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El director de un periódico donde yo trabajaba +me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París. Mis +artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras +capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el +carácter nacional, pero el único sujeto de experimentación que había en +ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras +como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede +verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo +que parecen críticas o comentarios no son más que reacciones contra el +ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a Londres, y a Berlín, y +a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y +si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la +civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el +resultado: una serie constante de movimientos absurdos y de actitudes +grotescas._ + +_Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana_ torna a la +charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma +rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar +menos ingenua y algo más instruida--que no en balde se ha pasado tanto +tiempo en los laboratorios--, muy tiesa sobre sus zancas y hasta +provista de gafas. ¿Qué efecto le producirán las otras ranas a esta rana +que está transformada de tal modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana +viajera, después de una ausencia de tantos años? + +Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia +para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente +porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de +todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto +de referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países. + +Y no sólo resultará que España no puede ser un modelo para las otras +gentes, sino que no sirve apenas para los mismos españoles. La rana +encontrará su charca muy poco confortable. + + + + +ESPAÑA REENCONTRADA + + + + +I + +PSICOLOGÍA CREMATÍSTICA + + +La primera impresión que nos produce España es un poco confusa. Al +principio no reconocemos exactamente a nuestro país, no lo encontramos +del todo igual al recuerdo que teníamos de él. ¿Es que España ha +cambiado? Es, más bien, que la miramos desde otro punto de vista y con +unos ojos algo distintos a como la mirábamos antes. Los españoles, por +ejemplo, ¿qué duda cabe de que no han disminuido de estatura? Sin +embargo, ahora nos parecen pequeñísimos. Hombres muy pequeños, bigotes +muy anchos, voces muy roncas... + +--¿Por qué están tan enfadados estos hombres tan pequeños?--me pregunta +un extranjero que ha sido compañero mío de viaje. + +Yo le explico a duras penas que no se trata de un enfado momentáneo, +sino de una actitud general ante la vida. Mi compañero se esfuerza en +comprender. + +--¡Ah, vamos!--exclama, por último--. Es que los españoles no tienen +dinero... + +Y, aunque esta explicación de la psicología nacional me resulta +excesivamente americana, yo, obligado a hacer una síntesis, la acepto +sin grandes escrúpulos. + +--Sí. Es eso, principalmente... + +--De modo que si nosotros metiésemos aquí algunos millones de dólares, +¿cree usted que sus compatriotas se calmarían? + +--Yo creo que sí. Creo que estas voces ásperas se irían suavizando poco +a poco y que las mesas de los cafés no recibirían tantos puñetazos. +Creo, en fin, que cambiarían ustedes el alma española. Siempre, +naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos +particulares... + +Hay muy poco dinero en España. Poco y malo. El primer tendero a quien le +doy un duro lo coge y lo arroja diferentes veces sobre el mostrador con +una violencia terrible. Yo hago votos para que, si no es de plata, sea, +por lo menos, de un metal muy sólido, porque, si no, el tendero me lo +romperá. La prueba resulta bien; pero al tendero no le basta. Con un ojo +escudriñador y terrible que parece salirse de su órbita examina +detenidamente las dos caras del duro. Luego vuelve a sacudirlo y, por +último, lo muerde. Lo muerde con tal furia que debe de mellarlo. Y el +duro triunfa. + +España es el país del mundo en donde un duro tiene más importancia. +Claro que el gesto de coger un duro y echarlo a rodar despectivamente +sobre la mesa para que el camarero lo recoja es un gesto muy español; +pero ese gesto no le quita prestigio al duro, sino que se lo añade. + +--He aquí un duro--parece decir el hombre que va a echarlo a rodar--. +¿Conciben ustedes nada más grande que un duro? Si yo no tuviera un alma +heroica y caballeresca, ante la cual carecen de poder las sugestiones de +la fortuna, yo depositaría este duro sobre la mesa tomando para ello +precauciones infinitas a fin de que no se rompiese, o bien se lo +entregaría al camarero en propia mano, religiosamente, como si se +tratara de un rito. Pero yo desprecio los bienes terrenales, y no me +preocupo del porvenir. ¿Ven ustedes este duro? Pues ahí va... + +Y hecho esto, el hombre aguarda la vuelta, cuenta las perras gordas una +por una y se las guarda en un bolsillo profundo... + +Poco dinero y malo. Hombres furiosos. Señoras gruesas, siempre +sofocadas, o por el calor o por los berrinches, que se abanican +constantemente. Muchos curas. Muchos militares... Grandes partidas de +dominó y de billar. Cuestiones de honor. Toros. Juergas. Broncas. Nubes +de limpiabotas, de vendedoras de décimos de la Lotería, de gitanas que +dicen la buenaventura, de músicos ambulantes, de ciegos, de cojos, de +paralíticos... Indudablemente, España no ha cambiado. Y es posible que +nosotros mismos no hayamos cambiado tampoco. + + + + +II + +EL TEMPLO DE LA ETERNIDAD + + +Henos aquí en Madrid, en nuestra casa, como quien dice... Bernard Shaw, +para demostrar que en los _music-halls_ no se ha operado evolución +alguna, cuenta que una noche estaba en uno de ellos viendo a un +prestidigitador que hacía ejercicios con unas bolitas. Aburrido, Bernard +Shaw se fue a la calle, y diez años después volvió a entrar en el mismo +_music-hall_. + +--El prestidigitador--añade Bernard Shaw--continuaba todavía allí +jugando ante la audiencia con las mismas bolas... + +A mi vez, yo diré que una noche me despedí de unos amigos con los que +había estado cenando en un café de la Puerta del Sol. Creo que les dije +que iba a volver en seguida, y volví siete años más tarde; pero ¿qué son +siete años en un café de Madrid? Los amigos estaban todavía allí, y la +discusión continuaba. Las ideas eran las mismas, y la media tostada que +Fulánez mojaba en el café, dijérase también la misma media tostada que +siete años atrás y en mi propia presencia le había servido el camarero. +Uno de los amigos pretende leerme un drama. El amigo está igual, y del +drama no ha sido cambiada ni una sola coma. + +--Va a estrenarse dentro de quince días--me dice mi amigo. + +¡Lo mismo, exactamente lo mismo que hace siete años! + +El camarero me llama por mi nombre: + +--¡Hola, D. Julio! ¿Qué va usted a tomar? + +Elijo una paella, como plato castizo, y del que me encontré privado +durante mucho tiempo. + +--Esta paella--observa alguien que la conoce--es la misma de ayer. + +A mí me parece que es la misma de hace siete años, con los mismos +cangrejos y todo. + +--Y ¿qué?--les digo a mis amigos--. Habladme. Dadme noticias. Los +académicos, ¿son inmortales todavía? Pío Baroja, ¿sigue siendo un joven +escritor? Fulanito, ¿continúa con aquel hermoso porvenir ante él? Y la +Fulana y la Zutana y la Mengana, ¿es que son todavía unas jóvenes y +hermosas actrices? Habladme de política. La revolución supongo que, +igual que hace siete años, será una cosa inminente. España no tardará ni +seis meses en transformarse, dándole así la razón a los que, desde hace +medio siglo, vienen anunciando esta transformación tan rápida... + +Todo está igual, y yo, que creía haberme modificado, yo me encuentro +también el mismo de antes. A medida que apuro este vaso de café recobro, +como si dijéramos, mi verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yo +creía injertas en mí noto que se desvanecen y que se van. Yo soy como +aquel salvaje de Darwin que se había civilizado y que, al regresar a su +tribu, se volvió nuevamente salvaje, perdiendo en unas horas de contacto +con los suyos lo que había adquirido en diez años de esfuerzo. Y es que +este café de la Puerta del Sol representa la eternidad. París, Londres, +Berlín..., el espíritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso es +transitorio, todo cambia y se transforma, mientras que este café +permanece inmutable, con los mismos divanes, con los mismos camareros, +con los mismos clientes, con el mismo _menu_, con las mismas ideas, con +el mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos. + + + + +III + +SE ENCIENDE UNA ESTRELLA + + +Mi llegada a Madrid tuvo algo de bíblica. Coincidiendo con ella, +apareció en el cielo una estrella resplandeciente. ¡Una nueva estrella y +un nuevo microbio! ¡Para que luego digamos que en Madrid no se descubre +nada! + +La estrella en cuestión fue encontrada por el señor Roso de Luna, quien +ya había encontrado otra algunos años atrás y nos la había presentado +familiarmente, como hubiera podido presentarnos una estrella de +_variétés_: «La modesta estrella que he tenido el honor de descubrir...» + +¿Cómo se las arreglará el Sr. Roso de Luna para encontrar tantas +estrellas? Yo he hecho numerosos viajes y jamás me he tropezado con +ninguna. Bien es verdad que tampoco las he buscado, ignorando la +utilidad que pudieran reportarme. + +El Sr. Roso de Luna encontró su estrella a las dos o las tres de la +madrugada, y se fue corriendo a la redacción de un periódico para que +los lectores de la primera edición tuvieran noticia del hallazgo. No sé +cuánto le habrá dado por la estrella el popular colega. Yo, en el caso +del Sr. Roso de Luna, me habría ido con ella a Nueva York y se la habría +ofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos periódicos. Mr. +Hearst, que es un especialista en patriotismo, podría así añadirle una +estrella a la bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar el +nuevo astro para hacer anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba, +entonces hubiese llevado mi estrella a la Embajada alemana de Madrid. +Esos alemanes lo utilizan todo y pagan espléndidamente. + +Yo me he sentido muy halagado al ver que a mi llegada se encendía una +nueva estrella en el cielo de Madrid. Desgraciadamente, la nueva +estrella resultó algo semejante al nuevo microbio, que todos creíamos +español y que resultó proceder del centro de Europa. No acabamos de +descubrir nada por completo, ni en la región de lo infinitamente +pequeño, ni en la de lo infinitamente grande. Nuestros nuevos astros y +nuestros nuevos microbios son, poco más o menos, tan viejos como +nuestros nuevos políticos. + + + + +IV + +UNA NUEVA TEORÍA DEL CLIMA + + +¿Qué tal le va a usted--me preguntan desde el extranjero--en ese hermoso +país del sol y del cielo azul? + +Pues en este hermoso país del sol y del cielo azul nos pasamos la vida +tomando bromo-quinina para luchar contra el constipado. Madrid es uno de +los pueblos más fríos de Europa, y lo es por una razón muy sencilla: la +de que carece de aparatos de calefacción. En París, como en Berlín, y en +Londres como San Petersburgo, ha habido una época en que el clima era +sumamente frío; pero, poco a poco, ha ido transformándose +artificialmente el clima natural de esas ciudades. Claro que no se ha +calentado la atmósfera; ello ofrecía, de momento, dificultades +insuperables aun para la misma química alemana. Se han calentado, en +cambio, las viviendas, los establecimientos públicos, los tranvías y +coches, etc., etc. Hoy puede afirmarse que, mientras los madrileños +tiritan, los berlineses y los londinenses pasan sus inviernos a una +temperatura media de 17 grados. En la Friedrichstrasse y en Oxford +Street hará ahora, seguramente, más frío que en la calle de Alcalá; +pero no así en las casas de Oxford Street ni de la Friedrichstrasse. Y +como no es en la calle, sino en las casas, donde realmente se vive, +resulta que los madrileños son habitantes de un país frío, mientras que +los londinenses y los berlineses lo son de países cálidos. + +Con estos datos como base, se podría fundar una teoría en contra de +aquella que estudia la influencia del medio natural sobre los hombres: +la teoría del medio artificial. Esta nueva teoría demostraría que el +carácter de cada país depende de sus aparatos de calefacción, y +semejante demostración tendría una gran importancia porque nos llevaría +a la conclusión siguiente: para acabar con las diferencias raciales que +separan a unos pueblos de otros, y que tanto han contribuido al origen +de la guerra europea, bastará que todo el mundo se caliente con el mismo +procedimiento de calefacción y que ponga sus casas a una idéntica +temperatura... + +No tengo representación bastante para fundar la teoría que queda +esbozada, ni dispongo tampoco del tiempo necesario para ocuparme en un +asunto tan trascendental y tan poco lucrativo; pero que no me digan a mí +que España, por razón de su clima, será siempre lo que es ahora. Que no +me digan que en este país del sol y del cielo azul los hombres tendrán, +por los siglos de los siglos, una naturaleza perezosa, violenta e +incapaz de disciplina. Que no me digan, en fin, que el teatro de Ibsen +no será comprendido nunca aquí porque es el teatro de un país brumoso, y +que las leyes inglesas son tan inadaptables al carácter español como lo +son los impermeables ingleses al clima de España. + +Porque España no es un país cálido nada más que durante unos cuantos +meses al año, y porque, desde que se han inventado los ventiladores +eléctricos y la calefacción central, no hay países cálidos ni países +fríos. El clima no existe ya como una determinante del carácter de los +hombres. Son, al contrario, los hombres quienes influyen sobre el clima. +Reconozcamos que, afortunadamente, Madrid comienza ya a preocuparse de +mejorar el suyo. + + + + +V + +EL TIEMPO Y EL ESPACIO + + +Tengo un asunto urgente a ventilar con un amigo. Desde luego, el amigo +se opone a que lo ventilemos hoy. + +--¿Le parece a usted que nos veamos mañana? + +--Muy bien. ¿A qué hora? + +--A cualquier hora. Después de almorzar, por ejemplo... + +Yo le hago observar a mi amigo que eso no constituye una hora. Después +de almorzar es algo demasiado vago, demasiado elástico. + +--¿A qué hora almuerza usted?--le pregunto. + +--¿Que a qué hora almuerzo? Pues a la hora en que almuerza todo el +mundo: a la hora de almorzar... + +--Pero ¿qué hora es la hora de almorzar para usted? ¿El mediodía? ¿La +una de la tarde? ¿Las dos...? + +--Por ahí, por ahí...--dice mi amigo--. Yo almuerzo de una a dos. A +veces, me siento a la mesa cerca de las tres... De todos modos, a las +cuatro siempre estoy libre. + +--Perfectamente. Entonces podríamos citarnos para las cuatro. + +Mi amigo asiente. + +--Claro que, si me retraso unos minutos--añade--, usted me esperará. +Quien dice a las cuatro, dice a las cuatro y cuarto o cuatro y media. En +fin, de cuatro a cinco yo estaré sin falta en el café. ¿Le parece a +usted? + +Yo quiero puntualizar: + +--Digamos a las cinco. + +--¿A las cinco? Muy bien. A las cinco... Es decir, de cinco a cinco y +media... Uno no es un tren, ¡qué diablo! Supóngase usted que me rompo +una pierna... + +--Pues citémonos para las cinco y media--propongo yo. + +Entonces, a mi amigo se le ocurre una idea genial. + +--¿Por qué no citarnos a la hora del aperitivo?--sugiere. + +Hay una nueva discusión para fijar en términos de reloj la hora del +aperitivo. Por último, quedamos en reunirnos de siete a ocho. Al día +siguiente dan las ocho, y claro está, mi amigo no comparece. Llega a las +ocho y media echando el bofe, y el camarero le dice que yo me he +marchado. + +--No hay derecho--exclama días después al encontrarme en la calle--. Me +hace usted fijar una hora, me hace usted correr, y resulta que no me +aguarda usted ni diez minutos. A las ocho y media en punto yo estaba en +el café. + +Y lo más curioso es que la indignación de mi amigo es auténtica. Eso de +que dos hombres que se citan a las ocho tengan que reunirse a las ocho, +le parece algo completamente absurdo. + +Lo lógico, para él, es que se vean media hora, tres cuartos de hora o +una hora después. + +--Pero fíjese usted bien--le digo--. Una cita es una cosa que tiene que +estar tan limitada en el tiempo como en el espacio. ¿Qué diría usted si +habiéndose citado conmigo en Puerta del Sol, se enterase de que yo había +acudido a la cita en los Cuatro Caminos? Pues eso digo yo de usted +cuando, habiéndonos citado a las ocho, veo que usted comparece a las +ocho y media. De despreciar el tiempo, desprecie usted también el +espacio. Y de respetar el espacio, ¿por qué no guardarle también al +tiempo un poco de consideración? + +--Pero con esa precisión, con esa exactitud, la vida sería +imposible--opina mi amigo. + +¿Cómo explicarle que esa exactitud y esa precisión sirven, al contrario, +para simplificar la vida? ¿Cómo convencerle de que, acudiendo +puntualmente a las citas, se ahorra mucho tiempo para invertirlo en lo +que se quiera? + +Imposible. El español no acude puntualmente a las citas, no porque +considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque +el tiempo no tiene importancia para nadie en España. No somos +superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por +debajo, de la puntualidad. + + + + +VI + +LA MUJER, PAÍS EXÓTICO + + +En España hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. Los +asuntos de iglesia, por ejemplo, son asuntos de mujeres. No es que el +español odie la iglesia. Al contrario. Cuando se casa busca una mujer de +sentimientos religiosos. Le parece que la mujer debe tener sentimientos +religiosos, así como debe tener también ojos bonitos. Los sentimientos +religiosos son sentimientos de mujer. Sin ellos, la mujer no sería +verdaderamente femenina. Con que la mujer tenga sentimientos religiosos +para su propio adorno y para la dignidad del hogar, el marido ya está +satisfecho, y se va tranquilamente al café, al teatro de _variétés_ y +hasta a un casino republicano... + +La política, en cambio, es cosa de hombres. La mujer que habla de +política en un círculo de hombres pasa por un marimacho, y al hombre que +habla de política delante de una mujer se le considera poco menos que +como si le hubiera hablado de política al jilguero. Positivamente, la +política española es bastante aburrida. Con esto, sin embargo, de +considerarla un tema para hombres solos, lo será cada vez más. Los +mismos articulistas políticos tendrían que adoptar un estilo algo más +ameno el día en que nuestra política pudiera comentarse en presencia de +señoras. + +Pero de las conversaciones de hombres, la más corriente es la que versa +acerca de las mujeres. En otras partes, apenas si los hombres hablan de +mujeres. La presencia constante de mujeres se lo impide. Ante ellas el +tema resulta inútil e impracticable. ¿Para qué se va a hablar de +mujeres? Mejor es hablar con ellas. + +Los españoles, en cambio, hablan de mujeres como pudieran hablar de +viajes: + +--Yo he conocido una mujer una vez... + +Y viene una descripción que recuerda las descripciones de países +exóticos. Hay quien, al oír el relato, tiene una sensación así como la +de estar escuchando a un explorador que cuente sus aventuras en tierras +totalmente ignoradas... + +Fuera de España, ni los hombres le dan tanta importancia a las mujeres, +ni las mujeres le dan tanta importancia a los hombres. Unos y otras han +averiguado que se necesitan mutuamente y han decidido ponerse de +acuerdo. Y un acuerdo así es el que se impone en España. + +Porque mientras ese acuerdo no llegue a establecerse, no tan sólo será +la vida española una cosa inarmónica, sino que nadie tendrá aquí manera +de hacer nada. La mujer constituirá siempre para nosotros lo más +importante de todo. + + + + +VII + +LAS CASAS + + +No se puede vivir en Madrid--me dice un amigo--. ¿Por qué no hace usted +un artículo contra las casas? + +--Porque es imposible--le contesto--. ¿Cómo quiere usted que yo haga un +artículo contra las casas en un sitio donde no las hay? + +Pero, bien mirado, si en Madrid hubiera casas, no se necesitaría +escribir contra ellas. Todos los defectos de las casas de Madrid se +condensan en uno solo: el de la escasez. Como no puede mudarse, el +inquilino tiene que transigir constantemente. Las casas madrileñas son +malas y son caras porque son pocas. Claro que el Gobierno podría +intervenir en este asunto; pero yo confío más en una nueva epidemia que +reduzca a un cincuenta por ciento la población de nuestra capital. + +¡Las casas de Madrid! Hace tiempo que yo me lancé a buscar una, y no +recuerdo haber experimentado jamás mayores vejaciones. + +--¿Hay calefacción?--le pregunté a la portera de un inmueble donde se +alquilaba un cuarto piso. + +Esta hipótesis pareció ofender gravemente la dignidad de aquella mujer. + +--No, señor--me contestó con orgullo--. Aquí estamos a la antigua +española... + +Y, cuando yo llegaba ya a la esquina, después de haberme despedido, la +portera me hizo volver sobre mis pasos. + +--¿Qué ocurre?--exclamé. + +--Que ni _calefación_ ni tampoco cuarto de baño--me respondió. + +Dicho lo cual, la buena señora me dejó plantado. En su cara se leía esa +satisfacción que produce siempre el hecho de darle una lección a alguna +persona impertinente. + +Entonces me dediqué a explorar los barrios extremos, donde hay +edificaciones modernas. Tan modernas son estas edificaciones, que la +madera de que están construidas, todavía verde, se dilata con +voluptuosidad a los primeros efluvios de la primavera. Bajo el barniz de +muñeca se siente circular la savia, y uno--hombre urbano y +prosaico--teme que las puertas se le cubran de follaje y que los pájaros +vengan a hacer sus nidos en el pasillo. Todas estas casas tienen +ascensor, y todos estos ascensores tienen un letrero que dice: «No +funciona.» En una, sin embargo, el ascensor carecía de letrero, lo que +me hizo pensar muy mal del servicio. + +--Esta casa es la que no funciona bien--me dije. + +Y, dirigiéndome a la portera, la interrogué sobre el particular. Me +había equivocado. El ascensor marchaba admirablemente, y para +demostrármelo, la portera me aseguró que tres días antes, aquella +perfecta maquinaria había matado al inquilino del tercero. + +--Por eso tenemos el piso libre--añadió. + +La historia del piso no era muy seductora; pero un inquilino tiene que +estar en Madrid dispuesto a todo. + +--¿Y cuánto renta el piso desocupado?--inquirí. + +--Rentaba treinta duros; pero lo han subido a treinta y ocho. ¡Qué +quiere usted! Es un piso muy bueno y tiene un ascensor magnífico... + +Decididamente, no nos queda más esperanza que la de una epidemia que +acabe con la mitad de los vecinos de Madrid. Claro que si esta epidemia +atacase tan sólo a los caseros, no se necesitaría que muriese tanta +gente. + + + + +VIII + +PATRIOTISMO DE GÉNERO ÍNFIMO + + +Yo creo que una cupletista es algo mucho más patriótico que un diputado +o que un senador. En todos nuestros teatros del género ínfimo existe +algo así como un convencimiento vago, pero muy firme, de que la mujer es +una invención exclusivamente española. A las extranjeras no se les +reconoce categoría de mujeres. Son muy poco gordas, muy poco negras, muy +poco analfabetas. No tienen acento andaluz, ni mantones de Manila, ni +gracia gitana, ni nada... + +--Soy española, ¡olé!--canta una cupletista. + +Y para afirmar su españolismo, golpea fuertemente el tablado con un pie, +y se dedica, durante un año, a hacer flexión de riñones al compás de la +música. Luego dice dónde ha nacido, que es: o en el barrio de +Maravillas, o en las Vistillas, o en Triana, o en Granada. A veces, y al +son de la jota, una cupletista se declara aragonesa; pero ¿quién ha oído +de alguna que haya nacido en el distrito del Sr. Rahola? La España del +género ínfimo es muy limitada, y mi provincia, por ejemplo, la hermosa +provincia de Pontevedra, tan fecunda en navegantes, en políticos y en +cangrejos, no figura en ella... + +--Soy española--insiste la cupletista. + +Después, en versos más o menos congruentes, añade: + +--¿De dónde iba a ser, si no? ¿Dónde hay este garbo, esta sal, estos +andares, estas hechuras?... + +El público va inflamándose poco a poco en un sentimiento mixto de amor a +la patria y de entusiasmo por la cupletista. + +--¡Viva España!--grita la chica al final. + +--¡Viva!--contestan varias voces. + +Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho +en lo que consiste la España del género ínfimo: Maravillas, las +Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragón. Y nunca Manresa, +ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan, +sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de +Quintas. + +La señorita Mary-Focela ha introducido en este género de cuplés una +variación notable. Parece que sus versos eran éstos: + + Lucho como una leona + al grito de ¡Viva España! + Y es que por mis venas corre + la sangre de _Malasaña_... + +Sabíamos de cupletistas que luchaban contra gente extraña; sabíamos de +otras que luchaban con saña; pero eso de Malasaña es todo un hallazgo. + + Lucho como una leona + al grito de ¡Viva España! + Y es que por mis venas corre + la sangre de Malasaña... + +Me imagino a la señorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de +luchadora. El público, viéndola, ha debido también de sentir en sus +venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios. +¡Viva España! ¡Viva la gracia! ¡Viva Mary-Focela!... + + + + +IX + +LA HUELGA DE CUERNOS CAÍDOS + + +Desengáñese usted--me decía un viejo aficionado--. Ya no hay toros... + +El viejo aficionado, como todos los viejos aficionados, creía que los +toros se dividen en mansos y bravos, y que la especie de estos últimos +está extinguiéndose. Por mi parte, yo he adquirido el convencimiento de +que todos los toros son igualmente mansos, y de que si en la plaza +tratan, a veces, de matar a los toreros, es por la misma razón en virtud +de la cual los toreros tratan--también a veces--de matar a los toros: +para entretener al público. Días atrás estuve en una ganadería. Los +toros pacían por allí de una manera perfectamente bucólica, dejándose +acariciar de los vaqueros y de los visitantes. + +--¿Y éstas son las fieras?--dije yo. + +--¡Hombre!--me contestaron--. ¿Qué quiere usted que hagan aquí? Ya las +verá usted en la plaza... + +Esto de suponer que el toro no desarrolla su verdadera naturaleza de +fiera mientras no llega a la plaza, es algo así como imaginarse que el +tigre tampoco desarrolla la suya hasta que lo llevan a un circo. Si en +el interior de África nos enseñaran unos tigres muy sociables, y si ante +nuestra estupefacción nos dijeran que esa sociabilidad era natural y que +esperásemos a ver a los tigres en Price, esta contestación nos parecería +bastante absurda. Pues igualmente absurda me pareció a mí la +contestación que me dieron en la ganadería sobre la ferocidad de los +toros. + +No. El toro no es un animal más feroz que el torero. Es, al contrario, +una bestia pacífica que ama la naturaleza y que sigue un régimen +estrictamente vegetariano. Algunos se dejan lidiar, y el público los +llama bravos. Ahora, sin embargo, la mayoría parece que van a declararse +en huelga. Yo he visto recientemente un toro que, a los dos minutos, se +dio cuenta de que todo en la plaza estaba organizado en contra suya y +adoptó una actitud que pudiéramos llamar de cuernos caídos. Los toreros +corrían detrás de él enseñándole unas telas vistosas y llamándole con +sus voces más dulces; pero todo era en vano. A veces, el toro se paraba +un instante y parecía que iba a dejarse conquistar. Unos toreros le +sonreían con sonrisa tentadora. Otros procuraban excitar su orgullo... +El toro reflexionaba un rato. Luego hacía un movimiento de cabeza como +diciendo: + +--¡No! ¡Nunca!... Este negocio no me conviene... + +Y seguía su camino, insensible a todos los requerimientos. + +Fue entonces cuando el viejo aficionado me dijo que ya no había toros: + +--Ya no hay toros. Ya no hay emoción. ¡Vaya un veranito el que nos +espera! + +Y yo, condolido, le di lo que consideraba un buen consejo. + +--Váyase usted al Congreso--le dije--. Un viejo aficionado como usted no +lo pasará allí del todo mal. + + + + +X + +EXPERIENCIAS DE UN ATROPELLADO + + +Un amigo mío ha sido atropellado por un automóvil. + +--He tenido que pasarme quince días en cama--me decía este amigo, +contándome el percance--; pero ahora no les quedará más remedio que +darme una indemnización. + +--¡Error profundo!--exclamé yo--. Lejos de valerte una indemnización, el +atropello te costará un ojo de la cara. Yo también he sido +atropellado--añadí con orgullo--, y gracias a que la cosa me cogió con +algún dinero. Si llego a encontrarme desprevenido, a estas horas me +tendrías aún gimiendo amargamente en el fondo de una mazmorra. + +Y para convencerle, le conté al amigo mi experiencia personal. Fue en +Barcelona, hará cosa de unos dos años. Estaban conmigo Luis Bello, +Eugenio Xammar, Wenceslao Fernández Flórez, Gregorio Martínez Sierra y +Anselmo Miguel Nieto, cuando un automóvil me atropelló en la calle del +Conde del Asalto. El automóvil llevaba una velocidad justa para +atropellar a los transeúntes, pero que, con arreglo a las Ordenanzas +municipales, resultaba excesiva. Fui transportado a una farmacia, y +mientras me curaban, apareció el _chauffeur_, bastante indignado. El +_chauffeur_ pretendía que su automóvil no había chocado conmigo, sino al +contrario, que yo había chocado con su automóvil. + +--Usted--gritaba--se ha echado encima de nosotros. + +--Pero ¿con qué objeto?--le preguntaba yo. + +A lo cual el _chauffeur_ hacía un gesto vago como diciendo: + +--¡Lo ignoro! Seguramente sería algún objeto inconfesable... + +En vano yo le hacía observar al _chauffeur_ que al atravesar la calle +del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevábamos exceso de +velocidad. El _chauffeur_ insistía, y los espectadores comenzaban a +sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto +automóviles indefensos. + +De la farmacia nos fuimos a la Casa de Socorro, y de la Casa de Socorro +a la Comisaría. Entablé mi reclamación y me fui a la cama, donde, a los +quince días, recibí una comunicación del Juzgado de Atarazanas. + +--Por fin ha llegado la mía--pensé. + +Pero, al leer la comunicación, sufrí un horrible desengaño. El juez me +citaba a las nueve de la mañana para ver el estado de mis heridas, y me +amenazaba, en caso de que yo no acudiese a la cita, con una multa, con +la prisión o con el castigo «a que hubiese lugar»... Yo soy un +trasnochador impenitente. Para hacerme levantar temprano se han ensayado +conmigo todos los procedimientos, desde el despertador de campana al +jarro de agua fría; pero el de la multa y el de la prisión eran +totalmente inéditos. ¿Qué iba a ser de mí si no me levantaba? Y todo +porque en un momento de distracción me había dejado atropellar por un +automóvil... + +Le escribí al juez informándole de mis costumbres. «Además--le decía--, +¿para qué quiere usted ver mis heridas? Si están curadas, no vale la +pena de que usted las vea, y si no lo están, me será difícil abandonar +la cama para ir a enseñárselas a usted. En realidad de verdad, debo +comunicarle a usted que mis heridas son bastante leves, por lo cual +espero que no me tratará usted con excesivo rigor. Me he dejado +atropellar, lo reconozco; pero he procurado que me atropellasen lo menos +posible, y mi delito no tiene, por lo tanto, una gran importancia. En lo +sucesivo, haré todo cuanto esté en mis manos para que no vuelvan a +atropellarme.» + +Ignoro si esta carta llegó a poder del juez, pero yo recibí una segunda +citación mucho más conminatoria que la primera. Me vi ya en presidio. Me +vi deshonrado para toda la vida, y huí abandonando cuanto tenía entre +manos. + +Y luego de relatarle estos hechos al amigo que me los recordó, le dije: + +--Desengáñate. Cuando en este país le atropellan a uno, no hay más +remedio que callarse. Si uno no se calla, los atropelladores, para +justificar el atropello, vuelven a atropellarle. A veces le atropellan a +uno los _chauffeurs_. A veces, los ministros. Si quieres que no te +atropellen, yo sólo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu +vez, en atropellador. + + + + +XI + +LA JUERGA HEROICA + + +Antes de la guerra europea no había _cabarets_ en Madrid ni parecía que +pudiese nunca llegar a haberlos. Cuando varios hombres coincidían de +madrugada en un mismo _restaurant_, solían lanzarse unos contra otros en +batallas más o menos descomunales. La juerga tenía entonces entre +nosotros un sentido heroico que la ennoblecía. Para tomarse una ración +de calamares pasadas las doce de la noche, hacía falta un ánimo sereno, +a más de un estómago excelente, y aunque algunos fisiólogos sostienen +que estas dos cosas van juntas y que el valor se deriva del buen +funcionamiento gástrico, yo sé de muchísimas personas que se han +acostado con hambre en Madrid, no por carecer de dinero, sino por +carecer de arrojo. Los dueños de _restaurants_ nocturnos veíanse +obligados a dividir sus establecimientos en una especie de +compartimientos estancos a fin de contener el ímpetu de los comensales. +Cada uno de aquellos compartimientos era algo así como una pequeña +fortaleza en donde el trasnochador se encontraba relativamente a salvo +de agresiones. El juerguista madrileño tenía que atrincherarse con la +elegida de su corazón. ¿Cómo concebir, en aquellos tiempos belicosos, +que llegase un día en el que los madrileños pudieran mezclarse en una +sala bien iluminada donde hubiese _weine, weibe und gesang_, esto es, +vino, mujeres y canciones? + +Pero estalló la guerra, y a medida que se cerraban _cabarets_ en Europa, +comenzaron a abrirse _cabarets_ en Madrid. Es decir, que los españoles +dejamos de pelearnos precisamente cuando empezaba a pelearse todo el +resto de la Humanidad... Por aquel entonces llegué yo a Madrid, y una +noche, en un _restaurant_, me quedé asombrado al ver que los hombres no +se arrojaban unos a otros objetos de vidrio ni de porcelana. ¡Y eso que, +indudablemente, todos estaban allí de buen humor y todo el mundo tenía +ganas de divertirse!... Había en el _restaurant_ unas cuantas francesas +que, tratadas algo a fondo, resultaban ser de Zurich o de Rotterdam; +había otras mujeres que se declaraban vienesas, pero sin darle a esta +declaración un carácter irrevocable, porque si uno insistía, decían que +habían salido muy chicas de Viena, y que, «en realidad», eran de Dresde +o de Leipzig. Estas mujeres venían a constituir algo así como la resaca +de Europa. La guerra las había arrojado a estas playas pintorescas, y +aquí siguen, ya algo familiarizadas con las costumbres de los indígenas. + +Y a estas mujeres--una docena escasa que forman la base de todos los +_cabarets_ que se inauguran en Madrid y que son siempre las mismas en el +espacio, ya que no puedan serlo en el tiempo--es a las que se debe esta +transformación radical que se ha operado en nuestras costumbres. Gracias +a ellas, uno puede entrar hoy de noche en cualquier café sin revólver, +llave inglesa ni bomba de mano. La menos parisiense, la menos vienesa, +la menos joven y la menos elegante de todas ellas, ha hecho más para +identificarnos con Europa que todos los profesores que han venido aquí +en viaje de propaganda. Y yo creo firmemente que sería cosa de +pensionarlas o, por lo menos, de darles una condecoración. + + + + +XII + +JULIO ANTONIO + + +Las gentes que, en hace cosa de tres meses, desconocían a Julio Antonio +y que, hace cosa de un mes, le adoraban frenéticamente, van ahora a +contemplar sus bustos de la raza como irían a ver la obra de un clásico. +¡Pobre Julio Antonio! ¿Qué es lo que se estuvo esperando tanto tiempo +para hacer su consagración? ¿Una obra definitiva?... Yo tengo la +sensación de que se estuvo esperando más bien al dictamen médico. Años +atrás, Julio Antonio había hecho cosas tan buenas como la estatua +yacente, o tal vez mejores; pero, entonces, el artista no estaba aún +completamente desahuciado. Con un poco de dinero hubiera podido, quizás, +reponerse del todo y, un genio en buena salud, es siempre cosa +peligrosa. ¿Qué dirían los viejos escultores, cuyas manos se han +encallecido modelando levitas de barro, guerreras, fajines, gabanes de +pieles y otras prendas más o menos suntuarias? Y no hablemos de la +juventud. El caso de un muchacho que no sigue los cánones oficiales, ni +adula a los ministros y que triunfa por sus propios méritos, tiene, +forzosamente, que constituir para ella un ejemplo desmoralizador... + +Llegó, sin embargo, para Julio Antonio el día del éxito, y fue un éxito +como no se recuerda otro. Las marquesas se mezclaban con las niñeras y +las criadas de servir, haciendo cola a la intemperie, durante horas y +horas, para ver aquella obra, de la que se contaban tantas maravillas. +Fue el Rey, fueron los ministros, fueron los académicos, fueron los +obispos y los generales. + +Los periódicos por aquellos días hablaban de Julio Antonio con tanta +extensión como si se tratara del propio Belmonte. Todo eran plácemes, +sonrisas, invitaciones, encargos... Yo, en el caso de Julio Antonio, me +hubiese alarmado sobremanera. + +--¿Tan malo estoy?--me hubiese dicho. + +Y Julio Antonio, que realmente estaba muy malo, se murió. Probablemente +hubiese podido tirar todavía una temporada; pero, yo no sé si por +amabilidad o por buen gusto, se murió en plena apoteosis. ¡Hizo bien! De +no morirse, le habrían nombrado académico. Le habrían obligado a hacer +estatuas de filántropos repugnantes, de generales a caballo, de +políticos de levita. Hubiera tenido que modelar, con todo su parecido +vulgar y ramplón, la cara del hijo ilustre de cada ciudad, que, +generalmente, es el cacique de la misma. Hubiese tenido que cambiar su +amplio chambergo por una chistera, y su vida bohemia por una vida seria +y respetable, y su arte libre por el arte oficial. Hizo bien en morirse, +y, además, ¡hacía ya tanto tiempo que no se moría aquí nadie +románticamente!... + +Pero, a los que vienen detrás, yo no les aconsejaría que siguiesen el +mismo procedimiento. + +Se le organizó un banquete al que solo yo me negué a ir. «No +iré--dije--, y no porque yo sea un hombre de esos que vacilan mucho +antes de asistir a un banquete, sino, al contrario, porque no suelo +vacilar nunca. Me basta que un amigo estrene un drama cualquiera, que +publique una novela, o, simplemente, que sea nombrado ministro, para que +yo me apresure a acudir al inevitable banquete de homenaje; pero Julio +Antonio está en un caso muy distinto. + +Si Julio Antonio hubiese hecho una estatua del conde de Romanones, +vestido de chistera y levita, un monumento a las víctimas del 8 de +diciembre o un grupo dedicado a los héroes del 13 de abril, yo le +banquetearía sin inconveniente ninguno. La tortilla sería tan mala como +de costumbre, y, sin embargo, yo me resignaría a comerla pensando que no +había desproporción alguna entre ella y el objeto en cuya conmemoración +se había confeccionado. Vería en el local a algún ministro más o menos +solemne, oiría leer cartas y telegramas de adhesión, escucharía +discursos llenos de lugares comunes y todo me parecería que se +deslizaba en una armonía perfecta y que era completamente natural. Pero +Julio Antonio no ha hecho una obra cualquiera. No ha hecho una cosa +pasable, una cosa mediana, ni una cosa buena, sino, muy probablemente, +una cosa genial. Y yo, que no tendría inconveniente alguno en +banquetearle si le considerase una ostra, y que quizás le banquetease +también aunque le supusiera algún talento, me niego terminantemente a +banquetearle después de haber visto esa maravillosa estatua yacente que +expone en el edificio de la Biblioteca Nacional. Es decir, que yo no le +rindo homenaje a Julio Antonio por la simple razón de que Julio Antonio +no es un imbécil; y esto, que quizás parezca un rasgo de humorismo, no +es, después de todo, ni más ni menos que lo que se viene haciendo en las +llamadas «esferas oficiales». + + + + +XIII + +LA PIEDRA FILOSOFAL + + +Don Germán Botella, joven físico alicantino, asegura que ha encontrado +un procedimiento para obtener oro descomponiendo el mercurio, y nos +ofrece pruebas. ¿Por qué no nos ofrece algunos billetes de mil pesetas? +Repartiendo oro, el Sr. Botella nos podría convencer fácilmente de +cualquier cosa; pero, sobre todo, nos podría convencer de que tenía oro. +En cuanto a que el oro lo extrajese del mercurio o de alguna Embajada, +ello sería para nosotros perfectamente secundario. + +Perdone el Sr. Botella esta observación de un profano, y no me desprecie +demasiado por ella. Si él considera el oro desde un punto de vista +puramente científico, tal vez no haya entre él y yo tanta diferencia +como pueda parecer a primera vista. Para mí, señor Botella, el oro es +también una teoría... + +Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de su +descubrimiento sea acogida con algún escepticismo. ¡Ahí es nada +encontrar oro en España! Al mismo tiempo que el Sr. Botella, hemos +estado buscándolo veinte millones de españoles y no hemos logrado aún +pasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin éxito ninguno, y +aunque sabemos que el oro español está prodigiosamente escondido, se nos +hace un poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestras +pesquisas, sus acaparadores lo hayan mezclado con mercurio. + +Por lo demás, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto, +vendría a constituir, en cierto modo, una reivindicación para los +falsificadores, quienes cuando necesitan dinero no hacen dramas, +crónicas ni novelas, como los literatos, sino que hacen dinero. El señor +Botella necesitaba oro--con un fin económico o con un fin científico--, +y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacer +chaquetas, se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lector +español, y si no puede hacer oro, trate, por lo menos, de hacer +billetes. + +Por mi parte, yo me alegraría mucho de que el descubrimiento del Sr. +Botella fuese realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metal +extraño, frío y terapéutico que se llama mercurio, todo el mundo tendrá +oro próximamente. Por lo menos, todo el mundo tendrá oro en una +proporción equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que entonces el +oro perderá casi toda su importancia; pero por eso precisamente es por +lo que yo, con una intención algo bolchevique, digo que me alegraría... + + + + +XIV + +LA PESETA + + +¿Que ha subido el precio de los alquileres? ¿Que las patatas están por +las nubes? ¿Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Es +que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva. + +Teóricamente, las patatas están donde estaban; pero la peseta no puede +ya adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunían quince o +veinte pesetas, se iba a una tienda y adquiríase en el acto un par de +zapatos bastante aceptables. Ahora, para realizar la misma empresa, se +necesitan sesenta pesetas, por lo menos. No es que el coste del calzado +haya aumentado, aunque tal crean los profanos en cuestiones económicas. +No. Es que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva. + +Los profanos en cuestiones económicas pueden decir que esto es igual, y, +en efecto, es igual. Es igual prácticamente; pero, ¿y la teoría? + +Por mi parte, cuando yo creía que los alquileres estaban muy caros, me +resignaba a vivir en un piso deficiente; pero desde que sé que los +alquileres no han sufrido aumento alguno de precio, mi resignación es +imposible. ¿Cómo voy a resignarme a pagar muy cara una casa que, +teóricamente, es muy barata? ¿Cómo voy a resignarme a que mis pesetas +hayan perdido su capacidad adquisitiva? + +El caso es que, con una peseta, yo sigo adquiriendo diez perras gordas +siempre que quiero. La capacidad adquisitiva de las pesetas, con +respecto a las perras gordas, es la misma de siempre, y, con respecto a +las monedas extranjeras, es mucho mayor de lo que haya podido serlo +nunca. Con una peseta se adquieren hoy numerosos marcos, abundantes +coronas y liras a profusión. Patatas, en cambio, se adquieren +poquísimas. La peseta ha perdido su capacidad adquisitiva, pero +únicamente para las cosas, lo que equivale a afirmar que es todo el +dinero el que ha perdido capacidad de adquirir. + +¡Y el partido socialista protesta!... Indudablemente, no existe en +nuestra política otro partido tan burgués. ¿De qué se trata, señores, +más que de que el dinero pierda su capacidad adquisitiva? Antes, con las +pesetas se compraban patatas. Ahora, con las patatas hay ya quien se +dedica a acaparar pesetas. Y, dentro de poco, en vez de pesetas, los +hombres utilizarán para sus transacciones patatas, chorizos, rodajas de +salchichón y cigarrillos de cincuenta. + + + + +XV + +ESCULTURA KODAK + + +En cierta avenida del Retiro hay un grupo escultórico dedicado a D. +Ramón de Campoamor. El público, generalmente, lo contempla con +admiración, y esto es muy lógico. ¿Para qué son los monumentos más que +para admirarlos? + +--¡Qué naturalidad!--le oí decir un día a una señora en presencia de +aquellas figuras--. ¡Parece que están hablando! + +Y, en efecto, parece que están hablando. El artista ha dispuesto su +grupo como si fuera a hacer una instantánea al centésimo de segundo. +Aquí las personas mayores. Los niños delante y en pie. Esta cabeza un +poco más a la derecha... ¡Clik!... + +Don Ramón aparece sentado en un banco sobre el cual ha dejado unos +guantes de mármol y una chistera del mismo material. Tiene unas botas de +cartera cuyo precio en mármol ignoro, pero que, en cabritilla o +tafilete, ha debido oscilar alrededor de las veinticinco pesetas. Estas +botas no han llevado nunca tapas ni medias suelas; conservan todos sus +botones, y, probablemente, son unas botas recién estrenadas. En cuanto +a la chistera, de mármol, como hemos dicho, es maciza, y seguramente no +pesa menos de treinta kilos. ¿Cómo se las arreglaría el poeta, ya +anciano y sin fuerzas, para saludar con un instrumento tan pesado? + +No se indigne el autor del monumento por estos cálculos que yo hago +sobre la densidad de la chistera campoamorina. O somos realistas, o no +lo somos. Uno no puede, a voluntad del artista, fijar su atención en +tales detalles y apartarla de tales otros. El autor parece haber puesto +un gran interés en hacernos observar que las botas del poeta tienen seis +botones cada una. ¿Cómo podrá luego pasarnos inadvertido el peso de +aquella chistera tan ostensible? Y además, ¿qué hace allí aquella +chistera, ya que el poeta está descubierto? + +Si la escultura representa la eternidad, puede decirse que D. Ramón de +Campoamor ha entrado en ella como si no fuera a permanecer más que unos +breves instantes. Ha entrado de paso en la eternidad, con unas botas de +cartera, y ha dejado al alcance de la mano, para cuando llegue el +momento de retirarse, su chistera de mármol y sus guantes del mismo +material. A mí me da la idea de que ha ido en tranvía y de que está allí +un poco azorado, como en una visita de cumplido. Sus personajes--la +anciana de la cofia, la niña que tiene el pecho de cristal, etc.--le +rodean, y según decía la admiradora desconocida, parece que están +hablando. Parece que están hablando y hablando en prosa, y esto es lo +malo, porque en escultura no se debe hablar. Parecen, en fin, un grupo +fotográfico de escultura _Kodak_. + +Algunas veces yo había acariciado el propósito de ser un grande hombre, +como tantos otros; pero ahora he resuelto renunciar definitivamente a +semejante idea. Mientras la inmortalidad sea una cosa tan parecida a la +vida corriente, y mientras en ella deba uno preocuparse también del +almidonado de la tirilla, no creo que valga la pena ser inmortal. + + + + +XVI + +UN ADMIRADOR + + +Parece que hay escritores a quienes el público anima dirigiéndoles, con +más o menos frecuencia, cartas de aprobación. Conmigo, sin embargo, este +caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusión de ser leído por +alguien, es, tan sólo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en +cuando me envían misivas insultantes a propósito de mis artículos. Yo +enseño estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi +posición y mi prestigio. + +--No dirán ustedes--exclamo--que mis trabajos pasan inadvertidos o que +no hacen mella. Aquí hay un señor que me llama animal, y otro que me +anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el éxito no admite dudas... + +Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador, +en la provincia de Guadalajara. «Soy--me viene a decir este hombre +magnífico--uno de sus lectores más asiduos y más inteligentes, y me he +suscrito a _El Sol_ con el único objeto de ver los artículos de +usted...» + +Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador +me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma +e inmediatamente me digo: + +--¿Le gustará este tema al señor de Guadalajara? + +Yo tengo la sensación de que escribo únicamente para este señor, y no +quisiera defraudarle. Este señor vive en un pequeño pueblo de la +provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en +absoluto la ideología local, y esto pone en mi trabajo dificultades +enormes. De buena gana me pasaría varias noches en claro leyendo, con +unas gafas muy gordas, unos volúmenes muy grandes, si a esta costa +pudiera llegar a conocer las opiniones políticas, estéticas y religiosas +que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo +temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal párrafo que acabo de +escribir creo que le parecerá vulgar, y lo borro. Pongo en tensión todos +mis nervios hasta que se me ocurre una cosa más fina, y entonces me +asalta un pensamiento terrible. + +--¿Entenderá esto mi admirador?--me pregunto--. ¿No resultarán estas +consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos? + +Verdaderamente, el señor de la provincia de Guadalajara ha tenido una +idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo +por qué tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores. +Con dos admiradores más, yo me volveré completamente idiota. + + + + +XVII + +LITERATURA PATOLÓGICA + + +Desgraciadamente, en la literatura española no hay más que genios. Ese +tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que +Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a +Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores +pertenecen a la categoría genial. Yo mismo, en mi pequeñísima escala, +¿qué duda cabe de que también soy un genio? Y esta literatura de genios +en chico viene a ser algo así como un grupo de tullidos que, a la puerta +de una iglesia, le pidiesen dinero al público mostrándole sus diversas +monstruosidades. + +Cuando, en algún escaparate, yo veo un libro mío entre los libros de +otros autores españoles, tengo la sensación de encontrarme en una sala +de hospital esperando, con mis compañeros de dolor, la visita de alguna +señora vieja que no sepa en qué matar el tiempo. La literatura española, +en efecto, no es más que una serie de enfermedades, debidas, +generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutrición. El uno +está enfermo del hígado. Al otro se le forman ácidos en el estómago. +Este se encuentra amagado de parálisis general progresiva y tiene +delirio de grandezas. Aquél padece del bazo... Hay escritor que perdería +todo su interés en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de +algún producto más o menos alemán, o en cuanto se le sometiese a un buen +régimen alimenticio. Y, en realidad, este último caso ya se ha dado +varias veces. ¿Cuántos muchachos que comenzaron haciendo cosas +interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llamó a un +buen periódico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se +explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fácil de +comprender: esos muchachos nunca habían tenido talento. Lo que habían +tenido era hambre. Con el estómago normalizado, quedaban al nivel del +más vulgar empleado de Hacienda... + +¡Cosa terrible esta de ser un pequeño monstruo y de darse cuenta de +ello! ¡Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse +médicamente como un flemón o como una enfermedad de los riñones!... Pero +hay algo peor aún en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los +enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos, +se creen atacados de genialidad... + + + + +XVIII + +UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE + + +«Un distinguido escritor--decía yo en _El Sol_--se queja de que los +españoles hayamos adoptado la costumbre inglesa de ponerle una hache al +te.» A esto contesta el Sr. Salaverría afirmando que yo miento, porque +él no ha dicho nunca que los españoles hubiésemos adoptado semejante +costumbre. Y he aquí por dónde vengo a enterarme de que el Sr. +Salaverría lo ha dicho. + +Yo no he nombrado al Sr. Salaverría, no he dado ninguna de sus señas +personales ni he reproducido ningún párrafo suyo. Y si el Sr. Salaverría +no hubiese dicho que los españoles habíamos adoptado la costumbre +inglesa de ponerle una hache al te, ¿para qué iba a decir ahora que no +lo había dicho? + +Al decir que no lo ha dicho, el Sr. Salaverría dice que lo ha dicho. Y +si, diciendo que lo ha dicho, resulta que no lo ha dicho, entonces es el +Sr. Salaverría quien falta a la verdad, cometiendo así una acción tan +indigna de él como de mí, porque el Sr. Salaverría también es +inteligente y también es chistoso. (Los chistosos inteligentes--escribe +el Sr. Salaverría--no necesitan recurrir a la mentira.) + +Lo que más le ha molestado al Sr. Salaverría, al creerse aludido por mí, +es el que yo le atribuya un concepto desdeñoso hacia la hache británica. +«Yo ignoro muchas cosas--dice--. Sin embargo, conozco la importancia que +tiene la hache para los ingleses.» Pues bien, Sr. Salaverría, todo ha +sido una broma. La hache no tiene para los ingleses importancia ninguna. +El hombre que verdaderamente le ha dado importancia a la hache ha sido +usted. Por ella, Sr. Salaverría, no ha vacilado usted en arremeter +contra un viejo amigo como yo, llegando hasta a decirme que involucro. +¡Oh hache!... Tienes nombre de mujer... + + + + +XIX + +LA TAZA DE TE + + +Por si a algún lector le interesa, reproducimos el artículo que ha dado +origen a la nota anterior. + +«Un distinguido escritor se queja de que los españoles hayamos adoptado +la costumbre inglesa de ponerle una hache al te. Por mi parte, y aunque +he vivido varios años en Londres, desconozco totalmente esta costumbre. +En la gran metrópoli he tomado te de la China y te de Ceylán. He tomado +te con leche y te con limón. He tomado te con _scones_, y con _mufirs_, +y con pan y manteca, y con toda clase de bocadillos, pero no recuerdo +haber tomado nunca te con hache. Allí no hay más te con hache que el +_The Thimes_. Los otros tes, como no lleven la hache dentro de algún +bocadillo, se toman siempre sin ella, y, muchas veces, también se toman +sin azúcar. + +El escritor a quien me refiero ignora, probablemente, toda la +importancia que tiene la hache en Inglaterra. En Inglaterra la hache +tiene una importancia social verdaderamente formidable. Es, como si +dijéramos, una letra de lujo. Las clases cultivadas la aspiran +orgullosamente, pero el pueblo no la pronuncia. Aunque, de derecho, la +hache sea allí una letra tan popular como cualquier otra, de hecho no +existe para el pueblo. Y ahora, cuando, cargados de impuestos, los ricos +ingleses son cada día más pobres, y cuando, mejorados sus salarios, los +pobres ingleses son cada día más ricos, ¿qué barrera es la que, en +Inglaterra, separa a unas clases sociales de otras? La hache... Y +mientras una revolución no destruya esa letra aristocrática, yo, como el +Sr. Vázquez Mella, no podré creer que la democracia inglesa es una cosa +perfecta. + +En España, país de los viceversas, son sólo algunos pobres campesinos +andaluces quienes pronuncian la hache. Las demás gentes se limitan a +usarla como un elemento decorativo, y mientras unas se la echan al te, +otras se la ponen a las toallas. ¿Qué más da? Pero conste que la hache +con que algunos españoles amenizan su te no es inglesa, ya que los +ingleses escriben _tea_, que pronuncian _ti_. Convengo en que a muchos +incautos, un te con hache les parecerá más inglés que sin ella. No +obstante, yo sospecho que esa hache es de manufactura catalana, y, en +vez de combatirla estérilmente, creo que debiéramos unir nuestras +fuerzas a las de un señor que en un gran hotel protestaba, días atrás, +contra la frase _five o'clock_, empleando una argumentación llena de +lógica. + +--¿No somos españoles?--decía aquel caballero--. ¿No estamos en España? +Y entonces, ¿por qué hemos de llamarle _five o'clocks_ a los +bocadillos?» + + + + +EN LA TIERRA DE LOS POLÍTICOS + + + + +I + +EL VIAJE + + +De cada mil gallegos puede decirse que han estado en Buenos Aires lo +menos novecientos. En cambio, apenas si dos o tres se habrán atrevido a +llegar hasta Madrid. Hay muchas razones que expliquen este hecho; pero +la principal es que, para ir a Buenos Aires, un gallego no necesita más +que veintitantos días; y ¿qué son veintitantos días comparados con la +eternidad? (Por eternidad, naturalmente, yo entiendo, en este caso, el +viaje a la villa y corte.) + +Al gallego, hombre de espíritu aventurero, no le arredra la +incertidumbre de su porvenir en tierras de América, ni le atemorizan los +peligros del inmenso Tártaro. Va a Buenos Aires por afán de ver mundo, +aun suponiendo que, una vez allí, no se hará millonario ni nada, y que, +al volver, no podrá darse el pisto de fundar un hospital, ni un grupo +escolar, ni siquiera una modesta fábrica de conservas. Va a hacer de +dependiente, de criado, de cochero, de lo que sea... En cambio, cuando +un gallego se arriesga a ir a Madrid, es con el propósito firme de +llegar a ministro. Cualquier otro cargo inferior a éste no le +compensaría de las fatigas del viaje... + +Yo no he sido ministro todavía; pero mis paisanos no desesperan de que +llegue a serlo. Si yo me dedicara en Madrid a hacer sillas, mis paisanos +creerían que las hacía para conseguir una cartera. Hago artículos, y no +se imaginan que pueda hacerlos más que para trabajar mi nombramiento. En +Galicia se admite el que uno sea original, pero no hasta el punto de ir +a Madrid para no volver de ministro... + +Y, probablemente, mis paisanos tienen razón. El viaje entre Madrid y +Galicia no se debe hacer más que con un ideal muy grande. Cuando yo +venía hacia acá, me encontré en el tren con mi compañero Domínguez +Rodiño, quien se proponía tomar en Vigo un vapor hasta Ámsterdam para +entrar luego en Alemania y ver si desde allí podía trasladarse a Moscou. + +--Es un viaje penoso--me decía Rodiño. + +--¡Bah!--le contestaba yo--. La dificultad está en llegar a Vigo. Lo +demás es un paso. + +Ya en Vigo, Rodiño parecía un poco arrepentido de su proyecto. + +--Va a ser una lata--exclamaba--eso de atravesar ahora la frontera de +Rusia. Al salir de Madrid yo estaba mucho más animado. + +--Cosas de la edad. Entonces era usted bastante más joven. + +¿Por qué marchará tan despacio el tren de Madrid a Galicia? Algunos +hablan de falta de carbón; pero esto es inexacto. En los respaldos y en +las almohadillas de los asientos hay carbón a toneladas. Este carbón, +admirable depósito de calórico, mantiene los coches a una temperatura +elevadísima. Yo creí que no lograría nunca sacarme de encima todo el +carbón del viaje. Al llegar a Vigo me miraba al espejo y me costaba gran +trabajo reconocerme como un individuo perteneciente, en relación más o +menos directa, a la gran familia aria. + +--¡Que un hombre del tronco indogermánico llegue a verse así!--exclamaba +para mis adentros. + +Y, blandiendo un áspero estropajo, yo pensaba que, para hacer de España +un todo ordenado y armónico, puede haber varios procedimientos; pero que +el primero debe consistir en unir materialmente unas regiones con otras +construyendo caminos y ferrocarriles que anden. + + + + +II + +LOS POLÍTICOS + + +Galicia es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen +unas de otras, y los políticos, también. Para ser un político gallego, +lo primero que se necesita es ser pariente de otro político gallego. El +hijo de un gran político gallego tiene, desde su nacimiento, categoría +de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director +general, y así sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de +ningún político gallego--cosa rara, dada la portentosa facultad de +reproducción que caracteriza a esta especie--, entonces tiene uno que +hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga +advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los +prohombres de la política se les llama parientes políticos. + +Luego, el nuevo político se va a Madrid y comienza a pedir. Pide +muelles, dársenas, puentes, carreteras, grupos escolares, ¡lo que haya! +Un día, paseándome por los pasillos del Congreso con un prócer de la +política, vimos aparecer a lo lejos la figura de un diputado paisano +mío. + +--Vamos a darle esquinazo--me dijo el prócer--; porque, en cuanto me +descuide, ese hombre me saca un puerto... + +Hay quien le concede mucha importancia a un puerto, aunque sólo sea de +trescientas o cuatrocientas mil pesetas. Sin embargo, es mucho más fácil +que un amigo le dé a uno un puerto que no una escribanía de bronce. A +veces, para captarse la buena voluntad del ministro, el diputado +pedigüeño le regalaba una caja de puros. ¡Una caja de puros por un +puerto! Otras veces no había puertos disponibles. + +--¡Un puerto! ¿No le sería a usted igual un puente? + +--¡Hombre! Yo les he prometido un puerto... + +--Es que la consignación para esa clase de obras está completamente +agotada. Anímese usted y llévese un puente. Podemos darle uno magnífico. + +El diputado iba resignándose. + +--Si, a lo menos, tuviésemos un río...--exclamaba, ya medio convencido. + +Y, al final, acababa por llevarse el puente, ya que el caso era llevarse +algo. + +Se le daba un puente al pueblo que necesitaba un puerto, y el que +esperaba el puente tenía que arreglárselas con un grupo escolar. El +marqués de Riestra, padre espiritual de todos los políticos gallegos, +aportaba a las obras sus maderas, sus ladrillos, su cemento y sus otros +materiales de construcción. Los pueblos, agradecidos, hacían fiestas. +Los diputados salían reelegidos, y todo el mundo estaba contento. + +Al ver ahora todas estas carreteras, todas estas escuelas, todos estos +muelles y todas estas dársenas, yo tengo la sensación de que alguien +está de días y que los amigos y parientes le han llenado la casa de +objetos inútiles y aparatosos. ¡Veinte escribanías, una docena de +bastones, otra docena de paraguas, quince pitilleras, doscientos +cubiertos de plata Meneses!... ¡Con la falta que, a lo mejor, le hace al +festejado un gabán de invierno o una mesa de despacho!... + + + + +III + +LA GRACIA GALLEGA + + +Cuando un andaluz se pone a decir: «¡Vamoj, hombre! ¡Mardita zea! ¡Mijte +quej grande!», y todo el mundo le escucha con gran contentamiento, como +si dijera algo sumamente ingenioso, yo me abismo en amargas reflexiones. + +--He ahí un hombre con gracia--me digo--. ¡Y pensar--añado--que si ese +hombre hubiese nacido en la provincia de Pontevedra no tendría gracia +ninguna!... + +A un pontevedrés, en efecto, le es mucho más difícil caer en gracia que +a un sevillano. Desde luego, como no se le ocurra nada más que decir: +«¡Vamos, hombre!» «¡Maldita sea!» y «¡Mire usted que es grande!», el +pontevedrés irá a un fracaso absoluto. El pontevedrés no tiene gracia de +nacimiento. Las gentes le exigen una gracia de concepto, mientras que al +andaluz le basta con el acento. Si se le hubiese quitado el acento a las +obras de los hermanos Quintero, haciendo que sus personajes vocalizaran +todas las letras con arreglo a la prosodia oficial, los hermanos +Quintero no hubiesen entrado nunca en la Academia. ¡Y dicen que la +Academia está destinada a velar por la pureza del idioma!... + +Indudablemente, los gallegos no tenemos público. Frecuentemente, cuando +uno dice que es gallego, nota en el auditorio un deseo así como de +contestarle: + +--¡Hombre, no! Eso será una aprensión de usted... + +Conmigo nadie ha llegado a este extremo; pero a veces me han dicho: + +--¿Gallego? Pues nadie lo creería. No se le nota a usted nada, ¿verdad? +(Dirigiéndose a los circunstantes.) + +Los circunstantes entonces, con una gran finura, han confirmado que, en +efecto, no se me notaba nada el que yo fuese gallego. Y luego no ha +faltado nunca alguien que dijese: + +--Si hay gallegos «muy bien». ¡Cuando un gallego sale listo!... + +--¡Ya lo creo!--ha añadido algún otro señor en este momento--. Hay +gallegos que llegan a ministros y todo. Ahí tiene usted a Besada. + +--Y a Montero Ríos... + +--Y a Canalejas... + +¡Terrible cosa es esta de que para serle agradable a uno tengan que +compararle con un ministro! Es la consecuencia de un prejuicio secular +que existe contra Galicia; pero, por mi parte, yo creo que este +prejuicio constituye para Galicia una ventaja enorme. Cada gallego, en +efecto, tiene que rectificarlo con su propio esfuerzo. El andaluz, al +nacer, se encuentra con una herencia de gracia, de simpatía y de +popularidad que le permite abrirse fácilmente un camino en la vida, +aunque carezca de méritos personales. El gallego, en cambio, sólo se +encuentra con deudas que necesita saldar por sí mismo, y si +individualmente esto es un mal, colectivamente tiene que ser un bien. A +la larga resultará que los pueblos han sido, en cada época, lo contrario +de la fama que tenían, ya que, cuando tenían la fama, no necesitaban la +cosa, y ya que la cosa, y no la fama, es lo fundamental. + +Pero como esto está resultando demasiado conceptuoso, acaso valga más +dejarlo. + + + + +IV + +LA RAZA + + +La última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más +hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de +nación. + +--_Le_ somos una nación, ¿sabe usted?--me explica alguien--. _Le_ +tenemos una personalidad nacional tan fuerte como la primera... + +--¿Por qué no?--le contesto. + +Y, en efecto, ¿por qué no? Una nación se hace lo mismo que cualquier +otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un +millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el +mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más +hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que +hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los +braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que +algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo +sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos +locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría +terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y si alguien osaba +decirme entonces que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es +lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de +nación, le habría reducido al silencio. + +El nacionalista a quien he aludido antes tiene de las naciones una idea +mucho más respetuosa que la mía. + +--Pero usted mismo--me dice--; usted es un celta. + +--No--le respondo--. Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez, +pero en una época tan remota, que no conservo de ello ni el más vago +recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteció mucho antes +del imperio romano, y, desde entonces acá, ¡han pasado tantas cosas! Es +posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido también godo, +fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin +embargo, yo me siento mucho más afín a un madrileño que a un irlandés. + +No--continúo--. Yo no soy celta. Soy, sencillamente, un hombre nervioso +y, en vez de unirme a un celta sanguíneo, prefiero hacerlo a un ibero de +mi mismo temperamento. ¿Por qué no han de asociarse los hombres por +temperamentos en vez de hacerlo por razas o por religiones? Ello sería, +indudablemente, mucho más científico, y yo no desespero aún de ver +terminada esta guerra, una gran guerra intercontinental de biliosos +contra linfáticos. Los biliosos, naturalmente, serán quienes rompan las +hostilidades. + + + + +V + +EL IDIOMA + + +Un amigo quería meterme en la hermandad del habla, que es una Liga +constituida para propagar el uso del gallego. Yo me negué. Creo que todo +el mundo habla gallego en Galicia, y creo que, más que nadie, lo hablan +aquellos que hablan castellano. El castellano, es, en efecto, la +verdadera forma actual del gallego. Los labradores que se expresan en +gallego no usan aquí un idioma distinto del de los industriales que se +valen del castellano; usan el mismo idioma, pero con un léxico limitado +y primitivo. En realidad no hablan gallego, sino que malhablan +castellano. Y, de formar una Liga para reconstituir el castellano en sus +formas más remotas, yo no veo por qué esa Liga ha de formarse +precisamente en Galicia. Lo mismo se podría formar en Valladolid. + +No creo que haya un idioma gallego distinto del castellano. Lo que sí +creo es que se podría inventar. Conozco lenguas medievales que se han +fabricado en estos últimos treinta años, de acuerdo con todos los +adelantos filológicos. Con una pequeña base se hace una lengua en menos +tiempo del que se necesita para hacer un partido político. Podríamos, +pues, hacer un idioma gallego; pero ¿cuánto nos duraría? + +A la vuelta de cincuenta, de sesenta o de cien años, este idioma gallego +llegaría, lógica y fatalmente, a confundirse con el castellano. El +gallego evolucionaría siguiendo su curso natural. + +--¿Y el castellano?--preguntará alguien. + +El castellano no evolucionaría nada, porque ahí están los académicos +para impedir que evolucione. + +Por lo demás, acaso todo esto de los idiomas sea mucho menos importante +de lo que nos parece. Yo creo que la importancia de los idiomas es muy +pequeña, hasta en la misma literatura. Si lo más importante en +literatura fuese el idioma, los iberoamericanos leerían libros españoles +con preferencia a los libros de otros países. El idioma une los +iberoamericanos a nosotros; pero otras cosas, positivamente más fuertes, +los atraen hacia países de hablas muy distintas. + + + + +VI + +EL ACENTO + + +En un viaje reciente, a bordo de un transatlántico, tuve la fortuna de +coincidir con una ilustre compañía de actores españoles. Yo venía algo +mareado. Mi cabeza me producía una sensación extraña, como si no fuese +exactamente la mía, sino, más bien, una cabeza parecida, que alguien me +hubiese dado el encargo molesto de transportar hasta España. Juzgando +con esta cabeza, tomé por una gran actriz a una señora que hablaba +siempre de un modo muy enfático; pero ella me sacó pronto de mi error. +Si hablaba así, no era por ella, sino por las niñas, dos hijas suyas, +muy monas, por cierto. Las niñas estaban comenzando su carrera teatral, +y apenas si ponían en la compañía algo más que sus caras bonitas; pero +la madre, entre bastidores, ponía el énfasis. + +--¡Pobrecitas!--decía la buena señora--. Hay una que habla algo; pero la +otra no dice ni una palabra. + +Yo me compadecí de la infeliz porque la mudez me parece una gran +desgracia para una niña casadera. Afortunadamente, sólo se trataba de +una mudez artística. La chica tenía una lengua bastante suelta; pero el +director no se atrevía a confiarle más que papeles silenciosos. + +--Y ¿por qué no la dejan hablar? + +--Por el acento--me respondió la afligida madre--. Nosotras somos +gallegas, y en esta compañía no se puede tener acento. ¿Se cree usted +que, de no ser por el acento, vendrían mis niñas en segunda? El acento +es nuestra desgracia. Afortunadamente, la mayorcita ya va perdiéndolo... + +La mayorcita, en efecto, sabía decir sin acento «¡hola, vizconde!», «yo +lo tomo sin azúcar» y demás frases de alta comedia; pero la pequeña era +incorregible y, mientras no perdiese el acento, no la permitirían +hablar. En aquella compañía se suponía, probablemente, que la acción de +todas las comedias ocurre en la Luna. No se le autorizaba a nadie acento +ninguno. Una marquesa con dejo gallego o catalán, andaluz o madrileño, +les resultaba inadmisible, como si las marquesas no nacieran en ninguna +parte. Y la pobrecita muda no podría romper a hablar hasta que hubiera +desnaturalizado su voz por completo y lograra expresarse como un +fonógrafo. Mientras tanto, su madre le cuidaba el acento lo mismo que +pudiera cuidarle una enfermedad del hígado. + +--Fíjate, mujer--solía decirle--. Ayer estabas bastante aliviada, pero +hoy te encuentro mucho peor. + +--¡Qué quiere usted, mamá! Debe de ser el mareo... + +El acento es uno de los grandes encantos de Galicia. Cuando yo llegué, +los primeros amigos a quienes vi prorrumpieron en ayes lastimeros. + +--¡Fulaniño!--me decían--. Vendrás muy cansadiño. ¡Pobriño!... + +Parecía que lloraban, y lo que hacían era manifestar una gran alegría. +Son los inconvenientes de este acento tan dulce. + +Pero yo no quiero hacer comentarios sobre el acento gallego. En esto de +los acentos tengo una experiencia algo desagradable y no desearía +repetirla con mis propios paisanos. + + + + +VII + +ANTONIÑO + + +Hará cosa de dos o tres meses, _Antoniño_ fue a confesarse, y en el +curso de su confesión, le dijo al cura que leía periódicos. + +--¡Malo! ¡Malo!...--refunfuñó el cura--. No veo qué necesidad tienes tú +de leer periódicos. ¡Siquiera fuesen de la buena Prensa!... Pero, +seguramente, serán de la otra. + +Eran de la otra, en efecto, y _Antoniño_ lo reconoció así, aunque +aduciendo un motivo justificante. + +--¡Qué quiere usted, padre!--exclamó--. La buena Prensa es tan mala!... + +--No hay más Prensa mala que la mala Prensa--repuso el cura +sentenciosamente--. Y vamos a ver, ¿qué periódicos son esos que tú +lees?... + +--Leo _El Sol_--dijo Antoniño. + +--_¿El Sol?_ + +--_El Sol_. + +--¿Un periódico de diez céntimos? + +--Justamente. + +Un periódico de diez céntimos--pensó quizás el cura--debe de ser tan +malo como dos periódicos de cinco. Luego, en voz alta, continuó: + +--¿Un periódico que no admite el anticipo reintegrable? + +--Sí, padre--contestó _Antoniño_ ya medio anonadado. + +--¿Un periódico--interrogó aún el cura--que hace campaña contra el +espionaje alemán? + +_Antoniño_ no podía negar. + +--El mismo, padre--suspiró--. ¡El mismo!... + +--Pues, hijo mío--dijo entonces el cura--. Lo siento mucho, pero no te +puedo dar la absolución. + +_Antoniño_ se quedó aterrado. Si le hubiesen dejado sin novia, tal vez +hubiera podido resignarse. Hubiera podido también vivir algún tiempo sin +empleo, pero, ¡sin absolución!... + +--Pues yo--le dije a _Antoniño_ cuando el pobre muchacho me contaba sus +cuitas--. Yo creo que, en caso necesario, podría vivir sin absolución. +He visto personas que viven con un pulmón sólo, y otras que carecen +totalmente de bazo. Y aun he visto algo más curioso, _Antoniño_, he +visto hombres que viven sin dinero y que viven muy bien... En Madrid hay +la mar. + +--En Madrid es diferente--observó _Antoniño_--. Aquello es una gran +ciudad. Yo no digo que allí me fuese de todo punto indispensable la +absolución; pero, ¡aquí!... ¿Cómo quiere usted que viva aquí sin +absolución un pobre tonelero? + +--Y ¿qué pasó por fin? ¿No te dieron la absolución? + +--¡Quia!... ¡Si fuese el cura de Ribalta!... Aquel sí que es un cura +campechano. Todas las muchachas van a confesarse con él porque las +absuelve siempre y les pone unas penitencias muy pequeñas. +«Divertíos--les dice--. Tiempo tendréis de rezar si no encontráis mozos +de ley que se casen con vosotras»... Pero el cura de aquí es muy +estricto. ¡Y eso que yo le regalo de cuando en cuando unos huevos o unas +manzanas! ¡Para que digan que los hombres de iglesia son agradecidos! + +--¿De modo que no te dio la absolución? + +--No, señor. Me dijo que no me la daba aunque me borrase del periódico +aquel mismo día. Todo el pueblo se enteró. Algunas personas dejaron de +saludarme, y en la fábrica estuvieron a punto de quitarme el pan. +Entonces yo me marché a la ciudad, dispuesto a conseguir una absolución, +aunque me tuviese que gastar doscientos reales. ¡Qué demonio! Para estos +casos quiere uno el dinero. Llegué a la iglesia, me senté al +confesionario, y lo primero que le dije al cura fue esto: «Acúsome, +padre, de leer _El Sol_». + +--¿Así lo dijiste, _Antoniño_? + +--Así, sí, señor, y con la misma tranquilidad con que hubiese podido +decir «buenos días». No se figure usted que yo soy un gallina. + +--Y el cura, ¿qué te contestó? + +--El cura me preguntó que si eso de _El Sol_ era una novela, y cuando yo +le expliqué que era un periódico de diez céntimos, me dijo: + +--Si es de diez céntimos, debe de ser bueno... + +--¿Y conseguiste la absolución? + +--Ya lo creo. En las ciudades se consigue todo. Pero yo quería vengarme +del cura de aquí, y al día siguiente, cuando estaba sirviendo la +comunión, me puse con los demás, y me la tuvo que dar él mismo. El ya +debía de comprender que yo tenía mi absolución en el bolsillo; pero, ¡si +viera usted qué cara me puso!... + +--¡Bravo, _Antoniño_! Y, ¿sigues leyendo _El Sol_? + +--Sí, señor. + +--Pues dentro de unos días leerás en él tu historia. La gente no va a +creerla, pero ahí estás tú para dar fe. + +--Es que... si por casualidad se enteran en la fábrica y me despiden... + +--Descuida, _Antoniño_. No daré detalles y seguirás conservando todos +los elementos necesarios a tu vida: un empleo, una novia, una +absolución... + + + + +VIII + +UN AMIGO DE MISTER BORROW + + +Allá por el año de 1835 cayó en España un inglés estrafalario que venía +a vender biblias. Un día este inglés llegó a Pontevedra con una carta de +recomendación para el Sr. García, notario de la ciudad. El señor García +resultó ser un patriota entusiasta, pero en un sentido puramente local, +según cuenta el inglés. Su patria era Pontevedra, y el extranjero, Vigo. + +--Esos tíos de Vigo--exclamaba--dicen que su ciudad es mejor que la +nuestra y que debiera convertírsela en capital de la provincia. ¿Ha oído +usted alguna vez una locura semejante? ¿Se le hubiese ocurrido a usted +nunca comparar a Vigo con Pontevedra? + +--Yo no sé--replicó el inglés--. Yo nunca estuve en Vigo; pero he oído +decir que la bahía de Vigo es la mejor del mundo. + +--¡La bahía!--refunfuñaba el Sr. García--. ¡La bahía!... Sí. Esos +canallas tienen una bahía, y con ella nos han robado a nosotros todo el +comercio; pero, ¿para qué necesita tener bahía una capital de provincia? +¡La bahía! Yo espero--continuó el Sr. García, dirigiéndose al +inglés--que usted no ha venido desde tan lejos para tomar la defensa de +una taifa de bandidos como esos de Vigo. + +--No--contestó el inglés--. En realidad yo ignoraba que los vigueses +necesitasen mi auxilio en esta disputa. Lo único que me propongo hacer +con ellos es llevarles el Nuevo Testamento, del cual, evidentemente, +tienen mucha necesidad si son tan golfos y tan canallas como usted los +pinta... + +Y largo rato después, todavía el Sr. García refunfuñaba: + +--¡La bahía!... A mí nunca se me ha alcanzado con qué derecho puede +tener bahía un pueblo como el de Vigo... + +Yo había leído este diálogo, que acabo de traducir casi literalmente, en +_La Biblia en España_, de Jorge Borrow, que así se llamaba aquel inglés +estrafalario, hoy una de las glorias más puras con que cuenta la +literatura inglesa. Lo había leído hace tiempo, y creía que el Sr. +García, ya no muy joven a comienzos del siglo pasado, yacería ahora bajo +su amada tierra pontevedresa, quizás alimentando con sus despojos algún +castaño o algún cerezo. Pero España es el país donde no se muere nunca +completamente. Al llegar a Pontevedra uno se encuentra en seguida con el +Sr. García, que comienza a hablarle mal de Vigo. + +La lucha entre Vigo y Pontevedra continúa hoy igual que en el año 1835. +Y lo que ignora el Sr. García, como si desde que habló con Mr. Borrow no +hubiesen pasado días ningunos, es que, frente a Vigo, Pontevedra no es +Pontevedra, sino más bien Madrid. Pontevedra es el Ministerio de +Hacienda, y el de la Guerra, y el de Fomento, y el de Gobernación. +Pontevedra es la Administración, y Vigo es la Geografía. Si Vigo llegase +a ser un día el centro de comunicaciones más importante entre Europa y +América, yo no creo que el pueblo pontevedrés perdiese nada con ello. La +bahía de Vigo vendría a ser entonces, sencillamente, una bahía de +Pontevedra. Algo así como su propia bahía de usted, querido Sr. García. + +En cuanto a los vigueses, yo temo que su bahía sea superior a su +ambición. Con una ambición digna de una bahía tan hermosa, los vigueses +debieran considerar a Pontevedra como un barrio del Vigo futuro. ¡El +barrio aristocrático, el barrio oficial a unos veinte kilómetros y pico +del barrio mercantil! El barrio de los notarios viejos, como aquel +excelente y parroquial señor García, que, después de comprarle algunas +biblias a Borrow, le dijo: + +--Si alguna vez tiene usted ocasión de hablar de mí en letras de +imprenta, no deje usted de hacerlo. Ya sabe mi nombre y mis títulos: +Señor García, notario público de Pontevedra... + + + + +IX + +EL ARADO VIRGILIANO + + +Si, al escribir su _Historia del Arado_, hubiera tenido que limitarse a +Galicia, el doctor Raer, por muy sabio, por muy pesado y por muy alemán +que fuese, no hubiese podido llenar arriba de unas veinte páginas. El +arado gallego, como la mujer honrada, carece de historia. Es un +instrumento prehistórico, cuya imagen exacta se encuentra en algunas +tumbas etruscas y creo que en ciertas monedas celtíberas. Don Casto +Sampedro, un distinguido arqueólogo que se pasa la vida recogiendo +curiosidades celtas y romanas para el museo de Pontevedra, debiera +llevarse allí un arado y, con poco esfuerzo, dotaría así de una +antigüedad indiscutible a la simpática institución. + +Los carros gallegos tampoco han progresado mucho más que el arado. Al +avanzar, sus ruedas producen un sonido agudo que se va modulando en +inflexiones lentas y quejumbrosas. Dicen que este sonido anima a los +bueyes y les hace seguir andando. También se podría sostener que el +ruido de unas botas nuevas anima al que las lleva y le impulsa a +continuar su camino... Dicen que sirve como de bocina para avisar a los +carros que vengan en dirección contraria, y es indudable que al ruido de +unas botas nuevas cabría atribuirle asimismo un objeto muy semejante... +Yo me he pasado horas y horas oyendo la voz de los carros gallegos. Me +parecía una voz familiar, y tenía la sensación de haberla oído ya, hacía +muchísimos siglos. + + _Chirrar d'os carros d'a Ponte_ + _Tristes campanas d'Herbón..._ + +Los carros gallegos cantan, y los poetas cantan el canto de los carros +gallegos. No les hablen ustedes a estos poetas de sembradoras mecánicas +ni de trilladoras automóviles. Semejantes chismes destruirían la poesía +del campo, y entonces no habría certámenes literarios, ni flores +naturales, ni nada. Las chicas elegantes, perdida toda esperanza de que +se las nombrase reinas en alguna fiesta del gay saber, no les harían ya +ni pizca de caso a los pobres poetas, quienes tendrían que limitar su +vida al prosaico empleíllo de la Delegación de Hacienda o de la +Diputación provincial. El hijo ilustre de la provincia, varias veces ex +ministro, no vendría nunca más de mantenedor a pronunciar discursos +grandilocuentes, y sus opiniones estéticas quedarían inéditas en lo +porvenir... Sería la ruina de la poesía; y, ¿qué se iba a hacer sin +poesía en las capitales de segundo y tercer orden? + +No. Los poetas quieren el carro primitivo y el arado virgiliano. Yo +tengo grandes sospechas de que si Virgilio viviese hoy, cantaría la +trilladora mecánica; pero Virgilio ha muerto, y su arado es como una +herencia que les hubiese dejado a todos sus sucesores. ¡El arado +virgiliano! ¡El carro venerable! ¡La campiña arcádica, por donde los +ríos se deslizan mansamente!... En el fondo, es posible que los poetas +tengan razón y que más valiera el que las cosas siguiesen así. Lo malo +es la competencia. Cuando los ríos de otras partes se han puesto de +lleno a trabajar y están constantemente transportando cargamentos y +moviendo turbinas, los nuestros tienen que prepararse a la defensa. Con +unos ríos ociosos y un material agrícola prehistórico no se puede +conseguir ya nada más que una flor natural en algún certamen literario +de provincias, una escribanía de plata o una colección de las obras +completas del marqués de Figueroa. + + + + +X + +PROPIEDAD, ABOGADISMO, POLÍTICA + + +Excepto el autor de estas líneas, todos los gallegos son propietarios. +El pobre más pobre puede siempre cosechar un repollo y ponerlo a hervir +en su olla al amparo de cuatro tejas familiares. Difícilmente podrá +encontrarse país alguno donde la propiedad esté tan distribuida como en +Galicia. Hay fincas como una alcoba y otras como un pasillo. De algunas +huertas apenas si lograrían sacarse al año patatas bastantes para un +banquete de treinta cubiertos. ¿Quién va a comprar, para cultivarlas, +máquinas sembradoras ni tractores automóviles? + +Esta subdivisión de la propiedad no creo que resuelva, ni muchos menos, +el problema de alimentar al campesino; pero, en cambio, mantiene al +abogado. Cada ferrado de terreno gallego está siempre en pleito con uno +de los ferrados de terrenos vecinos. El solo hecho de la entrada a una +finca que, muchas veces, se encuentra rodeada de veinte o treinta, suele +ser un semillero de cuestiones, y, mientras se arruina el campesino, el +abogado engorda. Bien es verdad que los campesinos son también un poco +abogados. Todos son abogados aquí, unos con título y otros sin él. Yo no +sé si la marrullería gallega es una consecuencia de la subdivisión de la +propiedad, o si los gallegos han conseguido que la propiedad se +subdividiese gracias a su proverbial marrullería. Lo que sí sé es que +ambas cosas se relacionan y se apoyan, dando origen a una tercera: la +política. Este ambiente abogadil de intrigas constantes y de habilidades +pequeñas no puede ser más a propósito para la formación del político +español. De él salió Montero Ríos, su representante máximo, con toda esa +caterva de hijos, sobrinos, yernos, amigos y contertulios que nos +mangonean todavía... + +Hay quien opina que subdividir la propiedad es una manera de abolirla y +que no existe diferencia entre el que la propiedad sea de todos y el que +no sea de nadie. Es como si a cada uno nos diesen un balón de oxígeno +para respirar y nos dijesen que eso equivalía exactamente al uso libre +de la atmósfera. La socialización de la propiedad se hará en toda España +antes que en Galicia, donde no falta quien ya la considere hecha. En +Galicia la tierra es de todos; pero tan pronto como un gallego traspone +su propio ferrado de secano o de regadío, cada paso que da le cuesta un +pleito. Los andaluces tienen una fama de generosos contraria a la de los +gallegos, y es muy posible que esta fama esté justificada. Andalucía es +un país de proletarios, donde el espíritu de propiedad no ha tenido +ocasión de difundirse. Galicia, en cambio, es un país donde todos poseen +algo, a excepción de algún escritor más o menos original, como el autor +de esta crónica. + + + + +XI + +EL CELTA MIGRATORIO + + +¿La emigración?--me dice un amigo--. Pero, ¿usted cree que la emigración +es un mal? Todo el dinero que ganan los gallegos en América viene luego +aquí, a mover nuestra industria. Y no es sólo dinero lo que los indianos +hacen circular entre nosotros, sino también espíritu de progreso y de +tolerancia. Con su acento absurdo, diciendo San Jorge de Bolsas en vez +de San Jorge de Sacos, y cosas por el estilo, los gallegos que vuelven +de América están modernizando Galicia. Desengáñese usted. La emigración +es un bien... + +Yo estaba ya completamente desengañado. Creo que la emigración es un +bien; pero en esto, precisamente, consiste el mal. Hay circunstancias en +las que un hombre no tiene más recurso que ponerse al servicio de otro +hombre si no quiere morirse: a ese hombre le conviene hacer de criado; +pero, indudablemente, el estado de criado no constituye un estado +envidiable. La emigración es un bien, y esto es lo malo. También es un +bien salir de presidio; pero sería mucho mejor no haber entrado en él. + +Hay quien atribuye la emigración de los gallegos a su sangre celta, y +apoya esta opinión con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde +la raza céltica se conserva más pura, es también pródiga en emigrantes. +Yo no quiero negar el espíritu aventurero de la raza céltica, a la que, +según parece, tengo el honor de pertenecer; pero, ¿por qué es tan +aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no sé +qué enfermedad, y desde entonces al 1850 más de un millón de irlandeses +huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos +años más celtas que nunca. Después desapareció la enfermedad de la +patata, y la emigración irlandesa disminuyó en un 80 por 100. Amigo +lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrézcale una patata y, +acto continuo, lo convertirá usted en un europeo sedentario. Las razas +aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de +libertad. Se echa de sus casas a los judíos, a los polacos y a los +armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se +dice que tienen un espíritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen, +que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace... + +La emigración es un bien para Galicia y para España; pero, sobre todo, +lo es para América. Por cada mil pesetas en dinero que los emigrantes +mandan aquí, ¿cuántas no se dejarán allí en trabajo? Desgraciadamente, +aquí el trabajo no les produciría nada, y la emigración sigue. En +Galicia no se ven apenas más que mujeres, viejos que ya han vuelto de +América, niños que esperan a ir, caciques y curas. Por cada revista +madrileña que llega a Galicia, hay cinco o seis revistas argentinas. No +falta en Galicia quien tome su mate por las tardes leyendo _Caras y +Caretas_ o _El Mundo Argentino_. Y a mí el separatismo político no me +asusta; pero este separatismo práctico me parece una cosa muy seria. + + + + +XII + +GRANDES HOMBRES + + +Las provincias están llenas con estatuas de grandes hombres, sin contar +las grandes mujeres, como Concepción Arenal y doña Emilia Pardo Bazán. +Y, ante este fenómeno, yo no puedo menos de preguntarme: + +--¿Hay muchas estatuas porque hay muchos grandes hombres, o hay muchos +grandes hombres para que haya muchas estatuas? ¿Quién hace a quién? ¿El +escultor es una consecuencia del grande hombre, o el grande hombre una +consecuencia del escultor? + +Desde luego, parece evidente que los grandes hombres, en caso de +necesidad, podrían, bien que mal, arreglárselas sin escultores. En +cambio, los escultores se verían bastante apurados el día en que hubiese +una huelga de grandes hombres. + +Un escultor amigo mío, hablándome de cómo iba el hombre resolviendo su +vida, me decía recientemente: + +--Tengo bastante que hacer. Antes sólo había trabajo en España para una +media docena de escultores. Ahora trabajamos constantemente cerca de un +centenar. + +Yo me acordé entonces del Sr. Salaverría y de sus imprecaciones contra +el pesimismo. Indudablemente--me dije--el Sr. Salaverría tiene razón. +Estamos en un período de gran florecimiento. ¿Cómo puede encontrarse en +decadencia un país que produce grandes hombres bastantes para emplear a +cien escultores diarios? + +Pero luego me asaltó la idea de que, si España dejase de producir +grandes hombres repentinamente, esos cien escultores no iban a morirse +de hambre. + +--A falta de grandes hombres--pensé--, se arreglarían con hombres +medianos, y hasta con hombrecitos chiquitines. + +Y de situar esta hipótesis en el porvenir a trasladarla al presente no +había más que un paso. No son los grandes hombres quienes hacen a los +escultores, sino los escultores quienes hacen a los grandes hombres. Se +van por las capitales de provincia y trabajan el artículo. + +--Pero ¿es posible?--exclaman--. ¿Cómo tienen ustedes esta alameda así, +sin un grande hombre ni nada? + +--¿Un grande hombre? + +--Sí. Un grande hombre. Un hijo ilustre de la provincia. + +Los provincianos no se acuerdan de ninguno. + +--Fíjense ustedes bien. No faltará por ahí un filántropo, un héroe, un +cronista local, aunque sea un ex ministro. + +Generalmente, se acaba por elegir al ex ministro, y el escultor, que ya +suele tener preparados cuerpos para ex ministros, para filántropos y +para generales, no hace más que preparar la cabeza y enchufarla. En una +ciudad, cuyo nombre no importa, el poeta local fue desechado porque era +tuerto, y se le sustituyó con un abogado. + +--¡Un tuerto!--decía el escultor--. Si me dieran ustedes un ciego, les +haría una obra magnífica; pero, ¡por Dios!, no me den ustedes un tuerto. + +--Es que es el único hombre de algún mérito que tenemos por aquí. El +único digno de una estatua. + +El escultor fue irreductible: + +--¿Cómo va a ser digno de una estatua un tuerto? ¿Cómo va un tuerto a +tener mérito? + +Los que no somos tuertos no debemos desconfiar todavía de llegar a tener +nuestra estatua; pero, para adquirir una personalidad algo estatuaria, +debemos dejarnos crecer la barba y vestir siempre de levita. + + + + +XIII + +¿QUIÉN SOY YO? + + +¿Sabe usted quién soy yo?--me dice un señor, colocándose en plena luz +delante de mí. + +Positivamente yo no sé quién es este señor, pero me guardo muy bien de +decirlo así, porque temo entristecerlo. + +--Tengo una idea--le contesto--. Su cara de usted no me es +desconocida... + +--Fíjese usted bien... + +Me fijo bien. + +--¿No ha visto usted nunca caras parecidas a la mía? + +Indudablemente, yo he visto caras parecidas a la de este señor: caras +con una nariz, caras con unos ojos, caras con unos bigotes... También he +visto sombreros de jipi-japa semejantes a este sombrero de jipi-japa. +Sin embargo, no caigo. + +--No hay duda--exclamo--de que yo le conozco a usted; pero, así, de +momento, no doy con el nombre... + +--¿De modo que no puede usted decirme quién soy yo? + +--No, señor... + +El hombre se queda muy apesadumbrado. ¿Se tratará, acaso, de un hombre +que ignora su estado civil y que pretende averiguarlo preguntándoselo a +las gentes? ¿Considerará este hombre, tal vez, que, siendo periodista, +yo debo estar mejor informado que las otras personas? ¡Caso triste, en +verdad, el de un señor que no sabe quién es y que no encuentra quien se +lo diga!... Yo comienzo a afligirme, pero el señor me recita de pronto +su nombre, su edad, su profesión, sus apellidos y sus motes. + +--¿De modo que usted sabía quién es?--exclamo. + +--Claro está. + +--Y entonces--prosigo--, ¿con qué objeto me lo preguntaba usted a mí? + +No me lo preguntaba para informarse, sino que lo hacía con una intención +perfectamente capciosa. + +Yo permanezco algo desconcertado, y al poco rato comparece otro hombre. + +--¡Hola!--exclama el otro hombre--. ¿No sabes quién soy? + +--No sé quién eres. + +--Y éste--añade señalando a un compañero suyo--, ¿tampoco sabes quién +es? + +--Tampoco. No sé quiénes sois; pero tal vez puedan informaros en el +Juzgado municipal. + +Desde que estoy en el pueblo, numerosas personas se me han acercado para +que les diga sus nombres. Al principio procuraba complacerlas y hacía +esfuerzos inauditos a fin de recordar bien. Ahora ya no me canso. Se +trata de un _sport_ local que no me interesa gran cosa. Faltas de otro +entretenimiento, las gentes esperan aquí cinco, diez o quince años el +regreso de algún convecino viajero para preguntarle quiénes son. Quieren +ver si uno ha conservado la memoria durante sus viajes, y, si el tabaco, +por ejemplo, se la ha estropeado a uno, entonces le consideran a uno un +hombre terriblemente orgulloso. + + + + +XIV + +EL CAMINO DE SANTIAGO + + +El que quiera trasladarse en ferrocarril al siglo XIII, que no piense en +Santiago. Lo más siglo XIII de Santiago es el viaje. Desde la Coruña se +va en automóvil, pero ¡qué automóvil! Viajando en él, yo he tenido una +sensación de cosa arcaica y primitiva que no hubiese podido tener nunca +viajando en una diligencia. Me parecía así como si el automovilismo +fuese una invención medieval, una invención que se hubiese perfeccionado +en otras partes a fuerza de siglos, pero que hubiese permanecido +estacionaria en el camino de Santiago. Si me aseguran que cuando se +descubrió el cuerpo del Apóstol, aquel mismo automóvil había servido +para conducir a Santiago los primeros peregrinos, yo lo creo sin +vacilar. + +En Santiago quise comprar periódicos, pero no había más que _El Correo +Español_ y _El Debate_. Esto también me produjo una impresión de +medievalismo. Se hablaba de la guerra, y a mí me parecía que, ya en el +siglo XIII, se debía de comentar en Santiago la guerra europea con el +mismo criterio. + +Lo que me pareció más moderno fue la catedral. En ninguna parte se +encuentran más adelantadas las catedrales medievales. La catedral de +Santiago podía estar perfectamente en Francia, en Inglaterra o en +Alemania, al lado de las fábricas y de los laboratorios. Ante la +catedral de Santiago no se experimenta ninguna impresión de anacronismo. +Esta impresión, si no se ha recibido antes, se recibe después, cuando +uno pregunta las horas del tren para Villagarcía y le dicen a uno que +este tren sólo sale tres veces por semana. + + + + +XV + +EL BOTAFUMEIRO + + +Hubo un tiempo en que las catorce puertas de la catedral de Santiago no +se cerraban de día ni de noche. Constantemente llegaban peregrinos de +todas las partes del mundo, que, entonces, sólo eran tres. Venían persas +con las cabezas tonsuradas; griegos que traían tatuado en las manos el +signo de la cruz; ingleses, irlandeses, franceses, italianos, eslavos... +Unos, mudos de nacimiento, querían que el Apóstol les concediese el uso +de la palabra; otros, ciegos, deseaban ver, y muchos sólo se proponían +cobrar una herencia, ya que en la Edad Media, para cobrar una herencia +solía imponerse como condición la peregrinación a Santiago. No faltaban +príncipes que, en vísperas de alguna batalla, viniesen a implorar el +auxilio militar del Apóstol contra sus enemigos. Fuera de la catedral, +unos hombres, sentados en cuclillas, iban apilando a su alrededor +monedas de todos los países. Eran los cambiantes, padres de nuestros +actuales banqueros. Dentro, los peregrinos, agrupados por +nacionalidades, rezaban y cantaban. Cantaban en sus diversos latines +respectivos y se acompañaban con sus instrumentos predilectos. Cítaras, +crótalos, flautas, gaitas, arpas, salterios, trompetas, liras, todo +sonaba allí, y el Apóstol hacía el milagro de armonizarlo. Luego, los +peregrinos se iban a ver las reliquias, guiados por el _lenguajero_, una +especie de intérprete de hotel, que sabía decir en varios idiomas +piedra, corona, cuchillo, hacha, sombrero... + +Unos peregrinos viajaban a sus expensas; otros venían implorando la +caridad. La mayoría llegaban rotos, sucios, mugrientos y enfermos. +Algunas veces se declararon en Santiago epidemias muy serias, y el +Apóstol no daba abasto haciendo milagros. Fue entonces cuando se inventó +el _botafumeiro_, «rey de los incensarios», como le llama Víctor Hugo. +El _botafumeiro_ no fue en sus orígenes un objeto litúrgico, sino, +sencillamente, un aparato de desinfección. Lo cargaban con incienso +porque todavía no existía el ácido fénico. Aquellos peregrinos, que +venían directamente desde el fondo del Asia, tenían mucha fe, pero olían +muy mal, y los santiagueses procuraban aislarlos en una nube de +incienso. Si hubieran podido, también se hubiesen untado las narices con +aceite mentolado, y quizás hoy, al olor del aceite mentolado, uno se +llenase de evocaciones religiosas y viese, en su imaginación, coros de +ángeles y serafines... + +¡Grandioso _botafumeiro_! Hoy, que la falta de fe lo mantiene ocioso, +¿por qué no se piensa el medio de trasladarlo al Congreso? Cuanto más +animados fuesen los debates, el _botafumeiro_ giraría más velozmente. Y +en vez de procurarse una entrada o de leer el _Diario de las Sesiones_, +uno se limitaría a ver, desde fuera, cómo salía y se elevaba y se +desvanecía el humo. + + + + +XVI + +CABEZAS DE CERDO + + +Hace tiempo, los cerdos de Galicia llevaban una vida completamente +patriarcal. Eran, quizás, algo inmorales, eran glotones y tenían una +cierta socarronería muy campesina; pero ninguno de ellos estaba +contaminado por las ideas del siglo. Los chicos de los paisanos crecían +entre ellos, y a veces, chicos y cerdos dormían en la misma habitación. +¿Puede imaginarse nada más virgiliano? En ciudades como Santiago había +quien se llevaba los cerdos a un segundo piso y salía luego a pasearse +con ellos entre los canónigos, los tenientes de la guarnición y los +estudiantes de latín. Una señorita inglesa que estuvo hace algunos años +en la ciudad del Apóstol--la autora de _Galicia. The Switzerland of +Spain_--le preguntó a su hostelera si era cierto lo que se decía de los +cerdos santiagueses como animales de sociedad. + +--No son únicamente los cerdos--contestó la interpelada--. Desde su +ventana puede usted ver dos cabras en el piso de enfrente. Sus dueños +las tratan como personas de la familia... + +Todavía hay en Santiago quien recuerda a Montero Ríos guiando por las +calles un rebaño de cerdos. Más tarde guió electores. Luego, +diputados... + +Sí. Los cerdos llevaban aquí una vida completamente patriarcal. Cuando +les llegaba su San Martín, berreaban horriblemente y estiraban una pata, +que era un jamón. Morían dolorosamente, pero sin remordimientos de +conciencia. Nunca habían tenido ambiciones ni vanidades. Si habían +procurado engordar, no lo hicieron por ellos tanto como por sus dueños. +Engordaron para que sus morcillas fuesen más sabrosas y para que su +tocino le diera más gusto al caldo de las buenas familias en cuyo seno +habían vivido. + +Pero ahora hay en Galicia una nueva generación de cerdos. A poco de +estallar la guerra, unos hombres extraños vinieron por aquí y +soliviantaron a los cerdos, a las gallinas y a otros muchos animales +domésticos. + +--¿Cuánto os dan aquí por una docena de huevos?--parece que les +preguntaron a las gallinas. + +--Y los jamones--dijeron, dirigiéndose a los cerdos--, ¿a cómo los +vendéis? + +El cerdo, animal muy tradicionalista, dio un gruñido y no hizo caso. La +gallina cacareó. Pero aquellos hombres hablaron de los mercados +extranjeros, donde todo se pagaba diez veces más que aquí, y hoy +nuestros animales de corral y de alcoba han aprendido ya los caminos del +mundo. El cerdo gallego tiene actualmente sus ideas industriales, ni +más ni menos que si fuese un cerdo de Chicago. Dentro de poco será capaz +de pedir que lo maten automáticamente y que lo desmenucen de un modo +científico. + +Las costumbres patriarcales del cerdo gallego van desapareciendo. El +cerdo progresa. Y si esto continúa así, será cosa de recomendar a +nuestros políticos que coman cabeza de cerdo a ver si se les pega algo. + + + + +XVII + +LA VIEIRA + + +Uno de los mariscos más dignos de estimación es la _vieira_. Madrid, que +lo ignora todo respecto a provincias, no come _vieiras_, y es una +lástima. Asadas en su concha, con un diente de ajo y un poco de +pimentón, las _vieiras_ son bastante más sabrosas que esos cangrejos de +celuloide con que los madrileños pretenden consolarse de su falta de +mar. En Inglaterra la vieira carece de triptongo; se llama _scallop_, y +este nombre, escaso en vocales, es como si le quitara la mitad del +gusto. Sin embargo, la _vieira_ tiene allí, por lo menos, tanta +popularidad como la ostra. En Francia las vieiras bretonas, las vieiras +armoricanas, gozan de gran reputación y son consideradas un bocado +exquisito. ¿Y saben ustedes cómo las llaman los franceses a las +_vieiras_? Las llaman _coquilles Saint-Jacques_, o conchas de Santiago. + +Porque la vieira es el marisco del Apóstol. Es un marisco casi sagrado, +así como otros mariscos son literarios, y otros, políticos. Se cuenta +que cuando el cuerpo de Santiago fue conducido al Padrón, un caballero +que deseaba acompañarlo llegó tarde al puerto. El barco había izado ya +sus velas y se perdía en el horizonte, sobre un mar de oro y de plata. +Entonces el caballero hizo el signo de la cruz y se lanzó audazmente +entre las olas. Durante varios días su caballo fue galopando sobre el +fondo del mar, con gran asombro de merluzas y salmonetes, y cuando +llegaron a Iria Flavia, caballo y caballero estaban cubiertos de +_vieiras_. Desde entonces la vieira ha sido el símbolo de los +peregrinos, y para que éstos no tuviesen que ir a buscarlas debajo del +mar--la experiencia del caballero no se consideraba concluyente y había +el temor de que algún peregrino pudiese morir ahogado--, los +santiagueses se las vendían ya muy bien preparadas. Al principio vendían +conchas naturales. Después hacían conchas de cobre, de plata, de latón, +de porcelana y de azabache. Todavía existe en Santiago la calle de los +Azabacheros, desde donde se ve una fachada de la catedral, y a esta +fachada se la llama la Azabachería. Y muchas casas, que antiguamente +sirvieron de mesones para los peregrinos, conservan aún, como +distintivo, una concha de vieira esculpida a la entrada. + +Pocos mariscos unirán, como la _vieira_, una carne tan sabrosa a un +abolengo tan ilustre. Ya, mucho antes de la Edad Media, la _vieira_ le +había servido a Afrodita, surgiendo del mar, para alisarse los húmedos y +admirables cabellos. Hoy Afrodita usa peines bastante más caros; pero +esto no quiere decir nada contra la _vieira_. La _vieira_ es el _pecten +Veneris_ de los antiguos, y el Arte ha buscado mil veces inspiración en +sus curvas sencillas y maravillosas. + +De paso en Galicia, tierra de _vieiras_, yo me considero obligado a +hacer la apología de este marisco. Creo que Madrid no debe ignorarlo, y +que mantenerlo más tiempo en el olvido sería una política funesta. Si +Madrid no se interesa por nuestras vieiras, ¿cómo va a interesarse por +nuestros conflictos sociales? Indudablemente, la política central carece +de sensibilidad con respecto a provincias. + + + + +XVIII + +OPINIONES POLÍTICAS Y LITERARIAS DE LA ROSARIO + + +Al volver a Madrid, tras una ausencia de mes y pico, soy cariñosamente +acogido por mi buena Rosario, una chica mitad ama de llaves y mitad +cocinera, que arregla mis papeles y cuida de mi estómago. + +--Te entrego mi estómago, un poco estropeado por las salsas al por +mayor--le dije al darle posesión de su cargo--, y espero que me lo +trates bien. El estómago es el alma del escritor. Con un poco de acidez +o de flatulencia, yo haría una literatura triste y perdería lectores. Al +nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme +guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el +respeto de la crítica y la aceptación del público. + +Desde entonces, la Rosario pone sus cinco sentidos en la cocina. A +veces, advierto la desaparición de algún plato, pero no es culpa de la +Rosario. + +--Yo no lo rompí. Fue él. Lo tenía en la mano, y se cayó. Se hizo +pedazos contra el suelo... + +--Debe de ser un caso de suicidio--observo yo entonces--. El pobre plato +estaría desesperado de la vida. + +Otras veces, la carne está espantosamente dura, y la Rosario dice que no +ha querido cocerse. Verdaderamente, ¿qué interés puede tener la carne en +ponerse blanda? + +Pero, a pesar de todo, la Rosario es una excelente muchacha. Yo le doy a +leer los libros de mis amigos, y luego le pregunto qué es lo que +opinamos de ellos. La Rosario tiene un criterio literario en el que la +crítica no ha ejercido aún su perniciosa influencia: un criterio sano y +honrado. Algunos autores, al enviarme sus obras, lo hacen dedicándoselas +ya a la Rosario, y no falta quien le prodigue adjetivos laudatorios para +congraciarse con ella. + +Ahora, al volver de Galicia, la Rosario me contó todo lo que había +ocurrido durante mi ausencia. Yo había estado más de un mes sin recibir +cartas ni leer periódicos, y quería restablecer mi contacto con la vida +urbana. + +--¿Se han suicidado muchos platos? ¿Han traído muchas cuentas? ¿En qué +nuevas aventuras se ha metido el amigo Charlot?... + +La Rosario ha ido contestándome a todas estas preguntas y satisfaciendo +así mi curiosidad. + +--Y Gobierno, ¿qué Gobierno tenemos ahora?--añadí. + +--¿Gobierno? Yo creo que tenemos el mismo. + +--Imposible, Rosario. Hace más de un mes que salí de Madrid, y no es +posible que un Gobierno dure tanto. Seguramente tenemos un Gobierno +nuevo. + +La Rosario entonces reflexionó un poco, y dijo: + +--Quizás. La verdad, yo, que gobiernen unos o que gobiernen otros, no lo +noto nunca... + +Y aquí me tiene el lector, ignorando si estoy gobernado por Maura, por +Sánchez de Toca o por Romanones. En casa no lo notamos. Las patatas +cuestan lo mismo. El alquiler no baja. Los guisos salen igual... + + + + +EN EL PAÍS DE LA RULETA + + + + +I + +LOS TEMAS LITERARIOS + + +Los escritores solemos dirigirnos a «el lector», poco más o menos, así +como los criados se dirigen a «el señor». Desgraciadamente, este +concepto de «el lector» es demasiado vago. Por lo general, el lector +tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el +lector--este lector de quien hablamos tanto los escritores--fuese una +realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigiría a él y le diría: + +--¿Qué artículo de San Sebastián quiere usted que yo le haga? ¿El de la +lluvia? ¿El del jugador? ¿El de las pulgas? ¿El de la Concha? ¿El del +objeto perdido? ¿El de la misteriosa extranjera...? + +Porque en San Sebastián no hay arriba de doce temas para artículos. Los +corresponsales madrileños que vienen aquí hacen las mismas crónicas cada +temporada. Yo conozco a un compañero que lleva ya quince sobre la +lluvia. Es un especialista. + +¿Cómo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras +cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal +abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no varía +sus temas literarios, una playa que no renueva sus crónicas, está +condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastián resultará una +cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantábrico o del +Mediterráneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los +cronistas. Los periódicos madrileños se apresurarán a mandar allí la +nube de corresponsales que ahora envían a San Sebastián. Al artículo de +la lluvia sucederá el artículo del sol o del relente; la crónica de las +pulgas será substituida por una sobre las chinches o sobre las +cucarachas. ¡Qué placer para los periodistas y para los lectores de +periódicos! Será una transformación literaria comparable tan sólo al +advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirán en masa a la +nueva playa de moda, y San Sebastián desaparecerá del mundo como centro +de placeres. + +Yo he llegado a San Sebastián hace varios días. Mi querido Fernández +Flórez estaba todavía aquí. + +--Supongo--le dije--que me habrá dejado usted algún tema disponible, +aunque sea de segundo o tercer orden. + +Fernández Flórez se rascó la cabeza. + +--Veamos, veamos--insistí yo--. Ha hecho usted ya el artículo de la +lluvia, el del Casino, el de las pulgas... + +Los había hecho todos, y, además, los había hecho como yo precisamente +hubiese querido hacerlos. + +«Voy a tener que volverme a Madrid», pensaba yo. + +En esto transponíamos las puertas del Casino, y yo observé que el +portero era tuerto. + +«¡Qué coincidencia!--exclamé--. Este portero tuerto, aquí donde se juega +tanto dinero... ¿Es que habrá todavía en San Sebastián una crónica por +hacer?» + +Pero Fernández Flórez ya había hablado también del portero tuerto... + +El Municipio de San Sebastián creerá, sin duda, que esto de los temas +literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastián no tardará en +sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de +los concejales, del Casino, de las sociedades de atracción de +forasteros, de las comisiones de festejos, etcétera, etc. Estas +entidades debieran renovar cada temporada los temas periodísticos de San +Sebastián, a fin de que ningún corresponsal permaneciera aquí ocioso. +Más que de dinero se trata de organización. Con seis temas inéditos por +temporada, San Sebastián podría ir tirando todavía. + + + + +II + +EL TREINTA Y CUARENTA + + +¡Hagan juego, señores...! + +Sobre la mesa van cayendo fichas de un duro y de cuatro duros, y placas +de 50, de 100, de 500 y de 1.000 pesetas. Las raquetas van y vienen, +manejadas por manos febriles. Un señor, alargando trabajosamente el +brazo por entre la muchedumbre, pone 1.000 pesetas a encarnado. Es un +jugador de _a pie_. Los empleados dividen a los jugadores en dos +categorías fundamentales: jugadores de a pie y jugadores sentados, y la +primera categoría es la única que les infunde cierto pavor. Si el +jugador de a pie gana, en efecto, hay muchas probabilidades de que se +vaya con la ganancia. Puede dar un pase, dos, tres y marcharse con 15 o +20.000 pesetas. En cambio, el jugador sentado no importa que amontone +algún dinero. La banca siempre tiene esperanzas de recuperarlo. + +--¡Hagan juego...! + +Los mirones encuentran floja la partida. + +--Esto está aburridísimo--dicen--. No hay sangre... + +Algunos reconvienen a sus amigos. + +--¿Por qué juega usted a ese paño? Es absurdo... + +Y luego, si por casualidad aciertan, insistirán en sus censuras, +llenando de vituperios a los pobres perdidosos. + +--¿No se lo dije yo a usted? Si era infalible... + +--Yo prefiero ganar diez duros a negro--murmura una voz--que 1.000 +pesetas a encarnado. ¡Qué quiere usted! Es una manía. Además, no me +sería posible jugar a encarnado. ¡Hace ya noventa y un años que juego a +negro...! + +Vuelvo la cabeza y veo a un viejecito que empuja las fichas con una +raqueta temblorosa. Debe de sentirse próximo a la muerte, y por eso no +juega a encarnado. Acaso ganara; pero por unos cuantos duros no va a +dejar a última hora su camino de siempre. ¡Qué hermoso ejemplo de +consecuencia para los políticos! Yo lo someto a la consideración de un +distinguido diputado, el cual se echa a reír. + +--Ya ves. En solo media hora he ganado 20.000 pesetas con mi juego de +alternativa... + +El _croupier_ va cantando con un acento muy francés: + +--Siete... Cuatro... _Encagnado_ gana _et colog_. + +--¡Qué le vamos a hacer!--suspira el viejecito. + +Y vuelve a jugar a negro. Su cara está alegre, sonriente, satisfecha. Se +ve que este hombre, tan próximo al umbral de la otra vida, lo traspasará +sin temor alguno. Ha sido un hombre leal. Ha cumplido siempre, sin +vacilaciones, el deber que se impuso noventa y un años atrás. Su +conciencia está tranquila. Cuando Dios le llame a juicio y le pregunte +si jugó alguna vez a encarnado, él dirá: + +--Nunca. Seguí el negro en la adversidad como en la fortuna, en sus +horas buenas y en sus horas malas, cuando todos acudían a él lo mismo +que cuando se veía abandonado de todos... + +--Dos...--canta el empleado. + +Y, extendiendo sobre la mesa otra hilera de cartas, vuelve a cantar: + +--Dos... + +Es un _aprés_. Uno de los que juegan a negro retira su postura. + +--Hace usted mal--le dice un mirón--. Eso lo que demuestra es la fuerza +de la baraja. Ya ve usted si será fuerte el encarnado, que ni a dos +puede ganarle el negro. + +--¿Cuántos encarnados van?--pregunta alguien. + +--Cuatro. + +--Es una racha. Hay que aprovecharla... + +Llueven sobre el encarnado fichas, placas y billetes. Los postores de +grandes sumas las hacen asegurar. Naturalmente que este seguro no es +contra la pérdida. No se ha llegado aún a constituir una compañía que +asegure las rachas de un color contra el color contrario. Es únicamente +para el caso de que se dé un _aprés_ de treinta y una. Por un duro cada +cien duros o fracción de cien duros, el jugador garantiza su capital +contra lo que constituye el cero del treinta y cuarenta. + +Se produce una gran emoción. Al griterío de hace un segundo sucede un +silencio imponente. Estamos como en el circo, cuando para la música y se +avecina el ejercicio peligroso. + +El empleado comienza a echar las cartas, y el encarnado saca dos. + +--¿Otra vez dos? + +--¡Malo! ¡Malo...! + +--Ahora quiebra la racha... + +Y, en efecto, quiebra la racha. El negro gana. Las raquetas de los +empleados, miradas con ojos de perdidosos, parecen enormes... + +--¿Ha visto usted con lo que se sale ahora la baraja?--exclama uno de +los que habían puesto a encarnado--. Mire usted... + +Y enseña su cartón. Estos cartones están divididos en columnas donde se +marcan con puntos los colores que ganan. En una columna se ponen los +puntos correspondientes al negro, y, en otra, los correspondientes al +encarnado. Luego se trazan las líneas de punto a punto y se va +obteniendo un gráfico del juego, que es algo así como el gráfico de una +fiebre tifoidea. Hay juegos serpentinos, de línea inquieta, que salta +constantemente de columna a columna y que podrían llamarse juegos de +alambique. Hay juegos casi rectos, en los que se dan 10, 15, 20 negros o +encarnados sucesivos. Hay juegos mixtos... Lo malo es que el gráfico del +juego no se conoce hasta el final. El jugador que ve salir cuatro negros +consecutivos deduce que el juego lleva una dirección recta, y haciendo, +a su vez, un juego recto, pone su dinero a negro. Naturalmente que, a lo +mejor, sale encarnado. Entonces el jugador dice que ha quebrado el juego +y considera que la baraja se ha hecho traición a sí misma. Yo me inclino +a creer que los jugadores se precipitan en sus juicios sobre las +barajas. ¿Que por qué, si a la postre iba a resultar que se trataba de +una baraja de alternativa, ha comenzado el juego con cuatro encarnados? +¡Quién sabe! A lo mejor la baraja lo hizo para despistar... + +--Ha quebrado el juego. Mire usted mi cartón... + +En realidad, lo único que ha quebrado es la línea. + +Todo el mundo pierde, excepto el viejecito y un señor que había puesto +1.000 pesetas a negro. + +--¡Por no saber jugar!--murmura un técnico, en discusión con otro +jugador--. Ese señor ha ganado, ¿y qué? ¿Es que demuestra algo el que +haya ganado ese señor? + +Porque ante la teoría general, ante la ley profunda del treinta y +cuarenta, los hechos aislados carecen de importancia. ¿Es que se va a +destruir con 1.000 pesetas toda una filosofía? + +--Oye, dame dos duros--dice una voz femenina. + +--Pídeselos a Marquet--contesta una voz masculina. + +--Es que ya ves lo que ha pasado. Ha quebrado la racha... + +--Yo llevo perdidas ya 40.000 pesetas desde el mes de agosto--le dice +una amiga a la pedigüeña. + +--¿Cuarenta mil pesetas? Y ¿a quién se las has perdido? + +--Se las perdí a varios. Si fuese para comer, no me las hubiesen dado... + +Un jugador abandona su asiento con cara de malhumor. + +--¿Perdió usted mucho? + +--No. Perdí poco; pero lo que más me indigna es ver ganar a los amigos. +Que yo pierda, pase. Que ganen los desconocidos, pase. Que ganen los +amigos, eso, francamente, me desespera. + +Se oye la voz del empleado, que domina todas las otras. + +--¡Hagan juego, señores...! + +La mesa se llena de miles de pesetas. ¡Y luego diremos que el dinero +español carece de audacia y que está dormido en las cuentas corrientes! + + + + +III + +LOS BOLSILLOS Y EL ESPÍRITU DE PROPIEDAD + + +Viendo, en el Casino, a los empleados de las mesas de juego, se me han +venido a la memoria las reflexiones de un oso: el oso _Atta Troll_, +inmortalizado por Heine. Según _Atta Troll_, los hombres son unos +animales infelices y depravados, y todo su mal proviene de la invención +de los bolsillos. Si los hombres no usáramos bolsillos, no habría entre +nosotros egoísmo, no habría ambición, no habría _tuyo_ y _mío_, no +habría propiedad, no habría tiranía... Seríamos como unos osos de +diferente especie, serios y dignos, aunque aficionados a la danza. +Desgraciadamente, un día los hombres inventaron los bolsillos, y desde +entonces cada uno trata de meter en los suyos lo que debiera estar a la +disposición de todos... + +En el Casino de San Sebastián, los empleados de las mesas de juego +carecen de bolsillos. La dirección del establecimiento, como el oso de +Heine, cree que, despojando de bolsillos a los hombres, se suprime en +ellos el sentido de la propiedad, y a medida que los empleados llegan, +hace que cambien sus trajes por unos trajes especiales, en los que no +hay medio de guardar ni una sola perra chica. Los empleados pueden, así, +manejar todas las noches miles y miles de duros sin la menor emoción. Si +tuvieran bolsillos, tendrían, con ellos, el sentido de la propiedad, y +al pensar que todo aquel dinero era un dinero ajeno, sufrirían tormentos +espantosos. Sin bolsillos, esto es, sin sentido de la propiedad, no se +les ocurre nunca guardarse un duro de nadie. Juegan con el dinero como +jugarían con chinas al borde de la playa. Las fichas de 1.000 pesetas no +los tantalizan ni poco ni mucho. Su estado de espíritu es igual al de +los osos, para quienes no existe el concepto de la propiedad individual. + +Yo creo que todos los concurrentes al Casino debiéramos tomar ejemplo de +los empleados, y no penetrar nunca en las salas de juego con nuestros +trajes de costumbre. En vez del _smocking_, debiéramos ponernos también, +para ir al Casino, unos trajes desprovistos de bolsillos. De este modo +no se nos ocurriría nunca ganar el dinero de la banca y nos ahorraríamos +el nuestro. Y, aunque se nos ocurriese, no podríamos intentarlo, porque +nos habríamos dejado la cartera en casa. + +Mientras tanto, esto es, mientras la supresión de los bolsillos no se +extienda de los empleados a los clientes, la cosa nunca podrá tener el +valor de un ensayo social. Y es que, detrás de estos empleados +desbolsillados que cantan los plenos y los colores, uno ve, +imaginativamente, unos bolsillos enormes, profundos e insondables, +adonde afluye el dinero de todos nosotros. + +Todavía es tiempo de que suprimamos nuestros bolsillos. Y si no los +suprimimos ahora, espontáneamente, tendremos que suprimirlos muy pronto, +por inútiles... + + + + +IV + +UN NUEVO SISTEMA PLANETARIO + + +Las cuatro de la mañana. El Casino, que es como si dijéramos todo San +Sebastián, ha cerrado ya sus puertas. No queda ni un solo +establecimiento abierto. Los serenos, únicos transeúntes de la ciudad, +marcan lentamente sus pasos en el silencio profundo. San Sebastián +duerme. + +Desde mi balcón, sin embargo, en el hotel de enfrente, yo veo una +ventana iluminada. Estas ventanas iluminadas a las altas horas de la +noche han constituido siempre un gran motivo literario, y, últimamente, +constituyen un poderoso motivo detectivesco. A mí me interesan en ambos +sentidos. + +--¿Quién habrá en esa habitación?--me pregunto--. ¿Será un enfermo que +se revuelca sobre su lecho de dolor? ¿Será acaso un avaro contando su +tesoro? ¿Será un veraneante en lucha con las famosas pulgas +donostiarras? ¿Será, tal vez, un poeta que sacrifica su sueño para +escribir, al dorso de una cuenta sin pagar, versos y más versos en honor +de una amada que no existe? ¿Será una hermosa admirándose a sí misma +ante el espejo, o será, quizá, una ex hermosa empastándose las arrugas y +arrancándose las canas? ¿Serán unos recién casados? ¿Será un sabio? +¿Será un espía alemán...? + +Yo apostaría a que es un jugador dedicado al ejercicio de la cábala +sobre un plano de la ruleta. La ruleta viene a ser algo así como un +segundo sistema planetario. Se trata de descubrir sus leyes y de fundar +una ciencia que sea, con relación a la ruleta, lo que es la Astronomía +con relación al Universo. Millares de hombres se han consagrado +heroicamente a la causa y le han hecho todos los sacrificios: el de su +inteligencia, el de su tiempo, el de sus cuartos... Hasta ahora, sin +embargo, no hay una verdadera ciencia de la ruleta. Los jugadores que +presumen de científicos, que leen la revista de Montecarlo y que hacen +sus posturas con arreglo a un plan, no pasan de ser algo semejante a los +antiguos astrólogos. + +No existen aún astrónomos de la ruleta. Acaso mi vecino sea un nuevo +Giordano Bruno, a quien hará quemar el Sr. Marquet en la terraza del +Casino. Mientras tanto, las leyes de la ruleta continúan en el misterio. +¿Gira la bola alrededor de la ruleta, o gira la ruleta alrededor de la +bola? He aquí una cuestión bien clara y concreta y que, siendo +fundamental, no ha obtenido solución todavía. ¿Cómo podrían haberla +obtenido las otras? + +--La ruleta--me decía un _amateur_--es la única obra humana +verdaderamente perfecta. Ríase usted de las pirámides de Egipto. Ríase +de la _Critica de la Razón Pura_. No hay más que la ruleta. Millares y +millares de hombres han dedicado sus esfuerzos a encontrarle un defecto, +y hasta ahora no se lo han encontrado. Hay quien dice que sí, que se lo +ha encontrado, que la ruleta es inquebrantable con tal o cual +combinación; pero no haga usted caso ninguno. El día en que se le +encontrara un flaco a la ruleta, la banca se arruinaría, y la ruleta +dejaría de existir. Mientras exista la ruleta es que no se le ha +descubierto la menor imperfección. Y ¿usted ha visto qué equidad la de +la ruleta? Si con un duro quiere usted ganar otro duro, tiene usted un +50 por 100 de probabilidades en contra, y si quiere usted ganar dos +duros, tiene usted un 75. El riesgo aumenta siempre, matemáticamente, en +proporción a la ganancia. No hay nada más justo. No hay nada más +equitativo. Si yo fuera escultor y quisiera representar a la Equidad, la +representaría en forma de _croupier_ manejando una ruleta... + +--Una ruleta sin cero--observo yo. + +--Claro. Una ruleta sin cero. De tan equitativa que es la ruleta, ha +habido que ponerle un cero para garantizarle a las empresas sus gastos +infinitos. Convénzase usted. La ruleta es la única obra humana +verdaderamente perfecta... + +Esto decía mi amigo; pero actualmente mi entusiasmo supera al suyo. Para +mí, la ruleta es algo más que una obra humana. Es, como he dicho antes, +todo un sistema planetario. Los puntos se sientan alrededor de la +ruleta, y poco a poco van quedándose desprovistos de dinero. ¿Qué leyes +determinan esta atracción de la ruleta sobre el dinero de las gentes? +Acaso mi vecino llegue a descubrirlas; pero, mientras tanto, permanecen +en el más sombrío de los misterios. Se sabe el porqué del flujo y +reflujo de la mar, se conoce el curso del Sol y el de la Luna, se +predicen los eclipses al minuto; pero cuando la ruleta comienza a dar +vueltas en un sentido, y la bola en el otro, nadie puede sospechar si va +a darse el 7 o el 13, la primera, la segunda o la tercera docena, el +rojo o el negro, la _manque_ o la _passe_, el par o el impar... Y en el +siglo XX, todo afeitado y vestido de _smocking_ o de frac, uno se +encuentra ante la ruleta en el mismo estado de espíritu en que el hombre +primitivo se encontraba ante el enigma del Universo. + + + + +V + +ROUSSEAU Y ANATOLE FRANCE + + +Actualmente sólo funciona un teatro en San Sebastián. No hay +espectáculos. No hay baile. No hay _restaurants_ nocturnos... ni apenas +diurnos. La Policía, con el menor pretexto, clausura aquí todos los +lugares de diversión y sólo queda para disputarse al veraneante estas +dos potencias sobrehumanas: la Naturaleza y el Casino. Juan Jacobo +Rousseau experimentaría un serio disgusto al ver que el Casino va +venciendo. Anatole France, en cambio, para quien la civilización es una +lucha constante del hombre contra la Naturaleza, sonreiría encantado. + +Porque no hay duda ninguna: la ruleta tiene mucho más éxito que el +paisaje, con ser tan hermoso el paisaje de San Sebastián. Poco a poco, +los alrededores de la bella Easo van quedándose sin clientela. El Casino +les arrebata todos los parroquianos, y este triunfo es tanto más +notable, cuanto que, frente al cielo azul, al verde mar, a los bosques +sombríos, al Sol radiante y a las montañas augustas y solemnes, la +dirección del establecimiento no ha puesto más que una esfera giratoria +con 37 números. + +Es, como si dijéramos, la bancarrota de la Naturaleza. En honor de la +verdad, sin embargo, conviene advertir que el triunfo del Casino no ha +sido cosa muy fácil. La Naturaleza ha hecho esfuerzos prodigiosos. A +veces ha organizado días espléndidos, con una temperatura deliciosa y +una luz ideal. Los más amigos del Casino sentían entonces deseos de +pasarse al otro bando. Su conducta anterior respecto a la madre común se +les aparecía de pronto como una injusticia y experimentaban vivos deseos +de rectificarla. + +--¿Vamos a encerrarnos en el Casino en un día como éste?--exclamaban--. +No, nunca. Sería una verdadera vergüenza... + +Pero después de almorzar, el cielo comenzaba a nublarse. Malas lenguas +afirman que era el Casino quien preparaba los nublados. + +--No hay nada imposible para los _croupiers_--sostenían. + +Naturalmente, que ninguna persona razonable puede considerar en serio +semejantes rumores. Lo indudable, sin embargo, es que el cielo se +nublaba. Un descuido de la Naturaleza, un momento de debilidad, ¡qué sé +yo! Entonces millares de personas, hábilmente diseminadas por los +hoteles y cafés de San Sebastián, prorrumpían en gritos estentóreos. + +--¡La galerna...! ¡La galerna...!--vociferaban. + +¿Eran alquiladas estas personas? Yo tampoco lo he creído nunca; pero lo +cierto es que todos los entusiasmos por la Naturaleza se amortiguaban de +un golpe. + +--¿Lo ven ustedes? Si aquí no se puede salir... No hay más remedio que +meterse en el Casino... + +El Monte Igueldo, especialmente, tan bonito y tan próximo a la ciudad, +le hacía al Casino una concurrencia terrible. Claro que el Casino +hubiese acabado por dominarlo; pero, ¿para qué perder el tiempo? + +--Ya que la montaña no viene a mí, yo iré a la montaña--pensó la +dirección. + +Y la dirección fue a la montaña y puso en ella unos caballitos, y ya +nadie mira el paisaje, sino los caballitos, y la Naturaleza ha sucumbido +una vez más. + +Hoy el Casino no necesita ya hacer esfuerzo ninguno para atraer al +veraneante. El veraneante le pertenece por entero. Estos días está +haciendo un tiempo magnífico, y, sin embargo, los alrededores de la +ciudad se encuentran desiertos a todas horas. La Naturaleza ha perdido +el prestigio en San Sebastián. Lo ha perdido... a la ruleta. + + + + +VI + +EL JUGADOR OBJETIVO + + +Esto es una ladronera, una perfecta ladronera--dice D. Salustiano--. Ni +por casualidad se gana. Va usted a ver... + +D. Salustiano coge una ficha de 20 pesetas y la arroja sobre la mesa. + +--Veinticinco y veintiocho--exclama--. Caballo... + +Luego, dirigiéndose a mí, continúa: + +--Son 20 pesetas tiradas... Este año llevo perdidas ya 15.000. ¡Como no +se repita lo del año pasado...! ¿Sabe usted cuánto me costó la broma el +año pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca... + +La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando +la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetín y el +_croupier_ canta el número. + +--Doce. Rojo. _Manque._ Par... + +--¿Lo ve usted?--suspira D. Salustiano--. Era indudable. No hay manera +humana de ganar. + +Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una «calle». Diez y nueve, +veinte y veintiuno. + +--Ocho duros más que voy a perder--me dice--. No se gana nunca. Está +demostrado... + +En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros. + +--¿Se ha convencido usted?--me pregunta--. Pues para que acabe usted de +convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perderé, ya lo +sé, pero no importa... + +Como D. Salustiano, hay en San Sebastián infinidad de personas que se +arruinan para demostrar que es imposible ganar a la ruleta. Porque, +desde luego, D. Salustiano está firmemente persuadido de esta +imposibilidad. Su juego es a modo de una lección experimental para los +amigos y para los espectadores. + +Yo me creo en el caso de contenerle. + +--No juegue usted más--le digo--. La demostración ya está hecha. La +práctica ha confirmado suficientemente la teoría. No vale la pena que +pierda usted cien pesetas más para persuadir a un convencido como yo. + +Pero D. Salustiano insiste. + +--Es que no tan sólo se pierde en general, sino que se pierde siempre, +todas las veces--exclama. + +La fila de D. Salustiano comprendía los seis números que van del 13 al +18, inclusive. Sale el 16, y D. Salustiano gana 500 pesetas. Yo voy a +felicitarle, pero me contengo. El buen señor está desconcertado. Todos +sus principios se acaban de caer a tierra. D. Salustiano tenía una +convicción en la vida: la de que nunca se gana a la ruleta, y he aquí +que una bola ciega, un azar incomprensible, acaba de destruir esta +convicción. ¿Qué le queda ahora a D. Salustiano? Nada más que las 500 +pesetas. En lo futuro, su existencia carecerá de todo sostén ideal, y +será una cosa baldía... + +--Juéguese usted las 500 pesetas a una docena--le aconsejo. + +D. Salustiano las juega y las pierde. Entonces su rostro se anima de +nuevo. + +--¿Ha visto usted?--me dice--. Lo de la fila había sido una casualidad +que no demuestra nada. Indudablemente, no hay posibilidad de ganar nunca +a la ruleta. + +Y cogiendo cinco duros, los tira sobre la mesa: + +--Para los empleados... + + + + +EN EL RINCÓN DE LOS MILLONARIOS + + + + +I + +EL HIERRO + + +Cada vez que un bilbaíno me invita a comer, me parece que me da a comer +hierro. El hierro es el pan de Bilbao. Todo ha sido aquí hierro en su +origen, hasta el mármol y el oro de los millonarios de Algorta. Y el +mismo chacolí, en estas alegres cenas bilbaínas, me produce un efecto +así como de vino ferruginoso. + +Constantemente se denuncian nuevos yacimientos, a veces bajo casas +habitadas. Se denuncian calles, se denuncian viviendas, se denuncian +amigos y vecinos... Y toda la actividad bilbaína, todo el tráfago +gigantesco de la ría con sus hornos formidables que, durante el día, +eclipsan al Sol y que enrojecen el cielo por las noches, no son más que +un esfuerzo para convertir este hierro en oro y en billetes. + +Hay quien dice que el dinero bilbaíno es más valiente que el dinero de +otras ciudades españolas. Yo no creo gran cosa en la antropología del +dinero. En un caso particular, el dinero puede ser más o menos audaz o +más o menos timorato; pero, colectivamente, no hay calidades en el +dinero: no hay más que cantidad. El dinero de un pueblo no es cobarde ni +es valiente, sino que es poco o mucho. Las grandes fortunas, como los +hombres grandes, se atreven a cosas que, por regla general, asustan a +las fortunas pequeñas y a los hombres chiquitines. ¿Valor? No. Fuerza, +peso, volumen. + +Además, esto de tener el dinero en acciones es, poco más o menos, como +tenerlo en fichas. Uno no le concede el mismo valor que si estuviera en +billetes, y se lo juega. Todo el mundo pica. Un poeta bilbaíno que me +quiso leer unos versos el otro día tuvo que buscar el manuscrito entre +unas cuantas navieras que llevaba en la cartera. + +Afortunadamente, Bilbao está llamado a tener más dinero cada vez, y uno +no puede imaginarse su porvenir más que en una visión gloriosa. Hoy por +hoy, Bilbao es ya una ciudad donde el dinero se cuenta por millones, y +esta ciudad resulta doblemente extraordinaria porque se encuentra +situada en el país de la calderilla. + + + + +II + +LA REIVINDICACIÓN DE LOS MILLONARIOS + + +Indalecio Prieto, el actual diputado por Bilbao, es un diputado +socialista, pero socialista para obreros. Esperemos que, en una próxima +legislatura, Bilbao se haga representar en Cortes por un socialista de +otra clase: un socialista para millonarios. + +La idea de un socialismo para millonarios no es mía, sino de Bernard +Shaw. Permítaseme adoptarla, sin embargo, para brindársela a los +capitalistas bilbaínos. + +Los capitalistas bilbaínos están completamente desamparados frente a sus +obreros. Mientras se fundan cooperativas, y se construyen casas baratas, +y se crean parques y jardines, y se instalan bibliotecas públicas y +baños municipales, adaptando a los recursos del obrero toda la vida del +país, ¿quién se acuerda de los millonarios? Un millonario bilbaíno puede +gastarse dos o tres millones en un _yacht_ y otros dos o tres en su +palacio de Algorta; pero, ¿qué hace luego con los millones restantes? + +Hace poco se ha fundado aquí una Compañía para lograr que el kilo de +merluza no cueste nunca mucho más de seis reales; pero, ¿dónde está la +compañía que venda merluzas para millonarios a mil o a dos mil duros? No +hay merluzas para millonarios, no hay zapatos para millonarios, no hay +sombreros para millonarios. Yo he visto al señor Sota el otro día con un +gabán que, desde luego, no le había costado mucho más que el mío. Claro +que el señor Sota puede comprarse cien, doscientos, quinientos gabanes; +pero esto sería una superfluidad. En un país organizado para +millonarios, el ilustre naviero debiera poder adquirir un gabán de +varios millones de pesetas. Hoy no puede adquirirlo, y es que el +millonario se encuentra postergado en el mundo. Mientras todos gozamos +de la vida en proporción con nuestros recursos, el millonario, no. Nadie +se cuida de los millonarios, y helos ahí teniendo que fundar escuelas y +hospitales y que distribuir su dinero en obras de beneficencia. + +¡Pobres millonarios! Hasta hace poco, su desamparo se explicaba por su +rareza. Los millonarios eran escasísimos y no podían imponerse. Pero las +cosas han cambiado, y hoy, en Bilbao, ¿quién no está ya en el tercero o +cuarto millón? + +Ha llegado la hora de las grandes reivindicaciones. La sociedad tendrá +que dejarles un puesto a los millonarios, y si no lo hace, yo, +millonario, dimitiría. + + + + +III + +EL HOMBRE QUE SE VENDIÓ BREA A SÍ MISMO + + +Cuando un hombre, en Bilbao, dice que necesita vagonetas, esto no +significa necesariamente que ese hombre necesite vagonetas. A lo sumo, +las vagonetas las necesita un amigo de un amigo de un amigo suyo. Y +cuando otro hombre, en el mismo Bilbao, le ofrece vagonetas a la gente, +esto tampoco implica el que ese hombre tenga muchas vagonetas en su +poder, sino que conoce a un señor, el cual, por medio de otro señor, +sabe de un tercer señor que quiere vender vagonetas. Y así ocurre el que +unos hombres que no necesitan vagonetas absolutamente para nada se pasen +la vida comprándoles vagonetas a otros hombres que no las tienen. Y +quien habla de vagonetas, habla de traviesas. Y quien habla de +traviesas, habla de clavos. Y quien habla de clavos, habla de brea. Y +quien habla de brea, habla de barcos. Y así sucesivamente. + +Yo tengo en Bilbao un amigo que se compró a sí mismo trescientas +toneladas de brea. No se trata de un bilbaíno, sino de un madrileño. A +poco de llegar al café del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea. +En _Maxim's_ hubiese pedido _whisky_, pero en el café del bulevar se le +desarrollaron apetitos de más importancia. Quería brea, muchas toneladas +de brea, y cuanto antes, mejor. Pasaron días, y los deseos de mi amigo +fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en +realidad, él no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se +puso a ofrecerla. + +--¿Quién quiere brea?--dijo--. Yo puedo venderla en excelentes +condiciones. + +--¿Vende usted brea?--le preguntó un señor--.Pues yo le compro a usted +trescientas toneladas. + +Convinieron el precio y firmaron un documento. Pero el comprador no +compraba por su cuenta, sino por cuenta de un señor a quien, quince días +antes, le había oído decir que quería brea. Y este señor resultó ser +precisamente mi amigo, el cual, siendo vendedor de sí propio, no pudo +robarse gran cosa y sólo perdió la comisión. + +¿Cuántas operaciones de este género no se harán diariamente en Bilbao? +¿Cuántos hombres que ni hacen clavos, ni tienen fábricas de clavos, ni +se dedican a industrias para las que necesiten clavos, no vivirán de los +clavos en esta ciudad? Es el comercio, el honrado comercio, genio del +mundo moderno..... + + + + +IV + +EL VASCUENCE + + +Yo he creído en el vascuence hasta que lo he oído hablar. Ahora tengo la +idea de que hay trescientas, cuatrocientas, tal vez quinientas palabras +de vascuence, y que todas las otras son una hábil invención. Me he +enterado, por ejemplo, de que mientras los vascos españoles le llaman al +tenedor _tenedoróa_, los vascos franceses le dicen _fourchetóa_. En una +esquina, y al lado de un letrero que decía «Calle de Echembarrena», otro +letrero ponía «Echembarrena kalia». Y cuando me dijeron que el segundo +letrero estaba en vascuence, yo me reservé unas dudas bastante serias. +Luego he oído decir «genté elegantía», por gente elegante, y otras cosas +análogas. A veces, una palabra como «oguía», que significa pan, le +desconcierta a uno; pero luego resulta que se trata de un derivado de +hogaza. + +--No se fije usted--me dijeron algunos amigos--. Los que dicen +«tenedoróa» y «genté elegantía» no saben vascuence; pero pregúntele +usted a Mourlane Michelena... + +Y en fuerza de oír esto he llegado a deducir que existe en efecto un +rico vocabulario vascuence, y que Mourlane Michelena es su único +depositario. + +¿Qué hará con el vascuence Mourlane Michelena? Yo me explico que se +tenga una casa para uno solo, y una botella para uno solo, y una mujer +para uno solo; pero no me explico que nadie tenga un teléfono ni un +idioma para usarlos exclusivamente consigo mismo. + +¡Habrá que oír a Mourlane Michelena en sus monólogos aglutinantes y +prearios! Pero, por otro lado, yo no puedo menos de felicitar a un +hombre que, en medio del tráfago bilbaíno, se encuentra de pronto este +tesoro de un idioma perdido durante tantos siglos. + +Me explico que se coleccionen las palabras de vascuence con un espíritu +de numismático, como pudieran coleccionarse raras, preciosas e +interesantísimas monedas antiguas. Por mi parte, es con ese espíritu con +el que las oigo; pero los «tenedoróa» y los «elegantía» me producen el +efecto de duros sevillanos entre monedas romanas. + + + + +UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA + + +_La guerra ha terminado en todo el mundo excepto en España. Los alemanes +se han rendido, pero no así los germanófilos, quienes siguen apoyando al +káiser y cantando las victorias de Hindenburg. Los aliados, por nuestra +parte, seguimos creyendo que Inglaterra y Francia representan la +libertad, la democracia, el derecho de pueblos, etc., etc._ + +_Es una nueva Batracomiomaquia, de la que el autor--modesta rana +beligerante--le ofrece algunas notas a su público._ + + + + +I + +LA GUERRA SOBRE EL PAPEL + + +Si los alemanes perdieron la guerra, no fue por culpa de los críticos +germanófilos. Los críticos germanófilos han combatido con tanto ardor +como el más heroico de los soldados alemanes. Fabián Vidal y Manuel +Aznar pueden decir el trabajo que costaba desalojar a los críticos +germanófilos de ciertas posiciones. Se destruían los últimos nidos de +ametralladoras, Ludendorff ordenaba la retirada y los ejércitos aliados +avanzaban, pero Armando Guerra no se rendía tan fácilmente. En sus +mapas, la línea alemana manteníase intacta hasta tres o cuatro días +después. + +Cuando las tropas alemanas obtenían algún éxito, los críticos alemanes +lo anotaban como un éxito propio, y en sus periódicos les aumentaban el +sueldo. + +--Estoy avanzando en Rusia, en Servia y en Rumania--debió de decirle a +su director--. He echado de todas partes al crítico de la _Corres_, y +creo que esto bien vale los doscientos duros... + +En 1916, los críticos germanófilos llegaron a entrar en Verdun, en el +propio Verdun, y si luego abandonaron la plaza, fue, sencillamente, +porque el kronprinz no los siguió, y los pobres se encontraron allí +solos, sin contacto ninguno con el ejército alemán... + +Han luchado como unos héroes los críticos germanófilos; pero, +últimamente, las cosas les han salido algo mal, y yo temo que les +rebajen el sueldo, por la misma razón en virtud de la cual se lo +subieron un día. En vano tratan de justificarse. Uno de ellos decía +recientemente que el avance aliado carecía de mérito porque, según +confesión francesa, los alemanes andaban escasos de armas. Pero ¿por qué +andaban escasos de armas los alemanes? Pues simplemente porque los +aliados les tomaron más de cuatro mil cañones desde el mes de julio. +Supongamos que yo me lanzo con un cuchillo sobre el lector. El lector +retrocede, para el golpe, y se pone a forcejear conmigo hasta que logra +desarmarme. Luego me ataca con mi propio cuchillo, yo huyo, y _El +Debate_, comentando el suceso, escribe: «La huida del Sr. Camba no +constituye éxito ninguno para su lector, porque el Sr. Camba estaba +desarmado...» + + + + +II + +EL PUEBLO DE LOS GASES LACRIMANTES + + +Una de las cosas que más le han servido a Alemania es la afición a la +música. La gente no cree que los alemanes puedan ser crueles. + +--¡Qué van a ser crueles!--dice la gente--. ¡Unos hombres tan tiernos! +¡Tan dulces! ¡Tan musicales!... + +Son muy musicales, en efecto, los alemanes. Al más encarnizado +perseguidor de armenios se le haría llorar tocándole una melopea. +Desgraciadamente, es muy probable que siguiese machacando al armenio +mientras sonaba la música. La sensibilidad ante la música no tiene para +mí mucho más valor que la sensibilidad ante el zumo de cebolla. Si puede +constituir una prueba de bondad, esta bondad no pasará nunca de ser una +bondad baja y primitiva. Los misioneros y los exploradores solían +tocarles el acordeón a los antropófagos africanos, a fin de ver si eran +civilizables; pero utilizar el mismo procedimiento para contrastar la +bondad alemana, francamente, me parece algo ofensivo. + +Los alemanes son tiernos, son dulces, son musicales y lloran en el +cinematógrafo. Yo recuerdo, a propósito de la ternura alemana, una +Nochebuena que pasé en Berlín. La patrona de mi casa de huéspedes había +comprado un pino, que los inquilinos se encargaron de adornar con +ampollas de cristal coloreado, con algodón hidrófilo, con cintas de +plata y oro, con bombillas eléctricas, con lentejuelas y con toda esa +pacotilla sentimental a que había allí tanta afición. Sobre una mesa +estaban los regalos que unos huéspedes se hacían a otros. A mí me habían +regalado una corbata de siete colores, una cajetilla de sesenta +«pfening», un tomo de poesías de Schiller, unos tirantes y un grupo +escultórico en escayola, que representaba Psiquis y el Amor. Llegó la +hora solemne. Se encendió el árbol, y la patrona produjo un gran jarro +de vino caliente con especies aromáticas. Comenzamos todos a berrear en +torno del pino: + +--_Weinachtsbaume... Weinachtsbaume..._ + +Poco a poco, la pensión entera fue emborrachándose y enterneciéndose, y, +al cabo de una hora, todo el mundo lloraba allí a lágrima viva. ¿Bondad? +¿Vino? ¿Música? ¿Estupidez?... Yo lo que sé es que cogí mi corbata, mi +cajetilla, mi tomo de Schiller, mis tirantes y mi grupo escultórico de +Psiquis y el Amor y que desaparecí. Aquel ambiente tan tierno me parecía +indigno del centro de Europa. Yo me consideraba rebajado en él. Además, +yo no creía que la bondad se caracterizase por la blandura ni por la +humedad. Conocía muy bien a mis convecinos, y el que se les cayesen las +lágrimas o el moco era para mí lo mismo que si les hubiese atacado el +hipo. + +¿Cuántos de aquellos hombres habrán tomado luego parte en el atropello +de Bélgica? ¡Y quién sabe si alguno de ellos no habrá intervenido +también en el bombardeo de París!... + +Los alemanes son aficionados a la música como los chinos son aficionados +al opio. Son un pueblo triste y llorón. Yo simbolizaría esta especie de +sentimentalismo sin piedad que constituye su espíritu en una de sus +últimas invenciones de guerra: los gases lacrimantes. + + + + +III + +SI LOS ALEMANES HUBIESEN GANADO + + +Terminada la guerra no hemos resuelto nada. + +Nos esperan catástrofes, revoluciones, guerras, asolamientos y fieros +males. + +--¿Lo ve usted?--me dice un germanófilo--. Si los alemanes hubiesen +ganado, no ocurriría nada de esto. + +Y el caso es que, por primera vez, desde agosto del año 14, este +germanófilo tiene razón. Si los alemanes hubiesen ganado, en efecto, el +problema de las nacionalidades dejaría de ser un conflicto, porque todos +seríamos alemanes. Todos seríamos alemanes, y hasta es posible que todos +fuésemos rubios. Y, siendo alemanes todos los hombres, no tan sólo no +habría conflictos internacionales, sino que no habría tampoco +discusiones particulares. Todos tendríamos las mismas ideas. Los +filósofos discurrirían por nosotros, y ¿quién duda de que las ideas +hechas en las Universidades son siempre de mejor resultado que las que +se hacen en casa? + +El ciudadano se proveería de ideas lo mismo que de salchichas. La +cuestión de las lenguas--el polaco, el armenio, el catalán, +etc.--desaparecería por completo, ya que todo el mundo hablaría alemán. +Se clasificarían todas las cosas. A los perros se les prohibiría ladrar, +y a los socialistas se les negaría el uso de la palabra. En los paseos +públicos habría unos bancos para niños, unos bancos para niñeras, unos +bancos para ancianos, y quizás hubiese también unos bancos especiales +para los candidatos al Parlamento: los chicos de tres años, cuando +estuviesen cansados de jugar, irían de banco en banco, y, calándose unas +gafas, estudiarían los diferentes letreros: + +--¿Soy yo candidato?--se preguntaría Manolín--. ¿Soy una niñera?... + +Si los alemanes hubiesen ganado, el individuo no tendría nada que hacer, +y el Estado alemán se encargaría de todo. Uno cobraría, y el Estado se +le llevaría a uno el dinero. Uno fumaría, y el Estado escupiría por uno. +En España, es probable que la situación no hubiese variado gran cosa. +Tendríamos también, seguramente, un gobierno Maura y un régimen de +censura; pero como toda Europa estaría en condiciones análogas, no +constituiríamos una excepción. + +¡Qué orden, qué paz, qué tranquilidad las del mundo si, en vez de +triunfar los aliados, hubiesen triunfado los alemanes! Entonces, nadie +se hubiese vuelto contra los triunfadores. Ahora, en cambio, hasta los +alemanes mismos van a tener que hacerse revolucionarios de veras. + + + + +IV + +EL LIBRO FUTURO + + +Un periódico, y no por cierto un periódico aliadófilo, hablando del +destrozo de Alemania, decía: «Es inútil que los alemanes pretendan +protestar. ¡Que lloren como mujeres lo que no han sabido defender como +hombres!...» Parece, sin embargo, que los alemanes no lloran como +mujeres lo que no han sabido defender como hombres. Antes bien, lo +bailan, lo cantan y lo beben con gran regocijo. Según el _Daily +Mail_--en una carta de su corresponsal en Berlín--la antigua capital del +imperio se divierte como en sus mejores días. Alemania está +deshaciéndose, y los mismos hombres que hace apenas unos meses lo +sacrificaban todo por ella, hoy le dedican al _fox-trot_ sus energías +restantes. + +--¿Es posible tanta depravación?--preguntará el lector. + +Y yo, que he vivido dos años entre alemanes, le contesto: + +--Sí; es posible. Y es posible... porque no es depravación. + +A comienzos de la guerra, muchas gentes no creían que los alemanes +fueran capaces de bombardear ciudades indefensas ni de hundir barcos de +pasajeros. Yo sí lo creía. Y no es que yo tuviese de los alemanes peor +concepto que mis interlocutores, sino que tenía un concepto distinto. +Mis interlocutores suponían que para que un alemán matase a un niño en +la guerra era preciso que ese alemán fuese un malvado. Yo, en cambio, +opinaba que un alemán podía matar niños sin dejar por ello de ser un +excelente padre de familia y un hombre sensible a las emociones de +carácter más elevado. Hay mujeres que ni aun puestas en la cumbre del +Mont-Blanc, como decía no sé quién, serían inaccesibles; mujeres que han +caído mil veces y cuya alma, sin embargo, adivinamos más pura que la de +una niña de seis años. Parece que no se enteran nunca. Pues la +psicología de estas mujeres podría acaso servir para explicar la de ese +alemán que con una rosa entre las páginas de un libro de versos se iba, +tiernamente, a arrojar bombas de cuarenta kilos sobre los tejados de +París... + +Ahora, mientras Alemania se desmorona, Berlín arde en fiestas. +¿Depravación? Nada de eso. Lo que pasa es que los alemanes no se han +enterado aún del resultado de la guerra. Saben que su ejército ha sido +vencido; saben que el Káiser ha abdicado; saben todo esto vaga y +confusamente; pero no saben nada más. + +Dentro de veinte años, sin embargo, las cosas cambiarán radicalmente. +Hacia esa época, un sabio profesor habrá publicado una obra enorme en +muchos volúmenes muy gordos, estudiando la guerra, no sólo en su aspecto +militar, sino en su aspecto social, en su aspecto político, en su +aspecto económico y en todos sus aspectos. Probablemente, la primera +parte de esta obra estará dedicada a las guerras de la Edad Antigua, +cuando aun no existía Alemania. Quizás el autor habrá hecho también un +estudio detenido sobre la catapulta, considerándola como punto de origen +del mortero del 42. Y entonces, toda una generación de alemanes se +calará las gafas, se pasará las noches en claro estudiando y se enterará +exactamente de lo que le ha ocurrido a su patria desde el 1914 al 1918. + +Todo el mundo sabe que los alemanes no suelen reír los chistes hasta +veinticuatro horas después de haberlos oído, que es cuando «les ven la +punta». Dentro de veinte años le verán también la punta a la guerra +europea y romperán a llorar. Llorarán en verso y llorarán en música. +Llorarán todos los violines, todas las arpas, todas las gaitas, todos +los saxofones, todos los contrabajos del ex imperio. Alemania entera +llorará, y llorará mucho; pero llorará tarde. + +Y, mientras tanto, en el _Palais des Dances_, Alemania ríe a cien marcos +por hora. + + + + +LOS MÉDICOS + + + + +I + +EN DEFENSA DEL RESFRIADO + + +El Congreso Médico de Madrid ha sido, según parece, uno de los mejores +Congresos Médicos celebrados en el mundo, y de aquí en adelante, +nuestros sabios doctores van a curárnoslo todo: el cáncer, la +tuberculosis, la lepra, la ceguera, el reblandecimiento medular, etc., +etc. ¡Muy bien, señores médicos! ¡Admirable! Pero ¿qué me dicen ustedes +del resfriado? + +Porque yo ni estoy reblandecido, ni soy ciego, ni sufro de lepra, ni +padezco de tuberculosis, ni tengo cáncer ninguno. En cambio, me +encuentro resfriado casi siempre y no comprendo por qué razón han de +tratarme ustedes con tanto desprecio. Muchas veces, harto de toser y de +estornudar, yo he acudido a ustedes en consulta. Ustedes me han +auscultado, me han preguntado si me canso al subir escaleras, a lo que +yo he contestado que, desde luego, me canso mucho más que al bajarlas, +me han obligado a respirar fuerte, y, por último, con un gesto de +infinito desdén, me han dicho: + +--¡Bah!... Usted no tiene más que un simple resfriado... + +¡Un simple resfriado! ¡Y yo que me creía poseedor de una enfermedad +importante!... Profundamente avergonzado, yo he cogido entonces mi +sombrero y me he lanzado a la calle, sumido en amargas reflexiones. + +--El fracaso es evidente--decía yo para mis adentros--. ¿Con qué cara me +presento ahora ante los amigos? + +Pero ya me he cansado, y en nombre de toda la humanidad acatarrada, +solicito para el resfriado la atención de la ciencia y el respeto de las +familias. Convengo en que la tuberculosis es más dramática que el +resfriado, pero exijo que al resfriado se le otorgue también cierta +categoría. Si el gato es el tigre del pobre, como decía no sé quién, el +resfriado es la tuberculosis del principiante. Es una tuberculosis +modesta, una tuberculosis para personas de poco dinero que no pueden +dejar de trabajar ni irse a la sierra a beber leche y respirar aire +puro. ¿Por qué este desdén hacia el resfriado en una época tan +democrática? + +Yo sospecho que es, sencillamente, porque los médicos no saben curarlo. +Y es inútil que me hablen del cáncer, de la lepra, de la tuberculosis, +etc. Mientras los médicos no curen los resfriados, yo no creeré en la +Medicina. + + + + +II + +EL VIRTUOSISMO DE LA CIRUGÍA + + +A un amigo mío le tenían que operar de la apendicitis. + +--Voy a quedarme arruinado--me dijo--; pero no tendré más remedio que +acudir a un gran cirujano. + +Era un amigo querido, y yo me alarmé. + +--No haga usted semejante cosa--le respondí--. Llame usted a un +medicucho cualquiera. Llame usted a un sastre. Llame usted a un barbero +o a un ebanista, pero no llame usted a un gran cirujano. El gran +cirujano le considerará a usted el apéndice así como un virtuoso del +violín puede considerar la _Sonata de Kreutzer_, y de una manera muy +artística, le matará a usted... + +Yo he visto trabajar una vez a un virtuoso de la cirugía. Rodeado de un +coro de admiradores se dirigió a una mesa de mármol, donde, +convenientemente narcotizado, yacía el enfermo. El virtuoso cogió unas +pinzas y un bisturí y se dirigió a nosotros. + +--Para la mayoría de los cirujanos--nos explicó--esta operación no +ofrecería dificultad ninguna. Es una operación sencillísima, que está +resuelta desde hace mucho tiempo, y que puede realizar cualquiera sin +el menor peligro. Comprenderán ustedes, sin embargo, que después de +reunir aquí a tan buenos amigos, yo no voy a defraudar su expectación. +Las posibilidades quirúrgicas son ilimitadas para todo médico que tenga +sangre de artista, y yo voy a demostrarlo ensayando con este enfermo un +procedimiento inédito y completamente personal. Es un procedimiento +peligroso, indudablemente, pero en eso consiste su encanto. Ya saben +ustedes, señores, que a mí no me arredra el peligro... + +Y, con un gesto a lo Thuillier, el gran cirujano se lanzó sobre el +enfermo, quien, bajo la influencia del cloroformo, había comenzado a +cantar unas peteneras. Los admiradores no pudieron contenerse y +rompieron a aplaudir. + +--Van ustedes a ver con qué rapidez procedo--añadió el gran cirujano--. +Toda la operación se reduce a tres trazos. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!... + +El gran cirujano hizo sus tres trazos y el enfermo dejó de cantar. + +--Se le va el pulso--observó un ayudante. + +Otro ayudante cogió con unas pinzas la lengua del pobre hombre, y se +puso a tirar de ella desesperadamente, pero todo fue inútil. Al poco +rato el enfermo había muerto. + +--¡Qué lástima!--exclamó uno. + +--¡Verdaderamente!--exclamó otro, que quizás fuese yo mismo--. Este +pequeño detalle enturbia un poco el éxito de la operación... + +El príncipe de la cirugía se lavó las manos, y si alguien se ha lavado +alguna vez las manos como Pilatos, fue precisamente aquel hombre. +Salimos a la calle; pero, como de costumbre, no se veía un guardia... + +Amigo lector: Permítame usted que le dé el mismo consejo con que ya +favorecí al amigo de quien he hablado antes. Si alguna vez necesita +usted que le operen, llame usted a un medicucho cualquiera. Llame usted +a un sastre. Llame usted a un barbero o a un ebanista; pero no llame +usted a un gran cirujano... + + + + +III + +LA VIRUELA OBLIGATORIA + + +Cuando se decretó en Madrid la vacuna obligatoria, todo el mundo se +indignó. + +--Que se vacune el que quiera--solía decirse--; pero ¿y si a mí se me +antoja tener viruelas? + +Libertad de tener viruelas... Libertad de pegárselas al vecino... +Libertad de escupir... Libertad de tronchar los árboles... ¡Con qué +ahínco defiende todas estas libertades el español! + +--Desengáñese usted--me decía un amigo antes de la vacuna obligatoria--, +España es el país más liberal del mundo. Aquí puede usted hacer lo que +le da la gana... + +--Yo no--le contesté--. Usted. Usted puede hacer aquí lo que le dé la +gana, y con usted, pueden hacerlo el Sr. La Chica y otros cuantos +señores; pero yo, no. No hay posibilidad de que todo el mundo haga nunca +lo que le dé la gana, y si ustedes hacen su gana de ustedes, es +sencillamente porque una buena cantidad de señores no podemos hacer la +nuestra... + +En el caso concreto de la vacuna, la mayoría del vecindario parece +considerarla como una tiranía, y si se considera que la vacuna es la +tiranía, no se está muy lejos de creer que la viruela sea la libertad. +¿Lo es, en efecto? Desde el punto de vista de los microbios, no cabe la +menor duda; pero, desde nuestro punto de vista, la cosa es ya bastante +más discutible. Por mi parte, considero la viruela como una verdadera +imposición de que han venido haciéndonos víctimas nuestros gobiernos. La +viruela tenía en España el mismo carácter obligatorio que ahora tiene la +vacuna, y nadie protestaba contra ella. Las gentes se resignaban a +padecerla como se resignaban a padecer el tifus y el caciquismo. Y, al +igual de los caciques, los microbios, sin duda, pensaban también que +España era el país más liberal del mundo. + +¡Qué lástima que la libertad práctica no pueda ser absoluta como la +libertad teórica! ¡Qué lástima que nuestros intereses no coincidan con +los de los microbios! ¡Qué lástima... para los microbios!... + + + + +IV + +CROYDON Y MADRID + + +PARECE que en Croydon, cerca de Londres, la Liga antivacunista se ha +opuesto violentamente a la vacunación obligatoria del vecindario. Un +periódico español da cuenta del hecho poniéndole esta coletilla: «En +todas partes cuecen habas.» Y esta otra: «¡Y aún hablan de _l'Espagne et +le Maroc_!»... + +¿Quiénes hablan de _l'Espagne et le Maroc_? Los ingleses, en todo caso, +hablarían de _Spain and Marocco_, y la verdad es que si nosotros no +tuviéramos con Europa más analogía que la de oponernos a la vacunación +obligatoria, no tendríamos analogía ninguna y estaríamos completamente +unidos al África. Porque Europa puede combatir la vacunación obligatoria +y nosotros no. Es el caso de dos personas que se opusieran al alumbrado +de petróleo, una en nombre de la luz eléctrica y otra en nombre del +candil. Los vecinos de Croydon, con una urbanización excelente, creen +que deben prescindir de la vacuna. «En vez de vacunarnos--dicen--dennos +ustedes más agua y más aire.» Aquí, en cambio, la alternativa es +trágica: o vacuna o viruela. Nosotros estamos todavía en el período de +la vacuna, como estamos en el del reformismo y el republicanismo. De +vivir en Croydon yo sería, muy probablemente, miembro de la Liga +antivacunista, y, no obstante, cuando el Sr. Romeo inició aquí su +campaña en pro de la vacunación obligatoria, hice un artículo +defendiéndola. La vacuna, que en Inglaterra me parecería reaccionaria y +anticientífica, aquí me parece liberal y cientificísima. Y si los +espíritus revolucionarios ingleses pudieran traspasarnos con la vacuna +su partido conservador, no habría un hombre verdaderamente progresivo en +España que se negara a acogerlo. El partido conservador inglés vendría +entonces a representar la tendencia más avanzada de la política +española. + +Indudablemente, el hecho de que en Londres se combata la vacuna, no debe +servir para animar a los antivacunistas españoles. En un Estado +norteamericano se está haciendo ahora una campaña con cierto ferrocarril +en proyecto... pero con objeto de que se establezca un servicio de +comunicaciones aéreas. El ferrocarril comienza ya a ser un atraso en el +mundo. Aquí no se puede decir aún que tengamos ferrocarriles. + + + + +V + +MICROBIOS A SUELDO + + +El microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio +local fue a visitarlo con propósitos periodísticos. + +--Parece que ha recorrido usted medio mundo--le dijo el microbio local. + +--Sí... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en +Inglaterra, en los Estados Unidos... + +--Grandes países, ¿eh? + +--¡Quite usted allá! Para un pobre microbio que quiera vivir +tranquilamente, el mejor país es España. Aquí funda usted una pequeña +familia--cuatrocientos o quinientos mil hijos--, y la saca usted +adelante sin el menor contratiempo. Lleva usted sus chicos a la escuela, +al teatro y al _cine_, y es un gusto ver cómo se instruyen y se +divierten. La alimentación es magnífica. ¡Qué carnes tan podridas! ¡Qué +leche tan adulterada!... + +--La leche es muy buena, en efecto--respondió el microbio local--; pero +¿y el ácido fénico? + +--¿El ácido fénico?--exclamó el microbio de la gripe--. ¿Pero usted cree +en el ácido fénico? + +--¡Hombre! Los médicos aseguran... + +--¿Pero es que cree usted en los médicos?... Que un hombre crea en los +médicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que está en el +secreto de estas cosas, les haga caso ninguno. Por mi parte, le aseguro +a usted que el ácido fénico me hace engordar y que su aroma me parece +exquisito. Desengáñese usted, querido colega. El ácido fénico sólo es +desagradable para los hombres... + +--¿Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aquí? + +--Verá usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis +correrías por el mundo. Fuera de España todo se vuelve hablar de +libertad; pero si existe algún país donde un pobre microbio puede hacer +lo que quiera, ese país es éste. Aquí se siente uno amparado por las +leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna +autoridad inicia una campaña contra nosotros no faltan amigos que nos +defiendan enérgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a +cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo demás +es cuento. ¿Sabe usted cuánto peso he perdido durante mi estancia en +Inglaterra? Pues muy cerca de una diezmillonésima de miligramo. ¡Para +que digan que Inglaterra es un país más libre que España!... Además, en +España uno puede cultivar el trato de toda clase de microbios, y esto +siempre es instructivo. El microbio del tifus, por ejemplo, y el de la +viruela, expulsados de todo el mundo, se han refugiado aquí, donde viven +a las mil maravillas. Yo los he visto el otro día en el pecho de un +enfermo que es cliente mío y a quien se los había llevado su médico. + +--¿De modo que se establece usted entre nosotros para siempre? + +--¡Ah, no!... Llegará un día en que España será un país de microbios +solos, y entonces la lucha por la vida adquirirá aquí caracteres +horribles. + +--Antes de esa fecha--exclamó el microbio local--yo me agarraré al +presupuesto. Buscaré un empleíllo en algún laboratorio, como microbio de +cultivo, y ¡a vivir! + + + + +VI + +JUVENTUD, DIVINO TESORO... + + +¿Han leído ustedes las experiencias del doctor Voronof? El doctor +Voronof pretende haber descubierto, sencillamente, el secreto de la +eterna juventud. «Nuestra vida--dice el doctor Voronof--no depende tanto +del funcionamiento de los grandes órganos como de la secreción de +ciertas glándulas, minúsculas algunas veces...» Al leer esto, le entran +a uno vivísimas sospechas de que el doctor Voronof llama glándulas +minúsculas a los talones del Banco de España, al papel moneda y a los +distintos valores en curso, sospechas que se acentúan a medida que uno +sigue leyendo: «Un hombre--añade el sabio cirujano--puede vivir sin +riñón o sin estómago; pero si le suprimimos, por ejemplo, las cápsulas +subrenales, muere...» Indudablemente--piensa uno--el doctor Voronof, +llevado de su tecnicismo profesional, denomina cápsulas subrenales a las +piezas de cinco pesetas. El nombre parece extraño; pero quizás no +carezca de abolengo. Un filósofo podría, tal vez, descubrir cierta +analogía entre ese término y la expresión popular de «costarle a uno un +riñon», expresión demostrativa de que el pueblo considera también los +duros como una especie de cápsulas subrenales... + +Pero todo esto son fantasías. El doctor Voronof sabe muy bien lo que se +dice y nos asegura que los médicos pueden rejuvenecer a la humanidad sin +más que injertar en los organismos decrépitos las glándulas +intersticiales de organismos vigorosos. Por este procedimiento ya le ha +devuelto el doctor Voronof la juventud a numerosos carneros. ¿No se la +podría devolver también a algunos de nuestros políticos? + +Es posible que todos los problemas españoles se reduzcan a un solo +problema quirúrgico, y que lo único que necesitemos en este país sean +glándulas intersticiales. Nuestros carneros son más o menos viejos; pero +nuestros políticos son todos anteriores a la revolución francesa, y si +los cirujanos no logran matarlos, que por lo menos procuren +rejuvenecerlos. No creo que los políticos se diferencien tanto de los +carneros que no se pueda hacer con los unos lo que se ha hecho con los +otros. Ensaye en ellos sus glándulas intersticiales el doctor Voronof y +ensaye también esas glándulas tiroideas con las cuales parece que, ya en +el año de 1913, convirtió a un idiota en un ser sensato y razonable. + +Ahora, que el doctor Voronof debe tomar precauciones, porque aunque +científicamente un político sea igual a un carnero, hay, sin embargo, +entre ambos una diferencia esencial. El carnero no vive de su vejez, y +el político sí. ¿Qué sería de un político español sin vientre, sin +barbas blancas, sin asma y sin calvicie? Quitarle estas cosas a un +político es quitarle el prestigio y la respetabilidad. Por otra parte, +¿es que los ex ministros seguirían cobrando sus cesantías cuando +volviesen a la edad en que eran simples diputados? Porque si seguían +cobrándolas, el fracaso del doctor Voronof no podía ser más evidente. + +Decididamente, no creo que sea nada fácil rejuvenecer a un político +español. El doctor Voronof podrá rejuvenecer a un carnero de catorce +años, a un loro de ciento cincuenta y a una carpa de doscientos; pero no +así a uno de nuestros políticos. Y es que para devolverle la juventud a +un animal cualquiera, se necesita una cosa que no depende ni del doctor +Voronof ni tampoco del animal. Se necesita, sencillamente, que el animal +en cuestión haya sido joven alguna vez. + + + + +ENTRE CABALLEROS + + + + +I + +LOS DESAFÍOS Y EL MÉDICO + + +Si la proposición que algunos médicos presentaron un día al Colegio de +Madrid hubiese llegado a adoptarse, los «lances entre caballeros» no +tardarían en pasar a la historia. Se trata de una proposición para que +ningún médico asista como tal médico a ningún desafío. Claro está que en +los desafíos no suele ocurrir nada. A primera vista no hay, por lo +tanto, ninguna razón para que los caballeros se hagan acompañar de un +médico cuando van a batirse y no cuando van a tomar café, ya que el +café, bien solo o bien con leche, es, en casi todos los +establecimientos, un brebaje engañoso que da lugar a serias +complicaciones gástricas. Se puede demostrar que, prácticamente, los +médicos son del todo innecesarios en los desafíos; pero, al demostrar +esto, se demostraría también que los desafíos son prácticamente +innecesarios en la vida. Ya se sabe que en los desafíos no muere nadie; +pero es preciso mantener la creencia de que puede morir alguien, y para +mantenerla es para lo que están los médicos. Las espadas, los sables, +las pistolas todo esto tiene un carácter decorativo y de panoplia, y +uno puede mirarlo alegremente; pero, ¿y el botiquín? ¿A quién no le +asalta por un instante la idea de la muerte al ver a un médico con su +botiquín debajo del brazo? + +En Francia, los duelistas procuran presentarle al público de vez en +cuando un pequeño cadáver. Aquí no se ha cambiado de cadáver desde hace +muchísimos años, y el duelo está perdiendo prestigio. Vean ustedes las +estadísticas de accidentes del trabajo y observarán que la industria +corchotaponera produce más víctimas que el duelo. ¿Qué se discute en +España entre los partidarios del desafío y sus antipartidarios? Pues, +sencillamente, un muerto de allá por el año 98, muerto que, al parecer, +debió su muerte a un descuido del médico... + +Si los médicos, pues, le hacen el _boicot_ a los desafíos, si cuando un +caballero le haya producido a otro con un sable o con una espada un +rasguño en la muñeca, no hay un médico que describa este rasguño como +una herida inciso-trinchante de tantos centímetros de extensión, en la +región tal, interesando la dermis y la epidermis y la paquidermis; si +además el médico no echa en este rasguño tintura de yodo y yodoformo y +alguna otra porquería, y no arma allí una cantera y no cubre luego el +brazo de gasas malolientes, ¿qué va a ser de los desafíos? + +Los desafíos quedarán entonces reducidos a un _sport_, así como la +natación, como el billar o como la pesca de caña, y no digo como el mus +o el _poker_, porque estos juegos es indudable que producen víctimas. Se +convertirán en un ejercicio vulgar y caro y no tardarán en desaparecer. +Y esto sería grave porque, probablemente, daría origen a un aumento de +mortalidad. + + + + +II + +LOS DESAFÍOS Y LA TÉCNICA + + +Si un señor me invitase un día a jugar una partida de ajedrez, por muy +obligado que yo le estuviera, no le complacería. Le demostraría que no +sé jugar al ajedrez, y el señor en cuestión tendría que renunciar a la +partida proyectada. + +Si el mismo señor pretendiese otro día hacerme ejecutar al piano la +_Marcha fúnebre_ de Chopin, tampoco me sería fácil complacerle. + +--No sé tocar el piano--le diría--. Y si, en vez del ajedrez o el piano, +el señor en cuestión se orientase hacia la esgrima y quisiera batirse +conmigo a espada o a sable, mi contestación sería igualmente lacónica. + +--Lo siento mucho, pero no sé batirme a sable ni a espada... + +En el primero y el segundo casos, todo el mundo encontraría mi negativa +perfectamente natural. Se puede ser un gran aficionado al ajedrez, pero +se comprende que cuando un hombre no sabe jugarlo, no lo juegue. Se +puede ser muy entusiasta de la _Marcha fúnebre_, y no obstante, ante la +imposibilidad técnica de ejecutarla al piano, la gente se explica, sin +dificultad, el que un hombre no quiera ejecutarla... + +En el tercer caso, sin embargo, es seguro que yo quedaría muy mal. +Cualquier razón sirve para no batirse, excepto la de que uno no se sabe +batir. A nadie se le ocurre atribuir al miedo el motivo de que yo no dé +conciertos en la Sociedad Filarmónica; pero si yo me negara a batirme, +se diría que el miedo me dominaba: + +--En el terreno, la técnica significa muy poco. Lo decisivo es el +valor... + +Y esto es posible; pero yo creo que se tiene tanto más valor cuanto se +tiene más técnica. Está demostrado que la técnica de la natación +consiste principalmente en perder el miedo. Nadie nada de primera +intención, porque el miedo le lleva a hacer una serie de movimientos con +los que, irremisiblemente, se ahoga. Pues yo cogería a D'Artagnan, de +quien no es publico que supiese nadar, le pondría al borde de un mar +profundo, y le diría: + +--Láncese usted. Todo es cuestión de no tener miedo... + +Y el intrépido mosquetero se iría a hacerle compañía a los pacíficos +besugos. + +Es posible que yo no me batiese, aunque supiera batirme; como es posible +que no ejecutase la _Marcha fúnebre_, aunque supiera ejecutarla; pero si +alguien me pide alguna vez que ejecute esta marcha, yo no me voy a +salir diciéndole que prefiero otra marcha más jovial, o que no me +inspira simpatías la autonomía de Polonia, tierra del autor, sino, +sencillamente, que no sé tocar el piano. + +Y cuando alguien me desafíe, yo le diré que no me sé batir, en vez de +plantearle el problema de la moral del duelo. Por lo demás, acaso toda +la moral del duelo consista precisamente en esto. Cuando todo el mundo +llevaba una espada al cinto y sabía más o menos manejarla, batirse en +duelo era una cosa así como lo que es hoy liarse a garrotazos. Hoy, en +cambio, el duelo es la equivalente de lo que será liarse a garrotazos en +el año 2000, cuando, en vez de bastones, los hombres salgan a la calle +con unos tubos de goma llenos de aire comprimido, de energía +radioactiva, de café con leche o de lo que sea. + + + + +III + +LOS DESAFÍOS Y EL HONOR + + +Sigamos con esto del duelo. Un hombre hace una canallada; este hombre se +bate y es un hombre de honor. A un hombre le hacen una canallada; este +hombre no se bate y es un hombre sin honor. El honor o el deshonor no +consisten, pues, en conducirse honorable o deshonorablemente, sino en +batirse o no batirse. Yo me atrevería a decir del honor caballeresco +exactamente lo mismo que he dicho del valor, esto es, que se tiene tanto +más cuanto se tiene más técnica. El honor se puede aprender, si no en +doce, en cien o en doscientas lecciones. Todo es cuestión de tener algún +dinero para ir a una sala de esgrima. Por mil pesetas uno puede llegar a +hacerse un caballero perfecto, a condición de que uno no esté demasiado +viejo ni demasiado gordo, ya que el honor también tiene edad, peso y +estatura. + +--Pero si esto es así--dirán ustedes--, ¿por qué hay tantos hombres sin +honor? + +Sencillamente, porque no lo necesitan. Yo he observado que sólo tienen +honor aquellas personas a quienes les hace verdadera falta tenerlo. ¿De +qué le serviría el honor a un ebanista o a un comerciante? Cuando un +joven piensa dedicarse a la ebanistería o al comercio, no se preocupa +del honor. En cambio, si quiere entrar en la política, o si es +aristócrata, se compra unos floretes, unas zapatillas y una careta y se +inscribe en una academia de esgrima. En Inglaterra no existe el honor +caballeresco, y en Barcelona, tampoco. Un barcelonés puede ser un hombre +muy digno y hasta un hombre muy sinvergüenza sin necesidad ninguna de +tener honor; pero no así un madrileño. Hubo un tiempo en que para +dedicarse al periodismo, el honor era también una cosa indispensable. +Hoy creo que todavía se exige el honor en algunos periódicos; pero, en +la mayoría, sólo procuran que el periodista sepa su oficio. Días atrás +hablaba yo con un periodista de la vieja escuela y le decía que, +francamente, eso del honor me parecía absurdo. + +--¡Ah!--me contestó--. Usted ha tenido mucha suerte y puede usted +prescindir del honor. Si yo hubiese podido hacerme una firma, también +prescindiría de él; pero a los cincuenta años de edad no he logrado +llegar aún a las doscientas pesetas, trabajando diez horas diarias. Yo +soy un fracasado, y si no tuviese honor, me moriría de hambre... + +Mi pobre compañero tiene honor porque le hace muchísima falta. Si el día +de mañana heredase, dejaría inmediatamente de tenerlo. + + + + +LA POLÍTICA + +_En estos comentarios, que fueron escritos a fines del año 18 y +comienzos del 19, el lector verá algunos nombres propios: Maura, Cierva, +Dato, Sánchez de Toca, Romanones... Lo probable es que semejantes +nombres no varíen, o bien porque sus titulares vivan indefinidamente, o +bien porque, al morir, le dejen la herencia política a sus hijos. Y, +aunque varíen los nombres, es indudable que las cosas no variarán. Es +decir, que el lector del año 50 no tendrá que hacer, a lo sumo, nada más +que la simple sustitución mental de unos apellidos por otros para +convertir este pequeño trozo de historia en una página de actualidad +palpitante._ + + + + +I + +CEREBROS ARTIFICIALES PARA USO DE DIPUTADOS + + +El otro día, al salir del Congreso, me fui a cenar con un amigo +diputado. Nos sirvieron de postre unas chirimoyas, fruta tropical, y mi +amigo, con su chirimoya en la mano, comenzó a hablarme de la autonomía +catalana. Yo le miraba, a la vez que le oía, y tenía una sensación así +como si fuese de la chirimoya de donde mi amigo sacaba las ideas. De +cuando en cuando, y coincidiendo con los momentos en que la +argumentación exigía mayor sutileza, mi amigo oprimía nerviosamente la +chirimoya, como si quisiera extraerle todo el jugo. Y entonces se me +venía a la imaginación la imagen prodigiosa de _Le Penseur_, de Rodin. +Hubo instantes en que yo temí que la chirimoya reventase en manos de mi +amigo, quien, cuando no podía terminar un razonamiento, la apretaba de +un modo verdaderamente suicida. Por fin, mi amigo se comió la chirimoya +y dejó de hablar de la autonomía catalana. Pedimos la cuenta. Las +chirimoyas costaban a cinco pesetas cada una. Y yo pensé que, para +decirme lo que me había dicho, mi amigo hubiera podido arreglarse +perfectamente con una fruta del país, como, por ejemplo, la naranja, que +es bastante jugosa y que se encuentra al alcance de las fortunas más +modestas. + +Estamos ante problemas demasiado graves, y yo temo que nuestros +cerebros, ociosos durante muchísimos años, no puedan ahora funcionar con +la exactitud necesaria. Algunos diputados razonan con chirimoyas. Otros, +vistos desde la tribuna de la Prensa, nos presentan unos cráneos largos +y depilados, como melones. Y otros, en fin, más acres, cuando estrujan +su pequeña masa encefálica, parece que estrujaran un limón. ¿Por qué no +se harán máquinas de pensar, como se hacen máquinas de calcular? El Sr. +Torres Quevedo, que ha hecho una máquina para jugar al ajedrez, podría, +seguramente, con mucha más facilidad, hacer máquinas que estudiasen la +cuestión catalana y vendérselas o alquilárselas a los señores diputados. + +Podrían hacerse cerebros de celuloide, sólidos, prácticos y que, como se +venderían mucho, resultarían bastante baratos; cerebros a los que se les +diese cuerda para veinticuatro horas, o bien que tuviesen una ranura, +como ciertos aparatos de gas, para que, al querer iluminar algún punto +obscuro de nuestra política, bastase echar en ellos una moneda y +aproximar un fósforo. La idea parecerá descabellada, pero yo me +atrevería a apoyarla con un precedente: los cerebros alemanes. +Minuciosamente preparados por el Estado y exactamente iguales unos a +otros, los cerebros alemanes de la _avant-guerre_ podrían considerarse +como un producto industrial. + +Claro que el día en que los españoles razonemos con unos cerebros +artificiales, confeccionados al por mayor, perderemos toda nuestra +variedad, tan pintoresca. Pero acaso sea precisamente esto lo que nos +esté haciendo falta. + + + + +II + +LA INDUSTRIA ELECTORAL + + +Las elecciones son nuestra única industria nacional, y si se hicieran +dos veces al año, España se depauperizaría. Hay pueblos en los que la +cosecha representa unos diez mil duros anuales, la industria unos cinco +mil, y las elecciones ciento o ciento cincuenta mil. ¡Y aun hay quien +echa pestes contra la ley del Sufragio! + +--¿Para qué queremos el voto?--se preguntan algunas gentes. + +Y estas gentes, no sólo carecen de sentido político, sino que carecen +también de todo instinto comercial. Queremos el voto para venderlo. La +ley que nos ha proporcionado el derecho a votar nos ha asegurado con él +una renta vitalicia. Un voto puede valer cinco, diez, veinte, cien, +hasta doscientos duros. Muchos hombres en España ganan con su trabajo +cincuenta duros al año, y con el voto obtienen el doble y el triple. +Claro que es preciso votar a los candidatos conservadores. Los +socialistas, que se las echan de protectores del pueblo, en realidad +quieren robarle al pretender que el pueblo los vote gratis. ¡Falsos +apóstoles!, como dice un colega... + +Cuando llegan las elecciones es como si llegara una cosecha milagrosa. +Una cosecha de cereales, de salchichones, de chorizos y de cigarros de a +peseta con áureas sortijillas. El vino circula abundantemente en +nuestros pueblos más miserables. Las gallinas, animadas de un fuego +sagrado, dijérase que ponen los huevos ya cocidos y todo. Los corderos +nacen asados. España come y bebe a sus anchas. + +¿Y son los socialistas quienes censuran al Sr. Maura por echar sobre el +pueblo español esta bendición de unas elecciones generales? Pues que el +decreto de disolución se retrase unos meses más, y con lo cara que está +la vida, España se morirá de hambre. Es preciso acabar con esta leyenda +de que un candidato no es importante más que como un diputado en +potencia. Lo importante no es el diputado, sino el candidato. Lo +importante no es el Parlamento, sino el período electoral. Un hombre que +se deja en un distrito de cincuenta mil duros para arriba es, +indudablemente, un hombre que favorece al distrito, y el pueblo, +agradecido, debe votarle... + +A no ser que el candidato contrario se deje lo doble. + + + + +III + +UNA CARTA + + +Un lector me envía la siguiente carta: + +«Sr. D. Julio Camba. + +Muy señor mío: Su artículo sobre las elecciones, publicado en _El Sol_ +del día 13, contiene varias inexactitudes que me apresuro a rectificar. +Dice usted que los votos constituyen en España una gran industria. ¡Ay, +señor Camba! Como tantas otras, esta industria ha venido aquí +considerablemente a menos. La concurrencia es terrible. Hay quien vende +su voto por dos duros. Hay quien lo da a cambio de una comida, de un +paseo en automóvil o de un cigarro puro. Hay quien vota por amistad, y +hay algo mucho peor aún: hay quien vota por convicciones políticas. Y +así se explica el que se presenten candidatos hombres que no tienen +donde caerse muertos. + +Yo creo que se debiera constituir una liga de electores imponiendo una +tarifa mínima para los votos. Esta sería, a mi juicio, la única manera +práctica de que los ciudadanos hiciéramos valer nuestros derechos. Cinco +duros por voto, y si los candidatos no aceptaban, iríamos a la huelga. +Y no me hable usted de inmoralidad. El hecho de que usted cobre sus +artículos no quiere decir que usted venda sus ideas. En realidad, un +escritor no tiene verdadera independencia de pensamiento mientras no +puede vivir de su pluma, y algo de esto ocurre también con el elector. +¿Sabe usted lo que yo he tenido que hacer en las elecciones pasadas para +valorizar un tanto mi derecho de elector? Pues he tenido que votar dos +veces: una por un candidato monárquico, y otra, por un republicano. + +Porque eso de que los candidatos conservadores son quienes pagan mejor +los votos, tampoco es exacto, señor Camba. Cuando están en el Poder, +¿qué necesidad tienen de pagarlos? Generalmente, ni siquiera se toman la +molestia de echarnos un discurso. + +Desengáñese usted. Para levantar un poco la industria electoral no hay +más procedimiento que la Liga. Recientemente se hablaba de señalar +sueldo a los diputados. Muy bien; pero que los diputados comiencen por +pagar a sus electores. Y mientras haya gentes que voten de balde, yo no +podré creer que el derecho a votar represente para el pueblo conquista +ninguna...» + +Hasta aquí la carta de mi comunicante. Yo, en prueba de imparcialidad, +la reproduzco íntegra. + + + + +IV + +EL AUTOR NECESITA UN DISTRITO + + +En estos hermosos días de mayo, para estar a tono con las costumbres y +no hacer entre mis contemporáneos un papel despreciable, yo necesito dos +cosas: un distrito y un sombrero de paja. + +Casi todo el mundo tiene un distrito y un sombrero de paja. Algunos +tienen sombrero de paja y carecen de distrito. Otros tienen el distrito +únicamente, pero podrán contarse con los dedos de una mano los españoles +que se encuentren hoy, a la vez, sin distrito y sin sombrero. + +Lector: ¿No tendrá usted por ahí algún distrito suelto que ofrecerme? +¿Ha mirado usted bien?... + +Todos mis amigos tienen distrito, y hasta hay quien hace gala de dos o +tres. A juzgar por las apariencias, en España hay muchos más distritos +que candidatos, y muchos más ciudadanos elegibles que ciudadanos +electores. Hombres que se han pasado el invierno sin gabán comparecen +ahora en la tertulia del café con distritos magníficos. No me extrañaría +nada que alguno de ellos empeñara el suyo... + +Es muy hermosa la libertad del hombre soltero; pero cuando uno se va +haciendo un poco viejo y comienza a padecer del estómago, echa de menos +una mano amante que le arrope bien en la cama y le sirva tacitas de +caldo. También es muy hermosa la situación del escritor independiente; +pero no en época de elecciones. En época de elecciones, ¿quién no siente +el anhelo de un partido político, un partido cariñoso que le dé un +distrito así como le daría un caldo la tierna esposa? + +Al salir a la calle y coger su sombrero, su bastón y sus guantes, uno +tiene estos días la sensación de que le falta algo todavía, y lo que le +falta es un distrito. Luego, en la tertulia habitual, así que todos los +amigos se ponen a hablar de sus distritos respectivos, el hombre que +carece de distrito es algo así como un paria. Los camareros mismos le +sirven de cualquier manera. El limpiabotas no acude a sus +requerimientos... + +La vida sin distrito ha llegado a parecerme ya una carga insoportable. +Me figuro que las gentes me señalan en la calle diciéndose:--He ahí un +hombre que no tiene distrito. Y por esto me dirijo al lector pidiéndole +uno. Después de todo, un distrito se le da a cualquiera. Haga el lector +un pequeño esfuerzo. Necesito un distrito, y lo necesito de toda +necesidad. + + + + +V + +ESPAÑA, EMPORIO DEL PARLAMENTARISMO + + +¿Qué se entiende por un hombre muy parlamentario? + +En España, por un hombre muy parlamentario se enriende un hombre que +tiene mucho parlamento. El señor Dato, por ejemplo, y el señor conde de +Romanones son hombres muy parlamentarios. También es bastante +parlamentario el Sr. García Prieto. Y yo mismo, que a primera vista no +parezco nada parlamentario, lo soy, sin embargo, considerablemente más +que la mayoría de los españoles: tengo numerosos amigos diputados, puedo +tomar café en el Congreso, puedo utilizar la franquicia postal +parlamentaria... + +Cuando el Sr. Maura disolvió las Cortes, dijo que lo hacía porque siendo +un hombre muy parlamentario, no quería aprobar los presupuestos a +espaldas de la representación nacional. La representación nacional era +entonces datista, romanonista, albista, socialista, etcétera, y el Sr. +Maura necesitaba una representación nacional maurista a fin de no +gobernar a espaldas del país, sino de acuerdo con él. Necesitaba un +Parlamento, en fin, para que no se dijese de él que era un gobernante +antiparlamentario. + +Y como necesitaba un Parlamento, el Sr. Maura--y quien dice el Sr. Maura +dice el Sr. Cierva--se dedicó a hacerlo. Primero, el jefe del Gobierno +eligió los candidatos. Luego, los candidatos eligieron a los electores. +Y, dentro de pocos días, el Sr. Maura tendrá un Parlamento propio, así +como algunos señores tienen un teatro casero. + +¿Quién ha dicho que aquí se gobierna arbitrariamente, sin tener en +cuenta los gustos ni las aficiones del país? Aquí no se hace semejante +cosa. El país ha derramado su sangre para conseguir el régimen +parlamentario, y respetuosos de la voluntad nacional, a cada Gobierno le +damos aquí su Parlamento correspondiente. En el mismo espacio de tiempo, +ninguna nación ha tenido tantos Parlamentos como España. España es, +indudablemente, el pueblo más parlamentario del mundo. + + + + +VI + +LOS MINISTROS NUEVOS + + +Cuando caiga el actual Gobierno, nuestro presupuesto de gastos se +encontrará gravado con unas cuantas cesantías más. ¡Para que la gente +pida ministros nuevos! + +¿Qué se entiende por un ministro nuevo? Por un ministro nuevo no se +entiende un ministro joven ni un ministro distinto de los otros +ministros, sino un hombre que es ministro por primera vez. Un ministro +nuevo suele ser un subsecretario viejo, un gobernador viejo o un general +viejo... El marqués de Mochales llegó a ministro y se murió; pero este +lamentable suceso será único en nuestra historia. La mayoría de los +políticos no consideran colmada su ambición al llegar a ministros. Ser +ministro no es, en realidad, ser nada. Un ministro está a merced del +poder moderador, a merced de la Prensa, a merced de las oposiciones +parlamentarias, a merced de todo el mundo. En cambió, un ex ministro no +está a merced de nadie. Las carteras pasan y las cesantías quedan. Y por +esto, lejos de morirse una vez que han jurado el cargo, es entonces +cuando la mayoría de los ministros comienzan a vivir. + +¿Ministros nuevos? No. Nunca. Un ministro nuevo se usa en seguida y a +los dos o tres meses queda convertido en un ex ministro. Hay países de +una intensa vida económica que pueden permitirse el lujo de cambiar +frecuentemente de ministros, así como un hombre rico cambia +frecuentemente de automóvil; pero nosotros no estamos en el mismo caso. +¡Si cada nueva cesantía anulase una cesantía vieja! ¡Si cuando el señor +Prado Palacio, por ejemplo, sea declarado ex ministro, dejasen de ser ex +ministros el marqués de Lema o el conde de Bugallal!... Pero, hoy por +hoy, lo que nos conviene es ir tirando con los ex ministros actuales. +Son viejos, muy viejos, tan viejos como el mismo sistema parlamentario; +son malos y están pasados de moda, pero no nos suponen ningún nuevo +gasto. Bien conservados, estos ex ministros pueden durar todavía otro +cuarto de siglo u otro medio siglo, lo que en la política española no +creo que represente gran cosa. Y cuando se mueran del todo--allá para el +año 1950--, entonces se podrá pensar en sustituirlos con algunos hombres +jóvenes, como D. Melquiades Alvarez, por ejemplo, o el doctor +Simarro... + + + + +VII + +UN ARTÍCULO MINISTERIAL + + +Si yo fuese un escritor ministerial, ¡qué artículo haría acerca de las +últimas elecciones! + +Nos han derrotado en las grandes ciudades--diría--, pero esto no nos +extraña. Las grandes ciudades son verdaderos focos de corrupción, donde +se van perdiendo íntegramente los sentimientos de humildad, de +obediencia y de amor al pasado. Casi todos los madrileños saben leer y +escribir, y aunque una enérgica censura amordaza a los escritores de la +mala prensa, las ideas disolventes siempre encuentran camino por donde +llegar al cerebro del pueblo. Indudablemente, el analfabetismo vale mil +veces más que la censura. Todo el arte de los escritores radicales se +estrella contra el hombre del campo, hombre sano de cuerpo y de +inteligencia, que no sabe leer ni lo necesita para trabajar las tierras +de su señor y para darles el voto a los candidatos del orden. Y el +hombre del campo ha votado la candidatura ministerial. + +Hemos triunfado en el campo, donde todavía se conservan las venerandas +tradiciones de nuestros mayores; donde el médico, no contaminado por +teorías extrañas, sangra buenamente a sus enfermos, igual que en tiempo +de nuestros abuelos; donde el pobre se resigna a ser pobre como el rubio +se resigna a ser rubio; donde el cura prohíbe que se baile el agarrado y +que se lean los periódicos liberales, y donde se respeta el orden, la +propiedad, el clero y la Guardia civil. Hemos triunfado en el campo y +hemos fracasado en las ciudades. ¿Hay nada más significativo? + +Porque las ciudades están dejadas de la mano de Dios. En Madrid, la +juventud pasa su vida bailando bailes extranjeros, bebiendo bebidas +extranjeras y--cosa mil veces más nefanda--leyendo libros extranjeros. +Ahora les ha dado a los madrileños por poner en las casas baño y +ascensor, y esto será muy agradable para el cuerpo, pero tiene que ser +funesto para el alma. Baños, librerías, grandes hoteles, derechos +políticos, un Ateneo, una Casa del Pueblo... ¿Es que nuestros mayores +necesitaban ninguna de estas cosas? + +Días atrás, cuando los balcones de Madrid se engalanaron con toda suerte +de colgaduras en homenaje al Corazón de Jesús, creíamos que la capital +de España se arrepentía y hacía enmienda de sus errores. Las elecciones +nos demostraron que esta hipótesis era falsa. Indudablemente, el +madrileño que tiene colgaduras está deseando un pretexto para +exhibirlas, y cualquiera que sea este pretexto las exhibe; pero esta +exhibición, puramente decorativa, no tiene jamás un carácter +ideológico. Madrid está perdido, y con él están perdidas todas las +grandes ciudades españolas. Las han perdido las bibliotecas públicas, la +Prensa, el agua corriente, los hoteles cosmopolitas, el telégrafo, el +teléfono, los teatros, que, de lugares de solaz, van convirtiéndose en +vehículos de ideas pecaminosas, y tantas otras invenciones de este siglo +maldito. (Para un escritor ministerial todas las cosas antiministeriales +son invención de este siglo.) ¿Cómo iban a votarnos? + +Nuestra derrota demuestra que nosotros no tenemos nada que ver con esta +época de disolución social. Nosotros representamos las venerandas +tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el año de la +Nanita... + + + + +VIII + +EL ENGAÑO DE LAS CRISIS + + +Cada vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de +liberación. El aire me parece más puro; las mujeres, más guapas; los +manjares, más sabrosos. + +--Trabajillo ha costado--exclamo--; pero, al fin, somos libres. Ya no +tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal... + +Desgraciadamente, está en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos +cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible, +y por esto, acaban resolviéndose todas las crisis ministeriales. Al cabo +de dos o tres días, el Gobierno caído es siempre sustituido por otro, y +de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las +diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si España +llegará a vivir al año un mes entero sin Gobierno. ¡Un mes entre doce! +No vale la pena. + +Por mi parte, yo no ayudaré ya nunca a echar abajo a ningún Gobierno, +como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho más +cuando al otro es seguro que ya habíamos tenido también que echarlo +abajo anteriormente. No veo en qué puede convenirle a un hombre soltero, +que ejerce una profesión liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el +señor Maura, el Sr. García Prieto o el Sr. Sánchez de Toca. +Probablemente, les interesa mucho más a estos señores gobernarme a mí de +lo que pueda nunca interesarme a mí el que me gobiernen ellos. + +Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno--premisa a la que no le +concederé ningún valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir +con él--; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos +constituyen «un mal necesario», entonces, por lo menos, debemos exigir +que las crisis duren un poco más. Una crisis de tres o cuatro días no +compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos +ministros que parecen lapas. + + + + +IX + +ACCIÓN POLÍTICA DE LOS MARISCOS + + +Se inicia un cambio en la política española. Hasta hace muy pocos días, +el político solía ser, entre nosotros, un hombre de la provincia de +Pontevedra, amigo personal del marqués de Riestra y padre de una +numerosa familia. Cuando un paisano mío carecía de oficio y no sabía +hacer nada que le permitiese vivir en su tierra, si no tenía dinero +bastante para irse a Buenos Aires, venía a Madrid y se dedicaba a +ministro. De mí sé decir que, este verano, unos marineros me pidieron en +mi pueblo nada menos que un grupo escolar; aquellas gentes sencillas +sabían que yo vivía en Madrid y no concebían que pudiese vivir de otra +cosa más que de ministro, lo que, después de todo, demostraba cierta +lógica. Si, en efecto, la mayoría de mis paisanos residentes en Madrid +no fuesen ministros o ex ministros, ¿cómo se las arreglarían para pagar +al casero? ¿Es que el Sr. García Prieto, por ejemplo, podría sostenerse +en la corte escribiendo artículos para _El Sol_? Pero ahora, para llegar +a ministro, ya no basta haber nacido en la provincia de Pontevedra, y +comienza a hacerse indispensable el ser catalán. Y éste es el cambio que +se inicia en la política española. + +A primera vista, parece que se trata de un cambio superficial, y quizá +no se trate, en efecto, de un cambio muy profundo. Sin embargo, yo creo +que entre el político gallego y el político catalán hay una diferencia +mucho más importante que la del acento. Lo terrible del político gallego +era su asombrosa capacidad de reproducción. Nacidos al pie de las rías +bajas, aquellos políticos se reproducían como las sardinas. Al cabo de +quince años, cada ministro le había dado vida a cinco ministros, a diez +subsecretarios, a diez directores generales y a veinte gobernadores, sin +contar los empleados subalternos. Todo el mundo conoce la fecundidad de +la provincia de Pontevedra, que es una de las más pobladas, si no la más +poblada, de España. Esta fecundidad suele atribuírsele a los mariscos, y +si la explicación es exacta, los mariscos vienen a ser, en fin de +cuentas, los verdaderos responsables del nepotismo español. ¡El +nepotismo español o las ostras, los cangrejos y los percebes de las rías +bajas!... + +Los políticos catalanes no parece que se reproduzcan tanto como los +políticos gallegos, y esto constituye, por sí sólo, una gran ventaja +para el país. ¿No se comen, quizá, muchos mariscos en Cataluña, o es que +el marisco del Mediterráneo vale menos que el del Atlántico? Y por otro +lado, ¿conocemos nosotros todas las posibilidades políticas del marisco +catalán? Si hubiese en España alguien que estudiase la política con un +criterio realmente científico, yo le propondría este problema, que +considero de un interés capital; pero, por desgracia, aquí no hay ningún +tratadista político verdaderamente serio. + + + + +X + +ARRASAMIENTOS + + +«Cuando una insubordinación se manifiesta en Barcelona o en otra +provincia--ha dicho el general Aznar--, sólo procediendo enérgicamente +se domina y se la hace entrar en la ley.» «Si es preciso--añadió--, se +arrasa la población...» + +Yo creo que estas palabras del general Aznar tienen toda la categoría de +un proyecto, y me extraña el ver que algunos periódicos lo rechazan sin +tomarse la molestia de estudiarlo técnicamente. Porque desde luego, si +existe en España alguna dificultad para arrasar poblaciones, a mí me +parece que es una dificultad exclusivamente técnica. Eso de imaginarse +que el Gobierno no puede arrasar Barcelona por razones de orden moral, +político o jurídico, demuestra, en mi sentir, una profunda ignorancia en +materia de arrasamientos. Las dificultades de este triple carácter +tienen muy poca importancia en el país de La Cierva y Sánchez Guerra. En +cambio, las dificultades técnicas constituyen, en el país de los mismos +señores, algo verdaderamente muy serio. + +Y, sentado esto, yo considero que debemos dejar a un lado +consideraciones ociosas, y rogarle al general Aznar que no desarrolle su +plan. Cuando el general Aznar, que ocupa en el Ejército un puesto tan +alto, ha insinuado la idea de arrasar Barcelona para dominar a los +elementos rebeldes, es que, indudablemente, esta idea es factible. Ahora +bien, general: nos hace falta un presupuesto. Queremos saber en cuánto +tiempo y por cuánto dinero se comprometería su señoría a hacer en +Barcelona un arrasamiento en forma. El Ejército alemán, con un material +formidable y una dirección de primer orden, tardó cuatro años en arrasar +Reims a satisfacción del Káiser; y siendo Reims una de las ciudades más +ricas de Francia, invirtió en la destrucción tanto como lo que ella +valía. Claro que nosotros no somos tan exigentes como el ex Káiser. +Acostumbrados a innumerables resignaciones, probablemente nos +conformaríamos con un arrasamiento mucho más vasto que el de la ciudad +de Reims; pero ¿qué nos vendría a costar ese arrasamientito? El caso +está en que, para evitar la posibilidad remota de perder Barcelona una +vez, no vayamos realmente a perderla dos veces, primero arrasándola, y +segundo, invirtiendo en el arrasamiento el dinero que costó la +edificación. Por otro lado, el problema de Barcelona es urgente, y si el +arrasamiento puede durar cincuenta o sesenta años, no creo que +constituya una solución eficaz. + +Supongo que el general Aznar sabrá apreciar la diferencia que existe +entre esos periódicos que han acogido sus manifestaciones del Senado con +una vocinglería sentimental, y yo, que las enfoco seriamente en el +terreno de la realidad. ¡Arrasar Barcelona! ¿Qué duda cabe de que así se +acabaría de una vez y para siempre con todas las cuestiones de +Barcelona? Lo malo, como digo, son las dificultades prácticas. A veces, +discutiendo con un amigo, y no logrando hacerle adoptar mis puntos de +vista, yo he sentido también el deseo de arrasarlo, y, si me contuve, no +fue, no, por motivos morales, sino, precisamente, por dificultades +técnicas. Y es--para decirlo con una frase digna de la Alta Cámara, +donde hizo sus manifestaciones el general Aznar--que «los individuos son +como los pueblos, y los pueblos son como los individuos». + + + + +XI + +EL CONGRESO, A CUARENTA GRADOS + + +El otro día, con un calor de cuarenta y tantos grados, estuve en el +Congreso. Yo nunca había observado la política española a una +temperatura tan alta. Algunos diputados, tendidos en sus escaños, +parecían cadáveres en descomposición. Olía mal. + +--Indudablemente--pensé--, el Parlamento no es un espectáculo de verano. +Para el verano ya tenemos las corridas de toros, que se hacen al aire +libre. + +Y, dirigiéndome a un diputado amigo: + +--¿Por qué no cierran ustedes?--le dije. + +--¿Cerrar?--exclamó--. Y la labor legislativa que tenemos por delante, +¿es que van a hacerla los porteros? + +--¡Hombre! En caso de apuro... + +--Todo se vuelven diatribas contra el diputado en este país--añadió mi +amigo--, y el diputado es un mártir. Ya ve usted a los diputados +franceses. No contentos con ganar quince mil francos al año, quieren que +se les dupliquen las dietas. El diputado español, en cambio, lejos de +cobrar, paga. ¿Sabe usted cuánto me han costado a mí las elecciones? +Veinte mil duritos. Así se demuestra el amor a la patria. Y aquí me +tiene usted, en pleno mes de agosto, respirando este aire corrompido. + +--Es el aire de la política. Yo había oído hablar de él, pero no lo +había respirado nunca. Cuando leía en algún periódico eso del aire +corrompido de nuestra política, creía que se trataba de una frase. Ahora +lo respiro materialmente y me doy cuenta de que es mefítico. + +--A veces huele como a ajos. + +--Ese olor es la democracia. Es la esencia misma del régimen +parlamentario. No hable usted mal de él... + +Los ventiladores giraban a toda velocidad; pero inútilmente. Está +demostrado que la política española, sometida a una temperatura de +cuarenta grados, se descompone por completo. Quizás ocurra también lo +mismo con la política inglesa, por ejemplo; pero ¿cuándo marca el +termómetro cuarenta grados en Londres? + +Decididamente, habrá que cerrar el Congreso si no queremos que se +declare en Madrid, y que se extienda luego por el mundo, una nueva +epidemia hispánica. Y por tarde que lo abran después, siempre lo abrirán +a tiempo. + + + + +XII + +OPTIMISMO + + +Yo no sé si el lector ha observado mi actitud ante el porvenir de +España. Hasta ahora, esta actitud ha venido siendo la de un escéptico, +la de un hombre sin fe ni esperanza ningunas. Los conservadores nos +prometían una revolución desde arriba, y yo sonreía incrédulamente; los +republicanos y los socialistas nos anunciaban una revolución desde +abajo, y yo volvía a sonreír con la misma incredulidad. + +--Esto no puede seguir así--me decían--. Esto tiene fatalmente que +transformarse. El mundo entero se transforma, y España no está en la +Luna, sino en el mundo... + +Todo era inútil. En el fondo, yo tenía una idea así como de que España +no estaba en el mundo, sino en la Luna. Yo no creía en el porvenir de +España. Yo era un escéptico... + +Era un escéptico, amigo lector, pero ya no lo soy. Mi escepticismo tenía +una causa y esta causa acaba de desaparecer. Ahora sólo me toca +manifestar que la causa en cuestión estaba en la calle de Cedaceros, y +que era esa valla con que el Sr. Vitórica ha estado, durante tanto +tiempo, entorpeciendo el tráfico de Madrid. + +Cuando yo pasaba por la calle de Cedaceros, mi espíritu se anegaba en un +torrente de amargas reflexiones. + +--¿Cómo vamos a derrumbar nada en España--pensaba yo--si todavía no +hemos podido derrumbar esta valla? La Prensa la ataca, el Parlamento la +combate, el pueblo la maldice y ella sigue en pie. La juventud +estudiantil, esperanza de la patria, ha venido aquí una noche, armada de +mazas y de picos, y la ha asaltado románticamente, pero la valla sigue +incólume. Hasta las autoridades gubernativas se propusieron echarla +abajo, sin que su gestión obtuviera éxito ninguno... Y ¿qué se puede +esperar de un pueblo que, todo él, no logra demoler una pobre valla de +maderas carcomidas?... + +Es indudable que, si yo me manifesté durante estos últimos años como un +escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia +con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla +ha caído en tierra, y ahora todo me parece posible. + +--Unas gentes que han acabado con la valla de Vitórica--me digo--pueden +acabar con la misma política del Sr. Cierva. España se transformará. +Llegará un día en que los madrileños tendremos hasta gas para el +alumbrado público. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser +optimistas... Dentro de más o de menos años, no tendría nada de +asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La +Coruña en un término de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un +pueblo tan enérgico. Los trenes andarán. Un kilo de pan llegará a pesar +lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las +familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han +deshecho la valla de la calle de Cedaceros. + + + + +LA ANTIPOLÍTICA + + + + +I + +EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO + + +Cada tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a +fregar, a empapelar y a repintar el mundo. ¿Lo dejan mejor? +Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo +refrescan, lo varían y le dan un interés nuevo. Si los revolucionarios +pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una +temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente, +no sufriría tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones +interplanetarias no han pasado aún de la categoría de proyecto, y cuando +la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y +a echarlos patas arriba. + +Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se está transformando, con gran +indignación de muchos señores que se habían instalado en él +confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos señores no ven +la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien, +y en realidad, ¿qué mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefacción +central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas, +tiene luz eléctrica, tiene telégrafo y teléfono, tiene leyes de +Accidentes del trabajo, y tiene cinematógrafo. Es un mundo con todo el +_confort_ moderno, un mundo sumamente recomendable. + +Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los +rusos, por ejemplo, tienen otras teorías estéticas, y después de haber +transformado el decorado teatral, no sería extraño que transformasen +también el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendrá a ser, poco más +o menos, con respecto al mundo actual, una cosa así como el _ballet_ +ruso con relación a la ópera italiana. + +¿Qué quieren esos obreros que arman tanto escándalo? ¿Qué quieren esos +carpinteros? ¿Qué quieren esos fontaneros? ¿Qué quieren esos fumistas? +¿Qué quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto +desde la Revolución francesa, para que tire una temporadita de algunos +siglos. ¡Si se les pudiese decir que volviesen otro día!... Pero es +inútil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa +donde se están haciendo reparaciones. + + + + +II + +LOS PROLETARIOS DE LEVITA + + +Yo soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una +levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita +son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita. +Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo +que en un periódico conservador se habla de los proletarios de levita, +no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase +«proletario de levita» representa un concepto teórico, y aunque para los +usos prácticos de la vida yo no tenga levita ninguna, teóricamente sí la +tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita teórica. Es una levita que +no se puede empeñar; pero, en teoría, esto carece de importancia. + +En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A +veces, tiene un _smocking_ para conquistar, en los hoteles de moda, +ricas herederas o políticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en +algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero, +desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de +pertenecer a una clase que se caracteriza tan sólo por el uso de una +prenda que no usa jamás. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario +de levita... + +Hace varios años, el dueño de un periódico donde yo solía colaborar +desde París, me envió una carta diciéndome: «El periódico marcha muy +bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con +respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al público de levita; +pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con +usted...» Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por +artículo, y yo le contesté sin gran entusiasmo: «El termómetro--le +decía--marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en +vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabán de abrigo.» Mi +ideal consistía entonces en ser un proletario de gabán, y creo que lo +realicé ya algo entrado el verano... + +Pero volvamos a los proletarios de levita. «Todo el mundo piensa en los +obreros--escribe un periódico conservador--. Todo el mundo se ocupa de +los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se +acuerda nadie...» Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de +blusa más que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, ¿cómo +no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? ¿Cómo van a fijarse +los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita +viste de americana? + +Yo propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran +sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un día haríamos, por +ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no +saldría a la calle ni un solo adjetivo. ¡Qué conflicto para el +régimen!... Pero ya verán ustedes cómo no hacemos nada. Los proletarios +de levita no tenemos instinto de conservación, además de no tener +levita. + + + + +III + +EL SINDICALISMO COMO BASE DE UNA NUEVA ANTROPOLOGÍA + + +Después de todo, los sindicalistas no se proponen una cosa tan +extraordinaria como puede creerse. ¿Qué más da el que los hombres estén +clasificados por naciones que el que lo estén por oficios? La raza, el +idioma, la religión, las costumbres... Convengo en que todo esto es un +poco vago y un poco confuso; pero, ¿y la cerrajería? + +Los sindicalistas pretenden que donde hoy dice «España», «Inglaterra», +«Francia» o «Alemania», diga mañana «Sindicato del Hierro», «Sindicato +del Carbón», «Sindicato de la Madera», «Sindicato del Papel»... Al +principio, naturalmente, los miembros de unos Sindicatos aparecerán +mezclados con los de los otros, y en lo que hoy es España, por ejemplo, +habrá hombres de papel a la vez que hombres de madera, de carbón y de +hierro; pero, a la larga, es lógico suponer que cada Sindicato vaya +localizándose en lo posible allí donde encuentre sus primeras materias. +Entonces surgirá, no sólo una nueva Geografía política, sino también +una nueva Antropología. Los trabajadores del carbón constituirán una +raza muy morena. Los albañiles formarán una muy rubia. Si hoy se parecen +ya todos los albañiles del mundo, aunque no sean hijos de albañiles y +aunque la albañilería sea el único vínculo que los une, ¿qué no ocurrirá +a los dos siglos de sindicalismo? Probablemente, los distintos +Sindicatos darán origen también a religiones diversas, ya que no es +fácil concebir cómo se pueden tener las mismas creencias ni los mismos +sentimientos en el país del carbón que en el país de la cal. Y si es +verdad que la terminología de los oficios constituye el manantial más +rico donde se nutren todos los idiomas modernos, ¿cómo no suponer que +cada Sindicato llegará a tener una lengua propia, ininteligible para los +otros? + +Parece que los sindicalistas van a hacer una revolución terrible; pero, +a los dos siglos de sindicalismo, el mundo estará, poco más o menos, +como ahora. Un Sindicato muy fuerte querrá dominar a los otros, les +declarará la guerra y morirán a millones hombres de hierro, hombres de +carbón, hombres de cartón piedra y hombres de celuloide... + +Indudablemente, no hay una gran diferencia entre clasificar a los +hombres por oficios o clasificarlos por razas, religiones, idiomas y +costumbres. Y no tan sólo no hay una gran diferencia, sino que es igual. +En realidad, los hombres no se han clasificado nunca por razas, +religiones, idiomas ni costumbres. Los han clasificado así los +historiadores mucho después de que ellos habían hecho su propia +clasificación; pero los primeros hombres se clasificaban siempre por +oficios, ni más ni menos que si hubiesen oído a Pestaña o al _Noy del +Sucre_. Los pescadores se reunían para establecerse a orillas de los +ríos o construir ciudades lacustres; los cazadores se iban a los +bosques. Las nacionalidades modernas no son más que una consecuencia +directa de aquel sindicalismo primitivo. Y por esto yo creo que no es +muy difícil imaginarse el resultado del sindicalismo actual. + + + + +IV + +EL BOLCHEVISMO, ENFERMEDAD INFECCIOSA + + +Cuando los primeros _poilus_ penetraron en territorio alemán, muchos +franceses se alarmaron. + +--Alemania--decían--está apestada de bolchevismo. A ver si nuestros +soldados lo cogen y lo extienden luego por aquí... + +Y es que para la inmensa mayoría de las gentes, el bolchevismo no pasa +de ser una enfermedad infecciosa. Los Gobiernos más serios lo tratan +como una nueva forma de gripe. Creen que se propaga por contagio, igual +que la gripe española, y, a fin de combatirlo, forman cordones +sanitarios en las fronteras. A los casos reconocidos los aíslan +cuidadosamente, metiéndolos en las cárceles, y, dentro de poco, +prohibirán el derecho de reunión, para evitar los hacinamientos. + +A mí, esto de combatir el bolchevismo con medidas sanitarias me parece +algo así como si se hubiera pretendido combatir la gripe reformando la +Constitución. No creo que las medidas sanitarias hayan sido nunca muy +útiles contra las epidemias, y, desde luego, creo que serán +perfectamente inútiles contra el bolchevismo. + +Porque, para mí, el bolchevismo no es un problema sanitario, sino un +problema social, y, en el estado actual de la Ciencia, me parece absurdo +pretender que nadie cambie de religión o de política sometiéndolo a un +tratamiento médico. Acaso el agua bendita haya resuelto algunos +problemas sociales; pero, probablemente, el agua oxigenada no resolverá +ninguno. Y la prueba de que el bolchevismo no es una enfermedad, es que +mientras las enfermedades sólo ponen en peligro a los enfermos, el +bolchevismo constituye un peligro únicamente para aquellos que no son +bolchevikis. + +Pero si, a pesar de todo, seguimos considerando el bolchevismo como una +enfermedad, ¿qué vamos a hacer con los otros sistemas políticos? ¿Con +qué curaremos el maurismo, pongo por caso? El bolchevismo vendría a ser +algo así como un enorme trastorno gástrico, mientras la mayoría de las +sectas políticas representarían deficiencias mentales imposibles de +combatir. + + + + +V + +LA MAGIA DEL DINERO + + +Cuando el bolchevismo comienza a asomar en un país, parece que los ricos +se apresuran a realizar sus fortunas para dilapidarlas alegremente antes +de que se las lleve la trampa. Así dicen que han procedido los grandes +duques rusos y que están procediendo los aristócratas magiares. El +bolchevismo es un gran estimulante de la generosidad, y por eso yo no +veo que en España corramos todavía el menor peligro de pasar a un +régimen bolchevique. Cuando algún millonario os cuente que aquí vamos +derechos al bolchevismo, pedidle mil pesetas, y si os las niega--que os +las negará--, es que habla por hablar y sin convicción ninguna. + +Hay quien dice que el bolchevismo tiende a suprimir el dinero, y esto +merece cierta reflexión. Indudablemente, el dinero es una cosa muy mala, +sobre todo para aquellos que no lo tienen; pero también es una cosa muy +buena, especialmente para aquellos que lo atesoran. Algunas personas, +cuando se discute este tema de la bondad o maldad del dinero, exclaman: + +--¡Quite usted!... Lo importante es tener salud... + +Probablemente, esas personas se figuran que el dinero constituye una +enfermedad, y si, en efecto, la constituye, hay que convenir que, entre +nosotros, no ha tenido nunca caracteres endémicos. + +Por mi parte, confieso que el dinero me ha parecido siempre una cosa +milagrosa. Yo no puedo ver el proceso de un duro que se transforma en +patatas, sin imaginarme el proceso contrario, y me figuro que, +previamente, se han cogido kilos y kilos del sabroso tubérculo, que se +los ha cocido, que se los ha machacado, que se los ha sometido a +diversos reactivos, que se los ha puesto en un alambique y que se ha +obtenido el duro como resultado. Esto es lo que yo me figuro cuando +compro un duro de patatas, y esto es ya bastante maravilloso; pero la +maravilla crece cuando pienso que mi duro no sólo es susceptible de +transformarse en patatas, sino que se puede transformar también en +guisantes, en zanahorias, en poesías líricas, en cigarros habanos y en +otros muchos objetos que me dicte mi fantasía. ¿Qué otra cosa, en +nuestro mundo moderno, tiene este poder mágico que tiene un duro, como +no sea un billete de cinco duros? Y ¿cómo es posible que haya quien +desprecie el dinero, considerándolo una realidad demasiado prosaica? + +No hay duda de que el dinero es una cosa excelente... para aquellos que +lo tienen. ¡Si lo pudiésemos tener todos!... Pero en cuanto lo +tuviésemos todos, su virtud milagrosa desaparecería en absoluto. Yo +creo que se debiera establecer un turno pacífico para el disfrute del +dinero. Así se evitarían las revoluciones, los grandes negocios y otra +porción de cosas más o menos molestas. + + + + +VI + +EL DELITO DE SER RUSO + + +Un extranjero, preso en la Cárcel Modelo, se dirige a los periódicos +protestando contra su detención. «Soy un ciudadano ruso--dice--, y no he +cometido ningún delito.» + +¡Un ciudadano ruso que no ha cometido ningún delito!... La contradicción +salta a la vista. Es como si se dijera «un homicida que no ha matado a +nadie», o «un ladrón que no robó nunca». ¿Le parece poco delito al Sr. +Weissbein el hecho de ser ruso? Rusia es un país demasiado frío, +demasiado lejano y demasiado complicado, y a nuestra Policía le ha +inspirado siempre muy hondas sospechas. En Madrid, Sr. Weissbein, ya +resulta bastante difícil el ser catalán o gallego, para que se le +permita a nadie ser ruso. Si quiere usted vivir tranquilo entre +nosotros, hágase usted de Vallecas o de Getafe y renuncie incontinenti a +toda pretensión moscovita. + +¡Ahí es nada ser ruso, esto es, ser del país del terrorismo y del +bolchevismo!... Mi amigo Corpus Barga, actual redactor de _El Sol_ en +París, tuvo la debilidad de interesarse por las cuestiones rusas, y en +cuanto se presentó en España, con unos bigotes caídos a la tártara, la +Policía lo cogió y lo metió en la cárcel. Otro amigo mío, que quiso +estudiar ruso, fue detenido a la tercera lección. Y si a Cristóbal de +Castro, autor de _Rusia por dentro_, le han nombrado gobernador de +Ávila, ha sido cuando ya no le cabía a nadie la menor duda de que ni +Cristóbal de Castro había llegado nunca a Rusia ni sabía una palabra de +ruso. + +Ignoro en qué artículo de nuestro Código penal se condena la ciudadanía +rusa, y por eso no le doy el número al Sr. Weissbein. Lo cierto, sin +embargo, es que, en cuanto la Policía española sospecha que alguien +puede ser ruso, le busca y le detiene. Si yo no he estado en Rusia +todavía, es porque no he querido que, a la vuelta, me encerrasen para +siempre en la Cárcel Modelo. No hay manera de ser ruso en España, Sr. +Weissbein. Los mismos libros rusos han sido perseguidos y decomisados +aquí diferentes veces. Hágame usted caso: olvide su idioma y adopte la +ciudadanía de los Cuatro Caminos, que, después de la derrota alemana, es +el país más lejano de donde se puede ser en Madrid. + + + + +VII + +LOS RUSOS POLÍTICOS + + +Antes de la guerra, España no creía en los rusos. + +--¿Un ruso? ¡Vamos, hombre! ¡Mire usted que un ruso!--decían los +madrileños. + +Entonces no había más que una persona que, de vez en cuando, recibiese +algunos rusos en Madrid. Esta persona era Luis Morote, diputado a Cortes +y periodista famoso por la longitud de sus artículos. Luis Morote había +estado en Rusia; pero, sin embargo, no recibía directamente sus envíos. +Los rusos se los mandaba Fabra Ribas, ya un poco adulterados, desde la +redacción de _L'Humanité_, de París, adonde iban todos antes de venir a +España. + +--Puesto que tiene usted tantos rusos disponibles--le preguntaba yo a +Fabra Ribas un día--, ¿por qué no los distribuye usted de una manera más +equitativa? Eso de darle a Morote la exclusiva de los rusos para toda +España, me parece injusto. + +Yo sospecho que Fabra Ribas quería serle agradable a Morote, y que por +eso le proveía de rusos con tanta abundancia; pero él se disculpaba +diciendo que Morote era la única persona que había en Madrid capaz de +servir a un extranjero. El caso es que, cada dos meses o cosa así, +Morote salía a la calle muy orgulloso con unos rusos inéditos; pero los +pobres hombres fracasaban completamente. Nadie creía en ellos como tales +rusos. + +--Con ese ruso no tendrá usted frío, ¿eh, amigo Morote?--solían decirle +al distinguido periodista. + +O bien: + +--¿Un ruso nuevo? Pues ya tiene usted para tirar lo que queda de +temporada... + +En un libro que se llama _Playas, Ciudades y Montañas_, yo cuento las +aventuras de estos primeros rusos en Madrid, y el capítulo dedicado al +asunto tiene un título muy significativo: _Los rusos existen_. Entonces +nadie creía en los rusos. Ahora, en cambio, todos los hombres le parecen +un poco rusos a la gente. En el _Manuel Calvo_, de Barcelona, se han +hecho a la mar, expulsados por el Gobierno, rusos de Turquía, rusos de +Bulgaria, rusos franceses, rusos ingleses y hasta rusos españoles. Y es +que la palabra ruso ha evolucionado. Antes tenía un concepto geográfico. +Ahora tiene un concepto político. Se es ruso como se es republicano o +como se es reformista. Se es algo ruso o se es terriblemente ruso. Todo +hombre que protesta contra el caciquismo o contra la carestía de la +vida, es un ruso presunto. ¡Y pensar que yo he sido ruso, sin enterarme +de ello, hace más de quince años!... + +Este nuevo concepto de la palabra ruso es lo que explica el proyecto del +Sr. Doval, jefe de policía de Barcelona, quien, para sondear a los +detenidos en el _Manuel Calvo_, proponía que se introdujeran entre +ellos, fingiéndose rusos, cinco o seis policías españoles. Yo no creo +que un policía español pueda fingirse ni siquiera portugués. Decirle que +se finja ruso a un policía que gana diez pesetas diarias es algo así +como decirle que se finja gran filósofo. Indudablemente, el señor Doval +no aspiraba a que los policías españoles se fingieran rusos de idioma, +sino sencillamente rusos políticos. + +Pero si la palabra ruso ya no designa más que cierta clase de opiniones, +¿por qué se considera a los rusos como extranjeros? ¿Cree el conde de +Romanones que los naturales de Moscú son más rusos que nosotros? No hay +duda de que, antes, un hombre que nacía en Moscú tenía muchas y muy +buenas razones para ser ruso. Hoy quizá las tenga más y mejores un +hombre nacido en España. + + + + +VIII + +LA TIRANÍA DEL TRABAJO + + +¿Me permite el lector que yo le dé mis opiniones sobre la cuestión +social? Para mí, toda la cuestión social se reduce a una cosa: que el +hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no +quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere +trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no +quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo +colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un +absurdo. + +Toda la civilización no es más que una lucha desesperada del hombre para +no tener que trabajar. Si se han inventado máquinas, si se han +canalizado ríos, si se han domesticado animales y si se han blanqueado +negros, ha sido con el único objeto de que los negros, los animales, los +ríos y las máquinas trabajasen por nosotros. + +--¡Lo que inventan los hombres _pa_ no trabajar!--decía el baturro del +cuento viendo cómo un pintor copiaba el paisaje. + +Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado +rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han +creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades +infecciosas... + +Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje. +Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajará menos, y el dolor de +los más será atenuado, pero... + +Pero en la sociedad actual uno tenía siempre una esperanza de +liberación, y en la sociedad futura no la tendrá nadie. El mal será +menor, pero lo hará parecer mil veces mayor su carácter de mal +ineludible. Hasta ahora, uno podía siempre pensar, según sus aptitudes o +sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una +fábrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero +salvarse al fin. Mañana, en cambio, no habrá posibilidad de salvación +para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o +cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestión +social seguirá en pie. + +Hasta que unas máquinas maravillosas nos lo hagan todo... y mientras no +se den cuenta de que las explotamos. + + + + +IX + +UNA POLICÍA FILOSÓFICA + + +Si la Policía no encuentra nunca a los autores materiales de los +atentados contra los patronos, ¿cómo va a encontrar a los autores +morales? Si no descubre, ni por casualidad, la mano que mata, ¿cómo va a +descubrir el cerebro que sugiere la idea de matar? Habría que crear una +Policía filosófica que fichase las ideas y fuera siguiéndoles la pista +de libro en libro, porque yo creo que a la Policía actual esta labor le +resultaría demasiado molesta. El camino de una idea, desde que nace +hasta que se convierte en cinco tiros de pistola, es largo y sinuoso. +Claro que en España hay muy pocas ideas. Generalmente, los hombres que +tienen alguna están fichados ya; pero, de todos modos, la tarea del +nuevo organismo policíaco tropezaría con dificultades insuperables. + +Yo estoy de acuerdo con la prensa conservadora en creer que los autores +materiales de los atentados contra los patronos no son más que +instrumentos; pero ¿instrumentos de quién? Probablemente, la prensa +conservadora cree que de Pestaña, del _Noy del Sucre_, de Indalecio +Prieto o de Marcelino Domingo. Yo creo que de Platón. Marcelino Domingo, +Indalecio Prieto, el _Noy del Sucre_ y Pestaña hablan, escriben, +_agitan_ y crean contra los patronos un estado de opinión sin el cual +tal vez no se cometiesen tantos atentados; pero de aquí a suponer que +esos señores son responsables, hay una gran diferencia. Esos señores no +son responsables. Esos señores son instrumentos. + +¿Por qué vamos a suponer que el hombre que habla es más consciente de lo +que hace que el hombre que tira tiros? Si Carlos Marx no hubiese escrito +_El Capital_, los oradores socialistas, o no dirían nada, o dirían unas +cosas muy distintas de las que dicen. Los oradores socialistas no son +más que autores materiales de sus discursos, y Carlos Marx es uno de los +autores morales; pero, aquí se nos vuelve a presentar el mismo problema, +¿hasta qué punto se puede hacer a Carlos Marx responsable de _El +Capital_? Si otros hombres no hubiesen trabajado con anterioridad en el +mismo orden de ideas, ¿dónde hubiese encontrado el ilustre economista +alemán los materiales necesarios para construir su obra? + +Indudablemente, Carlos Marx no tiene culpa ninguna de lo que ocurra en +Barcelona ni en Bilbao. La culpa, como digo, es de Platón, a quien le +comunicó las malas ideas el señor Sócrates. + +Y como el señor Sócrates ya se tomó la cicuta, resulta que ya están +castigados, no sólo todos los asesinatos de patronos que van perpetrados +hasta la fecha, sino los que puedan perpetrarse en el corto porvenir que +le queda a la clase patronal. + + + + +X + +ASESINOS MANUALES Y ASESINOS INTELECTUALES + + +El otro día he recibido la visita de un joven que tenía el rostro +asimétrico, la frente huida y la mandíbula _prognata_. + +--Perdone usted--me dijo este hombre extraño, con voz cavernosa--. Vengo +a verle porque me han dicho que es usted un intelectual. + +--Exageraciones, calumnias de mis enemigos, que tienen, sin duda, ganas +de verme en la Cárcel Modelo--le contesté--. ¿Es usted de la Policía? + +--No. De momento, no--dijo el hombre con una sonrisa helada--. Soy un +modesto asesino, para servir a usted... + +_Il n'y à pas de sot métier_, como dicen los franceses. La profesión de +asesino, desde que ha entrado en vigor esta ley de las ocho horas, +puede, con poco esfuerzo, producir ingresos suficientes para cubrir +todas las necesidades de un buen padre de familia. + +--¿Conque asesino?--exclamé yo, con una amabilidad que quizá no fuese +completamente espontánea--. Muy interesante. Ustedes matan a algunos +hombres; pero le dan de vivir a muchos más. Siéntese usted y dígame en +qué puedo serle útil. ¿Quiere usted, quizá, que le recomiende algunos +amigos? Lo haré con mucho gusto... + +Mi visitante se dejó caer en una butaca. + +--Yo venía en busca de un intelectual--exclamó--y usted niega serlo. +Esto me contraría considerablemente. Necesito un intelectual a todo +trance... + +--Si es para asesinarlo--le dije--me parece absurdo. Aunque llevara +usted luego su pelleja al Ministerio de la Gobernación, no creo que el +asesinato de un intelectual pudiese producirle siquiera lo necesario +para cubrir gastos. Los intelectuales, en este país, se cotizan a menos +que los conejos. + +--Pero, en fin--repuso el hombre, que parecía dominado por una idea +fija--. Aunque usted no sea completamente un intelectual, por lo menos +tendrá usted un cerebro... + +Yo me rasqué instintivamente el cráneo. + +--¡Hombre! ¡Un cerebro! ¿Quién no tiene un cerebro? Claro que son muy +pocas las personas que lo usan; pero todo el mundo tiene un cerebro. +Usted mismo tiene uno de esos magníficos cerebros de criminal nato que +ha estudiado minuciosamente, en Italia, el profesor Lombroso. + +--Yo carezco de cerebro, señor mío--respondió el asesino--. ¿Es que no +lee usted la prensa conservadora? Los asesinos no somos más que brazos, +instrumentos que ejecutan las ideas de otros hombres. En tiempos del +señor Lombroso teníamos, en efecto, unos cerebros especiales, y cuando +queríamos trabajar, buscábamos, de acuerdo con nuestros gustos +particulares o según la inspiración del momento, un hacha, un cuchillo, +un revólver o una maza. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. El cerebro +es nuestra herramienta. ¿Comprende usted mi situación? Yo quiero +asesinar a un frutero de los Cuatro Caminos; pero, antes de ponerme a la +obra, necesito un cerebro que me sugiera la idea de este asesinato. Por +eso venía a verle a usted... + +Yo me disculpé como pude; pero el asesino no se convenció. + +--Usted me engaña--me dijo--. Usted podría perfectamente sugerirme la +idea que yo le pido. Mil veces, de seguro, habrá tenido usted en su vida +intenciones asesinas. Lo que ocurre es que no quiere usted complacerme. +Es usted un Tartufo. + +--¡Caballero! + +--Un Tartufo, sí, señor. ¡Ah! ¡Si alguien pudiera sugerirme la idea de +asesinarle a usted!... ¡Cómo me vengaría yo entonces de su hipocresía! +Pero yo soy un pobre asesino, incapacitado por mi profesión para matar a +nadie, y por eso usted se permite abusar de mí. ¡Adiós, señor mío! Voy a +revisar unas colecciones de periódicos a ver si algún artículo de un +adversario suyo me inspira la intención de estrangularlo a usted. Hasta +la vista. + +Y el extraño visitante se fue por donde había venido. + + + + +XI + +FERRER + + +Ferrer, como se sabe, tenía una estatua en Bruselas. Los alemanes, +durante su ocupación de la ciudad, echaron la estatua abajo, y cuando se +trató de erigirla, algunos periódicos españoles protestaron y otros +aplauden. Yo creo que los españoles, como tales españoles, no tenemos +voto en este asunto. Ferrer era español; pero nosotros no quisimos que +siguiera siéndolo, y para conseguirlo lo hemos fusilado. Desde que lo +fusilamos, Ferrer dejó de ser uno de los nuestros, y hoy ¿qué nos +importa el que su cadáver suscite por ahí simpatías o antipatías? Al +fusilarlo, nosotros hemos roto con el señor Ferrer toda solidaridad. +¿Que actualmente Ferrer nos denigra en Bruselas? Pero ¿cómo puede +denigrarnos un muerto? Y si un muerto puede denigrarnos, entonces, ¿no +habremos cometido una ligereza al matar a Ferrer? + +Por mi parte, yo creo que, en efecto, hemos cometido una gran ligereza, +un descuido imperdonable. En vano sus enemigos dicen que Ferrer no era +un sabio ni un pedagogo. Si se va a fusilar a todos los españoles que +no son sabios ni pedagogos, entonces ya puede el Gobierno solicitar un +crédito extraordinario para comprar fusiles. Yo no conozco más que un +pedagogo, D. Lorenzo Luzuriaga, y francamente, no creo que este querido +amigo se divierta mucho cuando llegue a quedarse solo consigo mismo en +una España despoblada por los fusilamientos. + +No. A Ferrer no se le ha fusilado porque no era un pedagogo ni un sabio. +Por lo menos, las obras de la colección Sempere se las había leído, y +esto le ponía en un nivel de cultura muy superior al de los hombres que +dispusieron su fusilamiento. Si se fusiló a Ferrer fue, al contrario, +porque se le consideraba un sabio y un pedagogo, una especie de Giordano +Bruno de la rambla de Canaletas. Esto, además, era lo lógico, y si no lo +lógico, lo tradicional. Esto era lo que tenía precedentes. Yo le hice en +tiempo oportuno una prudente advertencia al Sr. Maura por medio de un +artículo que los ferreristas interpretaron, por cierto, bastante mal. + +--Que no se fusile a Ferrer--decía yo--. Ustedes se creen que Ferrer es +un genio; pero yo, que lo conozco, les doy mi palabra de que no lo es. +Fusilen ustedes al Sr. Unamuno, que sabe griego; fusilen a don Francisco +Giner, fusilen aunque sea al doctor Simarro; pero yo les aseguro que +sería una equivocación fusilar a Ferrer... + +Nadie atendió mis consejos, y Ferrer fue fusilado. Ahora, muchos +españoles se indignan al ver que en el extranjero se le levantan +estatuas a Ferrer. «Ferrer no es un apóstol», dicen. Pero Ferrer _ya_ es +un apóstol. Todo hombre que muere por una idea es un apóstol, y como los +apóstoles estorban mucho a los ministros de la Gobernación, el buen +gobernante no debe matar a nadie por sus opiniones ni por sus doctrinas. +Así como así, ¿qué necesidad hay de matar a la gente en el país de la +viruela y de la gripe? + +FIN + + +OTRAS OBRAS DE JULIO CAMBA + +_Alemania_. + +_Londres_. + +_Playas, ciudades y montañas_. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La rana viajera, by Julio Camba + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 30275 *** diff --git a/30275-h/30275-h.htm b/30275-h/30275-h.htm new file mode 100644 index 0000000..9266d0a --- /dev/null +++ b/30275-h/30275-h.htm @@ -0,0 +1,5261 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" +"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> +<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=UTF-8" /> +<title> + The Project Gutenberg eBook of La rana viajera, por Julio Camba. +</title> +<style type="text/css"> + p {margin-top:.75em;text-align:justify;margin-bottom:.75em;text-indent:2%;} + +.c {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:800;} + +.ct {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:800;margin-top:15%;} + + h1 {text-align:center;clear:both;letter-spacing:5px;font-size:300%;line-height:75px;margin:15% auto 15% auto;} + + h2 {text-align:center;clear:both;letter-spacing:5px;margin-top:15%;} + + h3 {margin-top:15%;text-align:center;clear:both;} + +.titulo {line-height:40px;font-variant:small-caps;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:95%;} + + hr {width:10%;margin:1em auto 2em auto;clear:both;color:black;} + + hr.full {width:100%;margin:5% auto 5% auto;border:4px double gray;} + + hr.linea {width:50%;margin:.25em auto .25em auto;} + +.letra {float:left;font-size:60px;line-height:38px;padding-top:2px;} + +.nind {text-indent:0%;} + + table {margin-left:35%;margin-right:auto;border:none;} + + 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especialmente por <span class="smcap">La Papelera Española</span></p> +<hr class="linea" /> +<p class="c">Sociedad Española de Artes Gráficas.—Fuencarral, 137, Madrid</p> + + + +<h3><a name="INDICE" id="INDICE"></a>ÍNDICE</h3> +<table summary="toc" +cellspacing="0" +cellpadding="3"> +<tr><td colspan="2" align="left"><i>Mi nombre de charca</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">España reencontrada</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#I">I</a></td><td>Psicología crematística</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#II">II</a></td><td>El templo de la Eternidad</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#III">III</a></td><td>Se enciende una estrella</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IV">IV</a></td><td>Una nueva teoría del clima</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#V">V</a></td><td>El tiempo y el espacio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VI">VI</a></td><td>La mujer, país exótico</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VII">VII</a></td><td>Las casas</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII</a></td><td>Patriotismo de género ínfimo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IX">IX</a></td><td>La huelga de cuernos caídos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#X">X</a></td><td>Experiencias de un atropellado</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XI">XI</a></td><td>La juerga heroica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XII">XII</a></td><td>Julio Antonio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII</a></td><td>La piedra filosofal</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV</a></td><td>La peseta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XV">XV</a></td><td>Escultura Kodak</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVI">XVI</a></td><td>Un admirador</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVII">XVII</a></td><td>Literatura patológica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIII">XVIII</a></td><td>Una tempestad en una taza de te</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIX">XIX</a></td><td>La taza de te</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En la tierra de los políticos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ia">I</a></td><td>El viaje</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIa">II</a></td><td>Los políticos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIa">III</a></td><td>La gracia gallega</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVa">IV</a></td><td>La raza</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Va">V</a></td><td>El idioma</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIa">VI</a></td><td>El acento</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIa">VII</a></td><td>Antoniño</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIa">VIII</a></td><td>Un amigo de míster Borrow</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXa">IX</a></td><td>El arado virgiliano</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xa">X</a></td><td>Propiedad, abogadismo, política</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIa">XI</a></td><td>El celta migratorio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIa">XII</a></td><td>Grandes hombres</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIIa">XIII</a></td><td>¿Quién soy yo?</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIVa">XIV</a></td><td>El camino de Santiago</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVa">XV</a></td><td>El botafumeiro</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIa">XVI</a></td><td>Cabezas de cerdo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIIa">XVII</a></td><td>La vieira</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIIIa">XVIII</a></td><td>Opiniones políticas y literarias de la Rosario</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En el país de la ruleta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ib">I</a></td><td>Los temas literarios</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIb">II</a></td><td>El treinta y cuarenta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIb">III</a></td><td>Los bolsillos y el espíritu de propiedad</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVb">IV</a></td><td>Un nuevo sistema planetario</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vb">V</a></td><td>Rousseau y Anatole France</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIb">VI</a></td><td>El jugador objetivo</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En el rincón de los millonarios</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ic">I</a></td><td>El hierro</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIc">II</a></td><td>La reivindicación de los millonarios</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIc">III</a></td><td>El hombre que se vendió brea a sí mismo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVc">IV</a></td><td>El vascuence</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Una nueva Batracomiomaquia</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Id">I</a></td><td>La guerra sobre el papel</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IId">II</a></td><td>El pueblo de los gases lacrimantes</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIId">III</a></td><td>Si los alemanes hubiesen ganado</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVd">IV</a></td><td>El libro futuro</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Los médicos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ie">I</a></td><td>En defensa del resfriado</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIe">II</a></td><td>El virtuosismo de la cirugía</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIe">III</a></td><td>La viruela obligatoria</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVe">IV</a></td><td>Croydon y Madrid</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ve">V</a></td><td>Microbios a sueldo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIe">VI</a></td><td>Juventud, divino tesoro</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Entre caballeros</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#If">I</a></td><td>Los desafíos y el médico</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIf">II</a></td><td>Los desafíos y la técnica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIf">III</a></td><td>Los desafíos y el honor</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">La política</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ig">I</a></td><td>Cerebros artificiales para uso de diputados</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIg">II</a></td><td>La industria electoral</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIg">III</a></td><td>Una carta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVg">IV</a></td><td>El autor necesita un distrito</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vg">V</a></td><td>España, emporio del parlamentarismo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIg">VI</a></td><td>Los ministros nuevos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIg">VII</a></td><td>Un artículo ministerial</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIg">VIII</a></td><td>El engaño de las crisis</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXg">IX</a></td><td>Acción política de los mariscos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xg">X</a></td><td>Arrasamientos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIg">XI</a></td><td>El Congreso, a cuarenta grados</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIg">XII</a></td><td>Optimismo</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">La antipolítica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ih">I</a></td><td>El nuevo decorado del mundo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIh">II</a></td><td>Los proletarios de levita</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIh">III</a></td><td>El sindicalismo como base de una nueva antropología</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVh">IV</a></td><td>El bolchevismo, enfermedad infecciosa</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vh">V</a></td><td>La magia del dinero</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIh">VI</a></td><td>El delito de ser ruso</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIh">VII</a></td><td>Los rusos políticos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIh">VIII</a></td><td>La tiranía del trabajo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXh">IX</a></td><td>Una policía filosófica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xh">X</a></td><td>Asesinos manuales y asesinos intelectuales</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIh">XI</a></td><td>Ferrer</td></tr> +</table> + +<h3><a name="MI_NOMBRE_DE_CHARCA" id="MI_NOMBRE_DE_CHARCA"></a>MI NOMBRE DE CHARCA...</h3> + +<hr /> + +<p><i>Hará siete u ocho años. El director de un periódico donde yo trabajaba +me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París. Mis +artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras +capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el +carácter nacional, pero el único sujeto de experimentación que había en +ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras +como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede +verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo +que parecen críticas o comentarios no son más que reacciones contra el +ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a Londres, y a Berlín, y +a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y +si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la +civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el +resultado: una serie constante de movimientos absurdos y de actitudes +grotescas.</i></p> + +<p><i>Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana</i> torna a la +charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma +rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar +menos ingenua y algo más instruida—que no en balde se ha pasado tanto +tiempo en los laboratorios—, muy tiesa sobre sus zancas y hasta +provista de gafas. ¿Qué efecto le producirán las otras ranas a esta rana +que está transformada de tal modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana +viajera, después de una ausencia de tantos años?</p> + +<p>Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia +para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente +porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de +todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto +de referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países.</p> + +<p>Y no sólo resultará que España no puede ser un modelo para las otras +gentes, sino que no sirve apenas para los mismos españoles. La rana +encontrará su charca muy poco confortable.</p> + + + +<h2><a name="ESPANA_REENCONTRADA" id="ESPANA_REENCONTRADA"></a>ESPAÑA REENCONTRADA</h2> + + + +<h3><a name="I" id="I"></a>I<br /> <br /> +PSICOLOGÍA CREMATÍSTICA</h3> +<hr /> + +<p class="nind"><span class="letra">L</span>A primera impresión que nos produce España es un poco confusa. Al +principio no reconocemos exactamente a nuestro país, no lo encontramos +del todo igual al recuerdo que teníamos de él. ¿Es que España ha +cambiado? Es, más bien, que la miramos desde otro punto de vista y con +unos ojos algo distintos a como la mirábamos antes. Los españoles, por +ejemplo, ¿qué duda cabe de que no han disminuido de estatura? Sin +embargo, ahora nos parecen pequeñísimos. Hombres muy pequeños, bigotes +muy anchos, voces muy roncas...</p> + +<p>—¿Por qué están tan enfadados estos hombres tan pequeños?—me pregunta +un extranjero que ha sido compañero mío de viaje.</p> + +<p>Yo le explico a duras penas que no se trata de un enfado momentáneo, +sino de una actitud general ante la vida. Mi compañero se esfuerza en +comprender.</p> + +<p>—¡Ah, vamos!—exclama, por último—. Es que los españoles no tienen +dinero...</p> + +<p>Y, aunque esta explicación de la psicología nacional me resulta +excesivamente americana, yo, obligado a hacer una síntesis, la acepto +sin grandes escrúpulos.</p> + +<p>—Sí. Es eso, principalmente...</p> + +<p>—De modo que si nosotros metiésemos aquí algunos millones de dólares, +¿cree usted que sus compatriotas se calmarían?</p> + +<p>—Yo creo que sí. Creo que estas voces ásperas se irían suavizando poco +a poco y que las mesas de los cafés no recibirían tantos puñetazos. +Creo, en fin, que cambiarían ustedes el alma española. Siempre, +naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos +particulares...</p> + +<p>Hay muy poco dinero en España. Poco y malo. El primer tendero a quien le +doy un duro lo coge y lo arroja diferentes veces sobre el mostrador con +una violencia terrible. Yo hago votos para que, si no es de plata, sea, +por lo menos, de un metal muy sólido, porque, si no, el tendero me lo +romperá. La prueba resulta bien; pero al tendero no le basta. Con un ojo +escudriñador y terrible que parece salirse de su órbita examina +detenidamente las dos caras del duro. Luego vuelve a sacudirlo y, por +último, lo muerde. Lo muerde con tal furia que debe de mellarlo. Y el +duro triunfa.</p> + +<p>España es el país del mundo en donde un duro tiene más importancia. +Claro que el gesto de coger un duro y echarlo a rodar despectivamente +sobre la mesa para que el camarero lo recoja es un gesto muy español; +pero ese gesto no le quita prestigio al duro, sino que se lo añade.</p> + +<p>—He aquí un duro—parece decir el hombre que va a echarlo a rodar—. +¿Conciben ustedes nada más grande que un duro? Si yo no tuviera un alma +heroica y caballeresca, ante la cual carecen de poder las sugestiones de +la fortuna, yo depositaría este duro sobre la mesa tomando para ello +precauciones infinitas a fin de que no se rompiese, o bien se lo +entregaría al camarero en propia mano, religiosamente, como si se +tratara de un rito. Pero yo desprecio los bienes terrenales, y no me +preocupo del porvenir. ¿Ven ustedes este duro? Pues ahí va...</p> + +<p>Y hecho esto, el hombre aguarda la vuelta, cuenta las perras gordas una +por una y se las guarda en un bolsillo profundo...</p> + +<p>Poco dinero y malo. Hombres furiosos. Señoras gruesas, siempre +sofocadas, o por el calor o por los berrinches, que se abanican +constantemente. Muchos curas. Muchos militares... Grandes partidas de +dominó y de billar. Cuestiones de honor. Toros. Juergas. Broncas. Nubes +de limpiabotas, de vendedoras de décimos de la Lotería, de gitanas que +dicen la buenaventura, de músicos ambulantes, de ciegos, de cojos, de +paralíticos... Indudablemente, España no ha cambiado. Y es posible que +nosotros mismos no hayamos cambiado tampoco.</p> + + + +<h3><a name="II" id="II"></a>II<br /> <br /> +EL TEMPLO DE LA ETERNIDAD</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">enos</span> aquí en Madrid, en nuestra casa, como quien dice... Bernard Shaw, +para demostrar que en los <i>music-halls</i> no se ha operado evolución +alguna, cuenta que una noche estaba en uno de ellos viendo a un +prestidigitador que hacía ejercicios con unas bolitas. Aburrido, Bernard +Shaw se fue a la calle, y diez años después volvió a entrar en el mismo +<i>music-hall</i>.</p> + +<p>—El prestidigitador—añade Bernard Shaw—continuaba todavía allí +jugando ante la audiencia con las mismas bolas...</p> + +<p>A mi vez, yo diré que una noche me despedí de unos amigos con los que +había estado cenando en un café de la Puerta del Sol. Creo que les dije +que iba a volver en seguida, y volví siete años más tarde; pero ¿qué son +siete años en un café de Madrid? Los amigos estaban todavía allí, y la +discusión continuaba. Las ideas eran las mismas, y la media tostada que +Fulánez mojaba en el café, dijérase también la misma media tostada que +siete años atrás y en mi propia presencia le había servido el camarero. +Uno de los amigos pretende leerme un drama. El amigo está igual, y del +drama no ha sido cambiada ni una sola coma.</p> + +<p>—Va a estrenarse dentro de quince días—me dice mi amigo.</p> + +<p>¡Lo mismo, exactamente lo mismo que hace siete años!</p> + +<p>El camarero me llama por mi nombre:</p> + +<p>—¡Hola, D. Julio! ¿Qué va usted a tomar?</p> + +<p>Elijo una paella, como plato castizo, y del que me encontré privado +durante mucho tiempo.</p> + +<p>—Esta paella—observa alguien que la conoce—es la misma de ayer.</p> + +<p>A mí me parece que es la misma de hace siete años, con los mismos +cangrejos y todo.</p> + +<p>—Y ¿qué?—les digo a mis amigos—. Habladme. Dadme noticias. Los +académicos, ¿son inmortales todavía? Pío Baroja, ¿sigue siendo un joven +escritor? Fulanito, ¿continúa con aquel hermoso porvenir ante él? Y la +Fulana y la Zutana y la Mengana, ¿es que son todavía unas jóvenes y +hermosas actrices? Habladme de política. La revolución supongo que, +igual que hace siete años, será una cosa inminente. España no tardará ni +seis meses en transformarse, dándole así la razón a los que, desde hace +medio siglo, vienen anunciando esta transformación tan rápida...</p> + +<p>Todo está igual, y yo, que creía haberme modificado, yo me encuentro +también el mismo de antes. A medida que apuro este vaso de café recobro, +como si dijéramos, mi verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yo +creía injertas en mí noto que se desvanecen y que se van. Yo soy como +aquel salvaje de Darwin que se había civilizado y que, al regresar a su +tribu, se volvió nuevamente salvaje, perdiendo en unas horas de contacto +con los suyos lo que había adquirido en diez años de esfuerzo. Y es que +este café de la Puerta del Sol representa la eternidad. París, Londres, +Berlín..., el espíritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso es +transitorio, todo cambia y se transforma, mientras que este café +permanece inmutable, con los mismos divanes, con los mismos camareros, +con los mismos clientes, con el mismo <i>menu</i>, con las mismas ideas, con +el mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos.</p> + + + +<h3><a name="III" id="III"></a>III<br /> <br /> +SE ENCIENDE UNA ESTRELLA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">M</span><span class="smcap">i</span> llegada a Madrid tuvo algo de bíblica. Coincidiendo con ella, +apareció en el cielo una estrella resplandeciente. ¡Una nueva estrella y +un nuevo microbio! ¡Para que luego digamos que en Madrid no se descubre +nada!</p> + +<p>La estrella en cuestión fue encontrada por el señor Roso de Luna, quien +ya había encontrado otra algunos años atrás y nos la había presentado +familiarmente, como hubiera podido presentarnos una estrella de +<i>variétés</i>: «La modesta estrella que he tenido el honor de descubrir...»</p> + +<p>¿Cómo se las arreglará el Sr. Roso de Luna para encontrar tantas +estrellas? Yo he hecho numerosos viajes y jamás me he tropezado con +ninguna. Bien es verdad que tampoco las he buscado, ignorando la +utilidad que pudieran reportarme.</p> + +<p>El Sr. Roso de Luna encontró su estrella a las dos o las tres de la +madrugada, y se fue corriendo a la redacción de un periódico para que +los lectores de la primera edición tuvieran noticia del hallazgo. No sé +cuánto le habrá dado por la estrella el popular colega. Yo, en el caso +del Sr. Roso de Luna, me habría ido con ella a Nueva York y se la habría +ofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos periódicos. Mr. +Hearst, que es un especialista en patriotismo, podría así añadirle una +estrella a la bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar el +nuevo astro para hacer anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba, +entonces hubiese llevado mi estrella a la Embajada alemana de Madrid. +Esos alemanes lo utilizan todo y pagan espléndidamente.</p> + +<p>Yo me he sentido muy halagado al ver que a mi llegada se encendía una +nueva estrella en el cielo de Madrid. Desgraciadamente, la nueva +estrella resultó algo semejante al nuevo microbio, que todos creíamos +español y que resultó proceder del centro de Europa. No acabamos de +descubrir nada por completo, ni en la región de lo infinitamente +pequeño, ni en la de lo infinitamente grande. Nuestros nuevos astros y +nuestros nuevos microbios son, poco más o menos, tan viejos como +nuestros nuevos políticos.</p> + + + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /> <br /> +UNA NUEVA TEORÍA DEL CLIMA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ué</span> tal le va a usted—me preguntan desde el extranjero—en ese hermoso +país del sol y del cielo azul?</p> + +<p>Pues en este hermoso país del sol y del cielo azul nos pasamos la vida +tomando bromo-quinina para luchar contra el constipado. Madrid es uno de +los pueblos más fríos de Europa, y lo es por una razón muy sencilla: la +de que carece de aparatos de calefacción. En París, como en Berlín, y en +Londres como San Petersburgo, ha habido una época en que el clima era +sumamente frío; pero, poco a poco, ha ido transformándose +artificialmente el clima natural de esas ciudades. Claro que no se ha +calentado la atmósfera; ello ofrecía, de momento, dificultades +insuperables aun para la misma química alemana. Se han calentado, en +cambio, las viviendas, los establecimientos públicos, los tranvías y +coches, etc., etc. Hoy puede afirmarse que, mientras los madrileños +tiritan, los berlineses y los londinenses pasan sus inviernos a una +temperatura media de 17 grados. En la Friedrichstrasse y en Oxford +Street hará ahora, seguramente, más frío que en la calle de Alcalá; +pero no así en las casas de Oxford Street ni de la Friedrichstrasse. Y +como no es en la calle, sino en las casas, donde realmente se vive, +resulta que los madrileños son habitantes de un país frío, mientras que +los londinenses y los berlineses lo son de países cálidos.</p> + +<p>Con estos datos como base, se podría fundar una teoría en contra de +aquella que estudia la influencia del medio natural sobre los hombres: +la teoría del medio artificial. Esta nueva teoría demostraría que el +carácter de cada país depende de sus aparatos de calefacción, y +semejante demostración tendría una gran importancia porque nos llevaría +a la conclusión siguiente: para acabar con las diferencias raciales que +separan a unos pueblos de otros, y que tanto han contribuido al origen +de la guerra europea, bastará que todo el mundo se caliente con el mismo +procedimiento de calefacción y que ponga sus casas a una idéntica +temperatura...</p> + +<p>No tengo representación bastante para fundar la teoría que queda +esbozada, ni dispongo tampoco del tiempo necesario para ocuparme en un +asunto tan trascendental y tan poco lucrativo; pero que no me digan a mí +que España, por razón de su clima, será siempre lo que es ahora. Que no +me digan que en este país del sol y del cielo azul los hombres tendrán, +por los siglos de los siglos, una naturaleza perezosa, violenta e +incapaz de disciplina. Que no me digan, en fin, que el teatro de Ibsen +no será comprendido nunca aquí porque es el teatro de un país brumoso, y +que las leyes inglesas son tan inadaptables al carácter español como lo +son los impermeables ingleses al clima de España.</p> + +<p>Porque España no es un país cálido nada más que durante unos cuantos +meses al año, y porque, desde que se han inventado los ventiladores +eléctricos y la calefacción central, no hay países cálidos ni países +fríos. El clima no existe ya como una determinante del carácter de los +hombres. Son, al contrario, los hombres quienes influyen sobre el clima. +Reconozcamos que, afortunadamente, Madrid comienza ya a preocuparse de +mejorar el suyo.</p> + + + +<h3><a name="V" id="V"></a>V<br /> <br /> +EL TIEMPO Y EL ESPACIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">T</span><span class="smcap">engo</span> un asunto urgente a ventilar con un amigo. Desde luego, el amigo +se opone a que lo ventilemos hoy.</p> + +<p>—¿Le parece a usted que nos veamos mañana?</p> + +<p>—Muy bien. ¿A qué hora?</p> + +<p>—A cualquier hora. Después de almorzar, por ejemplo...</p> + +<p>Yo le hago observar a mi amigo que eso no constituye una hora. Después +de almorzar es algo demasiado vago, demasiado elástico.</p> + +<p>—¿A qué hora almuerza usted?—le pregunto.</p> + +<p>—¿Que a qué hora almuerzo? Pues a la hora en que almuerza todo el +mundo: a la hora de almorzar...</p> + +<p>—Pero ¿qué hora es la hora de almorzar para usted? ¿El mediodía? ¿La +una de la tarde? ¿Las dos...?</p> + +<p>—Por ahí, por ahí...—dice mi amigo—. Yo almuerzo de una a dos. A +veces, me siento a la mesa cerca de las tres... De todos modos, a las +cuatro siempre estoy libre.</p> + +<p>—Perfectamente. Entonces podríamos citarnos para las cuatro.</p> + +<p>Mi amigo asiente.</p> + +<p>—Claro que, si me retraso unos minutos—añade—, usted me esperará. +Quien dice a las cuatro, dice a las cuatro y cuarto o cuatro y media. En +fin, de cuatro a cinco yo estaré sin falta en el café. ¿Le parece a +usted?</p> + +<p>Yo quiero puntualizar:</p> + +<p>—Digamos a las cinco.</p> + +<p>—¿A las cinco? Muy bien. A las cinco... Es decir, de cinco a cinco y +media... Uno no es un tren, ¡qué diablo! Supóngase usted que me rompo +una pierna...</p> + +<p>—Pues citémonos para las cinco y media—propongo yo.</p> + +<p>Entonces, a mi amigo se le ocurre una idea genial.</p> + +<p>—¿Por qué no citarnos a la hora del aperitivo?—sugiere.</p> + +<p>Hay una nueva discusión para fijar en términos de reloj la hora del +aperitivo. Por último, quedamos en reunirnos de siete a ocho. Al día +siguiente dan las ocho, y claro está, mi amigo no comparece. Llega a las +ocho y media echando el bofe, y el camarero le dice que yo me he +marchado.</p> + +<p>—No hay derecho—exclama días después al encontrarme en la calle—. Me +hace usted fijar una hora, me hace usted correr, y resulta que no me +aguarda usted ni diez minutos. A las ocho y media en punto yo estaba en +el café.</p> + +<p>Y lo más curioso es que la indignación de mi amigo es auténtica. Eso de +que dos hombres que se citan a las ocho tengan que reunirse a las ocho, +le parece algo completamente absurdo.</p> + +<p>Lo lógico, para él, es que se vean media hora, tres cuartos de hora o +una hora después.</p> + +<p>—Pero fíjese usted bien—le digo—. Una cita es una cosa que tiene que +estar tan limitada en el tiempo como en el espacio. ¿Qué diría usted si +habiéndose citado conmigo en Puerta del Sol, se enterase de que yo había +acudido a la cita en los Cuatro Caminos? Pues eso digo yo de usted +cuando, habiéndonos citado a las ocho, veo que usted comparece a las +ocho y media. De despreciar el tiempo, desprecie usted también el +espacio. Y de respetar el espacio, ¿por qué no guardarle también al +tiempo un poco de consideración?</p> + +<p>—Pero con esa precisión, con esa exactitud, la vida sería +imposible—opina mi amigo.</p> + +<p>¿Cómo explicarle que esa exactitud y esa precisión sirven, al contrario, +para simplificar la vida? ¿Cómo convencerle de que, acudiendo +puntualmente a las citas, se ahorra mucho tiempo para invertirlo en lo +que se quiera?</p> + +<p>Imposible. El español no acude puntualmente a las citas, no porque +considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque +el tiempo no tiene importancia para nadie en España. No somos +superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por +debajo, de la puntualidad.</p> + + + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /> <br /> +LA MUJER, PAÍS EXÓTICO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> España hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. Los +asuntos de iglesia, por ejemplo, son asuntos de mujeres. No es que el +español odie la iglesia. Al contrario. Cuando se casa busca una mujer de +sentimientos religiosos. Le parece que la mujer debe tener sentimientos +religiosos, así como debe tener también ojos bonitos. Los sentimientos +religiosos son sentimientos de mujer. Sin ellos, la mujer no sería +verdaderamente femenina. Con que la mujer tenga sentimientos religiosos +para su propio adorno y para la dignidad del hogar, el marido ya está +satisfecho, y se va tranquilamente al café, al teatro de <i>variétés</i> y +hasta a un casino republicano...</p> + +<p>La política, en cambio, es cosa de hombres. La mujer que habla de +política en un círculo de hombres pasa por un marimacho, y al hombre que +habla de política delante de una mujer se le considera poco menos que +como si le hubiera hablado de política al jilguero. Positivamente, la +política española es bastante aburrida. Con esto, sin embargo, de +considerarla un tema para hombres solos, lo será cada vez más. Los +mismos articulistas políticos tendrían que adoptar un estilo algo más +ameno el día en que nuestra política pudiera comentarse en presencia de +señoras.</p> + +<p>Pero de las conversaciones de hombres, la más corriente es la que versa +acerca de las mujeres. En otras partes, apenas si los hombres hablan de +mujeres. La presencia constante de mujeres se lo impide. Ante ellas el +tema resulta inútil e impracticable. ¿Para qué se va a hablar de +mujeres? Mejor es hablar con ellas.</p> + +<p>Los españoles, en cambio, hablan de mujeres como pudieran hablar de +viajes:</p> + +<p>—Yo he conocido una mujer una vez...</p> + +<p>Y viene una descripción que recuerda las descripciones de países +exóticos. Hay quien, al oír el relato, tiene una sensación así como la +de estar escuchando a un explorador que cuente sus aventuras en tierras +totalmente ignoradas...</p> + +<p>Fuera de España, ni los hombres le dan tanta importancia a las mujeres, +ni las mujeres le dan tanta importancia a los hombres. Unos y otras han +averiguado que se necesitan mutuamente y han decidido ponerse de +acuerdo. Y un acuerdo así es el que se impone en España.</p> + +<p>Porque mientras ese acuerdo no llegue a establecerse, no tan sólo será +la vida española una cosa inarmónica, sino que nadie tendrá aquí manera +de hacer nada. La mujer constituirá siempre para nosotros lo más +importante de todo.</p> + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /> <br /> +LAS CASAS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">N</span><span class="smcap">o</span> se puede vivir en Madrid—me dice un amigo—. ¿Por qué no hace usted +un artículo contra las casas?</p> + +<p>—Porque es imposible—le contesto—. ¿Cómo quiere usted que yo haga un +artículo contra las casas en un sitio donde no las hay?</p> + +<p>Pero, bien mirado, si en Madrid hubiera casas, no se necesitaría +escribir contra ellas. Todos los defectos de las casas de Madrid se +condensan en uno solo: el de la escasez. Como no puede mudarse, el +inquilino tiene que transigir constantemente. Las casas madrileñas son +malas y son caras porque son pocas. Claro que el Gobierno podría +intervenir en este asunto; pero yo confío más en una nueva epidemia que +reduzca a un cincuenta por ciento la población de nuestra capital.</p> + +<p>¡Las casas de Madrid! Hace tiempo que yo me lancé a buscar una, y no +recuerdo haber experimentado jamás mayores vejaciones.</p> + +<p>—¿Hay calefacción?—le pregunté a la portera de un inmueble donde se +alquilaba un cuarto piso.</p> + +<p>Esta hipótesis pareció ofender gravemente la dignidad de aquella mujer.</p> + +<p>—No, señor—me contestó con orgullo—. Aquí estamos a la antigua +española...</p> + +<p>Y, cuando yo llegaba ya a la esquina, después de haberme despedido, la +portera me hizo volver sobre mis pasos.</p> + +<p>—¿Qué ocurre?—exclamé.</p> + +<p>—Que ni <i>calefación</i> ni tampoco cuarto de baño—me respondió.</p> + +<p>Dicho lo cual, la buena señora me dejó plantado. En su cara se leía esa +satisfacción que produce siempre el hecho de darle una lección a alguna +persona impertinente.</p> + +<p>Entonces me dediqué a explorar los barrios extremos, donde hay +edificaciones modernas. Tan modernas son estas edificaciones, que la +madera de que están construidas, todavía verde, se dilata con +voluptuosidad a los primeros efluvios de la primavera. Bajo el barniz de +muñeca se siente circular la savia, y uno—hombre urbano y +prosaico—teme que las puertas se le cubran de follaje y que los pájaros +vengan a hacer sus nidos en el pasillo. Todas estas casas tienen +ascensor, y todos estos ascensores tienen un letrero que dice: «No +funciona.» En una, sin embargo, el ascensor carecía de letrero, lo que +me hizo pensar muy mal del servicio.</p> + +<p>—Esta casa es la que no funciona bien—me dije.</p> + +<p>Y, dirigiéndome a la portera, la interrogué sobre el particular. Me +había equivocado. El ascensor marchaba admirablemente, y para +demostrármelo, la portera me aseguró que tres días antes, aquella +perfecta maquinaria había matado al inquilino del tercero.</p> + +<p>—Por eso tenemos el piso libre—añadió.</p> + +<p>La historia del piso no era muy seductora; pero un inquilino tiene que +estar en Madrid dispuesto a todo.</p> + +<p>—¿Y cuánto renta el piso desocupado?—inquirí.</p> + +<p>—Rentaba treinta duros; pero lo han subido a treinta y ocho. ¡Qué +quiere usted! Es un piso muy bueno y tiene un ascensor magnífico...</p> + +<p>Decididamente, no nos queda más esperanza que la de una epidemia que +acabe con la mitad de los vecinos de Madrid. Claro que si esta epidemia +atacase tan sólo a los caseros, no se necesitaría que muriese tanta +gente.</p> + + + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /> <br /> +PATRIOTISMO DE GÉNERO ÍNFIMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> creo que una cupletista es algo mucho más patriótico que un diputado +o que un senador. En todos nuestros teatros del género ínfimo existe +algo así como un convencimiento vago, pero muy firme, de que la mujer es +una invención exclusivamente española. A las extranjeras no se les +reconoce categoría de mujeres. Son muy poco gordas, muy poco negras, muy +poco analfabetas. No tienen acento andaluz, ni mantones de Manila, ni +gracia gitana, ni nada...</p> + +<p>—Soy española, ¡olé!—canta una cupletista.</p> + +<p>Y para afirmar su españolismo, golpea fuertemente el tablado con un pie, +y se dedica, durante un año, a hacer flexión de riñones al compás de la +música. Luego dice dónde ha nacido, que es: o en el barrio de +Maravillas, o en las Vistillas, o en Triana, o en Granada. A veces, y al +son de la jota, una cupletista se declara aragonesa; pero ¿quién ha oído +de alguna que haya nacido en el distrito del Sr. Rahola? La España del +género ínfimo es muy limitada, y mi provincia, por ejemplo, la hermosa +provincia de Pontevedra, tan fecunda en navegantes, en políticos y en +cangrejos, no figura en ella...</p> + +<p>—Soy española—insiste la cupletista.</p> + +<p>Después, en versos más o menos congruentes, añade:</p> + +<p>—¿De dónde iba a ser, si no? ¿Dónde hay este garbo, esta sal, estos +andares, estas hechuras?...</p> + +<p>El público va inflamándose poco a poco en un sentimiento mixto de amor a +la patria y de entusiasmo por la cupletista.</p> + +<p>—¡Viva España!—grita la chica al final.</p> + +<p>—¡Viva!—contestan varias voces.</p> + +<p>Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho +en lo que consiste la España del género ínfimo: Maravillas, las +Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragón. Y nunca Manresa, +ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan, +sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de +Quintas.</p> + +<p>La señorita Mary-Focela ha introducido en este género de cuplés una +variación notable. Parece que sus versos eran éstos:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Lucho como una leona</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">al grito de ¡Viva España!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y es que por mis venas corre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la sangre de <i>Malasaña</i>...</span><br /> +</p> + +<p>Sabíamos de cupletistas que luchaban contra gente extraña; sabíamos de +otras que luchaban con saña; pero eso de Malasaña es todo un hallazgo.</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Lucho como una leona</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">al grito de ¡Viva España!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y es que por mis venas corre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la sangre de Malasaña...</span><br /> +</p> + +<p>Me imagino a la señorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de +luchadora. El público, viéndola, ha debido también de sentir en sus +venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios. +¡Viva España! ¡Viva la gracia! ¡Viva Mary-Focela!...</p> + + + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /> <br /> +LA HUELGA DE CUERNOS CAÍDOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">esengáñese</span> usted—me decía un viejo aficionado—. Ya no hay toros...</p> + +<p>El viejo aficionado, como todos los viejos aficionados, creía que los +toros se dividen en mansos y bravos, y que la especie de estos últimos +está extinguiéndose. Por mi parte, yo he adquirido el convencimiento de +que todos los toros son igualmente mansos, y de que si en la plaza +tratan, a veces, de matar a los toreros, es por la misma razón en virtud +de la cual los toreros tratan—también a veces—de matar a los toros: +para entretener al público. Días atrás estuve en una ganadería. Los +toros pacían por allí de una manera perfectamente bucólica, dejándose +acariciar de los vaqueros y de los visitantes.</p> + +<p>—¿Y éstas son las fieras?—dije yo.</p> + +<p>—¡Hombre!—me contestaron—. ¿Qué quiere usted que hagan aquí? Ya las +verá usted en la plaza...</p> + +<p>Esto de suponer que el toro no desarrolla su verdadera naturaleza de +fiera mientras no llega a la plaza, es algo así como imaginarse que el +tigre tampoco desarrolla la suya hasta que lo llevan a un circo. Si en +el interior de África nos enseñaran unos tigres muy sociables, y si ante +nuestra estupefacción nos dijeran que esa sociabilidad era natural y que +esperásemos a ver a los tigres en Price, esta contestación nos parecería +bastante absurda. Pues igualmente absurda me pareció a mí la +contestación que me dieron en la ganadería sobre la ferocidad de los +toros.</p> + +<p>No. El toro no es un animal más feroz que el torero. Es, al contrario, +una bestia pacífica que ama la naturaleza y que sigue un régimen +estrictamente vegetariano. Algunos se dejan lidiar, y el público los +llama bravos. Ahora, sin embargo, la mayoría parece que van a declararse +en huelga. Yo he visto recientemente un toro que, a los dos minutos, se +dio cuenta de que todo en la plaza estaba organizado en contra suya y +adoptó una actitud que pudiéramos llamar de cuernos caídos. Los toreros +corrían detrás de él enseñándole unas telas vistosas y llamándole con +sus voces más dulces; pero todo era en vano. A veces, el toro se paraba +un instante y parecía que iba a dejarse conquistar. Unos toreros le +sonreían con sonrisa tentadora. Otros procuraban excitar su orgullo... +El toro reflexionaba un rato. Luego hacía un movimiento de cabeza como +diciendo:</p> + +<p>—¡No! ¡Nunca!... Este negocio no me conviene...</p> + +<p>Y seguía su camino, insensible a todos los requerimientos.</p> + +<p>Fue entonces cuando el viejo aficionado me dijo que ya no había toros:</p> + +<p>—Ya no hay toros. Ya no hay emoción. ¡Vaya un veranito el que nos +espera!</p> + +<p>Y yo, condolido, le di lo que consideraba un buen consejo.</p> + +<p>—Váyase usted al Congreso—le dije—. Un viejo aficionado como usted no +lo pasará allí del todo mal.</p> + + + +<h3><a name="X" id="X"></a>X<br /> <br /> +EXPERIENCIAS DE UN ATROPELLADO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> amigo mío ha sido atropellado por un automóvil.</p> + +<p>—He tenido que pasarme quince días en cama—me decía este amigo, +contándome el percance—; pero ahora no les quedará más remedio que +darme una indemnización.</p> + +<p>—¡Error profundo!—exclamé yo—. Lejos de valerte una indemnización, el +atropello te costará un ojo de la cara. Yo también he sido +atropellado—añadí con orgullo—, y gracias a que la cosa me cogió con +algún dinero. Si llego a encontrarme desprevenido, a estas horas me +tendrías aún gimiendo amargamente en el fondo de una mazmorra.</p> + +<p>Y para convencerle, le conté al amigo mi experiencia personal. Fue en +Barcelona, hará cosa de unos dos años. Estaban conmigo Luis Bello, +Eugenio Xammar, Wenceslao Fernández Flórez, Gregorio Martínez Sierra y +Anselmo Miguel Nieto, cuando un automóvil me atropelló en la calle del +Conde del Asalto. El automóvil llevaba una velocidad justa para +atropellar a los transeúntes, pero que, con arreglo a las Ordenanzas +municipales, resultaba excesiva. Fui transportado a una farmacia, y +mientras me curaban, apareció el <i>chauffeur</i>, bastante indignado. El +<i>chauffeur</i> pretendía que su automóvil no había chocado conmigo, sino al +contrario, que yo había chocado con su automóvil.</p> + +<p>—Usted—gritaba—se ha echado encima de nosotros.</p> + +<p>—Pero ¿con qué objeto?—le preguntaba yo.</p> + +<p>A lo cual el <i>chauffeur</i> hacía un gesto vago como diciendo:</p> + +<p>—¡Lo ignoro! Seguramente sería algún objeto inconfesable...</p> + +<p>En vano yo le hacía observar al <i>chauffeur</i> que al atravesar la calle +del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevábamos exceso de +velocidad. El <i>chauffeur</i> insistía, y los espectadores comenzaban a +sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto +automóviles indefensos.</p> + +<p>De la farmacia nos fuimos a la Casa de Socorro, y de la Casa de Socorro +a la Comisaría. Entablé mi reclamación y me fui a la cama, donde, a los +quince días, recibí una comunicación del Juzgado de Atarazanas.</p> + +<p>—Por fin ha llegado la mía—pensé.</p> + +<p>Pero, al leer la comunicación, sufrí un horrible desengaño. El juez me +citaba a las nueve de la mañana para ver el estado de mis heridas, y me +amenazaba, en caso de que yo no acudiese a la cita, con una multa, con +la prisión o con el castigo «a que hubiese lugar»... Yo soy un +trasnochador impenitente. Para hacerme levantar temprano se han ensayado +conmigo todos los procedimientos, desde el despertador de campana al +jarro de agua fría; pero el de la multa y el de la prisión eran +totalmente inéditos. ¿Qué iba a ser de mí si no me levantaba? Y todo +porque en un momento de distracción me había dejado atropellar por un +automóvil...</p> + +<p>Le escribí al juez informándole de mis costumbres. «Además—le decía—, +¿para qué quiere usted ver mis heridas? Si están curadas, no vale la +pena de que usted las vea, y si no lo están, me será difícil abandonar +la cama para ir a enseñárselas a usted. En realidad de verdad, debo +comunicarle a usted que mis heridas son bastante leves, por lo cual +espero que no me tratará usted con excesivo rigor. Me he dejado +atropellar, lo reconozco; pero he procurado que me atropellasen lo menos +posible, y mi delito no tiene, por lo tanto, una gran importancia. En lo +sucesivo, haré todo cuanto esté en mis manos para que no vuelvan a +atropellarme.»</p> + +<p>Ignoro si esta carta llegó a poder del juez, pero yo recibí una segunda +citación mucho más conminatoria que la primera. Me vi ya en presidio. Me +vi deshonrado para toda la vida, y huí abandonando cuanto tenía entre +manos.</p> + +<p>Y luego de relatarle estos hechos al amigo que me los recordó, le dije:</p> + +<p>—Desengáñate. Cuando en este país le atropellan a uno, no hay más +remedio que callarse. Si uno no se calla, los atropelladores, para +justificar el atropello, vuelven a atropellarle. A veces le atropellan a +uno los <i>chauffeurs</i>. A veces, los ministros. Si quieres que no te +atropellen, yo sólo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu +vez, en atropellador.</p> + + + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /> <br /> +LA JUERGA HEROICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ntes</span> de la guerra europea no había <i>cabarets</i> en Madrid ni parecía que +pudiese nunca llegar a haberlos. Cuando varios hombres coincidían de +madrugada en un mismo <i>restaurant</i>, solían lanzarse unos contra otros en +batallas más o menos descomunales. La juerga tenía entonces entre +nosotros un sentido heroico que la ennoblecía. Para tomarse una ración +de calamares pasadas las doce de la noche, hacía falta un ánimo sereno, +a más de un estómago excelente, y aunque algunos fisiólogos sostienen +que estas dos cosas van juntas y que el valor se deriva del buen +funcionamiento gástrico, yo sé de muchísimas personas que se han +acostado con hambre en Madrid, no por carecer de dinero, sino por +carecer de arrojo. Los dueños de <i>restaurants</i> nocturnos veíanse +obligados a dividir sus establecimientos en una especie de +compartimientos estancos a fin de contener el ímpetu de los comensales. +Cada uno de aquellos compartimientos era algo así como una pequeña +fortaleza en donde el trasnochador se encontraba relativamente a salvo +de agresiones. El juerguista madrileño tenía que atrincherarse con la +elegida de su corazón. ¿Cómo concebir, en aquellos tiempos belicosos, +que llegase un día en el que los madrileños pudieran mezclarse en una +sala bien iluminada donde hubiese <i>weine, weibe und gesang</i>, esto es, +vino, mujeres y canciones?</p> + +<p>Pero estalló la guerra, y a medida que se cerraban <i>cabarets</i> en Europa, +comenzaron a abrirse <i>cabarets</i> en Madrid. Es decir, que los españoles +dejamos de pelearnos precisamente cuando empezaba a pelearse todo el +resto de la Humanidad... Por aquel entonces llegué yo a Madrid, y una +noche, en un <i>restaurant</i>, me quedé asombrado al ver que los hombres no +se arrojaban unos a otros objetos de vidrio ni de porcelana. ¡Y eso que, +indudablemente, todos estaban allí de buen humor y todo el mundo tenía +ganas de divertirse!... Había en el <i>restaurant</i> unas cuantas francesas +que, tratadas algo a fondo, resultaban ser de Zurich o de Rotterdam; +había otras mujeres que se declaraban vienesas, pero sin darle a esta +declaración un carácter irrevocable, porque si uno insistía, decían que +habían salido muy chicas de Viena, y que, «en realidad», eran de Dresde +o de Leipzig. Estas mujeres venían a constituir algo así como la resaca +de Europa. La guerra las había arrojado a estas playas pintorescas, y +aquí siguen, ya algo familiarizadas con las costumbres de los indígenas.</p> + +<p>Y a estas mujeres—una docena escasa que forman la base de todos los +<i>cabarets</i> que se inauguran en Madrid y que son siempre las mismas en el +espacio, ya que no puedan serlo en el tiempo—es a las que se debe esta +transformación radical que se ha operado en nuestras costumbres. Gracias +a ellas, uno puede entrar hoy de noche en cualquier café sin revólver, +llave inglesa ni bomba de mano. La menos parisiense, la menos vienesa, +la menos joven y la menos elegante de todas ellas, ha hecho más para +identificarnos con Europa que todos los profesores que han venido aquí +en viaje de propaganda. Y yo creo firmemente que sería cosa de +pensionarlas o, por lo menos, de darles una condecoración.</p> + + + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /> <br /> +JULIO ANTONIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> gentes que, en hace cosa de tres meses, desconocían a Julio Antonio +y que, hace cosa de un mes, le adoraban frenéticamente, van ahora a +contemplar sus bustos de la raza como irían a ver la obra de un clásico. +¡Pobre Julio Antonio! ¿Qué es lo que se estuvo esperando tanto tiempo +para hacer su consagración? ¿Una obra definitiva?... Yo tengo la +sensación de que se estuvo esperando más bien al dictamen médico. Años +atrás, Julio Antonio había hecho cosas tan buenas como la estatua +yacente, o tal vez mejores; pero, entonces, el artista no estaba aún +completamente desahuciado. Con un poco de dinero hubiera podido, quizás, +reponerse del todo y, un genio en buena salud, es siempre cosa +peligrosa. ¿Qué dirían los viejos escultores, cuyas manos se han +encallecido modelando levitas de barro, guerreras, fajines, gabanes de +pieles y otras prendas más o menos suntuarias? Y no hablemos de la +juventud. El caso de un muchacho que no sigue los cánones oficiales, ni +adula a los ministros y que triunfa por sus propios méritos, tiene, +forzosamente, que constituir para ella un ejemplo desmoralizador...</p> + +<p>Llegó, sin embargo, para Julio Antonio el día del éxito, y fue un éxito +como no se recuerda otro. Las marquesas se mezclaban con las niñeras y +las criadas de servir, haciendo cola a la intemperie, durante horas y +horas, para ver aquella obra, de la que se contaban tantas maravillas. +Fue el Rey, fueron los ministros, fueron los académicos, fueron los +obispos y los generales.</p> + +<p>Los periódicos por aquellos días hablaban de Julio Antonio con tanta +extensión como si se tratara del propio Belmonte. Todo eran plácemes, +sonrisas, invitaciones, encargos... Yo, en el caso de Julio Antonio, me +hubiese alarmado sobremanera.</p> + +<p>—¿Tan malo estoy?—me hubiese dicho.</p> + +<p>Y Julio Antonio, que realmente estaba muy malo, se murió. Probablemente +hubiese podido tirar todavía una temporada; pero, yo no sé si por +amabilidad o por buen gusto, se murió en plena apoteosis. ¡Hizo bien! De +no morirse, le habrían nombrado académico. Le habrían obligado a hacer +estatuas de filántropos repugnantes, de generales a caballo, de +políticos de levita. Hubiera tenido que modelar, con todo su parecido +vulgar y ramplón, la cara del hijo ilustre de cada ciudad, que, +generalmente, es el cacique de la misma. Hubiese tenido que cambiar su +amplio chambergo por una chistera, y su vida bohemia por una vida seria +y respetable, y su arte libre por el arte oficial. Hizo bien en morirse, +y, además, ¡hacía ya tanto tiempo que no se moría aquí nadie +románticamente!...</p> + +<p>Pero, a los que vienen detrás, yo no les aconsejaría que siguiesen el +mismo procedimiento.</p> + +<p>Se le organizó un banquete al que solo yo me negué a ir. «No +iré—dije—, y no porque yo sea un hombre de esos que vacilan mucho +antes de asistir a un banquete, sino, al contrario, porque no suelo +vacilar nunca. Me basta que un amigo estrene un drama cualquiera, que +publique una novela, o, simplemente, que sea nombrado ministro, para que +yo me apresure a acudir al inevitable banquete de homenaje; pero Julio +Antonio está en un caso muy distinto.</p> + +<p>Si Julio Antonio hubiese hecho una estatua del conde de Romanones, +vestido de chistera y levita, un monumento a las víctimas del 8 de +diciembre o un grupo dedicado a los héroes del 13 de abril, yo le +banquetearía sin inconveniente ninguno. La tortilla sería tan mala como +de costumbre, y, sin embargo, yo me resignaría a comerla pensando que no +había desproporción alguna entre ella y el objeto en cuya conmemoración +se había confeccionado. Vería en el local a algún ministro más o menos +solemne, oiría leer cartas y telegramas de adhesión, escucharía +discursos llenos de lugares comunes y todo me parecería que se +deslizaba en una armonía perfecta y que era completamente natural. Pero +Julio Antonio no ha hecho una obra cualquiera. No ha hecho una cosa +pasable, una cosa mediana, ni una cosa buena, sino, muy probablemente, +una cosa genial. Y yo, que no tendría inconveniente alguno en +banquetearle si le considerase una ostra, y que quizás le banquetease +también aunque le supusiera algún talento, me niego terminantemente a +banquetearle después de haber visto esa maravillosa estatua yacente que +expone en el edificio de la Biblioteca Nacional. Es decir, que yo no le +rindo homenaje a Julio Antonio por la simple razón de que Julio Antonio +no es un imbécil; y esto, que quizás parezca un rasgo de humorismo, no +es, después de todo, ni más ni menos que lo que se viene haciendo en las +llamadas «esferas oficiales».</p> + + + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /> <br /> +LA PIEDRA FILOSOFAL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">on</span> Germán Botella, joven físico alicantino, asegura que ha encontrado +un procedimiento para obtener oro descomponiendo el mercurio, y nos +ofrece pruebas. ¿Por qué no nos ofrece algunos billetes de mil pesetas? +Repartiendo oro, el Sr. Botella nos podría convencer fácilmente de +cualquier cosa; pero, sobre todo, nos podría convencer de que tenía oro. +En cuanto a que el oro lo extrajese del mercurio o de alguna Embajada, +ello sería para nosotros perfectamente secundario.</p> + +<p>Perdone el Sr. Botella esta observación de un profano, y no me desprecie +demasiado por ella. Si él considera el oro desde un punto de vista +puramente científico, tal vez no haya entre él y yo tanta diferencia +como pueda parecer a primera vista. Para mí, señor Botella, el oro es +también una teoría...</p> + +<p>Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de su +descubrimiento sea acogida con algún escepticismo. ¡Ahí es nada +encontrar oro en España! Al mismo tiempo que el Sr. Botella, hemos +estado buscándolo veinte millones de españoles y no hemos logrado aún +pasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin éxito ninguno, y +aunque sabemos que el oro español está prodigiosamente escondido, se nos +hace un poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestras +pesquisas, sus acaparadores lo hayan mezclado con mercurio.</p> + +<p>Por lo demás, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto, +vendría a constituir, en cierto modo, una reivindicación para los +falsificadores, quienes cuando necesitan dinero no hacen dramas, +crónicas ni novelas, como los literatos, sino que hacen dinero. El señor +Botella necesitaba oro—con un fin económico o con un fin científico—, +y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacer +chaquetas, se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lector +español, y si no puede hacer oro, trate, por lo menos, de hacer +billetes.</p> + +<p>Por mi parte, yo me alegraría mucho de que el descubrimiento del Sr. +Botella fuese realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metal +extraño, frío y terapéutico que se llama mercurio, todo el mundo tendrá +oro próximamente. Por lo menos, todo el mundo tendrá oro en una +proporción equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que entonces el +oro perderá casi toda su importancia; pero por eso precisamente es por +lo que yo, con una intención algo bolchevique, digo que me alegraría...</p> + + + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /> <br /> +LA PESETA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ue</span> ha subido el precio de los alquileres? ¿Que las patatas están por +las nubes? ¿Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Es +que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.</p> + +<p>Teóricamente, las patatas están donde estaban; pero la peseta no puede +ya adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunían quince o +veinte pesetas, se iba a una tienda y adquiríase en el acto un par de +zapatos bastante aceptables. Ahora, para realizar la misma empresa, se +necesitan sesenta pesetas, por lo menos. No es que el coste del calzado +haya aumentado, aunque tal crean los profanos en cuestiones económicas. +No. Es que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.</p> + +<p>Los profanos en cuestiones económicas pueden decir que esto es igual, y, +en efecto, es igual. Es igual prácticamente; pero, ¿y la teoría?</p> + +<p>Por mi parte, cuando yo creía que los alquileres estaban muy caros, me +resignaba a vivir en un piso deficiente; pero desde que sé que los +alquileres no han sufrido aumento alguno de precio, mi resignación es +imposible. ¿Cómo voy a resignarme a pagar muy cara una casa que, +teóricamente, es muy barata? ¿Cómo voy a resignarme a que mis pesetas +hayan perdido su capacidad adquisitiva?</p> + +<p>El caso es que, con una peseta, yo sigo adquiriendo diez perras gordas +siempre que quiero. La capacidad adquisitiva de las pesetas, con +respecto a las perras gordas, es la misma de siempre, y, con respecto a +las monedas extranjeras, es mucho mayor de lo que haya podido serlo +nunca. Con una peseta se adquieren hoy numerosos marcos, abundantes +coronas y liras a profusión. Patatas, en cambio, se adquieren +poquísimas. La peseta ha perdido su capacidad adquisitiva, pero +únicamente para las cosas, lo que equivale a afirmar que es todo el +dinero el que ha perdido capacidad de adquirir.</p> + +<p>¡Y el partido socialista protesta!... Indudablemente, no existe en +nuestra política otro partido tan burgués. ¿De qué se trata, señores, +más que de que el dinero pierda su capacidad adquisitiva? Antes, con las +pesetas se compraban patatas. Ahora, con las patatas hay ya quien se +dedica a acaparar pesetas. Y, dentro de poco, en vez de pesetas, los +hombres utilizarán para sus transacciones patatas, chorizos, rodajas de +salchichón y cigarrillos de cincuenta.</p> + + + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /> <br /> +ESCULTURA KODAK</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> cierta avenida del Retiro hay un grupo escultórico dedicado a D. +Ramón de Campoamor. El público, generalmente, lo contempla con +admiración, y esto es muy lógico. ¿Para qué son los monumentos más que +para admirarlos?</p> + +<p>—¡Qué naturalidad!—le oí decir un día a una señora en presencia de +aquellas figuras—. ¡Parece que están hablando!</p> + +<p>Y, en efecto, parece que están hablando. El artista ha dispuesto su +grupo como si fuera a hacer una instantánea al centésimo de segundo. +Aquí las personas mayores. Los niños delante y en pie. Esta cabeza un +poco más a la derecha... ¡Clik!...</p> + +<p>Don Ramón aparece sentado en un banco sobre el cual ha dejado unos +guantes de mármol y una chistera del mismo material. Tiene unas botas de +cartera cuyo precio en mármol ignoro, pero que, en cabritilla o +tafilete, ha debido oscilar alrededor de las veinticinco pesetas. Estas +botas no han llevado nunca tapas ni medias suelas; conservan todos sus +botones, y, probablemente, son unas botas recién estrenadas. En cuanto +a la chistera, de mármol, como hemos dicho, es maciza, y seguramente no +pesa menos de treinta kilos. ¿Cómo se las arreglaría el poeta, ya +anciano y sin fuerzas, para saludar con un instrumento tan pesado?</p> + +<p>No se indigne el autor del monumento por estos cálculos que yo hago +sobre la densidad de la chistera campoamorina. O somos realistas, o no +lo somos. Uno no puede, a voluntad del artista, fijar su atención en +tales detalles y apartarla de tales otros. El autor parece haber puesto +un gran interés en hacernos observar que las botas del poeta tienen seis +botones cada una. ¿Cómo podrá luego pasarnos inadvertido el peso de +aquella chistera tan ostensible? Y además, ¿qué hace allí aquella +chistera, ya que el poeta está descubierto?</p> + +<p>Si la escultura representa la eternidad, puede decirse que D. Ramón de +Campoamor ha entrado en ella como si no fuera a permanecer más que unos +breves instantes. Ha entrado de paso en la eternidad, con unas botas de +cartera, y ha dejado al alcance de la mano, para cuando llegue el +momento de retirarse, su chistera de mármol y sus guantes del mismo +material. A mí me da la idea de que ha ido en tranvía y de que está allí +un poco azorado, como en una visita de cumplido. Sus personajes—la +anciana de la cofia, la niña que tiene el pecho de cristal, etc.—le +rodean, y según decía la admiradora desconocida, parece que están +hablando. Parece que están hablando y hablando en prosa, y esto es lo +malo, porque en escultura no se debe hablar. Parecen, en fin, un grupo +fotográfico de escultura <i>Kodak</i>.</p> + +<p>Algunas veces yo había acariciado el propósito de ser un grande hombre, +como tantos otros; pero ahora he resuelto renunciar definitivamente a +semejante idea. Mientras la inmortalidad sea una cosa tan parecida a la +vida corriente, y mientras en ella deba uno preocuparse también del +almidonado de la tirilla, no creo que valga la pena ser inmortal.</p> + + + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /> <br /> +UN ADMIRADOR</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">arece</span> que hay escritores a quienes el público anima dirigiéndoles, con +más o menos frecuencia, cartas de aprobación. Conmigo, sin embargo, este +caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusión de ser leído por +alguien, es, tan sólo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en +cuando me envían misivas insultantes a propósito de mis artículos. Yo +enseño estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi +posición y mi prestigio.</p> + +<p>—No dirán ustedes—exclamo—que mis trabajos pasan inadvertidos o que +no hacen mella. Aquí hay un señor que me llama animal, y otro que me +anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el éxito no admite dudas...</p> + +<p>Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador, +en la provincia de Guadalajara. «Soy—me viene a decir este hombre +magnífico—uno de sus lectores más asiduos y más inteligentes, y me he +suscrito a <i>El Sol</i> con el único objeto de ver los artículos de +usted...»</p> + +<p>Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador +me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma +e inmediatamente me digo:</p> + +<p>—¿Le gustará este tema al señor de Guadalajara?</p> + +<p>Yo tengo la sensación de que escribo únicamente para este señor, y no +quisiera defraudarle. Este señor vive en un pequeño pueblo de la +provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en +absoluto la ideología local, y esto pone en mi trabajo dificultades +enormes. De buena gana me pasaría varias noches en claro leyendo, con +unas gafas muy gordas, unos volúmenes muy grandes, si a esta costa +pudiera llegar a conocer las opiniones políticas, estéticas y religiosas +que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo +temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal párrafo que acabo de +escribir creo que le parecerá vulgar, y lo borro. Pongo en tensión todos +mis nervios hasta que se me ocurre una cosa más fina, y entonces me +asalta un pensamiento terrible.</p> + +<p>—¿Entenderá esto mi admirador?—me pregunto—. ¿No resultarán estas +consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos?</p> + +<p>Verdaderamente, el señor de la provincia de Guadalajara ha tenido una +idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo +por qué tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores. +Con dos admiradores más, yo me volveré completamente idiota.</p> + + + +<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /> <br /> +LITERATURA PATOLÓGICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">esgraciadamente</span>, en la literatura española no hay más que genios. Ese +tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que +Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a +Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores +pertenecen a la categoría genial. Yo mismo, en mi pequeñísima escala, +¿qué duda cabe de que también soy un genio? Y esta literatura de genios +en chico viene a ser algo así como un grupo de tullidos que, a la puerta +de una iglesia, le pidiesen dinero al público mostrándole sus diversas +monstruosidades.</p> + +<p>Cuando, en algún escaparate, yo veo un libro mío entre los libros de +otros autores españoles, tengo la sensación de encontrarme en una sala +de hospital esperando, con mis compañeros de dolor, la visita de alguna +señora vieja que no sepa en qué matar el tiempo. La literatura española, +en efecto, no es más que una serie de enfermedades, debidas, +generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutrición. El uno +está enfermo del hígado. Al otro se le forman ácidos en el estómago. +Este se encuentra amagado de parálisis general progresiva y tiene +delirio de grandezas. Aquél padece del bazo... Hay escritor que perdería +todo su interés en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de +algún producto más o menos alemán, o en cuanto se le sometiese a un buen +régimen alimenticio. Y, en realidad, este último caso ya se ha dado +varias veces. ¿Cuántos muchachos que comenzaron haciendo cosas +interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llamó a un +buen periódico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se +explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fácil de +comprender: esos muchachos nunca habían tenido talento. Lo que habían +tenido era hambre. Con el estómago normalizado, quedaban al nivel del +más vulgar empleado de Hacienda...</p> + +<p>¡Cosa terrible esta de ser un pequeño monstruo y de darse cuenta de +ello! ¡Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse +médicamente como un flemón o como una enfermedad de los riñones!... Pero +hay algo peor aún en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los +enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos, +se creen atacados de genialidad...</p> + + + +<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /> <br /> +UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> distinguido escritor—decía yo en <i>El Sol</i>—se queja de que los +españoles hayamos adoptado la costumbre inglesa de ponerle una hache al +te.» A esto contesta el Sr. Salaverría afirmando que yo miento, porque +él no ha dicho nunca que los españoles hubiésemos adoptado semejante +costumbre. Y he aquí por dónde vengo a enterarme de que el Sr. +Salaverría lo ha dicho.</p> + +<p>Yo no he nombrado al Sr. Salaverría, no he dado ninguna de sus señas +personales ni he reproducido ningún párrafo suyo. Y si el Sr. Salaverría +no hubiese dicho que los españoles habíamos adoptado la costumbre +inglesa de ponerle una hache al te, ¿para qué iba a decir ahora que no +lo había dicho?</p> + +<p>Al decir que no lo ha dicho, el Sr. Salaverría dice que lo ha dicho. Y +si, diciendo que lo ha dicho, resulta que no lo ha dicho, entonces es el +Sr. Salaverría quien falta a la verdad, cometiendo así una acción tan +indigna de él como de mí, porque el Sr. Salaverría también es +inteligente y también es chistoso. (Los chistosos inteligentes—escribe +el Sr. Salaverría—no necesitan recurrir a la mentira.)</p> + +<p>Lo que más le ha molestado al Sr. Salaverría, al creerse aludido por mí, +es el que yo le atribuya un concepto desdeñoso hacia la hache británica. +«Yo ignoro muchas cosas—dice—. Sin embargo, conozco la importancia que +tiene la hache para los ingleses.» Pues bien, Sr. Salaverría, todo ha +sido una broma. La hache no tiene para los ingleses importancia ninguna. +El hombre que verdaderamente le ha dado importancia a la hache ha sido +usted. Por ella, Sr. Salaverría, no ha vacilado usted en arremeter +contra un viejo amigo como yo, llegando hasta a decirme que involucro. +¡Oh hache!... Tienes nombre de mujer...</p> + + + +<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /> <br /> +LA TAZA DE TE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">or</span> si a algún lector le interesa, reproducimos el artículo que ha dado +origen a la nota anterior.</p> + +<p>«Un distinguido escritor se queja de que los españoles hayamos adoptado +la costumbre inglesa de ponerle una hache al te. Por mi parte, y aunque +he vivido varios años en Londres, desconozco totalmente esta costumbre. +En la gran metrópoli he tomado te de la China y te de Ceylán. He tomado +te con leche y te con limón. He tomado te con <i>scones</i>, y con <i>mufirs</i>, +y con pan y manteca, y con toda clase de bocadillos, pero no recuerdo +haber tomado nunca te con hache. Allí no hay más te con hache que el +<i>The Thimes</i>. Los otros tes, como no lleven la hache dentro de algún +bocadillo, se toman siempre sin ella, y, muchas veces, también se toman +sin azúcar.</p> + +<p>El escritor a quien me refiero ignora, probablemente, toda la +importancia que tiene la hache en Inglaterra. En Inglaterra la hache +tiene una importancia social verdaderamente formidable. Es, como si +dijéramos, una letra de lujo. Las clases cultivadas la aspiran +orgullosamente, pero el pueblo no la pronuncia. Aunque, de derecho, la +hache sea allí una letra tan popular como cualquier otra, de hecho no +existe para el pueblo. Y ahora, cuando, cargados de impuestos, los ricos +ingleses son cada día más pobres, y cuando, mejorados sus salarios, los +pobres ingleses son cada día más ricos, ¿qué barrera es la que, en +Inglaterra, separa a unas clases sociales de otras? La hache... Y +mientras una revolución no destruya esa letra aristocrática, yo, como el +Sr. Vázquez Mella, no podré creer que la democracia inglesa es una cosa +perfecta.</p> + +<p>En España, país de los viceversas, son sólo algunos pobres campesinos +andaluces quienes pronuncian la hache. Las demás gentes se limitan a +usarla como un elemento decorativo, y mientras unas se la echan al te, +otras se la ponen a las toallas. ¿Qué más da? Pero conste que la hache +con que algunos españoles amenizan su te no es inglesa, ya que los +ingleses escriben <i>tea</i>, que pronuncian <i>ti</i>. Convengo en que a muchos +incautos, un te con hache les parecerá más inglés que sin ella. No +obstante, yo sospecho que esa hache es de manufactura catalana, y, en +vez de combatirla estérilmente, creo que debiéramos unir nuestras +fuerzas a las de un señor que en un gran hotel protestaba, días atrás, +contra la frase <i>five o'clock</i>, empleando una argumentación llena de +lógica.</p> + +<p>—¿No somos españoles?—decía aquel caballero—. ¿No estamos en España? +Y entonces, ¿por qué hemos de llamarle <i>five o'clocks</i> a los +bocadillos?»</p> + + + +<h2><a name="EN_LA_TIERRA_DE_LOS_POLITICOS" id="EN_LA_TIERRA_DE_LOS_POLITICOS"></a>EN LA TIERRA DE LOS POLÍTICOS</h2> + + + +<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I<br /> <br /> +EL VIAJE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">e</span> cada mil gallegos puede decirse que han estado en Buenos Aires lo +menos novecientos. En cambio, apenas si dos o tres se habrán atrevido a +llegar hasta Madrid. Hay muchas razones que expliquen este hecho; pero +la principal es que, para ir a Buenos Aires, un gallego no necesita más +que veintitantos días; y ¿qué son veintitantos días comparados con la +eternidad? (Por eternidad, naturalmente, yo entiendo, en este caso, el +viaje a la villa y corte.)</p> + +<p>Al gallego, hombre de espíritu aventurero, no le arredra la +incertidumbre de su porvenir en tierras de América, ni le atemorizan los +peligros del inmenso Tártaro. Va a Buenos Aires por afán de ver mundo, +aun suponiendo que, una vez allí, no se hará millonario ni nada, y que, +al volver, no podrá darse el pisto de fundar un hospital, ni un grupo +escolar, ni siquiera una modesta fábrica de conservas. Va a hacer de +dependiente, de criado, de cochero, de lo que sea... En cambio, cuando +un gallego se arriesga a ir a Madrid, es con el propósito firme de +llegar a ministro. Cualquier otro cargo inferior a éste no le +compensaría de las fatigas del viaje...</p> + +<p>Yo no he sido ministro todavía; pero mis paisanos no desesperan de que +llegue a serlo. Si yo me dedicara en Madrid a hacer sillas, mis paisanos +creerían que las hacía para conseguir una cartera. Hago artículos, y no +se imaginan que pueda hacerlos más que para trabajar mi nombramiento. En +Galicia se admite el que uno sea original, pero no hasta el punto de ir +a Madrid para no volver de ministro...</p> + +<p>Y, probablemente, mis paisanos tienen razón. El viaje entre Madrid y +Galicia no se debe hacer más que con un ideal muy grande. Cuando yo +venía hacia acá, me encontré en el tren con mi compañero Domínguez +Rodiño, quien se proponía tomar en Vigo un vapor hasta Ámsterdam para +entrar luego en Alemania y ver si desde allí podía trasladarse a Moscou.</p> + +<p>—Es un viaje penoso—me decía Rodiño.</p> + +<p>—¡Bah!—le contestaba yo—. La dificultad está en llegar a Vigo. Lo +demás es un paso.</p> + +<p>Ya en Vigo, Rodiño parecía un poco arrepentido de su proyecto.</p> + +<p>—Va a ser una lata—exclamaba—eso de atravesar ahora la frontera de +Rusia. Al salir de Madrid yo estaba mucho más animado.</p> + +<p>—Cosas de la edad. Entonces era usted bastante más joven.</p> + +<p>¿Por qué marchará tan despacio el tren de Madrid a Galicia? Algunos +hablan de falta de carbón; pero esto es inexacto. En los respaldos y en +las almohadillas de los asientos hay carbón a toneladas. Este carbón, +admirable depósito de calórico, mantiene los coches a una temperatura +elevadísima. Yo creí que no lograría nunca sacarme de encima todo el +carbón del viaje. Al llegar a Vigo me miraba al espejo y me costaba gran +trabajo reconocerme como un individuo perteneciente, en relación más o +menos directa, a la gran familia aria.</p> + +<p>—¡Que un hombre del tronco indogermánico llegue a verse así!—exclamaba +para mis adentros.</p> + +<p>Y, blandiendo un áspero estropajo, yo pensaba que, para hacer de España +un todo ordenado y armónico, puede haber varios procedimientos; pero que +el primero debe consistir en unir materialmente unas regiones con otras +construyendo caminos y ferrocarriles que anden.</p> + + + +<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II<br /> <br /> +LOS POLÍTICOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">G</span><span class="smcap">alicia</span> es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen +unas de otras, y los políticos, también. Para ser un político gallego, +lo primero que se necesita es ser pariente de otro político gallego. El +hijo de un gran político gallego tiene, desde su nacimiento, categoría +de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director +general, y así sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de +ningún político gallego—cosa rara, dada la portentosa facultad de +reproducción que caracteriza a esta especie—, entonces tiene uno que +hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga +advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los +prohombres de la política se les llama parientes políticos.</p> + +<p>Luego, el nuevo político se va a Madrid y comienza a pedir. Pide +muelles, dársenas, puentes, carreteras, grupos escolares, ¡lo que haya! +Un día, paseándome por los pasillos del Congreso con un prócer de la +política, vimos aparecer a lo lejos la figura de un diputado paisano +mío.</p> + +<p>—Vamos a darle esquinazo—me dijo el prócer—; porque, en cuanto me +descuide, ese hombre me saca un puerto...</p> + +<p>Hay quien le concede mucha importancia a un puerto, aunque sólo sea de +trescientas o cuatrocientas mil pesetas. Sin embargo, es mucho más fácil +que un amigo le dé a uno un puerto que no una escribanía de bronce. A +veces, para captarse la buena voluntad del ministro, el diputado +pedigüeño le regalaba una caja de puros. ¡Una caja de puros por un +puerto! Otras veces no había puertos disponibles.</p> + +<p>—¡Un puerto! ¿No le sería a usted igual un puente?</p> + +<p>—¡Hombre! Yo les he prometido un puerto...</p> + +<p>—Es que la consignación para esa clase de obras está completamente +agotada. Anímese usted y llévese un puente. Podemos darle uno magnífico.</p> + +<p>El diputado iba resignándose.</p> + +<p>—Si, a lo menos, tuviésemos un río...—exclamaba, ya medio convencido.</p> + +<p>Y, al final, acababa por llevarse el puente, ya que el caso era llevarse +algo.</p> + +<p>Se le daba un puente al pueblo que necesitaba un puerto, y el que +esperaba el puente tenía que arreglárselas con un grupo escolar. El +marqués de Riestra, padre espiritual de todos los políticos gallegos, +aportaba a las obras sus maderas, sus ladrillos, su cemento y sus otros +materiales de construcción. Los pueblos, agradecidos, hacían fiestas. +Los diputados salían reelegidos, y todo el mundo estaba contento.</p> + +<p>Al ver ahora todas estas carreteras, todas estas escuelas, todos estos +muelles y todas estas dársenas, yo tengo la sensación de que alguien +está de días y que los amigos y parientes le han llenado la casa de +objetos inútiles y aparatosos. ¡Veinte escribanías, una docena de +bastones, otra docena de paraguas, quince pitilleras, doscientos +cubiertos de plata Meneses!... ¡Con la falta que, a lo mejor, le hace al +festejado un gabán de invierno o una mesa de despacho!...</p> + + + +<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III<br /> <br /> +LA GRACIA GALLEGA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> un andaluz se pone a decir: «¡Vamoj, hombre! ¡Mardita zea! ¡Mijte +quej grande!», y todo el mundo le escucha con gran contentamiento, como +si dijera algo sumamente ingenioso, yo me abismo en amargas reflexiones.</p> + +<p>—He ahí un hombre con gracia—me digo—. ¡Y pensar—añado—que si ese +hombre hubiese nacido en la provincia de Pontevedra no tendría gracia +ninguna!...</p> + +<p>A un pontevedrés, en efecto, le es mucho más difícil caer en gracia que +a un sevillano. Desde luego, como no se le ocurra nada más que decir: +«¡Vamos, hombre!» «¡Maldita sea!» y «¡Mire usted que es grande!», el +pontevedrés irá a un fracaso absoluto. El pontevedrés no tiene gracia de +nacimiento. Las gentes le exigen una gracia de concepto, mientras que al +andaluz le basta con el acento. Si se le hubiese quitado el acento a las +obras de los hermanos Quintero, haciendo que sus personajes vocalizaran +todas las letras con arreglo a la prosodia oficial, los hermanos +Quintero no hubiesen entrado nunca en la Academia. ¡Y dicen que la +Academia está destinada a velar por la pureza del idioma!...</p> + +<p>Indudablemente, los gallegos no tenemos público. Frecuentemente, cuando +uno dice que es gallego, nota en el auditorio un deseo así como de +contestarle:</p> + +<p>—¡Hombre, no! Eso será una aprensión de usted...</p> + +<p>Conmigo nadie ha llegado a este extremo; pero a veces me han dicho:</p> + +<p>—¿Gallego? Pues nadie lo creería. No se le nota a usted nada, ¿verdad? +(Dirigiéndose a los circunstantes.)</p> + +<p>Los circunstantes entonces, con una gran finura, han confirmado que, en +efecto, no se me notaba nada el que yo fuese gallego. Y luego no ha +faltado nunca alguien que dijese:</p> + +<p>—Si hay gallegos «muy bien». ¡Cuando un gallego sale listo!...</p> + +<p>—¡Ya lo creo!—ha añadido algún otro señor en este momento—. Hay +gallegos que llegan a ministros y todo. Ahí tiene usted a Besada.</p> + +<p>—Y a Montero Ríos...</p> + +<p>—Y a Canalejas...</p> + +<p>¡Terrible cosa es esta de que para serle agradable a uno tengan que +compararle con un ministro! Es la consecuencia de un prejuicio secular +que existe contra Galicia; pero, por mi parte, yo creo que este +prejuicio constituye para Galicia una ventaja enorme. Cada gallego, en +efecto, tiene que rectificarlo con su propio esfuerzo. El andaluz, al +nacer, se encuentra con una herencia de gracia, de simpatía y de +popularidad que le permite abrirse fácilmente un camino en la vida, +aunque carezca de méritos personales. El gallego, en cambio, sólo se +encuentra con deudas que necesita saldar por sí mismo, y si +individualmente esto es un mal, colectivamente tiene que ser un bien. A +la larga resultará que los pueblos han sido, en cada época, lo contrario +de la fama que tenían, ya que, cuando tenían la fama, no necesitaban la +cosa, y ya que la cosa, y no la fama, es lo fundamental.</p> + +<p>Pero como esto está resultando demasiado conceptuoso, acaso valga más +dejarlo.</p> + + + +<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV<br /> <br /> +LA RAZA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">a</span> última vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las más +hermosas regiones españolas. Ahora ha ascendido a la categoría de +nación.</p> + +<p>—<i>Le</i> somos una nación, ¿sabe usted?—me explica alguien—. <i>Le</i> +tenemos una personalidad nacional tan fuerte como la primera...</p> + +<p>—¿Por qué no?—le contesto.</p> + +<p>Y, en efecto, ¿por qué no? Una nación se hace lo mismo que cualquier +otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un +millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el +mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más +hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que +hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los +braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que +algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo +sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos +locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría +terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y si alguien osaba +decirme entonces que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es +lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de +nación, le habría reducido al silencio.</p> + +<p>El nacionalista a quien he aludido antes tiene de las naciones una idea +mucho más respetuosa que la mía.</p> + +<p>—Pero usted mismo—me dice—; usted es un celta.</p> + +<p>—No—le respondo—. Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez, +pero en una época tan remota, que no conservo de ello ni el más vago +recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteció mucho antes +del imperio romano, y, desde entonces acá, ¡han pasado tantas cosas! Es +posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido también godo, +fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin +embargo, yo me siento mucho más afín a un madrileño que a un irlandés.</p> + +<p>No—continúo—. Yo no soy celta. Soy, sencillamente, un hombre nervioso +y, en vez de unirme a un celta sanguíneo, prefiero hacerlo a un ibero de +mi mismo temperamento. ¿Por qué no han de asociarse los hombres por +temperamentos en vez de hacerlo por razas o por religiones? Ello sería, +indudablemente, mucho más científico, y yo no desespero aún de ver +terminada esta guerra, una gran guerra intercontinental de biliosos +contra linfáticos. Los biliosos, naturalmente, serán quienes rompan las +hostilidades.</p> + + + +<h3><a name="Va" id="Va"></a>V<br /> <br /> +EL IDIOMA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> amigo quería meterme en la hermandad del habla, que es una Liga +constituida para propagar el uso del gallego. Yo me negué. Creo que todo +el mundo habla gallego en Galicia, y creo que, más que nadie, lo hablan +aquellos que hablan castellano. El castellano, es, en efecto, la +verdadera forma actual del gallego. Los labradores que se expresan en +gallego no usan aquí un idioma distinto del de los industriales que se +valen del castellano; usan el mismo idioma, pero con un léxico limitado +y primitivo. En realidad no hablan gallego, sino que malhablan +castellano. Y, de formar una Liga para reconstituir el castellano en sus +formas más remotas, yo no veo por qué esa Liga ha de formarse +precisamente en Galicia. Lo mismo se podría formar en Valladolid.</p> + +<p>No creo que haya un idioma gallego distinto del castellano. Lo que sí +creo es que se podría inventar. Conozco lenguas medievales que se han +fabricado en estos últimos treinta años, de acuerdo con todos los +adelantos filológicos. Con una pequeña base se hace una lengua en menos +tiempo del que se necesita para hacer un partido político. Podríamos, +pues, hacer un idioma gallego; pero ¿cuánto nos duraría?</p> + +<p>A la vuelta de cincuenta, de sesenta o de cien años, este idioma gallego +llegaría, lógica y fatalmente, a confundirse con el castellano. El +gallego evolucionaría siguiendo su curso natural.</p> + +<p>—¿Y el castellano?—preguntará alguien.</p> + +<p>El castellano no evolucionaría nada, porque ahí están los académicos +para impedir que evolucione.</p> + +<p>Por lo demás, acaso todo esto de los idiomas sea mucho menos importante +de lo que nos parece. Yo creo que la importancia de los idiomas es muy +pequeña, hasta en la misma literatura. Si lo más importante en +literatura fuese el idioma, los iberoamericanos leerían libros españoles +con preferencia a los libros de otros países. El idioma une los +iberoamericanos a nosotros; pero otras cosas, positivamente más fuertes, +los atraen hacia países de hablas muy distintas.</p> + + + +<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI<br /> <br /> +EL ACENTO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> un viaje reciente, a bordo de un transatlántico, tuve la fortuna de +coincidir con una ilustre compañía de actores españoles. Yo venía algo +mareado. Mi cabeza me producía una sensación extraña, como si no fuese +exactamente la mía, sino, más bien, una cabeza parecida, que alguien me +hubiese dado el encargo molesto de transportar hasta España. Juzgando +con esta cabeza, tomé por una gran actriz a una señora que hablaba +siempre de un modo muy enfático; pero ella me sacó pronto de mi error. +Si hablaba así, no era por ella, sino por las niñas, dos hijas suyas, +muy monas, por cierto. Las niñas estaban comenzando su carrera teatral, +y apenas si ponían en la compañía algo más que sus caras bonitas; pero +la madre, entre bastidores, ponía el énfasis.</p> + +<p>—¡Pobrecitas!—decía la buena señora—. Hay una que habla algo; pero la +otra no dice ni una palabra.</p> + +<p>Yo me compadecí de la infeliz porque la mudez me parece una gran +desgracia para una niña casadera. Afortunadamente, sólo se trataba de +una mudez artística. La chica tenía una lengua bastante suelta; pero el +director no se atrevía a confiarle más que papeles silenciosos.</p> + +<p>—Y ¿por qué no la dejan hablar?</p> + +<p>—Por el acento—me respondió la afligida madre—. Nosotras somos +gallegas, y en esta compañía no se puede tener acento. ¿Se cree usted +que, de no ser por el acento, vendrían mis niñas en segunda? El acento +es nuestra desgracia. Afortunadamente, la mayorcita ya va perdiéndolo...</p> + +<p>La mayorcita, en efecto, sabía decir sin acento «¡hola, vizconde!», «yo +lo tomo sin azúcar» y demás frases de alta comedia; pero la pequeña era +incorregible y, mientras no perdiese el acento, no la permitirían +hablar. En aquella compañía se suponía, probablemente, que la acción de +todas las comedias ocurre en la Luna. No se le autorizaba a nadie acento +ninguno. Una marquesa con dejo gallego o catalán, andaluz o madrileño, +les resultaba inadmisible, como si las marquesas no nacieran en ninguna +parte. Y la pobrecita muda no podría romper a hablar hasta que hubiera +desnaturalizado su voz por completo y lograra expresarse como un +fonógrafo. Mientras tanto, su madre le cuidaba el acento lo mismo que +pudiera cuidarle una enfermedad del hígado.</p> + +<p>—Fíjate, mujer—solía decirle—. Ayer estabas bastante aliviada, pero +hoy te encuentro mucho peor.</p> + +<p>—¡Qué quiere usted, mamá! Debe de ser el mareo...</p> + +<p>El acento es uno de los grandes encantos de Galicia. Cuando yo llegué, +los primeros amigos a quienes vi prorrumpieron en ayes lastimeros.</p> + +<p>—¡Fulaniño!—me decían—. Vendrás muy cansadiño. ¡Pobriño!...</p> + +<p>Parecía que lloraban, y lo que hacían era manifestar una gran alegría. +Son los inconvenientes de este acento tan dulce.</p> + +<p>Pero yo no quiero hacer comentarios sobre el acento gallego. En esto de +los acentos tengo una experiencia algo desagradable y no desearía +repetirla con mis propios paisanos.</p> + + + +<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII<br /> <br /> +ANTONIÑO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ará</span> cosa de dos o tres meses, <i>Antoniño</i> fue a confesarse, y en el +curso de su confesión, le dijo al cura que leía periódicos.</p> + +<p>—¡Malo! ¡Malo!...—refunfuñó el cura—. No veo qué necesidad tienes tú +de leer periódicos. ¡Siquiera fuesen de la buena Prensa!... Pero, +seguramente, serán de la otra.</p> + +<p>Eran de la otra, en efecto, y <i>Antoniño</i> lo reconoció así, aunque +aduciendo un motivo justificante.</p> + +<p>—¡Qué quiere usted, padre!—exclamó—. La buena Prensa es tan mala!...</p> + +<p>—No hay más Prensa mala que la mala Prensa—repuso el cura +sentenciosamente—. Y vamos a ver, ¿qué periódicos son esos que tú +lees?...</p> + +<p>—Leo <i>El Sol</i>—dijo Antoniño.</p> + +<p>—<i>¿El Sol?</i></p> + +<p>—<i>El Sol</i>.</p> + +<p>—¿Un periódico de diez céntimos?</p> + +<p>—Justamente.</p> + +<p>Un periódico de diez céntimos—pensó quizás el cura—debe de ser tan +malo como dos periódicos de cinco. Luego, en voz alta, continuó:</p> + +<p>—¿Un periódico que no admite el anticipo reintegrable?</p> + +<p>—Sí, padre—contestó <i>Antoniño</i> ya medio anonadado.</p> + +<p>—¿Un periódico—interrogó aún el cura—que hace campaña contra el +espionaje alemán?</p> + +<p><i>Antoniño</i> no podía negar.</p> + +<p>—El mismo, padre—suspiró—. ¡El mismo!...</p> + +<p>—Pues, hijo mío—dijo entonces el cura—. Lo siento mucho, pero no te +puedo dar la absolución.</p> + +<p><i>Antoniño</i> se quedó aterrado. Si le hubiesen dejado sin novia, tal vez +hubiera podido resignarse. Hubiera podido también vivir algún tiempo sin +empleo, pero, ¡sin absolución!...</p> + +<p>—Pues yo—le dije a <i>Antoniño</i> cuando el pobre muchacho me contaba sus +cuitas—. Yo creo que, en caso necesario, podría vivir sin absolución. +He visto personas que viven con un pulmón sólo, y otras que carecen +totalmente de bazo. Y aun he visto algo más curioso, <i>Antoniño</i>, he +visto hombres que viven sin dinero y que viven muy bien... En Madrid hay +la mar.</p> + +<p>—En Madrid es diferente—observó <i>Antoniño</i>—. Aquello es una gran +ciudad. Yo no digo que allí me fuese de todo punto indispensable la +absolución; pero, ¡aquí!... ¿Cómo quiere usted que viva aquí sin +absolución un pobre tonelero?</p> + +<p>—Y ¿qué pasó por fin? ¿No te dieron la absolución?</p> + +<p>—¡Quia!... ¡Si fuese el cura de Ribalta!... Aquel sí que es un cura +campechano. Todas las muchachas van a confesarse con él porque las +absuelve siempre y les pone unas penitencias muy pequeñas. +«Divertíos—les dice—. Tiempo tendréis de rezar si no encontráis mozos +de ley que se casen con vosotras»... Pero el cura de aquí es muy +estricto. ¡Y eso que yo le regalo de cuando en cuando unos huevos o unas +manzanas! ¡Para que digan que los hombres de iglesia son agradecidos!</p> + +<p>—¿De modo que no te dio la absolución?</p> + +<p>—No, señor. Me dijo que no me la daba aunque me borrase del periódico +aquel mismo día. Todo el pueblo se enteró. Algunas personas dejaron de +saludarme, y en la fábrica estuvieron a punto de quitarme el pan. +Entonces yo me marché a la ciudad, dispuesto a conseguir una absolución, +aunque me tuviese que gastar doscientos reales. ¡Qué demonio! Para estos +casos quiere uno el dinero. Llegué a la iglesia, me senté al +confesionario, y lo primero que le dije al cura fue esto: «Acúsome, +padre, de leer <i>El Sol</i>».</p> + +<p>—¿Así lo dijiste, <i>Antoniño</i>?</p> + +<p>—Así, sí, señor, y con la misma tranquilidad con que hubiese podido +decir «buenos días». No se figure usted que yo soy un gallina.</p> + +<p>—Y el cura, ¿qué te contestó?</p> + +<p>—El cura me preguntó que si eso de <i>El Sol</i> era una novela, y cuando yo +le expliqué que era un periódico de diez céntimos, me dijo:</p> + +<p>—Si es de diez céntimos, debe de ser bueno...</p> + +<p>—¿Y conseguiste la absolución?</p> + +<p>—Ya lo creo. En las ciudades se consigue todo. Pero yo quería vengarme +del cura de aquí, y al día siguiente, cuando estaba sirviendo la +comunión, me puse con los demás, y me la tuvo que dar él mismo. El ya +debía de comprender que yo tenía mi absolución en el bolsillo; pero, ¡si +viera usted qué cara me puso!...</p> + +<p>—¡Bravo, <i>Antoniño</i>! Y, ¿sigues leyendo <i>El Sol</i>?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—Pues dentro de unos días leerás en él tu historia. La gente no va a +creerla, pero ahí estás tú para dar fe.</p> + +<p>—Es que... si por casualidad se enteran en la fábrica y me despiden...</p> + +<p>—Descuida, <i>Antoniño</i>. No daré detalles y seguirás conservando todos +los elementos necesarios a tu vida: un empleo, una novia, una +absolución...</p> + + + +<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII<br /> <br /> +UN AMIGO DE MISTER BORROW</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">llá</span> por el año de 1835 cayó en España un inglés estrafalario que venía +a vender biblias. Un día este inglés llegó a Pontevedra con una carta de +recomendación para el Sr. García, notario de la ciudad. El señor García +resultó ser un patriota entusiasta, pero en un sentido puramente local, +según cuenta el inglés. Su patria era Pontevedra, y el extranjero, Vigo.</p> + +<p>—Esos tíos de Vigo—exclamaba—dicen que su ciudad es mejor que la +nuestra y que debiera convertírsela en capital de la provincia. ¿Ha oído +usted alguna vez una locura semejante? ¿Se le hubiese ocurrido a usted +nunca comparar a Vigo con Pontevedra?</p> + +<p>—Yo no sé—replicó el inglés—. Yo nunca estuve en Vigo; pero he oído +decir que la bahía de Vigo es la mejor del mundo.</p> + +<p>—¡La bahía!—refunfuñaba el Sr. García—. ¡La bahía!... Sí. Esos +canallas tienen una bahía, y con ella nos han robado a nosotros todo el +comercio; pero, ¿para qué necesita tener bahía una capital de provincia? +¡La bahía! Yo espero—continuó el Sr. García, dirigiéndose al +inglés—que usted no ha venido desde tan lejos para tomar la defensa de +una taifa de bandidos como esos de Vigo.</p> + +<p>—No—contestó el inglés—. En realidad yo ignoraba que los vigueses +necesitasen mi auxilio en esta disputa. Lo único que me propongo hacer +con ellos es llevarles el Nuevo Testamento, del cual, evidentemente, +tienen mucha necesidad si son tan golfos y tan canallas como usted los +pinta...</p> + +<p>Y largo rato después, todavía el Sr. García refunfuñaba:</p> + +<p>—¡La bahía!... A mí nunca se me ha alcanzado con qué derecho puede +tener bahía un pueblo como el de Vigo...</p> + +<p>Yo había leído este diálogo, que acabo de traducir casi literalmente, en +<i>La Biblia en España</i>, de Jorge Borrow, que así se llamaba aquel inglés +estrafalario, hoy una de las glorias más puras con que cuenta la +literatura inglesa. Lo había leído hace tiempo, y creía que el Sr. +García, ya no muy joven a comienzos del siglo pasado, yacería ahora bajo +su amada tierra pontevedresa, quizás alimentando con sus despojos algún +castaño o algún cerezo. Pero España es el país donde no se muere nunca +completamente. Al llegar a Pontevedra uno se encuentra en seguida con el +Sr. García, que comienza a hablarle mal de Vigo.</p> + +<p>La lucha entre Vigo y Pontevedra continúa hoy igual que en el año 1835. +Y lo que ignora el Sr. García, como si desde que habló con Mr. Borrow no +hubiesen pasado días ningunos, es que, frente a Vigo, Pontevedra no es +Pontevedra, sino más bien Madrid. Pontevedra es el Ministerio de +Hacienda, y el de la Guerra, y el de Fomento, y el de Gobernación. +Pontevedra es la Administración, y Vigo es la Geografía. Si Vigo llegase +a ser un día el centro de comunicaciones más importante entre Europa y +América, yo no creo que el pueblo pontevedrés perdiese nada con ello. La +bahía de Vigo vendría a ser entonces, sencillamente, una bahía de +Pontevedra. Algo así como su propia bahía de usted, querido Sr. García.</p> + +<p>En cuanto a los vigueses, yo temo que su bahía sea superior a su +ambición. Con una ambición digna de una bahía tan hermosa, los vigueses +debieran considerar a Pontevedra como un barrio del Vigo futuro. ¡El +barrio aristocrático, el barrio oficial a unos veinte kilómetros y pico +del barrio mercantil! El barrio de los notarios viejos, como aquel +excelente y parroquial señor García, que, después de comprarle algunas +biblias a Borrow, le dijo:</p> + +<p>—Si alguna vez tiene usted ocasión de hablar de mí en letras de +imprenta, no deje usted de hacerlo. Ya sabe mi nombre y mis títulos: +Señor García, notario público de Pontevedra...</p> + + + +<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX<br /> <br /> +EL ARADO VIRGILIANO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span>, al escribir su <i>Historia del Arado</i>, hubiera tenido que limitarse a +Galicia, el doctor Raer, por muy sabio, por muy pesado y por muy alemán +que fuese, no hubiese podido llenar arriba de unas veinte páginas. El +arado gallego, como la mujer honrada, carece de historia. Es un +instrumento prehistórico, cuya imagen exacta se encuentra en algunas +tumbas etruscas y creo que en ciertas monedas celtíberas. Don Casto +Sampedro, un distinguido arqueólogo que se pasa la vida recogiendo +curiosidades celtas y romanas para el museo de Pontevedra, debiera +llevarse allí un arado y, con poco esfuerzo, dotaría así de una +antigüedad indiscutible a la simpática institución.</p> + +<p>Los carros gallegos tampoco han progresado mucho más que el arado. Al +avanzar, sus ruedas producen un sonido agudo que se va modulando en +inflexiones lentas y quejumbrosas. Dicen que este sonido anima a los +bueyes y les hace seguir andando. También se podría sostener que el +ruido de unas botas nuevas anima al que las lleva y le impulsa a +continuar su camino... Dicen que sirve como de bocina para avisar a los +carros que vengan en dirección contraria, y es indudable que al ruido de +unas botas nuevas cabría atribuirle asimismo un objeto muy semejante... +Yo me he pasado horas y horas oyendo la voz de los carros gallegos. Me +parecía una voz familiar, y tenía la sensación de haberla oído ya, hacía +muchísimos siglos.</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Chirrar d'os carros d'a Ponte</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Tristes campanas d'Herbón...</i></span><br /> +</p> + +<p>Los carros gallegos cantan, y los poetas cantan el canto de los carros +gallegos. No les hablen ustedes a estos poetas de sembradoras mecánicas +ni de trilladoras automóviles. Semejantes chismes destruirían la poesía +del campo, y entonces no habría certámenes literarios, ni flores +naturales, ni nada. Las chicas elegantes, perdida toda esperanza de que +se las nombrase reinas en alguna fiesta del gay saber, no les harían ya +ni pizca de caso a los pobres poetas, quienes tendrían que limitar su +vida al prosaico empleíllo de la Delegación de Hacienda o de la +Diputación provincial. El hijo ilustre de la provincia, varias veces ex +ministro, no vendría nunca más de mantenedor a pronunciar discursos +grandilocuentes, y sus opiniones estéticas quedarían inéditas en lo +porvenir... Sería la ruina de la poesía; y, ¿qué se iba a hacer sin +poesía en las capitales de segundo y tercer orden?</p> + +<p>No. Los poetas quieren el carro primitivo y el arado virgiliano. Yo +tengo grandes sospechas de que si Virgilio viviese hoy, cantaría la +trilladora mecánica; pero Virgilio ha muerto, y su arado es como una +herencia que les hubiese dejado a todos sus sucesores. ¡El arado +virgiliano! ¡El carro venerable! ¡La campiña arcádica, por donde los +ríos se deslizan mansamente!... En el fondo, es posible que los poetas +tengan razón y que más valiera el que las cosas siguiesen así. Lo malo +es la competencia. Cuando los ríos de otras partes se han puesto de +lleno a trabajar y están constantemente transportando cargamentos y +moviendo turbinas, los nuestros tienen que prepararse a la defensa. Con +unos ríos ociosos y un material agrícola prehistórico no se puede +conseguir ya nada más que una flor natural en algún certamen literario +de provincias, una escribanía de plata o una colección de las obras +completas del marqués de Figueroa.</p> + + + +<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X<br /> <br /> +PROPIEDAD, ABOGADISMO, POLÍTICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">xcepto</span> el autor de estas líneas, todos los gallegos son propietarios. +El pobre más pobre puede siempre cosechar un repollo y ponerlo a hervir +en su olla al amparo de cuatro tejas familiares. Difícilmente podrá +encontrarse país alguno donde la propiedad esté tan distribuida como en +Galicia. Hay fincas como una alcoba y otras como un pasillo. De algunas +huertas apenas si lograrían sacarse al año patatas bastantes para un +banquete de treinta cubiertos. ¿Quién va a comprar, para cultivarlas, +máquinas sembradoras ni tractores automóviles?</p> + +<p>Esta subdivisión de la propiedad no creo que resuelva, ni muchos menos, +el problema de alimentar al campesino; pero, en cambio, mantiene al +abogado. Cada ferrado de terreno gallego está siempre en pleito con uno +de los ferrados de terrenos vecinos. El solo hecho de la entrada a una +finca que, muchas veces, se encuentra rodeada de veinte o treinta, suele +ser un semillero de cuestiones, y, mientras se arruina el campesino, el +abogado engorda. Bien es verdad que los campesinos son también un poco +abogados. Todos son abogados aquí, unos con título y otros sin él. Yo no +sé si la marrullería gallega es una consecuencia de la subdivisión de la +propiedad, o si los gallegos han conseguido que la propiedad se +subdividiese gracias a su proverbial marrullería. Lo que sí sé es que +ambas cosas se relacionan y se apoyan, dando origen a una tercera: la +política. Este ambiente abogadil de intrigas constantes y de habilidades +pequeñas no puede ser más a propósito para la formación del político +español. De él salió Montero Ríos, su representante máximo, con toda esa +caterva de hijos, sobrinos, yernos, amigos y contertulios que nos +mangonean todavía...</p> + +<p>Hay quien opina que subdividir la propiedad es una manera de abolirla y +que no existe diferencia entre el que la propiedad sea de todos y el que +no sea de nadie. Es como si a cada uno nos diesen un balón de oxígeno +para respirar y nos dijesen que eso equivalía exactamente al uso libre +de la atmósfera. La socialización de la propiedad se hará en toda España +antes que en Galicia, donde no falta quien ya la considere hecha. En +Galicia la tierra es de todos; pero tan pronto como un gallego traspone +su propio ferrado de secano o de regadío, cada paso que da le cuesta un +pleito. Los andaluces tienen una fama de generosos contraria a la de los +gallegos, y es muy posible que esta fama esté justificada. Andalucía es +un país de proletarios, donde el espíritu de propiedad no ha tenido +ocasión de difundirse. Galicia, en cambio, es un país donde todos poseen +algo, a excepción de algún escritor más o menos original, como el autor +de esta crónica.</p> + + + +<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI<br /> <br /> +EL CELTA MIGRATORIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">a</span> emigración?—me dice un amigo—. Pero, ¿usted cree que la emigración +es un mal? Todo el dinero que ganan los gallegos en América viene luego +aquí, a mover nuestra industria. Y no es sólo dinero lo que los indianos +hacen circular entre nosotros, sino también espíritu de progreso y de +tolerancia. Con su acento absurdo, diciendo San Jorge de Bolsas en vez +de San Jorge de Sacos, y cosas por el estilo, los gallegos que vuelven +de América están modernizando Galicia. Desengáñese usted. La emigración +es un bien...</p> + +<p>Yo estaba ya completamente desengañado. Creo que la emigración es un +bien; pero en esto, precisamente, consiste el mal. Hay circunstancias en +las que un hombre no tiene más recurso que ponerse al servicio de otro +hombre si no quiere morirse: a ese hombre le conviene hacer de criado; +pero, indudablemente, el estado de criado no constituye un estado +envidiable. La emigración es un bien, y esto es lo malo. También es un +bien salir de presidio; pero sería mucho mejor no haber entrado en él.</p> + +<p>Hay quien atribuye la emigración de los gallegos a su sangre celta, y +apoya esta opinión con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde +la raza céltica se conserva más pura, es también pródiga en emigrantes. +Yo no quiero negar el espíritu aventurero de la raza céltica, a la que, +según parece, tengo el honor de pertenecer; pero, ¿por qué es tan +aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no sé +qué enfermedad, y desde entonces al 1850 más de un millón de irlandeses +huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos +años más celtas que nunca. Después desapareció la enfermedad de la +patata, y la emigración irlandesa disminuyó en un 80 por 100. Amigo +lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrézcale una patata y, +acto continuo, lo convertirá usted en un europeo sedentario. Las razas +aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de +libertad. Se echa de sus casas a los judíos, a los polacos y a los +armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se +dice que tienen un espíritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen, +que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace...</p> + +<p>La emigración es un bien para Galicia y para España; pero, sobre todo, +lo es para América. Por cada mil pesetas en dinero que los emigrantes +mandan aquí, ¿cuántas no se dejarán allí en trabajo? Desgraciadamente, +aquí el trabajo no les produciría nada, y la emigración sigue. En +Galicia no se ven apenas más que mujeres, viejos que ya han vuelto de +América, niños que esperan a ir, caciques y curas. Por cada revista +madrileña que llega a Galicia, hay cinco o seis revistas argentinas. No +falta en Galicia quien tome su mate por las tardes leyendo <i>Caras y +Caretas</i> o <i>El Mundo Argentino</i>. Y a mí el separatismo político no me +asusta; pero este separatismo práctico me parece una cosa muy seria.</p> + + + +<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII<br /> <br /> +GRANDES HOMBRES</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> provincias están llenas con estatuas de grandes hombres, sin contar +las grandes mujeres, como Concepción Arenal y doña Emilia Pardo Bazán. +Y, ante este fenómeno, yo no puedo menos de preguntarme:</p> + +<p>—¿Hay muchas estatuas porque hay muchos grandes hombres, o hay muchos +grandes hombres para que haya muchas estatuas? ¿Quién hace a quién? ¿El +escultor es una consecuencia del grande hombre, o el grande hombre una +consecuencia del escultor?</p> + +<p>Desde luego, parece evidente que los grandes hombres, en caso de +necesidad, podrían, bien que mal, arreglárselas sin escultores. En +cambio, los escultores se verían bastante apurados el día en que hubiese +una huelga de grandes hombres.</p> + +<p>Un escultor amigo mío, hablándome de cómo iba el hombre resolviendo su +vida, me decía recientemente:</p> + +<p>—Tengo bastante que hacer. Antes sólo había trabajo en España para una +media docena de escultores. Ahora trabajamos constantemente cerca de un +centenar.</p> + +<p>Yo me acordé entonces del Sr. Salaverría y de sus imprecaciones contra +el pesimismo. Indudablemente—me dije—el Sr. Salaverría tiene razón. +Estamos en un período de gran florecimiento. ¿Cómo puede encontrarse en +decadencia un país que produce grandes hombres bastantes para emplear a +cien escultores diarios?</p> + +<p>Pero luego me asaltó la idea de que, si España dejase de producir +grandes hombres repentinamente, esos cien escultores no iban a morirse +de hambre.</p> + +<p>—A falta de grandes hombres—pensé—, se arreglarían con hombres +medianos, y hasta con hombrecitos chiquitines.</p> + +<p>Y de situar esta hipótesis en el porvenir a trasladarla al presente no +había más que un paso. No son los grandes hombres quienes hacen a los +escultores, sino los escultores quienes hacen a los grandes hombres. Se +van por las capitales de provincia y trabajan el artículo.</p> + +<p>—Pero ¿es posible?—exclaman—. ¿Cómo tienen ustedes esta alameda así, +sin un grande hombre ni nada?</p> + +<p>—¿Un grande hombre?</p> + +<p>—Sí. Un grande hombre. Un hijo ilustre de la provincia.</p> + +<p>Los provincianos no se acuerdan de ninguno.</p> + +<p>—Fíjense ustedes bien. No faltará por ahí un filántropo, un héroe, un +cronista local, aunque sea un ex ministro.</p> + +<p>Generalmente, se acaba por elegir al ex ministro, y el escultor, que ya +suele tener preparados cuerpos para ex ministros, para filántropos y +para generales, no hace más que preparar la cabeza y enchufarla. En una +ciudad, cuyo nombre no importa, el poeta local fue desechado porque era +tuerto, y se le sustituyó con un abogado.</p> + +<p>—¡Un tuerto!—decía el escultor—. Si me dieran ustedes un ciego, les +haría una obra magnífica; pero, ¡por Dios!, no me den ustedes un tuerto.</p> + +<p>—Es que es el único hombre de algún mérito que tenemos por aquí. El +único digno de una estatua.</p> + +<p>El escultor fue irreductible:</p> + +<p>—¿Cómo va a ser digno de una estatua un tuerto? ¿Cómo va un tuerto a +tener mérito?</p> + +<p>Los que no somos tuertos no debemos desconfiar todavía de llegar a tener +nuestra estatua; pero, para adquirir una personalidad algo estatuaria, +debemos dejarnos crecer la barba y vestir siempre de levita.</p> + + + +<h3><a name="XIIIa" id="XIIIa"></a>XIII<br /> <br /> +¿QUIÉN SOY YO?</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">abe</span> usted quién soy yo?—me dice un señor, colocándose en plena luz +delante de mí.</p> + +<p>Positivamente yo no sé quién es este señor, pero me guardo muy bien de +decirlo así, porque temo entristecerlo.</p> + +<p>—Tengo una idea—le contesto—. Su cara de usted no me es +desconocida...</p> + +<p>—Fíjese usted bien...</p> + +<p>Me fijo bien.</p> + +<p>—¿No ha visto usted nunca caras parecidas a la mía?</p> + +<p>Indudablemente, yo he visto caras parecidas a la de este señor: caras +con una nariz, caras con unos ojos, caras con unos bigotes... También he +visto sombreros de jipi-japa semejantes a este sombrero de jipi-japa. +Sin embargo, no caigo.</p> + +<p>—No hay duda—exclamo—de que yo le conozco a usted; pero, así, de +momento, no doy con el nombre...</p> + +<p>—¿De modo que no puede usted decirme quién soy yo?</p> + +<p>—No, señor...</p> + +<p>El hombre se queda muy apesadumbrado. ¿Se tratará, acaso, de un hombre +que ignora su estado civil y que pretende averiguarlo preguntándoselo a +las gentes? ¿Considerará este hombre, tal vez, que, siendo periodista, +yo debo estar mejor informado que las otras personas? ¡Caso triste, en +verdad, el de un señor que no sabe quién es y que no encuentra quien se +lo diga!... Yo comienzo a afligirme, pero el señor me recita de pronto +su nombre, su edad, su profesión, sus apellidos y sus motes.</p> + +<p>—¿De modo que usted sabía quién es?—exclamo.</p> + +<p>—Claro está.</p> + +<p>—Y entonces—prosigo—, ¿con qué objeto me lo preguntaba usted a mí?</p> + +<p>No me lo preguntaba para informarse, sino que lo hacía con una intención +perfectamente capciosa.</p> + +<p>Yo permanezco algo desconcertado, y al poco rato comparece otro hombre.</p> + +<p>—¡Hola!—exclama el otro hombre—. ¿No sabes quién soy?</p> + +<p>—No sé quién eres.</p> + +<p>—Y éste—añade señalando a un compañero suyo—, ¿tampoco sabes quién +es?</p> + +<p>—Tampoco. No sé quiénes sois; pero tal vez puedan informaros en el +Juzgado municipal.</p> + +<p>Desde que estoy en el pueblo, numerosas personas se me han acercado para +que les diga sus nombres. Al principio procuraba complacerlas y hacía +esfuerzos inauditos a fin de recordar bien. Ahora ya no me canso. Se +trata de un <i>sport</i> local que no me interesa gran cosa. Faltas de otro +entretenimiento, las gentes esperan aquí cinco, diez o quince años el +regreso de algún convecino viajero para preguntarle quiénes son. Quieren +ver si uno ha conservado la memoria durante sus viajes, y, si el tabaco, +por ejemplo, se la ha estropeado a uno, entonces le consideran a uno un +hombre terriblemente orgulloso.</p> + + + +<h3><a name="XIVa" id="XIVa"></a>XIV<br /> <br /> +EL CAMINO DE SANTIAGO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> que quiera trasladarse en ferrocarril al siglo <span class="smcap">xiii</span>, que no piense en +Santiago. Lo más siglo <span class="smcap">xiii</span> de Santiago es el viaje. Desde la Coruña se +va en automóvil, pero ¡qué automóvil! Viajando en él, yo he tenido una +sensación de cosa arcaica y primitiva que no hubiese podido tener nunca +viajando en una diligencia. Me parecía así como si el automovilismo +fuese una invención medieval, una invención que se hubiese perfeccionado +en otras partes a fuerza de siglos, pero que hubiese permanecido +estacionaria en el camino de Santiago. Si me aseguran que cuando se +descubrió el cuerpo del Apóstol, aquel mismo automóvil había servido +para conducir a Santiago los primeros peregrinos, yo lo creo sin +vacilar.</p> + +<p>En Santiago quise comprar periódicos, pero no había más que <i>El Correo +Español</i> y <i>El Debate</i>. Esto también me produjo una impresión de +medievalismo. Se hablaba de la guerra, y a mí me parecía que, ya en el +siglo <span class="smcap">xiii</span>, se debía de comentar en Santiago la guerra europea con el +mismo criterio.</p> + +<p>Lo que me pareció más moderno fue la catedral. En ninguna parte se +encuentran más adelantadas las catedrales medievales. La catedral de +Santiago podía estar perfectamente en Francia, en Inglaterra o en +Alemania, al lado de las fábricas y de los laboratorios. Ante la +catedral de Santiago no se experimenta ninguna impresión de anacronismo. +Esta impresión, si no se ha recibido antes, se recibe después, cuando +uno pregunta las horas del tren para Villagarcía y le dicen a uno que +este tren sólo sale tres veces por semana.</p> + + + +<h3><a name="XVa" id="XVa"></a>XV<br /> <br /> +EL BOTAFUMEIRO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ubo</span> un tiempo en que las catorce puertas de la catedral de Santiago no +se cerraban de día ni de noche. Constantemente llegaban peregrinos de +todas las partes del mundo, que, entonces, sólo eran tres. Venían persas +con las cabezas tonsuradas; griegos que traían tatuado en las manos el +signo de la cruz; ingleses, irlandeses, franceses, italianos, eslavos... +Unos, mudos de nacimiento, querían que el Apóstol les concediese el uso +de la palabra; otros, ciegos, deseaban ver, y muchos sólo se proponían +cobrar una herencia, ya que en la Edad Media, para cobrar una herencia +solía imponerse como condición la peregrinación a Santiago. No faltaban +príncipes que, en vísperas de alguna batalla, viniesen a implorar el +auxilio militar del Apóstol contra sus enemigos. Fuera de la catedral, +unos hombres, sentados en cuclillas, iban apilando a su alrededor +monedas de todos los países. Eran los cambiantes, padres de nuestros +actuales banqueros. Dentro, los peregrinos, agrupados por +nacionalidades, rezaban y cantaban. Cantaban en sus diversos latines +respectivos y se acompañaban con sus instrumentos predilectos. Cítaras, +crótalos, flautas, gaitas, arpas, salterios, trompetas, liras, todo +sonaba allí, y el Apóstol hacía el milagro de armonizarlo. Luego, los +peregrinos se iban a ver las reliquias, guiados por el <i>lenguajero</i>, una +especie de intérprete de hotel, que sabía decir en varios idiomas +piedra, corona, cuchillo, hacha, sombrero...</p> + +<p>Unos peregrinos viajaban a sus expensas; otros venían implorando la +caridad. La mayoría llegaban rotos, sucios, mugrientos y enfermos. +Algunas veces se declararon en Santiago epidemias muy serias, y el +Apóstol no daba abasto haciendo milagros. Fue entonces cuando se inventó +el <i>botafumeiro</i>, «rey de los incensarios», como le llama Víctor Hugo. +El <i>botafumeiro</i> no fue en sus orígenes un objeto litúrgico, sino, +sencillamente, un aparato de desinfección. Lo cargaban con incienso +porque todavía no existía el ácido fénico. Aquellos peregrinos, que +venían directamente desde el fondo del Asia, tenían mucha fe, pero olían +muy mal, y los santiagueses procuraban aislarlos en una nube de +incienso. Si hubieran podido, también se hubiesen untado las narices con +aceite mentolado, y quizás hoy, al olor del aceite mentolado, uno se +llenase de evocaciones religiosas y viese, en su imaginación, coros de +ángeles y serafines...</p> + +<p>¡Grandioso <i>botafumeiro</i>! Hoy, que la falta de fe lo mantiene ocioso, +¿por qué no se piensa el medio de trasladarlo al Congreso? Cuanto más +animados fuesen los debates, el <i>botafumeiro</i> giraría más velozmente. Y +en vez de procurarse una entrada o de leer el <i>Diario de las Sesiones</i>, +uno se limitaría a ver, desde fuera, cómo salía y se elevaba y se +desvanecía el humo.</p> + + + +<h3><a name="XVIa" id="XVIa"></a>XVI<br /> <br /> +CABEZAS DE CERDO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ace</span> tiempo, los cerdos de Galicia llevaban una vida completamente +patriarcal. Eran, quizás, algo inmorales, eran glotones y tenían una +cierta socarronería muy campesina; pero ninguno de ellos estaba +contaminado por las ideas del siglo. Los chicos de los paisanos crecían +entre ellos, y a veces, chicos y cerdos dormían en la misma habitación. +¿Puede imaginarse nada más virgiliano? En ciudades como Santiago había +quien se llevaba los cerdos a un segundo piso y salía luego a pasearse +con ellos entre los canónigos, los tenientes de la guarnición y los +estudiantes de latín. Una señorita inglesa que estuvo hace algunos años +en la ciudad del Apóstol—la autora de <i>Galicia. The Switzerland of +Spain</i>—le preguntó a su hostelera si era cierto lo que se decía de los +cerdos santiagueses como animales de sociedad.</p> + +<p>—No son únicamente los cerdos—contestó la interpelada—. Desde su +ventana puede usted ver dos cabras en el piso de enfrente. Sus dueños +las tratan como personas de la familia...</p> + +<p>Todavía hay en Santiago quien recuerda a Montero Ríos guiando por las +calles un rebaño de cerdos. Más tarde guió electores. Luego, +diputados...</p> + +<p>Sí. Los cerdos llevaban aquí una vida completamente patriarcal. Cuando +les llegaba su San Martín, berreaban horriblemente y estiraban una pata, +que era un jamón. Morían dolorosamente, pero sin remordimientos de +conciencia. Nunca habían tenido ambiciones ni vanidades. Si habían +procurado engordar, no lo hicieron por ellos tanto como por sus dueños. +Engordaron para que sus morcillas fuesen más sabrosas y para que su +tocino le diera más gusto al caldo de las buenas familias en cuyo seno +habían vivido.</p> + +<p>Pero ahora hay en Galicia una nueva generación de cerdos. A poco de +estallar la guerra, unos hombres extraños vinieron por aquí y +soliviantaron a los cerdos, a las gallinas y a otros muchos animales +domésticos.</p> + +<p>—¿Cuánto os dan aquí por una docena de huevos?—parece que les +preguntaron a las gallinas.</p> + +<p>—Y los jamones—dijeron, dirigiéndose a los cerdos—, ¿a cómo los +vendéis?</p> + +<p>El cerdo, animal muy tradicionalista, dio un gruñido y no hizo caso. La +gallina cacareó. Pero aquellos hombres hablaron de los mercados +extranjeros, donde todo se pagaba diez veces más que aquí, y hoy +nuestros animales de corral y de alcoba han aprendido ya los caminos del +mundo. El cerdo gallego tiene actualmente sus ideas industriales, ni +más ni menos que si fuese un cerdo de Chicago. Dentro de poco será capaz +de pedir que lo maten automáticamente y que lo desmenucen de un modo +científico.</p> + +<p>Las costumbres patriarcales del cerdo gallego van desapareciendo. El +cerdo progresa. Y si esto continúa así, será cosa de recomendar a +nuestros políticos que coman cabeza de cerdo a ver si se les pega algo.</p> + + + +<h3><a name="XVIIa" id="XVIIa"></a>XVII<br /> <br /> +LA VIEIRA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">no</span> de los mariscos más dignos de estimación es la <i>vieira</i>. Madrid, que +lo ignora todo respecto a provincias, no come <i>vieiras</i>, y es una +lástima. Asadas en su concha, con un diente de ajo y un poco de +pimentón, las <i>vieiras</i> son bastante más sabrosas que esos cangrejos de +celuloide con que los madrileños pretenden consolarse de su falta de +mar. En Inglaterra la vieira carece de triptongo; se llama <i>scallop</i>, y +este nombre, escaso en vocales, es como si le quitara la mitad del +gusto. Sin embargo, la <i>vieira</i> tiene allí, por lo menos, tanta +popularidad como la ostra. En Francia las vieiras bretonas, las vieiras +armoricanas, gozan de gran reputación y son consideradas un bocado +exquisito. ¿Y saben ustedes cómo las llaman los franceses a las +<i>vieiras</i>? Las llaman <i>coquilles Saint-Jacques</i>, o conchas de Santiago.</p> + +<p>Porque la vieira es el marisco del Apóstol. Es un marisco casi sagrado, +así como otros mariscos son literarios, y otros, políticos. Se cuenta +que cuando el cuerpo de Santiago fue conducido al Padrón, un caballero +que deseaba acompañarlo llegó tarde al puerto. El barco había izado ya +sus velas y se perdía en el horizonte, sobre un mar de oro y de plata. +Entonces el caballero hizo el signo de la cruz y se lanzó audazmente +entre las olas. Durante varios días su caballo fue galopando sobre el +fondo del mar, con gran asombro de merluzas y salmonetes, y cuando +llegaron a Iria Flavia, caballo y caballero estaban cubiertos de +<i>vieiras</i>. Desde entonces la vieira ha sido el símbolo de los +peregrinos, y para que éstos no tuviesen que ir a buscarlas debajo del +mar—la experiencia del caballero no se consideraba concluyente y había +el temor de que algún peregrino pudiese morir ahogado—, los +santiagueses se las vendían ya muy bien preparadas. Al principio vendían +conchas naturales. Después hacían conchas de cobre, de plata, de latón, +de porcelana y de azabache. Todavía existe en Santiago la calle de los +Azabacheros, desde donde se ve una fachada de la catedral, y a esta +fachada se la llama la Azabachería. Y muchas casas, que antiguamente +sirvieron de mesones para los peregrinos, conservan aún, como +distintivo, una concha de vieira esculpida a la entrada.</p> + +<p>Pocos mariscos unirán, como la <i>vieira</i>, una carne tan sabrosa a un +abolengo tan ilustre. Ya, mucho antes de la Edad Media, la <i>vieira</i> le +había servido a Afrodita, surgiendo del mar, para alisarse los húmedos y +admirables cabellos. Hoy Afrodita usa peines bastante más caros; pero +esto no quiere decir nada contra la <i>vieira</i>. La <i>vieira</i> es el <i>pecten +Veneris</i> de los antiguos, y el Arte ha buscado mil veces inspiración en +sus curvas sencillas y maravillosas.</p> + +<p>De paso en Galicia, tierra de <i>vieiras</i>, yo me considero obligado a +hacer la apología de este marisco. Creo que Madrid no debe ignorarlo, y +que mantenerlo más tiempo en el olvido sería una política funesta. Si +Madrid no se interesa por nuestras vieiras, ¿cómo va a interesarse por +nuestros conflictos sociales? Indudablemente, la política central carece +de sensibilidad con respecto a provincias.</p> + + + +<h3><a name="XVIIIa" id="XVIIIa"></a>XVIII<br /> <br /> +OPINIONES POLÍTICAS Y LITERARIAS DE LA ROSARIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">l</span> volver a Madrid, tras una ausencia de mes y pico, soy cariñosamente +acogido por mi buena Rosario, una chica mitad ama de llaves y mitad +cocinera, que arregla mis papeles y cuida de mi estómago.</p> + +<p>—Te entrego mi estómago, un poco estropeado por las salsas al por +mayor—le dije al darle posesión de su cargo—, y espero que me lo +trates bien. El estómago es el alma del escritor. Con un poco de acidez +o de flatulencia, yo haría una literatura triste y perdería lectores. Al +nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme +guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el +respeto de la crítica y la aceptación del público.</p> + +<p>Desde entonces, la Rosario pone sus cinco sentidos en la cocina. A +veces, advierto la desaparición de algún plato, pero no es culpa de la +Rosario.</p> + +<p>—Yo no lo rompí. Fue él. Lo tenía en la mano, y se cayó. Se hizo +pedazos contra el suelo...</p> + +<p>—Debe de ser un caso de suicidio—observo yo entonces—. El pobre plato +estaría desesperado de la vida.</p> + +<p>Otras veces, la carne está espantosamente dura, y la Rosario dice que no +ha querido cocerse. Verdaderamente, ¿qué interés puede tener la carne en +ponerse blanda?</p> + +<p>Pero, a pesar de todo, la Rosario es una excelente muchacha. Yo le doy a +leer los libros de mis amigos, y luego le pregunto qué es lo que +opinamos de ellos. La Rosario tiene un criterio literario en el que la +crítica no ha ejercido aún su perniciosa influencia: un criterio sano y +honrado. Algunos autores, al enviarme sus obras, lo hacen dedicándoselas +ya a la Rosario, y no falta quien le prodigue adjetivos laudatorios para +congraciarse con ella.</p> + +<p>Ahora, al volver de Galicia, la Rosario me contó todo lo que había +ocurrido durante mi ausencia. Yo había estado más de un mes sin recibir +cartas ni leer periódicos, y quería restablecer mi contacto con la vida +urbana.</p> + +<p>—¿Se han suicidado muchos platos? ¿Han traído muchas cuentas? ¿En qué +nuevas aventuras se ha metido el amigo Charlot?...</p> + +<p>La Rosario ha ido contestándome a todas estas preguntas y satisfaciendo +así mi curiosidad.</p> + +<p>—Y Gobierno, ¿qué Gobierno tenemos ahora?—añadí.</p> + +<p>—¿Gobierno? Yo creo que tenemos el mismo.</p> + +<p>—Imposible, Rosario. Hace más de un mes que salí de Madrid, y no es +posible que un Gobierno dure tanto. Seguramente tenemos un Gobierno +nuevo.</p> + +<p>La Rosario entonces reflexionó un poco, y dijo:</p> + +<p>—Quizás. La verdad, yo, que gobiernen unos o que gobiernen otros, no lo +noto nunca...</p> + +<p>Y aquí me tiene el lector, ignorando si estoy gobernado por Maura, por +Sánchez de Toca o por Romanones. En casa no lo notamos. Las patatas +cuestan lo mismo. El alquiler no baja. Los guisos salen igual...</p> + + + +<h2><a name="EN_EL_PAIS_DE_LA_RULETA" id="EN_EL_PAIS_DE_LA_RULETA"></a>EN EL PAÍS DE LA RULETA</h2> + + + +<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I<br /> <br /> +LOS TEMAS LITERARIOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">os</span> escritores solemos dirigirnos a «el lector», poco más o menos, así +como los criados se dirigen a «el señor». Desgraciadamente, este +concepto de «el lector» es demasiado vago. Por lo general, el lector +tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el +lector—este lector de quien hablamos tanto los escritores—fuese una +realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigiría a él y le diría:</p> + +<p>—¿Qué artículo de San Sebastián quiere usted que yo le haga? ¿El de la +lluvia? ¿El del jugador? ¿El de las pulgas? ¿El de la Concha? ¿El del +objeto perdido? ¿El de la misteriosa extranjera...?</p> + +<p>Porque en San Sebastián no hay arriba de doce temas para artículos. Los +corresponsales madrileños que vienen aquí hacen las mismas crónicas cada +temporada. Yo conozco a un compañero que lleva ya quince sobre la +lluvia. Es un especialista.</p> + +<p>¿Cómo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras +cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal +abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no varía +sus temas literarios, una playa que no renueva sus crónicas, está +condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastián resultará una +cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantábrico o del +Mediterráneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los +cronistas. Los periódicos madrileños se apresurarán a mandar allí la +nube de corresponsales que ahora envían a San Sebastián. Al artículo de +la lluvia sucederá el artículo del sol o del relente; la crónica de las +pulgas será substituida por una sobre las chinches o sobre las +cucarachas. ¡Qué placer para los periodistas y para los lectores de +periódicos! Será una transformación literaria comparable tan sólo al +advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirán en masa a la +nueva playa de moda, y San Sebastián desaparecerá del mundo como centro +de placeres.</p> + +<p>Yo he llegado a San Sebastián hace varios días. Mi querido Fernández +Flórez estaba todavía aquí.</p> + +<p>—Supongo—le dije—que me habrá dejado usted algún tema disponible, +aunque sea de segundo o tercer orden.</p> + +<p>Fernández Flórez se rascó la cabeza.</p> + +<p>—Veamos, veamos—insistí yo—. Ha hecho usted ya el artículo de la +lluvia, el del Casino, el de las pulgas...</p> + +<p>Los había hecho todos, y, además, los había hecho como yo precisamente +hubiese querido hacerlos.</p> + +<p>«Voy a tener que volverme a Madrid», pensaba yo.</p> + +<p>En esto transponíamos las puertas del Casino, y yo observé que el +portero era tuerto.</p> + +<p>«¡Qué coincidencia!—exclamé—. Este portero tuerto, aquí donde se juega +tanto dinero... ¿Es que habrá todavía en San Sebastián una crónica por +hacer?»</p> + +<p>Pero Fernández Flórez ya había hablado también del portero tuerto...</p> + +<p>El Municipio de San Sebastián creerá, sin duda, que esto de los temas +literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastián no tardará en +sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de +los concejales, del Casino, de las sociedades de atracción de +forasteros, de las comisiones de festejos, etcétera, etc. Estas +entidades debieran renovar cada temporada los temas periodísticos de San +Sebastián, a fin de que ningún corresponsal permaneciera aquí ocioso. +Más que de dinero se trata de organización. Con seis temas inéditos por +temporada, San Sebastián podría ir tirando todavía.</p> + + + +<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II<br /> <br /> +EL TREINTA Y CUARENTA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">agan</span> juego, señores...!</p> + +<p>Sobre la mesa van cayendo fichas de un duro y de cuatro duros, y placas +de 50, de 100, de 500 y de 1.000 pesetas. Las raquetas van y vienen, +manejadas por manos febriles. Un señor, alargando trabajosamente el +brazo por entre la muchedumbre, pone 1.000 pesetas a encarnado. Es un +jugador de <i>a pie</i>. Los empleados dividen a los jugadores en dos +categorías fundamentales: jugadores de a pie y jugadores sentados, y la +primera categoría es la única que les infunde cierto pavor. Si el +jugador de a pie gana, en efecto, hay muchas probabilidades de que se +vaya con la ganancia. Puede dar un pase, dos, tres y marcharse con 15 o +20.000 pesetas. En cambio, el jugador sentado no importa que amontone +algún dinero. La banca siempre tiene esperanzas de recuperarlo.</p> + +<p>—¡Hagan juego...!</p> + +<p>Los mirones encuentran floja la partida.</p> + +<p>—Esto está aburridísimo—dicen—. No hay sangre...</p> + +<p>Algunos reconvienen a sus amigos.</p> + +<p>—¿Por qué juega usted a ese paño? Es absurdo...</p> + +<p>Y luego, si por casualidad aciertan, insistirán en sus censuras, +llenando de vituperios a los pobres perdidosos.</p> + +<p>—¿No se lo dije yo a usted? Si era infalible...</p> + +<p>—Yo prefiero ganar diez duros a negro—murmura una voz—que 1.000 +pesetas a encarnado. ¡Qué quiere usted! Es una manía. Además, no me +sería posible jugar a encarnado. ¡Hace ya noventa y un años que juego a +negro...!</p> + +<p>Vuelvo la cabeza y veo a un viejecito que empuja las fichas con una +raqueta temblorosa. Debe de sentirse próximo a la muerte, y por eso no +juega a encarnado. Acaso ganara; pero por unos cuantos duros no va a +dejar a última hora su camino de siempre. ¡Qué hermoso ejemplo de +consecuencia para los políticos! Yo lo someto a la consideración de un +distinguido diputado, el cual se echa a reír.</p> + +<p>—Ya ves. En solo media hora he ganado 20.000 pesetas con mi juego de +alternativa...</p> + +<p>El <i>croupier</i> va cantando con un acento muy francés:</p> + +<p>—Siete... Cuatro... <i>Encagnado</i> gana <i>et colog</i>.</p> + +<p>—¡Qué le vamos a hacer!—suspira el viejecito.</p> + +<p>Y vuelve a jugar a negro. Su cara está alegre, sonriente, satisfecha. Se +ve que este hombre, tan próximo al umbral de la otra vida, lo traspasará +sin temor alguno. Ha sido un hombre leal. Ha cumplido siempre, sin +vacilaciones, el deber que se impuso noventa y un años atrás. Su +conciencia está tranquila. Cuando Dios le llame a juicio y le pregunte +si jugó alguna vez a encarnado, él dirá:</p> + +<p>—Nunca. Seguí el negro en la adversidad como en la fortuna, en sus +horas buenas y en sus horas malas, cuando todos acudían a él lo mismo +que cuando se veía abandonado de todos...</p> + +<p>—Dos...—canta el empleado.</p> + +<p>Y, extendiendo sobre la mesa otra hilera de cartas, vuelve a cantar:</p> + +<p>—Dos...</p> + +<p>Es un <i>aprés</i>. Uno de los que juegan a negro retira su postura.</p> + +<p>—Hace usted mal—le dice un mirón—. Eso lo que demuestra es la fuerza +de la baraja. Ya ve usted si será fuerte el encarnado, que ni a dos +puede ganarle el negro.</p> + +<p>—¿Cuántos encarnados van?—pregunta alguien.</p> + +<p>—Cuatro.</p> + +<p>—Es una racha. Hay que aprovecharla...</p> + +<p>Llueven sobre el encarnado fichas, placas y billetes. Los postores de +grandes sumas las hacen asegurar. Naturalmente que este seguro no es +contra la pérdida. No se ha llegado aún a constituir una compañía que +asegure las rachas de un color contra el color contrario. Es únicamente +para el caso de que se dé un <i>aprés</i> de treinta y una. Por un duro cada +cien duros o fracción de cien duros, el jugador garantiza su capital +contra lo que constituye el cero del treinta y cuarenta.</p> + +<p>Se produce una gran emoción. Al griterío de hace un segundo sucede un +silencio imponente. Estamos como en el circo, cuando para la música y se +avecina el ejercicio peligroso.</p> + +<p>El empleado comienza a echar las cartas, y el encarnado saca dos.</p> + +<p>—¿Otra vez dos?</p> + +<p>—¡Malo! ¡Malo...!</p> + +<p>—Ahora quiebra la racha...</p> + +<p>Y, en efecto, quiebra la racha. El negro gana. Las raquetas de los +empleados, miradas con ojos de perdidosos, parecen enormes...</p> + +<p>—¿Ha visto usted con lo que se sale ahora la baraja?—exclama uno de +los que habían puesto a encarnado—. Mire usted...</p> + +<p>Y enseña su cartón. Estos cartones están divididos en columnas donde se +marcan con puntos los colores que ganan. En una columna se ponen los +puntos correspondientes al negro, y, en otra, los correspondientes al +encarnado. Luego se trazan las líneas de punto a punto y se va +obteniendo un gráfico del juego, que es algo así como el gráfico de una +fiebre tifoidea. Hay juegos serpentinos, de línea inquieta, que salta +constantemente de columna a columna y que podrían llamarse juegos de +alambique. Hay juegos casi rectos, en los que se dan 10, 15, 20 negros o +encarnados sucesivos. Hay juegos mixtos... Lo malo es que el gráfico del +juego no se conoce hasta el final. El jugador que ve salir cuatro negros +consecutivos deduce que el juego lleva una dirección recta, y haciendo, +a su vez, un juego recto, pone su dinero a negro. Naturalmente que, a lo +mejor, sale encarnado. Entonces el jugador dice que ha quebrado el juego +y considera que la baraja se ha hecho traición a sí misma. Yo me inclino +a creer que los jugadores se precipitan en sus juicios sobre las +barajas. ¿Que por qué, si a la postre iba a resultar que se trataba de +una baraja de alternativa, ha comenzado el juego con cuatro encarnados? +¡Quién sabe! A lo mejor la baraja lo hizo para despistar...</p> + +<p>—Ha quebrado el juego. Mire usted mi cartón...</p> + +<p>En realidad, lo único que ha quebrado es la línea.</p> + +<p>Todo el mundo pierde, excepto el viejecito y un señor que había puesto +1.000 pesetas a negro.</p> + +<p>—¡Por no saber jugar!—murmura un técnico, en discusión con otro +jugador—. Ese señor ha ganado, ¿y qué? ¿Es que demuestra algo el que +haya ganado ese señor?</p> + +<p>Porque ante la teoría general, ante la ley profunda del treinta y +cuarenta, los hechos aislados carecen de importancia. ¿Es que se va a +destruir con 1.000 pesetas toda una filosofía?</p> + +<p>—Oye, dame dos duros—dice una voz femenina.</p> + +<p>—Pídeselos a Marquet—contesta una voz masculina.</p> + +<p>—Es que ya ves lo que ha pasado. Ha quebrado la racha...</p> + +<p>—Yo llevo perdidas ya 40.000 pesetas desde el mes de agosto—le dice +una amiga a la pedigüeña.</p> + +<p>—¿Cuarenta mil pesetas? Y ¿a quién se las has perdido?</p> + +<p>—Se las perdí a varios. Si fuese para comer, no me las hubiesen dado...</p> + +<p>Un jugador abandona su asiento con cara de malhumor.</p> + +<p>—¿Perdió usted mucho?</p> + +<p>—No. Perdí poco; pero lo que más me indigna es ver ganar a los amigos. +Que yo pierda, pase. Que ganen los desconocidos, pase. Que ganen los +amigos, eso, francamente, me desespera.</p> + +<p>Se oye la voz del empleado, que domina todas las otras.</p> + +<p>—¡Hagan juego, señores...!</p> + +<p>La mesa se llena de miles de pesetas. ¡Y luego diremos que el dinero +español carece de audacia y que está dormido en las cuentas corrientes!</p> + + + +<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III<br /> <br /> +LOS BOLSILLOS Y EL ESPÍRITU DE PROPIEDAD</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">V</span><span class="smcap">iendo</span>, en el Casino, a los empleados de las mesas de juego, se me han +venido a la memoria las reflexiones de un oso: el oso <i>Atta Troll</i>, +inmortalizado por Heine. Según <i>Atta Troll</i>, los hombres son unos +animales infelices y depravados, y todo su mal proviene de la invención +de los bolsillos. Si los hombres no usáramos bolsillos, no habría entre +nosotros egoísmo, no habría ambición, no habría <i>tuyo</i> y <i>mío</i>, no +habría propiedad, no habría tiranía... Seríamos como unos osos de +diferente especie, serios y dignos, aunque aficionados a la danza. +Desgraciadamente, un día los hombres inventaron los bolsillos, y desde +entonces cada uno trata de meter en los suyos lo que debiera estar a la +disposición de todos...</p> + +<p>En el Casino de San Sebastián, los empleados de las mesas de juego +carecen de bolsillos. La dirección del establecimiento, como el oso de +Heine, cree que, despojando de bolsillos a los hombres, se suprime en +ellos el sentido de la propiedad, y a medida que los empleados llegan, +hace que cambien sus trajes por unos trajes especiales, en los que no +hay medio de guardar ni una sola perra chica. Los empleados pueden, así, +manejar todas las noches miles y miles de duros sin la menor emoción. Si +tuvieran bolsillos, tendrían, con ellos, el sentido de la propiedad, y +al pensar que todo aquel dinero era un dinero ajeno, sufrirían tormentos +espantosos. Sin bolsillos, esto es, sin sentido de la propiedad, no se +les ocurre nunca guardarse un duro de nadie. Juegan con el dinero como +jugarían con chinas al borde de la playa. Las fichas de 1.000 pesetas no +los tantalizan ni poco ni mucho. Su estado de espíritu es igual al de +los osos, para quienes no existe el concepto de la propiedad individual.</p> + +<p>Yo creo que todos los concurrentes al Casino debiéramos tomar ejemplo de +los empleados, y no penetrar nunca en las salas de juego con nuestros +trajes de costumbre. En vez del <i>smocking</i>, debiéramos ponernos también, +para ir al Casino, unos trajes desprovistos de bolsillos. De este modo +no se nos ocurriría nunca ganar el dinero de la banca y nos ahorraríamos +el nuestro. Y, aunque se nos ocurriese, no podríamos intentarlo, porque +nos habríamos dejado la cartera en casa.</p> + +<p>Mientras tanto, esto es, mientras la supresión de los bolsillos no se +extienda de los empleados a los clientes, la cosa nunca podrá tener el +valor de un ensayo social. Y es que, detrás de estos empleados +desbolsillados que cantan los plenos y los colores, uno ve, +imaginativamente, unos bolsillos enormes, profundos e insondables, +adonde afluye el dinero de todos nosotros.</p> + +<p>Todavía es tiempo de que suprimamos nuestros bolsillos. Y si no los +suprimimos ahora, espontáneamente, tendremos que suprimirlos muy pronto, +por inútiles...</p> + + + +<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV<br /> <br /> +UN NUEVO SISTEMA PLANETARIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> cuatro de la mañana. El Casino, que es como si dijéramos todo San +Sebastián, ha cerrado ya sus puertas. No queda ni un solo +establecimiento abierto. Los serenos, únicos transeúntes de la ciudad, +marcan lentamente sus pasos en el silencio profundo. San Sebastián +duerme.</p> + +<p>Desde mi balcón, sin embargo, en el hotel de enfrente, yo veo una +ventana iluminada. Estas ventanas iluminadas a las altas horas de la +noche han constituido siempre un gran motivo literario, y, últimamente, +constituyen un poderoso motivo detectivesco. A mí me interesan en ambos +sentidos.</p> + +<p>—¿Quién habrá en esa habitación?—me pregunto—. ¿Será un enfermo que +se revuelca sobre su lecho de dolor? ¿Será acaso un avaro contando su +tesoro? ¿Será un veraneante en lucha con las famosas pulgas +donostiarras? ¿Será, tal vez, un poeta que sacrifica su sueño para +escribir, al dorso de una cuenta sin pagar, versos y más versos en honor +de una amada que no existe? ¿Será una hermosa admirándose a sí misma +ante el espejo, o será, quizá, una ex hermosa empastándose las arrugas y +arrancándose las canas? ¿Serán unos recién casados? ¿Será un sabio? +¿Será un espía alemán...?</p> + +<p>Yo apostaría a que es un jugador dedicado al ejercicio de la cábala +sobre un plano de la ruleta. La ruleta viene a ser algo así como un +segundo sistema planetario. Se trata de descubrir sus leyes y de fundar +una ciencia que sea, con relación a la ruleta, lo que es la Astronomía +con relación al Universo. Millares de hombres se han consagrado +heroicamente a la causa y le han hecho todos los sacrificios: el de su +inteligencia, el de su tiempo, el de sus cuartos... Hasta ahora, sin +embargo, no hay una verdadera ciencia de la ruleta. Los jugadores que +presumen de científicos, que leen la revista de Montecarlo y que hacen +sus posturas con arreglo a un plan, no pasan de ser algo semejante a los +antiguos astrólogos.</p> + +<p>No existen aún astrónomos de la ruleta. Acaso mi vecino sea un nuevo +Giordano Bruno, a quien hará quemar el Sr. Marquet en la terraza del +Casino. Mientras tanto, las leyes de la ruleta continúan en el misterio. +¿Gira la bola alrededor de la ruleta, o gira la ruleta alrededor de la +bola? He aquí una cuestión bien clara y concreta y que, siendo +fundamental, no ha obtenido solución todavía. ¿Cómo podrían haberla +obtenido las otras?</p> + +<p>—La ruleta—me decía un <i>amateur</i>—es la única obra humana +verdaderamente perfecta. Ríase usted de las pirámides de Egipto. Ríase +de la <i>Critica de la Razón Pura</i>. No hay más que la ruleta. Millares y +millares de hombres han dedicado sus esfuerzos a encontrarle un defecto, +y hasta ahora no se lo han encontrado. Hay quien dice que sí, que se lo +ha encontrado, que la ruleta es inquebrantable con tal o cual +combinación; pero no haga usted caso ninguno. El día en que se le +encontrara un flaco a la ruleta, la banca se arruinaría, y la ruleta +dejaría de existir. Mientras exista la ruleta es que no se le ha +descubierto la menor imperfección. Y ¿usted ha visto qué equidad la de +la ruleta? Si con un duro quiere usted ganar otro duro, tiene usted un +50 por 100 de probabilidades en contra, y si quiere usted ganar dos +duros, tiene usted un 75. El riesgo aumenta siempre, matemáticamente, en +proporción a la ganancia. No hay nada más justo. No hay nada más +equitativo. Si yo fuera escultor y quisiera representar a la Equidad, la +representaría en forma de <i>croupier</i> manejando una ruleta...</p> + +<p>—Una ruleta sin cero—observo yo.</p> + +<p>—Claro. Una ruleta sin cero. De tan equitativa que es la ruleta, ha +habido que ponerle un cero para garantizarle a las empresas sus gastos +infinitos. Convénzase usted. La ruleta es la única obra humana +verdaderamente perfecta...</p> + +<p>Esto decía mi amigo; pero actualmente mi entusiasmo supera al suyo. Para +mí, la ruleta es algo más que una obra humana. Es, como he dicho antes, +todo un sistema planetario. Los puntos se sientan alrededor de la +ruleta, y poco a poco van quedándose desprovistos de dinero. ¿Qué leyes +determinan esta atracción de la ruleta sobre el dinero de las gentes? +Acaso mi vecino llegue a descubrirlas; pero, mientras tanto, permanecen +en el más sombrío de los misterios. Se sabe el porqué del flujo y +reflujo de la mar, se conoce el curso del Sol y el de la Luna, se +predicen los eclipses al minuto; pero cuando la ruleta comienza a dar +vueltas en un sentido, y la bola en el otro, nadie puede sospechar si va +a darse el 7 o el 13, la primera, la segunda o la tercera docena, el +rojo o el negro, la <i>manque</i> o la <i>passe</i>, el par o el impar... Y en el +siglo <span class="smcap">xx</span>, todo afeitado y vestido de <i>smocking</i> o de frac, uno se +encuentra ante la ruleta en el mismo estado de espíritu en que el hombre +primitivo se encontraba ante el enigma del Universo.</p> + + + +<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V<br /> <br /> +ROUSSEAU Y ANATOLE FRANCE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ctualmente</span> sólo funciona un teatro en San Sebastián. No hay +espectáculos. No hay baile. No hay <i>restaurants</i> nocturnos... ni apenas +diurnos. La Policía, con el menor pretexto, clausura aquí todos los +lugares de diversión y sólo queda para disputarse al veraneante estas +dos potencias sobrehumanas: la Naturaleza y el Casino. Juan Jacobo +Rousseau experimentaría un serio disgusto al ver que el Casino va +venciendo. Anatole France, en cambio, para quien la civilización es una +lucha constante del hombre contra la Naturaleza, sonreiría encantado.</p> + +<p>Porque no hay duda ninguna: la ruleta tiene mucho más éxito que el +paisaje, con ser tan hermoso el paisaje de San Sebastián. Poco a poco, +los alrededores de la bella Easo van quedándose sin clientela. El Casino +les arrebata todos los parroquianos, y este triunfo es tanto más +notable, cuanto que, frente al cielo azul, al verde mar, a los bosques +sombríos, al Sol radiante y a las montañas augustas y solemnes, la +dirección del establecimiento no ha puesto más que una esfera giratoria +con 37 números.</p> + +<p>Es, como si dijéramos, la bancarrota de la Naturaleza. En honor de la +verdad, sin embargo, conviene advertir que el triunfo del Casino no ha +sido cosa muy fácil. La Naturaleza ha hecho esfuerzos prodigiosos. A +veces ha organizado días espléndidos, con una temperatura deliciosa y +una luz ideal. Los más amigos del Casino sentían entonces deseos de +pasarse al otro bando. Su conducta anterior respecto a la madre común se +les aparecía de pronto como una injusticia y experimentaban vivos deseos +de rectificarla.</p> + +<p>—¿Vamos a encerrarnos en el Casino en un día como éste?—exclamaban—. +No, nunca. Sería una verdadera vergüenza...</p> + +<p>Pero después de almorzar, el cielo comenzaba a nublarse. Malas lenguas +afirman que era el Casino quien preparaba los nublados.</p> + +<p>—No hay nada imposible para los <i>croupiers</i>—sostenían.</p> + +<p>Naturalmente, que ninguna persona razonable puede considerar en serio +semejantes rumores. Lo indudable, sin embargo, es que el cielo se +nublaba. Un descuido de la Naturaleza, un momento de debilidad, ¡qué sé +yo! Entonces millares de personas, hábilmente diseminadas por los +hoteles y cafés de San Sebastián, prorrumpían en gritos estentóreos.</p> + +<p>—¡La galerna...! ¡La galerna...!—vociferaban.</p> + +<p>¿Eran alquiladas estas personas? Yo tampoco lo he creído nunca; pero lo +cierto es que todos los entusiasmos por la Naturaleza se amortiguaban de +un golpe.</p> + +<p>—¿Lo ven ustedes? Si aquí no se puede salir... No hay más remedio que +meterse en el Casino...</p> + +<p>El Monte Igueldo, especialmente, tan bonito y tan próximo a la ciudad, +le hacía al Casino una concurrencia terrible. Claro que el Casino +hubiese acabado por dominarlo; pero, ¿para qué perder el tiempo?</p> + +<p>—Ya que la montaña no viene a mí, yo iré a la montaña—pensó la +dirección.</p> + +<p>Y la dirección fue a la montaña y puso en ella unos caballitos, y ya +nadie mira el paisaje, sino los caballitos, y la Naturaleza ha sucumbido +una vez más.</p> + +<p>Hoy el Casino no necesita ya hacer esfuerzo ninguno para atraer al +veraneante. El veraneante le pertenece por entero. Estos días está +haciendo un tiempo magnífico, y, sin embargo, los alrededores de la +ciudad se encuentran desiertos a todas horas. La Naturaleza ha perdido +el prestigio en San Sebastián. Lo ha perdido... a la ruleta.</p> + + + +<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI<br /> <br /> +EL JUGADOR OBJETIVO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">sto</span> es una ladronera, una perfecta ladronera—dice D. Salustiano—. Ni +por casualidad se gana. Va usted a ver...</p> + +<p>D. Salustiano coge una ficha de 20 pesetas y la arroja sobre la mesa.</p> + +<p>—Veinticinco y veintiocho—exclama—. Caballo...</p> + +<p>Luego, dirigiéndose a mí, continúa:</p> + +<p>—Son 20 pesetas tiradas... Este año llevo perdidas ya 15.000. ¡Como no +se repita lo del año pasado...! ¿Sabe usted cuánto me costó la broma el +año pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca...</p> + +<p>La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando +la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetín y el +<i>croupier</i> canta el número.</p> + +<p>—Doce. Rojo. <i>Manque.</i> Par...</p> + +<p>—¿Lo ve usted?—suspira D. Salustiano—. Era indudable. No hay manera +humana de ganar.</p> + +<p>Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una «calle». Diez y nueve, +veinte y veintiuno.</p> + +<p>—Ocho duros más que voy a perder—me dice—. No se gana nunca. Está +demostrado...</p> + +<p>En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros.</p> + +<p>—¿Se ha convencido usted?—me pregunta—. Pues para que acabe usted de +convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perderé, ya lo +sé, pero no importa...</p> + +<p>Como D. Salustiano, hay en San Sebastián infinidad de personas que se +arruinan para demostrar que es imposible ganar a la ruleta. Porque, +desde luego, D. Salustiano está firmemente persuadido de esta +imposibilidad. Su juego es a modo de una lección experimental para los +amigos y para los espectadores.</p> + +<p>Yo me creo en el caso de contenerle.</p> + +<p>—No juegue usted más—le digo—. La demostración ya está hecha. La +práctica ha confirmado suficientemente la teoría. No vale la pena que +pierda usted cien pesetas más para persuadir a un convencido como yo.</p> + +<p>Pero D. Salustiano insiste.</p> + +<p>—Es que no tan sólo se pierde en general, sino que se pierde siempre, +todas las veces—exclama.</p> + +<p>La fila de D. Salustiano comprendía los seis números que van del 13 al +18, inclusive. Sale el 16, y D. Salustiano gana 500 pesetas. Yo voy a +felicitarle, pero me contengo. El buen señor está desconcertado. Todos +sus principios se acaban de caer a tierra. D. Salustiano tenía una +convicción en la vida: la de que nunca se gana a la ruleta, y he aquí +que una bola ciega, un azar incomprensible, acaba de destruir esta +convicción. ¿Qué le queda ahora a D. Salustiano? Nada más que las 500 +pesetas. En lo futuro, su existencia carecerá de todo sostén ideal, y +será una cosa baldía...</p> + +<p>—Juéguese usted las 500 pesetas a una docena—le aconsejo.</p> + +<p>D. Salustiano las juega y las pierde. Entonces su rostro se anima de +nuevo.</p> + +<p>—¿Ha visto usted?—me dice—. Lo de la fila había sido una casualidad +que no demuestra nada. Indudablemente, no hay posibilidad de ganar nunca +a la ruleta.</p> + +<p>Y cogiendo cinco duros, los tira sobre la mesa:</p> + +<p>—Para los empleados...</p> + + + +<h2><a name="EN_EL_RINCON_DE_LOS_MILLONARIOS" id="EN_EL_RINCON_DE_LOS_MILLONARIOS"></a>EN EL RINCÓN DE LOS MILLONARIOS</h2> + + + +<h3><a name="Ic" id="Ic"></a>I<br /> <br /> +EL HIERRO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> vez que un bilbaíno me invita a comer, me parece que me da a comer +hierro. El hierro es el pan de Bilbao. Todo ha sido aquí hierro en su +origen, hasta el mármol y el oro de los millonarios de Algorta. Y el +mismo chacolí, en estas alegres cenas bilbaínas, me produce un efecto +así como de vino ferruginoso.</p> + +<p>Constantemente se denuncian nuevos yacimientos, a veces bajo casas +habitadas. Se denuncian calles, se denuncian viviendas, se denuncian +amigos y vecinos... Y toda la actividad bilbaína, todo el tráfago +gigantesco de la ría con sus hornos formidables que, durante el día, +eclipsan al Sol y que enrojecen el cielo por las noches, no son más que +un esfuerzo para convertir este hierro en oro y en billetes.</p> + +<p>Hay quien dice que el dinero bilbaíno es más valiente que el dinero de +otras ciudades españolas. Yo no creo gran cosa en la antropología del +dinero. En un caso particular, el dinero puede ser más o menos audaz o +más o menos timorato; pero, colectivamente, no hay calidades en el +dinero: no hay más que cantidad. El dinero de un pueblo no es cobarde ni +es valiente, sino que es poco o mucho. Las grandes fortunas, como los +hombres grandes, se atreven a cosas que, por regla general, asustan a +las fortunas pequeñas y a los hombres chiquitines. ¿Valor? No. Fuerza, +peso, volumen.</p> + +<p>Además, esto de tener el dinero en acciones es, poco más o menos, como +tenerlo en fichas. Uno no le concede el mismo valor que si estuviera en +billetes, y se lo juega. Todo el mundo pica. Un poeta bilbaíno que me +quiso leer unos versos el otro día tuvo que buscar el manuscrito entre +unas cuantas navieras que llevaba en la cartera.</p> + +<p>Afortunadamente, Bilbao está llamado a tener más dinero cada vez, y uno +no puede imaginarse su porvenir más que en una visión gloriosa. Hoy por +hoy, Bilbao es ya una ciudad donde el dinero se cuenta por millones, y +esta ciudad resulta doblemente extraordinaria porque se encuentra +situada en el país de la calderilla.</p> + + + +<h3><a name="IIc" id="IIc"></a>II<br /> <br /> +LA REIVINDICACIÓN DE LOS MILLONARIOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">I</span><span class="smcap">ndalecio</span> Prieto, el actual diputado por Bilbao, es un diputado +socialista, pero socialista para obreros. Esperemos que, en una próxima +legislatura, Bilbao se haga representar en Cortes por un socialista de +otra clase: un socialista para millonarios.</p> + +<p>La idea de un socialismo para millonarios no es mía, sino de Bernard +Shaw. Permítaseme adoptarla, sin embargo, para brindársela a los +capitalistas bilbaínos.</p> + +<p>Los capitalistas bilbaínos están completamente desamparados frente a sus +obreros. Mientras se fundan cooperativas, y se construyen casas baratas, +y se crean parques y jardines, y se instalan bibliotecas públicas y +baños municipales, adaptando a los recursos del obrero toda la vida del +país, ¿quién se acuerda de los millonarios? Un millonario bilbaíno puede +gastarse dos o tres millones en un <i>yacht</i> y otros dos o tres en su +palacio de Algorta; pero, ¿qué hace luego con los millones restantes?</p> + +<p>Hace poco se ha fundado aquí una Compañía para lograr que el kilo de +merluza no cueste nunca mucho más de seis reales; pero, ¿dónde está la +compañía que venda merluzas para millonarios a mil o a dos mil duros? No +hay merluzas para millonarios, no hay zapatos para millonarios, no hay +sombreros para millonarios. Yo he visto al señor Sota el otro día con un +gabán que, desde luego, no le había costado mucho más que el mío. Claro +que el señor Sota puede comprarse cien, doscientos, quinientos gabanes; +pero esto sería una superfluidad. En un país organizado para +millonarios, el ilustre naviero debiera poder adquirir un gabán de +varios millones de pesetas. Hoy no puede adquirirlo, y es que el +millonario se encuentra postergado en el mundo. Mientras todos gozamos +de la vida en proporción con nuestros recursos, el millonario, no. Nadie +se cuida de los millonarios, y helos ahí teniendo que fundar escuelas y +hospitales y que distribuir su dinero en obras de beneficencia.</p> + +<p>¡Pobres millonarios! Hasta hace poco, su desamparo se explicaba por su +rareza. Los millonarios eran escasísimos y no podían imponerse. Pero las +cosas han cambiado, y hoy, en Bilbao, ¿quién no está ya en el tercero o +cuarto millón?</p> + +<p>Ha llegado la hora de las grandes reivindicaciones. La sociedad tendrá +que dejarles un puesto a los millonarios, y si no lo hace, yo, +millonario, dimitiría.</p> + + + +<h3><a name="IIIc" id="IIIc"></a>III<br /> <br /> +EL HOMBRE QUE SE VENDIÓ BREA A SÍ MISMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> un hombre, en Bilbao, dice que necesita vagonetas, esto no +significa necesariamente que ese hombre necesite vagonetas. A lo sumo, +las vagonetas las necesita un amigo de un amigo de un amigo suyo. Y +cuando otro hombre, en el mismo Bilbao, le ofrece vagonetas a la gente, +esto tampoco implica el que ese hombre tenga muchas vagonetas en su +poder, sino que conoce a un señor, el cual, por medio de otro señor, +sabe de un tercer señor que quiere vender vagonetas. Y así ocurre el que +unos hombres que no necesitan vagonetas absolutamente para nada se pasen +la vida comprándoles vagonetas a otros hombres que no las tienen. Y +quien habla de vagonetas, habla de traviesas. Y quien habla de +traviesas, habla de clavos. Y quien habla de clavos, habla de brea. Y +quien habla de brea, habla de barcos. Y así sucesivamente.</p> + +<p>Yo tengo en Bilbao un amigo que se compró a sí mismo trescientas +toneladas de brea. No se trata de un bilbaíno, sino de un madrileño. A +poco de llegar al café del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea. +En <i>Maxim's</i> hubiese pedido <i>whisky</i>, pero en el café del bulevar se le +desarrollaron apetitos de más importancia. Quería brea, muchas toneladas +de brea, y cuanto antes, mejor. Pasaron días, y los deseos de mi amigo +fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en +realidad, él no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se +puso a ofrecerla.</p> + +<p>—¿Quién quiere brea?—dijo—. Yo puedo venderla en excelentes +condiciones.</p> + +<p>—¿Vende usted brea?—le preguntó un señor—.Pues yo le compro a usted +trescientas toneladas.</p> + +<p>Convinieron el precio y firmaron un documento. Pero el comprador no +compraba por su cuenta, sino por cuenta de un señor a quien, quince días +antes, le había oído decir que quería brea. Y este señor resultó ser +precisamente mi amigo, el cual, siendo vendedor de sí propio, no pudo +robarse gran cosa y sólo perdió la comisión.</p> + +<p>¿Cuántas operaciones de este género no se harán diariamente en Bilbao? +¿Cuántos hombres que ni hacen clavos, ni tienen fábricas de clavos, ni +se dedican a industrias para las que necesiten clavos, no vivirán de los +clavos en esta ciudad? Es el comercio, el honrado comercio, genio del +mundo moderno.....</p> + + + +<h3><a name="IVc" id="IVc"></a>IV<br /> <br /> +EL VASCUENCE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> he creído en el vascuence hasta que lo he oído hablar. Ahora tengo la +idea de que hay trescientas, cuatrocientas, tal vez quinientas palabras +de vascuence, y que todas las otras son una hábil invención. Me he +enterado, por ejemplo, de que mientras los vascos españoles le llaman al +tenedor <i>tenedoróa</i>, los vascos franceses le dicen <i>fourchetóa</i>. En una +esquina, y al lado de un letrero que decía «Calle de Echembarrena», otro +letrero ponía «Echembarrena kalia». Y cuando me dijeron que el segundo +letrero estaba en vascuence, yo me reservé unas dudas bastante serias. +Luego he oído decir «genté elegantía», por gente elegante, y otras cosas +análogas. A veces, una palabra como «oguía», que significa pan, le +desconcierta a uno; pero luego resulta que se trata de un derivado de +hogaza.</p> + +<p>—No se fije usted—me dijeron algunos amigos—. Los que dicen +«tenedoróa» y «genté elegantía» no saben vascuence; pero pregúntele +usted a Mourlane Michelena...</p> + +<p>Y en fuerza de oír esto he llegado a deducir que existe en efecto un +rico vocabulario vascuence, y que Mourlane Michelena es su único +depositario.</p> + +<p>¿Qué hará con el vascuence Mourlane Michelena? Yo me explico que se +tenga una casa para uno solo, y una botella para uno solo, y una mujer +para uno solo; pero no me explico que nadie tenga un teléfono ni un +idioma para usarlos exclusivamente consigo mismo.</p> + +<p>¡Habrá que oír a Mourlane Michelena en sus monólogos aglutinantes y +prearios! Pero, por otro lado, yo no puedo menos de felicitar a un +hombre que, en medio del tráfago bilbaíno, se encuentra de pronto este +tesoro de un idioma perdido durante tantos siglos.</p> + +<p>Me explico que se coleccionen las palabras de vascuence con un espíritu +de numismático, como pudieran coleccionarse raras, preciosas e +interesantísimas monedas antiguas. Por mi parte, es con ese espíritu con +el que las oigo; pero los «tenedoróa» y los «elegantía» me producen el +efecto de duros sevillanos entre monedas romanas.</p> + + + +<h2><a name="UNA_NUEVA_BATRACOMIOMAQUIA" id="UNA_NUEVA_BATRACOMIOMAQUIA"></a>UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA</h2> + + +<p><i>La guerra ha terminado en todo el mundo excepto en España. Los alemanes +se han rendido, pero no así los germanófilos, quienes siguen apoyando al +káiser y cantando las victorias de Hindenburg. Los aliados, por nuestra +parte, seguimos creyendo que Inglaterra y Francia representan la +libertad, la democracia, el derecho de pueblos, etc., etc.</i></p> + +<p><i>Es una nueva Batracomiomaquia, de la que el autor—modesta rana +beligerante—le ofrece algunas notas a su público.</i></p> + + + +<h3><a name="Id" id="Id"></a>I<br /> <br /> +LA GUERRA SOBRE EL PAPEL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> los alemanes perdieron la guerra, no fue por culpa de los críticos +germanófilos. Los críticos germanófilos han combatido con tanto ardor +como el más heroico de los soldados alemanes. Fabián Vidal y Manuel +Aznar pueden decir el trabajo que costaba desalojar a los críticos +germanófilos de ciertas posiciones. Se destruían los últimos nidos de +ametralladoras, Ludendorff ordenaba la retirada y los ejércitos aliados +avanzaban, pero Armando Guerra no se rendía tan fácilmente. En sus +mapas, la línea alemana manteníase intacta hasta tres o cuatro días +después.</p> + +<p>Cuando las tropas alemanas obtenían algún éxito, los críticos alemanes +lo anotaban como un éxito propio, y en sus periódicos les aumentaban el +sueldo.</p> + +<p>—Estoy avanzando en Rusia, en Servia y en Rumania—debió de decirle a +su director—. He echado de todas partes al crítico de la <i>Corres</i>, y +creo que esto bien vale los doscientos duros...</p> + +<p>En 1916, los críticos germanófilos llegaron a entrar en Verdun, en el +propio Verdun, y si luego abandonaron la plaza, fue, sencillamente, +porque el kronprinz no los siguió, y los pobres se encontraron allí +solos, sin contacto ninguno con el ejército alemán...</p> + +<p>Han luchado como unos héroes los críticos germanófilos; pero, +últimamente, las cosas les han salido algo mal, y yo temo que les +rebajen el sueldo, por la misma razón en virtud de la cual se lo +subieron un día. En vano tratan de justificarse. Uno de ellos decía +recientemente que el avance aliado carecía de mérito porque, según +confesión francesa, los alemanes andaban escasos de armas. Pero ¿por qué +andaban escasos de armas los alemanes? Pues simplemente porque los +aliados les tomaron más de cuatro mil cañones desde el mes de julio. +Supongamos que yo me lanzo con un cuchillo sobre el lector. El lector +retrocede, para el golpe, y se pone a forcejear conmigo hasta que logra +desarmarme. Luego me ataca con mi propio cuchillo, yo huyo, y <i>El +Debate</i>, comentando el suceso, escribe: «La huida del Sr. Camba no +constituye éxito ninguno para su lector, porque el Sr. Camba estaba +desarmado...»</p> + + + +<h3><a name="IId" id="IId"></a>II<br /> <br /> +EL PUEBLO DE LOS GASES LACRIMANTES</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">na</span> de las cosas que más le han servido a Alemania es la afición a la +música. La gente no cree que los alemanes puedan ser crueles.</p> + +<p>—¡Qué van a ser crueles!—dice la gente—. ¡Unos hombres tan tiernos! +¡Tan dulces! ¡Tan musicales!...</p> + +<p>Son muy musicales, en efecto, los alemanes. Al más encarnizado +perseguidor de armenios se le haría llorar tocándole una melopea. +Desgraciadamente, es muy probable que siguiese machacando al armenio +mientras sonaba la música. La sensibilidad ante la música no tiene para +mí mucho más valor que la sensibilidad ante el zumo de cebolla. Si puede +constituir una prueba de bondad, esta bondad no pasará nunca de ser una +bondad baja y primitiva. Los misioneros y los exploradores solían +tocarles el acordeón a los antropófagos africanos, a fin de ver si eran +civilizables; pero utilizar el mismo procedimiento para contrastar la +bondad alemana, francamente, me parece algo ofensivo.</p> + +<p>Los alemanes son tiernos, son dulces, son musicales y lloran en el +cinematógrafo. Yo recuerdo, a propósito de la ternura alemana, una +Nochebuena que pasé en Berlín. La patrona de mi casa de huéspedes había +comprado un pino, que los inquilinos se encargaron de adornar con +ampollas de cristal coloreado, con algodón hidrófilo, con cintas de +plata y oro, con bombillas eléctricas, con lentejuelas y con toda esa +pacotilla sentimental a que había allí tanta afición. Sobre una mesa +estaban los regalos que unos huéspedes se hacían a otros. A mí me habían +regalado una corbata de siete colores, una cajetilla de sesenta +«pfening», un tomo de poesías de Schiller, unos tirantes y un grupo +escultórico en escayola, que representaba Psiquis y el Amor. Llegó la +hora solemne. Se encendió el árbol, y la patrona produjo un gran jarro +de vino caliente con especies aromáticas. Comenzamos todos a berrear en +torno del pino:</p> + +<p>—<i>Weinachtsbaume... Weinachtsbaume...</i></p> + +<p>Poco a poco, la pensión entera fue emborrachándose y enterneciéndose, y, +al cabo de una hora, todo el mundo lloraba allí a lágrima viva. ¿Bondad? +¿Vino? ¿Música? ¿Estupidez?... Yo lo que sé es que cogí mi corbata, mi +cajetilla, mi tomo de Schiller, mis tirantes y mi grupo escultórico de +Psiquis y el Amor y que desaparecí. Aquel ambiente tan tierno me parecía +indigno del centro de Europa. Yo me consideraba rebajado en él. Además, +yo no creía que la bondad se caracterizase por la blandura ni por la +humedad. Conocía muy bien a mis convecinos, y el que se les cayesen las +lágrimas o el moco era para mí lo mismo que si les hubiese atacado el +hipo.</p> + +<p>¿Cuántos de aquellos hombres habrán tomado luego parte en el atropello +de Bélgica? ¡Y quién sabe si alguno de ellos no habrá intervenido +también en el bombardeo de París!...</p> + +<p>Los alemanes son aficionados a la música como los chinos son aficionados +al opio. Son un pueblo triste y llorón. Yo simbolizaría esta especie de +sentimentalismo sin piedad que constituye su espíritu en una de sus +últimas invenciones de guerra: los gases lacrimantes.</p> + + + +<h3><a name="IIId" id="IIId"></a>III<br /> <br /> +SI LOS ALEMANES HUBIESEN GANADO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">T</span><span class="smcap">erminada</span> la guerra no hemos resuelto nada.</p> + +<p>Nos esperan catástrofes, revoluciones, guerras, asolamientos y fieros +males.</p> + +<p>—¿Lo ve usted?—me dice un germanófilo—. Si los alemanes hubiesen +ganado, no ocurriría nada de esto.</p> + +<p>Y el caso es que, por primera vez, desde agosto del año 14, este +germanófilo tiene razón. Si los alemanes hubiesen ganado, en efecto, el +problema de las nacionalidades dejaría de ser un conflicto, porque todos +seríamos alemanes. Todos seríamos alemanes, y hasta es posible que todos +fuésemos rubios. Y, siendo alemanes todos los hombres, no tan sólo no +habría conflictos internacionales, sino que no habría tampoco +discusiones particulares. Todos tendríamos las mismas ideas. Los +filósofos discurrirían por nosotros, y ¿quién duda de que las ideas +hechas en las Universidades son siempre de mejor resultado que las que +se hacen en casa?</p> + +<p>El ciudadano se proveería de ideas lo mismo que de salchichas. La +cuestión de las lenguas—el polaco, el armenio, el catalán, +etc.—desaparecería por completo, ya que todo el mundo hablaría alemán. +Se clasificarían todas las cosas. A los perros se les prohibiría ladrar, +y a los socialistas se les negaría el uso de la palabra. En los paseos +públicos habría unos bancos para niños, unos bancos para niñeras, unos +bancos para ancianos, y quizás hubiese también unos bancos especiales +para los candidatos al Parlamento: los chicos de tres años, cuando +estuviesen cansados de jugar, irían de banco en banco, y, calándose unas +gafas, estudiarían los diferentes letreros:</p> + +<p>—¿Soy yo candidato?—se preguntaría Manolín—. ¿Soy una niñera?...</p> + +<p>Si los alemanes hubiesen ganado, el individuo no tendría nada que hacer, +y el Estado alemán se encargaría de todo. Uno cobraría, y el Estado se +le llevaría a uno el dinero. Uno fumaría, y el Estado escupiría por uno. +En España, es probable que la situación no hubiese variado gran cosa. +Tendríamos también, seguramente, un gobierno Maura y un régimen de +censura; pero como toda Europa estaría en condiciones análogas, no +constituiríamos una excepción.</p> + +<p>¡Qué orden, qué paz, qué tranquilidad las del mundo si, en vez de +triunfar los aliados, hubiesen triunfado los alemanes! Entonces, nadie +se hubiese vuelto contra los triunfadores. Ahora, en cambio, hasta los +alemanes mismos van a tener que hacerse revolucionarios de veras.</p> + + + +<h3><a name="IVd" id="IVd"></a>IV<br /> <br /> +EL LIBRO FUTURO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> periódico, y no por cierto un periódico aliadófilo, hablando del +destrozo de Alemania, decía: «Es inútil que los alemanes pretendan +protestar. ¡Que lloren como mujeres lo que no han sabido defender como +hombres!...» Parece, sin embargo, que los alemanes no lloran como +mujeres lo que no han sabido defender como hombres. Antes bien, lo +bailan, lo cantan y lo beben con gran regocijo. Según el <i>Daily +Mail</i>—en una carta de su corresponsal en Berlín—la antigua capital del +imperio se divierte como en sus mejores días. Alemania está +deshaciéndose, y los mismos hombres que hace apenas unos meses lo +sacrificaban todo por ella, hoy le dedican al <i>fox-trot</i> sus energías +restantes.</p> + +<p>—¿Es posible tanta depravación?—preguntará el lector.</p> + +<p>Y yo, que he vivido dos años entre alemanes, le contesto:</p> + +<p>—Sí; es posible. Y es posible... porque no es depravación.</p> + +<p>A comienzos de la guerra, muchas gentes no creían que los alemanes +fueran capaces de bombardear ciudades indefensas ni de hundir barcos de +pasajeros. Yo sí lo creía. Y no es que yo tuviese de los alemanes peor +concepto que mis interlocutores, sino que tenía un concepto distinto. +Mis interlocutores suponían que para que un alemán matase a un niño en +la guerra era preciso que ese alemán fuese un malvado. Yo, en cambio, +opinaba que un alemán podía matar niños sin dejar por ello de ser un +excelente padre de familia y un hombre sensible a las emociones de +carácter más elevado. Hay mujeres que ni aun puestas en la cumbre del +Mont-Blanc, como decía no sé quién, serían inaccesibles; mujeres que han +caído mil veces y cuya alma, sin embargo, adivinamos más pura que la de +una niña de seis años. Parece que no se enteran nunca. Pues la +psicología de estas mujeres podría acaso servir para explicar la de ese +alemán que con una rosa entre las páginas de un libro de versos se iba, +tiernamente, a arrojar bombas de cuarenta kilos sobre los tejados de +París...</p> + +<p>Ahora, mientras Alemania se desmorona, Berlín arde en fiestas. +¿Depravación? Nada de eso. Lo que pasa es que los alemanes no se han +enterado aún del resultado de la guerra. Saben que su ejército ha sido +vencido; saben que el Káiser ha abdicado; saben todo esto vaga y +confusamente; pero no saben nada más.</p> + +<p>Dentro de veinte años, sin embargo, las cosas cambiarán radicalmente. +Hacia esa época, un sabio profesor habrá publicado una obra enorme en +muchos volúmenes muy gordos, estudiando la guerra, no sólo en su aspecto +militar, sino en su aspecto social, en su aspecto político, en su +aspecto económico y en todos sus aspectos. Probablemente, la primera +parte de esta obra estará dedicada a las guerras de la Edad Antigua, +cuando aun no existía Alemania. Quizás el autor habrá hecho también un +estudio detenido sobre la catapulta, considerándola como punto de origen +del mortero del 42. Y entonces, toda una generación de alemanes se +calará las gafas, se pasará las noches en claro estudiando y se enterará +exactamente de lo que le ha ocurrido a su patria desde el 1914 al 1918.</p> + +<p>Todo el mundo sabe que los alemanes no suelen reír los chistes hasta +veinticuatro horas después de haberlos oído, que es cuando «les ven la +punta». Dentro de veinte años le verán también la punta a la guerra +europea y romperán a llorar. Llorarán en verso y llorarán en música. +Llorarán todos los violines, todas las arpas, todas las gaitas, todos +los saxofones, todos los contrabajos del ex imperio. Alemania entera +llorará, y llorará mucho; pero llorará tarde.</p> + +<p>Y, mientras tanto, en el <i>Palais des Dances</i>, Alemania ríe a cien marcos +por hora.</p> + + + +<h2><a name="LOS_MEDICOS" id="LOS_MEDICOS"></a>LOS MÉDICOS</h2> + + + +<h3><a name="Ie" id="Ie"></a>I<br /> <br /> +EN DEFENSA DEL RESFRIADO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> Congreso Médico de Madrid ha sido, según parece, uno de los mejores +Congresos Médicos celebrados en el mundo, y de aquí en adelante, +nuestros sabios doctores van a curárnoslo todo: el cáncer, la +tuberculosis, la lepra, la ceguera, el reblandecimiento medular, etc., +etc. ¡Muy bien, señores médicos! ¡Admirable! Pero ¿qué me dicen ustedes +del resfriado?</p> + +<p>Porque yo ni estoy reblandecido, ni soy ciego, ni sufro de lepra, ni +padezco de tuberculosis, ni tengo cáncer ninguno. En cambio, me +encuentro resfriado casi siempre y no comprendo por qué razón han de +tratarme ustedes con tanto desprecio. Muchas veces, harto de toser y de +estornudar, yo he acudido a ustedes en consulta. Ustedes me han +auscultado, me han preguntado si me canso al subir escaleras, a lo que +yo he contestado que, desde luego, me canso mucho más que al bajarlas, +me han obligado a respirar fuerte, y, por último, con un gesto de +infinito desdén, me han dicho:</p> + +<p>—¡Bah!... Usted no tiene más que un simple resfriado...</p> + +<p>¡Un simple resfriado! ¡Y yo que me creía poseedor de una enfermedad +importante!... Profundamente avergonzado, yo he cogido entonces mi +sombrero y me he lanzado a la calle, sumido en amargas reflexiones.</p> + +<p>—El fracaso es evidente—decía yo para mis adentros—. ¿Con qué cara me +presento ahora ante los amigos?</p> + +<p>Pero ya me he cansado, y en nombre de toda la humanidad acatarrada, +solicito para el resfriado la atención de la ciencia y el respeto de las +familias. Convengo en que la tuberculosis es más dramática que el +resfriado, pero exijo que al resfriado se le otorgue también cierta +categoría. Si el gato es el tigre del pobre, como decía no sé quién, el +resfriado es la tuberculosis del principiante. Es una tuberculosis +modesta, una tuberculosis para personas de poco dinero que no pueden +dejar de trabajar ni irse a la sierra a beber leche y respirar aire +puro. ¿Por qué este desdén hacia el resfriado en una época tan +democrática?</p> + +<p>Yo sospecho que es, sencillamente, porque los médicos no saben curarlo. +Y es inútil que me hablen del cáncer, de la lepra, de la tuberculosis, +etc. Mientras los médicos no curen los resfriados, yo no creeré en la +Medicina.</p> + + + +<h3><a name="IIe" id="IIe"></a>II<br /> <br /> +EL VIRTUOSISMO DE LA CIRUGÍA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span> un amigo mío le tenían que operar de la apendicitis.</p> + +<p>—Voy a quedarme arruinado—me dijo—; pero no tendré más remedio que +acudir a un gran cirujano.</p> + +<p>Era un amigo querido, y yo me alarmé.</p> + +<p>—No haga usted semejante cosa—le respondí—. Llame usted a un +medicucho cualquiera. Llame usted a un sastre. Llame usted a un barbero +o a un ebanista, pero no llame usted a un gran cirujano. El gran +cirujano le considerará a usted el apéndice así como un virtuoso del +violín puede considerar la <i>Sonata de Kreutzer</i>, y de una manera muy +artística, le matará a usted...</p> + +<p>Yo he visto trabajar una vez a un virtuoso de la cirugía. Rodeado de un +coro de admiradores se dirigió a una mesa de mármol, donde, +convenientemente narcotizado, yacía el enfermo. El virtuoso cogió unas +pinzas y un bisturí y se dirigió a nosotros.</p> + +<p>—Para la mayoría de los cirujanos—nos explicó—esta operación no +ofrecería dificultad ninguna. Es una operación sencillísima, que está +resuelta desde hace mucho tiempo, y que puede realizar cualquiera sin +el menor peligro. Comprenderán ustedes, sin embargo, que después de +reunir aquí a tan buenos amigos, yo no voy a defraudar su expectación. +Las posibilidades quirúrgicas son ilimitadas para todo médico que tenga +sangre de artista, y yo voy a demostrarlo ensayando con este enfermo un +procedimiento inédito y completamente personal. Es un procedimiento +peligroso, indudablemente, pero en eso consiste su encanto. Ya saben +ustedes, señores, que a mí no me arredra el peligro...</p> + +<p>Y, con un gesto a lo Thuillier, el gran cirujano se lanzó sobre el +enfermo, quien, bajo la influencia del cloroformo, había comenzado a +cantar unas peteneras. Los admiradores no pudieron contenerse y +rompieron a aplaudir.</p> + +<p>—Van ustedes a ver con qué rapidez procedo—añadió el gran cirujano—. +Toda la operación se reduce a tres trazos. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!...</p> + +<p>El gran cirujano hizo sus tres trazos y el enfermo dejó de cantar.</p> + +<p>—Se le va el pulso—observó un ayudante.</p> + +<p>Otro ayudante cogió con unas pinzas la lengua del pobre hombre, y se +puso a tirar de ella desesperadamente, pero todo fue inútil. Al poco +rato el enfermo había muerto.</p> + +<p>—¡Qué lástima!—exclamó uno.</p> + +<p>—¡Verdaderamente!—exclamó otro, que quizás fuese yo mismo—. Este +pequeño detalle enturbia un poco el éxito de la operación...</p> + +<p>El príncipe de la cirugía se lavó las manos, y si alguien se ha lavado +alguna vez las manos como Pilatos, fue precisamente aquel hombre. +Salimos a la calle; pero, como de costumbre, no se veía un guardia...</p> + +<p>Amigo lector: Permítame usted que le dé el mismo consejo con que ya +favorecí al amigo de quien he hablado antes. Si alguna vez necesita +usted que le operen, llame usted a un medicucho cualquiera. Llame usted +a un sastre. Llame usted a un barbero o a un ebanista; pero no llame +usted a un gran cirujano...</p> + + + +<h3><a name="IIIe" id="IIIe"></a>III<br /> <br /> +LA VIRUELA OBLIGATORIA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> se decretó en Madrid la vacuna obligatoria, todo el mundo se +indignó.</p> + +<p>—Que se vacune el que quiera—solía decirse—; pero ¿y si a mí se me +antoja tener viruelas?</p> + +<p>Libertad de tener viruelas... Libertad de pegárselas al vecino... +Libertad de escupir... Libertad de tronchar los árboles... ¡Con qué +ahínco defiende todas estas libertades el español!</p> + +<p>—Desengáñese usted—me decía un amigo antes de la vacuna obligatoria—, +España es el país más liberal del mundo. Aquí puede usted hacer lo que +le da la gana...</p> + +<p>—Yo no—le contesté—. Usted. Usted puede hacer aquí lo que le dé la +gana, y con usted, pueden hacerlo el Sr. La Chica y otros cuantos +señores; pero yo, no. No hay posibilidad de que todo el mundo haga nunca +lo que le dé la gana, y si ustedes hacen su gana de ustedes, es +sencillamente porque una buena cantidad de señores no podemos hacer la +nuestra...</p> + +<p>En el caso concreto de la vacuna, la mayoría del vecindario parece +considerarla como una tiranía, y si se considera que la vacuna es la +tiranía, no se está muy lejos de creer que la viruela sea la libertad. +¿Lo es, en efecto? Desde el punto de vista de los microbios, no cabe la +menor duda; pero, desde nuestro punto de vista, la cosa es ya bastante +más discutible. Por mi parte, considero la viruela como una verdadera +imposición de que han venido haciéndonos víctimas nuestros gobiernos. La +viruela tenía en España el mismo carácter obligatorio que ahora tiene la +vacuna, y nadie protestaba contra ella. Las gentes se resignaban a +padecerla como se resignaban a padecer el tifus y el caciquismo. Y, al +igual de los caciques, los microbios, sin duda, pensaban también que +España era el país más liberal del mundo.</p> + +<p>¡Qué lástima que la libertad práctica no pueda ser absoluta como la +libertad teórica! ¡Qué lástima que nuestros intereses no coincidan con +los de los microbios! ¡Qué lástima... para los microbios!...</p> + + + +<h3><a name="IVe" id="IVe"></a>IV<br /> <br /> +CROYDON Y MADRID</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">arece</span> que en Croydon, cerca de Londres, la Liga antivacunista se ha +opuesto violentamente a la vacunación obligatoria del vecindario. Un +periódico español da cuenta del hecho poniéndole esta coletilla: «En +todas partes cuecen habas.» Y esta otra: «¡Y aún hablan de <i>l'Espagne et +le Maroc</i>!»...</p> + +<p>¿Quiénes hablan de <i>l'Espagne et le Maroc</i>? Los ingleses, en todo caso, +hablarían de <i>Spain and Marocco</i>, y la verdad es que si nosotros no +tuviéramos con Europa más analogía que la de oponernos a la vacunación +obligatoria, no tendríamos analogía ninguna y estaríamos completamente +unidos al África. Porque Europa puede combatir la vacunación obligatoria +y nosotros no. Es el caso de dos personas que se opusieran al alumbrado +de petróleo, una en nombre de la luz eléctrica y otra en nombre del +candil. Los vecinos de Croydon, con una urbanización excelente, creen +que deben prescindir de la vacuna. «En vez de vacunarnos—dicen—dennos +ustedes más agua y más aire.» Aquí, en cambio, la alternativa es +trágica: o vacuna o viruela. Nosotros estamos todavía en el período de +la vacuna, como estamos en el del reformismo y el republicanismo. De +vivir en Croydon yo sería, muy probablemente, miembro de la Liga +antivacunista, y, no obstante, cuando el Sr. Romeo inició aquí su +campaña en pro de la vacunación obligatoria, hice un artículo +defendiéndola. La vacuna, que en Inglaterra me parecería reaccionaria y +anticientífica, aquí me parece liberal y cientificísima. Y si los +espíritus revolucionarios ingleses pudieran traspasarnos con la vacuna +su partido conservador, no habría un hombre verdaderamente progresivo en +España que se negara a acogerlo. El partido conservador inglés vendría +entonces a representar la tendencia más avanzada de la política +española.</p> + +<p>Indudablemente, el hecho de que en Londres se combata la vacuna, no debe +servir para animar a los antivacunistas españoles. En un Estado +norteamericano se está haciendo ahora una campaña con cierto ferrocarril +en proyecto... pero con objeto de que se establezca un servicio de +comunicaciones aéreas. El ferrocarril comienza ya a ser un atraso en el +mundo. Aquí no se puede decir aún que tengamos ferrocarriles.</p> + + + +<h3><a name="Ve" id="Ve"></a>V<br /> <br /> +MICROBIOS A SUELDO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio +local fue a visitarlo con propósitos periodísticos.</p> + +<p>—Parece que ha recorrido usted medio mundo—le dijo el microbio local.</p> + +<p>—Sí... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en +Inglaterra, en los Estados Unidos...</p> + +<p>—Grandes países, ¿eh?</p> + +<p>—¡Quite usted allá! Para un pobre microbio que quiera vivir +tranquilamente, el mejor país es España. Aquí funda usted una pequeña +familia—cuatrocientos o quinientos mil hijos—, y la saca usted +adelante sin el menor contratiempo. Lleva usted sus chicos a la escuela, +al teatro y al <i>cine</i>, y es un gusto ver cómo se instruyen y se +divierten. La alimentación es magnífica. ¡Qué carnes tan podridas! ¡Qué +leche tan adulterada!...</p> + +<p>—La leche es muy buena, en efecto—respondió el microbio local—; pero +¿y el ácido fénico?</p> + +<p>—¿El ácido fénico?—exclamó el microbio de la gripe—. ¿Pero usted cree +en el ácido fénico?</p> + +<p>—¡Hombre! Los médicos aseguran...</p> + +<p>—¿Pero es que cree usted en los médicos?... Que un hombre crea en los +médicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que está en el +secreto de estas cosas, les haga caso ninguno. Por mi parte, le aseguro +a usted que el ácido fénico me hace engordar y que su aroma me parece +exquisito. Desengáñese usted, querido colega. El ácido fénico sólo es +desagradable para los hombres...</p> + +<p>—¿Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aquí?</p> + +<p>—Verá usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis +correrías por el mundo. Fuera de España todo se vuelve hablar de +libertad; pero si existe algún país donde un pobre microbio puede hacer +lo que quiera, ese país es éste. Aquí se siente uno amparado por las +leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna +autoridad inicia una campaña contra nosotros no faltan amigos que nos +defiendan enérgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a +cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo demás +es cuento. ¿Sabe usted cuánto peso he perdido durante mi estancia en +Inglaterra? Pues muy cerca de una diezmillonésima de miligramo. ¡Para +que digan que Inglaterra es un país más libre que España!... Además, en +España uno puede cultivar el trato de toda clase de microbios, y esto +siempre es instructivo. El microbio del tifus, por ejemplo, y el de la +viruela, expulsados de todo el mundo, se han refugiado aquí, donde viven +a las mil maravillas. Yo los he visto el otro día en el pecho de un +enfermo que es cliente mío y a quien se los había llevado su médico.</p> + +<p>—¿De modo que se establece usted entre nosotros para siempre?</p> + +<p>—¡Ah, no!... Llegará un día en que España será un país de microbios +solos, y entonces la lucha por la vida adquirirá aquí caracteres +horribles.</p> + +<p>—Antes de esa fecha—exclamó el microbio local—yo me agarraré al +presupuesto. Buscaré un empleíllo en algún laboratorio, como microbio de +cultivo, y ¡a vivir!</p> + + + +<h3><a name="VIe" id="VIe"></a>VI<br /> <br /> +JUVENTUD, DIVINO TESORO...</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">an</span> leído ustedes las experiencias del doctor Voronof? El doctor +Voronof pretende haber descubierto, sencillamente, el secreto de la +eterna juventud. «Nuestra vida—dice el doctor Voronof—no depende tanto +del funcionamiento de los grandes órganos como de la secreción de +ciertas glándulas, minúsculas algunas veces...» Al leer esto, le entran +a uno vivísimas sospechas de que el doctor Voronof llama glándulas +minúsculas a los talones del Banco de España, al papel moneda y a los +distintos valores en curso, sospechas que se acentúan a medida que uno +sigue leyendo: «Un hombre—añade el sabio cirujano—puede vivir sin +riñón o sin estómago; pero si le suprimimos, por ejemplo, las cápsulas +subrenales, muere...» Indudablemente—piensa uno—el doctor Voronof, +llevado de su tecnicismo profesional, denomina cápsulas subrenales a las +piezas de cinco pesetas. El nombre parece extraño; pero quizás no +carezca de abolengo. Un filósofo podría, tal vez, descubrir cierta +analogía entre ese término y la expresión popular de «costarle a uno un +riñon», expresión demostrativa de que el pueblo considera también los +duros como una especie de cápsulas subrenales...</p> + +<p>Pero todo esto son fantasías. El doctor Voronof sabe muy bien lo que se +dice y nos asegura que los médicos pueden rejuvenecer a la humanidad sin +más que injertar en los organismos decrépitos las glándulas +intersticiales de organismos vigorosos. Por este procedimiento ya le ha +devuelto el doctor Voronof la juventud a numerosos carneros. ¿No se la +podría devolver también a algunos de nuestros políticos?</p> + +<p>Es posible que todos los problemas españoles se reduzcan a un solo +problema quirúrgico, y que lo único que necesitemos en este país sean +glándulas intersticiales. Nuestros carneros son más o menos viejos; pero +nuestros políticos son todos anteriores a la revolución francesa, y si +los cirujanos no logran matarlos, que por lo menos procuren +rejuvenecerlos. No creo que los políticos se diferencien tanto de los +carneros que no se pueda hacer con los unos lo que se ha hecho con los +otros. Ensaye en ellos sus glándulas intersticiales el doctor Voronof y +ensaye también esas glándulas tiroideas con las cuales parece que, ya en +el año de 1913, convirtió a un idiota en un ser sensato y razonable.</p> + +<p>Ahora, que el doctor Voronof debe tomar precauciones, porque aunque +científicamente un político sea igual a un carnero, hay, sin embargo, +entre ambos una diferencia esencial. El carnero no vive de su vejez, y +el político sí. ¿Qué sería de un político español sin vientre, sin +barbas blancas, sin asma y sin calvicie? Quitarle estas cosas a un +político es quitarle el prestigio y la respetabilidad. Por otra parte, +¿es que los ex ministros seguirían cobrando sus cesantías cuando +volviesen a la edad en que eran simples diputados? Porque si seguían +cobrándolas, el fracaso del doctor Voronof no podía ser más evidente.</p> + +<p>Decididamente, no creo que sea nada fácil rejuvenecer a un político +español. El doctor Voronof podrá rejuvenecer a un carnero de catorce +años, a un loro de ciento cincuenta y a una carpa de doscientos; pero no +así a uno de nuestros políticos. Y es que para devolverle la juventud a +un animal cualquiera, se necesita una cosa que no depende ni del doctor +Voronof ni tampoco del animal. Se necesita, sencillamente, que el animal +en cuestión haya sido joven alguna vez.</p> + + + +<h2><a name="ENTRE_CABALLEROS" id="ENTRE_CABALLEROS"></a>ENTRE CABALLEROS</h2> + + + +<h3><a name="If" id="If"></a>I<br /> <br /> +LOS DESAFÍOS Y EL MÉDICO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> la proposición que algunos médicos presentaron un día al Colegio de +Madrid hubiese llegado a adoptarse, los «lances entre caballeros» no +tardarían en pasar a la historia. Se trata de una proposición para que +ningún médico asista como tal médico a ningún desafío. Claro está que en +los desafíos no suele ocurrir nada. A primera vista no hay, por lo +tanto, ninguna razón para que los caballeros se hagan acompañar de un +médico cuando van a batirse y no cuando van a tomar café, ya que el +café, bien solo o bien con leche, es, en casi todos los +establecimientos, un brebaje engañoso que da lugar a serias +complicaciones gástricas. Se puede demostrar que, prácticamente, los +médicos son del todo innecesarios en los desafíos; pero, al demostrar +esto, se demostraría también que los desafíos son prácticamente +innecesarios en la vida. Ya se sabe que en los desafíos no muere nadie; +pero es preciso mantener la creencia de que puede morir alguien, y para +mantenerla es para lo que están los médicos. Las espadas, los sables, +las pistolas todo esto tiene un carácter decorativo y de panoplia, y +uno puede mirarlo alegremente; pero, ¿y el botiquín? ¿A quién no le +asalta por un instante la idea de la muerte al ver a un médico con su +botiquín debajo del brazo?</p> + +<p>En Francia, los duelistas procuran presentarle al público de vez en +cuando un pequeño cadáver. Aquí no se ha cambiado de cadáver desde hace +muchísimos años, y el duelo está perdiendo prestigio. Vean ustedes las +estadísticas de accidentes del trabajo y observarán que la industria +corchotaponera produce más víctimas que el duelo. ¿Qué se discute en +España entre los partidarios del desafío y sus antipartidarios? Pues, +sencillamente, un muerto de allá por el año 98, muerto que, al parecer, +debió su muerte a un descuido del médico...</p> + +<p>Si los médicos, pues, le hacen el <i>boicot</i> a los desafíos, si cuando un +caballero le haya producido a otro con un sable o con una espada un +rasguño en la muñeca, no hay un médico que describa este rasguño como +una herida inciso-trinchante de tantos centímetros de extensión, en la +región tal, interesando la dermis y la epidermis y la paquidermis; si +además el médico no echa en este rasguño tintura de yodo y yodoformo y +alguna otra porquería, y no arma allí una cantera y no cubre luego el +brazo de gasas malolientes, ¿qué va a ser de los desafíos?</p> + +<p>Los desafíos quedarán entonces reducidos a un <i>sport</i>, así como la +natación, como el billar o como la pesca de caña, y no digo como el mus +o el <i>poker</i>, porque estos juegos es indudable que producen víctimas. Se +convertirán en un ejercicio vulgar y caro y no tardarán en desaparecer. +Y esto sería grave porque, probablemente, daría origen a un aumento de +mortalidad.</p> + + + +<h3><a name="IIf" id="IIf"></a>II<br /> <br /> +LOS DESAFÍOS Y LA TÉCNICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> un señor me invitase un día a jugar una partida de ajedrez, por muy +obligado que yo le estuviera, no le complacería. Le demostraría que no +sé jugar al ajedrez, y el señor en cuestión tendría que renunciar a la +partida proyectada.</p> + +<p>Si el mismo señor pretendiese otro día hacerme ejecutar al piano la +<i>Marcha fúnebre</i> de Chopin, tampoco me sería fácil complacerle.</p> + +<p>—No sé tocar el piano—le diría—. Y si, en vez del ajedrez o el piano, +el señor en cuestión se orientase hacia la esgrima y quisiera batirse +conmigo a espada o a sable, mi contestación sería igualmente lacónica.</p> + +<p>—Lo siento mucho, pero no sé batirme a sable ni a espada...</p> + +<p>En el primero y el segundo casos, todo el mundo encontraría mi negativa +perfectamente natural. Se puede ser un gran aficionado al ajedrez, pero +se comprende que cuando un hombre no sabe jugarlo, no lo juegue. Se +puede ser muy entusiasta de la <i>Marcha fúnebre</i>, y no obstante, ante la +imposibilidad técnica de ejecutarla al piano, la gente se explica, sin +dificultad, el que un hombre no quiera ejecutarla...</p> + +<p>En el tercer caso, sin embargo, es seguro que yo quedaría muy mal. +Cualquier razón sirve para no batirse, excepto la de que uno no se sabe +batir. A nadie se le ocurre atribuir al miedo el motivo de que yo no dé +conciertos en la Sociedad Filarmónica; pero si yo me negara a batirme, +se diría que el miedo me dominaba:</p> + +<p>—En el terreno, la técnica significa muy poco. Lo decisivo es el +valor...</p> + +<p>Y esto es posible; pero yo creo que se tiene tanto más valor cuanto se +tiene más técnica. Está demostrado que la técnica de la natación +consiste principalmente en perder el miedo. Nadie nada de primera +intención, porque el miedo le lleva a hacer una serie de movimientos con +los que, irremisiblemente, se ahoga. Pues yo cogería a D'Artagnan, de +quien no es publico que supiese nadar, le pondría al borde de un mar +profundo, y le diría:</p> + +<p>—Láncese usted. Todo es cuestión de no tener miedo...</p> + +<p>Y el intrépido mosquetero se iría a hacerle compañía a los pacíficos +besugos.</p> + +<p>Es posible que yo no me batiese, aunque supiera batirme; como es posible +que no ejecutase la <i>Marcha fúnebre</i>, aunque supiera ejecutarla; pero si +alguien me pide alguna vez que ejecute esta marcha, yo no me voy a +salir diciéndole que prefiero otra marcha más jovial, o que no me +inspira simpatías la autonomía de Polonia, tierra del autor, sino, +sencillamente, que no sé tocar el piano.</p> + +<p>Y cuando alguien me desafíe, yo le diré que no me sé batir, en vez de +plantearle el problema de la moral del duelo. Por lo demás, acaso toda +la moral del duelo consista precisamente en esto. Cuando todo el mundo +llevaba una espada al cinto y sabía más o menos manejarla, batirse en +duelo era una cosa así como lo que es hoy liarse a garrotazos. Hoy, en +cambio, el duelo es la equivalente de lo que será liarse a garrotazos en +el año 2000, cuando, en vez de bastones, los hombres salgan a la calle +con unos tubos de goma llenos de aire comprimido, de energía +radioactiva, de café con leche o de lo que sea.</p> + + + +<h3><a name="IIIf" id="IIIf"></a>III<br /> <br /> +LOS DESAFÍOS Y EL HONOR</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">igamos</span> con esto del duelo. Un hombre hace una canallada; este hombre se +bate y es un hombre de honor. A un hombre le hacen una canallada; este +hombre no se bate y es un hombre sin honor. El honor o el deshonor no +consisten, pues, en conducirse honorable o deshonorablemente, sino en +batirse o no batirse. Yo me atrevería a decir del honor caballeresco +exactamente lo mismo que he dicho del valor, esto es, que se tiene tanto +más cuanto se tiene más técnica. El honor se puede aprender, si no en +doce, en cien o en doscientas lecciones. Todo es cuestión de tener algún +dinero para ir a una sala de esgrima. Por mil pesetas uno puede llegar a +hacerse un caballero perfecto, a condición de que uno no esté demasiado +viejo ni demasiado gordo, ya que el honor también tiene edad, peso y +estatura.</p> + +<p>—Pero si esto es así—dirán ustedes—, ¿por qué hay tantos hombres sin +honor?</p> + +<p>Sencillamente, porque no lo necesitan. Yo he observado que sólo tienen +honor aquellas personas a quienes les hace verdadera falta tenerlo. ¿De +qué le serviría el honor a un ebanista o a un comerciante? Cuando un +joven piensa dedicarse a la ebanistería o al comercio, no se preocupa +del honor. En cambio, si quiere entrar en la política, o si es +aristócrata, se compra unos floretes, unas zapatillas y una careta y se +inscribe en una academia de esgrima. En Inglaterra no existe el honor +caballeresco, y en Barcelona, tampoco. Un barcelonés puede ser un hombre +muy digno y hasta un hombre muy sinvergüenza sin necesidad ninguna de +tener honor; pero no así un madrileño. Hubo un tiempo en que para +dedicarse al periodismo, el honor era también una cosa indispensable. +Hoy creo que todavía se exige el honor en algunos periódicos; pero, en +la mayoría, sólo procuran que el periodista sepa su oficio. Días atrás +hablaba yo con un periodista de la vieja escuela y le decía que, +francamente, eso del honor me parecía absurdo.</p> + +<p>—¡Ah!—me contestó—. Usted ha tenido mucha suerte y puede usted +prescindir del honor. Si yo hubiese podido hacerme una firma, también +prescindiría de él; pero a los cincuenta años de edad no he logrado +llegar aún a las doscientas pesetas, trabajando diez horas diarias. Yo +soy un fracasado, y si no tuviese honor, me moriría de hambre...</p> + +<p>Mi pobre compañero tiene honor porque le hace muchísima falta. Si el día +de mañana heredase, dejaría inmediatamente de tenerlo.</p> + + + +<h2><a name="LA_POLITICA" id="LA_POLITICA"></a>LA POLÍTICA</h2> + +<p><i>En estos comentarios, que fueron escritos a fines del año 18 y +comienzos del 19, el lector verá algunos nombres propios: Maura, Cierva, +Dato, Sánchez de Toca, Romanones... Lo probable es que semejantes +nombres no varíen, o bien porque sus titulares vivan indefinidamente, o +bien porque, al morir, le dejen la herencia política a sus hijos. Y, +aunque varíen los nombres, es indudable que las cosas no variarán. Es +decir, que el lector del año 50 no tendrá que hacer, a lo sumo, nada más +que la simple sustitución mental de unos apellidos por otros para +convertir este pequeño trozo de historia en una página de actualidad +palpitante.</i></p> + + + +<h3><a name="Ig" id="Ig"></a>I<br /> <br /> +CEREBROS ARTIFICIALES PARA USO DE DIPUTADOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro día, al salir del Congreso, me fui a cenar con un amigo +diputado. Nos sirvieron de postre unas chirimoyas, fruta tropical, y mi +amigo, con su chirimoya en la mano, comenzó a hablarme de la autonomía +catalana. Yo le miraba, a la vez que le oía, y tenía una sensación así +como si fuese de la chirimoya de donde mi amigo sacaba las ideas. De +cuando en cuando, y coincidiendo con los momentos en que la +argumentación exigía mayor sutileza, mi amigo oprimía nerviosamente la +chirimoya, como si quisiera extraerle todo el jugo. Y entonces se me +venía a la imaginación la imagen prodigiosa de <i>Le Penseur</i>, de Rodin. +Hubo instantes en que yo temí que la chirimoya reventase en manos de mi +amigo, quien, cuando no podía terminar un razonamiento, la apretaba de +un modo verdaderamente suicida. Por fin, mi amigo se comió la chirimoya +y dejó de hablar de la autonomía catalana. Pedimos la cuenta. Las +chirimoyas costaban a cinco pesetas cada una. Y yo pensé que, para +decirme lo que me había dicho, mi amigo hubiera podido arreglarse +perfectamente con una fruta del país, como, por ejemplo, la naranja, que +es bastante jugosa y que se encuentra al alcance de las fortunas más +modestas.</p> + +<p>Estamos ante problemas demasiado graves, y yo temo que nuestros +cerebros, ociosos durante muchísimos años, no puedan ahora funcionar con +la exactitud necesaria. Algunos diputados razonan con chirimoyas. Otros, +vistos desde la tribuna de la Prensa, nos presentan unos cráneos largos +y depilados, como melones. Y otros, en fin, más acres, cuando estrujan +su pequeña masa encefálica, parece que estrujaran un limón. ¿Por qué no +se harán máquinas de pensar, como se hacen máquinas de calcular? El Sr. +Torres Quevedo, que ha hecho una máquina para jugar al ajedrez, podría, +seguramente, con mucha más facilidad, hacer máquinas que estudiasen la +cuestión catalana y vendérselas o alquilárselas a los señores diputados.</p> + +<p>Podrían hacerse cerebros de celuloide, sólidos, prácticos y que, como se +venderían mucho, resultarían bastante baratos; cerebros a los que se les +diese cuerda para veinticuatro horas, o bien que tuviesen una ranura, +como ciertos aparatos de gas, para que, al querer iluminar algún punto +obscuro de nuestra política, bastase echar en ellos una moneda y +aproximar un fósforo. La idea parecerá descabellada, pero yo me +atrevería a apoyarla con un precedente: los cerebros alemanes. +Minuciosamente preparados por el Estado y exactamente iguales unos a +otros, los cerebros alemanes de la <i>avant-guerre</i> podrían considerarse +como un producto industrial.</p> + +<p>Claro que el día en que los españoles razonemos con unos cerebros +artificiales, confeccionados al por mayor, perderemos toda nuestra +variedad, tan pintoresca. Pero acaso sea precisamente esto lo que nos +esté haciendo falta.</p> + + + +<h3><a name="IIg" id="IIg"></a>II<br /> <br /> +LA INDUSTRIA ELECTORAL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> elecciones son nuestra única industria nacional, y si se hicieran +dos veces al año, España se depauperizaría. Hay pueblos en los que la +cosecha representa unos diez mil duros anuales, la industria unos cinco +mil, y las elecciones ciento o ciento cincuenta mil. ¡Y aun hay quien +echa pestes contra la ley del Sufragio!</p> + +<p>—¿Para qué queremos el voto?—se preguntan algunas gentes.</p> + +<p>Y estas gentes, no sólo carecen de sentido político, sino que carecen +también de todo instinto comercial. Queremos el voto para venderlo. La +ley que nos ha proporcionado el derecho a votar nos ha asegurado con él +una renta vitalicia. Un voto puede valer cinco, diez, veinte, cien, +hasta doscientos duros. Muchos hombres en España ganan con su trabajo +cincuenta duros al año, y con el voto obtienen el doble y el triple. +Claro que es preciso votar a los candidatos conservadores. Los +socialistas, que se las echan de protectores del pueblo, en realidad +quieren robarle al pretender que el pueblo los vote gratis. ¡Falsos +apóstoles!, como dice un colega...</p> + +<p>Cuando llegan las elecciones es como si llegara una cosecha milagrosa. +Una cosecha de cereales, de salchichones, de chorizos y de cigarros de a +peseta con áureas sortijillas. El vino circula abundantemente en +nuestros pueblos más miserables. Las gallinas, animadas de un fuego +sagrado, dijérase que ponen los huevos ya cocidos y todo. Los corderos +nacen asados. España come y bebe a sus anchas.</p> + +<p>¿Y son los socialistas quienes censuran al Sr. Maura por echar sobre el +pueblo español esta bendición de unas elecciones generales? Pues que el +decreto de disolución se retrase unos meses más, y con lo cara que está +la vida, España se morirá de hambre. Es preciso acabar con esta leyenda +de que un candidato no es importante más que como un diputado en +potencia. Lo importante no es el diputado, sino el candidato. Lo +importante no es el Parlamento, sino el período electoral. Un hombre que +se deja en un distrito de cincuenta mil duros para arriba es, +indudablemente, un hombre que favorece al distrito, y el pueblo, +agradecido, debe votarle...</p> + +<p>A no ser que el candidato contrario se deje lo doble.</p> + + + +<h3><a name="IIIg" id="IIIg"></a>III<br /> <br /> +UNA CARTA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> lector me envía la siguiente carta:</p> + +<p><span style="margin-left: 6em;">«Sr. D. Julio Camba.</span></p> + +<p>Muy señor mío: Su artículo sobre las elecciones, publicado en <i>El Sol</i> +del día 13, contiene varias inexactitudes que me apresuro a rectificar. +Dice usted que los votos constituyen en España una gran industria. ¡Ay, +señor Camba! Como tantas otras, esta industria ha venido aquí +considerablemente a menos. La concurrencia es terrible. Hay quien vende +su voto por dos duros. Hay quien lo da a cambio de una comida, de un +paseo en automóvil o de un cigarro puro. Hay quien vota por amistad, y +hay algo mucho peor aún: hay quien vota por convicciones políticas. Y +así se explica el que se presenten candidatos hombres que no tienen +donde caerse muertos.</p> + +<p>Yo creo que se debiera constituir una liga de electores imponiendo una +tarifa mínima para los votos. Esta sería, a mi juicio, la única manera +práctica de que los ciudadanos hiciéramos valer nuestros derechos. Cinco +duros por voto, y si los candidatos no aceptaban, iríamos a la huelga. +Y no me hable usted de inmoralidad. El hecho de que usted cobre sus +artículos no quiere decir que usted venda sus ideas. En realidad, un +escritor no tiene verdadera independencia de pensamiento mientras no +puede vivir de su pluma, y algo de esto ocurre también con el elector. +¿Sabe usted lo que yo he tenido que hacer en las elecciones pasadas para +valorizar un tanto mi derecho de elector? Pues he tenido que votar dos +veces: una por un candidato monárquico, y otra, por un republicano.</p> + +<p>Porque eso de que los candidatos conservadores son quienes pagan mejor +los votos, tampoco es exacto, señor Camba. Cuando están en el Poder, +¿qué necesidad tienen de pagarlos? Generalmente, ni siquiera se toman la +molestia de echarnos un discurso.</p> + +<p>Desengáñese usted. Para levantar un poco la industria electoral no hay +más procedimiento que la Liga. Recientemente se hablaba de señalar +sueldo a los diputados. Muy bien; pero que los diputados comiencen por +pagar a sus electores. Y mientras haya gentes que voten de balde, yo no +podré creer que el derecho a votar represente para el pueblo conquista +ninguna...»</p> + +<p>Hasta aquí la carta de mi comunicante. Yo, en prueba de imparcialidad, +la reproduzco íntegra.</p> + + + +<h3><a name="IVg" id="IVg"></a>IV<br /> <br /> +EL AUTOR NECESITA UN DISTRITO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> estos hermosos días de mayo, para estar a tono con las costumbres y +no hacer entre mis contemporáneos un papel despreciable, yo necesito dos +cosas: un distrito y un sombrero de paja.</p> + +<p>Casi todo el mundo tiene un distrito y un sombrero de paja. Algunos +tienen sombrero de paja y carecen de distrito. Otros tienen el distrito +únicamente, pero podrán contarse con los dedos de una mano los españoles +que se encuentren hoy, a la vez, sin distrito y sin sombrero.</p> + +<p>Lector: ¿No tendrá usted por ahí algún distrito suelto que ofrecerme? +¿Ha mirado usted bien?...</p> + +<p>Todos mis amigos tienen distrito, y hasta hay quien hace gala de dos o +tres. A juzgar por las apariencias, en España hay muchos más distritos +que candidatos, y muchos más ciudadanos elegibles que ciudadanos +electores. Hombres que se han pasado el invierno sin gabán comparecen +ahora en la tertulia del café con distritos magníficos. No me extrañaría +nada que alguno de ellos empeñara el suyo...</p> + +<p>Es muy hermosa la libertad del hombre soltero; pero cuando uno se va +haciendo un poco viejo y comienza a padecer del estómago, echa de menos +una mano amante que le arrope bien en la cama y le sirva tacitas de +caldo. También es muy hermosa la situación del escritor independiente; +pero no en época de elecciones. En época de elecciones, ¿quién no siente +el anhelo de un partido político, un partido cariñoso que le dé un +distrito así como le daría un caldo la tierna esposa?</p> + +<p>Al salir a la calle y coger su sombrero, su bastón y sus guantes, uno +tiene estos días la sensación de que le falta algo todavía, y lo que le +falta es un distrito. Luego, en la tertulia habitual, así que todos los +amigos se ponen a hablar de sus distritos respectivos, el hombre que +carece de distrito es algo así como un paria. Los camareros mismos le +sirven de cualquier manera. El limpiabotas no acude a sus +requerimientos...</p> + +<p>La vida sin distrito ha llegado a parecerme ya una carga insoportable. +Me figuro que las gentes me señalan en la calle diciéndose:—He ahí un +hombre que no tiene distrito. Y por esto me dirijo al lector pidiéndole +uno. Después de todo, un distrito se le da a cualquiera. Haga el lector +un pequeño esfuerzo. Necesito un distrito, y lo necesito de toda +necesidad.</p> + + + +<h3><a name="Vg" id="Vg"></a>V<br /> <br /> +ESPAÑA, EMPORIO DEL PARLAMENTARISMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ué</span> se entiende por un hombre muy parlamentario?</p> + +<p>En España, por un hombre muy parlamentario se enriende un hombre que +tiene mucho parlamento. El señor Dato, por ejemplo, y el señor conde de +Romanones son hombres muy parlamentarios. También es bastante +parlamentario el Sr. García Prieto. Y yo mismo, que a primera vista no +parezco nada parlamentario, lo soy, sin embargo, considerablemente más +que la mayoría de los españoles: tengo numerosos amigos diputados, puedo +tomar café en el Congreso, puedo utilizar la franquicia postal +parlamentaria...</p> + +<p>Cuando el Sr. Maura disolvió las Cortes, dijo que lo hacía porque siendo +un hombre muy parlamentario, no quería aprobar los presupuestos a +espaldas de la representación nacional. La representación nacional era +entonces datista, romanonista, albista, socialista, etcétera, y el Sr. +Maura necesitaba una representación nacional maurista a fin de no +gobernar a espaldas del país, sino de acuerdo con él. Necesitaba un +Parlamento, en fin, para que no se dijese de él que era un gobernante +antiparlamentario.</p> + +<p>Y como necesitaba un Parlamento, el Sr. Maura—y quien dice el Sr. Maura +dice el Sr. Cierva—se dedicó a hacerlo. Primero, el jefe del Gobierno +eligió los candidatos. Luego, los candidatos eligieron a los electores. +Y, dentro de pocos días, el Sr. Maura tendrá un Parlamento propio, así +como algunos señores tienen un teatro casero.</p> + +<p>¿Quién ha dicho que aquí se gobierna arbitrariamente, sin tener en +cuenta los gustos ni las aficiones del país? Aquí no se hace semejante +cosa. El país ha derramado su sangre para conseguir el régimen +parlamentario, y respetuosos de la voluntad nacional, a cada Gobierno le +damos aquí su Parlamento correspondiente. En el mismo espacio de tiempo, +ninguna nación ha tenido tantos Parlamentos como España. España es, +indudablemente, el pueblo más parlamentario del mundo.</p> + + + +<h3><a name="VIg" id="VIg"></a>VI<br /> <br /> +LOS MINISTROS NUEVOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> caiga el actual Gobierno, nuestro presupuesto de gastos se +encontrará gravado con unas cuantas cesantías más. ¡Para que la gente +pida ministros nuevos!</p> + +<p>¿Qué se entiende por un ministro nuevo? Por un ministro nuevo no se +entiende un ministro joven ni un ministro distinto de los otros +ministros, sino un hombre que es ministro por primera vez. Un ministro +nuevo suele ser un subsecretario viejo, un gobernador viejo o un general +viejo... El marqués de Mochales llegó a ministro y se murió; pero este +lamentable suceso será único en nuestra historia. La mayoría de los +políticos no consideran colmada su ambición al llegar a ministros. Ser +ministro no es, en realidad, ser nada. Un ministro está a merced del +poder moderador, a merced de la Prensa, a merced de las oposiciones +parlamentarias, a merced de todo el mundo. En cambió, un ex ministro no +está a merced de nadie. Las carteras pasan y las cesantías quedan. Y por +esto, lejos de morirse una vez que han jurado el cargo, es entonces +cuando la mayoría de los ministros comienzan a vivir.</p> + +<p>¿Ministros nuevos? No. Nunca. Un ministro nuevo se usa en seguida y a +los dos o tres meses queda convertido en un ex ministro. Hay países de +una intensa vida económica que pueden permitirse el lujo de cambiar +frecuentemente de ministros, así como un hombre rico cambia +frecuentemente de automóvil; pero nosotros no estamos en el mismo caso. +¡Si cada nueva cesantía anulase una cesantía vieja! ¡Si cuando el señor +Prado Palacio, por ejemplo, sea declarado ex ministro, dejasen de ser ex +ministros el marqués de Lema o el conde de Bugallal!... Pero, hoy por +hoy, lo que nos conviene es ir tirando con los ex ministros actuales. +Son viejos, muy viejos, tan viejos como el mismo sistema parlamentario; +son malos y están pasados de moda, pero no nos suponen ningún nuevo +gasto. Bien conservados, estos ex ministros pueden durar todavía otro +cuarto de siglo u otro medio siglo, lo que en la política española no +creo que represente gran cosa. Y cuando se mueran del todo—allá para el +año 1950—, entonces se podrá pensar en sustituirlos con algunos hombres +jóvenes, como D. Melquiades Alvarez, por ejemplo, o el doctor +Simarro...</p> + + + +<h3><a name="VIIg" id="VIIg"></a>VII<br /> <br /> +UN ARTÍCULO MINISTERIAL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> yo fuese un escritor ministerial, ¡qué artículo haría acerca de las +últimas elecciones!</p> + +<p>Nos han derrotado en las grandes ciudades—diría—, pero esto no nos +extraña. Las grandes ciudades son verdaderos focos de corrupción, donde +se van perdiendo íntegramente los sentimientos de humildad, de +obediencia y de amor al pasado. Casi todos los madrileños saben leer y +escribir, y aunque una enérgica censura amordaza a los escritores de la +mala prensa, las ideas disolventes siempre encuentran camino por donde +llegar al cerebro del pueblo. Indudablemente, el analfabetismo vale mil +veces más que la censura. Todo el arte de los escritores radicales se +estrella contra el hombre del campo, hombre sano de cuerpo y de +inteligencia, que no sabe leer ni lo necesita para trabajar las tierras +de su señor y para darles el voto a los candidatos del orden. Y el +hombre del campo ha votado la candidatura ministerial.</p> + +<p>Hemos triunfado en el campo, donde todavía se conservan las venerandas +tradiciones de nuestros mayores; donde el médico, no contaminado por +teorías extrañas, sangra buenamente a sus enfermos, igual que en tiempo +de nuestros abuelos; donde el pobre se resigna a ser pobre como el rubio +se resigna a ser rubio; donde el cura prohíbe que se baile el agarrado y +que se lean los periódicos liberales, y donde se respeta el orden, la +propiedad, el clero y la Guardia civil. Hemos triunfado en el campo y +hemos fracasado en las ciudades. ¿Hay nada más significativo?</p> + +<p>Porque las ciudades están dejadas de la mano de Dios. En Madrid, la +juventud pasa su vida bailando bailes extranjeros, bebiendo bebidas +extranjeras y—cosa mil veces más nefanda—leyendo libros extranjeros. +Ahora les ha dado a los madrileños por poner en las casas baño y +ascensor, y esto será muy agradable para el cuerpo, pero tiene que ser +funesto para el alma. Baños, librerías, grandes hoteles, derechos +políticos, un Ateneo, una Casa del Pueblo... ¿Es que nuestros mayores +necesitaban ninguna de estas cosas?</p> + +<p>Días atrás, cuando los balcones de Madrid se engalanaron con toda suerte +de colgaduras en homenaje al Corazón de Jesús, creíamos que la capital +de España se arrepentía y hacía enmienda de sus errores. Las elecciones +nos demostraron que esta hipótesis era falsa. Indudablemente, el +madrileño que tiene colgaduras está deseando un pretexto para +exhibirlas, y cualquiera que sea este pretexto las exhibe; pero esta +exhibición, puramente decorativa, no tiene jamás un carácter +ideológico. Madrid está perdido, y con él están perdidas todas las +grandes ciudades españolas. Las han perdido las bibliotecas públicas, la +Prensa, el agua corriente, los hoteles cosmopolitas, el telégrafo, el +teléfono, los teatros, que, de lugares de solaz, van convirtiéndose en +vehículos de ideas pecaminosas, y tantas otras invenciones de este siglo +maldito. (Para un escritor ministerial todas las cosas antiministeriales +son invención de este siglo.) ¿Cómo iban a votarnos?</p> + +<p>Nuestra derrota demuestra que nosotros no tenemos nada que ver con esta +época de disolución social. Nosotros representamos las venerandas +tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el año de la +Nanita...</p> + + + +<h3><a name="VIIIg" id="VIIIg"></a>VIII<br /> <br /> +EL ENGAÑO DE LAS CRISIS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de +liberación. El aire me parece más puro; las mujeres, más guapas; los +manjares, más sabrosos.</p> + +<p>—Trabajillo ha costado—exclamo—; pero, al fin, somos libres. Ya no +tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal...</p> + +<p>Desgraciadamente, está en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos +cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible, +y por esto, acaban resolviéndose todas las crisis ministeriales. Al cabo +de dos o tres días, el Gobierno caído es siempre sustituido por otro, y +de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las +diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si España +llegará a vivir al año un mes entero sin Gobierno. ¡Un mes entre doce! +No vale la pena.</p> + +<p>Por mi parte, yo no ayudaré ya nunca a echar abajo a ningún Gobierno, +como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho más +cuando al otro es seguro que ya habíamos tenido también que echarlo +abajo anteriormente. No veo en qué puede convenirle a un hombre soltero, +que ejerce una profesión liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el +señor Maura, el Sr. García Prieto o el Sr. Sánchez de Toca. +Probablemente, les interesa mucho más a estos señores gobernarme a mí de +lo que pueda nunca interesarme a mí el que me gobiernen ellos.</p> + +<p>Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno—premisa a la que no le +concederé ningún valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir +con él—; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos +constituyen «un mal necesario», entonces, por lo menos, debemos exigir +que las crisis duren un poco más. Una crisis de tres o cuatro días no +compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos +ministros que parecen lapas.</p> + + + +<h3><a name="IXg" id="IXg"></a>IX<br /> <br /> +ACCIÓN POLÍTICA DE LOS MARISCOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">e</span> inicia un cambio en la política española. Hasta hace muy pocos días, +el político solía ser, entre nosotros, un hombre de la provincia de +Pontevedra, amigo personal del marqués de Riestra y padre de una +numerosa familia. Cuando un paisano mío carecía de oficio y no sabía +hacer nada que le permitiese vivir en su tierra, si no tenía dinero +bastante para irse a Buenos Aires, venía a Madrid y se dedicaba a +ministro. De mí sé decir que, este verano, unos marineros me pidieron en +mi pueblo nada menos que un grupo escolar; aquellas gentes sencillas +sabían que yo vivía en Madrid y no concebían que pudiese vivir de otra +cosa más que de ministro, lo que, después de todo, demostraba cierta +lógica. Si, en efecto, la mayoría de mis paisanos residentes en Madrid +no fuesen ministros o ex ministros, ¿cómo se las arreglarían para pagar +al casero? ¿Es que el Sr. García Prieto, por ejemplo, podría sostenerse +en la corte escribiendo artículos para <i>El Sol</i>? Pero ahora, para llegar +a ministro, ya no basta haber nacido en la provincia de Pontevedra, y +comienza a hacerse indispensable el ser catalán. Y éste es el cambio que +se inicia en la política española.</p> + +<p>A primera vista, parece que se trata de un cambio superficial, y quizá +no se trate, en efecto, de un cambio muy profundo. Sin embargo, yo creo +que entre el político gallego y el político catalán hay una diferencia +mucho más importante que la del acento. Lo terrible del político gallego +era su asombrosa capacidad de reproducción. Nacidos al pie de las rías +bajas, aquellos políticos se reproducían como las sardinas. Al cabo de +quince años, cada ministro le había dado vida a cinco ministros, a diez +subsecretarios, a diez directores generales y a veinte gobernadores, sin +contar los empleados subalternos. Todo el mundo conoce la fecundidad de +la provincia de Pontevedra, que es una de las más pobladas, si no la más +poblada, de España. Esta fecundidad suele atribuírsele a los mariscos, y +si la explicación es exacta, los mariscos vienen a ser, en fin de +cuentas, los verdaderos responsables del nepotismo español. ¡El +nepotismo español o las ostras, los cangrejos y los percebes de las rías +bajas!...</p> + +<p>Los políticos catalanes no parece que se reproduzcan tanto como los +políticos gallegos, y esto constituye, por sí sólo, una gran ventaja +para el país. ¿No se comen, quizá, muchos mariscos en Cataluña, o es que +el marisco del Mediterráneo vale menos que el del Atlántico? Y por otro +lado, ¿conocemos nosotros todas las posibilidades políticas del marisco +catalán? Si hubiese en España alguien que estudiase la política con un +criterio realmente científico, yo le propondría este problema, que +considero de un interés capital; pero, por desgracia, aquí no hay ningún +tratadista político verdaderamente serio.</p> + + + +<h3><a name="Xg" id="Xg"></a>X<br /> <br /> +ARRASAMIENTOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> una insubordinación se manifiesta en Barcelona o en otra +provincia—ha dicho el general Aznar—, sólo procediendo enérgicamente +se domina y se la hace entrar en la ley.» «Si es preciso—añadió—, se +arrasa la población...»</p> + +<p>Yo creo que estas palabras del general Aznar tienen toda la categoría de +un proyecto, y me extraña el ver que algunos periódicos lo rechazan sin +tomarse la molestia de estudiarlo técnicamente. Porque desde luego, si +existe en España alguna dificultad para arrasar poblaciones, a mí me +parece que es una dificultad exclusivamente técnica. Eso de imaginarse +que el Gobierno no puede arrasar Barcelona por razones de orden moral, +político o jurídico, demuestra, en mi sentir, una profunda ignorancia en +materia de arrasamientos. Las dificultades de este triple carácter +tienen muy poca importancia en el país de La Cierva y Sánchez Guerra. En +cambio, las dificultades técnicas constituyen, en el país de los mismos +señores, algo verdaderamente muy serio.</p> + +<p>Y, sentado esto, yo considero que debemos dejar a un lado +consideraciones ociosas, y rogarle al general Aznar que no desarrolle su +plan. Cuando el general Aznar, que ocupa en el Ejército un puesto tan +alto, ha insinuado la idea de arrasar Barcelona para dominar a los +elementos rebeldes, es que, indudablemente, esta idea es factible. Ahora +bien, general: nos hace falta un presupuesto. Queremos saber en cuánto +tiempo y por cuánto dinero se comprometería su señoría a hacer en +Barcelona un arrasamiento en forma. El Ejército alemán, con un material +formidable y una dirección de primer orden, tardó cuatro años en arrasar +Reims a satisfacción del Káiser; y siendo Reims una de las ciudades más +ricas de Francia, invirtió en la destrucción tanto como lo que ella +valía. Claro que nosotros no somos tan exigentes como el ex Káiser. +Acostumbrados a innumerables resignaciones, probablemente nos +conformaríamos con un arrasamiento mucho más vasto que el de la ciudad +de Reims; pero ¿qué nos vendría a costar ese arrasamientito? El caso +está en que, para evitar la posibilidad remota de perder Barcelona una +vez, no vayamos realmente a perderla dos veces, primero arrasándola, y +segundo, invirtiendo en el arrasamiento el dinero que costó la +edificación. Por otro lado, el problema de Barcelona es urgente, y si el +arrasamiento puede durar cincuenta o sesenta años, no creo que +constituya una solución eficaz.</p> + +<p>Supongo que el general Aznar sabrá apreciar la diferencia que existe +entre esos periódicos que han acogido sus manifestaciones del Senado con +una vocinglería sentimental, y yo, que las enfoco seriamente en el +terreno de la realidad. ¡Arrasar Barcelona! ¿Qué duda cabe de que así se +acabaría de una vez y para siempre con todas las cuestiones de +Barcelona? Lo malo, como digo, son las dificultades prácticas. A veces, +discutiendo con un amigo, y no logrando hacerle adoptar mis puntos de +vista, yo he sentido también el deseo de arrasarlo, y, si me contuve, no +fue, no, por motivos morales, sino, precisamente, por dificultades +técnicas. Y es—para decirlo con una frase digna de la Alta Cámara, +donde hizo sus manifestaciones el general Aznar—que «los individuos son +como los pueblos, y los pueblos son como los individuos».</p> + + + +<h3><a name="XIg" id="XIg"></a>XI<br /> <br /> +EL CONGRESO, A CUARENTA GRADOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro día, con un calor de cuarenta y tantos grados, estuve en el +Congreso. Yo nunca había observado la política española a una +temperatura tan alta. Algunos diputados, tendidos en sus escaños, +parecían cadáveres en descomposición. Olía mal.</p> + +<p>—Indudablemente—pensé—, el Parlamento no es un espectáculo de verano. +Para el verano ya tenemos las corridas de toros, que se hacen al aire +libre.</p> + +<p>Y, dirigiéndome a un diputado amigo:</p> + +<p>—¿Por qué no cierran ustedes?—le dije.</p> + +<p>—¿Cerrar?—exclamó—. Y la labor legislativa que tenemos por delante, +¿es que van a hacerla los porteros?</p> + +<p>—¡Hombre! En caso de apuro...</p> + +<p>—Todo se vuelven diatribas contra el diputado en este país—añadió mi +amigo—, y el diputado es un mártir. Ya ve usted a los diputados +franceses. No contentos con ganar quince mil francos al año, quieren que +se les dupliquen las dietas. El diputado español, en cambio, lejos de +cobrar, paga. ¿Sabe usted cuánto me han costado a mí las elecciones? +Veinte mil duritos. Así se demuestra el amor a la patria. Y aquí me +tiene usted, en pleno mes de agosto, respirando este aire corrompido.</p> + +<p>—Es el aire de la política. Yo había oído hablar de él, pero no lo +había respirado nunca. Cuando leía en algún periódico eso del aire +corrompido de nuestra política, creía que se trataba de una frase. Ahora +lo respiro materialmente y me doy cuenta de que es mefítico.</p> + +<p>—A veces huele como a ajos.</p> + +<p>—Ese olor es la democracia. Es la esencia misma del régimen +parlamentario. No hable usted mal de él...</p> + +<p>Los ventiladores giraban a toda velocidad; pero inútilmente. Está +demostrado que la política española, sometida a una temperatura de +cuarenta grados, se descompone por completo. Quizás ocurra también lo +mismo con la política inglesa, por ejemplo; pero ¿cuándo marca el +termómetro cuarenta grados en Londres?</p> + +<p>Decididamente, habrá que cerrar el Congreso si no queremos que se +declare en Madrid, y que se extienda luego por el mundo, una nueva +epidemia hispánica. Y por tarde que lo abran después, siempre lo abrirán +a tiempo.</p> + + + +<h3><a name="XIIg" id="XIIg"></a>XII<br /> <br /> +OPTIMISMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> no sé si el lector ha observado mi actitud ante el porvenir de +España. Hasta ahora, esta actitud ha venido siendo la de un escéptico, +la de un hombre sin fe ni esperanza ningunas. Los conservadores nos +prometían una revolución desde arriba, y yo sonreía incrédulamente; los +republicanos y los socialistas nos anunciaban una revolución desde +abajo, y yo volvía a sonreír con la misma incredulidad.</p> + +<p>—Esto no puede seguir así—me decían—. Esto tiene fatalmente que +transformarse. El mundo entero se transforma, y España no está en la +Luna, sino en el mundo...</p> + +<p>Todo era inútil. En el fondo, yo tenía una idea así como de que España +no estaba en el mundo, sino en la Luna. Yo no creía en el porvenir de +España. Yo era un escéptico...</p> + +<p>Era un escéptico, amigo lector, pero ya no lo soy. Mi escepticismo tenía +una causa y esta causa acaba de desaparecer. Ahora sólo me toca +manifestar que la causa en cuestión estaba en la calle de Cedaceros, y +que era esa valla con que el Sr. Vitórica ha estado, durante tanto +tiempo, entorpeciendo el tráfico de Madrid.</p> + +<p>Cuando yo pasaba por la calle de Cedaceros, mi espíritu se anegaba en un +torrente de amargas reflexiones.</p> + +<p>—¿Cómo vamos a derrumbar nada en España—pensaba yo—si todavía no +hemos podido derrumbar esta valla? La Prensa la ataca, el Parlamento la +combate, el pueblo la maldice y ella sigue en pie. La juventud +estudiantil, esperanza de la patria, ha venido aquí una noche, armada de +mazas y de picos, y la ha asaltado románticamente, pero la valla sigue +incólume. Hasta las autoridades gubernativas se propusieron echarla +abajo, sin que su gestión obtuviera éxito ninguno... Y ¿qué se puede +esperar de un pueblo que, todo él, no logra demoler una pobre valla de +maderas carcomidas?...</p> + +<p>Es indudable que, si yo me manifesté durante estos últimos años como un +escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia +con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla +ha caído en tierra, y ahora todo me parece posible.</p> + +<p>—Unas gentes que han acabado con la valla de Vitórica—me digo—pueden +acabar con la misma política del Sr. Cierva. España se transformará. +Llegará un día en que los madrileños tendremos hasta gas para el +alumbrado público. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser +optimistas... Dentro de más o de menos años, no tendría nada de +asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La +Coruña en un término de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un +pueblo tan enérgico. Los trenes andarán. Un kilo de pan llegará a pesar +lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las +familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han +deshecho la valla de la calle de Cedaceros.</p> + + + +<h2><a name="LA_ANTIPOLITICA" id="LA_ANTIPOLITICA"></a>LA ANTIPOLÍTICA</h2> + + + +<h3><a name="Ih" id="Ih"></a>I<br /> <br /> +EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a +fregar, a empapelar y a repintar el mundo. ¿Lo dejan mejor? +Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo +refrescan, lo varían y le dan un interés nuevo. Si los revolucionarios +pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una +temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente, +no sufriría tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones +interplanetarias no han pasado aún de la categoría de proyecto, y cuando +la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y +a echarlos patas arriba.</p> + +<p>Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se está transformando, con gran +indignación de muchos señores que se habían instalado en él +confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos señores no ven +la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien, +y en realidad, ¿qué mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefacción +central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas, +tiene luz eléctrica, tiene telégrafo y teléfono, tiene leyes de +Accidentes del trabajo, y tiene cinematógrafo. Es un mundo con todo el +<i>confort</i> moderno, un mundo sumamente recomendable.</p> + +<p>Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los +rusos, por ejemplo, tienen otras teorías estéticas, y después de haber +transformado el decorado teatral, no sería extraño que transformasen +también el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendrá a ser, poco más +o menos, con respecto al mundo actual, una cosa así como el <i>ballet</i> +ruso con relación a la ópera italiana.</p> + +<p>¿Qué quieren esos obreros que arman tanto escándalo? ¿Qué quieren esos +carpinteros? ¿Qué quieren esos fontaneros? ¿Qué quieren esos fumistas? +¿Qué quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto +desde la Revolución francesa, para que tire una temporadita de algunos +siglos. ¡Si se les pudiese decir que volviesen otro día!... Pero es +inútil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa +donde se están haciendo reparaciones.</p> + + + +<h3><a name="IIh" id="IIh"></a>II<br /> <br /> +LOS PROLETARIOS DE LEVITA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una +levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita +son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita. +Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo +que en un periódico conservador se habla de los proletarios de levita, +no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase +«proletario de levita» representa un concepto teórico, y aunque para los +usos prácticos de la vida yo no tenga levita ninguna, teóricamente sí la +tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita teórica. Es una levita que +no se puede empeñar; pero, en teoría, esto carece de importancia.</p> + +<p>En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A +veces, tiene un <i>smocking</i> para conquistar, en los hoteles de moda, +ricas herederas o políticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en +algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero, +desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de +pertenecer a una clase que se caracteriza tan sólo por el uso de una +prenda que no usa jamás. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario +de levita...</p> + +<p>Hace varios años, el dueño de un periódico donde yo solía colaborar +desde París, me envió una carta diciéndome: «El periódico marcha muy +bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con +respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al público de levita; +pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con +usted...» Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por +artículo, y yo le contesté sin gran entusiasmo: «El termómetro—le +decía—marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en +vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabán de abrigo.» Mi +ideal consistía entonces en ser un proletario de gabán, y creo que lo +realicé ya algo entrado el verano...</p> + +<p>Pero volvamos a los proletarios de levita. «Todo el mundo piensa en los +obreros—escribe un periódico conservador—. Todo el mundo se ocupa de +los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se +acuerda nadie...» Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de +blusa más que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, ¿cómo +no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? ¿Cómo van a fijarse +los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita +viste de americana?</p> + +<p>Yo propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran +sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un día haríamos, por +ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no +saldría a la calle ni un solo adjetivo. ¡Qué conflicto para el +régimen!... Pero ya verán ustedes cómo no hacemos nada. Los proletarios +de levita no tenemos instinto de conservación, además de no tener +levita.</p> + + + +<h3><a name="IIIh" id="IIIh"></a>III<br /> <br /> +EL SINDICALISMO COMO BASE DE UNA NUEVA ANTROPOLOGÍA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">espués</span> de todo, los sindicalistas no se proponen una cosa tan +extraordinaria como puede creerse. ¿Qué más da el que los hombres estén +clasificados por naciones que el que lo estén por oficios? La raza, el +idioma, la religión, las costumbres... Convengo en que todo esto es un +poco vago y un poco confuso; pero, ¿y la cerrajería?</p> + +<p>Los sindicalistas pretenden que donde hoy dice «España», «Inglaterra», +«Francia» o «Alemania», diga mañana «Sindicato del Hierro», «Sindicato +del Carbón», «Sindicato de la Madera», «Sindicato del Papel»... Al +principio, naturalmente, los miembros de unos Sindicatos aparecerán +mezclados con los de los otros, y en lo que hoy es España, por ejemplo, +habrá hombres de papel a la vez que hombres de madera, de carbón y de +hierro; pero, a la larga, es lógico suponer que cada Sindicato vaya +localizándose en lo posible allí donde encuentre sus primeras materias. +Entonces surgirá, no sólo una nueva Geografía política, sino también +una nueva Antropología. Los trabajadores del carbón constituirán una +raza muy morena. Los albañiles formarán una muy rubia. Si hoy se parecen +ya todos los albañiles del mundo, aunque no sean hijos de albañiles y +aunque la albañilería sea el único vínculo que los une, ¿qué no ocurrirá +a los dos siglos de sindicalismo? Probablemente, los distintos +Sindicatos darán origen también a religiones diversas, ya que no es +fácil concebir cómo se pueden tener las mismas creencias ni los mismos +sentimientos en el país del carbón que en el país de la cal. Y si es +verdad que la terminología de los oficios constituye el manantial más +rico donde se nutren todos los idiomas modernos, ¿cómo no suponer que +cada Sindicato llegará a tener una lengua propia, ininteligible para los +otros?</p> + +<p>Parece que los sindicalistas van a hacer una revolución terrible; pero, +a los dos siglos de sindicalismo, el mundo estará, poco más o menos, +como ahora. Un Sindicato muy fuerte querrá dominar a los otros, les +declarará la guerra y morirán a millones hombres de hierro, hombres de +carbón, hombres de cartón piedra y hombres de celuloide...</p> + +<p>Indudablemente, no hay una gran diferencia entre clasificar a los +hombres por oficios o clasificarlos por razas, religiones, idiomas y +costumbres. Y no tan sólo no hay una gran diferencia, sino que es igual. +En realidad, los hombres no se han clasificado nunca por razas, +religiones, idiomas ni costumbres. Los han clasificado así los +historiadores mucho después de que ellos habían hecho su propia +clasificación; pero los primeros hombres se clasificaban siempre por +oficios, ni más ni menos que si hubiesen oído a Pestaña o al <i>Noy del +Sucre</i>. Los pescadores se reunían para establecerse a orillas de los +ríos o construir ciudades lacustres; los cazadores se iban a los +bosques. Las nacionalidades modernas no son más que una consecuencia +directa de aquel sindicalismo primitivo. Y por esto yo creo que no es +muy difícil imaginarse el resultado del sindicalismo actual.</p> + + + +<h3><a name="IVh" id="IVh"></a>IV<br /> <br /> +EL BOLCHEVISMO, ENFERMEDAD INFECCIOSA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> los primeros <i>poilus</i> penetraron en territorio alemán, muchos +franceses se alarmaron.</p> + +<p>—Alemania—decían—está apestada de bolchevismo. A ver si nuestros +soldados lo cogen y lo extienden luego por aquí...</p> + +<p>Y es que para la inmensa mayoría de las gentes, el bolchevismo no pasa +de ser una enfermedad infecciosa. Los Gobiernos más serios lo tratan +como una nueva forma de gripe. Creen que se propaga por contagio, igual +que la gripe española, y, a fin de combatirlo, forman cordones +sanitarios en las fronteras. A los casos reconocidos los aíslan +cuidadosamente, metiéndolos en las cárceles, y, dentro de poco, +prohibirán el derecho de reunión, para evitar los hacinamientos.</p> + +<p>A mí, esto de combatir el bolchevismo con medidas sanitarias me parece +algo así como si se hubiera pretendido combatir la gripe reformando la +Constitución. No creo que las medidas sanitarias hayan sido nunca muy +útiles contra las epidemias, y, desde luego, creo que serán +perfectamente inútiles contra el bolchevismo.</p> + +<p>Porque, para mí, el bolchevismo no es un problema sanitario, sino un +problema social, y, en el estado actual de la Ciencia, me parece absurdo +pretender que nadie cambie de religión o de política sometiéndolo a un +tratamiento médico. Acaso el agua bendita haya resuelto algunos +problemas sociales; pero, probablemente, el agua oxigenada no resolverá +ninguno. Y la prueba de que el bolchevismo no es una enfermedad, es que +mientras las enfermedades sólo ponen en peligro a los enfermos, el +bolchevismo constituye un peligro únicamente para aquellos que no son +bolchevikis.</p> + +<p>Pero si, a pesar de todo, seguimos considerando el bolchevismo como una +enfermedad, ¿qué vamos a hacer con los otros sistemas políticos? ¿Con +qué curaremos el maurismo, pongo por caso? El bolchevismo vendría a ser +algo así como un enorme trastorno gástrico, mientras la mayoría de las +sectas políticas representarían deficiencias mentales imposibles de +combatir.</p> + + + +<h3><a name="Vh" id="Vh"></a>V<br /> <br /> +LA MAGIA DEL DINERO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> el bolchevismo comienza a asomar en un país, parece que los ricos +se apresuran a realizar sus fortunas para dilapidarlas alegremente antes +de que se las lleve la trampa. Así dicen que han procedido los grandes +duques rusos y que están procediendo los aristócratas magiares. El +bolchevismo es un gran estimulante de la generosidad, y por eso yo no +veo que en España corramos todavía el menor peligro de pasar a un +régimen bolchevique. Cuando algún millonario os cuente que aquí vamos +derechos al bolchevismo, pedidle mil pesetas, y si os las niega—que os +las negará—, es que habla por hablar y sin convicción ninguna.</p> + +<p>Hay quien dice que el bolchevismo tiende a suprimir el dinero, y esto +merece cierta reflexión. Indudablemente, el dinero es una cosa muy mala, +sobre todo para aquellos que no lo tienen; pero también es una cosa muy +buena, especialmente para aquellos que lo atesoran. Algunas personas, +cuando se discute este tema de la bondad o maldad del dinero, exclaman:</p> + +<p>—¡Quite usted!... Lo importante es tener salud...</p> + +<p>Probablemente, esas personas se figuran que el dinero constituye una +enfermedad, y si, en efecto, la constituye, hay que convenir que, entre +nosotros, no ha tenido nunca caracteres endémicos.</p> + +<p>Por mi parte, confieso que el dinero me ha parecido siempre una cosa +milagrosa. Yo no puedo ver el proceso de un duro que se transforma en +patatas, sin imaginarme el proceso contrario, y me figuro que, +previamente, se han cogido kilos y kilos del sabroso tubérculo, que se +los ha cocido, que se los ha machacado, que se los ha sometido a +diversos reactivos, que se los ha puesto en un alambique y que se ha +obtenido el duro como resultado. Esto es lo que yo me figuro cuando +compro un duro de patatas, y esto es ya bastante maravilloso; pero la +maravilla crece cuando pienso que mi duro no sólo es susceptible de +transformarse en patatas, sino que se puede transformar también en +guisantes, en zanahorias, en poesías líricas, en cigarros habanos y en +otros muchos objetos que me dicte mi fantasía. ¿Qué otra cosa, en +nuestro mundo moderno, tiene este poder mágico que tiene un duro, como +no sea un billete de cinco duros? Y ¿cómo es posible que haya quien +desprecie el dinero, considerándolo una realidad demasiado prosaica?</p> + +<p>No hay duda de que el dinero es una cosa excelente... para aquellos que +lo tienen. ¡Si lo pudiésemos tener todos!... Pero en cuanto lo +tuviésemos todos, su virtud milagrosa desaparecería en absoluto. Yo +creo que se debiera establecer un turno pacífico para el disfrute del +dinero. Así se evitarían las revoluciones, los grandes negocios y otra +porción de cosas más o menos molestas.</p> + + + +<h3><a name="VIh" id="VIh"></a>VI<br /> <br /> +EL DELITO DE SER RUSO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> extranjero, preso en la Cárcel Modelo, se dirige a los periódicos +protestando contra su detención. «Soy un ciudadano ruso—dice—, y no he +cometido ningún delito.»</p> + +<p>¡Un ciudadano ruso que no ha cometido ningún delito!... La contradicción +salta a la vista. Es como si se dijera «un homicida que no ha matado a +nadie», o «un ladrón que no robó nunca». ¿Le parece poco delito al Sr. +Weissbein el hecho de ser ruso? Rusia es un país demasiado frío, +demasiado lejano y demasiado complicado, y a nuestra Policía le ha +inspirado siempre muy hondas sospechas. En Madrid, Sr. Weissbein, ya +resulta bastante difícil el ser catalán o gallego, para que se le +permita a nadie ser ruso. Si quiere usted vivir tranquilo entre +nosotros, hágase usted de Vallecas o de Getafe y renuncie incontinenti a +toda pretensión moscovita.</p> + +<p>¡Ahí es nada ser ruso, esto es, ser del país del terrorismo y del +bolchevismo!... Mi amigo Corpus Barga, actual redactor de <i>El Sol</i> en +París, tuvo la debilidad de interesarse por las cuestiones rusas, y en +cuanto se presentó en España, con unos bigotes caídos a la tártara, la +Policía lo cogió y lo metió en la cárcel. Otro amigo mío, que quiso +estudiar ruso, fue detenido a la tercera lección. Y si a Cristóbal de +Castro, autor de <i>Rusia por dentro</i>, le han nombrado gobernador de +Ávila, ha sido cuando ya no le cabía a nadie la menor duda de que ni +Cristóbal de Castro había llegado nunca a Rusia ni sabía una palabra de +ruso.</p> + +<p>Ignoro en qué artículo de nuestro Código penal se condena la ciudadanía +rusa, y por eso no le doy el número al Sr. Weissbein. Lo cierto, sin +embargo, es que, en cuanto la Policía española sospecha que alguien +puede ser ruso, le busca y le detiene. Si yo no he estado en Rusia +todavía, es porque no he querido que, a la vuelta, me encerrasen para +siempre en la Cárcel Modelo. No hay manera de ser ruso en España, Sr. +Weissbein. Los mismos libros rusos han sido perseguidos y decomisados +aquí diferentes veces. Hágame usted caso: olvide su idioma y adopte la +ciudadanía de los Cuatro Caminos, que, después de la derrota alemana, es +el país más lejano de donde se puede ser en Madrid.</p> + + + +<h3><a name="VIIh" id="VIIh"></a>VII<br /> <br /> +LOS RUSOS POLÍTICOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ntes</span> de la guerra, España no creía en los rusos.</p> + +<p>—¿Un ruso? ¡Vamos, hombre! ¡Mire usted que un ruso!—decían los +madrileños.</p> + +<p>Entonces no había más que una persona que, de vez en cuando, recibiese +algunos rusos en Madrid. Esta persona era Luis Morote, diputado a Cortes +y periodista famoso por la longitud de sus artículos. Luis Morote había +estado en Rusia; pero, sin embargo, no recibía directamente sus envíos. +Los rusos se los mandaba Fabra Ribas, ya un poco adulterados, desde la +redacción de <i>L'Humanité</i>, de París, adonde iban todos antes de venir a +España.</p> + +<p>—Puesto que tiene usted tantos rusos disponibles—le preguntaba yo a +Fabra Ribas un día—, ¿por qué no los distribuye usted de una manera más +equitativa? Eso de darle a Morote la exclusiva de los rusos para toda +España, me parece injusto.</p> + +<p>Yo sospecho que Fabra Ribas quería serle agradable a Morote, y que por +eso le proveía de rusos con tanta abundancia; pero él se disculpaba +diciendo que Morote era la única persona que había en Madrid capaz de +servir a un extranjero. El caso es que, cada dos meses o cosa así, +Morote salía a la calle muy orgulloso con unos rusos inéditos; pero los +pobres hombres fracasaban completamente. Nadie creía en ellos como tales +rusos.</p> + +<p>—Con ese ruso no tendrá usted frío, ¿eh, amigo Morote?—solían decirle +al distinguido periodista.</p> + +<p>O bien:</p> + +<p>—¿Un ruso nuevo? Pues ya tiene usted para tirar lo que queda de +temporada...</p> + +<p>En un libro que se llama <i>Playas, Ciudades y Montañas</i>, yo cuento las +aventuras de estos primeros rusos en Madrid, y el capítulo dedicado al +asunto tiene un título muy significativo: <i>Los rusos existen</i>. Entonces +nadie creía en los rusos. Ahora, en cambio, todos los hombres le parecen +un poco rusos a la gente. En el <i>Manuel Calvo</i>, de Barcelona, se han +hecho a la mar, expulsados por el Gobierno, rusos de Turquía, rusos de +Bulgaria, rusos franceses, rusos ingleses y hasta rusos españoles. Y es +que la palabra ruso ha evolucionado. Antes tenía un concepto geográfico. +Ahora tiene un concepto político. Se es ruso como se es republicano o +como se es reformista. Se es algo ruso o se es terriblemente ruso. Todo +hombre que protesta contra el caciquismo o contra la carestía de la +vida, es un ruso presunto. ¡Y pensar que yo he sido ruso, sin enterarme +de ello, hace más de quince años!...</p> + +<p>Este nuevo concepto de la palabra ruso es lo que explica el proyecto del +Sr. Doval, jefe de policía de Barcelona, quien, para sondear a los +detenidos en el <i>Manuel Calvo</i>, proponía que se introdujeran entre +ellos, fingiéndose rusos, cinco o seis policías españoles. Yo no creo +que un policía español pueda fingirse ni siquiera portugués. Decirle que +se finja ruso a un policía que gana diez pesetas diarias es algo así +como decirle que se finja gran filósofo. Indudablemente, el señor Doval +no aspiraba a que los policías españoles se fingieran rusos de idioma, +sino sencillamente rusos políticos.</p> + +<p>Pero si la palabra ruso ya no designa más que cierta clase de opiniones, +¿por qué se considera a los rusos como extranjeros? ¿Cree el conde de +Romanones que los naturales de Moscú son más rusos que nosotros? No hay +duda de que, antes, un hombre que nacía en Moscú tenía muchas y muy +buenas razones para ser ruso. Hoy quizá las tenga más y mejores un +hombre nacido en España.</p> + + + +<h3><a name="VIIIh" id="VIIIh"></a>VIII<br /> <br /> +LA TIRANÍA DEL TRABAJO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">M</span><span class="smcap">e</span> permite el lector que yo le dé mis opiniones sobre la cuestión +social? Para mí, toda la cuestión social se reduce a una cosa: que el +hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no +quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere +trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no +quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo +colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un +absurdo.</p> + +<p>Toda la civilización no es más que una lucha desesperada del hombre para +no tener que trabajar. Si se han inventado máquinas, si se han +canalizado ríos, si se han domesticado animales y si se han blanqueado +negros, ha sido con el único objeto de que los negros, los animales, los +ríos y las máquinas trabajasen por nosotros.</p> + +<p>—¡Lo que inventan los hombres <i>pa</i> no trabajar!—decía el baturro del +cuento viendo cómo un pintor copiaba el paisaje.</p> + +<p>Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado +rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han +creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades +infecciosas...</p> + +<p>Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje. +Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajará menos, y el dolor de +los más será atenuado, pero...</p> + +<p>Pero en la sociedad actual uno tenía siempre una esperanza de +liberación, y en la sociedad futura no la tendrá nadie. El mal será +menor, pero lo hará parecer mil veces mayor su carácter de mal +ineludible. Hasta ahora, uno podía siempre pensar, según sus aptitudes o +sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una +fábrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero +salvarse al fin. Mañana, en cambio, no habrá posibilidad de salvación +para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o +cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestión +social seguirá en pie.</p> + +<p>Hasta que unas máquinas maravillosas nos lo hagan todo... y mientras no +se den cuenta de que las explotamos.</p> + + + +<h3><a name="IXh" id="IXh"></a>IX<br /> <br /> +UNA POLICÍA FILOSÓFICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> la Policía no encuentra nunca a los autores materiales de los +atentados contra los patronos, ¿cómo va a encontrar a los autores +morales? Si no descubre, ni por casualidad, la mano que mata, ¿cómo va a +descubrir el cerebro que sugiere la idea de matar? Habría que crear una +Policía filosófica que fichase las ideas y fuera siguiéndoles la pista +de libro en libro, porque yo creo que a la Policía actual esta labor le +resultaría demasiado molesta. El camino de una idea, desde que nace +hasta que se convierte en cinco tiros de pistola, es largo y sinuoso. +Claro que en España hay muy pocas ideas. Generalmente, los hombres que +tienen alguna están fichados ya; pero, de todos modos, la tarea del +nuevo organismo policíaco tropezaría con dificultades insuperables.</p> + +<p>Yo estoy de acuerdo con la prensa conservadora en creer que los autores +materiales de los atentados contra los patronos no son más que +instrumentos; pero ¿instrumentos de quién? Probablemente, la prensa +conservadora cree que de Pestaña, del <i>Noy del Sucre</i>, de Indalecio +Prieto o de Marcelino Domingo. Yo creo que de Platón. Marcelino Domingo, +Indalecio Prieto, el <i>Noy del Sucre</i> y Pestaña hablan, escriben, +<i>agitan</i> y crean contra los patronos un estado de opinión sin el cual +tal vez no se cometiesen tantos atentados; pero de aquí a suponer que +esos señores son responsables, hay una gran diferencia. Esos señores no +son responsables. Esos señores son instrumentos.</p> + +<p>¿Por qué vamos a suponer que el hombre que habla es más consciente de lo +que hace que el hombre que tira tiros? Si Carlos Marx no hubiese escrito +<i>El Capital</i>, los oradores socialistas, o no dirían nada, o dirían unas +cosas muy distintas de las que dicen. Los oradores socialistas no son +más que autores materiales de sus discursos, y Carlos Marx es uno de los +autores morales; pero, aquí se nos vuelve a presentar el mismo problema, +¿hasta qué punto se puede hacer a Carlos Marx responsable de <i>El +Capital</i>? Si otros hombres no hubiesen trabajado con anterioridad en el +mismo orden de ideas, ¿dónde hubiese encontrado el ilustre economista +alemán los materiales necesarios para construir su obra?</p> + +<p>Indudablemente, Carlos Marx no tiene culpa ninguna de lo que ocurra en +Barcelona ni en Bilbao. La culpa, como digo, es de Platón, a quien le +comunicó las malas ideas el señor Sócrates.</p> + +<p>Y como el señor Sócrates ya se tomó la cicuta, resulta que ya están +castigados, no sólo todos los asesinatos de patronos que van perpetrados +hasta la fecha, sino los que puedan perpetrarse en el corto porvenir que +le queda a la clase patronal.</p> + + + +<h3><a name="Xh" id="Xh"></a>X<br /> <br /> +ASESINOS MANUALES Y ASESINOS INTELECTUALES</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro día he recibido la visita de un joven que tenía el rostro +asimétrico, la frente huida y la mandíbula <i>prognata</i>.</p> + +<p>—Perdone usted—me dijo este hombre extraño, con voz cavernosa—. Vengo +a verle porque me han dicho que es usted un intelectual.</p> + +<p>—Exageraciones, calumnias de mis enemigos, que tienen, sin duda, ganas +de verme en la Cárcel Modelo—le contesté—. ¿Es usted de la Policía?</p> + +<p>—No. De momento, no—dijo el hombre con una sonrisa helada—. Soy un +modesto asesino, para servir a usted...</p> + +<p><i>Il n'y à pas de sot métier</i>, como dicen los franceses. La profesión de +asesino, desde que ha entrado en vigor esta ley de las ocho horas, +puede, con poco esfuerzo, producir ingresos suficientes para cubrir +todas las necesidades de un buen padre de familia.</p> + +<p>—¿Conque asesino?—exclamé yo, con una amabilidad que quizá no fuese +completamente espontánea—. Muy interesante. Ustedes matan a algunos +hombres; pero le dan de vivir a muchos más. Siéntese usted y dígame en +qué puedo serle útil. ¿Quiere usted, quizá, que le recomiende algunos +amigos? Lo haré con mucho gusto...</p> + +<p>Mi visitante se dejó caer en una butaca.</p> + +<p>—Yo venía en busca de un intelectual—exclamó—y usted niega serlo. +Esto me contraría considerablemente. Necesito un intelectual a todo +trance...</p> + +<p>—Si es para asesinarlo—le dije—me parece absurdo. Aunque llevara +usted luego su pelleja al Ministerio de la Gobernación, no creo que el +asesinato de un intelectual pudiese producirle siquiera lo necesario +para cubrir gastos. Los intelectuales, en este país, se cotizan a menos +que los conejos.</p> + +<p>—Pero, en fin—repuso el hombre, que parecía dominado por una idea +fija—. Aunque usted no sea completamente un intelectual, por lo menos +tendrá usted un cerebro...</p> + +<p>Yo me rasqué instintivamente el cráneo.</p> + +<p>—¡Hombre! ¡Un cerebro! ¿Quién no tiene un cerebro? Claro que son muy +pocas las personas que lo usan; pero todo el mundo tiene un cerebro. +Usted mismo tiene uno de esos magníficos cerebros de criminal nato que +ha estudiado minuciosamente, en Italia, el profesor Lombroso.</p> + +<p>—Yo carezco de cerebro, señor mío—respondió el asesino—. ¿Es que no +lee usted la prensa conservadora? Los asesinos no somos más que brazos, +instrumentos que ejecutan las ideas de otros hombres. En tiempos del +señor Lombroso teníamos, en efecto, unos cerebros especiales, y cuando +queríamos trabajar, buscábamos, de acuerdo con nuestros gustos +particulares o según la inspiración del momento, un hacha, un cuchillo, +un revólver o una maza. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. El cerebro +es nuestra herramienta. ¿Comprende usted mi situación? Yo quiero +asesinar a un frutero de los Cuatro Caminos; pero, antes de ponerme a la +obra, necesito un cerebro que me sugiera la idea de este asesinato. Por +eso venía a verle a usted...</p> + +<p>Yo me disculpé como pude; pero el asesino no se convenció.</p> + +<p>—Usted me engaña—me dijo—. Usted podría perfectamente sugerirme la +idea que yo le pido. Mil veces, de seguro, habrá tenido usted en su vida +intenciones asesinas. Lo que ocurre es que no quiere usted complacerme. +Es usted un Tartufo.</p> + +<p>—¡Caballero!</p> + +<p>—Un Tartufo, sí, señor. ¡Ah! ¡Si alguien pudiera sugerirme la idea de +asesinarle a usted!... ¡Cómo me vengaría yo entonces de su hipocresía! +Pero yo soy un pobre asesino, incapacitado por mi profesión para matar a +nadie, y por eso usted se permite abusar de mí. ¡Adiós, señor mío! Voy a +revisar unas colecciones de periódicos a ver si algún artículo de un +adversario suyo me inspira la intención de estrangularlo a usted. Hasta +la vista.</p> + +<p>Y el extraño visitante se fue por donde había venido.</p> + + + +<h3><a name="XIh" id="XIh"></a>XI<br /> <br /> +FERRER</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">F</span><span class="smcap">errer</span>, como se sabe, tenía una estatua en Bruselas. Los alemanes, +durante su ocupación de la ciudad, echaron la estatua abajo, y cuando se +trató de erigirla, algunos periódicos españoles protestaron y otros +aplauden. Yo creo que los españoles, como tales españoles, no tenemos +voto en este asunto. Ferrer era español; pero nosotros no quisimos que +siguiera siéndolo, y para conseguirlo lo hemos fusilado. Desde que lo +fusilamos, Ferrer dejó de ser uno de los nuestros, y hoy ¿qué nos +importa el que su cadáver suscite por ahí simpatías o antipatías? Al +fusilarlo, nosotros hemos roto con el señor Ferrer toda solidaridad. +¿Que actualmente Ferrer nos denigra en Bruselas? Pero ¿cómo puede +denigrarnos un muerto? Y si un muerto puede denigrarnos, entonces, ¿no +habremos cometido una ligereza al matar a Ferrer?</p> + +<p>Por mi parte, yo creo que, en efecto, hemos cometido una gran ligereza, +un descuido imperdonable. En vano sus enemigos dicen que Ferrer no era +un sabio ni un pedagogo. Si se va a fusilar a todos los españoles que +no son sabios ni pedagogos, entonces ya puede el Gobierno solicitar un +crédito extraordinario para comprar fusiles. Yo no conozco más que un +pedagogo, D. Lorenzo Luzuriaga, y francamente, no creo que este querido +amigo se divierta mucho cuando llegue a quedarse solo consigo mismo en +una España despoblada por los fusilamientos.</p> + +<p>No. A Ferrer no se le ha fusilado porque no era un pedagogo ni un sabio. +Por lo menos, las obras de la colección Sempere se las había leído, y +esto le ponía en un nivel de cultura muy superior al de los hombres que +dispusieron su fusilamiento. Si se fusiló a Ferrer fue, al contrario, +porque se le consideraba un sabio y un pedagogo, una especie de Giordano +Bruno de la rambla de Canaletas. Esto, además, era lo lógico, y si no lo +lógico, lo tradicional. Esto era lo que tenía precedentes. Yo le hice en +tiempo oportuno una prudente advertencia al Sr. Maura por medio de un +artículo que los ferreristas interpretaron, por cierto, bastante mal.</p> + +<p>—Que no se fusile a Ferrer—decía yo—. Ustedes se creen que Ferrer es +un genio; pero yo, que lo conozco, les doy mi palabra de que no lo es. +Fusilen ustedes al Sr. Unamuno, que sabe griego; fusilen a don Francisco +Giner, fusilen aunque sea al doctor Simarro; pero yo les aseguro que +sería una equivocación fusilar a Ferrer...</p> + +<p>Nadie atendió mis consejos, y Ferrer fue fusilado. Ahora, muchos +españoles se indignan al ver que en el extranjero se le levantan +estatuas a Ferrer. «Ferrer no es un apóstol», dicen. Pero Ferrer <i>ya</i> es +un apóstol. Todo hombre que muere por una idea es un apóstol, y como los +apóstoles estorban mucho a los ministros de la Gobernación, el buen +gobernante no debe matar a nadie por sus opiniones ni por sus doctrinas. +Así como así, ¿qué necesidad hay de matar a la gente en el país de la +viruela y de la gripe?</p> + +<p class="c">FIN</p> + +<hr class="full" /> + +<h3>OTRAS OBRAS DE JULIO CAMBA</h3> + +<p class="c"><i>Alemania</i>.</p> + +<p class="c"><i>Londres</i>.</p> + +<p class="c"><i>Playas, ciudades y montañas</i>.</p> + +<hr class="full" /> + +<div>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 30275 ***</div> +</body> +</html> diff --git a/30275-h/images/ill_cubierta.png b/30275-h/images/ill_cubierta.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..866f0cc --- /dev/null +++ b/30275-h/images/ill_cubierta.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La rana viajera + +Author: Julio Camba + +Release Date: October 17, 2009 [EBook #30275] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online +Distributed Proofreading Team at (http://dp.rastko.net). + + + + + + + + + +JULIO CAMBA + +LA RANA VIAJERA + +CALPE MADRID-BARCELONA + +1920 + +Papel fabricado especialmente por LA PAPELERA ESPAOLA + +Sociedad Espaola de Artes Grficas.--Fuencarral, 137, Madrid + + + + +NDICE + + +_Mi nombre de charca_ + +ESPAA REENCONTRADA + +I Psicologa crematstica + +II El templo de la Eternidad + +III Se enciende una estrella + +IV Una nueva teora del clima + +V El tiempo y el espacio + +VI La mujer, pas extico + +VII Las casas + +VIII Patriotismo de gnero nfimo + +IX La huelga de cuernos cados + +X Experiencias de un atropellado + +XI La juerga heroica + +XII Julio Antonio + +XIII La piedra filosofal + +XIV La peseta + +XV Escultura Kodak + +XVI Un admirador + +XVII Literatura patolgica + +XVIII Una tempestad en una taza de te + +XIX La taza de te + + +EN LA TIERRA DE LOS POLTICOS + +I El viaje + +II Los polticos + +III La gracia gallega + +IV La raza + +V El idioma + +VI El acento + +VII Antonio + +VIII Un amigo de mster Borrow + +IX El arado virgiliano + +X Propiedad, abogadismo, poltica + +XI El celta migratorio + +XII Grandes hombres + +XIII Quin soy yo? + +XIV El camino de Santiago + +XV El botafumeiro + +XVI Cabezas de cerdo + +XVII La vieira + +XVIII Opiniones polticas y literarias de la Rosario + + +EN EL PAS DE LA RULETA + +I Los temas literarios + +II El treinta y cuarenta + +III Los bolsillos y el espritu de propiedad + +IV Un nuevo sistema planetario + +V Rousseau y Anatole France + +VI El jugador objetivo + + +EN EL RINCN DE LOS MILLONARIOS + +I El hierro + +II La reivindicacin de los millonarios + +III El hombre que se vendi brea a s mismo + +IV El vascuence + + +UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA + +I La guerra sobre el papel + +II El pueblo de los gases lacrimantes + +III Si los alemanes hubiesen ganado + +IV El libro futuro + + +LOS MDICOS + +I En defensa del resfriado + +II El virtuosismo de la ciruga + +III La viruela obligatoria + +IV Croydon y Madrid + +V Microbios a sueldo + +VI Juventud, divino tesoro + + +ENTRE CABALLEROS + +I Los desafos y el mdico + +II Los desafos y la tcnica + +III Los desafos y el honor + +LA POLTICA + +I Cerebros artificiales para uso de diputados + +II La industria electoral + +III Una carta + +IV El autor necesita un distrito + +V Espaa, emporio del parlamentarismo + +VI Los ministros nuevos + +VII Un artculo ministerial + +VIII El engao de las crisis + +IX Accin poltica de los mariscos + +X Arrasamientos + +XI El Congreso, a cuarenta grados + +XII Optimismo + + +LA ANTIPOLTICA + +I El nuevo decorado del mundo + +II Los proletarios de levita + +III El sindicalismo como base de una nueva antropologa + +IV El bolchevismo, enfermedad infecciosa + +V La magia del dinero + +VI El delito de ser ruso + +VII Los rusos polticos + +VIII La tirana del trabajo + +IX Una polica filosfica + +X Asesinos manuales y asesinos intelectuales + +XI Ferrer + + + + +MI NOMBRE DE CHARCA... + + +_Har siete u ocho aos. El director de un peridico donde yo trabajaba +me meti algunos billetes en el bolsillo y me mand a Pars. Mis +artculos de entonces, como los que ms tarde escrib desde otras +capitales, tenan la pretensin de estudiar experimentalmente el +carcter nacional, pero el nico sujeto de experimentacin que haba en +ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crnicas extranjeras +como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede +verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo +que parecen crticas o comentarios no son ms que reacciones contra el +ambiente extrao y hostil. Yo he ido a Pars, y a Londres, y a Berln, y +a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y +si lo que quera mi director era observar el efecto directo de la +civilizacin europea sobre un espaol de nuestros das, ah tiene el +resultado: una serie constante de movimientos absurdos y de actitudes +grotescas._ + +_Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana_ torna a la +charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma +rana de antes. Con un poco de imaginacin nos la podramos representar +menos ingenua y algo ms instruida--que no en balde se ha pasado tanto +tiempo en los laboratorios--, muy tiesa sobre sus zancas y hasta +provista de gafas. Qu efecto le producirn las otras ranas a esta rana +que est transformada de tal modo? Cmo encontrar su charca la rana +viajera, despus de una ausencia de tantos aos? + +Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia +para juzgar los hombres y las cosas: Espaa. Pero esto era nicamente +porque yo soy espaol y no porque Espaa me parezca la medida ideal de +todos los valores. Ahora, y para hablar de Espaa, me falta este punto +de referencia. Forzosamente har comparaciones con otros pases. + +Y no slo resultar que Espaa no puede ser un modelo para las otras +gentes, sino que no sirve apenas para los mismos espaoles. La rana +encontrar su charca muy poco confortable. + + + + +ESPAA REENCONTRADA + + + + +I + +PSICOLOGA CREMATSTICA + + +La primera impresin que nos produce Espaa es un poco confusa. Al +principio no reconocemos exactamente a nuestro pas, no lo encontramos +del todo igual al recuerdo que tenamos de l. Es que Espaa ha +cambiado? Es, ms bien, que la miramos desde otro punto de vista y con +unos ojos algo distintos a como la mirbamos antes. Los espaoles, por +ejemplo, qu duda cabe de que no han disminuido de estatura? Sin +embargo, ahora nos parecen pequesimos. Hombres muy pequeos, bigotes +muy anchos, voces muy roncas... + +--Por qu estn tan enfadados estos hombres tan pequeos?--me pregunta +un extranjero que ha sido compaero mo de viaje. + +Yo le explico a duras penas que no se trata de un enfado momentneo, +sino de una actitud general ante la vida. Mi compaero se esfuerza en +comprender. + +--Ah, vamos!--exclama, por ltimo--. Es que los espaoles no tienen +dinero... + +Y, aunque esta explicacin de la psicologa nacional me resulta +excesivamente americana, yo, obligado a hacer una sntesis, la acepto +sin grandes escrpulos. + +--S. Es eso, principalmente... + +--De modo que si nosotros metisemos aqu algunos millones de dlares, +cree usted que sus compatriotas se calmaran? + +--Yo creo que s. Creo que estas voces speras se iran suavizando poco +a poco y que las mesas de los cafs no recibiran tantos puetazos. +Creo, en fin, que cambiaran ustedes el alma espaola. Siempre, +naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos +particulares... + +Hay muy poco dinero en Espaa. Poco y malo. El primer tendero a quien le +doy un duro lo coge y lo arroja diferentes veces sobre el mostrador con +una violencia terrible. Yo hago votos para que, si no es de plata, sea, +por lo menos, de un metal muy slido, porque, si no, el tendero me lo +romper. La prueba resulta bien; pero al tendero no le basta. Con un ojo +escudriador y terrible que parece salirse de su rbita examina +detenidamente las dos caras del duro. Luego vuelve a sacudirlo y, por +ltimo, lo muerde. Lo muerde con tal furia que debe de mellarlo. Y el +duro triunfa. + +Espaa es el pas del mundo en donde un duro tiene ms importancia. +Claro que el gesto de coger un duro y echarlo a rodar despectivamente +sobre la mesa para que el camarero lo recoja es un gesto muy espaol; +pero ese gesto no le quita prestigio al duro, sino que se lo aade. + +--He aqu un duro--parece decir el hombre que va a echarlo a rodar--. +Conciben ustedes nada ms grande que un duro? Si yo no tuviera un alma +heroica y caballeresca, ante la cual carecen de poder las sugestiones de +la fortuna, yo depositara este duro sobre la mesa tomando para ello +precauciones infinitas a fin de que no se rompiese, o bien se lo +entregara al camarero en propia mano, religiosamente, como si se +tratara de un rito. Pero yo desprecio los bienes terrenales, y no me +preocupo del porvenir. Ven ustedes este duro? Pues ah va... + +Y hecho esto, el hombre aguarda la vuelta, cuenta las perras gordas una +por una y se las guarda en un bolsillo profundo... + +Poco dinero y malo. Hombres furiosos. Seoras gruesas, siempre +sofocadas, o por el calor o por los berrinches, que se abanican +constantemente. Muchos curas. Muchos militares... Grandes partidas de +domin y de billar. Cuestiones de honor. Toros. Juergas. Broncas. Nubes +de limpiabotas, de vendedoras de dcimos de la Lotera, de gitanas que +dicen la buenaventura, de msicos ambulantes, de ciegos, de cojos, de +paralticos... Indudablemente, Espaa no ha cambiado. Y es posible que +nosotros mismos no hayamos cambiado tampoco. + + + + +II + +EL TEMPLO DE LA ETERNIDAD + + +Henos aqu en Madrid, en nuestra casa, como quien dice... Bernard Shaw, +para demostrar que en los _music-halls_ no se ha operado evolucin +alguna, cuenta que una noche estaba en uno de ellos viendo a un +prestidigitador que haca ejercicios con unas bolitas. Aburrido, Bernard +Shaw se fue a la calle, y diez aos despus volvi a entrar en el mismo +_music-hall_. + +--El prestidigitador--aade Bernard Shaw--continuaba todava all +jugando ante la audiencia con las mismas bolas... + +A mi vez, yo dir que una noche me desped de unos amigos con los que +haba estado cenando en un caf de la Puerta del Sol. Creo que les dije +que iba a volver en seguida, y volv siete aos ms tarde; pero qu son +siete aos en un caf de Madrid? Los amigos estaban todava all, y la +discusin continuaba. Las ideas eran las mismas, y la media tostada que +Fulnez mojaba en el caf, dijrase tambin la misma media tostada que +siete aos atrs y en mi propia presencia le haba servido el camarero. +Uno de los amigos pretende leerme un drama. El amigo est igual, y del +drama no ha sido cambiada ni una sola coma. + +--Va a estrenarse dentro de quince das--me dice mi amigo. + +Lo mismo, exactamente lo mismo que hace siete aos! + +El camarero me llama por mi nombre: + +--Hola, D. Julio! Qu va usted a tomar? + +Elijo una paella, como plato castizo, y del que me encontr privado +durante mucho tiempo. + +--Esta paella--observa alguien que la conoce--es la misma de ayer. + +A m me parece que es la misma de hace siete aos, con los mismos +cangrejos y todo. + +--Y qu?--les digo a mis amigos--. Habladme. Dadme noticias. Los +acadmicos, son inmortales todava? Po Baroja, sigue siendo un joven +escritor? Fulanito, contina con aquel hermoso porvenir ante l? Y la +Fulana y la Zutana y la Mengana, es que son todava unas jvenes y +hermosas actrices? Habladme de poltica. La revolucin supongo que, +igual que hace siete aos, ser una cosa inminente. Espaa no tardar ni +seis meses en transformarse, dndole as la razn a los que, desde hace +medio siglo, vienen anunciando esta transformacin tan rpida... + +Todo est igual, y yo, que crea haberme modificado, yo me encuentro +tambin el mismo de antes. A medida que apuro este vaso de caf recobro, +como si dijramos, mi verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yo +crea injertas en m noto que se desvanecen y que se van. Yo soy como +aquel salvaje de Darwin que se haba civilizado y que, al regresar a su +tribu, se volvi nuevamente salvaje, perdiendo en unas horas de contacto +con los suyos lo que haba adquirido en diez aos de esfuerzo. Y es que +este caf de la Puerta del Sol representa la eternidad. Pars, Londres, +Berln..., el espritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso es +transitorio, todo cambia y se transforma, mientras que este caf +permanece inmutable, con los mismos divanes, con los mismos camareros, +con los mismos clientes, con el mismo _menu_, con las mismas ideas, con +el mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos. + + + + +III + +SE ENCIENDE UNA ESTRELLA + + +Mi llegada a Madrid tuvo algo de bblica. Coincidiendo con ella, +apareci en el cielo una estrella resplandeciente. Una nueva estrella y +un nuevo microbio! Para que luego digamos que en Madrid no se descubre +nada! + +La estrella en cuestin fue encontrada por el seor Roso de Luna, quien +ya haba encontrado otra algunos aos atrs y nos la haba presentado +familiarmente, como hubiera podido presentarnos una estrella de +_varits_: La modesta estrella que he tenido el honor de descubrir... + +Cmo se las arreglar el Sr. Roso de Luna para encontrar tantas +estrellas? Yo he hecho numerosos viajes y jams me he tropezado con +ninguna. Bien es verdad que tampoco las he buscado, ignorando la +utilidad que pudieran reportarme. + +El Sr. Roso de Luna encontr su estrella a las dos o las tres de la +madrugada, y se fue corriendo a la redaccin de un peridico para que +los lectores de la primera edicin tuvieran noticia del hallazgo. No s +cunto le habr dado por la estrella el popular colega. Yo, en el caso +del Sr. Roso de Luna, me habra ido con ella a Nueva York y se la habra +ofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos peridicos. Mr. +Hearst, que es un especialista en patriotismo, podra as aadirle una +estrella a la bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar el +nuevo astro para hacer anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba, +entonces hubiese llevado mi estrella a la Embajada alemana de Madrid. +Esos alemanes lo utilizan todo y pagan esplndidamente. + +Yo me he sentido muy halagado al ver que a mi llegada se encenda una +nueva estrella en el cielo de Madrid. Desgraciadamente, la nueva +estrella result algo semejante al nuevo microbio, que todos creamos +espaol y que result proceder del centro de Europa. No acabamos de +descubrir nada por completo, ni en la regin de lo infinitamente +pequeo, ni en la de lo infinitamente grande. Nuestros nuevos astros y +nuestros nuevos microbios son, poco ms o menos, tan viejos como +nuestros nuevos polticos. + + + + +IV + +UNA NUEVA TEORA DEL CLIMA + + +Qu tal le va a usted--me preguntan desde el extranjero--en ese hermoso +pas del sol y del cielo azul? + +Pues en este hermoso pas del sol y del cielo azul nos pasamos la vida +tomando bromo-quinina para luchar contra el constipado. Madrid es uno de +los pueblos ms fros de Europa, y lo es por una razn muy sencilla: la +de que carece de aparatos de calefaccin. En Pars, como en Berln, y en +Londres como San Petersburgo, ha habido una poca en que el clima era +sumamente fro; pero, poco a poco, ha ido transformndose +artificialmente el clima natural de esas ciudades. Claro que no se ha +calentado la atmsfera; ello ofreca, de momento, dificultades +insuperables aun para la misma qumica alemana. Se han calentado, en +cambio, las viviendas, los establecimientos pblicos, los tranvas y +coches, etc., etc. Hoy puede afirmarse que, mientras los madrileos +tiritan, los berlineses y los londinenses pasan sus inviernos a una +temperatura media de 17 grados. En la Friedrichstrasse y en Oxford +Street har ahora, seguramente, ms fro que en la calle de Alcal; +pero no as en las casas de Oxford Street ni de la Friedrichstrasse. Y +como no es en la calle, sino en las casas, donde realmente se vive, +resulta que los madrileos son habitantes de un pas fro, mientras que +los londinenses y los berlineses lo son de pases clidos. + +Con estos datos como base, se podra fundar una teora en contra de +aquella que estudia la influencia del medio natural sobre los hombres: +la teora del medio artificial. Esta nueva teora demostrara que el +carcter de cada pas depende de sus aparatos de calefaccin, y +semejante demostracin tendra una gran importancia porque nos llevara +a la conclusin siguiente: para acabar con las diferencias raciales que +separan a unos pueblos de otros, y que tanto han contribuido al origen +de la guerra europea, bastar que todo el mundo se caliente con el mismo +procedimiento de calefaccin y que ponga sus casas a una idntica +temperatura... + +No tengo representacin bastante para fundar la teora que queda +esbozada, ni dispongo tampoco del tiempo necesario para ocuparme en un +asunto tan trascendental y tan poco lucrativo; pero que no me digan a m +que Espaa, por razn de su clima, ser siempre lo que es ahora. Que no +me digan que en este pas del sol y del cielo azul los hombres tendrn, +por los siglos de los siglos, una naturaleza perezosa, violenta e +incapaz de disciplina. Que no me digan, en fin, que el teatro de Ibsen +no ser comprendido nunca aqu porque es el teatro de un pas brumoso, y +que las leyes inglesas son tan inadaptables al carcter espaol como lo +son los impermeables ingleses al clima de Espaa. + +Porque Espaa no es un pas clido nada ms que durante unos cuantos +meses al ao, y porque, desde que se han inventado los ventiladores +elctricos y la calefaccin central, no hay pases clidos ni pases +fros. El clima no existe ya como una determinante del carcter de los +hombres. Son, al contrario, los hombres quienes influyen sobre el clima. +Reconozcamos que, afortunadamente, Madrid comienza ya a preocuparse de +mejorar el suyo. + + + + +V + +EL TIEMPO Y EL ESPACIO + + +Tengo un asunto urgente a ventilar con un amigo. Desde luego, el amigo +se opone a que lo ventilemos hoy. + +--Le parece a usted que nos veamos maana? + +--Muy bien. A qu hora? + +--A cualquier hora. Despus de almorzar, por ejemplo... + +Yo le hago observar a mi amigo que eso no constituye una hora. Despus +de almorzar es algo demasiado vago, demasiado elstico. + +--A qu hora almuerza usted?--le pregunto. + +--Que a qu hora almuerzo? Pues a la hora en que almuerza todo el +mundo: a la hora de almorzar... + +--Pero qu hora es la hora de almorzar para usted? El medioda? La +una de la tarde? Las dos...? + +--Por ah, por ah...--dice mi amigo--. Yo almuerzo de una a dos. A +veces, me siento a la mesa cerca de las tres... De todos modos, a las +cuatro siempre estoy libre. + +--Perfectamente. Entonces podramos citarnos para las cuatro. + +Mi amigo asiente. + +--Claro que, si me retraso unos minutos--aade--, usted me esperar. +Quien dice a las cuatro, dice a las cuatro y cuarto o cuatro y media. En +fin, de cuatro a cinco yo estar sin falta en el caf. Le parece a +usted? + +Yo quiero puntualizar: + +--Digamos a las cinco. + +--A las cinco? Muy bien. A las cinco... Es decir, de cinco a cinco y +media... Uno no es un tren, qu diablo! Supngase usted que me rompo +una pierna... + +--Pues citmonos para las cinco y media--propongo yo. + +Entonces, a mi amigo se le ocurre una idea genial. + +--Por qu no citarnos a la hora del aperitivo?--sugiere. + +Hay una nueva discusin para fijar en trminos de reloj la hora del +aperitivo. Por ltimo, quedamos en reunirnos de siete a ocho. Al da +siguiente dan las ocho, y claro est, mi amigo no comparece. Llega a las +ocho y media echando el bofe, y el camarero le dice que yo me he +marchado. + +--No hay derecho--exclama das despus al encontrarme en la calle--. Me +hace usted fijar una hora, me hace usted correr, y resulta que no me +aguarda usted ni diez minutos. A las ocho y media en punto yo estaba en +el caf. + +Y lo ms curioso es que la indignacin de mi amigo es autntica. Eso de +que dos hombres que se citan a las ocho tengan que reunirse a las ocho, +le parece algo completamente absurdo. + +Lo lgico, para l, es que se vean media hora, tres cuartos de hora o +una hora despus. + +--Pero fjese usted bien--le digo--. Una cita es una cosa que tiene que +estar tan limitada en el tiempo como en el espacio. Qu dira usted si +habindose citado conmigo en Puerta del Sol, se enterase de que yo haba +acudido a la cita en los Cuatro Caminos? Pues eso digo yo de usted +cuando, habindonos citado a las ocho, veo que usted comparece a las +ocho y media. De despreciar el tiempo, desprecie usted tambin el +espacio. Y de respetar el espacio, por qu no guardarle tambin al +tiempo un poco de consideracin? + +--Pero con esa precisin, con esa exactitud, la vida sera +imposible--opina mi amigo. + +Cmo explicarle que esa exactitud y esa precisin sirven, al contrario, +para simplificar la vida? Cmo convencerle de que, acudiendo +puntualmente a las citas, se ahorra mucho tiempo para invertirlo en lo +que se quiera? + +Imposible. El espaol no acude puntualmente a las citas, no porque +considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque +el tiempo no tiene importancia para nadie en Espaa. No somos +superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por +debajo, de la puntualidad. + + + + +VI + +LA MUJER, PAS EXTICO + + +En Espaa hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. Los +asuntos de iglesia, por ejemplo, son asuntos de mujeres. No es que el +espaol odie la iglesia. Al contrario. Cuando se casa busca una mujer de +sentimientos religiosos. Le parece que la mujer debe tener sentimientos +religiosos, as como debe tener tambin ojos bonitos. Los sentimientos +religiosos son sentimientos de mujer. Sin ellos, la mujer no sera +verdaderamente femenina. Con que la mujer tenga sentimientos religiosos +para su propio adorno y para la dignidad del hogar, el marido ya est +satisfecho, y se va tranquilamente al caf, al teatro de _varits_ y +hasta a un casino republicano... + +La poltica, en cambio, es cosa de hombres. La mujer que habla de +poltica en un crculo de hombres pasa por un marimacho, y al hombre que +habla de poltica delante de una mujer se le considera poco menos que +como si le hubiera hablado de poltica al jilguero. Positivamente, la +poltica espaola es bastante aburrida. Con esto, sin embargo, de +considerarla un tema para hombres solos, lo ser cada vez ms. Los +mismos articulistas polticos tendran que adoptar un estilo algo ms +ameno el da en que nuestra poltica pudiera comentarse en presencia de +seoras. + +Pero de las conversaciones de hombres, la ms corriente es la que versa +acerca de las mujeres. En otras partes, apenas si los hombres hablan de +mujeres. La presencia constante de mujeres se lo impide. Ante ellas el +tema resulta intil e impracticable. Para qu se va a hablar de +mujeres? Mejor es hablar con ellas. + +Los espaoles, en cambio, hablan de mujeres como pudieran hablar de +viajes: + +--Yo he conocido una mujer una vez... + +Y viene una descripcin que recuerda las descripciones de pases +exticos. Hay quien, al or el relato, tiene una sensacin as como la +de estar escuchando a un explorador que cuente sus aventuras en tierras +totalmente ignoradas... + +Fuera de Espaa, ni los hombres le dan tanta importancia a las mujeres, +ni las mujeres le dan tanta importancia a los hombres. Unos y otras han +averiguado que se necesitan mutuamente y han decidido ponerse de +acuerdo. Y un acuerdo as es el que se impone en Espaa. + +Porque mientras ese acuerdo no llegue a establecerse, no tan slo ser +la vida espaola una cosa inarmnica, sino que nadie tendr aqu manera +de hacer nada. La mujer constituir siempre para nosotros lo ms +importante de todo. + + + + +VII + +LAS CASAS + + +No se puede vivir en Madrid--me dice un amigo--. Por qu no hace usted +un artculo contra las casas? + +--Porque es imposible--le contesto--. Cmo quiere usted que yo haga un +artculo contra las casas en un sitio donde no las hay? + +Pero, bien mirado, si en Madrid hubiera casas, no se necesitara +escribir contra ellas. Todos los defectos de las casas de Madrid se +condensan en uno solo: el de la escasez. Como no puede mudarse, el +inquilino tiene que transigir constantemente. Las casas madrileas son +malas y son caras porque son pocas. Claro que el Gobierno podra +intervenir en este asunto; pero yo confo ms en una nueva epidemia que +reduzca a un cincuenta por ciento la poblacin de nuestra capital. + +Las casas de Madrid! Hace tiempo que yo me lanc a buscar una, y no +recuerdo haber experimentado jams mayores vejaciones. + +--Hay calefaccin?--le pregunt a la portera de un inmueble donde se +alquilaba un cuarto piso. + +Esta hiptesis pareci ofender gravemente la dignidad de aquella mujer. + +--No, seor--me contest con orgullo--. Aqu estamos a la antigua +espaola... + +Y, cuando yo llegaba ya a la esquina, despus de haberme despedido, la +portera me hizo volver sobre mis pasos. + +--Qu ocurre?--exclam. + +--Que ni _calefacin_ ni tampoco cuarto de bao--me respondi. + +Dicho lo cual, la buena seora me dej plantado. En su cara se lea esa +satisfaccin que produce siempre el hecho de darle una leccin a alguna +persona impertinente. + +Entonces me dediqu a explorar los barrios extremos, donde hay +edificaciones modernas. Tan modernas son estas edificaciones, que la +madera de que estn construidas, todava verde, se dilata con +voluptuosidad a los primeros efluvios de la primavera. Bajo el barniz de +mueca se siente circular la savia, y uno--hombre urbano y +prosaico--teme que las puertas se le cubran de follaje y que los pjaros +vengan a hacer sus nidos en el pasillo. Todas estas casas tienen +ascensor, y todos estos ascensores tienen un letrero que dice: No +funciona. En una, sin embargo, el ascensor careca de letrero, lo que +me hizo pensar muy mal del servicio. + +--Esta casa es la que no funciona bien--me dije. + +Y, dirigindome a la portera, la interrogu sobre el particular. Me +haba equivocado. El ascensor marchaba admirablemente, y para +demostrrmelo, la portera me asegur que tres das antes, aquella +perfecta maquinaria haba matado al inquilino del tercero. + +--Por eso tenemos el piso libre--aadi. + +La historia del piso no era muy seductora; pero un inquilino tiene que +estar en Madrid dispuesto a todo. + +--Y cunto renta el piso desocupado?--inquir. + +--Rentaba treinta duros; pero lo han subido a treinta y ocho. Qu +quiere usted! Es un piso muy bueno y tiene un ascensor magnfico... + +Decididamente, no nos queda ms esperanza que la de una epidemia que +acabe con la mitad de los vecinos de Madrid. Claro que si esta epidemia +atacase tan slo a los caseros, no se necesitara que muriese tanta +gente. + + + + +VIII + +PATRIOTISMO DE GNERO NFIMO + + +Yo creo que una cupletista es algo mucho ms patritico que un diputado +o que un senador. En todos nuestros teatros del gnero nfimo existe +algo as como un convencimiento vago, pero muy firme, de que la mujer es +una invencin exclusivamente espaola. A las extranjeras no se les +reconoce categora de mujeres. Son muy poco gordas, muy poco negras, muy +poco analfabetas. No tienen acento andaluz, ni mantones de Manila, ni +gracia gitana, ni nada... + +--Soy espaola, ol!--canta una cupletista. + +Y para afirmar su espaolismo, golpea fuertemente el tablado con un pie, +y se dedica, durante un ao, a hacer flexin de riones al comps de la +msica. Luego dice dnde ha nacido, que es: o en el barrio de +Maravillas, o en las Vistillas, o en Triana, o en Granada. A veces, y al +son de la jota, una cupletista se declara aragonesa; pero quin ha odo +de alguna que haya nacido en el distrito del Sr. Rahola? La Espaa del +gnero nfimo es muy limitada, y mi provincia, por ejemplo, la hermosa +provincia de Pontevedra, tan fecunda en navegantes, en polticos y en +cangrejos, no figura en ella... + +--Soy espaola--insiste la cupletista. + +Despus, en versos ms o menos congruentes, aade: + +--De dnde iba a ser, si no? Dnde hay este garbo, esta sal, estos +andares, estas hechuras?... + +El pblico va inflamndose poco a poco en un sentimiento mixto de amor a +la patria y de entusiasmo por la cupletista. + +--Viva Espaa!--grita la chica al final. + +--Viva!--contestan varias voces. + +Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho +en lo que consiste la Espaa del gnero nfimo: Maravillas, las +Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragn. Y nunca Manresa, +ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan, +sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de +Quintas. + +La seorita Mary-Focela ha introducido en este gnero de cupls una +variacin notable. Parece que sus versos eran stos: + + Lucho como una leona + al grito de Viva Espaa! + Y es que por mis venas corre + la sangre de _Malasaa_... + +Sabamos de cupletistas que luchaban contra gente extraa; sabamos de +otras que luchaban con saa; pero eso de Malasaa es todo un hallazgo. + + Lucho como una leona + al grito de Viva Espaa! + Y es que por mis venas corre + la sangre de Malasaa... + +Me imagino a la seorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de +luchadora. El pblico, vindola, ha debido tambin de sentir en sus +venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios. +Viva Espaa! Viva la gracia! Viva Mary-Focela!... + + + + +IX + +LA HUELGA DE CUERNOS CADOS + + +Desengese usted--me deca un viejo aficionado--. Ya no hay toros... + +El viejo aficionado, como todos los viejos aficionados, crea que los +toros se dividen en mansos y bravos, y que la especie de estos ltimos +est extinguindose. Por mi parte, yo he adquirido el convencimiento de +que todos los toros son igualmente mansos, y de que si en la plaza +tratan, a veces, de matar a los toreros, es por la misma razn en virtud +de la cual los toreros tratan--tambin a veces--de matar a los toros: +para entretener al pblico. Das atrs estuve en una ganadera. Los +toros pacan por all de una manera perfectamente buclica, dejndose +acariciar de los vaqueros y de los visitantes. + +--Y stas son las fieras?--dije yo. + +--Hombre!--me contestaron--. Qu quiere usted que hagan aqu? Ya las +ver usted en la plaza... + +Esto de suponer que el toro no desarrolla su verdadera naturaleza de +fiera mientras no llega a la plaza, es algo as como imaginarse que el +tigre tampoco desarrolla la suya hasta que lo llevan a un circo. Si en +el interior de frica nos ensearan unos tigres muy sociables, y si ante +nuestra estupefaccin nos dijeran que esa sociabilidad era natural y que +espersemos a ver a los tigres en Price, esta contestacin nos parecera +bastante absurda. Pues igualmente absurda me pareci a m la +contestacin que me dieron en la ganadera sobre la ferocidad de los +toros. + +No. El toro no es un animal ms feroz que el torero. Es, al contrario, +una bestia pacfica que ama la naturaleza y que sigue un rgimen +estrictamente vegetariano. Algunos se dejan lidiar, y el pblico los +llama bravos. Ahora, sin embargo, la mayora parece que van a declararse +en huelga. Yo he visto recientemente un toro que, a los dos minutos, se +dio cuenta de que todo en la plaza estaba organizado en contra suya y +adopt una actitud que pudiramos llamar de cuernos cados. Los toreros +corran detrs de l ensendole unas telas vistosas y llamndole con +sus voces ms dulces; pero todo era en vano. A veces, el toro se paraba +un instante y pareca que iba a dejarse conquistar. Unos toreros le +sonrean con sonrisa tentadora. Otros procuraban excitar su orgullo... +El toro reflexionaba un rato. Luego haca un movimiento de cabeza como +diciendo: + +--No! Nunca!... Este negocio no me conviene... + +Y segua su camino, insensible a todos los requerimientos. + +Fue entonces cuando el viejo aficionado me dijo que ya no haba toros: + +--Ya no hay toros. Ya no hay emocin. Vaya un veranito el que nos +espera! + +Y yo, condolido, le di lo que consideraba un buen consejo. + +--Vyase usted al Congreso--le dije--. Un viejo aficionado como usted no +lo pasar all del todo mal. + + + + +X + +EXPERIENCIAS DE UN ATROPELLADO + + +Un amigo mo ha sido atropellado por un automvil. + +--He tenido que pasarme quince das en cama--me deca este amigo, +contndome el percance--; pero ahora no les quedar ms remedio que +darme una indemnizacin. + +--Error profundo!--exclam yo--. Lejos de valerte una indemnizacin, el +atropello te costar un ojo de la cara. Yo tambin he sido +atropellado--aad con orgullo--, y gracias a que la cosa me cogi con +algn dinero. Si llego a encontrarme desprevenido, a estas horas me +tendras an gimiendo amargamente en el fondo de una mazmorra. + +Y para convencerle, le cont al amigo mi experiencia personal. Fue en +Barcelona, har cosa de unos dos aos. Estaban conmigo Luis Bello, +Eugenio Xammar, Wenceslao Fernndez Flrez, Gregorio Martnez Sierra y +Anselmo Miguel Nieto, cuando un automvil me atropell en la calle del +Conde del Asalto. El automvil llevaba una velocidad justa para +atropellar a los transentes, pero que, con arreglo a las Ordenanzas +municipales, resultaba excesiva. Fui transportado a una farmacia, y +mientras me curaban, apareci el _chauffeur_, bastante indignado. El +_chauffeur_ pretenda que su automvil no haba chocado conmigo, sino al +contrario, que yo haba chocado con su automvil. + +--Usted--gritaba--se ha echado encima de nosotros. + +--Pero con qu objeto?--le preguntaba yo. + +A lo cual el _chauffeur_ haca un gesto vago como diciendo: + +--Lo ignoro! Seguramente sera algn objeto inconfesable... + +En vano yo le haca observar al _chauffeur_ que al atravesar la calle +del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevbamos exceso de +velocidad. El _chauffeur_ insista, y los espectadores comenzaban a +sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto +automviles indefensos. + +De la farmacia nos fuimos a la Casa de Socorro, y de la Casa de Socorro +a la Comisara. Entabl mi reclamacin y me fui a la cama, donde, a los +quince das, recib una comunicacin del Juzgado de Atarazanas. + +--Por fin ha llegado la ma--pens. + +Pero, al leer la comunicacin, sufr un horrible desengao. El juez me +citaba a las nueve de la maana para ver el estado de mis heridas, y me +amenazaba, en caso de que yo no acudiese a la cita, con una multa, con +la prisin o con el castigo a que hubiese lugar... Yo soy un +trasnochador impenitente. Para hacerme levantar temprano se han ensayado +conmigo todos los procedimientos, desde el despertador de campana al +jarro de agua fra; pero el de la multa y el de la prisin eran +totalmente inditos. Qu iba a ser de m si no me levantaba? Y todo +porque en un momento de distraccin me haba dejado atropellar por un +automvil... + +Le escrib al juez informndole de mis costumbres. Adems--le deca--, +para qu quiere usted ver mis heridas? Si estn curadas, no vale la +pena de que usted las vea, y si no lo estn, me ser difcil abandonar +la cama para ir a enserselas a usted. En realidad de verdad, debo +comunicarle a usted que mis heridas son bastante leves, por lo cual +espero que no me tratar usted con excesivo rigor. Me he dejado +atropellar, lo reconozco; pero he procurado que me atropellasen lo menos +posible, y mi delito no tiene, por lo tanto, una gran importancia. En lo +sucesivo, har todo cuanto est en mis manos para que no vuelvan a +atropellarme. + +Ignoro si esta carta lleg a poder del juez, pero yo recib una segunda +citacin mucho ms conminatoria que la primera. Me vi ya en presidio. Me +vi deshonrado para toda la vida, y hu abandonando cuanto tena entre +manos. + +Y luego de relatarle estos hechos al amigo que me los record, le dije: + +--Desengate. Cuando en este pas le atropellan a uno, no hay ms +remedio que callarse. Si uno no se calla, los atropelladores, para +justificar el atropello, vuelven a atropellarle. A veces le atropellan a +uno los _chauffeurs_. A veces, los ministros. Si quieres que no te +atropellen, yo slo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu +vez, en atropellador. + + + + +XI + +LA JUERGA HEROICA + + +Antes de la guerra europea no haba _cabarets_ en Madrid ni pareca que +pudiese nunca llegar a haberlos. Cuando varios hombres coincidan de +madrugada en un mismo _restaurant_, solan lanzarse unos contra otros en +batallas ms o menos descomunales. La juerga tena entonces entre +nosotros un sentido heroico que la ennobleca. Para tomarse una racin +de calamares pasadas las doce de la noche, haca falta un nimo sereno, +a ms de un estmago excelente, y aunque algunos fisilogos sostienen +que estas dos cosas van juntas y que el valor se deriva del buen +funcionamiento gstrico, yo s de muchsimas personas que se han +acostado con hambre en Madrid, no por carecer de dinero, sino por +carecer de arrojo. Los dueos de _restaurants_ nocturnos veanse +obligados a dividir sus establecimientos en una especie de +compartimientos estancos a fin de contener el mpetu de los comensales. +Cada uno de aquellos compartimientos era algo as como una pequea +fortaleza en donde el trasnochador se encontraba relativamente a salvo +de agresiones. El juerguista madrileo tena que atrincherarse con la +elegida de su corazn. Cmo concebir, en aquellos tiempos belicosos, +que llegase un da en el que los madrileos pudieran mezclarse en una +sala bien iluminada donde hubiese _weine, weibe und gesang_, esto es, +vino, mujeres y canciones? + +Pero estall la guerra, y a medida que se cerraban _cabarets_ en Europa, +comenzaron a abrirse _cabarets_ en Madrid. Es decir, que los espaoles +dejamos de pelearnos precisamente cuando empezaba a pelearse todo el +resto de la Humanidad... Por aquel entonces llegu yo a Madrid, y una +noche, en un _restaurant_, me qued asombrado al ver que los hombres no +se arrojaban unos a otros objetos de vidrio ni de porcelana. Y eso que, +indudablemente, todos estaban all de buen humor y todo el mundo tena +ganas de divertirse!... Haba en el _restaurant_ unas cuantas francesas +que, tratadas algo a fondo, resultaban ser de Zurich o de Rotterdam; +haba otras mujeres que se declaraban vienesas, pero sin darle a esta +declaracin un carcter irrevocable, porque si uno insista, decan que +haban salido muy chicas de Viena, y que, en realidad, eran de Dresde +o de Leipzig. Estas mujeres venan a constituir algo as como la resaca +de Europa. La guerra las haba arrojado a estas playas pintorescas, y +aqu siguen, ya algo familiarizadas con las costumbres de los indgenas. + +Y a estas mujeres--una docena escasa que forman la base de todos los +_cabarets_ que se inauguran en Madrid y que son siempre las mismas en el +espacio, ya que no puedan serlo en el tiempo--es a las que se debe esta +transformacin radical que se ha operado en nuestras costumbres. Gracias +a ellas, uno puede entrar hoy de noche en cualquier caf sin revlver, +llave inglesa ni bomba de mano. La menos parisiense, la menos vienesa, +la menos joven y la menos elegante de todas ellas, ha hecho ms para +identificarnos con Europa que todos los profesores que han venido aqu +en viaje de propaganda. Y yo creo firmemente que sera cosa de +pensionarlas o, por lo menos, de darles una condecoracin. + + + + +XII + +JULIO ANTONIO + + +Las gentes que, en hace cosa de tres meses, desconocan a Julio Antonio +y que, hace cosa de un mes, le adoraban frenticamente, van ahora a +contemplar sus bustos de la raza como iran a ver la obra de un clsico. +Pobre Julio Antonio! Qu es lo que se estuvo esperando tanto tiempo +para hacer su consagracin? Una obra definitiva?... Yo tengo la +sensacin de que se estuvo esperando ms bien al dictamen mdico. Aos +atrs, Julio Antonio haba hecho cosas tan buenas como la estatua +yacente, o tal vez mejores; pero, entonces, el artista no estaba an +completamente desahuciado. Con un poco de dinero hubiera podido, quizs, +reponerse del todo y, un genio en buena salud, es siempre cosa +peligrosa. Qu diran los viejos escultores, cuyas manos se han +encallecido modelando levitas de barro, guerreras, fajines, gabanes de +pieles y otras prendas ms o menos suntuarias? Y no hablemos de la +juventud. El caso de un muchacho que no sigue los cnones oficiales, ni +adula a los ministros y que triunfa por sus propios mritos, tiene, +forzosamente, que constituir para ella un ejemplo desmoralizador... + +Lleg, sin embargo, para Julio Antonio el da del xito, y fue un xito +como no se recuerda otro. Las marquesas se mezclaban con las nieras y +las criadas de servir, haciendo cola a la intemperie, durante horas y +horas, para ver aquella obra, de la que se contaban tantas maravillas. +Fue el Rey, fueron los ministros, fueron los acadmicos, fueron los +obispos y los generales. + +Los peridicos por aquellos das hablaban de Julio Antonio con tanta +extensin como si se tratara del propio Belmonte. Todo eran plcemes, +sonrisas, invitaciones, encargos... Yo, en el caso de Julio Antonio, me +hubiese alarmado sobremanera. + +--Tan malo estoy?--me hubiese dicho. + +Y Julio Antonio, que realmente estaba muy malo, se muri. Probablemente +hubiese podido tirar todava una temporada; pero, yo no s si por +amabilidad o por buen gusto, se muri en plena apoteosis. Hizo bien! De +no morirse, le habran nombrado acadmico. Le habran obligado a hacer +estatuas de filntropos repugnantes, de generales a caballo, de +polticos de levita. Hubiera tenido que modelar, con todo su parecido +vulgar y rampln, la cara del hijo ilustre de cada ciudad, que, +generalmente, es el cacique de la misma. Hubiese tenido que cambiar su +amplio chambergo por una chistera, y su vida bohemia por una vida seria +y respetable, y su arte libre por el arte oficial. Hizo bien en morirse, +y, adems, haca ya tanto tiempo que no se mora aqu nadie +romnticamente!... + +Pero, a los que vienen detrs, yo no les aconsejara que siguiesen el +mismo procedimiento. + +Se le organiz un banquete al que solo yo me negu a ir. No +ir--dije--, y no porque yo sea un hombre de esos que vacilan mucho +antes de asistir a un banquete, sino, al contrario, porque no suelo +vacilar nunca. Me basta que un amigo estrene un drama cualquiera, que +publique una novela, o, simplemente, que sea nombrado ministro, para que +yo me apresure a acudir al inevitable banquete de homenaje; pero Julio +Antonio est en un caso muy distinto. + +Si Julio Antonio hubiese hecho una estatua del conde de Romanones, +vestido de chistera y levita, un monumento a las vctimas del 8 de +diciembre o un grupo dedicado a los hroes del 13 de abril, yo le +banqueteara sin inconveniente ninguno. La tortilla sera tan mala como +de costumbre, y, sin embargo, yo me resignara a comerla pensando que no +haba desproporcin alguna entre ella y el objeto en cuya conmemoracin +se haba confeccionado. Vera en el local a algn ministro ms o menos +solemne, oira leer cartas y telegramas de adhesin, escuchara +discursos llenos de lugares comunes y todo me parecera que se +deslizaba en una armona perfecta y que era completamente natural. Pero +Julio Antonio no ha hecho una obra cualquiera. No ha hecho una cosa +pasable, una cosa mediana, ni una cosa buena, sino, muy probablemente, +una cosa genial. Y yo, que no tendra inconveniente alguno en +banquetearle si le considerase una ostra, y que quizs le banquetease +tambin aunque le supusiera algn talento, me niego terminantemente a +banquetearle despus de haber visto esa maravillosa estatua yacente que +expone en el edificio de la Biblioteca Nacional. Es decir, que yo no le +rindo homenaje a Julio Antonio por la simple razn de que Julio Antonio +no es un imbcil; y esto, que quizs parezca un rasgo de humorismo, no +es, despus de todo, ni ms ni menos que lo que se viene haciendo en las +llamadas esferas oficiales. + + + + +XIII + +LA PIEDRA FILOSOFAL + + +Don Germn Botella, joven fsico alicantino, asegura que ha encontrado +un procedimiento para obtener oro descomponiendo el mercurio, y nos +ofrece pruebas. Por qu no nos ofrece algunos billetes de mil pesetas? +Repartiendo oro, el Sr. Botella nos podra convencer fcilmente de +cualquier cosa; pero, sobre todo, nos podra convencer de que tena oro. +En cuanto a que el oro lo extrajese del mercurio o de alguna Embajada, +ello sera para nosotros perfectamente secundario. + +Perdone el Sr. Botella esta observacin de un profano, y no me desprecie +demasiado por ella. Si l considera el oro desde un punto de vista +puramente cientfico, tal vez no haya entre l y yo tanta diferencia +como pueda parecer a primera vista. Para m, seor Botella, el oro es +tambin una teora... + +Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de su +descubrimiento sea acogida con algn escepticismo. Ah es nada +encontrar oro en Espaa! Al mismo tiempo que el Sr. Botella, hemos +estado buscndolo veinte millones de espaoles y no hemos logrado an +pasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin xito ninguno, y +aunque sabemos que el oro espaol est prodigiosamente escondido, se nos +hace un poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestras +pesquisas, sus acaparadores lo hayan mezclado con mercurio. + +Por lo dems, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto, +vendra a constituir, en cierto modo, una reivindicacin para los +falsificadores, quienes cuando necesitan dinero no hacen dramas, +crnicas ni novelas, como los literatos, sino que hacen dinero. El seor +Botella necesitaba oro--con un fin econmico o con un fin cientfico--, +y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacer +chaquetas, se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lector +espaol, y si no puede hacer oro, trate, por lo menos, de hacer +billetes. + +Por mi parte, yo me alegrara mucho de que el descubrimiento del Sr. +Botella fuese realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metal +extrao, fro y teraputico que se llama mercurio, todo el mundo tendr +oro prximamente. Por lo menos, todo el mundo tendr oro en una +proporcin equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que entonces el +oro perder casi toda su importancia; pero por eso precisamente es por +lo que yo, con una intencin algo bolchevique, digo que me alegrara... + + + + +XIV + +LA PESETA + + +Que ha subido el precio de los alquileres? Que las patatas estn por +las nubes? Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Es +que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva. + +Tericamente, las patatas estn donde estaban; pero la peseta no puede +ya adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunan quince o +veinte pesetas, se iba a una tienda y adquirase en el acto un par de +zapatos bastante aceptables. Ahora, para realizar la misma empresa, se +necesitan sesenta pesetas, por lo menos. No es que el coste del calzado +haya aumentado, aunque tal crean los profanos en cuestiones econmicas. +No. Es que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva. + +Los profanos en cuestiones econmicas pueden decir que esto es igual, y, +en efecto, es igual. Es igual prcticamente; pero, y la teora? + +Por mi parte, cuando yo crea que los alquileres estaban muy caros, me +resignaba a vivir en un piso deficiente; pero desde que s que los +alquileres no han sufrido aumento alguno de precio, mi resignacin es +imposible. Cmo voy a resignarme a pagar muy cara una casa que, +tericamente, es muy barata? Cmo voy a resignarme a que mis pesetas +hayan perdido su capacidad adquisitiva? + +El caso es que, con una peseta, yo sigo adquiriendo diez perras gordas +siempre que quiero. La capacidad adquisitiva de las pesetas, con +respecto a las perras gordas, es la misma de siempre, y, con respecto a +las monedas extranjeras, es mucho mayor de lo que haya podido serlo +nunca. Con una peseta se adquieren hoy numerosos marcos, abundantes +coronas y liras a profusin. Patatas, en cambio, se adquieren +poqusimas. La peseta ha perdido su capacidad adquisitiva, pero +nicamente para las cosas, lo que equivale a afirmar que es todo el +dinero el que ha perdido capacidad de adquirir. + +Y el partido socialista protesta!... Indudablemente, no existe en +nuestra poltica otro partido tan burgus. De qu se trata, seores, +ms que de que el dinero pierda su capacidad adquisitiva? Antes, con las +pesetas se compraban patatas. Ahora, con las patatas hay ya quien se +dedica a acaparar pesetas. Y, dentro de poco, en vez de pesetas, los +hombres utilizarn para sus transacciones patatas, chorizos, rodajas de +salchichn y cigarrillos de cincuenta. + + + + +XV + +ESCULTURA KODAK + + +En cierta avenida del Retiro hay un grupo escultrico dedicado a D. +Ramn de Campoamor. El pblico, generalmente, lo contempla con +admiracin, y esto es muy lgico. Para qu son los monumentos ms que +para admirarlos? + +--Qu naturalidad!--le o decir un da a una seora en presencia de +aquellas figuras--. Parece que estn hablando! + +Y, en efecto, parece que estn hablando. El artista ha dispuesto su +grupo como si fuera a hacer una instantnea al centsimo de segundo. +Aqu las personas mayores. Los nios delante y en pie. Esta cabeza un +poco ms a la derecha... Clik!... + +Don Ramn aparece sentado en un banco sobre el cual ha dejado unos +guantes de mrmol y una chistera del mismo material. Tiene unas botas de +cartera cuyo precio en mrmol ignoro, pero que, en cabritilla o +tafilete, ha debido oscilar alrededor de las veinticinco pesetas. Estas +botas no han llevado nunca tapas ni medias suelas; conservan todos sus +botones, y, probablemente, son unas botas recin estrenadas. En cuanto +a la chistera, de mrmol, como hemos dicho, es maciza, y seguramente no +pesa menos de treinta kilos. Cmo se las arreglara el poeta, ya +anciano y sin fuerzas, para saludar con un instrumento tan pesado? + +No se indigne el autor del monumento por estos clculos que yo hago +sobre la densidad de la chistera campoamorina. O somos realistas, o no +lo somos. Uno no puede, a voluntad del artista, fijar su atencin en +tales detalles y apartarla de tales otros. El autor parece haber puesto +un gran inters en hacernos observar que las botas del poeta tienen seis +botones cada una. Cmo podr luego pasarnos inadvertido el peso de +aquella chistera tan ostensible? Y adems, qu hace all aquella +chistera, ya que el poeta est descubierto? + +Si la escultura representa la eternidad, puede decirse que D. Ramn de +Campoamor ha entrado en ella como si no fuera a permanecer ms que unos +breves instantes. Ha entrado de paso en la eternidad, con unas botas de +cartera, y ha dejado al alcance de la mano, para cuando llegue el +momento de retirarse, su chistera de mrmol y sus guantes del mismo +material. A m me da la idea de que ha ido en tranva y de que est all +un poco azorado, como en una visita de cumplido. Sus personajes--la +anciana de la cofia, la nia que tiene el pecho de cristal, etc.--le +rodean, y segn deca la admiradora desconocida, parece que estn +hablando. Parece que estn hablando y hablando en prosa, y esto es lo +malo, porque en escultura no se debe hablar. Parecen, en fin, un grupo +fotogrfico de escultura _Kodak_. + +Algunas veces yo haba acariciado el propsito de ser un grande hombre, +como tantos otros; pero ahora he resuelto renunciar definitivamente a +semejante idea. Mientras la inmortalidad sea una cosa tan parecida a la +vida corriente, y mientras en ella deba uno preocuparse tambin del +almidonado de la tirilla, no creo que valga la pena ser inmortal. + + + + +XVI + +UN ADMIRADOR + + +Parece que hay escritores a quienes el pblico anima dirigindoles, con +ms o menos frecuencia, cartas de aprobacin. Conmigo, sin embargo, este +caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusin de ser ledo por +alguien, es, tan slo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en +cuando me envan misivas insultantes a propsito de mis artculos. Yo +enseo estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi +posicin y mi prestigio. + +--No dirn ustedes--exclamo--que mis trabajos pasan inadvertidos o que +no hacen mella. Aqu hay un seor que me llama animal, y otro que me +anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el xito no admite dudas... + +Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador, +en la provincia de Guadalajara. Soy--me viene a decir este hombre +magnfico--uno de sus lectores ms asiduos y ms inteligentes, y me he +suscrito a _El Sol_ con el nico objeto de ver los artculos de +usted... + +Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador +me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma +e inmediatamente me digo: + +--Le gustar este tema al seor de Guadalajara? + +Yo tengo la sensacin de que escribo nicamente para este seor, y no +quisiera defraudarle. Este seor vive en un pequeo pueblo de la +provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en +absoluto la ideologa local, y esto pone en mi trabajo dificultades +enormes. De buena gana me pasara varias noches en claro leyendo, con +unas gafas muy gordas, unos volmenes muy grandes, si a esta costa +pudiera llegar a conocer las opiniones polticas, estticas y religiosas +que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo +temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal prrafo que acabo de +escribir creo que le parecer vulgar, y lo borro. Pongo en tensin todos +mis nervios hasta que se me ocurre una cosa ms fina, y entonces me +asalta un pensamiento terrible. + +--Entender esto mi admirador?--me pregunto--. No resultarn estas +consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos? + +Verdaderamente, el seor de la provincia de Guadalajara ha tenido una +idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo +por qu tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores. +Con dos admiradores ms, yo me volver completamente idiota. + + + + +XVII + +LITERATURA PATOLGICA + + +Desgraciadamente, en la literatura espaola no hay ms que genios. Ese +tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que +Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a +Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores +pertenecen a la categora genial. Yo mismo, en mi pequesima escala, +qu duda cabe de que tambin soy un genio? Y esta literatura de genios +en chico viene a ser algo as como un grupo de tullidos que, a la puerta +de una iglesia, le pidiesen dinero al pblico mostrndole sus diversas +monstruosidades. + +Cuando, en algn escaparate, yo veo un libro mo entre los libros de +otros autores espaoles, tengo la sensacin de encontrarme en una sala +de hospital esperando, con mis compaeros de dolor, la visita de alguna +seora vieja que no sepa en qu matar el tiempo. La literatura espaola, +en efecto, no es ms que una serie de enfermedades, debidas, +generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutricin. El uno +est enfermo del hgado. Al otro se le forman cidos en el estmago. +Este se encuentra amagado de parlisis general progresiva y tiene +delirio de grandezas. Aqul padece del bazo... Hay escritor que perdera +todo su inters en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de +algn producto ms o menos alemn, o en cuanto se le sometiese a un buen +rgimen alimenticio. Y, en realidad, este ltimo caso ya se ha dado +varias veces. Cuntos muchachos que comenzaron haciendo cosas +interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llam a un +buen peridico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se +explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fcil de +comprender: esos muchachos nunca haban tenido talento. Lo que haban +tenido era hambre. Con el estmago normalizado, quedaban al nivel del +ms vulgar empleado de Hacienda... + +Cosa terrible esta de ser un pequeo monstruo y de darse cuenta de +ello! Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse +mdicamente como un flemn o como una enfermedad de los riones!... Pero +hay algo peor an en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los +enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos, +se creen atacados de genialidad... + + + + +XVIII + +UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE + + +Un distinguido escritor--deca yo en _El Sol_--se queja de que los +espaoles hayamos adoptado la costumbre inglesa de ponerle una hache al +te. A esto contesta el Sr. Salaverra afirmando que yo miento, porque +l no ha dicho nunca que los espaoles hubisemos adoptado semejante +costumbre. Y he aqu por dnde vengo a enterarme de que el Sr. +Salaverra lo ha dicho. + +Yo no he nombrado al Sr. Salaverra, no he dado ninguna de sus seas +personales ni he reproducido ningn prrafo suyo. Y si el Sr. Salaverra +no hubiese dicho que los espaoles habamos adoptado la costumbre +inglesa de ponerle una hache al te, para qu iba a decir ahora que no +lo haba dicho? + +Al decir que no lo ha dicho, el Sr. Salaverra dice que lo ha dicho. Y +si, diciendo que lo ha dicho, resulta que no lo ha dicho, entonces es el +Sr. Salaverra quien falta a la verdad, cometiendo as una accin tan +indigna de l como de m, porque el Sr. Salaverra tambin es +inteligente y tambin es chistoso. (Los chistosos inteligentes--escribe +el Sr. Salaverra--no necesitan recurrir a la mentira.) + +Lo que ms le ha molestado al Sr. Salaverra, al creerse aludido por m, +es el que yo le atribuya un concepto desdeoso hacia la hache britnica. +Yo ignoro muchas cosas--dice--. Sin embargo, conozco la importancia que +tiene la hache para los ingleses. Pues bien, Sr. Salaverra, todo ha +sido una broma. La hache no tiene para los ingleses importancia ninguna. +El hombre que verdaderamente le ha dado importancia a la hache ha sido +usted. Por ella, Sr. Salaverra, no ha vacilado usted en arremeter +contra un viejo amigo como yo, llegando hasta a decirme que involucro. +Oh hache!... Tienes nombre de mujer... + + + + +XIX + +LA TAZA DE TE + + +Por si a algn lector le interesa, reproducimos el artculo que ha dado +origen a la nota anterior. + +Un distinguido escritor se queja de que los espaoles hayamos adoptado +la costumbre inglesa de ponerle una hache al te. Por mi parte, y aunque +he vivido varios aos en Londres, desconozco totalmente esta costumbre. +En la gran metrpoli he tomado te de la China y te de Ceyln. He tomado +te con leche y te con limn. He tomado te con _scones_, y con _mufirs_, +y con pan y manteca, y con toda clase de bocadillos, pero no recuerdo +haber tomado nunca te con hache. All no hay ms te con hache que el +_The Thimes_. Los otros tes, como no lleven la hache dentro de algn +bocadillo, se toman siempre sin ella, y, muchas veces, tambin se toman +sin azcar. + +El escritor a quien me refiero ignora, probablemente, toda la +importancia que tiene la hache en Inglaterra. En Inglaterra la hache +tiene una importancia social verdaderamente formidable. Es, como si +dijramos, una letra de lujo. Las clases cultivadas la aspiran +orgullosamente, pero el pueblo no la pronuncia. Aunque, de derecho, la +hache sea all una letra tan popular como cualquier otra, de hecho no +existe para el pueblo. Y ahora, cuando, cargados de impuestos, los ricos +ingleses son cada da ms pobres, y cuando, mejorados sus salarios, los +pobres ingleses son cada da ms ricos, qu barrera es la que, en +Inglaterra, separa a unas clases sociales de otras? La hache... Y +mientras una revolucin no destruya esa letra aristocrtica, yo, como el +Sr. Vzquez Mella, no podr creer que la democracia inglesa es una cosa +perfecta. + +En Espaa, pas de los viceversas, son slo algunos pobres campesinos +andaluces quienes pronuncian la hache. Las dems gentes se limitan a +usarla como un elemento decorativo, y mientras unas se la echan al te, +otras se la ponen a las toallas. Qu ms da? Pero conste que la hache +con que algunos espaoles amenizan su te no es inglesa, ya que los +ingleses escriben _tea_, que pronuncian _ti_. Convengo en que a muchos +incautos, un te con hache les parecer ms ingls que sin ella. No +obstante, yo sospecho que esa hache es de manufactura catalana, y, en +vez de combatirla estrilmente, creo que debiramos unir nuestras +fuerzas a las de un seor que en un gran hotel protestaba, das atrs, +contra la frase _five o'clock_, empleando una argumentacin llena de +lgica. + +--No somos espaoles?--deca aquel caballero--. No estamos en Espaa? +Y entonces, por qu hemos de llamarle _five o'clocks_ a los +bocadillos? + + + + +EN LA TIERRA DE LOS POLTICOS + + + + +I + +EL VIAJE + + +De cada mil gallegos puede decirse que han estado en Buenos Aires lo +menos novecientos. En cambio, apenas si dos o tres se habrn atrevido a +llegar hasta Madrid. Hay muchas razones que expliquen este hecho; pero +la principal es que, para ir a Buenos Aires, un gallego no necesita ms +que veintitantos das; y qu son veintitantos das comparados con la +eternidad? (Por eternidad, naturalmente, yo entiendo, en este caso, el +viaje a la villa y corte.) + +Al gallego, hombre de espritu aventurero, no le arredra la +incertidumbre de su porvenir en tierras de Amrica, ni le atemorizan los +peligros del inmenso Trtaro. Va a Buenos Aires por afn de ver mundo, +aun suponiendo que, una vez all, no se har millonario ni nada, y que, +al volver, no podr darse el pisto de fundar un hospital, ni un grupo +escolar, ni siquiera una modesta fbrica de conservas. Va a hacer de +dependiente, de criado, de cochero, de lo que sea... En cambio, cuando +un gallego se arriesga a ir a Madrid, es con el propsito firme de +llegar a ministro. Cualquier otro cargo inferior a ste no le +compensara de las fatigas del viaje... + +Yo no he sido ministro todava; pero mis paisanos no desesperan de que +llegue a serlo. Si yo me dedicara en Madrid a hacer sillas, mis paisanos +creeran que las haca para conseguir una cartera. Hago artculos, y no +se imaginan que pueda hacerlos ms que para trabajar mi nombramiento. En +Galicia se admite el que uno sea original, pero no hasta el punto de ir +a Madrid para no volver de ministro... + +Y, probablemente, mis paisanos tienen razn. El viaje entre Madrid y +Galicia no se debe hacer ms que con un ideal muy grande. Cuando yo +vena hacia ac, me encontr en el tren con mi compaero Domnguez +Rodio, quien se propona tomar en Vigo un vapor hasta msterdam para +entrar luego en Alemania y ver si desde all poda trasladarse a Moscou. + +--Es un viaje penoso--me deca Rodio. + +--Bah!--le contestaba yo--. La dificultad est en llegar a Vigo. Lo +dems es un paso. + +Ya en Vigo, Rodio pareca un poco arrepentido de su proyecto. + +--Va a ser una lata--exclamaba--eso de atravesar ahora la frontera de +Rusia. Al salir de Madrid yo estaba mucho ms animado. + +--Cosas de la edad. Entonces era usted bastante ms joven. + +Por qu marchar tan despacio el tren de Madrid a Galicia? Algunos +hablan de falta de carbn; pero esto es inexacto. En los respaldos y en +las almohadillas de los asientos hay carbn a toneladas. Este carbn, +admirable depsito de calrico, mantiene los coches a una temperatura +elevadsima. Yo cre que no lograra nunca sacarme de encima todo el +carbn del viaje. Al llegar a Vigo me miraba al espejo y me costaba gran +trabajo reconocerme como un individuo perteneciente, en relacin ms o +menos directa, a la gran familia aria. + +--Que un hombre del tronco indogermnico llegue a verse as!--exclamaba +para mis adentros. + +Y, blandiendo un spero estropajo, yo pensaba que, para hacer de Espaa +un todo ordenado y armnico, puede haber varios procedimientos; pero que +el primero debe consistir en unir materialmente unas regiones con otras +construyendo caminos y ferrocarriles que anden. + + + + +II + +LOS POLTICOS + + +Galicia es una tierra de sardinas y de polticos. Las sardinas nacen +unas de otras, y los polticos, tambin. Para ser un poltico gallego, +lo primero que se necesita es ser pariente de otro poltico gallego. El +hijo de un gran poltico gallego tiene, desde su nacimiento, categora +de ministro; el sobrino tiene categora de subsecretario o de director +general, y as sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de +ningn poltico gallego--cosa rara, dada la portentosa facultad de +reproduccin que caracteriza a esta especie--, entonces tiene uno que +hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga +advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los +prohombres de la poltica se les llama parientes polticos. + +Luego, el nuevo poltico se va a Madrid y comienza a pedir. Pide +muelles, drsenas, puentes, carreteras, grupos escolares, lo que haya! +Un da, pasendome por los pasillos del Congreso con un prcer de la +poltica, vimos aparecer a lo lejos la figura de un diputado paisano +mo. + +--Vamos a darle esquinazo--me dijo el prcer--; porque, en cuanto me +descuide, ese hombre me saca un puerto... + +Hay quien le concede mucha importancia a un puerto, aunque slo sea de +trescientas o cuatrocientas mil pesetas. Sin embargo, es mucho ms fcil +que un amigo le d a uno un puerto que no una escribana de bronce. A +veces, para captarse la buena voluntad del ministro, el diputado +pedigeo le regalaba una caja de puros. Una caja de puros por un +puerto! Otras veces no haba puertos disponibles. + +--Un puerto! No le sera a usted igual un puente? + +--Hombre! Yo les he prometido un puerto... + +--Es que la consignacin para esa clase de obras est completamente +agotada. Anmese usted y llvese un puente. Podemos darle uno magnfico. + +El diputado iba resignndose. + +--Si, a lo menos, tuvisemos un ro...--exclamaba, ya medio convencido. + +Y, al final, acababa por llevarse el puente, ya que el caso era llevarse +algo. + +Se le daba un puente al pueblo que necesitaba un puerto, y el que +esperaba el puente tena que arreglrselas con un grupo escolar. El +marqus de Riestra, padre espiritual de todos los polticos gallegos, +aportaba a las obras sus maderas, sus ladrillos, su cemento y sus otros +materiales de construccin. Los pueblos, agradecidos, hacan fiestas. +Los diputados salan reelegidos, y todo el mundo estaba contento. + +Al ver ahora todas estas carreteras, todas estas escuelas, todos estos +muelles y todas estas drsenas, yo tengo la sensacin de que alguien +est de das y que los amigos y parientes le han llenado la casa de +objetos intiles y aparatosos. Veinte escribanas, una docena de +bastones, otra docena de paraguas, quince pitilleras, doscientos +cubiertos de plata Meneses!... Con la falta que, a lo mejor, le hace al +festejado un gabn de invierno o una mesa de despacho!... + + + + +III + +LA GRACIA GALLEGA + + +Cuando un andaluz se pone a decir: Vamoj, hombre! Mardita zea! Mijte +quej grande!, y todo el mundo le escucha con gran contentamiento, como +si dijera algo sumamente ingenioso, yo me abismo en amargas reflexiones. + +--He ah un hombre con gracia--me digo--. Y pensar--aado--que si ese +hombre hubiese nacido en la provincia de Pontevedra no tendra gracia +ninguna!... + +A un pontevedrs, en efecto, le es mucho ms difcil caer en gracia que +a un sevillano. Desde luego, como no se le ocurra nada ms que decir: +Vamos, hombre! Maldita sea! y Mire usted que es grande!, el +pontevedrs ir a un fracaso absoluto. El pontevedrs no tiene gracia de +nacimiento. Las gentes le exigen una gracia de concepto, mientras que al +andaluz le basta con el acento. Si se le hubiese quitado el acento a las +obras de los hermanos Quintero, haciendo que sus personajes vocalizaran +todas las letras con arreglo a la prosodia oficial, los hermanos +Quintero no hubiesen entrado nunca en la Academia. Y dicen que la +Academia est destinada a velar por la pureza del idioma!... + +Indudablemente, los gallegos no tenemos pblico. Frecuentemente, cuando +uno dice que es gallego, nota en el auditorio un deseo as como de +contestarle: + +--Hombre, no! Eso ser una aprensin de usted... + +Conmigo nadie ha llegado a este extremo; pero a veces me han dicho: + +--Gallego? Pues nadie lo creera. No se le nota a usted nada, verdad? +(Dirigindose a los circunstantes.) + +Los circunstantes entonces, con una gran finura, han confirmado que, en +efecto, no se me notaba nada el que yo fuese gallego. Y luego no ha +faltado nunca alguien que dijese: + +--Si hay gallegos muy bien. Cuando un gallego sale listo!... + +--Ya lo creo!--ha aadido algn otro seor en este momento--. Hay +gallegos que llegan a ministros y todo. Ah tiene usted a Besada. + +--Y a Montero Ros... + +--Y a Canalejas... + +Terrible cosa es esta de que para serle agradable a uno tengan que +compararle con un ministro! Es la consecuencia de un prejuicio secular +que existe contra Galicia; pero, por mi parte, yo creo que este +prejuicio constituye para Galicia una ventaja enorme. Cada gallego, en +efecto, tiene que rectificarlo con su propio esfuerzo. El andaluz, al +nacer, se encuentra con una herencia de gracia, de simpata y de +popularidad que le permite abrirse fcilmente un camino en la vida, +aunque carezca de mritos personales. El gallego, en cambio, slo se +encuentra con deudas que necesita saldar por s mismo, y si +individualmente esto es un mal, colectivamente tiene que ser un bien. A +la larga resultar que los pueblos han sido, en cada poca, lo contrario +de la fama que tenan, ya que, cuando tenan la fama, no necesitaban la +cosa, y ya que la cosa, y no la fama, es lo fundamental. + +Pero como esto est resultando demasiado conceptuoso, acaso valga ms +dejarlo. + + + + +IV + +LA RAZA + + +La ltima vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las ms +hermosas regiones espaolas. Ahora ha ascendido a la categora de +nacin. + +--_Le_ somos una nacin, sabe usted?--me explica alguien--. _Le_ +tenemos una personalidad nacional tan fuerte como la primera... + +--Por qu no?--le contesto. + +Y, en efecto, por qu no? Una nacin se hace lo mismo que cualquier +otra cosa. Es cuestin de quince aos y de un milln de pesetas. Con un +milln de pesetas yo me comprometo a hacer rpidamente una nacin en el +mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy all y observo si hay ms +hombres rubios que hombres morenos o si hay ms hombres morenos que +hombres rubios, y si en la mayora, rubia o morena, predominan los +braquicfalos sobre los dolicocfalos, o al contrario. Es indudable que +algn tipo antropolgico tendr preponderancia en Getafe, y este tipo +sera el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos +locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos aos, yo habra +terminado mi tarea y me habra ganado una fortuna. Y si alguien osaba +decirme entonces que Getafe no era una nacin, yo le preguntara qu es +lo que l entenda por tal y, como no podra definirme el concepto de +nacin, le habra reducido al silencio. + +El nacionalista a quien he aludido antes tiene de las naciones una idea +mucho ms respetuosa que la ma. + +--Pero usted mismo--me dice--; usted es un celta. + +--No--le respondo--. Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez, +pero en una poca tan remota, que no conservo de ello ni el ms vago +recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteci mucho antes +del imperio romano, y, desde entonces ac, han pasado tantas cosas! Es +posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido tambin godo, +fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin +embargo, yo me siento mucho ms afn a un madrileo que a un irlands. + +No--contino--. Yo no soy celta. Soy, sencillamente, un hombre nervioso +y, en vez de unirme a un celta sanguneo, prefiero hacerlo a un ibero de +mi mismo temperamento. Por qu no han de asociarse los hombres por +temperamentos en vez de hacerlo por razas o por religiones? Ello sera, +indudablemente, mucho ms cientfico, y yo no desespero an de ver +terminada esta guerra, una gran guerra intercontinental de biliosos +contra linfticos. Los biliosos, naturalmente, sern quienes rompan las +hostilidades. + + + + +V + +EL IDIOMA + + +Un amigo quera meterme en la hermandad del habla, que es una Liga +constituida para propagar el uso del gallego. Yo me negu. Creo que todo +el mundo habla gallego en Galicia, y creo que, ms que nadie, lo hablan +aquellos que hablan castellano. El castellano, es, en efecto, la +verdadera forma actual del gallego. Los labradores que se expresan en +gallego no usan aqu un idioma distinto del de los industriales que se +valen del castellano; usan el mismo idioma, pero con un lxico limitado +y primitivo. En realidad no hablan gallego, sino que malhablan +castellano. Y, de formar una Liga para reconstituir el castellano en sus +formas ms remotas, yo no veo por qu esa Liga ha de formarse +precisamente en Galicia. Lo mismo se podra formar en Valladolid. + +No creo que haya un idioma gallego distinto del castellano. Lo que s +creo es que se podra inventar. Conozco lenguas medievales que se han +fabricado en estos ltimos treinta aos, de acuerdo con todos los +adelantos filolgicos. Con una pequea base se hace una lengua en menos +tiempo del que se necesita para hacer un partido poltico. Podramos, +pues, hacer un idioma gallego; pero cunto nos durara? + +A la vuelta de cincuenta, de sesenta o de cien aos, este idioma gallego +llegara, lgica y fatalmente, a confundirse con el castellano. El +gallego evolucionara siguiendo su curso natural. + +--Y el castellano?--preguntar alguien. + +El castellano no evolucionara nada, porque ah estn los acadmicos +para impedir que evolucione. + +Por lo dems, acaso todo esto de los idiomas sea mucho menos importante +de lo que nos parece. Yo creo que la importancia de los idiomas es muy +pequea, hasta en la misma literatura. Si lo ms importante en +literatura fuese el idioma, los iberoamericanos leeran libros espaoles +con preferencia a los libros de otros pases. El idioma une los +iberoamericanos a nosotros; pero otras cosas, positivamente ms fuertes, +los atraen hacia pases de hablas muy distintas. + + + + +VI + +EL ACENTO + + +En un viaje reciente, a bordo de un transatlntico, tuve la fortuna de +coincidir con una ilustre compaa de actores espaoles. Yo vena algo +mareado. Mi cabeza me produca una sensacin extraa, como si no fuese +exactamente la ma, sino, ms bien, una cabeza parecida, que alguien me +hubiese dado el encargo molesto de transportar hasta Espaa. Juzgando +con esta cabeza, tom por una gran actriz a una seora que hablaba +siempre de un modo muy enftico; pero ella me sac pronto de mi error. +Si hablaba as, no era por ella, sino por las nias, dos hijas suyas, +muy monas, por cierto. Las nias estaban comenzando su carrera teatral, +y apenas si ponan en la compaa algo ms que sus caras bonitas; pero +la madre, entre bastidores, pona el nfasis. + +--Pobrecitas!--deca la buena seora--. Hay una que habla algo; pero la +otra no dice ni una palabra. + +Yo me compadec de la infeliz porque la mudez me parece una gran +desgracia para una nia casadera. Afortunadamente, slo se trataba de +una mudez artstica. La chica tena una lengua bastante suelta; pero el +director no se atreva a confiarle ms que papeles silenciosos. + +--Y por qu no la dejan hablar? + +--Por el acento--me respondi la afligida madre--. Nosotras somos +gallegas, y en esta compaa no se puede tener acento. Se cree usted +que, de no ser por el acento, vendran mis nias en segunda? El acento +es nuestra desgracia. Afortunadamente, la mayorcita ya va perdindolo... + +La mayorcita, en efecto, saba decir sin acento hola, vizconde!, yo +lo tomo sin azcar y dems frases de alta comedia; pero la pequea era +incorregible y, mientras no perdiese el acento, no la permitiran +hablar. En aquella compaa se supona, probablemente, que la accin de +todas las comedias ocurre en la Luna. No se le autorizaba a nadie acento +ninguno. Una marquesa con dejo gallego o cataln, andaluz o madrileo, +les resultaba inadmisible, como si las marquesas no nacieran en ninguna +parte. Y la pobrecita muda no podra romper a hablar hasta que hubiera +desnaturalizado su voz por completo y lograra expresarse como un +fongrafo. Mientras tanto, su madre le cuidaba el acento lo mismo que +pudiera cuidarle una enfermedad del hgado. + +--Fjate, mujer--sola decirle--. Ayer estabas bastante aliviada, pero +hoy te encuentro mucho peor. + +--Qu quiere usted, mam! Debe de ser el mareo... + +El acento es uno de los grandes encantos de Galicia. Cuando yo llegu, +los primeros amigos a quienes vi prorrumpieron en ayes lastimeros. + +--Fulanio!--me decan--. Vendrs muy cansadio. Pobrio!... + +Pareca que lloraban, y lo que hacan era manifestar una gran alegra. +Son los inconvenientes de este acento tan dulce. + +Pero yo no quiero hacer comentarios sobre el acento gallego. En esto de +los acentos tengo una experiencia algo desagradable y no deseara +repetirla con mis propios paisanos. + + + + +VII + +ANTONIO + + +Har cosa de dos o tres meses, _Antonio_ fue a confesarse, y en el +curso de su confesin, le dijo al cura que lea peridicos. + +--Malo! Malo!...--refunfu el cura--. No veo qu necesidad tienes t +de leer peridicos. Siquiera fuesen de la buena Prensa!... Pero, +seguramente, sern de la otra. + +Eran de la otra, en efecto, y _Antonio_ lo reconoci as, aunque +aduciendo un motivo justificante. + +--Qu quiere usted, padre!--exclam--. La buena Prensa es tan mala!... + +--No hay ms Prensa mala que la mala Prensa--repuso el cura +sentenciosamente--. Y vamos a ver, qu peridicos son esos que t +lees?... + +--Leo _El Sol_--dijo Antonio. + +--_El Sol?_ + +--_El Sol_. + +--Un peridico de diez cntimos? + +--Justamente. + +Un peridico de diez cntimos--pens quizs el cura--debe de ser tan +malo como dos peridicos de cinco. Luego, en voz alta, continu: + +--Un peridico que no admite el anticipo reintegrable? + +--S, padre--contest _Antonio_ ya medio anonadado. + +--Un peridico--interrog an el cura--que hace campaa contra el +espionaje alemn? + +_Antonio_ no poda negar. + +--El mismo, padre--suspir--. El mismo!... + +--Pues, hijo mo--dijo entonces el cura--. Lo siento mucho, pero no te +puedo dar la absolucin. + +_Antonio_ se qued aterrado. Si le hubiesen dejado sin novia, tal vez +hubiera podido resignarse. Hubiera podido tambin vivir algn tiempo sin +empleo, pero, sin absolucin!... + +--Pues yo--le dije a _Antonio_ cuando el pobre muchacho me contaba sus +cuitas--. Yo creo que, en caso necesario, podra vivir sin absolucin. +He visto personas que viven con un pulmn slo, y otras que carecen +totalmente de bazo. Y aun he visto algo ms curioso, _Antonio_, he +visto hombres que viven sin dinero y que viven muy bien... En Madrid hay +la mar. + +--En Madrid es diferente--observ _Antonio_--. Aquello es una gran +ciudad. Yo no digo que all me fuese de todo punto indispensable la +absolucin; pero, aqu!... Cmo quiere usted que viva aqu sin +absolucin un pobre tonelero? + +--Y qu pas por fin? No te dieron la absolucin? + +--Quia!... Si fuese el cura de Ribalta!... Aquel s que es un cura +campechano. Todas las muchachas van a confesarse con l porque las +absuelve siempre y les pone unas penitencias muy pequeas. +Divertos--les dice--. Tiempo tendris de rezar si no encontris mozos +de ley que se casen con vosotras... Pero el cura de aqu es muy +estricto. Y eso que yo le regalo de cuando en cuando unos huevos o unas +manzanas! Para que digan que los hombres de iglesia son agradecidos! + +--De modo que no te dio la absolucin? + +--No, seor. Me dijo que no me la daba aunque me borrase del peridico +aquel mismo da. Todo el pueblo se enter. Algunas personas dejaron de +saludarme, y en la fbrica estuvieron a punto de quitarme el pan. +Entonces yo me march a la ciudad, dispuesto a conseguir una absolucin, +aunque me tuviese que gastar doscientos reales. Qu demonio! Para estos +casos quiere uno el dinero. Llegu a la iglesia, me sent al +confesionario, y lo primero que le dije al cura fue esto: Acsome, +padre, de leer _El Sol_. + +--As lo dijiste, _Antonio_? + +--As, s, seor, y con la misma tranquilidad con que hubiese podido +decir buenos das. No se figure usted que yo soy un gallina. + +--Y el cura, qu te contest? + +--El cura me pregunt que si eso de _El Sol_ era una novela, y cuando yo +le expliqu que era un peridico de diez cntimos, me dijo: + +--Si es de diez cntimos, debe de ser bueno... + +--Y conseguiste la absolucin? + +--Ya lo creo. En las ciudades se consigue todo. Pero yo quera vengarme +del cura de aqu, y al da siguiente, cuando estaba sirviendo la +comunin, me puse con los dems, y me la tuvo que dar l mismo. El ya +deba de comprender que yo tena mi absolucin en el bolsillo; pero, si +viera usted qu cara me puso!... + +--Bravo, _Antonio_! Y, sigues leyendo _El Sol_? + +--S, seor. + +--Pues dentro de unos das leers en l tu historia. La gente no va a +creerla, pero ah ests t para dar fe. + +--Es que... si por casualidad se enteran en la fbrica y me despiden... + +--Descuida, _Antonio_. No dar detalles y seguirs conservando todos +los elementos necesarios a tu vida: un empleo, una novia, una +absolucin... + + + + +VIII + +UN AMIGO DE MISTER BORROW + + +All por el ao de 1835 cay en Espaa un ingls estrafalario que vena +a vender biblias. Un da este ingls lleg a Pontevedra con una carta de +recomendacin para el Sr. Garca, notario de la ciudad. El seor Garca +result ser un patriota entusiasta, pero en un sentido puramente local, +segn cuenta el ingls. Su patria era Pontevedra, y el extranjero, Vigo. + +--Esos tos de Vigo--exclamaba--dicen que su ciudad es mejor que la +nuestra y que debiera convertrsela en capital de la provincia. Ha odo +usted alguna vez una locura semejante? Se le hubiese ocurrido a usted +nunca comparar a Vigo con Pontevedra? + +--Yo no s--replic el ingls--. Yo nunca estuve en Vigo; pero he odo +decir que la baha de Vigo es la mejor del mundo. + +--La baha!--refunfuaba el Sr. Garca--. La baha!... S. Esos +canallas tienen una baha, y con ella nos han robado a nosotros todo el +comercio; pero, para qu necesita tener baha una capital de provincia? +La baha! Yo espero--continu el Sr. Garca, dirigindose al +ingls--que usted no ha venido desde tan lejos para tomar la defensa de +una taifa de bandidos como esos de Vigo. + +--No--contest el ingls--. En realidad yo ignoraba que los vigueses +necesitasen mi auxilio en esta disputa. Lo nico que me propongo hacer +con ellos es llevarles el Nuevo Testamento, del cual, evidentemente, +tienen mucha necesidad si son tan golfos y tan canallas como usted los +pinta... + +Y largo rato despus, todava el Sr. Garca refunfuaba: + +--La baha!... A m nunca se me ha alcanzado con qu derecho puede +tener baha un pueblo como el de Vigo... + +Yo haba ledo este dilogo, que acabo de traducir casi literalmente, en +_La Biblia en Espaa_, de Jorge Borrow, que as se llamaba aquel ingls +estrafalario, hoy una de las glorias ms puras con que cuenta la +literatura inglesa. Lo haba ledo hace tiempo, y crea que el Sr. +Garca, ya no muy joven a comienzos del siglo pasado, yacera ahora bajo +su amada tierra pontevedresa, quizs alimentando con sus despojos algn +castao o algn cerezo. Pero Espaa es el pas donde no se muere nunca +completamente. Al llegar a Pontevedra uno se encuentra en seguida con el +Sr. Garca, que comienza a hablarle mal de Vigo. + +La lucha entre Vigo y Pontevedra contina hoy igual que en el ao 1835. +Y lo que ignora el Sr. Garca, como si desde que habl con Mr. Borrow no +hubiesen pasado das ningunos, es que, frente a Vigo, Pontevedra no es +Pontevedra, sino ms bien Madrid. Pontevedra es el Ministerio de +Hacienda, y el de la Guerra, y el de Fomento, y el de Gobernacin. +Pontevedra es la Administracin, y Vigo es la Geografa. Si Vigo llegase +a ser un da el centro de comunicaciones ms importante entre Europa y +Amrica, yo no creo que el pueblo pontevedrs perdiese nada con ello. La +baha de Vigo vendra a ser entonces, sencillamente, una baha de +Pontevedra. Algo as como su propia baha de usted, querido Sr. Garca. + +En cuanto a los vigueses, yo temo que su baha sea superior a su +ambicin. Con una ambicin digna de una baha tan hermosa, los vigueses +debieran considerar a Pontevedra como un barrio del Vigo futuro. El +barrio aristocrtico, el barrio oficial a unos veinte kilmetros y pico +del barrio mercantil! El barrio de los notarios viejos, como aquel +excelente y parroquial seor Garca, que, despus de comprarle algunas +biblias a Borrow, le dijo: + +--Si alguna vez tiene usted ocasin de hablar de m en letras de +imprenta, no deje usted de hacerlo. Ya sabe mi nombre y mis ttulos: +Seor Garca, notario pblico de Pontevedra... + + + + +IX + +EL ARADO VIRGILIANO + + +Si, al escribir su _Historia del Arado_, hubiera tenido que limitarse a +Galicia, el doctor Raer, por muy sabio, por muy pesado y por muy alemn +que fuese, no hubiese podido llenar arriba de unas veinte pginas. El +arado gallego, como la mujer honrada, carece de historia. Es un +instrumento prehistrico, cuya imagen exacta se encuentra en algunas +tumbas etruscas y creo que en ciertas monedas celtberas. Don Casto +Sampedro, un distinguido arquelogo que se pasa la vida recogiendo +curiosidades celtas y romanas para el museo de Pontevedra, debiera +llevarse all un arado y, con poco esfuerzo, dotara as de una +antigedad indiscutible a la simptica institucin. + +Los carros gallegos tampoco han progresado mucho ms que el arado. Al +avanzar, sus ruedas producen un sonido agudo que se va modulando en +inflexiones lentas y quejumbrosas. Dicen que este sonido anima a los +bueyes y les hace seguir andando. Tambin se podra sostener que el +ruido de unas botas nuevas anima al que las lleva y le impulsa a +continuar su camino... Dicen que sirve como de bocina para avisar a los +carros que vengan en direccin contraria, y es indudable que al ruido de +unas botas nuevas cabra atribuirle asimismo un objeto muy semejante... +Yo me he pasado horas y horas oyendo la voz de los carros gallegos. Me +pareca una voz familiar, y tena la sensacin de haberla odo ya, haca +muchsimos siglos. + + _Chirrar d'os carros d'a Ponte_ + _Tristes campanas d'Herbn..._ + +Los carros gallegos cantan, y los poetas cantan el canto de los carros +gallegos. No les hablen ustedes a estos poetas de sembradoras mecnicas +ni de trilladoras automviles. Semejantes chismes destruiran la poesa +del campo, y entonces no habra certmenes literarios, ni flores +naturales, ni nada. Las chicas elegantes, perdida toda esperanza de que +se las nombrase reinas en alguna fiesta del gay saber, no les haran ya +ni pizca de caso a los pobres poetas, quienes tendran que limitar su +vida al prosaico emplello de la Delegacin de Hacienda o de la +Diputacin provincial. El hijo ilustre de la provincia, varias veces ex +ministro, no vendra nunca ms de mantenedor a pronunciar discursos +grandilocuentes, y sus opiniones estticas quedaran inditas en lo +porvenir... Sera la ruina de la poesa; y, qu se iba a hacer sin +poesa en las capitales de segundo y tercer orden? + +No. Los poetas quieren el carro primitivo y el arado virgiliano. Yo +tengo grandes sospechas de que si Virgilio viviese hoy, cantara la +trilladora mecnica; pero Virgilio ha muerto, y su arado es como una +herencia que les hubiese dejado a todos sus sucesores. El arado +virgiliano! El carro venerable! La campia arcdica, por donde los +ros se deslizan mansamente!... En el fondo, es posible que los poetas +tengan razn y que ms valiera el que las cosas siguiesen as. Lo malo +es la competencia. Cuando los ros de otras partes se han puesto de +lleno a trabajar y estn constantemente transportando cargamentos y +moviendo turbinas, los nuestros tienen que prepararse a la defensa. Con +unos ros ociosos y un material agrcola prehistrico no se puede +conseguir ya nada ms que una flor natural en algn certamen literario +de provincias, una escribana de plata o una coleccin de las obras +completas del marqus de Figueroa. + + + + +X + +PROPIEDAD, ABOGADISMO, POLTICA + + +Excepto el autor de estas lneas, todos los gallegos son propietarios. +El pobre ms pobre puede siempre cosechar un repollo y ponerlo a hervir +en su olla al amparo de cuatro tejas familiares. Difcilmente podr +encontrarse pas alguno donde la propiedad est tan distribuida como en +Galicia. Hay fincas como una alcoba y otras como un pasillo. De algunas +huertas apenas si lograran sacarse al ao patatas bastantes para un +banquete de treinta cubiertos. Quin va a comprar, para cultivarlas, +mquinas sembradoras ni tractores automviles? + +Esta subdivisin de la propiedad no creo que resuelva, ni muchos menos, +el problema de alimentar al campesino; pero, en cambio, mantiene al +abogado. Cada ferrado de terreno gallego est siempre en pleito con uno +de los ferrados de terrenos vecinos. El solo hecho de la entrada a una +finca que, muchas veces, se encuentra rodeada de veinte o treinta, suele +ser un semillero de cuestiones, y, mientras se arruina el campesino, el +abogado engorda. Bien es verdad que los campesinos son tambin un poco +abogados. Todos son abogados aqu, unos con ttulo y otros sin l. Yo no +s si la marrullera gallega es una consecuencia de la subdivisin de la +propiedad, o si los gallegos han conseguido que la propiedad se +subdividiese gracias a su proverbial marrullera. Lo que s s es que +ambas cosas se relacionan y se apoyan, dando origen a una tercera: la +poltica. Este ambiente abogadil de intrigas constantes y de habilidades +pequeas no puede ser ms a propsito para la formacin del poltico +espaol. De l sali Montero Ros, su representante mximo, con toda esa +caterva de hijos, sobrinos, yernos, amigos y contertulios que nos +mangonean todava... + +Hay quien opina que subdividir la propiedad es una manera de abolirla y +que no existe diferencia entre el que la propiedad sea de todos y el que +no sea de nadie. Es como si a cada uno nos diesen un baln de oxgeno +para respirar y nos dijesen que eso equivala exactamente al uso libre +de la atmsfera. La socializacin de la propiedad se har en toda Espaa +antes que en Galicia, donde no falta quien ya la considere hecha. En +Galicia la tierra es de todos; pero tan pronto como un gallego traspone +su propio ferrado de secano o de regado, cada paso que da le cuesta un +pleito. Los andaluces tienen una fama de generosos contraria a la de los +gallegos, y es muy posible que esta fama est justificada. Andaluca es +un pas de proletarios, donde el espritu de propiedad no ha tenido +ocasin de difundirse. Galicia, en cambio, es un pas donde todos poseen +algo, a excepcin de algn escritor ms o menos original, como el autor +de esta crnica. + + + + +XI + +EL CELTA MIGRATORIO + + +La emigracin?--me dice un amigo--. Pero, usted cree que la emigracin +es un mal? Todo el dinero que ganan los gallegos en Amrica viene luego +aqu, a mover nuestra industria. Y no es slo dinero lo que los indianos +hacen circular entre nosotros, sino tambin espritu de progreso y de +tolerancia. Con su acento absurdo, diciendo San Jorge de Bolsas en vez +de San Jorge de Sacos, y cosas por el estilo, los gallegos que vuelven +de Amrica estn modernizando Galicia. Desengese usted. La emigracin +es un bien... + +Yo estaba ya completamente desengaado. Creo que la emigracin es un +bien; pero en esto, precisamente, consiste el mal. Hay circunstancias en +las que un hombre no tiene ms recurso que ponerse al servicio de otro +hombre si no quiere morirse: a ese hombre le conviene hacer de criado; +pero, indudablemente, el estado de criado no constituye un estado +envidiable. La emigracin es un bien, y esto es lo malo. Tambin es un +bien salir de presidio; pero sera mucho mejor no haber entrado en l. + +Hay quien atribuye la emigracin de los gallegos a su sangre celta, y +apoya esta opinin con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde +la raza cltica se conserva ms pura, es tambin prdiga en emigrantes. +Yo no quiero negar el espritu aventurero de la raza cltica, a la que, +segn parece, tengo el honor de pertenecer; pero, por qu es tan +aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no s +qu enfermedad, y desde entonces al 1850 ms de un milln de irlandeses +huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos +aos ms celtas que nunca. Despus desapareci la enfermedad de la +patata, y la emigracin irlandesa disminuy en un 80 por 100. Amigo +lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrzcale una patata y, +acto continuo, lo convertir usted en un europeo sedentario. Las razas +aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de +libertad. Se echa de sus casas a los judos, a los polacos y a los +armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se +dice que tienen un espritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen, +que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace... + +La emigracin es un bien para Galicia y para Espaa; pero, sobre todo, +lo es para Amrica. Por cada mil pesetas en dinero que los emigrantes +mandan aqu, cuntas no se dejarn all en trabajo? Desgraciadamente, +aqu el trabajo no les producira nada, y la emigracin sigue. En +Galicia no se ven apenas ms que mujeres, viejos que ya han vuelto de +Amrica, nios que esperan a ir, caciques y curas. Por cada revista +madrilea que llega a Galicia, hay cinco o seis revistas argentinas. No +falta en Galicia quien tome su mate por las tardes leyendo _Caras y +Caretas_ o _El Mundo Argentino_. Y a m el separatismo poltico no me +asusta; pero este separatismo prctico me parece una cosa muy seria. + + + + +XII + +GRANDES HOMBRES + + +Las provincias estn llenas con estatuas de grandes hombres, sin contar +las grandes mujeres, como Concepcin Arenal y doa Emilia Pardo Bazn. +Y, ante este fenmeno, yo no puedo menos de preguntarme: + +--Hay muchas estatuas porque hay muchos grandes hombres, o hay muchos +grandes hombres para que haya muchas estatuas? Quin hace a quin? El +escultor es una consecuencia del grande hombre, o el grande hombre una +consecuencia del escultor? + +Desde luego, parece evidente que los grandes hombres, en caso de +necesidad, podran, bien que mal, arreglrselas sin escultores. En +cambio, los escultores se veran bastante apurados el da en que hubiese +una huelga de grandes hombres. + +Un escultor amigo mo, hablndome de cmo iba el hombre resolviendo su +vida, me deca recientemente: + +--Tengo bastante que hacer. Antes slo haba trabajo en Espaa para una +media docena de escultores. Ahora trabajamos constantemente cerca de un +centenar. + +Yo me acord entonces del Sr. Salaverra y de sus imprecaciones contra +el pesimismo. Indudablemente--me dije--el Sr. Salaverra tiene razn. +Estamos en un perodo de gran florecimiento. Cmo puede encontrarse en +decadencia un pas que produce grandes hombres bastantes para emplear a +cien escultores diarios? + +Pero luego me asalt la idea de que, si Espaa dejase de producir +grandes hombres repentinamente, esos cien escultores no iban a morirse +de hambre. + +--A falta de grandes hombres--pens--, se arreglaran con hombres +medianos, y hasta con hombrecitos chiquitines. + +Y de situar esta hiptesis en el porvenir a trasladarla al presente no +haba ms que un paso. No son los grandes hombres quienes hacen a los +escultores, sino los escultores quienes hacen a los grandes hombres. Se +van por las capitales de provincia y trabajan el artculo. + +--Pero es posible?--exclaman--. Cmo tienen ustedes esta alameda as, +sin un grande hombre ni nada? + +--Un grande hombre? + +--S. Un grande hombre. Un hijo ilustre de la provincia. + +Los provincianos no se acuerdan de ninguno. + +--Fjense ustedes bien. No faltar por ah un filntropo, un hroe, un +cronista local, aunque sea un ex ministro. + +Generalmente, se acaba por elegir al ex ministro, y el escultor, que ya +suele tener preparados cuerpos para ex ministros, para filntropos y +para generales, no hace ms que preparar la cabeza y enchufarla. En una +ciudad, cuyo nombre no importa, el poeta local fue desechado porque era +tuerto, y se le sustituy con un abogado. + +--Un tuerto!--deca el escultor--. Si me dieran ustedes un ciego, les +hara una obra magnfica; pero, por Dios!, no me den ustedes un tuerto. + +--Es que es el nico hombre de algn mrito que tenemos por aqu. El +nico digno de una estatua. + +El escultor fue irreductible: + +--Cmo va a ser digno de una estatua un tuerto? Cmo va un tuerto a +tener mrito? + +Los que no somos tuertos no debemos desconfiar todava de llegar a tener +nuestra estatua; pero, para adquirir una personalidad algo estatuaria, +debemos dejarnos crecer la barba y vestir siempre de levita. + + + + +XIII + +QUIN SOY YO? + + +Sabe usted quin soy yo?--me dice un seor, colocndose en plena luz +delante de m. + +Positivamente yo no s quin es este seor, pero me guardo muy bien de +decirlo as, porque temo entristecerlo. + +--Tengo una idea--le contesto--. Su cara de usted no me es +desconocida... + +--Fjese usted bien... + +Me fijo bien. + +--No ha visto usted nunca caras parecidas a la ma? + +Indudablemente, yo he visto caras parecidas a la de este seor: caras +con una nariz, caras con unos ojos, caras con unos bigotes... Tambin he +visto sombreros de jipi-japa semejantes a este sombrero de jipi-japa. +Sin embargo, no caigo. + +--No hay duda--exclamo--de que yo le conozco a usted; pero, as, de +momento, no doy con el nombre... + +--De modo que no puede usted decirme quin soy yo? + +--No, seor... + +El hombre se queda muy apesadumbrado. Se tratar, acaso, de un hombre +que ignora su estado civil y que pretende averiguarlo preguntndoselo a +las gentes? Considerar este hombre, tal vez, que, siendo periodista, +yo debo estar mejor informado que las otras personas? Caso triste, en +verdad, el de un seor que no sabe quin es y que no encuentra quien se +lo diga!... Yo comienzo a afligirme, pero el seor me recita de pronto +su nombre, su edad, su profesin, sus apellidos y sus motes. + +--De modo que usted saba quin es?--exclamo. + +--Claro est. + +--Y entonces--prosigo--, con qu objeto me lo preguntaba usted a m? + +No me lo preguntaba para informarse, sino que lo haca con una intencin +perfectamente capciosa. + +Yo permanezco algo desconcertado, y al poco rato comparece otro hombre. + +--Hola!--exclama el otro hombre--. No sabes quin soy? + +--No s quin eres. + +--Y ste--aade sealando a un compaero suyo--, tampoco sabes quin +es? + +--Tampoco. No s quines sois; pero tal vez puedan informaros en el +Juzgado municipal. + +Desde que estoy en el pueblo, numerosas personas se me han acercado para +que les diga sus nombres. Al principio procuraba complacerlas y haca +esfuerzos inauditos a fin de recordar bien. Ahora ya no me canso. Se +trata de un _sport_ local que no me interesa gran cosa. Faltas de otro +entretenimiento, las gentes esperan aqu cinco, diez o quince aos el +regreso de algn convecino viajero para preguntarle quines son. Quieren +ver si uno ha conservado la memoria durante sus viajes, y, si el tabaco, +por ejemplo, se la ha estropeado a uno, entonces le consideran a uno un +hombre terriblemente orgulloso. + + + + +XIV + +EL CAMINO DE SANTIAGO + + +El que quiera trasladarse en ferrocarril al siglo XIII, que no piense en +Santiago. Lo ms siglo XIII de Santiago es el viaje. Desde la Corua se +va en automvil, pero qu automvil! Viajando en l, yo he tenido una +sensacin de cosa arcaica y primitiva que no hubiese podido tener nunca +viajando en una diligencia. Me pareca as como si el automovilismo +fuese una invencin medieval, una invencin que se hubiese perfeccionado +en otras partes a fuerza de siglos, pero que hubiese permanecido +estacionaria en el camino de Santiago. Si me aseguran que cuando se +descubri el cuerpo del Apstol, aquel mismo automvil haba servido +para conducir a Santiago los primeros peregrinos, yo lo creo sin +vacilar. + +En Santiago quise comprar peridicos, pero no haba ms que _El Correo +Espaol_ y _El Debate_. Esto tambin me produjo una impresin de +medievalismo. Se hablaba de la guerra, y a m me pareca que, ya en el +siglo XIII, se deba de comentar en Santiago la guerra europea con el +mismo criterio. + +Lo que me pareci ms moderno fue la catedral. En ninguna parte se +encuentran ms adelantadas las catedrales medievales. La catedral de +Santiago poda estar perfectamente en Francia, en Inglaterra o en +Alemania, al lado de las fbricas y de los laboratorios. Ante la +catedral de Santiago no se experimenta ninguna impresin de anacronismo. +Esta impresin, si no se ha recibido antes, se recibe despus, cuando +uno pregunta las horas del tren para Villagarca y le dicen a uno que +este tren slo sale tres veces por semana. + + + + +XV + +EL BOTAFUMEIRO + + +Hubo un tiempo en que las catorce puertas de la catedral de Santiago no +se cerraban de da ni de noche. Constantemente llegaban peregrinos de +todas las partes del mundo, que, entonces, slo eran tres. Venan persas +con las cabezas tonsuradas; griegos que traan tatuado en las manos el +signo de la cruz; ingleses, irlandeses, franceses, italianos, eslavos... +Unos, mudos de nacimiento, queran que el Apstol les concediese el uso +de la palabra; otros, ciegos, deseaban ver, y muchos slo se proponan +cobrar una herencia, ya que en la Edad Media, para cobrar una herencia +sola imponerse como condicin la peregrinacin a Santiago. No faltaban +prncipes que, en vsperas de alguna batalla, viniesen a implorar el +auxilio militar del Apstol contra sus enemigos. Fuera de la catedral, +unos hombres, sentados en cuclillas, iban apilando a su alrededor +monedas de todos los pases. Eran los cambiantes, padres de nuestros +actuales banqueros. Dentro, los peregrinos, agrupados por +nacionalidades, rezaban y cantaban. Cantaban en sus diversos latines +respectivos y se acompaaban con sus instrumentos predilectos. Ctaras, +crtalos, flautas, gaitas, arpas, salterios, trompetas, liras, todo +sonaba all, y el Apstol haca el milagro de armonizarlo. Luego, los +peregrinos se iban a ver las reliquias, guiados por el _lenguajero_, una +especie de intrprete de hotel, que saba decir en varios idiomas +piedra, corona, cuchillo, hacha, sombrero... + +Unos peregrinos viajaban a sus expensas; otros venan implorando la +caridad. La mayora llegaban rotos, sucios, mugrientos y enfermos. +Algunas veces se declararon en Santiago epidemias muy serias, y el +Apstol no daba abasto haciendo milagros. Fue entonces cuando se invent +el _botafumeiro_, rey de los incensarios, como le llama Vctor Hugo. +El _botafumeiro_ no fue en sus orgenes un objeto litrgico, sino, +sencillamente, un aparato de desinfeccin. Lo cargaban con incienso +porque todava no exista el cido fnico. Aquellos peregrinos, que +venan directamente desde el fondo del Asia, tenan mucha fe, pero olan +muy mal, y los santiagueses procuraban aislarlos en una nube de +incienso. Si hubieran podido, tambin se hubiesen untado las narices con +aceite mentolado, y quizs hoy, al olor del aceite mentolado, uno se +llenase de evocaciones religiosas y viese, en su imaginacin, coros de +ngeles y serafines... + +Grandioso _botafumeiro_! Hoy, que la falta de fe lo mantiene ocioso, +por qu no se piensa el medio de trasladarlo al Congreso? Cuanto ms +animados fuesen los debates, el _botafumeiro_ girara ms velozmente. Y +en vez de procurarse una entrada o de leer el _Diario de las Sesiones_, +uno se limitara a ver, desde fuera, cmo sala y se elevaba y se +desvaneca el humo. + + + + +XVI + +CABEZAS DE CERDO + + +Hace tiempo, los cerdos de Galicia llevaban una vida completamente +patriarcal. Eran, quizs, algo inmorales, eran glotones y tenan una +cierta socarronera muy campesina; pero ninguno de ellos estaba +contaminado por las ideas del siglo. Los chicos de los paisanos crecan +entre ellos, y a veces, chicos y cerdos dorman en la misma habitacin. +Puede imaginarse nada ms virgiliano? En ciudades como Santiago haba +quien se llevaba los cerdos a un segundo piso y sala luego a pasearse +con ellos entre los cannigos, los tenientes de la guarnicin y los +estudiantes de latn. Una seorita inglesa que estuvo hace algunos aos +en la ciudad del Apstol--la autora de _Galicia. The Switzerland of +Spain_--le pregunt a su hostelera si era cierto lo que se deca de los +cerdos santiagueses como animales de sociedad. + +--No son nicamente los cerdos--contest la interpelada--. Desde su +ventana puede usted ver dos cabras en el piso de enfrente. Sus dueos +las tratan como personas de la familia... + +Todava hay en Santiago quien recuerda a Montero Ros guiando por las +calles un rebao de cerdos. Ms tarde gui electores. Luego, +diputados... + +S. Los cerdos llevaban aqu una vida completamente patriarcal. Cuando +les llegaba su San Martn, berreaban horriblemente y estiraban una pata, +que era un jamn. Moran dolorosamente, pero sin remordimientos de +conciencia. Nunca haban tenido ambiciones ni vanidades. Si haban +procurado engordar, no lo hicieron por ellos tanto como por sus dueos. +Engordaron para que sus morcillas fuesen ms sabrosas y para que su +tocino le diera ms gusto al caldo de las buenas familias en cuyo seno +haban vivido. + +Pero ahora hay en Galicia una nueva generacin de cerdos. A poco de +estallar la guerra, unos hombres extraos vinieron por aqu y +soliviantaron a los cerdos, a las gallinas y a otros muchos animales +domsticos. + +--Cunto os dan aqu por una docena de huevos?--parece que les +preguntaron a las gallinas. + +--Y los jamones--dijeron, dirigindose a los cerdos--, a cmo los +vendis? + +El cerdo, animal muy tradicionalista, dio un gruido y no hizo caso. La +gallina cacare. Pero aquellos hombres hablaron de los mercados +extranjeros, donde todo se pagaba diez veces ms que aqu, y hoy +nuestros animales de corral y de alcoba han aprendido ya los caminos del +mundo. El cerdo gallego tiene actualmente sus ideas industriales, ni +ms ni menos que si fuese un cerdo de Chicago. Dentro de poco ser capaz +de pedir que lo maten automticamente y que lo desmenucen de un modo +cientfico. + +Las costumbres patriarcales del cerdo gallego van desapareciendo. El +cerdo progresa. Y si esto contina as, ser cosa de recomendar a +nuestros polticos que coman cabeza de cerdo a ver si se les pega algo. + + + + +XVII + +LA VIEIRA + + +Uno de los mariscos ms dignos de estimacin es la _vieira_. Madrid, que +lo ignora todo respecto a provincias, no come _vieiras_, y es una +lstima. Asadas en su concha, con un diente de ajo y un poco de +pimentn, las _vieiras_ son bastante ms sabrosas que esos cangrejos de +celuloide con que los madrileos pretenden consolarse de su falta de +mar. En Inglaterra la vieira carece de triptongo; se llama _scallop_, y +este nombre, escaso en vocales, es como si le quitara la mitad del +gusto. Sin embargo, la _vieira_ tiene all, por lo menos, tanta +popularidad como la ostra. En Francia las vieiras bretonas, las vieiras +armoricanas, gozan de gran reputacin y son consideradas un bocado +exquisito. Y saben ustedes cmo las llaman los franceses a las +_vieiras_? Las llaman _coquilles Saint-Jacques_, o conchas de Santiago. + +Porque la vieira es el marisco del Apstol. Es un marisco casi sagrado, +as como otros mariscos son literarios, y otros, polticos. Se cuenta +que cuando el cuerpo de Santiago fue conducido al Padrn, un caballero +que deseaba acompaarlo lleg tarde al puerto. El barco haba izado ya +sus velas y se perda en el horizonte, sobre un mar de oro y de plata. +Entonces el caballero hizo el signo de la cruz y se lanz audazmente +entre las olas. Durante varios das su caballo fue galopando sobre el +fondo del mar, con gran asombro de merluzas y salmonetes, y cuando +llegaron a Iria Flavia, caballo y caballero estaban cubiertos de +_vieiras_. Desde entonces la vieira ha sido el smbolo de los +peregrinos, y para que stos no tuviesen que ir a buscarlas debajo del +mar--la experiencia del caballero no se consideraba concluyente y haba +el temor de que algn peregrino pudiese morir ahogado--, los +santiagueses se las vendan ya muy bien preparadas. Al principio vendan +conchas naturales. Despus hacan conchas de cobre, de plata, de latn, +de porcelana y de azabache. Todava existe en Santiago la calle de los +Azabacheros, desde donde se ve una fachada de la catedral, y a esta +fachada se la llama la Azabachera. Y muchas casas, que antiguamente +sirvieron de mesones para los peregrinos, conservan an, como +distintivo, una concha de vieira esculpida a la entrada. + +Pocos mariscos unirn, como la _vieira_, una carne tan sabrosa a un +abolengo tan ilustre. Ya, mucho antes de la Edad Media, la _vieira_ le +haba servido a Afrodita, surgiendo del mar, para alisarse los hmedos y +admirables cabellos. Hoy Afrodita usa peines bastante ms caros; pero +esto no quiere decir nada contra la _vieira_. La _vieira_ es el _pecten +Veneris_ de los antiguos, y el Arte ha buscado mil veces inspiracin en +sus curvas sencillas y maravillosas. + +De paso en Galicia, tierra de _vieiras_, yo me considero obligado a +hacer la apologa de este marisco. Creo que Madrid no debe ignorarlo, y +que mantenerlo ms tiempo en el olvido sera una poltica funesta. Si +Madrid no se interesa por nuestras vieiras, cmo va a interesarse por +nuestros conflictos sociales? Indudablemente, la poltica central carece +de sensibilidad con respecto a provincias. + + + + +XVIII + +OPINIONES POLTICAS Y LITERARIAS DE LA ROSARIO + + +Al volver a Madrid, tras una ausencia de mes y pico, soy cariosamente +acogido por mi buena Rosario, una chica mitad ama de llaves y mitad +cocinera, que arregla mis papeles y cuida de mi estmago. + +--Te entrego mi estmago, un poco estropeado por las salsas al por +mayor--le dije al darle posesin de su cargo--, y espero que me lo +trates bien. El estmago es el alma del escritor. Con un poco de acidez +o de flatulencia, yo hara una literatura triste y perdera lectores. Al +nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme +guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el +respeto de la crtica y la aceptacin del pblico. + +Desde entonces, la Rosario pone sus cinco sentidos en la cocina. A +veces, advierto la desaparicin de algn plato, pero no es culpa de la +Rosario. + +--Yo no lo romp. Fue l. Lo tena en la mano, y se cay. Se hizo +pedazos contra el suelo... + +--Debe de ser un caso de suicidio--observo yo entonces--. El pobre plato +estara desesperado de la vida. + +Otras veces, la carne est espantosamente dura, y la Rosario dice que no +ha querido cocerse. Verdaderamente, qu inters puede tener la carne en +ponerse blanda? + +Pero, a pesar de todo, la Rosario es una excelente muchacha. Yo le doy a +leer los libros de mis amigos, y luego le pregunto qu es lo que +opinamos de ellos. La Rosario tiene un criterio literario en el que la +crtica no ha ejercido an su perniciosa influencia: un criterio sano y +honrado. Algunos autores, al enviarme sus obras, lo hacen dedicndoselas +ya a la Rosario, y no falta quien le prodigue adjetivos laudatorios para +congraciarse con ella. + +Ahora, al volver de Galicia, la Rosario me cont todo lo que haba +ocurrido durante mi ausencia. Yo haba estado ms de un mes sin recibir +cartas ni leer peridicos, y quera restablecer mi contacto con la vida +urbana. + +--Se han suicidado muchos platos? Han trado muchas cuentas? En qu +nuevas aventuras se ha metido el amigo Charlot?... + +La Rosario ha ido contestndome a todas estas preguntas y satisfaciendo +as mi curiosidad. + +--Y Gobierno, qu Gobierno tenemos ahora?--aad. + +--Gobierno? Yo creo que tenemos el mismo. + +--Imposible, Rosario. Hace ms de un mes que sal de Madrid, y no es +posible que un Gobierno dure tanto. Seguramente tenemos un Gobierno +nuevo. + +La Rosario entonces reflexion un poco, y dijo: + +--Quizs. La verdad, yo, que gobiernen unos o que gobiernen otros, no lo +noto nunca... + +Y aqu me tiene el lector, ignorando si estoy gobernado por Maura, por +Snchez de Toca o por Romanones. En casa no lo notamos. Las patatas +cuestan lo mismo. El alquiler no baja. Los guisos salen igual... + + + + +EN EL PAS DE LA RULETA + + + + +I + +LOS TEMAS LITERARIOS + + +Los escritores solemos dirigirnos a el lector, poco ms o menos, as +como los criados se dirigen a el seor. Desgraciadamente, este +concepto de el lector es demasiado vago. Por lo general, el lector +tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el +lector--este lector de quien hablamos tanto los escritores--fuese una +realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigira a l y le dira: + +--Qu artculo de San Sebastin quiere usted que yo le haga? El de la +lluvia? El del jugador? El de las pulgas? El de la Concha? El del +objeto perdido? El de la misteriosa extranjera...? + +Porque en San Sebastin no hay arriba de doce temas para artculos. Los +corresponsales madrileos que vienen aqu hacen las mismas crnicas cada +temporada. Yo conozco a un compaero que lleva ya quince sobre la +lluvia. Es un especialista. + +Cmo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras +cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal +abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no vara +sus temas literarios, una playa que no renueva sus crnicas, est +condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastin resultar una +cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantbrico o del +Mediterrneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los +cronistas. Los peridicos madrileos se apresurarn a mandar all la +nube de corresponsales que ahora envan a San Sebastin. Al artculo de +la lluvia suceder el artculo del sol o del relente; la crnica de las +pulgas ser substituida por una sobre las chinches o sobre las +cucarachas. Qu placer para los periodistas y para los lectores de +peridicos! Ser una transformacin literaria comparable tan slo al +advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirn en masa a la +nueva playa de moda, y San Sebastin desaparecer del mundo como centro +de placeres. + +Yo he llegado a San Sebastin hace varios das. Mi querido Fernndez +Flrez estaba todava aqu. + +--Supongo--le dije--que me habr dejado usted algn tema disponible, +aunque sea de segundo o tercer orden. + +Fernndez Flrez se rasc la cabeza. + +--Veamos, veamos--insist yo--. Ha hecho usted ya el artculo de la +lluvia, el del Casino, el de las pulgas... + +Los haba hecho todos, y, adems, los haba hecho como yo precisamente +hubiese querido hacerlos. + +Voy a tener que volverme a Madrid, pensaba yo. + +En esto transponamos las puertas del Casino, y yo observ que el +portero era tuerto. + +Qu coincidencia!--exclam--. Este portero tuerto, aqu donde se juega +tanto dinero... Es que habr todava en San Sebastin una crnica por +hacer? + +Pero Fernndez Flrez ya haba hablado tambin del portero tuerto... + +El Municipio de San Sebastin creer, sin duda, que esto de los temas +literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastin no tardar en +sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de +los concejales, del Casino, de las sociedades de atraccin de +forasteros, de las comisiones de festejos, etctera, etc. Estas +entidades debieran renovar cada temporada los temas periodsticos de San +Sebastin, a fin de que ningn corresponsal permaneciera aqu ocioso. +Ms que de dinero se trata de organizacin. Con seis temas inditos por +temporada, San Sebastin podra ir tirando todava. + + + + +II + +EL TREINTA Y CUARENTA + + +Hagan juego, seores...! + +Sobre la mesa van cayendo fichas de un duro y de cuatro duros, y placas +de 50, de 100, de 500 y de 1.000 pesetas. Las raquetas van y vienen, +manejadas por manos febriles. Un seor, alargando trabajosamente el +brazo por entre la muchedumbre, pone 1.000 pesetas a encarnado. Es un +jugador de _a pie_. Los empleados dividen a los jugadores en dos +categoras fundamentales: jugadores de a pie y jugadores sentados, y la +primera categora es la nica que les infunde cierto pavor. Si el +jugador de a pie gana, en efecto, hay muchas probabilidades de que se +vaya con la ganancia. Puede dar un pase, dos, tres y marcharse con 15 o +20.000 pesetas. En cambio, el jugador sentado no importa que amontone +algn dinero. La banca siempre tiene esperanzas de recuperarlo. + +--Hagan juego...! + +Los mirones encuentran floja la partida. + +--Esto est aburridsimo--dicen--. No hay sangre... + +Algunos reconvienen a sus amigos. + +--Por qu juega usted a ese pao? Es absurdo... + +Y luego, si por casualidad aciertan, insistirn en sus censuras, +llenando de vituperios a los pobres perdidosos. + +--No se lo dije yo a usted? Si era infalible... + +--Yo prefiero ganar diez duros a negro--murmura una voz--que 1.000 +pesetas a encarnado. Qu quiere usted! Es una mana. Adems, no me +sera posible jugar a encarnado. Hace ya noventa y un aos que juego a +negro...! + +Vuelvo la cabeza y veo a un viejecito que empuja las fichas con una +raqueta temblorosa. Debe de sentirse prximo a la muerte, y por eso no +juega a encarnado. Acaso ganara; pero por unos cuantos duros no va a +dejar a ltima hora su camino de siempre. Qu hermoso ejemplo de +consecuencia para los polticos! Yo lo someto a la consideracin de un +distinguido diputado, el cual se echa a rer. + +--Ya ves. En solo media hora he ganado 20.000 pesetas con mi juego de +alternativa... + +El _croupier_ va cantando con un acento muy francs: + +--Siete... Cuatro... _Encagnado_ gana _et colog_. + +--Qu le vamos a hacer!--suspira el viejecito. + +Y vuelve a jugar a negro. Su cara est alegre, sonriente, satisfecha. Se +ve que este hombre, tan prximo al umbral de la otra vida, lo traspasar +sin temor alguno. Ha sido un hombre leal. Ha cumplido siempre, sin +vacilaciones, el deber que se impuso noventa y un aos atrs. Su +conciencia est tranquila. Cuando Dios le llame a juicio y le pregunte +si jug alguna vez a encarnado, l dir: + +--Nunca. Segu el negro en la adversidad como en la fortuna, en sus +horas buenas y en sus horas malas, cuando todos acudan a l lo mismo +que cuando se vea abandonado de todos... + +--Dos...--canta el empleado. + +Y, extendiendo sobre la mesa otra hilera de cartas, vuelve a cantar: + +--Dos... + +Es un _aprs_. Uno de los que juegan a negro retira su postura. + +--Hace usted mal--le dice un mirn--. Eso lo que demuestra es la fuerza +de la baraja. Ya ve usted si ser fuerte el encarnado, que ni a dos +puede ganarle el negro. + +--Cuntos encarnados van?--pregunta alguien. + +--Cuatro. + +--Es una racha. Hay que aprovecharla... + +Llueven sobre el encarnado fichas, placas y billetes. Los postores de +grandes sumas las hacen asegurar. Naturalmente que este seguro no es +contra la prdida. No se ha llegado an a constituir una compaa que +asegure las rachas de un color contra el color contrario. Es nicamente +para el caso de que se d un _aprs_ de treinta y una. Por un duro cada +cien duros o fraccin de cien duros, el jugador garantiza su capital +contra lo que constituye el cero del treinta y cuarenta. + +Se produce una gran emocin. Al gritero de hace un segundo sucede un +silencio imponente. Estamos como en el circo, cuando para la msica y se +avecina el ejercicio peligroso. + +El empleado comienza a echar las cartas, y el encarnado saca dos. + +--Otra vez dos? + +--Malo! Malo...! + +--Ahora quiebra la racha... + +Y, en efecto, quiebra la racha. El negro gana. Las raquetas de los +empleados, miradas con ojos de perdidosos, parecen enormes... + +--Ha visto usted con lo que se sale ahora la baraja?--exclama uno de +los que haban puesto a encarnado--. Mire usted... + +Y ensea su cartn. Estos cartones estn divididos en columnas donde se +marcan con puntos los colores que ganan. En una columna se ponen los +puntos correspondientes al negro, y, en otra, los correspondientes al +encarnado. Luego se trazan las lneas de punto a punto y se va +obteniendo un grfico del juego, que es algo as como el grfico de una +fiebre tifoidea. Hay juegos serpentinos, de lnea inquieta, que salta +constantemente de columna a columna y que podran llamarse juegos de +alambique. Hay juegos casi rectos, en los que se dan 10, 15, 20 negros o +encarnados sucesivos. Hay juegos mixtos... Lo malo es que el grfico del +juego no se conoce hasta el final. El jugador que ve salir cuatro negros +consecutivos deduce que el juego lleva una direccin recta, y haciendo, +a su vez, un juego recto, pone su dinero a negro. Naturalmente que, a lo +mejor, sale encarnado. Entonces el jugador dice que ha quebrado el juego +y considera que la baraja se ha hecho traicin a s misma. Yo me inclino +a creer que los jugadores se precipitan en sus juicios sobre las +barajas. Que por qu, si a la postre iba a resultar que se trataba de +una baraja de alternativa, ha comenzado el juego con cuatro encarnados? +Quin sabe! A lo mejor la baraja lo hizo para despistar... + +--Ha quebrado el juego. Mire usted mi cartn... + +En realidad, lo nico que ha quebrado es la lnea. + +Todo el mundo pierde, excepto el viejecito y un seor que haba puesto +1.000 pesetas a negro. + +--Por no saber jugar!--murmura un tcnico, en discusin con otro +jugador--. Ese seor ha ganado, y qu? Es que demuestra algo el que +haya ganado ese seor? + +Porque ante la teora general, ante la ley profunda del treinta y +cuarenta, los hechos aislados carecen de importancia. Es que se va a +destruir con 1.000 pesetas toda una filosofa? + +--Oye, dame dos duros--dice una voz femenina. + +--Pdeselos a Marquet--contesta una voz masculina. + +--Es que ya ves lo que ha pasado. Ha quebrado la racha... + +--Yo llevo perdidas ya 40.000 pesetas desde el mes de agosto--le dice +una amiga a la pedigea. + +--Cuarenta mil pesetas? Y a quin se las has perdido? + +--Se las perd a varios. Si fuese para comer, no me las hubiesen dado... + +Un jugador abandona su asiento con cara de malhumor. + +--Perdi usted mucho? + +--No. Perd poco; pero lo que ms me indigna es ver ganar a los amigos. +Que yo pierda, pase. Que ganen los desconocidos, pase. Que ganen los +amigos, eso, francamente, me desespera. + +Se oye la voz del empleado, que domina todas las otras. + +--Hagan juego, seores...! + +La mesa se llena de miles de pesetas. Y luego diremos que el dinero +espaol carece de audacia y que est dormido en las cuentas corrientes! + + + + +III + +LOS BOLSILLOS Y EL ESPRITU DE PROPIEDAD + + +Viendo, en el Casino, a los empleados de las mesas de juego, se me han +venido a la memoria las reflexiones de un oso: el oso _Atta Troll_, +inmortalizado por Heine. Segn _Atta Troll_, los hombres son unos +animales infelices y depravados, y todo su mal proviene de la invencin +de los bolsillos. Si los hombres no usramos bolsillos, no habra entre +nosotros egosmo, no habra ambicin, no habra _tuyo_ y _mo_, no +habra propiedad, no habra tirana... Seramos como unos osos de +diferente especie, serios y dignos, aunque aficionados a la danza. +Desgraciadamente, un da los hombres inventaron los bolsillos, y desde +entonces cada uno trata de meter en los suyos lo que debiera estar a la +disposicin de todos... + +En el Casino de San Sebastin, los empleados de las mesas de juego +carecen de bolsillos. La direccin del establecimiento, como el oso de +Heine, cree que, despojando de bolsillos a los hombres, se suprime en +ellos el sentido de la propiedad, y a medida que los empleados llegan, +hace que cambien sus trajes por unos trajes especiales, en los que no +hay medio de guardar ni una sola perra chica. Los empleados pueden, as, +manejar todas las noches miles y miles de duros sin la menor emocin. Si +tuvieran bolsillos, tendran, con ellos, el sentido de la propiedad, y +al pensar que todo aquel dinero era un dinero ajeno, sufriran tormentos +espantosos. Sin bolsillos, esto es, sin sentido de la propiedad, no se +les ocurre nunca guardarse un duro de nadie. Juegan con el dinero como +jugaran con chinas al borde de la playa. Las fichas de 1.000 pesetas no +los tantalizan ni poco ni mucho. Su estado de espritu es igual al de +los osos, para quienes no existe el concepto de la propiedad individual. + +Yo creo que todos los concurrentes al Casino debiramos tomar ejemplo de +los empleados, y no penetrar nunca en las salas de juego con nuestros +trajes de costumbre. En vez del _smocking_, debiramos ponernos tambin, +para ir al Casino, unos trajes desprovistos de bolsillos. De este modo +no se nos ocurrira nunca ganar el dinero de la banca y nos ahorraramos +el nuestro. Y, aunque se nos ocurriese, no podramos intentarlo, porque +nos habramos dejado la cartera en casa. + +Mientras tanto, esto es, mientras la supresin de los bolsillos no se +extienda de los empleados a los clientes, la cosa nunca podr tener el +valor de un ensayo social. Y es que, detrs de estos empleados +desbolsillados que cantan los plenos y los colores, uno ve, +imaginativamente, unos bolsillos enormes, profundos e insondables, +adonde afluye el dinero de todos nosotros. + +Todava es tiempo de que suprimamos nuestros bolsillos. Y si no los +suprimimos ahora, espontneamente, tendremos que suprimirlos muy pronto, +por intiles... + + + + +IV + +UN NUEVO SISTEMA PLANETARIO + + +Las cuatro de la maana. El Casino, que es como si dijramos todo San +Sebastin, ha cerrado ya sus puertas. No queda ni un solo +establecimiento abierto. Los serenos, nicos transentes de la ciudad, +marcan lentamente sus pasos en el silencio profundo. San Sebastin +duerme. + +Desde mi balcn, sin embargo, en el hotel de enfrente, yo veo una +ventana iluminada. Estas ventanas iluminadas a las altas horas de la +noche han constituido siempre un gran motivo literario, y, ltimamente, +constituyen un poderoso motivo detectivesco. A m me interesan en ambos +sentidos. + +--Quin habr en esa habitacin?--me pregunto--. Ser un enfermo que +se revuelca sobre su lecho de dolor? Ser acaso un avaro contando su +tesoro? Ser un veraneante en lucha con las famosas pulgas +donostiarras? Ser, tal vez, un poeta que sacrifica su sueo para +escribir, al dorso de una cuenta sin pagar, versos y ms versos en honor +de una amada que no existe? Ser una hermosa admirndose a s misma +ante el espejo, o ser, quiz, una ex hermosa empastndose las arrugas y +arrancndose las canas? Sern unos recin casados? Ser un sabio? +Ser un espa alemn...? + +Yo apostara a que es un jugador dedicado al ejercicio de la cbala +sobre un plano de la ruleta. La ruleta viene a ser algo as como un +segundo sistema planetario. Se trata de descubrir sus leyes y de fundar +una ciencia que sea, con relacin a la ruleta, lo que es la Astronoma +con relacin al Universo. Millares de hombres se han consagrado +heroicamente a la causa y le han hecho todos los sacrificios: el de su +inteligencia, el de su tiempo, el de sus cuartos... Hasta ahora, sin +embargo, no hay una verdadera ciencia de la ruleta. Los jugadores que +presumen de cientficos, que leen la revista de Montecarlo y que hacen +sus posturas con arreglo a un plan, no pasan de ser algo semejante a los +antiguos astrlogos. + +No existen an astrnomos de la ruleta. Acaso mi vecino sea un nuevo +Giordano Bruno, a quien har quemar el Sr. Marquet en la terraza del +Casino. Mientras tanto, las leyes de la ruleta continan en el misterio. +Gira la bola alrededor de la ruleta, o gira la ruleta alrededor de la +bola? He aqu una cuestin bien clara y concreta y que, siendo +fundamental, no ha obtenido solucin todava. Cmo podran haberla +obtenido las otras? + +--La ruleta--me deca un _amateur_--es la nica obra humana +verdaderamente perfecta. Rase usted de las pirmides de Egipto. Rase +de la _Critica de la Razn Pura_. No hay ms que la ruleta. Millares y +millares de hombres han dedicado sus esfuerzos a encontrarle un defecto, +y hasta ahora no se lo han encontrado. Hay quien dice que s, que se lo +ha encontrado, que la ruleta es inquebrantable con tal o cual +combinacin; pero no haga usted caso ninguno. El da en que se le +encontrara un flaco a la ruleta, la banca se arruinara, y la ruleta +dejara de existir. Mientras exista la ruleta es que no se le ha +descubierto la menor imperfeccin. Y usted ha visto qu equidad la de +la ruleta? Si con un duro quiere usted ganar otro duro, tiene usted un +50 por 100 de probabilidades en contra, y si quiere usted ganar dos +duros, tiene usted un 75. El riesgo aumenta siempre, matemticamente, en +proporcin a la ganancia. No hay nada ms justo. No hay nada ms +equitativo. Si yo fuera escultor y quisiera representar a la Equidad, la +representara en forma de _croupier_ manejando una ruleta... + +--Una ruleta sin cero--observo yo. + +--Claro. Una ruleta sin cero. De tan equitativa que es la ruleta, ha +habido que ponerle un cero para garantizarle a las empresas sus gastos +infinitos. Convnzase usted. La ruleta es la nica obra humana +verdaderamente perfecta... + +Esto deca mi amigo; pero actualmente mi entusiasmo supera al suyo. Para +m, la ruleta es algo ms que una obra humana. Es, como he dicho antes, +todo un sistema planetario. Los puntos se sientan alrededor de la +ruleta, y poco a poco van quedndose desprovistos de dinero. Qu leyes +determinan esta atraccin de la ruleta sobre el dinero de las gentes? +Acaso mi vecino llegue a descubrirlas; pero, mientras tanto, permanecen +en el ms sombro de los misterios. Se sabe el porqu del flujo y +reflujo de la mar, se conoce el curso del Sol y el de la Luna, se +predicen los eclipses al minuto; pero cuando la ruleta comienza a dar +vueltas en un sentido, y la bola en el otro, nadie puede sospechar si va +a darse el 7 o el 13, la primera, la segunda o la tercera docena, el +rojo o el negro, la _manque_ o la _passe_, el par o el impar... Y en el +siglo XX, todo afeitado y vestido de _smocking_ o de frac, uno se +encuentra ante la ruleta en el mismo estado de espritu en que el hombre +primitivo se encontraba ante el enigma del Universo. + + + + +V + +ROUSSEAU Y ANATOLE FRANCE + + +Actualmente slo funciona un teatro en San Sebastin. No hay +espectculos. No hay baile. No hay _restaurants_ nocturnos... ni apenas +diurnos. La Polica, con el menor pretexto, clausura aqu todos los +lugares de diversin y slo queda para disputarse al veraneante estas +dos potencias sobrehumanas: la Naturaleza y el Casino. Juan Jacobo +Rousseau experimentara un serio disgusto al ver que el Casino va +venciendo. Anatole France, en cambio, para quien la civilizacin es una +lucha constante del hombre contra la Naturaleza, sonreira encantado. + +Porque no hay duda ninguna: la ruleta tiene mucho ms xito que el +paisaje, con ser tan hermoso el paisaje de San Sebastin. Poco a poco, +los alrededores de la bella Easo van quedndose sin clientela. El Casino +les arrebata todos los parroquianos, y este triunfo es tanto ms +notable, cuanto que, frente al cielo azul, al verde mar, a los bosques +sombros, al Sol radiante y a las montaas augustas y solemnes, la +direccin del establecimiento no ha puesto ms que una esfera giratoria +con 37 nmeros. + +Es, como si dijramos, la bancarrota de la Naturaleza. En honor de la +verdad, sin embargo, conviene advertir que el triunfo del Casino no ha +sido cosa muy fcil. La Naturaleza ha hecho esfuerzos prodigiosos. A +veces ha organizado das esplndidos, con una temperatura deliciosa y +una luz ideal. Los ms amigos del Casino sentan entonces deseos de +pasarse al otro bando. Su conducta anterior respecto a la madre comn se +les apareca de pronto como una injusticia y experimentaban vivos deseos +de rectificarla. + +--Vamos a encerrarnos en el Casino en un da como ste?--exclamaban--. +No, nunca. Sera una verdadera vergenza... + +Pero despus de almorzar, el cielo comenzaba a nublarse. Malas lenguas +afirman que era el Casino quien preparaba los nublados. + +--No hay nada imposible para los _croupiers_--sostenan. + +Naturalmente, que ninguna persona razonable puede considerar en serio +semejantes rumores. Lo indudable, sin embargo, es que el cielo se +nublaba. Un descuido de la Naturaleza, un momento de debilidad, qu s +yo! Entonces millares de personas, hbilmente diseminadas por los +hoteles y cafs de San Sebastin, prorrumpan en gritos estentreos. + +--La galerna...! La galerna...!--vociferaban. + +Eran alquiladas estas personas? Yo tampoco lo he credo nunca; pero lo +cierto es que todos los entusiasmos por la Naturaleza se amortiguaban de +un golpe. + +--Lo ven ustedes? Si aqu no se puede salir... No hay ms remedio que +meterse en el Casino... + +El Monte Igueldo, especialmente, tan bonito y tan prximo a la ciudad, +le haca al Casino una concurrencia terrible. Claro que el Casino +hubiese acabado por dominarlo; pero, para qu perder el tiempo? + +--Ya que la montaa no viene a m, yo ir a la montaa--pens la +direccin. + +Y la direccin fue a la montaa y puso en ella unos caballitos, y ya +nadie mira el paisaje, sino los caballitos, y la Naturaleza ha sucumbido +una vez ms. + +Hoy el Casino no necesita ya hacer esfuerzo ninguno para atraer al +veraneante. El veraneante le pertenece por entero. Estos das est +haciendo un tiempo magnfico, y, sin embargo, los alrededores de la +ciudad se encuentran desiertos a todas horas. La Naturaleza ha perdido +el prestigio en San Sebastin. Lo ha perdido... a la ruleta. + + + + +VI + +EL JUGADOR OBJETIVO + + +Esto es una ladronera, una perfecta ladronera--dice D. Salustiano--. Ni +por casualidad se gana. Va usted a ver... + +D. Salustiano coge una ficha de 20 pesetas y la arroja sobre la mesa. + +--Veinticinco y veintiocho--exclama--. Caballo... + +Luego, dirigindose a m, contina: + +--Son 20 pesetas tiradas... Este ao llevo perdidas ya 15.000. Como no +se repita lo del ao pasado...! Sabe usted cunto me cost la broma el +ao pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca... + +La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando +la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetn y el +_croupier_ canta el nmero. + +--Doce. Rojo. _Manque._ Par... + +--Lo ve usted?--suspira D. Salustiano--. Era indudable. No hay manera +humana de ganar. + +Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una calle. Diez y nueve, +veinte y veintiuno. + +--Ocho duros ms que voy a perder--me dice--. No se gana nunca. Est +demostrado... + +En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros. + +--Se ha convencido usted?--me pregunta--. Pues para que acabe usted de +convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perder, ya lo +s, pero no importa... + +Como D. Salustiano, hay en San Sebastin infinidad de personas que se +arruinan para demostrar que es imposible ganar a la ruleta. Porque, +desde luego, D. Salustiano est firmemente persuadido de esta +imposibilidad. Su juego es a modo de una leccin experimental para los +amigos y para los espectadores. + +Yo me creo en el caso de contenerle. + +--No juegue usted ms--le digo--. La demostracin ya est hecha. La +prctica ha confirmado suficientemente la teora. No vale la pena que +pierda usted cien pesetas ms para persuadir a un convencido como yo. + +Pero D. Salustiano insiste. + +--Es que no tan slo se pierde en general, sino que se pierde siempre, +todas las veces--exclama. + +La fila de D. Salustiano comprenda los seis nmeros que van del 13 al +18, inclusive. Sale el 16, y D. Salustiano gana 500 pesetas. Yo voy a +felicitarle, pero me contengo. El buen seor est desconcertado. Todos +sus principios se acaban de caer a tierra. D. Salustiano tena una +conviccin en la vida: la de que nunca se gana a la ruleta, y he aqu +que una bola ciega, un azar incomprensible, acaba de destruir esta +conviccin. Qu le queda ahora a D. Salustiano? Nada ms que las 500 +pesetas. En lo futuro, su existencia carecer de todo sostn ideal, y +ser una cosa balda... + +--Juguese usted las 500 pesetas a una docena--le aconsejo. + +D. Salustiano las juega y las pierde. Entonces su rostro se anima de +nuevo. + +--Ha visto usted?--me dice--. Lo de la fila haba sido una casualidad +que no demuestra nada. Indudablemente, no hay posibilidad de ganar nunca +a la ruleta. + +Y cogiendo cinco duros, los tira sobre la mesa: + +--Para los empleados... + + + + +EN EL RINCN DE LOS MILLONARIOS + + + + +I + +EL HIERRO + + +Cada vez que un bilbano me invita a comer, me parece que me da a comer +hierro. El hierro es el pan de Bilbao. Todo ha sido aqu hierro en su +origen, hasta el mrmol y el oro de los millonarios de Algorta. Y el +mismo chacol, en estas alegres cenas bilbanas, me produce un efecto +as como de vino ferruginoso. + +Constantemente se denuncian nuevos yacimientos, a veces bajo casas +habitadas. Se denuncian calles, se denuncian viviendas, se denuncian +amigos y vecinos... Y toda la actividad bilbana, todo el trfago +gigantesco de la ra con sus hornos formidables que, durante el da, +eclipsan al Sol y que enrojecen el cielo por las noches, no son ms que +un esfuerzo para convertir este hierro en oro y en billetes. + +Hay quien dice que el dinero bilbano es ms valiente que el dinero de +otras ciudades espaolas. Yo no creo gran cosa en la antropologa del +dinero. En un caso particular, el dinero puede ser ms o menos audaz o +ms o menos timorato; pero, colectivamente, no hay calidades en el +dinero: no hay ms que cantidad. El dinero de un pueblo no es cobarde ni +es valiente, sino que es poco o mucho. Las grandes fortunas, como los +hombres grandes, se atreven a cosas que, por regla general, asustan a +las fortunas pequeas y a los hombres chiquitines. Valor? No. Fuerza, +peso, volumen. + +Adems, esto de tener el dinero en acciones es, poco ms o menos, como +tenerlo en fichas. Uno no le concede el mismo valor que si estuviera en +billetes, y se lo juega. Todo el mundo pica. Un poeta bilbano que me +quiso leer unos versos el otro da tuvo que buscar el manuscrito entre +unas cuantas navieras que llevaba en la cartera. + +Afortunadamente, Bilbao est llamado a tener ms dinero cada vez, y uno +no puede imaginarse su porvenir ms que en una visin gloriosa. Hoy por +hoy, Bilbao es ya una ciudad donde el dinero se cuenta por millones, y +esta ciudad resulta doblemente extraordinaria porque se encuentra +situada en el pas de la calderilla. + + + + +II + +LA REIVINDICACIN DE LOS MILLONARIOS + + +Indalecio Prieto, el actual diputado por Bilbao, es un diputado +socialista, pero socialista para obreros. Esperemos que, en una prxima +legislatura, Bilbao se haga representar en Cortes por un socialista de +otra clase: un socialista para millonarios. + +La idea de un socialismo para millonarios no es ma, sino de Bernard +Shaw. Permtaseme adoptarla, sin embargo, para brindrsela a los +capitalistas bilbanos. + +Los capitalistas bilbanos estn completamente desamparados frente a sus +obreros. Mientras se fundan cooperativas, y se construyen casas baratas, +y se crean parques y jardines, y se instalan bibliotecas pblicas y +baos municipales, adaptando a los recursos del obrero toda la vida del +pas, quin se acuerda de los millonarios? Un millonario bilbano puede +gastarse dos o tres millones en un _yacht_ y otros dos o tres en su +palacio de Algorta; pero, qu hace luego con los millones restantes? + +Hace poco se ha fundado aqu una Compaa para lograr que el kilo de +merluza no cueste nunca mucho ms de seis reales; pero, dnde est la +compaa que venda merluzas para millonarios a mil o a dos mil duros? No +hay merluzas para millonarios, no hay zapatos para millonarios, no hay +sombreros para millonarios. Yo he visto al seor Sota el otro da con un +gabn que, desde luego, no le haba costado mucho ms que el mo. Claro +que el seor Sota puede comprarse cien, doscientos, quinientos gabanes; +pero esto sera una superfluidad. En un pas organizado para +millonarios, el ilustre naviero debiera poder adquirir un gabn de +varios millones de pesetas. Hoy no puede adquirirlo, y es que el +millonario se encuentra postergado en el mundo. Mientras todos gozamos +de la vida en proporcin con nuestros recursos, el millonario, no. Nadie +se cuida de los millonarios, y helos ah teniendo que fundar escuelas y +hospitales y que distribuir su dinero en obras de beneficencia. + +Pobres millonarios! Hasta hace poco, su desamparo se explicaba por su +rareza. Los millonarios eran escassimos y no podan imponerse. Pero las +cosas han cambiado, y hoy, en Bilbao, quin no est ya en el tercero o +cuarto milln? + +Ha llegado la hora de las grandes reivindicaciones. La sociedad tendr +que dejarles un puesto a los millonarios, y si no lo hace, yo, +millonario, dimitira. + + + + +III + +EL HOMBRE QUE SE VENDI BREA A S MISMO + + +Cuando un hombre, en Bilbao, dice que necesita vagonetas, esto no +significa necesariamente que ese hombre necesite vagonetas. A lo sumo, +las vagonetas las necesita un amigo de un amigo de un amigo suyo. Y +cuando otro hombre, en el mismo Bilbao, le ofrece vagonetas a la gente, +esto tampoco implica el que ese hombre tenga muchas vagonetas en su +poder, sino que conoce a un seor, el cual, por medio de otro seor, +sabe de un tercer seor que quiere vender vagonetas. Y as ocurre el que +unos hombres que no necesitan vagonetas absolutamente para nada se pasen +la vida comprndoles vagonetas a otros hombres que no las tienen. Y +quien habla de vagonetas, habla de traviesas. Y quien habla de +traviesas, habla de clavos. Y quien habla de clavos, habla de brea. Y +quien habla de brea, habla de barcos. Y as sucesivamente. + +Yo tengo en Bilbao un amigo que se compr a s mismo trescientas +toneladas de brea. No se trata de un bilbano, sino de un madrileo. A +poco de llegar al caf del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea. +En _Maxim's_ hubiese pedido _whisky_, pero en el caf del bulevar se le +desarrollaron apetitos de ms importancia. Quera brea, muchas toneladas +de brea, y cuanto antes, mejor. Pasaron das, y los deseos de mi amigo +fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en +realidad, l no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se +puso a ofrecerla. + +--Quin quiere brea?--dijo--. Yo puedo venderla en excelentes +condiciones. + +--Vende usted brea?--le pregunt un seor--.Pues yo le compro a usted +trescientas toneladas. + +Convinieron el precio y firmaron un documento. Pero el comprador no +compraba por su cuenta, sino por cuenta de un seor a quien, quince das +antes, le haba odo decir que quera brea. Y este seor result ser +precisamente mi amigo, el cual, siendo vendedor de s propio, no pudo +robarse gran cosa y slo perdi la comisin. + +Cuntas operaciones de este gnero no se harn diariamente en Bilbao? +Cuntos hombres que ni hacen clavos, ni tienen fbricas de clavos, ni +se dedican a industrias para las que necesiten clavos, no vivirn de los +clavos en esta ciudad? Es el comercio, el honrado comercio, genio del +mundo moderno..... + + + + +IV + +EL VASCUENCE + + +Yo he credo en el vascuence hasta que lo he odo hablar. Ahora tengo la +idea de que hay trescientas, cuatrocientas, tal vez quinientas palabras +de vascuence, y que todas las otras son una hbil invencin. Me he +enterado, por ejemplo, de que mientras los vascos espaoles le llaman al +tenedor _tenedora_, los vascos franceses le dicen _fourcheta_. En una +esquina, y al lado de un letrero que deca Calle de Echembarrena, otro +letrero pona Echembarrena kalia. Y cuando me dijeron que el segundo +letrero estaba en vascuence, yo me reserv unas dudas bastante serias. +Luego he odo decir gent eleganta, por gente elegante, y otras cosas +anlogas. A veces, una palabra como ogua, que significa pan, le +desconcierta a uno; pero luego resulta que se trata de un derivado de +hogaza. + +--No se fije usted--me dijeron algunos amigos--. Los que dicen +tenedora y gent eleganta no saben vascuence; pero pregntele +usted a Mourlane Michelena... + +Y en fuerza de or esto he llegado a deducir que existe en efecto un +rico vocabulario vascuence, y que Mourlane Michelena es su nico +depositario. + +Qu har con el vascuence Mourlane Michelena? Yo me explico que se +tenga una casa para uno solo, y una botella para uno solo, y una mujer +para uno solo; pero no me explico que nadie tenga un telfono ni un +idioma para usarlos exclusivamente consigo mismo. + +Habr que or a Mourlane Michelena en sus monlogos aglutinantes y +prearios! Pero, por otro lado, yo no puedo menos de felicitar a un +hombre que, en medio del trfago bilbano, se encuentra de pronto este +tesoro de un idioma perdido durante tantos siglos. + +Me explico que se coleccionen las palabras de vascuence con un espritu +de numismtico, como pudieran coleccionarse raras, preciosas e +interesantsimas monedas antiguas. Por mi parte, es con ese espritu con +el que las oigo; pero los tenedora y los eleganta me producen el +efecto de duros sevillanos entre monedas romanas. + + + + +UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA + + +_La guerra ha terminado en todo el mundo excepto en Espaa. Los alemanes +se han rendido, pero no as los germanfilos, quienes siguen apoyando al +kiser y cantando las victorias de Hindenburg. Los aliados, por nuestra +parte, seguimos creyendo que Inglaterra y Francia representan la +libertad, la democracia, el derecho de pueblos, etc., etc._ + +_Es una nueva Batracomiomaquia, de la que el autor--modesta rana +beligerante--le ofrece algunas notas a su pblico._ + + + + +I + +LA GUERRA SOBRE EL PAPEL + + +Si los alemanes perdieron la guerra, no fue por culpa de los crticos +germanfilos. Los crticos germanfilos han combatido con tanto ardor +como el ms heroico de los soldados alemanes. Fabin Vidal y Manuel +Aznar pueden decir el trabajo que costaba desalojar a los crticos +germanfilos de ciertas posiciones. Se destruan los ltimos nidos de +ametralladoras, Ludendorff ordenaba la retirada y los ejrcitos aliados +avanzaban, pero Armando Guerra no se renda tan fcilmente. En sus +mapas, la lnea alemana mantenase intacta hasta tres o cuatro das +despus. + +Cuando las tropas alemanas obtenan algn xito, los crticos alemanes +lo anotaban como un xito propio, y en sus peridicos les aumentaban el +sueldo. + +--Estoy avanzando en Rusia, en Servia y en Rumania--debi de decirle a +su director--. He echado de todas partes al crtico de la _Corres_, y +creo que esto bien vale los doscientos duros... + +En 1916, los crticos germanfilos llegaron a entrar en Verdun, en el +propio Verdun, y si luego abandonaron la plaza, fue, sencillamente, +porque el kronprinz no los sigui, y los pobres se encontraron all +solos, sin contacto ninguno con el ejrcito alemn... + +Han luchado como unos hroes los crticos germanfilos; pero, +ltimamente, las cosas les han salido algo mal, y yo temo que les +rebajen el sueldo, por la misma razn en virtud de la cual se lo +subieron un da. En vano tratan de justificarse. Uno de ellos deca +recientemente que el avance aliado careca de mrito porque, segn +confesin francesa, los alemanes andaban escasos de armas. Pero por qu +andaban escasos de armas los alemanes? Pues simplemente porque los +aliados les tomaron ms de cuatro mil caones desde el mes de julio. +Supongamos que yo me lanzo con un cuchillo sobre el lector. El lector +retrocede, para el golpe, y se pone a forcejear conmigo hasta que logra +desarmarme. Luego me ataca con mi propio cuchillo, yo huyo, y _El +Debate_, comentando el suceso, escribe: La huida del Sr. Camba no +constituye xito ninguno para su lector, porque el Sr. Camba estaba +desarmado... + + + + +II + +EL PUEBLO DE LOS GASES LACRIMANTES + + +Una de las cosas que ms le han servido a Alemania es la aficin a la +msica. La gente no cree que los alemanes puedan ser crueles. + +--Qu van a ser crueles!--dice la gente--. Unos hombres tan tiernos! +Tan dulces! Tan musicales!... + +Son muy musicales, en efecto, los alemanes. Al ms encarnizado +perseguidor de armenios se le hara llorar tocndole una melopea. +Desgraciadamente, es muy probable que siguiese machacando al armenio +mientras sonaba la msica. La sensibilidad ante la msica no tiene para +m mucho ms valor que la sensibilidad ante el zumo de cebolla. Si puede +constituir una prueba de bondad, esta bondad no pasar nunca de ser una +bondad baja y primitiva. Los misioneros y los exploradores solan +tocarles el acorden a los antropfagos africanos, a fin de ver si eran +civilizables; pero utilizar el mismo procedimiento para contrastar la +bondad alemana, francamente, me parece algo ofensivo. + +Los alemanes son tiernos, son dulces, son musicales y lloran en el +cinematgrafo. Yo recuerdo, a propsito de la ternura alemana, una +Nochebuena que pas en Berln. La patrona de mi casa de huspedes haba +comprado un pino, que los inquilinos se encargaron de adornar con +ampollas de cristal coloreado, con algodn hidrfilo, con cintas de +plata y oro, con bombillas elctricas, con lentejuelas y con toda esa +pacotilla sentimental a que haba all tanta aficin. Sobre una mesa +estaban los regalos que unos huspedes se hacan a otros. A m me haban +regalado una corbata de siete colores, una cajetilla de sesenta +pfening, un tomo de poesas de Schiller, unos tirantes y un grupo +escultrico en escayola, que representaba Psiquis y el Amor. Lleg la +hora solemne. Se encendi el rbol, y la patrona produjo un gran jarro +de vino caliente con especies aromticas. Comenzamos todos a berrear en +torno del pino: + +--_Weinachtsbaume... Weinachtsbaume..._ + +Poco a poco, la pensin entera fue emborrachndose y enternecindose, y, +al cabo de una hora, todo el mundo lloraba all a lgrima viva. Bondad? +Vino? Msica? Estupidez?... Yo lo que s es que cog mi corbata, mi +cajetilla, mi tomo de Schiller, mis tirantes y mi grupo escultrico de +Psiquis y el Amor y que desaparec. Aquel ambiente tan tierno me pareca +indigno del centro de Europa. Yo me consideraba rebajado en l. Adems, +yo no crea que la bondad se caracterizase por la blandura ni por la +humedad. Conoca muy bien a mis convecinos, y el que se les cayesen las +lgrimas o el moco era para m lo mismo que si les hubiese atacado el +hipo. + +Cuntos de aquellos hombres habrn tomado luego parte en el atropello +de Blgica? Y quin sabe si alguno de ellos no habr intervenido +tambin en el bombardeo de Pars!... + +Los alemanes son aficionados a la msica como los chinos son aficionados +al opio. Son un pueblo triste y llorn. Yo simbolizara esta especie de +sentimentalismo sin piedad que constituye su espritu en una de sus +ltimas invenciones de guerra: los gases lacrimantes. + + + + +III + +SI LOS ALEMANES HUBIESEN GANADO + + +Terminada la guerra no hemos resuelto nada. + +Nos esperan catstrofes, revoluciones, guerras, asolamientos y fieros +males. + +--Lo ve usted?--me dice un germanfilo--. Si los alemanes hubiesen +ganado, no ocurrira nada de esto. + +Y el caso es que, por primera vez, desde agosto del ao 14, este +germanfilo tiene razn. Si los alemanes hubiesen ganado, en efecto, el +problema de las nacionalidades dejara de ser un conflicto, porque todos +seramos alemanes. Todos seramos alemanes, y hasta es posible que todos +fusemos rubios. Y, siendo alemanes todos los hombres, no tan slo no +habra conflictos internacionales, sino que no habra tampoco +discusiones particulares. Todos tendramos las mismas ideas. Los +filsofos discurriran por nosotros, y quin duda de que las ideas +hechas en las Universidades son siempre de mejor resultado que las que +se hacen en casa? + +El ciudadano se proveera de ideas lo mismo que de salchichas. La +cuestin de las lenguas--el polaco, el armenio, el cataln, +etc.--desaparecera por completo, ya que todo el mundo hablara alemn. +Se clasificaran todas las cosas. A los perros se les prohibira ladrar, +y a los socialistas se les negara el uso de la palabra. En los paseos +pblicos habra unos bancos para nios, unos bancos para nieras, unos +bancos para ancianos, y quizs hubiese tambin unos bancos especiales +para los candidatos al Parlamento: los chicos de tres aos, cuando +estuviesen cansados de jugar, iran de banco en banco, y, calndose unas +gafas, estudiaran los diferentes letreros: + +--Soy yo candidato?--se preguntara Manoln--. Soy una niera?... + +Si los alemanes hubiesen ganado, el individuo no tendra nada que hacer, +y el Estado alemn se encargara de todo. Uno cobrara, y el Estado se +le llevara a uno el dinero. Uno fumara, y el Estado escupira por uno. +En Espaa, es probable que la situacin no hubiese variado gran cosa. +Tendramos tambin, seguramente, un gobierno Maura y un rgimen de +censura; pero como toda Europa estara en condiciones anlogas, no +constituiramos una excepcin. + +Qu orden, qu paz, qu tranquilidad las del mundo si, en vez de +triunfar los aliados, hubiesen triunfado los alemanes! Entonces, nadie +se hubiese vuelto contra los triunfadores. Ahora, en cambio, hasta los +alemanes mismos van a tener que hacerse revolucionarios de veras. + + + + +IV + +EL LIBRO FUTURO + + +Un peridico, y no por cierto un peridico aliadfilo, hablando del +destrozo de Alemania, deca: Es intil que los alemanes pretendan +protestar. Que lloren como mujeres lo que no han sabido defender como +hombres!... Parece, sin embargo, que los alemanes no lloran como +mujeres lo que no han sabido defender como hombres. Antes bien, lo +bailan, lo cantan y lo beben con gran regocijo. Segn el _Daily +Mail_--en una carta de su corresponsal en Berln--la antigua capital del +imperio se divierte como en sus mejores das. Alemania est +deshacindose, y los mismos hombres que hace apenas unos meses lo +sacrificaban todo por ella, hoy le dedican al _fox-trot_ sus energas +restantes. + +--Es posible tanta depravacin?--preguntar el lector. + +Y yo, que he vivido dos aos entre alemanes, le contesto: + +--S; es posible. Y es posible... porque no es depravacin. + +A comienzos de la guerra, muchas gentes no crean que los alemanes +fueran capaces de bombardear ciudades indefensas ni de hundir barcos de +pasajeros. Yo s lo crea. Y no es que yo tuviese de los alemanes peor +concepto que mis interlocutores, sino que tena un concepto distinto. +Mis interlocutores suponan que para que un alemn matase a un nio en +la guerra era preciso que ese alemn fuese un malvado. Yo, en cambio, +opinaba que un alemn poda matar nios sin dejar por ello de ser un +excelente padre de familia y un hombre sensible a las emociones de +carcter ms elevado. Hay mujeres que ni aun puestas en la cumbre del +Mont-Blanc, como deca no s quin, seran inaccesibles; mujeres que han +cado mil veces y cuya alma, sin embargo, adivinamos ms pura que la de +una nia de seis aos. Parece que no se enteran nunca. Pues la +psicologa de estas mujeres podra acaso servir para explicar la de ese +alemn que con una rosa entre las pginas de un libro de versos se iba, +tiernamente, a arrojar bombas de cuarenta kilos sobre los tejados de +Pars... + +Ahora, mientras Alemania se desmorona, Berln arde en fiestas. +Depravacin? Nada de eso. Lo que pasa es que los alemanes no se han +enterado an del resultado de la guerra. Saben que su ejrcito ha sido +vencido; saben que el Kiser ha abdicado; saben todo esto vaga y +confusamente; pero no saben nada ms. + +Dentro de veinte aos, sin embargo, las cosas cambiarn radicalmente. +Hacia esa poca, un sabio profesor habr publicado una obra enorme en +muchos volmenes muy gordos, estudiando la guerra, no slo en su aspecto +militar, sino en su aspecto social, en su aspecto poltico, en su +aspecto econmico y en todos sus aspectos. Probablemente, la primera +parte de esta obra estar dedicada a las guerras de la Edad Antigua, +cuando aun no exista Alemania. Quizs el autor habr hecho tambin un +estudio detenido sobre la catapulta, considerndola como punto de origen +del mortero del 42. Y entonces, toda una generacin de alemanes se +calar las gafas, se pasar las noches en claro estudiando y se enterar +exactamente de lo que le ha ocurrido a su patria desde el 1914 al 1918. + +Todo el mundo sabe que los alemanes no suelen rer los chistes hasta +veinticuatro horas despus de haberlos odo, que es cuando les ven la +punta. Dentro de veinte aos le vern tambin la punta a la guerra +europea y rompern a llorar. Llorarn en verso y llorarn en msica. +Llorarn todos los violines, todas las arpas, todas las gaitas, todos +los saxofones, todos los contrabajos del ex imperio. Alemania entera +llorar, y llorar mucho; pero llorar tarde. + +Y, mientras tanto, en el _Palais des Dances_, Alemania re a cien marcos +por hora. + + + + +LOS MDICOS + + + + +I + +EN DEFENSA DEL RESFRIADO + + +El Congreso Mdico de Madrid ha sido, segn parece, uno de los mejores +Congresos Mdicos celebrados en el mundo, y de aqu en adelante, +nuestros sabios doctores van a currnoslo todo: el cncer, la +tuberculosis, la lepra, la ceguera, el reblandecimiento medular, etc., +etc. Muy bien, seores mdicos! Admirable! Pero qu me dicen ustedes +del resfriado? + +Porque yo ni estoy reblandecido, ni soy ciego, ni sufro de lepra, ni +padezco de tuberculosis, ni tengo cncer ninguno. En cambio, me +encuentro resfriado casi siempre y no comprendo por qu razn han de +tratarme ustedes con tanto desprecio. Muchas veces, harto de toser y de +estornudar, yo he acudido a ustedes en consulta. Ustedes me han +auscultado, me han preguntado si me canso al subir escaleras, a lo que +yo he contestado que, desde luego, me canso mucho ms que al bajarlas, +me han obligado a respirar fuerte, y, por ltimo, con un gesto de +infinito desdn, me han dicho: + +--Bah!... Usted no tiene ms que un simple resfriado... + +Un simple resfriado! Y yo que me crea poseedor de una enfermedad +importante!... Profundamente avergonzado, yo he cogido entonces mi +sombrero y me he lanzado a la calle, sumido en amargas reflexiones. + +--El fracaso es evidente--deca yo para mis adentros--. Con qu cara me +presento ahora ante los amigos? + +Pero ya me he cansado, y en nombre de toda la humanidad acatarrada, +solicito para el resfriado la atencin de la ciencia y el respeto de las +familias. Convengo en que la tuberculosis es ms dramtica que el +resfriado, pero exijo que al resfriado se le otorgue tambin cierta +categora. Si el gato es el tigre del pobre, como deca no s quin, el +resfriado es la tuberculosis del principiante. Es una tuberculosis +modesta, una tuberculosis para personas de poco dinero que no pueden +dejar de trabajar ni irse a la sierra a beber leche y respirar aire +puro. Por qu este desdn hacia el resfriado en una poca tan +democrtica? + +Yo sospecho que es, sencillamente, porque los mdicos no saben curarlo. +Y es intil que me hablen del cncer, de la lepra, de la tuberculosis, +etc. Mientras los mdicos no curen los resfriados, yo no creer en la +Medicina. + + + + +II + +EL VIRTUOSISMO DE LA CIRUGA + + +A un amigo mo le tenan que operar de la apendicitis. + +--Voy a quedarme arruinado--me dijo--; pero no tendr ms remedio que +acudir a un gran cirujano. + +Era un amigo querido, y yo me alarm. + +--No haga usted semejante cosa--le respond--. Llame usted a un +medicucho cualquiera. Llame usted a un sastre. Llame usted a un barbero +o a un ebanista, pero no llame usted a un gran cirujano. El gran +cirujano le considerar a usted el apndice as como un virtuoso del +violn puede considerar la _Sonata de Kreutzer_, y de una manera muy +artstica, le matar a usted... + +Yo he visto trabajar una vez a un virtuoso de la ciruga. Rodeado de un +coro de admiradores se dirigi a una mesa de mrmol, donde, +convenientemente narcotizado, yaca el enfermo. El virtuoso cogi unas +pinzas y un bistur y se dirigi a nosotros. + +--Para la mayora de los cirujanos--nos explic--esta operacin no +ofrecera dificultad ninguna. Es una operacin sencillsima, que est +resuelta desde hace mucho tiempo, y que puede realizar cualquiera sin +el menor peligro. Comprendern ustedes, sin embargo, que despus de +reunir aqu a tan buenos amigos, yo no voy a defraudar su expectacin. +Las posibilidades quirrgicas son ilimitadas para todo mdico que tenga +sangre de artista, y yo voy a demostrarlo ensayando con este enfermo un +procedimiento indito y completamente personal. Es un procedimiento +peligroso, indudablemente, pero en eso consiste su encanto. Ya saben +ustedes, seores, que a m no me arredra el peligro... + +Y, con un gesto a lo Thuillier, el gran cirujano se lanz sobre el +enfermo, quien, bajo la influencia del cloroformo, haba comenzado a +cantar unas peteneras. Los admiradores no pudieron contenerse y +rompieron a aplaudir. + +--Van ustedes a ver con qu rapidez procedo--aadi el gran cirujano--. +Toda la operacin se reduce a tres trazos. Zas! Zas! Zas!... + +El gran cirujano hizo sus tres trazos y el enfermo dej de cantar. + +--Se le va el pulso--observ un ayudante. + +Otro ayudante cogi con unas pinzas la lengua del pobre hombre, y se +puso a tirar de ella desesperadamente, pero todo fue intil. Al poco +rato el enfermo haba muerto. + +--Qu lstima!--exclam uno. + +--Verdaderamente!--exclam otro, que quizs fuese yo mismo--. Este +pequeo detalle enturbia un poco el xito de la operacin... + +El prncipe de la ciruga se lav las manos, y si alguien se ha lavado +alguna vez las manos como Pilatos, fue precisamente aquel hombre. +Salimos a la calle; pero, como de costumbre, no se vea un guardia... + +Amigo lector: Permtame usted que le d el mismo consejo con que ya +favorec al amigo de quien he hablado antes. Si alguna vez necesita +usted que le operen, llame usted a un medicucho cualquiera. Llame usted +a un sastre. Llame usted a un barbero o a un ebanista; pero no llame +usted a un gran cirujano... + + + + +III + +LA VIRUELA OBLIGATORIA + + +Cuando se decret en Madrid la vacuna obligatoria, todo el mundo se +indign. + +--Que se vacune el que quiera--sola decirse--; pero y si a m se me +antoja tener viruelas? + +Libertad de tener viruelas... Libertad de pegrselas al vecino... +Libertad de escupir... Libertad de tronchar los rboles... Con qu +ahnco defiende todas estas libertades el espaol! + +--Desengese usted--me deca un amigo antes de la vacuna obligatoria--, +Espaa es el pas ms liberal del mundo. Aqu puede usted hacer lo que +le da la gana... + +--Yo no--le contest--. Usted. Usted puede hacer aqu lo que le d la +gana, y con usted, pueden hacerlo el Sr. La Chica y otros cuantos +seores; pero yo, no. No hay posibilidad de que todo el mundo haga nunca +lo que le d la gana, y si ustedes hacen su gana de ustedes, es +sencillamente porque una buena cantidad de seores no podemos hacer la +nuestra... + +En el caso concreto de la vacuna, la mayora del vecindario parece +considerarla como una tirana, y si se considera que la vacuna es la +tirana, no se est muy lejos de creer que la viruela sea la libertad. +Lo es, en efecto? Desde el punto de vista de los microbios, no cabe la +menor duda; pero, desde nuestro punto de vista, la cosa es ya bastante +ms discutible. Por mi parte, considero la viruela como una verdadera +imposicin de que han venido hacindonos vctimas nuestros gobiernos. La +viruela tena en Espaa el mismo carcter obligatorio que ahora tiene la +vacuna, y nadie protestaba contra ella. Las gentes se resignaban a +padecerla como se resignaban a padecer el tifus y el caciquismo. Y, al +igual de los caciques, los microbios, sin duda, pensaban tambin que +Espaa era el pas ms liberal del mundo. + +Qu lstima que la libertad prctica no pueda ser absoluta como la +libertad terica! Qu lstima que nuestros intereses no coincidan con +los de los microbios! Qu lstima... para los microbios!... + + + + +IV + +CROYDON Y MADRID + + +PARECE que en Croydon, cerca de Londres, la Liga antivacunista se ha +opuesto violentamente a la vacunacin obligatoria del vecindario. Un +peridico espaol da cuenta del hecho ponindole esta coletilla: En +todas partes cuecen habas. Y esta otra: Y an hablan de _l'Espagne et +le Maroc_!... + +Quines hablan de _l'Espagne et le Maroc_? Los ingleses, en todo caso, +hablaran de _Spain and Marocco_, y la verdad es que si nosotros no +tuviramos con Europa ms analoga que la de oponernos a la vacunacin +obligatoria, no tendramos analoga ninguna y estaramos completamente +unidos al frica. Porque Europa puede combatir la vacunacin obligatoria +y nosotros no. Es el caso de dos personas que se opusieran al alumbrado +de petrleo, una en nombre de la luz elctrica y otra en nombre del +candil. Los vecinos de Croydon, con una urbanizacin excelente, creen +que deben prescindir de la vacuna. En vez de vacunarnos--dicen--dennos +ustedes ms agua y ms aire. Aqu, en cambio, la alternativa es +trgica: o vacuna o viruela. Nosotros estamos todava en el perodo de +la vacuna, como estamos en el del reformismo y el republicanismo. De +vivir en Croydon yo sera, muy probablemente, miembro de la Liga +antivacunista, y, no obstante, cuando el Sr. Romeo inici aqu su +campaa en pro de la vacunacin obligatoria, hice un artculo +defendindola. La vacuna, que en Inglaterra me parecera reaccionaria y +anticientfica, aqu me parece liberal y cientificsima. Y si los +espritus revolucionarios ingleses pudieran traspasarnos con la vacuna +su partido conservador, no habra un hombre verdaderamente progresivo en +Espaa que se negara a acogerlo. El partido conservador ingls vendra +entonces a representar la tendencia ms avanzada de la poltica +espaola. + +Indudablemente, el hecho de que en Londres se combata la vacuna, no debe +servir para animar a los antivacunistas espaoles. En un Estado +norteamericano se est haciendo ahora una campaa con cierto ferrocarril +en proyecto... pero con objeto de que se establezca un servicio de +comunicaciones areas. El ferrocarril comienza ya a ser un atraso en el +mundo. Aqu no se puede decir an que tengamos ferrocarriles. + + + + +V + +MICROBIOS A SUELDO + + +El microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio +local fue a visitarlo con propsitos periodsticos. + +--Parece que ha recorrido usted medio mundo--le dijo el microbio local. + +--S... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en +Inglaterra, en los Estados Unidos... + +--Grandes pases, eh? + +--Quite usted all! Para un pobre microbio que quiera vivir +tranquilamente, el mejor pas es Espaa. Aqu funda usted una pequea +familia--cuatrocientos o quinientos mil hijos--, y la saca usted +adelante sin el menor contratiempo. Lleva usted sus chicos a la escuela, +al teatro y al _cine_, y es un gusto ver cmo se instruyen y se +divierten. La alimentacin es magnfica. Qu carnes tan podridas! Qu +leche tan adulterada!... + +--La leche es muy buena, en efecto--respondi el microbio local--; pero +y el cido fnico? + +--El cido fnico?--exclam el microbio de la gripe--. Pero usted cree +en el cido fnico? + +--Hombre! Los mdicos aseguran... + +--Pero es que cree usted en los mdicos?... Que un hombre crea en los +mdicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que est en el +secreto de estas cosas, les haga caso ninguno. Por mi parte, le aseguro +a usted que el cido fnico me hace engordar y que su aroma me parece +exquisito. Desengese usted, querido colega. El cido fnico slo es +desagradable para los hombres... + +--Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aqu? + +--Ver usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis +correras por el mundo. Fuera de Espaa todo se vuelve hablar de +libertad; pero si existe algn pas donde un pobre microbio puede hacer +lo que quiera, ese pas es ste. Aqu se siente uno amparado por las +leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna +autoridad inicia una campaa contra nosotros no faltan amigos que nos +defiendan enrgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a +cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo dems +es cuento. Sabe usted cunto peso he perdido durante mi estancia en +Inglaterra? Pues muy cerca de una diezmillonsima de miligramo. Para +que digan que Inglaterra es un pas ms libre que Espaa!... Adems, en +Espaa uno puede cultivar el trato de toda clase de microbios, y esto +siempre es instructivo. El microbio del tifus, por ejemplo, y el de la +viruela, expulsados de todo el mundo, se han refugiado aqu, donde viven +a las mil maravillas. Yo los he visto el otro da en el pecho de un +enfermo que es cliente mo y a quien se los haba llevado su mdico. + +--De modo que se establece usted entre nosotros para siempre? + +--Ah, no!... Llegar un da en que Espaa ser un pas de microbios +solos, y entonces la lucha por la vida adquirir aqu caracteres +horribles. + +--Antes de esa fecha--exclam el microbio local--yo me agarrar al +presupuesto. Buscar un emplello en algn laboratorio, como microbio de +cultivo, y a vivir! + + + + +VI + +JUVENTUD, DIVINO TESORO... + + +Han ledo ustedes las experiencias del doctor Voronof? El doctor +Voronof pretende haber descubierto, sencillamente, el secreto de la +eterna juventud. Nuestra vida--dice el doctor Voronof--no depende tanto +del funcionamiento de los grandes rganos como de la secrecin de +ciertas glndulas, minsculas algunas veces... Al leer esto, le entran +a uno vivsimas sospechas de que el doctor Voronof llama glndulas +minsculas a los talones del Banco de Espaa, al papel moneda y a los +distintos valores en curso, sospechas que se acentan a medida que uno +sigue leyendo: Un hombre--aade el sabio cirujano--puede vivir sin +rin o sin estmago; pero si le suprimimos, por ejemplo, las cpsulas +subrenales, muere... Indudablemente--piensa uno--el doctor Voronof, +llevado de su tecnicismo profesional, denomina cpsulas subrenales a las +piezas de cinco pesetas. El nombre parece extrao; pero quizs no +carezca de abolengo. Un filsofo podra, tal vez, descubrir cierta +analoga entre ese trmino y la expresin popular de costarle a uno un +rion, expresin demostrativa de que el pueblo considera tambin los +duros como una especie de cpsulas subrenales... + +Pero todo esto son fantasas. El doctor Voronof sabe muy bien lo que se +dice y nos asegura que los mdicos pueden rejuvenecer a la humanidad sin +ms que injertar en los organismos decrpitos las glndulas +intersticiales de organismos vigorosos. Por este procedimiento ya le ha +devuelto el doctor Voronof la juventud a numerosos carneros. No se la +podra devolver tambin a algunos de nuestros polticos? + +Es posible que todos los problemas espaoles se reduzcan a un solo +problema quirrgico, y que lo nico que necesitemos en este pas sean +glndulas intersticiales. Nuestros carneros son ms o menos viejos; pero +nuestros polticos son todos anteriores a la revolucin francesa, y si +los cirujanos no logran matarlos, que por lo menos procuren +rejuvenecerlos. No creo que los polticos se diferencien tanto de los +carneros que no se pueda hacer con los unos lo que se ha hecho con los +otros. Ensaye en ellos sus glndulas intersticiales el doctor Voronof y +ensaye tambin esas glndulas tiroideas con las cuales parece que, ya en +el ao de 1913, convirti a un idiota en un ser sensato y razonable. + +Ahora, que el doctor Voronof debe tomar precauciones, porque aunque +cientficamente un poltico sea igual a un carnero, hay, sin embargo, +entre ambos una diferencia esencial. El carnero no vive de su vejez, y +el poltico s. Qu sera de un poltico espaol sin vientre, sin +barbas blancas, sin asma y sin calvicie? Quitarle estas cosas a un +poltico es quitarle el prestigio y la respetabilidad. Por otra parte, +es que los ex ministros seguiran cobrando sus cesantas cuando +volviesen a la edad en que eran simples diputados? Porque si seguan +cobrndolas, el fracaso del doctor Voronof no poda ser ms evidente. + +Decididamente, no creo que sea nada fcil rejuvenecer a un poltico +espaol. El doctor Voronof podr rejuvenecer a un carnero de catorce +aos, a un loro de ciento cincuenta y a una carpa de doscientos; pero no +as a uno de nuestros polticos. Y es que para devolverle la juventud a +un animal cualquiera, se necesita una cosa que no depende ni del doctor +Voronof ni tampoco del animal. Se necesita, sencillamente, que el animal +en cuestin haya sido joven alguna vez. + + + + +ENTRE CABALLEROS + + + + +I + +LOS DESAFOS Y EL MDICO + + +Si la proposicin que algunos mdicos presentaron un da al Colegio de +Madrid hubiese llegado a adoptarse, los lances entre caballeros no +tardaran en pasar a la historia. Se trata de una proposicin para que +ningn mdico asista como tal mdico a ningn desafo. Claro est que en +los desafos no suele ocurrir nada. A primera vista no hay, por lo +tanto, ninguna razn para que los caballeros se hagan acompaar de un +mdico cuando van a batirse y no cuando van a tomar caf, ya que el +caf, bien solo o bien con leche, es, en casi todos los +establecimientos, un brebaje engaoso que da lugar a serias +complicaciones gstricas. Se puede demostrar que, prcticamente, los +mdicos son del todo innecesarios en los desafos; pero, al demostrar +esto, se demostrara tambin que los desafos son prcticamente +innecesarios en la vida. Ya se sabe que en los desafos no muere nadie; +pero es preciso mantener la creencia de que puede morir alguien, y para +mantenerla es para lo que estn los mdicos. Las espadas, los sables, +las pistolas todo esto tiene un carcter decorativo y de panoplia, y +uno puede mirarlo alegremente; pero, y el botiqun? A quin no le +asalta por un instante la idea de la muerte al ver a un mdico con su +botiqun debajo del brazo? + +En Francia, los duelistas procuran presentarle al pblico de vez en +cuando un pequeo cadver. Aqu no se ha cambiado de cadver desde hace +muchsimos aos, y el duelo est perdiendo prestigio. Vean ustedes las +estadsticas de accidentes del trabajo y observarn que la industria +corchotaponera produce ms vctimas que el duelo. Qu se discute en +Espaa entre los partidarios del desafo y sus antipartidarios? Pues, +sencillamente, un muerto de all por el ao 98, muerto que, al parecer, +debi su muerte a un descuido del mdico... + +Si los mdicos, pues, le hacen el _boicot_ a los desafos, si cuando un +caballero le haya producido a otro con un sable o con una espada un +rasguo en la mueca, no hay un mdico que describa este rasguo como +una herida inciso-trinchante de tantos centmetros de extensin, en la +regin tal, interesando la dermis y la epidermis y la paquidermis; si +adems el mdico no echa en este rasguo tintura de yodo y yodoformo y +alguna otra porquera, y no arma all una cantera y no cubre luego el +brazo de gasas malolientes, qu va a ser de los desafos? + +Los desafos quedarn entonces reducidos a un _sport_, as como la +natacin, como el billar o como la pesca de caa, y no digo como el mus +o el _poker_, porque estos juegos es indudable que producen vctimas. Se +convertirn en un ejercicio vulgar y caro y no tardarn en desaparecer. +Y esto sera grave porque, probablemente, dara origen a un aumento de +mortalidad. + + + + +II + +LOS DESAFOS Y LA TCNICA + + +Si un seor me invitase un da a jugar una partida de ajedrez, por muy +obligado que yo le estuviera, no le complacera. Le demostrara que no +s jugar al ajedrez, y el seor en cuestin tendra que renunciar a la +partida proyectada. + +Si el mismo seor pretendiese otro da hacerme ejecutar al piano la +_Marcha fnebre_ de Chopin, tampoco me sera fcil complacerle. + +--No s tocar el piano--le dira--. Y si, en vez del ajedrez o el piano, +el seor en cuestin se orientase hacia la esgrima y quisiera batirse +conmigo a espada o a sable, mi contestacin sera igualmente lacnica. + +--Lo siento mucho, pero no s batirme a sable ni a espada... + +En el primero y el segundo casos, todo el mundo encontrara mi negativa +perfectamente natural. Se puede ser un gran aficionado al ajedrez, pero +se comprende que cuando un hombre no sabe jugarlo, no lo juegue. Se +puede ser muy entusiasta de la _Marcha fnebre_, y no obstante, ante la +imposibilidad tcnica de ejecutarla al piano, la gente se explica, sin +dificultad, el que un hombre no quiera ejecutarla... + +En el tercer caso, sin embargo, es seguro que yo quedara muy mal. +Cualquier razn sirve para no batirse, excepto la de que uno no se sabe +batir. A nadie se le ocurre atribuir al miedo el motivo de que yo no d +conciertos en la Sociedad Filarmnica; pero si yo me negara a batirme, +se dira que el miedo me dominaba: + +--En el terreno, la tcnica significa muy poco. Lo decisivo es el +valor... + +Y esto es posible; pero yo creo que se tiene tanto ms valor cuanto se +tiene ms tcnica. Est demostrado que la tcnica de la natacin +consiste principalmente en perder el miedo. Nadie nada de primera +intencin, porque el miedo le lleva a hacer una serie de movimientos con +los que, irremisiblemente, se ahoga. Pues yo cogera a D'Artagnan, de +quien no es publico que supiese nadar, le pondra al borde de un mar +profundo, y le dira: + +--Lncese usted. Todo es cuestin de no tener miedo... + +Y el intrpido mosquetero se ira a hacerle compaa a los pacficos +besugos. + +Es posible que yo no me batiese, aunque supiera batirme; como es posible +que no ejecutase la _Marcha fnebre_, aunque supiera ejecutarla; pero si +alguien me pide alguna vez que ejecute esta marcha, yo no me voy a +salir dicindole que prefiero otra marcha ms jovial, o que no me +inspira simpatas la autonoma de Polonia, tierra del autor, sino, +sencillamente, que no s tocar el piano. + +Y cuando alguien me desafe, yo le dir que no me s batir, en vez de +plantearle el problema de la moral del duelo. Por lo dems, acaso toda +la moral del duelo consista precisamente en esto. Cuando todo el mundo +llevaba una espada al cinto y saba ms o menos manejarla, batirse en +duelo era una cosa as como lo que es hoy liarse a garrotazos. Hoy, en +cambio, el duelo es la equivalente de lo que ser liarse a garrotazos en +el ao 2000, cuando, en vez de bastones, los hombres salgan a la calle +con unos tubos de goma llenos de aire comprimido, de energa +radioactiva, de caf con leche o de lo que sea. + + + + +III + +LOS DESAFOS Y EL HONOR + + +Sigamos con esto del duelo. Un hombre hace una canallada; este hombre se +bate y es un hombre de honor. A un hombre le hacen una canallada; este +hombre no se bate y es un hombre sin honor. El honor o el deshonor no +consisten, pues, en conducirse honorable o deshonorablemente, sino en +batirse o no batirse. Yo me atrevera a decir del honor caballeresco +exactamente lo mismo que he dicho del valor, esto es, que se tiene tanto +ms cuanto se tiene ms tcnica. El honor se puede aprender, si no en +doce, en cien o en doscientas lecciones. Todo es cuestin de tener algn +dinero para ir a una sala de esgrima. Por mil pesetas uno puede llegar a +hacerse un caballero perfecto, a condicin de que uno no est demasiado +viejo ni demasiado gordo, ya que el honor tambin tiene edad, peso y +estatura. + +--Pero si esto es as--dirn ustedes--, por qu hay tantos hombres sin +honor? + +Sencillamente, porque no lo necesitan. Yo he observado que slo tienen +honor aquellas personas a quienes les hace verdadera falta tenerlo. De +qu le servira el honor a un ebanista o a un comerciante? Cuando un +joven piensa dedicarse a la ebanistera o al comercio, no se preocupa +del honor. En cambio, si quiere entrar en la poltica, o si es +aristcrata, se compra unos floretes, unas zapatillas y una careta y se +inscribe en una academia de esgrima. En Inglaterra no existe el honor +caballeresco, y en Barcelona, tampoco. Un barcelons puede ser un hombre +muy digno y hasta un hombre muy sinvergenza sin necesidad ninguna de +tener honor; pero no as un madrileo. Hubo un tiempo en que para +dedicarse al periodismo, el honor era tambin una cosa indispensable. +Hoy creo que todava se exige el honor en algunos peridicos; pero, en +la mayora, slo procuran que el periodista sepa su oficio. Das atrs +hablaba yo con un periodista de la vieja escuela y le deca que, +francamente, eso del honor me pareca absurdo. + +--Ah!--me contest--. Usted ha tenido mucha suerte y puede usted +prescindir del honor. Si yo hubiese podido hacerme una firma, tambin +prescindira de l; pero a los cincuenta aos de edad no he logrado +llegar an a las doscientas pesetas, trabajando diez horas diarias. Yo +soy un fracasado, y si no tuviese honor, me morira de hambre... + +Mi pobre compaero tiene honor porque le hace muchsima falta. Si el da +de maana heredase, dejara inmediatamente de tenerlo. + + + + +LA POLTICA + +_En estos comentarios, que fueron escritos a fines del ao 18 y +comienzos del 19, el lector ver algunos nombres propios: Maura, Cierva, +Dato, Snchez de Toca, Romanones... Lo probable es que semejantes +nombres no varen, o bien porque sus titulares vivan indefinidamente, o +bien porque, al morir, le dejen la herencia poltica a sus hijos. Y, +aunque varen los nombres, es indudable que las cosas no variarn. Es +decir, que el lector del ao 50 no tendr que hacer, a lo sumo, nada ms +que la simple sustitucin mental de unos apellidos por otros para +convertir este pequeo trozo de historia en una pgina de actualidad +palpitante._ + + + + +I + +CEREBROS ARTIFICIALES PARA USO DE DIPUTADOS + + +El otro da, al salir del Congreso, me fui a cenar con un amigo +diputado. Nos sirvieron de postre unas chirimoyas, fruta tropical, y mi +amigo, con su chirimoya en la mano, comenz a hablarme de la autonoma +catalana. Yo le miraba, a la vez que le oa, y tena una sensacin as +como si fuese de la chirimoya de donde mi amigo sacaba las ideas. De +cuando en cuando, y coincidiendo con los momentos en que la +argumentacin exiga mayor sutileza, mi amigo oprima nerviosamente la +chirimoya, como si quisiera extraerle todo el jugo. Y entonces se me +vena a la imaginacin la imagen prodigiosa de _Le Penseur_, de Rodin. +Hubo instantes en que yo tem que la chirimoya reventase en manos de mi +amigo, quien, cuando no poda terminar un razonamiento, la apretaba de +un modo verdaderamente suicida. Por fin, mi amigo se comi la chirimoya +y dej de hablar de la autonoma catalana. Pedimos la cuenta. Las +chirimoyas costaban a cinco pesetas cada una. Y yo pens que, para +decirme lo que me haba dicho, mi amigo hubiera podido arreglarse +perfectamente con una fruta del pas, como, por ejemplo, la naranja, que +es bastante jugosa y que se encuentra al alcance de las fortunas ms +modestas. + +Estamos ante problemas demasiado graves, y yo temo que nuestros +cerebros, ociosos durante muchsimos aos, no puedan ahora funcionar con +la exactitud necesaria. Algunos diputados razonan con chirimoyas. Otros, +vistos desde la tribuna de la Prensa, nos presentan unos crneos largos +y depilados, como melones. Y otros, en fin, ms acres, cuando estrujan +su pequea masa enceflica, parece que estrujaran un limn. Por qu no +se harn mquinas de pensar, como se hacen mquinas de calcular? El Sr. +Torres Quevedo, que ha hecho una mquina para jugar al ajedrez, podra, +seguramente, con mucha ms facilidad, hacer mquinas que estudiasen la +cuestin catalana y vendrselas o alquilrselas a los seores diputados. + +Podran hacerse cerebros de celuloide, slidos, prcticos y que, como se +venderan mucho, resultaran bastante baratos; cerebros a los que se les +diese cuerda para veinticuatro horas, o bien que tuviesen una ranura, +como ciertos aparatos de gas, para que, al querer iluminar algn punto +obscuro de nuestra poltica, bastase echar en ellos una moneda y +aproximar un fsforo. La idea parecer descabellada, pero yo me +atrevera a apoyarla con un precedente: los cerebros alemanes. +Minuciosamente preparados por el Estado y exactamente iguales unos a +otros, los cerebros alemanes de la _avant-guerre_ podran considerarse +como un producto industrial. + +Claro que el da en que los espaoles razonemos con unos cerebros +artificiales, confeccionados al por mayor, perderemos toda nuestra +variedad, tan pintoresca. Pero acaso sea precisamente esto lo que nos +est haciendo falta. + + + + +II + +LA INDUSTRIA ELECTORAL + + +Las elecciones son nuestra nica industria nacional, y si se hicieran +dos veces al ao, Espaa se depauperizara. Hay pueblos en los que la +cosecha representa unos diez mil duros anuales, la industria unos cinco +mil, y las elecciones ciento o ciento cincuenta mil. Y aun hay quien +echa pestes contra la ley del Sufragio! + +--Para qu queremos el voto?--se preguntan algunas gentes. + +Y estas gentes, no slo carecen de sentido poltico, sino que carecen +tambin de todo instinto comercial. Queremos el voto para venderlo. La +ley que nos ha proporcionado el derecho a votar nos ha asegurado con l +una renta vitalicia. Un voto puede valer cinco, diez, veinte, cien, +hasta doscientos duros. Muchos hombres en Espaa ganan con su trabajo +cincuenta duros al ao, y con el voto obtienen el doble y el triple. +Claro que es preciso votar a los candidatos conservadores. Los +socialistas, que se las echan de protectores del pueblo, en realidad +quieren robarle al pretender que el pueblo los vote gratis. Falsos +apstoles!, como dice un colega... + +Cuando llegan las elecciones es como si llegara una cosecha milagrosa. +Una cosecha de cereales, de salchichones, de chorizos y de cigarros de a +peseta con ureas sortijillas. El vino circula abundantemente en +nuestros pueblos ms miserables. Las gallinas, animadas de un fuego +sagrado, dijrase que ponen los huevos ya cocidos y todo. Los corderos +nacen asados. Espaa come y bebe a sus anchas. + +Y son los socialistas quienes censuran al Sr. Maura por echar sobre el +pueblo espaol esta bendicin de unas elecciones generales? Pues que el +decreto de disolucin se retrase unos meses ms, y con lo cara que est +la vida, Espaa se morir de hambre. Es preciso acabar con esta leyenda +de que un candidato no es importante ms que como un diputado en +potencia. Lo importante no es el diputado, sino el candidato. Lo +importante no es el Parlamento, sino el perodo electoral. Un hombre que +se deja en un distrito de cincuenta mil duros para arriba es, +indudablemente, un hombre que favorece al distrito, y el pueblo, +agradecido, debe votarle... + +A no ser que el candidato contrario se deje lo doble. + + + + +III + +UNA CARTA + + +Un lector me enva la siguiente carta: + +Sr. D. Julio Camba. + +Muy seor mo: Su artculo sobre las elecciones, publicado en _El Sol_ +del da 13, contiene varias inexactitudes que me apresuro a rectificar. +Dice usted que los votos constituyen en Espaa una gran industria. Ay, +seor Camba! Como tantas otras, esta industria ha venido aqu +considerablemente a menos. La concurrencia es terrible. Hay quien vende +su voto por dos duros. Hay quien lo da a cambio de una comida, de un +paseo en automvil o de un cigarro puro. Hay quien vota por amistad, y +hay algo mucho peor an: hay quien vota por convicciones polticas. Y +as se explica el que se presenten candidatos hombres que no tienen +donde caerse muertos. + +Yo creo que se debiera constituir una liga de electores imponiendo una +tarifa mnima para los votos. Esta sera, a mi juicio, la nica manera +prctica de que los ciudadanos hiciramos valer nuestros derechos. Cinco +duros por voto, y si los candidatos no aceptaban, iramos a la huelga. +Y no me hable usted de inmoralidad. El hecho de que usted cobre sus +artculos no quiere decir que usted venda sus ideas. En realidad, un +escritor no tiene verdadera independencia de pensamiento mientras no +puede vivir de su pluma, y algo de esto ocurre tambin con el elector. +Sabe usted lo que yo he tenido que hacer en las elecciones pasadas para +valorizar un tanto mi derecho de elector? Pues he tenido que votar dos +veces: una por un candidato monrquico, y otra, por un republicano. + +Porque eso de que los candidatos conservadores son quienes pagan mejor +los votos, tampoco es exacto, seor Camba. Cuando estn en el Poder, +qu necesidad tienen de pagarlos? Generalmente, ni siquiera se toman la +molestia de echarnos un discurso. + +Desengese usted. Para levantar un poco la industria electoral no hay +ms procedimiento que la Liga. Recientemente se hablaba de sealar +sueldo a los diputados. Muy bien; pero que los diputados comiencen por +pagar a sus electores. Y mientras haya gentes que voten de balde, yo no +podr creer que el derecho a votar represente para el pueblo conquista +ninguna... + +Hasta aqu la carta de mi comunicante. Yo, en prueba de imparcialidad, +la reproduzco ntegra. + + + + +IV + +EL AUTOR NECESITA UN DISTRITO + + +En estos hermosos das de mayo, para estar a tono con las costumbres y +no hacer entre mis contemporneos un papel despreciable, yo necesito dos +cosas: un distrito y un sombrero de paja. + +Casi todo el mundo tiene un distrito y un sombrero de paja. Algunos +tienen sombrero de paja y carecen de distrito. Otros tienen el distrito +nicamente, pero podrn contarse con los dedos de una mano los espaoles +que se encuentren hoy, a la vez, sin distrito y sin sombrero. + +Lector: No tendr usted por ah algn distrito suelto que ofrecerme? +Ha mirado usted bien?... + +Todos mis amigos tienen distrito, y hasta hay quien hace gala de dos o +tres. A juzgar por las apariencias, en Espaa hay muchos ms distritos +que candidatos, y muchos ms ciudadanos elegibles que ciudadanos +electores. Hombres que se han pasado el invierno sin gabn comparecen +ahora en la tertulia del caf con distritos magnficos. No me extraara +nada que alguno de ellos empeara el suyo... + +Es muy hermosa la libertad del hombre soltero; pero cuando uno se va +haciendo un poco viejo y comienza a padecer del estmago, echa de menos +una mano amante que le arrope bien en la cama y le sirva tacitas de +caldo. Tambin es muy hermosa la situacin del escritor independiente; +pero no en poca de elecciones. En poca de elecciones, quin no siente +el anhelo de un partido poltico, un partido carioso que le d un +distrito as como le dara un caldo la tierna esposa? + +Al salir a la calle y coger su sombrero, su bastn y sus guantes, uno +tiene estos das la sensacin de que le falta algo todava, y lo que le +falta es un distrito. Luego, en la tertulia habitual, as que todos los +amigos se ponen a hablar de sus distritos respectivos, el hombre que +carece de distrito es algo as como un paria. Los camareros mismos le +sirven de cualquier manera. El limpiabotas no acude a sus +requerimientos... + +La vida sin distrito ha llegado a parecerme ya una carga insoportable. +Me figuro que las gentes me sealan en la calle dicindose:--He ah un +hombre que no tiene distrito. Y por esto me dirijo al lector pidindole +uno. Despus de todo, un distrito se le da a cualquiera. Haga el lector +un pequeo esfuerzo. Necesito un distrito, y lo necesito de toda +necesidad. + + + + +V + +ESPAA, EMPORIO DEL PARLAMENTARISMO + + +Qu se entiende por un hombre muy parlamentario? + +En Espaa, por un hombre muy parlamentario se enriende un hombre que +tiene mucho parlamento. El seor Dato, por ejemplo, y el seor conde de +Romanones son hombres muy parlamentarios. Tambin es bastante +parlamentario el Sr. Garca Prieto. Y yo mismo, que a primera vista no +parezco nada parlamentario, lo soy, sin embargo, considerablemente ms +que la mayora de los espaoles: tengo numerosos amigos diputados, puedo +tomar caf en el Congreso, puedo utilizar la franquicia postal +parlamentaria... + +Cuando el Sr. Maura disolvi las Cortes, dijo que lo haca porque siendo +un hombre muy parlamentario, no quera aprobar los presupuestos a +espaldas de la representacin nacional. La representacin nacional era +entonces datista, romanonista, albista, socialista, etctera, y el Sr. +Maura necesitaba una representacin nacional maurista a fin de no +gobernar a espaldas del pas, sino de acuerdo con l. Necesitaba un +Parlamento, en fin, para que no se dijese de l que era un gobernante +antiparlamentario. + +Y como necesitaba un Parlamento, el Sr. Maura--y quien dice el Sr. Maura +dice el Sr. Cierva--se dedic a hacerlo. Primero, el jefe del Gobierno +eligi los candidatos. Luego, los candidatos eligieron a los electores. +Y, dentro de pocos das, el Sr. Maura tendr un Parlamento propio, as +como algunos seores tienen un teatro casero. + +Quin ha dicho que aqu se gobierna arbitrariamente, sin tener en +cuenta los gustos ni las aficiones del pas? Aqu no se hace semejante +cosa. El pas ha derramado su sangre para conseguir el rgimen +parlamentario, y respetuosos de la voluntad nacional, a cada Gobierno le +damos aqu su Parlamento correspondiente. En el mismo espacio de tiempo, +ninguna nacin ha tenido tantos Parlamentos como Espaa. Espaa es, +indudablemente, el pueblo ms parlamentario del mundo. + + + + +VI + +LOS MINISTROS NUEVOS + + +Cuando caiga el actual Gobierno, nuestro presupuesto de gastos se +encontrar gravado con unas cuantas cesantas ms. Para que la gente +pida ministros nuevos! + +Qu se entiende por un ministro nuevo? Por un ministro nuevo no se +entiende un ministro joven ni un ministro distinto de los otros +ministros, sino un hombre que es ministro por primera vez. Un ministro +nuevo suele ser un subsecretario viejo, un gobernador viejo o un general +viejo... El marqus de Mochales lleg a ministro y se muri; pero este +lamentable suceso ser nico en nuestra historia. La mayora de los +polticos no consideran colmada su ambicin al llegar a ministros. Ser +ministro no es, en realidad, ser nada. Un ministro est a merced del +poder moderador, a merced de la Prensa, a merced de las oposiciones +parlamentarias, a merced de todo el mundo. En cambi, un ex ministro no +est a merced de nadie. Las carteras pasan y las cesantas quedan. Y por +esto, lejos de morirse una vez que han jurado el cargo, es entonces +cuando la mayora de los ministros comienzan a vivir. + +Ministros nuevos? No. Nunca. Un ministro nuevo se usa en seguida y a +los dos o tres meses queda convertido en un ex ministro. Hay pases de +una intensa vida econmica que pueden permitirse el lujo de cambiar +frecuentemente de ministros, as como un hombre rico cambia +frecuentemente de automvil; pero nosotros no estamos en el mismo caso. +Si cada nueva cesanta anulase una cesanta vieja! Si cuando el seor +Prado Palacio, por ejemplo, sea declarado ex ministro, dejasen de ser ex +ministros el marqus de Lema o el conde de Bugallal!... Pero, hoy por +hoy, lo que nos conviene es ir tirando con los ex ministros actuales. +Son viejos, muy viejos, tan viejos como el mismo sistema parlamentario; +son malos y estn pasados de moda, pero no nos suponen ningn nuevo +gasto. Bien conservados, estos ex ministros pueden durar todava otro +cuarto de siglo u otro medio siglo, lo que en la poltica espaola no +creo que represente gran cosa. Y cuando se mueran del todo--all para el +ao 1950--, entonces se podr pensar en sustituirlos con algunos hombres +jvenes, como D. Melquiades Alvarez, por ejemplo, o el doctor +Simarro... + + + + +VII + +UN ARTCULO MINISTERIAL + + +Si yo fuese un escritor ministerial, qu artculo hara acerca de las +ltimas elecciones! + +Nos han derrotado en las grandes ciudades--dira--, pero esto no nos +extraa. Las grandes ciudades son verdaderos focos de corrupcin, donde +se van perdiendo ntegramente los sentimientos de humildad, de +obediencia y de amor al pasado. Casi todos los madrileos saben leer y +escribir, y aunque una enrgica censura amordaza a los escritores de la +mala prensa, las ideas disolventes siempre encuentran camino por donde +llegar al cerebro del pueblo. Indudablemente, el analfabetismo vale mil +veces ms que la censura. Todo el arte de los escritores radicales se +estrella contra el hombre del campo, hombre sano de cuerpo y de +inteligencia, que no sabe leer ni lo necesita para trabajar las tierras +de su seor y para darles el voto a los candidatos del orden. Y el +hombre del campo ha votado la candidatura ministerial. + +Hemos triunfado en el campo, donde todava se conservan las venerandas +tradiciones de nuestros mayores; donde el mdico, no contaminado por +teoras extraas, sangra buenamente a sus enfermos, igual que en tiempo +de nuestros abuelos; donde el pobre se resigna a ser pobre como el rubio +se resigna a ser rubio; donde el cura prohbe que se baile el agarrado y +que se lean los peridicos liberales, y donde se respeta el orden, la +propiedad, el clero y la Guardia civil. Hemos triunfado en el campo y +hemos fracasado en las ciudades. Hay nada ms significativo? + +Porque las ciudades estn dejadas de la mano de Dios. En Madrid, la +juventud pasa su vida bailando bailes extranjeros, bebiendo bebidas +extranjeras y--cosa mil veces ms nefanda--leyendo libros extranjeros. +Ahora les ha dado a los madrileos por poner en las casas bao y +ascensor, y esto ser muy agradable para el cuerpo, pero tiene que ser +funesto para el alma. Baos, libreras, grandes hoteles, derechos +polticos, un Ateneo, una Casa del Pueblo... Es que nuestros mayores +necesitaban ninguna de estas cosas? + +Das atrs, cuando los balcones de Madrid se engalanaron con toda suerte +de colgaduras en homenaje al Corazn de Jess, creamos que la capital +de Espaa se arrepenta y haca enmienda de sus errores. Las elecciones +nos demostraron que esta hiptesis era falsa. Indudablemente, el +madrileo que tiene colgaduras est deseando un pretexto para +exhibirlas, y cualquiera que sea este pretexto las exhibe; pero esta +exhibicin, puramente decorativa, no tiene jams un carcter +ideolgico. Madrid est perdido, y con l estn perdidas todas las +grandes ciudades espaolas. Las han perdido las bibliotecas pblicas, la +Prensa, el agua corriente, los hoteles cosmopolitas, el telgrafo, el +telfono, los teatros, que, de lugares de solaz, van convirtindose en +vehculos de ideas pecaminosas, y tantas otras invenciones de este siglo +maldito. (Para un escritor ministerial todas las cosas antiministeriales +son invencin de este siglo.) Cmo iban a votarnos? + +Nuestra derrota demuestra que nosotros no tenemos nada que ver con esta +poca de disolucin social. Nosotros representamos las venerandas +tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el ao de la +Nanita... + + + + +VIII + +EL ENGAO DE LAS CRISIS + + +Cada vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de +liberacin. El aire me parece ms puro; las mujeres, ms guapas; los +manjares, ms sabrosos. + +--Trabajillo ha costado--exclamo--; pero, al fin, somos libres. Ya no +tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal... + +Desgraciadamente, est en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos +cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible, +y por esto, acaban resolvindose todas las crisis ministeriales. Al cabo +de dos o tres das, el Gobierno cado es siempre sustituido por otro, y +de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las +diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si Espaa +llegar a vivir al ao un mes entero sin Gobierno. Un mes entre doce! +No vale la pena. + +Por mi parte, yo no ayudar ya nunca a echar abajo a ningn Gobierno, +como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho ms +cuando al otro es seguro que ya habamos tenido tambin que echarlo +abajo anteriormente. No veo en qu puede convenirle a un hombre soltero, +que ejerce una profesin liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el +seor Maura, el Sr. Garca Prieto o el Sr. Snchez de Toca. +Probablemente, les interesa mucho ms a estos seores gobernarme a m de +lo que pueda nunca interesarme a m el que me gobiernen ellos. + +Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno--premisa a la que no le +conceder ningn valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir +con l--; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos +constituyen un mal necesario, entonces, por lo menos, debemos exigir +que las crisis duren un poco ms. Una crisis de tres o cuatro das no +compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos +ministros que parecen lapas. + + + + +IX + +ACCIN POLTICA DE LOS MARISCOS + + +Se inicia un cambio en la poltica espaola. Hasta hace muy pocos das, +el poltico sola ser, entre nosotros, un hombre de la provincia de +Pontevedra, amigo personal del marqus de Riestra y padre de una +numerosa familia. Cuando un paisano mo careca de oficio y no saba +hacer nada que le permitiese vivir en su tierra, si no tena dinero +bastante para irse a Buenos Aires, vena a Madrid y se dedicaba a +ministro. De m s decir que, este verano, unos marineros me pidieron en +mi pueblo nada menos que un grupo escolar; aquellas gentes sencillas +saban que yo viva en Madrid y no conceban que pudiese vivir de otra +cosa ms que de ministro, lo que, despus de todo, demostraba cierta +lgica. Si, en efecto, la mayora de mis paisanos residentes en Madrid +no fuesen ministros o ex ministros, cmo se las arreglaran para pagar +al casero? Es que el Sr. Garca Prieto, por ejemplo, podra sostenerse +en la corte escribiendo artculos para _El Sol_? Pero ahora, para llegar +a ministro, ya no basta haber nacido en la provincia de Pontevedra, y +comienza a hacerse indispensable el ser cataln. Y ste es el cambio que +se inicia en la poltica espaola. + +A primera vista, parece que se trata de un cambio superficial, y quiz +no se trate, en efecto, de un cambio muy profundo. Sin embargo, yo creo +que entre el poltico gallego y el poltico cataln hay una diferencia +mucho ms importante que la del acento. Lo terrible del poltico gallego +era su asombrosa capacidad de reproduccin. Nacidos al pie de las ras +bajas, aquellos polticos se reproducan como las sardinas. Al cabo de +quince aos, cada ministro le haba dado vida a cinco ministros, a diez +subsecretarios, a diez directores generales y a veinte gobernadores, sin +contar los empleados subalternos. Todo el mundo conoce la fecundidad de +la provincia de Pontevedra, que es una de las ms pobladas, si no la ms +poblada, de Espaa. Esta fecundidad suele atribursele a los mariscos, y +si la explicacin es exacta, los mariscos vienen a ser, en fin de +cuentas, los verdaderos responsables del nepotismo espaol. El +nepotismo espaol o las ostras, los cangrejos y los percebes de las ras +bajas!... + +Los polticos catalanes no parece que se reproduzcan tanto como los +polticos gallegos, y esto constituye, por s slo, una gran ventaja +para el pas. No se comen, quiz, muchos mariscos en Catalua, o es que +el marisco del Mediterrneo vale menos que el del Atlntico? Y por otro +lado, conocemos nosotros todas las posibilidades polticas del marisco +cataln? Si hubiese en Espaa alguien que estudiase la poltica con un +criterio realmente cientfico, yo le propondra este problema, que +considero de un inters capital; pero, por desgracia, aqu no hay ningn +tratadista poltico verdaderamente serio. + + + + +X + +ARRASAMIENTOS + + +Cuando una insubordinacin se manifiesta en Barcelona o en otra +provincia--ha dicho el general Aznar--, slo procediendo enrgicamente +se domina y se la hace entrar en la ley. Si es preciso--aadi--, se +arrasa la poblacin... + +Yo creo que estas palabras del general Aznar tienen toda la categora de +un proyecto, y me extraa el ver que algunos peridicos lo rechazan sin +tomarse la molestia de estudiarlo tcnicamente. Porque desde luego, si +existe en Espaa alguna dificultad para arrasar poblaciones, a m me +parece que es una dificultad exclusivamente tcnica. Eso de imaginarse +que el Gobierno no puede arrasar Barcelona por razones de orden moral, +poltico o jurdico, demuestra, en mi sentir, una profunda ignorancia en +materia de arrasamientos. Las dificultades de este triple carcter +tienen muy poca importancia en el pas de La Cierva y Snchez Guerra. En +cambio, las dificultades tcnicas constituyen, en el pas de los mismos +seores, algo verdaderamente muy serio. + +Y, sentado esto, yo considero que debemos dejar a un lado +consideraciones ociosas, y rogarle al general Aznar que no desarrolle su +plan. Cuando el general Aznar, que ocupa en el Ejrcito un puesto tan +alto, ha insinuado la idea de arrasar Barcelona para dominar a los +elementos rebeldes, es que, indudablemente, esta idea es factible. Ahora +bien, general: nos hace falta un presupuesto. Queremos saber en cunto +tiempo y por cunto dinero se comprometera su seora a hacer en +Barcelona un arrasamiento en forma. El Ejrcito alemn, con un material +formidable y una direccin de primer orden, tard cuatro aos en arrasar +Reims a satisfaccin del Kiser; y siendo Reims una de las ciudades ms +ricas de Francia, invirti en la destruccin tanto como lo que ella +vala. Claro que nosotros no somos tan exigentes como el ex Kiser. +Acostumbrados a innumerables resignaciones, probablemente nos +conformaramos con un arrasamiento mucho ms vasto que el de la ciudad +de Reims; pero qu nos vendra a costar ese arrasamientito? El caso +est en que, para evitar la posibilidad remota de perder Barcelona una +vez, no vayamos realmente a perderla dos veces, primero arrasndola, y +segundo, invirtiendo en el arrasamiento el dinero que cost la +edificacin. Por otro lado, el problema de Barcelona es urgente, y si el +arrasamiento puede durar cincuenta o sesenta aos, no creo que +constituya una solucin eficaz. + +Supongo que el general Aznar sabr apreciar la diferencia que existe +entre esos peridicos que han acogido sus manifestaciones del Senado con +una vocinglera sentimental, y yo, que las enfoco seriamente en el +terreno de la realidad. Arrasar Barcelona! Qu duda cabe de que as se +acabara de una vez y para siempre con todas las cuestiones de +Barcelona? Lo malo, como digo, son las dificultades prcticas. A veces, +discutiendo con un amigo, y no logrando hacerle adoptar mis puntos de +vista, yo he sentido tambin el deseo de arrasarlo, y, si me contuve, no +fue, no, por motivos morales, sino, precisamente, por dificultades +tcnicas. Y es--para decirlo con una frase digna de la Alta Cmara, +donde hizo sus manifestaciones el general Aznar--que los individuos son +como los pueblos, y los pueblos son como los individuos. + + + + +XI + +EL CONGRESO, A CUARENTA GRADOS + + +El otro da, con un calor de cuarenta y tantos grados, estuve en el +Congreso. Yo nunca haba observado la poltica espaola a una +temperatura tan alta. Algunos diputados, tendidos en sus escaos, +parecan cadveres en descomposicin. Ola mal. + +--Indudablemente--pens--, el Parlamento no es un espectculo de verano. +Para el verano ya tenemos las corridas de toros, que se hacen al aire +libre. + +Y, dirigindome a un diputado amigo: + +--Por qu no cierran ustedes?--le dije. + +--Cerrar?--exclam--. Y la labor legislativa que tenemos por delante, +es que van a hacerla los porteros? + +--Hombre! En caso de apuro... + +--Todo se vuelven diatribas contra el diputado en este pas--aadi mi +amigo--, y el diputado es un mrtir. Ya ve usted a los diputados +franceses. No contentos con ganar quince mil francos al ao, quieren que +se les dupliquen las dietas. El diputado espaol, en cambio, lejos de +cobrar, paga. Sabe usted cunto me han costado a m las elecciones? +Veinte mil duritos. As se demuestra el amor a la patria. Y aqu me +tiene usted, en pleno mes de agosto, respirando este aire corrompido. + +--Es el aire de la poltica. Yo haba odo hablar de l, pero no lo +haba respirado nunca. Cuando lea en algn peridico eso del aire +corrompido de nuestra poltica, crea que se trataba de una frase. Ahora +lo respiro materialmente y me doy cuenta de que es meftico. + +--A veces huele como a ajos. + +--Ese olor es la democracia. Es la esencia misma del rgimen +parlamentario. No hable usted mal de l... + +Los ventiladores giraban a toda velocidad; pero intilmente. Est +demostrado que la poltica espaola, sometida a una temperatura de +cuarenta grados, se descompone por completo. Quizs ocurra tambin lo +mismo con la poltica inglesa, por ejemplo; pero cundo marca el +termmetro cuarenta grados en Londres? + +Decididamente, habr que cerrar el Congreso si no queremos que se +declare en Madrid, y que se extienda luego por el mundo, una nueva +epidemia hispnica. Y por tarde que lo abran despus, siempre lo abrirn +a tiempo. + + + + +XII + +OPTIMISMO + + +Yo no s si el lector ha observado mi actitud ante el porvenir de +Espaa. Hasta ahora, esta actitud ha venido siendo la de un escptico, +la de un hombre sin fe ni esperanza ningunas. Los conservadores nos +prometan una revolucin desde arriba, y yo sonrea incrdulamente; los +republicanos y los socialistas nos anunciaban una revolucin desde +abajo, y yo volva a sonrer con la misma incredulidad. + +--Esto no puede seguir as--me decan--. Esto tiene fatalmente que +transformarse. El mundo entero se transforma, y Espaa no est en la +Luna, sino en el mundo... + +Todo era intil. En el fondo, yo tena una idea as como de que Espaa +no estaba en el mundo, sino en la Luna. Yo no crea en el porvenir de +Espaa. Yo era un escptico... + +Era un escptico, amigo lector, pero ya no lo soy. Mi escepticismo tena +una causa y esta causa acaba de desaparecer. Ahora slo me toca +manifestar que la causa en cuestin estaba en la calle de Cedaceros, y +que era esa valla con que el Sr. Vitrica ha estado, durante tanto +tiempo, entorpeciendo el trfico de Madrid. + +Cuando yo pasaba por la calle de Cedaceros, mi espritu se anegaba en un +torrente de amargas reflexiones. + +--Cmo vamos a derrumbar nada en Espaa--pensaba yo--si todava no +hemos podido derrumbar esta valla? La Prensa la ataca, el Parlamento la +combate, el pueblo la maldice y ella sigue en pie. La juventud +estudiantil, esperanza de la patria, ha venido aqu una noche, armada de +mazas y de picos, y la ha asaltado romnticamente, pero la valla sigue +inclume. Hasta las autoridades gubernativas se propusieron echarla +abajo, sin que su gestin obtuviera xito ninguno... Y qu se puede +esperar de un pueblo que, todo l, no logra demoler una pobre valla de +maderas carcomidas?... + +Es indudable que, si yo me manifest durante estos ltimos aos como un +escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia +con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla +ha cado en tierra, y ahora todo me parece posible. + +--Unas gentes que han acabado con la valla de Vitrica--me digo--pueden +acabar con la misma poltica del Sr. Cierva. Espaa se transformar. +Llegar un da en que los madrileos tendremos hasta gas para el +alumbrado pblico. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser +optimistas... Dentro de ms o de menos aos, no tendra nada de +asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La +Corua en un trmino de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un +pueblo tan enrgico. Los trenes andarn. Un kilo de pan llegar a pesar +lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las +familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han +deshecho la valla de la calle de Cedaceros. + + + + +LA ANTIPOLTICA + + + + +I + +EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO + + +Cada tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a +fregar, a empapelar y a repintar el mundo. Lo dejan mejor? +Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo +refrescan, lo varan y le dan un inters nuevo. Si los revolucionarios +pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una +temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente, +no sufrira tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones +interplanetarias no han pasado an de la categora de proyecto, y cuando +la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y +a echarlos patas arriba. + +Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se est transformando, con gran +indignacin de muchos seores que se haban instalado en l +confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos seores no ven +la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien, +y en realidad, qu mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefaccin +central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas, +tiene luz elctrica, tiene telgrafo y telfono, tiene leyes de +Accidentes del trabajo, y tiene cinematgrafo. Es un mundo con todo el +_confort_ moderno, un mundo sumamente recomendable. + +Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los +rusos, por ejemplo, tienen otras teoras estticas, y despus de haber +transformado el decorado teatral, no sera extrao que transformasen +tambin el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendr a ser, poco ms +o menos, con respecto al mundo actual, una cosa as como el _ballet_ +ruso con relacin a la pera italiana. + +Qu quieren esos obreros que arman tanto escndalo? Qu quieren esos +carpinteros? Qu quieren esos fontaneros? Qu quieren esos fumistas? +Qu quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto +desde la Revolucin francesa, para que tire una temporadita de algunos +siglos. Si se les pudiese decir que volviesen otro da!... Pero es +intil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa +donde se estn haciendo reparaciones. + + + + +II + +LOS PROLETARIOS DE LEVITA + + +Yo soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una +levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita +son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita. +Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo +que en un peridico conservador se habla de los proletarios de levita, +no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase +proletario de levita representa un concepto terico, y aunque para los +usos prcticos de la vida yo no tenga levita ninguna, tericamente s la +tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita terica. Es una levita que +no se puede empear; pero, en teora, esto carece de importancia. + +En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A +veces, tiene un _smocking_ para conquistar, en los hoteles de moda, +ricas herederas o polticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en +algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero, +desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de +pertenecer a una clase que se caracteriza tan slo por el uso de una +prenda que no usa jams. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario +de levita... + +Hace varios aos, el dueo de un peridico donde yo sola colaborar +desde Pars, me envi una carta dicindome: El peridico marcha muy +bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con +respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al pblico de levita; +pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con +usted... Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por +artculo, y yo le contest sin gran entusiasmo: El termmetro--le +deca--marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en +vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabn de abrigo. Mi +ideal consista entonces en ser un proletario de gabn, y creo que lo +realic ya algo entrado el verano... + +Pero volvamos a los proletarios de levita. Todo el mundo piensa en los +obreros--escribe un peridico conservador--. Todo el mundo se ocupa de +los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se +acuerda nadie... Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de +blusa ms que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, cmo +no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? Cmo van a fijarse +los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita +viste de americana? + +Yo propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran +sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un da haramos, por +ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no +saldra a la calle ni un solo adjetivo. Qu conflicto para el +rgimen!... Pero ya vern ustedes cmo no hacemos nada. Los proletarios +de levita no tenemos instinto de conservacin, adems de no tener +levita. + + + + +III + +EL SINDICALISMO COMO BASE DE UNA NUEVA ANTROPOLOGA + + +Despus de todo, los sindicalistas no se proponen una cosa tan +extraordinaria como puede creerse. Qu ms da el que los hombres estn +clasificados por naciones que el que lo estn por oficios? La raza, el +idioma, la religin, las costumbres... Convengo en que todo esto es un +poco vago y un poco confuso; pero, y la cerrajera? + +Los sindicalistas pretenden que donde hoy dice Espaa, Inglaterra, +Francia o Alemania, diga maana Sindicato del Hierro, Sindicato +del Carbn, Sindicato de la Madera, Sindicato del Papel... Al +principio, naturalmente, los miembros de unos Sindicatos aparecern +mezclados con los de los otros, y en lo que hoy es Espaa, por ejemplo, +habr hombres de papel a la vez que hombres de madera, de carbn y de +hierro; pero, a la larga, es lgico suponer que cada Sindicato vaya +localizndose en lo posible all donde encuentre sus primeras materias. +Entonces surgir, no slo una nueva Geografa poltica, sino tambin +una nueva Antropologa. Los trabajadores del carbn constituirn una +raza muy morena. Los albailes formarn una muy rubia. Si hoy se parecen +ya todos los albailes del mundo, aunque no sean hijos de albailes y +aunque la albailera sea el nico vnculo que los une, qu no ocurrir +a los dos siglos de sindicalismo? Probablemente, los distintos +Sindicatos darn origen tambin a religiones diversas, ya que no es +fcil concebir cmo se pueden tener las mismas creencias ni los mismos +sentimientos en el pas del carbn que en el pas de la cal. Y si es +verdad que la terminologa de los oficios constituye el manantial ms +rico donde se nutren todos los idiomas modernos, cmo no suponer que +cada Sindicato llegar a tener una lengua propia, ininteligible para los +otros? + +Parece que los sindicalistas van a hacer una revolucin terrible; pero, +a los dos siglos de sindicalismo, el mundo estar, poco ms o menos, +como ahora. Un Sindicato muy fuerte querr dominar a los otros, les +declarar la guerra y morirn a millones hombres de hierro, hombres de +carbn, hombres de cartn piedra y hombres de celuloide... + +Indudablemente, no hay una gran diferencia entre clasificar a los +hombres por oficios o clasificarlos por razas, religiones, idiomas y +costumbres. Y no tan slo no hay una gran diferencia, sino que es igual. +En realidad, los hombres no se han clasificado nunca por razas, +religiones, idiomas ni costumbres. Los han clasificado as los +historiadores mucho despus de que ellos haban hecho su propia +clasificacin; pero los primeros hombres se clasificaban siempre por +oficios, ni ms ni menos que si hubiesen odo a Pestaa o al _Noy del +Sucre_. Los pescadores se reunan para establecerse a orillas de los +ros o construir ciudades lacustres; los cazadores se iban a los +bosques. Las nacionalidades modernas no son ms que una consecuencia +directa de aquel sindicalismo primitivo. Y por esto yo creo que no es +muy difcil imaginarse el resultado del sindicalismo actual. + + + + +IV + +EL BOLCHEVISMO, ENFERMEDAD INFECCIOSA + + +Cuando los primeros _poilus_ penetraron en territorio alemn, muchos +franceses se alarmaron. + +--Alemania--decan--est apestada de bolchevismo. A ver si nuestros +soldados lo cogen y lo extienden luego por aqu... + +Y es que para la inmensa mayora de las gentes, el bolchevismo no pasa +de ser una enfermedad infecciosa. Los Gobiernos ms serios lo tratan +como una nueva forma de gripe. Creen que se propaga por contagio, igual +que la gripe espaola, y, a fin de combatirlo, forman cordones +sanitarios en las fronteras. A los casos reconocidos los aslan +cuidadosamente, metindolos en las crceles, y, dentro de poco, +prohibirn el derecho de reunin, para evitar los hacinamientos. + +A m, esto de combatir el bolchevismo con medidas sanitarias me parece +algo as como si se hubiera pretendido combatir la gripe reformando la +Constitucin. No creo que las medidas sanitarias hayan sido nunca muy +tiles contra las epidemias, y, desde luego, creo que sern +perfectamente intiles contra el bolchevismo. + +Porque, para m, el bolchevismo no es un problema sanitario, sino un +problema social, y, en el estado actual de la Ciencia, me parece absurdo +pretender que nadie cambie de religin o de poltica sometindolo a un +tratamiento mdico. Acaso el agua bendita haya resuelto algunos +problemas sociales; pero, probablemente, el agua oxigenada no resolver +ninguno. Y la prueba de que el bolchevismo no es una enfermedad, es que +mientras las enfermedades slo ponen en peligro a los enfermos, el +bolchevismo constituye un peligro nicamente para aquellos que no son +bolchevikis. + +Pero si, a pesar de todo, seguimos considerando el bolchevismo como una +enfermedad, qu vamos a hacer con los otros sistemas polticos? Con +qu curaremos el maurismo, pongo por caso? El bolchevismo vendra a ser +algo as como un enorme trastorno gstrico, mientras la mayora de las +sectas polticas representaran deficiencias mentales imposibles de +combatir. + + + + +V + +LA MAGIA DEL DINERO + + +Cuando el bolchevismo comienza a asomar en un pas, parece que los ricos +se apresuran a realizar sus fortunas para dilapidarlas alegremente antes +de que se las lleve la trampa. As dicen que han procedido los grandes +duques rusos y que estn procediendo los aristcratas magiares. El +bolchevismo es un gran estimulante de la generosidad, y por eso yo no +veo que en Espaa corramos todava el menor peligro de pasar a un +rgimen bolchevique. Cuando algn millonario os cuente que aqu vamos +derechos al bolchevismo, pedidle mil pesetas, y si os las niega--que os +las negar--, es que habla por hablar y sin conviccin ninguna. + +Hay quien dice que el bolchevismo tiende a suprimir el dinero, y esto +merece cierta reflexin. Indudablemente, el dinero es una cosa muy mala, +sobre todo para aquellos que no lo tienen; pero tambin es una cosa muy +buena, especialmente para aquellos que lo atesoran. Algunas personas, +cuando se discute este tema de la bondad o maldad del dinero, exclaman: + +--Quite usted!... Lo importante es tener salud... + +Probablemente, esas personas se figuran que el dinero constituye una +enfermedad, y si, en efecto, la constituye, hay que convenir que, entre +nosotros, no ha tenido nunca caracteres endmicos. + +Por mi parte, confieso que el dinero me ha parecido siempre una cosa +milagrosa. Yo no puedo ver el proceso de un duro que se transforma en +patatas, sin imaginarme el proceso contrario, y me figuro que, +previamente, se han cogido kilos y kilos del sabroso tubrculo, que se +los ha cocido, que se los ha machacado, que se los ha sometido a +diversos reactivos, que se los ha puesto en un alambique y que se ha +obtenido el duro como resultado. Esto es lo que yo me figuro cuando +compro un duro de patatas, y esto es ya bastante maravilloso; pero la +maravilla crece cuando pienso que mi duro no slo es susceptible de +transformarse en patatas, sino que se puede transformar tambin en +guisantes, en zanahorias, en poesas lricas, en cigarros habanos y en +otros muchos objetos que me dicte mi fantasa. Qu otra cosa, en +nuestro mundo moderno, tiene este poder mgico que tiene un duro, como +no sea un billete de cinco duros? Y cmo es posible que haya quien +desprecie el dinero, considerndolo una realidad demasiado prosaica? + +No hay duda de que el dinero es una cosa excelente... para aquellos que +lo tienen. Si lo pudisemos tener todos!... Pero en cuanto lo +tuvisemos todos, su virtud milagrosa desaparecera en absoluto. Yo +creo que se debiera establecer un turno pacfico para el disfrute del +dinero. As se evitaran las revoluciones, los grandes negocios y otra +porcin de cosas ms o menos molestas. + + + + +VI + +EL DELITO DE SER RUSO + + +Un extranjero, preso en la Crcel Modelo, se dirige a los peridicos +protestando contra su detencin. Soy un ciudadano ruso--dice--, y no he +cometido ningn delito. + +Un ciudadano ruso que no ha cometido ningn delito!... La contradiccin +salta a la vista. Es como si se dijera un homicida que no ha matado a +nadie, o un ladrn que no rob nunca. Le parece poco delito al Sr. +Weissbein el hecho de ser ruso? Rusia es un pas demasiado fro, +demasiado lejano y demasiado complicado, y a nuestra Polica le ha +inspirado siempre muy hondas sospechas. En Madrid, Sr. Weissbein, ya +resulta bastante difcil el ser cataln o gallego, para que se le +permita a nadie ser ruso. Si quiere usted vivir tranquilo entre +nosotros, hgase usted de Vallecas o de Getafe y renuncie incontinenti a +toda pretensin moscovita. + +Ah es nada ser ruso, esto es, ser del pas del terrorismo y del +bolchevismo!... Mi amigo Corpus Barga, actual redactor de _El Sol_ en +Pars, tuvo la debilidad de interesarse por las cuestiones rusas, y en +cuanto se present en Espaa, con unos bigotes cados a la trtara, la +Polica lo cogi y lo meti en la crcel. Otro amigo mo, que quiso +estudiar ruso, fue detenido a la tercera leccin. Y si a Cristbal de +Castro, autor de _Rusia por dentro_, le han nombrado gobernador de +vila, ha sido cuando ya no le caba a nadie la menor duda de que ni +Cristbal de Castro haba llegado nunca a Rusia ni saba una palabra de +ruso. + +Ignoro en qu artculo de nuestro Cdigo penal se condena la ciudadana +rusa, y por eso no le doy el nmero al Sr. Weissbein. Lo cierto, sin +embargo, es que, en cuanto la Polica espaola sospecha que alguien +puede ser ruso, le busca y le detiene. Si yo no he estado en Rusia +todava, es porque no he querido que, a la vuelta, me encerrasen para +siempre en la Crcel Modelo. No hay manera de ser ruso en Espaa, Sr. +Weissbein. Los mismos libros rusos han sido perseguidos y decomisados +aqu diferentes veces. Hgame usted caso: olvide su idioma y adopte la +ciudadana de los Cuatro Caminos, que, despus de la derrota alemana, es +el pas ms lejano de donde se puede ser en Madrid. + + + + +VII + +LOS RUSOS POLTICOS + + +Antes de la guerra, Espaa no crea en los rusos. + +--Un ruso? Vamos, hombre! Mire usted que un ruso!--decan los +madrileos. + +Entonces no haba ms que una persona que, de vez en cuando, recibiese +algunos rusos en Madrid. Esta persona era Luis Morote, diputado a Cortes +y periodista famoso por la longitud de sus artculos. Luis Morote haba +estado en Rusia; pero, sin embargo, no reciba directamente sus envos. +Los rusos se los mandaba Fabra Ribas, ya un poco adulterados, desde la +redaccin de _L'Humanit_, de Pars, adonde iban todos antes de venir a +Espaa. + +--Puesto que tiene usted tantos rusos disponibles--le preguntaba yo a +Fabra Ribas un da--, por qu no los distribuye usted de una manera ms +equitativa? Eso de darle a Morote la exclusiva de los rusos para toda +Espaa, me parece injusto. + +Yo sospecho que Fabra Ribas quera serle agradable a Morote, y que por +eso le provea de rusos con tanta abundancia; pero l se disculpaba +diciendo que Morote era la nica persona que haba en Madrid capaz de +servir a un extranjero. El caso es que, cada dos meses o cosa as, +Morote sala a la calle muy orgulloso con unos rusos inditos; pero los +pobres hombres fracasaban completamente. Nadie crea en ellos como tales +rusos. + +--Con ese ruso no tendr usted fro, eh, amigo Morote?--solan decirle +al distinguido periodista. + +O bien: + +--Un ruso nuevo? Pues ya tiene usted para tirar lo que queda de +temporada... + +En un libro que se llama _Playas, Ciudades y Montaas_, yo cuento las +aventuras de estos primeros rusos en Madrid, y el captulo dedicado al +asunto tiene un ttulo muy significativo: _Los rusos existen_. Entonces +nadie crea en los rusos. Ahora, en cambio, todos los hombres le parecen +un poco rusos a la gente. En el _Manuel Calvo_, de Barcelona, se han +hecho a la mar, expulsados por el Gobierno, rusos de Turqua, rusos de +Bulgaria, rusos franceses, rusos ingleses y hasta rusos espaoles. Y es +que la palabra ruso ha evolucionado. Antes tena un concepto geogrfico. +Ahora tiene un concepto poltico. Se es ruso como se es republicano o +como se es reformista. Se es algo ruso o se es terriblemente ruso. Todo +hombre que protesta contra el caciquismo o contra la caresta de la +vida, es un ruso presunto. Y pensar que yo he sido ruso, sin enterarme +de ello, hace ms de quince aos!... + +Este nuevo concepto de la palabra ruso es lo que explica el proyecto del +Sr. Doval, jefe de polica de Barcelona, quien, para sondear a los +detenidos en el _Manuel Calvo_, propona que se introdujeran entre +ellos, fingindose rusos, cinco o seis policas espaoles. Yo no creo +que un polica espaol pueda fingirse ni siquiera portugus. Decirle que +se finja ruso a un polica que gana diez pesetas diarias es algo as +como decirle que se finja gran filsofo. Indudablemente, el seor Doval +no aspiraba a que los policas espaoles se fingieran rusos de idioma, +sino sencillamente rusos polticos. + +Pero si la palabra ruso ya no designa ms que cierta clase de opiniones, +por qu se considera a los rusos como extranjeros? Cree el conde de +Romanones que los naturales de Mosc son ms rusos que nosotros? No hay +duda de que, antes, un hombre que naca en Mosc tena muchas y muy +buenas razones para ser ruso. Hoy quiz las tenga ms y mejores un +hombre nacido en Espaa. + + + + +VIII + +LA TIRANA DEL TRABAJO + + +Me permite el lector que yo le d mis opiniones sobre la cuestin +social? Para m, toda la cuestin social se reduce a una cosa: que el +hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no +quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere +trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no +quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo +colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un +absurdo. + +Toda la civilizacin no es ms que una lucha desesperada del hombre para +no tener que trabajar. Si se han inventado mquinas, si se han +canalizado ros, si se han domesticado animales y si se han blanqueado +negros, ha sido con el nico objeto de que los negros, los animales, los +ros y las mquinas trabajasen por nosotros. + +--Lo que inventan los hombres _pa_ no trabajar!--deca el baturro del +cuento viendo cmo un pintor copiaba el paisaje. + +Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado +rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han +creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades +infecciosas... + +Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje. +Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajar menos, y el dolor de +los ms ser atenuado, pero... + +Pero en la sociedad actual uno tena siempre una esperanza de +liberacin, y en la sociedad futura no la tendr nadie. El mal ser +menor, pero lo har parecer mil veces mayor su carcter de mal +ineludible. Hasta ahora, uno poda siempre pensar, segn sus aptitudes o +sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una +fbrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero +salvarse al fin. Maana, en cambio, no habr posibilidad de salvacin +para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o +cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestin +social seguir en pie. + +Hasta que unas mquinas maravillosas nos lo hagan todo... y mientras no +se den cuenta de que las explotamos. + + + + +IX + +UNA POLICA FILOSFICA + + +Si la Polica no encuentra nunca a los autores materiales de los +atentados contra los patronos, cmo va a encontrar a los autores +morales? Si no descubre, ni por casualidad, la mano que mata, cmo va a +descubrir el cerebro que sugiere la idea de matar? Habra que crear una +Polica filosfica que fichase las ideas y fuera siguindoles la pista +de libro en libro, porque yo creo que a la Polica actual esta labor le +resultara demasiado molesta. El camino de una idea, desde que nace +hasta que se convierte en cinco tiros de pistola, es largo y sinuoso. +Claro que en Espaa hay muy pocas ideas. Generalmente, los hombres que +tienen alguna estn fichados ya; pero, de todos modos, la tarea del +nuevo organismo policaco tropezara con dificultades insuperables. + +Yo estoy de acuerdo con la prensa conservadora en creer que los autores +materiales de los atentados contra los patronos no son ms que +instrumentos; pero instrumentos de quin? Probablemente, la prensa +conservadora cree que de Pestaa, del _Noy del Sucre_, de Indalecio +Prieto o de Marcelino Domingo. Yo creo que de Platn. Marcelino Domingo, +Indalecio Prieto, el _Noy del Sucre_ y Pestaa hablan, escriben, +_agitan_ y crean contra los patronos un estado de opinin sin el cual +tal vez no se cometiesen tantos atentados; pero de aqu a suponer que +esos seores son responsables, hay una gran diferencia. Esos seores no +son responsables. Esos seores son instrumentos. + +Por qu vamos a suponer que el hombre que habla es ms consciente de lo +que hace que el hombre que tira tiros? Si Carlos Marx no hubiese escrito +_El Capital_, los oradores socialistas, o no diran nada, o diran unas +cosas muy distintas de las que dicen. Los oradores socialistas no son +ms que autores materiales de sus discursos, y Carlos Marx es uno de los +autores morales; pero, aqu se nos vuelve a presentar el mismo problema, +hasta qu punto se puede hacer a Carlos Marx responsable de _El +Capital_? Si otros hombres no hubiesen trabajado con anterioridad en el +mismo orden de ideas, dnde hubiese encontrado el ilustre economista +alemn los materiales necesarios para construir su obra? + +Indudablemente, Carlos Marx no tiene culpa ninguna de lo que ocurra en +Barcelona ni en Bilbao. La culpa, como digo, es de Platn, a quien le +comunic las malas ideas el seor Scrates. + +Y como el seor Scrates ya se tom la cicuta, resulta que ya estn +castigados, no slo todos los asesinatos de patronos que van perpetrados +hasta la fecha, sino los que puedan perpetrarse en el corto porvenir que +le queda a la clase patronal. + + + + +X + +ASESINOS MANUALES Y ASESINOS INTELECTUALES + + +El otro da he recibido la visita de un joven que tena el rostro +asimtrico, la frente huida y la mandbula _prognata_. + +--Perdone usted--me dijo este hombre extrao, con voz cavernosa--. Vengo +a verle porque me han dicho que es usted un intelectual. + +--Exageraciones, calumnias de mis enemigos, que tienen, sin duda, ganas +de verme en la Crcel Modelo--le contest--. Es usted de la Polica? + +--No. De momento, no--dijo el hombre con una sonrisa helada--. Soy un +modesto asesino, para servir a usted... + +_Il n'y pas de sot mtier_, como dicen los franceses. La profesin de +asesino, desde que ha entrado en vigor esta ley de las ocho horas, +puede, con poco esfuerzo, producir ingresos suficientes para cubrir +todas las necesidades de un buen padre de familia. + +--Conque asesino?--exclam yo, con una amabilidad que quiz no fuese +completamente espontnea--. Muy interesante. Ustedes matan a algunos +hombres; pero le dan de vivir a muchos ms. Sintese usted y dgame en +qu puedo serle til. Quiere usted, quiz, que le recomiende algunos +amigos? Lo har con mucho gusto... + +Mi visitante se dej caer en una butaca. + +--Yo vena en busca de un intelectual--exclam--y usted niega serlo. +Esto me contrara considerablemente. Necesito un intelectual a todo +trance... + +--Si es para asesinarlo--le dije--me parece absurdo. Aunque llevara +usted luego su pelleja al Ministerio de la Gobernacin, no creo que el +asesinato de un intelectual pudiese producirle siquiera lo necesario +para cubrir gastos. Los intelectuales, en este pas, se cotizan a menos +que los conejos. + +--Pero, en fin--repuso el hombre, que pareca dominado por una idea +fija--. Aunque usted no sea completamente un intelectual, por lo menos +tendr usted un cerebro... + +Yo me rasqu instintivamente el crneo. + +--Hombre! Un cerebro! Quin no tiene un cerebro? Claro que son muy +pocas las personas que lo usan; pero todo el mundo tiene un cerebro. +Usted mismo tiene uno de esos magnficos cerebros de criminal nato que +ha estudiado minuciosamente, en Italia, el profesor Lombroso. + +--Yo carezco de cerebro, seor mo--respondi el asesino--. Es que no +lee usted la prensa conservadora? Los asesinos no somos ms que brazos, +instrumentos que ejecutan las ideas de otros hombres. En tiempos del +seor Lombroso tenamos, en efecto, unos cerebros especiales, y cuando +queramos trabajar, buscbamos, de acuerdo con nuestros gustos +particulares o segn la inspiracin del momento, un hacha, un cuchillo, +un revlver o una maza. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. El cerebro +es nuestra herramienta. Comprende usted mi situacin? Yo quiero +asesinar a un frutero de los Cuatro Caminos; pero, antes de ponerme a la +obra, necesito un cerebro que me sugiera la idea de este asesinato. Por +eso vena a verle a usted... + +Yo me disculp como pude; pero el asesino no se convenci. + +--Usted me engaa--me dijo--. Usted podra perfectamente sugerirme la +idea que yo le pido. Mil veces, de seguro, habr tenido usted en su vida +intenciones asesinas. Lo que ocurre es que no quiere usted complacerme. +Es usted un Tartufo. + +--Caballero! + +--Un Tartufo, s, seor. Ah! Si alguien pudiera sugerirme la idea de +asesinarle a usted!... Cmo me vengara yo entonces de su hipocresa! +Pero yo soy un pobre asesino, incapacitado por mi profesin para matar a +nadie, y por eso usted se permite abusar de m. Adis, seor mo! Voy a +revisar unas colecciones de peridicos a ver si algn artculo de un +adversario suyo me inspira la intencin de estrangularlo a usted. Hasta +la vista. + +Y el extrao visitante se fue por donde haba venido. + + + + +XI + +FERRER + + +Ferrer, como se sabe, tena una estatua en Bruselas. Los alemanes, +durante su ocupacin de la ciudad, echaron la estatua abajo, y cuando se +trat de erigirla, algunos peridicos espaoles protestaron y otros +aplauden. Yo creo que los espaoles, como tales espaoles, no tenemos +voto en este asunto. Ferrer era espaol; pero nosotros no quisimos que +siguiera sindolo, y para conseguirlo lo hemos fusilado. Desde que lo +fusilamos, Ferrer dej de ser uno de los nuestros, y hoy qu nos +importa el que su cadver suscite por ah simpatas o antipatas? Al +fusilarlo, nosotros hemos roto con el seor Ferrer toda solidaridad. +Que actualmente Ferrer nos denigra en Bruselas? Pero cmo puede +denigrarnos un muerto? Y si un muerto puede denigrarnos, entonces, no +habremos cometido una ligereza al matar a Ferrer? + +Por mi parte, yo creo que, en efecto, hemos cometido una gran ligereza, +un descuido imperdonable. En vano sus enemigos dicen que Ferrer no era +un sabio ni un pedagogo. Si se va a fusilar a todos los espaoles que +no son sabios ni pedagogos, entonces ya puede el Gobierno solicitar un +crdito extraordinario para comprar fusiles. Yo no conozco ms que un +pedagogo, D. Lorenzo Luzuriaga, y francamente, no creo que este querido +amigo se divierta mucho cuando llegue a quedarse solo consigo mismo en +una Espaa despoblada por los fusilamientos. + +No. A Ferrer no se le ha fusilado porque no era un pedagogo ni un sabio. +Por lo menos, las obras de la coleccin Sempere se las haba ledo, y +esto le pona en un nivel de cultura muy superior al de los hombres que +dispusieron su fusilamiento. Si se fusil a Ferrer fue, al contrario, +porque se le consideraba un sabio y un pedagogo, una especie de Giordano +Bruno de la rambla de Canaletas. Esto, adems, era lo lgico, y si no lo +lgico, lo tradicional. Esto era lo que tena precedentes. Yo le hice en +tiempo oportuno una prudente advertencia al Sr. Maura por medio de un +artculo que los ferreristas interpretaron, por cierto, bastante mal. + +--Que no se fusile a Ferrer--deca yo--. Ustedes se creen que Ferrer es +un genio; pero yo, que lo conozco, les doy mi palabra de que no lo es. +Fusilen ustedes al Sr. Unamuno, que sabe griego; fusilen a don Francisco +Giner, fusilen aunque sea al doctor Simarro; pero yo les aseguro que +sera una equivocacin fusilar a Ferrer... + +Nadie atendi mis consejos, y Ferrer fue fusilado. Ahora, muchos +espaoles se indignan al ver que en el extranjero se le levantan +estatuas a Ferrer. Ferrer no es un apstol, dicen. Pero Ferrer _ya_ es +un apstol. Todo hombre que muere por una idea es un apstol, y como los +apstoles estorban mucho a los ministros de la Gobernacin, el buen +gobernante no debe matar a nadie por sus opiniones ni por sus doctrinas. +As como as, qu necesidad hay de matar a la gente en el pas de la +viruela y de la gripe? + +FIN + + +OTRAS OBRAS DE JULIO CAMBA + +_Alemania_. + +_Londres_. + +_Playas, ciudades y montaas_. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La rana viajera, by Julio Camba + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA *** + +***** This file should be named 30275-8.txt or 30275-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/0/2/7/30275/ + +Produced by Chuck Greif, R. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La rana viajera + +Author: Julio Camba + +Release Date: October 17, 2009 [EBook #30275] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online +Distributed Proofreading Team at (http://dp.rastko.net). + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<div class="c"><img src="images/ill_cubierta.png" +alt="cubierta del libro" +width="380" +height="550" +/> +</div> + +<h2>JULIO CAMBA</h2> + +<hr /> + +<h1>LA RANA<br /><span style="margin-left: 2em;">VIAJERA</span></h1> + +<p class="c">CALPE<br />MADRID-BARCELONA<br /> +1920</p> + +<p class="ct">Papel fabricado especialmente por <span class="smcap">La Papelera Espaola</span></p> +<hr class="linea" /> +<p class="c">Sociedad Espaola de Artes Grficas.—Fuencarral, 137, Madrid</p> + + + +<h3><a name="INDICE" id="INDICE"></a>NDICE</h3> +<table summary="toc" +cellspacing="0" +cellpadding="3"> +<tr><td colspan="2" align="left"><i>Mi nombre de charca</i></td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Espaa reencontrada</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#I">I</a></td><td>Psicologa crematstica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#II">II</a></td><td>El templo de la Eternidad</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#III">III</a></td><td>Se enciende una estrella</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IV">IV</a></td><td>Una nueva teora del clima</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#V">V</a></td><td>El tiempo y el espacio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VI">VI</a></td><td>La mujer, pas extico</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VII">VII</a></td><td>Las casas</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIII">VIII</a></td><td>Patriotismo de gnero nfimo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IX">IX</a></td><td>La huelga de cuernos cados</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#X">X</a></td><td>Experiencias de un atropellado</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XI">XI</a></td><td>La juerga heroica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XII">XII</a></td><td>Julio Antonio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIII">XIII</a></td><td>La piedra filosofal</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIV">XIV</a></td><td>La peseta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XV">XV</a></td><td>Escultura Kodak</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVI">XVI</a></td><td>Un admirador</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVII">XVII</a></td><td>Literatura patolgica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIII">XVIII</a></td><td>Una tempestad en una taza de te</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIX">XIX</a></td><td>La taza de te</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En la tierra de los polticos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ia">I</a></td><td>El viaje</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIa">II</a></td><td>Los polticos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIa">III</a></td><td>La gracia gallega</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVa">IV</a></td><td>La raza</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Va">V</a></td><td>El idioma</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIa">VI</a></td><td>El acento</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIa">VII</a></td><td>Antonio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIa">VIII</a></td><td>Un amigo de mster Borrow</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXa">IX</a></td><td>El arado virgiliano</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xa">X</a></td><td>Propiedad, abogadismo, poltica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIa">XI</a></td><td>El celta migratorio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIa">XII</a></td><td>Grandes hombres</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIIa">XIII</a></td><td>Quin soy yo?</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIVa">XIV</a></td><td>El camino de Santiago</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVa">XV</a></td><td>El botafumeiro</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIa">XVI</a></td><td>Cabezas de cerdo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIIa">XVII</a></td><td>La vieira</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XVIIIa">XVIII</a></td><td>Opiniones polticas y literarias de la Rosario</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En el pas de la ruleta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ib">I</a></td><td>Los temas literarios</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIb">II</a></td><td>El treinta y cuarenta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIb">III</a></td><td>Los bolsillos y el espritu de propiedad</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVb">IV</a></td><td>Un nuevo sistema planetario</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vb">V</a></td><td>Rousseau y Anatole France</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIb">VI</a></td><td>El jugador objetivo</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">En el rincn de los millonarios</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ic">I</a></td><td>El hierro</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIc">II</a></td><td>La reivindicacin de los millonarios</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIc">III</a></td><td>El hombre que se vendi brea a s mismo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVc">IV</a></td><td>El vascuence</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Una nueva Batracomiomaquia</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Id">I</a></td><td>La guerra sobre el papel</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IId">II</a></td><td>El pueblo de los gases lacrimantes</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIId">III</a></td><td>Si los alemanes hubiesen ganado</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVd">IV</a></td><td>El libro futuro</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Los mdicos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ie">I</a></td><td>En defensa del resfriado</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIe">II</a></td><td>El virtuosismo de la ciruga</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIe">III</a></td><td>La viruela obligatoria</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVe">IV</a></td><td>Croydon y Madrid</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ve">V</a></td><td>Microbios a sueldo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIe">VI</a></td><td>Juventud, divino tesoro</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">Entre caballeros</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#If">I</a></td><td>Los desafos y el mdico</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIf">II</a></td><td>Los desafos y la tcnica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIf">III</a></td><td>Los desafos y el honor</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">La poltica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ig">I</a></td><td>Cerebros artificiales para uso de diputados</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIg">II</a></td><td>La industria electoral</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIg">III</a></td><td>Una carta</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVg">IV</a></td><td>El autor necesita un distrito</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vg">V</a></td><td>Espaa, emporio del parlamentarismo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIg">VI</a></td><td>Los ministros nuevos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIg">VII</a></td><td>Un artculo ministerial</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIg">VIII</a></td><td>El engao de las crisis</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXg">IX</a></td><td>Accin poltica de los mariscos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xg">X</a></td><td>Arrasamientos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIg">XI</a></td><td>El Congreso, a cuarenta grados</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIg">XII</a></td><td>Optimismo</td></tr> +<tr><td colspan="2" align="left" class="titulo">La antipoltica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ih">I</a></td><td>El nuevo decorado del mundo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIh">II</a></td><td>Los proletarios de levita</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIh">III</a></td><td>El sindicalismo como base de una nueva antropologa</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVh">IV</a></td><td>El bolchevismo, enfermedad infecciosa</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vh">V</a></td><td>La magia del dinero</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIh">VI</a></td><td>El delito de ser ruso</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIh">VII</a></td><td>Los rusos polticos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIh">VIII</a></td><td>La tirana del trabajo</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXh">IX</a></td><td>Una polica filosfica</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xh">X</a></td><td>Asesinos manuales y asesinos intelectuales</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIh">XI</a></td><td>Ferrer</td></tr> +</table> + +<h3><a name="MI_NOMBRE_DE_CHARCA" id="MI_NOMBRE_DE_CHARCA"></a>MI NOMBRE DE CHARCA...</h3> + +<hr /> + +<p><i>Har siete u ocho aos. El director de un peridico donde yo trabajaba +me meti algunos billetes en el bolsillo y me mand a Pars. Mis +artculos de entonces, como los que ms tarde escrib desde otras +capitales, tenan la pretensin de estudiar experimentalmente el +carcter nacional, pero el nico sujeto de experimentacin que haba en +ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crnicas extranjeras +como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede +verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo +que parecen crticas o comentarios no son ms que reacciones contra el +ambiente extrao y hostil. Yo he ido a Pars, y a Londres, y a Berln, y +a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y +si lo que quera mi director era observar el efecto directo de la +civilizacin europea sobre un espaol de nuestros das, ah tiene el +resultado: una serie constante de movimientos absurdos y de actitudes +grotescas.</i></p> + +<p><i>Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana</i> torna a la +charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma +rana de antes. Con un poco de imaginacin nos la podramos representar +menos ingenua y algo ms instruida—que no en balde se ha pasado tanto +tiempo en los laboratorios—, muy tiesa sobre sus zancas y hasta +provista de gafas. Qu efecto le producirn las otras ranas a esta rana +que est transformada de tal modo? Cmo encontrar su charca la rana +viajera, despus de una ausencia de tantos aos?</p> + +<p>Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia +para juzgar los hombres y las cosas: Espaa. Pero esto era nicamente +porque yo soy espaol y no porque Espaa me parezca la medida ideal de +todos los valores. Ahora, y para hablar de Espaa, me falta este punto +de referencia. Forzosamente har comparaciones con otros pases.</p> + +<p>Y no slo resultar que Espaa no puede ser un modelo para las otras +gentes, sino que no sirve apenas para los mismos espaoles. La rana +encontrar su charca muy poco confortable.</p> + + + +<h2><a name="ESPANA_REENCONTRADA" id="ESPANA_REENCONTRADA"></a>ESPAA REENCONTRADA</h2> + + + +<h3><a name="I" id="I"></a>I<br /> <br /> +PSICOLOGA CREMATSTICA</h3> +<hr /> + +<p class="nind"><span class="letra">L</span>A primera impresin que nos produce Espaa es un poco confusa. Al +principio no reconocemos exactamente a nuestro pas, no lo encontramos +del todo igual al recuerdo que tenamos de l. Es que Espaa ha +cambiado? Es, ms bien, que la miramos desde otro punto de vista y con +unos ojos algo distintos a como la mirbamos antes. Los espaoles, por +ejemplo, qu duda cabe de que no han disminuido de estatura? Sin +embargo, ahora nos parecen pequesimos. Hombres muy pequeos, bigotes +muy anchos, voces muy roncas...</p> + +<p>—Por qu estn tan enfadados estos hombres tan pequeos?—me pregunta +un extranjero que ha sido compaero mo de viaje.</p> + +<p>Yo le explico a duras penas que no se trata de un enfado momentneo, +sino de una actitud general ante la vida. Mi compaero se esfuerza en +comprender.</p> + +<p>—Ah, vamos!—exclama, por ltimo—. Es que los espaoles no tienen +dinero...</p> + +<p>Y, aunque esta explicacin de la psicologa nacional me resulta +excesivamente americana, yo, obligado a hacer una sntesis, la acepto +sin grandes escrpulos.</p> + +<p>—S. Es eso, principalmente...</p> + +<p>—De modo que si nosotros metisemos aqu algunos millones de dlares, +cree usted que sus compatriotas se calmaran?</p> + +<p>—Yo creo que s. Creo que estas voces speras se iran suavizando poco +a poco y que las mesas de los cafs no recibiran tantos puetazos. +Creo, en fin, que cambiaran ustedes el alma espaola. Siempre, +naturalmente, que los millones no se quedaran todos en algunos bolsillos +particulares...</p> + +<p>Hay muy poco dinero en Espaa. Poco y malo. El primer tendero a quien le +doy un duro lo coge y lo arroja diferentes veces sobre el mostrador con +una violencia terrible. Yo hago votos para que, si no es de plata, sea, +por lo menos, de un metal muy slido, porque, si no, el tendero me lo +romper. La prueba resulta bien; pero al tendero no le basta. Con un ojo +escudriador y terrible que parece salirse de su rbita examina +detenidamente las dos caras del duro. Luego vuelve a sacudirlo y, por +ltimo, lo muerde. Lo muerde con tal furia que debe de mellarlo. Y el +duro triunfa.</p> + +<p>Espaa es el pas del mundo en donde un duro tiene ms importancia. +Claro que el gesto de coger un duro y echarlo a rodar despectivamente +sobre la mesa para que el camarero lo recoja es un gesto muy espaol; +pero ese gesto no le quita prestigio al duro, sino que se lo aade.</p> + +<p>—He aqu un duro—parece decir el hombre que va a echarlo a rodar—. +Conciben ustedes nada ms grande que un duro? Si yo no tuviera un alma +heroica y caballeresca, ante la cual carecen de poder las sugestiones de +la fortuna, yo depositara este duro sobre la mesa tomando para ello +precauciones infinitas a fin de que no se rompiese, o bien se lo +entregara al camarero en propia mano, religiosamente, como si se +tratara de un rito. Pero yo desprecio los bienes terrenales, y no me +preocupo del porvenir. Ven ustedes este duro? Pues ah va...</p> + +<p>Y hecho esto, el hombre aguarda la vuelta, cuenta las perras gordas una +por una y se las guarda en un bolsillo profundo...</p> + +<p>Poco dinero y malo. Hombres furiosos. Seoras gruesas, siempre +sofocadas, o por el calor o por los berrinches, que se abanican +constantemente. Muchos curas. Muchos militares... Grandes partidas de +domin y de billar. Cuestiones de honor. Toros. Juergas. Broncas. Nubes +de limpiabotas, de vendedoras de dcimos de la Lotera, de gitanas que +dicen la buenaventura, de msicos ambulantes, de ciegos, de cojos, de +paralticos... Indudablemente, Espaa no ha cambiado. Y es posible que +nosotros mismos no hayamos cambiado tampoco.</p> + + + +<h3><a name="II" id="II"></a>II<br /> <br /> +EL TEMPLO DE LA ETERNIDAD</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">enos</span> aqu en Madrid, en nuestra casa, como quien dice... Bernard Shaw, +para demostrar que en los <i>music-halls</i> no se ha operado evolucin +alguna, cuenta que una noche estaba en uno de ellos viendo a un +prestidigitador que haca ejercicios con unas bolitas. Aburrido, Bernard +Shaw se fue a la calle, y diez aos despus volvi a entrar en el mismo +<i>music-hall</i>.</p> + +<p>—El prestidigitador—aade Bernard Shaw—continuaba todava all +jugando ante la audiencia con las mismas bolas...</p> + +<p>A mi vez, yo dir que una noche me desped de unos amigos con los que +haba estado cenando en un caf de la Puerta del Sol. Creo que les dije +que iba a volver en seguida, y volv siete aos ms tarde; pero qu son +siete aos en un caf de Madrid? Los amigos estaban todava all, y la +discusin continuaba. Las ideas eran las mismas, y la media tostada que +Fulnez mojaba en el caf, dijrase tambin la misma media tostada que +siete aos atrs y en mi propia presencia le haba servido el camarero. +Uno de los amigos pretende leerme un drama. El amigo est igual, y del +drama no ha sido cambiada ni una sola coma.</p> + +<p>—Va a estrenarse dentro de quince das—me dice mi amigo.</p> + +<p>Lo mismo, exactamente lo mismo que hace siete aos!</p> + +<p>El camarero me llama por mi nombre:</p> + +<p>—Hola, D. Julio! Qu va usted a tomar?</p> + +<p>Elijo una paella, como plato castizo, y del que me encontr privado +durante mucho tiempo.</p> + +<p>—Esta paella—observa alguien que la conoce—es la misma de ayer.</p> + +<p>A m me parece que es la misma de hace siete aos, con los mismos +cangrejos y todo.</p> + +<p>—Y qu?—les digo a mis amigos—. Habladme. Dadme noticias. Los +acadmicos, son inmortales todava? Po Baroja, sigue siendo un joven +escritor? Fulanito, contina con aquel hermoso porvenir ante l? Y la +Fulana y la Zutana y la Mengana, es que son todava unas jvenes y +hermosas actrices? Habladme de poltica. La revolucin supongo que, +igual que hace siete aos, ser una cosa inminente. Espaa no tardar ni +seis meses en transformarse, dndole as la razn a los que, desde hace +medio siglo, vienen anunciando esta transformacin tan rpida...</p> + +<p>Todo est igual, y yo, que crea haberme modificado, yo me encuentro +tambin el mismo de antes. A medida que apuro este vaso de caf recobro, +como si dijramos, mi verdadera naturaleza. Una serie de cosas que yo +crea injertas en m noto que se desvanecen y que se van. Yo soy como +aquel salvaje de Darwin que se haba civilizado y que, al regresar a su +tribu, se volvi nuevamente salvaje, perdiendo en unas horas de contacto +con los suyos lo que haba adquirido en diez aos de esfuerzo. Y es que +este caf de la Puerta del Sol representa la eternidad. Pars, Londres, +Berln..., el espritu europeo..., la guerra mundial... Todo eso es +transitorio, todo cambia y se transforma, mientras que este caf +permanece inmutable, con los mismos divanes, con los mismos camareros, +con los mismos clientes, con el mismo <i>menu</i>, con las mismas ideas, con +el mismo humo, con los mismos dramas y con los mismos cangrejos.</p> + + + +<h3><a name="III" id="III"></a>III<br /> <br /> +SE ENCIENDE UNA ESTRELLA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">M</span><span class="smcap">i</span> llegada a Madrid tuvo algo de bblica. Coincidiendo con ella, +apareci en el cielo una estrella resplandeciente. Una nueva estrella y +un nuevo microbio! Para que luego digamos que en Madrid no se descubre +nada!</p> + +<p>La estrella en cuestin fue encontrada por el seor Roso de Luna, quien +ya haba encontrado otra algunos aos atrs y nos la haba presentado +familiarmente, como hubiera podido presentarnos una estrella de +<i>varits</i>: La modesta estrella que he tenido el honor de descubrir...</p> + +<p>Cmo se las arreglar el Sr. Roso de Luna para encontrar tantas +estrellas? Yo he hecho numerosos viajes y jams me he tropezado con +ninguna. Bien es verdad que tampoco las he buscado, ignorando la +utilidad que pudieran reportarme.</p> + +<p>El Sr. Roso de Luna encontr su estrella a las dos o las tres de la +madrugada, y se fue corriendo a la redaccin de un peridico para que +los lectores de la primera edicin tuvieran noticia del hallazgo. No s +cunto le habr dado por la estrella el popular colega. Yo, en el caso +del Sr. Roso de Luna, me habra ido con ella a Nueva York y se la habra +ofrecido a Mr. Hearst para cualquiera de sus numerosos peridicos. Mr. +Hearst, que es un especialista en patriotismo, podra as aadirle una +estrella a la bandera americana, aunque tal vez prefiriese explotar el +nuevo astro para hacer anuncios luminosos. Y si la necesidad me apuraba, +entonces hubiese llevado mi estrella a la Embajada alemana de Madrid. +Esos alemanes lo utilizan todo y pagan esplndidamente.</p> + +<p>Yo me he sentido muy halagado al ver que a mi llegada se encenda una +nueva estrella en el cielo de Madrid. Desgraciadamente, la nueva +estrella result algo semejante al nuevo microbio, que todos creamos +espaol y que result proceder del centro de Europa. No acabamos de +descubrir nada por completo, ni en la regin de lo infinitamente +pequeo, ni en la de lo infinitamente grande. Nuestros nuevos astros y +nuestros nuevos microbios son, poco ms o menos, tan viejos como +nuestros nuevos polticos.</p> + + + +<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV<br /> <br /> +UNA NUEVA TEORA DEL CLIMA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">u</span> tal le va a usted—me preguntan desde el extranjero—en ese hermoso +pas del sol y del cielo azul?</p> + +<p>Pues en este hermoso pas del sol y del cielo azul nos pasamos la vida +tomando bromo-quinina para luchar contra el constipado. Madrid es uno de +los pueblos ms fros de Europa, y lo es por una razn muy sencilla: la +de que carece de aparatos de calefaccin. En Pars, como en Berln, y en +Londres como San Petersburgo, ha habido una poca en que el clima era +sumamente fro; pero, poco a poco, ha ido transformndose +artificialmente el clima natural de esas ciudades. Claro que no se ha +calentado la atmsfera; ello ofreca, de momento, dificultades +insuperables aun para la misma qumica alemana. Se han calentado, en +cambio, las viviendas, los establecimientos pblicos, los tranvas y +coches, etc., etc. Hoy puede afirmarse que, mientras los madrileos +tiritan, los berlineses y los londinenses pasan sus inviernos a una +temperatura media de 17 grados. En la Friedrichstrasse y en Oxford +Street har ahora, seguramente, ms fro que en la calle de Alcal; +pero no as en las casas de Oxford Street ni de la Friedrichstrasse. Y +como no es en la calle, sino en las casas, donde realmente se vive, +resulta que los madrileos son habitantes de un pas fro, mientras que +los londinenses y los berlineses lo son de pases clidos.</p> + +<p>Con estos datos como base, se podra fundar una teora en contra de +aquella que estudia la influencia del medio natural sobre los hombres: +la teora del medio artificial. Esta nueva teora demostrara que el +carcter de cada pas depende de sus aparatos de calefaccin, y +semejante demostracin tendra una gran importancia porque nos llevara +a la conclusin siguiente: para acabar con las diferencias raciales que +separan a unos pueblos de otros, y que tanto han contribuido al origen +de la guerra europea, bastar que todo el mundo se caliente con el mismo +procedimiento de calefaccin y que ponga sus casas a una idntica +temperatura...</p> + +<p>No tengo representacin bastante para fundar la teora que queda +esbozada, ni dispongo tampoco del tiempo necesario para ocuparme en un +asunto tan trascendental y tan poco lucrativo; pero que no me digan a m +que Espaa, por razn de su clima, ser siempre lo que es ahora. Que no +me digan que en este pas del sol y del cielo azul los hombres tendrn, +por los siglos de los siglos, una naturaleza perezosa, violenta e +incapaz de disciplina. Que no me digan, en fin, que el teatro de Ibsen +no ser comprendido nunca aqu porque es el teatro de un pas brumoso, y +que las leyes inglesas son tan inadaptables al carcter espaol como lo +son los impermeables ingleses al clima de Espaa.</p> + +<p>Porque Espaa no es un pas clido nada ms que durante unos cuantos +meses al ao, y porque, desde que se han inventado los ventiladores +elctricos y la calefaccin central, no hay pases clidos ni pases +fros. El clima no existe ya como una determinante del carcter de los +hombres. Son, al contrario, los hombres quienes influyen sobre el clima. +Reconozcamos que, afortunadamente, Madrid comienza ya a preocuparse de +mejorar el suyo.</p> + + + +<h3><a name="V" id="V"></a>V<br /> <br /> +EL TIEMPO Y EL ESPACIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">T</span><span class="smcap">engo</span> un asunto urgente a ventilar con un amigo. Desde luego, el amigo +se opone a que lo ventilemos hoy.</p> + +<p>—Le parece a usted que nos veamos maana?</p> + +<p>—Muy bien. A qu hora?</p> + +<p>—A cualquier hora. Despus de almorzar, por ejemplo...</p> + +<p>Yo le hago observar a mi amigo que eso no constituye una hora. Despus +de almorzar es algo demasiado vago, demasiado elstico.</p> + +<p>—A qu hora almuerza usted?—le pregunto.</p> + +<p>—Que a qu hora almuerzo? Pues a la hora en que almuerza todo el +mundo: a la hora de almorzar...</p> + +<p>—Pero qu hora es la hora de almorzar para usted? El medioda? La +una de la tarde? Las dos...?</p> + +<p>—Por ah, por ah...—dice mi amigo—. Yo almuerzo de una a dos. A +veces, me siento a la mesa cerca de las tres... De todos modos, a las +cuatro siempre estoy libre.</p> + +<p>—Perfectamente. Entonces podramos citarnos para las cuatro.</p> + +<p>Mi amigo asiente.</p> + +<p>—Claro que, si me retraso unos minutos—aade—, usted me esperar. +Quien dice a las cuatro, dice a las cuatro y cuarto o cuatro y media. En +fin, de cuatro a cinco yo estar sin falta en el caf. Le parece a +usted?</p> + +<p>Yo quiero puntualizar:</p> + +<p>—Digamos a las cinco.</p> + +<p>—A las cinco? Muy bien. A las cinco... Es decir, de cinco a cinco y +media... Uno no es un tren, qu diablo! Supngase usted que me rompo +una pierna...</p> + +<p>—Pues citmonos para las cinco y media—propongo yo.</p> + +<p>Entonces, a mi amigo se le ocurre una idea genial.</p> + +<p>—Por qu no citarnos a la hora del aperitivo?—sugiere.</p> + +<p>Hay una nueva discusin para fijar en trminos de reloj la hora del +aperitivo. Por ltimo, quedamos en reunirnos de siete a ocho. Al da +siguiente dan las ocho, y claro est, mi amigo no comparece. Llega a las +ocho y media echando el bofe, y el camarero le dice que yo me he +marchado.</p> + +<p>—No hay derecho—exclama das despus al encontrarme en la calle—. Me +hace usted fijar una hora, me hace usted correr, y resulta que no me +aguarda usted ni diez minutos. A las ocho y media en punto yo estaba en +el caf.</p> + +<p>Y lo ms curioso es que la indignacin de mi amigo es autntica. Eso de +que dos hombres que se citan a las ocho tengan que reunirse a las ocho, +le parece algo completamente absurdo.</p> + +<p>Lo lgico, para l, es que se vean media hora, tres cuartos de hora o +una hora despus.</p> + +<p>—Pero fjese usted bien—le digo—. Una cita es una cosa que tiene que +estar tan limitada en el tiempo como en el espacio. Qu dira usted si +habindose citado conmigo en Puerta del Sol, se enterase de que yo haba +acudido a la cita en los Cuatro Caminos? Pues eso digo yo de usted +cuando, habindonos citado a las ocho, veo que usted comparece a las +ocho y media. De despreciar el tiempo, desprecie usted tambin el +espacio. Y de respetar el espacio, por qu no guardarle tambin al +tiempo un poco de consideracin?</p> + +<p>—Pero con esa precisin, con esa exactitud, la vida sera +imposible—opina mi amigo.</p> + +<p>Cmo explicarle que esa exactitud y esa precisin sirven, al contrario, +para simplificar la vida? Cmo convencerle de que, acudiendo +puntualmente a las citas, se ahorra mucho tiempo para invertirlo en lo +que se quiera?</p> + +<p>Imposible. El espaol no acude puntualmente a las citas, no porque +considere que el tiempo es una cosa preciosa, sino, al contrario, porque +el tiempo no tiene importancia para nadie en Espaa. No somos +superiores, somos inferiores al tiempo. No estamos por encima, sino por +debajo, de la puntualidad.</p> + + + +<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI<br /> <br /> +LA MUJER, PAS EXTICO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> Espaa hay conversaciones de hombres y conversaciones de mujeres. Los +asuntos de iglesia, por ejemplo, son asuntos de mujeres. No es que el +espaol odie la iglesia. Al contrario. Cuando se casa busca una mujer de +sentimientos religiosos. Le parece que la mujer debe tener sentimientos +religiosos, as como debe tener tambin ojos bonitos. Los sentimientos +religiosos son sentimientos de mujer. Sin ellos, la mujer no sera +verdaderamente femenina. Con que la mujer tenga sentimientos religiosos +para su propio adorno y para la dignidad del hogar, el marido ya est +satisfecho, y se va tranquilamente al caf, al teatro de <i>varits</i> y +hasta a un casino republicano...</p> + +<p>La poltica, en cambio, es cosa de hombres. La mujer que habla de +poltica en un crculo de hombres pasa por un marimacho, y al hombre que +habla de poltica delante de una mujer se le considera poco menos que +como si le hubiera hablado de poltica al jilguero. Positivamente, la +poltica espaola es bastante aburrida. Con esto, sin embargo, de +considerarla un tema para hombres solos, lo ser cada vez ms. Los +mismos articulistas polticos tendran que adoptar un estilo algo ms +ameno el da en que nuestra poltica pudiera comentarse en presencia de +seoras.</p> + +<p>Pero de las conversaciones de hombres, la ms corriente es la que versa +acerca de las mujeres. En otras partes, apenas si los hombres hablan de +mujeres. La presencia constante de mujeres se lo impide. Ante ellas el +tema resulta intil e impracticable. Para qu se va a hablar de +mujeres? Mejor es hablar con ellas.</p> + +<p>Los espaoles, en cambio, hablan de mujeres como pudieran hablar de +viajes:</p> + +<p>—Yo he conocido una mujer una vez...</p> + +<p>Y viene una descripcin que recuerda las descripciones de pases +exticos. Hay quien, al or el relato, tiene una sensacin as como la +de estar escuchando a un explorador que cuente sus aventuras en tierras +totalmente ignoradas...</p> + +<p>Fuera de Espaa, ni los hombres le dan tanta importancia a las mujeres, +ni las mujeres le dan tanta importancia a los hombres. Unos y otras han +averiguado que se necesitan mutuamente y han decidido ponerse de +acuerdo. Y un acuerdo as es el que se impone en Espaa.</p> + +<p>Porque mientras ese acuerdo no llegue a establecerse, no tan slo ser +la vida espaola una cosa inarmnica, sino que nadie tendr aqu manera +de hacer nada. La mujer constituir siempre para nosotros lo ms +importante de todo.</p> + + + +<h3><a name="VII" id="VII"></a>VII<br /> <br /> +LAS CASAS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">N</span><span class="smcap">o</span> se puede vivir en Madrid—me dice un amigo—. Por qu no hace usted +un artculo contra las casas?</p> + +<p>—Porque es imposible—le contesto—. Cmo quiere usted que yo haga un +artculo contra las casas en un sitio donde no las hay?</p> + +<p>Pero, bien mirado, si en Madrid hubiera casas, no se necesitara +escribir contra ellas. Todos los defectos de las casas de Madrid se +condensan en uno solo: el de la escasez. Como no puede mudarse, el +inquilino tiene que transigir constantemente. Las casas madrileas son +malas y son caras porque son pocas. Claro que el Gobierno podra +intervenir en este asunto; pero yo confo ms en una nueva epidemia que +reduzca a un cincuenta por ciento la poblacin de nuestra capital.</p> + +<p>Las casas de Madrid! Hace tiempo que yo me lanc a buscar una, y no +recuerdo haber experimentado jams mayores vejaciones.</p> + +<p>—Hay calefaccin?—le pregunt a la portera de un inmueble donde se +alquilaba un cuarto piso.</p> + +<p>Esta hiptesis pareci ofender gravemente la dignidad de aquella mujer.</p> + +<p>—No, seor—me contest con orgullo—. Aqu estamos a la antigua +espaola...</p> + +<p>Y, cuando yo llegaba ya a la esquina, despus de haberme despedido, la +portera me hizo volver sobre mis pasos.</p> + +<p>—Qu ocurre?—exclam.</p> + +<p>—Que ni <i>calefacin</i> ni tampoco cuarto de bao—me respondi.</p> + +<p>Dicho lo cual, la buena seora me dej plantado. En su cara se lea esa +satisfaccin que produce siempre el hecho de darle una leccin a alguna +persona impertinente.</p> + +<p>Entonces me dediqu a explorar los barrios extremos, donde hay +edificaciones modernas. Tan modernas son estas edificaciones, que la +madera de que estn construidas, todava verde, se dilata con +voluptuosidad a los primeros efluvios de la primavera. Bajo el barniz de +mueca se siente circular la savia, y uno—hombre urbano y +prosaico—teme que las puertas se le cubran de follaje y que los pjaros +vengan a hacer sus nidos en el pasillo. Todas estas casas tienen +ascensor, y todos estos ascensores tienen un letrero que dice: No +funciona. En una, sin embargo, el ascensor careca de letrero, lo que +me hizo pensar muy mal del servicio.</p> + +<p>—Esta casa es la que no funciona bien—me dije.</p> + +<p>Y, dirigindome a la portera, la interrogu sobre el particular. Me +haba equivocado. El ascensor marchaba admirablemente, y para +demostrrmelo, la portera me asegur que tres das antes, aquella +perfecta maquinaria haba matado al inquilino del tercero.</p> + +<p>—Por eso tenemos el piso libre—aadi.</p> + +<p>La historia del piso no era muy seductora; pero un inquilino tiene que +estar en Madrid dispuesto a todo.</p> + +<p>—Y cunto renta el piso desocupado?—inquir.</p> + +<p>—Rentaba treinta duros; pero lo han subido a treinta y ocho. Qu +quiere usted! Es un piso muy bueno y tiene un ascensor magnfico...</p> + +<p>Decididamente, no nos queda ms esperanza que la de una epidemia que +acabe con la mitad de los vecinos de Madrid. Claro que si esta epidemia +atacase tan slo a los caseros, no se necesitara que muriese tanta +gente.</p> + + + +<h3><a name="VIII" id="VIII"></a>VIII<br /> <br /> +PATRIOTISMO DE GNERO NFIMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> creo que una cupletista es algo mucho ms patritico que un diputado +o que un senador. En todos nuestros teatros del gnero nfimo existe +algo as como un convencimiento vago, pero muy firme, de que la mujer es +una invencin exclusivamente espaola. A las extranjeras no se les +reconoce categora de mujeres. Son muy poco gordas, muy poco negras, muy +poco analfabetas. No tienen acento andaluz, ni mantones de Manila, ni +gracia gitana, ni nada...</p> + +<p>—Soy espaola, ol!—canta una cupletista.</p> + +<p>Y para afirmar su espaolismo, golpea fuertemente el tablado con un pie, +y se dedica, durante un ao, a hacer flexin de riones al comps de la +msica. Luego dice dnde ha nacido, que es: o en el barrio de +Maravillas, o en las Vistillas, o en Triana, o en Granada. A veces, y al +son de la jota, una cupletista se declara aragonesa; pero quin ha odo +de alguna que haya nacido en el distrito del Sr. Rahola? La Espaa del +gnero nfimo es muy limitada, y mi provincia, por ejemplo, la hermosa +provincia de Pontevedra, tan fecunda en navegantes, en polticos y en +cangrejos, no figura en ella...</p> + +<p>—Soy espaola—insiste la cupletista.</p> + +<p>Despus, en versos ms o menos congruentes, aade:</p> + +<p>—De dnde iba a ser, si no? Dnde hay este garbo, esta sal, estos +andares, estas hechuras?...</p> + +<p>El pblico va inflamndose poco a poco en un sentimiento mixto de amor a +la patria y de entusiasmo por la cupletista.</p> + +<p>—Viva Espaa!—grita la chica al final.</p> + +<p>—Viva!—contestan varias voces.</p> + +<p>Pero no creo que nadie piense en Sagunto ni en Covadonga. Ya hemos dicho +en lo que consiste la Espaa del gnero nfimo: Maravillas, las +Vistillas, Triana, Granada... Si acaso, algo de Aragn. Y nunca Manresa, +ni Getafe, ni Santa Marta de Ortigueira, ni mil otros pueblos que pagan, +sin embargo, sus contribuciones al Estado y que cumplen la ley de +Quintas.</p> + +<p>La seorita Mary-Focela ha introducido en este gnero de cupls una +variacin notable. Parece que sus versos eran stos:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Lucho como una leona</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">al grito de Viva Espaa!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y es que por mis venas corre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la sangre de <i>Malasaa</i>...</span><br /> +</p> + +<p>Sabamos de cupletistas que luchaban contra gente extraa; sabamos de +otras que luchaban con saa; pero eso de Malasaa es todo un hallazgo.</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Lucho como una leona</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">al grito de Viva Espaa!</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Y es que por mis venas corre</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la sangre de Malasaa...</span><br /> +</p> + +<p>Me imagino a la seorita Mary-Focela moviendo las caderas en un gesto de +luchadora. El pblico, vindola, ha debido tambin de sentir en sus +venas el flujo de una sangre heroica, capaz de todos los sacrificios. +Viva Espaa! Viva la gracia! Viva Mary-Focela!...</p> + + + +<h3><a name="IX" id="IX"></a>IX<br /> <br /> +LA HUELGA DE CUERNOS CADOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">esengese</span> usted—me deca un viejo aficionado—. Ya no hay toros...</p> + +<p>El viejo aficionado, como todos los viejos aficionados, crea que los +toros se dividen en mansos y bravos, y que la especie de estos ltimos +est extinguindose. Por mi parte, yo he adquirido el convencimiento de +que todos los toros son igualmente mansos, y de que si en la plaza +tratan, a veces, de matar a los toreros, es por la misma razn en virtud +de la cual los toreros tratan—tambin a veces—de matar a los toros: +para entretener al pblico. Das atrs estuve en una ganadera. Los +toros pacan por all de una manera perfectamente buclica, dejndose +acariciar de los vaqueros y de los visitantes.</p> + +<p>—Y stas son las fieras?—dije yo.</p> + +<p>—Hombre!—me contestaron—. Qu quiere usted que hagan aqu? Ya las +ver usted en la plaza...</p> + +<p>Esto de suponer que el toro no desarrolla su verdadera naturaleza de +fiera mientras no llega a la plaza, es algo as como imaginarse que el +tigre tampoco desarrolla la suya hasta que lo llevan a un circo. Si en +el interior de frica nos ensearan unos tigres muy sociables, y si ante +nuestra estupefaccin nos dijeran que esa sociabilidad era natural y que +espersemos a ver a los tigres en Price, esta contestacin nos parecera +bastante absurda. Pues igualmente absurda me pareci a m la +contestacin que me dieron en la ganadera sobre la ferocidad de los +toros.</p> + +<p>No. El toro no es un animal ms feroz que el torero. Es, al contrario, +una bestia pacfica que ama la naturaleza y que sigue un rgimen +estrictamente vegetariano. Algunos se dejan lidiar, y el pblico los +llama bravos. Ahora, sin embargo, la mayora parece que van a declararse +en huelga. Yo he visto recientemente un toro que, a los dos minutos, se +dio cuenta de que todo en la plaza estaba organizado en contra suya y +adopt una actitud que pudiramos llamar de cuernos cados. Los toreros +corran detrs de l ensendole unas telas vistosas y llamndole con +sus voces ms dulces; pero todo era en vano. A veces, el toro se paraba +un instante y pareca que iba a dejarse conquistar. Unos toreros le +sonrean con sonrisa tentadora. Otros procuraban excitar su orgullo... +El toro reflexionaba un rato. Luego haca un movimiento de cabeza como +diciendo:</p> + +<p>—No! Nunca!... Este negocio no me conviene...</p> + +<p>Y segua su camino, insensible a todos los requerimientos.</p> + +<p>Fue entonces cuando el viejo aficionado me dijo que ya no haba toros:</p> + +<p>—Ya no hay toros. Ya no hay emocin. Vaya un veranito el que nos +espera!</p> + +<p>Y yo, condolido, le di lo que consideraba un buen consejo.</p> + +<p>—Vyase usted al Congreso—le dije—. Un viejo aficionado como usted no +lo pasar all del todo mal.</p> + + + +<h3><a name="X" id="X"></a>X<br /> <br /> +EXPERIENCIAS DE UN ATROPELLADO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> amigo mo ha sido atropellado por un automvil.</p> + +<p>—He tenido que pasarme quince das en cama—me deca este amigo, +contndome el percance—; pero ahora no les quedar ms remedio que +darme una indemnizacin.</p> + +<p>—Error profundo!—exclam yo—. Lejos de valerte una indemnizacin, el +atropello te costar un ojo de la cara. Yo tambin he sido +atropellado—aad con orgullo—, y gracias a que la cosa me cogi con +algn dinero. Si llego a encontrarme desprevenido, a estas horas me +tendras an gimiendo amargamente en el fondo de una mazmorra.</p> + +<p>Y para convencerle, le cont al amigo mi experiencia personal. Fue en +Barcelona, har cosa de unos dos aos. Estaban conmigo Luis Bello, +Eugenio Xammar, Wenceslao Fernndez Flrez, Gregorio Martnez Sierra y +Anselmo Miguel Nieto, cuando un automvil me atropell en la calle del +Conde del Asalto. El automvil llevaba una velocidad justa para +atropellar a los transentes, pero que, con arreglo a las Ordenanzas +municipales, resultaba excesiva. Fui transportado a una farmacia, y +mientras me curaban, apareci el <i>chauffeur</i>, bastante indignado. El +<i>chauffeur</i> pretenda que su automvil no haba chocado conmigo, sino al +contrario, que yo haba chocado con su automvil.</p> + +<p>—Usted—gritaba—se ha echado encima de nosotros.</p> + +<p>—Pero con qu objeto?—le preguntaba yo.</p> + +<p>A lo cual el <i>chauffeur</i> haca un gesto vago como diciendo:</p> + +<p>—Lo ignoro! Seguramente sera algn objeto inconfesable...</p> + +<p>En vano yo le haca observar al <i>chauffeur</i> que al atravesar la calle +del Conde del Asalto ni yo ni ninguno de mis amigos llevbamos exceso de +velocidad. El <i>chauffeur</i> insista, y los espectadores comenzaban a +sospechar que yo era un hombre cruel dedicado a atropellar por gusto +automviles indefensos.</p> + +<p>De la farmacia nos fuimos a la Casa de Socorro, y de la Casa de Socorro +a la Comisara. Entabl mi reclamacin y me fui a la cama, donde, a los +quince das, recib una comunicacin del Juzgado de Atarazanas.</p> + +<p>—Por fin ha llegado la ma—pens.</p> + +<p>Pero, al leer la comunicacin, sufr un horrible desengao. El juez me +citaba a las nueve de la maana para ver el estado de mis heridas, y me +amenazaba, en caso de que yo no acudiese a la cita, con una multa, con +la prisin o con el castigo a que hubiese lugar... Yo soy un +trasnochador impenitente. Para hacerme levantar temprano se han ensayado +conmigo todos los procedimientos, desde el despertador de campana al +jarro de agua fra; pero el de la multa y el de la prisin eran +totalmente inditos. Qu iba a ser de m si no me levantaba? Y todo +porque en un momento de distraccin me haba dejado atropellar por un +automvil...</p> + +<p>Le escrib al juez informndole de mis costumbres. Adems—le deca—, +para qu quiere usted ver mis heridas? Si estn curadas, no vale la +pena de que usted las vea, y si no lo estn, me ser difcil abandonar +la cama para ir a enserselas a usted. En realidad de verdad, debo +comunicarle a usted que mis heridas son bastante leves, por lo cual +espero que no me tratar usted con excesivo rigor. Me he dejado +atropellar, lo reconozco; pero he procurado que me atropellasen lo menos +posible, y mi delito no tiene, por lo tanto, una gran importancia. En lo +sucesivo, har todo cuanto est en mis manos para que no vuelvan a +atropellarme.</p> + +<p>Ignoro si esta carta lleg a poder del juez, pero yo recib una segunda +citacin mucho ms conminatoria que la primera. Me vi ya en presidio. Me +vi deshonrado para toda la vida, y hu abandonando cuanto tena entre +manos.</p> + +<p>Y luego de relatarle estos hechos al amigo que me los record, le dije:</p> + +<p>—Desengate. Cuando en este pas le atropellan a uno, no hay ms +remedio que callarse. Si uno no se calla, los atropelladores, para +justificar el atropello, vuelven a atropellarle. A veces le atropellan a +uno los <i>chauffeurs</i>. A veces, los ministros. Si quieres que no te +atropellen, yo slo veo un camino para ti: el de que te conviertas, a tu +vez, en atropellador.</p> + + + +<h3><a name="XI" id="XI"></a>XI<br /> <br /> +LA JUERGA HEROICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ntes</span> de la guerra europea no haba <i>cabarets</i> en Madrid ni pareca que +pudiese nunca llegar a haberlos. Cuando varios hombres coincidan de +madrugada en un mismo <i>restaurant</i>, solan lanzarse unos contra otros en +batallas ms o menos descomunales. La juerga tena entonces entre +nosotros un sentido heroico que la ennobleca. Para tomarse una racin +de calamares pasadas las doce de la noche, haca falta un nimo sereno, +a ms de un estmago excelente, y aunque algunos fisilogos sostienen +que estas dos cosas van juntas y que el valor se deriva del buen +funcionamiento gstrico, yo s de muchsimas personas que se han +acostado con hambre en Madrid, no por carecer de dinero, sino por +carecer de arrojo. Los dueos de <i>restaurants</i> nocturnos veanse +obligados a dividir sus establecimientos en una especie de +compartimientos estancos a fin de contener el mpetu de los comensales. +Cada uno de aquellos compartimientos era algo as como una pequea +fortaleza en donde el trasnochador se encontraba relativamente a salvo +de agresiones. El juerguista madrileo tena que atrincherarse con la +elegida de su corazn. Cmo concebir, en aquellos tiempos belicosos, +que llegase un da en el que los madrileos pudieran mezclarse en una +sala bien iluminada donde hubiese <i>weine, weibe und gesang</i>, esto es, +vino, mujeres y canciones?</p> + +<p>Pero estall la guerra, y a medida que se cerraban <i>cabarets</i> en Europa, +comenzaron a abrirse <i>cabarets</i> en Madrid. Es decir, que los espaoles +dejamos de pelearnos precisamente cuando empezaba a pelearse todo el +resto de la Humanidad... Por aquel entonces llegu yo a Madrid, y una +noche, en un <i>restaurant</i>, me qued asombrado al ver que los hombres no +se arrojaban unos a otros objetos de vidrio ni de porcelana. Y eso que, +indudablemente, todos estaban all de buen humor y todo el mundo tena +ganas de divertirse!... Haba en el <i>restaurant</i> unas cuantas francesas +que, tratadas algo a fondo, resultaban ser de Zurich o de Rotterdam; +haba otras mujeres que se declaraban vienesas, pero sin darle a esta +declaracin un carcter irrevocable, porque si uno insista, decan que +haban salido muy chicas de Viena, y que, en realidad, eran de Dresde +o de Leipzig. Estas mujeres venan a constituir algo as como la resaca +de Europa. La guerra las haba arrojado a estas playas pintorescas, y +aqu siguen, ya algo familiarizadas con las costumbres de los indgenas.</p> + +<p>Y a estas mujeres—una docena escasa que forman la base de todos los +<i>cabarets</i> que se inauguran en Madrid y que son siempre las mismas en el +espacio, ya que no puedan serlo en el tiempo—es a las que se debe esta +transformacin radical que se ha operado en nuestras costumbres. Gracias +a ellas, uno puede entrar hoy de noche en cualquier caf sin revlver, +llave inglesa ni bomba de mano. La menos parisiense, la menos vienesa, +la menos joven y la menos elegante de todas ellas, ha hecho ms para +identificarnos con Europa que todos los profesores que han venido aqu +en viaje de propaganda. Y yo creo firmemente que sera cosa de +pensionarlas o, por lo menos, de darles una condecoracin.</p> + + + +<h3><a name="XII" id="XII"></a>XII<br /> <br /> +JULIO ANTONIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> gentes que, en hace cosa de tres meses, desconocan a Julio Antonio +y que, hace cosa de un mes, le adoraban frenticamente, van ahora a +contemplar sus bustos de la raza como iran a ver la obra de un clsico. +Pobre Julio Antonio! Qu es lo que se estuvo esperando tanto tiempo +para hacer su consagracin? Una obra definitiva?... Yo tengo la +sensacin de que se estuvo esperando ms bien al dictamen mdico. Aos +atrs, Julio Antonio haba hecho cosas tan buenas como la estatua +yacente, o tal vez mejores; pero, entonces, el artista no estaba an +completamente desahuciado. Con un poco de dinero hubiera podido, quizs, +reponerse del todo y, un genio en buena salud, es siempre cosa +peligrosa. Qu diran los viejos escultores, cuyas manos se han +encallecido modelando levitas de barro, guerreras, fajines, gabanes de +pieles y otras prendas ms o menos suntuarias? Y no hablemos de la +juventud. El caso de un muchacho que no sigue los cnones oficiales, ni +adula a los ministros y que triunfa por sus propios mritos, tiene, +forzosamente, que constituir para ella un ejemplo desmoralizador...</p> + +<p>Lleg, sin embargo, para Julio Antonio el da del xito, y fue un xito +como no se recuerda otro. Las marquesas se mezclaban con las nieras y +las criadas de servir, haciendo cola a la intemperie, durante horas y +horas, para ver aquella obra, de la que se contaban tantas maravillas. +Fue el Rey, fueron los ministros, fueron los acadmicos, fueron los +obispos y los generales.</p> + +<p>Los peridicos por aquellos das hablaban de Julio Antonio con tanta +extensin como si se tratara del propio Belmonte. Todo eran plcemes, +sonrisas, invitaciones, encargos... Yo, en el caso de Julio Antonio, me +hubiese alarmado sobremanera.</p> + +<p>—Tan malo estoy?—me hubiese dicho.</p> + +<p>Y Julio Antonio, que realmente estaba muy malo, se muri. Probablemente +hubiese podido tirar todava una temporada; pero, yo no s si por +amabilidad o por buen gusto, se muri en plena apoteosis. Hizo bien! De +no morirse, le habran nombrado acadmico. Le habran obligado a hacer +estatuas de filntropos repugnantes, de generales a caballo, de +polticos de levita. Hubiera tenido que modelar, con todo su parecido +vulgar y rampln, la cara del hijo ilustre de cada ciudad, que, +generalmente, es el cacique de la misma. Hubiese tenido que cambiar su +amplio chambergo por una chistera, y su vida bohemia por una vida seria +y respetable, y su arte libre por el arte oficial. Hizo bien en morirse, +y, adems, haca ya tanto tiempo que no se mora aqu nadie +romnticamente!...</p> + +<p>Pero, a los que vienen detrs, yo no les aconsejara que siguiesen el +mismo procedimiento.</p> + +<p>Se le organiz un banquete al que solo yo me negu a ir. No +ir—dije—, y no porque yo sea un hombre de esos que vacilan mucho +antes de asistir a un banquete, sino, al contrario, porque no suelo +vacilar nunca. Me basta que un amigo estrene un drama cualquiera, que +publique una novela, o, simplemente, que sea nombrado ministro, para que +yo me apresure a acudir al inevitable banquete de homenaje; pero Julio +Antonio est en un caso muy distinto.</p> + +<p>Si Julio Antonio hubiese hecho una estatua del conde de Romanones, +vestido de chistera y levita, un monumento a las vctimas del 8 de +diciembre o un grupo dedicado a los hroes del 13 de abril, yo le +banqueteara sin inconveniente ninguno. La tortilla sera tan mala como +de costumbre, y, sin embargo, yo me resignara a comerla pensando que no +haba desproporcin alguna entre ella y el objeto en cuya conmemoracin +se haba confeccionado. Vera en el local a algn ministro ms o menos +solemne, oira leer cartas y telegramas de adhesin, escuchara +discursos llenos de lugares comunes y todo me parecera que se +deslizaba en una armona perfecta y que era completamente natural. Pero +Julio Antonio no ha hecho una obra cualquiera. No ha hecho una cosa +pasable, una cosa mediana, ni una cosa buena, sino, muy probablemente, +una cosa genial. Y yo, que no tendra inconveniente alguno en +banquetearle si le considerase una ostra, y que quizs le banquetease +tambin aunque le supusiera algn talento, me niego terminantemente a +banquetearle despus de haber visto esa maravillosa estatua yacente que +expone en el edificio de la Biblioteca Nacional. Es decir, que yo no le +rindo homenaje a Julio Antonio por la simple razn de que Julio Antonio +no es un imbcil; y esto, que quizs parezca un rasgo de humorismo, no +es, despus de todo, ni ms ni menos que lo que se viene haciendo en las +llamadas esferas oficiales.</p> + + + +<h3><a name="XIII" id="XIII"></a>XIII<br /> <br /> +LA PIEDRA FILOSOFAL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">on</span> Germn Botella, joven fsico alicantino, asegura que ha encontrado +un procedimiento para obtener oro descomponiendo el mercurio, y nos +ofrece pruebas. Por qu no nos ofrece algunos billetes de mil pesetas? +Repartiendo oro, el Sr. Botella nos podra convencer fcilmente de +cualquier cosa; pero, sobre todo, nos podra convencer de que tena oro. +En cuanto a que el oro lo extrajese del mercurio o de alguna Embajada, +ello sera para nosotros perfectamente secundario.</p> + +<p>Perdone el Sr. Botella esta observacin de un profano, y no me desprecie +demasiado por ella. Si l considera el oro desde un punto de vista +puramente cientfico, tal vez no haya entre l y yo tanta diferencia +como pueda parecer a primera vista. Para m, seor Botella, el oro es +tambin una teora...</p> + +<p>Pero el Sr. Botella debe prepararse a que la noticia de su +descubrimiento sea acogida con algn escepticismo. Ah es nada +encontrar oro en Espaa! Al mismo tiempo que el Sr. Botella, hemos +estado buscndolo veinte millones de espaoles y no hemos logrado an +pasar de la calderilla. Lo hemos registrado todo sin xito ninguno, y +aunque sabemos que el oro espaol est prodigiosamente escondido, se nos +hace un poco fuerte eso de creer que, para librarlo de nuestras +pesquisas, sus acaparadores lo hayan mezclado con mercurio.</p> + +<p>Por lo dems, si el descubrimiento del Sr. Botella resultase cierto, +vendra a constituir, en cierto modo, una reivindicacin para los +falsificadores, quienes cuando necesitan dinero no hacen dramas, +crnicas ni novelas, como los literatos, sino que hacen dinero. El seor +Botella necesitaba oro—con un fin econmico o con un fin cientfico—, +y en vez de ponerse a hacer literatura, a hacer sillas o a hacer +chaquetas, se ha puesto directamente a hacer oro. Tome ejemplo el lector +espaol, y si no puede hacer oro, trate, por lo menos, de hacer +billetes.</p> + +<p>Por mi parte, yo me alegrara mucho de que el descubrimiento del Sr. +Botella fuese realmente eficaz. Si se puede sacar oro de ese metal +extrao, fro y teraputico que se llama mercurio, todo el mundo tendr +oro prximamente. Por lo menos, todo el mundo tendr oro en una +proporcin equivalente a su cantidad de mercurio. Claro que entonces el +oro perder casi toda su importancia; pero por eso precisamente es por +lo que yo, con una intencin algo bolchevique, digo que me alegrara...</p> + + + +<h3><a name="XIV" id="XIV"></a>XIV<br /> <br /> +LA PESETA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">ue</span> ha subido el precio de los alquileres? Que las patatas estn por +las nubes? Que el calzado cuesta un ojo de la cara?... Nada de eso. Es +que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.</p> + +<p>Tericamente, las patatas estn donde estaban; pero la peseta no puede +ya adquirirlas con tanta facilidad como antes. Antes se reunan quince o +veinte pesetas, se iba a una tienda y adquirase en el acto un par de +zapatos bastante aceptables. Ahora, para realizar la misma empresa, se +necesitan sesenta pesetas, por lo menos. No es que el coste del calzado +haya aumentado, aunque tal crean los profanos en cuestiones econmicas. +No. Es que la peseta ha perdido su capacidad adquisitiva.</p> + +<p>Los profanos en cuestiones econmicas pueden decir que esto es igual, y, +en efecto, es igual. Es igual prcticamente; pero, y la teora?</p> + +<p>Por mi parte, cuando yo crea que los alquileres estaban muy caros, me +resignaba a vivir en un piso deficiente; pero desde que s que los +alquileres no han sufrido aumento alguno de precio, mi resignacin es +imposible. Cmo voy a resignarme a pagar muy cara una casa que, +tericamente, es muy barata? Cmo voy a resignarme a que mis pesetas +hayan perdido su capacidad adquisitiva?</p> + +<p>El caso es que, con una peseta, yo sigo adquiriendo diez perras gordas +siempre que quiero. La capacidad adquisitiva de las pesetas, con +respecto a las perras gordas, es la misma de siempre, y, con respecto a +las monedas extranjeras, es mucho mayor de lo que haya podido serlo +nunca. Con una peseta se adquieren hoy numerosos marcos, abundantes +coronas y liras a profusin. Patatas, en cambio, se adquieren +poqusimas. La peseta ha perdido su capacidad adquisitiva, pero +nicamente para las cosas, lo que equivale a afirmar que es todo el +dinero el que ha perdido capacidad de adquirir.</p> + +<p>Y el partido socialista protesta!... Indudablemente, no existe en +nuestra poltica otro partido tan burgus. De qu se trata, seores, +ms que de que el dinero pierda su capacidad adquisitiva? Antes, con las +pesetas se compraban patatas. Ahora, con las patatas hay ya quien se +dedica a acaparar pesetas. Y, dentro de poco, en vez de pesetas, los +hombres utilizarn para sus transacciones patatas, chorizos, rodajas de +salchichn y cigarrillos de cincuenta.</p> + + + +<h3><a name="XV" id="XV"></a>XV<br /> <br /> +ESCULTURA KODAK</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> cierta avenida del Retiro hay un grupo escultrico dedicado a D. +Ramn de Campoamor. El pblico, generalmente, lo contempla con +admiracin, y esto es muy lgico. Para qu son los monumentos ms que +para admirarlos?</p> + +<p>—Qu naturalidad!—le o decir un da a una seora en presencia de +aquellas figuras—. Parece que estn hablando!</p> + +<p>Y, en efecto, parece que estn hablando. El artista ha dispuesto su +grupo como si fuera a hacer una instantnea al centsimo de segundo. +Aqu las personas mayores. Los nios delante y en pie. Esta cabeza un +poco ms a la derecha... Clik!...</p> + +<p>Don Ramn aparece sentado en un banco sobre el cual ha dejado unos +guantes de mrmol y una chistera del mismo material. Tiene unas botas de +cartera cuyo precio en mrmol ignoro, pero que, en cabritilla o +tafilete, ha debido oscilar alrededor de las veinticinco pesetas. Estas +botas no han llevado nunca tapas ni medias suelas; conservan todos sus +botones, y, probablemente, son unas botas recin estrenadas. En cuanto +a la chistera, de mrmol, como hemos dicho, es maciza, y seguramente no +pesa menos de treinta kilos. Cmo se las arreglara el poeta, ya +anciano y sin fuerzas, para saludar con un instrumento tan pesado?</p> + +<p>No se indigne el autor del monumento por estos clculos que yo hago +sobre la densidad de la chistera campoamorina. O somos realistas, o no +lo somos. Uno no puede, a voluntad del artista, fijar su atencin en +tales detalles y apartarla de tales otros. El autor parece haber puesto +un gran inters en hacernos observar que las botas del poeta tienen seis +botones cada una. Cmo podr luego pasarnos inadvertido el peso de +aquella chistera tan ostensible? Y adems, qu hace all aquella +chistera, ya que el poeta est descubierto?</p> + +<p>Si la escultura representa la eternidad, puede decirse que D. Ramn de +Campoamor ha entrado en ella como si no fuera a permanecer ms que unos +breves instantes. Ha entrado de paso en la eternidad, con unas botas de +cartera, y ha dejado al alcance de la mano, para cuando llegue el +momento de retirarse, su chistera de mrmol y sus guantes del mismo +material. A m me da la idea de que ha ido en tranva y de que est all +un poco azorado, como en una visita de cumplido. Sus personajes—la +anciana de la cofia, la nia que tiene el pecho de cristal, etc.—le +rodean, y segn deca la admiradora desconocida, parece que estn +hablando. Parece que estn hablando y hablando en prosa, y esto es lo +malo, porque en escultura no se debe hablar. Parecen, en fin, un grupo +fotogrfico de escultura <i>Kodak</i>.</p> + +<p>Algunas veces yo haba acariciado el propsito de ser un grande hombre, +como tantos otros; pero ahora he resuelto renunciar definitivamente a +semejante idea. Mientras la inmortalidad sea una cosa tan parecida a la +vida corriente, y mientras en ella deba uno preocuparse tambin del +almidonado de la tirilla, no creo que valga la pena ser inmortal.</p> + + + +<h3><a name="XVI" id="XVI"></a>XVI<br /> <br /> +UN ADMIRADOR</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">arece</span> que hay escritores a quienes el pblico anima dirigindoles, con +ms o menos frecuencia, cartas de aprobacin. Conmigo, sin embargo, este +caso se da muy raramente, y si yo me hago la ilusin de ser ledo por +alguien, es, tan slo, gracias a ciertas almas piadosas que de vez en +cuando me envan misivas insultantes a propsito de mis artculos. Yo +enseo estas misivas y consolido con ellas, ante las Empresas, mi +posicin y mi prestigio.</p> + +<p>—No dirn ustedes—exclamo—que mis trabajos pasan inadvertidos o que +no hacen mella. Aqu hay un seor que me llama animal, y otro que me +anuncia un garrotazo en la cabeza. Creo que el xito no admite dudas...</p> + +<p>Pero, recientemente, me ha salido un admirador, un verdadero admirador, +en la provincia de Guadalajara. Soy—me viene a decir este hombre +magnfico—uno de sus lectores ms asiduos y ms inteligentes, y me he +suscrito a <i>El Sol</i> con el nico objeto de ver los artculos de +usted...</p> + +<p>Y desde entonces, yo no puedo escribir, porque la imagen de mi admirador +me obsesiona por completo. Se me ocurre un asunto bonito, cojo la pluma +e inmediatamente me digo:</p> + +<p>—Le gustar este tema al seor de Guadalajara?</p> + +<p>Yo tengo la sensacin de que escribo nicamente para este seor, y no +quisiera defraudarle. Este seor vive en un pequeo pueblo de la +provincia, donde, por desgracia, yo no he estado nunca. Ignoro en +absoluto la ideologa local, y esto pone en mi trabajo dificultades +enormes. De buena gana me pasara varias noches en claro leyendo, con +unas gafas muy gordas, unos volmenes muy grandes, si a esta costa +pudiera llegar a conocer las opiniones polticas, estticas y religiosas +que predominan en el distrito. Por desdicha, la cosa es imposible, y yo +temo siempre desilusionar a mi admirador. Tal prrafo que acabo de +escribir creo que le parecer vulgar, y lo borro. Pongo en tensin todos +mis nervios hasta que se me ocurre una cosa ms fina, y entonces me +asalta un pensamiento terrible.</p> + +<p>—Entender esto mi admirador?—me pregunto—. No resultarn estas +consideraciones demasiado sutiles para un pueblo de pocos vecinos?</p> + +<p>Verdaderamente, el seor de la provincia de Guadalajara ha tenido una +idea bien peregrina cuando se ha decidido a admirarme. Ahora comprendo +por qu tantos escritores malos tienen tantos y tan buenos admiradores. +Con dos admiradores ms, yo me volver completamente idiota.</p> + + + +<h3><a name="XVII" id="XVII"></a>XVII<br /> <br /> +LITERATURA PATOLGICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">esgraciadamente</span>, en la literatura espaola no hay ms que genios. Ese +tipo de escritor culto, ponderado, sano, inteligente y bien nutrido, que +Lemaitre considera superior al genio y del que pone como ejemplo a +Anatole France, no existe entre nosotros. Todos nuestros escritores +pertenecen a la categora genial. Yo mismo, en mi pequesima escala, +qu duda cabe de que tambin soy un genio? Y esta literatura de genios +en chico viene a ser algo as como un grupo de tullidos que, a la puerta +de una iglesia, le pidiesen dinero al pblico mostrndole sus diversas +monstruosidades.</p> + +<p>Cuando, en algn escaparate, yo veo un libro mo entre los libros de +otros autores espaoles, tengo la sensacin de encontrarme en una sala +de hospital esperando, con mis compaeros de dolor, la visita de alguna +seora vieja que no sepa en qu matar el tiempo. La literatura espaola, +en efecto, no es ms que una serie de enfermedades, debidas, +generalmente, a trastornos sexuales o a defectos de nutricin. El uno +est enfermo del hgado. Al otro se le forman cidos en el estmago. +Este se encuentra amagado de parlisis general progresiva y tiene +delirio de grandezas. Aqul padece del bazo... Hay escritor que perdera +todo su inters en cuanto se le aplicasen unas cuantas inyecciones de +algn producto ms o menos alemn, o en cuanto se le sometiese a un buen +rgimen alimenticio. Y, en realidad, este ltimo caso ya se ha dado +varias veces. Cuntos muchachos que comenzaron haciendo cosas +interesantes no se volvieron idiotas tan pronto como se los llam a un +buen peridico y se les dio un buen sueldo? Los directores no se +explicaban la causa, y, sin embargo, era una causa muy fcil de +comprender: esos muchachos nunca haban tenido talento. Lo que haban +tenido era hambre. Con el estmago normalizado, quedaban al nivel del +ms vulgar empleado de Hacienda...</p> + +<p>Cosa terrible esta de ser un pequeo monstruo y de darse cuenta de +ello! Horrenda cosa la de saber que nuestra genialidad puede tratarse +mdicamente como un flemn o como una enfermedad de los riones!... Pero +hay algo peor an en nuestra literatura: los aprensivos, esto es, los +enfermos de enfermedades imaginarias, que, siendo perfectamente tontos, +se creen atacados de genialidad...</p> + + + +<h3><a name="XVIII" id="XVIII"></a>XVIII<br /> <br /> +UNA TEMPESTAD EN UNA TAZA DE TE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> distinguido escritor—deca yo en <i>El Sol</i>—se queja de que los +espaoles hayamos adoptado la costumbre inglesa de ponerle una hache al +te. A esto contesta el Sr. Salaverra afirmando que yo miento, porque +l no ha dicho nunca que los espaoles hubisemos adoptado semejante +costumbre. Y he aqu por dnde vengo a enterarme de que el Sr. +Salaverra lo ha dicho.</p> + +<p>Yo no he nombrado al Sr. Salaverra, no he dado ninguna de sus seas +personales ni he reproducido ningn prrafo suyo. Y si el Sr. Salaverra +no hubiese dicho que los espaoles habamos adoptado la costumbre +inglesa de ponerle una hache al te, para qu iba a decir ahora que no +lo haba dicho?</p> + +<p>Al decir que no lo ha dicho, el Sr. Salaverra dice que lo ha dicho. Y +si, diciendo que lo ha dicho, resulta que no lo ha dicho, entonces es el +Sr. Salaverra quien falta a la verdad, cometiendo as una accin tan +indigna de l como de m, porque el Sr. Salaverra tambin es +inteligente y tambin es chistoso. (Los chistosos inteligentes—escribe +el Sr. Salaverra—no necesitan recurrir a la mentira.)</p> + +<p>Lo que ms le ha molestado al Sr. Salaverra, al creerse aludido por m, +es el que yo le atribuya un concepto desdeoso hacia la hache britnica. +Yo ignoro muchas cosas—dice—. Sin embargo, conozco la importancia que +tiene la hache para los ingleses. Pues bien, Sr. Salaverra, todo ha +sido una broma. La hache no tiene para los ingleses importancia ninguna. +El hombre que verdaderamente le ha dado importancia a la hache ha sido +usted. Por ella, Sr. Salaverra, no ha vacilado usted en arremeter +contra un viejo amigo como yo, llegando hasta a decirme que involucro. +Oh hache!... Tienes nombre de mujer...</p> + + + +<h3><a name="XIX" id="XIX"></a>XIX<br /> <br /> +LA TAZA DE TE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">or</span> si a algn lector le interesa, reproducimos el artculo que ha dado +origen a la nota anterior.</p> + +<p>Un distinguido escritor se queja de que los espaoles hayamos adoptado +la costumbre inglesa de ponerle una hache al te. Por mi parte, y aunque +he vivido varios aos en Londres, desconozco totalmente esta costumbre. +En la gran metrpoli he tomado te de la China y te de Ceyln. He tomado +te con leche y te con limn. He tomado te con <i>scones</i>, y con <i>mufirs</i>, +y con pan y manteca, y con toda clase de bocadillos, pero no recuerdo +haber tomado nunca te con hache. All no hay ms te con hache que el +<i>The Thimes</i>. Los otros tes, como no lleven la hache dentro de algn +bocadillo, se toman siempre sin ella, y, muchas veces, tambin se toman +sin azcar.</p> + +<p>El escritor a quien me refiero ignora, probablemente, toda la +importancia que tiene la hache en Inglaterra. En Inglaterra la hache +tiene una importancia social verdaderamente formidable. Es, como si +dijramos, una letra de lujo. Las clases cultivadas la aspiran +orgullosamente, pero el pueblo no la pronuncia. Aunque, de derecho, la +hache sea all una letra tan popular como cualquier otra, de hecho no +existe para el pueblo. Y ahora, cuando, cargados de impuestos, los ricos +ingleses son cada da ms pobres, y cuando, mejorados sus salarios, los +pobres ingleses son cada da ms ricos, qu barrera es la que, en +Inglaterra, separa a unas clases sociales de otras? La hache... Y +mientras una revolucin no destruya esa letra aristocrtica, yo, como el +Sr. Vzquez Mella, no podr creer que la democracia inglesa es una cosa +perfecta.</p> + +<p>En Espaa, pas de los viceversas, son slo algunos pobres campesinos +andaluces quienes pronuncian la hache. Las dems gentes se limitan a +usarla como un elemento decorativo, y mientras unas se la echan al te, +otras se la ponen a las toallas. Qu ms da? Pero conste que la hache +con que algunos espaoles amenizan su te no es inglesa, ya que los +ingleses escriben <i>tea</i>, que pronuncian <i>ti</i>. Convengo en que a muchos +incautos, un te con hache les parecer ms ingls que sin ella. No +obstante, yo sospecho que esa hache es de manufactura catalana, y, en +vez de combatirla estrilmente, creo que debiramos unir nuestras +fuerzas a las de un seor que en un gran hotel protestaba, das atrs, +contra la frase <i>five o'clock</i>, empleando una argumentacin llena de +lgica.</p> + +<p>—No somos espaoles?—deca aquel caballero—. No estamos en Espaa? +Y entonces, por qu hemos de llamarle <i>five o'clocks</i> a los +bocadillos?</p> + + + +<h2><a name="EN_LA_TIERRA_DE_LOS_POLITICOS" id="EN_LA_TIERRA_DE_LOS_POLITICOS"></a>EN LA TIERRA DE LOS POLTICOS</h2> + + + +<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I<br /> <br /> +EL VIAJE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">e</span> cada mil gallegos puede decirse que han estado en Buenos Aires lo +menos novecientos. En cambio, apenas si dos o tres se habrn atrevido a +llegar hasta Madrid. Hay muchas razones que expliquen este hecho; pero +la principal es que, para ir a Buenos Aires, un gallego no necesita ms +que veintitantos das; y qu son veintitantos das comparados con la +eternidad? (Por eternidad, naturalmente, yo entiendo, en este caso, el +viaje a la villa y corte.)</p> + +<p>Al gallego, hombre de espritu aventurero, no le arredra la +incertidumbre de su porvenir en tierras de Amrica, ni le atemorizan los +peligros del inmenso Trtaro. Va a Buenos Aires por afn de ver mundo, +aun suponiendo que, una vez all, no se har millonario ni nada, y que, +al volver, no podr darse el pisto de fundar un hospital, ni un grupo +escolar, ni siquiera una modesta fbrica de conservas. Va a hacer de +dependiente, de criado, de cochero, de lo que sea... En cambio, cuando +un gallego se arriesga a ir a Madrid, es con el propsito firme de +llegar a ministro. Cualquier otro cargo inferior a ste no le +compensara de las fatigas del viaje...</p> + +<p>Yo no he sido ministro todava; pero mis paisanos no desesperan de que +llegue a serlo. Si yo me dedicara en Madrid a hacer sillas, mis paisanos +creeran que las haca para conseguir una cartera. Hago artculos, y no +se imaginan que pueda hacerlos ms que para trabajar mi nombramiento. En +Galicia se admite el que uno sea original, pero no hasta el punto de ir +a Madrid para no volver de ministro...</p> + +<p>Y, probablemente, mis paisanos tienen razn. El viaje entre Madrid y +Galicia no se debe hacer ms que con un ideal muy grande. Cuando yo +vena hacia ac, me encontr en el tren con mi compaero Domnguez +Rodio, quien se propona tomar en Vigo un vapor hasta msterdam para +entrar luego en Alemania y ver si desde all poda trasladarse a Moscou.</p> + +<p>—Es un viaje penoso—me deca Rodio.</p> + +<p>—Bah!—le contestaba yo—. La dificultad est en llegar a Vigo. Lo +dems es un paso.</p> + +<p>Ya en Vigo, Rodio pareca un poco arrepentido de su proyecto.</p> + +<p>—Va a ser una lata—exclamaba—eso de atravesar ahora la frontera de +Rusia. Al salir de Madrid yo estaba mucho ms animado.</p> + +<p>—Cosas de la edad. Entonces era usted bastante ms joven.</p> + +<p>Por qu marchar tan despacio el tren de Madrid a Galicia? Algunos +hablan de falta de carbn; pero esto es inexacto. En los respaldos y en +las almohadillas de los asientos hay carbn a toneladas. Este carbn, +admirable depsito de calrico, mantiene los coches a una temperatura +elevadsima. Yo cre que no lograra nunca sacarme de encima todo el +carbn del viaje. Al llegar a Vigo me miraba al espejo y me costaba gran +trabajo reconocerme como un individuo perteneciente, en relacin ms o +menos directa, a la gran familia aria.</p> + +<p>—Que un hombre del tronco indogermnico llegue a verse as!—exclamaba +para mis adentros.</p> + +<p>Y, blandiendo un spero estropajo, yo pensaba que, para hacer de Espaa +un todo ordenado y armnico, puede haber varios procedimientos; pero que +el primero debe consistir en unir materialmente unas regiones con otras +construyendo caminos y ferrocarriles que anden.</p> + + + +<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II<br /> <br /> +LOS POLTICOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">G</span><span class="smcap">alicia</span> es una tierra de sardinas y de polticos. Las sardinas nacen +unas de otras, y los polticos, tambin. Para ser un poltico gallego, +lo primero que se necesita es ser pariente de otro poltico gallego. El +hijo de un gran poltico gallego tiene, desde su nacimiento, categora +de ministro; el sobrino tiene categora de subsecretario o de director +general, y as sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de +ningn poltico gallego—cosa rara, dada la portentosa facultad de +reproduccin que caracteriza a esta especie—, entonces tiene uno que +hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga +advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los +prohombres de la poltica se les llama parientes polticos.</p> + +<p>Luego, el nuevo poltico se va a Madrid y comienza a pedir. Pide +muelles, drsenas, puentes, carreteras, grupos escolares, lo que haya! +Un da, pasendome por los pasillos del Congreso con un prcer de la +poltica, vimos aparecer a lo lejos la figura de un diputado paisano +mo.</p> + +<p>—Vamos a darle esquinazo—me dijo el prcer—; porque, en cuanto me +descuide, ese hombre me saca un puerto...</p> + +<p>Hay quien le concede mucha importancia a un puerto, aunque slo sea de +trescientas o cuatrocientas mil pesetas. Sin embargo, es mucho ms fcil +que un amigo le d a uno un puerto que no una escribana de bronce. A +veces, para captarse la buena voluntad del ministro, el diputado +pedigeo le regalaba una caja de puros. Una caja de puros por un +puerto! Otras veces no haba puertos disponibles.</p> + +<p>—Un puerto! No le sera a usted igual un puente?</p> + +<p>—Hombre! Yo les he prometido un puerto...</p> + +<p>—Es que la consignacin para esa clase de obras est completamente +agotada. Anmese usted y llvese un puente. Podemos darle uno magnfico.</p> + +<p>El diputado iba resignndose.</p> + +<p>—Si, a lo menos, tuvisemos un ro...—exclamaba, ya medio convencido.</p> + +<p>Y, al final, acababa por llevarse el puente, ya que el caso era llevarse +algo.</p> + +<p>Se le daba un puente al pueblo que necesitaba un puerto, y el que +esperaba el puente tena que arreglrselas con un grupo escolar. El +marqus de Riestra, padre espiritual de todos los polticos gallegos, +aportaba a las obras sus maderas, sus ladrillos, su cemento y sus otros +materiales de construccin. Los pueblos, agradecidos, hacan fiestas. +Los diputados salan reelegidos, y todo el mundo estaba contento.</p> + +<p>Al ver ahora todas estas carreteras, todas estas escuelas, todos estos +muelles y todas estas drsenas, yo tengo la sensacin de que alguien +est de das y que los amigos y parientes le han llenado la casa de +objetos intiles y aparatosos. Veinte escribanas, una docena de +bastones, otra docena de paraguas, quince pitilleras, doscientos +cubiertos de plata Meneses!... Con la falta que, a lo mejor, le hace al +festejado un gabn de invierno o una mesa de despacho!...</p> + + + +<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III<br /> <br /> +LA GRACIA GALLEGA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> un andaluz se pone a decir: Vamoj, hombre! Mardita zea! Mijte +quej grande!, y todo el mundo le escucha con gran contentamiento, como +si dijera algo sumamente ingenioso, yo me abismo en amargas reflexiones.</p> + +<p>—He ah un hombre con gracia—me digo—. Y pensar—aado—que si ese +hombre hubiese nacido en la provincia de Pontevedra no tendra gracia +ninguna!...</p> + +<p>A un pontevedrs, en efecto, le es mucho ms difcil caer en gracia que +a un sevillano. Desde luego, como no se le ocurra nada ms que decir: +Vamos, hombre! Maldita sea! y Mire usted que es grande!, el +pontevedrs ir a un fracaso absoluto. El pontevedrs no tiene gracia de +nacimiento. Las gentes le exigen una gracia de concepto, mientras que al +andaluz le basta con el acento. Si se le hubiese quitado el acento a las +obras de los hermanos Quintero, haciendo que sus personajes vocalizaran +todas las letras con arreglo a la prosodia oficial, los hermanos +Quintero no hubiesen entrado nunca en la Academia. Y dicen que la +Academia est destinada a velar por la pureza del idioma!...</p> + +<p>Indudablemente, los gallegos no tenemos pblico. Frecuentemente, cuando +uno dice que es gallego, nota en el auditorio un deseo as como de +contestarle:</p> + +<p>—Hombre, no! Eso ser una aprensin de usted...</p> + +<p>Conmigo nadie ha llegado a este extremo; pero a veces me han dicho:</p> + +<p>—Gallego? Pues nadie lo creera. No se le nota a usted nada, verdad? +(Dirigindose a los circunstantes.)</p> + +<p>Los circunstantes entonces, con una gran finura, han confirmado que, en +efecto, no se me notaba nada el que yo fuese gallego. Y luego no ha +faltado nunca alguien que dijese:</p> + +<p>—Si hay gallegos muy bien. Cuando un gallego sale listo!...</p> + +<p>—Ya lo creo!—ha aadido algn otro seor en este momento—. Hay +gallegos que llegan a ministros y todo. Ah tiene usted a Besada.</p> + +<p>—Y a Montero Ros...</p> + +<p>—Y a Canalejas...</p> + +<p>Terrible cosa es esta de que para serle agradable a uno tengan que +compararle con un ministro! Es la consecuencia de un prejuicio secular +que existe contra Galicia; pero, por mi parte, yo creo que este +prejuicio constituye para Galicia una ventaja enorme. Cada gallego, en +efecto, tiene que rectificarlo con su propio esfuerzo. El andaluz, al +nacer, se encuentra con una herencia de gracia, de simpata y de +popularidad que le permite abrirse fcilmente un camino en la vida, +aunque carezca de mritos personales. El gallego, en cambio, slo se +encuentra con deudas que necesita saldar por s mismo, y si +individualmente esto es un mal, colectivamente tiene que ser un bien. A +la larga resultar que los pueblos han sido, en cada poca, lo contrario +de la fama que tenan, ya que, cuando tenan la fama, no necesitaban la +cosa, y ya que la cosa, y no la fama, es lo fundamental.</p> + +<p>Pero como esto est resultando demasiado conceptuoso, acaso valga ms +dejarlo.</p> + + + +<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV<br /> <br /> +LA RAZA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">a</span> ltima vez que yo estuve en Galicia, Galicia era una de las ms +hermosas regiones espaolas. Ahora ha ascendido a la categora de +nacin.</p> + +<p>—<i>Le</i> somos una nacin, sabe usted?—me explica alguien—. <i>Le</i> +tenemos una personalidad nacional tan fuerte como la primera...</p> + +<p>—Por qu no?—le contesto.</p> + +<p>Y, en efecto, por qu no? Una nacin se hace lo mismo que cualquier +otra cosa. Es cuestin de quince aos y de un milln de pesetas. Con un +milln de pesetas yo me comprometo a hacer rpidamente una nacin en el +mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy all y observo si hay ms +hombres rubios que hombres morenos o si hay ms hombres morenos que +hombres rubios, y si en la mayora, rubia o morena, predominan los +braquicfalos sobre los dolicocfalos, o al contrario. Es indudable que +algn tipo antropolgico tendr preponderancia en Getafe, y este tipo +sera el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos +locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos aos, yo habra +terminado mi tarea y me habra ganado una fortuna. Y si alguien osaba +decirme entonces que Getafe no era una nacin, yo le preguntara qu es +lo que l entenda por tal y, como no podra definirme el concepto de +nacin, le habra reducido al silencio.</p> + +<p>El nacionalista a quien he aludido antes tiene de las naciones una idea +mucho ms respetuosa que la ma.</p> + +<p>—Pero usted mismo—me dice—; usted es un celta.</p> + +<p>—No—le respondo—. Yo no soy un celta. Acaso lo haya sido alguna vez, +pero en una poca tan remota, que no conservo de ello ni el ms vago +recuerdo. Si yo fui celta, este fausto suceso me aconteci mucho antes +del imperio romano, y, desde entonces ac, han pasado tantas cosas! Es +posible que, en el transcurso de los siglos, yo haya sido tambin godo, +fenicio y moro. Los irlandeses se las echan a su vez de celtas, y, sin +embargo, yo me siento mucho ms afn a un madrileo que a un irlands.</p> + +<p>No—contino—. Yo no soy celta. Soy, sencillamente, un hombre nervioso +y, en vez de unirme a un celta sanguneo, prefiero hacerlo a un ibero de +mi mismo temperamento. Por qu no han de asociarse los hombres por +temperamentos en vez de hacerlo por razas o por religiones? Ello sera, +indudablemente, mucho ms cientfico, y yo no desespero an de ver +terminada esta guerra, una gran guerra intercontinental de biliosos +contra linfticos. Los biliosos, naturalmente, sern quienes rompan las +hostilidades.</p> + + + +<h3><a name="Va" id="Va"></a>V<br /> <br /> +EL IDIOMA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> amigo quera meterme en la hermandad del habla, que es una Liga +constituida para propagar el uso del gallego. Yo me negu. Creo que todo +el mundo habla gallego en Galicia, y creo que, ms que nadie, lo hablan +aquellos que hablan castellano. El castellano, es, en efecto, la +verdadera forma actual del gallego. Los labradores que se expresan en +gallego no usan aqu un idioma distinto del de los industriales que se +valen del castellano; usan el mismo idioma, pero con un lxico limitado +y primitivo. En realidad no hablan gallego, sino que malhablan +castellano. Y, de formar una Liga para reconstituir el castellano en sus +formas ms remotas, yo no veo por qu esa Liga ha de formarse +precisamente en Galicia. Lo mismo se podra formar en Valladolid.</p> + +<p>No creo que haya un idioma gallego distinto del castellano. Lo que s +creo es que se podra inventar. Conozco lenguas medievales que se han +fabricado en estos ltimos treinta aos, de acuerdo con todos los +adelantos filolgicos. Con una pequea base se hace una lengua en menos +tiempo del que se necesita para hacer un partido poltico. Podramos, +pues, hacer un idioma gallego; pero cunto nos durara?</p> + +<p>A la vuelta de cincuenta, de sesenta o de cien aos, este idioma gallego +llegara, lgica y fatalmente, a confundirse con el castellano. El +gallego evolucionara siguiendo su curso natural.</p> + +<p>—Y el castellano?—preguntar alguien.</p> + +<p>El castellano no evolucionara nada, porque ah estn los acadmicos +para impedir que evolucione.</p> + +<p>Por lo dems, acaso todo esto de los idiomas sea mucho menos importante +de lo que nos parece. Yo creo que la importancia de los idiomas es muy +pequea, hasta en la misma literatura. Si lo ms importante en +literatura fuese el idioma, los iberoamericanos leeran libros espaoles +con preferencia a los libros de otros pases. El idioma une los +iberoamericanos a nosotros; pero otras cosas, positivamente ms fuertes, +los atraen hacia pases de hablas muy distintas.</p> + + + +<h3><a name="VIa" id="VIa"></a>VI<br /> <br /> +EL ACENTO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> un viaje reciente, a bordo de un transatlntico, tuve la fortuna de +coincidir con una ilustre compaa de actores espaoles. Yo vena algo +mareado. Mi cabeza me produca una sensacin extraa, como si no fuese +exactamente la ma, sino, ms bien, una cabeza parecida, que alguien me +hubiese dado el encargo molesto de transportar hasta Espaa. Juzgando +con esta cabeza, tom por una gran actriz a una seora que hablaba +siempre de un modo muy enftico; pero ella me sac pronto de mi error. +Si hablaba as, no era por ella, sino por las nias, dos hijas suyas, +muy monas, por cierto. Las nias estaban comenzando su carrera teatral, +y apenas si ponan en la compaa algo ms que sus caras bonitas; pero +la madre, entre bastidores, pona el nfasis.</p> + +<p>—Pobrecitas!—deca la buena seora—. Hay una que habla algo; pero la +otra no dice ni una palabra.</p> + +<p>Yo me compadec de la infeliz porque la mudez me parece una gran +desgracia para una nia casadera. Afortunadamente, slo se trataba de +una mudez artstica. La chica tena una lengua bastante suelta; pero el +director no se atreva a confiarle ms que papeles silenciosos.</p> + +<p>—Y por qu no la dejan hablar?</p> + +<p>—Por el acento—me respondi la afligida madre—. Nosotras somos +gallegas, y en esta compaa no se puede tener acento. Se cree usted +que, de no ser por el acento, vendran mis nias en segunda? El acento +es nuestra desgracia. Afortunadamente, la mayorcita ya va perdindolo...</p> + +<p>La mayorcita, en efecto, saba decir sin acento hola, vizconde!, yo +lo tomo sin azcar y dems frases de alta comedia; pero la pequea era +incorregible y, mientras no perdiese el acento, no la permitiran +hablar. En aquella compaa se supona, probablemente, que la accin de +todas las comedias ocurre en la Luna. No se le autorizaba a nadie acento +ninguno. Una marquesa con dejo gallego o cataln, andaluz o madrileo, +les resultaba inadmisible, como si las marquesas no nacieran en ninguna +parte. Y la pobrecita muda no podra romper a hablar hasta que hubiera +desnaturalizado su voz por completo y lograra expresarse como un +fongrafo. Mientras tanto, su madre le cuidaba el acento lo mismo que +pudiera cuidarle una enfermedad del hgado.</p> + +<p>—Fjate, mujer—sola decirle—. Ayer estabas bastante aliviada, pero +hoy te encuentro mucho peor.</p> + +<p>—Qu quiere usted, mam! Debe de ser el mareo...</p> + +<p>El acento es uno de los grandes encantos de Galicia. Cuando yo llegu, +los primeros amigos a quienes vi prorrumpieron en ayes lastimeros.</p> + +<p>—Fulanio!—me decan—. Vendrs muy cansadio. Pobrio!...</p> + +<p>Pareca que lloraban, y lo que hacan era manifestar una gran alegra. +Son los inconvenientes de este acento tan dulce.</p> + +<p>Pero yo no quiero hacer comentarios sobre el acento gallego. En esto de +los acentos tengo una experiencia algo desagradable y no deseara +repetirla con mis propios paisanos.</p> + + + +<h3><a name="VIIa" id="VIIa"></a>VII<br /> <br /> +ANTONIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ar</span> cosa de dos o tres meses, <i>Antonio</i> fue a confesarse, y en el +curso de su confesin, le dijo al cura que lea peridicos.</p> + +<p>—Malo! Malo!...—refunfu el cura—. No veo qu necesidad tienes t +de leer peridicos. Siquiera fuesen de la buena Prensa!... Pero, +seguramente, sern de la otra.</p> + +<p>Eran de la otra, en efecto, y <i>Antonio</i> lo reconoci as, aunque +aduciendo un motivo justificante.</p> + +<p>—Qu quiere usted, padre!—exclam—. La buena Prensa es tan mala!...</p> + +<p>—No hay ms Prensa mala que la mala Prensa—repuso el cura +sentenciosamente—. Y vamos a ver, qu peridicos son esos que t +lees?...</p> + +<p>—Leo <i>El Sol</i>—dijo Antonio.</p> + +<p>—<i>El Sol?</i></p> + +<p>—<i>El Sol</i>.</p> + +<p>—Un peridico de diez cntimos?</p> + +<p>—Justamente.</p> + +<p>Un peridico de diez cntimos—pens quizs el cura—debe de ser tan +malo como dos peridicos de cinco. Luego, en voz alta, continu:</p> + +<p>—Un peridico que no admite el anticipo reintegrable?</p> + +<p>—S, padre—contest <i>Antonio</i> ya medio anonadado.</p> + +<p>—Un peridico—interrog an el cura—que hace campaa contra el +espionaje alemn?</p> + +<p><i>Antonio</i> no poda negar.</p> + +<p>—El mismo, padre—suspir—. El mismo!...</p> + +<p>—Pues, hijo mo—dijo entonces el cura—. Lo siento mucho, pero no te +puedo dar la absolucin.</p> + +<p><i>Antonio</i> se qued aterrado. Si le hubiesen dejado sin novia, tal vez +hubiera podido resignarse. Hubiera podido tambin vivir algn tiempo sin +empleo, pero, sin absolucin!...</p> + +<p>—Pues yo—le dije a <i>Antonio</i> cuando el pobre muchacho me contaba sus +cuitas—. Yo creo que, en caso necesario, podra vivir sin absolucin. +He visto personas que viven con un pulmn slo, y otras que carecen +totalmente de bazo. Y aun he visto algo ms curioso, <i>Antonio</i>, he +visto hombres que viven sin dinero y que viven muy bien... En Madrid hay +la mar.</p> + +<p>—En Madrid es diferente—observ <i>Antonio</i>—. Aquello es una gran +ciudad. Yo no digo que all me fuese de todo punto indispensable la +absolucin; pero, aqu!... Cmo quiere usted que viva aqu sin +absolucin un pobre tonelero?</p> + +<p>—Y qu pas por fin? No te dieron la absolucin?</p> + +<p>—Quia!... Si fuese el cura de Ribalta!... Aquel s que es un cura +campechano. Todas las muchachas van a confesarse con l porque las +absuelve siempre y les pone unas penitencias muy pequeas. +Divertos—les dice—. Tiempo tendris de rezar si no encontris mozos +de ley que se casen con vosotras... Pero el cura de aqu es muy +estricto. Y eso que yo le regalo de cuando en cuando unos huevos o unas +manzanas! Para que digan que los hombres de iglesia son agradecidos!</p> + +<p>—De modo que no te dio la absolucin?</p> + +<p>—No, seor. Me dijo que no me la daba aunque me borrase del peridico +aquel mismo da. Todo el pueblo se enter. Algunas personas dejaron de +saludarme, y en la fbrica estuvieron a punto de quitarme el pan. +Entonces yo me march a la ciudad, dispuesto a conseguir una absolucin, +aunque me tuviese que gastar doscientos reales. Qu demonio! Para estos +casos quiere uno el dinero. Llegu a la iglesia, me sent al +confesionario, y lo primero que le dije al cura fue esto: Acsome, +padre, de leer <i>El Sol</i>.</p> + +<p>—As lo dijiste, <i>Antonio</i>?</p> + +<p>—As, s, seor, y con la misma tranquilidad con que hubiese podido +decir buenos das. No se figure usted que yo soy un gallina.</p> + +<p>—Y el cura, qu te contest?</p> + +<p>—El cura me pregunt que si eso de <i>El Sol</i> era una novela, y cuando yo +le expliqu que era un peridico de diez cntimos, me dijo:</p> + +<p>—Si es de diez cntimos, debe de ser bueno...</p> + +<p>—Y conseguiste la absolucin?</p> + +<p>—Ya lo creo. En las ciudades se consigue todo. Pero yo quera vengarme +del cura de aqu, y al da siguiente, cuando estaba sirviendo la +comunin, me puse con los dems, y me la tuvo que dar l mismo. El ya +deba de comprender que yo tena mi absolucin en el bolsillo; pero, si +viera usted qu cara me puso!...</p> + +<p>—Bravo, <i>Antonio</i>! Y, sigues leyendo <i>El Sol</i>?</p> + +<p>—S, seor.</p> + +<p>—Pues dentro de unos das leers en l tu historia. La gente no va a +creerla, pero ah ests t para dar fe.</p> + +<p>—Es que... si por casualidad se enteran en la fbrica y me despiden...</p> + +<p>—Descuida, <i>Antonio</i>. No dar detalles y seguirs conservando todos +los elementos necesarios a tu vida: un empleo, una novia, una +absolucin...</p> + + + +<h3><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>VIII<br /> <br /> +UN AMIGO DE MISTER BORROW</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ll</span> por el ao de 1835 cay en Espaa un ingls estrafalario que vena +a vender biblias. Un da este ingls lleg a Pontevedra con una carta de +recomendacin para el Sr. Garca, notario de la ciudad. El seor Garca +result ser un patriota entusiasta, pero en un sentido puramente local, +segn cuenta el ingls. Su patria era Pontevedra, y el extranjero, Vigo.</p> + +<p>—Esos tos de Vigo—exclamaba—dicen que su ciudad es mejor que la +nuestra y que debiera convertrsela en capital de la provincia. Ha odo +usted alguna vez una locura semejante? Se le hubiese ocurrido a usted +nunca comparar a Vigo con Pontevedra?</p> + +<p>—Yo no s—replic el ingls—. Yo nunca estuve en Vigo; pero he odo +decir que la baha de Vigo es la mejor del mundo.</p> + +<p>—La baha!—refunfuaba el Sr. Garca—. La baha!... S. Esos +canallas tienen una baha, y con ella nos han robado a nosotros todo el +comercio; pero, para qu necesita tener baha una capital de provincia? +La baha! Yo espero—continu el Sr. Garca, dirigindose al +ingls—que usted no ha venido desde tan lejos para tomar la defensa de +una taifa de bandidos como esos de Vigo.</p> + +<p>—No—contest el ingls—. En realidad yo ignoraba que los vigueses +necesitasen mi auxilio en esta disputa. Lo nico que me propongo hacer +con ellos es llevarles el Nuevo Testamento, del cual, evidentemente, +tienen mucha necesidad si son tan golfos y tan canallas como usted los +pinta...</p> + +<p>Y largo rato despus, todava el Sr. Garca refunfuaba:</p> + +<p>—La baha!... A m nunca se me ha alcanzado con qu derecho puede +tener baha un pueblo como el de Vigo...</p> + +<p>Yo haba ledo este dilogo, que acabo de traducir casi literalmente, en +<i>La Biblia en Espaa</i>, de Jorge Borrow, que as se llamaba aquel ingls +estrafalario, hoy una de las glorias ms puras con que cuenta la +literatura inglesa. Lo haba ledo hace tiempo, y crea que el Sr. +Garca, ya no muy joven a comienzos del siglo pasado, yacera ahora bajo +su amada tierra pontevedresa, quizs alimentando con sus despojos algn +castao o algn cerezo. Pero Espaa es el pas donde no se muere nunca +completamente. Al llegar a Pontevedra uno se encuentra en seguida con el +Sr. Garca, que comienza a hablarle mal de Vigo.</p> + +<p>La lucha entre Vigo y Pontevedra contina hoy igual que en el ao 1835. +Y lo que ignora el Sr. Garca, como si desde que habl con Mr. Borrow no +hubiesen pasado das ningunos, es que, frente a Vigo, Pontevedra no es +Pontevedra, sino ms bien Madrid. Pontevedra es el Ministerio de +Hacienda, y el de la Guerra, y el de Fomento, y el de Gobernacin. +Pontevedra es la Administracin, y Vigo es la Geografa. Si Vigo llegase +a ser un da el centro de comunicaciones ms importante entre Europa y +Amrica, yo no creo que el pueblo pontevedrs perdiese nada con ello. La +baha de Vigo vendra a ser entonces, sencillamente, una baha de +Pontevedra. Algo as como su propia baha de usted, querido Sr. Garca.</p> + +<p>En cuanto a los vigueses, yo temo que su baha sea superior a su +ambicin. Con una ambicin digna de una baha tan hermosa, los vigueses +debieran considerar a Pontevedra como un barrio del Vigo futuro. El +barrio aristocrtico, el barrio oficial a unos veinte kilmetros y pico +del barrio mercantil! El barrio de los notarios viejos, como aquel +excelente y parroquial seor Garca, que, despus de comprarle algunas +biblias a Borrow, le dijo:</p> + +<p>—Si alguna vez tiene usted ocasin de hablar de m en letras de +imprenta, no deje usted de hacerlo. Ya sabe mi nombre y mis ttulos: +Seor Garca, notario pblico de Pontevedra...</p> + + + +<h3><a name="IXa" id="IXa"></a>IX<br /> <br /> +EL ARADO VIRGILIANO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span>, al escribir su <i>Historia del Arado</i>, hubiera tenido que limitarse a +Galicia, el doctor Raer, por muy sabio, por muy pesado y por muy alemn +que fuese, no hubiese podido llenar arriba de unas veinte pginas. El +arado gallego, como la mujer honrada, carece de historia. Es un +instrumento prehistrico, cuya imagen exacta se encuentra en algunas +tumbas etruscas y creo que en ciertas monedas celtberas. Don Casto +Sampedro, un distinguido arquelogo que se pasa la vida recogiendo +curiosidades celtas y romanas para el museo de Pontevedra, debiera +llevarse all un arado y, con poco esfuerzo, dotara as de una +antigedad indiscutible a la simptica institucin.</p> + +<p>Los carros gallegos tampoco han progresado mucho ms que el arado. Al +avanzar, sus ruedas producen un sonido agudo que se va modulando en +inflexiones lentas y quejumbrosas. Dicen que este sonido anima a los +bueyes y les hace seguir andando. Tambin se podra sostener que el +ruido de unas botas nuevas anima al que las lleva y le impulsa a +continuar su camino... Dicen que sirve como de bocina para avisar a los +carros que vengan en direccin contraria, y es indudable que al ruido de +unas botas nuevas cabra atribuirle asimismo un objeto muy semejante... +Yo me he pasado horas y horas oyendo la voz de los carros gallegos. Me +pareca una voz familiar, y tena la sensacin de haberla odo ya, haca +muchsimos siglos.</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Chirrar d'os carros d'a Ponte</i></span><br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Tristes campanas d'Herbn...</i></span><br /> +</p> + +<p>Los carros gallegos cantan, y los poetas cantan el canto de los carros +gallegos. No les hablen ustedes a estos poetas de sembradoras mecnicas +ni de trilladoras automviles. Semejantes chismes destruiran la poesa +del campo, y entonces no habra certmenes literarios, ni flores +naturales, ni nada. Las chicas elegantes, perdida toda esperanza de que +se las nombrase reinas en alguna fiesta del gay saber, no les haran ya +ni pizca de caso a los pobres poetas, quienes tendran que limitar su +vida al prosaico emplello de la Delegacin de Hacienda o de la +Diputacin provincial. El hijo ilustre de la provincia, varias veces ex +ministro, no vendra nunca ms de mantenedor a pronunciar discursos +grandilocuentes, y sus opiniones estticas quedaran inditas en lo +porvenir... Sera la ruina de la poesa; y, qu se iba a hacer sin +poesa en las capitales de segundo y tercer orden?</p> + +<p>No. Los poetas quieren el carro primitivo y el arado virgiliano. Yo +tengo grandes sospechas de que si Virgilio viviese hoy, cantara la +trilladora mecnica; pero Virgilio ha muerto, y su arado es como una +herencia que les hubiese dejado a todos sus sucesores. El arado +virgiliano! El carro venerable! La campia arcdica, por donde los +ros se deslizan mansamente!... En el fondo, es posible que los poetas +tengan razn y que ms valiera el que las cosas siguiesen as. Lo malo +es la competencia. Cuando los ros de otras partes se han puesto de +lleno a trabajar y estn constantemente transportando cargamentos y +moviendo turbinas, los nuestros tienen que prepararse a la defensa. Con +unos ros ociosos y un material agrcola prehistrico no se puede +conseguir ya nada ms que una flor natural en algn certamen literario +de provincias, una escribana de plata o una coleccin de las obras +completas del marqus de Figueroa.</p> + + + +<h3><a name="Xa" id="Xa"></a>X<br /> <br /> +PROPIEDAD, ABOGADISMO, POLTICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">xcepto</span> el autor de estas lneas, todos los gallegos son propietarios. +El pobre ms pobre puede siempre cosechar un repollo y ponerlo a hervir +en su olla al amparo de cuatro tejas familiares. Difcilmente podr +encontrarse pas alguno donde la propiedad est tan distribuida como en +Galicia. Hay fincas como una alcoba y otras como un pasillo. De algunas +huertas apenas si lograran sacarse al ao patatas bastantes para un +banquete de treinta cubiertos. Quin va a comprar, para cultivarlas, +mquinas sembradoras ni tractores automviles?</p> + +<p>Esta subdivisin de la propiedad no creo que resuelva, ni muchos menos, +el problema de alimentar al campesino; pero, en cambio, mantiene al +abogado. Cada ferrado de terreno gallego est siempre en pleito con uno +de los ferrados de terrenos vecinos. El solo hecho de la entrada a una +finca que, muchas veces, se encuentra rodeada de veinte o treinta, suele +ser un semillero de cuestiones, y, mientras se arruina el campesino, el +abogado engorda. Bien es verdad que los campesinos son tambin un poco +abogados. Todos son abogados aqu, unos con ttulo y otros sin l. Yo no +s si la marrullera gallega es una consecuencia de la subdivisin de la +propiedad, o si los gallegos han conseguido que la propiedad se +subdividiese gracias a su proverbial marrullera. Lo que s s es que +ambas cosas se relacionan y se apoyan, dando origen a una tercera: la +poltica. Este ambiente abogadil de intrigas constantes y de habilidades +pequeas no puede ser ms a propsito para la formacin del poltico +espaol. De l sali Montero Ros, su representante mximo, con toda esa +caterva de hijos, sobrinos, yernos, amigos y contertulios que nos +mangonean todava...</p> + +<p>Hay quien opina que subdividir la propiedad es una manera de abolirla y +que no existe diferencia entre el que la propiedad sea de todos y el que +no sea de nadie. Es como si a cada uno nos diesen un baln de oxgeno +para respirar y nos dijesen que eso equivala exactamente al uso libre +de la atmsfera. La socializacin de la propiedad se har en toda Espaa +antes que en Galicia, donde no falta quien ya la considere hecha. En +Galicia la tierra es de todos; pero tan pronto como un gallego traspone +su propio ferrado de secano o de regado, cada paso que da le cuesta un +pleito. Los andaluces tienen una fama de generosos contraria a la de los +gallegos, y es muy posible que esta fama est justificada. Andaluca es +un pas de proletarios, donde el espritu de propiedad no ha tenido +ocasin de difundirse. Galicia, en cambio, es un pas donde todos poseen +algo, a excepcin de algn escritor ms o menos original, como el autor +de esta crnica.</p> + + + +<h3><a name="XIa" id="XIa"></a>XI<br /> <br /> +EL CELTA MIGRATORIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">a</span> emigracin?—me dice un amigo—. Pero, usted cree que la emigracin +es un mal? Todo el dinero que ganan los gallegos en Amrica viene luego +aqu, a mover nuestra industria. Y no es slo dinero lo que los indianos +hacen circular entre nosotros, sino tambin espritu de progreso y de +tolerancia. Con su acento absurdo, diciendo San Jorge de Bolsas en vez +de San Jorge de Sacos, y cosas por el estilo, los gallegos que vuelven +de Amrica estn modernizando Galicia. Desengese usted. La emigracin +es un bien...</p> + +<p>Yo estaba ya completamente desengaado. Creo que la emigracin es un +bien; pero en esto, precisamente, consiste el mal. Hay circunstancias en +las que un hombre no tiene ms recurso que ponerse al servicio de otro +hombre si no quiere morirse: a ese hombre le conviene hacer de criado; +pero, indudablemente, el estado de criado no constituye un estado +envidiable. La emigracin es un bien, y esto es lo malo. Tambin es un +bien salir de presidio; pero sera mucho mejor no haber entrado en l.</p> + +<p>Hay quien atribuye la emigracin de los gallegos a su sangre celta, y +apoya esta opinin con el dato de que Irlanda, uno de los pueblos donde +la raza cltica se conserva ms pura, es tambin prdiga en emigrantes. +Yo no quiero negar el espritu aventurero de la raza cltica, a la que, +segn parece, tengo el honor de pertenecer; pero, por qu es tan +aventurera esta raza? En 1845 la patata irlandesa fue agostada por no s +qu enfermedad, y desde entonces al 1850 ms de un milln de irlandeses +huyeron a los Estados Unidos. Los irlandeses se sintieron en aquellos +aos ms celtas que nunca. Despus desapareci la enfermedad de la +patata, y la emigracin irlandesa disminuy en un 80 por 100. Amigo +lector; cuando vea usted a un celta migratorio, ofrzcale una patata y, +acto continuo, lo convertir usted en un europeo sedentario. Las razas +aventureras lo son por falta de patatas, por falta de pan, por falta de +libertad. Se echa de sus casas a los judos, a los polacos y a los +armenios, y una vez que se les ha echado, al verlos correr el mundo, se +dice que tienen un espritu muy aventurero. Si, en efecto, lo tienen, +que Dios se lo conserve, porque buena falta les hace...</p> + +<p>La emigracin es un bien para Galicia y para Espaa; pero, sobre todo, +lo es para Amrica. Por cada mil pesetas en dinero que los emigrantes +mandan aqu, cuntas no se dejarn all en trabajo? Desgraciadamente, +aqu el trabajo no les producira nada, y la emigracin sigue. En +Galicia no se ven apenas ms que mujeres, viejos que ya han vuelto de +Amrica, nios que esperan a ir, caciques y curas. Por cada revista +madrilea que llega a Galicia, hay cinco o seis revistas argentinas. No +falta en Galicia quien tome su mate por las tardes leyendo <i>Caras y +Caretas</i> o <i>El Mundo Argentino</i>. Y a m el separatismo poltico no me +asusta; pero este separatismo prctico me parece una cosa muy seria.</p> + + + +<h3><a name="XIIa" id="XIIa"></a>XII<br /> <br /> +GRANDES HOMBRES</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> provincias estn llenas con estatuas de grandes hombres, sin contar +las grandes mujeres, como Concepcin Arenal y doa Emilia Pardo Bazn. +Y, ante este fenmeno, yo no puedo menos de preguntarme:</p> + +<p>—Hay muchas estatuas porque hay muchos grandes hombres, o hay muchos +grandes hombres para que haya muchas estatuas? Quin hace a quin? El +escultor es una consecuencia del grande hombre, o el grande hombre una +consecuencia del escultor?</p> + +<p>Desde luego, parece evidente que los grandes hombres, en caso de +necesidad, podran, bien que mal, arreglrselas sin escultores. En +cambio, los escultores se veran bastante apurados el da en que hubiese +una huelga de grandes hombres.</p> + +<p>Un escultor amigo mo, hablndome de cmo iba el hombre resolviendo su +vida, me deca recientemente:</p> + +<p>—Tengo bastante que hacer. Antes slo haba trabajo en Espaa para una +media docena de escultores. Ahora trabajamos constantemente cerca de un +centenar.</p> + +<p>Yo me acord entonces del Sr. Salaverra y de sus imprecaciones contra +el pesimismo. Indudablemente—me dije—el Sr. Salaverra tiene razn. +Estamos en un perodo de gran florecimiento. Cmo puede encontrarse en +decadencia un pas que produce grandes hombres bastantes para emplear a +cien escultores diarios?</p> + +<p>Pero luego me asalt la idea de que, si Espaa dejase de producir +grandes hombres repentinamente, esos cien escultores no iban a morirse +de hambre.</p> + +<p>—A falta de grandes hombres—pens—, se arreglaran con hombres +medianos, y hasta con hombrecitos chiquitines.</p> + +<p>Y de situar esta hiptesis en el porvenir a trasladarla al presente no +haba ms que un paso. No son los grandes hombres quienes hacen a los +escultores, sino los escultores quienes hacen a los grandes hombres. Se +van por las capitales de provincia y trabajan el artculo.</p> + +<p>—Pero es posible?—exclaman—. Cmo tienen ustedes esta alameda as, +sin un grande hombre ni nada?</p> + +<p>—Un grande hombre?</p> + +<p>—S. Un grande hombre. Un hijo ilustre de la provincia.</p> + +<p>Los provincianos no se acuerdan de ninguno.</p> + +<p>—Fjense ustedes bien. No faltar por ah un filntropo, un hroe, un +cronista local, aunque sea un ex ministro.</p> + +<p>Generalmente, se acaba por elegir al ex ministro, y el escultor, que ya +suele tener preparados cuerpos para ex ministros, para filntropos y +para generales, no hace ms que preparar la cabeza y enchufarla. En una +ciudad, cuyo nombre no importa, el poeta local fue desechado porque era +tuerto, y se le sustituy con un abogado.</p> + +<p>—Un tuerto!—deca el escultor—. Si me dieran ustedes un ciego, les +hara una obra magnfica; pero, por Dios!, no me den ustedes un tuerto.</p> + +<p>—Es que es el nico hombre de algn mrito que tenemos por aqu. El +nico digno de una estatua.</p> + +<p>El escultor fue irreductible:</p> + +<p>—Cmo va a ser digno de una estatua un tuerto? Cmo va un tuerto a +tener mrito?</p> + +<p>Los que no somos tuertos no debemos desconfiar todava de llegar a tener +nuestra estatua; pero, para adquirir una personalidad algo estatuaria, +debemos dejarnos crecer la barba y vestir siempre de levita.</p> + + + +<h3><a name="XIIIa" id="XIIIa"></a>XIII<br /> <br /> +QUIN SOY YO?</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">abe</span> usted quin soy yo?—me dice un seor, colocndose en plena luz +delante de m.</p> + +<p>Positivamente yo no s quin es este seor, pero me guardo muy bien de +decirlo as, porque temo entristecerlo.</p> + +<p>—Tengo una idea—le contesto—. Su cara de usted no me es +desconocida...</p> + +<p>—Fjese usted bien...</p> + +<p>Me fijo bien.</p> + +<p>—No ha visto usted nunca caras parecidas a la ma?</p> + +<p>Indudablemente, yo he visto caras parecidas a la de este seor: caras +con una nariz, caras con unos ojos, caras con unos bigotes... Tambin he +visto sombreros de jipi-japa semejantes a este sombrero de jipi-japa. +Sin embargo, no caigo.</p> + +<p>—No hay duda—exclamo—de que yo le conozco a usted; pero, as, de +momento, no doy con el nombre...</p> + +<p>—De modo que no puede usted decirme quin soy yo?</p> + +<p>—No, seor...</p> + +<p>El hombre se queda muy apesadumbrado. Se tratar, acaso, de un hombre +que ignora su estado civil y que pretende averiguarlo preguntndoselo a +las gentes? Considerar este hombre, tal vez, que, siendo periodista, +yo debo estar mejor informado que las otras personas? Caso triste, en +verdad, el de un seor que no sabe quin es y que no encuentra quien se +lo diga!... Yo comienzo a afligirme, pero el seor me recita de pronto +su nombre, su edad, su profesin, sus apellidos y sus motes.</p> + +<p>—De modo que usted saba quin es?—exclamo.</p> + +<p>—Claro est.</p> + +<p>—Y entonces—prosigo—, con qu objeto me lo preguntaba usted a m?</p> + +<p>No me lo preguntaba para informarse, sino que lo haca con una intencin +perfectamente capciosa.</p> + +<p>Yo permanezco algo desconcertado, y al poco rato comparece otro hombre.</p> + +<p>—Hola!—exclama el otro hombre—. No sabes quin soy?</p> + +<p>—No s quin eres.</p> + +<p>—Y ste—aade sealando a un compaero suyo—, tampoco sabes quin +es?</p> + +<p>—Tampoco. No s quines sois; pero tal vez puedan informaros en el +Juzgado municipal.</p> + +<p>Desde que estoy en el pueblo, numerosas personas se me han acercado para +que les diga sus nombres. Al principio procuraba complacerlas y haca +esfuerzos inauditos a fin de recordar bien. Ahora ya no me canso. Se +trata de un <i>sport</i> local que no me interesa gran cosa. Faltas de otro +entretenimiento, las gentes esperan aqu cinco, diez o quince aos el +regreso de algn convecino viajero para preguntarle quines son. Quieren +ver si uno ha conservado la memoria durante sus viajes, y, si el tabaco, +por ejemplo, se la ha estropeado a uno, entonces le consideran a uno un +hombre terriblemente orgulloso.</p> + + + +<h3><a name="XIVa" id="XIVa"></a>XIV<br /> <br /> +EL CAMINO DE SANTIAGO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> que quiera trasladarse en ferrocarril al siglo <span class="smcap">xiii</span>, que no piense en +Santiago. Lo ms siglo <span class="smcap">xiii</span> de Santiago es el viaje. Desde la Corua se +va en automvil, pero qu automvil! Viajando en l, yo he tenido una +sensacin de cosa arcaica y primitiva que no hubiese podido tener nunca +viajando en una diligencia. Me pareca as como si el automovilismo +fuese una invencin medieval, una invencin que se hubiese perfeccionado +en otras partes a fuerza de siglos, pero que hubiese permanecido +estacionaria en el camino de Santiago. Si me aseguran que cuando se +descubri el cuerpo del Apstol, aquel mismo automvil haba servido +para conducir a Santiago los primeros peregrinos, yo lo creo sin +vacilar.</p> + +<p>En Santiago quise comprar peridicos, pero no haba ms que <i>El Correo +Espaol</i> y <i>El Debate</i>. Esto tambin me produjo una impresin de +medievalismo. Se hablaba de la guerra, y a m me pareca que, ya en el +siglo <span class="smcap">xiii</span>, se deba de comentar en Santiago la guerra europea con el +mismo criterio.</p> + +<p>Lo que me pareci ms moderno fue la catedral. En ninguna parte se +encuentran ms adelantadas las catedrales medievales. La catedral de +Santiago poda estar perfectamente en Francia, en Inglaterra o en +Alemania, al lado de las fbricas y de los laboratorios. Ante la +catedral de Santiago no se experimenta ninguna impresin de anacronismo. +Esta impresin, si no se ha recibido antes, se recibe despus, cuando +uno pregunta las horas del tren para Villagarca y le dicen a uno que +este tren slo sale tres veces por semana.</p> + + + +<h3><a name="XVa" id="XVa"></a>XV<br /> <br /> +EL BOTAFUMEIRO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ubo</span> un tiempo en que las catorce puertas de la catedral de Santiago no +se cerraban de da ni de noche. Constantemente llegaban peregrinos de +todas las partes del mundo, que, entonces, slo eran tres. Venan persas +con las cabezas tonsuradas; griegos que traan tatuado en las manos el +signo de la cruz; ingleses, irlandeses, franceses, italianos, eslavos... +Unos, mudos de nacimiento, queran que el Apstol les concediese el uso +de la palabra; otros, ciegos, deseaban ver, y muchos slo se proponan +cobrar una herencia, ya que en la Edad Media, para cobrar una herencia +sola imponerse como condicin la peregrinacin a Santiago. No faltaban +prncipes que, en vsperas de alguna batalla, viniesen a implorar el +auxilio militar del Apstol contra sus enemigos. Fuera de la catedral, +unos hombres, sentados en cuclillas, iban apilando a su alrededor +monedas de todos los pases. Eran los cambiantes, padres de nuestros +actuales banqueros. Dentro, los peregrinos, agrupados por +nacionalidades, rezaban y cantaban. Cantaban en sus diversos latines +respectivos y se acompaaban con sus instrumentos predilectos. Ctaras, +crtalos, flautas, gaitas, arpas, salterios, trompetas, liras, todo +sonaba all, y el Apstol haca el milagro de armonizarlo. Luego, los +peregrinos se iban a ver las reliquias, guiados por el <i>lenguajero</i>, una +especie de intrprete de hotel, que saba decir en varios idiomas +piedra, corona, cuchillo, hacha, sombrero...</p> + +<p>Unos peregrinos viajaban a sus expensas; otros venan implorando la +caridad. La mayora llegaban rotos, sucios, mugrientos y enfermos. +Algunas veces se declararon en Santiago epidemias muy serias, y el +Apstol no daba abasto haciendo milagros. Fue entonces cuando se invent +el <i>botafumeiro</i>, rey de los incensarios, como le llama Vctor Hugo. +El <i>botafumeiro</i> no fue en sus orgenes un objeto litrgico, sino, +sencillamente, un aparato de desinfeccin. Lo cargaban con incienso +porque todava no exista el cido fnico. Aquellos peregrinos, que +venan directamente desde el fondo del Asia, tenan mucha fe, pero olan +muy mal, y los santiagueses procuraban aislarlos en una nube de +incienso. Si hubieran podido, tambin se hubiesen untado las narices con +aceite mentolado, y quizs hoy, al olor del aceite mentolado, uno se +llenase de evocaciones religiosas y viese, en su imaginacin, coros de +ngeles y serafines...</p> + +<p>Grandioso <i>botafumeiro</i>! Hoy, que la falta de fe lo mantiene ocioso, +por qu no se piensa el medio de trasladarlo al Congreso? Cuanto ms +animados fuesen los debates, el <i>botafumeiro</i> girara ms velozmente. Y +en vez de procurarse una entrada o de leer el <i>Diario de las Sesiones</i>, +uno se limitara a ver, desde fuera, cmo sala y se elevaba y se +desvaneca el humo.</p> + + + +<h3><a name="XVIa" id="XVIa"></a>XVI<br /> <br /> +CABEZAS DE CERDO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">ace</span> tiempo, los cerdos de Galicia llevaban una vida completamente +patriarcal. Eran, quizs, algo inmorales, eran glotones y tenan una +cierta socarronera muy campesina; pero ninguno de ellos estaba +contaminado por las ideas del siglo. Los chicos de los paisanos crecan +entre ellos, y a veces, chicos y cerdos dorman en la misma habitacin. +Puede imaginarse nada ms virgiliano? En ciudades como Santiago haba +quien se llevaba los cerdos a un segundo piso y sala luego a pasearse +con ellos entre los cannigos, los tenientes de la guarnicin y los +estudiantes de latn. Una seorita inglesa que estuvo hace algunos aos +en la ciudad del Apstol—la autora de <i>Galicia. The Switzerland of +Spain</i>—le pregunt a su hostelera si era cierto lo que se deca de los +cerdos santiagueses como animales de sociedad.</p> + +<p>—No son nicamente los cerdos—contest la interpelada—. Desde su +ventana puede usted ver dos cabras en el piso de enfrente. Sus dueos +las tratan como personas de la familia...</p> + +<p>Todava hay en Santiago quien recuerda a Montero Ros guiando por las +calles un rebao de cerdos. Ms tarde gui electores. Luego, +diputados...</p> + +<p>S. Los cerdos llevaban aqu una vida completamente patriarcal. Cuando +les llegaba su San Martn, berreaban horriblemente y estiraban una pata, +que era un jamn. Moran dolorosamente, pero sin remordimientos de +conciencia. Nunca haban tenido ambiciones ni vanidades. Si haban +procurado engordar, no lo hicieron por ellos tanto como por sus dueos. +Engordaron para que sus morcillas fuesen ms sabrosas y para que su +tocino le diera ms gusto al caldo de las buenas familias en cuyo seno +haban vivido.</p> + +<p>Pero ahora hay en Galicia una nueva generacin de cerdos. A poco de +estallar la guerra, unos hombres extraos vinieron por aqu y +soliviantaron a los cerdos, a las gallinas y a otros muchos animales +domsticos.</p> + +<p>—Cunto os dan aqu por una docena de huevos?—parece que les +preguntaron a las gallinas.</p> + +<p>—Y los jamones—dijeron, dirigindose a los cerdos—, a cmo los +vendis?</p> + +<p>El cerdo, animal muy tradicionalista, dio un gruido y no hizo caso. La +gallina cacare. Pero aquellos hombres hablaron de los mercados +extranjeros, donde todo se pagaba diez veces ms que aqu, y hoy +nuestros animales de corral y de alcoba han aprendido ya los caminos del +mundo. El cerdo gallego tiene actualmente sus ideas industriales, ni +ms ni menos que si fuese un cerdo de Chicago. Dentro de poco ser capaz +de pedir que lo maten automticamente y que lo desmenucen de un modo +cientfico.</p> + +<p>Las costumbres patriarcales del cerdo gallego van desapareciendo. El +cerdo progresa. Y si esto contina as, ser cosa de recomendar a +nuestros polticos que coman cabeza de cerdo a ver si se les pega algo.</p> + + + +<h3><a name="XVIIa" id="XVIIa"></a>XVII<br /> <br /> +LA VIEIRA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">no</span> de los mariscos ms dignos de estimacin es la <i>vieira</i>. Madrid, que +lo ignora todo respecto a provincias, no come <i>vieiras</i>, y es una +lstima. Asadas en su concha, con un diente de ajo y un poco de +pimentn, las <i>vieiras</i> son bastante ms sabrosas que esos cangrejos de +celuloide con que los madrileos pretenden consolarse de su falta de +mar. En Inglaterra la vieira carece de triptongo; se llama <i>scallop</i>, y +este nombre, escaso en vocales, es como si le quitara la mitad del +gusto. Sin embargo, la <i>vieira</i> tiene all, por lo menos, tanta +popularidad como la ostra. En Francia las vieiras bretonas, las vieiras +armoricanas, gozan de gran reputacin y son consideradas un bocado +exquisito. Y saben ustedes cmo las llaman los franceses a las +<i>vieiras</i>? Las llaman <i>coquilles Saint-Jacques</i>, o conchas de Santiago.</p> + +<p>Porque la vieira es el marisco del Apstol. Es un marisco casi sagrado, +as como otros mariscos son literarios, y otros, polticos. Se cuenta +que cuando el cuerpo de Santiago fue conducido al Padrn, un caballero +que deseaba acompaarlo lleg tarde al puerto. El barco haba izado ya +sus velas y se perda en el horizonte, sobre un mar de oro y de plata. +Entonces el caballero hizo el signo de la cruz y se lanz audazmente +entre las olas. Durante varios das su caballo fue galopando sobre el +fondo del mar, con gran asombro de merluzas y salmonetes, y cuando +llegaron a Iria Flavia, caballo y caballero estaban cubiertos de +<i>vieiras</i>. Desde entonces la vieira ha sido el smbolo de los +peregrinos, y para que stos no tuviesen que ir a buscarlas debajo del +mar—la experiencia del caballero no se consideraba concluyente y haba +el temor de que algn peregrino pudiese morir ahogado—, los +santiagueses se las vendan ya muy bien preparadas. Al principio vendan +conchas naturales. Despus hacan conchas de cobre, de plata, de latn, +de porcelana y de azabache. Todava existe en Santiago la calle de los +Azabacheros, desde donde se ve una fachada de la catedral, y a esta +fachada se la llama la Azabachera. Y muchas casas, que antiguamente +sirvieron de mesones para los peregrinos, conservan an, como +distintivo, una concha de vieira esculpida a la entrada.</p> + +<p>Pocos mariscos unirn, como la <i>vieira</i>, una carne tan sabrosa a un +abolengo tan ilustre. Ya, mucho antes de la Edad Media, la <i>vieira</i> le +haba servido a Afrodita, surgiendo del mar, para alisarse los hmedos y +admirables cabellos. Hoy Afrodita usa peines bastante ms caros; pero +esto no quiere decir nada contra la <i>vieira</i>. La <i>vieira</i> es el <i>pecten +Veneris</i> de los antiguos, y el Arte ha buscado mil veces inspiracin en +sus curvas sencillas y maravillosas.</p> + +<p>De paso en Galicia, tierra de <i>vieiras</i>, yo me considero obligado a +hacer la apologa de este marisco. Creo que Madrid no debe ignorarlo, y +que mantenerlo ms tiempo en el olvido sera una poltica funesta. Si +Madrid no se interesa por nuestras vieiras, cmo va a interesarse por +nuestros conflictos sociales? Indudablemente, la poltica central carece +de sensibilidad con respecto a provincias.</p> + + + +<h3><a name="XVIIIa" id="XVIIIa"></a>XVIII<br /> <br /> +OPINIONES POLTICAS Y LITERARIAS DE LA ROSARIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">l</span> volver a Madrid, tras una ausencia de mes y pico, soy cariosamente +acogido por mi buena Rosario, una chica mitad ama de llaves y mitad +cocinera, que arregla mis papeles y cuida de mi estmago.</p> + +<p>—Te entrego mi estmago, un poco estropeado por las salsas al por +mayor—le dije al darle posesin de su cargo—, y espero que me lo +trates bien. El estmago es el alma del escritor. Con un poco de acidez +o de flatulencia, yo hara una literatura triste y perdera lectores. Al +nombrarte mi cocinera, te nombro, en realidad, mi colaboradora. Hazme +guisos sencillos, sabrosos y sanos, y de este modo tendremos siempre el +respeto de la crtica y la aceptacin del pblico.</p> + +<p>Desde entonces, la Rosario pone sus cinco sentidos en la cocina. A +veces, advierto la desaparicin de algn plato, pero no es culpa de la +Rosario.</p> + +<p>—Yo no lo romp. Fue l. Lo tena en la mano, y se cay. Se hizo +pedazos contra el suelo...</p> + +<p>—Debe de ser un caso de suicidio—observo yo entonces—. El pobre plato +estara desesperado de la vida.</p> + +<p>Otras veces, la carne est espantosamente dura, y la Rosario dice que no +ha querido cocerse. Verdaderamente, qu inters puede tener la carne en +ponerse blanda?</p> + +<p>Pero, a pesar de todo, la Rosario es una excelente muchacha. Yo le doy a +leer los libros de mis amigos, y luego le pregunto qu es lo que +opinamos de ellos. La Rosario tiene un criterio literario en el que la +crtica no ha ejercido an su perniciosa influencia: un criterio sano y +honrado. Algunos autores, al enviarme sus obras, lo hacen dedicndoselas +ya a la Rosario, y no falta quien le prodigue adjetivos laudatorios para +congraciarse con ella.</p> + +<p>Ahora, al volver de Galicia, la Rosario me cont todo lo que haba +ocurrido durante mi ausencia. Yo haba estado ms de un mes sin recibir +cartas ni leer peridicos, y quera restablecer mi contacto con la vida +urbana.</p> + +<p>—Se han suicidado muchos platos? Han trado muchas cuentas? En qu +nuevas aventuras se ha metido el amigo Charlot?...</p> + +<p>La Rosario ha ido contestndome a todas estas preguntas y satisfaciendo +as mi curiosidad.</p> + +<p>—Y Gobierno, qu Gobierno tenemos ahora?—aad.</p> + +<p>—Gobierno? Yo creo que tenemos el mismo.</p> + +<p>—Imposible, Rosario. Hace ms de un mes que sal de Madrid, y no es +posible que un Gobierno dure tanto. Seguramente tenemos un Gobierno +nuevo.</p> + +<p>La Rosario entonces reflexion un poco, y dijo:</p> + +<p>—Quizs. La verdad, yo, que gobiernen unos o que gobiernen otros, no lo +noto nunca...</p> + +<p>Y aqu me tiene el lector, ignorando si estoy gobernado por Maura, por +Snchez de Toca o por Romanones. En casa no lo notamos. Las patatas +cuestan lo mismo. El alquiler no baja. Los guisos salen igual...</p> + + + +<h2><a name="EN_EL_PAIS_DE_LA_RULETA" id="EN_EL_PAIS_DE_LA_RULETA"></a>EN EL PAS DE LA RULETA</h2> + + + +<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I<br /> <br /> +LOS TEMAS LITERARIOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">os</span> escritores solemos dirigirnos a el lector, poco ms o menos, as +como los criados se dirigen a el seor. Desgraciadamente, este +concepto de el lector es demasiado vago. Por lo general, el lector +tiene una personalidad multiforme y a veces carece de existencia. Si el +lector—este lector de quien hablamos tanto los escritores—fuese una +realidad concreta y tangible, entonces yo me dirigira a l y le dira:</p> + +<p>—Qu artculo de San Sebastin quiere usted que yo le haga? El de la +lluvia? El del jugador? El de las pulgas? El de la Concha? El del +objeto perdido? El de la misteriosa extranjera...?</p> + +<p>Porque en San Sebastin no hay arriba de doce temas para artculos. Los +corresponsales madrileos que vienen aqu hacen las mismas crnicas cada +temporada. Yo conozco a un compaero que lleva ya quince sobre la +lluvia. Es un especialista.</p> + +<p>Cmo se explica el que esta municipalidad, tan adelantada en otras +cosas, no se haya cuidado nunca de darle temas a los escritores? Tal +abandono es verdaderamente lamentable. Una ciudad de placer que no vara +sus temas literarios, una playa que no renueva sus crnicas, est +condenada a muerte. Toda la literatura de San Sebastin resultar una +cosa trasnochada tan pronto como, a orillas del Cantbrico o del +Mediterrneo, se levante otro gran Casino con nuevos temas para los +cronistas. Los peridicos madrileos se apresurarn a mandar all la +nube de corresponsales que ahora envan a San Sebastin. Al artculo de +la lluvia suceder el artculo del sol o del relente; la crnica de las +pulgas ser substituida por una sobre las chinches o sobre las +cucarachas. Qu placer para los periodistas y para los lectores de +peridicos! Ser una transformacin literaria comparable tan slo al +advenimiento del romanticismo. Los veraneantes afluirn en masa a la +nueva playa de moda, y San Sebastin desaparecer del mundo como centro +de placeres.</p> + +<p>Yo he llegado a San Sebastin hace varios das. Mi querido Fernndez +Flrez estaba todava aqu.</p> + +<p>—Supongo—le dije—que me habr dejado usted algn tema disponible, +aunque sea de segundo o tercer orden.</p> + +<p>Fernndez Flrez se rasc la cabeza.</p> + +<p>—Veamos, veamos—insist yo—. Ha hecho usted ya el artculo de la +lluvia, el del Casino, el de las pulgas...</p> + +<p>Los haba hecho todos, y, adems, los haba hecho como yo precisamente +hubiese querido hacerlos.</p> + +<p>Voy a tener que volverme a Madrid, pensaba yo.</p> + +<p>En esto transponamos las puertas del Casino, y yo observ que el +portero era tuerto.</p> + +<p>Qu coincidencia!—exclam—. Este portero tuerto, aqu donde se juega +tanto dinero... Es que habr todava en San Sebastin una crnica por +hacer?</p> + +<p>Pero Fernndez Flrez ya haba hablado tambin del portero tuerto...</p> + +<p>El Municipio de San Sebastin creer, sin duda, que esto de los temas +literarios es cosa de los escritores; pero San Sebastin no tardar en +sufrir las consecuencias de tan profundo error. Yo creo que es cosa de +los concejales, del Casino, de las sociedades de atraccin de +forasteros, de las comisiones de festejos, etctera, etc. Estas +entidades debieran renovar cada temporada los temas periodsticos de San +Sebastin, a fin de que ningn corresponsal permaneciera aqu ocioso. +Ms que de dinero se trata de organizacin. Con seis temas inditos por +temporada, San Sebastin podra ir tirando todava.</p> + + + +<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II<br /> <br /> +EL TREINTA Y CUARENTA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">agan</span> juego, seores...!</p> + +<p>Sobre la mesa van cayendo fichas de un duro y de cuatro duros, y placas +de 50, de 100, de 500 y de 1.000 pesetas. Las raquetas van y vienen, +manejadas por manos febriles. Un seor, alargando trabajosamente el +brazo por entre la muchedumbre, pone 1.000 pesetas a encarnado. Es un +jugador de <i>a pie</i>. Los empleados dividen a los jugadores en dos +categoras fundamentales: jugadores de a pie y jugadores sentados, y la +primera categora es la nica que les infunde cierto pavor. Si el +jugador de a pie gana, en efecto, hay muchas probabilidades de que se +vaya con la ganancia. Puede dar un pase, dos, tres y marcharse con 15 o +20.000 pesetas. En cambio, el jugador sentado no importa que amontone +algn dinero. La banca siempre tiene esperanzas de recuperarlo.</p> + +<p>—Hagan juego...!</p> + +<p>Los mirones encuentran floja la partida.</p> + +<p>—Esto est aburridsimo—dicen—. No hay sangre...</p> + +<p>Algunos reconvienen a sus amigos.</p> + +<p>—Por qu juega usted a ese pao? Es absurdo...</p> + +<p>Y luego, si por casualidad aciertan, insistirn en sus censuras, +llenando de vituperios a los pobres perdidosos.</p> + +<p>—No se lo dije yo a usted? Si era infalible...</p> + +<p>—Yo prefiero ganar diez duros a negro—murmura una voz—que 1.000 +pesetas a encarnado. Qu quiere usted! Es una mana. Adems, no me +sera posible jugar a encarnado. Hace ya noventa y un aos que juego a +negro...!</p> + +<p>Vuelvo la cabeza y veo a un viejecito que empuja las fichas con una +raqueta temblorosa. Debe de sentirse prximo a la muerte, y por eso no +juega a encarnado. Acaso ganara; pero por unos cuantos duros no va a +dejar a ltima hora su camino de siempre. Qu hermoso ejemplo de +consecuencia para los polticos! Yo lo someto a la consideracin de un +distinguido diputado, el cual se echa a rer.</p> + +<p>—Ya ves. En solo media hora he ganado 20.000 pesetas con mi juego de +alternativa...</p> + +<p>El <i>croupier</i> va cantando con un acento muy francs:</p> + +<p>—Siete... Cuatro... <i>Encagnado</i> gana <i>et colog</i>.</p> + +<p>—Qu le vamos a hacer!—suspira el viejecito.</p> + +<p>Y vuelve a jugar a negro. Su cara est alegre, sonriente, satisfecha. Se +ve que este hombre, tan prximo al umbral de la otra vida, lo traspasar +sin temor alguno. Ha sido un hombre leal. Ha cumplido siempre, sin +vacilaciones, el deber que se impuso noventa y un aos atrs. Su +conciencia est tranquila. Cuando Dios le llame a juicio y le pregunte +si jug alguna vez a encarnado, l dir:</p> + +<p>—Nunca. Segu el negro en la adversidad como en la fortuna, en sus +horas buenas y en sus horas malas, cuando todos acudan a l lo mismo +que cuando se vea abandonado de todos...</p> + +<p>—Dos...—canta el empleado.</p> + +<p>Y, extendiendo sobre la mesa otra hilera de cartas, vuelve a cantar:</p> + +<p>—Dos...</p> + +<p>Es un <i>aprs</i>. Uno de los que juegan a negro retira su postura.</p> + +<p>—Hace usted mal—le dice un mirn—. Eso lo que demuestra es la fuerza +de la baraja. Ya ve usted si ser fuerte el encarnado, que ni a dos +puede ganarle el negro.</p> + +<p>—Cuntos encarnados van?—pregunta alguien.</p> + +<p>—Cuatro.</p> + +<p>—Es una racha. Hay que aprovecharla...</p> + +<p>Llueven sobre el encarnado fichas, placas y billetes. Los postores de +grandes sumas las hacen asegurar. Naturalmente que este seguro no es +contra la prdida. No se ha llegado an a constituir una compaa que +asegure las rachas de un color contra el color contrario. Es nicamente +para el caso de que se d un <i>aprs</i> de treinta y una. Por un duro cada +cien duros o fraccin de cien duros, el jugador garantiza su capital +contra lo que constituye el cero del treinta y cuarenta.</p> + +<p>Se produce una gran emocin. Al gritero de hace un segundo sucede un +silencio imponente. Estamos como en el circo, cuando para la msica y se +avecina el ejercicio peligroso.</p> + +<p>El empleado comienza a echar las cartas, y el encarnado saca dos.</p> + +<p>—Otra vez dos?</p> + +<p>—Malo! Malo...!</p> + +<p>—Ahora quiebra la racha...</p> + +<p>Y, en efecto, quiebra la racha. El negro gana. Las raquetas de los +empleados, miradas con ojos de perdidosos, parecen enormes...</p> + +<p>—Ha visto usted con lo que se sale ahora la baraja?—exclama uno de +los que haban puesto a encarnado—. Mire usted...</p> + +<p>Y ensea su cartn. Estos cartones estn divididos en columnas donde se +marcan con puntos los colores que ganan. En una columna se ponen los +puntos correspondientes al negro, y, en otra, los correspondientes al +encarnado. Luego se trazan las lneas de punto a punto y se va +obteniendo un grfico del juego, que es algo as como el grfico de una +fiebre tifoidea. Hay juegos serpentinos, de lnea inquieta, que salta +constantemente de columna a columna y que podran llamarse juegos de +alambique. Hay juegos casi rectos, en los que se dan 10, 15, 20 negros o +encarnados sucesivos. Hay juegos mixtos... Lo malo es que el grfico del +juego no se conoce hasta el final. El jugador que ve salir cuatro negros +consecutivos deduce que el juego lleva una direccin recta, y haciendo, +a su vez, un juego recto, pone su dinero a negro. Naturalmente que, a lo +mejor, sale encarnado. Entonces el jugador dice que ha quebrado el juego +y considera que la baraja se ha hecho traicin a s misma. Yo me inclino +a creer que los jugadores se precipitan en sus juicios sobre las +barajas. Que por qu, si a la postre iba a resultar que se trataba de +una baraja de alternativa, ha comenzado el juego con cuatro encarnados? +Quin sabe! A lo mejor la baraja lo hizo para despistar...</p> + +<p>—Ha quebrado el juego. Mire usted mi cartn...</p> + +<p>En realidad, lo nico que ha quebrado es la lnea.</p> + +<p>Todo el mundo pierde, excepto el viejecito y un seor que haba puesto +1.000 pesetas a negro.</p> + +<p>—Por no saber jugar!—murmura un tcnico, en discusin con otro +jugador—. Ese seor ha ganado, y qu? Es que demuestra algo el que +haya ganado ese seor?</p> + +<p>Porque ante la teora general, ante la ley profunda del treinta y +cuarenta, los hechos aislados carecen de importancia. Es que se va a +destruir con 1.000 pesetas toda una filosofa?</p> + +<p>—Oye, dame dos duros—dice una voz femenina.</p> + +<p>—Pdeselos a Marquet—contesta una voz masculina.</p> + +<p>—Es que ya ves lo que ha pasado. Ha quebrado la racha...</p> + +<p>—Yo llevo perdidas ya 40.000 pesetas desde el mes de agosto—le dice +una amiga a la pedigea.</p> + +<p>—Cuarenta mil pesetas? Y a quin se las has perdido?</p> + +<p>—Se las perd a varios. Si fuese para comer, no me las hubiesen dado...</p> + +<p>Un jugador abandona su asiento con cara de malhumor.</p> + +<p>—Perdi usted mucho?</p> + +<p>—No. Perd poco; pero lo que ms me indigna es ver ganar a los amigos. +Que yo pierda, pase. Que ganen los desconocidos, pase. Que ganen los +amigos, eso, francamente, me desespera.</p> + +<p>Se oye la voz del empleado, que domina todas las otras.</p> + +<p>—Hagan juego, seores...!</p> + +<p>La mesa se llena de miles de pesetas. Y luego diremos que el dinero +espaol carece de audacia y que est dormido en las cuentas corrientes!</p> + + + +<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III<br /> <br /> +LOS BOLSILLOS Y EL ESPRITU DE PROPIEDAD</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">V</span><span class="smcap">iendo</span>, en el Casino, a los empleados de las mesas de juego, se me han +venido a la memoria las reflexiones de un oso: el oso <i>Atta Troll</i>, +inmortalizado por Heine. Segn <i>Atta Troll</i>, los hombres son unos +animales infelices y depravados, y todo su mal proviene de la invencin +de los bolsillos. Si los hombres no usramos bolsillos, no habra entre +nosotros egosmo, no habra ambicin, no habra <i>tuyo</i> y <i>mo</i>, no +habra propiedad, no habra tirana... Seramos como unos osos de +diferente especie, serios y dignos, aunque aficionados a la danza. +Desgraciadamente, un da los hombres inventaron los bolsillos, y desde +entonces cada uno trata de meter en los suyos lo que debiera estar a la +disposicin de todos...</p> + +<p>En el Casino de San Sebastin, los empleados de las mesas de juego +carecen de bolsillos. La direccin del establecimiento, como el oso de +Heine, cree que, despojando de bolsillos a los hombres, se suprime en +ellos el sentido de la propiedad, y a medida que los empleados llegan, +hace que cambien sus trajes por unos trajes especiales, en los que no +hay medio de guardar ni una sola perra chica. Los empleados pueden, as, +manejar todas las noches miles y miles de duros sin la menor emocin. Si +tuvieran bolsillos, tendran, con ellos, el sentido de la propiedad, y +al pensar que todo aquel dinero era un dinero ajeno, sufriran tormentos +espantosos. Sin bolsillos, esto es, sin sentido de la propiedad, no se +les ocurre nunca guardarse un duro de nadie. Juegan con el dinero como +jugaran con chinas al borde de la playa. Las fichas de 1.000 pesetas no +los tantalizan ni poco ni mucho. Su estado de espritu es igual al de +los osos, para quienes no existe el concepto de la propiedad individual.</p> + +<p>Yo creo que todos los concurrentes al Casino debiramos tomar ejemplo de +los empleados, y no penetrar nunca en las salas de juego con nuestros +trajes de costumbre. En vez del <i>smocking</i>, debiramos ponernos tambin, +para ir al Casino, unos trajes desprovistos de bolsillos. De este modo +no se nos ocurrira nunca ganar el dinero de la banca y nos ahorraramos +el nuestro. Y, aunque se nos ocurriese, no podramos intentarlo, porque +nos habramos dejado la cartera en casa.</p> + +<p>Mientras tanto, esto es, mientras la supresin de los bolsillos no se +extienda de los empleados a los clientes, la cosa nunca podr tener el +valor de un ensayo social. Y es que, detrs de estos empleados +desbolsillados que cantan los plenos y los colores, uno ve, +imaginativamente, unos bolsillos enormes, profundos e insondables, +adonde afluye el dinero de todos nosotros.</p> + +<p>Todava es tiempo de que suprimamos nuestros bolsillos. Y si no los +suprimimos ahora, espontneamente, tendremos que suprimirlos muy pronto, +por intiles...</p> + + + +<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV<br /> <br /> +UN NUEVO SISTEMA PLANETARIO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> cuatro de la maana. El Casino, que es como si dijramos todo San +Sebastin, ha cerrado ya sus puertas. No queda ni un solo +establecimiento abierto. Los serenos, nicos transentes de la ciudad, +marcan lentamente sus pasos en el silencio profundo. San Sebastin +duerme.</p> + +<p>Desde mi balcn, sin embargo, en el hotel de enfrente, yo veo una +ventana iluminada. Estas ventanas iluminadas a las altas horas de la +noche han constituido siempre un gran motivo literario, y, ltimamente, +constituyen un poderoso motivo detectivesco. A m me interesan en ambos +sentidos.</p> + +<p>—Quin habr en esa habitacin?—me pregunto—. Ser un enfermo que +se revuelca sobre su lecho de dolor? Ser acaso un avaro contando su +tesoro? Ser un veraneante en lucha con las famosas pulgas +donostiarras? Ser, tal vez, un poeta que sacrifica su sueo para +escribir, al dorso de una cuenta sin pagar, versos y ms versos en honor +de una amada que no existe? Ser una hermosa admirndose a s misma +ante el espejo, o ser, quiz, una ex hermosa empastndose las arrugas y +arrancndose las canas? Sern unos recin casados? Ser un sabio? +Ser un espa alemn...?</p> + +<p>Yo apostara a que es un jugador dedicado al ejercicio de la cbala +sobre un plano de la ruleta. La ruleta viene a ser algo as como un +segundo sistema planetario. Se trata de descubrir sus leyes y de fundar +una ciencia que sea, con relacin a la ruleta, lo que es la Astronoma +con relacin al Universo. Millares de hombres se han consagrado +heroicamente a la causa y le han hecho todos los sacrificios: el de su +inteligencia, el de su tiempo, el de sus cuartos... Hasta ahora, sin +embargo, no hay una verdadera ciencia de la ruleta. Los jugadores que +presumen de cientficos, que leen la revista de Montecarlo y que hacen +sus posturas con arreglo a un plan, no pasan de ser algo semejante a los +antiguos astrlogos.</p> + +<p>No existen an astrnomos de la ruleta. Acaso mi vecino sea un nuevo +Giordano Bruno, a quien har quemar el Sr. Marquet en la terraza del +Casino. Mientras tanto, las leyes de la ruleta continan en el misterio. +Gira la bola alrededor de la ruleta, o gira la ruleta alrededor de la +bola? He aqu una cuestin bien clara y concreta y que, siendo +fundamental, no ha obtenido solucin todava. Cmo podran haberla +obtenido las otras?</p> + +<p>—La ruleta—me deca un <i>amateur</i>—es la nica obra humana +verdaderamente perfecta. Rase usted de las pirmides de Egipto. Rase +de la <i>Critica de la Razn Pura</i>. No hay ms que la ruleta. Millares y +millares de hombres han dedicado sus esfuerzos a encontrarle un defecto, +y hasta ahora no se lo han encontrado. Hay quien dice que s, que se lo +ha encontrado, que la ruleta es inquebrantable con tal o cual +combinacin; pero no haga usted caso ninguno. El da en que se le +encontrara un flaco a la ruleta, la banca se arruinara, y la ruleta +dejara de existir. Mientras exista la ruleta es que no se le ha +descubierto la menor imperfeccin. Y usted ha visto qu equidad la de +la ruleta? Si con un duro quiere usted ganar otro duro, tiene usted un +50 por 100 de probabilidades en contra, y si quiere usted ganar dos +duros, tiene usted un 75. El riesgo aumenta siempre, matemticamente, en +proporcin a la ganancia. No hay nada ms justo. No hay nada ms +equitativo. Si yo fuera escultor y quisiera representar a la Equidad, la +representara en forma de <i>croupier</i> manejando una ruleta...</p> + +<p>—Una ruleta sin cero—observo yo.</p> + +<p>—Claro. Una ruleta sin cero. De tan equitativa que es la ruleta, ha +habido que ponerle un cero para garantizarle a las empresas sus gastos +infinitos. Convnzase usted. La ruleta es la nica obra humana +verdaderamente perfecta...</p> + +<p>Esto deca mi amigo; pero actualmente mi entusiasmo supera al suyo. Para +m, la ruleta es algo ms que una obra humana. Es, como he dicho antes, +todo un sistema planetario. Los puntos se sientan alrededor de la +ruleta, y poco a poco van quedndose desprovistos de dinero. Qu leyes +determinan esta atraccin de la ruleta sobre el dinero de las gentes? +Acaso mi vecino llegue a descubrirlas; pero, mientras tanto, permanecen +en el ms sombro de los misterios. Se sabe el porqu del flujo y +reflujo de la mar, se conoce el curso del Sol y el de la Luna, se +predicen los eclipses al minuto; pero cuando la ruleta comienza a dar +vueltas en un sentido, y la bola en el otro, nadie puede sospechar si va +a darse el 7 o el 13, la primera, la segunda o la tercera docena, el +rojo o el negro, la <i>manque</i> o la <i>passe</i>, el par o el impar... Y en el +siglo <span class="smcap">xx</span>, todo afeitado y vestido de <i>smocking</i> o de frac, uno se +encuentra ante la ruleta en el mismo estado de espritu en que el hombre +primitivo se encontraba ante el enigma del Universo.</p> + + + +<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V<br /> <br /> +ROUSSEAU Y ANATOLE FRANCE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ctualmente</span> slo funciona un teatro en San Sebastin. No hay +espectculos. No hay baile. No hay <i>restaurants</i> nocturnos... ni apenas +diurnos. La Polica, con el menor pretexto, clausura aqu todos los +lugares de diversin y slo queda para disputarse al veraneante estas +dos potencias sobrehumanas: la Naturaleza y el Casino. Juan Jacobo +Rousseau experimentara un serio disgusto al ver que el Casino va +venciendo. Anatole France, en cambio, para quien la civilizacin es una +lucha constante del hombre contra la Naturaleza, sonreira encantado.</p> + +<p>Porque no hay duda ninguna: la ruleta tiene mucho ms xito que el +paisaje, con ser tan hermoso el paisaje de San Sebastin. Poco a poco, +los alrededores de la bella Easo van quedndose sin clientela. El Casino +les arrebata todos los parroquianos, y este triunfo es tanto ms +notable, cuanto que, frente al cielo azul, al verde mar, a los bosques +sombros, al Sol radiante y a las montaas augustas y solemnes, la +direccin del establecimiento no ha puesto ms que una esfera giratoria +con 37 nmeros.</p> + +<p>Es, como si dijramos, la bancarrota de la Naturaleza. En honor de la +verdad, sin embargo, conviene advertir que el triunfo del Casino no ha +sido cosa muy fcil. La Naturaleza ha hecho esfuerzos prodigiosos. A +veces ha organizado das esplndidos, con una temperatura deliciosa y +una luz ideal. Los ms amigos del Casino sentan entonces deseos de +pasarse al otro bando. Su conducta anterior respecto a la madre comn se +les apareca de pronto como una injusticia y experimentaban vivos deseos +de rectificarla.</p> + +<p>—Vamos a encerrarnos en el Casino en un da como ste?—exclamaban—. +No, nunca. Sera una verdadera vergenza...</p> + +<p>Pero despus de almorzar, el cielo comenzaba a nublarse. Malas lenguas +afirman que era el Casino quien preparaba los nublados.</p> + +<p>—No hay nada imposible para los <i>croupiers</i>—sostenan.</p> + +<p>Naturalmente, que ninguna persona razonable puede considerar en serio +semejantes rumores. Lo indudable, sin embargo, es que el cielo se +nublaba. Un descuido de la Naturaleza, un momento de debilidad, qu s +yo! Entonces millares de personas, hbilmente diseminadas por los +hoteles y cafs de San Sebastin, prorrumpan en gritos estentreos.</p> + +<p>—La galerna...! La galerna...!—vociferaban.</p> + +<p>Eran alquiladas estas personas? Yo tampoco lo he credo nunca; pero lo +cierto es que todos los entusiasmos por la Naturaleza se amortiguaban de +un golpe.</p> + +<p>—Lo ven ustedes? Si aqu no se puede salir... No hay ms remedio que +meterse en el Casino...</p> + +<p>El Monte Igueldo, especialmente, tan bonito y tan prximo a la ciudad, +le haca al Casino una concurrencia terrible. Claro que el Casino +hubiese acabado por dominarlo; pero, para qu perder el tiempo?</p> + +<p>—Ya que la montaa no viene a m, yo ir a la montaa—pens la +direccin.</p> + +<p>Y la direccin fue a la montaa y puso en ella unos caballitos, y ya +nadie mira el paisaje, sino los caballitos, y la Naturaleza ha sucumbido +una vez ms.</p> + +<p>Hoy el Casino no necesita ya hacer esfuerzo ninguno para atraer al +veraneante. El veraneante le pertenece por entero. Estos das est +haciendo un tiempo magnfico, y, sin embargo, los alrededores de la +ciudad se encuentran desiertos a todas horas. La Naturaleza ha perdido +el prestigio en San Sebastin. Lo ha perdido... a la ruleta.</p> + + + +<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI<br /> <br /> +EL JUGADOR OBJETIVO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">sto</span> es una ladronera, una perfecta ladronera—dice D. Salustiano—. Ni +por casualidad se gana. Va usted a ver...</p> + +<p>D. Salustiano coge una ficha de 20 pesetas y la arroja sobre la mesa.</p> + +<p>—Veinticinco y veintiocho—exclama—. Caballo...</p> + +<p>Luego, dirigindose a m, contina:</p> + +<p>—Son 20 pesetas tiradas... Este ao llevo perdidas ya 15.000. Como no +se repita lo del ao pasado...! Sabe usted cunto me cost la broma el +ao pasado? Pues 7.000 duritos justos. No se gana nunca, nunca...</p> + +<p>La ruleta gira vertiginosamente. Los azares despiden de cuando en cuando +la bola con un ruido seco. De pronto la bola entra en un cajetn y el +<i>croupier</i> canta el nmero.</p> + +<p>—Doce. Rojo. <i>Manque.</i> Par...</p> + +<p>—Lo ve usted?—suspira D. Salustiano—. Era indudable. No hay manera +humana de ganar.</p> + +<p>Y cogiendo ocho duros en fichas, los pone a una calle. Diez y nueve, +veinte y veintiuno.</p> + +<p>—Ocho duros ms que voy a perder—me dice—. No se gana nunca. Est +demostrado...</p> + +<p>En efecto. D. Salustiano pierde los ocho duros.</p> + +<p>—Se ha convencido usted?—me pregunta—. Pues para que acabe usted de +convencerse, me voy a jugar cien pesetas a una fila. Las perder, ya lo +s, pero no importa...</p> + +<p>Como D. Salustiano, hay en San Sebastin infinidad de personas que se +arruinan para demostrar que es imposible ganar a la ruleta. Porque, +desde luego, D. Salustiano est firmemente persuadido de esta +imposibilidad. Su juego es a modo de una leccin experimental para los +amigos y para los espectadores.</p> + +<p>Yo me creo en el caso de contenerle.</p> + +<p>—No juegue usted ms—le digo—. La demostracin ya est hecha. La +prctica ha confirmado suficientemente la teora. No vale la pena que +pierda usted cien pesetas ms para persuadir a un convencido como yo.</p> + +<p>Pero D. Salustiano insiste.</p> + +<p>—Es que no tan slo se pierde en general, sino que se pierde siempre, +todas las veces—exclama.</p> + +<p>La fila de D. Salustiano comprenda los seis nmeros que van del 13 al +18, inclusive. Sale el 16, y D. Salustiano gana 500 pesetas. Yo voy a +felicitarle, pero me contengo. El buen seor est desconcertado. Todos +sus principios se acaban de caer a tierra. D. Salustiano tena una +conviccin en la vida: la de que nunca se gana a la ruleta, y he aqu +que una bola ciega, un azar incomprensible, acaba de destruir esta +conviccin. Qu le queda ahora a D. Salustiano? Nada ms que las 500 +pesetas. En lo futuro, su existencia carecer de todo sostn ideal, y +ser una cosa balda...</p> + +<p>—Juguese usted las 500 pesetas a una docena—le aconsejo.</p> + +<p>D. Salustiano las juega y las pierde. Entonces su rostro se anima de +nuevo.</p> + +<p>—Ha visto usted?—me dice—. Lo de la fila haba sido una casualidad +que no demuestra nada. Indudablemente, no hay posibilidad de ganar nunca +a la ruleta.</p> + +<p>Y cogiendo cinco duros, los tira sobre la mesa:</p> + +<p>—Para los empleados...</p> + + + +<h2><a name="EN_EL_RINCON_DE_LOS_MILLONARIOS" id="EN_EL_RINCON_DE_LOS_MILLONARIOS"></a>EN EL RINCN DE LOS MILLONARIOS</h2> + + + +<h3><a name="Ic" id="Ic"></a>I<br /> <br /> +EL HIERRO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> vez que un bilbano me invita a comer, me parece que me da a comer +hierro. El hierro es el pan de Bilbao. Todo ha sido aqu hierro en su +origen, hasta el mrmol y el oro de los millonarios de Algorta. Y el +mismo chacol, en estas alegres cenas bilbanas, me produce un efecto +as como de vino ferruginoso.</p> + +<p>Constantemente se denuncian nuevos yacimientos, a veces bajo casas +habitadas. Se denuncian calles, se denuncian viviendas, se denuncian +amigos y vecinos... Y toda la actividad bilbana, todo el trfago +gigantesco de la ra con sus hornos formidables que, durante el da, +eclipsan al Sol y que enrojecen el cielo por las noches, no son ms que +un esfuerzo para convertir este hierro en oro y en billetes.</p> + +<p>Hay quien dice que el dinero bilbano es ms valiente que el dinero de +otras ciudades espaolas. Yo no creo gran cosa en la antropologa del +dinero. En un caso particular, el dinero puede ser ms o menos audaz o +ms o menos timorato; pero, colectivamente, no hay calidades en el +dinero: no hay ms que cantidad. El dinero de un pueblo no es cobarde ni +es valiente, sino que es poco o mucho. Las grandes fortunas, como los +hombres grandes, se atreven a cosas que, por regla general, asustan a +las fortunas pequeas y a los hombres chiquitines. Valor? No. Fuerza, +peso, volumen.</p> + +<p>Adems, esto de tener el dinero en acciones es, poco ms o menos, como +tenerlo en fichas. Uno no le concede el mismo valor que si estuviera en +billetes, y se lo juega. Todo el mundo pica. Un poeta bilbano que me +quiso leer unos versos el otro da tuvo que buscar el manuscrito entre +unas cuantas navieras que llevaba en la cartera.</p> + +<p>Afortunadamente, Bilbao est llamado a tener ms dinero cada vez, y uno +no puede imaginarse su porvenir ms que en una visin gloriosa. Hoy por +hoy, Bilbao es ya una ciudad donde el dinero se cuenta por millones, y +esta ciudad resulta doblemente extraordinaria porque se encuentra +situada en el pas de la calderilla.</p> + + + +<h3><a name="IIc" id="IIc"></a>II<br /> <br /> +LA REIVINDICACIN DE LOS MILLONARIOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">I</span><span class="smcap">ndalecio</span> Prieto, el actual diputado por Bilbao, es un diputado +socialista, pero socialista para obreros. Esperemos que, en una prxima +legislatura, Bilbao se haga representar en Cortes por un socialista de +otra clase: un socialista para millonarios.</p> + +<p>La idea de un socialismo para millonarios no es ma, sino de Bernard +Shaw. Permtaseme adoptarla, sin embargo, para brindrsela a los +capitalistas bilbanos.</p> + +<p>Los capitalistas bilbanos estn completamente desamparados frente a sus +obreros. Mientras se fundan cooperativas, y se construyen casas baratas, +y se crean parques y jardines, y se instalan bibliotecas pblicas y +baos municipales, adaptando a los recursos del obrero toda la vida del +pas, quin se acuerda de los millonarios? Un millonario bilbano puede +gastarse dos o tres millones en un <i>yacht</i> y otros dos o tres en su +palacio de Algorta; pero, qu hace luego con los millones restantes?</p> + +<p>Hace poco se ha fundado aqu una Compaa para lograr que el kilo de +merluza no cueste nunca mucho ms de seis reales; pero, dnde est la +compaa que venda merluzas para millonarios a mil o a dos mil duros? No +hay merluzas para millonarios, no hay zapatos para millonarios, no hay +sombreros para millonarios. Yo he visto al seor Sota el otro da con un +gabn que, desde luego, no le haba costado mucho ms que el mo. Claro +que el seor Sota puede comprarse cien, doscientos, quinientos gabanes; +pero esto sera una superfluidad. En un pas organizado para +millonarios, el ilustre naviero debiera poder adquirir un gabn de +varios millones de pesetas. Hoy no puede adquirirlo, y es que el +millonario se encuentra postergado en el mundo. Mientras todos gozamos +de la vida en proporcin con nuestros recursos, el millonario, no. Nadie +se cuida de los millonarios, y helos ah teniendo que fundar escuelas y +hospitales y que distribuir su dinero en obras de beneficencia.</p> + +<p>Pobres millonarios! Hasta hace poco, su desamparo se explicaba por su +rareza. Los millonarios eran escassimos y no podan imponerse. Pero las +cosas han cambiado, y hoy, en Bilbao, quin no est ya en el tercero o +cuarto milln?</p> + +<p>Ha llegado la hora de las grandes reivindicaciones. La sociedad tendr +que dejarles un puesto a los millonarios, y si no lo hace, yo, +millonario, dimitira.</p> + + + +<h3><a name="IIIc" id="IIIc"></a>III<br /> <br /> +EL HOMBRE QUE SE VENDI BREA A S MISMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> un hombre, en Bilbao, dice que necesita vagonetas, esto no +significa necesariamente que ese hombre necesite vagonetas. A lo sumo, +las vagonetas las necesita un amigo de un amigo de un amigo suyo. Y +cuando otro hombre, en el mismo Bilbao, le ofrece vagonetas a la gente, +esto tampoco implica el que ese hombre tenga muchas vagonetas en su +poder, sino que conoce a un seor, el cual, por medio de otro seor, +sabe de un tercer seor que quiere vender vagonetas. Y as ocurre el que +unos hombres que no necesitan vagonetas absolutamente para nada se pasen +la vida comprndoles vagonetas a otros hombres que no las tienen. Y +quien habla de vagonetas, habla de traviesas. Y quien habla de +traviesas, habla de clavos. Y quien habla de clavos, habla de brea. Y +quien habla de brea, habla de barcos. Y as sucesivamente.</p> + +<p>Yo tengo en Bilbao un amigo que se compr a s mismo trescientas +toneladas de brea. No se trata de un bilbano, sino de un madrileo. A +poco de llegar al caf del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea. +En <i>Maxim's</i> hubiese pedido <i>whisky</i>, pero en el caf del bulevar se le +desarrollaron apetitos de ms importancia. Quera brea, muchas toneladas +de brea, y cuanto antes, mejor. Pasaron das, y los deseos de mi amigo +fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en +realidad, l no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se +puso a ofrecerla.</p> + +<p>—Quin quiere brea?—dijo—. Yo puedo venderla en excelentes +condiciones.</p> + +<p>—Vende usted brea?—le pregunt un seor—.Pues yo le compro a usted +trescientas toneladas.</p> + +<p>Convinieron el precio y firmaron un documento. Pero el comprador no +compraba por su cuenta, sino por cuenta de un seor a quien, quince das +antes, le haba odo decir que quera brea. Y este seor result ser +precisamente mi amigo, el cual, siendo vendedor de s propio, no pudo +robarse gran cosa y slo perdi la comisin.</p> + +<p>Cuntas operaciones de este gnero no se harn diariamente en Bilbao? +Cuntos hombres que ni hacen clavos, ni tienen fbricas de clavos, ni +se dedican a industrias para las que necesiten clavos, no vivirn de los +clavos en esta ciudad? Es el comercio, el honrado comercio, genio del +mundo moderno.....</p> + + + +<h3><a name="IVc" id="IVc"></a>IV<br /> <br /> +EL VASCUENCE</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> he credo en el vascuence hasta que lo he odo hablar. Ahora tengo la +idea de que hay trescientas, cuatrocientas, tal vez quinientas palabras +de vascuence, y que todas las otras son una hbil invencin. Me he +enterado, por ejemplo, de que mientras los vascos espaoles le llaman al +tenedor <i>tenedora</i>, los vascos franceses le dicen <i>fourcheta</i>. En una +esquina, y al lado de un letrero que deca Calle de Echembarrena, otro +letrero pona Echembarrena kalia. Y cuando me dijeron que el segundo +letrero estaba en vascuence, yo me reserv unas dudas bastante serias. +Luego he odo decir gent eleganta, por gente elegante, y otras cosas +anlogas. A veces, una palabra como ogua, que significa pan, le +desconcierta a uno; pero luego resulta que se trata de un derivado de +hogaza.</p> + +<p>—No se fije usted—me dijeron algunos amigos—. Los que dicen +tenedora y gent eleganta no saben vascuence; pero pregntele +usted a Mourlane Michelena...</p> + +<p>Y en fuerza de or esto he llegado a deducir que existe en efecto un +rico vocabulario vascuence, y que Mourlane Michelena es su nico +depositario.</p> + +<p>Qu har con el vascuence Mourlane Michelena? Yo me explico que se +tenga una casa para uno solo, y una botella para uno solo, y una mujer +para uno solo; pero no me explico que nadie tenga un telfono ni un +idioma para usarlos exclusivamente consigo mismo.</p> + +<p>Habr que or a Mourlane Michelena en sus monlogos aglutinantes y +prearios! Pero, por otro lado, yo no puedo menos de felicitar a un +hombre que, en medio del trfago bilbano, se encuentra de pronto este +tesoro de un idioma perdido durante tantos siglos.</p> + +<p>Me explico que se coleccionen las palabras de vascuence con un espritu +de numismtico, como pudieran coleccionarse raras, preciosas e +interesantsimas monedas antiguas. Por mi parte, es con ese espritu con +el que las oigo; pero los tenedora y los eleganta me producen el +efecto de duros sevillanos entre monedas romanas.</p> + + + +<h2><a name="UNA_NUEVA_BATRACOMIOMAQUIA" id="UNA_NUEVA_BATRACOMIOMAQUIA"></a>UNA NUEVA BATRACOMIOMAQUIA</h2> + + +<p><i>La guerra ha terminado en todo el mundo excepto en Espaa. Los alemanes +se han rendido, pero no as los germanfilos, quienes siguen apoyando al +kiser y cantando las victorias de Hindenburg. Los aliados, por nuestra +parte, seguimos creyendo que Inglaterra y Francia representan la +libertad, la democracia, el derecho de pueblos, etc., etc.</i></p> + +<p><i>Es una nueva Batracomiomaquia, de la que el autor—modesta rana +beligerante—le ofrece algunas notas a su pblico.</i></p> + + + +<h3><a name="Id" id="Id"></a>I<br /> <br /> +LA GUERRA SOBRE EL PAPEL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> los alemanes perdieron la guerra, no fue por culpa de los crticos +germanfilos. Los crticos germanfilos han combatido con tanto ardor +como el ms heroico de los soldados alemanes. Fabin Vidal y Manuel +Aznar pueden decir el trabajo que costaba desalojar a los crticos +germanfilos de ciertas posiciones. Se destruan los ltimos nidos de +ametralladoras, Ludendorff ordenaba la retirada y los ejrcitos aliados +avanzaban, pero Armando Guerra no se renda tan fcilmente. En sus +mapas, la lnea alemana mantenase intacta hasta tres o cuatro das +despus.</p> + +<p>Cuando las tropas alemanas obtenan algn xito, los crticos alemanes +lo anotaban como un xito propio, y en sus peridicos les aumentaban el +sueldo.</p> + +<p>—Estoy avanzando en Rusia, en Servia y en Rumania—debi de decirle a +su director—. He echado de todas partes al crtico de la <i>Corres</i>, y +creo que esto bien vale los doscientos duros...</p> + +<p>En 1916, los crticos germanfilos llegaron a entrar en Verdun, en el +propio Verdun, y si luego abandonaron la plaza, fue, sencillamente, +porque el kronprinz no los sigui, y los pobres se encontraron all +solos, sin contacto ninguno con el ejrcito alemn...</p> + +<p>Han luchado como unos hroes los crticos germanfilos; pero, +ltimamente, las cosas les han salido algo mal, y yo temo que les +rebajen el sueldo, por la misma razn en virtud de la cual se lo +subieron un da. En vano tratan de justificarse. Uno de ellos deca +recientemente que el avance aliado careca de mrito porque, segn +confesin francesa, los alemanes andaban escasos de armas. Pero por qu +andaban escasos de armas los alemanes? Pues simplemente porque los +aliados les tomaron ms de cuatro mil caones desde el mes de julio. +Supongamos que yo me lanzo con un cuchillo sobre el lector. El lector +retrocede, para el golpe, y se pone a forcejear conmigo hasta que logra +desarmarme. Luego me ataca con mi propio cuchillo, yo huyo, y <i>El +Debate</i>, comentando el suceso, escribe: La huida del Sr. Camba no +constituye xito ninguno para su lector, porque el Sr. Camba estaba +desarmado...</p> + + + +<h3><a name="IId" id="IId"></a>II<br /> <br /> +EL PUEBLO DE LOS GASES LACRIMANTES</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">na</span> de las cosas que ms le han servido a Alemania es la aficin a la +msica. La gente no cree que los alemanes puedan ser crueles.</p> + +<p>—Qu van a ser crueles!—dice la gente—. Unos hombres tan tiernos! +Tan dulces! Tan musicales!...</p> + +<p>Son muy musicales, en efecto, los alemanes. Al ms encarnizado +perseguidor de armenios se le hara llorar tocndole una melopea. +Desgraciadamente, es muy probable que siguiese machacando al armenio +mientras sonaba la msica. La sensibilidad ante la msica no tiene para +m mucho ms valor que la sensibilidad ante el zumo de cebolla. Si puede +constituir una prueba de bondad, esta bondad no pasar nunca de ser una +bondad baja y primitiva. Los misioneros y los exploradores solan +tocarles el acorden a los antropfagos africanos, a fin de ver si eran +civilizables; pero utilizar el mismo procedimiento para contrastar la +bondad alemana, francamente, me parece algo ofensivo.</p> + +<p>Los alemanes son tiernos, son dulces, son musicales y lloran en el +cinematgrafo. Yo recuerdo, a propsito de la ternura alemana, una +Nochebuena que pas en Berln. La patrona de mi casa de huspedes haba +comprado un pino, que los inquilinos se encargaron de adornar con +ampollas de cristal coloreado, con algodn hidrfilo, con cintas de +plata y oro, con bombillas elctricas, con lentejuelas y con toda esa +pacotilla sentimental a que haba all tanta aficin. Sobre una mesa +estaban los regalos que unos huspedes se hacan a otros. A m me haban +regalado una corbata de siete colores, una cajetilla de sesenta +pfening, un tomo de poesas de Schiller, unos tirantes y un grupo +escultrico en escayola, que representaba Psiquis y el Amor. Lleg la +hora solemne. Se encendi el rbol, y la patrona produjo un gran jarro +de vino caliente con especies aromticas. Comenzamos todos a berrear en +torno del pino:</p> + +<p>—<i>Weinachtsbaume... Weinachtsbaume...</i></p> + +<p>Poco a poco, la pensin entera fue emborrachndose y enternecindose, y, +al cabo de una hora, todo el mundo lloraba all a lgrima viva. Bondad? +Vino? Msica? Estupidez?... Yo lo que s es que cog mi corbata, mi +cajetilla, mi tomo de Schiller, mis tirantes y mi grupo escultrico de +Psiquis y el Amor y que desaparec. Aquel ambiente tan tierno me pareca +indigno del centro de Europa. Yo me consideraba rebajado en l. Adems, +yo no crea que la bondad se caracterizase por la blandura ni por la +humedad. Conoca muy bien a mis convecinos, y el que se les cayesen las +lgrimas o el moco era para m lo mismo que si les hubiese atacado el +hipo.</p> + +<p>Cuntos de aquellos hombres habrn tomado luego parte en el atropello +de Blgica? Y quin sabe si alguno de ellos no habr intervenido +tambin en el bombardeo de Pars!...</p> + +<p>Los alemanes son aficionados a la msica como los chinos son aficionados +al opio. Son un pueblo triste y llorn. Yo simbolizara esta especie de +sentimentalismo sin piedad que constituye su espritu en una de sus +ltimas invenciones de guerra: los gases lacrimantes.</p> + + + +<h3><a name="IIId" id="IIId"></a>III<br /> <br /> +SI LOS ALEMANES HUBIESEN GANADO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">T</span><span class="smcap">erminada</span> la guerra no hemos resuelto nada.</p> + +<p>Nos esperan catstrofes, revoluciones, guerras, asolamientos y fieros +males.</p> + +<p>—Lo ve usted?—me dice un germanfilo—. Si los alemanes hubiesen +ganado, no ocurrira nada de esto.</p> + +<p>Y el caso es que, por primera vez, desde agosto del ao 14, este +germanfilo tiene razn. Si los alemanes hubiesen ganado, en efecto, el +problema de las nacionalidades dejara de ser un conflicto, porque todos +seramos alemanes. Todos seramos alemanes, y hasta es posible que todos +fusemos rubios. Y, siendo alemanes todos los hombres, no tan slo no +habra conflictos internacionales, sino que no habra tampoco +discusiones particulares. Todos tendramos las mismas ideas. Los +filsofos discurriran por nosotros, y quin duda de que las ideas +hechas en las Universidades son siempre de mejor resultado que las que +se hacen en casa?</p> + +<p>El ciudadano se proveera de ideas lo mismo que de salchichas. La +cuestin de las lenguas—el polaco, el armenio, el cataln, +etc.—desaparecera por completo, ya que todo el mundo hablara alemn. +Se clasificaran todas las cosas. A los perros se les prohibira ladrar, +y a los socialistas se les negara el uso de la palabra. En los paseos +pblicos habra unos bancos para nios, unos bancos para nieras, unos +bancos para ancianos, y quizs hubiese tambin unos bancos especiales +para los candidatos al Parlamento: los chicos de tres aos, cuando +estuviesen cansados de jugar, iran de banco en banco, y, calndose unas +gafas, estudiaran los diferentes letreros:</p> + +<p>—Soy yo candidato?—se preguntara Manoln—. Soy una niera?...</p> + +<p>Si los alemanes hubiesen ganado, el individuo no tendra nada que hacer, +y el Estado alemn se encargara de todo. Uno cobrara, y el Estado se +le llevara a uno el dinero. Uno fumara, y el Estado escupira por uno. +En Espaa, es probable que la situacin no hubiese variado gran cosa. +Tendramos tambin, seguramente, un gobierno Maura y un rgimen de +censura; pero como toda Europa estara en condiciones anlogas, no +constituiramos una excepcin.</p> + +<p>Qu orden, qu paz, qu tranquilidad las del mundo si, en vez de +triunfar los aliados, hubiesen triunfado los alemanes! Entonces, nadie +se hubiese vuelto contra los triunfadores. Ahora, en cambio, hasta los +alemanes mismos van a tener que hacerse revolucionarios de veras.</p> + + + +<h3><a name="IVd" id="IVd"></a>IV<br /> <br /> +EL LIBRO FUTURO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> peridico, y no por cierto un peridico aliadfilo, hablando del +destrozo de Alemania, deca: Es intil que los alemanes pretendan +protestar. Que lloren como mujeres lo que no han sabido defender como +hombres!... Parece, sin embargo, que los alemanes no lloran como +mujeres lo que no han sabido defender como hombres. Antes bien, lo +bailan, lo cantan y lo beben con gran regocijo. Segn el <i>Daily +Mail</i>—en una carta de su corresponsal en Berln—la antigua capital del +imperio se divierte como en sus mejores das. Alemania est +deshacindose, y los mismos hombres que hace apenas unos meses lo +sacrificaban todo por ella, hoy le dedican al <i>fox-trot</i> sus energas +restantes.</p> + +<p>—Es posible tanta depravacin?—preguntar el lector.</p> + +<p>Y yo, que he vivido dos aos entre alemanes, le contesto:</p> + +<p>—S; es posible. Y es posible... porque no es depravacin.</p> + +<p>A comienzos de la guerra, muchas gentes no crean que los alemanes +fueran capaces de bombardear ciudades indefensas ni de hundir barcos de +pasajeros. Yo s lo crea. Y no es que yo tuviese de los alemanes peor +concepto que mis interlocutores, sino que tena un concepto distinto. +Mis interlocutores suponan que para que un alemn matase a un nio en +la guerra era preciso que ese alemn fuese un malvado. Yo, en cambio, +opinaba que un alemn poda matar nios sin dejar por ello de ser un +excelente padre de familia y un hombre sensible a las emociones de +carcter ms elevado. Hay mujeres que ni aun puestas en la cumbre del +Mont-Blanc, como deca no s quin, seran inaccesibles; mujeres que han +cado mil veces y cuya alma, sin embargo, adivinamos ms pura que la de +una nia de seis aos. Parece que no se enteran nunca. Pues la +psicologa de estas mujeres podra acaso servir para explicar la de ese +alemn que con una rosa entre las pginas de un libro de versos se iba, +tiernamente, a arrojar bombas de cuarenta kilos sobre los tejados de +Pars...</p> + +<p>Ahora, mientras Alemania se desmorona, Berln arde en fiestas. +Depravacin? Nada de eso. Lo que pasa es que los alemanes no se han +enterado an del resultado de la guerra. Saben que su ejrcito ha sido +vencido; saben que el Kiser ha abdicado; saben todo esto vaga y +confusamente; pero no saben nada ms.</p> + +<p>Dentro de veinte aos, sin embargo, las cosas cambiarn radicalmente. +Hacia esa poca, un sabio profesor habr publicado una obra enorme en +muchos volmenes muy gordos, estudiando la guerra, no slo en su aspecto +militar, sino en su aspecto social, en su aspecto poltico, en su +aspecto econmico y en todos sus aspectos. Probablemente, la primera +parte de esta obra estar dedicada a las guerras de la Edad Antigua, +cuando aun no exista Alemania. Quizs el autor habr hecho tambin un +estudio detenido sobre la catapulta, considerndola como punto de origen +del mortero del 42. Y entonces, toda una generacin de alemanes se +calar las gafas, se pasar las noches en claro estudiando y se enterar +exactamente de lo que le ha ocurrido a su patria desde el 1914 al 1918.</p> + +<p>Todo el mundo sabe que los alemanes no suelen rer los chistes hasta +veinticuatro horas despus de haberlos odo, que es cuando les ven la +punta. Dentro de veinte aos le vern tambin la punta a la guerra +europea y rompern a llorar. Llorarn en verso y llorarn en msica. +Llorarn todos los violines, todas las arpas, todas las gaitas, todos +los saxofones, todos los contrabajos del ex imperio. Alemania entera +llorar, y llorar mucho; pero llorar tarde.</p> + +<p>Y, mientras tanto, en el <i>Palais des Dances</i>, Alemania re a cien marcos +por hora.</p> + + + +<h2><a name="LOS_MEDICOS" id="LOS_MEDICOS"></a>LOS MDICOS</h2> + + + +<h3><a name="Ie" id="Ie"></a>I<br /> <br /> +EN DEFENSA DEL RESFRIADO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> Congreso Mdico de Madrid ha sido, segn parece, uno de los mejores +Congresos Mdicos celebrados en el mundo, y de aqu en adelante, +nuestros sabios doctores van a currnoslo todo: el cncer, la +tuberculosis, la lepra, la ceguera, el reblandecimiento medular, etc., +etc. Muy bien, seores mdicos! Admirable! Pero qu me dicen ustedes +del resfriado?</p> + +<p>Porque yo ni estoy reblandecido, ni soy ciego, ni sufro de lepra, ni +padezco de tuberculosis, ni tengo cncer ninguno. En cambio, me +encuentro resfriado casi siempre y no comprendo por qu razn han de +tratarme ustedes con tanto desprecio. Muchas veces, harto de toser y de +estornudar, yo he acudido a ustedes en consulta. Ustedes me han +auscultado, me han preguntado si me canso al subir escaleras, a lo que +yo he contestado que, desde luego, me canso mucho ms que al bajarlas, +me han obligado a respirar fuerte, y, por ltimo, con un gesto de +infinito desdn, me han dicho:</p> + +<p>—Bah!... Usted no tiene ms que un simple resfriado...</p> + +<p>Un simple resfriado! Y yo que me crea poseedor de una enfermedad +importante!... Profundamente avergonzado, yo he cogido entonces mi +sombrero y me he lanzado a la calle, sumido en amargas reflexiones.</p> + +<p>—El fracaso es evidente—deca yo para mis adentros—. Con qu cara me +presento ahora ante los amigos?</p> + +<p>Pero ya me he cansado, y en nombre de toda la humanidad acatarrada, +solicito para el resfriado la atencin de la ciencia y el respeto de las +familias. Convengo en que la tuberculosis es ms dramtica que el +resfriado, pero exijo que al resfriado se le otorgue tambin cierta +categora. Si el gato es el tigre del pobre, como deca no s quin, el +resfriado es la tuberculosis del principiante. Es una tuberculosis +modesta, una tuberculosis para personas de poco dinero que no pueden +dejar de trabajar ni irse a la sierra a beber leche y respirar aire +puro. Por qu este desdn hacia el resfriado en una poca tan +democrtica?</p> + +<p>Yo sospecho que es, sencillamente, porque los mdicos no saben curarlo. +Y es intil que me hablen del cncer, de la lepra, de la tuberculosis, +etc. Mientras los mdicos no curen los resfriados, yo no creer en la +Medicina.</p> + + + +<h3><a name="IIe" id="IIe"></a>II<br /> <br /> +EL VIRTUOSISMO DE LA CIRUGA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span> un amigo mo le tenan que operar de la apendicitis.</p> + +<p>—Voy a quedarme arruinado—me dijo—; pero no tendr ms remedio que +acudir a un gran cirujano.</p> + +<p>Era un amigo querido, y yo me alarm.</p> + +<p>—No haga usted semejante cosa—le respond—. Llame usted a un +medicucho cualquiera. Llame usted a un sastre. Llame usted a un barbero +o a un ebanista, pero no llame usted a un gran cirujano. El gran +cirujano le considerar a usted el apndice as como un virtuoso del +violn puede considerar la <i>Sonata de Kreutzer</i>, y de una manera muy +artstica, le matar a usted...</p> + +<p>Yo he visto trabajar una vez a un virtuoso de la ciruga. Rodeado de un +coro de admiradores se dirigi a una mesa de mrmol, donde, +convenientemente narcotizado, yaca el enfermo. El virtuoso cogi unas +pinzas y un bistur y se dirigi a nosotros.</p> + +<p>—Para la mayora de los cirujanos—nos explic—esta operacin no +ofrecera dificultad ninguna. Es una operacin sencillsima, que est +resuelta desde hace mucho tiempo, y que puede realizar cualquiera sin +el menor peligro. Comprendern ustedes, sin embargo, que despus de +reunir aqu a tan buenos amigos, yo no voy a defraudar su expectacin. +Las posibilidades quirrgicas son ilimitadas para todo mdico que tenga +sangre de artista, y yo voy a demostrarlo ensayando con este enfermo un +procedimiento indito y completamente personal. Es un procedimiento +peligroso, indudablemente, pero en eso consiste su encanto. Ya saben +ustedes, seores, que a m no me arredra el peligro...</p> + +<p>Y, con un gesto a lo Thuillier, el gran cirujano se lanz sobre el +enfermo, quien, bajo la influencia del cloroformo, haba comenzado a +cantar unas peteneras. Los admiradores no pudieron contenerse y +rompieron a aplaudir.</p> + +<p>—Van ustedes a ver con qu rapidez procedo—aadi el gran cirujano—. +Toda la operacin se reduce a tres trazos. Zas! Zas! Zas!...</p> + +<p>El gran cirujano hizo sus tres trazos y el enfermo dej de cantar.</p> + +<p>—Se le va el pulso—observ un ayudante.</p> + +<p>Otro ayudante cogi con unas pinzas la lengua del pobre hombre, y se +puso a tirar de ella desesperadamente, pero todo fue intil. Al poco +rato el enfermo haba muerto.</p> + +<p>—Qu lstima!—exclam uno.</p> + +<p>—Verdaderamente!—exclam otro, que quizs fuese yo mismo—. Este +pequeo detalle enturbia un poco el xito de la operacin...</p> + +<p>El prncipe de la ciruga se lav las manos, y si alguien se ha lavado +alguna vez las manos como Pilatos, fue precisamente aquel hombre. +Salimos a la calle; pero, como de costumbre, no se vea un guardia...</p> + +<p>Amigo lector: Permtame usted que le d el mismo consejo con que ya +favorec al amigo de quien he hablado antes. Si alguna vez necesita +usted que le operen, llame usted a un medicucho cualquiera. Llame usted +a un sastre. Llame usted a un barbero o a un ebanista; pero no llame +usted a un gran cirujano...</p> + + + +<h3><a name="IIIe" id="IIIe"></a>III<br /> <br /> +LA VIRUELA OBLIGATORIA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> se decret en Madrid la vacuna obligatoria, todo el mundo se +indign.</p> + +<p>—Que se vacune el que quiera—sola decirse—; pero y si a m se me +antoja tener viruelas?</p> + +<p>Libertad de tener viruelas... Libertad de pegrselas al vecino... +Libertad de escupir... Libertad de tronchar los rboles... Con qu +ahnco defiende todas estas libertades el espaol!</p> + +<p>—Desengese usted—me deca un amigo antes de la vacuna obligatoria—, +Espaa es el pas ms liberal del mundo. Aqu puede usted hacer lo que +le da la gana...</p> + +<p>—Yo no—le contest—. Usted. Usted puede hacer aqu lo que le d la +gana, y con usted, pueden hacerlo el Sr. La Chica y otros cuantos +seores; pero yo, no. No hay posibilidad de que todo el mundo haga nunca +lo que le d la gana, y si ustedes hacen su gana de ustedes, es +sencillamente porque una buena cantidad de seores no podemos hacer la +nuestra...</p> + +<p>En el caso concreto de la vacuna, la mayora del vecindario parece +considerarla como una tirana, y si se considera que la vacuna es la +tirana, no se est muy lejos de creer que la viruela sea la libertad. +Lo es, en efecto? Desde el punto de vista de los microbios, no cabe la +menor duda; pero, desde nuestro punto de vista, la cosa es ya bastante +ms discutible. Por mi parte, considero la viruela como una verdadera +imposicin de que han venido hacindonos vctimas nuestros gobiernos. La +viruela tena en Espaa el mismo carcter obligatorio que ahora tiene la +vacuna, y nadie protestaba contra ella. Las gentes se resignaban a +padecerla como se resignaban a padecer el tifus y el caciquismo. Y, al +igual de los caciques, los microbios, sin duda, pensaban tambin que +Espaa era el pas ms liberal del mundo.</p> + +<p>Qu lstima que la libertad prctica no pueda ser absoluta como la +libertad terica! Qu lstima que nuestros intereses no coincidan con +los de los microbios! Qu lstima... para los microbios!...</p> + + + +<h3><a name="IVe" id="IVe"></a>IV<br /> <br /> +CROYDON Y MADRID</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">P</span><span class="smcap">arece</span> que en Croydon, cerca de Londres, la Liga antivacunista se ha +opuesto violentamente a la vacunacin obligatoria del vecindario. Un +peridico espaol da cuenta del hecho ponindole esta coletilla: En +todas partes cuecen habas. Y esta otra: Y an hablan de <i>l'Espagne et +le Maroc</i>!...</p> + +<p>Quines hablan de <i>l'Espagne et le Maroc</i>? Los ingleses, en todo caso, +hablaran de <i>Spain and Marocco</i>, y la verdad es que si nosotros no +tuviramos con Europa ms analoga que la de oponernos a la vacunacin +obligatoria, no tendramos analoga ninguna y estaramos completamente +unidos al frica. Porque Europa puede combatir la vacunacin obligatoria +y nosotros no. Es el caso de dos personas que se opusieran al alumbrado +de petrleo, una en nombre de la luz elctrica y otra en nombre del +candil. Los vecinos de Croydon, con una urbanizacin excelente, creen +que deben prescindir de la vacuna. En vez de vacunarnos—dicen—dennos +ustedes ms agua y ms aire. Aqu, en cambio, la alternativa es +trgica: o vacuna o viruela. Nosotros estamos todava en el perodo de +la vacuna, como estamos en el del reformismo y el republicanismo. De +vivir en Croydon yo sera, muy probablemente, miembro de la Liga +antivacunista, y, no obstante, cuando el Sr. Romeo inici aqu su +campaa en pro de la vacunacin obligatoria, hice un artculo +defendindola. La vacuna, que en Inglaterra me parecera reaccionaria y +anticientfica, aqu me parece liberal y cientificsima. Y si los +espritus revolucionarios ingleses pudieran traspasarnos con la vacuna +su partido conservador, no habra un hombre verdaderamente progresivo en +Espaa que se negara a acogerlo. El partido conservador ingls vendra +entonces a representar la tendencia ms avanzada de la poltica +espaola.</p> + +<p>Indudablemente, el hecho de que en Londres se combata la vacuna, no debe +servir para animar a los antivacunistas espaoles. En un Estado +norteamericano se est haciendo ahora una campaa con cierto ferrocarril +en proyecto... pero con objeto de que se establezca un servicio de +comunicaciones areas. El ferrocarril comienza ya a ser un atraso en el +mundo. Aqu no se puede decir an que tengamos ferrocarriles.</p> + + + +<h3><a name="Ve" id="Ve"></a>V<br /> <br /> +MICROBIOS A SUELDO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> microbio de la gripe ha vuelto. A su llegada a Madrid, un microbio +local fue a visitarlo con propsitos periodsticos.</p> + +<p>—Parece que ha recorrido usted medio mundo—le dijo el microbio local.</p> + +<p>—S... He estado en Francia, en Alemania, en Suiza, en Dinamarca, en +Inglaterra, en los Estados Unidos...</p> + +<p>—Grandes pases, eh?</p> + +<p>—Quite usted all! Para un pobre microbio que quiera vivir +tranquilamente, el mejor pas es Espaa. Aqu funda usted una pequea +familia—cuatrocientos o quinientos mil hijos—, y la saca usted +adelante sin el menor contratiempo. Lleva usted sus chicos a la escuela, +al teatro y al <i>cine</i>, y es un gusto ver cmo se instruyen y se +divierten. La alimentacin es magnfica. Qu carnes tan podridas! Qu +leche tan adulterada!...</p> + +<p>—La leche es muy buena, en efecto—respondi el microbio local—; pero +y el cido fnico?</p> + +<p>—El cido fnico?—exclam el microbio de la gripe—. Pero usted cree +en el cido fnico?</p> + +<p>—Hombre! Los mdicos aseguran...</p> + +<p>—Pero es que cree usted en los mdicos?... Que un hombre crea en los +mdicos, pase. Lo inconcebible es que un microbio, que est en el +secreto de estas cosas, les haga caso ninguno. Por mi parte, le aseguro +a usted que el cido fnico me hace engordar y que su aroma me parece +exquisito. Desengese usted, querido colega. El cido fnico slo es +desagradable para los hombres...</p> + +<p>—Y piensa usted quedarse mucho tiempo por aqu?</p> + +<p>—Ver usted. Yo he venido a reponerme. He sufrido mucho en mis +correras por el mundo. Fuera de Espaa todo se vuelve hablar de +libertad; pero si existe algn pas donde un pobre microbio puede hacer +lo que quiera, ese pas es ste. Aqu se siente uno amparado por las +leyes y por las costumbres. Los naturales nos aman, y cuando alguna +autoridad inicia una campaa contra nosotros no faltan amigos que nos +defiendan enrgicamente diciendo que tienen un perfecto derecho a +cultivarnos. Esto es libertad, libertad para los microbios, y lo dems +es cuento. Sabe usted cunto peso he perdido durante mi estancia en +Inglaterra? Pues muy cerca de una diezmillonsima de miligramo. Para +que digan que Inglaterra es un pas ms libre que Espaa!... Adems, en +Espaa uno puede cultivar el trato de toda clase de microbios, y esto +siempre es instructivo. El microbio del tifus, por ejemplo, y el de la +viruela, expulsados de todo el mundo, se han refugiado aqu, donde viven +a las mil maravillas. Yo los he visto el otro da en el pecho de un +enfermo que es cliente mo y a quien se los haba llevado su mdico.</p> + +<p>—De modo que se establece usted entre nosotros para siempre?</p> + +<p>—Ah, no!... Llegar un da en que Espaa ser un pas de microbios +solos, y entonces la lucha por la vida adquirir aqu caracteres +horribles.</p> + +<p>—Antes de esa fecha—exclam el microbio local—yo me agarrar al +presupuesto. Buscar un emplello en algn laboratorio, como microbio de +cultivo, y a vivir!</p> + + + +<h3><a name="VIe" id="VIe"></a>VI<br /> <br /> +JUVENTUD, DIVINO TESORO...</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">H</span><span class="smcap">an</span> ledo ustedes las experiencias del doctor Voronof? El doctor +Voronof pretende haber descubierto, sencillamente, el secreto de la +eterna juventud. Nuestra vida—dice el doctor Voronof—no depende tanto +del funcionamiento de los grandes rganos como de la secrecin de +ciertas glndulas, minsculas algunas veces... Al leer esto, le entran +a uno vivsimas sospechas de que el doctor Voronof llama glndulas +minsculas a los talones del Banco de Espaa, al papel moneda y a los +distintos valores en curso, sospechas que se acentan a medida que uno +sigue leyendo: Un hombre—aade el sabio cirujano—puede vivir sin +rin o sin estmago; pero si le suprimimos, por ejemplo, las cpsulas +subrenales, muere... Indudablemente—piensa uno—el doctor Voronof, +llevado de su tecnicismo profesional, denomina cpsulas subrenales a las +piezas de cinco pesetas. El nombre parece extrao; pero quizs no +carezca de abolengo. Un filsofo podra, tal vez, descubrir cierta +analoga entre ese trmino y la expresin popular de costarle a uno un +rion, expresin demostrativa de que el pueblo considera tambin los +duros como una especie de cpsulas subrenales...</p> + +<p>Pero todo esto son fantasas. El doctor Voronof sabe muy bien lo que se +dice y nos asegura que los mdicos pueden rejuvenecer a la humanidad sin +ms que injertar en los organismos decrpitos las glndulas +intersticiales de organismos vigorosos. Por este procedimiento ya le ha +devuelto el doctor Voronof la juventud a numerosos carneros. No se la +podra devolver tambin a algunos de nuestros polticos?</p> + +<p>Es posible que todos los problemas espaoles se reduzcan a un solo +problema quirrgico, y que lo nico que necesitemos en este pas sean +glndulas intersticiales. Nuestros carneros son ms o menos viejos; pero +nuestros polticos son todos anteriores a la revolucin francesa, y si +los cirujanos no logran matarlos, que por lo menos procuren +rejuvenecerlos. No creo que los polticos se diferencien tanto de los +carneros que no se pueda hacer con los unos lo que se ha hecho con los +otros. Ensaye en ellos sus glndulas intersticiales el doctor Voronof y +ensaye tambin esas glndulas tiroideas con las cuales parece que, ya en +el ao de 1913, convirti a un idiota en un ser sensato y razonable.</p> + +<p>Ahora, que el doctor Voronof debe tomar precauciones, porque aunque +cientficamente un poltico sea igual a un carnero, hay, sin embargo, +entre ambos una diferencia esencial. El carnero no vive de su vejez, y +el poltico s. Qu sera de un poltico espaol sin vientre, sin +barbas blancas, sin asma y sin calvicie? Quitarle estas cosas a un +poltico es quitarle el prestigio y la respetabilidad. Por otra parte, +es que los ex ministros seguiran cobrando sus cesantas cuando +volviesen a la edad en que eran simples diputados? Porque si seguan +cobrndolas, el fracaso del doctor Voronof no poda ser ms evidente.</p> + +<p>Decididamente, no creo que sea nada fcil rejuvenecer a un poltico +espaol. El doctor Voronof podr rejuvenecer a un carnero de catorce +aos, a un loro de ciento cincuenta y a una carpa de doscientos; pero no +as a uno de nuestros polticos. Y es que para devolverle la juventud a +un animal cualquiera, se necesita una cosa que no depende ni del doctor +Voronof ni tampoco del animal. Se necesita, sencillamente, que el animal +en cuestin haya sido joven alguna vez.</p> + + + +<h2><a name="ENTRE_CABALLEROS" id="ENTRE_CABALLEROS"></a>ENTRE CABALLEROS</h2> + + + +<h3><a name="If" id="If"></a>I<br /> <br /> +LOS DESAFOS Y EL MDICO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> la proposicin que algunos mdicos presentaron un da al Colegio de +Madrid hubiese llegado a adoptarse, los lances entre caballeros no +tardaran en pasar a la historia. Se trata de una proposicin para que +ningn mdico asista como tal mdico a ningn desafo. Claro est que en +los desafos no suele ocurrir nada. A primera vista no hay, por lo +tanto, ninguna razn para que los caballeros se hagan acompaar de un +mdico cuando van a batirse y no cuando van a tomar caf, ya que el +caf, bien solo o bien con leche, es, en casi todos los +establecimientos, un brebaje engaoso que da lugar a serias +complicaciones gstricas. Se puede demostrar que, prcticamente, los +mdicos son del todo innecesarios en los desafos; pero, al demostrar +esto, se demostrara tambin que los desafos son prcticamente +innecesarios en la vida. Ya se sabe que en los desafos no muere nadie; +pero es preciso mantener la creencia de que puede morir alguien, y para +mantenerla es para lo que estn los mdicos. Las espadas, los sables, +las pistolas todo esto tiene un carcter decorativo y de panoplia, y +uno puede mirarlo alegremente; pero, y el botiqun? A quin no le +asalta por un instante la idea de la muerte al ver a un mdico con su +botiqun debajo del brazo?</p> + +<p>En Francia, los duelistas procuran presentarle al pblico de vez en +cuando un pequeo cadver. Aqu no se ha cambiado de cadver desde hace +muchsimos aos, y el duelo est perdiendo prestigio. Vean ustedes las +estadsticas de accidentes del trabajo y observarn que la industria +corchotaponera produce ms vctimas que el duelo. Qu se discute en +Espaa entre los partidarios del desafo y sus antipartidarios? Pues, +sencillamente, un muerto de all por el ao 98, muerto que, al parecer, +debi su muerte a un descuido del mdico...</p> + +<p>Si los mdicos, pues, le hacen el <i>boicot</i> a los desafos, si cuando un +caballero le haya producido a otro con un sable o con una espada un +rasguo en la mueca, no hay un mdico que describa este rasguo como +una herida inciso-trinchante de tantos centmetros de extensin, en la +regin tal, interesando la dermis y la epidermis y la paquidermis; si +adems el mdico no echa en este rasguo tintura de yodo y yodoformo y +alguna otra porquera, y no arma all una cantera y no cubre luego el +brazo de gasas malolientes, qu va a ser de los desafos?</p> + +<p>Los desafos quedarn entonces reducidos a un <i>sport</i>, as como la +natacin, como el billar o como la pesca de caa, y no digo como el mus +o el <i>poker</i>, porque estos juegos es indudable que producen vctimas. Se +convertirn en un ejercicio vulgar y caro y no tardarn en desaparecer. +Y esto sera grave porque, probablemente, dara origen a un aumento de +mortalidad.</p> + + + +<h3><a name="IIf" id="IIf"></a>II<br /> <br /> +LOS DESAFOS Y LA TCNICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> un seor me invitase un da a jugar una partida de ajedrez, por muy +obligado que yo le estuviera, no le complacera. Le demostrara que no +s jugar al ajedrez, y el seor en cuestin tendra que renunciar a la +partida proyectada.</p> + +<p>Si el mismo seor pretendiese otro da hacerme ejecutar al piano la +<i>Marcha fnebre</i> de Chopin, tampoco me sera fcil complacerle.</p> + +<p>—No s tocar el piano—le dira—. Y si, en vez del ajedrez o el piano, +el seor en cuestin se orientase hacia la esgrima y quisiera batirse +conmigo a espada o a sable, mi contestacin sera igualmente lacnica.</p> + +<p>—Lo siento mucho, pero no s batirme a sable ni a espada...</p> + +<p>En el primero y el segundo casos, todo el mundo encontrara mi negativa +perfectamente natural. Se puede ser un gran aficionado al ajedrez, pero +se comprende que cuando un hombre no sabe jugarlo, no lo juegue. Se +puede ser muy entusiasta de la <i>Marcha fnebre</i>, y no obstante, ante la +imposibilidad tcnica de ejecutarla al piano, la gente se explica, sin +dificultad, el que un hombre no quiera ejecutarla...</p> + +<p>En el tercer caso, sin embargo, es seguro que yo quedara muy mal. +Cualquier razn sirve para no batirse, excepto la de que uno no se sabe +batir. A nadie se le ocurre atribuir al miedo el motivo de que yo no d +conciertos en la Sociedad Filarmnica; pero si yo me negara a batirme, +se dira que el miedo me dominaba:</p> + +<p>—En el terreno, la tcnica significa muy poco. Lo decisivo es el +valor...</p> + +<p>Y esto es posible; pero yo creo que se tiene tanto ms valor cuanto se +tiene ms tcnica. Est demostrado que la tcnica de la natacin +consiste principalmente en perder el miedo. Nadie nada de primera +intencin, porque el miedo le lleva a hacer una serie de movimientos con +los que, irremisiblemente, se ahoga. Pues yo cogera a D'Artagnan, de +quien no es publico que supiese nadar, le pondra al borde de un mar +profundo, y le dira:</p> + +<p>—Lncese usted. Todo es cuestin de no tener miedo...</p> + +<p>Y el intrpido mosquetero se ira a hacerle compaa a los pacficos +besugos.</p> + +<p>Es posible que yo no me batiese, aunque supiera batirme; como es posible +que no ejecutase la <i>Marcha fnebre</i>, aunque supiera ejecutarla; pero si +alguien me pide alguna vez que ejecute esta marcha, yo no me voy a +salir dicindole que prefiero otra marcha ms jovial, o que no me +inspira simpatas la autonoma de Polonia, tierra del autor, sino, +sencillamente, que no s tocar el piano.</p> + +<p>Y cuando alguien me desafe, yo le dir que no me s batir, en vez de +plantearle el problema de la moral del duelo. Por lo dems, acaso toda +la moral del duelo consista precisamente en esto. Cuando todo el mundo +llevaba una espada al cinto y saba ms o menos manejarla, batirse en +duelo era una cosa as como lo que es hoy liarse a garrotazos. Hoy, en +cambio, el duelo es la equivalente de lo que ser liarse a garrotazos en +el ao 2000, cuando, en vez de bastones, los hombres salgan a la calle +con unos tubos de goma llenos de aire comprimido, de energa +radioactiva, de caf con leche o de lo que sea.</p> + + + +<h3><a name="IIIf" id="IIIf"></a>III<br /> <br /> +LOS DESAFOS Y EL HONOR</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">igamos</span> con esto del duelo. Un hombre hace una canallada; este hombre se +bate y es un hombre de honor. A un hombre le hacen una canallada; este +hombre no se bate y es un hombre sin honor. El honor o el deshonor no +consisten, pues, en conducirse honorable o deshonorablemente, sino en +batirse o no batirse. Yo me atrevera a decir del honor caballeresco +exactamente lo mismo que he dicho del valor, esto es, que se tiene tanto +ms cuanto se tiene ms tcnica. El honor se puede aprender, si no en +doce, en cien o en doscientas lecciones. Todo es cuestin de tener algn +dinero para ir a una sala de esgrima. Por mil pesetas uno puede llegar a +hacerse un caballero perfecto, a condicin de que uno no est demasiado +viejo ni demasiado gordo, ya que el honor tambin tiene edad, peso y +estatura.</p> + +<p>—Pero si esto es as—dirn ustedes—, por qu hay tantos hombres sin +honor?</p> + +<p>Sencillamente, porque no lo necesitan. Yo he observado que slo tienen +honor aquellas personas a quienes les hace verdadera falta tenerlo. De +qu le servira el honor a un ebanista o a un comerciante? Cuando un +joven piensa dedicarse a la ebanistera o al comercio, no se preocupa +del honor. En cambio, si quiere entrar en la poltica, o si es +aristcrata, se compra unos floretes, unas zapatillas y una careta y se +inscribe en una academia de esgrima. En Inglaterra no existe el honor +caballeresco, y en Barcelona, tampoco. Un barcelons puede ser un hombre +muy digno y hasta un hombre muy sinvergenza sin necesidad ninguna de +tener honor; pero no as un madrileo. Hubo un tiempo en que para +dedicarse al periodismo, el honor era tambin una cosa indispensable. +Hoy creo que todava se exige el honor en algunos peridicos; pero, en +la mayora, slo procuran que el periodista sepa su oficio. Das atrs +hablaba yo con un periodista de la vieja escuela y le deca que, +francamente, eso del honor me pareca absurdo.</p> + +<p>—Ah!—me contest—. Usted ha tenido mucha suerte y puede usted +prescindir del honor. Si yo hubiese podido hacerme una firma, tambin +prescindira de l; pero a los cincuenta aos de edad no he logrado +llegar an a las doscientas pesetas, trabajando diez horas diarias. Yo +soy un fracasado, y si no tuviese honor, me morira de hambre...</p> + +<p>Mi pobre compaero tiene honor porque le hace muchsima falta. Si el da +de maana heredase, dejara inmediatamente de tenerlo.</p> + + + +<h2><a name="LA_POLITICA" id="LA_POLITICA"></a>LA POLTICA</h2> + +<p><i>En estos comentarios, que fueron escritos a fines del ao 18 y +comienzos del 19, el lector ver algunos nombres propios: Maura, Cierva, +Dato, Snchez de Toca, Romanones... Lo probable es que semejantes +nombres no varen, o bien porque sus titulares vivan indefinidamente, o +bien porque, al morir, le dejen la herencia poltica a sus hijos. Y, +aunque varen los nombres, es indudable que las cosas no variarn. Es +decir, que el lector del ao 50 no tendr que hacer, a lo sumo, nada ms +que la simple sustitucin mental de unos apellidos por otros para +convertir este pequeo trozo de historia en una pgina de actualidad +palpitante.</i></p> + + + +<h3><a name="Ig" id="Ig"></a>I<br /> <br /> +CEREBROS ARTIFICIALES PARA USO DE DIPUTADOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro da, al salir del Congreso, me fui a cenar con un amigo +diputado. Nos sirvieron de postre unas chirimoyas, fruta tropical, y mi +amigo, con su chirimoya en la mano, comenz a hablarme de la autonoma +catalana. Yo le miraba, a la vez que le oa, y tena una sensacin as +como si fuese de la chirimoya de donde mi amigo sacaba las ideas. De +cuando en cuando, y coincidiendo con los momentos en que la +argumentacin exiga mayor sutileza, mi amigo oprima nerviosamente la +chirimoya, como si quisiera extraerle todo el jugo. Y entonces se me +vena a la imaginacin la imagen prodigiosa de <i>Le Penseur</i>, de Rodin. +Hubo instantes en que yo tem que la chirimoya reventase en manos de mi +amigo, quien, cuando no poda terminar un razonamiento, la apretaba de +un modo verdaderamente suicida. Por fin, mi amigo se comi la chirimoya +y dej de hablar de la autonoma catalana. Pedimos la cuenta. Las +chirimoyas costaban a cinco pesetas cada una. Y yo pens que, para +decirme lo que me haba dicho, mi amigo hubiera podido arreglarse +perfectamente con una fruta del pas, como, por ejemplo, la naranja, que +es bastante jugosa y que se encuentra al alcance de las fortunas ms +modestas.</p> + +<p>Estamos ante problemas demasiado graves, y yo temo que nuestros +cerebros, ociosos durante muchsimos aos, no puedan ahora funcionar con +la exactitud necesaria. Algunos diputados razonan con chirimoyas. Otros, +vistos desde la tribuna de la Prensa, nos presentan unos crneos largos +y depilados, como melones. Y otros, en fin, ms acres, cuando estrujan +su pequea masa enceflica, parece que estrujaran un limn. Por qu no +se harn mquinas de pensar, como se hacen mquinas de calcular? El Sr. +Torres Quevedo, que ha hecho una mquina para jugar al ajedrez, podra, +seguramente, con mucha ms facilidad, hacer mquinas que estudiasen la +cuestin catalana y vendrselas o alquilrselas a los seores diputados.</p> + +<p>Podran hacerse cerebros de celuloide, slidos, prcticos y que, como se +venderan mucho, resultaran bastante baratos; cerebros a los que se les +diese cuerda para veinticuatro horas, o bien que tuviesen una ranura, +como ciertos aparatos de gas, para que, al querer iluminar algn punto +obscuro de nuestra poltica, bastase echar en ellos una moneda y +aproximar un fsforo. La idea parecer descabellada, pero yo me +atrevera a apoyarla con un precedente: los cerebros alemanes. +Minuciosamente preparados por el Estado y exactamente iguales unos a +otros, los cerebros alemanes de la <i>avant-guerre</i> podran considerarse +como un producto industrial.</p> + +<p>Claro que el da en que los espaoles razonemos con unos cerebros +artificiales, confeccionados al por mayor, perderemos toda nuestra +variedad, tan pintoresca. Pero acaso sea precisamente esto lo que nos +est haciendo falta.</p> + + + +<h3><a name="IIg" id="IIg"></a>II<br /> <br /> +LA INDUSTRIA ELECTORAL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">L</span><span class="smcap">as</span> elecciones son nuestra nica industria nacional, y si se hicieran +dos veces al ao, Espaa se depauperizara. Hay pueblos en los que la +cosecha representa unos diez mil duros anuales, la industria unos cinco +mil, y las elecciones ciento o ciento cincuenta mil. Y aun hay quien +echa pestes contra la ley del Sufragio!</p> + +<p>—Para qu queremos el voto?—se preguntan algunas gentes.</p> + +<p>Y estas gentes, no slo carecen de sentido poltico, sino que carecen +tambin de todo instinto comercial. Queremos el voto para venderlo. La +ley que nos ha proporcionado el derecho a votar nos ha asegurado con l +una renta vitalicia. Un voto puede valer cinco, diez, veinte, cien, +hasta doscientos duros. Muchos hombres en Espaa ganan con su trabajo +cincuenta duros al ao, y con el voto obtienen el doble y el triple. +Claro que es preciso votar a los candidatos conservadores. Los +socialistas, que se las echan de protectores del pueblo, en realidad +quieren robarle al pretender que el pueblo los vote gratis. Falsos +apstoles!, como dice un colega...</p> + +<p>Cuando llegan las elecciones es como si llegara una cosecha milagrosa. +Una cosecha de cereales, de salchichones, de chorizos y de cigarros de a +peseta con ureas sortijillas. El vino circula abundantemente en +nuestros pueblos ms miserables. Las gallinas, animadas de un fuego +sagrado, dijrase que ponen los huevos ya cocidos y todo. Los corderos +nacen asados. Espaa come y bebe a sus anchas.</p> + +<p>Y son los socialistas quienes censuran al Sr. Maura por echar sobre el +pueblo espaol esta bendicin de unas elecciones generales? Pues que el +decreto de disolucin se retrase unos meses ms, y con lo cara que est +la vida, Espaa se morir de hambre. Es preciso acabar con esta leyenda +de que un candidato no es importante ms que como un diputado en +potencia. Lo importante no es el diputado, sino el candidato. Lo +importante no es el Parlamento, sino el perodo electoral. Un hombre que +se deja en un distrito de cincuenta mil duros para arriba es, +indudablemente, un hombre que favorece al distrito, y el pueblo, +agradecido, debe votarle...</p> + +<p>A no ser que el candidato contrario se deje lo doble.</p> + + + +<h3><a name="IIIg" id="IIIg"></a>III<br /> <br /> +UNA CARTA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> lector me enva la siguiente carta:</p> + +<p><span style="margin-left: 6em;">Sr. D. Julio Camba.</span></p> + +<p>Muy seor mo: Su artculo sobre las elecciones, publicado en <i>El Sol</i> +del da 13, contiene varias inexactitudes que me apresuro a rectificar. +Dice usted que los votos constituyen en Espaa una gran industria. Ay, +seor Camba! Como tantas otras, esta industria ha venido aqu +considerablemente a menos. La concurrencia es terrible. Hay quien vende +su voto por dos duros. Hay quien lo da a cambio de una comida, de un +paseo en automvil o de un cigarro puro. Hay quien vota por amistad, y +hay algo mucho peor an: hay quien vota por convicciones polticas. Y +as se explica el que se presenten candidatos hombres que no tienen +donde caerse muertos.</p> + +<p>Yo creo que se debiera constituir una liga de electores imponiendo una +tarifa mnima para los votos. Esta sera, a mi juicio, la nica manera +prctica de que los ciudadanos hiciramos valer nuestros derechos. Cinco +duros por voto, y si los candidatos no aceptaban, iramos a la huelga. +Y no me hable usted de inmoralidad. El hecho de que usted cobre sus +artculos no quiere decir que usted venda sus ideas. En realidad, un +escritor no tiene verdadera independencia de pensamiento mientras no +puede vivir de su pluma, y algo de esto ocurre tambin con el elector. +Sabe usted lo que yo he tenido que hacer en las elecciones pasadas para +valorizar un tanto mi derecho de elector? Pues he tenido que votar dos +veces: una por un candidato monrquico, y otra, por un republicano.</p> + +<p>Porque eso de que los candidatos conservadores son quienes pagan mejor +los votos, tampoco es exacto, seor Camba. Cuando estn en el Poder, +qu necesidad tienen de pagarlos? Generalmente, ni siquiera se toman la +molestia de echarnos un discurso.</p> + +<p>Desengese usted. Para levantar un poco la industria electoral no hay +ms procedimiento que la Liga. Recientemente se hablaba de sealar +sueldo a los diputados. Muy bien; pero que los diputados comiencen por +pagar a sus electores. Y mientras haya gentes que voten de balde, yo no +podr creer que el derecho a votar represente para el pueblo conquista +ninguna...</p> + +<p>Hasta aqu la carta de mi comunicante. Yo, en prueba de imparcialidad, +la reproduzco ntegra.</p> + + + +<h3><a name="IVg" id="IVg"></a>IV<br /> <br /> +EL AUTOR NECESITA UN DISTRITO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">n</span> estos hermosos das de mayo, para estar a tono con las costumbres y +no hacer entre mis contemporneos un papel despreciable, yo necesito dos +cosas: un distrito y un sombrero de paja.</p> + +<p>Casi todo el mundo tiene un distrito y un sombrero de paja. Algunos +tienen sombrero de paja y carecen de distrito. Otros tienen el distrito +nicamente, pero podrn contarse con los dedos de una mano los espaoles +que se encuentren hoy, a la vez, sin distrito y sin sombrero.</p> + +<p>Lector: No tendr usted por ah algn distrito suelto que ofrecerme? +Ha mirado usted bien?...</p> + +<p>Todos mis amigos tienen distrito, y hasta hay quien hace gala de dos o +tres. A juzgar por las apariencias, en Espaa hay muchos ms distritos +que candidatos, y muchos ms ciudadanos elegibles que ciudadanos +electores. Hombres que se han pasado el invierno sin gabn comparecen +ahora en la tertulia del caf con distritos magnficos. No me extraara +nada que alguno de ellos empeara el suyo...</p> + +<p>Es muy hermosa la libertad del hombre soltero; pero cuando uno se va +haciendo un poco viejo y comienza a padecer del estmago, echa de menos +una mano amante que le arrope bien en la cama y le sirva tacitas de +caldo. Tambin es muy hermosa la situacin del escritor independiente; +pero no en poca de elecciones. En poca de elecciones, quin no siente +el anhelo de un partido poltico, un partido carioso que le d un +distrito as como le dara un caldo la tierna esposa?</p> + +<p>Al salir a la calle y coger su sombrero, su bastn y sus guantes, uno +tiene estos das la sensacin de que le falta algo todava, y lo que le +falta es un distrito. Luego, en la tertulia habitual, as que todos los +amigos se ponen a hablar de sus distritos respectivos, el hombre que +carece de distrito es algo as como un paria. Los camareros mismos le +sirven de cualquier manera. El limpiabotas no acude a sus +requerimientos...</p> + +<p>La vida sin distrito ha llegado a parecerme ya una carga insoportable. +Me figuro que las gentes me sealan en la calle dicindose:—He ah un +hombre que no tiene distrito. Y por esto me dirijo al lector pidindole +uno. Despus de todo, un distrito se le da a cualquiera. Haga el lector +un pequeo esfuerzo. Necesito un distrito, y lo necesito de toda +necesidad.</p> + + + +<h3><a name="Vg" id="Vg"></a>V<br /> <br /> +ESPAA, EMPORIO DEL PARLAMENTARISMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Q</span><span class="smcap">u</span> se entiende por un hombre muy parlamentario?</p> + +<p>En Espaa, por un hombre muy parlamentario se enriende un hombre que +tiene mucho parlamento. El seor Dato, por ejemplo, y el seor conde de +Romanones son hombres muy parlamentarios. Tambin es bastante +parlamentario el Sr. Garca Prieto. Y yo mismo, que a primera vista no +parezco nada parlamentario, lo soy, sin embargo, considerablemente ms +que la mayora de los espaoles: tengo numerosos amigos diputados, puedo +tomar caf en el Congreso, puedo utilizar la franquicia postal +parlamentaria...</p> + +<p>Cuando el Sr. Maura disolvi las Cortes, dijo que lo haca porque siendo +un hombre muy parlamentario, no quera aprobar los presupuestos a +espaldas de la representacin nacional. La representacin nacional era +entonces datista, romanonista, albista, socialista, etctera, y el Sr. +Maura necesitaba una representacin nacional maurista a fin de no +gobernar a espaldas del pas, sino de acuerdo con l. Necesitaba un +Parlamento, en fin, para que no se dijese de l que era un gobernante +antiparlamentario.</p> + +<p>Y como necesitaba un Parlamento, el Sr. Maura—y quien dice el Sr. Maura +dice el Sr. Cierva—se dedic a hacerlo. Primero, el jefe del Gobierno +eligi los candidatos. Luego, los candidatos eligieron a los electores. +Y, dentro de pocos das, el Sr. Maura tendr un Parlamento propio, as +como algunos seores tienen un teatro casero.</p> + +<p>Quin ha dicho que aqu se gobierna arbitrariamente, sin tener en +cuenta los gustos ni las aficiones del pas? Aqu no se hace semejante +cosa. El pas ha derramado su sangre para conseguir el rgimen +parlamentario, y respetuosos de la voluntad nacional, a cada Gobierno le +damos aqu su Parlamento correspondiente. En el mismo espacio de tiempo, +ninguna nacin ha tenido tantos Parlamentos como Espaa. Espaa es, +indudablemente, el pueblo ms parlamentario del mundo.</p> + + + +<h3><a name="VIg" id="VIg"></a>VI<br /> <br /> +LOS MINISTROS NUEVOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> caiga el actual Gobierno, nuestro presupuesto de gastos se +encontrar gravado con unas cuantas cesantas ms. Para que la gente +pida ministros nuevos!</p> + +<p>Qu se entiende por un ministro nuevo? Por un ministro nuevo no se +entiende un ministro joven ni un ministro distinto de los otros +ministros, sino un hombre que es ministro por primera vez. Un ministro +nuevo suele ser un subsecretario viejo, un gobernador viejo o un general +viejo... El marqus de Mochales lleg a ministro y se muri; pero este +lamentable suceso ser nico en nuestra historia. La mayora de los +polticos no consideran colmada su ambicin al llegar a ministros. Ser +ministro no es, en realidad, ser nada. Un ministro est a merced del +poder moderador, a merced de la Prensa, a merced de las oposiciones +parlamentarias, a merced de todo el mundo. En cambi, un ex ministro no +est a merced de nadie. Las carteras pasan y las cesantas quedan. Y por +esto, lejos de morirse una vez que han jurado el cargo, es entonces +cuando la mayora de los ministros comienzan a vivir.</p> + +<p>Ministros nuevos? No. Nunca. Un ministro nuevo se usa en seguida y a +los dos o tres meses queda convertido en un ex ministro. Hay pases de +una intensa vida econmica que pueden permitirse el lujo de cambiar +frecuentemente de ministros, as como un hombre rico cambia +frecuentemente de automvil; pero nosotros no estamos en el mismo caso. +Si cada nueva cesanta anulase una cesanta vieja! Si cuando el seor +Prado Palacio, por ejemplo, sea declarado ex ministro, dejasen de ser ex +ministros el marqus de Lema o el conde de Bugallal!... Pero, hoy por +hoy, lo que nos conviene es ir tirando con los ex ministros actuales. +Son viejos, muy viejos, tan viejos como el mismo sistema parlamentario; +son malos y estn pasados de moda, pero no nos suponen ningn nuevo +gasto. Bien conservados, estos ex ministros pueden durar todava otro +cuarto de siglo u otro medio siglo, lo que en la poltica espaola no +creo que represente gran cosa. Y cuando se mueran del todo—all para el +ao 1950—, entonces se podr pensar en sustituirlos con algunos hombres +jvenes, como D. Melquiades Alvarez, por ejemplo, o el doctor +Simarro...</p> + + + +<h3><a name="VIIg" id="VIIg"></a>VII<br /> <br /> +UN ARTCULO MINISTERIAL</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> yo fuese un escritor ministerial, qu artculo hara acerca de las +ltimas elecciones!</p> + +<p>Nos han derrotado en las grandes ciudades—dira—, pero esto no nos +extraa. Las grandes ciudades son verdaderos focos de corrupcin, donde +se van perdiendo ntegramente los sentimientos de humildad, de +obediencia y de amor al pasado. Casi todos los madrileos saben leer y +escribir, y aunque una enrgica censura amordaza a los escritores de la +mala prensa, las ideas disolventes siempre encuentran camino por donde +llegar al cerebro del pueblo. Indudablemente, el analfabetismo vale mil +veces ms que la censura. Todo el arte de los escritores radicales se +estrella contra el hombre del campo, hombre sano de cuerpo y de +inteligencia, que no sabe leer ni lo necesita para trabajar las tierras +de su seor y para darles el voto a los candidatos del orden. Y el +hombre del campo ha votado la candidatura ministerial.</p> + +<p>Hemos triunfado en el campo, donde todava se conservan las venerandas +tradiciones de nuestros mayores; donde el mdico, no contaminado por +teoras extraas, sangra buenamente a sus enfermos, igual que en tiempo +de nuestros abuelos; donde el pobre se resigna a ser pobre como el rubio +se resigna a ser rubio; donde el cura prohbe que se baile el agarrado y +que se lean los peridicos liberales, y donde se respeta el orden, la +propiedad, el clero y la Guardia civil. Hemos triunfado en el campo y +hemos fracasado en las ciudades. Hay nada ms significativo?</p> + +<p>Porque las ciudades estn dejadas de la mano de Dios. En Madrid, la +juventud pasa su vida bailando bailes extranjeros, bebiendo bebidas +extranjeras y—cosa mil veces ms nefanda—leyendo libros extranjeros. +Ahora les ha dado a los madrileos por poner en las casas bao y +ascensor, y esto ser muy agradable para el cuerpo, pero tiene que ser +funesto para el alma. Baos, libreras, grandes hoteles, derechos +polticos, un Ateneo, una Casa del Pueblo... Es que nuestros mayores +necesitaban ninguna de estas cosas?</p> + +<p>Das atrs, cuando los balcones de Madrid se engalanaron con toda suerte +de colgaduras en homenaje al Corazn de Jess, creamos que la capital +de Espaa se arrepenta y haca enmienda de sus errores. Las elecciones +nos demostraron que esta hiptesis era falsa. Indudablemente, el +madrileo que tiene colgaduras est deseando un pretexto para +exhibirlas, y cualquiera que sea este pretexto las exhibe; pero esta +exhibicin, puramente decorativa, no tiene jams un carcter +ideolgico. Madrid est perdido, y con l estn perdidas todas las +grandes ciudades espaolas. Las han perdido las bibliotecas pblicas, la +Prensa, el agua corriente, los hoteles cosmopolitas, el telgrafo, el +telfono, los teatros, que, de lugares de solaz, van convirtindose en +vehculos de ideas pecaminosas, y tantas otras invenciones de este siglo +maldito. (Para un escritor ministerial todas las cosas antiministeriales +son invencin de este siglo.) Cmo iban a votarnos?</p> + +<p>Nuestra derrota demuestra que nosotros no tenemos nada que ver con esta +poca de disolucin social. Nosotros representamos las venerandas +tradiciones de nuestros mayores. Somos el pasado. Somos el ao de la +Nanita...</p> + + + +<h3><a name="VIIIg" id="VIIIg"></a>VIII<br /> <br /> +EL ENGAO DE LAS CRISIS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> vez que cae un Gobierno, yo experimento un sentimiento de +liberacin. El aire me parece ms puro; las mujeres, ms guapas; los +manjares, ms sabrosos.</p> + +<p>—Trabajillo ha costado—exclamo—; pero, al fin, somos libres. Ya no +tenemos Gobierno. Hemos realizado nuestro ideal...</p> + +<p>Desgraciadamente, est en nuestra naturaleza el no poder nunca darnos +cuenta de la felicidad presente. Por esto, la felicidad es inasequible, +y por esto, acaban resolvindose todas las crisis ministeriales. Al cabo +de dos o tres das, el Gobierno cado es siempre sustituido por otro, y +de nuevo hay que dedicarse a la tarea de demolerlo. Totalizando las +diferentes crisis que, poco a poco, logramos obtener, apenas si Espaa +llegar a vivir al ao un mes entero sin Gobierno. Un mes entre doce! +No vale la pena.</p> + +<p>Por mi parte, yo no ayudar ya nunca a echar abajo a ningn Gobierno, +como no me garanticen que luego no van a sustituirlo con otro. Mucho ms +cuando al otro es seguro que ya habamos tenido tambin que echarlo +abajo anteriormente. No veo en qu puede convenirle a un hombre soltero, +que ejerce una profesin liberal, el que le gobiernen el Sr. Dato o el +seor Maura, el Sr. Garca Prieto o el Sr. Snchez de Toca. +Probablemente, les interesa mucho ms a estos seores gobernarme a m de +lo que pueda nunca interesarme a m el que me gobiernen ellos.</p> + +<p>Y si un pueblo no puede vivir sin Gobierno—premisa a la que no le +conceder ningn valor mientras, como ocurre ahora, tampoco pueda vivir +con l—; si un pueblo no puede vivir sin Gobierno, y si los gobiernos +constituyen un mal necesario, entonces, por lo menos, debemos exigir +que las crisis duren un poco ms. Una crisis de tres o cuatro das no +compensa el esfuerzo necesario para arrancar del banco azul a estos +ministros que parecen lapas.</p> + + + +<h3><a name="IXg" id="IXg"></a>IX<br /> <br /> +ACCIN POLTICA DE LOS MARISCOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">e</span> inicia un cambio en la poltica espaola. Hasta hace muy pocos das, +el poltico sola ser, entre nosotros, un hombre de la provincia de +Pontevedra, amigo personal del marqus de Riestra y padre de una +numerosa familia. Cuando un paisano mo careca de oficio y no saba +hacer nada que le permitiese vivir en su tierra, si no tena dinero +bastante para irse a Buenos Aires, vena a Madrid y se dedicaba a +ministro. De m s decir que, este verano, unos marineros me pidieron en +mi pueblo nada menos que un grupo escolar; aquellas gentes sencillas +saban que yo viva en Madrid y no conceban que pudiese vivir de otra +cosa ms que de ministro, lo que, despus de todo, demostraba cierta +lgica. Si, en efecto, la mayora de mis paisanos residentes en Madrid +no fuesen ministros o ex ministros, cmo se las arreglaran para pagar +al casero? Es que el Sr. Garca Prieto, por ejemplo, podra sostenerse +en la corte escribiendo artculos para <i>El Sol</i>? Pero ahora, para llegar +a ministro, ya no basta haber nacido en la provincia de Pontevedra, y +comienza a hacerse indispensable el ser cataln. Y ste es el cambio que +se inicia en la poltica espaola.</p> + +<p>A primera vista, parece que se trata de un cambio superficial, y quiz +no se trate, en efecto, de un cambio muy profundo. Sin embargo, yo creo +que entre el poltico gallego y el poltico cataln hay una diferencia +mucho ms importante que la del acento. Lo terrible del poltico gallego +era su asombrosa capacidad de reproduccin. Nacidos al pie de las ras +bajas, aquellos polticos se reproducan como las sardinas. Al cabo de +quince aos, cada ministro le haba dado vida a cinco ministros, a diez +subsecretarios, a diez directores generales y a veinte gobernadores, sin +contar los empleados subalternos. Todo el mundo conoce la fecundidad de +la provincia de Pontevedra, que es una de las ms pobladas, si no la ms +poblada, de Espaa. Esta fecundidad suele atribursele a los mariscos, y +si la explicacin es exacta, los mariscos vienen a ser, en fin de +cuentas, los verdaderos responsables del nepotismo espaol. El +nepotismo espaol o las ostras, los cangrejos y los percebes de las ras +bajas!...</p> + +<p>Los polticos catalanes no parece que se reproduzcan tanto como los +polticos gallegos, y esto constituye, por s slo, una gran ventaja +para el pas. No se comen, quiz, muchos mariscos en Catalua, o es que +el marisco del Mediterrneo vale menos que el del Atlntico? Y por otro +lado, conocemos nosotros todas las posibilidades polticas del marisco +cataln? Si hubiese en Espaa alguien que estudiase la poltica con un +criterio realmente cientfico, yo le propondra este problema, que +considero de un inters capital; pero, por desgracia, aqu no hay ningn +tratadista poltico verdaderamente serio.</p> + + + +<h3><a name="Xg" id="Xg"></a>X<br /> <br /> +ARRASAMIENTOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> una insubordinacin se manifiesta en Barcelona o en otra +provincia—ha dicho el general Aznar—, slo procediendo enrgicamente +se domina y se la hace entrar en la ley. Si es preciso—aadi—, se +arrasa la poblacin...</p> + +<p>Yo creo que estas palabras del general Aznar tienen toda la categora de +un proyecto, y me extraa el ver que algunos peridicos lo rechazan sin +tomarse la molestia de estudiarlo tcnicamente. Porque desde luego, si +existe en Espaa alguna dificultad para arrasar poblaciones, a m me +parece que es una dificultad exclusivamente tcnica. Eso de imaginarse +que el Gobierno no puede arrasar Barcelona por razones de orden moral, +poltico o jurdico, demuestra, en mi sentir, una profunda ignorancia en +materia de arrasamientos. Las dificultades de este triple carcter +tienen muy poca importancia en el pas de La Cierva y Snchez Guerra. En +cambio, las dificultades tcnicas constituyen, en el pas de los mismos +seores, algo verdaderamente muy serio.</p> + +<p>Y, sentado esto, yo considero que debemos dejar a un lado +consideraciones ociosas, y rogarle al general Aznar que no desarrolle su +plan. Cuando el general Aznar, que ocupa en el Ejrcito un puesto tan +alto, ha insinuado la idea de arrasar Barcelona para dominar a los +elementos rebeldes, es que, indudablemente, esta idea es factible. Ahora +bien, general: nos hace falta un presupuesto. Queremos saber en cunto +tiempo y por cunto dinero se comprometera su seora a hacer en +Barcelona un arrasamiento en forma. El Ejrcito alemn, con un material +formidable y una direccin de primer orden, tard cuatro aos en arrasar +Reims a satisfaccin del Kiser; y siendo Reims una de las ciudades ms +ricas de Francia, invirti en la destruccin tanto como lo que ella +vala. Claro que nosotros no somos tan exigentes como el ex Kiser. +Acostumbrados a innumerables resignaciones, probablemente nos +conformaramos con un arrasamiento mucho ms vasto que el de la ciudad +de Reims; pero qu nos vendra a costar ese arrasamientito? El caso +est en que, para evitar la posibilidad remota de perder Barcelona una +vez, no vayamos realmente a perderla dos veces, primero arrasndola, y +segundo, invirtiendo en el arrasamiento el dinero que cost la +edificacin. Por otro lado, el problema de Barcelona es urgente, y si el +arrasamiento puede durar cincuenta o sesenta aos, no creo que +constituya una solucin eficaz.</p> + +<p>Supongo que el general Aznar sabr apreciar la diferencia que existe +entre esos peridicos que han acogido sus manifestaciones del Senado con +una vocinglera sentimental, y yo, que las enfoco seriamente en el +terreno de la realidad. Arrasar Barcelona! Qu duda cabe de que as se +acabara de una vez y para siempre con todas las cuestiones de +Barcelona? Lo malo, como digo, son las dificultades prcticas. A veces, +discutiendo con un amigo, y no logrando hacerle adoptar mis puntos de +vista, yo he sentido tambin el deseo de arrasarlo, y, si me contuve, no +fue, no, por motivos morales, sino, precisamente, por dificultades +tcnicas. Y es—para decirlo con una frase digna de la Alta Cmara, +donde hizo sus manifestaciones el general Aznar—que los individuos son +como los pueblos, y los pueblos son como los individuos.</p> + + + +<h3><a name="XIg" id="XIg"></a>XI<br /> <br /> +EL CONGRESO, A CUARENTA GRADOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro da, con un calor de cuarenta y tantos grados, estuve en el +Congreso. Yo nunca haba observado la poltica espaola a una +temperatura tan alta. Algunos diputados, tendidos en sus escaos, +parecan cadveres en descomposicin. Ola mal.</p> + +<p>—Indudablemente—pens—, el Parlamento no es un espectculo de verano. +Para el verano ya tenemos las corridas de toros, que se hacen al aire +libre.</p> + +<p>Y, dirigindome a un diputado amigo:</p> + +<p>—Por qu no cierran ustedes?—le dije.</p> + +<p>—Cerrar?—exclam—. Y la labor legislativa que tenemos por delante, +es que van a hacerla los porteros?</p> + +<p>—Hombre! En caso de apuro...</p> + +<p>—Todo se vuelven diatribas contra el diputado en este pas—aadi mi +amigo—, y el diputado es un mrtir. Ya ve usted a los diputados +franceses. No contentos con ganar quince mil francos al ao, quieren que +se les dupliquen las dietas. El diputado espaol, en cambio, lejos de +cobrar, paga. Sabe usted cunto me han costado a m las elecciones? +Veinte mil duritos. As se demuestra el amor a la patria. Y aqu me +tiene usted, en pleno mes de agosto, respirando este aire corrompido.</p> + +<p>—Es el aire de la poltica. Yo haba odo hablar de l, pero no lo +haba respirado nunca. Cuando lea en algn peridico eso del aire +corrompido de nuestra poltica, crea que se trataba de una frase. Ahora +lo respiro materialmente y me doy cuenta de que es meftico.</p> + +<p>—A veces huele como a ajos.</p> + +<p>—Ese olor es la democracia. Es la esencia misma del rgimen +parlamentario. No hable usted mal de l...</p> + +<p>Los ventiladores giraban a toda velocidad; pero intilmente. Est +demostrado que la poltica espaola, sometida a una temperatura de +cuarenta grados, se descompone por completo. Quizs ocurra tambin lo +mismo con la poltica inglesa, por ejemplo; pero cundo marca el +termmetro cuarenta grados en Londres?</p> + +<p>Decididamente, habr que cerrar el Congreso si no queremos que se +declare en Madrid, y que se extienda luego por el mundo, una nueva +epidemia hispnica. Y por tarde que lo abran despus, siempre lo abrirn +a tiempo.</p> + + + +<h3><a name="XIIg" id="XIIg"></a>XII<br /> <br /> +OPTIMISMO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> no s si el lector ha observado mi actitud ante el porvenir de +Espaa. Hasta ahora, esta actitud ha venido siendo la de un escptico, +la de un hombre sin fe ni esperanza ningunas. Los conservadores nos +prometan una revolucin desde arriba, y yo sonrea incrdulamente; los +republicanos y los socialistas nos anunciaban una revolucin desde +abajo, y yo volva a sonrer con la misma incredulidad.</p> + +<p>—Esto no puede seguir as—me decan—. Esto tiene fatalmente que +transformarse. El mundo entero se transforma, y Espaa no est en la +Luna, sino en el mundo...</p> + +<p>Todo era intil. En el fondo, yo tena una idea as como de que Espaa +no estaba en el mundo, sino en la Luna. Yo no crea en el porvenir de +Espaa. Yo era un escptico...</p> + +<p>Era un escptico, amigo lector, pero ya no lo soy. Mi escepticismo tena +una causa y esta causa acaba de desaparecer. Ahora slo me toca +manifestar que la causa en cuestin estaba en la calle de Cedaceros, y +que era esa valla con que el Sr. Vitrica ha estado, durante tanto +tiempo, entorpeciendo el trfico de Madrid.</p> + +<p>Cuando yo pasaba por la calle de Cedaceros, mi espritu se anegaba en un +torrente de amargas reflexiones.</p> + +<p>—Cmo vamos a derrumbar nada en Espaa—pensaba yo—si todava no +hemos podido derrumbar esta valla? La Prensa la ataca, el Parlamento la +combate, el pueblo la maldice y ella sigue en pie. La juventud +estudiantil, esperanza de la patria, ha venido aqu una noche, armada de +mazas y de picos, y la ha asaltado romnticamente, pero la valla sigue +inclume. Hasta las autoridades gubernativas se propusieron echarla +abajo, sin que su gestin obtuviera xito ninguno... Y qu se puede +esperar de un pueblo que, todo l, no logra demoler una pobre valla de +maderas carcomidas?...</p> + +<p>Es indudable que, si yo me manifest durante estos ltimos aos como un +escritor pesimista, ello ha consistido, principalmente, en la frecuencia +con que pasaba por la calle de Cedaceros. Pero, al fin, la famosa valla +ha cado en tierra, y ahora todo me parece posible.</p> + +<p>—Unas gentes que han acabado con la valla de Vitrica—me digo—pueden +acabar con la misma poltica del Sr. Cierva. Espaa se transformar. +Llegar un da en que los madrileos tendremos hasta gas para el +alumbrado pblico. Hay que mirar al porvenir con confianza. Hay que ser +optimistas... Dentro de ms o de menos aos, no tendra nada de +asombroso el que los habitantes de Madrid pudiesen trasladarse a La +Corua en un trmino de veinticuatro horas. Todo es de esperar en un +pueblo tan enrgico. Los trenes andarn. Un kilo de pan llegar a pesar +lo menos tres cuartos de kilo. Hasta es posible que haya casas para las +familias que deseen alquilarlas... Tengamos fe en los hombres que han +deshecho la valla de la calle de Cedaceros.</p> + + + +<h2><a name="LA_ANTIPOLITICA" id="LA_ANTIPOLITICA"></a>LA ANTIPOLTICA</h2> + + + +<h3><a name="Ih" id="Ih"></a>I<br /> <br /> +EL NUEVO DECORADO DEL MUNDO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">ada</span> tres o cuatro siglos vienen unos hombres; se ponen a barrer, a +fregar, a empapelar y a repintar el mundo. Lo dejan mejor? +Probablemente, no; pero esto no importa. Le quitan el polvo, lo +refrescan, lo varan y le dan un inters nuevo. Si los revolucionarios +pudieran cambiar de planeta de vez en cuando, e irse a pasar una +temporada con los marcianos o con los selenitas, el mundo, seguramente, +no sufrira tantas transformaciones. Por desgracia, las comunicaciones +interplanetarias no han pasado an de la categora de proyecto, y cuando +la humanidad se aburre en su viejo domicilio, comienza a coger trastos y +a echarlos patas arriba.</p> + +<p>Y esto es lo que ocurre hoy. El mundo se est transformando, con gran +indignacin de muchos seores que se haban instalado en l +confortablemente y para que no los molestase nadie. Estos seores no ven +la necesidad de cambio ninguno. El mundo les parece verdaderamente bien, +y en realidad, qu mundo ha estado nunca mejor? Tiene calefaccin +central y juicio por jurados. Tiene sistema parlamentario. Tiene gas, +tiene luz elctrica, tiene telgrafo y telfono, tiene leyes de +Accidentes del trabajo, y tiene cinematgrafo. Es un mundo con todo el +<i>confort</i> moderno, un mundo sumamente recomendable.</p> + +<p>Lo que ocurre con este mundo es que no le gusta a todo el mundo. Los +rusos, por ejemplo, tienen otras teoras estticas, y despus de haber +transformado el decorado teatral, no sera extrao que transformasen +tambin el decorado del mundo. Y el mundo futuro vendr a ser, poco ms +o menos, con respecto al mundo actual, una cosa as como el <i>ballet</i> +ruso con relacin a la pera italiana.</p> + +<p>Qu quieren esos obreros que arman tanto escndalo? Qu quieren esos +carpinteros? Qu quieren esos fontaneros? Qu quieren esos fumistas? +Qu quieren esos empapeladores?... Quieren arreglar el mundo, intacto +desde la Revolucin francesa, para que tire una temporadita de algunos +siglos. Si se les pudiese decir que volviesen otro da!... Pero es +intil, y hay que resignarse a todas las molestias de vivir en una casa +donde se estn haciendo reparaciones.</p> + + + +<h3><a name="IIh" id="IIh"></a>II<br /> <br /> +LOS PROLETARIOS DE LEVITA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">Y</span><span class="smcap">o</span> soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una +levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita +son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita. +Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo +que en un peridico conservador se habla de los proletarios de levita, +no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase +proletario de levita representa un concepto terico, y aunque para los +usos prcticos de la vida yo no tenga levita ninguna, tericamente s la +tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita terica. Es una levita que +no se puede empear; pero, en teora, esto carece de importancia.</p> + +<p>En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A +veces, tiene un <i>smocking</i> para conquistar, en los hoteles de moda, +ricas herederas o polticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en +algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero, +desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de +pertenecer a una clase que se caracteriza tan slo por el uso de una +prenda que no usa jams. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario +de levita...</p> + +<p>Hace varios aos, el dueo de un peridico donde yo sola colaborar +desde Pars, me envi una carta dicindome: El peridico marcha muy +bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con +respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al pblico de levita; +pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con +usted... Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por +artculo, y yo le contest sin gran entusiasmo: El termmetro—le +deca—marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en +vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabn de abrigo. Mi +ideal consista entonces en ser un proletario de gabn, y creo que lo +realic ya algo entrado el verano...</p> + +<p>Pero volvamos a los proletarios de levita. Todo el mundo piensa en los +obreros—escribe un peridico conservador—. Todo el mundo se ocupa de +los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se +acuerda nadie... Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de +blusa ms que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, cmo +no vamos a pasar inadvertidos, si no se nos conoce? Cmo van a fijarse +los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita +viste de americana?</p> + +<p>Yo propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran +sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un da haramos, por +ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no +saldra a la calle ni un solo adjetivo. Qu conflicto para el +rgimen!... Pero ya vern ustedes cmo no hacemos nada. Los proletarios +de levita no tenemos instinto de conservacin, adems de no tener +levita.</p> + + + +<h3><a name="IIIh" id="IIIh"></a>III<br /> <br /> +EL SINDICALISMO COMO BASE DE UNA NUEVA ANTROPOLOGA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">D</span><span class="smcap">espus</span> de todo, los sindicalistas no se proponen una cosa tan +extraordinaria como puede creerse. Qu ms da el que los hombres estn +clasificados por naciones que el que lo estn por oficios? La raza, el +idioma, la religin, las costumbres... Convengo en que todo esto es un +poco vago y un poco confuso; pero, y la cerrajera?</p> + +<p>Los sindicalistas pretenden que donde hoy dice Espaa, Inglaterra, +Francia o Alemania, diga maana Sindicato del Hierro, Sindicato +del Carbn, Sindicato de la Madera, Sindicato del Papel... Al +principio, naturalmente, los miembros de unos Sindicatos aparecern +mezclados con los de los otros, y en lo que hoy es Espaa, por ejemplo, +habr hombres de papel a la vez que hombres de madera, de carbn y de +hierro; pero, a la larga, es lgico suponer que cada Sindicato vaya +localizndose en lo posible all donde encuentre sus primeras materias. +Entonces surgir, no slo una nueva Geografa poltica, sino tambin +una nueva Antropologa. Los trabajadores del carbn constituirn una +raza muy morena. Los albailes formarn una muy rubia. Si hoy se parecen +ya todos los albailes del mundo, aunque no sean hijos de albailes y +aunque la albailera sea el nico vnculo que los une, qu no ocurrir +a los dos siglos de sindicalismo? Probablemente, los distintos +Sindicatos darn origen tambin a religiones diversas, ya que no es +fcil concebir cmo se pueden tener las mismas creencias ni los mismos +sentimientos en el pas del carbn que en el pas de la cal. Y si es +verdad que la terminologa de los oficios constituye el manantial ms +rico donde se nutren todos los idiomas modernos, cmo no suponer que +cada Sindicato llegar a tener una lengua propia, ininteligible para los +otros?</p> + +<p>Parece que los sindicalistas van a hacer una revolucin terrible; pero, +a los dos siglos de sindicalismo, el mundo estar, poco ms o menos, +como ahora. Un Sindicato muy fuerte querr dominar a los otros, les +declarar la guerra y morirn a millones hombres de hierro, hombres de +carbn, hombres de cartn piedra y hombres de celuloide...</p> + +<p>Indudablemente, no hay una gran diferencia entre clasificar a los +hombres por oficios o clasificarlos por razas, religiones, idiomas y +costumbres. Y no tan slo no hay una gran diferencia, sino que es igual. +En realidad, los hombres no se han clasificado nunca por razas, +religiones, idiomas ni costumbres. Los han clasificado as los +historiadores mucho despus de que ellos haban hecho su propia +clasificacin; pero los primeros hombres se clasificaban siempre por +oficios, ni ms ni menos que si hubiesen odo a Pestaa o al <i>Noy del +Sucre</i>. Los pescadores se reunan para establecerse a orillas de los +ros o construir ciudades lacustres; los cazadores se iban a los +bosques. Las nacionalidades modernas no son ms que una consecuencia +directa de aquel sindicalismo primitivo. Y por esto yo creo que no es +muy difcil imaginarse el resultado del sindicalismo actual.</p> + + + +<h3><a name="IVh" id="IVh"></a>IV<br /> <br /> +EL BOLCHEVISMO, ENFERMEDAD INFECCIOSA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> los primeros <i>poilus</i> penetraron en territorio alemn, muchos +franceses se alarmaron.</p> + +<p>—Alemania—decan—est apestada de bolchevismo. A ver si nuestros +soldados lo cogen y lo extienden luego por aqu...</p> + +<p>Y es que para la inmensa mayora de las gentes, el bolchevismo no pasa +de ser una enfermedad infecciosa. Los Gobiernos ms serios lo tratan +como una nueva forma de gripe. Creen que se propaga por contagio, igual +que la gripe espaola, y, a fin de combatirlo, forman cordones +sanitarios en las fronteras. A los casos reconocidos los aslan +cuidadosamente, metindolos en las crceles, y, dentro de poco, +prohibirn el derecho de reunin, para evitar los hacinamientos.</p> + +<p>A m, esto de combatir el bolchevismo con medidas sanitarias me parece +algo as como si se hubiera pretendido combatir la gripe reformando la +Constitucin. No creo que las medidas sanitarias hayan sido nunca muy +tiles contra las epidemias, y, desde luego, creo que sern +perfectamente intiles contra el bolchevismo.</p> + +<p>Porque, para m, el bolchevismo no es un problema sanitario, sino un +problema social, y, en el estado actual de la Ciencia, me parece absurdo +pretender que nadie cambie de religin o de poltica sometindolo a un +tratamiento mdico. Acaso el agua bendita haya resuelto algunos +problemas sociales; pero, probablemente, el agua oxigenada no resolver +ninguno. Y la prueba de que el bolchevismo no es una enfermedad, es que +mientras las enfermedades slo ponen en peligro a los enfermos, el +bolchevismo constituye un peligro nicamente para aquellos que no son +bolchevikis.</p> + +<p>Pero si, a pesar de todo, seguimos considerando el bolchevismo como una +enfermedad, qu vamos a hacer con los otros sistemas polticos? Con +qu curaremos el maurismo, pongo por caso? El bolchevismo vendra a ser +algo as como un enorme trastorno gstrico, mientras la mayora de las +sectas polticas representaran deficiencias mentales imposibles de +combatir.</p> + + + +<h3><a name="Vh" id="Vh"></a>V<br /> <br /> +LA MAGIA DEL DINERO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">C</span><span class="smcap">uando</span> el bolchevismo comienza a asomar en un pas, parece que los ricos +se apresuran a realizar sus fortunas para dilapidarlas alegremente antes +de que se las lleve la trampa. As dicen que han procedido los grandes +duques rusos y que estn procediendo los aristcratas magiares. El +bolchevismo es un gran estimulante de la generosidad, y por eso yo no +veo que en Espaa corramos todava el menor peligro de pasar a un +rgimen bolchevique. Cuando algn millonario os cuente que aqu vamos +derechos al bolchevismo, pedidle mil pesetas, y si os las niega—que os +las negar—, es que habla por hablar y sin conviccin ninguna.</p> + +<p>Hay quien dice que el bolchevismo tiende a suprimir el dinero, y esto +merece cierta reflexin. Indudablemente, el dinero es una cosa muy mala, +sobre todo para aquellos que no lo tienen; pero tambin es una cosa muy +buena, especialmente para aquellos que lo atesoran. Algunas personas, +cuando se discute este tema de la bondad o maldad del dinero, exclaman:</p> + +<p>—Quite usted!... Lo importante es tener salud...</p> + +<p>Probablemente, esas personas se figuran que el dinero constituye una +enfermedad, y si, en efecto, la constituye, hay que convenir que, entre +nosotros, no ha tenido nunca caracteres endmicos.</p> + +<p>Por mi parte, confieso que el dinero me ha parecido siempre una cosa +milagrosa. Yo no puedo ver el proceso de un duro que se transforma en +patatas, sin imaginarme el proceso contrario, y me figuro que, +previamente, se han cogido kilos y kilos del sabroso tubrculo, que se +los ha cocido, que se los ha machacado, que se los ha sometido a +diversos reactivos, que se los ha puesto en un alambique y que se ha +obtenido el duro como resultado. Esto es lo que yo me figuro cuando +compro un duro de patatas, y esto es ya bastante maravilloso; pero la +maravilla crece cuando pienso que mi duro no slo es susceptible de +transformarse en patatas, sino que se puede transformar tambin en +guisantes, en zanahorias, en poesas lricas, en cigarros habanos y en +otros muchos objetos que me dicte mi fantasa. Qu otra cosa, en +nuestro mundo moderno, tiene este poder mgico que tiene un duro, como +no sea un billete de cinco duros? Y cmo es posible que haya quien +desprecie el dinero, considerndolo una realidad demasiado prosaica?</p> + +<p>No hay duda de que el dinero es una cosa excelente... para aquellos que +lo tienen. Si lo pudisemos tener todos!... Pero en cuanto lo +tuvisemos todos, su virtud milagrosa desaparecera en absoluto. Yo +creo que se debiera establecer un turno pacfico para el disfrute del +dinero. As se evitaran las revoluciones, los grandes negocios y otra +porcin de cosas ms o menos molestas.</p> + + + +<h3><a name="VIh" id="VIh"></a>VI<br /> <br /> +EL DELITO DE SER RUSO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">U</span><span class="smcap">n</span> extranjero, preso en la Crcel Modelo, se dirige a los peridicos +protestando contra su detencin. Soy un ciudadano ruso—dice—, y no he +cometido ningn delito.</p> + +<p>Un ciudadano ruso que no ha cometido ningn delito!... La contradiccin +salta a la vista. Es como si se dijera un homicida que no ha matado a +nadie, o un ladrn que no rob nunca. Le parece poco delito al Sr. +Weissbein el hecho de ser ruso? Rusia es un pas demasiado fro, +demasiado lejano y demasiado complicado, y a nuestra Polica le ha +inspirado siempre muy hondas sospechas. En Madrid, Sr. Weissbein, ya +resulta bastante difcil el ser cataln o gallego, para que se le +permita a nadie ser ruso. Si quiere usted vivir tranquilo entre +nosotros, hgase usted de Vallecas o de Getafe y renuncie incontinenti a +toda pretensin moscovita.</p> + +<p>Ah es nada ser ruso, esto es, ser del pas del terrorismo y del +bolchevismo!... Mi amigo Corpus Barga, actual redactor de <i>El Sol</i> en +Pars, tuvo la debilidad de interesarse por las cuestiones rusas, y en +cuanto se present en Espaa, con unos bigotes cados a la trtara, la +Polica lo cogi y lo meti en la crcel. Otro amigo mo, que quiso +estudiar ruso, fue detenido a la tercera leccin. Y si a Cristbal de +Castro, autor de <i>Rusia por dentro</i>, le han nombrado gobernador de +vila, ha sido cuando ya no le caba a nadie la menor duda de que ni +Cristbal de Castro haba llegado nunca a Rusia ni saba una palabra de +ruso.</p> + +<p>Ignoro en qu artculo de nuestro Cdigo penal se condena la ciudadana +rusa, y por eso no le doy el nmero al Sr. Weissbein. Lo cierto, sin +embargo, es que, en cuanto la Polica espaola sospecha que alguien +puede ser ruso, le busca y le detiene. Si yo no he estado en Rusia +todava, es porque no he querido que, a la vuelta, me encerrasen para +siempre en la Crcel Modelo. No hay manera de ser ruso en Espaa, Sr. +Weissbein. Los mismos libros rusos han sido perseguidos y decomisados +aqu diferentes veces. Hgame usted caso: olvide su idioma y adopte la +ciudadana de los Cuatro Caminos, que, despus de la derrota alemana, es +el pas ms lejano de donde se puede ser en Madrid.</p> + + + +<h3><a name="VIIh" id="VIIh"></a>VII<br /> <br /> +LOS RUSOS POLTICOS</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">A</span><span class="smcap">ntes</span> de la guerra, Espaa no crea en los rusos.</p> + +<p>—Un ruso? Vamos, hombre! Mire usted que un ruso!—decan los +madrileos.</p> + +<p>Entonces no haba ms que una persona que, de vez en cuando, recibiese +algunos rusos en Madrid. Esta persona era Luis Morote, diputado a Cortes +y periodista famoso por la longitud de sus artculos. Luis Morote haba +estado en Rusia; pero, sin embargo, no reciba directamente sus envos. +Los rusos se los mandaba Fabra Ribas, ya un poco adulterados, desde la +redaccin de <i>L'Humanit</i>, de Pars, adonde iban todos antes de venir a +Espaa.</p> + +<p>—Puesto que tiene usted tantos rusos disponibles—le preguntaba yo a +Fabra Ribas un da—, por qu no los distribuye usted de una manera ms +equitativa? Eso de darle a Morote la exclusiva de los rusos para toda +Espaa, me parece injusto.</p> + +<p>Yo sospecho que Fabra Ribas quera serle agradable a Morote, y que por +eso le provea de rusos con tanta abundancia; pero l se disculpaba +diciendo que Morote era la nica persona que haba en Madrid capaz de +servir a un extranjero. El caso es que, cada dos meses o cosa as, +Morote sala a la calle muy orgulloso con unos rusos inditos; pero los +pobres hombres fracasaban completamente. Nadie crea en ellos como tales +rusos.</p> + +<p>—Con ese ruso no tendr usted fro, eh, amigo Morote?—solan decirle +al distinguido periodista.</p> + +<p>O bien:</p> + +<p>—Un ruso nuevo? Pues ya tiene usted para tirar lo que queda de +temporada...</p> + +<p>En un libro que se llama <i>Playas, Ciudades y Montaas</i>, yo cuento las +aventuras de estos primeros rusos en Madrid, y el captulo dedicado al +asunto tiene un ttulo muy significativo: <i>Los rusos existen</i>. Entonces +nadie crea en los rusos. Ahora, en cambio, todos los hombres le parecen +un poco rusos a la gente. En el <i>Manuel Calvo</i>, de Barcelona, se han +hecho a la mar, expulsados por el Gobierno, rusos de Turqua, rusos de +Bulgaria, rusos franceses, rusos ingleses y hasta rusos espaoles. Y es +que la palabra ruso ha evolucionado. Antes tena un concepto geogrfico. +Ahora tiene un concepto poltico. Se es ruso como se es republicano o +como se es reformista. Se es algo ruso o se es terriblemente ruso. Todo +hombre que protesta contra el caciquismo o contra la caresta de la +vida, es un ruso presunto. Y pensar que yo he sido ruso, sin enterarme +de ello, hace ms de quince aos!...</p> + +<p>Este nuevo concepto de la palabra ruso es lo que explica el proyecto del +Sr. Doval, jefe de polica de Barcelona, quien, para sondear a los +detenidos en el <i>Manuel Calvo</i>, propona que se introdujeran entre +ellos, fingindose rusos, cinco o seis policas espaoles. Yo no creo +que un polica espaol pueda fingirse ni siquiera portugus. Decirle que +se finja ruso a un polica que gana diez pesetas diarias es algo as +como decirle que se finja gran filsofo. Indudablemente, el seor Doval +no aspiraba a que los policas espaoles se fingieran rusos de idioma, +sino sencillamente rusos polticos.</p> + +<p>Pero si la palabra ruso ya no designa ms que cierta clase de opiniones, +por qu se considera a los rusos como extranjeros? Cree el conde de +Romanones que los naturales de Mosc son ms rusos que nosotros? No hay +duda de que, antes, un hombre que naca en Mosc tena muchas y muy +buenas razones para ser ruso. Hoy quiz las tenga ms y mejores un +hombre nacido en Espaa.</p> + + + +<h3><a name="VIIIh" id="VIIIh"></a>VIII<br /> <br /> +LA TIRANA DEL TRABAJO</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">M</span><span class="smcap">e</span> permite el lector que yo le d mis opiniones sobre la cuestin +social? Para m, toda la cuestin social se reduce a una cosa: que el +hombre no quiere trabajar y que es preciso que trabaje. El hombre no +quiere trabajar doce horas, ni ocho, ni cinco, ni dos; no quiere +trabajar en un trabajo desagradable ni en un trabajo agradable; no +quiere trabajar absolutamente nada. Pretender establecer el trabajo +colectivo como base de la sociedad futura me parece, por lo tanto, un +absurdo.</p> + +<p>Toda la civilizacin no es ms que una lucha desesperada del hombre para +no tener que trabajar. Si se han inventado mquinas, si se han +canalizado ros, si se han domesticado animales y si se han blanqueado +negros, ha sido con el nico objeto de que los negros, los animales, los +ros y las mquinas trabajasen por nosotros.</p> + +<p>—Lo que inventan los hombres <i>pa</i> no trabajar!—deca el baturro del +cuento viendo cmo un pintor copiaba el paisaje.</p> + +<p>Y, en efecto, los hombres han inventado mucho y han trabajado +rabiosamente para emanciparse de la horrible esclavitud del trabajo. Han +creado el Arte, la Ciencia, el papel moneda y hasta algunas enfermedades +infecciosas...</p> + +<p>Claro que los obreros hacen bien en pretender que todo el mundo trabaje. +Cuando trabaje todo el mundo, cada hombre trabajar menos, y el dolor de +los ms ser atenuado, pero...</p> + +<p>Pero en la sociedad actual uno tena siempre una esperanza de +liberacin, y en la sociedad futura no la tendr nadie. El mal ser +menor, pero lo har parecer mil veces mayor su carcter de mal +ineludible. Hasta ahora, uno poda siempre pensar, segn sus aptitudes o +sus aficiones, en cometer un crimen, hacer una estafa o instalar una +fbrica de vidrio y salvarse. Salvarse a costa de los otros; pero +salvarse al fin. Maana, en cambio, no habr posibilidad de salvacin +para ninguno de nosotros. Todos tendremos que trabajar seis horas o +cuatro horas o dos horas; pero tendremos que trabajar, y la cuestin +social seguir en pie.</p> + +<p>Hasta que unas mquinas maravillosas nos lo hagan todo... y mientras no +se den cuenta de que las explotamos.</p> + + + +<h3><a name="IXh" id="IXh"></a>IX<br /> <br /> +UNA POLICA FILOSFICA</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">S</span><span class="smcap">i</span> la Polica no encuentra nunca a los autores materiales de los +atentados contra los patronos, cmo va a encontrar a los autores +morales? Si no descubre, ni por casualidad, la mano que mata, cmo va a +descubrir el cerebro que sugiere la idea de matar? Habra que crear una +Polica filosfica que fichase las ideas y fuera siguindoles la pista +de libro en libro, porque yo creo que a la Polica actual esta labor le +resultara demasiado molesta. El camino de una idea, desde que nace +hasta que se convierte en cinco tiros de pistola, es largo y sinuoso. +Claro que en Espaa hay muy pocas ideas. Generalmente, los hombres que +tienen alguna estn fichados ya; pero, de todos modos, la tarea del +nuevo organismo policaco tropezara con dificultades insuperables.</p> + +<p>Yo estoy de acuerdo con la prensa conservadora en creer que los autores +materiales de los atentados contra los patronos no son ms que +instrumentos; pero instrumentos de quin? Probablemente, la prensa +conservadora cree que de Pestaa, del <i>Noy del Sucre</i>, de Indalecio +Prieto o de Marcelino Domingo. Yo creo que de Platn. Marcelino Domingo, +Indalecio Prieto, el <i>Noy del Sucre</i> y Pestaa hablan, escriben, +<i>agitan</i> y crean contra los patronos un estado de opinin sin el cual +tal vez no se cometiesen tantos atentados; pero de aqu a suponer que +esos seores son responsables, hay una gran diferencia. Esos seores no +son responsables. Esos seores son instrumentos.</p> + +<p>Por qu vamos a suponer que el hombre que habla es ms consciente de lo +que hace que el hombre que tira tiros? Si Carlos Marx no hubiese escrito +<i>El Capital</i>, los oradores socialistas, o no diran nada, o diran unas +cosas muy distintas de las que dicen. Los oradores socialistas no son +ms que autores materiales de sus discursos, y Carlos Marx es uno de los +autores morales; pero, aqu se nos vuelve a presentar el mismo problema, +hasta qu punto se puede hacer a Carlos Marx responsable de <i>El +Capital</i>? Si otros hombres no hubiesen trabajado con anterioridad en el +mismo orden de ideas, dnde hubiese encontrado el ilustre economista +alemn los materiales necesarios para construir su obra?</p> + +<p>Indudablemente, Carlos Marx no tiene culpa ninguna de lo que ocurra en +Barcelona ni en Bilbao. La culpa, como digo, es de Platn, a quien le +comunic las malas ideas el seor Scrates.</p> + +<p>Y como el seor Scrates ya se tom la cicuta, resulta que ya estn +castigados, no slo todos los asesinatos de patronos que van perpetrados +hasta la fecha, sino los que puedan perpetrarse en el corto porvenir que +le queda a la clase patronal.</p> + + + +<h3><a name="Xh" id="Xh"></a>X<br /> <br /> +ASESINOS MANUALES Y ASESINOS INTELECTUALES</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">E</span><span class="smcap">l</span> otro da he recibido la visita de un joven que tena el rostro +asimtrico, la frente huida y la mandbula <i>prognata</i>.</p> + +<p>—Perdone usted—me dijo este hombre extrao, con voz cavernosa—. Vengo +a verle porque me han dicho que es usted un intelectual.</p> + +<p>—Exageraciones, calumnias de mis enemigos, que tienen, sin duda, ganas +de verme en la Crcel Modelo—le contest—. Es usted de la Polica?</p> + +<p>—No. De momento, no—dijo el hombre con una sonrisa helada—. Soy un +modesto asesino, para servir a usted...</p> + +<p><i>Il n'y pas de sot mtier</i>, como dicen los franceses. La profesin de +asesino, desde que ha entrado en vigor esta ley de las ocho horas, +puede, con poco esfuerzo, producir ingresos suficientes para cubrir +todas las necesidades de un buen padre de familia.</p> + +<p>—Conque asesino?—exclam yo, con una amabilidad que quiz no fuese +completamente espontnea—. Muy interesante. Ustedes matan a algunos +hombres; pero le dan de vivir a muchos ms. Sintese usted y dgame en +qu puedo serle til. Quiere usted, quiz, que le recomiende algunos +amigos? Lo har con mucho gusto...</p> + +<p>Mi visitante se dej caer en una butaca.</p> + +<p>—Yo vena en busca de un intelectual—exclam—y usted niega serlo. +Esto me contrara considerablemente. Necesito un intelectual a todo +trance...</p> + +<p>—Si es para asesinarlo—le dije—me parece absurdo. Aunque llevara +usted luego su pelleja al Ministerio de la Gobernacin, no creo que el +asesinato de un intelectual pudiese producirle siquiera lo necesario +para cubrir gastos. Los intelectuales, en este pas, se cotizan a menos +que los conejos.</p> + +<p>—Pero, en fin—repuso el hombre, que pareca dominado por una idea +fija—. Aunque usted no sea completamente un intelectual, por lo menos +tendr usted un cerebro...</p> + +<p>Yo me rasqu instintivamente el crneo.</p> + +<p>—Hombre! Un cerebro! Quin no tiene un cerebro? Claro que son muy +pocas las personas que lo usan; pero todo el mundo tiene un cerebro. +Usted mismo tiene uno de esos magnficos cerebros de criminal nato que +ha estudiado minuciosamente, en Italia, el profesor Lombroso.</p> + +<p>—Yo carezco de cerebro, seor mo—respondi el asesino—. Es que no +lee usted la prensa conservadora? Los asesinos no somos ms que brazos, +instrumentos que ejecutan las ideas de otros hombres. En tiempos del +seor Lombroso tenamos, en efecto, unos cerebros especiales, y cuando +queramos trabajar, buscbamos, de acuerdo con nuestros gustos +particulares o segn la inspiracin del momento, un hacha, un cuchillo, +un revlver o una maza. Hoy, en cambio, buscamos un cerebro. El cerebro +es nuestra herramienta. Comprende usted mi situacin? Yo quiero +asesinar a un frutero de los Cuatro Caminos; pero, antes de ponerme a la +obra, necesito un cerebro que me sugiera la idea de este asesinato. Por +eso vena a verle a usted...</p> + +<p>Yo me disculp como pude; pero el asesino no se convenci.</p> + +<p>—Usted me engaa—me dijo—. Usted podra perfectamente sugerirme la +idea que yo le pido. Mil veces, de seguro, habr tenido usted en su vida +intenciones asesinas. Lo que ocurre es que no quiere usted complacerme. +Es usted un Tartufo.</p> + +<p>—Caballero!</p> + +<p>—Un Tartufo, s, seor. Ah! Si alguien pudiera sugerirme la idea de +asesinarle a usted!... Cmo me vengara yo entonces de su hipocresa! +Pero yo soy un pobre asesino, incapacitado por mi profesin para matar a +nadie, y por eso usted se permite abusar de m. Adis, seor mo! Voy a +revisar unas colecciones de peridicos a ver si algn artculo de un +adversario suyo me inspira la intencin de estrangularlo a usted. Hasta +la vista.</p> + +<p>Y el extrao visitante se fue por donde haba venido.</p> + + + +<h3><a name="XIh" id="XIh"></a>XI<br /> <br /> +FERRER</h3> +<hr /> + + +<p class="nind"><span class="letra">F</span><span class="smcap">errer</span>, como se sabe, tena una estatua en Bruselas. Los alemanes, +durante su ocupacin de la ciudad, echaron la estatua abajo, y cuando se +trat de erigirla, algunos peridicos espaoles protestaron y otros +aplauden. Yo creo que los espaoles, como tales espaoles, no tenemos +voto en este asunto. Ferrer era espaol; pero nosotros no quisimos que +siguiera sindolo, y para conseguirlo lo hemos fusilado. Desde que lo +fusilamos, Ferrer dej de ser uno de los nuestros, y hoy qu nos +importa el que su cadver suscite por ah simpatas o antipatas? Al +fusilarlo, nosotros hemos roto con el seor Ferrer toda solidaridad. +Que actualmente Ferrer nos denigra en Bruselas? Pero cmo puede +denigrarnos un muerto? Y si un muerto puede denigrarnos, entonces, no +habremos cometido una ligereza al matar a Ferrer?</p> + +<p>Por mi parte, yo creo que, en efecto, hemos cometido una gran ligereza, +un descuido imperdonable. En vano sus enemigos dicen que Ferrer no era +un sabio ni un pedagogo. Si se va a fusilar a todos los espaoles que +no son sabios ni pedagogos, entonces ya puede el Gobierno solicitar un +crdito extraordinario para comprar fusiles. Yo no conozco ms que un +pedagogo, D. Lorenzo Luzuriaga, y francamente, no creo que este querido +amigo se divierta mucho cuando llegue a quedarse solo consigo mismo en +una Espaa despoblada por los fusilamientos.</p> + +<p>No. A Ferrer no se le ha fusilado porque no era un pedagogo ni un sabio. +Por lo menos, las obras de la coleccin Sempere se las haba ledo, y +esto le pona en un nivel de cultura muy superior al de los hombres que +dispusieron su fusilamiento. Si se fusil a Ferrer fue, al contrario, +porque se le consideraba un sabio y un pedagogo, una especie de Giordano +Bruno de la rambla de Canaletas. Esto, adems, era lo lgico, y si no lo +lgico, lo tradicional. Esto era lo que tena precedentes. Yo le hice en +tiempo oportuno una prudente advertencia al Sr. Maura por medio de un +artculo que los ferreristas interpretaron, por cierto, bastante mal.</p> + +<p>—Que no se fusile a Ferrer—deca yo—. Ustedes se creen que Ferrer es +un genio; pero yo, que lo conozco, les doy mi palabra de que no lo es. +Fusilen ustedes al Sr. Unamuno, que sabe griego; fusilen a don Francisco +Giner, fusilen aunque sea al doctor Simarro; pero yo les aseguro que +sera una equivocacin fusilar a Ferrer...</p> + +<p>Nadie atendi mis consejos, y Ferrer fue fusilado. Ahora, muchos +espaoles se indignan al ver que en el extranjero se le levantan +estatuas a Ferrer. Ferrer no es un apstol, dicen. Pero Ferrer <i>ya</i> es +un apstol. Todo hombre que muere por una idea es un apstol, y como los +apstoles estorban mucho a los ministros de la Gobernacin, el buen +gobernante no debe matar a nadie por sus opiniones ni por sus doctrinas. +As como as, qu necesidad hay de matar a la gente en el pas de la +viruela y de la gripe?</p> + +<p class="c">FIN</p> + +<hr class="full" /> + +<h3>OTRAS OBRAS DE JULIO CAMBA</h3> + +<p class="c"><i>Alemania</i>.</p> + +<p class="c"><i>Londres</i>.</p> + +<p class="c"><i>Playas, ciudades y montaas</i>.</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La rana viajera, by Julio Camba + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA RANA VIAJERA *** + +***** This file should be named 30275-h.htm or 30275-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/3/0/2/7/30275/ + +Produced by Chuck Greif, R. Cedron and the Online +Distributed Proofreading Team at (http://dp.rastko.net). + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. Special rules, +set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to +copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to +protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project +Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you +charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you +do not charge anything for copies of this eBook, complying with the +rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose +such as creation of derivative works, reports, performances and +research. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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