos. Hoy, en
+cambio, el duelo es la equivalente de lo que será liarse a garrotazos en
+el año 2000, cuando, en vez de bastones, los hombres salgan a la calle
+con unos tubos de goma llenos de aire comprimido, de energía
+radioactiva, de café con leche o de lo que sea.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIf" id="IIIf"></a>III<br /> <br />
+LOS DESAFÍOS Y EL HONOR</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">igamos</span> con esto del duelo. Un hombre hace una canallada; este hombre se
+bate y es un hombre de honor. A un hombre le hacen una canallada; este
+hombre no se bate y es un hombre sin honor. El honor o el deshonor no
+consisten, pues, en conducirse honorable o deshonorablemente, sino en
+batirse o no batirse. Yo me atrevería a decir del honor caballeresco
+exactamente lo mismo que he dicho del valor, esto es, que se tiene tanto
+más cuanto se tiene más técnica. El honor se puede aprender, si no en
+doce, en cien o en doscientas lecciones. Todo es cuestión de tener algún
+dinero para ir a una sala de esgrima. Por mil pesetas uno puede llegar a
+hacerse un caballero perfecto, a condición de que uno no esté demasiado
+viejo ni demasiado gordo, ya que el honor también tiene edad, peso y
+estatura.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si esto es así&mdash;dirán ustedes&mdash;, ¿por qué hay tantos hombres sin
+honor?</p>
+
+<p>Sencillamente, porque no lo necesitan. Yo he observado que sólo tienen
+honor aquellas personas a quienes les hace verdadera falta tenerlo. ¿De
+qué le serviría el honor a un ebanista o a un comerciante? Cuando un
+joven piensa dedicarse a la ebanistería o al comercio, no se preocupa
+del honor. En cambio, si quiere entrar en la política, o si es
+aristócrata, se compra unos floretes, unas zapatillas y una careta y se
+inscribe en una academia de esgrima. En Inglaterra no existe el honor
+caballeresco, y en Barcelona, tampoco. Un barcelonés puede ser un hombre
+muy digno y hasta un hombre muy sinvergüenza sin necesidad ninguna de
+tener honor; pero no así un madrileño. Hubo un tiempo en que para
+dedicarse al periodismo, el honor era también una cosa indispensable.
+Hoy creo que todavía se exige el honor en algunos periódicos; pero, en
+la mayoría, sólo procuran que el periodista sepa su oficio. Días atrás
+hablaba yo con un periodista de la vieja escuela y le decía que,
+francamente, eso del honor me parecía absurdo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;me contestó&mdash;. Usted ha tenido mucha suerte y puede usted
+prescindir del honor. Si yo hubiese podido hacerme una firma, también
+prescindiría de él; pero a los cincuenta años de edad no he logrado
+llegar aún a las doscientas pesetas, trabajando diez horas diarias. Yo
+soy un fracasado, y si no tuviese honor, me moriría de hambre...</p>
+
+<p>Mi pobre compañero tiene honor porque le hace muchísima falta. Si el día
+de mañana heredase, dejaría inmediatamente de tenerlo.</p>
+
+
+
+<h2><a name="LA_POLITICA" id="LA_POLITICA"></a>LA POLÍTICA</h2>
+
+<p><i>En estos comentarios, que fueron escritos a fines del año 18 y
+comienzos del 19, el lector verá algunos nombres propios: Maura, Cierva,
+Dato, Sánchez de Toca, Romanones... Lo probable es que semejantes
+nombres no varíen, o bien porque sus titulares vivan indefinidamente, o
+bien porque, al morir, le dejen la herencia política a sus hijos. Y,
+aunque varíen los nombres, es indudable que las cosas no variarán. Es
+decir, que el lector del año 50 no tendrá que hacer, a lo sumo, nada más
+que la simple sustitución mental de unos apellidos por otros para
+convertir este pequeño trozo de historia en una página de actualidad
+palpitante.</i></p>
+
+
+
+<h3><a name="Ig" id="Ig"></a>I<br /> <br />
+CEREBROS ARTIFICIALES PARA USO DE DIPUTADOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro día, al salir del Congreso, me fui a cenar con un amigo
+diputado. Nos sirvieron de postre unas chirimoyas, fruta tropical, y mi
+amigo, con su chirimoya en la mano, comenzó a hablarme de la autonomía
+catalana. Yo le miraba, a la vez que le oía, y tenía una sensación así
+como si fuese de la chirimoya de donde mi amigo sacaba las ideas. De
+cuando en cuando, y coincidiendo con los momentos en que la
+argumentación exigía mayor sutileza, mi amigo oprimía nerviosamente la
+chirimoya, como si quisiera extraerle todo el jugo. Y entonces se me
+venía a la imaginación la imagen prodigiosa de <i>Le Penseur</i>, de Rodin.
+Hubo instantes en que yo temí que la chirimoya reventase en manos de mi
+amigo, quien, cuando no podía terminar un razonamiento, la apretaba de
+un modo verdaderamente suicida. Por fin, mi amigo se comió la chirimoya
+y dejó de hablar de la autonomía catalana. Pedimos la cuenta. Las
+chirimoyas costaban a cinco pesetas cada una. Y yo pensé que, para
+decirme lo que me había dicho, mi amigo hubiera podido arreglarse
+perfectamente con una fruta del país, como, por ejemplo, la naranja, que
+es bastante jugosa y que se encuentra al alcance de las fortunas más
+modestas.</p>
+
+<p>Estamos ante problemas demasiado graves, y yo temo que nuestros
+cerebros, ociosos durante muchísimos años, no puedan ahora funcionar con
+la exactitud necesaria. Algunos diputados razonan con chirimoyas. Otros,
+vistos desde la tribuna de la Prensa, nos presentan unos cráneos largos
+y depilados, como melones. Y otros, en fin, más acres, cuando estrujan
+su pequeña masa encefálica, parece que estrujaran un limón. ¿Por qué no
+se harán máquinas de pensar, como se hacen máquinas de calcular? El Sr.
+Torres Quevedo, que ha hecho una máquina para jugar al ajedrez, podría,
+seguramente, con mucha más facilidad, hacer máquinas que estudiasen la
+cuestión catalana y vendérselas o alquilárselas a los señores diputados.</p>
+
+<p>Podrían hacerse cerebros de celuloide, sólidos, prácticos y que, como se
+venderían mucho, resultarían bastante baratos; cerebros a los que se les
+diese cuerda para veinticuatro horas, o bien que tuviesen una ranura,
+como ciertos aparatos de gas, para que, al querer iluminar algún punto
+obscuro de nuestra política, bastase echar en ellos una moneda y
+aproximar un fósforo. La idea parecerá descabellada, pero yo me
+atrevería a apoyarla con un precedente: los cerebros alemanes.
+Minuciosamente preparados por el Estado y exactamente iguales unos a
+otros, los cerebros alemanes de la <i>avant-guerre</i> podrían considerarse
+como un producto industrial.</p>
+
+<p>Claro que el día en que los españoles razonemos con unos cerebros
+artificiales, confeccionados al por mayor, perderemos toda nuestra
+variedad, tan pintoresca. Pero acaso sea precisamente esto lo que nos
+esté haciendo falta.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIg" id="IIg"></a>II<br /> <br />
+LA INDUSTRIA ELECTORAL</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> elecciones son nuestra única industria nacional, y si se hicieran
+dos veces al año, España se depauperizaría. Hay pueblos en los que la
+cosecha representa unos diez mil duros anuales, la industria unos cinco
+mil, y las elecciones ciento o ciento cincuenta mil. ¡Y aun hay quien
+echa pestes contra la ley del Sufragio!</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué queremos el voto?&mdash;se preguntan algunas gentes.</p>
+
+<p>Y estas gentes, no sólo carecen de sentido político, sino que carecen
+también de todo instinto comercial. Queremos el voto para venderlo. La
+ley que nos ha proporcionado el derecho a votar nos ha asegurado con él
+una renta vitalicia. Un voto puede valer cinco, diez, veinte, cien,
+hasta doscientos duros. Muchos hombres en España ganan con su trabajo
+cincuenta duros al año, y con el voto obtienen el doble y el triple.
+Claro que es preciso votar a los candidatos conservadores. Los
+socialistas, que se las echan de protectores del pueblo, en realidad
+quieren robarle al pretender que el pueblo los vote gratis. ¡Falsos
+apóstoles!, como dice un colega...</p>
+
+<p>Cuando llegan las elecciones es como si llegara una cosecha milagrosa.
+Una cosecha de cereales, de salchichones, de chorizos y de cigarros de a
+peseta con áureas sortijillas. El vino circula abundantemente en
+nuestros pueblos más miserables. Las gallinas, animadas de un fuego
+sagrado, dijérase que ponen los huevos ya cocidos y todo. Los corderos
+nacen asados. España come y bebe a sus anchas.</p>
+
+<p>¿Y son los socialistas quienes censuran al Sr. Maura por echar sobre el
+pueblo español esta bendición de unas elecciones generales? Pues que el
+decreto de disolución se retrase unos meses más, y con lo cara que está
+la vida, España se morirá de hambre. Es preciso acabar con esta leyenda
+de que un candidato no es importante más que como un diputado en
+potencia. Lo importante no es el diputado, sino el candidato. Lo
+importante no es el Parlamento, sino el período electoral. Un hombre que
+se deja en un distrito de cincuenta mil duros para arriba es,
+indudablemente, un hombre que favorece al distrito, y el pueblo,
+agradecido, debe votarle...</p>
+
+<p>A no ser que el candidato contrario se deje lo doble.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIg" id="IIIg"></a>III<br /> <br />
+UNA CARTA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> lector me envía la siguiente carta:</p>
+
+<p><span style="margin-left: 6em;">«Sr. D. Julio Camba.</span></p>
+
+<p>Muy señor mío: Su artículo sobre las elecciones, publicado en <i>El Sol</i>
+del día 13, contiene varias inexactitudes que me apresuro a rectificar.
+Dice usted que los votos constituyen en España una gran industria. ¡Ay,
+señor Camba! Como tantas otras, esta industria ha venido aquí
+considerablemente a menos. La concurrencia es terrible. Hay quien vende
+su voto por dos duros. Hay quien lo da a cambio de una comida, de un
+paseo en automóvil o de un cigarro puro. Hay quien vota por amistad, y
+hay algo mucho peor aún: hay quien vota por convicciones políticas. Y
+así se explica el que se presenten candidatos hombres que no tienen
+donde caerse muertos.</p>
+
+<p>Yo creo que se debiera constituir una liga de electores imponiendo una
+tarifa mínima para los votos. Esta sería, a mi juicio, la única manera
+práctica de que los ciudadanos hiciéramos valer nuestros derechos. Cinco
+duros por voto, y si los candidatos no aceptaban, iríamos a la huelga.
+Y no me hable usted de inmoralidad. El hecho de que usted cobre sus
+artículos no quiere decir que usted venda sus ideas. En realidad, un
+escritor no tiene verdadera independencia de pensamiento mientras no
+puede vivir de su pluma, y algo de esto ocurre también con el elector.
+¿Sabe usted lo que yo he tenido que hacer en las elecciones pasadas para
+valorizar un tanto mi derecho de elector? Pues he tenido que votar dos
+veces: una por un candidato monárquico, y otra, por un republicano.</p>
+
+<p>Porque eso de que los candidatos conservadores son quienes pagan mejor
+los votos, tampoco es exacto, señor Camba. Cuando están en el Poder,
+¿qué necesidad tienen de pagarlos? Generalmente, ni siquiera se toman la
+molestia de echarnos un discurso.</p>
+
+<p>Desengáñese usted. Para levantar un poco la industria electoral no hay
+más procedimiento que la Liga. Recientemente se hablaba de señalar
+sueldo a los diputados. Muy bien; pero que los diputados comiencen por
+pagar a sus electores. Y mientras haya gentes que voten de balde, yo no
+podré creer que el derecho a votar represente para el pueblo conquista
+ninguna...»</p>
+
+<p>Hasta aquí la carta de mi comunicante. Yo, en prueba de imparcialidad,
+la reproduzco íntegra.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVg" id="IVg"></a>IV<br /> <br />
+EL AUTOR NECESITA UN DISTRITO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> estos hermosos días de mayo, para estar a tono con las costumbres y
+no hacer entre mis contemporáneos un papel despreciable, yo necesito dos
+cosas: un distrito y un sombrero de paja.</p>
+
+<p>Casi todo el mundo tiene un distrito y un sombrero de paja. Algunos
+tienen sombrero de paja y carecen de distrito. Otros tienen el distrito
+únicamente, pero podrán contarse con los dedos de una mano los españoles
+que se encuentren hoy, a la vez, sin distrito y sin sombrero.</p>
+
+<p>Lector: ¿No tendrá usted por ahí algún distrito suelto que ofrecerme?
+¿Ha mirado usted bien?...</p>
+
+<p>Todos mis amigos tienen distrito, y hasta hay quien hace gala de dos o
+tres. A juzgar por las apariencias, en España hay muchos más distritos
+que candidatos, y muchos más ciudadanos elegibles que ciudadanos
+electores. Hombres que se han pasado el invierno sin gabán comparecen
+ahora en la tertulia del café con distritos magníficos. No me extrañaría
+nada que alguno de ellos empeñara el suyo...</p>
+
+<p>Es muy hermosa la libertad del hombre soltero; pero cuando uno se va
+haciendo un poco viejo y comienza a padecer del estómago, echa de menos
+una mano amante que le arrope bien en la cama y le sirva tacitas de
+caldo. También es muy hermosa la situación del escritor independiente;
+pero no en época de elecciones. En época de elecciones, ¿quién no siente
+el anhelo de un partido político, un partido cariñoso que le dé un
+distrito así como le daría un caldo la tierna esposa?</p>
+
+<p>Al salir a la calle y coger su sombrero, su bastón y sus guantes, uno
+tiene estos días la sensación de que le falta algo todavía, y lo que le
+falta es un distrito. Luego, en la tertulia habitual, así que todos los
+amigos se ponen a hablar de sus distritos respectivos, el hombre que
+carece de distrito es algo así como un paria. Los camareros mismos le
+sirven de cualquier manera. El limpiabotas no acude a sus
+requerimientos...</p>
+
+<p>La vida sin distrito ha llegado a parecerme ya una carga insoportable.
+Me figuro que las gentes me señalan en la calle diciéndose:&mdash;He ahí un
+hombre que no tiene distrito. Y por esto me dirijo al lector pidiéndole
+uno. Después de todo, un distrito se le da a cualquiera. Haga el lector
+un pequeño esfuerzo. Necesito un distrito, y lo necesito de toda
+necesidad.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Vg" id="Vg"></a>V<br /> <br />
+ESPAÑA, EMPORIO DEL PARLAMENTARISMO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ué</span> se entiende por un hombre muy parlamentario?</p>
+
+<p>En España, por un hombre muy parlamentario se enriende un hombre que
+tiene mucho parlamento. El señor Dato, por ejemplo, y el señor conde de
+Romanones son hombres muy parlamentarios. También es bastante
+parlamentario el Sr. García Prieto. Y yo mismo, que a primera vista no
+parezco nada parlamentario, lo soy, sin embargo, considerablemente más
+que la mayoría de los españoles: tengo numerosos amigos diputados, puedo
+tomar café en el Congreso, puedo utilizar la franquicia postal
+parlamentaria...</p>
+
+<p>Cuando el Sr. Maura disolvió las Cortes, dijo que lo hacía porque siendo
+un hombre muy parlamentario, no quería aprobar los presupuestos a
+espaldas de la representación nacional. La representación nacional era
+entonces datista, romanonista, albista, socialista, etcétera, y el Sr.
+Maura necesitaba una representación nacional maurista a fin de no
+gobernar a espaldas del país, sino de acuerdo con él. Necesitaba un
+Parlamento, en fin, para que no se dijese de él que era un gobernante
+antiparlamentario.</p>
+
+<p>Y como necesitaba un Parlamento, el Sr. Maura&mdash;y quien dice el Sr. Maura
+dice el Sr. Cierva&mdash;se dedicó a hacerlo. Primero, el jefe del Gobierno
+eligió los candidatos. Luego, los candidatos eligieron a los electores.
+Y, dentro de pocos días, el Sr. Maura tendrá un Parlamento propio, así
+como algunos señores tienen un teatro casero.</p>
+
+<p>¿Quién ha dicho que aquí se gobierna arbitrariamente, sin tener en
+cuenta los gustos ni las aficiones del país? Aquí no se hace semejante
+cosa. El país ha derramado su sangre para conseguir el régimen
+parlamentario, y respetuosos de la voluntad nacional, a cada Gobierno le
+damos aquí su Parlamento correspondiente. En el mismo espacio de tiempo,
+ninguna nación ha tenido tantos Parlamentos como España. España es,
+indudablemente, el pueblo más parlamentario del mundo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIg" id="VIg"></a>VI<br /> <br />
+LOS MINISTROS NUEVOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> caiga el actual Gobierno, nuestro presupuesto de gastos se
+encontrará gravado con unas cuantas cesantías más. ¡Para que la gente
+pida ministros nuevos!</p>
+
+<p>¿Qué se entiende por un ministro nuevo? Por un ministro nuevo no se
+entiende un ministro joven ni un ministro distinto de los otros
+ministros, sino un hombre que es ministro por primera vez. Un ministro
+nuevo suele ser un subsecretario viejo, un gobernador viejo o un general
+viejo... El marqués de Mochales llegó a ministro y se murió; pero este
+lamentable suceso será único en nuestra historia. La mayoría de los
+políticos no consideran colmada su ambición al llegar a ministros. Ser
+ministro no es, en realidad, ser nada. Un ministro está a merced del
+poder moderador, a merced de la Prensa, a merced de las oposiciones
+parlamentarias, a merced de todo el mundo. En cambió, un ex ministro no
+está a merced de nadie. Las carteras pasan y las cesantías quedan. Y por
+esto, lejos de morirse una vez que han jurado el cargo, es entonces
+cuando la mayoría de los ministros comienzan a vivir.</p>
+
+<p>¿Ministros nuevos? No. Nunca. Un ministro nuevo se usa en seguida y a
+los dos o tres meses queda convertido en un ex ministro. Hay países de
+una intensa vida económica que pueden permitirse el lujo de cambiar
+frecuentemente de ministros, así como un hombre rico cambia
+frecuentemente de automóvil; pero nosotros no estamos en el mismo caso.
+¡Si cada nueva cesantía anulase una cesantía vieja! ¡Si cuando el señor
+Prado Palacio, por ejemplo, sea declarado ex ministro, dejasen de ser ex
+ministros el marqués de Lema o el conde de Bugallal!... Pero, hoy por
+hoy, lo que nos conviene es ir tirando con los ex ministros actuales.
+Son viejos, muy viejos, tan viejos como el mismo sistema parlamentario;
+son malos y están pasados de moda, pero no nos suponen ningún nuevo
+gasto. Bien conservados, estos ex ministros pueden durar todavía otro
+cuarto de siglo u otro medio siglo, lo que en la política española no
+creo que represente gran cosa. Y cuando se mueran del todo&mdash;allá para el
+año 1950&mdash;, entonces se podrá pensar en sustituirlos con algunos hombres
+jóvenes, como D. Melquiades Alvarez, por ejemplo, o el doctor
+Simarro...</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIg" id="VIIg"></a>VII<br /> <br />
+UN ARTÍCULO MINISTERIAL</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> yo fuese un escritor ministerial, ¡qué artículo haría acerca de las
+últimas elecciones!</p>
+
+<p>Nos han derrotado en las grandes ciudades&mdash;diría&mdash;, pero esto no nos
+extraña. Las grandes ciudades son verdaderos focos de corrupción, donde
+se van perdiendo íntegramente los sentimientos de humildad, de
+obediencia y de amor al pasado. Casi todos los madrileños saben leer y
+escribir, y aunque una enérgica censura amordaza a los escritores de la
+mala prensa, las ideas disolventes siempre encuentran camino por donde
+llegar al cerebro del pueblo. Indudablemente, el analfabetismo vale mil
+veces más que la censura. Todo el arte de los escritores radicales se
+estrella contra el hombre del campo, hombre sano de cuerpo y de
+inteligencia, que no sabe leer ni lo necesita para trabajar las tierras
+de su señor y para darles el voto a los candidatos del orden. Y el
+hombre del campo ha votado la candidatura ministerial.</p>
+
+<p>Hemos triunfado en el campo, donde todavía se conservan las venerandas
+tradiciones de nuestros mayores; donde el médico, no contaminado por
+teorías extrañas, sangra buenamente a sus enfermos, igual que en tiempo
+de nuestros abuelos; donde el pobre se resigna a ser pobre como el rubio
+se resigna a ser rubio; donde el cura prohíbe que se baile el agarrado y
+que se lean los periódicos liberales, y donde se respeta el orden, la
+propiedad, el clero y la Guardia civil. Hemos triunfado en el campo y
+hemos fracasado en las ciudades. ¿Hay nada más significativo?</p>
+
+<p>Porque las ciudades están dejadas de la mano de Dios. En Madrid, la
+juventud pasa su vida bailando bailes extranjeros, bebiendo bebidas
+extranjeras y&mdash;cosa mil veces más nefanda&mdash;leyendo libros extranjeros.
+Ahora les ha dado a los madrileños por poner en las casas baño y
+ascensor, y esto será muy agradable para el cuerpo, pero tiene que ser
+funesto para el alma. Baños, librerías, grandes hoteles, derechos
+políticos, un Ateneo, una Casa del Pueblo... ¿Es que nuestros mayores
+necesitaban ninguna de estas cosas?</p>
+
+<p>Días atrás, cuando los balcones de Madrid se engalanaron con toda suerte
+de colgaduras en homenaje al Corazón de Jesús, creíamos que la capital
+de España se arrepentía y hacía enmienda de sus errores. Las elecciones
+nos demostraron que esta hipótesis era falsa. Indudablemente, el
+madrileño que tiene colgaduras está deseando un pretexto para
+exhibirlas, y cualquiera que sea este pretexto las exhibe; pero esta
+exhibición, puramente decorativa, no tiene jamás un carácter
+ideológico. Madrid está perdido, y con él están perdidas todas las
+grandes ciudades españolas. Las han perdido las bibliotecas públicas, la
+Prensa, el agua corriente, los hoteles cosmopolitas, el telégrafo, el
+teléfono, los teatros, que, de lugares de solaz, van convirtiéndose en
+vehículos de ideas pecaminosas, y tantas otras invenciones de este siglo
+maldito. (Para un escritor ministerial todas las cosas antiministeriales
+son invención de este siglo.) ¿Cómo iban a votarnos?</p>
+
+<p>Nuestra derrota demuestra que nosotros no tenemos nada que ver con esta
+época de disolución social. Nosotros representamos las venerandas
+tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el año de la
+Nanita...</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIIg" id="VIIIg"></a>VIII<br /> <br />
+EL ENGAÑO DE LAS CRISIS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de
+liberación. El aire me parece más puro; las mujeres, más guapas; los
+manjares, más sabrosos.</p>
+
+<p>&mdash;Trabajillo ha costado&mdash;exclamo&mdash;; pero, al fin, somos libres. Ya no
+tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal...</p>
+
+<p>Desgraciadamente, está en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos
+cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible,
+y por esto, acaban resolviéndose todas las crisis ministeriales. Al cabo
+de dos o tres días, el Gobierno caído es siempre sustituido por otro, y
+de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las
+diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si España
+llegará a vivir al año un mes entero sin Gobierno. ¡Un mes entre doce!
+No vale la pena.</p>
+
+<p>Por mi parte, yo no ayudaré ya nunca a echar abajo a ningún Gobierno,
+como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho más
+cuando al otro es seguro que ya habíamos tenido también que echarlo
+abajo anteriormente. No veo en qué puede convenirle a un hombre soltero,
+que ejerce una profesión liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el
+señor Maura, el Sr. García Prieto o el Sr. Sánchez de Toca.
+Probablemente, les interesa mucho más a estos señores gobernarme a mí de
+lo que pueda nunca interesarme a mí el que me gobiernen ellos.</p>
+
+<p>Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno&mdash;premisa a la que no le
+concederé ningún valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir
+con él&mdash;; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos
+constituyen «un mal necesario», entonces, por lo menos, debemos exigir
+que las crisis duren un poco más. Una crisis de tres o cuatro días no
+compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos
+ministros que parecen lapas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IXg" id="IXg"></a>IX<br /> <br />
+ACCIÓN POLÍTICA DE LOS MARISCOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">e</span> inicia un cambio en la política española. Hasta hace muy pocos días,
+el político solía ser, entre nosotros, un hombre de la provincia de
+Pontevedra, amigo personal del marqués de Riestra y padre de una
+numerosa familia. Cuando un paisano mío carecía de oficio y no sabía
+hacer nada que le permitiese vivir en su tierra, si no tenía dinero
+bastante para irse a Buenos Aires, venía a Madrid y se dedicaba a
+ministro. De mí sé decir que, este verano, unos marineros me pidieron en
+mi pueblo nada menos que un grupo escolar; aquellas gentes sencillas
+sabían que yo vivía en Madrid y no concebían que pudiese vivir de otra
+cosa más que de ministro, lo que, después de todo, demostraba cierta
+lógica. Si, en efecto, la mayoría de mis paisanos residentes en Madrid
+no fuesen ministros o ex ministros, ¿cómo se las arreglarían para pagar
+al casero? ¿Es que el Sr. García Prieto, por ejemplo, podría sostenerse
+en la corte escribiendo artículos para <i>El Sol</i>? Pero ahora, para llegar
+a ministro, ya no basta haber nacido en la provincia de Pontevedra, y
+comienza a hacerse indispensable el ser catalán. Y éste es el cambio que
+se inicia en la política española.</p>
+
+<p>A primera vista, parece que se trata de un cambio superficial, y quizá
+no se trate, en efecto, de un cambio muy profundo. Sin embargo, yo creo
+que entre el político gallego y el político catalán hay una diferencia
+mucho más importante que la del acento. Lo terrible del político gallego
+era su asombrosa capacidad de reproducción. Nacidos al pie de las rías
+bajas, aquellos políticos se reproducían como las sardinas. Al cabo de
+quince años, cada ministro le había dado vida a cinco ministros, a diez
+subsecretarios, a diez directores generales y a veinte gobernadores, sin
+contar los empleados subalternos. Todo el mundo conoce la fecundidad de
+la provincia de Pontevedra, que es una de las más pobladas, si no la más
+poblada, de España. Esta fecundidad suele atribuírsele a los mariscos, y
+si la explicación es exacta, los mariscos vienen a ser, en fin de
+cuentas, los verdaderos responsables del nepotismo español. ¡El
+nepotismo español o las ostras, los cangrejos y los percebes de las rías
+bajas!...</p>
+
+<p>Los políticos catalanes no parece que se reproduzcan tanto como los
+políticos gallegos, y esto constituye, por sí sólo, una gran ventaja
+para el país. ¿No se comen, quizá, muchos mariscos en Cataluña, o es que
+el marisco del Mediterráneo vale menos que el del Atlántico? Y por otro
+lado, ¿conocemos nosotros todas las posibilidades políticas del marisco
+catalán? Si hubiese en España alguien que estudiase la política con un
+criterio realmente científico, yo le propondría este problema, que
+considero de un interés capital; pero, por desgracia, aquí no hay ningún
+tratadista político verdaderamente serio.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Xg" id="Xg"></a>X<br /> <br />
+ARRASAMIENTOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> una insubordinación se manifiesta en Barcelona o en otra
+provincia&mdash;ha dicho el general Aznar&mdash;, sólo procediendo enérgicamente
+se domina y se la hace entrar en la ley.» «Si es preciso&mdash;añadió&mdash;, se
+arrasa la población...»</p>
+
+<p>Yo creo que estas palabras del general Aznar tienen toda la categoría de
+un proyecto, y me extraña el ver que algunos periódicos lo rechazan sin
+tomarse la molestia de estudiarlo técnicamente. Porque desde luego, si
+existe en España alguna dificultad para arrasar poblaciones, a mí me
+parece que es una dificultad exclusivamente técnica. Eso de imaginarse
+que el Gobierno no puede arrasar Barcelona por razones de orden moral,
+político o jurídico, demuestra, en mi sentir, una profunda ignorancia en
+materia de arrasamientos. Las dificultades de este triple carácter
+tienen muy poca importancia en el país de La Cierva y Sánchez Guerra. En
+cambio, las dificultades técnicas constituyen, en el país de los mismos
+señores, algo verdaderamente muy serio.</p>
+
+<p>Y, sentado esto, yo considero que debemos dejar a un lado
+consideraciones ociosas, y rogarle al general Aznar que no desarrolle su
+plan. Cuando el general Aznar, que ocupa en el Ejército un puesto tan
+alto, ha insinuado la idea de arrasar Barcelona para dominar a los
+elementos rebeldes, es que, indudablemente, esta idea es factible. Ahora
+bien, general: nos hace falta un presupuesto. Queremos saber en cuánto
+tiempo y por cuánto dinero se comprometería su señoría a hacer en
+Barcelona un arrasamiento en forma. El Ejército alemán, con un material
+formidable y una dirección de primer orden, tardó cuatro años en arrasar
+Reims a satisfacción del Káiser; y siendo Reims una de las ciudades más
+ricas de Francia, invirtió en la destrucción tanto como lo que ella
+valía. Claro que nosotros no somos tan exigentes como el ex Káiser.
+Acostumbrados a innumerables resignaciones, probablemente nos
+conformaríamos con un arrasamiento mucho más vasto que el de la ciudad
+de Reims; pero ¿qué nos vendría a costar ese arrasamientito? El caso
+está en que, para evitar la posibilidad remota de perder Barcelona una
+vez, no vayamos realmente a perderla dos veces, primero arrasándola, y
+segundo, invirtiendo en el arrasamiento el dinero que costó la
+edificación. Por otro lado, el problema de Barcelona es urgente, y si el
+arrasamiento puede durar cincuenta o sesenta años, no creo que
+constituya una solución eficaz.</p>
+
+<p>Supongo que el general Aznar sabrá apreciar la diferencia que existe
+entre esos periódicos que han acogido sus manifestaciones del Senado con
+una vocinglería sentimental, y yo, que las enfoco seriamente en el
+terreno de la realidad. ¡Arrasar Barcelona! ¿Qué duda cabe de que así se
+acabaría de una vez y para siempre con todas las cuestiones de
+Barcelona? Lo malo, como digo, son las dificultades prácticas. A veces,
+discutiendo con un amigo, y no logrando hacerle adoptar mis puntos de
+vista, yo he sentido también el deseo de arrasarlo, y, si me contuve, no
+fue, no, por motivos morales, sino, precisamente, por dificultades
+técnicas. Y es&mdash;para decirlo con una frase digna de la Alta Cámara,
+donde hizo sus manifestaciones el general Aznar&mdash;que «los individuos son
+como los pueblos, y los pueblos son como los individuos».</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIg" id="XIg"></a>XI<br /> <br />
+EL CONGRESO, A CUARENTA GRADOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro día, con un calor de cuarenta y tantos grados, estuve en el
+Congreso. Yo nunca había observado la política española a una
+temperatura tan alta. Algunos diputados, tendidos en sus escaños,
+parecían cadáveres en descomposición. Olía mal.</p>
+
+<p>&mdash;Indudablemente&mdash;pensé&mdash;, el Parlamento no es un espectáculo de verano.
+Para el verano ya tenemos las corridas de toros, que se hacen al aire
+libre.</p>
+
+<p>Y, dirigiéndome a un diputado amigo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no cierran ustedes?&mdash;le dije.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cerrar?&mdash;exclamó&mdash;. Y la labor legislativa que tenemos por delante,
+¿es que van a hacerla los porteros?</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre! En caso de apuro...</p>
+
+<p>&mdash;Todo se vuelven diatribas contra el diputado en este país&mdash;añadió mi
+amigo&mdash;, y el diputado es un mártir. Ya ve usted a los diputados
+franceses. No contentos con ganar quince mil francos al año, quieren que
+se les dupliquen las dietas. El diputado español, en cambio, lejos de
+cobrar, paga. ¿Sabe usted cuánto me han costado a mí las elecciones?
+Veinte mil duritos. Así se demuestra el amor a la patria. Y aquí me
+tiene usted, en pleno mes de agosto, respirando este aire corrompido.</p>
+
+<p>&mdash;Es el aire de la política. Yo había oído hablar de él, pero no lo
+había respirado nunca. Cuando leía en algún periódico eso del aire
+corrompido de nuestra política, creía que se trataba de una frase. Ahora
+lo respiro materialmente y me doy cuenta de que es mefítico.</p>
+
+<p>&mdash;A veces huele como a ajos.</p>
+
+<p>&mdash;Ese olor es la democracia. Es la esencia misma del régimen
+parlamentario. No hable usted mal de él...</p>
+
+<p>Los ventiladores giraban a toda velocidad; pero inútilmente. Está
+demostrado que la política española, sometida a una temperatura de
+cuarenta grados, se descompone por completo. Quizás ocurra también lo
+mismo con la política inglesa, por ejemplo; pero ¿cuándo marca el
+termómetro cuarenta grados en Londres?</p>
+
+<p>Decididamente, habrá que cerrar el Congreso si no queremos que se
+declare en Madrid, y que se extienda luego por el mundo, una nueva
+epidemia hispánica. Y por tarde que lo abran después, siempre lo abrirán
+a tiempo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIIg" id="XIIg"></a>XII<br /> <br />
+OPTIMISMO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> no sé si el lector ha observado mi actitud ante el porvenir de
+España. Hasta ahora, esta actitud ha venido siendo la de un escéptico,
+la de un hombre sin fe ni esperanza ningunas. Los conservadores nos
+prometían una revolución desde arriba, y yo sonreía incrédulamente; los
+republicanos y los socialistas nos anunciaban una revolución desde
+abajo, y yo volvía a sonreír con la misma incredulidad.</p>
+
+<p>&mdash;Esto no puede seguir así&mdash;me decían&mdash;. Esto tiene fatalmente que
+transformarse. El mundo entero se transforma, y España no está en la
+Luna, sino en el mundo...</p>
+
+<p>Todo era inútil. En el fondo, yo tenía una idea así como de que España
+no estaba en el mundo, sino en la Luna. Yo no creía en el porvenir de
+España. Yo era un escéptico...</p>
+
+<p>Era un escéptico, amigo lector, pero ya no lo soy. Mi escepticismo tenía
+una causa y esta causa acaba de desaparecer. Ahora sólo me toca
+manifestar que la causa en cuestión estaba en la calle de Cedaceros, y
+que era esa valla con que el Sr. Vitórica ha estado, durante tanto
+tiempo, entorpeciendo el tráfico de Madrid.</p>
+
+<p>Cuando yo pasaba por la calle de Cedaceros, mi espíritu se anegaba en un
+torrente de amargas reflexiones.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo vamos a derrumbar nada en España&mdash;pensaba yo&mdash;si todavía no
+hemos podido derrumbar esta valla? La Prensa la ataca, el Parlamento la
+combate, el pueblo la maldice y ella sigue en pie. La juventud
+estudiantil, esperanza de la patria, ha venido aquí una noche, armada de
+mazas y de picos, y la ha asaltado románticamente, pero la valla sigue
+incólume. Hasta las autoridades gubernativas se propusieron echarla
+abajo, sin que su gestión obtuviera éxito ninguno... Y ¿qué se puede
+esperar de un pueblo que, todo él, no logra demoler una pobre valla de
+maderas carcomidas?...</p>
+
+<p>Es indudable que, si yo me manifesté durante estos últimos años como un
+escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia
+con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla
+ha caído en tierra, y ahora todo me parece posible.</p>
+
+<p>&mdash;Unas gentes que han acabado con la valla de Vitórica&mdash;me digo&mdash;pueden
+acabar con la misma política del Sr. Cierva. España se transformará.
+Llegará un día en que los madrileños tendremos hasta gas para el
+alumbrado público. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser
+optimistas... Dentro de más o de menos años, no tendría nada de
+asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La
+Coruña en un término de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un
+pueblo tan enérgico. Los trenes andarán. Un kilo de pan llegará a pesar
+lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las
+familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han
+deshecho la valla de la calle de Cedaceros.</p>
+
+
+
+<h2><a name="LA_ANTIPOLITICA" id="LA_ANTIPOLITICA"></a>LA ANTIPOLÍTICA</h2>
+
+
+
+<h3><a name="Ih" id="Ih"></a>I<br /> <br />
+EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a
+fregar, a empapelar y a repintar el mundo. ¿Lo dejan mejor?
+Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo
+refrescan, lo varían y le dan un interés nuevo. Si los revolucionarios
+pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una
+temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente,
+no sufriría tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones
+interplanetarias no han pasado aún de la categoría de proyecto, y cuando
+la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y
+a echarlos patas arriba.</p>
+
+<p>Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se está transformando, con gran
+indignación de muchos señores que se habían instalado en él
+confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos señores no ven
+la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien,
+y en realidad, ¿qué mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefacción
+central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas,
+tiene luz eléctrica, tiene telégrafo y teléfono, tiene leyes de
+Accidentes del trabajo, y tiene cinematógrafo. Es un mundo con todo el
+<i>confort</i> moderno, un mundo sumamente recomendable.</p>
+
+<p>Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los
+rusos, por ejemplo, tienen otras teorías estéticas, y después de haber
+transformado el decorado teatral, no sería extraño que transformasen
+también el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendrá a ser, poco más
+o menos, con respecto al mundo actual, una cosa así como el <i>ballet</i>
+ruso con relación a la ópera italiana.</p>
+
+<p>¿Qué quieren esos obreros que arman tanto escándalo? ¿Qué quieren esos
+carpinteros? ¿Qué quieren esos fontaneros? ¿Qué quieren esos fumistas?
+¿Qué quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto
+desde la Revolución francesa, para que tire una temporadita de algunos
+siglos. ¡Si se les pudiese decir que volviesen otro día!... Pero es
+inútil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa
+donde se están haciendo reparaciones.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIh" id="IIh"></a>II<br /> <br />
+LOS PROLETARIOS DE LEVITA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una
+levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita
+son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita.
+Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo
+que en un periódico conservador se habla de los proletarios de levita,
+no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase
+«proletario de levita» representa un concepto teórico, y aunque para los
+usos prácticos de la vida yo no tenga levita ninguna, teóricamente sí la
+tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita teórica. Es una levita que
+no se puede empeñar; pero, en teoría, esto carece de importancia.</p>
+
+<p>En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A
+veces, tiene un <i>smocking</i> para conquistar, en los hoteles de moda,
+ricas herederas o políticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en
+algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero,
+desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de
+pertenecer a una clase que se caracteriza tan sólo por el uso de una
+prenda que no usa jamás. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario
+de levita...</p>
+
+<p>Hace varios años, el dueño de un periódico donde yo solía colaborar
+desde París, me envió una carta diciéndome: «El periódico marcha muy
+bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con
+respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al público de levita;
+pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con
+usted...» Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por
+artículo, y yo le contesté sin gran entusiasmo: «El termómetro&mdash;le
+decía&mdash;marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en
+vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabán de abrigo.» Mi
+ideal consistía entonces en ser un proletario de gabán, y creo que lo
+realicé ya algo entrado el verano...</p>
+
+<p>Pero volvamos a los proletarios de levita. «Todo el mundo piensa en los
+obreros&mdash;escribe un periódico conservador&mdash;. Todo el mundo se ocupa de
+los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se
+acuerda nadie...» Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de
+blusa más que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, ¿cómo
+no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? ¿Cómo van a fijarse
+los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita
+viste de americana?</p>
+
+<p>Yo propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran
+sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un día haríamos, por
+ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no
+saldría a la calle ni un solo adjetivo. ¡Qué conflicto para el
+régimen!... Pero ya verán ustedes cómo no hacemos nada. Los proletarios
+de levita no tenemos instinto de conservación, además de no tener
+levita.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIh" id="IIIh"></a>III<br /> <br />
+EL SINDICALISMO COMO BASE DE UNA NUEVA ANTROPOLOGÍA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">espués</span> de todo, los sindicalistas no se proponen una cosa tan
+extraordinaria como puede creerse. ¿Qué más da el que los hombres estén
+clasificados por naciones que el que lo estén por oficios? La raza, el
+idioma, la religión, las costumbres... Convengo en que todo esto es un
+poco vago y un poco confuso; pero, ¿y la cerrajería?</p>
+
+<p>Los sindicalistas pretenden que donde hoy dice «España», «Inglaterra»,
+«Francia» o «Alemania», diga mañana «Sindicato del Hierro», «Sindicato
+del Carbón», «Sindicato de la Madera», «Sindicato del Papel»... Al
+principio, naturalmente, los miembros de unos Sindicatos aparecerán
+mezclados con los de los otros, y en lo que hoy es España, por ejemplo,
+habrá hombres de papel a la vez que hombres de madera, de carbón y de
+hierro; pero, a la larga, es lógico suponer que cada Sindicato vaya
+localizándose en lo posible allí donde encuentre sus primeras materias.
+Entonces surgirá, no sólo una nueva Geografía política, sino también
+una nueva Antropología. Los trabajadores del carbón constituirán una
+raza muy morena. Los albañiles formarán una muy rubia. Si hoy se parecen
+ya todos los albañiles del mundo, aunque no sean hijos de albañiles y
+aunque la albañilería sea el único vínculo que los une, ¿qué no ocurrirá
+a los dos siglos de sindicalismo? Probablemente, los distintos
+Sindicatos darán origen también a religiones diversas, ya que no es
+fácil concebir cómo se pueden tener las mismas creencias ni los mismos
+sentimientos en el país del carbón que en el país de la cal. Y si es
+verdad que la terminología de los oficios constituye el manantial más
+rico donde se nutren todos los idiomas modernos, ¿cómo no suponer que
+cada Sindicato llegará a tener una lengua propia, ininteligible para los
+otros?</p>
+
+<p>Parece que los sindicalistas van a hacer una revolución terrible; pero,
+a los dos siglos de sindicalismo, el mundo estará, poco más o menos,
+como ahora. Un Sindicato muy fuerte querrá dominar a los otros, les
+declarará la guerra y morirán a millones hombres de hierro, hombres de
+carbón, hombres de cartón piedra y hombres de celuloide...</p>
+
+<p>Indudablemente, no hay una gran diferencia entre clasificar a los
+hombres por oficios o clasificarlos por razas, religiones, idiomas y
+costumbres. Y no tan sólo no hay una gran diferencia, sino que es igual.
+En realidad, los hombres no se han clasificado nunca por razas,
+religiones, idiomas ni costumbres. Los han clasificado así los
+historiadores mucho después de que ellos habían hecho su propia
+clasificación; pero los primeros hombres se clasificaban siempre por
+oficios, ni más ni menos que si hubiesen oído a Pestaña o al <i>Noy del
+Sucre</i>. Los pescadores se reunían para establecerse a orillas de los
+ríos o construir ciudades lacustres; los cazadores se iban a los
+bosques. Las nacionalidades modernas no son más que una consecuencia
+directa de aquel sindicalismo primitivo. Y por esto yo creo que no es
+muy difícil imaginarse el resultado del sindicalismo actual.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVh" id="IVh"></a>IV<br /> <br />
+EL BOLCHEVISMO, ENFERMEDAD INFECCIOSA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> los primeros <i>poilus</i> penetraron en territorio alemán, muchos
+franceses se alarmaron.</p>
+
+<p>&mdash;Alemania&mdash;decían&mdash;está apestada de bolchevismo. A ver si nuestros
+soldados lo cogen y lo extienden luego por aquí...</p>
+
+<p>Y es que para la inmensa mayoría de las gentes, el bolchevismo no pasa
+de ser una enfermedad infecciosa. Los Gobiernos más serios lo tratan
+como una nueva forma de gripe. Creen que se propaga por contagio, igual
+que la gripe española, y, a fin de combatirlo, forman cordones
+sanitarios en las fronteras. A los casos reconocidos los aíslan
+cuidadosamente, metiéndolos en las cárceles, y, dentro de poco,
+prohibirán el derecho de reunión, para evitar los hacinamientos.</p>
+
+<p>A mí, esto de combatir el bolchevismo con medidas sanitarias me parece
+algo así como si se hubiera pretendido combatir la gripe reformando la
+Constitución. No creo que las medidas sanitarias hayan sido nunca muy
+útiles contra las epidemias, y, desde luego, creo que serán
+perfectamente inútiles contra el bolchevismo.</p>
+
+<p>Porque, para mí, el bolchevismo no es un problema sanitario, sino un
+problema social, y, en el estado actual de la Ciencia, me parece absurdo
+pretender que nadie cambie de religión o de política sometiéndolo a un
+tratamiento médico. Acaso el agua bendita haya resuelto algunos
+problemas sociales; pero, probablemente, el agua oxigenada no resolverá
+ninguno. Y la prueba de que el bolchevismo no es una enfermedad, es que
+mientras las enfermedades sólo ponen en peligro a los enfermos, el
+bolchevismo constituye un peligro únicamente para aquellos que no son
+bolchevikis.</p>
+
+<p>Pero si, a pesar de todo, seguimos considerando el bolchevismo como una
+enfermedad, ¿qué vamos a hacer con los otros sistemas políticos? ¿Con
+qué curaremos el maurismo, pongo por caso? El bolchevismo vendría a ser
+algo así como un enorme trastorno gástrico, mientras la mayoría de las
+sectas políticas representarían deficiencias mentales imposibles de
+combatir.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Vh" id="Vh"></a>V<br /> <br />
+LA MAGIA DEL DINERO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> el bolchevismo comienza a asomar en un país, parece que los ricos
+se apresuran a realizar sus fortunas para dilapidarlas alegremente antes
+de que se las lleve la trampa. Así dicen que han procedido los grandes
+duques rusos y que están procediendo los aristócratas magiares. El
+bolchevismo es un gran estimulante de la generosidad, y por eso yo no
+veo que en España corramos todavía el menor peligro de pasar a un
+régimen bolchevique. Cuando algún millonario os cuente que aquí vamos
+derechos al bolchevismo, pedidle mil pesetas, y si os las niega&mdash;que os
+las negará&mdash;, es que habla por hablar y sin convicción ninguna.</p>
+
+<p>Hay quien dice que el bolchevismo tiende a suprimir el dinero, y esto
+merece cierta reflexión. Indudablemente, el dinero es una cosa muy mala,
+sobre todo para aquellos que no lo tienen; pero también es una cosa muy
+buena, especialmente para aquellos que lo atesoran. Algunas personas,
+cuando se discute este tema de la bondad o maldad del dinero, exclaman:</p>
+
+<p>&mdash;¡Quite usted!... Lo importante es tener salud...</p>
+
+<p>Probablemente, esas personas se figuran que el dinero constituye una
+enfermedad, y si, en efecto, la constituye, hay que convenir que, entre
+nosotros, no ha tenido nunca caracteres endémicos.</p>
+
+<p>Por mi parte, confieso que el dinero me ha parecido siempre una cosa
+milagrosa. Yo no puedo ver el proceso de un duro que se transforma en
+patatas, sin imaginarme el proceso contrario, y me figuro que,
+previamente, se han cogido kilos y kilos del sabroso tubérculo, que se
+los ha cocido, que se los ha machacado, que se los ha sometido a
+diversos reactivos, que se los ha puesto en un alambique y que se ha
+obtenido el duro como resultado. Esto es lo que yo me figuro cuando
+compro un duro de patatas, y esto es ya bastante maravilloso; pero la
+maravilla crece cuando pienso que mi duro no sólo es susceptible de
+transformarse en patatas, sino que se puede transformar también en
+guisantes, en zanahorias, en poesías líricas, en cigarros habanos y en
+otros muchos objetos que me dicte mi fantasía. ¿Qué otra cosa, en
+nuestro mundo moderno, tiene este poder mágico que tiene un duro, como
+no sea un billete de cinco duros? Y ¿cómo es posible que haya quien
+desprecie el dinero, considerándolo una realidad demasiado prosaica?</p>
+
+<p>No hay duda de que el dinero es una cosa excelente... para aquellos que
+lo tienen. ¡Si lo pudiésemos tener todos!... Pero en cuanto lo
+tuviésemos todos, su virtud milagrosa desaparecería en absoluto. Yo
+creo que se debiera establecer un turno pacífico para el disfrute del
+dinero. Así se evitarían las revoluciones, los grandes negocios y otra
+porción de cosas más o menos molestas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIh" id="VIh"></a>VI<br /> <br />
+EL DELITO DE SER RUSO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> extranjero, preso en la Cárcel Modelo, se dirige a los periódicos
+protestando contra su detención. «Soy un ciudadano ruso&mdash;dice&mdash;, y no he
+cometido ningún delito.»</p>
+
+<p>¡Un ciudadano ruso que no ha cometido ningún delito!... La contradicción
+salta a la vista. Es como si se dijera «un homicida que no ha matado a
+nadie», o «un ladrón que no robó nunca». ¿Le parece poco delito al Sr.
+Weissbein el hecho de ser ruso? Rusia es un país demasiado frío,
+demasiado lejano y demasiado complicado, y a nuestra Policía le ha
+inspirado siempre muy hondas sospechas. En Madrid, Sr. Weissbein, ya
+resulta bastante difícil el ser catalán o gallego, para que se le
+permita a nadie ser ruso. Si quiere usted vivir tranquilo entre
+nosotros, hágase usted de Vallecas o de Getafe y renuncie incontinenti a
+toda pretensión moscovita.</p>
+
+<p>¡Ahí es nada ser ruso, esto es, ser del país del terrorismo y del
+bolchevismo!... Mi amigo Corpus Barga, actual redactor de <i>El Sol</i> en
+París, tuvo la debilidad de interesarse por las cuestiones rusas, y en
+cuanto se presentó en España, con unos bigotes caídos a la tártara, la
+Policía lo cogió y lo metió en la cárcel. Otro amigo mío, que quiso
+estudiar ruso, fue detenido a la tercera lección. Y si a Cristóbal de
+Castro, autor de <i>Rusia por dentro</i>, le han nombrado gobernador de
+Ávila, ha sido cuando ya no le cabía a nadie la menor duda de que ni
+Cristóbal de Castro había llegado nunca a Rusia ni sabía una palabra de
+ruso.</p>
+
+<p>Ignoro en qué artículo de nuestro Código penal se condena la ciudadanía
+rusa, y por eso no le doy el número al Sr. Weissbein. Lo cierto, sin
+embargo, es que, en cuanto la Policía española sospecha que alguien
+puede ser ruso, le busca y le detiene. Si yo no he estado en Rusia
+todavía, es porque no he querido que, a la vuelta, me encerrasen para
+siempre en la Cárcel Modelo. No hay manera de ser ruso en España, Sr.
+Weissbein. Los mismos libros rusos han sido perseguidos y decomisados
+aquí diferentes veces. Hágame usted caso: olvide su idioma y adopte la
+ciudadanía de los Cuatro Caminos, que, después de la derrota alemana, es
+el país más lejano de donde se puede ser en Madrid.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIh" id="VIIh"></a>VII<br /> <br />
+LOS RUSOS POLÍTICOS</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ntes</span> de la guerra, España no creía en los rusos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Un ruso? ¡Vamos, hombre! ¡Mire usted que un ruso!&mdash;decían los
+madrileños.</p>
+
+<p>Entonces no había más que una persona que, de vez en cuando, recibiese
+algunos rusos en Madrid. Esta persona era Luis Morote, diputado a Cortes
+y periodista famoso por la longitud de sus artículos. Luis Morote había
+estado en Rusia; pero, sin embargo, no recibía directamente sus envíos.
+Los rusos se los mandaba Fabra Ribas, ya un poco adulterados, desde la
+redacción de <i>L'Humanité</i>, de París, adonde iban todos antes de venir a
+España.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que tiene usted tantos rusos disponibles&mdash;le preguntaba yo a
+Fabra Ribas un día&mdash;, ¿por qué no los distribuye usted de una manera más
+equitativa? Eso de darle a Morote la exclusiva de los rusos para toda
+España, me parece injusto.</p>
+
+<p>Yo sospecho que Fabra Ribas quería serle agradable a Morote, y que por
+eso le proveía de rusos con tanta abundancia; pero él se disculpaba
+diciendo que Morote era la única persona que había en Madrid capaz de
+servir a un extranjero. El caso es que, cada dos meses o cosa así,
+Morote salía a la calle muy orgulloso con unos rusos inéditos; pero los
+pobres hombres fracasaban completamente. Nadie creía en ellos como tales
+rusos.</p>
+
+<p>&mdash;Con ese ruso no tendrá usted frío, ¿eh, amigo Morote?&mdash;solían decirle
+al distinguido periodista.</p>
+
+<p>O bien:</p>
+
+<p>&mdash;¿Un ruso nuevo? Pues ya tiene usted para tirar lo que queda de
+temporada...</p>
+
+<p>En un libro que se llama <i>Playas, Ciudades y Montañas</i>, yo cuento las
+aventuras de estos primeros rusos en Madrid, y el capítulo dedicado al
+asunto tiene un título muy significativo: <i>Los rusos existen</i>. Entonces
+nadie creía en los rusos. Ahora, en cambio, todos los hombres le parecen
+un poco rusos a la gente. En el <i>Manuel Calvo</i>, de Barcelona, se han
+hecho a la mar, expulsados por el Gobierno, rusos de Turquía, rusos de
+Bulgaria, rusos franceses, rusos ingleses y hasta rusos españoles. Y es
+que la palabra ruso ha evolucionado. Antes tenía un concepto geográfico.
+Ahora tiene un concepto político. Se es ruso como se es republicano o
+como se es reformista. Se es algo ruso o se es terriblemente ruso. Todo
+hombre que protesta contra el caciquismo o contra la carestía de la
+vida, es un ruso presunto. ¡Y pensar que yo he sido ruso, sin enterarme
+de ello, hace más de quince años!...</p>
+
+<p>Este nuevo concepto de la palabra ruso es lo que explica el proyecto del
+Sr. Doval, jefe de policía de Barcelona, quien, para sondear a los
+detenidos en el <i>Manuel Calvo</i>, proponía que se introdujeran entre
+ellos, fingiéndose rusos, cinco o seis policías españoles. Yo no creo
+que un policía español pueda fingirse ni siquiera portugués. Decirle que
+se finja ruso a un policía que gana diez pesetas diarias es algo así
+como decirle que se finja gran filósofo. Indudablemente, el señor Doval
+no aspiraba a que los policías españoles se fingieran rusos de idioma,
+sino sencillamente rusos políticos.</p>
+
+<p>Pero si la palabra ruso ya no designa más que cierta clase de opiniones,
+¿por qué se considera a los rusos como extranjeros? ¿Cree el conde de
+Romanones que los naturales de Moscú son más rusos que nosotros? No hay
+duda de que, antes, un hombre que nacía en Moscú tenía muchas y muy
+buenas razones para ser ruso. Hoy quizá las tenga más y mejores un
+hombre nacido en España.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIIh" id="VIIIh"></a>VIII<br /> <br />
+LA TIRANÍA DEL TRABAJO</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">M</span><span class="smcap">e</span> permite el lector que yo le dé mis opiniones sobre la cuestión
+social? Para mí, toda la cuestión social se reduce a una cosa: que el
+hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no
+quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere
+trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no
+quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo
+colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un
+absurdo.</p>
+
+<p>Toda la civilización no es más que una lucha desesperada del hombre para
+no tener que trabajar. Si se han inventado máquinas, si se han
+canalizado ríos, si se han domesticado animales y si se han blanqueado
+negros, ha sido con el único objeto de que los negros, los animales, los
+ríos y las máquinas trabajasen por nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo que inventan los hombres <i>pa</i> no trabajar!&mdash;decía el baturro del
+cuento viendo cómo un pintor copiaba el paisaje.</p>
+
+<p>Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado
+rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han
+creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades
+infecciosas...</p>
+
+<p>Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje.
+Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajará menos, y el dolor de
+los más será atenuado, pero...</p>
+
+<p>Pero en la sociedad actual uno tenía siempre una esperanza de
+liberación, y en la sociedad futura no la tendrá nadie. El mal será
+menor, pero lo hará parecer mil veces mayor su carácter de mal
+ineludible. Hasta ahora, uno podía siempre pensar, según sus aptitudes o
+sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una
+fábrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero
+salvarse al fin. Mañana, en cambio, no habrá posibilidad de salvación
+para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o
+cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestión
+social seguirá en pie.</p>
+
+<p>Hasta que unas máquinas maravillosas nos lo hagan todo... y mientras no
+se den cuenta de que las explotamos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IXh" id="IXh"></a>IX<br /> <br />
+UNA POLICÍA FILOSÓFICA</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> la Policía no encuentra nunca a los autores materiales de los
+atentados contra los patronos, ¿cómo va a encontrar a los autores
+morales? Si no descubre, ni por casualidad, la mano que mata, ¿cómo va a
+descubrir el cerebro que sugiere la idea de matar? Habría que crear una
+Policía filosófica que fichase las ideas y fuera siguiéndoles la pista
+de libro en libro, porque yo creo que a la Policía actual esta labor le
+resultaría demasiado molesta. El camino de una idea, desde que nace
+hasta que se convierte en cinco tiros de pistola, es largo y sinuoso.
+Claro que en España hay muy pocas ideas. Generalmente, los hombres que
+tienen alguna están fichados ya; pero, de todos modos, la tarea del
+nuevo organismo policíaco tropezaría con dificultades insuperables.</p>
+
+<p>Yo estoy de acuerdo con la prensa conservadora en creer que los autores
+materiales de los atentados contra los patronos no son más que
+instrumentos; pero ¿instrumentos de quién? Probablemente, la prensa
+conservadora cree que de Pestaña, del <i>Noy del Sucre</i>, de Indalecio
+Prieto o de Marcelino Domingo. Yo creo que de Platón. Marcelino Domingo,
+Indalecio Prieto, el <i>Noy del Sucre</i> y Pestaña hablan, escriben,
+<i>agitan</i> y crean contra los patronos un estado de opinión sin el cual
+tal vez no se cometiesen tantos atentados; pero de aquí a suponer que
+esos señores son responsables, hay una gran diferencia. Esos señores no
+son responsables. Esos señores son instrumentos.</p>
+
+<p>¿Por qué vamos a suponer que el hombre que habla es más consciente de lo
+que hace que el hombre que tira tiros? Si Carlos Marx no hubiese escrito
+<i>El Capital</i>, los oradores socialistas, o no dirían nada, o dirían unas
+cosas muy distintas de las que dicen. Los oradores socialistas no son
+más que autores materiales de sus discursos, y Carlos Marx es uno de los
+autores morales; pero, aquí se nos vuelve a presentar el mismo problema,
+¿hasta qué punto se puede hacer a Carlos Marx responsable de <i>El
+Capital</i>? Si otros hombres no hubiesen trabajado con anterioridad en el
+mismo orden de ideas, ¿dónde hubiese encontrado el ilustre economista
+alemán los materiales necesarios para construir su obra?</p>
+
+<p>Indudablemente, Carlos Marx no tiene culpa ninguna de lo que ocurra en
+Barcelona ni en Bilbao. La culpa, como digo, es de Platón, a quien le
+comunicó las malas ideas el señor Sócrates.</p>
+
+<p>Y como el señor Sócrates ya se tomó la cicuta, resulta que ya están
+castigados, no sólo todos los asesinatos de patronos que van perpetrados
+hasta la fecha, sino los que puedan perpetrarse en el corto porvenir que
+le queda a la clase patronal.</p>
+
+
+
+<h3><a name="Xh" id="Xh"></a>X<br /> <br />
+ASESINOS MANUALES Y ASESINOS INTELECTUALES</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro día he recibido la visita de un joven que tenía el rostro
+asimétrico, la frente huida y la mandíbula <i>prognata</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone usted&mdash;me dijo este hombre extraño, con voz cavernosa&mdash;. Vengo
+a verle porque me han dicho que es usted un intelectual.</p>
+
+<p>&mdash;Exageraciones, calumnias de mis enemigos, que tienen, sin duda, ganas
+de verme en la Cárcel Modelo&mdash;le contesté&mdash;. ¿Es usted de la Policía?</p>
+
+<p>&mdash;No. De momento, no&mdash;dijo el hombre con una sonrisa helada&mdash;. Soy un
+modesto asesino, para servir a usted...</p>
+
+<p><i>Il n'y à pas de sot métier</i>, como dicen los franceses. La profesión de
+asesino, desde que ha entrado en vigor esta ley de las ocho horas,
+puede, con poco esfuerzo, producir ingresos suficientes para cubrir
+todas las necesidades de un buen padre de familia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conque asesino?&mdash;exclamé yo, con una amabilidad que quizá no fuese
+completamente espontánea&mdash;. Muy interesante. Ustedes matan a algunos
+hombres; pero le dan de vivir a muchos más. Siéntese usted y dígame en
+qué puedo serle útil. ¿Quiere usted, quizá, que le recomiende algunos
+amigos? Lo haré con mucho gusto...</p>
+
+<p>Mi visitante se dejó caer en una butaca.</p>
+
+<p>&mdash;Yo venía en busca de un intelectual&mdash;exclamó&mdash;y usted niega serlo.
+Esto me contraría considerablemente. Necesito un intelectual a todo
+trance...</p>
+
+<p>&mdash;Si es para asesinarlo&mdash;le dije&mdash;me parece absurdo. Aunque llevara
+usted luego su pelleja al Ministerio de la Gobernación, no creo que el
+asesinato de un intelectual pudiese producirle siquiera lo necesario
+para cubrir gastos. Los intelectuales, en este país, se cotizan a menos
+que los conejos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en fin&mdash;repuso el hombre, que parecía dominado por una idea
+fija&mdash;. Aunque usted no sea completamente un intelectual, por lo menos
+tendrá usted un cerebro...</p>
+
+<p>Yo me rasqué instintivamente el cráneo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hombre! ¡Un cerebro! ¿Quién no tiene un cerebro? Claro que son muy
+pocas las personas que lo usan; pero todo el mundo tiene un cerebro.
+Usted mismo tiene uno de esos magníficos cerebros de criminal nato que
+ha estudiado minuciosamente, en Italia, el profesor Lombroso.</p>
+
+<p>&mdash;Yo carezco de cerebro, señor mío&mdash;respondió el asesino&mdash;. ¿Es que no
+lee usted la prensa conservadora? Los asesinos no somos más que brazos,
+instrumentos que ejecutan las ideas de otros hombres. En tiempos del
+señor Lombroso teníamos, en efecto, unos cerebros especiales, y cuando
+queríamos trabajar, buscábamos, de acuerdo con nuestros gustos
+particulares o según la inspiración del momento, un hacha, un cuchillo,
+un revólver o una maza. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. El cerebro
+es nuestra herramienta. ¿Comprende usted mi situación? Yo quiero
+asesinar a un frutero de los Cuatro Caminos; pero, antes de ponerme a la
+obra, necesito un cerebro que me sugiera la idea de este asesinato. Por
+eso venía a verle a usted...</p>
+
+<p>Yo me disculpé como pude; pero el asesino no se convenció.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me engaña&mdash;me dijo&mdash;. Usted podría perfectamente sugerirme la
+idea que yo le pido. Mil veces, de seguro, habrá tenido usted en su vida
+intenciones asesinas. Lo que ocurre es que no quiere usted complacerme.
+Es usted un Tartufo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Caballero!</p>
+
+<p>&mdash;Un Tartufo, sí, señor. ¡Ah! ¡Si alguien pudiera sugerirme la idea de
+asesinarle a usted!... ¡Cómo me vengaría yo entonces de su hipocresía!
+Pero yo soy un pobre asesino, incapacitado por mi profesión para matar a
+nadie, y por eso usted se permite abusar de mí. ¡Adiós, señor mío! Voy a
+revisar unas colecciones de periódicos a ver si algún artículo de un
+adversario suyo me inspira la intención de estrangularlo a usted. Hasta
+la vista.</p>
+
+<p>Y el extraño visitante se fue por donde había venido.</p>
+
+
+
+<h3><a name="XIh" id="XIh"></a>XI<br /> <br />
+FERRER</h3>
+<hr />
+
+
+<p class="nind"><span class="letra">F</span><span class="smcap">errer</span>, como se sabe, tenía una estatua en Bruselas. Los alemanes,
+durante su ocupación de la ciudad, echaron la estatua abajo, y cuando se
+trató de erigirla, algunos periódicos españoles protestaron y otros
+aplauden. Yo creo que los españoles, como tales españoles, no tenemos
+voto en este asunto. Ferrer era español; pero nosotros no quisimos que
+siguiera siéndolo, y para conseguirlo lo hemos fusilado. Desde que lo
+fusilamos, Ferrer dejó de ser uno de los nuestros, y hoy ¿qué nos
+importa el que su cadáver suscite por ahí simpatías o antipatías? Al
+fusilarlo, nosotros hemos roto con el señor Ferrer toda solidaridad.
+¿Que actualmente Ferrer nos denigra en Bruselas? Pero ¿cómo puede
+denigrarnos un muerto? Y si un muerto puede denigrarnos, entonces, ¿no
+habremos cometido una ligereza al matar a Ferrer?</p>
+
+<p>Por mi parte, yo creo que, en efecto, hemos cometido una gran ligereza,
+un descuido imperdonable. En vano sus enemigos dicen que Ferrer no era
+un sabio ni un pedagogo. Si se va a fusilar a todos los españoles que
+no son sabios ni pedagogos, entonces ya puede el Gobierno solicitar un
+crédito extraordinario para comprar fusiles. Yo no conozco más que un
+pedagogo, D. Lorenzo Luzuriaga, y francamente, no creo que este querido
+amigo se divierta mucho cuando llegue a quedarse solo consigo mismo en
+una España despoblada por los fusilamientos.</p>
+
+<p>No. A Ferrer no se le ha fusilado porque no era un pedagogo ni un sabio.
+Por lo menos, las obras de la colección Sempere se las había leído, y
+esto le ponía en un nivel de cultura muy superior al de los hombres que
+dispusieron su fusilamiento. Si se fusiló a Ferrer fue, al contrario,
+porque se le consideraba un sabio y un pedagogo, una especie de Giordano
+Bruno de la rambla de Canaletas. Esto, además, era lo lógico, y si no lo
+lógico, lo tradicional. Esto era lo que tenía precedentes. Yo le hice en
+tiempo oportuno una prudente advertencia al Sr. Maura por medio de un
+artículo que los ferreristas interpretaron, por cierto, bastante mal.</p>
+
+<p>&mdash;Que no se fusile a Ferrer&mdash;decía yo&mdash;. Ustedes se creen que Ferrer es
+un genio; pero yo, que lo conozco, les doy mi palabra de que no lo es.
+Fusilen ustedes al Sr. Unamuno, que sabe griego; fusilen a don Francisco
+Giner, fusilen aunque sea al doctor Simarro; pero yo les aseguro que
+sería una equivocación fusilar a Ferrer...</p>
+
+<p>Nadie atendió mis consejos, y Ferrer fue fusilado. Ahora, muchos
+españoles se indignan al ver que en el extranjero se le levantan
+estatuas a Ferrer. «Ferrer no es un apóstol», dicen. Pero Ferrer <i>ya</i> es
+un apóstol. Todo hombre que muere por una idea es un apóstol, y como los
+apóstoles estorban mucho a los ministros de la Gobernación, el buen
+gobernante no debe matar a nadie por sus opiniones ni por sus doctrinas.
+Así como así, ¿qué necesidad hay de matar a la gente en el país de la
+viruela y de la gripe?</p>
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<h3>OTRAS OBRAS DE JULIO CAMBA</h3>
+
+<p class="c"><i>Alemania</i>.</p>
+
+<p class="c"><i>Londres</i>.</p>
+
+<p class="c"><i>Playas, ciudades y montañas</i>.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La rana viajera, by Julio Camba
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA ***
+
+***** This file should be named 30275-h.htm or 30275-h.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
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+
+Produced by Chuck Greif, R. Cedron and the Online
+Distributed Proofreading Team at (http://dp.rastko.net).
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
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+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
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+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
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+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
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+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
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+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+
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