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+The Project Gutenberg EBook of Liette, by Arthur Dourliac
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Liette
+
+Author: Arthur Dourliac
+
+Release Date: September 3, 2009 [EBook #29901]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
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+
+BIBLIOTECA DE «LA NACION»
+
+ARTHUR DOURLIAC
+
+LIETTE
+
+BUENOS AIRES
+1907
+
+Imp. y estereotipia de LA NACIÓN.--Buenos Aires.
+
+
+
+
+LIETTE
+
+
+Liette se asomó al balcón y paseó su mirada un poco turbada por los
+sitios en que iba a desarrollarse su vida. A sus pies la plazuela
+rectangular plantada de tilos, a cuya sombra iban a hacer su partida los
+jugadores de pelota, entre los bancos de piedra desgastados por el uso
+de tantas generaciones, a los que el abuelo tembloroso iba a calentar su
+reuma pensando en el tiempo lejano en que iba allí a jugar al marro y al
+paso, y al lado de la fuente rústica de murmullo cristalino en la que el
+cansado caminante iba a apagar la sed y las jóvenes habladoras a llenar
+sus cántaros charlando.
+
+En el fondo, la iglesia de inseguras piedras, de vidrios rajados y de
+campanario oscilante, pero que conservaba, sin embargo, la imponente
+majestad de las cosas del pasado y aplastaba con su altura a la nueva
+alcaldía blanqueada y a la cual estaba aneja la escuela.
+
+A la derecha el letrero hereditario que anunciaba el despacho del
+notario Hardoin, tercero de este nombre.
+
+A la izquierda la bandera tricolor que flotaba por encima de la
+Gendarmería Nacional.
+
+El Correo estaba así guardado entre el órgano de la ley y sus
+defensores.
+
+En la calle se agrupaba el «alto comercio», del pueblo: merceros,
+tenderos de comestibles, carniceros y taberneros; y después una larga
+fila de cabañas bajas y ahumadas, apretadas las unas contra las otras
+como pájaros frioleros, y separadas de vez en cuando por las altas
+tapias y la puerta cochera de alguna granja rica, que hacía más sensible
+todavía la miseria de sus humildes vecinas.
+
+Más allá el campo con sus verdes praderas, sus dorados trigos y sus
+bosques frondosos, y, mucho más allá, en un marco de vegetación
+exuberante, un castillo señorial con sus ladrillos rojos, sus
+torrecillas de pizarra que brillaban al sol saliente, sus ventanas
+ojivales y sus balcones de hierro forjado, como esas joyas del
+Renacimiento que esmaltan las orillas del Loira.
+
+Estábase sin embargo lejos de allí, y todo lo más, hubiérase podido ver
+las orillas del Oise, pues era en este departamento donde se encontraba
+el castillo de Candore y el pueblo del mismo nombre y donde Julieta
+Raynal acababa de ser nombrada empleada de Correos con mil doscientos
+francos de sueldo.
+
+El campo dormido estaba envuelto en una ligera bruma como un velo de
+desposada, y la joven pensaba en el tiempo pasado con la mirada perdida
+en el horizonte y la mejilla apoyada en la mano.
+
+Allá, en lo más lejano de sus recuerdos, veía el patio de la casa mora,
+muy largo, muy largo, un vasto desierto que atravesar para sus
+piernecitas... Y Julieta permanecía temerosa, agarrada a la falda de su
+madre, mientras que en el otro extremo un hombre, con las manos
+extendidas, sonriendo bajo su fino bigote y dulcificando la voz
+acostumbrada al mando, le gritaba:
+
+--Valor, Liette.
+
+Entonces, a la llamada de «papá,» la niña, dejando el refugio materno,
+se lanzaba tambaleándose por el patio, vacilando en los primeros pasos,
+pero sostenida por el acento firme y tierno del soldado que repetía:
+«Valor, Liette» y se arrojaba sobre su gruesa bota que enlazaba
+estrechamente entre sus brazos.
+
+Recordaba después la alegría de ser levantada como una pluma y
+estrechada contra el uniforme bordado de oro, y de sentir en la frente y
+en el cuello el cálido beso del joven padre.
+
+--¡Bien, Liette, eres valiente...
+
+Después su infancia errante por las guarniciones, recorriendo la Francia
+y las colonias, del Norte al Mediodía, del Este al Oeste, marcando cada
+etapa por un galón más.
+
+Después, ya muchachita de cabello menos largo y trajes menos cortos,
+apoyándose en el brazo de papá (pues ya le da el brazo). Y la niña se
+estira toda gloriosa, sin notar las miradas de admiración de los
+oficiales al hacer el saludo militar.
+
+Pero papá las nota y sonríe, halagado en su orgullo paternal.
+
+El oficial está orgulloso de su hija, pero ¡cuánto más lo está la hija
+de su padre!...
+
+Comandante a los treinta y ocho años, pronto coronel, general acaso...
+¡Y quién sabe si irá a recoger del otro lado del Rhin el «bastón» que ya
+no brota en tierra francesa!
+
+«¡Señor Mariscal!»
+
+¿Por qué no? ¿Dónde se detienen los sueños de una cabeza de dieciséis
+años?
+
+Después la brusca parada en vísperas de ascender a coronel; la parálisis
+a consecuencia de una insolación que venció al brillante oficial, a él,
+a quien las balas enemigas habían dejado en pie.
+
+Después la despedida al regimiento, a la vida activa y brillante, el
+retiro, la enfermedad, la miseria...
+
+Raynal no tenía más que su sueldo. Se había casado con una criolla sin
+fortuna, que tenía apenas el dote reglamentario, pero de gustos de
+duquesa, de muy hermosos ojos y de cerebro de pájaro.
+
+Coqueta, gastadora e incapaz de una idea seria, era un lindo juguete,
+gracioso y seductor en alto grado, pero tan poco hecho para las luchas
+de la vida como una figurita de Sajonia.
+
+Acostumbrada a descansar en su marido para todos los cuidados
+materiales, no pensó siquiera en tomar el timón en la mano y dejó que el
+barco privado de su capitán se fuese a pique.
+
+El enfermo tiró dos largos años, el tiempo necesario para agotar los
+últimos recursos, y sucumbió más a la angustia mortal que le dominaba
+ante el porvenir de las personas queridas que al sufrimiento físico.
+
+Consoló a su mujer desesperada y casi loca, sonrió a su hija, que
+ocultaba silenciosamente las lágrimas y, murmurando una vez más, como
+cuando era pequeña, «¡Valor Liette!,» expiró.
+
+¡Liette iba a tener necesidad de valor!
+
+Por fortuna, era valiente y, sin debilidad ni indecisión, hizo frente a
+la desgracia.
+
+Dejando a su madre lamentarse inútilmente o mecerse en peligrosas
+quimeras, puso sin tardar manos a la obra, apeló a sus relaciones,
+multiplicó los pasos, pidió poco para obtener algo, y, después de
+tribulaciones, decepciones y penas que hubieran desanimado a un alma
+menos valiente, fue nombrada para ese humilde puesto objeto de su
+ambición.
+
+¡Era la salvación!
+
+Sin hacer caso de las quejas de su madre sobre la inferioridad de la
+posición, la escasez del sueldo y la tristeza del país, «un agujero en
+el que se iban a morir de aburrimiento,» Julieta la calmó dulcemente
+como a un niño, más aún por sus caricias que por sus palabras, y la
+buena señora acabó por declarar que estaba pronta, por su hija, a todos
+los sacrificios.
+
+Aquella condescendencia, de la que en realidad era Liette quien hacía
+todo el gasto, hubiera hecho sonreír sin la absoluta necesidad de la
+supuesta abnegación maternal.
+
+Habían llegado el día antes y habían pasado la noche como pudieron en
+medio de una aglomeración de muebles y paquetes que recordaba los
+antiguos cambios de guarnición.
+
+La de Raynal tenía la pasión, particularmente funesta en la mujer de un
+militar, de los cachivaches tan molestos como inútiles y costosos.
+
+En el curso de sus peregrinaciones, había reunido muestras variadas de
+la fauna, la flora y la industria de las diversas latitudes, y esto
+formaba una mezcolanza heteróclita de objetos sin nombre que rabiaban de
+verse juntos; calabazas, samowar, babuchas turcas, zuecos normandos,
+gaitas bretonas, zancos landeses, huevos de avestruz, etc. etc., más una
+colección de animales disecados; lagartos, gacelas, monos, loros,
+marmotas...
+
+La viuda quería a aquellas «reliquias» como a las niñas de sus ojos y
+por nada del mundo las hubiera reemplazado con objetos menos frívolos y
+más necesarios.
+
+En aquel bazar cosmopolita, que lo mismo parecía una tienda de prendería
+que la de un guerrero apache, la excomandanta se agitaba y se revolvía
+embrollándolo todo, mandando sin ton ni son y aumentando la confusión y
+el desorden.
+
+Por fin, sucumbiendo al cansancio, consintió en meterse en la cama y
+Julieta aprovechó aquel respiro para arreglar sumariamente su primera
+instalación.
+
+Todo fue saliendo del caos bajo su mano inteligente. Los grandes muebles
+estaban en su sitio, las cortinas colocadas, las alfombras puestas, y
+el pobre alojamiento tomó un aspecto casi coqueto.
+
+Después de unas horas de descanso, acababa de levantarse con el alba
+para terminar la tarea mientras su madre dormía todavía. Pero asomada a
+la ventana, se olvidaba por qué estaba allí, perdida en reflexiones
+dulces y tristes al mismo tiempo, vuelta melancólica del pasado
+radiante, aspiración vaga hacia un porvenir que la esperanza, esa vivaz
+flor de la juventud, le mostraba, si no dichoso, al menos tranquilo y
+pacífico.
+
+ * * * * *
+
+El campo se despertaba al salir el sol, un ligero estremecimiento
+agitaba la hojarasca, una nube de insectos volaba de nidos invisibles y
+en el resplandor de los primeros rayos de oro los pajarillos se elevaban
+en los aires.
+
+Cantó el gallo, mezclando su nota clara al ladrido de los perros; las
+ventanas chocaron contra los muros; los zuecos sonaron en el suelo; el
+cuerno del boyero hízose oír en el extremo del pueblo, el hombre
+apareció, y, saliendo de cada puerta con paso tranquilo y lento, las
+vacas fueron una a una a engrosar el rebaño levantando una nube de
+polvo.
+
+Por una rara asociación de ideas, aquel cuadro campestre evocó a los
+ojos de la joven la vuelta del escuadrón después del ejercicio de la
+mañana.
+
+Las trompetas la llamaban, y ella corría alegre y presurosa a saludar al
+guapo oficial, que era su padre, y cuyo caballo negro se paraba bajo el
+balcón, para que ella respondiese al saludo de «papá».
+
+De pronto se echó hacia atrás, confusa y avergonzada...
+
+Un elegante jinete acababa de desembocar en la plaza, y al sorprender a
+la joven sonriendo a su ensueño, se detuvo y, maquinalmente, se quitó el
+sombrero.
+
+ * * * * *
+
+Julieta cerró vivamente la ventana y se apresuró a dedicarse a los
+cuidados de la casa. Pero mientras daba vueltas en sus ocupaciones, no
+pudo menos de pensar más de una vez en aquel desconocido que era el
+primero que había saludado su despertar en su nueva existencia.
+
+ * * * * *
+
+La familia de Candore, cuyos antepasados habían tenido derecho de alta y
+baja justicia en el territorio de ese nombre, se componía de tres
+personas: la condesa y sus dos hijos, Blanca y Raúl.
+
+La señora de Candore, sencillamente de la familia Neris, era hija de un
+riquísimo comerciante de lanas y había cambiado el millón de su dote con
+la partícula que le llevó su marido por toda fortuna. De un orgullo de
+emperatriz y gran señora hasta las uñas, hizo pronto olvidar la modestia
+de su origen.
+
+Para decir verdad, al ver al conde pesado y grosero, noble campesino,
+más campesino que noble, y a su mujer elegante, distinguida y altanera,
+no se adivinaba de qué lado estaba la alianza desventajosa ni cuál de
+los dos se había «encanallado».
+
+El señor de Candore no había heredado más que el blasón de sus abuelos y
+su prodigalidad. Tiraba el dinero por las ventanas como un verdadero
+gran señor, y el millón del buen Neris se deshizo pronto entre sus
+manos. La muerte del comerciante le volvió a poner a flote por algún
+tiempo, pero iba seguramente a ahogarse, cuando un accidente de caza le
+envió al otro mundo y salvó el patrimonio de sus hijos.
+
+Pero le había reducido mucho, y la viuda se hubiera visto en la
+imposibilidad de sostener su categoría sin el generoso apoyo de su
+hermano, que pasaba por un soltero endurecido y muy rico, el cual,
+después de una juventud bastante tempestuosa, se había decidido de
+repente a hacerse virtuoso por cariño a su hermana o por cualquier otro
+motivo, y hacía ahora penitencia bajo la férula de la severa Hermancia,
+que le dominaba como a un muchacho, aunque la llevaba quince años.
+
+El señor Neris no tenía más herederos que sus sobrinos, a quienes quería
+tiernamente, sobre todo a la sobrina, deliciosa criatura que le hacía
+soportable la vida a que se había resignado benévolamente, demasiado
+rígida para un antiguo calavera.
+
+A Raúl le manifestaba una afectuosa indulgencia de la que él abusaba en
+grande.
+
+--¡Bah! son cosas de jóvenes; yo he sido así--respondía a los reproches
+agridulces de su hermana con más pesar que arrepentimiento.
+
+Gracias a sus larguezas, el joven, agregado a la embajada de Londres,
+pudo hacer anchamente la gran vida inglesa, hasta el punto de que su
+salud se resintió y tuvo que pedir una licencia prolongada.
+
+Poniendo a mal tiempo buena cara, Raúl aceptó bastante filosóficamente
+aquel retiro, aunque Candore no le ofrecía gran variedad de diversiones
+permitidas... o no. La caza, la pesca, la equitación y el whist en
+familia, a esto se limitaban poco más o menos las primeras; en cuanto a
+las segundas, cero.
+
+--Verdaderamente, esto es un poco severo, tío; mi madre te condena a una
+existencia de cartujo--decía riendo el diplomático en disponibilidad.
+
+El tío suspiraba, en realidad, a no dedicarse a las pastoras, de lo que
+le acusaba a veces su hermana, el excalavera no podía hacer de las
+suyas.
+
+La rígida Hermancia no se rodeaba más que de caras ingratas y un tanto
+estropeadas; cambiaba constantemente de institutrices y la última, una
+joven inglesa, había estado a punto de volver a pasar el canal de la
+Mancha, a pesar de los mejores certificados, porque no realizaba
+suficientemente el tipo clásico atribuido a las pobres «misses».
+
+--¡Es, sin embargo, bastante fea!--dijo Raúl protestando y englobándola
+en su aversión a las hijas de Albión, cuya vista solamente le daba el
+«spleen».
+
+En realidad Juana Dodson tenía un talle elegante y flexible, manos y
+pies razonables, muy hermosos cabellos, un cutis deslumbrador y hasta
+hubiera sido bonita sin unos horribles anteojos verdes que la
+desfiguraban y que no se quitaba jamás... ni para dormir, insinuaba
+maliciosamente su discípula, lo que le había servido de salvoconducto
+con la severa castellana.
+
+Pero, desgraciadamente, los anteojos no bastaban para su seguridad, y
+aquella misma mañana había habido una explicación bastante viva entre la
+señora de Candore y su hermano a propósito de la institutriz.
+
+--Te aseguro, querida Hermancia, que no he pensado nunca en hacer la
+corte a miss Dodson.
+
+--Calla, calla, Héctor, eres incorregible.
+
+--Pero...
+
+--¿Crees que estoy ciega?
+
+--Te repito...
+
+--No, no, Héctor, no puedo soportar esto; es un ejemplo deplorable y
+escandaloso para mi hijo...
+
+--¿Raúl?... ¡Bah!
+
+El tío hizo un gesto que quería decir que estaba perfectamente enterado
+de la virtud de su sobrino.
+
+--Y es una ofensa para Blanca.
+
+Esta vez la frente del anciano se ensombreció, y dejando el tono ligero
+que había tenido hasta entonces, dijo:
+
+--Hazme el favor de creerme incapaz de tal cosa.
+
+--No pido otra cosa, Héctor--respondió más dulcemente la condesa,--pero
+tu asiduidad a las lecciones de miss Dodson hacen murmurar.
+
+--Raúl está siempre presente; no falta a una lección.
+
+--¿También tú lo has notado?--dijo vivamente la madre.
+
+--Sin duda, pero eso no prueba que se ocupe más que yo de esa pobre
+miss...
+
+--¡Oh! no es la miss la que me alarma por él.
+
+--¿Qué quieres decir?
+
+--Hemos sido muy imprudentes no previendo lo que sucede...
+
+--¿Qué es ello?
+
+--Lo que debía fatalmente suceder. Esos dos muchachos, jóvenes, guapos y
+educados libremente como hermanos... sin serlo... debían necesariamente
+llegar a experimentar el uno por el otro sentimientos poco fraternales.
+
+--¿Crees que Raúl ama a Blanca?--preguntó Neris con ansiedad.
+
+--Estoy segura, y hemos sido muy locos al no pensar en ello.
+
+--¡Dios mío!
+
+--Sin esa imprevisión imperdonable, no hubiera ciertamente educado a
+Blanca aquí con él.
+
+--¡Oh! no sientas lo que has hecho, Hermancia; no sientas haber salvado
+a tu hermano de la desesperación...
+
+--Ya ves, sin embargo, lo que me cuesta y a lo que nos expone ese
+instante de debilidad: el reposo de mi hijo y el de Blanca comprometidos
+acaso para siempre. ¡Pobre niña!... A ella es sobre todo a quien
+compadezco; la vida le resultará muy difícil. El mundo condena
+implacablemente en los hijos las faltas de los padres. Es injusto, pero
+es así. He reflexionado en esto muchas veces, pensando en el momento en
+que habrá que casar a esta niña a la que tanto quiero. ¡Cuántos
+obstáculos, Dios mío! He pasado revista a todos los pretendientes
+posibles, y los que más nos convendrían son los que más vacilarán.
+
+--Sin embargo, mi yerno...
+
+--Tu yerno lo será también de una figuranta de Drury-Lane a quien has
+hecho la locura de dar tu nombre y que era indigna de llevarle. Muchas
+familias lo pensarán mucho.
+
+El anciano bajó la cabeza ante esta evocación brutal de un triste pasado
+que él hubiera querido enterrar en el olvido.
+
+Cuando después de una separación escandalosa se refugió en casa de su
+hermana con una niña todavía en la cuna, resto de aquel lamentable
+naufragio, aceptó sin dificultad y hasta con una especie de alivio las
+condiciones de la condesa, que exigió que Blanca pasase por hija suya y
+que no se hablase jamás de la madre, a quien se negaba a reconocer por
+cuñada.
+
+--Mi mujer ha muerto; es inútil hablar de ella--dijo Neris haciendo un
+esfuerzo.--Pero mi hija Blanca es inocente y debes tener piedad de ella.
+
+--¿Cómo?
+
+--Puesto que esos muchachos se aman, habría un medio muy sencillo, si tú
+quisieras: casarlos, y Blanca seguiría llamándote su madre.
+
+--¿Cómo puedes pensar tal cosa?
+
+--Es un gran sacrificio... Pero tú serás buena con mi pobre hija... Te
+quiere tanto... No la rechaces, te lo suplico.
+
+--Yo también la quiero, y si no se tratase más que de mí... ¡Pero el
+mundo y sus prejuicios! Raúl puede perjudicarse en su porvenir y en su
+carrera, y yo también soy madre, amigo mío.
+
+--Te comprendo, pero, en fin, Raúl tiene los gustos de mi clase y una
+situación honrosa que reclama muchos gastos, que yo puedo sufragarle,
+muy feliz de agradecer así la felicidad que mi hija os deberá a los dos.
+
+La condesa se levantó.
+
+--Ya hablaremos de esto, hermano mío. No hay prisa y tenemos tiempo de
+pensarlo... Reflexionaré... Pesaré mis sentimientos y mi razón.
+
+--Cuento sobre todo con tu corazón.
+
+ * * * * *
+
+Una vez sola, la de Candore tuvo una sonrisa de triunfo.
+
+--El cascabel está puesto, dijo. Con tal de que Raúl no le quite...
+Ahora lo urgente es despedir a la institutriz.
+
+Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del
+caballo, Raúl volvía a Candore soñando con el perfil que había
+vislumbrado un instante en la ventana abierta y tan pronto vuelta a
+cerrar.
+
+Las pocas noticias adquiridas por los dependientes en casa del notario
+Hardoin no habían hecho más que aumentar su curiosidad y, mientras
+seguía con mirada distraída las espirales azuladas que flotaban delante
+de él como una ligera nube, iba evocando la delicada silueta que se le
+había aparecido en un marco de follaje a través de la bruma matutina.
+
+--¡Raúl!
+
+Una voz suplicante que vibró a su oído y una mano febril que se apoyó en
+el caballo le arrancaron a aquel turbador pensamiento.
+
+El joven hizo un gesto de mal humor.
+
+--¡Usted, Juana! En verdad, es usted imprudente...
+
+--No se trata ya de prudencia, Raúl; debes ahora advertir a tu madre que
+estamos casados, que soy tu mujer.
+
+--Al oír estas palabras se dibujó una imperceptible sonrisa bajo el fino
+bigote del joven.
+
+--¡Bah! Cálmese usted, hija mía, y espere para contarme eso a que
+estemos libres de oídos indiscretos. La carretera no es realmente el
+lugar más a propósito para las confidencias.
+
+Echó pie a tierra, se puso en un brazo las riendas del caballo y, sin
+ofrecer el otro brazo a su compañera, se metió en las espesuras que
+rodean al parque y dio unos cien pasos en silencio seguido por la joven
+temblorosa y agitada y que, con el corazón oprimido por aquel tono de
+burla, trataba en vano de contener dos gruesas lágrimas que rodaban bajo
+sus anteojos azules.
+
+Era una cálida mañana de verano. La sombra de los árboles de ramas
+extendidas como una inmensa cortina tamizaba los rayos del sol, la
+atmósfera tibia y húmeda tenía una dulzura penetrante, hundíanse los
+pies blandamente en el espeso musgo que algodonaba el suelo, y solamente
+los pajarillos ponían sus notas melancólicas y tiernas en el silencio de
+los bosques.
+
+Llegaron a un claro lleno de verdor y acribillado por las flechas de
+oro del ardiente astro. Un majestuoso círculo de hayas gigantescas, que
+formaba una especie de barrera, los protegía contra toda sorpresa.
+
+Raúl se detuvo junto a un banco de musgo y dijo:
+
+--Estamos en lugar seguro. Siéntate, querida mía y cuéntame tus
+infortunios, que estoy pronto a vengar como galante caballero. ¿Mi
+hermana te ha hecho rabiar? ¿Mi madre te ha puesto mala cara o mi tío
+demasiado buena?
+
+--La señora de Candore ha despedido a la institutriz de su hija, Raúl;
+acaso acogerá a la mujer de su hijo.
+
+--¡Oh!
+
+Hubiera sido difícil adivinar el sentido exacto de esta exclamación;
+irritación, pesar, despecho, descontento contra los demás y contra sí
+mismo, había un poco de todo esto.
+
+En cambio, ni sombra de enternecimiento ni de piedad había en su mirada
+seca.
+
+Púsose a mascullar nerviosamente el cigarro y a azotar con el látigo las
+florecillas, cuyas tiernas hojas se desparramaban por el suelo
+desgarradas y marchitas.
+
+Juana, mientras tanto, lloraba bajito y profería hondos sollozos que
+agitaban sus hombros. Habíase arrancado los horribles anteojos y
+arrojándolos a sus pies en un gesto de cólera, y sus hermosos ojos,
+claros y transparentes como el agua del mar, aparecían anegados en
+lágrimas y fijos en el joven con una desesperada angustia.
+
+¡El callarse hubiera sido demasiado cruel!
+
+El joven, pues, le dijo tomándola afectuosamente las manos y atrayéndola
+hacia su pecho hasta sentir latir su corazón:
+
+--Vaya, vaya, querida hija mía, ¿quieres secar esas lágrimas y
+responderme cuerda y razonablemente? ¿No estoy aquí yo, tu protector, tu
+marido? Cuéntamelo todo en detalle.
+
+--¿Qué quieres que te diga, Raúl? Tu madre me ha echado.
+
+--¡Echarte! La palabra es fuerte y seguramente impropia... Cuando
+conozcas mejor las finuras de la lengua francesa...
+
+--Echarme o despedirme, todo es lo mismo--dijo Juana con sorda
+vehemencia.
+
+--Pero, en suma, ¿qué ha pasado entre mi madre y tú?
+
+--La señora de Candore me ha dicho sencillamente que por motivos
+personales, estaba precisada a privarse de mis servicios.
+
+--¡Diablo!--exclamó Raúl mordiéndose el bigote.
+
+--¿Qué va a ser de nosotros?
+
+Aquel nosotros pareció molestar un poco al conde, que dijo reprimiendo
+un movimiento de impaciencia.
+
+--No hay que exagerar. Es un incidente lamentable, pero que no debe
+alarmarnos gran cosa. Bien sabes que te amo y que no te abandonaré.
+Tengo que volver muy pronto a Inglaterra, y sólo se trata de una
+separación momentánea.
+
+--¡Separarnos!--murmuró Juana muy pálida.
+
+--Es preciso; no puedo interceder por ti con mi madre sin confirmar sus
+sospechas... Si es que no tiene más que sospechas. Por otra parte, no
+puedes estar eternamente al lado de Blanca como institutriz.
+
+--No, pero puedo estar como hermana y como tu mujer. ¿No estamos
+casados?
+
+--Sin duda, sin duda, pero estaría muy mal elegido el momento para
+semejante confesión.
+
+--Sin embargo, Raúl, no podemos tardar más. Mi dignidad y la tuya no
+sería lo único que sufriría... Hay que hablar a tu madre, es preciso...
+
+Sorprendido por aquella vehemencia que contrastaba con su apariencia
+débil y delicada, Raúl la interrogó con la mirada.
+
+Confusa y ruborizada, Juana se acercó más estrechamente a su marido y
+pronunció muy bajito unas palabras.
+
+Raúl soltó una exclamación que nada tenía de satisfecha, y con las
+cejas fruncidas y la expresión dura y descontenta, separó casi rudamente
+a la pobre mujer.
+
+--¡No nos faltaba más que esto!--masculló el joven entre dientes.
+
+Prodújose un penoso silencio.
+
+Por fin, haciendo un esfuerzo para disimular su violenta contrariedad
+bajo el barniz mundano, dijo Raúl con sonrisa forzada:
+
+--Es una gran noticia, que acaso sea buena... No me atrevo a declararlo,
+pues va a crearnos serias complicaciones. ¡En fin! no importa; ese
+pequeño personaje no dejará por eso de ser bienvenido...
+
+--¡Oh! Raúl...
+
+--Solamente, querida, la necesidad de tu partida se impone más que
+nunca. Tu presencia haría más difícil la confesión de nuestro casamiento
+y aumentaría el enfado de mi madre.
+
+--¿Lo crees así?
+
+--Estoy seguro. Lo mejor es por lo tanto aprovechar las circunstancias
+que nos evitan el trabajo de buscar un pretexto. En cuanto expire mi
+licencia iré a reunirme contigo a Londres, y desde allí anunciaremos a
+mi madre nuestro matrimonio y el nacimiento de nuestro hijo. La segunda
+noticia hará pasar la primera y nos ahorraremos una escena penosa.
+
+--Sin embargo... si la señora de Candore se negase...
+
+--Nada es posible contra los hechos consumados. ¿No eres mi mujer?
+
+--El otro día oí al notario señor Hardoin afirmar que un matrimonio
+hecho en el extranjero en esas condiciones, es nulo...
+
+--¡Hardoin! bonito oráculo... Fuera de la venta de carneros o del precio
+de un arrendamiento, no sabe una palabra de nada...
+
+--Pero...
+
+--Vamos a ver, amiga mía, ¿tienes más confianza en Hardoin que en mí?
+
+Juana rodeó con sus brazos el cuello de su marido en un impulso
+desesperado, y exclamó:
+
+--No, Raúl, quiero creer, creo en ti... Si no creyera me moriría o me
+volvería loca.
+
+Alarmado por su exaltación, el joven trató de calmarla con frases
+cariñosas y palabras tiernas, acaso sinceras, pues era ante todo el
+hombre del momento y la pobre criatura hubiera conmovido a un corazón de
+piedra.
+
+--Tranquilízate, mi querida Juana. Es una prueba momentánea, una
+separación muy corta seguida de una eterna unión y de una dicha sin
+nubes. Por mi parte me resigno fácilmente a separarme ahora de ti,
+pensando que también se separa otro...
+
+--¿Tengo realmente la felicidad de que estés celoso?
+
+--¡Lo confieso con rubor! Me hace daño el ver sin cesar a mi tío
+pisándote los talones.
+
+--Te engañas, Raúl; te juro que el señor Neris no me ha mostrado jamás
+más que una benevolencia paternal.
+
+--¡Hum!... En fin, habrá perdido el tiempo, y por mucho que digan, mal
+de muchos...
+
+Raúl había eludido hábilmente la cuestión, y la pobre niña, engañada con
+aquellos fingidos celos, no pensó más que en justificarse, olvidando sus
+propias ofensas y sus secretas aprensiones.
+
+ * * * * *
+
+La semana siguiente dejó Juana el castillo de Candore, triste pero
+resignada, llevándose con la débil prenda de su amor el recuerdo del
+pasado y la promesa consoladora del porvenir.
+
+Cuando el tren pasó por la linde del parque se agitó un pañuelo en una
+portezuela, pero Raúl, en pie en su ventana, con un cigarro en la boca,
+no respondió siquiera a aquel tímido adiós y una vez que el último vagón
+hubo desaparecido en una nube de humo, lanzó un suspiro de satisfacción
+y dijo:
+
+--¡Al fin!...
+
+ * * * * *
+
+Un estreno es siempre penoso.
+
+Preguntádselo al pintor que expone su primer lienzo, al poeta que
+publica sus primeros versos, al abogado que defiende su primera causa,
+al actor que desempeña su primer papel.
+
+Y ante esos, al menos, la esperanza del triunfo abre un horizonte
+radiante y la fe en el porvenir hace olvidar las angustias del presente.
+Pero en la medianía, en la vulgaridad de la vida corriente, cuánto más
+angustioso y más penoso es ese momento de interrogación sin la más
+pequeña aureola de consoladoras quimeras...
+
+En el colegio, el brutal despertar del «Nuevo» caído del nido familiar,
+en el cuartel la primera llamada del «quinto» arrancado a su aldea, la
+primera clase de la pasanta en su pupitre, el primer día de la criada en
+su fogón, del aprendiz en su taller, del dependiente en su tienda, del
+meritorio en su oficina, ¡qué calvario! Es imposible decir las mil
+flechas invisibles, los choques dolorosos, las heridas ocultas y
+resumidas en esta sola palabra:
+
+¡Un estreno!
+
+Mientras que la señora de Raynal, muy atareada, subía de la cueva al
+desván, visitaba el jardinillo y la casa, tan modestos el uno como la
+otra, empujando los muebles, revolviendo los armarios, vaciando los
+baúles, registrando los paquetes, lamentándose por la pérdida presumida
+de algún chisme heteróclito, más sentido cuanto menos valía; mientras
+aturdía a la zafia criada que abría unos ojos y unas orejas tamaños ante
+aquel desembalaje de objetos desconocidos y de nombres raros, como
+samowar, checchia, etcétera. Mientras ella gemía por la estrechez de la
+casa, por la orientación defectuosa de las habitaciones, todas al Norte,
+y la fealdad de los papeles chillones, Julieta estaba en su oficina
+oyendo en silencio las explicaciones de la empleada saliente, la
+señorita Beaudoin, solterona impenitente que se había puesto amablemente
+a su disposición, pero que no limitaba desgraciadamente sus buenos
+oficios a lo referente a los «Correos y Telégrafos» y añadía un curso
+variado de economía doméstica, de conveniencias mundanas y de moral de
+las familias, mas un compendio histórico y biográfico de Candore y sus
+habitantes, sin olvidar la presentación obligatoria de todos los que
+asomaban la nariz por la ventanilla, y Dios sabe qué desfile era
+aquél...
+
+Nunca había reinado en el pueblo semejante fiebre epistolar, a juzgar
+por el número de contribuyentes que iban a pedir sellos y tarjetas
+postales.
+
+--Sabe usted, hija mía, la vida es aquí muy barata--decía con
+volubilidad la buena solterona;--la manteca a una peseta la libra...
+¿Las hojas de sellos? Aquí, en este cajón... Se hace una visita a las
+personas notables, el alcalde, el cura, el notario... ¿Los libros de
+libranzas? Aquí, en este cajón de la derecha... No le servirán a usted
+de mucho, como no sea el notario; los campesinos no confían casi sus
+escudos al Correo; de vez en cuando unas pesetillas al muchacho que está
+en el ejército... Tendrá usted su silla en la iglesia; es más barato y
+está mejor visto... El cura es un buen hombre... Los del país no son
+devotos, pero tampoco contrarios; no la miran a una mal porque vaya a
+misa... La vecindad con el notario y con los gendarmes tiene algún
+inconveniente para una joven, pero no olvidando lo que una debe a su
+sexo, los demás no tienen tampoco ganas de olvidarlo... Candore es más
+importante que el pueblo cabeza de partido, y tenemos un hospital,
+donación del difunto conde, un verdadero pródigo, que devoraba el dote
+de su mujer, pero buen sujeto... El hijo es más orgulloso, que se parece
+a su madre en lo tieso, aunque la buena señora no se llame más que
+Neris... Su padre era tratante en lanas, y su hermano podría bien
+hacerle bajar los humos, pues son sus escudos los que danzan en el
+castillo... Buena persona también el señor Héctor, pero le aconsejo a
+usted que le tenga a distancia, pues es muy comprometedor para las
+jóvenes... ¡Hablo por experiencia!... (La experiencia debía de remontar
+muy lejos).
+
+Liette escuchaba con paciencia esta charla, solamente interrumpida por
+alguna breve pregunta o por la voz gangosa de alguna comadre que metía
+el hocico por la ventanilla como si fuera a arrancársele.
+
+--Buenos días, señorita Beaudoin... Dispénseme usted si la molesto, pero
+necesito un sello de dos sueldos.
+
+¡Qué suma de curiosidad en ese sacrificio de diez céntimos arrancados a
+la rapacidad campesina!
+
+Liette, sin parecer echarlo de ver, hacía silenciosamente su oficio,
+mientras la exempleada le susurraba al oído:
+
+--La tendera de la esquina, una mujer muy lista.
+
+Y otras veces:
+
+--La mujer del carretero, una verdadera chismosa.
+
+--La granjera del Quejigal, una ricacha, pero más mala que un dolor...
+
+La huérfana sentía pesar sobre ella todas aquellas miradas
+inquisitoriales que investigaban su sencillo traje, inventariaban su
+pobre mueblaje y observaban sus menores gestos con la astuta
+malevolencia de los rurales para con «los de la ciudad».
+
+Y los pasantes del notario, desde el «principal» hinchado de
+importancia, hasta los escribientillos maliciosos y granujas, la miraban
+descaradamente.
+
+¿Y la charla desconfiada de los paletos, a cuyos dedos ganchudos costaba
+tanto trabajo soltar las libranzas y contaban y recontaban las monedas
+de plata alineadas delante de ellos?
+
+¿Y las conversaciones de las criadas que respondían a las jeremiadas de
+la viuda del otro lado de la valla?
+
+Todo esto producía a la joven empleada una sensación de malestar y de
+repugnancia.
+
+Ella, cuya aurora se había levantado bajo el radiante sol de África, al
+toque de las cornetas y entre el brillo de los uniformes; que había
+crecido en una atmósfera de gloria y heroísmo, oyendo el relato de
+luchas caballerescas y de combates fabulosos, como Sidi-Brahim y
+Mazagran, ¡qué obscuro, mezquino y vulgar le parecía el presente!
+
+A pesar de su ánimo, experimentaba una especie de cansancio y de
+abatimiento.
+
+Después del gran gasto de energía de los últimos años, la fuerza
+nerviosa que la había sostenido hasta entonces la abandonaba al llegar
+al puerto.
+
+La inagotable verbosidad de la exempleada, las quejas lamentables de su
+madre, el repique continuo de la campanilla incesantemente agitada, las
+caras desagradables, hipócritas o malhumoradas, que se sucedían sin
+interrupción en la ventanilla, esos mil pequeños detalles irritantes por
+su vulgaridad misma, enervaban su alma, tan fuertemente templada sin
+embargo, y bajo la calma aparente de sus maneras y la sonrisa forzada de
+su cara, gruñía una sorda rebelión, una angustia conmovedora como la
+llamada del desgraciado que se ahoga.
+
+De repente se abrió la puerta de la oficina, empujada por una fuerte
+mano.
+
+Y apareció en el umbral, haciendo el saludo militar, el cartero del
+pueblo, un veterano de bigote gris y cuya blusa azul estaba estrellada
+por la cruz de honor.
+
+--El tío Marcial, un soldadote nada cómodo--murmuró la antigua empleada.
+
+Pero Liette no la oyó.
+
+Como un rápido relámpago que desgarra la noche sombría, como un rayo de
+sol que hubiese disipado la niebla que se amontonaba en torno de su
+mente, aquella repentina aparición, que evocaba la gloria del pasado,
+dio valor a la hija del soldado para la lucha, para el trabajo y para el
+deber.
+
+Y cuando el buen hombre vació delante de ella su saco de telegramas, le
+echó una mirada de agradecimiento y le dijo:
+
+--¡Gracias!
+
+ * * * * *
+
+En seguida se puso valientemente a la tarea.
+
+ * * * * *
+
+Fiel a las tradiciones de las nobles castellanas, cuyos usos y
+costumbres hubiera hecho revivir de buena gana, la de Candore recibía
+todos los domingos al cura y al notario, comensales obligados del
+castillo.
+
+El primero, a quien ella trataba con toda la deferencia respetuosa
+debida a los más simples curas en las casas de los más orgullosos
+representantes de la aristocracia, era un hombre gordo, borroso y
+linfático, sin vigor físico ni moral, cuidadoso ante todo de su reposo,
+que trataba de vivir bien entre el antiguo y el nuevo señor, es decir,
+entre el castellano y el alcalde de Candore, y que a fuerza de repetir
+«Bienaventurados los mansos», no veía otra cosa en el Evangelio.
+
+Por el contrario, el segundo, al que la condesa llamaba siempre «mi
+querido tabelión» con cierto aire de protección, olvidando que el abuelo
+Neris había sido jardinero en casa del abuelo Hardoin, era, a pesar de
+sus patillas grises, un cincuentón tan verde de espíritu como de cuerpo
+y cuyas respuestas, de una bondad maliciosa, hacían a veces rechinar los
+dientes como una manzana agria. Rara vez, y por mil razones, estaban los
+dos de acuerdo, y la diversión favorita de Raúl era hacerlos regañar
+sobre un asunto cualquiera y ver la cara asustada del cura ante las
+réplicas agridulces del notario.
+
+Aquella noche, mientras tomaban café en el terrado adornado de naranjos
+y adelfas y Blanca descifraba en el piano un nocturno de Chopin,
+estaban discutiendo la cuestión de una nueva institutriz y la de Candore
+se quejaba vivamente de la dificultad de hallar una reemplazante para
+miss Dodson.
+
+--Observo, señora condesa, que pasa con esa como con las otras--hizo
+observar tranquilamente el notario tomando un polvo de rapé;--siempre
+las echa usted de menos cuando se han marchado, y tiene usted razón.
+
+--Permítame usted no ser absolutamente de su opinión--dijo tímidamente
+el cura;--esa joven, seguramente apreciable, tenía un defecto capital
+para una familia católica: su herejía.
+
+--¡Bah! no era por Blanca por quien era de temer su influencia--murmuró
+el notario con expresión de duda echando una mirada al tío y al sobrino
+que estaban fumando apoyados en la balaustrada.
+
+--¿A quién se lo cuenta usted, mi querido tabelión? Eso es lo que hace
+ser mi elección tan delicada. La fealdad es generalmente desagradable y
+limitada; la vejez maníaca y enfermiza; en cuanto a la juventud...
+soportable, el ensayo no me ha salido muy bien.
+
+--Tú ves el mal en todas partes, Hermancia--dijo Neris sin volverse.
+
+--Lo veo donde está, y, desgraciadamente, tú no me dejas equivocarme.
+
+--¿Acaso esa señorita ha dado lugar a la maledicencia?--preguntó el cura
+alarmado.
+
+--Nada de eso, señor cura; su alejamiento es una simple medida de
+prudencia en su propio interés.
+
+El señor Neris se encogió de hombros con impaciencia. Raúl siguió
+fumando con una flema enteramente británica.
+
+--En una palabra, está usted sin institutriz y le hace falta una.
+
+--No veo la necesidad--interrumpió Blanca que, después de dar
+precipitadamente el último acorde, había abandonado el instrumento de su
+suplicio y venía a tomar parte en la conversación.
+
+--Desgraciadamente, tú no tienes voz en el capítulo, hermanita.
+
+--Ni tú tampoco. Testigo miss Dodson, a la que no podías sufrir.
+
+--Lo confieso.
+
+--¿Y usted, señorita?
+
+--Yo estaba bien dispuesta para con ella; pero parecía un poco
+envidiosa... sin duda porque yo no tenía anteojos.
+
+La joven se echó a reír agitando los rizos que revoloteaban en torno de
+su frente.
+
+--¿No siente usted, entonces, que se haya marchado?
+
+--Realmente, sí. Se sabe lo que se deja, pero no lo que se toma; y ya
+que mi querida mamá no me juzga capaz de gobernarme yo sola...
+
+--A los dieciséis años es un poco pronto, querida.
+
+--¡Bah! la edad no importa nada. Estoy segura de que haría menos
+disparates que Raúl, ¿verdad, señor Hardoin?
+
+--Me recuso, señorita, aunque tengo gran confianza en su alta sabiduría.
+
+--Si es para usted un cuidado tan grande, señora condesa, ¿por qué no
+pone usted a la señorita Blanca en el Sagrado Corazón de Noyon?--propuso
+el cura.
+
+--¿Por qué no en la escuela? Eso no es amable, señor cura... ¿Quién iba
+entonces a azucararle a usted el café?
+
+--Crea usted, querida señorita...
+
+--Por otra parte, yo me opondría formalmente,--declaró Neris con
+calor;--esta niña no se ha separado nunca de nosotros y no es ahora,
+cuando su educación está casi acabada...
+
+--¡Bravo, tío! En primer lugar, no podrías pasarte sin mí.
+
+--¡Querida niña!
+
+--Es ya tarde, en efecto, señor cura, para someter a Blanca al régimen
+del colegio, que al lado de ciertas ventajas, presenta serios
+inconvenientes desde el punto de vista de las maneras y de las
+compañías. Y, sin embargo, esta niña está un poco sola y necesitaría una
+amiga más que una maestra, aunque no fuera más que unas horas al día...
+
+--Es lástima, mamá, que no vivas en la ciudad--insinuó como al descuido
+Raúl:--allí encontrarías fácilmente una institutriz que, sin vivir en
+casa, iría a dar a mi hermana unas cuantas lecciones ya muy suficientes.
+
+--Ese sería el ideal.
+
+--Desgraciadamente, en un agujero como éste es imposible.
+
+--Se engaña usted, señor conde.
+
+--¿Cómo es eso?
+
+--Tiene usted a mano el ideal soñado, señora condesa. La nueva empleada
+de Correos, provista de todos los diplomas, tiene la intención, según me
+ha dicho, de utilizar las horas que tiene libres, y hasta me ha rogado
+que le busque discípulas en Candore o en los alrededores.
+
+--¿Verdaderamente?--dijo el conde haciéndose el asombrado como si no
+hubiera visto con sus propios ojos el letrero pegado al cristal del
+Correo:
+
+ =LECCIONES DE PIANO
+ DE INGLÉS Y DE FRANCÉS=
+
+--¿Es persona recomendable?--preguntó la condesa.
+
+--Ciertamente, y de las más interesantes--respondió el
+notario;--mantiene a su madre con su trabajo y merece la estima de
+todos.
+
+--¡Qué calor, querido Hardoin!--dijo Raúl riendo.--¿Será capaz de
+hacerle a usted renunciar al celibato?
+
+--¡Oh! yo soy como el señor cura; me limito a casar a los demás.
+
+--¿Es bonita?--preguntó con curiosidad la muchacha.
+
+--No la he visto todavía--respondió el joven diplomático con un soberbio
+aplomo.
+
+--Es muy distinguida--dijo el notario.
+
+--Y tiene además un aspecto modesto y decente--apoyó el cura.
+
+--¿Cómo se llama?
+
+--Julieta Raynal; su padre era oficial superior.
+
+--¿Raynal?... Espere usted, he conocido un capitán de ese nombre en un
+viaje a Argelia... y una vez hasta me salvó la vida...
+
+--¿En un encuentro con los árabes, tío?
+
+--No, señor burlón, en un encuentro con un león.
+
+--¿Ha cazado usted fieras, señor Neris?
+
+--No, querido amigo, yo fui cazado por ella... Un día, me había
+retrasado en el campo y me iba a pie a Sidi-Bel-Abes, cuando vi detrás
+de mí la sombra de un animal que tomé por un gran perro, por un ternero
+escapado de algún rebaño, ¿qué sé yo?, del que no volví a ocuparme
+más... Aquel animal me siguió paso a paso y al llegar a mi hostería
+estaba literalmente pisándome los talones... Impaciente, quise alejarle
+de un puntapié... Y un rugido que no daba lugar a ninguna duda respondió
+a esta imprudente familiaridad. Tartarín tomó un burro por un león; yo
+tomé un león por un burro. No soy un rayo de la guerra, pero, en fin, he
+hecho lo que he podido... Pues bien, usted me creerá, si quiere, señor
+cura, al oír la imponente voz del rey del desierto comprendí estas
+palabras del Profeta: «Se estremeció mi alma y los pelos de mi cuerpo se
+erizaron.» Helado de espanto e incapaz de hacer un movimiento ni de
+pedir socorro, creía ya sentir los dientes de la fiera cuando desde una
+ventana abierta me gritó una voz:
+
+--Baje usted la cabeza.
+
+Obedecí maquinalmente.
+
+Silbó a mi oído una bala, un segundo rugido desgarró el silencio del
+crepúsculo y el terrible animal, dando un salto enorme, cayó muerto a
+mis pies... Mi salvador era un joven oficial de cazadores, casado con
+una preciosa criolla y padre de una deliciosa niña, que podría ser bien
+la persona en cuestión, si es la misma familia...
+
+--Las apariencias coinciden maravillosamente; la madre de la empleada de
+Correos ha nacido, en efecto, en la Martinica y su difunto padre sirvió
+en África.
+
+--Mejor. Por muy cortas que fueran nuestras relaciones, conservo de
+ellas un encantador recuerdo y me alegraría mucho de poder ser útil a la
+hija.
+
+--No hay que apresurarse, Héctor, te lo ruego--observó la castellana.
+
+Su hermano hizo un gesto de mal humor y, recostándose en su butaca, se
+abandonó al penetrante encanto de los recuerdos de la juventud, más
+dulces cuanto más se aleja uno de ellos, mientras la de Candore,
+entregada a sus averiguaciones, hacía sufrir al cura y al notario un
+verdadero interrogatorio del que Raúl no perdía palabra sin dejar de
+hacer rabiar a su hermana.
+
+ * * * * *
+
+El resultado de su diplomacia fue que la semana siguiente Julieta Raynal
+daba su primera lección en Candore ante la mirada severa de la condesa,
+benévola de Neris e indiferente, al menos en apariencia, del joven
+conde.
+
+ * * * * *
+
+Julieta iba ya todos los días al castillo, donde todo el mundo le hacía
+la más simpática acogida.
+
+Blanca estaba encantada de su institutriz. En lugar de la cortedad y de
+la violencia involuntaria que se traslucían a pesar suyo en las maneras
+de miss Dodson, encontraba en Julieta una gracia perfecta, un benévolo
+abandono, y se unía estrechamente a ella con todas las fuerzas afectivas
+de un corazón de dieciséis años ávido de darse.
+
+La joven huérfana, por su parte, experimentaba una infinita dulzura en
+aquella cándida confianza de la bonita niña que iba ingenuamente a ella
+como a una hermana mayor.
+
+Delicada y débil, verdadera sensitiva bajo su exuberante alegría, la
+muchacha tenía una ardiente necesidad de afecto, una especie de ternura
+inquieta y enfermiza que hubiera querido satisfacer en el seno materno.
+
+La de Candore no era su madre, y por mucha que fuese su buena voluntad,
+su naturaleza seca y altanera era incapaz de comprender esas
+aspiraciones y esos ímpetus del alma. Su solicitud se limitaba al ser
+físico y descuidaba el ser moral.
+
+Y la niña, en su necesidad de ternura, se refugió en seguida en los
+brazos amigos de Julieta.
+
+La condesa se dignaba aprobar esa amistad. Muy pronto tranquilizada por
+la reserva llena de dignidad de la empleada de Correos, había
+prescindido de todo temor quimérico, juzgando que las menores
+intentonas galantes serían rechazadas con pérdidas.
+
+Por lo demás, Neris no manifestaba a la joven más que un interés
+paternal, justificado por el recuerdo de sus relaciones con el
+comandante.
+
+Julieta no había encontrado todavía a Raúl en el castillo.
+
+Por otra parte, por muy galante que le supusiera la de Candore, temía
+mucho más a los encantos reales de la joven inglesa que a la belleza
+discutible de su reemplazante.
+
+Julieta, en efecto, no era lo que se llama bonita, a pesar de su perfil
+de camafeo, su tez mate y sus grandes ojos negros. Las luchas que había
+tenido que sostener, y el cuidado de su responsabilidad, habían
+comunicado a sus facciones una gravedad precoz, la expresión viril de la
+dulce firmeza que le venía de su padre y que él animaba en otro tiempo,
+cuando era pequeña, repitiéndole entre dos besos.
+
+--Liette no tiene miedo; Liette es valiente.
+
+Lo era, en efecto, con toda la fuerza del término, y, como un soldado
+que sube valientemente al asalto, iba derecha a su objeto, sin mirar a
+derecha ni a izquierda, con la vista fija en esta querida divisa para
+todo el que tiene el culto del honor.
+
+«¡Haz lo que debes!»
+
+La de Candore, seducida por aquel carácter, que no era para
+desagradarla, la había proclamado una persona perfecta, no completamente
+linda, pero completamente distinguida.
+
+En efecto, la distinción era su marca soberana; al más modesto empleo, a
+la más humilde función llevaba ese aplomo superior de los que tienen
+conciencia de no rebajarse nunca.
+
+Esa actitud le había hecho algún daño con los buenos habitantes del
+pueblo, acostumbrados al modo de ser de la antigua empleada, cuya
+oficina era el punto de cita de todas las comadres y la caja de Pandora
+de donde se escapaban todas las maledicencias que florecían igualmente
+en el pueblo y en el campo.
+
+La Beaudoin, al retirarse después de treinta años de servicios, se había
+jactado de continuar gobernando los «Correos y Telégrafos» bajo su
+sucesora, «una persona tan joven y tan inexperimentada a la que sería
+caritativo guiar y aconsejar.»
+
+Pero, aunque con perfecta cortesía, Julieta había respondido de tal modo
+a sus reiterados ofrecimientos, que la solterona, desengañada, se había
+eclipsado prudentemente llevándose en su retirada a las concurrentes
+habituales de la oficina, a quienes la nueva empleada desconcertaba por
+su clara mirada y por la exquisita política de su: «¿Qué desea usted,
+señora?»
+
+--Tiene cara de ser orgullosa, decían.
+
+No era orgullo, sino indiferencia.
+
+Aquella hija de soldado, tan duramente herida por la suerte y que se
+sometía sin quejarse a las más rudas tareas, conservaba alto el corazón
+y alta la frente, por simple atavismo.
+
+Su alma noble y su espíritu elevado se cernían por encima de las
+miserias de su condición material; pero si empleaba una gracia sonriente
+en su ruda labor, una vez acabada su tarea huía de las mezquindades de
+lo vulgar para empaparse en las fuentes eternas del Ideal, de la Poesía
+y del Arte.
+
+Tenía una biblioteca pequeña, pero escogida; era excelente profesora de
+música, pintaba con gusto y su alma entusiasta se regocijaba con los
+admirables paisajes que la rodeaban.
+
+Su mejor recreo era ir con su madre a sentarse en el campo y tomar
+croquis de los sitios pintorescos o bien abismarse en algún ensueño de
+Lamartine o de Hugo mientras que la indolente criolla dormitaba mecida
+por la armonía de los versos y acariciada por el ardiente beso del sol
+que le recordaba su país.
+
+A veces Liette se detenía pensativa al ver dos novios que se dirigían
+lentamente al pueblo o algún robusto labrador que hacía saltar
+alegremente en sus brazos algún mofletudo muchacho.
+
+Una vaga melancolía nublaba un instante la pura radiación de sus grandes
+ojos... A los veinte años estaba acabada su juventud y, solterona antes
+de tiempo, seguiría estando sola, sin apoyarse jamás en el brazo de un
+esposo, sin inclinarse nunca hacia la dulce carita de un niño, sin otra
+criatura a quien proteger que aquella madre infantil de la que hubiera
+podido decir con un escritor célebre:
+
+«Mi madre es una niña que yo tuve cuando era pequeña.»
+
+Su vida se deslizaría en la monotonía del trabajo diario y del negro
+cuidado de la existencia, más negro todavía cuando estuviese sola. Y, en
+un impulso de ternura inquieta, que asustaba a la descuidada criolla, la
+besaba locamente repitiendo:
+
+--¡Oh! querida mía, no me dejes, no me dejes jamás...
+
+--Pero si no tengo semejante intención, hija mía--respondía la buena
+señora despertándose un instante de su sopor;--ciertamente este país no
+me gusta gran cosa; es frío y feo; pero una madre debe sacrificarse
+siempre por su hija, y me resigno sin quejarme.
+
+Si el sacrificio era discutible, la resignación silenciosa no lo era
+menos, y la de Raynal no tenía más que una excusa para alabarse así, que
+era su absoluta buena fe. En realidad, a pesar de su expresión lánguida,
+tenía en su charla la volubilidad de un chorlito y una necesidad
+irresistible de expansiones íntimas.
+
+Ahora bien, siendo limitado el número de las confidentes, se mostraba
+cada vez menos difícil y descendía cada día un grado en escala social.
+Después de haber depositado sus quejas en el seno de algunas damas
+(exempleada de Correos, mujer del recaudador, hermana del cura) que
+componían a sus ojos la burguesía de Candore, se había vuelto hacia la
+agricultura (granjeras, molineras, etc.) y después hacia el comercio
+(mercera, panadera, tendera de comestibles) para caer al fin en el
+ínfimo pueblo (lecheras o simples criadas), a quienes regalaba con el
+relato circunstanciado de su vida: grandeza y decadencia; desde su
+infancia dorada en la plantación de su tío, donde tenía cuatro negras
+(sí, señora) para su servicio personal, hasta el retiro prematuro del
+comandante, enumerando complacientemente sus triunfos mundanos en cada
+guarnición.
+
+Esta intemperancia de lenguaje y las marcas de conmiseración que
+provocaban, no eran del gusto de Liette; pero el respeto filial ahogaba
+las sublevaciones de su delicadeza y, replegándose más aún en ella
+misma, oponía una política reserva a todas las insinuaciones y rehusaba
+sistemáticamente las invitaciones que les proporcionaban las maneras más
+atrayentes de la viuda, con gran desesperación de ésta, que suspiraba en
+medio de sus trapos y sacaba los trajes «aún muy presentables» que
+hubieran acabado de deslumbrar a la buena gente de Candore.
+
+Solamente Hardoin, poco simpático a la comandanta por la bondad burlona
+que oponía a sus jeremiadas, inspiraba a su joven vecina una confianza
+hija de la mutua simpatía.
+
+Al principio de su instalación, deseando encontrar lecciones para
+aumentar su pobre presupuesto, se había dirigido a él para que la
+recomendase a su clientela.
+
+Desde las primeras palabras sencillas y dignas que expusieron brevemente
+su situación, el notario comprendió que estaba enfrente de un carácter,
+y deponiendo la gravedad fingida al mismo tiempo que los anteojos que
+velaban de ordinario su mirada escrutadora, como si fuera inútil la
+precaución con aquella alma leal puesta al desnudo, se mostró a su vez
+bajo su verdadero aspecto y estuvo tan francamente benévolo y cordial,
+que la huérfana quedó profundamente emocionada y se separaron siendo ya
+amigos.
+
+Desde entonces no le escaseó ni los buenos consejos ni los buenos
+oficios, y gracias a él pudo entrar en el castillo en condiciones
+inesperadas.
+
+Liette tuvo, sin embargo, que romper por un día el retiro voluntario que
+tanto desolaba a la comandanta.
+
+Era el cumpleaños de Blanca, y, con esta ocasión, la condesa daba una
+comida íntima a la que las dos señoras fueron convidadas de un modo que
+no permitía el rehusar. Por otra parte, la viuda manifestaba tal
+alegría, y se mostraba tan encantada de «aquella nueva entrada en el
+mundo», que hubiera sido crueldad el impedírselo.
+
+--Como comprendes, hija mía, me vuelvo a encontrar en mi esfera--dijo
+repantigándose en los almohadones del coche amablemente enviado por la
+castellana y respondiendo con una señal protectora de cabeza al saludo
+de la gentecilla que examinaba desde su puerta el traje de las
+«parisienses».
+
+--¿Estás contenta, mamá?
+
+--Por ti solamente, querida; a tu edad es preciso no enclaustrarse como
+una abuela. Además, esas señoras han estado verdaderamente encantadoras
+y llenas de deferencias por mí; y una reserva inoportuna hubiera podido
+perjudicarte...
+
+--Es posible...
+
+--Y hacerte perder tu situación.
+
+Liette no respondió.
+
+Era, en efecto, una suerte inesperada en su desgracia el haber
+encontrado aquella plaza fija y bien retribuida, que le evitaba las
+lecciones sueltas, tan ingratas como mal pagadas.
+
+Dijo, pues, ahogando un suspiro:
+
+--Tienes razón, querida mamá; pero ¿qué quieres? me da miedo el mundo.
+
+--¡El mundo en semejante agujero! Aquí no hay más que personas
+conocidas, como el notario y el cura, y salvo el joven conde, no veo de
+quién puedes tener miedo.
+
+La buena señora no sabía qué razón tenía.
+
+En el fondo de sí misma y por un sentimiento muy femenino, Liette temía
+y deseaba al mismo tiempo conocer al fin a aquel Raúl del que se hablaba
+tanto en el pueblo y a quien ella había sólo vislumbrado desde la
+ventana al despertar por primera vez en Candore.
+
+¿Era simple coincidencia, prudente disimulo o cálculo habilidoso? Ello
+fue que aquella hábil reserva tuvo igual éxito con la condesa y con
+Julieta.
+
+La una no había podido sospechar el interés ya muy vivo de su hijo
+respecto de la otra, y ésta no había sentido ninguna desconfianza
+respecto de un ausente. A pesar de su alta razón, no podía menos de
+sentir un poco de esa curiosidad sembrada por la serpiente en el alma de
+Eva y que la más perfecta de sus nietas no consigue ahogar
+completamente.
+
+En esta disposición de ánimo completamente favorable colocó su manita
+enguantada en el brazo del joven agregado, mientras Neris ofrecía el
+suyo a la señora de Raynal. Era la primera vez después del luto que las
+dos pobres mujeres se encontraban en un salón elegante de otro modo que
+como solicitantes y en medio de aquella atmósfera de comodidades en que
+habían vivido tanto tiempo.
+
+La condesa puso en su acogida ese tacto exquisito, esa rara urbanidad
+que no dan con frecuencia ni el nacimiento ni la fortuna y que ella
+poseía en alto grado. No pareció que recibía a la humilde empleada y a
+su madre, sino a dos mujeres de la buena sociedad iguales a ella por la
+clase y la educación, y este matiz imperceptible acarició dulcemente a
+sus almas doloridas.
+
+Todos, por lo demás, se mostraron al unísono con la castellana. Neris,
+con una coquetería de anciano, desplegó todas las seducciones de un
+espíritu todavía joven y siempre amable evocando los lejanos recuerdos
+del tiempo en que, joven, bella y amada, la de Raynal se le había
+aparecido radiante del brazo de su esposo bajo aquel hermoso cielo de
+África...
+
+--¡Casi el cielo natal! suspiraba con una sonrisa melancólica en los
+labios!
+
+Raúl, por su parte, afectaba las maneras discretas, respetuosas y casi
+tímidas de un hombre de mundo ante una simple joven, lo que, por poco
+coqueta que fuese, era para la austera institutriz la más delicada
+adulación.
+
+Mujer antes de tiempo por las penas, las pesadas cargas y las duras
+realidades de la vida, Liette seguía siendo una muchacha por su
+mentalidad, por su corazón y por sus ilusiones, y era caritativo el
+recordarle de un modo tan hábil que sus veinte años resplandecían
+también en su cara.
+
+Raúl, muy experto en la materia, no había dejado de echar de ver la
+impresión producida y se aplaudía por la metamorfosis de que era autor.
+
+Como el mármol parece animarse y tomar forma bajo la mano de un artista
+inspirado, así la rígida empleada, cuyas severas facciones parecían
+ignorar la sonrisa, reía ahora con todos sus hoyuelos y con un confiado
+abandono de colegiala.
+
+Con cómica gravedad, el joven reclamaba también el honor de un antiguo
+conocimiento.
+
+--No tenía usted ya trece años como cuando mi tío tuvo la buena fortuna
+de serle presentado; pero no debía usted de tener más de trece...
+Estaba yo entonces terminando mi año de voluntario en Orleáns, en el
+batallón de su señor padre de usted, y parece que me estoy viendo torpe
+y embarazado con mi capote demasiado largo ante una joven de falda
+corta, grandes manos y largos pies, como Blanca hace dos años, que me
+puso un muñeco en la mano y me dijo en tono autoritario:
+
+--No olvide usted el número, militar; una cabeza absolutamente igual,
+pero con cabello rubio. Sobre todo, no olvide usted el cabello rubio.
+
+Y una vez cumplida esta delicada misión a medida de sus deseos de usted,
+se dignó usted hacerme dar en la cocina un vaso de vino, que me bebí
+religiosamente a su salud.
+
+--¡En la cocina!... ¡Qué mal trató usted a mi pobre hermano, señorita!
+
+--Si el vino era bueno, menos mal--dijo el cura saboreando su
+Chateau-Lafitte.
+
+--¡Y hay quien se atreve a decir que el hábito no hace al monje!--añadió
+irónicamente el notario.
+
+Liette se excusaba riendo, ruborizada y confusa, con gran alegría de su
+maliciosa discípula.
+
+Fue aquella una velada deliciosa.
+
+Olvidando un instante los penosos rigores de su situación presente,
+Liette reapareció tal como era en otro tiempo en el salón de su padre,
+la exquisita criatura cuyo encanto indefinible, más poderoso aún que la
+belleza, había hecho levantarse tantas cabezas bajo el quepis de doble o
+triple galón de oro.
+
+Blanca, encantada, palmoteaba y no conocía a la señorita; la condesa
+misma estaba conquistada por aquel aumento de juventud y de gracia.
+
+La de Raynal tomaba una gran parte en el triunfo de su hija y se sentía
+halagada en su vanidad maternal, sin el menor pensamiento de alarma.
+
+Raúl, el encantador que había provocado ese milagro, experimentaba la
+orgullosa alegría de Pigmalión ante su estatua animada del soplo divino.
+
+ * * * * *
+
+Al volver al pueblo a la luz de la luna, la viuda, sentada enfrente del
+notario mientras el cura dormitaba a su lado, no pudo contener la
+exuberancia de su júbilo.
+
+--Una hermosa velada, señor Hardoin, y como quisiera que tuviese muchas
+mi pobre Liette.
+
+El notario permaneció frío ante aquel impetuoso entusiasmo un poco
+intempestivo, y echando una mirada pensativa al fino perfil de la joven
+que contemplaba las estrellas, murmuró:
+
+--¡Yo no!
+
+ * * * * *
+
+Liette hizo un gesto de impaciencia.
+
+--Otra vez me he equivocado.
+
+--No ha sido por mi culpa--respondió cándidamente la de Raynal, cuya
+charla continua recordaba el gorjeo de los pájaros y que desde que se
+había levantado estaba molestando a su hija con consideraciones
+interminables sobre los menores incidentes de la velada memorable.
+
+--No, querida mamá--respondió Liette con su buen humor habitual;--un
+poco de cansancio sin duda... Eso es lo que tiene el acostarse a horas
+descompasadas.
+
+Y volvió a empezar laboriosamente la suma.
+
+La viuda se estuvo un momento callada, pero la comezón era demasiado
+fuerte y, no pudiendo resistirla por completo, se alivió primero en voz
+baja a modo de soliloquio y fue levantando el tono insensiblemente hasta
+acabar por una interpelación mal disfrazada.
+
+--¡Pobre hija mía! ¡Cuando pienso que una simple comida es un
+acontecimiento en tu vida!... A tu edad estaba yo continuamente en
+fiestas y recepciones. ¡Los cotillones que yo he dirigido! Y, sin
+embargo, Dios sabe que no era yo mundana. Pero nuestra situación y los
+ascensos de tu padre exigían cierto decoro y cierta representación. Si
+me hubieran dicho entonces que acabaría mis días en un agujero semejante
+y reducida a tan pobre sociedad... Porque, dicho sea sin ofender a
+nadie, hija mía, nuestras relaciones dejan mucho que desear y estamos
+obligadas a tratar a personas muy comunes... No es por tu culpa, lo sé,
+pero cuando se ha vivido como yo en un medio escogido, es una necesidad
+penosa y que hace apreciar la menor ocasión de encontrarse una en su
+mundo.
+
+--Pero eso no es una necesidad, mamá--dijo Liette dejando la pluma con
+resignación;--eres absolutamente libre...
+
+--Sin duda, hija mía, sin duda; pero no querría perjudicarte en tu
+situación y prefiero dominar mi legítimo orgullo.
+
+--Te aseguro...
+
+--Tu felicidad ante todo, hija mía; por verte dichosa me resignaría a
+rascar la tierra con las uñas.
+
+--¡Pobre madre mía!--dijo la joven conmovida y sonriente al mismo
+tiempo,--tan mal concordaba esa idea con la indolencia maternal.
+
+--Si debiera dejarte pronto, me alegraría de que no te quedaras en este
+pueblo de iroqueses, de saber que estabas rodeada de afecciones dignas
+de ti y de pensar que encontrarías una segunda madre...
+
+--¡Dios mío! ¿En quién?
+
+--Pues... en la de Candore, que me reemplazaría con gusto a tu lado...
+
+Esta vez Liette no pudo reprimir una franca carcajada, y respondió
+besando tiernamente a aquella cabeza a la que las canas no habían
+llevado la razón:
+
+--Nadie podría reemplazarte conmigo, querida mamá, y la de Candore menos
+que otra... No la conoces; es una mujer superior, pero tan convencida de
+su superioridad, que el común de los mortales no existe para ella.
+
+--Sin embargo, me hablaba de ti en unos términos...
+
+--Ciertamente, no puedo quejarme de su modo de proceder diario, pero
+ayer éramos sus invitadas, y esto es un matiz; hoy he vuelto a ser
+sencillamente la institutriz de su hija y no dejaría de recordármelo si
+yo lo olvidase.
+
+--La clase no se mide por la fortuna, hija mía; es la opinión de todas
+las personas de corazón y ahí tienes como prueba las delicadas
+atenciones del señor Neris y la solicitud significativa de su sobrino.
+Seguramente no te miraban como una vulgar institutriz. La misma señorita
+de Candore no hubiera podido recibir más respetuosos homenajes.
+
+--¿Crees tú?
+
+--¡Bah! tengo buenos ojos, y Raúl es un hombre demasiado galante para...
+
+En este momento llamaron al ventanillo y el objeto de esos elogios
+mostró su fino bigote en la estrecha abertura.
+
+Con su inconveniencia natural, la comandanta iba a acogerle amablemente
+como visitante, pero al verse en un espejo los papillotes desrizados y
+el peinador deslucido, se escondió precipitadamente en el comedor.
+
+Julieta no se había levantado, y después de responder con una ligera
+inclinación de cabeza al saludo ceremonioso del joven, se quedó
+esperando.
+
+Raúl parecía un poco turbado a pesar de su aplomo. La actitud cortés
+pero digna de la joven empleada paralizaba sus brillantes facultades.
+
+Después de unos cuantos cumplimientos triviales, a los que ella
+respondió con extremada reserva, se quedó cortado golpeando con
+expresión indecisa la tabla del ventanillo y como molesto por aquella
+límpida mirada que formulaba claramente esta pregunta:
+
+--No es a la señorita Raynal a quien debe estar dedicada esta visita;
+¿qué quiere usted, pues?
+
+Por fin dijo el joven, rompiendo resueltamente el silencio.
+
+--Debo, señorita, parecer a usted muy torpe y muy tonto, pero por más
+que hago no puedo separar la función de usted de su persona, y necesito
+todo mi cariño hacía mi tío...
+
+Liette le miró asombrada.
+
+--En resumen, señorita, el señor Neris, por motivos personales, desea
+que cierta correspondencia no pase por el castillo ni por las manos de
+los criados... No queriendo venir a recogerla él mismo, me encarga de
+ese cuidado cuando estoy aquí... Con la señorita Beaudoin la cosa me era
+indiferente... pero con usted...
+
+Tenía una expresión tan confusa, que Liette vino en su ayuda:
+
+--Nada más sencillo, caballero; dígame usted las iniciales.
+
+--H. N., 32.
+
+La empleada buscó en la casilla correspondiente y retiró dos cartas de
+una elegante letra inglesa y sello de Londres, que él hizo desaparecer
+prestamente en el bolsillo de la americana como si tuviera prisa por
+sustraerlas a aquella cándida mirada. Después dijo tratando de dar una
+explicación:
+
+--No hay nada en esto que no sea muy natural. Mi tío hace mucho bien y
+se interesa paternalmente por muchas personas... Pero mi madre es muy
+propensa a sospechar el mal, y por no disgustarla... En fin, hay que ser
+indulgentes con las debilidades de un anciano que es en suma el mejor de
+los hombres.
+
+Raúl balbucía y se contradecía mil veces, fingiendo una cortedad que era
+un homenaje a la virtud de la huérfana, que no podía menos de
+agradecérselo.
+
+Así, cuando el joven se despidió deshaciéndose todavía en excusas,
+Liette pensó sin la menor sospecha:
+
+--¡Pobre muchacho! Bonitas comisiones le encarga su tío...
+
+ * * * * *
+
+Raúl no era uno de esos fríos corrompidos, uno de esos «feroces» sin
+principios, sin moral y sin freno que no conocen otra regla más que su
+placer, otros deberes que sus apetitos ni otra ley más que el código.
+
+No era tampoco un Lovelace, un don Juan ni un Richelieu, brillantes
+mariposas que revolotean de flor en flor, incapaces de un cariño
+sincero, únicamente cuidadosos de enredar en las guías de su bigote los
+corazones femeninos y para quienes Amor es sinónimo de Amor propio.
+
+Lejos de eso; a pesar de cierto fondo de escepticismo, su alma era
+susceptible de ímpetu espontáneo, de súbito desinterés y de efímero
+entusiasmo, de donde brotaba una emoción fugitiva, una sensibilidad
+superficial bastante para dar la ilusión de un corazón tierno y generoso
+donde no había en realidad más que un manojo de nervios.
+
+Era víctima de una educación mal dirigida que había tratado ante todo de
+hacer de él un hombre brillante, pero no un simple hombre honrado en la
+alta acepción de la palabra.
+
+Indulgente, pero firme, la de Candore no vacilaba nunca para hacerle
+sentir el freno y la brida cuando se trataba de su salud, de su fortuna
+o de su porvenir, pero sin cuidarse seriamente del lado moral. Muy
+orgullosa de aquel guapo y elegante caballero, que no había heredado de
+su padre más que el nombre, le dispensaba con gusto sus defectos de hijo
+de familia y sus caprichos de desocupado con tal de que no adoleciesen
+de burguesismo ni de vulgaridad.
+
+La hija del jardinero Neris tenía un desdén de gran señora por lo que
+ella llamaba la moral de la gentecilla, y a pesar de su aparente
+rigorismo, pedía solamente a su hijo que sus vicios fuesen de buen tono.
+
+Por otra parte estaba segura de su ascendiente sobre aquella naturaleza
+débil y maleable bajo una aparente independencia. Raúl era incapaz de
+resistir a la autoridad de su madre y cualquiera que fuese su rebelión
+pasajera, cedía tascando el freno a esa influencia maternal siempre
+sabiamente disfrazada.
+
+En efecto, por una diplomacia femenina digna de un discípulo de
+Talleyrand, la condesa no parecía jamás preocupada por las acciones de
+su hijo, y los hilos que hacía mover estaban muy hábilmente disimulados
+para inspirar la menor sospecha a la naturaleza más quisquillosa.
+
+En las pocas circunstancias delicadas en que había intervenido
+indirectamente, Raúl no lo había jamás sospechado y había atribuido a su
+iniciativa, a su voluntad y a su energía decisiones que hubiera sido
+incapaz de tomar solo.
+
+Actualmente, las forzadas aproximaciones de la existencia común no
+habían hecho apartarse a la castellana de esa sabia línea de conducta, y
+el joven agregado estaba tan libre en el castillo (así al menos lo
+creía) que en su embajada de Londres, y toda la vigilancia, todos los
+rigores y todas las precauciones maternales se concentraban en la cabeza
+del señor Neris.
+
+--Lo que yo defiendo es vuestra herencia, hijos míos--había declarado
+redondamente la de Candore a su hijo.
+
+Y la cosa, naturalmente, no podía parecer mal a Raúl, aunque las medidas
+tomadas contra uno se aplicasen también al otro.
+
+Esta hábil política tenía la doble ventaja de respetar el amor propio de
+Raúl y de evitar toda explicación.
+
+Neris era, pues, la cabeza de turco encargada de sufrir los golpes de su
+sobrino, que no podía defenderse puesto que no le acusaban, y debía
+simular la indiferencia... cosa bastante fácil para aquel corazón
+ligero.
+
+Bueno es decir que por una especie de adivinación, la condesa percibía
+siempre el momento favorable, el instante psicológico, y que tenía, por
+otra parte, una extremada delicadeza de tacto y una rara habilidad.
+
+Con esta táctica evitaba a su hijo toda lamentable aventura; en cuanto a
+los demás, poco le importaban.
+
+La pobre Juana lo había experimentado duramente.
+
+Es justo reconocer que si la noble dama temía en su hijo un amor
+naciente causado por el azar de un encuentro fortuito, estaba lejos de
+suponer la gravedad de su conducta y de saber que era a su mujer
+legítima a quien había logrado introducir bajo el techo materno en
+calidad de institutriz.
+
+Locamente enamorado y con una ligereza que no podía compararse más que
+con su inconsciencia, había determinado a la joven inglesa a casarse
+clandestinamente con él al salir de Londres, matrimonio facilitado por
+las leyes de la libre Inglaterra, pero absolutamente nulo en el
+continente. La cándida miss se había fiado de su palabra, que él tenía
+acaso entonces intención de cumplir, y, para captarse las simpatías de
+su futura suegra, había aceptado el papel dictado por aquel a quien
+consideraba como su legítimo dueño y señor ante Dios y ante los hombres.
+
+Hemos visto lo que había resultado.
+
+Después de una luna de miel que debía ser eterna y que ya se había ido a
+reunirse con las lunas pasadas, el conde, cansado de aquella gran
+pasión, importunado por aquel amor de que él no participaba e irritado
+por las dificultades crecientes de aquella situación imposible que él
+mismo se había creado, agradeció a su madre que le sacase de ella
+bruscamente por un acto de rigor en el que él no tenía que hacer más que
+lavarse las manos, y había saludado como un verdadero alivio la libertad
+reconquistada en el momento preciso en que se dibujaba en su horizonte
+de desocupado una nueva aventura llena de atractivos.
+
+--¡Qué gran mujer es mi señora madre!--se decía _in petto_ con una
+mezcla de gratitud y de admiración.
+
+Desde los primeros días Liette había producido una profunda impresión en
+aquel espíritu frívolo, superficial y estragado. Aquella belleza pálida
+y severa, de facciones regulares, de austera sencillez y de aspecto
+modesto y digno, era para él una novedad comparada con las muñecas de
+caritas sonrosadas y peinados estrepitosos, con aspecto atrevido o
+lánguido que había tratado hasta entonces y entre las cuales estaba
+comprendida irreverentemente la pobre Juana con su encanto de linda
+rubia.
+
+Raúl había decidido, después de un simulacro de asedio, dar
+inmediatamente el asalto, pero conoció que se trataba de un adversario
+temible, y esta dificultad inesperada estimuló su ingenio y su corazón.
+
+En amor sobre todo, los obstáculos dan más precio a la victoria. Como
+dice muy ingeniosamente Gondinet:
+
+«Sin la alondra, Romeo se hubiera dormido... y Julieta también.»
+
+Al revés que con la sentimental y lánguida inglesa, crédula e inocente
+como un niño, subyugada por su irresistible vencedor y adorándole como a
+un dios, Raúl se veía esta vez en presencia de una fuerza real, de un
+carácter firme, viril y enérgico, templado en la dura escuela de la
+desgracia. Tuvo, pues, que establecer sus paralelas con la ciencia de un
+antiguo estratégico y el ardor de un joven neófito, avanzando a pasos
+contados para no asustar al «pájaro rebelde» pronto a volar a la primera
+demostración un poco viva.
+
+Era el medio más largo, pero el más seguro, pues Liette no podía
+alarmarse por una conducta tan cortés y correcta, a no ser una coqueta
+farsante o una ridícula mojigata.
+
+Raúl le mostraba un respeto caballeresco y evitaba cuidadosamente esa
+galantería trivial y esas atenciones indiscretas a que su situación la
+exponía, y se lo agradecía infinito. El joven reservaba todas sus
+atenciones para la señora de Raynal y todas sus felicitaciones a Blanca,
+y ese homenaje indirecto al mérito de la institutriz y a su abnegación
+filial valía más que la más delicada adulación.
+
+--¡Qué metamorfosis en mi hermana!--decía algunas veces.--¿No le parece
+a usted, señorita? Hasta aquí no era más que una niña.
+
+--A los dieciséis años era más que su derecho, era su deber, caballero.
+
+--Sin duda, pero la gracia puede aliarse con la seriedad. Hasta los
+quince años se es una niña, de quince a treinta una joven.
+
+--Y hasta una solterona...
+
+--Es usted severa, señorita. Mi tío, que apenas se considera como un
+soltero maduro...
+
+--Anda, sobrino, no te quedes corto.
+
+--Dispensa...
+
+--Con mucho gusto, y con más razón porque me asocio a tus elogios.
+Nuestra Blanca gana todos los días con su contacto de usted, señorita.
+Mi deseo es que sea digna de tal modelo...
+
+--Me hace usted demasiado honor, caballero; la tarea estaba casi acabada
+y Blanca hace que mi papel sea muy fácil tratándome como amiga...
+
+--Era sobre todo una amiga lo que ella necesitaba; por eso estamos todos
+muy agradecidos de que haga usted de esta querida niña una mujer
+cumplida.
+
+Esta opinión halagüeña salida de los altaneros labios de la condesa era
+preciosa porque la dama no las prodigaba; pero apreciaba a la
+institutriz en su justo valor y no temía decírselo. Con una
+condescendencia rara en ella, colmaba a aquellas señoras de atenciones y
+de regalitos, les enviaba frutas de su jardín y flores de su estufa y
+hasta invitaba a su hijo a unir al envío alguna banasta de caza.
+
+Algunas veces se encargaba el mismo Raúl de la comisión y, escogiendo
+discretamente un momento en que Liette estaba ausente, entraba en el
+Correo a vaciar su morral y tragaba sin pestañear las interminables
+divagaciones de la viuda, que se despachaba a su gusto con aquel
+interlocutor complaciente... pero no desinteresado.
+
+Al hacer la corte a la madre evitaba el comprometer a la hija y su causa
+no perdía, al contrario, por ser defendida por un tercero. Con su
+imprudencia ordinaria, la buena señora no cesaba de hablar de «aquel
+buen don Raúl», y era imposible a la conciencia más timorata alarmarse
+lo más mínimo por sus asiduidades.
+
+De este modo no había ninguna alarma en la de Candore, ninguna
+desconfianza en la institutriz, y Raúl llegaba pacíficamente a sus fines
+por caminos de travesía.
+
+ * * * * *
+
+A principio del verano la salud de la señora de Raynal se alteró
+sensiblemente. Ya delicada y débil, verdadera planta de los Trópicos
+cuidada en estufa, no ofrecía ninguna resistencia a la anemia abrumadora
+que la había invadido lentamente e iba pereciendo de día en día a pesar
+de los cuidados minuciosos que se le prodigaban.
+
+Acurrucada en su butaca al lado de la ventana y envuelta en chales y
+mantas a pesar del ardiente sol de junio, cuyos rayos espolvoreaban de
+oro el estrecho despacho, permanecía allí largas tardes con la mirada
+vaga, sin hablar y acaso sin pensar, las manos inertes, y los párpados
+medio cerrados como esos pobres pajarillos de las islas que esconden la
+cabeza debajo del ala sin que nada pueda sacarlos de su sopor.
+
+Síntoma alarmante; no se interesaba ya por los ruidos de la calle ni por
+la charla de las comadres, no levantaba los ojos al ruido de los zuecos
+en la calle, ni al de los coches del notario o del médico, no hacía caso
+de las voces de las vecinas que iban a informarse de la salud de «la
+querida señora».
+
+Se acabó la interminable charla que zumbaba en los oídos de la joven
+empleada; se acabaron los sempiternos discursos tan difíciles de
+escuchar haciendo una suma. ¡Ay! ya no había que temer errores en las
+cuentas; sólo turbaba el pesado silencio el ruido monótono del reloj y
+la ronca voz del cartero, y las palabras más afectuosas y las más
+tiernas caricias no lograban arrancar a la enferma más que una sonrisa
+pálida y lánguida.
+
+Solamente Raúl tenía el privilegio de alegrarla un poco; sus visitas,
+aunque frecuentes, resultaban para ella escasas.
+
+Cuando su elegante silueta aparecía en la esquina de la calle animaba la
+cara de la viuda un reflejo de vida. Siempre era ella la primera que le
+veía, y decía guiñando sus ojos de miope:
+
+--Ahí viene don Raúl; ¿qué traerá hoy?
+
+Con una solicitud y una amabilidad que conmovía profundamente a la madre
+y a la hija, el joven se proporcionaba el placer de satisfacer los
+caprichos de la enferma, y sabe Dios si los tenía.
+
+Un día era un cesto de dátiles impacientemente deseados y que la anciana
+devoraba con avidez; otras veces granadas, plátanos o nueces de coco que
+engañaban apenas la repugnancia de su estómago gastado.
+
+En vano insistían para hacerla bajar al minúsculo jardinillo en el que
+florecían algunas dalias multicolores y un modesto cuadro de rosales.
+
+--¡Están tan débiles mis piernas!--gemía.--Además, necesitaría que mis
+negritos me llevaran como en otro tiempo en mi hamaca.
+
+Al día siguiente estaba allí la hamaca de Blanca colgada a la sombra de
+un quitasol, y Raúl se ofrecía alegremente a embadurnarse la cara de
+negro como el Nelusco de la Africana, para completar el programa.
+
+--La verdad, no se atreve ya una a expresar el menor deseo--suspiraba la
+buena señora encantada columpiándose con un gozo de niña mientras el
+conde la abanicaba gravemente con un marabú.
+
+Acaso el papel de Raúl no era el más agradable y hubiera él preferido el
+de Blanca, que acompañaba generalmente a su amiga y se esforzaba por
+consolarla mientras él divertía a la madre. Pero hubiera sido imprudente
+invertir los papeles y el provecho hubiera sido menor.
+
+En efecto, la abnegación de Raúl no era perdida. Aquella ingrata tarea
+debía producirle grandes intereses, y cuando la de Raynal le proclamaba
+irresistible, estaba muy cerca de la verdad.
+
+A la dolorosa angustia que le oprimía el corazón se mezclaba en Liette
+un sentimiento muy dulce del que no pensaba en desconfiar ni en
+defenderse; era el agradecimiento y nada más...
+
+ * * * * *
+
+El médico del pueblo se mostraba poco tranquilizador.
+
+--No hay atacados órganos esenciales--diagnosticaba,--pero todo el
+organismo está alterado. Haría falta una energía moral que nos falta
+completamente, lo que nos entrega atados de pies y manos a lo
+desconocido.
+
+Mandaba tónicos, un régimen fortificante, ejercicio y aire libre, pero
+la enferma no quería oír hablar de nada de esto y declaraba que la vista
+de una chuleta le daba náuseas y que el más corto paseo la mataría
+seguramente.
+
+Liette, desolada, pensaba ir a Amiens a consultar al doctor Duplan,
+joven profesor ya famoso en la región y condiscípulo del señor de
+Candore, pero ante la idea de semejante viaje la enferma ponía el grito
+en el cielo.
+
+--Te lo ruego, hija mía, déjame morir en paz--repetía en tono
+doliente:--creo que no pido mucho.
+
+Lágrimas, razonamientos y súplicas, todo fue inútil. Liette estaba
+desesperada, cuando una mañana se presentó Raúl en el correo con el
+sabio médico.
+
+--Mi amigo el doctor Duplan, que viene a pasar unos días en el castillo,
+invitado por mí, tendrá mucho gusto en ponerse a la disposición de
+usted. Espero que nuestra querida obstinada no se negará a recibirle.
+
+Esta vez el corazón de la joven se fundió ante la ingeniosa delicadeza
+del procedimiento y, en un impulso espontáneo, ofreció las dos manos al
+diplomático.
+
+--¡Es usted bueno; gracias!--dijo con las lágrimas en los ojos y una
+mirada tan elocuente que el médico se quedó deslumbrado y no pudo menos
+de decir a su amigo cuando salían:
+
+--Querido amigo, una mirada semejante vale más que los honorarios.
+
+El sabio fisiólogo había conocido a primera vista una de esas
+enfermedades de languidez en las que la inercia del enfermo paraliza los
+esfuerzos del médico y en las que el abatimiento moral hace inútil la
+ciencia más profunda.
+
+--Tendrá usted que usar de toda su influencia, señorita, para galvanizar
+esta energía que se apaga. La distracción de un viaje y el aire puro y
+vivificante del mar tendrían acaso un efecto saludable.
+
+La cosa presentaba numerosas dificultades, pero todos se emplearon en
+suprimirlas. El señor Hardoin, en relación con el director de Correos
+del departamento, obtuvo fácilmente una licencia de un mes. Neris, gran
+accionista de varias compañías, sacó un doble permiso de circulación
+gratuita. En fin, para evitar a la enferma la promiscuidad penosa del
+hotel, Blanca le ofreció amablemente una deliciosa quinta que llevaba su
+nombre, que su tío había hecho edificar para ella en Saint-Pair, en el
+camino de Granville, y a la que la familia debía ir en el mes de agosto.
+
+Raúl se reservó la misión ardua y delicada de arrancar el consentimiento
+de la principal interesada, pero la cosa fue más fácil de lo que se
+suponía. La de Raynal, refractaria a un corto viaje a Amiens, se dejó
+seducir por la perspectiva de una expedición elegante, rodeada de un
+lujo y de unas comodidades que halagaban su orgullo de niña mimada, y el
+joven agregado de embajada obtuvo un éxito de buen agüero para su
+carrera diplomática.
+
+ * * * * *
+
+El carruaje dejó las calles tortuosas de Granville y tomó el camino de
+Saint-Pair.
+
+Era uno de esos vehículos prehistóricos de forma anticuada y muelles
+rechinantes que salen de no se sabe qué depósito de antiguallas para la
+temporada balnearia y en los que se amontonan dócilmente las más
+elegantes parisienses, cuyos frescos y airosos trajes hacen resaltar más
+la desagradable vejez de las banquetas de terciopelo ajado.
+
+El caballejo, de una delgadez inverosímil, como si hubiera ayunado todo
+el invierno, parecía un fantasma de caballo tirando de un fantasma de
+coche y que hacía pensar en los versos de Scarron:
+
+ Se ve la sombra de un lacayo
+ Cepillar la sombra de una carroza
+ Con la sombra de cepillo.
+
+En cambio el cochero, con su blusa azul formando globo alrededor de un
+vientre respetable, presentaba un aspecto regocijado y exuberante de
+salud, que contrastaba con las facciones pálidas y demacradas de la
+enferma, lánguidamente echada en los almohadones hundidos y que apenas
+levantaba los párpados para contemplar un instante el magnífico panorama
+que deslumbraba a su joven compañera.
+
+Nada, en efecto, más pintoresco en su uniformidad que aquel camino que
+costea el mar durante más de tres leguas para ir a parar en la punta de
+Carolles.
+
+No hay allí los altos acantilados normandos tras de los cuales se
+ocultan las olas que van a romperse a sus pies con sordos mugidos como
+los golpes de una invisible catapulta. Vense en cambio aglomeraciones de
+sombrías rocas de aristas cortantes y que la blanca espuma hace parecer
+más negras todavía como el carbón bajo la nieve; una larga banda de
+dorada arena, lisa como las calles de un jardín inglés, donde, para
+completar la semejanza, las jóvenes misses juegan al crocket en la marea
+baja; y el mar, ese mar azul de tonos cambiantes de zafiro, de
+esmeralda, de rubí y de amatista que refleja a veces el azul del cielo y
+a veces los horrores del infierno.
+
+Es aquello todavía la costa normanda, pero es el mar bretón, ese mar
+inolvidable, «cautivador de almas» según la justa expresión de un poeta
+ignorado, mar acariciador y terrible, dulce y suave como el terciopelo,
+claro y transparente como el cristal o rugiente y amenazador, erizado de
+picos monstruosos y de insondables cráteres.
+
+--¡Qué hermoso es esto, madre, qué hermoso!
+
+Presa de una especie de éxtasis, Liette contemplaba ávidamente aquella
+inmensidad hinchada de vida, aquella buena nodriza que vierte a sus
+hijos la salud, el vigor y la fuerza y que iba acaso a devolverle su
+madre.
+
+Y la joven juntaba las manos en un ademán de ferviente súplica.
+
+--¿Llegamos pronto?--preguntó la de Raynal después de una mirada vaga y
+distraída al maravilloso cuadro.
+
+El cochero, que había oído la pregunta, designó con la punta de la fusta
+un campanario nuevo que levantaba su esbelta flecha por encima de los
+techos en los que dominaba todavía la paja característica de las
+cabañas.
+
+--Eso es Saint-Pair y esa la villa Blanca--añadió parando delante de una
+de las bonitas casas construidas en la costa.
+
+La «Villa Blanca» merecía su nombre y en medio de las edificaciones
+multicolores y de las quintas chillonas en que se complace la
+extravagante fantasía de arquitectos delirantes se distinguía por su
+elegante sencillez y por su fachada inmaculada.
+
+Era blanca la casa, blancas las persianas, blanca la verja, blanca la
+tienda de campaña de blanco pabellón ya levantada en la playa, blanca la
+lancha amarrada a la orilla; blancos los rosales que florecían en los
+cuadros, los geranios que adornaban la entrada y los claveles que
+perfumaban el jardín.
+
+Dentro como fuera, cortinas, alfombras y muebles de laca, todo era
+blancura propia del nido virginal escogido para los dieciséis años de la
+exquisita y pura niña, objeto de tan tierna solicitud.
+
+--¡Querida Blanca! Pensar que nos abandona estas lindas
+cosas...--murmuró Julieta llena de agradecimiento.
+
+La de Raynal manifestaba una alegría de niña; encontrábase en su
+elemento y recibía con majestuosa condescendencia, digna de la condesa,
+los homenajes de la jardinera, que cuidaba el inmueble y que fue a
+ponerse a las órdenes de los «parientes» de sus propietarios, como
+aquellas señoras habían sido designadas, por una ingeniosa delicadeza,
+en la carta anunciando su llegada y poniendo generosamente la casa a su
+disposición por todo el mes de julio.
+
+A pesar del cansancio del viaje, la enferma, encontrando una energía
+ficticia en la alegría íntima que le causaba aquella plenitud de
+bienestar y de comodidad, quiso inspeccionar sus dominios de un mes.
+
+Una tras otra, inspeccionó todas las piezas de la casa, jugando «a los
+propietarios» como los niños «a las personas mayores» y aprobándolo o
+criticándolo todo con un aplomo y una convicción de las más graciosas.
+
+Tan bien representaba su papel, que se engañaba a sí misma, y si la de
+Candore se hubiera presentado de pronto casi la hubiera recibido como
+invitada.
+
+--Es fastidioso que se te haya olvidado mi hamaca, hija mía. La
+hubiéramos instalado en la escalinata.
+
+--Hubiera sido inútil, mamá--respondió Liette sonriendo y mostrando una
+hamaca que se columpiaba en la cubierta de cristales.
+
+--Estoy segura de que es una atención de ese querido don Raúl--exclamó
+la criolla muy gozosa; sabe que no puedo pasarme sin ella.
+
+Al oír el nombre del amigo fiel y adicto, la clara mirada de Julieta se
+empañó con una sombra de melancolía. ¡Iba a estar un largo mes sin
+verle! Y una pena vaga e inconsciente le arrancó un involuntario
+suspiro.
+
+Pero no tuvo tiempo para abandonarse a esta impresión.
+
+Impaciente por ver y por ser vista, su madre quería dar una vuelta por
+la playa. Apoyada descuidadamente en el brazo de su hija como una débil
+y flexible caña, levantaba su talle prematuramente encorvado y andaba a
+pequeños pasos, con el pecho oprimido, pero con un poco de rosa en las
+mejillas y un poco de llama en los ojos. Así llegó lentamente a la
+tienda de campaña objeto de admiración de los bañistas modestos
+reducidos a una simple caseta decorada con oropeles chillones o con
+adornos japoneses baratos.
+
+En aquel comienzo del verano no había más que gentecilla; matrimonios
+viejos y económicos y jóvenes mamás que aprovechaban de su libertad
+relativa para gozar de aquel delicioso mes de julio tan a propósito para
+las vacaciones con sus días interminables.
+
+Los niños, sin pensar en su próxima esclavitud, jugaban entusiasmados y
+se mojaban en los pequeños estanques que hacían con las manos.
+
+La de Raynal, repantigada en una mecedora, sonreía benévolamente a toda
+aquella familia menuda y se interesaba por las diminutas pescadoras que
+iban, rojas de placer, a hacerle admirar su cosecha de «frutti di mare»,
+y por los precoces ingenieros que plantaban gravemente una bandera en
+los minúsculos fuertes que habían construido con la arena.
+
+--¿Te acuerdas, Liette, del hermoso castillo de juguete que hizo
+construir tu padre en Trouville cuando no eras más alta que esos niños?
+
+La buena señora se animaba, y ante aquel flujo de vida que galvanizaba
+sus facciones ya fijas por la helada mano de la muerte, Liette volvía a
+la esperanza...
+
+--¿Quién sabe?
+
+ * * * * *
+
+Por la noche, cuando vio a su madre dormirse con un sueño tranquilo,
+reparador y poblado de ensueños felices que hacían dibujarse una
+fugitiva sonrisa en sus descoloridos labios, Julieta se sentó ante el
+escritorio de plata con las iniciales de Blanca, y, dejando rebosar su
+alma henchida de gratitud, escribió largamente a su amable discípula.
+
+«En fin, hija mía--decía al terminar,--gracias a usted y a sus queridos
+padres he conocido hoy un fulgor de esperanza, muy débil, por desgracia,
+y que se apagará probablemente mañana. Pero ni vientos ni tempestades
+podrán nunca apagar en mi corazón la llama eterna de mi viva gratitud
+por tan afectuosa bondad, y ruego a Dios que me permita un día dar a
+ustedes la prueba, aunque sea a costa de mi propia dicha...»
+
+ * * * * *
+
+Hacia la segunda quincena de julio, un hombre y una mujer, ambos
+jóvenes, seguían lentamente el muelle de Saint-Helier donde se agolpaba
+ya la multitud de las primeras hornadas de viajeros, gentlemen
+apopléticos, secas ladies y rubias misses montadas al aire, «smala» de
+viajeros que están dando la vuelta al mundo con gravedad sacerdotal y
+que contrasta por su tiesura y su flema británica con la exuberancia y
+la «furia francesa» de nuestros compatriotas que han huido
+momentáneamente del mostrador o de la oficina y se maravillan
+cándidamente de verse tan lejos de la calle Saint-Denis... o del
+ministerio.
+
+El hombre llevaba con desenvoltura un elegante traje de viaje y unos
+gemelos en bandolera.
+
+Ella, muy sencilla, iba empujando uno de esos encantadores cochecitos
+ingleses, obra maestra de la industria nacional de ese pueblo pesado y
+prosaico de ordinario, pero de un gusto tan delicado y refinado en todo
+lo que se refiere a la infancia.
+
+Eran Raúl de Candore y nuestra antigua conocida Juana Dodson, cuyos ojos
+azules desembarazados de los anteojos, se fijaban con amor en el
+precioso niño dormido en los almohadones y cuya cabecita rubia
+desaparecía a medias bajo la capota rosa querida de Kate Grenavay.
+
+--¡Todavía una hora!--exclamó el conde consultando un bonito reloj de
+caza.
+
+--¡Más de una hora!--suspiró la joven inclinándose con un ademán lleno
+de gracia hacia el niño, cuya pura frente se humedeció con una perla que
+le hizo fruncir la bonita nariz como un gatito molestado por una mosca.
+¡Qué hermoso es! Y cómo se parece a ti...
+
+Raúl se encogió de hombros irreverentemente.
+
+--Palabra de honor, Juana, creo que estás loca. Todos los recién nacidos
+se parecen entre sí mucho más que a sus autores; pero tú eres tan
+romántica...
+
+--¿Yo?
+
+--¡Pardiez! Ha sido disparatada esta idea de dejar Londres en vísperas
+de ir yo, para venir a instalarte aquí con el pretexto de que se ven las
+costas de Granville...
+
+--Eres injusto, amigo mío; yo no podía esperar indefinidamente un
+regreso siempre diferido cuando el médico juzgaba a nuestro hijo enfermo
+y mandaba el aire del mar.
+
+--Hay otras playas que no son Jersey, me parece. ¿Por qué no has ido a
+Brighton?
+
+--Aquí tenía a mi antigua nodriza para ayudarme a cuidarle, y además...
+
+--¿Creías que yo atravesaría todos los días a nado este brazo de mar,
+como atravesaba el Helesponto el bello Leandro?
+
+--Te burlas, pero el respirar el mismo aire que tú, era también la
+dicha...
+
+--Decididamente, querida, puedes dar cruz y raya a las sentimentales
+grisetas de Murger y no tienes ni pizca de ese espíritu práctico de que
+se jactan los hijos de la prudente Albión.
+
+--Tienes razón, Raúl. De otro modo no hubiera soportado tanto tiempo
+esta situación intolerable, cuyo fin no veo, a pesar de tus promesas.
+
+--¿Mis promesas?
+
+--¿Soy tu mujer, sí o no?
+
+--Montaigne diría: Quizá, y Rabelais: ¿Quién sabe?
+
+--¡Raúl!
+
+--¡Diablo! Inglaterra y Francia no están de acuerdo en este punto, como
+en tantos otros... Un simple aprendiz de diplomático no puede cortar el
+nudo gordiano tan fácilmente como Alejandro.
+
+--Me has engañado indignamente.
+
+--Vamos a ver, querida Juana, tenemos apenas un cuarto de hora, y no hay
+tiempo para una querella y una reconciliación. ¿Quieres que empecemos
+por el fin? En el fondo, ya sabes que te amo.
+
+La pobre miss era incapaz de resistir a la inflexión tierna y
+acariciadora de aquella voz burlona de ordinario, y suspiró, mas que
+dijo, levantando hasta él los ojos llorosos:
+
+--¡Ay! no pido más que creerte.
+
+--Y yo no te pido más que un poco de paciencia, niña querida. No
+comprendes las dificultades de mi situación, que es muy sencilla sin
+embargo. No tengo patrimonio personal, o muy poco. Estoy, pues, obligado
+a grandes precauciones y tengo que contar, no sólo con mi madre, sino
+con mi tío, y no violentar las cosas, en el mismo interés de este
+caballero.
+
+--No reclamo para él más que tu nombre.
+
+--El nombre haría muy mal papel sin la fortuna, amiga mía.
+
+--Lo poco que yo tengo...
+
+--Lo poco que tú tienes podría apenas bastar para tu hijo, pero de
+ningún modo para el vizconde de Candore. Sé, pues, razonable, te lo
+ruego, y ten confianza en mí como yo en ti. ¿Piensas que te dejo con
+gusto, joven y bonita como eres, expuesta a todas las tentaciones del
+aislamiento?
+
+--Yo no estoy sola.
+
+--¡Bah!... ¿Crees que este es un guardia de corps suficiente?
+
+Se echó a reír jugando con el pequeño, que acababa de despertarse y
+trataba de cogerle el bastón.
+
+Medio tranquila, la madre sonreía ante este gracioso espectáculo.
+
+De repente una campana de a bordo llamó a los pasajeros retrasados e
+hizo palidecer a la pobre Juana, que vaciló en el brazo de su compañero.
+
+--¡Ea! adiós, querida mía--dijo Raúl separándose suavemente.
+
+--¿Adiós?
+
+--No, hasta la vista. ¡Qué purista eres!
+
+--Dale un beso, Raúl...
+
+--Por supuesto; más bien dos que uno.
+
+El joven rozó con su rubio bigote la frente sonrosada del niño.
+
+--Ahora a la mamá, dijo.
+
+Juana se acercó a él y dijo estremeciéndose.
+
+--¿Volverás?
+
+--Sin duda...
+
+--¿No me olvidarás?
+
+--¡Qué tontería!
+
+Iba Raúl a meterse en el barco cuando ella apoyó la mano en su hombro y
+le dijo gravemente y con una firmeza que cuadraba mal con su fino y
+vaporoso perfil de rubia:
+
+--Quiero creerte y te creo; pero te lo suplico, no abuses de mi
+credulidad y de mi paciencia, pues ahora tengo un hijo a quien defender,
+y le defenderé.
+
+--¿Amenazas?
+
+--No, una advertencia.
+
+--Querida niña, si tuviera tiempo te demostraría que entre tú y yo no
+puede haber nada más torpe ni más inoportuno. Pero oigo el segundo toque
+y prefiero olvidar esta declaración intempestiva a exponerme a oír otra
+más difícil de digerir.
+
+ * * * * *
+
+Un instante después el vapor navegaba hacia Granville y el puerto
+erizado de blancas velas, las negras chimeneas y las murallas de granito
+desaparecían en lontananza; pero Raúl, apoyado en la borda, creyó
+distinguir por mucho tiempo una esbelta silueta de mujer que levantaba
+un niño por encima de la cabeza.
+
+Por fin todo desapareció, y, desagradablemente impresionado por esa
+vista y por las últimas palabras de Juana, Raúl se puso a pasear por el
+puente lleno de gente y se esforzó en vano por ahuyentar el malestar que
+le causaba aquella despedida profética.
+
+Pero pronto dominaron su ligereza y su escepticismo, y encogiéndose de
+hombros murmuró:
+
+--¡Bah! amenazas de mujer.
+
+ * * * * *
+
+Raúl olvidaba a la madre...
+
+ * * * * *
+
+Fue aquel para la de Raynal un período de alivio y de calma. Fuese por
+la distracción, por el cambio o por el aire vivificante y saludable,
+nadie hubiera conocido a la agonizante de la víspera, de movimientos
+cansados, mirada muerta y piernas inertes en la intrépida paseante que
+se veía con frecuencia en la «Brecha de los Ingleses», en el jardín de
+la «Villa Blanca», en el casino de Granville y en la playa de
+Saint-Pair.
+
+En efecto, poco sensible a las bellezas de la naturaleza, la indolente
+criolla, que no hubiera dado dos pasos para admirar el más maravilloso
+paisaje, no retrocedía ante media legua para ir a ahogarse en una sala
+de concierto escuchando a algún cantante parisiense mientras protestaba
+llena de convicción:
+
+--Es por ti, hija mía, exclusivamente por ti. Es preciso que te
+distraigas y no te encierres en una alcoba de enfermo.
+
+Liette no regateaba nada de esto; era muy feliz. Después de las mortales
+angustias que acababa de pasar, su corazón se dilataba con esta nueva
+esperanza:
+
+--¡Dios me conservará mi madre!
+
+--Bien puedes dar las gracias a ese buen don Raúl decía la enferma;--sin
+él, nunca me hubiera decidido a semejante viaje.
+
+No era necesario recordárselo; demasiado pensaba en ello Julieta. El
+pensamiento de la criatura se mezclaba involuntariamente al del Creador
+en sus acciones de gracias.
+
+Así fue que el día en que vieron desembarcar al conde entre los
+pasajeros que venían de Jersey experimentaron más alegría que sorpresa,
+hasta tal punto le tenían presente en la memoria.
+
+El joven, por su parte, hizo un gesto de vivo placer en cuanto las vio y
+dijo acercándose a ellas con la maleta en la mano:
+
+--No esperaba la buena fortuna de encontrar a ustedes al llegar al
+puerto. Cuento, sin embargo, con que no creerán ustedes que hubiera
+esperado a mañana para ir a presentarles mis homenajes y a pedir
+noticias de mi enferma... que veo que son buenas a juzgar por su cara.
+
+--¿Verdad que sí?--dijo vivamente Liette radiante;--mamá está mucho
+mejor, gracias a Dios.
+
+--Y a usted, querido don Raúl--añadió aturdidamente la viuda;--no nos
+cansamos de repetirlo.
+
+Raúl no recogió la frase, pero tomó nota de ella con íntima fatuidad.
+
+--Le creíamos a usted en Londres--dijo la joven para cambiar de
+conversación.
+
+--Allí estaba, en efecto, la semana pasada; pero he hecho un rodeo para
+visitar esa famosa isla de Jersey que los ingleses consideran como la
+octava maravilla del mundo por la única razón de que tiene el honor de
+ser inglesa, y también para comprobar el efecto de mi receta, pues sabe
+usted, señora de Raynal, que pretendo ser su médico de cabecera.
+
+--Entonces, doctor, la curación le hace a usted honor. Me encuentro
+perfectamente bien con sus consejos.
+
+--Sin embargo, ¿no es un poco imprudente el venir tan lejos?
+
+--No, tomamos un coche...
+
+--¿Uno de esos horribles armatostes?--dijo el conde haciendo un gesto
+ante las muestras del género alineadas en la plazuela.--Deben de tener
+peor movimiento que el barco...
+
+--Usted lo verá acompañándonos a la Villa Blanca, donde le haremos los
+honores.
+
+--Con mucho gusto, querida señora, en cuanto deje la maleta en el hotel
+de Francia, donde he tomado una habitación.
+
+--¡Cómo! ¿Piensa usted alojarse en Granville?
+
+--Eso no me impedirá ir con frecuencia a Saint-Pair si ustedes me
+invitan...
+
+Liette dejó ver una sonrisa de aprobación; le gustaba la delicadeza del
+joven y la elogiaba. Raúl dejó a las dos señoras en la «Brecha de los
+Ingleses» y les pidió permiso para ir a mudarse de traje mientras ellas
+oían la música, prometiendo venir a buscarlas a las cinco para ir a
+acompañarlas a su casa.
+
+Su ausencia, no muy larga, no fue perdida para él, pues la de Raynal no
+cesó de prodigarle elogios.
+
+--¡Qué encantador caballero! Tan sencillo, tan amable, tan respetuoso
+con las señoras... Enteramente como tu pobre padre, hija mía.
+
+Liette no pensaba en interrumpirla, dulcemente mecida por aquellas
+palabras acompañadas muy bajito por una melodía de Gounod.
+
+A la hora convenida apareció el joven guiando una «Charrette» inglesa
+tirada por un «poney» muy pacífico, según afirmó Raúl.
+
+--Permítame usted que sea su cochero durante mi corta estancia aquí,
+querida señora; me comprometo a no volcar.
+
+La buena señora estaba radiante. Volver a Saint-Pair en aquel bonito
+carruaje y en tan elegante compañía era una de esas satisfacciones de
+vanidad pueril que halagaban más que nada a su frívola cabeza.
+
+Dio señales de agradecer mucho la atención, y cuando se pararon en la
+verja dijo al joven:
+
+--Si no tiene usted miedo de una cocina de enferma, le pediré que
+participe de nuestra comida.
+
+Raúl buscó la autorización de aceptar en la clara mirada de Liette...
+
+--Ya conoce usted los talentos culinarios de Mariana.
+
+El joven aprovechó esta aprobación indirecta, y un instante después
+estaba instalado debajo de la cubierta de cristales, al lado de la
+viuda, que le contaba los chismes de la playa, escuchados por él con
+resignación ejemplar, mientras Liette, improvisándose cocinera,
+confeccionaba un plato de dulce para las circunstancias.
+
+Fue aquella una velada deliciosa. En aquel marco tan bien hecho para
+ella, Raúl, sensible como todos los refinados a las delicadezas
+exteriores más que a las del alma, encontraba un nuevo encanto a la
+modesta empleada de Correos, cuyas vulgares funciones olvidaba entonces
+por completo.
+
+Los días siguientes pasaron como un sueño. Candore, como un verdadero
+paladín, iba todas las mañanas a tomar las órdenes de las señoras para
+el día.
+
+El tiempo estaba hermoso y había que aprovecharlo. Era la ocasión de
+hacer expediciones románticas a La Lucerne y a Chanteloup.
+
+¿Cómo rehusar? Estaba hecho el ofrecimiento con tanta amabilidad y la
+enferma palmoteaba con tan infantil alegría... Liette no lo pensaba
+siquiera. Por otra parte, era feliz, muy feliz, y se abandonaba a la
+felicidad sin tratar de analizarla. ¡Había habido tan pocos días
+floridos en el jardín de su severa juventud!
+
+Íbanse a la ventura, sin más guía que un mapa de Estado Mayor, y caían a
+veces en una ruidosa fiesta de pueblo o entre los empujones y el polvo
+de un mercado de ganados.
+
+Raúl hacía mil locuras para hacer aparecer una sonrisa en los labios
+descoloridos de la madre o merecer una mirada de agradecimiento de la
+hija.
+
+Y había que ver a los vendedores, verdaderas sanguijuelas normandas que
+adivinaban una presa fácil, seguirle los pasos, meterle en el bolsillo
+pitos, rosquillas y golosinas y ponerle delante de las piernas rosados
+cochinillos y rizados y blancos corderos.
+
+--¡Cómpreme usted algo para su señora!
+
+«¡Su señora!»
+
+Por oír esas dos palabras, que ponían un tinte de rubor en las mejillas
+de Liette, hubiera el conde despojado todas las tiendas y hecho la
+fortuna de todos los ganaderos.
+
+De este modo se llevaron triunfalmente de Breal un precioso corderillo,
+«que acaba de dejar a la oveja, caballero, y que su señora de usted
+podrá domesticar como un perro faldero.»
+
+--Será un recuerdo de este día, que es el último--dijo Raúl dando un
+suspiro.
+
+En efecto, se marchaba al día siguiente. ¡Pero cuánto camino recorrido
+en aquellos días, en sentido propio y figurado! ¡Cuánto camino por las
+carreteras de Normandía y en el corazón de Liette!
+
+Y es que el amor sincero es comunicativo, y, por primera vez, aquel
+amante veleidoso estaba sinceramente enamorado.
+
+¿Cómo se había apoderado ese sentimiento profundo y verdadero de aquel
+estragado que había ido a Saint-Pair con las intenciones menos puras?
+Raúl era un ser de impulsión más que de razonamiento, esclavo de su
+imaginación y de sus nervios, tan incapaz de obedecer a fríos cálculos
+como a la regla austera del deber.
+
+En aquel cuadro de familia, en medio de aquella comodidad mundana que
+tan bien se armonizaba con su elegancia natural y con su perfecta
+distinción, nada le recordaba a la modesta empleada y el enamorado
+estaba bastante entusiasmado para ver en ella la futura condesa de
+Candore.
+
+Ganada por su parte y sin darse cuenta de ello por la llama penetrante
+de aquel amor que se estaba incubando hacía mucho tiempo en el fondo de
+su ser, la tranquila, la prudente y severa Julieta, aturdida y fascinada
+por una especie de vértigo, se abandonaba inconscientemente a la ola de
+sensaciones nuevas, tumultuosas y confusas que turbaban vagamente su
+alma virginal.
+
+ * * * * *
+
+A unos cien pasos de la Villa Blanca, se elevaba, o más bien, se hundía,
+hasta tal punto parecía una topera, una construcción gris aplastada bajo
+un techo de bálago con una puerta baja y de medio punto y una estrecha
+ventana guarnecida de dos barrotes en cruz en la que con frecuencia
+danzaba una pálida luz a la sombra del crepúsculo.
+
+Si algún paseante retrasado se aproximaba por azar, podía ver una
+humilde capilla a la que se bajaba por tres escalones gastados y
+desportillados y alumbrada por el resplandor tembloroso de unos cirios
+casi consumidos, mientras alguna vieja de cabeza vacilante bajo la manta
+bretona murmuraba una oración.
+
+No había allí estatuas de mármol, ni custodias doradas, ni ricos vidrios
+ni cuadros raros; solamente las cuatro paredes húmedas y agrietadas, el
+tragaluz abierto por el que entraban libremente el viento, la lluvia y
+la nieve o, a veces, un cálido rayo de sol y la imagen argentina de la
+luna o de la estrella de los marinos; la puerta maciza como la de una
+cárcel, abierta día y noche en el camino solitario sin temor de que
+nadie encontrase nada que meter en las alforjas; unos bancos de piedra
+incrustados en el suelo apisonado y alineados enfrente de un altar de
+madera carcomida en el que se mostraba una grosera imagen de la Virgen
+niña, apoyada en la falda de su madre, dos figuras angulosas y tiesas,
+pero a las que el pintor primitivo, a falta de genio, había dado una
+suavidad divina. Era la capilla de Santa Ana.
+
+Además de la célebre peregrinación de Santa Ana de Auray, hay así
+numerosos santuarios sembrados a todos los vientos en aquella tierra de
+fe cándida, reputaciones de campanario muy reducidas hoy gracias a los
+billetes de ida y vuelta que permiten a cualquier peregrino ir a
+contemplar al mismo tiempo el Sagrado Corazón y la torre Eiffel, como lo
+hace constar melancólicamente el delicioso autor de «Colás, Colasse et
+Colette».
+
+Sin embargo, la capillita en cuestión tenía aún sus fieles, escasos,
+pero tenaces; aldeanas viejas apegadas a las antiguas costumbres como a
+las antiguas modas, y que iban a quemar un cirio por la curación de
+alguna enfermedad, rudos pescadores que en la tormenta han puesto su
+confianza hereditaria en la Virgen que acogía los votos de sus padres, y
+jóvenes prometidos, supersticiosos como todos los enamorados, que van a
+encender dos cirios juntos cuya llama más o menos viva es el símbolo de
+su amor.
+
+A Liette le gustaba aquel rincón, poético vestigio del pasado que se
+armonizaba mejor con sus inocentes prácticas que el cuadro moderno de
+las iglesias parisienses. Todos los días iba a rezar por su querida
+enferma y mientras se consumía lentamente el cirio ofrecido por ella, la
+joven sentía poco a poco amortiguarse su dolor y disiparse sus temores,
+ahuyentados como por un aletazo del pájaro místico de la esperanza,
+refugiado en el más pobre tabernáculo.
+
+¡Hace tanta falta creer y esperar cuando se sufre!
+
+ * * * * *
+
+Liette se sentía aquella tarde cansada, triste y oprimida; una angustia
+indefinible se había apoderado de ella y las primeras sombras del
+crepúsculo, que ensombrecían la capilla helada aumentaban su malestar
+inexplicable.
+
+Arrodillada en el fondo del santuario vacío, en el que dormitaba la
+vendedora de cirios, permanecía inmóvil y con el corazón oprimido.
+
+¿Por qué?
+
+Su madre no estaba peor, al contrario, sus fuerzas parecían renacer y la
+anciana volvía a la vida.
+
+Entonces...
+
+¡Su madre! ¿No era su única preocupación y su único cuidado?
+
+--¡Dios mío, consérvame a mi madre!--repetía, tratando en vano de
+absorberse en la oración.
+
+Pero esa oración maquinal no le devolvía la calma, ni el reposo ni la
+paz...
+
+¿Qué tenía?
+
+En la puerta aparecieron dos sombras; eran dos prometidos.
+
+Ambos avanzaron tímidamente, él dando vueltas al sombrero, y ella
+echando una mirada furtiva a la parisiense. La guardiana, arrancada a su
+sueño, sonreía con malicia mostrando sus cirios. Los novios eligieron
+dos del mismo largo, los encendieron juntos gravemente y los colocaron
+en el altar.
+
+Después, cogidos de la mano, se quedaron silenciosos y recogidos, con
+los ojos fijos en aquel frágil emblema de su amor.
+
+Y cuando la mecha se carbonizaba, cuando la cera corría mal, eran de ver
+sus frentes sombrías y sus pupilas mojadas. La operación fue larga
+aunque los cirios eran modestos, pero los novios esperaron paciente y
+pasivamente siguiendo las etapas de su común destino...
+
+Un chisporroteo... Una llamarada más viva...
+
+El cirio del mozo se apagó el primero.
+
+--Mejor; así no te veré morir--exclamó con una especie de alegría
+egoísta.
+
+--Mejor; así estaré allí para ayudarte a morir--suspiró dulcemente la
+novia, cuya cándida abnegación brillaba bajo la cofia blanca.
+
+Y se fueron en la paz de la radiante tarde, cogidos del brazo...
+
+Liette ocultó la cara entre las manos y lloró.
+
+ * * * * *
+
+--¡Valor, Liette!
+
+ * * * * *
+
+No había dicho aquello la tierna voz paternal, pero sí otra voz también
+muy tierna.
+
+Raúl estaba a su lado.
+
+¿Había sorprendido aquella escena conmovedora que alteró el corazón de
+la pobre niña como una repentina revelación? ¿Adivinaba lo que hacía
+correr sus lágrimas? ¿Leía en sus ojos húmedos el secreto de su emoción?
+
+La joven se levantó sobresaltada para esquivar su mirada y fingió estar
+distraída en la elección de un cirio, que encendió y puso en el sitio
+del de la bretona.
+
+Después volvió a su banco y se arrodilló, con la cabeza entre las manos.
+
+Cuando se levantó dejó escapar una exclamación; dos cirios estaban
+ardiendo juntos, y, como los dos novios de hacía un momento, Raúl,
+arrodillado al lado suyo, murmuraba a su oído:
+
+--Liette, amo a usted. ¿Me ama usted a mí?
+
+ * * * * *
+
+Al encontrarse en la pacífica casa del Correo, sentada en su estrecha
+oficina junto al ventanillo ante el cual desfilaban las mismas caras
+familiares, Liette hubiera podido creer que nunca había salido de allí.
+
+La de Raynal, vuelta a caer en su atonía, dormitaba inerte y pasiva
+recostada en su butaca junto a la ventana abierta. Las comadres la
+saludaban al pasar con las mismas palabras de conmiseración, y el
+cartero, poco hablador naturalmente, se llevaba militarmente la mano al
+quepis y dirigía a la madre y a la hija una mirada de respetuosa
+simpatía mordiéndose el duro bigote.
+
+Saint-Pair, la Villa Blanca, el mar bretón, la campiña normanda, la
+Brecha de los Ingleses, la capilla de Santa Ana, ¿era todo eso un sueño,
+una ilusión, una quimera?
+
+Liette estaba a veces por preguntárselo.
+
+Un balido quejumbroso y una cabeza rizada que se apoyó en su falda,
+respuesta indirecta a su pregunta, arrancáronle un suspiro involuntario.
+
+--Silencio Breal, vas a despertar a mamá--dijo temerosa.
+
+Lo que despertaba sobre todo el pobre Breal eran los ardientes recuerdos
+que la joven hubiera querido adormecer para siempre; las locas carreras
+por el polvoriento camino al galope del fogoso poney, los chasquidos
+del látigo del cochero improvisado mezclados con los gritos de susto de
+la de Raynal, los regresos melancólicos en las primeras sombras del
+crepúsculo que borraban el paisaje y echaban en las olas como un velo de
+viuda, el estrépito de la feria de Breal, el acento zalamero de la
+aldeana:
+
+--¡Un corderito para la señora!
+
+Era sobre todo el instante supremo, en el recogimiento de la obscura
+capilla, cuando conoció la inefable embriaguez de un amor correspondido.
+
+¡Pobre Breal! Mago inconsciente, su voz evocaba aquel pasado
+inolvidable, y mientras le regañaba un poco, Liette acariciaba
+maquinalmente sus lanas de nieve como las imágenes engañadoras que
+pasaban ante sus ojos soñadores.
+
+ * * * * *
+
+No había vuelto a ver a Raúl ni a su familia, que se habían marchado
+antes de su vuelta y estaban ya instalados en la Villa Blanca; pero
+además de una correspondencia activa y cariñosa con su discípula, había
+recibido varias cartas del joven conde a pesar de su formal prohibición.
+
+En efecto, Liette no era mujer de abandonarse sin resistencia y sin
+lucha a una pasión cuyos peligros le mostraba claramente su severa
+conciencia.
+
+Arrancándose a la emoción deliciosa en que la había sumido la
+declaración espontánea de Raúl, se había dominado valientemente y,
+mostrándole el callejón sin salida en que iba a meterse imprudentemente,
+la habló el lenguaje imperioso de la razón y del deber.
+
+Todo les separaba, nombre, posición y fortuna. La de Candore quería
+seguramente para su hijo el brillante matrimonio que él tenía derecho a
+esperar, y corresponder a sus bondades introduciendo la perturbación en
+su casa era una verdadera falta de delicadeza.
+
+--Olvídeme usted, amigo mío: olvide un momento de locura del que no
+tardaría usted en arrepentirse. Separémonos sin remordimientos, ya que
+no sin pesar. Nuestro bello sueño se rompería las alas contra las
+brutales realidades de la existencia; devolvámosle su vuelo y mirémosle
+perderse en el espacio entre una sonrisa y una lágrima. Este recuerdo
+será para mí la florecilla azul cogida juntos y que se secará solitaria
+en la mejor página del libro de mi vida. Para usted será el perfume
+fugaz respirado al paso y al que no se mezclará ninguna amargura, y más
+adelante, cuando seamos viejos, muy viejos, si el malicioso azar nos
+reúne, tendremos la impresión fugitiva, pero exquisita, de haber sido el
+uno para el otro menos que nada y más que todo.
+
+Raúl no quería oír nada y le cerraba la boca con sus declaraciones
+inflamadas y sus calurosas protestas, fraseología sentimental en la que
+sobresalía y de la que se servía esta vez con una sinceridad más
+comunicativa que su habilidad ordinaria.
+
+La amaba, y el amor era la razón suprema y el supremo deber. La amaba, y
+ese amor saldría victorioso de todos los obstáculos, cuya importancia,
+por otra parte, se exageraba Liette. La amaba, y por la sola potencia de
+ese amor, se comprometía a convencer a la señora de Candore y a obtener
+su consentimiento.
+
+--Pruebe usted--murmuró ella vencida.
+
+Raúl se agarró a aquel medio consentimiento arrancado a su cansancio y
+todo lo que Liette pudo obtener fue un mes de reflexión y la promesa de
+guardar silencio con una y otra madre y de abstenerse hasta entonces de
+todo paso y de toda carta... promesa a la que él se apresuró a faltar en
+cuanto a este último punto.
+
+«Perdóneme usted que infrinja su prohibición, Liette--le escribió al día
+siguiente de su separación,--pero necesito dar a usted la fe que le
+falta. Mal me juzga usted si cree que el tiempo puede modificar mis
+sentimientos y si atribuye la declaración sincera y espontánea de mis
+labios a un impulso irreflexivo y a una animación pasajera. Si cedí a
+una tracción irresistible, no fue sin lucha ni combate. Hoy me confieso
+vencido y ni mi corazón ni mi razón pueden hacerme avergonzar de mi
+derrota. Pertenecemos a la misma clase; nada nos separa realmente, ni la
+educación ni los gustos. Reconozco humildemente la superioridad de su
+mérito de usted, de su carácter y de sus sentimientos, y ya sabe usted
+que mi misma madre los ha reconocido muchas veces. Así, pues, no podrá
+menos de aprobar mi elección y acoger a usted como a una hija
+predilecta, digna hermana de nuestra Blanca que tanto quiere a usted. No
+sea usted más severa que los míos, Liette; no se niegue a mi dicha, a la
+suya y a la de la querida enferma a quien he dedicado los sentimientos
+de un hijo.
+
+«Una palabra de aliento y de confianza para darme el valor que tanto
+necesito.»
+
+A pesar de esta última súplica, que denotaba una inquietud y una
+vacilación mal disimuladas bajo la aparente resolución de las primeras
+líneas, Liette no respondió, firmemente decidida, aunque se rompiese su
+corazón, a no salir de la reserva que le mandaban imperiosamente su
+dignidad y su deber.
+
+Raúl volvió a la carga.
+
+«Me encuentro en estos lugares llenos de usted, donde las cosas, menos
+crueles que su alma, me dan el aliento que usted me niega sin piedad. El
+mar, con sus olas cambiantes como sus ojos de usted, y de voz grave como
+la suya, meciendo mi dolor al ritmo de sus ondas me ha dicho
+«Esperanza». Santa Ana, testigo mudo de nuestros esponsales, parece que
+me sonríe y que murmura «Confianza». El verde campo, dormido bajo la
+caricia del sol, el beso de la brisa y la canción de sus nidos, me ha
+suspirado «Amor». Y todos me han gritado ¡«Anda»!
+
+«¿No me lo repite usted también, Liette?»
+
+Liette permaneció silenciosa.
+
+En el fondo, Raúl no deploraba más que a medias el plazo que se le había
+impuesto. La verdad era que la presencia de la señora de Candore
+paralizaba un poco sus veleidades de independencia y no le disgustaba
+dejar para más adelante una explicación embarazosa, de la que no estaba
+seguro de salir con los honores de la guerra a pesar de sus
+fanfarronadas. Así era que veía llegar el fin del mes con menos
+impaciencia que inquietud.
+
+ * * * * *
+
+El plazo había ya expirado.
+
+Aquel día, al acabar de comer, Raúl pidió bruscamente a su madre el
+favor de una entrevista particular, decidido a quemar sus naves.
+
+Blanca, que contaba con él para una partida monstruo de tennis
+organizada con una colonia americana compuesta de jugadores de mérito,
+hizo una linda mueca de despecho.
+
+--Otra vez me das esquinazo... Tu «amabilidad» empieza a pesarte. Ya nos
+has dejado a mamá y a mí ir solas a Jersey... Y tú te lo has perdido...
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque hubieras encontrado a una antigua amiga, que tenía el
+privilegio de excitar tu elocuencia a falta de tu admiración... miss
+Dodson, y miss Dodson sin anteojos.
+
+Aunque preveía la alusión, la frente del joven se obscureció con una
+sombra.
+
+--¡Estás loca, Blanca!--dijo la condesa ligeramente contrariada por esa
+salida intempestiva.
+
+--No, mamá, te aseguro que he conocido muy bien de lejos a mi antigua
+institutriz conduciendo un cochecito de niño.
+
+Esta vez Raúl palideció a pesar suyo.
+
+--¡Pobre muchacha!--dijo Neris con interés.--¿Estará reducida al papel
+de niñera?
+
+La de Candore, que no quitaba los ojos de su hijo, notó su visible
+turbación y su frente se arrugó con un fruncimiento imperceptible.
+
+--¿Vas a acompañar a Blanca, hermano?
+
+--Ciertamente, querida Hermancia. ¿Vienes, pequeña?
+
+Blanca presentó la frente a su madre y dijo a Raúl amenazándole con el
+dedo:
+
+--A ti no te doy un beso.
+
+Pero como era incapaz de un enfado prolongado, cambió de parecer al
+llegar a la puerta y dijo con gracioso aturdimiento lanzándose a
+abrazarle:
+
+--Ya me desquitaré mañana; te confisco por todo el día.
+
+--Aprobado--respondió Raúl alegremente.
+
+Mientras la joven se echaba a correr para alcanzar a su tío, la condesa
+se dirigió a la cubierta de cristales seguida por el diplomático, que
+iba mascullando su exordio.
+
+--¿Tienes que hablarme, Raúl?--dijo la condesa.--¿Qué quieres? Yo
+también tengo que decirte algo.
+
+--Entonces, tú la primera--respondió cortésmente el joven, interesado en
+aprovechar el menor plazo, aunque un poco alarmado por el tono de su
+madre.
+
+--Como quieras.
+
+La condesa se recogió un momento y dijo:
+
+--Es un asunto delicado, extremadamente delicado... del que hubiera
+deseado no hablar todavía contigo... Pero hay en esto para mí un caso de
+conciencia... En una palabra, se trata de tu excesiva familiaridad con
+Blanca...
+
+--¡Blanca! mi hermana...
+
+Raúl que hacía un momento estaba literalmente sobre ascuas, miró a su
+madre con verdadera estupefacción... ¿Estaba en su juicio?... ¿Sabía él
+mismo lo que había oído?
+
+--Blanca no es tu hermana--dijo gravemente la noble dama.
+
+--¡Que no es mi hermana!... ¿Qué es entonces?
+
+--Mi sobrina y tu prima.
+
+--Entonces mi tío...
+
+--Es su padre.
+
+Recordando en términos discretos la juventud tempestuosa del señor
+Neris, la condesa reveló a Raúl el matrimonio escandaloso de su tío con
+una mujer indigna que le había indispuesto con toda la familia hasta el
+día en que, solo y abandonado con una hija en la cuna, había venido a
+suplicar a su hermana que le acogiese en su casa.
+
+--Sin dejar de desaprobar su conducta, cedí a sus súplicas en interés de
+esa pobre niña y en el tuyo.
+
+--¿En el mío?
+
+--Sin duda. Esta complacencia te aseguraba las bondades de tu tío, muy
+necesarias para establecerte, dada la exigüidad de tu patrimonio.
+
+A través de los cristales, Raúl seguía con mirada curiosa al padre y a
+la hija, a quienes veía bajo un nuevo aspecto. ¡Qué ternura, en efecto,
+en los menores ademanes del anciano, en el largo beso que depositaba en
+la frente de su hija cuando ésta se iba muy alegre hacia sus compañeras
+y en la mirada con que le envolvía al desdoblar maquinalmente «Le Temps»
+del día anterior!
+
+--¿Cómo diablos no lo he sospechado?--dijo el diplomático encogiéndose
+de hombros, humillado por su poca perspicacia.--Salta a la vista que es
+su hija.
+
+--Y su única heredera.
+
+El joven se volvió como si le hubiera picado una mosca.
+
+--¿Cómo es eso?
+
+--¡Diablo! su padre le dejará naturalmente toda su fortuna.
+
+--Es muy probable--murmuró el conde mordisqueándose nerviosamente el
+bigote.
+
+Dio unos paseos en silencio, y dijo parándose delante de su madre:
+
+--¿Y yo, entonces?
+
+--No dudo que, como agradecimiento, mi hermano te dejará...
+
+--Un hueso que roer. ¡Vaya una ganga!
+
+--¡Raúl!
+
+--¡No, verdaderamente, es inicuo!... Se me deja crecer con una esperanza
+quimérica y comprometer, acaso, mi porvenir, y, de la noche a la mañana,
+todo se viene abajo como un castillo de naipes y se me deja reducido a
+una medianía que no es siquiera dorada.
+
+Impotente para devorar su amarga decepción, pisoteaba rabiosamente la
+estera de China que cubría el suelo.
+
+--Vamos a ver, mamá, debe de haber algún medio...
+
+Por los delgados labios de la condesa se deslizó una imperceptible
+sonrisa. ¡Qué bien conocía a su hijo y qué bien le había llevado
+insensiblemente al punto preciso en que le quería!
+
+--¡Un medio!... No veo más que un buen matrimonio, al que tu nombre te
+da derecho a aspirar. En cuanto a la herencia de tu tío, no hay que
+pensar en ella, y es posible, por otra parte, que de aquí a entonces
+Blanca tenga un marido que cuide de sus intereses...
+
+--¿Crees que, en su posición, se casará fácilmente?
+
+--Sí y no, amigo mío; es una muchacha encantadora y bien educada, a la
+que la madre más exigente será dichosa en tener por hija. Sin embargo,
+aunque cubierta por mi tutela de un barniz de respetabilidad, ciertas
+familias... timoratas... tendrían ciertos escrúpulos. Pero, en suma, no
+le faltarán pretendientes aceptables y más de un noble arruinado,
+aficionado a la buena vida, querrá dorar su blasón gracias a la
+generosidad asegurada de su suegro.
+
+--Blanca no consentirá en casarse con el primero que se presente; quiere
+un marido...
+
+--Que se parezca a ti; lo dice muy alto.
+
+Fue esto dicho negligentemente y sin la menor intención aparente, pero
+el tiro había dado en el blanco. Raúl aguzó el oído, y dijo tratando de
+leer en el pensamiento de su madre:
+
+--¿Decididamente, no tienes ninguna idea?
+
+--Dios mío, no, ni sombra de una... Pero acaso la tendré más adelante...
+Por otra parte, busca por tu lado. ¿No eres diplomático?
+
+Raúl hizo un gesto de mal humor, pero sabía por experiencia que la
+condesa no entregaba nunca por entero su pensamiento y que él usaría en
+vano todas las astucias de su diplomacia. Así, pues, dijo levantando el
+sitio:
+
+--Te doy las gracias por tu confianza y tus consejos, mamá. Pensaré en
+todo esto.
+
+--Pero tú, hijo mío, ¿no tenías una confidencia que hacerme?
+
+Raúl sufrió un estremecimiento significativo.
+
+¡Liette! La había olvidado. Además la situación no era ya la misma...
+
+Y respondió balbuciendo avergonzado y confuso:
+
+--Nada, mamá, una pequeñez...
+
+ * * * * *
+
+Raúl se subió a su cuarto.
+
+Era una gran pieza clara y alegre, con anchas ventanas, una de las
+cuales daba al mar y la otra al campo. Por un lado el movimiento y el
+ruido de la playa, el murmullo cadencioso de las olas, las canciones de
+las lavanderas al depositar la ropa en las rocas, las risotadas de los
+bañistas y las locas carreras en la marea baja por la inmensa sábana de
+arena franjeada de plata; y por el otro la calma y el reposo de los
+campos, las frondosas laderas y el camino solitario en el que raros
+transeúntes ponían una sombra de vida, mientras que la capilla con sus
+muros grisáceos, su puerta baja y sus barrotes en cruz, parecía, al
+contrario, un monumento funerario.
+
+Aunque nada tenía de poeta, era a aquel balcón donde el conde iba a
+menudo a soñar con su amiga. En el recogimiento de la hora crepuscular,
+que confunde el paisaje en tintas imprecisas y dulces tan en armonía con
+las impresiones melancólicas, Raúl evocaba el recuerdo turbador de sus
+místicos esponsales, como ella en su estrecha oficina.
+
+Pero aquel día no tuvo ni una mirada para aquel cuadro familiar y
+dejándose caer en una butaca, se abandonó a un verdadero acceso de
+misantropía agresiva.
+
+Su tío, su prima, su madre misma, pasaron allí un mal cuarto de hora.
+
+¡Oh! ¿De qué no son capaces esos vividores camastrones que olvidan los
+derechos sagrados de la familia? Y la condesa, tan alarmada por la menor
+travesura, que protegía aquel escándalo uniendo al padre con la hija en
+lugar de separarlos y preparando inconscientemente la ruina de su hijo
+en lugar de defender sus intereses...
+
+--¡Todo el mundo se ha ligado contra mí!--pensaba con rabia
+reconcentrada.
+
+Muy sincero en sus recriminaciones egoístas, como acostumbrado a
+considerar como suya la fortuna de Neris, se juzgaba desposeído de unos
+bienes legítimos y su indignación, bastante cómica, era perfectamente
+justificada a sus ojos. Poco le faltaba para hacer a la pobre Blanca
+responsable de aquel despojo.
+
+¡Ella, a quien había tenido la candidez de querer como a una hermana,
+sin desconfianza, robarle su herencia!
+
+Todavía, si hubiera podido tomarla con alguien... Pero un anciano y una
+niña... Estaba impotente y desarmado, condenado a devorar su cólera so
+pena de ser ridículo u odioso.
+
+Caído delante del escritorio, estaba atormentando maquinalmente su
+cortapapeles de marfil y doblándole como un florete.
+
+¡Clac! En su mano nerviosa, se rompió la hoja de repente con un ruido
+seco.
+
+Este accidente tan ligero puso el colmo a su irritación... Con un brusco
+ademán, barrió todo lo que se encontraba delante de él, y portaplumas,
+lápiz y papeles volaron hasta el centro de la pieza.
+
+Sólo permaneció en la mesa una carta comenzada.
+
+«Liette.»
+
+¿Liette?
+
+¡La había olvidado!
+
+«Voy a hablar a mi madre, le escribía aquella misma mañana; cuando acabe
+estas líneas será usted mi prometida a mis ojos como a los suyos.
+
+«¿Late su corazón de usted más de prisa en esta hora en que me juego
+más que la vida y se acuerda un poco del que no piensa más que en usted?
+
+«Suena la campana... Echo la última mirada a la capilla de Santa Ana,
+donde tiembla un débil resplandor, estrella de esperanza. Si escucha mis
+ruegos, esta noche iluminaré su santuario hasta dar envidia a su hermana
+de Auray.»
+
+Raúl leyó fríamente estas ardientes palabras.
+
+--¡Buena tontería iba a hacer!--masculló entre dientes.
+
+En seguida tuvo vergüenza de este grito del corazón, eco fiel de su
+inconsciente egoísmo, y trató de colorear su defección a sus propios
+ojos.
+
+Ciertamente, hubiera querido casarse con Liette; ¿pero podía? ¿Era digno
+y leal asociarla a un porvenir precario después de haber hecho brillar
+ante ella un espejismo engañador? Habiéndole ofrecido compartir con ella
+una gran fortuna, ¿podía no llevarle más que una baja medianía?
+Seguramente, no dudaba que era amado por sí mismo, y acaso la noble
+joven experimentaría más gozo que tristeza al darle esta prueba de amor
+y de desinterés; pero él, un caballero, ¿debía aceptar?
+
+Por otra parte, jamás la de Candore, cuyos designios había penetrado,
+aprobaría semejante locura. Negaría su consentimiento, y el pedírselo
+no conduciría más que a exponer a la pobre institutriz a alguna afrenta
+humillante. Lo mejor era callarse, resignarse, obedecer; y aquella hija
+de soldado fuertemente impregnada de disciplina sería la primera en
+aconsejárselo.
+
+En el fondo, su resolución estaba ya tomada.
+
+Estaba bastante enamorado para hacer un matrimonio pobre siendo él rico
+y no debiendo sufrir por ese ligero sacrificio ni en sus costumbres ni
+en sus gustos refinados; pero afrontar la medianía, ni aun con la mujer
+amada, era superior a sus fuerzas y a su valor.
+
+--¡Pobre Liette! ¡Qué pena va a tener!--murmuró con cierta fatuidad.
+
+También él sufría... pero no mucho.
+
+Su entusiasmo había caído con sus esperanzas, y la decepción material
+había matado brutalmente al sentimiento ideal que por un instante le
+había transportado en sus alas.
+
+Admiraba en sus adentros la presciencia adivinatoria de la condesa, que
+siempre intervenía en el momento decisivo y que acababa de detenerle en
+el borde del abismo en que iba a dejarse caer imprudentemente.
+
+--Sin la oportunidad maternal, me metía en un lindo barrizal--pensó con
+una satisfacción que alivió un poco la amargura de sus
+pesares.--Decididamente, mi señora madre tiene un olfato maravilloso y
+haré muy bien en seguir sus consejos más o menos directos.
+
+¿Un buen matrimonio?...
+
+Encendió un cigarro y fue a asomarse a la ventana que daba a la playa.
+
+La partida estaba en su pleno y los «Play», «Ready» que se cruzaban
+entre los jugadores llegaban a su oído llevados por la brisa marina.
+
+Hasta distinguía el duro acento anglosajón y las notas argentinas de
+Blanca cuando se reía de alguna jugada torpe.
+
+Aquella chiquilla tenía la culpa de todo...
+
+Buena muchacha en suma, llena de delicadeza y de corazón, lejos de
+rehusar nada al que ella consideraría siempre como su hermano mayor,
+sería la primera en decirle:
+
+--Repartámonos la fortuna.
+
+Pero su dignidad no podía consentir...
+
+¿Con qué título?
+
+Un primo no es un hermano ni un marido...
+
+¿Un marido?
+
+Después de todo, él podía llegar a serlo. Si era absolutamente preciso
+resignarse a un buen matrimonio, y no veía otra salida, ¿por qué no ella
+mejor que una pécora cualquiera que hiciese sonar demasiado su dinero y
+que, al menos, le tratase de igual a igual siendo su señor y dueño?
+Blanca, la pobre, se estimaría muy feliz siendo su humilde servidora.
+
+Porque no había duda, ya le adoraba como hermano. ¿Qué iba a ser
+ahora?...
+
+ Casi siempre una prima
+ adora a su primito...
+
+tarareó entre dos bocanadas de humo.
+
+Su intimidad se había desarrollado particularmente en aquella
+expedición, en la que absorvido por un pensamiento único, Raúl no estaba
+dispuesto a coquetear según su costumbre y se limitaba a la sociedad de
+su hermana. Con ella podía hablar libremente de Liette, y no dejaba de
+hacerlo. Ella le respondía con toda la inocencia de su alma, no cesaba
+de elogiar a su institutriz y respondía a los cumplimientos fraternales
+sobre su personilla:
+
+--En otro tiempo no me encontrabas tan a tu gusto; el reflejo de miss
+Dodson me era menos favorable...
+
+La joven decía esto alegremente y sin malicia alguna.
+
+Indiferente a los otros jóvenes, mariposones de casinos o estrellas de
+playa que exhibían sus gracias en las partidas de tennis y empleaban su
+ingenio en las sabias combinaciones del cotillón. Blanca respondía
+ingenuamente a las bromas de su hermano que le instaba a elegir un
+novio.
+
+--No hay ni uno que se parezca a ti...
+
+En ese caso...
+
+¿Por qué no después de todo?
+
+Aquel era evidentemente el plan de la señora de Candore, cuya prudencia
+maternal había desconocido... Y más todavía el deseo del tío Neris, que
+encontraría difícilmente mejor partido y no regatearía para asegurar la
+dicha de su hija.
+
+--Además, se pondrá tan contenta la pobre muchacha...--pensaba con la
+magnanimidad de un príncipe, retorciéndose el fino bigote.
+
+ * * * * *
+
+En la playa, acabada la partida, cambiábanse vigorosos apretones de
+manos al cumplimentar a los vencedores, que eran Blanca y su pareja, un
+joven discípulo de Saint-Cyr que había reemplazado a Raúl a última hora.
+Ambos hablaban y reían con un aplomo de buen gusto, pero que no por eso
+dejó de atacar los nervios un poco irritables del señor de Candore, el
+cual arrojó el cigarro medio fumado y bajó rápidamente al encuentro de
+su prima.
+
+Blanca se disponía a volver a la quinta con las facciones animadas por
+el ardor del juego, mientras la sangre corría más viva bajo su piel
+transparente y nacarada. Su belleza, un poco frágil, tenía algo de
+delicado y conmovedor.
+
+--Te sofocas demasiado--dijo el señor Neris con alarmada solicitud;--vas
+a coger frío.
+
+Pero ya Raúl traía un chal y cubría con él los hombros de la joven con
+un matiz de galantería que la condesa, en pie en la escalinata, fue la
+única en observar.
+
+Por sus delgados labios se deslizó una enigmática sonrisa.
+
+--Vamos--pensó,--la novela ha concluido y comienza el idilio.
+
+ * * * * *
+
+Aproximábase el fin de la señora de Raynal, y esta vez nada podía ya
+retardarle. Después de unas cuantas semanas de respiro y de esperanza,
+último resplandor de la lámpara próxima a extinguirse, la enfermedad,
+contenida un instante, llegaba ahora a marchas dobles. Consultas,
+remedios, cuidados y oraciones, todo fue inútil. La muerte estaba allí,
+halagüeña y acariciadora para aquella vieja infantil que se abandonaba a
+ella sin resistencia.
+
+Me siento tan gastada y tan fatigada, hija mía, que es caritativo
+dejarme al fin reposar. Tú eres una valiente, igual que tu padre, con su
+carácter de hierro en el que se embota la desgracia, mientras que a
+nosotras, pobres sensitivas, nos quiebra como el cristal. ¡Ah! vosotros
+sois los privilegiados de la vida...
+
+--¡Privilegiada! ¡Pobre Liette!
+
+Temblando por aquella existencia que pendía de un hilo y por su amor,
+acaso más frágil todavía, la joven devoraba sus lágrimas y ocultaba sus
+angustias a fin de no entristecer aquella agonía...
+
+¿No estaba ella amenazada por un doble duelo? A pesar de las cartas de
+Raúl, su corazón estaba martirizado por penetrantes aprensiones ¡Blanca
+amaba!
+
+Amaba con todas las fuerzas de su alma ardiente pero concentrada; amaba
+con la hermosa confianza y el cándido entusiasmo de los dieciséis años;
+pero también con la desconfianza involuntaria y la temerosa timidez de
+un amor tardío; amaba con la energía de una mujer y la debilidad de una
+niña.
+
+¡Blanca amaba!
+
+¿Y él? Se lo había dicho y se lo repetía sin cesar. Ciertamente, no
+dudaba de él, pero temía a la condesa. Si su voluntad, fortalecida con
+sus derechos de madre, se elevaba como una barrera entre los dos y no
+podían romperla, ¿no tendrían que inclinarse el uno y el otro? Y en su
+abnegación de mujer amante, pensaba, olvidando su propio sufrimiento.
+
+--¡Pobre Raúl! Al menos él no se quedará solo.
+
+Pero, ¿y ella?
+
+¿Le iba a faltar todo a la vez?
+
+Y con temor supersticioso trataba desesperadamente de retardar el
+desenlace fatal, como si la vida de la una estuviese ligada al amor del
+otro y debiesen confundirse sus últimos suspiros.
+
+ * * * * *
+
+Aquel día, una tibia tarde de septiembre, la enferma, a pesar de su
+extremada debilidad, había querido que la llevasen al jardín y
+lánguidamente echada en su hamaca, estaba evocando, con voz ya lejana,
+sus recuerdos de la primera juventud, enjambre de mariposas color de
+rosa que revolotean alrededor de la frente de los moribundos en la hora
+del último crepúsculo.
+
+--Era un día muy parecido a éste... Nuestro hermoso sol de los Trópicos
+se velaba triste y huraño... Mi madre, en su hamaca como yo estoy ahora,
+tiritaba como yo tirito... Estaba yo triste como tú lo estás hoy, hija
+mía... Hacía ocho días que no teníamos noticias de tu padre... que
+todavía no se había declarado... Yo tenía el corazón oprimido... tan
+oprimido, que estalló de repente y me eché sollozando en los brazos de
+mi madre.
+
+--¡Pobre mamá!
+
+Entonces ella, que lo había adivinado todo, no pronunció más que un
+nombre:
+
+--¿Raúl?
+
+--No, Jorge--rectificó Liette con sonrisa forzada.
+
+La de Raynal hizo un movimiento de impaciencia.
+
+--En verdad, hija mía, tienes poca confianza en tu madre--dijo en tono
+de despecho.--¿Quieres esperar a que esté muerta?
+
+--¡Oh! mamá...
+
+--¿Crees que no veo claro? ¿Por qué dejarme marchar en la duda?
+
+--¡Madre mía!...
+
+--Eres una ingrata, una mala hija... Después de lo que he hecho por ti,
+me niegas este último consuelo... ¿Es esto caritativo?
+
+La anciana se agitaba, presa de una excitación febril y balbucía
+palabras entrecortadas.
+
+Liette vacilaba...
+
+Ciertamente, muchas veces, en su desesperada angustia, había estado a
+punto de ceder a la irresistible necesidad de expansión, natural en el
+que sufre y quiere ser consolado. Y siempre la palabra había expirado en
+sus labios...
+
+¿Para qué?
+
+¿Para qué introducir la turbación y la alarma en aquella apacible
+agonía? ¿Para qué confiarle la tímida esperanza que reprobaba su razón?
+¿Para qué dar alimento a las quimeras que poblaban la imaginación
+exagerada de la ardiente criolla, tan llena de castillos en el aire?
+
+A pesar de su ternura y su respeto, Liette conocía demasiado a aquella
+niña vieja y frívola para pedirle el sostén y el apoyo moral necesario
+en las horas de desfallecimiento. Su madre atizaría el fuego con mano
+inconsciente en vez de apagarlo, y Liette, sin fuerza ya para luchar
+contra ella misma, veía que no podría resistir al contagio del
+espejismo.
+
+¿No valía más esperar?
+
+Pero ¡ay! ¿esperaría la muerte? ¿Era filial aquella prudente reserva?
+
+Liette cayó de rodillas.
+
+--Perdona, madre querida; quería ahorrarte una decepción probable...
+
+--Pronto, cuéntamelo todo... ¿Te ama?
+
+--Así me lo ha dicho.
+
+--¿Y escrito también? Por eso recibías tantas cartas de Granville...
+
+La anciana se reía maliciosamente, muy orgullosa por su perspicacia.
+
+--¡Oh! dos solamente, y no las he respondido.
+
+--Pues yo sí lo hubiera hecho... En fin, trae...
+
+Trató de leer, pero en vano, y dijo con un gesto de cansancio:
+
+--No veo; lee tú, hija mía.
+
+Liette obedeció, y, con voz sorda pero en la que vibraba una emoción mal
+contenida, volvió a leer aquellas líneas ardientes y apasionadas, frases
+huecas cuyo vacío no podía sospechar su alma leal.
+
+La moribunda estaba encantada y escuchaba con sonrisa de triunfo en los
+labios.
+
+--¡Bien! ¡Muy bien!--decía.--¡Pobre muchacho! ¡Cómo te ama! Sigue,
+sigue.
+
+Y al acabar la lectura, exclamó:
+
+--¡Querido niño! Muestra un entusiasmo, un ardor, una constancia, a
+pesar de tu frialdad... Porque, realmente, hija mía, no sabes
+animarle... ¿No le amas?
+
+--¡Ay! sí...
+
+--¡Entonces!... ¿Cómo puedes permanecer así, plácida e indiferente?...
+¿No tienes fe?
+
+--¡Oh! mamá querida...
+
+Asustada por la exaltación de su madre, Liette se esforzaba en vano por
+calmarla. En aquella pobre cabeza agotada sonaban todos los cascabeles
+de sus locas quimeras. La anciana divagaba con delicia y hablaba del
+matrimonio, de la ceremonia, de los trajes...
+
+--¡Con cuánto gusto lo vería!--suspiraba.
+
+Dudar del consentimiento de la condesa era para ella una locura. Si
+hacía esperar su petición, era que quería venir en persona...
+
+--Estoy segura de que está en camino; lo adivino, lo siento...
+
+...La puerta se abrió... Y la anciana volvió la cabeza
+estremeciéndose...
+
+Pero no era más que el tío Marcial, que venía a hacer amablemente el
+servicio de la oficina.
+
+--Una carta para usted, señorita; de Granville.
+
+¡Al fin!
+
+Liette desgarró el sobre con mano temblorosa.
+
+La carta era de Blanca y no contenía más que estas líneas:
+
+«Doy a usted, mi querida amiga, la primera noticia de un secreto que es
+una pena y también una dicha. Mi madre no es mi madre, y, sin embargo,
+me ha dicho muy bajito que yo podría aún ser su hija.
+
+«Al perder un hermano encuentro un primo... y, acaso, un novio... un
+esposo...
+
+«Yo, que amaba ya tanto a Raúl, ¿cómo voy a hacer para amarle más?... ¿Y
+él, querrá amarme? Usted me ayudará a conseguirlo, ¿verdad?»
+
+Los labios trémulos, los ojos fijos, las mejillas más pálidas que las de
+la moribunda, Liette permanecía rígida, muda, sin quejas, sin
+lágrimas...
+
+--Y bien--dijo ansiosamente la madre;--habla, me das miedo.
+
+Ante aquella palidez, ante aquel mutismo, ante la desesperación de
+aquella pobre mirada, ¿tuvo la anciana la vaga presciencia de la verdad
+y remordimientos por su imprudencia?
+
+Aquellas facciones infantiles bajo su corona blanca expresaron tal
+desolación y tal angustia, que Liette olvidó su propio sufrimiento, y
+cuando la moribunda, con las manos juntas como un niño que pide perdón,
+balbució tímidamente:
+
+--¡Oh! dime, ¿es el consentimiento de la condesa?
+
+Liette respondió:
+
+--Sí.
+
+Una hora después la de Raynel moría con la sonrisa en los labios,
+murmurando:
+
+--¡Condesa de Candore!
+
+ * * * * *
+
+El letargo del primer dolor nos quita en parte la facultad de sentir los
+otros, y quizá esos golpes redoblados que caen simultáneamente sobre
+nuestra cabeza son menos un brutal encarnizamiento de la suerte que una
+suprema piedad de la Providencia...
+
+En el sopor físico y moral en que la sumió la muerte de su madre, Liette
+no tuvo lágrimas más que para ella y todos los demás dolores se
+hundieron en aquella fosa abierta, duro y frío lecho para aquel delicado
+pájaro exótico. Durante unos días, su mente, absorta por entero por
+aquel duelo cruel, aunque previsto, no estuvo dominada más que por el
+recuerdo de la anciana infantil a la que dedicaba una ternura filial y
+maternal al mismo tiempo. Ante su cuarto vacío, ante su butaca, ante su
+hamaca, la joven tenía crisis de desesperación, más conmovedoras porque
+las dominaba valerosamente, y, a pesar de las curiosidades indiscretas
+y de las lástimas torpes, nadie pudo jactarse de haberla oído quejarse
+ni visto llorar.
+
+Desdeñando por otra parte las simpatías triviales y los pésames de
+convención, Liette se apasionaba difícilmente aun ante un cariño
+sincero, y el mismo señor Hardoin tenía que esforzarse para forzar la
+puerta de aquella alma cerrada y a la que la última decepción había
+añadido todavía un cerrojo.
+
+En efecto, en la angustia de su aislamiento y de su abandono iba
+surgiendo poco a poco de la sombra una imagen borrada un momento por la
+de la muerte, y Liette trataba en vano de librarse de ella. ¡Ay! así
+como en otro tiempo no había podido combatir la esperanza quimérica, no
+podía ahora mandar a su memoria demasiado fiel y que le trazaba sin
+cesar las ardientes etapas de aquel pasado demasiado corto. Liette
+repasaba sin descanso las migajas de dicha escapadas de la mano avara
+del Destino, ya que estaba destinada a no sentarse nunca al festín de
+los dichosos.
+
+Su carácter leal y firme defendíale las lamentaciones estériles y las
+vanas recriminaciones. Lejos de achacar culpas a Raúl, hubiérale buscado
+excusas si él las hubiera necesitado a sus ojos; pero, lejos de
+vituperarle, le aprobaba. Ni por un instante pensó en luchar ni en
+invocar los derechos de su ternura. Aun a falta de su orgullo, su
+profundo agradecimiento por la joven que le abría tan ingenuamente el
+corazón hubiera bastado para evitarle todo desfallecimiento.
+
+El joven diplomático le escribió una carta desolada poniendo su suerte
+entre sus manos y terminando por estas líneas de una hábil política:
+
+«¿Qué debo hacer, Liette? Dígamelo usted, pues ya no lo sé yo mismo.
+Apelan a mi honor, a compromisos de familia, a mi gratitud hacia mi tío,
+a mi piedad por su hija... Yo no oigo más que la voz de mi razón y mi
+amor... Necesito un guía que me ilumine. A usted, que es mi razón y mi
+conciencia la obedeceré ciegamente. ¿Qué debo hacer?»
+
+La joven respondió sencillamente:
+
+«Su deber de usted: casarse con Blanca.»
+
+El amor, tal como lo comprendía aquella hija de soldado, era un
+sentimiento tan puro como el honor, que sufre todos los sacrificios,
+pero no una mancha. Como la bandera, el corazón podía ser desgarrado,
+pero no manchado...
+
+Liette aprobaba sin desfallecer el casamiento de Raúl y se hubiera
+avergonzado de una traición.
+
+Ciertas palabras indiscretas del señor Hardoin le habían confirmado la
+situación de Blanca y los proyectos arraigados desde hacía mucho tiempo
+en la mente calculadora de la condesa.
+
+--No hay gran señora para su notario--decía Hardoin con su maliciosa
+bondad.--A pesar de su afectado desinterés, la hija del viejo Neris sabe
+contar tan bien como su difunto padre. Hace mucho tiempo había yo visto
+su juego y sabía que su hijo no resistiría seriamente a sus razones...
+contantes y sonantes.
+
+--¡Oh! señor Hardoin, toda acción puede tener un móvil noble y generoso.
+¿Por qué atribuirla con preferencia a un motivo bajo y vil?
+
+--Porque así hay menos probabilidades de engañarse, pobre amiga mía...
+Además, según es el hombre se deben juzgar sus actos.
+
+--¿No quiere usted al señor de Candore?
+
+--¿Raúl? Es un buen muchacho; tiene ingenio... y un poco de corazón, no
+mucho...
+
+--¡Oh!
+
+--Incapaz de dejarse entusiasmar más de lo que dan de sí las riendas...
+Y su madre es un buen cochero.
+
+--Le calumnia usted.
+
+--No, amiga mía, le excuso.
+
+--El respeto filial es un deber...
+
+--Pero hay también otros...
+
+--¿Más sagrados?
+
+--Quizá... Cuando una joven honrada y crédula ha puesto toda su
+confianza en la palabra leal de un hombre, es mi parecer que no puede
+faltar a ella sin cometer una mala acción...
+
+El flemático notario se había animado y hablaba con un calor que rayaba
+en indignación.
+
+Liette le escuchaba muy grave y llena de aflicción y de sorpresa. ¿Cómo
+había el notario adivinado su secreto? ¿Cómo olvidaba la reserva y la
+delicadeza de su carácter y de su profesión hasta hacer aquella alusión
+ofensiva?...
+
+La joven, pues, le respondió fijando en él su clara mirada:
+
+--Podría fingir que no le comprendía a usted, caballero, y si no se
+tratase más que de mí le respondería, ante su interés oficioso e
+inexplicable, que no se fuerza mi confianza... Pero no puedo dejar pasar
+una acusación mal fundada contra una persona a quien estimo y a quien
+amo.
+
+El notario levantó los brazos al cielo con una estupefacción demasiado
+vehemente para ser fingida.
+
+--¡Usted ama al señor de Candore! ¡Usted! ¡Usted!
+
+--Le amaba como él a mí, más que a mi vida, pero menos que a mi honor,
+y, lejos de sustraerse a sus juramentos, que yo por otra parte no había
+ratificado, vea usted la carta que me escribió la víspera de sus
+esponsales. Lea usted, se lo ruego.
+
+Aturdido, el notario obedeció maquinalmente.
+
+--¡Bah!--dijo,--la conocía a usted bien, y no tengo que preguntar a
+usted qué respuesta le dio. No es usted de las que hubieran hecho valer
+derechos imaginarios...
+
+--No tenía ninguno, y, por otra parte, los de la familia hubieran sido
+antes... Además, mi querida Blanca...
+
+Su voz se quebrantó.
+
+--¡Le ama tanto la pobre niña!... ¡Hubiera sido tan desgraciada!... ¡Y
+está tan poco acostumbrada a sufrir!
+
+--Mientras que usted...
+
+--Yo tengo la costumbre--respondió Liette con su hermosa sonrisa de
+resignación.--¡Ah! si Dios hubiera querido siquiera dejarme a mi madre!
+Pero no tengo ni un niño a quien amar...
+
+El notario dobló metódicamente las gafas, las puso en el estuche y dijo,
+después de haber tosido para aclararse la voz:
+
+--Señorita, tengo que protestar ante todo contra la interpretación
+errónea de unas palabras en el aire, que no se referían a usted ni al
+señor de Candore... Si hubiera sospechado ni remotamente la simpatía con
+que usted se digna honrarle, me hubiera cortado la lengua antes que
+expresar la menor apreciación desfavorable. Hágame usted el favor de
+hacerme la justicia de creerlo. Usted no es de las que queman lo que han
+adorado. Olvide usted, se lo ruego, una torpeza involuntaria que deploro
+sinceramente. Pero lo que no puedo deplorar es la noble confianza que se
+ha servido usted manifestarme y que realza todavía mi respeto y mi
+admiración hacia usted. Es usted valiente entre las valientes y estoy
+orgulloso de tener alguna parte en su amistad, que le suplico me
+conserve preciosamente. Si esa amistad llegase a ser un día bastante
+grande y la soledad pesase a usted demasiado, recuerde, señorita, que mi
+despacho es su vecino más próximo y que nunca hará usted a su dueño más
+feliz que dignándose entrar en él... y no salir más. Esto es todo lo que
+tenía que decir a usted. Conste. De hoy en adelante esperaré su buen
+deseo.
+
+ * * * * *
+
+Vuelto a su casa después de esta declaración un poco original, el digno
+notario se sentó muy pensativo en su escritorio.
+
+--¡También ella!--murmuró con un poco de despecho.--Una inteligencia tan
+superior dejarse coger por las vulgaridades de ese belitre... ¿Qué
+tiene ese hombre de particular?
+
+Como una irónica respuesta, el espejo de la chimenea le envió la imagen
+de su cráneo calvo y de sus patillas canosas, y el notario exclamó con
+cómico furor encogiéndose de hombros:
+
+--Pardiez, lo que tiene son veinte años menos. ¡Oh! la juventud, la
+juventud...
+
+Ahogando un gran suspiro, cogió de la taquilla una carta de sello
+británico y la leyó moviendo la cabeza.
+
+--¡Pobre muchacha!--exclamó. Esto le quitaría sus ilusiones, pero habría
+que compadecerla más. Las ilusiones son los crisantemos de la vida.
+
+Y después de este pensamiento, muy poético para ser de un notario, cogió
+un pliego de papel con el timbre del despacho y empezó a escribir
+tranquilamente:
+
+«Señorita: la ley francesa no reconoce en ningún caso...»
+
+ * * * * *
+
+La campana, echada a vuelo, producía toda su cascada voz de abuela al
+esfuerzo vigoroso del campanero, estimulado por el aliciente de la
+propina extraordinaria que debía valerle su celo. Los repiques sucedían
+a los repiques; el viejo campanario, estaba como aturdido y alterado y
+los vidrios antiguos, ninguno de los cuales estaba intacto, temblaban en
+su marco de plomo.
+
+Habíase puesto el cura su más hermosa casulla y su ancha faz rubicunda
+estaba radiante por la ternura combinada de la ceremonia que estaba
+celebrando y del banquete que habría de presidir en el castillo. Los
+sochantres, con sus caras coloradotas, salmodiaban a voz en cuello, sin
+temor de que se les secara la garganta, pues sabían que habrían de
+refrescársela después copiosamente. Los monacillos, cuyas sotanas rojas
+demasiado cortas dejaban ver unos pantalones demasiado largos, mostraban
+una compunción poco ordinaria y se abstenían de meterse el dedo en la
+nariz, de sonarse con las mangas, de hacer burla por detrás del
+oficiante y otras habilidades por el estilo. Hipnotizados por la lluvia
+de monedas de plata que preveían, tenían una actitud grave y recogida,
+no faltaban a una genuflexión y presentaban las vinajeras o
+transportaban los Evangelios con una solemnidad digna de otro marco.
+
+Todos trataban de excederse a sí mismos. La modesta iglesia de paredes
+blanqueadas y llenas de una lepra de vejez mal disimulada por unos
+cuantos cuadros de colores violentos que hacían pensar en el verso de
+Coppée:
+
+ Si fuese así, con todo, el Paraíso...
+
+se había adornado de limpieza, ese lujo del pobre, y estaba tan bien
+barrida y desempolvada que las pacíficas arañas que dormitaban de tiempo
+inmemorial en todos los nichos y en todos los rincones, bajo el velo de
+la Virgen como en la corona de espinas y hasta en la barba del
+Crucificado, habían sido desposeídas de sus telas, arrebatadas como por
+un huracán, y andaban melancólicas y errantes en busca de nueva
+instalación.
+
+El organista empleaba pies y manos en sacar sonidos melodiosos de su
+viejo y rechinante armonium, y el suizo, con su uniforme de gran gala,
+contemplaba con admiración el altar de madera tallada en el que
+resplandecían todas las luces y que desaparecía bajo las plantas y las
+flores raras surtidas por las estufas de Candore.
+
+La boda de Blanca y de su primo se verificaba, sin embargo, en una
+intimidad buscada exprofeso. El alejamiento de aquel lugar extraviado,
+y el rigor de la estación (era el mes de diciembre), había permitido a
+la condesa dar al acto el carácter discreto que convenía a la situación
+delicada de la novia. Los cuatro testigos y unos cuantos allegados
+formaban todo el cortejo nupcial y, para ocultar el vacío de aquella
+fiesta un poco triste, de la que el mismo sol estaba ausente, Neris
+había invitado a todos los aldeanos al banquete, después del cual los
+jóvenes casados debían salir para Italia.
+
+Esta feliz idea, que cuadraba muy bien con los gustos de la castellana,
+había hecho a la de Candore muy popular.
+
+--¡No es tan orgullosa como se dice!--exclamaban las comadres,
+encantadas de ser admitidas en el castillo.
+
+--Al menos hace vivir al país--declaraban los comerciantes,
+entusiasmados por la ganga.
+
+--Resucita las antiguas costumbres--decían los viejos en tono de
+aprobación.
+
+Por otra parte, hacía mucho tiempo que Blanca había ganado todos los
+corazones, y aunque su repentina metamorfosis hacía murmurar un poco,
+las frases eran menos malévolas de lo que puede esperarse generalmente
+de nuestra pobre naturaleza humana.
+
+--¡Bah! Yo había sospechado algo sólo por ver la manera que tenía don
+Héctor de comérsela con los ojos. Nadie mira de ese modo a su sobrina.
+
+--Con todo, es chistoso eso de casarse casi con su hermana...
+
+--Pero la verdad es que ese matrimonio arregla muchas cosas. Así no se
+desparramará la fortuna.
+
+Y todos concluían:
+
+--La verdad es que son una buena pareja y bien proporcionada.
+
+¡Bien proporcionada!... ¿Acaso en lo físico? La frágil delicadeza de la
+joven hubiera necesitado una protección más varonil, un brazo más
+robusto, un apoyo más firme que el de aquel lindo joven un poco
+enfermizo. ¡Y qué contraste en lo moral, entre aquel gastado, aquel
+escéptico ávido y lascivo bajo su corrección altanera, y el corazoncito
+ingenuo, tierno y confiado que se entregaba a él tan cándidamente!
+
+Nada más que en la dulce mirada de admiración y de gratitud que dirigía
+a su señor y dueño mientras él se retorcía el bigote escuchando con
+aparente deferencia la interminable arenga del cura, se veía el don
+absoluto y gozoso de su persona, de su vida y de su alma.
+
+La de Candore, en el colmo de la dicha, disimulaba su satisfacción bajo
+una impasibilidad convencional.
+
+Neris, con la cara oculta entre las manos, formulaba una ardiente
+oración por su hija.
+
+El notario Hardoin contemplaba a la asistencia a través de sus gafas
+protectoras. ¿Cuál de aquellos dichosos hubiera podido soportar
+impunemente el agudo análisis de su vista sutil y penetrante? ¿Cuál de
+aquellas felicidades era bastante firme para eso?
+
+¡Ay! Ni siquiera la de aquella pobre niña recién casada, a quien el
+porvenir reservaba sin duda tan crueles desilusiones.
+
+ * * * * *
+
+Liette no estaba allí.
+
+Hacía meses que estaba subiendo sin vacilar al doloroso Calvario
+confidente del amor fresco y puro de su linda discípula, de sus temores
+y de sus esperanzas, a ella era a quien Blanca pedía sin cesar apoyo y
+consejo.
+
+--¿Debo hacer esto? ¿Le gustará tal cosa a Raúl? ¿Cree usted que me
+encontrará bonita así?
+
+Y con estoico heroísmo, Liette encontraba un áspero goce en adornar a su
+inocente y amada rival con las flores de su triste experiencia, y tan
+bien dominaba su cara, que ni un desfallecimiento había revelado la
+secreta angustia de su alma.
+
+Raúl mismo se había dejado engañar, y al verla tan resignada, tan
+valerosa y tan tranquila, había experimentado un alivio mezclado de
+despecho...
+
+¡Se consolaba, según él, muy fácilmente!
+
+Solamente Hardoin leía en aquella frente impenetrable, y aunque nunca se
+permitía la menor alusión a las penosas confidencias sorprendidas a
+pesar suyo, su deferente simpatía y su respeto caballeresco eran un
+bálsamo precioso para aquella alma dolorida.
+
+La víspera de la boda, entró como vecino en la pequeña oficina en que la
+joven se esforzaba por absorberse en sus cuentas, ante las cuales
+flotaba obstinadamente un velo de desposada.
+
+Tuvo que admirar los trajes y las alhajas, y esto no fue nada todavía al
+lado de la ceremonia del día siguiente, a la que no se atrevía a
+sustraerse.
+
+A pesar de su ánimo, se le acababan las fuerzas. Su energía, en una
+tensión exagerada desde hacia tantos días, semanas y meses, amenazaba
+con quebrantarse en el momento decisivo. Estaba en una de esas horas de
+angustia física y moral en las que el alma y el cuerpo se derrumban
+vencidos y claman desesperadamente en las tinieblas en que se agitan,
+como el Cristo en el huerto de las Olivas: «¡Señor, aparta de mí este
+cáliz!»
+
+ * * * * *
+
+En este estado de desmayo fue como la encontró el digno notario.
+
+--Perdóneme usted que la moleste, querida amiga--dijo juzgando de una
+ojeada la situación,--pero la culpa la tiene un sueño, un estúpido
+sueño... He soñado que se había usted torcido un pie o que le había
+pasado algo que le impedía atravesar la plaza... Sería un contratiempo
+lamentable, pero nadie está obligado a lo imposible... Debe usted de
+reírse de mi credulidad... Perdónemela usted... Si soy tan indiscreto es
+con buena intención... Voy ahora al castillo, y en el caso de que
+tuviera usted que darme alguna comisión... nadie duda de la palabra de
+un notario...
+
+Liette le dirigió su hermosa mirada húmeda y agradecida.
+
+--¡Qué bueno es usted, señor Hardoin! Cree usted que puedo
+dispensarme...
+
+--Creo, querida niña, que la valentía no es la temeridad... Arrojarse al
+fuego para salvar a un semejante es muy hermoso... Pero exponerse sin
+utilidad no tiene nada de razonable. No somos salamandras, qué
+diablo...
+
+--Gracias. Me daba vergüenza mi debilidad, pero verdaderamente dudaba de
+mi valor...
+
+--¡Yo no! Pero sufrir por nada, por gusto, no me parece necesario. Está
+dicho, se ha torcido usted un pie...
+
+--¡Bah! bastará una simple rozadura.
+
+--Bien; así no tendrá usted necesidad de médico; nada más que una
+compresa y un bastón... Permítame usted que le ofrezca el mío; no es
+elegante, pero es sólido, como su dueño.
+
+ * * * * *
+
+En el mismo sillón en que había agonizado su madre, Liette estaba
+sudando la lenta agonía de su amor.
+
+Con la ardiente cabeza pegada a los cristales helados, contemplaba con
+vista turbada aquella triste decoración de invierno: los tilos desnudos,
+de torcidas ramas y espolvoreados de escarcha, la fuente helada, cuyo
+delgado chorro, congelado como una estalactita, no dejaba ya oír su
+murmullo cristalino, la plazuela alfombrada de nieve en la que unos
+pajarillos hambrientos ponían pequeñas manchas negras, como los cuervos
+de pesado vuelo en la inmensidad blanca de los cielos.
+
+¡Qué diferencia con su primer despertar en Candore!
+
+Todo entonces parecía sonreírla; los rayos del sol, el perfume de las
+flores, el canto de los pájaros, y su alma dilatada se abría a la
+esperanza.
+
+Habían pasado menos de dos años, y en su corazón, como ante sus ojos, el
+sol se había apagado, las flores se habían marchitado, las canciones se
+habían callado y la esperanza había muerto.
+
+La campana, sin embargo, sonaba echada a vuelo, pero cada alegre
+vibración repercutía en sus oídos como un toque fúnebre y el resplandor
+de los cirios detrás de los vidrios de colores hacíale pensar en unos
+funerales, los funerales de su amor....
+
+En vano ahuyentaba esas imágenes importunas, que volvían como una mosca
+a posarse en su frente. En vano quería evadirse de su propia tristeza
+para participar de la alegría de la querida niña cuya dicha era su obra.
+En vano se esforzaba por olvidar sus velos de luto por aquel velo de
+desposada vislumbrado hacía un momento en la portezuela del coche, en el
+que se agitaba una manita blanca. En vano forzaba a sus labios a rezar
+por aquellos dos seres queridos que en adelante no serían más que uno
+para ella...
+
+¡Trabajo inútil!
+
+Su pensamiento rebelde se esquivaba de aquel cruel cuadro, y por una de
+esas perversiones de la imaginación que en las crisis violentas se agita
+como un muelle roto, seguía viendo sin cesar la capilla de Santa Ana y
+los dos novios delante del altar erizado de puntas de hierro y de fuego,
+doloroso emblema del Destino, donde se consumía lentamente la «cera de
+los desposorios.»
+
+¡Aquellos serían más dichosos!
+
+Ninguna hiel, ninguna amargura se mezclaban con su enorme pena; cada
+cual había cumplido con su deber noble y estoicamente, y si el amor
+había perdido en ello, la estimación había ganado.
+
+Este era su orgullo y su consuelo; podía mirar sin temor el retrato del
+altivo soldado del que era hija. Su clara mirada le respondía:
+
+--Está bien.
+
+ * * * * *
+
+--Buenos días, señorita; solamente nosotros estamos en nuestro
+puesto--dijo el tío Marcial volcando su saco en la mesa y designando
+con franca risa la multitud de comadres y muchachos que, no habiendo
+podido encontrar sitio en la iglesia, esperaban la salida de la
+novia.--La señorita Beaudoin se habrá alegrado de su accidente de usted,
+pues la habría reemplazado de mala gana... La verdad es que nuestra
+señorita Blanca está tan linda que da gusto verla...
+
+--Si lo desea usted, no se prive de ir a verla, Marcial, mientras yo
+timbro el correo...
+
+--¿No quiere usted que la ayude?
+
+--Es inútil; acérqueme usted nada más la mesa... ¡Ajajá! Ya tengo todo
+lo que necesito. Cuando usted vuelva las cartas estarán clasificadas...
+De todos modos, las tres cuartas partes irán ciertamente al castillo.
+
+--Entonces me dejo convencer, señorita. He visto a esa recién casada tan
+alta como esto, y rezaré con gusto un pater por ella, si me acuerdo.
+
+--Rece usted dos, Marcial; uno por usted y otro por mí.
+
+--Convenido, señorita; haré el encargo militarmente.
+
+Y llevándose la mano al quepis, se marchó con ese paso cadencioso de los
+antiguos soldados y la espalda encorvada como si llevase todavía la
+mochila.
+
+Liette le vio atravesar la plazuela, pasar por los grupos y entrar en la
+iglesia.
+
+Entonces, dando un suspiro, apartó la vista de aquel edificio medio
+derruido en el cual se estaba representando el último acto del drama
+íntimo de su vida, y se puso valerosamente a la tarea.
+
+«Señores de Candore.»
+
+«Señora doña Blanca de Candore.»
+
+Estos nombres se presentaban sin cesar ante sus ojos quemados por la
+fiebre. Desde la víspera aquello era un diluvio de telegramas de
+felicitaciones, prospectos de proveedores, papeles con escudos
+nobiliarios, sellos franceses y extranjeros.
+
+Estaba Liette haciendo metódicamente su clasificación, cuando el timbre
+la llamó de nuevo al aparato Morse...
+
+Era un nuevo telegrama para el castillo.
+
+«Señorita doña Blanca de Candore.»
+
+¡Este estaba doblemente atrasado de noticias!
+
+Maquinalmente tradujo palabra por palabra las señales cabalísticas
+marcadas en el rollo de papel, y las transcribió en el libro:
+
+«Señorita... el hombre... con quien... va usted a... casarse... es mi...
+esposo... ante la ley... inglesa...»
+
+La pluma se detuvo en los dedos temblorosos de la empleada.
+
+¡Imposible! No podía ser esa la traducción...
+
+ * * * * *
+
+«Y el... padre de mi... hijo que... muy pronto... no tendrá tampoco...
+madre...
+
+JUANA DODSON...»
+
+Las sílabas implacables se desarrollaban ante sus ojos turbados con su
+movimiento automático y continuo.
+
+Pero no, se engañaba.
+
+Con un violento esfuerzo, trató de dominarse, de recobrar su sangre
+fría, y consultando el alfabeto, deletreó letra por letra:
+
+«Señorita, el hombre con quien va usted a casarse es mi esposo ante la
+ley inglesa y el padre de mi hijo, que muy pronto no tendrá tampoco
+madre. Juana Dodson...»
+
+¡Había leído bien!
+
+Esta vez la pluma se cayó al suelo.
+
+¿Era verdad? ¿Era posible?
+
+Pero no; se trataba de una calumnia infame, de una de esas calumnias
+ante las cuales no retroceden ciertos seres viles y maléficos que no se
+cuidan del honor de un hombre ni del reposo de una mujer.
+
+Sin embargo, ese nombre... «Juana Dodson»... era el de la institutriz a
+quien ella había reemplazado en el castillo, y quizá...
+
+¡No! No podía, no quería creerlo...
+
+Suponiendo que el telegrama fuese realmente de miss Dodson, ¿no podía
+ser una venganza de mujer despechada y celosa?... Raúl había podido ser
+amable, demasiado amable, coquetear con ella, turbar la imaginación de
+la pobre muchacha y hacerle acariciar una loca esperanza... De esto a
+admitir aquella monstruosa acusación...
+
+Con todo, los términos eran precisos y formales...
+
+Volvió a leer el texto del telegrama, fechado en Jersey... ¡Jersey!
+
+Liette creyó estar viéndole desembarcar del vapor en el puerto de
+Granville...
+
+¡Dejaba entonces una mujer y un hijo en la otra orilla!
+
+Y como una espesa niebla que se disipa de repente ante las brillantes
+flechas del astro del día, una luz cruda, brutal y deslumbradora cegó
+sus pobres ojos que ella tapaba en vano para no ver...
+
+Los detalles se precisaban con una claridad implacable. La
+correspondencia con el pretexto del tío Neris, los viajes repetidos a
+Inglaterra, a Jersey, y la equivocación del digno notario, cuya alusión,
+hoy transparente, no se dirigía a ella... todo lo descifraba con una
+lucidez desesperante y aquella trama de odiosas mentiras se desgarraba
+en lamentables jirones...
+
+¡Todo había acabado!
+
+Aquella indigna traición barría, como una irresistible tormenta, todas
+sus queridas reliquias del pasado y convertía la llama en cenizas...
+
+¡Todo había acabado!
+
+Y como el sacerdote permanece confundido ante el sacrificio de la
+iglesia devastada y del tabernáculo violado, Liette se quedó anonadada
+viendo a su ídolo, a su dios, arrancado brutalmente del altar que ella
+le había levantado en su corazón.
+
+ * * * * *
+
+Con la mejilla apoyada en la crispada mano la mirada dura, la frente
+fruncida y la boca contraída con una sonrisa amarga, la joven meditaba y
+sus hermosas facciones estaban fijas en una implacable expresión de
+desprecio y de odio.
+
+Como los más puros metales, las almas más nobles tienen sus escorias,
+que suben en hirviente espuma al fuego de la cólera.
+
+En aquel momento, la altiva e impecable criatura experimentaba una acre
+voluptuosidad al pensar en los estragos irreparables que iba a causar
+aquel papel azul en el que su mano trémula escribía sin vacilación ni
+remordimientos las líneas acusadoras, como un líquido corrosivo en el
+blanco traje de desposada.
+
+No sólo excusaba aquel delirio de venganza, extravío de un espíritu
+ulcerado, de una madre enloquecida hasta la desesperación, sino que lo
+aprobaba y lo comprendía, y se regocijaba por ser su ciego instrumento.
+
+Otra había hecho la tarea que repugnaba a su natural lealtad; no tenía
+más que lavarse las manos.
+
+Ciertamente, la delación era un arma vil, pero mucho menos que la
+conducta de aquel noble felón, que engañaba a tres mujeres a la vez y
+robaba a la una su honor, a la otra su estima y a la otra su fortuna.
+
+¿Por qué aquel telegrama revelador no había llegado el día antes? ¿Por
+qué venía cuando el «sí» fatal había sido pronunciado? ¿Por qué era ya
+tarde para desatar esos lazos malditos? ¿Para qué romper el corazón de
+una niña ignorante y crédula?
+
+¿Y qué?
+
+Era la vida brutal, la ley del destino sorda e inexorable, y la venganza
+no está obligada a más equidad que esa justicia ciega cuya espada de
+dos filos hiere casi siempre al inocente con el culpable.
+
+¿Qué le iba a hacer ella?
+
+¿Salvar al uno para salvar a la otra?
+
+¡Engaño!
+
+¡Piedad ridícula de los débiles que causa la audacia implacable de los
+fuertes!
+
+Liette se acorazaba contra todo enternecimiento y se encerraba en una
+impasibilidad feroz.
+
+Blanca sufriría sin duda.
+
+¿No sufría también ella en su amor, en su orgullo, en todas las fibras
+de su ser, con un sufrimiento comparable al que hubiera experimentado
+viendo al altivo soldado que era su padre condenado a la degradación
+militar?
+
+¿Y aquella desgraciada abandonada, sola al lado de la cuna de su hijo y
+que había debido pasar por mil torturas antes de trazar aquel testamento
+de odio? Aquella sufría hasta la desesperación, hasta la locura, hasta
+el suicidio acaso, como mujer y como madre.
+
+¡Dios mío! El que causaba tales dolores, tales faltas, tales crímenes,
+¿no era más indigno de perdón que el peor criminal?
+
+Por otra parte, ¿qué le importaba a ella todo esto?
+
+Nada tenía que ver con tal asunto.
+
+Si había caso de conciencia, era para la que había trazado aquellas
+líneas, no para ella.
+
+Ella no era más que un instrumento pasivo, un autómata sin corazón, sin
+nervios y sin entrañas, que dejaba pasar el telegrama venenoso, producto
+de nuestra civilización, como en la edad media la justicia del Rey.
+
+Ese era su derecho, más aún, su deber.
+
+Todo la obligaba a ello, su juramento, el honor, la disciplina.
+
+Si la venganza salía ganando, mejor...
+
+ * * * * *
+
+Sordos murmullos y gritos confusos:
+
+--¡Ahí están! ¡Ahí están!
+
+Las comadres se empujan; los muchachos se derriban; los unos se
+encaraman en los bancos; los otros trepan a los árboles; los carruajes
+se adelantan al paso, majestuosamente; ábrese de par en par la puerta
+principal y los recién casados aparecen en el umbral, ella
+resplandeciente de dicha en la blanca nube que la aureola, y él un poco
+molesto por aquellas miradas curiosas. Empújala suavemente hacia la
+carretela acolchada de seda blanca y florida con bolas de nieve en
+armonía con la decoración de invierno, verdadera antecámara de
+enamorados. Pero ella le pide algo con deliciosa timidez; él hace un
+gesto de contrariedad y parece protestar, pero ella insiste amablemente;
+él se resigna, no sin mal humor, da al cochero una breve orden y se mete
+a su vez en el coche, que describe una parábola y va a pararse delante
+del Correo.
+
+Y antes de que Liette pudiera darse cuenta de lo que pasaba, la recién
+casada estaba en sus brazos, en su corazón.
+
+--Querida, querida amiga... ¡Cuánto la he echado a usted de menos! En el
+más hermoso día de mi vida... Porque, no hay que decírselo pero le
+adoro...
+
+Liette besa lentamente los hermosos ojos, tan confiados, tan dulces, tan
+poco hechos para las lágrimas; envuelve en una caricia maternal a la
+joven acurrucada en su seno como un tímido pajarillo y su mirada, severa
+por primera vez, se fija en el conde, mudo y cortado ante aquel gracioso
+espectáculo.
+
+--¡Amela usted mucho al menos!--dice con un acento cuya amargura él solo
+comprende.
+
+Raúl se inclina, halagado en su íntima fatuidad masculina por lo que él
+toma por un sentimiento de despecho involuntario que se descubre a
+través de la indiferencia afectada que mortificaba a su amor propio.
+
+--No lo dude usted, señorita--declara en tono malicioso.
+
+ * * * * *
+
+Se han marchado, y se dirigen ahora hacia el castillo.
+
+ * * * * *
+
+El tío Marcial muestra a su vez su bigote gris y dice alegremente:
+
+--La consigna está cumplida, señorita, y he llenado la medida; tres
+pater en vez de dos, porque, ha de saber usted que había sus lagunas...
+De este modo Dios estará satisfecho y no regateará su ración de
+felicidad a tan linda criatura.
+
+Mientras charla contra su costumbre, ha abierto la caja y está poniendo
+en orden las cartas preparadas.
+
+--¡Calla! Hay todavía un telegrama. Voy a llamar al muchacho.
+
+Liette extiende vivamente la mano y dice:
+
+--Es inútil; este telegrama es para mí.
+
+ * * * * *
+
+Liette está sola.
+
+ * * * * *
+
+Ha faltado al deber profesional, al juramento, al honor y a la
+disciplina...
+
+¡Es culpable, muy culpable!
+
+Y, sin embargo, su frente no se baja ante la mirada del soldado sin
+miedo y sin tacha, del que nunca como entonces se ha sentido hija.
+
+Cuando Hardoin volvió por la noche al despacho, se quedó muy sorprendido
+al encontrar en él a su joven vecina que le estaba esperando.
+
+--¿Es usted, amiga mía?--exclamó haciéndola pasar con una deferencia
+llena de simpatía.--¿Se encuentra usted mejor?
+
+--Me encuentro muy bien, querido señor Hardoin--respondió Liette en tono
+firme.--Estoy ya curada, y vengo a consultar a usted para un
+documento...
+
+--¿Es algún contrato de matrimonio?--insinuó el notario tímidamente.
+
+--No, señor Hardoin, es un proyecto de adopción.
+
+ * * * * *
+
+Un año después estaba la joven empleada delante del aparato Morse, que
+tan rudamente le había martirizado el corazón, y transcribía sin
+palidecer un telegrama de Roma, donde era entonces Raúl secretario de la
+embajada, dirigido al señor Neris, retenido en Candore por un ataque de
+gota.
+
+«Mi querido tío: eres abuelo de una hermosa niña.»
+
+Liette echó una mirada de amor a un niño blanco y sonrosado que se
+revolcaba en la alfombra, y dijo con acento profundo:
+
+--Yo también tengo un hijo.
+
+ * * * * *
+
+Carlos abrió la ventana y paseó su mirada un poco turbada por los
+lugares en que se había desarrollado su infancia.
+
+A sus pies estaba la plazuela rectangular en que se habían ensayado sus
+pasos vacilantes y donde había conocido las grandes desesperaciones de
+los pequeñuelos como la de un globo retenido por una alta rama, un barco
+de papel naufragado en las profundidades de la transparente fuente
+pública, en la que él sumergía en vano su bracito demasiado corto; y los
+grandes triunfos de la misma época, como la captura de un insecto de
+alas doradas, de un nido cazado en lo alto de un tilo con gran
+detrimento de los calzones, o de un lagarto imprudente que había ido a
+calentarse al sol junto al brocal del pozo y que él llevaba a casa con
+expresión conquistadora.
+
+¡Primeras penas! ¡Primeras embriagueces!
+
+Todo eso cabe en esta estrecha plazuela, grande como un Sahara para los
+ojos infantiles apenas abiertos hacia el mundo.
+
+En el fondo, la iglesia, a la que iba gravemente todos los domingos, tan
+pequeño, que desaparecía por completo detrás del alto respaldo del banco
+rústico... Unos años hacen sobresalir los rizos rubios... después el
+cuello a la marinera... luego el uniforme de colegial... Unos años más,
+se ve el plumero tricolor del alumno de Saint-Cyr; y por último los
+brillantes colores del traje oriental del oficial de África...
+
+A la derecha, la muestra hereditaria del notario Hardoin, tercero de ese
+nombre...
+
+¡Lo que él había jugado en el polvoriento despacho con los dependientes
+encaramados en sus altos asientos! Y qué risa la suya cuando el
+principal abría de repente la puerta de la oficina para regañar a los
+culpables y se detenía desarmado ante su ahijado instalado
+majestuosamente en su propio sillón...
+
+Y las locas carreras por la huerta, cuyas más hermosas frutas le
+pertenecían, y por el bosque umbrío, selva virgen para su joven
+imaginación que aumentaba todas las cosas y daba al minúsculo estanque
+las proporciones del lago Ontario.
+
+Y las excursiones en el carricoche con el viejo notario y su pacífico
+caballo, cuyas riendas se le permitía tener algunas veces. ¡Qué gloria
+la de atravesar así las aldeas de los alrededores y entrar solemnemente
+en alguna gran granja, donde le agasajaban como a su padrino!
+
+A la izquierda la bandera de la Gendarmería, esa bandera hacia la que
+volaban sus primeros sueños y sus primeras aspiraciones y que él unía en
+sus recuerdos juveniles al retrato del soldado que iluminaba la humilde
+oficina con un reflejo de heroísmo.
+
+¡Oh! vivir como el uno... Morir por la otra...
+
+Cada piedra de la calle, cada poste, cada puerta, cada ventana
+conservaban un poco de su vida, como los campos verdes y dorados y los
+frondosos bosques detrás de los cuales el castillo señoril levantaba al
+sol sus torres cubiertas de pizarra.
+
+En aquella decoración familiar, vacía aún a aquella hora matutina,
+surgían una a una las sombras conocidas que poblaban aquel pasado tan
+próximo.
+
+Primero, su padrino, el señor Hardoin, con sus anteojos de oro, sus
+patillas canosas y su grueso bastón de puño de marfil.
+
+Después el cura, panzudo y asmático, que le daba golpecitos en los
+carrillos al salir del catecismo y le felicitaba por sus progresos.
+
+Luego la señorita Beaudoin, que las echaba de fina y le reprendía por
+las más pequeñas cosas; y para acostumbrarle a las buenas maneras sacaba
+de su ridículo algún bombón acidulado como ella y se lo presentaba con
+las puntas de los dedos como si mandara ponerse de manos a un perrillo
+faldero.
+
+Y el tío Marcial, con su perilla blanca y su manga vacía, que inspiraba
+tanta curiosidad al pequeño, que un día se atrevió a preguntarle dónde
+estaba su brazo, y se ganó esta bella respuesta:
+
+--¿Mi brazo? ¡Aquí le tienes!
+
+Y el veterano mostraba su cruz de honor con tal orgullo, que realmente
+no parecía digno de compasión.
+
+Y los carreteros de cutis curtido, que restañaban alegremente el látigo
+al pasar por la ventana baja en la que la silla alta del niño Carlos
+reemplazaba al gran sillón de la de Raynal.
+
+Y los aldeanos que volvían de los campos, agobiados bajo el peso del haz
+de hierbas, de leña o de espigas, levantaban la espalda encorvada para
+sonreírle.
+
+Porque todos habían sido buenos con aquel extranjero caído sin saber
+cómo en ese rincón de la Picardía, y el joven tenía que hacer un
+esfuerzo de memoria para encontrar una cara altanera y fría vislumbrada
+a veces en la iglesia y detrás de los cristales del coche, la anciana
+condesa de Candore.
+
+Sí, conservaba de todos un recuerdo tierno y agradecido y para todos
+aquellos amigos de su infancia era la sonrisa de la cara varonil que se
+asomaba a la misma ventana en que, veinte años antes, una graciosa
+fisonomía femenina sonreía al Porvenir, como él al Pasado.
+
+Para todos la sonrisa, pero para una sola una lágrima, perla rara de los
+corazones viriles, empañaba el brillo de sus ojos de acero, mientras el
+joven murmuraba con religioso fervor:
+
+--¡Mi tía Liette!
+
+ * * * * *
+
+Carlos Raynal, huérfano desde la cuna, no recordaba más parientes que
+aquella tía Liette que le había recogido antes de que su boquita
+sonrosada hubiese balbucido el nombre de «mamá» cuya dulzura no debía
+jamás saborear.
+
+No sabía de su familia sino que su madre era inglesa y su padre primo
+lejano del comandante; y la tía Liette los reemplazaba tan bien a los
+dos, que no hubiera dependido más que de ella el borrarlos
+completamente.
+
+Pero su exquisita delicadeza le prohibía ese inconsciente egoísmo, y si
+no le hablaba de su padre, al que, según ella, no había conocido, en
+cambio entretenía piadosamente la memoria de su madre en el corazón del
+huérfano.
+
+Cuando el niño había sido bueno, Liette le sentaba en su falda delante
+del pesado escritorio Imperio, y sacaba de un cajón una fotografía medio
+borrada que, con una trenza rubia de reflejos de sol, componía el
+relicario materno.
+
+Carlos besaba el rizo de oro igual a los suyos, y contemplaba gravemente
+las facciones finas y delicadas de la que él llamaba su «mamaíta» con un
+dejo de protección varonil que se desarrollaba con la edad, como si
+adivinase en ella un ser débil y tímido a quien consolar y defender.
+
+Su madre no había debido de ser feliz; se adivinaba en su mirada turbia,
+en su lánguida sonrisa, y el joven sufría por no haber sido ya grande
+para sostener sus pasos, apartar las piedras de su camino y secar sus
+lágrimas a fuerza de caricias.
+
+Tenía por ella la respetuosa compasión y la tierna solicitud tributo de
+los hijos amantes que pagan las deudas de sus padres, desquite de las
+madres contra las esposas abandonadas, que hace brotar una rosa tardía
+en su corona de espinas.
+
+La madre adoptiva alimentaba ella misma ese culto filial. ¿Cómo podía
+estar celosa? ¿Podía envidiar, teniendo ella la mejor parte, los
+pensamientos que se deslizaban de su altar florido hasta la tumba
+solitaria, pobre contribución de un alma en la que ella reinaba sin
+rival?
+
+¡La tía Liette!
+
+Esto lo decía y lo contenía todo, abnegación infinita de un lado,
+agradecimiento infinito del otro.
+
+¡La tía Liette!
+
+Al decir estas tres palabras, profundas como una oración, Carlos veía
+surgir en el alba melancólica del regreso la querida imagen luminosa y
+serena que iluminaba todo su pasado y todo su porvenir.
+
+Era una cara joven, tranquila y sonriente bajo sus gruesos rizos negros,
+que acechaba su primer despertar, sus primeras palabras y sus primeros
+juegos.
+
+Era la atenta educadora que le hacía balbucir sus primeros pater,
+deletrear las primeras sílabas, trazar los primeros palotes. La que
+dirigió el desarrollo de esa inteligencia en capullo, planta frágil y
+preciosa entre todas, cuyas ramas inclina ella, como tutora vigilante,
+hacia la Belleza, hacia el Bien, hacia la Verdad.
+
+¡Oh! qué hermosos paseos por el campo de adornos cambiantes, pero tan
+bello bajo su manto de nieve como con su traje de esmeralda, donde ella
+le revela el Creador en la creación, la eterna potencia en la eterna
+bondad, la majestad divina en la inmensidad de los cielos como en el más
+pequeño agujerillo, en el roble gigante como en la hierbecilla, en el
+buey de paso pesado que hiende lentamente el surco como en la mariposa
+de ligero vuelo que se pierde en el espacio...
+
+Después de Dios en su obra, viene el hombre en la suya; después de las
+maravillas de la Naturaleza, vienen las del Ingenio.
+
+Por la noche, a la luz de la lámpara, bajaba un amigo de las tablas de
+la biblioteca y tomaba parte en su conversación.
+
+Era el viejo Corneille, padre de los heroicos, o el dulce Racine, poeta
+de las ternuras, o Hugo con su «Leyenda de los Siglos» o Lamartine con
+sus «Armonías», cantores alados que transportaban el alma del niño a las
+puras regiones del Ideal.
+
+Con los graves historiadores, Michelet, Guizot, Thiers, se remontaba
+hacia el pasado, se interrogaba a los antiguos, se sentía latir el
+corazón de Francia y se comprendía que, según la bella expresión de
+Renan, «la patria» es el recuerdo de las grandes cosas que unos cuantos
+hombres han hecho juntos.
+
+Con frecuencia, el señor Hardoin traía el tributo de su rara erudición y
+de su juicio seguro a esas graves conversaciones y maduraba aquel joven
+cerebro al contacto generador del de los antiguos maestros.
+
+Latinista distinguido, fanático de Horacio y de Virgilio, el notario se
+encargó de las «Humanidades», con gran contento de la tía Liette, que
+pudo así conservar más tiempo a su pupilo.
+
+Las primeras lecciones del hogar familiar envuelven el alma del niño de
+un dulce calor, la penetran y la fecundan.
+
+Pero más que las lecciones, produce sus frutos el ejemplo e imprime en
+aquella blanca cera una huella indeleble.
+
+Aquella vida digna, sencilla y leal, sin miedo y sin tacha, como la
+espada paterna colgada en la pared y que era su rígido símbolo, debía
+envolver al huérfano en su irradiación e infundir en su sangre los
+gérmenes de viriles virtudes, más poderosos que el atavismo...
+
+A ese parecido moral se añadió poco a poco una especie de parecido
+físico, nacido de la comunión constante, que se nota a veces en los
+esposos viejos, parecido, no de facciones, sino de expresión, de mirada,
+de acento, de mil detalles que son, en suma, la fisonomía del alma.
+
+Bajo el cabello rubio del joven, reinaba la misma frente voluntariosa
+que bajo las cocas todavía negras de la solterona; sus ojos de acero
+tenían la misma tranquila energía que se reflejaba en los del comandante
+y en los de su hija; sus gestos, su sonrisa, su voz, toda su persona, en
+fin, era, como su carácter, la emanación de aquella vida varonil y
+tierna que había hecho de él un hombre en la hermosa y alta acepción de
+la palabra.
+
+El joven, pues, la adoraba y encontraba para ella atenciones exquisitas,
+frases cariñosas y refinamientos delicados de los que indican la
+sensibilidad de los fuertes, flor rara, oculta en él como en ella y cuyo
+discreto y penetrante perfume respiraban ellos solos.
+
+La adoraba, y refería a ella todos sus actos, sus pensamientos, sus
+esfuerzos, sus ambiciones, sus sueños, sus éxitos escolares, su gloria
+militar, sus primeros premios y sus primeros galones. Al día siguiente
+de haber sido citado en la orden del día, escribió a Liette:
+
+«Estaba tan orgulloso que oía latir «tu» corazón.»
+
+¡Qué alegría, el día anterior, llegando de improviso a la estrecha
+oficina, levantar en sus robustos brazos a la tía querida que frisaba ya
+en los cincuenta años y cuyas sienes estaban adornadas por algunos hilos
+de plata, y oprimirla contra su pecho, en el que brillaba la cruz de los
+bravos!...
+
+--¿Eh? tía Liette, las dos forman un par--exclamó gozoso señalando a la
+del comandante.
+
+¡Qué triunfo dar con ella la vuelta a la plazuela, cordialmente
+saludados por todo el mundo; pasear su sencillo traje negro con tanto
+orgullo como sus galones de oro; sentir su brazo estremecerse sobre el
+suyo y envolverla en esa tierna mirada de los hijos que hace fundirse el
+corazón de las madres!...
+
+¡Querida tía Liette!
+
+Ninguna imagen la borraría jamás.
+
+ * * * * *
+
+De repente desembocó en la plaza debajo de la ventana, una elegante
+amazona seguida de un jinete de bello aspecto, a pesar de las arrugas
+que indicaban en él las mordeduras de la edad y de la vida.
+
+La amazona vio al joven en el balcón, descubrió los blancos dientes en
+una sonrisa y respondió amablemente con una señal del látigo al profundo
+saludo, devuelto por su compañero con una tiesura enteramente británica.
+
+--¿Quién es esa joven, amigo mío?--preguntó la tía Liette, a quien
+Carlos no había oído entrar.
+
+--Miss Darling, de la que creo que te he hablado en una carta y a quien
+no esperaba encontrar aquí...
+
+--¡Ah!
+
+--¿Conoces al personaje que la acompaña?--preguntó Carlos a su vez, para
+ocultar su embarazo.
+
+Y Liette respondió sencillamente:
+
+--Es el conde Raúl de Candore.
+
+ * * * * *
+
+La familia de Candore no se componía ya más que de Raúl y de su tío...
+
+Después de dos años de matrimonio que no le habían dado toda la dicha
+soñada, Dios había tenido piedad de la joven condesa y la había llamado
+a él antes de que perdiera sus últimas ilusiones, en las que pudo
+todavía envolverse para morir, como en aquel traje blanco apenas
+amarillento con que la enterraron cubierta de flores.
+
+Débil y delicada como ella, la nieta, a quien la enlutada nodriza
+paseaba por el Corso bajo la vigilancia de la abuela, había vegetado
+algún tiempo y pasado a fuerza de cuidados y de precauciones las
+peligrosas etapas de la primera infancia para naufragar en el alba de la
+primera juventud, y con su virginal atavío de la primera comunión, la
+llevaron al lado de su madre, a la sombra de aquella vieja iglesia de
+Candore, adonde nunca había ido en vida.
+
+La anciana condesa, apegada a aquella niña con la pasión de las abuelas
+que no siempre han sido madres tiernas, apenas la sobrevivió; y el señor
+Neris, padre y abuelo igualmente desgraciado, sacudió el polvo de los
+zapatos en el umbral de la Ciudad Eterna, volvió la espalda a ese sol
+mentiroso, prometedor de vida que no había podido caldear sus miembros
+helados, y volvió a meterse en su agujero como un animal herido para
+terminar su existencia donde Blanca había empezado la suya y delante de
+la tumba donde reposaría un día a su lado.
+
+Durante este tiempo, Raúl se consolaba de sus duelos con sus éxitos
+diplomáticos y de otra clase en la sociedad romana. Arrastrado por el
+torbellino mundano, no iba casi nunca a Candore, con el pretexto de que
+los recuerdos del pasado eran demasiado dolorosos para él; y el anciano,
+aunque sabiendo a qué atenerse sobre el grado de sensibilidad de aquel a
+quien un instante había llamado su hijo, fingía tener esta razón por
+buena y válida. Acaso en el fondo prefería estar solo para llorar a sus
+queridas desaparecidas.
+
+Así no se mezclaban lágrimas hipócritas a sus lágrimas sinceras y el
+conde podía gozar a sus anchas de su libertad y hacer la gran vida sin
+que su suegro encontrase nada que decir ni pensase en cercenarle el
+crédito anchamente abierto en casa del notario Hardoin.
+
+El señor Neris vivía solo en el vasto castillo desierto arrastrando su
+pena por los lugares en que su hija había vivido y crecido ante su
+mirada paternal y donde a cada paso encontraba sus huellas, en la arena
+de los paseos por donde se paseaban juntos, corriendo ella delante de él
+con su aro o apoyada zalameramente en su brazo; en la verde alfombra de
+las praderas en que la niña retozaba cuando no era más que una
+pequeñuela, y donde, ya grandecita, cogía para él grandes ramos
+campestres que le llevaba llena de alegría; en la sala de estudio y en
+la mesa de trabajo cargada de libros y papeles, donde la traviesa niña
+se burlaba de los defectos de la institutriz, joven o vieja, guiñando el
+ojo al indulgente tío, cómplice de sus malicias.
+
+Y con mano temblorosa hojeaba los manuales usados, desde el modesto
+abecedario hasta los imponentes tratados de geometría y álgebra; los
+cuadernos de escritura, de cálculo y de análisis con que se ejercitaban
+poco a poco sus dedos, su ingenio y su corazón, y en los que se
+encontraban dibujos fantásticos y observaciones imprevistas, de esas que
+indican el buen o mal humor de los escolares, como en los presos las
+paredes de la cárcel, o pensamientos cándidos de este género:
+
+--¡Si mi tío pudiera ser mi institutriz!--grito del corazón acompañado
+de un pintarrajo que representaba al buen tío con los anteojos de miss
+Dodson...
+
+Después venía esta nota un poco más seria:
+
+--«Desde hoy ya no tengo institutriz, sino una amiga,» fechada en el día
+de la entrada de Liette en el castillo.
+
+ * * * * *
+
+El señor Neris había conservado una tierna gratitud hacia la que su hija
+había amado tan tiernamente.
+
+Cuando iba al cementerio o a la iglesia se detenía siempre en el Correo
+para informarse respetuosamente de la salud de la empleada y presentarle
+sus cumplimientos con esa exquisita cortesía de ciertos ancianos que
+pone tanta gracia en sus cabellos blancos.
+
+Mostraba hacia ella una admiración caballeresca y un interés paternal
+que se traducían en atenciones delicadas para los que ella quería, como
+ramos de flores para adornar la modesta tumba de la de Raynal iguales a
+los del suntuoso mausoleo de la condesa de Candore, y cestas de frutas
+para Carlos, que comía a boca llena los aterciopelados melocotones de
+las estufas del castillo.
+
+¡Discretos homenajes que invocaban inconscientemente el pasado!
+
+Pero para Liette no tenía ya rencor y habíase hecho en su alma la paz.
+Las arrugas que por un momento habían alterado su límpida superficie al
+soplo de la cólera y de la indignación, se habían borrado sin dejar
+trazas a la primera sonrisa del niño.
+
+Liette era madre, nada más que madre, y era bastante.
+
+--¡Ay!--suspiraba el pobre notario, que había alimentado mucho tiempo
+otra esperanza, mi ahijado no sospecha el perjuicio que me ha hecho.
+
+Pero, lejos de guardarle rencor, el excelente hombre le daba el cariño
+que su madre adoptiva no quería.
+
+A todo esto, pasaba el tiempo, Raúl se iba envejeciendo, los éxitos se
+hacían raros y no era ya el eterno galán joven que mandaba en jefe en el
+carnaval mundano.
+
+Ciertos síntomas insignificantes anunciábanle ya su próxima decadencia.
+
+Las muchachas no interrumpían ya su charla al entrar él para dirigirle
+miradas de admiración; en cambio las madres le consultaban a menudo
+sobre sus jóvenes subordinados en busca de novia rica; le trataban como
+hombre serio, y el mismo embajador le llamaba a la mesa de juego
+diciéndole: «Venga usted, mi querido Candore; esto es propio de nuestra
+edad», aunque Su Excelencia no había pasado de los cuarenta...
+
+Pero era uno de esos hombres que son ya maduros a los veinte años, y
+Raúl, que se creía más joven, no tomó la frase por un cumplimiento.
+
+En fin, una noche, creyó oír a la marquesa de Luchessi pronunciar detrás
+del abanico el epíteto de «Viejo verde».
+
+Evidentemente aquello no podía referirse a él (lo repetía muy alto para
+convencerse de ello), pero no había dejado de causarle una impresión
+tan desagradable como una ducha helada.
+
+¿Iba él a representar el papel del tío Neris o tendría que resignarse a
+desistir de todo?...
+
+Penosa alternativa para aquel incorregible vividor, mariposa de noche
+que prefería al aire puro de los bosques la atmósfera asfixiante de los
+salones, que volaba de flor en flor y se complacía en las intrigas
+femeninas como una vieja coqueta, pero sin renunciar a jugar su partida
+ni resignarse a pasar a la reserva.
+
+Según la linda frase de María Leckzinsca, «Un cochero viejo gusta
+siempre de oír restañar el látigo.»
+
+Pero a Raúl le gustaba más tenerlo por el mango...
+
+ * * * * *
+
+Durante aquel período de desanimación y cansancio fue cuando conoció a
+miss Darling en la embajada de Inglaterra.
+
+Era sobrina de un riquísimo americano, Ricardo Darling, que había
+empezado por correr con los pies descalzos por las calles nacientes de
+Chicago vendiendo a los albañiles unos pasteles cuyo aroma era su
+principal alimento; y diga lo que quiera don César de Bazán, «El olor
+del festín...» es poca comida para un estómago de diez años.
+
+¿Cómo el pastelero se había elevado a una fortuna comparable con la de
+Menzikoff? Fue aquel un milagro de energía, de actividad y de audacia de
+los que son moneda corriente en el Nuevo Mundo.
+
+Hoy, el tío Dick poseía una parte de la ciudad monstruo que había
+crecido con él y no por eso estaba orgulloso. Su único placer era no
+rehusar nada a su sobrina ni a su estómago.
+
+--Tú puedes comprarlo todo, y yo también--declaraba con cándida
+fatuidad.
+
+Desgraciadamente, hay cosas que no se compran, y ocurría con frecuencia
+que ante las maravillas gastronómicas que se amontonaban en su mesa, el
+tío Dick echaba de menos el tiempo en que no tenía más que el olor de
+sus pasteles... y un excelente apetito.
+
+Educada con esa libertad de las americanas del Norte, que, en ella,
+lejos de degenerar en desvergüenza, era una tranquila conciencia de su
+fuerza, Eva se destacaba absolutamente en aquella sociedad cosmopolita
+en la que las antiguas familias romanas, lánguidas y agotadas, tratan de
+regenerarse al contacto de los jóvenes bárbaros, como Tiberio en Caprea,
+con esos baños de sangre impotentes para renovar la de sus venas.
+
+Ridículos esfuerzos de un mundo que no quiere morir, y grotescas
+ilusiones de un mundo que, nacido de ayer y vacilando aún en los
+pañales, pretende iluminar el universo en las orillas del Tiber como en
+la rada de Nueva York.
+
+En estas condiciones las personas se mezclan pero no se confunden; cada
+cual conserva sus cualidades y sus defectos, sus defectos sobre todo,
+como esos esposos desconfiados que reclaman los beneficios de la
+comunidad sin querer soportar sus cargas.
+
+Como esos barrios nuevos edificados apresuradamente para la
+especulación, y ya derruidos sin la patina del tiempo, la joven colonia
+americana se agrieta y se hunde como la vieja aristocracia romana, la
+cual, al menos, se armoniza con las ruinas imponentes del Coliseo y del
+Capitolio en que descansa, todavía majestuosa, como un César expirante.
+
+Miss Darling se destacaba en aquella sociedad ficticia por una nota muy
+personal: la sinceridad.
+
+Tal como era, así se mostraba, sin ningún cuidado de la opinión ni del
+efecto que pudiera producir.
+
+Cuando le gustaba una cosa, lo decía; y tampoco disimulaba lo que le
+inspiraba desprecio. Tenía lo que más falta en esta sociedad indecisa y
+flotante a pesar de su aplomo afectado: la solidez.
+
+Solidez en su ingenio, en su corazón y en su juicio, así como en su
+personilla de buena apostura, que marchaba recta a través de la multitud
+con ese aplomo tan sencillo y tan natural más dominante que la audacia.
+
+Su desprecio por los homenajes se los atraía más que a nadie y una
+palabra de aprobación o un gesto benévolo tenían más precio viniendo de
+ella que los más altos favores de las mujeres de moda.
+
+El día en que, en el curso de una conversación, declaró al señor de
+Candore que no le gustaban los jóvenes, el diplomático sintió casi
+fatuidad por sus cincuenta años.
+
+--¿Puedo preguntar a usted la razón de ese ostracismo, que, por
+desgracia, no se refiere a mí?--preguntó sonriendo.
+
+--Es muy sencillo; para mí, el hombre no vale más que por sus actos.
+Ahora bien, por la fuerza de las cosas y salvo excepciones, los jóvenes
+no tienen detrás de sí más que la nada y se apoyan solamente en los
+méritos paternos, que les han hecho lo poco que son. Su mérito personal,
+a pesar de su soberbia confianza en este punto, no está todavía más que
+en el estado de esperanzas, y yo espero que se digne revelarse.
+
+--¡Ah! miss Darling, la juventud es también un mérito que se aprecia
+mucho, sobre todo cuando está lejos.
+
+--En una mujer, sí, como la belleza; pero en un hombre es cosa
+superflua. Siempre preferiré a unos cuantos belitres como sus agregados
+de embajada, príncipes del turf o reyes del cotillón, uno de esos reyes
+del petróleo de los que se ríen en Francia, pero cuya iniciativa, cuya
+actividad y cuya inteligencia alimentan millares de existencias, o un
+general viejo, como el príncipe de San Remo, que ha arriesgado veinte
+veces la suya.
+
+--Pero es muy feo, señorita.
+
+--Yo le encuentro guapo--declaró la joven con entusiasmo.
+
+--¿Habrá que decírselo?
+
+La joven se echó a reír y dijo con más seriedad:
+
+--La verdad es que la edad no importa en la cuestión. Hay octogenarios
+sin bagajes, y Mozart y Bonaparte eran ya viejos de gloria a los treinta
+años.
+
+--¡Ay! señorita, ¿hay que ser Mozart o Bonaparte para encontrar gracia
+con usted?
+
+--No soy tan ambiciosa; no me gustan las nulidades, y nada más.
+
+Nadie se considera como una nulidad. Candore, en particular, tenía una
+buena opinión de sí mismo y no retuvo de esta conversación más que la
+parte halagüeña:
+
+La joven americana no temía la madurez.
+
+Raúl, desde entonces, puso una especie de coquetería en confesar su edad
+y no discutió ya con el espejo la aparición de una arruga o de una cana.
+
+Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del
+caballo, Raúl se dirigía lentamente a Candore pensando en la fina
+silueta del joven capitán que había visto en la ventana y que había
+causado tan linda sonrisa en los labios de miss Darling...
+
+¿Quién podía ser aquel muchacho?
+
+--Un oficial de gran mérito y del más brillante porvenir--había
+respondido Eva con un entusiasmo nada disimulado y que ensombreció un
+poco la frente del diplomático.
+
+Sin que pareciese que se daba cuenta de ello, la joven se había
+extendido largamente al hablar de las circunstancias novelescas de su
+encuentro en África, donde él había desplegado una admirable sangre fría
+y un raro valor para sacarla, a ella y a su tío, de las garras de una
+tribu de tuaregs en que se habían aventurado imprudentemente.
+
+Por muy maravillosa que fuese la historia y graciosa la narradora, no
+encantó más que medianamente los oídos del oyente.
+
+--¿Cómo se llamaba aquel héroe?
+
+--El capitán Raynal.
+
+--Raynal... Raynal...
+
+El conde buscaba en vano en el fondo de su memoria.
+
+Nunca Liette, bastante discreta, es cierto, ni su madre, bastante
+prolija sin embargo, le habían hablado de un pariente de ese nombre;
+creía su familia extinguida.
+
+Guardando para él sus reflexiones, el conde escuchaba con creciente
+irritación aquel molesto elogio del que la joven miss no le dispensaba.
+Así fue que vio con una especie de alivio la verja del castillo de
+Argicourt, donde Eva estaba de temporada en casa de unos amigos comunes.
+
+¡El, que se regocijaba por tal vecindad, sin haber previsto el tal
+militarcito!...
+
+¿De dónde diablos había salido?
+
+Raynal... El capitán Raynal...
+
+Desde su matrimonio no había sabido nada de Liette...
+
+La correspondencia entre ella y su antigua discípula se había ido
+acabando poco a poco, pues la una temía preguntar y la otra responder.
+Pronto la pluma se había caído de los dedos helados de la condesita, y
+el silencio se había producido.
+
+En sus raras apariciones por Candore, el conde, movido por una especie
+de respeto involuntario, se había abstenido siempre de pronunciar el
+nombre de la empleada, a quien, por otra parte, había casi olvidado.
+Sabía solamente por algunas palabras en el aire recogidas al azar de las
+conversaciones, que se había negado siempre a dejar su puesto,
+prefiriendo ascender en él, y Raúl lo había atribuido a un recuerdo
+halagüeño para su persona.
+
+--Pobre muchacha; estaba loca por mí--pensaba con indulgente fatuidad.
+
+Y no se ocupaba más del asunto.
+
+Hoy, la aparición de aquel buen mozo en la misma ventana de otro
+tiempo... turbaba sus ideas como una interrogación.
+
+Su nombre, sus facciones, su edad, todo era materia de suposiciones y de
+hipótesis.
+
+Siendo capitán y estando condecorado, debía de tener veinticinco o
+treinta años, aunque apenas los representaba.
+
+A primera vista se parecía a Liette, evidentemente, no en el color de
+los ojos y del cabello ni en el corte de cara, sino en la expresión.
+
+¿Y se llamaba Raynal?
+
+¿Será que?...
+
+El negro demonio de los malos pensamientos rozábale con su ala, y una
+sonrisa burlona respondía a las cejas fruncidas.
+
+¿Será que?...
+
+Tendría gracia...
+
+¡Ella, que las echaba de virtuosa!
+
+¿Habré yo hecho el tonto?
+
+El conde arrojó el cigarro sin acabar con una cólera mezclada de
+despecho.
+
+El amor propio, más vivaz que el amor, hacíale sentir su aguijón.
+
+¿Se habría burlado de él?
+
+¿Se le habría impuesto por una falsa dignidad y un pudor afectado, hasta
+el punto de obligarle a ofrecerle su nombre, siendo acaso indigna de él,
+y conservando la careta hasta el fin para robarle su estima y su
+respeto?
+
+El conde iba montando en cólera y toda una antigua levadura de celos
+retrospectivos fermentaba de repente en el fondo de su ser estragado.
+
+Raúl trataba de reírse.
+
+¡Celoso yo!... ¡Y de una cincuentona!... Vamos allá, querido, tu reloj
+retrasa...
+
+No, pero no quería ser engañado, y si sus sospechas eran fundadas,
+entonces...
+
+Entonces, ¿qué?
+
+¿Qué le importaba a él?
+
+¿Iba a insultar a una mujer, él, un noble? ¿Y por qué?
+
+¿A causa de aquel guapo oficial a quien sonreían las muchachas?
+
+--Que no se ponga en mi camino--exclamó blandiendo el látigo con una
+violencia que hizo encabritarse a su caballo.
+
+--Hola, sobrino... ¿Con quién diablos disputas?
+
+El señor Neris, apoyado en su bastón, apareció en la linde del bosque.
+
+El conde sujetó muy diestramente a su caballo y dijo echando pie a
+tierra:
+
+--¿Quieres que volvamos juntos, tío?
+
+--Con mucho gusto, amigo mío.
+
+Púsose al brazo las riendas del caballo, penetró con su tío bajo las
+altas arboledas que rodeaban el castillo y siguió el mismo camino en que
+la pobre miss Dodson vertió tantas lágrimas veinticinco años antes.
+
+--Veo que eres todavía un brillante jinete.
+
+--Gracias a tus lecciones, tío. Tú fuiste quien me puso la primera vez a
+caballo.
+
+--¡Ay! parece que te estoy viendo todavía con mi pobre Blanca. ¡Qué
+lejos está eso, Dios mío! Y después, cuántas penas...
+
+Su blanca cabeza se inclinó sobre el pecho. Raúl se callaba, respetando
+aquel gran dolor.
+
+--Esta mañana saliste muy temprano--dijo al fin el anciano haciendo un
+esfuerzo.
+
+--Sí, he estado en Argicourt. Había prometido a miss Darling salir con
+ella a caballo, pues su tío está lejos de valer lo que el mío en punto a
+equitación. Hemos dado un buen paseo.
+
+--Siempre es bueno un paseo dado con una mujer guapa...
+
+--¿Te gusta miss Darling?
+
+--Mucho. Es sencilla y natural; toda su persona denota una rectitud, una
+lealtad y un aplomo que no he encontrado en las demás.
+
+--Me hacen feliz esos elogios, pues si yo me decidiera a llenar el vacío
+de mi hogar, querría mucho tener tu aprobación.
+
+El octogenario se paró de repente.
+
+--¿Piensas acaso?...
+
+Su voz temblaba.
+
+--¡Dios mío! ¿Por qué disimularlo? Ya sabe usted si he amado tiernamente
+a la querida criatura que el cielo me arrebató muy pronto...
+
+--Pasemos adelante.
+
+--La he llorado durante veinte años y he llevado lealmente su luto.
+
+--Pasemos, pasemos.
+
+--Pero al fin llega una hora en que no debe uno ya mirar detrás de sí y
+en que los minutos están contados para llenar nuestros deberes respecto
+del porvenir como respecto del pasado. Un noble no puede dejar
+extinguirse el nombre que ha recibido de sus antepasados para
+transmitírselo a sus descendientes.
+
+--En una palabra, quieres casarte con miss Darling...
+
+--Por la razón que te doy...
+
+--¿La permanencia de la raza? Si esa fuera la única, ¿sería necesario
+recurrir a un matrimonio aventurado?... En la vida de un hombre de
+placer como tú... y como yo, por desgracia, hay faltas de la juventud
+que corresponde reparar a la vejez...
+
+--¿Qué quiere usted decir?
+
+--No tengo derecho para ser severo... Pero si hubieras dejado detrás de
+ti algún remordimiento...
+
+Llegaban a un claro rodeado de hayas gigantes que el sol acribillaba con
+sus flechas de oro...
+
+«Acuérdate» decía el astro ardiente con sus lenguas de fuego.
+
+«Acuérdate» repetía el murmullo de los árboles, majestuosos testigos del
+pasado.
+
+«Acuérdate» arrullaban las tórtolas produciendo su nota melancólica y
+tierna en el silencio de los grandes bosques.
+
+Pero Raúl no se acordaba...
+
+--No tengo ningún remordimiento, querido tío--respondió con
+desenvoltura.
+
+Neris hizo un gesto vago.
+
+--Eres muy feliz--dijo sencillamente.
+
+Prodújose un momento de silencio.
+
+--En fin, querido tío, si llegase el caso, ¿no tendría usted ninguna
+objeción seria contra miss Darling?--preguntó el conde, que no quería
+abandonar su asunto.
+
+--Tiene veinte años y tú has pasado de cincuenta.
+
+--Pero yo también soy como usted, tío mío, estoy construido a cal y
+canto; es una herencia del abuelo Neris que estoy lejos de despreciar.
+
+--En lo físico, pase aún; pero en lo moral...
+
+--A miss Darling no le gustan los jóvenes; me ha expuesto sus teorías
+sobre esto...
+
+--Encontrará entonces, acaso, que lo eres demasiado--dijo el anciano con
+ligera ironía.
+
+--En fin, no es su opinión probable lo que yo quiero conocer, querido
+tío, sino la tuya--respondió el diplomático con alguna impaciencia.
+
+--Te lo repito, amigo mío; no he encontrado comparable con miss Darling
+más que una persona.
+
+--¿Y era, si no es indiscreción?...
+
+--Liette Raynal.
+
+Raúl se mordió los labios.
+
+En el estado de ánimo en que se encontraba, aquel nombre sonaba de un
+modo particularmente desagradable a su oído.
+
+Pero no por eso perdió la ocasión de preguntar con maña:
+
+--¿La institutriz de mi pobre Blanca? Sí, era una persona de
+mérito--añadió con indiferencia.--¿Qué ha sido de ella?
+
+--Sigue en Candore.
+
+--¿Empleada de Correos?
+
+--Empleada de Correos.
+
+--Por cierto que he creído ver una figura nueva al pasar por delante de
+la oficina; un militar...
+
+--Es su hijo adoptivo... un pariente... el capitán Raynal.
+
+El conde de Candore hizo sonar la lengua con expresión de duda.
+
+--¿Crees tú en los hijos adoptivos, tío?
+
+El anciano respondió con cierto dejo de severidad:
+
+--Sí, sobrino, como en los hijos abandonados.
+
+ * * * * *
+
+Liette estaba en su estrecha oficina viendo, como en el día lejano de su
+llegada al pueblo, desfilar todo el mundo por delante del ventanillo;
+pero la curiosidad no era para ella, y, en lugar del irritante malestar
+de otro tiempo, Liette sentía ahora una dulce satisfacción de orgullo
+maternal al oír los saludos al joven capitán de los viejos y viejas que
+le habían conocido niño.
+
+El joven respondía con cordialidad, tratando de conocer en las jóvenes
+que salían de las vísperas y en los mozos que emprendían partidas de
+pelota o se iban a tirar al arco a los chicuelos dejados en el pueblo y
+a quienes se asombraba de encontrar cambiados como él. Y al volver los
+ojos al modesto interior, lo mismo la fría oficina que el salón de
+elegancias pasadas de moda, el capitán encontraba con placer infantil
+todos los muebles y todos los objetos familiares, todo, hasta el pobre
+Breal, primer compañero de sus juegos, disecado en memoria suya.
+
+Nada había cambiado en aquel cuadro anticuado y envejecido, en el que
+sólo él no se reconocía cuando el espejo le enviaba la sombra de sus
+bigotes, justamente encima de su retrato con falda corta y con un tambor
+a sus pies.
+
+Nada había cambiado, y la misma tía Liette, recta y menuda con su traje
+sencillo de lana, con su bello perfil de camafeo bajo el cabello apenas
+encanecido en las sienes y su mirada límpida que reflejaba la serenidad
+de su alma, la misma tía Liette había envejecido tan poco, que al
+preguntarle de repente Carlos:
+
+--Tía Liette ¿cuándo vas a pedir tu jubilación?
+
+La empleada respondió prorrumpiendo en una carcajada llena de juventud.
+
+--¿Mi jubilación? Gracias a Dios, amigo mío, estoy todavía fuerte y
+espero evitar durante algunos años el ser arrinconada.
+
+--Sin duda... Pero es precisamente por eso... Estás joven y activa... No
+temes los viajes... Y, por otra parte, eres hija y madre de soldado...
+
+--Explícate...
+
+--Oye. Quisiera tenerte más cerca de mí, tía Liette; mi sueldo bastaría
+para los dos... Quisiera que me siguieses a mis lejanas guarniciones
+como en otro tiempo a tu padre. Quisiera no tener sólo presente la
+imagen del hogar que has creado al huérfano, sino ese hogar mismo y la
+que es su alma. ¿No te gustaría volver a ver aquella tierra de África en
+que diste los primeros pasos?
+
+Liette sonrió, dulcemente conmovida por esta delicadeza filial.
+
+--Eres bueno y tierno, hijo mío, al pensar en mi soledad más aún que en
+la tuya; pero a mi edad no se rompen las costumbres de veinticinco
+años. Me atan a esta pobre aldea muchas cosas de las que no se llevan en
+la suela de los zapatos. En rigor, pudiera arrastrar conmigo tu cuna
+como las pobres «reliquias» de mi madre, pero no su tumba; y cuando se
+baja la cuesta de los cincuenta años los muertos atraen más aún que los
+vivos.
+
+--Gracias a Dios, tía Liette, como decías hace un momento, estás buena y
+sana, y yo, que no vivo con mis recuerdos, desearía otra compañía.
+
+--«No es bueno que el hombre esté solo», luego tu deseo es muy legítimo;
+pero no es una vieja como yo la que debe llenar el vacío de tu casa y de
+tu corazón... Necesitas una joven y linda compañera y hermosos hijos...
+
+--De los que tú serás abuela.
+
+--Es un papel que me gustará mucho, y quizá entonces pediré mi
+jubilación para estudiarle con descanso... pero no antes.
+
+El joven se retorció el bigote con expresión distraída y su mirada vaga
+pareció buscar en el espacio una silueta fugitiva.
+
+La tía Liette le observaba como al descuido.
+
+--¿Está en camino, Carlos?--preguntó maliciosamente.
+
+--No, todavía está en las nubes.
+
+Y con una risa un poco forzada para ocultar su confusión, el joven dio
+un sonoro beso en la frente de la empleada.
+
+--De modo que no es todavía esta vez cuando te llevo conmigo, tía
+Liette...
+
+--¡Cómo! mal muchacho, ¿quieres llevarte a mi vecina?
+
+Y el señor Hardoin que entraba le amenazaba alegremente con el dedo.
+
+--Sí, padrino, y a usted también si quiere.
+
+--¡Oh! si no dependiera más que de mí, daría con gusto la vuelta al
+mundo...
+
+--¿Dejar el despacho? ¿Usted? ¡Imposible! Apuesto a que es el miedo del
+viaje de novios lo que le ha impedido a usted casarse.
+
+--No se burle usted, mi capitán; no se es siempre soltero por gusto.
+
+Y con un suspiro de los más elocuentes, echó una mirada de reproche a la
+tía Liette, que se sonreía a medias.
+
+Después recostándose en una butaca y levantándose las gafas por la
+frente para mirar más a sus anchas las facciones varoniles del joven
+oficial, dijo:
+
+--Vamos a ver, señor misterioso, ¿tienes la intención de hacerme
+redactar tu contrato?
+
+--¿Yo? ¡Qué disparate!
+
+--No encontrarías dificultades... No eran las siete de la mañana cuando
+el tío Griel, un ladino que tiene la costumbre de tratar los negocios
+al salir de la cama, vino a consultarme sobre la venta de su prado de
+Ognolles y me insinuó de paso que piensa dar a su hija cien mil francos
+de dote... y que la chica no detesta a los militares...
+
+--¿La pequeña Irma, que tenía las manos tan rojas y la deplorable
+costumbre de pisar los moñigos de vaca?
+
+--La pequeña Irma es ahora una joven que vuelve de Santa Clotilde con
+todos los diplomas y tan hecha a las buenas maneras, que desprecia
+soberanamente a los aldeanos, empezando por el bueno de su padre.
+
+--Prefiero, entonces, la antigua Irma.
+
+--El recaudador, por su parte, ha venido a tomar conmigo el vino blanco,
+menos por mi bodega que por su sobrina, cuyos méritos me ha ponderado
+durante la misa... Tienen que contar...
+
+--Clarita... ¿No la pusieron de largo cuando yo estrené mis primeros
+calzones?
+
+--Sí, pero los años de campaña se cuentan dobles y ella ha conservado la
+frescura de su nombre.
+
+--Pongamos que estoy demasiado bronceado para ella, y no hablemos más
+del asunto.
+
+--Pues no eres poco difícil...
+
+--¿No hay nada más?--preguntó la tía Liette muy divertida.
+
+--Como pasos oficiales, no hay más, y ya es bastante... Pero he recibido
+otras dos visitas, la una muy simpática... y la otra un poco menos.
+
+--¿Cuáles?
+
+--Eso, joven, es el secreto profesional. Busca y encontrarás. ¿Quién
+puede quererte bien?
+
+--¿Y mal?--preguntó con inquietud Liette, a quien el notario respondió
+con una señal imperceptible.
+
+La empleada, impaciente por saber, dijo:
+
+--Oye, Carlos, debías hacer una visita al señor cura para presentarle
+tus respetos y tu cruz...
+
+--Comprendido... A las órdenes de usted, mi comandante.
+
+Y dando un beso a su madre adoptiva, le dijo al oído:
+
+--Apuesto a que para ti no habrá secreto profesional.
+
+Un instante después atravesaba la plaza con paso diligente e iba a
+llamar a casa del cura con gran admiración de los muchachos.
+
+Liette, que le había seguido con tierna mirada, se volvió entonces hacia
+el notario.
+
+--¿Qué hay?--le preguntó sin otro preámbulo.
+
+--En primer lugar, cierto señor Darling, tío y tutor de una riquísima
+americana, actualmente en el castillo de Argicourt, y que parece querer
+muy bien a nuestro africano, a quien encontró en el curso de un viaje a
+Argelia, donde les prestó un señalado servicio...
+
+--Y además...
+
+--Además el conde de Candore, apasionado de la joven miss y a quien los
+laureles del capitán Raynal impiden dormir.
+
+Liette se puso la mano en la frente cargada de pensamientos.
+
+--¿Le ha preguntado a usted sobre Carlos?
+
+--Sí, indirectamente y con cierta acritud, no se lo disimulo a usted.
+
+--Y usted, ¿qué le respondió?
+
+--Nada o poco más; y se marchó muy contrariado.
+
+--Aquí tiene usted una complicación imprevista, amigo mío. Siento que
+Carlos esté aquí. Pero no importa; si se trata de su dicha, yo sabré
+defenderle.
+
+--Le defenderemos--rectificó calurosamente el digno notario.
+
+ * * * * *
+
+Cuando Carlos volvió encontró a su madre adoptiva ligeramente
+preocupada. Una nube fugitiva que se ponía algunas veces en sus
+tranquilas facciones obscurecía el brillo de sus bellos ojos,
+tiernamente fijos en él y en los que se leía una vaga alarma.
+
+--Una carta para ti--dijo dándole un sobre blasonado.
+
+El joven la abrió y la leyó rápidamente.
+
+--Es una invitación del señor de Argicourt para un Rally-paper, el
+sábado.
+
+--¿Vas a ir?
+
+Carlos vaciló un momento.
+
+--No, tía Liette; mi licencia es corta, y quiero dedicártela entera.
+
+--Pero yo no quiero ser egoísta y privarte de los placeres de tu edad.
+
+--¡Qué buena eres!
+
+--No es más sino que te quiero mucho.
+
+Carlos la contempló con enternecimiento.
+
+¡Oh! sí, la tía Liette le amaba... ¡Y él a ella!
+
+A aquella hora la oficina estaba cerrada, y libres de importunos, ambos
+gozaban de la intimidad del reposo dominical que adormecía al humilde
+pueblo. Sentado enfrente de ella en el saloncillo ajado y delante del
+almohadón en que Liette acababa de poner su cesto de labor, Carlos se
+creía vuelto a la niñez y una sensación de exquisita dulzura penetraba
+en su ser.
+
+--Siempre te veo el mismo bordado, tía Liette. ¿Haces acaso lo que
+Penélope?
+
+--No, señor burlón, no es la misma; pero no varío ni el dibujo ni los
+colores, y de este modo me parece que no envejezco y creo que vas a
+jugar con los ovillos o a ayudarme a devanar las madejas.
+
+--Y soy todavía muy capaz. Prueba.
+
+--No, ahora eres demasiado alto.
+
+--Puedo bajarme.
+
+Y se puso de rodillas con las manos extendidas.
+
+--¡Loco!--dijo Liette, divertida y feliz, arrojándole un ovillo de
+lana...
+
+Y mientras buscaba el nudo, le dijo insistiendo afectuosamente:
+
+--¿Irás a Argicourt?
+
+--Conozco muy poco a los dueños.
+
+--¿No ha sido el barón tu camarada?
+
+--Sí, pero en el regimiento se borran las distancias, y, rico o pobre,
+un oficial vale lo que otro... mientras que hoy el señor de Argicourt
+vive en sus tierras, rico y casado... con una extranjera según creo...
+
+--Una americana del Norte...
+
+--Que le ha hecho presentar la dimisión... Viven muy en grande según
+parece...
+
+--Hacen la vida que exige su clase y la fortuna de su mujer.
+
+--Sí, él no tenía más que su nombre.
+
+--Ya es algo--respondió Liette con melancolía.
+
+--¿No te parece, tía Liette, sin hablar mal de nadie, que es un poco
+humillante para un hombre el debérselo todo a su mujer?
+
+El joven esperó la respuesta con un poco de ansiedad. Era tanta su
+deferencia por el juicio de aquella guía segura e impecable, que una
+palabra de su boca le parecía una sentencia sin apelación. Así fue que
+sintió una especie de alivio cuando ella le respondió con indulgencia:
+
+--¿Por qué? Cuando no hay cálculo en ninguna de las dos partes, el
+corazón no conoce las balanzas. El que ama verdaderamente se da sin
+contar, y para las almas bien nacidas, el que da es todavía más obligado
+que el que recibe.
+
+--Todo el mundo no lo juzga así...
+
+--Todo el mundo no es perfecto y juzga con frecuencia a los demás según
+él mismo. Para mí es rebajarse el suponer gratuitamente una bajeza.
+
+--Puede uno fiarse de ti en materia de honor, tía Liette. Sin embargo,
+yo preferiría una mujer que tuviese menos que yo.
+
+--Es un escrúpulo honroso, pero un poco pueril, y la cuenta sería
+difícil de establecer. ¿En cuánto estimas tu cruz?
+
+Carlos se calló, vencido y contento.
+
+La madeja estaba devanada, pero el joven permanecía a los pies de su
+madre adoptiva, apoyado en su butaca como cuando siendo pequeño, venía a
+que le hiciera mimos. Liette, tiernamente maternal, jugaba
+distraídamente con los dorados del uniforme.
+
+--Decididamente, ¿irás a Argicourt? ¿Te da miedo la linda castellana?
+
+--No, no es eso, tía Liette; pero, francamente, me sería desagradable el
+ir a una casa donde tú no estás invitada...
+
+--Tienes todas las delicadezas, hijo mío; pero yo no soy tu madre...
+
+--Eres más todavía...
+
+--No es lo mismo. Sólo la maternidad crea un lazo indisoluble y sagrado;
+el nuestro se puede desatar por mutuo consentimiento, sin indiferencia
+por mi parte ni ingratitud por la tuya.
+
+--Jamás, tía Liette, y me das mucha pena al iniciar solamente tal idea.
+
+--No es esa mi intención, pero pudieran presentarse unas circunstancias
+en las que no debiéramos ser obstáculo el uno para el otro... un
+matrimonio, por ejemplo. Recuerda que eres libre, como yo también lo
+soy.
+
+--¡En seguida! Yo no te permitiría casarte sin mi consentimiento, aunque
+fuera con mi querido padrino...
+
+--Entonces, soy más generosa que tú, y, llegado el caso, no llevarías
+una suegra en tu equipo.
+
+--Pues yo te declaro que no me casaría jamás con una mujer que no te
+venerase como a su madre.
+
+En este instante pasaron por la calle dos sombrillas en el fondo de una
+carretela, como un relámpago azul y rosa.
+
+Un momento después se abrió la puerta y apareció en el umbral una
+graciosa aparición haciendo el saludo militar.
+
+--¡Buenos días, mi capitán!
+
+--¡Miss Darling!--exclamó vivamente el joven levantándose de un salto.
+
+--¡La señora de Argicourt!--dijo la tía Liette dirigiéndose a la segunda
+visitante.
+
+--Que pide a usted perdón por venir a sorprenderla de este modo; pero
+esta aturdida de Eva, mi más querida amiga, tenía empeño en serle a
+usted presentada.
+
+--Mucho--apoyó claramente la aludida;--me han dicho muchas veces que me
+parecía a la tía Liette, e ignoraba si esto era un cumplimiento... Veo
+que lo es.
+
+Y poniendo en este homenaje un respeto profundo que corregía su tono
+atrevido, la joven se inclinó delante de Liette conquistada y encantada.
+
+--Puesto que está hecho el conocimiento por este lado, permítame usted
+que le presente a mi vez el capitán Raynal, señora baronesa--dijo la
+empleada dirigiendo una amable sonrisa a la linda niña.
+
+--Sin habernos encontrado todavía, somos antiguos amigos, capitán--dijo
+la baronesa sentándose donde él le indicaba;--mi marido me ha hablado
+con frecuencia de usted como de uno de sus mejores amigos, y miss
+Darling ha apoyado aún sus elogios.
+
+--Naturalmente, no puedo hablar mal de mi salvador. ¿No le ha contado a
+usted el caso, tía Liette?
+
+--No valía la pena.
+
+--Es usted muy modesto... Eso prueba que aprecia usted menos que yo la
+existencia, que yo tengo la debilidad de querer conservar... Figúrese
+usted, señorita, que mi tío y yo estábamos cautivos de una tribu de
+tuaregs... ¿Conoce usted a esa gente?... mucho color local... pero de
+relaciones poco sociables... Afortunadamente, el capitán, de vuelta de
+una expedición al Sur, supo por sus emisarios nuestra triste posición,
+y, sin importarle nuestra nacionalidad, lo que fue enteramente amable,
+consiguió librarnos con un puñado de bravos y nos ofreció una
+hospitalidad... francesa en su blockhaus. Pero, ¡ay! en la Argelia como
+en América, los blockhaus están hechos para ser bloqueados, y, al día
+siguiente, cayó sobre nosotros una nube de tuaregs como los saltamontes
+del desierto, ejecutando en nuestro honor un brillante tiroteo.
+Seguíamos estando prisioneros, aunque en mejor compañía.
+
+--¡Oh! lo que es eso... Mi destacamento estaba compuesto de demonios
+casi tan negros como los que nos asediaban. Figúrate aquello, tía
+Liette.
+
+--Nada de eso. Usted los calumnia; eran buenos muchachos y no sabían qué
+hacer para complacerme.
+
+--Es que la presencia de usted los metamorfoseaba...
+
+--No como Circe entonces.
+
+--En una palabra, me encontraba en la situación novelesca, pero poco
+envidiable de las heroínas de Cooper, quitando la peladura... Y lo peor
+era que las provisiones eran limitadas y nosotros aumentábamos el número
+de bocas... A todo esto, el tío Dick, que se queja siempre de no tener
+apetito, lo tenía feroz en aquellos momentos. Así fue que para evitar el
+ser expulsados como bocas inútiles, nos ofrecimos a hacer fuego para
+cooperar a la defensa. Y aquí tiene usted cómo he servido a las órdenes
+del capitán Raynal y merecido ser comparada con la tía Liette, lo que me
+halaga mucho, hoy sobre todo.
+
+--¡Y si hubieras visto qué valentía y qué buen humor, tía Liette! Los
+socorros se hacían esperar, y la desanimación, hermana del fastidio,
+hubiera acaso hecho estragos en mis hombres. Pero miss Darling les
+vertía su alegría como champagne, y organizaba conciertos y
+representaciones...
+
+--¿Recuerda usted al tío Dick ensayando el «Yankee Doodle» en la
+corneta?
+
+--¡Y qué hermana de la caridad consolando a los moribundos, curando a
+los heridos!... Cuando yo mismo estuve fuera de combate...
+
+--¡No me lo habías dicho!
+
+--¡Bah! un arañazo... Su influencia mantuvo mejor la disciplina entre
+aquellos hombres groseros y violentos mejor que las reprimendas de los
+oficiales, y remontó tan bien su moral, que cuando llegó la columna
+libertadora, los pobres diablos, que tenían el vientre vacío hacía
+veinticuatro horas, estaban aprendiendo... la bamboula bajo su alta
+dirección.
+
+--¡Bah! se hace lo que se puede. Pagué mi escote de ese modo.
+
+--También pagó usted en moneda de plomo. ¡Los moritos que dejó usted
+caer!...
+
+--La verdad es que podrías alistarte en los rifles-women, Eva. ¡Cómo
+debes de despreciar nuestras cacerías de papelitos!
+
+--Al contrario; prefiero esa caza a cualquiera otra. El defenderse está
+bien; pero matar sin necesidad... y sin riesgos... Sobre todo a
+inofensivas perdices... ¡Pobres animalitos!
+
+Fue esto dicho sencillamente y sin falsa sensibilidad, de tal modo que
+Liette, tan sencilla y tan natural, quedó enamorada de aquella
+naturaleza tan igual a la suya.
+
+Carlos leyó en sus ojos esa muda aprobación y sintió una viva alegría.
+
+--¡Qué amable ha sido usted viniendo a vernos!--dijo a la joven con un
+impulso irresistible.
+
+--Tenía mucho deseo de conocer a su tía de usted.
+
+--¿Se la figuraba usted así?
+
+--No mucho. Como dijo no sé qué personaje de comedia, «una tía es
+generalmente una mujer de edad», y la de usted ni siquiera gasta
+anteojos...
+
+--¡Oh! no tardaré en gastarlos, miss Darling; mis ojos se van--protestó
+alegremente Liette, que, mientras hablaba con la condesa de Argicourt,
+había oído las últimas palabras de aquel aparte.
+
+--Pero no los oídos--observó maliciosamente la joven americana.--La
+verdad es que me representaba a «la tía Liette» como una viejecita
+arrugada y canosa de cincuenta años lo menos.
+
+--Los cumplo el domingo; hasta entonces ya me hará usted crédito.
+
+Todos se rieron, y aquellas señoras se levantaron para despedirse.
+
+--¿Decididamente no quiere usted ser de los nuestros?--preguntó la
+castellana con mucha amabilidad a Liette.
+
+--Imposible, señora; pero agradezco a usted mucho su amable invitación.
+
+--En todo caso, contamos con usted, capitán; a mi marido le encantará
+recordar con usted los buenos tiempos, como él llama a aquellos en que
+estaba soltero.
+
+--Muy amable para ti, mi pobre Jenny.
+
+--Tiene cuidado de añadir que echa de menos, no el celibato, sino el
+uniforme...
+
+--Eso lo comprendo. ¿Por qué le has hecho presentar la dimisión?
+
+--¿Querías que fuese siguiéndole de guarnición en guarnición?
+
+--¡Vaya una desgracia! «Para tomar mujer no se reniega de la madre»,
+decía Napoleón; se puede muy bien ser buen marido y buen soldado.
+¿Verdad, tía Liette? ¡Anda! ahora llamo a usted también yo tía Liette...
+Dispénseme usted, señorita, y permítame darle un beso sin embargo...
+
+Una graciosa sonrisa bajo la sombrilla rosa; un saludo militar bajo la
+sombrilla blanca, y el carruaje desaparece en una nube de polvo.
+
+Carlos vuelve al saloncillo, y le parece obscuro, vacío y frío.
+
+Y, sin embargo, la tía Liette sigue allí, en su butaca.
+
+ * * * * *
+
+Las circunstancias poco ordinarias en que Carlos y Eva se habían
+conocido en África, eran de esas que crean en una semana una intimidad
+de veinte años.
+
+Ya, hacía algún tiempo, habían balsado juntos en un baile del
+gobernador; pero en el mundo oficial y en la trivialidad de las frases
+de salón, «se habían cruzado sin verse», según el refrán melancólico,
+secreto de tantos destinos fracasados.
+
+Por el contrario, en el estrecho Blockhaus que podía ser su tumba, en el
+roce diario de la vida común, que hace resquebrajarse tan pronto el
+barniz mundano que oculta tantas macas y a veces tan preciosas
+cualidades, habían aprendido a conocerse, a estimarse... y quizá no se
+habían quedado en eso.
+
+Diga lo que quiera Augier, las desdichas, más que la prosperidad, son la
+piedra de toque del verdadero mérito. El peligro y la angustia
+compartidos pueden más que las conveniencias sociales y ponen a cada uno
+en su lugar.
+
+La rica americana y el joven oficial no podían menos de ganar en ese
+contacto con las duras realidades de la existencia. Ni el uno ni el otro
+habían seguramente conservado una impresión desfavorable de su primer
+encuentro, pero era una impresión vaga, fugitiva, efímera, la duración
+de un vals; mientras que en aquellas horas de angustia suprema, cada una
+de las cuales podía ser la última, sus almas no temían mostrarse al
+desnudo.
+
+Carlos había podido admirar la valentía, la sangre fría y la sonriente
+resignación de aquella niña mimada de la suerte y de la fortuna,
+amenazada a los veinte años de dar un eterno adiós a todos los goces
+que le estaban prometidos.
+
+Ella, por su parte, había podido apreciar el carácter caballeresco, la
+pronta decisión y la viril energía de aquel joven jefe encerrado en
+aquel precario abrigo con un puñado de forajidos, en quienes hacía
+vibrar las cuerdas dormidas del patriotismo, del heroísmo y del honor
+por la fuerza del ejemplo.
+
+Lo que no era siempre fácil.
+
+Un tal Ragasse, una de las malas cabezas del destacamento, hongo
+venenoso del lodo parisiense, de aspecto burlón, acento provocador y
+lenguaje de barrios bajos, acribillado de castigos hasta no saber qué
+hacer de ellos, y, por esto mismo, de una profunda indiferencia respecto
+del particular, causaba la desesperación de sus superiores y les
+producía serias inquietudes por su perniciosa influencia sobre sus
+camaradas. Fatuo y presuntuoso además, el tunante no ocultaba su grosera
+admiración por miss Darling, a la que asestaba miradas lánguidas, dignas
+de un tenor de Belleville, y el capitán había tenido que amenazarle más
+de una vez con el cepo.
+
+Ragasse, pues, le había consagrado un odio astuto que no esperaba más
+que la ocasión de estallar...
+
+Una noche, pasando por delante del dormitorio, Carlos le oyó pronunciar
+claramente estas palabras:
+
+--El capitán las echa de guapo para deslumbrar a la chiquilla; pero es
+para mí; y si quiere andarse en chanzas le corto el pescuezo en menos
+que canta un gallo.
+
+Una oleada de cólera le subió al cerebro, y el joven oficial abrió de
+repente la puerta...
+
+Aterrados por esta aparición, los soldados agrupados alrededor del
+orador hicieron un vago movimiento de retroceso; solamente aquél, con
+expresión burlona y actitud provocadora, sostuvo sin pestañear la mirada
+de su jefe...
+
+¿Qué hacer?
+
+Nada tenía influencia en aquellas cabezas de hierro.
+
+Castigarle, hubiera sido arriesgar algún motín, y nada más.
+
+Pero la debilidad hubiera producido un efecto todavía más deplorable.
+
+Si creían meterle miedo, la insolencia de aquellos miserables no tendría
+ya límites.
+
+Esta vacilación no duró más que un relámpago.
+
+--Un hombre de buena voluntad para una misión peligrosa--dijo Carlos muy
+tranquilo.
+
+Todos dieron un paso adelante.
+
+--¡Ragasse!--gritó el capitán en tono breve.
+
+--Presente.
+
+--Sígame usted.
+
+Su resolución estaba tomada. Había que impresionar la moral de aquellos
+seres degradados, pero susceptibles de ideas generosas. Espíritus y
+cuerpos indomables, era preciso hablar a sus corazones.
+
+Ragasse, sin darse prisa, bajó contoneándose con las manos en los
+bolsillos.
+
+--Si estaba detrás de la puerta--dijo con malicia,--no le disgustará
+desembarazarse de mí...
+
+Y escuchó con expresión provocadora sus instrucciones.
+
+Tratábase de ir a recoger cartuchos, que empezaban a faltar, de los
+muertos del día, no recogidos aún por los árabes.
+
+--Está bien; allá voy. ¿Dónde está el saco?
+
+Y se lo echó a la espalda, diciendo:
+
+--Esto me recuerda cuando iba a robar alcachofas a la llanura de
+Saint-Denis...
+
+El capitán hizo formar el círculo.
+
+--Si el soldado Ragasse vuelve sano y salvo, todos sus castigos serán
+levantados; si muere, su nombre será citado en la orden del día.
+
+--¡Bueno!--murmuró el soldado,--esa orden del día le gustará a él más
+que a mí.
+
+--Si yo no vuelvo, el teniente Donnet tomará el mando--añadió Carlos.
+
+Ragasse se detuvo sorprendido.
+
+--¡Mi capitán!... ¿Viene usted también?
+
+--¿Por qué no?--respondió Carlos sencillamente fijando en él su clara
+mirada.
+
+Y pasando el primero, salió por la poterna sin volver la cabeza.
+
+El otro le siguió como un perro.
+
+Si le había oído, era valiente lo que hacía el capitán...
+
+¡Salir tranquilamente así, delante de su fusil!... No tenía más que
+apretar el gatillo... No había nadie... Nada que temer... Los árabes
+tenían buena espalda.
+
+Verdaderamente era tentar al diablo... El golpe era fácil... demasiado
+fácil...
+
+Pero no, no tan fácil como parecía... Aunque hubiera querido, su mano
+crispada no hubiera obedecido a su voluntad impotente.
+
+En vano trataba de avivar su rencor y de mascullar sus malas voluntades;
+no podía herir a aquel hombre a quien odiaba, pero que se fiaba así de
+su lealtad...
+
+Y humillado y furioso decía con rabia:
+
+--¡No puedo!...
+
+De repente tropezó en un cadáver; habían llegado al sitio del combate.
+
+--Llene usted el saco--dijo el oficial.
+
+En la sombra opaca su fina silueta se destacaba más sombría todavía;
+inmóvil y sondando el horizonte tenebroso, no se ocupaba siquiera de su
+compañero, que se daba prisa para acabar su lúgubre tarea...
+
+De pronto, un relámpago desgarró la obscuridad.
+
+Ragasse dio un salto.
+
+--¡Mi capitán! ¿No está usted herido?
+
+--No, tiene que volver a empezar--respondió Carlos tranquilamente.
+
+Sonó otra detonación tan cerca del soldado, que éste balbució aterrado:
+
+--Mi capitán, le juro a usted que no he sido yo.
+
+--¡Naturalmente!... ¿Se ha acabado?
+
+--Sí, mi capitán.
+
+--Entonces, en retirada; de prisa.
+
+Dieron unos cuantos pasos.
+
+Hacia la izquierda sonó otra detonación.
+
+Carlos cayó al suelo.
+
+Ragasse se había detenido.
+
+--¿Ha pescado usted algo, mi capitán?--preguntó ansioso mientras se
+elevaba del campamento un sordo rumor y unas sombras se agitaban en la
+sombra como arenas movibles.
+
+--Una bala en la pantorrilla. Huye, muchacho; me han hecho mi negocio
+sin que tú hayas intervenido.
+
+--¡Oh! mi capitán... mi capitán...
+
+Sofocado y anheloso, el pobre diablo hubiera querido echarse a los pies
+de su jefe, pero no era aquel el momento, y, sin más tardanzas ni
+protestas ociosas, le cogió en sus vigorosos brazos y se le llevó
+corriendo hasta el Blockhaus, al que llegó jadeando y no sin sufrir una
+descarga general.
+
+Carlos estaba salvado.
+
+Ragasse domado.
+
+Y cuando Eva, hermana de la caridad improvisada, estaba curando al uno y
+felicitando al otro, el capitán dijo con bondad:
+
+--Es más fácil ser un héroe que un asesino, ¿verdad, Ragasse?
+
+Desde entonces no tuvo auxiliar más adicto, ni miss Darling perro más
+fiel.
+
+Era que también en ella realizaba la adversidad su obra saludable; la
+joven aprendía a considerar como hombres a aquellos desgraciados,
+escoria de la sociedad, pero en los que brillaba aún la chispa divina
+debajo de las cenizas.
+
+Tan compasiva y dulce como valiente, tenía para todos la piedad que
+consuela y la palabra que levanta, tal como el «Eloa» del poeta cuya
+radiante caridad no se detiene en las puertas del infierno.
+
+Por eso tenían todos por ella una admiración que sólo podía compararse
+con su respeto. El día en que fueron libertados y tuvieron que
+separarse, todos lloraban, y ni el perdón general de los castigos
+concedido a su petición, ni las liberales promesas del tío Dick, ni la
+distribución de vino, de tabaco y dólares lograron consolarlos.
+
+Entonces, viendo su pena, la joven miss tuvo una delicada inspiración.
+
+--Si fuese yo una reina de otros tiempos, querría condecorar a todos mis
+bravos defensores... No soy más que una hija de la libre América, pero
+os pido que llevéis sus colores en memoria mía.
+
+Y con encantadora amabilidad, empezando por el último soldado y acabando
+por el capitán, les distribuyó la cinta azul sembrada de estrellas, un
+poco ajada, que adornaba su traje.
+
+A consecuencia de aquella acción, el capitán Raynal fue propuesto para
+la cinta roja... Pero él no pudo olvidar la cinta azul.
+
+ * * * * *
+
+La tía Liette no había vuelto a preguntar a Carlos si iría a Argicourt.
+
+Pero, el sábado por la mañana encontró al despertarse su mejor uniforme
+cuidadosamente cepillado, sus botas bien embetunadas y la camisa más
+fina preparada al pie de la cama, como por el asistente más meticuloso.
+
+Y el joven se quedó encantado.
+
+¡Querida tía Liette!
+
+Su tía había sido muy amable ahorrándole las preguntas ociosas y
+explicaciones inútiles sobre su cambio de parecer, justificado por el
+amable paso de aquellas señoras y por la doble invitación que salvaba
+las inconveniencias.
+
+Ante aquella muestra de deferencia para su madre adoptiva, no podía ya
+Carlos ser más realista que el rey ni había ninguna razón para hacer el
+salvaje.
+
+Mientras silbaba una marcha militar, se puso a vestirse con una especie
+de compunción, meditando sobre una arruga del dormán como si se tratase
+de un asunto de importancia, contrariado por una gota de agua que
+alteraba el lustre inmaculado de las botas y afilando dos veces la
+navaja de afeitar para más seguridad.
+
+--¿Está contento mi coronel?--decíale su tía.
+
+Liette pasaba largamente la inspección y se detenía en los menores
+detalles, muy orgullosa de aquel guapo oficial que era su hijo de
+elección.
+
+--Hoy, que no necesitas atenerte a la ordenanza, quiero hacerte un
+regalo--le dijo.
+
+De la cómoda estilo Imperio en que dormían las reliquias del pasado,
+sacó un estuche con las iniciales G. R. que contenía una cruz minúscula
+que era una verdadera joya artística.
+
+Este fue el regalo de novio de mi pobre madre a mi querido papá, que
+acababa de ser condecorado. Era para mí un recuerdo doblemente precioso,
+y espero que será para ti un amuleto que te dará la felicidad.
+
+Mientras ella le prendía la cruz al uniforme, Carlos, conmovido por
+aquel pensamiento delicado que le unía más estrechamente aún a su
+familia de adopción, atrajo hacia la suya aquella querida cara.
+
+--¡Oh! tía Liette, ¿cómo agradeceré jamás lo que has hecho por mí?...
+
+--Siendo feliz, hijo mío--respondió Liette con una sonrisa tiernamente
+maternal.
+
+Sí, era feliz, lo era más de lo que él mismo hubiera podido decir
+mientras el break que había ido a buscarle, a él y a otros convidados,
+rodaba hacia Argicourt.
+
+En primer lugar, adoraba el Rally-paper, una cacería tan divertida, en
+la que la caza no da distracciones. Además el barón era un excelente
+camarada, sencillo, cordial y de una amabilidad perfecta. Su mujer era
+perfecta y él pasaría un día delicioso.
+
+¿Un día?
+
+Digamos el día, el solo, el único día, el día incomparable, casi tan
+raro como la flor que brota cada cien años, cuyo perfume no se respira
+dos veces; el día en que el cielo parece azul, aunque se esté en otoño,
+y en que la naturaleza parece una fiesta aunque los bosques estén de
+luto; el día en que, cualquiera que sea la decoración, rico salón,
+modesta boardilla, alegre primavera, triste invierno, la comedia,
+siempre la misma, es siempre nueva desde hace cinco mil años, puesto que
+es el amor el director de escena; el día siempre corto que pasa como una
+hora y las horas como minutos; el día en que dos corazones, fundidos en
+uno solo no dejan escapar más que una palabra de pesar, la última:
+
+--¡Ya!...
+
+ * * * * *
+
+¡Ya! Tal era el suspiro ahogado que oprimía el pecho de los dos jinetes
+que volvían lentamente a la cacería en las primeras sombras del
+crepúsculo, que no es ya el día y no es todavía la noche, en que el sol
+se apaga y las estrellas no se encienden todavía, en que pasa un
+escalofrío helado por los seres y las cosas como el adiós de lo que se
+va para no volver; en la vaga melancolía de esa estación indecisa que no
+es ya el verano y no es todavía el invierno; en la que, por una suprema
+coquetería, el aire se hace más tibio y los últimos rayos del sol más
+acariciadores; en que la tierra pone sobre su desnudez una alfombra de
+tonos bermejos como una inmensa piel de león; en las últimas hojas de
+oro pálido o de cobre rojo parecen desprenderse de las ramas como alas
+de gigantes mariposas; en que los árboles tienen perfumes más acres; en
+que la menor florecilla toma aspecto de reina desterrada, en que el
+viento que sopla entre las ramas parece el último murmullo de los nidos.
+
+ Y los dos paseaban
+ perdidos en los bosques.
+
+¡Ay! no, no perdidos, y era lástima. ¡Qué hermosura, un paseo sin fin
+por alguna selva virgen del Nuevo Mundo, cuyo recogimiento misterioso no
+fuese turbado por la irritante llamada de la trompa!... Aun conteniendo
+los caballos, como hubieran querido contener el instante fugitivo,
+tenían necesidad de dirigirse hacia la cacería... Los dos jóvenes no
+participaban del entusiasmo de Alfredo de Vigny:
+
+ Me gusta el son de la trompa
+ en el fondo de los bosques.
+
+Con las riendas sueltas, la cabeza inclinada y la mirada pensativa,
+ambos se callaban escuchando en el fondo de sí mismos el eco encantador
+de las palabras ya dichas y viendo pasar ante sus ojos medio cerrados
+los menores incidentes de aquel día inolvidable pronto a rodar al abismo
+del pasado.
+
+Primero, la llegada: en el vasto patio de honor atestado de cazadores y
+cazadoras y en el que las casacas rojas y verdes se mezclaban con los
+trajes femeninos más o menos chillones, entre la confusión de los
+grandes carruajes, el relincho de los caballos y el jurar de los
+picadores, la joven se le había aparecido como una castellana de los
+antiguos tiempos, bajando lentamente la escalinata, con una amazona muy
+sobria recogida en el brazo derecho y la fusta en la otra mano; y todo
+lo demás se había borrado para él, que ya no vio a nadie más que a la
+mujer amada. ¿Cómo respondió a la acogida calurosa de Gastón de
+Argicourt, a la amabilidad de su mujer, a los apretones de manos de unos
+cuantos camaradas, al saludo ceremonioso del señor de Candore, al
+cordial cumplimiento del viejo general Estry y al vigoroso «shake-hand»
+del tío Dick?... Carlos no sabía absolutamente nada. Deslumbrado y
+fascinado, no veía a nadie más que a ella ni oía más que su dulce voz,
+que le saludaba con un gracioso: «¡Buenos días, mi capitán!»
+
+¡Dios mío! ¡Qué bonita la había encontrado!
+
+Tampoco a ella le había parecido mal su brillante uniforme, realzado aún
+por la resplandeciente crucecita, y cuando se encabritó su caballo, un
+animal resabiado que el señor de Candore le aconsejaba caritativamente
+que no montase, el joven había sabido dominarle sin aparente esfuerzo.
+
+--Se le debía llamar Ragasse--dijo la joven al ver al caballo domado
+obedeciendo dócilmente al jinete.
+
+--¿Por qué?--preguntó el conde.
+
+--Por nada. Un episodio de nuestras campañas. ¿Se acuerda usted,
+capitán?
+
+¡Si se acordaba!
+
+No hay nada tan desagradable para un tercero, y para un tercero un poco
+celoso, como la evocación de un pasado en que él no ha tomado parte... y
+Raúl se quedó muy ofendido... Estábalo también al verse abandonado por
+otro, y cuando Eva, con su inconsciente crueldad de mujer, le dijo
+amablemente: «Hoy, señor de Candore, su discípula de usted le devuelve
+su libertad,» el conde, a pesar de su perfecta corrección, no pudo menos
+de responder con un dejo de amargura:
+
+--¡Plaza a los jóvenes, entonces!... Este caballero asciende por
+elección.
+
+--No, por antigüedad; es un amigo más antiguo que usted--respondió la
+joven con vivacidad, aunque corrigiendo con una sonrisa lo que esta
+respuesta tenía de desagradable...
+
+ * * * * *
+
+...¡Después la cacería! La embriaguez de galopar juntos al son de la
+trompa que estallaba como una música triunfal, en medio de un torbellino
+de jinetes, cortejo improvisado de su felicidad. ¡Ah! qué poco se cuidan
+los dos imprudentes, del despecho y de la cólera que dejan detrás...
+Tampoco se ocupaban de la mirada celosa que les seguía a través del
+espacio ni de los negros pensamientos que señalaban más las ligeras
+arrugas de la frente del diplomático, mientras el tío Dick, poco seguro
+en su caballo, una plácida yegua digna de un obispo, iba a pegarse a él
+esperando sin duda que le prestase un poco de su aplomo. ¡El buen tío
+Dick! ¡Cómo hubiera querido Raúl verle en el fondo de un barranco!...
+
+ * * * * *
+
+...Después, embriaguez mayor todavía, la entrada en la espesura para
+encontrar la buena pista; el gozo de encontrarse solo con ella.
+
+La hubiera seguido así hasta el fin del mundo.
+
+Y, sin embargo, todo le decía que debía huir de la peligrosa sirena...
+
+Su razón le gritaba:
+
+«¡Detente!... no vayas más lejos. El espíritu es fuerte, pero la carne
+es débil. Vuelve sobre tus pasos si no quieres dejar pedazos de tu
+corazón entre las malezas de los bosques.»
+
+Su orgullo le gritaba:
+
+«¡Detente! Principios, honor, deber, todo lo pisotearías. Es rica, y tú
+pobre; te debe la vida y no debes abusar de ello. Vuelve sobre tus
+pasos, si no quieres dejar un poco de tu dignidad entre las piedras del
+camino.»
+
+Pero su alma cantaba los versos de Musset:
+
+ Yo amo sin esperanza
+ mas no sin felicidad
+ la veo y es ya bastante.
+
+Y esa felicidad fugitiva y efímera, de la que no se llevaría más que el
+recuerdo embalsamado, a sus lejanas guarniciones, ¿debía sacrificarla a
+un vano escrúpulo?... ¿Qué mal hacía gozando de aquella querida
+presencia como se respira una flor, sin cogerla ni tocarla?
+
+ * * * * *
+
+Después de una galopada bastante larga, la joven se volvió como si
+sintiese la ardiente caricia de aquella mirada fija en ella y dijo
+riendo, quizá para ocultar su confusión:
+
+--Creo que nos hemos perdido.
+
+--En efecto...
+
+--¿Desea usted mucho encontrar el camino?
+
+--Haremos lo que usted quiera.
+
+--Pues, entonces, no quiero. ¿Para qué echar a perder el paseo buscando
+papelitos como el pequeño Pucet sus guijarros?... Y él tenía aún una
+razón, puesto que al fin del camino estaba la casa de su padre.
+
+El capitán pensaba enteramente como ella, y, quemando lo que había
+adorado, declaró con desenvoltura que el Rally-paper era grotesco y
+ridículo...
+
+--Es perfecto--dijo la joven,--para aquellos a quienes divierte. Yo
+prefiero gozar pacíficamente del encanto de los bosques y de la
+conversación, mejor que registrar las matas como si estuviese oculto en
+ellas algún hurón.
+
+También era esta la opinión del capitán.
+
+--Su tía de usted me ha gustado mucho, pero mucho--declaró la joven
+americana con esa espontaneidad que tan bien le sentaba.--¿Es hermana de
+su madre de usted?
+
+--No, miss Darling, es sólo mi prima muy lejana. Ese nombre de tía
+Liette es una ingeniosa delicadeza suya para engañar mi aislamiento de
+huérfano y crear entre nosotros un lazo ficticio más poderoso que muchos
+lazos naturales. Quiero a la tía Liette tanto como si fuera mi madre.
+
+--Y bien se ve que ella le quiere a usted como a un hijo. Son ustedes
+los dos muy felices. Yo también me quedé huérfana muy pequeñita, pero no
+he tenido segunda madre. Mi tío es excelente y me quiere mucho, pero es
+un hombre. Para él, mi dicha consiste en no rehusarme nada, en
+satisfacer todos mis caprichos y en prevenir mis menores deseos... Nada
+más, y es poco...
+
+--¡Cómo! ¿Ni una parienta?
+
+--Sí, parientes... pobres. Sabe usted, capitán, que es uno de los
+inconvenientes de la riqueza el ver siempre el gusano roedor que ataca a
+los más hermosos frutos. ¡Es tan raro el encontrar un cariño
+desinteresado! Usted no ha dudado jamás de un beso de su tía...
+
+--Y con razón; se lo debo todo...
+
+--En mí, cada caricia un poco tierna ha ido siempre precedida de una
+petición de dinero, una deuda que pagar, una joven que dotar, un sobrino
+que establecer... «Hija mía, debías decir a tu tío...» ¡Oh! ya conocía
+la fórmula... Por eso mi corazón de niña, ávido de entregarse, se moría
+de asco; no he querido ya alrededor de mí más que mercenarios
+declarados, con los cuales, al menos, no me llevaba chasco. ¡Es triste!
+
+--Sí, en eso está el escollo--murmuró el joven oficial.--Lo que atrae a
+los unos ahuyenta a los otros.
+
+--¿Por qué?
+
+--¿No ha pensado usted nunca en eso, miss Darling? Porque esa duda cruel
+que envenena su vida de usted, sería más cruel todavía para los que
+creyeran leerla en sus ojos amándola sinceramente.
+
+--Es verdad, no es fácil obligar a un alma orgullosa. Esto me recuerda
+una de las más bellas escenas de Schiller, cuando don Carlos, siendo
+niño, quiere en vano obtener la amistad de Posa, niño como él, y choca
+con el frío respeto que es debido «al hijo del rey», hasta el día en
+que, para vencer su orgullo, se denuncia en su lugar como autor de
+cierto atentado contra la dignidad de Felipe, y recibe el castigo
+servil destinado al que resulta al fin su amigo.
+
+--Sí, la escena es hermosa; pero el marqués de Posa, ese modelo de
+generosidad, me resulta un poco disminuido aceptando tan fácilmente la
+abnegación caballeresca del príncipe.
+
+--Es usted muy severo. El sacrificio es a veces menos penoso que el
+agradecimiento.
+
+--Habla usted como la tía Liette.
+
+--Mejor. Quisiera parecerme a ella en todo.
+
+--«Abnegación, tu nombre es mujer». Pero yo, que no soy más que un
+hombre, tengo la quisquillosa susceptibilidad de mi sexo...
+
+--¿No pediría usted entonces la mano de una heredera?--preguntó la joven
+valientemente.
+
+El capitán bajó los ojos para huir de la clara mirada fija en la suya, y
+respondió con acento ahogado, pero firme:
+
+--No, señorita.
+
+Hubo un instante de silencio.
+
+Eva azotaba nerviosamente con la fusta las hojas secas que quedaban
+todavía en las ramas muertas... Carlos se mordía el bigote oprimido por
+la conciencia de la palabra irreparable arrancada a su conciencia.
+
+¿Quién sabía?
+
+Acaso le amaba ya un poco, a él, que la amaba tan apasionadamente...
+Acaso su brutal franqueza había helado la florecilla azul de un áspero
+frío de invierno. Acaso, al ahogar la declaración que asomaba a sus
+labios, había sacrificado a un exceso de orgullo la dicha de Eva como su
+propia dicha... Y las hojas caídas no reverdecen más...
+
+La trompa hizo oír a lo lejos su queja melancólica como un débil
+suspiro... De repente atravesó la calle y se deslizó entre las patas de
+los caballos un grueso reptil de larga cola y los dos caballos,
+asustados, hicieron una huida. Carlos permaneció firme en la silla, pero
+Eva fue arrancada violentamente de la suya y cayó al suelo, felizmente
+algodonado de musgo. Su grito de pavor fue ahogado por el de su
+compañero. Más rápido que el pensamiento, el joven, se tiró del caballo
+y levantó en sus robustos brazos a la linda desmayada.
+
+--¡Eva! ¡Mi querida Eva!--exclamó transportado por irresistible
+entusiasmo.
+
+¿Había Eva perdido completamente el conocimiento? ¿Vibró en su oído
+aquella llamada apasionada? ¿Vio a través de sus párpados cerrados
+aquella cara alterada e inclinada ansiosamente sobre la suya? ¿Adivinó
+la angustia de aquel corazón poseído por ella y que quería en vano
+defenderse?
+
+Un fugitivo rubor coloreó sus mejillas y una sonrisa pareció dibujarse
+en sus labios.
+
+Después de todo era acaso un purpurino rayo de sol que jugueteaba entre
+las ramas...
+
+ * * * * *
+
+Vuelta en sí, la joven declaró valientemente que quería continuar el
+paseo, pero en el momento de montar a caballo vio una cosa que relucía
+en la hierba pisada.
+
+Era la crucecita regalo de la tía Liette.
+
+--No me lo hubiera perdonado nunca, y con razón--exclamó la joven miss
+cuando Carlos le explicó el origen de la cruz.--Espere usted que se la
+prenda sólidamente.
+
+Y con sus dedos un poco temblorosos prendió la alhaja de esponsales en
+el uniforme de Carlos, como lo hizo sin duda la pobre criolla cincuenta
+años antes.
+
+ * * * * *
+
+¡Ahora podían ya sonar las trompas!
+
+ * * * * *
+
+Era inútil preguntar a Carlos si estaba contento de aquel día. Su dicha
+rebosaba como el champagne en una copa llena, y brillaba en el timbre de
+su voz, en el crujido de sus botas y en la antigua casa, poniendo la
+alegría en todos los muros y una sonrisa en los seres y en las cosas. El
+mismo Breal le seguía con sus ojos de vidrio con tanta complacencia, que
+el joven estaba tentado por interpelarle directamente como en los
+tiempos en que siendo pequeño le tomaba por confidente de sus sueños
+infantiles.
+
+¡Era dichoso!
+
+¿Por qué?, hubiera preguntado la fría razón.
+
+¿Se habían modificado sus ideas en el curso de aquel paseo sentimental?
+¿Ponía ya a un lado sus prejuicios? ¿Había pasado la barrera de los
+vanos escrúpulos? ¿Se iba a declarar pretendiente de aquella manita
+demasiado llena de oro?
+
+No, seguramente.
+
+Entonces... ¡Bah! ¿Qué importaba? ¡Qué tonta es la señora Razón
+congelada en sus principios e incapaz de comprender... lo
+incomprensible!
+
+No, nada había cambiado en sus proyectos para el porvenir. Eva se
+volvería a América y él a alguna guarnición lejana. Probablemente no se
+verían más; él envejecería solitario como la tía Liette: ella se casaría
+con algún brillante noble o con algún rey del país de los dólares... No
+era esta una agradable perspectiva, y, sin embargo, era feliz.
+
+«El corazón tiene razones que la razón no conoce.»
+
+--¡La amo!--murmuraba Carlos muy bajito.
+
+Y el eco le respondía más bajo todavía:
+
+--¡También te ama ella!
+
+El que no encuentre estas razones suficientes es que no ha tenido nunca
+veinte años.
+
+ * * * * *
+
+Poseído por la embriaguez de la hora presente, Carlos no miraba más allá
+ni pensaba más que en el momento en que debía reunirse de nuevo con su
+amada. El señor de Candore había invitado colectivamente a todos los
+cazadores presentes en Argicourt a una gran batida en sus bosques en la
+semana siguiente. Y el joven oficial no esperaba más que la invitación
+particular fijando el día definitivo, cuando la tía Liette le dijo
+después de una ligera vacilación:
+
+--¿Deseas mucho ir a esa cacería?
+
+¿Si lo deseaba? ¡Oh! sí...
+
+Carlos la miró muy sorprendido.
+
+--No te ocultaré, tía Liette, que debo encontrar allí muy buenos
+camaradas...
+
+--¿Y si yo te pidiera que me la sacrificases como querías sacrificarme
+la otra?...
+
+--No podría rehusártelo, pero lo sentiría mucho más.
+
+--¿Por qué? Apenas conoces al señor de Candore.
+
+--No es solamente por él, pero sus bosques son, según se dice, muy
+abundantes en caza y a mí me gusta mucho esta diversión.
+
+El joven se embrollaba más y más.
+
+--En fin, tía Liette, me sería muy penoso el no ir, confesó francamente.
+
+Por las tranquilas facciones de la solterona se deslizó la sombra de una
+duda.
+
+--Entonces, me es doblemente penoso el insistir, hijo mío, pero te lo
+ruego, no vayas a esa cacería--dijo con dulce firmeza.
+
+Impresionado por su acento, el joven experimentó una vaga inquietud.
+¿Había su tía adivinado su secreto? ¿Desaprobaba su conducta?
+
+--¿Tienes algo que reprocharme, tía Liette?--balbució confuso.
+
+Liette hizo un gesto de orgullo.
+
+--¿A ti? No, hijo mío; mis razones son enteramente personales. No me las
+preguntes... por el momento.
+
+Asombrado, Carlos se inclinó discretamente.
+
+--Está bien, tía Liette, no aceptaré la invitación--dijo ahogando un
+suspiro.
+
+El joven no debía tener este disgusto...
+
+¿Fue olvido voluntario o involuntario? Ello fue que la invitación no
+llegó...
+
+--Mejor, así no tendrás necesidad de excusarte--dijo la oficinista
+tranquilamente timbrando la serie de tarjetas de invitación destinadas a
+las personas de los alrededores.
+
+Pero Carlos no lo veía lo mismo, y se tiraba del bigote, presa de una
+sorda irritación.
+
+Aquello era más que una falta de política por parte de una persona tan
+correcta; se veía una intención ofensiva. ¿Por qué?
+
+El conde no le había sido muy antipático a primera vista. Con el
+desprecio inconsciente de la juventud por la edad madura, Carlos no
+había podido ver un rival en aquel cincuentón bien conservado... Pero
+ahora, pensando mejor en el asunto, recordaba pequeños detalles que
+habían pasado inadvertidos: su frialdad intencionada, su hostilidad
+transparente, su despecho mal disimulado... y se preguntaba si esta
+omisión más o menos premeditada sería un desquite...
+
+Lo peor era que no podía enfadarse sin ponerse en ridículo. No se puede
+provocar a un caballero para obligarle a que nos invite. Había que
+tascar el freno en silencio mientras el hábil diplomático ocupaba al
+lado de Eva el sitio reconquistado. El joven, a su vez, sufría el duro
+escozor de los celos y seguía con mirada de envidia a los convidados más
+felices que iban a Candore en carruajes variados.
+
+¡Qué triste día! ¡Qué lúgubre y largo al lado del anterior, tan corto y
+tan radiante y que no tenía continuación! ¡Todo se había acabado!
+
+Su licencia expiraba dentro de ocho días. Una visita de cumplimiento a
+Argicourt, donde tendría acaso la suerte de un encuentro fortuito, de
+una entrevista rápida, de una despedida trivial, y nada más. ¡Era poco!
+¡Ah! tía Liette, tía Liette...
+
+No la acusaba, seguramente; debía de tener buenas razones... De otro
+modo, ¿le hubiera causado semejante pena con mala intención?
+
+Porque Carlos había tenido mucha pena, y ella también de rechazo, pero
+ella se callaba sabiendo por experiencia que la mano más delicada es
+siempre torpe al tocar ciertas heridas... Y las horas pasaban
+lentamente; el crepúsculo desplegaba su velo gris por los campos y ya
+comenzaba el desfile del regreso. Delante del Correo detúvose un coche y
+apareció en el umbral el anciano general Estry.
+
+--No molestarse--dijo con su franqueza militar,--es la visita de un
+amigo que pasa. Quiero felicitar a su tía de usted por el valiente
+soldado que nos ha dado. Felicito a usted sinceramente, señorita, he
+conocido mucho a su padre de usted, y su sobrino no ha degenerado.
+¡Haría falta que hubiera muchas mujeres como usted y muchos hombres como
+él...
+
+Marchose el general, y la madre y el hijo no habían vuelto de su
+sorpresa cuando se abrió de nuevo la puerta. Eran dos antiguos camaradas
+de Saint-Cyr de guarnición en Noyon.
+
+--Dispénsenos usted, señorita, pero queríamos absolutamente presentar a
+usted nuestros respetos y estrechar la mano del capitán antes de su
+partida. Sabe que no tiene más que amigos en el ejército y que puede
+contar con nosotros en todas las ocasiones...
+
+Ni el uno ni los otros hicieron la menor alusión a la ausencia de Carlos
+a la cita dada. Y continuó el desfile...
+
+Cordiales apretones de manos, protestas de estima, señales de respeto,
+nada faltó, y el corazón de los que eran objeto de estas manifestaciones
+llegó a oprimirse vagamente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué esas muestras
+de simpatía que parecían cumplimientos de pésame? ¿Quién se les había
+muerto? ¿Qué desgracia les castigaba?
+
+Un gran ruido de cascabeles, y un break se detiene en la puerta. Los
+señores de Argicourt entran a su vez seguidos de Eva, que abraza
+valientemente a la tía Liette.
+
+--Señorita--dice la joven castellana, mientras su marido estrecha una
+vez más la mano de Carlos,--tendríamos mucho gusto en ver a ustedes en
+Argicourt antes de que se vaya el capitán. Estaremos en toda intimidad;
+una comida de familia. No nos rehusarán ustedes este favor, que nos
+honrará mucho, y ustedes elegirán día...
+
+Decididamente, había algo...
+
+Cuando se marcharon, el joven oficial se puso el abrigo con ademán
+nervioso y cogió el sombrero.
+
+--¿Adónde vas?--le preguntó la tía Liette asustada.
+
+--A dar una vuelta antes de comer; me ahogo aquí.
+
+Carlos salió y se alejó a grandes pasos. Quería saber... El sabría...
+
+ * * * * *
+
+Al llegar a Candore, la primera mirada de Eva fue para buscar al
+capitán. Raúl lo echó de ver, y sintió un sordo resentimiento, pero se
+contuvo gracias a ese dominio de sí mismo que da la costumbre del
+mundo, y siguió mostrando la exquisita cortesía que hacía de él un
+perfecto caballero cuando quería tomarse ese trabajo. Neris, por su
+parte, acogió a la joven americana con una amabilidad meritoria dados
+los proyectos matrimoniales de su sobrino, y estaba hablando
+amistosamente con ella de los recuerdos comunes traídos de la Ciudad
+Eterna cuando este último fue a interrumpirlos dando la señal de la
+marcha.
+
+Por segunda vez, Eva echó una mirada circular a la multitud de los
+cazadores, equipados y armados en razón inversa de su habilidad
+cinegética, pues los más temibles para la caza no eran los que tenían
+mejor escopeta ni más profundo morral; pero ella no hizo ninguna
+profunda reflexión. Carlos se reuniría con ellos, sin duda, en la Cruz
+del Pequeño, donde debía empezar la batida.
+
+Solamente, en lugar de seguir a pie con Jenny y unos cuantos intrépidos,
+declaró que prefería el coche, con gran contrariedad del diplomático.
+
+--No tengo verdaderamente suerte con usted, miss Darling--dijo con
+involuntaria acritud.--¡Yo que esperaba hacerle a usted tirar la primera
+pieza!
+
+--No lo sienta usted, porque no la acertaría.
+
+--Pero, en fin, ¿es que le desagrada a usted mi compañía?
+
+--Nada de eso, pero prefiero la del señor Neris--respondió con una
+sonrisa al anciano, que se quedó encantado;--esta vez no dirá usted:
+«¡Plaza a los jóvenes!»
+
+--Ahí lo tienes, sobrino, no eres bastante viejo--observó el octogenario
+con un dejo de malicia.
+
+El conde se encogió de hombros.
+
+--Al menos aboga por mí--le dijo al oído.
+
+Lo que era quizá mucho pedir.
+
+Además de Eva y el señor Neris, la carretela contenía también al notario
+Hardoin y al tío Dick.
+
+--Un terceto de inválidos respirando un capullo de rosa--dijo
+galantemente el anciano Héctor.
+
+--Hable usted por sí mismo--respondió en tono de protesta el
+notario.--Yo mato aún con limpieza una liebre cuando se me antoja, y
+pienso festejar mis bodas de oro con mi despacho cuando la señorita
+Raynal festeje las de plata con la oficina de Correos.
+
+Al oír este nombre, un fugitivo rubor coloreó la graciosa cara de Eva.
+
+--Tiene usted una encantadora vecina--dijo con convicción.
+
+--¿A quién se lo cuenta usted, señorita?--exclamó alegremente el señor
+Neris.--Hace veinte años que este pobre señor Hardoin es fiel a su
+despacho por no renunciar a esa preciosa vecindad, esperando que el
+mejor día la señorita Raynal se equivoque de puerta y se meta en su casa
+para no salir más. Hasta se dice que tiene encima de la mesa un contrato
+enteramente redactado en el que sólo falta una firma...
+
+--Ríase usted, señor Neris. No había más que una mujer para hacerme
+abjurar el celibato, y esa se ha quedado soltera...
+
+--Su sobrino es enteramente... _wery-well_--dijo el tío Dick.
+
+--Son dignos el uno del otro--afirmó gravemente el señor
+Hardoin.--Hubiera deseado tener a la una por mujer y al otro por hijo.
+
+--Muy exigente es usted, querido; yo me contentaría con tenerle por
+sobrino--suspiró el tío de Raúl.
+
+Eva estaba radiante; sus ojos brillantes y su color animado expresaban
+el placer que le causaba la conversación. Así fue que cuando el conde
+volvió a la carga renovando sus instancias para hacerla decidirse a
+hacer compañía a la juventud, la joven rehusó con viveza y le envió
+bastante bruscamente a sus ojeadores, que ya estaban haciendo ruido.
+
+¡Qué diablo! No sólo hay éxitos en la carrera diplomática y un solo
+pantalón rojo vence a veces, nada más que con mostrarse, a las sabias
+combinaciones de todos los Talleyrand del mundo.
+
+Es probable que si la joven miss hubiera vislumbrado el dormán del
+capitán al través de las ramas hubiera encontrado de pronto menos
+atractivos a la sociedad de los tres inválidos, pero las instancias del
+diplomático no tenían el mismo poder. En amor como en la guerra, los más
+elocuentes no son los más habladores, y Eva hubiera respondido de buena
+gana como Inés:
+
+ Horacio con dos palabras
+ lo hablara mejor que vos...
+
+Y falta saber si esas dos palabras eran necesarias...
+
+ * * * * *
+
+La cacería estaba acabada. De vez en cuando algún tiro aislado como
+último eco del tiroteo del día; alguna liebre que saltaba por el llano;
+alguna perdiz asustada que rastreaba el surco.
+
+Carlos no había parecido...
+
+--¿Por qué?--se preguntaba Eva muy triste.
+
+¿Sería que su huraño orgullo podía más que su tímido amor? ¿Sería que
+aquel valiente tenía miedo de ella y de sí mismo, y, sin fuerza para
+afrontar una nueva entrevista, empleaba su valor en la fuga?
+
+Porque Carlos la amaba, estaba segura.
+
+Si la duda trataba de insinuarse en su corazón, Eva no tenía más que
+cerrar los ojos para volver a ver a aquel varonil semblante ansiosamente
+inclinado hacia ella y para oír el eco todavía vibrante de aquel
+apasionado: «¡Eva, mi querida Eva!» que hacía estremecerse
+deliciosamente todo su ser.
+
+¿Era, pues, su voluntad más fuerte que su amor?
+
+Y la joven miss hacía una linda mueca que indicaba un ligero despecho.
+Por una vez, ella, que tanto apreciaba a los fuertes, hubiera preferido
+un poco de debilidad... Ya el sentimiento que turbaba su alma quitábale
+el aplomo, y ella tan valiente, no se atrevía a preguntar. Pero el tío
+Dick acercó tranquilamente el fuego a la pólvora.
+
+--¿Cómo será que no hemos visto al capitán? ¿Se habrá acabado su
+licencia?
+
+--No, señor Darling--respondió el notario con acento distraído,--pero no
+estaba invitado que yo sepa...
+
+--¡Cómo!--protestó vivamente Eva;--fue una invitación colectiva y yo fui
+testigo.
+
+--Entonces no ha sido reiterada.
+
+--¿Está usted seguro, señor Hardoin?
+
+--Segurísimo, señorita.
+
+La cara de la joven se iluminó con una llama. Aquella flagrante falta de
+educación, cuyo secreto motivo adivinaba, le hizo el efecto de una
+injuria personal a la que se propuso responder duramente.
+
+Al volver al castillo, donde había preparado un lunch Raúl ofreció el
+brazo a su «perversa amiga», que lo aceptó con una espontaneidad de buen
+agüero y se dejó conducir al puesto de honor. Pero apenas el conde, muy
+entusiasmado, hubo dicho unas cuantas galanterías triviales, la joven le
+disparó a quemarropa y en voz tan clara que todo el mundo lo oyó:
+
+--A propósito, el capitán Raynal no ha recibido invitación, ¿sabe usted?
+
+Desconcertado por aquel ataque imprevisto, el conde balbució algunas
+palabras vagas.
+
+--Quería advertírselo a usted--prosiguió Eva agresiva,--por si es un
+olvido... lamentable...
+
+--Sí y no, señorita--respondió Raúl picado en lo vivo por aquella
+visible ironía. Siento infinito haber privado a usted de un acompañante
+a quien parece apreciar mucho...
+
+--Mucho...
+
+--Pero por otra parte, lo confieso, le agradezco una reserva muy
+indicada en él.
+
+--¿Por qué? Explíquese usted, si gusta.
+
+--Hay cosas imposibles de explicar a una señorita.
+
+Hubo un instante de silencio molesto.
+
+El señor Hardoin jugaba con el cuchillo, con una enigmática sonrisa en
+los labios.
+
+--Dispense usted, querido conde--dijo gravemente el señor de
+Argicourt,--pero usted ha encontrado al capitán Raynal en mi casa y soy
+solidario de todos mis huéspedes. ¿Sabe usted alguna historia respecto
+de él?
+
+--No quiera Dios, mi querido amigo--protestó vivamente Raúl, que sentía
+ya su torpeza;--creo que es un oficial de mérito, del que no tengo nada
+que decir... Pero no es sólo...
+
+--Creía haber encontrado con frecuencia a la señorita Raynal en casa de
+su madre de usted, señor conde--dijo tranquilamente el notario.
+
+--Y yo siento tener que recordarte que esa persona, por la que profeso
+la más alta estima, ha sido la compañera y la amiga de tu mujer, mi
+pobre hija--añadió Neris con severidad.
+
+El conde se mordió los labios. Su celoso rencor le había llevado
+demasiado lejos.
+
+--Tienes razón, tío, no he debido olvidarlo--dijo esperando cortar así
+el debate.
+
+Pero Eva no le permitió esquivarse por esta hábil maniobra.
+
+--Perdone usted--dijo extendiendo su fina mano como para cortarle la
+retirada;--si no comprendo mal, es a la señorita Raynal a la que se
+refieren sus insinuaciones... No diré a usted que eso no es digno de un
+noble, ni siquiera de un caballero... Pero, ¿no la ha mirado usted
+nunca?
+
+--Dispense usted, señorita, pero la cuestión se extravía a un terreno
+muy delicado al que no puedo seguirla.
+
+--Entonces era preciso no haberme precedido en él.
+
+La respuesta fue clara y ceñida como un latigazo, y la joven y valiente
+miss que así defendía a su sexo fue saludada con un murmullo de discreta
+aprobación.
+
+El conde se inclinó un poco pálido.
+
+--He hecho mal, lo confieso--dijo no sin nobleza;--he pronunciado
+palabras inconvenientes, falta imperdonable en un viejo diplomático, y
+pido a usted que me dispense, señorita, dándole gracias por la
+lección... que no aceptaría de nadie más--añadió con altanería.
+
+Quedaba terminado el incidente; pero no por eso dejó de reinar cierto
+malestar hasta que se marcharon los convidados. Al despedirse del
+conde, el notario Hardoin le dijo con bondad:
+
+--Si tiene usted curiosidad de conocer la verdad sobre el capitán
+Raynal, señor conde, tómese el trabajo de ir el domingo a mi despacho;
+necesito justamente un testigo para un acta de adopción.
+
+ * * * * *
+
+Cuando el señor Hardoin, que había acechado la salida del joven,
+aprovechó su ausencia para poner a su vecina al corriente de los hechos
+del día, Liette se quedó un instante pensativa y una sombra alteró la
+serenidad de su frente.
+
+--Esto es lo que yo temía--murmuró.
+
+--Aseguro a usted, querida amiga, que aquello fue para usted la ocasión
+de un verdadero triunfo. No hubo ni una nota discordante.
+
+--¡Ay! sí, una sola, y lo deploro por él y por Carlos.
+
+--Permítame usted que no me asocie a su pena en cuanto al primero. La
+impunidad de ciertos culpables me subleva, y es pan bendito cuando
+ellos mismos recogen varas para azotarse.
+
+--Pero Carlos...
+
+--¿Qué? ¿No contaba usted con aprovechar su presencia para decirle la
+verdad y regularizar su situación?
+
+--Sin duda, pero no preveía tales complicaciones...
+
+--Vamos a ver, mi prudente amiga, un poco de calma; no perdamos la
+cabeza sin ton ni son. El señor de Candore ha estado... torpe, por no
+decir más; ya ve usted si soy indulgente. Si se ha puesto en el caso de
+avergonzarse delante de usted y delante de Carlos, peor para él; será un
+castigo merecido.
+
+--No es eso sólo, aunque sea en extremo penoso; pero temo...
+
+--¿Qué?
+
+--Todo. Carlos está celoso...
+
+--¿Del conde? Yo hubiera creído lo contrario, y con razón... Miss
+Darling manifiesta tan claramente su preferencia, que no hay necesidad
+de ser gran psicólogo para leer en su corazón...
+
+--¡Y él! Carlos no piensa más que en ella; por esto quisiera evitar a
+toda costa un escándalo lamentable... Sin esa funesta rivalidad, ¿quién
+sabe? El conde no está absolutamente desprovisto de buenos
+sentimientos... Es libre, rico...
+
+--¿En qué piensa usted, querida amiga?
+
+--En la felicidad de Carlos.
+
+--¡Usted, que no quería compartir sus derechos con nadie, ni siquiera
+conmigo!...
+
+--¿Y no había en eso un poco de egoísmo? Hay que querer a los hijos por
+ellos, no por uno mismo. Si él tuviese una fortuna, un nombre...
+
+--Pronto tendrá legalmente el de usted, y es demasiado ahijado mío para
+no preferirlo a cualquiera otro. En cuanto a la fortuna... no creo
+faltar al secreto profesional confiando a usted que hay alguien que se
+interesa por él... y le asegura en su testamento una honrosa medianía...
+sin perjudicar a nadie... Esa es la ventaja de ser soltero.
+
+Liette, enternecida, le estrechó silenciosamente la mano.
+
+--¡Bah! nada de emoción--dijo el notario con expresión de mal
+humor;--eso me quitaría el apetito y acaso perturbara al muchacho, que
+probablemente no sospecha nada y va a venir a comer según costumbre.
+
+Sin embargo, él tampoco estaba muy tranquilo, y cuando vio al fin a su
+ahijado, ahogó un suspiro de alivio.
+
+Carlos estaba tranquilo, casi risueño.
+
+--¿Tú quoque, padrino?--exclamó con alegría un poco forzada.--Todo el
+pueblo se había dado cita en nuestra humilde casa, y usted sólo
+faltaba. La verdad es que le estaba a usted esperando con una delegación
+de los bomberos. ¿No es usted su capitán honorario?
+
+--Sí, búrlate, mal muchacho. No se hará jamás bastante público homenaje
+a la que tienes el honor de pertenecer...
+
+--Ciertamente--respondió Carlos con voz un poco alterada.
+
+Mientras Hardoin, muy verboso, se metía en una larga digresión sobre un
+proyecto de fiesta del «Mérito modesto», generalmente desconocido,
+Liette seguía con mirada inquieta al joven, que iba y venía en el
+comedor como si no pudiera estarse quieto.
+
+--¿No me había usted dicho que iba el domingo a Argicourt,
+padrino?--preguntó de repente, cortando un período que ni siquiera había
+oído.
+
+--¿A Argicourt?... ¡Ah! sí, perfectamente. Un arriendo que renovar.
+
+--Si usted no tiene inconveniente, aprovecharé su coche para hacer la
+visita de despedida al castillo.
+
+--Concedido, ahijado; si eres bueno, tú guiarás a la Gris.
+
+Carlos se rió al recordar aquel tiempo ya lejano, y durante toda la
+comida se complació en recordar los hechos de su primera infancia con
+una animación un poco fingida en la que se descubría un poco de
+melancolía.
+
+Cuando por la noche acababa de meterse en la cama, llamaron suavemente a
+su puerta. Era la tía Liette con su candelero en la mano...
+
+--Esta noche no me has dado un beso, hijo mío--dijo medio en broma,
+medio regañando;--sabes que cuando eras pequeño, eso era mala señal;
+alguna tontería o alguna pena que ocultarme. No querías mirarme de
+frente porque decías que leía en tus ojos...
+
+Y apoyándose en la almohada, preguntó en tono risueño, desmentido por su
+acento angustiado:
+
+--¿Tontería o pena, hijo mío?
+
+--Ni lo uno ni lo otro, tía Liette--respondió Carlos en un relámpago de
+orgullo.
+
+Liette no insistió, y después de rozar su mejilla con un beso maternal,
+se retiró sin decir una palabra. Pero la bujía temblaba en su mano y las
+gotas de cera caían a su paso, pesadas y cálidas como lágrimas.
+
+ * * * * *
+
+La Gris, con su apacible trote, llevaba por el camino brumoso al anciano
+y al joven igualmente preocupados... Para engañarse mutuamente hablaban
+de cosas indiferentes con animación ficticia, pero sus pensamientos
+estaban en otra parte. Carlos se representaba la escena del día
+anterior, cuyo relato le había sido fácil obtener de algunos vecinos
+labradores, y subíanle al rostro vapores de cólera. A cada paso tiraba
+de las riendas nerviosamente, con gran escándalo de la buena yegua,
+acostumbrada a más consideraciones.
+
+--Trae muchacho--decía entonces el notario,--los militares tenéis la
+mano dura.
+
+¡Dura! nunca lo sería bastante para castigar al que se había atrevido a
+tocar a la tía Liette. Rivalidad, celos, todo estaba olvidado y
+arrebatado por el viento del ultraje hecho a su madre adoptiva,
+sacrilegio al lado del cual parecía todo mezquino y pueril a su culto
+filial. En aquel momento era hijo, nada más que hijo, y si de vez en
+cuando una blanca silueta que flotaba ante sus ojos endulzaba un poco su
+brillo metálico, era que le agradecía el haber ocupado tan bien su
+lugar.
+
+El notario iba pensando en esa justicia inmanente, para la cual no hay
+prescripción y que obliga, un día u otro, al deudor insolvente a
+remover las cenizas del pasado en que debe encontrar el pagaré en
+descubierto.
+
+--El invierno va a ser crudo este año--decía el uno.
+
+La cosecha de remolacha no va a ser mala--decía el otro.
+
+Y la conversación, de la que estaba ausente el pensamiento, continuaba
+indiferente y vacía, mientras Liette, en su casa, cumplía su misión
+maquinal, con el corazón oprimido por dolorosa angustia. ¿Sabía algo
+Carlos?
+
+La madre adoptiva analizaba sus menores palabras y sus menores gestos...
+Carlos parecía tranquilo y contento... Pero evitaba el mirarla...
+Además, ¿por qué iba a Argicourt?... La visita de cumplimiento por su
+próxima partida y, sobre todo, la presencia de Eva, bastaban para
+explicar... Evidentemente, no había para qué alarmarse...
+
+Y con mano temblorosa, comenzaba una carta para desgarrarla en seguida.
+
+Si Carlos no sospechaba nada, un paso prematuro podía ser
+contraproducente. Más valía no precipitar nada y dejar hacer al señor
+Hardoin. Pero, ¿y si sabía algo? ¿Y si él tomaba la delantera mientras
+ellos andaban en esas dilaciones? ¿Y si daba un escándalo, provocaba un
+encuentro y ella lo sabía demasiado tarde? ¡Dios mío!
+
+Estremecida por este pensamiento, Liette tomaba la pluma y escribía:
+
+«Señor conde.»
+
+Después se detenía de nuevo indecisa y turbada. ¿Qué hacer?
+
+Estaba dando vueltas en la mente por centésima vez a esta cuestión,
+cuando se paró a la puerta una «charrette» inglesa y Eva apareció en el
+umbral conmovida y agitada. La joven, sin más preámbulos, se echó en los
+brazos de la anciana admirada.
+
+--¡Oh! tía Liette, tía Liette...
+
+Y rompió a sollozar... Aquel era el peligro previsto y temido; la hija
+del comandante encontró toda su energía para hacerle frente.
+
+--Vamos a ver, hija mía, ¿qué hay?--preguntó con su dulce firmeza.
+
+--¡Va a batirse!
+
+La joven, tímida, no se atrevía a pronunciar su nombre; pero no había
+necesidad.
+
+--¡Oh! los presentimientos de las madres...
+
+--¿Está usted segura? ¿Quién se lo ha dicho a usted? ¿Cuándo? ¿Cómo?
+
+--Va usted a oír, tía Liette... ¿Me permite usted que la llame así?...
+Eso me tranquiliza... Tengo el corazón tan oprimido...
+
+--Sí, querida hija mía; vamos, tranquilícese usted y hable pronto.
+
+--Hoy ha venido a despedirse, pero estaba muy cambiado, muy distraído,
+muy preocupado... apenas me miraba...
+
+--¡Oh! eso es grave, hija mía--dijo la tía Liette sonriendo a pesar de
+su tristeza.
+
+--¿Verdad que sí?--respondió cándidamente la joven miss.--Así fue, que
+cuando el señor de Argicourt fue a acompañarle, los seguí con disimulo y
+me puse a escuchar... Sé que hice mal, tía Liette...
+
+Liette le estrechó la mano, como para animarla.
+
+--Entonces, le oí rogar a su antiguo compañero que le sirviese de
+padrino en un lance de honor... a propósito de unas palabras... que
+usted ignora sin duda, tía Liette...
+
+La anciana movió la cabeza.
+
+No, no ignoraba nada, ni el ataque ni la defensa, y una presión
+significativa de sus temblorosos dedos dijo su tierno agradecimiento
+hacia su valiente campeón.
+
+--En una palabra, el señor de Argicourt y el señor de Estry deben de
+estar en este momento en casa del señor de Candore para pedirle una
+satisfacción.
+
+--¡Oh! Dios mío.
+
+--Y he tenido miedo, yo, tía Liette, que no soy sin embargo, una
+mujerzuela y comprendo muy bien que un oficial... En su lugar, hubiera
+hecho lo que él... Dios protegerá el buen derecho, ¿verdad? Pero por
+mucho que me repito todo esto, tengo miedo, tía Liette, y he venido a
+usted, que es tan fuerte y tan poderosa, a pedirle un poco de su fuerza
+y de su valor... Y es que le amo, tía Liette... No debía decir a usted
+esto... pero nunca he tenido madre...
+
+Y ocultó la cara, que se enrojecía bajo las lágrimas como una rosa bajo
+el rocío, en el seno de la anciana enternecida por esta ingenua
+declaración.
+
+--Tranquilícese usted, hija mía; ese duelo no puede verificarse y no se
+verificará...
+
+--¿Quién podrá impedirlo?
+
+--Yo--respondió tranquilamente la tía Liette.
+
+ * * * * *
+
+El despacho presentaba una animación inusitada. Los ruidosos
+dependientes charlaban a más y mejor a pesar de las llamadas al orden
+del principal, un poco distraído él también de su importante tarea.
+Desde aquella mañana el notario tenía la cara de los grandes días y no
+hacía más que abrir la puerta de su despacho para dar órdenes. Y todo se
+volvían idas y venidas del despacho al Correo, por fortuna próximo, como
+decía el aprendiz, que de otro modo hubiera estado cocido en obra.
+Después había empezado el desfile. Primero el señor Darling y su
+sobrina, que habían tenido una larga conferencia con el notario. Después
+había sido introducido el capitán Raynal y ahora estaban esperando al
+señor de Candore.
+
+¿Qué significaba todo aquello?
+
+Un contrato de matrimonio, evidentemente.
+
+¿Pero con quién?
+
+¿Con el oficial o con el diplomático?
+
+--Su corazón se columpia entre los dos--exclamó el aprendiz acechando
+desde la ventana la llegada del conde.
+
+--¡Silencio!--mandó de nuevo el principal.
+
+--Usted, que es un hombre de peso, ¿cuál es su opinión?
+
+--Mi opinión es que no la tengo, querido Candore. Evidentemente, un
+simple oficial de fortuna no debía pesar en la balanza al lado de un
+personaje de la importancia del señor de Candore, noble, rico e
+influyente.
+
+--Un poco farsante--dijo el incorregible empleado.
+
+--Pero el corazón de las mujeres es un abismo insondable--dijo el primer
+dependiente con aire doctoral,--Josefina prefirió Bonaparte a Barras.
+
+--Y no anduvo descaminada.
+
+--¡Silencio! Ahí está Barras.
+
+Entraba el conde, frío y altanero según su costumbre.
+
+El principal se levantó con deferencia para introducirle en el despacho
+del notario, a quien encontró solo con gran asombro suyo.
+
+--¿Dónde diablos se han metido los otros?
+
+--Puede que en algún armario--dijo el joven Candore, que había estado en
+París y se jactaba de conocer las piezas de Hennequín.
+
+Pero se calló porque la señorita Raynal entraba a su vez en el despacho.
+
+--El señor Hardoin está ocupado, señorita.
+
+--Lo sé, me está esperando...
+
+La puerta se había abierto, y el notario dejaba paso a Liette, con gran
+asombro de los pasantes.
+
+--Amigos míos, esto huele a quinto acto--exclamó el supuesto
+«boulevardier».
+
+ * * * * *
+
+El conde no había acudido a la cita del notario sin una secreta
+aprensión. Un poco molesto ya por la querella que se había buscado con
+su inexcusable intemperancia de lenguaje, y en la que veía que no era
+el suyo el mejor papel, estaba de un humor execrable y arrugaba
+nerviosamente la esquela tan lacónica como urgente llevada al castillo.
+
+--¿Qué diablos puede quererme?--murmuraba entre dientes.
+
+--Lo mejor es ir a verlo--dijo sencillamente su tío.--Hardoin es
+demasiado formal para molestarte sin motivo serio.
+
+--¿No te figuras tú lo que es?
+
+--Es posible--respondió gravemente el anciano.
+
+Raúl se le quedó mirando con cierta alarma. Cuando se es heredero, las
+menores palabras tienen su importancia, sobre todo si se trata de
+notario. Raúl se daba cuenta de que el señor de Neris no tenía por qué
+elogiarle, ni como sobrino ni como yerno; sus veleidades matrimoniales
+habían hecho quizá rebosar el vaso. Al llegar a la cita iba mascullando
+estas ideas, pero al ver a la empleada de Correos cambió de repente de
+pensamiento.
+
+¿Habría tenido noticias del encuentro proyectado?
+
+¿Era aquello un lazo?
+
+¿Iba a sufrir súplicas y reproches?
+
+¿Le preparaba alguna escena de melodrama aquel imbécil de Hardoin?
+
+No le faltaba más que ese ridículo.
+
+Presa de una viva irritación, saludó con tiesura y se puso a la
+defensiva.
+
+--Señor conde--comenzó el notario en tono ceremonioso,--he rogado a
+usted que pasara por mi despacho para una comunicación urgente de parte
+de esta señorita.
+
+Raúl le interrumpió con mucha sequedad:
+
+--Basta, señor Hardoin, sé de lo que se trata.
+
+--No creo.
+
+--Y me va usted a permitir que le diga que su papel en este negocio me
+parece un poco inoportuno. No es propio de un notario desfacer entuertos
+y representar a Don Quijote...
+
+Y dio un paso hacia la puerta.
+
+El notario extendió la mano con autoridad.
+
+--Perdóneme usted, señor conde, pero no creo tener que aprender los
+deberes que ya ejercía con honor cuando usted estaba en la cuna.
+
+--Sí--dijo el conde un poco dulcificado;--sé que es usted un antiguo
+amigo; pero hay cuestiones que no son de su competencia. Si se tratase
+de un acta notarial, en hora buena.
+
+--No se trata de otra cosa--declaró Hardoin sencillamente.
+
+Raúl se detuvo desconcertado. Ya no comprendía.
+
+--He aquí los hechos--expuso metódicamente el notario.--La señorita
+Raynal aquí presente, recogió, hace cerca de veinticinco años, a un niño
+huérfano de madre y abandonado por su padre. Esta señorita le prestó su
+nombre, pero hoy quiere dárselo legalmente y ha creído, por consejo mío,
+que debía consultar con usted previamente.
+
+--¿Conmigo?--exclamó el diplomático estupefacto y en tono de
+protesta.--¿A título de qué?
+
+--A título de padre--respondió fríamente el notario.
+
+Raúl paseó sus ojos extraviados del semblante impasible del uno a la
+bella y triste cara de la otra.
+
+--Esto es una locura, dijo.
+
+El digno notario desdobló un papel amarillento con el sello de
+Inglaterra.
+
+--Aquí tiene usted la partida de nacimiento de Raúl Carlos, nacido del
+matrimonio que contrajeron irregularmente en Inglaterra miss Juana
+Dodson y el conde Raúl de Candore.
+
+--Y vea usted el telegrama dirigido a la señorita Blanca de Candore en
+el día de su boda, y que me acuso de haber interceptado para evitarle
+un dolor inútil--añadió sencillamente la empleada.
+
+El conde leyó maquinalmente:
+
+«Señorita, el hombre con quien se va usted a casar es mi esposo ante la
+ley inglesa y el padre de mi hijo, que pronto no tendrá ya madre. Juana
+Dodson.»
+
+ * * * * *
+
+...Aquella era la venganza de Liette.
+
+ * * * * *
+
+Había ahorrado lágrimas a Blanca; y a Raúl el escándalo, a costa de una
+falta profesional, duro sacrificio para aquella hija de soldado, esclava
+de la disciplina.
+
+Había salvado a la madre de la desesperación y a su hijo del abandono;
+gracias a ella, la pobre abandonada se había extinguido suavemente, sin
+odio y en la paz del perdón, encomendando su alma a Dios y su hijo a
+Liette, y durmiéndose confiando en los dos...
+
+Su confianza no debía ser defraudada. Sin vacilación ni
+desfallecimiento, Liette había recogido esa pesada herencia; había
+reemplazado al padre desertor, había abierto al huérfano sin familia su
+puerta, sus brazos y su corazón; había hecho de él un hombre, y ya que
+no la vida, le había dado su alma.
+
+Y había hecho eso sencillamente, sin cuidarse de las falsas
+interpretaciones ni de los comentarios injuriosos que pudiera provocar
+su conducta, y era tal la fuerza de aquella apacible virtud y de aquella
+incomparable dignidad, que en el círculo estrecho y malévolo de las
+comadres de provincia, ni una palabra, ni una insinuación la habían
+rozado. ¡Había sido preciso que fuese Raúl!... El... ¡Oh!.
+
+ * * * * *
+
+Aterrado por aquella revelación repentina que hacía vibrar las fibras
+embotadas de su corazón ya seco, el noble, tan frío, tan correcto de
+ordinario, cedió a la influencia generosa del momento con el impulso de
+la primera juventud y confesó sus faltas, sus penas, sus remordimientos,
+acusándose con una vehemencia en que entraba un poco de fatuidad de
+haber hecho dos desgraciadas: Juana y Liette.
+
+Bajo las cocas argentinas de la solterona se deslizó una débil sonrisa.
+
+--Tranquilícese usted, señor conde, al menos en cuanto a la última--dijo
+con sencillez.--He amado mucho, apasionadamente, puedo confesarlo a mi
+edad... Pero el hombre a quien he amado no es usted. Era un príncipe
+encantado, creado completamente por mi imaginación de colegiala
+retrasada que pide demasiado a la vida, porque la ignora... Yo no tenía,
+sin embargo, esta excusa... Hoy, dispuesta a bajar la otra vertiente, me
+detengo un instante en la cima de la colina y no siento en mí ni cólera,
+ni amargura, ni pena, pues entre las piedras y las malezas he encontrado
+algo mejor que la florecita azul con que sueñan las jóvenes, he
+encontrado el reflejo de cielo que Dios pone en la mirada de los
+niños... Creo que había nacido para eso; no puedo guardar a usted rencor
+por haberme dado un sobrino que ha realizado todas sus promesas de usted
+y cumplido todas mis esperanzas. Las cualidades imaginarias de que yo
+dotaba a mi héroe, él las tiene realmente, y le debo tantos goces que
+casi tengo que estarle a usted agradecida.
+
+--Debemos estárnoslo el uno al otro--dijo el conde profundamente
+conmovido,--por lo que ha hecho usted y por lo que quería hacer aún.
+Pero es a mí a quien corresponde ofrecer a usted y a él la única
+reparación posible. Ha redactado usted un acta de adopción, señor
+Hardoin; no tiene usted más que cambiar una palabra. Yo dejaré a mi hijo
+mi nombre y mi fortuna.
+
+Esta vez fue Liette quien palideció. Había, sin duda, deseado
+ardientemente esta solución justa y natural en interés de su hijo
+adoptivo, y sin embargo... En el dolor atroz y profundo que le retorció
+el corazón e hizo brotar las lágrimas en sus ojos comprendió la feroz
+sublevación que se apodera de las madres a quienes se arranca su hijo.
+El notario, sin responder, abrió la puerta de la derecha.
+
+--Ya ha oído usted, capitán; usted es quien debe decidir...
+
+Al ver a aquel guapo y altivo oficial que era su hijo, el conde
+experimentó una sensación desconocida, un irresistible impulso de
+orgullo paternal. Dio un paso adelante con los brazos abiertos, pero
+Carlos se inclinó, muy pálido, y dijo con voz ahogada:
+
+--Caballero, no puedo ya pedir a usted reparación ni quiero aceptar
+ninguna. Mi madre ha muerto; procuraré olvidar el nombre de su verdugo,
+lo que quiere decir que no puedo llevarle. Y, con una especie de
+violencia, atrajo hacia su pecho a la tía Liette desfallecida.
+
+--Tú, que me lo has dado todo, dame también tu nombre; ten la seguridad
+de que no seré ingrato.
+
+El señor de Candore sintió que le subía a la cara una oleada de sangre;
+pero la conciencia de su culpa pudo más que su orgullo herido.
+
+--He merecido esto, y no puedo quejarme ni vituperar a usted,
+caballero... Pero a usted me dirijo, señorita; abogue por mi causa, que
+es también la suya... Conozco sus esperanzas, y puedo ayudarle a
+realizarlas... No me niegue usted esta satisfacción, la única que
+conviene a mi edad.
+
+--¡Es verdad!--dijo Liette turbada;--reflexiona; hijo mío... ¡La amas
+tanto!
+
+Carlos cerró los ojos para huir de la visión tentadora.
+
+--No--respondió con energía,--no quiero la dicha a ese precio...
+
+--Y yo no quiero llamarme la señora de Candore, sino la señora de
+Raynal...
+
+La puerta de la izquierda se había abierto a su vez, y Eva se adelantaba
+valientemente hacia el joven admirado.
+
+--Me ha declarado usted--le dijo,--que no pediría jamás la mano de una
+heredera, capitán; soy yo quien pide la de usted...
+
+Y mientras Carlos, loco de amor, se atrevía apenas a estrechar aquella
+manita adorable, que se entregaba espontáneamente a él, Eva rodeó con el
+otro brazo el cuello de la solterona enternecida y dijo cariñosamente:
+
+--Usted quería adoptar un hijo, tía Liette; adopte dos... Tiene usted el
+corazón bastante ancho para ello.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Liette, by Arthur Dourliac
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE ***
+
+***** This file should be named 29901-8.txt or 29901-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ http://www.gutenberg.org/2/9/9/0/29901/
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
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+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+*** START: FULL LICENSE ***
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
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+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
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+used on or associated in any way with an electronic work by people who
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
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+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
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+
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+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
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+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
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+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
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+The Project Gutenberg EBook of Liette, by Arthur Dourliac
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+
+Title: Liette
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+Author: Arthur Dourliac
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+Release Date: September 3, 2009 [EBook #29901]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+</pre>
+
+<hr class="full" />
+
+<p class="cun15">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; BIBLIOTECA DE «LA NACION» &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
+
+<h3>ARTHUR DOURLIAC</h3>
+
+<h1>LIETTE</h1>
+
+<p class="c"><img src="images/001.png" alt="logo" height="78" width="75" /></p>
+
+
+<p class="c"><b>BUENOS AIRES<br />
+1907</b></p>
+
+
+<p class="c">Imp. y estereotipia de <span class="smcap">La Nación</span>.&mdash;Buenos Aires.</p>
+
+<hr class="full" />
+
+<p class="liette">LIETTE</p>
+
+<hr />
+
+<p>Liette se asomó al balcón y paseó su mirada un poco turbada por los
+sitios en que iba a desarrollarse su vida. A sus pies la plazuela
+rectangular plantada de tilos, a cuya sombra iban a hacer su partida los
+jugadores de pelota, entre los bancos de piedra desgastados por el uso
+de tantas generaciones, a los que el abuelo tembloroso iba a calentar su
+reuma pensando en el tiempo lejano en que iba allí a jugar al marro y al
+paso, y al lado de la fuente rústica de murmullo cristalino en la que el
+cansado caminante iba a apagar la sed y las jóvenes habladoras a llenar
+sus cántaros charlando.</p>
+
+<p>En el fondo, la iglesia de inseguras piedras, de vidrios rajados y de
+campanario oscilante, pero que conservaba, sin embargo, la imponente
+majestad de las cosas del pasado y aplastaba con su altura a la nueva
+alcaldía blanqueada y a la cual estaba aneja la escuela.</p>
+
+<p>A la derecha el letrero hereditario que anunciaba el despacho del
+notario Hardoin, tercero de este nombre.</p>
+
+<p>A la izquierda la bandera tricolor que flotaba por encima de la
+Gendarmería Nacional.</p>
+
+<p>El Correo estaba así guardado entre el órgano de la ley y sus
+defensores.</p>
+
+<p>En la calle se agrupaba el «alto comercio», del pueblo: merceros,
+tenderos de comestibles, carniceros y taberneros; y después una larga
+fila de cabañas bajas y ahumadas, apretadas las unas contra las otras
+como pájaros frioleros, y separadas de vez en cuando por las altas
+tapias y la puerta cochera de alguna granja rica, que hacía más sensible
+todavía la miseria de sus humildes vecinas.</p>
+
+<p>Más allá el campo con sus verdes praderas, sus dorados trigos y sus
+bosques frondosos, y, mucho más allá, en un marco de vegetación
+exuberante, un castillo señorial con sus ladrillos rojos, sus
+torrecillas de pizarra que brillaban al sol saliente, sus ventanas
+ojivales y sus balcones de hierro forjado, como esas joyas del
+Renacimiento que esmaltan las orillas del Loira.</p>
+
+<p>Estábase sin embargo lejos de allí, y todo lo más, hubiérase podido ver
+las orillas del Oise, pues era en este departamento donde se encontraba
+el castillo de Candore y el pueblo del mismo nombre y donde Julieta
+Raynal acababa de ser nombrada empleada de Correos con mil doscientos
+francos de sueldo.</p>
+
+<p>El campo dormido estaba envuelto en una ligera bruma como un velo de
+desposada, y la joven pensaba en el tiempo pasado con la mirada perdida
+en el horizonte y la mejilla apoyada en la mano.</p>
+
+<p>Allá, en lo más lejano de sus recuerdos, veía el patio de la casa mora,
+muy largo, muy largo, un vasto desierto que atravesar para sus
+piernecitas... Y Julieta permanecía temerosa, agarrada a la falda de su
+madre, mientras que en el otro extremo un hombre, con las manos
+extendidas, sonriendo bajo su fino bigote y dulcificando la voz
+acostumbrada al mando, le gritaba:</p>
+
+<p>&mdash;Valor, Liette.</p>
+
+<p>Entonces, a la llamada de «papá,» la niña, dejando el refugio materno,
+se lanzaba tambaleándose por el patio, vacilando en los primeros pasos,
+pero sostenida por el acento firme y tierno del soldado que repetía:
+«Valor, Liette» y se arrojaba sobre su gruesa bota que enlazaba
+estrechamente entre sus brazos.</p>
+
+<p>Recordaba después la alegría de ser levantada como una pluma y
+estrechada contra el uniforme bordado de oro, y de sentir en la frente y
+en el cuello el cálido beso del joven padre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien, Liette, eres valiente...</p>
+
+<p>Después su infancia errante por las guarniciones, recorriendo la Francia
+y las colonias, del Norte al Mediodía, del Este al Oeste, marcando cada
+etapa por un galón más.</p>
+
+<p>Después, ya muchachita de cabello menos largo y trajes menos cortos,
+apoyándose en el brazo de papá (pues ya le da el brazo). Y la niña se
+estira toda gloriosa, sin notar las miradas de admiración de los
+oficiales al hacer el saludo militar.</p>
+
+<p>Pero papá las nota y sonríe, halagado en su orgullo paternal.</p>
+
+<p>El oficial está orgulloso de su hija, pero ¡cuánto más lo está la hija
+de su padre!...</p>
+
+<p>Comandante a los treinta y ocho años, pronto coronel, general acaso...
+¡Y quién sabe si irá a recoger del otro lado del Rhin el «bastón» que ya
+no brota en tierra francesa!</p>
+
+<p>«¡Señor Mariscal!»</p>
+
+<p>¿Por qué no? ¿Dónde se detienen los sueños de una cabeza de dieciséis
+años?</p>
+
+<p>Después la brusca parada en vísperas de ascender a coronel; la parálisis
+a consecuencia de una insolación que venció al brillante oficial, a él,
+a quien las balas enemigas habían dejado en pie.</p>
+
+<p>Después la despedida al regimiento, a la vida activa y brillante, el
+retiro, la enfermedad, la miseria...</p>
+
+<p>Raynal no tenía más que su sueldo. Se había casado con una criolla sin
+fortuna, que tenía apenas el dote reglamentario, pero de gustos de
+duquesa, de muy hermosos ojos y de cerebro de pájaro.</p>
+
+<p>Coqueta, gastadora e incapaz de una idea seria, era un lindo juguete,
+gracioso y seductor en alto grado, pero tan poco hecho para las luchas
+de la vida como una figurita de Sajonia.</p>
+
+<p>Acostumbrada a descansar en su marido para todos los cuidados
+materiales, no pensó siquiera en tomar el timón en la mano y dejó que el
+barco privado de su capitán se fuese a pique.</p>
+
+<p>El enfermo tiró dos largos años, el tiempo necesario para agotar los
+últimos recursos, y sucumbió más a la angustia mortal que le dominaba
+ante el porvenir de las personas queridas que al sufrimiento físico.</p>
+
+<p>Consoló a su mujer desesperada y casi loca, sonrió a su hija, que
+ocultaba silenciosamente las lágrimas y, murmurando una vez más, como
+cuando era pequeña, «¡Valor Liette!,» expiró.</p>
+
+<p>¡Liette iba a tener necesidad de valor!</p>
+
+<p>Por fortuna, era valiente y, sin debilidad ni indecisión, hizo frente a
+la desgracia.</p>
+
+<p>Dejando a su madre lamentarse inútilmente o mecerse en peligrosas
+quimeras, puso sin tardar manos a la obra, apeló a sus relaciones,
+multiplicó los pasos, pidió poco para obtener algo, y, después de
+tribulaciones, decepciones y penas que hubieran desanimado a un alma
+menos valiente, fue nombrada para ese humilde puesto objeto de su
+ambición.</p>
+
+<p>¡Era la salvación!</p>
+
+<p>Sin hacer caso de las quejas de su madre sobre la inferioridad de la
+posición, la escasez del sueldo y la tristeza del país, «un agujero en
+el que se iban a morir de aburrimiento,» Julieta la calmó dulcemente
+como a un niño, más aún por sus caricias que por sus palabras, y la
+buena señora acabó por declarar que estaba pronta, por su hija, a todos
+los sacrificios.</p>
+
+<p>Aquella condescendencia, de la que en realidad era Liette quien hacía
+todo el gasto, hubiera hecho sonreír sin la absoluta necesidad de la
+supuesta abnegación maternal.</p>
+
+<p>Habían llegado el día antes y habían pasado la noche como pudieron en
+medio de una aglomeración de muebles y paquetes que recordaba los
+antiguos cambios de guarnición.</p>
+
+<p>La de Raynal tenía la pasión, particularmente funesta en la mujer de un
+militar, de los cachivaches tan molestos como inútiles y costosos.</p>
+
+<p>En el curso de sus peregrinaciones, había reunido muestras variadas de
+la fauna, la flora y la industria de las diversas latitudes, y esto
+formaba una mezcolanza heteróclita de objetos sin nombre que rabiaban de
+verse juntos; calabazas, samowar, babuchas turcas, zuecos normandos,
+gaitas bretonas, zancos landeses, huevos de avestruz, etc. etc., más una
+colección de animales disecados; lagartos, gacelas, monos, loros,
+marmotas...</p>
+
+<p>La viuda quería a aquellas «reliquias» como a las niñas de sus ojos y
+por nada del mundo las hubiera reemplazado con objetos menos frívolos y
+más necesarios.</p>
+
+<p>En aquel bazar cosmopolita, que lo mismo parecía una tienda de prendería
+que la de un guerrero apache, la excomandanta se agitaba y se revolvía
+embrollándolo todo, mandando sin ton ni son y aumentando la confusión y
+el desorden.</p>
+
+<p>Por fin, sucumbiendo al cansancio, consintió en meterse en la cama y
+Julieta aprovechó aquel respiro para arreglar sumariamente su primera
+instalación.</p>
+
+<p>Todo fue saliendo del caos bajo su mano inteligente. Los grandes muebles
+estaban en su sitio, las cortinas colocadas, las alfombras puestas, y
+el pobre alojamiento tomó un aspecto casi coqueto.</p>
+
+<p class="puntos">Después de unas horas de descanso, acababa de levantarse con el alba
+para terminar la tarea mientras su madre dormía todavía. Pero asomada a
+la ventana, se olvidaba por qué estaba allí, perdida en reflexiones
+dulces y tristes al mismo tiempo, vuelta melancólica del pasado
+radiante, aspiración vaga hacia un porvenir que la esperanza, esa vivaz
+flor de la juventud, le mostraba, si no dichoso, al menos tranquilo y
+pacífico.</p>
+
+
+
+<p>El campo se despertaba al salir el sol, un ligero estremecimiento
+agitaba la hojarasca, una nube de insectos volaba de nidos invisibles y
+en el resplandor de los primeros rayos de oro los pajarillos se elevaban
+en los aires.</p>
+
+<p>Cantó el gallo, mezclando su nota clara al ladrido de los perros; las
+ventanas chocaron contra los muros; los zuecos sonaron en el suelo; el
+cuerno del boyero hízose oír en el extremo del pueblo, el hombre
+apareció, y, saliendo de cada puerta con paso tranquilo y lento, las
+vacas fueron una a una a engrosar el rebaño levantando una nube de
+polvo.</p>
+
+<p>Por una rara asociación de ideas, aquel cuadro campestre evocó a los
+ojos de la joven la vuelta del escuadrón después del ejercicio de la
+mañana.</p>
+
+<p>Las trompetas la llamaban, y ella corría alegre y presurosa a saludar al
+guapo oficial, que era su padre, y cuyo caballo negro se paraba bajo el
+balcón, para que ella respondiese al saludo de «papá».</p>
+
+<p>De pronto se echó hacia atrás, confusa y avergonzada...</p>
+
+<p class="puntos">Un elegante jinete acababa de desembocar en la plaza, y al sorprender a
+la joven sonriendo a su ensueño, se detuvo y, maquinalmente, se quitó el
+sombrero.</p>
+
+<p class="puntos">Julieta cerró vivamente la ventana y se apresuró a dedicarse a los
+cuidados de la casa. Pero mientras daba vueltas en sus ocupaciones, no
+pudo menos de pensar más de una vez en aquel desconocido que era el
+primero que había saludado su despertar en su nueva existencia.</p>
+
+
+
+<p>La familia de Candore, cuyos antepasados habían tenido derecho de alta y
+baja justicia en el territorio de ese nombre, se componía de tres
+personas: la condesa y sus dos hijos, Blanca y Raúl.</p>
+
+<p>La señora de Candore, sencillamente de la familia Neris, era hija de un
+riquísimo comerciante de lanas y había cambiado el millón de su dote con
+la partícula que le llevó su marido por toda fortuna. De un orgullo de
+emperatriz y gran señora hasta las uñas, hizo pronto olvidar la modestia
+de su origen.</p>
+
+<p>Para decir verdad, al ver al conde pesado y grosero, noble campesino,
+más campesino que noble, y a su mujer elegante, distinguida y altanera,
+no se adivinaba de qué lado estaba la alianza desventajosa ni cuál de
+los dos se había «encanallado».</p>
+
+<p>El señor de Candore no había heredado más que el blasón de sus abuelos y
+su prodigalidad. Tiraba el dinero por las ventanas como un verdadero
+gran señor, y el millón del buen Neris se deshizo pronto entre sus
+manos. La muerte del comerciante le volvió a poner a flote por algún
+tiempo, pero iba seguramente a ahogarse, cuando un accidente de caza le
+envió al otro mundo y salvó el patrimonio de sus hijos.</p>
+
+<p>Pero le había reducido mucho, y la viuda se hubiera visto en la
+imposibilidad de sostener su categoría sin el generoso apoyo de su
+hermano, que pasaba por un soltero endurecido y muy rico, el cual,
+después de una juventud bastante tempestuosa, se había decidido de
+repente a hacerse virtuoso por cariño a su hermana o por cualquier otro
+motivo, y hacía ahora penitencia bajo la férula de la severa Hermancia,
+que le dominaba como a un muchacho, aunque la llevaba quince años.</p>
+
+<p>El señor Neris no tenía más herederos que sus sobrinos, a quienes quería
+tiernamente, sobre todo a la sobrina, deliciosa criatura que le hacía
+soportable la vida a que se había resignado benévolamente, demasiado
+rígida para un antiguo calavera.</p>
+
+<p>A Raúl le manifestaba una afectuosa indulgencia de la que él abusaba en
+grande.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! son cosas de jóvenes; yo he sido así&mdash;respondía a los reproches
+agridulces de su hermana con más pesar que arrepentimiento.</p>
+
+<p>Gracias a sus larguezas, el joven, agregado a la embajada de Londres,
+pudo hacer anchamente la gran vida inglesa, hasta el punto de que su
+salud se resintió y tuvo que pedir una licencia prolongada.</p>
+
+<p>Poniendo a mal tiempo buena cara, Raúl aceptó bastante filosóficamente
+aquel retiro, aunque Candore no le ofrecía gran variedad de diversiones
+permitidas... o no. La caza, la pesca, la equitación y el whist en
+familia, a esto se limitaban poco más o menos las primeras; en cuanto a
+las segundas, cero.</p>
+
+<p>&mdash;Verdaderamente, esto es un poco severo, tío; mi madre te condena a una
+existencia de cartujo&mdash;decía riendo el diplomático en disponibilidad.</p>
+
+<p>El tío suspiraba, en realidad, a no dedicarse a las pastoras, de lo que
+le acusaba a veces su hermana, el excalavera no podía hacer de las
+suyas.</p>
+
+<p>La rígida Hermancia no se rodeaba más que de caras ingratas y un tanto
+estropeadas; cambiaba constantemente de institutrices y la última, una
+joven inglesa, había estado a punto de volver a pasar el canal de la
+Mancha, a pesar de los mejores certificados, porque no realizaba
+suficientemente el tipo clásico atribuido a las pobres «misses».</p>
+
+<p>&mdash;¡Es, sin embargo, bastante fea!&mdash;dijo Raúl protestando y englobándola
+en su aversión a las hijas de Albión, cuya vista solamente le daba el
+«spleen».</p>
+
+<p>En realidad Juana Dodson tenía un talle elegante y flexible, manos y
+pies razonables, muy hermosos cabellos, un cutis deslumbrador y hasta
+hubiera sido bonita sin unos horribles anteojos verdes que la
+desfiguraban y que no se quitaba jamás... ni para dormir, insinuaba
+maliciosamente su discípula, lo que le había servido de salvoconducto
+con la severa castellana.</p>
+
+<p>Pero, desgraciadamente, los anteojos no bastaban para su seguridad, y
+aquella misma mañana había habido una explicación bastante viva entre la
+señora de Candore y su hermano a propósito de la institutriz.</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro, querida Hermancia, que no he pensado nunca en hacer la
+corte a miss Dodson.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, calla, Héctor, eres incorregible.</p>
+
+<p>&mdash;Pero...</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees que estoy ciega?</p>
+
+<p>&mdash;Te repito...</p>
+
+<p>&mdash;No, no, Héctor, no puedo soportar esto; es un ejemplo deplorable y
+escandaloso para mi hijo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Raúl?... ¡Bah!</p>
+
+<p>El tío hizo un gesto que quería decir que estaba perfectamente enterado
+de la virtud de su sobrino.</p>
+
+<p>&mdash;Y es una ofensa para Blanca.</p>
+
+<p>Esta vez la frente del anciano se ensombreció, y dejando el tono ligero
+que había tenido hasta entonces, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Hazme el favor de creerme incapaz de tal cosa.</p>
+
+<p>&mdash;No pido otra cosa, Héctor&mdash;respondió más dulcemente la condesa,&mdash;pero
+tu asiduidad a las lecciones de miss Dodson hacen murmurar.</p>
+
+<p>&mdash;Raúl está siempre presente; no falta a una lección.</p>
+
+<p>&mdash;¿También tú lo has notado?&mdash;dijo vivamente la madre.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, pero eso no prueba que se ocupe más que yo de esa pobre
+miss...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no es la miss la que me alarma por él.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quieres decir?</p>
+
+<p>&mdash;Hemos sido muy imprudentes no previendo lo que sucede...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es ello?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que debía fatalmente suceder. Esos dos muchachos, jóvenes, guapos y
+educados libremente como hermanos... sin serlo... debían necesariamente
+llegar a experimentar el uno por el otro sentimientos poco fraternales.</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees que Raúl ama a Blanca?&mdash;preguntó Neris con ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy segura, y hemos sido muy locos al no pensar en ello.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío!</p>
+
+<p>&mdash;Sin esa imprevisión imperdonable, no hubiera ciertamente educado a
+Blanca aquí con él.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no sientas lo que has hecho, Hermancia; no sientas haber salvado
+a tu hermano de la desesperación...</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves, sin embargo, lo que me cuesta y a lo que nos expone ese
+instante de debilidad: el reposo de mi hijo y el de Blanca comprometidos
+acaso para siempre. ¡Pobre niña!... A ella es sobre todo a quien
+compadezco; la vida le resultará muy difícil. El mundo condena
+implacablemente en los hijos las faltas de los padres. Es injusto, pero
+es así. He reflexionado en esto muchas veces, pensando en el momento en
+que habrá que casar a esta niña a la que tanto quiero. ¡Cuántos
+obstáculos, Dios mío! He pasado revista a todos los pretendientes
+posibles, y los que más nos convendrían son los que más vacilarán.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, mi yerno...</p>
+
+<p>&mdash;Tu yerno lo será también de una figuranta de Drury-Lane a quien has
+hecho la locura de dar tu nombre y que era indigna de llevarle. Muchas
+familias lo pensarán mucho.</p>
+
+<p>El anciano bajó la cabeza ante esta evocación brutal de un triste pasado
+que él hubiera querido enterrar en el olvido.</p>
+
+<p>Cuando después de una separación escandalosa se refugió en casa de su
+hermana con una niña todavía en la cuna, resto de aquel lamentable
+naufragio, aceptó sin dificultad y hasta con una especie de alivio las
+condiciones de la condesa, que exigió que Blanca pasase por hija suya y
+que no se hablase jamás de la madre, a quien se negaba a reconocer por
+cuñada.</p>
+
+<p>&mdash;Mi mujer ha muerto; es inútil hablar de ella&mdash;dijo Neris haciendo un
+esfuerzo.&mdash;Pero mi hija Blanca es inocente y debes tener piedad de ella.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que esos muchachos se aman, habría un medio muy sencillo, si tú
+quisieras: casarlos, y Blanca seguiría llamándote su madre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo puedes pensar tal cosa?</p>
+
+<p>&mdash;Es un gran sacrificio... Pero tú serás buena con mi pobre hija... Te
+quiere tanto... No la rechaces, te lo suplico.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también la quiero, y si no se tratase más que de mí... ¡Pero el
+mundo y sus prejuicios! Raúl puede perjudicarse en su porvenir y en su
+carrera, y yo también soy madre, amigo mío.</p>
+
+<p>&mdash;Te comprendo, pero, en fin, Raúl tiene los gustos de mi clase y una
+situación honrosa que reclama muchos gastos, que yo puedo sufragarle,
+muy feliz de agradecer así la felicidad que mi hija os deberá a los dos.</p>
+
+<p>La condesa se levantó.</p>
+
+<p>&mdash;Ya hablaremos de esto, hermano mío. No hay prisa y tenemos tiempo de
+pensarlo... Reflexionaré... Pesaré mis sentimientos y mi razón.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Cuento sobre todo con tu corazón.</p>
+
+
+
+<p>Una vez sola, la de Candore tuvo una sonrisa de triunfo.</p>
+
+<p>&mdash;El cascabel está puesto, dijo. Con tal de que Raúl no le quite...
+Ahora lo urgente es despedir a la institutriz.</p>
+
+<p>Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del
+caballo, Raúl volvía a Candore soñando con el perfil que había
+vislumbrado un instante en la ventana abierta y tan pronto vuelta a
+cerrar.</p>
+
+<p>Las pocas noticias adquiridas por los dependientes en casa del notario
+Hardoin no habían hecho más que aumentar su curiosidad y, mientras
+seguía con mirada distraída las espirales azuladas que flotaban delante
+de él como una ligera nube, iba evocando la delicada silueta que se le
+había aparecido en un marco de follaje a través de la bruma matutina.</p>
+
+<p>&mdash;¡Raúl!</p>
+
+<p>Una voz suplicante que vibró a su oído y una mano febril que se apoyó en
+el caballo le arrancaron a aquel turbador pensamiento.</p>
+
+<p>El joven hizo un gesto de mal humor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Usted, Juana! En verdad, es usted imprudente...</p>
+
+<p>&mdash;No se trata ya de prudencia, Raúl; debes ahora advertir a tu madre que
+estamos casados, que soy tu mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Al oír estas palabras se dibujó una imperceptible sonrisa bajo el fino
+bigote del joven.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Cálmese usted, hija mía, y espere para contarme eso a que
+estemos libres de oídos indiscretos. La carretera no es realmente el
+lugar más a propósito para las confidencias.</p>
+
+<p>Echó pie a tierra, se puso en un brazo las riendas del caballo y, sin
+ofrecer el otro brazo a su compañera, se metió en las espesuras que
+rodean al parque y dio unos cien pasos en silencio seguido por la joven
+temblorosa y agitada y que, con el corazón oprimido por aquel tono de
+burla, trataba en vano de contener dos gruesas lágrimas que rodaban bajo
+sus anteojos azules.</p>
+
+<p>Era una cálida mañana de verano. La sombra de los árboles de ramas
+extendidas como una inmensa cortina tamizaba los rayos del sol, la
+atmósfera tibia y húmeda tenía una dulzura penetrante, hundíanse los
+pies blandamente en el espeso musgo que algodonaba el suelo, y solamente
+los pajarillos ponían sus notas melancólicas y tiernas en el silencio de
+los bosques.</p>
+
+<p>Llegaron a un claro lleno de verdor y acribillado por las flechas de
+oro del ardiente astro. Un majestuoso círculo de hayas gigantescas, que
+formaba una especie de barrera, los protegía contra toda sorpresa.</p>
+
+<p>Raúl se detuvo junto a un banco de musgo y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Estamos en lugar seguro. Siéntate, querida mía y cuéntame tus
+infortunios, que estoy pronto a vengar como galante caballero. ¿Mi
+hermana te ha hecho rabiar? ¿Mi madre te ha puesto mala cara o mi tío
+demasiado buena?</p>
+
+<p>&mdash;La señora de Candore ha despedido a la institutriz de su hija, Raúl;
+acaso acogerá a la mujer de su hijo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!</p>
+
+<p>Hubiera sido difícil adivinar el sentido exacto de esta exclamación;
+irritación, pesar, despecho, descontento contra los demás y contra sí
+mismo, había un poco de todo esto.</p>
+
+<p>En cambio, ni sombra de enternecimiento ni de piedad había en su mirada
+seca.</p>
+
+<p>Púsose a mascullar nerviosamente el cigarro y a azotar con el látigo las
+florecillas, cuyas tiernas hojas se desparramaban por el suelo
+desgarradas y marchitas.</p>
+
+<p>Juana, mientras tanto, lloraba bajito y profería hondos sollozos que
+agitaban sus hombros. Habíase arrancado los horribles anteojos y
+arrojándolos a sus pies en un gesto de cólera, y sus hermosos ojos,
+claros y transparentes como el agua del mar, aparecían anegados en
+lágrimas y fijos en el joven con una desesperada angustia.</p>
+
+<p>¡El callarse hubiera sido demasiado cruel!</p>
+
+<p>El joven, pues, le dijo tomándola afectuosamente las manos y atrayéndola
+hacia su pecho hasta sentir latir su corazón:</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya, querida hija mía, ¿quieres secar esas lágrimas y
+responderme cuerda y razonablemente? ¿No estoy aquí yo, tu protector, tu
+marido? Cuéntamelo todo en detalle.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quieres que te diga, Raúl? Tu madre me ha echado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Echarte! La palabra es fuerte y seguramente impropia... Cuando
+conozcas mejor las finuras de la lengua francesa...</p>
+
+<p>&mdash;Echarme o despedirme, todo es lo mismo&mdash;dijo Juana con sorda
+vehemencia.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en suma, ¿qué ha pasado entre mi madre y tú?</p>
+
+<p>&mdash;La señora de Candore me ha dicho sencillamente que por motivos
+personales, estaba precisada a privarse de mis servicios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Diablo!&mdash;exclamó Raúl mordiéndose el bigote.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué va a ser de nosotros?</p>
+
+<p>Aquel nosotros pareció molestar un poco al conde, que dijo reprimiendo
+un movimiento de impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;No hay que exagerar. Es un incidente lamentable, pero que no debe
+alarmarnos gran cosa. Bien sabes que te amo y que no te abandonaré.
+Tengo que volver muy pronto a Inglaterra, y sólo se trata de una
+separación momentánea.</p>
+
+<p>&mdash;¡Separarnos!&mdash;murmuró Juana muy pálida.</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso; no puedo interceder por ti con mi madre sin confirmar sus
+sospechas... Si es que no tiene más que sospechas. Por otra parte, no
+puedes estar eternamente al lado de Blanca como institutriz.</p>
+
+<p>&mdash;No, pero puedo estar como hermana y como tu mujer. ¿No estamos
+casados?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, sin duda, pero estaría muy mal elegido el momento para
+semejante confesión.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, Raúl, no podemos tardar más. Mi dignidad y la tuya no
+sería lo único que sufriría... Hay que hablar a tu madre, es preciso...</p>
+
+<p>Sorprendido por aquella vehemencia que contrastaba con su apariencia
+débil y delicada, Raúl la interrogó con la mirada.</p>
+
+<p>Confusa y ruborizada, Juana se acercó más estrechamente a su marido y
+pronunció muy bajito unas palabras.</p>
+
+<p>Raúl soltó una exclamación que nada tenía de satisfecha, y con las
+cejas fruncidas y la expresión dura y descontenta, separó casi rudamente
+a la pobre mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¡No nos faltaba más que esto!&mdash;masculló el joven entre dientes.</p>
+
+<p>Prodújose un penoso silencio.</p>
+
+<p>Por fin, haciendo un esfuerzo para disimular su violenta contrariedad
+bajo el barniz mundano, dijo Raúl con sonrisa forzada:</p>
+
+<p>&mdash;Es una gran noticia, que acaso sea buena... No me atrevo a declararlo,
+pues va a crearnos serias complicaciones. ¡En fin! no importa; ese
+pequeño personaje no dejará por eso de ser bienvenido...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Raúl...</p>
+
+<p>&mdash;Solamente, querida, la necesidad de tu partida se impone más que
+nunca. Tu presencia haría más difícil la confesión de nuestro casamiento
+y aumentaría el enfado de mi madre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo crees así?</p>
+
+<p>&mdash;Estoy seguro. Lo mejor es por lo tanto aprovechar las circunstancias
+que nos evitan el trabajo de buscar un pretexto. En cuanto expire mi
+licencia iré a reunirme contigo a Londres, y desde allí anunciaremos a
+mi madre nuestro matrimonio y el nacimiento de nuestro hijo. La segunda
+noticia hará pasar la primera y nos ahorraremos una escena penosa.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo... si la señora de Candore se negase...</p>
+
+<p>&mdash;Nada es posible contra los hechos consumados. ¿No eres mi mujer?</p>
+
+<p>&mdash;El otro día oí al notario señor Hardoin afirmar que un matrimonio
+hecho en el extranjero en esas condiciones, es nulo...</p>
+
+<p>&mdash;¡Hardoin! bonito oráculo... Fuera de la venta de carneros o del precio
+de un arrendamiento, no sabe una palabra de nada...</p>
+
+<p>&mdash;Pero...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, amiga mía, ¿tienes más confianza en Hardoin que en mí?</p>
+
+<p>Juana rodeó con sus brazos el cuello de su marido en un impulso
+desesperado, y exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;No, Raúl, quiero creer, creo en ti... Si no creyera me moriría o me
+volvería loca.</p>
+
+<p>Alarmado por su exaltación, el joven trató de calmarla con frases
+cariñosas y palabras tiernas, acaso sinceras, pues era ante todo el
+hombre del momento y la pobre criatura hubiera conmovido a un corazón de
+piedra.</p>
+
+<p>&mdash;Tranquilízate, mi querida Juana. Es una prueba momentánea, una
+separación muy corta seguida de una eterna unión y de una dicha sin
+nubes. Por mi parte me resigno fácilmente a separarme ahora de ti,
+pensando que también se separa otro...</p>
+
+<p>&mdash;¿Tengo realmente la felicidad de que estés celoso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Lo confieso con rubor! Me hace daño el ver sin cesar a mi tío
+pisándote los talones.</p>
+
+<p>&mdash;Te engañas, Raúl; te juro que el señor Neris no me ha mostrado jamás
+más que una benevolencia paternal.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hum!... En fin, habrá perdido el tiempo, y por mucho que digan, mal
+de muchos...</p>
+
+<p class="puntos">Raúl había eludido hábilmente la cuestión, y la pobre niña, engañada con
+aquellos fingidos celos, no pensó más que en justificarse, olvidando sus
+propias ofensas y sus secretas aprensiones.</p>
+
+
+
+<p>La semana siguiente dejó Juana el castillo de Candore, triste pero
+resignada, llevándose con la débil prenda de su amor el recuerdo del
+pasado y la promesa consoladora del porvenir.</p>
+
+<p>Cuando el tren pasó por la linde del parque se agitó un pañuelo en una
+portezuela, pero Raúl, en pie en su ventana, con un cigarro en la boca,
+no respondió siquiera a aquel tímido adiós y una vez que el último vagón
+hubo desaparecido en una nube de humo, lanzó un suspiro de satisfacción
+y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Al fin!...</p>
+
+<hr />
+
+<p>Un estreno es siempre penoso.</p>
+
+<p>Preguntádselo al pintor que expone su primer lienzo, al poeta que
+publica sus primeros versos, al abogado que defiende su primera causa,
+al actor que desempeña su primer papel.</p>
+
+<p>Y ante esos, al menos, la esperanza del triunfo abre un horizonte
+radiante y la fe en el porvenir hace olvidar las angustias del presente.
+Pero en la medianía, en la vulgaridad de la vida corriente, cuánto más
+angustioso y más penoso es ese momento de interrogación sin la más
+pequeña aureola de consoladoras quimeras...</p>
+
+<p>En el colegio, el brutal despertar del «Nuevo» caído del nido familiar,
+en el cuartel la primera llamada del «quinto» arrancado a su aldea, la
+primera clase de la pasanta en su pupitre, el primer día de la criada en
+su fogón, del aprendiz en su taller, del dependiente en su tienda, del
+meritorio en su oficina, ¡qué calvario! Es imposible decir las mil
+flechas invisibles, los choques dolorosos, las heridas ocultas y
+resumidas en esta sola palabra:</p>
+
+<p>¡Un estreno!</p>
+
+<p>Mientras que la señora de Raynal, muy atareada, subía de la cueva al
+desván, visitaba el jardinillo y la casa, tan modestos el uno como la
+otra, empujando los muebles, revolviendo los armarios, vaciando los
+baúles, registrando los paquetes, lamentándose por la pérdida presumida
+de algún chisme heteróclito, más sentido cuanto menos valía; mientras
+aturdía a la zafia criada que abría unos ojos y unas orejas tamaños ante
+aquel desembalaje de objetos desconocidos y de nombres raros, como
+samowar, checchia, etcétera. Mientras ella gemía por la estrechez de la
+casa, por la orientación defectuosa de las habitaciones, todas al Norte,
+y la fealdad de los papeles chillones, Julieta estaba en su oficina
+oyendo en silencio las explicaciones de la empleada saliente, la
+señorita Beaudoin, solterona impenitente que se había puesto amablemente
+a su disposición, pero que no limitaba desgraciadamente sus buenos
+oficios a lo referente a los «Correos y Telégrafos» y añadía un curso
+variado de economía doméstica, de conveniencias mundanas y de moral de
+las familias, mas un compendio histórico y biográfico de Candore y sus
+habitantes, sin olvidar la presentación obligatoria de todos los que
+asomaban la nariz por la ventanilla, y Dios sabe qué desfile era
+aquél...</p>
+
+<p>Nunca había reinado en el pueblo semejante fiebre epistolar, a juzgar
+por el número de contribuyentes que iban a pedir sellos y tarjetas
+postales.</p>
+
+<p>&mdash;Sabe usted, hija mía, la vida es aquí muy barata&mdash;decía con
+volubilidad la buena solterona;&mdash;la manteca a una peseta la libra...
+¿Las hojas de sellos? Aquí, en este cajón... Se hace una visita a las
+personas notables, el alcalde, el cura, el notario... ¿Los libros de
+libranzas? Aquí, en este cajón de la derecha... No le servirán a usted
+de mucho, como no sea el notario; los campesinos no confían casi sus
+escudos al Correo; de vez en cuando unas pesetillas al muchacho que está
+en el ejército... Tendrá usted su silla en la iglesia; es más barato y
+está mejor visto... El cura es un buen hombre... Los del país no son
+devotos, pero tampoco contrarios; no la miran a una mal porque vaya a
+misa... La vecindad con el notario y con los gendarmes tiene algún
+inconveniente para una joven, pero no olvidando lo que una debe a su
+sexo, los demás no tienen tampoco ganas de olvidarlo... Candore es más
+importante que el pueblo cabeza de partido, y tenemos un hospital,
+donación del difunto conde, un verdadero pródigo, que devoraba el dote
+de su mujer, pero buen sujeto... El hijo es más orgulloso, que se parece
+a su madre en lo tieso, aunque la buena señora no se llame más que
+Neris... Su padre era tratante en lanas, y su hermano podría bien
+hacerle bajar los humos, pues son sus escudos los que danzan en el
+castillo... Buena persona también el señor Héctor, pero le aconsejo a
+usted que le tenga a distancia, pues es muy comprometedor para las
+jóvenes... ¡Hablo por experiencia!... (La experiencia debía de remontar
+muy lejos).</p>
+
+<p>Liette escuchaba con paciencia esta charla, solamente interrumpida por
+alguna breve pregunta o por la voz gangosa de alguna comadre que metía
+el hocico por la ventanilla como si fuera a arrancársele.</p>
+
+<p>&mdash;Buenos días, señorita Beaudoin... Dispénseme usted si la molesto, pero
+necesito un sello de dos sueldos.</p>
+
+<p>¡Qué suma de curiosidad en ese sacrificio de diez céntimos arrancados a
+la rapacidad campesina!</p>
+
+<p>Liette, sin parecer echarlo de ver, hacía silenciosamente su oficio,
+mientras la exempleada le susurraba al oído:</p>
+
+<p>&mdash;La tendera de la esquina, una mujer muy lista.</p>
+
+<p>Y otras veces:</p>
+
+<p>&mdash;La mujer del carretero, una verdadera chismosa.</p>
+
+<p>&mdash;La granjera del Quejigal, una ricacha, pero más mala que un dolor...</p>
+
+<p>La huérfana sentía pesar sobre ella todas aquellas miradas
+inquisitoriales que investigaban su sencillo traje, inventariaban su
+pobre mueblaje y observaban sus menores gestos con la astuta
+malevolencia de los rurales para con «los de la ciudad».</p>
+
+<p>Y los pasantes del notario, desde el «principal» hinchado de
+importancia, hasta los escribientillos maliciosos y granujas, la miraban
+descaradamente.</p>
+
+<p>¿Y la charla desconfiada de los paletos, a cuyos dedos ganchudos costaba
+tanto trabajo soltar las libranzas y contaban y recontaban las monedas
+de plata alineadas delante de ellos?</p>
+
+<p>¿Y las conversaciones de las criadas que respondían a las jeremiadas de
+la viuda del otro lado de la valla?</p>
+
+<p>Todo esto producía a la joven empleada una sensación de malestar y de
+repugnancia.</p>
+
+<p>Ella, cuya aurora se había levantado bajo el radiante sol de África, al
+toque de las cornetas y entre el brillo de los uniformes; que había
+crecido en una atmósfera de gloria y heroísmo, oyendo el relato de
+luchas caballerescas y de combates fabulosos, como Sidi-Brahim y
+Mazagran, ¡qué obscuro, mezquino y vulgar le parecía el presente!</p>
+
+<p>A pesar de su ánimo, experimentaba una especie de cansancio y de
+abatimiento.</p>
+
+<p>Después del gran gasto de energía de los últimos años, la fuerza
+nerviosa que la había sostenido hasta entonces la abandonaba al llegar
+al puerto.</p>
+
+<p>La inagotable verbosidad de la exempleada, las quejas lamentables de su
+madre, el repique continuo de la campanilla incesantemente agitada, las
+caras desagradables, hipócritas o malhumoradas, que se sucedían sin
+interrupción en la ventanilla, esos mil pequeños detalles irritantes por
+su vulgaridad misma, enervaban su alma, tan fuertemente templada sin
+embargo, y bajo la calma aparente de sus maneras y la sonrisa forzada de
+su cara, gruñía una sorda rebelión, una angustia conmovedora como la
+llamada del desgraciado que se ahoga.</p>
+
+<p>De repente se abrió la puerta de la oficina, empujada por una fuerte
+mano.</p>
+
+<p>Y apareció en el umbral, haciendo el saludo militar, el cartero del
+pueblo, un veterano de bigote gris y cuya blusa azul estaba estrellada
+por la cruz de honor.</p>
+
+<p>&mdash;El tío Marcial, un soldadote nada cómodo&mdash;murmuró la antigua empleada.</p>
+
+<p>Pero Liette no la oyó.</p>
+
+<p>Como un rápido relámpago que desgarra la noche sombría, como un rayo de
+sol que hubiese disipado la niebla que se amontonaba en torno de su
+mente, aquella repentina aparición, que evocaba la gloria del pasado,
+dio valor a la hija del soldado para la lucha, para el trabajo y para el
+deber.</p>
+
+<p>Y cuando el buen hombre vació delante de ella su saco de telegramas, le
+echó una mirada de agradecimiento y le dijo:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;¡Gracias!</p>
+
+
+
+<p>En seguida se puso valientemente a la tarea.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Fiel a las tradiciones de las nobles castellanas, cuyos usos y
+costumbres hubiera hecho revivir de buena gana, la de Candore recibía
+todos los domingos al cura y al notario, comensales obligados del
+castillo.</p>
+
+<p>El primero, a quien ella trataba con toda la deferencia respetuosa
+debida a los más simples curas en las casas de los más orgullosos
+representantes de la aristocracia, era un hombre gordo, borroso y
+linfático, sin vigor físico ni moral, cuidadoso ante todo de su reposo,
+que trataba de vivir bien entre el antiguo y el nuevo señor, es decir,
+entre el castellano y el alcalde de Candore, y que a fuerza de repetir
+«Bienaventurados los mansos», no veía otra cosa en el Evangelio.</p>
+
+<p>Por el contrario, el segundo, al que la condesa llamaba siempre «mi
+querido tabelión» con cierto aire de protección, olvidando que el abuelo
+Neris había sido jardinero en casa del abuelo Hardoin, era, a pesar de
+sus patillas grises, un cincuentón tan verde de espíritu como de cuerpo
+y cuyas respuestas, de una bondad maliciosa, hacían a veces rechinar los
+dientes como una manzana agria. Rara vez, y por mil razones, estaban los
+dos de acuerdo, y la diversión favorita de Raúl era hacerlos regañar
+sobre un asunto cualquiera y ver la cara asustada del cura ante las
+réplicas agridulces del notario.</p>
+
+<p>Aquella noche, mientras tomaban café en el terrado adornado de naranjos
+y adelfas y Blanca descifraba en el piano un nocturno de Chopin,
+estaban discutiendo la cuestión de una nueva institutriz y la de Candore
+se quejaba vivamente de la dificultad de hallar una reemplazante para
+miss Dodson.</p>
+
+<p>&mdash;Observo, señora condesa, que pasa con esa como con las otras&mdash;hizo
+observar tranquilamente el notario tomando un polvo de rapé;&mdash;siempre
+las echa usted de menos cuando se han marchado, y tiene usted razón.</p>
+
+<p>&mdash;Permítame usted no ser absolutamente de su opinión&mdash;dijo tímidamente
+el cura;&mdash;esa joven, seguramente apreciable, tenía un defecto capital
+para una familia católica: su herejía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! no era por Blanca por quien era de temer su influencia&mdash;murmuró
+el notario con expresión de duda echando una mirada al tío y al sobrino
+que estaban fumando apoyados en la balaustrada.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién se lo cuenta usted, mi querido tabelión? Eso es lo que hace
+ser mi elección tan delicada. La fealdad es generalmente desagradable y
+limitada; la vejez maníaca y enfermiza; en cuanto a la juventud...
+soportable, el ensayo no me ha salido muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;Tú ves el mal en todas partes, Hermancia&mdash;dijo Neris sin volverse.</p>
+
+<p>&mdash;Lo veo donde está, y, desgraciadamente, tú no me dejas equivocarme.</p>
+
+<p>&mdash;¿Acaso esa señorita ha dado lugar a la maledicencia?&mdash;preguntó el cura
+alarmado.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, señor cura; su alejamiento es una simple medida de
+prudencia en su propio interés.</p>
+
+<p>El señor Neris se encogió de hombros con impaciencia. Raúl siguió
+fumando con una flema enteramente británica.</p>
+
+<p>&mdash;En una palabra, está usted sin institutriz y le hace falta una.</p>
+
+<p>&mdash;No veo la necesidad&mdash;interrumpió Blanca que, después de dar
+precipitadamente el último acorde, había abandonado el instrumento de su
+suplicio y venía a tomar parte en la conversación.</p>
+
+<p>&mdash;Desgraciadamente, tú no tienes voz en el capítulo, hermanita.</p>
+
+<p>&mdash;Ni tú tampoco. Testigo miss Dodson, a la que no podías sufrir.</p>
+
+<p>&mdash;Lo confieso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y usted, señorita?</p>
+
+<p>&mdash;Yo estaba bien dispuesta para con ella; pero parecía un poco
+envidiosa... sin duda porque yo no tenía anteojos.</p>
+
+<p>La joven se echó a reír agitando los rizos que revoloteaban en torno de
+su frente.</p>
+
+<p>&mdash;¿No siente usted, entonces, que se haya marchado?</p>
+
+<p>&mdash;Realmente, sí. Se sabe lo que se deja, pero no lo que se toma; y ya
+que mi querida mamá no me juzga capaz de gobernarme yo sola...</p>
+
+<p>&mdash;A los dieciséis años es un poco pronto, querida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! la edad no importa nada. Estoy segura de que haría menos
+disparates que Raúl, ¿verdad, señor Hardoin?</p>
+
+<p>&mdash;Me recuso, señorita, aunque tengo gran confianza en su alta sabiduría.</p>
+
+<p>&mdash;Si es para usted un cuidado tan grande, señora condesa, ¿por qué no
+pone usted a la señorita Blanca en el Sagrado Corazón de Noyon?&mdash;propuso
+el cura.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no en la escuela? Eso no es amable, señor cura... ¿Quién iba
+entonces a azucararle a usted el café?</p>
+
+<p>&mdash;Crea usted, querida señorita...</p>
+
+<p>&mdash;Por otra parte, yo me opondría formalmente,&mdash;declaró Neris con
+calor;&mdash;esta niña no se ha separado nunca de nosotros y no es ahora,
+cuando su educación está casi acabada...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bravo, tío! En primer lugar, no podrías pasarte sin mí.</p>
+
+<p>&mdash;¡Querida niña!</p>
+
+<p>&mdash;Es ya tarde, en efecto, señor cura, para someter a Blanca al régimen
+del colegio, que al lado de ciertas ventajas, presenta serios
+inconvenientes desde el punto de vista de las maneras y de las
+compañías. Y, sin embargo, esta niña está un poco sola y necesitaría una
+amiga más que una maestra, aunque no fuera más que unas horas al día...</p>
+
+<p>&mdash;Es lástima, mamá, que no vivas en la ciudad&mdash;insinuó como al descuido
+Raúl:&mdash;allí encontrarías fácilmente una institutriz que, sin vivir en
+casa, iría a dar a mi hermana unas cuantas lecciones ya muy suficientes.</p>
+
+<p>&mdash;Ese sería el ideal.</p>
+
+<p>&mdash;Desgraciadamente, en un agujero como éste es imposible.</p>
+
+<p>&mdash;Se engaña usted, señor conde.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted a mano el ideal soñado, señora condesa. La nueva empleada
+de Correos, provista de todos los diplomas, tiene la intención, según me
+ha dicho, de utilizar las horas que tiene libres, y hasta me ha rogado
+que le busque discípulas en Candore o en los alrededores.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdaderamente?&mdash;dijo el conde haciéndose el asombrado como si no
+hubiera visto con sus propios ojos el letrero pegado al cristal del
+Correo:</p>
+
+<p class="c"
+style="font-size:large;font-weight:800;padding:3%;">LECCIONES DE PIANO<br />
+DE INGLÉS Y DE FRANCÉS</p>
+
+<p>&mdash;¿Es persona recomendable?&mdash;preguntó la condesa.</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente, y de las más interesantes&mdash;respondió el
+notario;&mdash;mantiene a su madre con su trabajo y merece la estima de
+todos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué calor, querido Hardoin!&mdash;dijo Raúl riendo.&mdash;¿Será capaz de
+hacerle a usted renunciar al celibato?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! yo soy como el señor cura; me limito a casar a los demás.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es bonita?&mdash;preguntó con curiosidad la muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;No la he visto todavía&mdash;respondió el joven diplomático con un soberbio
+aplomo.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy distinguida&mdash;dijo el notario.</p>
+
+<p>&mdash;Y tiene además un aspecto modesto y decente&mdash;apoyó el cura.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se llama?</p>
+
+<p>&mdash;Julieta Raynal; su padre era oficial superior.</p>
+
+<p>&mdash;¿Raynal?... Espere usted, he conocido un capitán de ese nombre en un
+viaje a Argelia... y una vez hasta me salvó la vida...</p>
+
+<p>&mdash;¿En un encuentro con los árabes, tío?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor burlón, en un encuentro con un león.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha cazado usted fieras, señor Neris?</p>
+
+<p>&mdash;No, querido amigo, yo fui cazado por ella... Un día, me había
+retrasado en el campo y me iba a pie a Sidi-Bel-Abes, cuando vi detrás
+de mí la sombra de un animal que tomé por un gran perro, por un ternero
+escapado de algún rebaño, ¿qué sé yo?, del que no volví a ocuparme
+más... Aquel animal me siguió paso a paso y al llegar a mi hostería
+estaba literalmente pisándome los talones... Impaciente, quise alejarle
+de un puntapié... Y un rugido que no daba lugar a ninguna duda respondió
+a esta imprudente familiaridad. Tartarín tomó un burro por un león; yo
+tomé un león por un burro. No soy un rayo de la guerra, pero, en fin, he
+hecho lo que he podido... Pues bien, usted me creerá, si quiere, señor
+cura, al oír la imponente voz del rey del desierto comprendí estas
+palabras del Profeta: «Se estremeció mi alma y los pelos de mi cuerpo se
+erizaron.» Helado de espanto e incapaz de hacer un movimiento ni de
+pedir socorro, creía ya sentir los dientes de la fiera cuando desde una
+ventana abierta me gritó una voz:</p>
+
+<p>&mdash;Baje usted la cabeza.</p>
+
+<p>Obedecí maquinalmente.</p>
+
+<p>Silbó a mi oído una bala, un segundo rugido desgarró el silencio del
+crepúsculo y el terrible animal, dando un salto enorme, cayó muerto a
+mis pies... Mi salvador era un joven oficial de cazadores, casado con
+una preciosa criolla y padre de una deliciosa niña, que podría ser bien
+la persona en cuestión, si es la misma familia...</p>
+
+<p>&mdash;Las apariencias coinciden maravillosamente; la madre de la empleada de
+Correos ha nacido, en efecto, en la Martinica y su difunto padre sirvió
+en África.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor. Por muy cortas que fueran nuestras relaciones, conservo de
+ellas un encantador recuerdo y me alegraría mucho de poder ser útil a la
+hija.</p>
+
+<p>&mdash;No hay que apresurarse, Héctor, te lo ruego&mdash;observó la castellana.</p>
+
+<p class="puntos">Su hermano hizo un gesto de mal humor y, recostándose en su butaca, se
+abandonó al penetrante encanto de los recuerdos de la juventud, más
+dulces cuanto más se aleja uno de ellos, mientras la de Candore,
+entregada a sus averiguaciones, hacía sufrir al cura y al notario un
+verdadero interrogatorio del que Raúl no perdía palabra sin dejar de
+hacer rabiar a su hermana.</p>
+
+
+
+<p>El resultado de su diplomacia fue que la semana siguiente Julieta Raynal
+daba su primera lección en Candore ante la mirada severa de la condesa,
+benévola de Neris e indiferente, al menos en apariencia, del joven
+conde.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Julieta iba ya todos los días al castillo, donde todo el mundo le hacía
+la más simpática acogida.</p>
+
+<p>Blanca estaba encantada de su institutriz. En lugar de la cortedad y de
+la violencia involuntaria que se traslucían a pesar suyo en las maneras
+de miss Dodson, encontraba en Julieta una gracia perfecta, un benévolo
+abandono, y se unía estrechamente a ella con todas las fuerzas afectivas
+de un corazón de dieciséis años ávido de darse.</p>
+
+<p>La joven huérfana, por su parte, experimentaba una infinita dulzura en
+aquella cándida confianza de la bonita niña que iba ingenuamente a ella
+como a una hermana mayor.</p>
+
+<p>Delicada y débil, verdadera sensitiva bajo su exuberante alegría, la
+muchacha tenía una ardiente necesidad de afecto, una especie de ternura
+inquieta y enfermiza que hubiera querido satisfacer en el seno materno.</p>
+
+<p>La de Candore no era su madre, y por mucha que fuese su buena voluntad,
+su naturaleza seca y altanera era incapaz de comprender esas
+aspiraciones y esos ímpetus del alma. Su solicitud se limitaba al ser
+físico y descuidaba el ser moral.</p>
+
+<p>Y la niña, en su necesidad de ternura, se refugió en seguida en los
+brazos amigos de Julieta.</p>
+
+<p>La condesa se dignaba aprobar esa amistad. Muy pronto tranquilizada por
+la reserva llena de dignidad de la empleada de Correos, había
+prescindido de todo temor quimérico, juzgando que las menores
+intentonas galantes serían rechazadas con pérdidas.</p>
+
+<p>Por lo demás, Neris no manifestaba a la joven más que un interés
+paternal, justificado por el recuerdo de sus relaciones con el
+comandante.</p>
+
+<p>Julieta no había encontrado todavía a Raúl en el castillo.</p>
+
+<p>Por otra parte, por muy galante que le supusiera la de Candore, temía
+mucho más a los encantos reales de la joven inglesa que a la belleza
+discutible de su reemplazante.</p>
+
+<p>Julieta, en efecto, no era lo que se llama bonita, a pesar de su perfil
+de camafeo, su tez mate y sus grandes ojos negros. Las luchas que había
+tenido que sostener, y el cuidado de su responsabilidad, habían
+comunicado a sus facciones una gravedad precoz, la expresión viril de la
+dulce firmeza que le venía de su padre y que él animaba en otro tiempo,
+cuando era pequeña, repitiéndole entre dos besos.</p>
+
+<p>&mdash;Liette no tiene miedo; Liette es valiente.</p>
+
+<p>Lo era, en efecto, con toda la fuerza del término, y, como un soldado
+que sube valientemente al asalto, iba derecha a su objeto, sin mirar a
+derecha ni a izquierda, con la vista fija en esta querida divisa para
+todo el que tiene el culto del honor.</p>
+
+<p>«¡Haz lo que debes!»</p>
+
+<p>La de Candore, seducida por aquel carácter, que no era para
+desagradarla, la había proclamado una persona perfecta, no completamente
+linda, pero completamente distinguida.</p>
+
+<p>En efecto, la distinción era su marca soberana; al más modesto empleo, a
+la más humilde función llevaba ese aplomo superior de los que tienen
+conciencia de no rebajarse nunca.</p>
+
+<p>Esa actitud le había hecho algún daño con los buenos habitantes del
+pueblo, acostumbrados al modo de ser de la antigua empleada, cuya
+oficina era el punto de cita de todas las comadres y la caja de Pandora
+de donde se escapaban todas las maledicencias que florecían igualmente
+en el pueblo y en el campo.</p>
+
+<p>La Beaudoin, al retirarse después de treinta años de servicios, se había
+jactado de continuar gobernando los «Correos y Telégrafos» bajo su
+sucesora, «una persona tan joven y tan inexperimentada a la que sería
+caritativo guiar y aconsejar.»</p>
+
+<p>Pero, aunque con perfecta cortesía, Julieta había respondido de tal modo
+a sus reiterados ofrecimientos, que la solterona, desengañada, se había
+eclipsado prudentemente llevándose en su retirada a las concurrentes
+habituales de la oficina, a quienes la nueva empleada desconcertaba por
+su clara mirada y por la exquisita política de su: «¿Qué desea usted,
+señora?»</p>
+
+<p>&mdash;Tiene cara de ser orgullosa, decían.</p>
+
+<p>No era orgullo, sino indiferencia.</p>
+
+<p>Aquella hija de soldado, tan duramente herida por la suerte y que se
+sometía sin quejarse a las más rudas tareas, conservaba alto el corazón
+y alta la frente, por simple atavismo.</p>
+
+<p>Su alma noble y su espíritu elevado se cernían por encima de las
+miserias de su condición material; pero si empleaba una gracia sonriente
+en su ruda labor, una vez acabada su tarea huía de las mezquindades de
+lo vulgar para empaparse en las fuentes eternas del Ideal, de la Poesía
+y del Arte.</p>
+
+<p>Tenía una biblioteca pequeña, pero escogida; era excelente profesora de
+música, pintaba con gusto y su alma entusiasta se regocijaba con los
+admirables paisajes que la rodeaban.</p>
+
+<p>Su mejor recreo era ir con su madre a sentarse en el campo y tomar
+croquis de los sitios pintorescos o bien abismarse en algún ensueño de
+Lamartine o de Hugo mientras que la indolente criolla dormitaba mecida
+por la armonía de los versos y acariciada por el ardiente beso del sol
+que le recordaba su país.</p>
+
+<p>A veces Liette se detenía pensativa al ver dos novios que se dirigían
+lentamente al pueblo o algún robusto labrador que hacía saltar
+alegremente en sus brazos algún mofletudo muchacho.</p>
+
+<p>Una vaga melancolía nublaba un instante la pura radiación de sus grandes
+ojos... A los veinte años estaba acabada su juventud y, solterona antes
+de tiempo, seguiría estando sola, sin apoyarse jamás en el brazo de un
+esposo, sin inclinarse nunca hacia la dulce carita de un niño, sin otra
+criatura a quien proteger que aquella madre infantil de la que hubiera
+podido decir con un escritor célebre:</p>
+
+<p>«Mi madre es una niña que yo tuve cuando era pequeña.»</p>
+
+<p>Su vida se deslizaría en la monotonía del trabajo diario y del negro
+cuidado de la existencia, más negro todavía cuando estuviese sola. Y, en
+un impulso de ternura inquieta, que asustaba a la descuidada criolla, la
+besaba locamente repitiendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! querida mía, no me dejes, no me dejes jamás...</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no tengo semejante intención, hija mía&mdash;respondía la buena
+señora despertándose un instante de su sopor;&mdash;ciertamente este país no
+me gusta gran cosa; es frío y feo; pero una madre debe sacrificarse
+siempre por su hija, y me resigno sin quejarme.</p>
+
+<p>Si el sacrificio era discutible, la resignación silenciosa no lo era
+menos, y la de Raynal no tenía más que una excusa para alabarse así, que
+era su absoluta buena fe. En realidad, a pesar de su expresión lánguida,
+tenía en su charla la volubilidad de un chorlito y una necesidad
+irresistible de expansiones íntimas.</p>
+
+<p>Ahora bien, siendo limitado el número de las confidentes, se mostraba
+cada vez menos difícil y descendía cada día un grado en escala social.
+Después de haber depositado sus quejas en el seno de algunas damas
+(exempleada de Correos, mujer del recaudador, hermana del cura) que
+componían a sus ojos la burguesía de Candore, se había vuelto hacia la
+agricultura (granjeras, molineras, etc.) y después hacia el comercio
+(mercera, panadera, tendera de comestibles) para caer al fin en el
+ínfimo pueblo (lecheras o simples criadas), a quienes regalaba con el
+relato circunstanciado de su vida: grandeza y decadencia; desde su
+infancia dorada en la plantación de su tío, donde tenía cuatro negras
+(sí, señora) para su servicio personal, hasta el retiro prematuro del
+comandante, enumerando complacientemente sus triunfos mundanos en cada
+guarnición.</p>
+
+<p>Esta intemperancia de lenguaje y las marcas de conmiseración que
+provocaban, no eran del gusto de Liette; pero el respeto filial ahogaba
+las sublevaciones de su delicadeza y, replegándose más aún en ella
+misma, oponía una política reserva a todas las insinuaciones y rehusaba
+sistemáticamente las invitaciones que les proporcionaban las maneras más
+atrayentes de la viuda, con gran desesperación de ésta, que suspiraba en
+medio de sus trapos y sacaba los trajes «aún muy presentables» que
+hubieran acabado de deslumbrar a la buena gente de Candore.</p>
+
+<p>Solamente Hardoin, poco simpático a la comandanta por la bondad burlona
+que oponía a sus jeremiadas, inspiraba a su joven vecina una confianza
+hija de la mutua simpatía.</p>
+
+<p>Al principio de su instalación, deseando encontrar lecciones para
+aumentar su pobre presupuesto, se había dirigido a él para que la
+recomendase a su clientela.</p>
+
+<p>Desde las primeras palabras sencillas y dignas que expusieron brevemente
+su situación, el notario comprendió que estaba enfrente de un carácter,
+y deponiendo la gravedad fingida al mismo tiempo que los anteojos que
+velaban de ordinario su mirada escrutadora, como si fuera inútil la
+precaución con aquella alma leal puesta al desnudo, se mostró a su vez
+bajo su verdadero aspecto y estuvo tan francamente benévolo y cordial,
+que la huérfana quedó profundamente emocionada y se separaron siendo ya
+amigos.</p>
+
+<p>Desde entonces no le escaseó ni los buenos consejos ni los buenos
+oficios, y gracias a él pudo entrar en el castillo en condiciones
+inesperadas.</p>
+
+<p>Liette tuvo, sin embargo, que romper por un día el retiro voluntario que
+tanto desolaba a la comandanta.</p>
+
+<p>Era el cumpleaños de Blanca, y, con esta ocasión, la condesa daba una
+comida íntima a la que las dos señoras fueron convidadas de un modo que
+no permitía el rehusar. Por otra parte, la viuda manifestaba tal
+alegría, y se mostraba tan encantada de «aquella nueva entrada en el
+mundo», que hubiera sido crueldad el impedírselo.</p>
+
+<p>&mdash;Como comprendes, hija mía, me vuelvo a encontrar en mi esfera&mdash;dijo
+repantigándose en los almohadones del coche amablemente enviado por la
+castellana y respondiendo con una señal protectora de cabeza al saludo
+de la gentecilla que examinaba desde su puerta el traje de las
+«parisienses».</p>
+
+<p>&mdash;¿Estás contenta, mamá?</p>
+
+<p>&mdash;Por ti solamente, querida; a tu edad es preciso no enclaustrarse como
+una abuela. Además, esas señoras han estado verdaderamente encantadoras
+y llenas de deferencias por mí; y una reserva inoportuna hubiera podido
+perjudicarte...</p>
+
+<p>&mdash;Es posible...</p>
+
+<p>&mdash;Y hacerte perder tu situación.</p>
+
+<p>Liette no respondió.</p>
+
+<p>Era, en efecto, una suerte inesperada en su desgracia el haber
+encontrado aquella plaza fija y bien retribuida, que le evitaba las
+lecciones sueltas, tan ingratas como mal pagadas.</p>
+
+<p>Dijo, pues, ahogando un suspiro:</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón, querida mamá; pero ¿qué quieres? me da miedo el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡El mundo en semejante agujero! Aquí no hay más que personas
+conocidas, como el notario y el cura, y salvo el joven conde, no veo de
+quién puedes tener miedo.</p>
+
+<p>La buena señora no sabía qué razón tenía.</p>
+
+<p>En el fondo de sí misma y por un sentimiento muy femenino, Liette temía
+y deseaba al mismo tiempo conocer al fin a aquel Raúl del que se hablaba
+tanto en el pueblo y a quien ella había sólo vislumbrado desde la
+ventana al despertar por primera vez en Candore.</p>
+
+<p>¿Era simple coincidencia, prudente disimulo o cálculo habilidoso? Ello
+fue que aquella hábil reserva tuvo igual éxito con la condesa y con
+Julieta.</p>
+
+<p>La una no había podido sospechar el interés ya muy vivo de su hijo
+respecto de la otra, y ésta no había sentido ninguna desconfianza
+respecto de un ausente. A pesar de su alta razón, no podía menos de
+sentir un poco de esa curiosidad sembrada por la serpiente en el alma de
+Eva y que la más perfecta de sus nietas no consigue ahogar
+completamente.</p>
+
+<p>En esta disposición de ánimo completamente favorable colocó su manita
+enguantada en el brazo del joven agregado, mientras Neris ofrecía el
+suyo a la señora de Raynal. Era la primera vez después del luto que las
+dos pobres mujeres se encontraban en un salón elegante de otro modo que
+como solicitantes y en medio de aquella atmósfera de comodidades en que
+habían vivido tanto tiempo.</p>
+
+<p>La condesa puso en su acogida ese tacto exquisito, esa rara urbanidad
+que no dan con frecuencia ni el nacimiento ni la fortuna y que ella
+poseía en alto grado. No pareció que recibía a la humilde empleada y a
+su madre, sino a dos mujeres de la buena sociedad iguales a ella por la
+clase y la educación, y este matiz imperceptible acarició dulcemente a
+sus almas doloridas.</p>
+
+<p>Todos, por lo demás, se mostraron al unísono con la castellana. Neris,
+con una coquetería de anciano, desplegó todas las seducciones de un
+espíritu todavía joven y siempre amable evocando los lejanos recuerdos
+del tiempo en que, joven, bella y amada, la de Raynal se le había
+aparecido radiante del brazo de su esposo bajo aquel hermoso cielo de
+África...</p>
+
+<p>&mdash;¡Casi el cielo natal! suspiraba con una sonrisa melancólica en los
+labios!</p>
+
+<p>Raúl, por su parte, afectaba las maneras discretas, respetuosas y casi
+tímidas de un hombre de mundo ante una simple joven, lo que, por poco
+coqueta que fuese, era para la austera institutriz la más delicada
+adulación.</p>
+
+<p>Mujer antes de tiempo por las penas, las pesadas cargas y las duras
+realidades de la vida, Liette seguía siendo una muchacha por su
+mentalidad, por su corazón y por sus ilusiones, y era caritativo el
+recordarle de un modo tan hábil que sus veinte años resplandecían
+también en su cara.</p>
+
+<p>Raúl, muy experto en la materia, no había dejado de echar de ver la
+impresión producida y se aplaudía por la metamorfosis de que era autor.</p>
+
+<p>Como el mármol parece animarse y tomar forma bajo la mano de un artista
+inspirado, así la rígida empleada, cuyas severas facciones parecían
+ignorar la sonrisa, reía ahora con todos sus hoyuelos y con un confiado
+abandono de colegiala.</p>
+
+<p>Con cómica gravedad, el joven reclamaba también el honor de un antiguo
+conocimiento.</p>
+
+<p>&mdash;No tenía usted ya trece años como cuando mi tío tuvo la buena fortuna
+de serle presentado; pero no debía usted de tener más de trece...
+Estaba yo entonces terminando mi año de voluntario en Orleáns, en el
+batallón de su señor padre de usted, y parece que me estoy viendo torpe
+y embarazado con mi capote demasiado largo ante una joven de falda
+corta, grandes manos y largos pies, como Blanca hace dos años, que me
+puso un muñeco en la mano y me dijo en tono autoritario:</p>
+
+<p>&mdash;No olvide usted el número, militar; una cabeza absolutamente igual,
+pero con cabello rubio. Sobre todo, no olvide usted el cabello rubio.</p>
+
+<p>Y una vez cumplida esta delicada misión a medida de sus deseos de usted,
+se dignó usted hacerme dar en la cocina un vaso de vino, que me bebí
+religiosamente a su salud.</p>
+
+<p>&mdash;¡En la cocina!... ¡Qué mal trató usted a mi pobre hermano, señorita!</p>
+
+<p>&mdash;Si el vino era bueno, menos mal&mdash;dijo el cura saboreando su
+Chateau-Lafitte.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y hay quien se atreve a decir que el hábito no hace al monje!&mdash;añadió
+irónicamente el notario.</p>
+
+<p>Liette se excusaba riendo, ruborizada y confusa, con gran alegría de su
+maliciosa discípula.</p>
+
+<p>Fue aquella una velada deliciosa.</p>
+
+<p>Olvidando un instante los penosos rigores de su situación presente,
+Liette reapareció tal como era en otro tiempo en el salón de su padre,
+la exquisita criatura cuyo encanto indefinible, más poderoso aún que la
+belleza, había hecho levantarse tantas cabezas bajo el quepis de doble o
+triple galón de oro.</p>
+
+<p>Blanca, encantada, palmoteaba y no conocía a la señorita; la condesa
+misma estaba conquistada por aquel aumento de juventud y de gracia.</p>
+
+<p>La de Raynal tomaba una gran parte en el triunfo de su hija y se sentía
+halagada en su vanidad maternal, sin el menor pensamiento de alarma.</p>
+
+<p class="puntos">Raúl, el encantador que había provocado ese milagro, experimentaba la
+orgullosa alegría de Pigmalión ante su estatua animada del soplo divino.</p>
+
+
+
+<p>Al volver al pueblo a la luz de la luna, la viuda, sentada enfrente del
+notario mientras el cura dormitaba a su lado, no pudo contener la
+exuberancia de su júbilo.</p>
+
+<p>&mdash;Una hermosa velada, señor Hardoin, y como quisiera que tuviese muchas
+mi pobre Liette.</p>
+
+<p>El notario permaneció frío ante aquel impetuoso entusiasmo un poco
+intempestivo, y echando una mirada pensativa al fino perfil de la joven
+que contemplaba las estrellas, murmuró:</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo no!</p>
+
+<hr />
+
+<p>Liette hizo un gesto de impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Otra vez me he equivocado.</p>
+
+<p>&mdash;No ha sido por mi culpa&mdash;respondió cándidamente la de Raynal, cuya
+charla continua recordaba el gorjeo de los pájaros y que desde que se
+había levantado estaba molestando a su hija con consideraciones
+interminables sobre los menores incidentes de la velada memorable.</p>
+
+<p>&mdash;No, querida mamá&mdash;respondió Liette con su buen humor habitual;&mdash;un
+poco de cansancio sin duda... Eso es lo que tiene el acostarse a horas
+descompasadas.</p>
+
+<p>Y volvió a empezar laboriosamente la suma.</p>
+
+<p>La viuda se estuvo un momento callada, pero la comezón era demasiado
+fuerte y, no pudiendo resistirla por completo, se alivió primero en voz
+baja a modo de soliloquio y fue levantando el tono insensiblemente hasta
+acabar por una interpelación mal disfrazada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre hija mía! ¡Cuando pienso que una simple comida es un
+acontecimiento en tu vida!... A tu edad estaba yo continuamente en
+fiestas y recepciones. ¡Los cotillones que yo he dirigido! Y, sin
+embargo, Dios sabe que no era yo mundana. Pero nuestra situación y los
+ascensos de tu padre exigían cierto decoro y cierta representación. Si
+me hubieran dicho entonces que acabaría mis días en un agujero semejante
+y reducida a tan pobre sociedad... Porque, dicho sea sin ofender a
+nadie, hija mía, nuestras relaciones dejan mucho que desear y estamos
+obligadas a tratar a personas muy comunes... No es por tu culpa, lo sé,
+pero cuando se ha vivido como yo en un medio escogido, es una necesidad
+penosa y que hace apreciar la menor ocasión de encontrarse una en su
+mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso no es una necesidad, mamá&mdash;dijo Liette dejando la pluma con
+resignación;&mdash;eres absolutamente libre...</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, hija mía, sin duda; pero no querría perjudicarte en tu
+situación y prefiero dominar mi legítimo orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;Te aseguro...</p>
+
+<p>&mdash;Tu felicidad ante todo, hija mía; por verte dichosa me resignaría a
+rascar la tierra con las uñas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre madre mía!&mdash;dijo la joven conmovida y sonriente al mismo
+tiempo,&mdash;tan mal concordaba esa idea con la indolencia maternal.</p>
+
+<p>&mdash;Si debiera dejarte pronto, me alegraría de que no te quedaras en este
+pueblo de iroqueses, de saber que estabas rodeada de afecciones dignas
+de ti y de pensar que encontrarías una segunda madre...</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! ¿En quién?</p>
+
+<p>&mdash;Pues... en la de Candore, que me reemplazaría con gusto a tu lado...</p>
+
+<p>Esta vez Liette no pudo reprimir una franca carcajada, y respondió
+besando tiernamente a aquella cabeza a la que las canas no habían
+llevado la razón:</p>
+
+<p>&mdash;Nadie podría reemplazarte conmigo, querida mamá, y la de Candore menos
+que otra... No la conoces; es una mujer superior, pero tan convencida de
+su superioridad, que el común de los mortales no existe para ella.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, me hablaba de ti en unos términos...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente, no puedo quejarme de su modo de proceder diario, pero
+ayer éramos sus invitadas, y esto es un matiz; hoy he vuelto a ser
+sencillamente la institutriz de su hija y no dejaría de recordármelo si
+yo lo olvidase.</p>
+
+<p>&mdash;La clase no se mide por la fortuna, hija mía; es la opinión de todas
+las personas de corazón y ahí tienes como prueba las delicadas
+atenciones del señor Neris y la solicitud significativa de su sobrino.
+Seguramente no te miraban como una vulgar institutriz. La misma señorita
+de Candore no hubiera podido recibir más respetuosos homenajes.</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees tú?</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! tengo buenos ojos, y Raúl es un hombre demasiado galante para...</p>
+
+<p>En este momento llamaron al ventanillo y el objeto de esos elogios
+mostró su fino bigote en la estrecha abertura.</p>
+
+<p>Con su inconveniencia natural, la comandanta iba a acogerle amablemente
+como visitante, pero al verse en un espejo los papillotes desrizados y
+el peinador deslucido, se escondió precipitadamente en el comedor.</p>
+
+<p>Julieta no se había levantado, y después de responder con una ligera
+inclinación de cabeza al saludo ceremonioso del joven, se quedó
+esperando.</p>
+
+<p>Raúl parecía un poco turbado a pesar de su aplomo. La actitud cortés
+pero digna de la joven empleada paralizaba sus brillantes facultades.</p>
+
+<p>Después de unos cuantos cumplimientos triviales, a los que ella
+respondió con extremada reserva, se quedó cortado golpeando con
+expresión indecisa la tabla del ventanillo y como molesto por aquella
+límpida mirada que formulaba claramente esta pregunta:</p>
+
+<p>&mdash;No es a la señorita Raynal a quien debe estar dedicada esta visita;
+¿qué quiere usted, pues?</p>
+
+<p>Por fin dijo el joven, rompiendo resueltamente el silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Debo, señorita, parecer a usted muy torpe y muy tonto, pero por más
+que hago no puedo separar la función de usted de su persona, y necesito
+todo mi cariño hacía mi tío...</p>
+
+<p>Liette le miró asombrada.</p>
+
+<p>&mdash;En resumen, señorita, el señor Neris, por motivos personales, desea
+que cierta correspondencia no pase por el castillo ni por las manos de
+los criados... No queriendo venir a recogerla él mismo, me encarga de
+ese cuidado cuando estoy aquí... Con la señorita Beaudoin la cosa me era
+indiferente... pero con usted...</p>
+
+<p>Tenía una expresión tan confusa, que Liette vino en su ayuda:</p>
+
+<p>&mdash;Nada más sencillo, caballero; dígame usted las iniciales.</p>
+
+<p>&mdash;H. N., 32.</p>
+
+<p>La empleada buscó en la casilla correspondiente y retiró dos cartas de
+una elegante letra inglesa y sello de Londres, que él hizo desaparecer
+prestamente en el bolsillo de la americana como si tuviera prisa por
+sustraerlas a aquella cándida mirada. Después dijo tratando de dar una
+explicación:</p>
+
+<p>&mdash;No hay nada en esto que no sea muy natural. Mi tío hace mucho bien y
+se interesa paternalmente por muchas personas... Pero mi madre es muy
+propensa a sospechar el mal, y por no disgustarla... En fin, hay que ser
+indulgentes con las debilidades de un anciano que es en suma el mejor de
+los hombres.</p>
+
+<p>Raúl balbucía y se contradecía mil veces, fingiendo una cortedad que era
+un homenaje a la virtud de la huérfana, que no podía menos de
+agradecérselo.</p>
+
+<p>Así, cuando el joven se despidió deshaciéndose todavía en excusas,
+Liette pensó sin la menor sospecha:</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre muchacho! Bonitas comisiones le encarga su tío...</p>
+
+<hr />
+
+<p>Raúl no era uno de esos fríos corrompidos, uno de esos «feroces» sin
+principios, sin moral y sin freno que no conocen otra regla más que su
+placer, otros deberes que sus apetitos ni otra ley más que el código.</p>
+
+<p>No era tampoco un Lovelace, un don Juan ni un Richelieu, brillantes
+mariposas que revolotean de flor en flor, incapaces de un cariño
+sincero, únicamente cuidadosos de enredar en las guías de su bigote los
+corazones femeninos y para quienes Amor es sinónimo de Amor propio.</p>
+
+<p>Lejos de eso; a pesar de cierto fondo de escepticismo, su alma era
+susceptible de ímpetu espontáneo, de súbito desinterés y de efímero
+entusiasmo, de donde brotaba una emoción fugitiva, una sensibilidad
+superficial bastante para dar la ilusión de un corazón tierno y generoso
+donde no había en realidad más que un manojo de nervios.</p>
+
+<p>Era víctima de una educación mal dirigida que había tratado ante todo de
+hacer de él un hombre brillante, pero no un simple hombre honrado en la
+alta acepción de la palabra.</p>
+
+<p>Indulgente, pero firme, la de Candore no vacilaba nunca para hacerle
+sentir el freno y la brida cuando se trataba de su salud, de su fortuna
+o de su porvenir, pero sin cuidarse seriamente del lado moral. Muy
+orgullosa de aquel guapo y elegante caballero, que no había heredado de
+su padre más que el nombre, le dispensaba con gusto sus defectos de hijo
+de familia y sus caprichos de desocupado con tal de que no adoleciesen
+de burguesismo ni de vulgaridad.</p>
+
+<p>La hija del jardinero Neris tenía un desdén de gran señora por lo que
+ella llamaba la moral de la gentecilla, y a pesar de su aparente
+rigorismo, pedía solamente a su hijo que sus vicios fuesen de buen tono.</p>
+
+<p>Por otra parte estaba segura de su ascendiente sobre aquella naturaleza
+débil y maleable bajo una aparente independencia. Raúl era incapaz de
+resistir a la autoridad de su madre y cualquiera que fuese su rebelión
+pasajera, cedía tascando el freno a esa influencia maternal siempre
+sabiamente disfrazada.</p>
+
+<p>En efecto, por una diplomacia femenina digna de un discípulo de
+Talleyrand, la condesa no parecía jamás preocupada por las acciones de
+su hijo, y los hilos que hacía mover estaban muy hábilmente disimulados
+para inspirar la menor sospecha a la naturaleza más quisquillosa.</p>
+
+<p>En las pocas circunstancias delicadas en que había intervenido
+indirectamente, Raúl no lo había jamás sospechado y había atribuido a su
+iniciativa, a su voluntad y a su energía decisiones que hubiera sido
+incapaz de tomar solo.</p>
+
+<p>Actualmente, las forzadas aproximaciones de la existencia común no
+habían hecho apartarse a la castellana de esa sabia línea de conducta, y
+el joven agregado estaba tan libre en el castillo (así al menos lo
+creía) que en su embajada de Londres, y toda la vigilancia, todos los
+rigores y todas las precauciones maternales se concentraban en la cabeza
+del señor Neris.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo defiendo es vuestra herencia, hijos míos&mdash;había declarado
+redondamente la de Candore a su hijo.</p>
+
+<p>Y la cosa, naturalmente, no podía parecer mal a Raúl, aunque las medidas
+tomadas contra uno se aplicasen también al otro.</p>
+
+<p>Esta hábil política tenía la doble ventaja de respetar el amor propio de
+Raúl y de evitar toda explicación.</p>
+
+<p>Neris era, pues, la cabeza de turco encargada de sufrir los golpes de su
+sobrino, que no podía defenderse puesto que no le acusaban, y debía
+simular la indiferencia... cosa bastante fácil para aquel corazón
+ligero.</p>
+
+<p>Bueno es decir que por una especie de adivinación, la condesa percibía
+siempre el momento favorable, el instante psicológico, y que tenía, por
+otra parte, una extremada delicadeza de tacto y una rara habilidad.</p>
+
+<p>Con esta táctica evitaba a su hijo toda lamentable aventura; en cuanto a
+los demás, poco le importaban.</p>
+
+<p>La pobre Juana lo había experimentado duramente.</p>
+
+<p>Es justo reconocer que si la noble dama temía en su hijo un amor
+naciente causado por el azar de un encuentro fortuito, estaba lejos de
+suponer la gravedad de su conducta y de saber que era a su mujer
+legítima a quien había logrado introducir bajo el techo materno en
+calidad de institutriz.</p>
+
+<p>Locamente enamorado y con una ligereza que no podía compararse más que
+con su inconsciencia, había determinado a la joven inglesa a casarse
+clandestinamente con él al salir de Londres, matrimonio facilitado por
+las leyes de la libre Inglaterra, pero absolutamente nulo en el
+continente. La cándida miss se había fiado de su palabra, que él tenía
+acaso entonces intención de cumplir, y, para captarse las simpatías de
+su futura suegra, había aceptado el papel dictado por aquel a quien
+consideraba como su legítimo dueño y señor ante Dios y ante los hombres.</p>
+
+<p>Hemos visto lo que había resultado.</p>
+
+<p>Después de una luna de miel que debía ser eterna y que ya se había ido a
+reunirse con las lunas pasadas, el conde, cansado de aquella gran
+pasión, importunado por aquel amor de que él no participaba e irritado
+por las dificultades crecientes de aquella situación imposible que él
+mismo se había creado, agradeció a su madre que le sacase de ella
+bruscamente por un acto de rigor en el que él no tenía que hacer más que
+lavarse las manos, y había saludado como un verdadero alivio la libertad
+reconquistada en el momento preciso en que se dibujaba en su horizonte
+de desocupado una nueva aventura llena de atractivos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué gran mujer es mi señora madre!&mdash;se decía <i>in petto</i> con una
+mezcla de gratitud y de admiración.</p>
+
+<p>Desde los primeros días Liette había producido una profunda impresión en
+aquel espíritu frívolo, superficial y estragado. Aquella belleza pálida
+y severa, de facciones regulares, de austera sencillez y de aspecto
+modesto y digno, era para él una novedad comparada con las muñecas de
+caritas sonrosadas y peinados estrepitosos, con aspecto atrevido o
+lánguido que había tratado hasta entonces y entre las cuales estaba
+comprendida irreverentemente la pobre Juana con su encanto de linda
+rubia.</p>
+
+<p>Raúl había decidido, después de un simulacro de asedio, dar
+inmediatamente el asalto, pero conoció que se trataba de un adversario
+temible, y esta dificultad inesperada estimuló su ingenio y su corazón.</p>
+
+<p>En amor sobre todo, los obstáculos dan más precio a la victoria. Como
+dice muy ingeniosamente Gondinet:</p>
+
+<p>«Sin la alondra, Romeo se hubiera dormido... y Julieta también.»</p>
+
+<p>Al revés que con la sentimental y lánguida inglesa, crédula e inocente
+como un niño, subyugada por su irresistible vencedor y adorándole como a
+un dios, Raúl se veía esta vez en presencia de una fuerza real, de un
+carácter firme, viril y enérgico, templado en la dura escuela de la
+desgracia. Tuvo, pues, que establecer sus paralelas con la ciencia de un
+antiguo estratégico y el ardor de un joven neófito, avanzando a pasos
+contados para no asustar al «pájaro rebelde» pronto a volar a la primera
+demostración un poco viva.</p>
+
+<p>Era el medio más largo, pero el más seguro, pues Liette no podía
+alarmarse por una conducta tan cortés y correcta, a no ser una coqueta
+farsante o una ridícula mojigata.</p>
+
+<p>Raúl le mostraba un respeto caballeresco y evitaba cuidadosamente esa
+galantería trivial y esas atenciones indiscretas a que su situación la
+exponía, y se lo agradecía infinito. El joven reservaba todas sus
+atenciones para la señora de Raynal y todas sus felicitaciones a Blanca,
+y ese homenaje indirecto al mérito de la institutriz y a su abnegación
+filial valía más que la más delicada adulación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué metamorfosis en mi hermana!&mdash;decía algunas veces.&mdash;¿No le parece
+a usted, señorita? Hasta aquí no era más que una niña.</p>
+
+<p>&mdash;A los dieciséis años era más que su derecho, era su deber, caballero.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, pero la gracia puede aliarse con la seriedad. Hasta los
+quince años se es una niña, de quince a treinta una joven.</p>
+
+<p>&mdash;Y hasta una solterona...</p>
+
+<p>&mdash;Es usted severa, señorita. Mi tío, que apenas se considera como un
+soltero maduro...</p>
+
+<p>&mdash;Anda, sobrino, no te quedes corto.</p>
+
+<p>&mdash;Dispensa...</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto, y con más razón porque me asocio a tus elogios.
+Nuestra Blanca gana todos los días con su contacto de usted, señorita.
+Mi deseo es que sea digna de tal modelo...</p>
+
+<p>&mdash;Me hace usted demasiado honor, caballero; la tarea estaba casi acabada
+y Blanca hace que mi papel sea muy fácil tratándome como amiga...</p>
+
+<p>&mdash;Era sobre todo una amiga lo que ella necesitaba; por eso estamos todos
+muy agradecidos de que haga usted de esta querida niña una mujer
+cumplida.</p>
+
+<p>Esta opinión halagüeña salida de los altaneros labios de la condesa era
+preciosa porque la dama no las prodigaba; pero apreciaba a la
+institutriz en su justo valor y no temía decírselo. Con una
+condescendencia rara en ella, colmaba a aquellas señoras de atenciones y
+de regalitos, les enviaba frutas de su jardín y flores de su estufa y
+hasta invitaba a su hijo a unir al envío alguna banasta de caza.</p>
+
+<p>Algunas veces se encargaba el mismo Raúl de la comisión y, escogiendo
+discretamente un momento en que Liette estaba ausente, entraba en el
+Correo a vaciar su morral y tragaba sin pestañear las interminables
+divagaciones de la viuda, que se despachaba a su gusto con aquel
+interlocutor complaciente... pero no desinteresado.</p>
+
+<p>Al hacer la corte a la madre evitaba el comprometer a la hija y su causa
+no perdía, al contrario, por ser defendida por un tercero. Con su
+imprudencia ordinaria, la buena señora no cesaba de hablar de «aquel
+buen don Raúl», y era imposible a la conciencia más timorata alarmarse
+lo más mínimo por sus asiduidades.</p>
+
+<p>De este modo no había ninguna alarma en la de Candore, ninguna
+desconfianza en la institutriz, y Raúl llegaba pacíficamente a sus fines
+por caminos de travesía.</p>
+
+<hr />
+
+<p>A principio del verano la salud de la señora de Raynal se alteró
+sensiblemente. Ya delicada y débil, verdadera planta de los Trópicos
+cuidada en estufa, no ofrecía ninguna resistencia a la anemia abrumadora
+que la había invadido lentamente e iba pereciendo de día en día a pesar
+de los cuidados minuciosos que se le prodigaban.</p>
+
+<p>Acurrucada en su butaca al lado de la ventana y envuelta en chales y
+mantas a pesar del ardiente sol de junio, cuyos rayos espolvoreaban de
+oro el estrecho despacho, permanecía allí largas tardes con la mirada
+vaga, sin hablar y acaso sin pensar, las manos inertes, y los párpados
+medio cerrados como esos pobres pajarillos de las islas que esconden la
+cabeza debajo del ala sin que nada pueda sacarlos de su sopor.</p>
+
+<p>Síntoma alarmante; no se interesaba ya por los ruidos de la calle ni por
+la charla de las comadres, no levantaba los ojos al ruido de los zuecos
+en la calle, ni al de los coches del notario o del médico, no hacía caso
+de las voces de las vecinas que iban a informarse de la salud de «la
+querida señora».</p>
+
+<p>Se acabó la interminable charla que zumbaba en los oídos de la joven
+empleada; se acabaron los sempiternos discursos tan difíciles de
+escuchar haciendo una suma. ¡Ay! ya no había que temer errores en las
+cuentas; sólo turbaba el pesado silencio el ruido monótono del reloj y
+la ronca voz del cartero, y las palabras más afectuosas y las más
+tiernas caricias no lograban arrancar a la enferma más que una sonrisa
+pálida y lánguida.</p>
+
+<p>Solamente Raúl tenía el privilegio de alegrarla un poco; sus visitas,
+aunque frecuentes, resultaban para ella escasas.</p>
+
+<p>Cuando su elegante silueta aparecía en la esquina de la calle animaba la
+cara de la viuda un reflejo de vida. Siempre era ella la primera que le
+veía, y decía guiñando sus ojos de miope:</p>
+
+<p>&mdash;Ahí viene don Raúl; ¿qué traerá hoy?</p>
+
+<p>Con una solicitud y una amabilidad que conmovía profundamente a la madre
+y a la hija, el joven se proporcionaba el placer de satisfacer los
+caprichos de la enferma, y sabe Dios si los tenía.</p>
+
+<p>Un día era un cesto de dátiles impacientemente deseados y que la anciana
+devoraba con avidez; otras veces granadas, plátanos o nueces de coco que
+engañaban apenas la repugnancia de su estómago gastado.</p>
+
+<p>En vano insistían para hacerla bajar al minúsculo jardinillo en el que
+florecían algunas dalias multicolores y un modesto cuadro de rosales.</p>
+
+<p>&mdash;¡Están tan débiles mis piernas!&mdash;gemía.&mdash;Además, necesitaría que mis
+negritos me llevaran como en otro tiempo en mi hamaca.</p>
+
+<p>Al día siguiente estaba allí la hamaca de Blanca colgada a la sombra de
+un quitasol, y Raúl se ofrecía alegremente a embadurnarse la cara de
+negro como el Nelusco de la Africana, para completar el programa.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad, no se atreve ya una a expresar el menor deseo&mdash;suspiraba la
+buena señora encantada columpiándose con un gozo de niña mientras el
+conde la abanicaba gravemente con un marabú.</p>
+
+<p>Acaso el papel de Raúl no era el más agradable y hubiera él preferido el
+de Blanca, que acompañaba generalmente a su amiga y se esforzaba por
+consolarla mientras él divertía a la madre. Pero hubiera sido imprudente
+invertir los papeles y el provecho hubiera sido menor.</p>
+
+<p>En efecto, la abnegación de Raúl no era perdida. Aquella ingrata tarea
+debía producirle grandes intereses, y cuando la de Raynal le proclamaba
+irresistible, estaba muy cerca de la verdad.</p>
+
+<p class="puntos">A la dolorosa angustia que le oprimía el corazón se mezclaba en Liette
+un sentimiento muy dulce del que no pensaba en desconfiar ni en
+defenderse; era el agradecimiento y nada más...</p>
+
+
+
+<p>El médico del pueblo se mostraba poco tranquilizador.</p>
+
+<p>&mdash;No hay atacados órganos esenciales&mdash;diagnosticaba,&mdash;pero todo el
+organismo está alterado. Haría falta una energía moral que nos falta
+completamente, lo que nos entrega atados de pies y manos a lo
+desconocido.</p>
+
+<p>Mandaba tónicos, un régimen fortificante, ejercicio y aire libre, pero
+la enferma no quería oír hablar de nada de esto y declaraba que la vista
+de una chuleta le daba náuseas y que el más corto paseo la mataría
+seguramente.</p>
+
+<p>Liette, desolada, pensaba ir a Amiens a consultar al doctor Duplan,
+joven profesor ya famoso en la región y condiscípulo del señor de
+Candore, pero ante la idea de semejante viaje la enferma ponía el grito
+en el cielo.</p>
+
+<p>&mdash;Te lo ruego, hija mía, déjame morir en paz&mdash;repetía en tono
+doliente:&mdash;creo que no pido mucho.</p>
+
+<p>Lágrimas, razonamientos y súplicas, todo fue inútil. Liette estaba
+desesperada, cuando una mañana se presentó Raúl en el correo con el
+sabio médico.</p>
+
+<p>&mdash;Mi amigo el doctor Duplan, que viene a pasar unos días en el castillo,
+invitado por mí, tendrá mucho gusto en ponerse a la disposición de
+usted. Espero que nuestra querida obstinada no se negará a recibirle.</p>
+
+<p>Esta vez el corazón de la joven se fundió ante la ingeniosa delicadeza
+del procedimiento y, en un impulso espontáneo, ofreció las dos manos al
+diplomático.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es usted bueno; gracias!&mdash;dijo con las lágrimas en los ojos y una
+mirada tan elocuente que el médico se quedó deslumbrado y no pudo menos
+de decir a su amigo cuando salían:</p>
+
+<p>&mdash;Querido amigo, una mirada semejante vale más que los honorarios.</p>
+
+<p>El sabio fisiólogo había conocido a primera vista una de esas
+enfermedades de languidez en las que la inercia del enfermo paraliza los
+esfuerzos del médico y en las que el abatimiento moral hace inútil la
+ciencia más profunda.</p>
+
+<p>&mdash;Tendrá usted que usar de toda su influencia, señorita, para galvanizar
+esta energía que se apaga. La distracción de un viaje y el aire puro y
+vivificante del mar tendrían acaso un efecto saludable.</p>
+
+<p>La cosa presentaba numerosas dificultades, pero todos se emplearon en
+suprimirlas. El señor Hardoin, en relación con el director de Correos
+del departamento, obtuvo fácilmente una licencia de un mes. Neris, gran
+accionista de varias compañías, sacó un doble permiso de circulación
+gratuita. En fin, para evitar a la enferma la promiscuidad penosa del
+hotel, Blanca le ofreció amablemente una deliciosa quinta que llevaba su
+nombre, que su tío había hecho edificar para ella en Saint-Pair, en el
+camino de Granville, y a la que la familia debía ir en el mes de agosto.</p>
+
+<p>Raúl se reservó la misión ardua y delicada de arrancar el consentimiento
+de la principal interesada, pero la cosa fue más fácil de lo que se
+suponía. La de Raynal, refractaria a un corto viaje a Amiens, se dejó
+seducir por la perspectiva de una expedición elegante, rodeada de un
+lujo y de unas comodidades que halagaban su orgullo de niña mimada, y el
+joven agregado de embajada obtuvo un éxito de buen agüero para su
+carrera diplomática.</p>
+
+<hr />
+
+<p>El carruaje dejó las calles tortuosas de Granville y tomó el camino de
+Saint-Pair.</p>
+
+<p>Era uno de esos vehículos prehistóricos de forma anticuada y muelles
+rechinantes que salen de no se sabe qué depósito de antiguallas para la
+temporada balnearia y en los que se amontonan dócilmente las más
+elegantes parisienses, cuyos frescos y airosos trajes hacen resaltar más
+la desagradable vejez de las banquetas de terciopelo ajado.</p>
+
+<p>El caballejo, de una delgadez inverosímil, como si hubiera ayunado todo
+el invierno, parecía un fantasma de caballo tirando de un fantasma de
+coche y que hacía pensar en los versos de Scarron:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">Se ve la sombra de un lacayo</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Cepillar la sombra de una carroza</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">Con la sombra de cepillo.</span><br />
+</p>
+
+<p>En cambio el cochero, con su blusa azul formando globo alrededor de un
+vientre respetable, presentaba un aspecto regocijado y exuberante de
+salud, que contrastaba con las facciones pálidas y demacradas de la
+enferma, lánguidamente echada en los almohadones hundidos y que apenas
+levantaba los párpados para contemplar un instante el magnífico panorama
+que deslumbraba a su joven compañera.</p>
+
+<p>Nada, en efecto, más pintoresco en su uniformidad que aquel camino que
+costea el mar durante más de tres leguas para ir a parar en la punta de
+Carolles.</p>
+
+<p>No hay allí los altos acantilados normandos tras de los cuales se
+ocultan las olas que van a romperse a sus pies con sordos mugidos como
+los golpes de una invisible catapulta. Vense en cambio aglomeraciones de
+sombrías rocas de aristas cortantes y que la blanca espuma hace parecer
+más negras todavía como el carbón bajo la nieve; una larga banda de
+dorada arena, lisa como las calles de un jardín inglés, donde, para
+completar la semejanza, las jóvenes misses juegan al crocket en la marea
+baja; y el mar, ese mar azul de tonos cambiantes de zafiro, de
+esmeralda, de rubí y de amatista que refleja a veces el azul del cielo y
+a veces los horrores del infierno.</p>
+
+<p>Es aquello todavía la costa normanda, pero es el mar bretón, ese mar
+inolvidable, «cautivador de almas» según la justa expresión de un poeta
+ignorado, mar acariciador y terrible, dulce y suave como el terciopelo,
+claro y transparente como el cristal o rugiente y amenazador, erizado de
+picos monstruosos y de insondables cráteres.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué hermoso es esto, madre, qué hermoso!</p>
+
+<p>Presa de una especie de éxtasis, Liette contemplaba ávidamente aquella
+inmensidad hinchada de vida, aquella buena nodriza que vierte a sus
+hijos la salud, el vigor y la fuerza y que iba acaso a devolverle su
+madre.</p>
+
+<p>Y la joven juntaba las manos en un ademán de ferviente súplica.</p>
+
+<p>&mdash;¿Llegamos pronto?&mdash;preguntó la de Raynal después de una mirada vaga y
+distraída al maravilloso cuadro.</p>
+
+<p>El cochero, que había oído la pregunta, designó con la punta de la fusta
+un campanario nuevo que levantaba su esbelta flecha por encima de los
+techos en los que dominaba todavía la paja característica de las
+cabañas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es Saint-Pair y esa la villa Blanca&mdash;añadió parando delante de una
+de las bonitas casas construidas en la costa.</p>
+
+<p>La «Villa Blanca» merecía su nombre y en medio de las edificaciones
+multicolores y de las quintas chillonas en que se complace la
+extravagante fantasía de arquitectos delirantes se distinguía por su
+elegante sencillez y por su fachada inmaculada.</p>
+
+<p>Era blanca la casa, blancas las persianas, blanca la verja, blanca la
+tienda de campaña de blanco pabellón ya levantada en la playa, blanca la
+lancha amarrada a la orilla; blancos los rosales que florecían en los
+cuadros, los geranios que adornaban la entrada y los claveles que
+perfumaban el jardín.</p>
+
+<p>Dentro como fuera, cortinas, alfombras y muebles de laca, todo era
+blancura propia del nido virginal escogido para los dieciséis años de la
+exquisita y pura niña, objeto de tan tierna solicitud.</p>
+
+<p>&mdash;¡Querida Blanca! Pensar que nos abandona estas lindas
+cosas...&mdash;murmuró Julieta llena de agradecimiento.</p>
+
+<p>La de Raynal manifestaba una alegría de niña; encontrábase en su
+elemento y recibía con majestuosa condescendencia, digna de la condesa,
+los homenajes de la jardinera, que cuidaba el inmueble y que fue a
+ponerse a las órdenes de los «parientes» de sus propietarios, como
+aquellas señoras habían sido designadas, por una ingeniosa delicadeza,
+en la carta anunciando su llegada y poniendo generosamente la casa a su
+disposición por todo el mes de julio.</p>
+
+<p>A pesar del cansancio del viaje, la enferma, encontrando una energía
+ficticia en la alegría íntima que le causaba aquella plenitud de
+bienestar y de comodidad, quiso inspeccionar sus dominios de un mes.</p>
+
+<p>Una tras otra, inspeccionó todas las piezas de la casa, jugando «a los
+propietarios» como los niños «a las personas mayores» y aprobándolo o
+criticándolo todo con un aplomo y una convicción de las más graciosas.</p>
+
+<p>Tan bien representaba su papel, que se engañaba a sí misma, y si la de
+Candore se hubiera presentado de pronto casi la hubiera recibido como
+invitada.</p>
+
+<p>&mdash;Es fastidioso que se te haya olvidado mi hamaca, hija mía. La
+hubiéramos instalado en la escalinata.</p>
+
+<p>&mdash;Hubiera sido inútil, mamá&mdash;respondió Liette sonriendo y mostrando una
+hamaca que se columpiaba en la cubierta de cristales.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy segura de que es una atención de ese querido don Raúl&mdash;exclamó
+la criolla muy gozosa; sabe que no puedo pasarme sin ella.</p>
+
+<p>Al oír el nombre del amigo fiel y adicto, la clara mirada de Julieta se
+empañó con una sombra de melancolía. ¡Iba a estar un largo mes sin
+verle! Y una pena vaga e inconsciente le arrancó un involuntario
+suspiro.</p>
+
+<p>Pero no tuvo tiempo para abandonarse a esta impresión.</p>
+
+<p>Impaciente por ver y por ser vista, su madre quería dar una vuelta por
+la playa. Apoyada descuidadamente en el brazo de su hija como una débil
+y flexible caña, levantaba su talle prematuramente encorvado y andaba a
+pequeños pasos, con el pecho oprimido, pero con un poco de rosa en las
+mejillas y un poco de llama en los ojos. Así llegó lentamente a la
+tienda de campaña objeto de admiración de los bañistas modestos
+reducidos a una simple caseta decorada con oropeles chillones o con
+adornos japoneses baratos.</p>
+
+<p>En aquel comienzo del verano no había más que gentecilla; matrimonios
+viejos y económicos y jóvenes mamás que aprovechaban de su libertad
+relativa para gozar de aquel delicioso mes de julio tan a propósito para
+las vacaciones con sus días interminables.</p>
+
+<p>Los niños, sin pensar en su próxima esclavitud, jugaban entusiasmados y
+se mojaban en los pequeños estanques que hacían con las manos.</p>
+
+<p>La de Raynal, repantigada en una mecedora, sonreía benévolamente a toda
+aquella familia menuda y se interesaba por las diminutas pescadoras que
+iban, rojas de placer, a hacerle admirar su cosecha de «frutti di mare»,
+y por los precoces ingenieros que plantaban gravemente una bandera en
+los minúsculos fuertes que habían construido con la arena.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te acuerdas, Liette, del hermoso castillo de juguete que hizo
+construir tu padre en Trouville cuando no eras más alta que esos niños?</p>
+
+<p>La buena señora se animaba, y ante aquel flujo de vida que galvanizaba
+sus facciones ya fijas por la helada mano de la muerte, Liette volvía a
+la esperanza...</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;¿Quién sabe?</p>
+
+
+
+<p>Por la noche, cuando vio a su madre dormirse con un sueño tranquilo,
+reparador y poblado de ensueños felices que hacían dibujarse una
+fugitiva sonrisa en sus descoloridos labios, Julieta se sentó ante el
+escritorio de plata con las iniciales de Blanca, y, dejando rebosar su
+alma henchida de gratitud, escribió largamente a su amable discípula.</p>
+
+<p>«En fin, hija mía&mdash;decía al terminar,&mdash;gracias a usted y a sus queridos
+padres he conocido hoy un fulgor de esperanza, muy débil, por desgracia,
+y que se apagará probablemente mañana. Pero ni vientos ni tempestades
+podrán nunca apagar en mi corazón la llama eterna de mi viva gratitud
+por tan afectuosa bondad, y ruego a Dios que me permita un día dar a
+ustedes la prueba, aunque sea a costa de mi propia dicha...»</p>
+
+<hr />
+
+<p>Hacia la segunda quincena de julio, un hombre y una mujer, ambos
+jóvenes, seguían lentamente el muelle de Saint-Helier donde se agolpaba
+ya la multitud de las primeras hornadas de viajeros, gentlemen
+apopléticos, secas ladies y rubias misses montadas al aire, «smala» de
+viajeros que están dando la vuelta al mundo con gravedad sacerdotal y
+que contrasta por su tiesura y su flema británica con la exuberancia y
+la «furia francesa» de nuestros compatriotas que han huido
+momentáneamente del mostrador o de la oficina y se maravillan
+cándidamente de verse tan lejos de la calle Saint-Denis... o del
+ministerio.</p>
+
+<p>El hombre llevaba con desenvoltura un elegante traje de viaje y unos
+gemelos en bandolera.</p>
+
+<p>Ella, muy sencilla, iba empujando uno de esos encantadores cochecitos
+ingleses, obra maestra de la industria nacional de ese pueblo pesado y
+prosaico de ordinario, pero de un gusto tan delicado y refinado en todo
+lo que se refiere a la infancia.</p>
+
+<p>Eran Raúl de Candore y nuestra antigua conocida Juana Dodson, cuyos ojos
+azules desembarazados de los anteojos, se fijaban con amor en el
+precioso niño dormido en los almohadones y cuya cabecita rubia
+desaparecía a medias bajo la capota rosa querida de Kate Grenavay.</p>
+
+<p>&mdash;¡Todavía una hora!&mdash;exclamó el conde consultando un bonito reloj de
+caza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Más de una hora!&mdash;suspiró la joven inclinándose con un ademán lleno
+de gracia hacia el niño, cuya pura frente se humedeció con una perla que
+le hizo fruncir la bonita nariz como un gatito molestado por una mosca.
+¡Qué hermoso es! Y cómo se parece a ti...</p>
+
+<p>Raúl se encogió de hombros irreverentemente.</p>
+
+<p>&mdash;Palabra de honor, Juana, creo que estás loca. Todos los recién nacidos
+se parecen entre sí mucho más que a sus autores; pero tú eres tan
+romántica...</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Pardiez! Ha sido disparatada esta idea de dejar Londres en vísperas
+de ir yo, para venir a instalarte aquí con el pretexto de que se ven las
+costas de Granville...</p>
+
+<p>&mdash;Eres injusto, amigo mío; yo no podía esperar indefinidamente un
+regreso siempre diferido cuando el médico juzgaba a nuestro hijo enfermo
+y mandaba el aire del mar.</p>
+
+<p>&mdash;Hay otras playas que no son Jersey, me parece. ¿Por qué no has ido a
+Brighton?</p>
+
+<p>&mdash;Aquí tenía a mi antigua nodriza para ayudarme a cuidarle, y además...</p>
+
+<p>&mdash;¿Creías que yo atravesaría todos los días a nado este brazo de mar,
+como atravesaba el Helesponto el bello Leandro?</p>
+
+<p>&mdash;Te burlas, pero el respirar el mismo aire que tú, era también la
+dicha...</p>
+
+<p>&mdash;Decididamente, querida, puedes dar cruz y raya a las sentimentales
+grisetas de Murger y no tienes ni pizca de ese espíritu práctico de que
+se jactan los hijos de la prudente Albión.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón, Raúl. De otro modo no hubiera soportado tanto tiempo
+esta situación intolerable, cuyo fin no veo, a pesar de tus promesas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Mis promesas?</p>
+
+<p>&mdash;¿Soy tu mujer, sí o no?</p>
+
+<p>&mdash;Montaigne diría: Quizá, y Rabelais: ¿Quién sabe?</p>
+
+<p>&mdash;¡Raúl!</p>
+
+<p>&mdash;¡Diablo! Inglaterra y Francia no están de acuerdo en este punto, como
+en tantos otros... Un simple aprendiz de diplomático no puede cortar el
+nudo gordiano tan fácilmente como Alejandro.</p>
+
+<p>&mdash;Me has engañado indignamente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, querida Juana, tenemos apenas un cuarto de hora, y no hay
+tiempo para una querella y una reconciliación. ¿Quieres que empecemos
+por el fin? En el fondo, ya sabes que te amo.</p>
+
+<p>La pobre miss era incapaz de resistir a la inflexión tierna y
+acariciadora de aquella voz burlona de ordinario, y suspiró, mas que
+dijo, levantando hasta él los ojos llorosos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! no pido más que creerte.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo no te pido más que un poco de paciencia, niña querida. No
+comprendes las dificultades de mi situación, que es muy sencilla sin
+embargo. No tengo patrimonio personal, o muy poco. Estoy, pues, obligado
+a grandes precauciones y tengo que contar, no sólo con mi madre, sino
+con mi tío, y no violentar las cosas, en el mismo interés de este
+caballero.</p>
+
+<p>&mdash;No reclamo para él más que tu nombre.</p>
+
+<p>&mdash;El nombre haría muy mal papel sin la fortuna, amiga mía.</p>
+
+<p>&mdash;Lo poco que yo tengo...</p>
+
+<p>&mdash;Lo poco que tú tienes podría apenas bastar para tu hijo, pero de
+ningún modo para el vizconde de Candore. Sé, pues, razonable, te lo
+ruego, y ten confianza en mí como yo en ti. ¿Piensas que te dejo con
+gusto, joven y bonita como eres, expuesta a todas las tentaciones del
+aislamiento?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no estoy sola.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!... ¿Crees que este es un guardia de corps suficiente?</p>
+
+<p>Se echó a reír jugando con el pequeño, que acababa de despertarse y
+trataba de cogerle el bastón.</p>
+
+<p>Medio tranquila, la madre sonreía ante este gracioso espectáculo.</p>
+
+<p>De repente una campana de a bordo llamó a los pasajeros retrasados e
+hizo palidecer a la pobre Juana, que vaciló en el brazo de su compañero.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ea! adiós, querida mía&mdash;dijo Raúl separándose suavemente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Adiós?</p>
+
+<p>&mdash;No, hasta la vista. ¡Qué purista eres!</p>
+
+<p>&mdash;Dale un beso, Raúl...</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto; más bien dos que uno.</p>
+
+<p>El joven rozó con su rubio bigote la frente sonrosada del niño.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora a la mamá, dijo.</p>
+
+<p>Juana se acercó a él y dijo estremeciéndose.</p>
+
+<p>&mdash;¿Volverás?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda...</p>
+
+<p>&mdash;¿No me olvidarás?</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué tontería!</p>
+
+<p>Iba Raúl a meterse en el barco cuando ella apoyó la mano en su hombro y
+le dijo gravemente y con una firmeza que cuadraba mal con su fino y
+vaporoso perfil de rubia:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero creerte y te creo; pero te lo suplico, no abuses de mi
+credulidad y de mi paciencia, pues ahora tengo un hijo a quien defender,
+y le defenderé.</p>
+
+<p>&mdash;¿Amenazas?</p>
+
+<p>&mdash;No, una advertencia.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Querida niña, si tuviera tiempo te demostraría que entre tú y yo no
+puede haber nada más torpe ni más inoportuno. Pero oigo el segundo toque
+y prefiero olvidar esta declaración intempestiva a exponerme a oír otra
+más difícil de digerir.</p>
+
+
+
+<p>Un instante después el vapor navegaba hacia Granville y el puerto
+erizado de blancas velas, las negras chimeneas y las murallas de granito
+desaparecían en lontananza; pero Raúl, apoyado en la borda, creyó
+distinguir por mucho tiempo una esbelta silueta de mujer que levantaba
+un niño por encima de la cabeza.</p>
+
+<p>Por fin todo desapareció, y, desagradablemente impresionado por esa
+vista y por las últimas palabras de Juana, Raúl se puso a pasear por el
+puente lleno de gente y se esforzó en vano por ahuyentar el malestar que
+le causaba aquella despedida profética.</p>
+
+<p>Pero pronto dominaron su ligereza y su escepticismo, y encogiéndose de
+hombros murmuró:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;¡Bah! amenazas de mujer.</p>
+
+
+
+<p>Raúl olvidaba a la madre...</p>
+
+
+
+<p>Fue aquel para la de Raynal un período de alivio y de calma. Fuese por
+la distracción, por el cambio o por el aire vivificante y saludable,
+nadie hubiera conocido a la agonizante de la víspera, de movimientos
+cansados, mirada muerta y piernas inertes en la intrépida paseante que
+se veía con frecuencia en la «Brecha de los Ingleses», en el jardín de
+la «Villa Blanca», en el casino de Granville y en la playa de
+Saint-Pair.</p>
+
+<p>En efecto, poco sensible a las bellezas de la naturaleza, la indolente
+criolla, que no hubiera dado dos pasos para admirar el más maravilloso
+paisaje, no retrocedía ante media legua para ir a ahogarse en una sala
+de concierto escuchando a algún cantante parisiense mientras protestaba
+llena de convicción:</p>
+
+<p>&mdash;Es por ti, hija mía, exclusivamente por ti. Es preciso que te
+distraigas y no te encierres en una alcoba de enfermo.</p>
+
+<p>Liette no regateaba nada de esto; era muy feliz. Después de las mortales
+angustias que acababa de pasar, su corazón se dilataba con esta nueva
+esperanza:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios me conservará mi madre!</p>
+
+<p>&mdash;Bien puedes dar las gracias a ese buen don Raúl decía la enferma;&mdash;sin
+él, nunca me hubiera decidido a semejante viaje.</p>
+
+<p>No era necesario recordárselo; demasiado pensaba en ello Julieta. El
+pensamiento de la criatura se mezclaba involuntariamente al del Creador
+en sus acciones de gracias.</p>
+
+<p>Así fue que el día en que vieron desembarcar al conde entre los
+pasajeros que venían de Jersey experimentaron más alegría que sorpresa,
+hasta tal punto le tenían presente en la memoria.</p>
+
+<p>El joven, por su parte, hizo un gesto de vivo placer en cuanto las vio y
+dijo acercándose a ellas con la maleta en la mano:</p>
+
+<p>&mdash;No esperaba la buena fortuna de encontrar a ustedes al llegar al
+puerto. Cuento, sin embargo, con que no creerán ustedes que hubiera
+esperado a mañana para ir a presentarles mis homenajes y a pedir
+noticias de mi enferma... que veo que son buenas a juzgar por su cara.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad que sí?&mdash;dijo vivamente Liette radiante;&mdash;mamá está mucho
+mejor, gracias a Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Y a usted, querido don Raúl&mdash;añadió aturdidamente la viuda;&mdash;no nos
+cansamos de repetirlo.</p>
+
+<p>Raúl no recogió la frase, pero tomó nota de ella con íntima fatuidad.</p>
+
+<p>&mdash;Le creíamos a usted en Londres&mdash;dijo la joven para cambiar de
+conversación.</p>
+
+<p>&mdash;Allí estaba, en efecto, la semana pasada; pero he hecho un rodeo para
+visitar esa famosa isla de Jersey que los ingleses consideran como la
+octava maravilla del mundo por la única razón de que tiene el honor de
+ser inglesa, y también para comprobar el efecto de mi receta, pues sabe
+usted, señora de Raynal, que pretendo ser su médico de cabecera.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, doctor, la curación le hace a usted honor. Me encuentro
+perfectamente bien con sus consejos.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, ¿no es un poco imprudente el venir tan lejos?</p>
+
+<p>&mdash;No, tomamos un coche...</p>
+
+<p>&mdash;¿Uno de esos horribles armatostes?&mdash;dijo el conde haciendo un gesto
+ante las muestras del género alineadas en la plazuela.&mdash;Deben de tener
+peor movimiento que el barco...</p>
+
+<p>&mdash;Usted lo verá acompañándonos a la Villa Blanca, donde le haremos los
+honores.</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto, querida señora, en cuanto deje la maleta en el hotel
+de Francia, donde he tomado una habitación.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Piensa usted alojarse en Granville?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no me impedirá ir con frecuencia a Saint-Pair si ustedes me
+invitan...</p>
+
+<p>Liette dejó ver una sonrisa de aprobación; le gustaba la delicadeza del
+joven y la elogiaba. Raúl dejó a las dos señoras en la «Brecha de los
+Ingleses» y les pidió permiso para ir a mudarse de traje mientras ellas
+oían la música, prometiendo venir a buscarlas a las cinco para ir a
+acompañarlas a su casa.</p>
+
+<p>Su ausencia, no muy larga, no fue perdida para él, pues la de Raynal no
+cesó de prodigarle elogios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué encantador caballero! Tan sencillo, tan amable, tan respetuoso
+con las señoras... Enteramente como tu pobre padre, hija mía.</p>
+
+<p>Liette no pensaba en interrumpirla, dulcemente mecida por aquellas
+palabras acompañadas muy bajito por una melodía de Gounod.</p>
+
+<p>A la hora convenida apareció el joven guiando una «Charrette» inglesa
+tirada por un «poney» muy pacífico, según afirmó Raúl.</p>
+
+<p>&mdash;Permítame usted que sea su cochero durante mi corta estancia aquí,
+querida señora; me comprometo a no volcar.</p>
+
+<p>La buena señora estaba radiante. Volver a Saint-Pair en aquel bonito
+carruaje y en tan elegante compañía era una de esas satisfacciones de
+vanidad pueril que halagaban más que nada a su frívola cabeza.</p>
+
+<p>Dio señales de agradecer mucho la atención, y cuando se pararon en la
+verja dijo al joven:</p>
+
+<p>&mdash;Si no tiene usted miedo de una cocina de enferma, le pediré que
+participe de nuestra comida.</p>
+
+<p>Raúl buscó la autorización de aceptar en la clara mirada de Liette...</p>
+
+<p>&mdash;Ya conoce usted los talentos culinarios de Mariana.</p>
+
+<p>El joven aprovechó esta aprobación indirecta, y un instante después
+estaba instalado debajo de la cubierta de cristales, al lado de la
+viuda, que le contaba los chismes de la playa, escuchados por él con
+resignación ejemplar, mientras Liette, improvisándose cocinera,
+confeccionaba un plato de dulce para las circunstancias.</p>
+
+<p>Fue aquella una velada deliciosa. En aquel marco tan bien hecho para
+ella, Raúl, sensible como todos los refinados a las delicadezas
+exteriores más que a las del alma, encontraba un nuevo encanto a la
+modesta empleada de Correos, cuyas vulgares funciones olvidaba entonces
+por completo.</p>
+
+<p>Los días siguientes pasaron como un sueño. Candore, como un verdadero
+paladín, iba todas las mañanas a tomar las órdenes de las señoras para
+el día.</p>
+
+<p>El tiempo estaba hermoso y había que aprovecharlo. Era la ocasión de
+hacer expediciones románticas a La Lucerne y a Chanteloup.</p>
+
+<p>¿Cómo rehusar? Estaba hecho el ofrecimiento con tanta amabilidad y la
+enferma palmoteaba con tan infantil alegría... Liette no lo pensaba
+siquiera. Por otra parte, era feliz, muy feliz, y se abandonaba a la
+felicidad sin tratar de analizarla. ¡Había habido tan pocos días
+floridos en el jardín de su severa juventud!</p>
+
+<p>Íbanse a la ventura, sin más guía que un mapa de Estado Mayor, y caían a
+veces en una ruidosa fiesta de pueblo o entre los empujones y el polvo
+de un mercado de ganados.</p>
+
+<p>Raúl hacía mil locuras para hacer aparecer una sonrisa en los labios
+descoloridos de la madre o merecer una mirada de agradecimiento de la
+hija.</p>
+
+<p>Y había que ver a los vendedores, verdaderas sanguijuelas normandas que
+adivinaban una presa fácil, seguirle los pasos, meterle en el bolsillo
+pitos, rosquillas y golosinas y ponerle delante de las piernas rosados
+cochinillos y rizados y blancos corderos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómpreme usted algo para su señora!</p>
+
+<p>«¡Su señora!»</p>
+
+<p>Por oír esas dos palabras, que ponían un tinte de rubor en las mejillas
+de Liette, hubiera el conde despojado todas las tiendas y hecho la
+fortuna de todos los ganaderos.</p>
+
+<p>De este modo se llevaron triunfalmente de Breal un precioso corderillo,
+«que acaba de dejar a la oveja, caballero, y que su señora de usted
+podrá domesticar como un perro faldero.»</p>
+
+<p>&mdash;Será un recuerdo de este día, que es el último&mdash;dijo Raúl dando un
+suspiro.</p>
+
+<p>En efecto, se marchaba al día siguiente. ¡Pero cuánto camino recorrido
+en aquellos días, en sentido propio y figurado! ¡Cuánto camino por las
+carreteras de Normandía y en el corazón de Liette!</p>
+
+<p>Y es que el amor sincero es comunicativo, y, por primera vez, aquel
+amante veleidoso estaba sinceramente enamorado.</p>
+
+<p>¿Cómo se había apoderado ese sentimiento profundo y verdadero de aquel
+estragado que había ido a Saint-Pair con las intenciones menos puras?
+Raúl era un ser de impulsión más que de razonamiento, esclavo de su
+imaginación y de sus nervios, tan incapaz de obedecer a fríos cálculos
+como a la regla austera del deber.</p>
+
+<p>En aquel cuadro de familia, en medio de aquella comodidad mundana que
+tan bien se armonizaba con su elegancia natural y con su perfecta
+distinción, nada le recordaba a la modesta empleada y el enamorado
+estaba bastante entusiasmado para ver en ella la futura condesa de
+Candore.</p>
+
+<p>Ganada por su parte y sin darse cuenta de ello por la llama penetrante
+de aquel amor que se estaba incubando hacía mucho tiempo en el fondo de
+su ser, la tranquila, la prudente y severa Julieta, aturdida y fascinada
+por una especie de vértigo, se abandonaba inconscientemente a la ola de
+sensaciones nuevas, tumultuosas y confusas que turbaban vagamente su
+alma virginal.</p>
+
+<hr />
+
+<p>A unos cien pasos de la Villa Blanca, se elevaba, o más bien, se hundía,
+hasta tal punto parecía una topera, una construcción gris aplastada bajo
+un techo de bálago con una puerta baja y de medio punto y una estrecha
+ventana guarnecida de dos barrotes en cruz en la que con frecuencia
+danzaba una pálida luz a la sombra del crepúsculo.</p>
+
+<p>Si algún paseante retrasado se aproximaba por azar, podía ver una
+humilde capilla a la que se bajaba por tres escalones gastados y
+desportillados y alumbrada por el resplandor tembloroso de unos cirios
+casi consumidos, mientras alguna vieja de cabeza vacilante bajo la manta
+bretona murmuraba una oración.</p>
+
+<p>No había allí estatuas de mármol, ni custodias doradas, ni ricos vidrios
+ni cuadros raros; solamente las cuatro paredes húmedas y agrietadas, el
+tragaluz abierto por el que entraban libremente el viento, la lluvia y
+la nieve o, a veces, un cálido rayo de sol y la imagen argentina de la
+luna o de la estrella de los marinos; la puerta maciza como la de una
+cárcel, abierta día y noche en el camino solitario sin temor de que
+nadie encontrase nada que meter en las alforjas; unos bancos de piedra
+incrustados en el suelo apisonado y alineados enfrente de un altar de
+madera carcomida en el que se mostraba una grosera imagen de la Virgen
+niña, apoyada en la falda de su madre, dos figuras angulosas y tiesas,
+pero a las que el pintor primitivo, a falta de genio, había dado una
+suavidad divina. Era la capilla de Santa Ana.</p>
+
+<p>Además de la célebre peregrinación de Santa Ana de Auray, hay así
+numerosos santuarios sembrados a todos los vientos en aquella tierra de
+fe cándida, reputaciones de campanario muy reducidas hoy gracias a los
+billetes de ida y vuelta que permiten a cualquier peregrino ir a
+contemplar al mismo tiempo el Sagrado Corazón y la torre Eiffel, como lo
+hace constar melancólicamente el delicioso autor de «Colás, Colasse et
+Colette».</p>
+
+<p>Sin embargo, la capillita en cuestión tenía aún sus fieles, escasos,
+pero tenaces; aldeanas viejas apegadas a las antiguas costumbres como a
+las antiguas modas, y que iban a quemar un cirio por la curación de
+alguna enfermedad, rudos pescadores que en la tormenta han puesto su
+confianza hereditaria en la Virgen que acogía los votos de sus padres, y
+jóvenes prometidos, supersticiosos como todos los enamorados, que van a
+encender dos cirios juntos cuya llama más o menos viva es el símbolo de
+su amor.</p>
+
+<p>A Liette le gustaba aquel rincón, poético vestigio del pasado que se
+armonizaba mejor con sus inocentes prácticas que el cuadro moderno de
+las iglesias parisienses. Todos los días iba a rezar por su querida
+enferma y mientras se consumía lentamente el cirio ofrecido por ella, la
+joven sentía poco a poco amortiguarse su dolor y disiparse sus temores,
+ahuyentados como por un aletazo del pájaro místico de la esperanza,
+refugiado en el más pobre tabernáculo.</p>
+
+<p class="puntos">¡Hace tanta falta creer y esperar cuando se sufre!</p>
+
+
+
+<p>Liette se sentía aquella tarde cansada, triste y oprimida; una angustia
+indefinible se había apoderado de ella y las primeras sombras del
+crepúsculo, que ensombrecían la capilla helada aumentaban su malestar
+inexplicable.</p>
+
+<p>Arrodillada en el fondo del santuario vacío, en el que dormitaba la
+vendedora de cirios, permanecía inmóvil y con el corazón oprimido.</p>
+
+<p>¿Por qué?</p>
+
+<p>Su madre no estaba peor, al contrario, sus fuerzas parecían renacer y la
+anciana volvía a la vida.</p>
+
+<p>Entonces...</p>
+
+<p>¡Su madre! ¿No era su única preocupación y su único cuidado?</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, consérvame a mi madre!&mdash;repetía, tratando en vano de
+absorberse en la oración.</p>
+
+<p>Pero esa oración maquinal no le devolvía la calma, ni el reposo ni la
+paz...</p>
+
+<p>¿Qué tenía?</p>
+
+<p>En la puerta aparecieron dos sombras; eran dos prometidos.</p>
+
+<p>Ambos avanzaron tímidamente, él dando vueltas al sombrero, y ella
+echando una mirada furtiva a la parisiense. La guardiana, arrancada a su
+sueño, sonreía con malicia mostrando sus cirios. Los novios eligieron
+dos del mismo largo, los encendieron juntos gravemente y los colocaron
+en el altar.</p>
+
+<p>Después, cogidos de la mano, se quedaron silenciosos y recogidos, con
+los ojos fijos en aquel frágil emblema de su amor.</p>
+
+<p>Y cuando la mecha se carbonizaba, cuando la cera corría mal, eran de ver
+sus frentes sombrías y sus pupilas mojadas. La operación fue larga
+aunque los cirios eran modestos, pero los novios esperaron paciente y
+pasivamente siguiendo las etapas de su común destino...</p>
+
+<p>Un chisporroteo... Una llamarada más viva...</p>
+
+<p>El cirio del mozo se apagó el primero.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor; así no te veré morir&mdash;exclamó con una especie de alegría
+egoísta.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor; así estaré allí para ayudarte a morir&mdash;suspiró dulcemente la
+novia, cuya cándida abnegación brillaba bajo la cofia blanca.</p>
+
+<p>Y se fueron en la paz de la radiante tarde, cogidos del brazo...</p>
+
+<p class="puntos">Liette ocultó la cara entre las manos y lloró.</p>
+
+
+
+<p class="puntos">&mdash;¡Valor, Liette!</p>
+
+
+
+<p>No había dicho aquello la tierna voz paternal, pero sí otra voz también
+muy tierna.</p>
+
+<p>Raúl estaba a su lado.</p>
+
+<p>¿Había sorprendido aquella escena conmovedora que alteró el corazón de
+la pobre niña como una repentina revelación? ¿Adivinaba lo que hacía
+correr sus lágrimas? ¿Leía en sus ojos húmedos el secreto de su emoción?</p>
+
+<p>La joven se levantó sobresaltada para esquivar su mirada y fingió estar
+distraída en la elección de un cirio, que encendió y puso en el sitio
+del de la bretona.</p>
+
+<p>Después volvió a su banco y se arrodilló, con la cabeza entre las manos.</p>
+
+<p>Cuando se levantó dejó escapar una exclamación; dos cirios estaban
+ardiendo juntos, y, como los dos novios de hacía un momento, Raúl,
+arrodillado al lado suyo, murmuraba a su oído:</p>
+
+<p>&mdash;Liette, amo a usted. ¿Me ama usted a mí?</p>
+
+<hr />
+
+<p>Al encontrarse en la pacífica casa del Correo, sentada en su estrecha
+oficina junto al ventanillo ante el cual desfilaban las mismas caras
+familiares, Liette hubiera podido creer que nunca había salido de allí.</p>
+
+<p>La de Raynal, vuelta a caer en su atonía, dormitaba inerte y pasiva
+recostada en su butaca junto a la ventana abierta. Las comadres la
+saludaban al pasar con las mismas palabras de conmiseración, y el
+cartero, poco hablador naturalmente, se llevaba militarmente la mano al
+quepis y dirigía a la madre y a la hija una mirada de respetuosa
+simpatía mordiéndose el duro bigote.</p>
+
+<p>Saint-Pair, la Villa Blanca, el mar bretón, la campiña normanda, la
+Brecha de los Ingleses, la capilla de Santa Ana, ¿era todo eso un sueño,
+una ilusión, una quimera?</p>
+
+<p>Liette estaba a veces por preguntárselo.</p>
+
+<p>Un balido quejumbroso y una cabeza rizada que se apoyó en su falda,
+respuesta indirecta a su pregunta, arrancáronle un suspiro involuntario.</p>
+
+<p>&mdash;Silencio Breal, vas a despertar a mamá&mdash;dijo temerosa.</p>
+
+<p>Lo que despertaba sobre todo el pobre Breal eran los ardientes recuerdos
+que la joven hubiera querido adormecer para siempre; las locas carreras
+por el polvoriento camino al galope del fogoso poney, los chasquidos
+del látigo del cochero improvisado mezclados con los gritos de susto de
+la de Raynal, los regresos melancólicos en las primeras sombras del
+crepúsculo que borraban el paisaje y echaban en las olas como un velo de
+viuda, el estrépito de la feria de Breal, el acento zalamero de la
+aldeana:</p>
+
+<p>&mdash;¡Un corderito para la señora!</p>
+
+<p>Era sobre todo el instante supremo, en el recogimiento de la obscura
+capilla, cuando conoció la inefable embriaguez de un amor correspondido.</p>
+
+<p class="puntos">¡Pobre Breal! Mago inconsciente, su voz evocaba aquel pasado
+inolvidable, y mientras le regañaba un poco, Liette acariciaba
+maquinalmente sus lanas de nieve como las imágenes engañadoras que
+pasaban ante sus ojos soñadores.</p>
+
+
+
+<p>No había vuelto a ver a Raúl ni a su familia, que se habían marchado
+antes de su vuelta y estaban ya instalados en la Villa Blanca; pero
+además de una correspondencia activa y cariñosa con su discípula, había
+recibido varias cartas del joven conde a pesar de su formal prohibición.</p>
+
+<p>En efecto, Liette no era mujer de abandonarse sin resistencia y sin
+lucha a una pasión cuyos peligros le mostraba claramente su severa
+conciencia.</p>
+
+<p>Arrancándose a la emoción deliciosa en que la había sumido la
+declaración espontánea de Raúl, se había dominado valientemente y,
+mostrándole el callejón sin salida en que iba a meterse imprudentemente,
+la habló el lenguaje imperioso de la razón y del deber.</p>
+
+<p>Todo les separaba, nombre, posición y fortuna. La de Candore quería
+seguramente para su hijo el brillante matrimonio que él tenía derecho a
+esperar, y corresponder a sus bondades introduciendo la perturbación en
+su casa era una verdadera falta de delicadeza.</p>
+
+<p>&mdash;Olvídeme usted, amigo mío: olvide un momento de locura del que no
+tardaría usted en arrepentirse. Separémonos sin remordimientos, ya que
+no sin pesar. Nuestro bello sueño se rompería las alas contra las
+brutales realidades de la existencia; devolvámosle su vuelo y mirémosle
+perderse en el espacio entre una sonrisa y una lágrima. Este recuerdo
+será para mí la florecilla azul cogida juntos y que se secará solitaria
+en la mejor página del libro de mi vida. Para usted será el perfume
+fugaz respirado al paso y al que no se mezclará ninguna amargura, y más
+adelante, cuando seamos viejos, muy viejos, si el malicioso azar nos
+reúne, tendremos la impresión fugitiva, pero exquisita, de haber sido el
+uno para el otro menos que nada y más que todo.</p>
+
+<p>Raúl no quería oír nada y le cerraba la boca con sus declaraciones
+inflamadas y sus calurosas protestas, fraseología sentimental en la que
+sobresalía y de la que se servía esta vez con una sinceridad más
+comunicativa que su habilidad ordinaria.</p>
+
+<p>La amaba, y el amor era la razón suprema y el supremo deber. La amaba, y
+ese amor saldría victorioso de todos los obstáculos, cuya importancia,
+por otra parte, se exageraba Liette. La amaba, y por la sola potencia de
+ese amor, se comprometía a convencer a la señora de Candore y a obtener
+su consentimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Pruebe usted&mdash;murmuró ella vencida.</p>
+
+<p>Raúl se agarró a aquel medio consentimiento arrancado a su cansancio y
+todo lo que Liette pudo obtener fue un mes de reflexión y la promesa de
+guardar silencio con una y otra madre y de abstenerse hasta entonces de
+todo paso y de toda carta... promesa a la que él se apresuró a faltar en
+cuanto a este último punto.</p>
+
+<p>«Perdóneme usted que infrinja su prohibición, Liette&mdash;le escribió al día
+siguiente de su separación,&mdash;pero necesito dar a usted la fe que le
+falta. Mal me juzga usted si cree que el tiempo puede modificar mis
+sentimientos y si atribuye la declaración sincera y espontánea de mis
+labios a un impulso irreflexivo y a una animación pasajera. Si cedí a
+una tracción irresistible, no fue sin lucha ni combate. Hoy me confieso
+vencido y ni mi corazón ni mi razón pueden hacerme avergonzar de mi
+derrota. Pertenecemos a la misma clase; nada nos separa realmente, ni la
+educación ni los gustos. Reconozco humildemente la superioridad de su
+mérito de usted, de su carácter y de sus sentimientos, y ya sabe usted
+que mi misma madre los ha reconocido muchas veces. Así, pues, no podrá
+menos de aprobar mi elección y acoger a usted como a una hija
+predilecta, digna hermana de nuestra Blanca que tanto quiere a usted. No
+sea usted más severa que los míos, Liette; no se niegue a mi dicha, a la
+suya y a la de la querida enferma a quien he dedicado los sentimientos
+de un hijo.</p>
+
+<p>«Una palabra de aliento y de confianza para darme el valor que tanto
+necesito.»</p>
+
+<p>A pesar de esta última súplica, que denotaba una inquietud y una
+vacilación mal disimuladas bajo la aparente resolución de las primeras
+líneas, Liette no respondió, firmemente decidida, aunque se rompiese su
+corazón, a no salir de la reserva que le mandaban imperiosamente su
+dignidad y su deber.</p>
+
+<p>Raúl volvió a la carga.</p>
+
+<p>«Me encuentro en estos lugares llenos de usted, donde las cosas, menos
+crueles que su alma, me dan el aliento que usted me niega sin piedad. El
+mar, con sus olas cambiantes como sus ojos de usted, y de voz grave como
+la suya, meciendo mi dolor al ritmo de sus ondas me ha dicho
+«Esperanza». Santa Ana, testigo mudo de nuestros esponsales, parece que
+me sonríe y que murmura «Confianza». El verde campo, dormido bajo la
+caricia del sol, el beso de la brisa y la canción de sus nidos, me ha
+suspirado «Amor». Y todos me han gritado ¡«Anda»!</p>
+
+<p>«¿No me lo repite usted también, Liette?»</p>
+
+<p>Liette permaneció silenciosa.</p>
+
+<p>En el fondo, Raúl no deploraba más que a medias el plazo que se le había
+impuesto. La verdad era que la presencia de la señora de Candore
+paralizaba un poco sus veleidades de independencia y no le disgustaba
+dejar para más adelante una explicación embarazosa, de la que no estaba
+seguro de salir con los honores de la guerra a pesar de sus
+fanfarronadas. Así era que veía llegar el fin del mes con menos
+impaciencia que inquietud.</p>
+
+<hr />
+
+<p>El plazo había ya expirado.</p>
+
+<p>Aquel día, al acabar de comer, Raúl pidió bruscamente a su madre el
+favor de una entrevista particular, decidido a quemar sus naves.</p>
+
+<p>Blanca, que contaba con él para una partida monstruo de tennis
+organizada con una colonia americana compuesta de jugadores de mérito,
+hizo una linda mueca de despecho.</p>
+
+<p>&mdash;Otra vez me das esquinazo... Tu «amabilidad» empieza a pesarte. Ya nos
+has dejado a mamá y a mí ir solas a Jersey... Y tú te lo has perdido...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;Porque hubieras encontrado a una antigua amiga, que tenía el
+privilegio de excitar tu elocuencia a falta de tu admiración... miss
+Dodson, y miss Dodson sin anteojos.</p>
+
+<p>Aunque preveía la alusión, la frente del joven se obscureció con una
+sombra.</p>
+
+<p>&mdash;¡Estás loca, Blanca!&mdash;dijo la condesa ligeramente contrariada por esa
+salida intempestiva.</p>
+
+<p>&mdash;No, mamá, te aseguro que he conocido muy bien de lejos a mi antigua
+institutriz conduciendo un cochecito de niño.</p>
+
+<p>Esta vez Raúl palideció a pesar suyo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre muchacha!&mdash;dijo Neris con interés.&mdash;¿Estará reducida al papel
+de niñera?</p>
+
+<p>La de Candore, que no quitaba los ojos de su hijo, notó su visible
+turbación y su frente se arrugó con un fruncimiento imperceptible.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vas a acompañar a Blanca, hermano?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente, querida Hermancia. ¿Vienes, pequeña?</p>
+
+<p>Blanca presentó la frente a su madre y dijo a Raúl amenazándole con el
+dedo:</p>
+
+<p>&mdash;A ti no te doy un beso.</p>
+
+<p>Pero como era incapaz de un enfado prolongado, cambió de parecer al
+llegar a la puerta y dijo con gracioso aturdimiento lanzándose a
+abrazarle:</p>
+
+<p>&mdash;Ya me desquitaré mañana; te confisco por todo el día.</p>
+
+<p>&mdash;Aprobado&mdash;respondió Raúl alegremente.</p>
+
+<p>Mientras la joven se echaba a correr para alcanzar a su tío, la condesa
+se dirigió a la cubierta de cristales seguida por el diplomático, que
+iba mascullando su exordio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tienes que hablarme, Raúl?&mdash;dijo la condesa.&mdash;¿Qué quieres? Yo
+también tengo que decirte algo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, tú la primera&mdash;respondió cortésmente el joven, interesado en
+aprovechar el menor plazo, aunque un poco alarmado por el tono de su
+madre.</p>
+
+<p>&mdash;Como quieras.</p>
+
+<p>La condesa se recogió un momento y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Es un asunto delicado, extremadamente delicado... del que hubiera
+deseado no hablar todavía contigo... Pero hay en esto para mí un caso de
+conciencia... En una palabra, se trata de tu excesiva familiaridad con
+Blanca...</p>
+
+<p>&mdash;¡Blanca! mi hermana...</p>
+
+<p>Raúl que hacía un momento estaba literalmente sobre ascuas, miró a su
+madre con verdadera estupefacción... ¿Estaba en su juicio?... ¿Sabía él
+mismo lo que había oído?</p>
+
+<p>&mdash;Blanca no es tu hermana&mdash;dijo gravemente la noble dama.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que no es mi hermana!... ¿Qué es entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Mi sobrina y tu prima.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces mi tío...</p>
+
+<p>&mdash;Es su padre.</p>
+
+<p>Recordando en términos discretos la juventud tempestuosa del señor
+Neris, la condesa reveló a Raúl el matrimonio escandaloso de su tío con
+una mujer indigna que le había indispuesto con toda la familia hasta el
+día en que, solo y abandonado con una hija en la cuna, había venido a
+suplicar a su hermana que le acogiese en su casa.</p>
+
+<p>&mdash;Sin dejar de desaprobar su conducta, cedí a sus súplicas en interés de
+esa pobre niña y en el tuyo.</p>
+
+<p>&mdash;¿En el mío?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda. Esta complacencia te aseguraba las bondades de tu tío, muy
+necesarias para establecerte, dada la exigüidad de tu patrimonio.</p>
+
+<p>A través de los cristales, Raúl seguía con mirada curiosa al padre y a
+la hija, a quienes veía bajo un nuevo aspecto. ¡Qué ternura, en efecto,
+en los menores ademanes del anciano, en el largo beso que depositaba en
+la frente de su hija cuando ésta se iba muy alegre hacia sus compañeras
+y en la mirada con que le envolvía al desdoblar maquinalmente «Le Temps»
+del día anterior!</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo diablos no lo he sospechado?&mdash;dijo el diplomático encogiéndose
+de hombros, humillado por su poca perspicacia.&mdash;Salta a la vista que es
+su hija.</p>
+
+<p>&mdash;Y su única heredera.</p>
+
+<p>El joven se volvió como si le hubiera picado una mosca.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo es eso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Diablo! su padre le dejará naturalmente toda su fortuna.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy probable&mdash;murmuró el conde mordisqueándose nerviosamente el
+bigote.</p>
+
+<p>Dio unos paseos en silencio, y dijo parándose delante de su madre:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y yo, entonces?</p>
+
+<p>&mdash;No dudo que, como agradecimiento, mi hermano te dejará...</p>
+
+<p>&mdash;Un hueso que roer. ¡Vaya una ganga!</p>
+
+<p>&mdash;¡Raúl!</p>
+
+<p>&mdash;¡No, verdaderamente, es inicuo!... Se me deja crecer con una esperanza
+quimérica y comprometer, acaso, mi porvenir, y, de la noche a la mañana,
+todo se viene abajo como un castillo de naipes y se me deja reducido a
+una medianía que no es siquiera dorada.</p>
+
+<p>Impotente para devorar su amarga decepción, pisoteaba rabiosamente la
+estera de China que cubría el suelo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, mamá, debe de haber algún medio...</p>
+
+<p>Por los delgados labios de la condesa se deslizó una imperceptible
+sonrisa. ¡Qué bien conocía a su hijo y qué bien le había llevado
+insensiblemente al punto preciso en que le quería!</p>
+
+<p>&mdash;¡Un medio!... No veo más que un buen matrimonio, al que tu nombre te
+da derecho a aspirar. En cuanto a la herencia de tu tío, no hay que
+pensar en ella, y es posible, por otra parte, que de aquí a entonces
+Blanca tenga un marido que cuide de sus intereses...</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees que, en su posición, se casará fácilmente?</p>
+
+<p>&mdash;Sí y no, amigo mío; es una muchacha encantadora y bien educada, a la
+que la madre más exigente será dichosa en tener por hija. Sin embargo,
+aunque cubierta por mi tutela de un barniz de respetabilidad, ciertas
+familias... timoratas... tendrían ciertos escrúpulos. Pero, en suma, no
+le faltarán pretendientes aceptables y más de un noble arruinado,
+aficionado a la buena vida, querrá dorar su blasón gracias a la
+generosidad asegurada de su suegro.</p>
+
+<p>&mdash;Blanca no consentirá en casarse con el primero que se presente; quiere
+un marido...</p>
+
+<p>&mdash;Que se parezca a ti; lo dice muy alto.</p>
+
+<p>Fue esto dicho negligentemente y sin la menor intención aparente, pero
+el tiro había dado en el blanco. Raúl aguzó el oído, y dijo tratando de
+leer en el pensamiento de su madre:</p>
+
+<p>&mdash;¿Decididamente, no tienes ninguna idea?</p>
+
+<p>&mdash;Dios mío, no, ni sombra de una... Pero acaso la tendré más adelante...
+Por otra parte, busca por tu lado. ¿No eres diplomático?</p>
+
+<p>Raúl hizo un gesto de mal humor, pero sabía por experiencia que la
+condesa no entregaba nunca por entero su pensamiento y que él usaría en
+vano todas las astucias de su diplomacia. Así, pues, dijo levantando el
+sitio:</p>
+
+<p>&mdash;Te doy las gracias por tu confianza y tus consejos, mamá. Pensaré en
+todo esto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tú, hijo mío, ¿no tenías una confidencia que hacerme?</p>
+
+<p>Raúl sufrió un estremecimiento significativo.</p>
+
+<p>¡Liette! La había olvidado. Además la situación no era ya la misma...</p>
+
+<p>Y respondió balbuciendo avergonzado y confuso:</p>
+
+<p>&mdash;Nada, mamá, una pequeñez...</p>
+
+<hr />
+
+<p>Raúl se subió a su cuarto.</p>
+
+<p>Era una gran pieza clara y alegre, con anchas ventanas, una de las
+cuales daba al mar y la otra al campo. Por un lado el movimiento y el
+ruido de la playa, el murmullo cadencioso de las olas, las canciones de
+las lavanderas al depositar la ropa en las rocas, las risotadas de los
+bañistas y las locas carreras en la marea baja por la inmensa sábana de
+arena franjeada de plata; y por el otro la calma y el reposo de los
+campos, las frondosas laderas y el camino solitario en el que raros
+transeúntes ponían una sombra de vida, mientras que la capilla con sus
+muros grisáceos, su puerta baja y sus barrotes en cruz, parecía, al
+contrario, un monumento funerario.</p>
+
+<p>Aunque nada tenía de poeta, era a aquel balcón donde el conde iba a
+menudo a soñar con su amiga. En el recogimiento de la hora crepuscular,
+que confunde el paisaje en tintas imprecisas y dulces tan en armonía con
+las impresiones melancólicas, Raúl evocaba el recuerdo turbador de sus
+místicos esponsales, como ella en su estrecha oficina.</p>
+
+<p>Pero aquel día no tuvo ni una mirada para aquel cuadro familiar y
+dejándose caer en una butaca, se abandonó a un verdadero acceso de
+misantropía agresiva.</p>
+
+<p>Su tío, su prima, su madre misma, pasaron allí un mal cuarto de hora.</p>
+
+<p>¡Oh! ¿De qué no son capaces esos vividores camastrones que olvidan los
+derechos sagrados de la familia? Y la condesa, tan alarmada por la menor
+travesura, que protegía aquel escándalo uniendo al padre con la hija en
+lugar de separarlos y preparando inconscientemente la ruina de su hijo
+en lugar de defender sus intereses...</p>
+
+<p>&mdash;¡Todo el mundo se ha ligado contra mí!&mdash;pensaba con rabia
+reconcentrada.</p>
+
+<p>Muy sincero en sus recriminaciones egoístas, como acostumbrado a
+considerar como suya la fortuna de Neris, se juzgaba desposeído de unos
+bienes legítimos y su indignación, bastante cómica, era perfectamente
+justificada a sus ojos. Poco le faltaba para hacer a la pobre Blanca
+responsable de aquel despojo.</p>
+
+<p>¡Ella, a quien había tenido la candidez de querer como a una hermana,
+sin desconfianza, robarle su herencia!</p>
+
+<p>Todavía, si hubiera podido tomarla con alguien... Pero un anciano y una
+niña... Estaba impotente y desarmado, condenado a devorar su cólera so
+pena de ser ridículo u odioso.</p>
+
+<p>Caído delante del escritorio, estaba atormentando maquinalmente su
+cortapapeles de marfil y doblándole como un florete.</p>
+
+<p>¡Clac! En su mano nerviosa, se rompió la hoja de repente con un ruido
+seco.</p>
+
+<p>Este accidente tan ligero puso el colmo a su irritación... Con un brusco
+ademán, barrió todo lo que se encontraba delante de él, y portaplumas,
+lápiz y papeles volaron hasta el centro de la pieza.</p>
+
+<p>Sólo permaneció en la mesa una carta comenzada.</p>
+
+<p>«Liette.»</p>
+
+<p>¿Liette?</p>
+
+<p>¡La había olvidado!</p>
+
+<p>«Voy a hablar a mi madre, le escribía aquella misma mañana; cuando acabe
+estas líneas será usted mi prometida a mis ojos como a los suyos.</p>
+
+<p>«¿Late su corazón de usted más de prisa en esta hora en que me juego
+más que la vida y se acuerda un poco del que no piensa más que en usted?</p>
+
+<p>«Suena la campana... Echo la última mirada a la capilla de Santa Ana,
+donde tiembla un débil resplandor, estrella de esperanza. Si escucha mis
+ruegos, esta noche iluminaré su santuario hasta dar envidia a su hermana
+de Auray.»</p>
+
+<p>Raúl leyó fríamente estas ardientes palabras.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena tontería iba a hacer!&mdash;masculló entre dientes.</p>
+
+<p>En seguida tuvo vergüenza de este grito del corazón, eco fiel de su
+inconsciente egoísmo, y trató de colorear su defección a sus propios
+ojos.</p>
+
+<p>Ciertamente, hubiera querido casarse con Liette; ¿pero podía? ¿Era digno
+y leal asociarla a un porvenir precario después de haber hecho brillar
+ante ella un espejismo engañador? Habiéndole ofrecido compartir con ella
+una gran fortuna, ¿podía no llevarle más que una baja medianía?
+Seguramente, no dudaba que era amado por sí mismo, y acaso la noble
+joven experimentaría más gozo que tristeza al darle esta prueba de amor
+y de desinterés; pero él, un caballero, ¿debía aceptar?</p>
+
+<p>Por otra parte, jamás la de Candore, cuyos designios había penetrado,
+aprobaría semejante locura. Negaría su consentimiento, y el pedírselo
+no conduciría más que a exponer a la pobre institutriz a alguna afrenta
+humillante. Lo mejor era callarse, resignarse, obedecer; y aquella hija
+de soldado fuertemente impregnada de disciplina sería la primera en
+aconsejárselo.</p>
+
+<p>En el fondo, su resolución estaba ya tomada.</p>
+
+<p>Estaba bastante enamorado para hacer un matrimonio pobre siendo él rico
+y no debiendo sufrir por ese ligero sacrificio ni en sus costumbres ni
+en sus gustos refinados; pero afrontar la medianía, ni aun con la mujer
+amada, era superior a sus fuerzas y a su valor.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Liette! ¡Qué pena va a tener!&mdash;murmuró con cierta fatuidad.</p>
+
+<p>También él sufría... pero no mucho.</p>
+
+<p>Su entusiasmo había caído con sus esperanzas, y la decepción material
+había matado brutalmente al sentimiento ideal que por un instante le
+había transportado en sus alas.</p>
+
+<p>Admiraba en sus adentros la presciencia adivinatoria de la condesa, que
+siempre intervenía en el momento decisivo y que acababa de detenerle en
+el borde del abismo en que iba a dejarse caer imprudentemente.</p>
+
+<p>&mdash;Sin la oportunidad maternal, me metía en un lindo barrizal&mdash;pensó con
+una satisfacción que alivió un poco la amargura de sus
+pesares.&mdash;Decididamente, mi señora madre tiene un olfato maravilloso y
+haré muy bien en seguir sus consejos más o menos directos.</p>
+
+<p>¿Un buen matrimonio?...</p>
+
+<p>Encendió un cigarro y fue a asomarse a la ventana que daba a la playa.</p>
+
+<p>La partida estaba en su pleno y los «Play», «Ready» que se cruzaban
+entre los jugadores llegaban a su oído llevados por la brisa marina.</p>
+
+<p>Hasta distinguía el duro acento anglosajón y las notas argentinas de
+Blanca cuando se reía de alguna jugada torpe.</p>
+
+<p>Aquella chiquilla tenía la culpa de todo...</p>
+
+<p>Buena muchacha en suma, llena de delicadeza y de corazón, lejos de
+rehusar nada al que ella consideraría siempre como su hermano mayor,
+sería la primera en decirle:</p>
+
+<p>&mdash;Repartámonos la fortuna.</p>
+
+<p>Pero su dignidad no podía consentir...</p>
+
+<p>¿Con qué título?</p>
+
+<p>Un primo no es un hermano ni un marido...</p>
+
+<p>¿Un marido?</p>
+
+<p>Después de todo, él podía llegar a serlo. Si era absolutamente preciso
+resignarse a un buen matrimonio, y no veía otra salida, ¿por qué no ella
+mejor que una pécora cualquiera que hiciese sonar demasiado su dinero y
+que, al menos, le tratase de igual a igual siendo su señor y dueño?
+Blanca, la pobre, se estimaría muy feliz siendo su humilde servidora.</p>
+
+<p>Porque no había duda, ya le adoraba como hermano. ¿Qué iba a ser
+ahora?...</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">Casi siempre una prima</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">adora a su primito...</span><br />
+</p>
+
+<p>tarareó entre dos bocanadas de humo.</p>
+
+<p>Su intimidad se había desarrollado particularmente en aquella
+expedición, en la que absorvido por un pensamiento único, Raúl no estaba
+dispuesto a coquetear según su costumbre y se limitaba a la sociedad de
+su hermana. Con ella podía hablar libremente de Liette, y no dejaba de
+hacerlo. Ella le respondía con toda la inocencia de su alma, no cesaba
+de elogiar a su institutriz y respondía a los cumplimientos fraternales
+sobre su personilla:</p>
+
+<p>&mdash;En otro tiempo no me encontrabas tan a tu gusto; el reflejo de miss
+Dodson me era menos favorable...</p>
+
+<p>La joven decía esto alegremente y sin malicia alguna.</p>
+
+<p>Indiferente a los otros jóvenes, mariposones de casinos o estrellas de
+playa que exhibían sus gracias en las partidas de tennis y empleaban su
+ingenio en las sabias combinaciones del cotillón. Blanca respondía
+ingenuamente a las bromas de su hermano que le instaba a elegir un
+novio.</p>
+
+<p>&mdash;No hay ni uno que se parezca a ti...</p>
+
+<p>En ese caso...</p>
+
+<p>¿Por qué no después de todo?</p>
+
+<p>Aquel era evidentemente el plan de la señora de Candore, cuya prudencia
+maternal había desconocido... Y más todavía el deseo del tío Neris, que
+encontraría difícilmente mejor partido y no regatearía para asegurar la
+dicha de su hija.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Además, se pondrá tan contenta la pobre muchacha...&mdash;pensaba con la
+magnanimidad de un príncipe, retorciéndose el fino bigote.</p>
+
+
+
+<p>En la playa, acabada la partida, cambiábanse vigorosos apretones de
+manos al cumplimentar a los vencedores, que eran Blanca y su pareja, un
+joven discípulo de Saint-Cyr que había reemplazado a Raúl a última hora.
+Ambos hablaban y reían con un aplomo de buen gusto, pero que no por eso
+dejó de atacar los nervios un poco irritables del señor de Candore, el
+cual arrojó el cigarro medio fumado y bajó rápidamente al encuentro de
+su prima.</p>
+
+<p>Blanca se disponía a volver a la quinta con las facciones animadas por
+el ardor del juego, mientras la sangre corría más viva bajo su piel
+transparente y nacarada. Su belleza, un poco frágil, tenía algo de
+delicado y conmovedor.</p>
+
+<p>&mdash;Te sofocas demasiado&mdash;dijo el señor Neris con alarmada solicitud;&mdash;vas
+a coger frío.</p>
+
+<p>Pero ya Raúl traía un chal y cubría con él los hombros de la joven con
+un matiz de galantería que la condesa, en pie en la escalinata, fue la
+única en observar.</p>
+
+<p>Por sus delgados labios se deslizó una enigmática sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;pensó,&mdash;la novela ha concluido y comienza el idilio.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Aproximábase el fin de la señora de Raynal, y esta vez nada podía ya
+retardarle. Después de unas cuantas semanas de respiro y de esperanza,
+último resplandor de la lámpara próxima a extinguirse, la enfermedad,
+contenida un instante, llegaba ahora a marchas dobles. Consultas,
+remedios, cuidados y oraciones, todo fue inútil. La muerte estaba allí,
+halagüeña y acariciadora para aquella vieja infantil que se abandonaba a
+ella sin resistencia.</p>
+
+<p>Me siento tan gastada y tan fatigada, hija mía, que es caritativo
+dejarme al fin reposar. Tú eres una valiente, igual que tu padre, con su
+carácter de hierro en el que se embota la desgracia, mientras que a
+nosotras, pobres sensitivas, nos quiebra como el cristal. ¡Ah! vosotros
+sois los privilegiados de la vida...</p>
+
+<p>&mdash;¡Privilegiada! ¡Pobre Liette!</p>
+
+<p>Temblando por aquella existencia que pendía de un hilo y por su amor,
+acaso más frágil todavía, la joven devoraba sus lágrimas y ocultaba sus
+angustias a fin de no entristecer aquella agonía...</p>
+
+<p>¿No estaba ella amenazada por un doble duelo? A pesar de las cartas de
+Raúl, su corazón estaba martirizado por penetrantes aprensiones ¡Blanca
+amaba!</p>
+
+<p>Amaba con todas las fuerzas de su alma ardiente pero concentrada; amaba
+con la hermosa confianza y el cándido entusiasmo de los dieciséis años;
+pero también con la desconfianza involuntaria y la temerosa timidez de
+un amor tardío; amaba con la energía de una mujer y la debilidad de una
+niña.</p>
+
+<p>¡Blanca amaba!</p>
+
+<p>¿Y él? Se lo había dicho y se lo repetía sin cesar. Ciertamente, no
+dudaba de él, pero temía a la condesa. Si su voluntad, fortalecida con
+sus derechos de madre, se elevaba como una barrera entre los dos y no
+podían romperla, ¿no tendrían que inclinarse el uno y el otro? Y en su
+abnegación de mujer amante, pensaba, olvidando su propio sufrimiento.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre Raúl! Al menos él no se quedará solo.</p>
+
+<p>Pero, ¿y ella?</p>
+
+<p>¿Le iba a faltar todo a la vez?</p>
+
+<p class="puntos">Y con temor supersticioso trataba desesperadamente de retardar el
+desenlace fatal, como si la vida de la una estuviese ligada al amor del
+otro y debiesen confundirse sus últimos suspiros.</p>
+
+
+
+<p>Aquel día, una tibia tarde de septiembre, la enferma, a pesar de su
+extremada debilidad, había querido que la llevasen al jardín y
+lánguidamente echada en su hamaca, estaba evocando, con voz ya lejana,
+sus recuerdos de la primera juventud, enjambre de mariposas color de
+rosa que revolotean alrededor de la frente de los moribundos en la hora
+del último crepúsculo.</p>
+
+<p>&mdash;Era un día muy parecido a éste... Nuestro hermoso sol de los Trópicos
+se velaba triste y huraño... Mi madre, en su hamaca como yo estoy ahora,
+tiritaba como yo tirito... Estaba yo triste como tú lo estás hoy, hija
+mía... Hacía ocho días que no teníamos noticias de tu padre... que
+todavía no se había declarado... Yo tenía el corazón oprimido... tan
+oprimido, que estalló de repente y me eché sollozando en los brazos de
+mi madre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre mamá!</p>
+
+<p>Entonces ella, que lo había adivinado todo, no pronunció más que un
+nombre:</p>
+
+<p>&mdash;¿Raúl?</p>
+
+<p>&mdash;No, Jorge&mdash;rectificó Liette con sonrisa forzada.</p>
+
+<p>La de Raynal hizo un movimiento de impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;En verdad, hija mía, tienes poca confianza en tu madre&mdash;dijo en tono
+de despecho.&mdash;¿Quieres esperar a que esté muerta?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! mamá...</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees que no veo claro? ¿Por qué dejarme marchar en la duda?</p>
+
+<p>&mdash;¡Madre mía!...</p>
+
+<p>&mdash;Eres una ingrata, una mala hija... Después de lo que he hecho por ti,
+me niegas este último consuelo... ¿Es esto caritativo?</p>
+
+<p>La anciana se agitaba, presa de una excitación febril y balbucía
+palabras entrecortadas.</p>
+
+<p>Liette vacilaba...</p>
+
+<p>Ciertamente, muchas veces, en su desesperada angustia, había estado a
+punto de ceder a la irresistible necesidad de expansión, natural en el
+que sufre y quiere ser consolado. Y siempre la palabra había expirado en
+sus labios...</p>
+
+<p>¿Para qué?</p>
+
+<p>¿Para qué introducir la turbación y la alarma en aquella apacible
+agonía? ¿Para qué confiarle la tímida esperanza que reprobaba su razón?
+¿Para qué dar alimento a las quimeras que poblaban la imaginación
+exagerada de la ardiente criolla, tan llena de castillos en el aire?</p>
+
+<p>A pesar de su ternura y su respeto, Liette conocía demasiado a aquella
+niña vieja y frívola para pedirle el sostén y el apoyo moral necesario
+en las horas de desfallecimiento. Su madre atizaría el fuego con mano
+inconsciente en vez de apagarlo, y Liette, sin fuerza ya para luchar
+contra ella misma, veía que no podría resistir al contagio del
+espejismo.</p>
+
+<p>¿No valía más esperar?</p>
+
+<p>Pero ¡ay! ¿esperaría la muerte? ¿Era filial aquella prudente reserva?</p>
+
+<p>Liette cayó de rodillas.</p>
+
+<p>&mdash;Perdona, madre querida; quería ahorrarte una decepción probable...</p>
+
+<p>&mdash;Pronto, cuéntamelo todo... ¿Te ama?</p>
+
+<p>&mdash;Así me lo ha dicho.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y escrito también? Por eso recibías tantas cartas de Granville...</p>
+
+<p>La anciana se reía maliciosamente, muy orgullosa por su perspicacia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! dos solamente, y no las he respondido.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo sí lo hubiera hecho... En fin, trae...</p>
+
+<p>Trató de leer, pero en vano, y dijo con un gesto de cansancio:</p>
+
+<p>&mdash;No veo; lee tú, hija mía.</p>
+
+<p>Liette obedeció, y, con voz sorda pero en la que vibraba una emoción mal
+contenida, volvió a leer aquellas líneas ardientes y apasionadas, frases
+huecas cuyo vacío no podía sospechar su alma leal.</p>
+
+<p>La moribunda estaba encantada y escuchaba con sonrisa de triunfo en los
+labios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bien! ¡Muy bien!&mdash;decía.&mdash;¡Pobre muchacho! ¡Cómo te ama! Sigue,
+sigue.</p>
+
+<p>Y al acabar la lectura, exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Querido niño! Muestra un entusiasmo, un ardor, una constancia, a
+pesar de tu frialdad... Porque, realmente, hija mía, no sabes
+animarle... ¿No le amas?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! sí...</p>
+
+<p>&mdash;¡Entonces!... ¿Cómo puedes permanecer así, plácida e indiferente?...
+¿No tienes fe?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! mamá querida...</p>
+
+<p>Asustada por la exaltación de su madre, Liette se esforzaba en vano por
+calmarla. En aquella pobre cabeza agotada sonaban todos los cascabeles
+de sus locas quimeras. La anciana divagaba con delicia y hablaba del
+matrimonio, de la ceremonia, de los trajes...</p>
+
+<p>&mdash;¡Con cuánto gusto lo vería!&mdash;suspiraba.</p>
+
+<p>Dudar del consentimiento de la condesa era para ella una locura. Si
+hacía esperar su petición, era que quería venir en persona...</p>
+
+<p>&mdash;Estoy segura de que está en camino; lo adivino, lo siento...</p>
+
+<p>...La puerta se abrió... Y la anciana volvió la cabeza
+estremeciéndose...</p>
+
+<p>Pero no era más que el tío Marcial, que venía a hacer amablemente el
+servicio de la oficina.</p>
+
+<p>&mdash;Una carta para usted, señorita; de Granville.</p>
+
+<p>¡Al fin!</p>
+
+<p>Liette desgarró el sobre con mano temblorosa.</p>
+
+<p>La carta era de Blanca y no contenía más que estas líneas:</p>
+
+<p>«Doy a usted, mi querida amiga, la primera noticia de un secreto que es
+una pena y también una dicha. Mi madre no es mi madre, y, sin embargo,
+me ha dicho muy bajito que yo podría aún ser su hija.</p>
+
+<p>«Al perder un hermano encuentro un primo... y, acaso, un novio... un
+esposo...</p>
+
+<p>«Yo, que amaba ya tanto a Raúl, ¿cómo voy a hacer para amarle más?... ¿Y
+él, querrá amarme? Usted me ayudará a conseguirlo, ¿verdad?»</p>
+
+<p>Los labios trémulos, los ojos fijos, las mejillas más pálidas que las de
+la moribunda, Liette permanecía rígida, muda, sin quejas, sin
+lágrimas...</p>
+
+<p>&mdash;Y bien&mdash;dijo ansiosamente la madre;&mdash;habla, me das miedo.</p>
+
+<p>Ante aquella palidez, ante aquel mutismo, ante la desesperación de
+aquella pobre mirada, ¿tuvo la anciana la vaga presciencia de la verdad
+y remordimientos por su imprudencia?</p>
+
+<p>Aquellas facciones infantiles bajo su corona blanca expresaron tal
+desolación y tal angustia, que Liette olvidó su propio sufrimiento, y
+cuando la moribunda, con las manos juntas como un niño que pide perdón,
+balbució tímidamente:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! dime, ¿es el consentimiento de la condesa?</p>
+
+<p>Liette respondió:</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>Una hora después la de Raynel moría con la sonrisa en los labios,
+murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Condesa de Candore!</p>
+
+<hr />
+
+<p>El letargo del primer dolor nos quita en parte la facultad de sentir los
+otros, y quizá esos golpes redoblados que caen simultáneamente sobre
+nuestra cabeza son menos un brutal encarnizamiento de la suerte que una
+suprema piedad de la Providencia...</p>
+
+<p>En el sopor físico y moral en que la sumió la muerte de su madre, Liette
+no tuvo lágrimas más que para ella y todos los demás dolores se
+hundieron en aquella fosa abierta, duro y frío lecho para aquel delicado
+pájaro exótico. Durante unos días, su mente, absorta por entero por
+aquel duelo cruel, aunque previsto, no estuvo dominada más que por el
+recuerdo de la anciana infantil a la que dedicaba una ternura filial y
+maternal al mismo tiempo. Ante su cuarto vacío, ante su butaca, ante su
+hamaca, la joven tenía crisis de desesperación, más conmovedoras porque
+las dominaba valerosamente, y, a pesar de las curiosidades indiscretas
+y de las lástimas torpes, nadie pudo jactarse de haberla oído quejarse
+ni visto llorar.</p>
+
+<p>Desdeñando por otra parte las simpatías triviales y los pésames de
+convención, Liette se apasionaba difícilmente aun ante un cariño
+sincero, y el mismo señor Hardoin tenía que esforzarse para forzar la
+puerta de aquella alma cerrada y a la que la última decepción había
+añadido todavía un cerrojo.</p>
+
+<p>En efecto, en la angustia de su aislamiento y de su abandono iba
+surgiendo poco a poco de la sombra una imagen borrada un momento por la
+de la muerte, y Liette trataba en vano de librarse de ella. ¡Ay! así
+como en otro tiempo no había podido combatir la esperanza quimérica, no
+podía ahora mandar a su memoria demasiado fiel y que le trazaba sin
+cesar las ardientes etapas de aquel pasado demasiado corto. Liette
+repasaba sin descanso las migajas de dicha escapadas de la mano avara
+del Destino, ya que estaba destinada a no sentarse nunca al festín de
+los dichosos.</p>
+
+<p>Su carácter leal y firme defendíale las lamentaciones estériles y las
+vanas recriminaciones. Lejos de achacar culpas a Raúl, hubiérale buscado
+excusas si él las hubiera necesitado a sus ojos; pero, lejos de
+vituperarle, le aprobaba. Ni por un instante pensó en luchar ni en
+invocar los derechos de su ternura. Aun a falta de su orgullo, su
+profundo agradecimiento por la joven que le abría tan ingenuamente el
+corazón hubiera bastado para evitarle todo desfallecimiento.</p>
+
+<p>El joven diplomático le escribió una carta desolada poniendo su suerte
+entre sus manos y terminando por estas líneas de una hábil política:</p>
+
+<p>«¿Qué debo hacer, Liette? Dígamelo usted, pues ya no lo sé yo mismo.
+Apelan a mi honor, a compromisos de familia, a mi gratitud hacia mi tío,
+a mi piedad por su hija... Yo no oigo más que la voz de mi razón y mi
+amor... Necesito un guía que me ilumine. A usted, que es mi razón y mi
+conciencia la obedeceré ciegamente. ¿Qué debo hacer?»</p>
+
+<p>La joven respondió sencillamente:</p>
+
+<p>«Su deber de usted: casarse con Blanca.»</p>
+
+<p>El amor, tal como lo comprendía aquella hija de soldado, era un
+sentimiento tan puro como el honor, que sufre todos los sacrificios,
+pero no una mancha. Como la bandera, el corazón podía ser desgarrado,
+pero no manchado...</p>
+
+<p>Liette aprobaba sin desfallecer el casamiento de Raúl y se hubiera
+avergonzado de una traición.</p>
+
+<p>Ciertas palabras indiscretas del señor Hardoin le habían confirmado la
+situación de Blanca y los proyectos arraigados desde hacía mucho tiempo
+en la mente calculadora de la condesa.</p>
+
+<p>&mdash;No hay gran señora para su notario&mdash;decía Hardoin con su maliciosa
+bondad.&mdash;A pesar de su afectado desinterés, la hija del viejo Neris sabe
+contar tan bien como su difunto padre. Hace mucho tiempo había yo visto
+su juego y sabía que su hijo no resistiría seriamente a sus razones...
+contantes y sonantes.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! señor Hardoin, toda acción puede tener un móvil noble y generoso.
+¿Por qué atribuirla con preferencia a un motivo bajo y vil?</p>
+
+<p>&mdash;Porque así hay menos probabilidades de engañarse, pobre amiga mía...
+Además, según es el hombre se deben juzgar sus actos.</p>
+
+<p>&mdash;¿No quiere usted al señor de Candore?</p>
+
+<p>&mdash;¿Raúl? Es un buen muchacho; tiene ingenio... y un poco de corazón, no
+mucho...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!</p>
+
+<p>&mdash;Incapaz de dejarse entusiasmar más de lo que dan de sí las riendas...
+Y su madre es un buen cochero.</p>
+
+<p>&mdash;Le calumnia usted.</p>
+
+<p>&mdash;No, amiga mía, le excuso.</p>
+
+<p>&mdash;El respeto filial es un deber...</p>
+
+<p>&mdash;Pero hay también otros...</p>
+
+<p>&mdash;¿Más sagrados?</p>
+
+<p>&mdash;Quizá... Cuando una joven honrada y crédula ha puesto toda su
+confianza en la palabra leal de un hombre, es mi parecer que no puede
+faltar a ella sin cometer una mala acción...</p>
+
+<p>El flemático notario se había animado y hablaba con un calor que rayaba
+en indignación.</p>
+
+<p>Liette le escuchaba muy grave y llena de aflicción y de sorpresa. ¿Cómo
+había el notario adivinado su secreto? ¿Cómo olvidaba la reserva y la
+delicadeza de su carácter y de su profesión hasta hacer aquella alusión
+ofensiva?...</p>
+
+<p>La joven, pues, le respondió fijando en él su clara mirada:</p>
+
+<p>&mdash;Podría fingir que no le comprendía a usted, caballero, y si no se
+tratase más que de mí le respondería, ante su interés oficioso e
+inexplicable, que no se fuerza mi confianza... Pero no puedo dejar pasar
+una acusación mal fundada contra una persona a quien estimo y a quien
+amo.</p>
+
+<p>El notario levantó los brazos al cielo con una estupefacción demasiado
+vehemente para ser fingida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Usted ama al señor de Candore! ¡Usted! ¡Usted!</p>
+
+<p>&mdash;Le amaba como él a mí, más que a mi vida, pero menos que a mi honor,
+y, lejos de sustraerse a sus juramentos, que yo por otra parte no había
+ratificado, vea usted la carta que me escribió la víspera de sus
+esponsales. Lea usted, se lo ruego.</p>
+
+<p>Aturdido, el notario obedeció maquinalmente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah!&mdash;dijo,&mdash;la conocía a usted bien, y no tengo que preguntar a
+usted qué respuesta le dio. No es usted de las que hubieran hecho valer
+derechos imaginarios...</p>
+
+<p>&mdash;No tenía ninguno, y, por otra parte, los de la familia hubieran sido
+antes... Además, mi querida Blanca...</p>
+
+<p>Su voz se quebrantó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Le ama tanto la pobre niña!... ¡Hubiera sido tan desgraciada!... ¡Y
+está tan poco acostumbrada a sufrir!</p>
+
+<p>&mdash;Mientras que usted...</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo la costumbre&mdash;respondió Liette con su hermosa sonrisa de
+resignación.&mdash;¡Ah! si Dios hubiera querido siquiera dejarme a mi madre!
+Pero no tengo ni un niño a quien amar...</p>
+
+<p>El notario dobló metódicamente las gafas, las puso en el estuche y dijo,
+después de haber tosido para aclararse la voz:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Señorita, tengo que protestar ante todo contra la interpretación
+errónea de unas palabras en el aire, que no se referían a usted ni al
+señor de Candore... Si hubiera sospechado ni remotamente la simpatía con
+que usted se digna honrarle, me hubiera cortado la lengua antes que
+expresar la menor apreciación desfavorable. Hágame usted el favor de
+hacerme la justicia de creerlo. Usted no es de las que queman lo que han
+adorado. Olvide usted, se lo ruego, una torpeza involuntaria que deploro
+sinceramente. Pero lo que no puedo deplorar es la noble confianza que se
+ha servido usted manifestarme y que realza todavía mi respeto y mi
+admiración hacia usted. Es usted valiente entre las valientes y estoy
+orgulloso de tener alguna parte en su amistad, que le suplico me
+conserve preciosamente. Si esa amistad llegase a ser un día bastante
+grande y la soledad pesase a usted demasiado, recuerde, señorita, que mi
+despacho es su vecino más próximo y que nunca hará usted a su dueño más
+feliz que dignándose entrar en él... y no salir más. Esto es todo lo que
+tenía que decir a usted. Conste. De hoy en adelante esperaré su buen
+deseo.</p>
+
+
+
+<p>Vuelto a su casa después de esta declaración un poco original, el digno
+notario se sentó muy pensativo en su escritorio.</p>
+
+<p>&mdash;¡También ella!&mdash;murmuró con un poco de despecho.&mdash;Una inteligencia tan
+superior dejarse coger por las vulgaridades de ese belitre... ¿Qué
+tiene ese hombre de particular?</p>
+
+<p>Como una irónica respuesta, el espejo de la chimenea le envió la imagen
+de su cráneo calvo y de sus patillas canosas, y el notario exclamó con
+cómico furor encogiéndose de hombros:</p>
+
+<p>&mdash;Pardiez, lo que tiene son veinte años menos. ¡Oh! la juventud, la
+juventud...</p>
+
+<p>Ahogando un gran suspiro, cogió de la taquilla una carta de sello
+británico y la leyó moviendo la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pobre muchacha!&mdash;exclamó. Esto le quitaría sus ilusiones, pero habría
+que compadecerla más. Las ilusiones son los crisantemos de la vida.</p>
+
+<p>Y después de este pensamiento, muy poético para ser de un notario, cogió
+un pliego de papel con el timbre del despacho y empezó a escribir
+tranquilamente:</p>
+
+<p>«Señorita: la ley francesa no reconoce en ningún caso...»</p>
+
+<hr />
+
+<p>La campana, echada a vuelo, producía toda su cascada voz de abuela al
+esfuerzo vigoroso del campanero, estimulado por el aliciente de la
+propina extraordinaria que debía valerle su celo. Los repiques sucedían
+a los repiques; el viejo campanario, estaba como aturdido y alterado y
+los vidrios antiguos, ninguno de los cuales estaba intacto, temblaban en
+su marco de plomo.</p>
+
+<p>Habíase puesto el cura su más hermosa casulla y su ancha faz rubicunda
+estaba radiante por la ternura combinada de la ceremonia que estaba
+celebrando y del banquete que habría de presidir en el castillo. Los
+sochantres, con sus caras coloradotas, salmodiaban a voz en cuello, sin
+temor de que se les secara la garganta, pues sabían que habrían de
+refrescársela después copiosamente. Los monacillos, cuyas sotanas rojas
+demasiado cortas dejaban ver unos pantalones demasiado largos, mostraban
+una compunción poco ordinaria y se abstenían de meterse el dedo en la
+nariz, de sonarse con las mangas, de hacer burla por detrás del
+oficiante y otras habilidades por el estilo. Hipnotizados por la lluvia
+de monedas de plata que preveían, tenían una actitud grave y recogida,
+no faltaban a una genuflexión y presentaban las vinajeras o
+transportaban los Evangelios con una solemnidad digna de otro marco.</p>
+
+<p>Todos trataban de excederse a sí mismos. La modesta iglesia de paredes
+blanqueadas y llenas de una lepra de vejez mal disimulada por unos
+cuantos cuadros de colores violentos que hacían pensar en el verso de
+Coppée:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Si fuese así, con todo, el Paraíso...</span><br />
+</p>
+
+<p>se había adornado de limpieza, ese lujo del pobre, y estaba tan bien
+barrida y desempolvada que las pacíficas arañas que dormitaban de tiempo
+inmemorial en todos los nichos y en todos los rincones, bajo el velo de
+la Virgen como en la corona de espinas y hasta en la barba del
+Crucificado, habían sido desposeídas de sus telas, arrebatadas como por
+un huracán, y andaban melancólicas y errantes en busca de nueva
+instalación.</p>
+
+<p>El organista empleaba pies y manos en sacar sonidos melodiosos de su
+viejo y rechinante armonium, y el suizo, con su uniforme de gran gala,
+contemplaba con admiración el altar de madera tallada en el que
+resplandecían todas las luces y que desaparecía bajo las plantas y las
+flores raras surtidas por las estufas de Candore.</p>
+
+<p>La boda de Blanca y de su primo se verificaba, sin embargo, en una
+intimidad buscada exprofeso. El alejamiento de aquel lugar extraviado,
+y el rigor de la estación (era el mes de diciembre), había permitido a
+la condesa dar al acto el carácter discreto que convenía a la situación
+delicada de la novia. Los cuatro testigos y unos cuantos allegados
+formaban todo el cortejo nupcial y, para ocultar el vacío de aquella
+fiesta un poco triste, de la que el mismo sol estaba ausente, Neris
+había invitado a todos los aldeanos al banquete, después del cual los
+jóvenes casados debían salir para Italia.</p>
+
+<p>Esta feliz idea, que cuadraba muy bien con los gustos de la castellana,
+había hecho a la de Candore muy popular.</p>
+
+<p>&mdash;¡No es tan orgullosa como se dice!&mdash;exclamaban las comadres,
+encantadas de ser admitidas en el castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Al menos hace vivir al país&mdash;declaraban los comerciantes,
+entusiasmados por la ganga.</p>
+
+<p>&mdash;Resucita las antiguas costumbres&mdash;decían los viejos en tono de
+aprobación.</p>
+
+<p>Por otra parte, hacía mucho tiempo que Blanca había ganado todos los
+corazones, y aunque su repentina metamorfosis hacía murmurar un poco,
+las frases eran menos malévolas de lo que puede esperarse generalmente
+de nuestra pobre naturaleza humana.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! Yo había sospechado algo sólo por ver la manera que tenía don
+Héctor de comérsela con los ojos. Nadie mira de ese modo a su sobrina.</p>
+
+<p>&mdash;Con todo, es chistoso eso de casarse casi con su hermana...</p>
+
+<p>&mdash;Pero la verdad es que ese matrimonio arregla muchas cosas. Así no se
+desparramará la fortuna.</p>
+
+<p>Y todos concluían:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que son una buena pareja y bien proporcionada.</p>
+
+<p>¡Bien proporcionada!... ¿Acaso en lo físico? La frágil delicadeza de la
+joven hubiera necesitado una protección más varonil, un brazo más
+robusto, un apoyo más firme que el de aquel lindo joven un poco
+enfermizo. ¡Y qué contraste en lo moral, entre aquel gastado, aquel
+escéptico ávido y lascivo bajo su corrección altanera, y el corazoncito
+ingenuo, tierno y confiado que se entregaba a él tan cándidamente!</p>
+
+<p>Nada más que en la dulce mirada de admiración y de gratitud que dirigía
+a su señor y dueño mientras él se retorcía el bigote escuchando con
+aparente deferencia la interminable arenga del cura, se veía el don
+absoluto y gozoso de su persona, de su vida y de su alma.</p>
+
+<p>La de Candore, en el colmo de la dicha, disimulaba su satisfacción bajo
+una impasibilidad convencional.</p>
+
+<p>Neris, con la cara oculta entre las manos, formulaba una ardiente
+oración por su hija.</p>
+
+<p>El notario Hardoin contemplaba a la asistencia a través de sus gafas
+protectoras. ¿Cuál de aquellos dichosos hubiera podido soportar
+impunemente el agudo análisis de su vista sutil y penetrante? ¿Cuál de
+aquellas felicidades era bastante firme para eso?</p>
+
+<p class="puntos">¡Ay! Ni siquiera la de aquella pobre niña recién casada, a quien el
+porvenir reservaba sin duda tan crueles desilusiones.</p>
+
+
+
+<p>Liette no estaba allí.</p>
+
+<p>Hacía meses que estaba subiendo sin vacilar al doloroso Calvario
+confidente del amor fresco y puro de su linda discípula, de sus temores
+y de sus esperanzas, a ella era a quien Blanca pedía sin cesar apoyo y
+consejo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Debo hacer esto? ¿Le gustará tal cosa a Raúl? ¿Cree usted que me
+encontrará bonita así?</p>
+
+<p>Y con estoico heroísmo, Liette encontraba un áspero goce en adornar a su
+inocente y amada rival con las flores de su triste experiencia, y tan
+bien dominaba su cara, que ni un desfallecimiento había revelado la
+secreta angustia de su alma.</p>
+
+<p>Raúl mismo se había dejado engañar, y al verla tan resignada, tan
+valerosa y tan tranquila, había experimentado un alivio mezclado de
+despecho...</p>
+
+<p>¡Se consolaba, según él, muy fácilmente!</p>
+
+<p>Solamente Hardoin leía en aquella frente impenetrable, y aunque nunca se
+permitía la menor alusión a las penosas confidencias sorprendidas a
+pesar suyo, su deferente simpatía y su respeto caballeresco eran un
+bálsamo precioso para aquella alma dolorida.</p>
+
+<p>La víspera de la boda, entró como vecino en la pequeña oficina en que la
+joven se esforzaba por absorberse en sus cuentas, ante las cuales
+flotaba obstinadamente un velo de desposada.</p>
+
+<p>Tuvo que admirar los trajes y las alhajas, y esto no fue nada todavía al
+lado de la ceremonia del día siguiente, a la que no se atrevía a
+sustraerse.</p>
+
+<p class="puntos">A pesar de su ánimo, se le acababan las fuerzas. Su energía, en una
+tensión exagerada desde hacia tantos días, semanas y meses, amenazaba
+con quebrantarse en el momento decisivo. Estaba en una de esas horas de
+angustia física y moral en las que el alma y el cuerpo se derrumban
+vencidos y claman desesperadamente en las tinieblas en que se agitan,
+como el Cristo en el huerto de las Olivas: «¡Señor, aparta de mí este
+cáliz!»</p>
+
+
+<p>En este estado de desmayo fue como la encontró el digno notario.</p>
+
+<p>&mdash;Perdóneme usted que la moleste, querida amiga&mdash;dijo juzgando de una
+ojeada la situación,&mdash;pero la culpa la tiene un sueño, un estúpido
+sueño... He soñado que se había usted torcido un pie o que le había
+pasado algo que le impedía atravesar la plaza... Sería un contratiempo
+lamentable, pero nadie está obligado a lo imposible... Debe usted de
+reírse de mi credulidad... Perdónemela usted... Si soy tan indiscreto es
+con buena intención... Voy ahora al castillo, y en el caso de que
+tuviera usted que darme alguna comisión... nadie duda de la palabra de
+un notario...</p>
+
+<p>Liette le dirigió su hermosa mirada húmeda y agradecida.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué bueno es usted, señor Hardoin! Cree usted que puedo
+dispensarme...</p>
+
+<p>&mdash;Creo, querida niña, que la valentía no es la temeridad... Arrojarse al
+fuego para salvar a un semejante es muy hermoso... Pero exponerse sin
+utilidad no tiene nada de razonable. No somos salamandras, qué
+diablo...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias. Me daba vergüenza mi debilidad, pero verdaderamente dudaba de
+mi valor...</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo no! Pero sufrir por nada, por gusto, no me parece necesario. Está
+dicho, se ha torcido usted un pie...</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! bastará una simple rozadura.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; así no tendrá usted necesidad de médico; nada más que una
+compresa y un bastón... Permítame usted que le ofrezca el mío; no es
+elegante, pero es sólido, como su dueño.</p>
+
+<hr />
+
+<p>En el mismo sillón en que había agonizado su madre, Liette estaba
+sudando la lenta agonía de su amor.</p>
+
+<p>Con la ardiente cabeza pegada a los cristales helados, contemplaba con
+vista turbada aquella triste decoración de invierno: los tilos desnudos,
+de torcidas ramas y espolvoreados de escarcha, la fuente helada, cuyo
+delgado chorro, congelado como una estalactita, no dejaba ya oír su
+murmullo cristalino, la plazuela alfombrada de nieve en la que unos
+pajarillos hambrientos ponían pequeñas manchas negras, como los cuervos
+de pesado vuelo en la inmensidad blanca de los cielos.</p>
+
+<p>¡Qué diferencia con su primer despertar en Candore!</p>
+
+<p>Todo entonces parecía sonreírla; los rayos del sol, el perfume de las
+flores, el canto de los pájaros, y su alma dilatada se abría a la
+esperanza.</p>
+
+<p>Habían pasado menos de dos años, y en su corazón, como ante sus ojos, el
+sol se había apagado, las flores se habían marchitado, las canciones se
+habían callado y la esperanza había muerto.</p>
+
+<p>La campana, sin embargo, sonaba echada a vuelo, pero cada alegre
+vibración repercutía en sus oídos como un toque fúnebre y el resplandor
+de los cirios detrás de los vidrios de colores hacíale pensar en unos
+funerales, los funerales de su amor....</p>
+
+<p>En vano ahuyentaba esas imágenes importunas, que volvían como una mosca
+a posarse en su frente. En vano quería evadirse de su propia tristeza
+para participar de la alegría de la querida niña cuya dicha era su obra.
+En vano se esforzaba por olvidar sus velos de luto por aquel velo de
+desposada vislumbrado hacía un momento en la portezuela del coche, en el
+que se agitaba una manita blanca. En vano forzaba a sus labios a rezar
+por aquellos dos seres queridos que en adelante no serían más que uno
+para ella...</p>
+
+<p>¡Trabajo inútil!</p>
+
+<p>Su pensamiento rebelde se esquivaba de aquel cruel cuadro, y por una de
+esas perversiones de la imaginación que en las crisis violentas se agita
+como un muelle roto, seguía viendo sin cesar la capilla de Santa Ana y
+los dos novios delante del altar erizado de puntas de hierro y de fuego,
+doloroso emblema del Destino, donde se consumía lentamente la «cera de
+los desposorios.»</p>
+
+<p>¡Aquellos serían más dichosos!</p>
+
+<p>Ninguna hiel, ninguna amargura se mezclaban con su enorme pena; cada
+cual había cumplido con su deber noble y estoicamente, y si el amor
+había perdido en ello, la estimación había ganado.</p>
+
+<p>Este era su orgullo y su consuelo; podía mirar sin temor el retrato del
+altivo soldado del que era hija. Su clara mirada le respondía:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Está bien.</p>
+
+
+
+<p>&mdash;Buenos días, señorita; solamente nosotros estamos en nuestro
+puesto&mdash;dijo el tío Marcial volcando su saco en la mesa y designando
+con franca risa la multitud de comadres y muchachos que, no habiendo
+podido encontrar sitio en la iglesia, esperaban la salida de la
+novia.&mdash;La señorita Beaudoin se habrá alegrado de su accidente de usted,
+pues la habría reemplazado de mala gana... La verdad es que nuestra
+señorita Blanca está tan linda que da gusto verla...</p>
+
+<p>&mdash;Si lo desea usted, no se prive de ir a verla, Marcial, mientras yo
+timbro el correo...</p>
+
+<p>&mdash;¿No quiere usted que la ayude?</p>
+
+<p>&mdash;Es inútil; acérqueme usted nada más la mesa... ¡Ajajá! Ya tengo todo
+lo que necesito. Cuando usted vuelva las cartas estarán clasificadas...
+De todos modos, las tres cuartas partes irán ciertamente al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces me dejo convencer, señorita. He visto a esa recién casada tan
+alta como esto, y rezaré con gusto un pater por ella, si me acuerdo.</p>
+
+<p>&mdash;Rece usted dos, Marcial; uno por usted y otro por mí.</p>
+
+<p>&mdash;Convenido, señorita; haré el encargo militarmente.</p>
+
+<p>Y llevándose la mano al quepis, se marchó con ese paso cadencioso de los
+antiguos soldados y la espalda encorvada como si llevase todavía la
+mochila.</p>
+
+<p>Liette le vio atravesar la plazuela, pasar por los grupos y entrar en la
+iglesia.</p>
+
+<p>Entonces, dando un suspiro, apartó la vista de aquel edificio medio
+derruido en el cual se estaba representando el último acto del drama
+íntimo de su vida, y se puso valerosamente a la tarea.</p>
+
+<p>«Señores de Candore.»</p>
+
+<p>«Señora doña Blanca de Candore.»</p>
+
+<p>Estos nombres se presentaban sin cesar ante sus ojos quemados por la
+fiebre. Desde la víspera aquello era un diluvio de telegramas de
+felicitaciones, prospectos de proveedores, papeles con escudos
+nobiliarios, sellos franceses y extranjeros.</p>
+
+<p>Estaba Liette haciendo metódicamente su clasificación, cuando el timbre
+la llamó de nuevo al aparato Morse...</p>
+
+<p>Era un nuevo telegrama para el castillo.</p>
+
+<p>«Señorita doña Blanca de Candore.»</p>
+
+<p>¡Este estaba doblemente atrasado de noticias!</p>
+
+<p>Maquinalmente tradujo palabra por palabra las señales cabalísticas
+marcadas en el rollo de papel, y las transcribió en el libro:</p>
+
+<p>«Señorita... el hombre... con quien... va usted a... casarse... es mi...
+esposo... ante la ley... inglesa...»</p>
+
+<p>La pluma se detuvo en los dedos temblorosos de la empleada.</p>
+
+<p>¡Imposible! No podía ser esa la traducción...</p>
+
+
+
+<p class="top5">«Y el... padre de mi... hijo que... muy pronto... no tendrá tampoco...
+madre...</p>
+
+<p class="r smcap">Juana Dodson...»</p>
+
+<p class="top5">Las sílabas implacables se desarrollaban ante sus ojos turbados con su
+movimiento automático y continuo.</p>
+
+<p>Pero no, se engañaba.</p>
+
+<p>Con un violento esfuerzo, trató de dominarse, de recobrar su sangre
+fría, y consultando el alfabeto, deletreó letra por letra:</p>
+
+<p>«Señorita, el hombre con quien va usted a casarse es mi esposo ante la
+ley inglesa y el padre de mi hijo, que muy pronto no tendrá tampoco
+madre. Juana Dodson...»</p>
+
+<p>¡Había leído bien!</p>
+
+<p>Esta vez la pluma se cayó al suelo.</p>
+
+<p>¿Era verdad? ¿Era posible?</p>
+
+<p>Pero no; se trataba de una calumnia infame, de una de esas calumnias
+ante las cuales no retroceden ciertos seres viles y maléficos que no se
+cuidan del honor de un hombre ni del reposo de una mujer.</p>
+
+<p>Sin embargo, ese nombre... «Juana Dodson»... era el de la institutriz a
+quien ella había reemplazado en el castillo, y quizá...</p>
+
+<p>¡No! No podía, no quería creerlo...</p>
+
+<p>Suponiendo que el telegrama fuese realmente de miss Dodson, ¿no podía
+ser una venganza de mujer despechada y celosa?... Raúl había podido ser
+amable, demasiado amable, coquetear con ella, turbar la imaginación de
+la pobre muchacha y hacerle acariciar una loca esperanza... De esto a
+admitir aquella monstruosa acusación...</p>
+
+<p>Con todo, los términos eran precisos y formales...</p>
+
+<p>Volvió a leer el texto del telegrama, fechado en Jersey... ¡Jersey!</p>
+
+<p>Liette creyó estar viéndole desembarcar del vapor en el puerto de
+Granville...</p>
+
+<p>¡Dejaba entonces una mujer y un hijo en la otra orilla!</p>
+
+<p>Y como una espesa niebla que se disipa de repente ante las brillantes
+flechas del astro del día, una luz cruda, brutal y deslumbradora cegó
+sus pobres ojos que ella tapaba en vano para no ver...</p>
+
+<p>Los detalles se precisaban con una claridad implacable. La
+correspondencia con el pretexto del tío Neris, los viajes repetidos a
+Inglaterra, a Jersey, y la equivocación del digno notario, cuya alusión,
+hoy transparente, no se dirigía a ella... todo lo descifraba con una
+lucidez desesperante y aquella trama de odiosas mentiras se desgarraba
+en lamentables jirones...</p>
+
+<p>¡Todo había acabado!</p>
+
+<p>Aquella indigna traición barría, como una irresistible tormenta, todas
+sus queridas reliquias del pasado y convertía la llama en cenizas...</p>
+
+<p>¡Todo había acabado!</p>
+
+<p>Y como el sacerdote permanece confundido ante el sacrificio de la
+iglesia devastada y del tabernáculo violado, Liette se quedó anonadada
+viendo a su ídolo, a su dios, arrancado brutalmente del altar que ella
+le había levantado en su corazón.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Con la mejilla apoyada en la crispada mano la mirada dura, la frente
+fruncida y la boca contraída con una sonrisa amarga, la joven meditaba y
+sus hermosas facciones estaban fijas en una implacable expresión de
+desprecio y de odio.</p>
+
+<p>Como los más puros metales, las almas más nobles tienen sus escorias,
+que suben en hirviente espuma al fuego de la cólera.</p>
+
+<p>En aquel momento, la altiva e impecable criatura experimentaba una acre
+voluptuosidad al pensar en los estragos irreparables que iba a causar
+aquel papel azul en el que su mano trémula escribía sin vacilación ni
+remordimientos las líneas acusadoras, como un líquido corrosivo en el
+blanco traje de desposada.</p>
+
+<p>No sólo excusaba aquel delirio de venganza, extravío de un espíritu
+ulcerado, de una madre enloquecida hasta la desesperación, sino que lo
+aprobaba y lo comprendía, y se regocijaba por ser su ciego instrumento.</p>
+
+<p>Otra había hecho la tarea que repugnaba a su natural lealtad; no tenía
+más que lavarse las manos.</p>
+
+<p>Ciertamente, la delación era un arma vil, pero mucho menos que la
+conducta de aquel noble felón, que engañaba a tres mujeres a la vez y
+robaba a la una su honor, a la otra su estima y a la otra su fortuna.</p>
+
+<p>¿Por qué aquel telegrama revelador no había llegado el día antes? ¿Por
+qué venía cuando el «sí» fatal había sido pronunciado? ¿Por qué era ya
+tarde para desatar esos lazos malditos? ¿Para qué romper el corazón de
+una niña ignorante y crédula?</p>
+
+<p>¿Y qué?</p>
+
+<p>Era la vida brutal, la ley del destino sorda e inexorable, y la venganza
+no está obligada a más equidad que esa justicia ciega cuya espada de
+dos filos hiere casi siempre al inocente con el culpable.</p>
+
+<p>¿Qué le iba a hacer ella?</p>
+
+<p>¿Salvar al uno para salvar a la otra?</p>
+
+<p>¡Engaño!</p>
+
+<p>¡Piedad ridícula de los débiles que causa la audacia implacable de los
+fuertes!</p>
+
+<p>Liette se acorazaba contra todo enternecimiento y se encerraba en una
+impasibilidad feroz.</p>
+
+<p>Blanca sufriría sin duda.</p>
+
+<p>¿No sufría también ella en su amor, en su orgullo, en todas las fibras
+de su ser, con un sufrimiento comparable al que hubiera experimentado
+viendo al altivo soldado que era su padre condenado a la degradación
+militar?</p>
+
+<p>¿Y aquella desgraciada abandonada, sola al lado de la cuna de su hijo y
+que había debido pasar por mil torturas antes de trazar aquel testamento
+de odio? Aquella sufría hasta la desesperación, hasta la locura, hasta
+el suicidio acaso, como mujer y como madre.</p>
+
+<p>¡Dios mío! El que causaba tales dolores, tales faltas, tales crímenes,
+¿no era más indigno de perdón que el peor criminal?</p>
+
+<p>Por otra parte, ¿qué le importaba a ella todo esto?</p>
+
+<p>Nada tenía que ver con tal asunto.</p>
+
+<p>Si había caso de conciencia, era para la que había trazado aquellas
+líneas, no para ella.</p>
+
+<p>Ella no era más que un instrumento pasivo, un autómata sin corazón, sin
+nervios y sin entrañas, que dejaba pasar el telegrama venenoso, producto
+de nuestra civilización, como en la edad media la justicia del Rey.</p>
+
+<p>Ese era su derecho, más aún, su deber.</p>
+
+<p>Todo la obligaba a ello, su juramento, el honor, la disciplina.</p>
+
+<p class="puntos">Si la venganza salía ganando, mejor...</p>
+
+
+
+<p>Sordos murmullos y gritos confusos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ahí están! ¡Ahí están!</p>
+
+<p>Las comadres se empujan; los muchachos se derriban; los unos se
+encaraman en los bancos; los otros trepan a los árboles; los carruajes
+se adelantan al paso, majestuosamente; ábrese de par en par la puerta
+principal y los recién casados aparecen en el umbral, ella
+resplandeciente de dicha en la blanca nube que la aureola, y él un poco
+molesto por aquellas miradas curiosas. Empújala suavemente hacia la
+carretela acolchada de seda blanca y florida con bolas de nieve en
+armonía con la decoración de invierno, verdadera antecámara de
+enamorados. Pero ella le pide algo con deliciosa timidez; él hace un
+gesto de contrariedad y parece protestar, pero ella insiste amablemente;
+él se resigna, no sin mal humor, da al cochero una breve orden y se mete
+a su vez en el coche, que describe una parábola y va a pararse delante
+del Correo.</p>
+
+<p>Y antes de que Liette pudiera darse cuenta de lo que pasaba, la recién
+casada estaba en sus brazos, en su corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Querida, querida amiga... ¡Cuánto la he echado a usted de menos! En el
+más hermoso día de mi vida... Porque, no hay que decírselo pero le
+adoro...</p>
+
+<p>Liette besa lentamente los hermosos ojos, tan confiados, tan dulces, tan
+poco hechos para las lágrimas; envuelve en una caricia maternal a la
+joven acurrucada en su seno como un tímido pajarillo y su mirada, severa
+por primera vez, se fija en el conde, mudo y cortado ante aquel gracioso
+espectáculo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Amela usted mucho al menos!&mdash;dice con un acento cuya amargura él solo
+comprende.</p>
+
+<p>Raúl se inclina, halagado en su íntima fatuidad masculina por lo que él
+toma por un sentimiento de despecho involuntario que se descubre a
+través de la indiferencia afectada que mortificaba a su amor propio.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;No lo dude usted, señorita&mdash;declara en tono malicioso.</p>
+
+
+
+<p class="puntos">Se han marchado, y se dirigen ahora hacia el castillo.</p>
+
+
+
+<p>El tío Marcial muestra a su vez su bigote gris y dice alegremente:</p>
+
+<p>&mdash;La consigna está cumplida, señorita, y he llenado la medida; tres
+pater en vez de dos, porque, ha de saber usted que había sus lagunas...
+De este modo Dios estará satisfecho y no regateará su ración de
+felicidad a tan linda criatura.</p>
+
+<p>Mientras charla contra su costumbre, ha abierto la caja y está poniendo
+en orden las cartas preparadas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Calla! Hay todavía un telegrama. Voy a llamar al muchacho.</p>
+
+<p>Liette extiende vivamente la mano y dice:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Es inútil; este telegrama es para mí.</p>
+
+
+
+<p class="puntos">Liette está sola.</p>
+
+
+
+<p>Ha faltado al deber profesional, al juramento, al honor y a la
+disciplina...</p>
+
+<p>¡Es culpable, muy culpable!</p>
+
+<p>Y, sin embargo, su frente no se baja ante la mirada del soldado sin
+miedo y sin tacha, del que nunca como entonces se ha sentido hija.</p>
+
+<p>Cuando Hardoin volvió por la noche al despacho, se quedó muy sorprendido
+al encontrar en él a su joven vecina que le estaba esperando.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es usted, amiga mía?&mdash;exclamó haciéndola pasar con una deferencia
+llena de simpatía.&mdash;¿Se encuentra usted mejor?</p>
+
+<p>&mdash;Me encuentro muy bien, querido señor Hardoin&mdash;respondió Liette en tono
+firme.&mdash;Estoy ya curada, y vengo a consultar a usted para un
+documento...</p>
+
+<p>&mdash;¿Es algún contrato de matrimonio?&mdash;insinuó el notario tímidamente.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;No, señor Hardoin, es un proyecto de adopción.</p>
+
+
+
+<p>Un año después estaba la joven empleada delante del aparato Morse, que
+tan rudamente le había martirizado el corazón, y transcribía sin
+palidecer un telegrama de Roma, donde era entonces Raúl secretario de la
+embajada, dirigido al señor Neris, retenido en Candore por un ataque de
+gota.</p>
+
+<p>«Mi querido tío: eres abuelo de una hermosa niña.»</p>
+
+<p>Liette echó una mirada de amor a un niño blanco y sonrosado que se
+revolcaba en la alfombra, y dijo con acento profundo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo también tengo un hijo.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Carlos abrió la ventana y paseó su mirada un poco turbada por los
+lugares en que se había desarrollado su infancia.</p>
+
+<p>A sus pies estaba la plazuela rectangular en que se habían ensayado sus
+pasos vacilantes y donde había conocido las grandes desesperaciones de
+los pequeñuelos como la de un globo retenido por una alta rama, un barco
+de papel naufragado en las profundidades de la transparente fuente
+pública, en la que él sumergía en vano su bracito demasiado corto; y los
+grandes triunfos de la misma época, como la captura de un insecto de
+alas doradas, de un nido cazado en lo alto de un tilo con gran
+detrimento de los calzones, o de un lagarto imprudente que había ido a
+calentarse al sol junto al brocal del pozo y que él llevaba a casa con
+expresión conquistadora.</p>
+
+<p>¡Primeras penas! ¡Primeras embriagueces!</p>
+
+<p>Todo eso cabe en esta estrecha plazuela, grande como un Sahara para los
+ojos infantiles apenas abiertos hacia el mundo.</p>
+
+<p>En el fondo, la iglesia, a la que iba gravemente todos los domingos, tan
+pequeño, que desaparecía por completo detrás del alto respaldo del banco
+rústico... Unos años hacen sobresalir los rizos rubios... después el
+cuello a la marinera... luego el uniforme de colegial... Unos años más,
+se ve el plumero tricolor del alumno de Saint-Cyr; y por último los
+brillantes colores del traje oriental del oficial de África...</p>
+
+<p>A la derecha, la muestra hereditaria del notario Hardoin, tercero de ese
+nombre...</p>
+
+<p>¡Lo que él había jugado en el polvoriento despacho con los dependientes
+encaramados en sus altos asientos! Y qué risa la suya cuando el
+principal abría de repente la puerta de la oficina para regañar a los
+culpables y se detenía desarmado ante su ahijado instalado
+majestuosamente en su propio sillón...</p>
+
+<p>Y las locas carreras por la huerta, cuyas más hermosas frutas le
+pertenecían, y por el bosque umbrío, selva virgen para su joven
+imaginación que aumentaba todas las cosas y daba al minúsculo estanque
+las proporciones del lago Ontario.</p>
+
+<p>Y las excursiones en el carricoche con el viejo notario y su pacífico
+caballo, cuyas riendas se le permitía tener algunas veces. ¡Qué gloria
+la de atravesar así las aldeas de los alrededores y entrar solemnemente
+en alguna gran granja, donde le agasajaban como a su padrino!</p>
+
+<p>A la izquierda la bandera de la Gendarmería, esa bandera hacia la que
+volaban sus primeros sueños y sus primeras aspiraciones y que él unía en
+sus recuerdos juveniles al retrato del soldado que iluminaba la humilde
+oficina con un reflejo de heroísmo.</p>
+
+<p>¡Oh! vivir como el uno... Morir por la otra...</p>
+
+<p>Cada piedra de la calle, cada poste, cada puerta, cada ventana
+conservaban un poco de su vida, como los campos verdes y dorados y los
+frondosos bosques detrás de los cuales el castillo señoril levantaba al
+sol sus torres cubiertas de pizarra.</p>
+
+<p>En aquella decoración familiar, vacía aún a aquella hora matutina,
+surgían una a una las sombras conocidas que poblaban aquel pasado tan
+próximo.</p>
+
+<p>Primero, su padrino, el señor Hardoin, con sus anteojos de oro, sus
+patillas canosas y su grueso bastón de puño de marfil.</p>
+
+<p>Después el cura, panzudo y asmático, que le daba golpecitos en los
+carrillos al salir del catecismo y le felicitaba por sus progresos.</p>
+
+<p>Luego la señorita Beaudoin, que las echaba de fina y le reprendía por
+las más pequeñas cosas; y para acostumbrarle a las buenas maneras sacaba
+de su ridículo algún bombón acidulado como ella y se lo presentaba con
+las puntas de los dedos como si mandara ponerse de manos a un perrillo
+faldero.</p>
+
+<p>Y el tío Marcial, con su perilla blanca y su manga vacía, que inspiraba
+tanta curiosidad al pequeño, que un día se atrevió a preguntarle dónde
+estaba su brazo, y se ganó esta bella respuesta:</p>
+
+<p>&mdash;¿Mi brazo? ¡Aquí le tienes!</p>
+
+<p>Y el veterano mostraba su cruz de honor con tal orgullo, que realmente
+no parecía digno de compasión.</p>
+
+<p>Y los carreteros de cutis curtido, que restañaban alegremente el látigo
+al pasar por la ventana baja en la que la silla alta del niño Carlos
+reemplazaba al gran sillón de la de Raynal.</p>
+
+<p>Y los aldeanos que volvían de los campos, agobiados bajo el peso del haz
+de hierbas, de leña o de espigas, levantaban la espalda encorvada para
+sonreírle.</p>
+
+<p>Porque todos habían sido buenos con aquel extranjero caído sin saber
+cómo en ese rincón de la Picardía, y el joven tenía que hacer un
+esfuerzo de memoria para encontrar una cara altanera y fría vislumbrada
+a veces en la iglesia y detrás de los cristales del coche, la anciana
+condesa de Candore.</p>
+
+<p>Sí, conservaba de todos un recuerdo tierno y agradecido y para todos
+aquellos amigos de su infancia era la sonrisa de la cara varonil que se
+asomaba a la misma ventana en que, veinte años antes, una graciosa
+fisonomía femenina sonreía al Porvenir, como él al Pasado.</p>
+
+<p>Para todos la sonrisa, pero para una sola una lágrima, perla rara de los
+corazones viriles, empañaba el brillo de sus ojos de acero, mientras el
+joven murmuraba con religioso fervor:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;¡Mi tía Liette!</p>
+
+
+
+<p>Carlos Raynal, huérfano desde la cuna, no recordaba más parientes que
+aquella tía Liette que le había recogido antes de que su boquita
+sonrosada hubiese balbucido el nombre de «mamá» cuya dulzura no debía
+jamás saborear.</p>
+
+<p>No sabía de su familia sino que su madre era inglesa y su padre primo
+lejano del comandante; y la tía Liette los reemplazaba tan bien a los
+dos, que no hubiera dependido más que de ella el borrarlos
+completamente.</p>
+
+<p>Pero su exquisita delicadeza le prohibía ese inconsciente egoísmo, y si
+no le hablaba de su padre, al que, según ella, no había conocido, en
+cambio entretenía piadosamente la memoria de su madre en el corazón del
+huérfano.</p>
+
+<p>Cuando el niño había sido bueno, Liette le sentaba en su falda delante
+del pesado escritorio Imperio, y sacaba de un cajón una fotografía medio
+borrada que, con una trenza rubia de reflejos de sol, componía el
+relicario materno.</p>
+
+<p>Carlos besaba el rizo de oro igual a los suyos, y contemplaba gravemente
+las facciones finas y delicadas de la que él llamaba su «mamaíta» con un
+dejo de protección varonil que se desarrollaba con la edad, como si
+adivinase en ella un ser débil y tímido a quien consolar y defender.</p>
+
+<p>Su madre no había debido de ser feliz; se adivinaba en su mirada turbia,
+en su lánguida sonrisa, y el joven sufría por no haber sido ya grande
+para sostener sus pasos, apartar las piedras de su camino y secar sus
+lágrimas a fuerza de caricias.</p>
+
+<p>Tenía por ella la respetuosa compasión y la tierna solicitud tributo de
+los hijos amantes que pagan las deudas de sus padres, desquite de las
+madres contra las esposas abandonadas, que hace brotar una rosa tardía
+en su corona de espinas.</p>
+
+<p>La madre adoptiva alimentaba ella misma ese culto filial. ¿Cómo podía
+estar celosa? ¿Podía envidiar, teniendo ella la mejor parte, los
+pensamientos que se deslizaban de su altar florido hasta la tumba
+solitaria, pobre contribución de un alma en la que ella reinaba sin
+rival?</p>
+
+<p>¡La tía Liette!</p>
+
+<p>Esto lo decía y lo contenía todo, abnegación infinita de un lado,
+agradecimiento infinito del otro.</p>
+
+<p>¡La tía Liette!</p>
+
+<p>Al decir estas tres palabras, profundas como una oración, Carlos veía
+surgir en el alba melancólica del regreso la querida imagen luminosa y
+serena que iluminaba todo su pasado y todo su porvenir.</p>
+
+<p>Era una cara joven, tranquila y sonriente bajo sus gruesos rizos negros,
+que acechaba su primer despertar, sus primeras palabras y sus primeros
+juegos.</p>
+
+<p>Era la atenta educadora que le hacía balbucir sus primeros pater,
+deletrear las primeras sílabas, trazar los primeros palotes. La que
+dirigió el desarrollo de esa inteligencia en capullo, planta frágil y
+preciosa entre todas, cuyas ramas inclina ella, como tutora vigilante,
+hacia la Belleza, hacia el Bien, hacia la Verdad.</p>
+
+<p>¡Oh! qué hermosos paseos por el campo de adornos cambiantes, pero tan
+bello bajo su manto de nieve como con su traje de esmeralda, donde ella
+le revela el Creador en la creación, la eterna potencia en la eterna
+bondad, la majestad divina en la inmensidad de los cielos como en el más
+pequeño agujerillo, en el roble gigante como en la hierbecilla, en el
+buey de paso pesado que hiende lentamente el surco como en la mariposa
+de ligero vuelo que se pierde en el espacio...</p>
+
+<p>Después de Dios en su obra, viene el hombre en la suya; después de las
+maravillas de la Naturaleza, vienen las del Ingenio.</p>
+
+<p>Por la noche, a la luz de la lámpara, bajaba un amigo de las tablas de
+la biblioteca y tomaba parte en su conversación.</p>
+
+<p>Era el viejo Corneille, padre de los heroicos, o el dulce Racine, poeta
+de las ternuras, o Hugo con su «Leyenda de los Siglos» o Lamartine con
+sus «Armonías», cantores alados que transportaban el alma del niño a las
+puras regiones del Ideal.</p>
+
+<p>Con los graves historiadores, Michelet, Guizot, Thiers, se remontaba
+hacia el pasado, se interrogaba a los antiguos, se sentía latir el
+corazón de Francia y se comprendía que, según la bella expresión de
+Renan, «la patria» es el recuerdo de las grandes cosas que unos cuantos
+hombres han hecho juntos.</p>
+
+<p>Con frecuencia, el señor Hardoin traía el tributo de su rara erudición y
+de su juicio seguro a esas graves conversaciones y maduraba aquel joven
+cerebro al contacto generador del de los antiguos maestros.</p>
+
+<p>Latinista distinguido, fanático de Horacio y de Virgilio, el notario se
+encargó de las «Humanidades», con gran contento de la tía Liette, que
+pudo así conservar más tiempo a su pupilo.</p>
+
+<p>Las primeras lecciones del hogar familiar envuelven el alma del niño de
+un dulce calor, la penetran y la fecundan.</p>
+
+<p>Pero más que las lecciones, produce sus frutos el ejemplo e imprime en
+aquella blanca cera una huella indeleble.</p>
+
+<p>Aquella vida digna, sencilla y leal, sin miedo y sin tacha, como la
+espada paterna colgada en la pared y que era su rígido símbolo, debía
+envolver al huérfano en su irradiación e infundir en su sangre los
+gérmenes de viriles virtudes, más poderosos que el atavismo...</p>
+
+<p>A ese parecido moral se añadió poco a poco una especie de parecido
+físico, nacido de la comunión constante, que se nota a veces en los
+esposos viejos, parecido, no de facciones, sino de expresión, de mirada,
+de acento, de mil detalles que son, en suma, la fisonomía del alma.</p>
+
+<p>Bajo el cabello rubio del joven, reinaba la misma frente voluntariosa
+que bajo las cocas todavía negras de la solterona; sus ojos de acero
+tenían la misma tranquila energía que se reflejaba en los del comandante
+y en los de su hija; sus gestos, su sonrisa, su voz, toda su persona, en
+fin, era, como su carácter, la emanación de aquella vida varonil y
+tierna que había hecho de él un hombre en la hermosa y alta acepción de
+la palabra.</p>
+
+<p>El joven, pues, la adoraba y encontraba para ella atenciones exquisitas,
+frases cariñosas y refinamientos delicados de los que indican la
+sensibilidad de los fuertes, flor rara, oculta en él como en ella y cuyo
+discreto y penetrante perfume respiraban ellos solos.</p>
+
+<p>La adoraba, y refería a ella todos sus actos, sus pensamientos, sus
+esfuerzos, sus ambiciones, sus sueños, sus éxitos escolares, su gloria
+militar, sus primeros premios y sus primeros galones. Al día siguiente
+de haber sido citado en la orden del día, escribió a Liette:</p>
+
+<p>«Estaba tan orgulloso que oía latir «tu» corazón.»</p>
+
+<p>¡Qué alegría, el día anterior, llegando de improviso a la estrecha
+oficina, levantar en sus robustos brazos a la tía querida que frisaba ya
+en los cincuenta años y cuyas sienes estaban adornadas por algunos hilos
+de plata, y oprimirla contra su pecho, en el que brillaba la cruz de los
+bravos!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Eh? tía Liette, las dos forman un par&mdash;exclamó gozoso señalando a la
+del comandante.</p>
+
+<p>¡Qué triunfo dar con ella la vuelta a la plazuela, cordialmente
+saludados por todo el mundo; pasear su sencillo traje negro con tanto
+orgullo como sus galones de oro; sentir su brazo estremecerse sobre el
+suyo y envolverla en esa tierna mirada de los hijos que hace fundirse el
+corazón de las madres!...</p>
+
+<p>¡Querida tía Liette!</p>
+
+<p class="puntos">Ninguna imagen la borraría jamás.</p>
+
+<hr />
+
+<p>De repente desembocó en la plaza debajo de la ventana, una elegante
+amazona seguida de un jinete de bello aspecto, a pesar de las arrugas
+que indicaban en él las mordeduras de la edad y de la vida.</p>
+
+<p>La amazona vio al joven en el balcón, descubrió los blancos dientes en
+una sonrisa y respondió amablemente con una señal del látigo al profundo
+saludo, devuelto por su compañero con una tiesura enteramente británica.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es esa joven, amigo mío?&mdash;preguntó la tía Liette, a quien
+Carlos no había oído entrar.</p>
+
+<p>&mdash;Miss Darling, de la que creo que te he hablado en una carta y a quien
+no esperaba encontrar aquí...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!</p>
+
+<p>&mdash;¿Conoces al personaje que la acompaña?&mdash;preguntó Carlos a su vez, para
+ocultar su embarazo.</p>
+
+<p>Y Liette respondió sencillamente:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Es el conde Raúl de Candore.</p>
+
+
+
+<p>La familia de Candore no se componía ya más que de Raúl y de su tío...</p>
+
+<p>Después de dos años de matrimonio que no le habían dado toda la dicha
+soñada, Dios había tenido piedad de la joven condesa y la había llamado
+a él antes de que perdiera sus últimas ilusiones, en las que pudo
+todavía envolverse para morir, como en aquel traje blanco apenas
+amarillento con que la enterraron cubierta de flores.</p>
+
+<p>Débil y delicada como ella, la nieta, a quien la enlutada nodriza
+paseaba por el Corso bajo la vigilancia de la abuela, había vegetado
+algún tiempo y pasado a fuerza de cuidados y de precauciones las
+peligrosas etapas de la primera infancia para naufragar en el alba de la
+primera juventud, y con su virginal atavío de la primera comunión, la
+llevaron al lado de su madre, a la sombra de aquella vieja iglesia de
+Candore, adonde nunca había ido en vida.</p>
+
+<p>La anciana condesa, apegada a aquella niña con la pasión de las abuelas
+que no siempre han sido madres tiernas, apenas la sobrevivió; y el señor
+Neris, padre y abuelo igualmente desgraciado, sacudió el polvo de los
+zapatos en el umbral de la Ciudad Eterna, volvió la espalda a ese sol
+mentiroso, prometedor de vida que no había podido caldear sus miembros
+helados, y volvió a meterse en su agujero como un animal herido para
+terminar su existencia donde Blanca había empezado la suya y delante de
+la tumba donde reposaría un día a su lado.</p>
+
+<p>Durante este tiempo, Raúl se consolaba de sus duelos con sus éxitos
+diplomáticos y de otra clase en la sociedad romana. Arrastrado por el
+torbellino mundano, no iba casi nunca a Candore, con el pretexto de que
+los recuerdos del pasado eran demasiado dolorosos para él; y el anciano,
+aunque sabiendo a qué atenerse sobre el grado de sensibilidad de aquel a
+quien un instante había llamado su hijo, fingía tener esta razón por
+buena y válida. Acaso en el fondo prefería estar solo para llorar a sus
+queridas desaparecidas.</p>
+
+<p>Así no se mezclaban lágrimas hipócritas a sus lágrimas sinceras y el
+conde podía gozar a sus anchas de su libertad y hacer la gran vida sin
+que su suegro encontrase nada que decir ni pensase en cercenarle el
+crédito anchamente abierto en casa del notario Hardoin.</p>
+
+<p>El señor Neris vivía solo en el vasto castillo desierto arrastrando su
+pena por los lugares en que su hija había vivido y crecido ante su
+mirada paternal y donde a cada paso encontraba sus huellas, en la arena
+de los paseos por donde se paseaban juntos, corriendo ella delante de él
+con su aro o apoyada zalameramente en su brazo; en la verde alfombra de
+las praderas en que la niña retozaba cuando no era más que una
+pequeñuela, y donde, ya grandecita, cogía para él grandes ramos
+campestres que le llevaba llena de alegría; en la sala de estudio y en
+la mesa de trabajo cargada de libros y papeles, donde la traviesa niña
+se burlaba de los defectos de la institutriz, joven o vieja, guiñando el
+ojo al indulgente tío, cómplice de sus malicias.</p>
+
+<p>Y con mano temblorosa hojeaba los manuales usados, desde el modesto
+abecedario hasta los imponentes tratados de geometría y álgebra; los
+cuadernos de escritura, de cálculo y de análisis con que se ejercitaban
+poco a poco sus dedos, su ingenio y su corazón, y en los que se
+encontraban dibujos fantásticos y observaciones imprevistas, de esas que
+indican el buen o mal humor de los escolares, como en los presos las
+paredes de la cárcel, o pensamientos cándidos de este género:</p>
+
+<p>&mdash;¡Si mi tío pudiera ser mi institutriz!&mdash;grito del corazón acompañado
+de un pintarrajo que representaba al buen tío con los anteojos de miss
+Dodson...</p>
+
+<p>Después venía esta nota un poco más seria:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;«Desde hoy ya no tengo institutriz, sino una amiga,» fechada en el día
+de la entrada de Liette en el castillo.</p>
+
+
+
+<p>El señor Neris había conservado una tierna gratitud hacia la que su hija
+había amado tan tiernamente.</p>
+
+<p>Cuando iba al cementerio o a la iglesia se detenía siempre en el Correo
+para informarse respetuosamente de la salud de la empleada y presentarle
+sus cumplimientos con esa exquisita cortesía de ciertos ancianos que
+pone tanta gracia en sus cabellos blancos.</p>
+
+<p>Mostraba hacia ella una admiración caballeresca y un interés paternal
+que se traducían en atenciones delicadas para los que ella quería, como
+ramos de flores para adornar la modesta tumba de la de Raynal iguales a
+los del suntuoso mausoleo de la condesa de Candore, y cestas de frutas
+para Carlos, que comía a boca llena los aterciopelados melocotones de
+las estufas del castillo.</p>
+
+<p>¡Discretos homenajes que invocaban inconscientemente el pasado!</p>
+
+<p>Pero para Liette no tenía ya rencor y habíase hecho en su alma la paz.
+Las arrugas que por un momento habían alterado su límpida superficie al
+soplo de la cólera y de la indignación, se habían borrado sin dejar
+trazas a la primera sonrisa del niño.</p>
+
+<p>Liette era madre, nada más que madre, y era bastante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay!&mdash;suspiraba el pobre notario, que había alimentado mucho tiempo
+otra esperanza, mi ahijado no sospecha el perjuicio que me ha hecho.</p>
+
+<p>Pero, lejos de guardarle rencor, el excelente hombre le daba el cariño
+que su madre adoptiva no quería.</p>
+
+<p>A todo esto, pasaba el tiempo, Raúl se iba envejeciendo, los éxitos se
+hacían raros y no era ya el eterno galán joven que mandaba en jefe en el
+carnaval mundano.</p>
+
+<p>Ciertos síntomas insignificantes anunciábanle ya su próxima decadencia.</p>
+
+<p>Las muchachas no interrumpían ya su charla al entrar él para dirigirle
+miradas de admiración; en cambio las madres le consultaban a menudo
+sobre sus jóvenes subordinados en busca de novia rica; le trataban como
+hombre serio, y el mismo embajador le llamaba a la mesa de juego
+diciéndole: «Venga usted, mi querido Candore; esto es propio de nuestra
+edad», aunque Su Excelencia no había pasado de los cuarenta...</p>
+
+<p>Pero era uno de esos hombres que son ya maduros a los veinte años, y
+Raúl, que se creía más joven, no tomó la frase por un cumplimiento.</p>
+
+<p>En fin, una noche, creyó oír a la marquesa de Luchessi pronunciar detrás
+del abanico el epíteto de «Viejo verde».</p>
+
+<p>Evidentemente aquello no podía referirse a él (lo repetía muy alto para
+convencerse de ello), pero no había dejado de causarle una impresión
+tan desagradable como una ducha helada.</p>
+
+<p>¿Iba él a representar el papel del tío Neris o tendría que resignarse a
+desistir de todo?...</p>
+
+<p>Penosa alternativa para aquel incorregible vividor, mariposa de noche
+que prefería al aire puro de los bosques la atmósfera asfixiante de los
+salones, que volaba de flor en flor y se complacía en las intrigas
+femeninas como una vieja coqueta, pero sin renunciar a jugar su partida
+ni resignarse a pasar a la reserva.</p>
+
+<p>Según la linda frase de María Leckzinsca, «Un cochero viejo gusta
+siempre de oír restañar el látigo.»</p>
+
+<p class="puntos">Pero a Raúl le gustaba más tenerlo por el mango...</p>
+
+
+
+<p>Durante aquel período de desanimación y cansancio fue cuando conoció a
+miss Darling en la embajada de Inglaterra.</p>
+
+<p>Era sobrina de un riquísimo americano, Ricardo Darling, que había
+empezado por correr con los pies descalzos por las calles nacientes de
+Chicago vendiendo a los albañiles unos pasteles cuyo aroma era su
+principal alimento; y diga lo que quiera don César de Bazán, «El olor
+del festín...» es poca comida para un estómago de diez años.</p>
+
+<p>¿Cómo el pastelero se había elevado a una fortuna comparable con la de
+Menzikoff? Fue aquel un milagro de energía, de actividad y de audacia de
+los que son moneda corriente en el Nuevo Mundo.</p>
+
+<p>Hoy, el tío Dick poseía una parte de la ciudad monstruo que había
+crecido con él y no por eso estaba orgulloso. Su único placer era no
+rehusar nada a su sobrina ni a su estómago.</p>
+
+<p>&mdash;Tú puedes comprarlo todo, y yo también&mdash;declaraba con cándida
+fatuidad.</p>
+
+<p>Desgraciadamente, hay cosas que no se compran, y ocurría con frecuencia
+que ante las maravillas gastronómicas que se amontonaban en su mesa, el
+tío Dick echaba de menos el tiempo en que no tenía más que el olor de
+sus pasteles... y un excelente apetito.</p>
+
+<p>Educada con esa libertad de las americanas del Norte, que, en ella,
+lejos de degenerar en desvergüenza, era una tranquila conciencia de su
+fuerza, Eva se destacaba absolutamente en aquella sociedad cosmopolita
+en la que las antiguas familias romanas, lánguidas y agotadas, tratan de
+regenerarse al contacto de los jóvenes bárbaros, como Tiberio en Caprea,
+con esos baños de sangre impotentes para renovar la de sus venas.</p>
+
+<p>Ridículos esfuerzos de un mundo que no quiere morir, y grotescas
+ilusiones de un mundo que, nacido de ayer y vacilando aún en los
+pañales, pretende iluminar el universo en las orillas del Tiber como en
+la rada de Nueva York.</p>
+
+<p>En estas condiciones las personas se mezclan pero no se confunden; cada
+cual conserva sus cualidades y sus defectos, sus defectos sobre todo,
+como esos esposos desconfiados que reclaman los beneficios de la
+comunidad sin querer soportar sus cargas.</p>
+
+<p>Como esos barrios nuevos edificados apresuradamente para la
+especulación, y ya derruidos sin la patina del tiempo, la joven colonia
+americana se agrieta y se hunde como la vieja aristocracia romana, la
+cual, al menos, se armoniza con las ruinas imponentes del Coliseo y del
+Capitolio en que descansa, todavía majestuosa, como un César expirante.</p>
+
+<p>Miss Darling se destacaba en aquella sociedad ficticia por una nota muy
+personal: la sinceridad.</p>
+
+<p>Tal como era, así se mostraba, sin ningún cuidado de la opinión ni del
+efecto que pudiera producir.</p>
+
+<p>Cuando le gustaba una cosa, lo decía; y tampoco disimulaba lo que le
+inspiraba desprecio. Tenía lo que más falta en esta sociedad indecisa y
+flotante a pesar de su aplomo afectado: la solidez.</p>
+
+<p>Solidez en su ingenio, en su corazón y en su juicio, así como en su
+personilla de buena apostura, que marchaba recta a través de la multitud
+con ese aplomo tan sencillo y tan natural más dominante que la audacia.</p>
+
+<p>Su desprecio por los homenajes se los atraía más que a nadie y una
+palabra de aprobación o un gesto benévolo tenían más precio viniendo de
+ella que los más altos favores de las mujeres de moda.</p>
+
+<p>El día en que, en el curso de una conversación, declaró al señor de
+Candore que no le gustaban los jóvenes, el diplomático sintió casi
+fatuidad por sus cincuenta años.</p>
+
+<p>&mdash;¿Puedo preguntar a usted la razón de ese ostracismo, que, por
+desgracia, no se refiere a mí?&mdash;preguntó sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;Es muy sencillo; para mí, el hombre no vale más que por sus actos.
+Ahora bien, por la fuerza de las cosas y salvo excepciones, los jóvenes
+no tienen detrás de sí más que la nada y se apoyan solamente en los
+méritos paternos, que les han hecho lo poco que son. Su mérito personal,
+a pesar de su soberbia confianza en este punto, no está todavía más que
+en el estado de esperanzas, y yo espero que se digne revelarse.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! miss Darling, la juventud es también un mérito que se aprecia
+mucho, sobre todo cuando está lejos.</p>
+
+<p>&mdash;En una mujer, sí, como la belleza; pero en un hombre es cosa
+superflua. Siempre preferiré a unos cuantos belitres como sus agregados
+de embajada, príncipes del turf o reyes del cotillón, uno de esos reyes
+del petróleo de los que se ríen en Francia, pero cuya iniciativa, cuya
+actividad y cuya inteligencia alimentan millares de existencias, o un
+general viejo, como el príncipe de San Remo, que ha arriesgado veinte
+veces la suya.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es muy feo, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;Yo le encuentro guapo&mdash;declaró la joven con entusiasmo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Habrá que decírselo?</p>
+
+<p>La joven se echó a reír y dijo con más seriedad:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que la edad no importa en la cuestión. Hay octogenarios
+sin bagajes, y Mozart y Bonaparte eran ya viejos de gloria a los treinta
+años.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! señorita, ¿hay que ser Mozart o Bonaparte para encontrar gracia
+con usted?</p>
+
+<p>&mdash;No soy tan ambiciosa; no me gustan las nulidades, y nada más.</p>
+
+<p>Nadie se considera como una nulidad. Candore, en particular, tenía una
+buena opinión de sí mismo y no retuvo de esta conversación más que la
+parte halagüeña:</p>
+
+<p>La joven americana no temía la madurez.</p>
+
+<p>Raúl, desde entonces, puso una especie de coquetería en confesar su edad
+y no discutió ya con el espejo la aparición de una arruga o de una cana.</p>
+
+<p>Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del
+caballo, Raúl se dirigía lentamente a Candore pensando en la fina
+silueta del joven capitán que había visto en la ventana y que había
+causado tan linda sonrisa en los labios de miss Darling...</p>
+
+<p>¿Quién podía ser aquel muchacho?</p>
+
+<p>&mdash;Un oficial de gran mérito y del más brillante porvenir&mdash;había
+respondido Eva con un entusiasmo nada disimulado y que ensombreció un
+poco la frente del diplomático.</p>
+
+<p>Sin que pareciese que se daba cuenta de ello, la joven se había
+extendido largamente al hablar de las circunstancias novelescas de su
+encuentro en África, donde él había desplegado una admirable sangre fría
+y un raro valor para sacarla, a ella y a su tío, de las garras de una
+tribu de tuaregs en que se habían aventurado imprudentemente.</p>
+
+<p>Por muy maravillosa que fuese la historia y graciosa la narradora, no
+encantó más que medianamente los oídos del oyente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo se llamaba aquel héroe?</p>
+
+<p>&mdash;El capitán Raynal.</p>
+
+<p>&mdash;Raynal... Raynal...</p>
+
+<p>El conde buscaba en vano en el fondo de su memoria.</p>
+
+<p>Nunca Liette, bastante discreta, es cierto, ni su madre, bastante
+prolija sin embargo, le habían hablado de un pariente de ese nombre;
+creía su familia extinguida.</p>
+
+<p>Guardando para él sus reflexiones, el conde escuchaba con creciente
+irritación aquel molesto elogio del que la joven miss no le dispensaba.
+Así fue que vio con una especie de alivio la verja del castillo de
+Argicourt, donde Eva estaba de temporada en casa de unos amigos comunes.</p>
+
+<p>¡El, que se regocijaba por tal vecindad, sin haber previsto el tal
+militarcito!...</p>
+
+<p>¿De dónde diablos había salido?</p>
+
+<p>Raynal... El capitán Raynal...</p>
+
+<p>Desde su matrimonio no había sabido nada de Liette...</p>
+
+<p>La correspondencia entre ella y su antigua discípula se había ido
+acabando poco a poco, pues la una temía preguntar y la otra responder.
+Pronto la pluma se había caído de los dedos helados de la condesita, y
+el silencio se había producido.</p>
+
+<p>En sus raras apariciones por Candore, el conde, movido por una especie
+de respeto involuntario, se había abstenido siempre de pronunciar el
+nombre de la empleada, a quien, por otra parte, había casi olvidado.
+Sabía solamente por algunas palabras en el aire recogidas al azar de las
+conversaciones, que se había negado siempre a dejar su puesto,
+prefiriendo ascender en él, y Raúl lo había atribuido a un recuerdo
+halagüeño para su persona.</p>
+
+<p>&mdash;Pobre muchacha; estaba loca por mí&mdash;pensaba con indulgente fatuidad.</p>
+
+<p>Y no se ocupaba más del asunto.</p>
+
+<p>Hoy, la aparición de aquel buen mozo en la misma ventana de otro
+tiempo... turbaba sus ideas como una interrogación.</p>
+
+<p>Su nombre, sus facciones, su edad, todo era materia de suposiciones y de
+hipótesis.</p>
+
+<p>Siendo capitán y estando condecorado, debía de tener veinticinco o
+treinta años, aunque apenas los representaba.</p>
+
+<p>A primera vista se parecía a Liette, evidentemente, no en el color de
+los ojos y del cabello ni en el corte de cara, sino en la expresión.</p>
+
+<p>¿Y se llamaba Raynal?</p>
+
+<p>¿Será que?...</p>
+
+<p>El negro demonio de los malos pensamientos rozábale con su ala, y una
+sonrisa burlona respondía a las cejas fruncidas.</p>
+
+<p>¿Será que?...</p>
+
+<p>Tendría gracia...</p>
+
+<p>¡Ella, que las echaba de virtuosa!</p>
+
+<p>¿Habré yo hecho el tonto?</p>
+
+<p>El conde arrojó el cigarro sin acabar con una cólera mezclada de
+despecho.</p>
+
+<p>El amor propio, más vivaz que el amor, hacíale sentir su aguijón.</p>
+
+<p>¿Se habría burlado de él?</p>
+
+<p>¿Se le habría impuesto por una falsa dignidad y un pudor afectado, hasta
+el punto de obligarle a ofrecerle su nombre, siendo acaso indigna de él,
+y conservando la careta hasta el fin para robarle su estima y su
+respeto?</p>
+
+<p>El conde iba montando en cólera y toda una antigua levadura de celos
+retrospectivos fermentaba de repente en el fondo de su ser estragado.</p>
+
+<p>Raúl trataba de reírse.</p>
+
+<p>¡Celoso yo!... ¡Y de una cincuentona!... Vamos allá, querido, tu reloj
+retrasa...</p>
+
+<p>No, pero no quería ser engañado, y si sus sospechas eran fundadas,
+entonces...</p>
+
+<p>Entonces, ¿qué?</p>
+
+<p>¿Qué le importaba a él?</p>
+
+<p>¿Iba a insultar a una mujer, él, un noble? ¿Y por qué?</p>
+
+<p>¿A causa de aquel guapo oficial a quien sonreían las muchachas?</p>
+
+<p>&mdash;Que no se ponga en mi camino&mdash;exclamó blandiendo el látigo con una
+violencia que hizo encabritarse a su caballo.</p>
+
+<p>&mdash;Hola, sobrino... ¿Con quién diablos disputas?</p>
+
+<p>El señor Neris, apoyado en su bastón, apareció en la linde del bosque.</p>
+
+<p>El conde sujetó muy diestramente a su caballo y dijo echando pie a
+tierra:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres que volvamos juntos, tío?</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto, amigo mío.</p>
+
+<p>Púsose al brazo las riendas del caballo, penetró con su tío bajo las
+altas arboledas que rodeaban el castillo y siguió el mismo camino en que
+la pobre miss Dodson vertió tantas lágrimas veinticinco años antes.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que eres todavía un brillante jinete.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias a tus lecciones, tío. Tú fuiste quien me puso la primera vez a
+caballo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! parece que te estoy viendo todavía con mi pobre Blanca. ¡Qué
+lejos está eso, Dios mío! Y después, cuántas penas...</p>
+
+<p>Su blanca cabeza se inclinó sobre el pecho. Raúl se callaba, respetando
+aquel gran dolor.</p>
+
+<p>&mdash;Esta mañana saliste muy temprano&mdash;dijo al fin el anciano haciendo un
+esfuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, he estado en Argicourt. Había prometido a miss Darling salir con
+ella a caballo, pues su tío está lejos de valer lo que el mío en punto a
+equitación. Hemos dado un buen paseo.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre es bueno un paseo dado con una mujer guapa...</p>
+
+<p>&mdash;¿Te gusta miss Darling?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho. Es sencilla y natural; toda su persona denota una rectitud, una
+lealtad y un aplomo que no he encontrado en las demás.</p>
+
+<p>&mdash;Me hacen feliz esos elogios, pues si yo me decidiera a llenar el vacío
+de mi hogar, querría mucho tener tu aprobación.</p>
+
+<p>El octogenario se paró de repente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Piensas acaso?...</p>
+
+<p>Su voz temblaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! ¿Por qué disimularlo? Ya sabe usted si he amado tiernamente
+a la querida criatura que el cielo me arrebató muy pronto...</p>
+
+<p>&mdash;Pasemos adelante.</p>
+
+<p>&mdash;La he llorado durante veinte años y he llevado lealmente su luto.</p>
+
+<p>&mdash;Pasemos, pasemos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero al fin llega una hora en que no debe uno ya mirar detrás de sí y
+en que los minutos están contados para llenar nuestros deberes respecto
+del porvenir como respecto del pasado. Un noble no puede dejar
+extinguirse el nombre que ha recibido de sus antepasados para
+transmitírselo a sus descendientes.</p>
+
+<p>&mdash;En una palabra, quieres casarte con miss Darling...</p>
+
+<p>&mdash;Por la razón que te doy...</p>
+
+<p>&mdash;¿La permanencia de la raza? Si esa fuera la única, ¿sería necesario
+recurrir a un matrimonio aventurado?... En la vida de un hombre de
+placer como tú... y como yo, por desgracia, hay faltas de la juventud
+que corresponde reparar a la vejez...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quiere usted decir?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo derecho para ser severo... Pero si hubieras dejado detrás de
+ti algún remordimiento...</p>
+
+<p>Llegaban a un claro rodeado de hayas gigantes que el sol acribillaba con
+sus flechas de oro...</p>
+
+<p>«Acuérdate» decía el astro ardiente con sus lenguas de fuego.</p>
+
+<p>«Acuérdate» repetía el murmullo de los árboles, majestuosos testigos del
+pasado.</p>
+
+<p>«Acuérdate» arrullaban las tórtolas produciendo su nota melancólica y
+tierna en el silencio de los grandes bosques.</p>
+
+<p>Pero Raúl no se acordaba...</p>
+
+<p>&mdash;No tengo ningún remordimiento, querido tío&mdash;respondió con
+desenvoltura.</p>
+
+<p>Neris hizo un gesto vago.</p>
+
+<p>&mdash;Eres muy feliz&mdash;dijo sencillamente.</p>
+
+<p>Prodújose un momento de silencio.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, querido tío, si llegase el caso, ¿no tendría usted ninguna
+objeción seria contra miss Darling?&mdash;preguntó el conde, que no quería
+abandonar su asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene veinte años y tú has pasado de cincuenta.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo también soy como usted, tío mío, estoy construido a cal y
+canto; es una herencia del abuelo Neris que estoy lejos de despreciar.</p>
+
+<p>&mdash;En lo físico, pase aún; pero en lo moral...</p>
+
+<p>&mdash;A miss Darling no le gustan los jóvenes; me ha expuesto sus teorías
+sobre esto...</p>
+
+<p>&mdash;Encontrará entonces, acaso, que lo eres demasiado&mdash;dijo el anciano con
+ligera ironía.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, no es su opinión probable lo que yo quiero conocer, querido
+tío, sino la tuya&mdash;respondió el diplomático con alguna impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Te lo repito, amigo mío; no he encontrado comparable con miss Darling
+más que una persona.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y era, si no es indiscreción?...</p>
+
+<p>&mdash;Liette Raynal.</p>
+
+<p>Raúl se mordió los labios.</p>
+
+<p>En el estado de ánimo en que se encontraba, aquel nombre sonaba de un
+modo particularmente desagradable a su oído.</p>
+
+<p>Pero no por eso perdió la ocasión de preguntar con maña:</p>
+
+<p>&mdash;¿La institutriz de mi pobre Blanca? Sí, era una persona de
+mérito&mdash;añadió con indiferencia.&mdash;¿Qué ha sido de ella?</p>
+
+<p>&mdash;Sigue en Candore.</p>
+
+<p>&mdash;¿Empleada de Correos?</p>
+
+<p>&mdash;Empleada de Correos.</p>
+
+<p>&mdash;Por cierto que he creído ver una figura nueva al pasar por delante de
+la oficina; un militar...</p>
+
+<p>&mdash;Es su hijo adoptivo... un pariente... el capitán Raynal.</p>
+
+<p>El conde de Candore hizo sonar la lengua con expresión de duda.</p>
+
+<p>&mdash;¿Crees tú en los hijos adoptivos, tío?</p>
+
+<p>El anciano respondió con cierto dejo de severidad:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sobrino, como en los hijos abandonados.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Liette estaba en su estrecha oficina viendo, como en el día lejano de su
+llegada al pueblo, desfilar todo el mundo por delante del ventanillo;
+pero la curiosidad no era para ella, y, en lugar del irritante malestar
+de otro tiempo, Liette sentía ahora una dulce satisfacción de orgullo
+maternal al oír los saludos al joven capitán de los viejos y viejas que
+le habían conocido niño.</p>
+
+<p>El joven respondía con cordialidad, tratando de conocer en las jóvenes
+que salían de las vísperas y en los mozos que emprendían partidas de
+pelota o se iban a tirar al arco a los chicuelos dejados en el pueblo y
+a quienes se asombraba de encontrar cambiados como él. Y al volver los
+ojos al modesto interior, lo mismo la fría oficina que el salón de
+elegancias pasadas de moda, el capitán encontraba con placer infantil
+todos los muebles y todos los objetos familiares, todo, hasta el pobre
+Breal, primer compañero de sus juegos, disecado en memoria suya.</p>
+
+<p>Nada había cambiado en aquel cuadro anticuado y envejecido, en el que
+sólo él no se reconocía cuando el espejo le enviaba la sombra de sus
+bigotes, justamente encima de su retrato con falda corta y con un tambor
+a sus pies.</p>
+
+<p>Nada había cambiado, y la misma tía Liette, recta y menuda con su traje
+sencillo de lana, con su bello perfil de camafeo bajo el cabello apenas
+encanecido en las sienes y su mirada límpida que reflejaba la serenidad
+de su alma, la misma tía Liette había envejecido tan poco, que al
+preguntarle de repente Carlos:</p>
+
+<p>&mdash;Tía Liette ¿cuándo vas a pedir tu jubilación?</p>
+
+<p>La empleada respondió prorrumpiendo en una carcajada llena de juventud.</p>
+
+<p>&mdash;¿Mi jubilación? Gracias a Dios, amigo mío, estoy todavía fuerte y
+espero evitar durante algunos años el ser arrinconada.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda... Pero es precisamente por eso... Estás joven y activa... No
+temes los viajes... Y, por otra parte, eres hija y madre de soldado...</p>
+
+<p>&mdash;Explícate...</p>
+
+<p>&mdash;Oye. Quisiera tenerte más cerca de mí, tía Liette; mi sueldo bastaría
+para los dos... Quisiera que me siguieses a mis lejanas guarniciones
+como en otro tiempo a tu padre. Quisiera no tener sólo presente la
+imagen del hogar que has creado al huérfano, sino ese hogar mismo y la
+que es su alma. ¿No te gustaría volver a ver aquella tierra de África en
+que diste los primeros pasos?</p>
+
+<p>Liette sonrió, dulcemente conmovida por esta delicadeza filial.</p>
+
+<p>&mdash;Eres bueno y tierno, hijo mío, al pensar en mi soledad más aún que en
+la tuya; pero a mi edad no se rompen las costumbres de veinticinco
+años. Me atan a esta pobre aldea muchas cosas de las que no se llevan en
+la suela de los zapatos. En rigor, pudiera arrastrar conmigo tu cuna
+como las pobres «reliquias» de mi madre, pero no su tumba; y cuando se
+baja la cuesta de los cincuenta años los muertos atraen más aún que los
+vivos.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias a Dios, tía Liette, como decías hace un momento, estás buena y
+sana, y yo, que no vivo con mis recuerdos, desearía otra compañía.</p>
+
+<p>&mdash;«No es bueno que el hombre esté solo», luego tu deseo es muy legítimo;
+pero no es una vieja como yo la que debe llenar el vacío de tu casa y de
+tu corazón... Necesitas una joven y linda compañera y hermosos hijos...</p>
+
+<p>&mdash;De los que tú serás abuela.</p>
+
+<p>&mdash;Es un papel que me gustará mucho, y quizá entonces pediré mi
+jubilación para estudiarle con descanso... pero no antes.</p>
+
+<p>El joven se retorció el bigote con expresión distraída y su mirada vaga
+pareció buscar en el espacio una silueta fugitiva.</p>
+
+<p>La tía Liette le observaba como al descuido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está en camino, Carlos?&mdash;preguntó maliciosamente.</p>
+
+<p>&mdash;No, todavía está en las nubes.</p>
+
+<p>Y con una risa un poco forzada para ocultar su confusión, el joven dio
+un sonoro beso en la frente de la empleada.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que no es todavía esta vez cuando te llevo conmigo, tía
+Liette...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! mal muchacho, ¿quieres llevarte a mi vecina?</p>
+
+<p>Y el señor Hardoin que entraba le amenazaba alegremente con el dedo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, padrino, y a usted también si quiere.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! si no dependiera más que de mí, daría con gusto la vuelta al
+mundo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Dejar el despacho? ¿Usted? ¡Imposible! Apuesto a que es el miedo del
+viaje de novios lo que le ha impedido a usted casarse.</p>
+
+<p>&mdash;No se burle usted, mi capitán; no se es siempre soltero por gusto.</p>
+
+<p>Y con un suspiro de los más elocuentes, echó una mirada de reproche a la
+tía Liette, que se sonreía a medias.</p>
+
+<p>Después recostándose en una butaca y levantándose las gafas por la
+frente para mirar más a sus anchas las facciones varoniles del joven
+oficial, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, señor misterioso, ¿tienes la intención de hacerme
+redactar tu contrato?</p>
+
+<p>&mdash;¿Yo? ¡Qué disparate!</p>
+
+<p>&mdash;No encontrarías dificultades... No eran las siete de la mañana cuando
+el tío Griel, un ladino que tiene la costumbre de tratar los negocios
+al salir de la cama, vino a consultarme sobre la venta de su prado de
+Ognolles y me insinuó de paso que piensa dar a su hija cien mil francos
+de dote... y que la chica no detesta a los militares...</p>
+
+<p>&mdash;¿La pequeña Irma, que tenía las manos tan rojas y la deplorable
+costumbre de pisar los moñigos de vaca?</p>
+
+<p>&mdash;La pequeña Irma es ahora una joven que vuelve de Santa Clotilde con
+todos los diplomas y tan hecha a las buenas maneras, que desprecia
+soberanamente a los aldeanos, empezando por el bueno de su padre.</p>
+
+<p>&mdash;Prefiero, entonces, la antigua Irma.</p>
+
+<p>&mdash;El recaudador, por su parte, ha venido a tomar conmigo el vino blanco,
+menos por mi bodega que por su sobrina, cuyos méritos me ha ponderado
+durante la misa... Tienen que contar...</p>
+
+<p>&mdash;Clarita... ¿No la pusieron de largo cuando yo estrené mis primeros
+calzones?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero los años de campaña se cuentan dobles y ella ha conservado la
+frescura de su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Pongamos que estoy demasiado bronceado para ella, y no hablemos más
+del asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no eres poco difícil...</p>
+
+<p>&mdash;¿No hay nada más?&mdash;preguntó la tía Liette muy divertida.</p>
+
+<p>&mdash;Como pasos oficiales, no hay más, y ya es bastante... Pero he recibido
+otras dos visitas, la una muy simpática... y la otra un poco menos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuáles?</p>
+
+<p>&mdash;Eso, joven, es el secreto profesional. Busca y encontrarás. ¿Quién
+puede quererte bien?</p>
+
+<p>&mdash;¿Y mal?&mdash;preguntó con inquietud Liette, a quien el notario respondió
+con una señal imperceptible.</p>
+
+<p>La empleada, impaciente por saber, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Oye, Carlos, debías hacer una visita al señor cura para presentarle
+tus respetos y tu cruz...</p>
+
+<p>&mdash;Comprendido... A las órdenes de usted, mi comandante.</p>
+
+<p>Y dando un beso a su madre adoptiva, le dijo al oído:</p>
+
+<p>&mdash;Apuesto a que para ti no habrá secreto profesional.</p>
+
+<p>Un instante después atravesaba la plaza con paso diligente e iba a
+llamar a casa del cura con gran admiración de los muchachos.</p>
+
+<p>Liette, que le había seguido con tierna mirada, se volvió entonces hacia
+el notario.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hay?&mdash;le preguntó sin otro preámbulo.</p>
+
+<p>&mdash;En primer lugar, cierto señor Darling, tío y tutor de una riquísima
+americana, actualmente en el castillo de Argicourt, y que parece querer
+muy bien a nuestro africano, a quien encontró en el curso de un viaje a
+Argelia, donde les prestó un señalado servicio...</p>
+
+<p>&mdash;Y además...</p>
+
+<p>&mdash;Además el conde de Candore, apasionado de la joven miss y a quien los
+laureles del capitán Raynal impiden dormir.</p>
+
+<p>Liette se puso la mano en la frente cargada de pensamientos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Le ha preguntado a usted sobre Carlos?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, indirectamente y con cierta acritud, no se lo disimulo a usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted, ¿qué le respondió?</p>
+
+<p>&mdash;Nada o poco más; y se marchó muy contrariado.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí tiene usted una complicación imprevista, amigo mío. Siento que
+Carlos esté aquí. Pero no importa; si se trata de su dicha, yo sabré
+defenderle.</p>
+
+<p>&mdash;Le defenderemos&mdash;rectificó calurosamente el digno notario.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Cuando Carlos volvió encontró a su madre adoptiva ligeramente
+preocupada. Una nube fugitiva que se ponía algunas veces en sus
+tranquilas facciones obscurecía el brillo de sus bellos ojos,
+tiernamente fijos en él y en los que se leía una vaga alarma.</p>
+
+<p>&mdash;Una carta para ti&mdash;dijo dándole un sobre blasonado.</p>
+
+<p>El joven la abrió y la leyó rápidamente.</p>
+
+<p>&mdash;Es una invitación del señor de Argicourt para un Rally-paper, el
+sábado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Vas a ir?</p>
+
+<p>Carlos vaciló un momento.</p>
+
+<p>&mdash;No, tía Liette; mi licencia es corta, y quiero dedicártela entera.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo no quiero ser egoísta y privarte de los placeres de tu edad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué buena eres!</p>
+
+<p>&mdash;No es más sino que te quiero mucho.</p>
+
+<p>Carlos la contempló con enternecimiento.</p>
+
+<p>¡Oh! sí, la tía Liette le amaba... ¡Y él a ella!</p>
+
+<p>A aquella hora la oficina estaba cerrada, y libres de importunos, ambos
+gozaban de la intimidad del reposo dominical que adormecía al humilde
+pueblo. Sentado enfrente de ella en el saloncillo ajado y delante del
+almohadón en que Liette acababa de poner su cesto de labor, Carlos se
+creía vuelto a la niñez y una sensación de exquisita dulzura penetraba
+en su ser.</p>
+
+<p>&mdash;Siempre te veo el mismo bordado, tía Liette. ¿Haces acaso lo que
+Penélope?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor burlón, no es la misma; pero no varío ni el dibujo ni los
+colores, y de este modo me parece que no envejezco y creo que vas a
+jugar con los ovillos o a ayudarme a devanar las madejas.</p>
+
+<p>&mdash;Y soy todavía muy capaz. Prueba.</p>
+
+<p>&mdash;No, ahora eres demasiado alto.</p>
+
+<p>&mdash;Puedo bajarme.</p>
+
+<p>Y se puso de rodillas con las manos extendidas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Loco!&mdash;dijo Liette, divertida y feliz, arrojándole un ovillo de
+lana...</p>
+
+<p>Y mientras buscaba el nudo, le dijo insistiendo afectuosamente:</p>
+
+<p>&mdash;¿Irás a Argicourt?</p>
+
+<p>&mdash;Conozco muy poco a los dueños.</p>
+
+<p>&mdash;¿No ha sido el barón tu camarada?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, pero en el regimiento se borran las distancias, y, rico o pobre,
+un oficial vale lo que otro... mientras que hoy el señor de Argicourt
+vive en sus tierras, rico y casado... con una extranjera según creo...</p>
+
+<p>&mdash;Una americana del Norte...</p>
+
+<p>&mdash;Que le ha hecho presentar la dimisión... Viven muy en grande según
+parece...</p>
+
+<p>&mdash;Hacen la vida que exige su clase y la fortuna de su mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, él no tenía más que su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Ya es algo&mdash;respondió Liette con melancolía.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te parece, tía Liette, sin hablar mal de nadie, que es un poco
+humillante para un hombre el debérselo todo a su mujer?</p>
+
+<p>El joven esperó la respuesta con un poco de ansiedad. Era tanta su
+deferencia por el juicio de aquella guía segura e impecable, que una
+palabra de su boca le parecía una sentencia sin apelación. Así fue que
+sintió una especie de alivio cuando ella le respondió con indulgencia:</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué? Cuando no hay cálculo en ninguna de las dos partes, el
+corazón no conoce las balanzas. El que ama verdaderamente se da sin
+contar, y para las almas bien nacidas, el que da es todavía más obligado
+que el que recibe.</p>
+
+<p>&mdash;Todo el mundo no lo juzga así...</p>
+
+<p>&mdash;Todo el mundo no es perfecto y juzga con frecuencia a los demás según
+él mismo. Para mí es rebajarse el suponer gratuitamente una bajeza.</p>
+
+<p>&mdash;Puede uno fiarse de ti en materia de honor, tía Liette. Sin embargo,
+yo preferiría una mujer que tuviese menos que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Es un escrúpulo honroso, pero un poco pueril, y la cuenta sería
+difícil de establecer. ¿En cuánto estimas tu cruz?</p>
+
+<p>Carlos se calló, vencido y contento.</p>
+
+<p>La madeja estaba devanada, pero el joven permanecía a los pies de su
+madre adoptiva, apoyado en su butaca como cuando siendo pequeño, venía a
+que le hiciera mimos. Liette, tiernamente maternal, jugaba
+distraídamente con los dorados del uniforme.</p>
+
+<p>&mdash;Decididamente, ¿irás a Argicourt? ¿Te da miedo la linda castellana?</p>
+
+<p>&mdash;No, no es eso, tía Liette; pero, francamente, me sería desagradable el
+ir a una casa donde tú no estás invitada...</p>
+
+<p>&mdash;Tienes todas las delicadezas, hijo mío; pero yo no soy tu madre...</p>
+
+<p>&mdash;Eres más todavía...</p>
+
+<p>&mdash;No es lo mismo. Sólo la maternidad crea un lazo indisoluble y sagrado;
+el nuestro se puede desatar por mutuo consentimiento, sin indiferencia
+por mi parte ni ingratitud por la tuya.</p>
+
+<p>&mdash;Jamás, tía Liette, y me das mucha pena al iniciar solamente tal idea.</p>
+
+<p>&mdash;No es esa mi intención, pero pudieran presentarse unas circunstancias
+en las que no debiéramos ser obstáculo el uno para el otro... un
+matrimonio, por ejemplo. Recuerda que eres libre, como yo también lo
+soy.</p>
+
+<p>&mdash;¡En seguida! Yo no te permitiría casarte sin mi consentimiento, aunque
+fuera con mi querido padrino...</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, soy más generosa que tú, y, llegado el caso, no llevarías
+una suegra en tu equipo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te declaro que no me casaría jamás con una mujer que no te
+venerase como a su madre.</p>
+
+<p>En este instante pasaron por la calle dos sombrillas en el fondo de una
+carretela, como un relámpago azul y rosa.</p>
+
+<p>Un momento después se abrió la puerta y apareció en el umbral una
+graciosa aparición haciendo el saludo militar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenos días, mi capitán!</p>
+
+<p>&mdash;¡Miss Darling!&mdash;exclamó vivamente el joven levantándose de un salto.</p>
+
+<p>&mdash;¡La señora de Argicourt!&mdash;dijo la tía Liette dirigiéndose a la segunda
+visitante.</p>
+
+<p>&mdash;Que pide a usted perdón por venir a sorprenderla de este modo; pero
+esta aturdida de Eva, mi más querida amiga, tenía empeño en serle a
+usted presentada.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho&mdash;apoyó claramente la aludida;&mdash;me han dicho muchas veces que me
+parecía a la tía Liette, e ignoraba si esto era un cumplimiento... Veo
+que lo es.</p>
+
+<p>Y poniendo en este homenaje un respeto profundo que corregía su tono
+atrevido, la joven se inclinó delante de Liette conquistada y encantada.</p>
+
+<p>&mdash;Puesto que está hecho el conocimiento por este lado, permítame usted
+que le presente a mi vez el capitán Raynal, señora baronesa&mdash;dijo la
+empleada dirigiendo una amable sonrisa a la linda niña.</p>
+
+<p>&mdash;Sin habernos encontrado todavía, somos antiguos amigos, capitán&mdash;dijo
+la baronesa sentándose donde él le indicaba;&mdash;mi marido me ha hablado
+con frecuencia de usted como de uno de sus mejores amigos, y miss
+Darling ha apoyado aún sus elogios.</p>
+
+<p>&mdash;Naturalmente, no puedo hablar mal de mi salvador. ¿No le ha contado a
+usted el caso, tía Liette?</p>
+
+<p>&mdash;No valía la pena.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted muy modesto... Eso prueba que aprecia usted menos que yo la
+existencia, que yo tengo la debilidad de querer conservar... Figúrese
+usted, señorita, que mi tío y yo estábamos cautivos de una tribu de
+tuaregs... ¿Conoce usted a esa gente?... mucho color local... pero de
+relaciones poco sociables... Afortunadamente, el capitán, de vuelta de
+una expedición al Sur, supo por sus emisarios nuestra triste posición,
+y, sin importarle nuestra nacionalidad, lo que fue enteramente amable,
+consiguió librarnos con un puñado de bravos y nos ofreció una
+hospitalidad... francesa en su blockhaus. Pero, ¡ay! en la Argelia como
+en América, los blockhaus están hechos para ser bloqueados, y, al día
+siguiente, cayó sobre nosotros una nube de tuaregs como los saltamontes
+del desierto, ejecutando en nuestro honor un brillante tiroteo.
+Seguíamos estando prisioneros, aunque en mejor compañía.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! lo que es eso... Mi destacamento estaba compuesto de demonios
+casi tan negros como los que nos asediaban. Figúrate aquello, tía
+Liette.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso. Usted los calumnia; eran buenos muchachos y no sabían qué
+hacer para complacerme.</p>
+
+<p>&mdash;Es que la presencia de usted los metamorfoseaba...</p>
+
+<p>&mdash;No como Circe entonces.</p>
+
+<p>&mdash;En una palabra, me encontraba en la situación novelesca, pero poco
+envidiable de las heroínas de Cooper, quitando la peladura... Y lo peor
+era que las provisiones eran limitadas y nosotros aumentábamos el número
+de bocas... A todo esto, el tío Dick, que se queja siempre de no tener
+apetito, lo tenía feroz en aquellos momentos. Así fue que para evitar el
+ser expulsados como bocas inútiles, nos ofrecimos a hacer fuego para
+cooperar a la defensa. Y aquí tiene usted cómo he servido a las órdenes
+del capitán Raynal y merecido ser comparada con la tía Liette, lo que me
+halaga mucho, hoy sobre todo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y si hubieras visto qué valentía y qué buen humor, tía Liette! Los
+socorros se hacían esperar, y la desanimación, hermana del fastidio,
+hubiera acaso hecho estragos en mis hombres. Pero miss Darling les
+vertía su alegría como champagne, y organizaba conciertos y
+representaciones...</p>
+
+<p>&mdash;¿Recuerda usted al tío Dick ensayando el «Yankee Doodle» en la
+corneta?</p>
+
+<p>&mdash;¡Y qué hermana de la caridad consolando a los moribundos, curando a
+los heridos!... Cuando yo mismo estuve fuera de combate...</p>
+
+<p>&mdash;¡No me lo habías dicho!</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! un arañazo... Su influencia mantuvo mejor la disciplina entre
+aquellos hombres groseros y violentos mejor que las reprimendas de los
+oficiales, y remontó tan bien su moral, que cuando llegó la columna
+libertadora, los pobres diablos, que tenían el vientre vacío hacía
+veinticuatro horas, estaban aprendiendo... la bamboula bajo su alta
+dirección.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! se hace lo que se puede. Pagué mi escote de ese modo.</p>
+
+<p>&mdash;También pagó usted en moneda de plomo. ¡Los moritos que dejó usted
+caer!...</p>
+
+<p>&mdash;La verdad es que podrías alistarte en los rifles-women, Eva. ¡Cómo
+debes de despreciar nuestras cacerías de papelitos!</p>
+
+<p>&mdash;Al contrario; prefiero esa caza a cualquiera otra. El defenderse está
+bien; pero matar sin necesidad... y sin riesgos... Sobre todo a
+inofensivas perdices... ¡Pobres animalitos!</p>
+
+<p>Fue esto dicho sencillamente y sin falsa sensibilidad, de tal modo que
+Liette, tan sencilla y tan natural, quedó enamorada de aquella
+naturaleza tan igual a la suya.</p>
+
+<p>Carlos leyó en sus ojos esa muda aprobación y sintió una viva alegría.</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué amable ha sido usted viniendo a vernos!&mdash;dijo a la joven con un
+impulso irresistible.</p>
+
+<p>&mdash;Tenía mucho deseo de conocer a su tía de usted.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se la figuraba usted así?</p>
+
+<p>&mdash;No mucho. Como dijo no sé qué personaje de comedia, «una tía es
+generalmente una mujer de edad», y la de usted ni siquiera gasta
+anteojos...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no tardaré en gastarlos, miss Darling; mis ojos se van&mdash;protestó
+alegremente Liette, que, mientras hablaba con la condesa de Argicourt,
+había oído las últimas palabras de aquel aparte.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no los oídos&mdash;observó maliciosamente la joven americana.&mdash;La
+verdad es que me representaba a «la tía Liette» como una viejecita
+arrugada y canosa de cincuenta años lo menos.</p>
+
+<p>&mdash;Los cumplo el domingo; hasta entonces ya me hará usted crédito.</p>
+
+<p>Todos se rieron, y aquellas señoras se levantaron para despedirse.</p>
+
+<p>&mdash;¿Decididamente no quiere usted ser de los nuestros?&mdash;preguntó la
+castellana con mucha amabilidad a Liette.</p>
+
+<p>&mdash;Imposible, señora; pero agradezco a usted mucho su amable invitación.</p>
+
+<p>&mdash;En todo caso, contamos con usted, capitán; a mi marido le encantará
+recordar con usted los buenos tiempos, como él llama a aquellos en que
+estaba soltero.</p>
+
+<p>&mdash;Muy amable para ti, mi pobre Jenny.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene cuidado de añadir que echa de menos, no el celibato, sino el
+uniforme...</p>
+
+<p>&mdash;Eso lo comprendo. ¿Por qué le has hecho presentar la dimisión?</p>
+
+<p>&mdash;¿Querías que fuese siguiéndole de guarnición en guarnición?</p>
+
+<p>&mdash;¡Vaya una desgracia! «Para tomar mujer no se reniega de la madre»,
+decía Napoleón; se puede muy bien ser buen marido y buen soldado.
+¿Verdad, tía Liette? ¡Anda! ahora llamo a usted también yo tía Liette...
+Dispénseme usted, señorita, y permítame darle un beso sin embargo...</p>
+
+<p>Una graciosa sonrisa bajo la sombrilla rosa; un saludo militar bajo la
+sombrilla blanca, y el carruaje desaparece en una nube de polvo.</p>
+
+<p>Carlos vuelve al saloncillo, y le parece obscuro, vacío y frío.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, la tía Liette sigue allí, en su butaca.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Las circunstancias poco ordinarias en que Carlos y Eva se habían
+conocido en África, eran de esas que crean en una semana una intimidad
+de veinte años.</p>
+
+<p>Ya, hacía algún tiempo, habían balsado juntos en un baile del
+gobernador; pero en el mundo oficial y en la trivialidad de las frases
+de salón, «se habían cruzado sin verse», según el refrán melancólico,
+secreto de tantos destinos fracasados.</p>
+
+<p>Por el contrario, en el estrecho Blockhaus que podía ser su tumba, en el
+roce diario de la vida común, que hace resquebrajarse tan pronto el
+barniz mundano que oculta tantas macas y a veces tan preciosas
+cualidades, habían aprendido a conocerse, a estimarse... y quizá no se
+habían quedado en eso.</p>
+
+<p>Diga lo que quiera Augier, las desdichas, más que la prosperidad, son la
+piedra de toque del verdadero mérito. El peligro y la angustia
+compartidos pueden más que las conveniencias sociales y ponen a cada uno
+en su lugar.</p>
+
+<p>La rica americana y el joven oficial no podían menos de ganar en ese
+contacto con las duras realidades de la existencia. Ni el uno ni el otro
+habían seguramente conservado una impresión desfavorable de su primer
+encuentro, pero era una impresión vaga, fugitiva, efímera, la duración
+de un vals; mientras que en aquellas horas de angustia suprema, cada una
+de las cuales podía ser la última, sus almas no temían mostrarse al
+desnudo.</p>
+
+<p>Carlos había podido admirar la valentía, la sangre fría y la sonriente
+resignación de aquella niña mimada de la suerte y de la fortuna,
+amenazada a los veinte años de dar un eterno adiós a todos los goces
+que le estaban prometidos.</p>
+
+<p>Ella, por su parte, había podido apreciar el carácter caballeresco, la
+pronta decisión y la viril energía de aquel joven jefe encerrado en
+aquel precario abrigo con un puñado de forajidos, en quienes hacía
+vibrar las cuerdas dormidas del patriotismo, del heroísmo y del honor
+por la fuerza del ejemplo.</p>
+
+<p>Lo que no era siempre fácil.</p>
+
+<p>Un tal Ragasse, una de las malas cabezas del destacamento, hongo
+venenoso del lodo parisiense, de aspecto burlón, acento provocador y
+lenguaje de barrios bajos, acribillado de castigos hasta no saber qué
+hacer de ellos, y, por esto mismo, de una profunda indiferencia respecto
+del particular, causaba la desesperación de sus superiores y les
+producía serias inquietudes por su perniciosa influencia sobre sus
+camaradas. Fatuo y presuntuoso además, el tunante no ocultaba su grosera
+admiración por miss Darling, a la que asestaba miradas lánguidas, dignas
+de un tenor de Belleville, y el capitán había tenido que amenazarle más
+de una vez con el cepo.</p>
+
+<p>Ragasse, pues, le había consagrado un odio astuto que no esperaba más
+que la ocasión de estallar...</p>
+
+<p>Una noche, pasando por delante del dormitorio, Carlos le oyó pronunciar
+claramente estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;El capitán las echa de guapo para deslumbrar a la chiquilla; pero es
+para mí; y si quiere andarse en chanzas le corto el pescuezo en menos
+que canta un gallo.</p>
+
+<p>Una oleada de cólera le subió al cerebro, y el joven oficial abrió de
+repente la puerta...</p>
+
+<p>Aterrados por esta aparición, los soldados agrupados alrededor del
+orador hicieron un vago movimiento de retroceso; solamente aquél, con
+expresión burlona y actitud provocadora, sostuvo sin pestañear la mirada
+de su jefe...</p>
+
+<p>¿Qué hacer?</p>
+
+<p>Nada tenía influencia en aquellas cabezas de hierro.</p>
+
+<p>Castigarle, hubiera sido arriesgar algún motín, y nada más.</p>
+
+<p>Pero la debilidad hubiera producido un efecto todavía más deplorable.</p>
+
+<p>Si creían meterle miedo, la insolencia de aquellos miserables no tendría
+ya límites.</p>
+
+<p>Esta vacilación no duró más que un relámpago.</p>
+
+<p>&mdash;Un hombre de buena voluntad para una misión peligrosa&mdash;dijo Carlos muy
+tranquilo.</p>
+
+<p>Todos dieron un paso adelante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ragasse!&mdash;gritó el capitán en tono breve.</p>
+
+<p>&mdash;Presente.</p>
+
+<p>&mdash;Sígame usted.</p>
+
+<p>Su resolución estaba tomada. Había que impresionar la moral de aquellos
+seres degradados, pero susceptibles de ideas generosas. Espíritus y
+cuerpos indomables, era preciso hablar a sus corazones.</p>
+
+<p>Ragasse, sin darse prisa, bajó contoneándose con las manos en los
+bolsillos.</p>
+
+<p>&mdash;Si estaba detrás de la puerta&mdash;dijo con malicia,&mdash;no le disgustará
+desembarazarse de mí...</p>
+
+<p>Y escuchó con expresión provocadora sus instrucciones.</p>
+
+<p>Tratábase de ir a recoger cartuchos, que empezaban a faltar, de los
+muertos del día, no recogidos aún por los árabes.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien; allá voy. ¿Dónde está el saco?</p>
+
+<p>Y se lo echó a la espalda, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Esto me recuerda cuando iba a robar alcachofas a la llanura de
+Saint-Denis...</p>
+
+<p>El capitán hizo formar el círculo.</p>
+
+<p>&mdash;Si el soldado Ragasse vuelve sano y salvo, todos sus castigos serán
+levantados; si muere, su nombre será citado en la orden del día.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bueno!&mdash;murmuró el soldado,&mdash;esa orden del día le gustará a él más
+que a mí.</p>
+
+<p>&mdash;Si yo no vuelvo, el teniente Donnet tomará el mando&mdash;añadió Carlos.</p>
+
+<p>Ragasse se detuvo sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi capitán!... ¿Viene usted también?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no?&mdash;respondió Carlos sencillamente fijando en él su clara
+mirada.</p>
+
+<p>Y pasando el primero, salió por la poterna sin volver la cabeza.</p>
+
+<p>El otro le siguió como un perro.</p>
+
+<p>Si le había oído, era valiente lo que hacía el capitán...</p>
+
+<p>¡Salir tranquilamente así, delante de su fusil!... No tenía más que
+apretar el gatillo... No había nadie... Nada que temer... Los árabes
+tenían buena espalda.</p>
+
+<p>Verdaderamente era tentar al diablo... El golpe era fácil... demasiado
+fácil...</p>
+
+<p>Pero no, no tan fácil como parecía... Aunque hubiera querido, su mano
+crispada no hubiera obedecido a su voluntad impotente.</p>
+
+<p>En vano trataba de avivar su rencor y de mascullar sus malas voluntades;
+no podía herir a aquel hombre a quien odiaba, pero que se fiaba así de
+su lealtad...</p>
+
+<p>Y humillado y furioso decía con rabia:</p>
+
+<p>&mdash;¡No puedo!...</p>
+
+<p>De repente tropezó en un cadáver; habían llegado al sitio del combate.</p>
+
+<p>&mdash;Llene usted el saco&mdash;dijo el oficial.</p>
+
+<p>En la sombra opaca su fina silueta se destacaba más sombría todavía;
+inmóvil y sondando el horizonte tenebroso, no se ocupaba siquiera de su
+compañero, que se daba prisa para acabar su lúgubre tarea...</p>
+
+<p>De pronto, un relámpago desgarró la obscuridad.</p>
+
+<p>Ragasse dio un salto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Mi capitán! ¿No está usted herido?</p>
+
+<p>&mdash;No, tiene que volver a empezar&mdash;respondió Carlos tranquilamente.</p>
+
+<p>Sonó otra detonación tan cerca del soldado, que éste balbució aterrado:</p>
+
+<p>&mdash;Mi capitán, le juro a usted que no he sido yo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Naturalmente!... ¿Se ha acabado?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, mi capitán.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, en retirada; de prisa.</p>
+
+<p>Dieron unos cuantos pasos.</p>
+
+<p>Hacia la izquierda sonó otra detonación.</p>
+
+<p>Carlos cayó al suelo.</p>
+
+<p>Ragasse se había detenido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ha pescado usted algo, mi capitán?&mdash;preguntó ansioso mientras se
+elevaba del campamento un sordo rumor y unas sombras se agitaban en la
+sombra como arenas movibles.</p>
+
+<p>&mdash;Una bala en la pantorrilla. Huye, muchacho; me han hecho mi negocio
+sin que tú hayas intervenido.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! mi capitán... mi capitán...</p>
+
+<p>Sofocado y anheloso, el pobre diablo hubiera querido echarse a los pies
+de su jefe, pero no era aquel el momento, y, sin más tardanzas ni
+protestas ociosas, le cogió en sus vigorosos brazos y se le llevó
+corriendo hasta el Blockhaus, al que llegó jadeando y no sin sufrir una
+descarga general.</p>
+
+<p>Carlos estaba salvado.</p>
+
+<p>Ragasse domado.</p>
+
+<p>Y cuando Eva, hermana de la caridad improvisada, estaba curando al uno y
+felicitando al otro, el capitán dijo con bondad:</p>
+
+<p>&mdash;Es más fácil ser un héroe que un asesino, ¿verdad, Ragasse?</p>
+
+<p>Desde entonces no tuvo auxiliar más adicto, ni miss Darling perro más
+fiel.</p>
+
+<p>Era que también en ella realizaba la adversidad su obra saludable; la
+joven aprendía a considerar como hombres a aquellos desgraciados,
+escoria de la sociedad, pero en los que brillaba aún la chispa divina
+debajo de las cenizas.</p>
+
+<p>Tan compasiva y dulce como valiente, tenía para todos la piedad que
+consuela y la palabra que levanta, tal como el «Eloa» del poeta cuya
+radiante caridad no se detiene en las puertas del infierno.</p>
+
+<p>Por eso tenían todos por ella una admiración que sólo podía compararse
+con su respeto. El día en que fueron libertados y tuvieron que
+separarse, todos lloraban, y ni el perdón general de los castigos
+concedido a su petición, ni las liberales promesas del tío Dick, ni la
+distribución de vino, de tabaco y dólares lograron consolarlos.</p>
+
+<p>Entonces, viendo su pena, la joven miss tuvo una delicada inspiración.</p>
+
+<p>&mdash;Si fuese yo una reina de otros tiempos, querría condecorar a todos mis
+bravos defensores... No soy más que una hija de la libre América, pero
+os pido que llevéis sus colores en memoria mía.</p>
+
+<p>Y con encantadora amabilidad, empezando por el último soldado y acabando
+por el capitán, les distribuyó la cinta azul sembrada de estrellas, un
+poco ajada, que adornaba su traje.</p>
+
+<p>A consecuencia de aquella acción, el capitán Raynal fue propuesto para
+la cinta roja... Pero él no pudo olvidar la cinta azul.</p>
+
+<p class="top5">La tía Liette no había vuelto a preguntar a Carlos si iría a Argicourt.</p>
+
+<p>Pero, el sábado por la mañana encontró al despertarse su mejor uniforme
+cuidadosamente cepillado, sus botas bien embetunadas y la camisa más
+fina preparada al pie de la cama, como por el asistente más meticuloso.</p>
+
+<p>Y el joven se quedó encantado.</p>
+
+<p>¡Querida tía Liette!</p>
+
+<p>Su tía había sido muy amable ahorrándole las preguntas ociosas y
+explicaciones inútiles sobre su cambio de parecer, justificado por el
+amable paso de aquellas señoras y por la doble invitación que salvaba
+las inconveniencias.</p>
+
+<p>Ante aquella muestra de deferencia para su madre adoptiva, no podía ya
+Carlos ser más realista que el rey ni había ninguna razón para hacer el
+salvaje.</p>
+
+<p>Mientras silbaba una marcha militar, se puso a vestirse con una especie
+de compunción, meditando sobre una arruga del dormán como si se tratase
+de un asunto de importancia, contrariado por una gota de agua que
+alteraba el lustre inmaculado de las botas y afilando dos veces la
+navaja de afeitar para más seguridad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está contento mi coronel?&mdash;decíale su tía.</p>
+
+<p>Liette pasaba largamente la inspección y se detenía en los menores
+detalles, muy orgullosa de aquel guapo oficial que era su hijo de
+elección.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy, que no necesitas atenerte a la ordenanza, quiero hacerte un
+regalo&mdash;le dijo.</p>
+
+<p>De la cómoda estilo Imperio en que dormían las reliquias del pasado,
+sacó un estuche con las iniciales G. R. que contenía una cruz minúscula
+que era una verdadera joya artística.</p>
+
+<p>Este fue el regalo de novio de mi pobre madre a mi querido papá, que
+acababa de ser condecorado. Era para mí un recuerdo doblemente precioso,
+y espero que será para ti un amuleto que te dará la felicidad.</p>
+
+<p>Mientras ella le prendía la cruz al uniforme, Carlos, conmovido por
+aquel pensamiento delicado que le unía más estrechamente aún a su
+familia de adopción, atrajo hacia la suya aquella querida cara.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! tía Liette, ¿cómo agradeceré jamás lo que has hecho por mí?...</p>
+
+<p>&mdash;Siendo feliz, hijo mío&mdash;respondió Liette con una sonrisa tiernamente
+maternal.</p>
+
+<p>Sí, era feliz, lo era más de lo que él mismo hubiera podido decir
+mientras el break que había ido a buscarle, a él y a otros convidados,
+rodaba hacia Argicourt.</p>
+
+<p>En primer lugar, adoraba el Rally-paper, una cacería tan divertida, en
+la que la caza no da distracciones. Además el barón era un excelente
+camarada, sencillo, cordial y de una amabilidad perfecta. Su mujer era
+perfecta y él pasaría un día delicioso.</p>
+
+<p>¿Un día?</p>
+
+<p>Digamos el día, el solo, el único día, el día incomparable, casi tan
+raro como la flor que brota cada cien años, cuyo perfume no se respira
+dos veces; el día en que el cielo parece azul, aunque se esté en otoño,
+y en que la naturaleza parece una fiesta aunque los bosques estén de
+luto; el día en que, cualquiera que sea la decoración, rico salón,
+modesta boardilla, alegre primavera, triste invierno, la comedia,
+siempre la misma, es siempre nueva desde hace cinco mil años, puesto que
+es el amor el director de escena; el día siempre corto que pasa como una
+hora y las horas como minutos; el día en que dos corazones, fundidos en
+uno solo no dejan escapar más que una palabra de pesar, la última:</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;¡Ya!...</p>
+
+
+
+<p>¡Ya! Tal era el suspiro ahogado que oprimía el pecho de los dos jinetes
+que volvían lentamente a la cacería en las primeras sombras del
+crepúsculo, que no es ya el día y no es todavía la noche, en que el sol
+se apaga y las estrellas no se encienden todavía, en que pasa un
+escalofrío helado por los seres y las cosas como el adiós de lo que se
+va para no volver; en la vaga melancolía de esa estación indecisa que no
+es ya el verano y no es todavía el invierno; en la que, por una suprema
+coquetería, el aire se hace más tibio y los últimos rayos del sol más
+acariciadores; en que la tierra pone sobre su desnudez una alfombra de
+tonos bermejos como una inmensa piel de león; en las últimas hojas de
+oro pálido o de cobre rojo parecen desprenderse de las ramas como alas
+de gigantes mariposas; en que los árboles tienen perfumes más acres; en
+que la menor florecilla toma aspecto de reina desterrada, en que el
+viento que sopla entre las ramas parece el último murmullo de los nidos.</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Y los dos paseaban</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">perdidos en los bosques.</span><br />
+</p>
+
+<p>¡Ay! no, no perdidos, y era lástima. ¡Qué hermosura, un paseo sin fin
+por alguna selva virgen del Nuevo Mundo, cuyo recogimiento misterioso no
+fuese turbado por la irritante llamada de la trompa!... Aun conteniendo
+los caballos, como hubieran querido contener el instante fugitivo,
+tenían necesidad de dirigirse hacia la cacería... Los dos jóvenes no
+participaban del entusiasmo de Alfredo de Vigny:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Me gusta el son de la trompa</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">en el fondo de los bosques.</span><br />
+</p>
+
+<p>Con las riendas sueltas, la cabeza inclinada y la mirada pensativa,
+ambos se callaban escuchando en el fondo de sí mismos el eco encantador
+de las palabras ya dichas y viendo pasar ante sus ojos medio cerrados
+los menores incidentes de aquel día inolvidable pronto a rodar al abismo
+del pasado.</p>
+
+<p>Primero, la llegada: en el vasto patio de honor atestado de cazadores y
+cazadoras y en el que las casacas rojas y verdes se mezclaban con los
+trajes femeninos más o menos chillones, entre la confusión de los
+grandes carruajes, el relincho de los caballos y el jurar de los
+picadores, la joven se le había aparecido como una castellana de los
+antiguos tiempos, bajando lentamente la escalinata, con una amazona muy
+sobria recogida en el brazo derecho y la fusta en la otra mano; y todo
+lo demás se había borrado para él, que ya no vio a nadie más que a la
+mujer amada. ¿Cómo respondió a la acogida calurosa de Gastón de
+Argicourt, a la amabilidad de su mujer, a los apretones de manos de unos
+cuantos camaradas, al saludo ceremonioso del señor de Candore, al
+cordial cumplimiento del viejo general Estry y al vigoroso «shake-hand»
+del tío Dick?... Carlos no sabía absolutamente nada. Deslumbrado y
+fascinado, no veía a nadie más que a ella ni oía más que su dulce voz,
+que le saludaba con un gracioso: «¡Buenos días, mi capitán!»</p>
+
+<p>¡Dios mío! ¡Qué bonita la había encontrado!</p>
+
+<p>Tampoco a ella le había parecido mal su brillante uniforme, realzado aún
+por la resplandeciente crucecita, y cuando se encabritó su caballo, un
+animal resabiado que el señor de Candore le aconsejaba caritativamente
+que no montase, el joven había sabido dominarle sin aparente esfuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;Se le debía llamar Ragasse&mdash;dijo la joven al ver al caballo domado
+obedeciendo dócilmente al jinete.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;preguntó el conde.</p>
+
+<p>&mdash;Por nada. Un episodio de nuestras campañas. ¿Se acuerda usted,
+capitán?</p>
+
+<p>¡Si se acordaba!</p>
+
+<p>No hay nada tan desagradable para un tercero, y para un tercero un poco
+celoso, como la evocación de un pasado en que él no ha tomado parte... y
+Raúl se quedó muy ofendido... Estábalo también al verse abandonado por
+otro, y cuando Eva, con su inconsciente crueldad de mujer, le dijo
+amablemente: «Hoy, señor de Candore, su discípula de usted le devuelve
+su libertad,» el conde, a pesar de su perfecta corrección, no pudo menos
+de responder con un dejo de amargura:</p>
+
+<p>&mdash;¡Plaza a los jóvenes, entonces!... Este caballero asciende por
+elección.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;No, por antigüedad; es un amigo más antiguo que usted&mdash;respondió la
+joven con vivacidad, aunque corrigiendo con una sonrisa lo que esta
+respuesta tenía de desagradable...</p>
+
+
+
+<p class="puntos">...¡Después la cacería! La embriaguez de galopar juntos al son de la
+trompa que estallaba como una música triunfal, en medio de un torbellino
+de jinetes, cortejo improvisado de su felicidad. ¡Ah! qué poco se cuidan
+los dos imprudentes, del despecho y de la cólera que dejan detrás...
+Tampoco se ocupaban de la mirada celosa que les seguía a través del
+espacio ni de los negros pensamientos que señalaban más las ligeras
+arrugas de la frente del diplomático, mientras el tío Dick, poco seguro
+en su caballo, una plácida yegua digna de un obispo, iba a pegarse a él
+esperando sin duda que le prestase un poco de su aplomo. ¡El buen tío
+Dick! ¡Cómo hubiera querido Raúl verle en el fondo de un barranco!...</p>
+
+
+
+<p>...Después, embriaguez mayor todavía, la entrada en la espesura para
+encontrar la buena pista; el gozo de encontrarse solo con ella.</p>
+
+<p>La hubiera seguido así hasta el fin del mundo.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, todo le decía que debía huir de la peligrosa sirena...</p>
+
+<p>Su razón le gritaba:</p>
+
+<p>«¡Detente!... no vayas más lejos. El espíritu es fuerte, pero la carne
+es débil. Vuelve sobre tus pasos si no quieres dejar pedazos de tu
+corazón entre las malezas de los bosques.»</p>
+
+<p>Su orgullo le gritaba:</p>
+
+<p>«¡Detente! Principios, honor, deber, todo lo pisotearías. Es rica, y tú
+pobre; te debe la vida y no debes abusar de ello. Vuelve sobre tus
+pasos, si no quieres dejar un poco de tu dignidad entre las piedras del
+camino.»</p>
+
+<p>Pero su alma cantaba los versos de Musset:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Yo amo sin esperanza</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">mas no sin felicidad</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">la veo y es ya bastante.</span><br />
+</p>
+
+<p class="puntos">Y esa felicidad fugitiva y efímera, de la que no se llevaría más que el
+recuerdo embalsamado, a sus lejanas guarniciones, ¿debía sacrificarla a
+un vano escrúpulo?... ¿Qué mal hacía gozando de aquella querida
+presencia como se respira una flor, sin cogerla ni tocarla?</p>
+
+
+
+<p>Después de una galopada bastante larga, la joven se volvió como si
+sintiese la ardiente caricia de aquella mirada fija en ella y dijo
+riendo, quizá para ocultar su confusión:</p>
+
+<p>&mdash;Creo que nos hemos perdido.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto...</p>
+
+<p>&mdash;¿Desea usted mucho encontrar el camino?</p>
+
+<p>&mdash;Haremos lo que usted quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, entonces, no quiero. ¿Para qué echar a perder el paseo buscando
+papelitos como el pequeño Pucet sus guijarros?... Y él tenía aún una
+razón, puesto que al fin del camino estaba la casa de su padre.</p>
+
+<p>El capitán pensaba enteramente como ella, y, quemando lo que había
+adorado, declaró con desenvoltura que el Rally-paper era grotesco y
+ridículo...</p>
+
+<p>&mdash;Es perfecto&mdash;dijo la joven,&mdash;para aquellos a quienes divierte. Yo
+prefiero gozar pacíficamente del encanto de los bosques y de la
+conversación, mejor que registrar las matas como si estuviese oculto en
+ellas algún hurón.</p>
+
+<p>También era esta la opinión del capitán.</p>
+
+<p>&mdash;Su tía de usted me ha gustado mucho, pero mucho&mdash;declaró la joven
+americana con esa espontaneidad que tan bien le sentaba.&mdash;¿Es hermana de
+su madre de usted?</p>
+
+<p>&mdash;No, miss Darling, es sólo mi prima muy lejana. Ese nombre de tía
+Liette es una ingeniosa delicadeza suya para engañar mi aislamiento de
+huérfano y crear entre nosotros un lazo ficticio más poderoso que muchos
+lazos naturales. Quiero a la tía Liette tanto como si fuera mi madre.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien se ve que ella le quiere a usted como a un hijo. Son ustedes
+los dos muy felices. Yo también me quedé huérfana muy pequeñita, pero no
+he tenido segunda madre. Mi tío es excelente y me quiere mucho, pero es
+un hombre. Para él, mi dicha consiste en no rehusarme nada, en
+satisfacer todos mis caprichos y en prevenir mis menores deseos... Nada
+más, y es poco...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Ni una parienta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, parientes... pobres. Sabe usted, capitán, que es uno de los
+inconvenientes de la riqueza el ver siempre el gusano roedor que ataca a
+los más hermosos frutos. ¡Es tan raro el encontrar un cariño
+desinteresado! Usted no ha dudado jamás de un beso de su tía...</p>
+
+<p>&mdash;Y con razón; se lo debo todo...</p>
+
+<p>&mdash;En mí, cada caricia un poco tierna ha ido siempre precedida de una
+petición de dinero, una deuda que pagar, una joven que dotar, un sobrino
+que establecer... «Hija mía, debías decir a tu tío...» ¡Oh! ya conocía
+la fórmula... Por eso mi corazón de niña, ávido de entregarse, se moría
+de asco; no he querido ya alrededor de mí más que mercenarios
+declarados, con los cuales, al menos, no me llevaba chasco. ¡Es triste!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, en eso está el escollo&mdash;murmuró el joven oficial.&mdash;Lo que atrae a
+los unos ahuyenta a los otros.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;¿No ha pensado usted nunca en eso, miss Darling? Porque esa duda cruel
+que envenena su vida de usted, sería más cruel todavía para los que
+creyeran leerla en sus ojos amándola sinceramente.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, no es fácil obligar a un alma orgullosa. Esto me recuerda
+una de las más bellas escenas de Schiller, cuando don Carlos, siendo
+niño, quiere en vano obtener la amistad de Posa, niño como él, y choca
+con el frío respeto que es debido «al hijo del rey», hasta el día en
+que, para vencer su orgullo, se denuncia en su lugar como autor de
+cierto atentado contra la dignidad de Felipe, y recibe el castigo
+servil destinado al que resulta al fin su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la escena es hermosa; pero el marqués de Posa, ese modelo de
+generosidad, me resulta un poco disminuido aceptando tan fácilmente la
+abnegación caballeresca del príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted muy severo. El sacrificio es a veces menos penoso que el
+agradecimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Habla usted como la tía Liette.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor. Quisiera parecerme a ella en todo.</p>
+
+<p>&mdash;«Abnegación, tu nombre es mujer». Pero yo, que no soy más que un
+hombre, tengo la quisquillosa susceptibilidad de mi sexo...</p>
+
+<p>&mdash;¿No pediría usted entonces la mano de una heredera?&mdash;preguntó la joven
+valientemente.</p>
+
+<p>El capitán bajó los ojos para huir de la clara mirada fija en la suya, y
+respondió con acento ahogado, pero firme:</p>
+
+<p>&mdash;No, señorita.</p>
+
+<p>Hubo un instante de silencio.</p>
+
+<p>Eva azotaba nerviosamente con la fusta las hojas secas que quedaban
+todavía en las ramas muertas... Carlos se mordía el bigote oprimido por
+la conciencia de la palabra irreparable arrancada a su conciencia.</p>
+
+<p>¿Quién sabía?</p>
+
+<p>Acaso le amaba ya un poco, a él, que la amaba tan apasionadamente...
+Acaso su brutal franqueza había helado la florecilla azul de un áspero
+frío de invierno. Acaso, al ahogar la declaración que asomaba a sus
+labios, había sacrificado a un exceso de orgullo la dicha de Eva como su
+propia dicha... Y las hojas caídas no reverdecen más...</p>
+
+<p>La trompa hizo oír a lo lejos su queja melancólica como un débil
+suspiro... De repente atravesó la calle y se deslizó entre las patas de
+los caballos un grueso reptil de larga cola y los dos caballos,
+asustados, hicieron una huida. Carlos permaneció firme en la silla, pero
+Eva fue arrancada violentamente de la suya y cayó al suelo, felizmente
+algodonado de musgo. Su grito de pavor fue ahogado por el de su
+compañero. Más rápido que el pensamiento, el joven, se tiró del caballo
+y levantó en sus robustos brazos a la linda desmayada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eva! ¡Mi querida Eva!&mdash;exclamó transportado por irresistible
+entusiasmo.</p>
+
+<p>¿Había Eva perdido completamente el conocimiento? ¿Vibró en su oído
+aquella llamada apasionada? ¿Vio a través de sus párpados cerrados
+aquella cara alterada e inclinada ansiosamente sobre la suya? ¿Adivinó
+la angustia de aquel corazón poseído por ella y que quería en vano
+defenderse?</p>
+
+<p>Un fugitivo rubor coloreó sus mejillas y una sonrisa pareció dibujarse
+en sus labios.</p>
+
+<p class="puntos">Después de todo era acaso un purpurino rayo de sol que jugueteaba entre
+las ramas...</p>
+
+
+
+<p>Vuelta en sí, la joven declaró valientemente que quería continuar el
+paseo, pero en el momento de montar a caballo vio una cosa que relucía
+en la hierba pisada.</p>
+
+<p>Era la crucecita regalo de la tía Liette.</p>
+
+<p>&mdash;No me lo hubiera perdonado nunca, y con razón&mdash;exclamó la joven miss
+cuando Carlos le explicó el origen de la cruz.&mdash;Espere usted que se la
+prenda sólidamente.</p>
+
+<p class="puntos">Y con sus dedos un poco temblorosos prendió la alhaja de esponsales en
+el uniforme de Carlos, como lo hizo sin duda la pobre criolla cincuenta
+años antes.</p>
+
+
+
+<p class="puntos">¡Ahora podían ya sonar las trompas!</p>
+
+
+
+<p>Era inútil preguntar a Carlos si estaba contento de aquel día. Su dicha
+rebosaba como el champagne en una copa llena, y brillaba en el timbre de
+su voz, en el crujido de sus botas y en la antigua casa, poniendo la
+alegría en todos los muros y una sonrisa en los seres y en las cosas. El
+mismo Breal le seguía con sus ojos de vidrio con tanta complacencia, que
+el joven estaba tentado por interpelarle directamente como en los
+tiempos en que siendo pequeño le tomaba por confidente de sus sueños
+infantiles.</p>
+
+<p>¡Era dichoso!</p>
+
+<p>¿Por qué?, hubiera preguntado la fría razón.</p>
+
+<p>¿Se habían modificado sus ideas en el curso de aquel paseo sentimental?
+¿Ponía ya a un lado sus prejuicios? ¿Había pasado la barrera de los
+vanos escrúpulos? ¿Se iba a declarar pretendiente de aquella manita
+demasiado llena de oro?</p>
+
+<p>No, seguramente.</p>
+
+<p>Entonces... ¡Bah! ¿Qué importaba? ¡Qué tonta es la señora Razón
+congelada en sus principios e incapaz de comprender... lo
+incomprensible!</p>
+
+<p>No, nada había cambiado en sus proyectos para el porvenir. Eva se
+volvería a América y él a alguna guarnición lejana. Probablemente no se
+verían más; él envejecería solitario como la tía Liette: ella se casaría
+con algún brillante noble o con algún rey del país de los dólares... No
+era esta una agradable perspectiva, y, sin embargo, era feliz.</p>
+
+<p>«El corazón tiene razones que la razón no conoce.»</p>
+
+<p>&mdash;¡La amo!&mdash;murmuraba Carlos muy bajito.</p>
+
+<p>Y el eco le respondía más bajo todavía:</p>
+
+<p>&mdash;¡También te ama ella!</p>
+
+<p class="puntos">El que no encuentre estas razones suficientes es que no ha tenido nunca
+veinte años.</p>
+
+
+
+<p>Poseído por la embriaguez de la hora presente, Carlos no miraba más allá
+ni pensaba más que en el momento en que debía reunirse de nuevo con su
+amada. El señor de Candore había invitado colectivamente a todos los
+cazadores presentes en Argicourt a una gran batida en sus bosques en la
+semana siguiente. Y el joven oficial no esperaba más que la invitación
+particular fijando el día definitivo, cuando la tía Liette le dijo
+después de una ligera vacilación:</p>
+
+<p>&mdash;¿Deseas mucho ir a esa cacería?</p>
+
+<p>¿Si lo deseaba? ¡Oh! sí...</p>
+
+<p>Carlos la miró muy sorprendido.</p>
+
+<p>&mdash;No te ocultaré, tía Liette, que debo encontrar allí muy buenos
+camaradas...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si yo te pidiera que me la sacrificases como querías sacrificarme
+la otra?...</p>
+
+<p>&mdash;No podría rehusártelo, pero lo sentiría mucho más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué? Apenas conoces al señor de Candore.</p>
+
+<p>&mdash;No es solamente por él, pero sus bosques son, según se dice, muy
+abundantes en caza y a mí me gusta mucho esta diversión.</p>
+
+<p>El joven se embrollaba más y más.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, tía Liette, me sería muy penoso el no ir, confesó francamente.</p>
+
+<p>Por las tranquilas facciones de la solterona se deslizó la sombra de una
+duda.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, me es doblemente penoso el insistir, hijo mío, pero te lo
+ruego, no vayas a esa cacería&mdash;dijo con dulce firmeza.</p>
+
+<p>Impresionado por su acento, el joven experimentó una vaga inquietud.
+¿Había su tía adivinado su secreto? ¿Desaprobaba su conducta?</p>
+
+<p>&mdash;¿Tienes algo que reprocharme, tía Liette?&mdash;balbució confuso.</p>
+
+<p>Liette hizo un gesto de orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;¿A ti? No, hijo mío; mis razones son enteramente personales. No me las
+preguntes... por el momento.</p>
+
+<p>Asombrado, Carlos se inclinó discretamente.</p>
+
+<p>&mdash;Está bien, tía Liette, no aceptaré la invitación&mdash;dijo ahogando un
+suspiro.</p>
+
+<p>El joven no debía tener este disgusto...</p>
+
+<p>¿Fue olvido voluntario o involuntario? Ello fue que la invitación no
+llegó...</p>
+
+<p>&mdash;Mejor, así no tendrás necesidad de excusarte&mdash;dijo la oficinista
+tranquilamente timbrando la serie de tarjetas de invitación destinadas a
+las personas de los alrededores.</p>
+
+<p>Pero Carlos no lo veía lo mismo, y se tiraba del bigote, presa de una
+sorda irritación.</p>
+
+<p>Aquello era más que una falta de política por parte de una persona tan
+correcta; se veía una intención ofensiva. ¿Por qué?</p>
+
+<p>El conde no le había sido muy antipático a primera vista. Con el
+desprecio inconsciente de la juventud por la edad madura, Carlos no
+había podido ver un rival en aquel cincuentón bien conservado... Pero
+ahora, pensando mejor en el asunto, recordaba pequeños detalles que
+habían pasado inadvertidos: su frialdad intencionada, su hostilidad
+transparente, su despecho mal disimulado... y se preguntaba si esta
+omisión más o menos premeditada sería un desquite...</p>
+
+<p>Lo peor era que no podía enfadarse sin ponerse en ridículo. No se puede
+provocar a un caballero para obligarle a que nos invite. Había que
+tascar el freno en silencio mientras el hábil diplomático ocupaba al
+lado de Eva el sitio reconquistado. El joven, a su vez, sufría el duro
+escozor de los celos y seguía con mirada de envidia a los convidados más
+felices que iban a Candore en carruajes variados.</p>
+
+<p>¡Qué triste día! ¡Qué lúgubre y largo al lado del anterior, tan corto y
+tan radiante y que no tenía continuación! ¡Todo se había acabado!</p>
+
+<p>Su licencia expiraba dentro de ocho días. Una visita de cumplimiento a
+Argicourt, donde tendría acaso la suerte de un encuentro fortuito, de
+una entrevista rápida, de una despedida trivial, y nada más. ¡Era poco!
+¡Ah! tía Liette, tía Liette...</p>
+
+<p>No la acusaba, seguramente; debía de tener buenas razones... De otro
+modo, ¿le hubiera causado semejante pena con mala intención?</p>
+
+<p>Porque Carlos había tenido mucha pena, y ella también de rechazo, pero
+ella se callaba sabiendo por experiencia que la mano más delicada es
+siempre torpe al tocar ciertas heridas... Y las horas pasaban
+lentamente; el crepúsculo desplegaba su velo gris por los campos y ya
+comenzaba el desfile del regreso. Delante del Correo detúvose un coche y
+apareció en el umbral el anciano general Estry.</p>
+
+<p>&mdash;No molestarse&mdash;dijo con su franqueza militar,&mdash;es la visita de un
+amigo que pasa. Quiero felicitar a su tía de usted por el valiente
+soldado que nos ha dado. Felicito a usted sinceramente, señorita, he
+conocido mucho a su padre de usted, y su sobrino no ha degenerado.
+¡Haría falta que hubiera muchas mujeres como usted y muchos hombres como
+él...</p>
+
+<p>Marchose el general, y la madre y el hijo no habían vuelto de su
+sorpresa cuando se abrió de nuevo la puerta. Eran dos antiguos camaradas
+de Saint-Cyr de guarnición en Noyon.</p>
+
+<p>&mdash;Dispénsenos usted, señorita, pero queríamos absolutamente presentar a
+usted nuestros respetos y estrechar la mano del capitán antes de su
+partida. Sabe que no tiene más que amigos en el ejército y que puede
+contar con nosotros en todas las ocasiones...</p>
+
+<p>Ni el uno ni los otros hicieron la menor alusión a la ausencia de Carlos
+a la cita dada. Y continuó el desfile...</p>
+
+<p>Cordiales apretones de manos, protestas de estima, señales de respeto,
+nada faltó, y el corazón de los que eran objeto de estas manifestaciones
+llegó a oprimirse vagamente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué esas muestras
+de simpatía que parecían cumplimientos de pésame? ¿Quién se les había
+muerto? ¿Qué desgracia les castigaba?</p>
+
+<p>Un gran ruido de cascabeles, y un break se detiene en la puerta. Los
+señores de Argicourt entran a su vez seguidos de Eva, que abraza
+valientemente a la tía Liette.</p>
+
+<p>&mdash;Señorita&mdash;dice la joven castellana, mientras su marido estrecha una
+vez más la mano de Carlos,&mdash;tendríamos mucho gusto en ver a ustedes en
+Argicourt antes de que se vaya el capitán. Estaremos en toda intimidad;
+una comida de familia. No nos rehusarán ustedes este favor, que nos
+honrará mucho, y ustedes elegirán día...</p>
+
+<p>Decididamente, había algo...</p>
+
+<p>Cuando se marcharon, el joven oficial se puso el abrigo con ademán
+nervioso y cogió el sombrero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Adónde vas?&mdash;le preguntó la tía Liette asustada.</p>
+
+<p>&mdash;A dar una vuelta antes de comer; me ahogo aquí.</p>
+
+<p>Carlos salió y se alejó a grandes pasos. Quería saber... El sabría...</p>
+
+<hr />
+
+<p>Al llegar a Candore, la primera mirada de Eva fue para buscar al
+capitán. Raúl lo echó de ver, y sintió un sordo resentimiento, pero se
+contuvo gracias a ese dominio de sí mismo que da la costumbre del
+mundo, y siguió mostrando la exquisita cortesía que hacía de él un
+perfecto caballero cuando quería tomarse ese trabajo. Neris, por su
+parte, acogió a la joven americana con una amabilidad meritoria dados
+los proyectos matrimoniales de su sobrino, y estaba hablando
+amistosamente con ella de los recuerdos comunes traídos de la Ciudad
+Eterna cuando este último fue a interrumpirlos dando la señal de la
+marcha.</p>
+
+<p>Por segunda vez, Eva echó una mirada circular a la multitud de los
+cazadores, equipados y armados en razón inversa de su habilidad
+cinegética, pues los más temibles para la caza no eran los que tenían
+mejor escopeta ni más profundo morral; pero ella no hizo ninguna
+profunda reflexión. Carlos se reuniría con ellos, sin duda, en la Cruz
+del Pequeño, donde debía empezar la batida.</p>
+
+<p>Solamente, en lugar de seguir a pie con Jenny y unos cuantos intrépidos,
+declaró que prefería el coche, con gran contrariedad del diplomático.</p>
+
+<p>&mdash;No tengo verdaderamente suerte con usted, miss Darling&mdash;dijo con
+involuntaria acritud.&mdash;¡Yo que esperaba hacerle a usted tirar la primera
+pieza!</p>
+
+<p>&mdash;No lo sienta usted, porque no la acertaría.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, en fin, ¿es que le desagrada a usted mi compañía?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, pero prefiero la del señor Neris&mdash;respondió con una
+sonrisa al anciano, que se quedó encantado;&mdash;esta vez no dirá usted:
+«¡Plaza a los jóvenes!»</p>
+
+<p>&mdash;Ahí lo tienes, sobrino, no eres bastante viejo&mdash;observó el octogenario
+con un dejo de malicia.</p>
+
+<p>El conde se encogió de hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Al menos aboga por mí&mdash;le dijo al oído.</p>
+
+<p>Lo que era quizá mucho pedir.</p>
+
+<p>Además de Eva y el señor Neris, la carretela contenía también al notario
+Hardoin y al tío Dick.</p>
+
+<p>&mdash;Un terceto de inválidos respirando un capullo de rosa&mdash;dijo
+galantemente el anciano Héctor.</p>
+
+<p>&mdash;Hable usted por sí mismo&mdash;respondió en tono de protesta el
+notario.&mdash;Yo mato aún con limpieza una liebre cuando se me antoja, y
+pienso festejar mis bodas de oro con mi despacho cuando la señorita
+Raynal festeje las de plata con la oficina de Correos.</p>
+
+<p>Al oír este nombre, un fugitivo rubor coloreó la graciosa cara de Eva.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted una encantadora vecina&mdash;dijo con convicción.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién se lo cuenta usted, señorita?&mdash;exclamó alegremente el señor
+Neris.&mdash;Hace veinte años que este pobre señor Hardoin es fiel a su
+despacho por no renunciar a esa preciosa vecindad, esperando que el
+mejor día la señorita Raynal se equivoque de puerta y se meta en su casa
+para no salir más. Hasta se dice que tiene encima de la mesa un contrato
+enteramente redactado en el que sólo falta una firma...</p>
+
+<p>&mdash;Ríase usted, señor Neris. No había más que una mujer para hacerme
+abjurar el celibato, y esa se ha quedado soltera...</p>
+
+<p>&mdash;Su sobrino es enteramente... <i>wery-well</i>&mdash;dijo el tío Dick.</p>
+
+<p>&mdash;Son dignos el uno del otro&mdash;afirmó gravemente el señor
+Hardoin.&mdash;Hubiera deseado tener a la una por mujer y al otro por hijo.</p>
+
+<p>&mdash;Muy exigente es usted, querido; yo me contentaría con tenerle por
+sobrino&mdash;suspiró el tío de Raúl.</p>
+
+<p>Eva estaba radiante; sus ojos brillantes y su color animado expresaban
+el placer que le causaba la conversación. Así fue que cuando el conde
+volvió a la carga renovando sus instancias para hacerla decidirse a
+hacer compañía a la juventud, la joven rehusó con viveza y le envió
+bastante bruscamente a sus ojeadores, que ya estaban haciendo ruido.</p>
+
+<p>¡Qué diablo! No sólo hay éxitos en la carrera diplomática y un solo
+pantalón rojo vence a veces, nada más que con mostrarse, a las sabias
+combinaciones de todos los Talleyrand del mundo.</p>
+
+<p>Es probable que si la joven miss hubiera vislumbrado el dormán del
+capitán al través de las ramas hubiera encontrado de pronto menos
+atractivos a la sociedad de los tres inválidos, pero las instancias del
+diplomático no tenían el mismo poder. En amor como en la guerra, los más
+elocuentes no son los más habladores, y Eva hubiera respondido de buena
+gana como Inés:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 3em;">Horacio con dos palabras</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">lo hablara mejor que vos...</span><br />
+</p>
+
+<p class="puntos">Y falta saber si esas dos palabras eran necesarias...</p>
+
+
+
+<p>La cacería estaba acabada. De vez en cuando algún tiro aislado como
+último eco del tiroteo del día; alguna liebre que saltaba por el llano;
+alguna perdiz asustada que rastreaba el surco.</p>
+
+<p>Carlos no había parecido...</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?&mdash;se preguntaba Eva muy triste.</p>
+
+<p>¿Sería que su huraño orgullo podía más que su tímido amor? ¿Sería que
+aquel valiente tenía miedo de ella y de sí mismo, y, sin fuerza para
+afrontar una nueva entrevista, empleaba su valor en la fuga?</p>
+
+<p>Porque Carlos la amaba, estaba segura.</p>
+
+<p>Si la duda trataba de insinuarse en su corazón, Eva no tenía más que
+cerrar los ojos para volver a ver a aquel varonil semblante ansiosamente
+inclinado hacia ella y para oír el eco todavía vibrante de aquel
+apasionado: «¡Eva, mi querida Eva!» que hacía estremecerse
+deliciosamente todo su ser.</p>
+
+<p>¿Era, pues, su voluntad más fuerte que su amor?</p>
+
+<p>Y la joven miss hacía una linda mueca que indicaba un ligero despecho.
+Por una vez, ella, que tanto apreciaba a los fuertes, hubiera preferido
+un poco de debilidad... Ya el sentimiento que turbaba su alma quitábale
+el aplomo, y ella tan valiente, no se atrevía a preguntar. Pero el tío
+Dick acercó tranquilamente el fuego a la pólvora.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo será que no hemos visto al capitán? ¿Se habrá acabado su
+licencia?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor Darling&mdash;respondió el notario con acento distraído,&mdash;pero no
+estaba invitado que yo sepa...</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!&mdash;protestó vivamente Eva;&mdash;fue una invitación colectiva y yo fui
+testigo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces no ha sido reiterada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Está usted seguro, señor Hardoin?</p>
+
+<p>&mdash;Segurísimo, señorita.</p>
+
+<p>La cara de la joven se iluminó con una llama. Aquella flagrante falta de
+educación, cuyo secreto motivo adivinaba, le hizo el efecto de una
+injuria personal a la que se propuso responder duramente.</p>
+
+<p>Al volver al castillo, donde había preparado un lunch Raúl ofreció el
+brazo a su «perversa amiga», que lo aceptó con una espontaneidad de buen
+agüero y se dejó conducir al puesto de honor. Pero apenas el conde, muy
+entusiasmado, hubo dicho unas cuantas galanterías triviales, la joven le
+disparó a quemarropa y en voz tan clara que todo el mundo lo oyó:</p>
+
+<p>&mdash;A propósito, el capitán Raynal no ha recibido invitación, ¿sabe usted?</p>
+
+<p>Desconcertado por aquel ataque imprevisto, el conde balbució algunas
+palabras vagas.</p>
+
+<p>&mdash;Quería advertírselo a usted&mdash;prosiguió Eva agresiva,&mdash;por si es un
+olvido... lamentable...</p>
+
+<p>&mdash;Sí y no, señorita&mdash;respondió Raúl picado en lo vivo por aquella
+visible ironía. Siento infinito haber privado a usted de un acompañante
+a quien parece apreciar mucho...</p>
+
+<p>&mdash;Mucho...</p>
+
+<p>&mdash;Pero por otra parte, lo confieso, le agradezco una reserva muy
+indicada en él.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué? Explíquese usted, si gusta.</p>
+
+<p>&mdash;Hay cosas imposibles de explicar a una señorita.</p>
+
+<p>Hubo un instante de silencio molesto.</p>
+
+<p>El señor Hardoin jugaba con el cuchillo, con una enigmática sonrisa en
+los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Dispense usted, querido conde&mdash;dijo gravemente el señor de
+Argicourt,&mdash;pero usted ha encontrado al capitán Raynal en mi casa y soy
+solidario de todos mis huéspedes. ¿Sabe usted alguna historia respecto
+de él?</p>
+
+<p>&mdash;No quiera Dios, mi querido amigo&mdash;protestó vivamente Raúl, que sentía
+ya su torpeza;&mdash;creo que es un oficial de mérito, del que no tengo nada
+que decir... Pero no es sólo...</p>
+
+<p>&mdash;Creía haber encontrado con frecuencia a la señorita Raynal en casa de
+su madre de usted, señor conde&mdash;dijo tranquilamente el notario.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo siento tener que recordarte que esa persona, por la que profeso
+la más alta estima, ha sido la compañera y la amiga de tu mujer, mi
+pobre hija&mdash;añadió Neris con severidad.</p>
+
+<p>El conde se mordió los labios. Su celoso rencor le había llevado
+demasiado lejos.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes razón, tío, no he debido olvidarlo&mdash;dijo esperando cortar así
+el debate.</p>
+
+<p>Pero Eva no le permitió esquivarse por esta hábil maniobra.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone usted&mdash;dijo extendiendo su fina mano como para cortarle la
+retirada;&mdash;si no comprendo mal, es a la señorita Raynal a la que se
+refieren sus insinuaciones... No diré a usted que eso no es digno de un
+noble, ni siquiera de un caballero... Pero, ¿no la ha mirado usted
+nunca?</p>
+
+<p>&mdash;Dispense usted, señorita, pero la cuestión se extravía a un terreno
+muy delicado al que no puedo seguirla.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces era preciso no haberme precedido en él.</p>
+
+<p>La respuesta fue clara y ceñida como un latigazo, y la joven y valiente
+miss que así defendía a su sexo fue saludada con un murmullo de discreta
+aprobación.</p>
+
+<p>El conde se inclinó un poco pálido.</p>
+
+<p>&mdash;He hecho mal, lo confieso&mdash;dijo no sin nobleza;&mdash;he pronunciado
+palabras inconvenientes, falta imperdonable en un viejo diplomático, y
+pido a usted que me dispense, señorita, dándole gracias por la
+lección... que no aceptaría de nadie más&mdash;añadió con altanería.</p>
+
+<p>Quedaba terminado el incidente; pero no por eso dejó de reinar cierto
+malestar hasta que se marcharon los convidados. Al despedirse del
+conde, el notario Hardoin le dijo con bondad:</p>
+
+<p>&mdash;Si tiene usted curiosidad de conocer la verdad sobre el capitán
+Raynal, señor conde, tómese el trabajo de ir el domingo a mi despacho;
+necesito justamente un testigo para un acta de adopción.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Cuando el señor Hardoin, que había acechado la salida del joven,
+aprovechó su ausencia para poner a su vecina al corriente de los hechos
+del día, Liette se quedó un instante pensativa y una sombra alteró la
+serenidad de su frente.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es lo que yo temía&mdash;murmuró.</p>
+
+<p>&mdash;Aseguro a usted, querida amiga, que aquello fue para usted la ocasión
+de un verdadero triunfo. No hubo ni una nota discordante.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ay! sí, una sola, y lo deploro por él y por Carlos.</p>
+
+<p>&mdash;Permítame usted que no me asocie a su pena en cuanto al primero. La
+impunidad de ciertos culpables me subleva, y es pan bendito cuando
+ellos mismos recogen varas para azotarse.</p>
+
+<p>&mdash;Pero Carlos...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué? ¿No contaba usted con aprovechar su presencia para decirle la
+verdad y regularizar su situación?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, pero no preveía tales complicaciones...</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, mi prudente amiga, un poco de calma; no perdamos la
+cabeza sin ton ni son. El señor de Candore ha estado... torpe, por no
+decir más; ya ve usted si soy indulgente. Si se ha puesto en el caso de
+avergonzarse delante de usted y delante de Carlos, peor para él; será un
+castigo merecido.</p>
+
+<p>&mdash;No es eso sólo, aunque sea en extremo penoso; pero temo...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué?</p>
+
+<p>&mdash;Todo. Carlos está celoso...</p>
+
+<p>&mdash;¿Del conde? Yo hubiera creído lo contrario, y con razón... Miss
+Darling manifiesta tan claramente su preferencia, que no hay necesidad
+de ser gran psicólogo para leer en su corazón...</p>
+
+<p>&mdash;¡Y él! Carlos no piensa más que en ella; por esto quisiera evitar a
+toda costa un escándalo lamentable... Sin esa funesta rivalidad, ¿quién
+sabe? El conde no está absolutamente desprovisto de buenos
+sentimientos... Es libre, rico...</p>
+
+<p>&mdash;¿En qué piensa usted, querida amiga?</p>
+
+<p>&mdash;En la felicidad de Carlos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Usted, que no quería compartir sus derechos con nadie, ni siquiera
+conmigo!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no había en eso un poco de egoísmo? Hay que querer a los hijos por
+ellos, no por uno mismo. Si él tuviese una fortuna, un nombre...</p>
+
+<p>&mdash;Pronto tendrá legalmente el de usted, y es demasiado ahijado mío para
+no preferirlo a cualquiera otro. En cuanto a la fortuna... no creo
+faltar al secreto profesional confiando a usted que hay alguien que se
+interesa por él... y le asegura en su testamento una honrosa medianía...
+sin perjudicar a nadie... Esa es la ventaja de ser soltero.</p>
+
+<p>Liette, enternecida, le estrechó silenciosamente la mano.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! nada de emoción&mdash;dijo el notario con expresión de mal
+humor;&mdash;eso me quitaría el apetito y acaso perturbara al muchacho, que
+probablemente no sospecha nada y va a venir a comer según costumbre.</p>
+
+<p>Sin embargo, él tampoco estaba muy tranquilo, y cuando vio al fin a su
+ahijado, ahogó un suspiro de alivio.</p>
+
+<p>Carlos estaba tranquilo, casi risueño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tú quoque, padrino?&mdash;exclamó con alegría un poco forzada.&mdash;Todo el
+pueblo se había dado cita en nuestra humilde casa, y usted sólo
+faltaba. La verdad es que le estaba a usted esperando con una delegación
+de los bomberos. ¿No es usted su capitán honorario?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, búrlate, mal muchacho. No se hará jamás bastante público homenaje
+a la que tienes el honor de pertenecer...</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente&mdash;respondió Carlos con voz un poco alterada.</p>
+
+<p>Mientras Hardoin, muy verboso, se metía en una larga digresión sobre un
+proyecto de fiesta del «Mérito modesto», generalmente desconocido,
+Liette seguía con mirada inquieta al joven, que iba y venía en el
+comedor como si no pudiera estarse quieto.</p>
+
+<p>&mdash;¿No me había usted dicho que iba el domingo a Argicourt,
+padrino?&mdash;preguntó de repente, cortando un período que ni siquiera había
+oído.</p>
+
+<p>&mdash;¿A Argicourt?... ¡Ah! sí, perfectamente. Un arriendo que renovar.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted no tiene inconveniente, aprovecharé su coche para hacer la
+visita de despedida al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Concedido, ahijado; si eres bueno, tú guiarás a la Gris.</p>
+
+<p>Carlos se rió al recordar aquel tiempo ya lejano, y durante toda la
+comida se complació en recordar los hechos de su primera infancia con
+una animación un poco fingida en la que se descubría un poco de
+melancolía.</p>
+
+<p>Cuando por la noche acababa de meterse en la cama, llamaron suavemente a
+su puerta. Era la tía Liette con su candelero en la mano...</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche no me has dado un beso, hijo mío&mdash;dijo medio en broma,
+medio regañando;&mdash;sabes que cuando eras pequeño, eso era mala señal;
+alguna tontería o alguna pena que ocultarme. No querías mirarme de
+frente porque decías que leía en tus ojos...</p>
+
+<p>Y apoyándose en la almohada, preguntó en tono risueño, desmentido por su
+acento angustiado:</p>
+
+<p>&mdash;¿Tontería o pena, hijo mío?</p>
+
+<p>&mdash;Ni lo uno ni lo otro, tía Liette&mdash;respondió Carlos en un relámpago de
+orgullo.</p>
+
+<p>Liette no insistió, y después de rozar su mejilla con un beso maternal,
+se retiró sin decir una palabra. Pero la bujía temblaba en su mano y las
+gotas de cera caían a su paso, pesadas y cálidas como lágrimas.</p>
+
+<hr />
+
+<p>La Gris, con su apacible trote, llevaba por el camino brumoso al anciano
+y al joven igualmente preocupados... Para engañarse mutuamente hablaban
+de cosas indiferentes con animación ficticia, pero sus pensamientos
+estaban en otra parte. Carlos se representaba la escena del día
+anterior, cuyo relato le había sido fácil obtener de algunos vecinos
+labradores, y subíanle al rostro vapores de cólera. A cada paso tiraba
+de las riendas nerviosamente, con gran escándalo de la buena yegua,
+acostumbrada a más consideraciones.</p>
+
+<p>&mdash;Trae muchacho&mdash;decía entonces el notario,&mdash;los militares tenéis la
+mano dura.</p>
+
+<p>¡Dura! nunca lo sería bastante para castigar al que se había atrevido a
+tocar a la tía Liette. Rivalidad, celos, todo estaba olvidado y
+arrebatado por el viento del ultraje hecho a su madre adoptiva,
+sacrilegio al lado del cual parecía todo mezquino y pueril a su culto
+filial. En aquel momento era hijo, nada más que hijo, y si de vez en
+cuando una blanca silueta que flotaba ante sus ojos endulzaba un poco su
+brillo metálico, era que le agradecía el haber ocupado tan bien su
+lugar.</p>
+
+<p>El notario iba pensando en esa justicia inmanente, para la cual no hay
+prescripción y que obliga, un día u otro, al deudor insolvente a
+remover las cenizas del pasado en que debe encontrar el pagaré en
+descubierto.</p>
+
+<p>&mdash;El invierno va a ser crudo este año&mdash;decía el uno.</p>
+
+<p>La cosecha de remolacha no va a ser mala&mdash;decía el otro.</p>
+
+<p>Y la conversación, de la que estaba ausente el pensamiento, continuaba
+indiferente y vacía, mientras Liette, en su casa, cumplía su misión
+maquinal, con el corazón oprimido por dolorosa angustia. ¿Sabía algo
+Carlos?</p>
+
+<p>La madre adoptiva analizaba sus menores palabras y sus menores gestos...
+Carlos parecía tranquilo y contento... Pero evitaba el mirarla...
+Además, ¿por qué iba a Argicourt?... La visita de cumplimiento por su
+próxima partida y, sobre todo, la presencia de Eva, bastaban para
+explicar... Evidentemente, no había para qué alarmarse...</p>
+
+<p>Y con mano temblorosa, comenzaba una carta para desgarrarla en seguida.</p>
+
+<p>Si Carlos no sospechaba nada, un paso prematuro podía ser
+contraproducente. Más valía no precipitar nada y dejar hacer al señor
+Hardoin. Pero, ¿y si sabía algo? ¿Y si él tomaba la delantera mientras
+ellos andaban en esas dilaciones? ¿Y si daba un escándalo, provocaba un
+encuentro y ella lo sabía demasiado tarde? ¡Dios mío!</p>
+
+<p>Estremecida por este pensamiento, Liette tomaba la pluma y escribía:</p>
+
+<p>«Señor conde.»</p>
+
+<p>Después se detenía de nuevo indecisa y turbada. ¿Qué hacer?</p>
+
+<p>Estaba dando vueltas en la mente por centésima vez a esta cuestión,
+cuando se paró a la puerta una «charrette» inglesa y Eva apareció en el
+umbral conmovida y agitada. La joven, sin más preámbulos, se echó en los
+brazos de la anciana admirada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! tía Liette, tía Liette...</p>
+
+<p>Y rompió a sollozar... Aquel era el peligro previsto y temido; la hija
+del comandante encontró toda su energía para hacerle frente.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, hija mía, ¿qué hay?&mdash;preguntó con su dulce firmeza.</p>
+
+<p>&mdash;¡Va a batirse!</p>
+
+<p>La joven, tímida, no se atrevía a pronunciar su nombre; pero no había
+necesidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! los presentimientos de las madres...</p>
+
+<p>&mdash;¿Está usted segura? ¿Quién se lo ha dicho a usted? ¿Cuándo? ¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Va usted a oír, tía Liette... ¿Me permite usted que la llame así?...
+Eso me tranquiliza... Tengo el corazón tan oprimido...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, querida hija mía; vamos, tranquilícese usted y hable pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy ha venido a despedirse, pero estaba muy cambiado, muy distraído,
+muy preocupado... apenas me miraba...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! eso es grave, hija mía&mdash;dijo la tía Liette sonriendo a pesar de
+su tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad que sí?&mdash;respondió cándidamente la joven miss.&mdash;Así fue, que
+cuando el señor de Argicourt fue a acompañarle, los seguí con disimulo y
+me puse a escuchar... Sé que hice mal, tía Liette...</p>
+
+<p>Liette le estrechó la mano, como para animarla.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, le oí rogar a su antiguo compañero que le sirviese de
+padrino en un lance de honor... a propósito de unas palabras... que
+usted ignora sin duda, tía Liette...</p>
+
+<p>La anciana movió la cabeza.</p>
+
+<p>No, no ignoraba nada, ni el ataque ni la defensa, y una presión
+significativa de sus temblorosos dedos dijo su tierno agradecimiento
+hacia su valiente campeón.</p>
+
+<p>&mdash;En una palabra, el señor de Argicourt y el señor de Estry deben de
+estar en este momento en casa del señor de Candore para pedirle una
+satisfacción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Dios mío.</p>
+
+<p>&mdash;Y he tenido miedo, yo, tía Liette, que no soy sin embargo, una
+mujerzuela y comprendo muy bien que un oficial... En su lugar, hubiera
+hecho lo que él... Dios protegerá el buen derecho, ¿verdad? Pero por
+mucho que me repito todo esto, tengo miedo, tía Liette, y he venido a
+usted, que es tan fuerte y tan poderosa, a pedirle un poco de su fuerza
+y de su valor... Y es que le amo, tía Liette... No debía decir a usted
+esto... pero nunca he tenido madre...</p>
+
+<p>Y ocultó la cara, que se enrojecía bajo las lágrimas como una rosa bajo
+el rocío, en el seno de la anciana enternecida por esta ingenua
+declaración.</p>
+
+<p>&mdash;Tranquilícese usted, hija mía; ese duelo no puede verificarse y no se
+verificará...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién podrá impedirlo?</p>
+
+<p>&mdash;Yo&mdash;respondió tranquilamente la tía Liette.</p>
+
+<hr />
+
+<p>El despacho presentaba una animación inusitada. Los ruidosos
+dependientes charlaban a más y mejor a pesar de las llamadas al orden
+del principal, un poco distraído él también de su importante tarea.
+Desde aquella mañana el notario tenía la cara de los grandes días y no
+hacía más que abrir la puerta de su despacho para dar órdenes. Y todo se
+volvían idas y venidas del despacho al Correo, por fortuna próximo, como
+decía el aprendiz, que de otro modo hubiera estado cocido en obra.
+Después había empezado el desfile. Primero el señor Darling y su
+sobrina, que habían tenido una larga conferencia con el notario. Después
+había sido introducido el capitán Raynal y ahora estaban esperando al
+señor de Candore.</p>
+
+<p>¿Qué significaba todo aquello?</p>
+
+<p>Un contrato de matrimonio, evidentemente.</p>
+
+<p>¿Pero con quién?</p>
+
+<p>¿Con el oficial o con el diplomático?</p>
+
+<p>&mdash;Su corazón se columpia entre los dos&mdash;exclamó el aprendiz acechando
+desde la ventana la llegada del conde.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio!&mdash;mandó de nuevo el principal.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, que es un hombre de peso, ¿cuál es su opinión?</p>
+
+<p>&mdash;Mi opinión es que no la tengo, querido Candore. Evidentemente, un
+simple oficial de fortuna no debía pesar en la balanza al lado de un
+personaje de la importancia del señor de Candore, noble, rico e
+influyente.</p>
+
+<p>&mdash;Un poco farsante&mdash;dijo el incorregible empleado.</p>
+
+<p>&mdash;Pero el corazón de las mujeres es un abismo insondable&mdash;dijo el primer
+dependiente con aire doctoral,&mdash;Josefina prefirió Bonaparte a Barras.</p>
+
+<p>&mdash;Y no anduvo descaminada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Silencio! Ahí está Barras.</p>
+
+<p>Entraba el conde, frío y altanero según su costumbre.</p>
+
+<p>El principal se levantó con deferencia para introducirle en el despacho
+del notario, a quien encontró solo con gran asombro suyo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde diablos se han metido los otros?</p>
+
+<p>&mdash;Puede que en algún armario&mdash;dijo el joven Candore, que había estado en
+París y se jactaba de conocer las piezas de Hennequín.</p>
+
+<p>Pero se calló porque la señorita Raynal entraba a su vez en el despacho.</p>
+
+<p>&mdash;El señor Hardoin está ocupado, señorita.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sé, me está esperando...</p>
+
+<p>La puerta se había abierto, y el notario dejaba paso a Liette, con gran
+asombro de los pasantes.</p>
+
+<p class="puntos">&mdash;Amigos míos, esto huele a quinto acto&mdash;exclamó el supuesto
+«boulevardier».</p>
+
+
+
+<p>El conde no había acudido a la cita del notario sin una secreta
+aprensión. Un poco molesto ya por la querella que se había buscado con
+su inexcusable intemperancia de lenguaje, y en la que veía que no era
+el suyo el mejor papel, estaba de un humor execrable y arrugaba
+nerviosamente la esquela tan lacónica como urgente llevada al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué diablos puede quererme?&mdash;murmuraba entre dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mejor es ir a verlo&mdash;dijo sencillamente su tío.&mdash;Hardoin es
+demasiado formal para molestarte sin motivo serio.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te figuras tú lo que es?</p>
+
+<p>&mdash;Es posible&mdash;respondió gravemente el anciano.</p>
+
+<p>Raúl se le quedó mirando con cierta alarma. Cuando se es heredero, las
+menores palabras tienen su importancia, sobre todo si se trata de
+notario. Raúl se daba cuenta de que el señor de Neris no tenía por qué
+elogiarle, ni como sobrino ni como yerno; sus veleidades matrimoniales
+habían hecho quizá rebosar el vaso. Al llegar a la cita iba mascullando
+estas ideas, pero al ver a la empleada de Correos cambió de repente de
+pensamiento.</p>
+
+<p>¿Habría tenido noticias del encuentro proyectado?</p>
+
+<p>¿Era aquello un lazo?</p>
+
+<p>¿Iba a sufrir súplicas y reproches?</p>
+
+<p>¿Le preparaba alguna escena de melodrama aquel imbécil de Hardoin?</p>
+
+<p>No le faltaba más que ese ridículo.</p>
+
+<p>Presa de una viva irritación, saludó con tiesura y se puso a la
+defensiva.</p>
+
+<p>&mdash;Señor conde&mdash;comenzó el notario en tono ceremonioso,&mdash;he rogado a
+usted que pasara por mi despacho para una comunicación urgente de parte
+de esta señorita.</p>
+
+<p>Raúl le interrumpió con mucha sequedad:</p>
+
+<p>&mdash;Basta, señor Hardoin, sé de lo que se trata.</p>
+
+<p>&mdash;No creo.</p>
+
+<p>&mdash;Y me va usted a permitir que le diga que su papel en este negocio me
+parece un poco inoportuno. No es propio de un notario desfacer entuertos
+y representar a Don Quijote...</p>
+
+<p>Y dio un paso hacia la puerta.</p>
+
+<p>El notario extendió la mano con autoridad.</p>
+
+<p>&mdash;Perdóneme usted, señor conde, pero no creo tener que aprender los
+deberes que ya ejercía con honor cuando usted estaba en la cuna.</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;dijo el conde un poco dulcificado;&mdash;sé que es usted un antiguo
+amigo; pero hay cuestiones que no son de su competencia. Si se tratase
+de un acta notarial, en hora buena.</p>
+
+<p>&mdash;No se trata de otra cosa&mdash;declaró Hardoin sencillamente.</p>
+
+<p>Raúl se detuvo desconcertado. Ya no comprendía.</p>
+
+<p>&mdash;He aquí los hechos&mdash;expuso metódicamente el notario.&mdash;La señorita
+Raynal aquí presente, recogió, hace cerca de veinticinco años, a un niño
+huérfano de madre y abandonado por su padre. Esta señorita le prestó su
+nombre, pero hoy quiere dárselo legalmente y ha creído, por consejo mío,
+que debía consultar con usted previamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Conmigo?&mdash;exclamó el diplomático estupefacto y en tono de
+protesta.&mdash;¿A título de qué?</p>
+
+<p>&mdash;A título de padre&mdash;respondió fríamente el notario.</p>
+
+<p>Raúl paseó sus ojos extraviados del semblante impasible del uno a la
+bella y triste cara de la otra.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es una locura, dijo.</p>
+
+<p>El digno notario desdobló un papel amarillento con el sello de
+Inglaterra.</p>
+
+<p>&mdash;Aquí tiene usted la partida de nacimiento de Raúl Carlos, nacido del
+matrimonio que contrajeron irregularmente en Inglaterra miss Juana
+Dodson y el conde Raúl de Candore.</p>
+
+<p>&mdash;Y vea usted el telegrama dirigido a la señorita Blanca de Candore en
+el día de su boda, y que me acuso de haber interceptado para evitarle
+un dolor inútil&mdash;añadió sencillamente la empleada.</p>
+
+<p>El conde leyó maquinalmente:</p>
+
+<p>«Señorita, el hombre con quien se va usted a casar es mi esposo ante la
+ley inglesa y el padre de mi hijo, que pronto no tendrá ya madre. Juana
+Dodson.»</p>
+
+<hr />
+
+<p class="puntos">...Aquella era la venganza de Liette.</p>
+
+
+
+<p>Había ahorrado lágrimas a Blanca; y a Raúl el escándalo, a costa de una
+falta profesional, duro sacrificio para aquella hija de soldado, esclava
+de la disciplina.</p>
+
+<p>Había salvado a la madre de la desesperación y a su hijo del abandono;
+gracias a ella, la pobre abandonada se había extinguido suavemente, sin
+odio y en la paz del perdón, encomendando su alma a Dios y su hijo a
+Liette, y durmiéndose confiando en los dos...</p>
+
+<p>Su confianza no debía ser defraudada. Sin vacilación ni
+desfallecimiento, Liette había recogido esa pesada herencia; había
+reemplazado al padre desertor, había abierto al huérfano sin familia su
+puerta, sus brazos y su corazón; había hecho de él un hombre, y ya que
+no la vida, le había dado su alma.</p>
+
+<p class="puntos">Y había hecho eso sencillamente, sin cuidarse de las falsas
+interpretaciones ni de los comentarios injuriosos que pudiera provocar
+su conducta, y era tal la fuerza de aquella apacible virtud y de aquella
+incomparable dignidad, que en el círculo estrecho y malévolo de las
+comadres de provincia, ni una palabra, ni una insinuación la habían
+rozado. ¡Había sido preciso que fuese Raúl!... El... ¡Oh!.</p>
+
+
+
+<p>Aterrado por aquella revelación repentina que hacía vibrar las fibras
+embotadas de su corazón ya seco, el noble, tan frío, tan correcto de
+ordinario, cedió a la influencia generosa del momento con el impulso de
+la primera juventud y confesó sus faltas, sus penas, sus remordimientos,
+acusándose con una vehemencia en que entraba un poco de fatuidad de
+haber hecho dos desgraciadas: Juana y Liette.</p>
+
+<p>Bajo las cocas argentinas de la solterona se deslizó una débil sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Tranquilícese usted, señor conde, al menos en cuanto a la última&mdash;dijo
+con sencillez.&mdash;He amado mucho, apasionadamente, puedo confesarlo a mi
+edad... Pero el hombre a quien he amado no es usted. Era un príncipe
+encantado, creado completamente por mi imaginación de colegiala
+retrasada que pide demasiado a la vida, porque la ignora... Yo no tenía,
+sin embargo, esta excusa... Hoy, dispuesta a bajar la otra vertiente, me
+detengo un instante en la cima de la colina y no siento en mí ni cólera,
+ni amargura, ni pena, pues entre las piedras y las malezas he encontrado
+algo mejor que la florecita azul con que sueñan las jóvenes, he
+encontrado el reflejo de cielo que Dios pone en la mirada de los
+niños... Creo que había nacido para eso; no puedo guardar a usted rencor
+por haberme dado un sobrino que ha realizado todas sus promesas de usted
+y cumplido todas mis esperanzas. Las cualidades imaginarias de que yo
+dotaba a mi héroe, él las tiene realmente, y le debo tantos goces que
+casi tengo que estarle a usted agradecida.</p>
+
+<p>&mdash;Debemos estárnoslo el uno al otro&mdash;dijo el conde profundamente
+conmovido,&mdash;por lo que ha hecho usted y por lo que quería hacer aún.
+Pero es a mí a quien corresponde ofrecer a usted y a él la única
+reparación posible. Ha redactado usted un acta de adopción, señor
+Hardoin; no tiene usted más que cambiar una palabra. Yo dejaré a mi hijo
+mi nombre y mi fortuna.</p>
+
+<p>Esta vez fue Liette quien palideció. Había, sin duda, deseado
+ardientemente esta solución justa y natural en interés de su hijo
+adoptivo, y sin embargo... En el dolor atroz y profundo que le retorció
+el corazón e hizo brotar las lágrimas en sus ojos comprendió la feroz
+sublevación que se apodera de las madres a quienes se arranca su hijo.
+El notario, sin responder, abrió la puerta de la derecha.</p>
+
+<p>&mdash;Ya ha oído usted, capitán; usted es quien debe decidir...</p>
+
+<p>Al ver a aquel guapo y altivo oficial que era su hijo, el conde
+experimentó una sensación desconocida, un irresistible impulso de
+orgullo paternal. Dio un paso adelante con los brazos abiertos, pero
+Carlos se inclinó, muy pálido, y dijo con voz ahogada:</p>
+
+<p>&mdash;Caballero, no puedo ya pedir a usted reparación ni quiero aceptar
+ninguna. Mi madre ha muerto; procuraré olvidar el nombre de su verdugo,
+lo que quiere decir que no puedo llevarle. Y, con una especie de
+violencia, atrajo hacia su pecho a la tía Liette desfallecida.</p>
+
+<p>&mdash;Tú, que me lo has dado todo, dame también tu nombre; ten la seguridad
+de que no seré ingrato.</p>
+
+<p>El señor de Candore sintió que le subía a la cara una oleada de sangre;
+pero la conciencia de su culpa pudo más que su orgullo herido.</p>
+
+<p>&mdash;He merecido esto, y no puedo quejarme ni vituperar a usted,
+caballero... Pero a usted me dirijo, señorita; abogue por mi causa, que
+es también la suya... Conozco sus esperanzas, y puedo ayudarle a
+realizarlas... No me niegue usted esta satisfacción, la única que
+conviene a mi edad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es verdad!&mdash;dijo Liette turbada;&mdash;reflexiona; hijo mío... ¡La amas
+tanto!</p>
+
+<p>Carlos cerró los ojos para huir de la visión tentadora.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;respondió con energía,&mdash;no quiero la dicha a ese precio...</p>
+
+<p>&mdash;Y yo no quiero llamarme la señora de Candore, sino la señora de
+Raynal...</p>
+
+<p>La puerta de la izquierda se había abierto a su vez, y Eva se adelantaba
+valientemente hacia el joven admirado.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha declarado usted&mdash;le dijo,&mdash;que no pediría jamás la mano de una
+heredera, capitán; soy yo quien pide la de usted...</p>
+
+<p>Y mientras Carlos, loco de amor, se atrevía apenas a estrechar aquella
+manita adorable, que se entregaba espontáneamente a él, Eva rodeó con el
+otro brazo el cuello de la solterona enternecida y dijo cariñosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Usted quería adoptar un hijo, tía Liette; adopte dos... Tiene usted el
+corazón bastante ancho para ello.</p>
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Liette, by Arthur Dourliac
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE ***
+
+***** This file should be named 29901-h.htm or 29901-h.zip *****
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
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+
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
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+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
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+
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
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+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
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+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
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+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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