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+The Project Gutenberg EBook of Plick y Plock, by Eugène Sue
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Plick y Plock
+
+Author: Eugène Sue
+
+Translator: Tomás Orts-Ramos
+
+Release Date: August 23, 2009 [EBook #29770]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PLICK Y PLOCK ***
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
+
+BIBLIOTECA de LA NACIÓN
+
+EUGENIO SUE
+
+PLICK Y PLOCK
+
+TRADUCCIÓN DE
+
+T. ORTS-RAMOS
+
+BUENOS AIRES
+1919
+
+Derechos reservados.
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+Prefacio
+
+
+KERNOK EL PIRATA
+
+I.--El degollador y la bruja
+
+II.--Kernok
+
+III.--La buena ventura
+
+IV.--El brick «El Gavilán»
+
+V.--Regreso
+
+VI.--La partida
+
+VII.--Carlos y Anita
+
+VIII.--La presa
+
+IX.--Orgía
+
+X.--La caza
+
+XI.--El combate
+
+XII.--Sigue el combate
+
+XIII.--Los dos amigos
+
+XIV.--La misa de difuntos
+
+
+EL GITANO
+
+I.--El barbero de Santa María
+
+II.--La corrida de toros
+
+III.--El gitano
+
+IV.--Las dos tartanas
+
+V.--La blasfemia
+
+VI.--La monja
+
+VII.--El levante
+
+VIII.--La «Urna de San José»
+
+IX.--El relato
+
+X.--El prodigio
+
+XI.--Amor
+
+XII.--La capilla ardiente
+
+XIII.--El garrote
+
+XIV.--Maestro Plok
+
+
+
+
+PREFACIO
+
+15 enero 1831.
+
+
+A través de la profunda concentración que cautiva todos los intereses en
+un orden de ideas graves y elevadas, el autor de estos relatos espera
+deslizarse inadvertido entre el mundo literario. Después, habiéndose
+asignado fecha y lugar, como tantas honradas gentes a las que se
+encuentra, pasadas nuestras largas tormentas sociales, colocadas muy
+alto en la opinión de un gran número, aspira a colocarse, como ellas, en
+una decente reputación negativa, nublada al silencio de la crítica y a
+la oportunidad de los grandes acontecimientos, tan favorable a los
+espíritus mezquinos.
+
+Porque la carrera de esos veteranos de que hablamos ha sido plena,
+entera, honrada, gracias a su ancianidad que en la literatura prueba el
+mérito, casi lo mismo que un costurón prueba el valor.
+
+El tranquilo porvenir, la dulce y perezosa quietud de esos gruesos
+canónigos de la literatura, han engolosinado de tal modo al autor de
+este libro, que se apresura a inscribirse como _profeso_, en su orden,
+estimando que las mismas circunstancias llevarán sin duda un día a los
+mismos resultados.
+
+Un certificado de vida literaria es, pues, toda la ambición del autor.
+
+Dicho esto, continuemos.
+
+Antes de Cooper, hubiera tenido, quizá, la audacia de intentar interesar
+al público francés en las costumbres, en los caracteres que no
+despiertan en él ninguna simpatía. Ignorante, además, de las costumbres
+marítimas, le sería verdaderamente imposible apreciar la exactitud de
+los cuadros que se desarrollaran ante sus ojos.
+
+Por la topografía de su país y gracias a su política, los americanos
+estaban llamados, mejor que nadie, a comprender todo el alcance del
+genio de Cooper. ¿Es que no hay en sus creaciones más que una obra de
+artista? ¿No existe un profundo pensamiento patriótico en el género que
+ha encontrado? Este género es una expresión de los deseos, de las
+necesidades, de la potencia de los Estados Unidos; es la historia de los
+Estados Unidos dramatizada.
+
+Por ello, ved si de Nueva Orleáns a Boston hay un corazón que no lata,
+una frente que no se coloree, cuando se leen esas bellas páginas en las
+que se pintan las luchas de esa salvaje y vigorosa América, cuya
+religión fue la de permanecer libre bajo su hermoso cielo, en medio de
+sus ricas selvas, sobre su suelo virgen, y de rechazar hasta su brumosa
+isla a la aristocrática Inglaterra, llena de prejuicios, abrumada por
+sus viejos sistemas de colonización.
+
+A causa de nuestra indiferencia por el mar, nuestras glorias navales
+son casi ignoradas en París. Bonaparte había visto que le era imposible
+luchar directamente con Inglaterra. Le era necesario reunir a cada
+momento todas sus fuerzas para aplastar al enemigo en el continente. Si
+la marina tuvo una plaza secundaria en sus combinaciones, fue porque por
+dos veces sus almirantes perdieron los navíos de Francia, y porque, para
+servirnos de una de las expresiones de Napoleón, una flota no se
+improvisa como un ejército. Por esta causa, a pesar de algunos
+admirables combates parciales sostenidos por nuestros marinos, la fama
+no ha tenido voz más que para celebrar la gloria de nuestro ejército de
+tierra.
+
+Y esto fue una grave injusticia como arte y como política.
+
+Como política, porque la mayoría de los hombres creen lo que leen,
+porque los relatos de nuestras victorias marítimas, adornadas por la
+literatura, poetizadas, exageradas quizás, hubiesen acabado por darnos a
+nosotros mismos una idea de nuestra importancia marítima. Este
+sentimiento se hubiera infiltrado entre las masas en Francia y en el
+extranjero; esta fe nacional hubiese producido grandes resultados, sin
+duda; porque se equivocaría, creo, el que pensase que las historias, las
+novelas, las memorias sobre las conquistas de Bonaparte no han aumentado
+nuestras fuerzas morales en el interior, nuestra potencia en el
+exterior.
+
+Y además, ¡si se supiese de qué modo las costumbres marítimas son nuevas
+y picantes! ¡qué pocas cosas hay tan singulares, curiosas y dignas de
+estudio como el interior de un barco! ¿No es éste un resumen de todos
+los conocimientos, de todas las artes, de todas las industrias humanas?
+¿No es una obra que prueba a cuánta altura puede elevarse nuestra
+inteligencia?
+
+Sobre todo, constituyen un campo digno de estudio esas costumbres, esos
+afectos, esos odios floreciendo sobre frágiles tablas, y esos caracteres
+puestos ásperamente de relieve por el aislamiento, por la concentración;
+y esa fisonomía moral de un pueblo acusada allí más vigorosamente que en
+parte alguna, porque, en aquella vida incesantemente peligrosa, el
+hombre, menos gastado por las costumbres de una civilización decrépita,
+reproduce más vivamente el tipo impreso a cada raza por la Naturaleza.
+
+¡Y los marineros!... ¡Qué estudio para el que los comprende, para el que
+sabe bucear en la profundidad de sus almas! Es un pueblo poderoso y
+débil a la vez: tan pronto furioso como un soldado el día de pillaje,
+tan pronto tímido e ingenuo como un niño, cuando la embarcación se mece
+perezosamente en la calma; en el mar, resistente a todas las pruebas, el
+marinero soporta las privaciones con un desdén, con una firmeza
+estoicas; en tierra, sumergiéndose en todos los excesos, se entrega al
+placer con un ardor que se puede comparar más que con el vigor de
+organización desplegado en delirantes orgías: a bordo, durmiendo sobre
+el puente, corriendo en lo alto de un palo; en tierra, llevando los
+refinamientos y el lujo de la mesa hasta un grado inaudito, disipando
+en ocho días el fruto de dos años de ahorros forzosos.
+
+Y en efecto, el marinero, ese pobre hombre, ¿no debe olvidar en un
+alegre festín, que acaba con su oro, sus largos cuartos de noche[1]
+durante los cuales temblaba bajo la escarcha? ¿y esas horas de
+tempestad, cuando, balanceándose sobre una verga, contemplaba sonriendo
+el remolino que amenazaba tragarle? ¿y esos días miserables en que,
+prisionero en un lugar estrecho y malsano, ha carecido de aire, de agua,
+de pan, de esperanza y de luz?...
+
+¡Pobre hombre, mañana ya no tendrá más oro! ¡mañana no más vino humeante
+y generoso, no más muelle cama, no verá ya a la muchacha riente y loca!
+¡mañana, no más alegres espectáculos que ensanchaban su franco y jovial
+rostro, siempre granujiento, enrojecido, radiante!...
+
+¡Se acabó todo!
+
+Mañana, pobre marinero, besarás a tu vieja madre entregándola
+escrupulosamente una parte sagrada de tus ahorros; porque una hermosa
+hostelera de ojos brillantes, de cabellos negros, se esforzará en
+elogiarte aún la calidad superior de su _grog_, el perfume de su tabaco
+y sus platos apetitosos...
+
+--Que me trague diez brazas de cable, si toco esta suma; _¡es la parte
+de mi madre!_...--dirás cerrando con rapidez el largo bolsillo de cuero.
+
+¡Ahora vas a embarcarte de nuevo! ¡ahora te esperan una valiente
+fragata y una disciplina severa!...--¡Larga velas! ¡arría velas!
+¡Arriba, abajo! ¡Galleta dura, agua corrompida y algún vergazo si no
+andas listo!...
+
+Y bien, ¡qué importa! él se encamina a su flotante casa cantando, sin
+una lamentación, sin un suspiro. Durante esos ocho días tan
+brillantemente coloreados por placeres sin número, ha hecho una
+provisión de recuerdos para los dos años que pasará en el mar. Durante
+las largas noches insomnes, se acordará de sus goces uno a uno; se
+aislará del presente hundiéndose en sus pensamientos; encontrará en el
+fondo de su alma no sé qué perfume de vino, qué sonrisa de mujer, qué
+vagos reflejos del tiempo pasado que le harán olvidar la aflictiva
+realidad.
+
+Tal es ese pueblo, esencialmente bueno, pero uniendo a la altivez de un
+escocés la ingenua bondad de un bretón; doblando pacientemente la
+espalda ante un puñetazo, pero dando una puñalada por una mirada,
+pasando de la extrema alegría al extremo disgusto, pero sin perder nada
+de la vivacidad de estos dos sentimientos. A bordo, con una alegría
+dulce y melancólica, con una imaginación ardiente alimentada sin cesar
+por una vida sedentaria y por relatos cuya grosera poesía no carece de
+originalidad ni de grandiosidad, ¡ser complejo, múltiple, en fin!
+viviendo de anomalías y de oposiciones, pero, por encima de todo,
+impregnando su vida entera de una despreocupada e irónica intrepidez,
+que no le abandona nunca a pesar de todos los peligros corridos, después
+de tantos años de una existencia que no es otra cosa que un largo
+peligro.
+
+Ya lo hemos dicho, Cooper, en sus admirables novelas, ha pintado a ese
+hombre de una manera tan amplia como pintoresca. Ha excitado vivamente
+la curiosidad, el interés por costumbres cuyos detalles contrastan
+rudamente con los de nuestra vida ciudadana. Pero, desgraciadamente, la
+energía, la finura del original, se debilitan casi siempre en la
+traducción. En francés, ese estilo queda despojado de su nerviosa
+concisión. Así, y todo, podemos admirar los grandes rasgos que
+caracterizan a ese talento verdaderamente nuevo; pero los matices, el
+color local, la preciosa ingenuidad de los idiomas, escapan a los que no
+pueden leer en inglés esas páginas maravillosas.
+
+Sin embargo, nosotros creemos que si uno de nuestros talentos de primer
+orden, que si Víctor Hugo, de Vigny, Janin, Merimée, Nodier, Balzac, P.
+L. Jacob, Delatouche, etc., quisieran cambiar un año de su vida
+estudiosa por un año de existencia marítima, e intentasen entonces
+aplicar su potencia, su riqueza de ejecución a la pintura del mar,
+tendríamos ciertamente una gloria literaria más. Y, ¿por qué Lamartine
+no ha de ensayar conducir su musa por el mismo camino donde Byron ha
+conducido la suya en el segundo canto de _Don Juan_ y en su _Corsario_?
+El temor de la imitación no sería racional; Cooper ha pintado
+americanos; vosotros podríais pintar las costumbres de los franceses,
+otros sitios, otros lugares, otras costumbres, otros combates...
+
+Todo talento que se basa en la observación exacta de la Naturaleza, ¿no
+será siempre más _sui generis_, más personal, original, influyente?...
+¿No son así Corneille y Shakespeare, Goethe y Chateaubriand?
+
+Pero yo me equivoco. Tenemos ya nuestro Cooper: un poeta que conmueve y
+atrae por la energía de su composición, por la verdad de sus
+descripciones. En presencia de sus obras el corazón se oprime... ¿Veis
+esas olas enormes que estallan y se rompen contra ese navío
+desmantelado... ese cielo sombrío y brumoso, esos rostros de mujeres
+llorosas, palpitantes, y que contrastan de una manera tan sublime con la
+actitud tranquila, fría, de un marino que manda siempre a la tempestad,
+aun en el momento de perecer?
+
+Otras veces, al contrario, vuestra alma se dilata, se ensancha... La
+atmósfera es pura; ni una nube vela ese ardiente sol que desaparece en
+el horizonte entre un vapor rojizo. ¡Y después, qué calma! ¡qué dulce
+alegría anima a esos pescadores al dejar sus redes y sus barcas sobre
+esa playa resplandeciente a los últimos rayos del sol!
+
+¿Oís los gritos de los niños... los cantos de los marineros? ¿Veis la
+noble cabeza del abuelo, del viejo marino que se hace llevar a la puerta
+de su choza para gozar aún del imponente espectáculo que siempre le
+emociona, aun después de tantos años?
+
+Ese poeta, vosotros le conocéis, estoy seguro. ¿No habéis admirado el
+_Kent_, el _Colombus_, la _Puesta del sol en el mar_?... ¿Ese poeta,
+pues, vuestro Cooper, no es Gudin? ¿Acaso en sus cuadros no hay el mismo
+colorido, la misma ingenuidad, la misma alteza de concepción que en las
+páginas del _Piloto_ y del _Corsario rojo_?
+
+¡Ah! si alguno de los escritores que hemos nombrado oyese nuestra débil
+voz, tendríamos una doble gloria en este género; poseyendo ya la poesía
+pintada, gozaríamos además de algunas deliciosas poesías escritas.
+
+En cuanto al autor de este libro, su papel es poco más o menos el de un
+enano de la edad media, cuya historia quiero contaros.
+
+ * * * * *
+
+«Un día, algunas bandas de salteadores y de arqueros galos, habían
+sitiado la abadía de San Cutberto, en Bretaña. Su jefe, Manostuertas,
+cabalgaba insolentemente a la vista de las murallas, pero, no obstante,
+fuera del alcance de los tiros de los hombres de armas de la abadía.
+
+»Viendo esto los monjes desde lo alto de las murallas, invocaban
+piadosamente la intercesión de San Cutberto, cuando advirtieron, no sin
+extrañeza, al enano del prior que conducía o más bien arrastraba una
+ballesta prodigiosamente pesada y maciza.
+
+»--¡Dios me valga!--exclamó el prior--; ¡el muy necio se ha atrevido a
+poner mano sobre la ballesta dedicada a nuestro señor San Cutberto, en
+la nave de nuestra iglesia!... sobre la ballesta, ¡gran Dios!, que ese
+santo hizo caer de las manos de un gigante que la usaba para esperar a
+los mercaderes lombardos y a los peregrinos que pasaban por tierras de
+la abadía.
+
+»--Pero--dijo el enano--, ¿olvidáis, señor, que esta ballesta
+traspasaría la más sólida muralla de Granada a mil pasos de distancia?
+
+»Y diciendo esto había apoyado entre las almenas el poderoso arco que
+armara el gigante, pero el pobre enano ni siquiera pudo hacer mover el
+rudo mecanismo que impulsaba el proyectil.
+
+»Y el jefe de los salteadores, el condenado Manostuertas, injuriaba
+siempre con sus gestos, al prior, a la abadía y a los monjes.
+
+»Mientras que el prior se burlaba del enano porque había osado poner sus
+débiles manos sobre un arma tan pesada... un caballero, vasallo del
+primado, y de brazo maravillosamente fuerte, asió la ballesta que el
+enano había dispuesto sobre la muralla, la cuerda de hierro se tendió,
+la flecha silbó y alcanzó a Manostuertas a pesar de su armadura.
+
+»Por la noche, los arqueros galos, espantados de la muerte de su jefe,
+habían dejado libres todas las salidas de la abadía de San Cutberto.
+
+»Y viendo las últimas lanzas de los salteadores brillar al sol poniente
+y después bien pronto desaparecer en el horizonte, el pobre enano se
+alababa de su loca e impotente tentativa, porque uno más fuerte que él
+había valerosa y felizmente realizado su idea.»
+
+ * * * * *
+
+El lector ha comprendido el sentido de este apólogo. Nosotros nos
+consideraríamos muy dichosos, si algún escritor de nombre quisiera
+marchar por la vía que indicamos en estos ensayos.
+
+EUGENIO SUE.
+
+
+
+
+PLICK Y PLOCK[2]
+
+
+
+
+KERNOK EL PIRATA
+
+Got callet deusan Armoriq.
+Era un hombre duro de la Armórica.
+
+_Prov. bretón._
+
+
+
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+EL DESOLLADOR Y LA BRUJA
+
+Los desolladores e hiladores de cáñamo viven
+separados del resto de los hombres...
+
+La presencia de un loco en una casa defiende
+a sus habitantes contra los malos espíritus.
+
+CONAM-HEK, _Crónica bretona_.
+
+
+En una noche de noviembre, sombría y fría, el viento del NO. soplaba con
+violencia, y las altas olas del Océano iban a estrellarse contra los
+bancos de granito que cubren la costa de Pempoul, mientras que las
+puntas destrozadas de aquellas rocas tan pronto desaparecían bajo las
+olas como destacaban su fondo negro sobre una espuma deslumbradora.
+
+Colocada entre dos rocas que la protegían contra los efectos del
+huracán, se elevaba una cabaña de miserable apariencia; pero lo que
+hacía verdaderamente horrible su aspecto, eran una multitud de huesos,
+de cadáveres de caballos y de perros, de pieles ensangrentadas y de
+otros despojos que anunciaban bien claramente que el propietario de
+aquel chamizo era desollador.
+
+Se abrió la puerta y apareció en ella una mujer cubierta con una manta
+negra que la tapaba enteramente y no dejaba ver más que su cara amarilla
+y arrugada, casi oculta por mechones de pelo blanco. Llevaba una lámpara
+de hierro en una mano y con la otra trataba de resguardar la llama, que
+el viento agitaba.
+
+--¡Pen-Ouët! ¡Pen-Ouët!--gritó con un acento de cólera y de reproche--;
+¿dónde estás, maldito niño? ¡Por San Pablo! ¿no sabes que se acerca la
+hora en que las cantadoras de la noche[3] se disponen a errar por la
+playa?
+
+No se oyó más que el mugido de la tempestad que parecía redoblar su
+furor.
+
+--¡Pen-Ouët! ¡Pen-Ouët!--gritó una vez más.
+
+Pen-Ouët prestó por fin oído.
+
+El idiota estaba inclinado sobre un montón de huesos a los cuales daba
+las formas más variadas y extravagantes. Volvió la cabeza, se levantó
+con aire descontento, como el niño que abandona a disgusto sus juegos, y
+se dirigió a la cabaña, no sin llevarse una hermosa cabeza de caballo,
+de huesos blancos y pulidos, que él apreciaba mucho, sobre todo desde
+que había introducido en su interior unos guijarros que resonaban de la
+manera más agradable, cuando Pen-Ouët sacudía aquel instrumento de nuevo
+género.
+
+--¡Entra, pues, maldito!--exclamó su madre, empujándole con tanta
+violencia que su cabeza fue a dar contra la pared, y la sangre salió.
+
+Entonces el idiota se echó a reír a carcajadas, con una risa estúpida y
+convulsiva, enjugó su herida con sus largos cabellos, y fue a dejarse
+caer bajo la campana de una vasta chimenea.
+
+--¡Ivona, Ivona, cuida de tu alma, en lugar de derramar la sangre de tu
+hijo!--dijo el desollador que estaba arrodillado y parecía absorto en
+una profunda meditación--. ¿No oyes, pues?...
+
+--Oigo el ruido de las olas que golpean esa roca, y el silbido del
+viento.
+
+--Di mejor la voz de los muertos. ¡Por San Juan del dedo! hoy es el día
+de los difuntos, mujer, y los náufragos que nosotros...--aquí una
+pausa--, podrían muy bien venir a arrastrar a nuestra puerta el
+_carriquet-ancou_[4], con sus vestidos blancos y sus lágrimas
+sangrientas--respondió el desollador en voz baja y trémula.
+
+--¡Bah! ¿qué podemos temer? Pen-Ouët es idiota; ¿no sabes tú que los
+malos espíritus no entran nunca bajo el techo que cubre a un loco? _Jan
+y su fuego_ que dan vueltas con tanta rapidez como la devanadera de una
+vieja, _Jan y su fuego_ huirían a la voz de Pen-Ouët como una alondra
+ante el cazador. ¿Qué temes, pues?
+
+--Entonces, ¿por qué desde el último naufragio, ya sabes, aquel lugre
+que se estrelló contra la costa, atraído por nuestras señales
+engañadoras... por qué tengo una fiebre ardiente y pesadillas
+espantosas? En vano he bebido tres veces, a media noche, el agua de la
+fuente de Krinoëck; en vano me he frotado con la grasa de una gaviota
+sacrificada en viernes; nada, nada, me ha calmado. Por la noche tengo
+miedo. ¡Ah! mujer, mujer, tú lo has querido.
+
+--Siempre cobarde. ¿Es que no hay que vivir? ¿tu estado no te hace
+horroroso a todo, Saint-Pol? y sin mis predicciones, ¿a qué nos veríamos
+reducidos? La entrada en la iglesia nos está prohibida; los panaderos
+casi no quieren vendernos pan. Pen-Ouët no va una vez a la población que
+no vuelva molido a golpes, el pobre idiota. Y si se atreviesen nos
+darían caza como a una bandada de lobos de las montañas de Arrés, y
+porque nosotros aprovechamos lo que _Teus_[5] nos envía, tú te
+arrodillas como un sacristán de Plougasnou y estás tan pálido como una
+muchacha que saliendo de la velada encontrase a _Teus Arpouliek_ con sus
+tres cabezas y su ojo de fuego.
+
+--Mujer...
+
+--Eres más cobarde que un hombre de Cornouailles--dijo finalmente Ivona
+exasperada.
+
+Y como el más sangriento ultraje que se pueda hacer a un leonés es
+compararle con un habitante de Cornouailles, el desollador agarró a su
+mujer por el cuello.
+
+--Sí--repitió con voz ronca y ahogada--, ¡más cobarde que un hijo de la
+llanura!
+
+La rabia del desollador no conoció límites, y se apoderó de su hacha,
+pero Ivona se armó de un cuchillo.
+
+El idiota reía a carcajadas, agitando su cabeza de caballo llena de
+guijarros que producían un ruido sordo y extraño.
+
+Afortunadamente, llamaron a la puerta de la cabaña, cuando estaba a
+punto de ocurrir una desgracia.
+
+--¡Abrid, voto a...! ¡abrid de una vez! El NO. sopla con una fuerza como
+para descornar a un buey--dijo una voz ruda.
+
+El desollador dejó caer su hacha, e Ivona se arregló la cabeza lanzando
+sobre su marido una mirada en la que aun brillaba la cólera.
+
+--¿Quién puede venir a esta hora a importunarnos?--dijo el hombre;
+después se subió hasta una estrecha ventana, y miró.
+
+
+
+
+II
+
+KERNOK
+
+Got callet deusan Armoriq.
+Era un hombre duro de la Armórica.
+
+_Prov. bretón._
+
+
+Era él, era Kernok el que llamaba a la puerta. He aquí un bravo y digno
+compañero. Juzgad, si no.
+
+Había nacido en Plougasnou; a los quince años se escapó de casa de su
+padre y se embarcó en un barco negrero, comenzando allí su educación
+marítima. No había a bordo grumete más ágil ni marinero más intrépido,
+ni nadie tenía la mirada más penetrante para descubrir a lo lejos la
+tierra velada por la bruma. Nadie apretaba con más gracia y presteza una
+gavia. ¡Y qué corazón! Un oficial se descuidaba su bolsa, y el joven
+Kernok la recogía cuidadosamente, pero sus camaradas tenían parte en el
+contenido; si robaba ron al capitán, lo partía también escrupulosamente
+con sus amigos.
+
+¡Y qué alma! ¡Cuántas veces, cuándo los negros que eran transportados
+del África a las Antillas, entumecidos por el frío húmedo y penetrante
+de la cala, no podían arrastrarse hasta el puente para aspirar el aire
+durante el cuarto de hora que a este efecto se les concedía, cuántas
+veces, digo, el joven Kernok les hacía recobrar el movimiento y la
+transpiración de la piel a fuerza de golpes! Y el señor Durand,
+artillero-carpintero-cirujano del brick, hacía notar juiciosamente que
+ninguno de los negros sometidos a la vigilancia de Kernok padecía de
+aquella somnolencia y de aquella pesadez peculiar a los demás negros. Al
+contrario, los suyos, a la vista del amenazador cabo de cuerda, estaban
+siempre en un estado de irritabilidad nerviosa, como decía el señor
+Durand, de irritabilidad nerviosa muy saludable.
+
+De este modo, Kernok obtuvo bien pronto la estimación y la confianza del
+capitán negrero, capaz, afortunadamente, de apreciar sus raras
+cualidades. El buen capitán se aficionó tanto al joven marinero, que le
+dio algunas lecciones de teoría, y un día le nombró segundo de a bordo.
+Kernok se mostró digno de este ascenso por su valor y su habilidad;
+descubrió, sobre todo, una manera de encajonar a los negros en el
+sollado tan ventajosamente, que el brick, que hasta entonces no había
+podido llevar más que doscientos, pudo contener trescientos, a la
+verdad, apretándolos un poco--rogándoles que se pusieran de lado en
+lugar de tenderse panza arriba como bajás--, así decía Kernok.
+
+Desde aquel día el negrero predijo a su protegido el más alto destino.
+¡Dios sabe si se cumplió esta predicción!
+
+Al cabo de algunos años, una tarde que singlaba hacia la costa de
+África, el digno capitán de Kernok, que había bebido un poco más que de
+costumbre, estaba del más jovial humor. A horcajadas sobre una ventana,
+fumando su larga pipa, se divertía en seguir con la vista la dirección
+de los espesos torbellinos de humo que lanzaba gravemente o en mirar
+fijamente la rápida estela del navío, apresurando con sus deseos el
+momento en que volvería a ver Francia.
+
+Después pensaba con emoción en las bellas campiñas de Normandía, donde
+había nacido; creía ver aún la choza dorada por los últimos rayos del
+sol, el arroyuelo límpido y fresco, el viejo manzano, y su madre, y su
+mujer, y sus hijitos que esperaban su regreso, suspirando junto a los
+hermosos pájaros dorados y a las telas de vivos colores que él no dejaba
+de llevarles nunca como recuerdo de sus lejanas correrías. El creía ver
+todo esto, ¡pobre hombre! Su pipa, que el tiempo había vuelto negra como
+el ala de un halcón, había caído de su boca entreabierta, sin que él se
+diera cuenta; sus ojos se llenaban de lágrimas, su corazón latía con
+violencia. Poco a poco los esfuerzos de su imaginación encaminada hacia
+un mismo objeto, quizá también por la influencia del aguardiente, dieron
+a esta visión fantástica una apariencia de realidad; y el buen capitán,
+creyendo, en su embriaguez, que el mar era aquella riente pradera tan
+deseada, tuvo la loca idea de querer ir hacia ella. Y en efecto,
+poniéndose en pie avanzó hacia el líquido elemento.
+
+Otros dicen que una mano invisible le empujó y que la estela plateada
+del buque se enrojeció un momento.
+
+Lo cierto es que se ahogó.
+
+Como el brick se encontraba cerca de las islas de Cabo Verde, el oleaje
+era fuerte y la brisa fresca, el timonel no oyó nada; pero Kernok, que
+había ido a dar cuenta de la ruta al capitán, debió ser el primero en
+advertir el accidente, al cual no era quizás ajeno.
+
+Kernok tenía una de esas almas fuertemente templadas, inaccesibles a las
+mezquinas consideraciones que los hombres débiles llaman reconocimiento
+o piedad. No es extraño, pues, que cuando apareció en el puente no se
+notara en él la menor emoción.
+
+--El capitán se ha ahogado--dijo con calma al contramaestre--; es una
+lástima, porque era un valiente.
+
+Aquí Kernok añadió un epíteto que nosotros nos abstenemos de repetir,
+pero que terminó de una manera pintoresca la oración fúnebre del
+difunto.
+
+--¡Oh! ¡Kernok era lacónico!
+
+Después, dirigiéndose al piloto, añadió:
+
+--El mando del buque me pertenece, como segundo de a bordo; de modo que
+vas a cambiar de ruta. En lugar de gobernar al SE. te dirigirás al NE.
+porque vamos a virar en redondo y a dirigirnos a Nantes o a Saint-Malo.
+
+El hecho es que Kernok había tratado de desviar al capitán difunto del
+tráfico de los negros, no por filantropía, ¡no!, sino por un motivo
+bastante más poderoso a los ojos de un hombre razonable.
+
+--Capitán--le decía continuamente--, usted hace adelantos que le
+producen todo lo más un trescientos por ciento; yo en su lugar ganaría
+lo mismo, o más, sin desembolsar un céntimo. Su brick marcha como una
+dorada; ármelo en corso, yo respondo de la tripulación; déjeme hacer, y
+a cada presa oirá usted la canción del corsario.
+
+Pero la elocuencia de Kernok no había quebrantado jamás la voluntad del
+capitán, porque él sabía perfectamente que los que abrazan tan noble
+profesión acaban tarde o temprano por balancearse al extremo de una
+verga; y el inexorable capitán había caído al mar por _accidente_.
+
+Apenas Kernok se vio dueño del buque, retornó a Nantes para reclutar una
+tripulación conveniente, armar su nave y poner en práctica su proyecto
+favorito.
+
+Y para que digáis que no hay una Providencia, apenas llegado a Francia
+se entera de que los ingleses nos han declarado la guerra, obtiene la
+autorización competente, sale, da caza a un buque mercante y entra con
+su presa en Saint-Pol de León.
+
+¿Qué más diré? La suerte favoreció siempre a Kernok, porque el Cielo es
+justo: hizo numerosas presas a los ingleses. El dinero que obtenía se
+liquidaba rápidamente en las tabernas de Saint-Pol; y es en el momento
+de disponerse a embarcarse de nuevo para fabricar moneda, como él decía
+en su ingenuo lenguaje, cuando le vemos llamar a la puerta de la
+respetable familia del desollador.
+
+--Pero, ¡voto al diablo!, abrid de una vez--repitió sacudiendo
+vigorosamente la puerta--. ¿O es que queréis quedaros agazapados como
+las gaviotas en el hueco de una roca?
+
+Por fin abrieron.
+
+
+
+
+III
+
+LA BUENA VENTURA
+
+ La bruja dijo al pirata:
+«Buen capitán, en verdad,
+No seré yo tan ingrata,
+Y tendréis vuestra beldad.»
+
+VÍCTOR HUGO, «_Cromwell_».
+
+
+Entró, se quitó su capote impermeable que chorreaba agua, lo extendió
+cerca de la lumbre, sacudió su ancho sombrero de cuero barnizado, y se
+dejó caer sobre una silla vieja.
+
+Kernok podría tener treinta años; su ancha cintura y busto cuadrado que
+anunciaba un vigor atlético, sus facciones bronceadas, su negra
+cabellera, sus espesas patillas, le daban un aire duro y salvaje. Sin
+embargo, su rostro hubiera pasado por hermoso a no ser por la constante
+movilidad de sus pobladas cejas que se unían o se separaban, según la
+impresión del momento.
+
+Su traje no le distinguía en nada de un simple marinero; solamente
+llevaba dos áncoras de oro bordadas en el cuello de su grosera chaqueta,
+y un ancho puñal encorvado pendía de su cintura por un cordón de seda
+roja.
+
+Los habitantes de la cabaña examinaban al recién llegado con una
+expresión de temor y de recelo y esperaban pacientemente que el
+singular personaje hiciera conocer el objeto de su visita.
+
+Pero él no parecía ocupado más que en una cosa, en calentarse, y arrojó
+al fuego con desparpajo algunos trozos de madera en los que se veían aún
+aplicaciones de hierro.
+
+--Perros--dijo entre dientes--, ésos son los restos de un buque que
+ellos habrán atraído y hecho naufragar. ¡Ah! si alguna vez _El
+Gavilán_...
+
+--¿Qué quiere usted?--dijo Ivona cansada del silencio del desconocido.
+
+Este levantó la cabeza, sonrió desdeñosamente, no pronunció una sola
+palabra, extendió sus piernas sobre la lumbre, y después de haberse
+acomodado lo mejor posible, es decir, con la espalda apoyada contra la
+pared y los pies sobre los morillos.
+
+--Usted es Pen-Hap el desollador, ¿no es cierto, buen hombre?--dijo por
+fin Kernok que, con su bastón herrado atizaba el fuego con tanta
+fruición como si se hubiese encontrado en el rincón de la chimenea de
+alguna excelente posada de Saint-Pol--, ¿y usted la bruja de la costa de
+Pempoul?--añadió mirando a Ivona con aire interrogativo.
+
+Después, midiendo al idiota con la vista, con disgusto:
+
+--En cuanto a ese monstruo, si lo llevaseis al aquelarre, causaría miedo
+al mismo Satanás; por lo demás, se parece a usted, vieja mía, y si yo
+pusiera esa cara en el mascarón de mi brick, los bonitos, asustados, no
+vendrían más a jugar ni a saltar bajo la proa.
+
+Aquí Ivona hizo una mueca de cólera.
+
+--Vamos, vamos, bella patrona, cálmese usted y no abra el pico como una
+gaviota que va a dejarse caer sobre un banco de sardinas. He aquí lo que
+la apaciguará--dijo Kernok haciendo sonar algunos escudos--; tengo
+necesidad de usted y del... _señor_.
+
+Este discurso, y la palabra _señor_ sobre todo, fueron pronunciados con
+un aire tan evidentemente burlón, que fue preciso la vista de una bolsa
+bien repleta y el respeto que inspiraban los anchos hombros y el bastón
+herrado de Kernok, para impedir que la digna pareja no estallase en una
+cólera demasiado largo tiempo contenida.
+
+--Y no es--añadió el corsario--que yo crea en vuestras brujerías. Antes,
+en mi infancia, ya era otra cosa. Entonces, como los demás, yo temblaba
+durante la velada oyendo esos bellos relatos, y ahora, hermosa patrona,
+hago tanto caso de ellos como de un remo roto. Pero _ella_ ha querido
+que viniese a hacerme decir la buena ventura antes de hacerme a la mar.
+En fin, vamos a empezar; ¿está usted dispuesta, _señora_?
+
+Este _señora_ arrancó a Ivona una mueca horrible.
+
+--¡Yo no me quedo aquí!--exclamó el desollador, pálido y trémulo--. Hoy
+es el día de los muertos; mujer, mujer, tú nos perderás; ¡el fuego del
+Cielo abrasará esta morada!
+
+Y salió cerrando la puerta con violencia.
+
+--¿Qué mosca le ha picado? Corre a buscarle, viejo mochuelo; él conoce
+la costa mejor que un piloto de la isla de Batz, y yo le necesito. ¡Ve,
+pues, bruja maldita!
+
+Diciendo esto, Kernok la empujó hacia la puerta...
+
+Pero Ivona, soltándose de las manos del pirata, repuso:
+
+--¿Vienes para insultar a los que te sirven? Calla, calla, o no sabrás
+nada de mí.
+
+Kernok se encogió de hombros con un aire de indiferencia y de
+incredulidad.
+
+--En fin, ¿qué quieres?
+
+--Saber el pasado y el porvenir, nada más que eso, mi digna madre; eso
+es tan fácil como hacer diez nudos con el viento en popa--respondió
+Kernok jugando con los cordones de su puñal.
+
+--¿Tu mano?
+
+--Ahí va; y me atrevo a decir que no hay otra más fuerte ni más ágil. ¡A
+ver, pues, lo que lees en ella, vieja hada! Pero creo tanto en eso como
+en las predicciones de nuestro piloto que, quemando sal y pólvora de
+cañón, se imagina adivinar el tiempo que hará por el color de la llama.
+¡Tonterías! yo no creo más que en la hoja de mi puñal o en el gatillo de
+mi pistola, y cuando digo a mi enemigo: «¡Morirás!» el hierro o el plomo
+cumplen mejor mi profecía que todas las...
+
+--¡Silencio!--dijo Ivona.
+
+Mientras que Kernok expresaba tan libremente su escepticismo, la vieja
+había estudiado las líneas que cruzaban la palma de su mano.
+
+Entonces fijó sobre él sus ojos grises y penetrantes, después aproximó
+su dedo descarnado a la frente de Kernok, que se estremeció sintiendo
+la uña de la bruja pasearse sobre las arrugas que se dibujaban entre sus
+cejas.
+
+--¡Hola!--dijo ella con una sonrisa repugnante--; ¡hola! ¡tú, tan
+fuerte, y tiemblas!
+
+--Tiemblo... tiemblo... Si crees que es posible sentir tu garra sobre mi
+piel, te equivocas. Pero, si en lugar de ese cuero negro y curtido se
+tratase de una mano blanca y regordeta, ya verías entonces si Kernok...
+
+Y balbuceaba, bajando involuntariamente la vista ante la mirada fija e
+insistente de la bruja.
+
+--¡Silencio!--repitió; y su cabeza cayó sobre su pecho; se hubiera dicho
+que estaba absorta en un profundo ensueño.
+
+Solamente de cuando en cuando la agitaba una especie de temblor
+convulsivo, y sus dientes se entrechocaban. La luz vacilante del hogar
+que se extinguía iluminaba únicamente con su rojiza claridad el interior
+de aquel chamizo; y destacándose en el fondo la cabeza disforme del
+idiota que dormitaba agazapado en un rincón, resultaba verdaderamente
+espantosa. De Ivona no se veía más que su manta negra y sus largos
+cabellos grises; en el exterior mugía la tempestad. Había no sé qué de
+horrible y de infernal en aquella escena.
+
+Kernok, el mismo Kernok, experimentó un ligero estremecimiento, rápido
+como una chispa eléctrica. Y sintiendo poco a poco despertarse en él su
+antigua superstición de niño, perdió aquel aire de incredulidad burlona
+que se pintaba en sus facciones al entrar.
+
+Bien pronto un sudor húmedo cubrió su frente. Maquinalmente asió su
+puñal y lo sacó de la vaina...
+
+Y como aquellas gentes que, medio dormidas aún, creen salir de un sueño
+penoso haciendo algún movimiento violento, exclamó:
+
+--¡Que el infierno se lleve a Melia, a sus estúpidos consejos y a mí
+mismo por haber sido tan tonto en seguirlos! ¿He de dejarme intimidar
+por esas mojigangas, buenas para asustar a las mujeres y a los niños?
+¡No, voto a tal! no se dirá que Kernok... ¡Ea! prometida del demonio,
+habla pronto; tengo que marcharme. ¿Me oyes?
+
+Y la sacudió fuertemente.
+
+Ivona no respondía; su cuerpo seguía las impulsiones que le daba Kernok.
+No se notaba siquiera la resistencia que hace experimentar un ser
+animado. Se hubiera dicho que era una muerta.
+
+El corazón del pirata latía con violencia.
+
+--¿Hablarás?--murmuró, levantando la cabeza de Ivona que estaba
+inclinada sobre su pecho.
+
+Ivona quedó en la posición que la dejara, pero su mirada continuaba
+siendo fija y sombría.
+
+Los cabellos de Kernok se erizaban sobre su cabeza; con las dos manos
+hacia adelante, el cuello tendido, como fascinado por aquella mirada
+pálida y siniestra, escuchaba respirando apenas, dominado por un poder
+superior a sus fuerzas.
+
+--Kernok--dijo por fin la bruja con una voz débil y entrecortada--,
+tira, tira ese puñal, porque hay sangre en él; sangre de _ella_ y de
+_él_.
+
+Y la vieja sonrió de una manera espantosa; después, poniendo el dedo
+sobre su cuello:
+
+--La has herido ahí... y sin embargo, aun vive. Pero no es eso todo...
+¿Y el capitán del barco negrero?
+
+El puñal cayó a los pies de Kernok; se pasó la mano por su frente
+ardiente y se apretó las sienes con tal fuerza, que la huella de sus
+señas quedó impresa en ellas. Apenas si se sostenía y tuvo que apoyarse
+contra el muro.
+
+Ivona continuó:
+
+--Que hayas arrojado al mar a tu bienhechor después de haberle dado de
+puñaladas, pase; tu alma irá a Teus; pero que hayas herido a Melia sin
+matarla, eso está mal; porque para seguirte, ella ha abandonado ese
+bello país donde se crían los venenos más sutiles, donde las serpientes
+juegan y se enlazan a la claridad de la luna, confundiendo sus silbidos,
+donde el viajero oye, estremeciéndose, el estertor de la hiena, que
+grita como una mujer a la que se estrangula; ese bello país, donde las
+víboras rojas producen unas mordeduras mortales, que llevan en las venas
+una sangre que las corroe.
+
+E Ivona retorcía sus brazos, como si ella hubiese experimentado aquellas
+atroces convulsiones.
+
+--¡Basta, basta!--dijo Kernok, que sentía que su lengua se pegaba al
+paladar.
+
+--Has herido a tu bienhechor y a tu amante; su sangre caerá sobre ti,
+¡tu fin se aproxima! ¡Pen-Ouët!--llamó en voz baja.
+
+A esta voz sorda y ronca, Pen-Ouët, al que se hubiera creído
+profundamente dormido, se levantó en una especie de acceso de
+somnabulismo, y se sentó en las rodillas de su madre, que tomó sus manos
+entre las suyas, y, apoyando su frente contra la del idiota, dijo:
+
+--Pen-Ouët, pregunta el tiempo que Teus le concede de vida... En nombre
+de Teus, respóndeme.
+
+El idiota lanzó un grito salvaje, pareció reflexionar un instante,
+retrocedió un paso e hirió el suelo con la cabeza de caballo que siempre
+llevaba.
+
+Golpeó al principio cinco veces, después otras cinco y luego tres más.
+
+--Cinco, diez, trece--dijo su madre, que iba contando--, trece días te
+quedan aún que vivir, ¡ya lo oyes! ¡y quiera Teus enviarte a nuestra
+costa, con el cuerpo lívido y frío, rodeado de algas, los ojos sombríos
+y abiertos, la boca llena de espumarajos y la lengua apresada entre los
+dientes! ¡Trece días... y tu alma para Teus!
+
+--¡Pero _ella, ella_!--dijo Kernok, jadeante, presa de un delirio atroz.
+
+--_¡Ella!_--repuso Ivona--; pero no me has pagado más que por ti. ¡Bah!
+seré generosa.
+
+Después reflexionó un momento poniéndose el dedo en la frente.
+
+--Pues bien, ella también quedará con los miembros rígidos, la cara
+azulada, la boca espumeante y los dientes apretados. ¡Oh! haréis unos
+hermosos prometidos, ¡y quiera Teus que yo os vea, en una noche de
+noviembre, sobre una roca negra que será vuestro lecho nupcial, con las
+olas del Océano por cortinajes, con el graznido de los cuervos por
+canto de bodas y el ojo ardiente de Teus por antorcha!
+
+Kernok cayó desvanecido y dos carcajadas siniestras resonaron en la
+cabaña.
+
+En esto llamaron a la puerta.
+
+--¡Kernok, Kernok mío!--dijo una voz dulce y fresca.
+
+Estas palabras produjeron sobre Kernok un efecto mágico; abrió los ojos
+y miró a su alrededor con extrañeza y espanto.
+
+--¿Dónde estoy, pues?--dijo levantándose--; ¿ha sido una pesadilla, una
+espantosa pesadilla? Pero no... mi puñal... esta capa... Es demasiado
+cierto... ¡al infierno! ¡maldita vieja! yo sabré...
+
+La vieja y el idiota habían desaparecido.
+
+--Kernok, Kernok, abre ya--repitió la dulce voz.
+
+--¡_Ella_--exclamó--, _ella_ aquí!
+
+Y se precipitó hacia la puerta.
+
+--¡Ven--dijo--, ven!
+
+Y saliendo de la cabaña, con la cabeza desnuda, la arrastró rápidamente,
+y a través de las rocas que bordean la costa, alcanzaron bien pronto el
+camino de Saint-Pol.
+
+
+
+
+IV
+
+EL BRICK «EL GAVILÁN»
+
+ ¡Adelante, famoso bricbarca!
+Desde el codaste hasta la gavia
+No hay otro en el arsenal
+Que con él se pueda igualar;
+Viento en popa y adelante.
+
+_Canción del marinero._
+
+
+La niebla que rodeaba los alrededores del pequeño puerto de Pempoul se
+disipaba poco a poco, y el disco del sol aparecía de un rojo obscuro en
+medio del cielo gris y sombrío.
+
+Bien pronto Saint-Pol, dominado por sus grandes edificios negros y sus
+campanarios de piedra, se presentó vago e incierto a través del vapor
+que ascendía de las aguas, después se dibujó de una manera más precisa,
+cuando los pálidos rayos del sol de noviembre arrojaron el aire espeso y
+húmedo de la mañana.
+
+A la derecha se elevaba la isla de Kalot con sus rompientes, el molino y
+el campanario azul de Plougasnou, mientras que a lo lejos se extendía la
+playa de Treguier, de fina y dorada arena, limitada por inmensos
+peñascales que se pierden en el horizonte.
+
+La linda bahía de Pempoul no contenía ordinariamente más que medio
+centenar de barcas y algunos buques de un tonelaje más elevado.
+
+No es extraño, pues, que el hermoso brick _El Gavilán_ se destacase con
+toda la altura de sus gavias entre aquella innoble multitud de lugres,
+faluchos y botes que estaban fondeados a su alrededor.
+
+¡Ciertamente! ¡no había un brick más hermoso que _El Gavilán_!
+
+¿Es posible cansarse de verlo recto y ligero sobre el agua, con sus
+formas esbeltas y estrechas, su alta armadura un poco inclinada hacia
+atrás, que le da un aire tan coquetón y tan marinero? ¿cómo no admirar
+su velamen fino y ligero, con sus amplias piezas, sus gavias y sus
+juanetes tan elegantemente sesgados, y esas barrederas que se despliegan
+sobre sus flancos graciosas como las alas del cisne, y esos foques
+elegantes que parecen voltear al extremo de su bauprés, y su línea de
+veinte carronadas de bronce, que se dibuja blanca y negra como los lados
+de un juego de damas?
+
+Y después, ¡jamás el vapor oloroso de la mirra ardiendo en pebeteros de
+oro, jamás la violeta con sus hojas aterciopeladas, jamás la rosa ni el
+jazmín destilados en preciosos frascos de cristal se podrán comparar al
+delicioso perfume que exhalaba la cala de _El Gavilán_! ¡qué oloroso
+alquitrán, qué brea tan suave!
+
+¡A fe de Dios! ¡Ciertamente no había un brick más hermoso que _El
+Gavilán_!
+
+Y si le admiráis dormido sobre sus áncoras, ¿qué diríais, pues, si le
+vieseis dar caza a un desventurado buque mercante? ¡No! jamás caballo de
+carrera con la boca espumante bajo el freno, ha saltado con tanta
+impaciencia como _El Gavilán_, cuando el piloto no le dejaba
+precipitarse sobre el buque perseguido. Jamás el halcón, rozando el agua
+con el extremo de su ala, ha volado con tanta rapidez como el hermoso
+brick, cuando, impulsado por la brisa, sus gavias y sus juanetes izados,
+se deslizaba por el Océano, de tal modo inclinado, que los extremos de
+sus vergas bajas desfloraban la cima de las olas.
+
+¡Ciertamente, no hay un brick más hermoso que _El Gavilán_!
+
+Y ése es el que estáis viendo, amarrado por sus dos cables.
+
+A bordo había poca gente: el contramaestre, seis marineros y un grumete;
+nadie más.
+
+Los marineros estaban agrupados en los obenques o sentados sobre los
+afustes de los cañones.
+
+El contramaestre, hombre de unos cincuenta años, envuelto en un largo
+gabán oriental, se paseaba por el puente con un aire agitado, y la
+protuberancia que se notaba en su mejilla izquierda anunciaba, por su
+excesiva movilidad, que mordía su chicote con furor.
+
+Tanto es así, que el grumete, inmóvil cerca de su jefe, con el gorro en
+la mano como quien aguarda una orden, observaba aquel peligroso
+pronóstico con espanto creciente; porque el chicote del contramaestre
+era para la tripulación una especie de termómetro que anunciaba las
+variaciones de su carácter; y aquel día, según las observaciones del
+grumete, el tiempo anunciaba tempestad.
+
+--¡Mil millones de truenos!--decía el contramaestre hundiéndose el
+capuchón hasta los ojos--, ¿qué infernal viento le ha empujado? ¿Dónde
+está? ¡Son las diez y aun no ha venido a bordo! Y la bestia de su mujer
+que parte a media noche para ir a buscarle, el diablo sabe dónde... ¡Una
+brisa tan hermosa! ¡Perder una brisa tan hermosa!--repetía en tono
+desgarrador mirando un ligero catavientos colocado en los obenques, y
+que por la dirección que le daba el viento anunciaba una fuerte brisa
+del NO--. Es preciso estar tan loco como el hombre que pone el dedo
+entre el cable y el escobén.
+
+El marmitón, impaciente de la duración de este monólogo, había intentado
+ya por dos veces interrumpir al contramaestre, pero la mirada furiosa y
+la movilidad excesiva del chicote de su superior se lo habían impedido.
+Por fin, haciendo un esfuerzo sobre sí mismo, con su gorro bajo el
+brazo, el cuello tendido, la pierna izquierda hacia adelante, se
+aventuró a tirar de la hopalanda de su jefe.
+
+--Señor Zeli--le dijo--, el desayuno le espera.
+
+--¡Ah! ¿eres tú, Grano de Sal? ¿qué haces ahí, miserable, estúpido,
+animal, rata de bodega? ¿Quieres que te haga curtir la piel, o que te
+ponga el espinazo rojo como un rosbif crudo? ¿Contestarás, grumete de
+desgracia?
+
+A este torrente de injurias y de amenazas, el grumete no oponía más que
+una calma estoica, acostumbrado, como estaba, a los arranques de su
+superior.
+
+Y, dicho sea de paso, habéis de saber que, si yo creyese en la
+metempsicosis, preferiría habitar por toda mi vida en el alma de un
+caballo de coche de alquiler, de un temporero, de un burro de
+Montmorency, animar, en fin, a lo que hay de más miserable, que
+encontrarme bajo la piel de un grumete.
+
+Ya hemos dicho que el grumete no soltaba una palabra; y cuando el
+maestro Zeli se detuvo para tomar aliento. Grano de Sal repitió con un
+aire más humilde que de costumbre:
+
+--El desayuno le...
+
+--¡Ah! ¡el desayuno!--exclamó el contramaestre encantado de hacer caer
+su furor sobre alguien--; ¡ah! ¡el desayuno! ¡Toma, perro!
+
+Esto fue acompañado de un bofetón y de un puntapié tan violento, que el
+grumete, que estaba en lo alto de la escalera del sollado, desapareció
+como por encanto, y llegó al fondo de la cala resbalando con rapidez a
+lo largo de los tramos de la escalera.
+
+Llegado al final de su viaje, el grumete se levantó y dijo frotándose
+los riñones:
+
+--Estaba seguro; lo he conocido en el modo de mascar el tabaco.
+
+Y después de un momento de silencio, Grano de Sal añadió con un aire muy
+satisfecho:
+
+--Prefiero eso que no haber caído de cabeza.
+
+Luego, consolado por esta reflexión filosófica, fue fielmente a cuidar
+del desayuno del maestro Zeli.
+
+
+
+
+V
+
+REGRESO
+
+ ¡Hola! ¿de dónde viene usted, bello señor,
+con la cabeza desnuda... el cinturón
+colgando?... ¡Qué palidez!... amigo...
+¡qué palidez!
+
+_Words-Vok._
+
+
+Aunque hubiese desahogado un poco su cólera en Grano de Sal, el maestro
+Zeli continuaba midiendo a zancadas el puente, levantando de cuando en
+cuando el puño y los ojos al cielo, y murmuraba palabras que era
+imposible tomar por una piadosa invocación.
+
+De pronto, fijando una atenta mirada sobre la entrada del puerto, se
+detuvo, asió un anteojo que había cerca de la bitácora y, aproximándolo
+al ojo izquierdo, exclamó:
+
+--Por fin, por fin, ¡qué suerte! ya está aquí, sí, es él... ¡Vaya una
+manera de remar! ¡Vamos, firme, bravo, muchachos! ¡doblad, y podremos
+aprovechar la brisa y la marea!
+
+Y el maestro Zeli, olvidando que era difícil hacerse oír a dos tiros de
+cañón de distancia, animaba con la voz y con el gesto a los marineros
+que conducían a bordo a Kernok.
+
+Por fin el bote se acercó al brick y atracó a estribor. El maestro Zeli
+corrió a la escala a dar el silbido que anunciaba al capitán, y, con el
+sombrero en la mano, se dispuso a recibirle.
+
+Kernok subió con agilidad por la banda del brick y saltó sobre el
+puente.
+
+El contramaestre quedó impresionado de su palidez y de la alteración de
+sus facciones. Su cabeza desnuda, las ropas en desorden, la vaina sin
+puñal que pendía a su cintura, todo anunciaba un acontecimiento
+extraordinario. Por esta razón Zeli no tuvo el valor de reprochar a su
+capitán una ausencia tan prolongada y se acercó a él con un aire de
+interés respetuoso.
+
+Kernok abarcó el brick con una mirada rápida y vio que todo estaba en
+orden.
+
+--Contramaestre--dijo con una voz imperiosa y dura--, ¿a qué hora es la
+marcha?
+
+--A las dos y cuarto, capitán.
+
+--Si la brisa no cesa, aparejaremos a las dos y media. Haga izar el
+pabellón y disparar el cañonazo de partida; vire al cabrestante,
+desaferre, y cuando las áncoras estén a pico, avíseme. ¿Dónde están el
+oficial y el resto de la tripulación?
+
+--En tierra, capitán.
+
+--Envíe los botes a buscarles. El que no esté a bordo a las dos,
+recibirá veinte golpes de rebenque y pasará ocho días en el calabozo.
+¡Váyase!
+
+Nunca Zeli había visto a Kernok con un aire tan duro y tan severo. Así,
+contra su costumbre, no hizo una multitud de objeciones a cada orden de
+su capitán, y se contentó con ir prontamente a ejecutarlas.
+
+Kernok, después de haber examinado atentamente la dirección del viento y
+de las brújulas, hizo signo a su compañero de que le siguiese.
+
+Este compañero era el que había ido a buscarle al antro de la bruja. La
+voz pura y fresca que decía: «¡Kernok, Kernok mío!» era la suya; ¡cómo
+no había de ser dulce su voz! ¡Era tan linda con sus facciones delicadas
+y finas, sus grandes ojos velados por largas pestañas, sus cabellos
+castaños y sedosos que se escapaban por debajo de las anchas alas de su
+sombrero, y aquel talle tan esbelto y frágil que dibujaba un vestido de
+tela azul, y aquella actitud tan viva y tan graciosa! ¡y cuando marchaba
+libre y desembarazada, con el cuello erguido, la cabeza alta! ¡Ah! ¡qué
+salero! únicamente que su rostro parecía dorado por un rayo de sol
+tropical.
+
+Porque era de aquel clima ardiente de donde Kernok se había traído a su
+gentil compañero, que no era otro que Melia, hermosa joven de color.
+
+¡Pobre Melia! por seguir a su amante había abandonado la Martinica y sus
+bananeros y su casa de celosías verdes. Por él, hubiese dado su hamaca
+de mil colores, sus madrás rojas y azules, los círculos de plata maciza
+que rodeazan sus brazos y sus piernas; lo hubiese dado todo, todo, hasta
+el saquito que encerraba tres dientes de serpiente y un corazón de
+paloma, mágico talismán que debía proteger sus días, mientras lo llevara
+suspendido del cuello.
+
+Ya veis, pues, si Melia amaba a su Kernok.
+
+También la amaba él, ¡oh!, la amaba con pasión, porque había bautizado
+con el nombre de Melia una larga culebrina de 18, y no enviaba su
+proyectil al enemigo que no se acordase de su amante. Era preciso que la
+amase mucho, puesto que la permitía tocar su excelente puñal de Toledo y
+sus buenas pistolas inglesas. ¡Qué más! ¡Hasta le confiaba la custodia
+de su provisión particular de vino y de aguardiente!
+
+Pero lo que probaba más que nada el amor de Kernok, era una ancha y
+profunda cicatriz que Melia tenía en el cuello. Provenía de una
+cuchillada que el pirata le había dado en un arrebato de celos. Y como
+hay que juzgar siempre la fuerza del amor por la violencia de los celos,
+se comprende que Melia debía pasar unos días de ensueño al lado de su
+dulce dueño.
+
+Bajaron los dos juntos.
+
+Al entrar en la cámara, Kernok se arrojó sobre un sillón y ocultó la
+cabeza entre las manos, como para escapar a una visión funesta.
+
+Se había estremecido, sobre todo, al advertir la ventana por la cual su
+capitán había caído al mar, como todos sabemos.
+
+Melia le miraba con dolor: después se aproximó tímidamente, se arrodilló
+tomando una de sus manos que él le abandonó y le dijo:
+
+--Kernok, ¿qué tiene usted?, su mano arde.
+
+Esta voz le hizo estremecer: levantó la cabeza, sonrió amargamente y
+pasando sus brazos alrededor del cuello de la joven mulata, la estrechó
+contra sí; su boca rozaba su mejilla, cuando sus labios encontraron la
+fatal cicatriz.
+
+--¡Infierno! ¡maldición sobre mí!--exclamó con violencia--. ¡Maldita
+vieja, bruja infernal! ¿quién habrá dicho...?
+
+Y se asomó a la ventana para respirar, pero, como rechazado por una
+fuerza invencible, se alejó con horror, y se apoyó sobre el borde de su
+cama.
+
+Sus ojos estaban rojos y ardientes; su mirada, largo tiempo fija, se
+veló poco a poco; y sucumbiendo a la fatiga y a la agitación, sus ojos
+se cerraron. Al principio resistió al sueño, después cedió...
+
+Entonces ella, con los ojos humedecidos por las lágrimas, atrajo
+dulcemente la cabeza de Kernok sobre su seno, que se levantaba y
+descendía con rapidez. El, abandonándose a este dulce balanceo, se
+durmió por completo; mientras que Melia, reteniendo su aliento, y
+separando los negros cabellos que ocultaban la despejada frente de su
+amante, tan pronto depositaba en él un beso, tan pronto pasaba un dedo
+afilado sobre sus espesas cejas que se contraían convulsivamente aun
+durante su sueño.
+
+ * * * * *
+
+--Capitán, todo está dispuesto--dijo Zeli entrando.
+
+En vano Melia le hacía signos de que se callase, mostrándole a Kernok
+dormido; Zeli, que no se atenía más que a la orden que había recibido,
+repitió con una voz más fuerte:
+
+--¡Capitán, todo está dispuesto!
+
+--¡Eh!... ¿qué hay?... ¿qué es eso?...--dijo Kernok desprendiéndose de
+los brazos de la joven.
+
+--Capitán, todo está dispuesto--repitió Zeli por tercera vez, con una
+entonación aún más elevada.
+
+--¿Y quién ha sido el necio que ha dado esa orden?
+
+--Usted, capitán.
+
+--¡Yo!
+
+--Usted, capitán, al volver a bordo, hace dos horas, tan cierto como ese
+quechemarín cubre su trinquete--dijo Zeli con una conmoción profunda,
+mostrando por la ventana una embarcación que en efecto ejecutaba esta
+maniobra.
+
+Y Kernok dirigió una mirada a Melia, que bajaba, sonriendo, su linda
+cabeza, como para confirmar la aserción de Zeli.
+
+Entonces se pasó rápidamente la mano por la frente, y dijo:
+
+--Sí, sí, está bien, desamarrad y hacedlo preparar todo, para aparejar;
+subo en seguida. ¿La brisa no ha calmado?
+
+--No, capitán; al contrario, es más fuerte aún.
+
+--Ve y despacha.
+
+El tono de Kernok ya no era duro e impetuoso, sino solamente brusco; de
+modo que Zeli, viendo que la calma había sucedido a la agitación de su
+capitán, no pudo por menos que pronunciar un pero...
+
+--¿Vas a comenzar con tus peros y tus síes? Ten cuidado... ¡o te arrojo
+la bocina a la cabeza!--exclamó Kernok con voz de trueno y avanzando
+hacia Zeli.
+
+Este se esquivó prontamente, juzgando que su capitán no estaba aún en
+una situación de espíritu bastante apacible para soportar pacientemente
+sus eternas contradicciones.
+
+--Cálmese, Kernok--dijo tímidamente Melia--. ¿Cómo se encuentra usted
+ahora?
+
+--Muy bien, muy bien. Estas dos horas de sueño han bastado para calmarme
+y desechar las ideas tontas que esa maldita bruja me había metido en la
+cabeza. Vamos, vamos, la brisa fresquea y nos disponemos a salir.
+Porque, ¿qué hacemos aquí mientras haya buques mercantes en la Mancha,
+galeones en el golfo de Gascuña y ricos navíos portugueses en el
+estrecho de Gibraltar?
+
+--¡Cómo! ¿Usted partirá hoy, un viernes?
+
+--Escucha bien lo que voy a decirte, amada mía; yo hubiera debido
+castigarte seriamente por haberme decidido por tus súplicas a ir a
+escuchar las fantasías de una loca. Te he perdonado; pero no me rompas
+más los oídos con tu charla, o si no...
+
+--¿Sus predicciones han sido, pues, siniestras?
+
+--¡Sus predicciones! hago tanto caso como de... En cambio, lo que yo
+puedo predecir a ese viejo mochuelo, y tú verás si me equivoco, es que
+tan pronto como mis ocupaciones me lo permitan, iré con una docena de
+gavieros[6] a hacerle una visita de la cual se acordará; que me parta un
+rayo si dejo una piedra de su casucha y si no le pongo la espalda del
+color del arco iris.
+
+--¡Por piedad, no hable usted así de una mujer que tiene _doble vista_!
+no parta hoy; ahora mismo una gaviota blanca y negra revoloteaba por
+encima del barco lanzando agudos gritos; eso es de mal augurio... ¡no
+parta usted!
+
+Diciendo estas palabras, Melia se había arrojado a las rodillas de
+Kernok, que al principio la había escuchado con bastante paciencia;
+pero, cansado de oírla, la rechazó tan rudamente, que la cabeza de Melia
+fue a dar contra la madera.
+
+En el mismo instante, por una violenta sacudida que el navío
+experimentó, Kernok, adivinando que el áncora había cedido al
+cabrestante, se lanzó hacia el puente, con su bocina en la mano.
+
+
+
+
+VI
+
+LA PARTIDA
+
+¡Alerta! ¡Alerta! he ahí a los piratas
+de Ochali que parten.
+
+_El cautivo de Ochali._
+
+
+Cuando Kernok apareció sobre el puente, se hizo un profundo silencio.
+
+No se oía más que el ruido agudo del silbato de Zeli, que, inclinado
+sobre la borda hacía amarrar el áncora, indicando la maniobra por
+modulaciones diferentes.
+
+--¿Hay que desaferrar el áncora de estribor?--preguntó al segundo, que
+transmitió esta pregunta a Kernok.
+
+--Espera--dijo éste--, y haz subir a todo el mundo al puente.
+
+Un toque de silbato particular, repetido por el contramaestre, hizo
+aparecer como por encanto a los cincuenta y dos hombres y a los cinco
+marmitones que componían la tripulación de _El Gavilán_, y que se
+colocaron en dos filas, con la cabeza alta, la mirada fija y las manos
+colgando.
+
+Aquellas buenas gentes no tenían el aire cándido y puro de un joven
+seminarista, ¡oh no! Se veía en sus duras facciones, en su tez curtida,
+en su frente surcada, que las pasiones--¡y qué pasiones!--habían pasado
+por allí, y que los honrados compañeros habían llevado ¡ay! una vida
+bien tormentosa.
+
+Además, se trataba de una tripulación cosmopolita; era como un resumen
+viviente de todos los pueblos del mundo; franceses, españoles, alemanes,
+ingleses, rusos, americanos, holandeses, italianos, egipcios, ¿qué sé
+yo? hasta un chino que Kernok había enrolado en Manila. Sin embargo,
+aquella sociedad compuesta de elementos tan poco homogéneos, vivía a
+bordo en perfecta inteligencia, gracias a la rigurosa disciplina que
+Kernok había establecido.
+
+--Pasa lista--dijo al segundo, y cada marinero fue respondiendo a su
+nombre.
+
+Faltaba uno, el piloto Lescoët, un compatriota de Kernok.
+
+--Anótale para veinte chicotazos y ocho días de calabozo.
+
+Y el segundo escribió en su carnet: _Lescoët, 20 ch. y 8 de c._, con
+tanta indiferencia como un comerciante que anotase el vencimiento de una
+letra.
+
+Kernok entonces se subió sobre un banco, dejó la bocina cerca de él y
+habló en estos términos:
+
+--Muchachos, vamos a hacernos de nuevo a la mar. Hace dos meses que nos
+estamos enmoheciendo aquí como un pontón podrido; nuestros cinturones
+están vacíos; pero el depósito de la pólvora está lleno, nuestros
+cañones tienen la boca abierta y no piden más que hablar. Vamos a salir
+impulsados por una buena brisa NO. y a farolear por el estrecho de
+Gibraltar; y si San Nicolás y Santa Bárbara nos ayudan, ¡pardiez!,
+volveremos con los bolsillos llenos, muchachos, para hacer bailar a las
+chicas de Saint-Pol y beber vino de Pempoul.
+
+--¡Hurra! ¡hurra!--gritaron todos en signo de aprobación.
+
+--¡Desamarra a estribor, larga el gran foque, iza la cangreja!--gritó
+Kernok con voz estentórea, dando también la orden de aparejar, para no
+dejar enfriar el ardor de la gente.
+
+El brick, no estando ya aprisionado por sus anclas, siguió el impulso
+del viento, y se inclinó sobre estribor.
+
+--¡Larga las gavias! ¡iza, iza, bracea, bracea! ¡amarra las
+gavias!--gritó aún Kernok.
+
+Y el brick, sintiendo la fuerza de la brisa, se puso en marcha; sus
+amplias velas grises se hincharon poco a poco, el viento circuló
+silbando entre las cuerdas; ya Pempoul, la costa de Treguier, la isla
+Santa-Ana-Ros-Istam y la torre Blanca, se borraban poco a poco, huían a
+los ojos de los marineros, que, agrupados en los obenques y en las
+gavias, con la mirada fija sobre la tierra, parecían saludar a Francia
+en una última y larga despedida.
+
+--¡La barra a babor! ¡la barra a babor!--gritó de pronto Zeli con
+espanto.
+
+Inmediatamente la rueda del timón dio una vuelta rápida y _El Gavilán_
+se inclinó bruscamente.
+
+--¿Qué hay, pues?--preguntó Kernok después que fue ejecutada la
+maniobra.
+
+--Es Lescoët que llega, capitán; el bote que le conduce ha estado a
+punto de dejarse abordar, y lo hubiéramos aplastado como una cáscara de
+nuez, si no hubiese hecho virar sobre estribor--respondió Zeli.
+
+El rezagado, que había saltado ágilmente a bordo, se acercó con aire
+confuso a Kernok.
+
+--¿Por qué has tardado tanto?
+
+--Mi anciana madre acaba de morir; he querido estar hasta el último
+momento a su lado para cerrarle los ojos.
+
+--¡Ah!--dijo Kernok.
+
+Después, volviéndose hacia su segundo:
+
+--Arregla las cuentas a ese buen hijo.
+
+Y el segundo dijo dos palabras al oído de Zeli que se llevó a Lescoët a
+un rincón.
+
+--Hijo mío--le dijo agitando una cuerda larga y estrecha--, tenemos un
+hueso que roer juntos.
+
+--Ya comprendo--dijo Lescoët palideciendo--; ¿y cuántos?
+
+--Una miseria.
+
+--Bien, pero quiero saberlo.
+
+--Ya lo verás; no tengo interés en estafarte ninguno, y además tú podrás
+contarlos.
+
+--Ya me vengaré.
+
+--Antes siempre se dice eso, y después no se piensa en ello más que en
+la brisa de la víspera. Vamos, muchacho, despachemos, porque veo que el
+capitán se impacienta y sería capaz de hacerme probar la misma salsa.
+
+Ataron a Lescoët a una escala de cuerdas, los brazos en alto y el cuerpo
+desnudo hasta la cintura.
+
+--Estamos dispuestos--dijo Zeli. Kernok hizo un signo, y la cuerda silbó
+y resonó sobre la espalda de Lescoët. Hasta el sexto golpe se comportó
+muy decorosamente; no se oía más que una especie de gemido sordo que
+acompañaba cada zurriagazo. Pero al séptimo el valor le abandonó, y en
+efecto, debía sufrir mucho, porque cada golpe dejaba en su cuerpo una
+huella roja que se convertía bien pronto en azul y morada; después quedó
+levantada la piel y apareció la carne viva y sangrando. Parecía que la
+tortura debía ser intolerable, porque un estado de desmadejamiento
+general reemplazó a la irritación convulsiva que hasta entonces había
+sostenido a Lescoët.
+
+--Se encuentra mal--dijo Zeli con el gratel levantado.
+
+Entonces, el señor Durand, el-calafate de a bordo, se aproximó, tomó el
+pulso al paciente; después, ensayando una mueca, se encogió de hombros e
+hizo un signo significativo a maestro Zeli.
+
+El gratel funcionó de nuevo, pero su sonido ya no era seco y restallante
+como cuando caía sobre una piel lisa y pulida, sino sordo y mate como el
+ruido de una cuerda que golpease una boya.
+
+Es que la espalda de Lescoët estaba en carne viva; la piel caía en
+jirones hasta el punto de que el contramaestre se ponía la mano ante los
+ojos para que no le salpicase la sangre a cada golpe.
+
+--Y veinte--dijo con un aire de satisfacción mezclado de pesar, como una
+joven que da a su amante el último de los besos prometidos.
+
+O, si lo preferís, como un banquero que cuenta su última pila de
+escudos.
+
+El propio Zeli se llevó a Lescoët, que no daba señales de vida.
+
+--Ahora--dijo Kernok--, un buen emplasto de pólvora de cañón y de
+vinagre sobre esos rasguños, y mañana no tendrá nada.
+
+Después, dirigiéndose al timonel:
+
+--Corre una buena bordada al SO.; si se ve una vela, avísame.
+
+Y descendió a su cámara para reunirse con Melia.
+
+
+
+
+VII
+
+CARLOS Y ANITA
+
+...Ese tumulto espantoso, esa fiebre
+devoradora... es el amor...
+
+_O. P._
+
+Aver la morte innanzi gli occhi per me.
+
+PETRARCA.
+
+
+La dulce influencia de los climas meridionales aun se hacía sentir,
+porque el buque _San Pablo_ se encontraba a la altura del estrecho de
+Gibraltar. Empujado por una débil brisa, con todas sus velas extendidas,
+desde el contrajuanete hasta los foques de estay, venía del Perú y se
+dirigía a Lisboa con pabellón inglés, ignorando la ruptura de Francia y
+de Inglaterra.
+
+El departamento del capitán lo ocupaban don Carlos Toscano y su esposa,
+ricos negociantes de Lima, que habían fletado el _San Pablo_ en el
+Callao.
+
+La modesta cámara de antes estaba desconocida, tanto eran el lujo y la
+elegancia desplegados por Carlos. Sobre las paredes grises y desnudas se
+extendían ricos tapices que, separándose por encima de las ventanas,
+caían en pliegos ondulantes. El piso estaba cubierto de esteras de Lima,
+trenzadas de lina y blanca paja, y encuadradas en amplios dibujos de
+colores llamativos. Largas cajas de caoba roja y pulimentada contenían
+camelias, jazmines de Méjico y cactos de espesas hojas. En una linda
+jaula de limonero y de enrejado de plata revoloteaban unos hermosos
+pájaros de cabeza verde, de alas purpuradas con reflejos de oro, y
+bonitas cotorras de Puerto Rico, con todo el cuerpo azul, un penacho de
+color de naranja y el pico negro como el ébano.
+
+El aire era tibio y embalsamado, el cielo puro, el mar magnífico; y, sin
+el ligero balanceo que el oleaje imprimía al barco, se hubiera podido
+creer que se estaba en tierra.
+
+Sentado sobre un rico diván, Carlos sonreía a su esposa, que aun tenía
+una guitarra en la mano.
+
+--¡Bravo, bravo, Anita mía!--exclamó él--, jamás se ha cantado mejor el
+amor.
+
+--Es que jamás se ha experimentado mejor, ángel mío.
+
+--Sí, y para siempre...--dijo Carlos.
+
+--Para la vida...--contestó Anita.
+
+Sus bocas se encontraron y él la estrechó contra él en un abrazo
+convulsivo.
+
+Cayendo a sus pies, la guitarra despidió un sonido dulce y armonioso,
+como el último acorde de un órgano.
+
+Carlos miraba a su mujer con esa mirada que va al corazón, que hace
+estremecer de amor, que hace daño.
+
+Y ella, fascinada por aquella mirada ardiente, murmuraba cerrando los
+ojos:
+
+--¡Gracias!... ¡gracias!... ¡Carlos mío!
+
+Después, uniendo sus manos, se deslizó dulcemente a los pies de Carlos,
+y apoyó la cabeza sobre sus rodillas; su pálido semblante estaba como
+velado por sus largos cabellos negros; solamente a través de ellos
+brillaban sus ojos, lo mismo que una estrella en medio de un cielo
+sombrío.
+
+--Y todo esto es mío--pensaba Carlos--, mío sólo en el mundo, y para
+siempre; porque envejeceremos juntos; las arrugas surcarán esa cara
+fresca y aterciopelada; esos anillos de ébano se convertirán en bucles
+argentinos--decía él pasando su mano por la sedosa cabellera de Anita--,
+y vieja, abuela ya, se extinguirá en una serena tarde de otoño, en medio
+de sus nietos, y sus últimas palabras serán: «Voy a unirme contigo,
+Carlos mío». ¡Oh! sí, sí, porque yo habré muerto antes que ella... Pero,
+de aquí allá, ¡qué porvenir! ¡qué hermosos días! Jóvenes y fuertes,
+ricos, dichosos, con una conciencia pura y el recuerdo de algunas buenas
+acciones, habremos vuelto a ver nuestra bella Andalucía, Granada y su
+Alhambra, su mosaico de oro, de arquitectura aérea, sus pórticos,
+nuestra hermosa quinta con sus bosques de naranjos frescos y perfumados,
+y sus pilones de mármol blanco en los que duerme una agua límpida.
+
+--Y mi padre... y la casa donde he nacido... y la celosía verde que yo
+levantaba tan a menudo cuando tú pasabas, y la vieja iglesia de San
+Juan, donde por primera vez, mientras yo oraba, murmuraste a mi oído:
+«¡Anita mía, te amo!»... ¡Y ya ves si la Virgen me protege! en el
+momento en que tú me decías: «¡Te amo!», yo acababa de pedirte tu amor,
+prometiendo una novena a Nuestra Señora--repuso Anita, porque su esposo
+había acabado por pensar en voz alta--. Escucha, Carlos mío--suspiró--,
+júrame, ángel mío, que dentro de veinte años diremos otra novena a la
+Virgen para darle gracias por haber bendecido nuestra unión.
+
+--Te lo juro, ¡alma de mi vida!, porque dentro de veinte años aún
+seremos jóvenes de amor y de dicha.
+
+--¡Oh! sí, nuestro porvenir es tan risueño, tan puro, que...
+
+No pudo acabar, porque una bala enramada, que entró silbando por la
+popa, le destrozó la cabeza, partió a Carlos en dos, e hizo añicos los
+cajones de flores y la jaula.
+
+¡Qué dicha para los periquitos y las cotorras, que huyeron por las
+ventanas batiendo alegremente las alas!
+
+
+
+
+VIII
+
+LA PRESA
+
+...¡Vil metal!
+
+BURKE.
+
+...¡Es posible!
+
+BALZAC.
+
+
+--¡Diablo! ¡hermoso tiro! Ya ves, maestro Zeli..., la bala ha entrado
+por encima del coronamiento y ha salido por la tercera porta de
+estribor. ¡Pardiez! ¡Melia, haces maravillas!
+
+Así decía Kernok, con un largo anteojo en la mano, y acariciando la
+culebrina aún humeante que él mismo acababa de apuntar contra el _San
+Pablo_, porque este navío no se había apresurado a izar su pabellón.
+
+Esta era la bala que había matado a Carlos y a su esposa.
+
+--¡Ah! ¡qué suerte!--repuso Kernok viendo el pabellón inglés que se
+desarrollaba en lo alto de uno de los palos del _San Pablo_--, ¡qué
+suerte! se da a conocer... ¡y dice de qué país es! pero no me
+equivoco... un inglés; es un inglés, y el perro se atreve a señalarlo ¡y
+no tiene un cañón a bordo! ¡Zeli, Zeli!--gritó con voz de trueno--, haz
+largar todas las velas del brick y preparar los remos; dentro de media
+hora estaremos cerca de él. Usted, oficial, toque zafarrancho de
+combate, envíe a los hombres a sus piezas y distribuya los sables y las
+picas de abordaje.
+
+Después, lanzándose hacia una carronada:
+
+--¡Muchachos! si no me equivoco, ese navío llega del mar del Sud; en esa
+popa corta y achatada, en ese porte, reconozco una navío español o
+portugués que se dirige a Lisboa, ignorando sin duda que hemos declarado
+la guerra a los ingleses. ¡Allá él! Pero ese perro debe tener piastras
+en el vientre. Pronto lo veremos, ¡pardiez! ¡Muchachos! el casco sólo
+vale veinte mil piastras; pero, paciencia, _El Gavilán_ extiende su alas
+y bien pronto mostrará sus uñas. ¡Vamos, muchachos! ¡remad, remad
+firmes!
+
+Y animaba con la voz y con el gesto a los marineros que, encorvados bajo
+los largos remos del brick, doblaban la velocidad que le daba la brisa.
+
+Otros marineros se armaban precipitadamente de sables y puñales, y el
+maestro Zeli hacía disponer los garfios de abordaje.
+
+Kernok, después de haber tomado todas sus disposiciones, descendió al
+sollado y encerró a Melia que dormía en la hamaca.
+
+Todo estaba dispuesto a bordo de _El Gavilán_: el capitán del
+desgraciado _San Pablo_, creyendo que el brick de Kernok era un navío de
+guerra, sin dejar de gemir por la desgracia ocurrida a bordo, izó el
+pabellón inglés, esperando ponerse así bajo su protección.
+
+Pero cuando vio la maniobra de _El Gavilán_, cuya marcha era aún
+acelerada por los largos remos, no le quedó duda alguna y comprendió que
+se trataba de un corsario.
+
+Huir era imposible. A la débil brisa que soplaba por ráfagas, había
+sucedido una calma chicha, y los remos del pirata le daban una ventaja
+de marcha positiva. No había que pensar tampoco en defenderse. ¿Qué
+podían hacer los dos malos cañones del _San Pablo_ contra las veinte
+carronadas de _El Gavilán_, que enseñaban sus gargantas amenazadoras?
+
+El prudente capitán se puso, pues, al pairo, esperó los acontecimientos,
+ordenó a la tripulación que se prosternase de rodillas e invocase a San
+Pablo, el patrón del navío, que no podía dejar de manifestar su poder en
+una ocasión semejante.
+
+Y siguiendo el ejemplo del capitán, la tripulación dijo un _Páter_.
+
+Pero _El Gavilán_ avanzaba siempre.
+
+Dos _Ave_.
+
+Se oía ya el ruido de los remos que batían el agua cadenciosamente.
+
+Cinco _Credo_.
+
+¡Válgame Dios! es que la voz, la gruesa y terrible voz de Kernok
+resonaba en los oídos de los españoles.
+
+--¡Oh! ¡oh!--decía el pirata--, se pone al pairo, arría su pabellón, el
+bribón está atemorizado; ya es nuestro. Zeli, haz armar la chalupa y la
+canoa grande; yo voy a hacerme cargo de cómo está aquello.
+
+Y Kernok, poniéndose las pistolas a la cintura, y armándose de un largo
+cuchillo, se plantó de un brinco en la embarcación.
+
+--Y si es una emboscada, si el navío hace un solo movimiento--gritó al
+segundo--, forzad los remos y poneos a distancia de garfio.
+
+Diez minutos después, Kernok saltaba sobre el puente del _San Pablo_ con
+sus pistolas en la mano y el cuchillo entre los dientes.
+
+Pero lanzó una tal carcajada, que su excelente hoja le cayó de la boca.
+La causa de su risa era el ver al capitán español y a su tripulación
+arrodillada ante una grosera imagen de San Pablo, que se golpeaban el
+pecho reiteradamente. El capitán, sobre todo, besaba una reliquia con
+fervor siempre creciente, y murmuraba: «San Pablo, _ora pro nobis_...»
+
+Pero San Pablo ¡ay! no se daba por entendido.
+
+--Acaba con tus monerías, viejo cuervo--dijo Kernok cuando hubo acabado
+de reír--, y llévame a tu nido.
+
+--Señor, no entiendo--respondió temblando el desgraciado capitán.
+
+--¡Ah! es verdad--dijo Kernok--; tú no entiendes el francés.
+
+Y como Kernok poseía de todas las lenguas vivientes justamente aquello
+que se relacionaba y era necesario a su profesión, repuso
+socarronamente:
+
+--_El dinero, compadre._
+
+El español intentó balbucear aún un _no entiendo_.
+
+Pero Kernok que había agotado todos sus recursos oratorios, reemplazó el
+diálogo por la pantomima y le puso bajo la nariz el cañón de su pistola.
+
+A esta invitación, el capitán lanzó un profundo, un doloroso, un
+desgarrador suspiro, e hizo signo al pirata de que le siguiese.
+
+En cuanto al resto de la tripulación, los marineros del brick los habían
+agarrotado para que no les estorbasen en sus operaciones.
+
+La entrada del local, donde estaba depositado el dinero de don Carlos,
+se encontraba bajo la estera que cubría el piso. De modo que Kernok se
+vio obligado a pasar por la habitación donde yacían los restos
+sangrientos de los dos esposos. El pobre capitán apartó la vista y se
+puso la mano sobre los ojos.
+
+--¡Toma!--dijo Kernok dándole con el pie al cadáver--; ésta es la obra
+de Melia. ¡Pardiez! ¡hermosa labor! ¡Ah!... pero el _dinero_... el
+_dinero_, _compadre_, eso es lo importante.
+
+Abrieron el pañol; entonces Kernok estuvo a punto de desmayarse a la
+vista de centenares de toneles con aros de hierro, sobre cada uno de los
+cuales se leía: _Veinte mil piastras_ (cincuenta mil francos).
+
+--¡Es posible!--exclamó--. ¡Cuatro, cinco... quizá diez millones!
+
+Y en su alegría, abrazaba al segundo, abrazaba a los marineros, abrazaba
+al capitán español, abrazaba a todo el mundo, hasta los cadáveres
+ensangrentados de Carlos y de Anita.
+
+ * * * * *
+
+Dos horas después, una embarcación conducía a bordo de _El Gavilán_ los
+últimos toneles de dinero, resto de los despojos del _San Pablo_, donde
+Kernok había dejado a diez de sus hombres, la tripulación española
+agarrotada sobre el puente y el capitán amarrado al palo mayor.
+
+--Muchachos--dijo Kernok--, yo os doy esta noche _nopces et festin_,
+como se dice, y después, si sois juiciosos, una sorpresa.
+
+--¡Caray! ¡voto a tal! capitán, seremos juiciosos, juiciosos como
+vírgenes--dijo el maestro Zeli haciéndose el amable.
+
+
+
+
+IX
+
+ORGÍA
+
+Hic chorus ingens
+...Colit orgia.
+
+AVIENUS.
+
+--¡Vino! ¡voto a tal! ¡vino!
+
+Las botellas chocan entre sí, los frascos se rompen, los juramentos y
+los cantos estallan por todas partes.
+
+Es tan pronto el ruido sordo que hace un pirata borracho cayendo sobre
+el suelo, como la voz temblorosa de los que aun tienen el vaso en una
+mano y con la otra se agarran a la mesa.
+
+--¡Vino aquí, grumete, vino, o te aplasto!
+
+Y los hay que luchan entre ellos pie contra pie, frente contra frente.
+Se estrechan, se enlazan; el uno resbala y se cae; se oye el crujido de
+un hueso que se rompe, y las imprecaciones reemplazan a la risa.
+
+Otros están acostados ensangrentados, con el cráneo abierto, a los pies
+de alegres compañeros que cantan con voz de trueno una delirante canción
+báquica.
+
+Los de más allá, en el último grado del embrutecimiento y de la
+embriaguez, se entretienen en machacar entre dos balas la mano de un
+marinero a quien la borrachera ha matado.
+
+Y una porción de juegos más, a cual más original y delicado.
+
+Los gemidos, los gritos de rabia y de loca alegría se confunden y se
+acuerdan.
+
+El puente está enrojecido de sangre o de vino. ¡Qué importa! El tiempo
+huye rápido a bordo de _El Gavilán_: todo es locura, arrebato, delirio.
+De prisa, de prisa, gozad de la vida, que ella es corta. Los malos días
+son frecuentes; ¡quién sabe si el de hoy no tendrá mañana para vosotros!
+Divertíos, pues, asid el placer allá donde le encontréis.
+
+No es ese placer moderado, decente, de alas doradas y azules, que se
+parece a una joven tímida y dulce; ese placer delicado que gusta de
+sacudir su cabeza fresca y rubia ante los mil espejos de un _boudoir_, o
+de desflorar con sus labios rosados una copa llena de un licor helado;
+ese sibarita, en fin, que no quiere a su alrededor más que flores,
+perfumes y pedrería, mujeres jóvenes y amables, música melodiosa y vinos
+exquisitos. ¡No, pardiez! se trata de ese otro placer robusto y bestial,
+de ojo de sátiro, de risa de demonio, que llena las tabernas y los
+bodegones, que bebe y se emborracha, muerde y desgarra, golpea y mata y
+después rueda y se retuerce entre los restos de una comida grosera,
+lanzando una carcajada que parece el aullido de un chacal.
+
+De prisa, de prisa, gozad de la vida, porque os digo que es corta.
+Gozad, pues, de la vida a bordo de _El Gavilán_.
+
+Era ya noche cerrada; los faroles que guarnecían los empalletados
+esparcían una viva claridad sobre el puente del buque, que Kernok había
+hecho cubrir de mesas para festejar su afortunada presa.
+
+A la comida sucedieron las diversiones. El grumete Grano de Sal, después
+de haberse frotado de alquitrán de los pies a la cabeza, había
+encontrado conveniente revolcarse sobre un saco de plumas, de modo que,
+al salir de allí, parecía un volátil de dos pies, sin alas.
+
+Y qué placer el verle dar zancadas, voltear, saltar, danzar, enardecido
+por los aplausos de la tripulación, y excitado por los latigazos que el
+maestro Zeli le administraba de cuando en cuando para conservar su
+agilidad.
+
+Pero de pronto uno de aquellos hombres, un bromista, creo que era un
+alemán, queriendo que la fiesta fuese completa, aproximó una mecha
+encendida al penacho de estopa que se balanceaba con gracia sobre la
+frente de Grano de Sal...
+
+Después el fuego se comunicó de la estopa a los cabellos, de los
+cabellos a las plumas, y el acróbata improvisado, el desgraciado Grano
+de Sal, absorbió tanto calórico, que su piel se resquebrajó y crujió
+bajo su ardiente envoltura.
+
+Al principio todos reían, hasta derramar lágrimas, a bordo del
+_Gavilán_. Sin embargo, como el grumete lanzaba gritos espantosos, una
+buena alma, un alma compasiva, porque las hay en todas partes, lo agarró
+y lo arrojó al mar diciendo: «Voy a apagarlo.»
+
+Afortunadamente Grano de Sal nadaba como un salmón; e incluso tuvo la
+coquetería de prolongar el baño, paseándose alrededor del brick como un
+tritón o una náyade, a vuestra elección; por fin entró por la porta de
+popa, diciendo con su acostumbrado estoicismo: «Prefiero eso que haber
+sido quemado vivo; a pesar de todo, me he divertido de lo lindo.»
+
+Se oyó un tiro de pistola; después un grito penetrante salió de la
+cámara de Kernok; Zeli se precipitó hacia ella; no era nada, una
+miseria.
+
+Figuraos que Kernok, un poco excitado por el grog, había elogiado mucho
+su habilidad a Melia.
+
+--Te apuesto--le decía--que de un pistoletazo te hago saltar el cuchillo
+que tienes en la mano.
+
+Melia no dudaba de la habilidad de su amante, pero había querido eludir
+la prueba.
+
+--¡Cobarde!--había gritado Kernok--; ¡pues bien! para enseñarte, voy a
+romper el vaso en que bebes.
+
+Y diciendo esto había empuñado una pistola, y el vaso de Melia, roto por
+la bala, había saltado en mil pedazos.
+
+Cuando Zeli entró, Kernok, con la cabeza inclinada hacia atrás, y la
+pistola aún en la mano, reía del espanto de Melia, que, pálida y
+trémula, se había refugiado en un rincón de la cámara.
+
+--¡Y bien! Zeli--dijo el pirata--; ¡y bien! mi viejo lobo de mar, ¿tus
+señoritas se divierten por allá arriba?
+
+--Le respondo de ello, mi capitán; pero esas damas esperan la sorpresa.
+
+--¿La sorpresa? ¡Ah! es verdad; escucha...
+
+Y dijo dos palabras al oído de Zeli. Este retrocedió con aire de
+extrañeza, abriendo su enorme boca.
+
+--¡Cómo!... ¿Usted quiere...?
+
+--Claro que lo quiero. ¿No es una sorpresa?
+
+--Y famosa por cierto... Voy, capitán.
+
+Kernok subió también al puente con Melia. A su presencia se sucedieron
+nuevos gritos de alegría.
+
+--¡Hurra por el capitán Kernok, hurra por su mujer, hurra por _El
+Gavilán_!
+
+Un cohete partió del _San Pablo_, que estaba al pairo a dos tiros de
+fusil del brick. Después de describir una curva, cayó en una lluvia de
+fuego.
+
+--Capitán, ¿ha visto usted ese cohete?--dijo el segundo.
+
+--Ya sé lo que es, valiente mío. Vamos, vamos, muchachos, haced circular
+el ron y la ginebra. Un vaso para mí y otro para mi mujer.
+
+Melia quiso rehusar, pero, ¿cómo resistir a su dulce amigo?
+
+--¡Vivan los camaradas y los bravos hijos del capitán de _El
+Gavilán_!--dijo Kernok después de haber bebido.
+
+--¡Hurra!--contestó la tripulación en voz fuerte y sonora.
+
+La orgía había llegado a su apogeo. Los marineros se habían agarrado de
+la mano y daban vueltas con rapidez alrededor del puente, cantando a
+gritos las canciones más obscenas y más crapulosas.
+
+Bien pronto llegó el maestro Zeli con los diez hombres que Kernok había
+dejado antes a bordo del _San Pablo_.
+
+No quedaba a bordo del navío español más que sus tripulantes atados y
+agarrotados sobre el puente.
+
+--Todo está dispuesto--dijo Zeli--; cuando el segundo cohete parta,
+capitán, es que la mecha...
+
+--Está bien--dijo Kernok interrumpiéndole--. Muchachos, os he prometido
+una sorpresa si os portabais bien. Vuestro juicio y vuestra moderación
+han excedido a lo que yo esperaba; voy, pues, a recompensaros. Ya veis
+ese navío español: aparejado y equipado como está, vale muy bien...
+treinta mil piastras... ¡yo pago cuarenta mil, muchachos, yo! lo compro
+sobre mi parte de la presa, a fin de tener el placer de ofrecer a la
+tripulación de _El Gavilán_ un castillo de fuegos artificiales con
+acompañamiento de música. Ya se ha dado la señal. ¡Que cada uno ocupe el
+sitio que le agrade más!
+
+Y todos los tripulantes, al menos los que estaban en estado de servirse
+de piernas y de ojos, se agruparon en las cofas y en los obenques.
+
+El segundo cohete había partido del _San Pablo_ y el fuego comenzaba a
+desarrollarse...
+
+Esta era la sorpresa que Kernok preparaba a su gente; había enviado al
+maestro Zeli a bordo del navío español, para retirar la poca pólvora que
+pudiese quedar, disponer las materias combustibles en la cala y en el
+sollado y agarrotar lo más sólidamente posible a los desgraciados
+españoles, que no sospechaban nada.
+
+Era, pues, el _San Pablo_ que ardía; la noche era negra, el aire
+tranquilo, el mar como un espejo.
+
+De pronto, un humo negro y bituminoso salió por las escotillas del navío
+con numerosos haces de chispas.
+
+Y un grito penetrante... espantoso... que resonó a lo lejos, salió del
+interior del _San Pablo_, porque su tripulación veía la suerte que le
+estaba reservada.
+
+--Ya empieza la música--dijo Kernok.
+
+--Desafinan endiabladamente--respondió Zeli.
+
+Bien pronto el humo, de negro que era, se convirtió en rojo vivo y por
+fin cedió el sitio a una columna de llamas, que, elevándose en
+torbellinos de la escotilla principal, proyectó sobre las aguas un largo
+reflejo de color de sangre.
+
+--¡¡Hurra!!--gritaron los del brick.
+
+Después, el incendio aumentó; el fuego, saliendo de las tres escotillas
+a la vez, se unió y se extendió como una vasta cortina de fuego, sobre
+la cual la armadura y el cordaje del _San Pablo_ se dibujaban en negro.
+
+Entonces, los gritos de los españoles agarrotados en medio de aquel
+horno, fueron tan atroces que los piratas, como a pesar suyo, lanzaron
+aullidos salvajes para ahogar la voz desgarradora de aquellos
+infortunados.
+
+El incendio estaba entonces en toda su fuerza. Bien pronto las llamas
+corrieron a lo largo del aparejo; los palos, no estando ya sostenidos
+por las cofas, crujieron y cayeron sobre el puente con un estruendo
+horrible; por todas partes se veían jarcias incendiadas, y aquel
+inmenso foco de luz parecía aún más deslumbrante en medio de la noche
+sombría.
+
+Los españoles ya no gritaban...
+
+De pronto, la llama, hizo un amplio agujero en uno de los costados del
+buque, el palo mayor se abatió sobre el mismo lado, el _San Pablo_ dio
+una fuerte bandada, se inclinó sobre estribor, y el agua entró a
+borbotones en la cala.
+
+Poco a poco, el casco del navío se fue hundiendo, fuera del agua no
+quedaba más que el palo de mesana, el único que había quedado en pie,
+aislado sobre el agua, y que alumbraba como una antorcha fúnebre...
+después el palo desapareció para elevar un momento aún su blandón
+inflamado; pero bien pronto el agua se atorbellinó a su alrededor y no
+se vio más que un ligero humo rojizo, después nada... nada más que la
+inmensidad... la noche...
+
+--¡Toma! ya ha terminado--dijo Kernok--; el _San Pablo_ se nos ha
+llevado nuestro dinero.
+
+--¡Viva el capitán Kernok, que da tan hermosas fiestas a su
+gente!--gritó Zeli.
+
+--¡Hurra!--contestaron todos.
+
+Y los piratas, fatigados, se lanzaron sobre el puente; Kernok dejó a _El
+Gavilán_ al pairo hasta el amanecer, y fue a gustar de algunos instantes
+de reposo, con la satisfacción de un hombre opulento que se encierra en
+su alcoba después de haber dado una fiesta suntuosa a sus invitados.
+
+Después el pirata murmuró casi dormido ya:
+
+--Deben estar contentos, porque he hecho muy bien las cosas: ¡un navío
+de trescientas toneladas y tres docenas de españoles! creo que no se
+puede pedir más; sin embargo, no es conveniente que se acostumbren; eso
+va bien de cuando en cuando, porque, después de todo, es bueno reír un
+poco.
+
+
+
+
+X
+
+LA CAZA
+
+¡Away!... ¡Away!...
+
+BYRON.
+
+¡Adelante!... ¡Adelante!
+
+
+Todo dormía a bordo de _El Gavilán_; únicamente Melia había subido al
+puente, agitada por una vaga inquietud. Aunque la noche fuese aún
+sombría, un resplandor pálido que asomaba por el horizonte, anunciaba la
+proximidad del crepúsculo. Bien pronto, amplias fajas de un rojo vivo y
+dorado surcaron el cielo, las estrellas palidecieron y desaparecieron,
+el sol se anunció por un incendio lejano y luego se elevó lentamente
+sobre las aguas azules e inmóviles del Océano, que pareció cubrir de un
+velo de púrpura.
+
+La calma continuaba siendo completa y el brick permanecía en la misma
+situación que desde la noche. Melia meditaba sentada en un banco, con la
+cabeza oculta entre las manos; pero cuando la levantó, el día, ya
+bastante adelantado, le permitió distinguir todos los objetos que la
+rodeaban, y se estremeció de horror y de asco.
+
+Se veía a los marineros acostados entre los platos y los restos del
+festín de la noche, y todo en el desorden más completo; las brújulas
+derribadas, las jarcias y las cuerdas confusamente mezcladas, armas y
+vasos hechos añicos, toneles desfondados dejando correr sobre el puente
+ríos de vino y de aguardiente... Aquí, bravos camaradas dormidos, en las
+posiciones más extravagantes, y oprimiendo aún una botella de la que no
+quedaba más que el cuello, parecidos a esos fieros guerreros musulmanes,
+que, ya muertos, aun conservaban el puño de la daga. Allá, dormía un
+pirata con el cuello bajo la rueda del timón, de modo que, al menor
+movimiento de rotación, su cabeza debía quedar indefectiblemente
+destrozada.
+
+Un verdadero amanecer de orgía, ¡y de orgía de pirata!
+
+Melia comenzó por bendecir a la Providencia porque había protegido con
+tanta solicitud a toda aquella honrada sociedad, que el brick mecía
+sobre las aguas; porque, gracias a la incuria que de momento reinaba a
+bordo, si una tempestad se hubiese elevado durante la noche, todo se
+hubiera ido a rodar, _El Gavilán_, Kernok, la tripulación y los diez
+millones, ¡qué lástima!
+
+Por esto quería rezar. ¡La pobre joven encontraba a bordo tan pocas
+ocasiones de elevar su alma al Ser Supremo! Para rezar, se arrodilló y
+volvió involuntariamente los ojos hacia la línea vaporosa y azulada que
+ceñía el horizonte; pero no rezó. Su mirada, dejando de vagar, se fijó
+en un punto al principio incierto, pero que bien pronto pareció
+distinguir mejor; en fin, poniéndose las manos encima de las cejas, para
+aislarse mejor de los rayos del sol, permaneció un instante
+contemplativa, después sus facciones adquirieron una viva expresión de
+temor, y en dos saltos se plantó en la cámara de Kernok.
+
+--Estás loca--decía el pirata subiendo al puente con un paso aún pesado
+y vacilante--; pero si me has despertado por nada...
+
+--Mire--respondió Melia presentándole un anteojo con una mano, mientras
+que con la otra designaba un punto blanco que se veía en el horizonte.
+
+--¡Maldición!--gritó Kernok después de haber mirado atentamente, y llevó
+vivamente el aparato al ojo izquierdo--. ¡Mil rayos!
+
+Y frotó el vidrio del anteojo como para asegurarse de que veía
+claramente y de que ninguna ilusión de óptica le engañaba. No, no se
+engañaba...
+
+ * * * * *
+
+(Aquí un crescendo de todo lo que podáis escoger de más vigorosamente
+imprecativo en el glosario de un pirata.)
+
+Apenas este torrente de maldiciones y de juramentos hubo salido de su
+boca, Kernok se armó de un espeque. Un espeque es un palo de madera de
+unos cinco o seis pies de longitud y de cuatro pulgadas de
+circunferencia. El espeque sirve para maniobrar la artillería de a
+bordo. Kernok cambió provisionalmente este destino, porque empleó el
+suyo en despertar a la gente. Y los golpes de espeque, gloriosamente
+acompañados de juramentos capaces de pulverizar al buque, fueron cayendo
+como lluvia de granizo, tan pronto sobre el puente, como sobre los
+marineros dormidos. Así, cuando el capitán hubo acabado su ronda, casi
+todos los hombres estaban en pie, frotándose los ojos, la cabeza o la
+espalda, y preguntaban, dando unos bostezos horrorosos:
+
+--¿Qué pasa, pues?
+
+--¡Que qué pasa!--gritó Kernok con voz de trueno--; ¡que qué pasa,
+perros! pues que un barco de guerra; una corbeta inglesa que fuerza su
+aparejo para alcanzarnos... una corbeta que tiene sobre _El Gavilán_ la
+ventaja de la brisa, porque el viento es más fuerte allá abajo, y sólo
+nos llegará con ese inglés ¡que mal rayo parta!
+
+Y todas las miradas se volvieron hacia el punto que Kernok designaba con
+el extremo del anteojo.
+
+--¡Ocho, diez, quince portas!--exclamó--; una corbeta de treinta
+cañones; ¡muy bonito! y por añadidura, de la escuadra azul.
+
+Llamó a Zeli.
+
+--Oye, Zeli, no se trata de hacer tonterías; haz colocar los remos y
+ponerlo todo en orden lo más pronto posible; viremos en redondo y
+despejemos el campo; _El Gavilán_ no tiene el pico ni los espolones
+bastante duros para recrearse con semejante presa.
+
+Después echó mano de la bocina:
+
+--¡Cada uno a su sitio para largar las gavias y los foques! ¡En línea
+para largar los juanetes y los contrajuanetes, a aparejar las barrederas
+altas y las bajas! y vosotros, muchachos, a los remos; si podemos tomar
+el viento, _El Gavilán_ no tiene nada que temer. Ya sabéis ¡pardiez! que
+tenemos diez millones a bordo. ¡De modo que, elegiréis entre ser
+colgados en las vergas del inglés, o entre volver a Saint-Pol con los
+bolsillos llenos, a beber grog y a hacer bailar a las muchachas!
+
+La tripulación le comprendió perfectamente; la alternativa era
+inevitable; así, gracias a las velas de que estaba cargado y a sus
+vigorosos remeros, _El Gavilán_ comenzó a hacer tres nudos.
+
+Pero Kernok no se engañaba sobre la marcha de su buque; veía bien que la
+corbeta inglesa tenía sobre él una ventaja real, puesto que venía con el
+viento. Por lo tanto, obrando como un capitán prudente, ordenó hacer
+zafarrancho de combate, abrir el pañol de la pólvora, llenar los
+depósitos de balas, subir al puente las picas y las hachas de abordaje,
+velando en todo con una actividad increíble y pareciendo multiplicarse.
+
+La corbeta inglesa avanzaba, avanzaba siempre...
+
+Kernok hizo llamar a Melia, y la dijo:
+
+--Querida amiga, probablemente se calentará el horno; vas a bajar
+inmediatamente a la cala, sin menearte más que lo haría un cañón sobre
+su afuste... ¡Ah! y a propósito, si notas que el brick hace algún
+movimiento y desciende, es que nos vamos a fondo. Ya me comprendes... y
+más bien espero eso que no ver a una marsopla fumar en pipa. Vamos basta
+de lloros, bésame, y que no vuelva a verte hasta después del baile, si
+es que no dejo la piel.
+
+Melia se puso talmente pálida, que se la hubiera podido tomar por una
+estatua de alabastro...
+
+--Kernok... déjeme a su lado--murmuró, y arrojó sus brazos al cuello del
+pirata, que se estremeció un momento y después la rechazó.
+
+--¡Vete!--exclamó--; ¡vete!
+
+--¡Kernok!... ¡déjame velar por tu vida!--dijo echándose a sus pies.
+
+--Zeli, líbrame de esta loca y bájala a la cala--dijo el pirata.
+
+Y como fuese a apoderarse de Melia, ella se desprendió violentamente, y
+se aproximó a Kernok, con el color animado y la vista brillante.
+
+--Al menos--dijo--, toma este talismán; póntelo y protegerá tu vida
+durante el combate; su efecto es cierto; fue mi abuela quien me lo dio.
+Ese mágico talismán es más fuerte que el destino... Créeme, póntelo.
+
+Y ella tendía a Kernok un saquito suspendido de un cordón negro.
+
+--¡Atrás esa loca!--dijo Kernok encogiéndose de hombros--; ¿me has oído,
+Zeli? ¡a la cala!
+
+--Si tú mueres, que sea por tu voluntad; pero al menos yo compartiré tu
+suerte. Ahora, nada, nada en el mundo protegerá mi vida; ¡vuelvo a ser
+mujer como tú eres hombre!--exclamó Melia que arrojó el saquito al mar.
+
+--¡Excelente muchacha!--dijo Kernok siguiéndola con la vista mientras
+que dos marineros la bajaban al sollado por medio de una silla atada a
+una larga cuerda.
+
+Y la corbeta inglesa se aproximaba siempre...
+
+Zeli se aproximó a Kernok.
+
+--Capitán, la corbeta nos toma la delantera.
+
+--¡Bien lo veo, viejo tonto! nuestros remos no hacen nada y fatigan
+inútilmente a los hombres; hazlos retirar, cargar los cañones con dos
+balas, colocar los garfios de abordaje, los pedreros en las gavias. Haz
+también arriar las barrederas; si la brisa nos ayuda, nos batiremos
+sobre las gavias; es el mejor portante de _El Gavilán_.
+
+Cuando la maniobra fue ejecutada, Kernok arengó a sus hombres en la
+siguiente forma:
+
+--Muchachos, he ahí una corbeta que tiene las costillas sólidas;
+estrecha tan de cerca a _El Gavilán_, que no podemos esperar escaparnos
+de ella; además, tampoco es necesario. Si nos hacen prisioneros, seremos
+colgados; si nos entregamos, también; combatamos, pues, como bravos
+marineros, y quién sabe si, como dice el proverbio, apretando los
+talones, salvaremos los calzones. ¡Voto a tal! muchachos, _El Gavilán_
+ha echado a pique a un gran buque sardo de tres palos en las costas de
+Sicilia, después de dos horas de combate; ¿por qué ha de temer a esa
+corbeta del pabellón azul? Pensad también que tenemos diez millones que
+conservar. ¡Pardiez! ¡muchachos, diez millones, o la cuerda!
+
+El efecto de esta peroración fue inmediato, y toda la tripulación gritó
+a la vez:
+
+--¡Hurra! ¡Muerte a los ingleses!
+
+La corbeta se hallaba entonces tan próxima que se distinguían
+perfectamente sus amuras y su aparejo.
+
+De pronto se elevó una ligera humareda, brilló un relámpago, resonó un
+ruido sordo y una bala silbando pasó cerca del bauprés de _El Gavilán_.
+
+--La corbeta empieza a hablar--dijo Kernok--, es nuestro pabellón el que
+quiere ver, ¡la curiosa!
+
+--¿Cuál hay que izar?--preguntó Zeli.
+
+--Este--contestó Kernok--, porque hay que ser galante.
+
+Y empujó con el pie una vieja chaqueta de marinero, cubierta de manchas
+de vino y de alquitrán.
+
+--¡Es raro!--dijo el contramaestre, y el guiñapo subió majestuosamente
+hasta lo alto de la driza.
+
+Se supone que la broma pareció un poco pesada a los de la corbeta,
+porque dos cañonazos partieron casi inmediatamente y las balas hicieron
+bastantes destrozos en el aparejo de _El Gavilán_.
+
+--¡Oh! ¡oh! ya nos incomodamos... no hay que hacerse de rogar--dijo
+Kernok--. ¡A mí, Melia!--y se precipitó sobre la culebrina que él había
+bautizado con este nombre, tomó medidas y apuntó--: ¡Ahí va eso!--e hizo
+jugar la batería.
+
+--¡Bravo!--exclamó cuando el humo se hubo disipado y pudo apreciar el
+efecto del disparo--, ¡bravo! Mira, Zeli, mira, ya tiene su mastelero de
+foques destrozado: esto promete, muchachos, esto promete; pero es cuando
+_El Gavilán_ le arañe sus costados con los garfios de abordaje, cuando
+reirá el inglés.
+
+--¡Hurra, hurra!--gritó la tripulación.
+
+La corbeta no respondió al disparo de Kernok, reparó prontamente sus
+averías, y se dejó ir sobre el corsario.
+
+ * * * * *
+
+Entonces estaba tan cerca, que se oían las voces de mando de los
+oficiales ingleses.
+
+--Muchachos, a vuestras piezas--dijo Kernok precipitándose hacia un
+banco con la bocina en la mano--; a vuestras piezas, y ¡voto a tal! no
+hagáis fuego sin que os lo manden.
+
+
+
+
+XI
+
+EL COMBATE
+
+¡El abordaje!... ¡El abordaje!...
+Unos se suspenden de las jarcias,
+otros se lanzan hacia los
+obenques.
+
+VÍCTOR HUGO, «_Navarin_».
+
+
+--¡Maestro Durand, balas!--¡Maestro Durand, acaba de declararse una vía
+de agua!--¡Maestro Durand, mi cabeza, mi brazo, mire cómo sangra!
+
+Y el nombre del maestro Durand, el artillero-cirujano-calafate de a
+bordo, resonaba desde el puente a la cala, dominando el ruido y el
+tumulto inseparables de un combate tan encarnizado como el que se
+libraba entre la corbeta y el brick; y, en efecto, a cada andanada que
+enviaba, _El Gavilán_ temblaba y crujía en su armazón, como si hubiese
+estado a punto de abrirse.
+
+--¡Maestro Durand, balas!--¡La vía de agua!--¡Mi pierna!--repetían voces
+confusas.
+
+--Pero ¡con mil diablos! un instante; no puedo hacerlo todo; llevar
+balas arriba, reparar abajo una avería, curar vuestras heridas... Es
+preciso empezar por lo primero, y después se ocuparán de vosotros,
+montón de vocingleros; porque, ¿para qué sois buenos ahora? sois tan
+inútiles como una verga sin velas y sin relingas.
+
+--¡Maestro, balas! ¡pronto, balas!
+
+--¡Balas! ¡santo Dios, qué cañonazos! si vais tan de prisa durante un
+cuarto de hora, las gargantas de nuestros cañones se secarán pronto.
+Tomad, hijos míos, y cuidadlas bien, son las últimas.
+
+Entonces el señor Durand abandonó el saco de artillero para tomar el
+martillo del calafate, y se precipitó hacia la bodega para tapar la vía
+de agua.
+
+--¡Voto a tal! sufro mucho--decía el maestro Zeli.
+
+Estaba tendido en tierra en el fondo del sollado, iluminado apenas por
+un farol cuidadosamente cerrado; el muslo derecho estaba casi separado
+del tronco; en cuanto al izquierdo, una bala se lo había llevado.
+
+A su alrededor gemían otros heridos, confundidos todos sobre el suelo,
+esperando que el señor Durand pudiese abandonar el martillo por el
+cuchillo.
+
+--¡Voto a tal! tengo sed--continuó el maestro Zeli--; me siento débil;
+apenas si oigo hablar nuestros cañones; ¿es que están constipados?
+
+Al contrario, las andanadas eran más fuertes y más frecuentes que nunca;
+lo que ocurría es que el oído del maestro Zeli estaba ya debilitado por
+la proximidad de la muerte.
+
+--¡Oh! tengo sed--dijo--y frío, ¡yo que tanto calor tenía hace un
+momento!
+
+Después, volviéndose a un compañero:
+
+--Fíjate tú, polaco, ¿es que quieres quedarte tieso como ese que tienes
+al lado? ¡Oh! ¡el cochino! ¡qué feo es! ¡Toma! ahora pone los ojos en
+blanco.
+
+Era uno que expiraba en las últimas convulsiones de la agonía.
+
+--Durand, ¿vendrás de una vez?--gritó de nuevo Zeli--; ven a ver mi
+pierna, viejo mío.
+
+--Al instante estoy para ti; otro martillazo nada más, y la avería que
+tenemos en la línea de flotación habrá desaparecido del todo... Bueno,
+ya te ha llegado el turno; ¿es que no somos cuñados?
+
+--Sí, un poco--respondió Zeli.
+
+El señor Durand descolgó el farol y lo aproximó al maestro Zeli que
+esbozó una entre mueca y sonrisa, muy orgulloso de la sorpresa que iba a
+dar a Durand.
+
+--¡Toma!--dijo el cirujano-calafate-artillero--, ¿dónde está tu otra
+pierna, farsante?
+
+--Allá arriba, sobre el puente, quizás aún... Vamos, desembarázame de
+ésta, porque me incomoda mucho. Parece que me han atado una bala de
+treinta y seis al pie. ¡Oh! y tengo sed, siempre sed.
+
+Mientras examinaba la pierna del maestro Zeli, el señor Durand sacudió
+tres o cuatro veces la cabeza y silbó, muy bajo, es verdad, el aire del
+_Botón de rosa_, para acabar diciendo:
+
+--Estás... fastidiado, viejo mío.
+
+--¡Ah! pero, ¿de veras?
+
+--Sí, sí.
+
+--Entonces, si tú eres un buen muchacho, toma mi pistola y levántame la
+tapa de los sesos.
+
+--Iba a proponértelo.
+
+--Gracias.
+
+--¿No tienes ningún encargo que hacerme?
+
+--No. ¡Ah! sí; toma mi reloj; se lo darás a Grano de Sal.
+
+--Bien. Vamos...
+
+--¡Ah! me olvidaba; si el capitán no revienta allá arriba, dile de mi
+parte que ha mandado como un valiente.
+
+--Bien. Vamos...
+
+--¿De modo que tú crees que estoy lo que se llama...?
+
+--Sí, a fe de hombre, y ya comprenderás que yo no querría hacer una mala
+partida a un amigo.
+
+--Es verdad. Pero a pesar de eso siempre... Brrr... ¡Qué frío! Casi no
+puedo hablar... Me parece que mi lengua pesa tanto como un pedazo de
+plomo. Toma, ahora estoy mareado... Adiós, viejo. Otro apretón de
+manos... Vamos, ¿estás dispuesto?
+
+--Sí.
+
+--Perfectamente. ¡Fuego! eso me curará...
+
+Cayó.
+
+--Pobre b...--dijo el señor Durand.
+
+Esta fue la oración fúnebre del maestro Zeli.
+
+El señor Durand hubiera deseado quizá terminar todas sus operaciones tan
+caballerescamente, pero sus otros clientes, espantados de la violencia
+del tópico, que había, no obstante, dado tan buenos resultados en el
+maestro Zeli, prefirieron emplasto de estopa y de grasa, que el honrado
+doctor aplicaba indistintamente a todo y para todo, con un suplemento
+de consuelos para los moribundos. Tan pronto era: «¡Bah! Después de
+nosotros, el fin del mundo». O bien: «La próxima campaña debía ser ruda,
+el invierno frío, el vino malo»; y una multitud de otras gracias
+destinadas a endulzar los últimos momentos de los pobres piratas, que
+tenían el cuidado de abandonar una honorable existencia sin saber
+demasiado a dónde iban.
+
+El señor Durand fue interrumpido bruscamente en sus cuidados
+espirituales y temporales por Grano de Sal, que cayó como una bomba en
+medio de siete agonizantes y de once muertos.
+
+--¿Vienes a estorbarme en mi trabajo, perro?--dijo el doctor.
+
+Y el grumete recibió con esta admonición una bofetada que hubiera
+abrumado a un rinoceronte.
+
+--No, maestro Durand; al contrario, es que piden municiones allá arriba,
+porque acaban de enviar la última granada; y no crea usted, la corbeta
+inglesa ha quedado rasa como un pontón, pero sigue haciendo un fuego de
+mil demonios... ¡Ah! Mire, una bala se me ha llevado un dedo. Vea usted,
+maestro Durand...
+
+--¿Y quieres que yo pierda el tiempo en mirar tu rasguño, bribón, perro?
+
+--Gracias, señor Durand; lo cierto es que vale más eso, que tener un
+brazo de menos--dijo Grano de Sal envolviendo precipitadamente en estopa
+lo que le quedaba del dedo--. Pero mire--añadió--, ahí llega un
+parroquiano, maestro.
+
+Era un herido que descendía al sollado; como estaba mal atado, cayó
+sobre el suelo, quedando muerto.
+
+--Otro que ya está curado--dijo el maestro Durand que estaba absorto
+pensando cómo remediar la falta de balas.
+
+--¡Municiones!... ¡municiones!--gritaban muchas voces con un acento de
+terror.
+
+--¡Voto a tal! ¡aun cuando debiéramos cargar los cañones con grumetes,
+se hará fuego contra los ingleses!--exclamó el maestro Durand subiendo
+rápidamente al puente.
+
+Grano de Sal le siguió, no sabiendo si la intención que el doctor había
+manifestado de emplearle como proyectil, era una broma o no. Pero, fiel
+a su sistema de consolarse, se dijo:
+
+--Preferiría eso a ser colgado por los ingleses.
+
+
+
+
+XII
+
+SIGUE EL COMBATE
+
+¡Silencio! todo ha terminado, todo
+se lo ha tragado el abismo. La espuma
+de los altos mástiles ha cubierto la cima.
+
+VÍCTOR HUGO, «_Navarin_».
+
+
+--¡Y bien! ¡o vienen balas, o somos hundidos como perros!--gritó Kernok
+al maestro Durand tan pronto como le vio aparecer sobre el puente.
+
+--¡No queda ni una!--dijo el doctor rechinando los dientes.
+
+--¡Que mil millones de rayos se lleven al brick! ¡y no tener nada, nada,
+para recibir a los ingleses que van a abordarnos! ¡Mira! ¡voto a tal!
+¡mira!...
+
+Y diciendo esto, Kernok empujó a Durand contra el empalletado, que caía
+a pedazos. En efecto, aunque la corbeta estuviese horriblemente
+averiada, se adelantaba viento en popa sobre el brick con un jirón de
+vela de su mesana, mientras que _El Gavilán_, que había perdido todas
+sus velas, no podía evitar el abordaje que el inglés quería intentar, y
+que había de serle ventajoso porque eran más.
+
+--¡Ni una bala! ¡ni una bala! ¡San Nicolás! ¡Santa Bárbara, y todos los
+santos del calendario, si no venís en mi auxilio--gritó Kernok en un
+estado de espantosa exasperación--, juro hacer añicos vuestras
+hornacinas del mismo modo que rompo este compás! ¡Y que un rayo me
+pulverice si queda piedra sobre piedra de una sola de vuestras capillas
+en toda la costa de Pempoul!
+
+Y el pirata, echando espumarajos por la boca, había arrojado contra el
+suelo una brújula.
+
+Parece que los santos que Kernok implorara tan brutalmente, quisieron
+portarse como corresponde a gente canonizada. Los hombres hubieran
+castigado al temerario; los semidioses acudieron en su auxilio,
+demostrando así que su creencia etérea era superior a nuestras
+inteligencias estrechas y rencorosas.
+
+Así, apenas Kernok había terminado su singular y horrible invocación,
+que, herido por una idea súbita, por una idea de las alturas, quizás,
+exclamó rugiendo de alegría:
+
+--¡Las piastras!... ¡voto a tal! muchachos, ¡las piastras!... carguemos
+nuestras piezas hasta la boca: esa metralla vale tanto como la otra. El
+inglés quiere moneda; la tendrá, y bien caliente, tanto que, saliendo de
+nuestros cañones, parecerán más bien lingotes de bronce que buenos
+escudos de España... ¡Subid las piastras!... ¡las piastras!
+
+Esta idea electrizó a la tripulación. El maestro Durand se precipitó
+hacia el pañol y bien pronto aparecieron tres barriles sobre el puente,
+unos ciento cincuenta mil francos aproximadamente.
+
+--¡Hurra! ¡Muerte a los ingleses!--gritaron los diez y nueve piratas que
+quedaban en estado de combatir, ennegrecidos por la pólvora y por el
+humo, y desnudos hasta la cintura para maniobrar con más facilidad.
+
+Y una especie de alegría feroz y delirante los exaltó.
+
+--Esos perros de ingleses no podrán decir que somos avaros--exclamó
+uno--; porque esa metralla les pagará con creces el cirujano que les
+cura.
+
+--Ya se ve que combatimos con una dama. ¡Voto a tal! ¡cuánta galantería!
+¡balas de plata!...--dijo otro.
+
+--Yo no pediría más que una carga como esa para divertirme en
+Saint-Pol--añadió un tercero.
+
+Y efectivamente, echaban el dinero en los cañones a puñados, hasta
+ahogarlos. De este modo pasaron cincuenta mil escudos.
+
+Apenas todas las piezas estuvieron cargadas, cuando la corbeta, que se
+encontraba cerca del brick, maniobró de modo de meter su bauprés en los
+obenques de _El Gavilán_; pero Kernok, por un movimiento hábil, evitó el
+choque y luego se dejó derivar por el inglés.
+
+A dos tiros de pistola, la corbeta envió su última andanada, porque ella
+también había agotado sus municiones; también se había batido bravamente
+y también había hecho prodigio de valor durante las dos horas del
+encarnizado combate. Desgraciadamente, el oleaje impidió a los ingleses
+apuntar bien, y toda su andanada pasó por encima del corsario, sin
+hacerle daño.
+
+Un marinero del brick hizo fuego antes de la orden.
+
+--¡Perro aturdido!--exclamó Kernok, y el pirata rodó a sus pies, abatido
+de un hachazo.
+
+--Sobre todo--añadió--, no hagáis fuego hasta que estemos casi
+tocándonos; en el momento en que los ingleses vayan a saltar sobre
+nuestro puente, nuestros cañones les escupirán en el rostro, y ya veréis
+cómo eso les molesta; ¡estad seguros!
+
+En aquel instante mismo, los dos navíos se abordaron. Los tripulantes
+ingleses que quedaban estaban en los obenques y sobre los empalletados,
+con el hacha a punto, el puñal entre los dientes, prestos a lanzarse de
+un brinco sobre el puente del brick.
+
+Un gran silencio reinaba a bordo de _El Gavilán_.
+
+--_Away! goddam, away! lascars_--gritó el capitán inglés, hermoso joven
+de veinticinco años que, habiendo perdido las dos piernas, se había
+hecho meter en un barril de salvado, para contener la hemorragia y poder
+mandar hasta el último momento--. _Away! goddam!_--repitió.
+
+--¡Fuego, ahora, fuego sobre el inglés!--aulló Kernok.
+
+Entonces todos los ingleses se lanzaron sobre el brick.
+
+Los doce cañones de estribor les vomitaron en la cara una granizada de
+piastras, con un estruendo espantoso.
+
+--¡Hurra!--gritaron los piratas.
+
+Cuando el espeso humo se hubo disipado y se pudo apreciar el efecto de
+aquella andanada, no se vio ya a ningún inglés, a ninguno... Todos
+habían caído al mar o sobre el puente de la corbeta, todos estaban
+muertos o espantosamente mutilados. A los gritos del combate sucedió un
+silencio sombrío e imponente; y aquellos diez y ocho hombres, únicos
+supervivientes, aislados en medio del Océano, rodeados de cadáveres, no
+se miraban sin cierto espanto.
+
+El mismo Kernok fijaba los ojos con estupor en el tronco informe del
+capitán inglés; porque la metralla se le había llevado un brazo. Sus
+hermosos cabellos rubios estaban teñidos de sangre; no obstante, la
+sonrisa aparecía en sus labios... Es que había muerto sin duda pensando
+en ella, en ella que, bañada en lágrimas, vestiría largos hábitos de
+luto al saber su glorioso fin. ¡Afortunado joven! Tenía quizá también a
+su anciana madre para llorarle, para llorar al que había mecido en sus
+brazos cuando niño. ¡Era quizás un porvenir brillante que se malograba,
+un nombre ilustre que se extinguía en él! ¡Qué pesar debía producir su
+muerte! ¡Cuánto debían llorarle! ¡Dichoso, tres veces dichoso joven!
+¡qué no debía a la culebrina de Kernok! con una bala había hecho un
+héroe llorado en los tres reinos. ¡Qué hermosa invención la de la
+pólvora!
+
+Tal debía ser, poco más o menos, el resumen de las reflexiones de
+Kernok, porque permaneció risueño y tranquilo a la vista de aquel
+horrible espectáculo.
+
+Sus marineros, al contrario, se habían mirado largo rato con una especie
+de extrañeza estúpida. Pero, pasado este primer movimiento, el natural
+indiferente y brutal se adueñó otra vez de ellos, y todos, en un
+impulso espontáneo, gritaron:
+
+--¡Hurra! ¡Viva _El Gavilán_ y el capitán Kernok!
+
+--¡Hurra! ¡muchachos!--dijo él--. Y bien, ya lo veis; _El Gavilán_ tiene
+el pico duro; pero ahora hay que pensar en reparar las averías. Según mi
+estima, debemos estar por el lado de las Azores. La brisa fresquea;
+vamos, muchachos, limpiemos el puente. Y en cuanto a los heridos... en
+cuanto a los heridos--repitió golpeando maquinalmente el empalletado con
+su hacha--, les harás llevar a la corbeta, maestro Durand--dijo
+bruscamente.
+
+--¿Para...?--preguntó éste con aire interrogativo.
+
+--Ya lo sabrás--respondió Kernok con aire sombrío, frunciendo sus
+espesas cejas.
+
+El maestro Durand fue a cumplir las órdenes del capitán, murmurando:
+
+--¿Qué querrá hacer? Es raro...
+
+--¡Aquí, grumete!--gritó Kernok a Grano de Sal que estaba enjugando con
+aire de tristeza el reloj que le había legado el maestro Zeli, porque
+estaba cubierto de sangre.
+
+El marmitón levantó la cabeza; las lágrimas brillaban en sus ojos.
+Avanzó hacia el terrible capitán, pero sin el menor temor. Una idea fija
+le dominaba, y era el recuerdo de la muerte de Zeli, al cual era bien
+adicto.
+
+--Vas a bajar a la cala y decir a mi mujer que puede venir a besarme:
+¿oyes?--dijo Kernok.
+
+--Sí, capitán--respondió Grano de Sal; y una gruesa lágrima cayó sobre
+el reloj.
+
+En el acto desapareció por la escotilla.
+
+Kernok subió con agilidad a las gavias y examinó el aparejo con la más
+escrupulosa atención; las averías eran numerosas, pero no inquietantes,
+y con la ayuda de los palos y de las vergas de recambio, comprendió que
+podría continuar su ruta y llegar al puerto más inmediato.
+
+Grano de Sal volvió a subir al puente, pero solo.
+
+--¡Y bien!--dijo Kernok--; ¿dónde está mi mujer, animal?
+
+--Capitán, es que...
+
+--¿Qué es? ¿hablarás, perro?
+
+--Capitán... está en la cala...
+
+--Ya lo sé. ¿Por qué no ha subido, bribón?
+
+--¡Ah! ¡caramba! capitán... es que está muerta...
+
+--¡Muerta! ¡muerta!--dijo Kernok palideciendo; y por la primera vez su
+rostro expresó el dolor y la angustia.
+
+--Sí, capitán, muerta, muerta por una bala que ha entrado por debajo de
+la línea de flotación; y lo más raro es que el cuerpo de la señora ha
+tapado justamente el agujero que el cañonazo había hecho, sin lo cual el
+agua hubiese entrado y el brick se habría ido a pique. De todos modos,
+la señora ha salvado a _El Gavilán_, y vale más eso que...
+
+Grano de Sal, que había bajado los ojos al comenzar su narración, no
+pudiendo sostener la mirada chispeante de Kernok, se aventuró a levantar
+la cabeza.
+
+Kernok ya no estaba allí; se había precipitado en la cala, y miraba,
+con los ojos secos, los brazos cruzados, los puños convulsivamente
+apretados; porque, según la relación del grumete, la cabeza y una parte
+de la espalda de Melia, empotradas en el agujero producido por la bala,
+habían impedido al proyectil ir más lejos.
+
+¡Pobre Melia! hasta la muerte había sido útil a su Kernok.
+
+El pirata permaneció solo unas dos horas, encerrado en la cala al lado
+de los restos de Melia. Allí desahogó su dolor, porque cuando subió al
+puente, su rostro estaba impasible y frío. Solamente, un poco antes de
+su regreso, un grito doloroso se había oído y una masa informe había
+desaparecido entre las aguas. Era el cadáver de Melia.
+
+Durante este tiempo, el maestro Durand había hecho conducir los heridos
+a bordo de la corbeta inglesa.
+
+--Pero, ¿por qué no nos dejan a bordo del brick?--preguntaban con
+insistencia al buen doctor.
+
+--Hijos míos, yo no sé nada; tal vez porque aquí son mejores los aires,
+y en las heridas graves hay que cambiar de aires, ya se sabe.
+
+--Pero, maestro Durand, vea usted que se llevan para el brick todos los
+palos y todas las vergas de recambio de la goleta. ¿Cómo vamos, pues, a
+navegar?
+
+--Quizá por el vapor--respondió el señor Durand, que no podía resistir
+el placer de hacer un chiste.
+
+--¡Cómo! Usted se va, maestro Durand, y vosotros también, camaradas. ¿Y
+nosotros? ¿y nosotros?... ¡Maestro Durand!... ¡Maestro Durand!
+
+Así decían los heridos, bastante fuertes para gritar, pero no para
+andar, viendo al señor Durand y a sus compañeros que se embarcaban en la
+canoa.
+
+--Lo más probable es que no sea para hacernos tomar el aire para lo que
+nos envían aquí--dijo un parisiense que tenía un brazo de menos y un
+balazo en la columna vertebral.
+
+--¡Pues bien! ¿para qué nos han enviado aquí, parisiense?--preguntaron
+muchas voces con inquietud.
+
+--¿Para qué?... con objeto de que reventemos aquí, mientras ellos se
+reparten nuestra parte de presa. ¡Eso está muy mal hecho! Unicamente, si
+hubieran tenido un poco de corazón, habrían hecho un agujero en la cala
+para que nos hundiésemos... en lugar de dejarnos aquí para que nos
+devoremos como fieras. Esto será por el estilo del _Colin_ que yo vi en
+el Mont-Thabor, en casa del señor Franconi--aquí su voz comenzaba a
+debilitarse--, porque acabo de oírles decir que ya no quedan víveres a
+bordo de la corbeta, y a eso se debe principalmente el que nos hayan
+dejado de lado. Sin embargo, es sensible morir cuando se es rico; porque
+con mi parte de la presa, me hubiera divertido de lo lindo en París...
+¡Dios! ¡la Cabaña!... ¡el Vauxhall!... ¡el Ambigú!... ¡y las señoritas!
+¡Ah! sí, ¡es mortificante! porque ahora, en el tiempo de atar un gratel
+ya estaré cocido... ya no tengo sensación en las piernas... Es por
+vosotros por quienes lo siento... porque vosotros no sois muy tiernos,
+corderos míos... Estaréis endiabladamente duros, y para comeros hará
+falta una famosa salsa...
+
+Sus restantes palabras no pudieron entenderse, y cinco minutos después
+estaba muerto. El parisiense había adivinado la verdad; es imposible dar
+cuenta de las maldiciones de que Kernok y demás cofrades fueron objeto.
+Un herido inglés, que conocía el francés, comunicó a sus compañeros el
+destino que les esperaba. El barullo aumentó, y cada uno juraba y
+blasfemaba en su lengua. ¡Vaya un barullo! un barullo capaz de despertar
+a un canónigo. Pero todos aquellos desgraciados estaban demasiado
+gravemente heridos para poder levantarse; y, además, carecían de
+botes...
+
+Hubo muchos que, rodando, se dejaron ir hasta los empalletados, y de
+allí se arrojaron al mar, preveyendo todo el horror de la suerte que
+estaba destinada a sus compañeros.
+
+--Ya se han quedado allí--dijo el maestro Durand a Kernok cuando hubo
+vuelto a bordo.
+
+--Bien--respondió Kernok--; la brisa sopla del Sud. Con esta mesana por
+vela y los juanetes en lugar de las gavias, podemos continuar la ruta.
+Orienta hacia el NNE.
+
+--¿Así--dijo el maestro Durand mostrando la corbeta que se balanceaba
+desmantelada--, abandonamos a esos pobres diablos?
+
+--Sí--respondió Kernok.
+
+--Pues no deja de ser un procedimiento bien poco delicado.
+
+--¡Ah! es verdad... ¿Sabes los víveres que nos quedan a bordo, gracias
+al festín que os he dado, salvajes? ¡Pues bien! no nos queda más que
+una caja de galleta, tres toneladas de agua y una caja de ron; porque en
+un día habéis echado a perder los víveres de tres meses.
+
+--Tanta culpa es de los de aquí, como de los que quedan allá.
+
+--Me... río; tenemos aún, quizá, ochocientas leguas que hacer y diez y
+ocho hombres que mantener; además, éstos deben ser los primeros, porque
+se hallan en estado de trabajar.
+
+--Los que deja usted en la corbeta van a reventar como perros o a
+comerse los unos a los otros; porque mañana, pasado mañana... tendrán
+hambre.
+
+--Me... río, ¡que revienten! Vale más que sean los que están medio
+muertos que no nosotros, que aun tenemos mucho que hacer.
+
+Los marineros del brick oían esta conversación y comenzaron a murmurar:
+
+--No queremos abandonar a nuestros camaradas.
+
+Kernok paseó sobre ellos su mirada de águila, puso su hacha bajo el
+brazo, se cruzó las manos a la espalda y dijo con voz imperiosa:
+
+--¿Eh? vosotros... ¿no queréis...?
+
+Se hizo un profundo silencio.
+
+--¡Sois unos animales bien singulares!--exclamó--. Sabed, pues,
+canallas, que estamos a ochocientas millas de tierra; que hemos de
+contar al menos con quince días de navegación, y que si guardamos los
+heridos a bordo se beberán toda nuestra agua y nos harán tanto servicio
+como los remos a un navío de tres puentes.
+
+--Eso es verdad--interrumpió el artillero-cirujano-calafate--, nada
+bebe tanto como un herido; son lo mismo que los borrachos, siempre
+tienen la boca seca.
+
+--Y cuando estemos sin agua y sin galleta, ¿será el señor Kernok el que
+os dará lo que falte? Nos veremos obligados a comer nuestra carne y a
+beber nuestra sangre, como tendrán que hacer ellos; ¡vaya un alimento
+perro! Eso os tienta, ¿no es cierto, bergantes?... mientras que si
+tratamos de arribar a Bayona o a Burdeos, podemos ver de nuevo Francia y
+vivir como buenos burgueses con nuestra parte de presa, que no será
+pequeña, puesto que también nos repartiremos la de esos...--añadió
+Kernok designando a los heridos de la corbeta.
+
+Este argumento calmó victoriosamente los últimos escrúpulos de los
+recalcitrantes.
+
+--En fin--terminó Kernok--, esto será así porque yo lo quiero; ¿está
+claro? Y al primero que abra la boca se la cerraré yo; ya sabéis que
+acostumbro cumplir lo que prometo. Conque, en marcha, muchachos.
+
+Los diez y ocho hombres que componían entonces la tripulación,
+obedecieron en silencio y dirigieron una última mirada a sus compañeros,
+a sus hermanos, que lanzaban gritos espantosos viendo al brick alejarse.
+Después, como la brisa soplaba mucho, _El Gavilán_ se encontró bien
+pronto lejos del lugar del combate. Pero al día siguiente se levantó una
+horrible tempestad, enormes montañas de agua parecían a cada momento
+querer tragarse al buque que, capeando el temporal, huía ante el tiempo.
+
+En fin, después de una penosa travesía, _El Gavilán_ recaló en Nantes,
+donde reparó sus averías, y después, de acuerdo con los deseos de
+Kernok, se hizo de nuevo a la mar para fondear una vez más en la bahía
+de Pempoul.
+
+Allí se formó una comisión para verificar la legalidad de la presa.
+Entonces Kernok juró, con todos sus juramentos, que en lo sucesivo iría
+a desembarcar a Santo Tomás, ¡porque aquellos cormoranes de
+administradores habían pescado en sus aguas! Estas fueron sus propias
+expresiones.
+
+
+
+
+XIII
+
+LOS DOS AMIGOS
+
+¿Un alma tan rara y ejemplar no
+costaría más de matar que un alma
+popular o inútil?
+
+MONTAIGNE, lib. II, c. XIII.
+
+
+Es una excelente posada la del _Áncora de Oro_, en Plonezoch. Cerca de
+la puerta se elevan dos hermosas encinas, verdes y frondosas, que dan
+sombra a las mesas, siempre atractivas, de tan lustrosas que están; y
+como el _Áncora de Oro_ está situada en la plaza mayor, no se encuentra
+un golpe de vista más animado, sobre todo a la hora del mercado, durante
+las hermosas mañanas de julio.
+
+Por eso dos honrados compañeros, dos apreciadores de aquella hermosa
+localidad, habían echado raíces ante una de aquellas mesas tan lustrosas
+y tan limpias; hablaban de esto y de lo de más allá, y la conversación
+debía ser ya larga, porque buen número de botellas vacías formaban un
+imponente y diáfano reducto alrededor de los interlocutores.
+
+El uno podía tener sesenta años, feo, moreno, grueso, con largas y
+blancas patillas que hacían un raro contraste con su tez bronceada.
+Llevaba un holgado frac azul grotescamente cortado, un ancho pantalón de
+tela y un chaleco escarlata con botones de áncoras, y al que le
+faltaban por lo menos seis pulgadas para llegar a la cintura;
+finalmente, un inmenso cuello de camisa rígido y almidonado se levantaba
+amenazador por encima de las orejas de este personaje. Además, anchas
+hebillas de plata brillaban en sus zapatos, y un sombrero charolado,
+impertinentemente ladeado, acababan de darle un aire coquetón y calavera
+que contrastaba singularmente con su edad avanzada. Por lo demás, se
+veía que iba vestido de etiqueta y que le incomodaban sus adornos.
+
+Su amigo, de un traje menos afectado, parecía mucho más joven. Una
+chaqueta y un pantalón de tela componían todo su atavío, y una corbata
+negra, negligentemente anudada, permitía ver un cuello nervioso que
+soportaba un rostro risueño y abierto.
+
+--Se acerca San Saturnino--dijo golpeando ligeramente su pipa sobre la
+mesa para hacer salir toda la ceniza--, se acerca San Saturnino, y hará
+veinte años que _El Gavilán_--aquí llevó una mano a su gorra de lana de
+cuadros azules y rojos--, que nuestro pobre brick fondeó por última vez
+en la bahía de Pempoul al mando del difunto señor Kernok.
+
+Y suspiró sacudiendo la cabeza.
+
+--¡Cómo pasa el tiempo!--contestó el hombre del cuello alto echándose al
+coleto un enorme vaso de aguardiente--; me parece que fue ayer: ¿no es
+eso, Grano de Sal? Y si te llamo Grano de Sal entre nosotros, es porque
+tú me lo has permitido, muchacho. Esto me recuerda los tiempos pasados.
+
+Y el viejo se echó a reír dulcemente.
+
+--¡Voto a tal! no se moleste usted, señor Durand; usted es uno de los
+antiguos, un amigo del pobre señor Kernok.
+
+Y de nuevo levantó los ojos al cielo suspirando.
+
+--¡Qué quieres, muchacho! cuando llega la hora de desamarrar--dijo el
+señor Durand sorbiendo, con un largo resoplido, una gota de aguardiente
+que quedaba en el fondo de su vaso--, cuando el cable cede, el áncora se
+va al fondo. Es lo que decía yo siempre a mis enfermos, a mis calafates,
+o a mis artilleros, porque tú sabes...
+
+--Sí, sí, ya lo sé, maestro Durand--respondió prontamente Grano de Sal
+que temblaba a la idea de oír al ex artillero-cirujano-calafate comenzar
+de nuevo el relato de sus triples hazañas--; pero eso es más fuerte que
+yo, y se me parte el corazón cuando pienso que aun no hace un año estaba
+ese pobre señor Kernok allá abajo en su granja de Treheurel y que todas
+las noches fumábamos una pipa con él.
+
+--Es verdad, Grano de Sal. ¡Dios de Dios! ¡qué hombre! ¡y le querían en
+toda la comarca! Un desgraciado marinero le pedía algo, y lo obtenía al
+instante. En fin, desde hace veinte años que se había retirado de los
+negocios para vivir de sus rentas, todos se hacían lenguas de su
+caridad. Y después, ¡qué respetable cara con sus largos cabellos blancos
+y su frac marrón! ¡qué aire más bondadoso cuando llevaba a la espalda a
+los hijos del viejo Cerisoët, el artillero, o les hacía barquitos de
+corcho! Solamente yo le hacía siempre un reproche a ese pobre Kernok,
+se había aficionado demasiado a la gente de sotana.
+
+--¡Ah! ¡porque era mayordomo de la parroquia! Y además, por pasar el
+tiempo. Pero no podrá usted dejar de confesar que infundía respeto en su
+banco de encina, con sus guantes blancos y su pechera, el día de la
+fiesta de la parroquia de San Juan.
+
+--Yo prefería verle en el puente, con un hacha en la mano y su bocina en
+la otra--respondió el ex artillero-cirujano-calafate llenando su vaso.
+
+--Pues, ¿y en la procesión, señor Durand? cuando presumía con su cirio,
+que quería llevar siempre como una espada, a pesar de las lecciones del
+monaguillo... Pero lo que desolaba sobre todo al señor cura es que el
+capitán Kernok mascaba tanto, que durante la misa escupía sobre todo el
+mundo.
+
+--Le desolaba... le desolaba... es por eso por lo que embruteció a mi
+camarada para hacerle dejar al presbiterio veinte fanegas de sus mejores
+prados.
+
+Aquí Grano de Sal alargó inverosímilmente el labio inferior guiñando los
+ojos, miró al maestro Durand con el aire más picaresco, más malicioso,
+más burlón que fuera posible imaginar, moviendo negativamente la cabeza.
+
+--¡Caray! ¡si lo sabré yo!--repitió el maestro Durand casi ofendido de
+la pantomima del antiguo grumete.
+
+--Vamos, vamos, tranquilícese usted--repuso éste--, no es al cura a
+quien ha hecho esta donación.
+
+Aquí una pausa, y la extrañeza del maestro Durand se manifestó por un
+excesivo enarcamiento de sus cejas y por la absorción de un glorioso
+vaso de vino.
+
+--Es--dijo Grano de Sal--, a la sobrina del cura, ¡eh!
+
+--¡Ah! el viejo farsante, el viejo farsante--murmuró el maestro Durand
+lanzando una carcajada homérica--; ya no me extraña que fuese mayordomo
+y que comulgase con tanta frecuencia.
+
+Y se entregó con Grano de Sal a unos arrebatos de alegría tan ruidosa;
+que unos perros comenzaron a ladrarles.
+
+--Lo más mortificante es que--continuó Grano de Sal--toda la fortuna del
+capitán Kernok vuelve al Gobierno. Como no había hecho testamento...
+
+--¿Cómo había de pensarlo? ¿Es que podía prever ese accidente?
+
+--Usted le vio después... después de la cosa... ¿no es cierto, señor
+Durand? porque yo había ido a Saint-Pol.
+
+--Seguramente que le vi. Figúrate tú, muchacho, que vienen a decirme:
+«Señor Durand, se siente olor de quemado en casa del señor Kernok; ¡pero
+de una chamusquina más rara!» Eran las ocho de la mañana y nadie se
+atrevía a entrar en su habitación; ¡son tan bestias! Me decido yo a
+entrar, muchacho, y... ¡Ah! ¡Dios mío! échame de beber, porque me pongo
+malo cada vez que lo recuerdo.
+
+Se repuso un poco después de un largo trago de aguardiente, y continuó:
+
+--Entro, y figúrate tú qué espectáculo: el cuerpo de mi pobre viejo
+Kernok cubierto de una ancha llama azulada que le corría de la cabeza a
+los pies, lo mismo que cuando arde un ponche. Yo me aproximé y le eché
+agua; ¡bah! aún ardía más fuerte, porque estaba casi cocido.
+
+Grano de Sal palideció.
+
+--¡Esto te extraña, hijo mío! pues bien, yo se lo había predicho.
+
+--¡Usted!...
+
+--Sí. El bebía demasiado aguardiente, y yo le decía siempre: «Mi viejo
+camarada, tú acabarás por una _concustion invantánea_--dijo el maestro
+Durand con importancia, apoyando cada palabra e hinchando los carrillos.
+
+Quería decir una combustión instantánea, solución exacta y verdadera de
+la muerte de Kernok, dada por un médico de Quimper, hombre muy
+entendido, al que se había enviado a buscar un poco demasiado tarde.
+
+--¿Y eso no le hace temblar, señor Durand?--dijo Grano de Sal que veía
+con pena al ex artillero-cirujano-calafate tomar la misma dirección que
+su difunto capitán.
+
+--Yo, es diferente, muchacho; yo mezclo el aguardiente con vino,
+mientras que él lo bebía puro.
+
+--¡Ah!...--respondió Grano de Sal poco convencido de la temperancia del
+señor Durand.
+
+--¡Toma!--dijo éste--, ahí tienes uno que morirá en la piel de un
+bandido, si es que no le desuellan vivo.
+
+Y señalaba a un hombre alto y delgado, con uniforme azul bordado, que
+atravesaba la plaza.
+
+--¡Cuánto daría por estar a bordo con ese perro de Plick, él con los
+brazos atados a una cuerda de obenques y la espalda desnuda... yo con un
+buen rebenque en la mano! ¡Cuando pienso que por haber pasado por las
+manos de ese miserable de comisario nuestra parte de presa ha disminuido
+en nueve décimos; que en lugar de los sesenta mil francos con que vivo
+desde hace veinte años podría tener un millón, y que a ese pobre Kernok
+no le tocaron más que doscientos mil francos de las toneladas de plata
+que recogimos a bordo del buque español!
+
+--¡Bah!--dijo Grano de Sal--, un poco más, un poco menos, es igual. Yo
+estoy bien contento de haber abandonado el oficio con lo que tengo y de
+haberme comprado un quechemarín para el cabotaje. Pero desde que no veo
+al pobre señor Kernok, parece que me falta algo.
+
+--A propósito--dijo el señor Durand--, creo que se acerca la hora de la
+misa que hacemos decir en San Juan a ese pobre viejo.
+
+Grano de Sal sacó un reloj lo menos de una pulgada de grueso.
+
+--Tiene usted razón, señor Durand, son las diez.
+
+Después, alargándole el reloj, atado con cuidado a una larga cadena de
+acero reforzada con un cordón negro:
+
+--Vea, ¿lo reconoce usted?--dijo al maestro.
+
+--¡Si lo reconozco!... es el que el pobre Zeli me dio para que te lo
+entregase el día del combate de _El Gavilán_ contra la corbeta. ¡Pobre
+Zeli! Aun le veo, tendiéndome la mano y diciéndome: «¡Toma!... esto es
+para Grano de Sal... Adiós... viejo... no te olvides». ¡Voto a
+tal!--dijo el viejo emocionado--, esto me da más pena ahora, cada vez
+que me acuerdo, que en el momento en que ocurrió. ¡Pobre Zeli!
+
+Y la cabeza del señor Durand cayó entre sus manos callosas y arrugadas.
+
+Grano de Sal parecía absorto en un doloroso recuerdo mirando su reloj.
+
+--Son cinco litros de vino y una botella de aguardiente--dijo el
+posadero, con su gorra en la mano, e inquieto de la prolongada
+permanencia de los dos marinos.
+
+--Lo que sobre para ti--dijo Grano de Sal arrojándole una moneda de oro.
+
+Y dando el brazo al viejo Durand, se encaminó con él hacia la capilla de
+San Juan.
+
+
+
+
+XIV
+
+LA MISA DE DIFUNTOS
+
+...Golpea los aires como el toque funesto
+Que pide a los vivos las primas para los muertos
+Cuando un frío ataúd es lo único que queda
+De la que sonrió a nuestros primeros esfuerzos.
+
+S. DELAUNAY, «_Ob. inéditas_».
+
+
+Figuraos una ensenada entre dos montañas, en la cual una multitud de
+embarcaciones bretonas, de velas rojas y cuadradas, han abordado varando
+sobre un hermoso fondo de arena de una blancura deslumbrante.
+
+En el fondo, el mar, cuyas ondas azules, después de haber prolongado los
+contornos de la bahía, van a morir sobre frescas praderas cortadas por
+setos de rosales silvestres y por oxiacantos floridos que esparcen a lo
+lejos su perfume.
+
+Aquí y allá algunas encinas seculares sostienen un techo de rastrojos
+cubierto de lindas matas azules y de clemátidas, que penden en largas
+guirnaldas.
+
+Dan animación a este paisaje, aquí una cabra levantada sobre sus patas
+traseras que parece suspendida de los verdes festones; allá una pequeña
+carreta tirada por grandes bueyes, y el chirrido ronco y continuo de la
+rueda y la canción salvaje del Dragoubras, y el aspecto ágil del
+montañés de Arrés que monta en pelo a uno de esos caballitos negros, de
+pelo rizado, de ojo brillante, de patas nerviosas, que franquean los
+salientes de la costa con tanta ligereza como un camello.
+
+Después, en medio de aquella colina, cuya pendiente es casi insensible,
+se ven los edificios consagrados a San Juan. Aquí la iglesia gótica, con
+sus arcos y sus ojivas, sus altas y delgadas columnas, sus frontones
+esculpidos como un encaje, contrasta singularmente con el pesado
+campanario de plomo que eleva su techumbre gris y sombría por encima del
+obscuro verdor de los abetos y alerces.
+
+Los toques redoblados de todas las campanas de la iglesia de San Juan,
+anuncian la ceremonia de que hemos hablado, un servicio fúnebre por el
+alma del difunto señor Nicolás-Bárbara-Kernok, propietario de Treheurel.
+Porque toda la población de la comarca, donde el digno anciano era
+adorado, había abandonado sus trabajos para ir a rendir un postrero
+homenaje a su respetable bienhechor.
+
+Era necesario ver la multitud que se apretujaba bajo los pórticos de la
+iglesia, las jóvenes con su corpiño escarlata bordado de azul y con sus
+cofias, las viejas con sus capas que las tapaban por completo, los
+hombres con sus birretes negros, de los que se escapaban largos cabellos
+que caían hasta su ancho cinturón de cuero, del que pendía un largo
+cuchillo.
+
+Todos esperaban que las puertas fuesen abiertas.
+
+Bien pronto llegaron Grano de Sal y el maestro Durand. A su vista todas
+las cabezas se inclinaron; ellos respondieron con un saludo protector a
+estas muestras de deferencia.
+
+Por fin, se abrió la puerta; y entre apreturas, empellones y codazos,
+cada cual se colocó en su sitio.
+
+El sol enviaba alegremente sus dorados rayos a través de las vidrieras
+de colores de la capilla, e iba a reflejar sus mil maticos sobre el
+banco pulimentado y negro de encina, cargado de pesadas esculturas,
+banco en el cual se sentaba Kernok en los días solemnes. ¡Ah! ¡y con qué
+dignidad tranquila y majestuosa ostentaba en él su pechera y su frac
+marrón! ¡con qué destreza ocultaba su chicote a la vista del cura! ¡con
+qué aire de compunción cerraba los ojos, fingiendo rezar y recogerse,
+cuando la plática del sacerdote le sumía en la más agradable
+somnolencia!
+
+Y era preciso que el recuerdo de aquella figura venerable estuviese aún
+bien presente en el pensamiento de Grano de Sal y del señor Durand,
+porque permanecieron un buen rato inmóviles ante el banco.
+
+--Me parece estarle viendo aún--dijo el señor Durand.
+
+--Y a mí también--respondió Grano de Sal.
+
+Un rumor sordo anunció la llegada del señor Karadeuc, el párroco.
+
+Primero ofició y después subió al púlpito.
+
+Los fieles aprovecharon este momento para estornudar, sonarse, toser,
+bostezar, suspirar, volverse de un lado y de otro...
+
+Después se hizo el silencio... ¡el más profundo silencio!
+
+El predicador avanzó hasta el borde del púlpito, apoyó en él sus manos
+huesudas y velludas; sus ojos brillaban bajo sus espesas cejas rojas y
+su boca esbozaba una singular sonrisa... después comenzó:
+
+ * * * * *
+
+«Mis queridos hermanos, _apprehendi te ab extremis terræ et a longinquis
+ejus vacari te; elegi te, et non abjeci te; ne timeas, quia ego tecum
+sum_.»
+
+ * * * * *
+
+Como el auditorio se componía de sencillos habitantes de la baja
+Bretaña, este exordio hizo poco efecto.
+
+ * * * * *
+
+«Sí, hermanos míos, lo que quiere decir: Te he tomado de la mano para
+traerte de los lugares más alejados del mundo; te he llamado de los
+puntos más distantes; te he elegido y no te he rechazado; no temas nada,
+porque yo vengo a ti.
+
+»Porque, hermanos míos, estas palabras pueden aplicarse al virtuoso, al
+digno, al respetable anciano que todos lloramos... en una palabra, a
+Nicolás Kernok, antiguo negociante.»
+
+ * * * * *
+
+Aquí el señor Durand dio un primer codazo a Grano de Sal, que,
+apretándose la nariz con el pulgar y el índice, dejó escapar una especie
+de mugido sordo, como una risa ahogada.
+
+ * * * * *
+
+«¡Ay! hermanos míos--continuó el cura--, ese antiguo negociante, el
+digno Kernok, era también un cordero alejado del redil. Ese cordero se
+encontraba también en países lejanos... y la Providencia le tomó por la
+mano.»
+
+ * * * * *
+
+--¡Por la pata!--dijo el viejo Durand.
+
+--¡Mire que comparar al capitán a un cordero!--dijo Grano de Sal
+poniéndose la gorra delante de la cara.
+
+Sin embargo, el predicador continuó:
+
+ * * * * *
+
+«La Providencia le ha dicho también: _Elegi, non abjeci te_... te he
+elegido y no te he rechazado, aunque tu vida haya sido agitada.»
+
+ * * * * *
+
+--Llama _agitada_ a aquello--murmuró Durand dando un segundo codazo a
+Grano de Sal que le respondió con la misma energía, es decir, con otro
+codazo capaz de hundir dos costillas al artillero-cirujano-calafate.
+¡Oh! los dos se comprendían.
+
+ * * * * *
+
+«...Sí, hermanos míos, agitada. Pero después de haber navegado en un mar
+proceloso, la popa de su esquife ha conseguido una orilla de paz y de
+reposo.»
+
+ * * * * *
+
+--¡La popa, la popa!--dijo Durand con aire despreciativo--; ¡la proa, la
+proa, sacristán!
+
+El cura lanzó una mirada de indignación a Durand y repitió con
+obstinación:
+
+«Pero la _popa_ de su esquife consigió por fin la orilla de paz y de
+reposo, donde ese virtuoso, ese digno, ese respetable anciano hizo
+brotar la flor de la caridad y de la religión.»
+
+¡Qué bestia es ese cura!--murmuró Grano de Sal.
+
+--Bestia como un arenque--contestó Durand encogiéndose de hombros.
+
+ * * * * *
+
+«...Así, hermanos míos--continuó el predicador--, uníos a mí para dar
+las gracias al Rey de los reyes por haber coronado al que todos lloramos
+con una aureola de su eternidad.»
+
+ * * * * *
+
+--Amén--respondieron los asistentes.
+
+--Oye, Grano de Sal: ¿ves tú al capitán Kernok tocado con una
+aureola?--dijo el maestro Durand.
+
+Pero Grano de Sal ya no le escuchaba, porque el cura había descendido
+del púlpito para dirigirse al cementerio donde reposaba Kernok; pronto
+llegaron ante la tumba.
+
+El rostro de Grano de Sal se había vuelto severo y sombrío, tenía la
+gorra entre sus manos, y Durand le apretaba el brazo mientras se
+enjugaba los ojos.
+
+Entonces el cura dijo algunas oraciones, que fueron repetidas a coro por
+los asistentes arrodillados, y luego todos se retiraron.
+
+Sólo quedaron Durand y Grano de Sal.
+
+Y el sol había desaparecido hacía ya rato detrás de las montañas de
+Tregnier, mientras que los dos amigos aun continuaban sentados cerca de
+la tumba de Kernok, mudos y pensativos, con la cabeza oculta entre las
+manos.
+
+
+
+
+EL GITANO
+
+Cara de ángel y corazón de demonio.
+
+LOPE DE VEGA.
+
+
+
+
+CAPÍTULO I
+
+EL BARBERO DE SANTA MARÍA
+
+Un barbero di qualidad.
+
+
+--Por el ojo de San Procopio, le juro, compadre, que el gitano piensa
+desembarcar en Matagorda. Mi digna tía Isabel, volviendo de la isla de
+León, ha visto todos los guardacostas dispuestos y me ha dicho que
+habían apostado dos centinelas en el faro para vigilar las evoluciones
+de la embarcación de ese condenado que se ve a lo lejos.
+
+--¡Por la silla de Santiago, compadre! el pescador Pablo, que ha llegado
+de Conil, me ha repetido de nuevo que la tartana de rojas velas está
+fondeada a medio tiro de cañón de la costa, y que todos los carabineros
+están alerta...
+
+--Han abusado de su credulidad, señor don José.
+
+--Le han engañado, _señor rapabarbas_--respondió José saliendo con aire
+burlón.
+
+Esta calificación de _señor rapabarbas_ hizo estremecer violentamente a
+Flores, porque si él _rejuvenecía_ al público, era por no desmentir la
+significación ¡ay! demasiado positiva de la bacía de cobre reluciente
+que se balanceaba en un rincón obscuro de la puerta; pero también, en el
+sitio más visible, aparecía un inmenso cuadro representando una mano
+armada de lanceta que abría delicadamente las venas de un brazo colosal.
+De modo que el observador comprendía fácilmente que el barbero ponía su
+amor propio y su gloria en ejercer ciertas prácticas quirúrgicas, y que
+era casi a su pesar si descendía a la innoble navaja, cuyos provechos
+parecían, no obstante, bastante honrosos.
+
+El maestro Flores gozaba además de una consideración merecida; su
+barbería, como lo son generalmente las barberías de España, era el lugar
+de reunión de todos los chismosos, y particularmente de todos los
+marinos retirados que habitaban en Santa María; y si las noticias que se
+recogían en aquella fuente no estaban revestidas de un carácter bien
+auténtico, no se puede negar que por lo menos estaban fabricadas a
+conciencia; detalles, palabras históricas, retratos, circunstancias,
+nada faltaba. Devoto, de un espíritu flexible y conciliador, el barbero
+exhalaba beatitud por todos sus poros; siempre iba cuidadosamente
+vestido de negro; sus cabellos grises y lisos se reunían detrás de sus
+orejas, y dos anchos surcos rojos, reemplazando a las cejas, se
+dibujaban encima de dos ojitos pardos, de una movilidad extraordinaria;
+pero lo que más llamaba en él la atención eran sus manos, cuya piel
+blanca y fresca y las uñas rosadas hubieran hecho honor a un canónigo de
+Toledo.
+
+Ya hemos dicho que Flores se estremeció violentamente ante el
+impertinente apóstrofe de José, y este movimiento súbito y colérico hizo
+desgraciadamente desviar aquella mano ordinariamente tan firme y tan
+segura; el acero rozó ligeramente el cuello de uno de sus parroquianos,
+que se arrellanaba con complacencia en el gran sillón de nogal donde
+iban sucesivamente a sentarse todos los marinos de la isla de León y de
+Santa María.
+
+--¡Que el diablo le lleve!--dijo el paciente dando un brinco sobre su
+asiento--. La plaza de verdugo está vacante en Córdoba, ¡por Cristo!
+usted puede obtenerla, porque tiene excelentes disposiciones para abrir
+la garganta a los cristianos.
+
+Y enjugó con la punta de su corbata la sangre que salía de su herida.
+
+--Tranquilícese--respondió Flores con importancia, consolado, casi
+contento de su torpeza ante la idea de que podría poner en práctica sus
+gloriosos conocimientos de cirugía--; tranquilícese, mi querido hijo,
+porque sólo ha sido atacada la epidermis; no están interesados más que
+los vasos capilares, y un emplasto de diaquilón, o de ungüento remediará
+mi inadvertencia; y a decir verdad, esa pequeña evacuación sanguínea le
+será muy saludable, porque usted me parece un individuo muy propenso a
+la plétora; de modo, hijo mío, que en lugar de blasfemar, debería
+usted...
+
+--Darle las gracias, ¿no es eso, maestro? Lo tendré presente, y a la
+primera cuchillada que tenga la desgracia de dar, le diré al alcalde:
+Señor, mi enemigo es un individuo propenso a la plétora y esto no es más
+que una evacuación sanguínea. Tenga en cuenta, señor, que lo he hecho
+por su bien.
+
+Aquí, los numerosos parroquianos que llenaban la tienda de Flores se
+echaron a reír tan fuertemente, que el barbero se puso rojo de cólera.
+
+--¡Hijo de Satanás!--murmuró mientras aplicaba su benéfico bálsamo sobre
+la herida sangrienta.
+
+--¡Me maldice usted, padrecito!--dijo el marino--; vaya, no se incomode;
+se lo perdono todo, incluso la sangría, gracias a la buena noticia que
+usted acaba de darnos... ¡Ah! ¡conque la tartana de ese maldito ha
+fondeado cerca de Conil! ¡Por mi madre, daría con gusto los ocho años de
+soldada que Fernando me debe por ver a ese condenado gitano con
+grilletes en los pies y en las manos y arrodillado en la capilla
+ardiente! ¡Cuántas veces, al querer darle caza con la escampavía he
+renegado de mi patrón por las bordadas que nos hacía correr ese favorito
+del infierno! ¡porque siempre se embarca cuando peor tiempo hace! Y
+mientras que nuestra embarcación rodaba cubierta por el oleaje, la suya
+parecía saltar y deslizarse por las olas... ¡Virgen del Carmen!
+apostaría este par de alpargatas nuevas a que si el gitano tocase con el
+dedo la pila del agua bendita, ésta se estremecería y herviría como si
+hubiesen metido un hierro candente.
+
+--Puede ser--dijo Flores--; pero es lo cierto que mi noticia es
+positiva.
+
+--Que el cielo le oiga--dijo uno--, y yo prometo a San Francisco hacer
+dormir a mis criados sobre la piedra y no darles más que garbanzos
+cocidos con agua por espacio de nueve días.
+
+--Que lo prendan, y yo prometo a la Virgen una hermosa mantilla y un
+anillo.
+
+--Yo prometo a la Virgen del Pilar ir de aquí a Jerez con los pies
+desnudos, un cirio de tres libras entre los dientes y las manos atadas a
+la espalda, cuando vea a ese renegado en un calabozo esperando su
+suplicio--dijo un tercero.
+
+--Y yo--exclamó un tratante en ganado--, me comprometo a dar dos de mis
+mejores cabritos a los santos padres de San Juan, si me prometen que el
+descreído será descuartizado y le echan plomo derretido en los ojos;
+porque ¡por San Pedro! yo no quiero la muerte del pecador, pero ha de
+haber una justicia. Si ese primo de Satanás se contentase con hacer el
+contrabando, aunque esté condenado, se le podrían comprar sus mercancías
+exorcizándolas; pero el maldito saquea las casas de campo de la costa,
+roba nuestras hijas y comete profanaciones en nuestras capillas. Aun no
+hace mucho se ha encontrado la imagen de San Ildefonso con una gorra de
+marinero en la cabeza y una larga pipa en la boca. ¡Por los siete
+Dolores de la Virgen! ¡semejantes abominaciones no anuncian nada bueno!
+
+--¡Y pensar--dijo el marino--que el señor gobernador de Cádiz no puede
+disponer de una buena fragata para poner término a tales horrores y que
+no tenemos para defendernos más que algunos guardacostas que huyen así
+que divisan el bauprés de la tartana maldita! Armemos algunos faluchos
+por cuenta nuestra, compadre, y ¡por Santiago! ya veremos si Satán le
+protege y si está al abrigo del plomo.
+
+--Una cosa bien singular--dijo en voz baja el tratante en ganados--, es
+que Pedrillo, mi cabrero, me ha asegurado haber visto un bote de la
+embarcación del gitano abordar a lo largo de las rocas donde está
+construido el convento de San Juan, y que...
+
+--¿Y qué?--dijeron todos a la vez.
+
+--Y que el condenado había entrado en el santo lugar.
+
+--¡Jesús! ¡Virgen santa! ¡qué horror!--dijo la multitud persignándose.
+
+--Pues eso no es nada aún: el condenado se ha atrevido a subir a la
+torre del reloj, y mi cabrero lo ha visto perfectamente fumando su
+cigarro maldito, y poco después... ¡le ha oído acompañarse una canción
+blasfema con su guitarra maldita!
+
+--Pero, los dignos padres, ¿cómo han sufrido semejante
+abominación?--preguntó Flores con aire contrito.
+
+--¡Ahí verá usted!--y el interlocutor entornó los ojos sonriendo
+maliciosamente.
+
+A pesar de todo el peligro que había en hablar de cosas del clero, se
+iba quizás a discutir gravemente sobre este asunto, cuando una voz
+aguda y estridente dijo en tono burlón:
+
+--¡A menos que el condenado del gitano no sea el mismo Satanás!
+
+Todos los ojos se volvieron hacia un rincón obscuro de la barbería,
+porque era allí donde se encontraba el desconocido que había pronunciado
+tan singulares palabras. Cuando vio todas las miradas de la asamblea
+fijas en él, se levantó, dejó caer su obscura capa, atravesó el largo
+salón del establecimiento y fue a sentarse gravemente en el gran sillón,
+que entonces esperaba un paciente.
+
+Su talla resultaba airosa, aunque inferior a la media, y su rico traje
+andaluz le dejaba ver en toda su elegancia. Se desató el pañuelo rojo
+que rodeaba su cabeza, escapándose un bosque de cabellos que casi
+cubrieron su cara; sus grandes ojos brillaban con un dulce brillo.
+
+--Vamos, maestro--dijo a Flores, al mismo tiempo que se pasaba el índice
+extendido por el mentón, imitando el movimiento de la navaja--; y por
+mis pecados--añadió--, no me trate usted como al amigo de los botones de
+áncora. Sobre todo, nada de evacuación sanguínea.
+
+El amigo de los botones de áncora iba a responder, cuando un rumor, al
+principio lejano y en seguida más próximo, lo impidió; se distinguía una
+voz de hombre tímida y suplicante, y una voz de mujer agria y regañona.
+
+--¡Grandísimo embustero, te voy a confundir!--dijo ella al entrar, con
+las ropas en desorden y arrastrando a un jovencito de unos quince años.
+
+--¡Mi tía Isabel!--dijo Flores con la navaja levantada.
+
+--¡Y el pescador Pablo!--exclamaron los otros.
+
+--Señora--decía el niño--, le juro por el alma de mi padre que yo he
+visto hace dos horas la tartana de las velas rojas fondeada cerca de
+Conil.
+
+La señora Isabel hizo un gesto que hubiera tenido toda su significación
+y toda su eficacia, sin el marino que se interpuso prudentemente entre
+los dos campeones.
+
+--¡Aun ese maldito gitano!--dijo el joven del traje andaluz--. Señores,
+he aquí una buena ocasión de probar lo que os decía hace un momento, es
+decir, que ese condenado es Satanás en persona.
+
+Y se levantó gravemente.
+
+--Vamos, señora, estoy dispuesto a aclarar la cuestión, porque yo he
+visto el buque de las velas rojas aun no hace dos horas.
+
+--Lo mismo que yo--respondieron a la vez Isabel y Pablo.
+
+--Un momento--dijo el desconocido--, ¿jura usted por el santo nombre de
+Dios y por el mártir de la cruz decir la verdad?
+
+--Lo juramos.
+
+--Hable usted, pues, señora.
+
+--Pues bien, tan verdad como Santa Isabel, mi patrona, tiene su trono en
+Córdoba (aquí se persignó), es que yo he visto, aun no hace dos horas,
+el buque, y que Dios me quite la vida si yo miento.
+
+--Habla tú--dijo al pescador.
+
+--Que San Pablo me haga perecer la primera vez que salga al mar, si no
+es verdad que hace dos horas he visto la tartana del condenado fondeada
+a un tiro de fusil de Conil; y es tan verdad, señores, que he encontrado
+cerca de Vejer un destacamento de aduaneros que se dirigían
+apresuradamente a la costa, guiados por Blasillo, el hijo de Blas, que
+había ido a prevenirle; yo no quiero contradecir a la señora Isabel,
+¡pero que Dios me aplaste si miento!
+
+Había en las dos versiones tan diferentes[7] un tal acento de verdad y
+de convicción, que los espectadores se miraban con extrañeza. El mismo
+forastero sonreía con un aire de incredulidad. En cuanto a Flores, no se
+daba cuenta de que, desde que el nuevo cliente se hallaba sentado en el
+sillón, no había cesado de pasar el dorso de la navaja por el mentón de
+aquel improvisado Salomón.
+
+--¡Hola! maestro--dijo el joven--, si continúa usted de ese modo, no
+tengo que temer, ciertamente, ninguna evacuación sanguínea; y además, es
+preciso que esté usted furiosamente preocupado para no haber visto en
+seguida que no se trataba de afeitarme sino de arreglarme el pelo.
+
+--En efecto--dijo el barbero confundido--, en efecto; tiene usted la
+barba tan lisa como una manzana; una mujer no la tendría más suave.
+
+--¡Una mujer!--repitieron Pablo y la señora Isabel.
+
+En el mismo instante, un niño pequeño se aproximó a la puerta y avanzó
+su linda cabeza rubia, después la retiró, la volvió a avanzar como si
+hubiese buscado a alguien, vio al desconocido y en dos saltos se plantó
+en sus rodillas.
+
+Apenas le hubo hablado al oído, se levantó bruscamente, tomó su capa y
+arrojó un escudo a Flores, diciendo con aire singular:
+
+--Forzosamente, señores, ese gitano tiene que ser Satanás en persona,
+puesto que está en tres lugares a la vez; porque yo os juro ¡por
+Cristo!--añadió persignándose--, que bordea desde hace dos horas a la
+vista de Sanlúcar.
+
+Terminadas estas palabras, saltó ágilmente sobre su caballo, que
+relinchaba a la puerta, puso al niño a la grupa, y desapareció
+prontamente en un espeso torbellino de polvo que el galope de su caballo
+hizo levantar en medio de la calle.
+
+Los parroquianos de Flores que se habían precipitado a la puerta para
+seguir con la vista a aquel personaje, hicieron, al volver a entrar en
+la tienda, las conjeturas más raras sobre la _triplicidad_
+verdaderamente _fenomenal_ del contrabandista gitano, conjeturas que
+abandonaron sin agotarlas, como hubieran hecho en otra ocasión, para
+hablar de la corrida de toros que debía celebrarse al día siguiente.
+
+
+
+
+II
+
+LA CORRIDA DE TOROS
+
+ Madrid, cuando tus toros brincan,
+Hay manos blancas que aplauden
+Y mantillas que se agitan.
+. . . . . . . . . . . .
+
+A. DE MUSSET.
+
+
+¡España! ¡España! ¡cuán puro y brillante es tu cielo! Santa María está
+bañada en oleadas de luz; los mil balcones de sus blancas casas
+centellean y arden, y los naranjos perfumados de la Alameda parecen
+cubiertos de hojas de oro. A lo lejos, Cádiz, envuelta en un vapor
+cálido y rojizo, que allá, sobre la arena resplandeciente de la playa,
+las olas azules y transparentes iban a deshacer como un largo listón de
+diamantes en espuma centelleante hecha de agua y de sol; después, en el
+puerto, centenares de faluchos, de balandros, cuyas flámulas se
+despliegan levantadas por una ligera brisa que circula silbando por
+entre las cuerdas. El fresco olor de las algas marinas, el canto de los
+marineros que despliegan las amplias velas grises aun húmedas por el
+relente de la noche, el toque de las campanas de las iglesias, el
+relincho de los caballos que saltan lanzándose hacia las verdes praderas
+que se extienden detrás de la ciudad... todo, en fin, es música,
+perfume y luz.
+
+Y el apresuramiento causado por el anuncio de una corrida de toros que
+debía celebrarse el mismo día en Santa María, aumentaba aún el tumulto.
+Casi toda la población de las ciudades y aldeas vecinas llena los
+caminos. Allá, las calesas rojas, cubiertas de ricos dorados, vuelan
+arrastradas por un caballo rápido, cuya cabeza está cargada de plumas
+abigarradas y de cascabeles que resuenan a lo lejos; aquí, el pavimento
+tiembla y gime bajo el peso de ocho mulas cuyos arneses resplandecen de
+cifras y de escudos de armas de plata, y que arrastran un coche pesado y
+macizo, rodeado de lacayos con las magníficas libreas de un grande de
+España y precedido de picadores de trajes deslumbrantes.
+
+Más lejos, el portante ágil y jacarandoso del campesino andaluz. ¡Por
+todos los santos de Aragón! ¡qué hermoso está con su amante a la grupa y
+su airoso traje obscuro bordado en seda negra y encarnada! ¡Y esos
+millares de botoncitos de oro que serpentean a lo largo del muslo y van
+a detenerse por encima de sus polainas de piel de camello! ¡Con qué
+vigor su pie se apoya en el amplio estribo morisco! Pero no se puede ver
+su cara, porque está casi oculta entre los pliegues de la mantilla de su
+andaluza.
+
+¡Por Santiago! ¡Vaya la linda pareja! ¡cómo le aprieta ella con sus dos
+brazos, y con qué gracia las mangas verdes de su jubón se destacan sobre
+el color sombrío de la chaqueta de su amante! ¡Qué fuego en esas pupilas
+que centellean bajo unas espesas cejas negras! ¡vive Dios! ¡qué
+miradas! ¡qué talle tan flexible!... ¡que la Virgen bendiga esa
+complaciente basquiña con largas franjas de raso, que deja ver una
+pantorrilla fina y redonda y un pie de niña!... ¡Tres veces bendita sea,
+porque ha dejado ver un momento la liga azul, y su media de seda y el
+pequeño puñal de Toscana que una verdadera andaluza no abandona jamás!
+
+¡Adelante! El brioso caballo galopa: sus crines negras trenzadas con
+cintas encarnadas flotan sobre su cuello nervioso, y la espuma blanquea
+su bocado y sus brillantes copas! ¡Adelante, muchacho! ¡que tu espuela
+se hunda en el flanco de tu montura, porque tu morena de las largas
+pestañas, trémula y asustada, te estrechará violentamente contra su
+corazón y tú sentirás sus latidos! ¡y sus cabellos acariciarán tu frente
+y su respiración abrasará tus mejillas!
+
+¡Por Santiago, adelante, joven pareja, y desapareced ante las miradas
+envidiosas entre esa nube de polvo dorado!
+
+Pero ya estamos a las puertas de Santa María. Todo son apreturas y
+gritos; gritos de dolor y de alegría confundidos; hombres, mujeres,
+viejos, niños, están allí inmóviles, esperando con angustia el momento
+de la corrida. Por fin, las barreras se abren, el pueblo se precipita y
+las inmensas galerías que rodean la arena se llenan de espectadores
+jadeantes de deseo y de impaciencia.
+
+--¡Plaza! ¡plaza al alcalde, a la Junta y al señor gobernador!
+
+Delante de ellos marchan los milicianos de la ciudad con sus largas
+carabinas; después los guardias, que tocan sus clarines, y llevan los
+pendones rojos y amarillos en los que se ven bordados los leones de
+Castilla y la corona real.
+
+¡Plaza! ¡plaza a la monja! porque es la primera y la última fiesta a la
+que la pobre joven asistirá. Hoy, aun pertenece al mundo, mañana ya
+pertenecerá a Dios; por eso hoy está deslumbrante de pedrería, su ropa
+brilla bajo las lentejuelas de plata, y cinco hileras de perlas rodean
+su cuello de alabastro; también hay perlas sobre sus brazos blancos y
+mórbidos, perlas y flores sobre sus bellos cabellos negros que sombrean
+su pálida frente. ¡Ved, qué cosa más conmovedora! ¡con qué amor y
+respeto mira a la superiora del convento de Santa María! Ni una mirada
+para ese espectáculo brillante y ruidoso, ni una sonrisa para ese
+murmullo de admiración que la sigue, para los homenajes que la rinde la
+más alta nobleza de Sevilla y de Córdoba. Nada puede distraerla de sus
+santos pensamientos. Huérfana, rica, se entrega a Dios, y en su
+representación a la superiora de Santa María. Ese corazón puro e
+ingenuo, teme al mundo sin conocerle, porque han querido hacerle ganar
+el cielo sin combatir. Mañana, según la costumbre, esa espesa cabellera
+caerá bajo las tijeras; mañana, el paño y el sayal reemplazarán a esos
+brillantes tejidos; mañana quedará sometida a un juramento
+inquebrantable; pero hoy, la costumbre quiere que asista a las vanidades
+y a las alegrías engañadoras de un mundo que ella no conoce, como para
+darle un eterno y último adiós.
+
+¡Plaza, pues! plaza a la monja que entra en su palco toda adornada y
+cubierta de tela blanca sembrada de flores.
+
+¡Bravo! los clarines suenan, es la señal, y las puertas del toril se
+abren; ¡un toro se precipita a la arena! Es un bravo toro salvaje nacido
+en las selvas de Sanlúcar; es pardo de color; solamente una estrecha
+faja blanca serpentea por su lomo. Sus cuernos son cortos, pero fuertes
+y afilados; no hay acero que se le pueda comparar. Su cuello musculoso
+soporta sin esfuerzo una cabeza enorme, y sus patas secas y nervudas no
+flaquean bajo el peso de su pecho y de su grupa que son de una amplitud
+extraordinaria.
+
+En cuanto a sus flancos, son huesudos, redondeados, y retiemblan bajo
+los golpes reiterados de su larga cola, que, al herirlos, zumba como un
+látigo.
+
+Cuando entró, hubo una formidable explosión de admiración, y los gritos
+de _¡bravo, toro!_ resonaron por todas partes. El animal se detuvo en
+seco, suspendió un momento los movimientos de su cola, y miró con
+extrañeza a su alrededor... Después, a pasos lentos, dio la vuelta a la
+barrera que separaba la arena de los espectadores, buscó una salida, y
+no encontrándola, volvió al centro del ruedo, y allí comenzó a afilar
+sus cuernos y a levantar con ellos torbellinos de arena.
+
+En aquel momento se presentó un chulillo.
+
+¡Que la Virgen te proteja, hijo mío! ¡y haga el Cielo que tu hermoso
+traje de raso azul bordado de plata no se tiña de rojo, como la
+banderola que haces flamear ante los ojos de ese compadre que muge y se
+irrita!
+
+¡Bravo, chulillo, tu patrona vela por ti! porque apenas si has tenido
+tiempo de saltar la barrera para escapar del toro, cuyos ojos comienzan
+a brillar como carbones ardientes.
+
+Pero, paciencia, se ve venir al picador con su larga pica y montado
+sobre un valiente alazán; un ancho sombrero gris lleno de cintas cubre
+su cabeza, y lleva polainas y perneras para preservarse de los primeros
+ataques.
+
+¡Bravo, toro! ¡toma carrera con la cabeza baja y te precipitas sobre el
+picador!... Pero él te detiene en seco, hundiéndote su excelente hoja en
+el lomo. Tu sangre salta, tu muges y tu furor redobla. ¡Como hay Dios!
+¡será una hermosa corrida!
+
+¡Por Santiago! ¡qué brincos! ¡qué mugidos! ¡bravo, toro! el picador
+rueda derribado; su valiente caballo tiene el flanco abierto; sus
+entrañas salen entre torrentes de sangre. Da algunos pasos... cae... y
+muere... ¡Bien, compadre de los cuernos agudos, bien! por eso oyes
+resonar los pataleos y los gritos de una alegría frenética. Yo le digo
+aún: ¡como hay Dios! ¡será una hermosa corrida!
+
+¡Pero, silencio! aquí están las banderillas de fuego, ¡oh! ¡oh!...
+retrocedes hacia la barrera escarbando la tierra y lanzando aullidos
+terribles. ¿Qué será, pues, hijo mío, cuando ese bravo chulillo ¡que la
+Virgen proteja! te hunda en el pecho esas largas flechas adornadas de
+flores y cubiertas de cohetes y petardos que se encienden como por
+encantamiento? ¡Toma! ¿no lo decía yo?... ¡Por el alma de mi padre!...
+¡el chulillo está destripado! ¡Jesús! ¡magnífica cornada! La culpa es
+suya; no se ha apartado a tiempo. ¡Bravo, toro! ¡qué noble y magnífico
+estás saltando en medio de esas llamas que estallan y se cruzan! Tu
+sangre se mezcla al fuego; tu piel se estremece y cruje bajo los cohetes
+que serpentean y forman guirnaldas cayendo en lluvia de oro; tu rabia ha
+llegado al límite, y los espectadores han huido de la primera barrera,
+temiendo que la franquees, ¡y no obstante, tiene seis varas de alta!
+
+¡Condenación! ¡el matador no llega! y sin embargo es la hora. ¿Podría
+estar más a punto? Jamás; porque jamás la furia de ese compadre
+alcanzará un grado más elevado, y yo apostaría mi buena escopeta contra
+un fusil inglés a que él perecerá. ¡Santa Virgen! ¡cómo tarda! haced que
+llegue pronto.
+
+Pero, ya está aquí, es él... es Pepe Ortiz.
+
+¡Viva Pepe! ¡viva Ortiz!
+
+¡Ah!... saluda al señor gobernador, a la junta y a la monja... Se ha
+quitado el sombrero y ahora se pone su redecilla roja. ¡Bueno! Después
+apoya contra el suelo su ancha espada de dos filos... ¡Jesús! ¡Cuánto
+oro en su traje color de naranja! ¡estoy deslumbrado! ¡oro por todas
+partes!... oro hasta en sus medias y en sus zapatos... En fin, ya está
+en la arena...
+
+--Mata al toro por mí, amor mío--le grita una andaluza de tez morena y
+de dientes de esmalte--. ¡Por Cristo! ¡no sonrías así a tu amante!...
+¡Huye, José, huye, que el toro se te echa encima!...
+
+Pero él lo espera a pie firme, con la espada entre los dientes; le
+agarra uno de los cuernos y salta ágilmente por encima de él. ¡Bravo, mi
+digno matador, bravo! recoge la flor de almendro que tu amada te ha
+echado mientras juntaba las manos para aplaudirte.
+
+¡Pero he aquí que el toro se revuelve! ¡Virgen del Carmen! ¡mala señal!
+Se detiene, ya no muge; sus piernas tendidas, los ojos sangrientos y la
+cola enroscada. Encomienda tu alma a Dios, José, porque la barrera está
+lejos y el toro cerca... Adelante, demonio... ¡adelante la afilada,
+espada!... ¡Demasiado tarde! la espada se ha roto en pedazos, y José,
+atravesado por un cuerno del toro, ha quedado clavado en la balaustrada.
+Ya decía yo bien. ¡Como hay Dios! ¡será una hermosa corrida!
+
+Entonces fueron los aullidos de alegría, los gritos de admiración
+convulsiva, gritos que hubieran resucitado a un muerto.
+
+--¡Bravo, toro! ¡bravo!--gritaron todas las voces de la multitud...
+¿Todas?... no, una sola faltó, la de la joven de la flor de almendro.
+
+Desde hacía mucho tiempo, no se había visto semejante fiesta; el toro,
+aún excitado por su triunfo, daba saltos espantosos, se encarnizaba
+contra los restos sangrientos del matador y del chulillo, y los jirones
+de aquellos desgraciados caían sobre los espectadores. Se estaba, pues,
+en una cruel incertidumbre sobre la suerte de la corrida, porque el fin
+de Pepe Ortiz había singularmente enfriado el celo de sus colegas,
+cuando un incidente extraño, inaudito, dejó a la multitud estupefacta y
+silenciosa.
+
+
+
+
+III
+
+EL GITANO
+
+¡Cómo hacen estremecer sus miradas
+ardientes!... ¡qué hermoso es!
+
+DELFINA GAY, «_Magdeleine_», cap. V.
+
+
+Ya sabéis que el circo de Santa María está construido a orillas del mar
+y que a él sólo dan acceso dos puertas. ¡Pues, bien! De pronto se abrió
+la barrera que daba frente al palco del gobernador y se presentó un
+caballero.
+
+No era un chulillo, porque no agitaba en el aire el ligero velo de seda
+roja, y su mano no blandía ni la larga lanza del picador, ni la espada
+de dos filos del matador; no llevaba tampoco ni el sombrero adornado de
+cintas, ni la redecilla, ni el traje bordado de plata. Vestido
+completamente de negro, a la moda de los acróbatas, llevaba polainas de
+gamo que caían en numerosos pliegues sobre su pierna, y una gorra de
+marinero sobre la que flotaba una pluma blanca; montaba con una destreza
+y una elegancia poco comunes, un pequeño caballo blanco enjaezado a la
+morisca, lleno de vigor y de fuego; en fin, largas pistolas ricamente
+damasquinadas pendían de los arzones de su silla, y él no llevaba más
+que uno de esos sables cortos y estrechos que usan los marinos de
+guerra.
+
+Apenas había aparecido, el toro se retiró al otro extremo de la arena
+para aprestarse a combatir al nuevo adversario. Gracias a esto, el
+hombre negro tuvo tiempo de hacer ejecutar algunas cabriolas a su
+caballo y de apostarse al pie del palco de la mujer. ¡¡¡Y tuvo el
+atrevimiento de mirar fijamente a aquella prometida del Señor!!!
+
+El rostro de la pobre joven se volvió rojo como la flor del granado, y
+ocultó su cabeza en el seno de la superiora, indignada de la temeridad
+del desconocido.
+
+--¡_Ave María_... qué atrevimiento!--dijeron las mujeres.
+
+--¡Por la Virgen! ¿de dónde sale ese demonio?--se preguntaban los
+hombres, estupefactos de tanta audacia.
+
+De repente, resonó un grito general, porque el toro tomaba impulso para
+lanzarse sobre el caballero de la pluma blanca, que se volvió, saludó a
+la monja y la dijo sonriendo:
+
+--Por usted, señora, y en honor de esos hermosos ojos azules como el
+cielo.
+
+Apenas acabó estas palabras, el toro embistió... El jinete, con una
+prontitud maravillosamente servida por la agilidad de su caballo, dio un
+bote y se encontró a diez pasos del toro, que le perseguía
+encarnizadamente. Pero, gracias a su velocidad, el caballo se le
+adelantaba siempre y tomó bastante ventaja sobre él para que su dueño
+pudiera detenerse un momento ante el palco de la monja, y decirle:
+
+--Por usted también, señora; pero esta vez en honor de esa boca
+encarnada, purpurina como el coral.
+
+El toro llegó con furia; el hombre de la pluma blanca, arrancó una
+pistola del arzón, apuntó y disparó con tanta habilidad, que el toro
+cayó mugiendo a los pies de su caballo. Viendo el peligro inminente que
+corría aquel hombre singular, la monja había lanzado un grito penetrante
+y se había precipitado sobre la balaustrada de su palco, apoyando en
+ella las dos manos; él se apoderó de una, imprimió sobre ella un beso
+ardiente, y continuó dirigiéndola una mirada terrible y fija.
+
+Había en aquella escena extraña tantos motivos de asombro para los
+españoles, que permanecían como petrificados. Aquel traje singular,
+aquel toro muerto, contra la costumbre, de un pistoletazo; aquel hombre
+que besaba la mano de una semisanta, de una prometida de Cristo, todo
+aquello contrastaba tanto con las enseñanzas recibidas, que la junta, el
+alcalde, el gobernador, se quedaron boquiabiertos, mientras que el que
+tan vivamente excitaba la curiosidad general, continuaba con los ojos
+inflamados y fijos sobre la monja, que, trémula y confusa, no tenía
+fuerzas para salir del palco. Era en vano que la superiora tratase de
+anonadarle con toda suerte de epítetos como: ¡impío, condenado,
+miserable, renegado! En vano le gritaba con el acento de la más santa
+indignación: «¡Tema la cólera del Cielo y de los hombres, usted que ha
+osado hacer oír palabras mundanas a unos oídos castos, usted que no ha
+temblado al tocar la mano de una esposa de Dios!
+
+El miserable miraba siempre a la monja, repitiendo con admiración: «¡Qué
+hermosa es! ¡qué hermosa es!»
+
+Por fin, la voz chillona del alcalde vino a sacarle de su éxtasis, tanto
+más fácilmente cuanto que la monja había abandonado el palco apoyada del
+brazo de la superiora, y que dos alguaciles habían sujetado la brida de
+su caballo, a lo que él no opuso resistencia alguna.
+
+--Por quinta vez, usted, cualquiera quien sea, responda--decía el
+alcalde--. ¿Con qué derecho ha matado usted de un pistoletazo un toro
+destinado a divertir al público? ¿Con qué derecho ha dirigido usted la
+palabra a una joven que mañana debe pronunciar sus votos santos e
+irrevocables? En una palabra, ¿quién es usted?
+
+Y el munícipe volvió a su asiento, enjugándose la frente, miró al
+gobernador con aire satisfecho y dijo a los dos alguaciles:
+
+--Tenedle bien por la brida.
+
+--¿Que quién soy?--dijo el extraño caballero levantando altivamente la
+cabeza, que hasta entonces no se había podido distinguir bien.
+
+Y viéronse sus facciones de una regularidad perfecta; sus ojos eran
+atrevidos y penetrantes, un bigote negro y brillante sombreaba sus
+labios encarnados, y su poblada barba, que se dibujaba en dos arcos a lo
+largo de las mejillas, iba a detenerse en un mentón con un hoyuelo. Su
+color era pálido y mate.
+
+--¿Que quién soy?--repitió con una voz llena y sonora--, va usted a
+saberlo, digno alcalde.
+
+Y apoyó vigorosamente sus espuelas en los flancos del caballo que dio
+una violenta sacudida. Entonces el animal se enderezó bruscamente y dio
+un salto tan prodigioso, que los dos alguaciles rodaron por el suelo...
+
+--¿Que quién soy?... ¡soy el gitano, el bohemio, el maldito, el
+condenado, si usted lo prefiere, digno alcalde!
+
+Y en dos saltos franqueó la puerta y la barrera, ganó la playa que
+estaba próxima y pudo verse cómo se arrojaba al mar con su caballo...
+
+Entonces ocurrió un suceso bastante raro. El nombre del gitano hizo un
+efecto tal, que todos los espectadores quisieron salir a la vez y se
+precipitaron hacia los vomitorios demasiado estrechos para dar paso a
+aquella masa de hombres que se agrupaban en la misma dirección. Por esta
+causa, las vigas de la plaza se resquebrajaron y crujieron, no pudiendo
+soportar una sacudida tan violenta y toda una parte del anfiteatro se
+hundió bajo los pies de los espectadores. El tumulto y el espanto
+llegaron a su límite, una multitud de personas estaban amontonadas las
+unas sobre las otras, y sobre todo aquellas que soportaban un peso tan
+enorme, lanzaban gritos lamentables y se encomendaban al santo de su
+nombre.
+
+--¡Es ese maldito, ese condenado--decían--, que ha atraído la cólera del
+Cielo osando profanar a la prometida de Cristo! su presencia es un
+azote... ¡Anatema, anatema sobre él!
+
+Y luego venían unas maldiciones capaces de hacer estremecer a nuestro
+santo padre.
+
+En vano el alcalde y el gobernador que habían escapado al desastre,
+trataban de restablecer el orden: ni siquiera podían conseguir hacerse
+oír, ya que eran algunos millares de seres magullados o aplastados los
+que aullaban a la vez. Las autoridades estaban ya invocando a los
+últimos santos del calendario, cuando aquel inmenso montón de hombres se
+disipó como por encanto. De pronto todos se encontraron de pie, pero en
+muchos, los acentos de un verdadero dolor habían reemplazado a los
+gritos de temor o de sorpresa.
+
+He aquí por qué:
+
+El desgraciado barbero Flores, situado en la parte más baja del circo,
+se encontró entre el número de los que soportaban todo el peso de la
+multitud. Después de haber hecho con sus compañeros de infortunio
+increíbles esfuerzos para escapar a la presión, y viendo que las sanas y
+buenas razones no podían nada sobre la indolencia de los compadres de
+las capas superiores, sin pensar que con ello aumentaban el malestar de
+los de abajo, el barbero Flores magullado, aplastado, articuló con pena
+a algunos desgraciados que gemían como él.
+
+--Compadres, estoy convencido de que jugando el cuchillo por encima de
+nosotros, a derecha e izquierda, conseguiremos despertar la sensibilidad
+y la piedad de nuestros opresores, gracias a algunos rasguños que yo
+después me encargaré de curar, sea con diaquilón, el ungüento, o la...
+
+Aquí se detuvo para tomar aliento, porque su desgraciado destino le
+había hecho caer inmediatamente bajo el cuerpo de dos frailes y de un
+carnicero.
+
+--O la balsamina--continuó respirando apenas--. Así, pues, padres míos,
+absolvedme por anticipado, porque es por la salvación de todos, sobre
+todo por los de abajo; y van ustedes a ver, mis reverendos, cómo la
+punta de un cuchillo persuade mejor que las más elocuentes palabras.
+
+--_Ave María_, que Dios nos guarde--respondieron los dos frailes que
+oprimían al barbero con toda su rotundidad monacal y que comprendieron,
+por sus movimientos bruscos y agitados que aquél buscaba su cuchillo--.
+En nombre del Cielo, ¡no haga usted eso, hijo mío! ¿No comprende que
+sería un homicidio?
+
+--Pero, padres míos, los homicidas son ustedes... ¿no comprenden que me
+están ahogando?
+
+--¡Por Cristo! A nosotros también nos ahogan.
+
+--Es por ustedes, pues, por quien voy a trabajar. Pónganse de lado,
+padres míos, las heridas son así menos peligrosas, porque no se
+encuentran más que las falsas costillas. En fin, yo la tengo--dijo
+abriendo con dificultad su navaja.
+
+--¿Están dispuestos, compadre?
+
+--¡Jesús! no lo estamos.
+
+--¡Es igual, que Dios nos ayude!
+
+Y se puso a herir de la manera que pudo por encima de su cabeza. Los que
+recibieron esta caritativa advertencia no encontraron nada más eficaz
+para hacerla cesar que imitarla, y este medio incisivo, propagándose de
+abajo arriba, con rapidez, tuvo bien pronto el resultado más
+satisfactorio, salvo los rasguños que Flores se encargó de cicatrizar y
+cicatrizó probablemente con su habilidad acostumbrada.
+
+Rehechos todos de esta violenta emoción, el primer grito fue el de
+preguntar dónde estaba el maldito, y correr a la orilla. Una tartana,
+con las velas rojas, empavesada como en un día de fiesta, se balanceaba
+a lo lejos... Era él, no podía dudarse--. ¡Al puerto! ¡al puerto!--y se
+precipitaron hacia el embarcadero para volar en su persecución.
+
+¡Pero allá, gran Dios, qué espectáculo! El pueblo español es talmente
+ávido de corridas de toros, que ni un hombre, ni una mujer, ni un niño
+habían quedado en la población; todos estaban en la plaza, los marinos
+mismos habían abandonado sus embarcaciones, y cuando llegaron
+apresuradamente, se encontraron todas las amarras cortadas y vieron a lo
+lejos faluchos y balandros que el mar se había llevado al retirarse.
+
+Entonces cayó un nuevo aluvión de maldiciones sobre el gitano, y todo el
+pueblo, en un movimiento espontáneo, se dejó caer de rodillas para pedir
+a Dios que hiciera hundir aquella tartana, que parecía burlarse de la
+llorosa multitud desplegando sus brillantes paveses de mil colores.
+
+De pronto, el cielo pareció escuchar aquella demanda, ciertamente justa,
+porque dos velas aparecieron a lo lejos; las dos cortaban el viento
+corriendo la una cerca de la otra, de modo que la embarcación del gitano
+debía encontrarse encerrada entre las dos o bien arrojarse a la costa;
+¡y cuál no fue la alegría pública cuando reconocieron a dos escampavías
+del Gobierno que izaron el pabellón español, asegurándole con un
+cañonazo!
+
+Entonces la tartana cambió rápidamente sus amuras, viró en redondo con
+una preteza prodigiosa, pasó por entre las dos escampavías y fue a parar
+fuera del alcance de sus perseguidores. Aunque la maniobra sabia y
+prestigiosa de la tartana hubiera derrotado los planes de campaña y la
+táctica de los espectadores de Santa María, ellos contaban siempre con
+la velocidad y el número de sus atacantes para ver a su enemigo
+aprehendido y arrastrado a remolque. Pero la tartana, teniendo sobre las
+dos escampavías una ventaja de marcha positiva, desapareció bien pronto
+detrás de la punta de la torre que avanzaba mucho sobre el mar; y no fue
+hasta después de un cuarto de hora de navegación que los guardacostas
+que navegaban en las mismas aguas, desaparecieron también a los ojos de
+la multitud, ocultos por el promontorio.
+
+Y todo Santa María temblaba de impaciencia y de deseo por conocer el
+resultado del combate que iba a librarse detrás de la montaña.
+
+
+
+
+IV
+
+LAS DOS TARTANAS
+
+Zarpa el balandro que se balancea
+sobre las olas, y brilla en el
+azul de los mares como una centella.
+
+VÍCTOR HUGO, «_Navarin_».
+
+
+--¡Adelante, mi fiel _Iscar_! ¡ya lo ves, el mar está azul y el oleaje
+viene a acariciar dulcemente tu ancho pecho, blanqueado por la espuma!
+¡Adelante! ¡tú hundes en el agua límpida tus narices que se abren
+temblorosas! y tu larga crin se cubre de perlas brillantes como gotas de
+rocío. ¡Adelante! mueve aún tus corvas vigorosas que hienden las olas.
+Valor, mi fiel _Iscar_, valor, porque ¡ay! los tiempos han cambiado.
+¡Cuántas veces, sobre la fresca verdura del prado de Sevilla o de
+Córdoba, tú alcanzabas y dejabas atrás las brillantes calesas que
+arrastraban a las hermosas granadinas, morenas y rientes, con su
+redecilla de púrpura que volaba al viento y su rica mantilla prendida
+con broches tornasolados! ¡Cuántas veces tú has relinchado de
+impaciencia cerca de la estrecha ventana cerrada por una cortina de
+seda, detrás de la cual suspiraba mi Zetta! ¡Cuántas veces tú has
+relinchado mientras que nuestros labios se buscaban y se oprimían
+ardientes, aunque separados por el tejido celoso! Pero entonces yo era
+rico; entonces el pabellón de guerra de las anchas franjas y del león
+real, se izaba en el palo mayor cuando yo subía a bordo de mi fragata;
+entonces la inquisición no había puesto aún precio a mi cabeza...
+¡entonces, no me llamaban el condenado! y más de una vez la mujer de
+algún grande de España me sonreía tiernamente cuando, en una bella tarde
+de estío, yo acompañaba con mi _guzla_ su voz pura y sonora. ¡Vamos,
+valor, mi fiel _Iscar_, porque el pasado está lejos! Pero tú me has
+entendido, porque tus orejas se levantan y tus relinchos redoblan.
+¡Valor, he ahí mi tartana! he ahí mi enamorada que se balancea sobre las
+olas como una gaviota se deja mecer en su nido por una onda
+transparente. Pero, ¿no oyes, como yo, pitos confusos y alejados, un
+rumor que viene a extinguirse en nuestros oídos? ¡Por el disco de oro
+del sol! ¡es esa innoble multitud de Santa María a quien mi nombre ha
+aterrado! Por lo menos he visto a esa monja por segunda vez. ¡Qué
+hermosa es! ¡y mañana enterrada para siempre en el convento de Santa
+María! ¡Qué crimen!... ¡y no se la robaré a Dios!
+
+Apenas el gitano pronunció estas palabras, cuando de la tartana cayó al
+agua una especie de puente flotante, e inclinado, que estaba amarrado a
+la borda del buque por largos brazos de hierro. El caballo apoyó
+fuertemente sus patas delanteras sobre la extremidad de la plancha y de
+un vigoroso salto ganó el combés que se elevaba muy poco por encima del
+mar.
+
+En el interior de aquella embarcación se notaba un esmero y una limpieza
+raros, y no se veía nadie a bordo, a excepción de un fraile, grueso y
+rechoncho, que llevaba un hábito azul y una cuerda ceñida a la cintura;
+pero el reverendo parecía presa de la mayor inquietud y angustia; armado
+de un enorme anteojo, lo paseaba incesantemente sobre el espacio que
+separa Santa María de la isla de León, lanzando a intervalos
+exclamaciones, lamentos e invocaciones que hubieran enternecido a un
+corregidor.
+
+Pero cuando hubo visto al gitano su rostro adquirió un aire que
+inspiraba verdadera piedad; su frente baja y rasurada, coronada de una
+línea de cabellos de un rubio pálido que parecían erizarse de furor.
+Movía a un lado y a otro sus hoscos ojos, y un temblor convulsivo
+agitaba sus labios y su triple barba. Por fin, habiendo hecho
+evidentemente todos los esfuerzos para articular una palabra y no
+habiéndolo podido conseguir, agarró al gitano por un brazo, y con el
+extremo de su anteojo, que temblaba en su mano de un modo espantoso, le
+designó un punto blanco que se advertía a la entrada del golfo.
+
+--¡Y bien! ¿qué es eso?--preguntó el réprobo.
+
+--¡Es... es... el... el... el guardacostas!--balbuceó el fraile con una
+pena extrema.
+
+Y se oían rechinar sus dientes. Y miraba, con los brazos cruzados sobre
+su pecho jadeante.
+
+El gitano se encogió de hombros, fue a sentarse sobre un empalletado y
+se volvió hacia Santa María repitiendo:
+
+--¡Qué hermosa estaba!
+
+El anteojo cayó de las manos del fraile; se golpeó la frente, tuvo un
+momento de recogimiento, se secó el rostro inundado de sudor, hizo un
+esfuerzo sobre sí mismo como para tomar una resolución atrevida, y
+dirigiéndose al comandante de la tartana, que parecía aún absorto en su
+amoroso ensueño, exclamó:
+
+--¡Réprobo... renegado... condenado... apóstata, excomulgado... hijo de
+Satanás... brazo derecho de Belcebú!...
+
+--¿Qué pasa?--dijo el gitano a quien este insultante exordio había
+sacado de su éxtasis.
+
+--¡Pues bien! ¡tres veces maldito! yo te conjuro en nombre del superior
+del convento de San Francisco que es mi dueño y el tuyo...
+
+--El mío, no, fraile.
+
+--Mi dueño y el tuyo--continuó--; te conjuro a desplegar las velas y a
+tomar el portante. Ese guardacostas se aproxima y nosotros deberíamos
+estar ya a la vista de Tarifa, si el infierno no te hubiera sugerido el
+loco pensamiento de ir a esa maldita corrida de toros y dejarme solo, a
+mí, que no entiendo nada de vuestras malditas maniobras. Y si te
+hubieran preso, ¡ahora que tu cabeza está a precio!
+
+--No les temo.
+
+--No se trata de ti, por Cristo, sino más bien de mí. Si tú hubieses
+sido detenido en tierra, ¿qué habría hecho yo aquí?
+
+--¡Qué quiere usted! las distracciones son tan raras en nuestro
+estado... la idea de ver esa fiesta me ha sonreído, ¡y sin duda me ha
+guiado mi buen ángel, padre mío!
+
+--¡No me llames tu padre, condenado! El que tú llamas tu buen ángel,
+¡por San Juan! tiene el pie torcido.
+
+--Como usted quiera, no insisto en ello... En cuanto a su invitación,
+hago tanto caso de ella como esto...--Y golpeó con su varilla sus botas
+que chorreaban agua--. Sepa usted que esperaré no sólo ese guardacostas,
+sino otro que debe llegar del Este.
+
+--¡Les esperarás! ¡virgen santa! ¡les esperarás! ¡Oh San Francisco,
+rogad por mí!
+
+Y después de un momento de silencio, gritó con todas sus fuerzas:
+
+--¡Arriba todo el mundo, arriba, hermano mío! En nombre del superior de
+San Francisco, yo os orde...
+
+--¡Acabemos, fraile!--dijo el condenado; y le puso una mano sobre la
+boca, y con la otra oprimió tan violentamente el brazo del tonsurado,
+que el desgraciado comprendió toda la significación del gesto y se
+arrojó sobre el puente del navío con la expresión de ese terror mudo que
+nos anonada cuando tenemos la convicción íntima de no poder escapar a un
+peligro inminente.
+
+El gitano sonrió compasivamente; después miró fijamente en dirección a
+la bahía de Cádiz.
+
+--¡Por las rocas de la Carniola! ¡tardas bastante tú también!--exclamó
+viendo la segunda escampavía destacarse del horizonte y avanzar con
+rapidez--. Llegan aquí como dos sabuesos que atacan a una corza en un
+zarzal; pero los sabuesos son pesados y torpes mientras que la corza es
+astuta y ligera. ¡Por sus ojos azules! la caza va a comenzar, porque se
+oyen los cuernos.
+
+Era una de las escampavías que había disparado un cañonazo. A este
+ruido inesperado, el desgraciado fraile dio un salto convulsivo, levantó
+instintivamente la cabeza por la borda, y, viendo las dos escampavías,
+la bajó rápidamente y se precipitó en el sollado haciendo repetidas
+veces la señal de la cruz.
+
+El gitano se aproximó silenciosamente a la brújula, comparó su dirección
+con la del viento, calculó las probabilidades de la brisa, reflexionó un
+instante... después tomó un silbato de oro suspendido de su cintura, se
+lo llevó tres veces a la boca, y de un salto se plantó en el
+empalletado.
+
+A esta señal, diez y ocho negros subieron silenciosamente al puente.
+Apenas se había oído un segundo toque de silbato, cuando la tartana
+había aparejado y desplegado su antena, su bauprés y su trinquete y el
+condenado manejaba la barra del timonel. Las dos escampavías se iban
+aproximando, una por cada lado, y no estaban a un tiro de cañón de la
+tartana, cuando ésta viró en redondo, pasó intrépidamente por entre sus
+enemigos, al mismo tiempo que les enviaba una andanada, y se precipitó
+en dirección a la punta de la Torre. Esta increíble maniobra no podía
+intentarse más que con un navío tan velero y de una marcha tan segura;
+porque antes que las dos escampavías se hubiesen colocado de popa al
+viento, el gitano bordeaba ya el promontorio, que le ocultaba a los ojos
+de los españoles, ocupados aún en orientarse. Es en este lugar donde los
+habitantes de Santa María le perdieron de vista.
+
+A un tiro de fusil de la base de este promontorio se elevaba una cadena
+de enormes bloques de granito que formaban, avanzándose hacia el mar,
+los bordes escarpados de un estrecho canal que serpenteaba entre ellos y
+el pie de la montaña y no tenía más salida que a través de los
+rompientes más peligrosos.
+
+El gitano estaba tan acostumbrado a semejantes escollos, que se aventuró
+sin temor por aquel pasaje, y después de haber navegado con una destreza
+maravillosa, hizo cargar todas las velas y desarbolar largando los
+obenques, que no estaban establecidos sobre un sitio fijo, sino sobre
+las garruchas; de modo que al cabo de algunos minutos la tartana, que
+tenía muy poco calado, había quedado lisa como un pontón y enteramente
+oculta por las rocas que disimulaban el canal por la parte del mar.
+
+Una vez allí, el silbato del condenado resonó de nuevo, pero en dos
+veces distintas, con modificaciones singulares.
+
+Bien pronto se oyó el ruido de unos remos que batían el agua
+acompasadamente, y se vio salir de detrás de un grupo de rocas una
+tartana semejante en un todo a la del gitano. En ella iba el joven de
+cara femenina e imberbe que tanto había asombrado al barbero Flores. El
+condenado le hizo un gesto que él pareció comprender, porque haló su
+navío a lo largo de los escollos mientras la profundidad del agua no era
+suficiente; luego, habiendo llegado al otro extremo del canal, después
+de haber evitado hábilmente una multitud de arrecifes, el viento hinchó
+sus velas y desembocó por el pasaje en el instante mismo en que las dos
+embarcaciones españolas doblaban el promontorio. Cuando vieron esta
+nueva tartana, forzaron las velas y se echaron sobre ella, creyendo
+perseguir aún al gitano.
+
+--Sois unos valientes cazadores--decía éste tranquilamente desde su
+escondite--. La corza os ha dado el cambiazo, y estás sobre una falsa
+pista; y mientras que ese pavo va a cruzar en todos los sentidos para
+fatigarlos y arrastraros en su persecución, la corza pondrá a buen
+recaudo los ricos tejidos de Venecia, los aceros de Inglaterra y los
+cobres de Alemania que tiene encerrados en su vientre. ¡Vamos, vamos! ¡a
+la caza, y por esa estrella que comienza a brillar, pueda la mía ser
+dichosa esta noche, porque el sol baja!
+
+En efecto, ya el sol tocaba a su ocaso, y el mar y el cielo,
+confundiéndose en el horizonte inflamado, no formaban más que un inmenso
+círculo de fuego. La cima de las olas centelleaba iluminada por los
+largos reflejos dorados que venían a extinguirse en las sombras que
+proyectaban las grandes rocas de la costa.
+
+Largo tiempo se vio a la tartana maniobrar con una agilidad sorprendente
+para escapar a las dos escampavías. Tan pronto aligeraba el aparejo y
+ponía la proa a través del oleaje que cubría al buque de una espuma
+blanca que caía en lluvia brillante con todos los matices del arco iris
+y parecía rodearle de una aureola de púrpura y azul; y allí,
+pérfidamente, esperaba a sus enemigos, abandonándose a las ondulaciones
+del agua... Después, cuando se aproximaban, creyendo ya echarle mano,
+ponía la popa al viento, extendía sus velas como grandes alas de
+púrpura, y dejaba bien lejos a los bonachones guardacostas que se habían
+locamente alabado de atraparle.
+
+Tan pronto, virando en redondo y cubriéndose repentinamente de
+banderolas y paveses de mil colores, corría al encuentro de sus
+perseguidores. Estos se separaban inmediatamente para tomarla entre dos
+fuegos, y se precipitaban activamente al combate. Pero la tartana, como
+una coqueta, inconstante y caprichosa, reanudaba su rumbo primitivo, y a
+la velocidad de todo su velamen, iba a sumergirse en las oleadas de luz
+que abrazaban la atmósfera, desesperando así a los honrados guardacostas
+que se apuntaban un nuevo fracaso. En fin, después de dar numerosas
+pruebas de su superioridad maniobrera y de marcha y fatigar a las
+escampavías, conseguía arrastrarlas bien lejos del lugar donde el gitano
+contaba llevar a cabo su desembarco.
+
+Porque la maldita tartana cumplió tan bien sus instrucciones, que poco a
+poco el vapor fue velando a las tres embarcaciones que se hundieron en
+la bruma y desaparecieron cuando el sol no arrojaba ya más que una
+claridad sombría y rojiza, y las estrellas comenzaban a brillar.
+
+En aquel momento, el gitano, inclinado sobre la borda de su tartana,
+escuchaba con oído atento un ruido cadencioso que resonaba pesadamente
+como el paso de muchos caballos.
+
+--¡Ellos son, por fin!--exclamó.
+
+
+
+
+V
+
+LA BLASFEMIA
+
+¿No eres, pues, más que un fraile llorón?
+
+J. JANIN, _Confesión_.
+
+
+No se podía descender de la cima de la montaña de la Torre, más que por
+un sendero estrecho tallado en la roca, que daba una serie de rodeos. La
+pendiente del camino era casi menos rápida, pero se necesitaba mucho
+tiempo para llegar hasta la playa.
+
+A la entrada de este sendero apareció un hombre a caballo, al que se
+distinguía difícilmente a la pálida luz del crepúsculo; se detuvo de
+pronto, pareció conferenciar con algunos de sus compañeros, sin duda
+ocultos entre los áloes, y después arrojó al aire un cigarrillo
+encendido que describió una ligera faja de fuego.
+
+Cuando la misma señal hubo partido de la tartana, aquel hombre continuó
+su marcha seguido de una docena de españoles, también a caballo, que
+avanzaron con precaución por entre las numerosas rampas de aquel difícil
+camino. Los unos llevaban sombrero, los otros una redecilla o un simple
+pañuelo de colores vivos cuyos extremos flotaban sobre sus hombros; pero
+todos tenían el color atezado, los ragos duramente característicos y el
+aspecto poco tranquilizador que distingue a los contrabandistas de
+tierra que operan en el litoral andaluz. Sus caballos iban cargados con
+dos anchos cofres cubiertos de una tela alquitranada, de una ligereza
+extraordinaria, pero tan grandes, que el jinete no podía montar más que
+sobre la grupa, donde se sentaba como un timbalero delante de sus
+timbales; además, pieles de carnero rodeaban sus cascos, de modo que era
+imposible oírlos cuando marchaban al paso.
+
+Llegados a la playa, a dos tiros de fusil de la tartana, el jefe de
+aquellos hombres detuvo su caballo y dijo a sus compañeros:
+
+--¡Por la silla de mi patrón!--aquí se quitó el sombrero--; hijos míos,
+a la claridad de la luna que se levanta, yo no veo sobre el puente del
+navío más que al maldito con su gorra y su pluma blanca.
+
+--¿Dónde está, pues, el hermano?
+
+UNA VOZ.--Si el hermano no está presente, ni un real de esas mercancías
+entrará en mis cofres, ¡Dios me salve! pero el superior del convento de
+San Juan hace muy mal en emplear a semejante descreído para desembarcar
+su contrabando, y aunque tenga allí un fraile para bendecirlo y para
+borrar las garras de Satanás, soy de opinión que tarde o temprano
+seremos castigados por traficar con un excomulgado. ¡Amén!
+
+EL JEFE.--¿Y crees que no temo, como tú, la cólera de la Virgen al tocar
+unas mercancías que ¡por Santiago! huelen más a azufre que a cera?
+
+UN FILÓSOFO (_que había sido cocinero_)--.¡Pero pensad, compadres,
+pensad que en todas las tiendas del camino las cambiarán por buenos
+dóllares de a cuatro sin preocuparse de si huelen a azufre o a cera!
+
+EL JEFE.--¡Cállate, impío!
+
+EL FILÓSOFO.--Después de todo, no son los exorcismos del reverendo los
+que le quitarán el olor, si es que lo tienen; a mí que me den las
+mercancías endiabladas, si son más baratas, y yo hago mi negocio; porque
+soy de opinión...
+
+--_¡Ave María purísima!_ compadeced al blasfemo--dijeron los
+contrabandistas persignándose y estremeciéndose de horror.
+
+Muchos fervientes católicos hasta se buscaron sus cuchillos.
+
+El gitano, que no concebía la causa de este retraso, reiteró la señal
+con el cigarrillo encendido.
+
+--¡Cuánto tiempo perdido!--dijo el filósofo, y avanzó por el agua hasta
+poder ser oído de los de la tartana--: ¡Señor condenado, señor
+maldito!--gritó con aire burlón--, ¿ha olvidado usted que estas santas
+gentes no se acercarán si el reverendo, con su presencia, no tranquiliza
+las conciencias tímidas de estos corderos?--Y volvió a unirse a sus
+compañeros que le maldecían.
+
+El gitano se golpeó la frente y dio un silbido.
+
+--¡El hermano!--dijo a un negro que se mostró a la entrada de la
+escotilla.
+
+El negro desapareció y volvió solo al cabo de un instante, haciendo un
+signo negativo con la cabeza.
+
+--¡Pues bien, izadle!
+
+El negro entonces, con una prontitud admirable, levantó una antena de la
+que ató una polea y una cuerda, descendió al sollado y tres minutos
+después se vio al reverendo elevarse majestuosamente, cernerse un
+momento por el aire y, descendiendo en un vuelo audaz, tomar tierra al
+lado del condenado, que le desembarazó amablemente de las cuerdas y
+garfios de que había sido rodeado aquel nuevo Icaro.
+
+Viendo la ascensión del fraile, los contrabandistas, que esperaban en la
+playa, habían gritado _gloria in excelsis_ y se habían arrodillado,
+creyendo que era un milagro; pero el filósofo rió mucho de su
+simplicidad.
+
+Cuando el nuevo Icaro estuvo de pie, midió con la vista al gitano con el
+aire más digno y más despreciativo que le fue posible, casi como el
+mártir mira a su verdugo.
+
+EL GITANO.--Dispénseme, padre, si le he ayudado a subir, pero esos
+honrados contrabandistas esperan con impaciencia que usted ejerza su
+sagrado ministerio.
+
+Y le mostró el grupo que observaba atentamente lo que pasaba a bordo.
+
+EL FRAILE.--¡De cuánta caridad cristiana no he de estar dotado para
+consentir en pasar días enteros con un apóstata, con un réprobo de la
+peor especie, y todo para purificar lo que tu herético y satánico
+contacto ha manchado; a fin de que los cristianos puedan servirse de
+esas mercancías sin temer la cólera del Cielo!
+
+EL GITANO.--¡Qué quiere usted, padre mío! Su superior me paga bien y me
+emplea para desembarcar los objetos de contrabando de que el convento
+está abarrotado; me emplea porque sabe que nadie mejor que yo conoce las
+revueltas y los escondrijos de esta costa, y que, si me prenden, en nada
+he de comprometerle... Pero ¡anatema, como usted dice, anatema! estoy
+maldito. Ya se sabe... y como los españoles, aun siendo contrabandistas,
+son demasiado religiosos para comprar cualquier cosa que haya tocado un
+excomulgado, le envían a usted para que bendiga estas ricas telas, estos
+brillantes aceros, a fin de que quede tranquila la conciencia de los
+compradores y de aligerar la cueva del convento. En fin, aunque en
+pequeño, somos Dios y el diablo.
+
+EL FRAILE.--¡Miserable!... ¡renegado!... ¡descreído!
+
+EL GITANO.--Además, usted hace un honrado comercio con esas buenas
+gentes, porque les vende un poco demasiado caro sus bendiciones y sus
+exorcismos, que, aquí entre nosotros, no hacen la seda más fina ni el
+acero más flexible.
+
+EL FRAILE.--¡Hijo de Satanás! ¡infame condenado!
+
+EL GITANO.--Pero como vuestro gracioso soberano paraliza todas las
+industrias y prohíbe todo aquello que no deja fabricar, el contrabando
+se hace indispensable; los frailes lo explotan con Gibraltar, y los
+españoles pagan doble lo que podrían fabricar en casa. A mí me hace esto
+mucha gracia.
+
+EL FRAILE.--¡Execrable réprobo! yo...
+
+EL GITANO.--¡Basta, fraile, esas gentes te esperan! Ve a cumplir tu
+obligación, porque el tiempo pasa y la noche avanza.
+
+--¡Perro maldito! ¡mi obligación!... ¡mi obligación!...--murmuró el
+fraile ganando la orilla por medio de un puente lanzado desde la
+tartana, y por el cual también el gitano había bajado, montado sobre su
+caballito que habían izado desde la cala, lo mismo que al reverendo.
+
+Mientras que el gitano se ocupaba en hacer desembarcar las mercancías,
+el reverendo se había aproximado a los contrabandistas.
+
+--¡La paz sea con vosotros, hermanos míos!--les dijo.
+
+--¡Amén!--respondieron ellos, besándole el hábito.
+
+EL FRAILE.--Ya veis, hijos míos, cuán cara me es vuestra salvación, y...
+
+EL FILÓSOFO.--Es decir: nos es cara... a nosotros. ¡Pero Dios haga que
+ese capital, colocado aquí en _oremus_, nos proporcione allá arriba la
+vida eterna!
+
+--¡Silencio, el hereje!--gritaron.
+
+El fraile hizo un gesto despreciativo y continuó:
+
+--¡Cuán cara me es vuestra salvación!... porque yo me expongo a pasar
+días enteros con ese hijo de Satanás, para que Dios no se irrite de
+vuestras relaciones con él.
+
+--Y para hacer su pacotilla--repuso el incorregible filósofo.
+
+--Por eso os bendecimos, padre mío--gritaron los otros contrabandistas a
+fin de ahogar aquella impertinente interrupción.
+
+EL FRAILE.--¡Jesús! hijos míos, yo lamento tanto como vosotros el que
+esa tartana sea mandada por un renegado; pero ese renegado es el único
+hombre, es decir, el único descreído, que conoce bien esta costa. ¡Ay!
+¡no presentarse un cristiano!
+
+--Oiga, padre mío--dijo el hombre víctima de la distracción de Flores,
+el hombre de la evacuación sanguínea--, oiga, ¿es una buena acción
+librar al mundo de un pagano?
+
+--¡Se gana el Cielo, hijo mío!
+
+--Gracias, padre mío--y se alejó.
+
+En aquel momento, el gitano había descendido de su caballo, y permanecía
+absorto en sus reflexiones, mientras que los negros acababan el
+desembarque. Su fiel _Iscar_ se revolcaba sobre la arena y mojaba sus
+largas crines, cuando de pronto dio un brinco y lanzó un relincho que
+hizo volver bruscamente a su dueño y le sacó de su ensimismamiento.
+
+En aquel momento, el cuchillo del marino se levantaba sobre el pecho del
+gitano; éste asió al asesino por la garganta con tal prontitud y fuerza,
+que no pudo ni lanzar un grito. El cuchillo cayó de sus manos; sus ojos
+giraron en sus órbitas y sus dedos quedaron rígidos; poco a poco se
+fueron aflojando, sus brazos cayeron a lo largo del cuerpo, sus piernas
+se debilitaron, y cayó estrangulado. Sus compañeros creyeron que se
+trataba de un fardo.
+
+--¡De rodillas, hijos míos!--dijo el fraile a los contrabandistas.
+
+Todos se arrodillaron, menos el filósofo, que miraba la luna silbando el
+_Trágala_.
+
+Entonces el fraile, armado de un hisopo, se aproximó a los fardos y dio
+una vuelta alrededor de ellos diciendo:
+
+--¡Atrás, Satán, atrás! y que este signo de redención purgue a esas
+mercancías de la mancha que la herejía ha impreso en ellas. ¡Atrás,
+Satán, atrás!
+
+Y echó torrentes de agua bendita sobre las cajas.
+
+--Las moja demasiado; va a estropearlas--dijo el filósofo.
+
+--¡Silencio!--gritaron todos a la vez.
+
+--¡Atrás, Satanás!--dijo otra vez el fraile--. Ahora, hermanos míos, ya
+podéis tocar esos objetos.
+
+Los contrabandistas le rodearon apresuradamente, y él sacó un largo
+papel de su cintura.
+
+--Esas seis balas, hijos míos, son de sederías venecianas cuyas muestras
+podéis ver a la luz de este farol. ¡Ved qué hermosos colores! ¡y qué
+tejido tan suave y tan apretado! La pondremos a dos doblones la vara,
+hijos míos.
+
+--¡Oh! ¡padre mío!
+
+--Tened en cuenta que ya está bendecida, hijos míos.
+
+--¡Por los cuernos de Satanás! el sello de la aduana del Cielo nos
+cuesta más caro que la de Cádiz--exclamó el maldito filósofo.
+
+--¡Cállate, miserable!--dijo el fraile.
+
+--Pero, reverendo, ¡dos doblones!
+
+--Si es regalado, hijo mío. Ya se los cuesta al superior.
+
+Y la discusión iba a entablarse, cuando, de lo alto del sendero, acudió
+corriendo un hombre presa de la mayor agitación; era el pescador Pablo.
+
+--¡Por la Virgen, huid!--exclamó--, ¡huid! los aduaneros me persiguen;
+hemos sido traicionados por el marino Punto. El ha indicado el lugar del
+desembarque al alcalde de Vejer; le ha prometido matar al gitano y le ha
+prometido además aumentar el desorden que produciría su muerte, largando
+las amarras de la tartana para dar tiempo a los aduaneros de llegar y de
+cortaros la retirada.
+
+--¡Muera! ¡muera Punto!--y los cuchillos brillaron.
+
+--Eso no es todo--añadió--; los crímenes y las profanaciones del maldito
+recaerán sobre vosotros, y el señor obispo ha ordenado que os prendan o
+que os den muerte como a los lobos de la sierra, por haberos unido a un
+renegado.
+
+--¿El santo pastor cambia sus ovejas por lobos? ¡Qué milagro!--añadió el
+filósofo.
+
+--Así, pues, ¡huid!... ¡huid!... no habrá cuartel para vosotros.
+
+--¡Muera Punto el traidor, muera!--y todos los cuchillos salieron de sus
+vainas.
+
+--Ya está muerto--dijo el gitano empujando el cadáver con el pie--. De
+modo que, cargad de prisa vuestras mercancías, porque la marea sube y el
+cielo se cubre de nubes; y una vez que hayáis visto brillar allá arriba
+las carabinas de los aduaneros, tendréis que escoger entre el fuego y el
+agua, hijos míos.
+
+Después dio un silbido prolongado, y todos los negros, habiendo vuelto a
+la tartana, retiraron el puente y marcharon a lo largo de las rocas que
+formaban el borde opuesto del canal. El condenado permaneció en la
+playa, montado sobre su fiel _Iscar_.
+
+--Ya se lo decía siempre al superior--gritaba el fraile--. Prevenga al
+señor obispo de que el condenado está a su servicio, y así él obrará en
+consecuencia. Nada... él ha querido ocultárselo, y he aquí lo que
+ocurre.
+
+Y dirigiéndose al gitano, le preguntó con inquietud:
+
+--¿Por qué haces alejar tu embarcación? ¿es que tendremos que abordarla
+a nado?
+
+--¿Y de qué nos serviría la embarcación ahora padre mío? No puedo ir con
+niebla por entre esos rompientes.
+
+--Pero al menos estaríamos en seguridad, en el caso en que los aduaneros
+bajasen para sorprendernos; y, ¡por Cristo! no podrían aproximarse a la
+tartana entre esos peñascos y esas olas. Haz poner el puente.
+
+El gitano, sonriendo, hizo un gesto negativo que aterró al fraile.
+
+Los contrabandistas no habían tomado parte en esta discusión; tal prisa
+se daban a embalar las mercancías que contaban obtener a mejor precio,
+gracias a este incidente. El filósofo, sobre todo, cargaba de tal modo a
+su caballo, que el desgraciado animal se doblegaba bajo el peso de las
+mercancías; no obstante, el filósofo continuaba acumulando fardo sobre
+fardo, mientras murmuraba:
+
+--Una vez en el camino de Vejer, será preciso que Dios te preste las
+alas de un serafín para que me alcances, fraile.
+
+Y su caballo llevaba, al menos, una tercera parte de la carga de la
+tartana.
+
+--¡Ah! ya caigo--dijo el fraile a quien el signo del gitano había
+asustado mucho--, ya caigo; el señor capitán se queda con nosotros,
+porque conoce una salida secreta que puede ayudarnos a salir de esta
+ensenada sin necesidad de subir por ese camino, tan alto como la escala
+de Jacob. El señor capitán me lo ha dicho cien veces, ahora lo recuerdo.
+
+Al acabar estas palabras, sus dientes se entrelazaban; estaba tan pálido
+como un cadáver, y no obstante quiso sonreír y miró al excomulgado con
+el aire más humilde y más amable.
+
+El rostro del gitano adquiría una expresión equívoca, cuando, al
+fogonazo de un tiro que partió de lo alto de la montaña, se vio a los
+aduaneros que se preparaban y tomaban posiciones. Toda esperanza de
+retirada por aquel lado se había perdido.
+
+--¡Virgen santa!, ¡sálvenos, señor capitán, sálvenos!--dijo el fraile--;
+¡la salida! ¡Señor! ¡indíquenos la salida!
+
+--¡La salida!--repitieron los contrabandistas con espanto, sin saber de
+lo que se trataba.
+
+--¿Qué salida?--preguntó el gitano--. Usted está soñando, padre mío, y
+me temo que sea un mal sueño; porque los aduaneros empiezan a bajar y
+las balas silban. ¡Oiga!...
+
+--¡Pero, Dios mío! Usted me había dicho que en medio de esas rocas
+existía un paso oculto que daba a la costa, un paso que podía darnos el
+medio de salir de esta, ensenada que ya el mar va cubriendo... ¡Virgen
+santa! ¡por todas partes rocas cortadas a pico!--exclamó el fraile
+desesperado, mirando por encima de su cabeza.
+
+--¡Por todas partes rocas cortadas a pico!--repitió el gitano.
+
+--Vamos, reverendo, un milagro; éste es el momento--dijo el filósofo que
+miraba dolorosamente su caballo tan ricamente cargado.
+
+Muchos tiros partieron de nuevo de la cima de la montaña, pero las balas
+caían muertas; porque los aduanares se aproximaban lentamente y estaban
+aún muy lejos, a causa de las vueltas que daba el sendero. La luna
+brillaba en medio de un hermoso cielo, y su dulce claridad alumbraba en
+todos sus detalles aquel curioso cuadro.
+
+--¡Cuánto me gusta una hermosa noche de verano!--dijo el gitano--; las
+flores se abren para aspirar la frescura del aire, y sus perfumes nos
+llegan más suaves. ¿Sentís, hermanos míos, el rico olor de los áloes y
+de los naranjos?
+
+Una nueva descarga interrumpió este inconveniente monólogo, pero esta
+vez cayó un contrabandista.
+
+--¡En nombre de Cristo! tú debes salvarnos ¡en nombre de Dios, yo te lo
+ordeno!--gritó el fraile enseñándole el cielo.
+
+Este movimiento resultó hermoso, pero no produjo ningún efecto, porque
+el gitano respondió riendo:
+
+--¡En nombre de Dios, de Dios!... ¿qué se figura usted, padre mío? No
+bromee, pues. El momento es grave, ¡grave!... vea usted a ese cristiano
+que se retuerce y pierde su sangre.
+
+A la risa espantosa del gitano se unió el ruido del mar, que ascendía,
+y empequeñecía cada vez más el espacio donde se oprimía aquel puñado de
+hombres.
+
+Los contrabandistas se persignaron temblando. Uno de ellos tomó su
+escopeta y la dirigió contra el gitano. El fraile se precipitó sobre él.
+¡Desgraciado! ¡sólo él puede salvarnos! ¡sólo él conoce la salida!
+
+Viendo aquel movimiento hostil, el gitano había entrado en el mar que ya
+cubría el pecho de su caballo.
+
+--He ahí a los aduaneros que bajan las últimas rampas, hijos míos, y ya
+sabéis que ahora las balas hacen daño--dijo el maldito señalando al
+contrabandista herido de muerte.
+
+Los demás se echaron entonces a los pies del fraile.
+
+--¡Padre mío, ruegue por nosotros!
+
+Y el fraile y ellos se prosternaron gritando:
+
+--¡San Juan, San Juan, rogad a Dios por nosotros!
+
+Y se golpeaban el pecho, mientras que al resplandor de las descargas, se
+veía al gitano, a caballo, y aquella figura extraña, cuyas proporciones
+la noche parecía doblar, se destacaba en negro con vivos reflejos de
+color de fuego sobre una lluvia de espuma deslumbrante de blancura.
+
+Los fogonazos se sucedían sin interrupción; un segundo contrabandista
+cayó, y se oían ya las voces de mando de los aduaneros.
+
+El espanto del fraile había llegado al límite; se arrastró hasta la
+orilla del mar, y allí, arrodillado en el agua, gritó al gitano con el
+acento del más profundo terror. ¡Sálvame, sálvame!
+
+¡Y el fraile lloraba!
+
+--¡Por el alma de tu padre, sálvanos! ¡te daremos tanto oro que podrás
+llenar tu tartana!--aullaron los contrabandistas.
+
+E imploraban con las manos juntas, mientras que tres de ellos se
+revolvían en las últimas convulsiones de la agonía.
+
+--¡Dios mío! ¡Dios mío!--balbuceó el fraile.
+
+Y el desgraciado se retorcía los brazos y se revolcaba sobre la roca
+ensangrentada.
+
+--¡Dios está sordo!--dijo el gitano--; invoca a Satanás.
+
+Y se echó a reír.
+
+--¡Atrás, atrás, blasfemo!--respondió el hermano levantándose
+horrorizado.
+
+Pero el mar adelantaba de tal modo, que las olas iban a romperse a sus
+pies y les cubrían de espuma.
+
+--Invocad a Satanás, y os salvaré. Detrás de esas rocas hay una salida
+secreta oculta por una piedra; ella os pondrá al abrigo de los
+aduaneros. Aun estáis a tiempo, porque ahora no os ven--dijo el gitano,
+que ya estaba a flote con su caballo.
+
+Y los contrabandistas interrogaban cada roca con desesperación, y el
+fraile, con la mirada fija y el rostro lívido, hizo un movimiento de
+horror pensando en la proposición del maldito... Después, no obstante,
+pareció vacilar.
+
+Y esto es concebible, porque en aquel momento, aunque ya no se veía a
+los aduaneros, se oía el ruido de sus armas y los preparativos de las
+baterías que armaban.
+
+--¡Pues bien!--dijo el fraile en su delirio--, ¡pues bien! Satanás,
+sálvanos, ¡porque tú no puedes ser más que Satanás!
+
+--¡Sí, Satanás, sálvanos!--gritaron los demás con un acento de terror
+indefinible.
+
+Y jadeante, con los ojos fijos y chispeantes, esperaban.
+
+ * * * * *
+
+El gitano se encogió de hombros, volvió la cabeza de su caballo del lado
+de la tartana, y la ganó a nado en medio de una granizada de balas,
+cantando una antigua canción mora del _Hafiz_:
+
+--¡Oh! permites, encantadora niña, que yo envuelva mi cuello con tus
+brazos, etc., etc.
+
+ * * * * *
+
+Los contrabandistas se quedaron anonadados.
+
+--¡Fuego! ¡por Santiago! ¡Fuego! Tirad sobre el caballo y sobre la pluma
+blanca, y sobre el mismo bandido--gritaba el oficial al que se
+distinguía perfectamente, porque su tropa se había parapetado detrás de
+una rampa, y desde allí hacía un fuego nutrido y continuo sobre los
+contrabandistas.
+
+Porque los que quedaban de estos negociantes sin patente, no tenían más
+que elegir que entre el fuego y el agua, como había dicho el gitano.
+
+--¡Fuego! ¡fuego sobre esos descreídos!--repetía el oficial para
+estimular a su gente--; el señor obispo ha prometido indulgencias para
+esta Cuaresma, y puesto que el jefe se nos escapa, aniquilemos al resto
+de la banda. ¡Fuego!...
+
+--Pero, capitán, veo a un religioso...
+
+--¡Infame! se ha disfrazado. ¡Fuego!
+
+--¡Por San Pedro! fuego, pues. ¡Por usted, reverendo!
+
+El fraile recibió el tiro en el pecho y cayó de rodillas. No quedaban
+más que dos, él y el filósofo, también herido. Los otros habían sido
+muertos, se habían ahogado entre los rompientes al querer ganar a nado
+la tartana, o arrastrados por las olas.
+
+--¡Hijos míos!--gritaba el fraile--, soy un religioso de San Juan
+enviado por el superior; ¡piedad en nombre de Cristo! ¡piedad!
+
+Y se agarraba a las agudas puntas de la roca.
+
+--Esto quiere decir--balbuceó el filósofo recibiendo una segunda y
+mortal herida--que si yo hubiera de creer en algo, no creería ni en Dios
+ni en el diablo, porque he llamado a los dos... y... y...
+
+Sus brazos se abrieron; dejó el trozo de granito que oprimía con fuerza,
+abrió desmesuradamente los ojos... y desapareció.
+
+--¡Gracia! ¡gracia! ¡Dios mío! ¡me ahogo!--aulló el fraile que se
+debatía entre las olas.
+
+--¡Cómo!--dijo el oficial--, ¡aun vive el impío! ¡fuego, pues, por
+Santiago!
+
+Tres disparos de carabina partieron a la vez; el hábito azul del
+reverendo flotó un instante, y después ya no se vio nada, nada... ni
+caballos, ni hombres, ni fraile... nada más que olas espumosas que
+habían invadido ya la primera rampa del sendero e iban a estrellarse
+con gran estrépito contra la segunda.
+
+Sólo el gitano se había salvado.
+
+--¡Por Cristo! su tartana va a estrellarse contra los escollos--exclamó
+el oficial--. Dios es justo, y puesto que sale del canal contra la
+marea, su pérdida es segura.
+
+En efecto, el condenado bordeaba intrépidamente aquel paso, que el furor
+de las olas debía hacer impracticable.
+
+
+
+
+VI
+
+LA MONJA
+
+¡Ah! este corazón ha descendido
+vivo a la tumba, y las austeridades
+del sombrío convento no me han preservado
+de una mirada criminal. En
+vano he llorado amargamente.
+
+DELFINA GAY, «_Madame de la Vallière_».
+
+
+Ciertamente, si yo fuese monje, y tuviese que elegir un convento,
+elegiría el de Santa Magdalena; es un digno convento, triste y sombrío,
+situado a orillas del mar, a siete leguas de Tarifa. Al Norte, el Océano
+golpea sus muros; al Sud, lagunas impracticables; al Oeste, rocas
+cortadas a pico; pero al Este... ¡ah! al Este, una bella pradera verde,
+atravesada por un riachuelo que serpentea y brilla al sol como una larga
+cinta plateada; y luego, las violetas y las clemátides que perfuman sus
+bordes, las palmeras de largas flechas y los almendros que dan sombra. Y
+luego, en medio de la llanura, la encantadora aldea de la Pelleta, con
+su alto campanario, blanco y esbelto, sus casas albas y su ramillete de
+naranjos y de jazmines. Y después, más lejos, las montañas obscuras de
+Medina, cuyas vertientes están cubiertas de olivos y de tejos...
+
+Os lo repito, si yo fuese monje, no elegiría otro convento que el
+convento de Santa Magdalena.
+
+¡Y los días de fiesta, pues! los jóvenes van a bailar casi bajo sus
+muros, y no negaréis que, para una pobre reclusa, es un gran placer oír
+el restallido embriagador de las castañuelas bajo los ágiles dedos de
+los andaluces... y ver los movimientos lentos y tranquilos del bolero...
+al majo perseguir a su maja que le huye y le evita... después se
+aproxima a él y le arroja un extremo de su corbata que él besa con
+transporte, y se envuelve una mano, mientras que con la otra hace
+resonar sus castañuelas de marfil.
+
+Agitad, agitad vuestras castañuelas, jóvenes, porque la cachucha
+reemplaza al bolero. ¡La cachucha! ¡he aquí una verdadera danza
+andaluza, una danza ardiente y animada, vertiginosa y lasciva! Id...
+id... rodead con vuestro brazo amoroso la cintura de vuestra amante, y
+arrastradla rápidos y estremecidos al son del instrumento sonoro. Id...
+su seno palpita... su ojo brilla, y el viento levanta su negra cabellera
+y deshoja su guirnalda de flores; después, murmuraréis a su oído:
+
+--Amor mío... cuán dulce me será respirar esta noche a tu lado el
+perfume de los almendros...
+
+Y ella se lanza más vivamente aún, y su brazo os ha oprimido tan
+fuertemente que habéis sentido su corazón brincar bajo su mantilla.
+
+Vaya, no temas, muchacha, tu madre no ha oído nada, y esta noche,
+después del rosario, cuando tu abuelo te haya besado en la frente,
+trémula, inquieta, tus piececitos desflorarán el césped, y te detendrás
+veinte veces, conteniendo la respiración. Por fin, te sentarás,
+palpitante, al pie de ese bello almendro florido, cuyas hojas
+relucientes reflejarán la dulce claridad de la luna. Allí, de pronto,
+dos fuertes brazos te envolverán. ¡Virgen santa! ¡qué atrevimiento! Pero
+entonces, valerosa muchacha, tú no tendrás miedo.
+
+Ya el son de las castañuelas es más opaco, el sol se pone, la cachucha
+vertiginosa ha cesado, las jóvenes regresan a su aldea y ríen, y cantan,
+alisándose con la mano los rizos sedosos de sus húmedos cabellos.
+
+Ahora no diréis como yo que es un digno convento el convento de Santa
+Magdalena; porque, en fin, figuraos una pobre joven encerrada en él, con
+sus diez y ocho años, sus ojos negros y su corazón español que late bajo
+su escapulario.
+
+A primera hora, maitines, una larga plegaria en una iglesia sombría y
+helada; después vísperas, después la misa, después la novena, después el
+_Angelus_ ¿y qué sé yo?
+
+Por toda distracción, dos horas de paseo en el jardín del viejo
+claustro. ¿Conocéis un jardín de claustro? grandes encinas negras y
+silenciosas, un césped raquítico encuadrado en verjas de cañas, y el sol
+a mediodía; eso es todo.
+
+Así, confesad, que cuando un día de fiesta se ha podido escapar de la
+iglesia para ir a su celda, ¡el corazón late desahogado y alegre!
+
+La reclusa entra en ella, cierra cuidadosamente la puerta, y ya está en
+su casa. ¡En su casa! ¿comprendéis esta palabra? cuatro paredes
+desnudas, pero blancas; un crucifijo de ébano encima de una mesita de
+nogal cubierta de flores; una reja que da sobre la verde pradera; una
+cama estrecha, sobre la cual se puede soñar. Francamente, con todas esas
+riquezas y vuestros recuerdos de niña, ¿envidiaríais la suerte de la
+camarera mayor de la reina de todas las Españas?
+
+Pues, no obstante, una joven está allí sola; el crucifijo, la mesita, la
+reja, la cama, el perfume dulce y tenue, todo lo tiene; pero ella no
+mira ni la pradera, ni el baile, ni el sol que se oculta
+resplandeciente.
+
+Oculta la frente entre sus manos y las lágrimas ruedan a través de sus
+dedos.
+
+Ya podemos figurárnoslo: era la monja que asistió a la corrida de toros.
+
+Ya no brillaban encima de ella el raso ni las pedrerías como el día en
+que se despidió del mundo. ¡Oh! ¡no! un amplio sayal de burdo paño
+envolvía su lindo talle como una mortaja, sus largos cabellos negros,
+habían sido cortados, y los que le quedaban estaban ocultos tras la
+blanca toca que dibujaba su frente cándida, más blanca aún. Pero, ¡Santo
+Dios! ¡qué pálida estaba! sus ojos azules, tan bellos y tan puros,
+estaban rodeados de un ligero círculo amoratado, en el que las venas
+surcan la piel suave y rosada.
+
+--¡Dios mío! ¡perdón! ¡perdón!--dijo, y se dejó caer de rodillas sobre
+el duro suelo.
+
+Algún tiempo después se levantó con las mejillas purpurinas y los ojos
+brillantes.
+
+--¡Huye! ¡huye, peligroso recuerdo!--exclamó precipitándose hacia la
+reja--. ¡Oh! ¡oh! ¡aire! ¡me abraso! ¡Oh! quiero ver el sol, los
+árboles, las montañas, esos bailes, esa fiesta. Sí, quiero ver esa
+fiesta, ser absorbida completamente por ese espectáculo brillante.
+¡Dichosos ellos! ¡Bravo, joven! ¡qué ligereza! ¡qué gracia! ¡cómo me
+gustan el color de tu basquiña y las trenzas de tu moño! ¡qué bien hace
+esa flor azul en tus cabellos rubios! Pero tú te aproximas a tu
+pareja... ¡Guapo mozo! sus ojos te miran con amor... _El_ también tenía
+una dulce mirada, pero...
+
+Y se calló, ocultando su cabeza entre las manos; porque su corazón latía
+con tal fuerza, que parecía querer saltársele del pecho. Después,
+reponiéndose, y hablando de prisa, como si hubiera querido escapar a un
+recuerdo que la oprimía:
+
+--¡Qué brillante está el sol! ¡Jesús! ¡qué hermoso matiz de púrpura con
+reflejos de oro! ¡qué tornasolado tan magnífico y tan raro! Tan pronto
+parece una elegante torre morisca con mil cresterías, ahora es un globo
+de fuego; pero sus contornos varían siempre, y se presentan
+destacados... ¡Virgen del Carmen! se diría que es un rostro humano...
+Sí... esa ancha frente... y esa boca... ¡Oh! no... sí... Jesús... ¡es
+_él_!...
+
+Y jadeante, había caído de rodillas, con las manos juntas, en una
+especie de éxtasis, ante aquella imagen fantástica, que el vapor fue
+revelando, se borró poco a poco y desapareció del todo.
+
+Cuando ya no vio más que un horizonte inflamado, se levantó en un
+violento paroxismo, y se arrojó sollozando sobre la cama.
+
+--¡_Él_!... ¡siempre _él_... _él_ en todas partes!--exclamó con un gesto
+de desesperación--. ¡Horror! cuando me prosterno ante tu imagen sagrada,
+¡oh Cristo! tus divinas facciones se borran... y es _él_ a quien veo...
+¡_él_ a quien adoro!... Sí, muda y confusa, quiero escuchar a la
+superiora, cuando lee un libro santo; pues bien, su voz parece
+debilitarse y desaparecer y es a _él_ a quien oigo; porque el sonido
+armonioso de sus palabras vibra siempre en mi corazón... ¡Horror! en
+fin, si me arrastro penitente al tribunal divino, allí también está
+_él_... porque mi amor es el único crimen de que pueda acusarme.
+
+Se echó a llorar.
+
+--¡Un crimen! ¿es verdaderamente crimen? ¡Oh madre mía! si no hubieses
+muerto, estarías conmigo; yo tendría mi cabeza sobre tus rodillas y
+tú... acariciarías con tus manos mis cabellos largos y rizados; y me
+dirías si es un crimen, porque yo te lo confesaría todo. Ya ves, madre
+mía, me habían dicho que yo sería dichosa en el convento, pero que para
+esto era preciso abandonar el mundo; dije que sí, porque entonces aún no
+sabía lo que era el mundo... Y después me vistieron y me adornaron como
+una santa y me llevaron a una fiesta en la que un toro mató a dos
+cristianos--así me dijeron--, porque yo permanecí oculta en el regazo de
+mi superiora durante todo el tiempo que duró aquel horrible
+espectáculo... Pero de pronto, un grito de extrañeza resonó y yo levanté
+la cabeza... era... era _él_. Sí, _él_... que fijó sobre mí una
+mirada... que me matará; y _él_ me dijo la primera vez, ¡oh, lo estoy
+oyendo aún: _Por usted señora, y en honor de sus hermosos ojos, azules
+como el cielo_. Después, rápido, se revolvió... y yo me estremecí a mi
+pesar... La segunda vez, me dijo con la misma voz, con la misma mirada,
+sonriéndome y saludándome con la mano derecha: _Por usted también,
+señora, y en honor de esa boca encarnada, purpurina como el coral_. Y
+con intrepidez esperó al monstruo cuyos cuernos estaban tintos en
+sangre, y lo abatió a sus pies... El espanto se había apoderado de mí,
+puse las manos en la balaustrada del palco, tanto temía por _él_; porque
+me parece que si _él_ hubiese sido herido, yo habría muerto. Entonces
+_él_ se apoderó de mi mano, ¡oh!, bien a mi pesar, madre mía... y la
+besó, sí...
+
+Sus ojos se cerraron. Apoyó la cabeza sobre la almohada y continuó en
+voz baja y con palabras entrecortadas:
+
+Y--quizá tú me dirás, madre mía: «Mi rosita, ¿le amas tú, pues? Bien,
+entonces os prometeréis y Dios os bendecirá». ¡Oh! sí, prometidos...
+Mira a mi novio, ¡qué hermoso es!... Flores, flores por todas partes...
+He ahí a mis compañeras con sus largos velos blancos... ¿no oyes el
+grave sonido del órgano... y la multitud que repite como yo: «¡Qué
+hermoso es el novio!» ¡Oh! llega el viejo sacerdote... su mano tiembla
+al unirnos; ya es mío, es mi esposo ¡es mi esposo... ¡Oh! madre mía,
+quédate, quédate... ¿Me dejas?
+
+--Tu esposo está contigo, ángel mío.
+
+--¡Madre mía! ¡mi buena madre!
+
+Dichosa joven, dormía. ¿No es, repito, un digno convento, el convento de
+Santa Magdalena?
+
+
+
+
+VII
+
+EL LEVANTE
+
+...¡La muerte!
+
+CERVANTES, «_Don Quijote_».
+
+
+El levante es un viento del Este; cuando sopla, palidecen hasta los
+marinos más intrépidos. No es una de esas inocentes brisas que levantan
+olas como montañas, ¡no!; el mar se eleva muy poco, porque es tal la
+fuerza del levante que rechaza las olas, que las nivela por el poder de
+presión que ejerce la columna de aire sobre la superficie del agua.
+
+Pero también es preciso que el timonel vele a la barra ¡Virgen santa! ¡y
+que vele bien si no quiere ver al navío desaparecer entre un torbellino!
+
+Después, el sol brilla, el cielo queda limpio, de un azul magnífico, con
+lindos matices de un rosa vivo, que producen el más encantador efecto.
+
+Las embarcaciones de un tonelaje elevado, tal como navíos, fragatas y
+corbetas, aun maniobrando con mucha prudencia, tienen mucho que temer de
+ese viento; pero las goletas, tartanas y faluchos, tienen todas las
+probabilidades posibles de zozobrar.
+
+Si el peligro es grande durante el día, debe ser inmenso durante la
+noche, sobre todo cuando se bordea cerca de las costas, que con
+frecuencia son atravesadas por corrientes de una velocidad de cuatro o
+cinco nudos.
+
+Era, pues, de noche, y el levante que soplaba sobre la costa, erizada de
+rocas, era un poco más violenta que no lo fue cuando el memorable
+vendaval de 1797, que hizo naufragar a todas las embarcaciones fondeadas
+en la rada de Cádiz; todo pereció, personas y buques.
+
+Era uno de esos temibles huracanes durante los cuales los marineros se
+quedan lívidos y creen en Dios.
+
+Las estrellas brillaban, las olas, al chocar unas contra otras,
+desprendían tantas luces fosforescentes, que aquella vasta llanura, de
+un negro sombrío, aparecía casi iluminada por millares de chispas
+azuladas, y verdaderamente, salvó el levante que mugía más que el
+trueno, era un hermoso espectáculo.
+
+Las dos escampavías que habían salido a la caza de la figurada tartana
+del gitano, bailaban sobre aquella sima abierta.
+
+Habían arriado sus gavias, sus foques, su vela mayor, y huían con el
+viento de proa sólo con el aparejo de mesana; había sido amarrada la
+barra del timón, y los sesenta y tres hombres que componían las dos
+tripulaciones, estaban muy ocupados en el sollado poniéndose a bien con
+Dios. Como no había ningún sacerdote presente, se confesaban los unos a
+los otros.
+
+La confesión es una cosa admirable en sí misma, en tierra, por ejemplo,
+en una iglesia de aldea donde las vidrieras dejan penetrar un alegre
+rayo de sol, cuando vais a partir para una larga campaña, y vuestra
+abuela está allí arrodillada, llorosa, haciendo arder un cirio bendito
+que ha dedicado a Nuestra Señora: ¡oh! sí, entonces, la confesión al
+oído de un juicioso y virtuoso sacerdote de cabellos blancos, que, al
+salir del confesionario y apoyando su brazo trémulo sobre el vuestro, os
+dice: «Hijo mío, vamos a ver a mis ovejas que bailan bajo los sauces
+allá abajo, al borde del arroyo, y de pasada llevaremos una botella de
+buen vino al pobre viejo Juan Luis, el protestante.»
+
+De este modo, sí, comprendo la confesión; pero a bordo, en medio de una
+tempestad, cuando únicamente a fuerza de brazos se puede escapar a una
+muerte inminente, cuando las olas se estrellan con furia contra la
+embarcación, cuando a cada momento se ve desaparecer una vela, cuando
+los palos se inclinan y crujen, cuando el oleaje se abate y muge sobre
+el puente, lo arrolla todo y arrastra hombres, vergas, botes... ¡oh!
+entonces la confesión es una práctica por lo menos fuera de uso y sin
+utilidad ninguna para virar en redondo o para largar una gavia.
+
+Quedamos en que a bordo de las dos escampavías habían sido amarradas las
+barras del timón; las dos embarcaciones navegaban en las mismas aguas, y
+como nadie, absolutamente nadie, había quedado sobre el puente, la
+gracia de Dios cuidaba de ellas; y esto, en la práctica, resultaba
+bastante mal, porque la escampavía _Urna de San José_, a consecuencia
+del ángulo que su barra formaba con su quilla, se dejó ir violentamente
+sobre su compañera la _Bendición de Nuestra Señora de los Siete
+Dolores_ y la abordó por la popa, y como la parte de detrás de un buque
+acostumbra ser menos resistente que la anterior, la _Bendición de
+Nuestra Señora de los Siete Dolores_ recibió el bauprés de la _Urna de
+San José_, en la obra muerta, que se abrió y dio libre acceso a una vía
+de agua que echó a pique a la escampavía y a los sesenta confesados y
+confesores.
+
+Ya veis que la confesión no vale nada en semejantes ocasiones.
+
+Pero la escampavía no se hundió rápidamente.
+
+La _Urna de San José_ sintió, a la espantosa conmoción que
+experimentara, que algo extraordinario pasaba en su exterior, y fue
+enviado un grumete, que se disponía a confesar su sexagésimo tercero
+pecado, para que se enterase de lo ocurrido. Montó en el acto,
+arrastrándose por el puente, vio el bauprés enteramente destrozado, y a
+un tiro de fusil a la otra escampavía, con la popa hundida, elevar su
+proa, donde se habían refugiado los tripulantes que quedaban.
+
+El capitán del buque que se hundía, puso sus dos manos ante su boca en
+forma de trompa, y por medio de esta bocina improvisada dijo no sabemos
+qué cosa al grumete que tuvo la atención de formar también con su mano
+una especie de trompeta acústica.
+
+Pero desgraciadamente la _Bendición de Nuestra Señora de los Siete
+Dolores_ estaba bajo el viento y el grumete no entendió ni una palabra;
+pero como le habían dicho que _viese_ lo que ocurría, se acurrucó en un
+rincón y miró.
+
+Algunos de los náufragos se arrojaron al mar; pero ¡por el ángel de San
+Pedro! había que nadar contra viento y marea para llegar a la
+escampavía, que no obstante no estaba lejos. Imposible. Se ahogaron,
+pues, los imprudentes, después de haber sido cegados por el remolino de
+las olas, que les azotaba y les ensangrentaba la cara.
+
+El grumete veía todo esto a la luz de su farol, tratando de no perder ni
+una convulsión, ni un rechinar de dientes a fin de ser exacto en su
+relación, pero rogaba a Dios por ellos; ¡el pobre y digno muchacho!
+
+Bien pronto, la proa de la escampavía se hundió también, y los que
+sobrevivieron a este desastre se subieron al palo de mesana, el único
+que había quedado en pie, y era cosa curiosa ver este palo, sobre el
+cual las cabezas de aquellos hombres estaban agrupadas, y que se me
+perdone la imagen como las cerezas sobre esos ligeros bastones que tanto
+placen a los niños.
+
+Esta viga, cargada de hombres, no permaneció ni diez minutos fuera del
+agua; pero durante esos diez minutos ¡qué drama más terrible!...
+
+Al final no quedaron más que dos sobre el palo, dos hermanos, según
+creo, gente piadosa y juiciosa; pero el instinto vital se sobrepuso a la
+fraternidad; cuando eran niños ¡oh! se amaban mucho. El más hermoso de
+los frutos era el que ellos se ofrecían, y cuando uno cometía una falta,
+su madre tenía que castigar a los dos, porque el uno no quería acusar al
+otro. Más tarde se enamoraron de la misma mujer, y la mataron para que
+no perteneciese a ninguno de los dos. Eran españoles, perdonadles. Por
+esta causa fueron condenados a cinco años de galeras; el mayor consiguió
+escaparse, pero no habiendo conseguido favorecer la evasión de su
+hermano, volvió a ingresar en presidio, por no querer abandonar a aquel
+ser querido.
+
+En fin, dos valientes y leales camaradas, si los hay; pero, ¿qué
+queréis? enfrente de la muerte está permitido sentirse un poco egoísta.
+
+El palo sobresalía aún unos seis pies del agua, y, para el que ocupaba
+la parte más elevada de él, era una altura comparable a las de las
+montañas más altas, porque en aquellos momentos decisivos, un minuto de
+existencia era un año... una pulgada de terreno, era una legua.
+
+El hermano mayor, que, no obstante, ocupaba el sitio inferior, sintiendo
+la frescura del agua, que le oprimía como un círculo de hierro helado,
+hizo un violento esfuerzo, y se agarró a las rodillas del menor.
+
+Este, que oprimía el palo con todas las fuerzas convulsivas de la
+agonía, intentó apoyar su pie sobre el pecho de su hermano para
+ahogarle... ¡Desesperación! ¡Imposible! Se apretaba las rodillas como un
+torno.
+
+Y, cosa rara, aquellas dos cabezas, que tantas veces se habían
+alegremente sonreído y tiernamente besado, allí se seguían con ojos de
+odio, se mataban con la mirada.
+
+En fin, el que ocupaba lo alto del palo, lo abandonó un instante.
+
+El otro advirtió el movimiento, y se soltó también.
+
+Es lo que el pequeño esperaba. Le arrojó los dos brazos alrededor del
+cuello, no suavemente como otras veces y diciéndole: «Buenos días,
+hermano», sino con frenesí. De modo que le estranguló oprimiéndole la
+garganta contra un tope de la mesana con un cabo de cuerda que flotaba.
+¡Crimen inútil! sólo el pensamiento se extinguió en aquel cuerpo, porque
+los brazos del cadáver estrechaban siempre las rodillas del fratricida,
+hasta que desaparecieron los dos.
+
+Cuando el grumete no vio nada más, se frotó los ojos, miró aún otra vez
+y bajó para contar lo que había presenciado, causando gran extrañeza,
+pero le dejaron con la palabra en la boca, con la promesa de que le
+dejarían acabar otra vez su relación, y el encargado del cuarto de
+babor, subió al puente por orden del capitán. El viento soplaba con un
+poco menos de violencia, pero la noche era clara; colocose un buen
+marinero en la barra del timón para evitar la deriva, y continuó la
+embarcación con rumbo al Oeste.
+
+Hacía algún tiempo que se dejaban llevar en esta dirección, cuando el
+marinero de guardia gritó:
+
+-¡Barco a estribor!
+
+Se precipitaron todos a la luz de los faroles y pudieron ver a la
+tartana completamente desmantelada, ¡a la tartana que perseguían desde
+la víspera! ¡a la tartana causa primera de todos sus desastres!
+
+--¡Por fin!--aulló el capitán--, la Santa Virgen nos protege y Dios es
+justo. ¡Vas a pagar, maldito, la muerte de nuestros hermanos!
+
+Y a pesar de la impetuosidad del viento, intentó sesgar.
+
+
+
+
+VIII
+
+LA «URNA DE SAN JOSÉ»
+
+¿Por miedo?... No, señor...
+
+CALDERÓN.
+
+
+--¡Santiago! ¡Santiago!--gritó el capitán de la _Urna de San José_--.
+¡Santiago! haz que los artilleros ocupen sus piezas.
+
+--Capitán... yo...
+
+--¡Cualquiera diría que tiemblas!...
+
+--No, capitán, pero el levante ha alterado mis nervios...
+
+--¡Por Cristo! ¿Qué se diría si se viese al teniente del navío que yo
+mando temblar como una gaviota entre un temporal? Vamos, artilleros, a
+vuestras piezas; ¡y vosotros, rumbo hacia la tartana, que Satanás
+confunda! Cuando hayamos cambiado de disposición le largaremos una
+andanada. ¡Que Dios me ayude!... el levante cede... ¡Ah! ¡por la Virgen!
+¡será una hermosa fiesta para el pueblo de Cádiz verte entrar con
+hierros en las manos y en los pies, con tu tripulación de demonios,
+perro maldito!--decía el honrado Massareo mostrando el puño a la tartana
+desamparada, silenciosa y sombría, que se balanceaba al movimiento de
+las olas.
+
+Sí, sí--continuó Massareo--, ¡por San José! ¡conozco tus astucias! te
+meneas menos que una boya para que me ponga a tu alcance... Entonces tú
+arrojarías, a mi pobre barco una andanada de azufre que nos haría arder
+lindamente... ¡o me jugarías alguna otra pasada diabólica! Pero Dios
+protege al viejo Massareo. Más de una vez ha escapado con los ricos
+galeones de Méjico a los garfios de esos malditos ingleses, que, no
+obstante, no tienen nada de tontos, ¡los herejes!--y se persignó.
+
+Después, dirigiéndose, al timonel:
+
+--No vayas contra el viento; orza, orza, torpe, y piensa en virar en
+redondo.
+
+El levante disminuía sensiblemente, y se veía, por las nubes que
+avanzaban rápidamente desde el horizonte y por las oscilaciones de la
+brisa, que el viento cambiaba de dirección. Las estrellas aparecieron
+veladas, y la noche, de clara que era, se tornó sombría. La tartana
+estaba sumergida en la obscuridad; solamente un punto luminoso brillaba
+en su popa, en la dirección de la cámara; pero no se oía el más ligero
+ruido a bordo, ni se veía a nadie sobre el puente.
+
+El capitán del guardacostas, habiendo efectuado dichosamente su cambio
+de amuras, se dejó ir sobre la tartana, hasta una distancia de medio
+tiro de pistola. Entonces llamó a su teniente Santiago, pero éste,
+creyendo que se trataba de mandar el fuego, había desaparecido con la
+rapidez del relámpago.
+
+--¡Santiago!--repitió.
+
+--Señor capitán, está en el fondo de la cala; dice que le ha enviado
+usted para que vigile cómo sacan la pólvora.
+
+--¡El miserable! ¡Por Santiago! que le traigan muerto o vivo; y tú,
+Alvarez, dame mi bocina de combate.
+
+Entonces el bravo Massareo volvió hacia el barco mudo el enorme orificio
+del instrumento y gritó:
+
+--¡Ah de la tartana!... ¡ah!
+
+Después bajó la bocina, se llevó la mano a la oreja para no perder ni
+una palabra, y escuchó atentamente.
+
+Nada... Profundo silencio...
+
+--¿Eh?--dijo al primer contramaestre que estaba cerca de él.
+
+--No he oído nada absolutamente, señor capitán, a no ser una especie de
+gemido; pero, ¡por el Cielo! no se fíe usted, vale más que les hable a
+cañonazos; ese lenguaje lo entenderán perfectamente, ¡por San Pedro!,
+porque nuestro valiente almirante Galledo, que Dios tenga bajo su brazo
+derecho--aquí se quitó su gorra--, nuestro valiente almirante decía
+siempre que ésta era la lengua universal, y que...
+
+--¡Paz, Alvarez, paz! cállese el viejo congrio. Me ha parecido ver
+moverse alguna cosa sobre el puente.
+
+Y de nuevo, empuñando la inmensa bocina, gritó:
+
+--¡Ah de la tartana!... ¡ah!... enviad una embarcación, si no os echo a
+pique...
+
+--Como perros malditos que sois--añadió Alvarez.
+
+--¡Te callarás! pueden haber hablado, y tu necia lengua que va tan de
+prisa como el gato de un cabrestante, me ha impedido oír nada--dijo el
+capitán con una volubilidad colérica, repitiendo por tercera vez--: ¡Ah
+de la tartana!... responded o hago fuego.
+
+Esta vez se distinguió un gemido prolongado que no tenía nada de humano,
+y que hizo estremecer al capitán Massareo.
+
+--Capitán, si usted quiere creerme--dijo Alvarez, persignándose--,
+enviémosles una andanada y viremos en redondo; porque veo el fuego de
+San Telmo que revolotea en su popa, y ¡por la Virgen! no se está bien
+aquí.
+
+--¡Esto es demasiado!--exclamó Massareo--. ¡San Pablo, rogad por
+nosotros! ¡Vamos! ¡por la gracia de Dios! Artilleros, a vuestras piezas;
+armad vuestras baterías. Bien. Haced la señal de la cruz. Bien. Ahora
+¡fuego!... ¡fuego a estribor!...
+
+La andanada partió, y el fogonazo, iluminando un instante la tartana,
+proyectó sobre las aguas un vivo reflejo de luz.
+
+Después, cuando el humo blancuzco de la pólvora se hubo disipado, se vio
+al navío inmóvil, silencioso, con su punto luminoso a popa, obscurecido
+de cuando en cuando por una sombra que pasaba y repasaba en la cámara.
+
+--¿Y bien, Alvarez?--preguntó Massareo que no comprendía la obstinación
+del barco cañoneado.
+
+--Señor, todas las balas le han caído encima y el maldito no se menea. Y
+sin embargo, hay gente a bordo, lo juraría por mi rosario.
+
+--El caso es espinoso--dijo Massareo con inquietud--; voy a hacer correr
+una bordada, mientras que yo, tú, Pérez y ese poltrón de Santiago, cuyo
+consejo es sin embargo muy provechoso, nos reunimos para deliberar
+acerca de lo que hay que hacer.
+
+Viraron en redondo dirigiéndose hacia el Este; se envió a buscar a
+Santiago, se reunieron los cuatro miembros de la asamblea, y comenzó la
+discusión.
+
+Ningún plan había sido adoptado, cuando el prudente Santiago exclamó:
+
+--Con la protección de la Virgen, he aquí lo que yo haría; armaría una
+chalupa, me aproximaría a la tartana maldita y entraría al abordaje...
+¡Eh, compadres! ¿qué les parece?
+
+A los compadres también se les había ocurrido este medio, el único que
+razonablemente podía emplearse, pero se habían guardado muy mucho de
+decir esta boca es mía, porque sabían que el que propusiera esta medida
+sería naturalmente encargado de ejecutarla. La inconcebible temeridad de
+Santiago les sacó de su embarazo y no tuvieron más que una voz para
+alabar y felicitar al autor de aquel admirable plan de campaña, que vio,
+pero demasiado tarde, en qué peligrosa situación se había colocado.
+
+--El Cielo le ha inspirado, Santiago, dele las gracias--dijo el capitán.
+
+--¡Hermano Santiago, qué dichoso eres!--exclamó Alvarez golpeándole
+amistosamente la espalda--. ¡Por Cristo! es una hermosa ocasión para
+ascender a oficial. ¡No estar yo en tu lugar! ¡Cuánta gloria vas a
+recoger ejecutando tu audaz proyecto! ¡¡¡Abordar al maldito!!! Venderán
+tu retrato por las calles de Cádiz y te sacarán canciones. ¡Dichoso
+mortal!
+
+Y se precipitó por la escalera que conducía a la cala silbando un
+motete.
+
+--¡Pero--exclamó el desgraciado Santiago, trémulo y aturdido--, yo no he
+dicho que...!
+
+--Usted tendrá más probabilidades para abordar al maldito atacándole por
+estribor, hijo mío--le dijo gravemente el artillero Pérez--; por babor
+trae desgracia, y he aquí probablemente lo que la pasará: Se acerca
+usted a cierta distancia... tiran contra usted... Perfectamente,
+compadre... Se aproxima aún más... y desde lo alto de las vergas le
+tiran un puñado de balas que caen sobre su chalupa... Muy bien,
+compadre. Entonces, con la agilidad que usted debe poseer, usted y su
+gente, tratan de aferrarse a los portaobenques, a las escalas y a todo
+lo que esté a su alcance... Perfectamente, compadre. Pero he aquí que
+¡por todos los santos del paraíso! mientras que estáis agarrados a la
+borda, se abre de pronto una escotilla y os encontráis frente a la nariz
+con una docena de anchos esmeriles cargados hasta la boca de balas,
+clavos y lingotes que, como usted puede suponer, hacen un fuego del
+infierno y matan por lo menos a las tres cuartas partes de sus hombres.
+Entonces los que quedan, si es que queda alguno, se lanzan ágilmente al
+abordaje como gatos salvajes, el puñal entre los dientes y la pistola en
+la mano; viene una lucha cuerpo a cuerpo, se mata, se muere... pero
+siempre se recoge gloria y... esto es todo. ¡Por los dolores de Nuestra
+Señora, que no esté yo en su lugar! ¡oh! sí, ¡que no esté yo en su
+lugar, hijo mío!--repitió lanzando un ardiente suspiro, pero
+desapareciendo velozmente en el sollado.
+
+--¡Pero, Santa Virgen!--exclamó Santiago que había estado a punto de
+interrumpir veinte veces al artillero Pérez--, pero ¡por la corona de
+espinas de Jesucristo! si yo he dado ese consejo, no ha sido para
+ejecutarlo yo mismo, y puesto que envidian mi lugar...
+
+--No, Santiago--repuso el bravo Massareo--, eso sería una injusticia;
+esa misión le pertenece de derecho, y usted la tendrá, Santiago, usted
+la tendrá. Sería llevar la delicadeza demasiado lejos.
+
+--Usted ha sembrado, justo es que recoja--dijo otro.
+
+--Sin duda, hace falta mucho valor, sangre fría, agilidad y sobre todo
+mucha suerte para llevar a cabo una empresa tan peligrosa; pero con la
+ayuda de Dios y de su patrón, Santiago, usted saldrá de ella con honor,
+o bien morirá con la muerte de los valientes, lo que no es dable a todo
+el mundo. Vamos, hijo mío, cumpla bien, que Dios y su jefe tienen la
+vista fija en usted--dijo el capitán.
+
+--¡Pero, por todos los santos de la capilla de la catedral de
+Cádiz!--exclamó Santiago pálido de cólera y de temor--, yo quiero al
+instante...
+
+--No puedo por menos que alabar semejante prisa, Santiago. Voy, pues, a
+dar las órdenes oportunas para hacer armar la chalupa. Nada le faltará:
+puñales, hachas, picas de abordaje, esmeriles, balas, cartuchos de
+metralla. Esté tranquilo, hijo mío, que yo velo con la solicitud de un
+padre... Vamos, vamos, modere ese ardor, y, como un verdadero español,
+piense en Dios, en su rey y en su dama, si es que usted la tiene.
+Piense, pues, cuál será su alegría, cuando le vea volver moribundo,
+cubierto de heridas y seguido de la multitud que gritará: «¡Es él, es el
+vencedor del gitano! ¡es el valeroso Santiago!» ¡Ah! hijo mío; si mi
+cargo no me obligase a permanecer a bordo... ¡muerte de mi vida! no
+tendría usted esa misión. ¡No, por Santiago! yo se la habría disputado.
+
+Y tomaba el mismo camino que los demás miembros del consejo, cuando
+Santiago le retuvo por el brazo gritando:
+
+--No, capitán, no; preferiría mejor no descubrirme en la iglesia, no
+arrodillarme ante el Santo Sacramento, faltar a mi rosario, que ir a
+bordo de ese condenado barco, de ese barco donde Satanás tiene su corte;
+y además--continuó con tranquilidad, muy convencido de haber encontrado
+un argumento sin réplica--, además, mi religión me prohíbe el contacto
+de los excomulgados y de los apóstatas.
+
+--¿Quién habla de eso, hijo mío?--dijo el capitán persignándose--; soy
+demasiado buen cristiano, aprecio demasiado la salvación del cuerpo y
+del alma de mis marineros para exponerlos así.
+
+--En hora buena, capitán, eso es; cuide sobre todo de la salvación del
+_cuerpo_, ¿entiende usted? del cuerpo de sus marinos, es lo más
+importante--dijo Santiago un poco más tranquilo.
+
+--Hijo mío--repuso el capitán--, usted no me ha comprendido; yo estoy
+lejos de exigir de usted que estrangule al descreído con sus propias
+manos. ¡Virgen santa! no, sin duda; ese contacto me hace estremecer de
+horror; pero la bala de su mosquete o la hoja de su puñal evitará esa
+mancilla a sus cristianas manos.
+
+Santiago, más exasperado aún por la decepción que experimentaba,
+exclamó:
+
+--¡Ni el hierro, ni el plomo, ni yo daremos muerte a ese excomulgado!
+¡No iré a bordo, por las mil llagas de San Julián, no, no iré!--añadió
+golpeando violentamente el suelo con el pie.
+
+--Santiago, amigo mío--dijo fríamente el capitán--; tengo el derecho de
+vida y muerte sobre todo hombre de mi tripulación que se me rebele o se
+niegue a ejecutar mis órdenes.
+
+Y diciendo esto, le mostró dos pistolas que había sobre el cabrestante.
+
+Ante aquella espantosa alternativa, Santiago prefirió el abordaje, y
+descendió a la chalupa que le esperaba, con la sombría resignación del
+hombre a quien llevan a la muerte.
+
+Al alejarse de la escampavía, el desgraciado Santiago, acordándose de
+los consejos y las predicciones de Pérez, que el miedo había grabado en
+su mente, esperaba a cada momento una súbita descarga de mosquetería. Se
+acercó, no obstante, a lo largo de la tartana, sin que se oyese ni un
+solo disparo. Entonces, arrojando su amarra, recomendó su alma a Dios,
+porque, según los informes topográficos y precisos del artillero, era en
+aquel momento cuando las amplias bocas de los esmeriles debían hacer un
+_fuego del infierno_.
+
+Esperó, pues, y besó su rosario exclamando:
+
+--¡De rodillas, hermanos míos, somos muertos!
+
+Los diez hombres que le acompañaban, aprovechando a todo evento esta
+advertencia, se arrojaron al fondo de la chalupa.
+
+Silencio, siempre silencio. No se oía... no se veía nada... más que la
+luz que brillaba siempre en la cámara, y que de cuando en cuando
+aparecía obscurecida por una sombra que la ocultaba.
+
+Santiago, un poco más tranquilo, se atrevió a levantar la cabeza, pero
+la bajó prontamente al oír un crujido de la tartana, y luego la volvió a
+levantar, sin ver esmeriles ni escotillas.
+
+Como nada da tanta tranquilidad como un peligro pasado o evitado,
+Santiago se enderezó presa de un ardor marcial, y trepó a bordo de la
+tartana seguido de sus diez hombres, a quien su ejemplo electrizaba.
+Llegados al puente, no encontraron más que despojos, jarcias destrozadas
+por el viento, un desorden, en fin, que anunciaba que aquel buque había
+sufrido cruelmente los efectos del levante. Pero de pronto se oyó un
+ruido desordenado en el sollado.
+
+Los diez marineros y el segundo de la _Urna de San José_ se miraron
+palideciendo; no obstante, gritaron con voz un poco temblorosa, es
+verdad:
+
+--¡Viva el rey! ¡Adelante la _Urna de San José_ y el valiente Santiago!
+
+Porque los compañeros de armas del valiente Santiago, que se apretujaban
+los unos contra los otros, al oír aquel ruido imprevisto, se aproximaron
+tan bruscamente a él, que el desgraciado héroe fue precipitado por la
+escotilla que tenía a sus pies, y desapareció.
+
+Sus marineros, tomando aquella caída por una prueba de abnegación y de
+intrepidez, siguieron al nuevo Curcio a los gritos de ¡viva Santiago! y
+saltaron en el sollado como los carneros de Panurgo.
+
+Santiago se había levantado prontamente, y aprovechando el error de sus
+hombres, les dijo en voz baja:
+
+--Hijos míos, el valor y la sangre fría no son nada; ya habéis visto
+todos que, aun a riesgo de caer sobre millares de picas o de sables, me
+he precipitado ciegamente en el sollado... eso es audacia,
+sencillamente.
+
+--¡Viva nuestro Santiago!--repitieron los marinos.
+
+--Callaos, hijos míos, en nombre del Cielo, callaos; lanzáis unos gritos
+capaces de asustar a las gaviotas. Guardaos vuestros ¡viva Santiago!
+para más tarde. Ya gritaréis eso en la plaza de San Antonio. Será de un
+gran efecto; pero, mientras tanto, veamos el medio de forzar el reducto
+de esos condenados.
+
+Y mostraba la cámara en la cual se hacía siempre un ruido infernal. De
+pronto, como si se le ocurriese una idea súbita, exclamó:
+
+--¡Amigos míos, armad vuestras carabinas!... ¡Fuego sobre ese tabique!
+
+Lo que había decidido sobre todo a Santiago a esta maniobra, es que
+encontrándose necesariamente detrás de su tropa, se vería libre del
+primer choque de la salida que podrían intentar los sitiados.
+
+--¡Fuego! ¡y que el Cielo nos ayude!--repitió empujando a su pelotón.
+
+Y sonó la descarga.
+
+A una distancia tan corta, las balas, llegando en masa sobre el tabique,
+lo hundieron en parte, y antes de que los marineros hubiesen vuelto a
+cargar sus armas, una masa espantosa les derribó y pasó por encima de
+ellos lanzando horribles mugidos.
+
+--¡Desconfiad!--gritaba Santiago, que estaba guarecido detrás de uno de
+sus valientes al que hacía servir de escudo--; desconfiad, es una
+astucia de guerra; quieren caer de improviso sobre nosotros; volved a
+cargar las armas.
+
+--Señor teniente--dijo uno de los marinos--, ¡pero si el sitiado tiene
+el más hermoso par de cuernos que jamás cristiano alguno haya tenido
+plantados sobre la cabeza!...
+
+--¡Apresad al monstruo!--gritó Santiago retrocediendo con su escudo
+viviente--, es el condenado, apresadle... _Vade retro, Satanas_...
+¡Santiago, San José, tened piedad de nosotros!
+
+--Pero, teniente... si esto no es... más que un buey ¡por la Virgen! un
+excelente buey que se mueve. ¡Con siete balas en el cuerpo!
+
+Y la luz que se trajo de la cámara, permitió comprobar la exactitud de
+este curioso boletín. Era, en efecto, un buey destinado a la comida de
+la tripulación de la tartana, y que se habían probablemente visto
+obligados a dejar al abandonar la embarcación.
+
+--¡Un buey! ¡un innoble buey!--decía Santiago--. Un plan de ataque
+combinado con tanta sangre fría y ejecutado con tanta audacia para...
+¡para apoderarnos de un buey al abordaje!
+
+--Nos lo llevaremos, ¿verdad, teniente? Nos vendrá al pelo porque ¡hace
+tanto tiempo que no comemos carne fresca!
+
+--Os guardaréis de ello... ¿lo oís?--repuso Santiago con cólera--. ¡Qué
+brutos y qué asnos sois! es decir, que queréis exponeros a las burlas de
+vuestros camaradas presentando ese hermoso trofeo... Me opongo
+terminantemente; subid al puente, seguidme, cerrad las escotillas, y
+sobre todo, una vez a bordo, no desmintáis ni una palabra de lo que diré
+al capitán, tanto en vuestro interés como en el mío.
+
+Santiago volvió a bordo de la escampavía, donde ya comenzaban a estar
+inquietos, e hizo con una rara imprudencia, un relato detallado de su
+combate con el gitano y sus demonios.
+
+--En fin--añadió--, en fin, lo cierto es que todos están muertos o fuera
+de combate.
+
+Al escuchar aquella heroica narración, en que la intrepidez de Santiago
+se revelaba por primera vez, el capitán Massareo, que conocía
+perfectamente la cobardía de su segundo, no concebía un cambio tan
+rápido; pero, acordándose de la quijada de Sansón, de la burra de
+Balaam, y de tantos otros milagros, acabó por mirar a Santiago como un
+elegido a quien Dios había animado de pronto con un soplo divino, para
+darle la fuerza de combatir a un réprobo, a un hijo del ángel rebelde.
+De modo que una vez que hubo adoptado esta desgraciada idea, creyó
+ciegamente todas las tonterías y todas las mentiras que Santiago tuvo a
+bien contarle.
+
+--¿Y el gitano?--preguntó el capitán.
+
+--El gitano, capitán, estaba probablemente disfrazado, pero yo estoy
+convencido de que ha muerto también. ¡Diablo de sangre, cómo
+mancha!--dijo Santiago que quería sin duda desviar la conversación de un
+asunto tan delicado, y se interrumpió para limpiarse un ancho trazo de
+sangre que surcaba su vestido, último vestigio de la agonía del pobre
+cuadrúpedo.
+
+--¿Está usted herido, valiente Santiago?--preguntó el capitán con
+interés--. ¡A ver!
+
+--No, no, por mi madre, no verá usted nada. Es una insignificancia, una
+tontería--respondió Santiago con una indiferencia afectada,
+retrocediendo precipitadamente--; pero lo que es importante, capitán, es
+echar a pique ese nido de demonios. Las escotillas están cerradas, es
+cuestión de unos cuantos cañonazos, y habremos purgado la costa del más
+grande bandido que jamás haya infestado la costa.
+
+Massareo se moría de deseos de preguntar por qué no habían traído
+prisioneros que hubieran podido dar fe del feliz éxito de la expedición;
+pero comprendiendo que tendría que encargarse él de esta segunda misión,
+y como ello no era muy de su gusto, accedió a todo lo que quiso el
+valiente y bienaventurado Santiago, y comenzó a cañonear vigorosamente
+la pretendida tartana del gitano, que no podía resistir largo tiempo un
+fuego tan nutrido.
+
+
+
+
+IX
+
+EL RELATO
+
+No matarás.
+
+_Mand. de la ley de Dios._
+
+
+Mientras que el bravo Massareo destruía una de las tartanas, la otra
+salía del canal de la Torre, y navegaba con habilidad a pesar de las
+ráfagas del levante, cuya violencia disminuía, sin embargo,
+sensiblemente.
+
+No había nada en el mundo más resplandeciente que la pequeña cámara de
+aquel buque, en la cual dos invitados estaban comiendo. Un enorme globo
+de cristal pendiente del plafón, proyectaba una claridad viva y pura
+sobre un rico tapiz turco, de un azul brillante, en el que se veían
+bordados hermosos pájaros rojos que desplegaban sus alas doradas, y
+tenían entre sus patas de plata largas serpientes de escamas verdes como
+esmeraldas; un diván de raso obscuro, daba la vuelta a toda la pieza.
+
+En el centro, y cerca del diván, se levantaba una mesa servida con gusto
+y riqueza exquisitos; pero en lugar de ser sostenida sólo por las patas,
+cuatro ligeras cadenas la ataban al suelo, para librarla de los
+vaivenes. El tinto de Rota, el Jerez y el Pajarete centelleaban en
+preciosos frascos de cristal cuyas mil facetas reflejaban una luz
+cambiante y coloreada como los matices del prisma, mientras que los
+racimos de Sanlúcar, de granos violados y aterciopelados, las brevas de
+Medina, las granadas de Sevilla, que el sol había abierto, y las
+naranjas de Málaga, se elevaban en elegantes pirámides en las cestas
+tejidas con un ligero hilo encarnado, tal como se ven en Esmirna; el
+mantel, resplandeciente de blancura, estaba atravesado, según la moda
+oriental, por brillantes dibujos de oro y de seda.
+
+Unicamente sencillas botellas de un verde obscuro, de cuello largo y
+estrecho, de tapón lacrado y sujeto por alambre, botellas, en fin, que
+olían a Francia y a champaña a una legua, contrastaban singularmente con
+el lujo y el aparato asiático que dominaba en aquella pieza.
+
+Y era efectivamente champaña, porque dos copas cónicas y cilíndricas,
+que se levantaban sobre su ancho pie de cristal, aparecían gloriosamente
+llenas, y el licor rosado que hervía y centelleaba, elevó bien pronto su
+espuma temblorosa por encima de los bordes del vaso.
+
+--¡Atención, comandante, la marea sube!
+
+Esto decía el joven imberbe que mandaba aquella tartana, sosia de la del
+gitano, perseguida con tanto encarnizamiento y desgracia por los dos
+guardacostas, mientras que el comandante desembarcaba el contrabando del
+convento de San Juan al pie de las rocas de la Torre...
+
+La misma tartana de que el valiente Santiago se apoderara al abordaje
+con un buey y sus cuernos y que el no menos valiente capitán acababa de
+destruir a cañonazos.
+
+--Comandante, la marea baja, y si usted no tiene cuidado habrá bajado
+del todo en un instante--repitió el muchacho, y de un trago apuró lo que
+él llamaba la marea, de modo que su vaso quedó seco--. ¡Cómo amo este
+vino de Francia! Porque nuestro Jerez y nuestro Málaga, con su color
+amarillo sombrío, me parecen tan tristes como el canto de una dueña;
+mientras que el color rosado y riente de este champaña me llenan el alma
+de alegría. ¡Dios de verdad! Es como si oyese a mi Juana rasguear en mi
+guitarra un vivo bolero. Por mi fe; viva el vino de Francia--repuso
+dejando tan vivamente el vaso sobre la mesa, que lo rompió.
+
+Este ruido sacó al otro comensal de su ensimismamiento: era el gitano.
+
+--¡Francia, Blasillo! palabra ¡es un digno país!
+
+--¡País de hospitalidad!--dijo Blasillo apurando un segundo vaso de
+champaña.
+
+El gitano miró, inclinó la cabeza hacia atrás recostándola sobre los
+cojines del diván, y soltó una carcajada.
+
+--Y de la libertad--continuó Blasillo en el mismo tono.
+
+Aquí las carcajadas del gitano fueron tan violentas que resonaron por
+encima del ruido de la tempestad eme mugía fuera, con gran confusión del
+pobre Blasillo, que le miraba con aire de disgusto y de estrañeza.
+
+El gitano lo advirtió.
+
+--Perdón, Blasillo, perdón, hijo mío; pero tu ingenua admiración por ese
+dulce país de Francia, como le llaman, ¡me ha recordado tantas
+cosas!...
+
+Después de un momento de silencio, el gitano se pasó rápidamente la mano
+por la frente, como para desechar una idea penosa, y dijo sonriendo:
+
+--Ahora que ya no podemos dedicarnos al contrabando y que nuestra
+escuadra ha quedado reducida a la mitad, ¿a dónde iremos, Blasillo?
+
+--¡A Italia, comandante! Como aquí, el sol es caliente, el cielo azul,
+los árboles verdes; como aquí, las mujeres son morenas, cantan
+acompañándose de una guitarra y se arrodillan delante de la Virgen; sin
+contar con que más de una ensenada de la costa de Sicilia ofrecería un
+bueno y seguro refugio a la tartana. Vamos, ¡rumbo hacia Italia,
+comandante!
+
+--¡A Italia!... no, porque los asesinos son castigados con la muerte,
+¿no lo sabes, Blasillo?
+
+--¡Dios mío! ¡usted asesino!--dijo el muchacho con espanto.
+
+--Escucha. Blasillo, yo tenía catorce años; mi hermana Sed'lha y yo
+conducíamos a nuestro padre que apenas podía andar, cuando cayó herido
+de un tiro de carabina. Era el fruto del odio santo, que nos tenía un
+cristiano. Yo no llevaba encima más que mi estilete; me lancé en
+persecución del asesino le alcancé cerca de una roca. El era fuerte y
+vigoroso, pero la sangre de mi padre había manchado mis ropas... y le
+degollé con fruición. He aquí cómo abandoné Italia con mi pobre Sed'lha
+¿qué habrías hecho tú, Blasillo?
+
+--Hubiera vengado a mi padre--dijo el adolescente después de un momento
+de expresivo silencio--. Viremos en redondo, comandante--añadió con un
+profundo suspiro--, y vayamos a Egipto. Se dice que Mehemet Alí e
+Ibrahim acogen muy bien a los extranjeros. Vamos a Alejandría...
+
+--Es una hermosa ciudad Alejandría: es allí donde yo desembarqué al huir
+de Italia. Un buen emir me recogió con mi hermana y me envió al colegio,
+porque hay más instrucción y más colegios en Alejandría que en todas las
+Españas, Blasillo.
+
+--Le creo a usted, comandante.
+
+Aprendí allí la lengua francesa, el español, la ciencia de los números,
+el arte náutico. Salí de allí hecho un buen marino.
+
+--¡Y que lo diga usted!
+
+--Al cabo de seis años yo mandaba un brick, que tuvo un encuentro con el
+brulote de Canaris, Blasillo.
+
+Este hizo el saludo militar.
+
+--Y volví a puerto para reparar las averías y reclutar una nueva
+tripulación, lo que ocurría siempre que se encontraba a Canaris. En
+Alejandría me recibieron afectuosamente. Verdaderamente es una alegre
+ciudad, sobre todo en las hermosas tardes en que el sol se pone detrás
+de las arenas del desierto y cuando dora con sus rayos el harem de
+Mehemet, las fortificaciones del viejo puerto, el palacio del faraón y
+la columna de Pompeya. Entonces el aire del mar refresca el aire
+abrasador; los negros extienden la tienda rayada sobre la terraza, y
+uno, tendido sobre un muelle cojín, aspira el vapor del tabaco
+levantino, que se perfuma al atravesar un agua de rosas y de lilas, y
+después, una hermosa joven de Candía o de Samos, se arrodilla ante uno
+ofreciéndole ruborizada un sorbete helado en una copa ricamente
+cincelada. Haces un signo y ella se aproxima a ti, y, con un brazo
+pasado alrededor de su cuello, miras con indiferencia aquella cabeza de
+ángel que se dibuja como una aparición fantástica en medio de un humo
+azulado y oloroso, que se eleva en torbellinos del narguile.
+
+Los ojos de Blasillo brillaban ciertamente tanto como las facetas
+centelleantes de los frascos de vidrio:
+
+--Vamos a Alejandría, comandante--dijo incorporándose.
+
+--¡A Alejandría! ¿qué te parecería, mi querido niño, si te sentasen
+sobre la flecha aguda de un minarete que se lanza hacia las nubes?
+¡flecha, por otra parte, brillante y dorada! ¿y si se te dejase en esa
+incómoda posición hasta que los cuervos hubiesen devorado las pupilas de
+tus grandes ojos negros?
+
+Esta proposición apagó el ardor de Blasillo, que llenó prestamente su
+copa sonriendo:
+
+--Viremos, pues, en redondo, comandante.
+
+--Sí, Blasillo, tal es la suerte que me espera en Egipto, si el bauprés
+de mi tartana se dirigiese hacia ese suelo encantado.
+
+--¿Y por qué, comandante?
+
+--¡Oh! porque yo hundí cinco veces mi kangiar en la garganta del buen
+anciano emir que nos recogía a Sed'lha y a mí, y me hizo instruir como
+un rabino.
+
+--¡Dios del Cielo! ¡otro asesinato! ¡Usted asesino de su bienhechor!
+
+--Había abusado de la hospitalidad que nos diera para seducir a mi
+hermana, con la que no podía casarse. ¿Qué hubieras hecho en mi lugar,
+Blasillo?
+
+El joven español ocultó la cabeza entre sus manos.
+
+--¿Y su hermana?--preguntó.
+
+--Me quedaba aún una última prueba de afecto que darle, y se la di.
+
+--¿Cuál?
+
+--La maté, Blasillo.
+
+--¿Mató también a su hermana? ¡Usted fratricida! ¡Anatema!
+
+--¡Niño! ¿sabes tú qué suerte espera en Egipto a una joven de mi raza
+que se ha dejado seducir, cuando el seductor es casado? La despojan de
+sus vestidos y la pasean desnuda por la ciudad; después la mutilan del
+modo más horrible, la meten en un saco y la exponen a la puerta de una
+mezquita, donde todo hombre, incluso un cristiano, puede llenarla de
+golpes, de injurias y de barro... ¿Qué hubieras, pues, hecho más por tu
+hermana, Blasillo?
+
+--¡Siempre asesinatos, siempre! No obstante, yo admiro a usted--dijo
+Blasillo anonadado.
+
+--¡Bebamos, niño! ¿ves? la espuma plateada tiembla y chisporrotea.
+Bebamos, y arrojemos a la sombra los negros recuerdos del pasado. ¡Por
+tu amante Juana, por sus ojos negros!
+
+Blasillo repitió casi maquinalmente:
+
+--¡Por Juana y sus ojos negros!
+
+--Blasillo, ¿dónde iremos a arrojar el áncora?
+
+--Propongo que en Francia, comandante--y mostraba su copa medio vacía--,
+porque, por mi Juana, ¡si los franceses se parecen a su vino!...
+
+--Justo, Blasillo, justo. Como su vino, ellos estallan, chisporrotean y
+se evaporan.
+
+--Pero por lo menos no habrá allí, así lo espero, minaretes de flechas
+agudas sobre los cuales sienten a las gentes, mezquitas donde insulten a
+las jóvenes, y cristianos que degüellen a un anciano como un corzo.
+Además, usted no ha estado allí, ¿verdad, comandante?
+
+--Sí, Blasillo.
+
+--¿Y permaneció usted mucho tiempo en ese hermoso país?
+
+--Blasillo, cuando salí de Egipto, vine a Cádiz, en tiempos de las
+Cortes; ofrecí mis servicios y no me preguntaron si llevaba la cruz o el
+turbante, pero me hicieron maniobrar una hermosa fragata de guerra, y
+cuando vieron que yo servía para el caso, me la confiaron. Hice algunos
+afortunados cruceros, y sobre todo recorrí la costa con el mayor
+cuidado. Más tarde, cuando la santa alianza tuvo que reconocer que tu
+dulce país tenía la fiebre amarilla...
+
+--¡Por mi Juana! era una fiebre de libertad.
+
+--Bien, Blasillo, fue un pequeño acceso de libertad, corto y rápido, que
+la santa alianza detuvo prontamente con un poco de pólvora de cañón.
+¡Hermosa victoria! porque tus compatriotas que no tiran jamás sobre un
+hombre que lleva un crucifijo, tuvieron que bajar sus armas ante las
+cruces, los pendones y los religiosos que precedían al ejército francés,
+y se arrodillaron ante el enemigo como al pasó de una procesión. De modo
+que ésta fue una victoria, una victoria de agua bendita, Blasillo. Yo
+seguí otro sistema; dejé pasar las tonsuras y tiré sobre los soldados.
+Por esta causa, cuando la paz de Cádiz, fui condenado a muerte por
+masón, comunero, rebelde y hereje, que viene a ser lo mismo. Huí a
+Tarifa, donde me refugié con Valdés y algunos otros hombres. Nos
+sitiaron, y al cabo de ocho días de una vigorosa defensa, tuve la suerte
+de caer moribundo entre las manos de un oficial francés que favoreció mi
+fuga, y me dirigí a Bayona y de allí a París.
+
+--¿A París, comandante? ¿Usted ha estado en París?
+
+--Sí, hijo mío; y allí, vida nueva; reanudé la amistad con un capitán de
+la marina que había conocido en el Cairo en el momento en que iba a ser
+decapitado por haber levantado el velo a una de las mujeres de un
+fellah. Yo le salvé a bordo de mi brick. Al encontrarme en Francia,
+quiso atestiguarme su agradecimiento, y me presentó a un pequeño número
+de amigos, como un proscrito de la Inquisición. Entonces recibí tantas y
+tan calurosas protestas de interés, que me conmoví, Blasillo. Bien
+pronto el círculo se engrandeció, y todos quisieron oírme contar mi
+desgraciada existencia. Yo me presté a ello; siempre es dulce hablar de
+sus desgracias a quien las compadece, y hay en ello como una miserable
+coquetería que impulsa a decir: Ved cómo mi herida sangra aún. Pero mi
+vanidad fue cruelmente castigada, porque advertí un día que se me hacía
+repetir con demasiada frecuencia mis desgracias. Más desconfiado,
+estudié aquellas almas generosas, y escuché las reflexiones que hacían
+nacer mis confesiones. Entonces pude apreciar el interés que se tenía
+por el hombre que ha sufrido mucho. Al principio quedé anonadado,
+después me dio risa. Figúrate tú, Blasillo, que querían a todo precio
+emociones nuevas, como ellos decían, y, para proporcionárselas habrían
+asistido, creo yo, a la agonía de un moribundo, y habrían analizado uno
+a uno todos sus movimientos convulsivos. Y, a falta de mi agonía,
+explotaban el relato de mis males, y se complacían en hacer vibrar cada
+cuerda dolorosa de mi corazón, para apreciar su sonido. En cuanto a mí,
+con los ojos chispeantes, el pecho hinchado por los sollozos, les
+contaba la agonía de mi pobre hermana y mis horribles imprecaciones
+cuando vi que estaba muerta... muerta para siempre... entonces ellos,
+palmoteando, decían: «¡Qué expresión! ¡qué gesto! ¡Qué bien
+representaría el Otelo!» Sí, cuando yo les contaba mis combates por la
+independencia de España, que me habían proscrito; cuando mi exaltación
+africana llegaba hasta el delirio y yo gritaba jadeante: ¡libertad!
+¡libertad!... ellos decían: «¡Qué hermoso está! ¡Qué bien representaría
+el Bruto!» Y después, cuando habían asistido a la tortura moral que me
+imponían exaltando mis recuerdos, se iban tranquilamente al baile, a
+sus ocupaciones, a otros placeres: porque para ellos todo estaba dicho:
+la comedia ya había sido representada. Entonces, yo creía despertar de
+un sueño, y me encontraba solo con mi amigo el capitán de barco,
+orgulloso de mí, como el que exhibe un tigre aprisionado.
+
+--¡Infame!--exclamó Blasillo.
+
+--No, Blasillo; aquellas buenas gentes trataban de distraerse. ¡El día
+es tan largo! y además, ¿de qué podía quejarme? no me habían silbado, al
+contrario, me aplaudían. ¿Qué quieres? mi vida es un papel; así como
+así, todo es comedia: amistad, valor, virtud, gloria, abnegación.
+
+--¡Oh! ¡comandante!--exclamó Blasillo con amargura.
+
+--¡Todo, muchacho, todo! hasta la piedad de las mujeres por la
+desgracia. Y si no, escucha; yo amaba con pasión a una mujer hermosa,
+joven, rica y brillante. Una tarde, yo me había deslizado en su tocador
+antes de la hora, y acurrucado detrás de un espejo, esperaba. De pronto,
+se abre la puerta, y Jenny entra con una mujer hermosa, joven también.
+Bien pronto vinieron las confidencias, y como su amiga le envidiase mi
+amor, ella respondió: «¿Crees que le amo? no, condesa; pero me choca y
+me enternece; me da miedo y me divierte. ¡Qué pálidas resultan las
+lamentaciones de un héroe de novela al lado de su desesperación! porque,
+querida mía, cuando el pobre muchacho llega al capítulo de sus disgustos
+pasados, llora con lágrimas de verdad y, ¿lo creerás tú? me conmuevo»
+añadió riendo fuertemente. Ya ves, Blasillo; había faltado a sus
+deberes y se había entregado a mí para hacerme representar sucesivamente
+los remordimientos, el furor o el amor; me inspiró piedad entonces,
+Blasillo. ¡Bebamos, muchacho! ¡Por la hospitalidad de Francia, como tú
+dices, por la libertad!... Una mañana, mi amigo el capitán, vino a
+decirme que mi presencia en París podría encender de nuevo la antorcha
+de la revolución en España, y que si en el plazo de tres días no había
+abandonado Francia, me exponía a ser detenido y a ser conducido a la
+frontera... allí, ya comprendes lo que me esperaba. Viendo mi embarazo,
+el excelente hombre, que debía tomar en Nantes el mando de un negrero,
+me propuso partir con él; yo acepté, y diez días después estábamos a la
+vista del estrecho de Gibraltar: Mi buen amigo quiso dejarme en Tánger,
+donde yo permanecí algún tiempo; allí, el judío Zamerith, jefe de una de
+nuestras sectas de Oriente, me cedió las dos tartanas con sus
+tripulaciones de negros mudos, y tú, querido mío, y tú de propina; tú,
+pobre aspirante de marina, al que habían hecho prisionero a bordo de un
+yate, cuyo pasaje fue asesinado; ¡tú, pobre niño, que has querido unirte
+a mi suerte! ¿Amas, pues, al condenado? di, ¿me amas?
+
+El gitano pronunció estas últimas palabras con aire emocionado. La única
+lágrima que en mucho tiempo había derramado, brilló un momento en sus
+ojos, y tendió la mano a Blasillo, que la asió con una exaltación
+inconcebible, exclamando:
+
+--¡En vida y en muerte, comandante!
+
+Y una lágrima obscureció también la mirada de Blasillo; porque todo lo
+que impresionaba el alma o la cara del maldito, se reflejaba en él como
+en un espejo.
+
+No obstante, y aunque hubiese adoptado las ideas del gitano, esto no era
+en él la pálida y servil parodia de aquel carácter singular; pero este
+carácter resumía a sus ojos todos los rasgos que hacen al hombre
+superior, y lo copiaba como una bella alma copia a la virtud. Si quería
+compartir todos sus peligros, es que obraba movido por una especie de
+fatalismo, persuadido de que vivía de su vida y de que moriría de su
+muerte. En fin, aquel hombre singular era para aquel niño apasionado más
+que padre, amigo o jefe, era un dios.
+
+Y en efecto, aquel compuesto de audacia y de sangre fría, de crueldad y
+de sensibilidad; aquel golpe de vista seguro y penetrante de profundo
+táctico, unido a una prontitud de ejecución siempre justificada por el
+éxito; aquel lenguaje, tan pronto cargado de los colores orientales, tan
+pronto abrupto y brusco; aquellos vastos conocimientos, aquellos
+crímenes, excusables y comprensibles hasta cierto punto, aquel interés
+que rodeaba al proscrito, aquella existencia prematuramente amargada,
+las amargas revelaciones de aquella alma fuerte y generosa, a quien el
+destino condujo a demostrar el amor filial por un asesinato, y el amor
+fraternal por otro asesinato; en fin, la vista de aquel réprobo, grande
+en medio de sus desgracias, todo aquello debía fascinar a una
+imaginación ardiente y joven. Así, el gitano ejercía sobre Blasillo
+aquella inevitable y potente influencia que un hombre tan extraordinario
+debía imponer a todo carácter exaltado; en una palabra, Blasillo
+experimentaba por él aquel sentimiento que comienza en la admiración y
+acaba en la abnegación heroica.
+
+--¡Bebamos, Blasillo!--repuso el comandante, cuya mirada había
+recuperado su vivacidad habitual--, bebamos, porque acabo de hacerte una
+larga y aburrida confesión, hijo mío; únicamente ten presente que no has
+de volverme a hablar jamás de esto; ahora ya conoces mi vida. ¡Vamos!
+¡por tu Juana!
+
+--¡Por su monja, capitán!
+
+--Ya la había olvidado, así como mi proyecto de escalo, porque los muros
+son elevados, Blasillo.
+
+--¡Por el Cielo, comandante! si los muros del convento de Santa
+Magdalena son elevados, una flecha provista de un hilo de seda lanzada
+por una ballesta, puede llegar bien alto, y caer en el jardín del
+claustro.
+
+--¿Y después, Blasillo?
+
+--Después, comandante, la monjita que habrá recibido el hilo de seda,
+del cual usted habrá guardado un cabo, se lo notifica por un ligero
+movimiento; entonces usted ata una escala de cuerda a la extremidad del
+hilo que cae por la parte de fuera; la joven tira hacia ella, fija la
+escala en el muro, como ha hecho usted por la parte de fuera, y ¡por la
+Virgen! usted puede una noche entrar en el santo recinto y salir tan
+fácilmente como yo vacío esta copa.
+
+--Por mi kangiar, joven, conoces el fuerte y el flaco del reducto, y, a
+fe mía, tengo deseos de...
+
+En aquel momento, un viejo negro de cabellos blancos, el único
+tripulante que no era mudo, descendió rápidamente, se lanzó hacia la
+habitación, e interrumpió al gitano.
+
+
+
+
+X
+
+EL PRODIGIO
+
+...Yo no sé, maestro, si es demonio
+o brujo; mi manta encarnada se ha
+vuelto negra, y he mellado mi larga
+espada escocesa golpeando el ala satinada
+de un joven cisne.
+
+WORD'WOK, «_Aventuras de Ritsborn, el buen loco_».
+
+
+--Y bien, Bentek--dijo el gitano al viejo negro--, ¿qué quieres? ¿Por
+qué has llegado aquí saltando y debatiéndote como un tiburón al que
+clavan el harpón?
+
+Pero Bentek, viviendo entre mudos, había acabado por tomar horror a la
+palabra y por perder casi la costumbre de hablar; de modo que no
+respondió más que por el monosílabo _¡pom!_... _¡pom!_... que acompañaba
+con gestos bruscos y precipitados.
+
+--¡Ah! ya caigo--dijo Blasillo--; el viejo cormorán quiere probablemente
+hablar del cañón.
+
+Blasillo no se equivocaba, porque apenas había terminado de hablar,
+cuando un cañonazo lejano se oyó, después otro y después otro.
+Finalmente, advirtieron un vivo cañoneo.
+
+Eran los valientes de Massareo que destruían la otra tartana.
+
+--¡Por los santos del paraíso!--exclamó el ardiente joven--, ya habla el
+cañón.
+
+El gitano escuchaba silenciosamente, mientras que Bentek continuaba sin
+interrumpirse sus _¡pom!_... _¡pom!_ y su viva pantomima. Blasillo,
+poniéndose apresuradamente un cinturón, colocaba en él su sable, su
+puñal y sus pistolas. Tenía ya el pie en la primera grada de la escalera
+del sollado, cuando el gitano, que se había hundido en el diván, le
+gritó:
+
+--Blasillo, bebamos, hijo mío, y hablemos de la monja y del escalo del
+convento de Santa Magdalena.
+
+--¡Beber... hablar!... ¿en este momento?--preguntó Blasillo, confundido,
+abandonando el cordón de seda rojo que iba a servirle para subir la
+escalera.
+
+El gitano miró fijamente a Bentek, e hizo un gesto que el viejo negro
+comprendió en toda su expresión, porque en dos saltos desapareció.
+
+--Sí, hijo mío, bebamos en este momento; porque, Blasillo, tú eres como
+el joven y ardiente savo que, como no distingue el grito inofensivo del
+alción del grito de guerra de la gaviota, afila sus uñas y su pico para
+sostener un combate imaginario.
+
+--¡Cómo!...
+
+--Escucha atentamente ese ruido, y no oirás que esos cañonazos sean
+contestados; si tú no estuvieses aquí, si no te hubieses visto obligado
+por ese levante del infierno a abandonar la pobre hermana de mi tartana,
+que, completamente desamparada, flota ahora al capricho de las olas como
+el nido desierto de una gaviota; si tú no estuvieses aquí, querido, yo
+no me quedaría tendido sobre este sofá, porque temería por ti. Así,
+pues, calma ese ardor, Blasillo; se trata seguramente de algún buque que
+ha zozobrado y que pide auxilio. Pero se equivoca; lo que hice ayer por
+ti, Blasillo, no lo hubiese hecho ni lo haré jamás por nadie.
+
+--Le debo la vida una segunda vez, comandante; sin usted, sin la
+tempestad que me arrojó a su paso, yo me hubiera hundido con la
+desgraciada canoa en que navegaba al dejar la tartana.
+
+--Pobre niño, tú habías maniobrado, sin embargo, con una rara habilidad
+para conducir a esos pesados guardacostas lejos de la punta de la Torre,
+mientras que yo desembarcaba el contrabando del tonsurado... Mala noche
+para él, Blasillo; ¿por qué blasfemaba?... _el buen Dios le ha
+castigado_--añadió riendo y vaciando su copa.
+
+--¡Por el alma de mi madre, comandante! la segunda tartana marchaba como
+una dorada, ¡qué ligereza! hubiese virado en redondo en un vaso de agua.
+¡Ay! ¿qué queda ahora de ese bonito y fino buque? ¡nada!... algunas
+planchas rotas o empotradas en las rocas.
+
+--¿Llegué, pues, bien a propósito, Blasillo?
+
+--¡Dios del Cielo! comandante, había perdido el palo mayor y el bauprés;
+las tres cuartas partes de la tripulación habían sido barridas por las
+olas, y las bombas no bastaban para achicar el agua ¡ay! No tuve más
+remedio que abandonar el buque, que a estas horas ya debe haberse
+hundido.
+
+En aquel momento, el ruido del cañoneo se oyó tan distintamente, que el
+gitano se lanzó hacia el puente, seguido de Blasillo.
+
+La noche era sombría y fresca, y el condenado, encontrándose en la misma
+dirección que la escampavía de Massareo, que tiraba del lado opuesto,
+había podido aproximarse sin ser visto, ya que el fogonazo de las
+andanadas no iluminaba más que el casco del navío sobre el cual tiraban.
+
+El réprobo se dejó ir aún un instante, hizo apagar todas las luces, y se
+puso al pairo a medio tiro de fusil del guardacostas, que continuaba
+disparando, y cuyos tripulantes, atentos, estaban agrupados sobre los
+empalletados. Se oían perfectamente las voces de Santiago y del valiente
+Massareo.
+
+--¡Por el Cielo! ¡es el casco de la otra tartana el que hunden esos
+perros!--exclamó Blasillo en voz baja, mostrando al gitano los restos
+del pobre buque, que, iluminado a cada andanada, comenzaba efectivamente
+a hundirse--. ¡Fuego sobre ellos, comandante, fuego!
+
+--Silencio, niño--respondió el condenado.
+
+Y se llevó a la cámara a Blasillo, haciendo descender también a Bentek.
+
+Se sabe que después de la heroica expedición de Santiago contra la
+tartana que sólo tenía un inocente buey por todo defensor, se sabe que,
+vuelto a bordo, el digno teniente de la _Urna de San José_, había
+decidido al capitán Massareo a destruir la embarcación, esperando así
+borrar las trazas de su mentira.
+
+Su voz agria y chillona lo dominaba todo a bordo de la escampavía.
+
+--¡Vamos, valor, hijos míos!--decía--, Dios es justo y por su asistencia
+y la mía nos vemos libres de ese infernal gitano.
+
+--¡Cómo!--preguntó el honrado Massareo--, ¿está usted bien seguro,
+Santiago, de que el condenado está entre el número de los muertos?
+
+--¿Dónde quiere usted que esté, capitán? Con semejante tiempo no era
+posible salvarse a nado. Pero, escuche--dijo al ver que la tartana ya se
+hundía--; he querido reservarle una sorpresa; tengo la certeza de que ha
+muerto, porque yo mismo lo he derribado al suelo y lo he agarrotado.
+
+--¡Tú!--dijo Massareo con aire de incredulidad.
+
+--¡Yo!--contestó Santiago con un impudor inconcebible.
+
+--Santiago, si puedes darme pruebas de lo que dices, ¡por el dedo
+pequeño del pie de San Bernardo!, la aduana y el señor gobernador de
+Cádiz te darán más escudos que los que necesites para armar y equipar un
+buen buque de tres palos y hacer viajes a Méjico.
+
+--Una prueba, capitán... aunque no fuesen más que esos horribles
+aullidos... ¿cree usted que un hombre ordinario puede gritar de esa
+manera?... ¿quién quiere que sea más que el condenado?
+
+Se trataba del desgraciado buey, que, presintiendo su fin, mugía
+lamentablemente.
+
+--La verdad es, Santiago--repuso el capitán estremeciéndose--, que ni
+usted ni yo pediríamos socorro de esa manera.
+
+--¡Y si hubiese visto usted al maldito--continuó Santiago--cuando yo le
+planté dos balas en el costado! ¡si usted hubiera visto al monstruo cómo
+se debatía! pero ¡por los siete Dolores de la Virgen! su sangre era
+negra, negra como el alquitrán, y olía tan fuertemente a azufre, que
+Benito creyó que quemaban mechas en la cala.
+
+--¡Santa Virgen, tened piedad de nosotros!--dijo el bueno de Massareo
+interesado hasta el último punto--; pero, ¿por qué ha tardado usted
+tanto en dar esos detalles?
+
+Como partió una andanada al mismo tiempo que la pregunta del capitán,
+Santiago aparentó no haberla oído, y continuó con una imperturbable
+impudicia:
+
+--Aún le veo, capitán, todo vestido de rojo ¡el malvado! con unas
+calaveras bordadas de plata, y después una talla... ocho pies y algunas
+pulgadas; unos hombros... unos hombros anchos como la popa de la
+escampavía, y después una barba roja, cabellos rojos, ojos brillantes, y
+unos dientes... es decir, unos colmillos como un jabalí. En cuanto a los
+pies, los tenía torcidos como las patas de mi carnero _Pelieko_.
+
+Massareo bendecía a Dios, persignándose de que, por su voluntad, se
+hubiera podido librar a la costa de un tal réprobo.
+
+En aquel momento, la tartana se hundió destrozada, entre los alegres
+gritos de la tripulación del guardacostas, y el espesor de las
+tinieblas, que, durante aquel largo cañoneo, habíanse disipado a
+intervalos, parecía aumentar. El mar estaba casi tranquilo, y no se
+notaba más que una débil brisa del Sud.
+
+--En fin--exclamó el capitán--, por la intercesión de Nuestra Señora y
+por el valor de Santiago, que puede contarlo como un milagro, nos hemos
+desembarazado de ese demonio. Pero que se haga la voluntad de Dios en
+todas las cosas. Hijos míos, de rodillas, y demos las gracias a Dios por
+ese testimonio de su bondad hacia los bienaventurados, y de su cólera
+contra los malditos.
+
+--Amén--respondió la tripulación, que se arrodilló, y todos entonaron
+una especie de _Te Deum_ de un efecto muy agradable.
+
+El aire era pesado, la noche sombría, y a dos pasos no se distinguía un
+bulto.
+
+Al fin del primer versículo se hizo el silencio, un profundo silencio.
+Massareo, solo, dijo:
+
+--Dios de bondad, que velas por tus hijos y los defiendes contra
+Satanás...
+
+No pudo decir nada más.
+
+El, Santiago y todos los tripulantes, quedaron petrificados sobre el
+puente, con los ojos fijos, extraviados, y en una espantosa inmovilidad.
+
+--Palabra de honor... creo...
+
+Ya sabéis que el mar estaba tranquilo, la noche obscura... todo
+obscuro... ¡Pues bien!
+
+Un inmenso foco de una luz roja y brillante se levantó de pronto; el
+mar, reflejando aquella claridad deslumbrante, hizo rodar olas de fuego,
+la atmósfera se inflamó y las cimas de los peñascales de la Torre se
+tiñeron de una luz purpurada, como si un vasto incendio hubiera hecho
+presa en la costa.
+
+Aquella luminosa aureola era surcada en todas direcciones por largas,
+cintas de fuego que estallaban en mil chispas, se entrecruzaban y caían
+en lluvia de oro o de azul o de fuego. Eran millares de ardientes
+meteoros que centelleaban chisporroteando, vivos y frecuentes relámpagos
+de una blancura deslumbrante.
+
+Y después, en medio de aquel lago de fuego aparecían el gitano y su
+tartana.
+
+Era el gitano en persona rodeado de su tripulación de negros, cuyas
+repugnantes figuras semejaban máscaras de bronce enrojecidas al fuego...
+
+El gitano, sobre el puente de su buque, completamente vestido de negro,
+con su gorro adornado de una pluma blanca, los brazos cruzados y montado
+sobre su caballito que llevaba una rica gualdrapa de púrpura, y cuyas
+crines, trenzadas de hilo de oro, caían formando globitos de cristal y
+de pedrería, sujetos con cintas de plata.
+
+Al lado del réprobo y apoyado en el cuello de _Iscar_, se veía al joven
+Blasillo, vestido de negro también, y teniendo en la mano una larga
+carabina damasquinada; después, Bentek y sus negros, formados en dos
+filas, rodeaban silenciosamente los cañones, y el ligero humo blancuzco
+que se elevaba de cuando en cuando probaba que las mechas estaban
+encendidas y las piezas cargadas.
+
+No había nada en el mundo más imponente que aquel espectáculo, que
+semejaba una aparición satánica; porque el profundo silencio de la
+tripulación del réprobo, su inmovilidad, el buque negro que, a los ojos
+de los españoles, que ignoraban que el gitano tuviese dos tartanas,
+parecía surgir del fondo del abismo en medio de oleadas de luz y de
+llamas, en el momento mismo en que la creían destruida para siempre; el
+rostro tranquilo y frío del condenado, cuya mirada tenía algo de
+sobrehumano, todo esto debía aterrorizar al desgraciado Massareo y a sus
+acólitos que no vieron en esta aventura pirotécnica más que el triunfo
+de Satanás.
+
+La voz del condenado tronó, y toda la tripulación de la escampavía, que
+estaba arrodillada y como fascinada ante aquel extraño espectáculo, cayó
+de bruces contra el puente.
+
+--¡Y bien!--dijo el gitano--, ¡y bien, valiente guardacostas, ya ves que
+ni el viento ni el fuego pueden nada contra mí, y que cada una de tus
+balas han reparado una de mis averías. ¡Por Satanás! mi dueño, ¿te
+atreverás aún a perseguir al gitano, creerás aún que miserables como tú
+y los tuyos puedan detener en su carrera al que resiste a los embates de
+la tempestad y a la voluntad de Dios?
+
+Nadie en la escampavía se atrevió a contestar esta impertinente
+fanfarronada.
+
+--Pero, ¡por la ardiente pupila de Moloch! ¿no respondéis? Vamos, que
+ese capitán que ha restaurado mi tartana con tanta diligencia, que ese
+valiente capitán se levante, o destrozo su embarcación. ¡Palabra de
+honor! Pensad bien, hermanos míos, que vosotros no encontraréis como yo
+en el fondo del Océano bravos demonios de alas de fuego que, saliendo de
+los abismos de lava ardiente en que se agitan, tomen vuestra escampavía
+sobre sus hombros para ponerla a flote. Porque la claridad que vosotros
+veis, hermanos míos, no es más que el reflejo de sus alas que han
+desplegado un momento. Por última vez, capitán, levántate, o atacaré tu
+navío con un cierto fuego que el agua bendita y los exorcismos no podrán
+apagar, te lo juro.
+
+Los españoles sufrieron un instantáneo sobresalto, como si hubiesen
+recibido una conmoción eléctrica, pero nadie se levantó.
+
+--¡Por la uña de Belcebú! es sin duda ese héroe del frac azul y de la
+charretera de oro que oculta su cabeza detrás de un cañón y que no se
+menea más que un pescado muerto... Blasillo, hijo mío, haz que esconda
+esa pierna que se le ve aún, porque el valiente se desliza como una
+culebra a lo largo de ese afuste.
+
+Blasillo dejó caer el gatillo de su larga carabina, y el capitán
+Massareo, por el brusco movimiento que le hizo hacer su herida, se
+encontró casi sentado en el puente, fijando en el gitano unos ojos
+mortecinos que miraban sin ver.
+
+Creo que la bala de Blasillo le había roto una pierna.
+
+--Ve a decir a los sabuesos de la aduana y al señor gobernador de Cádiz,
+que yo hubiera podido destrozar e incendiar tu buque, y que no lo he
+hecho. Mírame bien--añadió el gitano poniéndose la punta de su índice en
+la frente amplia y despejada--, mírame bien, para que te acuerdes del
+condenado y de su clemencia; pero como mañana podrías creer que se
+trataba de un sueño, he aquí lo que te probará la realidad de tu visión.
+¡Adiós, valiente!
+
+Al mismo tiempo tomó una mecha de las manos de Bentek, y se aproximó a
+un cañón; el disparo partió, la bala silbó, rompió el palo de mesana del
+guardacostas, hundió una parte de la borda, mató dos hombres e hirió
+tres.
+
+Apenas había resonado el cañonazo, cuando el inmenso foco de luz en
+medio del cual apareciera el gitano, se extinguió como por ensalmo, y la
+obscuridad profunda que reemplazó a aquella claridad deslumbrante, hizo
+las tinieblas más espesas aún; ya no se distinguía nada, ni se oía nada.
+
+ * * * * *
+
+--Y bien, Blasillo, ¿qué dices tú de mi venganza?--preguntó el gitano a
+su joven compañero después que se hubieron alejado mucho de la
+escampavía por medio de los largos remos de la tartana, cuidadosamente
+envueltos, de modo que la misteriosa desaparición del gitano pudiera
+pasar a los ojos de los españoles por un nuevo prodigio.
+
+--¡Su venganza, comandante, su venganza! ¿Cómo hubiera tratado, pues, a
+los amigos?... ¡Dejar a esos miserables!... ¡Por la Virgen! ¡si supiera
+usted lo que yo he sufrido viendo a la pobre tartana caer pieza a pieza
+bajo el cañón de esos cobardes!
+
+--¡Tú eres un niño, querido! si yo hubiera hundido a esos miserables y a
+su embarcación, ¿quién lo hubiera sabido? Se les hubiera creído perdidos
+a consecuencia del huracán, y mañana, otras dos escampavías se pondrían
+en mi persecución. Mañana, Blasillo, ni un brick, ni una fragata, ni un
+navío se atreverá a ello, tan grande ha sido el terror que he sabido
+inspirarles. Hubiera matado a doce cobardes; así paralizo el valor de
+diez mil bravos, porque en tu dulce país se pelea valientemente contra
+los hombres, pero aun se teme al diablo... Ya lo saben los frailes; así
+ellos se sirven de Dios como yo de Satanás, Blasillo. Ves, otra comedia.
+
+Blasillo no respondió nada, pero preguntó al gitano qué es lo que
+pensaba hacer.
+
+--Palabra, hijo mío, no hay que pensar en el contrabando; no nos queda
+ya más que un camino, y es el de ir a ofrecer nuestros servicios a los
+insurrectos de la América del Sur; pero antes de partir quiero ver a la
+monja. El terror de tus compatriotas durará mucho tiempo, Blasillo;
+además, nuestro retiro continúa siendo tan seguro y tan secreto como
+antes; hablemos, pues, Blasillo, del convento de Santa Magdalena.
+
+--Hablemos, comandante.
+
+Hablaron, y largamente.
+
+En cuanto a Massareo y su tripulación, esperaron el día en la misma
+posición, es decir, con la nariz pegada al suelo, y únicamente cuando el
+sol estuvo bien alto se atrevieron a levantar la cabeza; pero como no
+habían maniobrado durante aquella noche terrible, se encontraron varados
+sobre la costa de Conil, enfrente del faro de señales.
+
+Entonces aquellos desgraciados, pálidos y maltrechos, se miraron con
+espanto, y de un brinco se plantaron en la playa, echando a correr con
+toda la velocidad de sus piernas, como si el gitano les pisara los
+talones.
+
+Encontraron un asilo en Conil; allí contaron detalladamente el prodigio,
+y este relato, ya desnaturalizado por ellos, tomó, al pasar por los
+labios de los campesinos de Conil y sus alrededores, un carácter tal,
+que ya no se trataba de una tartana, sino de un inmenso navío, tripulado
+por legiones de demonios que vomitaban llamas, con sus alas de fuego, y
+llevando a la cabeza al gitano--o mejor dicho, al mismo Satanás, como ya
+se dijo juiciosamente en la barbería de Flores--, que se había
+precipitado al fondo del Océano, en el momento en que la tartana se
+hundía a los cañonazos del guardacostas; en fin, una historia digna del
+_Romancero_, pero que, por absurda que fuese, y según la predicción del
+gitano, tuvo durante largo tiempo a todo el litoral en jaque y llevó a
+su límite máximo el terror que inspiraba el nombre del condenado.
+
+
+
+
+XI
+
+AMOR
+
+Quisiera poseer tantos sentidos como
+estrellas las hermosas noches para ocuparlos
+todos en nuestro amor; pienso
+que es por eso por lo que los ángeles son
+dichosos entre todas las criaturas.
+
+C. NODIER, «_El rey de Bohemia_».
+
+
+¡Oh! ¡cuánto amo una noche de estío, una bella noche de España, con su
+cielo transparente y azul como en los más hermosos días de Francia, y su
+luna más brillante que su sol! porque entonces todo es misterio y
+silencio, todo se agranda en la obscuridad; porque entonces el ligero
+estremecimiento del ala matizada de una mariposa, una flor que,
+destacada de su aureola, cae zumbando sobre una hoja seca, el murmullo
+de las ramas que el aire agita y balancea, resuenan más fuerte a vuestro
+oído inquieto y atento que el cañón que truena en un día de fiesta.
+
+¡Ved el convento de Santa Magdalena! ahora que el sol no le dora con sus
+rayos, ¡cómo se eleva imponente con sus negros y altos muros y sus
+vastos pórticos grises cortados en festones! ¡cuán bien sus pesadas
+torres, sus largas galerías desiertas encuadran en la sombría verdura de
+las viejas encinas! ¡cómo sus grandes sombras hacen resaltar la luz
+blanca y viva que alumbra los muros, platea los techos de plomo y la
+brillante flecha del campanario!
+
+Ya os lo he dicho; todo es silencio, se distinguiría el vuelo de una
+abeja del de una mariposa.
+
+¡Atención! ¿no oís los violentos latidos de un corazón que brinca y las
+inspiraciones de una respiración anhelante? ¿No oís hasta el ágil y
+fresco césped murmurar bajo el ligero peso que le aprisiona?
+
+Deslizaos detrás de esa madreselva que rodea esa hermosa palmera con sus
+guirnaldas purpuradas... ¡Veis!... ¡Santo Dios! ¡es la monja! ¡es el
+gitano!
+
+Un pálido y débil rayo de luna jugueteaba sobre el encantador grupo. El
+gitano estaba sentado a los pies de la monja, con los codos sobre las
+rodillas de la joven; él sonreía con amor a aquella cabeza de ángel, y
+se prestaba a los caprichos infantiles de la monja, que tan pronto le
+echaba el pelo sobre la frente amplia y elevada, como se la descubría
+apartando su espesa cabellera.
+
+--¡Ángel de mi vida!--dijo al fin Rosita--, ¡yo quisiera morir así en
+tus brazos, con los ojos fijos en los tuyos, con mis manos entre las
+tuyas!
+
+--Pues yo no, amor mío; lo que quisiera yo es vivir siempre así.
+
+--¡Oh, sí! vivir siempre así, porque vivir es estar a tu lado; vivir es
+amarte... Así, mi plegaria de cada noche a la Virgen, es que proteja
+nuestros amores, querido mío.
+
+--Ya los protege, querido ángel; ya ves, todo nos sale bien.
+
+--Sin embargo, ¿te acuerdas de aquella tempestad? ¡Jesús! ¡qué espanto
+viéndote escalar los muros a la luz de los relámpagos, para volver a tu
+chalupa! El cielo parecía de fuego, ¡Virgen santa!, y yo vi más tarde,
+por las heridas de tus manos, que te habías visto obligado a agarrarte a
+los picos de las rocas para que las olas no te arrastrasen.
+
+Y aun trémula al recuerdo del peligro pasado, le enlazó fuertemente con
+sus brazos como si quisiera substraerle a un peligro inminente.
+
+--¿Te acuerdas? di...
+
+--No, ángel mío, no me acuerdo más que del beso que me diste al decirme
+adiós.
+
+--¿Te acuerdas de la corrida de toros? ¿te acuerdas del día que te vi en
+la llanura que se extiende ante el convento? ¡Oh! ¡cómo latía mi corazón
+cuando comprendí por tus gestos que me reconocías, y cuando oí tu voz
+bajo mi ventana!
+
+--Y después--añadió en voz más baja--, cuando por medio de una flecha
+echaste una escala de seda en este jardín... ¡cómo temblaba mi mano al
+atarla al tronco de esa palmera!
+
+--Mi mano temblaba también, Rosita.
+
+--¿Te acuerdas?... Pero, ¿para qué hablar del pasado, amado mío? el
+presente es nuestro, el presente y su delirio, y su alegría
+embriagadora, y sus ardientes caricias, y su dulce abandono... Vaya...
+cuando esté sola, cuando, en un ardiente insomnio, se agite mi pecho y
+mis ojos se llenen de lágrimas, entonces... entonces será tiempo de
+invocar mis recuerdos.
+
+Y su cabeza se inclinó sobre la del gitano, y sus bocas se oprimieron.
+
+--¡Oh! ven--la dijo levantándola dulcemente--, ven a pasear bajo esos
+viejos naranjos y a respirar su perfume... ¡Mira! Rosita, yo soy tu
+caballero; esta sombría alameda es el Prado de Madrid; ven, amada mía,
+enlaza tu brazo al mío, baja el largo encaje de tu mantilla sobre tus
+ojos, y ven a ver estos hermosos carruajes y estas magníficas libreas. Y
+después, este viejo claustro negro y silencioso, es el teatro. Ven al
+teatro, resplandeciente de oro, de cristales y de luz. He aquí al rey,
+he aquí a la reina y a su corte deslumbrante de pedrería; los
+espectadores se levantan y saludan. Tú entras en tu palco, tu vestido es
+blanco como tu seno, en el pelo llevas prendida una flor roja como tus
+labios... También se levantan, Rosita, también se levantan por ti como
+por la reina de todas las Españas y dicen: «¡Qué bella es!»
+
+Y la miraba sonriente como si quisiera descubrir un pensamiento de
+vanidad en aquella frente pura y cándida.
+
+--¡Oh! prefiero el viejo claustro y tu amor--repuso ella; y como se
+aproximase a él, su pie tropezó con una piedra verdusca--. ¿Qué es eso,
+amor mío?--preguntó el gitano.
+
+--¡Una tumba!--dijo la joven deteniendo al gitano para que no pisase
+aquella tierra sagrada, y persignándose.
+
+--¡Cómo! ¡una tumba aquí, en el jardín de este claustro! yo creía que
+los cristianos no enterraban a sus muertos más que en una tierra
+bendita; ¿lo es ésta?
+
+--No, ¡santa Virgen! porque se dice en voz baja, en el claustro, que
+esta tumba es la de Pepa; de Pepa, que un día se atrevió a huir de este
+santo retiro, pero fue alcanzada en el camino de Sevilla, su amante fue
+muerto al querer defenderla, y ella...
+
+--¡Y bien! ¿y ella, querido ángel?
+
+--¡Oh! ella fue llevada al convento, y murió en medio de los mayores
+tormentos. Tres años de suplicio, amor mío, acostándose sobre un lecho
+de aquellas piedras, sin dormir, sin descanso, golpeada cada día, y
+viviendo del alimento más miserable, en el cual echaban animales
+inmundos, para mortificarla y hacerla expiar su crimen, según decía la
+superiora.
+
+--¡Por el disco del sol!--exclamó el gitano--; entonces, ¿si nos
+sorprendiesen?...
+
+Y miraba a la joven con ansiedad, porque aquella cruel pregunta se le
+había escapado, por así decirlo, a su pesar, y comprendía todo lo que
+semejante suposición debía tener de espantoso para ella.
+
+--Moriría como Pepa--respondió la niña sonriendo con una admirable
+expresión de amor y de resignación--; como ella, moriría por mi amante.
+No es la primera vez que se me ocurre.
+
+--¡Cómo! ese horrible destino....
+
+--Es mil veces menos horrible que pasar un día sin verte, sin decirte:
+Yo te adoro...--murmuró con los dientes apretados, y dejándose resbalar,
+estremecida, a sus pies.
+
+ * * * * *
+
+--¿Lo quieres tú? adiós, pues--contestó ella con un profundo suspiro.
+
+--Sí, adiós, ángel mío, es preciso que nos separemos. ¿Ves? la noche ya
+es menos obscura, las estrellas palidecen y esa claridad rojiza nos
+anuncia la proximidad de la aurora. Adiós, pues, Rosita mía.
+
+--Otro beso... uno solo... ¡el último! alma de mi vida.
+
+Y el sol doraba ya las altas torres del convento, cuando aun duraba este
+beso.
+
+Por fin el gitano se arrancó de los dos brazos que le estrechaban
+amorosamente, puso el pie en la escala de seda y la subió con su
+acostumbrada agilidad.
+
+La monja, sentada al pie de la palmera, seguía todos sus movimientos con
+la mirada inquieta.
+
+--Hasta la noche--decía ella--, hasta la noche, dueño mío, amor mío.
+
+El gitano, que había llegado al último tramo, se volvía una última vez
+para sonreír a Rosita, y cuando se disponía a pasar al otro lado del
+muro, la escala, de pronto, se replegó sobre sí misma, se deslizó
+rápidamente a lo largo de la pared, y el gitano cayó a los pies de la
+monja, ensangrentado, mutilado, con el cráneo abierto. Seguramente
+habían cortado las amarras que sujetaban la escala por la parte de
+fuera.
+
+--¡Me han hecho traición!--exclamó el gitano, y sus ojos se volvieron
+hacia la monja, que estaba arrodillada, con las manos juntas, pálida,
+inmóvil, la mirada fija, la respiración suspendida.
+
+--Rosita, Rosita, trata de arrastrarme detrás de esos naranjos antes de
+que amanezca, porque yo no puedo valerme. ¡Oh! ¡sufro mucho!
+
+El desgraciado se había fracturado el fémur y los huesos le agujereaban
+la piel.
+
+--Rosita, amor mío, Rosita mía, ayúdame...--repetía con voz débil.
+
+La monja lanzó una carcajada convulsiva y violenta, sus ojos se
+agrandaron de una manera espantosa, pero no se movió.
+
+--¡Infierno! ¿es que la desgraciada se ha vuelto loca?--exclamó el
+gitano, y quiso tomar una mano de la joven, pero este movimiento le
+arrancó un grito penetrante.
+
+Su fractura era viva y sangrienta.
+
+De pronto se oyó un ruido, al principio sordo y confuso, en la dirección
+de la puerta del jardín.
+
+--Rosita, Rosita, es tu amante quien te lo suplica, sálvate tú, al menos
+sálvate tú--decía el gitano en un tono desgarrador.
+
+La joven permanecía inmóvil y arrodillada ante él.
+
+El ruido se hacía cada vez más próximo y distinto, y el herido intentó
+arrastrarse detrás de una espesa mata de madreselva, que podía ocultarle
+a todos los ojos.
+
+Después de sufrimientos inauditos, lo consiguió.
+
+En aquel momento se abrió la puerta del claustro, y una multitud de
+carabineros, frailes y gente del pueblo invadió el jardín lanzando
+atroces rugidos.
+
+--¡Muera el condenado! ¡muera el maldito!--gritaban todos.
+
+El gitano se deslizó como una serpiente detrás de un macizo de áloes. La
+multitud llegó cerca del muro, y allí, junto a la palmera, encontró a la
+monja, siempre arrodillada, siempre inmóvil y con las manos juntas.
+
+Aquellos gritos desordenados la sacaron del paroxismo en que estaba
+abismada; bajó los ojos, vio sangre aún reciente en el suelo y sonrió.
+Pero sus labios estaban tan convulsivamente apretados, que aquella
+sonrisa resultaba atroz.
+
+La muchedumbre se estremeció, hizo la señal de la cruz y permaneció
+muda.
+
+La monja, entonces, haciendo signo con la mano a los que la rodeaban, se
+puso a seguir el rastro de sangre que el gitano había dejado sobre la
+arena.
+
+Todos marchaban en silencio, llenos de horror; llegaron por fin al
+matorral que ocultaba al gitano.
+
+Rosita entonces, se detuvo un momento para separar las hojas espesas y
+barnizadas de los áloes, se abrió paso a través de la maleza, se
+arrastró hasta el lado del maldito, lanzó un grito terrible, y cayó...
+muerta...
+
+--El renegado está ahí; cercad ese lugar y rechazad al pueblo.
+
+--Ríndete, perro, porque veinte carabinas te están apuntando--exclamó el
+comandante de los carabineros.
+
+--Pobre niña, por lo menos no sufrirás sus torturas--dijo el gitano
+mirando a la monja, y una lágrima que los más espantosos dolores no le
+habían podido arrancar, cayó sobre su ardiente mejilla.
+
+--¡Ríndete, renegado! ¡o mando hacer fuego!--repetía el comandante.
+
+--Sois unos valientes, hijos míos--respondió el gitano--: el ciervo está
+herido ¡y aun le teméis! hermosa caza, en verdad.
+
+Y se calló; entonces se precipitaron sobre él, lo agarrotaron, y tres
+días después estaba en Cádiz, en la prisión de San Augusto, bajo la
+custodia de un batallón de milicianos.
+
+ * * * * *
+
+Desde hacía tiempo, los pescadores, al señalar la presencia de una canoa
+que cruzaba por la noche a la vista de los muros del convento, habían
+despertado las sospechas del alcalde; fueron apostados unos cuantos
+hombres detrás de las rocas, se espió los pasos del gitano; fue seguido,
+se le vio abordar, lanzar la escala, y cuando creyeron, por la tensión
+de las cuerdas, que él subía, las cortaron por fuera, y ocurrió lo que
+ya sabéis.
+
+
+
+
+XII
+
+LA CAPILLA ARDIENTE
+
+¡Por mi birreta! creéis que se está
+cómodamente sobre un edredón de
+este tela, exclamó La Balue tratando
+de estirarse en su jaula de hierro.
+
+DE FORGES LE ROUTIER, «_Hist. del tiempo de Luis XI_».
+
+
+En medio de la plaza de San Juan, cerca de la muralla, se eleva una
+linda rotonda, cubierta de un techo de estaño, reluciente como la cúpula
+de un minarete. El espacio que existe entre cada columna ha sido
+cubierto con fuertes rejas de hierro, de modo que este monumento
+representa bastante bien una vasta jaula circular.
+
+En el centro de ella hay una hermosa capilla adornada con cirios de cera
+blanca, con ricos osarios de paño negro y calaveras bordadas en plata;
+al pie del altar, a un lado, se ve un sencillo ataúd de pino, abierto y
+preparado; al otro lado, una cama compuesta de tres tablas y un saco de
+ceniza; en otro departamento, separado por una balaustrada, hay un
+hombre vestido de rojo, que reza arrodillado. Otro hombre, está sentado
+al borde de la cama y se encorva bajo el peso de gruesas cadenas: es el
+gitano--y aquel ataúd es el suyo--: el hombre que reza arrodillado es el
+verdugo.
+
+El gitano ha sido juzgado y condenado, y, según la costumbre, ha de
+permanecer en la capilla o _capilla ardiente_ los tres días que preceden
+a su suplicio.
+
+Esta costumbre extraña, legada por la inquisición, consiste en cantar al
+condenado las preces de los agonizantes durante el tiempo que pasa en
+capilla.
+
+En impedirle que duerma, ni de día ni de noche, a fin de que mortifique
+su cuerpo y su alma y de que pueda meditar a su placer sobre el largo
+viaje que pronto ha de emprender.
+
+En ofrecerle todos los consuelos religiosos que puedan darle los monjes
+y los capuchinos.
+
+En habituarle dulcemente a la vida de la nada, poniéndole bajo los ojos
+el ataúd que debe recibir su cadáver y el verdugo que debe librarle de
+esta vida de miseria y de tribulación.
+
+Al verdugo también se le obliga a permanecer allí, pero por otro motivo;
+se trata de purificarle por anticipado del homicidio que va a cometer.
+
+Todo transcurría, pues, en el orden apetecido; los cirios ardían, los
+monjes cantaban, el verdugo rezaba, y el ataúd abierto esperaba.
+
+El gitano bostezaba formidablemente, y esperaba la hora del suplicio con
+tanta impaciencia como el hombre que tiene mucho sueño y desea tenderse
+en su cama.
+
+Sin embargo, faltaban aún diez y siete horas.
+
+Los monjes cesaron de cantar, porque la voz se fatiga; el verdugo se
+levantó, porque la presión del pavimento sobre las rótulas es bastante
+dolorosa. Una bota de cuero llena de vino circuló entre los frailes y
+el verdugo. Justo es decir que éste bebió el último; y como después de
+todo era bueno y humano, pasó la bota a través de los barrotes y la
+ofreció al gitano.
+
+--Gracias, hermano--dijo éste.
+
+--¡Por Cristo! ¡está usted muy aburrido!--replicó el digno hombre--;
+pero, ya lo veo, usted me desprecia a causa de mi profesión. Escuche,
+pues, compadre, todos tenemos que vivir; yo tengo obligaciones: una
+abuela enferma, una esposa adorada, y dos hijos pequeños, con sus
+hermosos cabellos rubios y frescas mejillas rosadas... Y además...
+
+El gitano le interrumpió por un movimiento tan brusco, que todas sus
+cadenas resonaron como si se hubieran roto.
+
+--¡Es posible!--decía con los ojos fijos sobre una robusta joven que,
+mezclada con la curiosa muchedumbre, había abierto un momento su capa de
+seda negra, haciéndole un signo expresivo--. ¡Blasillo, Blasillo aquí!
+
+Las salmodias de los capuchinos comenzaron con un nuevo vigor, y el
+hombre de la casaca roja continuó la obra de su purificación, mientras
+que el gitano caía de nuevo en sus meditaciones, porque la joven que le
+llamara la atención había desaparecido.
+
+Vencido por la fatiga y el insomnio, empezaba a dormitar, cuando un
+carmelita que lo advirtió, le hizo cosquillas con una pluma en la nariz,
+diciéndole:
+
+--Piensa en la muerte, hermano.
+
+El gitano se despertó sobresaltado y lanzó una mirada terrible al santo
+varón.
+
+--Más bien debe bendecirme, hermano--dijo éste--, porque ahí tiene usted
+al reverendo Pablo, superior de San Francisco, que viene a verle.
+
+En efecto, un robusto monje entraba en el recinto, con los ojos bajos,
+las manos cruzadas sobre el pecho.
+
+--_Ave Maria purissima, mater Dei_--murmuró aproximándose y haciendo un
+gesto al carmelita, que se alejó.
+
+El fraile se sentó al lado del gitano, que le miraba con una singular
+expresión de desprecio y de ironía; y, habiendo suspirado muchas veces,
+se expresó como sigue, con una vocecita agria y chillona que contrastaba
+con la enorme mole de su cuerpo:
+
+--Que el Cielo le ayude, hermano.
+
+--Diga más bien el diablo, hermano.
+
+--¿Se obstina usted, pues, en morir en la impenitencia?
+
+--Sí.
+
+--Piense, hermano, de qué gloria se cubriría usted haciendo una
+abjuración de sus errores y entrando en nuestra santa Iglesia.
+
+--¿Vale la pena por tan poco tiempo?
+
+--¿Y la vida eterna, hermano?
+
+--No se haga usted el santo conmigo, compadre; lo que le interesa sobre
+todo es que sea un religioso de su orden el que haya llevado a cabo la
+conversión; lo comprendo, una conversión como ésta podría proporcionarle
+un centenar de clientes, y eso vale la pena.
+
+--El Cielo, hermano, es testigo de...
+
+--Acabemos; todo esto es tan pesado y tan bajo, que usted me inspira
+repugnancia. ¡Hola! compadre del chaleco rojo; ¿tan pronto se olvida
+usted de los amigos?--dijo el gitano al verdugo sin querer responder a
+las súplicas del reverendo.
+
+El verdugo acudió corriendo, con la cara risueña y bonachona.
+
+--En hora buena--dijo el gitano--; hablemos un poco, porque eres tú, mi
+buen amigo, el que vas a enviarme a la eternidad. ¡Hermosa profesión la
+tuya! Tú haces lo que Dios no podría hacer: a una hora fija, en un punto
+dado, apagas una vida como se sopla una vela.
+
+--Lo cierto es, hermano, que _esto_ no dura mucho más--respondió el
+verdugo sonriendo.
+
+--Figúrate que esas gentes quieren que me confiese; bueno, me confesaré
+contigo; oirás singulares revelaciones; pero, no, tendrías miedo...
+
+El hombre del chaleco rojo palideció. El fraile, que se había callado
+hasta entonces, se levantó, salió un momento y luego entró acompañado de
+dos vigorosos gallegos cargados con cuerdas.
+
+--Hermanos--les dijo dulcemente mostrándoles al gitano--, ese pecador
+empedernido es bien digno de lástima; impedidle que se condene por
+anticipado pronunciando tan horribles blasfemias. ¡Amordazadle, hijos
+míos! y que Dios tenga compasión de él.
+
+Dicho esto se fue, y los gallegos amordazaron al gitano, cuyos ojos se
+volvieron rojos y brillantes como dos brasas encendidas.
+
+Como parecía bastante tranquilo, al cabo de dos horas le quitaron la
+mordaza, máxime cuando que algunas lindas mujeres de la mejor sociedad
+de Cádiz, que se agrupaban alrededor del recinto, habían hecho muy
+justamente observar que sería imposible ver bien las facciones del
+gitano mientras aquella villana placa de cuero le cubriese la nariz y la
+boca.
+
+La mordaza, pues, cayó ante tan filantrópicas razones.
+
+Pero no todo el mundo se interesaba tan tiernamente por el gitano; los
+unos aplaudían la decisión de la Junta, los otros se prometían un gran
+placer el día del suplicio, muchos, incluso dirigían furibundas
+imprecaciones al gitano que se contentaba con sonreír.
+
+Uno entre tantos, un hombre alto, seco y pálido, el corregidor de
+Sevilla, que se encontraba en Cádiz para seguir un proceso, se
+encarnizaba sobre todo con el desgraciado reo; a cada instante le decía:
+
+--¡El infame!... ¡Qué dicha para la sociedad que semejante monstruo sea
+castigado con arreglo a sus culpas!... Le vería estrangular con placer.
+
+Parece que por fin el gitano se cansó de tantas injurias.
+
+Enderezó altivamente la cabeza, y dijo con voz sonora:
+
+--Señor Pérez, ¡es usted poco caritativo!
+
+--¿Quién ha dicho mi nombre a ese miserable?--preguntó el hombre,
+pálido, confuso y extrañado.
+
+--¡Oh! amigo mío, no es sólo eso lo que sé; ¿y su quinta a orillas del
+Guadalquivir? ¿y aquel lindo tocador tapizado con esteras de Lima, con
+sus persianas verdes y su pila de mármol blanco?
+
+--¡Jesús! ¡cómo ese demonio puede saber!...
+
+--Es allí donde, durante el ardiente calor del día, la señora Pérez va a
+buscar el silencio y el fresco.
+
+--¡Perro! no profanes un nombre respetable. Pero, ¿no hay leyes, no hay
+justicia más rigurosa? Mientes; cállate, o te hago amordazar de
+nuevo--decía el corregidor enfurecido.
+
+Pero la multitud, que comenzaba a encontrar la conversación muy
+divertida, se aproximó más, y como el señor Pérez se encontraba en la
+posibilidad de huir, el gitano continuó:
+
+--Dice usted que miento, señor Pérez, ¿quiere usted pruebas?
+
+--¡Te callarás, renegado!
+
+--Helas aquí, pues. La señora es bella y joven, morena, con unos ojos
+negros como el ala del cuervo; gruesa y rosada, con un pie, una cintura
+y una mano que harían volver loco a un canónigo del Escorial.
+
+--¡Infame! te atreves...
+
+--En fin, debajo del hombro izquierdo tiene un lunarcito negro,
+coquetón, aterciopelado, que hace saltar aún la deslumbrante blancura de
+una piel de raso... Pero eso no es aun todo.
+
+El corregidor espumarajeaba de rabia y no podía encontrar una sola
+palabra para contestar al gitano ni a las guasas con que la multitud le
+asaeteaba. Por fin exclamó, precipitándose sobre la reja:
+
+--Pero ese infernal gitano ha sabido eso por alguna camarera de mi
+mujer... o bien es que...
+
+--No, señor Pérez, no--repuso el gitano--; lo he sabido por el capitán
+de fragata que usted recibía en su casa, en Sevilla, porque ese
+capitán... era...
+
+--¡Acaba, pues, malvado!
+
+--¡Era yo!... ¿Ya está bautizado su hijo, señor?
+
+El furor del señor Pérez no tuvo límites; se aferró con violencia a la
+reja; vanos esfuerzos, porque el gitano estaba al abrigo de su cólera.
+
+--Ya lo sospechaba. ¡Y no será ahorcado más que una vez!--aullaba el
+infortunado corregidor sin soltarse de la reja.
+
+Por fin, amigos caritativos le arrancaron de allí, la multitud se
+dispersó poco a poco, y cuando llegó la noche ya no había casi nadie
+alrededor de la capilla.
+
+--Por fin me han dejado libre esos curiosos estúpidos--dijo el gitano
+cuando daban las once en el reloj de San Francisco--. Pero no, ahí
+vienen otros, y de la más peligrosa especie--dijo viendo a dos
+sacerdotes, con sotana negra, que avanzaban hacia la capilla.
+
+El hermano guardián salió a su encuentro.
+
+--¿Qué quieren ustedes?--preguntó duramente al de más edad, porque ya se
+sabe el odio que la raza monacal tiene al resto del clero.
+
+--Oír a ese cristiano que nos ha enviado a llamar--respondió gravemente
+el sacerdote.
+
+--¡Es imposible! ¡Por Santiago! Ha despedido al reverendo padre Pablo
+tratándole como a un arriero borracho.
+
+--Es decir, ¡que nosotros mentimos, perro maldito!--exclamó el sacerdote
+más joven.
+
+El gitano, tranquilo hasta entonces, había sido simple espectador de
+aquella escena; pero al oír aquella voz bien conocida, exclamó:
+
+--¡Miserable carmelita, deja entrar a esos sacerdotes! soy yo, el
+gitano, quien los ha enviado a buscar para comunicarles mis últimas
+voluntades, para confesarme. ¿Qué esperas, pues?
+
+--Puesto que usted lo quiere, sea, hermano--dijo el fraile
+desconcertado--; pero, por la Virgen, ha hecho usted una tontería no
+aceptando la mediación del padre Pablo! ¡Tan bien como está con el
+Eterno! Amén.
+
+En el momento en que el guardián iba a atravesar el recinto que le
+separaba del gitano, el joven sacerdote se arrojó sobre la mano del
+gitano, cubriéndola de lágrimas.
+
+--¡Imprudente! ¿quiere usted perderse?--exclamó su compañero poniéndose
+ante él para que el carmelita no pudiera verle.
+
+Cuando éste se hubo alejado se aproximó al gitano y le dijo:
+
+--Ya sé, señor, cuáles son sus intenciones, sus creencias, su voluntad;
+yo no abusaré de estos momentos que son preciosos; óigame: Hace una
+hora, ese joven, que es quizás el único amigo que usted tiene en el
+mundo, se arrojó a mis pies... Me lo ha dicho todo, sus crímenes, sus
+errores de usted... Luego me ha pedido que le proporcionara una última
+entrevista con usted que él quería tener a todo trance, y he consentido.
+Ha sido quizás una debilidad, pero en el momento solemne en que usted
+se encuentra, he creído, puesto que usted se niega a aceptar los
+consuelos de la religión, que por lo menos los de la amistad le
+ayudarían a hacer más soportable su situación. Ya lo sabe usted todo...
+Cuando sea media noche, tendremos que dejarle... Yo, mientras tanto, voy
+a rezar por usted, porque el hombre capaz de inspirar semejante
+abnegación no debe ser enteramente criminal.
+
+Y el venerable sacerdote se arrodilló al pie del altar.
+
+--Señor--dijo el gitano--, siento mucho que tenga tan poco tiempo para
+expresarle mi reconocimiento...
+
+--El tiempo pasa...--repuso el sacerdote.
+
+--¡Ay! sí--dijo el gitano.
+
+Y dirigiéndose a Blasillo, porque era él quien, sombrío y abatido, le
+miraba fijamente:
+
+--¡Qué tal! Blasillo, hijo mío, adiós. Nuestros proyectos...
+
+--¡Mi comandante! ¡mi pobre comandante!
+
+Y lloraba.
+
+--Mira, si siento dejar la vida, es por ti; te amaba.
+
+--Yo no le sobreviviré.
+
+--Niño, ¿no tienes aún mi tartana y mis negros? Vete, huye a América...
+eres joven, valiente...
+
+--No, yo le vengaré... aquí.
+
+--Blasillo, te lo prohíbo; tú ejecutarás mis órdenes.
+
+--Usted será vengado. Mi plan está aquí, fijo, cierto como la muerte que
+le amenaza, porque usted va a morir. ¡Usted tan valiente, tan grande!
+¡morir! ¡morir como un miserable!--decía Blasillo en voz baja para no
+despertar las sospechas de los guardianes, y se retorcía los brazos.
+
+El gitano puso una mano sobre su frente.
+
+--Mira, Blasillo, acabemos esta escena; es atroz. ¡Adiós! Déjame.
+
+--Comandante, aun no, aun no...
+
+--Escucha, hijo mío; en una cajita de hierro encontrarás un mechón de
+pelo: es de mi pobre hermana; encontrarás también un viejo cinturón: es
+el que mi padre llevaba cuando le mataron: quema ambos objetos. Lo demás
+te pertenece, todo, hasta el saquito que te hará dueño del judío de
+Tánger, si es que tienes el capricho de volver por allá.
+
+--Pero ¡no poderle salvar! ¡ver su agonía, sus sufrimientos!
+
+--¡Por el rayo, Blasillo! ¿olvidas, hijo mío, nuestras largas y rudas
+travesías, nuestros sobresaltos, nuestros peligros, seguidos siempre de
+nuevas fatigas?... mientras que mañana, Blasillo, descanso, y descanso
+de verdad, y para siempre. No me compadezcas, pues; si sufro, es por ti.
+En fin, adiós; huye de España, vete a otro país; vende la tartana y los
+negros, vete a vivir tranquilo y dichoso, y, en medio de tu felicidad,
+acuérdate alguna vez del gitano.
+
+Blasillo cayó a sus pies.
+
+--¿No te parece, hijo mío, que es una lástima acabar mi vida por donde
+debería haberla comenzado? Si yo hubiese tenido a los veinte años un
+amigo como tú y una amante como Rosita, no estaría en este lugar,
+tendría aún ilusiones, una familia, dulces afectos, y me extinguiría
+dulcemente un día rodeado de mis nietecitos... ¡Singular destino!...
+
+Y después de una pausa, se quitó un pañuelo de seda roja que llevaba al
+cuello y se lo dio a Blasillo.
+
+--Toma, lo llevarás en recuerdo mío. ¡Adiós!
+
+--¡Ah! hasta la muerte...
+
+--¡Vamos!... ¡adiós!...
+
+El reloj de San Francisco dio las doce.
+
+Cada campanada vibraba de un modo desgarrador en el corazón del pobre
+niño; a la última, cayó desvanecido.
+
+El gitano lanzó un grito, el sacerdote acudió corriendo y el carmelita
+también.
+
+--¡Virgen santa! ¿qué tiene su compañero?--preguntó el guardián.
+
+--Nada; la emoción que le ha producido el oír tan grandes pecados.
+
+--Vaya, hijo mío, tranquilícese--decía el buen anciano levantando a
+Blasillo.
+
+Este volvió en sí, miró a su alrededor, y se precipitó de nuevo en los
+brazos del gitano.
+
+--¡Cuánta caridad!--decía el guardián--; va a herirse con las cadenas de
+ese bandido.
+
+El sacerdote se vio obligado a arrancarle de sus brazos casi sin
+conocimiento.
+
+--Señor--le dijo el gitano--, quisiera volver a ver a usted mañana.
+
+Se quedó solo, meditó profundamente toda la noche, y cuando las campanas
+del _Angelus_ y la primera claridad del día le sacaron de su
+ensimismamiento, se pasó la mano por la ancha frente, y dijo:
+
+--Por mucho que haga, no puedo creer en la eternidad.
+
+Después añadió sonriendo:
+
+--¡Y no me disgustaría equivocarme!
+
+
+
+
+XIII
+
+EL GARROTE
+
+Me parece que debe usted sentir
+dejar esta hermosa vida, le dije yo
+con el aire del más grande interés.
+
+J. JANIN, «_El asno muerto_».
+
+(En medio de la plaza de San Juan se eleva un estrado,
+al que dan acceso dos escaleras; en el centro,
+un sillón de madera muy sencillo, adosado a un largo
+palo; dos filas de milicianos se extienden a cada
+lado del cadalso y forman un largo cordón que llega
+hasta la capilla. Una numerosa multitud llena la
+plaza y las ventanas, los balcones y los tejados de
+las casas de la misma: las murallas y hasta las fortificaciones,
+han sido también invadidas por la multitud.
+Son las once, de la mañana, el sol brilla, y la
+alta cúpula de San Juan, se destaca sobre un cielo
+puro y azul).
+
+
+EL BARBERO FLORES (_a un hombre del pueblo_).--Hágame el favor,
+compadre, de ponerme delante de usted, porque como no soy muy alto,
+podrá usted ver por encima de mi cabeza, y, ¡Dios me salve! estos
+espectáculos son desgraciadamente tan raros, que entre cristianos hay
+que ayudarse en la vía de salvación.
+
+EL HOMBRE DEL PUEBLO.--Pase, pues, señor, y no me olvide en sus
+oraciones.
+
+FLORES.--La Virgen del Carmen le bendecirá, compadre, y usted no se
+arrepentirá de haberme hecho ese favor cuando sepa que yo conozco
+curiosos detalles de ese renegado que van a ajusticiar.
+
+UNA JOVEN.--¡Virgen santa! ¿Usted lo ha visto, quizá? ¡qué dicha!
+semejante suerte no se ha hecho para gentes como nosotros; durante los
+tres días que el reo ha pasado en capilla, los buenos puestos delante de
+la reja no eran más que para las grandes damas.
+
+UNA JOVEN (_cargada de cintas y llena de afeites y de lunares_).--Yo
+soy, pues, una gran dama, porque yo le he visto como veo la bacía de ese
+barbero de piernas de garza ¡y por mi patrona!...
+
+FLORES (_encolerizado_).--Tu patrona, hija mía, no figura en el
+calendario, y si no me equivoco, ha dado muchas veces la vuelta a la
+ciudad, con la cabeza rapada, y montada en una burra, con la cara vuelta
+hacia la cola...
+
+LA JOVEN (_sacando la navaja de la liga_).--Barbero del infierno, tu
+garganta es demasiado estrecha para esas palabras; ¡por Cristo! te la
+voy a ensanchar.
+
+UN MAJO.--¡Vamos, cállate, cállate, joven de las cintas! vuélvete a la
+calle del Fideo a tocar la guitarra y a echar flores a los transeúntes
+detrás de tu celosía. Si has visto al gitano de tan cerca, es que
+seguramente el verdugo te habrá ayudado muchas veces a ponerte la
+mantilla, y te habrá protegido en estas circunstancias. (_Quitándole el
+cuchillo_). ¡Demonio! no juegues con este alfiler, porque te puedes
+pinchar y yo también. ¿Quieres que la devuelva a su sitio, hermosa?
+
+LA JOVEN.--¡Hereje! pero seré vengada, porque ahí viene el hermano José.
+
+UN CAPUCHINO (_llevando en una mano una linterna con dibujos que
+representan diablos entre llamas, y en la otra una bolsa_).--Por las
+almas que sufren en el purgatorio, hermanos, dad una limosna y Dios os
+lo pagará. (_Los asistentes saludan humildemente, se arrodillan con
+compunción, pero no dan nada._)
+
+LA JOVEN DE LAS CINTAS.--_Ave Maria_, hermano José, tome este real y
+ruegue porque ese perro de majo sea destripado en la primera _juerga_
+que corra. Diga, hermano José, ¿le veré pronto? Mi estera es blanca; mis
+alcarrazas tienen flores frescas y yo le guardo magníficos cigarros de
+la Habana.
+
+EL CAPUCHINO (_volviendo rápidamente la espalda, y gritando en alta
+voz_).--¡Por las almas del purgatorio, señores!
+
+LA JOVEN.--Hermano José, hermano José, ¿me ha olvidado, usted, pues? y
+sin embargo, yo no he omitido ni una misa ni un _Angelus_.
+
+FLORES.--Parece, compadres, que el reverendo dirige la conciencia de la
+señora: afortunadamente es robusto, porque esa debe ser una terrible
+tarea. ¡Amén!
+
+LA JOVEN.--¡Caramba! ¡es bien duro oír calumniar así a un santo varón
+por un comunero, un masón!
+
+MUCHAS VOCES.--¡Un masón! ¡un comunero! ¿dónde está el masón?
+
+FLORES (_palideciendo_).--¡Por el seno de tu madre! cállate, niña, y no
+gastes esas bromas; no hizo falta más para que Pérez fuese molido a
+palos.
+
+LA JOVEN.--Ya lo oyen señores, él conoce a Pérez, que recibió, por la
+gracia de Dios, más bastonazos que barbas ha rapado ese barbero hereje
+en su vida. Ved, si no; lleva una cinta verde al cuello; por la Virgen
+que me ve y me ilumina ¡es un masón! alejadle, pues, hijos míos,
+alejadle. (_Rumores en el pueblo_.)
+
+MUCHAS VOCES.--¡Al agua el comunero! ¡Muera el masón! ¡Al agua!
+
+FLORES.--Les juro por la sangre de la cruz, compadres, que esa cinta no
+significa nada, y que...
+
+UN CAMPESINO (_golpeándole_).--¡Toma, recontra! ¡ah! ¡y te atreves a
+mezclarte con los cristianos!
+
+OTRO.--¡Toma! ¡toma! y a ver si tus hermanos te socorrerán, demonio;
+llámales en tu auxilio.
+
+MUCHAS VOCES.--¡Al agua, al agua!
+
+LA JOVEN.--Bravo, señores, la Virgen os bendecirá; llevad su cinta verde
+y su cabeza al alcalde, y no os faltarán los doblones ni las
+indulgencias para la Cuaresma.
+
+FLORES (_golpeado, desgarrado, lleno de polvo, pasa de mano en mano
+hasta la muralla que baña el mar; allí, un vigoroso andaluz le agarra y
+le echa al agua gritando_).--¡Dios me salve! ¡Así mueren los masones
+herejes y los constitucionales, enemigos del rey absoluto!
+
+LA MULTITUD.--¡Bravo! ¡Viva el rey absoluto!
+
+UN MARINO.--¡Silencio, hijos míos, silencio! he ahí el cortejo que ya
+empieza a desfilar. ¡Vive Dios! es un hermoso día para mí.
+
+UN CAMPESINO.--Para usted y para todos, señor marino.
+
+EL MARINO.--Para mí más ¡por Santiago! ¿No estaba yo a bordo del
+guardacosta que le dio caza?
+
+MUCHAS VOCES.--¡Cómo, señor! ¡Usted asistió a ese espantoso combate!
+¡Virgen santa! ¡y aun vive!
+
+EL MARINO.--Afortunadamente habíamos comulgado la víspera; a no ser por
+eso el demonio nos hubiera arrastrado al fondo del infierno.
+
+UN CAMPESINO.--Pero, ¿cómo ocurrió eso, señor? Porque se había dicho que
+ustedes hundieron su tartana.
+
+EL MARINO.--Y es cierto, compadre, pero acto continuo reapareció a
+nuestra popa, cubierta de llamas y con más de diez mil demonios encima
+que lanzaban fuego por boca y ojos.
+
+MUCHAS VOCES.--¡Virgen santa! ¡rogad por nosotros!
+
+EL MARINO.--Y en medio de ellos el gitano que se debatía blasfemando e
+insultando a todos los santos del Cielo y al señor gobernador.
+
+LA MULTITUD.--¡Jesús, qué horror! ¿y cómo os librasteis del monstruo?
+
+EL MARINO.--Afortunadamente el capitán tenía una botella de agua bendita
+por el arzobispo de Toledo, y como el infernal buque estaba muy cerca,
+se la echamos a bordo.
+
+EL CAMPESINO.--¿Con un cañón, compadre?
+
+EL MARINO.--No, compadre, a mano; y entonces todo se hundió como por
+encanto, entre los rugidos de los demonios.
+
+UN CABALLERO.--Pero, señor marino, ¿cómo se ha dejado prender el gitano
+en el convento si estaba dotado de ese poder infernal?
+
+EL MARINO.--Precisamente porque estaba en un lugar sagrado.
+
+LA MULTITUD.--¡Claro! ¿Quién se atreve a dudarlo?
+
+EL CABALLERO.--Pero, ¿una vez fuera del convento, no podía recuperar su
+poder?
+
+EL MARINO.--No, porque se había tenido buen cuidado de cargarle de
+cadenas... ¡casi no podía andar!...
+
+EL CABALLERO.--¡Como que tenía una pierna rota!...
+
+UNA MUJER.--Lo hacía ver, pero era para engañarnos...
+
+EL CABALLERO.--Yo, señores, no lo veo muy claro...
+
+UNA MUJER.--¡Entonces usted no es cristiano!... ¡Virgen del Carmen! ¡no
+quiere creerlo!...
+
+EL CABALLERO (_acordándose de la suerte de Flores_).--Señora, yo lo creo
+todo y he prometido un cirio de treinta libras a la Virgen del Pilar;
+mire, aquí tengo un rosario...
+
+MUCHAS VOCES.--¡A ver!...
+
+EL CABALLERO (_muy pálido_).--Mirad... y además, aquí tenéis una carta
+del superior de San Juan dirigida a mí. Leed...
+
+MUCHAS VOCES.--No sabemos leer... No le creáis... es un lazo que nos
+tiende... ¡Al agua!
+
+(_Afortunadamente en aquel momento se oyen más sonoros que nunca los
+cantos de los frailes que acompañan al cortejo, y la multitud deja al
+pobre hombre, que se refugia en una taberna._)
+
+UNA MUJER.--¡Ah! ¡qué dicha, Virgen santa! Aquí está la procesión. Mira,
+Juana, estamos muy cerca del cadalso, y tiene dos escaleras.
+
+JUANA.--Eso es porque el reo había mandado un navío de guerra; el
+verdugo subirá por una escalera y él por otra.
+
+UN HOMBRE.--¡Demonio, qué injusticia! se concede eso a un renegado y se
+me negaría quizás a mí.
+
+JUANA.--Mira, Pepa, los penitentes con el ataúd.
+
+PEPA.--Detrás va el verdugo ¡Virgen santa! no es feo para ser un
+verdugo; sólo que está muy pálido.
+
+JUANA.--Muy sencillo; es el verdugo de Córdoba que viene a reemplazar al
+nuestro, y como nunca ha matado aquí... pues, claro, se encuentra
+cohibido...
+
+UN HOMBRE.--Decid, comadres, ¿veis al gitano?
+
+JUANA.--No, hijo mío... Tenga cuidado, joven (_dirigiéndose a Blasillo
+que llega en aquel momento envuelto en una capa y que se abre paso a
+codazos_)... por poco me tira usted al suelo... Eso es... póngase
+delante, en el mejor sitio. (_En voz baja a Pepa_). ¡Jesús, Pepa! ¿Has
+visto qué mirada? ¡Parece que le arden los ojos!
+
+PEPA.--¡Ah! será el hijo de alguna víctima del reo... Pero, ya está
+aquí... ¡Qué alegría, Virgen santa! Desde el día de mi primera
+comunión, nunca había estado tan contenta...
+
+MUCHAS VOCES.--¡Muera! ¡perro maldito! ¡muera el gitano!
+
+UN HOMBRE.--Doy veinte escudos por reemplazar al verdugo.
+
+OTRO.--Yo cuarenta, pero quiero degollarle, que se vea su sangre.
+
+UNA MUJER (_arrojando un rico rosario a los pies del alcalde_).--Ese
+rosario vale veinte doblones; lo regalo a la Virgen, pero con la
+condición de que me lo dejen matar a mí.
+
+BLASILLO (_pisoteando el rosario y agarrando violentamente el brazo de
+la mujer_).--¡Silencio! ¡silencio, si es que tienes aprecio a la vida!
+
+LA MUJER.--¡Socorro, Dios mío! este muchacho me hunde las uñas en la
+carne.
+
+MUCHAS VOCES.--¡Silencio! ¡que se calle!
+
+(_Llega el gitano cargado de cadenas; marcha apoyado en el sacerdote, y
+lleva un ramito de jazmín entre los dedos._)
+
+UN HOMBRE.--¡Bravo! ya está aquí; ¿sabéis que el verdugo está más pálido
+que él?
+
+JUANA.--¡Jesús! el renegado no ha querido un fraile y se hace acompañar
+por un sacerdote. ¡Qué corrupción!
+
+UNA VOZ.--¿Se han fijado, señores, cómo va vestido?
+
+JUANA.--Todo de negro... ¡Jesús y qué desvergonzado! En lugar de pensar
+en la eternidad va oliendo una ramita de jazmín...
+
+UN HOMBRE.--El infame no parpadea siquiera. ¡Muera! ¡muera!
+
+EL SACERDOTE.--Debe usted sufrir mucho... apóyese en mí. ¡Ay! ya
+estamos bien cerca de...
+
+EL GITANO.--Del término de nuestro viaje, es cierto.
+
+MUCHAS VOCES.--¡Muera el perro! ¡muera! ¡Que le partan en pedazos!
+
+EL GITANO.--Cómo gritan...
+
+EL SACERDOTE.--Sí, pero piense usted...
+
+EL GITANO.--¡En la muerte! ¡Para qué! ahí está el amigo del chaleco rojo
+que ya piensa por mí.
+
+UN HOMBRE.--¡Que le crucifiquen! ¡Que le quemen a fuego lento!
+
+EL GITANO.--¡Qué sol tan puro! ¡qué cielo tan hermoso!
+
+EL SACERDOTE.--Sí, hijo mío, piense usted en el cielo, en el cielo...
+
+EL GITANO.--Ya hemos llegado; adiós, amigo mío; venga esa mano. Tome
+esta flor, es todo lo que tengo; guárdela. Adiós, mi buen amigo.
+
+EL SACERDOTE.--¡Ah! ¡con ese valor, con esa energía! ¿qué destino
+hubiera sido el suyo?
+
+EL GITANO (_enjugando una lágrima_).--Es verdad...
+
+EL POPULACHO.--¡Oh! el cobarde llora. ¡Muera el cobarde!
+
+EL GITANO (_sonriendo_).--¡Es singular! Por un amargo azar del destino
+cuando estoy a punto de dejar la vida es cuando encuentro los afectos
+que tan ardientemente he buscado; cuando encuentro a Blasillo, a Rosita
+y a usted... y a usted sobre todo que me haría creer hasta en la
+virtud...
+
+EL PUEBLO.--¡Muera el condenado! ¡El apóstata! ¡Ya tardan demasiado!
+
+EL VERDUGO.--Señor gitano, el pueblo se impacienta.
+
+EL GITANO.--Nunca me perdonaría el hacer esperar a su señoría. (_Tiende
+las manos al sacerdote_). Adiós, amigo mío.
+
+EL SACERDOTE.--Aun no le dejo.
+
+(_El gitano pone el pie en el primer escalón; Blasillo se aproxima a él
+y le estrecha la mano._)
+
+BLASILLO.--Adiós, comandante; usted será vengado, pero de una manera
+terrible; todo ese populacho pagará lo que hace. Ahora, muera usted;
+porque yo puedo presenciar su muerte sin palidecer.
+
+EL GITANO (_en voz baja, subiendo las gradas_)--¡Adiós, querido
+Blasillo!
+
+JUANA.--.¡Virgen Santa! ¡sabes que ese joven de los ojos ardientes ha
+hablado al gitano!
+
+PEPA.--Yo lo he visto; sin duda le habrá reprochado algún crimen.
+
+UN HOMBRE.--¡Ah! Por fin el maldito está en el sillón.
+
+OTRO.--¡Alabado sea Dios! Ya le ponen el cuello en la argolla.
+
+JUANA.--¡Santa Virgen! ¡Ya van a matarle! Pero...
+
+UN HOMBRE.--¿Y qué?...
+
+JUANA.--Es que nos estafan, nos roban... ¿y la mano?
+
+EL PUEBLO.--¡Es verdad, que le corten la mano! (_Gritos, tumulto,
+escándalo. El alcalde consulta con la Junta._)
+
+EL ALCALDE.--Es justo, lo habíamos olvidado. Nuestra es la culpa.
+
+UNO DE LA JUNTA.--Pero, así no vamos a acabar nunca.
+
+EL ALCALDE.--Mi querido amigo, ya que tenemos tan pocas ocasiones de
+popularizarnos, aprovechemos ésta. Es cuestión de un momento.
+
+EL SACERDOTE (_al gitano_).--Amigo mío, perdóneles usted, el fanatismo
+les extravía.
+
+EL GITANO.--Ya lo veo.
+
+BLASILLO (_en voz alta_).--¡Bravo, pueblo! inventa nuevas torturas. El
+Cielo te lo recompensará.
+
+JUANA.--Tiene razón el pobre niño.
+
+BLASILLO (_riendo_).--Sí, mujer, el Cielo o el infierno.
+
+EL PUEBLO.--¡La mano, la mano del maldito!
+
+EL ALCALDE.--Señores, un poco de silencio. La justicia, viviente y
+sagrado símbolo de la Divinidad, no es una palabra vana, y esta justicia
+se ha impuesto como deber el rendirse a los deseos del pueblo, juicioso
+defensor de la religión y del trono.
+
+EL PUEBLO.--¡Viva! ¡viva!
+
+EL ALCALDE.--De modo, señores, que la Junta...
+
+EL SACERDOTE (_interrumpiéndole_).--Señor, en nombre del Cielo, piense
+que el desgraciado espera la muerte...
+
+(_El alcalde continúa impertérrito y pronuncia un largo y conmovedor
+discurso, tras el cual acaba por conceder al pueblo la mano del reo._)
+
+LA MULTITUD.--¡Viva el alcalde! ¡viva el rey absoluto!
+
+EL ALCALDE.--Ya has oído, obra.
+
+EL GITANO.--¡Por fin!
+
+EL VERDUGO.--¡No, señor!
+
+EL ALCALDE.--¡Cómo!
+
+EL VERDUGO.--Me han hecho venir de Córdoba para dar garrote al reo, pero
+no para cortarle la mano. No tengo yo la culpa si ha muerto el verdugo
+de Cádiz... Vengan diez duros más, y entonces hablaremos.
+
+EL SACERDOTE.--¡Qué horror, Dios mío!
+
+(_El alcalde delibera con la Junta._)
+
+EL ALCALDE (_al verdugo_).--Vaya, no sea usted...
+
+EL VERDUGO.--No rebajo ni un real...
+
+EL PUEBLO (_arrojando el dinero_).--¡Ahí van los diez duros!
+
+UN CARNICERO (_agitando su cuchillo_).--¡Por Santiago! ¡yo le cortaré
+gratis la mano, y la otra y la cabeza!
+
+EL VERDUGO.--Compadre, ¿acaso mato yo sus animales? Cada cual a lo suyo.
+Venga ese cuchillo.
+
+(_El carnicero se retira en medio de los aplausos de la multitud; el
+verdugo recoge cuidadosamente el dinero, va hacia el gitano, le agarra
+el brazo y le corta la mano._)
+
+LA MULTITUD.--¡Bravo! ¡muera el hereje!
+
+EL GITANO.--Creí que esto era más doloroso.
+
+EL SACERDOTE (_con voz sonora y fuerte_).--Era culpable ante los
+hombres, pero este martirio le absuelve ante Dios.
+
+BLASILLO (_precipitándose sobre la mano ensangrentada y guardándola
+bajo su capa_).--Sacerdote, no lo dices todo, ¡esa sangre caerá sobre
+ellos! Adiós, comandante, aun me hace falta fuerza para vengarte; me
+voy, porque un minuto más me mataría. (_Blasillo desaparece entre la
+multitud._)
+
+Como el momento se acerca, se hace un profundo silencio.
+
+El sacerdote se arroja en los brazos del condenado; el verdugo se
+aproxima y pone al cuello de la víctima la argolla; aprieta después el
+torniquete que hay en la parte posterior y oprime violentamente el
+cuello del paciente. Una vuelta más, y el gitano queda estrangulado; en
+aquel momento el sacerdote le echa un velo a la cara, y cae a sus pies
+rezando; la multitud aplaude de nuevo y se retira satisfecha. Por la
+tarde, cuando ya el sol se oculta detrás de la torre de la Aduana, el
+alcalde volvió al cadalso, donde habían dejado el cuerpo del
+ajusticiado. Allí se descubrió, sin que el gitano correspondiera a su
+atención, y entonces los ayudantes del verdugo arrojaron su cuerpo al
+muladar, donde fue devorado por los perros.
+
+
+
+
+XIV
+
+MAESTRO PLOCK
+
+¡La venganza! placer de los hombres.
+
+
+Creo que fue a una de esas calles de Tánger, sucias, estrechas y
+fangosas, bordeada por altas casas sin aberturas, tal vez la calle de
+Moab'd'hal, a donde Blasillo se dirigió después de una feliz travesía.
+Muchos días habían transcurrido ya desde la muerte del gitano, y la
+tartana, siempre oculta en su impenetrable retiro, había podido escapar
+tanto más fácilmente, por cuanto todo Cádiz la creía hundida; de modo
+que a Blasillo le fue muy fácil franquear la distancia entre Cádiz y
+Tánger.
+
+En aquella sucia y fea calle, los árabes se entregaban a sus juegos
+favoritos y sobre todo a la caza de los armenios, de modo que así que
+uno de ellos se atrevía a sacar la cabeza a la puerta de su casa, caía
+sobre él una lluvia de balas.
+
+En medio de ellas atravesó Blasillo la calle hasta que llegó a una
+enorme verja de hierro detrás de la cual había un viejo de larga y
+cadavérica cara, cubierto con una especie de gorro amarillo, que
+encuadraba de una manera extraña su horroroso rostro.
+
+BLASILLO.--Tarda usted mucho, buen hombre, y ya sabe usted, sin embargo,
+que las balas llueven sobre los cristianos en esta maldita calle.
+
+EL JUDÍO.--¿No es más que eso? Adiós, joven.
+
+BLASILLO.--Una palabra, no se retire tan pronto.
+
+EL JUDÍO.--Hable, pero sea breve.
+
+BLASILLO.--Aquí en la calle no puedo; déjeme entrar en su casa, y
+entonces...
+
+EL JUDÍO.--¡Que el anillo de Salomón te sirva de collar! ¡Vete!
+
+BLASILLO.--Puesto que usted se niega, voy a intentar un último medio.
+(_Le enseña un saquito abierto de emblemas jeroglíficos._)
+
+EL JUDÍO.--¡Que no! ¡semejante tesoro en tu poder!... ¿quién ha
+podido...? Pero, entra, entra; porque las balas llueven, y no quisiera
+que esos incrédulos mancillaran ese talismán.
+
+Se abrió la puerta.
+
+Blasillo entró bajando la cabeza, atravesó otras dos enormes rejas de
+hierro y se encontró en un estrecho patio que no recibía la luz más que
+por arriba.
+
+--Déjame, hijo mío--dijo el judío--, déjame que examine ese saquito.
+
+Y sus ojos echaban chispas bajo sus espesas cejas.
+
+--Vea usted, padre--respondió Blasillo.
+
+--¡Por las cinco estrellas de Stemboth! éstas son las insignas de uno de
+los grados más altos de nuestra asociación, y yo debo obedecer a los que
+las posean, sin informarme de qué modo han llegado a sus manos. ¿Qué me
+mandas, hijo? El viejo está a tus órdenes.
+
+--Te llaman Jacob, y no obstante tu nombre es Plock, ¿no es cierto,
+anciano?
+
+--Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento.
+
+--Bien, señor Plock; ¿tiene usted unos almacenes cuya entrada da a la
+playa, cerca de la ensenada de Betim'Sah?
+
+--Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento.
+
+--¿Y en esos almacenes guarda ricos tejidos de Túnez, tapices de
+Constantinopla y cachemiras del Cairo?
+
+El judío palideció pero, no obstante respondió:
+
+--Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento.
+
+--Bueno, pues esta noche vas a hacer transportar esas mercancías a una
+tartana, con pabellón danés, que hay fondeada en la ensenada de
+Betim'Sah.
+
+El judío, que estaba arrodillado, se levantó como si le hubiese picado
+una víbora.
+
+--¡Por la cintura de los majos! Eso es imposible! Los cabellos se me
+erizan nada más de pensarlo.
+
+--¡Infame judío! ¿Crees que quiero que me regales tus mercancías? Toma,
+aquí tienes oro para comprarte tus almacenes, a ti y a tu rabino.
+
+--¡Dios del cielo! guarda tu oro, porque me espanta. Te equivocas sobre
+el motivo de mi negativa, joven... ¿sabes lo que pides de mí?
+
+--Lo sé, maestro Plock.
+
+--No lo sabes, no.
+
+Entonces miró a su alrededor con inquietud, y, como si temiese ser oído
+se aproximó a Blasillo, le habló un instante en voz baja, y después le
+miró con aire interrogativo.
+
+--Ya lo sabía.
+
+--¿Y quiere usted...?
+
+--Sí.
+
+Por la noche, Blasillo vigilaba el embarque de las mercancías, y el
+viejo Bentek y los negros llevaban a bordo los últimos fardos, cuando
+Plock que hasta entonces había permanecido alejado, se aproximó al joven
+y le dijo:
+
+--Sólo el demonio, hijo mío, le ha podido encargar de semejante
+comisión; pero yo me lavo las manos; ¡que la venganza del Cielo caiga
+sobre usted y sobre los que le mandan!
+
+--¡Que el Cielo le ayude!--dijo Blasillo tendiéndole la mano.
+
+Pero el judío dio un salto hacia atrás.
+
+--Es verdad, no me acordaba--dijo el joven--. Adiós, maestro, hasta la
+vista.
+
+--Hasta la vista... Tendría que ser mañana... porque antes de tres días
+su madre de usted ya no tendrá hijo.
+
+ * * * * *
+
+Un mes justo después de la ejecución del gitano, una peste espantosa
+devastaba Cádiz; porque Blasillo había hecho naufragar su tartana al pie
+del fuerte de Santa Catalina...
+
+Su tartana, llena de mercancías, comprada por él en Tánger, había sido
+saqueada por el pueblo.
+
+Porque Blasillo, al comprar aquellas mercancías, que procedían de
+Levante, entonces asolado por una epidemia, sabía que estaban
+infectadas y que maese Plock no esperaba más que una ocasión favorable
+para purificarlas[8].
+
+El pueblo de Cádiz que ignoraba esta circunstancia, se apoderó de las
+brillantes mercancías e infectó a todos los habitantes.
+
+Hasta el alcalde y los miembros de la Junta que quisieron ver a sus
+mujeres y a sus hijos vestidas como las grandes de España, fueron
+atacadas por la peste.
+
+En fin, perecieron gran número de personas en Cádiz y en sus
+alrededores, porque los meses de julio y de agosto fueron muy calurosos,
+y la fiebre amarilla complicó la peste.
+
+Se calculó el número de los muertos en veintinueve mil setecientos
+treinta y dos, sin contar los frailes.
+
+En cuanto a Blasillo, no se supo lo que fue de él, como tampoco de sus
+negros.
+
+Pero había cumplido su palabra al gitano.
+
+¡Le había vengado!
+
+FIN
+
+
+NOTAS:
+
+[1] Guardias.
+
+[2] Traducida esta obra con toda fidelidad, esperamos que el buen
+sentido del lector subsanará las lamentables inexactitudes en que el
+autor incurre a cada paso al pretender pintar las costumbres españolas
+sin conocerlas, sin duda, y sabrá juzgar sus gratuitas apreciaciones,
+así como el injustificado menosprecio del carácter español, que campea
+en las páginas del libro. Por tratarse de una figura literaria de la
+talla de Sue son más de sentir tales ligerezas, capaces de desprestigiar
+al escritor de más fuste y que son imperdonables en el autor del
+_Judío_.--N. del T.
+
+[3] Espíritus malignos. (Trad. pop.)
+
+[4] El carretón de la muerte; es arrastrado por esqueletos, y el ruido
+de sus ruedas indica el fallecimiento.
+
+[5] Espíritu maligno que preside las tempestades.
+
+[6] Marineros escogidos.
+
+[7] Hay más de 25 leguas de distancia entre los dos puntos.
+
+[8] Muchos judíos de Tánger se dedican a esta lucrativa industria;
+compran mercancías infectadas a bajo precio, las purifican como pueden,
+y las revenden en Europa. La peste de Cádiz en 1760, no tuvo otra causa.
+Un buque contrabandista escapó a las visitas sanitarias y propagó la
+epidemia.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Plick y Plock, by Eugène Sue
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PLICK Y PLOCK ***
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
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+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
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+Literary Archive Foundation
+
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+increasing the number of public domain and licensed works that can be
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+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
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+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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+works.
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+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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