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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/29770-8.txt b/29770-8.txt new file mode 100644 index 0000000..f4947e6 --- /dev/null +++ b/29770-8.txt @@ -0,0 +1,8210 @@ +The Project Gutenberg EBook of Plick y Plock, by Eugène Sue + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Plick y Plock + +Author: Eugène Sue + +Translator: Tomás Orts-Ramos + +Release Date: August 23, 2009 [EBook #29770] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PLICK Y PLOCK *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + + + + +BIBLIOTECA de LA NACIÓN + +EUGENIO SUE + +PLICK Y PLOCK + +TRADUCCIÓN DE + +T. ORTS-RAMOS + +BUENOS AIRES +1919 + +Derechos reservados. + +Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires + + + + +ÍNDICE + + +Prefacio + + +KERNOK EL PIRATA + +I.--El degollador y la bruja + +II.--Kernok + +III.--La buena ventura + +IV.--El brick «El Gavilán» + +V.--Regreso + +VI.--La partida + +VII.--Carlos y Anita + +VIII.--La presa + +IX.--Orgía + +X.--La caza + +XI.--El combate + +XII.--Sigue el combate + +XIII.--Los dos amigos + +XIV.--La misa de difuntos + + +EL GITANO + +I.--El barbero de Santa María + +II.--La corrida de toros + +III.--El gitano + +IV.--Las dos tartanas + +V.--La blasfemia + +VI.--La monja + +VII.--El levante + +VIII.--La «Urna de San José» + +IX.--El relato + +X.--El prodigio + +XI.--Amor + +XII.--La capilla ardiente + +XIII.--El garrote + +XIV.--Maestro Plok + + + + +PREFACIO + +15 enero 1831. + + +A través de la profunda concentración que cautiva todos los intereses en +un orden de ideas graves y elevadas, el autor de estos relatos espera +deslizarse inadvertido entre el mundo literario. Después, habiéndose +asignado fecha y lugar, como tantas honradas gentes a las que se +encuentra, pasadas nuestras largas tormentas sociales, colocadas muy +alto en la opinión de un gran número, aspira a colocarse, como ellas, en +una decente reputación negativa, nublada al silencio de la crítica y a +la oportunidad de los grandes acontecimientos, tan favorable a los +espíritus mezquinos. + +Porque la carrera de esos veteranos de que hablamos ha sido plena, +entera, honrada, gracias a su ancianidad que en la literatura prueba el +mérito, casi lo mismo que un costurón prueba el valor. + +El tranquilo porvenir, la dulce y perezosa quietud de esos gruesos +canónigos de la literatura, han engolosinado de tal modo al autor de +este libro, que se apresura a inscribirse como _profeso_, en su orden, +estimando que las mismas circunstancias llevarán sin duda un día a los +mismos resultados. + +Un certificado de vida literaria es, pues, toda la ambición del autor. + +Dicho esto, continuemos. + +Antes de Cooper, hubiera tenido, quizá, la audacia de intentar interesar +al público francés en las costumbres, en los caracteres que no +despiertan en él ninguna simpatía. Ignorante, además, de las costumbres +marítimas, le sería verdaderamente imposible apreciar la exactitud de +los cuadros que se desarrollaran ante sus ojos. + +Por la topografía de su país y gracias a su política, los americanos +estaban llamados, mejor que nadie, a comprender todo el alcance del +genio de Cooper. ¿Es que no hay en sus creaciones más que una obra de +artista? ¿No existe un profundo pensamiento patriótico en el género que +ha encontrado? Este género es una expresión de los deseos, de las +necesidades, de la potencia de los Estados Unidos; es la historia de los +Estados Unidos dramatizada. + +Por ello, ved si de Nueva Orleáns a Boston hay un corazón que no lata, +una frente que no se coloree, cuando se leen esas bellas páginas en las +que se pintan las luchas de esa salvaje y vigorosa América, cuya +religión fue la de permanecer libre bajo su hermoso cielo, en medio de +sus ricas selvas, sobre su suelo virgen, y de rechazar hasta su brumosa +isla a la aristocrática Inglaterra, llena de prejuicios, abrumada por +sus viejos sistemas de colonización. + +A causa de nuestra indiferencia por el mar, nuestras glorias navales +son casi ignoradas en París. Bonaparte había visto que le era imposible +luchar directamente con Inglaterra. Le era necesario reunir a cada +momento todas sus fuerzas para aplastar al enemigo en el continente. Si +la marina tuvo una plaza secundaria en sus combinaciones, fue porque por +dos veces sus almirantes perdieron los navíos de Francia, y porque, para +servirnos de una de las expresiones de Napoleón, una flota no se +improvisa como un ejército. Por esta causa, a pesar de algunos +admirables combates parciales sostenidos por nuestros marinos, la fama +no ha tenido voz más que para celebrar la gloria de nuestro ejército de +tierra. + +Y esto fue una grave injusticia como arte y como política. + +Como política, porque la mayoría de los hombres creen lo que leen, +porque los relatos de nuestras victorias marítimas, adornadas por la +literatura, poetizadas, exageradas quizás, hubiesen acabado por darnos a +nosotros mismos una idea de nuestra importancia marítima. Este +sentimiento se hubiera infiltrado entre las masas en Francia y en el +extranjero; esta fe nacional hubiese producido grandes resultados, sin +duda; porque se equivocaría, creo, el que pensase que las historias, las +novelas, las memorias sobre las conquistas de Bonaparte no han aumentado +nuestras fuerzas morales en el interior, nuestra potencia en el +exterior. + +Y además, ¡si se supiese de qué modo las costumbres marítimas son nuevas +y picantes! ¡qué pocas cosas hay tan singulares, curiosas y dignas de +estudio como el interior de un barco! ¿No es éste un resumen de todos +los conocimientos, de todas las artes, de todas las industrias humanas? +¿No es una obra que prueba a cuánta altura puede elevarse nuestra +inteligencia? + +Sobre todo, constituyen un campo digno de estudio esas costumbres, esos +afectos, esos odios floreciendo sobre frágiles tablas, y esos caracteres +puestos ásperamente de relieve por el aislamiento, por la concentración; +y esa fisonomía moral de un pueblo acusada allí más vigorosamente que en +parte alguna, porque, en aquella vida incesantemente peligrosa, el +hombre, menos gastado por las costumbres de una civilización decrépita, +reproduce más vivamente el tipo impreso a cada raza por la Naturaleza. + +¡Y los marineros!... ¡Qué estudio para el que los comprende, para el que +sabe bucear en la profundidad de sus almas! Es un pueblo poderoso y +débil a la vez: tan pronto furioso como un soldado el día de pillaje, +tan pronto tímido e ingenuo como un niño, cuando la embarcación se mece +perezosamente en la calma; en el mar, resistente a todas las pruebas, el +marinero soporta las privaciones con un desdén, con una firmeza +estoicas; en tierra, sumergiéndose en todos los excesos, se entrega al +placer con un ardor que se puede comparar más que con el vigor de +organización desplegado en delirantes orgías: a bordo, durmiendo sobre +el puente, corriendo en lo alto de un palo; en tierra, llevando los +refinamientos y el lujo de la mesa hasta un grado inaudito, disipando +en ocho días el fruto de dos años de ahorros forzosos. + +Y en efecto, el marinero, ese pobre hombre, ¿no debe olvidar en un +alegre festín, que acaba con su oro, sus largos cuartos de noche[1] +durante los cuales temblaba bajo la escarcha? ¿y esas horas de +tempestad, cuando, balanceándose sobre una verga, contemplaba sonriendo +el remolino que amenazaba tragarle? ¿y esos días miserables en que, +prisionero en un lugar estrecho y malsano, ha carecido de aire, de agua, +de pan, de esperanza y de luz?... + +¡Pobre hombre, mañana ya no tendrá más oro! ¡mañana no más vino humeante +y generoso, no más muelle cama, no verá ya a la muchacha riente y loca! +¡mañana, no más alegres espectáculos que ensanchaban su franco y jovial +rostro, siempre granujiento, enrojecido, radiante!... + +¡Se acabó todo! + +Mañana, pobre marinero, besarás a tu vieja madre entregándola +escrupulosamente una parte sagrada de tus ahorros; porque una hermosa +hostelera de ojos brillantes, de cabellos negros, se esforzará en +elogiarte aún la calidad superior de su _grog_, el perfume de su tabaco +y sus platos apetitosos... + +--Que me trague diez brazas de cable, si toco esta suma; _¡es la parte +de mi madre!_...--dirás cerrando con rapidez el largo bolsillo de cuero. + +¡Ahora vas a embarcarte de nuevo! ¡ahora te esperan una valiente +fragata y una disciplina severa!...--¡Larga velas! ¡arría velas! +¡Arriba, abajo! ¡Galleta dura, agua corrompida y algún vergazo si no +andas listo!... + +Y bien, ¡qué importa! él se encamina a su flotante casa cantando, sin +una lamentación, sin un suspiro. Durante esos ocho días tan +brillantemente coloreados por placeres sin número, ha hecho una +provisión de recuerdos para los dos años que pasará en el mar. Durante +las largas noches insomnes, se acordará de sus goces uno a uno; se +aislará del presente hundiéndose en sus pensamientos; encontrará en el +fondo de su alma no sé qué perfume de vino, qué sonrisa de mujer, qué +vagos reflejos del tiempo pasado que le harán olvidar la aflictiva +realidad. + +Tal es ese pueblo, esencialmente bueno, pero uniendo a la altivez de un +escocés la ingenua bondad de un bretón; doblando pacientemente la +espalda ante un puñetazo, pero dando una puñalada por una mirada, +pasando de la extrema alegría al extremo disgusto, pero sin perder nada +de la vivacidad de estos dos sentimientos. A bordo, con una alegría +dulce y melancólica, con una imaginación ardiente alimentada sin cesar +por una vida sedentaria y por relatos cuya grosera poesía no carece de +originalidad ni de grandiosidad, ¡ser complejo, múltiple, en fin! +viviendo de anomalías y de oposiciones, pero, por encima de todo, +impregnando su vida entera de una despreocupada e irónica intrepidez, +que no le abandona nunca a pesar de todos los peligros corridos, después +de tantos años de una existencia que no es otra cosa que un largo +peligro. + +Ya lo hemos dicho, Cooper, en sus admirables novelas, ha pintado a ese +hombre de una manera tan amplia como pintoresca. Ha excitado vivamente +la curiosidad, el interés por costumbres cuyos detalles contrastan +rudamente con los de nuestra vida ciudadana. Pero, desgraciadamente, la +energía, la finura del original, se debilitan casi siempre en la +traducción. En francés, ese estilo queda despojado de su nerviosa +concisión. Así, y todo, podemos admirar los grandes rasgos que +caracterizan a ese talento verdaderamente nuevo; pero los matices, el +color local, la preciosa ingenuidad de los idiomas, escapan a los que no +pueden leer en inglés esas páginas maravillosas. + +Sin embargo, nosotros creemos que si uno de nuestros talentos de primer +orden, que si Víctor Hugo, de Vigny, Janin, Merimée, Nodier, Balzac, P. +L. Jacob, Delatouche, etc., quisieran cambiar un año de su vida +estudiosa por un año de existencia marítima, e intentasen entonces +aplicar su potencia, su riqueza de ejecución a la pintura del mar, +tendríamos ciertamente una gloria literaria más. Y, ¿por qué Lamartine +no ha de ensayar conducir su musa por el mismo camino donde Byron ha +conducido la suya en el segundo canto de _Don Juan_ y en su _Corsario_? +El temor de la imitación no sería racional; Cooper ha pintado +americanos; vosotros podríais pintar las costumbres de los franceses, +otros sitios, otros lugares, otras costumbres, otros combates... + +Todo talento que se basa en la observación exacta de la Naturaleza, ¿no +será siempre más _sui generis_, más personal, original, influyente?... +¿No son así Corneille y Shakespeare, Goethe y Chateaubriand? + +Pero yo me equivoco. Tenemos ya nuestro Cooper: un poeta que conmueve y +atrae por la energía de su composición, por la verdad de sus +descripciones. En presencia de sus obras el corazón se oprime... ¿Veis +esas olas enormes que estallan y se rompen contra ese navío +desmantelado... ese cielo sombrío y brumoso, esos rostros de mujeres +llorosas, palpitantes, y que contrastan de una manera tan sublime con la +actitud tranquila, fría, de un marino que manda siempre a la tempestad, +aun en el momento de perecer? + +Otras veces, al contrario, vuestra alma se dilata, se ensancha... La +atmósfera es pura; ni una nube vela ese ardiente sol que desaparece en +el horizonte entre un vapor rojizo. ¡Y después, qué calma! ¡qué dulce +alegría anima a esos pescadores al dejar sus redes y sus barcas sobre +esa playa resplandeciente a los últimos rayos del sol! + +¿Oís los gritos de los niños... los cantos de los marineros? ¿Veis la +noble cabeza del abuelo, del viejo marino que se hace llevar a la puerta +de su choza para gozar aún del imponente espectáculo que siempre le +emociona, aun después de tantos años? + +Ese poeta, vosotros le conocéis, estoy seguro. ¿No habéis admirado el +_Kent_, el _Colombus_, la _Puesta del sol en el mar_?... ¿Ese poeta, +pues, vuestro Cooper, no es Gudin? ¿Acaso en sus cuadros no hay el mismo +colorido, la misma ingenuidad, la misma alteza de concepción que en las +páginas del _Piloto_ y del _Corsario rojo_? + +¡Ah! si alguno de los escritores que hemos nombrado oyese nuestra débil +voz, tendríamos una doble gloria en este género; poseyendo ya la poesía +pintada, gozaríamos además de algunas deliciosas poesías escritas. + +En cuanto al autor de este libro, su papel es poco más o menos el de un +enano de la edad media, cuya historia quiero contaros. + + * * * * * + +«Un día, algunas bandas de salteadores y de arqueros galos, habían +sitiado la abadía de San Cutberto, en Bretaña. Su jefe, Manostuertas, +cabalgaba insolentemente a la vista de las murallas, pero, no obstante, +fuera del alcance de los tiros de los hombres de armas de la abadía. + +»Viendo esto los monjes desde lo alto de las murallas, invocaban +piadosamente la intercesión de San Cutberto, cuando advirtieron, no sin +extrañeza, al enano del prior que conducía o más bien arrastraba una +ballesta prodigiosamente pesada y maciza. + +»--¡Dios me valga!--exclamó el prior--; ¡el muy necio se ha atrevido a +poner mano sobre la ballesta dedicada a nuestro señor San Cutberto, en +la nave de nuestra iglesia!... sobre la ballesta, ¡gran Dios!, que ese +santo hizo caer de las manos de un gigante que la usaba para esperar a +los mercaderes lombardos y a los peregrinos que pasaban por tierras de +la abadía. + +»--Pero--dijo el enano--, ¿olvidáis, señor, que esta ballesta +traspasaría la más sólida muralla de Granada a mil pasos de distancia? + +»Y diciendo esto había apoyado entre las almenas el poderoso arco que +armara el gigante, pero el pobre enano ni siquiera pudo hacer mover el +rudo mecanismo que impulsaba el proyectil. + +»Y el jefe de los salteadores, el condenado Manostuertas, injuriaba +siempre con sus gestos, al prior, a la abadía y a los monjes. + +»Mientras que el prior se burlaba del enano porque había osado poner sus +débiles manos sobre un arma tan pesada... un caballero, vasallo del +primado, y de brazo maravillosamente fuerte, asió la ballesta que el +enano había dispuesto sobre la muralla, la cuerda de hierro se tendió, +la flecha silbó y alcanzó a Manostuertas a pesar de su armadura. + +»Por la noche, los arqueros galos, espantados de la muerte de su jefe, +habían dejado libres todas las salidas de la abadía de San Cutberto. + +»Y viendo las últimas lanzas de los salteadores brillar al sol poniente +y después bien pronto desaparecer en el horizonte, el pobre enano se +alababa de su loca e impotente tentativa, porque uno más fuerte que él +había valerosa y felizmente realizado su idea.» + + * * * * * + +El lector ha comprendido el sentido de este apólogo. Nosotros nos +consideraríamos muy dichosos, si algún escritor de nombre quisiera +marchar por la vía que indicamos en estos ensayos. + +EUGENIO SUE. + + + + +PLICK Y PLOCK[2] + + + + +KERNOK EL PIRATA + +Got callet deusan Armoriq. +Era un hombre duro de la Armórica. + +_Prov. bretón._ + + + + +CAPÍTULO PRIMERO + +EL DESOLLADOR Y LA BRUJA + +Los desolladores e hiladores de cáñamo viven +separados del resto de los hombres... + +La presencia de un loco en una casa defiende +a sus habitantes contra los malos espíritus. + +CONAM-HEK, _Crónica bretona_. + + +En una noche de noviembre, sombría y fría, el viento del NO. soplaba con +violencia, y las altas olas del Océano iban a estrellarse contra los +bancos de granito que cubren la costa de Pempoul, mientras que las +puntas destrozadas de aquellas rocas tan pronto desaparecían bajo las +olas como destacaban su fondo negro sobre una espuma deslumbradora. + +Colocada entre dos rocas que la protegían contra los efectos del +huracán, se elevaba una cabaña de miserable apariencia; pero lo que +hacía verdaderamente horrible su aspecto, eran una multitud de huesos, +de cadáveres de caballos y de perros, de pieles ensangrentadas y de +otros despojos que anunciaban bien claramente que el propietario de +aquel chamizo era desollador. + +Se abrió la puerta y apareció en ella una mujer cubierta con una manta +negra que la tapaba enteramente y no dejaba ver más que su cara amarilla +y arrugada, casi oculta por mechones de pelo blanco. Llevaba una lámpara +de hierro en una mano y con la otra trataba de resguardar la llama, que +el viento agitaba. + +--¡Pen-Ouët! ¡Pen-Ouët!--gritó con un acento de cólera y de reproche--; +¿dónde estás, maldito niño? ¡Por San Pablo! ¿no sabes que se acerca la +hora en que las cantadoras de la noche[3] se disponen a errar por la +playa? + +No se oyó más que el mugido de la tempestad que parecía redoblar su +furor. + +--¡Pen-Ouët! ¡Pen-Ouët!--gritó una vez más. + +Pen-Ouët prestó por fin oído. + +El idiota estaba inclinado sobre un montón de huesos a los cuales daba +las formas más variadas y extravagantes. Volvió la cabeza, se levantó +con aire descontento, como el niño que abandona a disgusto sus juegos, y +se dirigió a la cabaña, no sin llevarse una hermosa cabeza de caballo, +de huesos blancos y pulidos, que él apreciaba mucho, sobre todo desde +que había introducido en su interior unos guijarros que resonaban de la +manera más agradable, cuando Pen-Ouët sacudía aquel instrumento de nuevo +género. + +--¡Entra, pues, maldito!--exclamó su madre, empujándole con tanta +violencia que su cabeza fue a dar contra la pared, y la sangre salió. + +Entonces el idiota se echó a reír a carcajadas, con una risa estúpida y +convulsiva, enjugó su herida con sus largos cabellos, y fue a dejarse +caer bajo la campana de una vasta chimenea. + +--¡Ivona, Ivona, cuida de tu alma, en lugar de derramar la sangre de tu +hijo!--dijo el desollador que estaba arrodillado y parecía absorto en +una profunda meditación--. ¿No oyes, pues?... + +--Oigo el ruido de las olas que golpean esa roca, y el silbido del +viento. + +--Di mejor la voz de los muertos. ¡Por San Juan del dedo! hoy es el día +de los difuntos, mujer, y los náufragos que nosotros...--aquí una +pausa--, podrían muy bien venir a arrastrar a nuestra puerta el +_carriquet-ancou_[4], con sus vestidos blancos y sus lágrimas +sangrientas--respondió el desollador en voz baja y trémula. + +--¡Bah! ¿qué podemos temer? Pen-Ouët es idiota; ¿no sabes tú que los +malos espíritus no entran nunca bajo el techo que cubre a un loco? _Jan +y su fuego_ que dan vueltas con tanta rapidez como la devanadera de una +vieja, _Jan y su fuego_ huirían a la voz de Pen-Ouët como una alondra +ante el cazador. ¿Qué temes, pues? + +--Entonces, ¿por qué desde el último naufragio, ya sabes, aquel lugre +que se estrelló contra la costa, atraído por nuestras señales +engañadoras... por qué tengo una fiebre ardiente y pesadillas +espantosas? En vano he bebido tres veces, a media noche, el agua de la +fuente de Krinoëck; en vano me he frotado con la grasa de una gaviota +sacrificada en viernes; nada, nada, me ha calmado. Por la noche tengo +miedo. ¡Ah! mujer, mujer, tú lo has querido. + +--Siempre cobarde. ¿Es que no hay que vivir? ¿tu estado no te hace +horroroso a todo, Saint-Pol? y sin mis predicciones, ¿a qué nos veríamos +reducidos? La entrada en la iglesia nos está prohibida; los panaderos +casi no quieren vendernos pan. Pen-Ouët no va una vez a la población que +no vuelva molido a golpes, el pobre idiota. Y si se atreviesen nos +darían caza como a una bandada de lobos de las montañas de Arrés, y +porque nosotros aprovechamos lo que _Teus_[5] nos envía, tú te +arrodillas como un sacristán de Plougasnou y estás tan pálido como una +muchacha que saliendo de la velada encontrase a _Teus Arpouliek_ con sus +tres cabezas y su ojo de fuego. + +--Mujer... + +--Eres más cobarde que un hombre de Cornouailles--dijo finalmente Ivona +exasperada. + +Y como el más sangriento ultraje que se pueda hacer a un leonés es +compararle con un habitante de Cornouailles, el desollador agarró a su +mujer por el cuello. + +--Sí--repitió con voz ronca y ahogada--, ¡más cobarde que un hijo de la +llanura! + +La rabia del desollador no conoció límites, y se apoderó de su hacha, +pero Ivona se armó de un cuchillo. + +El idiota reía a carcajadas, agitando su cabeza de caballo llena de +guijarros que producían un ruido sordo y extraño. + +Afortunadamente, llamaron a la puerta de la cabaña, cuando estaba a +punto de ocurrir una desgracia. + +--¡Abrid, voto a...! ¡abrid de una vez! El NO. sopla con una fuerza como +para descornar a un buey--dijo una voz ruda. + +El desollador dejó caer su hacha, e Ivona se arregló la cabeza lanzando +sobre su marido una mirada en la que aun brillaba la cólera. + +--¿Quién puede venir a esta hora a importunarnos?--dijo el hombre; +después se subió hasta una estrecha ventana, y miró. + + + + +II + +KERNOK + +Got callet deusan Armoriq. +Era un hombre duro de la Armórica. + +_Prov. bretón._ + + +Era él, era Kernok el que llamaba a la puerta. He aquí un bravo y digno +compañero. Juzgad, si no. + +Había nacido en Plougasnou; a los quince años se escapó de casa de su +padre y se embarcó en un barco negrero, comenzando allí su educación +marítima. No había a bordo grumete más ágil ni marinero más intrépido, +ni nadie tenía la mirada más penetrante para descubrir a lo lejos la +tierra velada por la bruma. Nadie apretaba con más gracia y presteza una +gavia. ¡Y qué corazón! Un oficial se descuidaba su bolsa, y el joven +Kernok la recogía cuidadosamente, pero sus camaradas tenían parte en el +contenido; si robaba ron al capitán, lo partía también escrupulosamente +con sus amigos. + +¡Y qué alma! ¡Cuántas veces, cuándo los negros que eran transportados +del África a las Antillas, entumecidos por el frío húmedo y penetrante +de la cala, no podían arrastrarse hasta el puente para aspirar el aire +durante el cuarto de hora que a este efecto se les concedía, cuántas +veces, digo, el joven Kernok les hacía recobrar el movimiento y la +transpiración de la piel a fuerza de golpes! Y el señor Durand, +artillero-carpintero-cirujano del brick, hacía notar juiciosamente que +ninguno de los negros sometidos a la vigilancia de Kernok padecía de +aquella somnolencia y de aquella pesadez peculiar a los demás negros. Al +contrario, los suyos, a la vista del amenazador cabo de cuerda, estaban +siempre en un estado de irritabilidad nerviosa, como decía el señor +Durand, de irritabilidad nerviosa muy saludable. + +De este modo, Kernok obtuvo bien pronto la estimación y la confianza del +capitán negrero, capaz, afortunadamente, de apreciar sus raras +cualidades. El buen capitán se aficionó tanto al joven marinero, que le +dio algunas lecciones de teoría, y un día le nombró segundo de a bordo. +Kernok se mostró digno de este ascenso por su valor y su habilidad; +descubrió, sobre todo, una manera de encajonar a los negros en el +sollado tan ventajosamente, que el brick, que hasta entonces no había +podido llevar más que doscientos, pudo contener trescientos, a la +verdad, apretándolos un poco--rogándoles que se pusieran de lado en +lugar de tenderse panza arriba como bajás--, así decía Kernok. + +Desde aquel día el negrero predijo a su protegido el más alto destino. +¡Dios sabe si se cumplió esta predicción! + +Al cabo de algunos años, una tarde que singlaba hacia la costa de +África, el digno capitán de Kernok, que había bebido un poco más que de +costumbre, estaba del más jovial humor. A horcajadas sobre una ventana, +fumando su larga pipa, se divertía en seguir con la vista la dirección +de los espesos torbellinos de humo que lanzaba gravemente o en mirar +fijamente la rápida estela del navío, apresurando con sus deseos el +momento en que volvería a ver Francia. + +Después pensaba con emoción en las bellas campiñas de Normandía, donde +había nacido; creía ver aún la choza dorada por los últimos rayos del +sol, el arroyuelo límpido y fresco, el viejo manzano, y su madre, y su +mujer, y sus hijitos que esperaban su regreso, suspirando junto a los +hermosos pájaros dorados y a las telas de vivos colores que él no dejaba +de llevarles nunca como recuerdo de sus lejanas correrías. El creía ver +todo esto, ¡pobre hombre! Su pipa, que el tiempo había vuelto negra como +el ala de un halcón, había caído de su boca entreabierta, sin que él se +diera cuenta; sus ojos se llenaban de lágrimas, su corazón latía con +violencia. Poco a poco los esfuerzos de su imaginación encaminada hacia +un mismo objeto, quizá también por la influencia del aguardiente, dieron +a esta visión fantástica una apariencia de realidad; y el buen capitán, +creyendo, en su embriaguez, que el mar era aquella riente pradera tan +deseada, tuvo la loca idea de querer ir hacia ella. Y en efecto, +poniéndose en pie avanzó hacia el líquido elemento. + +Otros dicen que una mano invisible le empujó y que la estela plateada +del buque se enrojeció un momento. + +Lo cierto es que se ahogó. + +Como el brick se encontraba cerca de las islas de Cabo Verde, el oleaje +era fuerte y la brisa fresca, el timonel no oyó nada; pero Kernok, que +había ido a dar cuenta de la ruta al capitán, debió ser el primero en +advertir el accidente, al cual no era quizás ajeno. + +Kernok tenía una de esas almas fuertemente templadas, inaccesibles a las +mezquinas consideraciones que los hombres débiles llaman reconocimiento +o piedad. No es extraño, pues, que cuando apareció en el puente no se +notara en él la menor emoción. + +--El capitán se ha ahogado--dijo con calma al contramaestre--; es una +lástima, porque era un valiente. + +Aquí Kernok añadió un epíteto que nosotros nos abstenemos de repetir, +pero que terminó de una manera pintoresca la oración fúnebre del +difunto. + +--¡Oh! ¡Kernok era lacónico! + +Después, dirigiéndose al piloto, añadió: + +--El mando del buque me pertenece, como segundo de a bordo; de modo que +vas a cambiar de ruta. En lugar de gobernar al SE. te dirigirás al NE. +porque vamos a virar en redondo y a dirigirnos a Nantes o a Saint-Malo. + +El hecho es que Kernok había tratado de desviar al capitán difunto del +tráfico de los negros, no por filantropía, ¡no!, sino por un motivo +bastante más poderoso a los ojos de un hombre razonable. + +--Capitán--le decía continuamente--, usted hace adelantos que le +producen todo lo más un trescientos por ciento; yo en su lugar ganaría +lo mismo, o más, sin desembolsar un céntimo. Su brick marcha como una +dorada; ármelo en corso, yo respondo de la tripulación; déjeme hacer, y +a cada presa oirá usted la canción del corsario. + +Pero la elocuencia de Kernok no había quebrantado jamás la voluntad del +capitán, porque él sabía perfectamente que los que abrazan tan noble +profesión acaban tarde o temprano por balancearse al extremo de una +verga; y el inexorable capitán había caído al mar por _accidente_. + +Apenas Kernok se vio dueño del buque, retornó a Nantes para reclutar una +tripulación conveniente, armar su nave y poner en práctica su proyecto +favorito. + +Y para que digáis que no hay una Providencia, apenas llegado a Francia +se entera de que los ingleses nos han declarado la guerra, obtiene la +autorización competente, sale, da caza a un buque mercante y entra con +su presa en Saint-Pol de León. + +¿Qué más diré? La suerte favoreció siempre a Kernok, porque el Cielo es +justo: hizo numerosas presas a los ingleses. El dinero que obtenía se +liquidaba rápidamente en las tabernas de Saint-Pol; y es en el momento +de disponerse a embarcarse de nuevo para fabricar moneda, como él decía +en su ingenuo lenguaje, cuando le vemos llamar a la puerta de la +respetable familia del desollador. + +--Pero, ¡voto al diablo!, abrid de una vez--repitió sacudiendo +vigorosamente la puerta--. ¿O es que queréis quedaros agazapados como +las gaviotas en el hueco de una roca? + +Por fin abrieron. + + + + +III + +LA BUENA VENTURA + + La bruja dijo al pirata: +«Buen capitán, en verdad, +No seré yo tan ingrata, +Y tendréis vuestra beldad.» + +VÍCTOR HUGO, «_Cromwell_». + + +Entró, se quitó su capote impermeable que chorreaba agua, lo extendió +cerca de la lumbre, sacudió su ancho sombrero de cuero barnizado, y se +dejó caer sobre una silla vieja. + +Kernok podría tener treinta años; su ancha cintura y busto cuadrado que +anunciaba un vigor atlético, sus facciones bronceadas, su negra +cabellera, sus espesas patillas, le daban un aire duro y salvaje. Sin +embargo, su rostro hubiera pasado por hermoso a no ser por la constante +movilidad de sus pobladas cejas que se unían o se separaban, según la +impresión del momento. + +Su traje no le distinguía en nada de un simple marinero; solamente +llevaba dos áncoras de oro bordadas en el cuello de su grosera chaqueta, +y un ancho puñal encorvado pendía de su cintura por un cordón de seda +roja. + +Los habitantes de la cabaña examinaban al recién llegado con una +expresión de temor y de recelo y esperaban pacientemente que el +singular personaje hiciera conocer el objeto de su visita. + +Pero él no parecía ocupado más que en una cosa, en calentarse, y arrojó +al fuego con desparpajo algunos trozos de madera en los que se veían aún +aplicaciones de hierro. + +--Perros--dijo entre dientes--, ésos son los restos de un buque que +ellos habrán atraído y hecho naufragar. ¡Ah! si alguna vez _El +Gavilán_... + +--¿Qué quiere usted?--dijo Ivona cansada del silencio del desconocido. + +Este levantó la cabeza, sonrió desdeñosamente, no pronunció una sola +palabra, extendió sus piernas sobre la lumbre, y después de haberse +acomodado lo mejor posible, es decir, con la espalda apoyada contra la +pared y los pies sobre los morillos. + +--Usted es Pen-Hap el desollador, ¿no es cierto, buen hombre?--dijo por +fin Kernok que, con su bastón herrado atizaba el fuego con tanta +fruición como si se hubiese encontrado en el rincón de la chimenea de +alguna excelente posada de Saint-Pol--, ¿y usted la bruja de la costa de +Pempoul?--añadió mirando a Ivona con aire interrogativo. + +Después, midiendo al idiota con la vista, con disgusto: + +--En cuanto a ese monstruo, si lo llevaseis al aquelarre, causaría miedo +al mismo Satanás; por lo demás, se parece a usted, vieja mía, y si yo +pusiera esa cara en el mascarón de mi brick, los bonitos, asustados, no +vendrían más a jugar ni a saltar bajo la proa. + +Aquí Ivona hizo una mueca de cólera. + +--Vamos, vamos, bella patrona, cálmese usted y no abra el pico como una +gaviota que va a dejarse caer sobre un banco de sardinas. He aquí lo que +la apaciguará--dijo Kernok haciendo sonar algunos escudos--; tengo +necesidad de usted y del... _señor_. + +Este discurso, y la palabra _señor_ sobre todo, fueron pronunciados con +un aire tan evidentemente burlón, que fue preciso la vista de una bolsa +bien repleta y el respeto que inspiraban los anchos hombros y el bastón +herrado de Kernok, para impedir que la digna pareja no estallase en una +cólera demasiado largo tiempo contenida. + +--Y no es--añadió el corsario--que yo crea en vuestras brujerías. Antes, +en mi infancia, ya era otra cosa. Entonces, como los demás, yo temblaba +durante la velada oyendo esos bellos relatos, y ahora, hermosa patrona, +hago tanto caso de ellos como de un remo roto. Pero _ella_ ha querido +que viniese a hacerme decir la buena ventura antes de hacerme a la mar. +En fin, vamos a empezar; ¿está usted dispuesta, _señora_? + +Este _señora_ arrancó a Ivona una mueca horrible. + +--¡Yo no me quedo aquí!--exclamó el desollador, pálido y trémulo--. Hoy +es el día de los muertos; mujer, mujer, tú nos perderás; ¡el fuego del +Cielo abrasará esta morada! + +Y salió cerrando la puerta con violencia. + +--¿Qué mosca le ha picado? Corre a buscarle, viejo mochuelo; él conoce +la costa mejor que un piloto de la isla de Batz, y yo le necesito. ¡Ve, +pues, bruja maldita! + +Diciendo esto, Kernok la empujó hacia la puerta... + +Pero Ivona, soltándose de las manos del pirata, repuso: + +--¿Vienes para insultar a los que te sirven? Calla, calla, o no sabrás +nada de mí. + +Kernok se encogió de hombros con un aire de indiferencia y de +incredulidad. + +--En fin, ¿qué quieres? + +--Saber el pasado y el porvenir, nada más que eso, mi digna madre; eso +es tan fácil como hacer diez nudos con el viento en popa--respondió +Kernok jugando con los cordones de su puñal. + +--¿Tu mano? + +--Ahí va; y me atrevo a decir que no hay otra más fuerte ni más ágil. ¡A +ver, pues, lo que lees en ella, vieja hada! Pero creo tanto en eso como +en las predicciones de nuestro piloto que, quemando sal y pólvora de +cañón, se imagina adivinar el tiempo que hará por el color de la llama. +¡Tonterías! yo no creo más que en la hoja de mi puñal o en el gatillo de +mi pistola, y cuando digo a mi enemigo: «¡Morirás!» el hierro o el plomo +cumplen mejor mi profecía que todas las... + +--¡Silencio!--dijo Ivona. + +Mientras que Kernok expresaba tan libremente su escepticismo, la vieja +había estudiado las líneas que cruzaban la palma de su mano. + +Entonces fijó sobre él sus ojos grises y penetrantes, después aproximó +su dedo descarnado a la frente de Kernok, que se estremeció sintiendo +la uña de la bruja pasearse sobre las arrugas que se dibujaban entre sus +cejas. + +--¡Hola!--dijo ella con una sonrisa repugnante--; ¡hola! ¡tú, tan +fuerte, y tiemblas! + +--Tiemblo... tiemblo... Si crees que es posible sentir tu garra sobre mi +piel, te equivocas. Pero, si en lugar de ese cuero negro y curtido se +tratase de una mano blanca y regordeta, ya verías entonces si Kernok... + +Y balbuceaba, bajando involuntariamente la vista ante la mirada fija e +insistente de la bruja. + +--¡Silencio!--repitió; y su cabeza cayó sobre su pecho; se hubiera dicho +que estaba absorta en un profundo ensueño. + +Solamente de cuando en cuando la agitaba una especie de temblor +convulsivo, y sus dientes se entrechocaban. La luz vacilante del hogar +que se extinguía iluminaba únicamente con su rojiza claridad el interior +de aquel chamizo; y destacándose en el fondo la cabeza disforme del +idiota que dormitaba agazapado en un rincón, resultaba verdaderamente +espantosa. De Ivona no se veía más que su manta negra y sus largos +cabellos grises; en el exterior mugía la tempestad. Había no sé qué de +horrible y de infernal en aquella escena. + +Kernok, el mismo Kernok, experimentó un ligero estremecimiento, rápido +como una chispa eléctrica. Y sintiendo poco a poco despertarse en él su +antigua superstición de niño, perdió aquel aire de incredulidad burlona +que se pintaba en sus facciones al entrar. + +Bien pronto un sudor húmedo cubrió su frente. Maquinalmente asió su +puñal y lo sacó de la vaina... + +Y como aquellas gentes que, medio dormidas aún, creen salir de un sueño +penoso haciendo algún movimiento violento, exclamó: + +--¡Que el infierno se lleve a Melia, a sus estúpidos consejos y a mí +mismo por haber sido tan tonto en seguirlos! ¿He de dejarme intimidar +por esas mojigangas, buenas para asustar a las mujeres y a los niños? +¡No, voto a tal! no se dirá que Kernok... ¡Ea! prometida del demonio, +habla pronto; tengo que marcharme. ¿Me oyes? + +Y la sacudió fuertemente. + +Ivona no respondía; su cuerpo seguía las impulsiones que le daba Kernok. +No se notaba siquiera la resistencia que hace experimentar un ser +animado. Se hubiera dicho que era una muerta. + +El corazón del pirata latía con violencia. + +--¿Hablarás?--murmuró, levantando la cabeza de Ivona que estaba +inclinada sobre su pecho. + +Ivona quedó en la posición que la dejara, pero su mirada continuaba +siendo fija y sombría. + +Los cabellos de Kernok se erizaban sobre su cabeza; con las dos manos +hacia adelante, el cuello tendido, como fascinado por aquella mirada +pálida y siniestra, escuchaba respirando apenas, dominado por un poder +superior a sus fuerzas. + +--Kernok--dijo por fin la bruja con una voz débil y entrecortada--, +tira, tira ese puñal, porque hay sangre en él; sangre de _ella_ y de +_él_. + +Y la vieja sonrió de una manera espantosa; después, poniendo el dedo +sobre su cuello: + +--La has herido ahí... y sin embargo, aun vive. Pero no es eso todo... +¿Y el capitán del barco negrero? + +El puñal cayó a los pies de Kernok; se pasó la mano por su frente +ardiente y se apretó las sienes con tal fuerza, que la huella de sus +señas quedó impresa en ellas. Apenas si se sostenía y tuvo que apoyarse +contra el muro. + +Ivona continuó: + +--Que hayas arrojado al mar a tu bienhechor después de haberle dado de +puñaladas, pase; tu alma irá a Teus; pero que hayas herido a Melia sin +matarla, eso está mal; porque para seguirte, ella ha abandonado ese +bello país donde se crían los venenos más sutiles, donde las serpientes +juegan y se enlazan a la claridad de la luna, confundiendo sus silbidos, +donde el viajero oye, estremeciéndose, el estertor de la hiena, que +grita como una mujer a la que se estrangula; ese bello país, donde las +víboras rojas producen unas mordeduras mortales, que llevan en las venas +una sangre que las corroe. + +E Ivona retorcía sus brazos, como si ella hubiese experimentado aquellas +atroces convulsiones. + +--¡Basta, basta!--dijo Kernok, que sentía que su lengua se pegaba al +paladar. + +--Has herido a tu bienhechor y a tu amante; su sangre caerá sobre ti, +¡tu fin se aproxima! ¡Pen-Ouët!--llamó en voz baja. + +A esta voz sorda y ronca, Pen-Ouët, al que se hubiera creído +profundamente dormido, se levantó en una especie de acceso de +somnabulismo, y se sentó en las rodillas de su madre, que tomó sus manos +entre las suyas, y, apoyando su frente contra la del idiota, dijo: + +--Pen-Ouët, pregunta el tiempo que Teus le concede de vida... En nombre +de Teus, respóndeme. + +El idiota lanzó un grito salvaje, pareció reflexionar un instante, +retrocedió un paso e hirió el suelo con la cabeza de caballo que siempre +llevaba. + +Golpeó al principio cinco veces, después otras cinco y luego tres más. + +--Cinco, diez, trece--dijo su madre, que iba contando--, trece días te +quedan aún que vivir, ¡ya lo oyes! ¡y quiera Teus enviarte a nuestra +costa, con el cuerpo lívido y frío, rodeado de algas, los ojos sombríos +y abiertos, la boca llena de espumarajos y la lengua apresada entre los +dientes! ¡Trece días... y tu alma para Teus! + +--¡Pero _ella, ella_!--dijo Kernok, jadeante, presa de un delirio atroz. + +--_¡Ella!_--repuso Ivona--; pero no me has pagado más que por ti. ¡Bah! +seré generosa. + +Después reflexionó un momento poniéndose el dedo en la frente. + +--Pues bien, ella también quedará con los miembros rígidos, la cara +azulada, la boca espumeante y los dientes apretados. ¡Oh! haréis unos +hermosos prometidos, ¡y quiera Teus que yo os vea, en una noche de +noviembre, sobre una roca negra que será vuestro lecho nupcial, con las +olas del Océano por cortinajes, con el graznido de los cuervos por +canto de bodas y el ojo ardiente de Teus por antorcha! + +Kernok cayó desvanecido y dos carcajadas siniestras resonaron en la +cabaña. + +En esto llamaron a la puerta. + +--¡Kernok, Kernok mío!--dijo una voz dulce y fresca. + +Estas palabras produjeron sobre Kernok un efecto mágico; abrió los ojos +y miró a su alrededor con extrañeza y espanto. + +--¿Dónde estoy, pues?--dijo levantándose--; ¿ha sido una pesadilla, una +espantosa pesadilla? Pero no... mi puñal... esta capa... Es demasiado +cierto... ¡al infierno! ¡maldita vieja! yo sabré... + +La vieja y el idiota habían desaparecido. + +--Kernok, Kernok, abre ya--repitió la dulce voz. + +--¡_Ella_--exclamó--, _ella_ aquí! + +Y se precipitó hacia la puerta. + +--¡Ven--dijo--, ven! + +Y saliendo de la cabaña, con la cabeza desnuda, la arrastró rápidamente, +y a través de las rocas que bordean la costa, alcanzaron bien pronto el +camino de Saint-Pol. + + + + +IV + +EL BRICK «EL GAVILÁN» + + ¡Adelante, famoso bricbarca! +Desde el codaste hasta la gavia +No hay otro en el arsenal +Que con él se pueda igualar; +Viento en popa y adelante. + +_Canción del marinero._ + + +La niebla que rodeaba los alrededores del pequeño puerto de Pempoul se +disipaba poco a poco, y el disco del sol aparecía de un rojo obscuro en +medio del cielo gris y sombrío. + +Bien pronto Saint-Pol, dominado por sus grandes edificios negros y sus +campanarios de piedra, se presentó vago e incierto a través del vapor +que ascendía de las aguas, después se dibujó de una manera más precisa, +cuando los pálidos rayos del sol de noviembre arrojaron el aire espeso y +húmedo de la mañana. + +A la derecha se elevaba la isla de Kalot con sus rompientes, el molino y +el campanario azul de Plougasnou, mientras que a lo lejos se extendía la +playa de Treguier, de fina y dorada arena, limitada por inmensos +peñascales que se pierden en el horizonte. + +La linda bahía de Pempoul no contenía ordinariamente más que medio +centenar de barcas y algunos buques de un tonelaje más elevado. + +No es extraño, pues, que el hermoso brick _El Gavilán_ se destacase con +toda la altura de sus gavias entre aquella innoble multitud de lugres, +faluchos y botes que estaban fondeados a su alrededor. + +¡Ciertamente! ¡no había un brick más hermoso que _El Gavilán_! + +¿Es posible cansarse de verlo recto y ligero sobre el agua, con sus +formas esbeltas y estrechas, su alta armadura un poco inclinada hacia +atrás, que le da un aire tan coquetón y tan marinero? ¿cómo no admirar +su velamen fino y ligero, con sus amplias piezas, sus gavias y sus +juanetes tan elegantemente sesgados, y esas barrederas que se despliegan +sobre sus flancos graciosas como las alas del cisne, y esos foques +elegantes que parecen voltear al extremo de su bauprés, y su línea de +veinte carronadas de bronce, que se dibuja blanca y negra como los lados +de un juego de damas? + +Y después, ¡jamás el vapor oloroso de la mirra ardiendo en pebeteros de +oro, jamás la violeta con sus hojas aterciopeladas, jamás la rosa ni el +jazmín destilados en preciosos frascos de cristal se podrán comparar al +delicioso perfume que exhalaba la cala de _El Gavilán_! ¡qué oloroso +alquitrán, qué brea tan suave! + +¡A fe de Dios! ¡Ciertamente no había un brick más hermoso que _El +Gavilán_! + +Y si le admiráis dormido sobre sus áncoras, ¿qué diríais, pues, si le +vieseis dar caza a un desventurado buque mercante? ¡No! jamás caballo de +carrera con la boca espumante bajo el freno, ha saltado con tanta +impaciencia como _El Gavilán_, cuando el piloto no le dejaba +precipitarse sobre el buque perseguido. Jamás el halcón, rozando el agua +con el extremo de su ala, ha volado con tanta rapidez como el hermoso +brick, cuando, impulsado por la brisa, sus gavias y sus juanetes izados, +se deslizaba por el Océano, de tal modo inclinado, que los extremos de +sus vergas bajas desfloraban la cima de las olas. + +¡Ciertamente, no hay un brick más hermoso que _El Gavilán_! + +Y ése es el que estáis viendo, amarrado por sus dos cables. + +A bordo había poca gente: el contramaestre, seis marineros y un grumete; +nadie más. + +Los marineros estaban agrupados en los obenques o sentados sobre los +afustes de los cañones. + +El contramaestre, hombre de unos cincuenta años, envuelto en un largo +gabán oriental, se paseaba por el puente con un aire agitado, y la +protuberancia que se notaba en su mejilla izquierda anunciaba, por su +excesiva movilidad, que mordía su chicote con furor. + +Tanto es así, que el grumete, inmóvil cerca de su jefe, con el gorro en +la mano como quien aguarda una orden, observaba aquel peligroso +pronóstico con espanto creciente; porque el chicote del contramaestre +era para la tripulación una especie de termómetro que anunciaba las +variaciones de su carácter; y aquel día, según las observaciones del +grumete, el tiempo anunciaba tempestad. + +--¡Mil millones de truenos!--decía el contramaestre hundiéndose el +capuchón hasta los ojos--, ¿qué infernal viento le ha empujado? ¿Dónde +está? ¡Son las diez y aun no ha venido a bordo! Y la bestia de su mujer +que parte a media noche para ir a buscarle, el diablo sabe dónde... ¡Una +brisa tan hermosa! ¡Perder una brisa tan hermosa!--repetía en tono +desgarrador mirando un ligero catavientos colocado en los obenques, y +que por la dirección que le daba el viento anunciaba una fuerte brisa +del NO--. Es preciso estar tan loco como el hombre que pone el dedo +entre el cable y el escobén. + +El marmitón, impaciente de la duración de este monólogo, había intentado +ya por dos veces interrumpir al contramaestre, pero la mirada furiosa y +la movilidad excesiva del chicote de su superior se lo habían impedido. +Por fin, haciendo un esfuerzo sobre sí mismo, con su gorro bajo el +brazo, el cuello tendido, la pierna izquierda hacia adelante, se +aventuró a tirar de la hopalanda de su jefe. + +--Señor Zeli--le dijo--, el desayuno le espera. + +--¡Ah! ¿eres tú, Grano de Sal? ¿qué haces ahí, miserable, estúpido, +animal, rata de bodega? ¿Quieres que te haga curtir la piel, o que te +ponga el espinazo rojo como un rosbif crudo? ¿Contestarás, grumete de +desgracia? + +A este torrente de injurias y de amenazas, el grumete no oponía más que +una calma estoica, acostumbrado, como estaba, a los arranques de su +superior. + +Y, dicho sea de paso, habéis de saber que, si yo creyese en la +metempsicosis, preferiría habitar por toda mi vida en el alma de un +caballo de coche de alquiler, de un temporero, de un burro de +Montmorency, animar, en fin, a lo que hay de más miserable, que +encontrarme bajo la piel de un grumete. + +Ya hemos dicho que el grumete no soltaba una palabra; y cuando el +maestro Zeli se detuvo para tomar aliento. Grano de Sal repitió con un +aire más humilde que de costumbre: + +--El desayuno le... + +--¡Ah! ¡el desayuno!--exclamó el contramaestre encantado de hacer caer +su furor sobre alguien--; ¡ah! ¡el desayuno! ¡Toma, perro! + +Esto fue acompañado de un bofetón y de un puntapié tan violento, que el +grumete, que estaba en lo alto de la escalera del sollado, desapareció +como por encanto, y llegó al fondo de la cala resbalando con rapidez a +lo largo de los tramos de la escalera. + +Llegado al final de su viaje, el grumete se levantó y dijo frotándose +los riñones: + +--Estaba seguro; lo he conocido en el modo de mascar el tabaco. + +Y después de un momento de silencio, Grano de Sal añadió con un aire muy +satisfecho: + +--Prefiero eso que no haber caído de cabeza. + +Luego, consolado por esta reflexión filosófica, fue fielmente a cuidar +del desayuno del maestro Zeli. + + + + +V + +REGRESO + + ¡Hola! ¿de dónde viene usted, bello señor, +con la cabeza desnuda... el cinturón +colgando?... ¡Qué palidez!... amigo... +¡qué palidez! + +_Words-Vok._ + + +Aunque hubiese desahogado un poco su cólera en Grano de Sal, el maestro +Zeli continuaba midiendo a zancadas el puente, levantando de cuando en +cuando el puño y los ojos al cielo, y murmuraba palabras que era +imposible tomar por una piadosa invocación. + +De pronto, fijando una atenta mirada sobre la entrada del puerto, se +detuvo, asió un anteojo que había cerca de la bitácora y, aproximándolo +al ojo izquierdo, exclamó: + +--Por fin, por fin, ¡qué suerte! ya está aquí, sí, es él... ¡Vaya una +manera de remar! ¡Vamos, firme, bravo, muchachos! ¡doblad, y podremos +aprovechar la brisa y la marea! + +Y el maestro Zeli, olvidando que era difícil hacerse oír a dos tiros de +cañón de distancia, animaba con la voz y con el gesto a los marineros +que conducían a bordo a Kernok. + +Por fin el bote se acercó al brick y atracó a estribor. El maestro Zeli +corrió a la escala a dar el silbido que anunciaba al capitán, y, con el +sombrero en la mano, se dispuso a recibirle. + +Kernok subió con agilidad por la banda del brick y saltó sobre el +puente. + +El contramaestre quedó impresionado de su palidez y de la alteración de +sus facciones. Su cabeza desnuda, las ropas en desorden, la vaina sin +puñal que pendía a su cintura, todo anunciaba un acontecimiento +extraordinario. Por esta razón Zeli no tuvo el valor de reprochar a su +capitán una ausencia tan prolongada y se acercó a él con un aire de +interés respetuoso. + +Kernok abarcó el brick con una mirada rápida y vio que todo estaba en +orden. + +--Contramaestre--dijo con una voz imperiosa y dura--, ¿a qué hora es la +marcha? + +--A las dos y cuarto, capitán. + +--Si la brisa no cesa, aparejaremos a las dos y media. Haga izar el +pabellón y disparar el cañonazo de partida; vire al cabrestante, +desaferre, y cuando las áncoras estén a pico, avíseme. ¿Dónde están el +oficial y el resto de la tripulación? + +--En tierra, capitán. + +--Envíe los botes a buscarles. El que no esté a bordo a las dos, +recibirá veinte golpes de rebenque y pasará ocho días en el calabozo. +¡Váyase! + +Nunca Zeli había visto a Kernok con un aire tan duro y tan severo. Así, +contra su costumbre, no hizo una multitud de objeciones a cada orden de +su capitán, y se contentó con ir prontamente a ejecutarlas. + +Kernok, después de haber examinado atentamente la dirección del viento y +de las brújulas, hizo signo a su compañero de que le siguiese. + +Este compañero era el que había ido a buscarle al antro de la bruja. La +voz pura y fresca que decía: «¡Kernok, Kernok mío!» era la suya; ¡cómo +no había de ser dulce su voz! ¡Era tan linda con sus facciones delicadas +y finas, sus grandes ojos velados por largas pestañas, sus cabellos +castaños y sedosos que se escapaban por debajo de las anchas alas de su +sombrero, y aquel talle tan esbelto y frágil que dibujaba un vestido de +tela azul, y aquella actitud tan viva y tan graciosa! ¡y cuando marchaba +libre y desembarazada, con el cuello erguido, la cabeza alta! ¡Ah! ¡qué +salero! únicamente que su rostro parecía dorado por un rayo de sol +tropical. + +Porque era de aquel clima ardiente de donde Kernok se había traído a su +gentil compañero, que no era otro que Melia, hermosa joven de color. + +¡Pobre Melia! por seguir a su amante había abandonado la Martinica y sus +bananeros y su casa de celosías verdes. Por él, hubiese dado su hamaca +de mil colores, sus madrás rojas y azules, los círculos de plata maciza +que rodeazan sus brazos y sus piernas; lo hubiese dado todo, todo, hasta +el saquito que encerraba tres dientes de serpiente y un corazón de +paloma, mágico talismán que debía proteger sus días, mientras lo llevara +suspendido del cuello. + +Ya veis, pues, si Melia amaba a su Kernok. + +También la amaba él, ¡oh!, la amaba con pasión, porque había bautizado +con el nombre de Melia una larga culebrina de 18, y no enviaba su +proyectil al enemigo que no se acordase de su amante. Era preciso que la +amase mucho, puesto que la permitía tocar su excelente puñal de Toledo y +sus buenas pistolas inglesas. ¡Qué más! ¡Hasta le confiaba la custodia +de su provisión particular de vino y de aguardiente! + +Pero lo que probaba más que nada el amor de Kernok, era una ancha y +profunda cicatriz que Melia tenía en el cuello. Provenía de una +cuchillada que el pirata le había dado en un arrebato de celos. Y como +hay que juzgar siempre la fuerza del amor por la violencia de los celos, +se comprende que Melia debía pasar unos días de ensueño al lado de su +dulce dueño. + +Bajaron los dos juntos. + +Al entrar en la cámara, Kernok se arrojó sobre un sillón y ocultó la +cabeza entre las manos, como para escapar a una visión funesta. + +Se había estremecido, sobre todo, al advertir la ventana por la cual su +capitán había caído al mar, como todos sabemos. + +Melia le miraba con dolor: después se aproximó tímidamente, se arrodilló +tomando una de sus manos que él le abandonó y le dijo: + +--Kernok, ¿qué tiene usted?, su mano arde. + +Esta voz le hizo estremecer: levantó la cabeza, sonrió amargamente y +pasando sus brazos alrededor del cuello de la joven mulata, la estrechó +contra sí; su boca rozaba su mejilla, cuando sus labios encontraron la +fatal cicatriz. + +--¡Infierno! ¡maldición sobre mí!--exclamó con violencia--. ¡Maldita +vieja, bruja infernal! ¿quién habrá dicho...? + +Y se asomó a la ventana para respirar, pero, como rechazado por una +fuerza invencible, se alejó con horror, y se apoyó sobre el borde de su +cama. + +Sus ojos estaban rojos y ardientes; su mirada, largo tiempo fija, se +veló poco a poco; y sucumbiendo a la fatiga y a la agitación, sus ojos +se cerraron. Al principio resistió al sueño, después cedió... + +Entonces ella, con los ojos humedecidos por las lágrimas, atrajo +dulcemente la cabeza de Kernok sobre su seno, que se levantaba y +descendía con rapidez. El, abandonándose a este dulce balanceo, se +durmió por completo; mientras que Melia, reteniendo su aliento, y +separando los negros cabellos que ocultaban la despejada frente de su +amante, tan pronto depositaba en él un beso, tan pronto pasaba un dedo +afilado sobre sus espesas cejas que se contraían convulsivamente aun +durante su sueño. + + * * * * * + +--Capitán, todo está dispuesto--dijo Zeli entrando. + +En vano Melia le hacía signos de que se callase, mostrándole a Kernok +dormido; Zeli, que no se atenía más que a la orden que había recibido, +repitió con una voz más fuerte: + +--¡Capitán, todo está dispuesto! + +--¡Eh!... ¿qué hay?... ¿qué es eso?...--dijo Kernok desprendiéndose de +los brazos de la joven. + +--Capitán, todo está dispuesto--repitió Zeli por tercera vez, con una +entonación aún más elevada. + +--¿Y quién ha sido el necio que ha dado esa orden? + +--Usted, capitán. + +--¡Yo! + +--Usted, capitán, al volver a bordo, hace dos horas, tan cierto como ese +quechemarín cubre su trinquete--dijo Zeli con una conmoción profunda, +mostrando por la ventana una embarcación que en efecto ejecutaba esta +maniobra. + +Y Kernok dirigió una mirada a Melia, que bajaba, sonriendo, su linda +cabeza, como para confirmar la aserción de Zeli. + +Entonces se pasó rápidamente la mano por la frente, y dijo: + +--Sí, sí, está bien, desamarrad y hacedlo preparar todo, para aparejar; +subo en seguida. ¿La brisa no ha calmado? + +--No, capitán; al contrario, es más fuerte aún. + +--Ve y despacha. + +El tono de Kernok ya no era duro e impetuoso, sino solamente brusco; de +modo que Zeli, viendo que la calma había sucedido a la agitación de su +capitán, no pudo por menos que pronunciar un pero... + +--¿Vas a comenzar con tus peros y tus síes? Ten cuidado... ¡o te arrojo +la bocina a la cabeza!--exclamó Kernok con voz de trueno y avanzando +hacia Zeli. + +Este se esquivó prontamente, juzgando que su capitán no estaba aún en +una situación de espíritu bastante apacible para soportar pacientemente +sus eternas contradicciones. + +--Cálmese, Kernok--dijo tímidamente Melia--. ¿Cómo se encuentra usted +ahora? + +--Muy bien, muy bien. Estas dos horas de sueño han bastado para calmarme +y desechar las ideas tontas que esa maldita bruja me había metido en la +cabeza. Vamos, vamos, la brisa fresquea y nos disponemos a salir. +Porque, ¿qué hacemos aquí mientras haya buques mercantes en la Mancha, +galeones en el golfo de Gascuña y ricos navíos portugueses en el +estrecho de Gibraltar? + +--¡Cómo! ¿Usted partirá hoy, un viernes? + +--Escucha bien lo que voy a decirte, amada mía; yo hubiera debido +castigarte seriamente por haberme decidido por tus súplicas a ir a +escuchar las fantasías de una loca. Te he perdonado; pero no me rompas +más los oídos con tu charla, o si no... + +--¿Sus predicciones han sido, pues, siniestras? + +--¡Sus predicciones! hago tanto caso como de... En cambio, lo que yo +puedo predecir a ese viejo mochuelo, y tú verás si me equivoco, es que +tan pronto como mis ocupaciones me lo permitan, iré con una docena de +gavieros[6] a hacerle una visita de la cual se acordará; que me parta un +rayo si dejo una piedra de su casucha y si no le pongo la espalda del +color del arco iris. + +--¡Por piedad, no hable usted así de una mujer que tiene _doble vista_! +no parta hoy; ahora mismo una gaviota blanca y negra revoloteaba por +encima del barco lanzando agudos gritos; eso es de mal augurio... ¡no +parta usted! + +Diciendo estas palabras, Melia se había arrojado a las rodillas de +Kernok, que al principio la había escuchado con bastante paciencia; +pero, cansado de oírla, la rechazó tan rudamente, que la cabeza de Melia +fue a dar contra la madera. + +En el mismo instante, por una violenta sacudida que el navío +experimentó, Kernok, adivinando que el áncora había cedido al +cabrestante, se lanzó hacia el puente, con su bocina en la mano. + + + + +VI + +LA PARTIDA + +¡Alerta! ¡Alerta! he ahí a los piratas +de Ochali que parten. + +_El cautivo de Ochali._ + + +Cuando Kernok apareció sobre el puente, se hizo un profundo silencio. + +No se oía más que el ruido agudo del silbato de Zeli, que, inclinado +sobre la borda hacía amarrar el áncora, indicando la maniobra por +modulaciones diferentes. + +--¿Hay que desaferrar el áncora de estribor?--preguntó al segundo, que +transmitió esta pregunta a Kernok. + +--Espera--dijo éste--, y haz subir a todo el mundo al puente. + +Un toque de silbato particular, repetido por el contramaestre, hizo +aparecer como por encanto a los cincuenta y dos hombres y a los cinco +marmitones que componían la tripulación de _El Gavilán_, y que se +colocaron en dos filas, con la cabeza alta, la mirada fija y las manos +colgando. + +Aquellas buenas gentes no tenían el aire cándido y puro de un joven +seminarista, ¡oh no! Se veía en sus duras facciones, en su tez curtida, +en su frente surcada, que las pasiones--¡y qué pasiones!--habían pasado +por allí, y que los honrados compañeros habían llevado ¡ay! una vida +bien tormentosa. + +Además, se trataba de una tripulación cosmopolita; era como un resumen +viviente de todos los pueblos del mundo; franceses, españoles, alemanes, +ingleses, rusos, americanos, holandeses, italianos, egipcios, ¿qué sé +yo? hasta un chino que Kernok había enrolado en Manila. Sin embargo, +aquella sociedad compuesta de elementos tan poco homogéneos, vivía a +bordo en perfecta inteligencia, gracias a la rigurosa disciplina que +Kernok había establecido. + +--Pasa lista--dijo al segundo, y cada marinero fue respondiendo a su +nombre. + +Faltaba uno, el piloto Lescoët, un compatriota de Kernok. + +--Anótale para veinte chicotazos y ocho días de calabozo. + +Y el segundo escribió en su carnet: _Lescoët, 20 ch. y 8 de c._, con +tanta indiferencia como un comerciante que anotase el vencimiento de una +letra. + +Kernok entonces se subió sobre un banco, dejó la bocina cerca de él y +habló en estos términos: + +--Muchachos, vamos a hacernos de nuevo a la mar. Hace dos meses que nos +estamos enmoheciendo aquí como un pontón podrido; nuestros cinturones +están vacíos; pero el depósito de la pólvora está lleno, nuestros +cañones tienen la boca abierta y no piden más que hablar. Vamos a salir +impulsados por una buena brisa NO. y a farolear por el estrecho de +Gibraltar; y si San Nicolás y Santa Bárbara nos ayudan, ¡pardiez!, +volveremos con los bolsillos llenos, muchachos, para hacer bailar a las +chicas de Saint-Pol y beber vino de Pempoul. + +--¡Hurra! ¡hurra!--gritaron todos en signo de aprobación. + +--¡Desamarra a estribor, larga el gran foque, iza la cangreja!--gritó +Kernok con voz estentórea, dando también la orden de aparejar, para no +dejar enfriar el ardor de la gente. + +El brick, no estando ya aprisionado por sus anclas, siguió el impulso +del viento, y se inclinó sobre estribor. + +--¡Larga las gavias! ¡iza, iza, bracea, bracea! ¡amarra las +gavias!--gritó aún Kernok. + +Y el brick, sintiendo la fuerza de la brisa, se puso en marcha; sus +amplias velas grises se hincharon poco a poco, el viento circuló +silbando entre las cuerdas; ya Pempoul, la costa de Treguier, la isla +Santa-Ana-Ros-Istam y la torre Blanca, se borraban poco a poco, huían a +los ojos de los marineros, que, agrupados en los obenques y en las +gavias, con la mirada fija sobre la tierra, parecían saludar a Francia +en una última y larga despedida. + +--¡La barra a babor! ¡la barra a babor!--gritó de pronto Zeli con +espanto. + +Inmediatamente la rueda del timón dio una vuelta rápida y _El Gavilán_ +se inclinó bruscamente. + +--¿Qué hay, pues?--preguntó Kernok después que fue ejecutada la +maniobra. + +--Es Lescoët que llega, capitán; el bote que le conduce ha estado a +punto de dejarse abordar, y lo hubiéramos aplastado como una cáscara de +nuez, si no hubiese hecho virar sobre estribor--respondió Zeli. + +El rezagado, que había saltado ágilmente a bordo, se acercó con aire +confuso a Kernok. + +--¿Por qué has tardado tanto? + +--Mi anciana madre acaba de morir; he querido estar hasta el último +momento a su lado para cerrarle los ojos. + +--¡Ah!--dijo Kernok. + +Después, volviéndose hacia su segundo: + +--Arregla las cuentas a ese buen hijo. + +Y el segundo dijo dos palabras al oído de Zeli que se llevó a Lescoët a +un rincón. + +--Hijo mío--le dijo agitando una cuerda larga y estrecha--, tenemos un +hueso que roer juntos. + +--Ya comprendo--dijo Lescoët palideciendo--; ¿y cuántos? + +--Una miseria. + +--Bien, pero quiero saberlo. + +--Ya lo verás; no tengo interés en estafarte ninguno, y además tú podrás +contarlos. + +--Ya me vengaré. + +--Antes siempre se dice eso, y después no se piensa en ello más que en +la brisa de la víspera. Vamos, muchacho, despachemos, porque veo que el +capitán se impacienta y sería capaz de hacerme probar la misma salsa. + +Ataron a Lescoët a una escala de cuerdas, los brazos en alto y el cuerpo +desnudo hasta la cintura. + +--Estamos dispuestos--dijo Zeli. Kernok hizo un signo, y la cuerda silbó +y resonó sobre la espalda de Lescoët. Hasta el sexto golpe se comportó +muy decorosamente; no se oía más que una especie de gemido sordo que +acompañaba cada zurriagazo. Pero al séptimo el valor le abandonó, y en +efecto, debía sufrir mucho, porque cada golpe dejaba en su cuerpo una +huella roja que se convertía bien pronto en azul y morada; después quedó +levantada la piel y apareció la carne viva y sangrando. Parecía que la +tortura debía ser intolerable, porque un estado de desmadejamiento +general reemplazó a la irritación convulsiva que hasta entonces había +sostenido a Lescoët. + +--Se encuentra mal--dijo Zeli con el gratel levantado. + +Entonces, el señor Durand, el-calafate de a bordo, se aproximó, tomó el +pulso al paciente; después, ensayando una mueca, se encogió de hombros e +hizo un signo significativo a maestro Zeli. + +El gratel funcionó de nuevo, pero su sonido ya no era seco y restallante +como cuando caía sobre una piel lisa y pulida, sino sordo y mate como el +ruido de una cuerda que golpease una boya. + +Es que la espalda de Lescoët estaba en carne viva; la piel caía en +jirones hasta el punto de que el contramaestre se ponía la mano ante los +ojos para que no le salpicase la sangre a cada golpe. + +--Y veinte--dijo con un aire de satisfacción mezclado de pesar, como una +joven que da a su amante el último de los besos prometidos. + +O, si lo preferís, como un banquero que cuenta su última pila de +escudos. + +El propio Zeli se llevó a Lescoët, que no daba señales de vida. + +--Ahora--dijo Kernok--, un buen emplasto de pólvora de cañón y de +vinagre sobre esos rasguños, y mañana no tendrá nada. + +Después, dirigiéndose al timonel: + +--Corre una buena bordada al SO.; si se ve una vela, avísame. + +Y descendió a su cámara para reunirse con Melia. + + + + +VII + +CARLOS Y ANITA + +...Ese tumulto espantoso, esa fiebre +devoradora... es el amor... + +_O. P._ + +Aver la morte innanzi gli occhi per me. + +PETRARCA. + + +La dulce influencia de los climas meridionales aun se hacía sentir, +porque el buque _San Pablo_ se encontraba a la altura del estrecho de +Gibraltar. Empujado por una débil brisa, con todas sus velas extendidas, +desde el contrajuanete hasta los foques de estay, venía del Perú y se +dirigía a Lisboa con pabellón inglés, ignorando la ruptura de Francia y +de Inglaterra. + +El departamento del capitán lo ocupaban don Carlos Toscano y su esposa, +ricos negociantes de Lima, que habían fletado el _San Pablo_ en el +Callao. + +La modesta cámara de antes estaba desconocida, tanto eran el lujo y la +elegancia desplegados por Carlos. Sobre las paredes grises y desnudas se +extendían ricos tapices que, separándose por encima de las ventanas, +caían en pliegos ondulantes. El piso estaba cubierto de esteras de Lima, +trenzadas de lina y blanca paja, y encuadradas en amplios dibujos de +colores llamativos. Largas cajas de caoba roja y pulimentada contenían +camelias, jazmines de Méjico y cactos de espesas hojas. En una linda +jaula de limonero y de enrejado de plata revoloteaban unos hermosos +pájaros de cabeza verde, de alas purpuradas con reflejos de oro, y +bonitas cotorras de Puerto Rico, con todo el cuerpo azul, un penacho de +color de naranja y el pico negro como el ébano. + +El aire era tibio y embalsamado, el cielo puro, el mar magnífico; y, sin +el ligero balanceo que el oleaje imprimía al barco, se hubiera podido +creer que se estaba en tierra. + +Sentado sobre un rico diván, Carlos sonreía a su esposa, que aun tenía +una guitarra en la mano. + +--¡Bravo, bravo, Anita mía!--exclamó él--, jamás se ha cantado mejor el +amor. + +--Es que jamás se ha experimentado mejor, ángel mío. + +--Sí, y para siempre...--dijo Carlos. + +--Para la vida...--contestó Anita. + +Sus bocas se encontraron y él la estrechó contra él en un abrazo +convulsivo. + +Cayendo a sus pies, la guitarra despidió un sonido dulce y armonioso, +como el último acorde de un órgano. + +Carlos miraba a su mujer con esa mirada que va al corazón, que hace +estremecer de amor, que hace daño. + +Y ella, fascinada por aquella mirada ardiente, murmuraba cerrando los +ojos: + +--¡Gracias!... ¡gracias!... ¡Carlos mío! + +Después, uniendo sus manos, se deslizó dulcemente a los pies de Carlos, +y apoyó la cabeza sobre sus rodillas; su pálido semblante estaba como +velado por sus largos cabellos negros; solamente a través de ellos +brillaban sus ojos, lo mismo que una estrella en medio de un cielo +sombrío. + +--Y todo esto es mío--pensaba Carlos--, mío sólo en el mundo, y para +siempre; porque envejeceremos juntos; las arrugas surcarán esa cara +fresca y aterciopelada; esos anillos de ébano se convertirán en bucles +argentinos--decía él pasando su mano por la sedosa cabellera de Anita--, +y vieja, abuela ya, se extinguirá en una serena tarde de otoño, en medio +de sus nietos, y sus últimas palabras serán: «Voy a unirme contigo, +Carlos mío». ¡Oh! sí, sí, porque yo habré muerto antes que ella... Pero, +de aquí allá, ¡qué porvenir! ¡qué hermosos días! Jóvenes y fuertes, +ricos, dichosos, con una conciencia pura y el recuerdo de algunas buenas +acciones, habremos vuelto a ver nuestra bella Andalucía, Granada y su +Alhambra, su mosaico de oro, de arquitectura aérea, sus pórticos, +nuestra hermosa quinta con sus bosques de naranjos frescos y perfumados, +y sus pilones de mármol blanco en los que duerme una agua límpida. + +--Y mi padre... y la casa donde he nacido... y la celosía verde que yo +levantaba tan a menudo cuando tú pasabas, y la vieja iglesia de San +Juan, donde por primera vez, mientras yo oraba, murmuraste a mi oído: +«¡Anita mía, te amo!»... ¡Y ya ves si la Virgen me protege! en el +momento en que tú me decías: «¡Te amo!», yo acababa de pedirte tu amor, +prometiendo una novena a Nuestra Señora--repuso Anita, porque su esposo +había acabado por pensar en voz alta--. Escucha, Carlos mío--suspiró--, +júrame, ángel mío, que dentro de veinte años diremos otra novena a la +Virgen para darle gracias por haber bendecido nuestra unión. + +--Te lo juro, ¡alma de mi vida!, porque dentro de veinte años aún +seremos jóvenes de amor y de dicha. + +--¡Oh! sí, nuestro porvenir es tan risueño, tan puro, que... + +No pudo acabar, porque una bala enramada, que entró silbando por la +popa, le destrozó la cabeza, partió a Carlos en dos, e hizo añicos los +cajones de flores y la jaula. + +¡Qué dicha para los periquitos y las cotorras, que huyeron por las +ventanas batiendo alegremente las alas! + + + + +VIII + +LA PRESA + +...¡Vil metal! + +BURKE. + +...¡Es posible! + +BALZAC. + + +--¡Diablo! ¡hermoso tiro! Ya ves, maestro Zeli..., la bala ha entrado +por encima del coronamiento y ha salido por la tercera porta de +estribor. ¡Pardiez! ¡Melia, haces maravillas! + +Así decía Kernok, con un largo anteojo en la mano, y acariciando la +culebrina aún humeante que él mismo acababa de apuntar contra el _San +Pablo_, porque este navío no se había apresurado a izar su pabellón. + +Esta era la bala que había matado a Carlos y a su esposa. + +--¡Ah! ¡qué suerte!--repuso Kernok viendo el pabellón inglés que se +desarrollaba en lo alto de uno de los palos del _San Pablo_--, ¡qué +suerte! se da a conocer... ¡y dice de qué país es! pero no me +equivoco... un inglés; es un inglés, y el perro se atreve a señalarlo ¡y +no tiene un cañón a bordo! ¡Zeli, Zeli!--gritó con voz de trueno--, haz +largar todas las velas del brick y preparar los remos; dentro de media +hora estaremos cerca de él. Usted, oficial, toque zafarrancho de +combate, envíe a los hombres a sus piezas y distribuya los sables y las +picas de abordaje. + +Después, lanzándose hacia una carronada: + +--¡Muchachos! si no me equivoco, ese navío llega del mar del Sud; en esa +popa corta y achatada, en ese porte, reconozco una navío español o +portugués que se dirige a Lisboa, ignorando sin duda que hemos declarado +la guerra a los ingleses. ¡Allá él! Pero ese perro debe tener piastras +en el vientre. Pronto lo veremos, ¡pardiez! ¡Muchachos! el casco sólo +vale veinte mil piastras; pero, paciencia, _El Gavilán_ extiende su alas +y bien pronto mostrará sus uñas. ¡Vamos, muchachos! ¡remad, remad +firmes! + +Y animaba con la voz y con el gesto a los marineros que, encorvados bajo +los largos remos del brick, doblaban la velocidad que le daba la brisa. + +Otros marineros se armaban precipitadamente de sables y puñales, y el +maestro Zeli hacía disponer los garfios de abordaje. + +Kernok, después de haber tomado todas sus disposiciones, descendió al +sollado y encerró a Melia que dormía en la hamaca. + +Todo estaba dispuesto a bordo de _El Gavilán_: el capitán del +desgraciado _San Pablo_, creyendo que el brick de Kernok era un navío de +guerra, sin dejar de gemir por la desgracia ocurrida a bordo, izó el +pabellón inglés, esperando ponerse así bajo su protección. + +Pero cuando vio la maniobra de _El Gavilán_, cuya marcha era aún +acelerada por los largos remos, no le quedó duda alguna y comprendió que +se trataba de un corsario. + +Huir era imposible. A la débil brisa que soplaba por ráfagas, había +sucedido una calma chicha, y los remos del pirata le daban una ventaja +de marcha positiva. No había que pensar tampoco en defenderse. ¿Qué +podían hacer los dos malos cañones del _San Pablo_ contra las veinte +carronadas de _El Gavilán_, que enseñaban sus gargantas amenazadoras? + +El prudente capitán se puso, pues, al pairo, esperó los acontecimientos, +ordenó a la tripulación que se prosternase de rodillas e invocase a San +Pablo, el patrón del navío, que no podía dejar de manifestar su poder en +una ocasión semejante. + +Y siguiendo el ejemplo del capitán, la tripulación dijo un _Páter_. + +Pero _El Gavilán_ avanzaba siempre. + +Dos _Ave_. + +Se oía ya el ruido de los remos que batían el agua cadenciosamente. + +Cinco _Credo_. + +¡Válgame Dios! es que la voz, la gruesa y terrible voz de Kernok +resonaba en los oídos de los españoles. + +--¡Oh! ¡oh!--decía el pirata--, se pone al pairo, arría su pabellón, el +bribón está atemorizado; ya es nuestro. Zeli, haz armar la chalupa y la +canoa grande; yo voy a hacerme cargo de cómo está aquello. + +Y Kernok, poniéndose las pistolas a la cintura, y armándose de un largo +cuchillo, se plantó de un brinco en la embarcación. + +--Y si es una emboscada, si el navío hace un solo movimiento--gritó al +segundo--, forzad los remos y poneos a distancia de garfio. + +Diez minutos después, Kernok saltaba sobre el puente del _San Pablo_ con +sus pistolas en la mano y el cuchillo entre los dientes. + +Pero lanzó una tal carcajada, que su excelente hoja le cayó de la boca. +La causa de su risa era el ver al capitán español y a su tripulación +arrodillada ante una grosera imagen de San Pablo, que se golpeaban el +pecho reiteradamente. El capitán, sobre todo, besaba una reliquia con +fervor siempre creciente, y murmuraba: «San Pablo, _ora pro nobis_...» + +Pero San Pablo ¡ay! no se daba por entendido. + +--Acaba con tus monerías, viejo cuervo--dijo Kernok cuando hubo acabado +de reír--, y llévame a tu nido. + +--Señor, no entiendo--respondió temblando el desgraciado capitán. + +--¡Ah! es verdad--dijo Kernok--; tú no entiendes el francés. + +Y como Kernok poseía de todas las lenguas vivientes justamente aquello +que se relacionaba y era necesario a su profesión, repuso +socarronamente: + +--_El dinero, compadre._ + +El español intentó balbucear aún un _no entiendo_. + +Pero Kernok que había agotado todos sus recursos oratorios, reemplazó el +diálogo por la pantomima y le puso bajo la nariz el cañón de su pistola. + +A esta invitación, el capitán lanzó un profundo, un doloroso, un +desgarrador suspiro, e hizo signo al pirata de que le siguiese. + +En cuanto al resto de la tripulación, los marineros del brick los habían +agarrotado para que no les estorbasen en sus operaciones. + +La entrada del local, donde estaba depositado el dinero de don Carlos, +se encontraba bajo la estera que cubría el piso. De modo que Kernok se +vio obligado a pasar por la habitación donde yacían los restos +sangrientos de los dos esposos. El pobre capitán apartó la vista y se +puso la mano sobre los ojos. + +--¡Toma!--dijo Kernok dándole con el pie al cadáver--; ésta es la obra +de Melia. ¡Pardiez! ¡hermosa labor! ¡Ah!... pero el _dinero_... el +_dinero_, _compadre_, eso es lo importante. + +Abrieron el pañol; entonces Kernok estuvo a punto de desmayarse a la +vista de centenares de toneles con aros de hierro, sobre cada uno de los +cuales se leía: _Veinte mil piastras_ (cincuenta mil francos). + +--¡Es posible!--exclamó--. ¡Cuatro, cinco... quizá diez millones! + +Y en su alegría, abrazaba al segundo, abrazaba a los marineros, abrazaba +al capitán español, abrazaba a todo el mundo, hasta los cadáveres +ensangrentados de Carlos y de Anita. + + * * * * * + +Dos horas después, una embarcación conducía a bordo de _El Gavilán_ los +últimos toneles de dinero, resto de los despojos del _San Pablo_, donde +Kernok había dejado a diez de sus hombres, la tripulación española +agarrotada sobre el puente y el capitán amarrado al palo mayor. + +--Muchachos--dijo Kernok--, yo os doy esta noche _nopces et festin_, +como se dice, y después, si sois juiciosos, una sorpresa. + +--¡Caray! ¡voto a tal! capitán, seremos juiciosos, juiciosos como +vírgenes--dijo el maestro Zeli haciéndose el amable. + + + + +IX + +ORGÍA + +Hic chorus ingens +...Colit orgia. + +AVIENUS. + +--¡Vino! ¡voto a tal! ¡vino! + +Las botellas chocan entre sí, los frascos se rompen, los juramentos y +los cantos estallan por todas partes. + +Es tan pronto el ruido sordo que hace un pirata borracho cayendo sobre +el suelo, como la voz temblorosa de los que aun tienen el vaso en una +mano y con la otra se agarran a la mesa. + +--¡Vino aquí, grumete, vino, o te aplasto! + +Y los hay que luchan entre ellos pie contra pie, frente contra frente. +Se estrechan, se enlazan; el uno resbala y se cae; se oye el crujido de +un hueso que se rompe, y las imprecaciones reemplazan a la risa. + +Otros están acostados ensangrentados, con el cráneo abierto, a los pies +de alegres compañeros que cantan con voz de trueno una delirante canción +báquica. + +Los de más allá, en el último grado del embrutecimiento y de la +embriaguez, se entretienen en machacar entre dos balas la mano de un +marinero a quien la borrachera ha matado. + +Y una porción de juegos más, a cual más original y delicado. + +Los gemidos, los gritos de rabia y de loca alegría se confunden y se +acuerdan. + +El puente está enrojecido de sangre o de vino. ¡Qué importa! El tiempo +huye rápido a bordo de _El Gavilán_: todo es locura, arrebato, delirio. +De prisa, de prisa, gozad de la vida, que ella es corta. Los malos días +son frecuentes; ¡quién sabe si el de hoy no tendrá mañana para vosotros! +Divertíos, pues, asid el placer allá donde le encontréis. + +No es ese placer moderado, decente, de alas doradas y azules, que se +parece a una joven tímida y dulce; ese placer delicado que gusta de +sacudir su cabeza fresca y rubia ante los mil espejos de un _boudoir_, o +de desflorar con sus labios rosados una copa llena de un licor helado; +ese sibarita, en fin, que no quiere a su alrededor más que flores, +perfumes y pedrería, mujeres jóvenes y amables, música melodiosa y vinos +exquisitos. ¡No, pardiez! se trata de ese otro placer robusto y bestial, +de ojo de sátiro, de risa de demonio, que llena las tabernas y los +bodegones, que bebe y se emborracha, muerde y desgarra, golpea y mata y +después rueda y se retuerce entre los restos de una comida grosera, +lanzando una carcajada que parece el aullido de un chacal. + +De prisa, de prisa, gozad de la vida, porque os digo que es corta. +Gozad, pues, de la vida a bordo de _El Gavilán_. + +Era ya noche cerrada; los faroles que guarnecían los empalletados +esparcían una viva claridad sobre el puente del buque, que Kernok había +hecho cubrir de mesas para festejar su afortunada presa. + +A la comida sucedieron las diversiones. El grumete Grano de Sal, después +de haberse frotado de alquitrán de los pies a la cabeza, había +encontrado conveniente revolcarse sobre un saco de plumas, de modo que, +al salir de allí, parecía un volátil de dos pies, sin alas. + +Y qué placer el verle dar zancadas, voltear, saltar, danzar, enardecido +por los aplausos de la tripulación, y excitado por los latigazos que el +maestro Zeli le administraba de cuando en cuando para conservar su +agilidad. + +Pero de pronto uno de aquellos hombres, un bromista, creo que era un +alemán, queriendo que la fiesta fuese completa, aproximó una mecha +encendida al penacho de estopa que se balanceaba con gracia sobre la +frente de Grano de Sal... + +Después el fuego se comunicó de la estopa a los cabellos, de los +cabellos a las plumas, y el acróbata improvisado, el desgraciado Grano +de Sal, absorbió tanto calórico, que su piel se resquebrajó y crujió +bajo su ardiente envoltura. + +Al principio todos reían, hasta derramar lágrimas, a bordo del +_Gavilán_. Sin embargo, como el grumete lanzaba gritos espantosos, una +buena alma, un alma compasiva, porque las hay en todas partes, lo agarró +y lo arrojó al mar diciendo: «Voy a apagarlo.» + +Afortunadamente Grano de Sal nadaba como un salmón; e incluso tuvo la +coquetería de prolongar el baño, paseándose alrededor del brick como un +tritón o una náyade, a vuestra elección; por fin entró por la porta de +popa, diciendo con su acostumbrado estoicismo: «Prefiero eso que haber +sido quemado vivo; a pesar de todo, me he divertido de lo lindo.» + +Se oyó un tiro de pistola; después un grito penetrante salió de la +cámara de Kernok; Zeli se precipitó hacia ella; no era nada, una +miseria. + +Figuraos que Kernok, un poco excitado por el grog, había elogiado mucho +su habilidad a Melia. + +--Te apuesto--le decía--que de un pistoletazo te hago saltar el cuchillo +que tienes en la mano. + +Melia no dudaba de la habilidad de su amante, pero había querido eludir +la prueba. + +--¡Cobarde!--había gritado Kernok--; ¡pues bien! para enseñarte, voy a +romper el vaso en que bebes. + +Y diciendo esto había empuñado una pistola, y el vaso de Melia, roto por +la bala, había saltado en mil pedazos. + +Cuando Zeli entró, Kernok, con la cabeza inclinada hacia atrás, y la +pistola aún en la mano, reía del espanto de Melia, que, pálida y +trémula, se había refugiado en un rincón de la cámara. + +--¡Y bien! Zeli--dijo el pirata--; ¡y bien! mi viejo lobo de mar, ¿tus +señoritas se divierten por allá arriba? + +--Le respondo de ello, mi capitán; pero esas damas esperan la sorpresa. + +--¿La sorpresa? ¡Ah! es verdad; escucha... + +Y dijo dos palabras al oído de Zeli. Este retrocedió con aire de +extrañeza, abriendo su enorme boca. + +--¡Cómo!... ¿Usted quiere...? + +--Claro que lo quiero. ¿No es una sorpresa? + +--Y famosa por cierto... Voy, capitán. + +Kernok subió también al puente con Melia. A su presencia se sucedieron +nuevos gritos de alegría. + +--¡Hurra por el capitán Kernok, hurra por su mujer, hurra por _El +Gavilán_! + +Un cohete partió del _San Pablo_, que estaba al pairo a dos tiros de +fusil del brick. Después de describir una curva, cayó en una lluvia de +fuego. + +--Capitán, ¿ha visto usted ese cohete?--dijo el segundo. + +--Ya sé lo que es, valiente mío. Vamos, vamos, muchachos, haced circular +el ron y la ginebra. Un vaso para mí y otro para mi mujer. + +Melia quiso rehusar, pero, ¿cómo resistir a su dulce amigo? + +--¡Vivan los camaradas y los bravos hijos del capitán de _El +Gavilán_!--dijo Kernok después de haber bebido. + +--¡Hurra!--contestó la tripulación en voz fuerte y sonora. + +La orgía había llegado a su apogeo. Los marineros se habían agarrado de +la mano y daban vueltas con rapidez alrededor del puente, cantando a +gritos las canciones más obscenas y más crapulosas. + +Bien pronto llegó el maestro Zeli con los diez hombres que Kernok había +dejado antes a bordo del _San Pablo_. + +No quedaba a bordo del navío español más que sus tripulantes atados y +agarrotados sobre el puente. + +--Todo está dispuesto--dijo Zeli--; cuando el segundo cohete parta, +capitán, es que la mecha... + +--Está bien--dijo Kernok interrumpiéndole--. Muchachos, os he prometido +una sorpresa si os portabais bien. Vuestro juicio y vuestra moderación +han excedido a lo que yo esperaba; voy, pues, a recompensaros. Ya veis +ese navío español: aparejado y equipado como está, vale muy bien... +treinta mil piastras... ¡yo pago cuarenta mil, muchachos, yo! lo compro +sobre mi parte de la presa, a fin de tener el placer de ofrecer a la +tripulación de _El Gavilán_ un castillo de fuegos artificiales con +acompañamiento de música. Ya se ha dado la señal. ¡Que cada uno ocupe el +sitio que le agrade más! + +Y todos los tripulantes, al menos los que estaban en estado de servirse +de piernas y de ojos, se agruparon en las cofas y en los obenques. + +El segundo cohete había partido del _San Pablo_ y el fuego comenzaba a +desarrollarse... + +Esta era la sorpresa que Kernok preparaba a su gente; había enviado al +maestro Zeli a bordo del navío español, para retirar la poca pólvora que +pudiese quedar, disponer las materias combustibles en la cala y en el +sollado y agarrotar lo más sólidamente posible a los desgraciados +españoles, que no sospechaban nada. + +Era, pues, el _San Pablo_ que ardía; la noche era negra, el aire +tranquilo, el mar como un espejo. + +De pronto, un humo negro y bituminoso salió por las escotillas del navío +con numerosos haces de chispas. + +Y un grito penetrante... espantoso... que resonó a lo lejos, salió del +interior del _San Pablo_, porque su tripulación veía la suerte que le +estaba reservada. + +--Ya empieza la música--dijo Kernok. + +--Desafinan endiabladamente--respondió Zeli. + +Bien pronto el humo, de negro que era, se convirtió en rojo vivo y por +fin cedió el sitio a una columna de llamas, que, elevándose en +torbellinos de la escotilla principal, proyectó sobre las aguas un largo +reflejo de color de sangre. + +--¡¡Hurra!!--gritaron los del brick. + +Después, el incendio aumentó; el fuego, saliendo de las tres escotillas +a la vez, se unió y se extendió como una vasta cortina de fuego, sobre +la cual la armadura y el cordaje del _San Pablo_ se dibujaban en negro. + +Entonces, los gritos de los españoles agarrotados en medio de aquel +horno, fueron tan atroces que los piratas, como a pesar suyo, lanzaron +aullidos salvajes para ahogar la voz desgarradora de aquellos +infortunados. + +El incendio estaba entonces en toda su fuerza. Bien pronto las llamas +corrieron a lo largo del aparejo; los palos, no estando ya sostenidos +por las cofas, crujieron y cayeron sobre el puente con un estruendo +horrible; por todas partes se veían jarcias incendiadas, y aquel +inmenso foco de luz parecía aún más deslumbrante en medio de la noche +sombría. + +Los españoles ya no gritaban... + +De pronto, la llama, hizo un amplio agujero en uno de los costados del +buque, el palo mayor se abatió sobre el mismo lado, el _San Pablo_ dio +una fuerte bandada, se inclinó sobre estribor, y el agua entró a +borbotones en la cala. + +Poco a poco, el casco del navío se fue hundiendo, fuera del agua no +quedaba más que el palo de mesana, el único que había quedado en pie, +aislado sobre el agua, y que alumbraba como una antorcha fúnebre... +después el palo desapareció para elevar un momento aún su blandón +inflamado; pero bien pronto el agua se atorbellinó a su alrededor y no +se vio más que un ligero humo rojizo, después nada... nada más que la +inmensidad... la noche... + +--¡Toma! ya ha terminado--dijo Kernok--; el _San Pablo_ se nos ha +llevado nuestro dinero. + +--¡Viva el capitán Kernok, que da tan hermosas fiestas a su +gente!--gritó Zeli. + +--¡Hurra!--contestaron todos. + +Y los piratas, fatigados, se lanzaron sobre el puente; Kernok dejó a _El +Gavilán_ al pairo hasta el amanecer, y fue a gustar de algunos instantes +de reposo, con la satisfacción de un hombre opulento que se encierra en +su alcoba después de haber dado una fiesta suntuosa a sus invitados. + +Después el pirata murmuró casi dormido ya: + +--Deben estar contentos, porque he hecho muy bien las cosas: ¡un navío +de trescientas toneladas y tres docenas de españoles! creo que no se +puede pedir más; sin embargo, no es conveniente que se acostumbren; eso +va bien de cuando en cuando, porque, después de todo, es bueno reír un +poco. + + + + +X + +LA CAZA + +¡Away!... ¡Away!... + +BYRON. + +¡Adelante!... ¡Adelante! + + +Todo dormía a bordo de _El Gavilán_; únicamente Melia había subido al +puente, agitada por una vaga inquietud. Aunque la noche fuese aún +sombría, un resplandor pálido que asomaba por el horizonte, anunciaba la +proximidad del crepúsculo. Bien pronto, amplias fajas de un rojo vivo y +dorado surcaron el cielo, las estrellas palidecieron y desaparecieron, +el sol se anunció por un incendio lejano y luego se elevó lentamente +sobre las aguas azules e inmóviles del Océano, que pareció cubrir de un +velo de púrpura. + +La calma continuaba siendo completa y el brick permanecía en la misma +situación que desde la noche. Melia meditaba sentada en un banco, con la +cabeza oculta entre las manos; pero cuando la levantó, el día, ya +bastante adelantado, le permitió distinguir todos los objetos que la +rodeaban, y se estremeció de horror y de asco. + +Se veía a los marineros acostados entre los platos y los restos del +festín de la noche, y todo en el desorden más completo; las brújulas +derribadas, las jarcias y las cuerdas confusamente mezcladas, armas y +vasos hechos añicos, toneles desfondados dejando correr sobre el puente +ríos de vino y de aguardiente... Aquí, bravos camaradas dormidos, en las +posiciones más extravagantes, y oprimiendo aún una botella de la que no +quedaba más que el cuello, parecidos a esos fieros guerreros musulmanes, +que, ya muertos, aun conservaban el puño de la daga. Allá, dormía un +pirata con el cuello bajo la rueda del timón, de modo que, al menor +movimiento de rotación, su cabeza debía quedar indefectiblemente +destrozada. + +Un verdadero amanecer de orgía, ¡y de orgía de pirata! + +Melia comenzó por bendecir a la Providencia porque había protegido con +tanta solicitud a toda aquella honrada sociedad, que el brick mecía +sobre las aguas; porque, gracias a la incuria que de momento reinaba a +bordo, si una tempestad se hubiese elevado durante la noche, todo se +hubiera ido a rodar, _El Gavilán_, Kernok, la tripulación y los diez +millones, ¡qué lástima! + +Por esto quería rezar. ¡La pobre joven encontraba a bordo tan pocas +ocasiones de elevar su alma al Ser Supremo! Para rezar, se arrodilló y +volvió involuntariamente los ojos hacia la línea vaporosa y azulada que +ceñía el horizonte; pero no rezó. Su mirada, dejando de vagar, se fijó +en un punto al principio incierto, pero que bien pronto pareció +distinguir mejor; en fin, poniéndose las manos encima de las cejas, para +aislarse mejor de los rayos del sol, permaneció un instante +contemplativa, después sus facciones adquirieron una viva expresión de +temor, y en dos saltos se plantó en la cámara de Kernok. + +--Estás loca--decía el pirata subiendo al puente con un paso aún pesado +y vacilante--; pero si me has despertado por nada... + +--Mire--respondió Melia presentándole un anteojo con una mano, mientras +que con la otra designaba un punto blanco que se veía en el horizonte. + +--¡Maldición!--gritó Kernok después de haber mirado atentamente, y llevó +vivamente el aparato al ojo izquierdo--. ¡Mil rayos! + +Y frotó el vidrio del anteojo como para asegurarse de que veía +claramente y de que ninguna ilusión de óptica le engañaba. No, no se +engañaba... + + * * * * * + +(Aquí un crescendo de todo lo que podáis escoger de más vigorosamente +imprecativo en el glosario de un pirata.) + +Apenas este torrente de maldiciones y de juramentos hubo salido de su +boca, Kernok se armó de un espeque. Un espeque es un palo de madera de +unos cinco o seis pies de longitud y de cuatro pulgadas de +circunferencia. El espeque sirve para maniobrar la artillería de a +bordo. Kernok cambió provisionalmente este destino, porque empleó el +suyo en despertar a la gente. Y los golpes de espeque, gloriosamente +acompañados de juramentos capaces de pulverizar al buque, fueron cayendo +como lluvia de granizo, tan pronto sobre el puente, como sobre los +marineros dormidos. Así, cuando el capitán hubo acabado su ronda, casi +todos los hombres estaban en pie, frotándose los ojos, la cabeza o la +espalda, y preguntaban, dando unos bostezos horrorosos: + +--¿Qué pasa, pues? + +--¡Que qué pasa!--gritó Kernok con voz de trueno--; ¡que qué pasa, +perros! pues que un barco de guerra; una corbeta inglesa que fuerza su +aparejo para alcanzarnos... una corbeta que tiene sobre _El Gavilán_ la +ventaja de la brisa, porque el viento es más fuerte allá abajo, y sólo +nos llegará con ese inglés ¡que mal rayo parta! + +Y todas las miradas se volvieron hacia el punto que Kernok designaba con +el extremo del anteojo. + +--¡Ocho, diez, quince portas!--exclamó--; una corbeta de treinta +cañones; ¡muy bonito! y por añadidura, de la escuadra azul. + +Llamó a Zeli. + +--Oye, Zeli, no se trata de hacer tonterías; haz colocar los remos y +ponerlo todo en orden lo más pronto posible; viremos en redondo y +despejemos el campo; _El Gavilán_ no tiene el pico ni los espolones +bastante duros para recrearse con semejante presa. + +Después echó mano de la bocina: + +--¡Cada uno a su sitio para largar las gavias y los foques! ¡En línea +para largar los juanetes y los contrajuanetes, a aparejar las barrederas +altas y las bajas! y vosotros, muchachos, a los remos; si podemos tomar +el viento, _El Gavilán_ no tiene nada que temer. Ya sabéis ¡pardiez! que +tenemos diez millones a bordo. ¡De modo que, elegiréis entre ser +colgados en las vergas del inglés, o entre volver a Saint-Pol con los +bolsillos llenos, a beber grog y a hacer bailar a las muchachas! + +La tripulación le comprendió perfectamente; la alternativa era +inevitable; así, gracias a las velas de que estaba cargado y a sus +vigorosos remeros, _El Gavilán_ comenzó a hacer tres nudos. + +Pero Kernok no se engañaba sobre la marcha de su buque; veía bien que la +corbeta inglesa tenía sobre él una ventaja real, puesto que venía con el +viento. Por lo tanto, obrando como un capitán prudente, ordenó hacer +zafarrancho de combate, abrir el pañol de la pólvora, llenar los +depósitos de balas, subir al puente las picas y las hachas de abordaje, +velando en todo con una actividad increíble y pareciendo multiplicarse. + +La corbeta inglesa avanzaba, avanzaba siempre... + +Kernok hizo llamar a Melia, y la dijo: + +--Querida amiga, probablemente se calentará el horno; vas a bajar +inmediatamente a la cala, sin menearte más que lo haría un cañón sobre +su afuste... ¡Ah! y a propósito, si notas que el brick hace algún +movimiento y desciende, es que nos vamos a fondo. Ya me comprendes... y +más bien espero eso que no ver a una marsopla fumar en pipa. Vamos basta +de lloros, bésame, y que no vuelva a verte hasta después del baile, si +es que no dejo la piel. + +Melia se puso talmente pálida, que se la hubiera podido tomar por una +estatua de alabastro... + +--Kernok... déjeme a su lado--murmuró, y arrojó sus brazos al cuello del +pirata, que se estremeció un momento y después la rechazó. + +--¡Vete!--exclamó--; ¡vete! + +--¡Kernok!... ¡déjame velar por tu vida!--dijo echándose a sus pies. + +--Zeli, líbrame de esta loca y bájala a la cala--dijo el pirata. + +Y como fuese a apoderarse de Melia, ella se desprendió violentamente, y +se aproximó a Kernok, con el color animado y la vista brillante. + +--Al menos--dijo--, toma este talismán; póntelo y protegerá tu vida +durante el combate; su efecto es cierto; fue mi abuela quien me lo dio. +Ese mágico talismán es más fuerte que el destino... Créeme, póntelo. + +Y ella tendía a Kernok un saquito suspendido de un cordón negro. + +--¡Atrás esa loca!--dijo Kernok encogiéndose de hombros--; ¿me has oído, +Zeli? ¡a la cala! + +--Si tú mueres, que sea por tu voluntad; pero al menos yo compartiré tu +suerte. Ahora, nada, nada en el mundo protegerá mi vida; ¡vuelvo a ser +mujer como tú eres hombre!--exclamó Melia que arrojó el saquito al mar. + +--¡Excelente muchacha!--dijo Kernok siguiéndola con la vista mientras +que dos marineros la bajaban al sollado por medio de una silla atada a +una larga cuerda. + +Y la corbeta inglesa se aproximaba siempre... + +Zeli se aproximó a Kernok. + +--Capitán, la corbeta nos toma la delantera. + +--¡Bien lo veo, viejo tonto! nuestros remos no hacen nada y fatigan +inútilmente a los hombres; hazlos retirar, cargar los cañones con dos +balas, colocar los garfios de abordaje, los pedreros en las gavias. Haz +también arriar las barrederas; si la brisa nos ayuda, nos batiremos +sobre las gavias; es el mejor portante de _El Gavilán_. + +Cuando la maniobra fue ejecutada, Kernok arengó a sus hombres en la +siguiente forma: + +--Muchachos, he ahí una corbeta que tiene las costillas sólidas; +estrecha tan de cerca a _El Gavilán_, que no podemos esperar escaparnos +de ella; además, tampoco es necesario. Si nos hacen prisioneros, seremos +colgados; si nos entregamos, también; combatamos, pues, como bravos +marineros, y quién sabe si, como dice el proverbio, apretando los +talones, salvaremos los calzones. ¡Voto a tal! muchachos, _El Gavilán_ +ha echado a pique a un gran buque sardo de tres palos en las costas de +Sicilia, después de dos horas de combate; ¿por qué ha de temer a esa +corbeta del pabellón azul? Pensad también que tenemos diez millones que +conservar. ¡Pardiez! ¡muchachos, diez millones, o la cuerda! + +El efecto de esta peroración fue inmediato, y toda la tripulación gritó +a la vez: + +--¡Hurra! ¡Muerte a los ingleses! + +La corbeta se hallaba entonces tan próxima que se distinguían +perfectamente sus amuras y su aparejo. + +De pronto se elevó una ligera humareda, brilló un relámpago, resonó un +ruido sordo y una bala silbando pasó cerca del bauprés de _El Gavilán_. + +--La corbeta empieza a hablar--dijo Kernok--, es nuestro pabellón el que +quiere ver, ¡la curiosa! + +--¿Cuál hay que izar?--preguntó Zeli. + +--Este--contestó Kernok--, porque hay que ser galante. + +Y empujó con el pie una vieja chaqueta de marinero, cubierta de manchas +de vino y de alquitrán. + +--¡Es raro!--dijo el contramaestre, y el guiñapo subió majestuosamente +hasta lo alto de la driza. + +Se supone que la broma pareció un poco pesada a los de la corbeta, +porque dos cañonazos partieron casi inmediatamente y las balas hicieron +bastantes destrozos en el aparejo de _El Gavilán_. + +--¡Oh! ¡oh! ya nos incomodamos... no hay que hacerse de rogar--dijo +Kernok--. ¡A mí, Melia!--y se precipitó sobre la culebrina que él había +bautizado con este nombre, tomó medidas y apuntó--: ¡Ahí va eso!--e hizo +jugar la batería. + +--¡Bravo!--exclamó cuando el humo se hubo disipado y pudo apreciar el +efecto del disparo--, ¡bravo! Mira, Zeli, mira, ya tiene su mastelero de +foques destrozado: esto promete, muchachos, esto promete; pero es cuando +_El Gavilán_ le arañe sus costados con los garfios de abordaje, cuando +reirá el inglés. + +--¡Hurra, hurra!--gritó la tripulación. + +La corbeta no respondió al disparo de Kernok, reparó prontamente sus +averías, y se dejó ir sobre el corsario. + + * * * * * + +Entonces estaba tan cerca, que se oían las voces de mando de los +oficiales ingleses. + +--Muchachos, a vuestras piezas--dijo Kernok precipitándose hacia un +banco con la bocina en la mano--; a vuestras piezas, y ¡voto a tal! no +hagáis fuego sin que os lo manden. + + + + +XI + +EL COMBATE + +¡El abordaje!... ¡El abordaje!... +Unos se suspenden de las jarcias, +otros se lanzan hacia los +obenques. + +VÍCTOR HUGO, «_Navarin_». + + +--¡Maestro Durand, balas!--¡Maestro Durand, acaba de declararse una vía +de agua!--¡Maestro Durand, mi cabeza, mi brazo, mire cómo sangra! + +Y el nombre del maestro Durand, el artillero-cirujano-calafate de a +bordo, resonaba desde el puente a la cala, dominando el ruido y el +tumulto inseparables de un combate tan encarnizado como el que se +libraba entre la corbeta y el brick; y, en efecto, a cada andanada que +enviaba, _El Gavilán_ temblaba y crujía en su armazón, como si hubiese +estado a punto de abrirse. + +--¡Maestro Durand, balas!--¡La vía de agua!--¡Mi pierna!--repetían voces +confusas. + +--Pero ¡con mil diablos! un instante; no puedo hacerlo todo; llevar +balas arriba, reparar abajo una avería, curar vuestras heridas... Es +preciso empezar por lo primero, y después se ocuparán de vosotros, +montón de vocingleros; porque, ¿para qué sois buenos ahora? sois tan +inútiles como una verga sin velas y sin relingas. + +--¡Maestro, balas! ¡pronto, balas! + +--¡Balas! ¡santo Dios, qué cañonazos! si vais tan de prisa durante un +cuarto de hora, las gargantas de nuestros cañones se secarán pronto. +Tomad, hijos míos, y cuidadlas bien, son las últimas. + +Entonces el señor Durand abandonó el saco de artillero para tomar el +martillo del calafate, y se precipitó hacia la bodega para tapar la vía +de agua. + +--¡Voto a tal! sufro mucho--decía el maestro Zeli. + +Estaba tendido en tierra en el fondo del sollado, iluminado apenas por +un farol cuidadosamente cerrado; el muslo derecho estaba casi separado +del tronco; en cuanto al izquierdo, una bala se lo había llevado. + +A su alrededor gemían otros heridos, confundidos todos sobre el suelo, +esperando que el señor Durand pudiese abandonar el martillo por el +cuchillo. + +--¡Voto a tal! tengo sed--continuó el maestro Zeli--; me siento débil; +apenas si oigo hablar nuestros cañones; ¿es que están constipados? + +Al contrario, las andanadas eran más fuertes y más frecuentes que nunca; +lo que ocurría es que el oído del maestro Zeli estaba ya debilitado por +la proximidad de la muerte. + +--¡Oh! tengo sed--dijo--y frío, ¡yo que tanto calor tenía hace un +momento! + +Después, volviéndose a un compañero: + +--Fíjate tú, polaco, ¿es que quieres quedarte tieso como ese que tienes +al lado? ¡Oh! ¡el cochino! ¡qué feo es! ¡Toma! ahora pone los ojos en +blanco. + +Era uno que expiraba en las últimas convulsiones de la agonía. + +--Durand, ¿vendrás de una vez?--gritó de nuevo Zeli--; ven a ver mi +pierna, viejo mío. + +--Al instante estoy para ti; otro martillazo nada más, y la avería que +tenemos en la línea de flotación habrá desaparecido del todo... Bueno, +ya te ha llegado el turno; ¿es que no somos cuñados? + +--Sí, un poco--respondió Zeli. + +El señor Durand descolgó el farol y lo aproximó al maestro Zeli que +esbozó una entre mueca y sonrisa, muy orgulloso de la sorpresa que iba a +dar a Durand. + +--¡Toma!--dijo el cirujano-calafate-artillero--, ¿dónde está tu otra +pierna, farsante? + +--Allá arriba, sobre el puente, quizás aún... Vamos, desembarázame de +ésta, porque me incomoda mucho. Parece que me han atado una bala de +treinta y seis al pie. ¡Oh! y tengo sed, siempre sed. + +Mientras examinaba la pierna del maestro Zeli, el señor Durand sacudió +tres o cuatro veces la cabeza y silbó, muy bajo, es verdad, el aire del +_Botón de rosa_, para acabar diciendo: + +--Estás... fastidiado, viejo mío. + +--¡Ah! pero, ¿de veras? + +--Sí, sí. + +--Entonces, si tú eres un buen muchacho, toma mi pistola y levántame la +tapa de los sesos. + +--Iba a proponértelo. + +--Gracias. + +--¿No tienes ningún encargo que hacerme? + +--No. ¡Ah! sí; toma mi reloj; se lo darás a Grano de Sal. + +--Bien. Vamos... + +--¡Ah! me olvidaba; si el capitán no revienta allá arriba, dile de mi +parte que ha mandado como un valiente. + +--Bien. Vamos... + +--¿De modo que tú crees que estoy lo que se llama...? + +--Sí, a fe de hombre, y ya comprenderás que yo no querría hacer una mala +partida a un amigo. + +--Es verdad. Pero a pesar de eso siempre... Brrr... ¡Qué frío! Casi no +puedo hablar... Me parece que mi lengua pesa tanto como un pedazo de +plomo. Toma, ahora estoy mareado... Adiós, viejo. Otro apretón de +manos... Vamos, ¿estás dispuesto? + +--Sí. + +--Perfectamente. ¡Fuego! eso me curará... + +Cayó. + +--Pobre b...--dijo el señor Durand. + +Esta fue la oración fúnebre del maestro Zeli. + +El señor Durand hubiera deseado quizá terminar todas sus operaciones tan +caballerescamente, pero sus otros clientes, espantados de la violencia +del tópico, que había, no obstante, dado tan buenos resultados en el +maestro Zeli, prefirieron emplasto de estopa y de grasa, que el honrado +doctor aplicaba indistintamente a todo y para todo, con un suplemento +de consuelos para los moribundos. Tan pronto era: «¡Bah! Después de +nosotros, el fin del mundo». O bien: «La próxima campaña debía ser ruda, +el invierno frío, el vino malo»; y una multitud de otras gracias +destinadas a endulzar los últimos momentos de los pobres piratas, que +tenían el cuidado de abandonar una honorable existencia sin saber +demasiado a dónde iban. + +El señor Durand fue interrumpido bruscamente en sus cuidados +espirituales y temporales por Grano de Sal, que cayó como una bomba en +medio de siete agonizantes y de once muertos. + +--¿Vienes a estorbarme en mi trabajo, perro?--dijo el doctor. + +Y el grumete recibió con esta admonición una bofetada que hubiera +abrumado a un rinoceronte. + +--No, maestro Durand; al contrario, es que piden municiones allá arriba, +porque acaban de enviar la última granada; y no crea usted, la corbeta +inglesa ha quedado rasa como un pontón, pero sigue haciendo un fuego de +mil demonios... ¡Ah! Mire, una bala se me ha llevado un dedo. Vea usted, +maestro Durand... + +--¿Y quieres que yo pierda el tiempo en mirar tu rasguño, bribón, perro? + +--Gracias, señor Durand; lo cierto es que vale más eso, que tener un +brazo de menos--dijo Grano de Sal envolviendo precipitadamente en estopa +lo que le quedaba del dedo--. Pero mire--añadió--, ahí llega un +parroquiano, maestro. + +Era un herido que descendía al sollado; como estaba mal atado, cayó +sobre el suelo, quedando muerto. + +--Otro que ya está curado--dijo el maestro Durand que estaba absorto +pensando cómo remediar la falta de balas. + +--¡Municiones!... ¡municiones!--gritaban muchas voces con un acento de +terror. + +--¡Voto a tal! ¡aun cuando debiéramos cargar los cañones con grumetes, +se hará fuego contra los ingleses!--exclamó el maestro Durand subiendo +rápidamente al puente. + +Grano de Sal le siguió, no sabiendo si la intención que el doctor había +manifestado de emplearle como proyectil, era una broma o no. Pero, fiel +a su sistema de consolarse, se dijo: + +--Preferiría eso a ser colgado por los ingleses. + + + + +XII + +SIGUE EL COMBATE + +¡Silencio! todo ha terminado, todo +se lo ha tragado el abismo. La espuma +de los altos mástiles ha cubierto la cima. + +VÍCTOR HUGO, «_Navarin_». + + +--¡Y bien! ¡o vienen balas, o somos hundidos como perros!--gritó Kernok +al maestro Durand tan pronto como le vio aparecer sobre el puente. + +--¡No queda ni una!--dijo el doctor rechinando los dientes. + +--¡Que mil millones de rayos se lleven al brick! ¡y no tener nada, nada, +para recibir a los ingleses que van a abordarnos! ¡Mira! ¡voto a tal! +¡mira!... + +Y diciendo esto, Kernok empujó a Durand contra el empalletado, que caía +a pedazos. En efecto, aunque la corbeta estuviese horriblemente +averiada, se adelantaba viento en popa sobre el brick con un jirón de +vela de su mesana, mientras que _El Gavilán_, que había perdido todas +sus velas, no podía evitar el abordaje que el inglés quería intentar, y +que había de serle ventajoso porque eran más. + +--¡Ni una bala! ¡ni una bala! ¡San Nicolás! ¡Santa Bárbara, y todos los +santos del calendario, si no venís en mi auxilio--gritó Kernok en un +estado de espantosa exasperación--, juro hacer añicos vuestras +hornacinas del mismo modo que rompo este compás! ¡Y que un rayo me +pulverice si queda piedra sobre piedra de una sola de vuestras capillas +en toda la costa de Pempoul! + +Y el pirata, echando espumarajos por la boca, había arrojado contra el +suelo una brújula. + +Parece que los santos que Kernok implorara tan brutalmente, quisieron +portarse como corresponde a gente canonizada. Los hombres hubieran +castigado al temerario; los semidioses acudieron en su auxilio, +demostrando así que su creencia etérea era superior a nuestras +inteligencias estrechas y rencorosas. + +Así, apenas Kernok había terminado su singular y horrible invocación, +que, herido por una idea súbita, por una idea de las alturas, quizás, +exclamó rugiendo de alegría: + +--¡Las piastras!... ¡voto a tal! muchachos, ¡las piastras!... carguemos +nuestras piezas hasta la boca: esa metralla vale tanto como la otra. El +inglés quiere moneda; la tendrá, y bien caliente, tanto que, saliendo de +nuestros cañones, parecerán más bien lingotes de bronce que buenos +escudos de España... ¡Subid las piastras!... ¡las piastras! + +Esta idea electrizó a la tripulación. El maestro Durand se precipitó +hacia el pañol y bien pronto aparecieron tres barriles sobre el puente, +unos ciento cincuenta mil francos aproximadamente. + +--¡Hurra! ¡Muerte a los ingleses!--gritaron los diez y nueve piratas que +quedaban en estado de combatir, ennegrecidos por la pólvora y por el +humo, y desnudos hasta la cintura para maniobrar con más facilidad. + +Y una especie de alegría feroz y delirante los exaltó. + +--Esos perros de ingleses no podrán decir que somos avaros--exclamó +uno--; porque esa metralla les pagará con creces el cirujano que les +cura. + +--Ya se ve que combatimos con una dama. ¡Voto a tal! ¡cuánta galantería! +¡balas de plata!...--dijo otro. + +--Yo no pediría más que una carga como esa para divertirme en +Saint-Pol--añadió un tercero. + +Y efectivamente, echaban el dinero en los cañones a puñados, hasta +ahogarlos. De este modo pasaron cincuenta mil escudos. + +Apenas todas las piezas estuvieron cargadas, cuando la corbeta, que se +encontraba cerca del brick, maniobró de modo de meter su bauprés en los +obenques de _El Gavilán_; pero Kernok, por un movimiento hábil, evitó el +choque y luego se dejó derivar por el inglés. + +A dos tiros de pistola, la corbeta envió su última andanada, porque ella +también había agotado sus municiones; también se había batido bravamente +y también había hecho prodigio de valor durante las dos horas del +encarnizado combate. Desgraciadamente, el oleaje impidió a los ingleses +apuntar bien, y toda su andanada pasó por encima del corsario, sin +hacerle daño. + +Un marinero del brick hizo fuego antes de la orden. + +--¡Perro aturdido!--exclamó Kernok, y el pirata rodó a sus pies, abatido +de un hachazo. + +--Sobre todo--añadió--, no hagáis fuego hasta que estemos casi +tocándonos; en el momento en que los ingleses vayan a saltar sobre +nuestro puente, nuestros cañones les escupirán en el rostro, y ya veréis +cómo eso les molesta; ¡estad seguros! + +En aquel instante mismo, los dos navíos se abordaron. Los tripulantes +ingleses que quedaban estaban en los obenques y sobre los empalletados, +con el hacha a punto, el puñal entre los dientes, prestos a lanzarse de +un brinco sobre el puente del brick. + +Un gran silencio reinaba a bordo de _El Gavilán_. + +--_Away! goddam, away! lascars_--gritó el capitán inglés, hermoso joven +de veinticinco años que, habiendo perdido las dos piernas, se había +hecho meter en un barril de salvado, para contener la hemorragia y poder +mandar hasta el último momento--. _Away! goddam!_--repitió. + +--¡Fuego, ahora, fuego sobre el inglés!--aulló Kernok. + +Entonces todos los ingleses se lanzaron sobre el brick. + +Los doce cañones de estribor les vomitaron en la cara una granizada de +piastras, con un estruendo espantoso. + +--¡Hurra!--gritaron los piratas. + +Cuando el espeso humo se hubo disipado y se pudo apreciar el efecto de +aquella andanada, no se vio ya a ningún inglés, a ninguno... Todos +habían caído al mar o sobre el puente de la corbeta, todos estaban +muertos o espantosamente mutilados. A los gritos del combate sucedió un +silencio sombrío e imponente; y aquellos diez y ocho hombres, únicos +supervivientes, aislados en medio del Océano, rodeados de cadáveres, no +se miraban sin cierto espanto. + +El mismo Kernok fijaba los ojos con estupor en el tronco informe del +capitán inglés; porque la metralla se le había llevado un brazo. Sus +hermosos cabellos rubios estaban teñidos de sangre; no obstante, la +sonrisa aparecía en sus labios... Es que había muerto sin duda pensando +en ella, en ella que, bañada en lágrimas, vestiría largos hábitos de +luto al saber su glorioso fin. ¡Afortunado joven! Tenía quizá también a +su anciana madre para llorarle, para llorar al que había mecido en sus +brazos cuando niño. ¡Era quizás un porvenir brillante que se malograba, +un nombre ilustre que se extinguía en él! ¡Qué pesar debía producir su +muerte! ¡Cuánto debían llorarle! ¡Dichoso, tres veces dichoso joven! +¡qué no debía a la culebrina de Kernok! con una bala había hecho un +héroe llorado en los tres reinos. ¡Qué hermosa invención la de la +pólvora! + +Tal debía ser, poco más o menos, el resumen de las reflexiones de +Kernok, porque permaneció risueño y tranquilo a la vista de aquel +horrible espectáculo. + +Sus marineros, al contrario, se habían mirado largo rato con una especie +de extrañeza estúpida. Pero, pasado este primer movimiento, el natural +indiferente y brutal se adueñó otra vez de ellos, y todos, en un +impulso espontáneo, gritaron: + +--¡Hurra! ¡Viva _El Gavilán_ y el capitán Kernok! + +--¡Hurra! ¡muchachos!--dijo él--. Y bien, ya lo veis; _El Gavilán_ tiene +el pico duro; pero ahora hay que pensar en reparar las averías. Según mi +estima, debemos estar por el lado de las Azores. La brisa fresquea; +vamos, muchachos, limpiemos el puente. Y en cuanto a los heridos... en +cuanto a los heridos--repitió golpeando maquinalmente el empalletado con +su hacha--, les harás llevar a la corbeta, maestro Durand--dijo +bruscamente. + +--¿Para...?--preguntó éste con aire interrogativo. + +--Ya lo sabrás--respondió Kernok con aire sombrío, frunciendo sus +espesas cejas. + +El maestro Durand fue a cumplir las órdenes del capitán, murmurando: + +--¿Qué querrá hacer? Es raro... + +--¡Aquí, grumete!--gritó Kernok a Grano de Sal que estaba enjugando con +aire de tristeza el reloj que le había legado el maestro Zeli, porque +estaba cubierto de sangre. + +El marmitón levantó la cabeza; las lágrimas brillaban en sus ojos. +Avanzó hacia el terrible capitán, pero sin el menor temor. Una idea fija +le dominaba, y era el recuerdo de la muerte de Zeli, al cual era bien +adicto. + +--Vas a bajar a la cala y decir a mi mujer que puede venir a besarme: +¿oyes?--dijo Kernok. + +--Sí, capitán--respondió Grano de Sal; y una gruesa lágrima cayó sobre +el reloj. + +En el acto desapareció por la escotilla. + +Kernok subió con agilidad a las gavias y examinó el aparejo con la más +escrupulosa atención; las averías eran numerosas, pero no inquietantes, +y con la ayuda de los palos y de las vergas de recambio, comprendió que +podría continuar su ruta y llegar al puerto más inmediato. + +Grano de Sal volvió a subir al puente, pero solo. + +--¡Y bien!--dijo Kernok--; ¿dónde está mi mujer, animal? + +--Capitán, es que... + +--¿Qué es? ¿hablarás, perro? + +--Capitán... está en la cala... + +--Ya lo sé. ¿Por qué no ha subido, bribón? + +--¡Ah! ¡caramba! capitán... es que está muerta... + +--¡Muerta! ¡muerta!--dijo Kernok palideciendo; y por la primera vez su +rostro expresó el dolor y la angustia. + +--Sí, capitán, muerta, muerta por una bala que ha entrado por debajo de +la línea de flotación; y lo más raro es que el cuerpo de la señora ha +tapado justamente el agujero que el cañonazo había hecho, sin lo cual el +agua hubiese entrado y el brick se habría ido a pique. De todos modos, +la señora ha salvado a _El Gavilán_, y vale más eso que... + +Grano de Sal, que había bajado los ojos al comenzar su narración, no +pudiendo sostener la mirada chispeante de Kernok, se aventuró a levantar +la cabeza. + +Kernok ya no estaba allí; se había precipitado en la cala, y miraba, +con los ojos secos, los brazos cruzados, los puños convulsivamente +apretados; porque, según la relación del grumete, la cabeza y una parte +de la espalda de Melia, empotradas en el agujero producido por la bala, +habían impedido al proyectil ir más lejos. + +¡Pobre Melia! hasta la muerte había sido útil a su Kernok. + +El pirata permaneció solo unas dos horas, encerrado en la cala al lado +de los restos de Melia. Allí desahogó su dolor, porque cuando subió al +puente, su rostro estaba impasible y frío. Solamente, un poco antes de +su regreso, un grito doloroso se había oído y una masa informe había +desaparecido entre las aguas. Era el cadáver de Melia. + +Durante este tiempo, el maestro Durand había hecho conducir los heridos +a bordo de la corbeta inglesa. + +--Pero, ¿por qué no nos dejan a bordo del brick?--preguntaban con +insistencia al buen doctor. + +--Hijos míos, yo no sé nada; tal vez porque aquí son mejores los aires, +y en las heridas graves hay que cambiar de aires, ya se sabe. + +--Pero, maestro Durand, vea usted que se llevan para el brick todos los +palos y todas las vergas de recambio de la goleta. ¿Cómo vamos, pues, a +navegar? + +--Quizá por el vapor--respondió el señor Durand, que no podía resistir +el placer de hacer un chiste. + +--¡Cómo! Usted se va, maestro Durand, y vosotros también, camaradas. ¿Y +nosotros? ¿y nosotros?... ¡Maestro Durand!... ¡Maestro Durand! + +Así decían los heridos, bastante fuertes para gritar, pero no para +andar, viendo al señor Durand y a sus compañeros que se embarcaban en la +canoa. + +--Lo más probable es que no sea para hacernos tomar el aire para lo que +nos envían aquí--dijo un parisiense que tenía un brazo de menos y un +balazo en la columna vertebral. + +--¡Pues bien! ¿para qué nos han enviado aquí, parisiense?--preguntaron +muchas voces con inquietud. + +--¿Para qué?... con objeto de que reventemos aquí, mientras ellos se +reparten nuestra parte de presa. ¡Eso está muy mal hecho! Unicamente, si +hubieran tenido un poco de corazón, habrían hecho un agujero en la cala +para que nos hundiésemos... en lugar de dejarnos aquí para que nos +devoremos como fieras. Esto será por el estilo del _Colin_ que yo vi en +el Mont-Thabor, en casa del señor Franconi--aquí su voz comenzaba a +debilitarse--, porque acabo de oírles decir que ya no quedan víveres a +bordo de la corbeta, y a eso se debe principalmente el que nos hayan +dejado de lado. Sin embargo, es sensible morir cuando se es rico; porque +con mi parte de la presa, me hubiera divertido de lo lindo en París... +¡Dios! ¡la Cabaña!... ¡el Vauxhall!... ¡el Ambigú!... ¡y las señoritas! +¡Ah! sí, ¡es mortificante! porque ahora, en el tiempo de atar un gratel +ya estaré cocido... ya no tengo sensación en las piernas... Es por +vosotros por quienes lo siento... porque vosotros no sois muy tiernos, +corderos míos... Estaréis endiabladamente duros, y para comeros hará +falta una famosa salsa... + +Sus restantes palabras no pudieron entenderse, y cinco minutos después +estaba muerto. El parisiense había adivinado la verdad; es imposible dar +cuenta de las maldiciones de que Kernok y demás cofrades fueron objeto. +Un herido inglés, que conocía el francés, comunicó a sus compañeros el +destino que les esperaba. El barullo aumentó, y cada uno juraba y +blasfemaba en su lengua. ¡Vaya un barullo! un barullo capaz de despertar +a un canónigo. Pero todos aquellos desgraciados estaban demasiado +gravemente heridos para poder levantarse; y, además, carecían de +botes... + +Hubo muchos que, rodando, se dejaron ir hasta los empalletados, y de +allí se arrojaron al mar, preveyendo todo el horror de la suerte que +estaba destinada a sus compañeros. + +--Ya se han quedado allí--dijo el maestro Durand a Kernok cuando hubo +vuelto a bordo. + +--Bien--respondió Kernok--; la brisa sopla del Sud. Con esta mesana por +vela y los juanetes en lugar de las gavias, podemos continuar la ruta. +Orienta hacia el NNE. + +--¿Así--dijo el maestro Durand mostrando la corbeta que se balanceaba +desmantelada--, abandonamos a esos pobres diablos? + +--Sí--respondió Kernok. + +--Pues no deja de ser un procedimiento bien poco delicado. + +--¡Ah! es verdad... ¿Sabes los víveres que nos quedan a bordo, gracias +al festín que os he dado, salvajes? ¡Pues bien! no nos queda más que +una caja de galleta, tres toneladas de agua y una caja de ron; porque en +un día habéis echado a perder los víveres de tres meses. + +--Tanta culpa es de los de aquí, como de los que quedan allá. + +--Me... río; tenemos aún, quizá, ochocientas leguas que hacer y diez y +ocho hombres que mantener; además, éstos deben ser los primeros, porque +se hallan en estado de trabajar. + +--Los que deja usted en la corbeta van a reventar como perros o a +comerse los unos a los otros; porque mañana, pasado mañana... tendrán +hambre. + +--Me... río, ¡que revienten! Vale más que sean los que están medio +muertos que no nosotros, que aun tenemos mucho que hacer. + +Los marineros del brick oían esta conversación y comenzaron a murmurar: + +--No queremos abandonar a nuestros camaradas. + +Kernok paseó sobre ellos su mirada de águila, puso su hacha bajo el +brazo, se cruzó las manos a la espalda y dijo con voz imperiosa: + +--¿Eh? vosotros... ¿no queréis...? + +Se hizo un profundo silencio. + +--¡Sois unos animales bien singulares!--exclamó--. Sabed, pues, +canallas, que estamos a ochocientas millas de tierra; que hemos de +contar al menos con quince días de navegación, y que si guardamos los +heridos a bordo se beberán toda nuestra agua y nos harán tanto servicio +como los remos a un navío de tres puentes. + +--Eso es verdad--interrumpió el artillero-cirujano-calafate--, nada +bebe tanto como un herido; son lo mismo que los borrachos, siempre +tienen la boca seca. + +--Y cuando estemos sin agua y sin galleta, ¿será el señor Kernok el que +os dará lo que falte? Nos veremos obligados a comer nuestra carne y a +beber nuestra sangre, como tendrán que hacer ellos; ¡vaya un alimento +perro! Eso os tienta, ¿no es cierto, bergantes?... mientras que si +tratamos de arribar a Bayona o a Burdeos, podemos ver de nuevo Francia y +vivir como buenos burgueses con nuestra parte de presa, que no será +pequeña, puesto que también nos repartiremos la de esos...--añadió +Kernok designando a los heridos de la corbeta. + +Este argumento calmó victoriosamente los últimos escrúpulos de los +recalcitrantes. + +--En fin--terminó Kernok--, esto será así porque yo lo quiero; ¿está +claro? Y al primero que abra la boca se la cerraré yo; ya sabéis que +acostumbro cumplir lo que prometo. Conque, en marcha, muchachos. + +Los diez y ocho hombres que componían entonces la tripulación, +obedecieron en silencio y dirigieron una última mirada a sus compañeros, +a sus hermanos, que lanzaban gritos espantosos viendo al brick alejarse. +Después, como la brisa soplaba mucho, _El Gavilán_ se encontró bien +pronto lejos del lugar del combate. Pero al día siguiente se levantó una +horrible tempestad, enormes montañas de agua parecían a cada momento +querer tragarse al buque que, capeando el temporal, huía ante el tiempo. + +En fin, después de una penosa travesía, _El Gavilán_ recaló en Nantes, +donde reparó sus averías, y después, de acuerdo con los deseos de +Kernok, se hizo de nuevo a la mar para fondear una vez más en la bahía +de Pempoul. + +Allí se formó una comisión para verificar la legalidad de la presa. +Entonces Kernok juró, con todos sus juramentos, que en lo sucesivo iría +a desembarcar a Santo Tomás, ¡porque aquellos cormoranes de +administradores habían pescado en sus aguas! Estas fueron sus propias +expresiones. + + + + +XIII + +LOS DOS AMIGOS + +¿Un alma tan rara y ejemplar no +costaría más de matar que un alma +popular o inútil? + +MONTAIGNE, lib. II, c. XIII. + + +Es una excelente posada la del _Áncora de Oro_, en Plonezoch. Cerca de +la puerta se elevan dos hermosas encinas, verdes y frondosas, que dan +sombra a las mesas, siempre atractivas, de tan lustrosas que están; y +como el _Áncora de Oro_ está situada en la plaza mayor, no se encuentra +un golpe de vista más animado, sobre todo a la hora del mercado, durante +las hermosas mañanas de julio. + +Por eso dos honrados compañeros, dos apreciadores de aquella hermosa +localidad, habían echado raíces ante una de aquellas mesas tan lustrosas +y tan limpias; hablaban de esto y de lo de más allá, y la conversación +debía ser ya larga, porque buen número de botellas vacías formaban un +imponente y diáfano reducto alrededor de los interlocutores. + +El uno podía tener sesenta años, feo, moreno, grueso, con largas y +blancas patillas que hacían un raro contraste con su tez bronceada. +Llevaba un holgado frac azul grotescamente cortado, un ancho pantalón de +tela y un chaleco escarlata con botones de áncoras, y al que le +faltaban por lo menos seis pulgadas para llegar a la cintura; +finalmente, un inmenso cuello de camisa rígido y almidonado se levantaba +amenazador por encima de las orejas de este personaje. Además, anchas +hebillas de plata brillaban en sus zapatos, y un sombrero charolado, +impertinentemente ladeado, acababan de darle un aire coquetón y calavera +que contrastaba singularmente con su edad avanzada. Por lo demás, se +veía que iba vestido de etiqueta y que le incomodaban sus adornos. + +Su amigo, de un traje menos afectado, parecía mucho más joven. Una +chaqueta y un pantalón de tela componían todo su atavío, y una corbata +negra, negligentemente anudada, permitía ver un cuello nervioso que +soportaba un rostro risueño y abierto. + +--Se acerca San Saturnino--dijo golpeando ligeramente su pipa sobre la +mesa para hacer salir toda la ceniza--, se acerca San Saturnino, y hará +veinte años que _El Gavilán_--aquí llevó una mano a su gorra de lana de +cuadros azules y rojos--, que nuestro pobre brick fondeó por última vez +en la bahía de Pempoul al mando del difunto señor Kernok. + +Y suspiró sacudiendo la cabeza. + +--¡Cómo pasa el tiempo!--contestó el hombre del cuello alto echándose al +coleto un enorme vaso de aguardiente--; me parece que fue ayer: ¿no es +eso, Grano de Sal? Y si te llamo Grano de Sal entre nosotros, es porque +tú me lo has permitido, muchacho. Esto me recuerda los tiempos pasados. + +Y el viejo se echó a reír dulcemente. + +--¡Voto a tal! no se moleste usted, señor Durand; usted es uno de los +antiguos, un amigo del pobre señor Kernok. + +Y de nuevo levantó los ojos al cielo suspirando. + +--¡Qué quieres, muchacho! cuando llega la hora de desamarrar--dijo el +señor Durand sorbiendo, con un largo resoplido, una gota de aguardiente +que quedaba en el fondo de su vaso--, cuando el cable cede, el áncora se +va al fondo. Es lo que decía yo siempre a mis enfermos, a mis calafates, +o a mis artilleros, porque tú sabes... + +--Sí, sí, ya lo sé, maestro Durand--respondió prontamente Grano de Sal +que temblaba a la idea de oír al ex artillero-cirujano-calafate comenzar +de nuevo el relato de sus triples hazañas--; pero eso es más fuerte que +yo, y se me parte el corazón cuando pienso que aun no hace un año estaba +ese pobre señor Kernok allá abajo en su granja de Treheurel y que todas +las noches fumábamos una pipa con él. + +--Es verdad, Grano de Sal. ¡Dios de Dios! ¡qué hombre! ¡y le querían en +toda la comarca! Un desgraciado marinero le pedía algo, y lo obtenía al +instante. En fin, desde hace veinte años que se había retirado de los +negocios para vivir de sus rentas, todos se hacían lenguas de su +caridad. Y después, ¡qué respetable cara con sus largos cabellos blancos +y su frac marrón! ¡qué aire más bondadoso cuando llevaba a la espalda a +los hijos del viejo Cerisoët, el artillero, o les hacía barquitos de +corcho! Solamente yo le hacía siempre un reproche a ese pobre Kernok, +se había aficionado demasiado a la gente de sotana. + +--¡Ah! ¡porque era mayordomo de la parroquia! Y además, por pasar el +tiempo. Pero no podrá usted dejar de confesar que infundía respeto en su +banco de encina, con sus guantes blancos y su pechera, el día de la +fiesta de la parroquia de San Juan. + +--Yo prefería verle en el puente, con un hacha en la mano y su bocina en +la otra--respondió el ex artillero-cirujano-calafate llenando su vaso. + +--Pues, ¿y en la procesión, señor Durand? cuando presumía con su cirio, +que quería llevar siempre como una espada, a pesar de las lecciones del +monaguillo... Pero lo que desolaba sobre todo al señor cura es que el +capitán Kernok mascaba tanto, que durante la misa escupía sobre todo el +mundo. + +--Le desolaba... le desolaba... es por eso por lo que embruteció a mi +camarada para hacerle dejar al presbiterio veinte fanegas de sus mejores +prados. + +Aquí Grano de Sal alargó inverosímilmente el labio inferior guiñando los +ojos, miró al maestro Durand con el aire más picaresco, más malicioso, +más burlón que fuera posible imaginar, moviendo negativamente la cabeza. + +--¡Caray! ¡si lo sabré yo!--repitió el maestro Durand casi ofendido de +la pantomima del antiguo grumete. + +--Vamos, vamos, tranquilícese usted--repuso éste--, no es al cura a +quien ha hecho esta donación. + +Aquí una pausa, y la extrañeza del maestro Durand se manifestó por un +excesivo enarcamiento de sus cejas y por la absorción de un glorioso +vaso de vino. + +--Es--dijo Grano de Sal--, a la sobrina del cura, ¡eh! + +--¡Ah! el viejo farsante, el viejo farsante--murmuró el maestro Durand +lanzando una carcajada homérica--; ya no me extraña que fuese mayordomo +y que comulgase con tanta frecuencia. + +Y se entregó con Grano de Sal a unos arrebatos de alegría tan ruidosa; +que unos perros comenzaron a ladrarles. + +--Lo más mortificante es que--continuó Grano de Sal--toda la fortuna del +capitán Kernok vuelve al Gobierno. Como no había hecho testamento... + +--¿Cómo había de pensarlo? ¿Es que podía prever ese accidente? + +--Usted le vio después... después de la cosa... ¿no es cierto, señor +Durand? porque yo había ido a Saint-Pol. + +--Seguramente que le vi. Figúrate tú, muchacho, que vienen a decirme: +«Señor Durand, se siente olor de quemado en casa del señor Kernok; ¡pero +de una chamusquina más rara!» Eran las ocho de la mañana y nadie se +atrevía a entrar en su habitación; ¡son tan bestias! Me decido yo a +entrar, muchacho, y... ¡Ah! ¡Dios mío! échame de beber, porque me pongo +malo cada vez que lo recuerdo. + +Se repuso un poco después de un largo trago de aguardiente, y continuó: + +--Entro, y figúrate tú qué espectáculo: el cuerpo de mi pobre viejo +Kernok cubierto de una ancha llama azulada que le corría de la cabeza a +los pies, lo mismo que cuando arde un ponche. Yo me aproximé y le eché +agua; ¡bah! aún ardía más fuerte, porque estaba casi cocido. + +Grano de Sal palideció. + +--¡Esto te extraña, hijo mío! pues bien, yo se lo había predicho. + +--¡Usted!... + +--Sí. El bebía demasiado aguardiente, y yo le decía siempre: «Mi viejo +camarada, tú acabarás por una _concustion invantánea_--dijo el maestro +Durand con importancia, apoyando cada palabra e hinchando los carrillos. + +Quería decir una combustión instantánea, solución exacta y verdadera de +la muerte de Kernok, dada por un médico de Quimper, hombre muy +entendido, al que se había enviado a buscar un poco demasiado tarde. + +--¿Y eso no le hace temblar, señor Durand?--dijo Grano de Sal que veía +con pena al ex artillero-cirujano-calafate tomar la misma dirección que +su difunto capitán. + +--Yo, es diferente, muchacho; yo mezclo el aguardiente con vino, +mientras que él lo bebía puro. + +--¡Ah!...--respondió Grano de Sal poco convencido de la temperancia del +señor Durand. + +--¡Toma!--dijo éste--, ahí tienes uno que morirá en la piel de un +bandido, si es que no le desuellan vivo. + +Y señalaba a un hombre alto y delgado, con uniforme azul bordado, que +atravesaba la plaza. + +--¡Cuánto daría por estar a bordo con ese perro de Plick, él con los +brazos atados a una cuerda de obenques y la espalda desnuda... yo con un +buen rebenque en la mano! ¡Cuando pienso que por haber pasado por las +manos de ese miserable de comisario nuestra parte de presa ha disminuido +en nueve décimos; que en lugar de los sesenta mil francos con que vivo +desde hace veinte años podría tener un millón, y que a ese pobre Kernok +no le tocaron más que doscientos mil francos de las toneladas de plata +que recogimos a bordo del buque español! + +--¡Bah!--dijo Grano de Sal--, un poco más, un poco menos, es igual. Yo +estoy bien contento de haber abandonado el oficio con lo que tengo y de +haberme comprado un quechemarín para el cabotaje. Pero desde que no veo +al pobre señor Kernok, parece que me falta algo. + +--A propósito--dijo el señor Durand--, creo que se acerca la hora de la +misa que hacemos decir en San Juan a ese pobre viejo. + +Grano de Sal sacó un reloj lo menos de una pulgada de grueso. + +--Tiene usted razón, señor Durand, son las diez. + +Después, alargándole el reloj, atado con cuidado a una larga cadena de +acero reforzada con un cordón negro: + +--Vea, ¿lo reconoce usted?--dijo al maestro. + +--¡Si lo reconozco!... es el que el pobre Zeli me dio para que te lo +entregase el día del combate de _El Gavilán_ contra la corbeta. ¡Pobre +Zeli! Aun le veo, tendiéndome la mano y diciéndome: «¡Toma!... esto es +para Grano de Sal... Adiós... viejo... no te olvides». ¡Voto a +tal!--dijo el viejo emocionado--, esto me da más pena ahora, cada vez +que me acuerdo, que en el momento en que ocurrió. ¡Pobre Zeli! + +Y la cabeza del señor Durand cayó entre sus manos callosas y arrugadas. + +Grano de Sal parecía absorto en un doloroso recuerdo mirando su reloj. + +--Son cinco litros de vino y una botella de aguardiente--dijo el +posadero, con su gorra en la mano, e inquieto de la prolongada +permanencia de los dos marinos. + +--Lo que sobre para ti--dijo Grano de Sal arrojándole una moneda de oro. + +Y dando el brazo al viejo Durand, se encaminó con él hacia la capilla de +San Juan. + + + + +XIV + +LA MISA DE DIFUNTOS + +...Golpea los aires como el toque funesto +Que pide a los vivos las primas para los muertos +Cuando un frío ataúd es lo único que queda +De la que sonrió a nuestros primeros esfuerzos. + +S. DELAUNAY, «_Ob. inéditas_». + + +Figuraos una ensenada entre dos montañas, en la cual una multitud de +embarcaciones bretonas, de velas rojas y cuadradas, han abordado varando +sobre un hermoso fondo de arena de una blancura deslumbrante. + +En el fondo, el mar, cuyas ondas azules, después de haber prolongado los +contornos de la bahía, van a morir sobre frescas praderas cortadas por +setos de rosales silvestres y por oxiacantos floridos que esparcen a lo +lejos su perfume. + +Aquí y allá algunas encinas seculares sostienen un techo de rastrojos +cubierto de lindas matas azules y de clemátidas, que penden en largas +guirnaldas. + +Dan animación a este paisaje, aquí una cabra levantada sobre sus patas +traseras que parece suspendida de los verdes festones; allá una pequeña +carreta tirada por grandes bueyes, y el chirrido ronco y continuo de la +rueda y la canción salvaje del Dragoubras, y el aspecto ágil del +montañés de Arrés que monta en pelo a uno de esos caballitos negros, de +pelo rizado, de ojo brillante, de patas nerviosas, que franquean los +salientes de la costa con tanta ligereza como un camello. + +Después, en medio de aquella colina, cuya pendiente es casi insensible, +se ven los edificios consagrados a San Juan. Aquí la iglesia gótica, con +sus arcos y sus ojivas, sus altas y delgadas columnas, sus frontones +esculpidos como un encaje, contrasta singularmente con el pesado +campanario de plomo que eleva su techumbre gris y sombría por encima del +obscuro verdor de los abetos y alerces. + +Los toques redoblados de todas las campanas de la iglesia de San Juan, +anuncian la ceremonia de que hemos hablado, un servicio fúnebre por el +alma del difunto señor Nicolás-Bárbara-Kernok, propietario de Treheurel. +Porque toda la población de la comarca, donde el digno anciano era +adorado, había abandonado sus trabajos para ir a rendir un postrero +homenaje a su respetable bienhechor. + +Era necesario ver la multitud que se apretujaba bajo los pórticos de la +iglesia, las jóvenes con su corpiño escarlata bordado de azul y con sus +cofias, las viejas con sus capas que las tapaban por completo, los +hombres con sus birretes negros, de los que se escapaban largos cabellos +que caían hasta su ancho cinturón de cuero, del que pendía un largo +cuchillo. + +Todos esperaban que las puertas fuesen abiertas. + +Bien pronto llegaron Grano de Sal y el maestro Durand. A su vista todas +las cabezas se inclinaron; ellos respondieron con un saludo protector a +estas muestras de deferencia. + +Por fin, se abrió la puerta; y entre apreturas, empellones y codazos, +cada cual se colocó en su sitio. + +El sol enviaba alegremente sus dorados rayos a través de las vidrieras +de colores de la capilla, e iba a reflejar sus mil maticos sobre el +banco pulimentado y negro de encina, cargado de pesadas esculturas, +banco en el cual se sentaba Kernok en los días solemnes. ¡Ah! ¡y con qué +dignidad tranquila y majestuosa ostentaba en él su pechera y su frac +marrón! ¡con qué destreza ocultaba su chicote a la vista del cura! ¡con +qué aire de compunción cerraba los ojos, fingiendo rezar y recogerse, +cuando la plática del sacerdote le sumía en la más agradable +somnolencia! + +Y era preciso que el recuerdo de aquella figura venerable estuviese aún +bien presente en el pensamiento de Grano de Sal y del señor Durand, +porque permanecieron un buen rato inmóviles ante el banco. + +--Me parece estarle viendo aún--dijo el señor Durand. + +--Y a mí también--respondió Grano de Sal. + +Un rumor sordo anunció la llegada del señor Karadeuc, el párroco. + +Primero ofició y después subió al púlpito. + +Los fieles aprovecharon este momento para estornudar, sonarse, toser, +bostezar, suspirar, volverse de un lado y de otro... + +Después se hizo el silencio... ¡el más profundo silencio! + +El predicador avanzó hasta el borde del púlpito, apoyó en él sus manos +huesudas y velludas; sus ojos brillaban bajo sus espesas cejas rojas y +su boca esbozaba una singular sonrisa... después comenzó: + + * * * * * + +«Mis queridos hermanos, _apprehendi te ab extremis terræ et a longinquis +ejus vacari te; elegi te, et non abjeci te; ne timeas, quia ego tecum +sum_.» + + * * * * * + +Como el auditorio se componía de sencillos habitantes de la baja +Bretaña, este exordio hizo poco efecto. + + * * * * * + +«Sí, hermanos míos, lo que quiere decir: Te he tomado de la mano para +traerte de los lugares más alejados del mundo; te he llamado de los +puntos más distantes; te he elegido y no te he rechazado; no temas nada, +porque yo vengo a ti. + +»Porque, hermanos míos, estas palabras pueden aplicarse al virtuoso, al +digno, al respetable anciano que todos lloramos... en una palabra, a +Nicolás Kernok, antiguo negociante.» + + * * * * * + +Aquí el señor Durand dio un primer codazo a Grano de Sal, que, +apretándose la nariz con el pulgar y el índice, dejó escapar una especie +de mugido sordo, como una risa ahogada. + + * * * * * + +«¡Ay! hermanos míos--continuó el cura--, ese antiguo negociante, el +digno Kernok, era también un cordero alejado del redil. Ese cordero se +encontraba también en países lejanos... y la Providencia le tomó por la +mano.» + + * * * * * + +--¡Por la pata!--dijo el viejo Durand. + +--¡Mire que comparar al capitán a un cordero!--dijo Grano de Sal +poniéndose la gorra delante de la cara. + +Sin embargo, el predicador continuó: + + * * * * * + +«La Providencia le ha dicho también: _Elegi, non abjeci te_... te he +elegido y no te he rechazado, aunque tu vida haya sido agitada.» + + * * * * * + +--Llama _agitada_ a aquello--murmuró Durand dando un segundo codazo a +Grano de Sal que le respondió con la misma energía, es decir, con otro +codazo capaz de hundir dos costillas al artillero-cirujano-calafate. +¡Oh! los dos se comprendían. + + * * * * * + +«...Sí, hermanos míos, agitada. Pero después de haber navegado en un mar +proceloso, la popa de su esquife ha conseguido una orilla de paz y de +reposo.» + + * * * * * + +--¡La popa, la popa!--dijo Durand con aire despreciativo--; ¡la proa, la +proa, sacristán! + +El cura lanzó una mirada de indignación a Durand y repitió con +obstinación: + +«Pero la _popa_ de su esquife consigió por fin la orilla de paz y de +reposo, donde ese virtuoso, ese digno, ese respetable anciano hizo +brotar la flor de la caridad y de la religión.» + +¡Qué bestia es ese cura!--murmuró Grano de Sal. + +--Bestia como un arenque--contestó Durand encogiéndose de hombros. + + * * * * * + +«...Así, hermanos míos--continuó el predicador--, uníos a mí para dar +las gracias al Rey de los reyes por haber coronado al que todos lloramos +con una aureola de su eternidad.» + + * * * * * + +--Amén--respondieron los asistentes. + +--Oye, Grano de Sal: ¿ves tú al capitán Kernok tocado con una +aureola?--dijo el maestro Durand. + +Pero Grano de Sal ya no le escuchaba, porque el cura había descendido +del púlpito para dirigirse al cementerio donde reposaba Kernok; pronto +llegaron ante la tumba. + +El rostro de Grano de Sal se había vuelto severo y sombrío, tenía la +gorra entre sus manos, y Durand le apretaba el brazo mientras se +enjugaba los ojos. + +Entonces el cura dijo algunas oraciones, que fueron repetidas a coro por +los asistentes arrodillados, y luego todos se retiraron. + +Sólo quedaron Durand y Grano de Sal. + +Y el sol había desaparecido hacía ya rato detrás de las montañas de +Tregnier, mientras que los dos amigos aun continuaban sentados cerca de +la tumba de Kernok, mudos y pensativos, con la cabeza oculta entre las +manos. + + + + +EL GITANO + +Cara de ángel y corazón de demonio. + +LOPE DE VEGA. + + + + +CAPÍTULO I + +EL BARBERO DE SANTA MARÍA + +Un barbero di qualidad. + + +--Por el ojo de San Procopio, le juro, compadre, que el gitano piensa +desembarcar en Matagorda. Mi digna tía Isabel, volviendo de la isla de +León, ha visto todos los guardacostas dispuestos y me ha dicho que +habían apostado dos centinelas en el faro para vigilar las evoluciones +de la embarcación de ese condenado que se ve a lo lejos. + +--¡Por la silla de Santiago, compadre! el pescador Pablo, que ha llegado +de Conil, me ha repetido de nuevo que la tartana de rojas velas está +fondeada a medio tiro de cañón de la costa, y que todos los carabineros +están alerta... + +--Han abusado de su credulidad, señor don José. + +--Le han engañado, _señor rapabarbas_--respondió José saliendo con aire +burlón. + +Esta calificación de _señor rapabarbas_ hizo estremecer violentamente a +Flores, porque si él _rejuvenecía_ al público, era por no desmentir la +significación ¡ay! demasiado positiva de la bacía de cobre reluciente +que se balanceaba en un rincón obscuro de la puerta; pero también, en el +sitio más visible, aparecía un inmenso cuadro representando una mano +armada de lanceta que abría delicadamente las venas de un brazo colosal. +De modo que el observador comprendía fácilmente que el barbero ponía su +amor propio y su gloria en ejercer ciertas prácticas quirúrgicas, y que +era casi a su pesar si descendía a la innoble navaja, cuyos provechos +parecían, no obstante, bastante honrosos. + +El maestro Flores gozaba además de una consideración merecida; su +barbería, como lo son generalmente las barberías de España, era el lugar +de reunión de todos los chismosos, y particularmente de todos los +marinos retirados que habitaban en Santa María; y si las noticias que se +recogían en aquella fuente no estaban revestidas de un carácter bien +auténtico, no se puede negar que por lo menos estaban fabricadas a +conciencia; detalles, palabras históricas, retratos, circunstancias, +nada faltaba. Devoto, de un espíritu flexible y conciliador, el barbero +exhalaba beatitud por todos sus poros; siempre iba cuidadosamente +vestido de negro; sus cabellos grises y lisos se reunían detrás de sus +orejas, y dos anchos surcos rojos, reemplazando a las cejas, se +dibujaban encima de dos ojitos pardos, de una movilidad extraordinaria; +pero lo que más llamaba en él la atención eran sus manos, cuya piel +blanca y fresca y las uñas rosadas hubieran hecho honor a un canónigo de +Toledo. + +Ya hemos dicho que Flores se estremeció violentamente ante el +impertinente apóstrofe de José, y este movimiento súbito y colérico hizo +desgraciadamente desviar aquella mano ordinariamente tan firme y tan +segura; el acero rozó ligeramente el cuello de uno de sus parroquianos, +que se arrellanaba con complacencia en el gran sillón de nogal donde +iban sucesivamente a sentarse todos los marinos de la isla de León y de +Santa María. + +--¡Que el diablo le lleve!--dijo el paciente dando un brinco sobre su +asiento--. La plaza de verdugo está vacante en Córdoba, ¡por Cristo! +usted puede obtenerla, porque tiene excelentes disposiciones para abrir +la garganta a los cristianos. + +Y enjugó con la punta de su corbata la sangre que salía de su herida. + +--Tranquilícese--respondió Flores con importancia, consolado, casi +contento de su torpeza ante la idea de que podría poner en práctica sus +gloriosos conocimientos de cirugía--; tranquilícese, mi querido hijo, +porque sólo ha sido atacada la epidermis; no están interesados más que +los vasos capilares, y un emplasto de diaquilón, o de ungüento remediará +mi inadvertencia; y a decir verdad, esa pequeña evacuación sanguínea le +será muy saludable, porque usted me parece un individuo muy propenso a +la plétora; de modo, hijo mío, que en lugar de blasfemar, debería +usted... + +--Darle las gracias, ¿no es eso, maestro? Lo tendré presente, y a la +primera cuchillada que tenga la desgracia de dar, le diré al alcalde: +Señor, mi enemigo es un individuo propenso a la plétora y esto no es más +que una evacuación sanguínea. Tenga en cuenta, señor, que lo he hecho +por su bien. + +Aquí, los numerosos parroquianos que llenaban la tienda de Flores se +echaron a reír tan fuertemente, que el barbero se puso rojo de cólera. + +--¡Hijo de Satanás!--murmuró mientras aplicaba su benéfico bálsamo sobre +la herida sangrienta. + +--¡Me maldice usted, padrecito!--dijo el marino--; vaya, no se incomode; +se lo perdono todo, incluso la sangría, gracias a la buena noticia que +usted acaba de darnos... ¡Ah! ¡conque la tartana de ese maldito ha +fondeado cerca de Conil! ¡Por mi madre, daría con gusto los ocho años de +soldada que Fernando me debe por ver a ese condenado gitano con +grilletes en los pies y en las manos y arrodillado en la capilla +ardiente! ¡Cuántas veces, al querer darle caza con la escampavía he +renegado de mi patrón por las bordadas que nos hacía correr ese favorito +del infierno! ¡porque siempre se embarca cuando peor tiempo hace! Y +mientras que nuestra embarcación rodaba cubierta por el oleaje, la suya +parecía saltar y deslizarse por las olas... ¡Virgen del Carmen! +apostaría este par de alpargatas nuevas a que si el gitano tocase con el +dedo la pila del agua bendita, ésta se estremecería y herviría como si +hubiesen metido un hierro candente. + +--Puede ser--dijo Flores--; pero es lo cierto que mi noticia es +positiva. + +--Que el cielo le oiga--dijo uno--, y yo prometo a San Francisco hacer +dormir a mis criados sobre la piedra y no darles más que garbanzos +cocidos con agua por espacio de nueve días. + +--Que lo prendan, y yo prometo a la Virgen una hermosa mantilla y un +anillo. + +--Yo prometo a la Virgen del Pilar ir de aquí a Jerez con los pies +desnudos, un cirio de tres libras entre los dientes y las manos atadas a +la espalda, cuando vea a ese renegado en un calabozo esperando su +suplicio--dijo un tercero. + +--Y yo--exclamó un tratante en ganado--, me comprometo a dar dos de mis +mejores cabritos a los santos padres de San Juan, si me prometen que el +descreído será descuartizado y le echan plomo derretido en los ojos; +porque ¡por San Pedro! yo no quiero la muerte del pecador, pero ha de +haber una justicia. Si ese primo de Satanás se contentase con hacer el +contrabando, aunque esté condenado, se le podrían comprar sus mercancías +exorcizándolas; pero el maldito saquea las casas de campo de la costa, +roba nuestras hijas y comete profanaciones en nuestras capillas. Aun no +hace mucho se ha encontrado la imagen de San Ildefonso con una gorra de +marinero en la cabeza y una larga pipa en la boca. ¡Por los siete +Dolores de la Virgen! ¡semejantes abominaciones no anuncian nada bueno! + +--¡Y pensar--dijo el marino--que el señor gobernador de Cádiz no puede +disponer de una buena fragata para poner término a tales horrores y que +no tenemos para defendernos más que algunos guardacostas que huyen así +que divisan el bauprés de la tartana maldita! Armemos algunos faluchos +por cuenta nuestra, compadre, y ¡por Santiago! ya veremos si Satán le +protege y si está al abrigo del plomo. + +--Una cosa bien singular--dijo en voz baja el tratante en ganados--, es +que Pedrillo, mi cabrero, me ha asegurado haber visto un bote de la +embarcación del gitano abordar a lo largo de las rocas donde está +construido el convento de San Juan, y que... + +--¿Y qué?--dijeron todos a la vez. + +--Y que el condenado había entrado en el santo lugar. + +--¡Jesús! ¡Virgen santa! ¡qué horror!--dijo la multitud persignándose. + +--Pues eso no es nada aún: el condenado se ha atrevido a subir a la +torre del reloj, y mi cabrero lo ha visto perfectamente fumando su +cigarro maldito, y poco después... ¡le ha oído acompañarse una canción +blasfema con su guitarra maldita! + +--Pero, los dignos padres, ¿cómo han sufrido semejante +abominación?--preguntó Flores con aire contrito. + +--¡Ahí verá usted!--y el interlocutor entornó los ojos sonriendo +maliciosamente. + +A pesar de todo el peligro que había en hablar de cosas del clero, se +iba quizás a discutir gravemente sobre este asunto, cuando una voz +aguda y estridente dijo en tono burlón: + +--¡A menos que el condenado del gitano no sea el mismo Satanás! + +Todos los ojos se volvieron hacia un rincón obscuro de la barbería, +porque era allí donde se encontraba el desconocido que había pronunciado +tan singulares palabras. Cuando vio todas las miradas de la asamblea +fijas en él, se levantó, dejó caer su obscura capa, atravesó el largo +salón del establecimiento y fue a sentarse gravemente en el gran sillón, +que entonces esperaba un paciente. + +Su talla resultaba airosa, aunque inferior a la media, y su rico traje +andaluz le dejaba ver en toda su elegancia. Se desató el pañuelo rojo +que rodeaba su cabeza, escapándose un bosque de cabellos que casi +cubrieron su cara; sus grandes ojos brillaban con un dulce brillo. + +--Vamos, maestro--dijo a Flores, al mismo tiempo que se pasaba el índice +extendido por el mentón, imitando el movimiento de la navaja--; y por +mis pecados--añadió--, no me trate usted como al amigo de los botones de +áncora. Sobre todo, nada de evacuación sanguínea. + +El amigo de los botones de áncora iba a responder, cuando un rumor, al +principio lejano y en seguida más próximo, lo impidió; se distinguía una +voz de hombre tímida y suplicante, y una voz de mujer agria y regañona. + +--¡Grandísimo embustero, te voy a confundir!--dijo ella al entrar, con +las ropas en desorden y arrastrando a un jovencito de unos quince años. + +--¡Mi tía Isabel!--dijo Flores con la navaja levantada. + +--¡Y el pescador Pablo!--exclamaron los otros. + +--Señora--decía el niño--, le juro por el alma de mi padre que yo he +visto hace dos horas la tartana de las velas rojas fondeada cerca de +Conil. + +La señora Isabel hizo un gesto que hubiera tenido toda su significación +y toda su eficacia, sin el marino que se interpuso prudentemente entre +los dos campeones. + +--¡Aun ese maldito gitano!--dijo el joven del traje andaluz--. Señores, +he aquí una buena ocasión de probar lo que os decía hace un momento, es +decir, que ese condenado es Satanás en persona. + +Y se levantó gravemente. + +--Vamos, señora, estoy dispuesto a aclarar la cuestión, porque yo he +visto el buque de las velas rojas aun no hace dos horas. + +--Lo mismo que yo--respondieron a la vez Isabel y Pablo. + +--Un momento--dijo el desconocido--, ¿jura usted por el santo nombre de +Dios y por el mártir de la cruz decir la verdad? + +--Lo juramos. + +--Hable usted, pues, señora. + +--Pues bien, tan verdad como Santa Isabel, mi patrona, tiene su trono en +Córdoba (aquí se persignó), es que yo he visto, aun no hace dos horas, +el buque, y que Dios me quite la vida si yo miento. + +--Habla tú--dijo al pescador. + +--Que San Pablo me haga perecer la primera vez que salga al mar, si no +es verdad que hace dos horas he visto la tartana del condenado fondeada +a un tiro de fusil de Conil; y es tan verdad, señores, que he encontrado +cerca de Vejer un destacamento de aduaneros que se dirigían +apresuradamente a la costa, guiados por Blasillo, el hijo de Blas, que +había ido a prevenirle; yo no quiero contradecir a la señora Isabel, +¡pero que Dios me aplaste si miento! + +Había en las dos versiones tan diferentes[7] un tal acento de verdad y +de convicción, que los espectadores se miraban con extrañeza. El mismo +forastero sonreía con un aire de incredulidad. En cuanto a Flores, no se +daba cuenta de que, desde que el nuevo cliente se hallaba sentado en el +sillón, no había cesado de pasar el dorso de la navaja por el mentón de +aquel improvisado Salomón. + +--¡Hola! maestro--dijo el joven--, si continúa usted de ese modo, no +tengo que temer, ciertamente, ninguna evacuación sanguínea; y además, es +preciso que esté usted furiosamente preocupado para no haber visto en +seguida que no se trataba de afeitarme sino de arreglarme el pelo. + +--En efecto--dijo el barbero confundido--, en efecto; tiene usted la +barba tan lisa como una manzana; una mujer no la tendría más suave. + +--¡Una mujer!--repitieron Pablo y la señora Isabel. + +En el mismo instante, un niño pequeño se aproximó a la puerta y avanzó +su linda cabeza rubia, después la retiró, la volvió a avanzar como si +hubiese buscado a alguien, vio al desconocido y en dos saltos se plantó +en sus rodillas. + +Apenas le hubo hablado al oído, se levantó bruscamente, tomó su capa y +arrojó un escudo a Flores, diciendo con aire singular: + +--Forzosamente, señores, ese gitano tiene que ser Satanás en persona, +puesto que está en tres lugares a la vez; porque yo os juro ¡por +Cristo!--añadió persignándose--, que bordea desde hace dos horas a la +vista de Sanlúcar. + +Terminadas estas palabras, saltó ágilmente sobre su caballo, que +relinchaba a la puerta, puso al niño a la grupa, y desapareció +prontamente en un espeso torbellino de polvo que el galope de su caballo +hizo levantar en medio de la calle. + +Los parroquianos de Flores que se habían precipitado a la puerta para +seguir con la vista a aquel personaje, hicieron, al volver a entrar en +la tienda, las conjeturas más raras sobre la _triplicidad_ +verdaderamente _fenomenal_ del contrabandista gitano, conjeturas que +abandonaron sin agotarlas, como hubieran hecho en otra ocasión, para +hablar de la corrida de toros que debía celebrarse al día siguiente. + + + + +II + +LA CORRIDA DE TOROS + + Madrid, cuando tus toros brincan, +Hay manos blancas que aplauden +Y mantillas que se agitan. +. . . . . . . . . . . . + +A. DE MUSSET. + + +¡España! ¡España! ¡cuán puro y brillante es tu cielo! Santa María está +bañada en oleadas de luz; los mil balcones de sus blancas casas +centellean y arden, y los naranjos perfumados de la Alameda parecen +cubiertos de hojas de oro. A lo lejos, Cádiz, envuelta en un vapor +cálido y rojizo, que allá, sobre la arena resplandeciente de la playa, +las olas azules y transparentes iban a deshacer como un largo listón de +diamantes en espuma centelleante hecha de agua y de sol; después, en el +puerto, centenares de faluchos, de balandros, cuyas flámulas se +despliegan levantadas por una ligera brisa que circula silbando por +entre las cuerdas. El fresco olor de las algas marinas, el canto de los +marineros que despliegan las amplias velas grises aun húmedas por el +relente de la noche, el toque de las campanas de las iglesias, el +relincho de los caballos que saltan lanzándose hacia las verdes praderas +que se extienden detrás de la ciudad... todo, en fin, es música, +perfume y luz. + +Y el apresuramiento causado por el anuncio de una corrida de toros que +debía celebrarse el mismo día en Santa María, aumentaba aún el tumulto. +Casi toda la población de las ciudades y aldeas vecinas llena los +caminos. Allá, las calesas rojas, cubiertas de ricos dorados, vuelan +arrastradas por un caballo rápido, cuya cabeza está cargada de plumas +abigarradas y de cascabeles que resuenan a lo lejos; aquí, el pavimento +tiembla y gime bajo el peso de ocho mulas cuyos arneses resplandecen de +cifras y de escudos de armas de plata, y que arrastran un coche pesado y +macizo, rodeado de lacayos con las magníficas libreas de un grande de +España y precedido de picadores de trajes deslumbrantes. + +Más lejos, el portante ágil y jacarandoso del campesino andaluz. ¡Por +todos los santos de Aragón! ¡qué hermoso está con su amante a la grupa y +su airoso traje obscuro bordado en seda negra y encarnada! ¡Y esos +millares de botoncitos de oro que serpentean a lo largo del muslo y van +a detenerse por encima de sus polainas de piel de camello! ¡Con qué +vigor su pie se apoya en el amplio estribo morisco! Pero no se puede ver +su cara, porque está casi oculta entre los pliegues de la mantilla de su +andaluza. + +¡Por Santiago! ¡Vaya la linda pareja! ¡cómo le aprieta ella con sus dos +brazos, y con qué gracia las mangas verdes de su jubón se destacan sobre +el color sombrío de la chaqueta de su amante! ¡Qué fuego en esas pupilas +que centellean bajo unas espesas cejas negras! ¡vive Dios! ¡qué +miradas! ¡qué talle tan flexible!... ¡que la Virgen bendiga esa +complaciente basquiña con largas franjas de raso, que deja ver una +pantorrilla fina y redonda y un pie de niña!... ¡Tres veces bendita sea, +porque ha dejado ver un momento la liga azul, y su media de seda y el +pequeño puñal de Toscana que una verdadera andaluza no abandona jamás! + +¡Adelante! El brioso caballo galopa: sus crines negras trenzadas con +cintas encarnadas flotan sobre su cuello nervioso, y la espuma blanquea +su bocado y sus brillantes copas! ¡Adelante, muchacho! ¡que tu espuela +se hunda en el flanco de tu montura, porque tu morena de las largas +pestañas, trémula y asustada, te estrechará violentamente contra su +corazón y tú sentirás sus latidos! ¡y sus cabellos acariciarán tu frente +y su respiración abrasará tus mejillas! + +¡Por Santiago, adelante, joven pareja, y desapareced ante las miradas +envidiosas entre esa nube de polvo dorado! + +Pero ya estamos a las puertas de Santa María. Todo son apreturas y +gritos; gritos de dolor y de alegría confundidos; hombres, mujeres, +viejos, niños, están allí inmóviles, esperando con angustia el momento +de la corrida. Por fin, las barreras se abren, el pueblo se precipita y +las inmensas galerías que rodean la arena se llenan de espectadores +jadeantes de deseo y de impaciencia. + +--¡Plaza! ¡plaza al alcalde, a la Junta y al señor gobernador! + +Delante de ellos marchan los milicianos de la ciudad con sus largas +carabinas; después los guardias, que tocan sus clarines, y llevan los +pendones rojos y amarillos en los que se ven bordados los leones de +Castilla y la corona real. + +¡Plaza! ¡plaza a la monja! porque es la primera y la última fiesta a la +que la pobre joven asistirá. Hoy, aun pertenece al mundo, mañana ya +pertenecerá a Dios; por eso hoy está deslumbrante de pedrería, su ropa +brilla bajo las lentejuelas de plata, y cinco hileras de perlas rodean +su cuello de alabastro; también hay perlas sobre sus brazos blancos y +mórbidos, perlas y flores sobre sus bellos cabellos negros que sombrean +su pálida frente. ¡Ved, qué cosa más conmovedora! ¡con qué amor y +respeto mira a la superiora del convento de Santa María! Ni una mirada +para ese espectáculo brillante y ruidoso, ni una sonrisa para ese +murmullo de admiración que la sigue, para los homenajes que la rinde la +más alta nobleza de Sevilla y de Córdoba. Nada puede distraerla de sus +santos pensamientos. Huérfana, rica, se entrega a Dios, y en su +representación a la superiora de Santa María. Ese corazón puro e +ingenuo, teme al mundo sin conocerle, porque han querido hacerle ganar +el cielo sin combatir. Mañana, según la costumbre, esa espesa cabellera +caerá bajo las tijeras; mañana, el paño y el sayal reemplazarán a esos +brillantes tejidos; mañana quedará sometida a un juramento +inquebrantable; pero hoy, la costumbre quiere que asista a las vanidades +y a las alegrías engañadoras de un mundo que ella no conoce, como para +darle un eterno y último adiós. + +¡Plaza, pues! plaza a la monja que entra en su palco toda adornada y +cubierta de tela blanca sembrada de flores. + +¡Bravo! los clarines suenan, es la señal, y las puertas del toril se +abren; ¡un toro se precipita a la arena! Es un bravo toro salvaje nacido +en las selvas de Sanlúcar; es pardo de color; solamente una estrecha +faja blanca serpentea por su lomo. Sus cuernos son cortos, pero fuertes +y afilados; no hay acero que se le pueda comparar. Su cuello musculoso +soporta sin esfuerzo una cabeza enorme, y sus patas secas y nervudas no +flaquean bajo el peso de su pecho y de su grupa que son de una amplitud +extraordinaria. + +En cuanto a sus flancos, son huesudos, redondeados, y retiemblan bajo +los golpes reiterados de su larga cola, que, al herirlos, zumba como un +látigo. + +Cuando entró, hubo una formidable explosión de admiración, y los gritos +de _¡bravo, toro!_ resonaron por todas partes. El animal se detuvo en +seco, suspendió un momento los movimientos de su cola, y miró con +extrañeza a su alrededor... Después, a pasos lentos, dio la vuelta a la +barrera que separaba la arena de los espectadores, buscó una salida, y +no encontrándola, volvió al centro del ruedo, y allí comenzó a afilar +sus cuernos y a levantar con ellos torbellinos de arena. + +En aquel momento se presentó un chulillo. + +¡Que la Virgen te proteja, hijo mío! ¡y haga el Cielo que tu hermoso +traje de raso azul bordado de plata no se tiña de rojo, como la +banderola que haces flamear ante los ojos de ese compadre que muge y se +irrita! + +¡Bravo, chulillo, tu patrona vela por ti! porque apenas si has tenido +tiempo de saltar la barrera para escapar del toro, cuyos ojos comienzan +a brillar como carbones ardientes. + +Pero, paciencia, se ve venir al picador con su larga pica y montado +sobre un valiente alazán; un ancho sombrero gris lleno de cintas cubre +su cabeza, y lleva polainas y perneras para preservarse de los primeros +ataques. + +¡Bravo, toro! ¡toma carrera con la cabeza baja y te precipitas sobre el +picador!... Pero él te detiene en seco, hundiéndote su excelente hoja en +el lomo. Tu sangre salta, tu muges y tu furor redobla. ¡Como hay Dios! +¡será una hermosa corrida! + +¡Por Santiago! ¡qué brincos! ¡qué mugidos! ¡bravo, toro! el picador +rueda derribado; su valiente caballo tiene el flanco abierto; sus +entrañas salen entre torrentes de sangre. Da algunos pasos... cae... y +muere... ¡Bien, compadre de los cuernos agudos, bien! por eso oyes +resonar los pataleos y los gritos de una alegría frenética. Yo le digo +aún: ¡como hay Dios! ¡será una hermosa corrida! + +¡Pero, silencio! aquí están las banderillas de fuego, ¡oh! ¡oh!... +retrocedes hacia la barrera escarbando la tierra y lanzando aullidos +terribles. ¿Qué será, pues, hijo mío, cuando ese bravo chulillo ¡que la +Virgen proteja! te hunda en el pecho esas largas flechas adornadas de +flores y cubiertas de cohetes y petardos que se encienden como por +encantamiento? ¡Toma! ¿no lo decía yo?... ¡Por el alma de mi padre!... +¡el chulillo está destripado! ¡Jesús! ¡magnífica cornada! La culpa es +suya; no se ha apartado a tiempo. ¡Bravo, toro! ¡qué noble y magnífico +estás saltando en medio de esas llamas que estallan y se cruzan! Tu +sangre se mezcla al fuego; tu piel se estremece y cruje bajo los cohetes +que serpentean y forman guirnaldas cayendo en lluvia de oro; tu rabia ha +llegado al límite, y los espectadores han huido de la primera barrera, +temiendo que la franquees, ¡y no obstante, tiene seis varas de alta! + +¡Condenación! ¡el matador no llega! y sin embargo es la hora. ¿Podría +estar más a punto? Jamás; porque jamás la furia de ese compadre +alcanzará un grado más elevado, y yo apostaría mi buena escopeta contra +un fusil inglés a que él perecerá. ¡Santa Virgen! ¡cómo tarda! haced que +llegue pronto. + +Pero, ya está aquí, es él... es Pepe Ortiz. + +¡Viva Pepe! ¡viva Ortiz! + +¡Ah!... saluda al señor gobernador, a la junta y a la monja... Se ha +quitado el sombrero y ahora se pone su redecilla roja. ¡Bueno! Después +apoya contra el suelo su ancha espada de dos filos... ¡Jesús! ¡Cuánto +oro en su traje color de naranja! ¡estoy deslumbrado! ¡oro por todas +partes!... oro hasta en sus medias y en sus zapatos... En fin, ya está +en la arena... + +--Mata al toro por mí, amor mío--le grita una andaluza de tez morena y +de dientes de esmalte--. ¡Por Cristo! ¡no sonrías así a tu amante!... +¡Huye, José, huye, que el toro se te echa encima!... + +Pero él lo espera a pie firme, con la espada entre los dientes; le +agarra uno de los cuernos y salta ágilmente por encima de él. ¡Bravo, mi +digno matador, bravo! recoge la flor de almendro que tu amada te ha +echado mientras juntaba las manos para aplaudirte. + +¡Pero he aquí que el toro se revuelve! ¡Virgen del Carmen! ¡mala señal! +Se detiene, ya no muge; sus piernas tendidas, los ojos sangrientos y la +cola enroscada. Encomienda tu alma a Dios, José, porque la barrera está +lejos y el toro cerca... Adelante, demonio... ¡adelante la afilada, +espada!... ¡Demasiado tarde! la espada se ha roto en pedazos, y José, +atravesado por un cuerno del toro, ha quedado clavado en la balaustrada. +Ya decía yo bien. ¡Como hay Dios! ¡será una hermosa corrida! + +Entonces fueron los aullidos de alegría, los gritos de admiración +convulsiva, gritos que hubieran resucitado a un muerto. + +--¡Bravo, toro! ¡bravo!--gritaron todas las voces de la multitud... +¿Todas?... no, una sola faltó, la de la joven de la flor de almendro. + +Desde hacía mucho tiempo, no se había visto semejante fiesta; el toro, +aún excitado por su triunfo, daba saltos espantosos, se encarnizaba +contra los restos sangrientos del matador y del chulillo, y los jirones +de aquellos desgraciados caían sobre los espectadores. Se estaba, pues, +en una cruel incertidumbre sobre la suerte de la corrida, porque el fin +de Pepe Ortiz había singularmente enfriado el celo de sus colegas, +cuando un incidente extraño, inaudito, dejó a la multitud estupefacta y +silenciosa. + + + + +III + +EL GITANO + +¡Cómo hacen estremecer sus miradas +ardientes!... ¡qué hermoso es! + +DELFINA GAY, «_Magdeleine_», cap. V. + + +Ya sabéis que el circo de Santa María está construido a orillas del mar +y que a él sólo dan acceso dos puertas. ¡Pues, bien! De pronto se abrió +la barrera que daba frente al palco del gobernador y se presentó un +caballero. + +No era un chulillo, porque no agitaba en el aire el ligero velo de seda +roja, y su mano no blandía ni la larga lanza del picador, ni la espada +de dos filos del matador; no llevaba tampoco ni el sombrero adornado de +cintas, ni la redecilla, ni el traje bordado de plata. Vestido +completamente de negro, a la moda de los acróbatas, llevaba polainas de +gamo que caían en numerosos pliegues sobre su pierna, y una gorra de +marinero sobre la que flotaba una pluma blanca; montaba con una destreza +y una elegancia poco comunes, un pequeño caballo blanco enjaezado a la +morisca, lleno de vigor y de fuego; en fin, largas pistolas ricamente +damasquinadas pendían de los arzones de su silla, y él no llevaba más +que uno de esos sables cortos y estrechos que usan los marinos de +guerra. + +Apenas había aparecido, el toro se retiró al otro extremo de la arena +para aprestarse a combatir al nuevo adversario. Gracias a esto, el +hombre negro tuvo tiempo de hacer ejecutar algunas cabriolas a su +caballo y de apostarse al pie del palco de la mujer. ¡¡¡Y tuvo el +atrevimiento de mirar fijamente a aquella prometida del Señor!!! + +El rostro de la pobre joven se volvió rojo como la flor del granado, y +ocultó su cabeza en el seno de la superiora, indignada de la temeridad +del desconocido. + +--¡_Ave María_... qué atrevimiento!--dijeron las mujeres. + +--¡Por la Virgen! ¿de dónde sale ese demonio?--se preguntaban los +hombres, estupefactos de tanta audacia. + +De repente, resonó un grito general, porque el toro tomaba impulso para +lanzarse sobre el caballero de la pluma blanca, que se volvió, saludó a +la monja y la dijo sonriendo: + +--Por usted, señora, y en honor de esos hermosos ojos azules como el +cielo. + +Apenas acabó estas palabras, el toro embistió... El jinete, con una +prontitud maravillosamente servida por la agilidad de su caballo, dio un +bote y se encontró a diez pasos del toro, que le perseguía +encarnizadamente. Pero, gracias a su velocidad, el caballo se le +adelantaba siempre y tomó bastante ventaja sobre él para que su dueño +pudiera detenerse un momento ante el palco de la monja, y decirle: + +--Por usted también, señora; pero esta vez en honor de esa boca +encarnada, purpurina como el coral. + +El toro llegó con furia; el hombre de la pluma blanca, arrancó una +pistola del arzón, apuntó y disparó con tanta habilidad, que el toro +cayó mugiendo a los pies de su caballo. Viendo el peligro inminente que +corría aquel hombre singular, la monja había lanzado un grito penetrante +y se había precipitado sobre la balaustrada de su palco, apoyando en +ella las dos manos; él se apoderó de una, imprimió sobre ella un beso +ardiente, y continuó dirigiéndola una mirada terrible y fija. + +Había en aquella escena extraña tantos motivos de asombro para los +españoles, que permanecían como petrificados. Aquel traje singular, +aquel toro muerto, contra la costumbre, de un pistoletazo; aquel hombre +que besaba la mano de una semisanta, de una prometida de Cristo, todo +aquello contrastaba tanto con las enseñanzas recibidas, que la junta, el +alcalde, el gobernador, se quedaron boquiabiertos, mientras que el que +tan vivamente excitaba la curiosidad general, continuaba con los ojos +inflamados y fijos sobre la monja, que, trémula y confusa, no tenía +fuerzas para salir del palco. Era en vano que la superiora tratase de +anonadarle con toda suerte de epítetos como: ¡impío, condenado, +miserable, renegado! En vano le gritaba con el acento de la más santa +indignación: «¡Tema la cólera del Cielo y de los hombres, usted que ha +osado hacer oír palabras mundanas a unos oídos castos, usted que no ha +temblado al tocar la mano de una esposa de Dios! + +El miserable miraba siempre a la monja, repitiendo con admiración: «¡Qué +hermosa es! ¡qué hermosa es!» + +Por fin, la voz chillona del alcalde vino a sacarle de su éxtasis, tanto +más fácilmente cuanto que la monja había abandonado el palco apoyada del +brazo de la superiora, y que dos alguaciles habían sujetado la brida de +su caballo, a lo que él no opuso resistencia alguna. + +--Por quinta vez, usted, cualquiera quien sea, responda--decía el +alcalde--. ¿Con qué derecho ha matado usted de un pistoletazo un toro +destinado a divertir al público? ¿Con qué derecho ha dirigido usted la +palabra a una joven que mañana debe pronunciar sus votos santos e +irrevocables? En una palabra, ¿quién es usted? + +Y el munícipe volvió a su asiento, enjugándose la frente, miró al +gobernador con aire satisfecho y dijo a los dos alguaciles: + +--Tenedle bien por la brida. + +--¿Que quién soy?--dijo el extraño caballero levantando altivamente la +cabeza, que hasta entonces no se había podido distinguir bien. + +Y viéronse sus facciones de una regularidad perfecta; sus ojos eran +atrevidos y penetrantes, un bigote negro y brillante sombreaba sus +labios encarnados, y su poblada barba, que se dibujaba en dos arcos a lo +largo de las mejillas, iba a detenerse en un mentón con un hoyuelo. Su +color era pálido y mate. + +--¿Que quién soy?--repitió con una voz llena y sonora--, va usted a +saberlo, digno alcalde. + +Y apoyó vigorosamente sus espuelas en los flancos del caballo que dio +una violenta sacudida. Entonces el animal se enderezó bruscamente y dio +un salto tan prodigioso, que los dos alguaciles rodaron por el suelo... + +--¿Que quién soy?... ¡soy el gitano, el bohemio, el maldito, el +condenado, si usted lo prefiere, digno alcalde! + +Y en dos saltos franqueó la puerta y la barrera, ganó la playa que +estaba próxima y pudo verse cómo se arrojaba al mar con su caballo... + +Entonces ocurrió un suceso bastante raro. El nombre del gitano hizo un +efecto tal, que todos los espectadores quisieron salir a la vez y se +precipitaron hacia los vomitorios demasiado estrechos para dar paso a +aquella masa de hombres que se agrupaban en la misma dirección. Por esta +causa, las vigas de la plaza se resquebrajaron y crujieron, no pudiendo +soportar una sacudida tan violenta y toda una parte del anfiteatro se +hundió bajo los pies de los espectadores. El tumulto y el espanto +llegaron a su límite, una multitud de personas estaban amontonadas las +unas sobre las otras, y sobre todo aquellas que soportaban un peso tan +enorme, lanzaban gritos lamentables y se encomendaban al santo de su +nombre. + +--¡Es ese maldito, ese condenado--decían--, que ha atraído la cólera del +Cielo osando profanar a la prometida de Cristo! su presencia es un +azote... ¡Anatema, anatema sobre él! + +Y luego venían unas maldiciones capaces de hacer estremecer a nuestro +santo padre. + +En vano el alcalde y el gobernador que habían escapado al desastre, +trataban de restablecer el orden: ni siquiera podían conseguir hacerse +oír, ya que eran algunos millares de seres magullados o aplastados los +que aullaban a la vez. Las autoridades estaban ya invocando a los +últimos santos del calendario, cuando aquel inmenso montón de hombres se +disipó como por encanto. De pronto todos se encontraron de pie, pero en +muchos, los acentos de un verdadero dolor habían reemplazado a los +gritos de temor o de sorpresa. + +He aquí por qué: + +El desgraciado barbero Flores, situado en la parte más baja del circo, +se encontró entre el número de los que soportaban todo el peso de la +multitud. Después de haber hecho con sus compañeros de infortunio +increíbles esfuerzos para escapar a la presión, y viendo que las sanas y +buenas razones no podían nada sobre la indolencia de los compadres de +las capas superiores, sin pensar que con ello aumentaban el malestar de +los de abajo, el barbero Flores magullado, aplastado, articuló con pena +a algunos desgraciados que gemían como él. + +--Compadres, estoy convencido de que jugando el cuchillo por encima de +nosotros, a derecha e izquierda, conseguiremos despertar la sensibilidad +y la piedad de nuestros opresores, gracias a algunos rasguños que yo +después me encargaré de curar, sea con diaquilón, el ungüento, o la... + +Aquí se detuvo para tomar aliento, porque su desgraciado destino le +había hecho caer inmediatamente bajo el cuerpo de dos frailes y de un +carnicero. + +--O la balsamina--continuó respirando apenas--. Así, pues, padres míos, +absolvedme por anticipado, porque es por la salvación de todos, sobre +todo por los de abajo; y van ustedes a ver, mis reverendos, cómo la +punta de un cuchillo persuade mejor que las más elocuentes palabras. + +--_Ave María_, que Dios nos guarde--respondieron los dos frailes que +oprimían al barbero con toda su rotundidad monacal y que comprendieron, +por sus movimientos bruscos y agitados que aquél buscaba su cuchillo--. +En nombre del Cielo, ¡no haga usted eso, hijo mío! ¿No comprende que +sería un homicidio? + +--Pero, padres míos, los homicidas son ustedes... ¿no comprenden que me +están ahogando? + +--¡Por Cristo! A nosotros también nos ahogan. + +--Es por ustedes, pues, por quien voy a trabajar. Pónganse de lado, +padres míos, las heridas son así menos peligrosas, porque no se +encuentran más que las falsas costillas. En fin, yo la tengo--dijo +abriendo con dificultad su navaja. + +--¿Están dispuestos, compadre? + +--¡Jesús! no lo estamos. + +--¡Es igual, que Dios nos ayude! + +Y se puso a herir de la manera que pudo por encima de su cabeza. Los que +recibieron esta caritativa advertencia no encontraron nada más eficaz +para hacerla cesar que imitarla, y este medio incisivo, propagándose de +abajo arriba, con rapidez, tuvo bien pronto el resultado más +satisfactorio, salvo los rasguños que Flores se encargó de cicatrizar y +cicatrizó probablemente con su habilidad acostumbrada. + +Rehechos todos de esta violenta emoción, el primer grito fue el de +preguntar dónde estaba el maldito, y correr a la orilla. Una tartana, +con las velas rojas, empavesada como en un día de fiesta, se balanceaba +a lo lejos... Era él, no podía dudarse--. ¡Al puerto! ¡al puerto!--y se +precipitaron hacia el embarcadero para volar en su persecución. + +¡Pero allá, gran Dios, qué espectáculo! El pueblo español es talmente +ávido de corridas de toros, que ni un hombre, ni una mujer, ni un niño +habían quedado en la población; todos estaban en la plaza, los marinos +mismos habían abandonado sus embarcaciones, y cuando llegaron +apresuradamente, se encontraron todas las amarras cortadas y vieron a lo +lejos faluchos y balandros que el mar se había llevado al retirarse. + +Entonces cayó un nuevo aluvión de maldiciones sobre el gitano, y todo el +pueblo, en un movimiento espontáneo, se dejó caer de rodillas para pedir +a Dios que hiciera hundir aquella tartana, que parecía burlarse de la +llorosa multitud desplegando sus brillantes paveses de mil colores. + +De pronto, el cielo pareció escuchar aquella demanda, ciertamente justa, +porque dos velas aparecieron a lo lejos; las dos cortaban el viento +corriendo la una cerca de la otra, de modo que la embarcación del gitano +debía encontrarse encerrada entre las dos o bien arrojarse a la costa; +¡y cuál no fue la alegría pública cuando reconocieron a dos escampavías +del Gobierno que izaron el pabellón español, asegurándole con un +cañonazo! + +Entonces la tartana cambió rápidamente sus amuras, viró en redondo con +una preteza prodigiosa, pasó por entre las dos escampavías y fue a parar +fuera del alcance de sus perseguidores. Aunque la maniobra sabia y +prestigiosa de la tartana hubiera derrotado los planes de campaña y la +táctica de los espectadores de Santa María, ellos contaban siempre con +la velocidad y el número de sus atacantes para ver a su enemigo +aprehendido y arrastrado a remolque. Pero la tartana, teniendo sobre las +dos escampavías una ventaja de marcha positiva, desapareció bien pronto +detrás de la punta de la torre que avanzaba mucho sobre el mar; y no fue +hasta después de un cuarto de hora de navegación que los guardacostas +que navegaban en las mismas aguas, desaparecieron también a los ojos de +la multitud, ocultos por el promontorio. + +Y todo Santa María temblaba de impaciencia y de deseo por conocer el +resultado del combate que iba a librarse detrás de la montaña. + + + + +IV + +LAS DOS TARTANAS + +Zarpa el balandro que se balancea +sobre las olas, y brilla en el +azul de los mares como una centella. + +VÍCTOR HUGO, «_Navarin_». + + +--¡Adelante, mi fiel _Iscar_! ¡ya lo ves, el mar está azul y el oleaje +viene a acariciar dulcemente tu ancho pecho, blanqueado por la espuma! +¡Adelante! ¡tú hundes en el agua límpida tus narices que se abren +temblorosas! y tu larga crin se cubre de perlas brillantes como gotas de +rocío. ¡Adelante! mueve aún tus corvas vigorosas que hienden las olas. +Valor, mi fiel _Iscar_, valor, porque ¡ay! los tiempos han cambiado. +¡Cuántas veces, sobre la fresca verdura del prado de Sevilla o de +Córdoba, tú alcanzabas y dejabas atrás las brillantes calesas que +arrastraban a las hermosas granadinas, morenas y rientes, con su +redecilla de púrpura que volaba al viento y su rica mantilla prendida +con broches tornasolados! ¡Cuántas veces tú has relinchado de +impaciencia cerca de la estrecha ventana cerrada por una cortina de +seda, detrás de la cual suspiraba mi Zetta! ¡Cuántas veces tú has +relinchado mientras que nuestros labios se buscaban y se oprimían +ardientes, aunque separados por el tejido celoso! Pero entonces yo era +rico; entonces el pabellón de guerra de las anchas franjas y del león +real, se izaba en el palo mayor cuando yo subía a bordo de mi fragata; +entonces la inquisición no había puesto aún precio a mi cabeza... +¡entonces, no me llamaban el condenado! y más de una vez la mujer de +algún grande de España me sonreía tiernamente cuando, en una bella tarde +de estío, yo acompañaba con mi _guzla_ su voz pura y sonora. ¡Vamos, +valor, mi fiel _Iscar_, porque el pasado está lejos! Pero tú me has +entendido, porque tus orejas se levantan y tus relinchos redoblan. +¡Valor, he ahí mi tartana! he ahí mi enamorada que se balancea sobre las +olas como una gaviota se deja mecer en su nido por una onda +transparente. Pero, ¿no oyes, como yo, pitos confusos y alejados, un +rumor que viene a extinguirse en nuestros oídos? ¡Por el disco de oro +del sol! ¡es esa innoble multitud de Santa María a quien mi nombre ha +aterrado! Por lo menos he visto a esa monja por segunda vez. ¡Qué +hermosa es! ¡y mañana enterrada para siempre en el convento de Santa +María! ¡Qué crimen!... ¡y no se la robaré a Dios! + +Apenas el gitano pronunció estas palabras, cuando de la tartana cayó al +agua una especie de puente flotante, e inclinado, que estaba amarrado a +la borda del buque por largos brazos de hierro. El caballo apoyó +fuertemente sus patas delanteras sobre la extremidad de la plancha y de +un vigoroso salto ganó el combés que se elevaba muy poco por encima del +mar. + +En el interior de aquella embarcación se notaba un esmero y una limpieza +raros, y no se veía nadie a bordo, a excepción de un fraile, grueso y +rechoncho, que llevaba un hábito azul y una cuerda ceñida a la cintura; +pero el reverendo parecía presa de la mayor inquietud y angustia; armado +de un enorme anteojo, lo paseaba incesantemente sobre el espacio que +separa Santa María de la isla de León, lanzando a intervalos +exclamaciones, lamentos e invocaciones que hubieran enternecido a un +corregidor. + +Pero cuando hubo visto al gitano su rostro adquirió un aire que +inspiraba verdadera piedad; su frente baja y rasurada, coronada de una +línea de cabellos de un rubio pálido que parecían erizarse de furor. +Movía a un lado y a otro sus hoscos ojos, y un temblor convulsivo +agitaba sus labios y su triple barba. Por fin, habiendo hecho +evidentemente todos los esfuerzos para articular una palabra y no +habiéndolo podido conseguir, agarró al gitano por un brazo, y con el +extremo de su anteojo, que temblaba en su mano de un modo espantoso, le +designó un punto blanco que se advertía a la entrada del golfo. + +--¡Y bien! ¿qué es eso?--preguntó el réprobo. + +--¡Es... es... el... el... el guardacostas!--balbuceó el fraile con una +pena extrema. + +Y se oían rechinar sus dientes. Y miraba, con los brazos cruzados sobre +su pecho jadeante. + +El gitano se encogió de hombros, fue a sentarse sobre un empalletado y +se volvió hacia Santa María repitiendo: + +--¡Qué hermosa estaba! + +El anteojo cayó de las manos del fraile; se golpeó la frente, tuvo un +momento de recogimiento, se secó el rostro inundado de sudor, hizo un +esfuerzo sobre sí mismo como para tomar una resolución atrevida, y +dirigiéndose al comandante de la tartana, que parecía aún absorto en su +amoroso ensueño, exclamó: + +--¡Réprobo... renegado... condenado... apóstata, excomulgado... hijo de +Satanás... brazo derecho de Belcebú!... + +--¿Qué pasa?--dijo el gitano a quien este insultante exordio había +sacado de su éxtasis. + +--¡Pues bien! ¡tres veces maldito! yo te conjuro en nombre del superior +del convento de San Francisco que es mi dueño y el tuyo... + +--El mío, no, fraile. + +--Mi dueño y el tuyo--continuó--; te conjuro a desplegar las velas y a +tomar el portante. Ese guardacostas se aproxima y nosotros deberíamos +estar ya a la vista de Tarifa, si el infierno no te hubiera sugerido el +loco pensamiento de ir a esa maldita corrida de toros y dejarme solo, a +mí, que no entiendo nada de vuestras malditas maniobras. Y si te +hubieran preso, ¡ahora que tu cabeza está a precio! + +--No les temo. + +--No se trata de ti, por Cristo, sino más bien de mí. Si tú hubieses +sido detenido en tierra, ¿qué habría hecho yo aquí? + +--¡Qué quiere usted! las distracciones son tan raras en nuestro +estado... la idea de ver esa fiesta me ha sonreído, ¡y sin duda me ha +guiado mi buen ángel, padre mío! + +--¡No me llames tu padre, condenado! El que tú llamas tu buen ángel, +¡por San Juan! tiene el pie torcido. + +--Como usted quiera, no insisto en ello... En cuanto a su invitación, +hago tanto caso de ella como esto...--Y golpeó con su varilla sus botas +que chorreaban agua--. Sepa usted que esperaré no sólo ese guardacostas, +sino otro que debe llegar del Este. + +--¡Les esperarás! ¡virgen santa! ¡les esperarás! ¡Oh San Francisco, +rogad por mí! + +Y después de un momento de silencio, gritó con todas sus fuerzas: + +--¡Arriba todo el mundo, arriba, hermano mío! En nombre del superior de +San Francisco, yo os orde... + +--¡Acabemos, fraile!--dijo el condenado; y le puso una mano sobre la +boca, y con la otra oprimió tan violentamente el brazo del tonsurado, +que el desgraciado comprendió toda la significación del gesto y se +arrojó sobre el puente del navío con la expresión de ese terror mudo que +nos anonada cuando tenemos la convicción íntima de no poder escapar a un +peligro inminente. + +El gitano sonrió compasivamente; después miró fijamente en dirección a +la bahía de Cádiz. + +--¡Por las rocas de la Carniola! ¡tardas bastante tú también!--exclamó +viendo la segunda escampavía destacarse del horizonte y avanzar con +rapidez--. Llegan aquí como dos sabuesos que atacan a una corza en un +zarzal; pero los sabuesos son pesados y torpes mientras que la corza es +astuta y ligera. ¡Por sus ojos azules! la caza va a comenzar, porque se +oyen los cuernos. + +Era una de las escampavías que había disparado un cañonazo. A este +ruido inesperado, el desgraciado fraile dio un salto convulsivo, levantó +instintivamente la cabeza por la borda, y, viendo las dos escampavías, +la bajó rápidamente y se precipitó en el sollado haciendo repetidas +veces la señal de la cruz. + +El gitano se aproximó silenciosamente a la brújula, comparó su dirección +con la del viento, calculó las probabilidades de la brisa, reflexionó un +instante... después tomó un silbato de oro suspendido de su cintura, se +lo llevó tres veces a la boca, y de un salto se plantó en el +empalletado. + +A esta señal, diez y ocho negros subieron silenciosamente al puente. +Apenas se había oído un segundo toque de silbato, cuando la tartana +había aparejado y desplegado su antena, su bauprés y su trinquete y el +condenado manejaba la barra del timonel. Las dos escampavías se iban +aproximando, una por cada lado, y no estaban a un tiro de cañón de la +tartana, cuando ésta viró en redondo, pasó intrépidamente por entre sus +enemigos, al mismo tiempo que les enviaba una andanada, y se precipitó +en dirección a la punta de la Torre. Esta increíble maniobra no podía +intentarse más que con un navío tan velero y de una marcha tan segura; +porque antes que las dos escampavías se hubiesen colocado de popa al +viento, el gitano bordeaba ya el promontorio, que le ocultaba a los ojos +de los españoles, ocupados aún en orientarse. Es en este lugar donde los +habitantes de Santa María le perdieron de vista. + +A un tiro de fusil de la base de este promontorio se elevaba una cadena +de enormes bloques de granito que formaban, avanzándose hacia el mar, +los bordes escarpados de un estrecho canal que serpenteaba entre ellos y +el pie de la montaña y no tenía más salida que a través de los +rompientes más peligrosos. + +El gitano estaba tan acostumbrado a semejantes escollos, que se aventuró +sin temor por aquel pasaje, y después de haber navegado con una destreza +maravillosa, hizo cargar todas las velas y desarbolar largando los +obenques, que no estaban establecidos sobre un sitio fijo, sino sobre +las garruchas; de modo que al cabo de algunos minutos la tartana, que +tenía muy poco calado, había quedado lisa como un pontón y enteramente +oculta por las rocas que disimulaban el canal por la parte del mar. + +Una vez allí, el silbato del condenado resonó de nuevo, pero en dos +veces distintas, con modificaciones singulares. + +Bien pronto se oyó el ruido de unos remos que batían el agua +acompasadamente, y se vio salir de detrás de un grupo de rocas una +tartana semejante en un todo a la del gitano. En ella iba el joven de +cara femenina e imberbe que tanto había asombrado al barbero Flores. El +condenado le hizo un gesto que él pareció comprender, porque haló su +navío a lo largo de los escollos mientras la profundidad del agua no era +suficiente; luego, habiendo llegado al otro extremo del canal, después +de haber evitado hábilmente una multitud de arrecifes, el viento hinchó +sus velas y desembocó por el pasaje en el instante mismo en que las dos +embarcaciones españolas doblaban el promontorio. Cuando vieron esta +nueva tartana, forzaron las velas y se echaron sobre ella, creyendo +perseguir aún al gitano. + +--Sois unos valientes cazadores--decía éste tranquilamente desde su +escondite--. La corza os ha dado el cambiazo, y estás sobre una falsa +pista; y mientras que ese pavo va a cruzar en todos los sentidos para +fatigarlos y arrastraros en su persecución, la corza pondrá a buen +recaudo los ricos tejidos de Venecia, los aceros de Inglaterra y los +cobres de Alemania que tiene encerrados en su vientre. ¡Vamos, vamos! ¡a +la caza, y por esa estrella que comienza a brillar, pueda la mía ser +dichosa esta noche, porque el sol baja! + +En efecto, ya el sol tocaba a su ocaso, y el mar y el cielo, +confundiéndose en el horizonte inflamado, no formaban más que un inmenso +círculo de fuego. La cima de las olas centelleaba iluminada por los +largos reflejos dorados que venían a extinguirse en las sombras que +proyectaban las grandes rocas de la costa. + +Largo tiempo se vio a la tartana maniobrar con una agilidad sorprendente +para escapar a las dos escampavías. Tan pronto aligeraba el aparejo y +ponía la proa a través del oleaje que cubría al buque de una espuma +blanca que caía en lluvia brillante con todos los matices del arco iris +y parecía rodearle de una aureola de púrpura y azul; y allí, +pérfidamente, esperaba a sus enemigos, abandonándose a las ondulaciones +del agua... Después, cuando se aproximaban, creyendo ya echarle mano, +ponía la popa al viento, extendía sus velas como grandes alas de +púrpura, y dejaba bien lejos a los bonachones guardacostas que se habían +locamente alabado de atraparle. + +Tan pronto, virando en redondo y cubriéndose repentinamente de +banderolas y paveses de mil colores, corría al encuentro de sus +perseguidores. Estos se separaban inmediatamente para tomarla entre dos +fuegos, y se precipitaban activamente al combate. Pero la tartana, como +una coqueta, inconstante y caprichosa, reanudaba su rumbo primitivo, y a +la velocidad de todo su velamen, iba a sumergirse en las oleadas de luz +que abrazaban la atmósfera, desesperando así a los honrados guardacostas +que se apuntaban un nuevo fracaso. En fin, después de dar numerosas +pruebas de su superioridad maniobrera y de marcha y fatigar a las +escampavías, conseguía arrastrarlas bien lejos del lugar donde el gitano +contaba llevar a cabo su desembarco. + +Porque la maldita tartana cumplió tan bien sus instrucciones, que poco a +poco el vapor fue velando a las tres embarcaciones que se hundieron en +la bruma y desaparecieron cuando el sol no arrojaba ya más que una +claridad sombría y rojiza, y las estrellas comenzaban a brillar. + +En aquel momento, el gitano, inclinado sobre la borda de su tartana, +escuchaba con oído atento un ruido cadencioso que resonaba pesadamente +como el paso de muchos caballos. + +--¡Ellos son, por fin!--exclamó. + + + + +V + +LA BLASFEMIA + +¿No eres, pues, más que un fraile llorón? + +J. JANIN, _Confesión_. + + +No se podía descender de la cima de la montaña de la Torre, más que por +un sendero estrecho tallado en la roca, que daba una serie de rodeos. La +pendiente del camino era casi menos rápida, pero se necesitaba mucho +tiempo para llegar hasta la playa. + +A la entrada de este sendero apareció un hombre a caballo, al que se +distinguía difícilmente a la pálida luz del crepúsculo; se detuvo de +pronto, pareció conferenciar con algunos de sus compañeros, sin duda +ocultos entre los áloes, y después arrojó al aire un cigarrillo +encendido que describió una ligera faja de fuego. + +Cuando la misma señal hubo partido de la tartana, aquel hombre continuó +su marcha seguido de una docena de españoles, también a caballo, que +avanzaron con precaución por entre las numerosas rampas de aquel difícil +camino. Los unos llevaban sombrero, los otros una redecilla o un simple +pañuelo de colores vivos cuyos extremos flotaban sobre sus hombros; pero +todos tenían el color atezado, los ragos duramente característicos y el +aspecto poco tranquilizador que distingue a los contrabandistas de +tierra que operan en el litoral andaluz. Sus caballos iban cargados con +dos anchos cofres cubiertos de una tela alquitranada, de una ligereza +extraordinaria, pero tan grandes, que el jinete no podía montar más que +sobre la grupa, donde se sentaba como un timbalero delante de sus +timbales; además, pieles de carnero rodeaban sus cascos, de modo que era +imposible oírlos cuando marchaban al paso. + +Llegados a la playa, a dos tiros de fusil de la tartana, el jefe de +aquellos hombres detuvo su caballo y dijo a sus compañeros: + +--¡Por la silla de mi patrón!--aquí se quitó el sombrero--; hijos míos, +a la claridad de la luna que se levanta, yo no veo sobre el puente del +navío más que al maldito con su gorra y su pluma blanca. + +--¿Dónde está, pues, el hermano? + +UNA VOZ.--Si el hermano no está presente, ni un real de esas mercancías +entrará en mis cofres, ¡Dios me salve! pero el superior del convento de +San Juan hace muy mal en emplear a semejante descreído para desembarcar +su contrabando, y aunque tenga allí un fraile para bendecirlo y para +borrar las garras de Satanás, soy de opinión que tarde o temprano +seremos castigados por traficar con un excomulgado. ¡Amén! + +EL JEFE.--¿Y crees que no temo, como tú, la cólera de la Virgen al tocar +unas mercancías que ¡por Santiago! huelen más a azufre que a cera? + +UN FILÓSOFO (_que había sido cocinero_)--.¡Pero pensad, compadres, +pensad que en todas las tiendas del camino las cambiarán por buenos +dóllares de a cuatro sin preocuparse de si huelen a azufre o a cera! + +EL JEFE.--¡Cállate, impío! + +EL FILÓSOFO.--Después de todo, no son los exorcismos del reverendo los +que le quitarán el olor, si es que lo tienen; a mí que me den las +mercancías endiabladas, si son más baratas, y yo hago mi negocio; porque +soy de opinión... + +--_¡Ave María purísima!_ compadeced al blasfemo--dijeron los +contrabandistas persignándose y estremeciéndose de horror. + +Muchos fervientes católicos hasta se buscaron sus cuchillos. + +El gitano, que no concebía la causa de este retraso, reiteró la señal +con el cigarrillo encendido. + +--¡Cuánto tiempo perdido!--dijo el filósofo, y avanzó por el agua hasta +poder ser oído de los de la tartana--: ¡Señor condenado, señor +maldito!--gritó con aire burlón--, ¿ha olvidado usted que estas santas +gentes no se acercarán si el reverendo, con su presencia, no tranquiliza +las conciencias tímidas de estos corderos?--Y volvió a unirse a sus +compañeros que le maldecían. + +El gitano se golpeó la frente y dio un silbido. + +--¡El hermano!--dijo a un negro que se mostró a la entrada de la +escotilla. + +El negro desapareció y volvió solo al cabo de un instante, haciendo un +signo negativo con la cabeza. + +--¡Pues bien, izadle! + +El negro entonces, con una prontitud admirable, levantó una antena de la +que ató una polea y una cuerda, descendió al sollado y tres minutos +después se vio al reverendo elevarse majestuosamente, cernerse un +momento por el aire y, descendiendo en un vuelo audaz, tomar tierra al +lado del condenado, que le desembarazó amablemente de las cuerdas y +garfios de que había sido rodeado aquel nuevo Icaro. + +Viendo la ascensión del fraile, los contrabandistas, que esperaban en la +playa, habían gritado _gloria in excelsis_ y se habían arrodillado, +creyendo que era un milagro; pero el filósofo rió mucho de su +simplicidad. + +Cuando el nuevo Icaro estuvo de pie, midió con la vista al gitano con el +aire más digno y más despreciativo que le fue posible, casi como el +mártir mira a su verdugo. + +EL GITANO.--Dispénseme, padre, si le he ayudado a subir, pero esos +honrados contrabandistas esperan con impaciencia que usted ejerza su +sagrado ministerio. + +Y le mostró el grupo que observaba atentamente lo que pasaba a bordo. + +EL FRAILE.--¡De cuánta caridad cristiana no he de estar dotado para +consentir en pasar días enteros con un apóstata, con un réprobo de la +peor especie, y todo para purificar lo que tu herético y satánico +contacto ha manchado; a fin de que los cristianos puedan servirse de +esas mercancías sin temer la cólera del Cielo! + +EL GITANO.--¡Qué quiere usted, padre mío! Su superior me paga bien y me +emplea para desembarcar los objetos de contrabando de que el convento +está abarrotado; me emplea porque sabe que nadie mejor que yo conoce las +revueltas y los escondrijos de esta costa, y que, si me prenden, en nada +he de comprometerle... Pero ¡anatema, como usted dice, anatema! estoy +maldito. Ya se sabe... y como los españoles, aun siendo contrabandistas, +son demasiado religiosos para comprar cualquier cosa que haya tocado un +excomulgado, le envían a usted para que bendiga estas ricas telas, estos +brillantes aceros, a fin de que quede tranquila la conciencia de los +compradores y de aligerar la cueva del convento. En fin, aunque en +pequeño, somos Dios y el diablo. + +EL FRAILE.--¡Miserable!... ¡renegado!... ¡descreído! + +EL GITANO.--Además, usted hace un honrado comercio con esas buenas +gentes, porque les vende un poco demasiado caro sus bendiciones y sus +exorcismos, que, aquí entre nosotros, no hacen la seda más fina ni el +acero más flexible. + +EL FRAILE.--¡Hijo de Satanás! ¡infame condenado! + +EL GITANO.--Pero como vuestro gracioso soberano paraliza todas las +industrias y prohíbe todo aquello que no deja fabricar, el contrabando +se hace indispensable; los frailes lo explotan con Gibraltar, y los +españoles pagan doble lo que podrían fabricar en casa. A mí me hace esto +mucha gracia. + +EL FRAILE.--¡Execrable réprobo! yo... + +EL GITANO.--¡Basta, fraile, esas gentes te esperan! Ve a cumplir tu +obligación, porque el tiempo pasa y la noche avanza. + +--¡Perro maldito! ¡mi obligación!... ¡mi obligación!...--murmuró el +fraile ganando la orilla por medio de un puente lanzado desde la +tartana, y por el cual también el gitano había bajado, montado sobre su +caballito que habían izado desde la cala, lo mismo que al reverendo. + +Mientras que el gitano se ocupaba en hacer desembarcar las mercancías, +el reverendo se había aproximado a los contrabandistas. + +--¡La paz sea con vosotros, hermanos míos!--les dijo. + +--¡Amén!--respondieron ellos, besándole el hábito. + +EL FRAILE.--Ya veis, hijos míos, cuán cara me es vuestra salvación, y... + +EL FILÓSOFO.--Es decir: nos es cara... a nosotros. ¡Pero Dios haga que +ese capital, colocado aquí en _oremus_, nos proporcione allá arriba la +vida eterna! + +--¡Silencio, el hereje!--gritaron. + +El fraile hizo un gesto despreciativo y continuó: + +--¡Cuán cara me es vuestra salvación!... porque yo me expongo a pasar +días enteros con ese hijo de Satanás, para que Dios no se irrite de +vuestras relaciones con él. + +--Y para hacer su pacotilla--repuso el incorregible filósofo. + +--Por eso os bendecimos, padre mío--gritaron los otros contrabandistas a +fin de ahogar aquella impertinente interrupción. + +EL FRAILE.--¡Jesús! hijos míos, yo lamento tanto como vosotros el que +esa tartana sea mandada por un renegado; pero ese renegado es el único +hombre, es decir, el único descreído, que conoce bien esta costa. ¡Ay! +¡no presentarse un cristiano! + +--Oiga, padre mío--dijo el hombre víctima de la distracción de Flores, +el hombre de la evacuación sanguínea--, oiga, ¿es una buena acción +librar al mundo de un pagano? + +--¡Se gana el Cielo, hijo mío! + +--Gracias, padre mío--y se alejó. + +En aquel momento, el gitano había descendido de su caballo, y permanecía +absorto en sus reflexiones, mientras que los negros acababan el +desembarque. Su fiel _Iscar_ se revolcaba sobre la arena y mojaba sus +largas crines, cuando de pronto dio un brinco y lanzó un relincho que +hizo volver bruscamente a su dueño y le sacó de su ensimismamiento. + +En aquel momento, el cuchillo del marino se levantaba sobre el pecho del +gitano; éste asió al asesino por la garganta con tal prontitud y fuerza, +que no pudo ni lanzar un grito. El cuchillo cayó de sus manos; sus ojos +giraron en sus órbitas y sus dedos quedaron rígidos; poco a poco se +fueron aflojando, sus brazos cayeron a lo largo del cuerpo, sus piernas +se debilitaron, y cayó estrangulado. Sus compañeros creyeron que se +trataba de un fardo. + +--¡De rodillas, hijos míos!--dijo el fraile a los contrabandistas. + +Todos se arrodillaron, menos el filósofo, que miraba la luna silbando el +_Trágala_. + +Entonces el fraile, armado de un hisopo, se aproximó a los fardos y dio +una vuelta alrededor de ellos diciendo: + +--¡Atrás, Satán, atrás! y que este signo de redención purgue a esas +mercancías de la mancha que la herejía ha impreso en ellas. ¡Atrás, +Satán, atrás! + +Y echó torrentes de agua bendita sobre las cajas. + +--Las moja demasiado; va a estropearlas--dijo el filósofo. + +--¡Silencio!--gritaron todos a la vez. + +--¡Atrás, Satanás!--dijo otra vez el fraile--. Ahora, hermanos míos, ya +podéis tocar esos objetos. + +Los contrabandistas le rodearon apresuradamente, y él sacó un largo +papel de su cintura. + +--Esas seis balas, hijos míos, son de sederías venecianas cuyas muestras +podéis ver a la luz de este farol. ¡Ved qué hermosos colores! ¡y qué +tejido tan suave y tan apretado! La pondremos a dos doblones la vara, +hijos míos. + +--¡Oh! ¡padre mío! + +--Tened en cuenta que ya está bendecida, hijos míos. + +--¡Por los cuernos de Satanás! el sello de la aduana del Cielo nos +cuesta más caro que la de Cádiz--exclamó el maldito filósofo. + +--¡Cállate, miserable!--dijo el fraile. + +--Pero, reverendo, ¡dos doblones! + +--Si es regalado, hijo mío. Ya se los cuesta al superior. + +Y la discusión iba a entablarse, cuando, de lo alto del sendero, acudió +corriendo un hombre presa de la mayor agitación; era el pescador Pablo. + +--¡Por la Virgen, huid!--exclamó--, ¡huid! los aduaneros me persiguen; +hemos sido traicionados por el marino Punto. El ha indicado el lugar del +desembarque al alcalde de Vejer; le ha prometido matar al gitano y le ha +prometido además aumentar el desorden que produciría su muerte, largando +las amarras de la tartana para dar tiempo a los aduaneros de llegar y de +cortaros la retirada. + +--¡Muera! ¡muera Punto!--y los cuchillos brillaron. + +--Eso no es todo--añadió--; los crímenes y las profanaciones del maldito +recaerán sobre vosotros, y el señor obispo ha ordenado que os prendan o +que os den muerte como a los lobos de la sierra, por haberos unido a un +renegado. + +--¿El santo pastor cambia sus ovejas por lobos? ¡Qué milagro!--añadió el +filósofo. + +--Así, pues, ¡huid!... ¡huid!... no habrá cuartel para vosotros. + +--¡Muera Punto el traidor, muera!--y todos los cuchillos salieron de sus +vainas. + +--Ya está muerto--dijo el gitano empujando el cadáver con el pie--. De +modo que, cargad de prisa vuestras mercancías, porque la marea sube y el +cielo se cubre de nubes; y una vez que hayáis visto brillar allá arriba +las carabinas de los aduaneros, tendréis que escoger entre el fuego y el +agua, hijos míos. + +Después dio un silbido prolongado, y todos los negros, habiendo vuelto a +la tartana, retiraron el puente y marcharon a lo largo de las rocas que +formaban el borde opuesto del canal. El condenado permaneció en la +playa, montado sobre su fiel _Iscar_. + +--Ya se lo decía siempre al superior--gritaba el fraile--. Prevenga al +señor obispo de que el condenado está a su servicio, y así él obrará en +consecuencia. Nada... él ha querido ocultárselo, y he aquí lo que +ocurre. + +Y dirigiéndose al gitano, le preguntó con inquietud: + +--¿Por qué haces alejar tu embarcación? ¿es que tendremos que abordarla +a nado? + +--¿Y de qué nos serviría la embarcación ahora padre mío? No puedo ir con +niebla por entre esos rompientes. + +--Pero al menos estaríamos en seguridad, en el caso en que los aduaneros +bajasen para sorprendernos; y, ¡por Cristo! no podrían aproximarse a la +tartana entre esos peñascos y esas olas. Haz poner el puente. + +El gitano, sonriendo, hizo un gesto negativo que aterró al fraile. + +Los contrabandistas no habían tomado parte en esta discusión; tal prisa +se daban a embalar las mercancías que contaban obtener a mejor precio, +gracias a este incidente. El filósofo, sobre todo, cargaba de tal modo a +su caballo, que el desgraciado animal se doblegaba bajo el peso de las +mercancías; no obstante, el filósofo continuaba acumulando fardo sobre +fardo, mientras murmuraba: + +--Una vez en el camino de Vejer, será preciso que Dios te preste las +alas de un serafín para que me alcances, fraile. + +Y su caballo llevaba, al menos, una tercera parte de la carga de la +tartana. + +--¡Ah! ya caigo--dijo el fraile a quien el signo del gitano había +asustado mucho--, ya caigo; el señor capitán se queda con nosotros, +porque conoce una salida secreta que puede ayudarnos a salir de esta +ensenada sin necesidad de subir por ese camino, tan alto como la escala +de Jacob. El señor capitán me lo ha dicho cien veces, ahora lo recuerdo. + +Al acabar estas palabras, sus dientes se entrelazaban; estaba tan pálido +como un cadáver, y no obstante quiso sonreír y miró al excomulgado con +el aire más humilde y más amable. + +El rostro del gitano adquiría una expresión equívoca, cuando, al +fogonazo de un tiro que partió de lo alto de la montaña, se vio a los +aduaneros que se preparaban y tomaban posiciones. Toda esperanza de +retirada por aquel lado se había perdido. + +--¡Virgen santa!, ¡sálvenos, señor capitán, sálvenos!--dijo el fraile--; +¡la salida! ¡Señor! ¡indíquenos la salida! + +--¡La salida!--repitieron los contrabandistas con espanto, sin saber de +lo que se trataba. + +--¿Qué salida?--preguntó el gitano--. Usted está soñando, padre mío, y +me temo que sea un mal sueño; porque los aduaneros empiezan a bajar y +las balas silban. ¡Oiga!... + +--¡Pero, Dios mío! Usted me había dicho que en medio de esas rocas +existía un paso oculto que daba a la costa, un paso que podía darnos el +medio de salir de esta, ensenada que ya el mar va cubriendo... ¡Virgen +santa! ¡por todas partes rocas cortadas a pico!--exclamó el fraile +desesperado, mirando por encima de su cabeza. + +--¡Por todas partes rocas cortadas a pico!--repitió el gitano. + +--Vamos, reverendo, un milagro; éste es el momento--dijo el filósofo que +miraba dolorosamente su caballo tan ricamente cargado. + +Muchos tiros partieron de nuevo de la cima de la montaña, pero las balas +caían muertas; porque los aduanares se aproximaban lentamente y estaban +aún muy lejos, a causa de las vueltas que daba el sendero. La luna +brillaba en medio de un hermoso cielo, y su dulce claridad alumbraba en +todos sus detalles aquel curioso cuadro. + +--¡Cuánto me gusta una hermosa noche de verano!--dijo el gitano--; las +flores se abren para aspirar la frescura del aire, y sus perfumes nos +llegan más suaves. ¿Sentís, hermanos míos, el rico olor de los áloes y +de los naranjos? + +Una nueva descarga interrumpió este inconveniente monólogo, pero esta +vez cayó un contrabandista. + +--¡En nombre de Cristo! tú debes salvarnos ¡en nombre de Dios, yo te lo +ordeno!--gritó el fraile enseñándole el cielo. + +Este movimiento resultó hermoso, pero no produjo ningún efecto, porque +el gitano respondió riendo: + +--¡En nombre de Dios, de Dios!... ¿qué se figura usted, padre mío? No +bromee, pues. El momento es grave, ¡grave!... vea usted a ese cristiano +que se retuerce y pierde su sangre. + +A la risa espantosa del gitano se unió el ruido del mar, que ascendía, +y empequeñecía cada vez más el espacio donde se oprimía aquel puñado de +hombres. + +Los contrabandistas se persignaron temblando. Uno de ellos tomó su +escopeta y la dirigió contra el gitano. El fraile se precipitó sobre él. +¡Desgraciado! ¡sólo él puede salvarnos! ¡sólo él conoce la salida! + +Viendo aquel movimiento hostil, el gitano había entrado en el mar que ya +cubría el pecho de su caballo. + +--He ahí a los aduaneros que bajan las últimas rampas, hijos míos, y ya +sabéis que ahora las balas hacen daño--dijo el maldito señalando al +contrabandista herido de muerte. + +Los demás se echaron entonces a los pies del fraile. + +--¡Padre mío, ruegue por nosotros! + +Y el fraile y ellos se prosternaron gritando: + +--¡San Juan, San Juan, rogad a Dios por nosotros! + +Y se golpeaban el pecho, mientras que al resplandor de las descargas, se +veía al gitano, a caballo, y aquella figura extraña, cuyas proporciones +la noche parecía doblar, se destacaba en negro con vivos reflejos de +color de fuego sobre una lluvia de espuma deslumbrante de blancura. + +Los fogonazos se sucedían sin interrupción; un segundo contrabandista +cayó, y se oían ya las voces de mando de los aduaneros. + +El espanto del fraile había llegado al límite; se arrastró hasta la +orilla del mar, y allí, arrodillado en el agua, gritó al gitano con el +acento del más profundo terror. ¡Sálvame, sálvame! + +¡Y el fraile lloraba! + +--¡Por el alma de tu padre, sálvanos! ¡te daremos tanto oro que podrás +llenar tu tartana!--aullaron los contrabandistas. + +E imploraban con las manos juntas, mientras que tres de ellos se +revolvían en las últimas convulsiones de la agonía. + +--¡Dios mío! ¡Dios mío!--balbuceó el fraile. + +Y el desgraciado se retorcía los brazos y se revolcaba sobre la roca +ensangrentada. + +--¡Dios está sordo!--dijo el gitano--; invoca a Satanás. + +Y se echó a reír. + +--¡Atrás, atrás, blasfemo!--respondió el hermano levantándose +horrorizado. + +Pero el mar adelantaba de tal modo, que las olas iban a romperse a sus +pies y les cubrían de espuma. + +--Invocad a Satanás, y os salvaré. Detrás de esas rocas hay una salida +secreta oculta por una piedra; ella os pondrá al abrigo de los +aduaneros. Aun estáis a tiempo, porque ahora no os ven--dijo el gitano, +que ya estaba a flote con su caballo. + +Y los contrabandistas interrogaban cada roca con desesperación, y el +fraile, con la mirada fija y el rostro lívido, hizo un movimiento de +horror pensando en la proposición del maldito... Después, no obstante, +pareció vacilar. + +Y esto es concebible, porque en aquel momento, aunque ya no se veía a +los aduaneros, se oía el ruido de sus armas y los preparativos de las +baterías que armaban. + +--¡Pues bien!--dijo el fraile en su delirio--, ¡pues bien! Satanás, +sálvanos, ¡porque tú no puedes ser más que Satanás! + +--¡Sí, Satanás, sálvanos!--gritaron los demás con un acento de terror +indefinible. + +Y jadeante, con los ojos fijos y chispeantes, esperaban. + + * * * * * + +El gitano se encogió de hombros, volvió la cabeza de su caballo del lado +de la tartana, y la ganó a nado en medio de una granizada de balas, +cantando una antigua canción mora del _Hafiz_: + +--¡Oh! permites, encantadora niña, que yo envuelva mi cuello con tus +brazos, etc., etc. + + * * * * * + +Los contrabandistas se quedaron anonadados. + +--¡Fuego! ¡por Santiago! ¡Fuego! Tirad sobre el caballo y sobre la pluma +blanca, y sobre el mismo bandido--gritaba el oficial al que se +distinguía perfectamente, porque su tropa se había parapetado detrás de +una rampa, y desde allí hacía un fuego nutrido y continuo sobre los +contrabandistas. + +Porque los que quedaban de estos negociantes sin patente, no tenían más +que elegir que entre el fuego y el agua, como había dicho el gitano. + +--¡Fuego! ¡fuego sobre esos descreídos!--repetía el oficial para +estimular a su gente--; el señor obispo ha prometido indulgencias para +esta Cuaresma, y puesto que el jefe se nos escapa, aniquilemos al resto +de la banda. ¡Fuego!... + +--Pero, capitán, veo a un religioso... + +--¡Infame! se ha disfrazado. ¡Fuego! + +--¡Por San Pedro! fuego, pues. ¡Por usted, reverendo! + +El fraile recibió el tiro en el pecho y cayó de rodillas. No quedaban +más que dos, él y el filósofo, también herido. Los otros habían sido +muertos, se habían ahogado entre los rompientes al querer ganar a nado +la tartana, o arrastrados por las olas. + +--¡Hijos míos!--gritaba el fraile--, soy un religioso de San Juan +enviado por el superior; ¡piedad en nombre de Cristo! ¡piedad! + +Y se agarraba a las agudas puntas de la roca. + +--Esto quiere decir--balbuceó el filósofo recibiendo una segunda y +mortal herida--que si yo hubiera de creer en algo, no creería ni en Dios +ni en el diablo, porque he llamado a los dos... y... y... + +Sus brazos se abrieron; dejó el trozo de granito que oprimía con fuerza, +abrió desmesuradamente los ojos... y desapareció. + +--¡Gracia! ¡gracia! ¡Dios mío! ¡me ahogo!--aulló el fraile que se +debatía entre las olas. + +--¡Cómo!--dijo el oficial--, ¡aun vive el impío! ¡fuego, pues, por +Santiago! + +Tres disparos de carabina partieron a la vez; el hábito azul del +reverendo flotó un instante, y después ya no se vio nada, nada... ni +caballos, ni hombres, ni fraile... nada más que olas espumosas que +habían invadido ya la primera rampa del sendero e iban a estrellarse +con gran estrépito contra la segunda. + +Sólo el gitano se había salvado. + +--¡Por Cristo! su tartana va a estrellarse contra los escollos--exclamó +el oficial--. Dios es justo, y puesto que sale del canal contra la +marea, su pérdida es segura. + +En efecto, el condenado bordeaba intrépidamente aquel paso, que el furor +de las olas debía hacer impracticable. + + + + +VI + +LA MONJA + +¡Ah! este corazón ha descendido +vivo a la tumba, y las austeridades +del sombrío convento no me han preservado +de una mirada criminal. En +vano he llorado amargamente. + +DELFINA GAY, «_Madame de la Vallière_». + + +Ciertamente, si yo fuese monje, y tuviese que elegir un convento, +elegiría el de Santa Magdalena; es un digno convento, triste y sombrío, +situado a orillas del mar, a siete leguas de Tarifa. Al Norte, el Océano +golpea sus muros; al Sud, lagunas impracticables; al Oeste, rocas +cortadas a pico; pero al Este... ¡ah! al Este, una bella pradera verde, +atravesada por un riachuelo que serpentea y brilla al sol como una larga +cinta plateada; y luego, las violetas y las clemátides que perfuman sus +bordes, las palmeras de largas flechas y los almendros que dan sombra. Y +luego, en medio de la llanura, la encantadora aldea de la Pelleta, con +su alto campanario, blanco y esbelto, sus casas albas y su ramillete de +naranjos y de jazmines. Y después, más lejos, las montañas obscuras de +Medina, cuyas vertientes están cubiertas de olivos y de tejos... + +Os lo repito, si yo fuese monje, no elegiría otro convento que el +convento de Santa Magdalena. + +¡Y los días de fiesta, pues! los jóvenes van a bailar casi bajo sus +muros, y no negaréis que, para una pobre reclusa, es un gran placer oír +el restallido embriagador de las castañuelas bajo los ágiles dedos de +los andaluces... y ver los movimientos lentos y tranquilos del bolero... +al majo perseguir a su maja que le huye y le evita... después se +aproxima a él y le arroja un extremo de su corbata que él besa con +transporte, y se envuelve una mano, mientras que con la otra hace +resonar sus castañuelas de marfil. + +Agitad, agitad vuestras castañuelas, jóvenes, porque la cachucha +reemplaza al bolero. ¡La cachucha! ¡he aquí una verdadera danza +andaluza, una danza ardiente y animada, vertiginosa y lasciva! Id... +id... rodead con vuestro brazo amoroso la cintura de vuestra amante, y +arrastradla rápidos y estremecidos al son del instrumento sonoro. Id... +su seno palpita... su ojo brilla, y el viento levanta su negra cabellera +y deshoja su guirnalda de flores; después, murmuraréis a su oído: + +--Amor mío... cuán dulce me será respirar esta noche a tu lado el +perfume de los almendros... + +Y ella se lanza más vivamente aún, y su brazo os ha oprimido tan +fuertemente que habéis sentido su corazón brincar bajo su mantilla. + +Vaya, no temas, muchacha, tu madre no ha oído nada, y esta noche, +después del rosario, cuando tu abuelo te haya besado en la frente, +trémula, inquieta, tus piececitos desflorarán el césped, y te detendrás +veinte veces, conteniendo la respiración. Por fin, te sentarás, +palpitante, al pie de ese bello almendro florido, cuyas hojas +relucientes reflejarán la dulce claridad de la luna. Allí, de pronto, +dos fuertes brazos te envolverán. ¡Virgen santa! ¡qué atrevimiento! Pero +entonces, valerosa muchacha, tú no tendrás miedo. + +Ya el son de las castañuelas es más opaco, el sol se pone, la cachucha +vertiginosa ha cesado, las jóvenes regresan a su aldea y ríen, y cantan, +alisándose con la mano los rizos sedosos de sus húmedos cabellos. + +Ahora no diréis como yo que es un digno convento el convento de Santa +Magdalena; porque, en fin, figuraos una pobre joven encerrada en él, con +sus diez y ocho años, sus ojos negros y su corazón español que late bajo +su escapulario. + +A primera hora, maitines, una larga plegaria en una iglesia sombría y +helada; después vísperas, después la misa, después la novena, después el +_Angelus_ ¿y qué sé yo? + +Por toda distracción, dos horas de paseo en el jardín del viejo +claustro. ¿Conocéis un jardín de claustro? grandes encinas negras y +silenciosas, un césped raquítico encuadrado en verjas de cañas, y el sol +a mediodía; eso es todo. + +Así, confesad, que cuando un día de fiesta se ha podido escapar de la +iglesia para ir a su celda, ¡el corazón late desahogado y alegre! + +La reclusa entra en ella, cierra cuidadosamente la puerta, y ya está en +su casa. ¡En su casa! ¿comprendéis esta palabra? cuatro paredes +desnudas, pero blancas; un crucifijo de ébano encima de una mesita de +nogal cubierta de flores; una reja que da sobre la verde pradera; una +cama estrecha, sobre la cual se puede soñar. Francamente, con todas esas +riquezas y vuestros recuerdos de niña, ¿envidiaríais la suerte de la +camarera mayor de la reina de todas las Españas? + +Pues, no obstante, una joven está allí sola; el crucifijo, la mesita, la +reja, la cama, el perfume dulce y tenue, todo lo tiene; pero ella no +mira ni la pradera, ni el baile, ni el sol que se oculta +resplandeciente. + +Oculta la frente entre sus manos y las lágrimas ruedan a través de sus +dedos. + +Ya podemos figurárnoslo: era la monja que asistió a la corrida de toros. + +Ya no brillaban encima de ella el raso ni las pedrerías como el día en +que se despidió del mundo. ¡Oh! ¡no! un amplio sayal de burdo paño +envolvía su lindo talle como una mortaja, sus largos cabellos negros, +habían sido cortados, y los que le quedaban estaban ocultos tras la +blanca toca que dibujaba su frente cándida, más blanca aún. Pero, ¡Santo +Dios! ¡qué pálida estaba! sus ojos azules, tan bellos y tan puros, +estaban rodeados de un ligero círculo amoratado, en el que las venas +surcan la piel suave y rosada. + +--¡Dios mío! ¡perdón! ¡perdón!--dijo, y se dejó caer de rodillas sobre +el duro suelo. + +Algún tiempo después se levantó con las mejillas purpurinas y los ojos +brillantes. + +--¡Huye! ¡huye, peligroso recuerdo!--exclamó precipitándose hacia la +reja--. ¡Oh! ¡oh! ¡aire! ¡me abraso! ¡Oh! quiero ver el sol, los +árboles, las montañas, esos bailes, esa fiesta. Sí, quiero ver esa +fiesta, ser absorbida completamente por ese espectáculo brillante. +¡Dichosos ellos! ¡Bravo, joven! ¡qué ligereza! ¡qué gracia! ¡cómo me +gustan el color de tu basquiña y las trenzas de tu moño! ¡qué bien hace +esa flor azul en tus cabellos rubios! Pero tú te aproximas a tu +pareja... ¡Guapo mozo! sus ojos te miran con amor... _El_ también tenía +una dulce mirada, pero... + +Y se calló, ocultando su cabeza entre las manos; porque su corazón latía +con tal fuerza, que parecía querer saltársele del pecho. Después, +reponiéndose, y hablando de prisa, como si hubiera querido escapar a un +recuerdo que la oprimía: + +--¡Qué brillante está el sol! ¡Jesús! ¡qué hermoso matiz de púrpura con +reflejos de oro! ¡qué tornasolado tan magnífico y tan raro! Tan pronto +parece una elegante torre morisca con mil cresterías, ahora es un globo +de fuego; pero sus contornos varían siempre, y se presentan +destacados... ¡Virgen del Carmen! se diría que es un rostro humano... +Sí... esa ancha frente... y esa boca... ¡Oh! no... sí... Jesús... ¡es +_él_!... + +Y jadeante, había caído de rodillas, con las manos juntas, en una +especie de éxtasis, ante aquella imagen fantástica, que el vapor fue +revelando, se borró poco a poco y desapareció del todo. + +Cuando ya no vio más que un horizonte inflamado, se levantó en un +violento paroxismo, y se arrojó sollozando sobre la cama. + +--¡_Él_!... ¡siempre _él_... _él_ en todas partes!--exclamó con un gesto +de desesperación--. ¡Horror! cuando me prosterno ante tu imagen sagrada, +¡oh Cristo! tus divinas facciones se borran... y es _él_ a quien veo... +¡_él_ a quien adoro!... Sí, muda y confusa, quiero escuchar a la +superiora, cuando lee un libro santo; pues bien, su voz parece +debilitarse y desaparecer y es a _él_ a quien oigo; porque el sonido +armonioso de sus palabras vibra siempre en mi corazón... ¡Horror! en +fin, si me arrastro penitente al tribunal divino, allí también está +_él_... porque mi amor es el único crimen de que pueda acusarme. + +Se echó a llorar. + +--¡Un crimen! ¿es verdaderamente crimen? ¡Oh madre mía! si no hubieses +muerto, estarías conmigo; yo tendría mi cabeza sobre tus rodillas y +tú... acariciarías con tus manos mis cabellos largos y rizados; y me +dirías si es un crimen, porque yo te lo confesaría todo. Ya ves, madre +mía, me habían dicho que yo sería dichosa en el convento, pero que para +esto era preciso abandonar el mundo; dije que sí, porque entonces aún no +sabía lo que era el mundo... Y después me vistieron y me adornaron como +una santa y me llevaron a una fiesta en la que un toro mató a dos +cristianos--así me dijeron--, porque yo permanecí oculta en el regazo de +mi superiora durante todo el tiempo que duró aquel horrible +espectáculo... Pero de pronto, un grito de extrañeza resonó y yo levanté +la cabeza... era... era _él_. Sí, _él_... que fijó sobre mí una +mirada... que me matará; y _él_ me dijo la primera vez, ¡oh, lo estoy +oyendo aún: _Por usted señora, y en honor de sus hermosos ojos, azules +como el cielo_. Después, rápido, se revolvió... y yo me estremecí a mi +pesar... La segunda vez, me dijo con la misma voz, con la misma mirada, +sonriéndome y saludándome con la mano derecha: _Por usted también, +señora, y en honor de esa boca encarnada, purpurina como el coral_. Y +con intrepidez esperó al monstruo cuyos cuernos estaban tintos en +sangre, y lo abatió a sus pies... El espanto se había apoderado de mí, +puse las manos en la balaustrada del palco, tanto temía por _él_; porque +me parece que si _él_ hubiese sido herido, yo habría muerto. Entonces +_él_ se apoderó de mi mano, ¡oh!, bien a mi pesar, madre mía... y la +besó, sí... + +Sus ojos se cerraron. Apoyó la cabeza sobre la almohada y continuó en +voz baja y con palabras entrecortadas: + +Y--quizá tú me dirás, madre mía: «Mi rosita, ¿le amas tú, pues? Bien, +entonces os prometeréis y Dios os bendecirá». ¡Oh! sí, prometidos... +Mira a mi novio, ¡qué hermoso es!... Flores, flores por todas partes... +He ahí a mis compañeras con sus largos velos blancos... ¿no oyes el +grave sonido del órgano... y la multitud que repite como yo: «¡Qué +hermoso es el novio!» ¡Oh! llega el viejo sacerdote... su mano tiembla +al unirnos; ya es mío, es mi esposo ¡es mi esposo... ¡Oh! madre mía, +quédate, quédate... ¿Me dejas? + +--Tu esposo está contigo, ángel mío. + +--¡Madre mía! ¡mi buena madre! + +Dichosa joven, dormía. ¿No es, repito, un digno convento, el convento de +Santa Magdalena? + + + + +VII + +EL LEVANTE + +...¡La muerte! + +CERVANTES, «_Don Quijote_». + + +El levante es un viento del Este; cuando sopla, palidecen hasta los +marinos más intrépidos. No es una de esas inocentes brisas que levantan +olas como montañas, ¡no!; el mar se eleva muy poco, porque es tal la +fuerza del levante que rechaza las olas, que las nivela por el poder de +presión que ejerce la columna de aire sobre la superficie del agua. + +Pero también es preciso que el timonel vele a la barra ¡Virgen santa! ¡y +que vele bien si no quiere ver al navío desaparecer entre un torbellino! + +Después, el sol brilla, el cielo queda limpio, de un azul magnífico, con +lindos matices de un rosa vivo, que producen el más encantador efecto. + +Las embarcaciones de un tonelaje elevado, tal como navíos, fragatas y +corbetas, aun maniobrando con mucha prudencia, tienen mucho que temer de +ese viento; pero las goletas, tartanas y faluchos, tienen todas las +probabilidades posibles de zozobrar. + +Si el peligro es grande durante el día, debe ser inmenso durante la +noche, sobre todo cuando se bordea cerca de las costas, que con +frecuencia son atravesadas por corrientes de una velocidad de cuatro o +cinco nudos. + +Era, pues, de noche, y el levante que soplaba sobre la costa, erizada de +rocas, era un poco más violenta que no lo fue cuando el memorable +vendaval de 1797, que hizo naufragar a todas las embarcaciones fondeadas +en la rada de Cádiz; todo pereció, personas y buques. + +Era uno de esos temibles huracanes durante los cuales los marineros se +quedan lívidos y creen en Dios. + +Las estrellas brillaban, las olas, al chocar unas contra otras, +desprendían tantas luces fosforescentes, que aquella vasta llanura, de +un negro sombrío, aparecía casi iluminada por millares de chispas +azuladas, y verdaderamente, salvó el levante que mugía más que el +trueno, era un hermoso espectáculo. + +Las dos escampavías que habían salido a la caza de la figurada tartana +del gitano, bailaban sobre aquella sima abierta. + +Habían arriado sus gavias, sus foques, su vela mayor, y huían con el +viento de proa sólo con el aparejo de mesana; había sido amarrada la +barra del timón, y los sesenta y tres hombres que componían las dos +tripulaciones, estaban muy ocupados en el sollado poniéndose a bien con +Dios. Como no había ningún sacerdote presente, se confesaban los unos a +los otros. + +La confesión es una cosa admirable en sí misma, en tierra, por ejemplo, +en una iglesia de aldea donde las vidrieras dejan penetrar un alegre +rayo de sol, cuando vais a partir para una larga campaña, y vuestra +abuela está allí arrodillada, llorosa, haciendo arder un cirio bendito +que ha dedicado a Nuestra Señora: ¡oh! sí, entonces, la confesión al +oído de un juicioso y virtuoso sacerdote de cabellos blancos, que, al +salir del confesionario y apoyando su brazo trémulo sobre el vuestro, os +dice: «Hijo mío, vamos a ver a mis ovejas que bailan bajo los sauces +allá abajo, al borde del arroyo, y de pasada llevaremos una botella de +buen vino al pobre viejo Juan Luis, el protestante.» + +De este modo, sí, comprendo la confesión; pero a bordo, en medio de una +tempestad, cuando únicamente a fuerza de brazos se puede escapar a una +muerte inminente, cuando las olas se estrellan con furia contra la +embarcación, cuando a cada momento se ve desaparecer una vela, cuando +los palos se inclinan y crujen, cuando el oleaje se abate y muge sobre +el puente, lo arrolla todo y arrastra hombres, vergas, botes... ¡oh! +entonces la confesión es una práctica por lo menos fuera de uso y sin +utilidad ninguna para virar en redondo o para largar una gavia. + +Quedamos en que a bordo de las dos escampavías habían sido amarradas las +barras del timón; las dos embarcaciones navegaban en las mismas aguas, y +como nadie, absolutamente nadie, había quedado sobre el puente, la +gracia de Dios cuidaba de ellas; y esto, en la práctica, resultaba +bastante mal, porque la escampavía _Urna de San José_, a consecuencia +del ángulo que su barra formaba con su quilla, se dejó ir violentamente +sobre su compañera la _Bendición de Nuestra Señora de los Siete +Dolores_ y la abordó por la popa, y como la parte de detrás de un buque +acostumbra ser menos resistente que la anterior, la _Bendición de +Nuestra Señora de los Siete Dolores_ recibió el bauprés de la _Urna de +San José_, en la obra muerta, que se abrió y dio libre acceso a una vía +de agua que echó a pique a la escampavía y a los sesenta confesados y +confesores. + +Ya veis que la confesión no vale nada en semejantes ocasiones. + +Pero la escampavía no se hundió rápidamente. + +La _Urna de San José_ sintió, a la espantosa conmoción que +experimentara, que algo extraordinario pasaba en su exterior, y fue +enviado un grumete, que se disponía a confesar su sexagésimo tercero +pecado, para que se enterase de lo ocurrido. Montó en el acto, +arrastrándose por el puente, vio el bauprés enteramente destrozado, y a +un tiro de fusil a la otra escampavía, con la popa hundida, elevar su +proa, donde se habían refugiado los tripulantes que quedaban. + +El capitán del buque que se hundía, puso sus dos manos ante su boca en +forma de trompa, y por medio de esta bocina improvisada dijo no sabemos +qué cosa al grumete que tuvo la atención de formar también con su mano +una especie de trompeta acústica. + +Pero desgraciadamente la _Bendición de Nuestra Señora de los Siete +Dolores_ estaba bajo el viento y el grumete no entendió ni una palabra; +pero como le habían dicho que _viese_ lo que ocurría, se acurrucó en un +rincón y miró. + +Algunos de los náufragos se arrojaron al mar; pero ¡por el ángel de San +Pedro! había que nadar contra viento y marea para llegar a la +escampavía, que no obstante no estaba lejos. Imposible. Se ahogaron, +pues, los imprudentes, después de haber sido cegados por el remolino de +las olas, que les azotaba y les ensangrentaba la cara. + +El grumete veía todo esto a la luz de su farol, tratando de no perder ni +una convulsión, ni un rechinar de dientes a fin de ser exacto en su +relación, pero rogaba a Dios por ellos; ¡el pobre y digno muchacho! + +Bien pronto, la proa de la escampavía se hundió también, y los que +sobrevivieron a este desastre se subieron al palo de mesana, el único +que había quedado en pie, y era cosa curiosa ver este palo, sobre el +cual las cabezas de aquellos hombres estaban agrupadas, y que se me +perdone la imagen como las cerezas sobre esos ligeros bastones que tanto +placen a los niños. + +Esta viga, cargada de hombres, no permaneció ni diez minutos fuera del +agua; pero durante esos diez minutos ¡qué drama más terrible!... + +Al final no quedaron más que dos sobre el palo, dos hermanos, según +creo, gente piadosa y juiciosa; pero el instinto vital se sobrepuso a la +fraternidad; cuando eran niños ¡oh! se amaban mucho. El más hermoso de +los frutos era el que ellos se ofrecían, y cuando uno cometía una falta, +su madre tenía que castigar a los dos, porque el uno no quería acusar al +otro. Más tarde se enamoraron de la misma mujer, y la mataron para que +no perteneciese a ninguno de los dos. Eran españoles, perdonadles. Por +esta causa fueron condenados a cinco años de galeras; el mayor consiguió +escaparse, pero no habiendo conseguido favorecer la evasión de su +hermano, volvió a ingresar en presidio, por no querer abandonar a aquel +ser querido. + +En fin, dos valientes y leales camaradas, si los hay; pero, ¿qué +queréis? enfrente de la muerte está permitido sentirse un poco egoísta. + +El palo sobresalía aún unos seis pies del agua, y, para el que ocupaba +la parte más elevada de él, era una altura comparable a las de las +montañas más altas, porque en aquellos momentos decisivos, un minuto de +existencia era un año... una pulgada de terreno, era una legua. + +El hermano mayor, que, no obstante, ocupaba el sitio inferior, sintiendo +la frescura del agua, que le oprimía como un círculo de hierro helado, +hizo un violento esfuerzo, y se agarró a las rodillas del menor. + +Este, que oprimía el palo con todas las fuerzas convulsivas de la +agonía, intentó apoyar su pie sobre el pecho de su hermano para +ahogarle... ¡Desesperación! ¡Imposible! Se apretaba las rodillas como un +torno. + +Y, cosa rara, aquellas dos cabezas, que tantas veces se habían +alegremente sonreído y tiernamente besado, allí se seguían con ojos de +odio, se mataban con la mirada. + +En fin, el que ocupaba lo alto del palo, lo abandonó un instante. + +El otro advirtió el movimiento, y se soltó también. + +Es lo que el pequeño esperaba. Le arrojó los dos brazos alrededor del +cuello, no suavemente como otras veces y diciéndole: «Buenos días, +hermano», sino con frenesí. De modo que le estranguló oprimiéndole la +garganta contra un tope de la mesana con un cabo de cuerda que flotaba. +¡Crimen inútil! sólo el pensamiento se extinguió en aquel cuerpo, porque +los brazos del cadáver estrechaban siempre las rodillas del fratricida, +hasta que desaparecieron los dos. + +Cuando el grumete no vio nada más, se frotó los ojos, miró aún otra vez +y bajó para contar lo que había presenciado, causando gran extrañeza, +pero le dejaron con la palabra en la boca, con la promesa de que le +dejarían acabar otra vez su relación, y el encargado del cuarto de +babor, subió al puente por orden del capitán. El viento soplaba con un +poco menos de violencia, pero la noche era clara; colocose un buen +marinero en la barra del timón para evitar la deriva, y continuó la +embarcación con rumbo al Oeste. + +Hacía algún tiempo que se dejaban llevar en esta dirección, cuando el +marinero de guardia gritó: + +-¡Barco a estribor! + +Se precipitaron todos a la luz de los faroles y pudieron ver a la +tartana completamente desmantelada, ¡a la tartana que perseguían desde +la víspera! ¡a la tartana causa primera de todos sus desastres! + +--¡Por fin!--aulló el capitán--, la Santa Virgen nos protege y Dios es +justo. ¡Vas a pagar, maldito, la muerte de nuestros hermanos! + +Y a pesar de la impetuosidad del viento, intentó sesgar. + + + + +VIII + +LA «URNA DE SAN JOSÉ» + +¿Por miedo?... No, señor... + +CALDERÓN. + + +--¡Santiago! ¡Santiago!--gritó el capitán de la _Urna de San José_--. +¡Santiago! haz que los artilleros ocupen sus piezas. + +--Capitán... yo... + +--¡Cualquiera diría que tiemblas!... + +--No, capitán, pero el levante ha alterado mis nervios... + +--¡Por Cristo! ¿Qué se diría si se viese al teniente del navío que yo +mando temblar como una gaviota entre un temporal? Vamos, artilleros, a +vuestras piezas; ¡y vosotros, rumbo hacia la tartana, que Satanás +confunda! Cuando hayamos cambiado de disposición le largaremos una +andanada. ¡Que Dios me ayude!... el levante cede... ¡Ah! ¡por la Virgen! +¡será una hermosa fiesta para el pueblo de Cádiz verte entrar con +hierros en las manos y en los pies, con tu tripulación de demonios, +perro maldito!--decía el honrado Massareo mostrando el puño a la tartana +desamparada, silenciosa y sombría, que se balanceaba al movimiento de +las olas. + +Sí, sí--continuó Massareo--, ¡por San José! ¡conozco tus astucias! te +meneas menos que una boya para que me ponga a tu alcance... Entonces tú +arrojarías, a mi pobre barco una andanada de azufre que nos haría arder +lindamente... ¡o me jugarías alguna otra pasada diabólica! Pero Dios +protege al viejo Massareo. Más de una vez ha escapado con los ricos +galeones de Méjico a los garfios de esos malditos ingleses, que, no +obstante, no tienen nada de tontos, ¡los herejes!--y se persignó. + +Después, dirigiéndose, al timonel: + +--No vayas contra el viento; orza, orza, torpe, y piensa en virar en +redondo. + +El levante disminuía sensiblemente, y se veía, por las nubes que +avanzaban rápidamente desde el horizonte y por las oscilaciones de la +brisa, que el viento cambiaba de dirección. Las estrellas aparecieron +veladas, y la noche, de clara que era, se tornó sombría. La tartana +estaba sumergida en la obscuridad; solamente un punto luminoso brillaba +en su popa, en la dirección de la cámara; pero no se oía el más ligero +ruido a bordo, ni se veía a nadie sobre el puente. + +El capitán del guardacostas, habiendo efectuado dichosamente su cambio +de amuras, se dejó ir sobre la tartana, hasta una distancia de medio +tiro de pistola. Entonces llamó a su teniente Santiago, pero éste, +creyendo que se trataba de mandar el fuego, había desaparecido con la +rapidez del relámpago. + +--¡Santiago!--repitió. + +--Señor capitán, está en el fondo de la cala; dice que le ha enviado +usted para que vigile cómo sacan la pólvora. + +--¡El miserable! ¡Por Santiago! que le traigan muerto o vivo; y tú, +Alvarez, dame mi bocina de combate. + +Entonces el bravo Massareo volvió hacia el barco mudo el enorme orificio +del instrumento y gritó: + +--¡Ah de la tartana!... ¡ah! + +Después bajó la bocina, se llevó la mano a la oreja para no perder ni +una palabra, y escuchó atentamente. + +Nada... Profundo silencio... + +--¿Eh?--dijo al primer contramaestre que estaba cerca de él. + +--No he oído nada absolutamente, señor capitán, a no ser una especie de +gemido; pero, ¡por el Cielo! no se fíe usted, vale más que les hable a +cañonazos; ese lenguaje lo entenderán perfectamente, ¡por San Pedro!, +porque nuestro valiente almirante Galledo, que Dios tenga bajo su brazo +derecho--aquí se quitó su gorra--, nuestro valiente almirante decía +siempre que ésta era la lengua universal, y que... + +--¡Paz, Alvarez, paz! cállese el viejo congrio. Me ha parecido ver +moverse alguna cosa sobre el puente. + +Y de nuevo, empuñando la inmensa bocina, gritó: + +--¡Ah de la tartana!... ¡ah!... enviad una embarcación, si no os echo a +pique... + +--Como perros malditos que sois--añadió Alvarez. + +--¡Te callarás! pueden haber hablado, y tu necia lengua que va tan de +prisa como el gato de un cabrestante, me ha impedido oír nada--dijo el +capitán con una volubilidad colérica, repitiendo por tercera vez--: ¡Ah +de la tartana!... responded o hago fuego. + +Esta vez se distinguió un gemido prolongado que no tenía nada de humano, +y que hizo estremecer al capitán Massareo. + +--Capitán, si usted quiere creerme--dijo Alvarez, persignándose--, +enviémosles una andanada y viremos en redondo; porque veo el fuego de +San Telmo que revolotea en su popa, y ¡por la Virgen! no se está bien +aquí. + +--¡Esto es demasiado!--exclamó Massareo--. ¡San Pablo, rogad por +nosotros! ¡Vamos! ¡por la gracia de Dios! Artilleros, a vuestras piezas; +armad vuestras baterías. Bien. Haced la señal de la cruz. Bien. Ahora +¡fuego!... ¡fuego a estribor!... + +La andanada partió, y el fogonazo, iluminando un instante la tartana, +proyectó sobre las aguas un vivo reflejo de luz. + +Después, cuando el humo blancuzco de la pólvora se hubo disipado, se vio +al navío inmóvil, silencioso, con su punto luminoso a popa, obscurecido +de cuando en cuando por una sombra que pasaba y repasaba en la cámara. + +--¿Y bien, Alvarez?--preguntó Massareo que no comprendía la obstinación +del barco cañoneado. + +--Señor, todas las balas le han caído encima y el maldito no se menea. Y +sin embargo, hay gente a bordo, lo juraría por mi rosario. + +--El caso es espinoso--dijo Massareo con inquietud--; voy a hacer correr +una bordada, mientras que yo, tú, Pérez y ese poltrón de Santiago, cuyo +consejo es sin embargo muy provechoso, nos reunimos para deliberar +acerca de lo que hay que hacer. + +Viraron en redondo dirigiéndose hacia el Este; se envió a buscar a +Santiago, se reunieron los cuatro miembros de la asamblea, y comenzó la +discusión. + +Ningún plan había sido adoptado, cuando el prudente Santiago exclamó: + +--Con la protección de la Virgen, he aquí lo que yo haría; armaría una +chalupa, me aproximaría a la tartana maldita y entraría al abordaje... +¡Eh, compadres! ¿qué les parece? + +A los compadres también se les había ocurrido este medio, el único que +razonablemente podía emplearse, pero se habían guardado muy mucho de +decir esta boca es mía, porque sabían que el que propusiera esta medida +sería naturalmente encargado de ejecutarla. La inconcebible temeridad de +Santiago les sacó de su embarazo y no tuvieron más que una voz para +alabar y felicitar al autor de aquel admirable plan de campaña, que vio, +pero demasiado tarde, en qué peligrosa situación se había colocado. + +--El Cielo le ha inspirado, Santiago, dele las gracias--dijo el capitán. + +--¡Hermano Santiago, qué dichoso eres!--exclamó Alvarez golpeándole +amistosamente la espalda--. ¡Por Cristo! es una hermosa ocasión para +ascender a oficial. ¡No estar yo en tu lugar! ¡Cuánta gloria vas a +recoger ejecutando tu audaz proyecto! ¡¡¡Abordar al maldito!!! Venderán +tu retrato por las calles de Cádiz y te sacarán canciones. ¡Dichoso +mortal! + +Y se precipitó por la escalera que conducía a la cala silbando un +motete. + +--¡Pero--exclamó el desgraciado Santiago, trémulo y aturdido--, yo no he +dicho que...! + +--Usted tendrá más probabilidades para abordar al maldito atacándole por +estribor, hijo mío--le dijo gravemente el artillero Pérez--; por babor +trae desgracia, y he aquí probablemente lo que la pasará: Se acerca +usted a cierta distancia... tiran contra usted... Perfectamente, +compadre... Se aproxima aún más... y desde lo alto de las vergas le +tiran un puñado de balas que caen sobre su chalupa... Muy bien, +compadre. Entonces, con la agilidad que usted debe poseer, usted y su +gente, tratan de aferrarse a los portaobenques, a las escalas y a todo +lo que esté a su alcance... Perfectamente, compadre. Pero he aquí que +¡por todos los santos del paraíso! mientras que estáis agarrados a la +borda, se abre de pronto una escotilla y os encontráis frente a la nariz +con una docena de anchos esmeriles cargados hasta la boca de balas, +clavos y lingotes que, como usted puede suponer, hacen un fuego del +infierno y matan por lo menos a las tres cuartas partes de sus hombres. +Entonces los que quedan, si es que queda alguno, se lanzan ágilmente al +abordaje como gatos salvajes, el puñal entre los dientes y la pistola en +la mano; viene una lucha cuerpo a cuerpo, se mata, se muere... pero +siempre se recoge gloria y... esto es todo. ¡Por los dolores de Nuestra +Señora, que no esté yo en su lugar! ¡oh! sí, ¡que no esté yo en su +lugar, hijo mío!--repitió lanzando un ardiente suspiro, pero +desapareciendo velozmente en el sollado. + +--¡Pero, Santa Virgen!--exclamó Santiago que había estado a punto de +interrumpir veinte veces al artillero Pérez--, pero ¡por la corona de +espinas de Jesucristo! si yo he dado ese consejo, no ha sido para +ejecutarlo yo mismo, y puesto que envidian mi lugar... + +--No, Santiago--repuso el bravo Massareo--, eso sería una injusticia; +esa misión le pertenece de derecho, y usted la tendrá, Santiago, usted +la tendrá. Sería llevar la delicadeza demasiado lejos. + +--Usted ha sembrado, justo es que recoja--dijo otro. + +--Sin duda, hace falta mucho valor, sangre fría, agilidad y sobre todo +mucha suerte para llevar a cabo una empresa tan peligrosa; pero con la +ayuda de Dios y de su patrón, Santiago, usted saldrá de ella con honor, +o bien morirá con la muerte de los valientes, lo que no es dable a todo +el mundo. Vamos, hijo mío, cumpla bien, que Dios y su jefe tienen la +vista fija en usted--dijo el capitán. + +--¡Pero, por todos los santos de la capilla de la catedral de +Cádiz!--exclamó Santiago pálido de cólera y de temor--, yo quiero al +instante... + +--No puedo por menos que alabar semejante prisa, Santiago. Voy, pues, a +dar las órdenes oportunas para hacer armar la chalupa. Nada le faltará: +puñales, hachas, picas de abordaje, esmeriles, balas, cartuchos de +metralla. Esté tranquilo, hijo mío, que yo velo con la solicitud de un +padre... Vamos, vamos, modere ese ardor, y, como un verdadero español, +piense en Dios, en su rey y en su dama, si es que usted la tiene. +Piense, pues, cuál será su alegría, cuando le vea volver moribundo, +cubierto de heridas y seguido de la multitud que gritará: «¡Es él, es el +vencedor del gitano! ¡es el valeroso Santiago!» ¡Ah! hijo mío; si mi +cargo no me obligase a permanecer a bordo... ¡muerte de mi vida! no +tendría usted esa misión. ¡No, por Santiago! yo se la habría disputado. + +Y tomaba el mismo camino que los demás miembros del consejo, cuando +Santiago le retuvo por el brazo gritando: + +--No, capitán, no; preferiría mejor no descubrirme en la iglesia, no +arrodillarme ante el Santo Sacramento, faltar a mi rosario, que ir a +bordo de ese condenado barco, de ese barco donde Satanás tiene su corte; +y además--continuó con tranquilidad, muy convencido de haber encontrado +un argumento sin réplica--, además, mi religión me prohíbe el contacto +de los excomulgados y de los apóstatas. + +--¿Quién habla de eso, hijo mío?--dijo el capitán persignándose--; soy +demasiado buen cristiano, aprecio demasiado la salvación del cuerpo y +del alma de mis marineros para exponerlos así. + +--En hora buena, capitán, eso es; cuide sobre todo de la salvación del +_cuerpo_, ¿entiende usted? del cuerpo de sus marinos, es lo más +importante--dijo Santiago un poco más tranquilo. + +--Hijo mío--repuso el capitán--, usted no me ha comprendido; yo estoy +lejos de exigir de usted que estrangule al descreído con sus propias +manos. ¡Virgen santa! no, sin duda; ese contacto me hace estremecer de +horror; pero la bala de su mosquete o la hoja de su puñal evitará esa +mancilla a sus cristianas manos. + +Santiago, más exasperado aún por la decepción que experimentaba, +exclamó: + +--¡Ni el hierro, ni el plomo, ni yo daremos muerte a ese excomulgado! +¡No iré a bordo, por las mil llagas de San Julián, no, no iré!--añadió +golpeando violentamente el suelo con el pie. + +--Santiago, amigo mío--dijo fríamente el capitán--; tengo el derecho de +vida y muerte sobre todo hombre de mi tripulación que se me rebele o se +niegue a ejecutar mis órdenes. + +Y diciendo esto, le mostró dos pistolas que había sobre el cabrestante. + +Ante aquella espantosa alternativa, Santiago prefirió el abordaje, y +descendió a la chalupa que le esperaba, con la sombría resignación del +hombre a quien llevan a la muerte. + +Al alejarse de la escampavía, el desgraciado Santiago, acordándose de +los consejos y las predicciones de Pérez, que el miedo había grabado en +su mente, esperaba a cada momento una súbita descarga de mosquetería. Se +acercó, no obstante, a lo largo de la tartana, sin que se oyese ni un +solo disparo. Entonces, arrojando su amarra, recomendó su alma a Dios, +porque, según los informes topográficos y precisos del artillero, era en +aquel momento cuando las amplias bocas de los esmeriles debían hacer un +_fuego del infierno_. + +Esperó, pues, y besó su rosario exclamando: + +--¡De rodillas, hermanos míos, somos muertos! + +Los diez hombres que le acompañaban, aprovechando a todo evento esta +advertencia, se arrojaron al fondo de la chalupa. + +Silencio, siempre silencio. No se oía... no se veía nada... más que la +luz que brillaba siempre en la cámara, y que de cuando en cuando +aparecía obscurecida por una sombra que la ocultaba. + +Santiago, un poco más tranquilo, se atrevió a levantar la cabeza, pero +la bajó prontamente al oír un crujido de la tartana, y luego la volvió a +levantar, sin ver esmeriles ni escotillas. + +Como nada da tanta tranquilidad como un peligro pasado o evitado, +Santiago se enderezó presa de un ardor marcial, y trepó a bordo de la +tartana seguido de sus diez hombres, a quien su ejemplo electrizaba. +Llegados al puente, no encontraron más que despojos, jarcias destrozadas +por el viento, un desorden, en fin, que anunciaba que aquel buque había +sufrido cruelmente los efectos del levante. Pero de pronto se oyó un +ruido desordenado en el sollado. + +Los diez marineros y el segundo de la _Urna de San José_ se miraron +palideciendo; no obstante, gritaron con voz un poco temblorosa, es +verdad: + +--¡Viva el rey! ¡Adelante la _Urna de San José_ y el valiente Santiago! + +Porque los compañeros de armas del valiente Santiago, que se apretujaban +los unos contra los otros, al oír aquel ruido imprevisto, se aproximaron +tan bruscamente a él, que el desgraciado héroe fue precipitado por la +escotilla que tenía a sus pies, y desapareció. + +Sus marineros, tomando aquella caída por una prueba de abnegación y de +intrepidez, siguieron al nuevo Curcio a los gritos de ¡viva Santiago! y +saltaron en el sollado como los carneros de Panurgo. + +Santiago se había levantado prontamente, y aprovechando el error de sus +hombres, les dijo en voz baja: + +--Hijos míos, el valor y la sangre fría no son nada; ya habéis visto +todos que, aun a riesgo de caer sobre millares de picas o de sables, me +he precipitado ciegamente en el sollado... eso es audacia, +sencillamente. + +--¡Viva nuestro Santiago!--repitieron los marinos. + +--Callaos, hijos míos, en nombre del Cielo, callaos; lanzáis unos gritos +capaces de asustar a las gaviotas. Guardaos vuestros ¡viva Santiago! +para más tarde. Ya gritaréis eso en la plaza de San Antonio. Será de un +gran efecto; pero, mientras tanto, veamos el medio de forzar el reducto +de esos condenados. + +Y mostraba la cámara en la cual se hacía siempre un ruido infernal. De +pronto, como si se le ocurriese una idea súbita, exclamó: + +--¡Amigos míos, armad vuestras carabinas!... ¡Fuego sobre ese tabique! + +Lo que había decidido sobre todo a Santiago a esta maniobra, es que +encontrándose necesariamente detrás de su tropa, se vería libre del +primer choque de la salida que podrían intentar los sitiados. + +--¡Fuego! ¡y que el Cielo nos ayude!--repitió empujando a su pelotón. + +Y sonó la descarga. + +A una distancia tan corta, las balas, llegando en masa sobre el tabique, +lo hundieron en parte, y antes de que los marineros hubiesen vuelto a +cargar sus armas, una masa espantosa les derribó y pasó por encima de +ellos lanzando horribles mugidos. + +--¡Desconfiad!--gritaba Santiago, que estaba guarecido detrás de uno de +sus valientes al que hacía servir de escudo--; desconfiad, es una +astucia de guerra; quieren caer de improviso sobre nosotros; volved a +cargar las armas. + +--Señor teniente--dijo uno de los marinos--, ¡pero si el sitiado tiene +el más hermoso par de cuernos que jamás cristiano alguno haya tenido +plantados sobre la cabeza!... + +--¡Apresad al monstruo!--gritó Santiago retrocediendo con su escudo +viviente--, es el condenado, apresadle... _Vade retro, Satanas_... +¡Santiago, San José, tened piedad de nosotros! + +--Pero, teniente... si esto no es... más que un buey ¡por la Virgen! un +excelente buey que se mueve. ¡Con siete balas en el cuerpo! + +Y la luz que se trajo de la cámara, permitió comprobar la exactitud de +este curioso boletín. Era, en efecto, un buey destinado a la comida de +la tripulación de la tartana, y que se habían probablemente visto +obligados a dejar al abandonar la embarcación. + +--¡Un buey! ¡un innoble buey!--decía Santiago--. Un plan de ataque +combinado con tanta sangre fría y ejecutado con tanta audacia para... +¡para apoderarnos de un buey al abordaje! + +--Nos lo llevaremos, ¿verdad, teniente? Nos vendrá al pelo porque ¡hace +tanto tiempo que no comemos carne fresca! + +--Os guardaréis de ello... ¿lo oís?--repuso Santiago con cólera--. ¡Qué +brutos y qué asnos sois! es decir, que queréis exponeros a las burlas de +vuestros camaradas presentando ese hermoso trofeo... Me opongo +terminantemente; subid al puente, seguidme, cerrad las escotillas, y +sobre todo, una vez a bordo, no desmintáis ni una palabra de lo que diré +al capitán, tanto en vuestro interés como en el mío. + +Santiago volvió a bordo de la escampavía, donde ya comenzaban a estar +inquietos, e hizo con una rara imprudencia, un relato detallado de su +combate con el gitano y sus demonios. + +--En fin--añadió--, en fin, lo cierto es que todos están muertos o fuera +de combate. + +Al escuchar aquella heroica narración, en que la intrepidez de Santiago +se revelaba por primera vez, el capitán Massareo, que conocía +perfectamente la cobardía de su segundo, no concebía un cambio tan +rápido; pero, acordándose de la quijada de Sansón, de la burra de +Balaam, y de tantos otros milagros, acabó por mirar a Santiago como un +elegido a quien Dios había animado de pronto con un soplo divino, para +darle la fuerza de combatir a un réprobo, a un hijo del ángel rebelde. +De modo que una vez que hubo adoptado esta desgraciada idea, creyó +ciegamente todas las tonterías y todas las mentiras que Santiago tuvo a +bien contarle. + +--¿Y el gitano?--preguntó el capitán. + +--El gitano, capitán, estaba probablemente disfrazado, pero yo estoy +convencido de que ha muerto también. ¡Diablo de sangre, cómo +mancha!--dijo Santiago que quería sin duda desviar la conversación de un +asunto tan delicado, y se interrumpió para limpiarse un ancho trazo de +sangre que surcaba su vestido, último vestigio de la agonía del pobre +cuadrúpedo. + +--¿Está usted herido, valiente Santiago?--preguntó el capitán con +interés--. ¡A ver! + +--No, no, por mi madre, no verá usted nada. Es una insignificancia, una +tontería--respondió Santiago con una indiferencia afectada, +retrocediendo precipitadamente--; pero lo que es importante, capitán, es +echar a pique ese nido de demonios. Las escotillas están cerradas, es +cuestión de unos cuantos cañonazos, y habremos purgado la costa del más +grande bandido que jamás haya infestado la costa. + +Massareo se moría de deseos de preguntar por qué no habían traído +prisioneros que hubieran podido dar fe del feliz éxito de la expedición; +pero comprendiendo que tendría que encargarse él de esta segunda misión, +y como ello no era muy de su gusto, accedió a todo lo que quiso el +valiente y bienaventurado Santiago, y comenzó a cañonear vigorosamente +la pretendida tartana del gitano, que no podía resistir largo tiempo un +fuego tan nutrido. + + + + +IX + +EL RELATO + +No matarás. + +_Mand. de la ley de Dios._ + + +Mientras que el bravo Massareo destruía una de las tartanas, la otra +salía del canal de la Torre, y navegaba con habilidad a pesar de las +ráfagas del levante, cuya violencia disminuía, sin embargo, +sensiblemente. + +No había nada en el mundo más resplandeciente que la pequeña cámara de +aquel buque, en la cual dos invitados estaban comiendo. Un enorme globo +de cristal pendiente del plafón, proyectaba una claridad viva y pura +sobre un rico tapiz turco, de un azul brillante, en el que se veían +bordados hermosos pájaros rojos que desplegaban sus alas doradas, y +tenían entre sus patas de plata largas serpientes de escamas verdes como +esmeraldas; un diván de raso obscuro, daba la vuelta a toda la pieza. + +En el centro, y cerca del diván, se levantaba una mesa servida con gusto +y riqueza exquisitos; pero en lugar de ser sostenida sólo por las patas, +cuatro ligeras cadenas la ataban al suelo, para librarla de los +vaivenes. El tinto de Rota, el Jerez y el Pajarete centelleaban en +preciosos frascos de cristal cuyas mil facetas reflejaban una luz +cambiante y coloreada como los matices del prisma, mientras que los +racimos de Sanlúcar, de granos violados y aterciopelados, las brevas de +Medina, las granadas de Sevilla, que el sol había abierto, y las +naranjas de Málaga, se elevaban en elegantes pirámides en las cestas +tejidas con un ligero hilo encarnado, tal como se ven en Esmirna; el +mantel, resplandeciente de blancura, estaba atravesado, según la moda +oriental, por brillantes dibujos de oro y de seda. + +Unicamente sencillas botellas de un verde obscuro, de cuello largo y +estrecho, de tapón lacrado y sujeto por alambre, botellas, en fin, que +olían a Francia y a champaña a una legua, contrastaban singularmente con +el lujo y el aparato asiático que dominaba en aquella pieza. + +Y era efectivamente champaña, porque dos copas cónicas y cilíndricas, +que se levantaban sobre su ancho pie de cristal, aparecían gloriosamente +llenas, y el licor rosado que hervía y centelleaba, elevó bien pronto su +espuma temblorosa por encima de los bordes del vaso. + +--¡Atención, comandante, la marea sube! + +Esto decía el joven imberbe que mandaba aquella tartana, sosia de la del +gitano, perseguida con tanto encarnizamiento y desgracia por los dos +guardacostas, mientras que el comandante desembarcaba el contrabando del +convento de San Juan al pie de las rocas de la Torre... + +La misma tartana de que el valiente Santiago se apoderara al abordaje +con un buey y sus cuernos y que el no menos valiente capitán acababa de +destruir a cañonazos. + +--Comandante, la marea baja, y si usted no tiene cuidado habrá bajado +del todo en un instante--repitió el muchacho, y de un trago apuró lo que +él llamaba la marea, de modo que su vaso quedó seco--. ¡Cómo amo este +vino de Francia! Porque nuestro Jerez y nuestro Málaga, con su color +amarillo sombrío, me parecen tan tristes como el canto de una dueña; +mientras que el color rosado y riente de este champaña me llenan el alma +de alegría. ¡Dios de verdad! Es como si oyese a mi Juana rasguear en mi +guitarra un vivo bolero. Por mi fe; viva el vino de Francia--repuso +dejando tan vivamente el vaso sobre la mesa, que lo rompió. + +Este ruido sacó al otro comensal de su ensimismamiento: era el gitano. + +--¡Francia, Blasillo! palabra ¡es un digno país! + +--¡País de hospitalidad!--dijo Blasillo apurando un segundo vaso de +champaña. + +El gitano miró, inclinó la cabeza hacia atrás recostándola sobre los +cojines del diván, y soltó una carcajada. + +--Y de la libertad--continuó Blasillo en el mismo tono. + +Aquí las carcajadas del gitano fueron tan violentas que resonaron por +encima del ruido de la tempestad eme mugía fuera, con gran confusión del +pobre Blasillo, que le miraba con aire de disgusto y de estrañeza. + +El gitano lo advirtió. + +--Perdón, Blasillo, perdón, hijo mío; pero tu ingenua admiración por ese +dulce país de Francia, como le llaman, ¡me ha recordado tantas +cosas!... + +Después de un momento de silencio, el gitano se pasó rápidamente la mano +por la frente, como para desechar una idea penosa, y dijo sonriendo: + +--Ahora que ya no podemos dedicarnos al contrabando y que nuestra +escuadra ha quedado reducida a la mitad, ¿a dónde iremos, Blasillo? + +--¡A Italia, comandante! Como aquí, el sol es caliente, el cielo azul, +los árboles verdes; como aquí, las mujeres son morenas, cantan +acompañándose de una guitarra y se arrodillan delante de la Virgen; sin +contar con que más de una ensenada de la costa de Sicilia ofrecería un +bueno y seguro refugio a la tartana. Vamos, ¡rumbo hacia Italia, +comandante! + +--¡A Italia!... no, porque los asesinos son castigados con la muerte, +¿no lo sabes, Blasillo? + +--¡Dios mío! ¡usted asesino!--dijo el muchacho con espanto. + +--Escucha. Blasillo, yo tenía catorce años; mi hermana Sed'lha y yo +conducíamos a nuestro padre que apenas podía andar, cuando cayó herido +de un tiro de carabina. Era el fruto del odio santo, que nos tenía un +cristiano. Yo no llevaba encima más que mi estilete; me lancé en +persecución del asesino le alcancé cerca de una roca. El era fuerte y +vigoroso, pero la sangre de mi padre había manchado mis ropas... y le +degollé con fruición. He aquí cómo abandoné Italia con mi pobre Sed'lha +¿qué habrías hecho tú, Blasillo? + +--Hubiera vengado a mi padre--dijo el adolescente después de un momento +de expresivo silencio--. Viremos en redondo, comandante--añadió con un +profundo suspiro--, y vayamos a Egipto. Se dice que Mehemet Alí e +Ibrahim acogen muy bien a los extranjeros. Vamos a Alejandría... + +--Es una hermosa ciudad Alejandría: es allí donde yo desembarqué al huir +de Italia. Un buen emir me recogió con mi hermana y me envió al colegio, +porque hay más instrucción y más colegios en Alejandría que en todas las +Españas, Blasillo. + +--Le creo a usted, comandante. + +Aprendí allí la lengua francesa, el español, la ciencia de los números, +el arte náutico. Salí de allí hecho un buen marino. + +--¡Y que lo diga usted! + +--Al cabo de seis años yo mandaba un brick, que tuvo un encuentro con el +brulote de Canaris, Blasillo. + +Este hizo el saludo militar. + +--Y volví a puerto para reparar las averías y reclutar una nueva +tripulación, lo que ocurría siempre que se encontraba a Canaris. En +Alejandría me recibieron afectuosamente. Verdaderamente es una alegre +ciudad, sobre todo en las hermosas tardes en que el sol se pone detrás +de las arenas del desierto y cuando dora con sus rayos el harem de +Mehemet, las fortificaciones del viejo puerto, el palacio del faraón y +la columna de Pompeya. Entonces el aire del mar refresca el aire +abrasador; los negros extienden la tienda rayada sobre la terraza, y +uno, tendido sobre un muelle cojín, aspira el vapor del tabaco +levantino, que se perfuma al atravesar un agua de rosas y de lilas, y +después, una hermosa joven de Candía o de Samos, se arrodilla ante uno +ofreciéndole ruborizada un sorbete helado en una copa ricamente +cincelada. Haces un signo y ella se aproxima a ti, y, con un brazo +pasado alrededor de su cuello, miras con indiferencia aquella cabeza de +ángel que se dibuja como una aparición fantástica en medio de un humo +azulado y oloroso, que se eleva en torbellinos del narguile. + +Los ojos de Blasillo brillaban ciertamente tanto como las facetas +centelleantes de los frascos de vidrio: + +--Vamos a Alejandría, comandante--dijo incorporándose. + +--¡A Alejandría! ¿qué te parecería, mi querido niño, si te sentasen +sobre la flecha aguda de un minarete que se lanza hacia las nubes? +¡flecha, por otra parte, brillante y dorada! ¿y si se te dejase en esa +incómoda posición hasta que los cuervos hubiesen devorado las pupilas de +tus grandes ojos negros? + +Esta proposición apagó el ardor de Blasillo, que llenó prestamente su +copa sonriendo: + +--Viremos, pues, en redondo, comandante. + +--Sí, Blasillo, tal es la suerte que me espera en Egipto, si el bauprés +de mi tartana se dirigiese hacia ese suelo encantado. + +--¿Y por qué, comandante? + +--¡Oh! porque yo hundí cinco veces mi kangiar en la garganta del buen +anciano emir que nos recogía a Sed'lha y a mí, y me hizo instruir como +un rabino. + +--¡Dios del Cielo! ¡otro asesinato! ¡Usted asesino de su bienhechor! + +--Había abusado de la hospitalidad que nos diera para seducir a mi +hermana, con la que no podía casarse. ¿Qué hubieras hecho en mi lugar, +Blasillo? + +El joven español ocultó la cabeza entre sus manos. + +--¿Y su hermana?--preguntó. + +--Me quedaba aún una última prueba de afecto que darle, y se la di. + +--¿Cuál? + +--La maté, Blasillo. + +--¿Mató también a su hermana? ¡Usted fratricida! ¡Anatema! + +--¡Niño! ¿sabes tú qué suerte espera en Egipto a una joven de mi raza +que se ha dejado seducir, cuando el seductor es casado? La despojan de +sus vestidos y la pasean desnuda por la ciudad; después la mutilan del +modo más horrible, la meten en un saco y la exponen a la puerta de una +mezquita, donde todo hombre, incluso un cristiano, puede llenarla de +golpes, de injurias y de barro... ¿Qué hubieras, pues, hecho más por tu +hermana, Blasillo? + +--¡Siempre asesinatos, siempre! No obstante, yo admiro a usted--dijo +Blasillo anonadado. + +--¡Bebamos, niño! ¿ves? la espuma plateada tiembla y chisporrotea. +Bebamos, y arrojemos a la sombra los negros recuerdos del pasado. ¡Por +tu amante Juana, por sus ojos negros! + +Blasillo repitió casi maquinalmente: + +--¡Por Juana y sus ojos negros! + +--Blasillo, ¿dónde iremos a arrojar el áncora? + +--Propongo que en Francia, comandante--y mostraba su copa medio vacía--, +porque, por mi Juana, ¡si los franceses se parecen a su vino!... + +--Justo, Blasillo, justo. Como su vino, ellos estallan, chisporrotean y +se evaporan. + +--Pero por lo menos no habrá allí, así lo espero, minaretes de flechas +agudas sobre los cuales sienten a las gentes, mezquitas donde insulten a +las jóvenes, y cristianos que degüellen a un anciano como un corzo. +Además, usted no ha estado allí, ¿verdad, comandante? + +--Sí, Blasillo. + +--¿Y permaneció usted mucho tiempo en ese hermoso país? + +--Blasillo, cuando salí de Egipto, vine a Cádiz, en tiempos de las +Cortes; ofrecí mis servicios y no me preguntaron si llevaba la cruz o el +turbante, pero me hicieron maniobrar una hermosa fragata de guerra, y +cuando vieron que yo servía para el caso, me la confiaron. Hice algunos +afortunados cruceros, y sobre todo recorrí la costa con el mayor +cuidado. Más tarde, cuando la santa alianza tuvo que reconocer que tu +dulce país tenía la fiebre amarilla... + +--¡Por mi Juana! era una fiebre de libertad. + +--Bien, Blasillo, fue un pequeño acceso de libertad, corto y rápido, que +la santa alianza detuvo prontamente con un poco de pólvora de cañón. +¡Hermosa victoria! porque tus compatriotas que no tiran jamás sobre un +hombre que lleva un crucifijo, tuvieron que bajar sus armas ante las +cruces, los pendones y los religiosos que precedían al ejército francés, +y se arrodillaron ante el enemigo como al pasó de una procesión. De modo +que ésta fue una victoria, una victoria de agua bendita, Blasillo. Yo +seguí otro sistema; dejé pasar las tonsuras y tiré sobre los soldados. +Por esta causa, cuando la paz de Cádiz, fui condenado a muerte por +masón, comunero, rebelde y hereje, que viene a ser lo mismo. Huí a +Tarifa, donde me refugié con Valdés y algunos otros hombres. Nos +sitiaron, y al cabo de ocho días de una vigorosa defensa, tuve la suerte +de caer moribundo entre las manos de un oficial francés que favoreció mi +fuga, y me dirigí a Bayona y de allí a París. + +--¿A París, comandante? ¿Usted ha estado en París? + +--Sí, hijo mío; y allí, vida nueva; reanudé la amistad con un capitán de +la marina que había conocido en el Cairo en el momento en que iba a ser +decapitado por haber levantado el velo a una de las mujeres de un +fellah. Yo le salvé a bordo de mi brick. Al encontrarme en Francia, +quiso atestiguarme su agradecimiento, y me presentó a un pequeño número +de amigos, como un proscrito de la Inquisición. Entonces recibí tantas y +tan calurosas protestas de interés, que me conmoví, Blasillo. Bien +pronto el círculo se engrandeció, y todos quisieron oírme contar mi +desgraciada existencia. Yo me presté a ello; siempre es dulce hablar de +sus desgracias a quien las compadece, y hay en ello como una miserable +coquetería que impulsa a decir: Ved cómo mi herida sangra aún. Pero mi +vanidad fue cruelmente castigada, porque advertí un día que se me hacía +repetir con demasiada frecuencia mis desgracias. Más desconfiado, +estudié aquellas almas generosas, y escuché las reflexiones que hacían +nacer mis confesiones. Entonces pude apreciar el interés que se tenía +por el hombre que ha sufrido mucho. Al principio quedé anonadado, +después me dio risa. Figúrate tú, Blasillo, que querían a todo precio +emociones nuevas, como ellos decían, y, para proporcionárselas habrían +asistido, creo yo, a la agonía de un moribundo, y habrían analizado uno +a uno todos sus movimientos convulsivos. Y, a falta de mi agonía, +explotaban el relato de mis males, y se complacían en hacer vibrar cada +cuerda dolorosa de mi corazón, para apreciar su sonido. En cuanto a mí, +con los ojos chispeantes, el pecho hinchado por los sollozos, les +contaba la agonía de mi pobre hermana y mis horribles imprecaciones +cuando vi que estaba muerta... muerta para siempre... entonces ellos, +palmoteando, decían: «¡Qué expresión! ¡qué gesto! ¡Qué bien +representaría el Otelo!» Sí, cuando yo les contaba mis combates por la +independencia de España, que me habían proscrito; cuando mi exaltación +africana llegaba hasta el delirio y yo gritaba jadeante: ¡libertad! +¡libertad!... ellos decían: «¡Qué hermoso está! ¡Qué bien representaría +el Bruto!» Y después, cuando habían asistido a la tortura moral que me +imponían exaltando mis recuerdos, se iban tranquilamente al baile, a +sus ocupaciones, a otros placeres: porque para ellos todo estaba dicho: +la comedia ya había sido representada. Entonces, yo creía despertar de +un sueño, y me encontraba solo con mi amigo el capitán de barco, +orgulloso de mí, como el que exhibe un tigre aprisionado. + +--¡Infame!--exclamó Blasillo. + +--No, Blasillo; aquellas buenas gentes trataban de distraerse. ¡El día +es tan largo! y además, ¿de qué podía quejarme? no me habían silbado, al +contrario, me aplaudían. ¿Qué quieres? mi vida es un papel; así como +así, todo es comedia: amistad, valor, virtud, gloria, abnegación. + +--¡Oh! ¡comandante!--exclamó Blasillo con amargura. + +--¡Todo, muchacho, todo! hasta la piedad de las mujeres por la +desgracia. Y si no, escucha; yo amaba con pasión a una mujer hermosa, +joven, rica y brillante. Una tarde, yo me había deslizado en su tocador +antes de la hora, y acurrucado detrás de un espejo, esperaba. De pronto, +se abre la puerta, y Jenny entra con una mujer hermosa, joven también. +Bien pronto vinieron las confidencias, y como su amiga le envidiase mi +amor, ella respondió: «¿Crees que le amo? no, condesa; pero me choca y +me enternece; me da miedo y me divierte. ¡Qué pálidas resultan las +lamentaciones de un héroe de novela al lado de su desesperación! porque, +querida mía, cuando el pobre muchacho llega al capítulo de sus disgustos +pasados, llora con lágrimas de verdad y, ¿lo creerás tú? me conmuevo» +añadió riendo fuertemente. Ya ves, Blasillo; había faltado a sus +deberes y se había entregado a mí para hacerme representar sucesivamente +los remordimientos, el furor o el amor; me inspiró piedad entonces, +Blasillo. ¡Bebamos, muchacho! ¡Por la hospitalidad de Francia, como tú +dices, por la libertad!... Una mañana, mi amigo el capitán, vino a +decirme que mi presencia en París podría encender de nuevo la antorcha +de la revolución en España, y que si en el plazo de tres días no había +abandonado Francia, me exponía a ser detenido y a ser conducido a la +frontera... allí, ya comprendes lo que me esperaba. Viendo mi embarazo, +el excelente hombre, que debía tomar en Nantes el mando de un negrero, +me propuso partir con él; yo acepté, y diez días después estábamos a la +vista del estrecho de Gibraltar: Mi buen amigo quiso dejarme en Tánger, +donde yo permanecí algún tiempo; allí, el judío Zamerith, jefe de una de +nuestras sectas de Oriente, me cedió las dos tartanas con sus +tripulaciones de negros mudos, y tú, querido mío, y tú de propina; tú, +pobre aspirante de marina, al que habían hecho prisionero a bordo de un +yate, cuyo pasaje fue asesinado; ¡tú, pobre niño, que has querido unirte +a mi suerte! ¿Amas, pues, al condenado? di, ¿me amas? + +El gitano pronunció estas últimas palabras con aire emocionado. La única +lágrima que en mucho tiempo había derramado, brilló un momento en sus +ojos, y tendió la mano a Blasillo, que la asió con una exaltación +inconcebible, exclamando: + +--¡En vida y en muerte, comandante! + +Y una lágrima obscureció también la mirada de Blasillo; porque todo lo +que impresionaba el alma o la cara del maldito, se reflejaba en él como +en un espejo. + +No obstante, y aunque hubiese adoptado las ideas del gitano, esto no era +en él la pálida y servil parodia de aquel carácter singular; pero este +carácter resumía a sus ojos todos los rasgos que hacen al hombre +superior, y lo copiaba como una bella alma copia a la virtud. Si quería +compartir todos sus peligros, es que obraba movido por una especie de +fatalismo, persuadido de que vivía de su vida y de que moriría de su +muerte. En fin, aquel hombre singular era para aquel niño apasionado más +que padre, amigo o jefe, era un dios. + +Y en efecto, aquel compuesto de audacia y de sangre fría, de crueldad y +de sensibilidad; aquel golpe de vista seguro y penetrante de profundo +táctico, unido a una prontitud de ejecución siempre justificada por el +éxito; aquel lenguaje, tan pronto cargado de los colores orientales, tan +pronto abrupto y brusco; aquellos vastos conocimientos, aquellos +crímenes, excusables y comprensibles hasta cierto punto, aquel interés +que rodeaba al proscrito, aquella existencia prematuramente amargada, +las amargas revelaciones de aquella alma fuerte y generosa, a quien el +destino condujo a demostrar el amor filial por un asesinato, y el amor +fraternal por otro asesinato; en fin, la vista de aquel réprobo, grande +en medio de sus desgracias, todo aquello debía fascinar a una +imaginación ardiente y joven. Así, el gitano ejercía sobre Blasillo +aquella inevitable y potente influencia que un hombre tan extraordinario +debía imponer a todo carácter exaltado; en una palabra, Blasillo +experimentaba por él aquel sentimiento que comienza en la admiración y +acaba en la abnegación heroica. + +--¡Bebamos, Blasillo!--repuso el comandante, cuya mirada había +recuperado su vivacidad habitual--, bebamos, porque acabo de hacerte una +larga y aburrida confesión, hijo mío; únicamente ten presente que no has +de volverme a hablar jamás de esto; ahora ya conoces mi vida. ¡Vamos! +¡por tu Juana! + +--¡Por su monja, capitán! + +--Ya la había olvidado, así como mi proyecto de escalo, porque los muros +son elevados, Blasillo. + +--¡Por el Cielo, comandante! si los muros del convento de Santa +Magdalena son elevados, una flecha provista de un hilo de seda lanzada +por una ballesta, puede llegar bien alto, y caer en el jardín del +claustro. + +--¿Y después, Blasillo? + +--Después, comandante, la monjita que habrá recibido el hilo de seda, +del cual usted habrá guardado un cabo, se lo notifica por un ligero +movimiento; entonces usted ata una escala de cuerda a la extremidad del +hilo que cae por la parte de fuera; la joven tira hacia ella, fija la +escala en el muro, como ha hecho usted por la parte de fuera, y ¡por la +Virgen! usted puede una noche entrar en el santo recinto y salir tan +fácilmente como yo vacío esta copa. + +--Por mi kangiar, joven, conoces el fuerte y el flaco del reducto, y, a +fe mía, tengo deseos de... + +En aquel momento, un viejo negro de cabellos blancos, el único +tripulante que no era mudo, descendió rápidamente, se lanzó hacia la +habitación, e interrumpió al gitano. + + + + +X + +EL PRODIGIO + +...Yo no sé, maestro, si es demonio +o brujo; mi manta encarnada se ha +vuelto negra, y he mellado mi larga +espada escocesa golpeando el ala satinada +de un joven cisne. + +WORD'WOK, «_Aventuras de Ritsborn, el buen loco_». + + +--Y bien, Bentek--dijo el gitano al viejo negro--, ¿qué quieres? ¿Por +qué has llegado aquí saltando y debatiéndote como un tiburón al que +clavan el harpón? + +Pero Bentek, viviendo entre mudos, había acabado por tomar horror a la +palabra y por perder casi la costumbre de hablar; de modo que no +respondió más que por el monosílabo _¡pom!_... _¡pom!_... que acompañaba +con gestos bruscos y precipitados. + +--¡Ah! ya caigo--dijo Blasillo--; el viejo cormorán quiere probablemente +hablar del cañón. + +Blasillo no se equivocaba, porque apenas había terminado de hablar, +cuando un cañonazo lejano se oyó, después otro y después otro. +Finalmente, advirtieron un vivo cañoneo. + +Eran los valientes de Massareo que destruían la otra tartana. + +--¡Por los santos del paraíso!--exclamó el ardiente joven--, ya habla el +cañón. + +El gitano escuchaba silenciosamente, mientras que Bentek continuaba sin +interrumpirse sus _¡pom!_... _¡pom!_ y su viva pantomima. Blasillo, +poniéndose apresuradamente un cinturón, colocaba en él su sable, su +puñal y sus pistolas. Tenía ya el pie en la primera grada de la escalera +del sollado, cuando el gitano, que se había hundido en el diván, le +gritó: + +--Blasillo, bebamos, hijo mío, y hablemos de la monja y del escalo del +convento de Santa Magdalena. + +--¡Beber... hablar!... ¿en este momento?--preguntó Blasillo, confundido, +abandonando el cordón de seda rojo que iba a servirle para subir la +escalera. + +El gitano miró fijamente a Bentek, e hizo un gesto que el viejo negro +comprendió en toda su expresión, porque en dos saltos desapareció. + +--Sí, hijo mío, bebamos en este momento; porque, Blasillo, tú eres como +el joven y ardiente savo que, como no distingue el grito inofensivo del +alción del grito de guerra de la gaviota, afila sus uñas y su pico para +sostener un combate imaginario. + +--¡Cómo!... + +--Escucha atentamente ese ruido, y no oirás que esos cañonazos sean +contestados; si tú no estuvieses aquí, si no te hubieses visto obligado +por ese levante del infierno a abandonar la pobre hermana de mi tartana, +que, completamente desamparada, flota ahora al capricho de las olas como +el nido desierto de una gaviota; si tú no estuvieses aquí, querido, yo +no me quedaría tendido sobre este sofá, porque temería por ti. Así, +pues, calma ese ardor, Blasillo; se trata seguramente de algún buque que +ha zozobrado y que pide auxilio. Pero se equivoca; lo que hice ayer por +ti, Blasillo, no lo hubiese hecho ni lo haré jamás por nadie. + +--Le debo la vida una segunda vez, comandante; sin usted, sin la +tempestad que me arrojó a su paso, yo me hubiera hundido con la +desgraciada canoa en que navegaba al dejar la tartana. + +--Pobre niño, tú habías maniobrado, sin embargo, con una rara habilidad +para conducir a esos pesados guardacostas lejos de la punta de la Torre, +mientras que yo desembarcaba el contrabando del tonsurado... Mala noche +para él, Blasillo; ¿por qué blasfemaba?... _el buen Dios le ha +castigado_--añadió riendo y vaciando su copa. + +--¡Por el alma de mi madre, comandante! la segunda tartana marchaba como +una dorada, ¡qué ligereza! hubiese virado en redondo en un vaso de agua. +¡Ay! ¿qué queda ahora de ese bonito y fino buque? ¡nada!... algunas +planchas rotas o empotradas en las rocas. + +--¿Llegué, pues, bien a propósito, Blasillo? + +--¡Dios del Cielo! comandante, había perdido el palo mayor y el bauprés; +las tres cuartas partes de la tripulación habían sido barridas por las +olas, y las bombas no bastaban para achicar el agua ¡ay! No tuve más +remedio que abandonar el buque, que a estas horas ya debe haberse +hundido. + +En aquel momento, el ruido del cañoneo se oyó tan distintamente, que el +gitano se lanzó hacia el puente, seguido de Blasillo. + +La noche era sombría y fresca, y el condenado, encontrándose en la misma +dirección que la escampavía de Massareo, que tiraba del lado opuesto, +había podido aproximarse sin ser visto, ya que el fogonazo de las +andanadas no iluminaba más que el casco del navío sobre el cual tiraban. + +El réprobo se dejó ir aún un instante, hizo apagar todas las luces, y se +puso al pairo a medio tiro de fusil del guardacostas, que continuaba +disparando, y cuyos tripulantes, atentos, estaban agrupados sobre los +empalletados. Se oían perfectamente las voces de Santiago y del valiente +Massareo. + +--¡Por el Cielo! ¡es el casco de la otra tartana el que hunden esos +perros!--exclamó Blasillo en voz baja, mostrando al gitano los restos +del pobre buque, que, iluminado a cada andanada, comenzaba efectivamente +a hundirse--. ¡Fuego sobre ellos, comandante, fuego! + +--Silencio, niño--respondió el condenado. + +Y se llevó a la cámara a Blasillo, haciendo descender también a Bentek. + +Se sabe que después de la heroica expedición de Santiago contra la +tartana que sólo tenía un inocente buey por todo defensor, se sabe que, +vuelto a bordo, el digno teniente de la _Urna de San José_, había +decidido al capitán Massareo a destruir la embarcación, esperando así +borrar las trazas de su mentira. + +Su voz agria y chillona lo dominaba todo a bordo de la escampavía. + +--¡Vamos, valor, hijos míos!--decía--, Dios es justo y por su asistencia +y la mía nos vemos libres de ese infernal gitano. + +--¡Cómo!--preguntó el honrado Massareo--, ¿está usted bien seguro, +Santiago, de que el condenado está entre el número de los muertos? + +--¿Dónde quiere usted que esté, capitán? Con semejante tiempo no era +posible salvarse a nado. Pero, escuche--dijo al ver que la tartana ya se +hundía--; he querido reservarle una sorpresa; tengo la certeza de que ha +muerto, porque yo mismo lo he derribado al suelo y lo he agarrotado. + +--¡Tú!--dijo Massareo con aire de incredulidad. + +--¡Yo!--contestó Santiago con un impudor inconcebible. + +--Santiago, si puedes darme pruebas de lo que dices, ¡por el dedo +pequeño del pie de San Bernardo!, la aduana y el señor gobernador de +Cádiz te darán más escudos que los que necesites para armar y equipar un +buen buque de tres palos y hacer viajes a Méjico. + +--Una prueba, capitán... aunque no fuesen más que esos horribles +aullidos... ¿cree usted que un hombre ordinario puede gritar de esa +manera?... ¿quién quiere que sea más que el condenado? + +Se trataba del desgraciado buey, que, presintiendo su fin, mugía +lamentablemente. + +--La verdad es, Santiago--repuso el capitán estremeciéndose--, que ni +usted ni yo pediríamos socorro de esa manera. + +--¡Y si hubiese visto usted al maldito--continuó Santiago--cuando yo le +planté dos balas en el costado! ¡si usted hubiera visto al monstruo cómo +se debatía! pero ¡por los siete Dolores de la Virgen! su sangre era +negra, negra como el alquitrán, y olía tan fuertemente a azufre, que +Benito creyó que quemaban mechas en la cala. + +--¡Santa Virgen, tened piedad de nosotros!--dijo el bueno de Massareo +interesado hasta el último punto--; pero, ¿por qué ha tardado usted +tanto en dar esos detalles? + +Como partió una andanada al mismo tiempo que la pregunta del capitán, +Santiago aparentó no haberla oído, y continuó con una imperturbable +impudicia: + +--Aún le veo, capitán, todo vestido de rojo ¡el malvado! con unas +calaveras bordadas de plata, y después una talla... ocho pies y algunas +pulgadas; unos hombros... unos hombros anchos como la popa de la +escampavía, y después una barba roja, cabellos rojos, ojos brillantes, y +unos dientes... es decir, unos colmillos como un jabalí. En cuanto a los +pies, los tenía torcidos como las patas de mi carnero _Pelieko_. + +Massareo bendecía a Dios, persignándose de que, por su voluntad, se +hubiera podido librar a la costa de un tal réprobo. + +En aquel momento, la tartana se hundió destrozada, entre los alegres +gritos de la tripulación del guardacostas, y el espesor de las +tinieblas, que, durante aquel largo cañoneo, habíanse disipado a +intervalos, parecía aumentar. El mar estaba casi tranquilo, y no se +notaba más que una débil brisa del Sud. + +--En fin--exclamó el capitán--, por la intercesión de Nuestra Señora y +por el valor de Santiago, que puede contarlo como un milagro, nos hemos +desembarazado de ese demonio. Pero que se haga la voluntad de Dios en +todas las cosas. Hijos míos, de rodillas, y demos las gracias a Dios por +ese testimonio de su bondad hacia los bienaventurados, y de su cólera +contra los malditos. + +--Amén--respondió la tripulación, que se arrodilló, y todos entonaron +una especie de _Te Deum_ de un efecto muy agradable. + +El aire era pesado, la noche sombría, y a dos pasos no se distinguía un +bulto. + +Al fin del primer versículo se hizo el silencio, un profundo silencio. +Massareo, solo, dijo: + +--Dios de bondad, que velas por tus hijos y los defiendes contra +Satanás... + +No pudo decir nada más. + +El, Santiago y todos los tripulantes, quedaron petrificados sobre el +puente, con los ojos fijos, extraviados, y en una espantosa inmovilidad. + +--Palabra de honor... creo... + +Ya sabéis que el mar estaba tranquilo, la noche obscura... todo +obscuro... ¡Pues bien! + +Un inmenso foco de una luz roja y brillante se levantó de pronto; el +mar, reflejando aquella claridad deslumbrante, hizo rodar olas de fuego, +la atmósfera se inflamó y las cimas de los peñascales de la Torre se +tiñeron de una luz purpurada, como si un vasto incendio hubiera hecho +presa en la costa. + +Aquella luminosa aureola era surcada en todas direcciones por largas, +cintas de fuego que estallaban en mil chispas, se entrecruzaban y caían +en lluvia de oro o de azul o de fuego. Eran millares de ardientes +meteoros que centelleaban chisporroteando, vivos y frecuentes relámpagos +de una blancura deslumbrante. + +Y después, en medio de aquel lago de fuego aparecían el gitano y su +tartana. + +Era el gitano en persona rodeado de su tripulación de negros, cuyas +repugnantes figuras semejaban máscaras de bronce enrojecidas al fuego... + +El gitano, sobre el puente de su buque, completamente vestido de negro, +con su gorro adornado de una pluma blanca, los brazos cruzados y montado +sobre su caballito que llevaba una rica gualdrapa de púrpura, y cuyas +crines, trenzadas de hilo de oro, caían formando globitos de cristal y +de pedrería, sujetos con cintas de plata. + +Al lado del réprobo y apoyado en el cuello de _Iscar_, se veía al joven +Blasillo, vestido de negro también, y teniendo en la mano una larga +carabina damasquinada; después, Bentek y sus negros, formados en dos +filas, rodeaban silenciosamente los cañones, y el ligero humo blancuzco +que se elevaba de cuando en cuando probaba que las mechas estaban +encendidas y las piezas cargadas. + +No había nada en el mundo más imponente que aquel espectáculo, que +semejaba una aparición satánica; porque el profundo silencio de la +tripulación del réprobo, su inmovilidad, el buque negro que, a los ojos +de los españoles, que ignoraban que el gitano tuviese dos tartanas, +parecía surgir del fondo del abismo en medio de oleadas de luz y de +llamas, en el momento mismo en que la creían destruida para siempre; el +rostro tranquilo y frío del condenado, cuya mirada tenía algo de +sobrehumano, todo esto debía aterrorizar al desgraciado Massareo y a sus +acólitos que no vieron en esta aventura pirotécnica más que el triunfo +de Satanás. + +La voz del condenado tronó, y toda la tripulación de la escampavía, que +estaba arrodillada y como fascinada ante aquel extraño espectáculo, cayó +de bruces contra el puente. + +--¡Y bien!--dijo el gitano--, ¡y bien, valiente guardacostas, ya ves que +ni el viento ni el fuego pueden nada contra mí, y que cada una de tus +balas han reparado una de mis averías. ¡Por Satanás! mi dueño, ¿te +atreverás aún a perseguir al gitano, creerás aún que miserables como tú +y los tuyos puedan detener en su carrera al que resiste a los embates de +la tempestad y a la voluntad de Dios? + +Nadie en la escampavía se atrevió a contestar esta impertinente +fanfarronada. + +--Pero, ¡por la ardiente pupila de Moloch! ¿no respondéis? Vamos, que +ese capitán que ha restaurado mi tartana con tanta diligencia, que ese +valiente capitán se levante, o destrozo su embarcación. ¡Palabra de +honor! Pensad bien, hermanos míos, que vosotros no encontraréis como yo +en el fondo del Océano bravos demonios de alas de fuego que, saliendo de +los abismos de lava ardiente en que se agitan, tomen vuestra escampavía +sobre sus hombros para ponerla a flote. Porque la claridad que vosotros +veis, hermanos míos, no es más que el reflejo de sus alas que han +desplegado un momento. Por última vez, capitán, levántate, o atacaré tu +navío con un cierto fuego que el agua bendita y los exorcismos no podrán +apagar, te lo juro. + +Los españoles sufrieron un instantáneo sobresalto, como si hubiesen +recibido una conmoción eléctrica, pero nadie se levantó. + +--¡Por la uña de Belcebú! es sin duda ese héroe del frac azul y de la +charretera de oro que oculta su cabeza detrás de un cañón y que no se +menea más que un pescado muerto... Blasillo, hijo mío, haz que esconda +esa pierna que se le ve aún, porque el valiente se desliza como una +culebra a lo largo de ese afuste. + +Blasillo dejó caer el gatillo de su larga carabina, y el capitán +Massareo, por el brusco movimiento que le hizo hacer su herida, se +encontró casi sentado en el puente, fijando en el gitano unos ojos +mortecinos que miraban sin ver. + +Creo que la bala de Blasillo le había roto una pierna. + +--Ve a decir a los sabuesos de la aduana y al señor gobernador de Cádiz, +que yo hubiera podido destrozar e incendiar tu buque, y que no lo he +hecho. Mírame bien--añadió el gitano poniéndose la punta de su índice en +la frente amplia y despejada--, mírame bien, para que te acuerdes del +condenado y de su clemencia; pero como mañana podrías creer que se +trataba de un sueño, he aquí lo que te probará la realidad de tu visión. +¡Adiós, valiente! + +Al mismo tiempo tomó una mecha de las manos de Bentek, y se aproximó a +un cañón; el disparo partió, la bala silbó, rompió el palo de mesana del +guardacostas, hundió una parte de la borda, mató dos hombres e hirió +tres. + +Apenas había resonado el cañonazo, cuando el inmenso foco de luz en +medio del cual apareciera el gitano, se extinguió como por ensalmo, y la +obscuridad profunda que reemplazó a aquella claridad deslumbrante, hizo +las tinieblas más espesas aún; ya no se distinguía nada, ni se oía nada. + + * * * * * + +--Y bien, Blasillo, ¿qué dices tú de mi venganza?--preguntó el gitano a +su joven compañero después que se hubieron alejado mucho de la +escampavía por medio de los largos remos de la tartana, cuidadosamente +envueltos, de modo que la misteriosa desaparición del gitano pudiera +pasar a los ojos de los españoles por un nuevo prodigio. + +--¡Su venganza, comandante, su venganza! ¿Cómo hubiera tratado, pues, a +los amigos?... ¡Dejar a esos miserables!... ¡Por la Virgen! ¡si supiera +usted lo que yo he sufrido viendo a la pobre tartana caer pieza a pieza +bajo el cañón de esos cobardes! + +--¡Tú eres un niño, querido! si yo hubiera hundido a esos miserables y a +su embarcación, ¿quién lo hubiera sabido? Se les hubiera creído perdidos +a consecuencia del huracán, y mañana, otras dos escampavías se pondrían +en mi persecución. Mañana, Blasillo, ni un brick, ni una fragata, ni un +navío se atreverá a ello, tan grande ha sido el terror que he sabido +inspirarles. Hubiera matado a doce cobardes; así paralizo el valor de +diez mil bravos, porque en tu dulce país se pelea valientemente contra +los hombres, pero aun se teme al diablo... Ya lo saben los frailes; así +ellos se sirven de Dios como yo de Satanás, Blasillo. Ves, otra comedia. + +Blasillo no respondió nada, pero preguntó al gitano qué es lo que +pensaba hacer. + +--Palabra, hijo mío, no hay que pensar en el contrabando; no nos queda +ya más que un camino, y es el de ir a ofrecer nuestros servicios a los +insurrectos de la América del Sur; pero antes de partir quiero ver a la +monja. El terror de tus compatriotas durará mucho tiempo, Blasillo; +además, nuestro retiro continúa siendo tan seguro y tan secreto como +antes; hablemos, pues, Blasillo, del convento de Santa Magdalena. + +--Hablemos, comandante. + +Hablaron, y largamente. + +En cuanto a Massareo y su tripulación, esperaron el día en la misma +posición, es decir, con la nariz pegada al suelo, y únicamente cuando el +sol estuvo bien alto se atrevieron a levantar la cabeza; pero como no +habían maniobrado durante aquella noche terrible, se encontraron varados +sobre la costa de Conil, enfrente del faro de señales. + +Entonces aquellos desgraciados, pálidos y maltrechos, se miraron con +espanto, y de un brinco se plantaron en la playa, echando a correr con +toda la velocidad de sus piernas, como si el gitano les pisara los +talones. + +Encontraron un asilo en Conil; allí contaron detalladamente el prodigio, +y este relato, ya desnaturalizado por ellos, tomó, al pasar por los +labios de los campesinos de Conil y sus alrededores, un carácter tal, +que ya no se trataba de una tartana, sino de un inmenso navío, tripulado +por legiones de demonios que vomitaban llamas, con sus alas de fuego, y +llevando a la cabeza al gitano--o mejor dicho, al mismo Satanás, como ya +se dijo juiciosamente en la barbería de Flores--, que se había +precipitado al fondo del Océano, en el momento en que la tartana se +hundía a los cañonazos del guardacostas; en fin, una historia digna del +_Romancero_, pero que, por absurda que fuese, y según la predicción del +gitano, tuvo durante largo tiempo a todo el litoral en jaque y llevó a +su límite máximo el terror que inspiraba el nombre del condenado. + + + + +XI + +AMOR + +Quisiera poseer tantos sentidos como +estrellas las hermosas noches para ocuparlos +todos en nuestro amor; pienso +que es por eso por lo que los ángeles son +dichosos entre todas las criaturas. + +C. NODIER, «_El rey de Bohemia_». + + +¡Oh! ¡cuánto amo una noche de estío, una bella noche de España, con su +cielo transparente y azul como en los más hermosos días de Francia, y su +luna más brillante que su sol! porque entonces todo es misterio y +silencio, todo se agranda en la obscuridad; porque entonces el ligero +estremecimiento del ala matizada de una mariposa, una flor que, +destacada de su aureola, cae zumbando sobre una hoja seca, el murmullo +de las ramas que el aire agita y balancea, resuenan más fuerte a vuestro +oído inquieto y atento que el cañón que truena en un día de fiesta. + +¡Ved el convento de Santa Magdalena! ahora que el sol no le dora con sus +rayos, ¡cómo se eleva imponente con sus negros y altos muros y sus +vastos pórticos grises cortados en festones! ¡cuán bien sus pesadas +torres, sus largas galerías desiertas encuadran en la sombría verdura de +las viejas encinas! ¡cómo sus grandes sombras hacen resaltar la luz +blanca y viva que alumbra los muros, platea los techos de plomo y la +brillante flecha del campanario! + +Ya os lo he dicho; todo es silencio, se distinguiría el vuelo de una +abeja del de una mariposa. + +¡Atención! ¿no oís los violentos latidos de un corazón que brinca y las +inspiraciones de una respiración anhelante? ¿No oís hasta el ágil y +fresco césped murmurar bajo el ligero peso que le aprisiona? + +Deslizaos detrás de esa madreselva que rodea esa hermosa palmera con sus +guirnaldas purpuradas... ¡Veis!... ¡Santo Dios! ¡es la monja! ¡es el +gitano! + +Un pálido y débil rayo de luna jugueteaba sobre el encantador grupo. El +gitano estaba sentado a los pies de la monja, con los codos sobre las +rodillas de la joven; él sonreía con amor a aquella cabeza de ángel, y +se prestaba a los caprichos infantiles de la monja, que tan pronto le +echaba el pelo sobre la frente amplia y elevada, como se la descubría +apartando su espesa cabellera. + +--¡Ángel de mi vida!--dijo al fin Rosita--, ¡yo quisiera morir así en +tus brazos, con los ojos fijos en los tuyos, con mis manos entre las +tuyas! + +--Pues yo no, amor mío; lo que quisiera yo es vivir siempre así. + +--¡Oh, sí! vivir siempre así, porque vivir es estar a tu lado; vivir es +amarte... Así, mi plegaria de cada noche a la Virgen, es que proteja +nuestros amores, querido mío. + +--Ya los protege, querido ángel; ya ves, todo nos sale bien. + +--Sin embargo, ¿te acuerdas de aquella tempestad? ¡Jesús! ¡qué espanto +viéndote escalar los muros a la luz de los relámpagos, para volver a tu +chalupa! El cielo parecía de fuego, ¡Virgen santa!, y yo vi más tarde, +por las heridas de tus manos, que te habías visto obligado a agarrarte a +los picos de las rocas para que las olas no te arrastrasen. + +Y aun trémula al recuerdo del peligro pasado, le enlazó fuertemente con +sus brazos como si quisiera substraerle a un peligro inminente. + +--¿Te acuerdas? di... + +--No, ángel mío, no me acuerdo más que del beso que me diste al decirme +adiós. + +--¿Te acuerdas de la corrida de toros? ¿te acuerdas del día que te vi en +la llanura que se extiende ante el convento? ¡Oh! ¡cómo latía mi corazón +cuando comprendí por tus gestos que me reconocías, y cuando oí tu voz +bajo mi ventana! + +--Y después--añadió en voz más baja--, cuando por medio de una flecha +echaste una escala de seda en este jardín... ¡cómo temblaba mi mano al +atarla al tronco de esa palmera! + +--Mi mano temblaba también, Rosita. + +--¿Te acuerdas?... Pero, ¿para qué hablar del pasado, amado mío? el +presente es nuestro, el presente y su delirio, y su alegría +embriagadora, y sus ardientes caricias, y su dulce abandono... Vaya... +cuando esté sola, cuando, en un ardiente insomnio, se agite mi pecho y +mis ojos se llenen de lágrimas, entonces... entonces será tiempo de +invocar mis recuerdos. + +Y su cabeza se inclinó sobre la del gitano, y sus bocas se oprimieron. + +--¡Oh! ven--la dijo levantándola dulcemente--, ven a pasear bajo esos +viejos naranjos y a respirar su perfume... ¡Mira! Rosita, yo soy tu +caballero; esta sombría alameda es el Prado de Madrid; ven, amada mía, +enlaza tu brazo al mío, baja el largo encaje de tu mantilla sobre tus +ojos, y ven a ver estos hermosos carruajes y estas magníficas libreas. Y +después, este viejo claustro negro y silencioso, es el teatro. Ven al +teatro, resplandeciente de oro, de cristales y de luz. He aquí al rey, +he aquí a la reina y a su corte deslumbrante de pedrería; los +espectadores se levantan y saludan. Tú entras en tu palco, tu vestido es +blanco como tu seno, en el pelo llevas prendida una flor roja como tus +labios... También se levantan, Rosita, también se levantan por ti como +por la reina de todas las Españas y dicen: «¡Qué bella es!» + +Y la miraba sonriente como si quisiera descubrir un pensamiento de +vanidad en aquella frente pura y cándida. + +--¡Oh! prefiero el viejo claustro y tu amor--repuso ella; y como se +aproximase a él, su pie tropezó con una piedra verdusca--. ¿Qué es eso, +amor mío?--preguntó el gitano. + +--¡Una tumba!--dijo la joven deteniendo al gitano para que no pisase +aquella tierra sagrada, y persignándose. + +--¡Cómo! ¡una tumba aquí, en el jardín de este claustro! yo creía que +los cristianos no enterraban a sus muertos más que en una tierra +bendita; ¿lo es ésta? + +--No, ¡santa Virgen! porque se dice en voz baja, en el claustro, que +esta tumba es la de Pepa; de Pepa, que un día se atrevió a huir de este +santo retiro, pero fue alcanzada en el camino de Sevilla, su amante fue +muerto al querer defenderla, y ella... + +--¡Y bien! ¿y ella, querido ángel? + +--¡Oh! ella fue llevada al convento, y murió en medio de los mayores +tormentos. Tres años de suplicio, amor mío, acostándose sobre un lecho +de aquellas piedras, sin dormir, sin descanso, golpeada cada día, y +viviendo del alimento más miserable, en el cual echaban animales +inmundos, para mortificarla y hacerla expiar su crimen, según decía la +superiora. + +--¡Por el disco del sol!--exclamó el gitano--; entonces, ¿si nos +sorprendiesen?... + +Y miraba a la joven con ansiedad, porque aquella cruel pregunta se le +había escapado, por así decirlo, a su pesar, y comprendía todo lo que +semejante suposición debía tener de espantoso para ella. + +--Moriría como Pepa--respondió la niña sonriendo con una admirable +expresión de amor y de resignación--; como ella, moriría por mi amante. +No es la primera vez que se me ocurre. + +--¡Cómo! ese horrible destino.... + +--Es mil veces menos horrible que pasar un día sin verte, sin decirte: +Yo te adoro...--murmuró con los dientes apretados, y dejándose resbalar, +estremecida, a sus pies. + + * * * * * + +--¿Lo quieres tú? adiós, pues--contestó ella con un profundo suspiro. + +--Sí, adiós, ángel mío, es preciso que nos separemos. ¿Ves? la noche ya +es menos obscura, las estrellas palidecen y esa claridad rojiza nos +anuncia la proximidad de la aurora. Adiós, pues, Rosita mía. + +--Otro beso... uno solo... ¡el último! alma de mi vida. + +Y el sol doraba ya las altas torres del convento, cuando aun duraba este +beso. + +Por fin el gitano se arrancó de los dos brazos que le estrechaban +amorosamente, puso el pie en la escala de seda y la subió con su +acostumbrada agilidad. + +La monja, sentada al pie de la palmera, seguía todos sus movimientos con +la mirada inquieta. + +--Hasta la noche--decía ella--, hasta la noche, dueño mío, amor mío. + +El gitano, que había llegado al último tramo, se volvía una última vez +para sonreír a Rosita, y cuando se disponía a pasar al otro lado del +muro, la escala, de pronto, se replegó sobre sí misma, se deslizó +rápidamente a lo largo de la pared, y el gitano cayó a los pies de la +monja, ensangrentado, mutilado, con el cráneo abierto. Seguramente +habían cortado las amarras que sujetaban la escala por la parte de +fuera. + +--¡Me han hecho traición!--exclamó el gitano, y sus ojos se volvieron +hacia la monja, que estaba arrodillada, con las manos juntas, pálida, +inmóvil, la mirada fija, la respiración suspendida. + +--Rosita, Rosita, trata de arrastrarme detrás de esos naranjos antes de +que amanezca, porque yo no puedo valerme. ¡Oh! ¡sufro mucho! + +El desgraciado se había fracturado el fémur y los huesos le agujereaban +la piel. + +--Rosita, amor mío, Rosita mía, ayúdame...--repetía con voz débil. + +La monja lanzó una carcajada convulsiva y violenta, sus ojos se +agrandaron de una manera espantosa, pero no se movió. + +--¡Infierno! ¿es que la desgraciada se ha vuelto loca?--exclamó el +gitano, y quiso tomar una mano de la joven, pero este movimiento le +arrancó un grito penetrante. + +Su fractura era viva y sangrienta. + +De pronto se oyó un ruido, al principio sordo y confuso, en la dirección +de la puerta del jardín. + +--Rosita, Rosita, es tu amante quien te lo suplica, sálvate tú, al menos +sálvate tú--decía el gitano en un tono desgarrador. + +La joven permanecía inmóvil y arrodillada ante él. + +El ruido se hacía cada vez más próximo y distinto, y el herido intentó +arrastrarse detrás de una espesa mata de madreselva, que podía ocultarle +a todos los ojos. + +Después de sufrimientos inauditos, lo consiguió. + +En aquel momento se abrió la puerta del claustro, y una multitud de +carabineros, frailes y gente del pueblo invadió el jardín lanzando +atroces rugidos. + +--¡Muera el condenado! ¡muera el maldito!--gritaban todos. + +El gitano se deslizó como una serpiente detrás de un macizo de áloes. La +multitud llegó cerca del muro, y allí, junto a la palmera, encontró a la +monja, siempre arrodillada, siempre inmóvil y con las manos juntas. + +Aquellos gritos desordenados la sacaron del paroxismo en que estaba +abismada; bajó los ojos, vio sangre aún reciente en el suelo y sonrió. +Pero sus labios estaban tan convulsivamente apretados, que aquella +sonrisa resultaba atroz. + +La muchedumbre se estremeció, hizo la señal de la cruz y permaneció +muda. + +La monja, entonces, haciendo signo con la mano a los que la rodeaban, se +puso a seguir el rastro de sangre que el gitano había dejado sobre la +arena. + +Todos marchaban en silencio, llenos de horror; llegaron por fin al +matorral que ocultaba al gitano. + +Rosita entonces, se detuvo un momento para separar las hojas espesas y +barnizadas de los áloes, se abrió paso a través de la maleza, se +arrastró hasta el lado del maldito, lanzó un grito terrible, y cayó... +muerta... + +--El renegado está ahí; cercad ese lugar y rechazad al pueblo. + +--Ríndete, perro, porque veinte carabinas te están apuntando--exclamó el +comandante de los carabineros. + +--Pobre niña, por lo menos no sufrirás sus torturas--dijo el gitano +mirando a la monja, y una lágrima que los más espantosos dolores no le +habían podido arrancar, cayó sobre su ardiente mejilla. + +--¡Ríndete, renegado! ¡o mando hacer fuego!--repetía el comandante. + +--Sois unos valientes, hijos míos--respondió el gitano--: el ciervo está +herido ¡y aun le teméis! hermosa caza, en verdad. + +Y se calló; entonces se precipitaron sobre él, lo agarrotaron, y tres +días después estaba en Cádiz, en la prisión de San Augusto, bajo la +custodia de un batallón de milicianos. + + * * * * * + +Desde hacía tiempo, los pescadores, al señalar la presencia de una canoa +que cruzaba por la noche a la vista de los muros del convento, habían +despertado las sospechas del alcalde; fueron apostados unos cuantos +hombres detrás de las rocas, se espió los pasos del gitano; fue seguido, +se le vio abordar, lanzar la escala, y cuando creyeron, por la tensión +de las cuerdas, que él subía, las cortaron por fuera, y ocurrió lo que +ya sabéis. + + + + +XII + +LA CAPILLA ARDIENTE + +¡Por mi birreta! creéis que se está +cómodamente sobre un edredón de +este tela, exclamó La Balue tratando +de estirarse en su jaula de hierro. + +DE FORGES LE ROUTIER, «_Hist. del tiempo de Luis XI_». + + +En medio de la plaza de San Juan, cerca de la muralla, se eleva una +linda rotonda, cubierta de un techo de estaño, reluciente como la cúpula +de un minarete. El espacio que existe entre cada columna ha sido +cubierto con fuertes rejas de hierro, de modo que este monumento +representa bastante bien una vasta jaula circular. + +En el centro de ella hay una hermosa capilla adornada con cirios de cera +blanca, con ricos osarios de paño negro y calaveras bordadas en plata; +al pie del altar, a un lado, se ve un sencillo ataúd de pino, abierto y +preparado; al otro lado, una cama compuesta de tres tablas y un saco de +ceniza; en otro departamento, separado por una balaustrada, hay un +hombre vestido de rojo, que reza arrodillado. Otro hombre, está sentado +al borde de la cama y se encorva bajo el peso de gruesas cadenas: es el +gitano--y aquel ataúd es el suyo--: el hombre que reza arrodillado es el +verdugo. + +El gitano ha sido juzgado y condenado, y, según la costumbre, ha de +permanecer en la capilla o _capilla ardiente_ los tres días que preceden +a su suplicio. + +Esta costumbre extraña, legada por la inquisición, consiste en cantar al +condenado las preces de los agonizantes durante el tiempo que pasa en +capilla. + +En impedirle que duerma, ni de día ni de noche, a fin de que mortifique +su cuerpo y su alma y de que pueda meditar a su placer sobre el largo +viaje que pronto ha de emprender. + +En ofrecerle todos los consuelos religiosos que puedan darle los monjes +y los capuchinos. + +En habituarle dulcemente a la vida de la nada, poniéndole bajo los ojos +el ataúd que debe recibir su cadáver y el verdugo que debe librarle de +esta vida de miseria y de tribulación. + +Al verdugo también se le obliga a permanecer allí, pero por otro motivo; +se trata de purificarle por anticipado del homicidio que va a cometer. + +Todo transcurría, pues, en el orden apetecido; los cirios ardían, los +monjes cantaban, el verdugo rezaba, y el ataúd abierto esperaba. + +El gitano bostezaba formidablemente, y esperaba la hora del suplicio con +tanta impaciencia como el hombre que tiene mucho sueño y desea tenderse +en su cama. + +Sin embargo, faltaban aún diez y siete horas. + +Los monjes cesaron de cantar, porque la voz se fatiga; el verdugo se +levantó, porque la presión del pavimento sobre las rótulas es bastante +dolorosa. Una bota de cuero llena de vino circuló entre los frailes y +el verdugo. Justo es decir que éste bebió el último; y como después de +todo era bueno y humano, pasó la bota a través de los barrotes y la +ofreció al gitano. + +--Gracias, hermano--dijo éste. + +--¡Por Cristo! ¡está usted muy aburrido!--replicó el digno hombre--; +pero, ya lo veo, usted me desprecia a causa de mi profesión. Escuche, +pues, compadre, todos tenemos que vivir; yo tengo obligaciones: una +abuela enferma, una esposa adorada, y dos hijos pequeños, con sus +hermosos cabellos rubios y frescas mejillas rosadas... Y además... + +El gitano le interrumpió por un movimiento tan brusco, que todas sus +cadenas resonaron como si se hubieran roto. + +--¡Es posible!--decía con los ojos fijos sobre una robusta joven que, +mezclada con la curiosa muchedumbre, había abierto un momento su capa de +seda negra, haciéndole un signo expresivo--. ¡Blasillo, Blasillo aquí! + +Las salmodias de los capuchinos comenzaron con un nuevo vigor, y el +hombre de la casaca roja continuó la obra de su purificación, mientras +que el gitano caía de nuevo en sus meditaciones, porque la joven que le +llamara la atención había desaparecido. + +Vencido por la fatiga y el insomnio, empezaba a dormitar, cuando un +carmelita que lo advirtió, le hizo cosquillas con una pluma en la nariz, +diciéndole: + +--Piensa en la muerte, hermano. + +El gitano se despertó sobresaltado y lanzó una mirada terrible al santo +varón. + +--Más bien debe bendecirme, hermano--dijo éste--, porque ahí tiene usted +al reverendo Pablo, superior de San Francisco, que viene a verle. + +En efecto, un robusto monje entraba en el recinto, con los ojos bajos, +las manos cruzadas sobre el pecho. + +--_Ave Maria purissima, mater Dei_--murmuró aproximándose y haciendo un +gesto al carmelita, que se alejó. + +El fraile se sentó al lado del gitano, que le miraba con una singular +expresión de desprecio y de ironía; y, habiendo suspirado muchas veces, +se expresó como sigue, con una vocecita agria y chillona que contrastaba +con la enorme mole de su cuerpo: + +--Que el Cielo le ayude, hermano. + +--Diga más bien el diablo, hermano. + +--¿Se obstina usted, pues, en morir en la impenitencia? + +--Sí. + +--Piense, hermano, de qué gloria se cubriría usted haciendo una +abjuración de sus errores y entrando en nuestra santa Iglesia. + +--¿Vale la pena por tan poco tiempo? + +--¿Y la vida eterna, hermano? + +--No se haga usted el santo conmigo, compadre; lo que le interesa sobre +todo es que sea un religioso de su orden el que haya llevado a cabo la +conversión; lo comprendo, una conversión como ésta podría proporcionarle +un centenar de clientes, y eso vale la pena. + +--El Cielo, hermano, es testigo de... + +--Acabemos; todo esto es tan pesado y tan bajo, que usted me inspira +repugnancia. ¡Hola! compadre del chaleco rojo; ¿tan pronto se olvida +usted de los amigos?--dijo el gitano al verdugo sin querer responder a +las súplicas del reverendo. + +El verdugo acudió corriendo, con la cara risueña y bonachona. + +--En hora buena--dijo el gitano--; hablemos un poco, porque eres tú, mi +buen amigo, el que vas a enviarme a la eternidad. ¡Hermosa profesión la +tuya! Tú haces lo que Dios no podría hacer: a una hora fija, en un punto +dado, apagas una vida como se sopla una vela. + +--Lo cierto es, hermano, que _esto_ no dura mucho más--respondió el +verdugo sonriendo. + +--Figúrate que esas gentes quieren que me confiese; bueno, me confesaré +contigo; oirás singulares revelaciones; pero, no, tendrías miedo... + +El hombre del chaleco rojo palideció. El fraile, que se había callado +hasta entonces, se levantó, salió un momento y luego entró acompañado de +dos vigorosos gallegos cargados con cuerdas. + +--Hermanos--les dijo dulcemente mostrándoles al gitano--, ese pecador +empedernido es bien digno de lástima; impedidle que se condene por +anticipado pronunciando tan horribles blasfemias. ¡Amordazadle, hijos +míos! y que Dios tenga compasión de él. + +Dicho esto se fue, y los gallegos amordazaron al gitano, cuyos ojos se +volvieron rojos y brillantes como dos brasas encendidas. + +Como parecía bastante tranquilo, al cabo de dos horas le quitaron la +mordaza, máxime cuando que algunas lindas mujeres de la mejor sociedad +de Cádiz, que se agrupaban alrededor del recinto, habían hecho muy +justamente observar que sería imposible ver bien las facciones del +gitano mientras aquella villana placa de cuero le cubriese la nariz y la +boca. + +La mordaza, pues, cayó ante tan filantrópicas razones. + +Pero no todo el mundo se interesaba tan tiernamente por el gitano; los +unos aplaudían la decisión de la Junta, los otros se prometían un gran +placer el día del suplicio, muchos, incluso dirigían furibundas +imprecaciones al gitano que se contentaba con sonreír. + +Uno entre tantos, un hombre alto, seco y pálido, el corregidor de +Sevilla, que se encontraba en Cádiz para seguir un proceso, se +encarnizaba sobre todo con el desgraciado reo; a cada instante le decía: + +--¡El infame!... ¡Qué dicha para la sociedad que semejante monstruo sea +castigado con arreglo a sus culpas!... Le vería estrangular con placer. + +Parece que por fin el gitano se cansó de tantas injurias. + +Enderezó altivamente la cabeza, y dijo con voz sonora: + +--Señor Pérez, ¡es usted poco caritativo! + +--¿Quién ha dicho mi nombre a ese miserable?--preguntó el hombre, +pálido, confuso y extrañado. + +--¡Oh! amigo mío, no es sólo eso lo que sé; ¿y su quinta a orillas del +Guadalquivir? ¿y aquel lindo tocador tapizado con esteras de Lima, con +sus persianas verdes y su pila de mármol blanco? + +--¡Jesús! ¡cómo ese demonio puede saber!... + +--Es allí donde, durante el ardiente calor del día, la señora Pérez va a +buscar el silencio y el fresco. + +--¡Perro! no profanes un nombre respetable. Pero, ¿no hay leyes, no hay +justicia más rigurosa? Mientes; cállate, o te hago amordazar de +nuevo--decía el corregidor enfurecido. + +Pero la multitud, que comenzaba a encontrar la conversación muy +divertida, se aproximó más, y como el señor Pérez se encontraba en la +posibilidad de huir, el gitano continuó: + +--Dice usted que miento, señor Pérez, ¿quiere usted pruebas? + +--¡Te callarás, renegado! + +--Helas aquí, pues. La señora es bella y joven, morena, con unos ojos +negros como el ala del cuervo; gruesa y rosada, con un pie, una cintura +y una mano que harían volver loco a un canónigo del Escorial. + +--¡Infame! te atreves... + +--En fin, debajo del hombro izquierdo tiene un lunarcito negro, +coquetón, aterciopelado, que hace saltar aún la deslumbrante blancura de +una piel de raso... Pero eso no es aun todo. + +El corregidor espumarajeaba de rabia y no podía encontrar una sola +palabra para contestar al gitano ni a las guasas con que la multitud le +asaeteaba. Por fin exclamó, precipitándose sobre la reja: + +--Pero ese infernal gitano ha sabido eso por alguna camarera de mi +mujer... o bien es que... + +--No, señor Pérez, no--repuso el gitano--; lo he sabido por el capitán +de fragata que usted recibía en su casa, en Sevilla, porque ese +capitán... era... + +--¡Acaba, pues, malvado! + +--¡Era yo!... ¿Ya está bautizado su hijo, señor? + +El furor del señor Pérez no tuvo límites; se aferró con violencia a la +reja; vanos esfuerzos, porque el gitano estaba al abrigo de su cólera. + +--Ya lo sospechaba. ¡Y no será ahorcado más que una vez!--aullaba el +infortunado corregidor sin soltarse de la reja. + +Por fin, amigos caritativos le arrancaron de allí, la multitud se +dispersó poco a poco, y cuando llegó la noche ya no había casi nadie +alrededor de la capilla. + +--Por fin me han dejado libre esos curiosos estúpidos--dijo el gitano +cuando daban las once en el reloj de San Francisco--. Pero no, ahí +vienen otros, y de la más peligrosa especie--dijo viendo a dos +sacerdotes, con sotana negra, que avanzaban hacia la capilla. + +El hermano guardián salió a su encuentro. + +--¿Qué quieren ustedes?--preguntó duramente al de más edad, porque ya se +sabe el odio que la raza monacal tiene al resto del clero. + +--Oír a ese cristiano que nos ha enviado a llamar--respondió gravemente +el sacerdote. + +--¡Es imposible! ¡Por Santiago! Ha despedido al reverendo padre Pablo +tratándole como a un arriero borracho. + +--Es decir, ¡que nosotros mentimos, perro maldito!--exclamó el sacerdote +más joven. + +El gitano, tranquilo hasta entonces, había sido simple espectador de +aquella escena; pero al oír aquella voz bien conocida, exclamó: + +--¡Miserable carmelita, deja entrar a esos sacerdotes! soy yo, el +gitano, quien los ha enviado a buscar para comunicarles mis últimas +voluntades, para confesarme. ¿Qué esperas, pues? + +--Puesto que usted lo quiere, sea, hermano--dijo el fraile +desconcertado--; pero, por la Virgen, ha hecho usted una tontería no +aceptando la mediación del padre Pablo! ¡Tan bien como está con el +Eterno! Amén. + +En el momento en que el guardián iba a atravesar el recinto que le +separaba del gitano, el joven sacerdote se arrojó sobre la mano del +gitano, cubriéndola de lágrimas. + +--¡Imprudente! ¿quiere usted perderse?--exclamó su compañero poniéndose +ante él para que el carmelita no pudiera verle. + +Cuando éste se hubo alejado se aproximó al gitano y le dijo: + +--Ya sé, señor, cuáles son sus intenciones, sus creencias, su voluntad; +yo no abusaré de estos momentos que son preciosos; óigame: Hace una +hora, ese joven, que es quizás el único amigo que usted tiene en el +mundo, se arrojó a mis pies... Me lo ha dicho todo, sus crímenes, sus +errores de usted... Luego me ha pedido que le proporcionara una última +entrevista con usted que él quería tener a todo trance, y he consentido. +Ha sido quizás una debilidad, pero en el momento solemne en que usted +se encuentra, he creído, puesto que usted se niega a aceptar los +consuelos de la religión, que por lo menos los de la amistad le +ayudarían a hacer más soportable su situación. Ya lo sabe usted todo... +Cuando sea media noche, tendremos que dejarle... Yo, mientras tanto, voy +a rezar por usted, porque el hombre capaz de inspirar semejante +abnegación no debe ser enteramente criminal. + +Y el venerable sacerdote se arrodilló al pie del altar. + +--Señor--dijo el gitano--, siento mucho que tenga tan poco tiempo para +expresarle mi reconocimiento... + +--El tiempo pasa...--repuso el sacerdote. + +--¡Ay! sí--dijo el gitano. + +Y dirigiéndose a Blasillo, porque era él quien, sombrío y abatido, le +miraba fijamente: + +--¡Qué tal! Blasillo, hijo mío, adiós. Nuestros proyectos... + +--¡Mi comandante! ¡mi pobre comandante! + +Y lloraba. + +--Mira, si siento dejar la vida, es por ti; te amaba. + +--Yo no le sobreviviré. + +--Niño, ¿no tienes aún mi tartana y mis negros? Vete, huye a América... +eres joven, valiente... + +--No, yo le vengaré... aquí. + +--Blasillo, te lo prohíbo; tú ejecutarás mis órdenes. + +--Usted será vengado. Mi plan está aquí, fijo, cierto como la muerte que +le amenaza, porque usted va a morir. ¡Usted tan valiente, tan grande! +¡morir! ¡morir como un miserable!--decía Blasillo en voz baja para no +despertar las sospechas de los guardianes, y se retorcía los brazos. + +El gitano puso una mano sobre su frente. + +--Mira, Blasillo, acabemos esta escena; es atroz. ¡Adiós! Déjame. + +--Comandante, aun no, aun no... + +--Escucha, hijo mío; en una cajita de hierro encontrarás un mechón de +pelo: es de mi pobre hermana; encontrarás también un viejo cinturón: es +el que mi padre llevaba cuando le mataron: quema ambos objetos. Lo demás +te pertenece, todo, hasta el saquito que te hará dueño del judío de +Tánger, si es que tienes el capricho de volver por allá. + +--Pero ¡no poderle salvar! ¡ver su agonía, sus sufrimientos! + +--¡Por el rayo, Blasillo! ¿olvidas, hijo mío, nuestras largas y rudas +travesías, nuestros sobresaltos, nuestros peligros, seguidos siempre de +nuevas fatigas?... mientras que mañana, Blasillo, descanso, y descanso +de verdad, y para siempre. No me compadezcas, pues; si sufro, es por ti. +En fin, adiós; huye de España, vete a otro país; vende la tartana y los +negros, vete a vivir tranquilo y dichoso, y, en medio de tu felicidad, +acuérdate alguna vez del gitano. + +Blasillo cayó a sus pies. + +--¿No te parece, hijo mío, que es una lástima acabar mi vida por donde +debería haberla comenzado? Si yo hubiese tenido a los veinte años un +amigo como tú y una amante como Rosita, no estaría en este lugar, +tendría aún ilusiones, una familia, dulces afectos, y me extinguiría +dulcemente un día rodeado de mis nietecitos... ¡Singular destino!... + +Y después de una pausa, se quitó un pañuelo de seda roja que llevaba al +cuello y se lo dio a Blasillo. + +--Toma, lo llevarás en recuerdo mío. ¡Adiós! + +--¡Ah! hasta la muerte... + +--¡Vamos!... ¡adiós!... + +El reloj de San Francisco dio las doce. + +Cada campanada vibraba de un modo desgarrador en el corazón del pobre +niño; a la última, cayó desvanecido. + +El gitano lanzó un grito, el sacerdote acudió corriendo y el carmelita +también. + +--¡Virgen santa! ¿qué tiene su compañero?--preguntó el guardián. + +--Nada; la emoción que le ha producido el oír tan grandes pecados. + +--Vaya, hijo mío, tranquilícese--decía el buen anciano levantando a +Blasillo. + +Este volvió en sí, miró a su alrededor, y se precipitó de nuevo en los +brazos del gitano. + +--¡Cuánta caridad!--decía el guardián--; va a herirse con las cadenas de +ese bandido. + +El sacerdote se vio obligado a arrancarle de sus brazos casi sin +conocimiento. + +--Señor--le dijo el gitano--, quisiera volver a ver a usted mañana. + +Se quedó solo, meditó profundamente toda la noche, y cuando las campanas +del _Angelus_ y la primera claridad del día le sacaron de su +ensimismamiento, se pasó la mano por la ancha frente, y dijo: + +--Por mucho que haga, no puedo creer en la eternidad. + +Después añadió sonriendo: + +--¡Y no me disgustaría equivocarme! + + + + +XIII + +EL GARROTE + +Me parece que debe usted sentir +dejar esta hermosa vida, le dije yo +con el aire del más grande interés. + +J. JANIN, «_El asno muerto_». + +(En medio de la plaza de San Juan se eleva un estrado, +al que dan acceso dos escaleras; en el centro, +un sillón de madera muy sencillo, adosado a un largo +palo; dos filas de milicianos se extienden a cada +lado del cadalso y forman un largo cordón que llega +hasta la capilla. Una numerosa multitud llena la +plaza y las ventanas, los balcones y los tejados de +las casas de la misma: las murallas y hasta las fortificaciones, +han sido también invadidas por la multitud. +Son las once, de la mañana, el sol brilla, y la +alta cúpula de San Juan, se destaca sobre un cielo +puro y azul). + + +EL BARBERO FLORES (_a un hombre del pueblo_).--Hágame el favor, +compadre, de ponerme delante de usted, porque como no soy muy alto, +podrá usted ver por encima de mi cabeza, y, ¡Dios me salve! estos +espectáculos son desgraciadamente tan raros, que entre cristianos hay +que ayudarse en la vía de salvación. + +EL HOMBRE DEL PUEBLO.--Pase, pues, señor, y no me olvide en sus +oraciones. + +FLORES.--La Virgen del Carmen le bendecirá, compadre, y usted no se +arrepentirá de haberme hecho ese favor cuando sepa que yo conozco +curiosos detalles de ese renegado que van a ajusticiar. + +UNA JOVEN.--¡Virgen santa! ¿Usted lo ha visto, quizá? ¡qué dicha! +semejante suerte no se ha hecho para gentes como nosotros; durante los +tres días que el reo ha pasado en capilla, los buenos puestos delante de +la reja no eran más que para las grandes damas. + +UNA JOVEN (_cargada de cintas y llena de afeites y de lunares_).--Yo +soy, pues, una gran dama, porque yo le he visto como veo la bacía de ese +barbero de piernas de garza ¡y por mi patrona!... + +FLORES (_encolerizado_).--Tu patrona, hija mía, no figura en el +calendario, y si no me equivoco, ha dado muchas veces la vuelta a la +ciudad, con la cabeza rapada, y montada en una burra, con la cara vuelta +hacia la cola... + +LA JOVEN (_sacando la navaja de la liga_).--Barbero del infierno, tu +garganta es demasiado estrecha para esas palabras; ¡por Cristo! te la +voy a ensanchar. + +UN MAJO.--¡Vamos, cállate, cállate, joven de las cintas! vuélvete a la +calle del Fideo a tocar la guitarra y a echar flores a los transeúntes +detrás de tu celosía. Si has visto al gitano de tan cerca, es que +seguramente el verdugo te habrá ayudado muchas veces a ponerte la +mantilla, y te habrá protegido en estas circunstancias. (_Quitándole el +cuchillo_). ¡Demonio! no juegues con este alfiler, porque te puedes +pinchar y yo también. ¿Quieres que la devuelva a su sitio, hermosa? + +LA JOVEN.--¡Hereje! pero seré vengada, porque ahí viene el hermano José. + +UN CAPUCHINO (_llevando en una mano una linterna con dibujos que +representan diablos entre llamas, y en la otra una bolsa_).--Por las +almas que sufren en el purgatorio, hermanos, dad una limosna y Dios os +lo pagará. (_Los asistentes saludan humildemente, se arrodillan con +compunción, pero no dan nada._) + +LA JOVEN DE LAS CINTAS.--_Ave Maria_, hermano José, tome este real y +ruegue porque ese perro de majo sea destripado en la primera _juerga_ +que corra. Diga, hermano José, ¿le veré pronto? Mi estera es blanca; mis +alcarrazas tienen flores frescas y yo le guardo magníficos cigarros de +la Habana. + +EL CAPUCHINO (_volviendo rápidamente la espalda, y gritando en alta +voz_).--¡Por las almas del purgatorio, señores! + +LA JOVEN.--Hermano José, hermano José, ¿me ha olvidado, usted, pues? y +sin embargo, yo no he omitido ni una misa ni un _Angelus_. + +FLORES.--Parece, compadres, que el reverendo dirige la conciencia de la +señora: afortunadamente es robusto, porque esa debe ser una terrible +tarea. ¡Amén! + +LA JOVEN.--¡Caramba! ¡es bien duro oír calumniar así a un santo varón +por un comunero, un masón! + +MUCHAS VOCES.--¡Un masón! ¡un comunero! ¿dónde está el masón? + +FLORES (_palideciendo_).--¡Por el seno de tu madre! cállate, niña, y no +gastes esas bromas; no hizo falta más para que Pérez fuese molido a +palos. + +LA JOVEN.--Ya lo oyen señores, él conoce a Pérez, que recibió, por la +gracia de Dios, más bastonazos que barbas ha rapado ese barbero hereje +en su vida. Ved, si no; lleva una cinta verde al cuello; por la Virgen +que me ve y me ilumina ¡es un masón! alejadle, pues, hijos míos, +alejadle. (_Rumores en el pueblo_.) + +MUCHAS VOCES.--¡Al agua el comunero! ¡Muera el masón! ¡Al agua! + +FLORES.--Les juro por la sangre de la cruz, compadres, que esa cinta no +significa nada, y que... + +UN CAMPESINO (_golpeándole_).--¡Toma, recontra! ¡ah! ¡y te atreves a +mezclarte con los cristianos! + +OTRO.--¡Toma! ¡toma! y a ver si tus hermanos te socorrerán, demonio; +llámales en tu auxilio. + +MUCHAS VOCES.--¡Al agua, al agua! + +LA JOVEN.--Bravo, señores, la Virgen os bendecirá; llevad su cinta verde +y su cabeza al alcalde, y no os faltarán los doblones ni las +indulgencias para la Cuaresma. + +FLORES (_golpeado, desgarrado, lleno de polvo, pasa de mano en mano +hasta la muralla que baña el mar; allí, un vigoroso andaluz le agarra y +le echa al agua gritando_).--¡Dios me salve! ¡Así mueren los masones +herejes y los constitucionales, enemigos del rey absoluto! + +LA MULTITUD.--¡Bravo! ¡Viva el rey absoluto! + +UN MARINO.--¡Silencio, hijos míos, silencio! he ahí el cortejo que ya +empieza a desfilar. ¡Vive Dios! es un hermoso día para mí. + +UN CAMPESINO.--Para usted y para todos, señor marino. + +EL MARINO.--Para mí más ¡por Santiago! ¿No estaba yo a bordo del +guardacosta que le dio caza? + +MUCHAS VOCES.--¡Cómo, señor! ¡Usted asistió a ese espantoso combate! +¡Virgen santa! ¡y aun vive! + +EL MARINO.--Afortunadamente habíamos comulgado la víspera; a no ser por +eso el demonio nos hubiera arrastrado al fondo del infierno. + +UN CAMPESINO.--Pero, ¿cómo ocurrió eso, señor? Porque se había dicho que +ustedes hundieron su tartana. + +EL MARINO.--Y es cierto, compadre, pero acto continuo reapareció a +nuestra popa, cubierta de llamas y con más de diez mil demonios encima +que lanzaban fuego por boca y ojos. + +MUCHAS VOCES.--¡Virgen santa! ¡rogad por nosotros! + +EL MARINO.--Y en medio de ellos el gitano que se debatía blasfemando e +insultando a todos los santos del Cielo y al señor gobernador. + +LA MULTITUD.--¡Jesús, qué horror! ¿y cómo os librasteis del monstruo? + +EL MARINO.--Afortunadamente el capitán tenía una botella de agua bendita +por el arzobispo de Toledo, y como el infernal buque estaba muy cerca, +se la echamos a bordo. + +EL CAMPESINO.--¿Con un cañón, compadre? + +EL MARINO.--No, compadre, a mano; y entonces todo se hundió como por +encanto, entre los rugidos de los demonios. + +UN CABALLERO.--Pero, señor marino, ¿cómo se ha dejado prender el gitano +en el convento si estaba dotado de ese poder infernal? + +EL MARINO.--Precisamente porque estaba en un lugar sagrado. + +LA MULTITUD.--¡Claro! ¿Quién se atreve a dudarlo? + +EL CABALLERO.--Pero, ¿una vez fuera del convento, no podía recuperar su +poder? + +EL MARINO.--No, porque se había tenido buen cuidado de cargarle de +cadenas... ¡casi no podía andar!... + +EL CABALLERO.--¡Como que tenía una pierna rota!... + +UNA MUJER.--Lo hacía ver, pero era para engañarnos... + +EL CABALLERO.--Yo, señores, no lo veo muy claro... + +UNA MUJER.--¡Entonces usted no es cristiano!... ¡Virgen del Carmen! ¡no +quiere creerlo!... + +EL CABALLERO (_acordándose de la suerte de Flores_).--Señora, yo lo creo +todo y he prometido un cirio de treinta libras a la Virgen del Pilar; +mire, aquí tengo un rosario... + +MUCHAS VOCES.--¡A ver!... + +EL CABALLERO (_muy pálido_).--Mirad... y además, aquí tenéis una carta +del superior de San Juan dirigida a mí. Leed... + +MUCHAS VOCES.--No sabemos leer... No le creáis... es un lazo que nos +tiende... ¡Al agua! + +(_Afortunadamente en aquel momento se oyen más sonoros que nunca los +cantos de los frailes que acompañan al cortejo, y la multitud deja al +pobre hombre, que se refugia en una taberna._) + +UNA MUJER.--¡Ah! ¡qué dicha, Virgen santa! Aquí está la procesión. Mira, +Juana, estamos muy cerca del cadalso, y tiene dos escaleras. + +JUANA.--Eso es porque el reo había mandado un navío de guerra; el +verdugo subirá por una escalera y él por otra. + +UN HOMBRE.--¡Demonio, qué injusticia! se concede eso a un renegado y se +me negaría quizás a mí. + +JUANA.--Mira, Pepa, los penitentes con el ataúd. + +PEPA.--Detrás va el verdugo ¡Virgen santa! no es feo para ser un +verdugo; sólo que está muy pálido. + +JUANA.--Muy sencillo; es el verdugo de Córdoba que viene a reemplazar al +nuestro, y como nunca ha matado aquí... pues, claro, se encuentra +cohibido... + +UN HOMBRE.--Decid, comadres, ¿veis al gitano? + +JUANA.--No, hijo mío... Tenga cuidado, joven (_dirigiéndose a Blasillo +que llega en aquel momento envuelto en una capa y que se abre paso a +codazos_)... por poco me tira usted al suelo... Eso es... póngase +delante, en el mejor sitio. (_En voz baja a Pepa_). ¡Jesús, Pepa! ¿Has +visto qué mirada? ¡Parece que le arden los ojos! + +PEPA.--¡Ah! será el hijo de alguna víctima del reo... Pero, ya está +aquí... ¡Qué alegría, Virgen santa! Desde el día de mi primera +comunión, nunca había estado tan contenta... + +MUCHAS VOCES.--¡Muera! ¡perro maldito! ¡muera el gitano! + +UN HOMBRE.--Doy veinte escudos por reemplazar al verdugo. + +OTRO.--Yo cuarenta, pero quiero degollarle, que se vea su sangre. + +UNA MUJER (_arrojando un rico rosario a los pies del alcalde_).--Ese +rosario vale veinte doblones; lo regalo a la Virgen, pero con la +condición de que me lo dejen matar a mí. + +BLASILLO (_pisoteando el rosario y agarrando violentamente el brazo de +la mujer_).--¡Silencio! ¡silencio, si es que tienes aprecio a la vida! + +LA MUJER.--¡Socorro, Dios mío! este muchacho me hunde las uñas en la +carne. + +MUCHAS VOCES.--¡Silencio! ¡que se calle! + +(_Llega el gitano cargado de cadenas; marcha apoyado en el sacerdote, y +lleva un ramito de jazmín entre los dedos._) + +UN HOMBRE.--¡Bravo! ya está aquí; ¿sabéis que el verdugo está más pálido +que él? + +JUANA.--¡Jesús! el renegado no ha querido un fraile y se hace acompañar +por un sacerdote. ¡Qué corrupción! + +UNA VOZ.--¿Se han fijado, señores, cómo va vestido? + +JUANA.--Todo de negro... ¡Jesús y qué desvergonzado! En lugar de pensar +en la eternidad va oliendo una ramita de jazmín... + +UN HOMBRE.--El infame no parpadea siquiera. ¡Muera! ¡muera! + +EL SACERDOTE.--Debe usted sufrir mucho... apóyese en mí. ¡Ay! ya +estamos bien cerca de... + +EL GITANO.--Del término de nuestro viaje, es cierto. + +MUCHAS VOCES.--¡Muera el perro! ¡muera! ¡Que le partan en pedazos! + +EL GITANO.--Cómo gritan... + +EL SACERDOTE.--Sí, pero piense usted... + +EL GITANO.--¡En la muerte! ¡Para qué! ahí está el amigo del chaleco rojo +que ya piensa por mí. + +UN HOMBRE.--¡Que le crucifiquen! ¡Que le quemen a fuego lento! + +EL GITANO.--¡Qué sol tan puro! ¡qué cielo tan hermoso! + +EL SACERDOTE.--Sí, hijo mío, piense usted en el cielo, en el cielo... + +EL GITANO.--Ya hemos llegado; adiós, amigo mío; venga esa mano. Tome +esta flor, es todo lo que tengo; guárdela. Adiós, mi buen amigo. + +EL SACERDOTE.--¡Ah! ¡con ese valor, con esa energía! ¿qué destino +hubiera sido el suyo? + +EL GITANO (_enjugando una lágrima_).--Es verdad... + +EL POPULACHO.--¡Oh! el cobarde llora. ¡Muera el cobarde! + +EL GITANO (_sonriendo_).--¡Es singular! Por un amargo azar del destino +cuando estoy a punto de dejar la vida es cuando encuentro los afectos +que tan ardientemente he buscado; cuando encuentro a Blasillo, a Rosita +y a usted... y a usted sobre todo que me haría creer hasta en la +virtud... + +EL PUEBLO.--¡Muera el condenado! ¡El apóstata! ¡Ya tardan demasiado! + +EL VERDUGO.--Señor gitano, el pueblo se impacienta. + +EL GITANO.--Nunca me perdonaría el hacer esperar a su señoría. (_Tiende +las manos al sacerdote_). Adiós, amigo mío. + +EL SACERDOTE.--Aun no le dejo. + +(_El gitano pone el pie en el primer escalón; Blasillo se aproxima a él +y le estrecha la mano._) + +BLASILLO.--Adiós, comandante; usted será vengado, pero de una manera +terrible; todo ese populacho pagará lo que hace. Ahora, muera usted; +porque yo puedo presenciar su muerte sin palidecer. + +EL GITANO (_en voz baja, subiendo las gradas_)--¡Adiós, querido +Blasillo! + +JUANA.--.¡Virgen Santa! ¡sabes que ese joven de los ojos ardientes ha +hablado al gitano! + +PEPA.--Yo lo he visto; sin duda le habrá reprochado algún crimen. + +UN HOMBRE.--¡Ah! Por fin el maldito está en el sillón. + +OTRO.--¡Alabado sea Dios! Ya le ponen el cuello en la argolla. + +JUANA.--¡Santa Virgen! ¡Ya van a matarle! Pero... + +UN HOMBRE.--¿Y qué?... + +JUANA.--Es que nos estafan, nos roban... ¿y la mano? + +EL PUEBLO.--¡Es verdad, que le corten la mano! (_Gritos, tumulto, +escándalo. El alcalde consulta con la Junta._) + +EL ALCALDE.--Es justo, lo habíamos olvidado. Nuestra es la culpa. + +UNO DE LA JUNTA.--Pero, así no vamos a acabar nunca. + +EL ALCALDE.--Mi querido amigo, ya que tenemos tan pocas ocasiones de +popularizarnos, aprovechemos ésta. Es cuestión de un momento. + +EL SACERDOTE (_al gitano_).--Amigo mío, perdóneles usted, el fanatismo +les extravía. + +EL GITANO.--Ya lo veo. + +BLASILLO (_en voz alta_).--¡Bravo, pueblo! inventa nuevas torturas. El +Cielo te lo recompensará. + +JUANA.--Tiene razón el pobre niño. + +BLASILLO (_riendo_).--Sí, mujer, el Cielo o el infierno. + +EL PUEBLO.--¡La mano, la mano del maldito! + +EL ALCALDE.--Señores, un poco de silencio. La justicia, viviente y +sagrado símbolo de la Divinidad, no es una palabra vana, y esta justicia +se ha impuesto como deber el rendirse a los deseos del pueblo, juicioso +defensor de la religión y del trono. + +EL PUEBLO.--¡Viva! ¡viva! + +EL ALCALDE.--De modo, señores, que la Junta... + +EL SACERDOTE (_interrumpiéndole_).--Señor, en nombre del Cielo, piense +que el desgraciado espera la muerte... + +(_El alcalde continúa impertérrito y pronuncia un largo y conmovedor +discurso, tras el cual acaba por conceder al pueblo la mano del reo._) + +LA MULTITUD.--¡Viva el alcalde! ¡viva el rey absoluto! + +EL ALCALDE.--Ya has oído, obra. + +EL GITANO.--¡Por fin! + +EL VERDUGO.--¡No, señor! + +EL ALCALDE.--¡Cómo! + +EL VERDUGO.--Me han hecho venir de Córdoba para dar garrote al reo, pero +no para cortarle la mano. No tengo yo la culpa si ha muerto el verdugo +de Cádiz... Vengan diez duros más, y entonces hablaremos. + +EL SACERDOTE.--¡Qué horror, Dios mío! + +(_El alcalde delibera con la Junta._) + +EL ALCALDE (_al verdugo_).--Vaya, no sea usted... + +EL VERDUGO.--No rebajo ni un real... + +EL PUEBLO (_arrojando el dinero_).--¡Ahí van los diez duros! + +UN CARNICERO (_agitando su cuchillo_).--¡Por Santiago! ¡yo le cortaré +gratis la mano, y la otra y la cabeza! + +EL VERDUGO.--Compadre, ¿acaso mato yo sus animales? Cada cual a lo suyo. +Venga ese cuchillo. + +(_El carnicero se retira en medio de los aplausos de la multitud; el +verdugo recoge cuidadosamente el dinero, va hacia el gitano, le agarra +el brazo y le corta la mano._) + +LA MULTITUD.--¡Bravo! ¡muera el hereje! + +EL GITANO.--Creí que esto era más doloroso. + +EL SACERDOTE (_con voz sonora y fuerte_).--Era culpable ante los +hombres, pero este martirio le absuelve ante Dios. + +BLASILLO (_precipitándose sobre la mano ensangrentada y guardándola +bajo su capa_).--Sacerdote, no lo dices todo, ¡esa sangre caerá sobre +ellos! Adiós, comandante, aun me hace falta fuerza para vengarte; me +voy, porque un minuto más me mataría. (_Blasillo desaparece entre la +multitud._) + +Como el momento se acerca, se hace un profundo silencio. + +El sacerdote se arroja en los brazos del condenado; el verdugo se +aproxima y pone al cuello de la víctima la argolla; aprieta después el +torniquete que hay en la parte posterior y oprime violentamente el +cuello del paciente. Una vuelta más, y el gitano queda estrangulado; en +aquel momento el sacerdote le echa un velo a la cara, y cae a sus pies +rezando; la multitud aplaude de nuevo y se retira satisfecha. Por la +tarde, cuando ya el sol se oculta detrás de la torre de la Aduana, el +alcalde volvió al cadalso, donde habían dejado el cuerpo del +ajusticiado. Allí se descubrió, sin que el gitano correspondiera a su +atención, y entonces los ayudantes del verdugo arrojaron su cuerpo al +muladar, donde fue devorado por los perros. + + + + +XIV + +MAESTRO PLOCK + +¡La venganza! placer de los hombres. + + +Creo que fue a una de esas calles de Tánger, sucias, estrechas y +fangosas, bordeada por altas casas sin aberturas, tal vez la calle de +Moab'd'hal, a donde Blasillo se dirigió después de una feliz travesía. +Muchos días habían transcurrido ya desde la muerte del gitano, y la +tartana, siempre oculta en su impenetrable retiro, había podido escapar +tanto más fácilmente, por cuanto todo Cádiz la creía hundida; de modo +que a Blasillo le fue muy fácil franquear la distancia entre Cádiz y +Tánger. + +En aquella sucia y fea calle, los árabes se entregaban a sus juegos +favoritos y sobre todo a la caza de los armenios, de modo que así que +uno de ellos se atrevía a sacar la cabeza a la puerta de su casa, caía +sobre él una lluvia de balas. + +En medio de ellas atravesó Blasillo la calle hasta que llegó a una +enorme verja de hierro detrás de la cual había un viejo de larga y +cadavérica cara, cubierto con una especie de gorro amarillo, que +encuadraba de una manera extraña su horroroso rostro. + +BLASILLO.--Tarda usted mucho, buen hombre, y ya sabe usted, sin embargo, +que las balas llueven sobre los cristianos en esta maldita calle. + +EL JUDÍO.--¿No es más que eso? Adiós, joven. + +BLASILLO.--Una palabra, no se retire tan pronto. + +EL JUDÍO.--Hable, pero sea breve. + +BLASILLO.--Aquí en la calle no puedo; déjeme entrar en su casa, y +entonces... + +EL JUDÍO.--¡Que el anillo de Salomón te sirva de collar! ¡Vete! + +BLASILLO.--Puesto que usted se niega, voy a intentar un último medio. +(_Le enseña un saquito abierto de emblemas jeroglíficos._) + +EL JUDÍO.--¡Que no! ¡semejante tesoro en tu poder!... ¿quién ha +podido...? Pero, entra, entra; porque las balas llueven, y no quisiera +que esos incrédulos mancillaran ese talismán. + +Se abrió la puerta. + +Blasillo entró bajando la cabeza, atravesó otras dos enormes rejas de +hierro y se encontró en un estrecho patio que no recibía la luz más que +por arriba. + +--Déjame, hijo mío--dijo el judío--, déjame que examine ese saquito. + +Y sus ojos echaban chispas bajo sus espesas cejas. + +--Vea usted, padre--respondió Blasillo. + +--¡Por las cinco estrellas de Stemboth! éstas son las insignas de uno de +los grados más altos de nuestra asociación, y yo debo obedecer a los que +las posean, sin informarme de qué modo han llegado a sus manos. ¿Qué me +mandas, hijo? El viejo está a tus órdenes. + +--Te llaman Jacob, y no obstante tu nombre es Plock, ¿no es cierto, +anciano? + +--Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento. + +--Bien, señor Plock; ¿tiene usted unos almacenes cuya entrada da a la +playa, cerca de la ensenada de Betim'Sah? + +--Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento. + +--¿Y en esos almacenes guarda ricos tejidos de Túnez, tapices de +Constantinopla y cachemiras del Cairo? + +El judío palideció pero, no obstante respondió: + +--Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento. + +--Bueno, pues esta noche vas a hacer transportar esas mercancías a una +tartana, con pabellón danés, que hay fondeada en la ensenada de +Betim'Sah. + +El judío, que estaba arrodillado, se levantó como si le hubiese picado +una víbora. + +--¡Por la cintura de los majos! Eso es imposible! Los cabellos se me +erizan nada más de pensarlo. + +--¡Infame judío! ¿Crees que quiero que me regales tus mercancías? Toma, +aquí tienes oro para comprarte tus almacenes, a ti y a tu rabino. + +--¡Dios del cielo! guarda tu oro, porque me espanta. Te equivocas sobre +el motivo de mi negativa, joven... ¿sabes lo que pides de mí? + +--Lo sé, maestro Plock. + +--No lo sabes, no. + +Entonces miró a su alrededor con inquietud, y, como si temiese ser oído +se aproximó a Blasillo, le habló un instante en voz baja, y después le +miró con aire interrogativo. + +--Ya lo sabía. + +--¿Y quiere usted...? + +--Sí. + +Por la noche, Blasillo vigilaba el embarque de las mercancías, y el +viejo Bentek y los negros llevaban a bordo los últimos fardos, cuando +Plock que hasta entonces había permanecido alejado, se aproximó al joven +y le dijo: + +--Sólo el demonio, hijo mío, le ha podido encargar de semejante +comisión; pero yo me lavo las manos; ¡que la venganza del Cielo caiga +sobre usted y sobre los que le mandan! + +--¡Que el Cielo le ayude!--dijo Blasillo tendiéndole la mano. + +Pero el judío dio un salto hacia atrás. + +--Es verdad, no me acordaba--dijo el joven--. Adiós, maestro, hasta la +vista. + +--Hasta la vista... Tendría que ser mañana... porque antes de tres días +su madre de usted ya no tendrá hijo. + + * * * * * + +Un mes justo después de la ejecución del gitano, una peste espantosa +devastaba Cádiz; porque Blasillo había hecho naufragar su tartana al pie +del fuerte de Santa Catalina... + +Su tartana, llena de mercancías, comprada por él en Tánger, había sido +saqueada por el pueblo. + +Porque Blasillo, al comprar aquellas mercancías, que procedían de +Levante, entonces asolado por una epidemia, sabía que estaban +infectadas y que maese Plock no esperaba más que una ocasión favorable +para purificarlas[8]. + +El pueblo de Cádiz que ignoraba esta circunstancia, se apoderó de las +brillantes mercancías e infectó a todos los habitantes. + +Hasta el alcalde y los miembros de la Junta que quisieron ver a sus +mujeres y a sus hijos vestidas como las grandes de España, fueron +atacadas por la peste. + +En fin, perecieron gran número de personas en Cádiz y en sus +alrededores, porque los meses de julio y de agosto fueron muy calurosos, +y la fiebre amarilla complicó la peste. + +Se calculó el número de los muertos en veintinueve mil setecientos +treinta y dos, sin contar los frailes. + +En cuanto a Blasillo, no se supo lo que fue de él, como tampoco de sus +negros. + +Pero había cumplido su palabra al gitano. + +¡Le había vengado! + +FIN + + +NOTAS: + +[1] Guardias. + +[2] Traducida esta obra con toda fidelidad, esperamos que el buen +sentido del lector subsanará las lamentables inexactitudes en que el +autor incurre a cada paso al pretender pintar las costumbres españolas +sin conocerlas, sin duda, y sabrá juzgar sus gratuitas apreciaciones, +así como el injustificado menosprecio del carácter español, que campea +en las páginas del libro. Por tratarse de una figura literaria de la +talla de Sue son más de sentir tales ligerezas, capaces de desprestigiar +al escritor de más fuste y que son imperdonables en el autor del +_Judío_.--N. del T. + +[3] Espíritus malignos. (Trad. pop.) + +[4] El carretón de la muerte; es arrastrado por esqueletos, y el ruido +de sus ruedas indica el fallecimiento. + +[5] Espíritu maligno que preside las tempestades. + +[6] Marineros escogidos. + +[7] Hay más de 25 leguas de distancia entre los dos puntos. + +[8] Muchos judíos de Tánger se dedican a esta lucrativa industria; +compran mercancías infectadas a bajo precio, las purifican como pueden, +y las revenden en Europa. La peste de Cádiz en 1760, no tuvo otra causa. +Un buque contrabandista escapó a las visitas sanitarias y propagó la +epidemia. + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Plick y Plock, by Eugène Sue + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PLICK Y PLOCK *** + +***** This file should be named 29770-8.txt or 29770-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/9/7/7/29770/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Plick y Plock + +Author: Eugène Sue + +Translator: Tomás Orts-Ramos + +Release Date: August 23, 2009 [EBook #29770] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PLICK Y PLOCK *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + + + + + +</pre> + + +<hr class="full" /> + +<p class="c un top15"> BIBLIOTECA DE «LA NACION» </p> + +<h2>EUGENIO SUE</h2> + +<h1>PLICK <span class="smcap">y</span> PLOCK</h1> + +<p class="c">TRADUCCIÓN DE</p> + +<h3 class="top5">T. ORTS-RAMOS</h3> + +<p class="c"><img src="images/001.png" +alt="logo" +height="78" +width="75" /></p> + +<p class="c">BUENOS AIRES<br /> +1919</p> + + +<p class="c"> +Derechos reservados.<br /> +<br /> +Imp. de <span class="smcap">La Nación</span>.—Buenos Aires<br /> +</p> + +<hr class="full" /> + +<h2>ÍNDICE</h2> +<table summary="toc" cellpadding="0" cellspacing="1"> +<tbody><tr><td> </td><td><span style="margin-left: 1em;"><a href="#PREFACIO">Prefacio</a></span></td></tr> +<tr><td colspan="2" class="cabeza">KERNOK EL PIRATA</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ik">I</a>.</td><td>—El degollador y la bruja</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIk">II</a>.</td><td>—Kernok</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIk">III</a>.</td><td>—La buena ventura</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVk">IV</a>.</td><td>—El brick «El Gavilán»</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vk">V</a>.</td><td>—Regreso</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIk">VI</a>.</td><td>—La partida</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIk">VII</a>.</td><td>—Carlos y Anita</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIk">VIII</a>.</td><td>—La presa</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXk">IX</a>.</td><td>—Orgía</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xk">X</a>.</td><td>—La caza</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIk">XI</a>.</td><td>—El combate</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIk">XII</a>.</td><td>—Sigue el combate</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIIk">XIII</a>.</td><td>—Los dos amigos</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIVk">XIV</a>.</td><td>—La misa de difuntos</td></tr> +<tr><td colspan="2" class="cabeza">EL GITANO</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Ig">I</a>.</td><td>—El barbero de Santa María</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIg">II</a>.</td><td>—La corrida de toros</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IIIg">III</a>.</td><td>—El gitano</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IVg">IV</a>.</td><td>—Las dos tartanas</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Vg">V</a>.</td><td>—La blasfemia</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIg">VI</a>.</td><td>—La monja</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIg">VII</a>.</td><td>—El levante</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#VIIIg">VIII</a>.</td><td>—La «Urna de San José»</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#IXg">IX</a>.</td><td>—El relato</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#Xg">X</a>.</td><td>—El prodigio</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIg">XI</a>.</td><td>—Amor</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIg">XII</a>.</td><td>—La capilla ardiente</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIIIg">XIII</a>.</td><td>—El garrote</td></tr> +<tr><td align="right"><a href="#XIVg">XIV</a>.</td><td>—Maestro Plok</td></tr> +</tbody></table> + +<hr class="full" /> + +<h3><a name="PREFACIO" id="PREFACIO"></a> +<span style="font-family: sans-serif,serif;">PREFACIO</span></h3> + +<hr style="width: 10%;" /> +<p class="fecha"> +15 enero 1831.</p> + + +<p>A través de la profunda concentración que cautiva todos los intereses en +un orden de ideas graves y elevadas, el autor de estos relatos espera +deslizarse inadvertido entre el mundo literario. Después, habiéndose +asignado fecha y lugar, como tantas honradas gentes a las que se +encuentra, pasadas nuestras largas tormentas sociales, colocadas muy +alto en la opinión de un gran número, aspira a colocarse, como ellas, en +una decente reputación negativa, nublada al silencio de la crítica y a +la oportunidad de los grandes acontecimientos, tan favorable a los +espíritus mezquinos.</p> + +<p>Porque la carrera de esos veteranos de que hablamos ha sido plena, +entera, honrada, gracias a su ancianidad que en la literatura prueba el +mérito, casi lo mismo que un costurón prueba el valor.</p> + +<p>El tranquilo porvenir, la dulce y perezosa quietud de esos gruesos +canónigos de la literatura, han engolosinado de tal modo al autor de +este libro, que se apresura a inscribirse como <i>profeso</i>, en su orden, +estimando que las mismas circunstancias llevarán sin duda un día a los +mismos resultados.</p> + +<p>Un certificado de vida literaria es, pues, toda la ambición del autor.</p> + +<p>Dicho esto, continuemos.</p> + +<p>Antes de Cooper, hubiera tenido, quizá, la audacia de intentar interesar +al público francés en las costumbres, en los caracteres que no +despiertan en él ninguna simpatía. Ignorante, además, de las costumbres +marítimas, le sería verdaderamente imposible apreciar la exactitud de +los cuadros que se desarrollaran ante sus ojos.</p> + +<p>Por la topografía de su país y gracias a su política, los americanos +estaban llamados, mejor que nadie, a comprender todo el alcance del +genio de Cooper. ¿Es que no hay en sus creaciones más que una obra de +artista? ¿No existe un profundo pensamiento patriótico en el género que +ha encontrado? Este género es una expresión de los deseos, de las +necesidades, de la potencia de los Estados Unidos; es la historia de los +Estados Unidos dramatizada.</p> + +<p>Por ello, ved si de Nueva Orleáns a Boston hay un corazón que no lata, +una frente que no se coloree, cuando se leen esas bellas páginas en las +que se pintan las luchas de esa salvaje y vigorosa América, cuya +religión fue la de permanecer libre bajo su hermoso cielo, en medio de +sus ricas selvas, sobre su suelo virgen, y de rechazar hasta su brumosa +isla a la aristocrática Inglaterra, llena de prejuicios, abrumada por +sus viejos sistemas de colonización.</p> + +<p>A causa de nuestra indiferencia por el mar, nuestras glorias navales +son casi ignoradas en París. Bonaparte había visto que le era imposible +luchar directamente con Inglaterra. Le era necesario reunir a cada +momento todas sus fuerzas para aplastar al enemigo en el continente. Si +la marina tuvo una plaza secundaria en sus combinaciones, fue porque por +dos veces sus almirantes perdieron los navíos de Francia, y porque, para +servirnos de una de las expresiones de Napoleón, una flota no se +improvisa como un ejército. Por esta causa, a pesar de algunos +admirables combates parciales sostenidos por nuestros marinos, la fama +no ha tenido voz más que para celebrar la gloria de nuestro ejército de +tierra.</p> + +<p>Y esto fue una grave injusticia como arte y como política.</p> + +<p>Como política, porque la mayoría de los hombres creen lo que leen, +porque los relatos de nuestras victorias marítimas, adornadas por la +literatura, poetizadas, exageradas quizás, hubiesen acabado por darnos a +nosotros mismos una idea de nuestra importancia marítima. Este +sentimiento se hubiera infiltrado entre las masas en Francia y en el +extranjero; esta fe nacional hubiese producido grandes resultados, sin +duda; porque se equivocaría, creo, el que pensase que las historias, las +novelas, las memorias sobre las conquistas de Bonaparte no han aumentado +nuestras fuerzas morales en el interior, nuestra potencia en el +exterior.</p> + +<p>Y además, ¡si se supiese de qué modo las costumbres marítimas son nuevas +y picantes! ¡qué pocas cosas hay tan singulares, curiosas y dignas de +estudio como el interior de un barco! ¿No es éste un resumen de todos +los conocimientos, de todas las artes, de todas las industrias humanas? +¿No es una obra que prueba a cuánta altura puede elevarse nuestra +inteligencia?</p> + +<p>Sobre todo, constituyen un campo digno de estudio esas costumbres, esos +afectos, esos odios floreciendo sobre frágiles tablas, y esos caracteres +puestos ásperamente de relieve por el aislamiento, por la concentración; +y esa fisonomía moral de un pueblo acusada allí más vigorosamente que en +parte alguna, porque, en aquella vida incesantemente peligrosa, el +hombre, menos gastado por las costumbres de una civilización decrépita, +reproduce más vivamente el tipo impreso a cada raza por la Naturaleza.</p> + +<p>¡Y los marineros!... ¡Qué estudio para el que los comprende, para el que +sabe bucear en la profundidad de sus almas! Es un pueblo poderoso y +débil a la vez: tan pronto furioso como un soldado el día de pillaje, +tan pronto tímido e ingenuo como un niño, cuando la embarcación se mece +perezosamente en la calma; en el mar, resistente a todas las pruebas, el +marinero soporta las privaciones con un desdén, con una firmeza +estoicas; en tierra, sumergiéndose en todos los excesos, se entrega al +placer con un ardor que se puede comparar más que con el vigor de +organización desplegado en delirantes orgías: a bordo, durmiendo sobre +el puente, corriendo en lo alto de un palo; en tierra, llevando los +refinamientos y el lujo de la mesa hasta un grado inaudito, disipando +en ocho días el fruto de dos años de ahorros forzosos.</p> + +<p>Y en efecto, el marinero, ese pobre hombre, ¿no debe olvidar en un +alegre festín, que acaba con su oro, sus largos cuartos de noche<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote-1" class="fnanchor" title="ir a la nota 1.">[1]</a> +durante los cuales temblaba bajo la escarcha? ¿y esas horas de +tempestad, cuando, balanceándose sobre una verga, contemplaba sonriendo +el remolino que amenazaba tragarle? ¿y esos días miserables en que, +prisionero en un lugar estrecho y malsano, ha carecido de aire, de agua, +de pan, de esperanza y de luz?...</p> + +<p>¡Pobre hombre, mañana ya no tendrá más oro! ¡mañana no más vino humeante +y generoso, no más muelle cama, no verá ya a la muchacha riente y loca! +¡mañana, no más alegres espectáculos que ensanchaban su franco y jovial +rostro, siempre granujiento, enrojecido, radiante!...</p> + +<p>¡Se acabó todo!</p> + +<p>Mañana, pobre marinero, besarás a tu vieja madre entregándola +escrupulosamente una parte sagrada de tus ahorros; porque una hermosa +hostelera de ojos brillantes, de cabellos negros, se esforzará en +elogiarte aún la calidad superior de su <i>grog</i>, el perfume de su tabaco +y sus platos apetitosos...</p> + +<p>—Que me trague diez brazas de cable, si toco esta suma; <i>¡es la parte +de mi madre!</i>...—dirás cerrando con rapidez el largo bolsillo de cuero.</p> + +<p>¡Ahora vas a embarcarte de nuevo! ¡ahora te esperan una valiente +fragata y una disciplina severa!...—¡Larga velas! ¡arría velas! +¡Arriba, abajo! ¡Galleta dura, agua corrompida y algún vergazo si no +andas listo!...</p> + +<p>Y bien, ¡qué importa! él se encamina a su flotante casa cantando, sin +una lamentación, sin un suspiro. Durante esos ocho días tan +brillantemente coloreados por placeres sin número, ha hecho una +provisión de recuerdos para los dos años que pasará en el mar. Durante +las largas noches insomnes, se acordará de sus goces uno a uno; se +aislará del presente hundiéndose en sus pensamientos; encontrará en el +fondo de su alma no sé qué perfume de vino, qué sonrisa de mujer, qué +vagos reflejos del tiempo pasado que le harán olvidar la aflictiva +realidad.</p> + +<p>Tal es ese pueblo, esencialmente bueno, pero uniendo a la altivez de un +escocés la ingenua bondad de un bretón; doblando pacientemente la +espalda ante un puñetazo, pero dando una puñalada por una mirada, +pasando de la extrema alegría al extremo disgusto, pero sin perder nada +de la vivacidad de estos dos sentimientos. A bordo, con una alegría +dulce y melancólica, con una imaginación ardiente alimentada sin cesar +por una vida sedentaria y por relatos cuya grosera poesía no carece de +originalidad ni de grandiosidad, ¡ser complejo, múltiple, en fin! +viviendo de anomalías y de oposiciones, pero, por encima de todo, +impregnando su vida entera de una despreocupada e irónica intrepidez, +que no le abandona nunca a pesar de todos los peligros corridos, después +de tantos años de una existencia que no es otra cosa que un largo +peligro.</p> + +<p>Ya lo hemos dicho, Cooper, en sus admirables novelas, ha pintado a ese +hombre de una manera tan amplia como pintoresca. Ha excitado vivamente +la curiosidad, el interés por costumbres cuyos detalles contrastan +rudamente con los de nuestra vida ciudadana. Pero, desgraciadamente, la +energía, la finura del original, se debilitan casi siempre en la +traducción. En francés, ese estilo queda despojado de su nerviosa +concisión. Así, y todo, podemos admirar los grandes rasgos que +caracterizan a ese talento verdaderamente nuevo; pero los matices, el +color local, la preciosa ingenuidad de los idiomas, escapan a los que no +pueden leer en inglés esas páginas maravillosas.</p> + +<p>Sin embargo, nosotros creemos que si uno de nuestros talentos de primer +orden, que si Víctor Hugo, de Vigny, Janin, Merimée, Nodier, Balzac, P. +L. Jacob, Delatouche, etc., quisieran cambiar un año de su vida +estudiosa por un año de existencia marítima, e intentasen entonces +aplicar su potencia, su riqueza de ejecución a la pintura del mar, +tendríamos ciertamente una gloria literaria más. Y, ¿por qué Lamartine +no ha de ensayar conducir su musa por el mismo camino donde Byron ha +conducido la suya en el segundo canto de <i>Don Juan</i> y en su <i>Corsario</i>? +El temor de la imitación no sería racional; Cooper ha pintado +americanos; vosotros podríais pintar las costumbres de los franceses, +otros sitios, otros lugares, otras costumbres, otros combates...</p> + +<p>Todo talento que se basa en la observación exacta de la Naturaleza, ¿no +será siempre más <i>sui generis</i>, más personal, original, influyente?... +¿No son así Corneille y Shakespeare, Goethe y Chateaubriand?</p> + +<p>Pero yo me equivoco. Tenemos ya nuestro Cooper: un poeta que conmueve y +atrae por la energía de su composición, por la verdad de sus +descripciones. En presencia de sus obras el corazón se oprime... ¿Veis +esas olas enormes que estallan y se rompen contra ese navío +desmantelado... ese cielo sombrío y brumoso, esos rostros de mujeres +llorosas, palpitantes, y que contrastan de una manera tan sublime con la +actitud tranquila, fría, de un marino que manda siempre a la tempestad, +aun en el momento de perecer?</p> + +<p>Otras veces, al contrario, vuestra alma se dilata, se ensancha... La +atmósfera es pura; ni una nube vela ese ardiente sol que desaparece en +el horizonte entre un vapor rojizo. ¡Y después, qué calma! ¡qué dulce +alegría anima a esos pescadores al dejar sus redes y sus barcas sobre +esa playa resplandeciente a los últimos rayos del sol!</p> + +<p>¿Oís los gritos de los niños... los cantos de los marineros? ¿Veis la +noble cabeza del abuelo, del viejo marino que se hace llevar a la puerta +de su choza para gozar aún del imponente espectáculo que siempre le +emociona, aun después de tantos años?</p> + +<p>Ese poeta, vosotros le conocéis, estoy seguro. ¿No habéis admirado el +<i>Kent</i>, el <i>Colombus</i>, la <i>Puesta del sol en el mar</i>?... ¿Ese poeta, +pues, vuestro Cooper, no es Gudin? ¿Acaso en sus cuadros no hay el mismo +colorido, la misma ingenuidad, la misma alteza de concepción que en las +páginas del <i>Piloto</i> y del <i>Corsario rojo</i>?</p> + +<p>¡Ah! si alguno de los escritores que hemos nombrado oyese nuestra débil +voz, tendríamos una doble gloria en este género; poseyendo ya la poesía +pintada, gozaríamos además de algunas deliciosas poesías escritas.</p> + +<p>En cuanto al autor de este libro, su papel es poco más o menos el de un +enano de la edad media, cuya historia quiero contaros.</p> + +<p class="top5">«Un día, algunas bandas de salteadores y de arqueros galos, habían +sitiado la abadía de San Cutberto, en Bretaña. Su jefe, Manostuertas, +cabalgaba insolentemente a la vista de las murallas, pero, no obstante, +fuera del alcance de los tiros de los hombres de armas de la abadía.</p> + +<p>»Viendo esto los monjes desde lo alto de las murallas, invocaban +piadosamente la intercesión de San Cutberto, cuando advirtieron, no sin +extrañeza, al enano del prior que conducía o más bien arrastraba una +ballesta prodigiosamente pesada y maciza.</p> + +<p>»—¡Dios me valga!—exclamó el prior—; ¡el muy necio se ha atrevido a +poner mano sobre la ballesta dedicada a nuestro señor San Cutberto, en +la nave de nuestra iglesia!... sobre la ballesta, ¡gran Dios!, que ese +santo hizo caer de las manos de un gigante que la usaba para esperar a +los mercaderes lombardos y a los peregrinos que pasaban por tierras de +la abadía.</p> + +<p>»—Pero—dijo el enano—, ¿olvidáis, señor, que esta ballesta +traspasaría la más sólida muralla de Granada a mil pasos de distancia?</p> + +<p>»Y diciendo esto había apoyado entre las almenas el poderoso arco que +armara el gigante, pero el pobre enano ni siquiera pudo hacer mover el +rudo mecanismo que impulsaba el proyectil.</p> + +<p>»Y el jefe de los salteadores, el condenado Manostuertas, injuriaba +siempre con sus gestos, al prior, a la abadía y a los monjes.</p> + +<p>»Mientras que el prior se burlaba del enano porque había osado poner sus +débiles manos sobre un arma tan pesada... un caballero, vasallo del +primado, y de brazo maravillosamente fuerte, asió la ballesta que el +enano había dispuesto sobre la muralla, la cuerda de hierro se tendió, +la flecha silbó y alcanzó a Manostuertas a pesar de su armadura.</p> + +<p>»Por la noche, los arqueros galos, espantados de la muerte de su jefe, +habían dejado libres todas las salidas de la abadía de San Cutberto.</p> + +<p>»Y viendo las últimas lanzas de los salteadores brillar al sol poniente +y después bien pronto desaparecer en el horizonte, el pobre enano se +alababa de su loca e impotente tentativa, porque uno más fuerte que él +había valerosa y felizmente realizado su idea.»</p> + + +<p class="top5">El lector ha comprendido el sentido de este apólogo. Nosotros nos +consideraríamos muy dichosos, si algún escritor de nombre quisiera +marchar por la vía que indicamos en estos ensayos.</p> + +<p class="r smcap">Eugenio Sue.</p> + +<hr class="full" /> + +<h1 class="top15">PLICK Y PLOCK<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a> +<a href="#Footnote-2" class="fnanchor2" title="ir a la nota 2.">[2]</a></h1> + +<hr style="width: 15%;" /> + +<p class="head">KERNOK EL PIRATA</p> + +<p class="poem2"> +Got callet deusan Armoriq.<br /> +Era un hombre duro de la Armórica.<br /> +<span style="margin-left: 7em;"><i>Prov. bretón.</i></span><i></i><br /> +</p> + + + +<h3><a name="Ik" id="Ik"></a>CAPÍTULO PRIMERO</h3> + +<p class="smcap2">EL DESOLLADOR Y LA BRUJA</p> + +<p class="poem1"> +Los desolladores e hiladores de cáñamo viven<br /> +separados del resto de los hombres...</p> + +<p class="poem1"> +La presencia de un loco en una casa defiende<br /> +a sus habitantes contra los malos espíritus.<br /> +<span style="margin-left: 5em;"><span class="smcap">Conam-Hek</span>, <i>Crónica bretona</i>.</span><br /> +</p> + + +<p>En una noche de noviembre, sombría y fría, el viento del NO. soplaba con +violencia, y las altas olas del Océano iban a estrellarse contra los +bancos de granito que cubren la costa de Pempoul, mientras que las +puntas destrozadas de aquellas rocas tan pronto desaparecían bajo las +olas como destacaban su fondo negro sobre una espuma deslumbradora.</p> + +<p>Colocada entre dos rocas que la protegían contra los efectos del +huracán, se elevaba una cabaña de miserable apariencia; pero lo que +hacía verdaderamente horrible su aspecto, eran una multitud de huesos, +de cadáveres de caballos y de perros, de pieles ensangrentadas y de +otros despojos que anunciaban bien claramente que el propietario de +aquel chamizo era desollador.</p> + +<p>Se abrió la puerta y apareció en ella una mujer cubierta con una manta +negra que la tapaba enteramente y no dejaba ver más que su cara amarilla +y arrugada, casi oculta por mechones de pelo blanco. Llevaba una lámpara +de hierro en una mano y con la otra trataba de resguardar la llama, que +el viento agitaba.</p> + +<p>—¡Pen-Ouët! ¡Pen-Ouët!—gritó con un acento de cólera y de reproche—; +¿dónde estás, maldito niño? ¡Por San Pablo! ¿no sabes que se acerca la +hora en que las cantadoras de la noche<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote-3" class="fnanchor" title="ir a la nota 3.">[3]</a> se disponen a errar por la +playa?</p> + +<p>No se oyó más que el mugido de la tempestad que parecía redoblar su +furor.</p> + +<p>—¡Pen-Ouët! ¡Pen-Ouët!—gritó una vez más.</p> + +<p>Pen-Ouët prestó por fin oído.</p> + +<p>El idiota estaba inclinado sobre un montón de huesos a los cuales daba +las formas más variadas y extravagantes. Volvió la cabeza, se levantó +con aire descontento, como el niño que abandona a disgusto sus juegos, y +se dirigió a la cabaña, no sin llevarse una hermosa cabeza de caballo, +de huesos blancos y pulidos, que él apreciaba mucho, sobre todo desde +que había introducido en su interior unos guijarros que resonaban de la +manera más agradable, cuando Pen-Ouët sacudía aquel instrumento de nuevo +género.</p> + +<p>—¡Entra, pues, maldito!—exclamó su madre, empujándole con tanta +violencia que su cabeza fue a dar contra la pared, y la sangre salió.</p> + +<p>Entonces el idiota se echó a reír a carcajadas, con una risa estúpida y +convulsiva, enjugó su herida con sus largos cabellos, y fue a dejarse +caer bajo la campana de una vasta chimenea.</p> + +<p>—¡Ivona, Ivona, cuida de tu alma, en lugar de derramar la sangre de tu +hijo!—dijo el desollador que estaba arrodillado y parecía absorto en +una profunda meditación—. ¿No oyes, pues?...</p> + +<p>—Oigo el ruido de las olas que golpean esa roca, y el silbido del +viento.</p> + +<p>—Di mejor la voz de los muertos. ¡Por San Juan del dedo! hoy es el día +de los difuntos, mujer, y los náufragos que nosotros...—aquí una +pausa—, podrían muy bien venir a arrastrar a nuestra puerta el +<i>carriquet-ancou</i><a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote-4" class="fnanchor" title="ir a la nota 4.">[4]</a>, con sus vestidos blancos y sus lágrimas +sangrientas—respondió el desollador en voz baja y trémula.</p> + +<p>—¡Bah! ¿qué podemos temer? Pen-Ouët es idiota; ¿no sabes tú que los +malos espíritus no entran nunca bajo el techo que cubre a un loco? <i>Jan +y su fuego</i> que dan vueltas con tanta rapidez como la devanadera de una +vieja, <i>Jan y su fuego</i> huirían a la voz de Pen-Ouët como una alondra +ante el cazador. ¿Qué temes, pues?</p> + +<p>—Entonces, ¿por qué desde el último naufragio, ya sabes, aquel lugre +que se estrelló contra la costa, atraído por nuestras señales +engañadoras... por qué tengo una fiebre ardiente y pesadillas +espantosas? En vano he bebido tres veces, a media noche, el agua de la +fuente de Krinoëck; en vano me he frotado con la grasa de una gaviota +sacrificada en viernes; nada, nada, me ha calmado. Por la noche tengo +miedo. ¡Ah! mujer, mujer, tú lo has querido.</p> + +<p>—Siempre cobarde. ¿Es que no hay que vivir? ¿tu estado no te hace +horroroso a todo, Saint-Pol? y sin mis predicciones, ¿a qué nos veríamos +reducidos? La entrada en la iglesia nos está prohibida; los panaderos +casi no quieren vendernos pan. Pen-Ouët no va una vez a la población que +no vuelva molido a golpes, el pobre idiota. Y si se atreviesen nos +darían caza como a una bandada de lobos de las montañas de Arrés, y +porque nosotros aprovechamos lo que <i>Teus</i><a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote-5" class="fnanchor" title="ir a la nota 5.">[5]</a> nos envía, tú te +arrodillas como un sacristán de Plougasnou y estás tan pálido como una +muchacha que saliendo de la velada encontrase a <i>Teus Arpouliek</i> con sus +tres cabezas y su ojo de fuego.</p> + +<p>—Mujer...</p> + +<p>—Eres más cobarde que un hombre de Cornouailles—dijo finalmente Ivona +exasperada.</p> + +<p>Y como el más sangriento ultraje que se pueda hacer a un leonés es +compararle con un habitante de Cornouailles, el desollador agarró a su +mujer por el cuello.</p> + +<p>—Sí—repitió con voz ronca y ahogada—, ¡más cobarde que un hijo de la +llanura!</p> + +<p>La rabia del desollador no conoció límites, y se apoderó de su hacha, +pero Ivona se armó de un cuchillo.</p> + +<p>El idiota reía a carcajadas, agitando su cabeza de caballo llena de +guijarros que producían un ruido sordo y extraño.</p> + +<p>Afortunadamente, llamaron a la puerta de la cabaña, cuando estaba a +punto de ocurrir una desgracia.</p> + +<p>—¡Abrid, voto a...! ¡abrid de una vez! El NO. sopla con una fuerza como +para descornar a un buey—dijo una voz ruda.</p> + +<p>El desollador dejó caer su hacha, e Ivona se arregló la cabeza lanzando +sobre su marido una mirada en la que aun brillaba la cólera.</p> + +<p>—¿Quién puede venir a esta hora a importunarnos?—dijo el hombre; +después se subió hasta una estrecha ventana, y miró.</p> + + + +<h3><a name="IIk" id="IIk"></a>II</h3> + +<p class="smcap2">KERNOK</p> + +<p class="poem"> +Got callet deusan Armoriq.<br /> +Era un hombre duro de la Armórica.<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><i>Prov. bretón.</i></span><i></i><br /> +</p> + + +<p>Era él, era Kernok el que llamaba a la puerta. He aquí un bravo y digno +compañero. Juzgad, si no.</p> + +<p>Había nacido en Plougasnou; a los quince años se escapó de casa de su +padre y se embarcó en un barco negrero, comenzando allí su educación +marítima. No había a bordo grumete más ágil ni marinero más intrépido, +ni nadie tenía la mirada más penetrante para descubrir a lo lejos la +tierra velada por la bruma. Nadie apretaba con más gracia y presteza una +gavia. ¡Y qué corazón! Un oficial se descuidaba su bolsa, y el joven +Kernok la recogía cuidadosamente, pero sus camaradas tenían parte en el +contenido; si robaba ron al capitán, lo partía también escrupulosamente +con sus amigos.</p> + +<p>¡Y qué alma! ¡Cuántas veces, cuándo los negros que eran transportados +del África a las Antillas, entumecidos por el frío húmedo y penetrante +de la cala, no podían arrastrarse hasta el puente para aspirar el aire +durante el cuarto de hora que a este efecto se les concedía, cuántas +veces, digo, el joven Kernok les hacía recobrar el movimiento y la +transpiración de la piel a fuerza de golpes! Y el señor Durand, +artillero-carpintero-cirujano del brick, hacía notar juiciosamente que +ninguno de los negros sometidos a la vigilancia de Kernok padecía de +aquella somnolencia y de aquella pesadez peculiar a los demás negros. Al +contrario, los suyos, a la vista del amenazador cabo de cuerda, estaban +siempre en un estado de irritabilidad nerviosa, como decía el señor +Durand, de irritabilidad nerviosa muy saludable.</p> + +<p>De este modo, Kernok obtuvo bien pronto la estimación y la confianza del +capitán negrero, capaz, afortunadamente, de apreciar sus raras +cualidades. El buen capitán se aficionó tanto al joven marinero, que le +dio algunas lecciones de teoría, y un día le nombró segundo de a bordo. +Kernok se mostró digno de este ascenso por su valor y su habilidad; +descubrió, sobre todo, una manera de encajonar a los negros en el +sollado tan ventajosamente, que el brick, que hasta entonces no había +podido llevar más que doscientos, pudo contener trescientos, a la +verdad, apretándolos un poco—rogándoles que se pusieran de lado en +lugar de tenderse panza arriba como bajás—, así decía Kernok.</p> + +<p>Desde aquel día el negrero predijo a su protegido el más alto destino. +¡Dios sabe si se cumplió esta predicción!</p> + +<p>Al cabo de algunos años, una tarde que singlaba hacia la costa de +África, el digno capitán de Kernok, que había bebido un poco más que de +costumbre, estaba del más jovial humor. A horcajadas sobre una ventana, +fumando su larga pipa, se divertía en seguir con la vista la dirección +de los espesos torbellinos de humo que lanzaba gravemente o en mirar +fijamente la rápida estela del navío, apresurando con sus deseos el +momento en que volvería a ver Francia.</p> + +<p>Después pensaba con emoción en las bellas campiñas de Normandía, donde +había nacido; creía ver aún la choza dorada por los últimos rayos del +sol, el arroyuelo límpido y fresco, el viejo manzano, y su madre, y su +mujer, y sus hijitos que esperaban su regreso, suspirando junto a los +hermosos pájaros dorados y a las telas de vivos colores que él no dejaba +de llevarles nunca como recuerdo de sus lejanas correrías. El creía ver +todo esto, ¡pobre hombre! Su pipa, que el tiempo había vuelto negra como +el ala de un halcón, había caído de su boca entreabierta, sin que él se +diera cuenta; sus ojos se llenaban de lágrimas, su corazón latía con +violencia. Poco a poco los esfuerzos de su imaginación encaminada hacia +un mismo objeto, quizá también por la influencia del aguardiente, dieron +a esta visión fantástica una apariencia de realidad; y el buen capitán, +creyendo, en su embriaguez, que el mar era aquella riente pradera tan +deseada, tuvo la loca idea de querer ir hacia ella. Y en efecto, +poniéndose en pie avanzó hacia el líquido elemento.</p> + +<p>Otros dicen que una mano invisible le empujó y que la estela plateada +del buque se enrojeció un momento.</p> + +<p>Lo cierto es que se ahogó.</p> + +<p>Como el brick se encontraba cerca de las islas de Cabo Verde, el oleaje +era fuerte y la brisa fresca, el timonel no oyó nada; pero Kernok, que +había ido a dar cuenta de la ruta al capitán, debió ser el primero en +advertir el accidente, al cual no era quizás ajeno.</p> + +<p>Kernok tenía una de esas almas fuertemente templadas, inaccesibles a las +mezquinas consideraciones que los hombres débiles llaman reconocimiento +o piedad. No es extraño, pues, que cuando apareció en el puente no se +notara en él la menor emoción.</p> + +<p>—El capitán se ha ahogado—dijo con calma al contramaestre—; es una +lástima, porque era un valiente.</p> + +<p>Aquí Kernok añadió un epíteto que nosotros nos abstenemos de repetir, +pero que terminó de una manera pintoresca la oración fúnebre del +difunto.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Kernok era lacónico!</p> + +<p>Después, dirigiéndose al piloto, añadió:</p> + +<p>—El mando del buque me pertenece, como segundo de a bordo; de modo que +vas a cambiar de ruta. En lugar de gobernar al SE. te dirigirás al NE. +porque vamos a virar en redondo y a dirigirnos a Nantes o a Saint-Malo.</p> + +<p>El hecho es que Kernok había tratado de desviar al capitán difunto del +tráfico de los negros, no por filantropía, ¡no!, sino por un motivo +bastante más poderoso a los ojos de un hombre razonable.</p> + +<p>—Capitán—le decía continuamente—, usted hace adelantos que le +producen todo lo más un trescientos por ciento; yo en su lugar ganaría +lo mismo, o más, sin desembolsar un céntimo. Su brick marcha como una +dorada; ármelo en corso, yo respondo de la tripulación; déjeme hacer, y +a cada presa oirá usted la canción del corsario.</p> + +<p>Pero la elocuencia de Kernok no había quebrantado jamás la voluntad del +capitán, porque él sabía perfectamente que los que abrazan tan noble +profesión acaban tarde o temprano por balancearse al extremo de una +verga; y el inexorable capitán había caído al mar por <i>accidente</i>.</p> + +<p>Apenas Kernok se vio dueño del buque, retornó a Nantes para reclutar una +tripulación conveniente, armar su nave y poner en práctica su proyecto +favorito.</p> + +<p>Y para que digáis que no hay una Providencia, apenas llegado a Francia +se entera de que los ingleses nos han declarado la guerra, obtiene la +autorización competente, sale, da caza a un buque mercante y entra con +su presa en Saint-Pol de León.</p> + +<p>¿Qué más diré? La suerte favoreció siempre a Kernok, porque el Cielo es +justo: hizo numerosas presas a los ingleses. El dinero que obtenía se +liquidaba rápidamente en las tabernas de Saint-Pol; y es en el momento +de disponerse a embarcarse de nuevo para fabricar moneda, como él decía +en su ingenuo lenguaje, cuando le vemos llamar a la puerta de la +respetable familia del desollador.</p> + +<p>—Pero, ¡voto al diablo!, abrid de una vez—repitió sacudiendo +vigorosamente la puerta—. ¿O es que queréis quedaros agazapados como +las gaviotas en el hueco de una roca?</p> + +<p>Por fin abrieron.</p> + + + +<h3><a name="IIIk" id="IIIk"></a>III</h3> + +<p class="smcap2">LA BUENA VENTURA</p> + +<p class="poem2"> +<span style="margin-left: 1em;">La bruja dijo al pirata:</span><br /> +«Buen capitán, en verdad,<br /> +No seré yo tan ingrata,<br /> +Y tendréis vuestra beldad.»<br /> +<span style="margin-left: 4em;"></span><span class="smcap">Víctor Hugo</span>, «<i>Cromwell</i>».<br /> +</p> + + +<p>Entró, se quitó su capote impermeable que chorreaba agua, lo extendió +cerca de la lumbre, sacudió su ancho sombrero de cuero barnizado, y se +dejó caer sobre una silla vieja.</p> + +<p>Kernok podría tener treinta años; su ancha cintura y busto cuadrado que +anunciaba un vigor atlético, sus facciones bronceadas, su negra +cabellera, sus espesas patillas, le daban un aire duro y salvaje. Sin +embargo, su rostro hubiera pasado por hermoso a no ser por la constante +movilidad de sus pobladas cejas que se unían o se separaban, según la +impresión del momento.</p> + +<p>Su traje no le distinguía en nada de un simple marinero; solamente +llevaba dos áncoras de oro bordadas en el cuello de su grosera chaqueta, +y un ancho puñal encorvado pendía de su cintura por un cordón de seda +roja.</p> + +<p>Los habitantes de la cabaña examinaban al recién llegado con una +expresión de temor y de recelo y esperaban pacientemente que el +singular personaje hiciera conocer el objeto de su visita.</p> + +<p>Pero él no parecía ocupado más que en una cosa, en calentarse, y arrojó +al fuego con desparpajo algunos trozos de madera en los que se veían aún +aplicaciones de hierro.</p> + +<p>—Perros—dijo entre dientes—, ésos son los restos de un buque que +ellos habrán atraído y hecho naufragar. ¡Ah! si alguna vez <i>El +Gavilán</i>...</p> + +<p>—¿Qué quiere usted?—dijo Ivona cansada del silencio del desconocido.</p> + +<p>Este levantó la cabeza, sonrió desdeñosamente, no pronunció una sola +palabra, extendió sus piernas sobre la lumbre, y después de haberse +acomodado lo mejor posible, es decir, con la espalda apoyada contra la +pared y los pies sobre los morillos.</p> + +<p>—Usted es Pen-Hap el desollador, ¿no es cierto, buen hombre?—dijo por +fin Kernok que, con su bastón herrado atizaba el fuego con tanta +fruición como si se hubiese encontrado en el rincón de la chimenea de +alguna excelente posada de Saint-Pol—, ¿y usted la bruja de la costa de +Pempoul?—añadió mirando a Ivona con aire interrogativo.</p> + +<p>Después, midiendo al idiota con la vista, con disgusto:</p> + +<p>—En cuanto a ese monstruo, si lo llevaseis al aquelarre, causaría miedo +al mismo Satanás; por lo demás, se parece a usted, vieja mía, y si yo +pusiera esa cara en el mascarón de mi brick, los bonitos, asustados, no +vendrían más a jugar ni a saltar bajo la proa.</p> + +<p>Aquí Ivona hizo una mueca de cólera.</p> + +<p>—Vamos, vamos, bella patrona, cálmese usted y no abra el pico como una +gaviota que va a dejarse caer sobre un banco de sardinas. He aquí lo que +la apaciguará—dijo Kernok haciendo sonar algunos escudos—; tengo +necesidad de usted y del... <i>señor</i>.</p> + +<p>Este discurso, y la palabra <i>señor</i> sobre todo, fueron pronunciados con +un aire tan evidentemente burlón, que fue preciso la vista de una bolsa +bien repleta y el respeto que inspiraban los anchos hombros y el bastón +herrado de Kernok, para impedir que la digna pareja no estallase en una +cólera demasiado largo tiempo contenida.</p> + +<p>—Y no es—añadió el corsario—que yo crea en vuestras brujerías. Antes, +en mi infancia, ya era otra cosa. Entonces, como los demás, yo temblaba +durante la velada oyendo esos bellos relatos, y ahora, hermosa patrona, +hago tanto caso de ellos como de un remo roto. Pero <i>ella</i> ha querido +que viniese a hacerme decir la buena ventura antes de hacerme a la mar. +En fin, vamos a empezar; ¿está usted dispuesta, <i>señora</i>?</p> + +<p>Este <i>señora</i> arrancó a Ivona una mueca horrible.</p> + +<p>—¡Yo no me quedo aquí!—exclamó el desollador, pálido y trémulo—. Hoy +es el día de los muertos; mujer, mujer, tú nos perderás; ¡el fuego del +Cielo abrasará esta morada!</p> + +<p>Y salió cerrando la puerta con violencia.</p> + +<p>—¿Qué mosca le ha picado? Corre a buscarle, viejo mochuelo; él conoce +la costa mejor que un piloto de la isla de Batz, y yo le necesito. ¡Ve, +pues, bruja maldita!</p> + +<p>Diciendo esto, Kernok la empujó hacia la puerta...</p> + +<p>Pero Ivona, soltándose de las manos del pirata, repuso:</p> + +<p>—¿Vienes para insultar a los que te sirven? Calla, calla, o no sabrás +nada de mí.</p> + +<p>Kernok se encogió de hombros con un aire de indiferencia y de +incredulidad.</p> + +<p>—En fin, ¿qué quieres?</p> + +<p>—Saber el pasado y el porvenir, nada más que eso, mi digna madre; eso +es tan fácil como hacer diez nudos con el viento en popa—respondió +Kernok jugando con los cordones de su puñal.</p> + +<p>—¿Tu mano?</p> + +<p>—Ahí va; y me atrevo a decir que no hay otra más fuerte ni más ágil. ¡A +ver, pues, lo que lees en ella, vieja hada! Pero creo tanto en eso como +en las predicciones de nuestro piloto que, quemando sal y pólvora de +cañón, se imagina adivinar el tiempo que hará por el color de la llama. +¡Tonterías! yo no creo más que en la hoja de mi puñal o en el gatillo de +mi pistola, y cuando digo a mi enemigo: «¡Morirás!» el hierro o el plomo +cumplen mejor mi profecía que todas las...</p> + +<p>—¡Silencio!—dijo Ivona.</p> + +<p>Mientras que Kernok expresaba tan libremente su escepticismo, la vieja +había estudiado las líneas que cruzaban la palma de su mano.</p> + +<p>Entonces fijó sobre él sus ojos grises y penetrantes, después aproximó +su dedo descarnado a la frente de Kernok, que se estremeció sintiendo +la uña de la bruja pasearse sobre las arrugas que se dibujaban entre sus +cejas.</p> + +<p>—¡Hola!—dijo ella con una sonrisa repugnante—; ¡hola! ¡tú, tan +fuerte, y tiemblas!</p> + +<p>—Tiemblo... tiemblo... Si crees que es posible sentir tu garra sobre mi +piel, te equivocas. Pero, si en lugar de ese cuero negro y curtido se +tratase de una mano blanca y regordeta, ya verías entonces si Kernok...</p> + +<p>Y balbuceaba, bajando involuntariamente la vista ante la mirada fija e +insistente de la bruja.</p> + +<p>—¡Silencio!—repitió; y su cabeza cayó sobre su pecho; se hubiera dicho +que estaba absorta en un profundo ensueño.</p> + +<p>Solamente de cuando en cuando la agitaba una especie de temblor +convulsivo, y sus dientes se entrechocaban. La luz vacilante del hogar +que se extinguía iluminaba únicamente con su rojiza claridad el interior +de aquel chamizo; y destacándose en el fondo la cabeza disforme del +idiota que dormitaba agazapado en un rincón, resultaba verdaderamente +espantosa. De Ivona no se veía más que su manta negra y sus largos +cabellos grises; en el exterior mugía la tempestad. Había no sé qué de +horrible y de infernal en aquella escena.</p> + +<p>Kernok, el mismo Kernok, experimentó un ligero estremecimiento, rápido +como una chispa eléctrica. Y sintiendo poco a poco despertarse en él su +antigua superstición de niño, perdió aquel aire de incredulidad burlona +que se pintaba en sus facciones al entrar.</p> + +<p>Bien pronto un sudor húmedo cubrió su frente. Maquinalmente asió su +puñal y lo sacó de la vaina...</p> + +<p>Y como aquellas gentes que, medio dormidas aún, creen salir de un sueño +penoso haciendo algún movimiento violento, exclamó:</p> + +<p>—¡Que el infierno se lleve a Melia, a sus estúpidos consejos y a mí +mismo por haber sido tan tonto en seguirlos! ¿He de dejarme intimidar +por esas mojigangas, buenas para asustar a las mujeres y a los niños? +¡No, voto a tal! no se dirá que Kernok... ¡Ea! prometida del demonio, +habla pronto; tengo que marcharme. ¿Me oyes?</p> + +<p>Y la sacudió fuertemente.</p> + +<p>Ivona no respondía; su cuerpo seguía las impulsiones que le daba Kernok. +No se notaba siquiera la resistencia que hace experimentar un ser +animado. Se hubiera dicho que era una muerta.</p> + +<p>El corazón del pirata latía con violencia.</p> + +<p>—¿Hablarás?—murmuró, levantando la cabeza de Ivona que estaba +inclinada sobre su pecho.</p> + +<p>Ivona quedó en la posición que la dejara, pero su mirada continuaba +siendo fija y sombría.</p> + +<p>Los cabellos de Kernok se erizaban sobre su cabeza; con las dos manos +hacia adelante, el cuello tendido, como fascinado por aquella mirada +pálida y siniestra, escuchaba respirando apenas, dominado por un poder +superior a sus fuerzas.</p> + +<p>—Kernok—dijo por fin la bruja con una voz débil y entrecortada—, +tira, tira ese puñal, porque hay sangre en él; sangre de <i>ella</i> y de +<i>él</i>.</p> + +<p>Y la vieja sonrió de una manera espantosa; después, poniendo el dedo +sobre su cuello:</p> + +<p>—La has herido ahí... y sin embargo, aun vive. Pero no es eso todo... +¿Y el capitán del barco negrero?</p> + +<p>El puñal cayó a los pies de Kernok; se pasó la mano por su frente +ardiente y se apretó las sienes con tal fuerza, que la huella de sus +señas quedó impresa en ellas. Apenas si se sostenía y tuvo que apoyarse +contra el muro.</p> + +<p>Ivona continuó:</p> + +<p>—Que hayas arrojado al mar a tu bienhechor después de haberle dado de +puñaladas, pase; tu alma irá a Teus; pero que hayas herido a Melia sin +matarla, eso está mal; porque para seguirte, ella ha abandonado ese +bello país donde se crían los venenos más sutiles, donde las serpientes +juegan y se enlazan a la claridad de la luna, confundiendo sus silbidos, +donde el viajero oye, estremeciéndose, el estertor de la hiena, que +grita como una mujer a la que se estrangula; ese bello país, donde las +víboras rojas producen unas mordeduras mortales, que llevan en las venas +una sangre que las corroe.</p> + +<p>E Ivona retorcía sus brazos, como si ella hubiese experimentado aquellas +atroces convulsiones.</p> + +<p>—¡Basta, basta!—dijo Kernok, que sentía que su lengua se pegaba al +paladar.</p> + +<p>—Has herido a tu bienhechor y a tu amante; su sangre caerá sobre ti, +¡tu fin se aproxima! ¡Pen-Ouët!—llamó en voz baja.</p> + +<p>A esta voz sorda y ronca, Pen-Ouët, al que se hubiera creído +profundamente dormido, se levantó en una especie de acceso de +somnabulismo, y se sentó en las rodillas de su madre, que tomó sus manos +entre las suyas, y, apoyando su frente contra la del idiota, dijo:</p> + +<p>—Pen-Ouët, pregunta el tiempo que Teus le concede de vida... En nombre +de Teus, respóndeme.</p> + +<p>El idiota lanzó un grito salvaje, pareció reflexionar un instante, +retrocedió un paso e hirió el suelo con la cabeza de caballo que siempre +llevaba.</p> + +<p>Golpeó al principio cinco veces, después otras cinco y luego tres más.</p> + +<p>—Cinco, diez, trece—dijo su madre, que iba contando—, trece días te +quedan aún que vivir, ¡ya lo oyes! ¡y quiera Teus enviarte a nuestra +costa, con el cuerpo lívido y frío, rodeado de algas, los ojos sombríos +y abiertos, la boca llena de espumarajos y la lengua apresada entre los +dientes! ¡Trece días... y tu alma para Teus!</p> + +<p>—¡Pero <i>ella, ella</i>!—dijo Kernok, jadeante, presa de un delirio atroz.</p> + +<p>—<i>¡Ella!</i>—repuso Ivona—; pero no me has pagado más que por ti. ¡Bah! +seré generosa.</p> + +<p>Después reflexionó un momento poniéndose el dedo en la frente.</p> + +<p>—Pues bien, ella también quedará con los miembros rígidos, la cara +azulada, la boca espumeante y los dientes apretados. ¡Oh! haréis unos +hermosos prometidos, ¡y quiera Teus que yo os vea, en una noche de +noviembre, sobre una roca negra que será vuestro lecho nupcial, con las +olas del Océano por cortinajes, con el graznido de los cuervos por +canto de bodas y el ojo ardiente de Teus por antorcha!</p> + +<p>Kernok cayó desvanecido y dos carcajadas siniestras resonaron en la +cabaña.</p> + +<p>En esto llamaron a la puerta.</p> + +<p>—¡Kernok, Kernok mío!—dijo una voz dulce y fresca.</p> + +<p>Estas palabras produjeron sobre Kernok un efecto mágico; abrió los ojos +y miró a su alrededor con extrañeza y espanto.</p> + +<p>—¿Dónde estoy, pues?—dijo levantándose—; ¿ha sido una pesadilla, una +espantosa pesadilla? Pero no... mi puñal... esta capa... Es demasiado +cierto... ¡al infierno! ¡maldita vieja! yo sabré...</p> + +<p>La vieja y el idiota habían desaparecido.</p> + +<p>—Kernok, Kernok, abre ya—repitió la dulce voz.</p> + +<p>—¡<i>Ella</i>—exclamó—, <i>ella</i> aquí!</p> + +<p>Y se precipitó hacia la puerta.</p> + +<p>—¡Ven—dijo—, ven!</p> + +<p>Y saliendo de la cabaña, con la cabeza desnuda, la arrastró rápidamente, +y a través de las rocas que bordean la costa, alcanzaron bien pronto el +camino de Saint-Pol.</p> + + + +<h3><a name="IVk" id="IVk"></a>IV</h3> + +<p class="smcap2">EL BRICK «EL GAVILÁN»</p> + +<p class="poem2"> +<span style="margin-left: 1em;">¡Adelante, famoso bricbarca!</span><br /> +Desde el codaste hasta la gavia<br /> +No hay otro en el arsenal<br /> +Que con él se pueda igualar;<br /> +Viento en popa y adelante.<br /> +<span style="margin-left: 4em;"><i>Canción del marinero.</i></span><i></i><br /> +</p> + + +<p>La niebla que rodeaba los alrededores del pequeño puerto de Pempoul se +disipaba poco a poco, y el disco del sol aparecía de un rojo obscuro en +medio del cielo gris y sombrío.</p> + +<p>Bien pronto Saint-Pol, dominado por sus grandes edificios negros y sus +campanarios de piedra, se presentó vago e incierto a través del vapor +que ascendía de las aguas, después se dibujó de una manera más precisa, +cuando los pálidos rayos del sol de noviembre arrojaron el aire espeso y +húmedo de la mañana.</p> + +<p>A la derecha se elevaba la isla de Kalot con sus rompientes, el molino y +el campanario azul de Plougasnou, mientras que a lo lejos se extendía la +playa de Treguier, de fina y dorada arena, limitada por inmensos +peñascales que se pierden en el horizonte.</p> + +<p>La linda bahía de Pempoul no contenía ordinariamente más que medio +centenar de barcas y algunos buques de un tonelaje más elevado.</p> + +<p>No es extraño, pues, que el hermoso brick <i>El Gavilán</i> se destacase con +toda la altura de sus gavias entre aquella innoble multitud de lugres, +faluchos y botes que estaban fondeados a su alrededor.</p> + +<p>¡Ciertamente! ¡no había un brick más hermoso que <i>El Gavilán</i>!</p> + +<p>¿Es posible cansarse de verlo recto y ligero sobre el agua, con sus +formas esbeltas y estrechas, su alta armadura un poco inclinada hacia +atrás, que le da un aire tan coquetón y tan marinero? ¿cómo no admirar +su velamen fino y ligero, con sus amplias piezas, sus gavias y sus +juanetes tan elegantemente sesgados, y esas barrederas que se despliegan +sobre sus flancos graciosas como las alas del cisne, y esos foques +elegantes que parecen voltear al extremo de su bauprés, y su línea de +veinte carronadas de bronce, que se dibuja blanca y negra como los lados +de un juego de damas?</p> + +<p>Y después, ¡jamás el vapor oloroso de la mirra ardiendo en pebeteros de +oro, jamás la violeta con sus hojas aterciopeladas, jamás la rosa ni el +jazmín destilados en preciosos frascos de cristal se podrán comparar al +delicioso perfume que exhalaba la cala de <i>El Gavilán</i>! ¡qué oloroso +alquitrán, qué brea tan suave!</p> + +<p>¡A fe de Dios! ¡Ciertamente no había un brick más hermoso que <i>El +Gavilán</i>!</p> + +<p>Y si le admiráis dormido sobre sus áncoras, ¿qué diríais, pues, si le +vieseis dar caza a un desventurado buque mercante? ¡No! jamás caballo de +carrera con la boca espumante bajo el freno, ha saltado con tanta +impaciencia como <i>El Gavilán</i>, cuando el piloto no le dejaba +precipitarse sobre el buque perseguido. Jamás el halcón, rozando el agua +con el extremo de su ala, ha volado con tanta rapidez como el hermoso +brick, cuando, impulsado por la brisa, sus gavias y sus juanetes izados, +se deslizaba por el Océano, de tal modo inclinado, que los extremos de +sus vergas bajas desfloraban la cima de las olas.</p> + +<p>¡Ciertamente, no hay un brick más hermoso que <i>El Gavilán</i>!</p> + +<p>Y ése es el que estáis viendo, amarrado por sus dos cables.</p> + +<p>A bordo había poca gente: el contramaestre, seis marineros y un grumete; +nadie más.</p> + +<p>Los marineros estaban agrupados en los obenques o sentados sobre los +afustes de los cañones.</p> + +<p>El contramaestre, hombre de unos cincuenta años, envuelto en un largo +gabán oriental, se paseaba por el puente con un aire agitado, y la +protuberancia que se notaba en su mejilla izquierda anunciaba, por su +excesiva movilidad, que mordía su chicote con furor.</p> + +<p>Tanto es así, que el grumete, inmóvil cerca de su jefe, con el gorro en +la mano como quien aguarda una orden, observaba aquel peligroso +pronóstico con espanto creciente; porque el chicote del contramaestre +era para la tripulación una especie de termómetro que anunciaba las +variaciones de su carácter; y aquel día, según las observaciones del +grumete, el tiempo anunciaba tempestad.</p> + +<p>—¡Mil millones de truenos!—decía el contramaestre hundiéndose el +capuchón hasta los ojos—, ¿qué infernal viento le ha empujado? ¿Dónde +está? ¡Son las diez y aun no ha venido a bordo! Y la bestia de su mujer +que parte a media noche para ir a buscarle, el diablo sabe dónde... ¡Una +brisa tan hermosa! ¡Perder una brisa tan hermosa!—repetía en tono +desgarrador mirando un ligero catavientos colocado en los obenques, y +que por la dirección que le daba el viento anunciaba una fuerte brisa +del NO—. Es preciso estar tan loco como el hombre que pone el dedo +entre el cable y el escobén.</p> + +<p>El marmitón, impaciente de la duración de este monólogo, había intentado +ya por dos veces interrumpir al contramaestre, pero la mirada furiosa y +la movilidad excesiva del chicote de su superior se lo habían impedido. +Por fin, haciendo un esfuerzo sobre sí mismo, con su gorro bajo el +brazo, el cuello tendido, la pierna izquierda hacia adelante, se +aventuró a tirar de la hopalanda de su jefe.</p> + +<p>—Señor Zeli—le dijo—, el desayuno le espera.</p> + +<p>—¡Ah! ¿eres tú, Grano de Sal? ¿qué haces ahí, miserable, estúpido, +animal, rata de bodega? ¿Quieres que te haga curtir la piel, o que te +ponga el espinazo rojo como un rosbif crudo? ¿Contestarás, grumete de +desgracia?</p> + +<p>A este torrente de injurias y de amenazas, el grumete no oponía más que +una calma estoica, acostumbrado, como estaba, a los arranques de su +superior.</p> + +<p>Y, dicho sea de paso, habéis de saber que, si yo creyese en la +metempsicosis, preferiría habitar por toda mi vida en el alma de un +caballo de coche de alquiler, de un temporero, de un burro de +Montmorency, animar, en fin, a lo que hay de más miserable, que +encontrarme bajo la piel de un grumete.</p> + +<p>Ya hemos dicho que el grumete no soltaba una palabra; y cuando el +maestro Zeli se detuvo para tomar aliento. Grano de Sal repitió con un +aire más humilde que de costumbre:</p> + +<p>—El desayuno le...</p> + +<p>—¡Ah! ¡el desayuno!—exclamó el contramaestre encantado de hacer caer +su furor sobre alguien—; ¡ah! ¡el desayuno! ¡Toma, perro!</p> + +<p>Esto fue acompañado de un bofetón y de un puntapié tan violento, que el +grumete, que estaba en lo alto de la escalera del sollado, desapareció +como por encanto, y llegó al fondo de la cala resbalando con rapidez a +lo largo de los tramos de la escalera.</p> + +<p>Llegado al final de su viaje, el grumete se levantó y dijo frotándose +los riñones:</p> + +<p>—Estaba seguro; lo he conocido en el modo de mascar el tabaco.</p> + +<p>Y después de un momento de silencio, Grano de Sal añadió con un aire muy +satisfecho:</p> + +<p>—Prefiero eso que no haber caído de cabeza.</p> + +<p>Luego, consolado por esta reflexión filosófica, fue fielmente a cuidar +del desayuno del maestro Zeli.</p> + + + +<h3><a name="Vk" id="Vk"></a>V</h3> + +<p class="smcap2">REGRESO</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 50%;" class="sml"> +<p> +<span style="margin-left: 1em;">¡Hola! ¿de dónde viene usted, bello señor,</span><br /> +con la cabeza desnuda... el cinturón<br /> +colgando?... ¡Qué palidez!... amigo...<br /> +¡qué palidez!<br /> +<span style="margin-left: 8em;"><i>Words-Vok.</i></span><br /> +</p></div> + + +<p>Aunque hubiese desahogado un poco su cólera en Grano de Sal, el maestro +Zeli continuaba midiendo a zancadas el puente, levantando de cuando en +cuando el puño y los ojos al cielo, y murmuraba palabras que era +imposible tomar por una piadosa invocación.</p> + +<p>De pronto, fijando una atenta mirada sobre la entrada del puerto, se +detuvo, asió un anteojo que había cerca de la bitácora y, aproximándolo +al ojo izquierdo, exclamó:</p> + +<p>—Por fin, por fin, ¡qué suerte! ya está aquí, sí, es él... ¡Vaya una +manera de remar! ¡Vamos, firme, bravo, muchachos! ¡doblad, y podremos +aprovechar la brisa y la marea!</p> + +<p>Y el maestro Zeli, olvidando que era difícil hacerse oír a dos tiros de +cañón de distancia, animaba con la voz y con el gesto a los marineros +que conducían a bordo a Kernok.</p> + +<p>Por fin el bote se acercó al brick y atracó a estribor. El maestro Zeli +corrió a la escala a dar el silbido que anunciaba al capitán, y, con el +sombrero en la mano, se dispuso a recibirle.</p> + +<p>Kernok subió con agilidad por la banda del brick y saltó sobre el +puente.</p> + +<p>El contramaestre quedó impresionado de su palidez y de la alteración de +sus facciones. Su cabeza desnuda, las ropas en desorden, la vaina sin +puñal que pendía a su cintura, todo anunciaba un acontecimiento +extraordinario. Por esta razón Zeli no tuvo el valor de reprochar a su +capitán una ausencia tan prolongada y se acercó a él con un aire de +interés respetuoso.</p> + +<p>Kernok abarcó el brick con una mirada rápida y vio que todo estaba en +orden.</p> + +<p>—Contramaestre—dijo con una voz imperiosa y dura—, ¿a qué hora es la +marcha?</p> + +<p>—A las dos y cuarto, capitán.</p> + +<p>—Si la brisa no cesa, aparejaremos a las dos y media. Haga izar el +pabellón y disparar el cañonazo de partida; vire al cabrestante, +desaferre, y cuando las áncoras estén a pico, avíseme. ¿Dónde están el +oficial y el resto de la tripulación?</p> + +<p>—En tierra, capitán.</p> + +<p>—Envíe los botes a buscarles. El que no esté a bordo a las dos, +recibirá veinte golpes de rebenque y pasará ocho días en el calabozo. +¡Váyase!</p> + +<p>Nunca Zeli había visto a Kernok con un aire tan duro y tan severo. Así, +contra su costumbre, no hizo una multitud de objeciones a cada orden de +su capitán, y se contentó con ir prontamente a ejecutarlas.</p> + +<p>Kernok, después de haber examinado atentamente la dirección del viento y +de las brújulas, hizo signo a su compañero de que le siguiese.</p> + +<p>Este compañero era el que había ido a buscarle al antro de la bruja. La +voz pura y fresca que decía: «¡Kernok, Kernok mío!» era la suya; ¡cómo +no había de ser dulce su voz! ¡Era tan linda con sus facciones delicadas +y finas, sus grandes ojos velados por largas pestañas, sus cabellos +castaños y sedosos que se escapaban por debajo de las anchas alas de su +sombrero, y aquel talle tan esbelto y frágil que dibujaba un vestido de +tela azul, y aquella actitud tan viva y tan graciosa! ¡y cuando marchaba +libre y desembarazada, con el cuello erguido, la cabeza alta! ¡Ah! ¡qué +salero! únicamente que su rostro parecía dorado por un rayo de sol +tropical.</p> + +<p>Porque era de aquel clima ardiente de donde Kernok se había traído a su +gentil compañero, que no era otro que Melia, hermosa joven de color.</p> + +<p>¡Pobre Melia! por seguir a su amante había abandonado la Martinica y sus +bananeros y su casa de celosías verdes. Por él, hubiese dado su hamaca +de mil colores, sus madrás rojas y azules, los círculos de plata maciza +que rodeazan sus brazos y sus piernas; lo hubiese dado todo, todo, hasta +el saquito que encerraba tres dientes de serpiente y un corazón de +paloma, mágico talismán que debía proteger sus días, mientras lo llevara +suspendido del cuello.</p> + +<p>Ya veis, pues, si Melia amaba a su Kernok.</p> + +<p>También la amaba él, ¡oh!, la amaba con pasión, porque había bautizado +con el nombre de Melia una larga culebrina de 18, y no enviaba su +proyectil al enemigo que no se acordase de su amante. Era preciso que la +amase mucho, puesto que la permitía tocar su excelente puñal de Toledo y +sus buenas pistolas inglesas. ¡Qué más! ¡Hasta le confiaba la custodia +de su provisión particular de vino y de aguardiente!</p> + +<p>Pero lo que probaba más que nada el amor de Kernok, era una ancha y +profunda cicatriz que Melia tenía en el cuello. Provenía de una +cuchillada que el pirata le había dado en un arrebato de celos. Y como +hay que juzgar siempre la fuerza del amor por la violencia de los celos, +se comprende que Melia debía pasar unos días de ensueño al lado de su +dulce dueño.</p> + +<p>Bajaron los dos juntos.</p> + +<p>Al entrar en la cámara, Kernok se arrojó sobre un sillón y ocultó la +cabeza entre las manos, como para escapar a una visión funesta.</p> + +<p>Se había estremecido, sobre todo, al advertir la ventana por la cual su +capitán había caído al mar, como todos sabemos.</p> + +<p>Melia le miraba con dolor: después se aproximó tímidamente, se arrodilló +tomando una de sus manos que él le abandonó y le dijo:</p> + +<p>—Kernok, ¿qué tiene usted?, su mano arde.</p> + +<p>Esta voz le hizo estremecer: levantó la cabeza, sonrió amargamente y +pasando sus brazos alrededor del cuello de la joven mulata, la estrechó +contra sí; su boca rozaba su mejilla, cuando sus labios encontraron la +fatal cicatriz.</p> + +<p>—¡Infierno! ¡maldición sobre mí!—exclamó con violencia—. ¡Maldita +vieja, bruja infernal! ¿quién habrá dicho...?</p> + +<p>Y se asomó a la ventana para respirar, pero, como rechazado por una +fuerza invencible, se alejó con horror, y se apoyó sobre el borde de su +cama.</p> + +<p>Sus ojos estaban rojos y ardientes; su mirada, largo tiempo fija, se +veló poco a poco; y sucumbiendo a la fatiga y a la agitación, sus ojos +se cerraron. Al principio resistió al sueño, después cedió...</p> + +<p>Entonces ella, con los ojos humedecidos por las lágrimas, atrajo +dulcemente la cabeza de Kernok sobre su seno, que se levantaba y +descendía con rapidez. El, abandonándose a este dulce balanceo, se +durmió por completo; mientras que Melia, reteniendo su aliento, y +separando los negros cabellos que ocultaban la despejada frente de su +amante, tan pronto depositaba en él un beso, tan pronto pasaba un dedo +afilado sobre sus espesas cejas que se contraían convulsivamente aun +durante su sueño.</p> + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... +... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>—Capitán, todo está dispuesto—dijo Zeli entrando.</p> + +<p>En vano Melia le hacía signos de que se callase, mostrándole a Kernok +dormido; Zeli, que no se atenía más que a la orden que había recibido, +repitió con una voz más fuerte:</p> + +<p>—¡Capitán, todo está dispuesto!</p> + +<p>—¡Eh!... ¿qué hay?... ¿qué es eso?...—dijo Kernok desprendiéndose de +los brazos de la joven.</p> + +<p>—Capitán, todo está dispuesto—repitió Zeli por tercera vez, con una +entonación aún más elevada.</p> + +<p>—¿Y quién ha sido el necio que ha dado esa orden?</p> + +<p>—Usted, capitán.</p> + +<p>—¡Yo!</p> + +<p>—Usted, capitán, al volver a bordo, hace dos horas, tan cierto como ese +quechemarín cubre su trinquete—dijo Zeli con una conmoción profunda, +mostrando por la ventana una embarcación que en efecto ejecutaba esta +maniobra.</p> + +<p>Y Kernok dirigió una mirada a Melia, que bajaba, sonriendo, su linda +cabeza, como para confirmar la aserción de Zeli.</p> + +<p>Entonces se pasó rápidamente la mano por la frente, y dijo:</p> + +<p>—Sí, sí, está bien, desamarrad y hacedlo preparar todo, para aparejar; +subo en seguida. ¿La brisa no ha calmado?</p> + +<p>—No, capitán; al contrario, es más fuerte aún.</p> + +<p>—Ve y despacha.</p> + +<p>El tono de Kernok ya no era duro e impetuoso, sino solamente brusco; de +modo que Zeli, viendo que la calma había sucedido a la agitación de su +capitán, no pudo por menos que pronunciar un pero...</p> + +<p>—¿Vas a comenzar con tus peros y tus síes? Ten cuidado... ¡o te arrojo +la bocina a la cabeza!—exclamó Kernok con voz de trueno y avanzando +hacia Zeli.</p> + +<p>Este se esquivó prontamente, juzgando que su capitán no estaba aún en +una situación de espíritu bastante apacible para soportar pacientemente +sus eternas contradicciones.</p> + +<p>—Cálmese, Kernok—dijo tímidamente Melia—. ¿Cómo se encuentra usted +ahora?</p> + +<p>—Muy bien, muy bien. Estas dos horas de sueño han bastado para calmarme +y desechar las ideas tontas que esa maldita bruja me había metido en la +cabeza. Vamos, vamos, la brisa fresquea y nos disponemos a salir. +Porque, ¿qué hacemos aquí mientras haya buques mercantes en la Mancha, +galeones en el golfo de Gascuña y ricos navíos portugueses en el +estrecho de Gibraltar?</p> + +<p>—¡Cómo! ¿Usted partirá hoy, un viernes?</p> + +<p>—Escucha bien lo que voy a decirte, amada mía; yo hubiera debido +castigarte seriamente por haberme decidido por tus súplicas a ir a +escuchar las fantasías de una loca. Te he perdonado; pero no me rompas +más los oídos con tu charla, o si no...</p> + +<p>—¿Sus predicciones han sido, pues, siniestras?</p> + +<p>—¡Sus predicciones! hago tanto caso como de... En cambio, lo que yo +puedo predecir a ese viejo mochuelo, y tú verás si me equivoco, es que +tan pronto como mis ocupaciones me lo permitan, iré con una docena de +gavieros<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote-6" class="fnanchor" title="ir a la nota 6.">[6]</a> a hacerle una visita de la cual se acordará; que me parta un +rayo si dejo una piedra de su casucha y si no le pongo la espalda del +color del arco iris.</p> + +<p>—¡Por piedad, no hable usted así de una mujer que tiene <i>doble vista</i>! +no parta hoy; ahora mismo una gaviota blanca y negra revoloteaba por +encima del barco lanzando agudos gritos; eso es de mal augurio... ¡no +parta usted!</p> + +<p>Diciendo estas palabras, Melia se había arrojado a las rodillas de +Kernok, que al principio la había escuchado con bastante paciencia; +pero, cansado de oírla, la rechazó tan rudamente, que la cabeza de Melia +fue a dar contra la madera.</p> + +<p>En el mismo instante, por una violenta sacudida que el navío +experimentó, Kernok, adivinando que el áncora había cedido al +cabrestante, se lanzó hacia el puente, con su bocina en la mano.</p> + + + +<h3><a name="VIk" id="VIk"></a>VI</h3> + +<p class="smcap2">LA PARTIDA</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 35%;" class="sml"> +<p> +¡Alerta! ¡Alerta! he ahí a los piratas<br /> +de Ochali que parten.<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><i>El cautivo de Ochali.</i></span><br /> +</p></div> + + +<p>Cuando Kernok apareció sobre el puente, se hizo un profundo silencio.</p> + +<p>No se oía más que el ruido agudo del silbato de Zeli, que, inclinado +sobre la borda hacía amarrar el áncora, indicando la maniobra por +modulaciones diferentes.</p> + +<p>—¿Hay que desaferrar el áncora de estribor?—preguntó al segundo, que +transmitió esta pregunta a Kernok.</p> + +<p>—Espera—dijo éste—, y haz subir a todo el mundo al puente.</p> + +<p>Un toque de silbato particular, repetido por el contramaestre, hizo +aparecer como por encanto a los cincuenta y dos hombres y a los cinco +marmitones que componían la tripulación de <i>El Gavilán</i>, y que se +colocaron en dos filas, con la cabeza alta, la mirada fija y las manos +colgando.</p> + +<p>Aquellas buenas gentes no tenían el aire cándido y puro de un joven +seminarista, ¡oh no! Se veía en sus duras facciones, en su tez curtida, +en su frente surcada, que las pasiones—¡y qué pasiones!—habían pasado +por allí, y que los honrados compañeros habían llevado ¡ay! una vida +bien tormentosa.</p> + +<p>Además, se trataba de una tripulación cosmopolita; era como un resumen +viviente de todos los pueblos del mundo; franceses, españoles, alemanes, +ingleses, rusos, americanos, holandeses, italianos, egipcios, ¿qué sé +yo? hasta un chino que Kernok había enrolado en Manila. Sin embargo, +aquella sociedad compuesta de elementos tan poco homogéneos, vivía a +bordo en perfecta inteligencia, gracias a la rigurosa disciplina que +Kernok había establecido.</p> + +<p>—Pasa lista—dijo al segundo, y cada marinero fue respondiendo a su +nombre.</p> + +<p>Faltaba uno, el piloto Lescoët, un compatriota de Kernok.</p> + +<p>—Anótale para veinte chicotazos y ocho días de calabozo.</p> + +<p>Y el segundo escribió en su carnet: <i>Lescoët, 20 ch. y 8 de c.</i>, con +tanta indiferencia como un comerciante que anotase el vencimiento de una +letra.</p> + +<p>Kernok entonces se subió sobre un banco, dejó la bocina cerca de él y +habló en estos términos:</p> + +<p>—Muchachos, vamos a hacernos de nuevo a la mar. Hace dos meses que nos +estamos enmoheciendo aquí como un pontón podrido; nuestros cinturones +están vacíos; pero el depósito de la pólvora está lleno, nuestros +cañones tienen la boca abierta y no piden más que hablar. Vamos a salir +impulsados por una buena brisa NO. y a farolear por el estrecho de +Gibraltar; y si San Nicolás y Santa Bárbara nos ayudan, ¡pardiez!, +volveremos con los bolsillos llenos, muchachos, para hacer bailar a las +chicas de Saint-Pol y beber vino de Pempoul.</p> + +<p>—¡Hurra! ¡hurra!—gritaron todos en signo de aprobación.</p> + +<p>—¡Desamarra a estribor, larga el gran foque, iza la cangreja!—gritó +Kernok con voz estentórea, dando también la orden de aparejar, para no +dejar enfriar el ardor de la gente.</p> + +<p>El brick, no estando ya aprisionado por sus anclas, siguió el impulso +del viento, y se inclinó sobre estribor.</p> + +<p>—¡Larga las gavias! ¡iza, iza, bracea, bracea! ¡amarra las +gavias!—gritó aún Kernok.</p> + +<p>Y el brick, sintiendo la fuerza de la brisa, se puso en marcha; sus +amplias velas grises se hincharon poco a poco, el viento circuló +silbando entre las cuerdas; ya Pempoul, la costa de Treguier, la isla +Santa-Ana-Ros-Istam y la torre Blanca, se borraban poco a poco, huían a +los ojos de los marineros, que, agrupados en los obenques y en las +gavias, con la mirada fija sobre la tierra, parecían saludar a Francia +en una última y larga despedida.</p> + +<p>—¡La barra a babor! ¡la barra a babor!—gritó de pronto Zeli con +espanto.</p> + +<p>Inmediatamente la rueda del timón dio una vuelta rápida y <i>El Gavilán</i> +se inclinó bruscamente.</p> + +<p>—¿Qué hay, pues?—preguntó Kernok después que fue ejecutada la +maniobra.</p> + +<p>—Es Lescoët que llega, capitán; el bote que le conduce ha estado a +punto de dejarse abordar, y lo hubiéramos aplastado como una cáscara de +nuez, si no hubiese hecho virar sobre estribor—respondió Zeli.</p> + +<p>El rezagado, que había saltado ágilmente a bordo, se acercó con aire +confuso a Kernok.</p> + +<p>—¿Por qué has tardado tanto?</p> + +<p>—Mi anciana madre acaba de morir; he querido estar hasta el último +momento a su lado para cerrarle los ojos.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo Kernok.</p> + +<p>Después, volviéndose hacia su segundo:</p> + +<p>—Arregla las cuentas a ese buen hijo.</p> + +<p>Y el segundo dijo dos palabras al oído de Zeli que se llevó a Lescoët a +un rincón.</p> + +<p>—Hijo mío—le dijo agitando una cuerda larga y estrecha—, tenemos un +hueso que roer juntos.</p> + +<p>—Ya comprendo—dijo Lescoët palideciendo—; ¿y cuántos?</p> + +<p>—Una miseria.</p> + +<p>—Bien, pero quiero saberlo.</p> + +<p>—Ya lo verás; no tengo interés en estafarte ninguno, y además tú podrás +contarlos.</p> + +<p>—Ya me vengaré.</p> + +<p>—Antes siempre se dice eso, y después no se piensa en ello más que en +la brisa de la víspera. Vamos, muchacho, despachemos, porque veo que el +capitán se impacienta y sería capaz de hacerme probar la misma salsa.</p> + +<p>Ataron a Lescoët a una escala de cuerdas, los brazos en alto y el cuerpo +desnudo hasta la cintura.</p> + +<p>—Estamos dispuestos—dijo Zeli. Kernok hizo un signo, y la cuerda silbó +y resonó sobre la espalda de Lescoët. Hasta el sexto golpe se comportó +muy decorosamente; no se oía más que una especie de gemido sordo que +acompañaba cada zurriagazo. Pero al séptimo el valor le abandonó, y en +efecto, debía sufrir mucho, porque cada golpe dejaba en su cuerpo una +huella roja que se convertía bien pronto en azul y morada; después quedó +levantada la piel y apareció la carne viva y sangrando. Parecía que la +tortura debía ser intolerable, porque un estado de desmadejamiento +general reemplazó a la irritación convulsiva que hasta entonces había +sostenido a Lescoët.</p> + +<p>—Se encuentra mal—dijo Zeli con el gratel levantado.</p> + +<p>Entonces, el señor Durand, el-calafate de a bordo, se aproximó, tomó el +pulso al paciente; después, ensayando una mueca, se encogió de hombros e +hizo un signo significativo a maestro Zeli.</p> + +<p>El gratel funcionó de nuevo, pero su sonido ya no era seco y restallante +como cuando caía sobre una piel lisa y pulida, sino sordo y mate como el +ruido de una cuerda que golpease una boya.</p> + +<p>Es que la espalda de Lescoët estaba en carne viva; la piel caía en +jirones hasta el punto de que el contramaestre se ponía la mano ante los +ojos para que no le salpicase la sangre a cada golpe.</p> + +<p>—Y veinte—dijo con un aire de satisfacción mezclado de pesar, como una +joven que da a su amante el último de los besos prometidos.</p> + +<p>O, si lo preferís, como un banquero que cuenta su última pila de +escudos.</p> + +<p>El propio Zeli se llevó a Lescoët, que no daba señales de vida.</p> + +<p>—Ahora—dijo Kernok—, un buen emplasto de pólvora de cañón y de +vinagre sobre esos rasguños, y mañana no tendrá nada.</p> + +<p>Después, dirigiéndose al timonel:</p> + +<p>—Corre una buena bordada al SO.; si se ve una vela, avísame.</p> + +<p>Y descendió a su cámara para reunirse con Melia.</p> + + + +<h3><a name="VIIk" id="VIIk"></a>VII</h3> + +<p class="smcap2">CARLOS Y ANITA</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 50%;" class="sml"> +<p> +...Ese tumulto espantoso, esa fiebre<br /> +devoradora... es el amor...<br /> +<span style="margin-left: 10em;"><i>O. P.</i></span><br /> +</p> + +<p> +Aver la morte innanzi gli occhi per me.<br /> +<span style="margin-left: 10em;"><span class="smcap">Petrarca.</span></span><br /> +</p> +</div> + +<p>La dulce influencia de los climas meridionales aun se hacía sentir, +porque el buque <i>San Pablo</i> se encontraba a la altura del estrecho de +Gibraltar. Empujado por una débil brisa, con todas sus velas extendidas, +desde el contrajuanete hasta los foques de estay, venía del Perú y se +dirigía a Lisboa con pabellón inglés, ignorando la ruptura de Francia y +de Inglaterra.</p> + +<p>El departamento del capitán lo ocupaban don Carlos Toscano y su esposa, +ricos negociantes de Lima, que habían fletado el <i>San Pablo</i> en el +Callao.</p> + +<p>La modesta cámara de antes estaba desconocida, tanto eran el lujo y la +elegancia desplegados por Carlos. Sobre las paredes grises y desnudas se +extendían ricos tapices que, separándose por encima de las ventanas, +caían en pliegos ondulantes. El piso estaba cubierto de esteras de Lima, +trenzadas de lina y blanca paja, y encuadradas en amplios dibujos de +colores llamativos. Largas cajas de caoba roja y pulimentada contenían +camelias, jazmines de Méjico y cactos de espesas hojas. En una linda +jaula de limonero y de enrejado de plata revoloteaban unos hermosos +pájaros de cabeza verde, de alas purpuradas con reflejos de oro, y +bonitas cotorras de Puerto Rico, con todo el cuerpo azul, un penacho de +color de naranja y el pico negro como el ébano.</p> + +<p>El aire era tibio y embalsamado, el cielo puro, el mar magnífico; y, sin +el ligero balanceo que el oleaje imprimía al barco, se hubiera podido +creer que se estaba en tierra.</p> + +<p>Sentado sobre un rico diván, Carlos sonreía a su esposa, que aun tenía +una guitarra en la mano.</p> + +<p>—¡Bravo, bravo, Anita mía!—exclamó él—, jamás se ha cantado mejor el +amor.</p> + +<p>—Es que jamás se ha experimentado mejor, ángel mío.</p> + +<p>—Sí, y para siempre...—dijo Carlos.</p> + +<p>—Para la vida...—contestó Anita.</p> + +<p>Sus bocas se encontraron y él la estrechó contra él en un abrazo +convulsivo.</p> + +<p>Cayendo a sus pies, la guitarra despidió un sonido dulce y armonioso, +como el último acorde de un órgano.</p> + +<p>Carlos miraba a su mujer con esa mirada que va al corazón, que hace +estremecer de amor, que hace daño.</p> + +<p>Y ella, fascinada por aquella mirada ardiente, murmuraba cerrando los +ojos:</p> + +<p>—¡Gracias!... ¡gracias!... ¡Carlos mío!</p> + +<p>Después, uniendo sus manos, se deslizó dulcemente a los pies de Carlos, +y apoyó la cabeza sobre sus rodillas; su pálido semblante estaba como +velado por sus largos cabellos negros; solamente a través de ellos +brillaban sus ojos, lo mismo que una estrella en medio de un cielo +sombrío.</p> + +<p>—Y todo esto es mío—pensaba Carlos—, mío sólo en el mundo, y para +siempre; porque envejeceremos juntos; las arrugas surcarán esa cara +fresca y aterciopelada; esos anillos de ébano se convertirán en bucles +argentinos—decía él pasando su mano por la sedosa cabellera de Anita—, +y vieja, abuela ya, se extinguirá en una serena tarde de otoño, en medio +de sus nietos, y sus últimas palabras serán: «Voy a unirme contigo, +Carlos mío». ¡Oh! sí, sí, porque yo habré muerto antes que ella... Pero, +de aquí allá, ¡qué porvenir! ¡qué hermosos días! Jóvenes y fuertes, +ricos, dichosos, con una conciencia pura y el recuerdo de algunas buenas +acciones, habremos vuelto a ver nuestra bella Andalucía, Granada y su +Alhambra, su mosaico de oro, de arquitectura aérea, sus pórticos, +nuestra hermosa quinta con sus bosques de naranjos frescos y perfumados, +y sus pilones de mármol blanco en los que duerme una agua límpida.</p> + +<p>—Y mi padre... y la casa donde he nacido... y la celosía verde que yo +levantaba tan a menudo cuando tú pasabas, y la vieja iglesia de San +Juan, donde por primera vez, mientras yo oraba, murmuraste a mi oído: +«¡Anita mía, te amo!»... ¡Y ya ves si la Virgen me protege! en el +momento en que tú me decías: «¡Te amo!», yo acababa de pedirte tu amor, +prometiendo una novena a Nuestra Señora—repuso Anita, porque su esposo +había acabado por pensar en voz alta—. Escucha, Carlos mío—suspiró—, +júrame, ángel mío, que dentro de veinte años diremos otra novena a la +Virgen para darle gracias por haber bendecido nuestra unión.</p> + +<p>—Te lo juro, ¡alma de mi vida!, porque dentro de veinte años aún +seremos jóvenes de amor y de dicha.</p> + +<p>—¡Oh! sí, nuestro porvenir es tan risueño, tan puro, que...</p> + +<p>No pudo acabar, porque una bala enramada, que entró silbando por la +popa, le destrozó la cabeza, partió a Carlos en dos, e hizo añicos los +cajones de flores y la jaula.</p> + +<p>¡Qué dicha para los periquitos y las cotorras, que huyeron por las +ventanas batiendo alegremente las alas!</p> + + + +<h3><a name="VIIIk" id="VIIIk"></a>VIII</h3> + +<p class="smcap2">LA PRESA</p> + +<p class="rsml"> +...¡Vil metal!<br /> +<span class="smcap">Burke</span>.<br /> +<br /> +...¡Es posible!<br /> +<span class="smcap">Balzac</span>.<br /> +</p> + + +<p>—¡Diablo! ¡hermoso tiro! Ya ves, maestro Zeli..., la bala ha entrado +por encima del coronamiento y ha salido por la tercera porta de +estribor. ¡Pardiez! ¡Melia, haces maravillas!</p> + +<p>Así decía Kernok, con un largo anteojo en la mano, y acariciando la +culebrina aún humeante que él mismo acababa de apuntar contra el <i>San +Pablo</i>, porque este navío no se había apresurado a izar su pabellón.</p> + +<p>Esta era la bala que había matado a Carlos y a su esposa.</p> + +<p>—¡Ah! ¡qué suerte!—repuso Kernok viendo el pabellón inglés que se +desarrollaba en lo alto de uno de los palos del <i>San Pablo</i>—, ¡qué +suerte! se da a conocer... ¡y dice de qué país es! pero no me +equivoco... un inglés; es un inglés, y el perro se atreve a señalarlo ¡y +no tiene un cañón a bordo! ¡Zeli, Zeli!—gritó con voz de trueno—, haz +largar todas las velas del brick y preparar los remos; dentro de media +hora estaremos cerca de él. Usted, oficial, toque zafarrancho de +combate, envíe a los hombres a sus piezas y distribuya los sables y las +picas de abordaje.</p> + +<p>Después, lanzándose hacia una carronada:</p> + +<p>—¡Muchachos! si no me equivoco, ese navío llega del mar del Sud; en esa +popa corta y achatada, en ese porte, reconozco una navío español o +portugués que se dirige a Lisboa, ignorando sin duda que hemos declarado +la guerra a los ingleses. ¡Allá él! Pero ese perro debe tener piastras +en el vientre. Pronto lo veremos, ¡pardiez! ¡Muchachos! el casco sólo +vale veinte mil piastras; pero, paciencia, <i>El Gavilán</i> extiende su alas +y bien pronto mostrará sus uñas. ¡Vamos, muchachos! ¡remad, remad +firmes!</p> + +<p>Y animaba con la voz y con el gesto a los marineros que, encorvados bajo +los largos remos del brick, doblaban la velocidad que le daba la brisa.</p> + +<p>Otros marineros se armaban precipitadamente de sables y puñales, y el +maestro Zeli hacía disponer los garfios de abordaje.</p> + +<p>Kernok, después de haber tomado todas sus disposiciones, descendió al +sollado y encerró a Melia que dormía en la hamaca.</p> + +<p>Todo estaba dispuesto a bordo de <i>El Gavilán</i>: el capitán del +desgraciado <i>San Pablo</i>, creyendo que el brick de Kernok era un navío de +guerra, sin dejar de gemir por la desgracia ocurrida a bordo, izó el +pabellón inglés, esperando ponerse así bajo su protección.</p> + +<p>Pero cuando vio la maniobra de <i>El Gavilán</i>, cuya marcha era aún +acelerada por los largos remos, no le quedó duda alguna y comprendió que +se trataba de un corsario.</p> + +<p>Huir era imposible. A la débil brisa que soplaba por ráfagas, había +sucedido una calma chicha, y los remos del pirata le daban una ventaja +de marcha positiva. No había que pensar tampoco en defenderse. ¿Qué +podían hacer los dos malos cañones del <i>San Pablo</i> contra las veinte +carronadas de <i>El Gavilán</i>, que enseñaban sus gargantas amenazadoras?</p> + +<p>El prudente capitán se puso, pues, al pairo, esperó los acontecimientos, +ordenó a la tripulación que se prosternase de rodillas e invocase a San +Pablo, el patrón del navío, que no podía dejar de manifestar su poder en +una ocasión semejante.</p> + +<p>Y siguiendo el ejemplo del capitán, la tripulación dijo un <i>Páter</i>.</p> + +<p>Pero <i>El Gavilán</i> avanzaba siempre.</p> + +<p>Dos <i>Ave</i>.</p> + +<p>Se oía ya el ruido de los remos que batían el agua cadenciosamente.</p> + +<p>Cinco <i>Credo</i>.</p> + +<p>¡Válgame Dios! es que la voz, la gruesa y terrible voz de Kernok +resonaba en los oídos de los españoles.</p> + +<p>—¡Oh! ¡oh!—decía el pirata—, se pone al pairo, arría su pabellón, el +bribón está atemorizado; ya es nuestro. Zeli, haz armar la chalupa y la +canoa grande; yo voy a hacerme cargo de cómo está aquello.</p> + +<p>Y Kernok, poniéndose las pistolas a la cintura, y armándose de un largo +cuchillo, se plantó de un brinco en la embarcación.</p> + +<p>—Y si es una emboscada, si el navío hace un solo movimiento—gritó al +segundo—, forzad los remos y poneos a distancia de garfio.</p> + +<p>Diez minutos después, Kernok saltaba sobre el puente del <i>San Pablo</i> con +sus pistolas en la mano y el cuchillo entre los dientes.</p> + +<p>Pero lanzó una tal carcajada, que su excelente hoja le cayó de la boca. +La causa de su risa era el ver al capitán español y a su tripulación +arrodillada ante una grosera imagen de San Pablo, que se golpeaban el +pecho reiteradamente. El capitán, sobre todo, besaba una reliquia con +fervor siempre creciente, y murmuraba: «San Pablo, <i>ora pro nobis</i>...»</p> + +<p>Pero San Pablo ¡ay! no se daba por entendido.</p> + +<p>—Acaba con tus monerías, viejo cuervo—dijo Kernok cuando hubo acabado +de reír—, y llévame a tu nido.</p> + +<p>—Señor, no entiendo—respondió temblando el desgraciado capitán.</p> + +<p>—¡Ah! es verdad—dijo Kernok—; tú no entiendes el francés.</p> + +<p>Y como Kernok poseía de todas las lenguas vivientes justamente aquello +que se relacionaba y era necesario a su profesión, repuso +socarronamente:</p> + +<p>—<i>El dinero, compadre.</i></p> + +<p>El español intentó balbucear aún un <i>no entiendo</i>.</p> + +<p>Pero Kernok que había agotado todos sus recursos oratorios, reemplazó el +diálogo por la pantomima y le puso bajo la nariz el cañón de su pistola.</p> + +<p>A esta invitación, el capitán lanzó un profundo, un doloroso, un +desgarrador suspiro, e hizo signo al pirata de que le siguiese.</p> + +<p>En cuanto al resto de la tripulación, los marineros del brick los habían +agarrotado para que no les estorbasen en sus operaciones.</p> + +<p>La entrada del local, donde estaba depositado el dinero de don Carlos, +se encontraba bajo la estera que cubría el piso. De modo que Kernok se +vio obligado a pasar por la habitación donde yacían los restos +sangrientos de los dos esposos. El pobre capitán apartó la vista y se +puso la mano sobre los ojos.</p> + +<p>—¡Toma!—dijo Kernok dándole con el pie al cadáver—; ésta es la obra +de Melia. ¡Pardiez! ¡hermosa labor! ¡Ah!... pero el <i>dinero</i>... el +<i>dinero</i>, <i>compadre</i>, eso es lo importante.</p> + +<p>Abrieron el pañol; entonces Kernok estuvo a punto de desmayarse a la +vista de centenares de toneles con aros de hierro, sobre cada uno de los +cuales se leía: <i>Veinte mil piastras</i> (cincuenta mil francos).</p> + +<p>—¡Es posible!—exclamó—. ¡Cuatro, cinco... quizá diez millones!</p> + +<p>Y en su alegría, abrazaba al segundo, abrazaba a los marineros, abrazaba +al capitán español, abrazaba a todo el mundo, hasta los cadáveres +ensangrentados de Carlos y de Anita.</p> + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>Dos horas después, una embarcación conducía a bordo de <i>El Gavilán</i> los +últimos toneles de dinero, resto de los despojos del <i>San Pablo</i>, donde +Kernok había dejado a diez de sus hombres, la tripulación española +agarrotada sobre el puente y el capitán amarrado al palo mayor.</p> + +<p>—Muchachos—dijo Kernok—, yo os doy esta noche <i>nopces et festin</i>, +como se dice, y después, si sois juiciosos, una sorpresa.</p> + +<p>—¡Caray! ¡voto a tal! capitán, seremos juiciosos, juiciosos como +vírgenes—dijo el maestro Zeli haciéndose el amable.</p> + + + +<h3><a name="IXk" id="IXk"></a>IX</h3> + +<p class="smcap2">ORGÍA</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 60%;" class="sml"> +<p> +Hic chorus ingens<br /> +...Colit orgia.<br /> +<span style="margin-left: 3em;"><span class="smcap">Avienus</span>.</span><br /> +</p> +</div> + +<p>—¡Vino! ¡voto a tal! ¡vino!</p> + +<p>Las botellas chocan entre sí, los frascos se rompen, los juramentos y +los cantos estallan por todas partes.</p> + +<p>Es tan pronto el ruido sordo que hace un pirata borracho cayendo sobre +el suelo, como la voz temblorosa de los que aun tienen el vaso en una +mano y con la otra se agarran a la mesa.</p> + +<p>—¡Vino aquí, grumete, vino, o te aplasto!</p> + +<p>Y los hay que luchan entre ellos pie contra pie, frente contra frente. +Se estrechan, se enlazan; el uno resbala y se cae; se oye el crujido de +un hueso que se rompe, y las imprecaciones reemplazan a la risa.</p> + +<p>Otros están acostados ensangrentados, con el cráneo abierto, a los pies +de alegres compañeros que cantan con voz de trueno una delirante canción +báquica.</p> + +<p>Los de más allá, en el último grado del embrutecimiento y de la +embriaguez, se entretienen en machacar entre dos balas la mano de un +marinero a quien la borrachera ha matado.</p> + +<p>Y una porción de juegos más, a cual más original y delicado.</p> + +<p>Los gemidos, los gritos de rabia y de loca alegría se confunden y se +acuerdan.</p> + +<p>El puente está enrojecido de sangre o de vino. ¡Qué importa! El tiempo +huye rápido a bordo de <i>El Gavilán</i>: todo es locura, arrebato, delirio. +De prisa, de prisa, gozad de la vida, que ella es corta. Los malos días +son frecuentes; ¡quién sabe si el de hoy no tendrá mañana para vosotros! +Divertíos, pues, asid el placer allá donde le encontréis.</p> + +<p>No es ese placer moderado, decente, de alas doradas y azules, que se +parece a una joven tímida y dulce; ese placer delicado que gusta de +sacudir su cabeza fresca y rubia ante los mil espejos de un <i>boudoir</i>, o +de desflorar con sus labios rosados una copa llena de un licor helado; +ese sibarita, en fin, que no quiere a su alrededor más que flores, +perfumes y pedrería, mujeres jóvenes y amables, música melodiosa y vinos +exquisitos. ¡No, pardiez! se trata de ese otro placer robusto y bestial, +de ojo de sátiro, de risa de demonio, que llena las tabernas y los +bodegones, que bebe y se emborracha, muerde y desgarra, golpea y mata y +después rueda y se retuerce entre los restos de una comida grosera, +lanzando una carcajada que parece el aullido de un chacal.</p> + +<p>De prisa, de prisa, gozad de la vida, porque os digo que es corta. +Gozad, pues, de la vida a bordo de <i>El Gavilán</i>.</p> + +<p>Era ya noche cerrada; los faroles que guarnecían los empalletados +esparcían una viva claridad sobre el puente del buque, que Kernok había +hecho cubrir de mesas para festejar su afortunada presa.</p> + +<p>A la comida sucedieron las diversiones. El grumete Grano de Sal, después +de haberse frotado de alquitrán de los pies a la cabeza, había +encontrado conveniente revolcarse sobre un saco de plumas, de modo que, +al salir de allí, parecía un volátil de dos pies, sin alas.</p> + +<p>Y qué placer el verle dar zancadas, voltear, saltar, danzar, enardecido +por los aplausos de la tripulación, y excitado por los latigazos que el +maestro Zeli le administraba de cuando en cuando para conservar su +agilidad.</p> + +<p>Pero de pronto uno de aquellos hombres, un bromista, creo que era un +alemán, queriendo que la fiesta fuese completa, aproximó una mecha +encendida al penacho de estopa que se balanceaba con gracia sobre la +frente de Grano de Sal...</p> + +<p>Después el fuego se comunicó de la estopa a los cabellos, de los +cabellos a las plumas, y el acróbata improvisado, el desgraciado Grano +de Sal, absorbió tanto calórico, que su piel se resquebrajó y crujió +bajo su ardiente envoltura.</p> + +<p>Al principio todos reían, hasta derramar lágrimas, a bordo del +<i>Gavilán</i>. Sin embargo, como el grumete lanzaba gritos espantosos, una +buena alma, un alma compasiva, porque las hay en todas partes, lo agarró +y lo arrojó al mar diciendo: «Voy a apagarlo.»</p> + +<p>Afortunadamente Grano de Sal nadaba como un salmón; e incluso tuvo la +coquetería de prolongar el baño, paseándose alrededor del brick como un +tritón o una náyade, a vuestra elección; por fin entró por la porta de +popa, diciendo con su acostumbrado estoicismo: «Prefiero eso que haber +sido quemado vivo; a pesar de todo, me he divertido de lo lindo.»</p> + +<p>Se oyó un tiro de pistola; después un grito penetrante salió de la +cámara de Kernok; Zeli se precipitó hacia ella; no era nada, una +miseria.</p> + +<p>Figuraos que Kernok, un poco excitado por el grog, había elogiado mucho +su habilidad a Melia.</p> + +<p>—Te apuesto—le decía—que de un pistoletazo te hago saltar el cuchillo +que tienes en la mano.</p> + +<p>Melia no dudaba de la habilidad de su amante, pero había querido eludir +la prueba.</p> + +<p>—¡Cobarde!—había gritado Kernok—; ¡pues bien! para enseñarte, voy a +romper el vaso en que bebes.</p> + +<p>Y diciendo esto había empuñado una pistola, y el vaso de Melia, roto por +la bala, había saltado en mil pedazos.</p> + +<p>Cuando Zeli entró, Kernok, con la cabeza inclinada hacia atrás, y la +pistola aún en la mano, reía del espanto de Melia, que, pálida y +trémula, se había refugiado en un rincón de la cámara.</p> + +<p>—¡Y bien! Zeli—dijo el pirata—; ¡y bien! mi viejo lobo de mar, ¿tus +señoritas se divierten por allá arriba?</p> + +<p>—Le respondo de ello, mi capitán; pero esas damas esperan la sorpresa.</p> + +<p>—¿La sorpresa? ¡Ah! es verdad; escucha...</p> + +<p>Y dijo dos palabras al oído de Zeli. Este retrocedió con aire de +extrañeza, abriendo su enorme boca.</p> + +<p>—¡Cómo!... ¿Usted quiere...?</p> + +<p>—Claro que lo quiero. ¿No es una sorpresa?</p> + +<p>—Y famosa por cierto... Voy, capitán.</p> + +<p>Kernok subió también al puente con Melia. A su presencia se sucedieron +nuevos gritos de alegría.</p> + +<p>—¡Hurra por el capitán Kernok, hurra por su mujer, hurra por <i>El +Gavilán</i>!</p> + +<p>Un cohete partió del <i>San Pablo</i>, que estaba al pairo a dos tiros de +fusil del brick. Después de describir una curva, cayó en una lluvia de +fuego.</p> + +<p>—Capitán, ¿ha visto usted ese cohete?—dijo el segundo.</p> + +<p>—Ya sé lo que es, valiente mío. Vamos, vamos, muchachos, haced circular +el ron y la ginebra. Un vaso para mí y otro para mi mujer.</p> + +<p>Melia quiso rehusar, pero, ¿cómo resistir a su dulce amigo?</p> + +<p>—¡Vivan los camaradas y los bravos hijos del capitán de <i>El +Gavilán</i>!—dijo Kernok después de haber bebido.</p> + +<p>—¡Hurra!—contestó la tripulación en voz fuerte y sonora.</p> + +<p>La orgía había llegado a su apogeo. Los marineros se habían agarrado de +la mano y daban vueltas con rapidez alrededor del puente, cantando a +gritos las canciones más obscenas y más crapulosas.</p> + +<p>Bien pronto llegó el maestro Zeli con los diez hombres que Kernok había +dejado antes a bordo del <i>San Pablo</i>.</p> + +<p>No quedaba a bordo del navío español más que sus tripulantes atados y +agarrotados sobre el puente.</p> + +<p>—Todo está dispuesto—dijo Zeli—; cuando el segundo cohete parta, +capitán, es que la mecha...</p> + +<p>—Está bien—dijo Kernok interrumpiéndole—. Muchachos, os he prometido +una sorpresa si os portabais bien. Vuestro juicio y vuestra moderación +han excedido a lo que yo esperaba; voy, pues, a recompensaros. Ya veis +ese navío español: aparejado y equipado como está, vale muy bien... +treinta mil piastras... ¡yo pago cuarenta mil, muchachos, yo! lo compro +sobre mi parte de la presa, a fin de tener el placer de ofrecer a la +tripulación de <i>El Gavilán</i> un castillo de fuegos artificiales con +acompañamiento de música. Ya se ha dado la señal. ¡Que cada uno ocupe el +sitio que le agrade más!</p> + +<p>Y todos los tripulantes, al menos los que estaban en estado de servirse +de piernas y de ojos, se agruparon en las cofas y en los obenques.</p> + +<p>El segundo cohete había partido del <i>San Pablo</i> y el fuego comenzaba a +desarrollarse...</p> + +<p>Esta era la sorpresa que Kernok preparaba a su gente; había enviado al +maestro Zeli a bordo del navío español, para retirar la poca pólvora que +pudiese quedar, disponer las materias combustibles en la cala y en el +sollado y agarrotar lo más sólidamente posible a los desgraciados +españoles, que no sospechaban nada.</p> + +<p>Era, pues, el <i>San Pablo</i> que ardía; la noche era negra, el aire +tranquilo, el mar como un espejo.</p> + +<p>De pronto, un humo negro y bituminoso salió por las escotillas del navío +con numerosos haces de chispas.</p> + +<p>Y un grito penetrante... espantoso... que resonó a lo lejos, salió del +interior del <i>San Pablo</i>, porque su tripulación veía la suerte que le +estaba reservada.</p> + +<p>—Ya empieza la música—dijo Kernok.</p> + +<p>—Desafinan endiabladamente—respondió Zeli.</p> + +<p>Bien pronto el humo, de negro que era, se convirtió en rojo vivo y por +fin cedió el sitio a una columna de llamas, que, elevándose en +torbellinos de la escotilla principal, proyectó sobre las aguas un largo +reflejo de color de sangre.</p> + +<p>—¡¡Hurra!!—gritaron los del brick.</p> + +<p>Después, el incendio aumentó; el fuego, saliendo de las tres escotillas +a la vez, se unió y se extendió como una vasta cortina de fuego, sobre +la cual la armadura y el cordaje del <i>San Pablo</i> se dibujaban en negro.</p> + +<p>Entonces, los gritos de los españoles agarrotados en medio de aquel +horno, fueron tan atroces que los piratas, como a pesar suyo, lanzaron +aullidos salvajes para ahogar la voz desgarradora de aquellos +infortunados.</p> + +<p>El incendio estaba entonces en toda su fuerza. Bien pronto las llamas +corrieron a lo largo del aparejo; los palos, no estando ya sostenidos +por las cofas, crujieron y cayeron sobre el puente con un estruendo +horrible; por todas partes se veían jarcias incendiadas, y aquel +inmenso foco de luz parecía aún más deslumbrante en medio de la noche +sombría.</p> + +<p>Los españoles ya no gritaban...</p> + +<p>De pronto, la llama, hizo un amplio agujero en uno de los costados del +buque, el palo mayor se abatió sobre el mismo lado, el <i>San Pablo</i> dio +una fuerte bandada, se inclinó sobre estribor, y el agua entró a +borbotones en la cala.</p> + +<p>Poco a poco, el casco del navío se fue hundiendo, fuera del agua no +quedaba más que el palo de mesana, el único que había quedado en pie, +aislado sobre el agua, y que alumbraba como una antorcha fúnebre... +después el palo desapareció para elevar un momento aún su blandón +inflamado; pero bien pronto el agua se atorbellinó a su alrededor y no +se vio más que un ligero humo rojizo, después nada... nada más que la +inmensidad... la noche...</p> + +<p>—¡Toma! ya ha terminado—dijo Kernok—; el <i>San Pablo</i> se nos ha +llevado nuestro dinero.</p> + +<p>—¡Viva el capitán Kernok, que da tan hermosas fiestas a su +gente!—gritó Zeli.</p> + +<p>—¡Hurra!—contestaron todos.</p> + +<p>Y los piratas, fatigados, se lanzaron sobre el puente; Kernok dejó a <i>El +Gavilán</i> al pairo hasta el amanecer, y fue a gustar de algunos instantes +de reposo, con la satisfacción de un hombre opulento que se encierra en +su alcoba después de haber dado una fiesta suntuosa a sus invitados.</p> + +<p>Después el pirata murmuró casi dormido ya:</p> + +<p>—Deben estar contentos, porque he hecho muy bien las cosas: ¡un navío +de trescientas toneladas y tres docenas de españoles! creo que no se +puede pedir más; sin embargo, no es conveniente que se acostumbren; eso +va bien de cuando en cuando, porque, después de todo, es bueno reír un +poco.</p> + + + +<h3><a name="Xk" id="Xk"></a>X</h3> + +<p class="smcap2">LA CAZA</p> + +<p class="rsml"> +¡Away!... ¡Away!...<br /> +<span class="smcap">Byron.</span><br /> +¡Adelante!... ¡Adelante!<br /> +</p> + + +<p>Todo dormía a bordo de <i>El Gavilán</i>; únicamente Melia había subido al +puente, agitada por una vaga inquietud. Aunque la noche fuese aún +sombría, un resplandor pálido que asomaba por el horizonte, anunciaba la +proximidad del crepúsculo. Bien pronto, amplias fajas de un rojo vivo y +dorado surcaron el cielo, las estrellas palidecieron y desaparecieron, +el sol se anunció por un incendio lejano y luego se elevó lentamente +sobre las aguas azules e inmóviles del Océano, que pareció cubrir de un +velo de púrpura.</p> + +<p>La calma continuaba siendo completa y el brick permanecía en la misma +situación que desde la noche. Melia meditaba sentada en un banco, con la +cabeza oculta entre las manos; pero cuando la levantó, el día, ya +bastante adelantado, le permitió distinguir todos los objetos que la +rodeaban, y se estremeció de horror y de asco.</p> + +<p>Se veía a los marineros acostados entre los platos y los restos del +festín de la noche, y todo en el desorden más completo; las brújulas +derribadas, las jarcias y las cuerdas confusamente mezcladas, armas y +vasos hechos añicos, toneles desfondados dejando correr sobre el puente +ríos de vino y de aguardiente... Aquí, bravos camaradas dormidos, en las +posiciones más extravagantes, y oprimiendo aún una botella de la que no +quedaba más que el cuello, parecidos a esos fieros guerreros musulmanes, +que, ya muertos, aun conservaban el puño de la daga. Allá, dormía un +pirata con el cuello bajo la rueda del timón, de modo que, al menor +movimiento de rotación, su cabeza debía quedar indefectiblemente +destrozada.</p> + +<p>Un verdadero amanecer de orgía, ¡y de orgía de pirata!</p> + +<p>Melia comenzó por bendecir a la Providencia porque había protegido con +tanta solicitud a toda aquella honrada sociedad, que el brick mecía +sobre las aguas; porque, gracias a la incuria que de momento reinaba a +bordo, si una tempestad se hubiese elevado durante la noche, todo se +hubiera ido a rodar, <i>El Gavilán</i>, Kernok, la tripulación y los diez +millones, ¡qué lástima!</p> + +<p>Por esto quería rezar. ¡La pobre joven encontraba a bordo tan pocas +ocasiones de elevar su alma al Ser Supremo! Para rezar, se arrodilló y +volvió involuntariamente los ojos hacia la línea vaporosa y azulada que +ceñía el horizonte; pero no rezó. Su mirada, dejando de vagar, se fijó +en un punto al principio incierto, pero que bien pronto pareció +distinguir mejor; en fin, poniéndose las manos encima de las cejas, para +aislarse mejor de los rayos del sol, permaneció un instante +contemplativa, después sus facciones adquirieron una viva expresión de +temor, y en dos saltos se plantó en la cámara de Kernok.</p> + +<p>—Estás loca—decía el pirata subiendo al puente con un paso aún pesado +y vacilante—; pero si me has despertado por nada...</p> + +<p>—Mire—respondió Melia presentándole un anteojo con una mano, mientras +que con la otra designaba un punto blanco que se veía en el horizonte.</p> + +<p>—¡Maldición!—gritó Kernok después de haber mirado atentamente, y llevó +vivamente el aparato al ojo izquierdo—. ¡Mil rayos!</p> + +<p>Y frotó el vidrio del anteojo como para asegurarse de que veía +claramente y de que ninguna ilusión de óptica le engañaba. No, no se +engañaba... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>(Aquí un crescendo de todo lo que podáis escoger de más vigorosamente +imprecativo en el glosario de un pirata.)</p> + +<p>Apenas este torrente de maldiciones y de juramentos hubo salido de su +boca, Kernok se armó de un espeque. Un espeque es un palo de madera de +unos cinco o seis pies de longitud y de cuatro pulgadas de +circunferencia. El espeque sirve para maniobrar la artillería de a +bordo. Kernok cambió provisionalmente este destino, porque empleó el +suyo en despertar a la gente. Y los golpes de espeque, gloriosamente +acompañados de juramentos capaces de pulverizar al buque, fueron cayendo +como lluvia de granizo, tan pronto sobre el puente, como sobre los +marineros dormidos. Así, cuando el capitán hubo acabado su ronda, casi +todos los hombres estaban en pie, frotándose los ojos, la cabeza o la +espalda, y preguntaban, dando unos bostezos horrorosos:</p> + +<p>—¿Qué pasa, pues?</p> + +<p>—¡Que qué pasa!—gritó Kernok con voz de trueno—; ¡que qué pasa, +perros! pues que un barco de guerra; una corbeta inglesa que fuerza su +aparejo para alcanzarnos... una corbeta que tiene sobre <i>El Gavilán</i> la +ventaja de la brisa, porque el viento es más fuerte allá abajo, y sólo +nos llegará con ese inglés ¡que mal rayo parta!</p> + +<p>Y todas las miradas se volvieron hacia el punto que Kernok designaba con +el extremo del anteojo.</p> + +<p>—¡Ocho, diez, quince portas!—exclamó—; una corbeta de treinta +cañones; ¡muy bonito! y por añadidura, de la escuadra azul.</p> + +<p>Llamó a Zeli.</p> + +<p>—Oye, Zeli, no se trata de hacer tonterías; haz colocar los remos y +ponerlo todo en orden lo más pronto posible; viremos en redondo y +despejemos el campo; <i>El Gavilán</i> no tiene el pico ni los espolones +bastante duros para recrearse con semejante presa.</p> + +<p>Después echó mano de la bocina:</p> + +<p>—¡Cada uno a su sitio para largar las gavias y los foques! ¡En línea +para largar los juanetes y los contrajuanetes, a aparejar las barrederas +altas y las bajas! y vosotros, muchachos, a los remos; si podemos tomar +el viento, <i>El Gavilán</i> no tiene nada que temer. Ya sabéis ¡pardiez! que +tenemos diez millones a bordo. ¡De modo que, elegiréis entre ser +colgados en las vergas del inglés, o entre volver a Saint-Pol con los +bolsillos llenos, a beber grog y a hacer bailar a las muchachas!</p> + +<p>La tripulación le comprendió perfectamente; la alternativa era +inevitable; así, gracias a las velas de que estaba cargado y a sus +vigorosos remeros, <i>El Gavilán</i> comenzó a hacer tres nudos.</p> + +<p>Pero Kernok no se engañaba sobre la marcha de su buque; veía bien que la +corbeta inglesa tenía sobre él una ventaja real, puesto que venía con el +viento. Por lo tanto, obrando como un capitán prudente, ordenó hacer +zafarrancho de combate, abrir el pañol de la pólvora, llenar los +depósitos de balas, subir al puente las picas y las hachas de abordaje, +velando en todo con una actividad increíble y pareciendo multiplicarse.</p> + +<p>La corbeta inglesa avanzaba, avanzaba siempre...</p> + +<p>Kernok hizo llamar a Melia, y la dijo:</p> + +<p>—Querida amiga, probablemente se calentará el horno; vas a bajar +inmediatamente a la cala, sin menearte más que lo haría un cañón sobre +su afuste... ¡Ah! y a propósito, si notas que el brick hace algún +movimiento y desciende, es que nos vamos a fondo. Ya me comprendes... y +más bien espero eso que no ver a una marsopla fumar en pipa. Vamos basta +de lloros, bésame, y que no vuelva a verte hasta después del baile, si +es que no dejo la piel.</p> + +<p>Melia se puso talmente pálida, que se la hubiera podido tomar por una +estatua de alabastro...</p> + +<p>—Kernok... déjeme a su lado—murmuró, y arrojó sus brazos al cuello del +pirata, que se estremeció un momento y después la rechazó.</p> + +<p>—¡Vete!—exclamó—; ¡vete!</p> + +<p>—¡Kernok!... ¡déjame velar por tu vida!—dijo echándose a sus pies.</p> + +<p>—Zeli, líbrame de esta loca y bájala a la cala—dijo el pirata.</p> + +<p>Y como fuese a apoderarse de Melia, ella se desprendió violentamente, y +se aproximó a Kernok, con el color animado y la vista brillante.</p> + +<p>—Al menos—dijo—, toma este talismán; póntelo y protegerá tu vida +durante el combate; su efecto es cierto; fue mi abuela quien me lo dio. +Ese mágico talismán es más fuerte que el destino... Créeme, póntelo.</p> + +<p>Y ella tendía a Kernok un saquito suspendido de un cordón negro.</p> + +<p>—¡Atrás esa loca!—dijo Kernok encogiéndose de hombros—; ¿me has oído, +Zeli? ¡a la cala!</p> + +<p>—Si tú mueres, que sea por tu voluntad; pero al menos yo compartiré tu +suerte. Ahora, nada, nada en el mundo protegerá mi vida; ¡vuelvo a ser +mujer como tú eres hombre!—exclamó Melia que arrojó el saquito al mar.</p> + +<p>—¡Excelente muchacha!—dijo Kernok siguiéndola con la vista mientras +que dos marineros la bajaban al sollado por medio de una silla atada a +una larga cuerda.</p> + +<p>Y la corbeta inglesa se aproximaba siempre...</p> + +<p>Zeli se aproximó a Kernok.</p> + +<p>—Capitán, la corbeta nos toma la delantera.</p> + +<p>—¡Bien lo veo, viejo tonto! nuestros remos no hacen nada y fatigan +inútilmente a los hombres; hazlos retirar, cargar los cañones con dos +balas, colocar los garfios de abordaje, los pedreros en las gavias. Haz +también arriar las barrederas; si la brisa nos ayuda, nos batiremos +sobre las gavias; es el mejor portante de <i>El Gavilán</i>.</p> + +<p>Cuando la maniobra fue ejecutada, Kernok arengó a sus hombres en la +siguiente forma:</p> + +<p>—Muchachos, he ahí una corbeta que tiene las costillas sólidas; +estrecha tan de cerca a <i>El Gavilán</i>, que no podemos esperar escaparnos +de ella; además, tampoco es necesario. Si nos hacen prisioneros, seremos +colgados; si nos entregamos, también; combatamos, pues, como bravos +marineros, y quién sabe si, como dice el proverbio, apretando los +talones, salvaremos los calzones. ¡Voto a tal! muchachos, <i>El Gavilán</i> +ha echado a pique a un gran buque sardo de tres palos en las costas de +Sicilia, después de dos horas de combate; ¿por qué ha de temer a esa +corbeta del pabellón azul? Pensad también que tenemos diez millones que +conservar. ¡Pardiez! ¡muchachos, diez millones, o la cuerda!</p> + +<p>El efecto de esta peroración fue inmediato, y toda la tripulación gritó +a la vez:</p> + +<p>—¡Hurra! ¡Muerte a los ingleses!</p> + +<p>La corbeta se hallaba entonces tan próxima que se distinguían +perfectamente sus amuras y su aparejo.</p> + +<p>De pronto se elevó una ligera humareda, brilló un relámpago, resonó un +ruido sordo y una bala silbando pasó cerca del bauprés de <i>El Gavilán</i>.</p> + +<p>—La corbeta empieza a hablar—dijo Kernok—, es nuestro pabellón el que +quiere ver, ¡la curiosa!</p> + +<p>—¿Cuál hay que izar?—preguntó Zeli.</p> + +<p>—Este—contestó Kernok—, porque hay que ser galante.</p> + +<p>Y empujó con el pie una vieja chaqueta de marinero, cubierta de manchas +de vino y de alquitrán.</p> + +<p>—¡Es raro!—dijo el contramaestre, y el guiñapo subió majestuosamente +hasta lo alto de la driza.</p> + +<p>Se supone que la broma pareció un poco pesada a los de la corbeta, +porque dos cañonazos partieron casi inmediatamente y las balas hicieron +bastantes destrozos en el aparejo de <i>El Gavilán</i>.</p> + +<p>—¡Oh! ¡oh! ya nos incomodamos... no hay que hacerse de rogar—dijo +Kernok—. ¡A mí, Melia!—y se precipitó sobre la culebrina que él había +bautizado con este nombre, tomó medidas y apuntó—: ¡Ahí va eso!—e hizo +jugar la batería.</p> + +<p>—¡Bravo!—exclamó cuando el humo se hubo disipado y pudo apreciar el +efecto del disparo—, ¡bravo! Mira, Zeli, mira, ya tiene su mastelero de +foques destrozado: esto promete, muchachos, esto promete; pero es cuando +<i>El Gavilán</i> le arañe sus costados con los garfios de abordaje, cuando +reirá el inglés.</p> + +<p>—¡Hurra, hurra!—gritó la tripulación.</p> + +<p>La corbeta no respondió al disparo de Kernok, reparó prontamente sus +averías, y se dejó ir sobre el corsario.</p> + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>Entonces estaba tan cerca, que se oían las voces de mando de los +oficiales ingleses.</p> + +<p>—Muchachos, a vuestras piezas—dijo Kernok precipitándose hacia un +banco con la bocina en la mano—; a vuestras piezas, y ¡voto a tal! no +hagáis fuego sin que os lo manden.</p> + + + +<h3><a name="XIk" id="XIk"></a>XI</h3> + +<p class="smcap2">EL COMBATE</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 50%;" class="sml"> +<p> +¡El abordaje!... ¡El abordaje!...<br /> +Unos se suspenden de las jarcias,<br /> +otros se lanzan hacia los<br /> +obenques.<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><span class="smcap">Víctor Hugo</span>, «<i>Navarin</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>—¡Maestro Durand, balas!—¡Maestro Durand, acaba de declararse una vía +de agua!—¡Maestro Durand, mi cabeza, mi brazo, mire cómo sangra!</p> + +<p>Y el nombre del maestro Durand, el artillero-cirujano-calafate de a +bordo, resonaba desde el puente a la cala, dominando el ruido y el +tumulto inseparables de un combate tan encarnizado como el que se +libraba entre la corbeta y el brick; y, en efecto, a cada andanada que +enviaba, <i>El Gavilán</i> temblaba y crujía en su armazón, como si hubiese +estado a punto de abrirse.</p> + +<p>—¡Maestro Durand, balas!—¡La vía de agua!—¡Mi pierna!—repetían voces +confusas.</p> + +<p>—Pero ¡con mil diablos! un instante; no puedo hacerlo todo; llevar +balas arriba, reparar abajo una avería, curar vuestras heridas... Es +preciso empezar por lo primero, y después se ocuparán de vosotros, +montón de vocingleros; porque, ¿para qué sois buenos ahora? sois tan +inútiles como una verga sin velas y sin relingas.</p> + +<p>—¡Maestro, balas! ¡pronto, balas!</p> + +<p>—¡Balas! ¡santo Dios, qué cañonazos! si vais tan de prisa durante un +cuarto de hora, las gargantas de nuestros cañones se secarán pronto. +Tomad, hijos míos, y cuidadlas bien, son las últimas.</p> + +<p>Entonces el señor Durand abandonó el saco de artillero para tomar el +martillo del calafate, y se precipitó hacia la bodega para tapar la vía +de agua.</p> + +<p>—¡Voto a tal! sufro mucho—decía el maestro Zeli.</p> + +<p>Estaba tendido en tierra en el fondo del sollado, iluminado apenas por +un farol cuidadosamente cerrado; el muslo derecho estaba casi separado +del tronco; en cuanto al izquierdo, una bala se lo había llevado.</p> + +<p>A su alrededor gemían otros heridos, confundidos todos sobre el suelo, +esperando que el señor Durand pudiese abandonar el martillo por el +cuchillo.</p> + +<p>—¡Voto a tal! tengo sed—continuó el maestro Zeli—; me siento débil; +apenas si oigo hablar nuestros cañones; ¿es que están constipados?</p> + +<p>Al contrario, las andanadas eran más fuertes y más frecuentes que nunca; +lo que ocurría es que el oído del maestro Zeli estaba ya debilitado por +la proximidad de la muerte.</p> + +<p>—¡Oh! tengo sed—dijo—y frío, ¡yo que tanto calor tenía hace un +momento!</p> + +<p>Después, volviéndose a un compañero:</p> + +<p>—Fíjate tú, polaco, ¿es que quieres quedarte tieso como ese que tienes +al lado? ¡Oh! ¡el cochino! ¡qué feo es! ¡Toma! ahora pone los ojos en +blanco.</p> + +<p>Era uno que expiraba en las últimas convulsiones de la agonía.</p> + +<p>—Durand, ¿vendrás de una vez?—gritó de nuevo Zeli—; ven a ver mi +pierna, viejo mío.</p> + +<p>—Al instante estoy para ti; otro martillazo nada más, y la avería que +tenemos en la línea de flotación habrá desaparecido del todo... Bueno, +ya te ha llegado el turno; ¿es que no somos cuñados?</p> + +<p>—Sí, un poco—respondió Zeli.</p> + +<p>El señor Durand descolgó el farol y lo aproximó al maestro Zeli que +esbozó una entre mueca y sonrisa, muy orgulloso de la sorpresa que iba a +dar a Durand.</p> + +<p>—¡Toma!—dijo el cirujano-calafate-artillero—, ¿dónde está tu otra +pierna, farsante?</p> + +<p>—Allá arriba, sobre el puente, quizás aún... Vamos, desembarázame de +ésta, porque me incomoda mucho. Parece que me han atado una bala de +treinta y seis al pie. ¡Oh! y tengo sed, siempre sed.</p> + +<p>Mientras examinaba la pierna del maestro Zeli, el señor Durand sacudió +tres o cuatro veces la cabeza y silbó, muy bajo, es verdad, el aire del +<i>Botón de rosa</i>, para acabar diciendo:</p> + +<p>—Estás... fastidiado, viejo mío.</p> + +<p>—¡Ah! pero, ¿de veras?</p> + +<p>—Sí, sí.</p> + +<p>—Entonces, si tú eres un buen muchacho, toma mi pistola y levántame la +tapa de los sesos.</p> + +<p>—Iba a proponértelo.</p> + +<p>—Gracias.</p> + +<p>—¿No tienes ningún encargo que hacerme?</p> + +<p>—No. ¡Ah! sí; toma mi reloj; se lo darás a Grano de Sal.</p> + +<p>—Bien. Vamos...</p> + +<p>—¡Ah! me olvidaba; si el capitán no revienta allá arriba, dile de mi +parte que ha mandado como un valiente.</p> + +<p>—Bien. Vamos...</p> + +<p>—¿De modo que tú crees que estoy lo que se llama...?</p> + +<p>—Sí, a fe de hombre, y ya comprenderás que yo no querría hacer una mala +partida a un amigo.</p> + +<p>—Es verdad. Pero a pesar de eso siempre... Brrr... ¡Qué frío! Casi no +puedo hablar... Me parece que mi lengua pesa tanto como un pedazo de +plomo. Toma, ahora estoy mareado... Adiós, viejo. Otro apretón de +manos... Vamos, ¿estás dispuesto?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—Perfectamente. ¡Fuego! eso me curará...</p> + +<p>Cayó.</p> + +<p>—Pobre b...—dijo el señor Durand.</p> + +<p>Esta fue la oración fúnebre del maestro Zeli.</p> + +<p>El señor Durand hubiera deseado quizá terminar todas sus operaciones tan +caballerescamente, pero sus otros clientes, espantados de la violencia +del tópico, que había, no obstante, dado tan buenos resultados en el +maestro Zeli, prefirieron emplasto de estopa y de grasa, que el honrado +doctor aplicaba indistintamente a todo y para todo, con un suplemento +de consuelos para los moribundos. Tan pronto era: «¡Bah! Después de +nosotros, el fin del mundo». O bien: «La próxima campaña debía ser ruda, +el invierno frío, el vino malo»; y una multitud de otras gracias +destinadas a endulzar los últimos momentos de los pobres piratas, que +tenían el cuidado de abandonar una honorable existencia sin saber +demasiado a dónde iban.</p> + +<p>El señor Durand fue interrumpido bruscamente en sus cuidados +espirituales y temporales por Grano de Sal, que cayó como una bomba en +medio de siete agonizantes y de once muertos.</p> + +<p>—¿Vienes a estorbarme en mi trabajo, perro?—dijo el doctor.</p> + +<p>Y el grumete recibió con esta admonición una bofetada que hubiera +abrumado a un rinoceronte.</p> + +<p>—No, maestro Durand; al contrario, es que piden municiones allá arriba, +porque acaban de enviar la última granada; y no crea usted, la corbeta +inglesa ha quedado rasa como un pontón, pero sigue haciendo un fuego de +mil demonios... ¡Ah! Mire, una bala se me ha llevado un dedo. Vea usted, +maestro Durand...</p> + +<p>—¿Y quieres que yo pierda el tiempo en mirar tu rasguño, bribón, perro?</p> + +<p>—Gracias, señor Durand; lo cierto es que vale más eso, que tener un +brazo de menos—dijo Grano de Sal envolviendo precipitadamente en estopa +lo que le quedaba del dedo—. Pero mire—añadió—, ahí llega un +parroquiano, maestro.</p> + +<p>Era un herido que descendía al sollado; como estaba mal atado, cayó +sobre el suelo, quedando muerto.</p> + +<p>—Otro que ya está curado—dijo el maestro Durand que estaba absorto +pensando cómo remediar la falta de balas.</p> + +<p>—¡Municiones!... ¡municiones!—gritaban muchas voces con un acento de +terror.</p> + +<p>—¡Voto a tal! ¡aun cuando debiéramos cargar los cañones con grumetes, +se hará fuego contra los ingleses!—exclamó el maestro Durand subiendo +rápidamente al puente.</p> + +<p>Grano de Sal le siguió, no sabiendo si la intención que el doctor había +manifestado de emplearle como proyectil, era una broma o no. Pero, fiel +a su sistema de consolarse, se dijo:</p> + +<p>—Preferiría eso a ser colgado por los ingleses.</p> + + + +<h3><a name="XIIk" id="XIIk"></a>XII</h3> + +<p class="smcap2">SIGUE EL COMBATE</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 55%;" class="sml"> +<p> +¡Silencio! todo ha terminado, todo<br /> +se lo ha tragado el abismo. La espuma<br /> +de los altos mástiles ha cubierto la cima.<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><span class="smcap">Víctor Hugo</span>, «<i>Navarin</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>—¡Y bien! ¡o vienen balas, o somos hundidos como perros!—gritó Kernok +al maestro Durand tan pronto como le vio aparecer sobre el puente.</p> + +<p>—¡No queda ni una!—dijo el doctor rechinando los dientes.</p> + +<p>—¡Que mil millones de rayos se lleven al brick! ¡y no tener nada, nada, +para recibir a los ingleses que van a abordarnos! ¡Mira! ¡voto a tal! +¡mira!...</p> + +<p>Y diciendo esto, Kernok empujó a Durand contra el empalletado, que caía +a pedazos. En efecto, aunque la corbeta estuviese horriblemente +averiada, se adelantaba viento en popa sobre el brick con un jirón de +vela de su mesana, mientras que <i>El Gavilán</i>, que había perdido todas +sus velas, no podía evitar el abordaje que el inglés quería intentar, y +que había de serle ventajoso porque eran más.</p> + +<p>—¡Ni una bala! ¡ni una bala! ¡San Nicolás! ¡Santa Bárbara, y todos los +santos del calendario, si no venís en mi auxilio—gritó Kernok en un +estado de espantosa exasperación—, juro hacer añicos vuestras +hornacinas del mismo modo que rompo este compás! ¡Y que un rayo me +pulverice si queda piedra sobre piedra de una sola de vuestras capillas +en toda la costa de Pempoul!</p> + +<p>Y el pirata, echando espumarajos por la boca, había arrojado contra el +suelo una brújula.</p> + +<p>Parece que los santos que Kernok implorara tan brutalmente, quisieron +portarse como corresponde a gente canonizada. Los hombres hubieran +castigado al temerario; los semidioses acudieron en su auxilio, +demostrando así que su creencia etérea era superior a nuestras +inteligencias estrechas y rencorosas.</p> + +<p>Así, apenas Kernok había terminado su singular y horrible invocación, +que, herido por una idea súbita, por una idea de las alturas, quizás, +exclamó rugiendo de alegría:</p> + +<p>—¡Las piastras!... ¡voto a tal! muchachos, ¡las piastras!... carguemos +nuestras piezas hasta la boca: esa metralla vale tanto como la otra. El +inglés quiere moneda; la tendrá, y bien caliente, tanto que, saliendo de +nuestros cañones, parecerán más bien lingotes de bronce que buenos +escudos de España... ¡Subid las piastras!... ¡las piastras!</p> + +<p>Esta idea electrizó a la tripulación. El maestro Durand se precipitó +hacia el pañol y bien pronto aparecieron tres barriles sobre el puente, +unos ciento cincuenta mil francos aproximadamente.</p> + +<p>—¡Hurra! ¡Muerte a los ingleses!—gritaron los diez y nueve piratas que +quedaban en estado de combatir, ennegrecidos por la pólvora y por el +humo, y desnudos hasta la cintura para maniobrar con más facilidad.</p> + +<p>Y una especie de alegría feroz y delirante los exaltó.</p> + +<p>—Esos perros de ingleses no podrán decir que somos avaros—exclamó +uno—; porque esa metralla les pagará con creces el cirujano que les +cura.</p> + +<p>—Ya se ve que combatimos con una dama. ¡Voto a tal! ¡cuánta galantería! +¡balas de plata!...—dijo otro.</p> + +<p>—Yo no pediría más que una carga como esa para divertirme en +Saint-Pol—añadió un tercero.</p> + +<p>Y efectivamente, echaban el dinero en los cañones a puñados, hasta +ahogarlos. De este modo pasaron cincuenta mil escudos.</p> + +<p>Apenas todas las piezas estuvieron cargadas, cuando la corbeta, que se +encontraba cerca del brick, maniobró de modo de meter su bauprés en los +obenques de <i>El Gavilán</i>; pero Kernok, por un movimiento hábil, evitó el +choque y luego se dejó derivar por el inglés.</p> + +<p>A dos tiros de pistola, la corbeta envió su última andanada, porque ella +también había agotado sus municiones; también se había batido bravamente +y también había hecho prodigio de valor durante las dos horas del +encarnizado combate. Desgraciadamente, el oleaje impidió a los ingleses +apuntar bien, y toda su andanada pasó por encima del corsario, sin +hacerle daño.</p> + +<p>Un marinero del brick hizo fuego antes de la orden.</p> + +<p>—¡Perro aturdido!—exclamó Kernok, y el pirata rodó a sus pies, abatido +de un hachazo.</p> + +<p>—Sobre todo—añadió—, no hagáis fuego hasta que estemos casi +tocándonos; en el momento en que los ingleses vayan a saltar sobre +nuestro puente, nuestros cañones les escupirán en el rostro, y ya veréis +cómo eso les molesta; ¡estad seguros!</p> + +<p>En aquel instante mismo, los dos navíos se abordaron. Los tripulantes +ingleses que quedaban estaban en los obenques y sobre los empalletados, +con el hacha a punto, el puñal entre los dientes, prestos a lanzarse de +un brinco sobre el puente del brick.</p> + +<p>Un gran silencio reinaba a bordo de <i>El Gavilán</i>.</p> + +<p>—<i>Away! goddam, away! lascars</i>—gritó el capitán inglés, hermoso joven +de veinticinco años que, habiendo perdido las dos piernas, se había +hecho meter en un barril de salvado, para contener la hemorragia y poder +mandar hasta el último momento—. <i>Away! goddam!</i>—repitió.</p> + +<p>—¡Fuego, ahora, fuego sobre el inglés!—aulló Kernok.</p> + +<p>Entonces todos los ingleses se lanzaron sobre el brick.</p> + +<p>Los doce cañones de estribor les vomitaron en la cara una granizada de +piastras, con un estruendo espantoso.</p> + +<p>—¡Hurra!—gritaron los piratas.</p> + +<p>Cuando el espeso humo se hubo disipado y se pudo apreciar el efecto de +aquella andanada, no se vio ya a ningún inglés, a ninguno... Todos +habían caído al mar o sobre el puente de la corbeta, todos estaban +muertos o espantosamente mutilados. A los gritos del combate sucedió un +silencio sombrío e imponente; y aquellos diez y ocho hombres, únicos +supervivientes, aislados en medio del Océano, rodeados de cadáveres, no +se miraban sin cierto espanto.</p> + +<p>El mismo Kernok fijaba los ojos con estupor en el tronco informe del +capitán inglés; porque la metralla se le había llevado un brazo. Sus +hermosos cabellos rubios estaban teñidos de sangre; no obstante, la +sonrisa aparecía en sus labios... Es que había muerto sin duda pensando +en ella, en ella que, bañada en lágrimas, vestiría largos hábitos de +luto al saber su glorioso fin. ¡Afortunado joven! Tenía quizá también a +su anciana madre para llorarle, para llorar al que había mecido en sus +brazos cuando niño. ¡Era quizás un porvenir brillante que se malograba, +un nombre ilustre que se extinguía en él! ¡Qué pesar debía producir su +muerte! ¡Cuánto debían llorarle! ¡Dichoso, tres veces dichoso joven! +¡qué no debía a la culebrina de Kernok! con una bala había hecho un +héroe llorado en los tres reinos. ¡Qué hermosa invención la de la +pólvora!</p> + +<p>Tal debía ser, poco más o menos, el resumen de las reflexiones de +Kernok, porque permaneció risueño y tranquilo a la vista de aquel +horrible espectáculo.</p> + +<p>Sus marineros, al contrario, se habían mirado largo rato con una especie +de extrañeza estúpida. Pero, pasado este primer movimiento, el natural +indiferente y brutal se adueñó otra vez de ellos, y todos, en un +impulso espontáneo, gritaron:</p> + +<p>—¡Hurra! ¡Viva <i>El Gavilán</i> y el capitán Kernok!</p> + +<p>—¡Hurra! ¡muchachos!—dijo él—. Y bien, ya lo veis; <i>El Gavilán</i> tiene +el pico duro; pero ahora hay que pensar en reparar las averías. Según mi +estima, debemos estar por el lado de las Azores. La brisa fresquea; +vamos, muchachos, limpiemos el puente. Y en cuanto a los heridos... en +cuanto a los heridos—repitió golpeando maquinalmente el empalletado con +su hacha—, les harás llevar a la corbeta, maestro Durand—dijo +bruscamente.</p> + +<p>—¿Para...?—preguntó éste con aire interrogativo.</p> + +<p>—Ya lo sabrás—respondió Kernok con aire sombrío, frunciendo sus +espesas cejas.</p> + +<p>El maestro Durand fue a cumplir las órdenes del capitán, murmurando:</p> + +<p>—¿Qué querrá hacer? Es raro...</p> + +<p>—¡Aquí, grumete!—gritó Kernok a Grano de Sal que estaba enjugando con +aire de tristeza el reloj que le había legado el maestro Zeli, porque +estaba cubierto de sangre.</p> + +<p>El marmitón levantó la cabeza; las lágrimas brillaban en sus ojos. +Avanzó hacia el terrible capitán, pero sin el menor temor. Una idea fija +le dominaba, y era el recuerdo de la muerte de Zeli, al cual era bien +adicto.</p> + +<p>—Vas a bajar a la cala y decir a mi mujer que puede venir a besarme: +¿oyes?—dijo Kernok.</p> + +<p>—Sí, capitán—respondió Grano de Sal; y una gruesa lágrima cayó sobre +el reloj.</p> + +<p>En el acto desapareció por la escotilla.</p> + +<p>Kernok subió con agilidad a las gavias y examinó el aparejo con la más +escrupulosa atención; las averías eran numerosas, pero no inquietantes, +y con la ayuda de los palos y de las vergas de recambio, comprendió que +podría continuar su ruta y llegar al puerto más inmediato.</p> + +<p>Grano de Sal volvió a subir al puente, pero solo.</p> + +<p>—¡Y bien!—dijo Kernok—; ¿dónde está mi mujer, animal?</p> + +<p>—Capitán, es que...</p> + +<p>—¿Qué es? ¿hablarás, perro?</p> + +<p>—Capitán... está en la cala...</p> + +<p>—Ya lo sé. ¿Por qué no ha subido, bribón?</p> + +<p>—¡Ah! ¡caramba! capitán... es que está muerta...</p> + +<p>—¡Muerta! ¡muerta!—dijo Kernok palideciendo; y por la primera vez su +rostro expresó el dolor y la angustia.</p> + +<p>—Sí, capitán, muerta, muerta por una bala que ha entrado por debajo de +la línea de flotación; y lo más raro es que el cuerpo de la señora ha +tapado justamente el agujero que el cañonazo había hecho, sin lo cual el +agua hubiese entrado y el brick se habría ido a pique. De todos modos, +la señora ha salvado a <i>El Gavilán</i>, y vale más eso que...</p> + +<p>Grano de Sal, que había bajado los ojos al comenzar su narración, no +pudiendo sostener la mirada chispeante de Kernok, se aventuró a levantar +la cabeza.</p> + +<p>Kernok ya no estaba allí; se había precipitado en la cala, y miraba, +con los ojos secos, los brazos cruzados, los puños convulsivamente +apretados; porque, según la relación del grumete, la cabeza y una parte +de la espalda de Melia, empotradas en el agujero producido por la bala, +habían impedido al proyectil ir más lejos.</p> + +<p>¡Pobre Melia! hasta la muerte había sido útil a su Kernok.</p> + +<p>El pirata permaneció solo unas dos horas, encerrado en la cala al lado +de los restos de Melia. Allí desahogó su dolor, porque cuando subió al +puente, su rostro estaba impasible y frío. Solamente, un poco antes de +su regreso, un grito doloroso se había oído y una masa informe había +desaparecido entre las aguas. Era el cadáver de Melia.</p> + +<p>Durante este tiempo, el maestro Durand había hecho conducir los heridos +a bordo de la corbeta inglesa.</p> + +<p>—Pero, ¿por qué no nos dejan a bordo del brick?—preguntaban con +insistencia al buen doctor.</p> + +<p>—Hijos míos, yo no sé nada; tal vez porque aquí son mejores los aires, +y en las heridas graves hay que cambiar de aires, ya se sabe.</p> + +<p>—Pero, maestro Durand, vea usted que se llevan para el brick todos los +palos y todas las vergas de recambio de la goleta. ¿Cómo vamos, pues, a +navegar?</p> + +<p>—Quizá por el vapor—respondió el señor Durand, que no podía resistir +el placer de hacer un chiste.</p> + +<p>—¡Cómo! Usted se va, maestro Durand, y vosotros también, camaradas. ¿Y +nosotros? ¿y nosotros?... ¡Maestro Durand!... ¡Maestro Durand!</p> + +<p>Así decían los heridos, bastante fuertes para gritar, pero no para +andar, viendo al señor Durand y a sus compañeros que se embarcaban en la +canoa.</p> + +<p>—Lo más probable es que no sea para hacernos tomar el aire para lo que +nos envían aquí—dijo un parisiense que tenía un brazo de menos y un +balazo en la columna vertebral.</p> + +<p>—¡Pues bien! ¿para qué nos han enviado aquí, parisiense?—preguntaron +muchas voces con inquietud.</p> + +<p>—¿Para qué?... con objeto de que reventemos aquí, mientras ellos se +reparten nuestra parte de presa. ¡Eso está muy mal hecho! Unicamente, si +hubieran tenido un poco de corazón, habrían hecho un agujero en la cala +para que nos hundiésemos... en lugar de dejarnos aquí para que nos +devoremos como fieras. Esto será por el estilo del <i>Colin</i> que yo vi en +el Mont-Thabor, en casa del señor Franconi—aquí su voz comenzaba a +debilitarse—, porque acabo de oírles decir que ya no quedan víveres a +bordo de la corbeta, y a eso se debe principalmente el que nos hayan +dejado de lado. Sin embargo, es sensible morir cuando se es rico; porque +con mi parte de la presa, me hubiera divertido de lo lindo en París... +¡Dios! ¡la Cabaña!... ¡el Vauxhall!... ¡el Ambigú!... ¡y las señoritas! +¡Ah! sí, ¡es mortificante! porque ahora, en el tiempo de atar un gratel +ya estaré cocido... ya no tengo sensación en las piernas... Es por +vosotros por quienes lo siento... porque vosotros no sois muy tiernos, +corderos míos... Estaréis endiabladamente duros, y para comeros hará +falta una famosa salsa...</p> + +<p>Sus restantes palabras no pudieron entenderse, y cinco minutos después +estaba muerto. El parisiense había adivinado la verdad; es imposible dar +cuenta de las maldiciones de que Kernok y demás cofrades fueron objeto. +Un herido inglés, que conocía el francés, comunicó a sus compañeros el +destino que les esperaba. El barullo aumentó, y cada uno juraba y +blasfemaba en su lengua. ¡Vaya un barullo! un barullo capaz de despertar +a un canónigo. Pero todos aquellos desgraciados estaban demasiado +gravemente heridos para poder levantarse; y, además, carecían de +botes...</p> + +<p>Hubo muchos que, rodando, se dejaron ir hasta los empalletados, y de +allí se arrojaron al mar, preveyendo todo el horror de la suerte que +estaba destinada a sus compañeros.</p> + +<p>—Ya se han quedado allí—dijo el maestro Durand a Kernok cuando hubo +vuelto a bordo.</p> + +<p>—Bien—respondió Kernok—; la brisa sopla del Sud. Con esta mesana por +vela y los juanetes en lugar de las gavias, podemos continuar la ruta. +Orienta hacia el NNE.</p> + +<p>—¿Así—dijo el maestro Durand mostrando la corbeta que se balanceaba +desmantelada—, abandonamos a esos pobres diablos?</p> + +<p>—Sí—respondió Kernok.</p> + +<p>—Pues no deja de ser un procedimiento bien poco delicado.</p> + +<p>—¡Ah! es verdad... ¿Sabes los víveres que nos quedan a bordo, gracias +al festín que os he dado, salvajes? ¡Pues bien! no nos queda más que +una caja de galleta, tres toneladas de agua y una caja de ron; porque en +un día habéis echado a perder los víveres de tres meses.</p> + +<p>—Tanta culpa es de los de aquí, como de los que quedan allá.</p> + +<p>—Me... río; tenemos aún, quizá, ochocientas leguas que hacer y diez y +ocho hombres que mantener; además, éstos deben ser los primeros, porque +se hallan en estado de trabajar.</p> + +<p>—Los que deja usted en la corbeta van a reventar como perros o a +comerse los unos a los otros; porque mañana, pasado mañana... tendrán +hambre.</p> + +<p>—Me... río, ¡que revienten! Vale más que sean los que están medio +muertos que no nosotros, que aun tenemos mucho que hacer.</p> + +<p>Los marineros del brick oían esta conversación y comenzaron a murmurar:</p> + +<p>—No queremos abandonar a nuestros camaradas.</p> + +<p>Kernok paseó sobre ellos su mirada de águila, puso su hacha bajo el +brazo, se cruzó las manos a la espalda y dijo con voz imperiosa:</p> + +<p>—¿Eh? vosotros... ¿no queréis...?</p> + +<p>Se hizo un profundo silencio.</p> + +<p>—¡Sois unos animales bien singulares!—exclamó—. Sabed, pues, +canallas, que estamos a ochocientas millas de tierra; que hemos de +contar al menos con quince días de navegación, y que si guardamos los +heridos a bordo se beberán toda nuestra agua y nos harán tanto servicio +como los remos a un navío de tres puentes.</p> + +<p>—Eso es verdad—interrumpió el artillero-cirujano-calafate—, nada +bebe tanto como un herido; son lo mismo que los borrachos, siempre +tienen la boca seca.</p> + +<p>—Y cuando estemos sin agua y sin galleta, ¿será el señor Kernok el que +os dará lo que falte? Nos veremos obligados a comer nuestra carne y a +beber nuestra sangre, como tendrán que hacer ellos; ¡vaya un alimento +perro! Eso os tienta, ¿no es cierto, bergantes?... mientras que si +tratamos de arribar a Bayona o a Burdeos, podemos ver de nuevo Francia y +vivir como buenos burgueses con nuestra parte de presa, que no será +pequeña, puesto que también nos repartiremos la de esos...—añadió +Kernok designando a los heridos de la corbeta.</p> + +<p>Este argumento calmó victoriosamente los últimos escrúpulos de los +recalcitrantes.</p> + +<p>—En fin—terminó Kernok—, esto será así porque yo lo quiero; ¿está +claro? Y al primero que abra la boca se la cerraré yo; ya sabéis que +acostumbro cumplir lo que prometo. Conque, en marcha, muchachos.</p> + +<p>Los diez y ocho hombres que componían entonces la tripulación, +obedecieron en silencio y dirigieron una última mirada a sus compañeros, +a sus hermanos, que lanzaban gritos espantosos viendo al brick alejarse. +Después, como la brisa soplaba mucho, <i>El Gavilán</i> se encontró bien +pronto lejos del lugar del combate. Pero al día siguiente se levantó una +horrible tempestad, enormes montañas de agua parecían a cada momento +querer tragarse al buque que, capeando el temporal, huía ante el tiempo.</p> + +<p>En fin, después de una penosa travesía, <i>El Gavilán</i> recaló en Nantes, +donde reparó sus averías, y después, de acuerdo con los deseos de +Kernok, se hizo de nuevo a la mar para fondear una vez más en la bahía +de Pempoul.</p> + +<p>Allí se formó una comisión para verificar la legalidad de la presa. +Entonces Kernok juró, con todos sus juramentos, que en lo sucesivo iría +a desembarcar a Santo Tomás, ¡porque aquellos cormoranes de +administradores habían pescado en sus aguas! Estas fueron sus propias +expresiones.</p> + + + +<h3><a name="XIIIk" id="XIIIk"></a>XIII</h3> + +<p class="smcap2">LOS DOS AMIGOS</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 55%;" class="sml"> +<p> +¿Un alma tan rara y ejemplar no<br /> +costaría más de matar que un alma<br /> +popular o inútil?<br /> +<span style="margin-left: 4em;"><span class="smcap">Montaigne</span>, lib. II, c. <span class="smcap">XIII</span>.</span><br /> +</p></div> + + +<p>Es una excelente posada la del <i>Áncora de Oro</i>, en Plonezoch. Cerca de +la puerta se elevan dos hermosas encinas, verdes y frondosas, que dan +sombra a las mesas, siempre atractivas, de tan lustrosas que están; y +como el <i>Áncora de Oro</i> está situada en la plaza mayor, no se encuentra +un golpe de vista más animado, sobre todo a la hora del mercado, durante +las hermosas mañanas de julio.</p> + +<p>Por eso dos honrados compañeros, dos apreciadores de aquella hermosa +localidad, habían echado raíces ante una de aquellas mesas tan lustrosas +y tan limpias; hablaban de esto y de lo de más allá, y la conversación +debía ser ya larga, porque buen número de botellas vacías formaban un +imponente y diáfano reducto alrededor de los interlocutores.</p> + +<p>El uno podía tener sesenta años, feo, moreno, grueso, con largas y +blancas patillas que hacían un raro contraste con su tez bronceada. +Llevaba un holgado frac azul grotescamente cortado, un ancho pantalón de +tela y un chaleco escarlata con botones de áncoras, y al que le +faltaban por lo menos seis pulgadas para llegar a la cintura; +finalmente, un inmenso cuello de camisa rígido y almidonado se levantaba +amenazador por encima de las orejas de este personaje. Además, anchas +hebillas de plata brillaban en sus zapatos, y un sombrero charolado, +impertinentemente ladeado, acababan de darle un aire coquetón y calavera +que contrastaba singularmente con su edad avanzada. Por lo demás, se +veía que iba vestido de etiqueta y que le incomodaban sus adornos.</p> + +<p>Su amigo, de un traje menos afectado, parecía mucho más joven. Una +chaqueta y un pantalón de tela componían todo su atavío, y una corbata +negra, negligentemente anudada, permitía ver un cuello nervioso que +soportaba un rostro risueño y abierto.</p> + +<p>—Se acerca San Saturnino—dijo golpeando ligeramente su pipa sobre la +mesa para hacer salir toda la ceniza—, se acerca San Saturnino, y hará +veinte años que <i>El Gavilán</i>—aquí llevó una mano a su gorra de lana de +cuadros azules y rojos—, que nuestro pobre brick fondeó por última vez +en la bahía de Pempoul al mando del difunto señor Kernok.</p> + +<p>Y suspiró sacudiendo la cabeza.</p> + +<p>—¡Cómo pasa el tiempo!—contestó el hombre del cuello alto echándose al +coleto un enorme vaso de aguardiente—; me parece que fue ayer: ¿no es +eso, Grano de Sal? Y si te llamo Grano de Sal entre nosotros, es porque +tú me lo has permitido, muchacho. Esto me recuerda los tiempos pasados.</p> + +<p>Y el viejo se echó a reír dulcemente.</p> + +<p>—¡Voto a tal! no se moleste usted, señor Durand; usted es uno de los +antiguos, un amigo del pobre señor Kernok.</p> + +<p>Y de nuevo levantó los ojos al cielo suspirando.</p> + +<p>—¡Qué quieres, muchacho! cuando llega la hora de desamarrar—dijo el +señor Durand sorbiendo, con un largo resoplido, una gota de aguardiente +que quedaba en el fondo de su vaso—, cuando el cable cede, el áncora se +va al fondo. Es lo que decía yo siempre a mis enfermos, a mis calafates, +o a mis artilleros, porque tú sabes...</p> + +<p>—Sí, sí, ya lo sé, maestro Durand—respondió prontamente Grano de Sal +que temblaba a la idea de oír al ex artillero-cirujano-calafate comenzar +de nuevo el relato de sus triples hazañas—; pero eso es más fuerte que +yo, y se me parte el corazón cuando pienso que aun no hace un año estaba +ese pobre señor Kernok allá abajo en su granja de Treheurel y que todas +las noches fumábamos una pipa con él.</p> + +<p>—Es verdad, Grano de Sal. ¡Dios de Dios! ¡qué hombre! ¡y le querían en +toda la comarca! Un desgraciado marinero le pedía algo, y lo obtenía al +instante. En fin, desde hace veinte años que se había retirado de los +negocios para vivir de sus rentas, todos se hacían lenguas de su +caridad. Y después, ¡qué respetable cara con sus largos cabellos blancos +y su frac marrón! ¡qué aire más bondadoso cuando llevaba a la espalda a +los hijos del viejo Cerisoët, el artillero, o les hacía barquitos de +corcho! Solamente yo le hacía siempre un reproche a ese pobre Kernok, +se había aficionado demasiado a la gente de sotana.</p> + +<p>—¡Ah! ¡porque era mayordomo de la parroquia! Y además, por pasar el +tiempo. Pero no podrá usted dejar de confesar que infundía respeto en su +banco de encina, con sus guantes blancos y su pechera, el día de la +fiesta de la parroquia de San Juan.</p> + +<p>—Yo prefería verle en el puente, con un hacha en la mano y su bocina en +la otra—respondió el ex artillero-cirujano-calafate llenando su vaso.</p> + +<p>—Pues, ¿y en la procesión, señor Durand? cuando presumía con su cirio, +que quería llevar siempre como una espada, a pesar de las lecciones del +monaguillo... Pero lo que desolaba sobre todo al señor cura es que el +capitán Kernok mascaba tanto, que durante la misa escupía sobre todo el +mundo.</p> + +<p>—Le desolaba... le desolaba... es por eso por lo que embruteció a mi +camarada para hacerle dejar al presbiterio veinte fanegas de sus mejores +prados.</p> + +<p>Aquí Grano de Sal alargó inverosímilmente el labio inferior guiñando los +ojos, miró al maestro Durand con el aire más picaresco, más malicioso, +más burlón que fuera posible imaginar, moviendo negativamente la cabeza.</p> + +<p>—¡Caray! ¡si lo sabré yo!—repitió el maestro Durand casi ofendido de +la pantomima del antiguo grumete.</p> + +<p>—Vamos, vamos, tranquilícese usted—repuso éste—, no es al cura a +quien ha hecho esta donación.</p> + +<p>Aquí una pausa, y la extrañeza del maestro Durand se manifestó por un +excesivo enarcamiento de sus cejas y por la absorción de un glorioso +vaso de vino.</p> + +<p>—Es—dijo Grano de Sal—, a la sobrina del cura, ¡eh!</p> + +<p>—¡Ah! el viejo farsante, el viejo farsante—murmuró el maestro Durand +lanzando una carcajada homérica—; ya no me extraña que fuese mayordomo +y que comulgase con tanta frecuencia.</p> + +<p>Y se entregó con Grano de Sal a unos arrebatos de alegría tan ruidosa; +que unos perros comenzaron a ladrarles.</p> + +<p>—Lo más mortificante es que—continuó Grano de Sal—toda la fortuna del +capitán Kernok vuelve al Gobierno. Como no había hecho testamento...</p> + +<p>—¿Cómo había de pensarlo? ¿Es que podía prever ese accidente?</p> + +<p>—Usted le vio después... después de la cosa... ¿no es cierto, señor +Durand? porque yo había ido a Saint-Pol.</p> + +<p>—Seguramente que le vi. Figúrate tú, muchacho, que vienen a decirme: +«Señor Durand, se siente olor de quemado en casa del señor Kernok; ¡pero +de una chamusquina más rara!» Eran las ocho de la mañana y nadie se +atrevía a entrar en su habitación; ¡son tan bestias! Me decido yo a +entrar, muchacho, y... ¡Ah! ¡Dios mío! échame de beber, porque me pongo +malo cada vez que lo recuerdo.</p> + +<p>Se repuso un poco después de un largo trago de aguardiente, y continuó:</p> + +<p>—Entro, y figúrate tú qué espectáculo: el cuerpo de mi pobre viejo +Kernok cubierto de una ancha llama azulada que le corría de la cabeza a +los pies, lo mismo que cuando arde un ponche. Yo me aproximé y le eché +agua; ¡bah! aún ardía más fuerte, porque estaba casi cocido.</p> + +<p>Grano de Sal palideció.</p> + +<p>—¡Esto te extraña, hijo mío! pues bien, yo se lo había predicho.</p> + +<p>—¡Usted!...</p> + +<p>—Sí. El bebía demasiado aguardiente, y yo le decía siempre: «Mi viejo +camarada, tú acabarás por una <i>concustion invantánea</i>—dijo el maestro +Durand con importancia, apoyando cada palabra e hinchando los carrillos.</p> + +<p>Quería decir una combustión instantánea, solución exacta y verdadera de +la muerte de Kernok, dada por un médico de Quimper, hombre muy +entendido, al que se había enviado a buscar un poco demasiado tarde.</p> + +<p>—¿Y eso no le hace temblar, señor Durand?—dijo Grano de Sal que veía +con pena al ex artillero-cirujano-calafate tomar la misma dirección que +su difunto capitán.</p> + +<p>—Yo, es diferente, muchacho; yo mezclo el aguardiente con vino, +mientras que él lo bebía puro.</p> + +<p>—¡Ah!...—respondió Grano de Sal poco convencido de la temperancia del +señor Durand.</p> + +<p>—¡Toma!—dijo éste—, ahí tienes uno que morirá en la piel de un +bandido, si es que no le desuellan vivo.</p> + +<p>Y señalaba a un hombre alto y delgado, con uniforme azul bordado, que +atravesaba la plaza.</p> + +<p>—¡Cuánto daría por estar a bordo con ese perro de Plick, él con los +brazos atados a una cuerda de obenques y la espalda desnuda... yo con un +buen rebenque en la mano! ¡Cuando pienso que por haber pasado por las +manos de ese miserable de comisario nuestra parte de presa ha disminuido +en nueve décimos; que en lugar de los sesenta mil francos con que vivo +desde hace veinte años podría tener un millón, y que a ese pobre Kernok +no le tocaron más que doscientos mil francos de las toneladas de plata +que recogimos a bordo del buque español!</p> + +<p>—¡Bah!—dijo Grano de Sal—, un poco más, un poco menos, es igual. Yo +estoy bien contento de haber abandonado el oficio con lo que tengo y de +haberme comprado un quechemarín para el cabotaje. Pero desde que no veo +al pobre señor Kernok, parece que me falta algo.</p> + +<p>—A propósito—dijo el señor Durand—, creo que se acerca la hora de la +misa que hacemos decir en San Juan a ese pobre viejo.</p> + +<p>Grano de Sal sacó un reloj lo menos de una pulgada de grueso.</p> + +<p>—Tiene usted razón, señor Durand, son las diez.</p> + +<p>Después, alargándole el reloj, atado con cuidado a una larga cadena de +acero reforzada con un cordón negro:</p> + +<p>—Vea, ¿lo reconoce usted?—dijo al maestro.</p> + +<p>—¡Si lo reconozco!... es el que el pobre Zeli me dio para que te lo +entregase el día del combate de <i>El Gavilán</i> contra la corbeta. ¡Pobre +Zeli! Aun le veo, tendiéndome la mano y diciéndome: «¡Toma!... esto es +para Grano de Sal... Adiós... viejo... no te olvides». ¡Voto a +tal!—dijo el viejo emocionado—, esto me da más pena ahora, cada vez +que me acuerdo, que en el momento en que ocurrió. ¡Pobre Zeli!</p> + +<p>Y la cabeza del señor Durand cayó entre sus manos callosas y arrugadas.</p> + +<p>Grano de Sal parecía absorto en un doloroso recuerdo mirando su reloj.</p> + +<p>—Son cinco litros de vino y una botella de aguardiente—dijo el +posadero, con su gorra en la mano, e inquieto de la prolongada +permanencia de los dos marinos.</p> + +<p>—Lo que sobre para ti—dijo Grano de Sal arrojándole una moneda de oro.</p> + +<p>Y dando el brazo al viejo Durand, se encaminó con él hacia la capilla de +San Juan.</p> + + + +<h3><a name="XIVk" id="XIVk"></a>XIV</h3> + +<p class="smcap2">LA MISA DE DIFUNTOS</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 25%;" class="sml"> +<p> +...Golpea los aires como el toque funesto<br /> +Que pide a los vivos las primas para los muertos<br /> +Cuando un frío ataúd es lo único que queda<br /> +De la que sonrió a nuestros primeros esfuerzos.<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><span class="smcap">S. Delaunay</span>, «<i>Ob. inéditas</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>Figuraos una ensenada entre dos montañas, en la cual una multitud de +embarcaciones bretonas, de velas rojas y cuadradas, han abordado varando +sobre un hermoso fondo de arena de una blancura deslumbrante.</p> + +<p>En el fondo, el mar, cuyas ondas azules, después de haber prolongado los +contornos de la bahía, van a morir sobre frescas praderas cortadas por +setos de rosales silvestres y por oxiacantos floridos que esparcen a lo +lejos su perfume.</p> + +<p>Aquí y allá algunas encinas seculares sostienen un techo de rastrojos +cubierto de lindas matas azules y de clemátidas, que penden en largas +guirnaldas.</p> + +<p>Dan animación a este paisaje, aquí una cabra levantada sobre sus patas +traseras que parece suspendida de los verdes festones; allá una pequeña +carreta tirada por grandes bueyes, y el chirrido ronco y continuo de la +rueda y la canción salvaje del Dragoubras, y el aspecto ágil del +montañés de Arrés que monta en pelo a uno de esos caballitos negros, de +pelo rizado, de ojo brillante, de patas nerviosas, que franquean los +salientes de la costa con tanta ligereza como un camello.</p> + +<p>Después, en medio de aquella colina, cuya pendiente es casi insensible, +se ven los edificios consagrados a San Juan. Aquí la iglesia gótica, con +sus arcos y sus ojivas, sus altas y delgadas columnas, sus frontones +esculpidos como un encaje, contrasta singularmente con el pesado +campanario de plomo que eleva su techumbre gris y sombría por encima del +obscuro verdor de los abetos y alerces.</p> + +<p>Los toques redoblados de todas las campanas de la iglesia de San Juan, +anuncian la ceremonia de que hemos hablado, un servicio fúnebre por el +alma del difunto señor Nicolás-Bárbara-Kernok, propietario de Treheurel. +Porque toda la población de la comarca, donde el digno anciano era +adorado, había abandonado sus trabajos para ir a rendir un postrero +homenaje a su respetable bienhechor.</p> + +<p>Era necesario ver la multitud que se apretujaba bajo los pórticos de la +iglesia, las jóvenes con su corpiño escarlata bordado de azul y con sus +cofias, las viejas con sus capas que las tapaban por completo, los +hombres con sus birretes negros, de los que se escapaban largos cabellos +que caían hasta su ancho cinturón de cuero, del que pendía un largo +cuchillo.</p> + +<p>Todos esperaban que las puertas fuesen abiertas.</p> + +<p>Bien pronto llegaron Grano de Sal y el maestro Durand. A su vista todas +las cabezas se inclinaron; ellos respondieron con un saludo protector a +estas muestras de deferencia.</p> + +<p>Por fin, se abrió la puerta; y entre apreturas, empellones y codazos, +cada cual se colocó en su sitio.</p> + +<p>El sol enviaba alegremente sus dorados rayos a través de las vidrieras +de colores de la capilla, e iba a reflejar sus mil maticos sobre el +banco pulimentado y negro de encina, cargado de pesadas esculturas, +banco en el cual se sentaba Kernok en los días solemnes. ¡Ah! ¡y con qué +dignidad tranquila y majestuosa ostentaba en él su pechera y su frac +marrón! ¡con qué destreza ocultaba su chicote a la vista del cura! ¡con +qué aire de compunción cerraba los ojos, fingiendo rezar y recogerse, +cuando la plática del sacerdote le sumía en la más agradable +somnolencia!</p> + +<p>Y era preciso que el recuerdo de aquella figura venerable estuviese aún +bien presente en el pensamiento de Grano de Sal y del señor Durand, +porque permanecieron un buen rato inmóviles ante el banco.</p> + +<p>—Me parece estarle viendo aún—dijo el señor Durand.</p> + +<p>—Y a mí también—respondió Grano de Sal.</p> + +<p>Un rumor sordo anunció la llegada del señor Karadeuc, el párroco.</p> + +<p>Primero ofició y después subió al púlpito.</p> + +<p>Los fieles aprovecharon este momento para estornudar, sonarse, toser, +bostezar, suspirar, volverse de un lado y de otro...</p> + +<p>Después se hizo el silencio... ¡el más profundo silencio!</p> + +<p>El predicador avanzó hasta el borde del púlpito, apoyó en él sus manos +huesudas y velludas; sus ojos brillaban bajo sus espesas cejas rojas y +su boca esbozaba una singular sonrisa... después comenzó:</p> + +<p class="top5">«Mis queridos hermanos, <i>apprehendi te ab extremis terræ et a longinquis +ejus vacari te; elegi te, et non abjeci te; ne timeas, quia ego tecum +sum</i>.»</p> + +<p class="top5">Como el auditorio se componía de sencillos habitantes de la baja +Bretaña, este exordio hizo poco efecto.</p> + +<p class="top5">«Sí, hermanos míos, lo que quiere decir: Te he tomado de la mano para +traerte de los lugares más alejados del mundo; te he llamado de los +puntos más distantes; te he elegido y no te he rechazado; no temas nada, +porque yo vengo a ti.</p> + +<p>»Porque, hermanos míos, estas palabras pueden aplicarse al virtuoso, al +digno, al respetable anciano que todos lloramos... en una palabra, a +Nicolás Kernok, antiguo negociante.»</p> + +<p class="top5">Aquí el señor Durand dio un primer codazo a Grano de Sal, que, +apretándose la nariz con el pulgar y el índice, dejó escapar una especie +de mugido sordo, como una risa ahogada.</p> + +<p class="top5">«¡Ay! hermanos míos—continuó el cura—, ese antiguo negociante, el +digno Kernok, era también un cordero alejado del redil. Ese cordero se +encontraba también en países lejanos... y la Providencia le tomó por la +mano.»</p> + +<p class="top5">—¡Por la pata!—dijo el viejo Durand.</p> + +<p>—¡Mire que comparar al capitán a un cordero!—dijo Grano de Sal +poniéndose la gorra delante de la cara.</p> + +<p>Sin embargo, el predicador continuó:</p> + +<p class="top5">«La Providencia le ha dicho también: <i>Elegi, non abjeci te</i>... te he +elegido y no te he rechazado, aunque tu vida haya sido agitada.»</p> + +<p class="top5">—Llama <i>agitada</i> a aquello—murmuró Durand dando un segundo codazo a +Grano de Sal que le respondió con la misma energía, es decir, con otro +codazo capaz de hundir dos costillas al artillero-cirujano-calafate. +¡Oh! los dos se comprendían.</p> + +<p class="top5">«...Sí, hermanos míos, agitada. Pero después de haber navegado en un mar +proceloso, la popa de su esquife ha conseguido una orilla de paz y de +reposo.»</p> + +<p class="top5">—¡La popa, la popa!—dijo Durand con aire despreciativo—; ¡la proa, la +proa, sacristán!</p> + +<p>El cura lanzó una mirada de indignación a Durand y repitió con +obstinación:</p> + +<p>«Pero la <i>popa</i> de su esquife consigió por fin la orilla de paz y de +reposo, donde ese virtuoso, ese digno, ese respetable anciano hizo +brotar la flor de la caridad y de la religión.»</p> + +<p>¡Qué bestia es ese cura!—murmuró Grano de Sal.</p> + +<p>—Bestia como un arenque—contestó Durand encogiéndose de hombros.</p> + +<p class="top5">«...Así, hermanos míos—continuó el predicador—, uníos a mí para dar +las gracias al Rey de los reyes por haber coronado al que todos lloramos +con una aureola de su eternidad.»</p> + +<p class="top5">—Amén—respondieron los asistentes.</p> + +<p>—Oye, Grano de Sal: ¿ves tú al capitán Kernok tocado con una +aureola?—dijo el maestro Durand.</p> + +<p>Pero Grano de Sal ya no le escuchaba, porque el cura había descendido +del púlpito para dirigirse al cementerio donde reposaba Kernok; pronto +llegaron ante la tumba.</p> + +<p>El rostro de Grano de Sal se había vuelto severo y sombrío, tenía la +gorra entre sus manos, y Durand le apretaba el brazo mientras se +enjugaba los ojos.</p> + +<p>Entonces el cura dijo algunas oraciones, que fueron repetidas a coro por +los asistentes arrodillados, y luego todos se retiraron.</p> + +<p>Sólo quedaron Durand y Grano de Sal.</p> + +<p>Y el sol había desaparecido hacía ya rato detrás de las montañas de +Tregnier, mientras que los dos amigos aun continuaban sentados cerca de +la tumba de Kernok, mudos y pensativos, con la cabeza oculta entre las +manos.</p> + +<hr class="full" /> + +<p class="head top15">EL GITANO</p> + +<p class="rsml"> +Cara de ángel y corazón de demonio.<br /> +<span class="smcap">Lope de Vega.</span><br /> +</p> + + + +<h3><a name="Ig" id="Ig"></a>CAPÍTULO I</h3> + +<p class="smcap2">EL BARBERO DE SANTA MARÍA</p> + +<p class="rsml">Un barbero di qualidad.</p> + + +<p>—Por el ojo de San Procopio, le juro, compadre, que el gitano piensa +desembarcar en Matagorda. Mi digna tía Isabel, volviendo de la isla de +León, ha visto todos los guardacostas dispuestos y me ha dicho que +habían apostado dos centinelas en el faro para vigilar las evoluciones +de la embarcación de ese condenado que se ve a lo lejos.</p> + +<p>—¡Por la silla de Santiago, compadre! el pescador Pablo, que ha llegado +de Conil, me ha repetido de nuevo que la tartana de rojas velas está +fondeada a medio tiro de cañón de la costa, y que todos los carabineros +están alerta...</p> + +<p>—Han abusado de su credulidad, señor don José.</p> + +<p>—Le han engañado, <i>señor rapabarbas</i>—respondió José saliendo con aire +burlón.</p> + +<p>Esta calificación de <i>señor rapabarbas</i> hizo estremecer violentamente a +Flores, porque si él <i>rejuvenecía</i> al público, era por no desmentir la +significación ¡ay! demasiado positiva de la bacía de cobre reluciente +que se balanceaba en un rincón obscuro de la puerta; pero también, en el +sitio más visible, aparecía un inmenso cuadro representando una mano +armada de lanceta que abría delicadamente las venas de un brazo colosal. +De modo que el observador comprendía fácilmente que el barbero ponía su +amor propio y su gloria en ejercer ciertas prácticas quirúrgicas, y que +era casi a su pesar si descendía a la innoble navaja, cuyos provechos +parecían, no obstante, bastante honrosos.</p> + +<p>El maestro Flores gozaba además de una consideración merecida; su +barbería, como lo son generalmente las barberías de España, era el lugar +de reunión de todos los chismosos, y particularmente de todos los +marinos retirados que habitaban en Santa María; y si las noticias que se +recogían en aquella fuente no estaban revestidas de un carácter bien +auténtico, no se puede negar que por lo menos estaban fabricadas a +conciencia; detalles, palabras históricas, retratos, circunstancias, +nada faltaba. Devoto, de un espíritu flexible y conciliador, el barbero +exhalaba beatitud por todos sus poros; siempre iba cuidadosamente +vestido de negro; sus cabellos grises y lisos se reunían detrás de sus +orejas, y dos anchos surcos rojos, reemplazando a las cejas, se +dibujaban encima de dos ojitos pardos, de una movilidad extraordinaria; +pero lo que más llamaba en él la atención eran sus manos, cuya piel +blanca y fresca y las uñas rosadas hubieran hecho honor a un canónigo de +Toledo.</p> + +<p>Ya hemos dicho que Flores se estremeció violentamente ante el +impertinente apóstrofe de José, y este movimiento súbito y colérico hizo +desgraciadamente desviar aquella mano ordinariamente tan firme y tan +segura; el acero rozó ligeramente el cuello de uno de sus parroquianos, +que se arrellanaba con complacencia en el gran sillón de nogal donde +iban sucesivamente a sentarse todos los marinos de la isla de León y de +Santa María.</p> + +<p>—¡Que el diablo le lleve!—dijo el paciente dando un brinco sobre su +asiento—. La plaza de verdugo está vacante en Córdoba, ¡por Cristo! +usted puede obtenerla, porque tiene excelentes disposiciones para abrir +la garganta a los cristianos.</p> + +<p>Y enjugó con la punta de su corbata la sangre que salía de su herida.</p> + +<p>—Tranquilícese—respondió Flores con importancia, consolado, casi +contento de su torpeza ante la idea de que podría poner en práctica sus +gloriosos conocimientos de cirugía—; tranquilícese, mi querido hijo, +porque sólo ha sido atacada la epidermis; no están interesados más que +los vasos capilares, y un emplasto de diaquilón, o de ungüento remediará +mi inadvertencia; y a decir verdad, esa pequeña evacuación sanguínea le +será muy saludable, porque usted me parece un individuo muy propenso a +la plétora; de modo, hijo mío, que en lugar de blasfemar, debería +usted...</p> + +<p>—Darle las gracias, ¿no es eso, maestro? Lo tendré presente, y a la +primera cuchillada que tenga la desgracia de dar, le diré al alcalde: +Señor, mi enemigo es un individuo propenso a la plétora y esto no es más +que una evacuación sanguínea. Tenga en cuenta, señor, que lo he hecho +por su bien.</p> + +<p>Aquí, los numerosos parroquianos que llenaban la tienda de Flores se +echaron a reír tan fuertemente, que el barbero se puso rojo de cólera.</p> + +<p>—¡Hijo de Satanás!—murmuró mientras aplicaba su benéfico bálsamo sobre +la herida sangrienta.</p> + +<p>—¡Me maldice usted, padrecito!—dijo el marino—; vaya, no se incomode; +se lo perdono todo, incluso la sangría, gracias a la buena noticia que +usted acaba de darnos... ¡Ah! ¡conque la tartana de ese maldito ha +fondeado cerca de Conil! ¡Por mi madre, daría con gusto los ocho años de +soldada que Fernando me debe por ver a ese condenado gitano con +grilletes en los pies y en las manos y arrodillado en la capilla +ardiente! ¡Cuántas veces, al querer darle caza con la escampavía he +renegado de mi patrón por las bordadas que nos hacía correr ese favorito +del infierno! ¡porque siempre se embarca cuando peor tiempo hace! Y +mientras que nuestra embarcación rodaba cubierta por el oleaje, la suya +parecía saltar y deslizarse por las olas... ¡Virgen del Carmen! +apostaría este par de alpargatas nuevas a que si el gitano tocase con el +dedo la pila del agua bendita, ésta se estremecería y herviría como si +hubiesen metido un hierro candente.</p> + +<p>—Puede ser—dijo Flores—; pero es lo cierto que mi noticia es +positiva.</p> + +<p>—Que el cielo le oiga—dijo uno—, y yo prometo a San Francisco hacer +dormir a mis criados sobre la piedra y no darles más que garbanzos +cocidos con agua por espacio de nueve días.</p> + +<p>—Que lo prendan, y yo prometo a la Virgen una hermosa mantilla y un +anillo.</p> + +<p>—Yo prometo a la Virgen del Pilar ir de aquí a Jerez con los pies +desnudos, un cirio de tres libras entre los dientes y las manos atadas a +la espalda, cuando vea a ese renegado en un calabozo esperando su +suplicio—dijo un tercero.</p> + +<p>—Y yo—exclamó un tratante en ganado—, me comprometo a dar dos de mis +mejores cabritos a los santos padres de San Juan, si me prometen que el +descreído será descuartizado y le echan plomo derretido en los ojos; +porque ¡por San Pedro! yo no quiero la muerte del pecador, pero ha de +haber una justicia. Si ese primo de Satanás se contentase con hacer el +contrabando, aunque esté condenado, se le podrían comprar sus mercancías +exorcizándolas; pero el maldito saquea las casas de campo de la costa, +roba nuestras hijas y comete profanaciones en nuestras capillas. Aun no +hace mucho se ha encontrado la imagen de San Ildefonso con una gorra de +marinero en la cabeza y una larga pipa en la boca. ¡Por los siete +Dolores de la Virgen! ¡semejantes abominaciones no anuncian nada bueno!</p> + +<p>—¡Y pensar—dijo el marino—que el señor gobernador de Cádiz no puede +disponer de una buena fragata para poner término a tales horrores y que +no tenemos para defendernos más que algunos guardacostas que huyen así +que divisan el bauprés de la tartana maldita! Armemos algunos faluchos +por cuenta nuestra, compadre, y ¡por Santiago! ya veremos si Satán le +protege y si está al abrigo del plomo.</p> + +<p>—Una cosa bien singular—dijo en voz baja el tratante en ganados—, es +que Pedrillo, mi cabrero, me ha asegurado haber visto un bote de la +embarcación del gitano abordar a lo largo de las rocas donde está +construido el convento de San Juan, y que...</p> + +<p>—¿Y qué?—dijeron todos a la vez.</p> + +<p>—Y que el condenado había entrado en el santo lugar.</p> + +<p>—¡Jesús! ¡Virgen santa! ¡qué horror!—dijo la multitud persignándose.</p> + +<p>—Pues eso no es nada aún: el condenado se ha atrevido a subir a la +torre del reloj, y mi cabrero lo ha visto perfectamente fumando su +cigarro maldito, y poco después... ¡le ha oído acompañarse una canción +blasfema con su guitarra maldita!</p> + +<p>—Pero, los dignos padres, ¿cómo han sufrido semejante +abominación?—preguntó Flores con aire contrito.</p> + +<p>—¡Ahí verá usted!—y el interlocutor entornó los ojos sonriendo +maliciosamente.</p> + +<p>A pesar de todo el peligro que había en hablar de cosas del clero, se +iba quizás a discutir gravemente sobre este asunto, cuando una voz +aguda y estridente dijo en tono burlón:</p> + +<p>—¡A menos que el condenado del gitano no sea el mismo Satanás!</p> + +<p>Todos los ojos se volvieron hacia un rincón obscuro de la barbería, +porque era allí donde se encontraba el desconocido que había pronunciado +tan singulares palabras. Cuando vio todas las miradas de la asamblea +fijas en él, se levantó, dejó caer su obscura capa, atravesó el largo +salón del establecimiento y fue a sentarse gravemente en el gran sillón, +que entonces esperaba un paciente.</p> + +<p>Su talla resultaba airosa, aunque inferior a la media, y su rico traje +andaluz le dejaba ver en toda su elegancia. Se desató el pañuelo rojo +que rodeaba su cabeza, escapándose un bosque de cabellos que casi +cubrieron su cara; sus grandes ojos brillaban con un dulce brillo.</p> + +<p>—Vamos, maestro—dijo a Flores, al mismo tiempo que se pasaba el índice +extendido por el mentón, imitando el movimiento de la navaja—; y por +mis pecados—añadió—, no me trate usted como al amigo de los botones de +áncora. Sobre todo, nada de evacuación sanguínea.</p> + +<p>El amigo de los botones de áncora iba a responder, cuando un rumor, al +principio lejano y en seguida más próximo, lo impidió; se distinguía una +voz de hombre tímida y suplicante, y una voz de mujer agria y regañona.</p> + +<p>—¡Grandísimo embustero, te voy a confundir!—dijo ella al entrar, con +las ropas en desorden y arrastrando a un jovencito de unos quince años.</p> + +<p>—¡Mi tía Isabel!—dijo Flores con la navaja levantada.</p> + +<p>—¡Y el pescador Pablo!—exclamaron los otros.</p> + +<p>—Señora—decía el niño—, le juro por el alma de mi padre que yo he +visto hace dos horas la tartana de las velas rojas fondeada cerca de +Conil.</p> + +<p>La señora Isabel hizo un gesto que hubiera tenido toda su significación +y toda su eficacia, sin el marino que se interpuso prudentemente entre +los dos campeones.</p> + +<p>—¡Aun ese maldito gitano!—dijo el joven del traje andaluz—. Señores, +he aquí una buena ocasión de probar lo que os decía hace un momento, es +decir, que ese condenado es Satanás en persona.</p> + +<p>Y se levantó gravemente.</p> + +<p>—Vamos, señora, estoy dispuesto a aclarar la cuestión, porque yo he +visto el buque de las velas rojas aun no hace dos horas.</p> + +<p>—Lo mismo que yo—respondieron a la vez Isabel y Pablo.</p> + +<p>—Un momento—dijo el desconocido—, ¿jura usted por el santo nombre de +Dios y por el mártir de la cruz decir la verdad?</p> + +<p>—Lo juramos.</p> + +<p>—Hable usted, pues, señora.</p> + +<p>—Pues bien, tan verdad como Santa Isabel, mi patrona, tiene su trono en +Córdoba (aquí se persignó), es que yo he visto, aun no hace dos horas, +el buque, y que Dios me quite la vida si yo miento.</p> + +<p>—Habla tú—dijo al pescador.</p> + +<p>—Que San Pablo me haga perecer la primera vez que salga al mar, si no +es verdad que hace dos horas he visto la tartana del condenado fondeada +a un tiro de fusil de Conil; y es tan verdad, señores, que he encontrado +cerca de Vejer un destacamento de aduaneros que se dirigían +apresuradamente a la costa, guiados por Blasillo, el hijo de Blas, que +había ido a prevenirle; yo no quiero contradecir a la señora Isabel, +¡pero que Dios me aplaste si miento!</p> + +<p>Había en las dos versiones tan diferentes<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote-7" class="fnanchor" title="ir a la nota 7.">[7]</a> un tal acento de verdad y +de convicción, que los espectadores se miraban con extrañeza. El mismo +forastero sonreía con un aire de incredulidad. En cuanto a Flores, no se +daba cuenta de que, desde que el nuevo cliente se hallaba sentado en el +sillón, no había cesado de pasar el dorso de la navaja por el mentón de +aquel improvisado Salomón.</p> + +<p>—¡Hola! maestro—dijo el joven—, si continúa usted de ese modo, no +tengo que temer, ciertamente, ninguna evacuación sanguínea; y además, es +preciso que esté usted furiosamente preocupado para no haber visto en +seguida que no se trataba de afeitarme sino de arreglarme el pelo.</p> + +<p>—En efecto—dijo el barbero confundido—, en efecto; tiene usted la +barba tan lisa como una manzana; una mujer no la tendría más suave.</p> + +<p>—¡Una mujer!—repitieron Pablo y la señora Isabel.</p> + +<p>En el mismo instante, un niño pequeño se aproximó a la puerta y avanzó +su linda cabeza rubia, después la retiró, la volvió a avanzar como si +hubiese buscado a alguien, vio al desconocido y en dos saltos se plantó +en sus rodillas.</p> + +<p>Apenas le hubo hablado al oído, se levantó bruscamente, tomó su capa y +arrojó un escudo a Flores, diciendo con aire singular:</p> + +<p>—Forzosamente, señores, ese gitano tiene que ser Satanás en persona, +puesto que está en tres lugares a la vez; porque yo os juro ¡por +Cristo!—añadió persignándose—, que bordea desde hace dos horas a la +vista de Sanlúcar.</p> + +<p>Terminadas estas palabras, saltó ágilmente sobre su caballo, que +relinchaba a la puerta, puso al niño a la grupa, y desapareció +prontamente en un espeso torbellino de polvo que el galope de su caballo +hizo levantar en medio de la calle.</p> + +<p>Los parroquianos de Flores que se habían precipitado a la puerta para +seguir con la vista a aquel personaje, hicieron, al volver a entrar en +la tienda, las conjeturas más raras sobre la <i>triplicidad</i> +verdaderamente <i>fenomenal</i> del contrabandista gitano, conjeturas que +abandonaron sin agotarlas, como hubieran hecho en otra ocasión, para +hablar de la corrida de toros que debía celebrarse al día siguiente.</p> + + + +<h3><a name="IIg" id="IIg"></a>II</h3> + +<p class="smcap2">LA CORRIDA DE TOROS</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 60%;" class="sml"> +<p style="border-bottom: 2px dotted gray; padding-bottom: 2%;"> +Madrid, cuando tus toros brincan,<br /> +Hay manos blancas que aplauden<br /> +Y mantillas que se agitan.</p> +<p> +<span style="margin-left: 6em;"><span class="smcap">A. de Musset.</span></span><br /> +</p></div> + + +<p>¡España! ¡España! ¡cuán puro y brillante es tu cielo! Santa María está +bañada en oleadas de luz; los mil balcones de sus blancas casas +centellean y arden, y los naranjos perfumados de la Alameda parecen +cubiertos de hojas de oro. A lo lejos, Cádiz, envuelta en un vapor +cálido y rojizo, que allá, sobre la arena resplandeciente de la playa, +las olas azules y transparentes iban a deshacer como un largo listón de +diamantes en espuma centelleante hecha de agua y de sol; después, en el +puerto, centenares de faluchos, de balandros, cuyas flámulas se +despliegan levantadas por una ligera brisa que circula silbando por +entre las cuerdas. El fresco olor de las algas marinas, el canto de los +marineros que despliegan las amplias velas grises aun húmedas por el +relente de la noche, el toque de las campanas de las iglesias, el +relincho de los caballos que saltan lanzándose hacia las verdes praderas +que se extienden detrás de la ciudad... todo, en fin, es música, +perfume y luz.</p> + +<p>Y el apresuramiento causado por el anuncio de una corrida de toros que +debía celebrarse el mismo día en Santa María, aumentaba aún el tumulto. +Casi toda la población de las ciudades y aldeas vecinas llena los +caminos. Allá, las calesas rojas, cubiertas de ricos dorados, vuelan +arrastradas por un caballo rápido, cuya cabeza está cargada de plumas +abigarradas y de cascabeles que resuenan a lo lejos; aquí, el pavimento +tiembla y gime bajo el peso de ocho mulas cuyos arneses resplandecen de +cifras y de escudos de armas de plata, y que arrastran un coche pesado y +macizo, rodeado de lacayos con las magníficas libreas de un grande de +España y precedido de picadores de trajes deslumbrantes.</p> + +<p>Más lejos, el portante ágil y jacarandoso del campesino andaluz. ¡Por +todos los santos de Aragón! ¡qué hermoso está con su amante a la grupa y +su airoso traje obscuro bordado en seda negra y encarnada! ¡Y esos +millares de botoncitos de oro que serpentean a lo largo del muslo y van +a detenerse por encima de sus polainas de piel de camello! ¡Con qué +vigor su pie se apoya en el amplio estribo morisco! Pero no se puede ver +su cara, porque está casi oculta entre los pliegues de la mantilla de su +andaluza.</p> + +<p>¡Por Santiago! ¡Vaya la linda pareja! ¡cómo le aprieta ella con sus dos +brazos, y con qué gracia las mangas verdes de su jubón se destacan sobre +el color sombrío de la chaqueta de su amante! ¡Qué fuego en esas pupilas +que centellean bajo unas espesas cejas negras! ¡vive Dios! ¡qué +miradas! ¡qué talle tan flexible!... ¡que la Virgen bendiga esa +complaciente basquiña con largas franjas de raso, que deja ver una +pantorrilla fina y redonda y un pie de niña!... ¡Tres veces bendita sea, +porque ha dejado ver un momento la liga azul, y su media de seda y el +pequeño puñal de Toscana que una verdadera andaluza no abandona jamás!</p> + +<p>¡Adelante! El brioso caballo galopa: sus crines negras trenzadas con +cintas encarnadas flotan sobre su cuello nervioso, y la espuma blanquea +su bocado y sus brillantes copas! ¡Adelante, muchacho! ¡que tu espuela +se hunda en el flanco de tu montura, porque tu morena de las largas +pestañas, trémula y asustada, te estrechará violentamente contra su +corazón y tú sentirás sus latidos! ¡y sus cabellos acariciarán tu frente +y su respiración abrasará tus mejillas!</p> + +<p>¡Por Santiago, adelante, joven pareja, y desapareced ante las miradas +envidiosas entre esa nube de polvo dorado!</p> + +<p>Pero ya estamos a las puertas de Santa María. Todo son apreturas y +gritos; gritos de dolor y de alegría confundidos; hombres, mujeres, +viejos, niños, están allí inmóviles, esperando con angustia el momento +de la corrida. Por fin, las barreras se abren, el pueblo se precipita y +las inmensas galerías que rodean la arena se llenan de espectadores +jadeantes de deseo y de impaciencia.</p> + +<p>—¡Plaza! ¡plaza al alcalde, a la Junta y al señor gobernador!</p> + +<p>Delante de ellos marchan los milicianos de la ciudad con sus largas +carabinas; después los guardias, que tocan sus clarines, y llevan los +pendones rojos y amarillos en los que se ven bordados los leones de +Castilla y la corona real.</p> + +<p>¡Plaza! ¡plaza a la monja! porque es la primera y la última fiesta a la +que la pobre joven asistirá. Hoy, aun pertenece al mundo, mañana ya +pertenecerá a Dios; por eso hoy está deslumbrante de pedrería, su ropa +brilla bajo las lentejuelas de plata, y cinco hileras de perlas rodean +su cuello de alabastro; también hay perlas sobre sus brazos blancos y +mórbidos, perlas y flores sobre sus bellos cabellos negros que sombrean +su pálida frente. ¡Ved, qué cosa más conmovedora! ¡con qué amor y +respeto mira a la superiora del convento de Santa María! Ni una mirada +para ese espectáculo brillante y ruidoso, ni una sonrisa para ese +murmullo de admiración que la sigue, para los homenajes que la rinde la +más alta nobleza de Sevilla y de Córdoba. Nada puede distraerla de sus +santos pensamientos. Huérfana, rica, se entrega a Dios, y en su +representación a la superiora de Santa María. Ese corazón puro e +ingenuo, teme al mundo sin conocerle, porque han querido hacerle ganar +el cielo sin combatir. Mañana, según la costumbre, esa espesa cabellera +caerá bajo las tijeras; mañana, el paño y el sayal reemplazarán a esos +brillantes tejidos; mañana quedará sometida a un juramento +inquebrantable; pero hoy, la costumbre quiere que asista a las vanidades +y a las alegrías engañadoras de un mundo que ella no conoce, como para +darle un eterno y último adiós.</p> + +<p>¡Plaza, pues! plaza a la monja que entra en su palco toda adornada y +cubierta de tela blanca sembrada de flores.</p> + +<p>¡Bravo! los clarines suenan, es la señal, y las puertas del toril se +abren; ¡un toro se precipita a la arena! Es un bravo toro salvaje nacido +en las selvas de Sanlúcar; es pardo de color; solamente una estrecha +faja blanca serpentea por su lomo. Sus cuernos son cortos, pero fuertes +y afilados; no hay acero que se le pueda comparar. Su cuello musculoso +soporta sin esfuerzo una cabeza enorme, y sus patas secas y nervudas no +flaquean bajo el peso de su pecho y de su grupa que son de una amplitud +extraordinaria.</p> + +<p>En cuanto a sus flancos, son huesudos, redondeados, y retiemblan bajo +los golpes reiterados de su larga cola, que, al herirlos, zumba como un +látigo.</p> + +<p>Cuando entró, hubo una formidable explosión de admiración, y los gritos +de <i>¡bravo, toro!</i> resonaron por todas partes. El animal se detuvo en +seco, suspendió un momento los movimientos de su cola, y miró con +extrañeza a su alrededor... Después, a pasos lentos, dio la vuelta a la +barrera que separaba la arena de los espectadores, buscó una salida, y +no encontrándola, volvió al centro del ruedo, y allí comenzó a afilar +sus cuernos y a levantar con ellos torbellinos de arena.</p> + +<p>En aquel momento se presentó un chulillo.</p> + +<p>¡Que la Virgen te proteja, hijo mío! ¡y haga el Cielo que tu hermoso +traje de raso azul bordado de plata no se tiña de rojo, como la +banderola que haces flamear ante los ojos de ese compadre que muge y se +irrita!</p> + +<p>¡Bravo, chulillo, tu patrona vela por ti! porque apenas si has tenido +tiempo de saltar la barrera para escapar del toro, cuyos ojos comienzan +a brillar como carbones ardientes.</p> + +<p>Pero, paciencia, se ve venir al picador con su larga pica y montado +sobre un valiente alazán; un ancho sombrero gris lleno de cintas cubre +su cabeza, y lleva polainas y perneras para preservarse de los primeros +ataques.</p> + +<p>¡Bravo, toro! ¡toma carrera con la cabeza baja y te precipitas sobre el +picador!... Pero él te detiene en seco, hundiéndote su excelente hoja en +el lomo. Tu sangre salta, tu muges y tu furor redobla. ¡Como hay Dios! +¡será una hermosa corrida!</p> + +<p>¡Por Santiago! ¡qué brincos! ¡qué mugidos! ¡bravo, toro! el picador +rueda derribado; su valiente caballo tiene el flanco abierto; sus +entrañas salen entre torrentes de sangre. Da algunos pasos... cae... y +muere... ¡Bien, compadre de los cuernos agudos, bien! por eso oyes +resonar los pataleos y los gritos de una alegría frenética. Yo le digo +aún: ¡como hay Dios! ¡será una hermosa corrida!</p> + +<p>¡Pero, silencio! aquí están las banderillas de fuego, ¡oh! ¡oh!... +retrocedes hacia la barrera escarbando la tierra y lanzando aullidos +terribles. ¿Qué será, pues, hijo mío, cuando ese bravo chulillo ¡que la +Virgen proteja! te hunda en el pecho esas largas flechas adornadas de +flores y cubiertas de cohetes y petardos que se encienden como por +encantamiento? ¡Toma! ¿no lo decía yo?... ¡Por el alma de mi padre!... +¡el chulillo está destripado! ¡Jesús! ¡magnífica cornada! La culpa es +suya; no se ha apartado a tiempo. ¡Bravo, toro! ¡qué noble y magnífico +estás saltando en medio de esas llamas que estallan y se cruzan! Tu +sangre se mezcla al fuego; tu piel se estremece y cruje bajo los cohetes +que serpentean y forman guirnaldas cayendo en lluvia de oro; tu rabia ha +llegado al límite, y los espectadores han huido de la primera barrera, +temiendo que la franquees, ¡y no obstante, tiene seis varas de alta!</p> + +<p>¡Condenación! ¡el matador no llega! y sin embargo es la hora. ¿Podría +estar más a punto? Jamás; porque jamás la furia de ese compadre +alcanzará un grado más elevado, y yo apostaría mi buena escopeta contra +un fusil inglés a que él perecerá. ¡Santa Virgen! ¡cómo tarda! haced que +llegue pronto.</p> + +<p>Pero, ya está aquí, es él... es Pepe Ortiz.</p> + +<p>¡Viva Pepe! ¡viva Ortiz!</p> + +<p>¡Ah!... saluda al señor gobernador, a la junta y a la monja... Se ha +quitado el sombrero y ahora se pone su redecilla roja. ¡Bueno! Después +apoya contra el suelo su ancha espada de dos filos... ¡Jesús! ¡Cuánto +oro en su traje color de naranja! ¡estoy deslumbrado! ¡oro por todas +partes!... oro hasta en sus medias y en sus zapatos... En fin, ya está +en la arena...</p> + +<p>—Mata al toro por mí, amor mío—le grita una andaluza de tez morena y +de dientes de esmalte—. ¡Por Cristo! ¡no sonrías así a tu amante!... +¡Huye, José, huye, que el toro se te echa encima!...</p> + +<p>Pero él lo espera a pie firme, con la espada entre los dientes; le +agarra uno de los cuernos y salta ágilmente por encima de él. ¡Bravo, mi +digno matador, bravo! recoge la flor de almendro que tu amada te ha +echado mientras juntaba las manos para aplaudirte.</p> + +<p>¡Pero he aquí que el toro se revuelve! ¡Virgen del Carmen! ¡mala señal! +Se detiene, ya no muge; sus piernas tendidas, los ojos sangrientos y la +cola enroscada. Encomienda tu alma a Dios, José, porque la barrera está +lejos y el toro cerca... Adelante, demonio... ¡adelante la afilada, +espada!... ¡Demasiado tarde! la espada se ha roto en pedazos, y José, +atravesado por un cuerno del toro, ha quedado clavado en la balaustrada. +Ya decía yo bien. ¡Como hay Dios! ¡será una hermosa corrida!</p> + +<p>Entonces fueron los aullidos de alegría, los gritos de admiración +convulsiva, gritos que hubieran resucitado a un muerto.</p> + +<p>—¡Bravo, toro! ¡bravo!—gritaron todas las voces de la multitud... +¿Todas?... no, una sola faltó, la de la joven de la flor de almendro.</p> + +<p>Desde hacía mucho tiempo, no se había visto semejante fiesta; el toro, +aún excitado por su triunfo, daba saltos espantosos, se encarnizaba +contra los restos sangrientos del matador y del chulillo, y los jirones +de aquellos desgraciados caían sobre los espectadores. Se estaba, pues, +en una cruel incertidumbre sobre la suerte de la corrida, porque el fin +de Pepe Ortiz había singularmente enfriado el celo de sus colegas, +cuando un incidente extraño, inaudito, dejó a la multitud estupefacta y +silenciosa.</p> + + + +<h3><a name="IIIg" id="IIIg"></a>III</h3> + +<p class="smcap2">EL GITANO</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 50%;" class="sml"> +<p> +¡Cómo hacen estremecer sus miradas<br /> +ardientes!... ¡qué hermoso es!<br /> +<span style="margin-left: 3em;"><span class="smcap">Delfina Gay</span>, «<i>Magdeleine</i>», cap. V.</span><br /> +</p></div> + + +<p>Ya sabéis que el circo de Santa María está construido a orillas del mar +y que a él sólo dan acceso dos puertas. ¡Pues, bien! De pronto se abrió +la barrera que daba frente al palco del gobernador y se presentó un +caballero.</p> + +<p>No era un chulillo, porque no agitaba en el aire el ligero velo de seda +roja, y su mano no blandía ni la larga lanza del picador, ni la espada +de dos filos del matador; no llevaba tampoco ni el sombrero adornado de +cintas, ni la redecilla, ni el traje bordado de plata. Vestido +completamente de negro, a la moda de los acróbatas, llevaba polainas de +gamo que caían en numerosos pliegues sobre su pierna, y una gorra de +marinero sobre la que flotaba una pluma blanca; montaba con una destreza +y una elegancia poco comunes, un pequeño caballo blanco enjaezado a la +morisca, lleno de vigor y de fuego; en fin, largas pistolas ricamente +damasquinadas pendían de los arzones de su silla, y él no llevaba más +que uno de esos sables cortos y estrechos que usan los marinos de +guerra.</p> + +<p>Apenas había aparecido, el toro se retiró al otro extremo de la arena +para aprestarse a combatir al nuevo adversario. Gracias a esto, el +hombre negro tuvo tiempo de hacer ejecutar algunas cabriolas a su +caballo y de apostarse al pie del palco de la mujer. ¡¡¡Y tuvo el +atrevimiento de mirar fijamente a aquella prometida del Señor!!!</p> + +<p>El rostro de la pobre joven se volvió rojo como la flor del granado, y +ocultó su cabeza en el seno de la superiora, indignada de la temeridad +del desconocido.</p> + +<p>—¡<i>Ave María</i>... qué atrevimiento!—dijeron las mujeres.</p> + +<p>—¡Por la Virgen! ¿de dónde sale ese demonio?—se preguntaban los +hombres, estupefactos de tanta audacia.</p> + +<p>De repente, resonó un grito general, porque el toro tomaba impulso para +lanzarse sobre el caballero de la pluma blanca, que se volvió, saludó a +la monja y la dijo sonriendo:</p> + +<p>—Por usted, señora, y en honor de esos hermosos ojos azules como el +cielo.</p> + +<p>Apenas acabó estas palabras, el toro embistió... El jinete, con una +prontitud maravillosamente servida por la agilidad de su caballo, dio un +bote y se encontró a diez pasos del toro, que le perseguía +encarnizadamente. Pero, gracias a su velocidad, el caballo se le +adelantaba siempre y tomó bastante ventaja sobre él para que su dueño +pudiera detenerse un momento ante el palco de la monja, y decirle:</p> + +<p>—Por usted también, señora; pero esta vez en honor de esa boca +encarnada, purpurina como el coral.</p> + +<p>El toro llegó con furia; el hombre de la pluma blanca, arrancó una +pistola del arzón, apuntó y disparó con tanta habilidad, que el toro +cayó mugiendo a los pies de su caballo. Viendo el peligro inminente que +corría aquel hombre singular, la monja había lanzado un grito penetrante +y se había precipitado sobre la balaustrada de su palco, apoyando en +ella las dos manos; él se apoderó de una, imprimió sobre ella un beso +ardiente, y continuó dirigiéndola una mirada terrible y fija.</p> + +<p>Había en aquella escena extraña tantos motivos de asombro para los +españoles, que permanecían como petrificados. Aquel traje singular, +aquel toro muerto, contra la costumbre, de un pistoletazo; aquel hombre +que besaba la mano de una semisanta, de una prometida de Cristo, todo +aquello contrastaba tanto con las enseñanzas recibidas, que la junta, el +alcalde, el gobernador, se quedaron boquiabiertos, mientras que el que +tan vivamente excitaba la curiosidad general, continuaba con los ojos +inflamados y fijos sobre la monja, que, trémula y confusa, no tenía +fuerzas para salir del palco. Era en vano que la superiora tratase de +anonadarle con toda suerte de epítetos como: ¡impío, condenado, +miserable, renegado! En vano le gritaba con el acento de la más santa +indignación: «¡Tema la cólera del Cielo y de los hombres, usted que ha +osado hacer oír palabras mundanas a unos oídos castos, usted que no ha +temblado al tocar la mano de una esposa de Dios!</p> + +<p>El miserable miraba siempre a la monja, repitiendo con admiración: «¡Qué +hermosa es! ¡qué hermosa es!»</p> + +<p>Por fin, la voz chillona del alcalde vino a sacarle de su éxtasis, tanto +más fácilmente cuanto que la monja había abandonado el palco apoyada del +brazo de la superiora, y que dos alguaciles habían sujetado la brida de +su caballo, a lo que él no opuso resistencia alguna.</p> + +<p>—Por quinta vez, usted, cualquiera quien sea, responda—decía el +alcalde—. ¿Con qué derecho ha matado usted de un pistoletazo un toro +destinado a divertir al público? ¿Con qué derecho ha dirigido usted la +palabra a una joven que mañana debe pronunciar sus votos santos e +irrevocables? En una palabra, ¿quién es usted?</p> + +<p>Y el munícipe volvió a su asiento, enjugándose la frente, miró al +gobernador con aire satisfecho y dijo a los dos alguaciles:</p> + +<p>—Tenedle bien por la brida.</p> + +<p>—¿Que quién soy?—dijo el extraño caballero levantando altivamente la +cabeza, que hasta entonces no se había podido distinguir bien.</p> + +<p>Y viéronse sus facciones de una regularidad perfecta; sus ojos eran +atrevidos y penetrantes, un bigote negro y brillante sombreaba sus +labios encarnados, y su poblada barba, que se dibujaba en dos arcos a lo +largo de las mejillas, iba a detenerse en un mentón con un hoyuelo. Su +color era pálido y mate.</p> + +<p>—¿Que quién soy?—repitió con una voz llena y sonora—, va usted a +saberlo, digno alcalde.</p> + +<p>Y apoyó vigorosamente sus espuelas en los flancos del caballo que dio +una violenta sacudida. Entonces el animal se enderezó bruscamente y dio +un salto tan prodigioso, que los dos alguaciles rodaron por el suelo...</p> + +<p>—¿Que quién soy?... ¡soy el gitano, el bohemio, el maldito, el +condenado, si usted lo prefiere, digno alcalde!</p> + +<p>Y en dos saltos franqueó la puerta y la barrera, ganó la playa que +estaba próxima y pudo verse cómo se arrojaba al mar con su caballo...</p> + +<p>Entonces ocurrió un suceso bastante raro. El nombre del gitano hizo un +efecto tal, que todos los espectadores quisieron salir a la vez y se +precipitaron hacia los vomitorios demasiado estrechos para dar paso a +aquella masa de hombres que se agrupaban en la misma dirección. Por esta +causa, las vigas de la plaza se resquebrajaron y crujieron, no pudiendo +soportar una sacudida tan violenta y toda una parte del anfiteatro se +hundió bajo los pies de los espectadores. El tumulto y el espanto +llegaron a su límite, una multitud de personas estaban amontonadas las +unas sobre las otras, y sobre todo aquellas que soportaban un peso tan +enorme, lanzaban gritos lamentables y se encomendaban al santo de su +nombre.</p> + +<p>—¡Es ese maldito, ese condenado—decían—, que ha atraído la cólera del +Cielo osando profanar a la prometida de Cristo! su presencia es un +azote... ¡Anatema, anatema sobre él!</p> + +<p>Y luego venían unas maldiciones capaces de hacer estremecer a nuestro +santo padre.</p> + +<p>En vano el alcalde y el gobernador que habían escapado al desastre, +trataban de restablecer el orden: ni siquiera podían conseguir hacerse +oír, ya que eran algunos millares de seres magullados o aplastados los +que aullaban a la vez. Las autoridades estaban ya invocando a los +últimos santos del calendario, cuando aquel inmenso montón de hombres se +disipó como por encanto. De pronto todos se encontraron de pie, pero en +muchos, los acentos de un verdadero dolor habían reemplazado a los +gritos de temor o de sorpresa.</p> + +<p>He aquí por qué:</p> + +<p>El desgraciado barbero Flores, situado en la parte más baja del circo, +se encontró entre el número de los que soportaban todo el peso de la +multitud. Después de haber hecho con sus compañeros de infortunio +increíbles esfuerzos para escapar a la presión, y viendo que las sanas y +buenas razones no podían nada sobre la indolencia de los compadres de +las capas superiores, sin pensar que con ello aumentaban el malestar de +los de abajo, el barbero Flores magullado, aplastado, articuló con pena +a algunos desgraciados que gemían como él.</p> + +<p>—Compadres, estoy convencido de que jugando el cuchillo por encima de +nosotros, a derecha e izquierda, conseguiremos despertar la sensibilidad +y la piedad de nuestros opresores, gracias a algunos rasguños que yo +después me encargaré de curar, sea con diaquilón, el ungüento, o la...</p> + +<p>Aquí se detuvo para tomar aliento, porque su desgraciado destino le +había hecho caer inmediatamente bajo el cuerpo de dos frailes y de un +carnicero.</p> + +<p>—O la balsamina—continuó respirando apenas—. Así, pues, padres míos, +absolvedme por anticipado, porque es por la salvación de todos, sobre +todo por los de abajo; y van ustedes a ver, mis reverendos, cómo la +punta de un cuchillo persuade mejor que las más elocuentes palabras.</p> + +<p>—<i>Ave María</i>, que Dios nos guarde—respondieron los dos frailes que +oprimían al barbero con toda su rotundidad monacal y que comprendieron, +por sus movimientos bruscos y agitados que aquél buscaba su cuchillo—. +En nombre del Cielo, ¡no haga usted eso, hijo mío! ¿No comprende que +sería un homicidio?</p> + +<p>—Pero, padres míos, los homicidas son ustedes... ¿no comprenden que me +están ahogando?</p> + +<p>—¡Por Cristo! A nosotros también nos ahogan.</p> + +<p>—Es por ustedes, pues, por quien voy a trabajar. Pónganse de lado, +padres míos, las heridas son así menos peligrosas, porque no se +encuentran más que las falsas costillas. En fin, yo la tengo—dijo +abriendo con dificultad su navaja.</p> + +<p>—¿Están dispuestos, compadre?</p> + +<p>—¡Jesús! no lo estamos.</p> + +<p>—¡Es igual, que Dios nos ayude!</p> + +<p>Y se puso a herir de la manera que pudo por encima de su cabeza. Los que +recibieron esta caritativa advertencia no encontraron nada más eficaz +para hacerla cesar que imitarla, y este medio incisivo, propagándose de +abajo arriba, con rapidez, tuvo bien pronto el resultado más +satisfactorio, salvo los rasguños que Flores se encargó de cicatrizar y +cicatrizó probablemente con su habilidad acostumbrada.</p> + +<p>Rehechos todos de esta violenta emoción, el primer grito fue el de +preguntar dónde estaba el maldito, y correr a la orilla. Una tartana, +con las velas rojas, empavesada como en un día de fiesta, se balanceaba +a lo lejos... Era él, no podía dudarse—. ¡Al puerto! ¡al puerto!—y se +precipitaron hacia el embarcadero para volar en su persecución.</p> + +<p>¡Pero allá, gran Dios, qué espectáculo! El pueblo español es talmente +ávido de corridas de toros, que ni un hombre, ni una mujer, ni un niño +habían quedado en la población; todos estaban en la plaza, los marinos +mismos habían abandonado sus embarcaciones, y cuando llegaron +apresuradamente, se encontraron todas las amarras cortadas y vieron a lo +lejos faluchos y balandros que el mar se había llevado al retirarse.</p> + +<p>Entonces cayó un nuevo aluvión de maldiciones sobre el gitano, y todo el +pueblo, en un movimiento espontáneo, se dejó caer de rodillas para pedir +a Dios que hiciera hundir aquella tartana, que parecía burlarse de la +llorosa multitud desplegando sus brillantes paveses de mil colores.</p> + +<p>De pronto, el cielo pareció escuchar aquella demanda, ciertamente justa, +porque dos velas aparecieron a lo lejos; las dos cortaban el viento +corriendo la una cerca de la otra, de modo que la embarcación del gitano +debía encontrarse encerrada entre las dos o bien arrojarse a la costa; +¡y cuál no fue la alegría pública cuando reconocieron a dos escampavías +del Gobierno que izaron el pabellón español, asegurándole con un +cañonazo!</p> + +<p>Entonces la tartana cambió rápidamente sus amuras, viró en redondo con +una preteza prodigiosa, pasó por entre las dos escampavías y fue a parar +fuera del alcance de sus perseguidores. Aunque la maniobra sabia y +prestigiosa de la tartana hubiera derrotado los planes de campaña y la +táctica de los espectadores de Santa María, ellos contaban siempre con +la velocidad y el número de sus atacantes para ver a su enemigo +aprehendido y arrastrado a remolque. Pero la tartana, teniendo sobre las +dos escampavías una ventaja de marcha positiva, desapareció bien pronto +detrás de la punta de la torre que avanzaba mucho sobre el mar; y no fue +hasta después de un cuarto de hora de navegación que los guardacostas +que navegaban en las mismas aguas, desaparecieron también a los ojos de +la multitud, ocultos por el promontorio.</p> + +<p>Y todo Santa María temblaba de impaciencia y de deseo por conocer el +resultado del combate que iba a librarse detrás de la montaña.</p> + + + +<h3><a name="IVg" id="IVg"></a>IV</h3> + +<p class="smcap2">LAS DOS TARTANAS</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 50%;" class="sml"> +<p> +Zarpa el balandro que se balancea<br /> +sobre las olas, y brilla en el<br /> +azul de los mares como una centella.<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><span class="smcap">Víctor Hugo</span>, «<i>Navarin</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>—¡Adelante, mi fiel <i>Iscar</i>! ¡ya lo ves, el mar está azul y el oleaje +viene a acariciar dulcemente tu ancho pecho, blanqueado por la espuma! +¡Adelante! ¡tú hundes en el agua límpida tus narices que se abren +temblorosas! y tu larga crin se cubre de perlas brillantes como gotas de +rocío. ¡Adelante! mueve aún tus corvas vigorosas que hienden las olas. +Valor, mi fiel <i>Iscar</i>, valor, porque ¡ay! los tiempos han cambiado. +¡Cuántas veces, sobre la fresca verdura del prado de Sevilla o de +Córdoba, tú alcanzabas y dejabas atrás las brillantes calesas que +arrastraban a las hermosas granadinas, morenas y rientes, con su +redecilla de púrpura que volaba al viento y su rica mantilla prendida +con broches tornasolados! ¡Cuántas veces tú has relinchado de +impaciencia cerca de la estrecha ventana cerrada por una cortina de +seda, detrás de la cual suspiraba mi Zetta! ¡Cuántas veces tú has +relinchado mientras que nuestros labios se buscaban y se oprimían +ardientes, aunque separados por el tejido celoso! Pero entonces yo era +rico; entonces el pabellón de guerra de las anchas franjas y del león +real, se izaba en el palo mayor cuando yo subía a bordo de mi fragata; +entonces la inquisición no había puesto aún precio a mi cabeza... +¡entonces, no me llamaban el condenado! y más de una vez la mujer de +algún grande de España me sonreía tiernamente cuando, en una bella tarde +de estío, yo acompañaba con mi <i>guzla</i> su voz pura y sonora. ¡Vamos, +valor, mi fiel <i>Iscar</i>, porque el pasado está lejos! Pero tú me has +entendido, porque tus orejas se levantan y tus relinchos redoblan. +¡Valor, he ahí mi tartana! he ahí mi enamorada que se balancea sobre las +olas como una gaviota se deja mecer en su nido por una onda +transparente. Pero, ¿no oyes, como yo, pitos confusos y alejados, un +rumor que viene a extinguirse en nuestros oídos? ¡Por el disco de oro +del sol! ¡es esa innoble multitud de Santa María a quien mi nombre ha +aterrado! Por lo menos he visto a esa monja por segunda vez. ¡Qué +hermosa es! ¡y mañana enterrada para siempre en el convento de Santa +María! ¡Qué crimen!... ¡y no se la robaré a Dios!</p> + +<p>Apenas el gitano pronunció estas palabras, cuando de la tartana cayó al +agua una especie de puente flotante, e inclinado, que estaba amarrado a +la borda del buque por largos brazos de hierro. El caballo apoyó +fuertemente sus patas delanteras sobre la extremidad de la plancha y de +un vigoroso salto ganó el combés que se elevaba muy poco por encima del +mar.</p> + +<p>En el interior de aquella embarcación se notaba un esmero y una limpieza +raros, y no se veía nadie a bordo, a excepción de un fraile, grueso y +rechoncho, que llevaba un hábito azul y una cuerda ceñida a la cintura; +pero el reverendo parecía presa de la mayor inquietud y angustia; armado +de un enorme anteojo, lo paseaba incesantemente sobre el espacio que +separa Santa María de la isla de León, lanzando a intervalos +exclamaciones, lamentos e invocaciones que hubieran enternecido a un +corregidor.</p> + +<p>Pero cuando hubo visto al gitano su rostro adquirió un aire que +inspiraba verdadera piedad; su frente baja y rasurada, coronada de una +línea de cabellos de un rubio pálido que parecían erizarse de furor. +Movía a un lado y a otro sus hoscos ojos, y un temblor convulsivo +agitaba sus labios y su triple barba. Por fin, habiendo hecho +evidentemente todos los esfuerzos para articular una palabra y no +habiéndolo podido conseguir, agarró al gitano por un brazo, y con el +extremo de su anteojo, que temblaba en su mano de un modo espantoso, le +designó un punto blanco que se advertía a la entrada del golfo.</p> + +<p>—¡Y bien! ¿qué es eso?—preguntó el réprobo.</p> + +<p>—¡Es... es... el... el... el guardacostas!—balbuceó el fraile con una +pena extrema.</p> + +<p>Y se oían rechinar sus dientes. Y miraba, con los brazos cruzados sobre +su pecho jadeante.</p> + +<p>El gitano se encogió de hombros, fue a sentarse sobre un empalletado y +se volvió hacia Santa María repitiendo:</p> + +<p>—¡Qué hermosa estaba!</p> + +<p>El anteojo cayó de las manos del fraile; se golpeó la frente, tuvo un +momento de recogimiento, se secó el rostro inundado de sudor, hizo un +esfuerzo sobre sí mismo como para tomar una resolución atrevida, y +dirigiéndose al comandante de la tartana, que parecía aún absorto en su +amoroso ensueño, exclamó:</p> + +<p>—¡Réprobo... renegado... condenado... apóstata, excomulgado... hijo de +Satanás... brazo derecho de Belcebú!...</p> + +<p>—¿Qué pasa?—dijo el gitano a quien este insultante exordio había +sacado de su éxtasis.</p> + +<p>—¡Pues bien! ¡tres veces maldito! yo te conjuro en nombre del superior +del convento de San Francisco que es mi dueño y el tuyo...</p> + +<p>—El mío, no, fraile.</p> + +<p>—Mi dueño y el tuyo—continuó—; te conjuro a desplegar las velas y a +tomar el portante. Ese guardacostas se aproxima y nosotros deberíamos +estar ya a la vista de Tarifa, si el infierno no te hubiera sugerido el +loco pensamiento de ir a esa maldita corrida de toros y dejarme solo, a +mí, que no entiendo nada de vuestras malditas maniobras. Y si te +hubieran preso, ¡ahora que tu cabeza está a precio!</p> + +<p>—No les temo.</p> + +<p>—No se trata de ti, por Cristo, sino más bien de mí. Si tú hubieses +sido detenido en tierra, ¿qué habría hecho yo aquí?</p> + +<p>—¡Qué quiere usted! las distracciones son tan raras en nuestro +estado... la idea de ver esa fiesta me ha sonreído, ¡y sin duda me ha +guiado mi buen ángel, padre mío!</p> + +<p>—¡No me llames tu padre, condenado! El que tú llamas tu buen ángel, +¡por San Juan! tiene el pie torcido.</p> + +<p>—Como usted quiera, no insisto en ello... En cuanto a su invitación, +hago tanto caso de ella como esto...—Y golpeó con su varilla sus botas +que chorreaban agua—. Sepa usted que esperaré no sólo ese guardacostas, +sino otro que debe llegar del Este.</p> + +<p>—¡Les esperarás! ¡virgen santa! ¡les esperarás! ¡Oh San Francisco, +rogad por mí!</p> + +<p>Y después de un momento de silencio, gritó con todas sus fuerzas:</p> + +<p>—¡Arriba todo el mundo, arriba, hermano mío! En nombre del superior de +San Francisco, yo os orde...</p> + +<p>—¡Acabemos, fraile!—dijo el condenado; y le puso una mano sobre la +boca, y con la otra oprimió tan violentamente el brazo del tonsurado, +que el desgraciado comprendió toda la significación del gesto y se +arrojó sobre el puente del navío con la expresión de ese terror mudo que +nos anonada cuando tenemos la convicción íntima de no poder escapar a un +peligro inminente.</p> + +<p>El gitano sonrió compasivamente; después miró fijamente en dirección a +la bahía de Cádiz.</p> + +<p>—¡Por las rocas de la Carniola! ¡tardas bastante tú también!—exclamó +viendo la segunda escampavía destacarse del horizonte y avanzar con +rapidez—. Llegan aquí como dos sabuesos que atacan a una corza en un +zarzal; pero los sabuesos son pesados y torpes mientras que la corza es +astuta y ligera. ¡Por sus ojos azules! la caza va a comenzar, porque se +oyen los cuernos.</p> + +<p>Era una de las escampavías que había disparado un cañonazo. A este +ruido inesperado, el desgraciado fraile dio un salto convulsivo, levantó +instintivamente la cabeza por la borda, y, viendo las dos escampavías, +la bajó rápidamente y se precipitó en el sollado haciendo repetidas +veces la señal de la cruz.</p> + +<p>El gitano se aproximó silenciosamente a la brújula, comparó su dirección +con la del viento, calculó las probabilidades de la brisa, reflexionó un +instante... después tomó un silbato de oro suspendido de su cintura, se +lo llevó tres veces a la boca, y de un salto se plantó en el +empalletado.</p> + +<p>A esta señal, diez y ocho negros subieron silenciosamente al puente. +Apenas se había oído un segundo toque de silbato, cuando la tartana +había aparejado y desplegado su antena, su bauprés y su trinquete y el +condenado manejaba la barra del timonel. Las dos escampavías se iban +aproximando, una por cada lado, y no estaban a un tiro de cañón de la +tartana, cuando ésta viró en redondo, pasó intrépidamente por entre sus +enemigos, al mismo tiempo que les enviaba una andanada, y se precipitó +en dirección a la punta de la Torre. Esta increíble maniobra no podía +intentarse más que con un navío tan velero y de una marcha tan segura; +porque antes que las dos escampavías se hubiesen colocado de popa al +viento, el gitano bordeaba ya el promontorio, que le ocultaba a los ojos +de los españoles, ocupados aún en orientarse. Es en este lugar donde los +habitantes de Santa María le perdieron de vista.</p> + +<p>A un tiro de fusil de la base de este promontorio se elevaba una cadena +de enormes bloques de granito que formaban, avanzándose hacia el mar, +los bordes escarpados de un estrecho canal que serpenteaba entre ellos y +el pie de la montaña y no tenía más salida que a través de los +rompientes más peligrosos.</p> + +<p>El gitano estaba tan acostumbrado a semejantes escollos, que se aventuró +sin temor por aquel pasaje, y después de haber navegado con una destreza +maravillosa, hizo cargar todas las velas y desarbolar largando los +obenques, que no estaban establecidos sobre un sitio fijo, sino sobre +las garruchas; de modo que al cabo de algunos minutos la tartana, que +tenía muy poco calado, había quedado lisa como un pontón y enteramente +oculta por las rocas que disimulaban el canal por la parte del mar.</p> + +<p>Una vez allí, el silbato del condenado resonó de nuevo, pero en dos +veces distintas, con modificaciones singulares.</p> + +<p>Bien pronto se oyó el ruido de unos remos que batían el agua +acompasadamente, y se vio salir de detrás de un grupo de rocas una +tartana semejante en un todo a la del gitano. En ella iba el joven de +cara femenina e imberbe que tanto había asombrado al barbero Flores. El +condenado le hizo un gesto que él pareció comprender, porque haló su +navío a lo largo de los escollos mientras la profundidad del agua no era +suficiente; luego, habiendo llegado al otro extremo del canal, después +de haber evitado hábilmente una multitud de arrecifes, el viento hinchó +sus velas y desembocó por el pasaje en el instante mismo en que las dos +embarcaciones españolas doblaban el promontorio. Cuando vieron esta +nueva tartana, forzaron las velas y se echaron sobre ella, creyendo +perseguir aún al gitano.</p> + +<p>—Sois unos valientes cazadores—decía éste tranquilamente desde su +escondite—. La corza os ha dado el cambiazo, y estás sobre una falsa +pista; y mientras que ese pavo va a cruzar en todos los sentidos para +fatigarlos y arrastraros en su persecución, la corza pondrá a buen +recaudo los ricos tejidos de Venecia, los aceros de Inglaterra y los +cobres de Alemania que tiene encerrados en su vientre. ¡Vamos, vamos! ¡a +la caza, y por esa estrella que comienza a brillar, pueda la mía ser +dichosa esta noche, porque el sol baja!</p> + +<p>En efecto, ya el sol tocaba a su ocaso, y el mar y el cielo, +confundiéndose en el horizonte inflamado, no formaban más que un inmenso +círculo de fuego. La cima de las olas centelleaba iluminada por los +largos reflejos dorados que venían a extinguirse en las sombras que +proyectaban las grandes rocas de la costa.</p> + +<p>Largo tiempo se vio a la tartana maniobrar con una agilidad sorprendente +para escapar a las dos escampavías. Tan pronto aligeraba el aparejo y +ponía la proa a través del oleaje que cubría al buque de una espuma +blanca que caía en lluvia brillante con todos los matices del arco iris +y parecía rodearle de una aureola de púrpura y azul; y allí, +pérfidamente, esperaba a sus enemigos, abandonándose a las ondulaciones +del agua... Después, cuando se aproximaban, creyendo ya echarle mano, +ponía la popa al viento, extendía sus velas como grandes alas de +púrpura, y dejaba bien lejos a los bonachones guardacostas que se habían +locamente alabado de atraparle.</p> + +<p>Tan pronto, virando en redondo y cubriéndose repentinamente de +banderolas y paveses de mil colores, corría al encuentro de sus +perseguidores. Estos se separaban inmediatamente para tomarla entre dos +fuegos, y se precipitaban activamente al combate. Pero la tartana, como +una coqueta, inconstante y caprichosa, reanudaba su rumbo primitivo, y a +la velocidad de todo su velamen, iba a sumergirse en las oleadas de luz +que abrazaban la atmósfera, desesperando así a los honrados guardacostas +que se apuntaban un nuevo fracaso. En fin, después de dar numerosas +pruebas de su superioridad maniobrera y de marcha y fatigar a las +escampavías, conseguía arrastrarlas bien lejos del lugar donde el gitano +contaba llevar a cabo su desembarco.</p> + +<p>Porque la maldita tartana cumplió tan bien sus instrucciones, que poco a +poco el vapor fue velando a las tres embarcaciones que se hundieron en +la bruma y desaparecieron cuando el sol no arrojaba ya más que una +claridad sombría y rojiza, y las estrellas comenzaban a brillar.</p> + +<p>En aquel momento, el gitano, inclinado sobre la borda de su tartana, +escuchaba con oído atento un ruido cadencioso que resonaba pesadamente +como el paso de muchos caballos.</p> + +<p>—¡Ellos son, por fin!—exclamó.</p> + + + +<h3><a name="Vg" id="Vg"></a>V</h3> + +<p class="smcap2">LA BLASFEMIA</p> + +<p class="rsml"> +¿No eres, pues, más que un fraile llorón?<br /> +<span style="margin-left: 6em;"><span class="smcap">J. Janin</span>, <i>Confesión</i>.</span><br /> +</p> + + +<p>No se podía descender de la cima de la montaña de la Torre, más que por +un sendero estrecho tallado en la roca, que daba una serie de rodeos. La +pendiente del camino era casi menos rápida, pero se necesitaba mucho +tiempo para llegar hasta la playa.</p> + +<p>A la entrada de este sendero apareció un hombre a caballo, al que se +distinguía difícilmente a la pálida luz del crepúsculo; se detuvo de +pronto, pareció conferenciar con algunos de sus compañeros, sin duda +ocultos entre los áloes, y después arrojó al aire un cigarrillo +encendido que describió una ligera faja de fuego.</p> + +<p>Cuando la misma señal hubo partido de la tartana, aquel hombre continuó +su marcha seguido de una docena de españoles, también a caballo, que +avanzaron con precaución por entre las numerosas rampas de aquel difícil +camino. Los unos llevaban sombrero, los otros una redecilla o un simple +pañuelo de colores vivos cuyos extremos flotaban sobre sus hombros; pero +todos tenían el color atezado, los ragos duramente característicos y el +aspecto poco tranquilizador que distingue a los contrabandistas de +tierra que operan en el litoral andaluz. Sus caballos iban cargados con +dos anchos cofres cubiertos de una tela alquitranada, de una ligereza +extraordinaria, pero tan grandes, que el jinete no podía montar más que +sobre la grupa, donde se sentaba como un timbalero delante de sus +timbales; además, pieles de carnero rodeaban sus cascos, de modo que era +imposible oírlos cuando marchaban al paso.</p> + +<p>Llegados a la playa, a dos tiros de fusil de la tartana, el jefe de +aquellos hombres detuvo su caballo y dijo a sus compañeros:</p> + +<p>—¡Por la silla de mi patrón!—aquí se quitó el sombrero—; hijos míos, +a la claridad de la luna que se levanta, yo no veo sobre el puente del +navío más que al maldito con su gorra y su pluma blanca.</p> + +<p>—¿Dónde está, pues, el hermano?</p> + +<p><span class="smcap">Una voz.</span>—Si el hermano no está presente, ni un real de esas mercancías +entrará en mis cofres, ¡Dios me salve! pero el superior del convento de +San Juan hace muy mal en emplear a semejante descreído para desembarcar +su contrabando, y aunque tenga allí un fraile para bendecirlo y para +borrar las garras de Satanás, soy de opinión que tarde o temprano +seremos castigados por traficar con un excomulgado. ¡Amén!</p> + +<p><span class="smcap">El jefe.</span>—¿Y crees que no temo, como tú, la cólera de la Virgen al tocar +unas mercancías que ¡por Santiago! huelen más a azufre que a cera?</p> + +<p><span class="smcap">Un filósofo</span> (<i>que había sido cocinero</i>)—.¡Pero pensad, compadres, +pensad que en todas las tiendas del camino las cambiarán por buenos +dóllares de a cuatro sin preocuparse de si huelen a azufre o a cera!</p> + +<p><span class="smcap">El jefe.</span>—¡Cállate, impío!</p> + +<p><span class="smcap">El filósofo.</span>—Después de todo, no son los exorcismos del reverendo los +que le quitarán el olor, si es que lo tienen; a mí que me den las +mercancías endiabladas, si son más baratas, y yo hago mi negocio; porque +soy de opinión...</p> + +<p>—<i>¡Ave María purísima!</i> compadeced al blasfemo—dijeron los +contrabandistas persignándose y estremeciéndose de horror.</p> + +<p>Muchos fervientes católicos hasta se buscaron sus cuchillos.</p> + +<p>El gitano, que no concebía la causa de este retraso, reiteró la señal +con el cigarrillo encendido.</p> + +<p>—¡Cuánto tiempo perdido!—dijo el filósofo, y avanzó por el agua hasta +poder ser oído de los de la tartana—: ¡Señor condenado, señor +maldito!—gritó con aire burlón—, ¿ha olvidado usted que estas santas +gentes no se acercarán si el reverendo, con su presencia, no tranquiliza +las conciencias tímidas de estos corderos?—Y volvió a unirse a sus +compañeros que le maldecían.</p> + +<p>El gitano se golpeó la frente y dio un silbido.</p> + +<p>—¡El hermano!—dijo a un negro que se mostró a la entrada de la +escotilla.</p> + +<p>El negro desapareció y volvió solo al cabo de un instante, haciendo un +signo negativo con la cabeza.</p> + +<p>—¡Pues bien, izadle!</p> + +<p>El negro entonces, con una prontitud admirable, levantó una antena de la +que ató una polea y una cuerda, descendió al sollado y tres minutos +después se vio al reverendo elevarse majestuosamente, cernerse un +momento por el aire y, descendiendo en un vuelo audaz, tomar tierra al +lado del condenado, que le desembarazó amablemente de las cuerdas y +garfios de que había sido rodeado aquel nuevo Icaro.</p> + +<p>Viendo la ascensión del fraile, los contrabandistas, que esperaban en la +playa, habían gritado <i>gloria in excelsis</i> y se habían arrodillado, +creyendo que era un milagro; pero el filósofo rió mucho de su +simplicidad.</p> + +<p>Cuando el nuevo Icaro estuvo de pie, midió con la vista al gitano con el +aire más digno y más despreciativo que le fue posible, casi como el +mártir mira a su verdugo.</p> + +<p><span class="smcap">El Gitano.</span>—Dispénseme, padre, si le he ayudado a subir, pero esos +honrados contrabandistas esperan con impaciencia que usted ejerza su +sagrado ministerio.</p> + +<p>Y le mostró el grupo que observaba atentamente lo que pasaba a bordo.</p> + +<p><span class="smcap">El fraile.</span>—¡De cuánta caridad cristiana no he de estar dotado para +consentir en pasar días enteros con un apóstata, con un réprobo de la +peor especie, y todo para purificar lo que tu herético y satánico +contacto ha manchado; a fin de que los cristianos puedan servirse de +esas mercancías sin temer la cólera del Cielo!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—¡Qué quiere usted, padre mío! Su superior me paga bien y me +emplea para desembarcar los objetos de contrabando de que el convento +está abarrotado; me emplea porque sabe que nadie mejor que yo conoce las +revueltas y los escondrijos de esta costa, y que, si me prenden, en nada +he de comprometerle... Pero ¡anatema, como usted dice, anatema! estoy +maldito. Ya se sabe... y como los españoles, aun siendo contrabandistas, +son demasiado religiosos para comprar cualquier cosa que haya tocado un +excomulgado, le envían a usted para que bendiga estas ricas telas, estos +brillantes aceros, a fin de que quede tranquila la conciencia de los +compradores y de aligerar la cueva del convento. En fin, aunque en +pequeño, somos Dios y el diablo.</p> + +<p><span class="smcap">El fraile.</span>—¡Miserable!... ¡renegado!... ¡descreído!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Además, usted hace un honrado comercio con esas buenas +gentes, porque les vende un poco demasiado caro sus bendiciones y sus +exorcismos, que, aquí entre nosotros, no hacen la seda más fina ni el +acero más flexible.</p> + +<p><span class="smcap">El fraile.</span>—¡Hijo de Satanás! ¡infame condenado!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Pero como vuestro gracioso soberano paraliza todas las +industrias y prohíbe todo aquello que no deja fabricar, el contrabando +se hace indispensable; los frailes lo explotan con Gibraltar, y los +españoles pagan doble lo que podrían fabricar en casa. A mí me hace esto +mucha gracia.</p> + +<p><span class="smcap">El fraile.</span>—¡Execrable réprobo! yo...</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—¡Basta, fraile, esas gentes te esperan! Ve a cumplir tu +obligación, porque el tiempo pasa y la noche avanza.</p> + +<p>—¡Perro maldito! ¡mi obligación!... ¡mi obligación!...—murmuró el +fraile ganando la orilla por medio de un puente lanzado desde la +tartana, y por el cual también el gitano había bajado, montado sobre su +caballito que habían izado desde la cala, lo mismo que al reverendo.</p> + +<p>Mientras que el gitano se ocupaba en hacer desembarcar las mercancías, +el reverendo se había aproximado a los contrabandistas.</p> + +<p>—¡La paz sea con vosotros, hermanos míos!—les dijo.</p> + +<p>—¡Amén!—respondieron ellos, besándole el hábito.</p> + +<p><span class="smcap">El fraile.</span>—Ya veis, hijos míos, cuán cara me es vuestra salvación, y...</p> + +<p><span class="smcap">El filósofo.</span>—Es decir: nos es cara... a nosotros. ¡Pero Dios haga que +ese capital, colocado aquí en <i>oremus</i>, nos proporcione allá arriba la +vida eterna!</p> + +<p>—¡Silencio, el hereje!—gritaron.</p> + +<p>El fraile hizo un gesto despreciativo y continuó:</p> + +<p>—¡Cuán cara me es vuestra salvación!... porque yo me expongo a pasar +días enteros con ese hijo de Satanás, para que Dios no se irrite de +vuestras relaciones con él.</p> + +<p>—Y para hacer su pacotilla—repuso el incorregible filósofo.</p> + +<p>—Por eso os bendecimos, padre mío—gritaron los otros contrabandistas a +fin de ahogar aquella impertinente interrupción.</p> + +<p><span class="smcap">El fraile.</span>—¡Jesús! hijos míos, yo lamento tanto como vosotros el que +esa tartana sea mandada por un renegado; pero ese renegado es el único +hombre, es decir, el único descreído, que conoce bien esta costa. ¡Ay! +¡no presentarse un cristiano!</p> + +<p>—Oiga, padre mío—dijo el hombre víctima de la distracción de Flores, +el hombre de la evacuación sanguínea—, oiga, ¿es una buena acción +librar al mundo de un pagano?</p> + +<p>—¡Se gana el Cielo, hijo mío!</p> + +<p>—Gracias, padre mío—y se alejó.</p> + +<p>En aquel momento, el gitano había descendido de su caballo, y permanecía +absorto en sus reflexiones, mientras que los negros acababan el +desembarque. Su fiel <i>Iscar</i> se revolcaba sobre la arena y mojaba sus +largas crines, cuando de pronto dio un brinco y lanzó un relincho que +hizo volver bruscamente a su dueño y le sacó de su ensimismamiento.</p> + +<p>En aquel momento, el cuchillo del marino se levantaba sobre el pecho del +gitano; éste asió al asesino por la garganta con tal prontitud y fuerza, +que no pudo ni lanzar un grito. El cuchillo cayó de sus manos; sus ojos +giraron en sus órbitas y sus dedos quedaron rígidos; poco a poco se +fueron aflojando, sus brazos cayeron a lo largo del cuerpo, sus piernas +se debilitaron, y cayó estrangulado. Sus compañeros creyeron que se +trataba de un fardo.</p> + +<p>—¡De rodillas, hijos míos!—dijo el fraile a los contrabandistas.</p> + +<p>Todos se arrodillaron, menos el filósofo, que miraba la luna silbando el +<i>Trágala</i>.</p> + +<p>Entonces el fraile, armado de un hisopo, se aproximó a los fardos y dio +una vuelta alrededor de ellos diciendo:</p> + +<p>—¡Atrás, Satán, atrás! y que este signo de redención purgue a esas +mercancías de la mancha que la herejía ha impreso en ellas. ¡Atrás, +Satán, atrás!</p> + +<p>Y echó torrentes de agua bendita sobre las cajas.</p> + +<p>—Las moja demasiado; va a estropearlas—dijo el filósofo.</p> + +<p>—¡Silencio!—gritaron todos a la vez.</p> + +<p>—¡Atrás, Satanás!—dijo otra vez el fraile—. Ahora, hermanos míos, ya +podéis tocar esos objetos.</p> + +<p>Los contrabandistas le rodearon apresuradamente, y él sacó un largo +papel de su cintura.</p> + +<p>—Esas seis balas, hijos míos, son de sederías venecianas cuyas muestras +podéis ver a la luz de este farol. ¡Ved qué hermosos colores! ¡y qué +tejido tan suave y tan apretado! La pondremos a dos doblones la vara, +hijos míos.</p> + +<p>—¡Oh! ¡padre mío!</p> + +<p>—Tened en cuenta que ya está bendecida, hijos míos.</p> + +<p>—¡Por los cuernos de Satanás! el sello de la aduana del Cielo nos +cuesta más caro que la de Cádiz—exclamó el maldito filósofo.</p> + +<p>—¡Cállate, miserable!—dijo el fraile.</p> + +<p>—Pero, reverendo, ¡dos doblones!</p> + +<p>—Si es regalado, hijo mío. Ya se los cuesta al superior.</p> + +<p>Y la discusión iba a entablarse, cuando, de lo alto del sendero, acudió +corriendo un hombre presa de la mayor agitación; era el pescador Pablo.</p> + +<p>—¡Por la Virgen, huid!—exclamó—, ¡huid! los aduaneros me persiguen; +hemos sido traicionados por el marino Punto. El ha indicado el lugar del +desembarque al alcalde de Vejer; le ha prometido matar al gitano y le ha +prometido además aumentar el desorden que produciría su muerte, largando +las amarras de la tartana para dar tiempo a los aduaneros de llegar y de +cortaros la retirada.</p> + +<p>—¡Muera! ¡muera Punto!—y los cuchillos brillaron.</p> + +<p>—Eso no es todo—añadió—; los crímenes y las profanaciones del maldito +recaerán sobre vosotros, y el señor obispo ha ordenado que os prendan o +que os den muerte como a los lobos de la sierra, por haberos unido a un +renegado.</p> + +<p>—¿El santo pastor cambia sus ovejas por lobos? ¡Qué milagro!—añadió el +filósofo.</p> + +<p>—Así, pues, ¡huid!... ¡huid!... no habrá cuartel para vosotros.</p> + +<p>—¡Muera Punto el traidor, muera!—y todos los cuchillos salieron de sus +vainas.</p> + +<p>—Ya está muerto—dijo el gitano empujando el cadáver con el pie—. De +modo que, cargad de prisa vuestras mercancías, porque la marea sube y el +cielo se cubre de nubes; y una vez que hayáis visto brillar allá arriba +las carabinas de los aduaneros, tendréis que escoger entre el fuego y el +agua, hijos míos.</p> + +<p>Después dio un silbido prolongado, y todos los negros, habiendo vuelto a +la tartana, retiraron el puente y marcharon a lo largo de las rocas que +formaban el borde opuesto del canal. El condenado permaneció en la +playa, montado sobre su fiel <i>Iscar</i>.</p> + +<p>—Ya se lo decía siempre al superior—gritaba el fraile—. Prevenga al +señor obispo de que el condenado está a su servicio, y así él obrará en +consecuencia. Nada... él ha querido ocultárselo, y he aquí lo que +ocurre.</p> + +<p>Y dirigiéndose al gitano, le preguntó con inquietud:</p> + +<p>—¿Por qué haces alejar tu embarcación? ¿es que tendremos que abordarla +a nado?</p> + +<p>—¿Y de qué nos serviría la embarcación ahora padre mío? No puedo ir con +niebla por entre esos rompientes.</p> + +<p>—Pero al menos estaríamos en seguridad, en el caso en que los aduaneros +bajasen para sorprendernos; y, ¡por Cristo! no podrían aproximarse a la +tartana entre esos peñascos y esas olas. Haz poner el puente.</p> + +<p>El gitano, sonriendo, hizo un gesto negativo que aterró al fraile.</p> + +<p>Los contrabandistas no habían tomado parte en esta discusión; tal prisa +se daban a embalar las mercancías que contaban obtener a mejor precio, +gracias a este incidente. El filósofo, sobre todo, cargaba de tal modo a +su caballo, que el desgraciado animal se doblegaba bajo el peso de las +mercancías; no obstante, el filósofo continuaba acumulando fardo sobre +fardo, mientras murmuraba:</p> + +<p>—Una vez en el camino de Vejer, será preciso que Dios te preste las +alas de un serafín para que me alcances, fraile.</p> + +<p>Y su caballo llevaba, al menos, una tercera parte de la carga de la +tartana.</p> + +<p>—¡Ah! ya caigo—dijo el fraile a quien el signo del gitano había +asustado mucho—, ya caigo; el señor capitán se queda con nosotros, +porque conoce una salida secreta que puede ayudarnos a salir de esta +ensenada sin necesidad de subir por ese camino, tan alto como la escala +de Jacob. El señor capitán me lo ha dicho cien veces, ahora lo recuerdo.</p> + +<p>Al acabar estas palabras, sus dientes se entrelazaban; estaba tan pálido +como un cadáver, y no obstante quiso sonreír y miró al excomulgado con +el aire más humilde y más amable.</p> + +<p>El rostro del gitano adquiría una expresión equívoca, cuando, al +fogonazo de un tiro que partió de lo alto de la montaña, se vio a los +aduaneros que se preparaban y tomaban posiciones. Toda esperanza de +retirada por aquel lado se había perdido.</p> + +<p>—¡Virgen santa!, ¡sálvenos, señor capitán, sálvenos!—dijo el fraile—; +¡la salida! ¡Señor! ¡indíquenos la salida!</p> + +<p>—¡La salida!—repitieron los contrabandistas con espanto, sin saber de +lo que se trataba.</p> + +<p>—¿Qué salida?—preguntó el gitano—. Usted está soñando, padre mío, y +me temo que sea un mal sueño; porque los aduaneros empiezan a bajar y +las balas silban. ¡Oiga!...</p> + +<p>—¡Pero, Dios mío! Usted me había dicho que en medio de esas rocas +existía un paso oculto que daba a la costa, un paso que podía darnos el +medio de salir de esta, ensenada que ya el mar va cubriendo... ¡Virgen +santa! ¡por todas partes rocas cortadas a pico!—exclamó el fraile +desesperado, mirando por encima de su cabeza.</p> + +<p>—¡Por todas partes rocas cortadas a pico!—repitió el gitano.</p> + +<p>—Vamos, reverendo, un milagro; éste es el momento—dijo el filósofo que +miraba dolorosamente su caballo tan ricamente cargado.</p> + +<p>Muchos tiros partieron de nuevo de la cima de la montaña, pero las balas +caían muertas; porque los aduanares se aproximaban lentamente y estaban +aún muy lejos, a causa de las vueltas que daba el sendero. La luna +brillaba en medio de un hermoso cielo, y su dulce claridad alumbraba en +todos sus detalles aquel curioso cuadro.</p> + +<p>—¡Cuánto me gusta una hermosa noche de verano!—dijo el gitano—; las +flores se abren para aspirar la frescura del aire, y sus perfumes nos +llegan más suaves. ¿Sentís, hermanos míos, el rico olor de los áloes y +de los naranjos?</p> + +<p>Una nueva descarga interrumpió este inconveniente monólogo, pero esta +vez cayó un contrabandista.</p> + +<p>—¡En nombre de Cristo! tú debes salvarnos ¡en nombre de Dios, yo te lo +ordeno!—gritó el fraile enseñándole el cielo.</p> + +<p>Este movimiento resultó hermoso, pero no produjo ningún efecto, porque +el gitano respondió riendo:</p> + +<p>—¡En nombre de Dios, de Dios!... ¿qué se figura usted, padre mío? No +bromee, pues. El momento es grave, ¡grave!... vea usted a ese cristiano +que se retuerce y pierde su sangre.</p> + +<p>A la risa espantosa del gitano se unió el ruido del mar, que ascendía, +y empequeñecía cada vez más el espacio donde se oprimía aquel puñado de +hombres.</p> + +<p>Los contrabandistas se persignaron temblando. Uno de ellos tomó su +escopeta y la dirigió contra el gitano. El fraile se precipitó sobre él. +¡Desgraciado! ¡sólo él puede salvarnos! ¡sólo él conoce la salida!</p> + +<p>Viendo aquel movimiento hostil, el gitano había entrado en el mar que ya +cubría el pecho de su caballo.</p> + +<p>—He ahí a los aduaneros que bajan las últimas rampas, hijos míos, y ya +sabéis que ahora las balas hacen daño—dijo el maldito señalando al +contrabandista herido de muerte.</p> + +<p>Los demás se echaron entonces a los pies del fraile.</p> + +<p>—¡Padre mío, ruegue por nosotros!</p> + +<p>Y el fraile y ellos se prosternaron gritando:</p> + +<p>—¡San Juan, San Juan, rogad a Dios por nosotros!</p> + +<p>Y se golpeaban el pecho, mientras que al resplandor de las descargas, se +veía al gitano, a caballo, y aquella figura extraña, cuyas proporciones +la noche parecía doblar, se destacaba en negro con vivos reflejos de +color de fuego sobre una lluvia de espuma deslumbrante de blancura.</p> + +<p>Los fogonazos se sucedían sin interrupción; un segundo contrabandista +cayó, y se oían ya las voces de mando de los aduaneros.</p> + +<p>El espanto del fraile había llegado al límite; se arrastró hasta la +orilla del mar, y allí, arrodillado en el agua, gritó al gitano con el +acento del más profundo terror. ¡Sálvame, sálvame!</p> + +<p>¡Y el fraile lloraba!</p> + +<p>—¡Por el alma de tu padre, sálvanos! ¡te daremos tanto oro que podrás +llenar tu tartana!—aullaron los contrabandistas.</p> + +<p>E imploraban con las manos juntas, mientras que tres de ellos se +revolvían en las últimas convulsiones de la agonía.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¡Dios mío!—balbuceó el fraile.</p> + +<p>Y el desgraciado se retorcía los brazos y se revolcaba sobre la roca +ensangrentada.</p> + +<p>—¡Dios está sordo!—dijo el gitano—; invoca a Satanás.</p> + +<p>Y se echó a reír.</p> + +<p>—¡Atrás, atrás, blasfemo!—respondió el hermano levantándose +horrorizado.</p> + +<p>Pero el mar adelantaba de tal modo, que las olas iban a romperse a sus +pies y les cubrían de espuma.</p> + +<p>—Invocad a Satanás, y os salvaré. Detrás de esas rocas hay una salida +secreta oculta por una piedra; ella os pondrá al abrigo de los +aduaneros. Aun estáis a tiempo, porque ahora no os ven—dijo el gitano, +que ya estaba a flote con su caballo.</p> + +<p>Y los contrabandistas interrogaban cada roca con desesperación, y el +fraile, con la mirada fija y el rostro lívido, hizo un movimiento de +horror pensando en la proposición del maldito... Después, no obstante, +pareció vacilar.</p> + +<p>Y esto es concebible, porque en aquel momento, aunque ya no se veía a +los aduaneros, se oía el ruido de sus armas y los preparativos de las +baterías que armaban.</p> + +<p>—¡Pues bien!—dijo el fraile en su delirio—, ¡pues bien! Satanás, +sálvanos, ¡porque tú no puedes ser más que Satanás!</p> + +<p>—¡Sí, Satanás, sálvanos!—gritaron los demás con un acento de terror +indefinible.</p> + +<p>Y jadeante, con los ojos fijos y chispeantes, esperaban.</p> + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>El gitano se encogió de hombros, volvió la cabeza de su caballo del lado +de la tartana, y la ganó a nado en medio de una granizada de balas, +cantando una antigua canción mora del <i>Hafiz</i>:</p> + +<p>—¡Oh! permites, encantadora niña, que yo envuelva mi cuello con tus +brazos, etc., etc.</p> + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>Los contrabandistas se quedaron anonadados.</p> + +<p>—¡Fuego! ¡por Santiago! ¡Fuego! Tirad sobre el caballo y sobre la pluma +blanca, y sobre el mismo bandido—gritaba el oficial al que se +distinguía perfectamente, porque su tropa se había parapetado detrás de +una rampa, y desde allí hacía un fuego nutrido y continuo sobre los +contrabandistas.</p> + +<p>Porque los que quedaban de estos negociantes sin patente, no tenían más +que elegir que entre el fuego y el agua, como había dicho el gitano.</p> + +<p>—¡Fuego! ¡fuego sobre esos descreídos!—repetía el oficial para +estimular a su gente—; el señor obispo ha prometido indulgencias para +esta Cuaresma, y puesto que el jefe se nos escapa, aniquilemos al resto +de la banda. ¡Fuego!...</p> + +<p>—Pero, capitán, veo a un religioso...</p> + +<p>—¡Infame! se ha disfrazado. ¡Fuego!</p> + +<p>—¡Por San Pedro! fuego, pues. ¡Por usted, reverendo!</p> + +<p>El fraile recibió el tiro en el pecho y cayó de rodillas. No quedaban +más que dos, él y el filósofo, también herido. Los otros habían sido +muertos, se habían ahogado entre los rompientes al querer ganar a nado +la tartana, o arrastrados por las olas.</p> + +<p>—¡Hijos míos!—gritaba el fraile—, soy un religioso de San Juan +enviado por el superior; ¡piedad en nombre de Cristo! ¡piedad!</p> + +<p>Y se agarraba a las agudas puntas de la roca.</p> + +<p>—Esto quiere decir—balbuceó el filósofo recibiendo una segunda y +mortal herida—que si yo hubiera de creer en algo, no creería ni en Dios +ni en el diablo, porque he llamado a los dos... y... y...</p> + +<p>Sus brazos se abrieron; dejó el trozo de granito que oprimía con fuerza, +abrió desmesuradamente los ojos... y desapareció.</p> + +<p>—¡Gracia! ¡gracia! ¡Dios mío! ¡me ahogo!—aulló el fraile que se +debatía entre las olas.</p> + +<p>—¡Cómo!—dijo el oficial—, ¡aun vive el impío! ¡fuego, pues, por +Santiago!</p> + +<p>Tres disparos de carabina partieron a la vez; el hábito azul del +reverendo flotó un instante, y después ya no se vio nada, nada... ni +caballos, ni hombres, ni fraile... nada más que olas espumosas que +habían invadido ya la primera rampa del sendero e iban a estrellarse +con gran estrépito contra la segunda.</p> + +<p>Sólo el gitano se había salvado.</p> + +<p>—¡Por Cristo! su tartana va a estrellarse contra los escollos—exclamó +el oficial—. Dios es justo, y puesto que sale del canal contra la +marea, su pérdida es segura.</p> + +<p>En efecto, el condenado bordeaba intrépidamente aquel paso, que el furor +de las olas debía hacer impracticable.</p> + + + +<h3><a name="VIg" id="VIg"></a>VI</h3> + +<p class="smcap2">LA MONJA</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 40%;" class="sml"> +<p> +¡Ah! este corazón ha descendido<br /> +vivo a la tumba, y las austeridades<br /> +del sombrío convento no me han preservado<br /> +de una mirada criminal. En<br /> +vano he llorado amargamente.<br /> +<span style="margin-left: 2em;"><span class="smcap">Delfina Gay</span>, «<i>Madame de la Vallière</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>Ciertamente, si yo fuese monje, y tuviese que elegir un convento, +elegiría el de Santa Magdalena; es un digno convento, triste y sombrío, +situado a orillas del mar, a siete leguas de Tarifa. Al Norte, el Océano +golpea sus muros; al Sud, lagunas impracticables; al Oeste, rocas +cortadas a pico; pero al Este... ¡ah! al Este, una bella pradera verde, +atravesada por un riachuelo que serpentea y brilla al sol como una larga +cinta plateada; y luego, las violetas y las clemátides que perfuman sus +bordes, las palmeras de largas flechas y los almendros que dan sombra. Y +luego, en medio de la llanura, la encantadora aldea de la Pelleta, con +su alto campanario, blanco y esbelto, sus casas albas y su ramillete de +naranjos y de jazmines. Y después, más lejos, las montañas obscuras de +Medina, cuyas vertientes están cubiertas de olivos y de tejos...</p> + +<p>Os lo repito, si yo fuese monje, no elegiría otro convento que el +convento de Santa Magdalena.</p> + +<p>¡Y los días de fiesta, pues! los jóvenes van a bailar casi bajo sus +muros, y no negaréis que, para una pobre reclusa, es un gran placer oír +el restallido embriagador de las castañuelas bajo los ágiles dedos de +los andaluces... y ver los movimientos lentos y tranquilos del bolero... +al majo perseguir a su maja que le huye y le evita... después se +aproxima a él y le arroja un extremo de su corbata que él besa con +transporte, y se envuelve una mano, mientras que con la otra hace +resonar sus castañuelas de marfil.</p> + +<p>Agitad, agitad vuestras castañuelas, jóvenes, porque la cachucha +reemplaza al bolero. ¡La cachucha! ¡he aquí una verdadera danza +andaluza, una danza ardiente y animada, vertiginosa y lasciva! Id... +id... rodead con vuestro brazo amoroso la cintura de vuestra amante, y +arrastradla rápidos y estremecidos al son del instrumento sonoro. Id... +su seno palpita... su ojo brilla, y el viento levanta su negra cabellera +y deshoja su guirnalda de flores; después, murmuraréis a su oído:</p> + +<p>—Amor mío... cuán dulce me será respirar esta noche a tu lado el +perfume de los almendros...</p> + +<p>Y ella se lanza más vivamente aún, y su brazo os ha oprimido tan +fuertemente que habéis sentido su corazón brincar bajo su mantilla.</p> + +<p>Vaya, no temas, muchacha, tu madre no ha oído nada, y esta noche, +después del rosario, cuando tu abuelo te haya besado en la frente, +trémula, inquieta, tus piececitos desflorarán el césped, y te detendrás +veinte veces, conteniendo la respiración. Por fin, te sentarás, +palpitante, al pie de ese bello almendro florido, cuyas hojas +relucientes reflejarán la dulce claridad de la luna. Allí, de pronto, +dos fuertes brazos te envolverán. ¡Virgen santa! ¡qué atrevimiento! Pero +entonces, valerosa muchacha, tú no tendrás miedo.</p> + +<p>Ya el son de las castañuelas es más opaco, el sol se pone, la cachucha +vertiginosa ha cesado, las jóvenes regresan a su aldea y ríen, y cantan, +alisándose con la mano los rizos sedosos de sus húmedos cabellos.</p> + +<p>Ahora no diréis como yo que es un digno convento el convento de Santa +Magdalena; porque, en fin, figuraos una pobre joven encerrada en él, con +sus diez y ocho años, sus ojos negros y su corazón español que late bajo +su escapulario.</p> + +<p>A primera hora, maitines, una larga plegaria en una iglesia sombría y +helada; después vísperas, después la misa, después la novena, después el +<i>Angelus</i> ¿y qué sé yo?</p> + +<p>Por toda distracción, dos horas de paseo en el jardín del viejo +claustro. ¿Conocéis un jardín de claustro? grandes encinas negras y +silenciosas, un césped raquítico encuadrado en verjas de cañas, y el sol +a mediodía; eso es todo.</p> + +<p>Así, confesad, que cuando un día de fiesta se ha podido escapar de la +iglesia para ir a su celda, ¡el corazón late desahogado y alegre!</p> + +<p>La reclusa entra en ella, cierra cuidadosamente la puerta, y ya está en +su casa. ¡En su casa! ¿comprendéis esta palabra? cuatro paredes +desnudas, pero blancas; un crucifijo de ébano encima de una mesita de +nogal cubierta de flores; una reja que da sobre la verde pradera; una +cama estrecha, sobre la cual se puede soñar. Francamente, con todas esas +riquezas y vuestros recuerdos de niña, ¿envidiaríais la suerte de la +camarera mayor de la reina de todas las Españas?</p> + +<p>Pues, no obstante, una joven está allí sola; el crucifijo, la mesita, la +reja, la cama, el perfume dulce y tenue, todo lo tiene; pero ella no +mira ni la pradera, ni el baile, ni el sol que se oculta +resplandeciente.</p> + +<p>Oculta la frente entre sus manos y las lágrimas ruedan a través de sus +dedos.</p> + +<p>Ya podemos figurárnoslo: era la monja que asistió a la corrida de toros.</p> + +<p>Ya no brillaban encima de ella el raso ni las pedrerías como el día en +que se despidió del mundo. ¡Oh! ¡no! un amplio sayal de burdo paño +envolvía su lindo talle como una mortaja, sus largos cabellos negros, +habían sido cortados, y los que le quedaban estaban ocultos tras la +blanca toca que dibujaba su frente cándida, más blanca aún. Pero, ¡Santo +Dios! ¡qué pálida estaba! sus ojos azules, tan bellos y tan puros, +estaban rodeados de un ligero círculo amoratado, en el que las venas +surcan la piel suave y rosada.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¡perdón! ¡perdón!—dijo, y se dejó caer de rodillas sobre +el duro suelo.</p> + +<p>Algún tiempo después se levantó con las mejillas purpurinas y los ojos +brillantes.</p> + +<p>—¡Huye! ¡huye, peligroso recuerdo!—exclamó precipitándose hacia la +reja—. ¡Oh! ¡oh! ¡aire! ¡me abraso! ¡Oh! quiero ver el sol, los +árboles, las montañas, esos bailes, esa fiesta. Sí, quiero ver esa +fiesta, ser absorbida completamente por ese espectáculo brillante. +¡Dichosos ellos! ¡Bravo, joven! ¡qué ligereza! ¡qué gracia! ¡cómo me +gustan el color de tu basquiña y las trenzas de tu moño! ¡qué bien hace +esa flor azul en tus cabellos rubios! Pero tú te aproximas a tu +pareja... ¡Guapo mozo! sus ojos te miran con amor... <i>El</i> también tenía +una dulce mirada, pero...</p> + +<p>Y se calló, ocultando su cabeza entre las manos; porque su corazón latía +con tal fuerza, que parecía querer saltársele del pecho. Después, +reponiéndose, y hablando de prisa, como si hubiera querido escapar a un +recuerdo que la oprimía:</p> + +<p>—¡Qué brillante está el sol! ¡Jesús! ¡qué hermoso matiz de púrpura con +reflejos de oro! ¡qué tornasolado tan magnífico y tan raro! Tan pronto +parece una elegante torre morisca con mil cresterías, ahora es un globo +de fuego; pero sus contornos varían siempre, y se presentan +destacados... ¡Virgen del Carmen! se diría que es un rostro humano... +Sí... esa ancha frente... y esa boca... ¡Oh! no... sí... Jesús... ¡es +<i>él</i>!...</p> + +<p>Y jadeante, había caído de rodillas, con las manos juntas, en una +especie de éxtasis, ante aquella imagen fantástica, que el vapor fue +revelando, se borró poco a poco y desapareció del todo.</p> + +<p>Cuando ya no vio más que un horizonte inflamado, se levantó en un +violento paroxismo, y se arrojó sollozando sobre la cama.</p> + +<p>—¡<i>Él</i>!... ¡siempre <i>él</i>... <i>él</i> en todas partes!—exclamó con un gesto +de desesperación—. ¡Horror! cuando me prosterno ante tu imagen sagrada, +¡oh Cristo! tus divinas facciones se borran... y es <i>él</i> a quien veo... +¡<i>él</i> a quien adoro!... Sí, muda y confusa, quiero escuchar a la +superiora, cuando lee un libro santo; pues bien, su voz parece +debilitarse y desaparecer y es a <i>él</i> a quien oigo; porque el sonido +armonioso de sus palabras vibra siempre en mi corazón... ¡Horror! en +fin, si me arrastro penitente al tribunal divino, allí también está +<i>él</i>... porque mi amor es el único crimen de que pueda acusarme.</p> + +<p>Se echó a llorar.</p> + +<p>—¡Un crimen! ¿es verdaderamente crimen? ¡Oh madre mía! si no hubieses +muerto, estarías conmigo; yo tendría mi cabeza sobre tus rodillas y +tú... acariciarías con tus manos mis cabellos largos y rizados; y me +dirías si es un crimen, porque yo te lo confesaría todo. Ya ves, madre +mía, me habían dicho que yo sería dichosa en el convento, pero que para +esto era preciso abandonar el mundo; dije que sí, porque entonces aún no +sabía lo que era el mundo... Y después me vistieron y me adornaron como +una santa y me llevaron a una fiesta en la que un toro mató a dos +cristianos—así me dijeron—, porque yo permanecí oculta en el regazo de +mi superiora durante todo el tiempo que duró aquel horrible +espectáculo... Pero de pronto, un grito de extrañeza resonó y yo levanté +la cabeza... era... era <i>él</i>. Sí, <i>él</i>... que fijó sobre mí una +mirada... que me matará; y <i>él</i> me dijo la primera vez, ¡oh, lo estoy +oyendo aún: <i>Por usted señora, y en honor de sus hermosos ojos, azules +como el cielo</i>. Después, rápido, se revolvió... y yo me estremecí a mi +pesar... La segunda vez, me dijo con la misma voz, con la misma mirada, +sonriéndome y saludándome con la mano derecha: <i>Por usted también, +señora, y en honor de esa boca encarnada, purpurina como el coral</i>. Y +con intrepidez esperó al monstruo cuyos cuernos estaban tintos en +sangre, y lo abatió a sus pies... El espanto se había apoderado de mí, +puse las manos en la balaustrada del palco, tanto temía por <i>él</i>; porque +me parece que si <i>él</i> hubiese sido herido, yo habría muerto. Entonces +<i>él</i> se apoderó de mi mano, ¡oh!, bien a mi pesar, madre mía... y la +besó, sí...</p> + +<p>Sus ojos se cerraron. Apoyó la cabeza sobre la almohada y continuó en +voz baja y con palabras entrecortadas:</p> + +<p>Y—quizá tú me dirás, madre mía: «Mi rosita, ¿le amas tú, pues? Bien, +entonces os prometeréis y Dios os bendecirá». ¡Oh! sí, prometidos... +Mira a mi novio, ¡qué hermoso es!... Flores, flores por todas partes... +He ahí a mis compañeras con sus largos velos blancos... ¿no oyes el +grave sonido del órgano... y la multitud que repite como yo: «¡Qué +hermoso es el novio!» ¡Oh! llega el viejo sacerdote... su mano tiembla +al unirnos; ya es mío, es mi esposo ¡es mi esposo... ¡Oh! madre mía, +quédate, quédate... ¿Me dejas?</p> + +<p>—Tu esposo está contigo, ángel mío.</p> + +<p>—¡Madre mía! ¡mi buena madre!</p> + +<p>Dichosa joven, dormía. ¿No es, repito, un digno convento, el convento de +Santa Magdalena?</p> + + + +<h3><a name="VIIg" id="VIIg"></a>VII</h3> + +<p class="smcap2">EL LEVANTE</p> + +<p class="rsml"> +...¡La muerte!<br /> +<span class="smcap">Cervantes</span>, «<i>Don Quijote</i>».<br /> +</p> + + +<p>El levante es un viento del Este; cuando sopla, palidecen hasta los +marinos más intrépidos. No es una de esas inocentes brisas que levantan +olas como montañas, ¡no!; el mar se eleva muy poco, porque es tal la +fuerza del levante que rechaza las olas, que las nivela por el poder de +presión que ejerce la columna de aire sobre la superficie del agua.</p> + +<p>Pero también es preciso que el timonel vele a la barra ¡Virgen santa! ¡y +que vele bien si no quiere ver al navío desaparecer entre un torbellino!</p> + +<p>Después, el sol brilla, el cielo queda limpio, de un azul magnífico, con +lindos matices de un rosa vivo, que producen el más encantador efecto.</p> + +<p>Las embarcaciones de un tonelaje elevado, tal como navíos, fragatas y +corbetas, aun maniobrando con mucha prudencia, tienen mucho que temer de +ese viento; pero las goletas, tartanas y faluchos, tienen todas las +probabilidades posibles de zozobrar.</p> + +<p>Si el peligro es grande durante el día, debe ser inmenso durante la +noche, sobre todo cuando se bordea cerca de las costas, que con +frecuencia son atravesadas por corrientes de una velocidad de cuatro o +cinco nudos.</p> + +<p>Era, pues, de noche, y el levante que soplaba sobre la costa, erizada de +rocas, era un poco más violenta que no lo fue cuando el memorable +vendaval de 1797, que hizo naufragar a todas las embarcaciones fondeadas +en la rada de Cádiz; todo pereció, personas y buques.</p> + +<p>Era uno de esos temibles huracanes durante los cuales los marineros se +quedan lívidos y creen en Dios.</p> + +<p>Las estrellas brillaban, las olas, al chocar unas contra otras, +desprendían tantas luces fosforescentes, que aquella vasta llanura, de +un negro sombrío, aparecía casi iluminada por millares de chispas +azuladas, y verdaderamente, salvó el levante que mugía más que el +trueno, era un hermoso espectáculo.</p> + +<p>Las dos escampavías que habían salido a la caza de la figurada tartana +del gitano, bailaban sobre aquella sima abierta.</p> + +<p>Habían arriado sus gavias, sus foques, su vela mayor, y huían con el +viento de proa sólo con el aparejo de mesana; había sido amarrada la +barra del timón, y los sesenta y tres hombres que componían las dos +tripulaciones, estaban muy ocupados en el sollado poniéndose a bien con +Dios. Como no había ningún sacerdote presente, se confesaban los unos a +los otros.</p> + +<p>La confesión es una cosa admirable en sí misma, en tierra, por ejemplo, +en una iglesia de aldea donde las vidrieras dejan penetrar un alegre +rayo de sol, cuando vais a partir para una larga campaña, y vuestra +abuela está allí arrodillada, llorosa, haciendo arder un cirio bendito +que ha dedicado a Nuestra Señora: ¡oh! sí, entonces, la confesión al +oído de un juicioso y virtuoso sacerdote de cabellos blancos, que, al +salir del confesionario y apoyando su brazo trémulo sobre el vuestro, os +dice: «Hijo mío, vamos a ver a mis ovejas que bailan bajo los sauces +allá abajo, al borde del arroyo, y de pasada llevaremos una botella de +buen vino al pobre viejo Juan Luis, el protestante.»</p> + +<p>De este modo, sí, comprendo la confesión; pero a bordo, en medio de una +tempestad, cuando únicamente a fuerza de brazos se puede escapar a una +muerte inminente, cuando las olas se estrellan con furia contra la +embarcación, cuando a cada momento se ve desaparecer una vela, cuando +los palos se inclinan y crujen, cuando el oleaje se abate y muge sobre +el puente, lo arrolla todo y arrastra hombres, vergas, botes... ¡oh! +entonces la confesión es una práctica por lo menos fuera de uso y sin +utilidad ninguna para virar en redondo o para largar una gavia.</p> + +<p>Quedamos en que a bordo de las dos escampavías habían sido amarradas las +barras del timón; las dos embarcaciones navegaban en las mismas aguas, y +como nadie, absolutamente nadie, había quedado sobre el puente, la +gracia de Dios cuidaba de ellas; y esto, en la práctica, resultaba +bastante mal, porque la escampavía <i>Urna de San José</i>, a consecuencia +del ángulo que su barra formaba con su quilla, se dejó ir violentamente +sobre su compañera la <i>Bendición de Nuestra Señora de los Siete +Dolores</i> y la abordó por la popa, y como la parte de detrás de un buque +acostumbra ser menos resistente que la anterior, la <i>Bendición de +Nuestra Señora de los Siete Dolores</i> recibió el bauprés de la <i>Urna de +San José</i>, en la obra muerta, que se abrió y dio libre acceso a una vía +de agua que echó a pique a la escampavía y a los sesenta confesados y +confesores.</p> + +<p>Ya veis que la confesión no vale nada en semejantes ocasiones.</p> + +<p>Pero la escampavía no se hundió rápidamente.</p> + +<p>La <i>Urna de San José</i> sintió, a la espantosa conmoción que +experimentara, que algo extraordinario pasaba en su exterior, y fue +enviado un grumete, que se disponía a confesar su sexagésimo tercero +pecado, para que se enterase de lo ocurrido. Montó en el acto, +arrastrándose por el puente, vio el bauprés enteramente destrozado, y a +un tiro de fusil a la otra escampavía, con la popa hundida, elevar su +proa, donde se habían refugiado los tripulantes que quedaban.</p> + +<p>El capitán del buque que se hundía, puso sus dos manos ante su boca en +forma de trompa, y por medio de esta bocina improvisada dijo no sabemos +qué cosa al grumete que tuvo la atención de formar también con su mano +una especie de trompeta acústica.</p> + +<p>Pero desgraciadamente la <i>Bendición de Nuestra Señora de los Siete +Dolores</i> estaba bajo el viento y el grumete no entendió ni una palabra; +pero como le habían dicho que <i>viese</i> lo que ocurría, se acurrucó en un +rincón y miró.</p> + +<p>Algunos de los náufragos se arrojaron al mar; pero ¡por el ángel de San +Pedro! había que nadar contra viento y marea para llegar a la +escampavía, que no obstante no estaba lejos. Imposible. Se ahogaron, +pues, los imprudentes, después de haber sido cegados por el remolino de +las olas, que les azotaba y les ensangrentaba la cara.</p> + +<p>El grumete veía todo esto a la luz de su farol, tratando de no perder ni +una convulsión, ni un rechinar de dientes a fin de ser exacto en su +relación, pero rogaba a Dios por ellos; ¡el pobre y digno muchacho!</p> + +<p>Bien pronto, la proa de la escampavía se hundió también, y los que +sobrevivieron a este desastre se subieron al palo de mesana, el único +que había quedado en pie, y era cosa curiosa ver este palo, sobre el +cual las cabezas de aquellos hombres estaban agrupadas, y que se me +perdone la imagen como las cerezas sobre esos ligeros bastones que tanto +placen a los niños.</p> + +<p>Esta viga, cargada de hombres, no permaneció ni diez minutos fuera del +agua; pero durante esos diez minutos ¡qué drama más terrible!...</p> + +<p>Al final no quedaron más que dos sobre el palo, dos hermanos, según +creo, gente piadosa y juiciosa; pero el instinto vital se sobrepuso a la +fraternidad; cuando eran niños ¡oh! se amaban mucho. El más hermoso de +los frutos era el que ellos se ofrecían, y cuando uno cometía una falta, +su madre tenía que castigar a los dos, porque el uno no quería acusar al +otro. Más tarde se enamoraron de la misma mujer, y la mataron para que +no perteneciese a ninguno de los dos. Eran españoles, perdonadles. Por +esta causa fueron condenados a cinco años de galeras; el mayor consiguió +escaparse, pero no habiendo conseguido favorecer la evasión de su +hermano, volvió a ingresar en presidio, por no querer abandonar a aquel +ser querido.</p> + +<p>En fin, dos valientes y leales camaradas, si los hay; pero, ¿qué +queréis? enfrente de la muerte está permitido sentirse un poco egoísta.</p> + +<p>El palo sobresalía aún unos seis pies del agua, y, para el que ocupaba +la parte más elevada de él, era una altura comparable a las de las +montañas más altas, porque en aquellos momentos decisivos, un minuto de +existencia era un año... una pulgada de terreno, era una legua.</p> + +<p>El hermano mayor, que, no obstante, ocupaba el sitio inferior, sintiendo +la frescura del agua, que le oprimía como un círculo de hierro helado, +hizo un violento esfuerzo, y se agarró a las rodillas del menor.</p> + +<p>Este, que oprimía el palo con todas las fuerzas convulsivas de la +agonía, intentó apoyar su pie sobre el pecho de su hermano para +ahogarle... ¡Desesperación! ¡Imposible! Se apretaba las rodillas como un +torno.</p> + +<p>Y, cosa rara, aquellas dos cabezas, que tantas veces se habían +alegremente sonreído y tiernamente besado, allí se seguían con ojos de +odio, se mataban con la mirada.</p> + +<p>En fin, el que ocupaba lo alto del palo, lo abandonó un instante.</p> + +<p>El otro advirtió el movimiento, y se soltó también.</p> + +<p>Es lo que el pequeño esperaba. Le arrojó los dos brazos alrededor del +cuello, no suavemente como otras veces y diciéndole: «Buenos días, +hermano», sino con frenesí. De modo que le estranguló oprimiéndole la +garganta contra un tope de la mesana con un cabo de cuerda que flotaba. +¡Crimen inútil! sólo el pensamiento se extinguió en aquel cuerpo, porque +los brazos del cadáver estrechaban siempre las rodillas del fratricida, +hasta que desaparecieron los dos.</p> + +<p>Cuando el grumete no vio nada más, se frotó los ojos, miró aún otra vez +y bajó para contar lo que había presenciado, causando gran extrañeza, +pero le dejaron con la palabra en la boca, con la promesa de que le +dejarían acabar otra vez su relación, y el encargado del cuarto de +babor, subió al puente por orden del capitán. El viento soplaba con un +poco menos de violencia, pero la noche era clara; colocose un buen +marinero en la barra del timón para evitar la deriva, y continuó la +embarcación con rumbo al Oeste.</p> + +<p>Hacía algún tiempo que se dejaban llevar en esta dirección, cuando el +marinero de guardia gritó:</p> + +<p>-¡Barco a estribor!</p> + +<p>Se precipitaron todos a la luz de los faroles y pudieron ver a la +tartana completamente desmantelada, ¡a la tartana que perseguían desde +la víspera! ¡a la tartana causa primera de todos sus desastres!</p> + +<p>—¡Por fin!—aulló el capitán—, la Santa Virgen nos protege y Dios es +justo. ¡Vas a pagar, maldito, la muerte de nuestros hermanos!</p> + +<p>Y a pesar de la impetuosidad del viento, intentó sesgar.</p> + + + +<h3><a name="VIIIg" id="VIIIg"></a>VIII</h3> + +<p class="smcap2">LA «URNA DE SAN JOSÉ»</p> + +<p class="rsml"> +¿Por miedo?... No, señor...<br /> +<span class="smcap">Calderón.</span><br /> +</p> + + +<p>—¡Santiago! ¡Santiago!—gritó el capitán de la <i>Urna de San José</i>—. +¡Santiago! haz que los artilleros ocupen sus piezas.</p> + +<p>—Capitán... yo...</p> + +<p>—¡Cualquiera diría que tiemblas!...</p> + +<p>—No, capitán, pero el levante ha alterado mis nervios...</p> + +<p>—¡Por Cristo! ¿Qué se diría si se viese al teniente del navío que yo +mando temblar como una gaviota entre un temporal? Vamos, artilleros, a +vuestras piezas; ¡y vosotros, rumbo hacia la tartana, que Satanás +confunda! Cuando hayamos cambiado de disposición le largaremos una +andanada. ¡Que Dios me ayude!... el levante cede... ¡Ah! ¡por la Virgen! +¡será una hermosa fiesta para el pueblo de Cádiz verte entrar con +hierros en las manos y en los pies, con tu tripulación de demonios, +perro maldito!—decía el honrado Massareo mostrando el puño a la tartana +desamparada, silenciosa y sombría, que se balanceaba al movimiento de +las olas.</p> + +<p>Sí, sí—continuó Massareo—, ¡por San José! ¡conozco tus astucias! te +meneas menos que una boya para que me ponga a tu alcance... Entonces tú +arrojarías, a mi pobre barco una andanada de azufre que nos haría arder +lindamente... ¡o me jugarías alguna otra pasada diabólica! Pero Dios +protege al viejo Massareo. Más de una vez ha escapado con los ricos +galeones de Méjico a los garfios de esos malditos ingleses, que, no +obstante, no tienen nada de tontos, ¡los herejes!—y se persignó.</p> + +<p>Después, dirigiéndose, al timonel:</p> + +<p>—No vayas contra el viento; orza, orza, torpe, y piensa en virar en +redondo.</p> + +<p>El levante disminuía sensiblemente, y se veía, por las nubes que +avanzaban rápidamente desde el horizonte y por las oscilaciones de la +brisa, que el viento cambiaba de dirección. Las estrellas aparecieron +veladas, y la noche, de clara que era, se tornó sombría. La tartana +estaba sumergida en la obscuridad; solamente un punto luminoso brillaba +en su popa, en la dirección de la cámara; pero no se oía el más ligero +ruido a bordo, ni se veía a nadie sobre el puente.</p> + +<p>El capitán del guardacostas, habiendo efectuado dichosamente su cambio +de amuras, se dejó ir sobre la tartana, hasta una distancia de medio +tiro de pistola. Entonces llamó a su teniente Santiago, pero éste, +creyendo que se trataba de mandar el fuego, había desaparecido con la +rapidez del relámpago.</p> + +<p>—¡Santiago!—repitió.</p> + +<p>—Señor capitán, está en el fondo de la cala; dice que le ha enviado +usted para que vigile cómo sacan la pólvora.</p> + +<p>—¡El miserable! ¡Por Santiago! que le traigan muerto o vivo; y tú, +Alvarez, dame mi bocina de combate.</p> + +<p>Entonces el bravo Massareo volvió hacia el barco mudo el enorme orificio +del instrumento y gritó:</p> + +<p>—¡Ah de la tartana!... ¡ah!</p> + +<p>Después bajó la bocina, se llevó la mano a la oreja para no perder ni +una palabra, y escuchó atentamente.</p> + +<p>Nada... Profundo silencio...</p> + +<p>—¿Eh?—dijo al primer contramaestre que estaba cerca de él.</p> + +<p>—No he oído nada absolutamente, señor capitán, a no ser una especie de +gemido; pero, ¡por el Cielo! no se fíe usted, vale más que les hable a +cañonazos; ese lenguaje lo entenderán perfectamente, ¡por San Pedro!, +porque nuestro valiente almirante Galledo, que Dios tenga bajo su brazo +derecho—aquí se quitó su gorra—, nuestro valiente almirante decía +siempre que ésta era la lengua universal, y que...</p> + +<p>—¡Paz, Alvarez, paz! cállese el viejo congrio. Me ha parecido ver +moverse alguna cosa sobre el puente.</p> + +<p>Y de nuevo, empuñando la inmensa bocina, gritó:</p> + +<p>—¡Ah de la tartana!... ¡ah!... enviad una embarcación, si no os echo a +pique...</p> + +<p>—Como perros malditos que sois—añadió Alvarez.</p> + +<p>—¡Te callarás! pueden haber hablado, y tu necia lengua que va tan de +prisa como el gato de un cabrestante, me ha impedido oír nada—dijo el +capitán con una volubilidad colérica, repitiendo por tercera vez—: ¡Ah +de la tartana!... responded o hago fuego.</p> + +<p>Esta vez se distinguió un gemido prolongado que no tenía nada de humano, +y que hizo estremecer al capitán Massareo.</p> + +<p>—Capitán, si usted quiere creerme—dijo Alvarez, persignándose—, +enviémosles una andanada y viremos en redondo; porque veo el fuego de +San Telmo que revolotea en su popa, y ¡por la Virgen! no se está bien +aquí.</p> + +<p>—¡Esto es demasiado!—exclamó Massareo—. ¡San Pablo, rogad por +nosotros! ¡Vamos! ¡por la gracia de Dios! Artilleros, a vuestras piezas; +armad vuestras baterías. Bien. Haced la señal de la cruz. Bien. Ahora +¡fuego!... ¡fuego a estribor!...</p> + +<p>La andanada partió, y el fogonazo, iluminando un instante la tartana, +proyectó sobre las aguas un vivo reflejo de luz.</p> + +<p>Después, cuando el humo blancuzco de la pólvora se hubo disipado, se vio +al navío inmóvil, silencioso, con su punto luminoso a popa, obscurecido +de cuando en cuando por una sombra que pasaba y repasaba en la cámara.</p> + +<p>—¿Y bien, Alvarez?—preguntó Massareo que no comprendía la obstinación +del barco cañoneado.</p> + +<p>—Señor, todas las balas le han caído encima y el maldito no se menea. Y +sin embargo, hay gente a bordo, lo juraría por mi rosario.</p> + +<p>—El caso es espinoso—dijo Massareo con inquietud—; voy a hacer correr +una bordada, mientras que yo, tú, Pérez y ese poltrón de Santiago, cuyo +consejo es sin embargo muy provechoso, nos reunimos para deliberar +acerca de lo que hay que hacer.</p> + +<p>Viraron en redondo dirigiéndose hacia el Este; se envió a buscar a +Santiago, se reunieron los cuatro miembros de la asamblea, y comenzó la +discusión.</p> + +<p>Ningún plan había sido adoptado, cuando el prudente Santiago exclamó:</p> + +<p>—Con la protección de la Virgen, he aquí lo que yo haría; armaría una +chalupa, me aproximaría a la tartana maldita y entraría al abordaje... +¡Eh, compadres! ¿qué les parece?</p> + +<p>A los compadres también se les había ocurrido este medio, el único que +razonablemente podía emplearse, pero se habían guardado muy mucho de +decir esta boca es mía, porque sabían que el que propusiera esta medida +sería naturalmente encargado de ejecutarla. La inconcebible temeridad de +Santiago les sacó de su embarazo y no tuvieron más que una voz para +alabar y felicitar al autor de aquel admirable plan de campaña, que vio, +pero demasiado tarde, en qué peligrosa situación se había colocado.</p> + +<p>—El Cielo le ha inspirado, Santiago, dele las gracias—dijo el capitán.</p> + +<p>—¡Hermano Santiago, qué dichoso eres!—exclamó Alvarez golpeándole +amistosamente la espalda—. ¡Por Cristo! es una hermosa ocasión para +ascender a oficial. ¡No estar yo en tu lugar! ¡Cuánta gloria vas a +recoger ejecutando tu audaz proyecto! ¡¡¡Abordar al maldito!!! Venderán +tu retrato por las calles de Cádiz y te sacarán canciones. ¡Dichoso +mortal!</p> + +<p>Y se precipitó por la escalera que conducía a la cala silbando un +motete.</p> + +<p>—¡Pero—exclamó el desgraciado Santiago, trémulo y aturdido—, yo no he +dicho que...!</p> + +<p>—Usted tendrá más probabilidades para abordar al maldito atacándole por +estribor, hijo mío—le dijo gravemente el artillero Pérez—; por babor +trae desgracia, y he aquí probablemente lo que la pasará: Se acerca +usted a cierta distancia... tiran contra usted... Perfectamente, +compadre... Se aproxima aún más... y desde lo alto de las vergas le +tiran un puñado de balas que caen sobre su chalupa... Muy bien, +compadre. Entonces, con la agilidad que usted debe poseer, usted y su +gente, tratan de aferrarse a los portaobenques, a las escalas y a todo +lo que esté a su alcance... Perfectamente, compadre. Pero he aquí que +¡por todos los santos del paraíso! mientras que estáis agarrados a la +borda, se abre de pronto una escotilla y os encontráis frente a la nariz +con una docena de anchos esmeriles cargados hasta la boca de balas, +clavos y lingotes que, como usted puede suponer, hacen un fuego del +infierno y matan por lo menos a las tres cuartas partes de sus hombres. +Entonces los que quedan, si es que queda alguno, se lanzan ágilmente al +abordaje como gatos salvajes, el puñal entre los dientes y la pistola en +la mano; viene una lucha cuerpo a cuerpo, se mata, se muere... pero +siempre se recoge gloria y... esto es todo. ¡Por los dolores de Nuestra +Señora, que no esté yo en su lugar! ¡oh! sí, ¡que no esté yo en su +lugar, hijo mío!—repitió lanzando un ardiente suspiro, pero +desapareciendo velozmente en el sollado.</p> + +<p>—¡Pero, Santa Virgen!—exclamó Santiago que había estado a punto de +interrumpir veinte veces al artillero Pérez—, pero ¡por la corona de +espinas de Jesucristo! si yo he dado ese consejo, no ha sido para +ejecutarlo yo mismo, y puesto que envidian mi lugar...</p> + +<p>—No, Santiago—repuso el bravo Massareo—, eso sería una injusticia; +esa misión le pertenece de derecho, y usted la tendrá, Santiago, usted +la tendrá. Sería llevar la delicadeza demasiado lejos.</p> + +<p>—Usted ha sembrado, justo es que recoja—dijo otro.</p> + +<p>—Sin duda, hace falta mucho valor, sangre fría, agilidad y sobre todo +mucha suerte para llevar a cabo una empresa tan peligrosa; pero con la +ayuda de Dios y de su patrón, Santiago, usted saldrá de ella con honor, +o bien morirá con la muerte de los valientes, lo que no es dable a todo +el mundo. Vamos, hijo mío, cumpla bien, que Dios y su jefe tienen la +vista fija en usted—dijo el capitán.</p> + +<p>—¡Pero, por todos los santos de la capilla de la catedral de +Cádiz!—exclamó Santiago pálido de cólera y de temor—, yo quiero al +instante...</p> + +<p>—No puedo por menos que alabar semejante prisa, Santiago. Voy, pues, a +dar las órdenes oportunas para hacer armar la chalupa. Nada le faltará: +puñales, hachas, picas de abordaje, esmeriles, balas, cartuchos de +metralla. Esté tranquilo, hijo mío, que yo velo con la solicitud de un +padre... Vamos, vamos, modere ese ardor, y, como un verdadero español, +piense en Dios, en su rey y en su dama, si es que usted la tiene. +Piense, pues, cuál será su alegría, cuando le vea volver moribundo, +cubierto de heridas y seguido de la multitud que gritará: «¡Es él, es el +vencedor del gitano! ¡es el valeroso Santiago!» ¡Ah! hijo mío; si mi +cargo no me obligase a permanecer a bordo... ¡muerte de mi vida! no +tendría usted esa misión. ¡No, por Santiago! yo se la habría disputado.</p> + +<p>Y tomaba el mismo camino que los demás miembros del consejo, cuando +Santiago le retuvo por el brazo gritando:</p> + +<p>—No, capitán, no; preferiría mejor no descubrirme en la iglesia, no +arrodillarme ante el Santo Sacramento, faltar a mi rosario, que ir a +bordo de ese condenado barco, de ese barco donde Satanás tiene su corte; +y además—continuó con tranquilidad, muy convencido de haber encontrado +un argumento sin réplica—, además, mi religión me prohíbe el contacto +de los excomulgados y de los apóstatas.</p> + +<p>—¿Quién habla de eso, hijo mío?—dijo el capitán persignándose—; soy +demasiado buen cristiano, aprecio demasiado la salvación del cuerpo y +del alma de mis marineros para exponerlos así.</p> + +<p>—En hora buena, capitán, eso es; cuide sobre todo de la salvación del +<i>cuerpo</i>, ¿entiende usted? del cuerpo de sus marinos, es lo más +importante—dijo Santiago un poco más tranquilo.</p> + +<p>—Hijo mío—repuso el capitán—, usted no me ha comprendido; yo estoy +lejos de exigir de usted que estrangule al descreído con sus propias +manos. ¡Virgen santa! no, sin duda; ese contacto me hace estremecer de +horror; pero la bala de su mosquete o la hoja de su puñal evitará esa +mancilla a sus cristianas manos.</p> + +<p>Santiago, más exasperado aún por la decepción que experimentaba, +exclamó:</p> + +<p>—¡Ni el hierro, ni el plomo, ni yo daremos muerte a ese excomulgado! +¡No iré a bordo, por las mil llagas de San Julián, no, no iré!—añadió +golpeando violentamente el suelo con el pie.</p> + +<p>—Santiago, amigo mío—dijo fríamente el capitán—; tengo el derecho de +vida y muerte sobre todo hombre de mi tripulación que se me rebele o se +niegue a ejecutar mis órdenes.</p> + +<p>Y diciendo esto, le mostró dos pistolas que había sobre el cabrestante.</p> + +<p>Ante aquella espantosa alternativa, Santiago prefirió el abordaje, y +descendió a la chalupa que le esperaba, con la sombría resignación del +hombre a quien llevan a la muerte.</p> + +<p>Al alejarse de la escampavía, el desgraciado Santiago, acordándose de +los consejos y las predicciones de Pérez, que el miedo había grabado en +su mente, esperaba a cada momento una súbita descarga de mosquetería. Se +acercó, no obstante, a lo largo de la tartana, sin que se oyese ni un +solo disparo. Entonces, arrojando su amarra, recomendó su alma a Dios, +porque, según los informes topográficos y precisos del artillero, era en +aquel momento cuando las amplias bocas de los esmeriles debían hacer un +<i>fuego del infierno</i>.</p> + +<p>Esperó, pues, y besó su rosario exclamando:</p> + +<p>—¡De rodillas, hermanos míos, somos muertos!</p> + +<p>Los diez hombres que le acompañaban, aprovechando a todo evento esta +advertencia, se arrojaron al fondo de la chalupa.</p> + +<p>Silencio, siempre silencio. No se oía... no se veía nada... más que la +luz que brillaba siempre en la cámara, y que de cuando en cuando +aparecía obscurecida por una sombra que la ocultaba.</p> + +<p>Santiago, un poco más tranquilo, se atrevió a levantar la cabeza, pero +la bajó prontamente al oír un crujido de la tartana, y luego la volvió a +levantar, sin ver esmeriles ni escotillas.</p> + +<p>Como nada da tanta tranquilidad como un peligro pasado o evitado, +Santiago se enderezó presa de un ardor marcial, y trepó a bordo de la +tartana seguido de sus diez hombres, a quien su ejemplo electrizaba. +Llegados al puente, no encontraron más que despojos, jarcias destrozadas +por el viento, un desorden, en fin, que anunciaba que aquel buque había +sufrido cruelmente los efectos del levante. Pero de pronto se oyó un +ruido desordenado en el sollado.</p> + +<p>Los diez marineros y el segundo de la <i>Urna de San José</i> se miraron +palideciendo; no obstante, gritaron con voz un poco temblorosa, es +verdad:</p> + +<p>—¡Viva el rey! ¡Adelante la <i>Urna de San José</i> y el valiente Santiago!</p> + +<p>Porque los compañeros de armas del valiente Santiago, que se apretujaban +los unos contra los otros, al oír aquel ruido imprevisto, se aproximaron +tan bruscamente a él, que el desgraciado héroe fue precipitado por la +escotilla que tenía a sus pies, y desapareció.</p> + +<p>Sus marineros, tomando aquella caída por una prueba de abnegación y de +intrepidez, siguieron al nuevo Curcio a los gritos de ¡viva Santiago! y +saltaron en el sollado como los carneros de Panurgo.</p> + +<p>Santiago se había levantado prontamente, y aprovechando el error de sus +hombres, les dijo en voz baja:</p> + +<p>—Hijos míos, el valor y la sangre fría no son nada; ya habéis visto +todos que, aun a riesgo de caer sobre millares de picas o de sables, me +he precipitado ciegamente en el sollado... eso es audacia, +sencillamente.</p> + +<p>—¡Viva nuestro Santiago!—repitieron los marinos.</p> + +<p>—Callaos, hijos míos, en nombre del Cielo, callaos; lanzáis unos gritos +capaces de asustar a las gaviotas. Guardaos vuestros ¡viva Santiago! +para más tarde. Ya gritaréis eso en la plaza de San Antonio. Será de un +gran efecto; pero, mientras tanto, veamos el medio de forzar el reducto +de esos condenados.</p> + +<p>Y mostraba la cámara en la cual se hacía siempre un ruido infernal. De +pronto, como si se le ocurriese una idea súbita, exclamó:</p> + +<p>—¡Amigos míos, armad vuestras carabinas!... ¡Fuego sobre ese tabique!</p> + +<p>Lo que había decidido sobre todo a Santiago a esta maniobra, es que +encontrándose necesariamente detrás de su tropa, se vería libre del +primer choque de la salida que podrían intentar los sitiados.</p> + +<p>—¡Fuego! ¡y que el Cielo nos ayude!—repitió empujando a su pelotón.</p> + +<p>Y sonó la descarga.</p> + +<p>A una distancia tan corta, las balas, llegando en masa sobre el tabique, +lo hundieron en parte, y antes de que los marineros hubiesen vuelto a +cargar sus armas, una masa espantosa les derribó y pasó por encima de +ellos lanzando horribles mugidos.</p> + +<p>—¡Desconfiad!—gritaba Santiago, que estaba guarecido detrás de uno de +sus valientes al que hacía servir de escudo—; desconfiad, es una +astucia de guerra; quieren caer de improviso sobre nosotros; volved a +cargar las armas.</p> + +<p>—Señor teniente—dijo uno de los marinos—, ¡pero si el sitiado tiene +el más hermoso par de cuernos que jamás cristiano alguno haya tenido +plantados sobre la cabeza!...</p> + +<p>—¡Apresad al monstruo!—gritó Santiago retrocediendo con su escudo +viviente—, es el condenado, apresadle... <i>Vade retro, Satanas</i>... +¡Santiago, San José, tened piedad de nosotros!</p> + +<p>—Pero, teniente... si esto no es... más que un buey ¡por la Virgen! un +excelente buey que se mueve. ¡Con siete balas en el cuerpo!</p> + +<p>Y la luz que se trajo de la cámara, permitió comprobar la exactitud de +este curioso boletín. Era, en efecto, un buey destinado a la comida de +la tripulación de la tartana, y que se habían probablemente visto +obligados a dejar al abandonar la embarcación.</p> + +<p>—¡Un buey! ¡un innoble buey!—decía Santiago—. Un plan de ataque +combinado con tanta sangre fría y ejecutado con tanta audacia para... +¡para apoderarnos de un buey al abordaje!</p> + +<p>—Nos lo llevaremos, ¿verdad, teniente? Nos vendrá al pelo porque ¡hace +tanto tiempo que no comemos carne fresca!</p> + +<p>—Os guardaréis de ello... ¿lo oís?—repuso Santiago con cólera—. ¡Qué +brutos y qué asnos sois! es decir, que queréis exponeros a las burlas de +vuestros camaradas presentando ese hermoso trofeo... Me opongo +terminantemente; subid al puente, seguidme, cerrad las escotillas, y +sobre todo, una vez a bordo, no desmintáis ni una palabra de lo que diré +al capitán, tanto en vuestro interés como en el mío.</p> + +<p>Santiago volvió a bordo de la escampavía, donde ya comenzaban a estar +inquietos, e hizo con una rara imprudencia, un relato detallado de su +combate con el gitano y sus demonios.</p> + +<p>—En fin—añadió—, en fin, lo cierto es que todos están muertos o fuera +de combate.</p> + +<p>Al escuchar aquella heroica narración, en que la intrepidez de Santiago +se revelaba por primera vez, el capitán Massareo, que conocía +perfectamente la cobardía de su segundo, no concebía un cambio tan +rápido; pero, acordándose de la quijada de Sansón, de la burra de +Balaam, y de tantos otros milagros, acabó por mirar a Santiago como un +elegido a quien Dios había animado de pronto con un soplo divino, para +darle la fuerza de combatir a un réprobo, a un hijo del ángel rebelde. +De modo que una vez que hubo adoptado esta desgraciada idea, creyó +ciegamente todas las tonterías y todas las mentiras que Santiago tuvo a +bien contarle.</p> + +<p>—¿Y el gitano?—preguntó el capitán.</p> + +<p>—El gitano, capitán, estaba probablemente disfrazado, pero yo estoy +convencido de que ha muerto también. ¡Diablo de sangre, cómo +mancha!—dijo Santiago que quería sin duda desviar la conversación de un +asunto tan delicado, y se interrumpió para limpiarse un ancho trazo de +sangre que surcaba su vestido, último vestigio de la agonía del pobre +cuadrúpedo.</p> + +<p>—¿Está usted herido, valiente Santiago?—preguntó el capitán con +interés—. ¡A ver!</p> + +<p>—No, no, por mi madre, no verá usted nada. Es una insignificancia, una +tontería—respondió Santiago con una indiferencia afectada, +retrocediendo precipitadamente—; pero lo que es importante, capitán, es +echar a pique ese nido de demonios. Las escotillas están cerradas, es +cuestión de unos cuantos cañonazos, y habremos purgado la costa del más +grande bandido que jamás haya infestado la costa.</p> + +<p>Massareo se moría de deseos de preguntar por qué no habían traído +prisioneros que hubieran podido dar fe del feliz éxito de la expedición; +pero comprendiendo que tendría que encargarse él de esta segunda misión, +y como ello no era muy de su gusto, accedió a todo lo que quiso el +valiente y bienaventurado Santiago, y comenzó a cañonear vigorosamente +la pretendida tartana del gitano, que no podía resistir largo tiempo un +fuego tan nutrido.</p> + + + +<h3><a name="IXg" id="IXg"></a>IX</h3> + +<p class="smcap2">EL RELATO</p> + +<p class="rsml"> +No matarás.<br /> +<i>Mand. de la ley de Dios.</i><br /> +</p> + + +<p>Mientras que el bravo Massareo destruía una de las tartanas, la otra +salía del canal de la Torre, y navegaba con habilidad a pesar de las +ráfagas del levante, cuya violencia disminuía, sin embargo, +sensiblemente.</p> + +<p>No había nada en el mundo más resplandeciente que la pequeña cámara de +aquel buque, en la cual dos invitados estaban comiendo. Un enorme globo +de cristal pendiente del plafón, proyectaba una claridad viva y pura +sobre un rico tapiz turco, de un azul brillante, en el que se veían +bordados hermosos pájaros rojos que desplegaban sus alas doradas, y +tenían entre sus patas de plata largas serpientes de escamas verdes como +esmeraldas; un diván de raso obscuro, daba la vuelta a toda la pieza.</p> + +<p>En el centro, y cerca del diván, se levantaba una mesa servida con gusto +y riqueza exquisitos; pero en lugar de ser sostenida sólo por las patas, +cuatro ligeras cadenas la ataban al suelo, para librarla de los +vaivenes. El tinto de Rota, el Jerez y el Pajarete centelleaban en +preciosos frascos de cristal cuyas mil facetas reflejaban una luz +cambiante y coloreada como los matices del prisma, mientras que los +racimos de Sanlúcar, de granos violados y aterciopelados, las brevas de +Medina, las granadas de Sevilla, que el sol había abierto, y las +naranjas de Málaga, se elevaban en elegantes pirámides en las cestas +tejidas con un ligero hilo encarnado, tal como se ven en Esmirna; el +mantel, resplandeciente de blancura, estaba atravesado, según la moda +oriental, por brillantes dibujos de oro y de seda.</p> + +<p>Unicamente sencillas botellas de un verde obscuro, de cuello largo y +estrecho, de tapón lacrado y sujeto por alambre, botellas, en fin, que +olían a Francia y a champaña a una legua, contrastaban singularmente con +el lujo y el aparato asiático que dominaba en aquella pieza.</p> + +<p>Y era efectivamente champaña, porque dos copas cónicas y cilíndricas, +que se levantaban sobre su ancho pie de cristal, aparecían gloriosamente +llenas, y el licor rosado que hervía y centelleaba, elevó bien pronto su +espuma temblorosa por encima de los bordes del vaso.</p> + +<p>—¡Atención, comandante, la marea sube!</p> + +<p>Esto decía el joven imberbe que mandaba aquella tartana, sosia de la del +gitano, perseguida con tanto encarnizamiento y desgracia por los dos +guardacostas, mientras que el comandante desembarcaba el contrabando del +convento de San Juan al pie de las rocas de la Torre...</p> + +<p>La misma tartana de que el valiente Santiago se apoderara al abordaje +con un buey y sus cuernos y que el no menos valiente capitán acababa de +destruir a cañonazos.</p> + +<p>—Comandante, la marea baja, y si usted no tiene cuidado habrá bajado +del todo en un instante—repitió el muchacho, y de un trago apuró lo que +él llamaba la marea, de modo que su vaso quedó seco—. ¡Cómo amo este +vino de Francia! Porque nuestro Jerez y nuestro Málaga, con su color +amarillo sombrío, me parecen tan tristes como el canto de una dueña; +mientras que el color rosado y riente de este champaña me llenan el alma +de alegría. ¡Dios de verdad! Es como si oyese a mi Juana rasguear en mi +guitarra un vivo bolero. Por mi fe; viva el vino de Francia—repuso +dejando tan vivamente el vaso sobre la mesa, que lo rompió.</p> + +<p>Este ruido sacó al otro comensal de su ensimismamiento: era el gitano.</p> + +<p>—¡Francia, Blasillo! palabra ¡es un digno país!</p> + +<p>—¡País de hospitalidad!—dijo Blasillo apurando un segundo vaso de +champaña.</p> + +<p>El gitano miró, inclinó la cabeza hacia atrás recostándola sobre los +cojines del diván, y soltó una carcajada.</p> + +<p>—Y de la libertad—continuó Blasillo en el mismo tono.</p> + +<p>Aquí las carcajadas del gitano fueron tan violentas que resonaron por +encima del ruido de la tempestad eme mugía fuera, con gran confusión del +pobre Blasillo, que le miraba con aire de disgusto y de estrañeza.</p> + +<p>El gitano lo advirtió.</p> + +<p>—Perdón, Blasillo, perdón, hijo mío; pero tu ingenua admiración por ese +dulce país de Francia, como le llaman, ¡me ha recordado tantas +cosas!...</p> + +<p>Después de un momento de silencio, el gitano se pasó rápidamente la mano +por la frente, como para desechar una idea penosa, y dijo sonriendo:</p> + +<p>—Ahora que ya no podemos dedicarnos al contrabando y que nuestra +escuadra ha quedado reducida a la mitad, ¿a dónde iremos, Blasillo?</p> + +<p>—¡A Italia, comandante! Como aquí, el sol es caliente, el cielo azul, +los árboles verdes; como aquí, las mujeres son morenas, cantan +acompañándose de una guitarra y se arrodillan delante de la Virgen; sin +contar con que más de una ensenada de la costa de Sicilia ofrecería un +bueno y seguro refugio a la tartana. Vamos, ¡rumbo hacia Italia, +comandante!</p> + +<p>—¡A Italia!... no, porque los asesinos son castigados con la muerte, +¿no lo sabes, Blasillo?</p> + +<p>—¡Dios mío! ¡usted asesino!—dijo el muchacho con espanto.</p> + +<p>—Escucha. Blasillo, yo tenía catorce años; mi hermana Sed'lha y yo +conducíamos a nuestro padre que apenas podía andar, cuando cayó herido +de un tiro de carabina. Era el fruto del odio santo, que nos tenía un +cristiano. Yo no llevaba encima más que mi estilete; me lancé en +persecución del asesino le alcancé cerca de una roca. El era fuerte y +vigoroso, pero la sangre de mi padre había manchado mis ropas... y le +degollé con fruición. He aquí cómo abandoné Italia con mi pobre Sed'lha +¿qué habrías hecho tú, Blasillo?</p> + +<p>—Hubiera vengado a mi padre—dijo el adolescente después de un momento +de expresivo silencio—. Viremos en redondo, comandante—añadió con un +profundo suspiro—, y vayamos a Egipto. Se dice que Mehemet Alí e +Ibrahim acogen muy bien a los extranjeros. Vamos a Alejandría...</p> + +<p>—Es una hermosa ciudad Alejandría: es allí donde yo desembarqué al huir +de Italia. Un buen emir me recogió con mi hermana y me envió al colegio, +porque hay más instrucción y más colegios en Alejandría que en todas las +Españas, Blasillo.</p> + +<p>—Le creo a usted, comandante.</p> + +<p>Aprendí allí la lengua francesa, el español, la ciencia de los números, +el arte náutico. Salí de allí hecho un buen marino.</p> + +<p>—¡Y que lo diga usted!</p> + +<p>—Al cabo de seis años yo mandaba un brick, que tuvo un encuentro con el +brulote de Canaris, Blasillo.</p> + +<p>Este hizo el saludo militar.</p> + +<p>—Y volví a puerto para reparar las averías y reclutar una nueva +tripulación, lo que ocurría siempre que se encontraba a Canaris. En +Alejandría me recibieron afectuosamente. Verdaderamente es una alegre +ciudad, sobre todo en las hermosas tardes en que el sol se pone detrás +de las arenas del desierto y cuando dora con sus rayos el harem de +Mehemet, las fortificaciones del viejo puerto, el palacio del faraón y +la columna de Pompeya. Entonces el aire del mar refresca el aire +abrasador; los negros extienden la tienda rayada sobre la terraza, y +uno, tendido sobre un muelle cojín, aspira el vapor del tabaco +levantino, que se perfuma al atravesar un agua de rosas y de lilas, y +después, una hermosa joven de Candía o de Samos, se arrodilla ante uno +ofreciéndole ruborizada un sorbete helado en una copa ricamente +cincelada. Haces un signo y ella se aproxima a ti, y, con un brazo +pasado alrededor de su cuello, miras con indiferencia aquella cabeza de +ángel que se dibuja como una aparición fantástica en medio de un humo +azulado y oloroso, que se eleva en torbellinos del narguile.</p> + +<p>Los ojos de Blasillo brillaban ciertamente tanto como las facetas +centelleantes de los frascos de vidrio:</p> + +<p>—Vamos a Alejandría, comandante—dijo incorporándose.</p> + +<p>—¡A Alejandría! ¿qué te parecería, mi querido niño, si te sentasen +sobre la flecha aguda de un minarete que se lanza hacia las nubes? +¡flecha, por otra parte, brillante y dorada! ¿y si se te dejase en esa +incómoda posición hasta que los cuervos hubiesen devorado las pupilas de +tus grandes ojos negros?</p> + +<p>Esta proposición apagó el ardor de Blasillo, que llenó prestamente su +copa sonriendo:</p> + +<p>—Viremos, pues, en redondo, comandante.</p> + +<p>—Sí, Blasillo, tal es la suerte que me espera en Egipto, si el bauprés +de mi tartana se dirigiese hacia ese suelo encantado.</p> + +<p>—¿Y por qué, comandante?</p> + +<p>—¡Oh! porque yo hundí cinco veces mi kangiar en la garganta del buen +anciano emir que nos recogía a Sed'lha y a mí, y me hizo instruir como +un rabino.</p> + +<p>—¡Dios del Cielo! ¡otro asesinato! ¡Usted asesino de su bienhechor!</p> + +<p>—Había abusado de la hospitalidad que nos diera para seducir a mi +hermana, con la que no podía casarse. ¿Qué hubieras hecho en mi lugar, +Blasillo?</p> + +<p>El joven español ocultó la cabeza entre sus manos.</p> + +<p>—¿Y su hermana?—preguntó.</p> + +<p>—Me quedaba aún una última prueba de afecto que darle, y se la di.</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—La maté, Blasillo.</p> + +<p>—¿Mató también a su hermana? ¡Usted fratricida! ¡Anatema!</p> + +<p>—¡Niño! ¿sabes tú qué suerte espera en Egipto a una joven de mi raza +que se ha dejado seducir, cuando el seductor es casado? La despojan de +sus vestidos y la pasean desnuda por la ciudad; después la mutilan del +modo más horrible, la meten en un saco y la exponen a la puerta de una +mezquita, donde todo hombre, incluso un cristiano, puede llenarla de +golpes, de injurias y de barro... ¿Qué hubieras, pues, hecho más por tu +hermana, Blasillo?</p> + +<p>—¡Siempre asesinatos, siempre! No obstante, yo admiro a usted—dijo +Blasillo anonadado.</p> + +<p>—¡Bebamos, niño! ¿ves? la espuma plateada tiembla y chisporrotea. +Bebamos, y arrojemos a la sombra los negros recuerdos del pasado. ¡Por +tu amante Juana, por sus ojos negros!</p> + +<p>Blasillo repitió casi maquinalmente:</p> + +<p>—¡Por Juana y sus ojos negros!</p> + +<p>—Blasillo, ¿dónde iremos a arrojar el áncora?</p> + +<p>—Propongo que en Francia, comandante—y mostraba su copa medio vacía—, +porque, por mi Juana, ¡si los franceses se parecen a su vino!...</p> + +<p>—Justo, Blasillo, justo. Como su vino, ellos estallan, chisporrotean y +se evaporan.</p> + +<p>—Pero por lo menos no habrá allí, así lo espero, minaretes de flechas +agudas sobre los cuales sienten a las gentes, mezquitas donde insulten a +las jóvenes, y cristianos que degüellen a un anciano como un corzo. +Además, usted no ha estado allí, ¿verdad, comandante?</p> + +<p>—Sí, Blasillo.</p> + +<p>—¿Y permaneció usted mucho tiempo en ese hermoso país?</p> + +<p>—Blasillo, cuando salí de Egipto, vine a Cádiz, en tiempos de las +Cortes; ofrecí mis servicios y no me preguntaron si llevaba la cruz o el +turbante, pero me hicieron maniobrar una hermosa fragata de guerra, y +cuando vieron que yo servía para el caso, me la confiaron. Hice algunos +afortunados cruceros, y sobre todo recorrí la costa con el mayor +cuidado. Más tarde, cuando la santa alianza tuvo que reconocer que tu +dulce país tenía la fiebre amarilla...</p> + +<p>—¡Por mi Juana! era una fiebre de libertad.</p> + +<p>—Bien, Blasillo, fue un pequeño acceso de libertad, corto y rápido, que +la santa alianza detuvo prontamente con un poco de pólvora de cañón. +¡Hermosa victoria! porque tus compatriotas que no tiran jamás sobre un +hombre que lleva un crucifijo, tuvieron que bajar sus armas ante las +cruces, los pendones y los religiosos que precedían al ejército francés, +y se arrodillaron ante el enemigo como al pasó de una procesión. De modo +que ésta fue una victoria, una victoria de agua bendita, Blasillo. Yo +seguí otro sistema; dejé pasar las tonsuras y tiré sobre los soldados. +Por esta causa, cuando la paz de Cádiz, fui condenado a muerte por +masón, comunero, rebelde y hereje, que viene a ser lo mismo. Huí a +Tarifa, donde me refugié con Valdés y algunos otros hombres. Nos +sitiaron, y al cabo de ocho días de una vigorosa defensa, tuve la suerte +de caer moribundo entre las manos de un oficial francés que favoreció mi +fuga, y me dirigí a Bayona y de allí a París.</p> + +<p>—¿A París, comandante? ¿Usted ha estado en París?</p> + +<p>—Sí, hijo mío; y allí, vida nueva; reanudé la amistad con un capitán de +la marina que había conocido en el Cairo en el momento en que iba a ser +decapitado por haber levantado el velo a una de las mujeres de un +fellah. Yo le salvé a bordo de mi brick. Al encontrarme en Francia, +quiso atestiguarme su agradecimiento, y me presentó a un pequeño número +de amigos, como un proscrito de la Inquisición. Entonces recibí tantas y +tan calurosas protestas de interés, que me conmoví, Blasillo. Bien +pronto el círculo se engrandeció, y todos quisieron oírme contar mi +desgraciada existencia. Yo me presté a ello; siempre es dulce hablar de +sus desgracias a quien las compadece, y hay en ello como una miserable +coquetería que impulsa a decir: Ved cómo mi herida sangra aún. Pero mi +vanidad fue cruelmente castigada, porque advertí un día que se me hacía +repetir con demasiada frecuencia mis desgracias. Más desconfiado, +estudié aquellas almas generosas, y escuché las reflexiones que hacían +nacer mis confesiones. Entonces pude apreciar el interés que se tenía +por el hombre que ha sufrido mucho. Al principio quedé anonadado, +después me dio risa. Figúrate tú, Blasillo, que querían a todo precio +emociones nuevas, como ellos decían, y, para proporcionárselas habrían +asistido, creo yo, a la agonía de un moribundo, y habrían analizado uno +a uno todos sus movimientos convulsivos. Y, a falta de mi agonía, +explotaban el relato de mis males, y se complacían en hacer vibrar cada +cuerda dolorosa de mi corazón, para apreciar su sonido. En cuanto a mí, +con los ojos chispeantes, el pecho hinchado por los sollozos, les +contaba la agonía de mi pobre hermana y mis horribles imprecaciones +cuando vi que estaba muerta... muerta para siempre... entonces ellos, +palmoteando, decían: «¡Qué expresión! ¡qué gesto! ¡Qué bien +representaría el Otelo!» Sí, cuando yo les contaba mis combates por la +independencia de España, que me habían proscrito; cuando mi exaltación +africana llegaba hasta el delirio y yo gritaba jadeante: ¡libertad! +¡libertad!... ellos decían: «¡Qué hermoso está! ¡Qué bien representaría +el Bruto!» Y después, cuando habían asistido a la tortura moral que me +imponían exaltando mis recuerdos, se iban tranquilamente al baile, a +sus ocupaciones, a otros placeres: porque para ellos todo estaba dicho: +la comedia ya había sido representada. Entonces, yo creía despertar de +un sueño, y me encontraba solo con mi amigo el capitán de barco, +orgulloso de mí, como el que exhibe un tigre aprisionado.</p> + +<p>—¡Infame!—exclamó Blasillo.</p> + +<p>—No, Blasillo; aquellas buenas gentes trataban de distraerse. ¡El día +es tan largo! y además, ¿de qué podía quejarme? no me habían silbado, al +contrario, me aplaudían. ¿Qué quieres? mi vida es un papel; así como +así, todo es comedia: amistad, valor, virtud, gloria, abnegación.</p> + +<p>—¡Oh! ¡comandante!—exclamó Blasillo con amargura.</p> + +<p>—¡Todo, muchacho, todo! hasta la piedad de las mujeres por la +desgracia. Y si no, escucha; yo amaba con pasión a una mujer hermosa, +joven, rica y brillante. Una tarde, yo me había deslizado en su tocador +antes de la hora, y acurrucado detrás de un espejo, esperaba. De pronto, +se abre la puerta, y Jenny entra con una mujer hermosa, joven también. +Bien pronto vinieron las confidencias, y como su amiga le envidiase mi +amor, ella respondió: «¿Crees que le amo? no, condesa; pero me choca y +me enternece; me da miedo y me divierte. ¡Qué pálidas resultan las +lamentaciones de un héroe de novela al lado de su desesperación! porque, +querida mía, cuando el pobre muchacho llega al capítulo de sus disgustos +pasados, llora con lágrimas de verdad y, ¿lo creerás tú? me conmuevo» +añadió riendo fuertemente. Ya ves, Blasillo; había faltado a sus +deberes y se había entregado a mí para hacerme representar sucesivamente +los remordimientos, el furor o el amor; me inspiró piedad entonces, +Blasillo. ¡Bebamos, muchacho! ¡Por la hospitalidad de Francia, como tú +dices, por la libertad!... Una mañana, mi amigo el capitán, vino a +decirme que mi presencia en París podría encender de nuevo la antorcha +de la revolución en España, y que si en el plazo de tres días no había +abandonado Francia, me exponía a ser detenido y a ser conducido a la +frontera... allí, ya comprendes lo que me esperaba. Viendo mi embarazo, +el excelente hombre, que debía tomar en Nantes el mando de un negrero, +me propuso partir con él; yo acepté, y diez días después estábamos a la +vista del estrecho de Gibraltar: Mi buen amigo quiso dejarme en Tánger, +donde yo permanecí algún tiempo; allí, el judío Zamerith, jefe de una de +nuestras sectas de Oriente, me cedió las dos tartanas con sus +tripulaciones de negros mudos, y tú, querido mío, y tú de propina; tú, +pobre aspirante de marina, al que habían hecho prisionero a bordo de un +yate, cuyo pasaje fue asesinado; ¡tú, pobre niño, que has querido unirte +a mi suerte! ¿Amas, pues, al condenado? di, ¿me amas?</p> + +<p>El gitano pronunció estas últimas palabras con aire emocionado. La única +lágrima que en mucho tiempo había derramado, brilló un momento en sus +ojos, y tendió la mano a Blasillo, que la asió con una exaltación +inconcebible, exclamando:</p> + +<p>—¡En vida y en muerte, comandante!</p> + +<p>Y una lágrima obscureció también la mirada de Blasillo; porque todo lo +que impresionaba el alma o la cara del maldito, se reflejaba en él como +en un espejo.</p> + +<p>No obstante, y aunque hubiese adoptado las ideas del gitano, esto no era +en él la pálida y servil parodia de aquel carácter singular; pero este +carácter resumía a sus ojos todos los rasgos que hacen al hombre +superior, y lo copiaba como una bella alma copia a la virtud. Si quería +compartir todos sus peligros, es que obraba movido por una especie de +fatalismo, persuadido de que vivía de su vida y de que moriría de su +muerte. En fin, aquel hombre singular era para aquel niño apasionado más +que padre, amigo o jefe, era un dios.</p> + +<p>Y en efecto, aquel compuesto de audacia y de sangre fría, de crueldad y +de sensibilidad; aquel golpe de vista seguro y penetrante de profundo +táctico, unido a una prontitud de ejecución siempre justificada por el +éxito; aquel lenguaje, tan pronto cargado de los colores orientales, tan +pronto abrupto y brusco; aquellos vastos conocimientos, aquellos +crímenes, excusables y comprensibles hasta cierto punto, aquel interés +que rodeaba al proscrito, aquella existencia prematuramente amargada, +las amargas revelaciones de aquella alma fuerte y generosa, a quien el +destino condujo a demostrar el amor filial por un asesinato, y el amor +fraternal por otro asesinato; en fin, la vista de aquel réprobo, grande +en medio de sus desgracias, todo aquello debía fascinar a una +imaginación ardiente y joven. Así, el gitano ejercía sobre Blasillo +aquella inevitable y potente influencia que un hombre tan extraordinario +debía imponer a todo carácter exaltado; en una palabra, Blasillo +experimentaba por él aquel sentimiento que comienza en la admiración y +acaba en la abnegación heroica.</p> + +<p>—¡Bebamos, Blasillo!—repuso el comandante, cuya mirada había +recuperado su vivacidad habitual—, bebamos, porque acabo de hacerte una +larga y aburrida confesión, hijo mío; únicamente ten presente que no has +de volverme a hablar jamás de esto; ahora ya conoces mi vida. ¡Vamos! +¡por tu Juana!</p> + +<p>—¡Por su monja, capitán!</p> + +<p>—Ya la había olvidado, así como mi proyecto de escalo, porque los muros +son elevados, Blasillo.</p> + +<p>—¡Por el Cielo, comandante! si los muros del convento de Santa +Magdalena son elevados, una flecha provista de un hilo de seda lanzada +por una ballesta, puede llegar bien alto, y caer en el jardín del +claustro.</p> + +<p>—¿Y después, Blasillo?</p> + +<p>—Después, comandante, la monjita que habrá recibido el hilo de seda, +del cual usted habrá guardado un cabo, se lo notifica por un ligero +movimiento; entonces usted ata una escala de cuerda a la extremidad del +hilo que cae por la parte de fuera; la joven tira hacia ella, fija la +escala en el muro, como ha hecho usted por la parte de fuera, y ¡por la +Virgen! usted puede una noche entrar en el santo recinto y salir tan +fácilmente como yo vacío esta copa.</p> + +<p>—Por mi kangiar, joven, conoces el fuerte y el flaco del reducto, y, a +fe mía, tengo deseos de...</p> + +<p>En aquel momento, un viejo negro de cabellos blancos, el único +tripulante que no era mudo, descendió rápidamente, se lanzó hacia la +habitación, e interrumpió al gitano.</p> + + + +<h3><a name="Xg" id="Xg"></a>X</h3> + +<p class="smcap2">EL PRODIGIO</p> + +<div style="margin: 3% 0% 3% 50%;" class="sml"> +<p> +...Yo no sé, maestro, si es demonio<br /> +o brujo; mi manta encarnada se ha<br /> +vuelto negra, y he mellado mi larga<br /> +espada escocesa golpeando el ala satinada<br /> +de un joven cisne.<br /> +<span style="margin-left: -6em;"><span class="smcap">Word'Wok</span>, «<i>Aventuras de Ritsborn, el buen loco</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>—Y bien, Bentek—dijo el gitano al viejo negro—, ¿qué quieres? ¿Por +qué has llegado aquí saltando y debatiéndote como un tiburón al que +clavan el harpón?</p> + +<p>Pero Bentek, viviendo entre mudos, había acabado por tomar horror a la +palabra y por perder casi la costumbre de hablar; de modo que no +respondió más que por el monosílabo <i>¡pom!</i>... <i>¡pom!</i>... que acompañaba +con gestos bruscos y precipitados.</p> + +<p>—¡Ah! ya caigo—dijo Blasillo—; el viejo cormorán quiere probablemente +hablar del cañón.</p> + +<p>Blasillo no se equivocaba, porque apenas había terminado de hablar, +cuando un cañonazo lejano se oyó, después otro y después otro. +Finalmente, advirtieron un vivo cañoneo.</p> + +<p>Eran los valientes de Massareo que destruían la otra tartana.</p> + +<p>—¡Por los santos del paraíso!—exclamó el ardiente joven—, ya habla el +cañón.</p> + +<p>El gitano escuchaba silenciosamente, mientras que Bentek continuaba sin +interrumpirse sus <i>¡pom!</i>... <i>¡pom!</i> y su viva pantomima. Blasillo, +poniéndose apresuradamente un cinturón, colocaba en él su sable, su +puñal y sus pistolas. Tenía ya el pie en la primera grada de la escalera +del sollado, cuando el gitano, que se había hundido en el diván, le +gritó:</p> + +<p>—Blasillo, bebamos, hijo mío, y hablemos de la monja y del escalo del +convento de Santa Magdalena.</p> + +<p>—¡Beber... hablar!... ¿en este momento?—preguntó Blasillo, confundido, +abandonando el cordón de seda rojo que iba a servirle para subir la +escalera.</p> + +<p>El gitano miró fijamente a Bentek, e hizo un gesto que el viejo negro +comprendió en toda su expresión, porque en dos saltos desapareció.</p> + +<p>—Sí, hijo mío, bebamos en este momento; porque, Blasillo, tú eres como +el joven y ardiente savo que, como no distingue el grito inofensivo del +alción del grito de guerra de la gaviota, afila sus uñas y su pico para +sostener un combate imaginario.</p> + +<p>—¡Cómo!...</p> + +<p>—Escucha atentamente ese ruido, y no oirás que esos cañonazos sean +contestados; si tú no estuvieses aquí, si no te hubieses visto obligado +por ese levante del infierno a abandonar la pobre hermana de mi tartana, +que, completamente desamparada, flota ahora al capricho de las olas como +el nido desierto de una gaviota; si tú no estuvieses aquí, querido, yo +no me quedaría tendido sobre este sofá, porque temería por ti. Así, +pues, calma ese ardor, Blasillo; se trata seguramente de algún buque que +ha zozobrado y que pide auxilio. Pero se equivoca; lo que hice ayer por +ti, Blasillo, no lo hubiese hecho ni lo haré jamás por nadie.</p> + +<p>—Le debo la vida una segunda vez, comandante; sin usted, sin la +tempestad que me arrojó a su paso, yo me hubiera hundido con la +desgraciada canoa en que navegaba al dejar la tartana.</p> + +<p>—Pobre niño, tú habías maniobrado, sin embargo, con una rara habilidad +para conducir a esos pesados guardacostas lejos de la punta de la Torre, +mientras que yo desembarcaba el contrabando del tonsurado... Mala noche +para él, Blasillo; ¿por qué blasfemaba?... <i>el buen Dios le ha +castigado</i>—añadió riendo y vaciando su copa.</p> + +<p>—¡Por el alma de mi madre, comandante! la segunda tartana marchaba como +una dorada, ¡qué ligereza! hubiese virado en redondo en un vaso de agua. +¡Ay! ¿qué queda ahora de ese bonito y fino buque? ¡nada!... algunas +planchas rotas o empotradas en las rocas.</p> + +<p>—¿Llegué, pues, bien a propósito, Blasillo?</p> + +<p>—¡Dios del Cielo! comandante, había perdido el palo mayor y el bauprés; +las tres cuartas partes de la tripulación habían sido barridas por las +olas, y las bombas no bastaban para achicar el agua ¡ay! No tuve más +remedio que abandonar el buque, que a estas horas ya debe haberse +hundido.</p> + +<p>En aquel momento, el ruido del cañoneo se oyó tan distintamente, que el +gitano se lanzó hacia el puente, seguido de Blasillo.</p> + +<p>La noche era sombría y fresca, y el condenado, encontrándose en la misma +dirección que la escampavía de Massareo, que tiraba del lado opuesto, +había podido aproximarse sin ser visto, ya que el fogonazo de las +andanadas no iluminaba más que el casco del navío sobre el cual tiraban.</p> + +<p>El réprobo se dejó ir aún un instante, hizo apagar todas las luces, y se +puso al pairo a medio tiro de fusil del guardacostas, que continuaba +disparando, y cuyos tripulantes, atentos, estaban agrupados sobre los +empalletados. Se oían perfectamente las voces de Santiago y del valiente +Massareo.</p> + +<p>—¡Por el Cielo! ¡es el casco de la otra tartana el que hunden esos +perros!—exclamó Blasillo en voz baja, mostrando al gitano los restos +del pobre buque, que, iluminado a cada andanada, comenzaba efectivamente +a hundirse—. ¡Fuego sobre ellos, comandante, fuego!</p> + +<p>—Silencio, niño—respondió el condenado.</p> + +<p>Y se llevó a la cámara a Blasillo, haciendo descender también a Bentek.</p> + +<p>Se sabe que después de la heroica expedición de Santiago contra la +tartana que sólo tenía un inocente buey por todo defensor, se sabe que, +vuelto a bordo, el digno teniente de la <i>Urna de San José</i>, había +decidido al capitán Massareo a destruir la embarcación, esperando así +borrar las trazas de su mentira.</p> + +<p>Su voz agria y chillona lo dominaba todo a bordo de la escampavía.</p> + +<p>—¡Vamos, valor, hijos míos!—decía—, Dios es justo y por su asistencia +y la mía nos vemos libres de ese infernal gitano.</p> + +<p>—¡Cómo!—preguntó el honrado Massareo—, ¿está usted bien seguro, +Santiago, de que el condenado está entre el número de los muertos?</p> + +<p>—¿Dónde quiere usted que esté, capitán? Con semejante tiempo no era +posible salvarse a nado. Pero, escuche—dijo al ver que la tartana ya se +hundía—; he querido reservarle una sorpresa; tengo la certeza de que ha +muerto, porque yo mismo lo he derribado al suelo y lo he agarrotado.</p> + +<p>—¡Tú!—dijo Massareo con aire de incredulidad.</p> + +<p>—¡Yo!—contestó Santiago con un impudor inconcebible.</p> + +<p>—Santiago, si puedes darme pruebas de lo que dices, ¡por el dedo +pequeño del pie de San Bernardo!, la aduana y el señor gobernador de +Cádiz te darán más escudos que los que necesites para armar y equipar un +buen buque de tres palos y hacer viajes a Méjico.</p> + +<p>—Una prueba, capitán... aunque no fuesen más que esos horribles +aullidos... ¿cree usted que un hombre ordinario puede gritar de esa +manera?... ¿quién quiere que sea más que el condenado?</p> + +<p>Se trataba del desgraciado buey, que, presintiendo su fin, mugía +lamentablemente.</p> + +<p>—La verdad es, Santiago—repuso el capitán estremeciéndose—, que ni +usted ni yo pediríamos socorro de esa manera.</p> + +<p>—¡Y si hubiese visto usted al maldito—continuó Santiago—cuando yo le +planté dos balas en el costado! ¡si usted hubiera visto al monstruo cómo +se debatía! pero ¡por los siete Dolores de la Virgen! su sangre era +negra, negra como el alquitrán, y olía tan fuertemente a azufre, que +Benito creyó que quemaban mechas en la cala.</p> + +<p>—¡Santa Virgen, tened piedad de nosotros!—dijo el bueno de Massareo +interesado hasta el último punto—; pero, ¿por qué ha tardado usted +tanto en dar esos detalles?</p> + +<p>Como partió una andanada al mismo tiempo que la pregunta del capitán, +Santiago aparentó no haberla oído, y continuó con una imperturbable +impudicia:</p> + +<p>—Aún le veo, capitán, todo vestido de rojo ¡el malvado! con unas +calaveras bordadas de plata, y después una talla... ocho pies y algunas +pulgadas; unos hombros... unos hombros anchos como la popa de la +escampavía, y después una barba roja, cabellos rojos, ojos brillantes, y +unos dientes... es decir, unos colmillos como un jabalí. En cuanto a los +pies, los tenía torcidos como las patas de mi carnero <i>Pelieko</i>.</p> + +<p>Massareo bendecía a Dios, persignándose de que, por su voluntad, se +hubiera podido librar a la costa de un tal réprobo.</p> + +<p>En aquel momento, la tartana se hundió destrozada, entre los alegres +gritos de la tripulación del guardacostas, y el espesor de las +tinieblas, que, durante aquel largo cañoneo, habíanse disipado a +intervalos, parecía aumentar. El mar estaba casi tranquilo, y no se +notaba más que una débil brisa del Sud.</p> + +<p>—En fin—exclamó el capitán—, por la intercesión de Nuestra Señora y +por el valor de Santiago, que puede contarlo como un milagro, nos hemos +desembarazado de ese demonio. Pero que se haga la voluntad de Dios en +todas las cosas. Hijos míos, de rodillas, y demos las gracias a Dios por +ese testimonio de su bondad hacia los bienaventurados, y de su cólera +contra los malditos.</p> + +<p>—Amén—respondió la tripulación, que se arrodilló, y todos entonaron +una especie de <i>Te Deum</i> de un efecto muy agradable.</p> + +<p>El aire era pesado, la noche sombría, y a dos pasos no se distinguía un +bulto.</p> + +<p>Al fin del primer versículo se hizo el silencio, un profundo silencio. +Massareo, solo, dijo:</p> + +<p>—Dios de bondad, que velas por tus hijos y los defiendes contra +Satanás...</p> + +<p>No pudo decir nada más.</p> + +<p>El, Santiago y todos los tripulantes, quedaron petrificados sobre el +puente, con los ojos fijos, extraviados, y en una espantosa inmovilidad.</p> + +<p>—Palabra de honor... creo...</p> + +<p>Ya sabéis que el mar estaba tranquilo, la noche obscura... todo +obscuro... ¡Pues bien!</p> + +<p>Un inmenso foco de una luz roja y brillante se levantó de pronto; el +mar, reflejando aquella claridad deslumbrante, hizo rodar olas de fuego, +la atmósfera se inflamó y las cimas de los peñascales de la Torre se +tiñeron de una luz purpurada, como si un vasto incendio hubiera hecho +presa en la costa.</p> + +<p>Aquella luminosa aureola era surcada en todas direcciones por largas, +cintas de fuego que estallaban en mil chispas, se entrecruzaban y caían +en lluvia de oro o de azul o de fuego. Eran millares de ardientes +meteoros que centelleaban chisporroteando, vivos y frecuentes relámpagos +de una blancura deslumbrante.</p> + +<p>Y después, en medio de aquel lago de fuego aparecían el gitano y su +tartana.</p> + +<p>Era el gitano en persona rodeado de su tripulación de negros, cuyas +repugnantes figuras semejaban máscaras de bronce enrojecidas al fuego...</p> + +<p>El gitano, sobre el puente de su buque, completamente vestido de negro, +con su gorro adornado de una pluma blanca, los brazos cruzados y montado +sobre su caballito que llevaba una rica gualdrapa de púrpura, y cuyas +crines, trenzadas de hilo de oro, caían formando globitos de cristal y +de pedrería, sujetos con cintas de plata.</p> + +<p>Al lado del réprobo y apoyado en el cuello de <i>Iscar</i>, se veía al joven +Blasillo, vestido de negro también, y teniendo en la mano una larga +carabina damasquinada; después, Bentek y sus negros, formados en dos +filas, rodeaban silenciosamente los cañones, y el ligero humo blancuzco +que se elevaba de cuando en cuando probaba que las mechas estaban +encendidas y las piezas cargadas.</p> + +<p>No había nada en el mundo más imponente que aquel espectáculo, que +semejaba una aparición satánica; porque el profundo silencio de la +tripulación del réprobo, su inmovilidad, el buque negro que, a los ojos +de los españoles, que ignoraban que el gitano tuviese dos tartanas, +parecía surgir del fondo del abismo en medio de oleadas de luz y de +llamas, en el momento mismo en que la creían destruida para siempre; el +rostro tranquilo y frío del condenado, cuya mirada tenía algo de +sobrehumano, todo esto debía aterrorizar al desgraciado Massareo y a sus +acólitos que no vieron en esta aventura pirotécnica más que el triunfo +de Satanás.</p> + +<p>La voz del condenado tronó, y toda la tripulación de la escampavía, que +estaba arrodillada y como fascinada ante aquel extraño espectáculo, cayó +de bruces contra el puente.</p> + +<p>—¡Y bien!—dijo el gitano—, ¡y bien, valiente guardacostas, ya ves que +ni el viento ni el fuego pueden nada contra mí, y que cada una de tus +balas han reparado una de mis averías. ¡Por Satanás! mi dueño, ¿te +atreverás aún a perseguir al gitano, creerás aún que miserables como tú +y los tuyos puedan detener en su carrera al que resiste a los embates de +la tempestad y a la voluntad de Dios?</p> + +<p>Nadie en la escampavía se atrevió a contestar esta impertinente +fanfarronada.</p> + +<p>—Pero, ¡por la ardiente pupila de Moloch! ¿no respondéis? Vamos, que +ese capitán que ha restaurado mi tartana con tanta diligencia, que ese +valiente capitán se levante, o destrozo su embarcación. ¡Palabra de +honor! Pensad bien, hermanos míos, que vosotros no encontraréis como yo +en el fondo del Océano bravos demonios de alas de fuego que, saliendo de +los abismos de lava ardiente en que se agitan, tomen vuestra escampavía +sobre sus hombros para ponerla a flote. Porque la claridad que vosotros +veis, hermanos míos, no es más que el reflejo de sus alas que han +desplegado un momento. Por última vez, capitán, levántate, o atacaré tu +navío con un cierto fuego que el agua bendita y los exorcismos no podrán +apagar, te lo juro.</p> + +<p>Los españoles sufrieron un instantáneo sobresalto, como si hubiesen +recibido una conmoción eléctrica, pero nadie se levantó.</p> + +<p>—¡Por la uña de Belcebú! es sin duda ese héroe del frac azul y de la +charretera de oro que oculta su cabeza detrás de un cañón y que no se +menea más que un pescado muerto... Blasillo, hijo mío, haz que esconda +esa pierna que se le ve aún, porque el valiente se desliza como una +culebra a lo largo de ese afuste.</p> + +<p>Blasillo dejó caer el gatillo de su larga carabina, y el capitán +Massareo, por el brusco movimiento que le hizo hacer su herida, se +encontró casi sentado en el puente, fijando en el gitano unos ojos +mortecinos que miraban sin ver.</p> + +<p>Creo que la bala de Blasillo le había roto una pierna.</p> + +<p>—Ve a decir a los sabuesos de la aduana y al señor gobernador de Cádiz, +que yo hubiera podido destrozar e incendiar tu buque, y que no lo he +hecho. Mírame bien—añadió el gitano poniéndose la punta de su índice en +la frente amplia y despejada—, mírame bien, para que te acuerdes del +condenado y de su clemencia; pero como mañana podrías creer que se +trataba de un sueño, he aquí lo que te probará la realidad de tu visión. +¡Adiós, valiente!</p> + +<p>Al mismo tiempo tomó una mecha de las manos de Bentek, y se aproximó a +un cañón; el disparo partió, la bala silbó, rompió el palo de mesana del +guardacostas, hundió una parte de la borda, mató dos hombres e hirió +tres.</p> + +<p>Apenas había resonado el cañonazo, cuando el inmenso foco de luz en +medio del cual apareciera el gitano, se extinguió como por ensalmo, y la +obscuridad profunda que reemplazó a aquella claridad deslumbrante, hizo +las tinieblas más espesas aún; ya no se distinguía nada, ni se oía nada.</p> + + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>—Y bien, Blasillo, ¿qué dices tú de mi venganza?—preguntó el gitano a +su joven compañero después que se hubieron alejado mucho de la +escampavía por medio de los largos remos de la tartana, cuidadosamente +envueltos, de modo que la misteriosa desaparición del gitano pudiera +pasar a los ojos de los españoles por un nuevo prodigio.</p> + +<p>—¡Su venganza, comandante, su venganza! ¿Cómo hubiera tratado, pues, a +los amigos?... ¡Dejar a esos miserables!... ¡Por la Virgen! ¡si supiera +usted lo que yo he sufrido viendo a la pobre tartana caer pieza a pieza +bajo el cañón de esos cobardes!</p> + +<p>—¡Tú eres un niño, querido! si yo hubiera hundido a esos miserables y a +su embarcación, ¿quién lo hubiera sabido? Se les hubiera creído perdidos +a consecuencia del huracán, y mañana, otras dos escampavías se pondrían +en mi persecución. Mañana, Blasillo, ni un brick, ni una fragata, ni un +navío se atreverá a ello, tan grande ha sido el terror que he sabido +inspirarles. Hubiera matado a doce cobardes; así paralizo el valor de +diez mil bravos, porque en tu dulce país se pelea valientemente contra +los hombres, pero aun se teme al diablo... Ya lo saben los frailes; así +ellos se sirven de Dios como yo de Satanás, Blasillo. Ves, otra comedia.</p> + +<p>Blasillo no respondió nada, pero preguntó al gitano qué es lo que +pensaba hacer.</p> + +<p>—Palabra, hijo mío, no hay que pensar en el contrabando; no nos queda +ya más que un camino, y es el de ir a ofrecer nuestros servicios a los +insurrectos de la América del Sur; pero antes de partir quiero ver a la +monja. El terror de tus compatriotas durará mucho tiempo, Blasillo; +además, nuestro retiro continúa siendo tan seguro y tan secreto como +antes; hablemos, pues, Blasillo, del convento de Santa Magdalena.</p> + +<p>—Hablemos, comandante.</p> + +<p>Hablaron, y largamente.</p> + +<p>En cuanto a Massareo y su tripulación, esperaron el día en la misma +posición, es decir, con la nariz pegada al suelo, y únicamente cuando el +sol estuvo bien alto se atrevieron a levantar la cabeza; pero como no +habían maniobrado durante aquella noche terrible, se encontraron varados +sobre la costa de Conil, enfrente del faro de señales.</p> + +<p>Entonces aquellos desgraciados, pálidos y maltrechos, se miraron con +espanto, y de un brinco se plantaron en la playa, echando a correr con +toda la velocidad de sus piernas, como si el gitano les pisara los +talones.</p> + +<p>Encontraron un asilo en Conil; allí contaron detalladamente el prodigio, +y este relato, ya desnaturalizado por ellos, tomó, al pasar por los +labios de los campesinos de Conil y sus alrededores, un carácter tal, +que ya no se trataba de una tartana, sino de un inmenso navío, tripulado +por legiones de demonios que vomitaban llamas, con sus alas de fuego, y +llevando a la cabeza al gitano—o mejor dicho, al mismo Satanás, como ya +se dijo juiciosamente en la barbería de Flores—, que se había +precipitado al fondo del Océano, en el momento en que la tartana se +hundía a los cañonazos del guardacostas; en fin, una historia digna del +<i>Romancero</i>, pero que, por absurda que fuese, y según la predicción del +gitano, tuvo durante largo tiempo a todo el litoral en jaque y llevó a +su límite máximo el terror que inspiraba el nombre del condenado.</p> + + + +<h3><a name="XIg" id="XIg"></a>XI</h3> + +<p class="smcap2">AMOR</p> + +<div style="margin:auto 0% auto 48%;" +class="sml"> +<p> +Quisiera poseer tantos sentidos como<br /> +estrellas las hermosas noches para ocuparlos<br /> +todos en nuestro amor; pienso<br /> +que es por eso por lo que los ángeles son<br /> +dichosos entre todas las criaturas.<br /> +<span style="margin-left: 4em;"><span class="smcap">C. Nodier</span>, «<i>El rey de Bohemia</i>».</span><br /> +</p></div> + + +<p>¡Oh! ¡cuánto amo una noche de estío, una bella noche de España, con su +cielo transparente y azul como en los más hermosos días de Francia, y su +luna más brillante que su sol! porque entonces todo es misterio y +silencio, todo se agranda en la obscuridad; porque entonces el ligero +estremecimiento del ala matizada de una mariposa, una flor que, +destacada de su aureola, cae zumbando sobre una hoja seca, el murmullo +de las ramas que el aire agita y balancea, resuenan más fuerte a vuestro +oído inquieto y atento que el cañón que truena en un día de fiesta.</p> + +<p>¡Ved el convento de Santa Magdalena! ahora que el sol no le dora con sus +rayos, ¡cómo se eleva imponente con sus negros y altos muros y sus +vastos pórticos grises cortados en festones! ¡cuán bien sus pesadas +torres, sus largas galerías desiertas encuadran en la sombría verdura de +las viejas encinas! ¡cómo sus grandes sombras hacen resaltar la luz +blanca y viva que alumbra los muros, platea los techos de plomo y la +brillante flecha del campanario!</p> + +<p>Ya os lo he dicho; todo es silencio, se distinguiría el vuelo de una +abeja del de una mariposa.</p> + +<p>¡Atención! ¿no oís los violentos latidos de un corazón que brinca y las +inspiraciones de una respiración anhelante? ¿No oís hasta el ágil y +fresco césped murmurar bajo el ligero peso que le aprisiona?</p> + +<p>Deslizaos detrás de esa madreselva que rodea esa hermosa palmera con sus +guirnaldas purpuradas... ¡Veis!... ¡Santo Dios! ¡es la monja! ¡es el +gitano!</p> + +<p>Un pálido y débil rayo de luna jugueteaba sobre el encantador grupo. El +gitano estaba sentado a los pies de la monja, con los codos sobre las +rodillas de la joven; él sonreía con amor a aquella cabeza de ángel, y +se prestaba a los caprichos infantiles de la monja, que tan pronto le +echaba el pelo sobre la frente amplia y elevada, como se la descubría +apartando su espesa cabellera.</p> + +<p>—¡Ángel de mi vida!—dijo al fin Rosita—, ¡yo quisiera morir así en +tus brazos, con los ojos fijos en los tuyos, con mis manos entre las +tuyas!</p> + +<p>—Pues yo no, amor mío; lo que quisiera yo es vivir siempre así.</p> + +<p>—¡Oh, sí! vivir siempre así, porque vivir es estar a tu lado; vivir es +amarte... Así, mi plegaria de cada noche a la Virgen, es que proteja +nuestros amores, querido mío.</p> + +<p>—Ya los protege, querido ángel; ya ves, todo nos sale bien.</p> + +<p>—Sin embargo, ¿te acuerdas de aquella tempestad? ¡Jesús! ¡qué espanto +viéndote escalar los muros a la luz de los relámpagos, para volver a tu +chalupa! El cielo parecía de fuego, ¡Virgen santa!, y yo vi más tarde, +por las heridas de tus manos, que te habías visto obligado a agarrarte a +los picos de las rocas para que las olas no te arrastrasen.</p> + +<p>Y aun trémula al recuerdo del peligro pasado, le enlazó fuertemente con +sus brazos como si quisiera substraerle a un peligro inminente.</p> + +<p>—¿Te acuerdas? di...</p> + +<p>—No, ángel mío, no me acuerdo más que del beso que me diste al decirme +adiós.</p> + +<p>—¿Te acuerdas de la corrida de toros? ¿te acuerdas del día que te vi en +la llanura que se extiende ante el convento? ¡Oh! ¡cómo latía mi corazón +cuando comprendí por tus gestos que me reconocías, y cuando oí tu voz +bajo mi ventana!</p> + +<p>—Y después—añadió en voz más baja—, cuando por medio de una flecha +echaste una escala de seda en este jardín... ¡cómo temblaba mi mano al +atarla al tronco de esa palmera!</p> + +<p>—Mi mano temblaba también, Rosita.</p> + +<p>—¿Te acuerdas?... Pero, ¿para qué hablar del pasado, amado mío? el +presente es nuestro, el presente y su delirio, y su alegría +embriagadora, y sus ardientes caricias, y su dulce abandono... Vaya... +cuando esté sola, cuando, en un ardiente insomnio, se agite mi pecho y +mis ojos se llenen de lágrimas, entonces... entonces será tiempo de +invocar mis recuerdos.</p> + +<p>Y su cabeza se inclinó sobre la del gitano, y sus bocas se oprimieron.</p> + +<p>—¡Oh! ven—la dijo levantándola dulcemente—, ven a pasear bajo esos +viejos naranjos y a respirar su perfume... ¡Mira! Rosita, yo soy tu +caballero; esta sombría alameda es el Prado de Madrid; ven, amada mía, +enlaza tu brazo al mío, baja el largo encaje de tu mantilla sobre tus +ojos, y ven a ver estos hermosos carruajes y estas magníficas libreas. Y +después, este viejo claustro negro y silencioso, es el teatro. Ven al +teatro, resplandeciente de oro, de cristales y de luz. He aquí al rey, +he aquí a la reina y a su corte deslumbrante de pedrería; los +espectadores se levantan y saludan. Tú entras en tu palco, tu vestido es +blanco como tu seno, en el pelo llevas prendida una flor roja como tus +labios... También se levantan, Rosita, también se levantan por ti como +por la reina de todas las Españas y dicen: «¡Qué bella es!»</p> + +<p>Y la miraba sonriente como si quisiera descubrir un pensamiento de +vanidad en aquella frente pura y cándida.</p> + +<p>—¡Oh! prefiero el viejo claustro y tu amor—repuso ella; y como se +aproximase a él, su pie tropezó con una piedra verdusca—. ¿Qué es eso, +amor mío?—preguntó el gitano.</p> + +<p>—¡Una tumba!—dijo la joven deteniendo al gitano para que no pisase +aquella tierra sagrada, y persignándose.</p> + +<p>—¡Cómo! ¡una tumba aquí, en el jardín de este claustro! yo creía que +los cristianos no enterraban a sus muertos más que en una tierra +bendita; ¿lo es ésta?</p> + +<p>—No, ¡santa Virgen! porque se dice en voz baja, en el claustro, que +esta tumba es la de Pepa; de Pepa, que un día se atrevió a huir de este +santo retiro, pero fue alcanzada en el camino de Sevilla, su amante fue +muerto al querer defenderla, y ella...</p> + +<p>—¡Y bien! ¿y ella, querido ángel?</p> + +<p>—¡Oh! ella fue llevada al convento, y murió en medio de los mayores +tormentos. Tres años de suplicio, amor mío, acostándose sobre un lecho +de aquellas piedras, sin dormir, sin descanso, golpeada cada día, y +viviendo del alimento más miserable, en el cual echaban animales +inmundos, para mortificarla y hacerla expiar su crimen, según decía la +superiora.</p> + +<p>—¡Por el disco del sol!—exclamó el gitano—; entonces, ¿si nos +sorprendiesen?...</p> + +<p>Y miraba a la joven con ansiedad, porque aquella cruel pregunta se le +había escapado, por así decirlo, a su pesar, y comprendía todo lo que +semejante suposición debía tener de espantoso para ella.</p> + +<p>—Moriría como Pepa—respondió la niña sonriendo con una admirable +expresión de amor y de resignación—; como ella, moriría por mi amante. +No es la primera vez que se me ocurre.</p> + +<p>—¡Cómo! ese horrible destino....</p> + +<p>—Es mil veces menos horrible que pasar un día sin verte, sin decirte: +Yo te adoro...—murmuró con los dientes apretados, y dejándose resbalar, +estremecida, a sus pies.</p> + +<p class="puntos">... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...</p> + +<p>—¿Lo quieres tú? adiós, pues—contestó ella con un profundo suspiro.</p> + +<p>—Sí, adiós, ángel mío, es preciso que nos separemos. ¿Ves? la noche ya +es menos obscura, las estrellas palidecen y esa claridad rojiza nos +anuncia la proximidad de la aurora. Adiós, pues, Rosita mía.</p> + +<p>—Otro beso... uno solo... ¡el último! alma de mi vida.</p> + +<p>Y el sol doraba ya las altas torres del convento, cuando aun duraba este +beso.</p> + +<p>Por fin el gitano se arrancó de los dos brazos que le estrechaban +amorosamente, puso el pie en la escala de seda y la subió con su +acostumbrada agilidad.</p> + +<p>La monja, sentada al pie de la palmera, seguía todos sus movimientos con +la mirada inquieta.</p> + +<p>—Hasta la noche—decía ella—, hasta la noche, dueño mío, amor mío.</p> + +<p>El gitano, que había llegado al último tramo, se volvía una última vez +para sonreír a Rosita, y cuando se disponía a pasar al otro lado del +muro, la escala, de pronto, se replegó sobre sí misma, se deslizó +rápidamente a lo largo de la pared, y el gitano cayó a los pies de la +monja, ensangrentado, mutilado, con el cráneo abierto. Seguramente +habían cortado las amarras que sujetaban la escala por la parte de +fuera.</p> + +<p>—¡Me han hecho traición!—exclamó el gitano, y sus ojos se volvieron +hacia la monja, que estaba arrodillada, con las manos juntas, pálida, +inmóvil, la mirada fija, la respiración suspendida.</p> + +<p>—Rosita, Rosita, trata de arrastrarme detrás de esos naranjos antes de +que amanezca, porque yo no puedo valerme. ¡Oh! ¡sufro mucho!</p> + +<p>El desgraciado se había fracturado el fémur y los huesos le agujereaban +la piel.</p> + +<p>—Rosita, amor mío, Rosita mía, ayúdame...—repetía con voz débil.</p> + +<p>La monja lanzó una carcajada convulsiva y violenta, sus ojos se +agrandaron de una manera espantosa, pero no se movió.</p> + +<p>—¡Infierno! ¿es que la desgraciada se ha vuelto loca?—exclamó el +gitano, y quiso tomar una mano de la joven, pero este movimiento le +arrancó un grito penetrante.</p> + +<p>Su fractura era viva y sangrienta.</p> + +<p>De pronto se oyó un ruido, al principio sordo y confuso, en la dirección +de la puerta del jardín.</p> + +<p>—Rosita, Rosita, es tu amante quien te lo suplica, sálvate tú, al menos +sálvate tú—decía el gitano en un tono desgarrador.</p> + +<p>La joven permanecía inmóvil y arrodillada ante él.</p> + +<p>El ruido se hacía cada vez más próximo y distinto, y el herido intentó +arrastrarse detrás de una espesa mata de madreselva, que podía ocultarle +a todos los ojos.</p> + +<p>Después de sufrimientos inauditos, lo consiguió.</p> + +<p>En aquel momento se abrió la puerta del claustro, y una multitud de +carabineros, frailes y gente del pueblo invadió el jardín lanzando +atroces rugidos.</p> + +<p>—¡Muera el condenado! ¡muera el maldito!—gritaban todos.</p> + +<p>El gitano se deslizó como una serpiente detrás de un macizo de áloes. La +multitud llegó cerca del muro, y allí, junto a la palmera, encontró a la +monja, siempre arrodillada, siempre inmóvil y con las manos juntas.</p> + +<p>Aquellos gritos desordenados la sacaron del paroxismo en que estaba +abismada; bajó los ojos, vio sangre aún reciente en el suelo y sonrió. +Pero sus labios estaban tan convulsivamente apretados, que aquella +sonrisa resultaba atroz.</p> + +<p>La muchedumbre se estremeció, hizo la señal de la cruz y permaneció +muda.</p> + +<p>La monja, entonces, haciendo signo con la mano a los que la rodeaban, se +puso a seguir el rastro de sangre que el gitano había dejado sobre la +arena.</p> + +<p>Todos marchaban en silencio, llenos de horror; llegaron por fin al +matorral que ocultaba al gitano.</p> + +<p>Rosita entonces, se detuvo un momento para separar las hojas espesas y +barnizadas de los áloes, se abrió paso a través de la maleza, se +arrastró hasta el lado del maldito, lanzó un grito terrible, y cayó... +muerta...</p> + +<p>—El renegado está ahí; cercad ese lugar y rechazad al pueblo.</p> + +<p>—Ríndete, perro, porque veinte carabinas te están apuntando—exclamó el +comandante de los carabineros.</p> + +<p>—Pobre niña, por lo menos no sufrirás sus torturas—dijo el gitano +mirando a la monja, y una lágrima que los más espantosos dolores no le +habían podido arrancar, cayó sobre su ardiente mejilla.</p> + +<p>—¡Ríndete, renegado! ¡o mando hacer fuego!—repetía el comandante.</p> + +<p>—Sois unos valientes, hijos míos—respondió el gitano—: el ciervo está +herido ¡y aun le teméis! hermosa caza, en verdad.</p> + +<p>Y se calló; entonces se precipitaron sobre él, lo agarrotaron, y tres +días después estaba en Cádiz, en la prisión de San Augusto, bajo la +custodia de un batallón de milicianos.</p> + +<hr style="width: 15%;" /> + +<p>Desde hacía tiempo, los pescadores, al señalar la presencia de una canoa +que cruzaba por la noche a la vista de los muros del convento, habían +despertado las sospechas del alcalde; fueron apostados unos cuantos +hombres detrás de las rocas, se espió los pasos del gitano; fue seguido, +se le vio abordar, lanzar la escala, y cuando creyeron, por la tensión +de las cuerdas, que él subía, las cortaron por fuera, y ocurrió lo que +ya sabéis.</p> + + + +<h3><a name="XIIg" id="XIIg"></a>XII</h3> + +<p class="smcap2">LA CAPILLA ARDIENTE</p> + + +<p class="rsml"> +¡Por mi birreta! creéis que se está<br /> +cómodamente sobre un edredón de<br /> +este tela, exclamó La Balue tratando<br /> +de estirarse en su jaula de hierro.<br /> +<span style="margin-left: -6em;"><span class="smcap">De Forges le Routier</span>, «<i>Hist. del tiempo de Luis XI</i>».</span><br /> +</p> + + +<p>En medio de la plaza de San Juan, cerca de la muralla, se eleva una +linda rotonda, cubierta de un techo de estaño, reluciente como la cúpula +de un minarete. El espacio que existe entre cada columna ha sido +cubierto con fuertes rejas de hierro, de modo que este monumento +representa bastante bien una vasta jaula circular.</p> + +<p>En el centro de ella hay una hermosa capilla adornada con cirios de cera +blanca, con ricos osarios de paño negro y calaveras bordadas en plata; +al pie del altar, a un lado, se ve un sencillo ataúd de pino, abierto y +preparado; al otro lado, una cama compuesta de tres tablas y un saco de +ceniza; en otro departamento, separado por una balaustrada, hay un +hombre vestido de rojo, que reza arrodillado. Otro hombre, está sentado +al borde de la cama y se encorva bajo el peso de gruesas cadenas: es el +gitano—y aquel ataúd es el suyo—: el hombre que reza arrodillado es el +verdugo.</p> + +<p>El gitano ha sido juzgado y condenado, y, según la costumbre, ha de +permanecer en la capilla o <i>capilla ardiente</i> los tres días que preceden +a su suplicio.</p> + +<p>Esta costumbre extraña, legada por la inquisición, consiste en cantar al +condenado las preces de los agonizantes durante el tiempo que pasa en +capilla.</p> + +<p>En impedirle que duerma, ni de día ni de noche, a fin de que mortifique +su cuerpo y su alma y de que pueda meditar a su placer sobre el largo +viaje que pronto ha de emprender.</p> + +<p>En ofrecerle todos los consuelos religiosos que puedan darle los monjes +y los capuchinos.</p> + +<p>En habituarle dulcemente a la vida de la nada, poniéndole bajo los ojos +el ataúd que debe recibir su cadáver y el verdugo que debe librarle de +esta vida de miseria y de tribulación.</p> + +<p>Al verdugo también se le obliga a permanecer allí, pero por otro motivo; +se trata de purificarle por anticipado del homicidio que va a cometer.</p> + +<p>Todo transcurría, pues, en el orden apetecido; los cirios ardían, los +monjes cantaban, el verdugo rezaba, y el ataúd abierto esperaba.</p> + +<p>El gitano bostezaba formidablemente, y esperaba la hora del suplicio con +tanta impaciencia como el hombre que tiene mucho sueño y desea tenderse +en su cama.</p> + +<p>Sin embargo, faltaban aún diez y siete horas.</p> + +<p>Los monjes cesaron de cantar, porque la voz se fatiga; el verdugo se +levantó, porque la presión del pavimento sobre las rótulas es bastante +dolorosa. Una bota de cuero llena de vino circuló entre los frailes y +el verdugo. Justo es decir que éste bebió el último; y como después de +todo era bueno y humano, pasó la bota a través de los barrotes y la +ofreció al gitano.</p> + +<p>—Gracias, hermano—dijo éste.</p> + +<p>—¡Por Cristo! ¡está usted muy aburrido!—replicó el digno hombre—; +pero, ya lo veo, usted me desprecia a causa de mi profesión. Escuche, +pues, compadre, todos tenemos que vivir; yo tengo obligaciones: una +abuela enferma, una esposa adorada, y dos hijos pequeños, con sus +hermosos cabellos rubios y frescas mejillas rosadas... Y además...</p> + +<p>El gitano le interrumpió por un movimiento tan brusco, que todas sus +cadenas resonaron como si se hubieran roto.</p> + +<p>—¡Es posible!—decía con los ojos fijos sobre una robusta joven que, +mezclada con la curiosa muchedumbre, había abierto un momento su capa de +seda negra, haciéndole un signo expresivo—. ¡Blasillo, Blasillo aquí!</p> + +<p>Las salmodias de los capuchinos comenzaron con un nuevo vigor, y el +hombre de la casaca roja continuó la obra de su purificación, mientras +que el gitano caía de nuevo en sus meditaciones, porque la joven que le +llamara la atención había desaparecido.</p> + +<p>Vencido por la fatiga y el insomnio, empezaba a dormitar, cuando un +carmelita que lo advirtió, le hizo cosquillas con una pluma en la nariz, +diciéndole:</p> + +<p>—Piensa en la muerte, hermano.</p> + +<p>El gitano se despertó sobresaltado y lanzó una mirada terrible al santo +varón.</p> + +<p>—Más bien debe bendecirme, hermano—dijo éste—, porque ahí tiene usted +al reverendo Pablo, superior de San Francisco, que viene a verle.</p> + +<p>En efecto, un robusto monje entraba en el recinto, con los ojos bajos, +las manos cruzadas sobre el pecho.</p> + +<p>—<i>Ave Maria purissima, mater Dei</i>—murmuró aproximándose y haciendo un +gesto al carmelita, que se alejó.</p> + +<p>El fraile se sentó al lado del gitano, que le miraba con una singular +expresión de desprecio y de ironía; y, habiendo suspirado muchas veces, +se expresó como sigue, con una vocecita agria y chillona que contrastaba +con la enorme mole de su cuerpo:</p> + +<p>—Que el Cielo le ayude, hermano.</p> + +<p>—Diga más bien el diablo, hermano.</p> + +<p>—¿Se obstina usted, pues, en morir en la impenitencia?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—Piense, hermano, de qué gloria se cubriría usted haciendo una +abjuración de sus errores y entrando en nuestra santa Iglesia.</p> + +<p>—¿Vale la pena por tan poco tiempo?</p> + +<p>—¿Y la vida eterna, hermano?</p> + +<p>—No se haga usted el santo conmigo, compadre; lo que le interesa sobre +todo es que sea un religioso de su orden el que haya llevado a cabo la +conversión; lo comprendo, una conversión como ésta podría proporcionarle +un centenar de clientes, y eso vale la pena.</p> + +<p>—El Cielo, hermano, es testigo de...</p> + +<p>—Acabemos; todo esto es tan pesado y tan bajo, que usted me inspira +repugnancia. ¡Hola! compadre del chaleco rojo; ¿tan pronto se olvida +usted de los amigos?—dijo el gitano al verdugo sin querer responder a +las súplicas del reverendo.</p> + +<p>El verdugo acudió corriendo, con la cara risueña y bonachona.</p> + +<p>—En hora buena—dijo el gitano—; hablemos un poco, porque eres tú, mi +buen amigo, el que vas a enviarme a la eternidad. ¡Hermosa profesión la +tuya! Tú haces lo que Dios no podría hacer: a una hora fija, en un punto +dado, apagas una vida como se sopla una vela.</p> + +<p>—Lo cierto es, hermano, que <i>esto</i> no dura mucho más—respondió el +verdugo sonriendo.</p> + +<p>—Figúrate que esas gentes quieren que me confiese; bueno, me confesaré +contigo; oirás singulares revelaciones; pero, no, tendrías miedo...</p> + +<p>El hombre del chaleco rojo palideció. El fraile, que se había callado +hasta entonces, se levantó, salió un momento y luego entró acompañado de +dos vigorosos gallegos cargados con cuerdas.</p> + +<p>—Hermanos—les dijo dulcemente mostrándoles al gitano—, ese pecador +empedernido es bien digno de lástima; impedidle que se condene por +anticipado pronunciando tan horribles blasfemias. ¡Amordazadle, hijos +míos! y que Dios tenga compasión de él.</p> + +<p>Dicho esto se fue, y los gallegos amordazaron al gitano, cuyos ojos se +volvieron rojos y brillantes como dos brasas encendidas.</p> + +<p>Como parecía bastante tranquilo, al cabo de dos horas le quitaron la +mordaza, máxime cuando que algunas lindas mujeres de la mejor sociedad +de Cádiz, que se agrupaban alrededor del recinto, habían hecho muy +justamente observar que sería imposible ver bien las facciones del +gitano mientras aquella villana placa de cuero le cubriese la nariz y la +boca.</p> + +<p>La mordaza, pues, cayó ante tan filantrópicas razones.</p> + +<p>Pero no todo el mundo se interesaba tan tiernamente por el gitano; los +unos aplaudían la decisión de la Junta, los otros se prometían un gran +placer el día del suplicio, muchos, incluso dirigían furibundas +imprecaciones al gitano que se contentaba con sonreír.</p> + +<p>Uno entre tantos, un hombre alto, seco y pálido, el corregidor de +Sevilla, que se encontraba en Cádiz para seguir un proceso, se +encarnizaba sobre todo con el desgraciado reo; a cada instante le decía:</p> + +<p>—¡El infame!... ¡Qué dicha para la sociedad que semejante monstruo sea +castigado con arreglo a sus culpas!... Le vería estrangular con placer.</p> + +<p>Parece que por fin el gitano se cansó de tantas injurias.</p> + +<p>Enderezó altivamente la cabeza, y dijo con voz sonora:</p> + +<p>—Señor Pérez, ¡es usted poco caritativo!</p> + +<p>—¿Quién ha dicho mi nombre a ese miserable?—preguntó el hombre, +pálido, confuso y extrañado.</p> + +<p>—¡Oh! amigo mío, no es sólo eso lo que sé; ¿y su quinta a orillas del +Guadalquivir? ¿y aquel lindo tocador tapizado con esteras de Lima, con +sus persianas verdes y su pila de mármol blanco?</p> + +<p>—¡Jesús! ¡cómo ese demonio puede saber!...</p> + +<p>—Es allí donde, durante el ardiente calor del día, la señora Pérez va a +buscar el silencio y el fresco.</p> + +<p>—¡Perro! no profanes un nombre respetable. Pero, ¿no hay leyes, no hay +justicia más rigurosa? Mientes; cállate, o te hago amordazar de +nuevo—decía el corregidor enfurecido.</p> + +<p>Pero la multitud, que comenzaba a encontrar la conversación muy +divertida, se aproximó más, y como el señor Pérez se encontraba en la +posibilidad de huir, el gitano continuó:</p> + +<p>—Dice usted que miento, señor Pérez, ¿quiere usted pruebas?</p> + +<p>—¡Te callarás, renegado!</p> + +<p>—Helas aquí, pues. La señora es bella y joven, morena, con unos ojos +negros como el ala del cuervo; gruesa y rosada, con un pie, una cintura +y una mano que harían volver loco a un canónigo del Escorial.</p> + +<p>—¡Infame! te atreves...</p> + +<p>—En fin, debajo del hombro izquierdo tiene un lunarcito negro, +coquetón, aterciopelado, que hace saltar aún la deslumbrante blancura de +una piel de raso... Pero eso no es aun todo.</p> + +<p>El corregidor espumarajeaba de rabia y no podía encontrar una sola +palabra para contestar al gitano ni a las guasas con que la multitud le +asaeteaba. Por fin exclamó, precipitándose sobre la reja:</p> + +<p>—Pero ese infernal gitano ha sabido eso por alguna camarera de mi +mujer... o bien es que...</p> + +<p>—No, señor Pérez, no—repuso el gitano—; lo he sabido por el capitán +de fragata que usted recibía en su casa, en Sevilla, porque ese +capitán... era...</p> + +<p>—¡Acaba, pues, malvado!</p> + +<p>—¡Era yo!... ¿Ya está bautizado su hijo, señor?</p> + +<p>El furor del señor Pérez no tuvo límites; se aferró con violencia a la +reja; vanos esfuerzos, porque el gitano estaba al abrigo de su cólera.</p> + +<p>—Ya lo sospechaba. ¡Y no será ahorcado más que una vez!—aullaba el +infortunado corregidor sin soltarse de la reja.</p> + +<p>Por fin, amigos caritativos le arrancaron de allí, la multitud se +dispersó poco a poco, y cuando llegó la noche ya no había casi nadie +alrededor de la capilla.</p> + +<p>—Por fin me han dejado libre esos curiosos estúpidos—dijo el gitano +cuando daban las once en el reloj de San Francisco—. Pero no, ahí +vienen otros, y de la más peligrosa especie—dijo viendo a dos +sacerdotes, con sotana negra, que avanzaban hacia la capilla.</p> + +<p>El hermano guardián salió a su encuentro.</p> + +<p>—¿Qué quieren ustedes?—preguntó duramente al de más edad, porque ya se +sabe el odio que la raza monacal tiene al resto del clero.</p> + +<p>—Oír a ese cristiano que nos ha enviado a llamar—respondió gravemente +el sacerdote.</p> + +<p>—¡Es imposible! ¡Por Santiago! Ha despedido al reverendo padre Pablo +tratándole como a un arriero borracho.</p> + +<p>—Es decir, ¡que nosotros mentimos, perro maldito!—exclamó el sacerdote +más joven.</p> + +<p>El gitano, tranquilo hasta entonces, había sido simple espectador de +aquella escena; pero al oír aquella voz bien conocida, exclamó:</p> + +<p>—¡Miserable carmelita, deja entrar a esos sacerdotes! soy yo, el +gitano, quien los ha enviado a buscar para comunicarles mis últimas +voluntades, para confesarme. ¿Qué esperas, pues?</p> + +<p>—Puesto que usted lo quiere, sea, hermano—dijo el fraile +desconcertado—; pero, por la Virgen, ha hecho usted una tontería no +aceptando la mediación del padre Pablo! ¡Tan bien como está con el +Eterno! Amén.</p> + +<p>En el momento en que el guardián iba a atravesar el recinto que le +separaba del gitano, el joven sacerdote se arrojó sobre la mano del +gitano, cubriéndola de lágrimas.</p> + +<p>—¡Imprudente! ¿quiere usted perderse?—exclamó su compañero poniéndose +ante él para que el carmelita no pudiera verle.</p> + +<p>Cuando éste se hubo alejado se aproximó al gitano y le dijo:</p> + +<p>—Ya sé, señor, cuáles son sus intenciones, sus creencias, su voluntad; +yo no abusaré de estos momentos que son preciosos; óigame: Hace una +hora, ese joven, que es quizás el único amigo que usted tiene en el +mundo, se arrojó a mis pies... Me lo ha dicho todo, sus crímenes, sus +errores de usted... Luego me ha pedido que le proporcionara una última +entrevista con usted que él quería tener a todo trance, y he consentido. +Ha sido quizás una debilidad, pero en el momento solemne en que usted +se encuentra, he creído, puesto que usted se niega a aceptar los +consuelos de la religión, que por lo menos los de la amistad le +ayudarían a hacer más soportable su situación. Ya lo sabe usted todo... +Cuando sea media noche, tendremos que dejarle... Yo, mientras tanto, voy +a rezar por usted, porque el hombre capaz de inspirar semejante +abnegación no debe ser enteramente criminal.</p> + +<p>Y el venerable sacerdote se arrodilló al pie del altar.</p> + +<p>—Señor—dijo el gitano—, siento mucho que tenga tan poco tiempo para +expresarle mi reconocimiento...</p> + +<p>—El tiempo pasa...—repuso el sacerdote.</p> + +<p>—¡Ay! sí—dijo el gitano.</p> + +<p>Y dirigiéndose a Blasillo, porque era él quien, sombrío y abatido, le +miraba fijamente:</p> + +<p>—¡Qué tal! Blasillo, hijo mío, adiós. Nuestros proyectos...</p> + +<p>—¡Mi comandante! ¡mi pobre comandante!</p> + +<p>Y lloraba.</p> + +<p>—Mira, si siento dejar la vida, es por ti; te amaba.</p> + +<p>—Yo no le sobreviviré.</p> + +<p>—Niño, ¿no tienes aún mi tartana y mis negros? Vete, huye a América... +eres joven, valiente...</p> + +<p>—No, yo le vengaré... aquí.</p> + +<p>—Blasillo, te lo prohíbo; tú ejecutarás mis órdenes.</p> + +<p>—Usted será vengado. Mi plan está aquí, fijo, cierto como la muerte que +le amenaza, porque usted va a morir. ¡Usted tan valiente, tan grande! +¡morir! ¡morir como un miserable!—decía Blasillo en voz baja para no +despertar las sospechas de los guardianes, y se retorcía los brazos.</p> + +<p>El gitano puso una mano sobre su frente.</p> + +<p>—Mira, Blasillo, acabemos esta escena; es atroz. ¡Adiós! Déjame.</p> + +<p>—Comandante, aun no, aun no...</p> + +<p>—Escucha, hijo mío; en una cajita de hierro encontrarás un mechón de +pelo: es de mi pobre hermana; encontrarás también un viejo cinturón: es +el que mi padre llevaba cuando le mataron: quema ambos objetos. Lo demás +te pertenece, todo, hasta el saquito que te hará dueño del judío de +Tánger, si es que tienes el capricho de volver por allá.</p> + +<p>—Pero ¡no poderle salvar! ¡ver su agonía, sus sufrimientos!</p> + +<p>—¡Por el rayo, Blasillo! ¿olvidas, hijo mío, nuestras largas y rudas +travesías, nuestros sobresaltos, nuestros peligros, seguidos siempre de +nuevas fatigas?... mientras que mañana, Blasillo, descanso, y descanso +de verdad, y para siempre. No me compadezcas, pues; si sufro, es por ti. +En fin, adiós; huye de España, vete a otro país; vende la tartana y los +negros, vete a vivir tranquilo y dichoso, y, en medio de tu felicidad, +acuérdate alguna vez del gitano.</p> + +<p>Blasillo cayó a sus pies.</p> + +<p>—¿No te parece, hijo mío, que es una lástima acabar mi vida por donde +debería haberla comenzado? Si yo hubiese tenido a los veinte años un +amigo como tú y una amante como Rosita, no estaría en este lugar, +tendría aún ilusiones, una familia, dulces afectos, y me extinguiría +dulcemente un día rodeado de mis nietecitos... ¡Singular destino!...</p> + +<p>Y después de una pausa, se quitó un pañuelo de seda roja que llevaba al +cuello y se lo dio a Blasillo.</p> + +<p>—Toma, lo llevarás en recuerdo mío. ¡Adiós!</p> + +<p>—¡Ah! hasta la muerte...</p> + +<p>—¡Vamos!... ¡adiós!...</p> + +<p>El reloj de San Francisco dio las doce.</p> + +<p>Cada campanada vibraba de un modo desgarrador en el corazón del pobre +niño; a la última, cayó desvanecido.</p> + +<p>El gitano lanzó un grito, el sacerdote acudió corriendo y el carmelita +también.</p> + +<p>—¡Virgen santa! ¿qué tiene su compañero?—preguntó el guardián.</p> + +<p>—Nada; la emoción que le ha producido el oír tan grandes pecados.</p> + +<p>—Vaya, hijo mío, tranquilícese—decía el buen anciano levantando a +Blasillo.</p> + +<p>Este volvió en sí, miró a su alrededor, y se precipitó de nuevo en los +brazos del gitano.</p> + +<p>—¡Cuánta caridad!—decía el guardián—; va a herirse con las cadenas de +ese bandido.</p> + +<p>El sacerdote se vio obligado a arrancarle de sus brazos casi sin +conocimiento.</p> + +<p>—Señor—le dijo el gitano—, quisiera volver a ver a usted mañana.</p> + +<p>Se quedó solo, meditó profundamente toda la noche, y cuando las campanas +del <i>Angelus</i> y la primera claridad del día le sacaron de su +ensimismamiento, se pasó la mano por la ancha frente, y dijo:</p> + +<p>—Por mucho que haga, no puedo creer en la eternidad.</p> + +<p>Después añadió sonriendo:</p> + +<p>—¡Y no me disgustaría equivocarme!</p> + + + +<h3><a name="XIIIg" id="XIIIg"></a>XIII</h3> + +<p class="smcap2">EL GARROTE</p> + +<p class="rsml"> +Me parece que debe usted sentir<br /> +dejar esta hermosa vida, le dije yo<br /> +con el aire del más grande interés.<br /> +<span class="smcap">J. Janin</span>, «<i>El asno muerto</i>».<br /> +</p> + +<p class="hang sml">(En medio de la plaza de San Juan se eleva un estrado, +al que dan acceso dos escaleras; en el centro, +un sillón de madera muy sencillo, adosado a un largo +palo; dos filas de milicianos se extienden a cada +lado del cadalso y forman un largo cordón que llega +hasta la capilla. Una numerosa multitud llena la +plaza y las ventanas, los balcones y los tejados de +las casas de la misma: las murallas y hasta las fortificaciones, +han sido también invadidas por la multitud. +Son las once, de la mañana, el sol brilla, y la +alta cúpula de San Juan, se destaca sobre un cielo +puro y azul). +</p> + + +<p><span class="smcap">El barbero Flores</span> (<i>a un hombre del pueblo</i>).—Hágame el favor, +compadre, de ponerme delante de usted, porque como no soy muy alto, +podrá usted ver por encima de mi cabeza, y, ¡Dios me salve! estos +espectáculos son desgraciadamente tan raros, que entre cristianos hay +que ayudarse en la vía de salvación.</p> + +<p><span class="smcap">El hombre del pueblo.</span>—Pase, pues, señor, y no me olvide en sus +oraciones.</p> + +<p><span class="smcap">Flores.</span>—La Virgen del Carmen le bendecirá, compadre, y usted no se +arrepentirá de haberme hecho ese favor cuando sepa que yo conozco +curiosos detalles de ese renegado que van a ajusticiar.</p> + +<p><span class="smcap">Una joven.</span>—¡Virgen santa! ¿Usted lo ha visto, quizá? ¡qué dicha! +semejante suerte no se ha hecho para gentes como nosotros; durante los +tres días que el reo ha pasado en capilla, los buenos puestos delante de +la reja no eran más que para las grandes damas.</p> + +<p><span class="smcap">Una joven</span> (<i>cargada de cintas y llena de afeites y de lunares</i>).—Yo +soy, pues, una gran dama, porque yo le he visto como veo la bacía de ese +barbero de piernas de garza ¡y por mi patrona!...</p> + +<p><span class="smcap">Flores</span> (<i>encolerizado</i>).—Tu patrona, hija mía, no figura en el +calendario, y si no me equivoco, ha dado muchas veces la vuelta a la +ciudad, con la cabeza rapada, y montada en una burra, con la cara vuelta +hacia la cola...</p> + +<p><span class="smcap">La joven</span> (<i>sacando la navaja de la liga</i>).—Barbero del infierno, tu +garganta es demasiado estrecha para esas palabras; ¡por Cristo! te la +voy a ensanchar.</p> + +<p><span class="smcap">Un majo.</span>—¡Vamos, cállate, cállate, joven de las cintas! vuélvete a la +calle del Fideo a tocar la guitarra y a echar flores a los transeúntes +detrás de tu celosía. Si has visto al gitano de tan cerca, es que +seguramente el verdugo te habrá ayudado muchas veces a ponerte la +mantilla, y te habrá protegido en estas circunstancias. (<i>Quitándole el +cuchillo</i>). ¡Demonio! no juegues con este alfiler, porque te puedes +pinchar y yo también. ¿Quieres que la devuelva a su sitio, hermosa?</p> + +<p><span class="smcap">La joven.</span>—¡Hereje! pero seré vengada, porque ahí viene el hermano José.</p> + +<p><span class="smcap">Un capuchino</span> (<i>llevando en una mano una linterna con dibujos que +representan diablos entre llamas, y en la otra una bolsa</i>).—Por las +almas que sufren en el purgatorio, hermanos, dad una limosna y Dios os +lo pagará. (<i>Los asistentes saludan humildemente, se arrodillan con +compunción, pero no dan nada.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">La joven de las cintas.</span>—<i>Ave Maria</i>, hermano José, tome este real y +ruegue porque ese perro de majo sea destripado en la primera <i>juerga</i> +que corra. Diga, hermano José, ¿le veré pronto? Mi estera es blanca; mis +alcarrazas tienen flores frescas y yo le guardo magníficos cigarros de +la Habana.</p> + +<p><span class="smcap">El capuchino</span> (<i>volviendo rápidamente la espalda, y gritando en alta +voz</i>).—¡Por las almas del purgatorio, señores!</p> + +<p><span class="smcap">La joven.</span>—Hermano José, hermano José, ¿me ha olvidado, usted, pues? y +sin embargo, yo no he omitido ni una misa ni un <i>Angelus</i>.</p> + +<p><span class="smcap">Flores.</span>—Parece, compadres, que el reverendo dirige la conciencia de la +señora: afortunadamente es robusto, porque esa debe ser una terrible +tarea. ¡Amén!</p> + +<p><span class="smcap">La joven.</span>—¡Caramba! ¡es bien duro oír calumniar así a un santo varón +por un comunero, un masón!</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Un masón! ¡un comunero! ¿dónde está el masón?</p> + +<p><span class="smcap">Flores</span> (<i>palideciendo</i>).—¡Por el seno de tu madre! cállate, niña, y no +gastes esas bromas; no hizo falta más para que Pérez fuese molido a +palos.</p> + +<p><span class="smcap">La joven.</span>—Ya lo oyen señores, él conoce a Pérez, que recibió, por la +gracia de Dios, más bastonazos que barbas ha rapado ese barbero hereje +en su vida. Ved, si no; lleva una cinta verde al cuello; por la Virgen +que me ve y me ilumina ¡es un masón! alejadle, pues, hijos míos, +alejadle. (<i>Rumores en el pueblo</i>.)</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Al agua el comunero! ¡Muera el masón! ¡Al agua!</p> + +<p><span class="smcap">Flores.</span>—Les juro por la sangre de la cruz, compadres, que esa cinta no +significa nada, y que...</p> + +<p><span class="smcap">Un campesino</span> (<i>golpeándole</i>).—¡Toma, recontra! ¡ah! ¡y te atreves a +mezclarte con los cristianos!</p> + +<p><span class="smcap">Otro.</span>—¡Toma! ¡toma! y a ver si tus hermanos te socorrerán, demonio; +llámales en tu auxilio.</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Al agua, al agua!</p> + +<p><span class="smcap">La joven.</span>—Bravo, señores, la Virgen os bendecirá; llevad su cinta verde +y su cabeza al alcalde, y no os faltarán los doblones ni las +indulgencias para la Cuaresma.</p> + +<p><span class="smcap">Flores</span> (<i>golpeado, desgarrado, lleno de polvo, pasa de mano en mano +hasta la muralla que baña el mar; allí, un vigoroso andaluz le agarra y +le echa al agua gritando</i>).—¡Dios me salve! ¡Así mueren los masones +herejes y los constitucionales, enemigos del rey absoluto!</p> + +<p><span class="smcap">La multitud.</span>—¡Bravo! ¡Viva el rey absoluto!</p> + +<p><span class="smcap">Un marino.</span>—¡Silencio, hijos míos, silencio! he ahí el cortejo que ya +empieza a desfilar. ¡Vive Dios! es un hermoso día para mí.</p> + +<p><span class="smcap">Un campesino.</span>—Para usted y para todos, señor marino.</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—Para mí más ¡por Santiago! ¿No estaba yo a bordo del +guardacosta que le dio caza?</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Cómo, señor! ¡Usted asistió a ese espantoso combate! +¡Virgen santa! ¡y aun vive!</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—Afortunadamente habíamos comulgado la víspera; a no ser por +eso el demonio nos hubiera arrastrado al fondo del infierno.</p> + +<p><span class="smcap">Un campesino.</span>—Pero, ¿cómo ocurrió eso, señor? Porque se había dicho que +ustedes hundieron su tartana.</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—Y es cierto, compadre, pero acto continuo reapareció a +nuestra popa, cubierta de llamas y con más de diez mil demonios encima +que lanzaban fuego por boca y ojos.</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Virgen santa! ¡rogad por nosotros!</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—Y en medio de ellos el gitano que se debatía blasfemando e +insultando a todos los santos del Cielo y al señor gobernador.</p> + +<p><span class="smcap">La multitud.</span>—¡Jesús, qué horror! ¿y cómo os librasteis del monstruo?</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—Afortunadamente el capitán tenía una botella de agua bendita +por el arzobispo de Toledo, y como el infernal buque estaba muy cerca, +se la echamos a bordo.</p> + +<p><span class="smcap">El campesino.</span>—¿Con un cañón, compadre?</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—No, compadre, a mano; y entonces todo se hundió como por +encanto, entre los rugidos de los demonios.</p> + +<p><span class="smcap">Un caballero.</span>—Pero, señor marino, ¿cómo se ha dejado prender el gitano +en el convento si estaba dotado de ese poder infernal?</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—Precisamente porque estaba en un lugar sagrado.</p> + +<p><span class="smcap">La multitud.</span>—¡Claro! ¿Quién se atreve a dudarlo?</p> + +<p><span class="smcap">El caballero.</span>—Pero, ¿una vez fuera del convento, no podía recuperar su +poder?</p> + +<p><span class="smcap">El marino.</span>—No, porque se había tenido buen cuidado de cargarle de +cadenas... ¡casi no podía andar!...</p> + +<p><span class="smcap">El caballero.</span>—¡Como que tenía una pierna rota!...</p> + +<p><span class="smcap">Una mujer.</span>—Lo hacía ver, pero era para engañarnos...</p> + +<p><span class="smcap">El caballero.</span>—Yo, señores, no lo veo muy claro...</p> + +<p><span class="smcap">Una mujer.</span>—¡Entonces usted no es cristiano!... ¡Virgen del Carmen! ¡no +quiere creerlo!...</p> + +<p><span class="smcap">El caballero</span> (<i>acordándose de la suerte de Flores</i>).—Señora, yo lo creo +todo y he prometido un cirio de treinta libras a la Virgen del Pilar; +mire, aquí tengo un rosario...</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡A ver!...</p> + +<p><span class="smcap">El caballero</span> (<i>muy pálido</i>).—Mirad... y además, aquí tenéis una carta +del superior de San Juan dirigida a mí. Leed...</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—No sabemos leer... No le creáis... es un lazo que nos +tiende... ¡Al agua!</p> + +<p>(<i>Afortunadamente en aquel momento se oyen más sonoros que nunca los +cantos de los frailes que acompañan al cortejo, y la multitud deja al +pobre hombre, que se refugia en una taberna.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">Una mujer.</span>—¡Ah! ¡qué dicha, Virgen santa! Aquí está la procesión. Mira, +Juana, estamos muy cerca del cadalso, y tiene dos escaleras.</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—Eso es porque el reo había mandado un navío de guerra; el +verdugo subirá por una escalera y él por otra.</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—¡Demonio, qué injusticia! se concede eso a un renegado y se +me negaría quizás a mí.</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—Mira, Pepa, los penitentes con el ataúd.</p> + +<p><span class="smcap">Pepa.</span>—Detrás va el verdugo ¡Virgen santa! no es feo para ser un +verdugo; sólo que está muy pálido.</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—Muy sencillo; es el verdugo de Córdoba que viene a reemplazar al +nuestro, y como nunca ha matado aquí... pues, claro, se encuentra +cohibido...</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—Decid, comadres, ¿veis al gitano?</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—No, hijo mío... Tenga cuidado, joven (<i>dirigiéndose a Blasillo +que llega en aquel momento envuelto en una capa y que se abre paso a +codazos</i>)... por poco me tira usted al suelo... Eso es... póngase +delante, en el mejor sitio. (<i>En voz baja a Pepa</i>). ¡Jesús, Pepa! ¿Has +visto qué mirada? ¡Parece que le arden los ojos!</p> + +<p><span class="smcap">Pepa.</span>—¡Ah! será el hijo de alguna víctima del reo... Pero, ya está +aquí... ¡Qué alegría, Virgen santa! Desde el día de mi primera +comunión, nunca había estado tan contenta...</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Muera! ¡perro maldito! ¡muera el gitano!</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—Doy veinte escudos por reemplazar al verdugo.</p> + +<p><span class="smcap">Otro.</span>—Yo cuarenta, pero quiero degollarle, que se vea su sangre.</p> + +<p><span class="smcap">Una mujer</span> (<i>arrojando un rico rosario a los pies del alcalde</i>).—Ese +rosario vale veinte doblones; lo regalo a la Virgen, pero con la +condición de que me lo dejen matar a mí.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo</span> (<i>pisoteando el rosario y agarrando violentamente el brazo de +la mujer</i>).—¡Silencio! ¡silencio, si es que tienes aprecio a la vida!</p> + +<p><span class="smcap">La mujer.</span>—¡Socorro, Dios mío! este muchacho me hunde las uñas en la +carne.</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces</span>.—¡Silencio! ¡que se calle!</p> + +<p>(<i>Llega el gitano cargado de cadenas; marcha apoyado en el sacerdote, y +lleva un ramito de jazmín entre los dedos.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—¡Bravo! ya está aquí; ¿sabéis que el verdugo está más pálido +que él?</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—¡Jesús! el renegado no ha querido un fraile y se hace acompañar +por un sacerdote. ¡Qué corrupción!</p> + +<p><span class="smcap">Una voz.</span>—¿Se han fijado, señores, cómo va vestido?</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—Todo de negro... ¡Jesús y qué desvergonzado! En lugar de pensar +en la eternidad va oliendo una ramita de jazmín...</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—El infame no parpadea siquiera. ¡Muera! ¡muera!</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote.</span>—Debe usted sufrir mucho... apóyese en mí. ¡Ay! ya +estamos bien cerca de...</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Del término de nuestro viaje, es cierto.</p> + +<p><span class="smcap">Muchas voces.</span>—¡Muera el perro! ¡muera! ¡Que le partan en pedazos!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Cómo gritan...</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote.</span>—Sí, pero piense usted...</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—¡En la muerte! ¡Para qué! ahí está el amigo del chaleco rojo +que ya piensa por mí.</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—¡Que le crucifiquen! ¡Que le quemen a fuego lento!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—¡Qué sol tan puro! ¡qué cielo tan hermoso!</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote.</span>—Sí, hijo mío, piense usted en el cielo, en el cielo...</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Ya hemos llegado; adiós, amigo mío; venga esa mano. Tome +esta flor, es todo lo que tengo; guárdela. Adiós, mi buen amigo.</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote.</span>—¡Ah! ¡con ese valor, con esa energía! ¿qué destino +hubiera sido el suyo?</p> + +<p><span class="smcap">El gitano</span> (<i>enjugando una lágrima</i>).—Es verdad...</p> + +<p><span class="smcap">El populacho.</span>—¡Oh! el cobarde llora. ¡Muera el cobarde!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano</span> (<i>sonriendo</i>).—¡Es singular! Por un amargo azar del destino +cuando estoy a punto de dejar la vida es cuando encuentro los afectos +que tan ardientemente he buscado; cuando encuentro a Blasillo, a Rosita +y a usted... y a usted sobre todo que me haría creer hasta en la +virtud...</p> + +<p><span class="smcap">El pueblo.</span>—¡Muera el condenado! ¡El apóstata! ¡Ya tardan demasiado!</p> + +<p><span class="smcap">El verdugo.</span>—Señor gitano, el pueblo se impacienta.</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Nunca me perdonaría el hacer esperar a su señoría. (<i>Tiende +las manos al sacerdote</i>). Adiós, amigo mío.</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote.</span>—Aun no le dejo.</p> + +<p>(<i>El gitano pone el pie en el primer escalón; Blasillo se aproxima a él +y le estrecha la mano.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo.</span>—Adiós, comandante; usted será vengado, pero de una manera +terrible; todo ese populacho pagará lo que hace. Ahora, muera usted; +porque yo puedo presenciar su muerte sin palidecer.</p> + +<p><span class="smcap">El gitano</span> (<i>en voz baja, subiendo las gradas</i>)—¡Adiós, querido +Blasillo!</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—.¡Virgen Santa! ¡sabes que ese joven de los ojos ardientes ha +hablado al gitano!</p> + +<p><span class="smcap">Pepa.</span>—Yo lo he visto; sin duda le habrá reprochado algún crimen.</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—¡Ah! Por fin el maldito está en el sillón.</p> + +<p><span class="smcap">Otro.</span>—¡Alabado sea Dios! Ya le ponen el cuello en la argolla.</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—¡Santa Virgen! ¡Ya van a matarle! Pero...</p> + +<p><span class="smcap">Un hombre.</span>—¿Y qué?...</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—Es que nos estafan, nos roban... ¿y la mano?</p> + +<p><span class="smcap">El pueblo.</span>—¡Es verdad, que le corten la mano! (<i>Gritos, tumulto, +escándalo. El alcalde consulta con la Junta.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde.</span>—Es justo, lo habíamos olvidado. Nuestra es la culpa.</p> + +<p><span class="smcap">Uno de la junta.</span>—Pero, así no vamos a acabar nunca.</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde.</span>—Mi querido amigo, ya que tenemos tan pocas ocasiones de +popularizarnos, aprovechemos ésta. Es cuestión de un momento.</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote</span> (<i>al gitano</i>).—Amigo mío, perdóneles usted, el fanatismo +les extravía.</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Ya lo veo.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo</span> (<i>en voz alta</i>).—¡Bravo, pueblo! inventa nuevas torturas. El +Cielo te lo recompensará.</p> + +<p><span class="smcap">Juana.</span>—Tiene razón el pobre niño.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo</span> (<i>riendo</i>).—Sí, mujer, el Cielo o el infierno.</p> + +<p><span class="smcap">El pueblo.</span>—¡La mano, la mano del maldito!</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde.</span>—Señores, un poco de silencio. La justicia, viviente y +sagrado símbolo de la Divinidad, no es una palabra vana, y esta justicia +se ha impuesto como deber el rendirse a los deseos del pueblo, juicioso +defensor de la religión y del trono.</p> + +<p><span class="smcap">El pueblo.</span>—¡Viva! ¡viva!</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde.</span>—De modo, señores, que la Junta...</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote</span> (<i>interrumpiéndole</i>).—Señor, en nombre del Cielo, piense +que el desgraciado espera la muerte...</p> + +<p>(<i>El alcalde continúa impertérrito y pronuncia un largo y conmovedor +discurso, tras el cual acaba por conceder al pueblo la mano del reo.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">La multitud.</span>—¡Viva el alcalde! ¡viva el rey absoluto!</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde.</span>—Ya has oído, obra.</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—¡Por fin!</p> + +<p><span class="smcap">El verdugo.</span>—¡No, señor!</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde.</span>—¡Cómo!</p> + +<p><span class="smcap">El verdugo.</span>—Me han hecho venir de Córdoba para dar garrote al reo, pero +no para cortarle la mano. No tengo yo la culpa si ha muerto el verdugo +de Cádiz... Vengan diez duros más, y entonces hablaremos.</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote.</span>—¡Qué horror, Dios mío!</p> + +<p>(<i>El alcalde delibera con la Junta.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">El alcalde</span> (<i>al verdugo</i>).—Vaya, no sea usted...</p> + +<p><span class="smcap">El verdugo.</span>—No rebajo ni un real...</p> + +<p><span class="smcap">El pueblo</span> (<i>arrojando el dinero</i>).—¡Ahí van los diez duros!</p> + +<p><span class="smcap">Un carnicero</span> (<i>agitando su cuchillo</i>).—¡Por Santiago! ¡yo le cortaré +gratis la mano, y la otra y la cabeza!</p> + +<p><span class="smcap">El verdugo.</span>—Compadre, ¿acaso mato yo sus animales? Cada cual a lo suyo. +Venga ese cuchillo.</p> + +<p>(<i>El carnicero se retira en medio de los aplausos de la multitud; el +verdugo recoge cuidadosamente el dinero, va hacia el gitano, le agarra +el brazo y le corta la mano.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">La multitud.</span>—¡Bravo! ¡muera el hereje!</p> + +<p><span class="smcap">El gitano.</span>—Creí que esto era más doloroso.</p> + +<p><span class="smcap">El sacerdote</span> (<i>con voz sonora y fuerte</i>).—Era culpable ante los +hombres, pero este martirio le absuelve ante Dios.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo</span> (<i>precipitándose sobre la mano ensangrentada y guardándola +bajo su capa</i>).—Sacerdote, no lo dices todo, ¡esa sangre caerá sobre +ellos! Adiós, comandante, aun me hace falta fuerza para vengarte; me +voy, porque un minuto más me mataría. (<i>Blasillo desaparece entre la +multitud.</i>)</p> + +<p>Como el momento se acerca, se hace un profundo silencio.</p> + +<p>El sacerdote se arroja en los brazos del condenado; el verdugo se +aproxima y pone al cuello de la víctima la argolla; aprieta después el +torniquete que hay en la parte posterior y oprime violentamente el +cuello del paciente. Una vuelta más, y el gitano queda estrangulado; en +aquel momento el sacerdote le echa un velo a la cara, y cae a sus pies +rezando; la multitud aplaude de nuevo y se retira satisfecha. Por la +tarde, cuando ya el sol se oculta detrás de la torre de la Aduana, el +alcalde volvió al cadalso, donde habían dejado el cuerpo del +ajusticiado. Allí se descubrió, sin que el gitano correspondiera a su +atención, y entonces los ayudantes del verdugo arrojaron su cuerpo al +muladar, donde fue devorado por los perros.</p> + + + +<h3><a name="XIVg" id="XIVg"></a>XIV</h3> + +<p class="smcap2">MAESTRO PLOCK</p> + +<p class="rsml">¡La venganza! placer de los hombres.</p> + + +<p>Creo que fue a una de esas calles de Tánger, sucias, estrechas y +fangosas, bordeada por altas casas sin aberturas, tal vez la calle de +Moab'd'hal, a donde Blasillo se dirigió después de una feliz travesía. +Muchos días habían transcurrido ya desde la muerte del gitano, y la +tartana, siempre oculta en su impenetrable retiro, había podido escapar +tanto más fácilmente, por cuanto todo Cádiz la creía hundida; de modo +que a Blasillo le fue muy fácil franquear la distancia entre Cádiz y +Tánger.</p> + +<p>En aquella sucia y fea calle, los árabes se entregaban a sus juegos +favoritos y sobre todo a la caza de los armenios, de modo que así que +uno de ellos se atrevía a sacar la cabeza a la puerta de su casa, caía +sobre él una lluvia de balas.</p> + +<p>En medio de ellas atravesó Blasillo la calle hasta que llegó a una +enorme verja de hierro detrás de la cual había un viejo de larga y +cadavérica cara, cubierto con una especie de gorro amarillo, que +encuadraba de una manera extraña su horroroso rostro.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo.</span>—Tarda usted mucho, buen hombre, y ya sabe usted, sin embargo, +que las balas llueven sobre los cristianos en esta maldita calle.</p> + +<p><span class="smcap">El judío.</span>—¿No es más que eso? Adiós, joven.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo.</span>—Una palabra, no se retire tan pronto.</p> + +<p><span class="smcap">El judío.</span>—Hable, pero sea breve.</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo.</span>—Aquí en la calle no puedo; déjeme entrar en su casa, y +entonces...</p> + +<p><span class="smcap">El judío.</span>—¡Que el anillo de Salomón te sirva de collar! ¡Vete!</p> + +<p><span class="smcap">Blasillo.</span>—Puesto que usted se niega, voy a intentar un último medio. +(<i>Le enseña un saquito abierto de emblemas jeroglíficos.</i>)</p> + +<p><span class="smcap">El judío.</span>—¡Que no! ¡semejante tesoro en tu poder!... ¿quién ha +podido...? Pero, entra, entra; porque las balas llueven, y no quisiera +que esos incrédulos mancillaran ese talismán.</p> + +<p>Se abrió la puerta.</p> + +<p>Blasillo entró bajando la cabeza, atravesó otras dos enormes rejas de +hierro y se encontró en un estrecho patio que no recibía la luz más que +por arriba.</p> + +<p>—Déjame, hijo mío—dijo el judío—, déjame que examine ese saquito.</p> + +<p>Y sus ojos echaban chispas bajo sus espesas cejas.</p> + +<p>—Vea usted, padre—respondió Blasillo.</p> + +<p>—¡Por las cinco estrellas de Stemboth! éstas son las insignas de uno de +los grados más altos de nuestra asociación, y yo debo obedecer a los que +las posean, sin informarme de qué modo han llegado a sus manos. ¿Qué me +mandas, hijo? El viejo está a tus órdenes.</p> + +<p>—Te llaman Jacob, y no obstante tu nombre es Plock, ¿no es cierto, +anciano?</p> + +<p>—Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento.</p> + +<p>—Bien, señor Plock; ¿tiene usted unos almacenes cuya entrada da a la +playa, cerca de la ensenada de Betim'Sah?</p> + +<p>—Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento.</p> + +<p>—¿Y en esos almacenes guarda ricos tejidos de Túnez, tapices de +Constantinopla y cachemiras del Cairo?</p> + +<p>El judío palideció pero, no obstante respondió:</p> + +<p>—Es verdad. Que el ángel me toque con el dedo si yo miento.</p> + +<p>—Bueno, pues esta noche vas a hacer transportar esas mercancías a una +tartana, con pabellón danés, que hay fondeada en la ensenada de +Betim'Sah.</p> + +<p>El judío, que estaba arrodillado, se levantó como si le hubiese picado +una víbora.</p> + +<p>—¡Por la cintura de los majos! Eso es imposible! Los cabellos se me +erizan nada más de pensarlo.</p> + +<p>—¡Infame judío! ¿Crees que quiero que me regales tus mercancías? Toma, +aquí tienes oro para comprarte tus almacenes, a ti y a tu rabino.</p> + +<p>—¡Dios del cielo! guarda tu oro, porque me espanta. Te equivocas sobre +el motivo de mi negativa, joven... ¿sabes lo que pides de mí?</p> + +<p>—Lo sé, maestro Plock.</p> + +<p>—No lo sabes, no.</p> + +<p>Entonces miró a su alrededor con inquietud, y, como si temiese ser oído +se aproximó a Blasillo, le habló un instante en voz baja, y después le +miró con aire interrogativo.</p> + +<p>—Ya lo sabía.</p> + +<p>—¿Y quiere usted...?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>Por la noche, Blasillo vigilaba el embarque de las mercancías, y el +viejo Bentek y los negros llevaban a bordo los últimos fardos, cuando +Plock que hasta entonces había permanecido alejado, se aproximó al joven +y le dijo:</p> + +<p>—Sólo el demonio, hijo mío, le ha podido encargar de semejante +comisión; pero yo me lavo las manos; ¡que la venganza del Cielo caiga +sobre usted y sobre los que le mandan!</p> + +<p>—¡Que el Cielo le ayude!—dijo Blasillo tendiéndole la mano.</p> + +<p>Pero el judío dio un salto hacia atrás.</p> + +<p>—Es verdad, no me acordaba—dijo el joven—. Adiós, maestro, hasta la +vista.</p> + +<p>—Hasta la vista... Tendría que ser mañana... porque antes de tres días +su madre de usted ya no tendrá hijo.</p> + +<hr style="width: 15%;" /> + +<p>Un mes justo después de la ejecución del gitano, una peste espantosa +devastaba Cádiz; porque Blasillo había hecho naufragar su tartana al pie +del fuerte de Santa Catalina...</p> + +<p>Su tartana, llena de mercancías, comprada por él en Tánger, había sido +saqueada por el pueblo.</p> + +<p>Porque Blasillo, al comprar aquellas mercancías, que procedían de +Levante, entonces asolado por una epidemia, sabía que estaban +infectadas y que maese Plock no esperaba más que una ocasión favorable +para purificarlas<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote-8" class="fnanchor" title="ir a la nota 8.">[8]</a>.</p> + +<p>El pueblo de Cádiz que ignoraba esta circunstancia, se apoderó de las +brillantes mercancías e infectó a todos los habitantes.</p> + +<p>Hasta el alcalde y los miembros de la Junta que quisieron ver a sus +mujeres y a sus hijos vestidas como las grandes de España, fueron +atacadas por la peste.</p> + +<p>En fin, perecieron gran número de personas en Cádiz y en sus +alrededores, porque los meses de julio y de agosto fueron muy calurosos, +y la fiebre amarilla complicó la peste.</p> + +<p>Se calculó el número de los muertos en veintinueve mil setecientos +treinta y dos, sin contar los frailes.</p> + +<p>En cuanto a Blasillo, no se supo lo que fue de él, como tampoco de sus +negros.</p> + +<p>Pero había cumplido su palabra al gitano.</p> + +<p>¡Le había vengado!</p> + +<p class="c top15"><b>FIN</b></p> + + +<div class="footnotes"><h3 class="top5">NOTAS:</h3> +<ol> +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-1" id="Footnote-1"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Guardias.</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-2" id="Footnote-2"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Traducida esta obra con toda fidelidad, esperamos que el +buen sentido del lector subsanará las lamentables inexactitudes en que +el autor incurre a cada paso al pretender pintar las costumbres +españolas sin conocerlas, sin duda, y sabrá juzgar sus gratuitas +apreciaciones, así como el injustificado menosprecio del carácter +español, que campea en las páginas del libro. Por tratarse de una figura +literaria de la talla de Sue son más de sentir tales ligerezas, capaces +de desprestigiar al escritor de más fuste y que son imperdonables en el +autor del <i>Judío</i>.—N. del T.</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-3" id="Footnote-3"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Espíritus malignos. (Trad. pop.)</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-4" id="Footnote-4"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> El carretón de la muerte; es arrastrado por esqueletos, y +el ruido de sus ruedas indica el fallecimiento.</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-5" id="Footnote-5"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> Espíritu maligno que preside las tempestades.</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-6" id="Footnote-6"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> Marineros escogidos.</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-7" id="Footnote-7"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Hay más de 25 leguas de distancia entre los dos puntos.</p></li> + +<li class="footnote"><p><a name="Footnote-8" id="Footnote-8"></a><a title="volver al texto." href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> Muchos judíos de Tánger se dedican a esta lucrativa +industria; compran mercancías infectadas a bajo precio, las purifican +como pueden, y las revenden en Europa. La peste de Cádiz en 1760, no +tuvo otra causa. Un buque contrabandista escapó a las visitas sanitarias +y propagó la epidemia.</p></li> + +</ol></div> +<hr class="full" /> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Plick y Plock, by Eugène Sue + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK PLICK Y PLOCK *** + +***** This file should be named 29770-h.htm or 29770-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/9/7/7/29770/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at http://www.pgdp.net + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. +To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> + + diff --git a/29770-h/images/001.png b/29770-h/images/001.png Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..a6942a9 --- /dev/null +++ b/29770-h/images/001.png diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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