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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 02:48:26 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Liette + +Author: Arthur Dourliac + +Release Date: September 3, 2009 [EBook #29901] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + + + + +BIBLIOTECA DE «LA NACION» + +ARTHUR DOURLIAC + +LIETTE + +BUENOS AIRES +1907 + +Imp. y estereotipia de LA NACIÓN.--Buenos Aires. + + + + +LIETTE + + +Liette se asomó al balcón y paseó su mirada un poco turbada por los +sitios en que iba a desarrollarse su vida. A sus pies la plazuela +rectangular plantada de tilos, a cuya sombra iban a hacer su partida los +jugadores de pelota, entre los bancos de piedra desgastados por el uso +de tantas generaciones, a los que el abuelo tembloroso iba a calentar su +reuma pensando en el tiempo lejano en que iba allí a jugar al marro y al +paso, y al lado de la fuente rústica de murmullo cristalino en la que el +cansado caminante iba a apagar la sed y las jóvenes habladoras a llenar +sus cántaros charlando. + +En el fondo, la iglesia de inseguras piedras, de vidrios rajados y de +campanario oscilante, pero que conservaba, sin embargo, la imponente +majestad de las cosas del pasado y aplastaba con su altura a la nueva +alcaldía blanqueada y a la cual estaba aneja la escuela. + +A la derecha el letrero hereditario que anunciaba el despacho del +notario Hardoin, tercero de este nombre. + +A la izquierda la bandera tricolor que flotaba por encima de la +Gendarmería Nacional. + +El Correo estaba así guardado entre el órgano de la ley y sus +defensores. + +En la calle se agrupaba el «alto comercio», del pueblo: merceros, +tenderos de comestibles, carniceros y taberneros; y después una larga +fila de cabañas bajas y ahumadas, apretadas las unas contra las otras +como pájaros frioleros, y separadas de vez en cuando por las altas +tapias y la puerta cochera de alguna granja rica, que hacía más sensible +todavía la miseria de sus humildes vecinas. + +Más allá el campo con sus verdes praderas, sus dorados trigos y sus +bosques frondosos, y, mucho más allá, en un marco de vegetación +exuberante, un castillo señorial con sus ladrillos rojos, sus +torrecillas de pizarra que brillaban al sol saliente, sus ventanas +ojivales y sus balcones de hierro forjado, como esas joyas del +Renacimiento que esmaltan las orillas del Loira. + +Estábase sin embargo lejos de allí, y todo lo más, hubiérase podido ver +las orillas del Oise, pues era en este departamento donde se encontraba +el castillo de Candore y el pueblo del mismo nombre y donde Julieta +Raynal acababa de ser nombrada empleada de Correos con mil doscientos +francos de sueldo. + +El campo dormido estaba envuelto en una ligera bruma como un velo de +desposada, y la joven pensaba en el tiempo pasado con la mirada perdida +en el horizonte y la mejilla apoyada en la mano. + +Allá, en lo más lejano de sus recuerdos, veía el patio de la casa mora, +muy largo, muy largo, un vasto desierto que atravesar para sus +piernecitas... Y Julieta permanecía temerosa, agarrada a la falda de su +madre, mientras que en el otro extremo un hombre, con las manos +extendidas, sonriendo bajo su fino bigote y dulcificando la voz +acostumbrada al mando, le gritaba: + +--Valor, Liette. + +Entonces, a la llamada de «papá,» la niña, dejando el refugio materno, +se lanzaba tambaleándose por el patio, vacilando en los primeros pasos, +pero sostenida por el acento firme y tierno del soldado que repetía: +«Valor, Liette» y se arrojaba sobre su gruesa bota que enlazaba +estrechamente entre sus brazos. + +Recordaba después la alegría de ser levantada como una pluma y +estrechada contra el uniforme bordado de oro, y de sentir en la frente y +en el cuello el cálido beso del joven padre. + +--¡Bien, Liette, eres valiente... + +Después su infancia errante por las guarniciones, recorriendo la Francia +y las colonias, del Norte al Mediodía, del Este al Oeste, marcando cada +etapa por un galón más. + +Después, ya muchachita de cabello menos largo y trajes menos cortos, +apoyándose en el brazo de papá (pues ya le da el brazo). Y la niña se +estira toda gloriosa, sin notar las miradas de admiración de los +oficiales al hacer el saludo militar. + +Pero papá las nota y sonríe, halagado en su orgullo paternal. + +El oficial está orgulloso de su hija, pero ¡cuánto más lo está la hija +de su padre!... + +Comandante a los treinta y ocho años, pronto coronel, general acaso... +¡Y quién sabe si irá a recoger del otro lado del Rhin el «bastón» que ya +no brota en tierra francesa! + +«¡Señor Mariscal!» + +¿Por qué no? ¿Dónde se detienen los sueños de una cabeza de dieciséis +años? + +Después la brusca parada en vísperas de ascender a coronel; la parálisis +a consecuencia de una insolación que venció al brillante oficial, a él, +a quien las balas enemigas habían dejado en pie. + +Después la despedida al regimiento, a la vida activa y brillante, el +retiro, la enfermedad, la miseria... + +Raynal no tenía más que su sueldo. Se había casado con una criolla sin +fortuna, que tenía apenas el dote reglamentario, pero de gustos de +duquesa, de muy hermosos ojos y de cerebro de pájaro. + +Coqueta, gastadora e incapaz de una idea seria, era un lindo juguete, +gracioso y seductor en alto grado, pero tan poco hecho para las luchas +de la vida como una figurita de Sajonia. + +Acostumbrada a descansar en su marido para todos los cuidados +materiales, no pensó siquiera en tomar el timón en la mano y dejó que el +barco privado de su capitán se fuese a pique. + +El enfermo tiró dos largos años, el tiempo necesario para agotar los +últimos recursos, y sucumbió más a la angustia mortal que le dominaba +ante el porvenir de las personas queridas que al sufrimiento físico. + +Consoló a su mujer desesperada y casi loca, sonrió a su hija, que +ocultaba silenciosamente las lágrimas y, murmurando una vez más, como +cuando era pequeña, «¡Valor Liette!,» expiró. + +¡Liette iba a tener necesidad de valor! + +Por fortuna, era valiente y, sin debilidad ni indecisión, hizo frente a +la desgracia. + +Dejando a su madre lamentarse inútilmente o mecerse en peligrosas +quimeras, puso sin tardar manos a la obra, apeló a sus relaciones, +multiplicó los pasos, pidió poco para obtener algo, y, después de +tribulaciones, decepciones y penas que hubieran desanimado a un alma +menos valiente, fue nombrada para ese humilde puesto objeto de su +ambición. + +¡Era la salvación! + +Sin hacer caso de las quejas de su madre sobre la inferioridad de la +posición, la escasez del sueldo y la tristeza del país, «un agujero en +el que se iban a morir de aburrimiento,» Julieta la calmó dulcemente +como a un niño, más aún por sus caricias que por sus palabras, y la +buena señora acabó por declarar que estaba pronta, por su hija, a todos +los sacrificios. + +Aquella condescendencia, de la que en realidad era Liette quien hacía +todo el gasto, hubiera hecho sonreír sin la absoluta necesidad de la +supuesta abnegación maternal. + +Habían llegado el día antes y habían pasado la noche como pudieron en +medio de una aglomeración de muebles y paquetes que recordaba los +antiguos cambios de guarnición. + +La de Raynal tenía la pasión, particularmente funesta en la mujer de un +militar, de los cachivaches tan molestos como inútiles y costosos. + +En el curso de sus peregrinaciones, había reunido muestras variadas de +la fauna, la flora y la industria de las diversas latitudes, y esto +formaba una mezcolanza heteróclita de objetos sin nombre que rabiaban de +verse juntos; calabazas, samowar, babuchas turcas, zuecos normandos, +gaitas bretonas, zancos landeses, huevos de avestruz, etc. etc., más una +colección de animales disecados; lagartos, gacelas, monos, loros, +marmotas... + +La viuda quería a aquellas «reliquias» como a las niñas de sus ojos y +por nada del mundo las hubiera reemplazado con objetos menos frívolos y +más necesarios. + +En aquel bazar cosmopolita, que lo mismo parecía una tienda de prendería +que la de un guerrero apache, la excomandanta se agitaba y se revolvía +embrollándolo todo, mandando sin ton ni son y aumentando la confusión y +el desorden. + +Por fin, sucumbiendo al cansancio, consintió en meterse en la cama y +Julieta aprovechó aquel respiro para arreglar sumariamente su primera +instalación. + +Todo fue saliendo del caos bajo su mano inteligente. Los grandes muebles +estaban en su sitio, las cortinas colocadas, las alfombras puestas, y +el pobre alojamiento tomó un aspecto casi coqueto. + +Después de unas horas de descanso, acababa de levantarse con el alba +para terminar la tarea mientras su madre dormía todavía. Pero asomada a +la ventana, se olvidaba por qué estaba allí, perdida en reflexiones +dulces y tristes al mismo tiempo, vuelta melancólica del pasado +radiante, aspiración vaga hacia un porvenir que la esperanza, esa vivaz +flor de la juventud, le mostraba, si no dichoso, al menos tranquilo y +pacífico. + + * * * * * + +El campo se despertaba al salir el sol, un ligero estremecimiento +agitaba la hojarasca, una nube de insectos volaba de nidos invisibles y +en el resplandor de los primeros rayos de oro los pajarillos se elevaban +en los aires. + +Cantó el gallo, mezclando su nota clara al ladrido de los perros; las +ventanas chocaron contra los muros; los zuecos sonaron en el suelo; el +cuerno del boyero hízose oír en el extremo del pueblo, el hombre +apareció, y, saliendo de cada puerta con paso tranquilo y lento, las +vacas fueron una a una a engrosar el rebaño levantando una nube de +polvo. + +Por una rara asociación de ideas, aquel cuadro campestre evocó a los +ojos de la joven la vuelta del escuadrón después del ejercicio de la +mañana. + +Las trompetas la llamaban, y ella corría alegre y presurosa a saludar al +guapo oficial, que era su padre, y cuyo caballo negro se paraba bajo el +balcón, para que ella respondiese al saludo de «papá». + +De pronto se echó hacia atrás, confusa y avergonzada... + +Un elegante jinete acababa de desembocar en la plaza, y al sorprender a +la joven sonriendo a su ensueño, se detuvo y, maquinalmente, se quitó el +sombrero. + + * * * * * + +Julieta cerró vivamente la ventana y se apresuró a dedicarse a los +cuidados de la casa. Pero mientras daba vueltas en sus ocupaciones, no +pudo menos de pensar más de una vez en aquel desconocido que era el +primero que había saludado su despertar en su nueva existencia. + + * * * * * + +La familia de Candore, cuyos antepasados habían tenido derecho de alta y +baja justicia en el territorio de ese nombre, se componía de tres +personas: la condesa y sus dos hijos, Blanca y Raúl. + +La señora de Candore, sencillamente de la familia Neris, era hija de un +riquísimo comerciante de lanas y había cambiado el millón de su dote con +la partícula que le llevó su marido por toda fortuna. De un orgullo de +emperatriz y gran señora hasta las uñas, hizo pronto olvidar la modestia +de su origen. + +Para decir verdad, al ver al conde pesado y grosero, noble campesino, +más campesino que noble, y a su mujer elegante, distinguida y altanera, +no se adivinaba de qué lado estaba la alianza desventajosa ni cuál de +los dos se había «encanallado». + +El señor de Candore no había heredado más que el blasón de sus abuelos y +su prodigalidad. Tiraba el dinero por las ventanas como un verdadero +gran señor, y el millón del buen Neris se deshizo pronto entre sus +manos. La muerte del comerciante le volvió a poner a flote por algún +tiempo, pero iba seguramente a ahogarse, cuando un accidente de caza le +envió al otro mundo y salvó el patrimonio de sus hijos. + +Pero le había reducido mucho, y la viuda se hubiera visto en la +imposibilidad de sostener su categoría sin el generoso apoyo de su +hermano, que pasaba por un soltero endurecido y muy rico, el cual, +después de una juventud bastante tempestuosa, se había decidido de +repente a hacerse virtuoso por cariño a su hermana o por cualquier otro +motivo, y hacía ahora penitencia bajo la férula de la severa Hermancia, +que le dominaba como a un muchacho, aunque la llevaba quince años. + +El señor Neris no tenía más herederos que sus sobrinos, a quienes quería +tiernamente, sobre todo a la sobrina, deliciosa criatura que le hacía +soportable la vida a que se había resignado benévolamente, demasiado +rígida para un antiguo calavera. + +A Raúl le manifestaba una afectuosa indulgencia de la que él abusaba en +grande. + +--¡Bah! son cosas de jóvenes; yo he sido así--respondía a los reproches +agridulces de su hermana con más pesar que arrepentimiento. + +Gracias a sus larguezas, el joven, agregado a la embajada de Londres, +pudo hacer anchamente la gran vida inglesa, hasta el punto de que su +salud se resintió y tuvo que pedir una licencia prolongada. + +Poniendo a mal tiempo buena cara, Raúl aceptó bastante filosóficamente +aquel retiro, aunque Candore no le ofrecía gran variedad de diversiones +permitidas... o no. La caza, la pesca, la equitación y el whist en +familia, a esto se limitaban poco más o menos las primeras; en cuanto a +las segundas, cero. + +--Verdaderamente, esto es un poco severo, tío; mi madre te condena a una +existencia de cartujo--decía riendo el diplomático en disponibilidad. + +El tío suspiraba, en realidad, a no dedicarse a las pastoras, de lo que +le acusaba a veces su hermana, el excalavera no podía hacer de las +suyas. + +La rígida Hermancia no se rodeaba más que de caras ingratas y un tanto +estropeadas; cambiaba constantemente de institutrices y la última, una +joven inglesa, había estado a punto de volver a pasar el canal de la +Mancha, a pesar de los mejores certificados, porque no realizaba +suficientemente el tipo clásico atribuido a las pobres «misses». + +--¡Es, sin embargo, bastante fea!--dijo Raúl protestando y englobándola +en su aversión a las hijas de Albión, cuya vista solamente le daba el +«spleen». + +En realidad Juana Dodson tenía un talle elegante y flexible, manos y +pies razonables, muy hermosos cabellos, un cutis deslumbrador y hasta +hubiera sido bonita sin unos horribles anteojos verdes que la +desfiguraban y que no se quitaba jamás... ni para dormir, insinuaba +maliciosamente su discípula, lo que le había servido de salvoconducto +con la severa castellana. + +Pero, desgraciadamente, los anteojos no bastaban para su seguridad, y +aquella misma mañana había habido una explicación bastante viva entre la +señora de Candore y su hermano a propósito de la institutriz. + +--Te aseguro, querida Hermancia, que no he pensado nunca en hacer la +corte a miss Dodson. + +--Calla, calla, Héctor, eres incorregible. + +--Pero... + +--¿Crees que estoy ciega? + +--Te repito... + +--No, no, Héctor, no puedo soportar esto; es un ejemplo deplorable y +escandaloso para mi hijo... + +--¿Raúl?... ¡Bah! + +El tío hizo un gesto que quería decir que estaba perfectamente enterado +de la virtud de su sobrino. + +--Y es una ofensa para Blanca. + +Esta vez la frente del anciano se ensombreció, y dejando el tono ligero +que había tenido hasta entonces, dijo: + +--Hazme el favor de creerme incapaz de tal cosa. + +--No pido otra cosa, Héctor--respondió más dulcemente la condesa,--pero +tu asiduidad a las lecciones de miss Dodson hacen murmurar. + +--Raúl está siempre presente; no falta a una lección. + +--¿También tú lo has notado?--dijo vivamente la madre. + +--Sin duda, pero eso no prueba que se ocupe más que yo de esa pobre +miss... + +--¡Oh! no es la miss la que me alarma por él. + +--¿Qué quieres decir? + +--Hemos sido muy imprudentes no previendo lo que sucede... + +--¿Qué es ello? + +--Lo que debía fatalmente suceder. Esos dos muchachos, jóvenes, guapos y +educados libremente como hermanos... sin serlo... debían necesariamente +llegar a experimentar el uno por el otro sentimientos poco fraternales. + +--¿Crees que Raúl ama a Blanca?--preguntó Neris con ansiedad. + +--Estoy segura, y hemos sido muy locos al no pensar en ello. + +--¡Dios mío! + +--Sin esa imprevisión imperdonable, no hubiera ciertamente educado a +Blanca aquí con él. + +--¡Oh! no sientas lo que has hecho, Hermancia; no sientas haber salvado +a tu hermano de la desesperación... + +--Ya ves, sin embargo, lo que me cuesta y a lo que nos expone ese +instante de debilidad: el reposo de mi hijo y el de Blanca comprometidos +acaso para siempre. ¡Pobre niña!... A ella es sobre todo a quien +compadezco; la vida le resultará muy difícil. El mundo condena +implacablemente en los hijos las faltas de los padres. Es injusto, pero +es así. He reflexionado en esto muchas veces, pensando en el momento en +que habrá que casar a esta niña a la que tanto quiero. ¡Cuántos +obstáculos, Dios mío! He pasado revista a todos los pretendientes +posibles, y los que más nos convendrían son los que más vacilarán. + +--Sin embargo, mi yerno... + +--Tu yerno lo será también de una figuranta de Drury-Lane a quien has +hecho la locura de dar tu nombre y que era indigna de llevarle. Muchas +familias lo pensarán mucho. + +El anciano bajó la cabeza ante esta evocación brutal de un triste pasado +que él hubiera querido enterrar en el olvido. + +Cuando después de una separación escandalosa se refugió en casa de su +hermana con una niña todavía en la cuna, resto de aquel lamentable +naufragio, aceptó sin dificultad y hasta con una especie de alivio las +condiciones de la condesa, que exigió que Blanca pasase por hija suya y +que no se hablase jamás de la madre, a quien se negaba a reconocer por +cuñada. + +--Mi mujer ha muerto; es inútil hablar de ella--dijo Neris haciendo un +esfuerzo.--Pero mi hija Blanca es inocente y debes tener piedad de ella. + +--¿Cómo? + +--Puesto que esos muchachos se aman, habría un medio muy sencillo, si tú +quisieras: casarlos, y Blanca seguiría llamándote su madre. + +--¿Cómo puedes pensar tal cosa? + +--Es un gran sacrificio... Pero tú serás buena con mi pobre hija... Te +quiere tanto... No la rechaces, te lo suplico. + +--Yo también la quiero, y si no se tratase más que de mí... ¡Pero el +mundo y sus prejuicios! Raúl puede perjudicarse en su porvenir y en su +carrera, y yo también soy madre, amigo mío. + +--Te comprendo, pero, en fin, Raúl tiene los gustos de mi clase y una +situación honrosa que reclama muchos gastos, que yo puedo sufragarle, +muy feliz de agradecer así la felicidad que mi hija os deberá a los dos. + +La condesa se levantó. + +--Ya hablaremos de esto, hermano mío. No hay prisa y tenemos tiempo de +pensarlo... Reflexionaré... Pesaré mis sentimientos y mi razón. + +--Cuento sobre todo con tu corazón. + + * * * * * + +Una vez sola, la de Candore tuvo una sonrisa de triunfo. + +--El cascabel está puesto, dijo. Con tal de que Raúl no le quite... +Ahora lo urgente es despedir a la institutriz. + +Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del +caballo, Raúl volvía a Candore soñando con el perfil que había +vislumbrado un instante en la ventana abierta y tan pronto vuelta a +cerrar. + +Las pocas noticias adquiridas por los dependientes en casa del notario +Hardoin no habían hecho más que aumentar su curiosidad y, mientras +seguía con mirada distraída las espirales azuladas que flotaban delante +de él como una ligera nube, iba evocando la delicada silueta que se le +había aparecido en un marco de follaje a través de la bruma matutina. + +--¡Raúl! + +Una voz suplicante que vibró a su oído y una mano febril que se apoyó en +el caballo le arrancaron a aquel turbador pensamiento. + +El joven hizo un gesto de mal humor. + +--¡Usted, Juana! En verdad, es usted imprudente... + +--No se trata ya de prudencia, Raúl; debes ahora advertir a tu madre que +estamos casados, que soy tu mujer. + +--Al oír estas palabras se dibujó una imperceptible sonrisa bajo el fino +bigote del joven. + +--¡Bah! Cálmese usted, hija mía, y espere para contarme eso a que +estemos libres de oídos indiscretos. La carretera no es realmente el +lugar más a propósito para las confidencias. + +Echó pie a tierra, se puso en un brazo las riendas del caballo y, sin +ofrecer el otro brazo a su compañera, se metió en las espesuras que +rodean al parque y dio unos cien pasos en silencio seguido por la joven +temblorosa y agitada y que, con el corazón oprimido por aquel tono de +burla, trataba en vano de contener dos gruesas lágrimas que rodaban bajo +sus anteojos azules. + +Era una cálida mañana de verano. La sombra de los árboles de ramas +extendidas como una inmensa cortina tamizaba los rayos del sol, la +atmósfera tibia y húmeda tenía una dulzura penetrante, hundíanse los +pies blandamente en el espeso musgo que algodonaba el suelo, y solamente +los pajarillos ponían sus notas melancólicas y tiernas en el silencio de +los bosques. + +Llegaron a un claro lleno de verdor y acribillado por las flechas de +oro del ardiente astro. Un majestuoso círculo de hayas gigantescas, que +formaba una especie de barrera, los protegía contra toda sorpresa. + +Raúl se detuvo junto a un banco de musgo y dijo: + +--Estamos en lugar seguro. Siéntate, querida mía y cuéntame tus +infortunios, que estoy pronto a vengar como galante caballero. ¿Mi +hermana te ha hecho rabiar? ¿Mi madre te ha puesto mala cara o mi tío +demasiado buena? + +--La señora de Candore ha despedido a la institutriz de su hija, Raúl; +acaso acogerá a la mujer de su hijo. + +--¡Oh! + +Hubiera sido difícil adivinar el sentido exacto de esta exclamación; +irritación, pesar, despecho, descontento contra los demás y contra sí +mismo, había un poco de todo esto. + +En cambio, ni sombra de enternecimiento ni de piedad había en su mirada +seca. + +Púsose a mascullar nerviosamente el cigarro y a azotar con el látigo las +florecillas, cuyas tiernas hojas se desparramaban por el suelo +desgarradas y marchitas. + +Juana, mientras tanto, lloraba bajito y profería hondos sollozos que +agitaban sus hombros. Habíase arrancado los horribles anteojos y +arrojándolos a sus pies en un gesto de cólera, y sus hermosos ojos, +claros y transparentes como el agua del mar, aparecían anegados en +lágrimas y fijos en el joven con una desesperada angustia. + +¡El callarse hubiera sido demasiado cruel! + +El joven, pues, le dijo tomándola afectuosamente las manos y atrayéndola +hacia su pecho hasta sentir latir su corazón: + +--Vaya, vaya, querida hija mía, ¿quieres secar esas lágrimas y +responderme cuerda y razonablemente? ¿No estoy aquí yo, tu protector, tu +marido? Cuéntamelo todo en detalle. + +--¿Qué quieres que te diga, Raúl? Tu madre me ha echado. + +--¡Echarte! La palabra es fuerte y seguramente impropia... Cuando +conozcas mejor las finuras de la lengua francesa... + +--Echarme o despedirme, todo es lo mismo--dijo Juana con sorda +vehemencia. + +--Pero, en suma, ¿qué ha pasado entre mi madre y tú? + +--La señora de Candore me ha dicho sencillamente que por motivos +personales, estaba precisada a privarse de mis servicios. + +--¡Diablo!--exclamó Raúl mordiéndose el bigote. + +--¿Qué va a ser de nosotros? + +Aquel nosotros pareció molestar un poco al conde, que dijo reprimiendo +un movimiento de impaciencia. + +--No hay que exagerar. Es un incidente lamentable, pero que no debe +alarmarnos gran cosa. Bien sabes que te amo y que no te abandonaré. +Tengo que volver muy pronto a Inglaterra, y sólo se trata de una +separación momentánea. + +--¡Separarnos!--murmuró Juana muy pálida. + +--Es preciso; no puedo interceder por ti con mi madre sin confirmar sus +sospechas... Si es que no tiene más que sospechas. Por otra parte, no +puedes estar eternamente al lado de Blanca como institutriz. + +--No, pero puedo estar como hermana y como tu mujer. ¿No estamos +casados? + +--Sin duda, sin duda, pero estaría muy mal elegido el momento para +semejante confesión. + +--Sin embargo, Raúl, no podemos tardar más. Mi dignidad y la tuya no +sería lo único que sufriría... Hay que hablar a tu madre, es preciso... + +Sorprendido por aquella vehemencia que contrastaba con su apariencia +débil y delicada, Raúl la interrogó con la mirada. + +Confusa y ruborizada, Juana se acercó más estrechamente a su marido y +pronunció muy bajito unas palabras. + +Raúl soltó una exclamación que nada tenía de satisfecha, y con las +cejas fruncidas y la expresión dura y descontenta, separó casi rudamente +a la pobre mujer. + +--¡No nos faltaba más que esto!--masculló el joven entre dientes. + +Prodújose un penoso silencio. + +Por fin, haciendo un esfuerzo para disimular su violenta contrariedad +bajo el barniz mundano, dijo Raúl con sonrisa forzada: + +--Es una gran noticia, que acaso sea buena... No me atrevo a declararlo, +pues va a crearnos serias complicaciones. ¡En fin! no importa; ese +pequeño personaje no dejará por eso de ser bienvenido... + +--¡Oh! Raúl... + +--Solamente, querida, la necesidad de tu partida se impone más que +nunca. Tu presencia haría más difícil la confesión de nuestro casamiento +y aumentaría el enfado de mi madre. + +--¿Lo crees así? + +--Estoy seguro. Lo mejor es por lo tanto aprovechar las circunstancias +que nos evitan el trabajo de buscar un pretexto. En cuanto expire mi +licencia iré a reunirme contigo a Londres, y desde allí anunciaremos a +mi madre nuestro matrimonio y el nacimiento de nuestro hijo. La segunda +noticia hará pasar la primera y nos ahorraremos una escena penosa. + +--Sin embargo... si la señora de Candore se negase... + +--Nada es posible contra los hechos consumados. ¿No eres mi mujer? + +--El otro día oí al notario señor Hardoin afirmar que un matrimonio +hecho en el extranjero en esas condiciones, es nulo... + +--¡Hardoin! bonito oráculo... Fuera de la venta de carneros o del precio +de un arrendamiento, no sabe una palabra de nada... + +--Pero... + +--Vamos a ver, amiga mía, ¿tienes más confianza en Hardoin que en mí? + +Juana rodeó con sus brazos el cuello de su marido en un impulso +desesperado, y exclamó: + +--No, Raúl, quiero creer, creo en ti... Si no creyera me moriría o me +volvería loca. + +Alarmado por su exaltación, el joven trató de calmarla con frases +cariñosas y palabras tiernas, acaso sinceras, pues era ante todo el +hombre del momento y la pobre criatura hubiera conmovido a un corazón de +piedra. + +--Tranquilízate, mi querida Juana. Es una prueba momentánea, una +separación muy corta seguida de una eterna unión y de una dicha sin +nubes. Por mi parte me resigno fácilmente a separarme ahora de ti, +pensando que también se separa otro... + +--¿Tengo realmente la felicidad de que estés celoso? + +--¡Lo confieso con rubor! Me hace daño el ver sin cesar a mi tío +pisándote los talones. + +--Te engañas, Raúl; te juro que el señor Neris no me ha mostrado jamás +más que una benevolencia paternal. + +--¡Hum!... En fin, habrá perdido el tiempo, y por mucho que digan, mal +de muchos... + +Raúl había eludido hábilmente la cuestión, y la pobre niña, engañada con +aquellos fingidos celos, no pensó más que en justificarse, olvidando sus +propias ofensas y sus secretas aprensiones. + + * * * * * + +La semana siguiente dejó Juana el castillo de Candore, triste pero +resignada, llevándose con la débil prenda de su amor el recuerdo del +pasado y la promesa consoladora del porvenir. + +Cuando el tren pasó por la linde del parque se agitó un pañuelo en una +portezuela, pero Raúl, en pie en su ventana, con un cigarro en la boca, +no respondió siquiera a aquel tímido adiós y una vez que el último vagón +hubo desaparecido en una nube de humo, lanzó un suspiro de satisfacción +y dijo: + +--¡Al fin!... + + * * * * * + +Un estreno es siempre penoso. + +Preguntádselo al pintor que expone su primer lienzo, al poeta que +publica sus primeros versos, al abogado que defiende su primera causa, +al actor que desempeña su primer papel. + +Y ante esos, al menos, la esperanza del triunfo abre un horizonte +radiante y la fe en el porvenir hace olvidar las angustias del presente. +Pero en la medianía, en la vulgaridad de la vida corriente, cuánto más +angustioso y más penoso es ese momento de interrogación sin la más +pequeña aureola de consoladoras quimeras... + +En el colegio, el brutal despertar del «Nuevo» caído del nido familiar, +en el cuartel la primera llamada del «quinto» arrancado a su aldea, la +primera clase de la pasanta en su pupitre, el primer día de la criada en +su fogón, del aprendiz en su taller, del dependiente en su tienda, del +meritorio en su oficina, ¡qué calvario! Es imposible decir las mil +flechas invisibles, los choques dolorosos, las heridas ocultas y +resumidas en esta sola palabra: + +¡Un estreno! + +Mientras que la señora de Raynal, muy atareada, subía de la cueva al +desván, visitaba el jardinillo y la casa, tan modestos el uno como la +otra, empujando los muebles, revolviendo los armarios, vaciando los +baúles, registrando los paquetes, lamentándose por la pérdida presumida +de algún chisme heteróclito, más sentido cuanto menos valía; mientras +aturdía a la zafia criada que abría unos ojos y unas orejas tamaños ante +aquel desembalaje de objetos desconocidos y de nombres raros, como +samowar, checchia, etcétera. Mientras ella gemía por la estrechez de la +casa, por la orientación defectuosa de las habitaciones, todas al Norte, +y la fealdad de los papeles chillones, Julieta estaba en su oficina +oyendo en silencio las explicaciones de la empleada saliente, la +señorita Beaudoin, solterona impenitente que se había puesto amablemente +a su disposición, pero que no limitaba desgraciadamente sus buenos +oficios a lo referente a los «Correos y Telégrafos» y añadía un curso +variado de economía doméstica, de conveniencias mundanas y de moral de +las familias, mas un compendio histórico y biográfico de Candore y sus +habitantes, sin olvidar la presentación obligatoria de todos los que +asomaban la nariz por la ventanilla, y Dios sabe qué desfile era +aquél... + +Nunca había reinado en el pueblo semejante fiebre epistolar, a juzgar +por el número de contribuyentes que iban a pedir sellos y tarjetas +postales. + +--Sabe usted, hija mía, la vida es aquí muy barata--decía con +volubilidad la buena solterona;--la manteca a una peseta la libra... +¿Las hojas de sellos? Aquí, en este cajón... Se hace una visita a las +personas notables, el alcalde, el cura, el notario... ¿Los libros de +libranzas? Aquí, en este cajón de la derecha... No le servirán a usted +de mucho, como no sea el notario; los campesinos no confían casi sus +escudos al Correo; de vez en cuando unas pesetillas al muchacho que está +en el ejército... Tendrá usted su silla en la iglesia; es más barato y +está mejor visto... El cura es un buen hombre... Los del país no son +devotos, pero tampoco contrarios; no la miran a una mal porque vaya a +misa... La vecindad con el notario y con los gendarmes tiene algún +inconveniente para una joven, pero no olvidando lo que una debe a su +sexo, los demás no tienen tampoco ganas de olvidarlo... Candore es más +importante que el pueblo cabeza de partido, y tenemos un hospital, +donación del difunto conde, un verdadero pródigo, que devoraba el dote +de su mujer, pero buen sujeto... El hijo es más orgulloso, que se parece +a su madre en lo tieso, aunque la buena señora no se llame más que +Neris... Su padre era tratante en lanas, y su hermano podría bien +hacerle bajar los humos, pues son sus escudos los que danzan en el +castillo... Buena persona también el señor Héctor, pero le aconsejo a +usted que le tenga a distancia, pues es muy comprometedor para las +jóvenes... ¡Hablo por experiencia!... (La experiencia debía de remontar +muy lejos). + +Liette escuchaba con paciencia esta charla, solamente interrumpida por +alguna breve pregunta o por la voz gangosa de alguna comadre que metía +el hocico por la ventanilla como si fuera a arrancársele. + +--Buenos días, señorita Beaudoin... Dispénseme usted si la molesto, pero +necesito un sello de dos sueldos. + +¡Qué suma de curiosidad en ese sacrificio de diez céntimos arrancados a +la rapacidad campesina! + +Liette, sin parecer echarlo de ver, hacía silenciosamente su oficio, +mientras la exempleada le susurraba al oído: + +--La tendera de la esquina, una mujer muy lista. + +Y otras veces: + +--La mujer del carretero, una verdadera chismosa. + +--La granjera del Quejigal, una ricacha, pero más mala que un dolor... + +La huérfana sentía pesar sobre ella todas aquellas miradas +inquisitoriales que investigaban su sencillo traje, inventariaban su +pobre mueblaje y observaban sus menores gestos con la astuta +malevolencia de los rurales para con «los de la ciudad». + +Y los pasantes del notario, desde el «principal» hinchado de +importancia, hasta los escribientillos maliciosos y granujas, la miraban +descaradamente. + +¿Y la charla desconfiada de los paletos, a cuyos dedos ganchudos costaba +tanto trabajo soltar las libranzas y contaban y recontaban las monedas +de plata alineadas delante de ellos? + +¿Y las conversaciones de las criadas que respondían a las jeremiadas de +la viuda del otro lado de la valla? + +Todo esto producía a la joven empleada una sensación de malestar y de +repugnancia. + +Ella, cuya aurora se había levantado bajo el radiante sol de África, al +toque de las cornetas y entre el brillo de los uniformes; que había +crecido en una atmósfera de gloria y heroísmo, oyendo el relato de +luchas caballerescas y de combates fabulosos, como Sidi-Brahim y +Mazagran, ¡qué obscuro, mezquino y vulgar le parecía el presente! + +A pesar de su ánimo, experimentaba una especie de cansancio y de +abatimiento. + +Después del gran gasto de energía de los últimos años, la fuerza +nerviosa que la había sostenido hasta entonces la abandonaba al llegar +al puerto. + +La inagotable verbosidad de la exempleada, las quejas lamentables de su +madre, el repique continuo de la campanilla incesantemente agitada, las +caras desagradables, hipócritas o malhumoradas, que se sucedían sin +interrupción en la ventanilla, esos mil pequeños detalles irritantes por +su vulgaridad misma, enervaban su alma, tan fuertemente templada sin +embargo, y bajo la calma aparente de sus maneras y la sonrisa forzada de +su cara, gruñía una sorda rebelión, una angustia conmovedora como la +llamada del desgraciado que se ahoga. + +De repente se abrió la puerta de la oficina, empujada por una fuerte +mano. + +Y apareció en el umbral, haciendo el saludo militar, el cartero del +pueblo, un veterano de bigote gris y cuya blusa azul estaba estrellada +por la cruz de honor. + +--El tío Marcial, un soldadote nada cómodo--murmuró la antigua empleada. + +Pero Liette no la oyó. + +Como un rápido relámpago que desgarra la noche sombría, como un rayo de +sol que hubiese disipado la niebla que se amontonaba en torno de su +mente, aquella repentina aparición, que evocaba la gloria del pasado, +dio valor a la hija del soldado para la lucha, para el trabajo y para el +deber. + +Y cuando el buen hombre vació delante de ella su saco de telegramas, le +echó una mirada de agradecimiento y le dijo: + +--¡Gracias! + + * * * * * + +En seguida se puso valientemente a la tarea. + + * * * * * + +Fiel a las tradiciones de las nobles castellanas, cuyos usos y +costumbres hubiera hecho revivir de buena gana, la de Candore recibía +todos los domingos al cura y al notario, comensales obligados del +castillo. + +El primero, a quien ella trataba con toda la deferencia respetuosa +debida a los más simples curas en las casas de los más orgullosos +representantes de la aristocracia, era un hombre gordo, borroso y +linfático, sin vigor físico ni moral, cuidadoso ante todo de su reposo, +que trataba de vivir bien entre el antiguo y el nuevo señor, es decir, +entre el castellano y el alcalde de Candore, y que a fuerza de repetir +«Bienaventurados los mansos», no veía otra cosa en el Evangelio. + +Por el contrario, el segundo, al que la condesa llamaba siempre «mi +querido tabelión» con cierto aire de protección, olvidando que el abuelo +Neris había sido jardinero en casa del abuelo Hardoin, era, a pesar de +sus patillas grises, un cincuentón tan verde de espíritu como de cuerpo +y cuyas respuestas, de una bondad maliciosa, hacían a veces rechinar los +dientes como una manzana agria. Rara vez, y por mil razones, estaban los +dos de acuerdo, y la diversión favorita de Raúl era hacerlos regañar +sobre un asunto cualquiera y ver la cara asustada del cura ante las +réplicas agridulces del notario. + +Aquella noche, mientras tomaban café en el terrado adornado de naranjos +y adelfas y Blanca descifraba en el piano un nocturno de Chopin, +estaban discutiendo la cuestión de una nueva institutriz y la de Candore +se quejaba vivamente de la dificultad de hallar una reemplazante para +miss Dodson. + +--Observo, señora condesa, que pasa con esa como con las otras--hizo +observar tranquilamente el notario tomando un polvo de rapé;--siempre +las echa usted de menos cuando se han marchado, y tiene usted razón. + +--Permítame usted no ser absolutamente de su opinión--dijo tímidamente +el cura;--esa joven, seguramente apreciable, tenía un defecto capital +para una familia católica: su herejía. + +--¡Bah! no era por Blanca por quien era de temer su influencia--murmuró +el notario con expresión de duda echando una mirada al tío y al sobrino +que estaban fumando apoyados en la balaustrada. + +--¿A quién se lo cuenta usted, mi querido tabelión? Eso es lo que hace +ser mi elección tan delicada. La fealdad es generalmente desagradable y +limitada; la vejez maníaca y enfermiza; en cuanto a la juventud... +soportable, el ensayo no me ha salido muy bien. + +--Tú ves el mal en todas partes, Hermancia--dijo Neris sin volverse. + +--Lo veo donde está, y, desgraciadamente, tú no me dejas equivocarme. + +--¿Acaso esa señorita ha dado lugar a la maledicencia?--preguntó el cura +alarmado. + +--Nada de eso, señor cura; su alejamiento es una simple medida de +prudencia en su propio interés. + +El señor Neris se encogió de hombros con impaciencia. Raúl siguió +fumando con una flema enteramente británica. + +--En una palabra, está usted sin institutriz y le hace falta una. + +--No veo la necesidad--interrumpió Blanca que, después de dar +precipitadamente el último acorde, había abandonado el instrumento de su +suplicio y venía a tomar parte en la conversación. + +--Desgraciadamente, tú no tienes voz en el capítulo, hermanita. + +--Ni tú tampoco. Testigo miss Dodson, a la que no podías sufrir. + +--Lo confieso. + +--¿Y usted, señorita? + +--Yo estaba bien dispuesta para con ella; pero parecía un poco +envidiosa... sin duda porque yo no tenía anteojos. + +La joven se echó a reír agitando los rizos que revoloteaban en torno de +su frente. + +--¿No siente usted, entonces, que se haya marchado? + +--Realmente, sí. Se sabe lo que se deja, pero no lo que se toma; y ya +que mi querida mamá no me juzga capaz de gobernarme yo sola... + +--A los dieciséis años es un poco pronto, querida. + +--¡Bah! la edad no importa nada. Estoy segura de que haría menos +disparates que Raúl, ¿verdad, señor Hardoin? + +--Me recuso, señorita, aunque tengo gran confianza en su alta sabiduría. + +--Si es para usted un cuidado tan grande, señora condesa, ¿por qué no +pone usted a la señorita Blanca en el Sagrado Corazón de Noyon?--propuso +el cura. + +--¿Por qué no en la escuela? Eso no es amable, señor cura... ¿Quién iba +entonces a azucararle a usted el café? + +--Crea usted, querida señorita... + +--Por otra parte, yo me opondría formalmente,--declaró Neris con +calor;--esta niña no se ha separado nunca de nosotros y no es ahora, +cuando su educación está casi acabada... + +--¡Bravo, tío! En primer lugar, no podrías pasarte sin mí. + +--¡Querida niña! + +--Es ya tarde, en efecto, señor cura, para someter a Blanca al régimen +del colegio, que al lado de ciertas ventajas, presenta serios +inconvenientes desde el punto de vista de las maneras y de las +compañías. Y, sin embargo, esta niña está un poco sola y necesitaría una +amiga más que una maestra, aunque no fuera más que unas horas al día... + +--Es lástima, mamá, que no vivas en la ciudad--insinuó como al descuido +Raúl:--allí encontrarías fácilmente una institutriz que, sin vivir en +casa, iría a dar a mi hermana unas cuantas lecciones ya muy suficientes. + +--Ese sería el ideal. + +--Desgraciadamente, en un agujero como éste es imposible. + +--Se engaña usted, señor conde. + +--¿Cómo es eso? + +--Tiene usted a mano el ideal soñado, señora condesa. La nueva empleada +de Correos, provista de todos los diplomas, tiene la intención, según me +ha dicho, de utilizar las horas que tiene libres, y hasta me ha rogado +que le busque discípulas en Candore o en los alrededores. + +--¿Verdaderamente?--dijo el conde haciéndose el asombrado como si no +hubiera visto con sus propios ojos el letrero pegado al cristal del +Correo: + + =LECCIONES DE PIANO + DE INGLÉS Y DE FRANCÉS= + +--¿Es persona recomendable?--preguntó la condesa. + +--Ciertamente, y de las más interesantes--respondió el +notario;--mantiene a su madre con su trabajo y merece la estima de +todos. + +--¡Qué calor, querido Hardoin!--dijo Raúl riendo.--¿Será capaz de +hacerle a usted renunciar al celibato? + +--¡Oh! yo soy como el señor cura; me limito a casar a los demás. + +--¿Es bonita?--preguntó con curiosidad la muchacha. + +--No la he visto todavía--respondió el joven diplomático con un soberbio +aplomo. + +--Es muy distinguida--dijo el notario. + +--Y tiene además un aspecto modesto y decente--apoyó el cura. + +--¿Cómo se llama? + +--Julieta Raynal; su padre era oficial superior. + +--¿Raynal?... Espere usted, he conocido un capitán de ese nombre en un +viaje a Argelia... y una vez hasta me salvó la vida... + +--¿En un encuentro con los árabes, tío? + +--No, señor burlón, en un encuentro con un león. + +--¿Ha cazado usted fieras, señor Neris? + +--No, querido amigo, yo fui cazado por ella... Un día, me había +retrasado en el campo y me iba a pie a Sidi-Bel-Abes, cuando vi detrás +de mí la sombra de un animal que tomé por un gran perro, por un ternero +escapado de algún rebaño, ¿qué sé yo?, del que no volví a ocuparme +más... Aquel animal me siguió paso a paso y al llegar a mi hostería +estaba literalmente pisándome los talones... Impaciente, quise alejarle +de un puntapié... Y un rugido que no daba lugar a ninguna duda respondió +a esta imprudente familiaridad. Tartarín tomó un burro por un león; yo +tomé un león por un burro. No soy un rayo de la guerra, pero, en fin, he +hecho lo que he podido... Pues bien, usted me creerá, si quiere, señor +cura, al oír la imponente voz del rey del desierto comprendí estas +palabras del Profeta: «Se estremeció mi alma y los pelos de mi cuerpo se +erizaron.» Helado de espanto e incapaz de hacer un movimiento ni de +pedir socorro, creía ya sentir los dientes de la fiera cuando desde una +ventana abierta me gritó una voz: + +--Baje usted la cabeza. + +Obedecí maquinalmente. + +Silbó a mi oído una bala, un segundo rugido desgarró el silencio del +crepúsculo y el terrible animal, dando un salto enorme, cayó muerto a +mis pies... Mi salvador era un joven oficial de cazadores, casado con +una preciosa criolla y padre de una deliciosa niña, que podría ser bien +la persona en cuestión, si es la misma familia... + +--Las apariencias coinciden maravillosamente; la madre de la empleada de +Correos ha nacido, en efecto, en la Martinica y su difunto padre sirvió +en África. + +--Mejor. Por muy cortas que fueran nuestras relaciones, conservo de +ellas un encantador recuerdo y me alegraría mucho de poder ser útil a la +hija. + +--No hay que apresurarse, Héctor, te lo ruego--observó la castellana. + +Su hermano hizo un gesto de mal humor y, recostándose en su butaca, se +abandonó al penetrante encanto de los recuerdos de la juventud, más +dulces cuanto más se aleja uno de ellos, mientras la de Candore, +entregada a sus averiguaciones, hacía sufrir al cura y al notario un +verdadero interrogatorio del que Raúl no perdía palabra sin dejar de +hacer rabiar a su hermana. + + * * * * * + +El resultado de su diplomacia fue que la semana siguiente Julieta Raynal +daba su primera lección en Candore ante la mirada severa de la condesa, +benévola de Neris e indiferente, al menos en apariencia, del joven +conde. + + * * * * * + +Julieta iba ya todos los días al castillo, donde todo el mundo le hacía +la más simpática acogida. + +Blanca estaba encantada de su institutriz. En lugar de la cortedad y de +la violencia involuntaria que se traslucían a pesar suyo en las maneras +de miss Dodson, encontraba en Julieta una gracia perfecta, un benévolo +abandono, y se unía estrechamente a ella con todas las fuerzas afectivas +de un corazón de dieciséis años ávido de darse. + +La joven huérfana, por su parte, experimentaba una infinita dulzura en +aquella cándida confianza de la bonita niña que iba ingenuamente a ella +como a una hermana mayor. + +Delicada y débil, verdadera sensitiva bajo su exuberante alegría, la +muchacha tenía una ardiente necesidad de afecto, una especie de ternura +inquieta y enfermiza que hubiera querido satisfacer en el seno materno. + +La de Candore no era su madre, y por mucha que fuese su buena voluntad, +su naturaleza seca y altanera era incapaz de comprender esas +aspiraciones y esos ímpetus del alma. Su solicitud se limitaba al ser +físico y descuidaba el ser moral. + +Y la niña, en su necesidad de ternura, se refugió en seguida en los +brazos amigos de Julieta. + +La condesa se dignaba aprobar esa amistad. Muy pronto tranquilizada por +la reserva llena de dignidad de la empleada de Correos, había +prescindido de todo temor quimérico, juzgando que las menores +intentonas galantes serían rechazadas con pérdidas. + +Por lo demás, Neris no manifestaba a la joven más que un interés +paternal, justificado por el recuerdo de sus relaciones con el +comandante. + +Julieta no había encontrado todavía a Raúl en el castillo. + +Por otra parte, por muy galante que le supusiera la de Candore, temía +mucho más a los encantos reales de la joven inglesa que a la belleza +discutible de su reemplazante. + +Julieta, en efecto, no era lo que se llama bonita, a pesar de su perfil +de camafeo, su tez mate y sus grandes ojos negros. Las luchas que había +tenido que sostener, y el cuidado de su responsabilidad, habían +comunicado a sus facciones una gravedad precoz, la expresión viril de la +dulce firmeza que le venía de su padre y que él animaba en otro tiempo, +cuando era pequeña, repitiéndole entre dos besos. + +--Liette no tiene miedo; Liette es valiente. + +Lo era, en efecto, con toda la fuerza del término, y, como un soldado +que sube valientemente al asalto, iba derecha a su objeto, sin mirar a +derecha ni a izquierda, con la vista fija en esta querida divisa para +todo el que tiene el culto del honor. + +«¡Haz lo que debes!» + +La de Candore, seducida por aquel carácter, que no era para +desagradarla, la había proclamado una persona perfecta, no completamente +linda, pero completamente distinguida. + +En efecto, la distinción era su marca soberana; al más modesto empleo, a +la más humilde función llevaba ese aplomo superior de los que tienen +conciencia de no rebajarse nunca. + +Esa actitud le había hecho algún daño con los buenos habitantes del +pueblo, acostumbrados al modo de ser de la antigua empleada, cuya +oficina era el punto de cita de todas las comadres y la caja de Pandora +de donde se escapaban todas las maledicencias que florecían igualmente +en el pueblo y en el campo. + +La Beaudoin, al retirarse después de treinta años de servicios, se había +jactado de continuar gobernando los «Correos y Telégrafos» bajo su +sucesora, «una persona tan joven y tan inexperimentada a la que sería +caritativo guiar y aconsejar.» + +Pero, aunque con perfecta cortesía, Julieta había respondido de tal modo +a sus reiterados ofrecimientos, que la solterona, desengañada, se había +eclipsado prudentemente llevándose en su retirada a las concurrentes +habituales de la oficina, a quienes la nueva empleada desconcertaba por +su clara mirada y por la exquisita política de su: «¿Qué desea usted, +señora?» + +--Tiene cara de ser orgullosa, decían. + +No era orgullo, sino indiferencia. + +Aquella hija de soldado, tan duramente herida por la suerte y que se +sometía sin quejarse a las más rudas tareas, conservaba alto el corazón +y alta la frente, por simple atavismo. + +Su alma noble y su espíritu elevado se cernían por encima de las +miserias de su condición material; pero si empleaba una gracia sonriente +en su ruda labor, una vez acabada su tarea huía de las mezquindades de +lo vulgar para empaparse en las fuentes eternas del Ideal, de la Poesía +y del Arte. + +Tenía una biblioteca pequeña, pero escogida; era excelente profesora de +música, pintaba con gusto y su alma entusiasta se regocijaba con los +admirables paisajes que la rodeaban. + +Su mejor recreo era ir con su madre a sentarse en el campo y tomar +croquis de los sitios pintorescos o bien abismarse en algún ensueño de +Lamartine o de Hugo mientras que la indolente criolla dormitaba mecida +por la armonía de los versos y acariciada por el ardiente beso del sol +que le recordaba su país. + +A veces Liette se detenía pensativa al ver dos novios que se dirigían +lentamente al pueblo o algún robusto labrador que hacía saltar +alegremente en sus brazos algún mofletudo muchacho. + +Una vaga melancolía nublaba un instante la pura radiación de sus grandes +ojos... A los veinte años estaba acabada su juventud y, solterona antes +de tiempo, seguiría estando sola, sin apoyarse jamás en el brazo de un +esposo, sin inclinarse nunca hacia la dulce carita de un niño, sin otra +criatura a quien proteger que aquella madre infantil de la que hubiera +podido decir con un escritor célebre: + +«Mi madre es una niña que yo tuve cuando era pequeña.» + +Su vida se deslizaría en la monotonía del trabajo diario y del negro +cuidado de la existencia, más negro todavía cuando estuviese sola. Y, en +un impulso de ternura inquieta, que asustaba a la descuidada criolla, la +besaba locamente repitiendo: + +--¡Oh! querida mía, no me dejes, no me dejes jamás... + +--Pero si no tengo semejante intención, hija mía--respondía la buena +señora despertándose un instante de su sopor;--ciertamente este país no +me gusta gran cosa; es frío y feo; pero una madre debe sacrificarse +siempre por su hija, y me resigno sin quejarme. + +Si el sacrificio era discutible, la resignación silenciosa no lo era +menos, y la de Raynal no tenía más que una excusa para alabarse así, que +era su absoluta buena fe. En realidad, a pesar de su expresión lánguida, +tenía en su charla la volubilidad de un chorlito y una necesidad +irresistible de expansiones íntimas. + +Ahora bien, siendo limitado el número de las confidentes, se mostraba +cada vez menos difícil y descendía cada día un grado en escala social. +Después de haber depositado sus quejas en el seno de algunas damas +(exempleada de Correos, mujer del recaudador, hermana del cura) que +componían a sus ojos la burguesía de Candore, se había vuelto hacia la +agricultura (granjeras, molineras, etc.) y después hacia el comercio +(mercera, panadera, tendera de comestibles) para caer al fin en el +ínfimo pueblo (lecheras o simples criadas), a quienes regalaba con el +relato circunstanciado de su vida: grandeza y decadencia; desde su +infancia dorada en la plantación de su tío, donde tenía cuatro negras +(sí, señora) para su servicio personal, hasta el retiro prematuro del +comandante, enumerando complacientemente sus triunfos mundanos en cada +guarnición. + +Esta intemperancia de lenguaje y las marcas de conmiseración que +provocaban, no eran del gusto de Liette; pero el respeto filial ahogaba +las sublevaciones de su delicadeza y, replegándose más aún en ella +misma, oponía una política reserva a todas las insinuaciones y rehusaba +sistemáticamente las invitaciones que les proporcionaban las maneras más +atrayentes de la viuda, con gran desesperación de ésta, que suspiraba en +medio de sus trapos y sacaba los trajes «aún muy presentables» que +hubieran acabado de deslumbrar a la buena gente de Candore. + +Solamente Hardoin, poco simpático a la comandanta por la bondad burlona +que oponía a sus jeremiadas, inspiraba a su joven vecina una confianza +hija de la mutua simpatía. + +Al principio de su instalación, deseando encontrar lecciones para +aumentar su pobre presupuesto, se había dirigido a él para que la +recomendase a su clientela. + +Desde las primeras palabras sencillas y dignas que expusieron brevemente +su situación, el notario comprendió que estaba enfrente de un carácter, +y deponiendo la gravedad fingida al mismo tiempo que los anteojos que +velaban de ordinario su mirada escrutadora, como si fuera inútil la +precaución con aquella alma leal puesta al desnudo, se mostró a su vez +bajo su verdadero aspecto y estuvo tan francamente benévolo y cordial, +que la huérfana quedó profundamente emocionada y se separaron siendo ya +amigos. + +Desde entonces no le escaseó ni los buenos consejos ni los buenos +oficios, y gracias a él pudo entrar en el castillo en condiciones +inesperadas. + +Liette tuvo, sin embargo, que romper por un día el retiro voluntario que +tanto desolaba a la comandanta. + +Era el cumpleaños de Blanca, y, con esta ocasión, la condesa daba una +comida íntima a la que las dos señoras fueron convidadas de un modo que +no permitía el rehusar. Por otra parte, la viuda manifestaba tal +alegría, y se mostraba tan encantada de «aquella nueva entrada en el +mundo», que hubiera sido crueldad el impedírselo. + +--Como comprendes, hija mía, me vuelvo a encontrar en mi esfera--dijo +repantigándose en los almohadones del coche amablemente enviado por la +castellana y respondiendo con una señal protectora de cabeza al saludo +de la gentecilla que examinaba desde su puerta el traje de las +«parisienses». + +--¿Estás contenta, mamá? + +--Por ti solamente, querida; a tu edad es preciso no enclaustrarse como +una abuela. Además, esas señoras han estado verdaderamente encantadoras +y llenas de deferencias por mí; y una reserva inoportuna hubiera podido +perjudicarte... + +--Es posible... + +--Y hacerte perder tu situación. + +Liette no respondió. + +Era, en efecto, una suerte inesperada en su desgracia el haber +encontrado aquella plaza fija y bien retribuida, que le evitaba las +lecciones sueltas, tan ingratas como mal pagadas. + +Dijo, pues, ahogando un suspiro: + +--Tienes razón, querida mamá; pero ¿qué quieres? me da miedo el mundo. + +--¡El mundo en semejante agujero! Aquí no hay más que personas +conocidas, como el notario y el cura, y salvo el joven conde, no veo de +quién puedes tener miedo. + +La buena señora no sabía qué razón tenía. + +En el fondo de sí misma y por un sentimiento muy femenino, Liette temía +y deseaba al mismo tiempo conocer al fin a aquel Raúl del que se hablaba +tanto en el pueblo y a quien ella había sólo vislumbrado desde la +ventana al despertar por primera vez en Candore. + +¿Era simple coincidencia, prudente disimulo o cálculo habilidoso? Ello +fue que aquella hábil reserva tuvo igual éxito con la condesa y con +Julieta. + +La una no había podido sospechar el interés ya muy vivo de su hijo +respecto de la otra, y ésta no había sentido ninguna desconfianza +respecto de un ausente. A pesar de su alta razón, no podía menos de +sentir un poco de esa curiosidad sembrada por la serpiente en el alma de +Eva y que la más perfecta de sus nietas no consigue ahogar +completamente. + +En esta disposición de ánimo completamente favorable colocó su manita +enguantada en el brazo del joven agregado, mientras Neris ofrecía el +suyo a la señora de Raynal. Era la primera vez después del luto que las +dos pobres mujeres se encontraban en un salón elegante de otro modo que +como solicitantes y en medio de aquella atmósfera de comodidades en que +habían vivido tanto tiempo. + +La condesa puso en su acogida ese tacto exquisito, esa rara urbanidad +que no dan con frecuencia ni el nacimiento ni la fortuna y que ella +poseía en alto grado. No pareció que recibía a la humilde empleada y a +su madre, sino a dos mujeres de la buena sociedad iguales a ella por la +clase y la educación, y este matiz imperceptible acarició dulcemente a +sus almas doloridas. + +Todos, por lo demás, se mostraron al unísono con la castellana. Neris, +con una coquetería de anciano, desplegó todas las seducciones de un +espíritu todavía joven y siempre amable evocando los lejanos recuerdos +del tiempo en que, joven, bella y amada, la de Raynal se le había +aparecido radiante del brazo de su esposo bajo aquel hermoso cielo de +África... + +--¡Casi el cielo natal! suspiraba con una sonrisa melancólica en los +labios! + +Raúl, por su parte, afectaba las maneras discretas, respetuosas y casi +tímidas de un hombre de mundo ante una simple joven, lo que, por poco +coqueta que fuese, era para la austera institutriz la más delicada +adulación. + +Mujer antes de tiempo por las penas, las pesadas cargas y las duras +realidades de la vida, Liette seguía siendo una muchacha por su +mentalidad, por su corazón y por sus ilusiones, y era caritativo el +recordarle de un modo tan hábil que sus veinte años resplandecían +también en su cara. + +Raúl, muy experto en la materia, no había dejado de echar de ver la +impresión producida y se aplaudía por la metamorfosis de que era autor. + +Como el mármol parece animarse y tomar forma bajo la mano de un artista +inspirado, así la rígida empleada, cuyas severas facciones parecían +ignorar la sonrisa, reía ahora con todos sus hoyuelos y con un confiado +abandono de colegiala. + +Con cómica gravedad, el joven reclamaba también el honor de un antiguo +conocimiento. + +--No tenía usted ya trece años como cuando mi tío tuvo la buena fortuna +de serle presentado; pero no debía usted de tener más de trece... +Estaba yo entonces terminando mi año de voluntario en Orleáns, en el +batallón de su señor padre de usted, y parece que me estoy viendo torpe +y embarazado con mi capote demasiado largo ante una joven de falda +corta, grandes manos y largos pies, como Blanca hace dos años, que me +puso un muñeco en la mano y me dijo en tono autoritario: + +--No olvide usted el número, militar; una cabeza absolutamente igual, +pero con cabello rubio. Sobre todo, no olvide usted el cabello rubio. + +Y una vez cumplida esta delicada misión a medida de sus deseos de usted, +se dignó usted hacerme dar en la cocina un vaso de vino, que me bebí +religiosamente a su salud. + +--¡En la cocina!... ¡Qué mal trató usted a mi pobre hermano, señorita! + +--Si el vino era bueno, menos mal--dijo el cura saboreando su +Chateau-Lafitte. + +--¡Y hay quien se atreve a decir que el hábito no hace al monje!--añadió +irónicamente el notario. + +Liette se excusaba riendo, ruborizada y confusa, con gran alegría de su +maliciosa discípula. + +Fue aquella una velada deliciosa. + +Olvidando un instante los penosos rigores de su situación presente, +Liette reapareció tal como era en otro tiempo en el salón de su padre, +la exquisita criatura cuyo encanto indefinible, más poderoso aún que la +belleza, había hecho levantarse tantas cabezas bajo el quepis de doble o +triple galón de oro. + +Blanca, encantada, palmoteaba y no conocía a la señorita; la condesa +misma estaba conquistada por aquel aumento de juventud y de gracia. + +La de Raynal tomaba una gran parte en el triunfo de su hija y se sentía +halagada en su vanidad maternal, sin el menor pensamiento de alarma. + +Raúl, el encantador que había provocado ese milagro, experimentaba la +orgullosa alegría de Pigmalión ante su estatua animada del soplo divino. + + * * * * * + +Al volver al pueblo a la luz de la luna, la viuda, sentada enfrente del +notario mientras el cura dormitaba a su lado, no pudo contener la +exuberancia de su júbilo. + +--Una hermosa velada, señor Hardoin, y como quisiera que tuviese muchas +mi pobre Liette. + +El notario permaneció frío ante aquel impetuoso entusiasmo un poco +intempestivo, y echando una mirada pensativa al fino perfil de la joven +que contemplaba las estrellas, murmuró: + +--¡Yo no! + + * * * * * + +Liette hizo un gesto de impaciencia. + +--Otra vez me he equivocado. + +--No ha sido por mi culpa--respondió cándidamente la de Raynal, cuya +charla continua recordaba el gorjeo de los pájaros y que desde que se +había levantado estaba molestando a su hija con consideraciones +interminables sobre los menores incidentes de la velada memorable. + +--No, querida mamá--respondió Liette con su buen humor habitual;--un +poco de cansancio sin duda... Eso es lo que tiene el acostarse a horas +descompasadas. + +Y volvió a empezar laboriosamente la suma. + +La viuda se estuvo un momento callada, pero la comezón era demasiado +fuerte y, no pudiendo resistirla por completo, se alivió primero en voz +baja a modo de soliloquio y fue levantando el tono insensiblemente hasta +acabar por una interpelación mal disfrazada. + +--¡Pobre hija mía! ¡Cuando pienso que una simple comida es un +acontecimiento en tu vida!... A tu edad estaba yo continuamente en +fiestas y recepciones. ¡Los cotillones que yo he dirigido! Y, sin +embargo, Dios sabe que no era yo mundana. Pero nuestra situación y los +ascensos de tu padre exigían cierto decoro y cierta representación. Si +me hubieran dicho entonces que acabaría mis días en un agujero semejante +y reducida a tan pobre sociedad... Porque, dicho sea sin ofender a +nadie, hija mía, nuestras relaciones dejan mucho que desear y estamos +obligadas a tratar a personas muy comunes... No es por tu culpa, lo sé, +pero cuando se ha vivido como yo en un medio escogido, es una necesidad +penosa y que hace apreciar la menor ocasión de encontrarse una en su +mundo. + +--Pero eso no es una necesidad, mamá--dijo Liette dejando la pluma con +resignación;--eres absolutamente libre... + +--Sin duda, hija mía, sin duda; pero no querría perjudicarte en tu +situación y prefiero dominar mi legítimo orgullo. + +--Te aseguro... + +--Tu felicidad ante todo, hija mía; por verte dichosa me resignaría a +rascar la tierra con las uñas. + +--¡Pobre madre mía!--dijo la joven conmovida y sonriente al mismo +tiempo,--tan mal concordaba esa idea con la indolencia maternal. + +--Si debiera dejarte pronto, me alegraría de que no te quedaras en este +pueblo de iroqueses, de saber que estabas rodeada de afecciones dignas +de ti y de pensar que encontrarías una segunda madre... + +--¡Dios mío! ¿En quién? + +--Pues... en la de Candore, que me reemplazaría con gusto a tu lado... + +Esta vez Liette no pudo reprimir una franca carcajada, y respondió +besando tiernamente a aquella cabeza a la que las canas no habían +llevado la razón: + +--Nadie podría reemplazarte conmigo, querida mamá, y la de Candore menos +que otra... No la conoces; es una mujer superior, pero tan convencida de +su superioridad, que el común de los mortales no existe para ella. + +--Sin embargo, me hablaba de ti en unos términos... + +--Ciertamente, no puedo quejarme de su modo de proceder diario, pero +ayer éramos sus invitadas, y esto es un matiz; hoy he vuelto a ser +sencillamente la institutriz de su hija y no dejaría de recordármelo si +yo lo olvidase. + +--La clase no se mide por la fortuna, hija mía; es la opinión de todas +las personas de corazón y ahí tienes como prueba las delicadas +atenciones del señor Neris y la solicitud significativa de su sobrino. +Seguramente no te miraban como una vulgar institutriz. La misma señorita +de Candore no hubiera podido recibir más respetuosos homenajes. + +--¿Crees tú? + +--¡Bah! tengo buenos ojos, y Raúl es un hombre demasiado galante para... + +En este momento llamaron al ventanillo y el objeto de esos elogios +mostró su fino bigote en la estrecha abertura. + +Con su inconveniencia natural, la comandanta iba a acogerle amablemente +como visitante, pero al verse en un espejo los papillotes desrizados y +el peinador deslucido, se escondió precipitadamente en el comedor. + +Julieta no se había levantado, y después de responder con una ligera +inclinación de cabeza al saludo ceremonioso del joven, se quedó +esperando. + +Raúl parecía un poco turbado a pesar de su aplomo. La actitud cortés +pero digna de la joven empleada paralizaba sus brillantes facultades. + +Después de unos cuantos cumplimientos triviales, a los que ella +respondió con extremada reserva, se quedó cortado golpeando con +expresión indecisa la tabla del ventanillo y como molesto por aquella +límpida mirada que formulaba claramente esta pregunta: + +--No es a la señorita Raynal a quien debe estar dedicada esta visita; +¿qué quiere usted, pues? + +Por fin dijo el joven, rompiendo resueltamente el silencio. + +--Debo, señorita, parecer a usted muy torpe y muy tonto, pero por más +que hago no puedo separar la función de usted de su persona, y necesito +todo mi cariño hacía mi tío... + +Liette le miró asombrada. + +--En resumen, señorita, el señor Neris, por motivos personales, desea +que cierta correspondencia no pase por el castillo ni por las manos de +los criados... No queriendo venir a recogerla él mismo, me encarga de +ese cuidado cuando estoy aquí... Con la señorita Beaudoin la cosa me era +indiferente... pero con usted... + +Tenía una expresión tan confusa, que Liette vino en su ayuda: + +--Nada más sencillo, caballero; dígame usted las iniciales. + +--H. N., 32. + +La empleada buscó en la casilla correspondiente y retiró dos cartas de +una elegante letra inglesa y sello de Londres, que él hizo desaparecer +prestamente en el bolsillo de la americana como si tuviera prisa por +sustraerlas a aquella cándida mirada. Después dijo tratando de dar una +explicación: + +--No hay nada en esto que no sea muy natural. Mi tío hace mucho bien y +se interesa paternalmente por muchas personas... Pero mi madre es muy +propensa a sospechar el mal, y por no disgustarla... En fin, hay que ser +indulgentes con las debilidades de un anciano que es en suma el mejor de +los hombres. + +Raúl balbucía y se contradecía mil veces, fingiendo una cortedad que era +un homenaje a la virtud de la huérfana, que no podía menos de +agradecérselo. + +Así, cuando el joven se despidió deshaciéndose todavía en excusas, +Liette pensó sin la menor sospecha: + +--¡Pobre muchacho! Bonitas comisiones le encarga su tío... + + * * * * * + +Raúl no era uno de esos fríos corrompidos, uno de esos «feroces» sin +principios, sin moral y sin freno que no conocen otra regla más que su +placer, otros deberes que sus apetitos ni otra ley más que el código. + +No era tampoco un Lovelace, un don Juan ni un Richelieu, brillantes +mariposas que revolotean de flor en flor, incapaces de un cariño +sincero, únicamente cuidadosos de enredar en las guías de su bigote los +corazones femeninos y para quienes Amor es sinónimo de Amor propio. + +Lejos de eso; a pesar de cierto fondo de escepticismo, su alma era +susceptible de ímpetu espontáneo, de súbito desinterés y de efímero +entusiasmo, de donde brotaba una emoción fugitiva, una sensibilidad +superficial bastante para dar la ilusión de un corazón tierno y generoso +donde no había en realidad más que un manojo de nervios. + +Era víctima de una educación mal dirigida que había tratado ante todo de +hacer de él un hombre brillante, pero no un simple hombre honrado en la +alta acepción de la palabra. + +Indulgente, pero firme, la de Candore no vacilaba nunca para hacerle +sentir el freno y la brida cuando se trataba de su salud, de su fortuna +o de su porvenir, pero sin cuidarse seriamente del lado moral. Muy +orgullosa de aquel guapo y elegante caballero, que no había heredado de +su padre más que el nombre, le dispensaba con gusto sus defectos de hijo +de familia y sus caprichos de desocupado con tal de que no adoleciesen +de burguesismo ni de vulgaridad. + +La hija del jardinero Neris tenía un desdén de gran señora por lo que +ella llamaba la moral de la gentecilla, y a pesar de su aparente +rigorismo, pedía solamente a su hijo que sus vicios fuesen de buen tono. + +Por otra parte estaba segura de su ascendiente sobre aquella naturaleza +débil y maleable bajo una aparente independencia. Raúl era incapaz de +resistir a la autoridad de su madre y cualquiera que fuese su rebelión +pasajera, cedía tascando el freno a esa influencia maternal siempre +sabiamente disfrazada. + +En efecto, por una diplomacia femenina digna de un discípulo de +Talleyrand, la condesa no parecía jamás preocupada por las acciones de +su hijo, y los hilos que hacía mover estaban muy hábilmente disimulados +para inspirar la menor sospecha a la naturaleza más quisquillosa. + +En las pocas circunstancias delicadas en que había intervenido +indirectamente, Raúl no lo había jamás sospechado y había atribuido a su +iniciativa, a su voluntad y a su energía decisiones que hubiera sido +incapaz de tomar solo. + +Actualmente, las forzadas aproximaciones de la existencia común no +habían hecho apartarse a la castellana de esa sabia línea de conducta, y +el joven agregado estaba tan libre en el castillo (así al menos lo +creía) que en su embajada de Londres, y toda la vigilancia, todos los +rigores y todas las precauciones maternales se concentraban en la cabeza +del señor Neris. + +--Lo que yo defiendo es vuestra herencia, hijos míos--había declarado +redondamente la de Candore a su hijo. + +Y la cosa, naturalmente, no podía parecer mal a Raúl, aunque las medidas +tomadas contra uno se aplicasen también al otro. + +Esta hábil política tenía la doble ventaja de respetar el amor propio de +Raúl y de evitar toda explicación. + +Neris era, pues, la cabeza de turco encargada de sufrir los golpes de su +sobrino, que no podía defenderse puesto que no le acusaban, y debía +simular la indiferencia... cosa bastante fácil para aquel corazón +ligero. + +Bueno es decir que por una especie de adivinación, la condesa percibía +siempre el momento favorable, el instante psicológico, y que tenía, por +otra parte, una extremada delicadeza de tacto y una rara habilidad. + +Con esta táctica evitaba a su hijo toda lamentable aventura; en cuanto a +los demás, poco le importaban. + +La pobre Juana lo había experimentado duramente. + +Es justo reconocer que si la noble dama temía en su hijo un amor +naciente causado por el azar de un encuentro fortuito, estaba lejos de +suponer la gravedad de su conducta y de saber que era a su mujer +legítima a quien había logrado introducir bajo el techo materno en +calidad de institutriz. + +Locamente enamorado y con una ligereza que no podía compararse más que +con su inconsciencia, había determinado a la joven inglesa a casarse +clandestinamente con él al salir de Londres, matrimonio facilitado por +las leyes de la libre Inglaterra, pero absolutamente nulo en el +continente. La cándida miss se había fiado de su palabra, que él tenía +acaso entonces intención de cumplir, y, para captarse las simpatías de +su futura suegra, había aceptado el papel dictado por aquel a quien +consideraba como su legítimo dueño y señor ante Dios y ante los hombres. + +Hemos visto lo que había resultado. + +Después de una luna de miel que debía ser eterna y que ya se había ido a +reunirse con las lunas pasadas, el conde, cansado de aquella gran +pasión, importunado por aquel amor de que él no participaba e irritado +por las dificultades crecientes de aquella situación imposible que él +mismo se había creado, agradeció a su madre que le sacase de ella +bruscamente por un acto de rigor en el que él no tenía que hacer más que +lavarse las manos, y había saludado como un verdadero alivio la libertad +reconquistada en el momento preciso en que se dibujaba en su horizonte +de desocupado una nueva aventura llena de atractivos. + +--¡Qué gran mujer es mi señora madre!--se decía _in petto_ con una +mezcla de gratitud y de admiración. + +Desde los primeros días Liette había producido una profunda impresión en +aquel espíritu frívolo, superficial y estragado. Aquella belleza pálida +y severa, de facciones regulares, de austera sencillez y de aspecto +modesto y digno, era para él una novedad comparada con las muñecas de +caritas sonrosadas y peinados estrepitosos, con aspecto atrevido o +lánguido que había tratado hasta entonces y entre las cuales estaba +comprendida irreverentemente la pobre Juana con su encanto de linda +rubia. + +Raúl había decidido, después de un simulacro de asedio, dar +inmediatamente el asalto, pero conoció que se trataba de un adversario +temible, y esta dificultad inesperada estimuló su ingenio y su corazón. + +En amor sobre todo, los obstáculos dan más precio a la victoria. Como +dice muy ingeniosamente Gondinet: + +«Sin la alondra, Romeo se hubiera dormido... y Julieta también.» + +Al revés que con la sentimental y lánguida inglesa, crédula e inocente +como un niño, subyugada por su irresistible vencedor y adorándole como a +un dios, Raúl se veía esta vez en presencia de una fuerza real, de un +carácter firme, viril y enérgico, templado en la dura escuela de la +desgracia. Tuvo, pues, que establecer sus paralelas con la ciencia de un +antiguo estratégico y el ardor de un joven neófito, avanzando a pasos +contados para no asustar al «pájaro rebelde» pronto a volar a la primera +demostración un poco viva. + +Era el medio más largo, pero el más seguro, pues Liette no podía +alarmarse por una conducta tan cortés y correcta, a no ser una coqueta +farsante o una ridícula mojigata. + +Raúl le mostraba un respeto caballeresco y evitaba cuidadosamente esa +galantería trivial y esas atenciones indiscretas a que su situación la +exponía, y se lo agradecía infinito. El joven reservaba todas sus +atenciones para la señora de Raynal y todas sus felicitaciones a Blanca, +y ese homenaje indirecto al mérito de la institutriz y a su abnegación +filial valía más que la más delicada adulación. + +--¡Qué metamorfosis en mi hermana!--decía algunas veces.--¿No le parece +a usted, señorita? Hasta aquí no era más que una niña. + +--A los dieciséis años era más que su derecho, era su deber, caballero. + +--Sin duda, pero la gracia puede aliarse con la seriedad. Hasta los +quince años se es una niña, de quince a treinta una joven. + +--Y hasta una solterona... + +--Es usted severa, señorita. Mi tío, que apenas se considera como un +soltero maduro... + +--Anda, sobrino, no te quedes corto. + +--Dispensa... + +--Con mucho gusto, y con más razón porque me asocio a tus elogios. +Nuestra Blanca gana todos los días con su contacto de usted, señorita. +Mi deseo es que sea digna de tal modelo... + +--Me hace usted demasiado honor, caballero; la tarea estaba casi acabada +y Blanca hace que mi papel sea muy fácil tratándome como amiga... + +--Era sobre todo una amiga lo que ella necesitaba; por eso estamos todos +muy agradecidos de que haga usted de esta querida niña una mujer +cumplida. + +Esta opinión halagüeña salida de los altaneros labios de la condesa era +preciosa porque la dama no las prodigaba; pero apreciaba a la +institutriz en su justo valor y no temía decírselo. Con una +condescendencia rara en ella, colmaba a aquellas señoras de atenciones y +de regalitos, les enviaba frutas de su jardín y flores de su estufa y +hasta invitaba a su hijo a unir al envío alguna banasta de caza. + +Algunas veces se encargaba el mismo Raúl de la comisión y, escogiendo +discretamente un momento en que Liette estaba ausente, entraba en el +Correo a vaciar su morral y tragaba sin pestañear las interminables +divagaciones de la viuda, que se despachaba a su gusto con aquel +interlocutor complaciente... pero no desinteresado. + +Al hacer la corte a la madre evitaba el comprometer a la hija y su causa +no perdía, al contrario, por ser defendida por un tercero. Con su +imprudencia ordinaria, la buena señora no cesaba de hablar de «aquel +buen don Raúl», y era imposible a la conciencia más timorata alarmarse +lo más mínimo por sus asiduidades. + +De este modo no había ninguna alarma en la de Candore, ninguna +desconfianza en la institutriz, y Raúl llegaba pacíficamente a sus fines +por caminos de travesía. + + * * * * * + +A principio del verano la salud de la señora de Raynal se alteró +sensiblemente. Ya delicada y débil, verdadera planta de los Trópicos +cuidada en estufa, no ofrecía ninguna resistencia a la anemia abrumadora +que la había invadido lentamente e iba pereciendo de día en día a pesar +de los cuidados minuciosos que se le prodigaban. + +Acurrucada en su butaca al lado de la ventana y envuelta en chales y +mantas a pesar del ardiente sol de junio, cuyos rayos espolvoreaban de +oro el estrecho despacho, permanecía allí largas tardes con la mirada +vaga, sin hablar y acaso sin pensar, las manos inertes, y los párpados +medio cerrados como esos pobres pajarillos de las islas que esconden la +cabeza debajo del ala sin que nada pueda sacarlos de su sopor. + +Síntoma alarmante; no se interesaba ya por los ruidos de la calle ni por +la charla de las comadres, no levantaba los ojos al ruido de los zuecos +en la calle, ni al de los coches del notario o del médico, no hacía caso +de las voces de las vecinas que iban a informarse de la salud de «la +querida señora». + +Se acabó la interminable charla que zumbaba en los oídos de la joven +empleada; se acabaron los sempiternos discursos tan difíciles de +escuchar haciendo una suma. ¡Ay! ya no había que temer errores en las +cuentas; sólo turbaba el pesado silencio el ruido monótono del reloj y +la ronca voz del cartero, y las palabras más afectuosas y las más +tiernas caricias no lograban arrancar a la enferma más que una sonrisa +pálida y lánguida. + +Solamente Raúl tenía el privilegio de alegrarla un poco; sus visitas, +aunque frecuentes, resultaban para ella escasas. + +Cuando su elegante silueta aparecía en la esquina de la calle animaba la +cara de la viuda un reflejo de vida. Siempre era ella la primera que le +veía, y decía guiñando sus ojos de miope: + +--Ahí viene don Raúl; ¿qué traerá hoy? + +Con una solicitud y una amabilidad que conmovía profundamente a la madre +y a la hija, el joven se proporcionaba el placer de satisfacer los +caprichos de la enferma, y sabe Dios si los tenía. + +Un día era un cesto de dátiles impacientemente deseados y que la anciana +devoraba con avidez; otras veces granadas, plátanos o nueces de coco que +engañaban apenas la repugnancia de su estómago gastado. + +En vano insistían para hacerla bajar al minúsculo jardinillo en el que +florecían algunas dalias multicolores y un modesto cuadro de rosales. + +--¡Están tan débiles mis piernas!--gemía.--Además, necesitaría que mis +negritos me llevaran como en otro tiempo en mi hamaca. + +Al día siguiente estaba allí la hamaca de Blanca colgada a la sombra de +un quitasol, y Raúl se ofrecía alegremente a embadurnarse la cara de +negro como el Nelusco de la Africana, para completar el programa. + +--La verdad, no se atreve ya una a expresar el menor deseo--suspiraba la +buena señora encantada columpiándose con un gozo de niña mientras el +conde la abanicaba gravemente con un marabú. + +Acaso el papel de Raúl no era el más agradable y hubiera él preferido el +de Blanca, que acompañaba generalmente a su amiga y se esforzaba por +consolarla mientras él divertía a la madre. Pero hubiera sido imprudente +invertir los papeles y el provecho hubiera sido menor. + +En efecto, la abnegación de Raúl no era perdida. Aquella ingrata tarea +debía producirle grandes intereses, y cuando la de Raynal le proclamaba +irresistible, estaba muy cerca de la verdad. + +A la dolorosa angustia que le oprimía el corazón se mezclaba en Liette +un sentimiento muy dulce del que no pensaba en desconfiar ni en +defenderse; era el agradecimiento y nada más... + + * * * * * + +El médico del pueblo se mostraba poco tranquilizador. + +--No hay atacados órganos esenciales--diagnosticaba,--pero todo el +organismo está alterado. Haría falta una energía moral que nos falta +completamente, lo que nos entrega atados de pies y manos a lo +desconocido. + +Mandaba tónicos, un régimen fortificante, ejercicio y aire libre, pero +la enferma no quería oír hablar de nada de esto y declaraba que la vista +de una chuleta le daba náuseas y que el más corto paseo la mataría +seguramente. + +Liette, desolada, pensaba ir a Amiens a consultar al doctor Duplan, +joven profesor ya famoso en la región y condiscípulo del señor de +Candore, pero ante la idea de semejante viaje la enferma ponía el grito +en el cielo. + +--Te lo ruego, hija mía, déjame morir en paz--repetía en tono +doliente:--creo que no pido mucho. + +Lágrimas, razonamientos y súplicas, todo fue inútil. Liette estaba +desesperada, cuando una mañana se presentó Raúl en el correo con el +sabio médico. + +--Mi amigo el doctor Duplan, que viene a pasar unos días en el castillo, +invitado por mí, tendrá mucho gusto en ponerse a la disposición de +usted. Espero que nuestra querida obstinada no se negará a recibirle. + +Esta vez el corazón de la joven se fundió ante la ingeniosa delicadeza +del procedimiento y, en un impulso espontáneo, ofreció las dos manos al +diplomático. + +--¡Es usted bueno; gracias!--dijo con las lágrimas en los ojos y una +mirada tan elocuente que el médico se quedó deslumbrado y no pudo menos +de decir a su amigo cuando salían: + +--Querido amigo, una mirada semejante vale más que los honorarios. + +El sabio fisiólogo había conocido a primera vista una de esas +enfermedades de languidez en las que la inercia del enfermo paraliza los +esfuerzos del médico y en las que el abatimiento moral hace inútil la +ciencia más profunda. + +--Tendrá usted que usar de toda su influencia, señorita, para galvanizar +esta energía que se apaga. La distracción de un viaje y el aire puro y +vivificante del mar tendrían acaso un efecto saludable. + +La cosa presentaba numerosas dificultades, pero todos se emplearon en +suprimirlas. El señor Hardoin, en relación con el director de Correos +del departamento, obtuvo fácilmente una licencia de un mes. Neris, gran +accionista de varias compañías, sacó un doble permiso de circulación +gratuita. En fin, para evitar a la enferma la promiscuidad penosa del +hotel, Blanca le ofreció amablemente una deliciosa quinta que llevaba su +nombre, que su tío había hecho edificar para ella en Saint-Pair, en el +camino de Granville, y a la que la familia debía ir en el mes de agosto. + +Raúl se reservó la misión ardua y delicada de arrancar el consentimiento +de la principal interesada, pero la cosa fue más fácil de lo que se +suponía. La de Raynal, refractaria a un corto viaje a Amiens, se dejó +seducir por la perspectiva de una expedición elegante, rodeada de un +lujo y de unas comodidades que halagaban su orgullo de niña mimada, y el +joven agregado de embajada obtuvo un éxito de buen agüero para su +carrera diplomática. + + * * * * * + +El carruaje dejó las calles tortuosas de Granville y tomó el camino de +Saint-Pair. + +Era uno de esos vehículos prehistóricos de forma anticuada y muelles +rechinantes que salen de no se sabe qué depósito de antiguallas para la +temporada balnearia y en los que se amontonan dócilmente las más +elegantes parisienses, cuyos frescos y airosos trajes hacen resaltar más +la desagradable vejez de las banquetas de terciopelo ajado. + +El caballejo, de una delgadez inverosímil, como si hubiera ayunado todo +el invierno, parecía un fantasma de caballo tirando de un fantasma de +coche y que hacía pensar en los versos de Scarron: + + Se ve la sombra de un lacayo + Cepillar la sombra de una carroza + Con la sombra de cepillo. + +En cambio el cochero, con su blusa azul formando globo alrededor de un +vientre respetable, presentaba un aspecto regocijado y exuberante de +salud, que contrastaba con las facciones pálidas y demacradas de la +enferma, lánguidamente echada en los almohadones hundidos y que apenas +levantaba los párpados para contemplar un instante el magnífico panorama +que deslumbraba a su joven compañera. + +Nada, en efecto, más pintoresco en su uniformidad que aquel camino que +costea el mar durante más de tres leguas para ir a parar en la punta de +Carolles. + +No hay allí los altos acantilados normandos tras de los cuales se +ocultan las olas que van a romperse a sus pies con sordos mugidos como +los golpes de una invisible catapulta. Vense en cambio aglomeraciones de +sombrías rocas de aristas cortantes y que la blanca espuma hace parecer +más negras todavía como el carbón bajo la nieve; una larga banda de +dorada arena, lisa como las calles de un jardín inglés, donde, para +completar la semejanza, las jóvenes misses juegan al crocket en la marea +baja; y el mar, ese mar azul de tonos cambiantes de zafiro, de +esmeralda, de rubí y de amatista que refleja a veces el azul del cielo y +a veces los horrores del infierno. + +Es aquello todavía la costa normanda, pero es el mar bretón, ese mar +inolvidable, «cautivador de almas» según la justa expresión de un poeta +ignorado, mar acariciador y terrible, dulce y suave como el terciopelo, +claro y transparente como el cristal o rugiente y amenazador, erizado de +picos monstruosos y de insondables cráteres. + +--¡Qué hermoso es esto, madre, qué hermoso! + +Presa de una especie de éxtasis, Liette contemplaba ávidamente aquella +inmensidad hinchada de vida, aquella buena nodriza que vierte a sus +hijos la salud, el vigor y la fuerza y que iba acaso a devolverle su +madre. + +Y la joven juntaba las manos en un ademán de ferviente súplica. + +--¿Llegamos pronto?--preguntó la de Raynal después de una mirada vaga y +distraída al maravilloso cuadro. + +El cochero, que había oído la pregunta, designó con la punta de la fusta +un campanario nuevo que levantaba su esbelta flecha por encima de los +techos en los que dominaba todavía la paja característica de las +cabañas. + +--Eso es Saint-Pair y esa la villa Blanca--añadió parando delante de una +de las bonitas casas construidas en la costa. + +La «Villa Blanca» merecía su nombre y en medio de las edificaciones +multicolores y de las quintas chillonas en que se complace la +extravagante fantasía de arquitectos delirantes se distinguía por su +elegante sencillez y por su fachada inmaculada. + +Era blanca la casa, blancas las persianas, blanca la verja, blanca la +tienda de campaña de blanco pabellón ya levantada en la playa, blanca la +lancha amarrada a la orilla; blancos los rosales que florecían en los +cuadros, los geranios que adornaban la entrada y los claveles que +perfumaban el jardín. + +Dentro como fuera, cortinas, alfombras y muebles de laca, todo era +blancura propia del nido virginal escogido para los dieciséis años de la +exquisita y pura niña, objeto de tan tierna solicitud. + +--¡Querida Blanca! Pensar que nos abandona estas lindas +cosas...--murmuró Julieta llena de agradecimiento. + +La de Raynal manifestaba una alegría de niña; encontrábase en su +elemento y recibía con majestuosa condescendencia, digna de la condesa, +los homenajes de la jardinera, que cuidaba el inmueble y que fue a +ponerse a las órdenes de los «parientes» de sus propietarios, como +aquellas señoras habían sido designadas, por una ingeniosa delicadeza, +en la carta anunciando su llegada y poniendo generosamente la casa a su +disposición por todo el mes de julio. + +A pesar del cansancio del viaje, la enferma, encontrando una energía +ficticia en la alegría íntima que le causaba aquella plenitud de +bienestar y de comodidad, quiso inspeccionar sus dominios de un mes. + +Una tras otra, inspeccionó todas las piezas de la casa, jugando «a los +propietarios» como los niños «a las personas mayores» y aprobándolo o +criticándolo todo con un aplomo y una convicción de las más graciosas. + +Tan bien representaba su papel, que se engañaba a sí misma, y si la de +Candore se hubiera presentado de pronto casi la hubiera recibido como +invitada. + +--Es fastidioso que se te haya olvidado mi hamaca, hija mía. La +hubiéramos instalado en la escalinata. + +--Hubiera sido inútil, mamá--respondió Liette sonriendo y mostrando una +hamaca que se columpiaba en la cubierta de cristales. + +--Estoy segura de que es una atención de ese querido don Raúl--exclamó +la criolla muy gozosa; sabe que no puedo pasarme sin ella. + +Al oír el nombre del amigo fiel y adicto, la clara mirada de Julieta se +empañó con una sombra de melancolía. ¡Iba a estar un largo mes sin +verle! Y una pena vaga e inconsciente le arrancó un involuntario +suspiro. + +Pero no tuvo tiempo para abandonarse a esta impresión. + +Impaciente por ver y por ser vista, su madre quería dar una vuelta por +la playa. Apoyada descuidadamente en el brazo de su hija como una débil +y flexible caña, levantaba su talle prematuramente encorvado y andaba a +pequeños pasos, con el pecho oprimido, pero con un poco de rosa en las +mejillas y un poco de llama en los ojos. Así llegó lentamente a la +tienda de campaña objeto de admiración de los bañistas modestos +reducidos a una simple caseta decorada con oropeles chillones o con +adornos japoneses baratos. + +En aquel comienzo del verano no había más que gentecilla; matrimonios +viejos y económicos y jóvenes mamás que aprovechaban de su libertad +relativa para gozar de aquel delicioso mes de julio tan a propósito para +las vacaciones con sus días interminables. + +Los niños, sin pensar en su próxima esclavitud, jugaban entusiasmados y +se mojaban en los pequeños estanques que hacían con las manos. + +La de Raynal, repantigada en una mecedora, sonreía benévolamente a toda +aquella familia menuda y se interesaba por las diminutas pescadoras que +iban, rojas de placer, a hacerle admirar su cosecha de «frutti di mare», +y por los precoces ingenieros que plantaban gravemente una bandera en +los minúsculos fuertes que habían construido con la arena. + +--¿Te acuerdas, Liette, del hermoso castillo de juguete que hizo +construir tu padre en Trouville cuando no eras más alta que esos niños? + +La buena señora se animaba, y ante aquel flujo de vida que galvanizaba +sus facciones ya fijas por la helada mano de la muerte, Liette volvía a +la esperanza... + +--¿Quién sabe? + + * * * * * + +Por la noche, cuando vio a su madre dormirse con un sueño tranquilo, +reparador y poblado de ensueños felices que hacían dibujarse una +fugitiva sonrisa en sus descoloridos labios, Julieta se sentó ante el +escritorio de plata con las iniciales de Blanca, y, dejando rebosar su +alma henchida de gratitud, escribió largamente a su amable discípula. + +«En fin, hija mía--decía al terminar,--gracias a usted y a sus queridos +padres he conocido hoy un fulgor de esperanza, muy débil, por desgracia, +y que se apagará probablemente mañana. Pero ni vientos ni tempestades +podrán nunca apagar en mi corazón la llama eterna de mi viva gratitud +por tan afectuosa bondad, y ruego a Dios que me permita un día dar a +ustedes la prueba, aunque sea a costa de mi propia dicha...» + + * * * * * + +Hacia la segunda quincena de julio, un hombre y una mujer, ambos +jóvenes, seguían lentamente el muelle de Saint-Helier donde se agolpaba +ya la multitud de las primeras hornadas de viajeros, gentlemen +apopléticos, secas ladies y rubias misses montadas al aire, «smala» de +viajeros que están dando la vuelta al mundo con gravedad sacerdotal y +que contrasta por su tiesura y su flema británica con la exuberancia y +la «furia francesa» de nuestros compatriotas que han huido +momentáneamente del mostrador o de la oficina y se maravillan +cándidamente de verse tan lejos de la calle Saint-Denis... o del +ministerio. + +El hombre llevaba con desenvoltura un elegante traje de viaje y unos +gemelos en bandolera. + +Ella, muy sencilla, iba empujando uno de esos encantadores cochecitos +ingleses, obra maestra de la industria nacional de ese pueblo pesado y +prosaico de ordinario, pero de un gusto tan delicado y refinado en todo +lo que se refiere a la infancia. + +Eran Raúl de Candore y nuestra antigua conocida Juana Dodson, cuyos ojos +azules desembarazados de los anteojos, se fijaban con amor en el +precioso niño dormido en los almohadones y cuya cabecita rubia +desaparecía a medias bajo la capota rosa querida de Kate Grenavay. + +--¡Todavía una hora!--exclamó el conde consultando un bonito reloj de +caza. + +--¡Más de una hora!--suspiró la joven inclinándose con un ademán lleno +de gracia hacia el niño, cuya pura frente se humedeció con una perla que +le hizo fruncir la bonita nariz como un gatito molestado por una mosca. +¡Qué hermoso es! Y cómo se parece a ti... + +Raúl se encogió de hombros irreverentemente. + +--Palabra de honor, Juana, creo que estás loca. Todos los recién nacidos +se parecen entre sí mucho más que a sus autores; pero tú eres tan +romántica... + +--¿Yo? + +--¡Pardiez! Ha sido disparatada esta idea de dejar Londres en vísperas +de ir yo, para venir a instalarte aquí con el pretexto de que se ven las +costas de Granville... + +--Eres injusto, amigo mío; yo no podía esperar indefinidamente un +regreso siempre diferido cuando el médico juzgaba a nuestro hijo enfermo +y mandaba el aire del mar. + +--Hay otras playas que no son Jersey, me parece. ¿Por qué no has ido a +Brighton? + +--Aquí tenía a mi antigua nodriza para ayudarme a cuidarle, y además... + +--¿Creías que yo atravesaría todos los días a nado este brazo de mar, +como atravesaba el Helesponto el bello Leandro? + +--Te burlas, pero el respirar el mismo aire que tú, era también la +dicha... + +--Decididamente, querida, puedes dar cruz y raya a las sentimentales +grisetas de Murger y no tienes ni pizca de ese espíritu práctico de que +se jactan los hijos de la prudente Albión. + +--Tienes razón, Raúl. De otro modo no hubiera soportado tanto tiempo +esta situación intolerable, cuyo fin no veo, a pesar de tus promesas. + +--¿Mis promesas? + +--¿Soy tu mujer, sí o no? + +--Montaigne diría: Quizá, y Rabelais: ¿Quién sabe? + +--¡Raúl! + +--¡Diablo! Inglaterra y Francia no están de acuerdo en este punto, como +en tantos otros... Un simple aprendiz de diplomático no puede cortar el +nudo gordiano tan fácilmente como Alejandro. + +--Me has engañado indignamente. + +--Vamos a ver, querida Juana, tenemos apenas un cuarto de hora, y no hay +tiempo para una querella y una reconciliación. ¿Quieres que empecemos +por el fin? En el fondo, ya sabes que te amo. + +La pobre miss era incapaz de resistir a la inflexión tierna y +acariciadora de aquella voz burlona de ordinario, y suspiró, mas que +dijo, levantando hasta él los ojos llorosos: + +--¡Ay! no pido más que creerte. + +--Y yo no te pido más que un poco de paciencia, niña querida. No +comprendes las dificultades de mi situación, que es muy sencilla sin +embargo. No tengo patrimonio personal, o muy poco. Estoy, pues, obligado +a grandes precauciones y tengo que contar, no sólo con mi madre, sino +con mi tío, y no violentar las cosas, en el mismo interés de este +caballero. + +--No reclamo para él más que tu nombre. + +--El nombre haría muy mal papel sin la fortuna, amiga mía. + +--Lo poco que yo tengo... + +--Lo poco que tú tienes podría apenas bastar para tu hijo, pero de +ningún modo para el vizconde de Candore. Sé, pues, razonable, te lo +ruego, y ten confianza en mí como yo en ti. ¿Piensas que te dejo con +gusto, joven y bonita como eres, expuesta a todas las tentaciones del +aislamiento? + +--Yo no estoy sola. + +--¡Bah!... ¿Crees que este es un guardia de corps suficiente? + +Se echó a reír jugando con el pequeño, que acababa de despertarse y +trataba de cogerle el bastón. + +Medio tranquila, la madre sonreía ante este gracioso espectáculo. + +De repente una campana de a bordo llamó a los pasajeros retrasados e +hizo palidecer a la pobre Juana, que vaciló en el brazo de su compañero. + +--¡Ea! adiós, querida mía--dijo Raúl separándose suavemente. + +--¿Adiós? + +--No, hasta la vista. ¡Qué purista eres! + +--Dale un beso, Raúl... + +--Por supuesto; más bien dos que uno. + +El joven rozó con su rubio bigote la frente sonrosada del niño. + +--Ahora a la mamá, dijo. + +Juana se acercó a él y dijo estremeciéndose. + +--¿Volverás? + +--Sin duda... + +--¿No me olvidarás? + +--¡Qué tontería! + +Iba Raúl a meterse en el barco cuando ella apoyó la mano en su hombro y +le dijo gravemente y con una firmeza que cuadraba mal con su fino y +vaporoso perfil de rubia: + +--Quiero creerte y te creo; pero te lo suplico, no abuses de mi +credulidad y de mi paciencia, pues ahora tengo un hijo a quien defender, +y le defenderé. + +--¿Amenazas? + +--No, una advertencia. + +--Querida niña, si tuviera tiempo te demostraría que entre tú y yo no +puede haber nada más torpe ni más inoportuno. Pero oigo el segundo toque +y prefiero olvidar esta declaración intempestiva a exponerme a oír otra +más difícil de digerir. + + * * * * * + +Un instante después el vapor navegaba hacia Granville y el puerto +erizado de blancas velas, las negras chimeneas y las murallas de granito +desaparecían en lontananza; pero Raúl, apoyado en la borda, creyó +distinguir por mucho tiempo una esbelta silueta de mujer que levantaba +un niño por encima de la cabeza. + +Por fin todo desapareció, y, desagradablemente impresionado por esa +vista y por las últimas palabras de Juana, Raúl se puso a pasear por el +puente lleno de gente y se esforzó en vano por ahuyentar el malestar que +le causaba aquella despedida profética. + +Pero pronto dominaron su ligereza y su escepticismo, y encogiéndose de +hombros murmuró: + +--¡Bah! amenazas de mujer. + + * * * * * + +Raúl olvidaba a la madre... + + * * * * * + +Fue aquel para la de Raynal un período de alivio y de calma. Fuese por +la distracción, por el cambio o por el aire vivificante y saludable, +nadie hubiera conocido a la agonizante de la víspera, de movimientos +cansados, mirada muerta y piernas inertes en la intrépida paseante que +se veía con frecuencia en la «Brecha de los Ingleses», en el jardín de +la «Villa Blanca», en el casino de Granville y en la playa de +Saint-Pair. + +En efecto, poco sensible a las bellezas de la naturaleza, la indolente +criolla, que no hubiera dado dos pasos para admirar el más maravilloso +paisaje, no retrocedía ante media legua para ir a ahogarse en una sala +de concierto escuchando a algún cantante parisiense mientras protestaba +llena de convicción: + +--Es por ti, hija mía, exclusivamente por ti. Es preciso que te +distraigas y no te encierres en una alcoba de enfermo. + +Liette no regateaba nada de esto; era muy feliz. Después de las mortales +angustias que acababa de pasar, su corazón se dilataba con esta nueva +esperanza: + +--¡Dios me conservará mi madre! + +--Bien puedes dar las gracias a ese buen don Raúl decía la enferma;--sin +él, nunca me hubiera decidido a semejante viaje. + +No era necesario recordárselo; demasiado pensaba en ello Julieta. El +pensamiento de la criatura se mezclaba involuntariamente al del Creador +en sus acciones de gracias. + +Así fue que el día en que vieron desembarcar al conde entre los +pasajeros que venían de Jersey experimentaron más alegría que sorpresa, +hasta tal punto le tenían presente en la memoria. + +El joven, por su parte, hizo un gesto de vivo placer en cuanto las vio y +dijo acercándose a ellas con la maleta en la mano: + +--No esperaba la buena fortuna de encontrar a ustedes al llegar al +puerto. Cuento, sin embargo, con que no creerán ustedes que hubiera +esperado a mañana para ir a presentarles mis homenajes y a pedir +noticias de mi enferma... que veo que son buenas a juzgar por su cara. + +--¿Verdad que sí?--dijo vivamente Liette radiante;--mamá está mucho +mejor, gracias a Dios. + +--Y a usted, querido don Raúl--añadió aturdidamente la viuda;--no nos +cansamos de repetirlo. + +Raúl no recogió la frase, pero tomó nota de ella con íntima fatuidad. + +--Le creíamos a usted en Londres--dijo la joven para cambiar de +conversación. + +--Allí estaba, en efecto, la semana pasada; pero he hecho un rodeo para +visitar esa famosa isla de Jersey que los ingleses consideran como la +octava maravilla del mundo por la única razón de que tiene el honor de +ser inglesa, y también para comprobar el efecto de mi receta, pues sabe +usted, señora de Raynal, que pretendo ser su médico de cabecera. + +--Entonces, doctor, la curación le hace a usted honor. Me encuentro +perfectamente bien con sus consejos. + +--Sin embargo, ¿no es un poco imprudente el venir tan lejos? + +--No, tomamos un coche... + +--¿Uno de esos horribles armatostes?--dijo el conde haciendo un gesto +ante las muestras del género alineadas en la plazuela.--Deben de tener +peor movimiento que el barco... + +--Usted lo verá acompañándonos a la Villa Blanca, donde le haremos los +honores. + +--Con mucho gusto, querida señora, en cuanto deje la maleta en el hotel +de Francia, donde he tomado una habitación. + +--¡Cómo! ¿Piensa usted alojarse en Granville? + +--Eso no me impedirá ir con frecuencia a Saint-Pair si ustedes me +invitan... + +Liette dejó ver una sonrisa de aprobación; le gustaba la delicadeza del +joven y la elogiaba. Raúl dejó a las dos señoras en la «Brecha de los +Ingleses» y les pidió permiso para ir a mudarse de traje mientras ellas +oían la música, prometiendo venir a buscarlas a las cinco para ir a +acompañarlas a su casa. + +Su ausencia, no muy larga, no fue perdida para él, pues la de Raynal no +cesó de prodigarle elogios. + +--¡Qué encantador caballero! Tan sencillo, tan amable, tan respetuoso +con las señoras... Enteramente como tu pobre padre, hija mía. + +Liette no pensaba en interrumpirla, dulcemente mecida por aquellas +palabras acompañadas muy bajito por una melodía de Gounod. + +A la hora convenida apareció el joven guiando una «Charrette» inglesa +tirada por un «poney» muy pacífico, según afirmó Raúl. + +--Permítame usted que sea su cochero durante mi corta estancia aquí, +querida señora; me comprometo a no volcar. + +La buena señora estaba radiante. Volver a Saint-Pair en aquel bonito +carruaje y en tan elegante compañía era una de esas satisfacciones de +vanidad pueril que halagaban más que nada a su frívola cabeza. + +Dio señales de agradecer mucho la atención, y cuando se pararon en la +verja dijo al joven: + +--Si no tiene usted miedo de una cocina de enferma, le pediré que +participe de nuestra comida. + +Raúl buscó la autorización de aceptar en la clara mirada de Liette... + +--Ya conoce usted los talentos culinarios de Mariana. + +El joven aprovechó esta aprobación indirecta, y un instante después +estaba instalado debajo de la cubierta de cristales, al lado de la +viuda, que le contaba los chismes de la playa, escuchados por él con +resignación ejemplar, mientras Liette, improvisándose cocinera, +confeccionaba un plato de dulce para las circunstancias. + +Fue aquella una velada deliciosa. En aquel marco tan bien hecho para +ella, Raúl, sensible como todos los refinados a las delicadezas +exteriores más que a las del alma, encontraba un nuevo encanto a la +modesta empleada de Correos, cuyas vulgares funciones olvidaba entonces +por completo. + +Los días siguientes pasaron como un sueño. Candore, como un verdadero +paladín, iba todas las mañanas a tomar las órdenes de las señoras para +el día. + +El tiempo estaba hermoso y había que aprovecharlo. Era la ocasión de +hacer expediciones románticas a La Lucerne y a Chanteloup. + +¿Cómo rehusar? Estaba hecho el ofrecimiento con tanta amabilidad y la +enferma palmoteaba con tan infantil alegría... Liette no lo pensaba +siquiera. Por otra parte, era feliz, muy feliz, y se abandonaba a la +felicidad sin tratar de analizarla. ¡Había habido tan pocos días +floridos en el jardín de su severa juventud! + +Íbanse a la ventura, sin más guía que un mapa de Estado Mayor, y caían a +veces en una ruidosa fiesta de pueblo o entre los empujones y el polvo +de un mercado de ganados. + +Raúl hacía mil locuras para hacer aparecer una sonrisa en los labios +descoloridos de la madre o merecer una mirada de agradecimiento de la +hija. + +Y había que ver a los vendedores, verdaderas sanguijuelas normandas que +adivinaban una presa fácil, seguirle los pasos, meterle en el bolsillo +pitos, rosquillas y golosinas y ponerle delante de las piernas rosados +cochinillos y rizados y blancos corderos. + +--¡Cómpreme usted algo para su señora! + +«¡Su señora!» + +Por oír esas dos palabras, que ponían un tinte de rubor en las mejillas +de Liette, hubiera el conde despojado todas las tiendas y hecho la +fortuna de todos los ganaderos. + +De este modo se llevaron triunfalmente de Breal un precioso corderillo, +«que acaba de dejar a la oveja, caballero, y que su señora de usted +podrá domesticar como un perro faldero.» + +--Será un recuerdo de este día, que es el último--dijo Raúl dando un +suspiro. + +En efecto, se marchaba al día siguiente. ¡Pero cuánto camino recorrido +en aquellos días, en sentido propio y figurado! ¡Cuánto camino por las +carreteras de Normandía y en el corazón de Liette! + +Y es que el amor sincero es comunicativo, y, por primera vez, aquel +amante veleidoso estaba sinceramente enamorado. + +¿Cómo se había apoderado ese sentimiento profundo y verdadero de aquel +estragado que había ido a Saint-Pair con las intenciones menos puras? +Raúl era un ser de impulsión más que de razonamiento, esclavo de su +imaginación y de sus nervios, tan incapaz de obedecer a fríos cálculos +como a la regla austera del deber. + +En aquel cuadro de familia, en medio de aquella comodidad mundana que +tan bien se armonizaba con su elegancia natural y con su perfecta +distinción, nada le recordaba a la modesta empleada y el enamorado +estaba bastante entusiasmado para ver en ella la futura condesa de +Candore. + +Ganada por su parte y sin darse cuenta de ello por la llama penetrante +de aquel amor que se estaba incubando hacía mucho tiempo en el fondo de +su ser, la tranquila, la prudente y severa Julieta, aturdida y fascinada +por una especie de vértigo, se abandonaba inconscientemente a la ola de +sensaciones nuevas, tumultuosas y confusas que turbaban vagamente su +alma virginal. + + * * * * * + +A unos cien pasos de la Villa Blanca, se elevaba, o más bien, se hundía, +hasta tal punto parecía una topera, una construcción gris aplastada bajo +un techo de bálago con una puerta baja y de medio punto y una estrecha +ventana guarnecida de dos barrotes en cruz en la que con frecuencia +danzaba una pálida luz a la sombra del crepúsculo. + +Si algún paseante retrasado se aproximaba por azar, podía ver una +humilde capilla a la que se bajaba por tres escalones gastados y +desportillados y alumbrada por el resplandor tembloroso de unos cirios +casi consumidos, mientras alguna vieja de cabeza vacilante bajo la manta +bretona murmuraba una oración. + +No había allí estatuas de mármol, ni custodias doradas, ni ricos vidrios +ni cuadros raros; solamente las cuatro paredes húmedas y agrietadas, el +tragaluz abierto por el que entraban libremente el viento, la lluvia y +la nieve o, a veces, un cálido rayo de sol y la imagen argentina de la +luna o de la estrella de los marinos; la puerta maciza como la de una +cárcel, abierta día y noche en el camino solitario sin temor de que +nadie encontrase nada que meter en las alforjas; unos bancos de piedra +incrustados en el suelo apisonado y alineados enfrente de un altar de +madera carcomida en el que se mostraba una grosera imagen de la Virgen +niña, apoyada en la falda de su madre, dos figuras angulosas y tiesas, +pero a las que el pintor primitivo, a falta de genio, había dado una +suavidad divina. Era la capilla de Santa Ana. + +Además de la célebre peregrinación de Santa Ana de Auray, hay así +numerosos santuarios sembrados a todos los vientos en aquella tierra de +fe cándida, reputaciones de campanario muy reducidas hoy gracias a los +billetes de ida y vuelta que permiten a cualquier peregrino ir a +contemplar al mismo tiempo el Sagrado Corazón y la torre Eiffel, como lo +hace constar melancólicamente el delicioso autor de «Colás, Colasse et +Colette». + +Sin embargo, la capillita en cuestión tenía aún sus fieles, escasos, +pero tenaces; aldeanas viejas apegadas a las antiguas costumbres como a +las antiguas modas, y que iban a quemar un cirio por la curación de +alguna enfermedad, rudos pescadores que en la tormenta han puesto su +confianza hereditaria en la Virgen que acogía los votos de sus padres, y +jóvenes prometidos, supersticiosos como todos los enamorados, que van a +encender dos cirios juntos cuya llama más o menos viva es el símbolo de +su amor. + +A Liette le gustaba aquel rincón, poético vestigio del pasado que se +armonizaba mejor con sus inocentes prácticas que el cuadro moderno de +las iglesias parisienses. Todos los días iba a rezar por su querida +enferma y mientras se consumía lentamente el cirio ofrecido por ella, la +joven sentía poco a poco amortiguarse su dolor y disiparse sus temores, +ahuyentados como por un aletazo del pájaro místico de la esperanza, +refugiado en el más pobre tabernáculo. + +¡Hace tanta falta creer y esperar cuando se sufre! + + * * * * * + +Liette se sentía aquella tarde cansada, triste y oprimida; una angustia +indefinible se había apoderado de ella y las primeras sombras del +crepúsculo, que ensombrecían la capilla helada aumentaban su malestar +inexplicable. + +Arrodillada en el fondo del santuario vacío, en el que dormitaba la +vendedora de cirios, permanecía inmóvil y con el corazón oprimido. + +¿Por qué? + +Su madre no estaba peor, al contrario, sus fuerzas parecían renacer y la +anciana volvía a la vida. + +Entonces... + +¡Su madre! ¿No era su única preocupación y su único cuidado? + +--¡Dios mío, consérvame a mi madre!--repetía, tratando en vano de +absorberse en la oración. + +Pero esa oración maquinal no le devolvía la calma, ni el reposo ni la +paz... + +¿Qué tenía? + +En la puerta aparecieron dos sombras; eran dos prometidos. + +Ambos avanzaron tímidamente, él dando vueltas al sombrero, y ella +echando una mirada furtiva a la parisiense. La guardiana, arrancada a su +sueño, sonreía con malicia mostrando sus cirios. Los novios eligieron +dos del mismo largo, los encendieron juntos gravemente y los colocaron +en el altar. + +Después, cogidos de la mano, se quedaron silenciosos y recogidos, con +los ojos fijos en aquel frágil emblema de su amor. + +Y cuando la mecha se carbonizaba, cuando la cera corría mal, eran de ver +sus frentes sombrías y sus pupilas mojadas. La operación fue larga +aunque los cirios eran modestos, pero los novios esperaron paciente y +pasivamente siguiendo las etapas de su común destino... + +Un chisporroteo... Una llamarada más viva... + +El cirio del mozo se apagó el primero. + +--Mejor; así no te veré morir--exclamó con una especie de alegría +egoísta. + +--Mejor; así estaré allí para ayudarte a morir--suspiró dulcemente la +novia, cuya cándida abnegación brillaba bajo la cofia blanca. + +Y se fueron en la paz de la radiante tarde, cogidos del brazo... + +Liette ocultó la cara entre las manos y lloró. + + * * * * * + +--¡Valor, Liette! + + * * * * * + +No había dicho aquello la tierna voz paternal, pero sí otra voz también +muy tierna. + +Raúl estaba a su lado. + +¿Había sorprendido aquella escena conmovedora que alteró el corazón de +la pobre niña como una repentina revelación? ¿Adivinaba lo que hacía +correr sus lágrimas? ¿Leía en sus ojos húmedos el secreto de su emoción? + +La joven se levantó sobresaltada para esquivar su mirada y fingió estar +distraída en la elección de un cirio, que encendió y puso en el sitio +del de la bretona. + +Después volvió a su banco y se arrodilló, con la cabeza entre las manos. + +Cuando se levantó dejó escapar una exclamación; dos cirios estaban +ardiendo juntos, y, como los dos novios de hacía un momento, Raúl, +arrodillado al lado suyo, murmuraba a su oído: + +--Liette, amo a usted. ¿Me ama usted a mí? + + * * * * * + +Al encontrarse en la pacífica casa del Correo, sentada en su estrecha +oficina junto al ventanillo ante el cual desfilaban las mismas caras +familiares, Liette hubiera podido creer que nunca había salido de allí. + +La de Raynal, vuelta a caer en su atonía, dormitaba inerte y pasiva +recostada en su butaca junto a la ventana abierta. Las comadres la +saludaban al pasar con las mismas palabras de conmiseración, y el +cartero, poco hablador naturalmente, se llevaba militarmente la mano al +quepis y dirigía a la madre y a la hija una mirada de respetuosa +simpatía mordiéndose el duro bigote. + +Saint-Pair, la Villa Blanca, el mar bretón, la campiña normanda, la +Brecha de los Ingleses, la capilla de Santa Ana, ¿era todo eso un sueño, +una ilusión, una quimera? + +Liette estaba a veces por preguntárselo. + +Un balido quejumbroso y una cabeza rizada que se apoyó en su falda, +respuesta indirecta a su pregunta, arrancáronle un suspiro involuntario. + +--Silencio Breal, vas a despertar a mamá--dijo temerosa. + +Lo que despertaba sobre todo el pobre Breal eran los ardientes recuerdos +que la joven hubiera querido adormecer para siempre; las locas carreras +por el polvoriento camino al galope del fogoso poney, los chasquidos +del látigo del cochero improvisado mezclados con los gritos de susto de +la de Raynal, los regresos melancólicos en las primeras sombras del +crepúsculo que borraban el paisaje y echaban en las olas como un velo de +viuda, el estrépito de la feria de Breal, el acento zalamero de la +aldeana: + +--¡Un corderito para la señora! + +Era sobre todo el instante supremo, en el recogimiento de la obscura +capilla, cuando conoció la inefable embriaguez de un amor correspondido. + +¡Pobre Breal! Mago inconsciente, su voz evocaba aquel pasado +inolvidable, y mientras le regañaba un poco, Liette acariciaba +maquinalmente sus lanas de nieve como las imágenes engañadoras que +pasaban ante sus ojos soñadores. + + * * * * * + +No había vuelto a ver a Raúl ni a su familia, que se habían marchado +antes de su vuelta y estaban ya instalados en la Villa Blanca; pero +además de una correspondencia activa y cariñosa con su discípula, había +recibido varias cartas del joven conde a pesar de su formal prohibición. + +En efecto, Liette no era mujer de abandonarse sin resistencia y sin +lucha a una pasión cuyos peligros le mostraba claramente su severa +conciencia. + +Arrancándose a la emoción deliciosa en que la había sumido la +declaración espontánea de Raúl, se había dominado valientemente y, +mostrándole el callejón sin salida en que iba a meterse imprudentemente, +la habló el lenguaje imperioso de la razón y del deber. + +Todo les separaba, nombre, posición y fortuna. La de Candore quería +seguramente para su hijo el brillante matrimonio que él tenía derecho a +esperar, y corresponder a sus bondades introduciendo la perturbación en +su casa era una verdadera falta de delicadeza. + +--Olvídeme usted, amigo mío: olvide un momento de locura del que no +tardaría usted en arrepentirse. Separémonos sin remordimientos, ya que +no sin pesar. Nuestro bello sueño se rompería las alas contra las +brutales realidades de la existencia; devolvámosle su vuelo y mirémosle +perderse en el espacio entre una sonrisa y una lágrima. Este recuerdo +será para mí la florecilla azul cogida juntos y que se secará solitaria +en la mejor página del libro de mi vida. Para usted será el perfume +fugaz respirado al paso y al que no se mezclará ninguna amargura, y más +adelante, cuando seamos viejos, muy viejos, si el malicioso azar nos +reúne, tendremos la impresión fugitiva, pero exquisita, de haber sido el +uno para el otro menos que nada y más que todo. + +Raúl no quería oír nada y le cerraba la boca con sus declaraciones +inflamadas y sus calurosas protestas, fraseología sentimental en la que +sobresalía y de la que se servía esta vez con una sinceridad más +comunicativa que su habilidad ordinaria. + +La amaba, y el amor era la razón suprema y el supremo deber. La amaba, y +ese amor saldría victorioso de todos los obstáculos, cuya importancia, +por otra parte, se exageraba Liette. La amaba, y por la sola potencia de +ese amor, se comprometía a convencer a la señora de Candore y a obtener +su consentimiento. + +--Pruebe usted--murmuró ella vencida. + +Raúl se agarró a aquel medio consentimiento arrancado a su cansancio y +todo lo que Liette pudo obtener fue un mes de reflexión y la promesa de +guardar silencio con una y otra madre y de abstenerse hasta entonces de +todo paso y de toda carta... promesa a la que él se apresuró a faltar en +cuanto a este último punto. + +«Perdóneme usted que infrinja su prohibición, Liette--le escribió al día +siguiente de su separación,--pero necesito dar a usted la fe que le +falta. Mal me juzga usted si cree que el tiempo puede modificar mis +sentimientos y si atribuye la declaración sincera y espontánea de mis +labios a un impulso irreflexivo y a una animación pasajera. Si cedí a +una tracción irresistible, no fue sin lucha ni combate. Hoy me confieso +vencido y ni mi corazón ni mi razón pueden hacerme avergonzar de mi +derrota. Pertenecemos a la misma clase; nada nos separa realmente, ni la +educación ni los gustos. Reconozco humildemente la superioridad de su +mérito de usted, de su carácter y de sus sentimientos, y ya sabe usted +que mi misma madre los ha reconocido muchas veces. Así, pues, no podrá +menos de aprobar mi elección y acoger a usted como a una hija +predilecta, digna hermana de nuestra Blanca que tanto quiere a usted. No +sea usted más severa que los míos, Liette; no se niegue a mi dicha, a la +suya y a la de la querida enferma a quien he dedicado los sentimientos +de un hijo. + +«Una palabra de aliento y de confianza para darme el valor que tanto +necesito.» + +A pesar de esta última súplica, que denotaba una inquietud y una +vacilación mal disimuladas bajo la aparente resolución de las primeras +líneas, Liette no respondió, firmemente decidida, aunque se rompiese su +corazón, a no salir de la reserva que le mandaban imperiosamente su +dignidad y su deber. + +Raúl volvió a la carga. + +«Me encuentro en estos lugares llenos de usted, donde las cosas, menos +crueles que su alma, me dan el aliento que usted me niega sin piedad. El +mar, con sus olas cambiantes como sus ojos de usted, y de voz grave como +la suya, meciendo mi dolor al ritmo de sus ondas me ha dicho +«Esperanza». Santa Ana, testigo mudo de nuestros esponsales, parece que +me sonríe y que murmura «Confianza». El verde campo, dormido bajo la +caricia del sol, el beso de la brisa y la canción de sus nidos, me ha +suspirado «Amor». Y todos me han gritado ¡«Anda»! + +«¿No me lo repite usted también, Liette?» + +Liette permaneció silenciosa. + +En el fondo, Raúl no deploraba más que a medias el plazo que se le había +impuesto. La verdad era que la presencia de la señora de Candore +paralizaba un poco sus veleidades de independencia y no le disgustaba +dejar para más adelante una explicación embarazosa, de la que no estaba +seguro de salir con los honores de la guerra a pesar de sus +fanfarronadas. Así era que veía llegar el fin del mes con menos +impaciencia que inquietud. + + * * * * * + +El plazo había ya expirado. + +Aquel día, al acabar de comer, Raúl pidió bruscamente a su madre el +favor de una entrevista particular, decidido a quemar sus naves. + +Blanca, que contaba con él para una partida monstruo de tennis +organizada con una colonia americana compuesta de jugadores de mérito, +hizo una linda mueca de despecho. + +--Otra vez me das esquinazo... Tu «amabilidad» empieza a pesarte. Ya nos +has dejado a mamá y a mí ir solas a Jersey... Y tú te lo has perdido... + +--¿Por qué? + +--Porque hubieras encontrado a una antigua amiga, que tenía el +privilegio de excitar tu elocuencia a falta de tu admiración... miss +Dodson, y miss Dodson sin anteojos. + +Aunque preveía la alusión, la frente del joven se obscureció con una +sombra. + +--¡Estás loca, Blanca!--dijo la condesa ligeramente contrariada por esa +salida intempestiva. + +--No, mamá, te aseguro que he conocido muy bien de lejos a mi antigua +institutriz conduciendo un cochecito de niño. + +Esta vez Raúl palideció a pesar suyo. + +--¡Pobre muchacha!--dijo Neris con interés.--¿Estará reducida al papel +de niñera? + +La de Candore, que no quitaba los ojos de su hijo, notó su visible +turbación y su frente se arrugó con un fruncimiento imperceptible. + +--¿Vas a acompañar a Blanca, hermano? + +--Ciertamente, querida Hermancia. ¿Vienes, pequeña? + +Blanca presentó la frente a su madre y dijo a Raúl amenazándole con el +dedo: + +--A ti no te doy un beso. + +Pero como era incapaz de un enfado prolongado, cambió de parecer al +llegar a la puerta y dijo con gracioso aturdimiento lanzándose a +abrazarle: + +--Ya me desquitaré mañana; te confisco por todo el día. + +--Aprobado--respondió Raúl alegremente. + +Mientras la joven se echaba a correr para alcanzar a su tío, la condesa +se dirigió a la cubierta de cristales seguida por el diplomático, que +iba mascullando su exordio. + +--¿Tienes que hablarme, Raúl?--dijo la condesa.--¿Qué quieres? Yo +también tengo que decirte algo. + +--Entonces, tú la primera--respondió cortésmente el joven, interesado en +aprovechar el menor plazo, aunque un poco alarmado por el tono de su +madre. + +--Como quieras. + +La condesa se recogió un momento y dijo: + +--Es un asunto delicado, extremadamente delicado... del que hubiera +deseado no hablar todavía contigo... Pero hay en esto para mí un caso de +conciencia... En una palabra, se trata de tu excesiva familiaridad con +Blanca... + +--¡Blanca! mi hermana... + +Raúl que hacía un momento estaba literalmente sobre ascuas, miró a su +madre con verdadera estupefacción... ¿Estaba en su juicio?... ¿Sabía él +mismo lo que había oído? + +--Blanca no es tu hermana--dijo gravemente la noble dama. + +--¡Que no es mi hermana!... ¿Qué es entonces? + +--Mi sobrina y tu prima. + +--Entonces mi tío... + +--Es su padre. + +Recordando en términos discretos la juventud tempestuosa del señor +Neris, la condesa reveló a Raúl el matrimonio escandaloso de su tío con +una mujer indigna que le había indispuesto con toda la familia hasta el +día en que, solo y abandonado con una hija en la cuna, había venido a +suplicar a su hermana que le acogiese en su casa. + +--Sin dejar de desaprobar su conducta, cedí a sus súplicas en interés de +esa pobre niña y en el tuyo. + +--¿En el mío? + +--Sin duda. Esta complacencia te aseguraba las bondades de tu tío, muy +necesarias para establecerte, dada la exigüidad de tu patrimonio. + +A través de los cristales, Raúl seguía con mirada curiosa al padre y a +la hija, a quienes veía bajo un nuevo aspecto. ¡Qué ternura, en efecto, +en los menores ademanes del anciano, en el largo beso que depositaba en +la frente de su hija cuando ésta se iba muy alegre hacia sus compañeras +y en la mirada con que le envolvía al desdoblar maquinalmente «Le Temps» +del día anterior! + +--¿Cómo diablos no lo he sospechado?--dijo el diplomático encogiéndose +de hombros, humillado por su poca perspicacia.--Salta a la vista que es +su hija. + +--Y su única heredera. + +El joven se volvió como si le hubiera picado una mosca. + +--¿Cómo es eso? + +--¡Diablo! su padre le dejará naturalmente toda su fortuna. + +--Es muy probable--murmuró el conde mordisqueándose nerviosamente el +bigote. + +Dio unos paseos en silencio, y dijo parándose delante de su madre: + +--¿Y yo, entonces? + +--No dudo que, como agradecimiento, mi hermano te dejará... + +--Un hueso que roer. ¡Vaya una ganga! + +--¡Raúl! + +--¡No, verdaderamente, es inicuo!... Se me deja crecer con una esperanza +quimérica y comprometer, acaso, mi porvenir, y, de la noche a la mañana, +todo se viene abajo como un castillo de naipes y se me deja reducido a +una medianía que no es siquiera dorada. + +Impotente para devorar su amarga decepción, pisoteaba rabiosamente la +estera de China que cubría el suelo. + +--Vamos a ver, mamá, debe de haber algún medio... + +Por los delgados labios de la condesa se deslizó una imperceptible +sonrisa. ¡Qué bien conocía a su hijo y qué bien le había llevado +insensiblemente al punto preciso en que le quería! + +--¡Un medio!... No veo más que un buen matrimonio, al que tu nombre te +da derecho a aspirar. En cuanto a la herencia de tu tío, no hay que +pensar en ella, y es posible, por otra parte, que de aquí a entonces +Blanca tenga un marido que cuide de sus intereses... + +--¿Crees que, en su posición, se casará fácilmente? + +--Sí y no, amigo mío; es una muchacha encantadora y bien educada, a la +que la madre más exigente será dichosa en tener por hija. Sin embargo, +aunque cubierta por mi tutela de un barniz de respetabilidad, ciertas +familias... timoratas... tendrían ciertos escrúpulos. Pero, en suma, no +le faltarán pretendientes aceptables y más de un noble arruinado, +aficionado a la buena vida, querrá dorar su blasón gracias a la +generosidad asegurada de su suegro. + +--Blanca no consentirá en casarse con el primero que se presente; quiere +un marido... + +--Que se parezca a ti; lo dice muy alto. + +Fue esto dicho negligentemente y sin la menor intención aparente, pero +el tiro había dado en el blanco. Raúl aguzó el oído, y dijo tratando de +leer en el pensamiento de su madre: + +--¿Decididamente, no tienes ninguna idea? + +--Dios mío, no, ni sombra de una... Pero acaso la tendré más adelante... +Por otra parte, busca por tu lado. ¿No eres diplomático? + +Raúl hizo un gesto de mal humor, pero sabía por experiencia que la +condesa no entregaba nunca por entero su pensamiento y que él usaría en +vano todas las astucias de su diplomacia. Así, pues, dijo levantando el +sitio: + +--Te doy las gracias por tu confianza y tus consejos, mamá. Pensaré en +todo esto. + +--Pero tú, hijo mío, ¿no tenías una confidencia que hacerme? + +Raúl sufrió un estremecimiento significativo. + +¡Liette! La había olvidado. Además la situación no era ya la misma... + +Y respondió balbuciendo avergonzado y confuso: + +--Nada, mamá, una pequeñez... + + * * * * * + +Raúl se subió a su cuarto. + +Era una gran pieza clara y alegre, con anchas ventanas, una de las +cuales daba al mar y la otra al campo. Por un lado el movimiento y el +ruido de la playa, el murmullo cadencioso de las olas, las canciones de +las lavanderas al depositar la ropa en las rocas, las risotadas de los +bañistas y las locas carreras en la marea baja por la inmensa sábana de +arena franjeada de plata; y por el otro la calma y el reposo de los +campos, las frondosas laderas y el camino solitario en el que raros +transeúntes ponían una sombra de vida, mientras que la capilla con sus +muros grisáceos, su puerta baja y sus barrotes en cruz, parecía, al +contrario, un monumento funerario. + +Aunque nada tenía de poeta, era a aquel balcón donde el conde iba a +menudo a soñar con su amiga. En el recogimiento de la hora crepuscular, +que confunde el paisaje en tintas imprecisas y dulces tan en armonía con +las impresiones melancólicas, Raúl evocaba el recuerdo turbador de sus +místicos esponsales, como ella en su estrecha oficina. + +Pero aquel día no tuvo ni una mirada para aquel cuadro familiar y +dejándose caer en una butaca, se abandonó a un verdadero acceso de +misantropía agresiva. + +Su tío, su prima, su madre misma, pasaron allí un mal cuarto de hora. + +¡Oh! ¿De qué no son capaces esos vividores camastrones que olvidan los +derechos sagrados de la familia? Y la condesa, tan alarmada por la menor +travesura, que protegía aquel escándalo uniendo al padre con la hija en +lugar de separarlos y preparando inconscientemente la ruina de su hijo +en lugar de defender sus intereses... + +--¡Todo el mundo se ha ligado contra mí!--pensaba con rabia +reconcentrada. + +Muy sincero en sus recriminaciones egoístas, como acostumbrado a +considerar como suya la fortuna de Neris, se juzgaba desposeído de unos +bienes legítimos y su indignación, bastante cómica, era perfectamente +justificada a sus ojos. Poco le faltaba para hacer a la pobre Blanca +responsable de aquel despojo. + +¡Ella, a quien había tenido la candidez de querer como a una hermana, +sin desconfianza, robarle su herencia! + +Todavía, si hubiera podido tomarla con alguien... Pero un anciano y una +niña... Estaba impotente y desarmado, condenado a devorar su cólera so +pena de ser ridículo u odioso. + +Caído delante del escritorio, estaba atormentando maquinalmente su +cortapapeles de marfil y doblándole como un florete. + +¡Clac! En su mano nerviosa, se rompió la hoja de repente con un ruido +seco. + +Este accidente tan ligero puso el colmo a su irritación... Con un brusco +ademán, barrió todo lo que se encontraba delante de él, y portaplumas, +lápiz y papeles volaron hasta el centro de la pieza. + +Sólo permaneció en la mesa una carta comenzada. + +«Liette.» + +¿Liette? + +¡La había olvidado! + +«Voy a hablar a mi madre, le escribía aquella misma mañana; cuando acabe +estas líneas será usted mi prometida a mis ojos como a los suyos. + +«¿Late su corazón de usted más de prisa en esta hora en que me juego +más que la vida y se acuerda un poco del que no piensa más que en usted? + +«Suena la campana... Echo la última mirada a la capilla de Santa Ana, +donde tiembla un débil resplandor, estrella de esperanza. Si escucha mis +ruegos, esta noche iluminaré su santuario hasta dar envidia a su hermana +de Auray.» + +Raúl leyó fríamente estas ardientes palabras. + +--¡Buena tontería iba a hacer!--masculló entre dientes. + +En seguida tuvo vergüenza de este grito del corazón, eco fiel de su +inconsciente egoísmo, y trató de colorear su defección a sus propios +ojos. + +Ciertamente, hubiera querido casarse con Liette; ¿pero podía? ¿Era digno +y leal asociarla a un porvenir precario después de haber hecho brillar +ante ella un espejismo engañador? Habiéndole ofrecido compartir con ella +una gran fortuna, ¿podía no llevarle más que una baja medianía? +Seguramente, no dudaba que era amado por sí mismo, y acaso la noble +joven experimentaría más gozo que tristeza al darle esta prueba de amor +y de desinterés; pero él, un caballero, ¿debía aceptar? + +Por otra parte, jamás la de Candore, cuyos designios había penetrado, +aprobaría semejante locura. Negaría su consentimiento, y el pedírselo +no conduciría más que a exponer a la pobre institutriz a alguna afrenta +humillante. Lo mejor era callarse, resignarse, obedecer; y aquella hija +de soldado fuertemente impregnada de disciplina sería la primera en +aconsejárselo. + +En el fondo, su resolución estaba ya tomada. + +Estaba bastante enamorado para hacer un matrimonio pobre siendo él rico +y no debiendo sufrir por ese ligero sacrificio ni en sus costumbres ni +en sus gustos refinados; pero afrontar la medianía, ni aun con la mujer +amada, era superior a sus fuerzas y a su valor. + +--¡Pobre Liette! ¡Qué pena va a tener!--murmuró con cierta fatuidad. + +También él sufría... pero no mucho. + +Su entusiasmo había caído con sus esperanzas, y la decepción material +había matado brutalmente al sentimiento ideal que por un instante le +había transportado en sus alas. + +Admiraba en sus adentros la presciencia adivinatoria de la condesa, que +siempre intervenía en el momento decisivo y que acababa de detenerle en +el borde del abismo en que iba a dejarse caer imprudentemente. + +--Sin la oportunidad maternal, me metía en un lindo barrizal--pensó con +una satisfacción que alivió un poco la amargura de sus +pesares.--Decididamente, mi señora madre tiene un olfato maravilloso y +haré muy bien en seguir sus consejos más o menos directos. + +¿Un buen matrimonio?... + +Encendió un cigarro y fue a asomarse a la ventana que daba a la playa. + +La partida estaba en su pleno y los «Play», «Ready» que se cruzaban +entre los jugadores llegaban a su oído llevados por la brisa marina. + +Hasta distinguía el duro acento anglosajón y las notas argentinas de +Blanca cuando se reía de alguna jugada torpe. + +Aquella chiquilla tenía la culpa de todo... + +Buena muchacha en suma, llena de delicadeza y de corazón, lejos de +rehusar nada al que ella consideraría siempre como su hermano mayor, +sería la primera en decirle: + +--Repartámonos la fortuna. + +Pero su dignidad no podía consentir... + +¿Con qué título? + +Un primo no es un hermano ni un marido... + +¿Un marido? + +Después de todo, él podía llegar a serlo. Si era absolutamente preciso +resignarse a un buen matrimonio, y no veía otra salida, ¿por qué no ella +mejor que una pécora cualquiera que hiciese sonar demasiado su dinero y +que, al menos, le tratase de igual a igual siendo su señor y dueño? +Blanca, la pobre, se estimaría muy feliz siendo su humilde servidora. + +Porque no había duda, ya le adoraba como hermano. ¿Qué iba a ser +ahora?... + + Casi siempre una prima + adora a su primito... + +tarareó entre dos bocanadas de humo. + +Su intimidad se había desarrollado particularmente en aquella +expedición, en la que absorvido por un pensamiento único, Raúl no estaba +dispuesto a coquetear según su costumbre y se limitaba a la sociedad de +su hermana. Con ella podía hablar libremente de Liette, y no dejaba de +hacerlo. Ella le respondía con toda la inocencia de su alma, no cesaba +de elogiar a su institutriz y respondía a los cumplimientos fraternales +sobre su personilla: + +--En otro tiempo no me encontrabas tan a tu gusto; el reflejo de miss +Dodson me era menos favorable... + +La joven decía esto alegremente y sin malicia alguna. + +Indiferente a los otros jóvenes, mariposones de casinos o estrellas de +playa que exhibían sus gracias en las partidas de tennis y empleaban su +ingenio en las sabias combinaciones del cotillón. Blanca respondía +ingenuamente a las bromas de su hermano que le instaba a elegir un +novio. + +--No hay ni uno que se parezca a ti... + +En ese caso... + +¿Por qué no después de todo? + +Aquel era evidentemente el plan de la señora de Candore, cuya prudencia +maternal había desconocido... Y más todavía el deseo del tío Neris, que +encontraría difícilmente mejor partido y no regatearía para asegurar la +dicha de su hija. + +--Además, se pondrá tan contenta la pobre muchacha...--pensaba con la +magnanimidad de un príncipe, retorciéndose el fino bigote. + + * * * * * + +En la playa, acabada la partida, cambiábanse vigorosos apretones de +manos al cumplimentar a los vencedores, que eran Blanca y su pareja, un +joven discípulo de Saint-Cyr que había reemplazado a Raúl a última hora. +Ambos hablaban y reían con un aplomo de buen gusto, pero que no por eso +dejó de atacar los nervios un poco irritables del señor de Candore, el +cual arrojó el cigarro medio fumado y bajó rápidamente al encuentro de +su prima. + +Blanca se disponía a volver a la quinta con las facciones animadas por +el ardor del juego, mientras la sangre corría más viva bajo su piel +transparente y nacarada. Su belleza, un poco frágil, tenía algo de +delicado y conmovedor. + +--Te sofocas demasiado--dijo el señor Neris con alarmada solicitud;--vas +a coger frío. + +Pero ya Raúl traía un chal y cubría con él los hombros de la joven con +un matiz de galantería que la condesa, en pie en la escalinata, fue la +única en observar. + +Por sus delgados labios se deslizó una enigmática sonrisa. + +--Vamos--pensó,--la novela ha concluido y comienza el idilio. + + * * * * * + +Aproximábase el fin de la señora de Raynal, y esta vez nada podía ya +retardarle. Después de unas cuantas semanas de respiro y de esperanza, +último resplandor de la lámpara próxima a extinguirse, la enfermedad, +contenida un instante, llegaba ahora a marchas dobles. Consultas, +remedios, cuidados y oraciones, todo fue inútil. La muerte estaba allí, +halagüeña y acariciadora para aquella vieja infantil que se abandonaba a +ella sin resistencia. + +Me siento tan gastada y tan fatigada, hija mía, que es caritativo +dejarme al fin reposar. Tú eres una valiente, igual que tu padre, con su +carácter de hierro en el que se embota la desgracia, mientras que a +nosotras, pobres sensitivas, nos quiebra como el cristal. ¡Ah! vosotros +sois los privilegiados de la vida... + +--¡Privilegiada! ¡Pobre Liette! + +Temblando por aquella existencia que pendía de un hilo y por su amor, +acaso más frágil todavía, la joven devoraba sus lágrimas y ocultaba sus +angustias a fin de no entristecer aquella agonía... + +¿No estaba ella amenazada por un doble duelo? A pesar de las cartas de +Raúl, su corazón estaba martirizado por penetrantes aprensiones ¡Blanca +amaba! + +Amaba con todas las fuerzas de su alma ardiente pero concentrada; amaba +con la hermosa confianza y el cándido entusiasmo de los dieciséis años; +pero también con la desconfianza involuntaria y la temerosa timidez de +un amor tardío; amaba con la energía de una mujer y la debilidad de una +niña. + +¡Blanca amaba! + +¿Y él? Se lo había dicho y se lo repetía sin cesar. Ciertamente, no +dudaba de él, pero temía a la condesa. Si su voluntad, fortalecida con +sus derechos de madre, se elevaba como una barrera entre los dos y no +podían romperla, ¿no tendrían que inclinarse el uno y el otro? Y en su +abnegación de mujer amante, pensaba, olvidando su propio sufrimiento. + +--¡Pobre Raúl! Al menos él no se quedará solo. + +Pero, ¿y ella? + +¿Le iba a faltar todo a la vez? + +Y con temor supersticioso trataba desesperadamente de retardar el +desenlace fatal, como si la vida de la una estuviese ligada al amor del +otro y debiesen confundirse sus últimos suspiros. + + * * * * * + +Aquel día, una tibia tarde de septiembre, la enferma, a pesar de su +extremada debilidad, había querido que la llevasen al jardín y +lánguidamente echada en su hamaca, estaba evocando, con voz ya lejana, +sus recuerdos de la primera juventud, enjambre de mariposas color de +rosa que revolotean alrededor de la frente de los moribundos en la hora +del último crepúsculo. + +--Era un día muy parecido a éste... Nuestro hermoso sol de los Trópicos +se velaba triste y huraño... Mi madre, en su hamaca como yo estoy ahora, +tiritaba como yo tirito... Estaba yo triste como tú lo estás hoy, hija +mía... Hacía ocho días que no teníamos noticias de tu padre... que +todavía no se había declarado... Yo tenía el corazón oprimido... tan +oprimido, que estalló de repente y me eché sollozando en los brazos de +mi madre. + +--¡Pobre mamá! + +Entonces ella, que lo había adivinado todo, no pronunció más que un +nombre: + +--¿Raúl? + +--No, Jorge--rectificó Liette con sonrisa forzada. + +La de Raynal hizo un movimiento de impaciencia. + +--En verdad, hija mía, tienes poca confianza en tu madre--dijo en tono +de despecho.--¿Quieres esperar a que esté muerta? + +--¡Oh! mamá... + +--¿Crees que no veo claro? ¿Por qué dejarme marchar en la duda? + +--¡Madre mía!... + +--Eres una ingrata, una mala hija... Después de lo que he hecho por ti, +me niegas este último consuelo... ¿Es esto caritativo? + +La anciana se agitaba, presa de una excitación febril y balbucía +palabras entrecortadas. + +Liette vacilaba... + +Ciertamente, muchas veces, en su desesperada angustia, había estado a +punto de ceder a la irresistible necesidad de expansión, natural en el +que sufre y quiere ser consolado. Y siempre la palabra había expirado en +sus labios... + +¿Para qué? + +¿Para qué introducir la turbación y la alarma en aquella apacible +agonía? ¿Para qué confiarle la tímida esperanza que reprobaba su razón? +¿Para qué dar alimento a las quimeras que poblaban la imaginación +exagerada de la ardiente criolla, tan llena de castillos en el aire? + +A pesar de su ternura y su respeto, Liette conocía demasiado a aquella +niña vieja y frívola para pedirle el sostén y el apoyo moral necesario +en las horas de desfallecimiento. Su madre atizaría el fuego con mano +inconsciente en vez de apagarlo, y Liette, sin fuerza ya para luchar +contra ella misma, veía que no podría resistir al contagio del +espejismo. + +¿No valía más esperar? + +Pero ¡ay! ¿esperaría la muerte? ¿Era filial aquella prudente reserva? + +Liette cayó de rodillas. + +--Perdona, madre querida; quería ahorrarte una decepción probable... + +--Pronto, cuéntamelo todo... ¿Te ama? + +--Así me lo ha dicho. + +--¿Y escrito también? Por eso recibías tantas cartas de Granville... + +La anciana se reía maliciosamente, muy orgullosa por su perspicacia. + +--¡Oh! dos solamente, y no las he respondido. + +--Pues yo sí lo hubiera hecho... En fin, trae... + +Trató de leer, pero en vano, y dijo con un gesto de cansancio: + +--No veo; lee tú, hija mía. + +Liette obedeció, y, con voz sorda pero en la que vibraba una emoción mal +contenida, volvió a leer aquellas líneas ardientes y apasionadas, frases +huecas cuyo vacío no podía sospechar su alma leal. + +La moribunda estaba encantada y escuchaba con sonrisa de triunfo en los +labios. + +--¡Bien! ¡Muy bien!--decía.--¡Pobre muchacho! ¡Cómo te ama! Sigue, +sigue. + +Y al acabar la lectura, exclamó: + +--¡Querido niño! Muestra un entusiasmo, un ardor, una constancia, a +pesar de tu frialdad... Porque, realmente, hija mía, no sabes +animarle... ¿No le amas? + +--¡Ay! sí... + +--¡Entonces!... ¿Cómo puedes permanecer así, plácida e indiferente?... +¿No tienes fe? + +--¡Oh! mamá querida... + +Asustada por la exaltación de su madre, Liette se esforzaba en vano por +calmarla. En aquella pobre cabeza agotada sonaban todos los cascabeles +de sus locas quimeras. La anciana divagaba con delicia y hablaba del +matrimonio, de la ceremonia, de los trajes... + +--¡Con cuánto gusto lo vería!--suspiraba. + +Dudar del consentimiento de la condesa era para ella una locura. Si +hacía esperar su petición, era que quería venir en persona... + +--Estoy segura de que está en camino; lo adivino, lo siento... + +...La puerta se abrió... Y la anciana volvió la cabeza +estremeciéndose... + +Pero no era más que el tío Marcial, que venía a hacer amablemente el +servicio de la oficina. + +--Una carta para usted, señorita; de Granville. + +¡Al fin! + +Liette desgarró el sobre con mano temblorosa. + +La carta era de Blanca y no contenía más que estas líneas: + +«Doy a usted, mi querida amiga, la primera noticia de un secreto que es +una pena y también una dicha. Mi madre no es mi madre, y, sin embargo, +me ha dicho muy bajito que yo podría aún ser su hija. + +«Al perder un hermano encuentro un primo... y, acaso, un novio... un +esposo... + +«Yo, que amaba ya tanto a Raúl, ¿cómo voy a hacer para amarle más?... ¿Y +él, querrá amarme? Usted me ayudará a conseguirlo, ¿verdad?» + +Los labios trémulos, los ojos fijos, las mejillas más pálidas que las de +la moribunda, Liette permanecía rígida, muda, sin quejas, sin +lágrimas... + +--Y bien--dijo ansiosamente la madre;--habla, me das miedo. + +Ante aquella palidez, ante aquel mutismo, ante la desesperación de +aquella pobre mirada, ¿tuvo la anciana la vaga presciencia de la verdad +y remordimientos por su imprudencia? + +Aquellas facciones infantiles bajo su corona blanca expresaron tal +desolación y tal angustia, que Liette olvidó su propio sufrimiento, y +cuando la moribunda, con las manos juntas como un niño que pide perdón, +balbució tímidamente: + +--¡Oh! dime, ¿es el consentimiento de la condesa? + +Liette respondió: + +--Sí. + +Una hora después la de Raynel moría con la sonrisa en los labios, +murmurando: + +--¡Condesa de Candore! + + * * * * * + +El letargo del primer dolor nos quita en parte la facultad de sentir los +otros, y quizá esos golpes redoblados que caen simultáneamente sobre +nuestra cabeza son menos un brutal encarnizamiento de la suerte que una +suprema piedad de la Providencia... + +En el sopor físico y moral en que la sumió la muerte de su madre, Liette +no tuvo lágrimas más que para ella y todos los demás dolores se +hundieron en aquella fosa abierta, duro y frío lecho para aquel delicado +pájaro exótico. Durante unos días, su mente, absorta por entero por +aquel duelo cruel, aunque previsto, no estuvo dominada más que por el +recuerdo de la anciana infantil a la que dedicaba una ternura filial y +maternal al mismo tiempo. Ante su cuarto vacío, ante su butaca, ante su +hamaca, la joven tenía crisis de desesperación, más conmovedoras porque +las dominaba valerosamente, y, a pesar de las curiosidades indiscretas +y de las lástimas torpes, nadie pudo jactarse de haberla oído quejarse +ni visto llorar. + +Desdeñando por otra parte las simpatías triviales y los pésames de +convención, Liette se apasionaba difícilmente aun ante un cariño +sincero, y el mismo señor Hardoin tenía que esforzarse para forzar la +puerta de aquella alma cerrada y a la que la última decepción había +añadido todavía un cerrojo. + +En efecto, en la angustia de su aislamiento y de su abandono iba +surgiendo poco a poco de la sombra una imagen borrada un momento por la +de la muerte, y Liette trataba en vano de librarse de ella. ¡Ay! así +como en otro tiempo no había podido combatir la esperanza quimérica, no +podía ahora mandar a su memoria demasiado fiel y que le trazaba sin +cesar las ardientes etapas de aquel pasado demasiado corto. Liette +repasaba sin descanso las migajas de dicha escapadas de la mano avara +del Destino, ya que estaba destinada a no sentarse nunca al festín de +los dichosos. + +Su carácter leal y firme defendíale las lamentaciones estériles y las +vanas recriminaciones. Lejos de achacar culpas a Raúl, hubiérale buscado +excusas si él las hubiera necesitado a sus ojos; pero, lejos de +vituperarle, le aprobaba. Ni por un instante pensó en luchar ni en +invocar los derechos de su ternura. Aun a falta de su orgullo, su +profundo agradecimiento por la joven que le abría tan ingenuamente el +corazón hubiera bastado para evitarle todo desfallecimiento. + +El joven diplomático le escribió una carta desolada poniendo su suerte +entre sus manos y terminando por estas líneas de una hábil política: + +«¿Qué debo hacer, Liette? Dígamelo usted, pues ya no lo sé yo mismo. +Apelan a mi honor, a compromisos de familia, a mi gratitud hacia mi tío, +a mi piedad por su hija... Yo no oigo más que la voz de mi razón y mi +amor... Necesito un guía que me ilumine. A usted, que es mi razón y mi +conciencia la obedeceré ciegamente. ¿Qué debo hacer?» + +La joven respondió sencillamente: + +«Su deber de usted: casarse con Blanca.» + +El amor, tal como lo comprendía aquella hija de soldado, era un +sentimiento tan puro como el honor, que sufre todos los sacrificios, +pero no una mancha. Como la bandera, el corazón podía ser desgarrado, +pero no manchado... + +Liette aprobaba sin desfallecer el casamiento de Raúl y se hubiera +avergonzado de una traición. + +Ciertas palabras indiscretas del señor Hardoin le habían confirmado la +situación de Blanca y los proyectos arraigados desde hacía mucho tiempo +en la mente calculadora de la condesa. + +--No hay gran señora para su notario--decía Hardoin con su maliciosa +bondad.--A pesar de su afectado desinterés, la hija del viejo Neris sabe +contar tan bien como su difunto padre. Hace mucho tiempo había yo visto +su juego y sabía que su hijo no resistiría seriamente a sus razones... +contantes y sonantes. + +--¡Oh! señor Hardoin, toda acción puede tener un móvil noble y generoso. +¿Por qué atribuirla con preferencia a un motivo bajo y vil? + +--Porque así hay menos probabilidades de engañarse, pobre amiga mía... +Además, según es el hombre se deben juzgar sus actos. + +--¿No quiere usted al señor de Candore? + +--¿Raúl? Es un buen muchacho; tiene ingenio... y un poco de corazón, no +mucho... + +--¡Oh! + +--Incapaz de dejarse entusiasmar más de lo que dan de sí las riendas... +Y su madre es un buen cochero. + +--Le calumnia usted. + +--No, amiga mía, le excuso. + +--El respeto filial es un deber... + +--Pero hay también otros... + +--¿Más sagrados? + +--Quizá... Cuando una joven honrada y crédula ha puesto toda su +confianza en la palabra leal de un hombre, es mi parecer que no puede +faltar a ella sin cometer una mala acción... + +El flemático notario se había animado y hablaba con un calor que rayaba +en indignación. + +Liette le escuchaba muy grave y llena de aflicción y de sorpresa. ¿Cómo +había el notario adivinado su secreto? ¿Cómo olvidaba la reserva y la +delicadeza de su carácter y de su profesión hasta hacer aquella alusión +ofensiva?... + +La joven, pues, le respondió fijando en él su clara mirada: + +--Podría fingir que no le comprendía a usted, caballero, y si no se +tratase más que de mí le respondería, ante su interés oficioso e +inexplicable, que no se fuerza mi confianza... Pero no puedo dejar pasar +una acusación mal fundada contra una persona a quien estimo y a quien +amo. + +El notario levantó los brazos al cielo con una estupefacción demasiado +vehemente para ser fingida. + +--¡Usted ama al señor de Candore! ¡Usted! ¡Usted! + +--Le amaba como él a mí, más que a mi vida, pero menos que a mi honor, +y, lejos de sustraerse a sus juramentos, que yo por otra parte no había +ratificado, vea usted la carta que me escribió la víspera de sus +esponsales. Lea usted, se lo ruego. + +Aturdido, el notario obedeció maquinalmente. + +--¡Bah!--dijo,--la conocía a usted bien, y no tengo que preguntar a +usted qué respuesta le dio. No es usted de las que hubieran hecho valer +derechos imaginarios... + +--No tenía ninguno, y, por otra parte, los de la familia hubieran sido +antes... Además, mi querida Blanca... + +Su voz se quebrantó. + +--¡Le ama tanto la pobre niña!... ¡Hubiera sido tan desgraciada!... ¡Y +está tan poco acostumbrada a sufrir! + +--Mientras que usted... + +--Yo tengo la costumbre--respondió Liette con su hermosa sonrisa de +resignación.--¡Ah! si Dios hubiera querido siquiera dejarme a mi madre! +Pero no tengo ni un niño a quien amar... + +El notario dobló metódicamente las gafas, las puso en el estuche y dijo, +después de haber tosido para aclararse la voz: + +--Señorita, tengo que protestar ante todo contra la interpretación +errónea de unas palabras en el aire, que no se referían a usted ni al +señor de Candore... Si hubiera sospechado ni remotamente la simpatía con +que usted se digna honrarle, me hubiera cortado la lengua antes que +expresar la menor apreciación desfavorable. Hágame usted el favor de +hacerme la justicia de creerlo. Usted no es de las que queman lo que han +adorado. Olvide usted, se lo ruego, una torpeza involuntaria que deploro +sinceramente. Pero lo que no puedo deplorar es la noble confianza que se +ha servido usted manifestarme y que realza todavía mi respeto y mi +admiración hacia usted. Es usted valiente entre las valientes y estoy +orgulloso de tener alguna parte en su amistad, que le suplico me +conserve preciosamente. Si esa amistad llegase a ser un día bastante +grande y la soledad pesase a usted demasiado, recuerde, señorita, que mi +despacho es su vecino más próximo y que nunca hará usted a su dueño más +feliz que dignándose entrar en él... y no salir más. Esto es todo lo que +tenía que decir a usted. Conste. De hoy en adelante esperaré su buen +deseo. + + * * * * * + +Vuelto a su casa después de esta declaración un poco original, el digno +notario se sentó muy pensativo en su escritorio. + +--¡También ella!--murmuró con un poco de despecho.--Una inteligencia tan +superior dejarse coger por las vulgaridades de ese belitre... ¿Qué +tiene ese hombre de particular? + +Como una irónica respuesta, el espejo de la chimenea le envió la imagen +de su cráneo calvo y de sus patillas canosas, y el notario exclamó con +cómico furor encogiéndose de hombros: + +--Pardiez, lo que tiene son veinte años menos. ¡Oh! la juventud, la +juventud... + +Ahogando un gran suspiro, cogió de la taquilla una carta de sello +británico y la leyó moviendo la cabeza. + +--¡Pobre muchacha!--exclamó. Esto le quitaría sus ilusiones, pero habría +que compadecerla más. Las ilusiones son los crisantemos de la vida. + +Y después de este pensamiento, muy poético para ser de un notario, cogió +un pliego de papel con el timbre del despacho y empezó a escribir +tranquilamente: + +«Señorita: la ley francesa no reconoce en ningún caso...» + + * * * * * + +La campana, echada a vuelo, producía toda su cascada voz de abuela al +esfuerzo vigoroso del campanero, estimulado por el aliciente de la +propina extraordinaria que debía valerle su celo. Los repiques sucedían +a los repiques; el viejo campanario, estaba como aturdido y alterado y +los vidrios antiguos, ninguno de los cuales estaba intacto, temblaban en +su marco de plomo. + +Habíase puesto el cura su más hermosa casulla y su ancha faz rubicunda +estaba radiante por la ternura combinada de la ceremonia que estaba +celebrando y del banquete que habría de presidir en el castillo. Los +sochantres, con sus caras coloradotas, salmodiaban a voz en cuello, sin +temor de que se les secara la garganta, pues sabían que habrían de +refrescársela después copiosamente. Los monacillos, cuyas sotanas rojas +demasiado cortas dejaban ver unos pantalones demasiado largos, mostraban +una compunción poco ordinaria y se abstenían de meterse el dedo en la +nariz, de sonarse con las mangas, de hacer burla por detrás del +oficiante y otras habilidades por el estilo. Hipnotizados por la lluvia +de monedas de plata que preveían, tenían una actitud grave y recogida, +no faltaban a una genuflexión y presentaban las vinajeras o +transportaban los Evangelios con una solemnidad digna de otro marco. + +Todos trataban de excederse a sí mismos. La modesta iglesia de paredes +blanqueadas y llenas de una lepra de vejez mal disimulada por unos +cuantos cuadros de colores violentos que hacían pensar en el verso de +Coppée: + + Si fuese así, con todo, el Paraíso... + +se había adornado de limpieza, ese lujo del pobre, y estaba tan bien +barrida y desempolvada que las pacíficas arañas que dormitaban de tiempo +inmemorial en todos los nichos y en todos los rincones, bajo el velo de +la Virgen como en la corona de espinas y hasta en la barba del +Crucificado, habían sido desposeídas de sus telas, arrebatadas como por +un huracán, y andaban melancólicas y errantes en busca de nueva +instalación. + +El organista empleaba pies y manos en sacar sonidos melodiosos de su +viejo y rechinante armonium, y el suizo, con su uniforme de gran gala, +contemplaba con admiración el altar de madera tallada en el que +resplandecían todas las luces y que desaparecía bajo las plantas y las +flores raras surtidas por las estufas de Candore. + +La boda de Blanca y de su primo se verificaba, sin embargo, en una +intimidad buscada exprofeso. El alejamiento de aquel lugar extraviado, +y el rigor de la estación (era el mes de diciembre), había permitido a +la condesa dar al acto el carácter discreto que convenía a la situación +delicada de la novia. Los cuatro testigos y unos cuantos allegados +formaban todo el cortejo nupcial y, para ocultar el vacío de aquella +fiesta un poco triste, de la que el mismo sol estaba ausente, Neris +había invitado a todos los aldeanos al banquete, después del cual los +jóvenes casados debían salir para Italia. + +Esta feliz idea, que cuadraba muy bien con los gustos de la castellana, +había hecho a la de Candore muy popular. + +--¡No es tan orgullosa como se dice!--exclamaban las comadres, +encantadas de ser admitidas en el castillo. + +--Al menos hace vivir al país--declaraban los comerciantes, +entusiasmados por la ganga. + +--Resucita las antiguas costumbres--decían los viejos en tono de +aprobación. + +Por otra parte, hacía mucho tiempo que Blanca había ganado todos los +corazones, y aunque su repentina metamorfosis hacía murmurar un poco, +las frases eran menos malévolas de lo que puede esperarse generalmente +de nuestra pobre naturaleza humana. + +--¡Bah! Yo había sospechado algo sólo por ver la manera que tenía don +Héctor de comérsela con los ojos. Nadie mira de ese modo a su sobrina. + +--Con todo, es chistoso eso de casarse casi con su hermana... + +--Pero la verdad es que ese matrimonio arregla muchas cosas. Así no se +desparramará la fortuna. + +Y todos concluían: + +--La verdad es que son una buena pareja y bien proporcionada. + +¡Bien proporcionada!... ¿Acaso en lo físico? La frágil delicadeza de la +joven hubiera necesitado una protección más varonil, un brazo más +robusto, un apoyo más firme que el de aquel lindo joven un poco +enfermizo. ¡Y qué contraste en lo moral, entre aquel gastado, aquel +escéptico ávido y lascivo bajo su corrección altanera, y el corazoncito +ingenuo, tierno y confiado que se entregaba a él tan cándidamente! + +Nada más que en la dulce mirada de admiración y de gratitud que dirigía +a su señor y dueño mientras él se retorcía el bigote escuchando con +aparente deferencia la interminable arenga del cura, se veía el don +absoluto y gozoso de su persona, de su vida y de su alma. + +La de Candore, en el colmo de la dicha, disimulaba su satisfacción bajo +una impasibilidad convencional. + +Neris, con la cara oculta entre las manos, formulaba una ardiente +oración por su hija. + +El notario Hardoin contemplaba a la asistencia a través de sus gafas +protectoras. ¿Cuál de aquellos dichosos hubiera podido soportar +impunemente el agudo análisis de su vista sutil y penetrante? ¿Cuál de +aquellas felicidades era bastante firme para eso? + +¡Ay! Ni siquiera la de aquella pobre niña recién casada, a quien el +porvenir reservaba sin duda tan crueles desilusiones. + + * * * * * + +Liette no estaba allí. + +Hacía meses que estaba subiendo sin vacilar al doloroso Calvario +confidente del amor fresco y puro de su linda discípula, de sus temores +y de sus esperanzas, a ella era a quien Blanca pedía sin cesar apoyo y +consejo. + +--¿Debo hacer esto? ¿Le gustará tal cosa a Raúl? ¿Cree usted que me +encontrará bonita así? + +Y con estoico heroísmo, Liette encontraba un áspero goce en adornar a su +inocente y amada rival con las flores de su triste experiencia, y tan +bien dominaba su cara, que ni un desfallecimiento había revelado la +secreta angustia de su alma. + +Raúl mismo se había dejado engañar, y al verla tan resignada, tan +valerosa y tan tranquila, había experimentado un alivio mezclado de +despecho... + +¡Se consolaba, según él, muy fácilmente! + +Solamente Hardoin leía en aquella frente impenetrable, y aunque nunca se +permitía la menor alusión a las penosas confidencias sorprendidas a +pesar suyo, su deferente simpatía y su respeto caballeresco eran un +bálsamo precioso para aquella alma dolorida. + +La víspera de la boda, entró como vecino en la pequeña oficina en que la +joven se esforzaba por absorberse en sus cuentas, ante las cuales +flotaba obstinadamente un velo de desposada. + +Tuvo que admirar los trajes y las alhajas, y esto no fue nada todavía al +lado de la ceremonia del día siguiente, a la que no se atrevía a +sustraerse. + +A pesar de su ánimo, se le acababan las fuerzas. Su energía, en una +tensión exagerada desde hacia tantos días, semanas y meses, amenazaba +con quebrantarse en el momento decisivo. Estaba en una de esas horas de +angustia física y moral en las que el alma y el cuerpo se derrumban +vencidos y claman desesperadamente en las tinieblas en que se agitan, +como el Cristo en el huerto de las Olivas: «¡Señor, aparta de mí este +cáliz!» + + * * * * * + +En este estado de desmayo fue como la encontró el digno notario. + +--Perdóneme usted que la moleste, querida amiga--dijo juzgando de una +ojeada la situación,--pero la culpa la tiene un sueño, un estúpido +sueño... He soñado que se había usted torcido un pie o que le había +pasado algo que le impedía atravesar la plaza... Sería un contratiempo +lamentable, pero nadie está obligado a lo imposible... Debe usted de +reírse de mi credulidad... Perdónemela usted... Si soy tan indiscreto es +con buena intención... Voy ahora al castillo, y en el caso de que +tuviera usted que darme alguna comisión... nadie duda de la palabra de +un notario... + +Liette le dirigió su hermosa mirada húmeda y agradecida. + +--¡Qué bueno es usted, señor Hardoin! Cree usted que puedo +dispensarme... + +--Creo, querida niña, que la valentía no es la temeridad... Arrojarse al +fuego para salvar a un semejante es muy hermoso... Pero exponerse sin +utilidad no tiene nada de razonable. No somos salamandras, qué +diablo... + +--Gracias. Me daba vergüenza mi debilidad, pero verdaderamente dudaba de +mi valor... + +--¡Yo no! Pero sufrir por nada, por gusto, no me parece necesario. Está +dicho, se ha torcido usted un pie... + +--¡Bah! bastará una simple rozadura. + +--Bien; así no tendrá usted necesidad de médico; nada más que una +compresa y un bastón... Permítame usted que le ofrezca el mío; no es +elegante, pero es sólido, como su dueño. + + * * * * * + +En el mismo sillón en que había agonizado su madre, Liette estaba +sudando la lenta agonía de su amor. + +Con la ardiente cabeza pegada a los cristales helados, contemplaba con +vista turbada aquella triste decoración de invierno: los tilos desnudos, +de torcidas ramas y espolvoreados de escarcha, la fuente helada, cuyo +delgado chorro, congelado como una estalactita, no dejaba ya oír su +murmullo cristalino, la plazuela alfombrada de nieve en la que unos +pajarillos hambrientos ponían pequeñas manchas negras, como los cuervos +de pesado vuelo en la inmensidad blanca de los cielos. + +¡Qué diferencia con su primer despertar en Candore! + +Todo entonces parecía sonreírla; los rayos del sol, el perfume de las +flores, el canto de los pájaros, y su alma dilatada se abría a la +esperanza. + +Habían pasado menos de dos años, y en su corazón, como ante sus ojos, el +sol se había apagado, las flores se habían marchitado, las canciones se +habían callado y la esperanza había muerto. + +La campana, sin embargo, sonaba echada a vuelo, pero cada alegre +vibración repercutía en sus oídos como un toque fúnebre y el resplandor +de los cirios detrás de los vidrios de colores hacíale pensar en unos +funerales, los funerales de su amor.... + +En vano ahuyentaba esas imágenes importunas, que volvían como una mosca +a posarse en su frente. En vano quería evadirse de su propia tristeza +para participar de la alegría de la querida niña cuya dicha era su obra. +En vano se esforzaba por olvidar sus velos de luto por aquel velo de +desposada vislumbrado hacía un momento en la portezuela del coche, en el +que se agitaba una manita blanca. En vano forzaba a sus labios a rezar +por aquellos dos seres queridos que en adelante no serían más que uno +para ella... + +¡Trabajo inútil! + +Su pensamiento rebelde se esquivaba de aquel cruel cuadro, y por una de +esas perversiones de la imaginación que en las crisis violentas se agita +como un muelle roto, seguía viendo sin cesar la capilla de Santa Ana y +los dos novios delante del altar erizado de puntas de hierro y de fuego, +doloroso emblema del Destino, donde se consumía lentamente la «cera de +los desposorios.» + +¡Aquellos serían más dichosos! + +Ninguna hiel, ninguna amargura se mezclaban con su enorme pena; cada +cual había cumplido con su deber noble y estoicamente, y si el amor +había perdido en ello, la estimación había ganado. + +Este era su orgullo y su consuelo; podía mirar sin temor el retrato del +altivo soldado del que era hija. Su clara mirada le respondía: + +--Está bien. + + * * * * * + +--Buenos días, señorita; solamente nosotros estamos en nuestro +puesto--dijo el tío Marcial volcando su saco en la mesa y designando +con franca risa la multitud de comadres y muchachos que, no habiendo +podido encontrar sitio en la iglesia, esperaban la salida de la +novia.--La señorita Beaudoin se habrá alegrado de su accidente de usted, +pues la habría reemplazado de mala gana... La verdad es que nuestra +señorita Blanca está tan linda que da gusto verla... + +--Si lo desea usted, no se prive de ir a verla, Marcial, mientras yo +timbro el correo... + +--¿No quiere usted que la ayude? + +--Es inútil; acérqueme usted nada más la mesa... ¡Ajajá! Ya tengo todo +lo que necesito. Cuando usted vuelva las cartas estarán clasificadas... +De todos modos, las tres cuartas partes irán ciertamente al castillo. + +--Entonces me dejo convencer, señorita. He visto a esa recién casada tan +alta como esto, y rezaré con gusto un pater por ella, si me acuerdo. + +--Rece usted dos, Marcial; uno por usted y otro por mí. + +--Convenido, señorita; haré el encargo militarmente. + +Y llevándose la mano al quepis, se marchó con ese paso cadencioso de los +antiguos soldados y la espalda encorvada como si llevase todavía la +mochila. + +Liette le vio atravesar la plazuela, pasar por los grupos y entrar en la +iglesia. + +Entonces, dando un suspiro, apartó la vista de aquel edificio medio +derruido en el cual se estaba representando el último acto del drama +íntimo de su vida, y se puso valerosamente a la tarea. + +«Señores de Candore.» + +«Señora doña Blanca de Candore.» + +Estos nombres se presentaban sin cesar ante sus ojos quemados por la +fiebre. Desde la víspera aquello era un diluvio de telegramas de +felicitaciones, prospectos de proveedores, papeles con escudos +nobiliarios, sellos franceses y extranjeros. + +Estaba Liette haciendo metódicamente su clasificación, cuando el timbre +la llamó de nuevo al aparato Morse... + +Era un nuevo telegrama para el castillo. + +«Señorita doña Blanca de Candore.» + +¡Este estaba doblemente atrasado de noticias! + +Maquinalmente tradujo palabra por palabra las señales cabalísticas +marcadas en el rollo de papel, y las transcribió en el libro: + +«Señorita... el hombre... con quien... va usted a... casarse... es mi... +esposo... ante la ley... inglesa...» + +La pluma se detuvo en los dedos temblorosos de la empleada. + +¡Imposible! No podía ser esa la traducción... + + * * * * * + +«Y el... padre de mi... hijo que... muy pronto... no tendrá tampoco... +madre... + +JUANA DODSON...» + +Las sílabas implacables se desarrollaban ante sus ojos turbados con su +movimiento automático y continuo. + +Pero no, se engañaba. + +Con un violento esfuerzo, trató de dominarse, de recobrar su sangre +fría, y consultando el alfabeto, deletreó letra por letra: + +«Señorita, el hombre con quien va usted a casarse es mi esposo ante la +ley inglesa y el padre de mi hijo, que muy pronto no tendrá tampoco +madre. Juana Dodson...» + +¡Había leído bien! + +Esta vez la pluma se cayó al suelo. + +¿Era verdad? ¿Era posible? + +Pero no; se trataba de una calumnia infame, de una de esas calumnias +ante las cuales no retroceden ciertos seres viles y maléficos que no se +cuidan del honor de un hombre ni del reposo de una mujer. + +Sin embargo, ese nombre... «Juana Dodson»... era el de la institutriz a +quien ella había reemplazado en el castillo, y quizá... + +¡No! No podía, no quería creerlo... + +Suponiendo que el telegrama fuese realmente de miss Dodson, ¿no podía +ser una venganza de mujer despechada y celosa?... Raúl había podido ser +amable, demasiado amable, coquetear con ella, turbar la imaginación de +la pobre muchacha y hacerle acariciar una loca esperanza... De esto a +admitir aquella monstruosa acusación... + +Con todo, los términos eran precisos y formales... + +Volvió a leer el texto del telegrama, fechado en Jersey... ¡Jersey! + +Liette creyó estar viéndole desembarcar del vapor en el puerto de +Granville... + +¡Dejaba entonces una mujer y un hijo en la otra orilla! + +Y como una espesa niebla que se disipa de repente ante las brillantes +flechas del astro del día, una luz cruda, brutal y deslumbradora cegó +sus pobres ojos que ella tapaba en vano para no ver... + +Los detalles se precisaban con una claridad implacable. La +correspondencia con el pretexto del tío Neris, los viajes repetidos a +Inglaterra, a Jersey, y la equivocación del digno notario, cuya alusión, +hoy transparente, no se dirigía a ella... todo lo descifraba con una +lucidez desesperante y aquella trama de odiosas mentiras se desgarraba +en lamentables jirones... + +¡Todo había acabado! + +Aquella indigna traición barría, como una irresistible tormenta, todas +sus queridas reliquias del pasado y convertía la llama en cenizas... + +¡Todo había acabado! + +Y como el sacerdote permanece confundido ante el sacrificio de la +iglesia devastada y del tabernáculo violado, Liette se quedó anonadada +viendo a su ídolo, a su dios, arrancado brutalmente del altar que ella +le había levantado en su corazón. + + * * * * * + +Con la mejilla apoyada en la crispada mano la mirada dura, la frente +fruncida y la boca contraída con una sonrisa amarga, la joven meditaba y +sus hermosas facciones estaban fijas en una implacable expresión de +desprecio y de odio. + +Como los más puros metales, las almas más nobles tienen sus escorias, +que suben en hirviente espuma al fuego de la cólera. + +En aquel momento, la altiva e impecable criatura experimentaba una acre +voluptuosidad al pensar en los estragos irreparables que iba a causar +aquel papel azul en el que su mano trémula escribía sin vacilación ni +remordimientos las líneas acusadoras, como un líquido corrosivo en el +blanco traje de desposada. + +No sólo excusaba aquel delirio de venganza, extravío de un espíritu +ulcerado, de una madre enloquecida hasta la desesperación, sino que lo +aprobaba y lo comprendía, y se regocijaba por ser su ciego instrumento. + +Otra había hecho la tarea que repugnaba a su natural lealtad; no tenía +más que lavarse las manos. + +Ciertamente, la delación era un arma vil, pero mucho menos que la +conducta de aquel noble felón, que engañaba a tres mujeres a la vez y +robaba a la una su honor, a la otra su estima y a la otra su fortuna. + +¿Por qué aquel telegrama revelador no había llegado el día antes? ¿Por +qué venía cuando el «sí» fatal había sido pronunciado? ¿Por qué era ya +tarde para desatar esos lazos malditos? ¿Para qué romper el corazón de +una niña ignorante y crédula? + +¿Y qué? + +Era la vida brutal, la ley del destino sorda e inexorable, y la venganza +no está obligada a más equidad que esa justicia ciega cuya espada de +dos filos hiere casi siempre al inocente con el culpable. + +¿Qué le iba a hacer ella? + +¿Salvar al uno para salvar a la otra? + +¡Engaño! + +¡Piedad ridícula de los débiles que causa la audacia implacable de los +fuertes! + +Liette se acorazaba contra todo enternecimiento y se encerraba en una +impasibilidad feroz. + +Blanca sufriría sin duda. + +¿No sufría también ella en su amor, en su orgullo, en todas las fibras +de su ser, con un sufrimiento comparable al que hubiera experimentado +viendo al altivo soldado que era su padre condenado a la degradación +militar? + +¿Y aquella desgraciada abandonada, sola al lado de la cuna de su hijo y +que había debido pasar por mil torturas antes de trazar aquel testamento +de odio? Aquella sufría hasta la desesperación, hasta la locura, hasta +el suicidio acaso, como mujer y como madre. + +¡Dios mío! El que causaba tales dolores, tales faltas, tales crímenes, +¿no era más indigno de perdón que el peor criminal? + +Por otra parte, ¿qué le importaba a ella todo esto? + +Nada tenía que ver con tal asunto. + +Si había caso de conciencia, era para la que había trazado aquellas +líneas, no para ella. + +Ella no era más que un instrumento pasivo, un autómata sin corazón, sin +nervios y sin entrañas, que dejaba pasar el telegrama venenoso, producto +de nuestra civilización, como en la edad media la justicia del Rey. + +Ese era su derecho, más aún, su deber. + +Todo la obligaba a ello, su juramento, el honor, la disciplina. + +Si la venganza salía ganando, mejor... + + * * * * * + +Sordos murmullos y gritos confusos: + +--¡Ahí están! ¡Ahí están! + +Las comadres se empujan; los muchachos se derriban; los unos se +encaraman en los bancos; los otros trepan a los árboles; los carruajes +se adelantan al paso, majestuosamente; ábrese de par en par la puerta +principal y los recién casados aparecen en el umbral, ella +resplandeciente de dicha en la blanca nube que la aureola, y él un poco +molesto por aquellas miradas curiosas. Empújala suavemente hacia la +carretela acolchada de seda blanca y florida con bolas de nieve en +armonía con la decoración de invierno, verdadera antecámara de +enamorados. Pero ella le pide algo con deliciosa timidez; él hace un +gesto de contrariedad y parece protestar, pero ella insiste amablemente; +él se resigna, no sin mal humor, da al cochero una breve orden y se mete +a su vez en el coche, que describe una parábola y va a pararse delante +del Correo. + +Y antes de que Liette pudiera darse cuenta de lo que pasaba, la recién +casada estaba en sus brazos, en su corazón. + +--Querida, querida amiga... ¡Cuánto la he echado a usted de menos! En el +más hermoso día de mi vida... Porque, no hay que decírselo pero le +adoro... + +Liette besa lentamente los hermosos ojos, tan confiados, tan dulces, tan +poco hechos para las lágrimas; envuelve en una caricia maternal a la +joven acurrucada en su seno como un tímido pajarillo y su mirada, severa +por primera vez, se fija en el conde, mudo y cortado ante aquel gracioso +espectáculo. + +--¡Amela usted mucho al menos!--dice con un acento cuya amargura él solo +comprende. + +Raúl se inclina, halagado en su íntima fatuidad masculina por lo que él +toma por un sentimiento de despecho involuntario que se descubre a +través de la indiferencia afectada que mortificaba a su amor propio. + +--No lo dude usted, señorita--declara en tono malicioso. + + * * * * * + +Se han marchado, y se dirigen ahora hacia el castillo. + + * * * * * + +El tío Marcial muestra a su vez su bigote gris y dice alegremente: + +--La consigna está cumplida, señorita, y he llenado la medida; tres +pater en vez de dos, porque, ha de saber usted que había sus lagunas... +De este modo Dios estará satisfecho y no regateará su ración de +felicidad a tan linda criatura. + +Mientras charla contra su costumbre, ha abierto la caja y está poniendo +en orden las cartas preparadas. + +--¡Calla! Hay todavía un telegrama. Voy a llamar al muchacho. + +Liette extiende vivamente la mano y dice: + +--Es inútil; este telegrama es para mí. + + * * * * * + +Liette está sola. + + * * * * * + +Ha faltado al deber profesional, al juramento, al honor y a la +disciplina... + +¡Es culpable, muy culpable! + +Y, sin embargo, su frente no se baja ante la mirada del soldado sin +miedo y sin tacha, del que nunca como entonces se ha sentido hija. + +Cuando Hardoin volvió por la noche al despacho, se quedó muy sorprendido +al encontrar en él a su joven vecina que le estaba esperando. + +--¿Es usted, amiga mía?--exclamó haciéndola pasar con una deferencia +llena de simpatía.--¿Se encuentra usted mejor? + +--Me encuentro muy bien, querido señor Hardoin--respondió Liette en tono +firme.--Estoy ya curada, y vengo a consultar a usted para un +documento... + +--¿Es algún contrato de matrimonio?--insinuó el notario tímidamente. + +--No, señor Hardoin, es un proyecto de adopción. + + * * * * * + +Un año después estaba la joven empleada delante del aparato Morse, que +tan rudamente le había martirizado el corazón, y transcribía sin +palidecer un telegrama de Roma, donde era entonces Raúl secretario de la +embajada, dirigido al señor Neris, retenido en Candore por un ataque de +gota. + +«Mi querido tío: eres abuelo de una hermosa niña.» + +Liette echó una mirada de amor a un niño blanco y sonrosado que se +revolcaba en la alfombra, y dijo con acento profundo: + +--Yo también tengo un hijo. + + * * * * * + +Carlos abrió la ventana y paseó su mirada un poco turbada por los +lugares en que se había desarrollado su infancia. + +A sus pies estaba la plazuela rectangular en que se habían ensayado sus +pasos vacilantes y donde había conocido las grandes desesperaciones de +los pequeñuelos como la de un globo retenido por una alta rama, un barco +de papel naufragado en las profundidades de la transparente fuente +pública, en la que él sumergía en vano su bracito demasiado corto; y los +grandes triunfos de la misma época, como la captura de un insecto de +alas doradas, de un nido cazado en lo alto de un tilo con gran +detrimento de los calzones, o de un lagarto imprudente que había ido a +calentarse al sol junto al brocal del pozo y que él llevaba a casa con +expresión conquistadora. + +¡Primeras penas! ¡Primeras embriagueces! + +Todo eso cabe en esta estrecha plazuela, grande como un Sahara para los +ojos infantiles apenas abiertos hacia el mundo. + +En el fondo, la iglesia, a la que iba gravemente todos los domingos, tan +pequeño, que desaparecía por completo detrás del alto respaldo del banco +rústico... Unos años hacen sobresalir los rizos rubios... después el +cuello a la marinera... luego el uniforme de colegial... Unos años más, +se ve el plumero tricolor del alumno de Saint-Cyr; y por último los +brillantes colores del traje oriental del oficial de África... + +A la derecha, la muestra hereditaria del notario Hardoin, tercero de ese +nombre... + +¡Lo que él había jugado en el polvoriento despacho con los dependientes +encaramados en sus altos asientos! Y qué risa la suya cuando el +principal abría de repente la puerta de la oficina para regañar a los +culpables y se detenía desarmado ante su ahijado instalado +majestuosamente en su propio sillón... + +Y las locas carreras por la huerta, cuyas más hermosas frutas le +pertenecían, y por el bosque umbrío, selva virgen para su joven +imaginación que aumentaba todas las cosas y daba al minúsculo estanque +las proporciones del lago Ontario. + +Y las excursiones en el carricoche con el viejo notario y su pacífico +caballo, cuyas riendas se le permitía tener algunas veces. ¡Qué gloria +la de atravesar así las aldeas de los alrededores y entrar solemnemente +en alguna gran granja, donde le agasajaban como a su padrino! + +A la izquierda la bandera de la Gendarmería, esa bandera hacia la que +volaban sus primeros sueños y sus primeras aspiraciones y que él unía en +sus recuerdos juveniles al retrato del soldado que iluminaba la humilde +oficina con un reflejo de heroísmo. + +¡Oh! vivir como el uno... Morir por la otra... + +Cada piedra de la calle, cada poste, cada puerta, cada ventana +conservaban un poco de su vida, como los campos verdes y dorados y los +frondosos bosques detrás de los cuales el castillo señoril levantaba al +sol sus torres cubiertas de pizarra. + +En aquella decoración familiar, vacía aún a aquella hora matutina, +surgían una a una las sombras conocidas que poblaban aquel pasado tan +próximo. + +Primero, su padrino, el señor Hardoin, con sus anteojos de oro, sus +patillas canosas y su grueso bastón de puño de marfil. + +Después el cura, panzudo y asmático, que le daba golpecitos en los +carrillos al salir del catecismo y le felicitaba por sus progresos. + +Luego la señorita Beaudoin, que las echaba de fina y le reprendía por +las más pequeñas cosas; y para acostumbrarle a las buenas maneras sacaba +de su ridículo algún bombón acidulado como ella y se lo presentaba con +las puntas de los dedos como si mandara ponerse de manos a un perrillo +faldero. + +Y el tío Marcial, con su perilla blanca y su manga vacía, que inspiraba +tanta curiosidad al pequeño, que un día se atrevió a preguntarle dónde +estaba su brazo, y se ganó esta bella respuesta: + +--¿Mi brazo? ¡Aquí le tienes! + +Y el veterano mostraba su cruz de honor con tal orgullo, que realmente +no parecía digno de compasión. + +Y los carreteros de cutis curtido, que restañaban alegremente el látigo +al pasar por la ventana baja en la que la silla alta del niño Carlos +reemplazaba al gran sillón de la de Raynal. + +Y los aldeanos que volvían de los campos, agobiados bajo el peso del haz +de hierbas, de leña o de espigas, levantaban la espalda encorvada para +sonreírle. + +Porque todos habían sido buenos con aquel extranjero caído sin saber +cómo en ese rincón de la Picardía, y el joven tenía que hacer un +esfuerzo de memoria para encontrar una cara altanera y fría vislumbrada +a veces en la iglesia y detrás de los cristales del coche, la anciana +condesa de Candore. + +Sí, conservaba de todos un recuerdo tierno y agradecido y para todos +aquellos amigos de su infancia era la sonrisa de la cara varonil que se +asomaba a la misma ventana en que, veinte años antes, una graciosa +fisonomía femenina sonreía al Porvenir, como él al Pasado. + +Para todos la sonrisa, pero para una sola una lágrima, perla rara de los +corazones viriles, empañaba el brillo de sus ojos de acero, mientras el +joven murmuraba con religioso fervor: + +--¡Mi tía Liette! + + * * * * * + +Carlos Raynal, huérfano desde la cuna, no recordaba más parientes que +aquella tía Liette que le había recogido antes de que su boquita +sonrosada hubiese balbucido el nombre de «mamá» cuya dulzura no debía +jamás saborear. + +No sabía de su familia sino que su madre era inglesa y su padre primo +lejano del comandante; y la tía Liette los reemplazaba tan bien a los +dos, que no hubiera dependido más que de ella el borrarlos +completamente. + +Pero su exquisita delicadeza le prohibía ese inconsciente egoísmo, y si +no le hablaba de su padre, al que, según ella, no había conocido, en +cambio entretenía piadosamente la memoria de su madre en el corazón del +huérfano. + +Cuando el niño había sido bueno, Liette le sentaba en su falda delante +del pesado escritorio Imperio, y sacaba de un cajón una fotografía medio +borrada que, con una trenza rubia de reflejos de sol, componía el +relicario materno. + +Carlos besaba el rizo de oro igual a los suyos, y contemplaba gravemente +las facciones finas y delicadas de la que él llamaba su «mamaíta» con un +dejo de protección varonil que se desarrollaba con la edad, como si +adivinase en ella un ser débil y tímido a quien consolar y defender. + +Su madre no había debido de ser feliz; se adivinaba en su mirada turbia, +en su lánguida sonrisa, y el joven sufría por no haber sido ya grande +para sostener sus pasos, apartar las piedras de su camino y secar sus +lágrimas a fuerza de caricias. + +Tenía por ella la respetuosa compasión y la tierna solicitud tributo de +los hijos amantes que pagan las deudas de sus padres, desquite de las +madres contra las esposas abandonadas, que hace brotar una rosa tardía +en su corona de espinas. + +La madre adoptiva alimentaba ella misma ese culto filial. ¿Cómo podía +estar celosa? ¿Podía envidiar, teniendo ella la mejor parte, los +pensamientos que se deslizaban de su altar florido hasta la tumba +solitaria, pobre contribución de un alma en la que ella reinaba sin +rival? + +¡La tía Liette! + +Esto lo decía y lo contenía todo, abnegación infinita de un lado, +agradecimiento infinito del otro. + +¡La tía Liette! + +Al decir estas tres palabras, profundas como una oración, Carlos veía +surgir en el alba melancólica del regreso la querida imagen luminosa y +serena que iluminaba todo su pasado y todo su porvenir. + +Era una cara joven, tranquila y sonriente bajo sus gruesos rizos negros, +que acechaba su primer despertar, sus primeras palabras y sus primeros +juegos. + +Era la atenta educadora que le hacía balbucir sus primeros pater, +deletrear las primeras sílabas, trazar los primeros palotes. La que +dirigió el desarrollo de esa inteligencia en capullo, planta frágil y +preciosa entre todas, cuyas ramas inclina ella, como tutora vigilante, +hacia la Belleza, hacia el Bien, hacia la Verdad. + +¡Oh! qué hermosos paseos por el campo de adornos cambiantes, pero tan +bello bajo su manto de nieve como con su traje de esmeralda, donde ella +le revela el Creador en la creación, la eterna potencia en la eterna +bondad, la majestad divina en la inmensidad de los cielos como en el más +pequeño agujerillo, en el roble gigante como en la hierbecilla, en el +buey de paso pesado que hiende lentamente el surco como en la mariposa +de ligero vuelo que se pierde en el espacio... + +Después de Dios en su obra, viene el hombre en la suya; después de las +maravillas de la Naturaleza, vienen las del Ingenio. + +Por la noche, a la luz de la lámpara, bajaba un amigo de las tablas de +la biblioteca y tomaba parte en su conversación. + +Era el viejo Corneille, padre de los heroicos, o el dulce Racine, poeta +de las ternuras, o Hugo con su «Leyenda de los Siglos» o Lamartine con +sus «Armonías», cantores alados que transportaban el alma del niño a las +puras regiones del Ideal. + +Con los graves historiadores, Michelet, Guizot, Thiers, se remontaba +hacia el pasado, se interrogaba a los antiguos, se sentía latir el +corazón de Francia y se comprendía que, según la bella expresión de +Renan, «la patria» es el recuerdo de las grandes cosas que unos cuantos +hombres han hecho juntos. + +Con frecuencia, el señor Hardoin traía el tributo de su rara erudición y +de su juicio seguro a esas graves conversaciones y maduraba aquel joven +cerebro al contacto generador del de los antiguos maestros. + +Latinista distinguido, fanático de Horacio y de Virgilio, el notario se +encargó de las «Humanidades», con gran contento de la tía Liette, que +pudo así conservar más tiempo a su pupilo. + +Las primeras lecciones del hogar familiar envuelven el alma del niño de +un dulce calor, la penetran y la fecundan. + +Pero más que las lecciones, produce sus frutos el ejemplo e imprime en +aquella blanca cera una huella indeleble. + +Aquella vida digna, sencilla y leal, sin miedo y sin tacha, como la +espada paterna colgada en la pared y que era su rígido símbolo, debía +envolver al huérfano en su irradiación e infundir en su sangre los +gérmenes de viriles virtudes, más poderosos que el atavismo... + +A ese parecido moral se añadió poco a poco una especie de parecido +físico, nacido de la comunión constante, que se nota a veces en los +esposos viejos, parecido, no de facciones, sino de expresión, de mirada, +de acento, de mil detalles que son, en suma, la fisonomía del alma. + +Bajo el cabello rubio del joven, reinaba la misma frente voluntariosa +que bajo las cocas todavía negras de la solterona; sus ojos de acero +tenían la misma tranquila energía que se reflejaba en los del comandante +y en los de su hija; sus gestos, su sonrisa, su voz, toda su persona, en +fin, era, como su carácter, la emanación de aquella vida varonil y +tierna que había hecho de él un hombre en la hermosa y alta acepción de +la palabra. + +El joven, pues, la adoraba y encontraba para ella atenciones exquisitas, +frases cariñosas y refinamientos delicados de los que indican la +sensibilidad de los fuertes, flor rara, oculta en él como en ella y cuyo +discreto y penetrante perfume respiraban ellos solos. + +La adoraba, y refería a ella todos sus actos, sus pensamientos, sus +esfuerzos, sus ambiciones, sus sueños, sus éxitos escolares, su gloria +militar, sus primeros premios y sus primeros galones. Al día siguiente +de haber sido citado en la orden del día, escribió a Liette: + +«Estaba tan orgulloso que oía latir «tu» corazón.» + +¡Qué alegría, el día anterior, llegando de improviso a la estrecha +oficina, levantar en sus robustos brazos a la tía querida que frisaba ya +en los cincuenta años y cuyas sienes estaban adornadas por algunos hilos +de plata, y oprimirla contra su pecho, en el que brillaba la cruz de los +bravos!... + +--¿Eh? tía Liette, las dos forman un par--exclamó gozoso señalando a la +del comandante. + +¡Qué triunfo dar con ella la vuelta a la plazuela, cordialmente +saludados por todo el mundo; pasear su sencillo traje negro con tanto +orgullo como sus galones de oro; sentir su brazo estremecerse sobre el +suyo y envolverla en esa tierna mirada de los hijos que hace fundirse el +corazón de las madres!... + +¡Querida tía Liette! + +Ninguna imagen la borraría jamás. + + * * * * * + +De repente desembocó en la plaza debajo de la ventana, una elegante +amazona seguida de un jinete de bello aspecto, a pesar de las arrugas +que indicaban en él las mordeduras de la edad y de la vida. + +La amazona vio al joven en el balcón, descubrió los blancos dientes en +una sonrisa y respondió amablemente con una señal del látigo al profundo +saludo, devuelto por su compañero con una tiesura enteramente británica. + +--¿Quién es esa joven, amigo mío?--preguntó la tía Liette, a quien +Carlos no había oído entrar. + +--Miss Darling, de la que creo que te he hablado en una carta y a quien +no esperaba encontrar aquí... + +--¡Ah! + +--¿Conoces al personaje que la acompaña?--preguntó Carlos a su vez, para +ocultar su embarazo. + +Y Liette respondió sencillamente: + +--Es el conde Raúl de Candore. + + * * * * * + +La familia de Candore no se componía ya más que de Raúl y de su tío... + +Después de dos años de matrimonio que no le habían dado toda la dicha +soñada, Dios había tenido piedad de la joven condesa y la había llamado +a él antes de que perdiera sus últimas ilusiones, en las que pudo +todavía envolverse para morir, como en aquel traje blanco apenas +amarillento con que la enterraron cubierta de flores. + +Débil y delicada como ella, la nieta, a quien la enlutada nodriza +paseaba por el Corso bajo la vigilancia de la abuela, había vegetado +algún tiempo y pasado a fuerza de cuidados y de precauciones las +peligrosas etapas de la primera infancia para naufragar en el alba de la +primera juventud, y con su virginal atavío de la primera comunión, la +llevaron al lado de su madre, a la sombra de aquella vieja iglesia de +Candore, adonde nunca había ido en vida. + +La anciana condesa, apegada a aquella niña con la pasión de las abuelas +que no siempre han sido madres tiernas, apenas la sobrevivió; y el señor +Neris, padre y abuelo igualmente desgraciado, sacudió el polvo de los +zapatos en el umbral de la Ciudad Eterna, volvió la espalda a ese sol +mentiroso, prometedor de vida que no había podido caldear sus miembros +helados, y volvió a meterse en su agujero como un animal herido para +terminar su existencia donde Blanca había empezado la suya y delante de +la tumba donde reposaría un día a su lado. + +Durante este tiempo, Raúl se consolaba de sus duelos con sus éxitos +diplomáticos y de otra clase en la sociedad romana. Arrastrado por el +torbellino mundano, no iba casi nunca a Candore, con el pretexto de que +los recuerdos del pasado eran demasiado dolorosos para él; y el anciano, +aunque sabiendo a qué atenerse sobre el grado de sensibilidad de aquel a +quien un instante había llamado su hijo, fingía tener esta razón por +buena y válida. Acaso en el fondo prefería estar solo para llorar a sus +queridas desaparecidas. + +Así no se mezclaban lágrimas hipócritas a sus lágrimas sinceras y el +conde podía gozar a sus anchas de su libertad y hacer la gran vida sin +que su suegro encontrase nada que decir ni pensase en cercenarle el +crédito anchamente abierto en casa del notario Hardoin. + +El señor Neris vivía solo en el vasto castillo desierto arrastrando su +pena por los lugares en que su hija había vivido y crecido ante su +mirada paternal y donde a cada paso encontraba sus huellas, en la arena +de los paseos por donde se paseaban juntos, corriendo ella delante de él +con su aro o apoyada zalameramente en su brazo; en la verde alfombra de +las praderas en que la niña retozaba cuando no era más que una +pequeñuela, y donde, ya grandecita, cogía para él grandes ramos +campestres que le llevaba llena de alegría; en la sala de estudio y en +la mesa de trabajo cargada de libros y papeles, donde la traviesa niña +se burlaba de los defectos de la institutriz, joven o vieja, guiñando el +ojo al indulgente tío, cómplice de sus malicias. + +Y con mano temblorosa hojeaba los manuales usados, desde el modesto +abecedario hasta los imponentes tratados de geometría y álgebra; los +cuadernos de escritura, de cálculo y de análisis con que se ejercitaban +poco a poco sus dedos, su ingenio y su corazón, y en los que se +encontraban dibujos fantásticos y observaciones imprevistas, de esas que +indican el buen o mal humor de los escolares, como en los presos las +paredes de la cárcel, o pensamientos cándidos de este género: + +--¡Si mi tío pudiera ser mi institutriz!--grito del corazón acompañado +de un pintarrajo que representaba al buen tío con los anteojos de miss +Dodson... + +Después venía esta nota un poco más seria: + +--«Desde hoy ya no tengo institutriz, sino una amiga,» fechada en el día +de la entrada de Liette en el castillo. + + * * * * * + +El señor Neris había conservado una tierna gratitud hacia la que su hija +había amado tan tiernamente. + +Cuando iba al cementerio o a la iglesia se detenía siempre en el Correo +para informarse respetuosamente de la salud de la empleada y presentarle +sus cumplimientos con esa exquisita cortesía de ciertos ancianos que +pone tanta gracia en sus cabellos blancos. + +Mostraba hacia ella una admiración caballeresca y un interés paternal +que se traducían en atenciones delicadas para los que ella quería, como +ramos de flores para adornar la modesta tumba de la de Raynal iguales a +los del suntuoso mausoleo de la condesa de Candore, y cestas de frutas +para Carlos, que comía a boca llena los aterciopelados melocotones de +las estufas del castillo. + +¡Discretos homenajes que invocaban inconscientemente el pasado! + +Pero para Liette no tenía ya rencor y habíase hecho en su alma la paz. +Las arrugas que por un momento habían alterado su límpida superficie al +soplo de la cólera y de la indignación, se habían borrado sin dejar +trazas a la primera sonrisa del niño. + +Liette era madre, nada más que madre, y era bastante. + +--¡Ay!--suspiraba el pobre notario, que había alimentado mucho tiempo +otra esperanza, mi ahijado no sospecha el perjuicio que me ha hecho. + +Pero, lejos de guardarle rencor, el excelente hombre le daba el cariño +que su madre adoptiva no quería. + +A todo esto, pasaba el tiempo, Raúl se iba envejeciendo, los éxitos se +hacían raros y no era ya el eterno galán joven que mandaba en jefe en el +carnaval mundano. + +Ciertos síntomas insignificantes anunciábanle ya su próxima decadencia. + +Las muchachas no interrumpían ya su charla al entrar él para dirigirle +miradas de admiración; en cambio las madres le consultaban a menudo +sobre sus jóvenes subordinados en busca de novia rica; le trataban como +hombre serio, y el mismo embajador le llamaba a la mesa de juego +diciéndole: «Venga usted, mi querido Candore; esto es propio de nuestra +edad», aunque Su Excelencia no había pasado de los cuarenta... + +Pero era uno de esos hombres que son ya maduros a los veinte años, y +Raúl, que se creía más joven, no tomó la frase por un cumplimiento. + +En fin, una noche, creyó oír a la marquesa de Luchessi pronunciar detrás +del abanico el epíteto de «Viejo verde». + +Evidentemente aquello no podía referirse a él (lo repetía muy alto para +convencerse de ello), pero no había dejado de causarle una impresión +tan desagradable como una ducha helada. + +¿Iba él a representar el papel del tío Neris o tendría que resignarse a +desistir de todo?... + +Penosa alternativa para aquel incorregible vividor, mariposa de noche +que prefería al aire puro de los bosques la atmósfera asfixiante de los +salones, que volaba de flor en flor y se complacía en las intrigas +femeninas como una vieja coqueta, pero sin renunciar a jugar su partida +ni resignarse a pasar a la reserva. + +Según la linda frase de María Leckzinsca, «Un cochero viejo gusta +siempre de oír restañar el látigo.» + +Pero a Raúl le gustaba más tenerlo por el mango... + + * * * * * + +Durante aquel período de desanimación y cansancio fue cuando conoció a +miss Darling en la embajada de Inglaterra. + +Era sobrina de un riquísimo americano, Ricardo Darling, que había +empezado por correr con los pies descalzos por las calles nacientes de +Chicago vendiendo a los albañiles unos pasteles cuyo aroma era su +principal alimento; y diga lo que quiera don César de Bazán, «El olor +del festín...» es poca comida para un estómago de diez años. + +¿Cómo el pastelero se había elevado a una fortuna comparable con la de +Menzikoff? Fue aquel un milagro de energía, de actividad y de audacia de +los que son moneda corriente en el Nuevo Mundo. + +Hoy, el tío Dick poseía una parte de la ciudad monstruo que había +crecido con él y no por eso estaba orgulloso. Su único placer era no +rehusar nada a su sobrina ni a su estómago. + +--Tú puedes comprarlo todo, y yo también--declaraba con cándida +fatuidad. + +Desgraciadamente, hay cosas que no se compran, y ocurría con frecuencia +que ante las maravillas gastronómicas que se amontonaban en su mesa, el +tío Dick echaba de menos el tiempo en que no tenía más que el olor de +sus pasteles... y un excelente apetito. + +Educada con esa libertad de las americanas del Norte, que, en ella, +lejos de degenerar en desvergüenza, era una tranquila conciencia de su +fuerza, Eva se destacaba absolutamente en aquella sociedad cosmopolita +en la que las antiguas familias romanas, lánguidas y agotadas, tratan de +regenerarse al contacto de los jóvenes bárbaros, como Tiberio en Caprea, +con esos baños de sangre impotentes para renovar la de sus venas. + +Ridículos esfuerzos de un mundo que no quiere morir, y grotescas +ilusiones de un mundo que, nacido de ayer y vacilando aún en los +pañales, pretende iluminar el universo en las orillas del Tiber como en +la rada de Nueva York. + +En estas condiciones las personas se mezclan pero no se confunden; cada +cual conserva sus cualidades y sus defectos, sus defectos sobre todo, +como esos esposos desconfiados que reclaman los beneficios de la +comunidad sin querer soportar sus cargas. + +Como esos barrios nuevos edificados apresuradamente para la +especulación, y ya derruidos sin la patina del tiempo, la joven colonia +americana se agrieta y se hunde como la vieja aristocracia romana, la +cual, al menos, se armoniza con las ruinas imponentes del Coliseo y del +Capitolio en que descansa, todavía majestuosa, como un César expirante. + +Miss Darling se destacaba en aquella sociedad ficticia por una nota muy +personal: la sinceridad. + +Tal como era, así se mostraba, sin ningún cuidado de la opinión ni del +efecto que pudiera producir. + +Cuando le gustaba una cosa, lo decía; y tampoco disimulaba lo que le +inspiraba desprecio. Tenía lo que más falta en esta sociedad indecisa y +flotante a pesar de su aplomo afectado: la solidez. + +Solidez en su ingenio, en su corazón y en su juicio, así como en su +personilla de buena apostura, que marchaba recta a través de la multitud +con ese aplomo tan sencillo y tan natural más dominante que la audacia. + +Su desprecio por los homenajes se los atraía más que a nadie y una +palabra de aprobación o un gesto benévolo tenían más precio viniendo de +ella que los más altos favores de las mujeres de moda. + +El día en que, en el curso de una conversación, declaró al señor de +Candore que no le gustaban los jóvenes, el diplomático sintió casi +fatuidad por sus cincuenta años. + +--¿Puedo preguntar a usted la razón de ese ostracismo, que, por +desgracia, no se refiere a mí?--preguntó sonriendo. + +--Es muy sencillo; para mí, el hombre no vale más que por sus actos. +Ahora bien, por la fuerza de las cosas y salvo excepciones, los jóvenes +no tienen detrás de sí más que la nada y se apoyan solamente en los +méritos paternos, que les han hecho lo poco que son. Su mérito personal, +a pesar de su soberbia confianza en este punto, no está todavía más que +en el estado de esperanzas, y yo espero que se digne revelarse. + +--¡Ah! miss Darling, la juventud es también un mérito que se aprecia +mucho, sobre todo cuando está lejos. + +--En una mujer, sí, como la belleza; pero en un hombre es cosa +superflua. Siempre preferiré a unos cuantos belitres como sus agregados +de embajada, príncipes del turf o reyes del cotillón, uno de esos reyes +del petróleo de los que se ríen en Francia, pero cuya iniciativa, cuya +actividad y cuya inteligencia alimentan millares de existencias, o un +general viejo, como el príncipe de San Remo, que ha arriesgado veinte +veces la suya. + +--Pero es muy feo, señorita. + +--Yo le encuentro guapo--declaró la joven con entusiasmo. + +--¿Habrá que decírselo? + +La joven se echó a reír y dijo con más seriedad: + +--La verdad es que la edad no importa en la cuestión. Hay octogenarios +sin bagajes, y Mozart y Bonaparte eran ya viejos de gloria a los treinta +años. + +--¡Ay! señorita, ¿hay que ser Mozart o Bonaparte para encontrar gracia +con usted? + +--No soy tan ambiciosa; no me gustan las nulidades, y nada más. + +Nadie se considera como una nulidad. Candore, en particular, tenía una +buena opinión de sí mismo y no retuvo de esta conversación más que la +parte halagüeña: + +La joven americana no temía la madurez. + +Raúl, desde entonces, puso una especie de coquetería en confesar su edad +y no discutió ya con el espejo la aparición de una arruga o de una cana. + +Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del +caballo, Raúl se dirigía lentamente a Candore pensando en la fina +silueta del joven capitán que había visto en la ventana y que había +causado tan linda sonrisa en los labios de miss Darling... + +¿Quién podía ser aquel muchacho? + +--Un oficial de gran mérito y del más brillante porvenir--había +respondido Eva con un entusiasmo nada disimulado y que ensombreció un +poco la frente del diplomático. + +Sin que pareciese que se daba cuenta de ello, la joven se había +extendido largamente al hablar de las circunstancias novelescas de su +encuentro en África, donde él había desplegado una admirable sangre fría +y un raro valor para sacarla, a ella y a su tío, de las garras de una +tribu de tuaregs en que se habían aventurado imprudentemente. + +Por muy maravillosa que fuese la historia y graciosa la narradora, no +encantó más que medianamente los oídos del oyente. + +--¿Cómo se llamaba aquel héroe? + +--El capitán Raynal. + +--Raynal... Raynal... + +El conde buscaba en vano en el fondo de su memoria. + +Nunca Liette, bastante discreta, es cierto, ni su madre, bastante +prolija sin embargo, le habían hablado de un pariente de ese nombre; +creía su familia extinguida. + +Guardando para él sus reflexiones, el conde escuchaba con creciente +irritación aquel molesto elogio del que la joven miss no le dispensaba. +Así fue que vio con una especie de alivio la verja del castillo de +Argicourt, donde Eva estaba de temporada en casa de unos amigos comunes. + +¡El, que se regocijaba por tal vecindad, sin haber previsto el tal +militarcito!... + +¿De dónde diablos había salido? + +Raynal... El capitán Raynal... + +Desde su matrimonio no había sabido nada de Liette... + +La correspondencia entre ella y su antigua discípula se había ido +acabando poco a poco, pues la una temía preguntar y la otra responder. +Pronto la pluma se había caído de los dedos helados de la condesita, y +el silencio se había producido. + +En sus raras apariciones por Candore, el conde, movido por una especie +de respeto involuntario, se había abstenido siempre de pronunciar el +nombre de la empleada, a quien, por otra parte, había casi olvidado. +Sabía solamente por algunas palabras en el aire recogidas al azar de las +conversaciones, que se había negado siempre a dejar su puesto, +prefiriendo ascender en él, y Raúl lo había atribuido a un recuerdo +halagüeño para su persona. + +--Pobre muchacha; estaba loca por mí--pensaba con indulgente fatuidad. + +Y no se ocupaba más del asunto. + +Hoy, la aparición de aquel buen mozo en la misma ventana de otro +tiempo... turbaba sus ideas como una interrogación. + +Su nombre, sus facciones, su edad, todo era materia de suposiciones y de +hipótesis. + +Siendo capitán y estando condecorado, debía de tener veinticinco o +treinta años, aunque apenas los representaba. + +A primera vista se parecía a Liette, evidentemente, no en el color de +los ojos y del cabello ni en el corte de cara, sino en la expresión. + +¿Y se llamaba Raynal? + +¿Será que?... + +El negro demonio de los malos pensamientos rozábale con su ala, y una +sonrisa burlona respondía a las cejas fruncidas. + +¿Será que?... + +Tendría gracia... + +¡Ella, que las echaba de virtuosa! + +¿Habré yo hecho el tonto? + +El conde arrojó el cigarro sin acabar con una cólera mezclada de +despecho. + +El amor propio, más vivaz que el amor, hacíale sentir su aguijón. + +¿Se habría burlado de él? + +¿Se le habría impuesto por una falsa dignidad y un pudor afectado, hasta +el punto de obligarle a ofrecerle su nombre, siendo acaso indigna de él, +y conservando la careta hasta el fin para robarle su estima y su +respeto? + +El conde iba montando en cólera y toda una antigua levadura de celos +retrospectivos fermentaba de repente en el fondo de su ser estragado. + +Raúl trataba de reírse. + +¡Celoso yo!... ¡Y de una cincuentona!... Vamos allá, querido, tu reloj +retrasa... + +No, pero no quería ser engañado, y si sus sospechas eran fundadas, +entonces... + +Entonces, ¿qué? + +¿Qué le importaba a él? + +¿Iba a insultar a una mujer, él, un noble? ¿Y por qué? + +¿A causa de aquel guapo oficial a quien sonreían las muchachas? + +--Que no se ponga en mi camino--exclamó blandiendo el látigo con una +violencia que hizo encabritarse a su caballo. + +--Hola, sobrino... ¿Con quién diablos disputas? + +El señor Neris, apoyado en su bastón, apareció en la linde del bosque. + +El conde sujetó muy diestramente a su caballo y dijo echando pie a +tierra: + +--¿Quieres que volvamos juntos, tío? + +--Con mucho gusto, amigo mío. + +Púsose al brazo las riendas del caballo, penetró con su tío bajo las +altas arboledas que rodeaban el castillo y siguió el mismo camino en que +la pobre miss Dodson vertió tantas lágrimas veinticinco años antes. + +--Veo que eres todavía un brillante jinete. + +--Gracias a tus lecciones, tío. Tú fuiste quien me puso la primera vez a +caballo. + +--¡Ay! parece que te estoy viendo todavía con mi pobre Blanca. ¡Qué +lejos está eso, Dios mío! Y después, cuántas penas... + +Su blanca cabeza se inclinó sobre el pecho. Raúl se callaba, respetando +aquel gran dolor. + +--Esta mañana saliste muy temprano--dijo al fin el anciano haciendo un +esfuerzo. + +--Sí, he estado en Argicourt. Había prometido a miss Darling salir con +ella a caballo, pues su tío está lejos de valer lo que el mío en punto a +equitación. Hemos dado un buen paseo. + +--Siempre es bueno un paseo dado con una mujer guapa... + +--¿Te gusta miss Darling? + +--Mucho. Es sencilla y natural; toda su persona denota una rectitud, una +lealtad y un aplomo que no he encontrado en las demás. + +--Me hacen feliz esos elogios, pues si yo me decidiera a llenar el vacío +de mi hogar, querría mucho tener tu aprobación. + +El octogenario se paró de repente. + +--¿Piensas acaso?... + +Su voz temblaba. + +--¡Dios mío! ¿Por qué disimularlo? Ya sabe usted si he amado tiernamente +a la querida criatura que el cielo me arrebató muy pronto... + +--Pasemos adelante. + +--La he llorado durante veinte años y he llevado lealmente su luto. + +--Pasemos, pasemos. + +--Pero al fin llega una hora en que no debe uno ya mirar detrás de sí y +en que los minutos están contados para llenar nuestros deberes respecto +del porvenir como respecto del pasado. Un noble no puede dejar +extinguirse el nombre que ha recibido de sus antepasados para +transmitírselo a sus descendientes. + +--En una palabra, quieres casarte con miss Darling... + +--Por la razón que te doy... + +--¿La permanencia de la raza? Si esa fuera la única, ¿sería necesario +recurrir a un matrimonio aventurado?... En la vida de un hombre de +placer como tú... y como yo, por desgracia, hay faltas de la juventud +que corresponde reparar a la vejez... + +--¿Qué quiere usted decir? + +--No tengo derecho para ser severo... Pero si hubieras dejado detrás de +ti algún remordimiento... + +Llegaban a un claro rodeado de hayas gigantes que el sol acribillaba con +sus flechas de oro... + +«Acuérdate» decía el astro ardiente con sus lenguas de fuego. + +«Acuérdate» repetía el murmullo de los árboles, majestuosos testigos del +pasado. + +«Acuérdate» arrullaban las tórtolas produciendo su nota melancólica y +tierna en el silencio de los grandes bosques. + +Pero Raúl no se acordaba... + +--No tengo ningún remordimiento, querido tío--respondió con +desenvoltura. + +Neris hizo un gesto vago. + +--Eres muy feliz--dijo sencillamente. + +Prodújose un momento de silencio. + +--En fin, querido tío, si llegase el caso, ¿no tendría usted ninguna +objeción seria contra miss Darling?--preguntó el conde, que no quería +abandonar su asunto. + +--Tiene veinte años y tú has pasado de cincuenta. + +--Pero yo también soy como usted, tío mío, estoy construido a cal y +canto; es una herencia del abuelo Neris que estoy lejos de despreciar. + +--En lo físico, pase aún; pero en lo moral... + +--A miss Darling no le gustan los jóvenes; me ha expuesto sus teorías +sobre esto... + +--Encontrará entonces, acaso, que lo eres demasiado--dijo el anciano con +ligera ironía. + +--En fin, no es su opinión probable lo que yo quiero conocer, querido +tío, sino la tuya--respondió el diplomático con alguna impaciencia. + +--Te lo repito, amigo mío; no he encontrado comparable con miss Darling +más que una persona. + +--¿Y era, si no es indiscreción?... + +--Liette Raynal. + +Raúl se mordió los labios. + +En el estado de ánimo en que se encontraba, aquel nombre sonaba de un +modo particularmente desagradable a su oído. + +Pero no por eso perdió la ocasión de preguntar con maña: + +--¿La institutriz de mi pobre Blanca? Sí, era una persona de +mérito--añadió con indiferencia.--¿Qué ha sido de ella? + +--Sigue en Candore. + +--¿Empleada de Correos? + +--Empleada de Correos. + +--Por cierto que he creído ver una figura nueva al pasar por delante de +la oficina; un militar... + +--Es su hijo adoptivo... un pariente... el capitán Raynal. + +El conde de Candore hizo sonar la lengua con expresión de duda. + +--¿Crees tú en los hijos adoptivos, tío? + +El anciano respondió con cierto dejo de severidad: + +--Sí, sobrino, como en los hijos abandonados. + + * * * * * + +Liette estaba en su estrecha oficina viendo, como en el día lejano de su +llegada al pueblo, desfilar todo el mundo por delante del ventanillo; +pero la curiosidad no era para ella, y, en lugar del irritante malestar +de otro tiempo, Liette sentía ahora una dulce satisfacción de orgullo +maternal al oír los saludos al joven capitán de los viejos y viejas que +le habían conocido niño. + +El joven respondía con cordialidad, tratando de conocer en las jóvenes +que salían de las vísperas y en los mozos que emprendían partidas de +pelota o se iban a tirar al arco a los chicuelos dejados en el pueblo y +a quienes se asombraba de encontrar cambiados como él. Y al volver los +ojos al modesto interior, lo mismo la fría oficina que el salón de +elegancias pasadas de moda, el capitán encontraba con placer infantil +todos los muebles y todos los objetos familiares, todo, hasta el pobre +Breal, primer compañero de sus juegos, disecado en memoria suya. + +Nada había cambiado en aquel cuadro anticuado y envejecido, en el que +sólo él no se reconocía cuando el espejo le enviaba la sombra de sus +bigotes, justamente encima de su retrato con falda corta y con un tambor +a sus pies. + +Nada había cambiado, y la misma tía Liette, recta y menuda con su traje +sencillo de lana, con su bello perfil de camafeo bajo el cabello apenas +encanecido en las sienes y su mirada límpida que reflejaba la serenidad +de su alma, la misma tía Liette había envejecido tan poco, que al +preguntarle de repente Carlos: + +--Tía Liette ¿cuándo vas a pedir tu jubilación? + +La empleada respondió prorrumpiendo en una carcajada llena de juventud. + +--¿Mi jubilación? Gracias a Dios, amigo mío, estoy todavía fuerte y +espero evitar durante algunos años el ser arrinconada. + +--Sin duda... Pero es precisamente por eso... Estás joven y activa... No +temes los viajes... Y, por otra parte, eres hija y madre de soldado... + +--Explícate... + +--Oye. Quisiera tenerte más cerca de mí, tía Liette; mi sueldo bastaría +para los dos... Quisiera que me siguieses a mis lejanas guarniciones +como en otro tiempo a tu padre. Quisiera no tener sólo presente la +imagen del hogar que has creado al huérfano, sino ese hogar mismo y la +que es su alma. ¿No te gustaría volver a ver aquella tierra de África en +que diste los primeros pasos? + +Liette sonrió, dulcemente conmovida por esta delicadeza filial. + +--Eres bueno y tierno, hijo mío, al pensar en mi soledad más aún que en +la tuya; pero a mi edad no se rompen las costumbres de veinticinco +años. Me atan a esta pobre aldea muchas cosas de las que no se llevan en +la suela de los zapatos. En rigor, pudiera arrastrar conmigo tu cuna +como las pobres «reliquias» de mi madre, pero no su tumba; y cuando se +baja la cuesta de los cincuenta años los muertos atraen más aún que los +vivos. + +--Gracias a Dios, tía Liette, como decías hace un momento, estás buena y +sana, y yo, que no vivo con mis recuerdos, desearía otra compañía. + +--«No es bueno que el hombre esté solo», luego tu deseo es muy legítimo; +pero no es una vieja como yo la que debe llenar el vacío de tu casa y de +tu corazón... Necesitas una joven y linda compañera y hermosos hijos... + +--De los que tú serás abuela. + +--Es un papel que me gustará mucho, y quizá entonces pediré mi +jubilación para estudiarle con descanso... pero no antes. + +El joven se retorció el bigote con expresión distraída y su mirada vaga +pareció buscar en el espacio una silueta fugitiva. + +La tía Liette le observaba como al descuido. + +--¿Está en camino, Carlos?--preguntó maliciosamente. + +--No, todavía está en las nubes. + +Y con una risa un poco forzada para ocultar su confusión, el joven dio +un sonoro beso en la frente de la empleada. + +--De modo que no es todavía esta vez cuando te llevo conmigo, tía +Liette... + +--¡Cómo! mal muchacho, ¿quieres llevarte a mi vecina? + +Y el señor Hardoin que entraba le amenazaba alegremente con el dedo. + +--Sí, padrino, y a usted también si quiere. + +--¡Oh! si no dependiera más que de mí, daría con gusto la vuelta al +mundo... + +--¿Dejar el despacho? ¿Usted? ¡Imposible! Apuesto a que es el miedo del +viaje de novios lo que le ha impedido a usted casarse. + +--No se burle usted, mi capitán; no se es siempre soltero por gusto. + +Y con un suspiro de los más elocuentes, echó una mirada de reproche a la +tía Liette, que se sonreía a medias. + +Después recostándose en una butaca y levantándose las gafas por la +frente para mirar más a sus anchas las facciones varoniles del joven +oficial, dijo: + +--Vamos a ver, señor misterioso, ¿tienes la intención de hacerme +redactar tu contrato? + +--¿Yo? ¡Qué disparate! + +--No encontrarías dificultades... No eran las siete de la mañana cuando +el tío Griel, un ladino que tiene la costumbre de tratar los negocios +al salir de la cama, vino a consultarme sobre la venta de su prado de +Ognolles y me insinuó de paso que piensa dar a su hija cien mil francos +de dote... y que la chica no detesta a los militares... + +--¿La pequeña Irma, que tenía las manos tan rojas y la deplorable +costumbre de pisar los moñigos de vaca? + +--La pequeña Irma es ahora una joven que vuelve de Santa Clotilde con +todos los diplomas y tan hecha a las buenas maneras, que desprecia +soberanamente a los aldeanos, empezando por el bueno de su padre. + +--Prefiero, entonces, la antigua Irma. + +--El recaudador, por su parte, ha venido a tomar conmigo el vino blanco, +menos por mi bodega que por su sobrina, cuyos méritos me ha ponderado +durante la misa... Tienen que contar... + +--Clarita... ¿No la pusieron de largo cuando yo estrené mis primeros +calzones? + +--Sí, pero los años de campaña se cuentan dobles y ella ha conservado la +frescura de su nombre. + +--Pongamos que estoy demasiado bronceado para ella, y no hablemos más +del asunto. + +--Pues no eres poco difícil... + +--¿No hay nada más?--preguntó la tía Liette muy divertida. + +--Como pasos oficiales, no hay más, y ya es bastante... Pero he recibido +otras dos visitas, la una muy simpática... y la otra un poco menos. + +--¿Cuáles? + +--Eso, joven, es el secreto profesional. Busca y encontrarás. ¿Quién +puede quererte bien? + +--¿Y mal?--preguntó con inquietud Liette, a quien el notario respondió +con una señal imperceptible. + +La empleada, impaciente por saber, dijo: + +--Oye, Carlos, debías hacer una visita al señor cura para presentarle +tus respetos y tu cruz... + +--Comprendido... A las órdenes de usted, mi comandante. + +Y dando un beso a su madre adoptiva, le dijo al oído: + +--Apuesto a que para ti no habrá secreto profesional. + +Un instante después atravesaba la plaza con paso diligente e iba a +llamar a casa del cura con gran admiración de los muchachos. + +Liette, que le había seguido con tierna mirada, se volvió entonces hacia +el notario. + +--¿Qué hay?--le preguntó sin otro preámbulo. + +--En primer lugar, cierto señor Darling, tío y tutor de una riquísima +americana, actualmente en el castillo de Argicourt, y que parece querer +muy bien a nuestro africano, a quien encontró en el curso de un viaje a +Argelia, donde les prestó un señalado servicio... + +--Y además... + +--Además el conde de Candore, apasionado de la joven miss y a quien los +laureles del capitán Raynal impiden dormir. + +Liette se puso la mano en la frente cargada de pensamientos. + +--¿Le ha preguntado a usted sobre Carlos? + +--Sí, indirectamente y con cierta acritud, no se lo disimulo a usted. + +--Y usted, ¿qué le respondió? + +--Nada o poco más; y se marchó muy contrariado. + +--Aquí tiene usted una complicación imprevista, amigo mío. Siento que +Carlos esté aquí. Pero no importa; si se trata de su dicha, yo sabré +defenderle. + +--Le defenderemos--rectificó calurosamente el digno notario. + + * * * * * + +Cuando Carlos volvió encontró a su madre adoptiva ligeramente +preocupada. Una nube fugitiva que se ponía algunas veces en sus +tranquilas facciones obscurecía el brillo de sus bellos ojos, +tiernamente fijos en él y en los que se leía una vaga alarma. + +--Una carta para ti--dijo dándole un sobre blasonado. + +El joven la abrió y la leyó rápidamente. + +--Es una invitación del señor de Argicourt para un Rally-paper, el +sábado. + +--¿Vas a ir? + +Carlos vaciló un momento. + +--No, tía Liette; mi licencia es corta, y quiero dedicártela entera. + +--Pero yo no quiero ser egoísta y privarte de los placeres de tu edad. + +--¡Qué buena eres! + +--No es más sino que te quiero mucho. + +Carlos la contempló con enternecimiento. + +¡Oh! sí, la tía Liette le amaba... ¡Y él a ella! + +A aquella hora la oficina estaba cerrada, y libres de importunos, ambos +gozaban de la intimidad del reposo dominical que adormecía al humilde +pueblo. Sentado enfrente de ella en el saloncillo ajado y delante del +almohadón en que Liette acababa de poner su cesto de labor, Carlos se +creía vuelto a la niñez y una sensación de exquisita dulzura penetraba +en su ser. + +--Siempre te veo el mismo bordado, tía Liette. ¿Haces acaso lo que +Penélope? + +--No, señor burlón, no es la misma; pero no varío ni el dibujo ni los +colores, y de este modo me parece que no envejezco y creo que vas a +jugar con los ovillos o a ayudarme a devanar las madejas. + +--Y soy todavía muy capaz. Prueba. + +--No, ahora eres demasiado alto. + +--Puedo bajarme. + +Y se puso de rodillas con las manos extendidas. + +--¡Loco!--dijo Liette, divertida y feliz, arrojándole un ovillo de +lana... + +Y mientras buscaba el nudo, le dijo insistiendo afectuosamente: + +--¿Irás a Argicourt? + +--Conozco muy poco a los dueños. + +--¿No ha sido el barón tu camarada? + +--Sí, pero en el regimiento se borran las distancias, y, rico o pobre, +un oficial vale lo que otro... mientras que hoy el señor de Argicourt +vive en sus tierras, rico y casado... con una extranjera según creo... + +--Una americana del Norte... + +--Que le ha hecho presentar la dimisión... Viven muy en grande según +parece... + +--Hacen la vida que exige su clase y la fortuna de su mujer. + +--Sí, él no tenía más que su nombre. + +--Ya es algo--respondió Liette con melancolía. + +--¿No te parece, tía Liette, sin hablar mal de nadie, que es un poco +humillante para un hombre el debérselo todo a su mujer? + +El joven esperó la respuesta con un poco de ansiedad. Era tanta su +deferencia por el juicio de aquella guía segura e impecable, que una +palabra de su boca le parecía una sentencia sin apelación. Así fue que +sintió una especie de alivio cuando ella le respondió con indulgencia: + +--¿Por qué? Cuando no hay cálculo en ninguna de las dos partes, el +corazón no conoce las balanzas. El que ama verdaderamente se da sin +contar, y para las almas bien nacidas, el que da es todavía más obligado +que el que recibe. + +--Todo el mundo no lo juzga así... + +--Todo el mundo no es perfecto y juzga con frecuencia a los demás según +él mismo. Para mí es rebajarse el suponer gratuitamente una bajeza. + +--Puede uno fiarse de ti en materia de honor, tía Liette. Sin embargo, +yo preferiría una mujer que tuviese menos que yo. + +--Es un escrúpulo honroso, pero un poco pueril, y la cuenta sería +difícil de establecer. ¿En cuánto estimas tu cruz? + +Carlos se calló, vencido y contento. + +La madeja estaba devanada, pero el joven permanecía a los pies de su +madre adoptiva, apoyado en su butaca como cuando siendo pequeño, venía a +que le hiciera mimos. Liette, tiernamente maternal, jugaba +distraídamente con los dorados del uniforme. + +--Decididamente, ¿irás a Argicourt? ¿Te da miedo la linda castellana? + +--No, no es eso, tía Liette; pero, francamente, me sería desagradable el +ir a una casa donde tú no estás invitada... + +--Tienes todas las delicadezas, hijo mío; pero yo no soy tu madre... + +--Eres más todavía... + +--No es lo mismo. Sólo la maternidad crea un lazo indisoluble y sagrado; +el nuestro se puede desatar por mutuo consentimiento, sin indiferencia +por mi parte ni ingratitud por la tuya. + +--Jamás, tía Liette, y me das mucha pena al iniciar solamente tal idea. + +--No es esa mi intención, pero pudieran presentarse unas circunstancias +en las que no debiéramos ser obstáculo el uno para el otro... un +matrimonio, por ejemplo. Recuerda que eres libre, como yo también lo +soy. + +--¡En seguida! Yo no te permitiría casarte sin mi consentimiento, aunque +fuera con mi querido padrino... + +--Entonces, soy más generosa que tú, y, llegado el caso, no llevarías +una suegra en tu equipo. + +--Pues yo te declaro que no me casaría jamás con una mujer que no te +venerase como a su madre. + +En este instante pasaron por la calle dos sombrillas en el fondo de una +carretela, como un relámpago azul y rosa. + +Un momento después se abrió la puerta y apareció en el umbral una +graciosa aparición haciendo el saludo militar. + +--¡Buenos días, mi capitán! + +--¡Miss Darling!--exclamó vivamente el joven levantándose de un salto. + +--¡La señora de Argicourt!--dijo la tía Liette dirigiéndose a la segunda +visitante. + +--Que pide a usted perdón por venir a sorprenderla de este modo; pero +esta aturdida de Eva, mi más querida amiga, tenía empeño en serle a +usted presentada. + +--Mucho--apoyó claramente la aludida;--me han dicho muchas veces que me +parecía a la tía Liette, e ignoraba si esto era un cumplimiento... Veo +que lo es. + +Y poniendo en este homenaje un respeto profundo que corregía su tono +atrevido, la joven se inclinó delante de Liette conquistada y encantada. + +--Puesto que está hecho el conocimiento por este lado, permítame usted +que le presente a mi vez el capitán Raynal, señora baronesa--dijo la +empleada dirigiendo una amable sonrisa a la linda niña. + +--Sin habernos encontrado todavía, somos antiguos amigos, capitán--dijo +la baronesa sentándose donde él le indicaba;--mi marido me ha hablado +con frecuencia de usted como de uno de sus mejores amigos, y miss +Darling ha apoyado aún sus elogios. + +--Naturalmente, no puedo hablar mal de mi salvador. ¿No le ha contado a +usted el caso, tía Liette? + +--No valía la pena. + +--Es usted muy modesto... Eso prueba que aprecia usted menos que yo la +existencia, que yo tengo la debilidad de querer conservar... Figúrese +usted, señorita, que mi tío y yo estábamos cautivos de una tribu de +tuaregs... ¿Conoce usted a esa gente?... mucho color local... pero de +relaciones poco sociables... Afortunadamente, el capitán, de vuelta de +una expedición al Sur, supo por sus emisarios nuestra triste posición, +y, sin importarle nuestra nacionalidad, lo que fue enteramente amable, +consiguió librarnos con un puñado de bravos y nos ofreció una +hospitalidad... francesa en su blockhaus. Pero, ¡ay! en la Argelia como +en América, los blockhaus están hechos para ser bloqueados, y, al día +siguiente, cayó sobre nosotros una nube de tuaregs como los saltamontes +del desierto, ejecutando en nuestro honor un brillante tiroteo. +Seguíamos estando prisioneros, aunque en mejor compañía. + +--¡Oh! lo que es eso... Mi destacamento estaba compuesto de demonios +casi tan negros como los que nos asediaban. Figúrate aquello, tía +Liette. + +--Nada de eso. Usted los calumnia; eran buenos muchachos y no sabían qué +hacer para complacerme. + +--Es que la presencia de usted los metamorfoseaba... + +--No como Circe entonces. + +--En una palabra, me encontraba en la situación novelesca, pero poco +envidiable de las heroínas de Cooper, quitando la peladura... Y lo peor +era que las provisiones eran limitadas y nosotros aumentábamos el número +de bocas... A todo esto, el tío Dick, que se queja siempre de no tener +apetito, lo tenía feroz en aquellos momentos. Así fue que para evitar el +ser expulsados como bocas inútiles, nos ofrecimos a hacer fuego para +cooperar a la defensa. Y aquí tiene usted cómo he servido a las órdenes +del capitán Raynal y merecido ser comparada con la tía Liette, lo que me +halaga mucho, hoy sobre todo. + +--¡Y si hubieras visto qué valentía y qué buen humor, tía Liette! Los +socorros se hacían esperar, y la desanimación, hermana del fastidio, +hubiera acaso hecho estragos en mis hombres. Pero miss Darling les +vertía su alegría como champagne, y organizaba conciertos y +representaciones... + +--¿Recuerda usted al tío Dick ensayando el «Yankee Doodle» en la +corneta? + +--¡Y qué hermana de la caridad consolando a los moribundos, curando a +los heridos!... Cuando yo mismo estuve fuera de combate... + +--¡No me lo habías dicho! + +--¡Bah! un arañazo... Su influencia mantuvo mejor la disciplina entre +aquellos hombres groseros y violentos mejor que las reprimendas de los +oficiales, y remontó tan bien su moral, que cuando llegó la columna +libertadora, los pobres diablos, que tenían el vientre vacío hacía +veinticuatro horas, estaban aprendiendo... la bamboula bajo su alta +dirección. + +--¡Bah! se hace lo que se puede. Pagué mi escote de ese modo. + +--También pagó usted en moneda de plomo. ¡Los moritos que dejó usted +caer!... + +--La verdad es que podrías alistarte en los rifles-women, Eva. ¡Cómo +debes de despreciar nuestras cacerías de papelitos! + +--Al contrario; prefiero esa caza a cualquiera otra. El defenderse está +bien; pero matar sin necesidad... y sin riesgos... Sobre todo a +inofensivas perdices... ¡Pobres animalitos! + +Fue esto dicho sencillamente y sin falsa sensibilidad, de tal modo que +Liette, tan sencilla y tan natural, quedó enamorada de aquella +naturaleza tan igual a la suya. + +Carlos leyó en sus ojos esa muda aprobación y sintió una viva alegría. + +--¡Qué amable ha sido usted viniendo a vernos!--dijo a la joven con un +impulso irresistible. + +--Tenía mucho deseo de conocer a su tía de usted. + +--¿Se la figuraba usted así? + +--No mucho. Como dijo no sé qué personaje de comedia, «una tía es +generalmente una mujer de edad», y la de usted ni siquiera gasta +anteojos... + +--¡Oh! no tardaré en gastarlos, miss Darling; mis ojos se van--protestó +alegremente Liette, que, mientras hablaba con la condesa de Argicourt, +había oído las últimas palabras de aquel aparte. + +--Pero no los oídos--observó maliciosamente la joven americana.--La +verdad es que me representaba a «la tía Liette» como una viejecita +arrugada y canosa de cincuenta años lo menos. + +--Los cumplo el domingo; hasta entonces ya me hará usted crédito. + +Todos se rieron, y aquellas señoras se levantaron para despedirse. + +--¿Decididamente no quiere usted ser de los nuestros?--preguntó la +castellana con mucha amabilidad a Liette. + +--Imposible, señora; pero agradezco a usted mucho su amable invitación. + +--En todo caso, contamos con usted, capitán; a mi marido le encantará +recordar con usted los buenos tiempos, como él llama a aquellos en que +estaba soltero. + +--Muy amable para ti, mi pobre Jenny. + +--Tiene cuidado de añadir que echa de menos, no el celibato, sino el +uniforme... + +--Eso lo comprendo. ¿Por qué le has hecho presentar la dimisión? + +--¿Querías que fuese siguiéndole de guarnición en guarnición? + +--¡Vaya una desgracia! «Para tomar mujer no se reniega de la madre», +decía Napoleón; se puede muy bien ser buen marido y buen soldado. +¿Verdad, tía Liette? ¡Anda! ahora llamo a usted también yo tía Liette... +Dispénseme usted, señorita, y permítame darle un beso sin embargo... + +Una graciosa sonrisa bajo la sombrilla rosa; un saludo militar bajo la +sombrilla blanca, y el carruaje desaparece en una nube de polvo. + +Carlos vuelve al saloncillo, y le parece obscuro, vacío y frío. + +Y, sin embargo, la tía Liette sigue allí, en su butaca. + + * * * * * + +Las circunstancias poco ordinarias en que Carlos y Eva se habían +conocido en África, eran de esas que crean en una semana una intimidad +de veinte años. + +Ya, hacía algún tiempo, habían balsado juntos en un baile del +gobernador; pero en el mundo oficial y en la trivialidad de las frases +de salón, «se habían cruzado sin verse», según el refrán melancólico, +secreto de tantos destinos fracasados. + +Por el contrario, en el estrecho Blockhaus que podía ser su tumba, en el +roce diario de la vida común, que hace resquebrajarse tan pronto el +barniz mundano que oculta tantas macas y a veces tan preciosas +cualidades, habían aprendido a conocerse, a estimarse... y quizá no se +habían quedado en eso. + +Diga lo que quiera Augier, las desdichas, más que la prosperidad, son la +piedra de toque del verdadero mérito. El peligro y la angustia +compartidos pueden más que las conveniencias sociales y ponen a cada uno +en su lugar. + +La rica americana y el joven oficial no podían menos de ganar en ese +contacto con las duras realidades de la existencia. Ni el uno ni el otro +habían seguramente conservado una impresión desfavorable de su primer +encuentro, pero era una impresión vaga, fugitiva, efímera, la duración +de un vals; mientras que en aquellas horas de angustia suprema, cada una +de las cuales podía ser la última, sus almas no temían mostrarse al +desnudo. + +Carlos había podido admirar la valentía, la sangre fría y la sonriente +resignación de aquella niña mimada de la suerte y de la fortuna, +amenazada a los veinte años de dar un eterno adiós a todos los goces +que le estaban prometidos. + +Ella, por su parte, había podido apreciar el carácter caballeresco, la +pronta decisión y la viril energía de aquel joven jefe encerrado en +aquel precario abrigo con un puñado de forajidos, en quienes hacía +vibrar las cuerdas dormidas del patriotismo, del heroísmo y del honor +por la fuerza del ejemplo. + +Lo que no era siempre fácil. + +Un tal Ragasse, una de las malas cabezas del destacamento, hongo +venenoso del lodo parisiense, de aspecto burlón, acento provocador y +lenguaje de barrios bajos, acribillado de castigos hasta no saber qué +hacer de ellos, y, por esto mismo, de una profunda indiferencia respecto +del particular, causaba la desesperación de sus superiores y les +producía serias inquietudes por su perniciosa influencia sobre sus +camaradas. Fatuo y presuntuoso además, el tunante no ocultaba su grosera +admiración por miss Darling, a la que asestaba miradas lánguidas, dignas +de un tenor de Belleville, y el capitán había tenido que amenazarle más +de una vez con el cepo. + +Ragasse, pues, le había consagrado un odio astuto que no esperaba más +que la ocasión de estallar... + +Una noche, pasando por delante del dormitorio, Carlos le oyó pronunciar +claramente estas palabras: + +--El capitán las echa de guapo para deslumbrar a la chiquilla; pero es +para mí; y si quiere andarse en chanzas le corto el pescuezo en menos +que canta un gallo. + +Una oleada de cólera le subió al cerebro, y el joven oficial abrió de +repente la puerta... + +Aterrados por esta aparición, los soldados agrupados alrededor del +orador hicieron un vago movimiento de retroceso; solamente aquél, con +expresión burlona y actitud provocadora, sostuvo sin pestañear la mirada +de su jefe... + +¿Qué hacer? + +Nada tenía influencia en aquellas cabezas de hierro. + +Castigarle, hubiera sido arriesgar algún motín, y nada más. + +Pero la debilidad hubiera producido un efecto todavía más deplorable. + +Si creían meterle miedo, la insolencia de aquellos miserables no tendría +ya límites. + +Esta vacilación no duró más que un relámpago. + +--Un hombre de buena voluntad para una misión peligrosa--dijo Carlos muy +tranquilo. + +Todos dieron un paso adelante. + +--¡Ragasse!--gritó el capitán en tono breve. + +--Presente. + +--Sígame usted. + +Su resolución estaba tomada. Había que impresionar la moral de aquellos +seres degradados, pero susceptibles de ideas generosas. Espíritus y +cuerpos indomables, era preciso hablar a sus corazones. + +Ragasse, sin darse prisa, bajó contoneándose con las manos en los +bolsillos. + +--Si estaba detrás de la puerta--dijo con malicia,--no le disgustará +desembarazarse de mí... + +Y escuchó con expresión provocadora sus instrucciones. + +Tratábase de ir a recoger cartuchos, que empezaban a faltar, de los +muertos del día, no recogidos aún por los árabes. + +--Está bien; allá voy. ¿Dónde está el saco? + +Y se lo echó a la espalda, diciendo: + +--Esto me recuerda cuando iba a robar alcachofas a la llanura de +Saint-Denis... + +El capitán hizo formar el círculo. + +--Si el soldado Ragasse vuelve sano y salvo, todos sus castigos serán +levantados; si muere, su nombre será citado en la orden del día. + +--¡Bueno!--murmuró el soldado,--esa orden del día le gustará a él más +que a mí. + +--Si yo no vuelvo, el teniente Donnet tomará el mando--añadió Carlos. + +Ragasse se detuvo sorprendido. + +--¡Mi capitán!... ¿Viene usted también? + +--¿Por qué no?--respondió Carlos sencillamente fijando en él su clara +mirada. + +Y pasando el primero, salió por la poterna sin volver la cabeza. + +El otro le siguió como un perro. + +Si le había oído, era valiente lo que hacía el capitán... + +¡Salir tranquilamente así, delante de su fusil!... No tenía más que +apretar el gatillo... No había nadie... Nada que temer... Los árabes +tenían buena espalda. + +Verdaderamente era tentar al diablo... El golpe era fácil... demasiado +fácil... + +Pero no, no tan fácil como parecía... Aunque hubiera querido, su mano +crispada no hubiera obedecido a su voluntad impotente. + +En vano trataba de avivar su rencor y de mascullar sus malas voluntades; +no podía herir a aquel hombre a quien odiaba, pero que se fiaba así de +su lealtad... + +Y humillado y furioso decía con rabia: + +--¡No puedo!... + +De repente tropezó en un cadáver; habían llegado al sitio del combate. + +--Llene usted el saco--dijo el oficial. + +En la sombra opaca su fina silueta se destacaba más sombría todavía; +inmóvil y sondando el horizonte tenebroso, no se ocupaba siquiera de su +compañero, que se daba prisa para acabar su lúgubre tarea... + +De pronto, un relámpago desgarró la obscuridad. + +Ragasse dio un salto. + +--¡Mi capitán! ¿No está usted herido? + +--No, tiene que volver a empezar--respondió Carlos tranquilamente. + +Sonó otra detonación tan cerca del soldado, que éste balbució aterrado: + +--Mi capitán, le juro a usted que no he sido yo. + +--¡Naturalmente!... ¿Se ha acabado? + +--Sí, mi capitán. + +--Entonces, en retirada; de prisa. + +Dieron unos cuantos pasos. + +Hacia la izquierda sonó otra detonación. + +Carlos cayó al suelo. + +Ragasse se había detenido. + +--¿Ha pescado usted algo, mi capitán?--preguntó ansioso mientras se +elevaba del campamento un sordo rumor y unas sombras se agitaban en la +sombra como arenas movibles. + +--Una bala en la pantorrilla. Huye, muchacho; me han hecho mi negocio +sin que tú hayas intervenido. + +--¡Oh! mi capitán... mi capitán... + +Sofocado y anheloso, el pobre diablo hubiera querido echarse a los pies +de su jefe, pero no era aquel el momento, y, sin más tardanzas ni +protestas ociosas, le cogió en sus vigorosos brazos y se le llevó +corriendo hasta el Blockhaus, al que llegó jadeando y no sin sufrir una +descarga general. + +Carlos estaba salvado. + +Ragasse domado. + +Y cuando Eva, hermana de la caridad improvisada, estaba curando al uno y +felicitando al otro, el capitán dijo con bondad: + +--Es más fácil ser un héroe que un asesino, ¿verdad, Ragasse? + +Desde entonces no tuvo auxiliar más adicto, ni miss Darling perro más +fiel. + +Era que también en ella realizaba la adversidad su obra saludable; la +joven aprendía a considerar como hombres a aquellos desgraciados, +escoria de la sociedad, pero en los que brillaba aún la chispa divina +debajo de las cenizas. + +Tan compasiva y dulce como valiente, tenía para todos la piedad que +consuela y la palabra que levanta, tal como el «Eloa» del poeta cuya +radiante caridad no se detiene en las puertas del infierno. + +Por eso tenían todos por ella una admiración que sólo podía compararse +con su respeto. El día en que fueron libertados y tuvieron que +separarse, todos lloraban, y ni el perdón general de los castigos +concedido a su petición, ni las liberales promesas del tío Dick, ni la +distribución de vino, de tabaco y dólares lograron consolarlos. + +Entonces, viendo su pena, la joven miss tuvo una delicada inspiración. + +--Si fuese yo una reina de otros tiempos, querría condecorar a todos mis +bravos defensores... No soy más que una hija de la libre América, pero +os pido que llevéis sus colores en memoria mía. + +Y con encantadora amabilidad, empezando por el último soldado y acabando +por el capitán, les distribuyó la cinta azul sembrada de estrellas, un +poco ajada, que adornaba su traje. + +A consecuencia de aquella acción, el capitán Raynal fue propuesto para +la cinta roja... Pero él no pudo olvidar la cinta azul. + + * * * * * + +La tía Liette no había vuelto a preguntar a Carlos si iría a Argicourt. + +Pero, el sábado por la mañana encontró al despertarse su mejor uniforme +cuidadosamente cepillado, sus botas bien embetunadas y la camisa más +fina preparada al pie de la cama, como por el asistente más meticuloso. + +Y el joven se quedó encantado. + +¡Querida tía Liette! + +Su tía había sido muy amable ahorrándole las preguntas ociosas y +explicaciones inútiles sobre su cambio de parecer, justificado por el +amable paso de aquellas señoras y por la doble invitación que salvaba +las inconveniencias. + +Ante aquella muestra de deferencia para su madre adoptiva, no podía ya +Carlos ser más realista que el rey ni había ninguna razón para hacer el +salvaje. + +Mientras silbaba una marcha militar, se puso a vestirse con una especie +de compunción, meditando sobre una arruga del dormán como si se tratase +de un asunto de importancia, contrariado por una gota de agua que +alteraba el lustre inmaculado de las botas y afilando dos veces la +navaja de afeitar para más seguridad. + +--¿Está contento mi coronel?--decíale su tía. + +Liette pasaba largamente la inspección y se detenía en los menores +detalles, muy orgullosa de aquel guapo oficial que era su hijo de +elección. + +--Hoy, que no necesitas atenerte a la ordenanza, quiero hacerte un +regalo--le dijo. + +De la cómoda estilo Imperio en que dormían las reliquias del pasado, +sacó un estuche con las iniciales G. R. que contenía una cruz minúscula +que era una verdadera joya artística. + +Este fue el regalo de novio de mi pobre madre a mi querido papá, que +acababa de ser condecorado. Era para mí un recuerdo doblemente precioso, +y espero que será para ti un amuleto que te dará la felicidad. + +Mientras ella le prendía la cruz al uniforme, Carlos, conmovido por +aquel pensamiento delicado que le unía más estrechamente aún a su +familia de adopción, atrajo hacia la suya aquella querida cara. + +--¡Oh! tía Liette, ¿cómo agradeceré jamás lo que has hecho por mí?... + +--Siendo feliz, hijo mío--respondió Liette con una sonrisa tiernamente +maternal. + +Sí, era feliz, lo era más de lo que él mismo hubiera podido decir +mientras el break que había ido a buscarle, a él y a otros convidados, +rodaba hacia Argicourt. + +En primer lugar, adoraba el Rally-paper, una cacería tan divertida, en +la que la caza no da distracciones. Además el barón era un excelente +camarada, sencillo, cordial y de una amabilidad perfecta. Su mujer era +perfecta y él pasaría un día delicioso. + +¿Un día? + +Digamos el día, el solo, el único día, el día incomparable, casi tan +raro como la flor que brota cada cien años, cuyo perfume no se respira +dos veces; el día en que el cielo parece azul, aunque se esté en otoño, +y en que la naturaleza parece una fiesta aunque los bosques estén de +luto; el día en que, cualquiera que sea la decoración, rico salón, +modesta boardilla, alegre primavera, triste invierno, la comedia, +siempre la misma, es siempre nueva desde hace cinco mil años, puesto que +es el amor el director de escena; el día siempre corto que pasa como una +hora y las horas como minutos; el día en que dos corazones, fundidos en +uno solo no dejan escapar más que una palabra de pesar, la última: + +--¡Ya!... + + * * * * * + +¡Ya! Tal era el suspiro ahogado que oprimía el pecho de los dos jinetes +que volvían lentamente a la cacería en las primeras sombras del +crepúsculo, que no es ya el día y no es todavía la noche, en que el sol +se apaga y las estrellas no se encienden todavía, en que pasa un +escalofrío helado por los seres y las cosas como el adiós de lo que se +va para no volver; en la vaga melancolía de esa estación indecisa que no +es ya el verano y no es todavía el invierno; en la que, por una suprema +coquetería, el aire se hace más tibio y los últimos rayos del sol más +acariciadores; en que la tierra pone sobre su desnudez una alfombra de +tonos bermejos como una inmensa piel de león; en las últimas hojas de +oro pálido o de cobre rojo parecen desprenderse de las ramas como alas +de gigantes mariposas; en que los árboles tienen perfumes más acres; en +que la menor florecilla toma aspecto de reina desterrada, en que el +viento que sopla entre las ramas parece el último murmullo de los nidos. + + Y los dos paseaban + perdidos en los bosques. + +¡Ay! no, no perdidos, y era lástima. ¡Qué hermosura, un paseo sin fin +por alguna selva virgen del Nuevo Mundo, cuyo recogimiento misterioso no +fuese turbado por la irritante llamada de la trompa!... Aun conteniendo +los caballos, como hubieran querido contener el instante fugitivo, +tenían necesidad de dirigirse hacia la cacería... Los dos jóvenes no +participaban del entusiasmo de Alfredo de Vigny: + + Me gusta el son de la trompa + en el fondo de los bosques. + +Con las riendas sueltas, la cabeza inclinada y la mirada pensativa, +ambos se callaban escuchando en el fondo de sí mismos el eco encantador +de las palabras ya dichas y viendo pasar ante sus ojos medio cerrados +los menores incidentes de aquel día inolvidable pronto a rodar al abismo +del pasado. + +Primero, la llegada: en el vasto patio de honor atestado de cazadores y +cazadoras y en el que las casacas rojas y verdes se mezclaban con los +trajes femeninos más o menos chillones, entre la confusión de los +grandes carruajes, el relincho de los caballos y el jurar de los +picadores, la joven se le había aparecido como una castellana de los +antiguos tiempos, bajando lentamente la escalinata, con una amazona muy +sobria recogida en el brazo derecho y la fusta en la otra mano; y todo +lo demás se había borrado para él, que ya no vio a nadie más que a la +mujer amada. ¿Cómo respondió a la acogida calurosa de Gastón de +Argicourt, a la amabilidad de su mujer, a los apretones de manos de unos +cuantos camaradas, al saludo ceremonioso del señor de Candore, al +cordial cumplimiento del viejo general Estry y al vigoroso «shake-hand» +del tío Dick?... Carlos no sabía absolutamente nada. Deslumbrado y +fascinado, no veía a nadie más que a ella ni oía más que su dulce voz, +que le saludaba con un gracioso: «¡Buenos días, mi capitán!» + +¡Dios mío! ¡Qué bonita la había encontrado! + +Tampoco a ella le había parecido mal su brillante uniforme, realzado aún +por la resplandeciente crucecita, y cuando se encabritó su caballo, un +animal resabiado que el señor de Candore le aconsejaba caritativamente +que no montase, el joven había sabido dominarle sin aparente esfuerzo. + +--Se le debía llamar Ragasse--dijo la joven al ver al caballo domado +obedeciendo dócilmente al jinete. + +--¿Por qué?--preguntó el conde. + +--Por nada. Un episodio de nuestras campañas. ¿Se acuerda usted, +capitán? + +¡Si se acordaba! + +No hay nada tan desagradable para un tercero, y para un tercero un poco +celoso, como la evocación de un pasado en que él no ha tomado parte... y +Raúl se quedó muy ofendido... Estábalo también al verse abandonado por +otro, y cuando Eva, con su inconsciente crueldad de mujer, le dijo +amablemente: «Hoy, señor de Candore, su discípula de usted le devuelve +su libertad,» el conde, a pesar de su perfecta corrección, no pudo menos +de responder con un dejo de amargura: + +--¡Plaza a los jóvenes, entonces!... Este caballero asciende por +elección. + +--No, por antigüedad; es un amigo más antiguo que usted--respondió la +joven con vivacidad, aunque corrigiendo con una sonrisa lo que esta +respuesta tenía de desagradable... + + * * * * * + +...¡Después la cacería! La embriaguez de galopar juntos al son de la +trompa que estallaba como una música triunfal, en medio de un torbellino +de jinetes, cortejo improvisado de su felicidad. ¡Ah! qué poco se cuidan +los dos imprudentes, del despecho y de la cólera que dejan detrás... +Tampoco se ocupaban de la mirada celosa que les seguía a través del +espacio ni de los negros pensamientos que señalaban más las ligeras +arrugas de la frente del diplomático, mientras el tío Dick, poco seguro +en su caballo, una plácida yegua digna de un obispo, iba a pegarse a él +esperando sin duda que le prestase un poco de su aplomo. ¡El buen tío +Dick! ¡Cómo hubiera querido Raúl verle en el fondo de un barranco!... + + * * * * * + +...Después, embriaguez mayor todavía, la entrada en la espesura para +encontrar la buena pista; el gozo de encontrarse solo con ella. + +La hubiera seguido así hasta el fin del mundo. + +Y, sin embargo, todo le decía que debía huir de la peligrosa sirena... + +Su razón le gritaba: + +«¡Detente!... no vayas más lejos. El espíritu es fuerte, pero la carne +es débil. Vuelve sobre tus pasos si no quieres dejar pedazos de tu +corazón entre las malezas de los bosques.» + +Su orgullo le gritaba: + +«¡Detente! Principios, honor, deber, todo lo pisotearías. Es rica, y tú +pobre; te debe la vida y no debes abusar de ello. Vuelve sobre tus +pasos, si no quieres dejar un poco de tu dignidad entre las piedras del +camino.» + +Pero su alma cantaba los versos de Musset: + + Yo amo sin esperanza + mas no sin felicidad + la veo y es ya bastante. + +Y esa felicidad fugitiva y efímera, de la que no se llevaría más que el +recuerdo embalsamado, a sus lejanas guarniciones, ¿debía sacrificarla a +un vano escrúpulo?... ¿Qué mal hacía gozando de aquella querida +presencia como se respira una flor, sin cogerla ni tocarla? + + * * * * * + +Después de una galopada bastante larga, la joven se volvió como si +sintiese la ardiente caricia de aquella mirada fija en ella y dijo +riendo, quizá para ocultar su confusión: + +--Creo que nos hemos perdido. + +--En efecto... + +--¿Desea usted mucho encontrar el camino? + +--Haremos lo que usted quiera. + +--Pues, entonces, no quiero. ¿Para qué echar a perder el paseo buscando +papelitos como el pequeño Pucet sus guijarros?... Y él tenía aún una +razón, puesto que al fin del camino estaba la casa de su padre. + +El capitán pensaba enteramente como ella, y, quemando lo que había +adorado, declaró con desenvoltura que el Rally-paper era grotesco y +ridículo... + +--Es perfecto--dijo la joven,--para aquellos a quienes divierte. Yo +prefiero gozar pacíficamente del encanto de los bosques y de la +conversación, mejor que registrar las matas como si estuviese oculto en +ellas algún hurón. + +También era esta la opinión del capitán. + +--Su tía de usted me ha gustado mucho, pero mucho--declaró la joven +americana con esa espontaneidad que tan bien le sentaba.--¿Es hermana de +su madre de usted? + +--No, miss Darling, es sólo mi prima muy lejana. Ese nombre de tía +Liette es una ingeniosa delicadeza suya para engañar mi aislamiento de +huérfano y crear entre nosotros un lazo ficticio más poderoso que muchos +lazos naturales. Quiero a la tía Liette tanto como si fuera mi madre. + +--Y bien se ve que ella le quiere a usted como a un hijo. Son ustedes +los dos muy felices. Yo también me quedé huérfana muy pequeñita, pero no +he tenido segunda madre. Mi tío es excelente y me quiere mucho, pero es +un hombre. Para él, mi dicha consiste en no rehusarme nada, en +satisfacer todos mis caprichos y en prevenir mis menores deseos... Nada +más, y es poco... + +--¡Cómo! ¿Ni una parienta? + +--Sí, parientes... pobres. Sabe usted, capitán, que es uno de los +inconvenientes de la riqueza el ver siempre el gusano roedor que ataca a +los más hermosos frutos. ¡Es tan raro el encontrar un cariño +desinteresado! Usted no ha dudado jamás de un beso de su tía... + +--Y con razón; se lo debo todo... + +--En mí, cada caricia un poco tierna ha ido siempre precedida de una +petición de dinero, una deuda que pagar, una joven que dotar, un sobrino +que establecer... «Hija mía, debías decir a tu tío...» ¡Oh! ya conocía +la fórmula... Por eso mi corazón de niña, ávido de entregarse, se moría +de asco; no he querido ya alrededor de mí más que mercenarios +declarados, con los cuales, al menos, no me llevaba chasco. ¡Es triste! + +--Sí, en eso está el escollo--murmuró el joven oficial.--Lo que atrae a +los unos ahuyenta a los otros. + +--¿Por qué? + +--¿No ha pensado usted nunca en eso, miss Darling? Porque esa duda cruel +que envenena su vida de usted, sería más cruel todavía para los que +creyeran leerla en sus ojos amándola sinceramente. + +--Es verdad, no es fácil obligar a un alma orgullosa. Esto me recuerda +una de las más bellas escenas de Schiller, cuando don Carlos, siendo +niño, quiere en vano obtener la amistad de Posa, niño como él, y choca +con el frío respeto que es debido «al hijo del rey», hasta el día en +que, para vencer su orgullo, se denuncia en su lugar como autor de +cierto atentado contra la dignidad de Felipe, y recibe el castigo +servil destinado al que resulta al fin su amigo. + +--Sí, la escena es hermosa; pero el marqués de Posa, ese modelo de +generosidad, me resulta un poco disminuido aceptando tan fácilmente la +abnegación caballeresca del príncipe. + +--Es usted muy severo. El sacrificio es a veces menos penoso que el +agradecimiento. + +--Habla usted como la tía Liette. + +--Mejor. Quisiera parecerme a ella en todo. + +--«Abnegación, tu nombre es mujer». Pero yo, que no soy más que un +hombre, tengo la quisquillosa susceptibilidad de mi sexo... + +--¿No pediría usted entonces la mano de una heredera?--preguntó la joven +valientemente. + +El capitán bajó los ojos para huir de la clara mirada fija en la suya, y +respondió con acento ahogado, pero firme: + +--No, señorita. + +Hubo un instante de silencio. + +Eva azotaba nerviosamente con la fusta las hojas secas que quedaban +todavía en las ramas muertas... Carlos se mordía el bigote oprimido por +la conciencia de la palabra irreparable arrancada a su conciencia. + +¿Quién sabía? + +Acaso le amaba ya un poco, a él, que la amaba tan apasionadamente... +Acaso su brutal franqueza había helado la florecilla azul de un áspero +frío de invierno. Acaso, al ahogar la declaración que asomaba a sus +labios, había sacrificado a un exceso de orgullo la dicha de Eva como su +propia dicha... Y las hojas caídas no reverdecen más... + +La trompa hizo oír a lo lejos su queja melancólica como un débil +suspiro... De repente atravesó la calle y se deslizó entre las patas de +los caballos un grueso reptil de larga cola y los dos caballos, +asustados, hicieron una huida. Carlos permaneció firme en la silla, pero +Eva fue arrancada violentamente de la suya y cayó al suelo, felizmente +algodonado de musgo. Su grito de pavor fue ahogado por el de su +compañero. Más rápido que el pensamiento, el joven, se tiró del caballo +y levantó en sus robustos brazos a la linda desmayada. + +--¡Eva! ¡Mi querida Eva!--exclamó transportado por irresistible +entusiasmo. + +¿Había Eva perdido completamente el conocimiento? ¿Vibró en su oído +aquella llamada apasionada? ¿Vio a través de sus párpados cerrados +aquella cara alterada e inclinada ansiosamente sobre la suya? ¿Adivinó +la angustia de aquel corazón poseído por ella y que quería en vano +defenderse? + +Un fugitivo rubor coloreó sus mejillas y una sonrisa pareció dibujarse +en sus labios. + +Después de todo era acaso un purpurino rayo de sol que jugueteaba entre +las ramas... + + * * * * * + +Vuelta en sí, la joven declaró valientemente que quería continuar el +paseo, pero en el momento de montar a caballo vio una cosa que relucía +en la hierba pisada. + +Era la crucecita regalo de la tía Liette. + +--No me lo hubiera perdonado nunca, y con razón--exclamó la joven miss +cuando Carlos le explicó el origen de la cruz.--Espere usted que se la +prenda sólidamente. + +Y con sus dedos un poco temblorosos prendió la alhaja de esponsales en +el uniforme de Carlos, como lo hizo sin duda la pobre criolla cincuenta +años antes. + + * * * * * + +¡Ahora podían ya sonar las trompas! + + * * * * * + +Era inútil preguntar a Carlos si estaba contento de aquel día. Su dicha +rebosaba como el champagne en una copa llena, y brillaba en el timbre de +su voz, en el crujido de sus botas y en la antigua casa, poniendo la +alegría en todos los muros y una sonrisa en los seres y en las cosas. El +mismo Breal le seguía con sus ojos de vidrio con tanta complacencia, que +el joven estaba tentado por interpelarle directamente como en los +tiempos en que siendo pequeño le tomaba por confidente de sus sueños +infantiles. + +¡Era dichoso! + +¿Por qué?, hubiera preguntado la fría razón. + +¿Se habían modificado sus ideas en el curso de aquel paseo sentimental? +¿Ponía ya a un lado sus prejuicios? ¿Había pasado la barrera de los +vanos escrúpulos? ¿Se iba a declarar pretendiente de aquella manita +demasiado llena de oro? + +No, seguramente. + +Entonces... ¡Bah! ¿Qué importaba? ¡Qué tonta es la señora Razón +congelada en sus principios e incapaz de comprender... lo +incomprensible! + +No, nada había cambiado en sus proyectos para el porvenir. Eva se +volvería a América y él a alguna guarnición lejana. Probablemente no se +verían más; él envejecería solitario como la tía Liette: ella se casaría +con algún brillante noble o con algún rey del país de los dólares... No +era esta una agradable perspectiva, y, sin embargo, era feliz. + +«El corazón tiene razones que la razón no conoce.» + +--¡La amo!--murmuraba Carlos muy bajito. + +Y el eco le respondía más bajo todavía: + +--¡También te ama ella! + +El que no encuentre estas razones suficientes es que no ha tenido nunca +veinte años. + + * * * * * + +Poseído por la embriaguez de la hora presente, Carlos no miraba más allá +ni pensaba más que en el momento en que debía reunirse de nuevo con su +amada. El señor de Candore había invitado colectivamente a todos los +cazadores presentes en Argicourt a una gran batida en sus bosques en la +semana siguiente. Y el joven oficial no esperaba más que la invitación +particular fijando el día definitivo, cuando la tía Liette le dijo +después de una ligera vacilación: + +--¿Deseas mucho ir a esa cacería? + +¿Si lo deseaba? ¡Oh! sí... + +Carlos la miró muy sorprendido. + +--No te ocultaré, tía Liette, que debo encontrar allí muy buenos +camaradas... + +--¿Y si yo te pidiera que me la sacrificases como querías sacrificarme +la otra?... + +--No podría rehusártelo, pero lo sentiría mucho más. + +--¿Por qué? Apenas conoces al señor de Candore. + +--No es solamente por él, pero sus bosques son, según se dice, muy +abundantes en caza y a mí me gusta mucho esta diversión. + +El joven se embrollaba más y más. + +--En fin, tía Liette, me sería muy penoso el no ir, confesó francamente. + +Por las tranquilas facciones de la solterona se deslizó la sombra de una +duda. + +--Entonces, me es doblemente penoso el insistir, hijo mío, pero te lo +ruego, no vayas a esa cacería--dijo con dulce firmeza. + +Impresionado por su acento, el joven experimentó una vaga inquietud. +¿Había su tía adivinado su secreto? ¿Desaprobaba su conducta? + +--¿Tienes algo que reprocharme, tía Liette?--balbució confuso. + +Liette hizo un gesto de orgullo. + +--¿A ti? No, hijo mío; mis razones son enteramente personales. No me las +preguntes... por el momento. + +Asombrado, Carlos se inclinó discretamente. + +--Está bien, tía Liette, no aceptaré la invitación--dijo ahogando un +suspiro. + +El joven no debía tener este disgusto... + +¿Fue olvido voluntario o involuntario? Ello fue que la invitación no +llegó... + +--Mejor, así no tendrás necesidad de excusarte--dijo la oficinista +tranquilamente timbrando la serie de tarjetas de invitación destinadas a +las personas de los alrededores. + +Pero Carlos no lo veía lo mismo, y se tiraba del bigote, presa de una +sorda irritación. + +Aquello era más que una falta de política por parte de una persona tan +correcta; se veía una intención ofensiva. ¿Por qué? + +El conde no le había sido muy antipático a primera vista. Con el +desprecio inconsciente de la juventud por la edad madura, Carlos no +había podido ver un rival en aquel cincuentón bien conservado... Pero +ahora, pensando mejor en el asunto, recordaba pequeños detalles que +habían pasado inadvertidos: su frialdad intencionada, su hostilidad +transparente, su despecho mal disimulado... y se preguntaba si esta +omisión más o menos premeditada sería un desquite... + +Lo peor era que no podía enfadarse sin ponerse en ridículo. No se puede +provocar a un caballero para obligarle a que nos invite. Había que +tascar el freno en silencio mientras el hábil diplomático ocupaba al +lado de Eva el sitio reconquistado. El joven, a su vez, sufría el duro +escozor de los celos y seguía con mirada de envidia a los convidados más +felices que iban a Candore en carruajes variados. + +¡Qué triste día! ¡Qué lúgubre y largo al lado del anterior, tan corto y +tan radiante y que no tenía continuación! ¡Todo se había acabado! + +Su licencia expiraba dentro de ocho días. Una visita de cumplimiento a +Argicourt, donde tendría acaso la suerte de un encuentro fortuito, de +una entrevista rápida, de una despedida trivial, y nada más. ¡Era poco! +¡Ah! tía Liette, tía Liette... + +No la acusaba, seguramente; debía de tener buenas razones... De otro +modo, ¿le hubiera causado semejante pena con mala intención? + +Porque Carlos había tenido mucha pena, y ella también de rechazo, pero +ella se callaba sabiendo por experiencia que la mano más delicada es +siempre torpe al tocar ciertas heridas... Y las horas pasaban +lentamente; el crepúsculo desplegaba su velo gris por los campos y ya +comenzaba el desfile del regreso. Delante del Correo detúvose un coche y +apareció en el umbral el anciano general Estry. + +--No molestarse--dijo con su franqueza militar,--es la visita de un +amigo que pasa. Quiero felicitar a su tía de usted por el valiente +soldado que nos ha dado. Felicito a usted sinceramente, señorita, he +conocido mucho a su padre de usted, y su sobrino no ha degenerado. +¡Haría falta que hubiera muchas mujeres como usted y muchos hombres como +él... + +Marchose el general, y la madre y el hijo no habían vuelto de su +sorpresa cuando se abrió de nuevo la puerta. Eran dos antiguos camaradas +de Saint-Cyr de guarnición en Noyon. + +--Dispénsenos usted, señorita, pero queríamos absolutamente presentar a +usted nuestros respetos y estrechar la mano del capitán antes de su +partida. Sabe que no tiene más que amigos en el ejército y que puede +contar con nosotros en todas las ocasiones... + +Ni el uno ni los otros hicieron la menor alusión a la ausencia de Carlos +a la cita dada. Y continuó el desfile... + +Cordiales apretones de manos, protestas de estima, señales de respeto, +nada faltó, y el corazón de los que eran objeto de estas manifestaciones +llegó a oprimirse vagamente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué esas muestras +de simpatía que parecían cumplimientos de pésame? ¿Quién se les había +muerto? ¿Qué desgracia les castigaba? + +Un gran ruido de cascabeles, y un break se detiene en la puerta. Los +señores de Argicourt entran a su vez seguidos de Eva, que abraza +valientemente a la tía Liette. + +--Señorita--dice la joven castellana, mientras su marido estrecha una +vez más la mano de Carlos,--tendríamos mucho gusto en ver a ustedes en +Argicourt antes de que se vaya el capitán. Estaremos en toda intimidad; +una comida de familia. No nos rehusarán ustedes este favor, que nos +honrará mucho, y ustedes elegirán día... + +Decididamente, había algo... + +Cuando se marcharon, el joven oficial se puso el abrigo con ademán +nervioso y cogió el sombrero. + +--¿Adónde vas?--le preguntó la tía Liette asustada. + +--A dar una vuelta antes de comer; me ahogo aquí. + +Carlos salió y se alejó a grandes pasos. Quería saber... El sabría... + + * * * * * + +Al llegar a Candore, la primera mirada de Eva fue para buscar al +capitán. Raúl lo echó de ver, y sintió un sordo resentimiento, pero se +contuvo gracias a ese dominio de sí mismo que da la costumbre del +mundo, y siguió mostrando la exquisita cortesía que hacía de él un +perfecto caballero cuando quería tomarse ese trabajo. Neris, por su +parte, acogió a la joven americana con una amabilidad meritoria dados +los proyectos matrimoniales de su sobrino, y estaba hablando +amistosamente con ella de los recuerdos comunes traídos de la Ciudad +Eterna cuando este último fue a interrumpirlos dando la señal de la +marcha. + +Por segunda vez, Eva echó una mirada circular a la multitud de los +cazadores, equipados y armados en razón inversa de su habilidad +cinegética, pues los más temibles para la caza no eran los que tenían +mejor escopeta ni más profundo morral; pero ella no hizo ninguna +profunda reflexión. Carlos se reuniría con ellos, sin duda, en la Cruz +del Pequeño, donde debía empezar la batida. + +Solamente, en lugar de seguir a pie con Jenny y unos cuantos intrépidos, +declaró que prefería el coche, con gran contrariedad del diplomático. + +--No tengo verdaderamente suerte con usted, miss Darling--dijo con +involuntaria acritud.--¡Yo que esperaba hacerle a usted tirar la primera +pieza! + +--No lo sienta usted, porque no la acertaría. + +--Pero, en fin, ¿es que le desagrada a usted mi compañía? + +--Nada de eso, pero prefiero la del señor Neris--respondió con una +sonrisa al anciano, que se quedó encantado;--esta vez no dirá usted: +«¡Plaza a los jóvenes!» + +--Ahí lo tienes, sobrino, no eres bastante viejo--observó el octogenario +con un dejo de malicia. + +El conde se encogió de hombros. + +--Al menos aboga por mí--le dijo al oído. + +Lo que era quizá mucho pedir. + +Además de Eva y el señor Neris, la carretela contenía también al notario +Hardoin y al tío Dick. + +--Un terceto de inválidos respirando un capullo de rosa--dijo +galantemente el anciano Héctor. + +--Hable usted por sí mismo--respondió en tono de protesta el +notario.--Yo mato aún con limpieza una liebre cuando se me antoja, y +pienso festejar mis bodas de oro con mi despacho cuando la señorita +Raynal festeje las de plata con la oficina de Correos. + +Al oír este nombre, un fugitivo rubor coloreó la graciosa cara de Eva. + +--Tiene usted una encantadora vecina--dijo con convicción. + +--¿A quién se lo cuenta usted, señorita?--exclamó alegremente el señor +Neris.--Hace veinte años que este pobre señor Hardoin es fiel a su +despacho por no renunciar a esa preciosa vecindad, esperando que el +mejor día la señorita Raynal se equivoque de puerta y se meta en su casa +para no salir más. Hasta se dice que tiene encima de la mesa un contrato +enteramente redactado en el que sólo falta una firma... + +--Ríase usted, señor Neris. No había más que una mujer para hacerme +abjurar el celibato, y esa se ha quedado soltera... + +--Su sobrino es enteramente... _wery-well_--dijo el tío Dick. + +--Son dignos el uno del otro--afirmó gravemente el señor +Hardoin.--Hubiera deseado tener a la una por mujer y al otro por hijo. + +--Muy exigente es usted, querido; yo me contentaría con tenerle por +sobrino--suspiró el tío de Raúl. + +Eva estaba radiante; sus ojos brillantes y su color animado expresaban +el placer que le causaba la conversación. Así fue que cuando el conde +volvió a la carga renovando sus instancias para hacerla decidirse a +hacer compañía a la juventud, la joven rehusó con viveza y le envió +bastante bruscamente a sus ojeadores, que ya estaban haciendo ruido. + +¡Qué diablo! No sólo hay éxitos en la carrera diplomática y un solo +pantalón rojo vence a veces, nada más que con mostrarse, a las sabias +combinaciones de todos los Talleyrand del mundo. + +Es probable que si la joven miss hubiera vislumbrado el dormán del +capitán al través de las ramas hubiera encontrado de pronto menos +atractivos a la sociedad de los tres inválidos, pero las instancias del +diplomático no tenían el mismo poder. En amor como en la guerra, los más +elocuentes no son los más habladores, y Eva hubiera respondido de buena +gana como Inés: + + Horacio con dos palabras + lo hablara mejor que vos... + +Y falta saber si esas dos palabras eran necesarias... + + * * * * * + +La cacería estaba acabada. De vez en cuando algún tiro aislado como +último eco del tiroteo del día; alguna liebre que saltaba por el llano; +alguna perdiz asustada que rastreaba el surco. + +Carlos no había parecido... + +--¿Por qué?--se preguntaba Eva muy triste. + +¿Sería que su huraño orgullo podía más que su tímido amor? ¿Sería que +aquel valiente tenía miedo de ella y de sí mismo, y, sin fuerza para +afrontar una nueva entrevista, empleaba su valor en la fuga? + +Porque Carlos la amaba, estaba segura. + +Si la duda trataba de insinuarse en su corazón, Eva no tenía más que +cerrar los ojos para volver a ver a aquel varonil semblante ansiosamente +inclinado hacia ella y para oír el eco todavía vibrante de aquel +apasionado: «¡Eva, mi querida Eva!» que hacía estremecerse +deliciosamente todo su ser. + +¿Era, pues, su voluntad más fuerte que su amor? + +Y la joven miss hacía una linda mueca que indicaba un ligero despecho. +Por una vez, ella, que tanto apreciaba a los fuertes, hubiera preferido +un poco de debilidad... Ya el sentimiento que turbaba su alma quitábale +el aplomo, y ella tan valiente, no se atrevía a preguntar. Pero el tío +Dick acercó tranquilamente el fuego a la pólvora. + +--¿Cómo será que no hemos visto al capitán? ¿Se habrá acabado su +licencia? + +--No, señor Darling--respondió el notario con acento distraído,--pero no +estaba invitado que yo sepa... + +--¡Cómo!--protestó vivamente Eva;--fue una invitación colectiva y yo fui +testigo. + +--Entonces no ha sido reiterada. + +--¿Está usted seguro, señor Hardoin? + +--Segurísimo, señorita. + +La cara de la joven se iluminó con una llama. Aquella flagrante falta de +educación, cuyo secreto motivo adivinaba, le hizo el efecto de una +injuria personal a la que se propuso responder duramente. + +Al volver al castillo, donde había preparado un lunch Raúl ofreció el +brazo a su «perversa amiga», que lo aceptó con una espontaneidad de buen +agüero y se dejó conducir al puesto de honor. Pero apenas el conde, muy +entusiasmado, hubo dicho unas cuantas galanterías triviales, la joven le +disparó a quemarropa y en voz tan clara que todo el mundo lo oyó: + +--A propósito, el capitán Raynal no ha recibido invitación, ¿sabe usted? + +Desconcertado por aquel ataque imprevisto, el conde balbució algunas +palabras vagas. + +--Quería advertírselo a usted--prosiguió Eva agresiva,--por si es un +olvido... lamentable... + +--Sí y no, señorita--respondió Raúl picado en lo vivo por aquella +visible ironía. Siento infinito haber privado a usted de un acompañante +a quien parece apreciar mucho... + +--Mucho... + +--Pero por otra parte, lo confieso, le agradezco una reserva muy +indicada en él. + +--¿Por qué? Explíquese usted, si gusta. + +--Hay cosas imposibles de explicar a una señorita. + +Hubo un instante de silencio molesto. + +El señor Hardoin jugaba con el cuchillo, con una enigmática sonrisa en +los labios. + +--Dispense usted, querido conde--dijo gravemente el señor de +Argicourt,--pero usted ha encontrado al capitán Raynal en mi casa y soy +solidario de todos mis huéspedes. ¿Sabe usted alguna historia respecto +de él? + +--No quiera Dios, mi querido amigo--protestó vivamente Raúl, que sentía +ya su torpeza;--creo que es un oficial de mérito, del que no tengo nada +que decir... Pero no es sólo... + +--Creía haber encontrado con frecuencia a la señorita Raynal en casa de +su madre de usted, señor conde--dijo tranquilamente el notario. + +--Y yo siento tener que recordarte que esa persona, por la que profeso +la más alta estima, ha sido la compañera y la amiga de tu mujer, mi +pobre hija--añadió Neris con severidad. + +El conde se mordió los labios. Su celoso rencor le había llevado +demasiado lejos. + +--Tienes razón, tío, no he debido olvidarlo--dijo esperando cortar así +el debate. + +Pero Eva no le permitió esquivarse por esta hábil maniobra. + +--Perdone usted--dijo extendiendo su fina mano como para cortarle la +retirada;--si no comprendo mal, es a la señorita Raynal a la que se +refieren sus insinuaciones... No diré a usted que eso no es digno de un +noble, ni siquiera de un caballero... Pero, ¿no la ha mirado usted +nunca? + +--Dispense usted, señorita, pero la cuestión se extravía a un terreno +muy delicado al que no puedo seguirla. + +--Entonces era preciso no haberme precedido en él. + +La respuesta fue clara y ceñida como un latigazo, y la joven y valiente +miss que así defendía a su sexo fue saludada con un murmullo de discreta +aprobación. + +El conde se inclinó un poco pálido. + +--He hecho mal, lo confieso--dijo no sin nobleza;--he pronunciado +palabras inconvenientes, falta imperdonable en un viejo diplomático, y +pido a usted que me dispense, señorita, dándole gracias por la +lección... que no aceptaría de nadie más--añadió con altanería. + +Quedaba terminado el incidente; pero no por eso dejó de reinar cierto +malestar hasta que se marcharon los convidados. Al despedirse del +conde, el notario Hardoin le dijo con bondad: + +--Si tiene usted curiosidad de conocer la verdad sobre el capitán +Raynal, señor conde, tómese el trabajo de ir el domingo a mi despacho; +necesito justamente un testigo para un acta de adopción. + + * * * * * + +Cuando el señor Hardoin, que había acechado la salida del joven, +aprovechó su ausencia para poner a su vecina al corriente de los hechos +del día, Liette se quedó un instante pensativa y una sombra alteró la +serenidad de su frente. + +--Esto es lo que yo temía--murmuró. + +--Aseguro a usted, querida amiga, que aquello fue para usted la ocasión +de un verdadero triunfo. No hubo ni una nota discordante. + +--¡Ay! sí, una sola, y lo deploro por él y por Carlos. + +--Permítame usted que no me asocie a su pena en cuanto al primero. La +impunidad de ciertos culpables me subleva, y es pan bendito cuando +ellos mismos recogen varas para azotarse. + +--Pero Carlos... + +--¿Qué? ¿No contaba usted con aprovechar su presencia para decirle la +verdad y regularizar su situación? + +--Sin duda, pero no preveía tales complicaciones... + +--Vamos a ver, mi prudente amiga, un poco de calma; no perdamos la +cabeza sin ton ni son. El señor de Candore ha estado... torpe, por no +decir más; ya ve usted si soy indulgente. Si se ha puesto en el caso de +avergonzarse delante de usted y delante de Carlos, peor para él; será un +castigo merecido. + +--No es eso sólo, aunque sea en extremo penoso; pero temo... + +--¿Qué? + +--Todo. Carlos está celoso... + +--¿Del conde? Yo hubiera creído lo contrario, y con razón... Miss +Darling manifiesta tan claramente su preferencia, que no hay necesidad +de ser gran psicólogo para leer en su corazón... + +--¡Y él! Carlos no piensa más que en ella; por esto quisiera evitar a +toda costa un escándalo lamentable... Sin esa funesta rivalidad, ¿quién +sabe? El conde no está absolutamente desprovisto de buenos +sentimientos... Es libre, rico... + +--¿En qué piensa usted, querida amiga? + +--En la felicidad de Carlos. + +--¡Usted, que no quería compartir sus derechos con nadie, ni siquiera +conmigo!... + +--¿Y no había en eso un poco de egoísmo? Hay que querer a los hijos por +ellos, no por uno mismo. Si él tuviese una fortuna, un nombre... + +--Pronto tendrá legalmente el de usted, y es demasiado ahijado mío para +no preferirlo a cualquiera otro. En cuanto a la fortuna... no creo +faltar al secreto profesional confiando a usted que hay alguien que se +interesa por él... y le asegura en su testamento una honrosa medianía... +sin perjudicar a nadie... Esa es la ventaja de ser soltero. + +Liette, enternecida, le estrechó silenciosamente la mano. + +--¡Bah! nada de emoción--dijo el notario con expresión de mal +humor;--eso me quitaría el apetito y acaso perturbara al muchacho, que +probablemente no sospecha nada y va a venir a comer según costumbre. + +Sin embargo, él tampoco estaba muy tranquilo, y cuando vio al fin a su +ahijado, ahogó un suspiro de alivio. + +Carlos estaba tranquilo, casi risueño. + +--¿Tú quoque, padrino?--exclamó con alegría un poco forzada.--Todo el +pueblo se había dado cita en nuestra humilde casa, y usted sólo +faltaba. La verdad es que le estaba a usted esperando con una delegación +de los bomberos. ¿No es usted su capitán honorario? + +--Sí, búrlate, mal muchacho. No se hará jamás bastante público homenaje +a la que tienes el honor de pertenecer... + +--Ciertamente--respondió Carlos con voz un poco alterada. + +Mientras Hardoin, muy verboso, se metía en una larga digresión sobre un +proyecto de fiesta del «Mérito modesto», generalmente desconocido, +Liette seguía con mirada inquieta al joven, que iba y venía en el +comedor como si no pudiera estarse quieto. + +--¿No me había usted dicho que iba el domingo a Argicourt, +padrino?--preguntó de repente, cortando un período que ni siquiera había +oído. + +--¿A Argicourt?... ¡Ah! sí, perfectamente. Un arriendo que renovar. + +--Si usted no tiene inconveniente, aprovecharé su coche para hacer la +visita de despedida al castillo. + +--Concedido, ahijado; si eres bueno, tú guiarás a la Gris. + +Carlos se rió al recordar aquel tiempo ya lejano, y durante toda la +comida se complació en recordar los hechos de su primera infancia con +una animación un poco fingida en la que se descubría un poco de +melancolía. + +Cuando por la noche acababa de meterse en la cama, llamaron suavemente a +su puerta. Era la tía Liette con su candelero en la mano... + +--Esta noche no me has dado un beso, hijo mío--dijo medio en broma, +medio regañando;--sabes que cuando eras pequeño, eso era mala señal; +alguna tontería o alguna pena que ocultarme. No querías mirarme de +frente porque decías que leía en tus ojos... + +Y apoyándose en la almohada, preguntó en tono risueño, desmentido por su +acento angustiado: + +--¿Tontería o pena, hijo mío? + +--Ni lo uno ni lo otro, tía Liette--respondió Carlos en un relámpago de +orgullo. + +Liette no insistió, y después de rozar su mejilla con un beso maternal, +se retiró sin decir una palabra. Pero la bujía temblaba en su mano y las +gotas de cera caían a su paso, pesadas y cálidas como lágrimas. + + * * * * * + +La Gris, con su apacible trote, llevaba por el camino brumoso al anciano +y al joven igualmente preocupados... Para engañarse mutuamente hablaban +de cosas indiferentes con animación ficticia, pero sus pensamientos +estaban en otra parte. Carlos se representaba la escena del día +anterior, cuyo relato le había sido fácil obtener de algunos vecinos +labradores, y subíanle al rostro vapores de cólera. A cada paso tiraba +de las riendas nerviosamente, con gran escándalo de la buena yegua, +acostumbrada a más consideraciones. + +--Trae muchacho--decía entonces el notario,--los militares tenéis la +mano dura. + +¡Dura! nunca lo sería bastante para castigar al que se había atrevido a +tocar a la tía Liette. Rivalidad, celos, todo estaba olvidado y +arrebatado por el viento del ultraje hecho a su madre adoptiva, +sacrilegio al lado del cual parecía todo mezquino y pueril a su culto +filial. En aquel momento era hijo, nada más que hijo, y si de vez en +cuando una blanca silueta que flotaba ante sus ojos endulzaba un poco su +brillo metálico, era que le agradecía el haber ocupado tan bien su +lugar. + +El notario iba pensando en esa justicia inmanente, para la cual no hay +prescripción y que obliga, un día u otro, al deudor insolvente a +remover las cenizas del pasado en que debe encontrar el pagaré en +descubierto. + +--El invierno va a ser crudo este año--decía el uno. + +La cosecha de remolacha no va a ser mala--decía el otro. + +Y la conversación, de la que estaba ausente el pensamiento, continuaba +indiferente y vacía, mientras Liette, en su casa, cumplía su misión +maquinal, con el corazón oprimido por dolorosa angustia. ¿Sabía algo +Carlos? + +La madre adoptiva analizaba sus menores palabras y sus menores gestos... +Carlos parecía tranquilo y contento... Pero evitaba el mirarla... +Además, ¿por qué iba a Argicourt?... La visita de cumplimiento por su +próxima partida y, sobre todo, la presencia de Eva, bastaban para +explicar... Evidentemente, no había para qué alarmarse... + +Y con mano temblorosa, comenzaba una carta para desgarrarla en seguida. + +Si Carlos no sospechaba nada, un paso prematuro podía ser +contraproducente. Más valía no precipitar nada y dejar hacer al señor +Hardoin. Pero, ¿y si sabía algo? ¿Y si él tomaba la delantera mientras +ellos andaban en esas dilaciones? ¿Y si daba un escándalo, provocaba un +encuentro y ella lo sabía demasiado tarde? ¡Dios mío! + +Estremecida por este pensamiento, Liette tomaba la pluma y escribía: + +«Señor conde.» + +Después se detenía de nuevo indecisa y turbada. ¿Qué hacer? + +Estaba dando vueltas en la mente por centésima vez a esta cuestión, +cuando se paró a la puerta una «charrette» inglesa y Eva apareció en el +umbral conmovida y agitada. La joven, sin más preámbulos, se echó en los +brazos de la anciana admirada. + +--¡Oh! tía Liette, tía Liette... + +Y rompió a sollozar... Aquel era el peligro previsto y temido; la hija +del comandante encontró toda su energía para hacerle frente. + +--Vamos a ver, hija mía, ¿qué hay?--preguntó con su dulce firmeza. + +--¡Va a batirse! + +La joven, tímida, no se atrevía a pronunciar su nombre; pero no había +necesidad. + +--¡Oh! los presentimientos de las madres... + +--¿Está usted segura? ¿Quién se lo ha dicho a usted? ¿Cuándo? ¿Cómo? + +--Va usted a oír, tía Liette... ¿Me permite usted que la llame así?... +Eso me tranquiliza... Tengo el corazón tan oprimido... + +--Sí, querida hija mía; vamos, tranquilícese usted y hable pronto. + +--Hoy ha venido a despedirse, pero estaba muy cambiado, muy distraído, +muy preocupado... apenas me miraba... + +--¡Oh! eso es grave, hija mía--dijo la tía Liette sonriendo a pesar de +su tristeza. + +--¿Verdad que sí?--respondió cándidamente la joven miss.--Así fue, que +cuando el señor de Argicourt fue a acompañarle, los seguí con disimulo y +me puse a escuchar... Sé que hice mal, tía Liette... + +Liette le estrechó la mano, como para animarla. + +--Entonces, le oí rogar a su antiguo compañero que le sirviese de +padrino en un lance de honor... a propósito de unas palabras... que +usted ignora sin duda, tía Liette... + +La anciana movió la cabeza. + +No, no ignoraba nada, ni el ataque ni la defensa, y una presión +significativa de sus temblorosos dedos dijo su tierno agradecimiento +hacia su valiente campeón. + +--En una palabra, el señor de Argicourt y el señor de Estry deben de +estar en este momento en casa del señor de Candore para pedirle una +satisfacción. + +--¡Oh! Dios mío. + +--Y he tenido miedo, yo, tía Liette, que no soy sin embargo, una +mujerzuela y comprendo muy bien que un oficial... En su lugar, hubiera +hecho lo que él... Dios protegerá el buen derecho, ¿verdad? Pero por +mucho que me repito todo esto, tengo miedo, tía Liette, y he venido a +usted, que es tan fuerte y tan poderosa, a pedirle un poco de su fuerza +y de su valor... Y es que le amo, tía Liette... No debía decir a usted +esto... pero nunca he tenido madre... + +Y ocultó la cara, que se enrojecía bajo las lágrimas como una rosa bajo +el rocío, en el seno de la anciana enternecida por esta ingenua +declaración. + +--Tranquilícese usted, hija mía; ese duelo no puede verificarse y no se +verificará... + +--¿Quién podrá impedirlo? + +--Yo--respondió tranquilamente la tía Liette. + + * * * * * + +El despacho presentaba una animación inusitada. Los ruidosos +dependientes charlaban a más y mejor a pesar de las llamadas al orden +del principal, un poco distraído él también de su importante tarea. +Desde aquella mañana el notario tenía la cara de los grandes días y no +hacía más que abrir la puerta de su despacho para dar órdenes. Y todo se +volvían idas y venidas del despacho al Correo, por fortuna próximo, como +decía el aprendiz, que de otro modo hubiera estado cocido en obra. +Después había empezado el desfile. Primero el señor Darling y su +sobrina, que habían tenido una larga conferencia con el notario. Después +había sido introducido el capitán Raynal y ahora estaban esperando al +señor de Candore. + +¿Qué significaba todo aquello? + +Un contrato de matrimonio, evidentemente. + +¿Pero con quién? + +¿Con el oficial o con el diplomático? + +--Su corazón se columpia entre los dos--exclamó el aprendiz acechando +desde la ventana la llegada del conde. + +--¡Silencio!--mandó de nuevo el principal. + +--Usted, que es un hombre de peso, ¿cuál es su opinión? + +--Mi opinión es que no la tengo, querido Candore. Evidentemente, un +simple oficial de fortuna no debía pesar en la balanza al lado de un +personaje de la importancia del señor de Candore, noble, rico e +influyente. + +--Un poco farsante--dijo el incorregible empleado. + +--Pero el corazón de las mujeres es un abismo insondable--dijo el primer +dependiente con aire doctoral,--Josefina prefirió Bonaparte a Barras. + +--Y no anduvo descaminada. + +--¡Silencio! Ahí está Barras. + +Entraba el conde, frío y altanero según su costumbre. + +El principal se levantó con deferencia para introducirle en el despacho +del notario, a quien encontró solo con gran asombro suyo. + +--¿Dónde diablos se han metido los otros? + +--Puede que en algún armario--dijo el joven Candore, que había estado en +París y se jactaba de conocer las piezas de Hennequín. + +Pero se calló porque la señorita Raynal entraba a su vez en el despacho. + +--El señor Hardoin está ocupado, señorita. + +--Lo sé, me está esperando... + +La puerta se había abierto, y el notario dejaba paso a Liette, con gran +asombro de los pasantes. + +--Amigos míos, esto huele a quinto acto--exclamó el supuesto +«boulevardier». + + * * * * * + +El conde no había acudido a la cita del notario sin una secreta +aprensión. Un poco molesto ya por la querella que se había buscado con +su inexcusable intemperancia de lenguaje, y en la que veía que no era +el suyo el mejor papel, estaba de un humor execrable y arrugaba +nerviosamente la esquela tan lacónica como urgente llevada al castillo. + +--¿Qué diablos puede quererme?--murmuraba entre dientes. + +--Lo mejor es ir a verlo--dijo sencillamente su tío.--Hardoin es +demasiado formal para molestarte sin motivo serio. + +--¿No te figuras tú lo que es? + +--Es posible--respondió gravemente el anciano. + +Raúl se le quedó mirando con cierta alarma. Cuando se es heredero, las +menores palabras tienen su importancia, sobre todo si se trata de +notario. Raúl se daba cuenta de que el señor de Neris no tenía por qué +elogiarle, ni como sobrino ni como yerno; sus veleidades matrimoniales +habían hecho quizá rebosar el vaso. Al llegar a la cita iba mascullando +estas ideas, pero al ver a la empleada de Correos cambió de repente de +pensamiento. + +¿Habría tenido noticias del encuentro proyectado? + +¿Era aquello un lazo? + +¿Iba a sufrir súplicas y reproches? + +¿Le preparaba alguna escena de melodrama aquel imbécil de Hardoin? + +No le faltaba más que ese ridículo. + +Presa de una viva irritación, saludó con tiesura y se puso a la +defensiva. + +--Señor conde--comenzó el notario en tono ceremonioso,--he rogado a +usted que pasara por mi despacho para una comunicación urgente de parte +de esta señorita. + +Raúl le interrumpió con mucha sequedad: + +--Basta, señor Hardoin, sé de lo que se trata. + +--No creo. + +--Y me va usted a permitir que le diga que su papel en este negocio me +parece un poco inoportuno. No es propio de un notario desfacer entuertos +y representar a Don Quijote... + +Y dio un paso hacia la puerta. + +El notario extendió la mano con autoridad. + +--Perdóneme usted, señor conde, pero no creo tener que aprender los +deberes que ya ejercía con honor cuando usted estaba en la cuna. + +--Sí--dijo el conde un poco dulcificado;--sé que es usted un antiguo +amigo; pero hay cuestiones que no son de su competencia. Si se tratase +de un acta notarial, en hora buena. + +--No se trata de otra cosa--declaró Hardoin sencillamente. + +Raúl se detuvo desconcertado. Ya no comprendía. + +--He aquí los hechos--expuso metódicamente el notario.--La señorita +Raynal aquí presente, recogió, hace cerca de veinticinco años, a un niño +huérfano de madre y abandonado por su padre. Esta señorita le prestó su +nombre, pero hoy quiere dárselo legalmente y ha creído, por consejo mío, +que debía consultar con usted previamente. + +--¿Conmigo?--exclamó el diplomático estupefacto y en tono de +protesta.--¿A título de qué? + +--A título de padre--respondió fríamente el notario. + +Raúl paseó sus ojos extraviados del semblante impasible del uno a la +bella y triste cara de la otra. + +--Esto es una locura, dijo. + +El digno notario desdobló un papel amarillento con el sello de +Inglaterra. + +--Aquí tiene usted la partida de nacimiento de Raúl Carlos, nacido del +matrimonio que contrajeron irregularmente en Inglaterra miss Juana +Dodson y el conde Raúl de Candore. + +--Y vea usted el telegrama dirigido a la señorita Blanca de Candore en +el día de su boda, y que me acuso de haber interceptado para evitarle +un dolor inútil--añadió sencillamente la empleada. + +El conde leyó maquinalmente: + +«Señorita, el hombre con quien se va usted a casar es mi esposo ante la +ley inglesa y el padre de mi hijo, que pronto no tendrá ya madre. Juana +Dodson.» + + * * * * * + +...Aquella era la venganza de Liette. + + * * * * * + +Había ahorrado lágrimas a Blanca; y a Raúl el escándalo, a costa de una +falta profesional, duro sacrificio para aquella hija de soldado, esclava +de la disciplina. + +Había salvado a la madre de la desesperación y a su hijo del abandono; +gracias a ella, la pobre abandonada se había extinguido suavemente, sin +odio y en la paz del perdón, encomendando su alma a Dios y su hijo a +Liette, y durmiéndose confiando en los dos... + +Su confianza no debía ser defraudada. Sin vacilación ni +desfallecimiento, Liette había recogido esa pesada herencia; había +reemplazado al padre desertor, había abierto al huérfano sin familia su +puerta, sus brazos y su corazón; había hecho de él un hombre, y ya que +no la vida, le había dado su alma. + +Y había hecho eso sencillamente, sin cuidarse de las falsas +interpretaciones ni de los comentarios injuriosos que pudiera provocar +su conducta, y era tal la fuerza de aquella apacible virtud y de aquella +incomparable dignidad, que en el círculo estrecho y malévolo de las +comadres de provincia, ni una palabra, ni una insinuación la habían +rozado. ¡Había sido preciso que fuese Raúl!... El... ¡Oh!. + + * * * * * + +Aterrado por aquella revelación repentina que hacía vibrar las fibras +embotadas de su corazón ya seco, el noble, tan frío, tan correcto de +ordinario, cedió a la influencia generosa del momento con el impulso de +la primera juventud y confesó sus faltas, sus penas, sus remordimientos, +acusándose con una vehemencia en que entraba un poco de fatuidad de +haber hecho dos desgraciadas: Juana y Liette. + +Bajo las cocas argentinas de la solterona se deslizó una débil sonrisa. + +--Tranquilícese usted, señor conde, al menos en cuanto a la última--dijo +con sencillez.--He amado mucho, apasionadamente, puedo confesarlo a mi +edad... Pero el hombre a quien he amado no es usted. Era un príncipe +encantado, creado completamente por mi imaginación de colegiala +retrasada que pide demasiado a la vida, porque la ignora... Yo no tenía, +sin embargo, esta excusa... Hoy, dispuesta a bajar la otra vertiente, me +detengo un instante en la cima de la colina y no siento en mí ni cólera, +ni amargura, ni pena, pues entre las piedras y las malezas he encontrado +algo mejor que la florecita azul con que sueñan las jóvenes, he +encontrado el reflejo de cielo que Dios pone en la mirada de los +niños... Creo que había nacido para eso; no puedo guardar a usted rencor +por haberme dado un sobrino que ha realizado todas sus promesas de usted +y cumplido todas mis esperanzas. Las cualidades imaginarias de que yo +dotaba a mi héroe, él las tiene realmente, y le debo tantos goces que +casi tengo que estarle a usted agradecida. + +--Debemos estárnoslo el uno al otro--dijo el conde profundamente +conmovido,--por lo que ha hecho usted y por lo que quería hacer aún. +Pero es a mí a quien corresponde ofrecer a usted y a él la única +reparación posible. Ha redactado usted un acta de adopción, señor +Hardoin; no tiene usted más que cambiar una palabra. Yo dejaré a mi hijo +mi nombre y mi fortuna. + +Esta vez fue Liette quien palideció. Había, sin duda, deseado +ardientemente esta solución justa y natural en interés de su hijo +adoptivo, y sin embargo... En el dolor atroz y profundo que le retorció +el corazón e hizo brotar las lágrimas en sus ojos comprendió la feroz +sublevación que se apodera de las madres a quienes se arranca su hijo. +El notario, sin responder, abrió la puerta de la derecha. + +--Ya ha oído usted, capitán; usted es quien debe decidir... + +Al ver a aquel guapo y altivo oficial que era su hijo, el conde +experimentó una sensación desconocida, un irresistible impulso de +orgullo paternal. Dio un paso adelante con los brazos abiertos, pero +Carlos se inclinó, muy pálido, y dijo con voz ahogada: + +--Caballero, no puedo ya pedir a usted reparación ni quiero aceptar +ninguna. Mi madre ha muerto; procuraré olvidar el nombre de su verdugo, +lo que quiere decir que no puedo llevarle. Y, con una especie de +violencia, atrajo hacia su pecho a la tía Liette desfallecida. + +--Tú, que me lo has dado todo, dame también tu nombre; ten la seguridad +de que no seré ingrato. + +El señor de Candore sintió que le subía a la cara una oleada de sangre; +pero la conciencia de su culpa pudo más que su orgullo herido. + +--He merecido esto, y no puedo quejarme ni vituperar a usted, +caballero... Pero a usted me dirijo, señorita; abogue por mi causa, que +es también la suya... Conozco sus esperanzas, y puedo ayudarle a +realizarlas... No me niegue usted esta satisfacción, la única que +conviene a mi edad. + +--¡Es verdad!--dijo Liette turbada;--reflexiona; hijo mío... ¡La amas +tanto! + +Carlos cerró los ojos para huir de la visión tentadora. + +--No--respondió con energía,--no quiero la dicha a ese precio... + +--Y yo no quiero llamarme la señora de Candore, sino la señora de +Raynal... + +La puerta de la izquierda se había abierto a su vez, y Eva se adelantaba +valientemente hacia el joven admirado. + +--Me ha declarado usted--le dijo,--que no pediría jamás la mano de una +heredera, capitán; soy yo quien pide la de usted... + +Y mientras Carlos, loco de amor, se atrevía apenas a estrechar aquella +manita adorable, que se entregaba espontáneamente a él, Eva rodeó con el +otro brazo el cuello de la solterona enternecida y dijo cariñosamente: + +--Usted quería adoptar un hijo, tía Liette; adopte dos... Tiene usted el +corazón bastante ancho para ello. + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Liette, by Arthur Dourliac + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE *** + +***** This file should be named 29901-8.txt or 29901-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/9/9/0/29901/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Liette + +Author: Arthur Dourliac + +Release Date: September 3, 2009 [EBook #29901] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<p class="cun15"> BIBLIOTECA DE «LA NACION» </p> + +<h3>ARTHUR DOURLIAC</h3> + +<h1>LIETTE</h1> + +<p class="c"><img src="images/001.png" alt="logo" height="78" width="75" /></p> + + +<p class="c"><b>BUENOS AIRES<br /> +1907</b></p> + + +<p class="c">Imp. y estereotipia de <span class="smcap">La Nación</span>.—Buenos Aires.</p> + +<hr class="full" /> + +<p class="liette">LIETTE</p> + +<hr /> + +<p>Liette se asomó al balcón y paseó su mirada un poco turbada por los +sitios en que iba a desarrollarse su vida. A sus pies la plazuela +rectangular plantada de tilos, a cuya sombra iban a hacer su partida los +jugadores de pelota, entre los bancos de piedra desgastados por el uso +de tantas generaciones, a los que el abuelo tembloroso iba a calentar su +reuma pensando en el tiempo lejano en que iba allí a jugar al marro y al +paso, y al lado de la fuente rústica de murmullo cristalino en la que el +cansado caminante iba a apagar la sed y las jóvenes habladoras a llenar +sus cántaros charlando.</p> + +<p>En el fondo, la iglesia de inseguras piedras, de vidrios rajados y de +campanario oscilante, pero que conservaba, sin embargo, la imponente +majestad de las cosas del pasado y aplastaba con su altura a la nueva +alcaldía blanqueada y a la cual estaba aneja la escuela.</p> + +<p>A la derecha el letrero hereditario que anunciaba el despacho del +notario Hardoin, tercero de este nombre.</p> + +<p>A la izquierda la bandera tricolor que flotaba por encima de la +Gendarmería Nacional.</p> + +<p>El Correo estaba así guardado entre el órgano de la ley y sus +defensores.</p> + +<p>En la calle se agrupaba el «alto comercio», del pueblo: merceros, +tenderos de comestibles, carniceros y taberneros; y después una larga +fila de cabañas bajas y ahumadas, apretadas las unas contra las otras +como pájaros frioleros, y separadas de vez en cuando por las altas +tapias y la puerta cochera de alguna granja rica, que hacía más sensible +todavía la miseria de sus humildes vecinas.</p> + +<p>Más allá el campo con sus verdes praderas, sus dorados trigos y sus +bosques frondosos, y, mucho más allá, en un marco de vegetación +exuberante, un castillo señorial con sus ladrillos rojos, sus +torrecillas de pizarra que brillaban al sol saliente, sus ventanas +ojivales y sus balcones de hierro forjado, como esas joyas del +Renacimiento que esmaltan las orillas del Loira.</p> + +<p>Estábase sin embargo lejos de allí, y todo lo más, hubiérase podido ver +las orillas del Oise, pues era en este departamento donde se encontraba +el castillo de Candore y el pueblo del mismo nombre y donde Julieta +Raynal acababa de ser nombrada empleada de Correos con mil doscientos +francos de sueldo.</p> + +<p>El campo dormido estaba envuelto en una ligera bruma como un velo de +desposada, y la joven pensaba en el tiempo pasado con la mirada perdida +en el horizonte y la mejilla apoyada en la mano.</p> + +<p>Allá, en lo más lejano de sus recuerdos, veía el patio de la casa mora, +muy largo, muy largo, un vasto desierto que atravesar para sus +piernecitas... Y Julieta permanecía temerosa, agarrada a la falda de su +madre, mientras que en el otro extremo un hombre, con las manos +extendidas, sonriendo bajo su fino bigote y dulcificando la voz +acostumbrada al mando, le gritaba:</p> + +<p>—Valor, Liette.</p> + +<p>Entonces, a la llamada de «papá,» la niña, dejando el refugio materno, +se lanzaba tambaleándose por el patio, vacilando en los primeros pasos, +pero sostenida por el acento firme y tierno del soldado que repetía: +«Valor, Liette» y se arrojaba sobre su gruesa bota que enlazaba +estrechamente entre sus brazos.</p> + +<p>Recordaba después la alegría de ser levantada como una pluma y +estrechada contra el uniforme bordado de oro, y de sentir en la frente y +en el cuello el cálido beso del joven padre.</p> + +<p>—¡Bien, Liette, eres valiente...</p> + +<p>Después su infancia errante por las guarniciones, recorriendo la Francia +y las colonias, del Norte al Mediodía, del Este al Oeste, marcando cada +etapa por un galón más.</p> + +<p>Después, ya muchachita de cabello menos largo y trajes menos cortos, +apoyándose en el brazo de papá (pues ya le da el brazo). Y la niña se +estira toda gloriosa, sin notar las miradas de admiración de los +oficiales al hacer el saludo militar.</p> + +<p>Pero papá las nota y sonríe, halagado en su orgullo paternal.</p> + +<p>El oficial está orgulloso de su hija, pero ¡cuánto más lo está la hija +de su padre!...</p> + +<p>Comandante a los treinta y ocho años, pronto coronel, general acaso... +¡Y quién sabe si irá a recoger del otro lado del Rhin el «bastón» que ya +no brota en tierra francesa!</p> + +<p>«¡Señor Mariscal!»</p> + +<p>¿Por qué no? ¿Dónde se detienen los sueños de una cabeza de dieciséis +años?</p> + +<p>Después la brusca parada en vísperas de ascender a coronel; la parálisis +a consecuencia de una insolación que venció al brillante oficial, a él, +a quien las balas enemigas habían dejado en pie.</p> + +<p>Después la despedida al regimiento, a la vida activa y brillante, el +retiro, la enfermedad, la miseria...</p> + +<p>Raynal no tenía más que su sueldo. Se había casado con una criolla sin +fortuna, que tenía apenas el dote reglamentario, pero de gustos de +duquesa, de muy hermosos ojos y de cerebro de pájaro.</p> + +<p>Coqueta, gastadora e incapaz de una idea seria, era un lindo juguete, +gracioso y seductor en alto grado, pero tan poco hecho para las luchas +de la vida como una figurita de Sajonia.</p> + +<p>Acostumbrada a descansar en su marido para todos los cuidados +materiales, no pensó siquiera en tomar el timón en la mano y dejó que el +barco privado de su capitán se fuese a pique.</p> + +<p>El enfermo tiró dos largos años, el tiempo necesario para agotar los +últimos recursos, y sucumbió más a la angustia mortal que le dominaba +ante el porvenir de las personas queridas que al sufrimiento físico.</p> + +<p>Consoló a su mujer desesperada y casi loca, sonrió a su hija, que +ocultaba silenciosamente las lágrimas y, murmurando una vez más, como +cuando era pequeña, «¡Valor Liette!,» expiró.</p> + +<p>¡Liette iba a tener necesidad de valor!</p> + +<p>Por fortuna, era valiente y, sin debilidad ni indecisión, hizo frente a +la desgracia.</p> + +<p>Dejando a su madre lamentarse inútilmente o mecerse en peligrosas +quimeras, puso sin tardar manos a la obra, apeló a sus relaciones, +multiplicó los pasos, pidió poco para obtener algo, y, después de +tribulaciones, decepciones y penas que hubieran desanimado a un alma +menos valiente, fue nombrada para ese humilde puesto objeto de su +ambición.</p> + +<p>¡Era la salvación!</p> + +<p>Sin hacer caso de las quejas de su madre sobre la inferioridad de la +posición, la escasez del sueldo y la tristeza del país, «un agujero en +el que se iban a morir de aburrimiento,» Julieta la calmó dulcemente +como a un niño, más aún por sus caricias que por sus palabras, y la +buena señora acabó por declarar que estaba pronta, por su hija, a todos +los sacrificios.</p> + +<p>Aquella condescendencia, de la que en realidad era Liette quien hacía +todo el gasto, hubiera hecho sonreír sin la absoluta necesidad de la +supuesta abnegación maternal.</p> + +<p>Habían llegado el día antes y habían pasado la noche como pudieron en +medio de una aglomeración de muebles y paquetes que recordaba los +antiguos cambios de guarnición.</p> + +<p>La de Raynal tenía la pasión, particularmente funesta en la mujer de un +militar, de los cachivaches tan molestos como inútiles y costosos.</p> + +<p>En el curso de sus peregrinaciones, había reunido muestras variadas de +la fauna, la flora y la industria de las diversas latitudes, y esto +formaba una mezcolanza heteróclita de objetos sin nombre que rabiaban de +verse juntos; calabazas, samowar, babuchas turcas, zuecos normandos, +gaitas bretonas, zancos landeses, huevos de avestruz, etc. etc., más una +colección de animales disecados; lagartos, gacelas, monos, loros, +marmotas...</p> + +<p>La viuda quería a aquellas «reliquias» como a las niñas de sus ojos y +por nada del mundo las hubiera reemplazado con objetos menos frívolos y +más necesarios.</p> + +<p>En aquel bazar cosmopolita, que lo mismo parecía una tienda de prendería +que la de un guerrero apache, la excomandanta se agitaba y se revolvía +embrollándolo todo, mandando sin ton ni son y aumentando la confusión y +el desorden.</p> + +<p>Por fin, sucumbiendo al cansancio, consintió en meterse en la cama y +Julieta aprovechó aquel respiro para arreglar sumariamente su primera +instalación.</p> + +<p>Todo fue saliendo del caos bajo su mano inteligente. Los grandes muebles +estaban en su sitio, las cortinas colocadas, las alfombras puestas, y +el pobre alojamiento tomó un aspecto casi coqueto.</p> + +<p class="puntos">Después de unas horas de descanso, acababa de levantarse con el alba +para terminar la tarea mientras su madre dormía todavía. Pero asomada a +la ventana, se olvidaba por qué estaba allí, perdida en reflexiones +dulces y tristes al mismo tiempo, vuelta melancólica del pasado +radiante, aspiración vaga hacia un porvenir que la esperanza, esa vivaz +flor de la juventud, le mostraba, si no dichoso, al menos tranquilo y +pacífico.</p> + + + +<p>El campo se despertaba al salir el sol, un ligero estremecimiento +agitaba la hojarasca, una nube de insectos volaba de nidos invisibles y +en el resplandor de los primeros rayos de oro los pajarillos se elevaban +en los aires.</p> + +<p>Cantó el gallo, mezclando su nota clara al ladrido de los perros; las +ventanas chocaron contra los muros; los zuecos sonaron en el suelo; el +cuerno del boyero hízose oír en el extremo del pueblo, el hombre +apareció, y, saliendo de cada puerta con paso tranquilo y lento, las +vacas fueron una a una a engrosar el rebaño levantando una nube de +polvo.</p> + +<p>Por una rara asociación de ideas, aquel cuadro campestre evocó a los +ojos de la joven la vuelta del escuadrón después del ejercicio de la +mañana.</p> + +<p>Las trompetas la llamaban, y ella corría alegre y presurosa a saludar al +guapo oficial, que era su padre, y cuyo caballo negro se paraba bajo el +balcón, para que ella respondiese al saludo de «papá».</p> + +<p>De pronto se echó hacia atrás, confusa y avergonzada...</p> + +<p class="puntos">Un elegante jinete acababa de desembocar en la plaza, y al sorprender a +la joven sonriendo a su ensueño, se detuvo y, maquinalmente, se quitó el +sombrero.</p> + +<p class="puntos">Julieta cerró vivamente la ventana y se apresuró a dedicarse a los +cuidados de la casa. Pero mientras daba vueltas en sus ocupaciones, no +pudo menos de pensar más de una vez en aquel desconocido que era el +primero que había saludado su despertar en su nueva existencia.</p> + + + +<p>La familia de Candore, cuyos antepasados habían tenido derecho de alta y +baja justicia en el territorio de ese nombre, se componía de tres +personas: la condesa y sus dos hijos, Blanca y Raúl.</p> + +<p>La señora de Candore, sencillamente de la familia Neris, era hija de un +riquísimo comerciante de lanas y había cambiado el millón de su dote con +la partícula que le llevó su marido por toda fortuna. De un orgullo de +emperatriz y gran señora hasta las uñas, hizo pronto olvidar la modestia +de su origen.</p> + +<p>Para decir verdad, al ver al conde pesado y grosero, noble campesino, +más campesino que noble, y a su mujer elegante, distinguida y altanera, +no se adivinaba de qué lado estaba la alianza desventajosa ni cuál de +los dos se había «encanallado».</p> + +<p>El señor de Candore no había heredado más que el blasón de sus abuelos y +su prodigalidad. Tiraba el dinero por las ventanas como un verdadero +gran señor, y el millón del buen Neris se deshizo pronto entre sus +manos. La muerte del comerciante le volvió a poner a flote por algún +tiempo, pero iba seguramente a ahogarse, cuando un accidente de caza le +envió al otro mundo y salvó el patrimonio de sus hijos.</p> + +<p>Pero le había reducido mucho, y la viuda se hubiera visto en la +imposibilidad de sostener su categoría sin el generoso apoyo de su +hermano, que pasaba por un soltero endurecido y muy rico, el cual, +después de una juventud bastante tempestuosa, se había decidido de +repente a hacerse virtuoso por cariño a su hermana o por cualquier otro +motivo, y hacía ahora penitencia bajo la férula de la severa Hermancia, +que le dominaba como a un muchacho, aunque la llevaba quince años.</p> + +<p>El señor Neris no tenía más herederos que sus sobrinos, a quienes quería +tiernamente, sobre todo a la sobrina, deliciosa criatura que le hacía +soportable la vida a que se había resignado benévolamente, demasiado +rígida para un antiguo calavera.</p> + +<p>A Raúl le manifestaba una afectuosa indulgencia de la que él abusaba en +grande.</p> + +<p>—¡Bah! son cosas de jóvenes; yo he sido así—respondía a los reproches +agridulces de su hermana con más pesar que arrepentimiento.</p> + +<p>Gracias a sus larguezas, el joven, agregado a la embajada de Londres, +pudo hacer anchamente la gran vida inglesa, hasta el punto de que su +salud se resintió y tuvo que pedir una licencia prolongada.</p> + +<p>Poniendo a mal tiempo buena cara, Raúl aceptó bastante filosóficamente +aquel retiro, aunque Candore no le ofrecía gran variedad de diversiones +permitidas... o no. La caza, la pesca, la equitación y el whist en +familia, a esto se limitaban poco más o menos las primeras; en cuanto a +las segundas, cero.</p> + +<p>—Verdaderamente, esto es un poco severo, tío; mi madre te condena a una +existencia de cartujo—decía riendo el diplomático en disponibilidad.</p> + +<p>El tío suspiraba, en realidad, a no dedicarse a las pastoras, de lo que +le acusaba a veces su hermana, el excalavera no podía hacer de las +suyas.</p> + +<p>La rígida Hermancia no se rodeaba más que de caras ingratas y un tanto +estropeadas; cambiaba constantemente de institutrices y la última, una +joven inglesa, había estado a punto de volver a pasar el canal de la +Mancha, a pesar de los mejores certificados, porque no realizaba +suficientemente el tipo clásico atribuido a las pobres «misses».</p> + +<p>—¡Es, sin embargo, bastante fea!—dijo Raúl protestando y englobándola +en su aversión a las hijas de Albión, cuya vista solamente le daba el +«spleen».</p> + +<p>En realidad Juana Dodson tenía un talle elegante y flexible, manos y +pies razonables, muy hermosos cabellos, un cutis deslumbrador y hasta +hubiera sido bonita sin unos horribles anteojos verdes que la +desfiguraban y que no se quitaba jamás... ni para dormir, insinuaba +maliciosamente su discípula, lo que le había servido de salvoconducto +con la severa castellana.</p> + +<p>Pero, desgraciadamente, los anteojos no bastaban para su seguridad, y +aquella misma mañana había habido una explicación bastante viva entre la +señora de Candore y su hermano a propósito de la institutriz.</p> + +<p>—Te aseguro, querida Hermancia, que no he pensado nunca en hacer la +corte a miss Dodson.</p> + +<p>—Calla, calla, Héctor, eres incorregible.</p> + +<p>—Pero...</p> + +<p>—¿Crees que estoy ciega?</p> + +<p>—Te repito...</p> + +<p>—No, no, Héctor, no puedo soportar esto; es un ejemplo deplorable y +escandaloso para mi hijo...</p> + +<p>—¿Raúl?... ¡Bah!</p> + +<p>El tío hizo un gesto que quería decir que estaba perfectamente enterado +de la virtud de su sobrino.</p> + +<p>—Y es una ofensa para Blanca.</p> + +<p>Esta vez la frente del anciano se ensombreció, y dejando el tono ligero +que había tenido hasta entonces, dijo:</p> + +<p>—Hazme el favor de creerme incapaz de tal cosa.</p> + +<p>—No pido otra cosa, Héctor—respondió más dulcemente la condesa,—pero +tu asiduidad a las lecciones de miss Dodson hacen murmurar.</p> + +<p>—Raúl está siempre presente; no falta a una lección.</p> + +<p>—¿También tú lo has notado?—dijo vivamente la madre.</p> + +<p>—Sin duda, pero eso no prueba que se ocupe más que yo de esa pobre +miss...</p> + +<p>—¡Oh! no es la miss la que me alarma por él.</p> + +<p>—¿Qué quieres decir?</p> + +<p>—Hemos sido muy imprudentes no previendo lo que sucede...</p> + +<p>—¿Qué es ello?</p> + +<p>—Lo que debía fatalmente suceder. Esos dos muchachos, jóvenes, guapos y +educados libremente como hermanos... sin serlo... debían necesariamente +llegar a experimentar el uno por el otro sentimientos poco fraternales.</p> + +<p>—¿Crees que Raúl ama a Blanca?—preguntó Neris con ansiedad.</p> + +<p>—Estoy segura, y hemos sido muy locos al no pensar en ello.</p> + +<p>—¡Dios mío!</p> + +<p>—Sin esa imprevisión imperdonable, no hubiera ciertamente educado a +Blanca aquí con él.</p> + +<p>—¡Oh! no sientas lo que has hecho, Hermancia; no sientas haber salvado +a tu hermano de la desesperación...</p> + +<p>—Ya ves, sin embargo, lo que me cuesta y a lo que nos expone ese +instante de debilidad: el reposo de mi hijo y el de Blanca comprometidos +acaso para siempre. ¡Pobre niña!... A ella es sobre todo a quien +compadezco; la vida le resultará muy difícil. El mundo condena +implacablemente en los hijos las faltas de los padres. Es injusto, pero +es así. He reflexionado en esto muchas veces, pensando en el momento en +que habrá que casar a esta niña a la que tanto quiero. ¡Cuántos +obstáculos, Dios mío! He pasado revista a todos los pretendientes +posibles, y los que más nos convendrían son los que más vacilarán.</p> + +<p>—Sin embargo, mi yerno...</p> + +<p>—Tu yerno lo será también de una figuranta de Drury-Lane a quien has +hecho la locura de dar tu nombre y que era indigna de llevarle. Muchas +familias lo pensarán mucho.</p> + +<p>El anciano bajó la cabeza ante esta evocación brutal de un triste pasado +que él hubiera querido enterrar en el olvido.</p> + +<p>Cuando después de una separación escandalosa se refugió en casa de su +hermana con una niña todavía en la cuna, resto de aquel lamentable +naufragio, aceptó sin dificultad y hasta con una especie de alivio las +condiciones de la condesa, que exigió que Blanca pasase por hija suya y +que no se hablase jamás de la madre, a quien se negaba a reconocer por +cuñada.</p> + +<p>—Mi mujer ha muerto; es inútil hablar de ella—dijo Neris haciendo un +esfuerzo.—Pero mi hija Blanca es inocente y debes tener piedad de ella.</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Puesto que esos muchachos se aman, habría un medio muy sencillo, si tú +quisieras: casarlos, y Blanca seguiría llamándote su madre.</p> + +<p>—¿Cómo puedes pensar tal cosa?</p> + +<p>—Es un gran sacrificio... Pero tú serás buena con mi pobre hija... Te +quiere tanto... No la rechaces, te lo suplico.</p> + +<p>—Yo también la quiero, y si no se tratase más que de mí... ¡Pero el +mundo y sus prejuicios! Raúl puede perjudicarse en su porvenir y en su +carrera, y yo también soy madre, amigo mío.</p> + +<p>—Te comprendo, pero, en fin, Raúl tiene los gustos de mi clase y una +situación honrosa que reclama muchos gastos, que yo puedo sufragarle, +muy feliz de agradecer así la felicidad que mi hija os deberá a los dos.</p> + +<p>La condesa se levantó.</p> + +<p>—Ya hablaremos de esto, hermano mío. No hay prisa y tenemos tiempo de +pensarlo... Reflexionaré... Pesaré mis sentimientos y mi razón.</p> + +<p class="puntos">—Cuento sobre todo con tu corazón.</p> + + + +<p>Una vez sola, la de Candore tuvo una sonrisa de triunfo.</p> + +<p>—El cascabel está puesto, dijo. Con tal de que Raúl no le quite... +Ahora lo urgente es despedir a la institutriz.</p> + +<p>Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del +caballo, Raúl volvía a Candore soñando con el perfil que había +vislumbrado un instante en la ventana abierta y tan pronto vuelta a +cerrar.</p> + +<p>Las pocas noticias adquiridas por los dependientes en casa del notario +Hardoin no habían hecho más que aumentar su curiosidad y, mientras +seguía con mirada distraída las espirales azuladas que flotaban delante +de él como una ligera nube, iba evocando la delicada silueta que se le +había aparecido en un marco de follaje a través de la bruma matutina.</p> + +<p>—¡Raúl!</p> + +<p>Una voz suplicante que vibró a su oído y una mano febril que se apoyó en +el caballo le arrancaron a aquel turbador pensamiento.</p> + +<p>El joven hizo un gesto de mal humor.</p> + +<p>—¡Usted, Juana! En verdad, es usted imprudente...</p> + +<p>—No se trata ya de prudencia, Raúl; debes ahora advertir a tu madre que +estamos casados, que soy tu mujer.</p> + +<p>—Al oír estas palabras se dibujó una imperceptible sonrisa bajo el fino +bigote del joven.</p> + +<p>—¡Bah! Cálmese usted, hija mía, y espere para contarme eso a que +estemos libres de oídos indiscretos. La carretera no es realmente el +lugar más a propósito para las confidencias.</p> + +<p>Echó pie a tierra, se puso en un brazo las riendas del caballo y, sin +ofrecer el otro brazo a su compañera, se metió en las espesuras que +rodean al parque y dio unos cien pasos en silencio seguido por la joven +temblorosa y agitada y que, con el corazón oprimido por aquel tono de +burla, trataba en vano de contener dos gruesas lágrimas que rodaban bajo +sus anteojos azules.</p> + +<p>Era una cálida mañana de verano. La sombra de los árboles de ramas +extendidas como una inmensa cortina tamizaba los rayos del sol, la +atmósfera tibia y húmeda tenía una dulzura penetrante, hundíanse los +pies blandamente en el espeso musgo que algodonaba el suelo, y solamente +los pajarillos ponían sus notas melancólicas y tiernas en el silencio de +los bosques.</p> + +<p>Llegaron a un claro lleno de verdor y acribillado por las flechas de +oro del ardiente astro. Un majestuoso círculo de hayas gigantescas, que +formaba una especie de barrera, los protegía contra toda sorpresa.</p> + +<p>Raúl se detuvo junto a un banco de musgo y dijo:</p> + +<p>—Estamos en lugar seguro. Siéntate, querida mía y cuéntame tus +infortunios, que estoy pronto a vengar como galante caballero. ¿Mi +hermana te ha hecho rabiar? ¿Mi madre te ha puesto mala cara o mi tío +demasiado buena?</p> + +<p>—La señora de Candore ha despedido a la institutriz de su hija, Raúl; +acaso acogerá a la mujer de su hijo.</p> + +<p>—¡Oh!</p> + +<p>Hubiera sido difícil adivinar el sentido exacto de esta exclamación; +irritación, pesar, despecho, descontento contra los demás y contra sí +mismo, había un poco de todo esto.</p> + +<p>En cambio, ni sombra de enternecimiento ni de piedad había en su mirada +seca.</p> + +<p>Púsose a mascullar nerviosamente el cigarro y a azotar con el látigo las +florecillas, cuyas tiernas hojas se desparramaban por el suelo +desgarradas y marchitas.</p> + +<p>Juana, mientras tanto, lloraba bajito y profería hondos sollozos que +agitaban sus hombros. Habíase arrancado los horribles anteojos y +arrojándolos a sus pies en un gesto de cólera, y sus hermosos ojos, +claros y transparentes como el agua del mar, aparecían anegados en +lágrimas y fijos en el joven con una desesperada angustia.</p> + +<p>¡El callarse hubiera sido demasiado cruel!</p> + +<p>El joven, pues, le dijo tomándola afectuosamente las manos y atrayéndola +hacia su pecho hasta sentir latir su corazón:</p> + +<p>—Vaya, vaya, querida hija mía, ¿quieres secar esas lágrimas y +responderme cuerda y razonablemente? ¿No estoy aquí yo, tu protector, tu +marido? Cuéntamelo todo en detalle.</p> + +<p>—¿Qué quieres que te diga, Raúl? Tu madre me ha echado.</p> + +<p>—¡Echarte! La palabra es fuerte y seguramente impropia... Cuando +conozcas mejor las finuras de la lengua francesa...</p> + +<p>—Echarme o despedirme, todo es lo mismo—dijo Juana con sorda +vehemencia.</p> + +<p>—Pero, en suma, ¿qué ha pasado entre mi madre y tú?</p> + +<p>—La señora de Candore me ha dicho sencillamente que por motivos +personales, estaba precisada a privarse de mis servicios.</p> + +<p>—¡Diablo!—exclamó Raúl mordiéndose el bigote.</p> + +<p>—¿Qué va a ser de nosotros?</p> + +<p>Aquel nosotros pareció molestar un poco al conde, que dijo reprimiendo +un movimiento de impaciencia.</p> + +<p>—No hay que exagerar. Es un incidente lamentable, pero que no debe +alarmarnos gran cosa. Bien sabes que te amo y que no te abandonaré. +Tengo que volver muy pronto a Inglaterra, y sólo se trata de una +separación momentánea.</p> + +<p>—¡Separarnos!—murmuró Juana muy pálida.</p> + +<p>—Es preciso; no puedo interceder por ti con mi madre sin confirmar sus +sospechas... Si es que no tiene más que sospechas. Por otra parte, no +puedes estar eternamente al lado de Blanca como institutriz.</p> + +<p>—No, pero puedo estar como hermana y como tu mujer. ¿No estamos +casados?</p> + +<p>—Sin duda, sin duda, pero estaría muy mal elegido el momento para +semejante confesión.</p> + +<p>—Sin embargo, Raúl, no podemos tardar más. Mi dignidad y la tuya no +sería lo único que sufriría... Hay que hablar a tu madre, es preciso...</p> + +<p>Sorprendido por aquella vehemencia que contrastaba con su apariencia +débil y delicada, Raúl la interrogó con la mirada.</p> + +<p>Confusa y ruborizada, Juana se acercó más estrechamente a su marido y +pronunció muy bajito unas palabras.</p> + +<p>Raúl soltó una exclamación que nada tenía de satisfecha, y con las +cejas fruncidas y la expresión dura y descontenta, separó casi rudamente +a la pobre mujer.</p> + +<p>—¡No nos faltaba más que esto!—masculló el joven entre dientes.</p> + +<p>Prodújose un penoso silencio.</p> + +<p>Por fin, haciendo un esfuerzo para disimular su violenta contrariedad +bajo el barniz mundano, dijo Raúl con sonrisa forzada:</p> + +<p>—Es una gran noticia, que acaso sea buena... No me atrevo a declararlo, +pues va a crearnos serias complicaciones. ¡En fin! no importa; ese +pequeño personaje no dejará por eso de ser bienvenido...</p> + +<p>—¡Oh! Raúl...</p> + +<p>—Solamente, querida, la necesidad de tu partida se impone más que +nunca. Tu presencia haría más difícil la confesión de nuestro casamiento +y aumentaría el enfado de mi madre.</p> + +<p>—¿Lo crees así?</p> + +<p>—Estoy seguro. Lo mejor es por lo tanto aprovechar las circunstancias +que nos evitan el trabajo de buscar un pretexto. En cuanto expire mi +licencia iré a reunirme contigo a Londres, y desde allí anunciaremos a +mi madre nuestro matrimonio y el nacimiento de nuestro hijo. La segunda +noticia hará pasar la primera y nos ahorraremos una escena penosa.</p> + +<p>—Sin embargo... si la señora de Candore se negase...</p> + +<p>—Nada es posible contra los hechos consumados. ¿No eres mi mujer?</p> + +<p>—El otro día oí al notario señor Hardoin afirmar que un matrimonio +hecho en el extranjero en esas condiciones, es nulo...</p> + +<p>—¡Hardoin! bonito oráculo... Fuera de la venta de carneros o del precio +de un arrendamiento, no sabe una palabra de nada...</p> + +<p>—Pero...</p> + +<p>—Vamos a ver, amiga mía, ¿tienes más confianza en Hardoin que en mí?</p> + +<p>Juana rodeó con sus brazos el cuello de su marido en un impulso +desesperado, y exclamó:</p> + +<p>—No, Raúl, quiero creer, creo en ti... Si no creyera me moriría o me +volvería loca.</p> + +<p>Alarmado por su exaltación, el joven trató de calmarla con frases +cariñosas y palabras tiernas, acaso sinceras, pues era ante todo el +hombre del momento y la pobre criatura hubiera conmovido a un corazón de +piedra.</p> + +<p>—Tranquilízate, mi querida Juana. Es una prueba momentánea, una +separación muy corta seguida de una eterna unión y de una dicha sin +nubes. Por mi parte me resigno fácilmente a separarme ahora de ti, +pensando que también se separa otro...</p> + +<p>—¿Tengo realmente la felicidad de que estés celoso?</p> + +<p>—¡Lo confieso con rubor! Me hace daño el ver sin cesar a mi tío +pisándote los talones.</p> + +<p>—Te engañas, Raúl; te juro que el señor Neris no me ha mostrado jamás +más que una benevolencia paternal.</p> + +<p>—¡Hum!... En fin, habrá perdido el tiempo, y por mucho que digan, mal +de muchos...</p> + +<p class="puntos">Raúl había eludido hábilmente la cuestión, y la pobre niña, engañada con +aquellos fingidos celos, no pensó más que en justificarse, olvidando sus +propias ofensas y sus secretas aprensiones.</p> + + + +<p>La semana siguiente dejó Juana el castillo de Candore, triste pero +resignada, llevándose con la débil prenda de su amor el recuerdo del +pasado y la promesa consoladora del porvenir.</p> + +<p>Cuando el tren pasó por la linde del parque se agitó un pañuelo en una +portezuela, pero Raúl, en pie en su ventana, con un cigarro en la boca, +no respondió siquiera a aquel tímido adiós y una vez que el último vagón +hubo desaparecido en una nube de humo, lanzó un suspiro de satisfacción +y dijo:</p> + +<p>—¡Al fin!...</p> + +<hr /> + +<p>Un estreno es siempre penoso.</p> + +<p>Preguntádselo al pintor que expone su primer lienzo, al poeta que +publica sus primeros versos, al abogado que defiende su primera causa, +al actor que desempeña su primer papel.</p> + +<p>Y ante esos, al menos, la esperanza del triunfo abre un horizonte +radiante y la fe en el porvenir hace olvidar las angustias del presente. +Pero en la medianía, en la vulgaridad de la vida corriente, cuánto más +angustioso y más penoso es ese momento de interrogación sin la más +pequeña aureola de consoladoras quimeras...</p> + +<p>En el colegio, el brutal despertar del «Nuevo» caído del nido familiar, +en el cuartel la primera llamada del «quinto» arrancado a su aldea, la +primera clase de la pasanta en su pupitre, el primer día de la criada en +su fogón, del aprendiz en su taller, del dependiente en su tienda, del +meritorio en su oficina, ¡qué calvario! Es imposible decir las mil +flechas invisibles, los choques dolorosos, las heridas ocultas y +resumidas en esta sola palabra:</p> + +<p>¡Un estreno!</p> + +<p>Mientras que la señora de Raynal, muy atareada, subía de la cueva al +desván, visitaba el jardinillo y la casa, tan modestos el uno como la +otra, empujando los muebles, revolviendo los armarios, vaciando los +baúles, registrando los paquetes, lamentándose por la pérdida presumida +de algún chisme heteróclito, más sentido cuanto menos valía; mientras +aturdía a la zafia criada que abría unos ojos y unas orejas tamaños ante +aquel desembalaje de objetos desconocidos y de nombres raros, como +samowar, checchia, etcétera. Mientras ella gemía por la estrechez de la +casa, por la orientación defectuosa de las habitaciones, todas al Norte, +y la fealdad de los papeles chillones, Julieta estaba en su oficina +oyendo en silencio las explicaciones de la empleada saliente, la +señorita Beaudoin, solterona impenitente que se había puesto amablemente +a su disposición, pero que no limitaba desgraciadamente sus buenos +oficios a lo referente a los «Correos y Telégrafos» y añadía un curso +variado de economía doméstica, de conveniencias mundanas y de moral de +las familias, mas un compendio histórico y biográfico de Candore y sus +habitantes, sin olvidar la presentación obligatoria de todos los que +asomaban la nariz por la ventanilla, y Dios sabe qué desfile era +aquél...</p> + +<p>Nunca había reinado en el pueblo semejante fiebre epistolar, a juzgar +por el número de contribuyentes que iban a pedir sellos y tarjetas +postales.</p> + +<p>—Sabe usted, hija mía, la vida es aquí muy barata—decía con +volubilidad la buena solterona;—la manteca a una peseta la libra... +¿Las hojas de sellos? Aquí, en este cajón... Se hace una visita a las +personas notables, el alcalde, el cura, el notario... ¿Los libros de +libranzas? Aquí, en este cajón de la derecha... No le servirán a usted +de mucho, como no sea el notario; los campesinos no confían casi sus +escudos al Correo; de vez en cuando unas pesetillas al muchacho que está +en el ejército... Tendrá usted su silla en la iglesia; es más barato y +está mejor visto... El cura es un buen hombre... Los del país no son +devotos, pero tampoco contrarios; no la miran a una mal porque vaya a +misa... La vecindad con el notario y con los gendarmes tiene algún +inconveniente para una joven, pero no olvidando lo que una debe a su +sexo, los demás no tienen tampoco ganas de olvidarlo... Candore es más +importante que el pueblo cabeza de partido, y tenemos un hospital, +donación del difunto conde, un verdadero pródigo, que devoraba el dote +de su mujer, pero buen sujeto... El hijo es más orgulloso, que se parece +a su madre en lo tieso, aunque la buena señora no se llame más que +Neris... Su padre era tratante en lanas, y su hermano podría bien +hacerle bajar los humos, pues son sus escudos los que danzan en el +castillo... Buena persona también el señor Héctor, pero le aconsejo a +usted que le tenga a distancia, pues es muy comprometedor para las +jóvenes... ¡Hablo por experiencia!... (La experiencia debía de remontar +muy lejos).</p> + +<p>Liette escuchaba con paciencia esta charla, solamente interrumpida por +alguna breve pregunta o por la voz gangosa de alguna comadre que metía +el hocico por la ventanilla como si fuera a arrancársele.</p> + +<p>—Buenos días, señorita Beaudoin... Dispénseme usted si la molesto, pero +necesito un sello de dos sueldos.</p> + +<p>¡Qué suma de curiosidad en ese sacrificio de diez céntimos arrancados a +la rapacidad campesina!</p> + +<p>Liette, sin parecer echarlo de ver, hacía silenciosamente su oficio, +mientras la exempleada le susurraba al oído:</p> + +<p>—La tendera de la esquina, una mujer muy lista.</p> + +<p>Y otras veces:</p> + +<p>—La mujer del carretero, una verdadera chismosa.</p> + +<p>—La granjera del Quejigal, una ricacha, pero más mala que un dolor...</p> + +<p>La huérfana sentía pesar sobre ella todas aquellas miradas +inquisitoriales que investigaban su sencillo traje, inventariaban su +pobre mueblaje y observaban sus menores gestos con la astuta +malevolencia de los rurales para con «los de la ciudad».</p> + +<p>Y los pasantes del notario, desde el «principal» hinchado de +importancia, hasta los escribientillos maliciosos y granujas, la miraban +descaradamente.</p> + +<p>¿Y la charla desconfiada de los paletos, a cuyos dedos ganchudos costaba +tanto trabajo soltar las libranzas y contaban y recontaban las monedas +de plata alineadas delante de ellos?</p> + +<p>¿Y las conversaciones de las criadas que respondían a las jeremiadas de +la viuda del otro lado de la valla?</p> + +<p>Todo esto producía a la joven empleada una sensación de malestar y de +repugnancia.</p> + +<p>Ella, cuya aurora se había levantado bajo el radiante sol de África, al +toque de las cornetas y entre el brillo de los uniformes; que había +crecido en una atmósfera de gloria y heroísmo, oyendo el relato de +luchas caballerescas y de combates fabulosos, como Sidi-Brahim y +Mazagran, ¡qué obscuro, mezquino y vulgar le parecía el presente!</p> + +<p>A pesar de su ánimo, experimentaba una especie de cansancio y de +abatimiento.</p> + +<p>Después del gran gasto de energía de los últimos años, la fuerza +nerviosa que la había sostenido hasta entonces la abandonaba al llegar +al puerto.</p> + +<p>La inagotable verbosidad de la exempleada, las quejas lamentables de su +madre, el repique continuo de la campanilla incesantemente agitada, las +caras desagradables, hipócritas o malhumoradas, que se sucedían sin +interrupción en la ventanilla, esos mil pequeños detalles irritantes por +su vulgaridad misma, enervaban su alma, tan fuertemente templada sin +embargo, y bajo la calma aparente de sus maneras y la sonrisa forzada de +su cara, gruñía una sorda rebelión, una angustia conmovedora como la +llamada del desgraciado que se ahoga.</p> + +<p>De repente se abrió la puerta de la oficina, empujada por una fuerte +mano.</p> + +<p>Y apareció en el umbral, haciendo el saludo militar, el cartero del +pueblo, un veterano de bigote gris y cuya blusa azul estaba estrellada +por la cruz de honor.</p> + +<p>—El tío Marcial, un soldadote nada cómodo—murmuró la antigua empleada.</p> + +<p>Pero Liette no la oyó.</p> + +<p>Como un rápido relámpago que desgarra la noche sombría, como un rayo de +sol que hubiese disipado la niebla que se amontonaba en torno de su +mente, aquella repentina aparición, que evocaba la gloria del pasado, +dio valor a la hija del soldado para la lucha, para el trabajo y para el +deber.</p> + +<p>Y cuando el buen hombre vació delante de ella su saco de telegramas, le +echó una mirada de agradecimiento y le dijo:</p> + +<p class="puntos">—¡Gracias!</p> + + + +<p>En seguida se puso valientemente a la tarea.</p> + +<hr /> + +<p>Fiel a las tradiciones de las nobles castellanas, cuyos usos y +costumbres hubiera hecho revivir de buena gana, la de Candore recibía +todos los domingos al cura y al notario, comensales obligados del +castillo.</p> + +<p>El primero, a quien ella trataba con toda la deferencia respetuosa +debida a los más simples curas en las casas de los más orgullosos +representantes de la aristocracia, era un hombre gordo, borroso y +linfático, sin vigor físico ni moral, cuidadoso ante todo de su reposo, +que trataba de vivir bien entre el antiguo y el nuevo señor, es decir, +entre el castellano y el alcalde de Candore, y que a fuerza de repetir +«Bienaventurados los mansos», no veía otra cosa en el Evangelio.</p> + +<p>Por el contrario, el segundo, al que la condesa llamaba siempre «mi +querido tabelión» con cierto aire de protección, olvidando que el abuelo +Neris había sido jardinero en casa del abuelo Hardoin, era, a pesar de +sus patillas grises, un cincuentón tan verde de espíritu como de cuerpo +y cuyas respuestas, de una bondad maliciosa, hacían a veces rechinar los +dientes como una manzana agria. Rara vez, y por mil razones, estaban los +dos de acuerdo, y la diversión favorita de Raúl era hacerlos regañar +sobre un asunto cualquiera y ver la cara asustada del cura ante las +réplicas agridulces del notario.</p> + +<p>Aquella noche, mientras tomaban café en el terrado adornado de naranjos +y adelfas y Blanca descifraba en el piano un nocturno de Chopin, +estaban discutiendo la cuestión de una nueva institutriz y la de Candore +se quejaba vivamente de la dificultad de hallar una reemplazante para +miss Dodson.</p> + +<p>—Observo, señora condesa, que pasa con esa como con las otras—hizo +observar tranquilamente el notario tomando un polvo de rapé;—siempre +las echa usted de menos cuando se han marchado, y tiene usted razón.</p> + +<p>—Permítame usted no ser absolutamente de su opinión—dijo tímidamente +el cura;—esa joven, seguramente apreciable, tenía un defecto capital +para una familia católica: su herejía.</p> + +<p>—¡Bah! no era por Blanca por quien era de temer su influencia—murmuró +el notario con expresión de duda echando una mirada al tío y al sobrino +que estaban fumando apoyados en la balaustrada.</p> + +<p>—¿A quién se lo cuenta usted, mi querido tabelión? Eso es lo que hace +ser mi elección tan delicada. La fealdad es generalmente desagradable y +limitada; la vejez maníaca y enfermiza; en cuanto a la juventud... +soportable, el ensayo no me ha salido muy bien.</p> + +<p>—Tú ves el mal en todas partes, Hermancia—dijo Neris sin volverse.</p> + +<p>—Lo veo donde está, y, desgraciadamente, tú no me dejas equivocarme.</p> + +<p>—¿Acaso esa señorita ha dado lugar a la maledicencia?—preguntó el cura +alarmado.</p> + +<p>—Nada de eso, señor cura; su alejamiento es una simple medida de +prudencia en su propio interés.</p> + +<p>El señor Neris se encogió de hombros con impaciencia. Raúl siguió +fumando con una flema enteramente británica.</p> + +<p>—En una palabra, está usted sin institutriz y le hace falta una.</p> + +<p>—No veo la necesidad—interrumpió Blanca que, después de dar +precipitadamente el último acorde, había abandonado el instrumento de su +suplicio y venía a tomar parte en la conversación.</p> + +<p>—Desgraciadamente, tú no tienes voz en el capítulo, hermanita.</p> + +<p>—Ni tú tampoco. Testigo miss Dodson, a la que no podías sufrir.</p> + +<p>—Lo confieso.</p> + +<p>—¿Y usted, señorita?</p> + +<p>—Yo estaba bien dispuesta para con ella; pero parecía un poco +envidiosa... sin duda porque yo no tenía anteojos.</p> + +<p>La joven se echó a reír agitando los rizos que revoloteaban en torno de +su frente.</p> + +<p>—¿No siente usted, entonces, que se haya marchado?</p> + +<p>—Realmente, sí. Se sabe lo que se deja, pero no lo que se toma; y ya +que mi querida mamá no me juzga capaz de gobernarme yo sola...</p> + +<p>—A los dieciséis años es un poco pronto, querida.</p> + +<p>—¡Bah! la edad no importa nada. Estoy segura de que haría menos +disparates que Raúl, ¿verdad, señor Hardoin?</p> + +<p>—Me recuso, señorita, aunque tengo gran confianza en su alta sabiduría.</p> + +<p>—Si es para usted un cuidado tan grande, señora condesa, ¿por qué no +pone usted a la señorita Blanca en el Sagrado Corazón de Noyon?—propuso +el cura.</p> + +<p>—¿Por qué no en la escuela? Eso no es amable, señor cura... ¿Quién iba +entonces a azucararle a usted el café?</p> + +<p>—Crea usted, querida señorita...</p> + +<p>—Por otra parte, yo me opondría formalmente,—declaró Neris con +calor;—esta niña no se ha separado nunca de nosotros y no es ahora, +cuando su educación está casi acabada...</p> + +<p>—¡Bravo, tío! En primer lugar, no podrías pasarte sin mí.</p> + +<p>—¡Querida niña!</p> + +<p>—Es ya tarde, en efecto, señor cura, para someter a Blanca al régimen +del colegio, que al lado de ciertas ventajas, presenta serios +inconvenientes desde el punto de vista de las maneras y de las +compañías. Y, sin embargo, esta niña está un poco sola y necesitaría una +amiga más que una maestra, aunque no fuera más que unas horas al día...</p> + +<p>—Es lástima, mamá, que no vivas en la ciudad—insinuó como al descuido +Raúl:—allí encontrarías fácilmente una institutriz que, sin vivir en +casa, iría a dar a mi hermana unas cuantas lecciones ya muy suficientes.</p> + +<p>—Ese sería el ideal.</p> + +<p>—Desgraciadamente, en un agujero como éste es imposible.</p> + +<p>—Se engaña usted, señor conde.</p> + +<p>—¿Cómo es eso?</p> + +<p>—Tiene usted a mano el ideal soñado, señora condesa. La nueva empleada +de Correos, provista de todos los diplomas, tiene la intención, según me +ha dicho, de utilizar las horas que tiene libres, y hasta me ha rogado +que le busque discípulas en Candore o en los alrededores.</p> + +<p>—¿Verdaderamente?—dijo el conde haciéndose el asombrado como si no +hubiera visto con sus propios ojos el letrero pegado al cristal del +Correo:</p> + +<p class="c" +style="font-size:large;font-weight:800;padding:3%;">LECCIONES DE PIANO<br /> +DE INGLÉS Y DE FRANCÉS</p> + +<p>—¿Es persona recomendable?—preguntó la condesa.</p> + +<p>—Ciertamente, y de las más interesantes—respondió el +notario;—mantiene a su madre con su trabajo y merece la estima de +todos.</p> + +<p>—¡Qué calor, querido Hardoin!—dijo Raúl riendo.—¿Será capaz de +hacerle a usted renunciar al celibato?</p> + +<p>—¡Oh! yo soy como el señor cura; me limito a casar a los demás.</p> + +<p>—¿Es bonita?—preguntó con curiosidad la muchacha.</p> + +<p>—No la he visto todavía—respondió el joven diplomático con un soberbio +aplomo.</p> + +<p>—Es muy distinguida—dijo el notario.</p> + +<p>—Y tiene además un aspecto modesto y decente—apoyó el cura.</p> + +<p>—¿Cómo se llama?</p> + +<p>—Julieta Raynal; su padre era oficial superior.</p> + +<p>—¿Raynal?... Espere usted, he conocido un capitán de ese nombre en un +viaje a Argelia... y una vez hasta me salvó la vida...</p> + +<p>—¿En un encuentro con los árabes, tío?</p> + +<p>—No, señor burlón, en un encuentro con un león.</p> + +<p>—¿Ha cazado usted fieras, señor Neris?</p> + +<p>—No, querido amigo, yo fui cazado por ella... Un día, me había +retrasado en el campo y me iba a pie a Sidi-Bel-Abes, cuando vi detrás +de mí la sombra de un animal que tomé por un gran perro, por un ternero +escapado de algún rebaño, ¿qué sé yo?, del que no volví a ocuparme +más... Aquel animal me siguió paso a paso y al llegar a mi hostería +estaba literalmente pisándome los talones... Impaciente, quise alejarle +de un puntapié... Y un rugido que no daba lugar a ninguna duda respondió +a esta imprudente familiaridad. Tartarín tomó un burro por un león; yo +tomé un león por un burro. No soy un rayo de la guerra, pero, en fin, he +hecho lo que he podido... Pues bien, usted me creerá, si quiere, señor +cura, al oír la imponente voz del rey del desierto comprendí estas +palabras del Profeta: «Se estremeció mi alma y los pelos de mi cuerpo se +erizaron.» Helado de espanto e incapaz de hacer un movimiento ni de +pedir socorro, creía ya sentir los dientes de la fiera cuando desde una +ventana abierta me gritó una voz:</p> + +<p>—Baje usted la cabeza.</p> + +<p>Obedecí maquinalmente.</p> + +<p>Silbó a mi oído una bala, un segundo rugido desgarró el silencio del +crepúsculo y el terrible animal, dando un salto enorme, cayó muerto a +mis pies... Mi salvador era un joven oficial de cazadores, casado con +una preciosa criolla y padre de una deliciosa niña, que podría ser bien +la persona en cuestión, si es la misma familia...</p> + +<p>—Las apariencias coinciden maravillosamente; la madre de la empleada de +Correos ha nacido, en efecto, en la Martinica y su difunto padre sirvió +en África.</p> + +<p>—Mejor. Por muy cortas que fueran nuestras relaciones, conservo de +ellas un encantador recuerdo y me alegraría mucho de poder ser útil a la +hija.</p> + +<p>—No hay que apresurarse, Héctor, te lo ruego—observó la castellana.</p> + +<p class="puntos">Su hermano hizo un gesto de mal humor y, recostándose en su butaca, se +abandonó al penetrante encanto de los recuerdos de la juventud, más +dulces cuanto más se aleja uno de ellos, mientras la de Candore, +entregada a sus averiguaciones, hacía sufrir al cura y al notario un +verdadero interrogatorio del que Raúl no perdía palabra sin dejar de +hacer rabiar a su hermana.</p> + + + +<p>El resultado de su diplomacia fue que la semana siguiente Julieta Raynal +daba su primera lección en Candore ante la mirada severa de la condesa, +benévola de Neris e indiferente, al menos en apariencia, del joven +conde.</p> + +<hr /> + +<p>Julieta iba ya todos los días al castillo, donde todo el mundo le hacía +la más simpática acogida.</p> + +<p>Blanca estaba encantada de su institutriz. En lugar de la cortedad y de +la violencia involuntaria que se traslucían a pesar suyo en las maneras +de miss Dodson, encontraba en Julieta una gracia perfecta, un benévolo +abandono, y se unía estrechamente a ella con todas las fuerzas afectivas +de un corazón de dieciséis años ávido de darse.</p> + +<p>La joven huérfana, por su parte, experimentaba una infinita dulzura en +aquella cándida confianza de la bonita niña que iba ingenuamente a ella +como a una hermana mayor.</p> + +<p>Delicada y débil, verdadera sensitiva bajo su exuberante alegría, la +muchacha tenía una ardiente necesidad de afecto, una especie de ternura +inquieta y enfermiza que hubiera querido satisfacer en el seno materno.</p> + +<p>La de Candore no era su madre, y por mucha que fuese su buena voluntad, +su naturaleza seca y altanera era incapaz de comprender esas +aspiraciones y esos ímpetus del alma. Su solicitud se limitaba al ser +físico y descuidaba el ser moral.</p> + +<p>Y la niña, en su necesidad de ternura, se refugió en seguida en los +brazos amigos de Julieta.</p> + +<p>La condesa se dignaba aprobar esa amistad. Muy pronto tranquilizada por +la reserva llena de dignidad de la empleada de Correos, había +prescindido de todo temor quimérico, juzgando que las menores +intentonas galantes serían rechazadas con pérdidas.</p> + +<p>Por lo demás, Neris no manifestaba a la joven más que un interés +paternal, justificado por el recuerdo de sus relaciones con el +comandante.</p> + +<p>Julieta no había encontrado todavía a Raúl en el castillo.</p> + +<p>Por otra parte, por muy galante que le supusiera la de Candore, temía +mucho más a los encantos reales de la joven inglesa que a la belleza +discutible de su reemplazante.</p> + +<p>Julieta, en efecto, no era lo que se llama bonita, a pesar de su perfil +de camafeo, su tez mate y sus grandes ojos negros. Las luchas que había +tenido que sostener, y el cuidado de su responsabilidad, habían +comunicado a sus facciones una gravedad precoz, la expresión viril de la +dulce firmeza que le venía de su padre y que él animaba en otro tiempo, +cuando era pequeña, repitiéndole entre dos besos.</p> + +<p>—Liette no tiene miedo; Liette es valiente.</p> + +<p>Lo era, en efecto, con toda la fuerza del término, y, como un soldado +que sube valientemente al asalto, iba derecha a su objeto, sin mirar a +derecha ni a izquierda, con la vista fija en esta querida divisa para +todo el que tiene el culto del honor.</p> + +<p>«¡Haz lo que debes!»</p> + +<p>La de Candore, seducida por aquel carácter, que no era para +desagradarla, la había proclamado una persona perfecta, no completamente +linda, pero completamente distinguida.</p> + +<p>En efecto, la distinción era su marca soberana; al más modesto empleo, a +la más humilde función llevaba ese aplomo superior de los que tienen +conciencia de no rebajarse nunca.</p> + +<p>Esa actitud le había hecho algún daño con los buenos habitantes del +pueblo, acostumbrados al modo de ser de la antigua empleada, cuya +oficina era el punto de cita de todas las comadres y la caja de Pandora +de donde se escapaban todas las maledicencias que florecían igualmente +en el pueblo y en el campo.</p> + +<p>La Beaudoin, al retirarse después de treinta años de servicios, se había +jactado de continuar gobernando los «Correos y Telégrafos» bajo su +sucesora, «una persona tan joven y tan inexperimentada a la que sería +caritativo guiar y aconsejar.»</p> + +<p>Pero, aunque con perfecta cortesía, Julieta había respondido de tal modo +a sus reiterados ofrecimientos, que la solterona, desengañada, se había +eclipsado prudentemente llevándose en su retirada a las concurrentes +habituales de la oficina, a quienes la nueva empleada desconcertaba por +su clara mirada y por la exquisita política de su: «¿Qué desea usted, +señora?»</p> + +<p>—Tiene cara de ser orgullosa, decían.</p> + +<p>No era orgullo, sino indiferencia.</p> + +<p>Aquella hija de soldado, tan duramente herida por la suerte y que se +sometía sin quejarse a las más rudas tareas, conservaba alto el corazón +y alta la frente, por simple atavismo.</p> + +<p>Su alma noble y su espíritu elevado se cernían por encima de las +miserias de su condición material; pero si empleaba una gracia sonriente +en su ruda labor, una vez acabada su tarea huía de las mezquindades de +lo vulgar para empaparse en las fuentes eternas del Ideal, de la Poesía +y del Arte.</p> + +<p>Tenía una biblioteca pequeña, pero escogida; era excelente profesora de +música, pintaba con gusto y su alma entusiasta se regocijaba con los +admirables paisajes que la rodeaban.</p> + +<p>Su mejor recreo era ir con su madre a sentarse en el campo y tomar +croquis de los sitios pintorescos o bien abismarse en algún ensueño de +Lamartine o de Hugo mientras que la indolente criolla dormitaba mecida +por la armonía de los versos y acariciada por el ardiente beso del sol +que le recordaba su país.</p> + +<p>A veces Liette se detenía pensativa al ver dos novios que se dirigían +lentamente al pueblo o algún robusto labrador que hacía saltar +alegremente en sus brazos algún mofletudo muchacho.</p> + +<p>Una vaga melancolía nublaba un instante la pura radiación de sus grandes +ojos... A los veinte años estaba acabada su juventud y, solterona antes +de tiempo, seguiría estando sola, sin apoyarse jamás en el brazo de un +esposo, sin inclinarse nunca hacia la dulce carita de un niño, sin otra +criatura a quien proteger que aquella madre infantil de la que hubiera +podido decir con un escritor célebre:</p> + +<p>«Mi madre es una niña que yo tuve cuando era pequeña.»</p> + +<p>Su vida se deslizaría en la monotonía del trabajo diario y del negro +cuidado de la existencia, más negro todavía cuando estuviese sola. Y, en +un impulso de ternura inquieta, que asustaba a la descuidada criolla, la +besaba locamente repitiendo:</p> + +<p>—¡Oh! querida mía, no me dejes, no me dejes jamás...</p> + +<p>—Pero si no tengo semejante intención, hija mía—respondía la buena +señora despertándose un instante de su sopor;—ciertamente este país no +me gusta gran cosa; es frío y feo; pero una madre debe sacrificarse +siempre por su hija, y me resigno sin quejarme.</p> + +<p>Si el sacrificio era discutible, la resignación silenciosa no lo era +menos, y la de Raynal no tenía más que una excusa para alabarse así, que +era su absoluta buena fe. En realidad, a pesar de su expresión lánguida, +tenía en su charla la volubilidad de un chorlito y una necesidad +irresistible de expansiones íntimas.</p> + +<p>Ahora bien, siendo limitado el número de las confidentes, se mostraba +cada vez menos difícil y descendía cada día un grado en escala social. +Después de haber depositado sus quejas en el seno de algunas damas +(exempleada de Correos, mujer del recaudador, hermana del cura) que +componían a sus ojos la burguesía de Candore, se había vuelto hacia la +agricultura (granjeras, molineras, etc.) y después hacia el comercio +(mercera, panadera, tendera de comestibles) para caer al fin en el +ínfimo pueblo (lecheras o simples criadas), a quienes regalaba con el +relato circunstanciado de su vida: grandeza y decadencia; desde su +infancia dorada en la plantación de su tío, donde tenía cuatro negras +(sí, señora) para su servicio personal, hasta el retiro prematuro del +comandante, enumerando complacientemente sus triunfos mundanos en cada +guarnición.</p> + +<p>Esta intemperancia de lenguaje y las marcas de conmiseración que +provocaban, no eran del gusto de Liette; pero el respeto filial ahogaba +las sublevaciones de su delicadeza y, replegándose más aún en ella +misma, oponía una política reserva a todas las insinuaciones y rehusaba +sistemáticamente las invitaciones que les proporcionaban las maneras más +atrayentes de la viuda, con gran desesperación de ésta, que suspiraba en +medio de sus trapos y sacaba los trajes «aún muy presentables» que +hubieran acabado de deslumbrar a la buena gente de Candore.</p> + +<p>Solamente Hardoin, poco simpático a la comandanta por la bondad burlona +que oponía a sus jeremiadas, inspiraba a su joven vecina una confianza +hija de la mutua simpatía.</p> + +<p>Al principio de su instalación, deseando encontrar lecciones para +aumentar su pobre presupuesto, se había dirigido a él para que la +recomendase a su clientela.</p> + +<p>Desde las primeras palabras sencillas y dignas que expusieron brevemente +su situación, el notario comprendió que estaba enfrente de un carácter, +y deponiendo la gravedad fingida al mismo tiempo que los anteojos que +velaban de ordinario su mirada escrutadora, como si fuera inútil la +precaución con aquella alma leal puesta al desnudo, se mostró a su vez +bajo su verdadero aspecto y estuvo tan francamente benévolo y cordial, +que la huérfana quedó profundamente emocionada y se separaron siendo ya +amigos.</p> + +<p>Desde entonces no le escaseó ni los buenos consejos ni los buenos +oficios, y gracias a él pudo entrar en el castillo en condiciones +inesperadas.</p> + +<p>Liette tuvo, sin embargo, que romper por un día el retiro voluntario que +tanto desolaba a la comandanta.</p> + +<p>Era el cumpleaños de Blanca, y, con esta ocasión, la condesa daba una +comida íntima a la que las dos señoras fueron convidadas de un modo que +no permitía el rehusar. Por otra parte, la viuda manifestaba tal +alegría, y se mostraba tan encantada de «aquella nueva entrada en el +mundo», que hubiera sido crueldad el impedírselo.</p> + +<p>—Como comprendes, hija mía, me vuelvo a encontrar en mi esfera—dijo +repantigándose en los almohadones del coche amablemente enviado por la +castellana y respondiendo con una señal protectora de cabeza al saludo +de la gentecilla que examinaba desde su puerta el traje de las +«parisienses».</p> + +<p>—¿Estás contenta, mamá?</p> + +<p>—Por ti solamente, querida; a tu edad es preciso no enclaustrarse como +una abuela. Además, esas señoras han estado verdaderamente encantadoras +y llenas de deferencias por mí; y una reserva inoportuna hubiera podido +perjudicarte...</p> + +<p>—Es posible...</p> + +<p>—Y hacerte perder tu situación.</p> + +<p>Liette no respondió.</p> + +<p>Era, en efecto, una suerte inesperada en su desgracia el haber +encontrado aquella plaza fija y bien retribuida, que le evitaba las +lecciones sueltas, tan ingratas como mal pagadas.</p> + +<p>Dijo, pues, ahogando un suspiro:</p> + +<p>—Tienes razón, querida mamá; pero ¿qué quieres? me da miedo el mundo.</p> + +<p>—¡El mundo en semejante agujero! Aquí no hay más que personas +conocidas, como el notario y el cura, y salvo el joven conde, no veo de +quién puedes tener miedo.</p> + +<p>La buena señora no sabía qué razón tenía.</p> + +<p>En el fondo de sí misma y por un sentimiento muy femenino, Liette temía +y deseaba al mismo tiempo conocer al fin a aquel Raúl del que se hablaba +tanto en el pueblo y a quien ella había sólo vislumbrado desde la +ventana al despertar por primera vez en Candore.</p> + +<p>¿Era simple coincidencia, prudente disimulo o cálculo habilidoso? Ello +fue que aquella hábil reserva tuvo igual éxito con la condesa y con +Julieta.</p> + +<p>La una no había podido sospechar el interés ya muy vivo de su hijo +respecto de la otra, y ésta no había sentido ninguna desconfianza +respecto de un ausente. A pesar de su alta razón, no podía menos de +sentir un poco de esa curiosidad sembrada por la serpiente en el alma de +Eva y que la más perfecta de sus nietas no consigue ahogar +completamente.</p> + +<p>En esta disposición de ánimo completamente favorable colocó su manita +enguantada en el brazo del joven agregado, mientras Neris ofrecía el +suyo a la señora de Raynal. Era la primera vez después del luto que las +dos pobres mujeres se encontraban en un salón elegante de otro modo que +como solicitantes y en medio de aquella atmósfera de comodidades en que +habían vivido tanto tiempo.</p> + +<p>La condesa puso en su acogida ese tacto exquisito, esa rara urbanidad +que no dan con frecuencia ni el nacimiento ni la fortuna y que ella +poseía en alto grado. No pareció que recibía a la humilde empleada y a +su madre, sino a dos mujeres de la buena sociedad iguales a ella por la +clase y la educación, y este matiz imperceptible acarició dulcemente a +sus almas doloridas.</p> + +<p>Todos, por lo demás, se mostraron al unísono con la castellana. Neris, +con una coquetería de anciano, desplegó todas las seducciones de un +espíritu todavía joven y siempre amable evocando los lejanos recuerdos +del tiempo en que, joven, bella y amada, la de Raynal se le había +aparecido radiante del brazo de su esposo bajo aquel hermoso cielo de +África...</p> + +<p>—¡Casi el cielo natal! suspiraba con una sonrisa melancólica en los +labios!</p> + +<p>Raúl, por su parte, afectaba las maneras discretas, respetuosas y casi +tímidas de un hombre de mundo ante una simple joven, lo que, por poco +coqueta que fuese, era para la austera institutriz la más delicada +adulación.</p> + +<p>Mujer antes de tiempo por las penas, las pesadas cargas y las duras +realidades de la vida, Liette seguía siendo una muchacha por su +mentalidad, por su corazón y por sus ilusiones, y era caritativo el +recordarle de un modo tan hábil que sus veinte años resplandecían +también en su cara.</p> + +<p>Raúl, muy experto en la materia, no había dejado de echar de ver la +impresión producida y se aplaudía por la metamorfosis de que era autor.</p> + +<p>Como el mármol parece animarse y tomar forma bajo la mano de un artista +inspirado, así la rígida empleada, cuyas severas facciones parecían +ignorar la sonrisa, reía ahora con todos sus hoyuelos y con un confiado +abandono de colegiala.</p> + +<p>Con cómica gravedad, el joven reclamaba también el honor de un antiguo +conocimiento.</p> + +<p>—No tenía usted ya trece años como cuando mi tío tuvo la buena fortuna +de serle presentado; pero no debía usted de tener más de trece... +Estaba yo entonces terminando mi año de voluntario en Orleáns, en el +batallón de su señor padre de usted, y parece que me estoy viendo torpe +y embarazado con mi capote demasiado largo ante una joven de falda +corta, grandes manos y largos pies, como Blanca hace dos años, que me +puso un muñeco en la mano y me dijo en tono autoritario:</p> + +<p>—No olvide usted el número, militar; una cabeza absolutamente igual, +pero con cabello rubio. Sobre todo, no olvide usted el cabello rubio.</p> + +<p>Y una vez cumplida esta delicada misión a medida de sus deseos de usted, +se dignó usted hacerme dar en la cocina un vaso de vino, que me bebí +religiosamente a su salud.</p> + +<p>—¡En la cocina!... ¡Qué mal trató usted a mi pobre hermano, señorita!</p> + +<p>—Si el vino era bueno, menos mal—dijo el cura saboreando su +Chateau-Lafitte.</p> + +<p>—¡Y hay quien se atreve a decir que el hábito no hace al monje!—añadió +irónicamente el notario.</p> + +<p>Liette se excusaba riendo, ruborizada y confusa, con gran alegría de su +maliciosa discípula.</p> + +<p>Fue aquella una velada deliciosa.</p> + +<p>Olvidando un instante los penosos rigores de su situación presente, +Liette reapareció tal como era en otro tiempo en el salón de su padre, +la exquisita criatura cuyo encanto indefinible, más poderoso aún que la +belleza, había hecho levantarse tantas cabezas bajo el quepis de doble o +triple galón de oro.</p> + +<p>Blanca, encantada, palmoteaba y no conocía a la señorita; la condesa +misma estaba conquistada por aquel aumento de juventud y de gracia.</p> + +<p>La de Raynal tomaba una gran parte en el triunfo de su hija y se sentía +halagada en su vanidad maternal, sin el menor pensamiento de alarma.</p> + +<p class="puntos">Raúl, el encantador que había provocado ese milagro, experimentaba la +orgullosa alegría de Pigmalión ante su estatua animada del soplo divino.</p> + + + +<p>Al volver al pueblo a la luz de la luna, la viuda, sentada enfrente del +notario mientras el cura dormitaba a su lado, no pudo contener la +exuberancia de su júbilo.</p> + +<p>—Una hermosa velada, señor Hardoin, y como quisiera que tuviese muchas +mi pobre Liette.</p> + +<p>El notario permaneció frío ante aquel impetuoso entusiasmo un poco +intempestivo, y echando una mirada pensativa al fino perfil de la joven +que contemplaba las estrellas, murmuró:</p> + +<p>—¡Yo no!</p> + +<hr /> + +<p>Liette hizo un gesto de impaciencia.</p> + +<p>—Otra vez me he equivocado.</p> + +<p>—No ha sido por mi culpa—respondió cándidamente la de Raynal, cuya +charla continua recordaba el gorjeo de los pájaros y que desde que se +había levantado estaba molestando a su hija con consideraciones +interminables sobre los menores incidentes de la velada memorable.</p> + +<p>—No, querida mamá—respondió Liette con su buen humor habitual;—un +poco de cansancio sin duda... Eso es lo que tiene el acostarse a horas +descompasadas.</p> + +<p>Y volvió a empezar laboriosamente la suma.</p> + +<p>La viuda se estuvo un momento callada, pero la comezón era demasiado +fuerte y, no pudiendo resistirla por completo, se alivió primero en voz +baja a modo de soliloquio y fue levantando el tono insensiblemente hasta +acabar por una interpelación mal disfrazada.</p> + +<p>—¡Pobre hija mía! ¡Cuando pienso que una simple comida es un +acontecimiento en tu vida!... A tu edad estaba yo continuamente en +fiestas y recepciones. ¡Los cotillones que yo he dirigido! Y, sin +embargo, Dios sabe que no era yo mundana. Pero nuestra situación y los +ascensos de tu padre exigían cierto decoro y cierta representación. Si +me hubieran dicho entonces que acabaría mis días en un agujero semejante +y reducida a tan pobre sociedad... Porque, dicho sea sin ofender a +nadie, hija mía, nuestras relaciones dejan mucho que desear y estamos +obligadas a tratar a personas muy comunes... No es por tu culpa, lo sé, +pero cuando se ha vivido como yo en un medio escogido, es una necesidad +penosa y que hace apreciar la menor ocasión de encontrarse una en su +mundo.</p> + +<p>—Pero eso no es una necesidad, mamá—dijo Liette dejando la pluma con +resignación;—eres absolutamente libre...</p> + +<p>—Sin duda, hija mía, sin duda; pero no querría perjudicarte en tu +situación y prefiero dominar mi legítimo orgullo.</p> + +<p>—Te aseguro...</p> + +<p>—Tu felicidad ante todo, hija mía; por verte dichosa me resignaría a +rascar la tierra con las uñas.</p> + +<p>—¡Pobre madre mía!—dijo la joven conmovida y sonriente al mismo +tiempo,—tan mal concordaba esa idea con la indolencia maternal.</p> + +<p>—Si debiera dejarte pronto, me alegraría de que no te quedaras en este +pueblo de iroqueses, de saber que estabas rodeada de afecciones dignas +de ti y de pensar que encontrarías una segunda madre...</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿En quién?</p> + +<p>—Pues... en la de Candore, que me reemplazaría con gusto a tu lado...</p> + +<p>Esta vez Liette no pudo reprimir una franca carcajada, y respondió +besando tiernamente a aquella cabeza a la que las canas no habían +llevado la razón:</p> + +<p>—Nadie podría reemplazarte conmigo, querida mamá, y la de Candore menos +que otra... No la conoces; es una mujer superior, pero tan convencida de +su superioridad, que el común de los mortales no existe para ella.</p> + +<p>—Sin embargo, me hablaba de ti en unos términos...</p> + +<p>—Ciertamente, no puedo quejarme de su modo de proceder diario, pero +ayer éramos sus invitadas, y esto es un matiz; hoy he vuelto a ser +sencillamente la institutriz de su hija y no dejaría de recordármelo si +yo lo olvidase.</p> + +<p>—La clase no se mide por la fortuna, hija mía; es la opinión de todas +las personas de corazón y ahí tienes como prueba las delicadas +atenciones del señor Neris y la solicitud significativa de su sobrino. +Seguramente no te miraban como una vulgar institutriz. La misma señorita +de Candore no hubiera podido recibir más respetuosos homenajes.</p> + +<p>—¿Crees tú?</p> + +<p>—¡Bah! tengo buenos ojos, y Raúl es un hombre demasiado galante para...</p> + +<p>En este momento llamaron al ventanillo y el objeto de esos elogios +mostró su fino bigote en la estrecha abertura.</p> + +<p>Con su inconveniencia natural, la comandanta iba a acogerle amablemente +como visitante, pero al verse en un espejo los papillotes desrizados y +el peinador deslucido, se escondió precipitadamente en el comedor.</p> + +<p>Julieta no se había levantado, y después de responder con una ligera +inclinación de cabeza al saludo ceremonioso del joven, se quedó +esperando.</p> + +<p>Raúl parecía un poco turbado a pesar de su aplomo. La actitud cortés +pero digna de la joven empleada paralizaba sus brillantes facultades.</p> + +<p>Después de unos cuantos cumplimientos triviales, a los que ella +respondió con extremada reserva, se quedó cortado golpeando con +expresión indecisa la tabla del ventanillo y como molesto por aquella +límpida mirada que formulaba claramente esta pregunta:</p> + +<p>—No es a la señorita Raynal a quien debe estar dedicada esta visita; +¿qué quiere usted, pues?</p> + +<p>Por fin dijo el joven, rompiendo resueltamente el silencio.</p> + +<p>—Debo, señorita, parecer a usted muy torpe y muy tonto, pero por más +que hago no puedo separar la función de usted de su persona, y necesito +todo mi cariño hacía mi tío...</p> + +<p>Liette le miró asombrada.</p> + +<p>—En resumen, señorita, el señor Neris, por motivos personales, desea +que cierta correspondencia no pase por el castillo ni por las manos de +los criados... No queriendo venir a recogerla él mismo, me encarga de +ese cuidado cuando estoy aquí... Con la señorita Beaudoin la cosa me era +indiferente... pero con usted...</p> + +<p>Tenía una expresión tan confusa, que Liette vino en su ayuda:</p> + +<p>—Nada más sencillo, caballero; dígame usted las iniciales.</p> + +<p>—H. N., 32.</p> + +<p>La empleada buscó en la casilla correspondiente y retiró dos cartas de +una elegante letra inglesa y sello de Londres, que él hizo desaparecer +prestamente en el bolsillo de la americana como si tuviera prisa por +sustraerlas a aquella cándida mirada. Después dijo tratando de dar una +explicación:</p> + +<p>—No hay nada en esto que no sea muy natural. Mi tío hace mucho bien y +se interesa paternalmente por muchas personas... Pero mi madre es muy +propensa a sospechar el mal, y por no disgustarla... En fin, hay que ser +indulgentes con las debilidades de un anciano que es en suma el mejor de +los hombres.</p> + +<p>Raúl balbucía y se contradecía mil veces, fingiendo una cortedad que era +un homenaje a la virtud de la huérfana, que no podía menos de +agradecérselo.</p> + +<p>Así, cuando el joven se despidió deshaciéndose todavía en excusas, +Liette pensó sin la menor sospecha:</p> + +<p>—¡Pobre muchacho! Bonitas comisiones le encarga su tío...</p> + +<hr /> + +<p>Raúl no era uno de esos fríos corrompidos, uno de esos «feroces» sin +principios, sin moral y sin freno que no conocen otra regla más que su +placer, otros deberes que sus apetitos ni otra ley más que el código.</p> + +<p>No era tampoco un Lovelace, un don Juan ni un Richelieu, brillantes +mariposas que revolotean de flor en flor, incapaces de un cariño +sincero, únicamente cuidadosos de enredar en las guías de su bigote los +corazones femeninos y para quienes Amor es sinónimo de Amor propio.</p> + +<p>Lejos de eso; a pesar de cierto fondo de escepticismo, su alma era +susceptible de ímpetu espontáneo, de súbito desinterés y de efímero +entusiasmo, de donde brotaba una emoción fugitiva, una sensibilidad +superficial bastante para dar la ilusión de un corazón tierno y generoso +donde no había en realidad más que un manojo de nervios.</p> + +<p>Era víctima de una educación mal dirigida que había tratado ante todo de +hacer de él un hombre brillante, pero no un simple hombre honrado en la +alta acepción de la palabra.</p> + +<p>Indulgente, pero firme, la de Candore no vacilaba nunca para hacerle +sentir el freno y la brida cuando se trataba de su salud, de su fortuna +o de su porvenir, pero sin cuidarse seriamente del lado moral. Muy +orgullosa de aquel guapo y elegante caballero, que no había heredado de +su padre más que el nombre, le dispensaba con gusto sus defectos de hijo +de familia y sus caprichos de desocupado con tal de que no adoleciesen +de burguesismo ni de vulgaridad.</p> + +<p>La hija del jardinero Neris tenía un desdén de gran señora por lo que +ella llamaba la moral de la gentecilla, y a pesar de su aparente +rigorismo, pedía solamente a su hijo que sus vicios fuesen de buen tono.</p> + +<p>Por otra parte estaba segura de su ascendiente sobre aquella naturaleza +débil y maleable bajo una aparente independencia. Raúl era incapaz de +resistir a la autoridad de su madre y cualquiera que fuese su rebelión +pasajera, cedía tascando el freno a esa influencia maternal siempre +sabiamente disfrazada.</p> + +<p>En efecto, por una diplomacia femenina digna de un discípulo de +Talleyrand, la condesa no parecía jamás preocupada por las acciones de +su hijo, y los hilos que hacía mover estaban muy hábilmente disimulados +para inspirar la menor sospecha a la naturaleza más quisquillosa.</p> + +<p>En las pocas circunstancias delicadas en que había intervenido +indirectamente, Raúl no lo había jamás sospechado y había atribuido a su +iniciativa, a su voluntad y a su energía decisiones que hubiera sido +incapaz de tomar solo.</p> + +<p>Actualmente, las forzadas aproximaciones de la existencia común no +habían hecho apartarse a la castellana de esa sabia línea de conducta, y +el joven agregado estaba tan libre en el castillo (así al menos lo +creía) que en su embajada de Londres, y toda la vigilancia, todos los +rigores y todas las precauciones maternales se concentraban en la cabeza +del señor Neris.</p> + +<p>—Lo que yo defiendo es vuestra herencia, hijos míos—había declarado +redondamente la de Candore a su hijo.</p> + +<p>Y la cosa, naturalmente, no podía parecer mal a Raúl, aunque las medidas +tomadas contra uno se aplicasen también al otro.</p> + +<p>Esta hábil política tenía la doble ventaja de respetar el amor propio de +Raúl y de evitar toda explicación.</p> + +<p>Neris era, pues, la cabeza de turco encargada de sufrir los golpes de su +sobrino, que no podía defenderse puesto que no le acusaban, y debía +simular la indiferencia... cosa bastante fácil para aquel corazón +ligero.</p> + +<p>Bueno es decir que por una especie de adivinación, la condesa percibía +siempre el momento favorable, el instante psicológico, y que tenía, por +otra parte, una extremada delicadeza de tacto y una rara habilidad.</p> + +<p>Con esta táctica evitaba a su hijo toda lamentable aventura; en cuanto a +los demás, poco le importaban.</p> + +<p>La pobre Juana lo había experimentado duramente.</p> + +<p>Es justo reconocer que si la noble dama temía en su hijo un amor +naciente causado por el azar de un encuentro fortuito, estaba lejos de +suponer la gravedad de su conducta y de saber que era a su mujer +legítima a quien había logrado introducir bajo el techo materno en +calidad de institutriz.</p> + +<p>Locamente enamorado y con una ligereza que no podía compararse más que +con su inconsciencia, había determinado a la joven inglesa a casarse +clandestinamente con él al salir de Londres, matrimonio facilitado por +las leyes de la libre Inglaterra, pero absolutamente nulo en el +continente. La cándida miss se había fiado de su palabra, que él tenía +acaso entonces intención de cumplir, y, para captarse las simpatías de +su futura suegra, había aceptado el papel dictado por aquel a quien +consideraba como su legítimo dueño y señor ante Dios y ante los hombres.</p> + +<p>Hemos visto lo que había resultado.</p> + +<p>Después de una luna de miel que debía ser eterna y que ya se había ido a +reunirse con las lunas pasadas, el conde, cansado de aquella gran +pasión, importunado por aquel amor de que él no participaba e irritado +por las dificultades crecientes de aquella situación imposible que él +mismo se había creado, agradeció a su madre que le sacase de ella +bruscamente por un acto de rigor en el que él no tenía que hacer más que +lavarse las manos, y había saludado como un verdadero alivio la libertad +reconquistada en el momento preciso en que se dibujaba en su horizonte +de desocupado una nueva aventura llena de atractivos.</p> + +<p>—¡Qué gran mujer es mi señora madre!—se decía <i>in petto</i> con una +mezcla de gratitud y de admiración.</p> + +<p>Desde los primeros días Liette había producido una profunda impresión en +aquel espíritu frívolo, superficial y estragado. Aquella belleza pálida +y severa, de facciones regulares, de austera sencillez y de aspecto +modesto y digno, era para él una novedad comparada con las muñecas de +caritas sonrosadas y peinados estrepitosos, con aspecto atrevido o +lánguido que había tratado hasta entonces y entre las cuales estaba +comprendida irreverentemente la pobre Juana con su encanto de linda +rubia.</p> + +<p>Raúl había decidido, después de un simulacro de asedio, dar +inmediatamente el asalto, pero conoció que se trataba de un adversario +temible, y esta dificultad inesperada estimuló su ingenio y su corazón.</p> + +<p>En amor sobre todo, los obstáculos dan más precio a la victoria. Como +dice muy ingeniosamente Gondinet:</p> + +<p>«Sin la alondra, Romeo se hubiera dormido... y Julieta también.»</p> + +<p>Al revés que con la sentimental y lánguida inglesa, crédula e inocente +como un niño, subyugada por su irresistible vencedor y adorándole como a +un dios, Raúl se veía esta vez en presencia de una fuerza real, de un +carácter firme, viril y enérgico, templado en la dura escuela de la +desgracia. Tuvo, pues, que establecer sus paralelas con la ciencia de un +antiguo estratégico y el ardor de un joven neófito, avanzando a pasos +contados para no asustar al «pájaro rebelde» pronto a volar a la primera +demostración un poco viva.</p> + +<p>Era el medio más largo, pero el más seguro, pues Liette no podía +alarmarse por una conducta tan cortés y correcta, a no ser una coqueta +farsante o una ridícula mojigata.</p> + +<p>Raúl le mostraba un respeto caballeresco y evitaba cuidadosamente esa +galantería trivial y esas atenciones indiscretas a que su situación la +exponía, y se lo agradecía infinito. El joven reservaba todas sus +atenciones para la señora de Raynal y todas sus felicitaciones a Blanca, +y ese homenaje indirecto al mérito de la institutriz y a su abnegación +filial valía más que la más delicada adulación.</p> + +<p>—¡Qué metamorfosis en mi hermana!—decía algunas veces.—¿No le parece +a usted, señorita? Hasta aquí no era más que una niña.</p> + +<p>—A los dieciséis años era más que su derecho, era su deber, caballero.</p> + +<p>—Sin duda, pero la gracia puede aliarse con la seriedad. Hasta los +quince años se es una niña, de quince a treinta una joven.</p> + +<p>—Y hasta una solterona...</p> + +<p>—Es usted severa, señorita. Mi tío, que apenas se considera como un +soltero maduro...</p> + +<p>—Anda, sobrino, no te quedes corto.</p> + +<p>—Dispensa...</p> + +<p>—Con mucho gusto, y con más razón porque me asocio a tus elogios. +Nuestra Blanca gana todos los días con su contacto de usted, señorita. +Mi deseo es que sea digna de tal modelo...</p> + +<p>—Me hace usted demasiado honor, caballero; la tarea estaba casi acabada +y Blanca hace que mi papel sea muy fácil tratándome como amiga...</p> + +<p>—Era sobre todo una amiga lo que ella necesitaba; por eso estamos todos +muy agradecidos de que haga usted de esta querida niña una mujer +cumplida.</p> + +<p>Esta opinión halagüeña salida de los altaneros labios de la condesa era +preciosa porque la dama no las prodigaba; pero apreciaba a la +institutriz en su justo valor y no temía decírselo. Con una +condescendencia rara en ella, colmaba a aquellas señoras de atenciones y +de regalitos, les enviaba frutas de su jardín y flores de su estufa y +hasta invitaba a su hijo a unir al envío alguna banasta de caza.</p> + +<p>Algunas veces se encargaba el mismo Raúl de la comisión y, escogiendo +discretamente un momento en que Liette estaba ausente, entraba en el +Correo a vaciar su morral y tragaba sin pestañear las interminables +divagaciones de la viuda, que se despachaba a su gusto con aquel +interlocutor complaciente... pero no desinteresado.</p> + +<p>Al hacer la corte a la madre evitaba el comprometer a la hija y su causa +no perdía, al contrario, por ser defendida por un tercero. Con su +imprudencia ordinaria, la buena señora no cesaba de hablar de «aquel +buen don Raúl», y era imposible a la conciencia más timorata alarmarse +lo más mínimo por sus asiduidades.</p> + +<p>De este modo no había ninguna alarma en la de Candore, ninguna +desconfianza en la institutriz, y Raúl llegaba pacíficamente a sus fines +por caminos de travesía.</p> + +<hr /> + +<p>A principio del verano la salud de la señora de Raynal se alteró +sensiblemente. Ya delicada y débil, verdadera planta de los Trópicos +cuidada en estufa, no ofrecía ninguna resistencia a la anemia abrumadora +que la había invadido lentamente e iba pereciendo de día en día a pesar +de los cuidados minuciosos que se le prodigaban.</p> + +<p>Acurrucada en su butaca al lado de la ventana y envuelta en chales y +mantas a pesar del ardiente sol de junio, cuyos rayos espolvoreaban de +oro el estrecho despacho, permanecía allí largas tardes con la mirada +vaga, sin hablar y acaso sin pensar, las manos inertes, y los párpados +medio cerrados como esos pobres pajarillos de las islas que esconden la +cabeza debajo del ala sin que nada pueda sacarlos de su sopor.</p> + +<p>Síntoma alarmante; no se interesaba ya por los ruidos de la calle ni por +la charla de las comadres, no levantaba los ojos al ruido de los zuecos +en la calle, ni al de los coches del notario o del médico, no hacía caso +de las voces de las vecinas que iban a informarse de la salud de «la +querida señora».</p> + +<p>Se acabó la interminable charla que zumbaba en los oídos de la joven +empleada; se acabaron los sempiternos discursos tan difíciles de +escuchar haciendo una suma. ¡Ay! ya no había que temer errores en las +cuentas; sólo turbaba el pesado silencio el ruido monótono del reloj y +la ronca voz del cartero, y las palabras más afectuosas y las más +tiernas caricias no lograban arrancar a la enferma más que una sonrisa +pálida y lánguida.</p> + +<p>Solamente Raúl tenía el privilegio de alegrarla un poco; sus visitas, +aunque frecuentes, resultaban para ella escasas.</p> + +<p>Cuando su elegante silueta aparecía en la esquina de la calle animaba la +cara de la viuda un reflejo de vida. Siempre era ella la primera que le +veía, y decía guiñando sus ojos de miope:</p> + +<p>—Ahí viene don Raúl; ¿qué traerá hoy?</p> + +<p>Con una solicitud y una amabilidad que conmovía profundamente a la madre +y a la hija, el joven se proporcionaba el placer de satisfacer los +caprichos de la enferma, y sabe Dios si los tenía.</p> + +<p>Un día era un cesto de dátiles impacientemente deseados y que la anciana +devoraba con avidez; otras veces granadas, plátanos o nueces de coco que +engañaban apenas la repugnancia de su estómago gastado.</p> + +<p>En vano insistían para hacerla bajar al minúsculo jardinillo en el que +florecían algunas dalias multicolores y un modesto cuadro de rosales.</p> + +<p>—¡Están tan débiles mis piernas!—gemía.—Además, necesitaría que mis +negritos me llevaran como en otro tiempo en mi hamaca.</p> + +<p>Al día siguiente estaba allí la hamaca de Blanca colgada a la sombra de +un quitasol, y Raúl se ofrecía alegremente a embadurnarse la cara de +negro como el Nelusco de la Africana, para completar el programa.</p> + +<p>—La verdad, no se atreve ya una a expresar el menor deseo—suspiraba la +buena señora encantada columpiándose con un gozo de niña mientras el +conde la abanicaba gravemente con un marabú.</p> + +<p>Acaso el papel de Raúl no era el más agradable y hubiera él preferido el +de Blanca, que acompañaba generalmente a su amiga y se esforzaba por +consolarla mientras él divertía a la madre. Pero hubiera sido imprudente +invertir los papeles y el provecho hubiera sido menor.</p> + +<p>En efecto, la abnegación de Raúl no era perdida. Aquella ingrata tarea +debía producirle grandes intereses, y cuando la de Raynal le proclamaba +irresistible, estaba muy cerca de la verdad.</p> + +<p class="puntos">A la dolorosa angustia que le oprimía el corazón se mezclaba en Liette +un sentimiento muy dulce del que no pensaba en desconfiar ni en +defenderse; era el agradecimiento y nada más...</p> + + + +<p>El médico del pueblo se mostraba poco tranquilizador.</p> + +<p>—No hay atacados órganos esenciales—diagnosticaba,—pero todo el +organismo está alterado. Haría falta una energía moral que nos falta +completamente, lo que nos entrega atados de pies y manos a lo +desconocido.</p> + +<p>Mandaba tónicos, un régimen fortificante, ejercicio y aire libre, pero +la enferma no quería oír hablar de nada de esto y declaraba que la vista +de una chuleta le daba náuseas y que el más corto paseo la mataría +seguramente.</p> + +<p>Liette, desolada, pensaba ir a Amiens a consultar al doctor Duplan, +joven profesor ya famoso en la región y condiscípulo del señor de +Candore, pero ante la idea de semejante viaje la enferma ponía el grito +en el cielo.</p> + +<p>—Te lo ruego, hija mía, déjame morir en paz—repetía en tono +doliente:—creo que no pido mucho.</p> + +<p>Lágrimas, razonamientos y súplicas, todo fue inútil. Liette estaba +desesperada, cuando una mañana se presentó Raúl en el correo con el +sabio médico.</p> + +<p>—Mi amigo el doctor Duplan, que viene a pasar unos días en el castillo, +invitado por mí, tendrá mucho gusto en ponerse a la disposición de +usted. Espero que nuestra querida obstinada no se negará a recibirle.</p> + +<p>Esta vez el corazón de la joven se fundió ante la ingeniosa delicadeza +del procedimiento y, en un impulso espontáneo, ofreció las dos manos al +diplomático.</p> + +<p>—¡Es usted bueno; gracias!—dijo con las lágrimas en los ojos y una +mirada tan elocuente que el médico se quedó deslumbrado y no pudo menos +de decir a su amigo cuando salían:</p> + +<p>—Querido amigo, una mirada semejante vale más que los honorarios.</p> + +<p>El sabio fisiólogo había conocido a primera vista una de esas +enfermedades de languidez en las que la inercia del enfermo paraliza los +esfuerzos del médico y en las que el abatimiento moral hace inútil la +ciencia más profunda.</p> + +<p>—Tendrá usted que usar de toda su influencia, señorita, para galvanizar +esta energía que se apaga. La distracción de un viaje y el aire puro y +vivificante del mar tendrían acaso un efecto saludable.</p> + +<p>La cosa presentaba numerosas dificultades, pero todos se emplearon en +suprimirlas. El señor Hardoin, en relación con el director de Correos +del departamento, obtuvo fácilmente una licencia de un mes. Neris, gran +accionista de varias compañías, sacó un doble permiso de circulación +gratuita. En fin, para evitar a la enferma la promiscuidad penosa del +hotel, Blanca le ofreció amablemente una deliciosa quinta que llevaba su +nombre, que su tío había hecho edificar para ella en Saint-Pair, en el +camino de Granville, y a la que la familia debía ir en el mes de agosto.</p> + +<p>Raúl se reservó la misión ardua y delicada de arrancar el consentimiento +de la principal interesada, pero la cosa fue más fácil de lo que se +suponía. La de Raynal, refractaria a un corto viaje a Amiens, se dejó +seducir por la perspectiva de una expedición elegante, rodeada de un +lujo y de unas comodidades que halagaban su orgullo de niña mimada, y el +joven agregado de embajada obtuvo un éxito de buen agüero para su +carrera diplomática.</p> + +<hr /> + +<p>El carruaje dejó las calles tortuosas de Granville y tomó el camino de +Saint-Pair.</p> + +<p>Era uno de esos vehículos prehistóricos de forma anticuada y muelles +rechinantes que salen de no se sabe qué depósito de antiguallas para la +temporada balnearia y en los que se amontonan dócilmente las más +elegantes parisienses, cuyos frescos y airosos trajes hacen resaltar más +la desagradable vejez de las banquetas de terciopelo ajado.</p> + +<p>El caballejo, de una delgadez inverosímil, como si hubiera ayunado todo +el invierno, parecía un fantasma de caballo tirando de un fantasma de +coche y que hacía pensar en los versos de Scarron:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 3em;">Se ve la sombra de un lacayo</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Cepillar la sombra de una carroza</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">Con la sombra de cepillo.</span><br /> +</p> + +<p>En cambio el cochero, con su blusa azul formando globo alrededor de un +vientre respetable, presentaba un aspecto regocijado y exuberante de +salud, que contrastaba con las facciones pálidas y demacradas de la +enferma, lánguidamente echada en los almohadones hundidos y que apenas +levantaba los párpados para contemplar un instante el magnífico panorama +que deslumbraba a su joven compañera.</p> + +<p>Nada, en efecto, más pintoresco en su uniformidad que aquel camino que +costea el mar durante más de tres leguas para ir a parar en la punta de +Carolles.</p> + +<p>No hay allí los altos acantilados normandos tras de los cuales se +ocultan las olas que van a romperse a sus pies con sordos mugidos como +los golpes de una invisible catapulta. Vense en cambio aglomeraciones de +sombrías rocas de aristas cortantes y que la blanca espuma hace parecer +más negras todavía como el carbón bajo la nieve; una larga banda de +dorada arena, lisa como las calles de un jardín inglés, donde, para +completar la semejanza, las jóvenes misses juegan al crocket en la marea +baja; y el mar, ese mar azul de tonos cambiantes de zafiro, de +esmeralda, de rubí y de amatista que refleja a veces el azul del cielo y +a veces los horrores del infierno.</p> + +<p>Es aquello todavía la costa normanda, pero es el mar bretón, ese mar +inolvidable, «cautivador de almas» según la justa expresión de un poeta +ignorado, mar acariciador y terrible, dulce y suave como el terciopelo, +claro y transparente como el cristal o rugiente y amenazador, erizado de +picos monstruosos y de insondables cráteres.</p> + +<p>—¡Qué hermoso es esto, madre, qué hermoso!</p> + +<p>Presa de una especie de éxtasis, Liette contemplaba ávidamente aquella +inmensidad hinchada de vida, aquella buena nodriza que vierte a sus +hijos la salud, el vigor y la fuerza y que iba acaso a devolverle su +madre.</p> + +<p>Y la joven juntaba las manos en un ademán de ferviente súplica.</p> + +<p>—¿Llegamos pronto?—preguntó la de Raynal después de una mirada vaga y +distraída al maravilloso cuadro.</p> + +<p>El cochero, que había oído la pregunta, designó con la punta de la fusta +un campanario nuevo que levantaba su esbelta flecha por encima de los +techos en los que dominaba todavía la paja característica de las +cabañas.</p> + +<p>—Eso es Saint-Pair y esa la villa Blanca—añadió parando delante de una +de las bonitas casas construidas en la costa.</p> + +<p>La «Villa Blanca» merecía su nombre y en medio de las edificaciones +multicolores y de las quintas chillonas en que se complace la +extravagante fantasía de arquitectos delirantes se distinguía por su +elegante sencillez y por su fachada inmaculada.</p> + +<p>Era blanca la casa, blancas las persianas, blanca la verja, blanca la +tienda de campaña de blanco pabellón ya levantada en la playa, blanca la +lancha amarrada a la orilla; blancos los rosales que florecían en los +cuadros, los geranios que adornaban la entrada y los claveles que +perfumaban el jardín.</p> + +<p>Dentro como fuera, cortinas, alfombras y muebles de laca, todo era +blancura propia del nido virginal escogido para los dieciséis años de la +exquisita y pura niña, objeto de tan tierna solicitud.</p> + +<p>—¡Querida Blanca! Pensar que nos abandona estas lindas +cosas...—murmuró Julieta llena de agradecimiento.</p> + +<p>La de Raynal manifestaba una alegría de niña; encontrábase en su +elemento y recibía con majestuosa condescendencia, digna de la condesa, +los homenajes de la jardinera, que cuidaba el inmueble y que fue a +ponerse a las órdenes de los «parientes» de sus propietarios, como +aquellas señoras habían sido designadas, por una ingeniosa delicadeza, +en la carta anunciando su llegada y poniendo generosamente la casa a su +disposición por todo el mes de julio.</p> + +<p>A pesar del cansancio del viaje, la enferma, encontrando una energía +ficticia en la alegría íntima que le causaba aquella plenitud de +bienestar y de comodidad, quiso inspeccionar sus dominios de un mes.</p> + +<p>Una tras otra, inspeccionó todas las piezas de la casa, jugando «a los +propietarios» como los niños «a las personas mayores» y aprobándolo o +criticándolo todo con un aplomo y una convicción de las más graciosas.</p> + +<p>Tan bien representaba su papel, que se engañaba a sí misma, y si la de +Candore se hubiera presentado de pronto casi la hubiera recibido como +invitada.</p> + +<p>—Es fastidioso que se te haya olvidado mi hamaca, hija mía. La +hubiéramos instalado en la escalinata.</p> + +<p>—Hubiera sido inútil, mamá—respondió Liette sonriendo y mostrando una +hamaca que se columpiaba en la cubierta de cristales.</p> + +<p>—Estoy segura de que es una atención de ese querido don Raúl—exclamó +la criolla muy gozosa; sabe que no puedo pasarme sin ella.</p> + +<p>Al oír el nombre del amigo fiel y adicto, la clara mirada de Julieta se +empañó con una sombra de melancolía. ¡Iba a estar un largo mes sin +verle! Y una pena vaga e inconsciente le arrancó un involuntario +suspiro.</p> + +<p>Pero no tuvo tiempo para abandonarse a esta impresión.</p> + +<p>Impaciente por ver y por ser vista, su madre quería dar una vuelta por +la playa. Apoyada descuidadamente en el brazo de su hija como una débil +y flexible caña, levantaba su talle prematuramente encorvado y andaba a +pequeños pasos, con el pecho oprimido, pero con un poco de rosa en las +mejillas y un poco de llama en los ojos. Así llegó lentamente a la +tienda de campaña objeto de admiración de los bañistas modestos +reducidos a una simple caseta decorada con oropeles chillones o con +adornos japoneses baratos.</p> + +<p>En aquel comienzo del verano no había más que gentecilla; matrimonios +viejos y económicos y jóvenes mamás que aprovechaban de su libertad +relativa para gozar de aquel delicioso mes de julio tan a propósito para +las vacaciones con sus días interminables.</p> + +<p>Los niños, sin pensar en su próxima esclavitud, jugaban entusiasmados y +se mojaban en los pequeños estanques que hacían con las manos.</p> + +<p>La de Raynal, repantigada en una mecedora, sonreía benévolamente a toda +aquella familia menuda y se interesaba por las diminutas pescadoras que +iban, rojas de placer, a hacerle admirar su cosecha de «frutti di mare», +y por los precoces ingenieros que plantaban gravemente una bandera en +los minúsculos fuertes que habían construido con la arena.</p> + +<p>—¿Te acuerdas, Liette, del hermoso castillo de juguete que hizo +construir tu padre en Trouville cuando no eras más alta que esos niños?</p> + +<p>La buena señora se animaba, y ante aquel flujo de vida que galvanizaba +sus facciones ya fijas por la helada mano de la muerte, Liette volvía a +la esperanza...</p> + +<p class="puntos">—¿Quién sabe?</p> + + + +<p>Por la noche, cuando vio a su madre dormirse con un sueño tranquilo, +reparador y poblado de ensueños felices que hacían dibujarse una +fugitiva sonrisa en sus descoloridos labios, Julieta se sentó ante el +escritorio de plata con las iniciales de Blanca, y, dejando rebosar su +alma henchida de gratitud, escribió largamente a su amable discípula.</p> + +<p>«En fin, hija mía—decía al terminar,—gracias a usted y a sus queridos +padres he conocido hoy un fulgor de esperanza, muy débil, por desgracia, +y que se apagará probablemente mañana. Pero ni vientos ni tempestades +podrán nunca apagar en mi corazón la llama eterna de mi viva gratitud +por tan afectuosa bondad, y ruego a Dios que me permita un día dar a +ustedes la prueba, aunque sea a costa de mi propia dicha...»</p> + +<hr /> + +<p>Hacia la segunda quincena de julio, un hombre y una mujer, ambos +jóvenes, seguían lentamente el muelle de Saint-Helier donde se agolpaba +ya la multitud de las primeras hornadas de viajeros, gentlemen +apopléticos, secas ladies y rubias misses montadas al aire, «smala» de +viajeros que están dando la vuelta al mundo con gravedad sacerdotal y +que contrasta por su tiesura y su flema británica con la exuberancia y +la «furia francesa» de nuestros compatriotas que han huido +momentáneamente del mostrador o de la oficina y se maravillan +cándidamente de verse tan lejos de la calle Saint-Denis... o del +ministerio.</p> + +<p>El hombre llevaba con desenvoltura un elegante traje de viaje y unos +gemelos en bandolera.</p> + +<p>Ella, muy sencilla, iba empujando uno de esos encantadores cochecitos +ingleses, obra maestra de la industria nacional de ese pueblo pesado y +prosaico de ordinario, pero de un gusto tan delicado y refinado en todo +lo que se refiere a la infancia.</p> + +<p>Eran Raúl de Candore y nuestra antigua conocida Juana Dodson, cuyos ojos +azules desembarazados de los anteojos, se fijaban con amor en el +precioso niño dormido en los almohadones y cuya cabecita rubia +desaparecía a medias bajo la capota rosa querida de Kate Grenavay.</p> + +<p>—¡Todavía una hora!—exclamó el conde consultando un bonito reloj de +caza.</p> + +<p>—¡Más de una hora!—suspiró la joven inclinándose con un ademán lleno +de gracia hacia el niño, cuya pura frente se humedeció con una perla que +le hizo fruncir la bonita nariz como un gatito molestado por una mosca. +¡Qué hermoso es! Y cómo se parece a ti...</p> + +<p>Raúl se encogió de hombros irreverentemente.</p> + +<p>—Palabra de honor, Juana, creo que estás loca. Todos los recién nacidos +se parecen entre sí mucho más que a sus autores; pero tú eres tan +romántica...</p> + +<p>—¿Yo?</p> + +<p>—¡Pardiez! Ha sido disparatada esta idea de dejar Londres en vísperas +de ir yo, para venir a instalarte aquí con el pretexto de que se ven las +costas de Granville...</p> + +<p>—Eres injusto, amigo mío; yo no podía esperar indefinidamente un +regreso siempre diferido cuando el médico juzgaba a nuestro hijo enfermo +y mandaba el aire del mar.</p> + +<p>—Hay otras playas que no son Jersey, me parece. ¿Por qué no has ido a +Brighton?</p> + +<p>—Aquí tenía a mi antigua nodriza para ayudarme a cuidarle, y además...</p> + +<p>—¿Creías que yo atravesaría todos los días a nado este brazo de mar, +como atravesaba el Helesponto el bello Leandro?</p> + +<p>—Te burlas, pero el respirar el mismo aire que tú, era también la +dicha...</p> + +<p>—Decididamente, querida, puedes dar cruz y raya a las sentimentales +grisetas de Murger y no tienes ni pizca de ese espíritu práctico de que +se jactan los hijos de la prudente Albión.</p> + +<p>—Tienes razón, Raúl. De otro modo no hubiera soportado tanto tiempo +esta situación intolerable, cuyo fin no veo, a pesar de tus promesas.</p> + +<p>—¿Mis promesas?</p> + +<p>—¿Soy tu mujer, sí o no?</p> + +<p>—Montaigne diría: Quizá, y Rabelais: ¿Quién sabe?</p> + +<p>—¡Raúl!</p> + +<p>—¡Diablo! Inglaterra y Francia no están de acuerdo en este punto, como +en tantos otros... Un simple aprendiz de diplomático no puede cortar el +nudo gordiano tan fácilmente como Alejandro.</p> + +<p>—Me has engañado indignamente.</p> + +<p>—Vamos a ver, querida Juana, tenemos apenas un cuarto de hora, y no hay +tiempo para una querella y una reconciliación. ¿Quieres que empecemos +por el fin? En el fondo, ya sabes que te amo.</p> + +<p>La pobre miss era incapaz de resistir a la inflexión tierna y +acariciadora de aquella voz burlona de ordinario, y suspiró, mas que +dijo, levantando hasta él los ojos llorosos:</p> + +<p>—¡Ay! no pido más que creerte.</p> + +<p>—Y yo no te pido más que un poco de paciencia, niña querida. No +comprendes las dificultades de mi situación, que es muy sencilla sin +embargo. No tengo patrimonio personal, o muy poco. Estoy, pues, obligado +a grandes precauciones y tengo que contar, no sólo con mi madre, sino +con mi tío, y no violentar las cosas, en el mismo interés de este +caballero.</p> + +<p>—No reclamo para él más que tu nombre.</p> + +<p>—El nombre haría muy mal papel sin la fortuna, amiga mía.</p> + +<p>—Lo poco que yo tengo...</p> + +<p>—Lo poco que tú tienes podría apenas bastar para tu hijo, pero de +ningún modo para el vizconde de Candore. Sé, pues, razonable, te lo +ruego, y ten confianza en mí como yo en ti. ¿Piensas que te dejo con +gusto, joven y bonita como eres, expuesta a todas las tentaciones del +aislamiento?</p> + +<p>—Yo no estoy sola.</p> + +<p>—¡Bah!... ¿Crees que este es un guardia de corps suficiente?</p> + +<p>Se echó a reír jugando con el pequeño, que acababa de despertarse y +trataba de cogerle el bastón.</p> + +<p>Medio tranquila, la madre sonreía ante este gracioso espectáculo.</p> + +<p>De repente una campana de a bordo llamó a los pasajeros retrasados e +hizo palidecer a la pobre Juana, que vaciló en el brazo de su compañero.</p> + +<p>—¡Ea! adiós, querida mía—dijo Raúl separándose suavemente.</p> + +<p>—¿Adiós?</p> + +<p>—No, hasta la vista. ¡Qué purista eres!</p> + +<p>—Dale un beso, Raúl...</p> + +<p>—Por supuesto; más bien dos que uno.</p> + +<p>El joven rozó con su rubio bigote la frente sonrosada del niño.</p> + +<p>—Ahora a la mamá, dijo.</p> + +<p>Juana se acercó a él y dijo estremeciéndose.</p> + +<p>—¿Volverás?</p> + +<p>—Sin duda...</p> + +<p>—¿No me olvidarás?</p> + +<p>—¡Qué tontería!</p> + +<p>Iba Raúl a meterse en el barco cuando ella apoyó la mano en su hombro y +le dijo gravemente y con una firmeza que cuadraba mal con su fino y +vaporoso perfil de rubia:</p> + +<p>—Quiero creerte y te creo; pero te lo suplico, no abuses de mi +credulidad y de mi paciencia, pues ahora tengo un hijo a quien defender, +y le defenderé.</p> + +<p>—¿Amenazas?</p> + +<p>—No, una advertencia.</p> + +<p class="puntos">—Querida niña, si tuviera tiempo te demostraría que entre tú y yo no +puede haber nada más torpe ni más inoportuno. Pero oigo el segundo toque +y prefiero olvidar esta declaración intempestiva a exponerme a oír otra +más difícil de digerir.</p> + + + +<p>Un instante después el vapor navegaba hacia Granville y el puerto +erizado de blancas velas, las negras chimeneas y las murallas de granito +desaparecían en lontananza; pero Raúl, apoyado en la borda, creyó +distinguir por mucho tiempo una esbelta silueta de mujer que levantaba +un niño por encima de la cabeza.</p> + +<p>Por fin todo desapareció, y, desagradablemente impresionado por esa +vista y por las últimas palabras de Juana, Raúl se puso a pasear por el +puente lleno de gente y se esforzó en vano por ahuyentar el malestar que +le causaba aquella despedida profética.</p> + +<p>Pero pronto dominaron su ligereza y su escepticismo, y encogiéndose de +hombros murmuró:</p> + +<p class="puntos">—¡Bah! amenazas de mujer.</p> + + + +<p>Raúl olvidaba a la madre...</p> + + + +<p>Fue aquel para la de Raynal un período de alivio y de calma. Fuese por +la distracción, por el cambio o por el aire vivificante y saludable, +nadie hubiera conocido a la agonizante de la víspera, de movimientos +cansados, mirada muerta y piernas inertes en la intrépida paseante que +se veía con frecuencia en la «Brecha de los Ingleses», en el jardín de +la «Villa Blanca», en el casino de Granville y en la playa de +Saint-Pair.</p> + +<p>En efecto, poco sensible a las bellezas de la naturaleza, la indolente +criolla, que no hubiera dado dos pasos para admirar el más maravilloso +paisaje, no retrocedía ante media legua para ir a ahogarse en una sala +de concierto escuchando a algún cantante parisiense mientras protestaba +llena de convicción:</p> + +<p>—Es por ti, hija mía, exclusivamente por ti. Es preciso que te +distraigas y no te encierres en una alcoba de enfermo.</p> + +<p>Liette no regateaba nada de esto; era muy feliz. Después de las mortales +angustias que acababa de pasar, su corazón se dilataba con esta nueva +esperanza:</p> + +<p>—¡Dios me conservará mi madre!</p> + +<p>—Bien puedes dar las gracias a ese buen don Raúl decía la enferma;—sin +él, nunca me hubiera decidido a semejante viaje.</p> + +<p>No era necesario recordárselo; demasiado pensaba en ello Julieta. El +pensamiento de la criatura se mezclaba involuntariamente al del Creador +en sus acciones de gracias.</p> + +<p>Así fue que el día en que vieron desembarcar al conde entre los +pasajeros que venían de Jersey experimentaron más alegría que sorpresa, +hasta tal punto le tenían presente en la memoria.</p> + +<p>El joven, por su parte, hizo un gesto de vivo placer en cuanto las vio y +dijo acercándose a ellas con la maleta en la mano:</p> + +<p>—No esperaba la buena fortuna de encontrar a ustedes al llegar al +puerto. Cuento, sin embargo, con que no creerán ustedes que hubiera +esperado a mañana para ir a presentarles mis homenajes y a pedir +noticias de mi enferma... que veo que son buenas a juzgar por su cara.</p> + +<p>—¿Verdad que sí?—dijo vivamente Liette radiante;—mamá está mucho +mejor, gracias a Dios.</p> + +<p>—Y a usted, querido don Raúl—añadió aturdidamente la viuda;—no nos +cansamos de repetirlo.</p> + +<p>Raúl no recogió la frase, pero tomó nota de ella con íntima fatuidad.</p> + +<p>—Le creíamos a usted en Londres—dijo la joven para cambiar de +conversación.</p> + +<p>—Allí estaba, en efecto, la semana pasada; pero he hecho un rodeo para +visitar esa famosa isla de Jersey que los ingleses consideran como la +octava maravilla del mundo por la única razón de que tiene el honor de +ser inglesa, y también para comprobar el efecto de mi receta, pues sabe +usted, señora de Raynal, que pretendo ser su médico de cabecera.</p> + +<p>—Entonces, doctor, la curación le hace a usted honor. Me encuentro +perfectamente bien con sus consejos.</p> + +<p>—Sin embargo, ¿no es un poco imprudente el venir tan lejos?</p> + +<p>—No, tomamos un coche...</p> + +<p>—¿Uno de esos horribles armatostes?—dijo el conde haciendo un gesto +ante las muestras del género alineadas en la plazuela.—Deben de tener +peor movimiento que el barco...</p> + +<p>—Usted lo verá acompañándonos a la Villa Blanca, donde le haremos los +honores.</p> + +<p>—Con mucho gusto, querida señora, en cuanto deje la maleta en el hotel +de Francia, donde he tomado una habitación.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿Piensa usted alojarse en Granville?</p> + +<p>—Eso no me impedirá ir con frecuencia a Saint-Pair si ustedes me +invitan...</p> + +<p>Liette dejó ver una sonrisa de aprobación; le gustaba la delicadeza del +joven y la elogiaba. Raúl dejó a las dos señoras en la «Brecha de los +Ingleses» y les pidió permiso para ir a mudarse de traje mientras ellas +oían la música, prometiendo venir a buscarlas a las cinco para ir a +acompañarlas a su casa.</p> + +<p>Su ausencia, no muy larga, no fue perdida para él, pues la de Raynal no +cesó de prodigarle elogios.</p> + +<p>—¡Qué encantador caballero! Tan sencillo, tan amable, tan respetuoso +con las señoras... Enteramente como tu pobre padre, hija mía.</p> + +<p>Liette no pensaba en interrumpirla, dulcemente mecida por aquellas +palabras acompañadas muy bajito por una melodía de Gounod.</p> + +<p>A la hora convenida apareció el joven guiando una «Charrette» inglesa +tirada por un «poney» muy pacífico, según afirmó Raúl.</p> + +<p>—Permítame usted que sea su cochero durante mi corta estancia aquí, +querida señora; me comprometo a no volcar.</p> + +<p>La buena señora estaba radiante. Volver a Saint-Pair en aquel bonito +carruaje y en tan elegante compañía era una de esas satisfacciones de +vanidad pueril que halagaban más que nada a su frívola cabeza.</p> + +<p>Dio señales de agradecer mucho la atención, y cuando se pararon en la +verja dijo al joven:</p> + +<p>—Si no tiene usted miedo de una cocina de enferma, le pediré que +participe de nuestra comida.</p> + +<p>Raúl buscó la autorización de aceptar en la clara mirada de Liette...</p> + +<p>—Ya conoce usted los talentos culinarios de Mariana.</p> + +<p>El joven aprovechó esta aprobación indirecta, y un instante después +estaba instalado debajo de la cubierta de cristales, al lado de la +viuda, que le contaba los chismes de la playa, escuchados por él con +resignación ejemplar, mientras Liette, improvisándose cocinera, +confeccionaba un plato de dulce para las circunstancias.</p> + +<p>Fue aquella una velada deliciosa. En aquel marco tan bien hecho para +ella, Raúl, sensible como todos los refinados a las delicadezas +exteriores más que a las del alma, encontraba un nuevo encanto a la +modesta empleada de Correos, cuyas vulgares funciones olvidaba entonces +por completo.</p> + +<p>Los días siguientes pasaron como un sueño. Candore, como un verdadero +paladín, iba todas las mañanas a tomar las órdenes de las señoras para +el día.</p> + +<p>El tiempo estaba hermoso y había que aprovecharlo. Era la ocasión de +hacer expediciones románticas a La Lucerne y a Chanteloup.</p> + +<p>¿Cómo rehusar? Estaba hecho el ofrecimiento con tanta amabilidad y la +enferma palmoteaba con tan infantil alegría... Liette no lo pensaba +siquiera. Por otra parte, era feliz, muy feliz, y se abandonaba a la +felicidad sin tratar de analizarla. ¡Había habido tan pocos días +floridos en el jardín de su severa juventud!</p> + +<p>Íbanse a la ventura, sin más guía que un mapa de Estado Mayor, y caían a +veces en una ruidosa fiesta de pueblo o entre los empujones y el polvo +de un mercado de ganados.</p> + +<p>Raúl hacía mil locuras para hacer aparecer una sonrisa en los labios +descoloridos de la madre o merecer una mirada de agradecimiento de la +hija.</p> + +<p>Y había que ver a los vendedores, verdaderas sanguijuelas normandas que +adivinaban una presa fácil, seguirle los pasos, meterle en el bolsillo +pitos, rosquillas y golosinas y ponerle delante de las piernas rosados +cochinillos y rizados y blancos corderos.</p> + +<p>—¡Cómpreme usted algo para su señora!</p> + +<p>«¡Su señora!»</p> + +<p>Por oír esas dos palabras, que ponían un tinte de rubor en las mejillas +de Liette, hubiera el conde despojado todas las tiendas y hecho la +fortuna de todos los ganaderos.</p> + +<p>De este modo se llevaron triunfalmente de Breal un precioso corderillo, +«que acaba de dejar a la oveja, caballero, y que su señora de usted +podrá domesticar como un perro faldero.»</p> + +<p>—Será un recuerdo de este día, que es el último—dijo Raúl dando un +suspiro.</p> + +<p>En efecto, se marchaba al día siguiente. ¡Pero cuánto camino recorrido +en aquellos días, en sentido propio y figurado! ¡Cuánto camino por las +carreteras de Normandía y en el corazón de Liette!</p> + +<p>Y es que el amor sincero es comunicativo, y, por primera vez, aquel +amante veleidoso estaba sinceramente enamorado.</p> + +<p>¿Cómo se había apoderado ese sentimiento profundo y verdadero de aquel +estragado que había ido a Saint-Pair con las intenciones menos puras? +Raúl era un ser de impulsión más que de razonamiento, esclavo de su +imaginación y de sus nervios, tan incapaz de obedecer a fríos cálculos +como a la regla austera del deber.</p> + +<p>En aquel cuadro de familia, en medio de aquella comodidad mundana que +tan bien se armonizaba con su elegancia natural y con su perfecta +distinción, nada le recordaba a la modesta empleada y el enamorado +estaba bastante entusiasmado para ver en ella la futura condesa de +Candore.</p> + +<p>Ganada por su parte y sin darse cuenta de ello por la llama penetrante +de aquel amor que se estaba incubando hacía mucho tiempo en el fondo de +su ser, la tranquila, la prudente y severa Julieta, aturdida y fascinada +por una especie de vértigo, se abandonaba inconscientemente a la ola de +sensaciones nuevas, tumultuosas y confusas que turbaban vagamente su +alma virginal.</p> + +<hr /> + +<p>A unos cien pasos de la Villa Blanca, se elevaba, o más bien, se hundía, +hasta tal punto parecía una topera, una construcción gris aplastada bajo +un techo de bálago con una puerta baja y de medio punto y una estrecha +ventana guarnecida de dos barrotes en cruz en la que con frecuencia +danzaba una pálida luz a la sombra del crepúsculo.</p> + +<p>Si algún paseante retrasado se aproximaba por azar, podía ver una +humilde capilla a la que se bajaba por tres escalones gastados y +desportillados y alumbrada por el resplandor tembloroso de unos cirios +casi consumidos, mientras alguna vieja de cabeza vacilante bajo la manta +bretona murmuraba una oración.</p> + +<p>No había allí estatuas de mármol, ni custodias doradas, ni ricos vidrios +ni cuadros raros; solamente las cuatro paredes húmedas y agrietadas, el +tragaluz abierto por el que entraban libremente el viento, la lluvia y +la nieve o, a veces, un cálido rayo de sol y la imagen argentina de la +luna o de la estrella de los marinos; la puerta maciza como la de una +cárcel, abierta día y noche en el camino solitario sin temor de que +nadie encontrase nada que meter en las alforjas; unos bancos de piedra +incrustados en el suelo apisonado y alineados enfrente de un altar de +madera carcomida en el que se mostraba una grosera imagen de la Virgen +niña, apoyada en la falda de su madre, dos figuras angulosas y tiesas, +pero a las que el pintor primitivo, a falta de genio, había dado una +suavidad divina. Era la capilla de Santa Ana.</p> + +<p>Además de la célebre peregrinación de Santa Ana de Auray, hay así +numerosos santuarios sembrados a todos los vientos en aquella tierra de +fe cándida, reputaciones de campanario muy reducidas hoy gracias a los +billetes de ida y vuelta que permiten a cualquier peregrino ir a +contemplar al mismo tiempo el Sagrado Corazón y la torre Eiffel, como lo +hace constar melancólicamente el delicioso autor de «Colás, Colasse et +Colette».</p> + +<p>Sin embargo, la capillita en cuestión tenía aún sus fieles, escasos, +pero tenaces; aldeanas viejas apegadas a las antiguas costumbres como a +las antiguas modas, y que iban a quemar un cirio por la curación de +alguna enfermedad, rudos pescadores que en la tormenta han puesto su +confianza hereditaria en la Virgen que acogía los votos de sus padres, y +jóvenes prometidos, supersticiosos como todos los enamorados, que van a +encender dos cirios juntos cuya llama más o menos viva es el símbolo de +su amor.</p> + +<p>A Liette le gustaba aquel rincón, poético vestigio del pasado que se +armonizaba mejor con sus inocentes prácticas que el cuadro moderno de +las iglesias parisienses. Todos los días iba a rezar por su querida +enferma y mientras se consumía lentamente el cirio ofrecido por ella, la +joven sentía poco a poco amortiguarse su dolor y disiparse sus temores, +ahuyentados como por un aletazo del pájaro místico de la esperanza, +refugiado en el más pobre tabernáculo.</p> + +<p class="puntos">¡Hace tanta falta creer y esperar cuando se sufre!</p> + + + +<p>Liette se sentía aquella tarde cansada, triste y oprimida; una angustia +indefinible se había apoderado de ella y las primeras sombras del +crepúsculo, que ensombrecían la capilla helada aumentaban su malestar +inexplicable.</p> + +<p>Arrodillada en el fondo del santuario vacío, en el que dormitaba la +vendedora de cirios, permanecía inmóvil y con el corazón oprimido.</p> + +<p>¿Por qué?</p> + +<p>Su madre no estaba peor, al contrario, sus fuerzas parecían renacer y la +anciana volvía a la vida.</p> + +<p>Entonces...</p> + +<p>¡Su madre! ¿No era su única preocupación y su único cuidado?</p> + +<p>—¡Dios mío, consérvame a mi madre!—repetía, tratando en vano de +absorberse en la oración.</p> + +<p>Pero esa oración maquinal no le devolvía la calma, ni el reposo ni la +paz...</p> + +<p>¿Qué tenía?</p> + +<p>En la puerta aparecieron dos sombras; eran dos prometidos.</p> + +<p>Ambos avanzaron tímidamente, él dando vueltas al sombrero, y ella +echando una mirada furtiva a la parisiense. La guardiana, arrancada a su +sueño, sonreía con malicia mostrando sus cirios. Los novios eligieron +dos del mismo largo, los encendieron juntos gravemente y los colocaron +en el altar.</p> + +<p>Después, cogidos de la mano, se quedaron silenciosos y recogidos, con +los ojos fijos en aquel frágil emblema de su amor.</p> + +<p>Y cuando la mecha se carbonizaba, cuando la cera corría mal, eran de ver +sus frentes sombrías y sus pupilas mojadas. La operación fue larga +aunque los cirios eran modestos, pero los novios esperaron paciente y +pasivamente siguiendo las etapas de su común destino...</p> + +<p>Un chisporroteo... Una llamarada más viva...</p> + +<p>El cirio del mozo se apagó el primero.</p> + +<p>—Mejor; así no te veré morir—exclamó con una especie de alegría +egoísta.</p> + +<p>—Mejor; así estaré allí para ayudarte a morir—suspiró dulcemente la +novia, cuya cándida abnegación brillaba bajo la cofia blanca.</p> + +<p>Y se fueron en la paz de la radiante tarde, cogidos del brazo...</p> + +<p class="puntos">Liette ocultó la cara entre las manos y lloró.</p> + + + +<p class="puntos">—¡Valor, Liette!</p> + + + +<p>No había dicho aquello la tierna voz paternal, pero sí otra voz también +muy tierna.</p> + +<p>Raúl estaba a su lado.</p> + +<p>¿Había sorprendido aquella escena conmovedora que alteró el corazón de +la pobre niña como una repentina revelación? ¿Adivinaba lo que hacía +correr sus lágrimas? ¿Leía en sus ojos húmedos el secreto de su emoción?</p> + +<p>La joven se levantó sobresaltada para esquivar su mirada y fingió estar +distraída en la elección de un cirio, que encendió y puso en el sitio +del de la bretona.</p> + +<p>Después volvió a su banco y se arrodilló, con la cabeza entre las manos.</p> + +<p>Cuando se levantó dejó escapar una exclamación; dos cirios estaban +ardiendo juntos, y, como los dos novios de hacía un momento, Raúl, +arrodillado al lado suyo, murmuraba a su oído:</p> + +<p>—Liette, amo a usted. ¿Me ama usted a mí?</p> + +<hr /> + +<p>Al encontrarse en la pacífica casa del Correo, sentada en su estrecha +oficina junto al ventanillo ante el cual desfilaban las mismas caras +familiares, Liette hubiera podido creer que nunca había salido de allí.</p> + +<p>La de Raynal, vuelta a caer en su atonía, dormitaba inerte y pasiva +recostada en su butaca junto a la ventana abierta. Las comadres la +saludaban al pasar con las mismas palabras de conmiseración, y el +cartero, poco hablador naturalmente, se llevaba militarmente la mano al +quepis y dirigía a la madre y a la hija una mirada de respetuosa +simpatía mordiéndose el duro bigote.</p> + +<p>Saint-Pair, la Villa Blanca, el mar bretón, la campiña normanda, la +Brecha de los Ingleses, la capilla de Santa Ana, ¿era todo eso un sueño, +una ilusión, una quimera?</p> + +<p>Liette estaba a veces por preguntárselo.</p> + +<p>Un balido quejumbroso y una cabeza rizada que se apoyó en su falda, +respuesta indirecta a su pregunta, arrancáronle un suspiro involuntario.</p> + +<p>—Silencio Breal, vas a despertar a mamá—dijo temerosa.</p> + +<p>Lo que despertaba sobre todo el pobre Breal eran los ardientes recuerdos +que la joven hubiera querido adormecer para siempre; las locas carreras +por el polvoriento camino al galope del fogoso poney, los chasquidos +del látigo del cochero improvisado mezclados con los gritos de susto de +la de Raynal, los regresos melancólicos en las primeras sombras del +crepúsculo que borraban el paisaje y echaban en las olas como un velo de +viuda, el estrépito de la feria de Breal, el acento zalamero de la +aldeana:</p> + +<p>—¡Un corderito para la señora!</p> + +<p>Era sobre todo el instante supremo, en el recogimiento de la obscura +capilla, cuando conoció la inefable embriaguez de un amor correspondido.</p> + +<p class="puntos">¡Pobre Breal! Mago inconsciente, su voz evocaba aquel pasado +inolvidable, y mientras le regañaba un poco, Liette acariciaba +maquinalmente sus lanas de nieve como las imágenes engañadoras que +pasaban ante sus ojos soñadores.</p> + + + +<p>No había vuelto a ver a Raúl ni a su familia, que se habían marchado +antes de su vuelta y estaban ya instalados en la Villa Blanca; pero +además de una correspondencia activa y cariñosa con su discípula, había +recibido varias cartas del joven conde a pesar de su formal prohibición.</p> + +<p>En efecto, Liette no era mujer de abandonarse sin resistencia y sin +lucha a una pasión cuyos peligros le mostraba claramente su severa +conciencia.</p> + +<p>Arrancándose a la emoción deliciosa en que la había sumido la +declaración espontánea de Raúl, se había dominado valientemente y, +mostrándole el callejón sin salida en que iba a meterse imprudentemente, +la habló el lenguaje imperioso de la razón y del deber.</p> + +<p>Todo les separaba, nombre, posición y fortuna. La de Candore quería +seguramente para su hijo el brillante matrimonio que él tenía derecho a +esperar, y corresponder a sus bondades introduciendo la perturbación en +su casa era una verdadera falta de delicadeza.</p> + +<p>—Olvídeme usted, amigo mío: olvide un momento de locura del que no +tardaría usted en arrepentirse. Separémonos sin remordimientos, ya que +no sin pesar. Nuestro bello sueño se rompería las alas contra las +brutales realidades de la existencia; devolvámosle su vuelo y mirémosle +perderse en el espacio entre una sonrisa y una lágrima. Este recuerdo +será para mí la florecilla azul cogida juntos y que se secará solitaria +en la mejor página del libro de mi vida. Para usted será el perfume +fugaz respirado al paso y al que no se mezclará ninguna amargura, y más +adelante, cuando seamos viejos, muy viejos, si el malicioso azar nos +reúne, tendremos la impresión fugitiva, pero exquisita, de haber sido el +uno para el otro menos que nada y más que todo.</p> + +<p>Raúl no quería oír nada y le cerraba la boca con sus declaraciones +inflamadas y sus calurosas protestas, fraseología sentimental en la que +sobresalía y de la que se servía esta vez con una sinceridad más +comunicativa que su habilidad ordinaria.</p> + +<p>La amaba, y el amor era la razón suprema y el supremo deber. La amaba, y +ese amor saldría victorioso de todos los obstáculos, cuya importancia, +por otra parte, se exageraba Liette. La amaba, y por la sola potencia de +ese amor, se comprometía a convencer a la señora de Candore y a obtener +su consentimiento.</p> + +<p>—Pruebe usted—murmuró ella vencida.</p> + +<p>Raúl se agarró a aquel medio consentimiento arrancado a su cansancio y +todo lo que Liette pudo obtener fue un mes de reflexión y la promesa de +guardar silencio con una y otra madre y de abstenerse hasta entonces de +todo paso y de toda carta... promesa a la que él se apresuró a faltar en +cuanto a este último punto.</p> + +<p>«Perdóneme usted que infrinja su prohibición, Liette—le escribió al día +siguiente de su separación,—pero necesito dar a usted la fe que le +falta. Mal me juzga usted si cree que el tiempo puede modificar mis +sentimientos y si atribuye la declaración sincera y espontánea de mis +labios a un impulso irreflexivo y a una animación pasajera. Si cedí a +una tracción irresistible, no fue sin lucha ni combate. Hoy me confieso +vencido y ni mi corazón ni mi razón pueden hacerme avergonzar de mi +derrota. Pertenecemos a la misma clase; nada nos separa realmente, ni la +educación ni los gustos. Reconozco humildemente la superioridad de su +mérito de usted, de su carácter y de sus sentimientos, y ya sabe usted +que mi misma madre los ha reconocido muchas veces. Así, pues, no podrá +menos de aprobar mi elección y acoger a usted como a una hija +predilecta, digna hermana de nuestra Blanca que tanto quiere a usted. No +sea usted más severa que los míos, Liette; no se niegue a mi dicha, a la +suya y a la de la querida enferma a quien he dedicado los sentimientos +de un hijo.</p> + +<p>«Una palabra de aliento y de confianza para darme el valor que tanto +necesito.»</p> + +<p>A pesar de esta última súplica, que denotaba una inquietud y una +vacilación mal disimuladas bajo la aparente resolución de las primeras +líneas, Liette no respondió, firmemente decidida, aunque se rompiese su +corazón, a no salir de la reserva que le mandaban imperiosamente su +dignidad y su deber.</p> + +<p>Raúl volvió a la carga.</p> + +<p>«Me encuentro en estos lugares llenos de usted, donde las cosas, menos +crueles que su alma, me dan el aliento que usted me niega sin piedad. El +mar, con sus olas cambiantes como sus ojos de usted, y de voz grave como +la suya, meciendo mi dolor al ritmo de sus ondas me ha dicho +«Esperanza». Santa Ana, testigo mudo de nuestros esponsales, parece que +me sonríe y que murmura «Confianza». El verde campo, dormido bajo la +caricia del sol, el beso de la brisa y la canción de sus nidos, me ha +suspirado «Amor». Y todos me han gritado ¡«Anda»!</p> + +<p>«¿No me lo repite usted también, Liette?»</p> + +<p>Liette permaneció silenciosa.</p> + +<p>En el fondo, Raúl no deploraba más que a medias el plazo que se le había +impuesto. La verdad era que la presencia de la señora de Candore +paralizaba un poco sus veleidades de independencia y no le disgustaba +dejar para más adelante una explicación embarazosa, de la que no estaba +seguro de salir con los honores de la guerra a pesar de sus +fanfarronadas. Así era que veía llegar el fin del mes con menos +impaciencia que inquietud.</p> + +<hr /> + +<p>El plazo había ya expirado.</p> + +<p>Aquel día, al acabar de comer, Raúl pidió bruscamente a su madre el +favor de una entrevista particular, decidido a quemar sus naves.</p> + +<p>Blanca, que contaba con él para una partida monstruo de tennis +organizada con una colonia americana compuesta de jugadores de mérito, +hizo una linda mueca de despecho.</p> + +<p>—Otra vez me das esquinazo... Tu «amabilidad» empieza a pesarte. Ya nos +has dejado a mamá y a mí ir solas a Jersey... Y tú te lo has perdido...</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—Porque hubieras encontrado a una antigua amiga, que tenía el +privilegio de excitar tu elocuencia a falta de tu admiración... miss +Dodson, y miss Dodson sin anteojos.</p> + +<p>Aunque preveía la alusión, la frente del joven se obscureció con una +sombra.</p> + +<p>—¡Estás loca, Blanca!—dijo la condesa ligeramente contrariada por esa +salida intempestiva.</p> + +<p>—No, mamá, te aseguro que he conocido muy bien de lejos a mi antigua +institutriz conduciendo un cochecito de niño.</p> + +<p>Esta vez Raúl palideció a pesar suyo.</p> + +<p>—¡Pobre muchacha!—dijo Neris con interés.—¿Estará reducida al papel +de niñera?</p> + +<p>La de Candore, que no quitaba los ojos de su hijo, notó su visible +turbación y su frente se arrugó con un fruncimiento imperceptible.</p> + +<p>—¿Vas a acompañar a Blanca, hermano?</p> + +<p>—Ciertamente, querida Hermancia. ¿Vienes, pequeña?</p> + +<p>Blanca presentó la frente a su madre y dijo a Raúl amenazándole con el +dedo:</p> + +<p>—A ti no te doy un beso.</p> + +<p>Pero como era incapaz de un enfado prolongado, cambió de parecer al +llegar a la puerta y dijo con gracioso aturdimiento lanzándose a +abrazarle:</p> + +<p>—Ya me desquitaré mañana; te confisco por todo el día.</p> + +<p>—Aprobado—respondió Raúl alegremente.</p> + +<p>Mientras la joven se echaba a correr para alcanzar a su tío, la condesa +se dirigió a la cubierta de cristales seguida por el diplomático, que +iba mascullando su exordio.</p> + +<p>—¿Tienes que hablarme, Raúl?—dijo la condesa.—¿Qué quieres? Yo +también tengo que decirte algo.</p> + +<p>—Entonces, tú la primera—respondió cortésmente el joven, interesado en +aprovechar el menor plazo, aunque un poco alarmado por el tono de su +madre.</p> + +<p>—Como quieras.</p> + +<p>La condesa se recogió un momento y dijo:</p> + +<p>—Es un asunto delicado, extremadamente delicado... del que hubiera +deseado no hablar todavía contigo... Pero hay en esto para mí un caso de +conciencia... En una palabra, se trata de tu excesiva familiaridad con +Blanca...</p> + +<p>—¡Blanca! mi hermana...</p> + +<p>Raúl que hacía un momento estaba literalmente sobre ascuas, miró a su +madre con verdadera estupefacción... ¿Estaba en su juicio?... ¿Sabía él +mismo lo que había oído?</p> + +<p>—Blanca no es tu hermana—dijo gravemente la noble dama.</p> + +<p>—¡Que no es mi hermana!... ¿Qué es entonces?</p> + +<p>—Mi sobrina y tu prima.</p> + +<p>—Entonces mi tío...</p> + +<p>—Es su padre.</p> + +<p>Recordando en términos discretos la juventud tempestuosa del señor +Neris, la condesa reveló a Raúl el matrimonio escandaloso de su tío con +una mujer indigna que le había indispuesto con toda la familia hasta el +día en que, solo y abandonado con una hija en la cuna, había venido a +suplicar a su hermana que le acogiese en su casa.</p> + +<p>—Sin dejar de desaprobar su conducta, cedí a sus súplicas en interés de +esa pobre niña y en el tuyo.</p> + +<p>—¿En el mío?</p> + +<p>—Sin duda. Esta complacencia te aseguraba las bondades de tu tío, muy +necesarias para establecerte, dada la exigüidad de tu patrimonio.</p> + +<p>A través de los cristales, Raúl seguía con mirada curiosa al padre y a +la hija, a quienes veía bajo un nuevo aspecto. ¡Qué ternura, en efecto, +en los menores ademanes del anciano, en el largo beso que depositaba en +la frente de su hija cuando ésta se iba muy alegre hacia sus compañeras +y en la mirada con que le envolvía al desdoblar maquinalmente «Le Temps» +del día anterior!</p> + +<p>—¿Cómo diablos no lo he sospechado?—dijo el diplomático encogiéndose +de hombros, humillado por su poca perspicacia.—Salta a la vista que es +su hija.</p> + +<p>—Y su única heredera.</p> + +<p>El joven se volvió como si le hubiera picado una mosca.</p> + +<p>—¿Cómo es eso?</p> + +<p>—¡Diablo! su padre le dejará naturalmente toda su fortuna.</p> + +<p>—Es muy probable—murmuró el conde mordisqueándose nerviosamente el +bigote.</p> + +<p>Dio unos paseos en silencio, y dijo parándose delante de su madre:</p> + +<p>—¿Y yo, entonces?</p> + +<p>—No dudo que, como agradecimiento, mi hermano te dejará...</p> + +<p>—Un hueso que roer. ¡Vaya una ganga!</p> + +<p>—¡Raúl!</p> + +<p>—¡No, verdaderamente, es inicuo!... Se me deja crecer con una esperanza +quimérica y comprometer, acaso, mi porvenir, y, de la noche a la mañana, +todo se viene abajo como un castillo de naipes y se me deja reducido a +una medianía que no es siquiera dorada.</p> + +<p>Impotente para devorar su amarga decepción, pisoteaba rabiosamente la +estera de China que cubría el suelo.</p> + +<p>—Vamos a ver, mamá, debe de haber algún medio...</p> + +<p>Por los delgados labios de la condesa se deslizó una imperceptible +sonrisa. ¡Qué bien conocía a su hijo y qué bien le había llevado +insensiblemente al punto preciso en que le quería!</p> + +<p>—¡Un medio!... No veo más que un buen matrimonio, al que tu nombre te +da derecho a aspirar. En cuanto a la herencia de tu tío, no hay que +pensar en ella, y es posible, por otra parte, que de aquí a entonces +Blanca tenga un marido que cuide de sus intereses...</p> + +<p>—¿Crees que, en su posición, se casará fácilmente?</p> + +<p>—Sí y no, amigo mío; es una muchacha encantadora y bien educada, a la +que la madre más exigente será dichosa en tener por hija. Sin embargo, +aunque cubierta por mi tutela de un barniz de respetabilidad, ciertas +familias... timoratas... tendrían ciertos escrúpulos. Pero, en suma, no +le faltarán pretendientes aceptables y más de un noble arruinado, +aficionado a la buena vida, querrá dorar su blasón gracias a la +generosidad asegurada de su suegro.</p> + +<p>—Blanca no consentirá en casarse con el primero que se presente; quiere +un marido...</p> + +<p>—Que se parezca a ti; lo dice muy alto.</p> + +<p>Fue esto dicho negligentemente y sin la menor intención aparente, pero +el tiro había dado en el blanco. Raúl aguzó el oído, y dijo tratando de +leer en el pensamiento de su madre:</p> + +<p>—¿Decididamente, no tienes ninguna idea?</p> + +<p>—Dios mío, no, ni sombra de una... Pero acaso la tendré más adelante... +Por otra parte, busca por tu lado. ¿No eres diplomático?</p> + +<p>Raúl hizo un gesto de mal humor, pero sabía por experiencia que la +condesa no entregaba nunca por entero su pensamiento y que él usaría en +vano todas las astucias de su diplomacia. Así, pues, dijo levantando el +sitio:</p> + +<p>—Te doy las gracias por tu confianza y tus consejos, mamá. Pensaré en +todo esto.</p> + +<p>—Pero tú, hijo mío, ¿no tenías una confidencia que hacerme?</p> + +<p>Raúl sufrió un estremecimiento significativo.</p> + +<p>¡Liette! La había olvidado. Además la situación no era ya la misma...</p> + +<p>Y respondió balbuciendo avergonzado y confuso:</p> + +<p>—Nada, mamá, una pequeñez...</p> + +<hr /> + +<p>Raúl se subió a su cuarto.</p> + +<p>Era una gran pieza clara y alegre, con anchas ventanas, una de las +cuales daba al mar y la otra al campo. Por un lado el movimiento y el +ruido de la playa, el murmullo cadencioso de las olas, las canciones de +las lavanderas al depositar la ropa en las rocas, las risotadas de los +bañistas y las locas carreras en la marea baja por la inmensa sábana de +arena franjeada de plata; y por el otro la calma y el reposo de los +campos, las frondosas laderas y el camino solitario en el que raros +transeúntes ponían una sombra de vida, mientras que la capilla con sus +muros grisáceos, su puerta baja y sus barrotes en cruz, parecía, al +contrario, un monumento funerario.</p> + +<p>Aunque nada tenía de poeta, era a aquel balcón donde el conde iba a +menudo a soñar con su amiga. En el recogimiento de la hora crepuscular, +que confunde el paisaje en tintas imprecisas y dulces tan en armonía con +las impresiones melancólicas, Raúl evocaba el recuerdo turbador de sus +místicos esponsales, como ella en su estrecha oficina.</p> + +<p>Pero aquel día no tuvo ni una mirada para aquel cuadro familiar y +dejándose caer en una butaca, se abandonó a un verdadero acceso de +misantropía agresiva.</p> + +<p>Su tío, su prima, su madre misma, pasaron allí un mal cuarto de hora.</p> + +<p>¡Oh! ¿De qué no son capaces esos vividores camastrones que olvidan los +derechos sagrados de la familia? Y la condesa, tan alarmada por la menor +travesura, que protegía aquel escándalo uniendo al padre con la hija en +lugar de separarlos y preparando inconscientemente la ruina de su hijo +en lugar de defender sus intereses...</p> + +<p>—¡Todo el mundo se ha ligado contra mí!—pensaba con rabia +reconcentrada.</p> + +<p>Muy sincero en sus recriminaciones egoístas, como acostumbrado a +considerar como suya la fortuna de Neris, se juzgaba desposeído de unos +bienes legítimos y su indignación, bastante cómica, era perfectamente +justificada a sus ojos. Poco le faltaba para hacer a la pobre Blanca +responsable de aquel despojo.</p> + +<p>¡Ella, a quien había tenido la candidez de querer como a una hermana, +sin desconfianza, robarle su herencia!</p> + +<p>Todavía, si hubiera podido tomarla con alguien... Pero un anciano y una +niña... Estaba impotente y desarmado, condenado a devorar su cólera so +pena de ser ridículo u odioso.</p> + +<p>Caído delante del escritorio, estaba atormentando maquinalmente su +cortapapeles de marfil y doblándole como un florete.</p> + +<p>¡Clac! En su mano nerviosa, se rompió la hoja de repente con un ruido +seco.</p> + +<p>Este accidente tan ligero puso el colmo a su irritación... Con un brusco +ademán, barrió todo lo que se encontraba delante de él, y portaplumas, +lápiz y papeles volaron hasta el centro de la pieza.</p> + +<p>Sólo permaneció en la mesa una carta comenzada.</p> + +<p>«Liette.»</p> + +<p>¿Liette?</p> + +<p>¡La había olvidado!</p> + +<p>«Voy a hablar a mi madre, le escribía aquella misma mañana; cuando acabe +estas líneas será usted mi prometida a mis ojos como a los suyos.</p> + +<p>«¿Late su corazón de usted más de prisa en esta hora en que me juego +más que la vida y se acuerda un poco del que no piensa más que en usted?</p> + +<p>«Suena la campana... Echo la última mirada a la capilla de Santa Ana, +donde tiembla un débil resplandor, estrella de esperanza. Si escucha mis +ruegos, esta noche iluminaré su santuario hasta dar envidia a su hermana +de Auray.»</p> + +<p>Raúl leyó fríamente estas ardientes palabras.</p> + +<p>—¡Buena tontería iba a hacer!—masculló entre dientes.</p> + +<p>En seguida tuvo vergüenza de este grito del corazón, eco fiel de su +inconsciente egoísmo, y trató de colorear su defección a sus propios +ojos.</p> + +<p>Ciertamente, hubiera querido casarse con Liette; ¿pero podía? ¿Era digno +y leal asociarla a un porvenir precario después de haber hecho brillar +ante ella un espejismo engañador? Habiéndole ofrecido compartir con ella +una gran fortuna, ¿podía no llevarle más que una baja medianía? +Seguramente, no dudaba que era amado por sí mismo, y acaso la noble +joven experimentaría más gozo que tristeza al darle esta prueba de amor +y de desinterés; pero él, un caballero, ¿debía aceptar?</p> + +<p>Por otra parte, jamás la de Candore, cuyos designios había penetrado, +aprobaría semejante locura. Negaría su consentimiento, y el pedírselo +no conduciría más que a exponer a la pobre institutriz a alguna afrenta +humillante. Lo mejor era callarse, resignarse, obedecer; y aquella hija +de soldado fuertemente impregnada de disciplina sería la primera en +aconsejárselo.</p> + +<p>En el fondo, su resolución estaba ya tomada.</p> + +<p>Estaba bastante enamorado para hacer un matrimonio pobre siendo él rico +y no debiendo sufrir por ese ligero sacrificio ni en sus costumbres ni +en sus gustos refinados; pero afrontar la medianía, ni aun con la mujer +amada, era superior a sus fuerzas y a su valor.</p> + +<p>—¡Pobre Liette! ¡Qué pena va a tener!—murmuró con cierta fatuidad.</p> + +<p>También él sufría... pero no mucho.</p> + +<p>Su entusiasmo había caído con sus esperanzas, y la decepción material +había matado brutalmente al sentimiento ideal que por un instante le +había transportado en sus alas.</p> + +<p>Admiraba en sus adentros la presciencia adivinatoria de la condesa, que +siempre intervenía en el momento decisivo y que acababa de detenerle en +el borde del abismo en que iba a dejarse caer imprudentemente.</p> + +<p>—Sin la oportunidad maternal, me metía en un lindo barrizal—pensó con +una satisfacción que alivió un poco la amargura de sus +pesares.—Decididamente, mi señora madre tiene un olfato maravilloso y +haré muy bien en seguir sus consejos más o menos directos.</p> + +<p>¿Un buen matrimonio?...</p> + +<p>Encendió un cigarro y fue a asomarse a la ventana que daba a la playa.</p> + +<p>La partida estaba en su pleno y los «Play», «Ready» que se cruzaban +entre los jugadores llegaban a su oído llevados por la brisa marina.</p> + +<p>Hasta distinguía el duro acento anglosajón y las notas argentinas de +Blanca cuando se reía de alguna jugada torpe.</p> + +<p>Aquella chiquilla tenía la culpa de todo...</p> + +<p>Buena muchacha en suma, llena de delicadeza y de corazón, lejos de +rehusar nada al que ella consideraría siempre como su hermano mayor, +sería la primera en decirle:</p> + +<p>—Repartámonos la fortuna.</p> + +<p>Pero su dignidad no podía consentir...</p> + +<p>¿Con qué título?</p> + +<p>Un primo no es un hermano ni un marido...</p> + +<p>¿Un marido?</p> + +<p>Después de todo, él podía llegar a serlo. Si era absolutamente preciso +resignarse a un buen matrimonio, y no veía otra salida, ¿por qué no ella +mejor que una pécora cualquiera que hiciese sonar demasiado su dinero y +que, al menos, le tratase de igual a igual siendo su señor y dueño? +Blanca, la pobre, se estimaría muy feliz siendo su humilde servidora.</p> + +<p>Porque no había duda, ya le adoraba como hermano. ¿Qué iba a ser +ahora?...</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 3em;">Casi siempre una prima</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">adora a su primito...</span><br /> +</p> + +<p>tarareó entre dos bocanadas de humo.</p> + +<p>Su intimidad se había desarrollado particularmente en aquella +expedición, en la que absorvido por un pensamiento único, Raúl no estaba +dispuesto a coquetear según su costumbre y se limitaba a la sociedad de +su hermana. Con ella podía hablar libremente de Liette, y no dejaba de +hacerlo. Ella le respondía con toda la inocencia de su alma, no cesaba +de elogiar a su institutriz y respondía a los cumplimientos fraternales +sobre su personilla:</p> + +<p>—En otro tiempo no me encontrabas tan a tu gusto; el reflejo de miss +Dodson me era menos favorable...</p> + +<p>La joven decía esto alegremente y sin malicia alguna.</p> + +<p>Indiferente a los otros jóvenes, mariposones de casinos o estrellas de +playa que exhibían sus gracias en las partidas de tennis y empleaban su +ingenio en las sabias combinaciones del cotillón. Blanca respondía +ingenuamente a las bromas de su hermano que le instaba a elegir un +novio.</p> + +<p>—No hay ni uno que se parezca a ti...</p> + +<p>En ese caso...</p> + +<p>¿Por qué no después de todo?</p> + +<p>Aquel era evidentemente el plan de la señora de Candore, cuya prudencia +maternal había desconocido... Y más todavía el deseo del tío Neris, que +encontraría difícilmente mejor partido y no regatearía para asegurar la +dicha de su hija.</p> + +<p class="puntos">—Además, se pondrá tan contenta la pobre muchacha...—pensaba con la +magnanimidad de un príncipe, retorciéndose el fino bigote.</p> + + + +<p>En la playa, acabada la partida, cambiábanse vigorosos apretones de +manos al cumplimentar a los vencedores, que eran Blanca y su pareja, un +joven discípulo de Saint-Cyr que había reemplazado a Raúl a última hora. +Ambos hablaban y reían con un aplomo de buen gusto, pero que no por eso +dejó de atacar los nervios un poco irritables del señor de Candore, el +cual arrojó el cigarro medio fumado y bajó rápidamente al encuentro de +su prima.</p> + +<p>Blanca se disponía a volver a la quinta con las facciones animadas por +el ardor del juego, mientras la sangre corría más viva bajo su piel +transparente y nacarada. Su belleza, un poco frágil, tenía algo de +delicado y conmovedor.</p> + +<p>—Te sofocas demasiado—dijo el señor Neris con alarmada solicitud;—vas +a coger frío.</p> + +<p>Pero ya Raúl traía un chal y cubría con él los hombros de la joven con +un matiz de galantería que la condesa, en pie en la escalinata, fue la +única en observar.</p> + +<p>Por sus delgados labios se deslizó una enigmática sonrisa.</p> + +<p>—Vamos—pensó,—la novela ha concluido y comienza el idilio.</p> + +<hr /> + +<p>Aproximábase el fin de la señora de Raynal, y esta vez nada podía ya +retardarle. Después de unas cuantas semanas de respiro y de esperanza, +último resplandor de la lámpara próxima a extinguirse, la enfermedad, +contenida un instante, llegaba ahora a marchas dobles. Consultas, +remedios, cuidados y oraciones, todo fue inútil. La muerte estaba allí, +halagüeña y acariciadora para aquella vieja infantil que se abandonaba a +ella sin resistencia.</p> + +<p>Me siento tan gastada y tan fatigada, hija mía, que es caritativo +dejarme al fin reposar. Tú eres una valiente, igual que tu padre, con su +carácter de hierro en el que se embota la desgracia, mientras que a +nosotras, pobres sensitivas, nos quiebra como el cristal. ¡Ah! vosotros +sois los privilegiados de la vida...</p> + +<p>—¡Privilegiada! ¡Pobre Liette!</p> + +<p>Temblando por aquella existencia que pendía de un hilo y por su amor, +acaso más frágil todavía, la joven devoraba sus lágrimas y ocultaba sus +angustias a fin de no entristecer aquella agonía...</p> + +<p>¿No estaba ella amenazada por un doble duelo? A pesar de las cartas de +Raúl, su corazón estaba martirizado por penetrantes aprensiones ¡Blanca +amaba!</p> + +<p>Amaba con todas las fuerzas de su alma ardiente pero concentrada; amaba +con la hermosa confianza y el cándido entusiasmo de los dieciséis años; +pero también con la desconfianza involuntaria y la temerosa timidez de +un amor tardío; amaba con la energía de una mujer y la debilidad de una +niña.</p> + +<p>¡Blanca amaba!</p> + +<p>¿Y él? Se lo había dicho y se lo repetía sin cesar. Ciertamente, no +dudaba de él, pero temía a la condesa. Si su voluntad, fortalecida con +sus derechos de madre, se elevaba como una barrera entre los dos y no +podían romperla, ¿no tendrían que inclinarse el uno y el otro? Y en su +abnegación de mujer amante, pensaba, olvidando su propio sufrimiento.</p> + +<p>—¡Pobre Raúl! Al menos él no se quedará solo.</p> + +<p>Pero, ¿y ella?</p> + +<p>¿Le iba a faltar todo a la vez?</p> + +<p class="puntos">Y con temor supersticioso trataba desesperadamente de retardar el +desenlace fatal, como si la vida de la una estuviese ligada al amor del +otro y debiesen confundirse sus últimos suspiros.</p> + + + +<p>Aquel día, una tibia tarde de septiembre, la enferma, a pesar de su +extremada debilidad, había querido que la llevasen al jardín y +lánguidamente echada en su hamaca, estaba evocando, con voz ya lejana, +sus recuerdos de la primera juventud, enjambre de mariposas color de +rosa que revolotean alrededor de la frente de los moribundos en la hora +del último crepúsculo.</p> + +<p>—Era un día muy parecido a éste... Nuestro hermoso sol de los Trópicos +se velaba triste y huraño... Mi madre, en su hamaca como yo estoy ahora, +tiritaba como yo tirito... Estaba yo triste como tú lo estás hoy, hija +mía... Hacía ocho días que no teníamos noticias de tu padre... que +todavía no se había declarado... Yo tenía el corazón oprimido... tan +oprimido, que estalló de repente y me eché sollozando en los brazos de +mi madre.</p> + +<p>—¡Pobre mamá!</p> + +<p>Entonces ella, que lo había adivinado todo, no pronunció más que un +nombre:</p> + +<p>—¿Raúl?</p> + +<p>—No, Jorge—rectificó Liette con sonrisa forzada.</p> + +<p>La de Raynal hizo un movimiento de impaciencia.</p> + +<p>—En verdad, hija mía, tienes poca confianza en tu madre—dijo en tono +de despecho.—¿Quieres esperar a que esté muerta?</p> + +<p>—¡Oh! mamá...</p> + +<p>—¿Crees que no veo claro? ¿Por qué dejarme marchar en la duda?</p> + +<p>—¡Madre mía!...</p> + +<p>—Eres una ingrata, una mala hija... Después de lo que he hecho por ti, +me niegas este último consuelo... ¿Es esto caritativo?</p> + +<p>La anciana se agitaba, presa de una excitación febril y balbucía +palabras entrecortadas.</p> + +<p>Liette vacilaba...</p> + +<p>Ciertamente, muchas veces, en su desesperada angustia, había estado a +punto de ceder a la irresistible necesidad de expansión, natural en el +que sufre y quiere ser consolado. Y siempre la palabra había expirado en +sus labios...</p> + +<p>¿Para qué?</p> + +<p>¿Para qué introducir la turbación y la alarma en aquella apacible +agonía? ¿Para qué confiarle la tímida esperanza que reprobaba su razón? +¿Para qué dar alimento a las quimeras que poblaban la imaginación +exagerada de la ardiente criolla, tan llena de castillos en el aire?</p> + +<p>A pesar de su ternura y su respeto, Liette conocía demasiado a aquella +niña vieja y frívola para pedirle el sostén y el apoyo moral necesario +en las horas de desfallecimiento. Su madre atizaría el fuego con mano +inconsciente en vez de apagarlo, y Liette, sin fuerza ya para luchar +contra ella misma, veía que no podría resistir al contagio del +espejismo.</p> + +<p>¿No valía más esperar?</p> + +<p>Pero ¡ay! ¿esperaría la muerte? ¿Era filial aquella prudente reserva?</p> + +<p>Liette cayó de rodillas.</p> + +<p>—Perdona, madre querida; quería ahorrarte una decepción probable...</p> + +<p>—Pronto, cuéntamelo todo... ¿Te ama?</p> + +<p>—Así me lo ha dicho.</p> + +<p>—¿Y escrito también? Por eso recibías tantas cartas de Granville...</p> + +<p>La anciana se reía maliciosamente, muy orgullosa por su perspicacia.</p> + +<p>—¡Oh! dos solamente, y no las he respondido.</p> + +<p>—Pues yo sí lo hubiera hecho... En fin, trae...</p> + +<p>Trató de leer, pero en vano, y dijo con un gesto de cansancio:</p> + +<p>—No veo; lee tú, hija mía.</p> + +<p>Liette obedeció, y, con voz sorda pero en la que vibraba una emoción mal +contenida, volvió a leer aquellas líneas ardientes y apasionadas, frases +huecas cuyo vacío no podía sospechar su alma leal.</p> + +<p>La moribunda estaba encantada y escuchaba con sonrisa de triunfo en los +labios.</p> + +<p>—¡Bien! ¡Muy bien!—decía.—¡Pobre muchacho! ¡Cómo te ama! Sigue, +sigue.</p> + +<p>Y al acabar la lectura, exclamó:</p> + +<p>—¡Querido niño! Muestra un entusiasmo, un ardor, una constancia, a +pesar de tu frialdad... Porque, realmente, hija mía, no sabes +animarle... ¿No le amas?</p> + +<p>—¡Ay! sí...</p> + +<p>—¡Entonces!... ¿Cómo puedes permanecer así, plácida e indiferente?... +¿No tienes fe?</p> + +<p>—¡Oh! mamá querida...</p> + +<p>Asustada por la exaltación de su madre, Liette se esforzaba en vano por +calmarla. En aquella pobre cabeza agotada sonaban todos los cascabeles +de sus locas quimeras. La anciana divagaba con delicia y hablaba del +matrimonio, de la ceremonia, de los trajes...</p> + +<p>—¡Con cuánto gusto lo vería!—suspiraba.</p> + +<p>Dudar del consentimiento de la condesa era para ella una locura. Si +hacía esperar su petición, era que quería venir en persona...</p> + +<p>—Estoy segura de que está en camino; lo adivino, lo siento...</p> + +<p>...La puerta se abrió... Y la anciana volvió la cabeza +estremeciéndose...</p> + +<p>Pero no era más que el tío Marcial, que venía a hacer amablemente el +servicio de la oficina.</p> + +<p>—Una carta para usted, señorita; de Granville.</p> + +<p>¡Al fin!</p> + +<p>Liette desgarró el sobre con mano temblorosa.</p> + +<p>La carta era de Blanca y no contenía más que estas líneas:</p> + +<p>«Doy a usted, mi querida amiga, la primera noticia de un secreto que es +una pena y también una dicha. Mi madre no es mi madre, y, sin embargo, +me ha dicho muy bajito que yo podría aún ser su hija.</p> + +<p>«Al perder un hermano encuentro un primo... y, acaso, un novio... un +esposo...</p> + +<p>«Yo, que amaba ya tanto a Raúl, ¿cómo voy a hacer para amarle más?... ¿Y +él, querrá amarme? Usted me ayudará a conseguirlo, ¿verdad?»</p> + +<p>Los labios trémulos, los ojos fijos, las mejillas más pálidas que las de +la moribunda, Liette permanecía rígida, muda, sin quejas, sin +lágrimas...</p> + +<p>—Y bien—dijo ansiosamente la madre;—habla, me das miedo.</p> + +<p>Ante aquella palidez, ante aquel mutismo, ante la desesperación de +aquella pobre mirada, ¿tuvo la anciana la vaga presciencia de la verdad +y remordimientos por su imprudencia?</p> + +<p>Aquellas facciones infantiles bajo su corona blanca expresaron tal +desolación y tal angustia, que Liette olvidó su propio sufrimiento, y +cuando la moribunda, con las manos juntas como un niño que pide perdón, +balbució tímidamente:</p> + +<p>—¡Oh! dime, ¿es el consentimiento de la condesa?</p> + +<p>Liette respondió:</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>Una hora después la de Raynel moría con la sonrisa en los labios, +murmurando:</p> + +<p>—¡Condesa de Candore!</p> + +<hr /> + +<p>El letargo del primer dolor nos quita en parte la facultad de sentir los +otros, y quizá esos golpes redoblados que caen simultáneamente sobre +nuestra cabeza son menos un brutal encarnizamiento de la suerte que una +suprema piedad de la Providencia...</p> + +<p>En el sopor físico y moral en que la sumió la muerte de su madre, Liette +no tuvo lágrimas más que para ella y todos los demás dolores se +hundieron en aquella fosa abierta, duro y frío lecho para aquel delicado +pájaro exótico. Durante unos días, su mente, absorta por entero por +aquel duelo cruel, aunque previsto, no estuvo dominada más que por el +recuerdo de la anciana infantil a la que dedicaba una ternura filial y +maternal al mismo tiempo. Ante su cuarto vacío, ante su butaca, ante su +hamaca, la joven tenía crisis de desesperación, más conmovedoras porque +las dominaba valerosamente, y, a pesar de las curiosidades indiscretas +y de las lástimas torpes, nadie pudo jactarse de haberla oído quejarse +ni visto llorar.</p> + +<p>Desdeñando por otra parte las simpatías triviales y los pésames de +convención, Liette se apasionaba difícilmente aun ante un cariño +sincero, y el mismo señor Hardoin tenía que esforzarse para forzar la +puerta de aquella alma cerrada y a la que la última decepción había +añadido todavía un cerrojo.</p> + +<p>En efecto, en la angustia de su aislamiento y de su abandono iba +surgiendo poco a poco de la sombra una imagen borrada un momento por la +de la muerte, y Liette trataba en vano de librarse de ella. ¡Ay! así +como en otro tiempo no había podido combatir la esperanza quimérica, no +podía ahora mandar a su memoria demasiado fiel y que le trazaba sin +cesar las ardientes etapas de aquel pasado demasiado corto. Liette +repasaba sin descanso las migajas de dicha escapadas de la mano avara +del Destino, ya que estaba destinada a no sentarse nunca al festín de +los dichosos.</p> + +<p>Su carácter leal y firme defendíale las lamentaciones estériles y las +vanas recriminaciones. Lejos de achacar culpas a Raúl, hubiérale buscado +excusas si él las hubiera necesitado a sus ojos; pero, lejos de +vituperarle, le aprobaba. Ni por un instante pensó en luchar ni en +invocar los derechos de su ternura. Aun a falta de su orgullo, su +profundo agradecimiento por la joven que le abría tan ingenuamente el +corazón hubiera bastado para evitarle todo desfallecimiento.</p> + +<p>El joven diplomático le escribió una carta desolada poniendo su suerte +entre sus manos y terminando por estas líneas de una hábil política:</p> + +<p>«¿Qué debo hacer, Liette? Dígamelo usted, pues ya no lo sé yo mismo. +Apelan a mi honor, a compromisos de familia, a mi gratitud hacia mi tío, +a mi piedad por su hija... Yo no oigo más que la voz de mi razón y mi +amor... Necesito un guía que me ilumine. A usted, que es mi razón y mi +conciencia la obedeceré ciegamente. ¿Qué debo hacer?»</p> + +<p>La joven respondió sencillamente:</p> + +<p>«Su deber de usted: casarse con Blanca.»</p> + +<p>El amor, tal como lo comprendía aquella hija de soldado, era un +sentimiento tan puro como el honor, que sufre todos los sacrificios, +pero no una mancha. Como la bandera, el corazón podía ser desgarrado, +pero no manchado...</p> + +<p>Liette aprobaba sin desfallecer el casamiento de Raúl y se hubiera +avergonzado de una traición.</p> + +<p>Ciertas palabras indiscretas del señor Hardoin le habían confirmado la +situación de Blanca y los proyectos arraigados desde hacía mucho tiempo +en la mente calculadora de la condesa.</p> + +<p>—No hay gran señora para su notario—decía Hardoin con su maliciosa +bondad.—A pesar de su afectado desinterés, la hija del viejo Neris sabe +contar tan bien como su difunto padre. Hace mucho tiempo había yo visto +su juego y sabía que su hijo no resistiría seriamente a sus razones... +contantes y sonantes.</p> + +<p>—¡Oh! señor Hardoin, toda acción puede tener un móvil noble y generoso. +¿Por qué atribuirla con preferencia a un motivo bajo y vil?</p> + +<p>—Porque así hay menos probabilidades de engañarse, pobre amiga mía... +Además, según es el hombre se deben juzgar sus actos.</p> + +<p>—¿No quiere usted al señor de Candore?</p> + +<p>—¿Raúl? Es un buen muchacho; tiene ingenio... y un poco de corazón, no +mucho...</p> + +<p>—¡Oh!</p> + +<p>—Incapaz de dejarse entusiasmar más de lo que dan de sí las riendas... +Y su madre es un buen cochero.</p> + +<p>—Le calumnia usted.</p> + +<p>—No, amiga mía, le excuso.</p> + +<p>—El respeto filial es un deber...</p> + +<p>—Pero hay también otros...</p> + +<p>—¿Más sagrados?</p> + +<p>—Quizá... Cuando una joven honrada y crédula ha puesto toda su +confianza en la palabra leal de un hombre, es mi parecer que no puede +faltar a ella sin cometer una mala acción...</p> + +<p>El flemático notario se había animado y hablaba con un calor que rayaba +en indignación.</p> + +<p>Liette le escuchaba muy grave y llena de aflicción y de sorpresa. ¿Cómo +había el notario adivinado su secreto? ¿Cómo olvidaba la reserva y la +delicadeza de su carácter y de su profesión hasta hacer aquella alusión +ofensiva?...</p> + +<p>La joven, pues, le respondió fijando en él su clara mirada:</p> + +<p>—Podría fingir que no le comprendía a usted, caballero, y si no se +tratase más que de mí le respondería, ante su interés oficioso e +inexplicable, que no se fuerza mi confianza... Pero no puedo dejar pasar +una acusación mal fundada contra una persona a quien estimo y a quien +amo.</p> + +<p>El notario levantó los brazos al cielo con una estupefacción demasiado +vehemente para ser fingida.</p> + +<p>—¡Usted ama al señor de Candore! ¡Usted! ¡Usted!</p> + +<p>—Le amaba como él a mí, más que a mi vida, pero menos que a mi honor, +y, lejos de sustraerse a sus juramentos, que yo por otra parte no había +ratificado, vea usted la carta que me escribió la víspera de sus +esponsales. Lea usted, se lo ruego.</p> + +<p>Aturdido, el notario obedeció maquinalmente.</p> + +<p>—¡Bah!—dijo,—la conocía a usted bien, y no tengo que preguntar a +usted qué respuesta le dio. No es usted de las que hubieran hecho valer +derechos imaginarios...</p> + +<p>—No tenía ninguno, y, por otra parte, los de la familia hubieran sido +antes... Además, mi querida Blanca...</p> + +<p>Su voz se quebrantó.</p> + +<p>—¡Le ama tanto la pobre niña!... ¡Hubiera sido tan desgraciada!... ¡Y +está tan poco acostumbrada a sufrir!</p> + +<p>—Mientras que usted...</p> + +<p>—Yo tengo la costumbre—respondió Liette con su hermosa sonrisa de +resignación.—¡Ah! si Dios hubiera querido siquiera dejarme a mi madre! +Pero no tengo ni un niño a quien amar...</p> + +<p>El notario dobló metódicamente las gafas, las puso en el estuche y dijo, +después de haber tosido para aclararse la voz:</p> + +<p class="puntos">—Señorita, tengo que protestar ante todo contra la interpretación +errónea de unas palabras en el aire, que no se referían a usted ni al +señor de Candore... Si hubiera sospechado ni remotamente la simpatía con +que usted se digna honrarle, me hubiera cortado la lengua antes que +expresar la menor apreciación desfavorable. Hágame usted el favor de +hacerme la justicia de creerlo. Usted no es de las que queman lo que han +adorado. Olvide usted, se lo ruego, una torpeza involuntaria que deploro +sinceramente. Pero lo que no puedo deplorar es la noble confianza que se +ha servido usted manifestarme y que realza todavía mi respeto y mi +admiración hacia usted. Es usted valiente entre las valientes y estoy +orgulloso de tener alguna parte en su amistad, que le suplico me +conserve preciosamente. Si esa amistad llegase a ser un día bastante +grande y la soledad pesase a usted demasiado, recuerde, señorita, que mi +despacho es su vecino más próximo y que nunca hará usted a su dueño más +feliz que dignándose entrar en él... y no salir más. Esto es todo lo que +tenía que decir a usted. Conste. De hoy en adelante esperaré su buen +deseo.</p> + + + +<p>Vuelto a su casa después de esta declaración un poco original, el digno +notario se sentó muy pensativo en su escritorio.</p> + +<p>—¡También ella!—murmuró con un poco de despecho.—Una inteligencia tan +superior dejarse coger por las vulgaridades de ese belitre... ¿Qué +tiene ese hombre de particular?</p> + +<p>Como una irónica respuesta, el espejo de la chimenea le envió la imagen +de su cráneo calvo y de sus patillas canosas, y el notario exclamó con +cómico furor encogiéndose de hombros:</p> + +<p>—Pardiez, lo que tiene son veinte años menos. ¡Oh! la juventud, la +juventud...</p> + +<p>Ahogando un gran suspiro, cogió de la taquilla una carta de sello +británico y la leyó moviendo la cabeza.</p> + +<p>—¡Pobre muchacha!—exclamó. Esto le quitaría sus ilusiones, pero habría +que compadecerla más. Las ilusiones son los crisantemos de la vida.</p> + +<p>Y después de este pensamiento, muy poético para ser de un notario, cogió +un pliego de papel con el timbre del despacho y empezó a escribir +tranquilamente:</p> + +<p>«Señorita: la ley francesa no reconoce en ningún caso...»</p> + +<hr /> + +<p>La campana, echada a vuelo, producía toda su cascada voz de abuela al +esfuerzo vigoroso del campanero, estimulado por el aliciente de la +propina extraordinaria que debía valerle su celo. Los repiques sucedían +a los repiques; el viejo campanario, estaba como aturdido y alterado y +los vidrios antiguos, ninguno de los cuales estaba intacto, temblaban en +su marco de plomo.</p> + +<p>Habíase puesto el cura su más hermosa casulla y su ancha faz rubicunda +estaba radiante por la ternura combinada de la ceremonia que estaba +celebrando y del banquete que habría de presidir en el castillo. Los +sochantres, con sus caras coloradotas, salmodiaban a voz en cuello, sin +temor de que se les secara la garganta, pues sabían que habrían de +refrescársela después copiosamente. Los monacillos, cuyas sotanas rojas +demasiado cortas dejaban ver unos pantalones demasiado largos, mostraban +una compunción poco ordinaria y se abstenían de meterse el dedo en la +nariz, de sonarse con las mangas, de hacer burla por detrás del +oficiante y otras habilidades por el estilo. Hipnotizados por la lluvia +de monedas de plata que preveían, tenían una actitud grave y recogida, +no faltaban a una genuflexión y presentaban las vinajeras o +transportaban los Evangelios con una solemnidad digna de otro marco.</p> + +<p>Todos trataban de excederse a sí mismos. La modesta iglesia de paredes +blanqueadas y llenas de una lepra de vejez mal disimulada por unos +cuantos cuadros de colores violentos que hacían pensar en el verso de +Coppée:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Si fuese así, con todo, el Paraíso...</span><br /> +</p> + +<p>se había adornado de limpieza, ese lujo del pobre, y estaba tan bien +barrida y desempolvada que las pacíficas arañas que dormitaban de tiempo +inmemorial en todos los nichos y en todos los rincones, bajo el velo de +la Virgen como en la corona de espinas y hasta en la barba del +Crucificado, habían sido desposeídas de sus telas, arrebatadas como por +un huracán, y andaban melancólicas y errantes en busca de nueva +instalación.</p> + +<p>El organista empleaba pies y manos en sacar sonidos melodiosos de su +viejo y rechinante armonium, y el suizo, con su uniforme de gran gala, +contemplaba con admiración el altar de madera tallada en el que +resplandecían todas las luces y que desaparecía bajo las plantas y las +flores raras surtidas por las estufas de Candore.</p> + +<p>La boda de Blanca y de su primo se verificaba, sin embargo, en una +intimidad buscada exprofeso. El alejamiento de aquel lugar extraviado, +y el rigor de la estación (era el mes de diciembre), había permitido a +la condesa dar al acto el carácter discreto que convenía a la situación +delicada de la novia. Los cuatro testigos y unos cuantos allegados +formaban todo el cortejo nupcial y, para ocultar el vacío de aquella +fiesta un poco triste, de la que el mismo sol estaba ausente, Neris +había invitado a todos los aldeanos al banquete, después del cual los +jóvenes casados debían salir para Italia.</p> + +<p>Esta feliz idea, que cuadraba muy bien con los gustos de la castellana, +había hecho a la de Candore muy popular.</p> + +<p>—¡No es tan orgullosa como se dice!—exclamaban las comadres, +encantadas de ser admitidas en el castillo.</p> + +<p>—Al menos hace vivir al país—declaraban los comerciantes, +entusiasmados por la ganga.</p> + +<p>—Resucita las antiguas costumbres—decían los viejos en tono de +aprobación.</p> + +<p>Por otra parte, hacía mucho tiempo que Blanca había ganado todos los +corazones, y aunque su repentina metamorfosis hacía murmurar un poco, +las frases eran menos malévolas de lo que puede esperarse generalmente +de nuestra pobre naturaleza humana.</p> + +<p>—¡Bah! Yo había sospechado algo sólo por ver la manera que tenía don +Héctor de comérsela con los ojos. Nadie mira de ese modo a su sobrina.</p> + +<p>—Con todo, es chistoso eso de casarse casi con su hermana...</p> + +<p>—Pero la verdad es que ese matrimonio arregla muchas cosas. Así no se +desparramará la fortuna.</p> + +<p>Y todos concluían:</p> + +<p>—La verdad es que son una buena pareja y bien proporcionada.</p> + +<p>¡Bien proporcionada!... ¿Acaso en lo físico? La frágil delicadeza de la +joven hubiera necesitado una protección más varonil, un brazo más +robusto, un apoyo más firme que el de aquel lindo joven un poco +enfermizo. ¡Y qué contraste en lo moral, entre aquel gastado, aquel +escéptico ávido y lascivo bajo su corrección altanera, y el corazoncito +ingenuo, tierno y confiado que se entregaba a él tan cándidamente!</p> + +<p>Nada más que en la dulce mirada de admiración y de gratitud que dirigía +a su señor y dueño mientras él se retorcía el bigote escuchando con +aparente deferencia la interminable arenga del cura, se veía el don +absoluto y gozoso de su persona, de su vida y de su alma.</p> + +<p>La de Candore, en el colmo de la dicha, disimulaba su satisfacción bajo +una impasibilidad convencional.</p> + +<p>Neris, con la cara oculta entre las manos, formulaba una ardiente +oración por su hija.</p> + +<p>El notario Hardoin contemplaba a la asistencia a través de sus gafas +protectoras. ¿Cuál de aquellos dichosos hubiera podido soportar +impunemente el agudo análisis de su vista sutil y penetrante? ¿Cuál de +aquellas felicidades era bastante firme para eso?</p> + +<p class="puntos">¡Ay! Ni siquiera la de aquella pobre niña recién casada, a quien el +porvenir reservaba sin duda tan crueles desilusiones.</p> + + + +<p>Liette no estaba allí.</p> + +<p>Hacía meses que estaba subiendo sin vacilar al doloroso Calvario +confidente del amor fresco y puro de su linda discípula, de sus temores +y de sus esperanzas, a ella era a quien Blanca pedía sin cesar apoyo y +consejo.</p> + +<p>—¿Debo hacer esto? ¿Le gustará tal cosa a Raúl? ¿Cree usted que me +encontrará bonita así?</p> + +<p>Y con estoico heroísmo, Liette encontraba un áspero goce en adornar a su +inocente y amada rival con las flores de su triste experiencia, y tan +bien dominaba su cara, que ni un desfallecimiento había revelado la +secreta angustia de su alma.</p> + +<p>Raúl mismo se había dejado engañar, y al verla tan resignada, tan +valerosa y tan tranquila, había experimentado un alivio mezclado de +despecho...</p> + +<p>¡Se consolaba, según él, muy fácilmente!</p> + +<p>Solamente Hardoin leía en aquella frente impenetrable, y aunque nunca se +permitía la menor alusión a las penosas confidencias sorprendidas a +pesar suyo, su deferente simpatía y su respeto caballeresco eran un +bálsamo precioso para aquella alma dolorida.</p> + +<p>La víspera de la boda, entró como vecino en la pequeña oficina en que la +joven se esforzaba por absorberse en sus cuentas, ante las cuales +flotaba obstinadamente un velo de desposada.</p> + +<p>Tuvo que admirar los trajes y las alhajas, y esto no fue nada todavía al +lado de la ceremonia del día siguiente, a la que no se atrevía a +sustraerse.</p> + +<p class="puntos">A pesar de su ánimo, se le acababan las fuerzas. Su energía, en una +tensión exagerada desde hacia tantos días, semanas y meses, amenazaba +con quebrantarse en el momento decisivo. Estaba en una de esas horas de +angustia física y moral en las que el alma y el cuerpo se derrumban +vencidos y claman desesperadamente en las tinieblas en que se agitan, +como el Cristo en el huerto de las Olivas: «¡Señor, aparta de mí este +cáliz!»</p> + + +<p>En este estado de desmayo fue como la encontró el digno notario.</p> + +<p>—Perdóneme usted que la moleste, querida amiga—dijo juzgando de una +ojeada la situación,—pero la culpa la tiene un sueño, un estúpido +sueño... He soñado que se había usted torcido un pie o que le había +pasado algo que le impedía atravesar la plaza... Sería un contratiempo +lamentable, pero nadie está obligado a lo imposible... Debe usted de +reírse de mi credulidad... Perdónemela usted... Si soy tan indiscreto es +con buena intención... Voy ahora al castillo, y en el caso de que +tuviera usted que darme alguna comisión... nadie duda de la palabra de +un notario...</p> + +<p>Liette le dirigió su hermosa mirada húmeda y agradecida.</p> + +<p>—¡Qué bueno es usted, señor Hardoin! Cree usted que puedo +dispensarme...</p> + +<p>—Creo, querida niña, que la valentía no es la temeridad... Arrojarse al +fuego para salvar a un semejante es muy hermoso... Pero exponerse sin +utilidad no tiene nada de razonable. No somos salamandras, qué +diablo...</p> + +<p>—Gracias. Me daba vergüenza mi debilidad, pero verdaderamente dudaba de +mi valor...</p> + +<p>—¡Yo no! Pero sufrir por nada, por gusto, no me parece necesario. Está +dicho, se ha torcido usted un pie...</p> + +<p>—¡Bah! bastará una simple rozadura.</p> + +<p>—Bien; así no tendrá usted necesidad de médico; nada más que una +compresa y un bastón... Permítame usted que le ofrezca el mío; no es +elegante, pero es sólido, como su dueño.</p> + +<hr /> + +<p>En el mismo sillón en que había agonizado su madre, Liette estaba +sudando la lenta agonía de su amor.</p> + +<p>Con la ardiente cabeza pegada a los cristales helados, contemplaba con +vista turbada aquella triste decoración de invierno: los tilos desnudos, +de torcidas ramas y espolvoreados de escarcha, la fuente helada, cuyo +delgado chorro, congelado como una estalactita, no dejaba ya oír su +murmullo cristalino, la plazuela alfombrada de nieve en la que unos +pajarillos hambrientos ponían pequeñas manchas negras, como los cuervos +de pesado vuelo en la inmensidad blanca de los cielos.</p> + +<p>¡Qué diferencia con su primer despertar en Candore!</p> + +<p>Todo entonces parecía sonreírla; los rayos del sol, el perfume de las +flores, el canto de los pájaros, y su alma dilatada se abría a la +esperanza.</p> + +<p>Habían pasado menos de dos años, y en su corazón, como ante sus ojos, el +sol se había apagado, las flores se habían marchitado, las canciones se +habían callado y la esperanza había muerto.</p> + +<p>La campana, sin embargo, sonaba echada a vuelo, pero cada alegre +vibración repercutía en sus oídos como un toque fúnebre y el resplandor +de los cirios detrás de los vidrios de colores hacíale pensar en unos +funerales, los funerales de su amor....</p> + +<p>En vano ahuyentaba esas imágenes importunas, que volvían como una mosca +a posarse en su frente. En vano quería evadirse de su propia tristeza +para participar de la alegría de la querida niña cuya dicha era su obra. +En vano se esforzaba por olvidar sus velos de luto por aquel velo de +desposada vislumbrado hacía un momento en la portezuela del coche, en el +que se agitaba una manita blanca. En vano forzaba a sus labios a rezar +por aquellos dos seres queridos que en adelante no serían más que uno +para ella...</p> + +<p>¡Trabajo inútil!</p> + +<p>Su pensamiento rebelde se esquivaba de aquel cruel cuadro, y por una de +esas perversiones de la imaginación que en las crisis violentas se agita +como un muelle roto, seguía viendo sin cesar la capilla de Santa Ana y +los dos novios delante del altar erizado de puntas de hierro y de fuego, +doloroso emblema del Destino, donde se consumía lentamente la «cera de +los desposorios.»</p> + +<p>¡Aquellos serían más dichosos!</p> + +<p>Ninguna hiel, ninguna amargura se mezclaban con su enorme pena; cada +cual había cumplido con su deber noble y estoicamente, y si el amor +había perdido en ello, la estimación había ganado.</p> + +<p>Este era su orgullo y su consuelo; podía mirar sin temor el retrato del +altivo soldado del que era hija. Su clara mirada le respondía:</p> + +<p class="puntos">—Está bien.</p> + + + +<p>—Buenos días, señorita; solamente nosotros estamos en nuestro +puesto—dijo el tío Marcial volcando su saco en la mesa y designando +con franca risa la multitud de comadres y muchachos que, no habiendo +podido encontrar sitio en la iglesia, esperaban la salida de la +novia.—La señorita Beaudoin se habrá alegrado de su accidente de usted, +pues la habría reemplazado de mala gana... La verdad es que nuestra +señorita Blanca está tan linda que da gusto verla...</p> + +<p>—Si lo desea usted, no se prive de ir a verla, Marcial, mientras yo +timbro el correo...</p> + +<p>—¿No quiere usted que la ayude?</p> + +<p>—Es inútil; acérqueme usted nada más la mesa... ¡Ajajá! Ya tengo todo +lo que necesito. Cuando usted vuelva las cartas estarán clasificadas... +De todos modos, las tres cuartas partes irán ciertamente al castillo.</p> + +<p>—Entonces me dejo convencer, señorita. He visto a esa recién casada tan +alta como esto, y rezaré con gusto un pater por ella, si me acuerdo.</p> + +<p>—Rece usted dos, Marcial; uno por usted y otro por mí.</p> + +<p>—Convenido, señorita; haré el encargo militarmente.</p> + +<p>Y llevándose la mano al quepis, se marchó con ese paso cadencioso de los +antiguos soldados y la espalda encorvada como si llevase todavía la +mochila.</p> + +<p>Liette le vio atravesar la plazuela, pasar por los grupos y entrar en la +iglesia.</p> + +<p>Entonces, dando un suspiro, apartó la vista de aquel edificio medio +derruido en el cual se estaba representando el último acto del drama +íntimo de su vida, y se puso valerosamente a la tarea.</p> + +<p>«Señores de Candore.»</p> + +<p>«Señora doña Blanca de Candore.»</p> + +<p>Estos nombres se presentaban sin cesar ante sus ojos quemados por la +fiebre. Desde la víspera aquello era un diluvio de telegramas de +felicitaciones, prospectos de proveedores, papeles con escudos +nobiliarios, sellos franceses y extranjeros.</p> + +<p>Estaba Liette haciendo metódicamente su clasificación, cuando el timbre +la llamó de nuevo al aparato Morse...</p> + +<p>Era un nuevo telegrama para el castillo.</p> + +<p>«Señorita doña Blanca de Candore.»</p> + +<p>¡Este estaba doblemente atrasado de noticias!</p> + +<p>Maquinalmente tradujo palabra por palabra las señales cabalísticas +marcadas en el rollo de papel, y las transcribió en el libro:</p> + +<p>«Señorita... el hombre... con quien... va usted a... casarse... es mi... +esposo... ante la ley... inglesa...»</p> + +<p>La pluma se detuvo en los dedos temblorosos de la empleada.</p> + +<p>¡Imposible! No podía ser esa la traducción...</p> + + + +<p class="top5">«Y el... padre de mi... hijo que... muy pronto... no tendrá tampoco... +madre...</p> + +<p class="r smcap">Juana Dodson...»</p> + +<p class="top5">Las sílabas implacables se desarrollaban ante sus ojos turbados con su +movimiento automático y continuo.</p> + +<p>Pero no, se engañaba.</p> + +<p>Con un violento esfuerzo, trató de dominarse, de recobrar su sangre +fría, y consultando el alfabeto, deletreó letra por letra:</p> + +<p>«Señorita, el hombre con quien va usted a casarse es mi esposo ante la +ley inglesa y el padre de mi hijo, que muy pronto no tendrá tampoco +madre. Juana Dodson...»</p> + +<p>¡Había leído bien!</p> + +<p>Esta vez la pluma se cayó al suelo.</p> + +<p>¿Era verdad? ¿Era posible?</p> + +<p>Pero no; se trataba de una calumnia infame, de una de esas calumnias +ante las cuales no retroceden ciertos seres viles y maléficos que no se +cuidan del honor de un hombre ni del reposo de una mujer.</p> + +<p>Sin embargo, ese nombre... «Juana Dodson»... era el de la institutriz a +quien ella había reemplazado en el castillo, y quizá...</p> + +<p>¡No! No podía, no quería creerlo...</p> + +<p>Suponiendo que el telegrama fuese realmente de miss Dodson, ¿no podía +ser una venganza de mujer despechada y celosa?... Raúl había podido ser +amable, demasiado amable, coquetear con ella, turbar la imaginación de +la pobre muchacha y hacerle acariciar una loca esperanza... De esto a +admitir aquella monstruosa acusación...</p> + +<p>Con todo, los términos eran precisos y formales...</p> + +<p>Volvió a leer el texto del telegrama, fechado en Jersey... ¡Jersey!</p> + +<p>Liette creyó estar viéndole desembarcar del vapor en el puerto de +Granville...</p> + +<p>¡Dejaba entonces una mujer y un hijo en la otra orilla!</p> + +<p>Y como una espesa niebla que se disipa de repente ante las brillantes +flechas del astro del día, una luz cruda, brutal y deslumbradora cegó +sus pobres ojos que ella tapaba en vano para no ver...</p> + +<p>Los detalles se precisaban con una claridad implacable. La +correspondencia con el pretexto del tío Neris, los viajes repetidos a +Inglaterra, a Jersey, y la equivocación del digno notario, cuya alusión, +hoy transparente, no se dirigía a ella... todo lo descifraba con una +lucidez desesperante y aquella trama de odiosas mentiras se desgarraba +en lamentables jirones...</p> + +<p>¡Todo había acabado!</p> + +<p>Aquella indigna traición barría, como una irresistible tormenta, todas +sus queridas reliquias del pasado y convertía la llama en cenizas...</p> + +<p>¡Todo había acabado!</p> + +<p>Y como el sacerdote permanece confundido ante el sacrificio de la +iglesia devastada y del tabernáculo violado, Liette se quedó anonadada +viendo a su ídolo, a su dios, arrancado brutalmente del altar que ella +le había levantado en su corazón.</p> + +<hr /> + +<p>Con la mejilla apoyada en la crispada mano la mirada dura, la frente +fruncida y la boca contraída con una sonrisa amarga, la joven meditaba y +sus hermosas facciones estaban fijas en una implacable expresión de +desprecio y de odio.</p> + +<p>Como los más puros metales, las almas más nobles tienen sus escorias, +que suben en hirviente espuma al fuego de la cólera.</p> + +<p>En aquel momento, la altiva e impecable criatura experimentaba una acre +voluptuosidad al pensar en los estragos irreparables que iba a causar +aquel papel azul en el que su mano trémula escribía sin vacilación ni +remordimientos las líneas acusadoras, como un líquido corrosivo en el +blanco traje de desposada.</p> + +<p>No sólo excusaba aquel delirio de venganza, extravío de un espíritu +ulcerado, de una madre enloquecida hasta la desesperación, sino que lo +aprobaba y lo comprendía, y se regocijaba por ser su ciego instrumento.</p> + +<p>Otra había hecho la tarea que repugnaba a su natural lealtad; no tenía +más que lavarse las manos.</p> + +<p>Ciertamente, la delación era un arma vil, pero mucho menos que la +conducta de aquel noble felón, que engañaba a tres mujeres a la vez y +robaba a la una su honor, a la otra su estima y a la otra su fortuna.</p> + +<p>¿Por qué aquel telegrama revelador no había llegado el día antes? ¿Por +qué venía cuando el «sí» fatal había sido pronunciado? ¿Por qué era ya +tarde para desatar esos lazos malditos? ¿Para qué romper el corazón de +una niña ignorante y crédula?</p> + +<p>¿Y qué?</p> + +<p>Era la vida brutal, la ley del destino sorda e inexorable, y la venganza +no está obligada a más equidad que esa justicia ciega cuya espada de +dos filos hiere casi siempre al inocente con el culpable.</p> + +<p>¿Qué le iba a hacer ella?</p> + +<p>¿Salvar al uno para salvar a la otra?</p> + +<p>¡Engaño!</p> + +<p>¡Piedad ridícula de los débiles que causa la audacia implacable de los +fuertes!</p> + +<p>Liette se acorazaba contra todo enternecimiento y se encerraba en una +impasibilidad feroz.</p> + +<p>Blanca sufriría sin duda.</p> + +<p>¿No sufría también ella en su amor, en su orgullo, en todas las fibras +de su ser, con un sufrimiento comparable al que hubiera experimentado +viendo al altivo soldado que era su padre condenado a la degradación +militar?</p> + +<p>¿Y aquella desgraciada abandonada, sola al lado de la cuna de su hijo y +que había debido pasar por mil torturas antes de trazar aquel testamento +de odio? Aquella sufría hasta la desesperación, hasta la locura, hasta +el suicidio acaso, como mujer y como madre.</p> + +<p>¡Dios mío! El que causaba tales dolores, tales faltas, tales crímenes, +¿no era más indigno de perdón que el peor criminal?</p> + +<p>Por otra parte, ¿qué le importaba a ella todo esto?</p> + +<p>Nada tenía que ver con tal asunto.</p> + +<p>Si había caso de conciencia, era para la que había trazado aquellas +líneas, no para ella.</p> + +<p>Ella no era más que un instrumento pasivo, un autómata sin corazón, sin +nervios y sin entrañas, que dejaba pasar el telegrama venenoso, producto +de nuestra civilización, como en la edad media la justicia del Rey.</p> + +<p>Ese era su derecho, más aún, su deber.</p> + +<p>Todo la obligaba a ello, su juramento, el honor, la disciplina.</p> + +<p class="puntos">Si la venganza salía ganando, mejor...</p> + + + +<p>Sordos murmullos y gritos confusos:</p> + +<p>—¡Ahí están! ¡Ahí están!</p> + +<p>Las comadres se empujan; los muchachos se derriban; los unos se +encaraman en los bancos; los otros trepan a los árboles; los carruajes +se adelantan al paso, majestuosamente; ábrese de par en par la puerta +principal y los recién casados aparecen en el umbral, ella +resplandeciente de dicha en la blanca nube que la aureola, y él un poco +molesto por aquellas miradas curiosas. Empújala suavemente hacia la +carretela acolchada de seda blanca y florida con bolas de nieve en +armonía con la decoración de invierno, verdadera antecámara de +enamorados. Pero ella le pide algo con deliciosa timidez; él hace un +gesto de contrariedad y parece protestar, pero ella insiste amablemente; +él se resigna, no sin mal humor, da al cochero una breve orden y se mete +a su vez en el coche, que describe una parábola y va a pararse delante +del Correo.</p> + +<p>Y antes de que Liette pudiera darse cuenta de lo que pasaba, la recién +casada estaba en sus brazos, en su corazón.</p> + +<p>—Querida, querida amiga... ¡Cuánto la he echado a usted de menos! En el +más hermoso día de mi vida... Porque, no hay que decírselo pero le +adoro...</p> + +<p>Liette besa lentamente los hermosos ojos, tan confiados, tan dulces, tan +poco hechos para las lágrimas; envuelve en una caricia maternal a la +joven acurrucada en su seno como un tímido pajarillo y su mirada, severa +por primera vez, se fija en el conde, mudo y cortado ante aquel gracioso +espectáculo.</p> + +<p>—¡Amela usted mucho al menos!—dice con un acento cuya amargura él solo +comprende.</p> + +<p>Raúl se inclina, halagado en su íntima fatuidad masculina por lo que él +toma por un sentimiento de despecho involuntario que se descubre a +través de la indiferencia afectada que mortificaba a su amor propio.</p> + +<p class="puntos">—No lo dude usted, señorita—declara en tono malicioso.</p> + + + +<p class="puntos">Se han marchado, y se dirigen ahora hacia el castillo.</p> + + + +<p>El tío Marcial muestra a su vez su bigote gris y dice alegremente:</p> + +<p>—La consigna está cumplida, señorita, y he llenado la medida; tres +pater en vez de dos, porque, ha de saber usted que había sus lagunas... +De este modo Dios estará satisfecho y no regateará su ración de +felicidad a tan linda criatura.</p> + +<p>Mientras charla contra su costumbre, ha abierto la caja y está poniendo +en orden las cartas preparadas.</p> + +<p>—¡Calla! Hay todavía un telegrama. Voy a llamar al muchacho.</p> + +<p>Liette extiende vivamente la mano y dice:</p> + +<p class="puntos">—Es inútil; este telegrama es para mí.</p> + + + +<p class="puntos">Liette está sola.</p> + + + +<p>Ha faltado al deber profesional, al juramento, al honor y a la +disciplina...</p> + +<p>¡Es culpable, muy culpable!</p> + +<p>Y, sin embargo, su frente no se baja ante la mirada del soldado sin +miedo y sin tacha, del que nunca como entonces se ha sentido hija.</p> + +<p>Cuando Hardoin volvió por la noche al despacho, se quedó muy sorprendido +al encontrar en él a su joven vecina que le estaba esperando.</p> + +<p>—¿Es usted, amiga mía?—exclamó haciéndola pasar con una deferencia +llena de simpatía.—¿Se encuentra usted mejor?</p> + +<p>—Me encuentro muy bien, querido señor Hardoin—respondió Liette en tono +firme.—Estoy ya curada, y vengo a consultar a usted para un +documento...</p> + +<p>—¿Es algún contrato de matrimonio?—insinuó el notario tímidamente.</p> + +<p class="puntos">—No, señor Hardoin, es un proyecto de adopción.</p> + + + +<p>Un año después estaba la joven empleada delante del aparato Morse, que +tan rudamente le había martirizado el corazón, y transcribía sin +palidecer un telegrama de Roma, donde era entonces Raúl secretario de la +embajada, dirigido al señor Neris, retenido en Candore por un ataque de +gota.</p> + +<p>«Mi querido tío: eres abuelo de una hermosa niña.»</p> + +<p>Liette echó una mirada de amor a un niño blanco y sonrosado que se +revolcaba en la alfombra, y dijo con acento profundo:</p> + +<p>—Yo también tengo un hijo.</p> + +<hr /> + +<p>Carlos abrió la ventana y paseó su mirada un poco turbada por los +lugares en que se había desarrollado su infancia.</p> + +<p>A sus pies estaba la plazuela rectangular en que se habían ensayado sus +pasos vacilantes y donde había conocido las grandes desesperaciones de +los pequeñuelos como la de un globo retenido por una alta rama, un barco +de papel naufragado en las profundidades de la transparente fuente +pública, en la que él sumergía en vano su bracito demasiado corto; y los +grandes triunfos de la misma época, como la captura de un insecto de +alas doradas, de un nido cazado en lo alto de un tilo con gran +detrimento de los calzones, o de un lagarto imprudente que había ido a +calentarse al sol junto al brocal del pozo y que él llevaba a casa con +expresión conquistadora.</p> + +<p>¡Primeras penas! ¡Primeras embriagueces!</p> + +<p>Todo eso cabe en esta estrecha plazuela, grande como un Sahara para los +ojos infantiles apenas abiertos hacia el mundo.</p> + +<p>En el fondo, la iglesia, a la que iba gravemente todos los domingos, tan +pequeño, que desaparecía por completo detrás del alto respaldo del banco +rústico... Unos años hacen sobresalir los rizos rubios... después el +cuello a la marinera... luego el uniforme de colegial... Unos años más, +se ve el plumero tricolor del alumno de Saint-Cyr; y por último los +brillantes colores del traje oriental del oficial de África...</p> + +<p>A la derecha, la muestra hereditaria del notario Hardoin, tercero de ese +nombre...</p> + +<p>¡Lo que él había jugado en el polvoriento despacho con los dependientes +encaramados en sus altos asientos! Y qué risa la suya cuando el +principal abría de repente la puerta de la oficina para regañar a los +culpables y se detenía desarmado ante su ahijado instalado +majestuosamente en su propio sillón...</p> + +<p>Y las locas carreras por la huerta, cuyas más hermosas frutas le +pertenecían, y por el bosque umbrío, selva virgen para su joven +imaginación que aumentaba todas las cosas y daba al minúsculo estanque +las proporciones del lago Ontario.</p> + +<p>Y las excursiones en el carricoche con el viejo notario y su pacífico +caballo, cuyas riendas se le permitía tener algunas veces. ¡Qué gloria +la de atravesar así las aldeas de los alrededores y entrar solemnemente +en alguna gran granja, donde le agasajaban como a su padrino!</p> + +<p>A la izquierda la bandera de la Gendarmería, esa bandera hacia la que +volaban sus primeros sueños y sus primeras aspiraciones y que él unía en +sus recuerdos juveniles al retrato del soldado que iluminaba la humilde +oficina con un reflejo de heroísmo.</p> + +<p>¡Oh! vivir como el uno... Morir por la otra...</p> + +<p>Cada piedra de la calle, cada poste, cada puerta, cada ventana +conservaban un poco de su vida, como los campos verdes y dorados y los +frondosos bosques detrás de los cuales el castillo señoril levantaba al +sol sus torres cubiertas de pizarra.</p> + +<p>En aquella decoración familiar, vacía aún a aquella hora matutina, +surgían una a una las sombras conocidas que poblaban aquel pasado tan +próximo.</p> + +<p>Primero, su padrino, el señor Hardoin, con sus anteojos de oro, sus +patillas canosas y su grueso bastón de puño de marfil.</p> + +<p>Después el cura, panzudo y asmático, que le daba golpecitos en los +carrillos al salir del catecismo y le felicitaba por sus progresos.</p> + +<p>Luego la señorita Beaudoin, que las echaba de fina y le reprendía por +las más pequeñas cosas; y para acostumbrarle a las buenas maneras sacaba +de su ridículo algún bombón acidulado como ella y se lo presentaba con +las puntas de los dedos como si mandara ponerse de manos a un perrillo +faldero.</p> + +<p>Y el tío Marcial, con su perilla blanca y su manga vacía, que inspiraba +tanta curiosidad al pequeño, que un día se atrevió a preguntarle dónde +estaba su brazo, y se ganó esta bella respuesta:</p> + +<p>—¿Mi brazo? ¡Aquí le tienes!</p> + +<p>Y el veterano mostraba su cruz de honor con tal orgullo, que realmente +no parecía digno de compasión.</p> + +<p>Y los carreteros de cutis curtido, que restañaban alegremente el látigo +al pasar por la ventana baja en la que la silla alta del niño Carlos +reemplazaba al gran sillón de la de Raynal.</p> + +<p>Y los aldeanos que volvían de los campos, agobiados bajo el peso del haz +de hierbas, de leña o de espigas, levantaban la espalda encorvada para +sonreírle.</p> + +<p>Porque todos habían sido buenos con aquel extranjero caído sin saber +cómo en ese rincón de la Picardía, y el joven tenía que hacer un +esfuerzo de memoria para encontrar una cara altanera y fría vislumbrada +a veces en la iglesia y detrás de los cristales del coche, la anciana +condesa de Candore.</p> + +<p>Sí, conservaba de todos un recuerdo tierno y agradecido y para todos +aquellos amigos de su infancia era la sonrisa de la cara varonil que se +asomaba a la misma ventana en que, veinte años antes, una graciosa +fisonomía femenina sonreía al Porvenir, como él al Pasado.</p> + +<p>Para todos la sonrisa, pero para una sola una lágrima, perla rara de los +corazones viriles, empañaba el brillo de sus ojos de acero, mientras el +joven murmuraba con religioso fervor:</p> + +<p class="puntos">—¡Mi tía Liette!</p> + + + +<p>Carlos Raynal, huérfano desde la cuna, no recordaba más parientes que +aquella tía Liette que le había recogido antes de que su boquita +sonrosada hubiese balbucido el nombre de «mamá» cuya dulzura no debía +jamás saborear.</p> + +<p>No sabía de su familia sino que su madre era inglesa y su padre primo +lejano del comandante; y la tía Liette los reemplazaba tan bien a los +dos, que no hubiera dependido más que de ella el borrarlos +completamente.</p> + +<p>Pero su exquisita delicadeza le prohibía ese inconsciente egoísmo, y si +no le hablaba de su padre, al que, según ella, no había conocido, en +cambio entretenía piadosamente la memoria de su madre en el corazón del +huérfano.</p> + +<p>Cuando el niño había sido bueno, Liette le sentaba en su falda delante +del pesado escritorio Imperio, y sacaba de un cajón una fotografía medio +borrada que, con una trenza rubia de reflejos de sol, componía el +relicario materno.</p> + +<p>Carlos besaba el rizo de oro igual a los suyos, y contemplaba gravemente +las facciones finas y delicadas de la que él llamaba su «mamaíta» con un +dejo de protección varonil que se desarrollaba con la edad, como si +adivinase en ella un ser débil y tímido a quien consolar y defender.</p> + +<p>Su madre no había debido de ser feliz; se adivinaba en su mirada turbia, +en su lánguida sonrisa, y el joven sufría por no haber sido ya grande +para sostener sus pasos, apartar las piedras de su camino y secar sus +lágrimas a fuerza de caricias.</p> + +<p>Tenía por ella la respetuosa compasión y la tierna solicitud tributo de +los hijos amantes que pagan las deudas de sus padres, desquite de las +madres contra las esposas abandonadas, que hace brotar una rosa tardía +en su corona de espinas.</p> + +<p>La madre adoptiva alimentaba ella misma ese culto filial. ¿Cómo podía +estar celosa? ¿Podía envidiar, teniendo ella la mejor parte, los +pensamientos que se deslizaban de su altar florido hasta la tumba +solitaria, pobre contribución de un alma en la que ella reinaba sin +rival?</p> + +<p>¡La tía Liette!</p> + +<p>Esto lo decía y lo contenía todo, abnegación infinita de un lado, +agradecimiento infinito del otro.</p> + +<p>¡La tía Liette!</p> + +<p>Al decir estas tres palabras, profundas como una oración, Carlos veía +surgir en el alba melancólica del regreso la querida imagen luminosa y +serena que iluminaba todo su pasado y todo su porvenir.</p> + +<p>Era una cara joven, tranquila y sonriente bajo sus gruesos rizos negros, +que acechaba su primer despertar, sus primeras palabras y sus primeros +juegos.</p> + +<p>Era la atenta educadora que le hacía balbucir sus primeros pater, +deletrear las primeras sílabas, trazar los primeros palotes. La que +dirigió el desarrollo de esa inteligencia en capullo, planta frágil y +preciosa entre todas, cuyas ramas inclina ella, como tutora vigilante, +hacia la Belleza, hacia el Bien, hacia la Verdad.</p> + +<p>¡Oh! qué hermosos paseos por el campo de adornos cambiantes, pero tan +bello bajo su manto de nieve como con su traje de esmeralda, donde ella +le revela el Creador en la creación, la eterna potencia en la eterna +bondad, la majestad divina en la inmensidad de los cielos como en el más +pequeño agujerillo, en el roble gigante como en la hierbecilla, en el +buey de paso pesado que hiende lentamente el surco como en la mariposa +de ligero vuelo que se pierde en el espacio...</p> + +<p>Después de Dios en su obra, viene el hombre en la suya; después de las +maravillas de la Naturaleza, vienen las del Ingenio.</p> + +<p>Por la noche, a la luz de la lámpara, bajaba un amigo de las tablas de +la biblioteca y tomaba parte en su conversación.</p> + +<p>Era el viejo Corneille, padre de los heroicos, o el dulce Racine, poeta +de las ternuras, o Hugo con su «Leyenda de los Siglos» o Lamartine con +sus «Armonías», cantores alados que transportaban el alma del niño a las +puras regiones del Ideal.</p> + +<p>Con los graves historiadores, Michelet, Guizot, Thiers, se remontaba +hacia el pasado, se interrogaba a los antiguos, se sentía latir el +corazón de Francia y se comprendía que, según la bella expresión de +Renan, «la patria» es el recuerdo de las grandes cosas que unos cuantos +hombres han hecho juntos.</p> + +<p>Con frecuencia, el señor Hardoin traía el tributo de su rara erudición y +de su juicio seguro a esas graves conversaciones y maduraba aquel joven +cerebro al contacto generador del de los antiguos maestros.</p> + +<p>Latinista distinguido, fanático de Horacio y de Virgilio, el notario se +encargó de las «Humanidades», con gran contento de la tía Liette, que +pudo así conservar más tiempo a su pupilo.</p> + +<p>Las primeras lecciones del hogar familiar envuelven el alma del niño de +un dulce calor, la penetran y la fecundan.</p> + +<p>Pero más que las lecciones, produce sus frutos el ejemplo e imprime en +aquella blanca cera una huella indeleble.</p> + +<p>Aquella vida digna, sencilla y leal, sin miedo y sin tacha, como la +espada paterna colgada en la pared y que era su rígido símbolo, debía +envolver al huérfano en su irradiación e infundir en su sangre los +gérmenes de viriles virtudes, más poderosos que el atavismo...</p> + +<p>A ese parecido moral se añadió poco a poco una especie de parecido +físico, nacido de la comunión constante, que se nota a veces en los +esposos viejos, parecido, no de facciones, sino de expresión, de mirada, +de acento, de mil detalles que son, en suma, la fisonomía del alma.</p> + +<p>Bajo el cabello rubio del joven, reinaba la misma frente voluntariosa +que bajo las cocas todavía negras de la solterona; sus ojos de acero +tenían la misma tranquila energía que se reflejaba en los del comandante +y en los de su hija; sus gestos, su sonrisa, su voz, toda su persona, en +fin, era, como su carácter, la emanación de aquella vida varonil y +tierna que había hecho de él un hombre en la hermosa y alta acepción de +la palabra.</p> + +<p>El joven, pues, la adoraba y encontraba para ella atenciones exquisitas, +frases cariñosas y refinamientos delicados de los que indican la +sensibilidad de los fuertes, flor rara, oculta en él como en ella y cuyo +discreto y penetrante perfume respiraban ellos solos.</p> + +<p>La adoraba, y refería a ella todos sus actos, sus pensamientos, sus +esfuerzos, sus ambiciones, sus sueños, sus éxitos escolares, su gloria +militar, sus primeros premios y sus primeros galones. Al día siguiente +de haber sido citado en la orden del día, escribió a Liette:</p> + +<p>«Estaba tan orgulloso que oía latir «tu» corazón.»</p> + +<p>¡Qué alegría, el día anterior, llegando de improviso a la estrecha +oficina, levantar en sus robustos brazos a la tía querida que frisaba ya +en los cincuenta años y cuyas sienes estaban adornadas por algunos hilos +de plata, y oprimirla contra su pecho, en el que brillaba la cruz de los +bravos!...</p> + +<p>—¿Eh? tía Liette, las dos forman un par—exclamó gozoso señalando a la +del comandante.</p> + +<p>¡Qué triunfo dar con ella la vuelta a la plazuela, cordialmente +saludados por todo el mundo; pasear su sencillo traje negro con tanto +orgullo como sus galones de oro; sentir su brazo estremecerse sobre el +suyo y envolverla en esa tierna mirada de los hijos que hace fundirse el +corazón de las madres!...</p> + +<p>¡Querida tía Liette!</p> + +<p class="puntos">Ninguna imagen la borraría jamás.</p> + +<hr /> + +<p>De repente desembocó en la plaza debajo de la ventana, una elegante +amazona seguida de un jinete de bello aspecto, a pesar de las arrugas +que indicaban en él las mordeduras de la edad y de la vida.</p> + +<p>La amazona vio al joven en el balcón, descubrió los blancos dientes en +una sonrisa y respondió amablemente con una señal del látigo al profundo +saludo, devuelto por su compañero con una tiesura enteramente británica.</p> + +<p>—¿Quién es esa joven, amigo mío?—preguntó la tía Liette, a quien +Carlos no había oído entrar.</p> + +<p>—Miss Darling, de la que creo que te he hablado en una carta y a quien +no esperaba encontrar aquí...</p> + +<p>—¡Ah!</p> + +<p>—¿Conoces al personaje que la acompaña?—preguntó Carlos a su vez, para +ocultar su embarazo.</p> + +<p>Y Liette respondió sencillamente:</p> + +<p class="puntos">—Es el conde Raúl de Candore.</p> + + + +<p>La familia de Candore no se componía ya más que de Raúl y de su tío...</p> + +<p>Después de dos años de matrimonio que no le habían dado toda la dicha +soñada, Dios había tenido piedad de la joven condesa y la había llamado +a él antes de que perdiera sus últimas ilusiones, en las que pudo +todavía envolverse para morir, como en aquel traje blanco apenas +amarillento con que la enterraron cubierta de flores.</p> + +<p>Débil y delicada como ella, la nieta, a quien la enlutada nodriza +paseaba por el Corso bajo la vigilancia de la abuela, había vegetado +algún tiempo y pasado a fuerza de cuidados y de precauciones las +peligrosas etapas de la primera infancia para naufragar en el alba de la +primera juventud, y con su virginal atavío de la primera comunión, la +llevaron al lado de su madre, a la sombra de aquella vieja iglesia de +Candore, adonde nunca había ido en vida.</p> + +<p>La anciana condesa, apegada a aquella niña con la pasión de las abuelas +que no siempre han sido madres tiernas, apenas la sobrevivió; y el señor +Neris, padre y abuelo igualmente desgraciado, sacudió el polvo de los +zapatos en el umbral de la Ciudad Eterna, volvió la espalda a ese sol +mentiroso, prometedor de vida que no había podido caldear sus miembros +helados, y volvió a meterse en su agujero como un animal herido para +terminar su existencia donde Blanca había empezado la suya y delante de +la tumba donde reposaría un día a su lado.</p> + +<p>Durante este tiempo, Raúl se consolaba de sus duelos con sus éxitos +diplomáticos y de otra clase en la sociedad romana. Arrastrado por el +torbellino mundano, no iba casi nunca a Candore, con el pretexto de que +los recuerdos del pasado eran demasiado dolorosos para él; y el anciano, +aunque sabiendo a qué atenerse sobre el grado de sensibilidad de aquel a +quien un instante había llamado su hijo, fingía tener esta razón por +buena y válida. Acaso en el fondo prefería estar solo para llorar a sus +queridas desaparecidas.</p> + +<p>Así no se mezclaban lágrimas hipócritas a sus lágrimas sinceras y el +conde podía gozar a sus anchas de su libertad y hacer la gran vida sin +que su suegro encontrase nada que decir ni pensase en cercenarle el +crédito anchamente abierto en casa del notario Hardoin.</p> + +<p>El señor Neris vivía solo en el vasto castillo desierto arrastrando su +pena por los lugares en que su hija había vivido y crecido ante su +mirada paternal y donde a cada paso encontraba sus huellas, en la arena +de los paseos por donde se paseaban juntos, corriendo ella delante de él +con su aro o apoyada zalameramente en su brazo; en la verde alfombra de +las praderas en que la niña retozaba cuando no era más que una +pequeñuela, y donde, ya grandecita, cogía para él grandes ramos +campestres que le llevaba llena de alegría; en la sala de estudio y en +la mesa de trabajo cargada de libros y papeles, donde la traviesa niña +se burlaba de los defectos de la institutriz, joven o vieja, guiñando el +ojo al indulgente tío, cómplice de sus malicias.</p> + +<p>Y con mano temblorosa hojeaba los manuales usados, desde el modesto +abecedario hasta los imponentes tratados de geometría y álgebra; los +cuadernos de escritura, de cálculo y de análisis con que se ejercitaban +poco a poco sus dedos, su ingenio y su corazón, y en los que se +encontraban dibujos fantásticos y observaciones imprevistas, de esas que +indican el buen o mal humor de los escolares, como en los presos las +paredes de la cárcel, o pensamientos cándidos de este género:</p> + +<p>—¡Si mi tío pudiera ser mi institutriz!—grito del corazón acompañado +de un pintarrajo que representaba al buen tío con los anteojos de miss +Dodson...</p> + +<p>Después venía esta nota un poco más seria:</p> + +<p class="puntos">—«Desde hoy ya no tengo institutriz, sino una amiga,» fechada en el día +de la entrada de Liette en el castillo.</p> + + + +<p>El señor Neris había conservado una tierna gratitud hacia la que su hija +había amado tan tiernamente.</p> + +<p>Cuando iba al cementerio o a la iglesia se detenía siempre en el Correo +para informarse respetuosamente de la salud de la empleada y presentarle +sus cumplimientos con esa exquisita cortesía de ciertos ancianos que +pone tanta gracia en sus cabellos blancos.</p> + +<p>Mostraba hacia ella una admiración caballeresca y un interés paternal +que se traducían en atenciones delicadas para los que ella quería, como +ramos de flores para adornar la modesta tumba de la de Raynal iguales a +los del suntuoso mausoleo de la condesa de Candore, y cestas de frutas +para Carlos, que comía a boca llena los aterciopelados melocotones de +las estufas del castillo.</p> + +<p>¡Discretos homenajes que invocaban inconscientemente el pasado!</p> + +<p>Pero para Liette no tenía ya rencor y habíase hecho en su alma la paz. +Las arrugas que por un momento habían alterado su límpida superficie al +soplo de la cólera y de la indignación, se habían borrado sin dejar +trazas a la primera sonrisa del niño.</p> + +<p>Liette era madre, nada más que madre, y era bastante.</p> + +<p>—¡Ay!—suspiraba el pobre notario, que había alimentado mucho tiempo +otra esperanza, mi ahijado no sospecha el perjuicio que me ha hecho.</p> + +<p>Pero, lejos de guardarle rencor, el excelente hombre le daba el cariño +que su madre adoptiva no quería.</p> + +<p>A todo esto, pasaba el tiempo, Raúl se iba envejeciendo, los éxitos se +hacían raros y no era ya el eterno galán joven que mandaba en jefe en el +carnaval mundano.</p> + +<p>Ciertos síntomas insignificantes anunciábanle ya su próxima decadencia.</p> + +<p>Las muchachas no interrumpían ya su charla al entrar él para dirigirle +miradas de admiración; en cambio las madres le consultaban a menudo +sobre sus jóvenes subordinados en busca de novia rica; le trataban como +hombre serio, y el mismo embajador le llamaba a la mesa de juego +diciéndole: «Venga usted, mi querido Candore; esto es propio de nuestra +edad», aunque Su Excelencia no había pasado de los cuarenta...</p> + +<p>Pero era uno de esos hombres que son ya maduros a los veinte años, y +Raúl, que se creía más joven, no tomó la frase por un cumplimiento.</p> + +<p>En fin, una noche, creyó oír a la marquesa de Luchessi pronunciar detrás +del abanico el epíteto de «Viejo verde».</p> + +<p>Evidentemente aquello no podía referirse a él (lo repetía muy alto para +convencerse de ello), pero no había dejado de causarle una impresión +tan desagradable como una ducha helada.</p> + +<p>¿Iba él a representar el papel del tío Neris o tendría que resignarse a +desistir de todo?...</p> + +<p>Penosa alternativa para aquel incorregible vividor, mariposa de noche +que prefería al aire puro de los bosques la atmósfera asfixiante de los +salones, que volaba de flor en flor y se complacía en las intrigas +femeninas como una vieja coqueta, pero sin renunciar a jugar su partida +ni resignarse a pasar a la reserva.</p> + +<p>Según la linda frase de María Leckzinsca, «Un cochero viejo gusta +siempre de oír restañar el látigo.»</p> + +<p class="puntos">Pero a Raúl le gustaba más tenerlo por el mango...</p> + + + +<p>Durante aquel período de desanimación y cansancio fue cuando conoció a +miss Darling en la embajada de Inglaterra.</p> + +<p>Era sobrina de un riquísimo americano, Ricardo Darling, que había +empezado por correr con los pies descalzos por las calles nacientes de +Chicago vendiendo a los albañiles unos pasteles cuyo aroma era su +principal alimento; y diga lo que quiera don César de Bazán, «El olor +del festín...» es poca comida para un estómago de diez años.</p> + +<p>¿Cómo el pastelero se había elevado a una fortuna comparable con la de +Menzikoff? Fue aquel un milagro de energía, de actividad y de audacia de +los que son moneda corriente en el Nuevo Mundo.</p> + +<p>Hoy, el tío Dick poseía una parte de la ciudad monstruo que había +crecido con él y no por eso estaba orgulloso. Su único placer era no +rehusar nada a su sobrina ni a su estómago.</p> + +<p>—Tú puedes comprarlo todo, y yo también—declaraba con cándida +fatuidad.</p> + +<p>Desgraciadamente, hay cosas que no se compran, y ocurría con frecuencia +que ante las maravillas gastronómicas que se amontonaban en su mesa, el +tío Dick echaba de menos el tiempo en que no tenía más que el olor de +sus pasteles... y un excelente apetito.</p> + +<p>Educada con esa libertad de las americanas del Norte, que, en ella, +lejos de degenerar en desvergüenza, era una tranquila conciencia de su +fuerza, Eva se destacaba absolutamente en aquella sociedad cosmopolita +en la que las antiguas familias romanas, lánguidas y agotadas, tratan de +regenerarse al contacto de los jóvenes bárbaros, como Tiberio en Caprea, +con esos baños de sangre impotentes para renovar la de sus venas.</p> + +<p>Ridículos esfuerzos de un mundo que no quiere morir, y grotescas +ilusiones de un mundo que, nacido de ayer y vacilando aún en los +pañales, pretende iluminar el universo en las orillas del Tiber como en +la rada de Nueva York.</p> + +<p>En estas condiciones las personas se mezclan pero no se confunden; cada +cual conserva sus cualidades y sus defectos, sus defectos sobre todo, +como esos esposos desconfiados que reclaman los beneficios de la +comunidad sin querer soportar sus cargas.</p> + +<p>Como esos barrios nuevos edificados apresuradamente para la +especulación, y ya derruidos sin la patina del tiempo, la joven colonia +americana se agrieta y se hunde como la vieja aristocracia romana, la +cual, al menos, se armoniza con las ruinas imponentes del Coliseo y del +Capitolio en que descansa, todavía majestuosa, como un César expirante.</p> + +<p>Miss Darling se destacaba en aquella sociedad ficticia por una nota muy +personal: la sinceridad.</p> + +<p>Tal como era, así se mostraba, sin ningún cuidado de la opinión ni del +efecto que pudiera producir.</p> + +<p>Cuando le gustaba una cosa, lo decía; y tampoco disimulaba lo que le +inspiraba desprecio. Tenía lo que más falta en esta sociedad indecisa y +flotante a pesar de su aplomo afectado: la solidez.</p> + +<p>Solidez en su ingenio, en su corazón y en su juicio, así como en su +personilla de buena apostura, que marchaba recta a través de la multitud +con ese aplomo tan sencillo y tan natural más dominante que la audacia.</p> + +<p>Su desprecio por los homenajes se los atraía más que a nadie y una +palabra de aprobación o un gesto benévolo tenían más precio viniendo de +ella que los más altos favores de las mujeres de moda.</p> + +<p>El día en que, en el curso de una conversación, declaró al señor de +Candore que no le gustaban los jóvenes, el diplomático sintió casi +fatuidad por sus cincuenta años.</p> + +<p>—¿Puedo preguntar a usted la razón de ese ostracismo, que, por +desgracia, no se refiere a mí?—preguntó sonriendo.</p> + +<p>—Es muy sencillo; para mí, el hombre no vale más que por sus actos. +Ahora bien, por la fuerza de las cosas y salvo excepciones, los jóvenes +no tienen detrás de sí más que la nada y se apoyan solamente en los +méritos paternos, que les han hecho lo poco que son. Su mérito personal, +a pesar de su soberbia confianza en este punto, no está todavía más que +en el estado de esperanzas, y yo espero que se digne revelarse.</p> + +<p>—¡Ah! miss Darling, la juventud es también un mérito que se aprecia +mucho, sobre todo cuando está lejos.</p> + +<p>—En una mujer, sí, como la belleza; pero en un hombre es cosa +superflua. Siempre preferiré a unos cuantos belitres como sus agregados +de embajada, príncipes del turf o reyes del cotillón, uno de esos reyes +del petróleo de los que se ríen en Francia, pero cuya iniciativa, cuya +actividad y cuya inteligencia alimentan millares de existencias, o un +general viejo, como el príncipe de San Remo, que ha arriesgado veinte +veces la suya.</p> + +<p>—Pero es muy feo, señorita.</p> + +<p>—Yo le encuentro guapo—declaró la joven con entusiasmo.</p> + +<p>—¿Habrá que decírselo?</p> + +<p>La joven se echó a reír y dijo con más seriedad:</p> + +<p>—La verdad es que la edad no importa en la cuestión. Hay octogenarios +sin bagajes, y Mozart y Bonaparte eran ya viejos de gloria a los treinta +años.</p> + +<p>—¡Ay! señorita, ¿hay que ser Mozart o Bonaparte para encontrar gracia +con usted?</p> + +<p>—No soy tan ambiciosa; no me gustan las nulidades, y nada más.</p> + +<p>Nadie se considera como una nulidad. Candore, en particular, tenía una +buena opinión de sí mismo y no retuvo de esta conversación más que la +parte halagüeña:</p> + +<p>La joven americana no temía la madurez.</p> + +<p>Raúl, desde entonces, puso una especie de coquetería en confesar su edad +y no discutió ya con el espejo la aparición de una arruga o de una cana.</p> + +<p>Con el cigarro en la boca y las riendas sueltas en el cuello del +caballo, Raúl se dirigía lentamente a Candore pensando en la fina +silueta del joven capitán que había visto en la ventana y que había +causado tan linda sonrisa en los labios de miss Darling...</p> + +<p>¿Quién podía ser aquel muchacho?</p> + +<p>—Un oficial de gran mérito y del más brillante porvenir—había +respondido Eva con un entusiasmo nada disimulado y que ensombreció un +poco la frente del diplomático.</p> + +<p>Sin que pareciese que se daba cuenta de ello, la joven se había +extendido largamente al hablar de las circunstancias novelescas de su +encuentro en África, donde él había desplegado una admirable sangre fría +y un raro valor para sacarla, a ella y a su tío, de las garras de una +tribu de tuaregs en que se habían aventurado imprudentemente.</p> + +<p>Por muy maravillosa que fuese la historia y graciosa la narradora, no +encantó más que medianamente los oídos del oyente.</p> + +<p>—¿Cómo se llamaba aquel héroe?</p> + +<p>—El capitán Raynal.</p> + +<p>—Raynal... Raynal...</p> + +<p>El conde buscaba en vano en el fondo de su memoria.</p> + +<p>Nunca Liette, bastante discreta, es cierto, ni su madre, bastante +prolija sin embargo, le habían hablado de un pariente de ese nombre; +creía su familia extinguida.</p> + +<p>Guardando para él sus reflexiones, el conde escuchaba con creciente +irritación aquel molesto elogio del que la joven miss no le dispensaba. +Así fue que vio con una especie de alivio la verja del castillo de +Argicourt, donde Eva estaba de temporada en casa de unos amigos comunes.</p> + +<p>¡El, que se regocijaba por tal vecindad, sin haber previsto el tal +militarcito!...</p> + +<p>¿De dónde diablos había salido?</p> + +<p>Raynal... El capitán Raynal...</p> + +<p>Desde su matrimonio no había sabido nada de Liette...</p> + +<p>La correspondencia entre ella y su antigua discípula se había ido +acabando poco a poco, pues la una temía preguntar y la otra responder. +Pronto la pluma se había caído de los dedos helados de la condesita, y +el silencio se había producido.</p> + +<p>En sus raras apariciones por Candore, el conde, movido por una especie +de respeto involuntario, se había abstenido siempre de pronunciar el +nombre de la empleada, a quien, por otra parte, había casi olvidado. +Sabía solamente por algunas palabras en el aire recogidas al azar de las +conversaciones, que se había negado siempre a dejar su puesto, +prefiriendo ascender en él, y Raúl lo había atribuido a un recuerdo +halagüeño para su persona.</p> + +<p>—Pobre muchacha; estaba loca por mí—pensaba con indulgente fatuidad.</p> + +<p>Y no se ocupaba más del asunto.</p> + +<p>Hoy, la aparición de aquel buen mozo en la misma ventana de otro +tiempo... turbaba sus ideas como una interrogación.</p> + +<p>Su nombre, sus facciones, su edad, todo era materia de suposiciones y de +hipótesis.</p> + +<p>Siendo capitán y estando condecorado, debía de tener veinticinco o +treinta años, aunque apenas los representaba.</p> + +<p>A primera vista se parecía a Liette, evidentemente, no en el color de +los ojos y del cabello ni en el corte de cara, sino en la expresión.</p> + +<p>¿Y se llamaba Raynal?</p> + +<p>¿Será que?...</p> + +<p>El negro demonio de los malos pensamientos rozábale con su ala, y una +sonrisa burlona respondía a las cejas fruncidas.</p> + +<p>¿Será que?...</p> + +<p>Tendría gracia...</p> + +<p>¡Ella, que las echaba de virtuosa!</p> + +<p>¿Habré yo hecho el tonto?</p> + +<p>El conde arrojó el cigarro sin acabar con una cólera mezclada de +despecho.</p> + +<p>El amor propio, más vivaz que el amor, hacíale sentir su aguijón.</p> + +<p>¿Se habría burlado de él?</p> + +<p>¿Se le habría impuesto por una falsa dignidad y un pudor afectado, hasta +el punto de obligarle a ofrecerle su nombre, siendo acaso indigna de él, +y conservando la careta hasta el fin para robarle su estima y su +respeto?</p> + +<p>El conde iba montando en cólera y toda una antigua levadura de celos +retrospectivos fermentaba de repente en el fondo de su ser estragado.</p> + +<p>Raúl trataba de reírse.</p> + +<p>¡Celoso yo!... ¡Y de una cincuentona!... Vamos allá, querido, tu reloj +retrasa...</p> + +<p>No, pero no quería ser engañado, y si sus sospechas eran fundadas, +entonces...</p> + +<p>Entonces, ¿qué?</p> + +<p>¿Qué le importaba a él?</p> + +<p>¿Iba a insultar a una mujer, él, un noble? ¿Y por qué?</p> + +<p>¿A causa de aquel guapo oficial a quien sonreían las muchachas?</p> + +<p>—Que no se ponga en mi camino—exclamó blandiendo el látigo con una +violencia que hizo encabritarse a su caballo.</p> + +<p>—Hola, sobrino... ¿Con quién diablos disputas?</p> + +<p>El señor Neris, apoyado en su bastón, apareció en la linde del bosque.</p> + +<p>El conde sujetó muy diestramente a su caballo y dijo echando pie a +tierra:</p> + +<p>—¿Quieres que volvamos juntos, tío?</p> + +<p>—Con mucho gusto, amigo mío.</p> + +<p>Púsose al brazo las riendas del caballo, penetró con su tío bajo las +altas arboledas que rodeaban el castillo y siguió el mismo camino en que +la pobre miss Dodson vertió tantas lágrimas veinticinco años antes.</p> + +<p>—Veo que eres todavía un brillante jinete.</p> + +<p>—Gracias a tus lecciones, tío. Tú fuiste quien me puso la primera vez a +caballo.</p> + +<p>—¡Ay! parece que te estoy viendo todavía con mi pobre Blanca. ¡Qué +lejos está eso, Dios mío! Y después, cuántas penas...</p> + +<p>Su blanca cabeza se inclinó sobre el pecho. Raúl se callaba, respetando +aquel gran dolor.</p> + +<p>—Esta mañana saliste muy temprano—dijo al fin el anciano haciendo un +esfuerzo.</p> + +<p>—Sí, he estado en Argicourt. Había prometido a miss Darling salir con +ella a caballo, pues su tío está lejos de valer lo que el mío en punto a +equitación. Hemos dado un buen paseo.</p> + +<p>—Siempre es bueno un paseo dado con una mujer guapa...</p> + +<p>—¿Te gusta miss Darling?</p> + +<p>—Mucho. Es sencilla y natural; toda su persona denota una rectitud, una +lealtad y un aplomo que no he encontrado en las demás.</p> + +<p>—Me hacen feliz esos elogios, pues si yo me decidiera a llenar el vacío +de mi hogar, querría mucho tener tu aprobación.</p> + +<p>El octogenario se paró de repente.</p> + +<p>—¿Piensas acaso?...</p> + +<p>Su voz temblaba.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿Por qué disimularlo? Ya sabe usted si he amado tiernamente +a la querida criatura que el cielo me arrebató muy pronto...</p> + +<p>—Pasemos adelante.</p> + +<p>—La he llorado durante veinte años y he llevado lealmente su luto.</p> + +<p>—Pasemos, pasemos.</p> + +<p>—Pero al fin llega una hora en que no debe uno ya mirar detrás de sí y +en que los minutos están contados para llenar nuestros deberes respecto +del porvenir como respecto del pasado. Un noble no puede dejar +extinguirse el nombre que ha recibido de sus antepasados para +transmitírselo a sus descendientes.</p> + +<p>—En una palabra, quieres casarte con miss Darling...</p> + +<p>—Por la razón que te doy...</p> + +<p>—¿La permanencia de la raza? Si esa fuera la única, ¿sería necesario +recurrir a un matrimonio aventurado?... En la vida de un hombre de +placer como tú... y como yo, por desgracia, hay faltas de la juventud +que corresponde reparar a la vejez...</p> + +<p>—¿Qué quiere usted decir?</p> + +<p>—No tengo derecho para ser severo... Pero si hubieras dejado detrás de +ti algún remordimiento...</p> + +<p>Llegaban a un claro rodeado de hayas gigantes que el sol acribillaba con +sus flechas de oro...</p> + +<p>«Acuérdate» decía el astro ardiente con sus lenguas de fuego.</p> + +<p>«Acuérdate» repetía el murmullo de los árboles, majestuosos testigos del +pasado.</p> + +<p>«Acuérdate» arrullaban las tórtolas produciendo su nota melancólica y +tierna en el silencio de los grandes bosques.</p> + +<p>Pero Raúl no se acordaba...</p> + +<p>—No tengo ningún remordimiento, querido tío—respondió con +desenvoltura.</p> + +<p>Neris hizo un gesto vago.</p> + +<p>—Eres muy feliz—dijo sencillamente.</p> + +<p>Prodújose un momento de silencio.</p> + +<p>—En fin, querido tío, si llegase el caso, ¿no tendría usted ninguna +objeción seria contra miss Darling?—preguntó el conde, que no quería +abandonar su asunto.</p> + +<p>—Tiene veinte años y tú has pasado de cincuenta.</p> + +<p>—Pero yo también soy como usted, tío mío, estoy construido a cal y +canto; es una herencia del abuelo Neris que estoy lejos de despreciar.</p> + +<p>—En lo físico, pase aún; pero en lo moral...</p> + +<p>—A miss Darling no le gustan los jóvenes; me ha expuesto sus teorías +sobre esto...</p> + +<p>—Encontrará entonces, acaso, que lo eres demasiado—dijo el anciano con +ligera ironía.</p> + +<p>—En fin, no es su opinión probable lo que yo quiero conocer, querido +tío, sino la tuya—respondió el diplomático con alguna impaciencia.</p> + +<p>—Te lo repito, amigo mío; no he encontrado comparable con miss Darling +más que una persona.</p> + +<p>—¿Y era, si no es indiscreción?...</p> + +<p>—Liette Raynal.</p> + +<p>Raúl se mordió los labios.</p> + +<p>En el estado de ánimo en que se encontraba, aquel nombre sonaba de un +modo particularmente desagradable a su oído.</p> + +<p>Pero no por eso perdió la ocasión de preguntar con maña:</p> + +<p>—¿La institutriz de mi pobre Blanca? Sí, era una persona de +mérito—añadió con indiferencia.—¿Qué ha sido de ella?</p> + +<p>—Sigue en Candore.</p> + +<p>—¿Empleada de Correos?</p> + +<p>—Empleada de Correos.</p> + +<p>—Por cierto que he creído ver una figura nueva al pasar por delante de +la oficina; un militar...</p> + +<p>—Es su hijo adoptivo... un pariente... el capitán Raynal.</p> + +<p>El conde de Candore hizo sonar la lengua con expresión de duda.</p> + +<p>—¿Crees tú en los hijos adoptivos, tío?</p> + +<p>El anciano respondió con cierto dejo de severidad:</p> + +<p>—Sí, sobrino, como en los hijos abandonados.</p> + +<hr /> + +<p>Liette estaba en su estrecha oficina viendo, como en el día lejano de su +llegada al pueblo, desfilar todo el mundo por delante del ventanillo; +pero la curiosidad no era para ella, y, en lugar del irritante malestar +de otro tiempo, Liette sentía ahora una dulce satisfacción de orgullo +maternal al oír los saludos al joven capitán de los viejos y viejas que +le habían conocido niño.</p> + +<p>El joven respondía con cordialidad, tratando de conocer en las jóvenes +que salían de las vísperas y en los mozos que emprendían partidas de +pelota o se iban a tirar al arco a los chicuelos dejados en el pueblo y +a quienes se asombraba de encontrar cambiados como él. Y al volver los +ojos al modesto interior, lo mismo la fría oficina que el salón de +elegancias pasadas de moda, el capitán encontraba con placer infantil +todos los muebles y todos los objetos familiares, todo, hasta el pobre +Breal, primer compañero de sus juegos, disecado en memoria suya.</p> + +<p>Nada había cambiado en aquel cuadro anticuado y envejecido, en el que +sólo él no se reconocía cuando el espejo le enviaba la sombra de sus +bigotes, justamente encima de su retrato con falda corta y con un tambor +a sus pies.</p> + +<p>Nada había cambiado, y la misma tía Liette, recta y menuda con su traje +sencillo de lana, con su bello perfil de camafeo bajo el cabello apenas +encanecido en las sienes y su mirada límpida que reflejaba la serenidad +de su alma, la misma tía Liette había envejecido tan poco, que al +preguntarle de repente Carlos:</p> + +<p>—Tía Liette ¿cuándo vas a pedir tu jubilación?</p> + +<p>La empleada respondió prorrumpiendo en una carcajada llena de juventud.</p> + +<p>—¿Mi jubilación? Gracias a Dios, amigo mío, estoy todavía fuerte y +espero evitar durante algunos años el ser arrinconada.</p> + +<p>—Sin duda... Pero es precisamente por eso... Estás joven y activa... No +temes los viajes... Y, por otra parte, eres hija y madre de soldado...</p> + +<p>—Explícate...</p> + +<p>—Oye. Quisiera tenerte más cerca de mí, tía Liette; mi sueldo bastaría +para los dos... Quisiera que me siguieses a mis lejanas guarniciones +como en otro tiempo a tu padre. Quisiera no tener sólo presente la +imagen del hogar que has creado al huérfano, sino ese hogar mismo y la +que es su alma. ¿No te gustaría volver a ver aquella tierra de África en +que diste los primeros pasos?</p> + +<p>Liette sonrió, dulcemente conmovida por esta delicadeza filial.</p> + +<p>—Eres bueno y tierno, hijo mío, al pensar en mi soledad más aún que en +la tuya; pero a mi edad no se rompen las costumbres de veinticinco +años. Me atan a esta pobre aldea muchas cosas de las que no se llevan en +la suela de los zapatos. En rigor, pudiera arrastrar conmigo tu cuna +como las pobres «reliquias» de mi madre, pero no su tumba; y cuando se +baja la cuesta de los cincuenta años los muertos atraen más aún que los +vivos.</p> + +<p>—Gracias a Dios, tía Liette, como decías hace un momento, estás buena y +sana, y yo, que no vivo con mis recuerdos, desearía otra compañía.</p> + +<p>—«No es bueno que el hombre esté solo», luego tu deseo es muy legítimo; +pero no es una vieja como yo la que debe llenar el vacío de tu casa y de +tu corazón... Necesitas una joven y linda compañera y hermosos hijos...</p> + +<p>—De los que tú serás abuela.</p> + +<p>—Es un papel que me gustará mucho, y quizá entonces pediré mi +jubilación para estudiarle con descanso... pero no antes.</p> + +<p>El joven se retorció el bigote con expresión distraída y su mirada vaga +pareció buscar en el espacio una silueta fugitiva.</p> + +<p>La tía Liette le observaba como al descuido.</p> + +<p>—¿Está en camino, Carlos?—preguntó maliciosamente.</p> + +<p>—No, todavía está en las nubes.</p> + +<p>Y con una risa un poco forzada para ocultar su confusión, el joven dio +un sonoro beso en la frente de la empleada.</p> + +<p>—De modo que no es todavía esta vez cuando te llevo conmigo, tía +Liette...</p> + +<p>—¡Cómo! mal muchacho, ¿quieres llevarte a mi vecina?</p> + +<p>Y el señor Hardoin que entraba le amenazaba alegremente con el dedo.</p> + +<p>—Sí, padrino, y a usted también si quiere.</p> + +<p>—¡Oh! si no dependiera más que de mí, daría con gusto la vuelta al +mundo...</p> + +<p>—¿Dejar el despacho? ¿Usted? ¡Imposible! Apuesto a que es el miedo del +viaje de novios lo que le ha impedido a usted casarse.</p> + +<p>—No se burle usted, mi capitán; no se es siempre soltero por gusto.</p> + +<p>Y con un suspiro de los más elocuentes, echó una mirada de reproche a la +tía Liette, que se sonreía a medias.</p> + +<p>Después recostándose en una butaca y levantándose las gafas por la +frente para mirar más a sus anchas las facciones varoniles del joven +oficial, dijo:</p> + +<p>—Vamos a ver, señor misterioso, ¿tienes la intención de hacerme +redactar tu contrato?</p> + +<p>—¿Yo? ¡Qué disparate!</p> + +<p>—No encontrarías dificultades... No eran las siete de la mañana cuando +el tío Griel, un ladino que tiene la costumbre de tratar los negocios +al salir de la cama, vino a consultarme sobre la venta de su prado de +Ognolles y me insinuó de paso que piensa dar a su hija cien mil francos +de dote... y que la chica no detesta a los militares...</p> + +<p>—¿La pequeña Irma, que tenía las manos tan rojas y la deplorable +costumbre de pisar los moñigos de vaca?</p> + +<p>—La pequeña Irma es ahora una joven que vuelve de Santa Clotilde con +todos los diplomas y tan hecha a las buenas maneras, que desprecia +soberanamente a los aldeanos, empezando por el bueno de su padre.</p> + +<p>—Prefiero, entonces, la antigua Irma.</p> + +<p>—El recaudador, por su parte, ha venido a tomar conmigo el vino blanco, +menos por mi bodega que por su sobrina, cuyos méritos me ha ponderado +durante la misa... Tienen que contar...</p> + +<p>—Clarita... ¿No la pusieron de largo cuando yo estrené mis primeros +calzones?</p> + +<p>—Sí, pero los años de campaña se cuentan dobles y ella ha conservado la +frescura de su nombre.</p> + +<p>—Pongamos que estoy demasiado bronceado para ella, y no hablemos más +del asunto.</p> + +<p>—Pues no eres poco difícil...</p> + +<p>—¿No hay nada más?—preguntó la tía Liette muy divertida.</p> + +<p>—Como pasos oficiales, no hay más, y ya es bastante... Pero he recibido +otras dos visitas, la una muy simpática... y la otra un poco menos.</p> + +<p>—¿Cuáles?</p> + +<p>—Eso, joven, es el secreto profesional. Busca y encontrarás. ¿Quién +puede quererte bien?</p> + +<p>—¿Y mal?—preguntó con inquietud Liette, a quien el notario respondió +con una señal imperceptible.</p> + +<p>La empleada, impaciente por saber, dijo:</p> + +<p>—Oye, Carlos, debías hacer una visita al señor cura para presentarle +tus respetos y tu cruz...</p> + +<p>—Comprendido... A las órdenes de usted, mi comandante.</p> + +<p>Y dando un beso a su madre adoptiva, le dijo al oído:</p> + +<p>—Apuesto a que para ti no habrá secreto profesional.</p> + +<p>Un instante después atravesaba la plaza con paso diligente e iba a +llamar a casa del cura con gran admiración de los muchachos.</p> + +<p>Liette, que le había seguido con tierna mirada, se volvió entonces hacia +el notario.</p> + +<p>—¿Qué hay?—le preguntó sin otro preámbulo.</p> + +<p>—En primer lugar, cierto señor Darling, tío y tutor de una riquísima +americana, actualmente en el castillo de Argicourt, y que parece querer +muy bien a nuestro africano, a quien encontró en el curso de un viaje a +Argelia, donde les prestó un señalado servicio...</p> + +<p>—Y además...</p> + +<p>—Además el conde de Candore, apasionado de la joven miss y a quien los +laureles del capitán Raynal impiden dormir.</p> + +<p>Liette se puso la mano en la frente cargada de pensamientos.</p> + +<p>—¿Le ha preguntado a usted sobre Carlos?</p> + +<p>—Sí, indirectamente y con cierta acritud, no se lo disimulo a usted.</p> + +<p>—Y usted, ¿qué le respondió?</p> + +<p>—Nada o poco más; y se marchó muy contrariado.</p> + +<p>—Aquí tiene usted una complicación imprevista, amigo mío. Siento que +Carlos esté aquí. Pero no importa; si se trata de su dicha, yo sabré +defenderle.</p> + +<p>—Le defenderemos—rectificó calurosamente el digno notario.</p> + +<hr /> + +<p>Cuando Carlos volvió encontró a su madre adoptiva ligeramente +preocupada. Una nube fugitiva que se ponía algunas veces en sus +tranquilas facciones obscurecía el brillo de sus bellos ojos, +tiernamente fijos en él y en los que se leía una vaga alarma.</p> + +<p>—Una carta para ti—dijo dándole un sobre blasonado.</p> + +<p>El joven la abrió y la leyó rápidamente.</p> + +<p>—Es una invitación del señor de Argicourt para un Rally-paper, el +sábado.</p> + +<p>—¿Vas a ir?</p> + +<p>Carlos vaciló un momento.</p> + +<p>—No, tía Liette; mi licencia es corta, y quiero dedicártela entera.</p> + +<p>—Pero yo no quiero ser egoísta y privarte de los placeres de tu edad.</p> + +<p>—¡Qué buena eres!</p> + +<p>—No es más sino que te quiero mucho.</p> + +<p>Carlos la contempló con enternecimiento.</p> + +<p>¡Oh! sí, la tía Liette le amaba... ¡Y él a ella!</p> + +<p>A aquella hora la oficina estaba cerrada, y libres de importunos, ambos +gozaban de la intimidad del reposo dominical que adormecía al humilde +pueblo. Sentado enfrente de ella en el saloncillo ajado y delante del +almohadón en que Liette acababa de poner su cesto de labor, Carlos se +creía vuelto a la niñez y una sensación de exquisita dulzura penetraba +en su ser.</p> + +<p>—Siempre te veo el mismo bordado, tía Liette. ¿Haces acaso lo que +Penélope?</p> + +<p>—No, señor burlón, no es la misma; pero no varío ni el dibujo ni los +colores, y de este modo me parece que no envejezco y creo que vas a +jugar con los ovillos o a ayudarme a devanar las madejas.</p> + +<p>—Y soy todavía muy capaz. Prueba.</p> + +<p>—No, ahora eres demasiado alto.</p> + +<p>—Puedo bajarme.</p> + +<p>Y se puso de rodillas con las manos extendidas.</p> + +<p>—¡Loco!—dijo Liette, divertida y feliz, arrojándole un ovillo de +lana...</p> + +<p>Y mientras buscaba el nudo, le dijo insistiendo afectuosamente:</p> + +<p>—¿Irás a Argicourt?</p> + +<p>—Conozco muy poco a los dueños.</p> + +<p>—¿No ha sido el barón tu camarada?</p> + +<p>—Sí, pero en el regimiento se borran las distancias, y, rico o pobre, +un oficial vale lo que otro... mientras que hoy el señor de Argicourt +vive en sus tierras, rico y casado... con una extranjera según creo...</p> + +<p>—Una americana del Norte...</p> + +<p>—Que le ha hecho presentar la dimisión... Viven muy en grande según +parece...</p> + +<p>—Hacen la vida que exige su clase y la fortuna de su mujer.</p> + +<p>—Sí, él no tenía más que su nombre.</p> + +<p>—Ya es algo—respondió Liette con melancolía.</p> + +<p>—¿No te parece, tía Liette, sin hablar mal de nadie, que es un poco +humillante para un hombre el debérselo todo a su mujer?</p> + +<p>El joven esperó la respuesta con un poco de ansiedad. Era tanta su +deferencia por el juicio de aquella guía segura e impecable, que una +palabra de su boca le parecía una sentencia sin apelación. Así fue que +sintió una especie de alivio cuando ella le respondió con indulgencia:</p> + +<p>—¿Por qué? Cuando no hay cálculo en ninguna de las dos partes, el +corazón no conoce las balanzas. El que ama verdaderamente se da sin +contar, y para las almas bien nacidas, el que da es todavía más obligado +que el que recibe.</p> + +<p>—Todo el mundo no lo juzga así...</p> + +<p>—Todo el mundo no es perfecto y juzga con frecuencia a los demás según +él mismo. Para mí es rebajarse el suponer gratuitamente una bajeza.</p> + +<p>—Puede uno fiarse de ti en materia de honor, tía Liette. Sin embargo, +yo preferiría una mujer que tuviese menos que yo.</p> + +<p>—Es un escrúpulo honroso, pero un poco pueril, y la cuenta sería +difícil de establecer. ¿En cuánto estimas tu cruz?</p> + +<p>Carlos se calló, vencido y contento.</p> + +<p>La madeja estaba devanada, pero el joven permanecía a los pies de su +madre adoptiva, apoyado en su butaca como cuando siendo pequeño, venía a +que le hiciera mimos. Liette, tiernamente maternal, jugaba +distraídamente con los dorados del uniforme.</p> + +<p>—Decididamente, ¿irás a Argicourt? ¿Te da miedo la linda castellana?</p> + +<p>—No, no es eso, tía Liette; pero, francamente, me sería desagradable el +ir a una casa donde tú no estás invitada...</p> + +<p>—Tienes todas las delicadezas, hijo mío; pero yo no soy tu madre...</p> + +<p>—Eres más todavía...</p> + +<p>—No es lo mismo. Sólo la maternidad crea un lazo indisoluble y sagrado; +el nuestro se puede desatar por mutuo consentimiento, sin indiferencia +por mi parte ni ingratitud por la tuya.</p> + +<p>—Jamás, tía Liette, y me das mucha pena al iniciar solamente tal idea.</p> + +<p>—No es esa mi intención, pero pudieran presentarse unas circunstancias +en las que no debiéramos ser obstáculo el uno para el otro... un +matrimonio, por ejemplo. Recuerda que eres libre, como yo también lo +soy.</p> + +<p>—¡En seguida! Yo no te permitiría casarte sin mi consentimiento, aunque +fuera con mi querido padrino...</p> + +<p>—Entonces, soy más generosa que tú, y, llegado el caso, no llevarías +una suegra en tu equipo.</p> + +<p>—Pues yo te declaro que no me casaría jamás con una mujer que no te +venerase como a su madre.</p> + +<p>En este instante pasaron por la calle dos sombrillas en el fondo de una +carretela, como un relámpago azul y rosa.</p> + +<p>Un momento después se abrió la puerta y apareció en el umbral una +graciosa aparición haciendo el saludo militar.</p> + +<p>—¡Buenos días, mi capitán!</p> + +<p>—¡Miss Darling!—exclamó vivamente el joven levantándose de un salto.</p> + +<p>—¡La señora de Argicourt!—dijo la tía Liette dirigiéndose a la segunda +visitante.</p> + +<p>—Que pide a usted perdón por venir a sorprenderla de este modo; pero +esta aturdida de Eva, mi más querida amiga, tenía empeño en serle a +usted presentada.</p> + +<p>—Mucho—apoyó claramente la aludida;—me han dicho muchas veces que me +parecía a la tía Liette, e ignoraba si esto era un cumplimiento... Veo +que lo es.</p> + +<p>Y poniendo en este homenaje un respeto profundo que corregía su tono +atrevido, la joven se inclinó delante de Liette conquistada y encantada.</p> + +<p>—Puesto que está hecho el conocimiento por este lado, permítame usted +que le presente a mi vez el capitán Raynal, señora baronesa—dijo la +empleada dirigiendo una amable sonrisa a la linda niña.</p> + +<p>—Sin habernos encontrado todavía, somos antiguos amigos, capitán—dijo +la baronesa sentándose donde él le indicaba;—mi marido me ha hablado +con frecuencia de usted como de uno de sus mejores amigos, y miss +Darling ha apoyado aún sus elogios.</p> + +<p>—Naturalmente, no puedo hablar mal de mi salvador. ¿No le ha contado a +usted el caso, tía Liette?</p> + +<p>—No valía la pena.</p> + +<p>—Es usted muy modesto... Eso prueba que aprecia usted menos que yo la +existencia, que yo tengo la debilidad de querer conservar... Figúrese +usted, señorita, que mi tío y yo estábamos cautivos de una tribu de +tuaregs... ¿Conoce usted a esa gente?... mucho color local... pero de +relaciones poco sociables... Afortunadamente, el capitán, de vuelta de +una expedición al Sur, supo por sus emisarios nuestra triste posición, +y, sin importarle nuestra nacionalidad, lo que fue enteramente amable, +consiguió librarnos con un puñado de bravos y nos ofreció una +hospitalidad... francesa en su blockhaus. Pero, ¡ay! en la Argelia como +en América, los blockhaus están hechos para ser bloqueados, y, al día +siguiente, cayó sobre nosotros una nube de tuaregs como los saltamontes +del desierto, ejecutando en nuestro honor un brillante tiroteo. +Seguíamos estando prisioneros, aunque en mejor compañía.</p> + +<p>—¡Oh! lo que es eso... Mi destacamento estaba compuesto de demonios +casi tan negros como los que nos asediaban. Figúrate aquello, tía +Liette.</p> + +<p>—Nada de eso. Usted los calumnia; eran buenos muchachos y no sabían qué +hacer para complacerme.</p> + +<p>—Es que la presencia de usted los metamorfoseaba...</p> + +<p>—No como Circe entonces.</p> + +<p>—En una palabra, me encontraba en la situación novelesca, pero poco +envidiable de las heroínas de Cooper, quitando la peladura... Y lo peor +era que las provisiones eran limitadas y nosotros aumentábamos el número +de bocas... A todo esto, el tío Dick, que se queja siempre de no tener +apetito, lo tenía feroz en aquellos momentos. Así fue que para evitar el +ser expulsados como bocas inútiles, nos ofrecimos a hacer fuego para +cooperar a la defensa. Y aquí tiene usted cómo he servido a las órdenes +del capitán Raynal y merecido ser comparada con la tía Liette, lo que me +halaga mucho, hoy sobre todo.</p> + +<p>—¡Y si hubieras visto qué valentía y qué buen humor, tía Liette! Los +socorros se hacían esperar, y la desanimación, hermana del fastidio, +hubiera acaso hecho estragos en mis hombres. Pero miss Darling les +vertía su alegría como champagne, y organizaba conciertos y +representaciones...</p> + +<p>—¿Recuerda usted al tío Dick ensayando el «Yankee Doodle» en la +corneta?</p> + +<p>—¡Y qué hermana de la caridad consolando a los moribundos, curando a +los heridos!... Cuando yo mismo estuve fuera de combate...</p> + +<p>—¡No me lo habías dicho!</p> + +<p>—¡Bah! un arañazo... Su influencia mantuvo mejor la disciplina entre +aquellos hombres groseros y violentos mejor que las reprimendas de los +oficiales, y remontó tan bien su moral, que cuando llegó la columna +libertadora, los pobres diablos, que tenían el vientre vacío hacía +veinticuatro horas, estaban aprendiendo... la bamboula bajo su alta +dirección.</p> + +<p>—¡Bah! se hace lo que se puede. Pagué mi escote de ese modo.</p> + +<p>—También pagó usted en moneda de plomo. ¡Los moritos que dejó usted +caer!...</p> + +<p>—La verdad es que podrías alistarte en los rifles-women, Eva. ¡Cómo +debes de despreciar nuestras cacerías de papelitos!</p> + +<p>—Al contrario; prefiero esa caza a cualquiera otra. El defenderse está +bien; pero matar sin necesidad... y sin riesgos... Sobre todo a +inofensivas perdices... ¡Pobres animalitos!</p> + +<p>Fue esto dicho sencillamente y sin falsa sensibilidad, de tal modo que +Liette, tan sencilla y tan natural, quedó enamorada de aquella +naturaleza tan igual a la suya.</p> + +<p>Carlos leyó en sus ojos esa muda aprobación y sintió una viva alegría.</p> + +<p>—¡Qué amable ha sido usted viniendo a vernos!—dijo a la joven con un +impulso irresistible.</p> + +<p>—Tenía mucho deseo de conocer a su tía de usted.</p> + +<p>—¿Se la figuraba usted así?</p> + +<p>—No mucho. Como dijo no sé qué personaje de comedia, «una tía es +generalmente una mujer de edad», y la de usted ni siquiera gasta +anteojos...</p> + +<p>—¡Oh! no tardaré en gastarlos, miss Darling; mis ojos se van—protestó +alegremente Liette, que, mientras hablaba con la condesa de Argicourt, +había oído las últimas palabras de aquel aparte.</p> + +<p>—Pero no los oídos—observó maliciosamente la joven americana.—La +verdad es que me representaba a «la tía Liette» como una viejecita +arrugada y canosa de cincuenta años lo menos.</p> + +<p>—Los cumplo el domingo; hasta entonces ya me hará usted crédito.</p> + +<p>Todos se rieron, y aquellas señoras se levantaron para despedirse.</p> + +<p>—¿Decididamente no quiere usted ser de los nuestros?—preguntó la +castellana con mucha amabilidad a Liette.</p> + +<p>—Imposible, señora; pero agradezco a usted mucho su amable invitación.</p> + +<p>—En todo caso, contamos con usted, capitán; a mi marido le encantará +recordar con usted los buenos tiempos, como él llama a aquellos en que +estaba soltero.</p> + +<p>—Muy amable para ti, mi pobre Jenny.</p> + +<p>—Tiene cuidado de añadir que echa de menos, no el celibato, sino el +uniforme...</p> + +<p>—Eso lo comprendo. ¿Por qué le has hecho presentar la dimisión?</p> + +<p>—¿Querías que fuese siguiéndole de guarnición en guarnición?</p> + +<p>—¡Vaya una desgracia! «Para tomar mujer no se reniega de la madre», +decía Napoleón; se puede muy bien ser buen marido y buen soldado. +¿Verdad, tía Liette? ¡Anda! ahora llamo a usted también yo tía Liette... +Dispénseme usted, señorita, y permítame darle un beso sin embargo...</p> + +<p>Una graciosa sonrisa bajo la sombrilla rosa; un saludo militar bajo la +sombrilla blanca, y el carruaje desaparece en una nube de polvo.</p> + +<p>Carlos vuelve al saloncillo, y le parece obscuro, vacío y frío.</p> + +<p>Y, sin embargo, la tía Liette sigue allí, en su butaca.</p> + +<hr /> + +<p>Las circunstancias poco ordinarias en que Carlos y Eva se habían +conocido en África, eran de esas que crean en una semana una intimidad +de veinte años.</p> + +<p>Ya, hacía algún tiempo, habían balsado juntos en un baile del +gobernador; pero en el mundo oficial y en la trivialidad de las frases +de salón, «se habían cruzado sin verse», según el refrán melancólico, +secreto de tantos destinos fracasados.</p> + +<p>Por el contrario, en el estrecho Blockhaus que podía ser su tumba, en el +roce diario de la vida común, que hace resquebrajarse tan pronto el +barniz mundano que oculta tantas macas y a veces tan preciosas +cualidades, habían aprendido a conocerse, a estimarse... y quizá no se +habían quedado en eso.</p> + +<p>Diga lo que quiera Augier, las desdichas, más que la prosperidad, son la +piedra de toque del verdadero mérito. El peligro y la angustia +compartidos pueden más que las conveniencias sociales y ponen a cada uno +en su lugar.</p> + +<p>La rica americana y el joven oficial no podían menos de ganar en ese +contacto con las duras realidades de la existencia. Ni el uno ni el otro +habían seguramente conservado una impresión desfavorable de su primer +encuentro, pero era una impresión vaga, fugitiva, efímera, la duración +de un vals; mientras que en aquellas horas de angustia suprema, cada una +de las cuales podía ser la última, sus almas no temían mostrarse al +desnudo.</p> + +<p>Carlos había podido admirar la valentía, la sangre fría y la sonriente +resignación de aquella niña mimada de la suerte y de la fortuna, +amenazada a los veinte años de dar un eterno adiós a todos los goces +que le estaban prometidos.</p> + +<p>Ella, por su parte, había podido apreciar el carácter caballeresco, la +pronta decisión y la viril energía de aquel joven jefe encerrado en +aquel precario abrigo con un puñado de forajidos, en quienes hacía +vibrar las cuerdas dormidas del patriotismo, del heroísmo y del honor +por la fuerza del ejemplo.</p> + +<p>Lo que no era siempre fácil.</p> + +<p>Un tal Ragasse, una de las malas cabezas del destacamento, hongo +venenoso del lodo parisiense, de aspecto burlón, acento provocador y +lenguaje de barrios bajos, acribillado de castigos hasta no saber qué +hacer de ellos, y, por esto mismo, de una profunda indiferencia respecto +del particular, causaba la desesperación de sus superiores y les +producía serias inquietudes por su perniciosa influencia sobre sus +camaradas. Fatuo y presuntuoso además, el tunante no ocultaba su grosera +admiración por miss Darling, a la que asestaba miradas lánguidas, dignas +de un tenor de Belleville, y el capitán había tenido que amenazarle más +de una vez con el cepo.</p> + +<p>Ragasse, pues, le había consagrado un odio astuto que no esperaba más +que la ocasión de estallar...</p> + +<p>Una noche, pasando por delante del dormitorio, Carlos le oyó pronunciar +claramente estas palabras:</p> + +<p>—El capitán las echa de guapo para deslumbrar a la chiquilla; pero es +para mí; y si quiere andarse en chanzas le corto el pescuezo en menos +que canta un gallo.</p> + +<p>Una oleada de cólera le subió al cerebro, y el joven oficial abrió de +repente la puerta...</p> + +<p>Aterrados por esta aparición, los soldados agrupados alrededor del +orador hicieron un vago movimiento de retroceso; solamente aquél, con +expresión burlona y actitud provocadora, sostuvo sin pestañear la mirada +de su jefe...</p> + +<p>¿Qué hacer?</p> + +<p>Nada tenía influencia en aquellas cabezas de hierro.</p> + +<p>Castigarle, hubiera sido arriesgar algún motín, y nada más.</p> + +<p>Pero la debilidad hubiera producido un efecto todavía más deplorable.</p> + +<p>Si creían meterle miedo, la insolencia de aquellos miserables no tendría +ya límites.</p> + +<p>Esta vacilación no duró más que un relámpago.</p> + +<p>—Un hombre de buena voluntad para una misión peligrosa—dijo Carlos muy +tranquilo.</p> + +<p>Todos dieron un paso adelante.</p> + +<p>—¡Ragasse!—gritó el capitán en tono breve.</p> + +<p>—Presente.</p> + +<p>—Sígame usted.</p> + +<p>Su resolución estaba tomada. Había que impresionar la moral de aquellos +seres degradados, pero susceptibles de ideas generosas. Espíritus y +cuerpos indomables, era preciso hablar a sus corazones.</p> + +<p>Ragasse, sin darse prisa, bajó contoneándose con las manos en los +bolsillos.</p> + +<p>—Si estaba detrás de la puerta—dijo con malicia,—no le disgustará +desembarazarse de mí...</p> + +<p>Y escuchó con expresión provocadora sus instrucciones.</p> + +<p>Tratábase de ir a recoger cartuchos, que empezaban a faltar, de los +muertos del día, no recogidos aún por los árabes.</p> + +<p>—Está bien; allá voy. ¿Dónde está el saco?</p> + +<p>Y se lo echó a la espalda, diciendo:</p> + +<p>—Esto me recuerda cuando iba a robar alcachofas a la llanura de +Saint-Denis...</p> + +<p>El capitán hizo formar el círculo.</p> + +<p>—Si el soldado Ragasse vuelve sano y salvo, todos sus castigos serán +levantados; si muere, su nombre será citado en la orden del día.</p> + +<p>—¡Bueno!—murmuró el soldado,—esa orden del día le gustará a él más +que a mí.</p> + +<p>—Si yo no vuelvo, el teniente Donnet tomará el mando—añadió Carlos.</p> + +<p>Ragasse se detuvo sorprendido.</p> + +<p>—¡Mi capitán!... ¿Viene usted también?</p> + +<p>—¿Por qué no?—respondió Carlos sencillamente fijando en él su clara +mirada.</p> + +<p>Y pasando el primero, salió por la poterna sin volver la cabeza.</p> + +<p>El otro le siguió como un perro.</p> + +<p>Si le había oído, era valiente lo que hacía el capitán...</p> + +<p>¡Salir tranquilamente así, delante de su fusil!... No tenía más que +apretar el gatillo... No había nadie... Nada que temer... Los árabes +tenían buena espalda.</p> + +<p>Verdaderamente era tentar al diablo... El golpe era fácil... demasiado +fácil...</p> + +<p>Pero no, no tan fácil como parecía... Aunque hubiera querido, su mano +crispada no hubiera obedecido a su voluntad impotente.</p> + +<p>En vano trataba de avivar su rencor y de mascullar sus malas voluntades; +no podía herir a aquel hombre a quien odiaba, pero que se fiaba así de +su lealtad...</p> + +<p>Y humillado y furioso decía con rabia:</p> + +<p>—¡No puedo!...</p> + +<p>De repente tropezó en un cadáver; habían llegado al sitio del combate.</p> + +<p>—Llene usted el saco—dijo el oficial.</p> + +<p>En la sombra opaca su fina silueta se destacaba más sombría todavía; +inmóvil y sondando el horizonte tenebroso, no se ocupaba siquiera de su +compañero, que se daba prisa para acabar su lúgubre tarea...</p> + +<p>De pronto, un relámpago desgarró la obscuridad.</p> + +<p>Ragasse dio un salto.</p> + +<p>—¡Mi capitán! ¿No está usted herido?</p> + +<p>—No, tiene que volver a empezar—respondió Carlos tranquilamente.</p> + +<p>Sonó otra detonación tan cerca del soldado, que éste balbució aterrado:</p> + +<p>—Mi capitán, le juro a usted que no he sido yo.</p> + +<p>—¡Naturalmente!... ¿Se ha acabado?</p> + +<p>—Sí, mi capitán.</p> + +<p>—Entonces, en retirada; de prisa.</p> + +<p>Dieron unos cuantos pasos.</p> + +<p>Hacia la izquierda sonó otra detonación.</p> + +<p>Carlos cayó al suelo.</p> + +<p>Ragasse se había detenido.</p> + +<p>—¿Ha pescado usted algo, mi capitán?—preguntó ansioso mientras se +elevaba del campamento un sordo rumor y unas sombras se agitaban en la +sombra como arenas movibles.</p> + +<p>—Una bala en la pantorrilla. Huye, muchacho; me han hecho mi negocio +sin que tú hayas intervenido.</p> + +<p>—¡Oh! mi capitán... mi capitán...</p> + +<p>Sofocado y anheloso, el pobre diablo hubiera querido echarse a los pies +de su jefe, pero no era aquel el momento, y, sin más tardanzas ni +protestas ociosas, le cogió en sus vigorosos brazos y se le llevó +corriendo hasta el Blockhaus, al que llegó jadeando y no sin sufrir una +descarga general.</p> + +<p>Carlos estaba salvado.</p> + +<p>Ragasse domado.</p> + +<p>Y cuando Eva, hermana de la caridad improvisada, estaba curando al uno y +felicitando al otro, el capitán dijo con bondad:</p> + +<p>—Es más fácil ser un héroe que un asesino, ¿verdad, Ragasse?</p> + +<p>Desde entonces no tuvo auxiliar más adicto, ni miss Darling perro más +fiel.</p> + +<p>Era que también en ella realizaba la adversidad su obra saludable; la +joven aprendía a considerar como hombres a aquellos desgraciados, +escoria de la sociedad, pero en los que brillaba aún la chispa divina +debajo de las cenizas.</p> + +<p>Tan compasiva y dulce como valiente, tenía para todos la piedad que +consuela y la palabra que levanta, tal como el «Eloa» del poeta cuya +radiante caridad no se detiene en las puertas del infierno.</p> + +<p>Por eso tenían todos por ella una admiración que sólo podía compararse +con su respeto. El día en que fueron libertados y tuvieron que +separarse, todos lloraban, y ni el perdón general de los castigos +concedido a su petición, ni las liberales promesas del tío Dick, ni la +distribución de vino, de tabaco y dólares lograron consolarlos.</p> + +<p>Entonces, viendo su pena, la joven miss tuvo una delicada inspiración.</p> + +<p>—Si fuese yo una reina de otros tiempos, querría condecorar a todos mis +bravos defensores... No soy más que una hija de la libre América, pero +os pido que llevéis sus colores en memoria mía.</p> + +<p>Y con encantadora amabilidad, empezando por el último soldado y acabando +por el capitán, les distribuyó la cinta azul sembrada de estrellas, un +poco ajada, que adornaba su traje.</p> + +<p>A consecuencia de aquella acción, el capitán Raynal fue propuesto para +la cinta roja... Pero él no pudo olvidar la cinta azul.</p> + +<p class="top5">La tía Liette no había vuelto a preguntar a Carlos si iría a Argicourt.</p> + +<p>Pero, el sábado por la mañana encontró al despertarse su mejor uniforme +cuidadosamente cepillado, sus botas bien embetunadas y la camisa más +fina preparada al pie de la cama, como por el asistente más meticuloso.</p> + +<p>Y el joven se quedó encantado.</p> + +<p>¡Querida tía Liette!</p> + +<p>Su tía había sido muy amable ahorrándole las preguntas ociosas y +explicaciones inútiles sobre su cambio de parecer, justificado por el +amable paso de aquellas señoras y por la doble invitación que salvaba +las inconveniencias.</p> + +<p>Ante aquella muestra de deferencia para su madre adoptiva, no podía ya +Carlos ser más realista que el rey ni había ninguna razón para hacer el +salvaje.</p> + +<p>Mientras silbaba una marcha militar, se puso a vestirse con una especie +de compunción, meditando sobre una arruga del dormán como si se tratase +de un asunto de importancia, contrariado por una gota de agua que +alteraba el lustre inmaculado de las botas y afilando dos veces la +navaja de afeitar para más seguridad.</p> + +<p>—¿Está contento mi coronel?—decíale su tía.</p> + +<p>Liette pasaba largamente la inspección y se detenía en los menores +detalles, muy orgullosa de aquel guapo oficial que era su hijo de +elección.</p> + +<p>—Hoy, que no necesitas atenerte a la ordenanza, quiero hacerte un +regalo—le dijo.</p> + +<p>De la cómoda estilo Imperio en que dormían las reliquias del pasado, +sacó un estuche con las iniciales G. R. que contenía una cruz minúscula +que era una verdadera joya artística.</p> + +<p>Este fue el regalo de novio de mi pobre madre a mi querido papá, que +acababa de ser condecorado. Era para mí un recuerdo doblemente precioso, +y espero que será para ti un amuleto que te dará la felicidad.</p> + +<p>Mientras ella le prendía la cruz al uniforme, Carlos, conmovido por +aquel pensamiento delicado que le unía más estrechamente aún a su +familia de adopción, atrajo hacia la suya aquella querida cara.</p> + +<p>—¡Oh! tía Liette, ¿cómo agradeceré jamás lo que has hecho por mí?...</p> + +<p>—Siendo feliz, hijo mío—respondió Liette con una sonrisa tiernamente +maternal.</p> + +<p>Sí, era feliz, lo era más de lo que él mismo hubiera podido decir +mientras el break que había ido a buscarle, a él y a otros convidados, +rodaba hacia Argicourt.</p> + +<p>En primer lugar, adoraba el Rally-paper, una cacería tan divertida, en +la que la caza no da distracciones. Además el barón era un excelente +camarada, sencillo, cordial y de una amabilidad perfecta. Su mujer era +perfecta y él pasaría un día delicioso.</p> + +<p>¿Un día?</p> + +<p>Digamos el día, el solo, el único día, el día incomparable, casi tan +raro como la flor que brota cada cien años, cuyo perfume no se respira +dos veces; el día en que el cielo parece azul, aunque se esté en otoño, +y en que la naturaleza parece una fiesta aunque los bosques estén de +luto; el día en que, cualquiera que sea la decoración, rico salón, +modesta boardilla, alegre primavera, triste invierno, la comedia, +siempre la misma, es siempre nueva desde hace cinco mil años, puesto que +es el amor el director de escena; el día siempre corto que pasa como una +hora y las horas como minutos; el día en que dos corazones, fundidos en +uno solo no dejan escapar más que una palabra de pesar, la última:</p> + +<p class="puntos">—¡Ya!...</p> + + + +<p>¡Ya! Tal era el suspiro ahogado que oprimía el pecho de los dos jinetes +que volvían lentamente a la cacería en las primeras sombras del +crepúsculo, que no es ya el día y no es todavía la noche, en que el sol +se apaga y las estrellas no se encienden todavía, en que pasa un +escalofrío helado por los seres y las cosas como el adiós de lo que se +va para no volver; en la vaga melancolía de esa estación indecisa que no +es ya el verano y no es todavía el invierno; en la que, por una suprema +coquetería, el aire se hace más tibio y los últimos rayos del sol más +acariciadores; en que la tierra pone sobre su desnudez una alfombra de +tonos bermejos como una inmensa piel de león; en las últimas hojas de +oro pálido o de cobre rojo parecen desprenderse de las ramas como alas +de gigantes mariposas; en que los árboles tienen perfumes más acres; en +que la menor florecilla toma aspecto de reina desterrada, en que el +viento que sopla entre las ramas parece el último murmullo de los nidos.</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Y los dos paseaban</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">perdidos en los bosques.</span><br /> +</p> + +<p>¡Ay! no, no perdidos, y era lástima. ¡Qué hermosura, un paseo sin fin +por alguna selva virgen del Nuevo Mundo, cuyo recogimiento misterioso no +fuese turbado por la irritante llamada de la trompa!... Aun conteniendo +los caballos, como hubieran querido contener el instante fugitivo, +tenían necesidad de dirigirse hacia la cacería... Los dos jóvenes no +participaban del entusiasmo de Alfredo de Vigny:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Me gusta el son de la trompa</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">en el fondo de los bosques.</span><br /> +</p> + +<p>Con las riendas sueltas, la cabeza inclinada y la mirada pensativa, +ambos se callaban escuchando en el fondo de sí mismos el eco encantador +de las palabras ya dichas y viendo pasar ante sus ojos medio cerrados +los menores incidentes de aquel día inolvidable pronto a rodar al abismo +del pasado.</p> + +<p>Primero, la llegada: en el vasto patio de honor atestado de cazadores y +cazadoras y en el que las casacas rojas y verdes se mezclaban con los +trajes femeninos más o menos chillones, entre la confusión de los +grandes carruajes, el relincho de los caballos y el jurar de los +picadores, la joven se le había aparecido como una castellana de los +antiguos tiempos, bajando lentamente la escalinata, con una amazona muy +sobria recogida en el brazo derecho y la fusta en la otra mano; y todo +lo demás se había borrado para él, que ya no vio a nadie más que a la +mujer amada. ¿Cómo respondió a la acogida calurosa de Gastón de +Argicourt, a la amabilidad de su mujer, a los apretones de manos de unos +cuantos camaradas, al saludo ceremonioso del señor de Candore, al +cordial cumplimiento del viejo general Estry y al vigoroso «shake-hand» +del tío Dick?... Carlos no sabía absolutamente nada. Deslumbrado y +fascinado, no veía a nadie más que a ella ni oía más que su dulce voz, +que le saludaba con un gracioso: «¡Buenos días, mi capitán!»</p> + +<p>¡Dios mío! ¡Qué bonita la había encontrado!</p> + +<p>Tampoco a ella le había parecido mal su brillante uniforme, realzado aún +por la resplandeciente crucecita, y cuando se encabritó su caballo, un +animal resabiado que el señor de Candore le aconsejaba caritativamente +que no montase, el joven había sabido dominarle sin aparente esfuerzo.</p> + +<p>—Se le debía llamar Ragasse—dijo la joven al ver al caballo domado +obedeciendo dócilmente al jinete.</p> + +<p>—¿Por qué?—preguntó el conde.</p> + +<p>—Por nada. Un episodio de nuestras campañas. ¿Se acuerda usted, +capitán?</p> + +<p>¡Si se acordaba!</p> + +<p>No hay nada tan desagradable para un tercero, y para un tercero un poco +celoso, como la evocación de un pasado en que él no ha tomado parte... y +Raúl se quedó muy ofendido... Estábalo también al verse abandonado por +otro, y cuando Eva, con su inconsciente crueldad de mujer, le dijo +amablemente: «Hoy, señor de Candore, su discípula de usted le devuelve +su libertad,» el conde, a pesar de su perfecta corrección, no pudo menos +de responder con un dejo de amargura:</p> + +<p>—¡Plaza a los jóvenes, entonces!... Este caballero asciende por +elección.</p> + +<p class="puntos">—No, por antigüedad; es un amigo más antiguo que usted—respondió la +joven con vivacidad, aunque corrigiendo con una sonrisa lo que esta +respuesta tenía de desagradable...</p> + + + +<p class="puntos">...¡Después la cacería! La embriaguez de galopar juntos al son de la +trompa que estallaba como una música triunfal, en medio de un torbellino +de jinetes, cortejo improvisado de su felicidad. ¡Ah! qué poco se cuidan +los dos imprudentes, del despecho y de la cólera que dejan detrás... +Tampoco se ocupaban de la mirada celosa que les seguía a través del +espacio ni de los negros pensamientos que señalaban más las ligeras +arrugas de la frente del diplomático, mientras el tío Dick, poco seguro +en su caballo, una plácida yegua digna de un obispo, iba a pegarse a él +esperando sin duda que le prestase un poco de su aplomo. ¡El buen tío +Dick! ¡Cómo hubiera querido Raúl verle en el fondo de un barranco!...</p> + + + +<p>...Después, embriaguez mayor todavía, la entrada en la espesura para +encontrar la buena pista; el gozo de encontrarse solo con ella.</p> + +<p>La hubiera seguido así hasta el fin del mundo.</p> + +<p>Y, sin embargo, todo le decía que debía huir de la peligrosa sirena...</p> + +<p>Su razón le gritaba:</p> + +<p>«¡Detente!... no vayas más lejos. El espíritu es fuerte, pero la carne +es débil. Vuelve sobre tus pasos si no quieres dejar pedazos de tu +corazón entre las malezas de los bosques.»</p> + +<p>Su orgullo le gritaba:</p> + +<p>«¡Detente! Principios, honor, deber, todo lo pisotearías. Es rica, y tú +pobre; te debe la vida y no debes abusar de ello. Vuelve sobre tus +pasos, si no quieres dejar un poco de tu dignidad entre las piedras del +camino.»</p> + +<p>Pero su alma cantaba los versos de Musset:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Yo amo sin esperanza</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">mas no sin felicidad</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">la veo y es ya bastante.</span><br /> +</p> + +<p class="puntos">Y esa felicidad fugitiva y efímera, de la que no se llevaría más que el +recuerdo embalsamado, a sus lejanas guarniciones, ¿debía sacrificarla a +un vano escrúpulo?... ¿Qué mal hacía gozando de aquella querida +presencia como se respira una flor, sin cogerla ni tocarla?</p> + + + +<p>Después de una galopada bastante larga, la joven se volvió como si +sintiese la ardiente caricia de aquella mirada fija en ella y dijo +riendo, quizá para ocultar su confusión:</p> + +<p>—Creo que nos hemos perdido.</p> + +<p>—En efecto...</p> + +<p>—¿Desea usted mucho encontrar el camino?</p> + +<p>—Haremos lo que usted quiera.</p> + +<p>—Pues, entonces, no quiero. ¿Para qué echar a perder el paseo buscando +papelitos como el pequeño Pucet sus guijarros?... Y él tenía aún una +razón, puesto que al fin del camino estaba la casa de su padre.</p> + +<p>El capitán pensaba enteramente como ella, y, quemando lo que había +adorado, declaró con desenvoltura que el Rally-paper era grotesco y +ridículo...</p> + +<p>—Es perfecto—dijo la joven,—para aquellos a quienes divierte. Yo +prefiero gozar pacíficamente del encanto de los bosques y de la +conversación, mejor que registrar las matas como si estuviese oculto en +ellas algún hurón.</p> + +<p>También era esta la opinión del capitán.</p> + +<p>—Su tía de usted me ha gustado mucho, pero mucho—declaró la joven +americana con esa espontaneidad que tan bien le sentaba.—¿Es hermana de +su madre de usted?</p> + +<p>—No, miss Darling, es sólo mi prima muy lejana. Ese nombre de tía +Liette es una ingeniosa delicadeza suya para engañar mi aislamiento de +huérfano y crear entre nosotros un lazo ficticio más poderoso que muchos +lazos naturales. Quiero a la tía Liette tanto como si fuera mi madre.</p> + +<p>—Y bien se ve que ella le quiere a usted como a un hijo. Son ustedes +los dos muy felices. Yo también me quedé huérfana muy pequeñita, pero no +he tenido segunda madre. Mi tío es excelente y me quiere mucho, pero es +un hombre. Para él, mi dicha consiste en no rehusarme nada, en +satisfacer todos mis caprichos y en prevenir mis menores deseos... Nada +más, y es poco...</p> + +<p>—¡Cómo! ¿Ni una parienta?</p> + +<p>—Sí, parientes... pobres. Sabe usted, capitán, que es uno de los +inconvenientes de la riqueza el ver siempre el gusano roedor que ataca a +los más hermosos frutos. ¡Es tan raro el encontrar un cariño +desinteresado! Usted no ha dudado jamás de un beso de su tía...</p> + +<p>—Y con razón; se lo debo todo...</p> + +<p>—En mí, cada caricia un poco tierna ha ido siempre precedida de una +petición de dinero, una deuda que pagar, una joven que dotar, un sobrino +que establecer... «Hija mía, debías decir a tu tío...» ¡Oh! ya conocía +la fórmula... Por eso mi corazón de niña, ávido de entregarse, se moría +de asco; no he querido ya alrededor de mí más que mercenarios +declarados, con los cuales, al menos, no me llevaba chasco. ¡Es triste!</p> + +<p>—Sí, en eso está el escollo—murmuró el joven oficial.—Lo que atrae a +los unos ahuyenta a los otros.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—¿No ha pensado usted nunca en eso, miss Darling? Porque esa duda cruel +que envenena su vida de usted, sería más cruel todavía para los que +creyeran leerla en sus ojos amándola sinceramente.</p> + +<p>—Es verdad, no es fácil obligar a un alma orgullosa. Esto me recuerda +una de las más bellas escenas de Schiller, cuando don Carlos, siendo +niño, quiere en vano obtener la amistad de Posa, niño como él, y choca +con el frío respeto que es debido «al hijo del rey», hasta el día en +que, para vencer su orgullo, se denuncia en su lugar como autor de +cierto atentado contra la dignidad de Felipe, y recibe el castigo +servil destinado al que resulta al fin su amigo.</p> + +<p>—Sí, la escena es hermosa; pero el marqués de Posa, ese modelo de +generosidad, me resulta un poco disminuido aceptando tan fácilmente la +abnegación caballeresca del príncipe.</p> + +<p>—Es usted muy severo. El sacrificio es a veces menos penoso que el +agradecimiento.</p> + +<p>—Habla usted como la tía Liette.</p> + +<p>—Mejor. Quisiera parecerme a ella en todo.</p> + +<p>—«Abnegación, tu nombre es mujer». Pero yo, que no soy más que un +hombre, tengo la quisquillosa susceptibilidad de mi sexo...</p> + +<p>—¿No pediría usted entonces la mano de una heredera?—preguntó la joven +valientemente.</p> + +<p>El capitán bajó los ojos para huir de la clara mirada fija en la suya, y +respondió con acento ahogado, pero firme:</p> + +<p>—No, señorita.</p> + +<p>Hubo un instante de silencio.</p> + +<p>Eva azotaba nerviosamente con la fusta las hojas secas que quedaban +todavía en las ramas muertas... Carlos se mordía el bigote oprimido por +la conciencia de la palabra irreparable arrancada a su conciencia.</p> + +<p>¿Quién sabía?</p> + +<p>Acaso le amaba ya un poco, a él, que la amaba tan apasionadamente... +Acaso su brutal franqueza había helado la florecilla azul de un áspero +frío de invierno. Acaso, al ahogar la declaración que asomaba a sus +labios, había sacrificado a un exceso de orgullo la dicha de Eva como su +propia dicha... Y las hojas caídas no reverdecen más...</p> + +<p>La trompa hizo oír a lo lejos su queja melancólica como un débil +suspiro... De repente atravesó la calle y se deslizó entre las patas de +los caballos un grueso reptil de larga cola y los dos caballos, +asustados, hicieron una huida. Carlos permaneció firme en la silla, pero +Eva fue arrancada violentamente de la suya y cayó al suelo, felizmente +algodonado de musgo. Su grito de pavor fue ahogado por el de su +compañero. Más rápido que el pensamiento, el joven, se tiró del caballo +y levantó en sus robustos brazos a la linda desmayada.</p> + +<p>—¡Eva! ¡Mi querida Eva!—exclamó transportado por irresistible +entusiasmo.</p> + +<p>¿Había Eva perdido completamente el conocimiento? ¿Vibró en su oído +aquella llamada apasionada? ¿Vio a través de sus párpados cerrados +aquella cara alterada e inclinada ansiosamente sobre la suya? ¿Adivinó +la angustia de aquel corazón poseído por ella y que quería en vano +defenderse?</p> + +<p>Un fugitivo rubor coloreó sus mejillas y una sonrisa pareció dibujarse +en sus labios.</p> + +<p class="puntos">Después de todo era acaso un purpurino rayo de sol que jugueteaba entre +las ramas...</p> + + + +<p>Vuelta en sí, la joven declaró valientemente que quería continuar el +paseo, pero en el momento de montar a caballo vio una cosa que relucía +en la hierba pisada.</p> + +<p>Era la crucecita regalo de la tía Liette.</p> + +<p>—No me lo hubiera perdonado nunca, y con razón—exclamó la joven miss +cuando Carlos le explicó el origen de la cruz.—Espere usted que se la +prenda sólidamente.</p> + +<p class="puntos">Y con sus dedos un poco temblorosos prendió la alhaja de esponsales en +el uniforme de Carlos, como lo hizo sin duda la pobre criolla cincuenta +años antes.</p> + + + +<p class="puntos">¡Ahora podían ya sonar las trompas!</p> + + + +<p>Era inútil preguntar a Carlos si estaba contento de aquel día. Su dicha +rebosaba como el champagne en una copa llena, y brillaba en el timbre de +su voz, en el crujido de sus botas y en la antigua casa, poniendo la +alegría en todos los muros y una sonrisa en los seres y en las cosas. El +mismo Breal le seguía con sus ojos de vidrio con tanta complacencia, que +el joven estaba tentado por interpelarle directamente como en los +tiempos en que siendo pequeño le tomaba por confidente de sus sueños +infantiles.</p> + +<p>¡Era dichoso!</p> + +<p>¿Por qué?, hubiera preguntado la fría razón.</p> + +<p>¿Se habían modificado sus ideas en el curso de aquel paseo sentimental? +¿Ponía ya a un lado sus prejuicios? ¿Había pasado la barrera de los +vanos escrúpulos? ¿Se iba a declarar pretendiente de aquella manita +demasiado llena de oro?</p> + +<p>No, seguramente.</p> + +<p>Entonces... ¡Bah! ¿Qué importaba? ¡Qué tonta es la señora Razón +congelada en sus principios e incapaz de comprender... lo +incomprensible!</p> + +<p>No, nada había cambiado en sus proyectos para el porvenir. Eva se +volvería a América y él a alguna guarnición lejana. Probablemente no se +verían más; él envejecería solitario como la tía Liette: ella se casaría +con algún brillante noble o con algún rey del país de los dólares... No +era esta una agradable perspectiva, y, sin embargo, era feliz.</p> + +<p>«El corazón tiene razones que la razón no conoce.»</p> + +<p>—¡La amo!—murmuraba Carlos muy bajito.</p> + +<p>Y el eco le respondía más bajo todavía:</p> + +<p>—¡También te ama ella!</p> + +<p class="puntos">El que no encuentre estas razones suficientes es que no ha tenido nunca +veinte años.</p> + + + +<p>Poseído por la embriaguez de la hora presente, Carlos no miraba más allá +ni pensaba más que en el momento en que debía reunirse de nuevo con su +amada. El señor de Candore había invitado colectivamente a todos los +cazadores presentes en Argicourt a una gran batida en sus bosques en la +semana siguiente. Y el joven oficial no esperaba más que la invitación +particular fijando el día definitivo, cuando la tía Liette le dijo +después de una ligera vacilación:</p> + +<p>—¿Deseas mucho ir a esa cacería?</p> + +<p>¿Si lo deseaba? ¡Oh! sí...</p> + +<p>Carlos la miró muy sorprendido.</p> + +<p>—No te ocultaré, tía Liette, que debo encontrar allí muy buenos +camaradas...</p> + +<p>—¿Y si yo te pidiera que me la sacrificases como querías sacrificarme +la otra?...</p> + +<p>—No podría rehusártelo, pero lo sentiría mucho más.</p> + +<p>—¿Por qué? Apenas conoces al señor de Candore.</p> + +<p>—No es solamente por él, pero sus bosques son, según se dice, muy +abundantes en caza y a mí me gusta mucho esta diversión.</p> + +<p>El joven se embrollaba más y más.</p> + +<p>—En fin, tía Liette, me sería muy penoso el no ir, confesó francamente.</p> + +<p>Por las tranquilas facciones de la solterona se deslizó la sombra de una +duda.</p> + +<p>—Entonces, me es doblemente penoso el insistir, hijo mío, pero te lo +ruego, no vayas a esa cacería—dijo con dulce firmeza.</p> + +<p>Impresionado por su acento, el joven experimentó una vaga inquietud. +¿Había su tía adivinado su secreto? ¿Desaprobaba su conducta?</p> + +<p>—¿Tienes algo que reprocharme, tía Liette?—balbució confuso.</p> + +<p>Liette hizo un gesto de orgullo.</p> + +<p>—¿A ti? No, hijo mío; mis razones son enteramente personales. No me las +preguntes... por el momento.</p> + +<p>Asombrado, Carlos se inclinó discretamente.</p> + +<p>—Está bien, tía Liette, no aceptaré la invitación—dijo ahogando un +suspiro.</p> + +<p>El joven no debía tener este disgusto...</p> + +<p>¿Fue olvido voluntario o involuntario? Ello fue que la invitación no +llegó...</p> + +<p>—Mejor, así no tendrás necesidad de excusarte—dijo la oficinista +tranquilamente timbrando la serie de tarjetas de invitación destinadas a +las personas de los alrededores.</p> + +<p>Pero Carlos no lo veía lo mismo, y se tiraba del bigote, presa de una +sorda irritación.</p> + +<p>Aquello era más que una falta de política por parte de una persona tan +correcta; se veía una intención ofensiva. ¿Por qué?</p> + +<p>El conde no le había sido muy antipático a primera vista. Con el +desprecio inconsciente de la juventud por la edad madura, Carlos no +había podido ver un rival en aquel cincuentón bien conservado... Pero +ahora, pensando mejor en el asunto, recordaba pequeños detalles que +habían pasado inadvertidos: su frialdad intencionada, su hostilidad +transparente, su despecho mal disimulado... y se preguntaba si esta +omisión más o menos premeditada sería un desquite...</p> + +<p>Lo peor era que no podía enfadarse sin ponerse en ridículo. No se puede +provocar a un caballero para obligarle a que nos invite. Había que +tascar el freno en silencio mientras el hábil diplomático ocupaba al +lado de Eva el sitio reconquistado. El joven, a su vez, sufría el duro +escozor de los celos y seguía con mirada de envidia a los convidados más +felices que iban a Candore en carruajes variados.</p> + +<p>¡Qué triste día! ¡Qué lúgubre y largo al lado del anterior, tan corto y +tan radiante y que no tenía continuación! ¡Todo se había acabado!</p> + +<p>Su licencia expiraba dentro de ocho días. Una visita de cumplimiento a +Argicourt, donde tendría acaso la suerte de un encuentro fortuito, de +una entrevista rápida, de una despedida trivial, y nada más. ¡Era poco! +¡Ah! tía Liette, tía Liette...</p> + +<p>No la acusaba, seguramente; debía de tener buenas razones... De otro +modo, ¿le hubiera causado semejante pena con mala intención?</p> + +<p>Porque Carlos había tenido mucha pena, y ella también de rechazo, pero +ella se callaba sabiendo por experiencia que la mano más delicada es +siempre torpe al tocar ciertas heridas... Y las horas pasaban +lentamente; el crepúsculo desplegaba su velo gris por los campos y ya +comenzaba el desfile del regreso. Delante del Correo detúvose un coche y +apareció en el umbral el anciano general Estry.</p> + +<p>—No molestarse—dijo con su franqueza militar,—es la visita de un +amigo que pasa. Quiero felicitar a su tía de usted por el valiente +soldado que nos ha dado. Felicito a usted sinceramente, señorita, he +conocido mucho a su padre de usted, y su sobrino no ha degenerado. +¡Haría falta que hubiera muchas mujeres como usted y muchos hombres como +él...</p> + +<p>Marchose el general, y la madre y el hijo no habían vuelto de su +sorpresa cuando se abrió de nuevo la puerta. Eran dos antiguos camaradas +de Saint-Cyr de guarnición en Noyon.</p> + +<p>—Dispénsenos usted, señorita, pero queríamos absolutamente presentar a +usted nuestros respetos y estrechar la mano del capitán antes de su +partida. Sabe que no tiene más que amigos en el ejército y que puede +contar con nosotros en todas las ocasiones...</p> + +<p>Ni el uno ni los otros hicieron la menor alusión a la ausencia de Carlos +a la cita dada. Y continuó el desfile...</p> + +<p>Cordiales apretones de manos, protestas de estima, señales de respeto, +nada faltó, y el corazón de los que eran objeto de estas manifestaciones +llegó a oprimirse vagamente. ¿Qué había pasado? ¿Por qué esas muestras +de simpatía que parecían cumplimientos de pésame? ¿Quién se les había +muerto? ¿Qué desgracia les castigaba?</p> + +<p>Un gran ruido de cascabeles, y un break se detiene en la puerta. Los +señores de Argicourt entran a su vez seguidos de Eva, que abraza +valientemente a la tía Liette.</p> + +<p>—Señorita—dice la joven castellana, mientras su marido estrecha una +vez más la mano de Carlos,—tendríamos mucho gusto en ver a ustedes en +Argicourt antes de que se vaya el capitán. Estaremos en toda intimidad; +una comida de familia. No nos rehusarán ustedes este favor, que nos +honrará mucho, y ustedes elegirán día...</p> + +<p>Decididamente, había algo...</p> + +<p>Cuando se marcharon, el joven oficial se puso el abrigo con ademán +nervioso y cogió el sombrero.</p> + +<p>—¿Adónde vas?—le preguntó la tía Liette asustada.</p> + +<p>—A dar una vuelta antes de comer; me ahogo aquí.</p> + +<p>Carlos salió y se alejó a grandes pasos. Quería saber... El sabría...</p> + +<hr /> + +<p>Al llegar a Candore, la primera mirada de Eva fue para buscar al +capitán. Raúl lo echó de ver, y sintió un sordo resentimiento, pero se +contuvo gracias a ese dominio de sí mismo que da la costumbre del +mundo, y siguió mostrando la exquisita cortesía que hacía de él un +perfecto caballero cuando quería tomarse ese trabajo. Neris, por su +parte, acogió a la joven americana con una amabilidad meritoria dados +los proyectos matrimoniales de su sobrino, y estaba hablando +amistosamente con ella de los recuerdos comunes traídos de la Ciudad +Eterna cuando este último fue a interrumpirlos dando la señal de la +marcha.</p> + +<p>Por segunda vez, Eva echó una mirada circular a la multitud de los +cazadores, equipados y armados en razón inversa de su habilidad +cinegética, pues los más temibles para la caza no eran los que tenían +mejor escopeta ni más profundo morral; pero ella no hizo ninguna +profunda reflexión. Carlos se reuniría con ellos, sin duda, en la Cruz +del Pequeño, donde debía empezar la batida.</p> + +<p>Solamente, en lugar de seguir a pie con Jenny y unos cuantos intrépidos, +declaró que prefería el coche, con gran contrariedad del diplomático.</p> + +<p>—No tengo verdaderamente suerte con usted, miss Darling—dijo con +involuntaria acritud.—¡Yo que esperaba hacerle a usted tirar la primera +pieza!</p> + +<p>—No lo sienta usted, porque no la acertaría.</p> + +<p>—Pero, en fin, ¿es que le desagrada a usted mi compañía?</p> + +<p>—Nada de eso, pero prefiero la del señor Neris—respondió con una +sonrisa al anciano, que se quedó encantado;—esta vez no dirá usted: +«¡Plaza a los jóvenes!»</p> + +<p>—Ahí lo tienes, sobrino, no eres bastante viejo—observó el octogenario +con un dejo de malicia.</p> + +<p>El conde se encogió de hombros.</p> + +<p>—Al menos aboga por mí—le dijo al oído.</p> + +<p>Lo que era quizá mucho pedir.</p> + +<p>Además de Eva y el señor Neris, la carretela contenía también al notario +Hardoin y al tío Dick.</p> + +<p>—Un terceto de inválidos respirando un capullo de rosa—dijo +galantemente el anciano Héctor.</p> + +<p>—Hable usted por sí mismo—respondió en tono de protesta el +notario.—Yo mato aún con limpieza una liebre cuando se me antoja, y +pienso festejar mis bodas de oro con mi despacho cuando la señorita +Raynal festeje las de plata con la oficina de Correos.</p> + +<p>Al oír este nombre, un fugitivo rubor coloreó la graciosa cara de Eva.</p> + +<p>—Tiene usted una encantadora vecina—dijo con convicción.</p> + +<p>—¿A quién se lo cuenta usted, señorita?—exclamó alegremente el señor +Neris.—Hace veinte años que este pobre señor Hardoin es fiel a su +despacho por no renunciar a esa preciosa vecindad, esperando que el +mejor día la señorita Raynal se equivoque de puerta y se meta en su casa +para no salir más. Hasta se dice que tiene encima de la mesa un contrato +enteramente redactado en el que sólo falta una firma...</p> + +<p>—Ríase usted, señor Neris. No había más que una mujer para hacerme +abjurar el celibato, y esa se ha quedado soltera...</p> + +<p>—Su sobrino es enteramente... <i>wery-well</i>—dijo el tío Dick.</p> + +<p>—Son dignos el uno del otro—afirmó gravemente el señor +Hardoin.—Hubiera deseado tener a la una por mujer y al otro por hijo.</p> + +<p>—Muy exigente es usted, querido; yo me contentaría con tenerle por +sobrino—suspiró el tío de Raúl.</p> + +<p>Eva estaba radiante; sus ojos brillantes y su color animado expresaban +el placer que le causaba la conversación. Así fue que cuando el conde +volvió a la carga renovando sus instancias para hacerla decidirse a +hacer compañía a la juventud, la joven rehusó con viveza y le envió +bastante bruscamente a sus ojeadores, que ya estaban haciendo ruido.</p> + +<p>¡Qué diablo! No sólo hay éxitos en la carrera diplomática y un solo +pantalón rojo vence a veces, nada más que con mostrarse, a las sabias +combinaciones de todos los Talleyrand del mundo.</p> + +<p>Es probable que si la joven miss hubiera vislumbrado el dormán del +capitán al través de las ramas hubiera encontrado de pronto menos +atractivos a la sociedad de los tres inválidos, pero las instancias del +diplomático no tenían el mismo poder. En amor como en la guerra, los más +elocuentes no son los más habladores, y Eva hubiera respondido de buena +gana como Inés:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 3em;">Horacio con dos palabras</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">lo hablara mejor que vos...</span><br /> +</p> + +<p class="puntos">Y falta saber si esas dos palabras eran necesarias...</p> + + + +<p>La cacería estaba acabada. De vez en cuando algún tiro aislado como +último eco del tiroteo del día; alguna liebre que saltaba por el llano; +alguna perdiz asustada que rastreaba el surco.</p> + +<p>Carlos no había parecido...</p> + +<p>—¿Por qué?—se preguntaba Eva muy triste.</p> + +<p>¿Sería que su huraño orgullo podía más que su tímido amor? ¿Sería que +aquel valiente tenía miedo de ella y de sí mismo, y, sin fuerza para +afrontar una nueva entrevista, empleaba su valor en la fuga?</p> + +<p>Porque Carlos la amaba, estaba segura.</p> + +<p>Si la duda trataba de insinuarse en su corazón, Eva no tenía más que +cerrar los ojos para volver a ver a aquel varonil semblante ansiosamente +inclinado hacia ella y para oír el eco todavía vibrante de aquel +apasionado: «¡Eva, mi querida Eva!» que hacía estremecerse +deliciosamente todo su ser.</p> + +<p>¿Era, pues, su voluntad más fuerte que su amor?</p> + +<p>Y la joven miss hacía una linda mueca que indicaba un ligero despecho. +Por una vez, ella, que tanto apreciaba a los fuertes, hubiera preferido +un poco de debilidad... Ya el sentimiento que turbaba su alma quitábale +el aplomo, y ella tan valiente, no se atrevía a preguntar. Pero el tío +Dick acercó tranquilamente el fuego a la pólvora.</p> + +<p>—¿Cómo será que no hemos visto al capitán? ¿Se habrá acabado su +licencia?</p> + +<p>—No, señor Darling—respondió el notario con acento distraído,—pero no +estaba invitado que yo sepa...</p> + +<p>—¡Cómo!—protestó vivamente Eva;—fue una invitación colectiva y yo fui +testigo.</p> + +<p>—Entonces no ha sido reiterada.</p> + +<p>—¿Está usted seguro, señor Hardoin?</p> + +<p>—Segurísimo, señorita.</p> + +<p>La cara de la joven se iluminó con una llama. Aquella flagrante falta de +educación, cuyo secreto motivo adivinaba, le hizo el efecto de una +injuria personal a la que se propuso responder duramente.</p> + +<p>Al volver al castillo, donde había preparado un lunch Raúl ofreció el +brazo a su «perversa amiga», que lo aceptó con una espontaneidad de buen +agüero y se dejó conducir al puesto de honor. Pero apenas el conde, muy +entusiasmado, hubo dicho unas cuantas galanterías triviales, la joven le +disparó a quemarropa y en voz tan clara que todo el mundo lo oyó:</p> + +<p>—A propósito, el capitán Raynal no ha recibido invitación, ¿sabe usted?</p> + +<p>Desconcertado por aquel ataque imprevisto, el conde balbució algunas +palabras vagas.</p> + +<p>—Quería advertírselo a usted—prosiguió Eva agresiva,—por si es un +olvido... lamentable...</p> + +<p>—Sí y no, señorita—respondió Raúl picado en lo vivo por aquella +visible ironía. Siento infinito haber privado a usted de un acompañante +a quien parece apreciar mucho...</p> + +<p>—Mucho...</p> + +<p>—Pero por otra parte, lo confieso, le agradezco una reserva muy +indicada en él.</p> + +<p>—¿Por qué? Explíquese usted, si gusta.</p> + +<p>—Hay cosas imposibles de explicar a una señorita.</p> + +<p>Hubo un instante de silencio molesto.</p> + +<p>El señor Hardoin jugaba con el cuchillo, con una enigmática sonrisa en +los labios.</p> + +<p>—Dispense usted, querido conde—dijo gravemente el señor de +Argicourt,—pero usted ha encontrado al capitán Raynal en mi casa y soy +solidario de todos mis huéspedes. ¿Sabe usted alguna historia respecto +de él?</p> + +<p>—No quiera Dios, mi querido amigo—protestó vivamente Raúl, que sentía +ya su torpeza;—creo que es un oficial de mérito, del que no tengo nada +que decir... Pero no es sólo...</p> + +<p>—Creía haber encontrado con frecuencia a la señorita Raynal en casa de +su madre de usted, señor conde—dijo tranquilamente el notario.</p> + +<p>—Y yo siento tener que recordarte que esa persona, por la que profeso +la más alta estima, ha sido la compañera y la amiga de tu mujer, mi +pobre hija—añadió Neris con severidad.</p> + +<p>El conde se mordió los labios. Su celoso rencor le había llevado +demasiado lejos.</p> + +<p>—Tienes razón, tío, no he debido olvidarlo—dijo esperando cortar así +el debate.</p> + +<p>Pero Eva no le permitió esquivarse por esta hábil maniobra.</p> + +<p>—Perdone usted—dijo extendiendo su fina mano como para cortarle la +retirada;—si no comprendo mal, es a la señorita Raynal a la que se +refieren sus insinuaciones... No diré a usted que eso no es digno de un +noble, ni siquiera de un caballero... Pero, ¿no la ha mirado usted +nunca?</p> + +<p>—Dispense usted, señorita, pero la cuestión se extravía a un terreno +muy delicado al que no puedo seguirla.</p> + +<p>—Entonces era preciso no haberme precedido en él.</p> + +<p>La respuesta fue clara y ceñida como un latigazo, y la joven y valiente +miss que así defendía a su sexo fue saludada con un murmullo de discreta +aprobación.</p> + +<p>El conde se inclinó un poco pálido.</p> + +<p>—He hecho mal, lo confieso—dijo no sin nobleza;—he pronunciado +palabras inconvenientes, falta imperdonable en un viejo diplomático, y +pido a usted que me dispense, señorita, dándole gracias por la +lección... que no aceptaría de nadie más—añadió con altanería.</p> + +<p>Quedaba terminado el incidente; pero no por eso dejó de reinar cierto +malestar hasta que se marcharon los convidados. Al despedirse del +conde, el notario Hardoin le dijo con bondad:</p> + +<p>—Si tiene usted curiosidad de conocer la verdad sobre el capitán +Raynal, señor conde, tómese el trabajo de ir el domingo a mi despacho; +necesito justamente un testigo para un acta de adopción.</p> + +<hr /> + +<p>Cuando el señor Hardoin, que había acechado la salida del joven, +aprovechó su ausencia para poner a su vecina al corriente de los hechos +del día, Liette se quedó un instante pensativa y una sombra alteró la +serenidad de su frente.</p> + +<p>—Esto es lo que yo temía—murmuró.</p> + +<p>—Aseguro a usted, querida amiga, que aquello fue para usted la ocasión +de un verdadero triunfo. No hubo ni una nota discordante.</p> + +<p>—¡Ay! sí, una sola, y lo deploro por él y por Carlos.</p> + +<p>—Permítame usted que no me asocie a su pena en cuanto al primero. La +impunidad de ciertos culpables me subleva, y es pan bendito cuando +ellos mismos recogen varas para azotarse.</p> + +<p>—Pero Carlos...</p> + +<p>—¿Qué? ¿No contaba usted con aprovechar su presencia para decirle la +verdad y regularizar su situación?</p> + +<p>—Sin duda, pero no preveía tales complicaciones...</p> + +<p>—Vamos a ver, mi prudente amiga, un poco de calma; no perdamos la +cabeza sin ton ni son. El señor de Candore ha estado... torpe, por no +decir más; ya ve usted si soy indulgente. Si se ha puesto en el caso de +avergonzarse delante de usted y delante de Carlos, peor para él; será un +castigo merecido.</p> + +<p>—No es eso sólo, aunque sea en extremo penoso; pero temo...</p> + +<p>—¿Qué?</p> + +<p>—Todo. Carlos está celoso...</p> + +<p>—¿Del conde? Yo hubiera creído lo contrario, y con razón... Miss +Darling manifiesta tan claramente su preferencia, que no hay necesidad +de ser gran psicólogo para leer en su corazón...</p> + +<p>—¡Y él! Carlos no piensa más que en ella; por esto quisiera evitar a +toda costa un escándalo lamentable... Sin esa funesta rivalidad, ¿quién +sabe? El conde no está absolutamente desprovisto de buenos +sentimientos... Es libre, rico...</p> + +<p>—¿En qué piensa usted, querida amiga?</p> + +<p>—En la felicidad de Carlos.</p> + +<p>—¡Usted, que no quería compartir sus derechos con nadie, ni siquiera +conmigo!...</p> + +<p>—¿Y no había en eso un poco de egoísmo? Hay que querer a los hijos por +ellos, no por uno mismo. Si él tuviese una fortuna, un nombre...</p> + +<p>—Pronto tendrá legalmente el de usted, y es demasiado ahijado mío para +no preferirlo a cualquiera otro. En cuanto a la fortuna... no creo +faltar al secreto profesional confiando a usted que hay alguien que se +interesa por él... y le asegura en su testamento una honrosa medianía... +sin perjudicar a nadie... Esa es la ventaja de ser soltero.</p> + +<p>Liette, enternecida, le estrechó silenciosamente la mano.</p> + +<p>—¡Bah! nada de emoción—dijo el notario con expresión de mal +humor;—eso me quitaría el apetito y acaso perturbara al muchacho, que +probablemente no sospecha nada y va a venir a comer según costumbre.</p> + +<p>Sin embargo, él tampoco estaba muy tranquilo, y cuando vio al fin a su +ahijado, ahogó un suspiro de alivio.</p> + +<p>Carlos estaba tranquilo, casi risueño.</p> + +<p>—¿Tú quoque, padrino?—exclamó con alegría un poco forzada.—Todo el +pueblo se había dado cita en nuestra humilde casa, y usted sólo +faltaba. La verdad es que le estaba a usted esperando con una delegación +de los bomberos. ¿No es usted su capitán honorario?</p> + +<p>—Sí, búrlate, mal muchacho. No se hará jamás bastante público homenaje +a la que tienes el honor de pertenecer...</p> + +<p>—Ciertamente—respondió Carlos con voz un poco alterada.</p> + +<p>Mientras Hardoin, muy verboso, se metía en una larga digresión sobre un +proyecto de fiesta del «Mérito modesto», generalmente desconocido, +Liette seguía con mirada inquieta al joven, que iba y venía en el +comedor como si no pudiera estarse quieto.</p> + +<p>—¿No me había usted dicho que iba el domingo a Argicourt, +padrino?—preguntó de repente, cortando un período que ni siquiera había +oído.</p> + +<p>—¿A Argicourt?... ¡Ah! sí, perfectamente. Un arriendo que renovar.</p> + +<p>—Si usted no tiene inconveniente, aprovecharé su coche para hacer la +visita de despedida al castillo.</p> + +<p>—Concedido, ahijado; si eres bueno, tú guiarás a la Gris.</p> + +<p>Carlos se rió al recordar aquel tiempo ya lejano, y durante toda la +comida se complació en recordar los hechos de su primera infancia con +una animación un poco fingida en la que se descubría un poco de +melancolía.</p> + +<p>Cuando por la noche acababa de meterse en la cama, llamaron suavemente a +su puerta. Era la tía Liette con su candelero en la mano...</p> + +<p>—Esta noche no me has dado un beso, hijo mío—dijo medio en broma, +medio regañando;—sabes que cuando eras pequeño, eso era mala señal; +alguna tontería o alguna pena que ocultarme. No querías mirarme de +frente porque decías que leía en tus ojos...</p> + +<p>Y apoyándose en la almohada, preguntó en tono risueño, desmentido por su +acento angustiado:</p> + +<p>—¿Tontería o pena, hijo mío?</p> + +<p>—Ni lo uno ni lo otro, tía Liette—respondió Carlos en un relámpago de +orgullo.</p> + +<p>Liette no insistió, y después de rozar su mejilla con un beso maternal, +se retiró sin decir una palabra. Pero la bujía temblaba en su mano y las +gotas de cera caían a su paso, pesadas y cálidas como lágrimas.</p> + +<hr /> + +<p>La Gris, con su apacible trote, llevaba por el camino brumoso al anciano +y al joven igualmente preocupados... Para engañarse mutuamente hablaban +de cosas indiferentes con animación ficticia, pero sus pensamientos +estaban en otra parte. Carlos se representaba la escena del día +anterior, cuyo relato le había sido fácil obtener de algunos vecinos +labradores, y subíanle al rostro vapores de cólera. A cada paso tiraba +de las riendas nerviosamente, con gran escándalo de la buena yegua, +acostumbrada a más consideraciones.</p> + +<p>—Trae muchacho—decía entonces el notario,—los militares tenéis la +mano dura.</p> + +<p>¡Dura! nunca lo sería bastante para castigar al que se había atrevido a +tocar a la tía Liette. Rivalidad, celos, todo estaba olvidado y +arrebatado por el viento del ultraje hecho a su madre adoptiva, +sacrilegio al lado del cual parecía todo mezquino y pueril a su culto +filial. En aquel momento era hijo, nada más que hijo, y si de vez en +cuando una blanca silueta que flotaba ante sus ojos endulzaba un poco su +brillo metálico, era que le agradecía el haber ocupado tan bien su +lugar.</p> + +<p>El notario iba pensando en esa justicia inmanente, para la cual no hay +prescripción y que obliga, un día u otro, al deudor insolvente a +remover las cenizas del pasado en que debe encontrar el pagaré en +descubierto.</p> + +<p>—El invierno va a ser crudo este año—decía el uno.</p> + +<p>La cosecha de remolacha no va a ser mala—decía el otro.</p> + +<p>Y la conversación, de la que estaba ausente el pensamiento, continuaba +indiferente y vacía, mientras Liette, en su casa, cumplía su misión +maquinal, con el corazón oprimido por dolorosa angustia. ¿Sabía algo +Carlos?</p> + +<p>La madre adoptiva analizaba sus menores palabras y sus menores gestos... +Carlos parecía tranquilo y contento... Pero evitaba el mirarla... +Además, ¿por qué iba a Argicourt?... La visita de cumplimiento por su +próxima partida y, sobre todo, la presencia de Eva, bastaban para +explicar... Evidentemente, no había para qué alarmarse...</p> + +<p>Y con mano temblorosa, comenzaba una carta para desgarrarla en seguida.</p> + +<p>Si Carlos no sospechaba nada, un paso prematuro podía ser +contraproducente. Más valía no precipitar nada y dejar hacer al señor +Hardoin. Pero, ¿y si sabía algo? ¿Y si él tomaba la delantera mientras +ellos andaban en esas dilaciones? ¿Y si daba un escándalo, provocaba un +encuentro y ella lo sabía demasiado tarde? ¡Dios mío!</p> + +<p>Estremecida por este pensamiento, Liette tomaba la pluma y escribía:</p> + +<p>«Señor conde.»</p> + +<p>Después se detenía de nuevo indecisa y turbada. ¿Qué hacer?</p> + +<p>Estaba dando vueltas en la mente por centésima vez a esta cuestión, +cuando se paró a la puerta una «charrette» inglesa y Eva apareció en el +umbral conmovida y agitada. La joven, sin más preámbulos, se echó en los +brazos de la anciana admirada.</p> + +<p>—¡Oh! tía Liette, tía Liette...</p> + +<p>Y rompió a sollozar... Aquel era el peligro previsto y temido; la hija +del comandante encontró toda su energía para hacerle frente.</p> + +<p>—Vamos a ver, hija mía, ¿qué hay?—preguntó con su dulce firmeza.</p> + +<p>—¡Va a batirse!</p> + +<p>La joven, tímida, no se atrevía a pronunciar su nombre; pero no había +necesidad.</p> + +<p>—¡Oh! los presentimientos de las madres...</p> + +<p>—¿Está usted segura? ¿Quién se lo ha dicho a usted? ¿Cuándo? ¿Cómo?</p> + +<p>—Va usted a oír, tía Liette... ¿Me permite usted que la llame así?... +Eso me tranquiliza... Tengo el corazón tan oprimido...</p> + +<p>—Sí, querida hija mía; vamos, tranquilícese usted y hable pronto.</p> + +<p>—Hoy ha venido a despedirse, pero estaba muy cambiado, muy distraído, +muy preocupado... apenas me miraba...</p> + +<p>—¡Oh! eso es grave, hija mía—dijo la tía Liette sonriendo a pesar de +su tristeza.</p> + +<p>—¿Verdad que sí?—respondió cándidamente la joven miss.—Así fue, que +cuando el señor de Argicourt fue a acompañarle, los seguí con disimulo y +me puse a escuchar... Sé que hice mal, tía Liette...</p> + +<p>Liette le estrechó la mano, como para animarla.</p> + +<p>—Entonces, le oí rogar a su antiguo compañero que le sirviese de +padrino en un lance de honor... a propósito de unas palabras... que +usted ignora sin duda, tía Liette...</p> + +<p>La anciana movió la cabeza.</p> + +<p>No, no ignoraba nada, ni el ataque ni la defensa, y una presión +significativa de sus temblorosos dedos dijo su tierno agradecimiento +hacia su valiente campeón.</p> + +<p>—En una palabra, el señor de Argicourt y el señor de Estry deben de +estar en este momento en casa del señor de Candore para pedirle una +satisfacción.</p> + +<p>—¡Oh! Dios mío.</p> + +<p>—Y he tenido miedo, yo, tía Liette, que no soy sin embargo, una +mujerzuela y comprendo muy bien que un oficial... En su lugar, hubiera +hecho lo que él... Dios protegerá el buen derecho, ¿verdad? Pero por +mucho que me repito todo esto, tengo miedo, tía Liette, y he venido a +usted, que es tan fuerte y tan poderosa, a pedirle un poco de su fuerza +y de su valor... Y es que le amo, tía Liette... No debía decir a usted +esto... pero nunca he tenido madre...</p> + +<p>Y ocultó la cara, que se enrojecía bajo las lágrimas como una rosa bajo +el rocío, en el seno de la anciana enternecida por esta ingenua +declaración.</p> + +<p>—Tranquilícese usted, hija mía; ese duelo no puede verificarse y no se +verificará...</p> + +<p>—¿Quién podrá impedirlo?</p> + +<p>—Yo—respondió tranquilamente la tía Liette.</p> + +<hr /> + +<p>El despacho presentaba una animación inusitada. Los ruidosos +dependientes charlaban a más y mejor a pesar de las llamadas al orden +del principal, un poco distraído él también de su importante tarea. +Desde aquella mañana el notario tenía la cara de los grandes días y no +hacía más que abrir la puerta de su despacho para dar órdenes. Y todo se +volvían idas y venidas del despacho al Correo, por fortuna próximo, como +decía el aprendiz, que de otro modo hubiera estado cocido en obra. +Después había empezado el desfile. Primero el señor Darling y su +sobrina, que habían tenido una larga conferencia con el notario. Después +había sido introducido el capitán Raynal y ahora estaban esperando al +señor de Candore.</p> + +<p>¿Qué significaba todo aquello?</p> + +<p>Un contrato de matrimonio, evidentemente.</p> + +<p>¿Pero con quién?</p> + +<p>¿Con el oficial o con el diplomático?</p> + +<p>—Su corazón se columpia entre los dos—exclamó el aprendiz acechando +desde la ventana la llegada del conde.</p> + +<p>—¡Silencio!—mandó de nuevo el principal.</p> + +<p>—Usted, que es un hombre de peso, ¿cuál es su opinión?</p> + +<p>—Mi opinión es que no la tengo, querido Candore. Evidentemente, un +simple oficial de fortuna no debía pesar en la balanza al lado de un +personaje de la importancia del señor de Candore, noble, rico e +influyente.</p> + +<p>—Un poco farsante—dijo el incorregible empleado.</p> + +<p>—Pero el corazón de las mujeres es un abismo insondable—dijo el primer +dependiente con aire doctoral,—Josefina prefirió Bonaparte a Barras.</p> + +<p>—Y no anduvo descaminada.</p> + +<p>—¡Silencio! Ahí está Barras.</p> + +<p>Entraba el conde, frío y altanero según su costumbre.</p> + +<p>El principal se levantó con deferencia para introducirle en el despacho +del notario, a quien encontró solo con gran asombro suyo.</p> + +<p>—¿Dónde diablos se han metido los otros?</p> + +<p>—Puede que en algún armario—dijo el joven Candore, que había estado en +París y se jactaba de conocer las piezas de Hennequín.</p> + +<p>Pero se calló porque la señorita Raynal entraba a su vez en el despacho.</p> + +<p>—El señor Hardoin está ocupado, señorita.</p> + +<p>—Lo sé, me está esperando...</p> + +<p>La puerta se había abierto, y el notario dejaba paso a Liette, con gran +asombro de los pasantes.</p> + +<p class="puntos">—Amigos míos, esto huele a quinto acto—exclamó el supuesto +«boulevardier».</p> + + + +<p>El conde no había acudido a la cita del notario sin una secreta +aprensión. Un poco molesto ya por la querella que se había buscado con +su inexcusable intemperancia de lenguaje, y en la que veía que no era +el suyo el mejor papel, estaba de un humor execrable y arrugaba +nerviosamente la esquela tan lacónica como urgente llevada al castillo.</p> + +<p>—¿Qué diablos puede quererme?—murmuraba entre dientes.</p> + +<p>—Lo mejor es ir a verlo—dijo sencillamente su tío.—Hardoin es +demasiado formal para molestarte sin motivo serio.</p> + +<p>—¿No te figuras tú lo que es?</p> + +<p>—Es posible—respondió gravemente el anciano.</p> + +<p>Raúl se le quedó mirando con cierta alarma. Cuando se es heredero, las +menores palabras tienen su importancia, sobre todo si se trata de +notario. Raúl se daba cuenta de que el señor de Neris no tenía por qué +elogiarle, ni como sobrino ni como yerno; sus veleidades matrimoniales +habían hecho quizá rebosar el vaso. Al llegar a la cita iba mascullando +estas ideas, pero al ver a la empleada de Correos cambió de repente de +pensamiento.</p> + +<p>¿Habría tenido noticias del encuentro proyectado?</p> + +<p>¿Era aquello un lazo?</p> + +<p>¿Iba a sufrir súplicas y reproches?</p> + +<p>¿Le preparaba alguna escena de melodrama aquel imbécil de Hardoin?</p> + +<p>No le faltaba más que ese ridículo.</p> + +<p>Presa de una viva irritación, saludó con tiesura y se puso a la +defensiva.</p> + +<p>—Señor conde—comenzó el notario en tono ceremonioso,—he rogado a +usted que pasara por mi despacho para una comunicación urgente de parte +de esta señorita.</p> + +<p>Raúl le interrumpió con mucha sequedad:</p> + +<p>—Basta, señor Hardoin, sé de lo que se trata.</p> + +<p>—No creo.</p> + +<p>—Y me va usted a permitir que le diga que su papel en este negocio me +parece un poco inoportuno. No es propio de un notario desfacer entuertos +y representar a Don Quijote...</p> + +<p>Y dio un paso hacia la puerta.</p> + +<p>El notario extendió la mano con autoridad.</p> + +<p>—Perdóneme usted, señor conde, pero no creo tener que aprender los +deberes que ya ejercía con honor cuando usted estaba en la cuna.</p> + +<p>—Sí—dijo el conde un poco dulcificado;—sé que es usted un antiguo +amigo; pero hay cuestiones que no son de su competencia. Si se tratase +de un acta notarial, en hora buena.</p> + +<p>—No se trata de otra cosa—declaró Hardoin sencillamente.</p> + +<p>Raúl se detuvo desconcertado. Ya no comprendía.</p> + +<p>—He aquí los hechos—expuso metódicamente el notario.—La señorita +Raynal aquí presente, recogió, hace cerca de veinticinco años, a un niño +huérfano de madre y abandonado por su padre. Esta señorita le prestó su +nombre, pero hoy quiere dárselo legalmente y ha creído, por consejo mío, +que debía consultar con usted previamente.</p> + +<p>—¿Conmigo?—exclamó el diplomático estupefacto y en tono de +protesta.—¿A título de qué?</p> + +<p>—A título de padre—respondió fríamente el notario.</p> + +<p>Raúl paseó sus ojos extraviados del semblante impasible del uno a la +bella y triste cara de la otra.</p> + +<p>—Esto es una locura, dijo.</p> + +<p>El digno notario desdobló un papel amarillento con el sello de +Inglaterra.</p> + +<p>—Aquí tiene usted la partida de nacimiento de Raúl Carlos, nacido del +matrimonio que contrajeron irregularmente en Inglaterra miss Juana +Dodson y el conde Raúl de Candore.</p> + +<p>—Y vea usted el telegrama dirigido a la señorita Blanca de Candore en +el día de su boda, y que me acuso de haber interceptado para evitarle +un dolor inútil—añadió sencillamente la empleada.</p> + +<p>El conde leyó maquinalmente:</p> + +<p>«Señorita, el hombre con quien se va usted a casar es mi esposo ante la +ley inglesa y el padre de mi hijo, que pronto no tendrá ya madre. Juana +Dodson.»</p> + +<hr /> + +<p class="puntos">...Aquella era la venganza de Liette.</p> + + + +<p>Había ahorrado lágrimas a Blanca; y a Raúl el escándalo, a costa de una +falta profesional, duro sacrificio para aquella hija de soldado, esclava +de la disciplina.</p> + +<p>Había salvado a la madre de la desesperación y a su hijo del abandono; +gracias a ella, la pobre abandonada se había extinguido suavemente, sin +odio y en la paz del perdón, encomendando su alma a Dios y su hijo a +Liette, y durmiéndose confiando en los dos...</p> + +<p>Su confianza no debía ser defraudada. Sin vacilación ni +desfallecimiento, Liette había recogido esa pesada herencia; había +reemplazado al padre desertor, había abierto al huérfano sin familia su +puerta, sus brazos y su corazón; había hecho de él un hombre, y ya que +no la vida, le había dado su alma.</p> + +<p class="puntos">Y había hecho eso sencillamente, sin cuidarse de las falsas +interpretaciones ni de los comentarios injuriosos que pudiera provocar +su conducta, y era tal la fuerza de aquella apacible virtud y de aquella +incomparable dignidad, que en el círculo estrecho y malévolo de las +comadres de provincia, ni una palabra, ni una insinuación la habían +rozado. ¡Había sido preciso que fuese Raúl!... El... ¡Oh!.</p> + + + +<p>Aterrado por aquella revelación repentina que hacía vibrar las fibras +embotadas de su corazón ya seco, el noble, tan frío, tan correcto de +ordinario, cedió a la influencia generosa del momento con el impulso de +la primera juventud y confesó sus faltas, sus penas, sus remordimientos, +acusándose con una vehemencia en que entraba un poco de fatuidad de +haber hecho dos desgraciadas: Juana y Liette.</p> + +<p>Bajo las cocas argentinas de la solterona se deslizó una débil sonrisa.</p> + +<p>—Tranquilícese usted, señor conde, al menos en cuanto a la última—dijo +con sencillez.—He amado mucho, apasionadamente, puedo confesarlo a mi +edad... Pero el hombre a quien he amado no es usted. Era un príncipe +encantado, creado completamente por mi imaginación de colegiala +retrasada que pide demasiado a la vida, porque la ignora... Yo no tenía, +sin embargo, esta excusa... Hoy, dispuesta a bajar la otra vertiente, me +detengo un instante en la cima de la colina y no siento en mí ni cólera, +ni amargura, ni pena, pues entre las piedras y las malezas he encontrado +algo mejor que la florecita azul con que sueñan las jóvenes, he +encontrado el reflejo de cielo que Dios pone en la mirada de los +niños... Creo que había nacido para eso; no puedo guardar a usted rencor +por haberme dado un sobrino que ha realizado todas sus promesas de usted +y cumplido todas mis esperanzas. Las cualidades imaginarias de que yo +dotaba a mi héroe, él las tiene realmente, y le debo tantos goces que +casi tengo que estarle a usted agradecida.</p> + +<p>—Debemos estárnoslo el uno al otro—dijo el conde profundamente +conmovido,—por lo que ha hecho usted y por lo que quería hacer aún. +Pero es a mí a quien corresponde ofrecer a usted y a él la única +reparación posible. Ha redactado usted un acta de adopción, señor +Hardoin; no tiene usted más que cambiar una palabra. Yo dejaré a mi hijo +mi nombre y mi fortuna.</p> + +<p>Esta vez fue Liette quien palideció. Había, sin duda, deseado +ardientemente esta solución justa y natural en interés de su hijo +adoptivo, y sin embargo... En el dolor atroz y profundo que le retorció +el corazón e hizo brotar las lágrimas en sus ojos comprendió la feroz +sublevación que se apodera de las madres a quienes se arranca su hijo. +El notario, sin responder, abrió la puerta de la derecha.</p> + +<p>—Ya ha oído usted, capitán; usted es quien debe decidir...</p> + +<p>Al ver a aquel guapo y altivo oficial que era su hijo, el conde +experimentó una sensación desconocida, un irresistible impulso de +orgullo paternal. Dio un paso adelante con los brazos abiertos, pero +Carlos se inclinó, muy pálido, y dijo con voz ahogada:</p> + +<p>—Caballero, no puedo ya pedir a usted reparación ni quiero aceptar +ninguna. Mi madre ha muerto; procuraré olvidar el nombre de su verdugo, +lo que quiere decir que no puedo llevarle. Y, con una especie de +violencia, atrajo hacia su pecho a la tía Liette desfallecida.</p> + +<p>—Tú, que me lo has dado todo, dame también tu nombre; ten la seguridad +de que no seré ingrato.</p> + +<p>El señor de Candore sintió que le subía a la cara una oleada de sangre; +pero la conciencia de su culpa pudo más que su orgullo herido.</p> + +<p>—He merecido esto, y no puedo quejarme ni vituperar a usted, +caballero... Pero a usted me dirijo, señorita; abogue por mi causa, que +es también la suya... Conozco sus esperanzas, y puedo ayudarle a +realizarlas... No me niegue usted esta satisfacción, la única que +conviene a mi edad.</p> + +<p>—¡Es verdad!—dijo Liette turbada;—reflexiona; hijo mío... ¡La amas +tanto!</p> + +<p>Carlos cerró los ojos para huir de la visión tentadora.</p> + +<p>—No—respondió con energía,—no quiero la dicha a ese precio...</p> + +<p>—Y yo no quiero llamarme la señora de Candore, sino la señora de +Raynal...</p> + +<p>La puerta de la izquierda se había abierto a su vez, y Eva se adelantaba +valientemente hacia el joven admirado.</p> + +<p>—Me ha declarado usted—le dijo,—que no pediría jamás la mano de una +heredera, capitán; soy yo quien pide la de usted...</p> + +<p>Y mientras Carlos, loco de amor, se atrevía apenas a estrechar aquella +manita adorable, que se entregaba espontáneamente a él, Eva rodeó con el +otro brazo el cuello de la solterona enternecida y dijo cariñosamente:</p> + +<p>—Usted quería adoptar un hijo, tía Liette; adopte dos... Tiene usted el +corazón bastante ancho para ello.</p> + +<p class="c">FIN</p> + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Liette, by Arthur Dourliac + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LIETTE *** + +***** This file should be named 29901-h.htm or 29901-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/9/9/0/29901/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/29901-h/images/001.png b/29901-h/images/001.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..a6942a9 --- /dev/null +++ b/29901-h/images/001.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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