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+The Project Gutenberg EBook of Cartas de mi molino, by Alphonse Daudet
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Cartas de mi molino
+
+Author: Alphonse Daudet
+
+Translator: F. Cabañas
+
+Release Date: August 16, 2009 [EBook #29706]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS DE MI MOLINO ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
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+
+BIBLIOTECA DE «LA NACIÓN»
+
+ALFONSO DAUDET
+
+CARTAS DE MI MOLINO
+
+TRADUCCIÓN DE F. CABAÑAS
+
+BUENOS AIRES
+
+1911
+
+Reservados los derechos de traducción.
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+Acta notarial
+
+Cartas de mi molino.--Instalación
+
+La Diligencia de Beaucaire
+
+La Mula del Papa
+
+El Faro de las Sanguinarias
+
+La Agonía de la goleta _Ligera_
+
+Los Aduaneros
+
+Los Viejos
+
+El Subprefecto en el campo
+
+El Poeta Mistral
+
+Las Naranjas
+
+En Milianah.--Notas de viaje
+
+La Langosta
+
+En Camargue:
+
+ I.--La Partida
+
+ II.--La Cabaña
+
+ III.--¡A la espera!
+
+ IV.--Rojo y blanco
+
+ V.--El Vaccarés
+
+Nostalgia de cuartel
+
+Las Emociones de un perdigón rojo
+
+El Emperador ciego o viaje a Bavaria para buscar una tragedia japonesa:
+
+ I.-- El Señor coronel de Sieboldt
+
+ II.--La Alemania del Sur
+
+ III.--En «Droschke»
+
+ IV.--El País de lo azul
+
+ V.--Paseo sobre el Starnberg
+
+ VI.--La Bavaria
+
+ VII.--El Emperador ciego
+
+
+
+
+ACTA NOTARIAL
+
+
+«Compareció ante mí, Honorato Grapazi, notario residente en
+Pamperigouste:
+
+»El señor Gaspar Mitifio, esposo de Vivette Cornille, avecindado y
+residente en el lugar denominado Los Cigarrales;
+
+»Quien, por la presente escritura, vende y transfiere con todas las
+garantías de hecho y de derecho, y libre completamente de deudas,
+privilegios e hipotecas,
+
+»Al señor Alfonso Daudet, poeta, que reside en París, aquí presente y
+aceptante,
+
+»Un molino harinero de viento, situado en el valle del Ródano, en la
+Provenza, sobre una ladera poblada de pinos y carrascas; cuyo molino
+está abandonado desde hace más de veinte años e inservible para la
+molienda a causa de las vides silvestres, musgos, romeros y otras
+hierbas parásitas que ascienden por él hasta las aspas.
+
+»Sin embargo, a pesar de su estado ruinoso, con su gran rueda rota, y la
+plataforma llena de hierba nacida entre los ladrillos, el señor Alfonso
+Daudet declara convenirle el citado molino y, encontrándolo apto para
+servir en sus trabajos de poesía, lo toma por su cuenta y riesgo, y sin
+reclamar nada contra el vendedor por causa de las reformas que
+necesitará introducir en él.
+
+»La venta se hace al contado y mediante el precio convenido, que el
+señor Daudet, poeta, ha mostrado y colocado sobre la mesa en dinero
+contante y sonante, cuyo precio ha sido cobrado y guardado por el señor
+Mitifio; todo ello a vista del notario y testigos que suscriben, de lo
+cual se extiende carta de pago con reserva.
+
+»Contrato elevado en Pamperigouste, en el estudio de Honorato, estando
+presentes Francet Mamaï, tañedor de pífano, y Luiset, alias el _Quique_,
+portador de la cruz de los penitentes blancos.
+
+»Los cuales firman con las partes y el notario, previa lectura...»
+
+
+
+
+CARTAS DE MI MOLINO
+
+INSTALACIÓN
+
+
+¡Valiente susto les he dado a los conejos! Acostumbrados a ver durante
+tanto tiempo cerrada la puerta del molino, las paredes y la plataforma
+invadidas por la hierba, creían ya extinguida la raza de los molineros,
+y encontrando buena la plaza, habíanla convertido en una especie de
+cuartel general, un centro de operaciones estratégicas, el molino de
+Jemmapes de los conejos. Sin exageración, lo menos veinte vi sentados
+alrededor de la plataforma, calentándose las patas delanteras en un rayo
+de luna, la noche en que llegué al molino. Al abrir una ventana, ¡zas!
+todo el vivac sale de estampía a esconderse en la espesura, enseñando
+las blancas posaderas y rabo al aire. Supongo que volverán.
+
+Otro que también se sorprende mucho al verme, es el vecino del piso
+primero, un viejo búho, de siniestra catadura y rostro de pensador, el
+cual reside en el molino hace ya más de veinte años. Lo encontré en la
+cámara del sobradillo, inmóvil y erguido encima del árbol de cama, en
+medio del cascote y las tejas que se han desprendido. Sus redondos ojos
+me miraron un instante, asombrados, y, después, despavorido al no
+conocerme, echó a correr chillando. ¡Hu, hu! y sacudió trabajosamente
+las alas, grises de polvo; ¡qué diablo de pensadores, no se cepillan
+jamás! No importa, tal como es, con su parpadeo de ojos y su cara
+enfurruñada, ese inquilino silencioso me agrada más que cualquiera otro,
+y no me corre prisa desahuciarlo. Conserva, como antes de habitario yo,
+toda la parte alta del molino con una entrada por el tejado; yo me
+reservo la planta baja, una piececita enjalbegada con cal, con la bóveda
+rebajada como el refectorio de un convento.
+
+ * * * * *
+
+Desde ella escribo con la puerta abierta de par en par, y un sol
+espléndido.
+
+Un hermoso bosque de pinos, chispeante de luces, se extiende ante mí
+hasta el pie del repecho. En el horizonte destácanse las agudas
+cresterías de los Alpilles. No se percibe el ruido más insignificante. A
+lo sumo, de tarde en tarde, el sonido de un pífano entre los espliegos,
+un collarón de mulas en el camino. Todo ese magnífico paisaje provenzal
+sólo vive por la luz.
+
+Y actualmente, ¿cómo he de echar de menos ese París ruidoso y obscuro?
+¡Estoy tan bien en mi molino! Este es el rinconcito que yo anhelaba, un
+rinconcito perfumado y cálido, a mil leguas de los periódicos, de los
+coches de alquiler, de la niebla. ¡Y cuántas lindas cosas me rodean! No
+hace más de una semana que me he instalado aquí, y tengo llena ya la
+cabeza de impresiones y recuerdos. Ayer tarde, por no ir más lejos,
+presencié el regreso de los rebaños a una _masía_ situada al pie de la
+cuesta, y les juro que no cambiaría ese espectáculo por todos los
+estrenos que hayan tenido ustedes en esta semana en París. Y si no,
+juzguen.
+
+Sabrán que en Provenza se acostumbra enviar el ganado a los Alpes cuando
+llegan los calores. Brutos y personas permanecen allí arriba durante
+cinco o seis meses, alojados al sereno, con hierba hasta la altura del
+vientre; después, cuando el otoño empieza a refrescar la atmósfera,
+vuelven a bajar a la _masía_, y vuelta a rumiar burguesmente los grises
+altozanos perfumados por el romero. Quedábamos en que ayer tarde
+regresaban los rebaños. Desde por la mañana esperaba el zaguán, de par
+en par abierto, y el suelo de los apriscos había sido alfombrado de paja
+fresca. De hora en hora exclamaba la gente: «Ahora están en Eyguières,
+ahora en el Paradón.» Luego, repentinamente, a la caída de la tarde, un
+grito general de ¡ahí están! y allá abajo, en lontananza, veíamos
+avanzar el rebaño envuelto en una espesa nube de polvo. Todo el camino
+parece andar con él. Los viejos moruecos vienen a vanguardia, con los
+cuernos hacia adelante y aspecto montaraz; sigue a éstos el grueso de
+los carneros, las ovejas algo fatigadas y los corderos entre las patas
+de sus madres, las mulas con perendengues rojos, llevando en serones los
+lechales de un día, meciéndolos al andar; en último término, los perros,
+sudorosos y con la lengua colgante hasta el suelo, y dos rabadanes,
+grandísimos tunos, envueltos en mantas encarnadas, que les caen a modo
+de capas hasta los pies.
+
+Desfila este cortejo ante nosotros alegremente y se precipita en el
+zaguán, pateando con un ruido de chaparrón. Es digno de ver el
+movimiento de asombro que se produce en toda la casa. Los grandes pavos
+reales de color verde y oro, de cresta de tul, encaramados en sus
+perchas han conocido a los que llegan y los reciben con una estridente
+trompetería. Las aves de corral, recién dormidas, se despiertan
+sobresaltadas. Todo el mundo está en pie: palomas, patos, pavos,
+pintadas. El corral anda revuelto: las gallinas hablan de pasar en vela
+la noche. Diríase que cada carnero ha traído entre la lana, juntamente
+con un silvestre aroma de los Alpes, un poco de ese aire vivo de las
+montañas que embriaga y hace bailar.
+
+En medio de esa algarabía, el rebaño penetra en su yacija. Nada tan
+hechicero como esa instalación. Los borregos viejos enternécense al
+contemplar de nuevo sus pesebres. Los corderos, los lechales, los que
+nacieron durante el viaje y nunca han visto la granja, miran en derredor
+con extrañeza.
+
+Pero es mucho más enternecedor el ver los perros, esos valientes perros
+de pastor, atareadísimos tras de sus bestias y sin atender a otra cosa
+más que a ellas en la _masía_. Aunque el perro de guarda los llama desde
+el fondo de su nicho, y por más que el cubo del pozo, rebosando de agua
+fresca, les hace señas, ellos se niegan a ver ni a oír nada, mientras el
+ganado no esté recogido, pasada la tranca tras de la puertecilla con
+postigo, y los pastores sentados alrededor de la mesa en la sala baja.
+Sólo entonces consienten en irse a la perrera, y allí, mientras lamen su
+cazuela de sopa, refieren a sus compañeros de la granja lo que han hecho
+en lo alto de la montaña: un paisaje tétrico donde hay lobos y grandes
+plantas digitales purpúreas coronadas de fresco rocío hasta el borde de
+sus corolas.
+
+
+
+
+LA DILIGENCIA DE BEAUCAIRE
+
+
+En el mismo día de mi llegada aquí, había tomado la diligencia de
+Beaucaire, una gran carraca vieja y destartalada que no necesita
+recorrer mucho camino para regresar a casa, pero que se pasea con
+lentitud a todo lo largo de la carretera para hacerse, por la noche, la
+ilusión de que viene de muy lejos. Íbamos cinco en la baca, además del
+conductor.
+
+Un guarda de Camargue, hombrecillo rechoncho y velludo, que trascendía a
+montaraz, con ojos saltones inyectados de sangre y con aretes de plata
+en las orejas; después dos boquereuses, un tahonero y su yerno, los dos
+muy rojos, con mucho jadeo, pero de magníficos perfiles, dos medallas
+romanas con la efigie de Vitelio. Finalmente, en la delantera y junto al
+conductor, un hombre, o por decir mejor, un gorro, un enorme gorro de
+piel de conejo, quien no decía nada de particular y miraba el camino con
+aspecto de tristeza.
+
+Todos aquellos viajeros se conocían unos a otros, y hablaban de sus
+asuntos en voz alta, con mucha libertad. El camargués refería que
+regresaba de Nimes, citado por el juez de instrucción con motivo de un
+garrotazo que había dado a un pastor. En Camargue tienen sangre viva.
+¿Pues y en Beaucaire? ¿No pretendían degollarse nuestros dos boquereuses
+a propósito de la Virgen Santísima? Parece ser que el tahonero era de
+una parroquia dedicada de mucho tiempo atrás a Nuestra Señora, a la que
+los provenzales conocen por el piadoso nombre de la Buena Madre y que
+lleva en brazos al Niño Jesús; el yerno, por el contrario, cantaba ante
+el facistol de una iglesia recién construida y consagrada a la
+Inmaculada Concepción, esa hermosa imagen risueña que se representa con
+los brazos colgantes y despidiendo rayos de luz las manos. De ahí
+procedía la inquina. Merecía verse cómo se trataban esos dos buenos
+católicos y cómo ponían a sus patronas celestiales.
+
+--¡Está buena tu Inmaculada!
+
+--¡Pues mira que tu Santa Madre!
+
+--¡Buenas las corrió la tuya en Palestina!
+
+--¡Y la tuya, tan horrorosa! ¿Quién sabe lo que habrá hecho? Que lo diga
+si no San José.
+
+Para creerse en el puerto de Nápoles, no faltaba más que ver relucir las
+navajas, y a fe mía, creo que efectivamente la teológica disputa hubiera
+parado en eso, si el conductor no hubiera intervenido.
+
+--Déjennos en paz con sus vírgenes--dijo riéndose a los
+boquereuses;--todo eso son chismes de mujeres, y en los que los hombres
+no deben intervenir.
+
+Cuando concluyó hizo restallar la tralla con un mohín escéptico que
+afilió a su opinión a todos los viajeros.
+
+ * * * * *
+
+La discusión estaba terminada, pero, disparado ya el tahonero,
+necesitaba desahogarse con alguien, y dirigiéndose al infeliz del
+gorro, silencioso y triste en un rincón, preguntole con aire picaresco.
+
+--Amolador, ¿y tu mujer? ¿Por qué parroquia está?
+
+Es necesario creer que esta frase tendría una intención muy cómica,
+puesto que en la baca todo el mundo se rió a carcajadas. El amolador no
+se reía. Al ver esto, el tahonero dirigiose a mí.
+
+--¿No conoce usted, caballero, a la mujer del amolador? ¡Vaya con la
+picaruela de la feligresa! En Beaucaire no existen dos como ella.
+
+Redobláronse las risas. El amolador no se movió, limitándose a decir en
+voz baja, sin alzar la cabeza:
+
+--Cállate, tahonero.
+
+Pero al demonio del tahonero no le acomodaba el callarse, y prosiguió
+acentuando la burla:
+
+--¡Cáspita! No puede quejarse el camarada de tener una mujer así. No hay
+medio de aburrirse con ella un instante. ¡Figúrese usted! Una hermosa
+que se hace robar cada seis meses, siempre tendrá algo que referir
+cuando vuelve. Pues es igual. ¡Bonito hogar doméstico! Imagínese usted,
+señor, que todavía no hacía un año que estaban casados cuando ¡paf! va
+la mujer y se larga a España con un vendedor de chocolate. El esposo se
+queda solito en la casa gimoteando y bebiendo. Estaba como loco. Después
+de algún tiempo regresó al país la hermosa, vestida de española, con una
+pandereta de sonajas. Todos le decíamos:
+
+--Ocúltate, porque te va a matar.
+
+Que si quieres, ¡matar! Volvieron a unirse muy tranquilos, y ella le ha
+enseñado a tocar la pandereta.
+
+Hubo una nueva explosión de risas. Sin levantar la cabeza, murmuró de
+nuevo el amolador desde su rincón:
+
+--Cállate, tahonero.
+
+Pero éste no hizo caso, y continuó:
+
+--¿Pensará usted, señor, que sin duda al volver de España permaneció
+quieta la hermosa? ¡Quia! ¡Que si quieres! ¡Su marido había tomado
+aquello con tanta calma! Eso la animó para volver a las andadas. Después
+del español, hubo un oficial, a éste siguió un marinero del Ródano, más
+tarde un músico, después, ¡qué sé yo! Y lo más notable del caso es que
+a cada escapatoria se representaba la misma comedia y con igual aparato.
+La mujer se marcha, el marido llora que se las pela, vuelve ella,
+consuélase él. Y siempre se la llevan, y siempre la recobra. ¡Ya ve
+usted si necesita tener paciencia ese marido! Debe también decirse que
+la amoladora es extraordinariamente guapa... un verdadero bocado de
+cardenal, pizpireta, muy mona, bien formada y además tiene la piel muy
+blanca y los ojos de color de avellana que siempre miran a los hombres
+riéndose. ¡Si por casualidad, querido parisiense, llega usted alguna vez
+a pasar por Beaucaire!...
+
+--¡Oh, calla, tahonero, te lo suplico!--volvió a exclamar el pobre
+amolador con voz desgarradora.
+
+En ese instante se paró la diligencia. Estábamos en la masía de los
+Anglores. Allí se apearon los dos boquereuses, y juro a ustedes que no
+hice nada por retenerlos. ¡Tahonero farsante! Estaba ya dentro del patio
+del cortijo, y todavía se oían sus carcajadas.
+
+ * * * * *
+
+Al salir la gente, pareció quedarse vacía la baca. El camargués habíase
+apeado en Arlés, el conductor marchaba a pie por la carretera, junto a
+los caballos. El amolador y yo, cada uno en su rincón respectivo, nos
+quedamos solos allá arriba, sin chistar. Hacía calor, el cuero de la
+baca echaba chispas. Por momentos sentí cerrárseme los ojos y que la
+cabeza se me ponía pesada, pero me fue imposible dormir. Continuaba sin
+cesar zumbándome en los oídos aquel «cállate, te lo suplico», tan
+melancólico y tan dulce. Tampoco dormía el infeliz. Situado yo detrás de
+él, veíale estremecerse sus cuadrados hombros, y su mano (una mano
+paliducha y vasta) temblar sobre el respaldo de la banqueta, como si
+fuera la mano de un viejo. Lloraba.
+
+--Ha llegado usted a su casa, señor parisiense--me gritó de repente el
+conductor de la diligencia, y con la fusta apuntaba a mi verde colina,
+con el molino clavado en la cúspide como una mariposa gigantesca.
+
+Bajé del vehículo apresuradamente. De paso junto al amolador, intenté
+mirar más abajo de su gorro, hubiese querido verlo antes de marcharme.
+Como si hubiera comprendido mi intención, el infeliz levantó bruscamente
+la cabeza, y clavando la vista en mis ojos, me dijo con voz sorda:
+
+--Míreme bien, amigo, y si oye usted decir algún día que ha ocurrido una
+desgracia en Beaucaire, podrá usted afirmar que conoce al autor de ella.
+
+Su rostro estaba apagado y triste, con ojos pequeños y mustios.
+
+Si en los ojos tenía lágrimas, en aquella voz había odio. El odio es la
+cólera de los pusilánimes. En el caso de la amoladora, no las tendría yo
+todas conmigo.
+
+
+
+
+LA MULA DEL PAPA
+
+
+Entre los innumerables dichos graciosos, proverbios o adagios con que
+adornan sus discursos nuestros campesinos de Provenza, no conozco
+ninguno más pintoresco ni extraño que éste. Junto a mi molino y quince
+leguas en redondo, cuando se habla de un hombre rencoroso y vengativo,
+suele decirse:
+
+«¡No te fíes de ese hombre, porque es como la mula del Papa, que te
+guarda la coz siete años!»
+
+Durante mucho tiempo he estado investigando el origen de este proverbio,
+qué quería decir aquello de la mula pontificia y esa coz guardada siete
+años. Nadie ha podido informarme aquí acerca del particular, ni siquiera
+Francet Mamaï, mi tañedor de pífano, quien conoce de pe a pa las
+leyendas provenzales. Francet piensa, lo mismo que yo, que debe de ser
+reminiscencia de alguna antigua crónica del país de Aviñón, pero no he
+oído hablar jamás de ella, sino tan sólo por el proverbio.
+
+--Sólo en la biblioteca de las Cigarras puede usted encontrar algún
+antecedente--me dijo el anciano pífano, riendo.
+
+No me pareció la idea completamente disparatada, y como la biblioteca de
+las Cigarras está cerca de mi puerta, fui a encerrarme ocho días en
+ella.
+
+Es una biblioteca maravillosa, admirablemente organizada, abierta
+constantemente para los poetas, y servida por pequeños bibliotecarios
+con címbalos que no cesan de dar música. Allí pasé algunos días
+deliciosos, y después de una semana de investigaciones (hechas de
+espaldas al suelo), descubrí, al fin, lo que deseaba, es decir, la
+historia de mi mula y de esa famosa coz guardada siete años. El cuento
+es bonito, aunque peque de inocente, y voy a tratar de narrarlo como lo
+leí ayer mañana en un manuscrito de color del tiempo, que olía muy bien
+a alhucema seca y cuyos registros eran largos hilos de la Virgen.
+
+ * * * * *
+
+No habiendo visto Aviñón en tiempo de los Papas, no se ha visto nada.
+Jamás existió ciudad alguna tan alegre, viva y animada como ella, en el
+ardor por los festejos. Desde la mañana a la noche, todo eran
+procesiones y peregrinaciones, con las calles alfombradas de flores,
+empavesadas con tapices, llegadas de cardenales por el Ródano, ondeando
+al viento los estandartes, flameantes de gallardetes las galeras, los
+soldados del Papa entonando por las calles cánticos en latín,
+acompañados de las matracas de los frailes mendicantes; después, de
+arriba abajo de las casas que se apiñaban zumbando alrededor del gran
+palacio papal como abejas en torno de su colmena, percibíase también el
+tic tac de los bolillos que hacían randas, el vaivén de las lanzaderas
+que confeccionaban los tisúes de oro para las casullas, los martillitos
+de los cinceladores de vinajeras, las tablas de armonía ajustadas en los
+talleres de guitarrero, las canciones de las urdidoras, y sobresaliendo
+entre todos estos ruidos el tañido de las campanas y algunos sempiternos
+tamboriles que roncaban allá abajo, hacia el puente. Porque entre
+nosotros, cuando el pueblo está contento, necesita estar siempre
+bailando, y como por aquellos tiempos las calles de la ciudad eran
+excesivamente estrechas para la farándula, pífanos y tamboriles
+situábanse en el puente de Aviñón, al viento fresco del Ródano, y día y
+noche se estaba allí baila que bailarás. ¡Ah, qué dichosos tiempos, qué
+ciudad tan feliz! Alabardas que no cortaban, prisiones de Estado donde
+se ponía a refrescar el vino. Jamás hambre, nunca guerra. He aquí cómo
+gobernaban a su pueblo los Papas del Condado. ¡Tal es la causa de que
+los eche tanto de menos el pueblo!
+
+ * * * * *
+
+Entre todos los Papas, merece citarse con especialidad uno que era un
+buen viejo, llamado Bonifacio... ¡Oh, qué muerte más llorada la suya!
+¡Era un príncipe tan amable, tan gracioso! ¡Se reía tan bien desde lo
+alto de su mula! Y cuando alguno pasaba cerca de él, así fuese un
+pobrete hilandero de _rubia_ o el gran Vegner de la ciudad, ¡le daba su
+bendición con tanta cortesía! Un verdadero «Papa de Ivetot», pero de un
+Ivetot de Provenza, con algo de picaresco en la risa, un tallo de
+mejorana en la birreta, y sin el más insignificante trapicheo... La
+única Juanota que siempre se le conoció a este santo padre era su viña,
+una viñita plantada por él mismo a tres leguas de Aviñón, entre los
+mirtos de Château-Neuf.
+
+Todos los domingos, concluidas las vísperas, el justo varón iba a
+requebrarla, y cuando estaba allí arriba sentado al grato sol, con su
+mula cerca, y en rededor suyo sus cardenales tendidos a la bartola, al
+pie de las cepas, entonces mandaba destapar un frasco de vino de su
+cosecha (ese hermoso vino, de color de rubí, conocido desde entonces acá
+por el nombre de _Château-Neuf de los Papas_), y lo saboreaba a
+sorbitos, mirando enternecido a su viña. Consumido el frasco, al caer de
+la tarde volvíase alegremente a la ciudad, seguido de toda su corte, y
+al atravesar el puente de Aviñón, en medio de los tamboriles y de las
+farándulas, su mula, espoleada por la música, emprendía un trotecillo
+saltarín mientras que él mismo marcaba el paso de la danza con la
+birreta, lo cual era motivo de escándalo para los cardenales, pero hacía
+exclamar a todo el pueblo: «¡Ah, qué gran príncipe! ¡Ah, valiente Papa!»
+Después de su viña de Château-Neuf, lo que más estimaba en el mundo el
+Papa era su mula. El bendito señor se pirraba por aquel cuadrúpedo.
+Todas las noches, antes de irse a la cama, iba a ver si estaba cerrada
+la cuadra, si tenía lleno el pesebre, y jamás abandonaba la mesa sin
+hacer preparar en su presencia un gran ponche de vino a la francesa, con
+mucho azúcar y aromas, que él mismo llevaba a su mula, a despecho de las
+observaciones de los cardenales... Es necesario decir también que la
+bestia valía la pena. Era una hermosa mula negra salpicada de alazán,
+firme de piernas, de pelo lustroso, grupa ancha y redonda, que llevaba
+erguida la enjuta cabecita guarnecida toda ella de perendengues, lazos,
+cascabeles de plata, borlillas; además de estas buenas cualidades,
+reunía otras que el Papa no apreciaba menos: era dulce como un ángel,
+de cándido mirar y con un par de orejas largas en constante bamboleo,
+que le daban aspecto bonachón... Todo Aviñón la respetaba, y cuando
+pasaba por las calles no había agasajos que no se le hiciesen, pues
+todos sabían que ése era el mejor medio de ser bien quisto en la corte,
+y que con su aire inocente, la mula del Papa había conducido a más de
+uno a la fortuna. Prueba de ello Tistet Védène y su maravillosa
+aventura.
+
+Era al principio este Tistet Védène un descarado granuja, a quien su
+padre Guy Védène, el escultor en oro, se había visto en la necesidad de
+arrojar de su casa, porque además de que no quería trabajar, maleaba a
+los aprendices. Durante seis meses viósele arrastrar su sayo por todos
+los arroyos de las calles de Aviñón, pero principalmente hacia la parte
+próxima al palacio papal; porque el pícaro tenía desde mucho tiempo
+antes sus ideas respecto a la mula del Papa, y van a ver que no iba
+descaminado... Un día que Su Santidad se paseaba a solas bajo las
+murallas con su bestia, se le acerca de buenas a primeras mi Tistet y
+le dice, juntando las manos con ademán de asombro:
+
+--¡Ah, Dios mío, gran Padre Santo, hermosa mula tiene!... Permítame
+Vuestra Santidad que la contemple un poco... ¡Ah, Papa mío, qué mula tan
+maravillosa!... El emperador de Alemania no tiene otra tal.
+
+Y la acariciaba, y le decía dulcemente como a una señorita:
+
+--Ven acá, alhaja, tesoro, mi perla fina...
+
+Y el bueno del Papa, enternecido, decía para sus adentros:
+
+--¡Qué guapo mozo!... ¡Qué cariñoso está con mi mula!
+
+¿Y saben ustedes lo que ocurrió al siguiente día? Tistet Védène cambió
+su viejo tabardo amarillo por una preciosa alba de encajes, una capa de
+coro de seda violeta, unos zapatos con hebillas, e ingresó en la
+escolanía del Papa, donde antes de él no habían podido ingresar más que
+los hijos de nobles y sobrinos de cardenales... ¡He ahí lo que es la
+intriga!... Pero Tistet no paró ahí.
+
+Protegido ya por el Papa y al servicio de éste, el bribonzuelo continuó
+la farsa que tan bien le había salido. Insolente con todo el mundo,
+sólo tenía atenciones y miramientos con la mula, y siempre andaba por
+los patios del palacio con un puñado de avena o una gavilla de zulla,
+cuyos rosados racimos sacudía graciosamente mirando al balcón del Padre
+Santo, como quien dice: «¡Jem!... ¿Para quién es esto?»
+
+Tantas cosas hizo, que a la postre el bueno del Papa, que se sentía
+envejecer, le confió el cuidado de vigilar la cuadra y llevar a la mula
+su ponche de vino a la francesa; lo cual movía ya a risa a los
+cardenales.
+
+ * * * * *
+
+Tampoco era esto cosa de risa para la mula. Por entonces, a la hora de
+su vino, llegaban siempre junto a ella cinco o seis niños de coro, que
+se metían pronto entre la paja con su capa de color de violeta y su alba
+de encajes; después, al cabo de un momento, un buen olor caliente de
+caramelo y de aromas perfumaba la cuadra, y aparecía Tistet Védène
+llevando con precaución el ponche de vino a la francesa. Allí comenzaba
+el martirio del pobre animal.
+
+Aquel vino aromoso que tanto le agradaba, que le daba calor, que le
+ponía alas, cometían la crueldad de traérselo allí, a su pesebre, y
+hacérselo respirar; después, cuando tenía impregnadas en el olor las
+narices, ¡me alegro de verte bueno! ¡El hermoso licor de sonrosada llama
+era engullido completamente por aquellos granujas!... Y si no hubieran
+cometido más crimen que robarle el vino... Pero, todos esos seis eran
+unos diablos, en cuanto bebían... Uno le tiraba de las orejas, otro del
+rabo; Quiquet se le encaramaba en el lomo, Bélugnet le ponía su birrete,
+y ni uno solo de aquellos pícaros pensaba que de una corveta o de una
+sarta de coces el bueno del animal hubiera podido enviarlos a todos a
+las nubes y aunque fuese más lejos... ¡Pero, no! Por algo se es la mula
+del Papa, la mula de las bendiciones y de las indulgencias... Por muchas
+travesuras que hicieran los muchachos, ella no se enfadaba, y sólo a
+Tistet Védène guardaba ojeriza. Y, es claro, cuando sentía a éste detrás
+de sí, le daba comezón en los cascos, y no le faltaba razón para ello.
+¡Ese granujilla de Tistet hacíale unas jugarretas tan feas! ¡Eran tan
+crueles sus invenciones después de beber!...
+
+¿A que no imaginan ustedes lo que se le ocurrió cierto día? ¡Hacerla
+subir con él al campanil de la escolanía, allá arriba, arribota, a lo
+más alto de palacio! Y no crean que es mentira lo que cuento; doscientos
+mil provenzales lo han visto. Figúrense el terror de aquella infortunada
+mula, cuando después de dar vueltas una hora a ciegas por una escalera
+de caracol y haber subido no sé cuántos peldaños, encontrose de pronto
+en una plataforma deslumbrante de luz, y a mil pies debajo de ella
+contempló todo un Aviñón fantástico: las barracas del mercado tan
+pequeñas como avellanas, los soldados del Papa delante de su cuartel
+como hormigas rojas, y allá abajo, sobre un hilillo de plata, un
+minúsculo puentecito, donde había bailes y más bailes... ¡Ah, pobre
+bestia! ¡Qué susto! Del grito que soltó, retemblaron todas las vidrieras
+del palacio.
+
+--¿Qué ocurre? ¿Qué sucede?--exclamó el Papa, asomándose al balcón
+precipitadamente.
+
+Tistet Védène estaba ya en el patio, fingiendo que lloraba y mesándose
+los cabellos:
+
+--¡Ah, gran Padre Santo, qué pasa! Pues pasa que la mula de Su
+Santidad... ¡Dios mío! ¿Qué será de mí?... Pues pasa que la mula de Su
+Santidad... ¡se ha encaramado al campanario!...
+
+--Pero, ¿ella sola?
+
+--Sí, señor, excelso Padre Santo, ella sola... ¡Mire, mire, allá
+arriba!... ¿Ve Su Beatitud la punta de las orejas asomando?... Parecen
+dos golondrinas...
+
+--¡Misericordia!--exclamó el pobre Papa alzando los ojos.--¿Es que se ha
+vuelto loca? ¡Pero, si se va a matar! ¿Quieres bajarte, desventurada?...
+
+¡Cáspita! Lo que es ella no hubiera deseado otra cosa sino bajarse...
+Pero, ¿por dónde? Por la escalera, no había ni qué pensarlo: a esas
+alturas se sube, pero en la bajada hay peligro de perniquebrarse cien
+veces... Y la pobre mula desconsolábase, y dando vueltas por la
+plataforma con los ojazos presa del vértigo, pensaba en Tistet
+Védène...
+
+--¡Ah, miserable, si de ésta escapo... menuda coz te suelto mañana
+tempranito!
+
+Con este propósito de la coz, hacía de tripas corazón; sin eso, no
+hubiera podido mantenerse en pie... Al fin pudo conseguirse bajarla de
+allá arriba, pero no costó poco que digamos. Fue necesario descolgarla
+en unas angarillas, con cuerdas y un gato. Ya comprenderán qué
+humillación para la mula de un Papa eso de ser suspendida de aquella
+altura, moviendo las patas en el aire, como un abejorro al cabo de un
+hilo. ¡Y todo Aviñón que la miraba!
+
+A la infeliz bestia no le fue posible dormir en toda la noche. Parecíale
+que daba vueltas constantemente por aquella maldita plataforma, siendo
+el hazmerreír de toda la ciudad congregada abajo; luego, pensaba en ese
+infame Tistet Védène y en la bonita coz con que iba a obsequiarle al día
+siguiente por la mañana. ¡Oh, amigos míos, vaya una coz! Desde
+Pamperigouste tenía que verse el humo... Pues bien, mientras en la
+cuadra le preparaban este magnífico recibimiento, ¿saben lo que hacía
+Tistet Védène? Deslizábase por el Ródano cantando en una galera
+pontificia y se iba a la corte de Nápoles con la compañía de jóvenes
+nobles que la ciudad mandaba todos los años junto a la reina Juana para
+ejercitarse en la diplomacia y en las buenas maneras. Tistet no era
+noble; pero el Papa deseaba a toda costa recompensarlo por los cuidados
+que había tenido con su bestia, y especialmente por la actividad que
+acababa de desplegar durante la empresa de salvamento.
+
+¡Valiente chasco se llevó la mula al día siguiente!
+
+--¡Ah, bandido; algo se ha olido él!--pensaba, mientras sacudía con
+furia sus cascabeles.--Pero, es lo mismo, ¡anda, pillo! ¡Cuando vuelvas
+te encontrarás con tu coz... te la guardo!...
+
+Y se la guardó.
+
+Después de la marcha de Tistet, la mula del Papa recobró su vida
+sosegada y sus aires de otros tiempos. No más Quiquet ni Bélugnet en la
+cuadra. Llegaron de nuevo los felices días del vino a la francesa, y con
+ellos el buen humor, las largas siestas, y el pasito de gavota al cruzar
+el puente de Aviñón. Sin embargo, desde su aventura dábanle muestras
+constantes de frialdad en la ciudad; los viejos movían la cabeza, los
+niños se reían señalando al campanario. El bueno del Papa mismo no
+confiaba ya tanto en su amiga, y cuando se dejaba llevar al extremo de
+echar un sueñecillo sobre los lomos de ella, el domingo a su regreso de
+la viña, ocurríasele siempre esta consideración: «¡Si fuese a
+despertarme allá arriba, en la plataforma!» Veía esto la mula, y sufría
+sin chistar; solamente cuando en presencia de ella se pronunciaba el
+nombre de Tistet Védène, erguíanse sus largas orejas, y afilaba con una
+risita el hierro de sus cascos en el pavimento...
+
+Pasaron siete años, al cabo de los cuales, Tistet Védène, regresó de la
+corte de Nápoles. No había concluido todavía el tiempo de su empeño en
+ella; pero había sabido que el archipámpano de Sevilla había muerto
+repentinamente en Aviñón, y como el cargo parecíale bueno, había
+regresado muy a prisa para gestionar que se le otorgara.
+
+Cuando ese intrigante de Védène entró en el salón del palacio, costole
+trabajo el conocerlo al Santo Padre: tanto era lo que había crecido y
+engruesado. Preciso es también decir que, por su parte, el Papa se
+había hecho viejo y no veía bien sin antiparras.
+
+Tistet no se acobardó.
+
+--¡Cómo! Excelso Padre Santo, ¿ya no me conoce Su Beatitud?... Soy yo,
+¡Tistet Védène!
+
+--¿Védène?...
+
+--Sí, ya sabe... el que servía el vino francés a la mula.
+
+--¡Ah! Sí... sí... ya recuerdo... ¡Guapo mozo, ese Tistet Védène!... Y
+ahora, ¿qué pretendes?
+
+--¡Oh! Poca cosa, Excelso Padre Santo... Venía a suplicarle... Y a
+propósito, ¿conserva todavía Su Beatitud aquella mula? ¿Y está buena?...
+¡Ah! ¡Cuánto me alegro!... Pues bien, venía a solicitar la plaza del
+archipámpano de Sevilla, quien acaba de morir.
+
+--¡Archipámpano de Sevilla tú!... Pero si eres muy joven. Pues, ¿cuántos
+años tienes?
+
+--Veinte años y dos meses, ilustre Pontífice; cinco años justos más que
+la mula de Su Santidad... ¡Ah, bendita de Dios la valiente bestia!...
+¡Si supiese Su Beatitud cuánto amaba yo a aquella mula! ¡Y con qué
+sentimiento me acordaba de ella en Italia!... ¿Me permitirá Su Santidad
+que la visite?
+
+--Sí, hijo mío, la visitarás--dijo el bueno del Papa, emocionado.--Y
+puesto que tanto amas a aquel bendito animal, no permito que vivas lejos
+de él. Desde este día quedas afecto a mi persona en calidad de
+archipámpano... Mis cardenales gritarán, pero, ¡peor para ellos! ya
+estoy acostumbrado... Vuelve mañana, al salir de vísperas, y Nos te
+impondremos las insignias de tu beneficio delante de Nuestro cabildo, y
+luego... te acompañaré a ver la mula, y vendrás a la viña con nosotros
+dos... ¿Eh? ¡Ja, ja! ¡Anda, vete!...
+
+No es necesario decir lo satisfecho que iría Tistet Védène al salir del
+salón del Solio, y con qué impaciencia aguardó la ceremonia del
+siguiente día; pero mucho más satisfecha e impaciente que el bribón
+estaba la mula. Desde el regreso de Védène hasta las vísperas del
+siguiente día, la vengativa bestia no cesó de atiborrarse de avena y
+cocear la pared con los cascos de atrás. También el animal hacía sus
+preparativos para la ceremonia...
+
+Al día siguiente, después de haberse cantado vísperas, Tistet Védène
+hizo su entrada en el patio del palacio papal. En él estaban todo el
+alto clero, los cardenales con sus togas rojas, el «abogado del diablo»
+de terciopelo negro, los abades de conventos con sus pequeñas mitras,
+los mayordomos de fábrica de San Agrico, las sotanas violetas de la
+escolanía sin que faltaran numerosos individuos del bajo clero, los
+soldados del Papa de gran uniforme de gala, los ermitaños del monte
+Ventoso con sus caras feroces y el monacillo que los sigue tocando la
+campanilla, los hermanos disciplinantes desnudos de pecho y espalda, los
+floridos sacristanes con toga de jueces; todos, toditos, hasta los que
+hacen las aspersiones de agua bendita, y el que enciende y el que apaga
+los cirios... nadie faltaba al solemne acto... ¡Ah! ¡Era una hermosa
+ordenación! Campanas, petardos, sol, música, y siempre esos sonoros
+tamboriles que guiaban la danza allá abajo, en el puente de Aviñón...
+
+Al presentarse Védène en medio de la asamblea, su empaque y su buen
+talante produjeron un murmullo de admiración. Era un magnífico
+provenzal, rubio, con largos cabellos de puntas rizadas y una barbita
+corta y primeriza que parecía formada por vedijas de metal fino
+desprendidas por el buril de su padre, el escultor en oro. Circularon
+rumores de que los dedos de la reina Juana habían jugado algunas veces
+con aquella rubia barba, y efectivamente el señor de Védène tenía el
+glorioso aspecto y el mirar abstraído de los galanes amados por
+reinas... Aquel día, para honrar a su nación, había sustituido su
+vestido napolitano por un capisayo bordado de rosas, a la provenzala, y
+sobre su capillo temblaba una gran pluma de ibis de Camargue.
+
+Al entrar el archipámpano, saludó galantemente a la concurrencia, y
+dirigiose a la elevada escalinata, donde le aguardaba Su Santidad para
+imponerle las insignias de su grado: la cuchara de boj amarillo y la
+sotana de color de azafrán. Junto a la escalera estaba la mula,
+enjaezada y dispuesta a partir para la viña... Al pasar cerca de ella,
+sonriose satisfecho Tistet Védène y se detuvo para darle dos o tres
+golpecitos cariñosos en la grupa, mirando con el rabillo del ojo si el
+Papa lo observaba. La ocasión era propicia... La mula tomó impulso...
+
+--¡Toma, allá te va, bandido! ¡Siete años hacía que te la guardaba!
+
+Y le soltó una coz tan terrible, tan certera, que desde Pamperigouste se
+vio el humo, una humareda de polvo rubio en la que revoloteó una pluma
+de ibis... ¡Eso fue todo lo que quedó del infortunado Tistet Védène!...
+
+Pocas veces son las coces de mula tan fulminantes. Pero aquélla era una
+mula papal. Y además, ¡figúrense ustedes!... ¡Hacía nada menos que siete
+años que se la guardaba!... No hay ejemplo de odios eclesiásticos
+semejante al mencionado.
+
+
+
+
+EL FARO DE LAS SANGUINARIAS
+
+
+No me fue posible, por muchos esfuerzos que hice, pegar los ojos aquella
+noche. El mistral estaba furioso, y el estrépito de sus grandes silbidos
+me desveló hasta el amanecer. El molino entero crujía, balanceando
+pesadamente sus aspas mutiladas, que resonaban con el cierzo lo mismo
+que el aparejo de un buque. Volaban las tejas de su destruida techumbre.
+En lontananza, los pinos apretados que cubrían la colina se agitaban
+zumbando entre sombras. Creyérase que era el alta mar...
+
+Esto trajo a mi memoria el recuerdo de mis gratos insomnios de hace tres
+años, cuando yo vivía en el faro de las Sanguinarias, allá abajo, en la
+costa de Córcega, a la entrada del golfo de Ajaccio, otro hermoso rincón
+que encontré para meditar y estar a solas.
+
+Imagínense ustedes una isla rojiza de aspecto salvaje, el faro en una
+punta, y en la otra una antigua torre genovesa, donde en mi tiempo
+habitaba un águila. Abajo, en la orilla del agua, las ruinas de un
+lazareto, invadido completamente por las hierbas; luego barrancos,
+malezas, rocas enormes, algunas cabras montaraces, caballejos corsos
+triscando con las crines al viento; finalmente, allá arriba, en la
+altura, entre un torbellino de aves marinas, la casa del faro, con su
+plataforma de mampostería blanca, donde paseaban los torreros de un lado
+a otro, la verde puerta ojival, la torrecilla de hierro fundido, y
+encima la gran linterna, cuyas facetas brillan al sol y despiden luz aun
+en medio del día... He aquí la isla de las Sanguinarias, tal como la
+volví a ver en mi imaginación esa noche, al oír roncar mis pinos. Antes
+de poseer un molino, aquella isla encantada era donde iba yo a retirarme
+siempre que necesitaba aire libre y soledad.
+
+--¿Qué hacía allí?
+
+Lo mismo que ahora aquí, quizá menos. Cuando soplaban el mistral o la
+tramontana con extremada violencia, situábame entre dos peñascos al
+borde del agua, en medio de las goletas, de los mirlos, de las
+golondrinas, y allí permanecía todo el día, en esa especie de estupor y
+delicioso anonadamiento que la contemplación del mar produce. ¿Verdad
+que conocen ustedes esa grata embriaguez del alma? No se piensa, ni se
+sueña. Todo el ser se escapa, vuela, se evapora. Se es la gaviota que se
+zambulle, el polvo de espuma que sobrenada al sol entre dos olas, el
+blanco humo de aquel vapor-correo que desaparece en la lejanía, esa
+pequeña barca de rojo velamen dedicada a la pesca de corales, aquella
+perla de agua, ese jirón de bruma, todo, menos uno mismo... ¡Oh, qué
+deliciosas horas de semisueño y de divagaciones las que pasé en mi
+isla!...
+
+Cuando el viento soplaba con fuerza impidiéndome estar a orillas del
+agua, me encerraba en el patio del lazareto, un patio pequeño y
+melancólico, todo él perfumado por el aroma del romero y del ajenjo
+silvestres, y allí, junto al lienzo de las vetustas paredes, dejábame
+invadir por el vago olor de abandono y de tristeza que envuelto en los
+rayos del sol flotaba entre los aposentos de piedra, abiertos por todas
+partes como tumbas antiguas. Un portazo o un salto ligero entre la
+hierba interrumpía de vez en cuando el silencio monótono que reinaba en
+aquel solitario lugar: era una cabra, que acudía a rumiar al resguardo
+del viento. Al verme se detenía absorta, y quedábase plantada ante mí,
+con aire vivaracho, los cuernos en alto, contemplándome con ojos
+juveniles...
+
+El portavoz de los torreros me llamaba para comer a las cinco, y a esa
+hora, por un senderito escarpado a pico entre los matorrales, suspenso
+encima del mar, encaminábame lentamente al faro, volviendo a cada
+momento la vista hacia aquel inmenso horizonte de agua y de luz, que
+parecía ensancharse conforme ascendía yo.
+
+ * * * * *
+
+El espectáculo era encantador desde la cima. Creo aún ver aquel
+magnífico comedor, de anchas losas, paramentos de encina, la sopa de
+peces humeante en medio, la puerta completamente abierta al blanco
+terrado, y los resplandores del Poniente que lo inundaban de luz...
+Allí me aguardaban siempre, para sentarse a la mesa, los torreros. Eran
+tres: uno de Marsella y dos de Córcega; los tres pequeños, barbudos, con
+igual rostro curtido y resquebrajado, e idéntico gabán de pelo de cabra,
+pero de aspecto y humor completamente distintos y aun contrarios.
+
+De la manera de vivir de aquellas gentes, deducíase al punto la
+diferencia de ambas razas. El marsellés, industrioso y vivo, siempre
+atareado, en constante movimiento, recorría la isla desde la mañana a la
+noche, cultivando, pescando, recogiendo huevos de aves marinas,
+ocultándose entre los matorrales para ordeñar una cabra al paso, y
+siempre dispuesto a hacer un alioli o a guisar alguna sopa de peces.
+
+Los corsos no se ocupaban absolutamente nada más que de su servicio;
+considerábanse como funcionarios, y pasaban todo el día en la cocina
+jugando siempre largas partidas de _scopa_, sin interrumpirlas más que
+para volver a encender las pipas con aire grave, y para picar en la
+palma de las manos grandes hojas de tabaco verde con las tijeras...
+
+Sin embargo, marsellés y corsos eran tres buenas personas, sencillos,
+bonachones, y muy considerados para con su huésped, aunque en el fondo
+lo creyeran un señor muy extraordinario.
+
+No les faltaban motivos para opinar así, ¡porque eso de encerrarse en el
+faro!... ¡Y ellos, que encuentran tan largos los días, y son tan felices
+cuando les llega el turno de bajar a tierra!... En la buena estación,
+gozan de gran ventura todos los meses. Diez días de tierra firme por
+treinta de faro: así lo prescribe el reglamento. Pero en el invierno y
+durante los grandes temporales, no hay reglamentos que valgan. Arrecia
+el vendaval, suben las olas, la espuma blanquea las Sanguinarias, y los
+torreros de servicio permanecen bloqueados dos o tres meses
+consecutivos, y no pocas veces hasta con circunstancias aterradoras.
+
+--Oiga usted, señor, lo que me ocurrió hace cinco años--me refería en
+una ocasión el viejo Bartoli, mientras comíamos;--el caso me sucedió en
+esta misma mesa donde estamos, una tarde de invierno, como ahora.
+Aquella tarde sólo estábamos dos en el faro: un compañero llamado
+Tchéco y yo... Los demás estaban en tierra, enfermos, con licencia, no
+recuerdo bien... Habíamos concluido de comer, muy tranquilos... De
+repente mi camarada deja de comer, me mira un momento con unos ojos
+pícaros, y ¡cataplum! se cae encima de la mesa, con los brazos adelante.
+Me acerco a él, lo muevo, lo llamo: «¡Oh, Tché!... ¡Oh, Tché!...» Nada:
+¡estaba muerto!... ¡Imagínese usted qué susto! Más de una hora estuve
+estupefacto y tembloroso ante aquel cadáver; después, de pronto, me
+acuerdo del faro. No tuve tiempo más que de subir a la farola y
+encender. La noche estaba ya encima... ¡Qué noche, caballero! El mar y
+el viento no tenían sus voces naturales. Continuamente parecíame que
+alguien me llamaba en la escalera... Y además, ¡una fiebre, una sed!
+Nadie hubiera sido capaz de hacer que yo bajara... ¡Me daba tanto miedo
+el difunto! Sin embargo, hacia el alba me animé un poco. Llevé a mi
+compañero a su cama, le eché la sábana encima, recé algunas oraciones y
+en seguida fui a hacer señales de alarma.
+
+Desgraciadamente había mar gruesa y de fondo: por más que llamé y
+llamé, nadie acudió... Y yo a solas en el faro con mi pobre Tchéco,
+¡sabe Dios hasta cuándo! Yo confiaba poder tenerlo conmigo hasta la
+llegada del barco; pero a los tres días era aún completamente
+imposible... ¿Cómo arreglármelas? ¿Llevarle fuera? ¿Enterrarlo? La roca
+era sumamente dura; y hay tantos cuervos en la isla! Me apenaba el tener
+que abandonarles aquel cristiano. Entonces pensé en bajarlo a uno de los
+departamentos del lazareto... Toda una tarde empleé en aquella triste
+faena, y le respondo a usted de que necesité valor... ¡Mire usted,
+caballero! Hoy todavía, cuando bajo a esta parte de la isla en una tarde
+de ventarrón, me parece llevar a cuestas el cadáver...
+
+¡Pobre viejo Bartoli! Sudaba sólo acordándose de ello.
+
+Así pasábamos las horas de la comida, charlando largo y tendido: el
+faro, el mar, narraciones de naufragios, historias de bandidos corsos...
+Luego, al obscurecer, el torrero del primer cuarto encendía su
+candileja, tomaba la pipa, la calabaza, un grueso Plutarco de cantos
+rojos, único volumen que constituía la biblioteca de las Sanguinarias,
+y desaparecía por el fondo. Un momento después oíase en todo el faro un
+estrépito de cadenas, de poleas, de grandes pesas de reloj a las cuales
+se daba cuerda.
+
+Yo me sentaba fuera, en la terraza, durante ese tiempo. El sol, muy bajo
+ya, descendía cada vez con más rapidez hacia el agua, llevándose tras de
+sí todo el horizonte. Refrescaba el viento, la isla teñíase de color
+violáceo. Por el espacio pasaba junto a mí con perezoso vuelo un gran
+pajarraco: era el águila que acudía a guarecerse a la torre... Las
+brumas del mar subían poco a poco. Bien pronto veíase tan sólo el blanco
+festón de la espuma alrededor de la isla... De pronto, por encima de mi
+cabeza, surgía una gran oleada de plácida luz. Estaba encendido el faro.
+Dejando en sombras toda la isla, el luminoso haz de rayos iba a caer a
+lo lejos en alta mar, y allí estaba yo rodeado de tinieblas, bajo
+aquellas grandes ondas lumínicas que apenas me salpicaban al paso...
+Pero el viento seguía refrescando. Era necesario recogerse. A tientas
+cerraba el grueso portón y corría las barras de hierro; después, y
+siempre a tientas, subía una escalerilla de fundición, que retemblaba y
+sonaba con mis pasos y llegaba a la cúspide del faro. Por supuesto, allá
+sí que había luz.
+
+Imagínense ustedes una gigantesca lámpara Cárcel, de seis filas de
+mecheros, en torno de la cual giran lentamente las paredes de la
+linterna, unas cerradas por enorme lente de cristal, otras abiertas a
+una gran vidriera fija que preserva del viento a la llama... Al entrar
+me deslumbraba. Esos cobres, esos estaños, esos reflectores de metal
+blanco, esas paredes de cristal abombado que volteaban con grandes
+círculos azulados, todo ese espejeo, toda esa balumba de luces, me
+producían vértigos por un instante.
+
+A pesar de todo, mi vista se acostumbraba poco a poco a ello,
+concluyendo yo por sentarme al pie mismo de la lámpara, junto al torrero
+que leía su Plutarco en alta voz, por temor a dormirse.
+
+Allá fuera, la obscuridad, el abismo. En el balconcillo que circunda a
+la vidriera, el viento corre aullando como un loco. Cruje el faro, la
+mar brama. En el extremo de la isla, en las rompientes, las olas
+simulan que disparan cañonazos. A veces, un dedo invisible toca en los
+vidrios: algún ave nocturna atraída por la luz, y que se estrella la
+cabeza contra el cristal. Dentro de la linterna centelleante y cálida,
+nada más que el constante chisporroteo de la llama, el ruido del aceite
+cayendo gota a gota, y el de la cadena que va desenrollándose, y una voz
+monótona, que salmodia la vida de Demetrio de Falerea.
+
+ * * * * *
+
+Mediada la noche, levantábase el torrero, examinaba por última vez sus
+mechas, y bajábamos. En la escalera nos tropezábamos con el colega del
+segundo cuarto, quien subía restregándose los ojos; se le entregaba la
+calabaza y el Plutarco. Después, cuando nos íbamos a acostar, entrábamos
+un momento en la habitación del fondo, hecha un revoltijo de cadenas,
+grandes pesas, depósitos de estaño, calabrotes, y allí, a la luz del
+candilejo, el torrero escribía en el gran libro del faro, abierto
+constantemente.
+
+_Media noche. Buque a la vista por el horizonte. Mar gruesa.
+Tempestad._
+
+
+
+
+LA AGONIA DE LA GOLETA «LIGERA»
+
+
+Puesto que el mistral nos lanzó la otra noche a la costa de Córcega,
+permítanme ustedes que les refiera una triste historia marítima de que
+hablan con frecuencia los pescadores de por allá durante la velada, y
+acerca de la cual me ha suministrado la casualidad datos muy
+interesantes.
+
+Hace dos o tres años que ocurrió.
+
+Bogaba por el mar de Cerdeña, acompañado de siete u ocho carabineros de
+mar. ¡Penoso viaje para un novicio! En todo el mes de marzo no habíamos
+disfrutado de un solo día bueno. El viento del Este nos había combatido
+con fiereza y el mar no abonanzaba.
+
+Una tarde, que capeábamos el temporal, nuestra barca se refugió a la
+entrada del estrecho de Bonifacio, en medio de un archipiélago de
+islillas. Su aspecto era tranquilizador: grandes rocas peladas, pobladas
+de aves, algunas matas de ajenjo, espesuras de lentiscos, y acá y acullá
+entre el fango algunos maderos que empezaban a pudrirse; pero, a fe mía,
+para pasar la noche eran preferibles esas rocas siniestras al camarote
+de una vieja barca a medio cubrir, donde entraba el oleaje como Pedro
+por su casa, y con ella tuvimos que conformarnos.
+
+Tan pronto como desembarcamos y mientras los marineros encendían lumbre
+para guisar la sopa de peces, me llamó el patrón, y mostrándome una
+pequeña cerca de piedra blanca, perdida entre las brumas en el extremo
+de la isla, me dijo:
+
+--¿Quiere usted venir al cementerio?
+
+--¡Un cementerio, patrón Lionetti! Pues, ¿dónde nos encontramos?
+
+--En las islas Lavezzi, señor. Aquí fueron enterrados los seiscientos
+hombres de la fragata _Ligera_, en el lugar mismo en que se perdió hace
+diez años... ¡Pobre gente! No son muy visitados y menos mal que llegamos
+nosotros para decirles buenos días, puesto que ya estamos en él...
+
+--Con mucho gusto por mi parte, patrón.
+
+ * * * * *
+
+¡Cuánta tristeza respira el cementerio de la _Ligera_!... Lo veo
+todavía, con su bajo tapial, su puerta de hierro oxidada y difícil de
+abrir, con centenares de cruces negras ocultas por la hierba. ¡Ni una
+corona de siemprevivas, ni un recuerdo, nada!... ¡Ah, infelices muertos
+abandonados, cuánto frío deben sentir en su tumba casual!
+
+Un momento estuvimos allí arrodillados. El patrón rezaba en voz alta.
+Enormes goletas, únicos guardianes del cementerio, revoloteaban sobre
+nuestras cabezas confundiendo sus roncos gritos con los lamentos del
+mar.
+
+Cuando concluimos de rezar, regresamos tristemente hacia el rincón donde
+había sido amarrada la barca. No perdieron el tiempo los marineros
+durante nuestra ausencia. Encontramos una gran hoguera llameante
+resguardada por un peñasco y la marmita que humeaba. Nos sentamos en
+corro, con los pies juntos a la lumbre, y bien pronto tuvo cada cual
+sobre sus rodillas, dentro de una cazuela de barro colorado, dos
+rebanadas de pan moreno con mucho caldo. Nadie habló durante la comida:
+estábamos mojados, teníamos hambre, y además la proximidad del
+cementerio... A pesar de todo desocupamos las cazuelas, encendimos las
+pipas y empezamos a charlar un poco. Como es natural, el tema de nuestra
+conversación fue la _Ligera_.
+
+--Pero, dígame, ¿cómo ocurrió la catástrofe?--pregunté al patrón, quien
+con la cabeza apoyada en las manos, miraba la lumbre con aire pensativo.
+
+--¿Que cómo ocurrió la catástrofe?--respondiome el bueno de Lionetti,
+suspirando con amargura.--¡Ah! señor, nadie del mundo pudiera decirlo.
+Todo lo que sabemos es que la _Ligera_, llena de tropas para Crimea,
+había zarpado de Tolón la víspera por la tarde, con mal tiempo. De noche
+todavía, empezó a arreciar el temporal. Viento, lluvia, mar alborotado
+como nunca. Por la mañana amainó un poco el viento, pero el mar
+continuaba tan fiero; y a todo esto, una maldita bruma del demonio, que
+no permitía distinguir un fanal a cuatro pasos. No puede usted formarse
+idea, señor, de lo traidoras que son esas brumas. Eso nada importa;
+nadie me quita de la cabeza que la _Ligera_ debió perder el timón de
+madrugada; porque, por muy densa que fuera la bruma, sin una avería, el
+capitán no hubiese venido a estrellarse aquí. Era un experto marino, a
+quien todos conocíamos. Había mandado la estación naval de Córcega
+durante tres años y conocía la costa tan bien como yo, que no conozco
+otra cosa.
+
+--¿Y a qué hora se supone que se estrelló la _Ligera_?
+
+--Debió ser a mediodía; sí, señor, en pleno mediodía... Pero, ¡cáspita!
+con la bruma de mar, ese pleno mediodía no era más claro que una noche
+obscura como boca de lobo... Un aduanero de la costa me refirió que
+aquel día, habiendo salido de su caseta para sujetar los postigos,
+próximamente a las once y media, una racha de viento le llevó la gorra,
+y exponiéndose a ser llevado él mismo por la resaca, empezó a correr
+tras de aquélla a cuatro patas, a lo largo de la playa. Comprenderá
+usted que a los carabineros no les sobra la plata y una gorra cuesta
+cara. Pues bien, parece ser que al levantar un momento la cabeza nuestro
+hombre, vio, muy cerca de él, entre la bruma, un buque de alto bordo que
+huía a palo seco, sotaventeando las islas Lavezzi. Este buque marchaba
+con tanta velocidad, que el aduanero apenas tuvo tiempo de verlo bien.
+Sin embargo, todo hace suponer que sería la _Ligera_, puesto que media
+hora más tarde el pastor de las islas oyó en estas rocas... Pero
+justamente viene aquí el pastor de que le hablo a usted; él mismo podrá
+contarle el suceso... ¡Buenos días, Palombo!... Ven a calentarte un
+poco; no temas, hombre.
+
+Acercose a nosotros tímidamente un hombre encapuchado, a quien veía yo
+desde poco antes rondar alrededor de nuestra hoguera, y al cual había
+tomado por uno de los tripulantes, pues no sabía que hubiese pastor
+alguno en la isla.
+
+Era un viejo leproso, casi completamente idiota, atacado por no sé qué
+enfermedad escorbútica que convertía sus labios en un gran morro, que
+no podía mirarse sin repugnancia. Costó gran trabajo hacerle entender de
+qué se trataba. Entonces, levantándose con un dedo el labio enfermo, el
+viejo nos contó que, en efecto, desde su choza oyó aquel día, alrededor
+de las doce, un horrible crujido en las peñas. Como toda la isla estaba
+cubierta por el agua, no había podido salir, y sólo al siguiente día fue
+cuando, al abrir la puerta, pudo ver la costa llena de restos y
+cadáveres arrastrados hasta allí por el mar. Espantado, huyó a toda
+prisa hacia su barca, para ir a Bonifacio a buscar gente.
+
+Tomó asiento el pastor, rendido de haber hablado tanto, y el patrón
+reanudó su discurso:
+
+--Sí, señor; este pobre viejo fue quien nos avisó. Estaba casi loco de
+miedo, y desde entonces tiene la cabeza a pájaros. Lo cierto es que
+había motivo para ello... Figúrese usted seiscientos cadáveres
+amontonados sobre la arena, revueltos con astillas de madera y jirones
+de lona... ¡Pobre _Ligera_!... El mar la había molido de golpe y hecho
+trizas en tal forma, que el pastor Palombo apenas ha podido encontrar
+entre todos sus residuos con qué hacer una empalizada para su choza...
+En cuanto a los hombres, desfigurados casi todos, espantosamente
+mutilados... inspiraba compasión el verlos asidos unos a otros, en
+racimos... Allí estaban el capitán con uniforme de gala, el capellán con
+la estola al cuello; en un rincón, entre dos peñascos, un grumete con
+los ojos abiertos... parecía vivo todavía; ¡pero, no! Era cosa decidida
+que nadie se librara...
+
+Al llegar a este punto, el patrón se interrumpió, gritando:
+
+--¡Ten cuidado, Nardi, que se apaga la lumbre!
+
+Nardi arrojó en el brasero dos o tres pedazos de tablones embreados, que
+se inflamaron, y Lionetti prosiguió:
+
+--Lo más triste de esta historia es esto: Tres semanas antes de la
+catástrofe, una pequeña corbeta, que iba a Crimea, lo mismo que la
+_Ligera_, naufragó del mismo modo y casi en el mismo sitio; sólo que
+aquella vez pudimos salvar la tripulación y veinte soldados de
+ingenieros que iban a bordo... ¡Es claro, esos pobres tiralíneas no
+estaban en su elemento! Se les condujo a Bonifacio y permanecieron dos
+días con nosotros en la _marina_... Después que se secaron bien y se
+pusieron en pie, ¡buenas noches, buena suerte! ¡Regresaron a Tolón,
+donde volvieron a ser embarcados para Crimea!... ¿A que usted no adivina
+en qué buque?... ¡En la _Ligera_, señor!... Los vimos a todos veinte,
+tumbados entre los muertos, en el sitio donde nos encontramos ahora...
+Yo mismo conocí a un lindo sargento de finos bigotes, un pisaverde de
+París, a quien había hospedado en mi casa y que nos había hecho reír
+todo el tiempo con sus historias... Al encontrarlo allí, se me partió el
+corazón... ¡Ah, Santa Madre!...
+
+Y, al decir esto, el honrado Lionetti sacudió, conmovido, la ceniza de
+su pipa y se arrebujó en su capotón, dándome las buenas noches...
+Durante algún tiempo, continuaron hablando a media voz los marineros...
+Después, una tras otra, se apagaron las pipas... No se pronunció una
+palabra más... Marchose el pastor viejo... Y yo me quedé solo soñando
+despierto, en medio de la tripulación dormida.
+
+ * * * * *
+
+Impresionado por el lúgubre relato que acababa de oír, intenté
+reconstruir con la imaginación el pobre buque difunto y la historia de
+esta agonía cuyos únicos testigos fueron las aves goletas. Algunos
+detalles que me llamaron la atención, el capitán con uniforme de gala,
+la estola del capellán, los veinte soldados de ingenieros, ayudáronme a
+adivinar todos los detalles del drama... Veía zarpar de Tolón la
+fragata, al obscurecer... Sale del puerto. Hay mar de fondo y un viento
+huracanado; pero el capitán es un valiente marino, y todo el mundo está
+tranquilo a bordo...
+
+A la madrugada, se levanta la bruma de mar. Comienzan todos a
+inquietarse. Toda la tripulación está sobre cubierta. El capitán no
+abandona la toldilla... En el entrepuente, donde van metidos los
+soldados, la obscuridad es completa; la atmósfera está calurosa. Algunos
+están enfermos, tendidos sobre sus petates. El buque cabecea
+horriblemente; no se puede permanecer de pie. Hablan sentados en
+corrillos en el suelo, abrazándose a los bancos; es necesario gritar
+para oírse. Algunos empiezan a atemorizarse... ¡No es para menos el
+caso! Son frecuentes los naufragios en estos parajes; si no, que lo
+digan los «tiralíneas», y lo que éstos refieren es para asustar a
+cualquiera.
+
+Especialmente, su sargento primero, un parisiense que siempre está de
+broma, pone la carne de gallina con sus chanzonetas.
+
+--¡Un naufragio!... Pues, si es la cosa más divertida un naufragio.
+Salimos del paso con un baño frío, y después nos conducen a Bonifacio, a
+comer mirlos en casa del patrón Lionetti.
+
+Y los «tiralíneas» ríe que te reirás...
+
+De repente se oye un crujido... ¿Qué es eso? ¿Qué pasa?...
+
+--El timón se ha ido--dice un marinero calado de agua, el cual cruza
+corriendo el entrepuente.
+
+--¡Buen viaje!--grita ese loco de sargento; pero esto ya no hace excitar
+la risa.
+
+Gran barullo sobre el puente. La bruma impide verse. Los marineros van
+de un lado para el otro horrorizados, a tientas... ¡Ya no hay timón! No
+se puede maniobrar... La _Ligera_, perdido el rumbo, corre con tanta
+velocidad como el viento... Entonces es cuando la ve pasar el aduanero;
+son las once y media. A proa de la fragata suena un cañonazo... ¡Las
+rompientes, las rompientes!... Todo concluyó: no hay más esperanza, va
+derecha a la costa... El capitán desciende a su camarote... Al cabo de
+un momento, ocupa nuevamente su puesto en la toldilla con uniforme de
+gala... Ha querido engalanarse para morir.
+
+En el entrepuente se contemplan ansiosos los soldados, sin rechistar...
+Los enfermos pretenden levantarse... el sargentito ya no se ríe...
+
+Entonces se abre la puerta y aparece en el umbral el capellán con su
+estola, diciendo:
+
+--¡De rodillas, hijos míos!
+
+Todos obedecen. Con voz atronadora, el sacerdote comienza las preces por
+los agonizantes.
+
+Sobreviene de pronto un choque formidable, un grito, uno solo, una
+gritería inmensa, brazos tendidos, manos que se entrelazan, ojos
+extraviados en los que se refleja con la rapidez del relámpago la
+trágica visión de la muerte...
+
+¡Misericordia!
+
+Toda la noche la pasé lo mismo: soñando, evocando, a los diez años del
+suceso, el alma del pobre buque cuyos restos me circundaban. A lo lejos,
+en el estrecho, rugía la tempestad, la tempestad; la llama de la hoguera
+inclinábase a uno y otro lado con las rachas de viento, y oía danzar a
+nuestra barca junto a las rocas, haciendo crujir las amarras.
+
+
+
+
+LOS ADUANEROS
+
+
+Una vieja embarcación de la Aduana, semicubierta, era la _Emilia_, de
+Porto-Vecchio, a bordo de la cual hice aquel viaje lúgubre a las islas
+Lavezzi. Para resguardarse en ella del viento, de las olas y de la
+lluvia, sólo había un pequeño pabellón embreado, lo suficientemente
+amplio para contener escasamente una mesa y dos literas. Con tan pobres
+recursos, merecían verse nuestros marineros con el mal cariz del tiempo.
+Chorreaban los rostros, las blusas caladas de agua humeaban como ropa
+blanca puesta a secar en estufa, y en pleno invierno los infelices
+pasaban así días enteros, hasta las noches inclusive, acurrucados en sus
+mojados asientos, tiritando entre aquella humedad malsana, porque no se
+podía encender fuego a bordo, y muchas veces era difícil ganar la
+costa... Pues bien, ni uno de aquellos hombres se quejaba. En los más
+recios temporales, siempre los vi con idéntica placidez, del mismo buen
+humor. Y, no obstante, ¡qué triste vida la de esos carabineros de mar!
+
+Casados casi todos ellos, con esposa e hijos en tierra, permanecen meses
+enteros separados de su familia dando bordadas por aquellas tan
+peligrosas costas, alimentándose solamente de pan enmohecido y cebollas
+silvestres. ¡Jamás beben vino, nunca comen carne, porque la carne y el
+vino cuestan caros, y su sueldo es sólo quinientos francos al año!
+¡Figúrense ustedes si habrá obscuridad en la choza de allá abajo, en la
+_marina_, y si los niños irán bien calzados!... ¡No le hace! Todas esas
+gentes parecen contentas con su suerte. A popa, delante del camarote,
+había un gran balde lleno de agua llovida, donde la tripulación calmaba
+la sed, y recuerdo que, apurado el último buche, cada uno de esos pobres
+diablos sacudía su escudilla con un ¡ah! de satisfacción, una expresión
+de bienestar tan cómica como enternecedora.
+
+El que mostraba más alegría y satisfacción entre todos era un natural de
+Bonifacio, tostado, pequeño y rechoncho, a quien llamaban Palombo. Este
+pasábase el tiempo cantando aun en medio de los mayores temporales.
+Cuando el oleaje tomaba el color del plomo, cuando el cielo obscuro por
+la cerrazón llenábase de menudo granizo y venteaban todos la borrasca
+que iba a venir, entonces, entre el silencio absoluto y la ansiedad de a
+bordo, comenzaba a canturrear la voz reposada de Palombo:
+
+ No, señor,
+ Es gran honor.
+ Es honrada Liseta y no fe...a:
+ Se queda en la alde...a...
+
+Y por muchas que fueran las rachas que hacían crujir el velamen,
+zarandeando e inundando la barca, no dejaba de oírse la canción del
+aduanero, balanceada cual una gaviota en la cresta de las olas. El
+viento acompañaba en ocasiones con demasiada fuerza, y no se oían las
+palabras; pero después de cada golpe de mar, entre el murmullo del agua
+que chorreaba, oíase constantemente el estribillo de la canción:
+
+ Es honrada Liseta y no fe...a:
+ Se queda en la alde...a...
+
+Pero llegó un día de viento y lluvia muy fuertes, en que ya no lo oí.
+Era tan extraordinario el caso, que saqué del camarote la cabeza:
+
+--¡Eh, Palombo! ¿No cantas hoy?
+
+Palombo no respondió. Estaba inmóvil, tendido en su banco. Me acerqué a
+él. Castañeteábanle los dientes; la fiebre hacía temblar todo su cuerpo.
+
+--Tiene una _puntura_--me dijeron afligidos sus camaradas.
+
+Ellos llaman _puntura_ a una punzada de costado, una pleuresía. Aquella
+gran cerrazón plomiza, aquella barca chorreando agua, aquel pobre
+febricitante arrebujado en un viejo capote de caucho que relucía bajo la
+lluvia como una piel de foca: jamás he presenciado nada más lúgubre. El
+frío, el viento y el vaivén de las olas no tardaron en agravar en su
+enfermedad al pobre aduanero. Lo acometió el delirio y fue necesario
+atracar.
+
+Después de mucho tiempo y no pequeños esfuerzos, entramos al obscurecer
+en una ensenadita árida y silenciosa, animada solamente por el vuelo
+circular de algunas aves. En cuanto de la playa alcanzaba la vista,
+erguíanse altas rocas escarpadas, intrincados laberintos de arbustos
+verdes, de un verde obscuro y hojas perennes. Abajo, junto al agua, una
+casita blanca, con postigos grises, era el puesto de la Aduana. En medio
+de ese desierto, aquel edificio del Estado, con cifras como una gorra de
+uniforme, producía una impresión desagradable de indecible malestar. El
+pobre Palombo fue desembarcado allí. ¡Triste asilo para un enfermo!
+Encontramos al aduanero disponiéndose a comer al amor de la lumbre, en
+compañía de su mujer y sus hijos. Todas aquellas gentes tenían caras
+pálidas, amarillentas, grandes ojos sombreados por la fiebre. La madre,
+joven todavía, con un niño de pechos en los brazos, estremecíase de frío
+cuando hablaba con nosotros.
+
+--Es un puesto mortífero--me dijo en voz baja el inspector.--Nos vemos
+en la necesidad de relevar a nuestros aduaneros cada dos años. La fiebre
+de las marismas los mata.
+
+Sin embargo, se pretendía ir a buscar un módico. Para encontrar al más
+próximo era preciso ir hasta Sartène, es decir, a seis u ocho leguas de
+allí. ¿Cómo arreglárselas? Nuestros marineros estaban completamente
+extenuados de cansancio, y no se podía enviar a uno de los niños tan
+lejos. Entonces la mujer, inclinándose fuera, llamó:
+
+--¡Cecco!... ¡Cecco!
+
+Y entró un mocetón muy fornido, verdadero tipo de cazador en vedado o de
+_bandito_, con su gorro de lana parda y su gabán de pelo de cabra. Al
+desembarcar ya me había fijado en él, al verle sentado a la puerta, con
+su pipa roja entre los dientes y un fusil entre las piernas, pero,
+ignoro por qué, había huido al aproximarnos. Tal vez creyó que iban
+gendarmes con nosotros. Cuando entró, ruborizose un poco la aduanera.
+
+--Es mi primo--nos dijo.--No hay temor de que éste se pierda entre la
+espesura.
+
+Díjole después algunas palabras en voz baja, señalándole el enfermo.
+Inclinose el hombre sin replicar, silbó a su perro y salió corriendo a
+todo escape, escopeta al hombro, saltando de peña en peña a grandes
+zancadas.
+
+Durante, ese tiempo, los niños, que parecían aterrados por la presencia
+del inspector, concluyeron pronto de comer las castañas y el queso
+blanco. ¡Y siempre agua, sólo agua en la mesa! Sin embargo, ¡hubiera
+venido tan bien un trago de vino a los pequeños! ¡Ah, miseria! Al fin,
+la madre subió a acostarlos; el padre, encendiendo el farol, fuese a
+inspeccionar la costa, y nosotros continuamos velando a nuestro enfermo,
+que se revolvía en su camastro cual si aun estuviese en alta mar,
+zarandeado por el oleaje. Para calmar un poco su _puntura_, calentamos
+guijarros y ladrillos, poniéndoselos en el costado. Una o dos veces, al
+acercarme a su lecho, el infeliz me conoció, y para darme las gracias me
+tendió trabajosamente la mano, una manaza rasposa y tan ardiente como
+uno de aquellos ladrillos sacados del fuego.
+
+¡Triste velada! Fuera habíase recrudecido el temporal al expirar el día,
+y era aquello un estrépito, una descarga cerrada, un surgidero de
+espumarajos, la batalla entre los peñascos y las aguas. Un golpe de
+viento de alta mar penetraba de vez en cuando en la caleta y envolvía
+nuestra casa. Conocíase por el repentino aumento de las llamas, que
+iluminaban de pronto los mohínos rostros de los marineros, agrupados en
+derredor de la chimenea contemplando el fuego con esa plácida expresión
+que da el hábito de las hermosas perspectivas y de los horizontes
+inmensos. También, a veces, quejábase Palombo con dulzura. Entonces
+volvían todos los ojos hacia el rincón obscuro, donde el pobre compañero
+estaba en el trance de la muerte, lejos de los suyos y sin ayuda, y,
+acongojados los pechos, oíanse grandes suspiros. Eso es todo cuanto
+inspiraba a aquellos trabajadores del mar, pacientes y dulces, el
+sentimiento de su propio infortunio. Nada de sublevaciones ni de
+huelgas.
+
+¡Solamente un suspiro! Sin embargo, me equivoco. Al pasar uno de ellos
+por delante de mí para arrojar un haz de leña al fuego, me dijo con voz
+baja y conmovida:
+
+--¡Ya ve usted, señor, que en nuestro oficio se sufren a veces muchas
+penas!
+
+
+
+
+LOS VIEJOS
+
+
+--¿Qué es eso, tío Azam? ¿Una carta?
+
+--Sí, señor... una carta que viene de París.
+
+¡Y poco orgulloso estaba el buen tío Azam con que la carta viniese de
+París! Yo no. Algo me decía que aquella parisiense de la calle de Juan
+Jacobo, al caer en mi mesa tan repentinamente y tan temprano, iba a
+hacerme perder toda la mañana. No me había equivocado, como pueden
+juzgar ustedes mismos. Decía así:
+
+ * * * * *
+
+«Amigo mío: Necesito que me hagas un favor. Cierra por un día tu molino,
+y ve en seguida a Eyguières, que es un lugarón que dista tres o cuatro
+leguas de tu residencia, un paseo, como quien dice. Cuando llegues,
+pregunta por el convento de las huérfanas. Pasado el convento, verás una
+casa de un solo piso, contiene postigos grises y un jardinillo detrás.
+Entra sin llamar, la puerta está siempre abierta, y cuando entres da
+muchas vocea:--¡Buenos días, buena gente! Soy amigo de
+Mauricio.--Entonces verás a dos viejecitos, ¡oh! pero viejos, reviejos,
+archiviejos, tenderte los brazos desde el fondo de sus grandes sillones,
+y los abrazas en mi nombre, de todo corazón, como si fuesen cosa tuya.
+Después hablarán ustedes; ellos te preguntarán por mí, y yo seré el
+único tema de su conversación; te contarán mil chocheces, que debes
+escuchar sin reírte. ¿No te reirás, eh? Son mis abuelos, dos seres para
+quienes yo soy toda su vida, y que no me han visto desde hace diez años.
+¡Mira tú que diez años tienen días! Pero, ¿qué quieres? París me ha
+hecho prisionero como a ellos la edad avanzada. Son tan viejos, que si
+viniesen a verme, se quedarían en el camino. Afortunadamente, mi querido
+molinero, andas tú por ahí abajo, y al abrazarte, los pobres creerán en
+cierto modo que soy yo a quien abrazan. ¡Les he hablado tantas veces de
+nosotros y de la buena amistad que nos une!»
+
+ * * * * *
+
+¡Llévese el diablo la buena amistad! Justamente aquella mañana hacía un
+tiempo hermoso, pero poco adecuado para rodar por los caminos, demasiado
+mistral y excesivo sol, un verdadero día de Provenza. Cuando recibí
+aquella maldita carta había ya elegido mi abrigo entre dos rocas, y
+soñaba con pasar allí todo el día como un lagarto, inundándome de luz y
+oyendo cantar los pinos. En fin, ¿qué vamos a hacerle? Cerré el molino
+gruñendo y coloqué la llave debajo de la gatera. Tomé el garrote y la
+pipa, y eché a andar.
+
+Llegué a Eyguières próximamente a las dos. El villorrio estaba desierto,
+todo el mundo en el campo. En los olmos, junto a la acequia, blancos de
+polvo, cantaban las cigarras como en pleno Crau. En la plaza de la
+Alcaldía, tomando el sol, un asno, y en la fuente de la iglesia una
+bandada de palomas, pero ni un alma a quien preguntar por el convento de
+las huérfanas. Afortunadamente, aparecióseme de pronto una hada vieja,
+hilando en cuclillas arrimada al quicio de su puerta, le expuse mi
+deseo, y como aquella hada era muy poderosa, no necesitó más que
+levantar la rueca, y alzose al punto ante mí, como por arte de magia,
+el convento de las huérfanas. Era un caserón destartalado y obscuro, muy
+satisfecho de lucir sobre su pórtico ojival una vetusta cruz de arenisca
+roja, con una inscripción latina. Junto a aquella casa, vi otra más
+pequeña con postigos grises, y el jardín detrás.
+
+La conocí en seguida y entré sin llamar.
+
+Durante toda mi vida recordaré aquel largo corredor fresco y tranquilo,
+la pared pintada de color de rosa, el jardinillo que se entreveía en el
+fondo a través de una cortina de color, y en todos los tableros flores y
+violines descoloridos. Prodújome la misma impresión que hubiera
+experimentado al entrar en la casa de algún antiguo bailío de los
+tiempos de Maricastaña. Al fin del pasillo, a la izquierda, por una
+puerta entornada oíase el tic tac de un enorme reloj y una voz infantil,
+pero de niño de la escuela, que leía deteniéndose en cada sílaba:
+En...ton...ces... San... I...re...ne...o... ex...cla...mó:... Yo...
+soy... el... tri...go del... Se...ñor... Es... ne...ce...sa...rio...
+que... me... tri...tu...ren... las... mue...las... de... es...tos...
+a...ni...ma...les... Acerqueme con precaución a aquella puerta y miré.
+
+Entre la calma y la media luz de un cuartito, un buen anciano de pómulos
+rojos, arrugado hasta la punta de los dedos, dormía embutido en un
+sillón, con la boca abierta y las manos en las rodillas. A sus pies, una
+niñita con traje azul, esclavina grande y capillo pequeño, el traje de
+las huérfanas, leía la _Vida de San Ireneo_ en un libro más grande que
+ella. Esta lectura milagrosa había ejercido notable influencia sobre
+toda la casa. El viejo dormía en su sillón, las moscas en el cielo raso
+y los pájaros en sus jaulas, allá abajo, en la ventana. El gran reloj
+repetía con insistencia monótona su acompasado tic tac, tic tac. En toda
+la estancia no estaba despierto nada más que un gran haz de luz que se
+filtraba derecho y blanco por entre los postigos cerrados, lleno de
+chispas vivientes y de valses microscópicos. En medio de aquel general
+adormecimiento, la niña proseguía su lectura con aire grave: En...
+se...gui...da... dos... le...o...nes... se... lan...za...ron...
+so...bre... él... y... lo... de...vo...ra...ron... En ese momento entré
+yo. Los leones de San Ireneo, entrando precipitadamente en la estancia,
+no hubieran producido allí más asombro del que yo produje. ¡Un verdadero
+efecto teatral! La pequeña exhala un grito, cáese el librote,
+espabílanse los canarios y las moscas, el viejo se yergue sobresaltado,
+despavorido y turbado yo mismo un poco, me paro en el umbral diciendo a
+voces:
+
+--¡Buenos días, buenas gentes, soy amigo de Mauricio!
+
+¡Oh! Entonces, si ustedes hubieran visto al pobre viejo, si le hubiesen
+visto precipitarse a mí, con los brazos extendidos, abrazarme, apretarme
+las manos, correr trastornado por la habitación, repitiendo:
+
+--¡Dios mío, Dios mío!
+
+Reíansele todas las arrugas del rostro. Estaba rojo. Tartamudeaba.
+
+--¡Ah, caballero! ¡Ah, caballero!
+
+Ibase después al fondo, llamando:
+
+--¡Mamette!
+
+Se abre una puerta, y se oye en el pasillo un trotecito de ratón. Era
+Mamette. Nada tan conmovedor como aquella viejecita con su gorro de
+casco, su hábito carmelita y el pañuelo bordado, que por honrarme tenía
+en la mano, conforme a la usanza antigua. ¡Cosa enternecedora: se
+parecían! Con papalina y cosas amarillas también él hubiera podido
+llamarse Mamette. Pero la verdadera Mamette había debido llorar mucho
+durante su vida, y estaba aún más arrugada que la otra. También, como la
+otra, tenía junto a sí una niña del asilo de huérfanas, guardianita con
+esclavina azul que nunca la abandonaba, y el ver esos viejos amparados
+por esas huérfanas, era lo más conmovedor que puede concebirse.
+
+Mamette, al entrar, había comenzado por hacerme una gran reverencia;
+pero el viejo la paralizó con cuatro palabras:
+
+--Es amigo de Mauricio.
+
+Y he aquí que, al punto, tiembla, llora, pierde el pañuelo, se pone
+encarnada, muy roja, aún más roja que él. ¡Esos viejos! La única gota de
+sangre que tienen en las venas, se les sube a la cara a la más pequeña
+emoción.
+
+--¡Pronto, pronto, una silla!--grita la vieja a su niña.
+
+--¡Abre los postigos!--dice el viejo a la suya.
+
+Y agarrándome cada cual por una mano, lleváronme de un trote a la
+ventana, abierta de par en par, para contemplarme mejor. Acercan los
+sillones, me instalo entre ambos en una silla de tijera, colócanse
+detrás de nosotros las dos niñas de azul, y comienza el interrogatorio.
+
+--¿Cómo está? ¿Qué hace? ¿Por qué no ha venido a vernos? ¿Está contento?
+
+Y patatín, y patatán. Todo esto durante dos horas.
+
+Contesté del mejor modo posible a todas las preguntas, diciendo acerca
+de mi amigo los detalles que conocía, inventando descaradamente los que
+ignoraba, y guardándome, sobre todo, de confesar que jamás había
+reparado en si cerraban bien sus ventanas, o de qué color era el papel
+de su cuarto.
+
+--¡El papel de su cuarto! Es azul, señora, azul pálido con guirnaldas.
+
+--¿Verdad?--exclamaba conmovida la pobre vieja.
+
+Y dirigiéndose a su marido, agregaba:
+
+--¡Es tan buen muchacho!...
+
+--¡Oh, sí, es un buen muchacho!--repetía el otro lleno de entusiasmo.
+
+Y mientras que yo hablaba había entre ellos movimientos de cabeza,
+sonrisitas maliciosas, guiños de ojos, aires de valor entendido. O bien,
+el viejo que se aproximaba a mí diciéndome:
+
+--Hable usted más fuerte. Es un poco sorda.
+
+Y ella por su parte:
+
+--Le suplico que hable algo más alto. Es un poco teniente.
+
+Yo alzaba entonces la voz, y dábanme los dos las gracias con una
+sonrisa, y entre esas lánguidas sonrisas con que se inclinaban hacia mí,
+pretendiendo ver en el cristal de mis ojos la imagen de su Mauricio,
+conmovíame el encontrar yo mismo aquella imagen, vaga, velada, casi
+imperceptible, cual si viese a mi amigo sonreírseme, entre una bruma, en
+las lejanías.
+
+ * * * * *
+
+El viejo yérguese repentinamente en el sillón.
+
+--¿A que no adivinas en qué estoy pensando, Mamette? ¡Quizá no habrá
+almorzado!
+
+Y Mamette, trastornada, levantando los ojos al cielo, exclama:
+
+--¡Sin almorzar! ¡Santo Dios!
+
+Pensé que hablaban todavía de Mauricio, e iba a responder que ese buen
+muchacho jamás se ponía a la mesa después del mediodía. Pero no, era a
+mí a quien se referían. Y eran de ver las idas y venidas cuando confesé
+que todavía no me había desayunado.
+
+--¡En seguida, el cubierto, niñas! La mesa en medio del cuarto, el
+mantel del domingo, los platos de flores. No se rían tanto, hagan el
+favor, y vamos de prisita.
+
+Creo que, efectivamente, se apresuraron. Apenas en el tiempo necesario
+para romper tres platos, encontrose servido el almuerzo.
+
+--¡Un buen almuercito!--me decía Mamette al conducirme a la mesa;--pero
+es sólo para usted, porque nosotros ya comimos esta mañana.
+
+A cualquier hora que se visite a esos pobres viejos, siempre han comido
+por la mañana.
+
+El buen almuercito de Mamette componíase de dos dedos de leche, unos
+dátiles y una _barquette_, una cosa parecida a un pestiño, algo con que
+alimentarse ella y sus canarios lo menos durante ocho días. ¡Y decir que
+yo sólo me engullí todas aquellas provisiones! Así, pues, ¡qué
+indignación alrededor de la mesa! ¡Cómo cuchicheaban las niñas vestidas
+de azul, dándose con el codo! Y allá abajo, dentro de sus jaulas, cómo
+parecían decirse los canarios: ¡Oh! ¿Pues no se come ese señor de una
+sentada todo el pestiño?
+
+Efectivamente, me lo comí todo y casi sin darme cuenta de ello,
+distraído como estaba mirando a mi alrededor aquella habitación clara y
+apacible, donde flotaba como un olor a cosas antiguas. Lo que más me
+llamaba la atención eran dos camitas de las cuales no podía separar los
+ojos. Figurábame esos lechos, casi como dos cunas, a la hora del alba,
+cuando están aún ocultos por sus grandes cortinajes de cenefas. Dan las
+tres de la madrugada. A esa hora suelen despertarse todos los viejos.
+
+El pregunta:
+
+--¿Duermes, Mamette?
+
+--No, querido.
+
+--¿Verdad que Mauricio es un buen muchacho?
+
+--¡Oh, sí! Es un buen muchacho.
+
+Y así poco más o menos, imaginábame yo una charla completa, sólo con
+haber visto esas dos camitas de viejo, colocadas una junto a otra.
+
+Durante este tiempo al extremo opuesto de la habitación desarrollábase
+un drama terrible delante del armario. Tratábase de alcanzar allá
+arriba, en la última tabla, cierto frasco de cerezas en aguardiente que
+hacía diez años que aguardaba a Mauricio, y con cuya apertura quisieron
+obsequiarme. A pesar de los ruegos de Mamette, el viejo se había
+empeñado en ir a buscar él mismo las cerezas, y encaramado sobre una
+silla, con gran espanto de su mujer, pretendía alcanzarlo. Figúrense el
+cuadro: el viejo temblaba, y empinábase; las niñas vestidas de azul,
+agarradas a la silla de éste, detrás de él Mamette, jadeante, con los
+brazos tiesos, y dominando todo esto un leve aroma de bergamota que
+despedían grandes pilas de ropa blanca amarillenta amontonada en el
+armario abierto. Era encantador.
+
+Después de esfuerzos inauditos, consiguiose, por fin, sacar del armario
+el famoso frasco y con él un antiguo vasito de plata completamente
+abollado, el vaso que Mauricio usaba cuando era pequeño. Me lo llenaron
+de cerezas hasta el borde, ¡le agradaban tanto a Mauricio las cerezas! Y
+al servirme el viejo me murmuraba al oído con aire golosón:
+
+--¡Es usted muy dichoso pudiendo comerlas! Mi mujer es quien las ha
+preparado. Va usted a probar cosa rica.
+
+Su mujer, ¡ah! las había preparado pero se le había olvidado ponerles el
+azúcar. ¿Qué quieren? La vejez vuelve a uno distraído. ¡Pobre Mamette
+mía! sus cerezas eran malísimas, a pesar de lo cual yo me las comí todas
+sin pestañear, no dejando de ellas ni los rabos.
+
+ * * * * *
+
+Cuando concluí de almorzar, me levanté para despedirme de mis huéspedes.
+Ellos, por su gusto, me hubieran retenido todavía un rato, para hablar
+de Mauricio, pero iba atardeciendo, estaba lejos el molino, y era
+necesario emprender la marcha.
+
+El viejo se había puesto de pie al mismo tiempo que yo.
+
+--Mamette, trae mi sobretodo. Voy a acompañarlo hasta la plaza.
+
+Mamette en su fuero interno pensaba indudablemente en que hacía ya un
+poco fresco para acompañarme hasta la plaza, pero tuvo la prudencia de
+no exponer su opinión. Unicamente, mientras le ayudaba a meterse las
+mangas del sobretodo, un bonito sobretodo de color rapé con botones de
+nácar, oí a la buena señora que le decía dulcemente:
+
+--No regresarás muy tarde, ¿verdad?
+
+A lo que él respondió, con aire picaresco:
+
+--¡Jem! ¡Jem! No lo sé. Pudiera ocurrir.
+
+Después contempláronse riendo, y las niñitas vestidas de azul, de verlos
+reír, reían, y en su rincón reíanse también a su manera, los canarios.
+Dicho sea entre nosotros, creo que el olor de las cerezas las había
+embriagado a todos una miajita.
+
+Cuando salimos el abuelo y yo, caía la tarde. La niña del vestido azul
+nos seguía de lejos, para acompañarlo a la vuelta, pero él no la veía,
+se enorgullecía de marchar de mi brazo como un hombre. Mamette,
+radiante, observaba todo esto desde el quicio de la puerta, y al
+contemplarnos, movía graciosamente la cabeza como si nos dijese:
+«Todavía puede andar mi marido, a pesar de los años que tiene.»
+
+
+
+
+EL SUBPREFECTO EN EL CAMPO
+
+
+El señor subprefecto ha salido de expedición. Con el cochero delante y
+el lacayo detrás, el coche de la subprefectura le conduce
+majestuosamente a la Exposición regional de La-Combe-aux-Fées. El señor
+subprefecto se puso en ese día memorable la hermosa casaca bordada, el
+sombrerito apuntado, el pantalón estrecho galoneado de plata y la espada
+de gala con empuñadura de nácar. Descansa sobre sus rodillas una gran
+cartera de piel de zapa con relieves, y la contempla entristecido.
+
+El señor subprefecto contempla entristecido su cartera de zapa estampada
+en hueco; piensa en el famoso discurso que en breve ha de pronunciar
+delante del vecindario de La-Combe-aux-Fées.
+
+--Señores y queridos administrados.
+
+Pero, aunque se atusa con insistencia las rubias y sedosas patillas, y
+repite veinte veces consecutivas: Señores y queridos administrados, no
+acierta a continuar el discurso.
+
+No acierta a continuar el discurso... ¡Es tanto el calor que hace dentro
+de aquel coche!... Hasta que se pierde en lontananza, el camino de
+La-Combe-aux-Fées está lleno de polvo, bajo el sol de mediodía. El aire
+abrasa... y especialmente los olmos de orillas del camino, cubiertos por
+completo de blanco polvo, millares de cigarras pasan de uno a otro
+árbol. El señor subprefecto se estremece repentinamente. Allá abajo,
+junto a una ladera, divisa un verde robledal que parece hacerle señas.
+
+El bosquecillo de carrascas parece hacerle señas:
+
+--Venga usted aquí, subprefecto; al pie de mis árboles estará usted
+perfectamente y podrá componer su discurso.
+
+El señor subprefecto queda seducido, apéase del coche y dice a sus
+gentes que le esperen mientras él va a componer su discurso en el
+pequeño robledal.
+
+En el bosquecillo de verdes carrascas hay pájaros, flores y fuentes
+bajo la fina hierba... Al ver al señor subprefecto con sus lindos
+pantalones y su cartera de zapa estampada, las aves se atemorizan y
+enmudecen; las fuentes no se atreven a meter ruido y las flores
+ocúltanse entre el césped. Toda esa gentecilla menuda jamás ha visto a
+un subprefecto, e interrógase en voz baja quién será ese gran señor que
+se pasea con pantalón de plata.
+
+Bajo el follaje interrógase la gentecilla menuda en voz baja quién es
+ese señor con pantalón de plata. Mientras tanto el señor subprefecto,
+encantado con el silencio y la frescura del bosque, se levanta los
+faldones de la casaca, coloca sobre la hierba el sombrero apuntado y se
+sienta en el musgo junto a una encina joven. Luego abre en las rodillas
+la gran cartera de piel de zapa con relieves y extrae de ella un ancho
+pliego de papel ministro.
+
+--¡Es un artista!--dice la curruca.
+
+--No--responde un pajarillo,--no es un artista, porque lleva pantalón de
+plata; pero puede ser un príncipe.
+
+--Puede ser un príncipe--repite otro pajarito.
+
+--Ni un artista, ni un príncipe--interrumpe un viejo ruiseñor, que había
+cantado durante una primavera en los jardines de la subprefectura.--Yo
+lo conozco: es... ¡un subprefecto!
+
+Y por todo el bosquecillo repítese sin cesar:
+
+--¡Es un subprefecto! ¡Un subprefecto!
+
+--¡Está muy calvo!--observa una alondra muy moñuda.
+
+Las flores preguntan:
+
+--¿Es mala persona?
+
+--¿Es mala persona?--preguntan las flores.
+
+El viejo ruiseñor contesta:
+
+--¡No es completamente malo!
+
+Y con esta seguridad, los pájaros reanudan su canto, las fuentes vuelven
+a correr y las flores a embalsamar el aire, como si aquel señor no
+estuviese allí. Impasible en medio de toda aquella agradable algarabía,
+el subprefecto invoca en su corazón a la Musa de los comicios agrícolas,
+y lápiz en ristre, declama con voz de ceremonia:
+
+--Señores y queridos administrados...
+
+--Señores y queridos administrados--declama el subprefecto, con su voz
+ceremoniosa.
+
+Interrumpido por una carcajada, vuelve la cabeza y no ve más que un gran
+picoverde que lo mira riéndose, de patas en el sombrero apuntado. El
+subprefecto se encoge de hombros e intenta reanudar su discurso; pero el
+picoverde lo interrumpe, gritándole desde lejos:
+
+--¿Para qué sirve eso?
+
+--¡Cómo! ¿Para qué sirve eso?--dice el subprefecto, enrojeciendo y,
+echando con un ademán a aquel pájaro insolente, prosigue a más y mejor:
+
+--Señores y queridos administrados--prosigue a más y mejor el
+subprefecto.
+
+Y he aquí que en aquel momento se yerguen hacia él las flores desde la
+punta de sus tallos, y le dicen con dulzura:
+
+--Señor subprefecto, ¿no advierte usted el gratísimo perfume que
+exhalamos?
+
+Y las fuentes le obsequian bajo el musgo con una música divina, y entre
+las ramas, sobre su cabeza, bandadas de currucas le gorjean sus notas
+más sonoras, y todo el bosquecillo conspira para impedirle la
+composición de su discurso.
+
+Todo el bosquecillo conspira para impedirle la composición de su
+discurso.
+
+El señor subprefecto, embriagado de aromas, ebrio de música, pretende
+inútilmente resistir el nuevo encanto que le invade. Colócase de codos
+sobre la hierba, se desabrocha la hermosa casaca, y farfulla otras dos o
+tres veces:
+
+--Señores y queridos administrados. Señores y queridos adminis...
+Señores y queridos...
+
+Manda después a paseo a los administrados, y la Musa de los comicios
+agrícolas vese obligada a cubrirse el rostro.
+
+Cúbrete el rostro, ¡oh, Musa de los comicios agrícolas! Cuando,
+transcurrida una hora, las gentes de la subprefactura, intranquilos por
+su señor, entran en el bosquecillo, contemplan horrorizados un
+espectáculo que les hace retroceder. El señor subprefecto, despechugado
+como un bohemio, estaba echado boca abajo sobre la hierba. Habíase
+quitado la casaca, y mascando flores, el señor subprefecto componía
+versos.
+
+
+
+
+EL POETA MISTRAL
+
+
+Al despertarme el domingo último e incorporarme en el lecho, creí, por
+un instante, que estaba en la calle del Faubourg-Montmartre. Llovía; el
+cielo estaba gris; el molino triste. Me espantó la idea de pasar en casa
+aquel día de lluvia, y sentíme al punto ansioso de ir a calentarme un
+poco a la de Federico Mistral, ese gran poeta que reside en Maillane,
+villorrio que dista tres leguas de mis pinos.
+
+Dicho y hecho: una estaca de ramo de mirto, mi Montaigne, una manta, ¡y
+al camino!
+
+No había un alma en los campos... Nuestra hermosa Provenza católica
+otorga los domingos descanso a la tierra... Los perros solos en los
+hogares, las granjas cerradas... De vez en cuando, una galera de
+«ordinario» con el toldo chorreando; una vieja, cubierta la cabeza con
+su mantón de color de hoja seca; mulas engalanadas con guarnición de
+esparto azul y blanco, madroños rojos, cascabeles de plata, tirando de
+una carreta en las que las gentes de las masías van a misa; después,
+allá abajo, por entre los jirones de la bruma, una barca en el río y un
+pescador de pie, lanzando su esparavel.
+
+Imposible de todo punto leer en el camino aquel día. Llovía a torrentes,
+y la tramontana arrojaba el agua a cubos al rostro... Hice la caminata
+de un tirón, y después de andar tres horas, percibí a la postre ante mí
+los tres cipresitos en medio de los cuales guarécese del viento la
+comarca de Maillane.
+
+No andaba ni un gato por las calles de la aldea; todo el mundo estaba en
+misa mayor. Al pasar yo delante de la iglesia, zumbaba el piporro, y vi
+relucir los cirios a través de las policromas vidrieras.
+
+El poeta habita al final del término municipal; en la postrera casa a la
+izquierda, en el camino de Saint-Remy, una casita de un solo piso, con
+un jardín delante... Entro muy despacio... ¡No hay nadie! La puerta del
+salón está cerrada, pero oigo que detrás de ella andan y hablan en alta
+voz... Conozco muchísimo ese paso y esa voz... Me detengo un instante en
+el corredorcito enjalbegado con cal, puesta la mano en el pestillo de la
+puerta, muy emocionado. El corazón me palpita. ¡Qué impresión!
+
+Ahí está. Trabaja... ¿Esperaré que termine la estrofa? ¡A fe mía, tanto
+peor! ¡Adentro!
+
+ * * * * *
+
+¡Ah, parisienses! Cuando el poeta de Maillane fue a visitar a ustedes
+para enseñar a París su _Mireya_, y vieron a ese Chactas con traje de
+ciudad, con cuello recto y sombrero alto, que le molestaba tanto como su
+gloria, creyeron que ése era Mistral... No; no era él. En todo el mundo
+no hay nada más que un Mistral, el que sorprendí yo el domingo último en
+su lugarejo, con el sombrero de fieltro de alas anchas en la oreja, sin
+chaleco, de chaquetón, con su roja faja catalana oprimiéndole los
+riñones, brillantes los ojos, con el fuego de la inspiración en las
+mejillas, hermoso con su dulce sonrisa, elegante como un pastor griego,
+y caminando ligero, con las manos en los bolsillos componiendo versos.
+
+--¡Hola! ¿Tú aquí?--gritó Mistral, arrojándoseme de un salto al
+cuello.--¡Qué buena idea has tenido de venir!... Justamente, hoy es la
+fiesta de Maillane. Tenemos la música de Aviñón, toros, procesión,
+farándula; esto será magnífico... Mi madre volverá pronto de misa,
+almorzaremos y, después, a ver cómo bailan las muchachas bonitas.
+
+Mientras me hablaba, miré emocionado ese saloncito de papel claro, que
+hacía mucho tiempo que no había visto y donde he pasado ya tan hermosas
+horas. Todo estaba igual. Siempre el mismo sofá de cuadros amarillos,
+los dos sillones de paja, la Venus de Milo, y la Venus de Arlés en la
+chimenea, el retrato del poeta por Hébert, su fotografía por Esteban
+Carjat, y en un rincón, cerca de la ventana, el escritorio, una humilde
+mesita de oficial del registro, completamente atestada de librotes
+viejos y de diccionarios. En medio de esa mesa de despacho, había un
+gran cuaderno abierto... Era _Calendal_, el nuevo poema de Federico
+Mistral, que verá la luz pública este año el día de Navidad. Hacía siete
+años que Mistral trabajaba en ese poema, y cerca de seis meses que
+escribió el último verso; sin embargo, todavía no se decide a separarse
+de él. Es claro, siempre hay una estrofa que concluir, una rima más
+sonora que encontrar... Aunque Mistral escribe en provenzal, pule sus
+versos como si todos pudieran leerlos en ese idioma y tenerle en cuenta
+sus esfuerzos de buen obrero... ¡Oh, valiente poeta! De Mistral hubiera
+podido también decir Montaigne: Acuérdense de aquél a quien, como le
+preguntasen por qué se tomaba tanto trabajo en un arte que sólo podía
+llegar a conocimiento de reducido número de personas, respondió: «Pocas
+necesito. Me basta una. Tengo suficiente con ninguna.»
+
+ * * * * *
+
+Tenía yo en las manos el cuaderno de _Calendal_, y hojeábalo
+profundamente emocionado... Una banda de pífanos y tamboriles resonó de
+repente en la calle delante de la ventana, y he aquí Mistral que corre
+al armario, saca de él vasos y botellas, coloca la mesa en medio del
+salón, y abre la puerta a los músicos, diciéndome:
+
+--No debes reírte... Vienen a darme la alborada... Soy concejal.
+
+La gente invadió el saloncillo. Pusieron los tamboriles sobre las
+sillas, la vieja bandera en un rincón, y circuló el vino trasañejo.
+Después de consumir algunas botellas a la salud de don Federico, de
+conversar gravemente acerca de la fiesta, de si la farándula será tan
+bonita como el año anterior, de si serán bravos los toros, vanse los
+músicos a dar la alborada a casa de los demás regidores. En ese momento
+llega la madre de Mistral.
+
+En un momento ponen la mesa; un hermoso mantel blanco y dos cubiertos.
+Yo conozco la costumbre de la casa: sé que, cuando Mistral tiene
+convidados, su madre no se sienta a la mesa... La pobre anciana no habla
+más que el provenzal, y pasaría grandes angustias si tuviera que
+conversar con franceses... Por otra parte, hace falta en la cocina.
+
+¡Santo Dios, con qué comida más suculenta me obsequiaron aquella mañana!
+Un trozo de cabrito asado, queso de monte, mostillo, higos, uvas
+moscateles; todo ello rociado con ese exquisito _Château-neuf de los
+Papas_, de un color rojo tan precioso en los vasos...
+
+A los postres, voy a buscar el cuaderno del poema y lo pongo en la mesa
+delante de Mistral.
+
+--Habíamos convenido en salir--dijo sonriéndose el poeta.
+
+--¡No, no! _¡Calendal! ¡Calendal!_
+
+Mistral transige y con su voz musical y dulce, llevando el compás de los
+versos con la mano, empieza la lectura del primer canto:
+
+ De una zagala loca de amor,
+ Ahora que ha dicho la desventura,
+ Cantaré, Dios mediante, un hijo de Cassis,
+ Un desgraciado pescador de anchoas...
+
+Fuera oíase el tañido de las campanas tocando a vísperas, estallaban los
+cohetes en la plaza, pasaban y volvían a pasar pífanos y tamboriles por
+las calles. Mugían los toros de Camargue, conducidos para la lidia.
+
+Acodado en el mantel, con lágrimas en los ojos, escuché la historia del
+pescadorcillo provenzal.
+
+ * * * * *
+
+Calendal es sólo un pescador; el amor lo transforma en héroe... Para
+conquistar el corazón de su amada, la hermosa Estérelle, acomete
+empresas milagrosas, y los doce trabajos de Hércules son nada si se
+comparan con los suyos.
+
+Una vez, como se le ocurriera hacerse rico, inventa formidables artes de
+pesca y arrastra al puerto todos los pescados del mar. Otra vez, va a
+retar en su propio nido de águilas a un terrible bandido de las
+gargantas de Ollionles, el conde Severan, entre sus matones y sus
+rufianes... ¡Valiente mozo más templado es ese mocito Calendal! Un día
+tropieza en Sainte-Beaume con dos partidas de artesanos que habían ido
+allí a ventilar sus disputas a grandes golpes de compás, sobre el
+sepulcro del maestro Yago, un provenzal que construyó la armadura del
+templo de Salomón, si ustedes no se enojan. Calendal se lanza en medio
+de la carnicería y pone paz a los compañeros sólo con hablarles...
+
+¡Empresas sobrehumanas!... Allá arriba, en las peñas de Lure, existía un
+bosque de cedros inaccesibles, donde jamás leñador alguno se había
+atrevido a subir.
+
+Va Calendal y permanece allí treinta días completamente solo. Durante
+treinta días, óyese el ruido de su hacha, que resuena al hundirse en los
+troncos.
+
+Ruge la selva; uno tras otro caen los viejos árboles gigantescos y
+ruedan al fondo de los abismos, y cuando Calendal desciende, ya no queda
+ni un cedro en la montaña...
+
+Después de todo y como premio de tales hazañas, el pescador de anchoas
+obtiene el amor de Estérelle, y es nombrado cónsul por los habitantes de
+Cassis. Tal es la historia de Calendal. Pero, ¿qué importa Calendal? Lo
+que vive, sobre todo, en el poema, es la Provenza, la Provenza del mar,
+la Provenza de la montaña, con su historia, sus costumbres, sus
+tradiciones, sus paisajes, todo un pueblo candoroso y libre que ha
+encontrado su gran poeta antes de perecer...
+
+Y ahora, ¡tracen caminos de hierros, planten postes telegráficos,
+expulsen la lengua provenzal de las escuelas!
+
+¡Provenza ha de vivir eternamente en _Mireya_ y en _Calendal_!
+
+ * * * * *
+
+--¡Basta de poesía!--dijo Mistral, cerrando su cuaderno.--Es preciso ver
+la fiesta.
+
+Salimos. Todo el pueblo estaba en las calles; un ramalazo de cierzo
+había disipado las nubes del cielo, que brillaba alegremente sobre las
+rojas techumbres, mojadas por la lluvia. Llegamos a tiempo de presenciar
+la procesión que regresaba. Durante una hora fue aquello un interminable
+desfile de penitentes con capirotes, penitentes blancos, penitentes
+azules, penitentes grises, cofradías de mozas con velo, estandartes
+rojos con flores de oro, grandes imágenes, unas de madera desdoradas y
+conducidas en cuatro hombros, y otras de loza coloridas como ídolos con
+grandes ramos en la mano, capas de coro, incensarios, doseles de
+terciopelo verde, crucifijos rodeados de seda blanca; todo esto
+flameando al viento, entre la luz de los cirios y la del sol, en medio
+de salmos, de letanías y de las campanas, que no cesaban de tocar a
+rebato.
+
+Terminada la procesión y colocados nuevamente los santos en sus
+capillas, fuimos a ver los toros, más tarde los juegos en la era, las
+luchas de hombres, los tres saltos, el ahorcagato, el juego del odre y
+todo el divertido aparato de las fiestas provenzales... Caía la noche
+cuando regresamos a Maillane. En la plaza, frente al cafetín donde
+Mistral pasa las veladas jugando su partida con su amigo Zidore, habían
+encendido una hermosa hoguera... Organizábase la farándula. Faroles de
+papel recortado brillaban por todas partes entre la obscuridad; la
+juventud tomaba puesto, y en seguida, a un redoble de los tamboriles,
+comenzó alrededor de las llamas un corro desenfrenado, estrepitoso, que
+no había de cesar en toda la noche.
+
+ * * * * *
+
+Después de cenar, sumamente rendidos de cansancio para correr de nuevo,
+subimos a la alcoba de Mistral. Es un modesto dormitorio de campesino,
+con dos grandes camas. Las paredes no están empapeladas; vense
+descubiertas las vigas del techo... Hace cuatro años, cuando la Academia
+concedió al autor de _Mireya_ el premio de tres mil francos, ocurriósele
+a la señora Mistral una idea.
+
+--¿No te parece que empapelemos tu alcoba y le pongamos cielo
+raso?--preguntó a su hijo.
+
+--¡No, no!--repuso Mistral.--Esto es el dinero de los poetas; no se le
+puede tocar.
+
+Y el dormitorio volvió a quedar desnudo. Pero mientras que duró el
+dinero de los poetas, los que han acudido a Mistral han encontrado
+abierta su bolsa...
+
+Me había yo llevado a la alcoba el manuscrito de _Calendal_, e instele
+para que me leyera otro pasaje antes de dormirme. Mistral eligió el
+episodio de la loza. En pocas palabras es el siguiente:
+
+Celebrábase una gran comida, no sé dónde. Ponen en la mesa una hermosa
+vajilla de loza de Moustiers. En el fondo de cada plato hay un asunto
+provenzal, dibujado en azul sobre el vidriado; allí está contenida toda
+la historia regional.
+
+Es digno de ver el hermoso amor con que está descrita esa hermosa
+vajilla de loza; una estrofa para cada plato, otros tantos pequeños
+poemas de un trabajo sencillo y erudito, acabados como una descripción
+de Teócrito.
+
+Cuando me recitaba Mistral sus versos en aquella hermosa lengua
+provenzal, latina en más de sus tres cuartas partes, hablada
+antiguamente por las reinas y que hoy sólo comprenden los frailes,
+admiraba yo en mi fuero interno a ese hombre. Y al pensar en el estado
+ruinoso en que halló su lengua materna y en lo que con ella ha hecho,
+imaginábame uno de esos vetustos palacios de los príncipes de Baux que
+se ven en los Alpilles: sin techo, sin balaustradas en las escalinatas,
+sin vidrios en las ventanas, quebrado el trébol de las ojivas, corroído
+por el moho el escudo de las puertas; gallinas picoteando en el patio de
+honor, cerdos hozando bajo las esbeltas columnillas de las galerías, el
+asno paciendo dentro de la capilla, donde crece la hierba, las palomas
+bebiendo en las grandes pilas de agua bendita, rebosantes de agua de
+lluvia, y finalmente, entre esos escombros dos o tres familias de
+labriegos que han construido chozas alrededor del vetusto palacio.
+
+Y después llega un día en que el hijo de uno de esos campesinos se
+enamora de esas grandes ruinas y se indigna al verlas profanadas de ese
+modo; a toda prisa arroja el ganado fuera del patio de honor, y viniendo
+en su ayuda las hadas, por sí solo reedifica la monumental escalera,
+vuelve a poner tableros en las paredes y vidrieras en los ventanajes,
+reconstruye las torres, vuelve a dorar la sala del trono y pone en pie
+el extenso palacio de otros tiempos, donde encontraron hospedaje papas y
+emperatrices.
+
+Ese palacio restaurado es la lengua provenzal.
+
+Mistral es ese hijo del campesino.
+
+
+
+
+LAS NARANJAS
+
+
+Las naranjas tiene en París el triste aspecto de frutas caídas, que se
+toman junto a los árboles. Cuando llegan, en pleno invierno lluvioso y
+frío, su brillante corteza y su excesivo aroma, en estos países de
+sabores moderados, les dan un aire extraño, algo bohemio. Durante las
+noches de niebla, van tristemente costeando las aceras, amontonadas en
+sus carritos ambulantes, al mezquino fulgor de un farolillo de papel
+rojo. Un grito monótono y débil, perdido entre el rodar de los coches y
+el barullo de los ómnibus, les sirve de escolta.
+
+--¡A veinte céntimos naranjas de Valencia!
+
+Para las tres cuartas partes de los parisienses, ese fruto traído de muy
+lejos, de vulgar redondez, donde el árbol no ha dejado nada más que un
+insignificante pedúnculo verde, participa de la golosina, de la
+confitería. El papel de seda en que está envuelto, las festividades a
+que acompaña, contribuyen a dicha impresión. Cuando enero se aproxima,
+sobre todo, los millares de naranjas esparcidas por las calles, todas
+esas cáscaras arrojadas en el barro del arroyo, hacen pensar en algún
+gigantesco árbol de Navidad que sacudiese sobre París sus ramas cuajadas
+de frutas artificiales. No hay rincón alguno donde no se vean. Tras los
+limpios cristales de un escaparate, elegidas y adornadas; a la puerta de
+prisiones y asilos, entre paquetes de bizcochos y pequeños montones de
+manzanas; delante de los peristilos de los bailes y teatros los
+domingos. Y su exquisito aroma se confunde con el olor del gas, el
+chirrido de las mamparas, el polvo de las banquetas del paraíso. Hasta
+se olvida que hacen falta naranjos para producir las naranjas; pues,
+mientras que la fruta nos la envían directamente del Mediodía metida en
+cajones, el árbol de la estufa donde pasa el invierno, cortado,
+transformado, disfrazado, sólo una vez aparece, y durante breve tiempo,
+al aire libre en los paseos públicos.
+
+Para conocer bien las naranjas es necesario verlas en los países que las
+producen: en las islas Baleares, en Cerdeña, en Córcega, en Argelia,
+entre el aire azul dorado, en la tibia atmósfera del Mediterráneo. Jamás
+olvidaré un bosquecillo de naranjos que vi a las puertas de Blidah.
+¡Allí sí que estaban hermosas! Entre el follaje obscuro, brillante,
+barnizado, las frutas tenían el lustre de vasos de color, y doraban el
+aire que las circundaba con esa aureola de esplendor que rodea a las
+flores de tonos vivos. Algunos claros permitían ver a través de las
+ramas las murallas de la reducida ciudad, el minarete de una mezquita,
+la cúpula de un marabut, y en lo alto la enorme masa del Atlas, verde en
+su base, nevada en la cima, como cubierta de blancas pieles, con
+cabrilleos, con la blancura de copos caídos.
+
+Estando yo allí, una noche, por no sé qué fenómeno desconocido desde
+treinta años atrás, aquella zona de escarchas invernales agitose sobre
+la ciudad dormida, y Blidah se despertó transformada, empolvada de
+blanco. En aquel aire argelino, tan tenue y tan puro, semejaba la nieve
+polvo de nácar, con reflejos de plumas de pavo real. Lo más hermoso era
+el bosque de naranjos. Las verdes hojas conservaban la nieve intacta y
+enhiesta como sorbetes encima de platillos de laca, y todos los frutos
+espolvoreados de escarcha ofrecían una entonación suave y espléndida,
+una irradiación discreta, como el oro velado por transparentes telas
+blancas. Aquello producía la vaga impresión de una fiesta de iglesia, de
+sotanas rojas bajo albas de encajes, de dorados de altares rodeados de
+randas de hilo...
+
+Sin embargo, mis más gratos recuerdos en materia de naranjas proceden de
+Barbicaglia, un gran jardín junto a Ajaccio, donde pasaba yo la siesta
+durante las horas de calor. Los naranjos, más altos y espaciados allí
+que en Blidah, llegaban hasta el camino, solamente separado del huerto
+por un seto vivo y una zanja. El mar, el inmenso mar azul, extendía su
+vasta planicie inmediatamente después del huerto. ¡Qué buenas horas he
+pasado en ese jardín! Por cima de mi cabeza, los naranjos florecidos y
+con fruto quemaban los aromas de sus esencias. Una naranja madura
+desprendíase del árbol, de vez en cuando, cayendo junto a mí, como
+aletargada por el calor, con un ruido mate y sin eco en la tierra
+apelmazada. Para apoderarme de ella, me bastaba extender la mano. Eran
+soberbias frutas, de un rojo purpúreo en su interior. Parecíanme
+exquisitas, y después ¡era tan hermoso el horizonte! Por entre las hojas
+percibíase el mar, en espacios azules deslumbradores como trozos de
+vidrio roto que espejearan entre las brumas del aire. Al mismo tiempo
+que eso, el movimiento del oleaje conmoviendo la atmósfera a grandes
+distancias, ese acompasado murmullo que nos mece como en una barca
+invisible, el calor, el olor de las naranjas... ¡Ah, qué bien se podía
+dormir en el huerto de Barbicaglia!
+
+No obstante, en ocasiones, en el momento más grato de la siesta,
+despertábanme sobresaltado redobles de tambor. Eran infelices músicos
+militares que ensayaban allá abajo, en el camino. A través de los claros
+del seto brillaba el cobre de los tambores y veía yo los grandes
+mandiles blancos encima del pantalón encarnado. Para guarecerse un poco
+de la cegadora luz que el polvo del camino les enviaba de reflejo
+despiadadamente, situábanse los pobres diablos junto al jardín, en la
+breve sombra del seto. ¡Y valiente barullo el que armaban, y asfixiante
+calor el que sufrían! Entonces, saliendo por fuerza de mi hipnotismo, me
+entretenía arrojándoles algunos de esos hermosos frutos de oro rojo que
+pendían al alcance de mi mano. El tambor a quien apuntaba se detenía. Un
+minuto de vacilación, una mirada en torno para averiguar de dónde
+vendría la soberbia naranja que rodaba hasta él por la zanja; recogíala
+después con ligereza y mordía a boca llena, sin mondarla siquiera.
+
+Recuerdo además que cerca de Barbicaglia, y separado solamente por una
+tapia baja, había un jardinillo bastante extraño, que dominaba yo desde
+la altura en que estaba. Era un rincón de tierra, de vulgar diseño. Sus
+calles, de brillante arena, encintadas de verdísimo boj, los dos
+cipreses de su puerta de entrada, dábanle apariencia de una casa de
+campo marsellesa. Ni una línea de sombra. En el fondo, un blanco
+edificio de piedra, con ventanas de sótano al ras del suelo. Al pronto
+creí que era una quinta; pero, después de mirar con más detenimiento, la
+cruz que la remataba y una inscripción grabada en la piedra, y cuyo
+texto no distinguía, me hicieron reconocer una tumba de familia corsa.
+En las inmediaciones de Ajaccio hay muchas de esas capillitas
+mortuorias, que se alzan solitarias rodeadas de jardines. La familia
+acude allí los domingos a visitar a sus muertos. Comprendida de ese modo
+la muerte, es menos triste que entre la confusión de los cementerios.
+Sólo pasos amigos turban el silencio.
+
+Desde mi sitio contemplaba yo las idas y venidas de un anciano que
+circulaba tranquilamente por las alamedas. Todo el día estaba podando
+los árboles, cavando, regando, cortando las flores marchitas con
+minucioso esmero. Después, a la caída del sol, entraba en la capillita
+donde yacían los difuntos de su familia, guardaba los azadones, los
+rastrillos, las grandes regaderas, todo esto tranquilamente, con la
+serenidad de un jardinero de cementerio. No obstante, sin darse cuenta
+de ello, ese buen hombre trabajaba con cierto recogimiento, acallando
+los ruidos y con la puerta de la bóveda cerrada siempre discretamente,
+cual si abrigara el temor de despertar a alguno. En medio de aquel
+silencio absoluto, el arreglo del jardinillo no turbaba ni a un ave, y
+su vecindad nada tenía de triste; pero el mar parecía así más inmenso,
+el cielo más alto, y en aquella siesta interminable trascendía en torno
+de ella el sentimiento del descanso eterno, entre la naturaleza
+embriagadora, abrumadora, pletórica de vida.
+
+
+
+
+EN MILIANAH
+
+NOTAS DE VIAJE
+
+
+Voy a conducir a ustedes ahora a una linda y pequeña ciudad de Argelia,
+a doscientas o trescientas leguas del molino, para que pasen allí el
+día... Esto nos hará cambiar un poco de tantos tamboriles y cigarras...
+
+...Amenaza lluvia; el cielo está gris, la bruma envuelve las crestas del
+monte Zaccar. Domingo triste... En mi cuartito de fonda, cuya ventana da
+a las murallas árabes, procuro distraerme encendiendo cigarrillos...
+Toda la biblioteca de la hospedería ha sido puesta a mi disposición;
+entre una historia muy detallada del censo de la población y algunas
+novelas de Paul de Kock, encuentro un tomo descabalado de Montaigne...
+Abro el libro por donde él quiere abrirse, y vuelvo a leer la admirable
+carta en que describe el autor la muerte de La Boétie... Heme aquí tan
+meditabundo y sombrío como jamás lo estuve... Caen algunas gotas de
+lluvia. Cada gota, al caer sobre el reborde de la ventana, dibuja una
+ancha estrella en el polvo amontonado allí desde las lluvias del año
+último. El libro se me cae de las manos y durante largo tiempo contemplo
+aquella estrella melancólica...
+
+Dan las dos en el reloj de la ciudad, un antiguo _marabut_, cuyas
+frágiles paredes blancas percibo desde aquí... ¡Pobre diablo de
+_marabut_! ¿Quién le hubiese dicho hace treinta años que un día tenía
+que sostener en medio del pecho una gran esfera municipal, y que todos
+los domingos a las dos en punto daría la señal a todas las iglesias de
+Milianah para tocar a vísperas?... ¡Tilín, talán! Ya han sido echadas a
+vuelo las campanas... Tenemos para rato... Decididamente, esta
+habitación es triste. Las grandes arañas de la mañana, que inspiran
+pensamientos filosóficos, han fabricado sus telas en todos los
+rincones... Vamos fuera.
+
+ * * * * *
+
+Al llegar a la plaza mayor, la música del tercero de línea, que no se
+intimida por un poco de lluvia, va a colocarse en torno de su director.
+El general y sus hijas se asoman a una de las ventanas de la
+comandancia; en la plaza, el subprefecto se pasea de un lado para el
+otro, agarrado al brazo del juez de paz. Media docena de chiquillos
+árabes medio desnudos juegan a las bochas en un rincón, gritando
+desaforadamente. Allá abajo, acude un harapiento judío viejo a tomar un
+rayo de sol que ayer había dejado en aquel sitio, y queda sorprendido al
+no encontrarlo ya... «Uno, dos, tres: empiecen.» La música ejecuta una
+antigua mazurka de Talexy, que tocaban los organillos el invierno último
+debajo de mis ventanas. En otra época me aburría aquella mazurka; hoy me
+conmueve hasta hacer brotar mis lágrimas.
+
+¡Oh, son muy dichosos los músicos del tercero! Fijos los ojos en las
+semicorcheas, ebrios de ritmo y de ruido, sólo piensan en contar sus
+compases. Su alma, toda su alma está en esa cuartilla de papel como la
+palma de la mano, que tiembla en la punta del instrumento, sujeta por
+dos dientes de cobre. «Uno, dos, tres: empiecen.» A eso lo reducen todo
+esas gentes sencillas; los aires nacionales que tocan, jamás les
+producen nostalgia... ¡Ay! A mí, que no soy de la charanga, aquella
+música me entristece y me alejo...
+
+ * * * * *
+
+¿Dónde pasaré distraído esta tarde gris dominguera? ¡Está bien! La
+tienda de Sid'Omar se encuentra abierta... Entremos en casa de Sid'Omar.
+
+Sid'Omar tiene tienda y, sin embargo, no es tendero. Es un príncipe de
+la sangre, hijo de un antiguo bey de Argel, a quien estrangularon los
+genízaros... A la muerte de su padre, Sid'Omar refugiose en Milianah con
+su madre, a quien adoraba, y allí residió algunos años como un gran
+señor filósofo, rodeado de sus lebreles, sus halcones, sus caballos y
+sus mujeres, en hermosos palacios muy frescos, llenos de naranjos y de
+fuentes. Vinieron los franceses. Sid'Omar fue al principio enemigo
+nuestro y aliado de Abd-el-Kader, pero concluyó por reñir con el emir y
+se sometió. El emir, para tomar venganza, entró en Milianah estando
+ausente Sid'Omar, saqueó sus palacios, taló sus naranjales, apoderose de
+los caballos y de las mujeres e hizo aplastar la garganta de su madre
+con la tapa de un arcón... La cólera de Sid'Omar fue terrible; alistose
+en seguida al servicio de Francia, y mientras duró nuestra guerra contra
+el emir no hubo un soldado mejor ni más bravo que él. Concluida la
+guerra, Sid'Omar regresó a Milianah; pero, aun hoy, cuando se habla de
+Abd-el-Kader en su presencia, palidece y le relampaguean los ojos.
+
+Sid'Omar tiene sesenta años, y a pesar de la edad y de la viruela,
+conserva la hermosura del rostro: grandes pestañas, mirada de mujer, una
+sonrisa seductora, modales de príncipe. Arruinado por la guerra, sólo le
+queda de su antigua opulencia, una granja en la llanura de Chélif y una
+casa en Milianah, donde vive muy modestamente con sus tres hijos
+educados a su vista. Los jefes indígenas le profesan gran veneración...
+Cuando hay discusiones, someten a su deliberación los asuntos que las
+provocan, y su juicio es casi siempre ley. Sale poco; puede vérsele
+todas las tardes en una tienda adjunta a su casa y que da a la calle. El
+mobiliario de esa estancia no es rico; paredes blancas enlucidas con
+cal, un banco circular de madera, cojines, largas pipas, dos braseros...
+Ahí recibe Sid'Omar en audiencia y administra justicia. Un Salomón de
+tienda.
+
+ * * * * *
+
+El concurso es numeroso hoy, domingo. En torno de la sala están en
+cuclillas una docena de jefes, arrebujados en sus albornoces. Cada uno
+de ellos tiene junto a sí una gran pipa y una tacita de café en una fina
+huevera de filigrana. Entro; todos permanecen inmóviles y atentos...
+Desde su sitio, Sid'Omar me saluda con su más encantadora sonrisa, y me
+invita con la mano a sentarme junto a él, en un gran almohadón de seda
+amarilla; después, con un dedo en los labios, me aconseja que escuche.
+
+El caso es el siguiente. El caíd de los Beni-Zugzugs tuvo algunas
+cuestiones con un judío de Milianah a causa de un lote de terreno, cuya
+propiedad se disputaban; las dos partes convinieron en llevar el litigio
+ante Sid'Omar y someterse a su fallo. Citáronse para el mismo día, así
+como a los testigos; de pronto, el judío varía de opinión y viene solo,
+sin testigos, a manifestar que prefiere someterse al fallo del juez de
+paz de los franceses que al de Sid'Omar... En esto estaba el asunto
+cuando yo llegué.
+
+El judío, un anciano de barba terrosa, túnica de color castaño y gorro
+de terciopelo, levanta al cielo el rostro, pone ojos suplicantes, besa
+las babuchas de Sid'Omar, inclina la cabeza, se arrodilla, junta las
+manos... No entiendo el árabe; pero por la pantomima del judío, por sus
+palabras _juez de paz, juez de paz_, que repite frecuentemente, adivino
+este discurso:
+
+Confiamos en la rectitud de Sid'Omar, Sid'Omar es prudente, Sid'Omar es
+justo... Sin embargo, el juez de paz resolverá mucho mejor esta
+cuestión.
+
+El auditorio se indigna, pero permanece impasible, como árabe que es...
+Sid'Omar, dios de la ironía, se sonríe escuchando, reclinado en su
+almohadón, con la mirada abstraída y la boquilla de ámbar entre sus
+labios. De pronto, en lo mejor de su perorata, el judío se ve cortado
+por un enérgico ¡cáspita! que le hace enmudecer; al mismo tiempo, un
+colono español, que está presente como testigo del caíd, abandona su
+puesto, y aproximándose al Iscariote le suelta un chaparrón de insultos
+en todos los idiomas y de todos colores, entre otros, cierto vocablo
+francés sumamente ofensivo... El hijo de Sid'Omar, que comprende el
+francés, se ruboriza al oír semejante palabra delante de su padre, y se
+marcha de la sala. Fijémonos en este rasgo de la educación árabe. El
+auditorio prosigue impasible y Sid'Omar siempre risueño. El judío se
+levanta y dirígese a la puerta andando hacia atrás, temblando de miedo,
+pero sin dejar de repetir a más y mejor su eterno _juez de paz, juez de
+paz_... Sale. El español lánzase furioso tras él, lo alcanza en la
+calle, y ¡pim, pam! por dos veces lo abofetea en los carrillos... El
+Iscariote se arrodilla con los brazos en cruz... El español, un poco
+avergonzado, vuelve a entrar en la tienda... Al verlo se levanta el
+judío y pasea una mirada socarrona por la abigarrada multitud que lo
+rodea. Vense gentes de todas razas; malteses, mahoneses, negros, árabes,
+todos unidos por el odio a los judíos y gozosos porque han maltratado a
+uno... El Iscariote vacila un instante; después, agarrando a un árabe
+por la tela del albornoz, exclama:
+
+--Tú lo viste, Achmed, tú lo viste... Tú estabas delante... El cristiano
+me maltrató... Serás testigo... bien... bien... Serás testigo.
+
+El árabe le obliga a soltar el albornoz y rechaza al judío... No sabe
+nada, no ha presenciado nada: cabalmente en aquel momento miraba a otro
+lado.
+
+--Tú, sí, Kaddur, tú lo has visto... has visto al cristiano cuando me
+pegó--grita el infeliz Iscariote a un negrazo que está mondando un higo
+chumbo.
+
+El negro manifiesta su desprecio, escupiendo y se marcha; no ha visto
+nada... Tampoco ha visto nada ese muchacho maltés, cuyos ojos de carbón
+brillan maliciosos bajo su birreta. Tampoco ha visto nada aquella
+mahonesa de tez de ladrillo que se aleja riéndose con la cesta de
+granadas encima de la cabeza...
+
+Aunque el judío grita, ruega y brujulea, ¡ni un testigo!... Nadie ha
+visto nada... Afortunadamente, dos de sus correligionarios pasan
+entonces por la calle, con las orejas gachas, arrimados a las paredes.
+El judío los ve.
+
+--¡Pronto, pronto, hermanos! ¡A prisa, al agente de negocios! ¡A prisa,
+al _juez de paz_!... Ustedes lo han visto, ustedes... ¡Han visto que han
+maltratado al viejo!
+
+¿Que si lo han visto?... ¡Ya lo creo!
+
+...Gran movimiento en la tienda de Sid'Omar... El cafetero llena las
+tazas, enciende otra vez las pipas. Charlan, se ríen a más y mejor. ¡Es
+tan divertido ver zurrarle la badana a un judío!... En medio de la
+zambra y del humo, me acerco despacio a la puerta; siento deseos de ir a
+rondar un poco por la judería, para saber qué impresión ha producido a
+los correligionarios del Iscariote la afrenta hecha a su hermano...
+
+--Venga a comer esta tarde, señor--me grita el bueno de Sid'Omar.
+
+Acepto, doy las gracias y me marcho.
+
+Todo el mundo anda alborotado en el barrio judío. El asunto ha producido
+ya mucho ruido. No hay nadie en los tenduchos. Bordadores, sastres,
+guarnicioneros, todo Israel se ha echado a la calle... Los hombres, con
+gorro de terciopelo y medias de lana azul, gesticulando en grupos, con
+mucha algazara... Las mujeres, desencajadas, abotagadas, tiesas como
+ídolos de madera, con sus faldas escurridas, con peto de oro y el rostro
+rodeado por cintas negras, mézclanse uno y otro grupo chillando como
+gatas... En el momento de llegar yo, se arremolina la muchedumbre...
+Apoyado en sus testigos, el judío, personaje principal de la comedia,
+pasa por entre dos setos de gorros, bajo una lluvia de exhortaciones.
+
+--Toma venganza, hermano; vénganos, venga al pueblo judío. Nada temas;
+la ley está en favor tuyo.
+
+Un horrible enano, hediendo a pez y a suela vieja, se acerca a mí con
+aire gemebundo, y suspirando fuertemente.
+
+--¡Ya lo ves!--me dice.--¡Cómo nos tratan a los pobres judíos! ¡Es un
+viejo! Mira. Poco ha faltado para que lo maten.
+
+No cabe duda de que el pobre Iscariote está más muerto que vivo. Pasa
+por delante de mí, con la vista apagada y el semblante descompuesto; no
+andando, sino arrastrándose... Sólo una fuerte indemnización puede
+curarlo; así es que no lo llevan a casa del médico, sino a la del agente
+de negocios.
+
+ * * * * *
+
+En Argelia hay muchos agentes de negocios, casi tantos como langostas.
+Puede creerse que el oficio es bueno. De todos modos tiene la ventaja de
+que en él se puede entrar a la pata la llana, sin estudios, ni fianza,
+ni avecindamiento. Como en París nos hacemos literatos, en Argelia se
+hacen agentes de negocios. Sólo se necesita saber un poco de francés,
+español y árabe, llevar siempre un código en el bolsillo, y tener,
+especialmente, el temperamento de la profesión.
+
+Las funciones del agente son muy diversas: sucesivamente abogado,
+procurador, corredor, perito, intérprete, tenedor de libros,
+comisionista, escribiente de portal, es el maestro Yago de la colonia.
+Pero Harpagón no tenía más que uno, y la colonia tiene muchos más de los
+que ha menester. Sólo en Milianah se cuentan por docenas. Para evitar
+los gastos de oficina, esos señores reciben generalmente a sus clientes
+en el café de la plaza mayor, y celebran sus consultas--¿puede decirse
+que las celebran?--entre el ajenjo y otra bebida.
+
+El digno Iscariote encamínase al café de la plaza mayor, acompañado de
+sus dos testigos. No vayamos tras de ellos.
+
+ * * * * *
+
+Cuando abandono el barrio judío, paso por delante de la oficina árabe.
+Desde fuera, con su tejado de pizarra y el pabellón francés ondeando
+encima, podía tomársele por una alcaldía rural. Conozco al intérprete;
+entremos a fumar con él un cigarrillo. ¡Pitillo tras pitillo concluiré
+por matar este domingo sin sol!
+
+Numerosos árabes andrajosos ocupan el patio que precede a la oficina.
+Hay allí, haciendo antecámara, una cincuentena, agachados a lo largo de
+las paredes, arrebujados en sus albornoces. Aquella antecámara beduina,
+aunque está al aire libre, despide fuerte olor a piel humana. Pasemos
+pronto de largo... En la oficina veo al intérprete enfrascado con dos
+grandes vocingleros completamente desnudos bajo largas mantas
+mugrientas, y narrando con airada mímica no sé qué historia de un
+rosario robado. Tomo asiento en un rincón, sobre una estera y miro...
+Bonito traje el del intérprete. ¡Y qué bien le sienta al intérprete de
+Milianah! Parecen pintiparados el uno para el otro. El vestido es azul
+celeste con alamares negros y relucientes botones de oro. El intérprete
+es rubio, rosado, pelo rizado; un lindo húsar azul, bien humorado e
+ingenioso; un poco parlanchín, ¡habla tantas lenguas! un poco escéptico,
+¡ha conocido a Renán en la escuela orientalista! gran aficionado al
+_sport_, tan satisfecho en el vivac árabe como en las veladas de la
+subprefectura, bailarín como nadie y que hace el _cuscús_ como
+cualquiera. Parisiense en una palabra; tal es mi hombre, y no es
+extraño que las mujeres se pirren por él. En cuanto a _dandysmo_, no
+tiene más que un rival: el sargento de la oficina árabe. Este, con su
+levita de paño fino y sus polainas con botones de nácar, causa la
+desesperación y la envidia a toda la guarnición. Destacado en la oficina
+árabe, está rebajado del servicio de cuartel y siempre se le ve en la
+calle, de guante blanco, recién rizado, con grandes cartapacios bajo el
+brazo. Es admirado y temido. Es una autoridad.
+
+No hay duda; aquella historia del rosario robado lleva trazas de no
+acabarse nunca. ¡Buenas tardes! No espero el final.
+
+Al marcharme, está en efervescencia la antecámara. La muchedumbre rodea
+a un individuo de elevada estatura, pálido, altivo, envuelto en un
+albornoz negro. Ese hombre había luchado ocho días antes con una pantera
+en el Zaccar. La pantera fue muerta, pero el hombre sacó medio brazo
+devorado. Va diariamente a la oficina árabe para hacer que le curen, y
+siempre lo detienen en el patio para oírle referir su historia. Habla
+lentamente y con una hermosa voz gutural. De vez en cuando entreabre el
+albornoz y muestra, pegado al pecho, el brazo izquierdo arrebujado en
+trapos ensangrentados.
+
+ * * * * *
+
+Tan pronto como llego a la calle, estalla una violenta tempestad.
+Lluvia, truenos, relámpagos, viento siroco... Pronto, a refugiarse en
+cualquier sitio. Me meto por una puerta, al acaso, y me encuentro
+rodeado de una camada de bohemios, amontonados bajo los arcos de un
+patio morisco. Ese patio es una dependencia de la mezquita de Milianah;
+es el refugio habitual de la piojería árabe, y se llama el _patio de los
+pobres_.
+
+Grandes y escuálidos lebreles, llenos de miseria, se acercan dando
+vueltas en torno mío con aire amenazador. Pegado a uno de los pilares de
+la galería, procuro conservar buen continente, y sin hablar con nadie,
+contemplo la lluvia que rebota en las losas de colores del patio. Los
+bohemios están en el suelo, tendidos en grupos. Junto a mí, una mujer
+joven y casi guapa, con la garganta y las piernas desnudas, con grandes
+brazaletes de hierro en las muñecas y en los tobillos, canta un aire
+exótico, de tres notas melancólicas y nasales. Mientras canta, da de
+mamar a un niño pequeño completamente desnudo, de color broncíneo rojo,
+y con el brazo que le queda libre, machaca cebada en un mortero de
+piedra. La lluvia, empujada por un viento cruel, inunda a veces las
+piernas de la madre y el cuerpo de su mamoncillo. La bohemia no repara
+en ello y prosigue su cántico con las rachas, mientras que muele cebada
+y da el pecho.
+
+Cesa la tempestad... Aprovechándome de un claro, me apresuro a abandonar
+aquella corte de los milagros y encamínome al banquete de Sid'Omar; ya
+es hora... Al cruzar la plaza mayor, he vuelto a encontrar al viejo
+judío de antes. Se apoya en su agente de negocios; los testigos caminan
+alegres detrás de él; una banda de asquerosos chicuelos judíos salta
+alrededor. El agente se encarga de arreglar el asunto. Pedirá ante el
+tribunal una indemnización de dos mil francos.
+
+ * * * * *
+
+En casa de Sid'Omar me obsequian con una comida espléndida. El comedor
+da a un elegante patio morisco, donde murmuran dos o tres fuentes...
+Magnífica comida a la turca, que no vacilo en recomendar al barón
+Brisse. Entre otros platos, mencionaré un pollo con almendras, un
+alcuzcuz con vainilla, una tortuga con jugo de carne, algo pesado, pero
+de sabor exquisito, y bizcochos con miel, llamados _bocadillos del
+Kadí_... No se sirven más vinos que champaña. A pesar de la ley
+musulmana, Sid'Omar bebe un poco de él, cuando los criados no pueden
+verlo... Al concluir la comida, pasamos a la habitación de nuestro
+huésped, donde nos ofrecen dulces, pipas y café... El mueblaje de este
+dormitorio es sencillísimo: un diván, algunas esteras; al fondo, un gran
+lecho altísimo sobre el cual hay almohaditas rojas bordadas de oro...
+Pende de la pared una antigua pintura turca representando las proezas de
+cierto almirante Hamadí. A juzgar por la muestra, en Turquía los
+pintores no emplean más que un color en cada cuadro; en este cuadro se
+ha utilizado el verde. El mar, el cielo, los navíos, el mismo almirante
+Hamadí, todo es verde, ¡y qué verde!...
+
+La costumbre árabe exige retirarse temprano. Después de tomar el café y
+de fumadas las pipas, saludo a mi anfitrión y lo dejo con sus mujeres.
+
+ * * * * *
+
+¿Dónde acabaré de pasar la velada? Es muy temprano para acostarme, los
+clarines de los _spahis_ no han tocado todavía retreta. Además, los
+cojines de oro de Sid'Omar bailan en torno mío fantásticas farándulas
+que no me dejarían dormir... Estoy delante del teatro; entraré un
+momento.
+
+El teatro de Milianah no es otra cosa que un antiguo almacén de
+forrajes, transformado bien o mal en sala de espectáculos. Enormes
+quinqués que se llenan de aceite durante los entreactos, hacen oficio de
+arañas. La cazuela está de pie, la orquesta en bancos. Las galerías
+están muy orgullosas porque tienen sillas de paja... Rodea a la sala un
+largo pasillo, obscuro, sin entarimar. Parece que se está en la calle,
+nada falta para ello... La función había ya empezado cuando entré. Con
+gran extrañeza por mi parte, los actores no son malos, me refiero a los
+hombres; tienen arranque, vida... Casi todos ellos son aficionados,
+soldados del 3º; el regimiento está orgulloso con esto y va todas las
+noches a aplaudirlos.
+
+Respecto a las mujeres, ¡ay!... son ahora y siempre ese eterno femenino
+de los teatros de provincias, presuntuoso, amanerado, ficticio... A
+pesar de todo, entre estas damas hay dos que me interesan; dos judías de
+Milianah, jovencitas, que pisan la escena por primera vez... Los padres
+están en la sala y parecen encantados. Están convencidos de que sus
+hijas van a ganar miles de duros en ese comercio. La leyenda de la
+Raquel, israelita, millonaria y cómica, se ha extendido ya mucho entre
+los judíos del Oriente.
+
+No hay nada más cómico y enternecedor que esas dos jóvenes judías en las
+tablas. Están atemorizadas en un rincón del escenario, empolvadas,
+pintadas, despechugadas y tiesas. Tienen frío, se avergüenzan. De vez en
+cuando dicen una frase sin comprenderla, y mientras hablan, sus ojazos
+hebreos contemplan al público con estupor.
+
+ * * * * *
+
+Salgo del teatro... Todo está entre tinieblas. En un extremo de la
+plaza, oigo gritos. Acaso algunos malteses en vías de explicarse a
+navajazos.
+
+Me encamino lentamente a la fonda, a lo largo de las murallas. De la
+llanura suben embriagadores aromas de naranjos y de tuyas. El aire es
+tibio, el cielo casi diáfano... Allá abajo, al extremo del camino,
+yérguese un viejo fantasma de paredón, resto de algún vetusto templo.
+Ese muro es sagrado; todos los días acuden a él mujeres árabes a
+colgarle _ex votos_, jirones de jaiques y de otras prendas, largas
+trenzas de cabellos rubios sujetos con hilillo de plata, trozos de
+albornoz... Al tibio soplo de la noche, y bajo un pálido rayo de luna
+vese ondular ese abigarrado pendón de la estulticia humana.
+
+
+
+
+LA LANGOSTA
+
+
+Consignaré otro recuerdo de Argelia, y regresaré en seguida al molino...
+
+La noche de mi llegada a aquella granja del Sahel, me era imposible
+dormir. La novedad del país, la molestia del viaje, el aullar de los
+chacales y sobre todo un calor enervante, abrumador, una completa
+sofocación, como si las mallas de la mosquitera no permitiesen pasar un
+soplo de aire... Al abrir, de madrugada, la ventana, una bruma de estío,
+densa y moviéndose lentamente, ribeteada de negro y rosa en los bordes,
+flotaba en los aires como una nube de humo de pólvora sobre un campo de
+batalla. No se movía una hoja, y en esos frondosos jardines que tenía
+ante mis ojos, las viñas espaciadas sobre las laderas bajo espléndido
+sol que azucara los vinos, los pequeños naranjos, los mandarineros en
+interminables filas microscópicas, todo conservaba el mismo aspecto
+mohíno, aquella inmovilidad de hojas en espera de la tempestad. Los
+mismos bananeros, esos extensos cañaverales de un color verde claro,
+agitados siempre por alguna brisa que enmaraña su fina cabellera tan
+leve, alzábanse silenciosos y derechos, como penachos bien puestos en su
+sitio.
+
+Permanecí un momento contemplando aquella maravillosa vegetación, donde
+estaban reunidos todos los árboles del mundo, produciendo cada cual en
+su estación respectiva, flores y frutos exóticos. Entre los campos de
+trigo y los macizos de alcornoques, plateaba una corriente de agua
+fresca, que agradaba contemplar en esa asfixiante madrugada, y admirando
+a un tiempo el lujo y el orden de esas cosas, aquella hermosa quinta con
+sus arcos moriscos, sus terrazas completamente blancas, de flor de
+espino, las cuadras y los cobertizos agrupados en torno, recordaba yo
+que veinte años antes, cuando aquellas intrépidas gentes se habían
+instalado en ese valle del Sahel, no habían encontrado más que una mala
+casilla de peón caminero y un terreno inculto, erizado de palmeras
+enanas y lentiscos. Fue necesario crearlo y construirlo todo. A cada
+instante, levantamiento de árabes. Había que abandonar el arado para
+disparar. Después, las enfermedades, oftalmías, fiebres, la escasez de
+cosechas, los tanteos de la inexperiencia, la lucha con una
+administración ciega y siempre flotante. ¡Cuántos esfuerzos! ¡Qué de
+fatigas! ¡Qué vigilancia más perseverante!
+
+Ahora, todavía, a pesar de haber pasado los malos tiempos y de la
+fortuna con tantos esfuerzos adquirida, ambos, el hombre y la mujer,
+eran quienes se levantaban primero en la granja. A aquella hora
+matutina, oía sus idas y venidas por las grandes cocinas de la planta
+baja, vigilando el café de los trabajadores. No tardó en sonar una
+campana, y un momento después los obreros desfilaron por el camino.
+Viñadores de Borgoña; labradores kabilas con fez rojo; peones mahoneses,
+con las piernas al descubierto; malteses y luqueses; todo un pueblo
+heterogéneo, difícil de dirigir. El hacendado, ante la puerta,
+distribuía a cada uno de ellos su tarea de la jornada, con voz breve y
+algo dura. Cuando terminó el buen hombre, levantó la cabeza y escudriñó
+el cielo con desasosiego; después, al verme en la ventana, me dijo:
+
+--Mal tiempo hace para el cultivo... va a soplar el siroco.
+
+Efectivamente, a medida que se alzaba el sol, llegaban del Sur hasta
+nosotros bocanadas de aire cálido y asfixiante, como si viniesen de la
+puerta de un horno abierta y vuelta a cerrar. No se sabía adónde
+guarecerse, ni cómo evitar la angustia. Así transcurrió toda la mañana.
+Tomamos el café sobre las esteras de la galería, sin tener ánimo para
+hablar ni movernos. Los perros, estirándose y buscando la frescura de
+las losas, tumbábanse fatigados. El almuerzo nos reanimó un poco, un
+almuerzo abundante y extraño, compuesto de carpas, truchas, jabalí,
+erizo, manteca Stanelí, vinos de Crescia, guayabas, bananas, manjares
+exóticos, cuyo conjunto semejaban a la naturaleza tan compleja que nos
+rodeaba... Estábamos a punto de levantarnos de la mesa, cuando de
+repente, por la puerta-ventana, cerrada para resguardarnos del calor del
+jardín hecho un ascua de fuego, oyéronse grandes gritos:
+
+--¡La langosta! ¡La langosta!
+
+Mi anfitrión palideció como un hombre a quien anuncian un desastre, y
+salimos precipitadamente. Durante diez minutos hubo en aquella casa, tan
+sosegada poco antes, un ruido de pasos redoblados y voces indefinidas,
+que se perdían como en la agitación de un despertar. Desde la sombra de
+los vestíbulos, donde estaban durmiendo, lanzáronse fuera los criados
+haciendo resonar con palos, horcas y bieldos todos los objetos de metal
+que encontraban a mano, calderos de cobre, palanganas, cacerolas. Los
+pastores hacían sonar el cuerno pastoril. Otros llevaban caracolas
+marinas, trompas de caza. Aquello era un ruido espantoso, discordante,
+que dominaban con notas sobreagudas los «¡yu, yu, yu!» de las mujeres
+árabes de un aduar vecino que acudieron corriendo. Parece ser que en
+ocasiones un gran ruido, un estremecimiento sonoro del aire, aleja la
+langosta y le impide descender.
+
+Pero, ¿dónde estaban esos terribles insectos? En el cielo, vibrante de
+calor, no se veía nada más que una nube aparecer por el horizonte,
+cobriza, densa, como una nube de granizo, con el ruido de un huracán
+entre las mil y mil ramas de un bosque. Aquella nube era la langosta.
+Agarrados los unos a los otros estos insectos por sus alas secas
+extendidas, volaban en montón, y a pesar de nuestros gritos y de
+nuestros esfuerzos, la nube no cesaba de avanzar, proyectando en la
+llanura una sombra inmensa. Pronto estuvo sobre nuestras cabezas; en los
+bordes viose durante un segundo un desgarrón, una rotura. A semejanza de
+los primeros granizos de un turbión de pedrisco, desprendiéronse
+algunos, perceptibles, rojizos; al punto se deshizo toda la nube,
+cayendo vertical y ruidosa aquella granizada de insectos. Los campos
+quedaron cubiertos de saltamontes enormes, gordos como el dedo, en una
+extensión inmensa.
+
+Entonces diose principio a la matanza. Horrendo murmullo de
+aplastamiento de paja molida. Con gradas, azadones y arados revolvíase
+aquel suelo movedizo, y cuantos más insectos se mataba más había.
+Rebullíanse por capas, con sus altas patas enredadas unas en otras; los
+de encima saltaban ágilmente para salvarse, agarrándose a los belfos de
+los caballos enganchados para esa extraña labor. Los perros de la granja
+y los del aduar, azuzados a campo traviesa, lanzábanse sobre ellos y los
+trituraban furiosos. En ese momento llegaron dos compañías de turcos,
+con la banda de cornetas al frente, a ayudar a los infelices colonos, y
+la matanza varió de aspecto.
+
+Los soldados no aplastaban los insectos, sino que los quemaban
+esparciendo largos regueros de pólvora.
+
+Rendido de fatiga, con el estómago revuelto por el hedor, me metí en
+casa. Dentro de la quinta, había casi tantos insectos como fuera.
+Entraron por las aberturas de las puertas y ventanas, por los tubos de
+las chimeneas. Al borde de los tableros y en los cortinajes, roídos ya,
+se arrastraban, caían, volaban, trepaban por las blancas paredes, con
+una sombra gigantesca que hacía mayor su fealdad. Y siempre aquel olor
+hediondo. En la comida fue preciso pasar sin agua. Las cisternas, las
+fuentes, los pozos, los víveres de pesca, todo estaba inficionado.
+
+Por la noche, en mi alcoba, donde, no obstante, se habían matado enormes
+cantidades, oía aún rebullicio debajo de los muebles, y ese crujir de
+élitros semejante al peterreo de los dientes de ajo que estallan con los
+calores fuertes.
+
+Tampoco me fue posible dormir aquella noche.
+
+Además, todos estaban despiertos alrededor de la granja.
+
+Serpeaban a ras de tierra llamaradas, de un extremo a otro de la
+llanura.
+
+Los turcos continuaban la matanza.
+
+Al siguiente día, cuando abrí la ventana como la víspera, la langosta
+había emigrado. Pero, ¡qué ruina dejaron tras de sí! Ni una flor, ni una
+brizna de hierba; todo lo dejaron negro, corroído, calcinado. Los
+bananos, los albaricoqueros, los abridores, los naranjos mandarines se
+distinguían solamente por el aspecto de sus desnudas ramas, sin el
+encanto y la ondulación de hojas que constituye la vida de los árboles.
+Empezábase la limpieza de los cauces de agua, de los aljibes. Por
+doquiera cavaban los peones la tierra para destruir los huevos puestos
+por los insectos. Cada terrón era destripado, desmenuzándolo
+esmeradamente. Y al ver las mil raíces blancas, llenas de savia, que
+aparecían en esos destrozos de tierra fértil, el corazón se oprimía y el
+alma se angustiaba...
+
+
+
+
+EN CAMARGUE
+
+
+I
+
+LA PARTIDA
+
+
+El recado del guarda, medio en francés, medio en provenzal, que ha
+traído un mensajero, anunciando que han pasado ya dos o tres buenas
+bandadas de _galejones_, de _carlotinas_, y otras _aves de primera_, ha
+producido gran rumor en el castillo.
+
+«Vendrá usted con nosotros», me han escrito mis amables vecinos. Y esta
+mañana a las cinco estaba esperándome al pie de la cuesta su gran
+_break_, cargado de escopetas, perros y víveres. Henos aquí rodando por
+la carretera de Arlés, algo seca y árida en esta madrugada de diciembre,
+en que apenas se distingue el pálido verdor de los olivos y el verde
+intenso de las encinas, demasiado de invernadero y como ficticio. No
+faltan madrugones que iluminan las vidrieras de las granjas, y en las
+cresterías de piedra de la abadía de Montmajour, los quebrantahuesos
+aletargados todavía por el sueño revolotean entre las ruinas. Sin
+embargo, encontramos ya, a lo largo de las zanjas, campesinas viejas que
+van al mercado, trotando en sus borriquillos. Vienen de la
+Ville-des-Baux. ¡Seis leguas largas para sentarse una hora en las gradas
+de San Trofino y vender paquetitos de hierbas medicinales recolectadas
+en la montaña!...
+
+Divisamos ya las murallas de Arlés; murallas bajas y almenadas, como se
+ven en las estampas antiguas, donde aparecen guerreros armados de lanzas
+sobre terraplenes menores que ellos. Cruzamos a galope esta maravillosa
+y pequeña ciudad, una de las más pintorescas de Francia, con sus
+balcones esculpidos y barrigudos avanzando hasta el centro de las calles
+estrechas, con sus vetustas casas renegridas, de puertas pequeñas,
+moriscas, ojivales y bajas, que nos recuerdan los tiempos de Guillermo
+Court-Nez y de los sarracenos. A aquellas horas no había aún nadie en
+la calle. Sólo está animado el muelle del Ródano. El barco de vapor que
+hace la travesía de Camargue calienta las calderas junto a los
+escalones, dispuesto a partir. _Caseros_ con blusa roja, muchachas de La
+Roquette que van a ganar el jornal en las faenas agrícolas, suben a
+cubierta con nosotros, charlando y riéndose. Bajo las amplias mantillas
+obscuras, levantadas a causa del fuerte viento de la mañana, la alta
+cofia arlesina presta elegancia y empequeñece a la cabeza, con ribetes
+de lindo descaro, algo así como deseos de erguirse para que la risa o la
+frase picaresca vaya más lejos... Suena la campana; nos ponemos en
+marcha. Con la triple velocidad del Ródano, de la hélice y del viento
+mistral, extiéndense las dos orillas. De un lado está la Crau, una
+llanura estéril y pedregosa. Del otro, la Camargue, más verde, que
+prolonga hasta el mar su hierba corta y sus marismas cuajadas de
+cañaverales.
+
+El vapor se detiene de vez en cuando junto a un pontón, a la izquierda o
+a la derecha (al Imperio o al Reino, según se decía en la Edad Media, en
+época del reino de Arlés, y como los marineros viejos del Ródano dicen
+hoy todavía). En cada pontón vese una quinta blanca y un ramillete de
+árboles. Desembarcan los trabajadores cargados de herramientas, y las
+mujeres con la cesta al brazo, erguidas sobre su talle. Hacia el Imperio
+o hacia el Reino, poco a poco va quedando vacío el vapor, y cuando
+descendemos nosotros en el puente del Mas-de-Giraud, casi no queda nadie
+a bordo.
+
+Para esperar al guarda que ha de venir en nuestra busca, entramos en el
+Mas-de-Giraud, una antigua granja de los señores de Barbentane. En la
+cocina alta, y alrededor de una mesa están todos los hombres de la
+hacienda, labradores, viñadores, pastores, zagales, graves, silenciosos,
+comiendo despacio, servidos por las mujeres, quienes comerán después. No
+tarda el guarda con la carretilla. Verdadero tipo a lo Fenimore,
+trampero por tierra y por agua, guardapesca y guardacaza, las gentes del
+país le llaman el _Rondador_ porque, entre las brumas del alba o del
+anochecer, ocúltase siempre entre los cañaverales, acechando, o bien
+inmóvil en su barquichuelo, ocupado en vigilar sus atolladeros en los
+estanques y en las acequias. Su profesión de espía perpetuo, es quizá
+lo que le hace tan callado y taciturno. Sin embargo, mientras el
+carretón lleno de escopetas y de cestas camina delante de nosotros, el
+_Rondador_ nos entera de la caza, refiriéndonos el número de bandadas de
+paso y los cuarteles en que las aves emigrantes se han posado. Charlando
+nos internamos en la comarca.
+
+Después de atravesar los terrenos de cultivo, nos encontramos en plena
+Camargue montaraz. Lagunas y acequias brillan hasta perderse de vista
+entre los pastos y las salicarias. Bosquecillos de tamariscos y de cañas
+ondulan como un mar en calma. Ningún árbol elevado turba el aspecto
+liso, inmenso, de la llanura. Apriscos de ganado extienden de vez en
+cuando su baja techumbre casi a nivel del suelo. Los rebaños
+diseminados, tumbados en las hierbas salitrosas, o marchando apretados
+en torno de la roja capa del pastor, no interrumpen la gran línea
+uniforme, viéndose achicados por ese espacio infinito de horizontes
+azules y claro cielo. Lo mismo que del mar, plano a pesar de sus olas,
+despréndese de esa llanura una sensación de soledad, de inmensidad,
+aumentada por el mistral que sopla incesantemente, sin trabas, y que,
+con su poderoso aliento, parece aplanar y engrandecer el paisaje. El lo
+doblega todo. Los arbustos más frágiles conservan la huella de su paso,
+quedan torcidos, tumbados hacia el Sur, como dispuestos a fugarse...
+
+
+
+
+II
+
+LA CABAÑA
+
+
+La cabaña no es otra cosa que un techo de cañas y unas paredes de cañas
+secas y amarillas. Tal vez nuestro punto de cita para la caza. Tipo de
+la casa camarguesa, la cabaña no tiene más que una habitación alta,
+grande, sin ventana; entra la luz por una puerta vidriera, que de noche
+se cierra con postigos. A lo largo de los paredones enlucidos,
+blanqueados con cal, hay armarios para colocar las armas, los morrales,
+las botas que usamos para cruzar los pantanos. En el fondo vense cinco o
+seis literas colocadas alrededor de un verdadero mástil plantado en el
+suelo y que sirve de apoyo al techo. Por la noche, cuando sopla el
+mistral y cruje la casa por todas partes, con el mar lejano y el viento
+que lo aproxima, trae su ruido y lo ahueca, puede creerse uno acostado
+en el camarote de un buque.
+
+Pero, especialmente por la tarde es cuando la cabaña está encantadora.
+En nuestros buenos días de invierno meridional, me agrada estar solo
+junto a la alta chimenea, donde arden humeantes algunas matas de
+tamariscos. Con las rachas del mistral o de la tramontana, cruje la
+puerta, chillan las cañas, y todas esas sacudidas son un ligero eco de
+la gran conmoción de la naturaleza que me circunda. El sol de invierno,
+agitado por la enorme corriente, se esparce, reúne sus rayos, los
+dispersa. Corren grandes sombras bajo un cielo azul admirable. La luz y
+los ruidos llegan por sacudidas, y las esquilas de los rebaños, oídas
+repentinamente y olvidadas después, perdiéndose entre el viento, suenan
+de nuevo bajo la puerta desencajada, con el hechizo de un estribillo de
+canción... La hora exquisita es el crepúsculo, un poco antes del regreso
+de los cazadores. Entonces el viento está tranquilo. Salgo un instante.
+El ancho sol rojo desciende en paz, inflamado y sin calor. Llega la
+noche, y roza con sus alas negras y húmedas, cuando pasa. Allá abajo, al
+nivel del suelo, vese un fogonazo, con el brillo de una estrella roja
+avivada por las tinieblas circunvecinas. En la escasa claridad que
+resta, apresúrase todo bicho viviente. Un largo triángulo de patos vuela
+muy abajo, cual si deseara tomar tierra; pero de pronto los aleja la
+cabaña, donde brilla encendido el candil. El que va a la cabeza de la
+columna, yergue el cuello, remonta el vuelo nuevamente, y todos los
+demás se elevan tras de él con gritos salvajes.
+
+No tarda en oírse un inmenso pataleo, que se asemeja a un ruido de
+lluvia. Miles de carneros llamados por los pastores y hostigados por los
+perros, cuyo galopar confuso y alentar jadeante se perciben, amontónanse
+con prisa, medrosos e indisciplinados, hacia los apriscos. Véome
+envuelto, rozado, confundido dentro de ese torbellino de vellones
+rizados, de balidos; una verdadera marejada, en que parece que los
+pastores son arrastrados con su sombra por olas que saltan... Detrás de
+los rebaños percíbense pasos conocidos, voces alegres. La cabaña está
+llena, animada, ruidosa. Chisporrotean, al arder, los sarmientos
+formando llama. Hay tanta mayor risa, cuanto mayor es el cansancio. Es
+un aturdimiento de regocijada fatiga; las escopetas arrinconadas, las
+grandes botas tiradas y revueltas, los morrales vacíos y junto a ellos
+plumajes rojos, áureos, verdes, plateados, todos con manchas de sangre.
+La mesa está puesta, y entre el husmillo de una sabrosa sopa de anguila,
+queda todo en silencio, ese gran silencio de los apetitos robustos, que
+solamente interrumpe el feroz gruñir de los perros lamiendo a tientas
+sus cazuelas delante de la puerta.
+
+La velada no se prolongará mucho. Ya no quedamos junto al fuego, que
+también parpadea, más que el guarda y yo. Charlamos; es decir, nos
+dirigimos uno al otro frases a medias palabras al uso campesino, esas
+interjecciones casi indias, breves y rápidas como las postrimeras
+chispas de los consumidos sarmientos. Al fin, pónese de pie el guarda,
+enciende la linterna, y piérdese su paso perezoso en la calma y
+obscuridad de la noche silenciosa...
+
+
+
+
+III
+
+¡A LA ESPERA!
+
+
+_¡La espera!_ ¡Qué expresivo nombre éste, con el que se designa el
+puesto donde aguarda emboscado el cazador, y esas horas imprecisas en
+que todo _espera_, vacilando entre el día y la noche! El puesto de la
+mañana, poco antes de amanecer; el puesto de la tarde, cuando el sol se
+hunde en el ocaso. El de mi predilección es este último, sobre todo en
+esos países de marismas, donde el agua de los estanques conserva la luz
+tanto tiempo...
+
+En ocasiones, se utiliza como puesto el chinchorro, barquichuelo sin
+quilla, estrecho, y que al movimiento más leve se pone por montera.
+Oculto tras de los cañaverales, el cazador ojea los patos desde el fondo
+de la barca, de la que sobresalen únicamente la visera de una gorra, el
+cañón de la escopeta y la cabeza del perro, que olfatea el viento y papa
+mosquitos, o bien inclina, con sus patazas extendidas, toda la barca
+sobre una borda llenándola de agua. Esta _espera_ es sumamente
+complicada para mi inexperiencia. Esta es la razón por la que casi
+siempre voy a la espera a pie, zabulléndome en pleno pantano, con
+enormes botas hechas de toda la longitud que el cuero permite. Camino
+con lentitud, prudentemente, temeroso de hundirme en el légamo. Me
+separo de los cañaverales, lleno de olores salitrosos y de saltos de
+ranas.
+
+Por fin me acomodo en el primer islote de tamariscos, o rincón de tierra
+seca, que encuentro. El guarda, en prueba de respetuosa consideración,
+permite que me acompañe su perro, un enorme perro de los Pirineos, con
+sus grandes lanas blancas, gran cazador y pescador inteligente, cuya
+presencia me intimida un poco. Cuando pasa a mi alcance una chocha de
+agua, me mira irónicamente echando atrás, con un movimiento de cabeza, a
+lo artista, sus largas orejas flácidas que le cuelgan delante de los
+ojos; después, posturas de parada, meneos de cola, toda una mímica de
+impaciencia, como queriendo decirme:
+
+--¡Tira!... ¿Por qué no tiras, tonto?
+
+Tiro, y yerro la puntería. Entonces, con todo su cuerpo estirado,
+bosteza y se alarga, fatigoso, aburrido, insolentemente...
+
+¡Pues bien, sí! No lo niego, soy un mal cazador. La _espera_, para mí,
+es la tarde al caer, la luz que desaparece y se refugia en el agua, los
+estanques que relucen, abrillantando hasta el tono de plata fina el
+tinte gris del cielo ensombrecido. Me deleita este olor del agua, esta
+misteriosa agitación de los insectos en los cañaverales, este suave
+murmullo de las largas hojas estremeciéndose. Oyese a veces una nota
+triste, y retumba en el cielo como el zumbido de una caracola marina. Es
+el alcaraván que esconde en el fondo del agua su inmenso pico de ave
+pescadora, y sopla... _¡ruuú!_ Bandadas de grullas vuelan por encima de
+mi cabeza. Oigo el roce de las plumas, el ahuecamiento del plumón con el
+viento fuerte, y hasta el crujido de la minúscula osamenta, rendida de
+cansancio. Después, nada. La noche, las profundas tinieblas, siguiendo a
+la escasa claridad del día, que sobre las aguas ha quedado retrasada.
+
+De repente advierto un estremecimiento, una especie de molestia
+nerviosa, como si hubiese alguien detrás de mí. Al volverme veo a la
+compañera de las noches hermosas, la luna; una ancha luna, enteramente
+redonda, que llega suavemente, con un movimiento de ascensión muy
+perceptible al principio, y que se retarda mientras que aquélla se aleja
+del horizonte.
+
+Ya son bien perceptibles junto a mí los primeros rayos, y luego otros un
+poco más lejos... Ahora está iluminada toda la marisma. La más pequeña
+mata de hierba proyecta sombra. Concluyose la _espera_, las aves nos
+ven; es forzoso volver a casa. Caminamos envueltos por una inundación de
+luz azul, ligera, polvorienta, y cada uno de nuestros pasos en los
+estanques y en las acequias, revuelve en ellos millares de estrellas
+caídas y fulgores de rayos de luna que llegan hasta el fondo del
+agua...
+
+
+
+
+IV
+
+ROJO Y BLANCO
+
+
+En una cabaña semejante a la nuestra, pero algo más rústica, y de la que
+sólo dista un tiro de fusil, habita nuestro guarda, con su esposa y sus
+dos hijos mayores: la moza, que prepara la comida de los hombres y
+compone las redes para la pesca; y el mozo, que ayuda a su padre a
+levantar las artes y a vigilar las compuertas de los estanques. Los dos
+más jóvenes viven con su abuela en Arlés, y allí permanecerán hasta que
+hayan aprendido a leer y celebrado la primera comunión, pues aquí están
+muy lejos de la iglesia y la escuela, además de que el aire de Camargue
+no vendría bien a esas criaturas. El hecho es que cuando llega el
+verano, cuando las charcas se secan y el blanco légamo de las acequias
+se agrieta con los grandes calores, es imposible habitar la isla.
+
+Yo pude apreciar eso una vez en el mes de agosto, viniendo a cazar
+ánades silvestres, y jamás olvidaré el aspecto triste y feroz de este
+paisaje abrasado. De trecho en trecho humeaban al sol los estanques como
+inmensas cubas, conservando en el fondo un resto de vida en movimiento,
+un hormigueo de salamandras, arañas y moscas de agua en busca de
+rincones húmedos. Había allí un aire hediondo, una bruma de miasmas
+densamente flotante, que innumerables torbellinos de mosquitos
+espesaban. Todo el mundo tiritaba en casa del guarda, todo el mundo
+padecía fiebres, y apenaba ver las caras amarillas y largas, los ojos
+agrandados y con ojeras, de aquellos infelices que durante tres meses se
+arrastraban bajo ese ancho sol inexorable que abrasa a los febricitantes
+y no consigue hacerlos entrar en calor... ¡Triste y penosa vida la de
+guardacaza en Camargue! Y menos mal que puede tener a su lado a su mujer
+y sus hijos; pero dos leguas más lejos, en la marisma, vive un guarda de
+caballos, completamente solo todo el año, de cabo a rabo, haciendo una
+verdadera vida de Robinsón. En su choza de cañas, construida por él
+mismo, no hay nada que no sea obra de sus manos, desde la hamaca tejida
+con mimbres, y las tres piedras negras reunidas en forma de hogar, y los
+troncos de tamarisco dispuestos en forma de escabeles, hasta la llave y
+la cerradura de madera blanca con que se cierra esta extraña habitación.
+
+Este guarda es por lo menos tan extraño como su residencia. Es una
+especie de filósofo silencioso como los solitarios, que oculta su
+desconfianza de labriego bajo unas cejas espesas como matorrales. Cuando
+no está en los pastos, vésele sentado junto a su puerta, descifrando
+pacientemente, con una aplicación infantil y conmovedora, uno de esos
+folletos de color de rosa, azules o amarillos en que están envueltos los
+frascos de medicina que emplea para los caballos. El pobre diablo no se
+distrae más que en la lectura, ni tiene más libros que éstos. Aunque
+vecinas sus cabañas, nuestro guarda y él nunca se visitan. Hasta evitan
+encontrarse. Un día que pregunté al _rondeîron_ la razón de esa
+antipatía, me respondió con seriedad:
+
+--Tenemos distintas opiniones... El es rojo, y yo soy blanco.
+
+Y de esta manera, hasta en ese desierto cuya soledad hubiera debido
+amistarlos, esos dos salvajes, tan ignorantes y sencillos uno como el
+otro, esos dos boyeros de Teócrito, que solamente una vez cada año van a
+la ciudad, y a quienes los cafetuchos de Arlés, con sus dorados espejos,
+les deslumbran como si contemplasen el palacio de los Tolomeos, ¡las
+opiniones políticas les ha proporcionado una razón para odiarse!
+
+
+
+
+V
+
+EL VACCARÉS
+
+
+El Vaccarés es el espectáculo más hermoso que puede presenciarse en
+Camargue. Muchas veces, abandonando la caza, vengo a sentarme a orillas
+de este mar salado, un mar pequeño que asemeja un trozo del grande,
+encerrado entre las tierras y amansado por su mismo cautiverio. En vez
+de esa sequedad, de esa aridez que comúnmente entristecen la costa, el
+Vaccarés, con su ribera un poco alta, toda ella verde por la hierba
+menuda, aterciopelada, ostenta su flora extraordinaria y hechicera:
+centauras, tréboles acuáticos, gencianas y esas lindas salicarias,
+azules en invierno, rojas en verano, que mudan su color con los cambios
+atmosféricos, y con una floración no interrumpida, marcan las estaciones
+por lo diverso de sus matices.
+
+Allá, a las cinco de la tarde, cuando el sol se pone, ofrecen admirable
+perspectiva esas tres leguas de agua, sin una barca, sin una vela que
+limite y dé variedad a su extensión. No es ya el íntimo deleite de los
+estanques y acequias que aparecen, distanciados, entre los repliegues de
+un terreno arcilloso, bajo el cual se filtra el agua por doquiera,
+dispuesta a reaparecer en la menor depresión del terreno. Aquí la
+impresión es grande, vasta. A lo lejos, ese cabrilleo de las ondas atrae
+bandadas de fulgas, garzas reales, alcaravanes, flamencos de vientre
+blanco y alas rosadas, alineándose para pescar a lo largo de las
+márgenes, disponiendo sus diferentes colores en una larga faja igual, y
+además ibis, verdaderos ibis de Egipto, que parecen estar en su propia
+casa entre ese espléndido sol y ese mudo paisaje. Efectivamente, desde
+mi sitio no percibo más que el chapoteo del agua y la voz del guarda que
+llama a sus caballos, diseminados en la orilla. Todos tienen retumbantes
+nombres: «¡Cifer!... ¡L'Estello!... ¡L'Estournello!»... Cuando se oye
+nombrar cada bruto, corre dando al viento las crines, a comer avena en
+la misma mano del guarda...
+
+Más lejos, en la misma orilla, vese una gran manada de bueyes, paciendo
+libremente como los caballos. De vez en cuando distingo por encima de
+unas matas de tamariscos la arista de sus dorsos encorvados, y sus
+cuernecitos que se yerguen en forma de media luna. La mayoría de estos
+bueyes de Camargue se crían para ser lidiados en las fiestas de los
+pueblos, y algunos tienen ya fama en todos los circos de Provenza y
+Languedoc. Así, por ejemplo, la manada que está más cerca, cuenta entre
+otros con un terrible combatiente llamado _Romano_, que ha despanzurrado
+a no sé cuántos hombres y caballos en las plazas de Arlés, de Nimes, de
+Tarascón. Por eso, sus compañeros le han confiado la jefatura; porque en
+esas extrañas piaras los brutos se gobiernan por sí mismos, agrupados
+en torno de un toro viejo a quien eligen como guía. Cuando en la
+Camargue descarga un huracán, terrible en esa gran llanura donde nada lo
+desvía ni lo detiene, es curioso ver replegarse la manada detrás de su
+jefe, con todas las cabezas inclinadas, volviendo hacia el lado de donde
+el viento sopla, esas anchas testuces en que se condensa la fuerza del
+buey. Los pastores provenzales llaman a esta maniobra: _volver cuernos
+al viento_. ¡E infelices los rebaños que no se conformen con ello!
+Cegada por la lluvia, empujada por el huracán, la manada en derrota gira
+sobre sí misma, se extravía, se dispersa, y corriendo enloquecidos los
+bueyes hacia adelante, pretendiendo alejarse de la tempestad, arrójanse
+en el Ródano, en el Vaccarés o en el mar, donde casi todos perecen.
+
+
+
+
+NOSTALGIA DE CUARTEL
+
+
+Esta madrugada, cuando empezaba a alborear, me despierta con sobresalto
+un tremendo redoble de tambor... ¡Rataplán, rataplán!...
+
+¿Qué es esto? ¡Un tambor en mis pinos, y a tales horas!... ¡Qué cosa más
+extraña!
+
+Pronto, a prisa, me levanto y corro a abrir la puerta.
+
+¡No veo a nadie! Cesó el ruido... De entre unas labruscas húmedas,
+vuelan dos o tres chorlitos sacudiéndose las alas. Entre los árboles se
+mece una suave brisa... Hacia el Oriente, sobre la aguda cresta de los
+Alpilles, amontónase un polvo de oro, de donde surge lentamente el
+sol... El primer rayo roza ya la techumbre del molino. En el mismo
+instante, el invisible tambor vuelve a redoblar en el campo bajo la
+espesura... ¡Rataplán, rataplán!...
+
+¡El demonio llévese la piel de asno! Ya lo había olvidado. Pero, en fin,
+¿quién será el bruto que saluda a la aurora en el fondo de los bosques
+con un tambor?... Aunque miro, no veo a nadie... no diviso nada más que
+las matas de alhucema y los pinos que se precipitan cuesta abajo hasta
+el camino... Quizá se oculta en la espesura algún duende, resuelto a
+burlarse de mí... Sin duda, es Ariel o maese Puck. El pícaro habrá
+pensado, al pasar por delante de mi molino:
+
+--Ese parisiense está muy tranquilo ahí dentro; vamos a darle la
+alborada.
+
+Y seguramente habrá tomado un bombo, y... ¡rataplán!... ¡rataplán!...
+
+--¿Quieres callarte, pícaro Puck? Vas a despertarme a las cigarras.
+
+ * * * * *
+
+Pero no era Puck.
+
+Era Gouguet François, alias _Pistolete_, tambor del regimiento 31 de
+infantería, a la sazón con licencia semestral. _Pistolete_ está
+aburrido en el país, siente nostalgias, y cuando le prestan el
+instrumento del cabildo municipal, se marcha melancólico a los bosques a
+tocar el tambor, soñando con el cuartel del Príncipe Eugenio.
+
+Esta mañana ha venido a soñar a mi verde colinita... Allí está de pie,
+recostado contra un pino, con el tambor entre las piernas, tocando si
+Dios tiene qué... Bandas de perdigones espantados corren a sus pies sin
+que lo note. Las hierbas aromáticas perfuman el aire en torno suyo, sin
+que él las huela.
+
+No ve tampoco las sutiles telarañas que tiemblan al sol entre el ramaje,
+ni las agujas de pino que caen sobre su tambor. Absorto en su sueño y en
+su música, mira con amor moverse ligeros los palillos, y su caraza
+estúpida se ensancha de placer a cada redoble.
+
+¡Rataplán! ¡Rataplán!...
+
+--¡Es muy hermoso el gran cuartel, con sus patios de anchas losas, sus
+ventanas bien alineadas, su población con gorra cuartelera, y sus
+galerías, bajo cuyos arcos se oye constantemente el ruido de las
+tarteras!...
+
+¡Rataplán! ¡Rataplán!...
+
+--¡Oh, la sonora escalera, los corredores enlucidos con cal, la oliente
+cuadra, los correajes que se lustran, la tabla del pan, las cajas de
+betún, los camastros de hierro con manta gris, los fusiles que brillan
+en el armero!...
+
+¡Rataplán! ¡Rataplán!...
+
+¡Rataplán! ¡Rataplán!...
+
+--¡Oh, qué días más hermosos los vividos en el cuerpo de guardia; los
+naipes que ensucian los dedos y se pegan como pez, la sota de espadas
+horrible con adornos a pluma, el incompleto tomo de una vieja novela de
+Pigault-Lebrun arrojado encima de la cama de campaña!...
+
+¡Rataplán! ¡Rataplán!...
+
+--¡Oh, las interminables noches de centinela en la puerta de los
+ministerios, la garita vieja donde entra la lluvia y en que los pies se
+hielan!... ¡Los coches de lujo, que salpican de barro cuando pasan!...
+¡Oh, el trabajo suplementario, los días de limpieza general, el cubo
+pestífero, la cabecera de tabla, la fría diana en las mañanas lluviosas,
+la retreta entre niebla a la hora de encender el gas, la lista por la
+tarde, a la cual se llega arrojando el bofe!...
+
+¡Rataplán! ¡Rataplán!...
+
+--¡Oh, el bosque de Vincennes, los vastos guantes de algodón blanco, los
+paseos por las fortificaciones, la barrera de la Estrella, el cornetín
+de pistón de la sala de Marte, la bebida en las afueras, las
+confidencias entre los hipos, los útiles de encender que se desenvainan,
+la romanza sentimental que se canta con una mano puesta en el
+corazón!...
+
+ * * * * *
+
+¡Sueña, sueña, hombre infeliz, que no he de ir yo a impedírtelo!...
+Golpea de firme en el tambor, toca haciendo un remolino con los brazos.
+No puedes parecerme ridículo.
+
+Si sientes la nostalgia de tu cuartel, ¿no experimento yo la nostalgia
+del mío?
+
+A mí me persigue mi París hasta aquí como el tuyo. Tú tocas el tambor
+bajo los pinos. Yo emborrono cuartillas... ¡Somos los dos unos
+provenzales! Allá, en los cuarteles de París, echábamos de menos
+nuestros Alpilles azules y el silvestre olor del tomillo; ahora, aquí,
+en plena Provenza, nos falta el cuartel, y amamos todo cuanto nos lo
+hace recordar...
+
+ * * * * *
+
+Las ocho suenan en la aldea. _Pistolete_, sin dejar sosegar los
+palillos, ha decidido regresar... Oyesele bajar por el bosque, siempre
+tocando... Y yo, tumbado sobre la hierba, enfermo de nostalgia, al oír
+el ruido del tambor que se aleja, creo ver desfilar entre los pinos a
+todo mi París...
+
+¡Ah, París!... ¡París!... ¡París siempre!
+
+
+
+
+LAS EMOCIONES DE UN PERDIGON... ROJO
+
+
+No ignoran ustedes que los perdigones andan en bandadas y anidan juntos
+en el hueco de los surcos, para alzar el vuelo a la alarma más
+insignificante, desparramándose como los granos que arrojan a la tierra
+para que produzcan. Mi acompañamiento particular es alegre y numeroso y
+acampa en un llano junto a la linde de un gran bosque, donde tenemos
+buen botín y magníficos refugios a uno y otro lado. Por eso, desde que
+sé correr, tengo buen plumaje y estoy bien alimentado, experimento la
+alegría del vivir. Sin embargo, una cosa teníame algo intranquilo y era
+esa célebre conclusión de la veda, de que nuestras madres hablan en voz
+baja unas con otras. Un viejo de nuestra banda me decía siempre acerca
+de esto:
+
+--No temas, Rojillo--me llaman Rojillo a causa de mi pico y de mis
+patas, del color de la serba,--no temas, Rojillo. Yo te protegeré el día
+de la apertura de la caza, y estoy seguro de que no ha de ocurrirte nada
+desagradable.
+
+Es un macho viejo muy bribón y vivaracho todavía, aun cuando tiene ya
+señalada la _herradura_ en el pecho y algunas plumas blancas esparcidas
+por el cuerpo. De joven recibió en un ala un perdigón de plomo, y como
+esto le ha hecho ser un poco pesado, mira dos veces antes de volar, mide
+bien el tiempo y sale del apuro. Con frecuencia me llevaba consigo hasta
+la entrada del bosque. Hay allí una rara casita, escondida entre los
+castaños, muda como una madriguera vacía y siempre cerrada.
+
+--Mira bien esa casita, Rojillo--me decía el viejo;--cuando veas que
+sale humo por la techumbre y están abiertas la puerta y las ventanas,
+mala señal para nosotros.
+
+Y yo me fiaba de él, sabiendo positivamente que él era ducho en eso de
+las aperturas de la caza.
+
+Efectivamente, la otra mañanita, al rayar el alba, oí que me llamaban
+muy bajito dentro del surco...
+
+--Rojillo, Rojillo.
+
+Era mi viejo macho. Miraba de una manera extraña.
+
+--Vente en seguida--me dijo,--y haz lo que yo.
+
+Lo seguí medio adormilado, deslizándome por entre los terrenos, sin
+volar, sin saltar casi, como un ratón.
+
+Íbamos por el lado del bosque, y al pasar observé que había humo en la
+chimenea de la casita, luz en las ventanas, y frente a la puerta, de par
+en par, unos cazadores, unos cazadores equipados completamente y una
+traílla de perros que saltaban. Al pasar nosotros, gritó uno de los
+cazadores:
+
+--Vamos a registrar el llano esta mañana, y luego, después de almorzar,
+registraremos el bosque.
+
+Entonces comprendí por qué mi viejo compañero nos conducía tan aprisa a
+la arboleda. A pesar de esto palpitábame el corazón, especialmente al
+acordarme de mis pobres amigos.
+
+De repente, cuando llegábamos al lindero, echaron al galope detrás de
+nosotros a los perros...
+
+--¡Agáchate, agáchate!--me dijo el viejo bajándose; al mismo tiempo, a
+diez pasos de nosotros, una codorniz atemorizada abrió cuanto pudo sus
+alas y su pico, y tendió el vuelo dando un grito de miedo. Oí un
+formidable ruido y nos rodeó un polvo de un olor extraño, blanco y
+caliente, aunque apenas había salido el sol. Estaba yo tan asustado que
+ya me era imposible correr. Felizmente entrábamos en el bosque. Mi
+camarada se acurrucó tras una pequeña encina, yo me coloqué junto a él y
+ambos estuvimos allí ocultos, mirando por entre las hojas.
+
+En los campos oíase un terrible fuego de fusil. A cada escopetazo
+cerraba yo los ojos despavorido; después, cuando los volvía a abrir,
+veía el llano inmenso y desnudo, y los perros corriendo, olfateando
+entre las briznas de hierba, entre las gavillas, girando sobre sí
+mismos, alocados. Los cazadores juraban detrás de ellos y los llamaban;
+las escopetas brillaban al sol. Hubo un momento en que me pareció ver
+volar como hojas sueltas entre una nubecilla de humo, aun cuando en los
+alrededores no había árbol alguno. Pero el viejo macho me dijo que eran
+plumas, y efectivamente a cien pasos frente a nosotros un hermoso
+perdigón gris cayó dentro de un surco, doblando su cabeza ensangrentada.
+
+Cuando ya el sol quemaba en lo alto, cesó repentinamente el tiroteo. Los
+cazadores regresaban hacia la casita, donde se oía chisporrotear una
+gran hoguera de sarmientos. Conversaban con la escopeta al hombro,
+discutían los disparos hechos, y mientras tanto sus perros seguíanles
+jadeantes, con la lengua colgando...
+
+--Van a almorzar--me dijo mi compañero;--vamos a hacer nosotros lo mismo
+que ellos.
+
+Entramos en un sembrado de trigo morisco junto al bosque, un gran campo
+blanco y negro, en flor y granado, con perfumes de almendra. Picoteaban
+también allí unos hermosos faisanes de irisadas plumas, bajando sus
+crestas rojas por temor a ser vistos. ¡Ah! ¡Estaban menos altivos que de
+ordinario! Mientras comían, nos pidieron noticias preguntándonos si
+había caído alguno de los suyos. Durante este tiempo, el almuerzo de los
+cazadores, silencioso al principio, hacíase cada vez más bullicioso,
+oíamos chocar las copas y saltar los corchos de las botellas. El viejo
+macho me previno que ya era hora de volver a nuestro refugio.
+
+Podía decirse que a la sazón el bosque dormía. La charca adonde acuden
+los gamos a beber no estaba enturbiada por ningún lengüetazo. No se veía
+un hocico de conejo entre los serpoles del vivar. Percibíase solamente
+un estremecimiento misterioso, como si cada hoja, cada brizna de hierba
+protegiese una vida amenazada. ¡Esa caza de monte tiene tantos
+escondrijos! Las gazaperas, la montanera, las fajinas, las malezas y
+además los hoyitos de bosque que durante tanto tiempo conservan el agua
+llovediza. Confieso que me hubiera agradado estar en el fondo de uno de
+esos agujeros; mas mi acompañante prefería estar al descubierto, tener
+anchuras, ver a lo lejos y sentir ante sí el campo libre. Hicimos bien,
+porque los cazadores se internaban en la selva.
+
+¡Oh! No podré olvidar jamás aquella primera descarga en el bosque, aquel
+tiroteo que horadaba las hojas como el granizo en abril y señalaba las
+cortezas de los árboles. Un conejo pasó huyendo a todo correr a través
+del camino, arrancando matitas de hierba con sus uñas extendidas. Una
+ardilla descendió precipitadamente de un castaño, dejando caer castañas
+aún verdes. Sintiéronse dos o tres pesados revuelos de gordos faisanes y
+un barullo entre las ramas bajas y las hojas secas, al viento de ese
+escopetazo que agitó, despertó y atemorizó a todo bicho viviente en el
+bosque. Los musgaños se ocultaban en lo más hondo de sus agujeros. Un
+escarabajo, que salió del hueco del árbol que nos guarecía, movía sus
+ojos prominentes y estúpidos, yertos de terror. Por doquiera veíanse
+pobres bichitos azorados, libélulas azules, moscardones, mariposas...
+hasta un saltamontes pequeñito con alas de color escarlata, que se
+detuvo junto a mi pico; pero también yo estaba sumamente asustado para
+aprovecharme de su miedo.
+
+El viejo, por su parte, seguía siempre tan tranquilo. Muy atento a los
+ladridos y a los disparos, hacíame señas cuando se aproximaban y nos
+íbamos un poco más lejos, fuera de la pista de los perros, y muy ocultos
+entre el follaje. Sin embargo, una vez mi sobresalto fue tremendo,
+porque nos consideramos ya perdidos. La calle de árboles que teníamos
+que cruzar estaba guardada a cada extremo por un cazador que atisbaba.
+Por un lado, un mocetón con patillas negras, quien sonaba como una
+panoplia vieja cuando se movía, con su cuchillo de monte y su cartuchera
+y el cuerno de municiones, sin mencionar que sus polainas hebilladas
+hasta las rodillas le hacían parecer aún más alto; en el otro extremo,
+un viejecito, apoyado muy tranquilamente en un árbol, fumaba en su pipa,
+guiñando los ojos como si tuviera sueño. Este no me asustaba, sino el
+mocetón de allá abajo...
+
+--No entiendes nada de esto, Rojillo--me dijo mi camarada riéndose. Y
+sin temor ninguno, con las alas abiertas de par en par, alzó el vuelo
+casi entre las piernas del terrible cazador de las patillas. Y la verdad
+es que el pobre hombre estaba tan engolfado con todos sus atavíos de
+caza, tan distraído contemplándose de arriba abajo, que cuando se echó
+al hombro la escopeta nos encontrábamos ya fuera de su alcance. ¡Ah! ¡Si
+cuando los cazadores creen estar solos en un rincón de un bosque,
+supieran cuántos ojuelos fijos les miran desde los matorrales, cuántos
+piquitos puntiagudos contienen la risa al ver su torpeza!...
+
+Nosotros andábamos, andábamos sin detenernos. Considerando que lo mejor
+que podía hacer era seguir a mi viejo acompañante, mis alas se
+desplegaban a compás de las suyas, para replegarse y quedar inmóviles
+tan pronto como él se detenía. Aun me parece ver todos los sitios por
+donde pasamos: el conejar cuajado de brezos, lleno de madrigueras junto
+a los árboles amarillentos, con esa gran cortina de robledales donde
+creía ver escondida la muerte por doquiera, y la verde sendita por donde
+mi madre la Perdiz había paseado tantas veces su pollada bajo el sol de
+mayo, donde picoteábamos, saltando, las hormigas rojas que subían por
+nuestras patas, donde encontrábamos faisanitos cebados, gordos como
+pollastres, y que se negaban a jugar con nosotros.
+
+Vi como en un sueño mi senderito, en el momento en que lo atravesaba una
+corza, erguida sobre sus delgadas patas con los ojos muy abiertos y
+dispuesta a saltar. Después, la balsa adonde acudíamos en partidas de
+quince o treinta, todos al mismo vuelo, alzándonos en un momento de la
+llanura, para beber el agua del manantial y salpicarnos de gotitas que
+rodaban sobre el lustroso plumaje... En medio de esa charca había una
+aliseda, algo así como un ramillete muy espeso, y en aquel islote nos
+guarecimos. Hubiera sido necesario que los perros tuviesen una nariz de
+primera para ir a buscarnos en aquel sitio. A poco de llegar nosotros,
+presentose un corzo arrastrándose sobre tres patas y dejando tras de sí
+un surco rojo sobre el musgo. Daba tanta tristeza el verlo, que oculté
+la cabeza bajo las hojas; pero oía al herido beber en la charca
+resollando y ardiendo en fiebre...
+
+Declinaba el día. Los disparos de escopeta se alejaban y disminuían en
+número. Después quedó todo en silencio... Aquello había terminado.
+Entonces regresamos despacio a la llanura, para saber algo de nuestra
+gente. Al pasar por delante de la casita de madera, presencié una cosa
+horrible.
+
+En el borde de un hoyo, los unos cerca de los otros, yacían liebres de
+rojo pelo y conejillos grises de cola blanca, con las patitas juntas por
+la muerte, en actitud de implorar misericordia, y con ojos empañados
+como si llorasen; además, perdices rojas, machos de perdiz grises, con
+la _herradura_ como mi camarada, y perdigoncillos de aquel año que, como
+yo, tenían todavía pelusa debajo de las plumas. ¿Hay nada más tétrico
+que una ave muerta? ¡ Las alas son tan vivas! El verlas plegadas y frías
+hace temblar... Un gran corzo, magnífico y tranquilo, parecía dormir,
+con su lengüecita sonrosada fuera de la boca, cual si aun fuese a lamer.
+
+Y también estaban allí los cazadores, inclinados sobre aquella
+carnicería, contando y tirando hacia sus morrales de las patas
+ensangrentadas y de las alas rotas, con menosprecio de todas esas
+heridas recientes. Los perros, atraillados para el camino, fruncían aún
+sus hocicos en ristre, como si se dispusiesen a volver a lanzarse a los
+tallares del soto.
+
+¡Oh, mientras el ancho sol ocultábase allá abajo y se alejaban todos
+jadeantes, agrandando sus sombras sobre los terrones de los surcos y las
+sendas húmedas con el sereno del crepúsculo, cómo maldecía yo, cómo
+odiaba a toda la banda, hombres y animales!... Ni mi compañero ni yo
+podíamos lanzar, como de costumbre, unas notitas de despedida a ese día
+que expiraba.
+
+Vimos en nuestro camino infelices bestezuelas, muertas por un extraviado
+perdigón de plomo y sirviendo de pasto a las hormigas; musgaños con el
+hocico lleno de polvo, picazas, golondrinas derribadas al vuelo,
+tendidas de espaldas y levantando sus yertas patitas hacia el cielo, de
+donde descendía la noche precipitadamente, como suele en otoño, clara,
+fría y húmeda. Pero lo que más profundamente conmovió todo mi ser fue
+oír en los linderos del bosque, al margen del prado y allá abajo en los
+juncales del río, llamamientos angustiosos, tristes y diseminados, que,
+no siendo contestados por nadie, iban a perderse en las lejanías del
+espacio.
+
+
+
+
+EL EMPERADOR CIEGO
+
+O VIAJE A BAVARIA PARA BUSCAR UNA TRAGEDIA JAPONESA
+
+
+I
+
+EL SEÑOR CORONEL DE SIEBOLDT
+
+
+El señor de Sieboldt, el coronel bávaro al servicio de Holanda, señor de
+Sieboldt cuyas notables obras acerca de la flora japonesa le han
+conquistado merecida reputación en los círculos científicos, llegó a
+París, durante la primavera de 1866, para someter al Emperador un vasto
+proyecto de asociación internacional para la explotación de ese
+maravilloso _Nipon-Jepen-Japon_ (Imperio de la salida del Sol), donde
+había residido durante más de treinta años. Esperando que se le
+concediera una audiencia en las Tullerías, el ilustre viajero (que no
+obstante su larga permanencia en el Japón había continuado siendo muy
+bávaro), pasaba sus veladas en una pequeña cervecería del arrabal
+Poissonnière, acompañado por una señorita joven de Munich que viajaba
+con él, y a quien presentaba como sobrina suya en todas partes. Allí fue
+donde lo encontré yo. Al entrar él, volvíanse todos para contemplar la
+fisonomía de ese anciano, firme y tieso con sus setenta y dos años, sus
+largas barbas canas, su interminable hopalanda, su ojal lleno de cintas
+con los distintivos de todas las academias científicas, y aquel extraño
+aspecto, que revelaba a un tiempo timidez y desenvoltura. El coronel se
+sentaba con mucha seriedad y sacaba del bolsillo un gran rábano negro;
+después la joven señorita que lo acompañaba, con todas las trazas de una
+alemana, de falda corta, chal de cenefa y sombrerito de viaje, cortaba
+ese rábano en rodajas muy finas, al estilo de la tierra, las
+espolvoreaba de sal, se las ofrecía a su _tío_, como ella le llamaba con
+su vocecita de ratón, y los dos empezaban a rumiar uno frente a otro,
+tranquila y sencillamente, sin suponer que su manera de conducirse en
+París pudiera parecer a nadie ridícula, puesto que no hacían ni más ni
+menos que lo que habían hecho en Munich. Verdad es que eran una pareja
+original y simpática, y no tardamos en ser buenos amigos. El bueno del
+hombre, viendo la satisfacción que experimentaba oyéndole hablar del
+Japón, habíame pedido que revisara su Memoria, y yo me apresuré a
+complacerlo, no sólo por amistad hacia ese viejo Simbad, sino también
+para enfrascarme más y más en el estudio de ese hermoso país, el amor al
+cual me había transmitido. La tal revisión me fue muy penosa. Toda la
+Memoria estaba escrita en el francés estrafalario que hablaba el señor
+de Sieboldt: «Si yo tenga accionistas... si yo _reuniría_ fondos...»
+esos defectos de pronunciación que le hacían escribir desatinos como
+éstos: «Los grandes _botes_ del Asia» por «los grandes _vates_ del Asia»
+y «el _Jabón_» en lugar de «el _Japón_...» Agréguese a esto, frases de
+cincuenta líneas sin signos de puntuación, sin una sola coma, sin ningún
+descanso para respirar, y, no obstante, tan bien clasificadas en el
+cerebro del autor, que le parecía imposible suprimir ni una sola
+palabra, y cuando me ocurría tachar una línea en un lado, la volvía él a
+escribir un poco más lejos... ¡Lo mismo da! Lo cierto es que ese diablo
+de hombre era tan interesante con su _Jabón_, que me hacía olvidar las
+fatigas del trabajo, y llegado el día de la audiencia, la Memoria casi
+podía caminar por sí sola.
+
+¡Pobre veterano Sieboldt! Todavía me parece verlo irse a las Tullerías,
+con todas sus cruces en el pecho, con ese brillante uniforme de coronel
+(grana y oro) que no desembaulaba más que en las grandes ocasiones. Aun
+cuando todo el tiempo estaba ¡brum! ¡brum! irguiendo su elevada
+estatura, adiviné su emoción por el temblor de su brazo sobre el mío, y
+especialmente, por la insólita palidez de su nariz, un narigón de
+sabihondo, rojo por el estudio y por la cerveza de Munich. Cuando volví
+a encontrarlo, por la noche, estaba triunfante: Napoleón III lo había
+recibido entre dos puertas, escuchado durante cinco minutos y despedido
+con su frase ordinaria: «Veré... pensaré en ello.» Sin más que eso, el
+cándido japonés intentaba ya adquirir en arrendamiento el primer piso
+del _Gran-Hôtel_, poner comunicados en los periódicos, publicar
+prospectos; costome gran trabajo hacerle comprender que Su Majestad
+quizá se tomase mucho tiempo para reflexionar y que, mientras, lo más
+conveniente sería que volviera a Munich, donde la cámara estaba
+precisamente a punto de votar un crédito para la adquisición de sus
+grandes colecciones. Mis advertencias lo convencieron, y en recompensa
+del trabajo que me tomé con su famosa Memoria, me prometió al marchar
+enviarme una tragedia japonesa del siglo XVI, preciosa obra maestra
+desconocida por completo en Europa, y que había traducido _ex profeso_
+para su amigo Meyerbeer. Cuando murió el maestro, se disponía a escribir
+la música de los coros. Como ustedes ven, el excelente hombre deseaba
+hacerme un verdadero obsequio.
+
+Desgraciadamente, algunos días después de su partida, estalló la guerra
+en Alemania, y no volví a oír hablar más de mi tragedia. Habiendo
+invadido los prusianos los reinos de Würtemberg y de Bavaria, era
+bastante natural que su ardor patriótico y el gran trastorno de la
+invasión hubieran hecho olvidar al coronel la tragedia japonesa que,
+según me había manifestado, se titulaba _Emperador ciego_. Pero yo
+pensaba en él más que nunca, y, no sólo por deseos de poseer la obra
+ofrecida, sino también por curiosidad de ver de cerca lo que era la
+guerra, la invasión (¡Dios mío, ahora la recuerdo muy bien con todos sus
+horrores!) lo cierto es que una mañana temprano resolví marchar a
+Munich.
+
+
+
+
+II
+
+LA ALEMANIA DEL SUR
+
+
+¡Pueden ustedes hablarme de los pueblos de sangre gorda! En plena
+guerra, con ese sol achicharrante del mes de agosto, todo el país de más
+allá del Rhin, desde el puente de Kehl hasta Munich, tenía su aspecto
+tan frío y tan poco inquieto. Por las treinta ventanillas del vagón
+würtembergués que me conducía lenta y pesadamente a través de la Suabia,
+desfilaban paisajes, montañas, torrenteras, quebradas de magnífico
+verdor en que se sentía la frescura de los arroyos. Por las pendientes
+que desaparecían girando según avanzaban los vagones, había aldeanas
+tiesas en medio de sus rebaños, vestidas con sayas coloradas y corpiños
+de terciopelo, y los árboles eran tan verdes en derredor suyo, que
+parecía todo aquello una pastorela sacada de una de esas cajitas de
+abeto, que tan bien huelen a resina y a pino, de los bosques del Norte.
+De trecho en trecho, una docena de soldados de infantería vestidos de
+verde marcaban el paso en una pradera, con la cabeza erguida y una
+pierna al aire, llevando sus fusiles a modo de ballestas: era el
+ejército de cualquier principillo de Nassau. A veces también pasaban
+trenes tan lentos como el nuestro, cargados con grandes barcas, donde
+los soldados würtembergueses, amontonados como en una carroza alegórica,
+cantaban barcarolas a tres voces, al huir ante los prusianos. Y nuestras
+detenciones en todas las fondas, la inalterable sonrisa de los
+camareros, aquellas redondas caras tudescas ensanchadas, con la
+servilleta debajo de la barba, ante enormes tajadas de carne en salsa, y
+el parque real de Stuttgart por el que circulan multitud de carretelas,
+de galas, de cabalgatas, la música tocando valses y cancanes alrededor
+de las fuentes, mientras se combatía en Kissingen; cierto que, al
+acordarme de todo esto y pensar en lo que he visto cuatro años después
+en ese mismo mes de agosto, esas locomotoras frenéticas corriendo sin
+saber a dónde, como si la insolación hubiese enloquecido sus calderas,
+los vagones detenidos en pleno campo de batalla, los carriles cortados,
+los trenes pasando apuros, Francia mermada de día en día según se hacía
+más corta la línea férrea del Este, y en todo el trayecto de las
+abandonadas vías, el hacinamiento siniestro de esas estaciones,
+solitarias en un país perdido, llenas de heridos olvidados allá como
+bagajes... creo que aquella guerra de 1866 entre Prusia y los Estados
+del Sur no era más que una guerra ficticia, y que, a pesar de cuanto nos
+hayan podido decir, _lobo a lobo no se muerde_, si estos lobos son
+germanos.
+
+Para convencerse de ello, es suficiente ver a Munich. La noche de mi
+llegada, una hermosa noche de domingo llena de estrellas, toda la
+población vagaba por las calles. Flotaba en el aire un alegre rumor
+confuso, tan vago ante la luz como el polvo que levantaban los pasos de
+todos aquellos paseantes. En el fondo de las bodegas de cerveza,
+abovedadas y frescas; en los jardines de las cervecerías, donde mecían
+sus pálidas luces los farolillos de colores; por todas partes,
+mezclándose con el ruido de las pesadas tapaderas al caer sobre la boca
+de los jarros de cerveza, percibíanse las notas del triunfo que salían
+de los instrumentos de metal y los suspiros de los de madera.
+
+En una de esas cervecerías filarmónicas, encontré al coronel Sieboldt,
+sentado, con su sobrina, ante su eterno rábano negro.
+
+En la mesa contigua tomaba un _bock_ el ministro de Negocios
+Extranjeros, acompañado del tío del Rey. Alrededor, burgueses con sus
+familias, oficiales con gafas y estudiantes con gorritas encarnadas,
+azules, verdemar, graves todos y silenciosos, escuchaban muy atentamente
+la orquesta de M. Gungel, y miraban subir el humo de sus pipas sin
+importárseles un ardite de Prusia, como si no existiera. Al verme, el
+coronel pareció turbarse un poco, y advertí que bajaba la voz para
+hablarme en francés. En torno nuestro cuchicheaban: _Franzose...
+Franzose..._ Todos me miraban con manifiesta antipatía: Salgamos--me
+dijo el señor de Sieboldt, y cuando estuvimos fuera, encontré en él su
+agradable sonrisa de otros tiempos. El buen hombre no había olvidado su
+promesa, pero la clasificación de su colección japonesa, que acababa de
+vender al Estado, le tenía ocupadísimo. Por eso no me había escrito. En
+cuanto a mi tragedia, estaba en Würzburgo, en poder de la señora de
+Sieboldt, y para llegar hasta allá necesitaba una autorización especial
+de la Embajada Francesa, porque los prusianos se acercaban a Würzburgo y
+era ya muy difícil el conseguir entrar en dicha población. Tenía tales
+deseos de poseer mi _Emperador ciego_, que a no ser por el temor de
+encontrar acostado al señor de Trevise, hubiera ido aquella misma noche
+a la Embajada.
+
+
+
+
+III
+
+EN «DROSCHKE»
+
+
+El fondista de la _Grappe Bleu_ me hizo montar al día siguiente bien
+temprano en uno de esos pequeños vehículos de alquiler que no faltan
+nunca en los patios de las fondas para enseñar a los viajeros las
+curiosidades de la ciudad, y desde donde se os aparecen como entre las
+hojas de una guía los monumentos y las calles más importantes. No se
+trataba entonces de llevarme a ver la ciudad, sino de conducirme a la
+Embajada Francesa:--_¡Französische Ambassad!_--repitió el fondista dos
+veces. El cochero, un hombrecillo con traje azul y un sombrero enorme,
+parecía muy asombrado del nuevo destino que se daba a su coche, a su
+_droschke_ (según dicen en Munich). Pero mi sorpresa fue mucho mayor que
+la suya, cuando le vi volver la espalda al barrio noble, entrar en una
+larga ronda de arrabal, llena de fábricas, casas de obreros y
+jardinillos, atravesar las puertas y conducirme fuera de la ciudad.
+
+--¿Embajada Francesa?--le preguntaba yo frecuentemente con inquietud.
+
+--_Ya, ya_--respondía el hombrecillo, y seguíamos rodando. Deseaba pedir
+algunos otros informes; pero era imposible porque mi conductor no
+hablaba francés, y yo mismo por aquella época sólo conocía de la lengua
+alemana dos o tres frases muy elementales, en que se trataba de pan,
+cama y comida, y en manera alguna de embajador. Y aun esas frases no
+podía pronunciarlas más que cantando; he aquí por qué.
+
+Algunos años antes, había emprendido con un camarada tan loco como yo, a
+través de Alsacia, Suiza y el Ducado de Badén un verdadero viaje de
+buhonero, con el saco a cuestas, a jornadas de doce leguas, rodeando las
+poblaciones de las cuales sólo deseábamos ver las puertas, y marchando
+siempre por sendas y atajos sin saber a dónde nos conducirían. Esto nos
+proporcionaba, frecuentemente, la sorpresa de pernoctar a campo raso o
+bajo el alero desmantelado de alguna granja; pero lo que hacía más
+accidentada nuestra excursión es que ni uno ni otro sabíamos una palabra
+alemana. Con el auxilio de un diccionario de bolsillo, que compramos al
+pasar por Basilea, llegamos a construir algunas frases muy sencillas,
+tan inocentes como _Vir vóllen trínken bier_ (deseamos beber cerveza),
+_Vir vóllen essen käse_ (queremos comer queso); desgraciadamente, por
+poco complicadas que parezcan, nos costaba mucho trabajo retener en la
+memoria esas malditas frases. No las teníamos en la punta de la lengua,
+como dicen los cómicos. Ocurriósenos entonces la idea de ponerlas en
+música, y tan bien se adaptaba a ellas la tonadilla que compusimos, que
+las palabras penetraron en nuestra memoria con las notas, y ya no podían
+salir de allí las unas sin arrastrar consigo las otras. Curiosísima era
+la cara que ponían los posaderos badeneses cuando por la noche
+entrábamos en el gran comedor del Gasthaus, y después de desatar
+nuestras mochilas, cantábamos con voz retumbante:
+
+ Vir vóllen trínken bier (_bis_)
+ Vir vóllen, ya, vir vóllen
+ ¡Ya!
+ Vir vóllen trínken bier.
+
+Pero desde entonces acá me he _perfeccionado_ en el alemán. ¡He tenido
+tantas ocasiones de aprenderlo!... Mi vocabulario se ha enriquecido con
+una infinidad de locuciones, de frases. Aunque ya las hablo, no las
+canto... ¡Oh, no; no me entran deseos de cantarlas!...
+
+Pero volvamos a mi coche.
+
+Andábamos muy despacio, por una avenida orillada de árboles y casas
+blancas. De repente, detúvose el cochero.
+
+--_¡Da!_--me dijo, señalándome una casita oculta bajo las acacias, y que
+me pareció muy silenciosa y retirada para ser una Embajada. En un ángulo
+de la pared brillaban junto a una puerta tres botones de cobre
+superpuestos. Tiro de uno al azar, ábrese la puerta y entro en un
+vestíbulo elegante y cómodo, con flores y alfombras por doquier. En la
+escalera estaban colocadas media docena de camareras bávaras que habían
+acudido al oír mi campanillazo, con aquel aspecto de pájaros sin alas
+tan poco gracioso, que tienen todas las mujeres del lado allá del Rhin.
+
+Pregunto:--¿Embajada Francesa?--Me lo hacen repetir dos veces y hete
+aquí que empiezan a reír, pero a reír haciendo retemblar la baranda con
+sus estremecimientos. Me vuelvo furioso hacia mi cochero, y le hago
+comprender a fuerza de gestos que se ha equivocado, que la Embajada no
+está allí.
+
+--Ya, ya--responde el hombrecillo sin inmutarse, y volvemos a Munich.
+
+Forzoso es creer que nuestro embajador de entonces variaba de
+domicilio, frecuentemente, o bien que por no alterar mi cochero las
+costumbres de su coche se le había antojado hacerme visitar, que quieras
+que no, la ciudad y sus inmediaciones. Lo cierto es que pasamos toda la
+mañana recorriendo Munich en todos los sentidos, en busca de aquella
+fantástica Embajada. Después de otros dos o tres intentos, acabé por no
+apearme ya del coche. El cochero iba y venía, deteníase en ciertas
+calles y hacía como que se informaba. Me dejé llevar sin hacer otra cosa
+que mirar en mi derredor. ¡Qué ciudad más aburrida y fría ese Munich,
+con sus grandes paseos, sus alineados palacios, sus calles
+extraordinariamente anchas y donde resuenan los pasos, su museo al aire
+libre de notabilidades bávaras tan muertas dentro de sus blancas
+estatuas!
+
+¡Qué gran número de columnas, de arcos, de frescos, de obeliscos, de
+templos griegos, de propíleos, de dísticos en letras doradas sobre los
+frontones! Todo esto esforzándose por parecer grandioso, pero parece
+como que se siente el vacío y el énfasis de aquella falsa grandeza, al
+ver en todos los confines de las avenidas los arcos triunfales por
+donde no pasa más que el horizonte, los pórticos abiertos sobre el
+espacio azul. Del mismo modo me imagino yo esas ciudades fantásticas,
+mezcla de Italia y de Alemania, por donde Musset hace pasearse el
+incurable tedio de su Fantasio y la peluca solemne y necia del príncipe
+de Mantua.
+
+Cinco o seis horas duró esta carrera en coche, después de las cuales el
+cochero volvió a llevarme triunfalmente al patio de la _Grappe-Bleue_,
+haciendo restallar su látigo, orgullosísimo de haberme enseñado a
+Munich. En cuanto a la Embajada, terminé por encontrarla dos calles más
+allá de mi fonda, pero el descubrimiento no me sirvió para nada, porque
+el canciller se negó a darme pasaporte para Würzburgo. Según parece,
+éramos muy mal vistos por aquellos días en Baviera, un francés no
+hubiera podido aventurarse sin peligro hasta los puestos avanzados.
+Fueme por lo tanto preciso aguardar en Munich a que la señora de
+Sieboldt tuviera ocasión de hacer llegar a mis manos la tragedia
+japonesa.
+
+
+
+
+IV
+
+EL PAÍS DE LO AZUL
+
+
+¡Rareza humana! Esos buenos bávaros, que tanto nos vituperaban por no
+haberles ayudado en esa guerra, no experimentaban la más mínima
+animosidad contra los prusianos. Ni vergüenza por las derrotas, ni odio
+al vencedor. ¡Es el primer ejército del mundo!--me decía orgulloso el
+fondista de la _Grappe-Bleue_, al siguiente día de la batalla de
+Kissingen;--y ésa era la opinión general en Munich. En los cafés
+arrebatábanse de las manos los periódicos de Berlín. Reían hasta
+desternillarse las cuchufletas del _Kladderadatsch_, esas burdas
+chacotas berlinesas tan pesadas como el famoso martillo-pilón de la
+fábrica de Krupp, de cincuenta mil kilogramos. No dudando nadie acerca
+de la próxima entrada de los prusianos, cada cual preparábase a
+recibirlos bien. Las cervecerías almacenaban gran número de salchichas
+y de cochinillos de leche. En las casas particulares preparaban
+alojamientos de oficiales.
+
+Los únicos que mostraban alguna inquietud eran los Museos. Un día, al
+entrar en la Pinacoteca, encontré desnudas las paredes, y a los
+empleados clavando grandes cajones llenos de cuadros preparados para
+salir hacia el Sur. Se temía que el vencedor, muy respetuoso para con la
+propiedad particular, no lo fuese tanto con las colecciones del Estado.
+Por esta razón, de todos los Museos de la ciudad, sólo permanecía
+abierto el del señor de Sieboldt. En su calidad de oficial holandés y
+condecorado con la cruz del Aguila de Prusia, pensaba el coronel que
+nadie intentaría atacar su colección en su presencia. Y mientras
+esperaba la llegada de los prusianos, paseábase con su uniforme de gala
+a través de los tres largos salones que el Rey le había concedido en el
+jardín de la corte, especie de Palais-Royal más verde y tétrico que el
+francés, rodeado de claustrales muros pintados al fresco.
+
+Esas curiosidades expuestas con rótulos en ese gran palacio triste
+constituían, efectivamente, un museo, conjunto melancólico de cosas
+traídas de países muy lejanos, separadas de su medio ambiente. El mismo
+veterano Sieboldt parecía que formaba parte de él por su aspecto
+extraño. Todos los días lo visitaba y pasábamos juntos largas horas
+hojeando esos manuscritos japoneses ilustrados con láminas, esos libros
+científicos o históricos, unos tan inmensos que no se podían abrir más
+que en el suelo, otros tan largos como una uña, solamente legibles con
+una lupa muy potente, dorados, finos, preciosos. El señor de Sieboldt me
+hacía admirar su enciclopedia japonesa en noventa y dos tomos, o me
+traducía una oda del _Hiah-nin_, obra valiosísima que había sido
+publicada bajo los auspicios de los emperadores japoneses, y donde están
+las biografías, los retratos y fragmentos líricos de los cien poetas más
+famosos del Imperio. Después ordenábamos su colección de armas, los
+cascos de oro con anchas carrilleras, las corazas, las cotas de mallas y
+esos largos sables de mandoble que requirieron su caballero templario y
+con los cuales puede abrirse el vientre tan bien.
+
+Explicábame las divisas de amor pintadas sobre las frágiles láminas de
+nácar, me introducía en los hogares domésticos japoneses mostrándome el
+modelo de su casa en Yeddo, una miniatura de laca, al que no faltaba un
+solo detalle, desde las cortinillas de seda de las ventanas hasta las
+grutas artificiales de rocalla del jardín, un jardinillo minúsculo
+adornado con plantas enanas de la flora indígena. Lo que me agradaba
+también mucho eran los objetos del culto japonés, sus diminutos dioses
+de madera pintada, las casullas, los vasos sagrados y esas capillas
+portátiles, verdaderos teatros de muñecas, que conservan los fieles en
+un rincón de su casa. Los pequeños ídolos rojos están alineados en el
+fondo, hacia adelante pende una cuerdecita con nudos. Al ir a comenzar
+el japonés su oración, se inclina y toca con este cordón un timbre que
+brilla junto al altar, excitando de este modo la atención de sus dioses.
+Tenía yo un placer infantil en hacer sonar estos timbres mágicos y
+dejando que mis ensueños volasen en alas de esas ondas sonoras hasta el
+fondo de esas Asias orientales donde el sol que nace parece haberlo
+dorado todo, desde las hojas de sus enormes sables hasta los cantos de
+sus diminutos libros.
+
+Las calles de Munich producíanme un extraño efecto al salir de allí con
+los ojos deslumbrados por todos aquellos reflejos de laca y jade, por
+los chillones colores de los mapas geográficos, especialmente los días
+en que el coronel me había leído una de aquellas odas japonesas de una
+poesía casta, sublime, tan original como profunda. El Japón y Baviera,
+estos dos países nuevos para mí, que iba conociendo casi al mismo
+tiempo, mirando al uno al través del otro, se mezclaban y confundían
+dentro de mi cerebro, convertidos en una especie de paisaje vago, en el
+país de lo azul. Aquella línea azulada de los viajes que acababa de
+contemplar en las tazas japonesas, representando los rasgos de las nubes
+y el boceto de las aguas, la percibía en los azulados frescos de los
+muros. ¡Y esos soldados azules que se adiestraban en el manejo de las
+armas en las plazas, con sus cascos japoneses, y ese cielo despejado y
+tranquilo, azul como la flor del _Vergiss-meinnicht_, y ese cochero
+azul, que me conducía a la fonda de la _Grappe-Bleue_!
+
+
+
+
+V
+
+PASEO SOBRE EL STARNBERG
+
+
+También se armonizaba con las visiones azuladas del país entrevisto por
+mí el lago centelleante, que espejea en lo más recóndito de mi memoria.
+Sólo con escribir ese nombre de Starnberg, he vuelto a ver cerca de
+Munich la extensa superficie de agua, tersa, llena de cielo, familiar y
+viva por el humo de un vaporcillo que costeaba sus orillas. Rodeándola,
+las obscuras masas de los grandes parques, separadas de trecho en
+trecho, y como rotas por la blancura de las casas de campo. Más arriba
+villorrios con los aleros apiñados, nidos de casas colocados sobre los
+ribazos escarpados, más arriba aún, las montañas del Tirol, lejanas, del
+color del aire en que flotan, y en un extremo de ese cuadro algo
+clásico, pero tan encantador, el viejo, viejísimo batelero, con sus
+largas polainas y su chaleco rojo con botones de plata, quien me paseó
+un domingo entero enorgulleciéndose de llevar un francés en su barca.
+
+No era la primera vez que disfrutaba semejante honor. Acordábase
+perfectamente de haber hecho pasar en su juventud el Starnberg a un
+oficial. Hacía de esto sesenta años, y por el respeto con que me hablaba
+el buen hombre, comprendí la impresión que debió de causarle aquel
+francés de 1806, algún gracioso Oswaldo del primer imperio, con su
+pantalón colán, sus botas con arrugas en la caña, un gigantesco
+_schapska_ y atrevimientos de vencedor. Si el barquero del Starnberg
+vive todavía, dudo que admire tanto a los franceses.
+
+Los habitantes de Munich pasean sus alegrías del domingo sobre ese
+hermoso lago y dentro de los abiertos parques de las residencias que lo
+circundan. La guerra no había alterado esta costumbre: El día que yo
+pasé en él, al borde del agua, estaban atestados de gente los
+merenderos, gruesas señoras sentadas en corro ahuecaban sus faldas sobre
+las praderas. Por entre las ramas que se cruzan sobre el lago azul,
+veíanse grupos de Gretchen y de estudiantes, envueltos en una aureola de
+humo de las pipas. Algo más lejos, en un claro del parque Maximiliano,
+una boda de campesinos, lucida y ruidosa, bebía delante de largas tablas
+colocadas en banquillos, en tanto que un guarda de monte, con uniforme
+verde y escopeta en mano, en la actitud de un hombre que dispara,
+enseñaba a manejar ese maravilloso fusil de aguja, que con tanto éxito
+empleaban los prusianos. Me era necesario el verlo para acordarme de que
+se combatía a tan corta distancia de nosotros. Y sin embargo, era de
+creer que había guerra, puesto que aquella misma noche, cuando regresaba
+a Munich, vi en una plazuela, abrigada y recogida como una capilla de
+iglesia, cirios que ardían alrededor de una _Maria-Säule_, y mujeres
+arrodilladas, cuyos prolongados sollozos eran interrumpidos por las
+plegarias.
+
+
+
+
+VI
+
+LA BAVARIA
+
+
+No obstante lo mucho que desde hace algunos años se ha escrito acerca de
+la patriotería francesa, nuestras necedades patrióticas, nuestras
+vanidades y nuestras fanfarronadas, no creo que exista en Europa un
+pueblo más pretencioso, más vano, más infatuado consigo mismo que el
+pueblo de Baviera. Su cortísima historia, diez páginas sueltas de la de
+Alemania, puede leerse en las calles de Munich, gigantesca,
+desproporcionada, toda en pinturas y en monumentos, como uno de esos
+libros que se regalan a los niños como aguinaldo, con poco texto y
+muchas láminas. En París sólo tenemos un arco de triunfo. En Baviera hay
+diez, el pórtico de las Victorias, el pórtico de los Mariscales, y no sé
+cuántos obeliscos erigidos _Al valor heroico de los guerreros bávaros_.
+
+Ser grande hombre en este país es conveniente, porque está seguro de
+que su nombre será grabado en todas partes en mármoles y bronces, y se
+le erigirá una estatua, por lo menos, en medio de una plaza o en lo alto
+de algún friso entre victorias de mármol blanco. Esa monomanía por las
+estatuas, las apoteosis y los monumentos conmemorativos, hasta tal
+extremo llega entre estas buenas gentes, que en las esquinas de las
+calles tienen puestos pedestales vacíos, dispuestos para los
+desconocidos grandes hombres que surjan en el porvenir. En este momento
+deben de estar ya ocupados casi todos ellos. ¡Les ha suministrado la
+guerra de 1870 tantos héroes, tantos episodios gloriosos!
+
+Me complazco figurarme, por ejemplo, al ilustre general _von der_ Than
+ligero de ropas, según la antigua usanza, en medio de un verde
+jardinillo, con un hermoso pedestal adornado con bajos relieves que
+representen por un lado los _Guerreros bávaros incendiando la aldea de
+Bareilles_, y por el otro, los _Guerreros bávaros rematando a los
+heridos franceses en la ambulancia de Woerth_. ¡Qué grandioso monumento
+será!
+
+No contentos con tener tan profusamente esparcidos por la ciudad sus
+grandes hombres, los bávaros los han reunido en un templo construido a
+las puertas de Munich, y al cual denominan la _Sala de la gloria_. Bajo
+un ancho pórtico con columnas de mármol que dan vuelta formando tres
+lados de un cuadrado, están colocados en repisas los bustos de los
+electores, de los reyes, de los generales, de los abogados, etcétera.
+(El catálogo está de venta en la portería).
+
+Algo delante elévase una colosal estatua, una _Bavaria_ de noventa y dos
+pies de altura, erguida sobre el último rellano de una de esas grandes
+escalinatas tan melancólicas que ascienden al descubierto entre el verde
+follaje de los jardines públicos. Con su piel de león al hombro, su
+espada en una mano, y la corona de la gloria (¡en todas partes la
+gloria!) en la otra, al ver aquella inmensa mole de bronce, al fin de
+uno de esos días de agosto en que las sombras se alargan de un modo
+extraordinario, llenaba la silenciosa llanura con su actitud enfática.
+Alrededor de ella, a lo largo de la columnata, los perfiles de los
+hombres célebres hacían muecas al sol poniente. ¡Y todo aquello tan
+desolado, tan tétrico! Al oír resonar mis pasos sobre las losas, volvía
+a experimentar aquella impresión de grandeza en el vacío que me
+atormentaba desde mi llegada a Munich.
+
+Una escalerilla de fundición asciende dando vueltas por el interior de
+la _Bavaria_. Se me antojó subir hasta lo más alto y sentarme un momento
+dentro de la cabeza del coloso, un saloncito redondo alumbrado por dos
+ventanas que son los ojos. A pesar de esos ojos abiertos un dirección al
+horizonte azul de los Alpes, el calor allá dentro era asfixiante. El
+bronce caldeado por el sol, me envolvía en un calor pesadísimo. Fueme
+preciso bajar más que a escape. Pero, lo mismo da. Eso me fue suficiente
+para conocerte, ¡oh, gran _Bavaria_ inflada y sonora! Había visto tu
+pecho sin corazón, tus rollizos brazos de cantante hinchados y sin
+músculos, tu espada de metal repujado, y sentido dentro de tu hueca
+cabeza la pesada borrachera y el aplanamiento cerebral de un bebedor de
+cerveza. ¡Y pensar que, al emprender esa insensata guerra de 1870,
+contaron contigo nuestros diplomáticos! ¡Ah, si ellos se hubiesen
+tomado también la molestia de subir por dentro de la _Bavaria_!
+
+
+
+
+VII
+
+¡EL EMPERADOR CIEGO!
+
+
+A los diez días de estancia en Munich, no había recibido aún ninguna
+noticia de mi tragedia japonesa. Comenzaba a desesperar de poseerla,
+cuando una noche, en el jardín de la cervecería donde acostumbrábamos
+comer, vi llegar a mi coronel con la cara llena de júbilo.
+
+--¡Ya está en mi poder!--me dijo,--venga mañana por la mañana al museo.
+La leeremos juntos. ¡Ya verá qué bonita es!
+
+Estaba muy animado aquella noche. Sus ojos brillaban al hablar. Recitaba
+en alta voz pasajes de la tragedia e intentaba cantar los coros. Más de
+una vez creyose obligada su sobrina a hacerle callar:--¡Tío, tío!--Yo
+atribuía aquella fiebre, aquella exaltación, a un puro entusiasmo
+lírico. Efectivamente, eran muy bellos los fragmentos que me recitaba,
+y sentía prisa por posesionarme de mi obra maestra.
+
+Al día siguiente, al llegar al jardín de la corte, sorprendiome
+extraordinariamente el encontrar cerrada la sala de las colecciones. La
+ausencia del museo era tan extraña en el coronel, que corrí a su
+domicilio con una vaga inquietud. La calle en que habitaba, una calle
+del arrabal, tranquila y corta, con jardines y casitas bajas, me pareció
+más agitada que de ordinario.
+
+La gente charlaba formando corrillos delante de las puertas. La de la
+casa de Sieboldt estaba cerrada, pero las persianas no.
+
+Todo era entrar y salir las gentes con aspecto triste. Presentíase allí
+una de esas catástrofes sumamente grandes para caber dentro del hogar, y
+que se desbordan hasta el exterior. Cuando llegué, percibí gemidos
+sollozantes. Salían del fondo de un pequeño corredor, de dentro de una
+gran habitación atestada y clara como una sala de estudios. Veíase en
+ella una larga mesa de madera blanca, libros, manuscritos, anaqueles con
+colecciones, álbums encuadernados en brocato de seda; pendientes de la
+pared había armas japonesas, estampas, grandes mapas geográficos, y
+entre ese desbarajuste de viajes y de estudios, el coronel tendido sobre
+su cama, con sus largas barbas blancas sobre su pecho, y la pobrecilla
+sobrina llorando de rodillas en un rincón.
+
+El señor de Sieboldt había muerto repentinamente aquella noche.
+
+No quise detenerme más y aquella misma tarde salí de Munich sin ánimo
+para perturbar toda aquella desolación nada más que por un antojo
+literario, y por esta causa no pude saber de la maravillosa tragedia
+japonesa más que el título: _¡El Emperador ciego!_ Más tarde he
+presenciado la representación de otra tragedia, a la cual hubiera
+convenido perfectamente este título importado de Alemania: tragedia
+siniestra, saturada de lágrimas y sangre, y que no tenía nada de
+japonesa.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Cartas de mi molino, by Alphonse Daudet
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS DE MI MOLINO ***
+
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+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
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+copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
+
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+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
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+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
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+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
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+
+1.F.
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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@@ -0,0 +1,6025 @@
+<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
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+<title>
+ The Project Gutenberg eBook of Cartas de mi molino, por Alfonso Daudet.
+</title>
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+
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+<pre>
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+The Project Gutenberg EBook of Cartas de mi molino, by Alphonse Daudet
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Cartas de mi molino
+
+Author: Alphonse Daudet
+
+Translator: F. Cabañas
+
+Release Date: August 16, 2009 [EBook #29706]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS DE MI MOLINO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
+
+
+
+
+
+
+</pre>
+
+<hr />
+
+<p class="c">
+<img src="images/cover.jpg"
+alt="cubierto"
+width="383"
+height="550"
+/></p>
+
+<p class="c un top15">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; BIBLIOTECA DE «LA NACION» &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
+
+<h2>ALFONSO DAUDET</h2>
+
+<h1>CARTAS DE MI MOLINO</h1>
+
+<p class="c"><span class="smcap">TRADUCCIÓN DE</span> F. CABAÑAS</p>
+
+<p class="c"><img src="images/001.png"
+alt="logo"
+width="75"
+height="78"
+/></p>
+
+<p class="c"><b>BUENOS AIRES<br />
+1911</b></p>
+
+<p class="c">Reservados los derechos de traducción.</p>
+
+<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Nación</span>.&mdash;Buenos Aires</p>
+
+<hr />
+
+<h3>INDICE</h3>
+
+
+<ul class="toc">
+<li><a href="#ACTA_NOTARIAL">Acta notarial</a></li>
+<li><a href="#CARTAS_DE_MI_MOLINO">Cartas de mi molino</a></li>
+<li><a href="#LA_DILIGENCIA_DE_BEAUCAIRE">La Diligencia de Beaucaire</a></li>
+<li><a href="#LA_MULA_DEL_PAPA">La Mula del Papa</a></li>
+<li><a href="#EL_FARO_DE_LAS_SANGUINARIAS">El Faro de las Sanguinarias</a></li>
+<li><a href="#LA_AGONIA_DE_LA_GOLETA_LIGERA">La Agonia de la goleta</a></li>
+<li><a href="#LOS_ADUANEROS">Los Aduaneros</a></li>
+<li><a href="#LOS_VIEJOS">Los Viejos</a></li>
+<li><a href="#EL_SUBPREFECTO_EN_EL_CAMPO">El Subprefecto en el campo</a></li>
+<li><a href="#EL_POETA_MISTRAL">El Poeta Mistral</a></li>
+<li><a href="#LAS_NARANJAS">Las Naranjas</a></li>
+<li><a href="#EN_MILIANAH">En Milianah</a></li>
+<li><a href="#LA_LANGOSTA">La Langosta</a></li>
+<li><a href="#EN_CAMARGUE">En Camargue</a>
+<ul>
+<li><a href="#Ia">I.&mdash;La Partida</a></li>
+<li><a href="#IIa">II.&mdash;La Cabaña</a></li>
+<li><a href="#IIIa">III.&mdash;¡A la espera!</a></li>
+<li><a href="#IVa">IV:&mdash;Rojo y blanco</a></li>
+<li><a href="#Va">V.&mdash;El Vaccarés</a></li>
+</ul></li>
+<li><a href="#NOSTALGIA_DE_CUARTEL">Nostalgia de cuartel</a></li>
+<li><a href="#LAS_EMOCIONES_DE_UN_PERDIGON">Las Emociones de un perdigón rojo</a></li>
+<li><a href="#EL_EMPERADOR_CIEGO">El Emperador ciego o viaje a Bavaria para buscar una tragedia
+japonesa:</a>
+<ul><li><a href="#Ib">I.&mdash; El Señor coronel de Sieboldt</a></li>
+<li><a href="#IIb">II.&mdash;La Alemania del Sur</a></li>
+<li><a href="#IIIb">III.&mdash;En «Droschke»</a></li>
+<li><a href="#IVb">IV.&mdash;El País de lo azul</a></li>
+<li><a href="#Vb">V.&mdash;Paseo sobre el Starnberg</a></li>
+<li><a href="#VIb">VI.&mdash;La Bavaria</a></li>
+<li><a href="#VIIb">VII.&mdash;El Emperador ciego</a></li>
+</ul></li>
+</ul>
+
+
+<hr />
+
+
+<h3><a name="ACTA_NOTARIAL" id="ACTA_NOTARIAL"></a>ACTA NOTARIAL</h3>
+
+
+<p>«Compareció ante mí, Honorato Grapazi, notario
+residente en Pamperigouste:</p>
+
+<p>»El señor Gaspar Mitifio, esposo de Vivette
+Cornille, avecindado y residente en el lugar
+denominado Los Cigarrales;</p>
+
+<p>»Quien, por la presente escritura, vende y
+transfiere con todas las garantías de hecho y
+de derecho, y libre completamente de deudas,
+privilegios e hipotecas,</p>
+
+<p>»Al señor Alfonso Daudet, poeta, que reside
+en París, aquí presente y aceptante,</p>
+
+<p>»Un molino harinero de viento, situado en
+el valle del Ródano, en la Provenza, sobre una
+ladera poblada de pinos y carrascas; cuyo
+molino está abandonado desde hace más de
+veinte años e inservible para la molienda a
+causa de las vides silvestres, musgos, romeros
+y otras hierbas parásitas que ascienden por él
+hasta las aspas.</p>
+
+<p>»Sin embargo, a pesar de su estado ruinoso,
+con su gran rueda rota, y la plataforma llena
+de hierba nacida entre los ladrillos, el señor
+Alfonso Daudet declara convenirle el citado
+molino y, encontrándolo apto para servir en
+sus trabajos de poesía, lo toma por su cuenta
+y riesgo, y sin reclamar nada contra el vendedor
+por causa de las reformas que necesitará
+introducir en él.</p>
+
+<p>»La venta se hace al contado y mediante el
+precio convenido, que el señor Daudet, poeta,
+ha mostrado y colocado sobre la mesa en dinero
+contante y sonante, cuyo precio ha sido
+cobrado y guardado por el señor Mitifio; todo
+ello a vista del notario y testigos que suscriben,
+de lo cual se extiende carta de pago
+con reserva.</p>
+
+<p>»Contrato elevado en Pamperigouste, en el
+estudio de Honorato, estando presentes Francet
+Mamaï, tañedor de pífano, y Luiset, alias
+el <i>Quique</i>, portador de la cruz de los penitentes
+blancos.</p>
+
+<p>»Los cuales firman con las partes y el notario,
+previa lectura...»</p>
+
+
+
+<h3><a name="CARTAS_DE_MI_MOLINO" id="CARTAS_DE_MI_MOLINO"></a>CARTAS DE MI MOLINO</h3>
+
+<p class="cabeza">INSTALACIÓN</p>
+
+
+<p>¡Valiente susto les he dado a los conejos!
+Acostumbrados a ver durante tanto tiempo
+cerrada la puerta del molino, las paredes y la
+plataforma invadidas por la hierba, creían ya
+extinguida la raza de los molineros, y encontrando
+buena la plaza, habíanla convertido en
+una especie de cuartel general, un centro de
+operaciones estratégicas, el molino de Jemmapes
+de los conejos. Sin exageración, lo menos
+veinte vi sentados alrededor de la plataforma,
+calentándose las patas delanteras en un rayo
+de luna, la noche en que llegué al molino. Al
+abrir una ventana, ¡zas! todo el vivac sale de
+estampía a esconderse en la espesura, enseñando
+las blancas posaderas y rabo al aire. Supongo
+que volverán.</p>
+
+<p>Otro que también se sorprende mucho al verme,
+es el vecino del piso primero, un viejo
+búho, de siniestra catadura y rostro de pensador,
+el cual reside en el molino hace ya más de
+veinte años. Lo encontré en la cámara del sobradillo,
+inmóvil y erguido encima del árbol de
+cama, en medio del cascote y las tejas que se
+han desprendido. Sus redondos ojos me miraron
+un instante, asombrados, y, después, despavorido
+al no conocerme, echó a correr chillando.
+¡Hu, hu! y sacudió trabajosamente las
+alas, grises de polvo; ¡qué diablo de pensadores,
+no se cepillan jamás! No importa, tal como
+es, con su parpadeo de ojos y su cara enfurruñada,
+ese inquilino silencioso me agrada
+más que cualquiera otro, y no me corre prisa
+desahuciarlo. Conserva, como antes de habitario
+yo, toda la parte alta del molino con una entrada
+por el tejado; yo me reservo la planta
+baja, una piececita enjalbegada con cal, con la
+bóveda rebajada como el refectorio de un convento.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Desde ella escribo con la puerta abierta de
+par en par, y un sol espléndido.</p>
+
+<p>Un hermoso bosque de pinos, chispeante de
+luces, se extiende ante mí hasta el pie del repecho.
+En el horizonte destácanse las agudas
+cresterías de los Alpilles. No se percibe el ruido
+más insignificante. A lo sumo, de tarde en
+tarde, el sonido de un pífano entre los espliegos,
+un collarón de mulas en el camino. Todo
+ese magnífico paisaje provenzal sólo vive por
+la luz.</p>
+
+<p>Y actualmente, ¿cómo he de echar de menos
+ese París ruidoso y obscuro? ¡Estoy tan
+bien en mi molino! Este es el rinconcito que
+yo anhelaba, un rinconcito perfumado y cálido,
+a mil leguas de los periódicos, de los coches
+de alquiler, de la niebla. ¡Y cuántas lindas
+cosas me rodean! No hace más de una semana
+que me he instalado aquí, y tengo llena
+ya la cabeza de impresiones y recuerdos. Ayer
+tarde, por no ir más lejos, presencié el regreso
+de los rebaños a una <i>masía</i> situada al pie de
+la cuesta, y les juro que no cambiaría ese espectáculo
+por todos los estrenos que hayan tenido
+ustedes en esta semana en París. Y si no,
+juzguen.</p>
+
+<p>Sabrán que en Provenza se acostumbra enviar
+el ganado a los Alpes cuando llegan los calores.
+Brutos y personas permanecen allí arriba
+durante cinco o seis meses, alojados al sereno,
+con hierba hasta la altura del vientre;
+después, cuando el otoño empieza a refrescar la
+atmósfera, vuelven a bajar a la <i>masía</i>, y vuelta
+a rumiar burguesmente
+los grises altozanos
+perfumados por el romero. Quedábamos en que
+ayer tarde regresaban los rebaños. Desde por
+la mañana esperaba el zaguán, de par en par
+abierto, y el suelo de los apriscos había sido
+alfombrado de paja fresca. De hora en hora exclamaba
+la gente: «Ahora están en Eyguières,
+ahora en el Paradón.» Luego, repentinamente,
+a la caída de la tarde, un grito general de ¡ahí
+están! y allá abajo, en lontananza, veíamos
+avanzar el rebaño envuelto en una espesa nube
+de polvo. Todo el camino parece andar con él.
+Los viejos moruecos vienen a vanguardia, con
+los cuernos hacia adelante y aspecto montaraz;
+sigue a éstos el grueso de los carneros, las ovejas
+algo fatigadas y los corderos entre las patas
+de sus madres, las mulas con perendengues
+rojos, llevando en serones los lechales de un
+día, meciéndolos al andar; en último término,
+los perros, sudorosos y con la lengua colgante
+hasta el suelo, y dos rabadanes, grandísimos
+tunos, envueltos en mantas encarnadas, que
+les caen a modo de capas hasta los pies.</p>
+
+<p>Desfila este cortejo ante nosotros alegremente
+y se precipita en el zaguán, pateando con
+un ruido de chaparrón. Es digno de ver el
+movimiento de asombro que se produce en toda
+la casa. Los grandes pavos reales de color verde
+y oro, de cresta de tul, encaramados en sus
+perchas han conocido a los que llegan y los reciben
+con una estridente trompetería. Las aves
+de corral, recién dormidas, se despiertan sobresaltadas.
+Todo el mundo está en pie: palomas,
+patos, pavos, pintadas. El corral anda
+revuelto: las gallinas hablan de pasar en vela
+la noche. Diríase que cada carnero ha traído
+entre la lana, juntamente con un silvestre aroma
+de los Alpes, un poco de ese aire vivo de
+las montañas que embriaga y hace bailar.</p>
+
+<p>En medio de esa algarabía, el rebaño penetra
+en su yacija. Nada tan hechicero como esa
+instalación. Los borregos viejos enternécense
+al contemplar de nuevo sus pesebres. Los corderos,
+los lechales, los que nacieron durante el
+viaje y nunca han visto la granja, miran en
+derredor con extrañeza.</p>
+
+<p>Pero es mucho más enternecedor el ver los
+perros, esos valientes perros de pastor, atareadísimos
+tras de sus bestias y sin atender a otra
+cosa más que a ellas en la <i>masía</i>. Aunque el
+perro de guarda los llama desde el fondo de
+su nicho, y por más que el cubo del pozo, rebosando
+de agua fresca, les hace señas, ellos se
+niegan a ver ni a oír nada, mientras el ganado
+no esté recogido, pasada la tranca tras de la
+puertecilla con postigo, y los pastores sentados
+alrededor de la mesa en la sala baja. Sólo entonces
+consienten en irse a la perrera, y allí,
+mientras lamen su cazuela de sopa, refieren a
+sus compañeros de la granja lo que han hecho
+en lo alto de la montaña: un paisaje tétrico
+donde hay lobos y grandes plantas digitales
+purpúreas coronadas de fresco rocío hasta el
+borde de sus corolas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_DILIGENCIA_DE_BEAUCAIRE" id="LA_DILIGENCIA_DE_BEAUCAIRE"></a>LA DILIGENCIA DE BEAUCAIRE</h3>
+
+
+<p>En el mismo día de mi llegada aquí, había
+tomado la diligencia de Beaucaire, una gran
+carraca vieja y destartalada que no necesita
+recorrer mucho camino para regresar a casa,
+pero que se pasea con lentitud a todo lo largo
+de la carretera para hacerse, por la noche, la
+ilusión de que viene de muy lejos. Íbamos cinco
+en la baca, además del conductor.</p>
+
+<p>Un guarda de Camargue, hombrecillo rechoncho
+y velludo, que trascendía a montaraz,
+con ojos saltones inyectados de sangre y con
+aretes de plata en las orejas; después dos boquereuses,
+un tahonero y su yerno, los dos
+muy rojos, con mucho jadeo, pero de magníficos
+perfiles, dos medallas romanas con la efigie
+de Vitelio. Finalmente, en la delantera y
+junto al conductor, un hombre, o por decir mejor,
+un gorro, un enorme gorro de piel de conejo,
+quien no decía nada de particular y miraba
+el camino con aspecto de tristeza.</p>
+
+<p>Todos aquellos viajeros se conocían unos a
+otros, y hablaban de sus asuntos en voz alta,
+con mucha libertad. El camargués refería que
+regresaba de Nimes, citado por el juez de instrucción
+con motivo de un garrotazo que había
+dado a un pastor. En Camargue tienen
+sangre viva. ¿Pues y en Beaucaire? ¿No pretendían
+degollarse nuestros dos boquereuses a
+propósito de la Virgen Santísima? Parece ser
+que el tahonero era de una parroquia dedicada
+de mucho tiempo atrás a Nuestra Señora, a la
+que los provenzales conocen por el piadoso nombre
+de la Buena Madre y que lleva en brazos al
+Niño Jesús; el yerno, por el contrario, cantaba
+ante el facistol de una iglesia recién construida
+y consagrada a la Inmaculada Concepción,
+esa hermosa imagen risueña que se representa
+con los brazos colgantes y despidiendo
+rayos de luz las manos. De ahí procedía la
+inquina. Merecía verse cómo se trataban esos
+dos buenos católicos y cómo ponían a sus patronas
+celestiales.</p>
+
+<p>&mdash;¡Está buena tu Inmaculada!</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues mira que tu Santa Madre!</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenas las corrió la tuya en Palestina!</p>
+
+<p>&mdash;¡Y la tuya, tan horrorosa! ¿Quién sabe
+lo que habrá hecho? Que lo diga si no San
+José.</p>
+
+<p>Para creerse en el puerto de Nápoles, no
+faltaba más que ver relucir las navajas, y a fe
+mía, creo que efectivamente la teológica disputa
+hubiera parado en eso, si el conductor no
+hubiera intervenido.</p>
+
+<p>&mdash;Déjennos en paz con sus vírgenes&mdash;dijo
+riéndose a los boquereuses;&mdash;todo eso son chismes
+de mujeres, y en los que los hombres no
+deben intervenir.</p>
+
+<p>Cuando concluyó hizo restallar la tralla con
+un mohín escéptico que afilió a su opinión a
+todos los viajeros.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>La discusión estaba terminada, pero, disparado
+ya el tahonero, necesitaba desahogarse
+con alguien, y dirigiéndose al infeliz del gorro,
+silencioso y triste en un rincón, preguntole con
+aire picaresco.</p>
+
+<p>&mdash;Amolador, ¿y tu mujer? ¿Por qué parroquia
+está?</p>
+
+<p>Es necesario creer que esta frase tendría una
+intención muy cómica, puesto que en la baca
+todo el mundo se rió a carcajadas. El amolador
+no se reía. Al ver esto, el tahonero dirigiose
+a mí.</p>
+
+<p>&mdash;¿No conoce usted, caballero, a la mujer
+del amolador? ¡Vaya con la picaruela de la
+feligresa! En Beaucaire no existen dos como
+ella.</p>
+
+<p>Redobláronse las risas. El amolador no se
+movió, limitándose a decir en voz baja, sin alzar
+la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, tahonero.</p>
+
+<p>Pero al demonio del tahonero no le acomodaba
+el callarse, y prosiguió acentuando la
+burla:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cáspita! No puede quejarse el camarada
+de tener una mujer así. No hay medio de aburrirse
+con ella un instante. ¡Figúrese usted!
+Una hermosa que se hace robar cada seis meses,
+siempre tendrá algo que referir cuando
+vuelve. Pues es igual. ¡Bonito hogar doméstico!
+Imagínese usted, señor, que todavía no hacía
+un año que estaban casados cuando ¡paf!
+va la mujer y se larga a España con un vendedor
+de chocolate. El esposo se queda solito
+en la casa gimoteando y bebiendo. Estaba como
+loco. Después de algún tiempo regresó al
+país la hermosa, vestida de española, con una
+pandereta de sonajas. Todos le decíamos:</p>
+
+<p>&mdash;Ocúltate, porque te va a matar.</p>
+
+<p>Que si quieres, ¡matar! Volvieron a unirse
+muy tranquilos, y ella le ha enseñado a tocar la
+pandereta.</p>
+
+<p>Hubo una nueva explosión de risas. Sin levantar
+la cabeza, murmuró de nuevo el amolador
+desde su rincón:</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, tahonero.</p>
+
+<p>Pero éste no hizo caso, y continuó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pensará usted, señor, que sin duda al
+volver de España permaneció quieta la hermosa?
+¡Quia! ¡Que si quieres! ¡Su marido había
+tomado aquello con tanta calma! Eso la
+animó para volver a las andadas. Después del
+español, hubo un oficial, a éste siguió un marinero
+del Ródano, más tarde un músico, después,
+¡qué sé yo! Y lo más notable del caso
+es que a cada escapatoria se representaba la
+misma comedia y con igual aparato. La mujer
+se marcha, el marido llora que se las pela, vuelve
+ella, consuélase él. Y siempre se la llevan, y
+siempre la recobra. ¡Ya ve usted si necesita tener
+paciencia ese marido! Debe también decirse
+que la amoladora es extraordinariamente
+guapa... un verdadero bocado de cardenal, pizpireta,
+muy mona, bien formada y además tiene
+la piel muy blanca y los ojos de color de
+avellana que siempre miran a los hombres riéndose.
+¡Si por casualidad, querido parisiense,
+llega usted alguna vez a pasar por Beaucaire!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, calla, tahonero, te lo suplico!&mdash;volvió
+a exclamar el pobre amolador con voz desgarradora.</p>
+
+<p>En ese instante se paró la diligencia. Estábamos
+en la masía de los Anglores. Allí se apearon
+los dos boquereuses, y juro a ustedes que
+no hice nada por retenerlos. ¡Tahonero farsante!
+Estaba ya dentro del patio del cortijo, y
+todavía se oían sus carcajadas.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Al salir la gente, pareció quedarse vacía la
+baca. El camargués habíase apeado en Arlés,
+el conductor marchaba a pie por la carretera,
+junto a los caballos. El amolador y yo, cada uno
+en su rincón respectivo, nos quedamos solos
+allá arriba, sin chistar. Hacía calor, el cuero
+de la baca echaba chispas. Por momentos sentí
+cerrárseme los ojos y que la cabeza se me ponía
+pesada, pero me fue imposible dormir.
+Continuaba sin cesar zumbándome en los oídos
+aquel «cállate, te lo suplico», tan melancólico
+y tan dulce. Tampoco dormía el infeliz. Situado
+yo detrás de él, veíale estremecerse sus cuadrados
+hombros, y su mano (una mano paliducha
+y vasta) temblar sobre el respaldo de la
+banqueta, como si fuera la mano de un viejo.
+Lloraba.</p>
+
+<p>&mdash;Ha llegado usted a su casa, señor parisiense&mdash;me
+gritó de repente el conductor de la diligencia,
+y con la fusta apuntaba a mi verde
+colina, con el molino clavado en la cúspide como
+una mariposa gigantesca.</p>
+
+<p>Bajé del vehículo apresuradamente. De paso
+junto al amolador, intenté mirar más abajo de
+su gorro, hubiese querido verlo antes de marcharme.
+Como si hubiera comprendido mi intención,
+el infeliz levantó bruscamente la cabeza,
+y clavando la vista en mis ojos, me dijo
+con voz sorda:</p>
+
+<p>&mdash;Míreme bien, amigo, y si oye usted decir
+algún día que ha ocurrido una desgracia en
+Beaucaire, podrá usted afirmar que conoce al
+autor de ella.</p>
+
+<p>Su rostro estaba apagado y triste, con ojos
+pequeños y mustios.</p>
+
+<p>Si en los ojos tenía lágrimas, en aquella voz
+había odio. El odio es la cólera de los pusilánimes.
+En el caso de la amoladora, no las tendría
+yo todas conmigo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_MULA_DEL_PAPA" id="LA_MULA_DEL_PAPA"></a>LA MULA DEL PAPA</h3>
+
+
+<p>Entre los innumerables dichos graciosos,
+proverbios o adagios con que adornan sus discursos
+nuestros campesinos de Provenza, no
+conozco ninguno más pintoresco ni extraño que
+éste. Junto a mi molino y quince leguas en redondo,
+cuando se habla de un hombre rencoroso
+y vengativo, suele decirse:</p>
+
+<p>«¡No te fíes de ese hombre, porque es como
+la mula del Papa, que te guarda la coz siete
+años!»</p>
+
+<p>Durante mucho tiempo he estado investigando
+el origen de este proverbio, qué quería
+decir aquello de la mula pontificia y esa coz
+guardada siete años. Nadie ha podido informarme
+aquí acerca del particular, ni siquiera
+Francet Mamaï, mi tañedor de pífano, quien
+conoce de pe a pa las leyendas provenzales.
+Francet piensa, lo mismo que yo, que debe de
+ser reminiscencia de alguna antigua crónica del
+país de Aviñón, pero no he oído hablar jamás
+de ella, sino tan sólo por el proverbio.</p>
+
+<p>&mdash;Sólo en la biblioteca de las Cigarras puede
+usted encontrar algún antecedente&mdash;me dijo el
+anciano pífano, riendo.</p>
+
+<p>No me pareció la idea completamente disparatada,
+y como la biblioteca de las Cigarras
+está cerca de mi puerta, fui a encerrarme ocho
+días en ella.</p>
+
+<p>Es una biblioteca maravillosa, admirablemente
+organizada, abierta constantemente para
+los poetas, y servida por pequeños bibliotecarios
+con címbalos que no cesan de dar música.
+Allí pasé algunos días deliciosos, y después
+de una semana de investigaciones (hechas
+de espaldas al suelo), descubrí, al fin, lo que
+deseaba, es decir, la historia de mi mula y de
+esa famosa coz guardada siete años. El cuento
+es bonito, aunque peque de inocente, y voy
+a tratar de narrarlo como lo leí ayer mañana
+en un manuscrito de color del tiempo, que olía
+muy bien a alhucema seca y cuyos registros
+eran largos hilos de la Virgen.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>No habiendo visto Aviñón en tiempo de los
+Papas, no se ha visto nada. Jamás existió ciudad
+alguna tan alegre, viva y animada como
+ella, en el ardor por los festejos. Desde la mañana
+a la noche, todo eran procesiones y peregrinaciones,
+con las calles alfombradas de flores,
+empavesadas con tapices, llegadas de cardenales
+por el Ródano, ondeando al viento los
+estandartes, flameantes de gallardetes las galeras,
+los soldados del Papa entonando por las
+calles cánticos en latín, acompañados de las
+matracas de los frailes mendicantes; después, de
+arriba abajo de las casas que se apiñaban zumbando
+alrededor del gran palacio papal como
+abejas en torno de su colmena, percibíase también
+el tic tac de los bolillos que hacían randas,
+el vaivén de las lanzaderas que confeccionaban
+los tisúes de oro para las casullas, los martillitos
+de los cinceladores de vinajeras, las tablas
+de armonía ajustadas en los talleres de guitarrero,
+las canciones de las urdidoras, y sobresaliendo
+entre todos estos ruidos el tañido de
+las campanas y algunos sempiternos tamboriles
+que roncaban allá abajo, hacia el puente.
+Porque entre nosotros, cuando el pueblo está
+contento, necesita estar siempre bailando, y
+como por aquellos tiempos las calles de la ciudad
+eran excesivamente estrechas para la farándula,
+pífanos y tamboriles situábanse en el
+puente de Aviñón, al viento fresco del Ródano,
+y día y noche se estaba allí baila que bailarás.
+¡Ah, qué dichosos tiempos, qué ciudad tan feliz!
+Alabardas que no cortaban, prisiones de
+Estado donde se ponía a refrescar el vino. Jamás
+hambre, nunca guerra. He aquí cómo gobernaban
+a su pueblo los Papas del Condado.
+¡Tal es la causa de que los eche tanto de menos
+el pueblo!</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Entre todos los Papas, merece citarse con
+especialidad uno que era un buen viejo, llamado
+Bonifacio... ¡Oh, qué muerte más llorada
+la suya! ¡Era un príncipe tan amable, tan
+gracioso! ¡Se reía tan bien desde lo alto de
+su mula! Y cuando alguno pasaba cerca de
+él, así fuese un pobrete hilandero de <i>rubia</i> o el
+gran Vegner de la ciudad, ¡le daba su bendición
+con tanta cortesía! Un verdadero «Papa
+de Ivetot», pero de un Ivetot de Provenza, con
+algo de picaresco en la risa, un tallo de mejorana
+en la birreta, y sin el más insignificante trapicheo...
+La única Juanota que siempre se le conoció
+a este santo padre era su viña, una viñita
+plantada por él mismo a tres leguas
+de Aviñón, entre los mirtos de Château-Neuf.</p>
+
+<p>Todos los domingos, concluidas las vísperas,
+el justo varón iba a requebrarla, y cuando estaba
+allí arriba sentado al grato sol, con su mula
+cerca, y en rededor suyo sus cardenales tendidos
+a la bartola, al pie de las cepas, entonces
+mandaba destapar un frasco de vino de su cosecha
+(ese hermoso vino, de color de rubí, conocido
+desde entonces acá por el nombre de
+<i>Château-Neuf de los Papas</i>), y lo saboreaba a
+sorbitos, mirando enternecido a su viña. Consumido
+el frasco, al caer de la tarde volvíase
+alegremente a la ciudad, seguido de toda su
+corte, y al atravesar el puente de Aviñón, en
+medio de los tamboriles y de las farándulas, su
+mula, espoleada por la música, emprendía un
+trotecillo saltarín mientras que él mismo marcaba
+el paso de la danza con la birreta, lo cual
+era motivo de escándalo para los cardenales,
+pero hacía exclamar a todo el pueblo: «¡Ah,
+qué gran príncipe! ¡Ah, valiente Papa!» Después
+de su viña de Château-Neuf, lo que más
+estimaba en el mundo el Papa era su mula. El
+bendito señor se pirraba por aquel cuadrúpedo.
+Todas las noches, antes de irse a la cama, iba
+a ver si estaba cerrada la cuadra, si tenía lleno
+el pesebre, y jamás abandonaba la mesa sin
+hacer preparar en su presencia un gran ponche
+de vino a la francesa, con mucho azúcar y
+aromas, que él mismo llevaba a su mula, a despecho
+de las observaciones de los cardenales...
+Es necesario decir también que la bestia valía
+la pena. Era una hermosa mula negra salpicada
+de alazán, firme de piernas, de pelo lustroso,
+grupa ancha y redonda, que llevaba erguida
+la enjuta cabecita guarnecida toda ella
+de perendengues, lazos, cascabeles de plata,
+borlillas; además de estas buenas cualidades,
+reunía otras que el Papa no apreciaba menos:
+era dulce como un ángel, de cándido mirar y
+con un par de orejas largas en constante bamboleo,
+que le daban aspecto bonachón... Todo
+Aviñón la respetaba, y cuando pasaba por las
+calles no había agasajos que no se le hiciesen,
+pues todos sabían que ése era el mejor medio
+de ser bien quisto en la corte, y que con su
+aire inocente, la mula del Papa había conducido
+a más de uno a la fortuna. Prueba de ello
+Tistet Védène y su maravillosa aventura.</p>
+
+<p>Era al principio este Tistet Védène un descarado
+granuja, a quien su padre Guy Védène,
+el escultor en oro, se había visto en la necesidad
+de arrojar de su casa, porque además de
+que no quería trabajar, maleaba a los aprendices.
+Durante seis meses viósele arrastrar su
+sayo por todos los arroyos de las calles de
+Aviñón, pero principalmente hacia la parte
+próxima al palacio papal; porque el pícaro tenía
+desde mucho tiempo antes sus ideas respecto
+a la mula del Papa, y van a ver que no
+iba descaminado... Un día que Su Santidad se
+paseaba a solas bajo las murallas con su bestia,
+se le acerca de buenas a primeras mi Tistet y
+le dice, juntando las manos con ademán de
+asombro:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, Dios mío, gran Padre Santo, hermosa
+mula tiene!... Permítame Vuestra Santidad
+que la contemple un poco... ¡Ah, Papa
+mío, qué mula tan maravillosa!... El emperador
+de Alemania no tiene otra tal.</p>
+
+<p>Y la acariciaba, y le decía dulcemente como
+a una señorita:</p>
+
+<p>&mdash;Ven acá, alhaja, tesoro, mi perla fina...</p>
+
+<p>Y el bueno del Papa, enternecido, decía para
+sus adentros:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué guapo mozo!... ¡Qué cariñoso está
+con mi mula!</p>
+
+<p>¿Y saben ustedes lo que ocurrió al siguiente
+día? Tistet Védène cambió su viejo tabardo
+amarillo por una preciosa alba de encajes, una
+capa de coro de seda violeta, unos zapatos con
+hebillas, e ingresó en la escolanía del Papa,
+donde antes de él no habían podido ingresar
+más que los hijos de nobles y sobrinos de cardenales...
+¡He ahí lo que es la intriga!... Pero
+Tistet no paró ahí.</p>
+
+<p>Protegido ya por el Papa y al servicio de éste,
+el bribonzuelo continuó la farsa que tan
+bien le había salido. Insolente con todo el mundo,
+sólo tenía atenciones y miramientos con la
+mula, y siempre andaba por los patios del palacio
+con un puñado de avena o una gavilla
+de zulla, cuyos rosados racimos sacudía graciosamente
+mirando al balcón del Padre Santo,
+como quien dice: «¡Jem!... ¿Para quién es
+esto?»</p>
+
+<p>Tantas cosas hizo, que a la postre el bueno
+del Papa, que se sentía envejecer, le confió el
+cuidado de vigilar la cuadra y llevar a la mula
+su ponche de vino a la francesa; lo cual movía
+ya a risa a los cardenales.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Tampoco era esto cosa de risa para la mula.
+Por entonces, a la hora de su vino, llegaban
+siempre junto a ella cinco o seis niños de coro,
+que se metían pronto entre la paja con su capa
+de color de violeta y su alba de encajes; después,
+al cabo de un momento, un buen olor
+caliente de caramelo y de aromas perfumaba
+la cuadra, y aparecía Tistet Védène llevando
+con precaución el ponche de vino a la francesa.
+Allí comenzaba el martirio del pobre animal.</p>
+
+<p>Aquel vino aromoso que tanto le agradaba,
+que le daba calor, que le ponía alas, cometían
+la crueldad de traérselo allí, a su pesebre, y
+hacérselo respirar; después, cuando tenía impregnadas
+en el olor las narices, ¡me alegro de
+verte bueno! ¡El hermoso licor de sonrosada
+llama era engullido completamente por aquellos
+granujas!... Y si no hubieran cometido más
+crimen que robarle el vino... Pero, todos esos
+seis eran unos diablos, en cuanto bebían... Uno
+le tiraba de las orejas, otro del rabo; Quiquet
+se le encaramaba en el lomo, Bélugnet le ponía
+su birrete, y ni uno solo de aquellos pícaros
+pensaba que de una corveta o de una sarta de
+coces el bueno del animal hubiera podido enviarlos
+a todos a las nubes y aunque fuese más
+lejos... ¡Pero, no! Por algo se es la mula del
+Papa, la mula de las bendiciones y de las indulgencias...
+Por muchas travesuras que hicieran
+los muchachos, ella no se enfadaba, y sólo
+a Tistet Védène guardaba ojeriza. Y, es claro,
+cuando sentía a éste detrás de sí, le daba comezón
+en los cascos, y no le faltaba razón para
+ello. ¡Ese granujilla de Tistet hacíale unas jugarretas
+tan feas! ¡Eran tan crueles sus invenciones
+después de beber!...</p>
+
+<p>¿A que no imaginan ustedes lo que se le ocurrió
+cierto día? ¡Hacerla subir con él al campanil
+de la escolanía, allá arriba, arribota, a
+lo más alto de palacio! Y no crean que es mentira
+lo que cuento; doscientos mil provenzales
+lo han visto. Figúrense el terror de aquella
+infortunada mula, cuando después de dar vueltas
+una hora a ciegas por una escalera de caracol
+y haber subido no sé cuántos peldaños, encontrose
+de pronto en una plataforma deslumbrante
+de luz, y a mil pies debajo de ella contempló
+todo un Aviñón fantástico: las barracas
+del mercado tan pequeñas como avellanas, los
+soldados del Papa delante de su cuartel como
+hormigas rojas, y allá abajo, sobre un hilillo
+de plata, un minúsculo puentecito, donde había
+bailes y más bailes... ¡Ah, pobre bestia! ¡Qué
+susto! Del grito que soltó, retemblaron todas
+las vidrieras del palacio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre? ¿Qué sucede?&mdash;exclamó el
+Papa, asomándose al balcón precipitadamente.</p>
+
+<p>Tistet Védène estaba ya en el patio, fingiendo
+que lloraba y mesándose los cabellos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, gran Padre Santo, qué pasa! Pues
+pasa que la mula de Su Santidad... ¡Dios mío!
+¿Qué será de mí?... Pues pasa que la mula de
+Su Santidad... ¡se ha encaramado al campanario!...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, ¿ella sola?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, excelso Padre Santo, ella sola...
+¡Mire, mire, allá arriba!... ¿Ve Su Beatitud
+la punta de las orejas asomando?... Parecen
+dos golondrinas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Misericordia!&mdash;exclamó el pobre Papa
+alzando los ojos.&mdash;¿Es que se ha vuelto loca?
+¡Pero, si se va a matar! ¿Quieres bajarte, desventurada?...</p>
+
+<p>¡Cáspita! Lo que es ella no hubiera deseado
+otra cosa sino bajarse... Pero, ¿por dónde?
+Por la escalera, no había ni qué pensarlo: a
+esas alturas se sube, pero en la bajada hay peligro
+de perniquebrarse cien veces... Y la pobre
+mula desconsolábase, y dando vueltas por
+la plataforma con los ojazos presa del vértigo,
+pensaba en Tistet Védène...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, miserable, si de ésta escapo... menuda
+coz te suelto mañana tempranito!</p>
+
+<p>Con este propósito de la coz, hacía de tripas
+corazón; sin eso, no hubiera podido mantenerse
+en pie... Al fin pudo conseguirse bajarla de
+allá arriba, pero no costó poco que digamos.
+Fue necesario descolgarla en unas angarillas,
+con cuerdas y un gato. Ya comprenderán qué
+humillación para la mula de un Papa eso de
+ser suspendida de aquella altura, moviendo las
+patas en el aire, como un abejorro al cabo de
+un hilo. ¡Y todo Aviñón que la miraba!</p>
+
+<p>A la infeliz bestia no le fue posible dormir
+en toda la noche. Parecíale que daba vueltas
+constantemente por aquella maldita plataforma,
+siendo el hazmerreír de toda la ciudad congregada
+abajo; luego, pensaba en ese infame
+Tistet Védène y en la bonita coz con que
+iba a obsequiarle al día siguiente por la mañana.
+¡Oh, amigos míos, vaya una coz! Desde
+Pamperigouste tenía que verse el humo...
+Pues bien, mientras en la cuadra le preparaban
+este magnífico recibimiento, ¿saben lo que hacía
+Tistet Védène? Deslizábase por el Ródano
+cantando en una galera pontificia y se iba a la
+corte de Nápoles con la compañía de jóvenes
+nobles que la ciudad mandaba todos los años
+junto a la reina Juana para ejercitarse en la
+diplomacia y en las buenas maneras. Tistet no
+era noble; pero el Papa deseaba a toda costa
+recompensarlo por los cuidados que había tenido
+con su bestia, y especialmente por la actividad
+que acababa de desplegar durante la empresa
+de salvamento.</p>
+
+<p>¡Valiente chasco se llevó la mula al día siguiente!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, bandido; algo se ha olido él!&mdash;pensaba,
+mientras sacudía con furia sus cascabeles.&mdash;Pero,
+es lo mismo, ¡anda, pillo! ¡Cuando
+vuelvas te encontrarás con tu coz... te la
+guardo!...</p>
+
+<p>Y se la guardó.</p>
+
+<p>Después de la marcha de Tistet, la mula del
+Papa recobró su vida sosegada y sus aires de
+otros tiempos. No más Quiquet ni Bélugnet en
+la cuadra. Llegaron de nuevo los felices días
+del vino a la francesa, y con ellos el buen humor,
+las largas siestas, y el pasito de gavota
+al cruzar el puente de Aviñón. Sin embargo,
+desde su aventura dábanle muestras constantes
+de frialdad en la ciudad; los viejos movían la
+cabeza, los niños se reían señalando al campanario.
+El bueno del Papa mismo no confiaba
+ya tanto en su amiga, y cuando se dejaba llevar
+al extremo de echar un sueñecillo sobre los
+lomos de ella, el domingo a su regreso de la viña,
+ocurríasele siempre esta consideración:
+«¡Si fuese a despertarme allá arriba, en la plataforma!»
+Veía esto la mula, y sufría sin chistar;
+solamente cuando en presencia de ella se
+pronunciaba el nombre de Tistet Védène, erguíanse
+sus largas orejas, y afilaba con una
+risita el hierro de sus cascos en el pavimento...</p>
+
+<p>Pasaron siete años, al cabo de los cuales, Tistet
+Védène, regresó de la corte de Nápoles. No
+había concluido todavía el tiempo de su empeño
+en ella; pero había sabido que el archipámpano
+de Sevilla había muerto repentinamente en
+Aviñón, y como el cargo parecíale bueno, había
+regresado muy a prisa para gestionar que se le
+otorgara.</p>
+
+<p>Cuando ese intrigante de Védène entró en el
+salón del palacio, costole trabajo el conocerlo
+al Santo Padre: tanto era lo que había crecido
+y engruesado. Preciso es también decir que,
+por su parte, el Papa se había hecho viejo y
+no veía bien sin antiparras.</p>
+
+<p>Tistet no se acobardó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! Excelso Padre Santo, ¿ya no me
+conoce Su Beatitud?... Soy yo, ¡Tistet Védène!</p>
+
+<p>&mdash;¿Védène?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya sabe... el que servía el vino francés
+a la mula.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Sí... sí... ya recuerdo... ¡Guapo mozo,
+ese Tistet Védène!... Y ahora, ¿qué pretendes?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Poca cosa, Excelso Padre Santo...
+Venía a suplicarle... Y a propósito, ¿conserva
+todavía Su Beatitud aquella mula? ¿Y está
+buena?... ¡Ah! ¡Cuánto me alegro!... Pues
+bien, venía a solicitar la plaza del archipámpano
+de Sevilla, quien acaba de morir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Archipámpano de Sevilla tú!... Pero si
+eres muy joven. Pues, ¿cuántos años tienes?</p>
+
+<p>&mdash;Veinte años y dos meses, ilustre Pontífice;
+cinco años justos más que la mula de Su Santidad...
+¡Ah, bendita de Dios la valiente bestia!...
+¡Si supiese Su Beatitud cuánto amaba
+yo a aquella mula! ¡Y con qué sentimiento
+me acordaba de ella en Italia!... ¿Me permitirá
+Su Santidad que la visite?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo mío, la visitarás&mdash;dijo el bueno del
+Papa, emocionado.&mdash;Y puesto que tanto amas
+a aquel bendito animal, no permito que vivas
+lejos de él. Desde este día quedas afecto a mi
+persona en calidad de archipámpano... Mis
+cardenales gritarán, pero, ¡peor para ellos! ya
+estoy acostumbrado... Vuelve mañana, al salir
+de vísperas, y Nos te impondremos las insignias
+de tu beneficio delante de Nuestro cabildo,
+y luego... te acompañaré a ver la mula,
+y vendrás a la viña con nosotros dos... ¿Eh?
+¡Ja, ja! ¡Anda, vete!...</p>
+
+<p>No es necesario decir lo satisfecho que iría
+Tistet Védène al salir del salón del Solio, y
+con qué impaciencia aguardó la ceremonia del
+siguiente día; pero mucho más satisfecha e
+impaciente que el bribón estaba la mula. Desde
+el regreso de Védène hasta las vísperas del siguiente
+día, la vengativa bestia no cesó de atiborrarse
+de avena y cocear la pared con los cascos
+de atrás. También el animal hacía sus preparativos
+para la ceremonia...</p>
+
+<p>Al día siguiente, después de haberse cantado
+vísperas, Tistet Védène hizo su entrada en el
+patio del palacio papal. En él estaban todo el
+alto clero, los cardenales con sus togas rojas, el
+«abogado del diablo» de terciopelo negro, los
+abades de conventos con sus pequeñas mitras,
+los mayordomos de fábrica de San Agrico, las
+sotanas violetas de la escolanía sin que faltaran
+numerosos individuos del bajo clero, los
+soldados del Papa de gran uniforme de gala,
+los ermitaños del monte Ventoso con sus caras
+feroces y el monacillo que los sigue tocando
+la campanilla, los hermanos disciplinantes desnudos
+de pecho y espalda, los floridos sacristanes
+con toga de jueces; todos, toditos, hasta
+los que hacen las aspersiones de agua bendita,
+y el que enciende y el que apaga los cirios...
+nadie faltaba al solemne acto... ¡Ah! ¡Era una
+hermosa ordenación! Campanas, petardos, sol,
+música, y siempre esos sonoros tamboriles que
+guiaban la danza allá abajo, en el puente de
+Aviñón...</p>
+
+<p>Al presentarse Védène en medio de la asamblea,
+su empaque y su buen talante produjeron
+un murmullo de admiración. Era un magnífico
+provenzal, rubio, con largos cabellos de puntas
+rizadas y una barbita corta y primeriza que
+parecía formada por vedijas de metal fino desprendidas
+por el buril de su padre, el escultor en
+oro. Circularon rumores de que los dedos de la
+reina Juana habían jugado algunas veces con
+aquella rubia barba, y efectivamente el señor
+de Védène tenía el glorioso aspecto y el mirar
+abstraído de los galanes amados por reinas...
+Aquel día, para honrar a su nación, había sustituido
+su vestido napolitano por un capisayo
+bordado de rosas, a la provenzala, y sobre su
+capillo temblaba una gran pluma de ibis de
+Camargue.</p>
+
+<p>Al entrar el archipámpano, saludó galantemente
+a la concurrencia, y dirigiose a la elevada
+escalinata, donde le aguardaba Su Santidad
+para imponerle las insignias de su grado:
+la cuchara de boj amarillo y la sotana de color
+de azafrán. Junto a la escalera estaba la mula,
+enjaezada y dispuesta a partir para la viña...
+Al pasar cerca de ella, sonriose satisfecho Tistet
+Védène y se detuvo para darle dos o tres
+golpecitos cariñosos en la grupa, mirando con
+el rabillo del ojo si el Papa lo observaba. La
+ocasión era propicia... La mula tomó impulso...</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma, allá te va, bandido! ¡Siete años
+hacía que te la guardaba!</p>
+
+<p>Y le soltó una coz tan terrible, tan certera,
+que desde Pamperigouste se vio el humo, una
+humareda de polvo rubio en la que revoloteó
+una pluma de ibis... ¡Eso fue todo lo que quedó
+del infortunado Tistet Védène!...</p>
+
+<p>Pocas veces son las coces de mula tan fulminantes.
+Pero aquélla era una mula papal. Y
+además, ¡figúrense ustedes!... ¡Hacía nada
+menos que siete años que se la guardaba!...
+No hay ejemplo de odios eclesiásticos semejante
+al mencionado.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_FARO_DE_LAS_SANGUINARIAS" id="EL_FARO_DE_LAS_SANGUINARIAS"></a>EL FARO DE LAS SANGUINARIAS</h3>
+
+
+<p>No me fue posible, por muchos esfuerzos que
+hice, pegar los ojos aquella noche. El mistral
+estaba furioso, y el estrépito de sus grandes
+silbidos me desveló hasta el amanecer. El molino
+entero crujía, balanceando pesadamente sus
+aspas mutiladas, que resonaban con el cierzo
+lo mismo que el aparejo de un buque. Volaban
+las tejas de su destruida techumbre. En lontananza,
+los pinos apretados que cubrían la colina
+se agitaban zumbando entre sombras. Creyérase
+que era el alta mar...</p>
+
+<p>Esto trajo a mi memoria el recuerdo de mis
+gratos insomnios de hace tres años, cuando yo
+vivía en el faro de las Sanguinarias, allá abajo,
+en la costa de Córcega, a la entrada del golfo
+de Ajaccio, otro hermoso rincón que encontré
+para meditar y estar a solas.</p>
+
+<p>Imagínense ustedes una isla rojiza de aspecto
+salvaje, el faro en una punta, y en la otra
+una antigua torre genovesa, donde en mi tiempo
+habitaba un águila. Abajo, en la orilla del
+agua, las ruinas de un lazareto, invadido completamente
+por las hierbas; luego barrancos,
+malezas, rocas enormes, algunas cabras montaraces,
+caballejos corsos triscando con las crines
+al viento; finalmente, allá arriba, en la altura,
+entre un torbellino de aves marinas, la
+casa del faro, con su plataforma de mampostería
+blanca, donde paseaban los torreros de un
+lado a otro, la verde puerta ojival, la torrecilla
+de hierro fundido, y encima la gran linterna,
+cuyas facetas brillan al sol y despiden luz aun
+en medio del día... He aquí la isla de las Sanguinarias,
+tal como la volví a ver en mi imaginación
+esa noche, al oír roncar mis pinos.
+Antes de poseer un molino, aquella isla encantada
+era donde iba yo a retirarme siempre
+que necesitaba aire libre y soledad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hacía allí?</p>
+
+<p>Lo mismo que ahora aquí, quizá menos.
+Cuando soplaban el mistral o la tramontana
+con extremada violencia, situábame entre
+dos peñascos al borde del agua, en medio de las
+goletas, de los mirlos, de las golondrinas, y
+allí permanecía todo el día, en esa especie de
+estupor y delicioso anonadamiento que la contemplación
+del mar produce. ¿Verdad que conocen
+ustedes esa grata embriaguez del alma?
+No se piensa, ni se sueña. Todo el ser se escapa,
+vuela, se evapora. Se es la gaviota que se
+zambulle, el polvo de espuma que sobrenada
+al sol entre dos olas, el blanco humo de aquel
+vapor-correo que desaparece en la lejanía, esa
+pequeña barca de rojo velamen dedicada a la
+pesca de corales, aquella perla de agua, ese
+jirón de bruma, todo, menos uno mismo...
+¡Oh, qué deliciosas horas de semisueño y de
+divagaciones las que pasé en mi isla!...</p>
+
+<p>Cuando el viento soplaba con fuerza impidiéndome
+estar a orillas del agua, me encerraba
+en el patio del lazareto, un patio pequeño y
+melancólico, todo él perfumado por el aroma
+del romero y del ajenjo silvestres, y allí, junto
+al lienzo de las vetustas paredes, dejábame invadir
+por el vago olor de abandono y de tristeza
+que envuelto en los rayos del sol flotaba
+entre los aposentos de piedra, abiertos por todas
+partes como tumbas antiguas. Un portazo
+o un salto ligero entre la hierba interrumpía de
+vez en cuando el silencio monótono que reinaba
+en aquel solitario lugar: era una cabra, que
+acudía a rumiar al resguardo del viento. Al
+verme se detenía absorta, y quedábase plantada
+ante mí, con aire vivaracho, los cuernos
+en alto, contemplándome con ojos juveniles...</p>
+
+<p>El portavoz de los torreros me llamaba para
+comer a las cinco, y a esa hora, por un senderito
+escarpado a pico entre los matorrales, suspenso
+encima del mar, encaminábame lentamente
+al faro, volviendo a cada momento la
+vista hacia aquel inmenso horizonte de agua y
+de luz, que parecía ensancharse conforme ascendía
+yo.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>El espectáculo era encantador desde la cima.
+Creo aún ver aquel magnífico comedor, de anchas
+losas, paramentos de encina, la sopa de
+peces humeante en medio, la puerta completamente
+abierta al blanco terrado, y los resplandores
+del Poniente que lo inundaban de
+luz... Allí me aguardaban siempre, para sentarse
+a la mesa, los torreros. Eran tres: uno
+de Marsella y dos de Córcega; los tres pequeños,
+barbudos, con igual rostro curtido y resquebrajado,
+e idéntico gabán de pelo de cabra,
+pero de aspecto y humor completamente
+distintos y aun contrarios.</p>
+
+<p>De la manera de vivir de aquellas gentes,
+deducíase al punto la diferencia de ambas razas.
+El marsellés, industrioso y vivo, siempre
+atareado, en constante movimiento, recorría la
+isla desde la mañana a la noche, cultivando,
+pescando, recogiendo huevos de aves marinas,
+ocultándose entre los matorrales para ordeñar
+una cabra al paso, y siempre dispuesto a hacer
+un alioli o a guisar alguna sopa de peces.</p>
+
+<p>Los corsos no se ocupaban absolutamente
+nada más que de su servicio; considerábanse como
+funcionarios, y pasaban todo el día en la
+cocina jugando siempre largas partidas de <i>scopa</i>,
+sin interrumpirlas más que para volver a
+encender las pipas con aire grave, y para picar
+en la palma de las manos grandes hojas de tabaco
+verde con las tijeras...</p>
+
+<p>Sin embargo, marsellés y corsos eran tres
+buenas personas, sencillos, bonachones, y muy
+considerados para con su huésped, aunque en
+el fondo lo creyeran un señor muy extraordinario.</p>
+
+<p>No les faltaban motivos para opinar así,
+¡porque eso de encerrarse en el faro!... ¡Y
+ellos, que encuentran tan largos los días, y son
+tan felices cuando les llega el turno de bajar
+a tierra!... En la buena estación, gozan de
+gran ventura todos los meses. Diez días de tierra
+firme por treinta de faro: así lo prescribe
+el reglamento. Pero en el invierno y durante
+los grandes temporales, no hay reglamentos
+que valgan. Arrecia el vendaval, suben las olas,
+la espuma blanquea las Sanguinarias, y los
+torreros de servicio permanecen bloqueados dos
+o tres meses consecutivos, y no pocas veces
+hasta con circunstancias aterradoras.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, señor, lo que me ocurrió hace
+cinco años&mdash;me refería en una ocasión el viejo
+Bartoli, mientras comíamos;&mdash;el caso me sucedió
+en esta misma mesa donde estamos, una
+tarde de invierno, como ahora. Aquella tarde
+sólo estábamos dos en el faro: un compañero
+llamado Tchéco y yo... Los demás estaban en
+tierra, enfermos, con licencia, no recuerdo
+bien... Habíamos concluido de comer, muy
+tranquilos... De repente mi camarada deja de
+comer, me mira un momento con unos ojos pícaros,
+y ¡cataplum! se cae encima de la mesa,
+con los brazos adelante. Me acerco a él, lo muevo,
+lo llamo: «¡Oh, Tché!... ¡Oh, Tché!...»
+Nada: ¡estaba muerto!... ¡Imagínese usted
+qué susto! Más de una hora estuve estupefacto
+y tembloroso ante aquel cadáver; después,
+de pronto, me acuerdo del faro. No tuve tiempo
+más que de subir a la farola y encender. La
+noche estaba ya encima... ¡Qué noche, caballero!
+El mar y el viento no tenían sus voces
+naturales. Continuamente parecíame que alguien
+me llamaba en la escalera... Y además,
+¡una fiebre, una sed! Nadie hubiera sido capaz
+de hacer que yo bajara... ¡Me daba tanto
+miedo el difunto! Sin embargo, hacia el alba
+me animé un poco. Llevé a mi compañero a
+su cama, le eché la sábana encima, recé algunas
+oraciones y en seguida fui a hacer señales
+de alarma.</p>
+
+<p>Desgraciadamente había mar gruesa y de
+fondo: por más que llamé y llamé, nadie acudió...
+Y yo a solas en el faro con mi pobre
+Tchéco, ¡sabe Dios hasta cuándo! Yo confiaba
+poder tenerlo conmigo hasta la llegada del barco;
+pero a los tres días era aún completamente
+imposible... ¿Cómo arreglármelas? ¿Llevarle
+fuera? ¿Enterrarlo? La roca era sumamente dura;
+y hay tantos cuervos en la isla! Me apenaba
+el tener que abandonarles aquel cristiano.
+Entonces pensé en bajarlo a uno de los
+departamentos del lazareto... Toda una tarde
+empleé en aquella triste faena, y le respondo
+a usted de que necesité valor... ¡Mire usted,
+caballero! Hoy todavía, cuando bajo a esta
+parte de la isla en una tarde de ventarrón, me
+parece llevar a cuestas el cadáver...</p>
+
+<p>¡Pobre viejo Bartoli! Sudaba sólo acordándose
+de ello.</p>
+
+<p>Así pasábamos las horas de la comida, charlando
+largo y tendido: el faro, el mar, narraciones
+de naufragios, historias de bandidos corsos...
+Luego, al obscurecer, el torrero del primer
+cuarto encendía su candileja, tomaba la
+pipa, la calabaza, un grueso Plutarco de cantos
+rojos, único volumen que constituía la biblioteca
+de las Sanguinarias, y desaparecía por el
+fondo. Un momento después oíase en todo el
+faro un estrépito de cadenas, de poleas, de
+grandes pesas de reloj a las cuales se daba
+cuerda.</p>
+
+<p>Yo me sentaba fuera, en la terraza, durante
+ese tiempo. El sol, muy bajo ya, descendía
+cada vez con más rapidez hacia el agua, llevándose
+tras de sí todo el horizonte. Refrescaba
+el viento, la isla teñíase de color violáceo.
+Por el espacio pasaba junto a mí con perezoso
+vuelo un gran pajarraco: era el águila que acudía
+a guarecerse a la torre... Las brumas del
+mar subían poco a poco. Bien pronto veíase tan
+sólo el blanco festón de la espuma alrededor
+de la isla... De pronto, por encima de mi cabeza,
+surgía una gran oleada de plácida luz. Estaba
+encendido el faro. Dejando en sombras
+toda la isla, el luminoso haz de rayos iba a
+caer a lo lejos en alta mar, y allí estaba yo rodeado
+de tinieblas, bajo aquellas grandes ondas
+lumínicas que apenas me salpicaban al paso...
+Pero el viento seguía refrescando. Era necesario
+recogerse. A tientas cerraba el grueso
+portón y corría las barras de hierro; después,
+y siempre a tientas, subía una escalerilla de
+fundición, que retemblaba y sonaba con mis
+pasos y llegaba a la cúspide del faro. Por supuesto,
+allá sí que había luz.</p>
+
+<p>Imagínense ustedes una gigantesca lámpara
+Cárcel, de seis filas de mecheros, en torno de
+la cual giran lentamente las paredes de la linterna,
+unas cerradas por enorme lente de cristal,
+otras abiertas a una gran vidriera fija que
+preserva del viento a la llama... Al entrar me
+deslumbraba. Esos cobres, esos estaños, esos
+reflectores de metal blanco, esas paredes de
+cristal abombado que volteaban con grandes
+círculos azulados, todo ese espejeo, toda esa
+balumba de luces, me producían vértigos por
+un instante.</p>
+
+<p>A pesar de todo, mi vista se acostumbraba
+poco a poco a ello, concluyendo yo por sentarme
+al pie mismo de la lámpara, junto al
+torrero que leía su Plutarco en alta voz, por
+temor a dormirse.</p>
+
+<p>Allá fuera, la obscuridad, el abismo. En el
+balconcillo que circunda a la vidriera, el viento
+corre aullando como un loco. Cruje el faro,
+la mar brama. En el extremo de la isla, en
+las rompientes, las olas simulan que disparan
+cañonazos. A veces, un dedo invisible toca en
+los vidrios: algún ave nocturna atraída por la
+luz, y que se estrella la cabeza contra el cristal.
+Dentro de la linterna centelleante y cálida,
+nada más que el constante chisporroteo de la
+llama, el ruido del aceite cayendo gota a gota,
+y el de la cadena que va desenrollándose, y una
+voz monótona, que salmodia la vida de Demetrio
+de Falerea.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Mediada la noche, levantábase el torrero,
+examinaba por última vez sus mechas, y bajábamos.
+En la escalera nos tropezábamos con
+el colega del segundo cuarto, quien subía restregándose
+los ojos; se le entregaba la calabaza
+y el Plutarco. Después, cuando nos íbamos
+a acostar, entrábamos un momento en la habitación
+del fondo, hecha un revoltijo de cadenas,
+grandes pesas, depósitos de estaño, calabrotes,
+y allí, a la luz del candilejo, el torrero
+escribía en el gran libro del faro, abierto constantemente.</p>
+
+<p><i>Media noche. Buque a la vista por el horizonte.
+Mar gruesa. Tempestad.</i></p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_AGONIA_DE_LA_GOLETA_LIGERA" id="LA_AGONIA_DE_LA_GOLETA_LIGERA"></a>LA AGONIA DE LA GOLETA «LIGERA»</h3>
+
+
+<p>Puesto que el mistral nos lanzó la otra noche
+a la costa de Córcega, permítanme ustedes
+que les refiera una triste historia marítima de
+que hablan con frecuencia los pescadores de
+por allá durante la velada, y acerca de la cual
+me ha suministrado la casualidad datos muy
+interesantes.</p>
+
+<p>Hace dos o tres años que ocurrió.</p>
+
+<p>Bogaba por el mar de Cerdeña, acompañado
+de siete u ocho carabineros de mar. ¡Penoso
+viaje para un novicio! En todo el mes de marzo
+no habíamos disfrutado de un solo día bueno.
+El viento del Este nos había combatido
+con fiereza y el mar no abonanzaba.</p>
+
+<p>Una tarde, que capeábamos el temporal,
+nuestra barca se refugió a la entrada del estrecho
+de Bonifacio, en medio de un archipiélago
+de islillas. Su aspecto era tranquilizador: grandes
+rocas peladas, pobladas de aves, algunas
+matas de ajenjo, espesuras de lentiscos, y acá
+y acullá entre el fango algunos maderos que
+empezaban a pudrirse; pero, a fe mía, para pasar
+la noche eran preferibles esas rocas siniestras
+al camarote de una vieja barca a medio
+cubrir, donde entraba el oleaje como Pedro
+por su casa, y con ella tuvimos que conformarnos.</p>
+
+<p>Tan pronto como desembarcamos y mientras
+los marineros encendían lumbre para guisar
+la sopa de peces, me llamó el patrón, y
+mostrándome una pequeña cerca de piedra
+blanca, perdida entre las brumas en el extremo
+de la isla, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiere usted venir al cementerio?</p>
+
+<p>&mdash;¡Un cementerio, patrón Lionetti! Pues,
+¿dónde nos encontramos?</p>
+
+<p>&mdash;En las islas Lavezzi, señor. Aquí fueron
+enterrados los seiscientos hombres de la fragata
+<i>Ligera</i>, en el lugar mismo en que se perdió
+hace diez años... ¡Pobre gente! No son
+muy visitados y menos mal que llegamos nosotros
+para decirles buenos días, puesto que ya
+estamos en él...</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto por mi parte, patrón.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Cuánta tristeza respira el cementerio de la
+<i>Ligera</i>!... Lo veo todavía, con su bajo tapial,
+su puerta de hierro oxidada y difícil de abrir,
+con centenares de cruces negras ocultas por la
+hierba. ¡Ni una corona de siemprevivas, ni un
+recuerdo, nada!... ¡Ah, infelices muertos abandonados,
+cuánto frío deben sentir en su tumba
+casual!</p>
+
+<p>Un momento estuvimos allí arrodillados. El
+patrón rezaba en voz alta. Enormes goletas,
+únicos guardianes del cementerio, revoloteaban
+sobre nuestras cabezas confundiendo sus roncos
+gritos con los lamentos del mar.</p>
+
+<p>Cuando concluimos de rezar, regresamos
+tristemente hacia el rincón donde había sido
+amarrada la barca. No perdieron el tiempo los
+marineros durante nuestra ausencia. Encontramos
+una gran hoguera llameante resguardada
+por un peñasco y la marmita que humeaba.
+Nos sentamos en corro, con los pies juntos a
+la lumbre, y bien pronto tuvo cada cual sobre
+sus rodillas, dentro de una cazuela de barro colorado,
+dos rebanadas de pan moreno con mucho
+caldo. Nadie habló durante la comida: estábamos
+mojados, teníamos hambre, y además
+la proximidad del cementerio... A pesar de todo
+desocupamos las cazuelas, encendimos las
+pipas y empezamos a charlar un poco. Como
+es natural, el tema de nuestra conversación fue
+la <i>Ligera</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, dígame, ¿cómo ocurrió la catástrofe?&mdash;pregunté
+al patrón, quien con la cabeza
+apoyada en las manos, miraba la lumbre con
+aire pensativo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que cómo ocurrió la catástrofe?&mdash;respondiome
+el bueno de Lionetti, suspirando con
+amargura.&mdash;¡Ah! señor, nadie del mundo pudiera
+decirlo. Todo lo que sabemos es que la
+<i>Ligera</i>, llena de tropas para Crimea, había zarpado
+de Tolón la víspera por la tarde, con mal
+tiempo. De noche todavía, empezó a arreciar
+el temporal. Viento, lluvia, mar alborotado como
+nunca. Por la mañana amainó un poco el
+viento, pero el mar continuaba tan fiero; y a
+todo esto, una maldita bruma del demonio, que
+no permitía distinguir un fanal a cuatro pasos.
+No puede usted formarse idea, señor, de
+lo traidoras que son esas brumas. Eso nada importa;
+nadie me quita de la cabeza que la
+<i>Ligera</i> debió perder el timón de madrugada;
+porque, por muy densa que fuera la bruma, sin
+una avería, el capitán no hubiese venido a estrellarse
+aquí. Era un experto marino, a quien
+todos conocíamos. Había mandado la estación
+naval de Córcega durante tres años y conocía
+la costa tan bien como yo, que no conozco otra
+cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y a qué hora se supone que se estrelló la
+<i>Ligera</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Debió ser a mediodía; sí, señor, en pleno
+mediodía... Pero, ¡cáspita! con la bruma de
+mar, ese pleno mediodía no era más claro que
+una noche obscura como boca de lobo... Un
+aduanero de la costa me refirió que aquel día,
+habiendo salido de su caseta para sujetar los
+postigos, próximamente a las once y media,
+una racha de viento le llevó la gorra, y exponiéndose
+a ser llevado él mismo por la resaca,
+empezó a correr tras de aquélla a cuatro patas,
+a lo largo de la playa. Comprenderá usted que
+a los carabineros no les sobra la plata y una
+gorra cuesta cara. Pues bien, parece ser que
+al levantar un momento la cabeza nuestro hombre,
+vio, muy cerca de él, entre la bruma, un
+buque de alto bordo que huía a palo seco, sotaventeando
+las islas Lavezzi. Este buque marchaba
+con tanta velocidad, que el aduanero
+apenas tuvo tiempo de verlo bien. Sin embargo,
+todo hace suponer que sería la <i>Ligera</i>,
+puesto que media hora más tarde el pastor de
+las islas oyó en estas rocas... Pero justamente
+viene aquí el pastor de que le hablo a usted;
+él mismo podrá contarle el suceso... ¡Buenos
+días, Palombo!... Ven a calentarte un poco;
+no temas, hombre.</p>
+
+<p>Acercose a nosotros tímidamente un hombre
+encapuchado, a quien veía yo desde poco
+antes rondar alrededor de nuestra hoguera, y al
+cual había tomado por uno de los tripulantes,
+pues no sabía que hubiese pastor alguno en la
+isla.</p>
+
+<p>Era un viejo leproso, casi completamente
+idiota, atacado por no sé qué enfermedad escorbútica
+que convertía sus labios en un gran
+morro, que no podía mirarse sin repugnancia.
+Costó gran trabajo hacerle entender de qué
+se trataba. Entonces, levantándose con un dedo
+el labio enfermo, el viejo nos contó que, en
+efecto, desde su choza oyó aquel día, alrededor
+de las doce, un horrible crujido en las peñas.
+Como toda la isla estaba cubierta por el agua,
+no había podido salir, y sólo al siguiente día fue
+cuando, al abrir la puerta, pudo ver la costa
+llena de restos y cadáveres arrastrados hasta
+allí por el mar. Espantado, huyó a toda prisa
+hacia su barca, para ir a Bonifacio a buscar
+gente.</p>
+
+<p>Tomó asiento el pastor, rendido de haber hablado
+tanto, y el patrón reanudó su discurso:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; este pobre viejo fue quien nos
+avisó. Estaba casi loco de miedo, y desde entonces
+tiene la cabeza a pájaros. Lo cierto es
+que había motivo para ello... Figúrese usted
+seiscientos cadáveres amontonados sobre la
+arena, revueltos con astillas de madera y jirones
+de lona... ¡Pobre <i>Ligera</i>!... El mar la
+había molido de golpe y hecho trizas en tal
+forma, que el pastor Palombo apenas ha podido
+encontrar entre todos sus residuos con qué
+hacer una empalizada para su choza... En
+cuanto a los hombres, desfigurados casi todos,
+espantosamente mutilados... inspiraba compasión
+el verlos asidos unos a otros, en racimos...
+Allí estaban el capitán con uniforme de gala,
+el capellán con la estola al cuello; en un rincón,
+entre dos peñascos, un grumete con los
+ojos abiertos... parecía vivo todavía; ¡pero, no!
+Era cosa decidida que nadie se librara...</p>
+
+<p>Al llegar a este punto, el patrón se interrumpió,
+gritando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ten cuidado, Nardi, que se apaga la lumbre!</p>
+
+<p>Nardi arrojó en el brasero dos o tres pedazos
+de tablones embreados, que se inflamaron,
+y Lionetti prosiguió:</p>
+
+<p>&mdash;Lo más triste de esta historia es esto:
+Tres semanas antes de la catástrofe, una pequeña
+corbeta, que iba a Crimea, lo mismo que
+la <i>Ligera</i>, naufragó del mismo modo y casi en
+el mismo sitio; sólo que aquella vez pudimos
+salvar la tripulación y veinte soldados de ingenieros
+que iban a bordo... ¡Es claro, esos
+pobres tiralíneas no estaban en su elemento!
+Se les condujo a Bonifacio y permanecieron
+dos días con nosotros en la <i>marina</i>... Después
+que se secaron bien y se pusieron en pie, ¡buenas
+noches, buena suerte! ¡Regresaron a Tolón,
+donde volvieron a ser embarcados para Crimea!...
+¿A que usted no adivina en qué buque?...
+¡En la <i>Ligera</i>, señor!... Los vimos a
+todos veinte, tumbados entre los muertos, en
+el sitio donde nos encontramos ahora... Yo
+mismo conocí a un lindo sargento de finos bigotes,
+un pisaverde de París, a quien había
+hospedado en mi casa y que nos había hecho
+reír todo el tiempo con sus historias... Al encontrarlo
+allí, se me partió el corazón... ¡Ah,
+Santa Madre!...</p>
+
+<p>Y, al decir esto, el honrado Lionetti sacudió,
+conmovido, la ceniza de su pipa y se arrebujó
+en su capotón, dándome las buenas noches...
+Durante algún tiempo, continuaron hablando a
+media voz los marineros... Después, una tras
+otra, se apagaron las pipas... No se pronunció
+una palabra más... Marchose el pastor viejo...
+Y yo me quedé solo soñando despierto, en medio
+de la tripulación dormida.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Impresionado por el lúgubre relato que acababa
+de oír, intenté reconstruir con la imaginación
+el pobre buque difunto y la historia de
+esta agonía cuyos únicos testigos fueron las
+aves goletas. Algunos detalles que me llamaron
+la atención, el capitán con uniforme de
+gala, la estola del capellán, los veinte soldados
+de ingenieros, ayudáronme a adivinar todos los
+detalles del drama... Veía zarpar de Tolón la
+fragata, al obscurecer... Sale del puerto. Hay
+mar de fondo y un viento huracanado; pero el
+capitán es un valiente marino, y todo el mundo
+está tranquilo a bordo...</p>
+
+<p>A la madrugada, se levanta la bruma de mar.
+Comienzan todos a inquietarse. Toda la tripulación
+está sobre cubierta. El capitán no abandona
+la toldilla... En el entrepuente, donde
+van metidos los soldados, la obscuridad es completa;
+la atmósfera está calurosa. Algunos están
+enfermos, tendidos sobre sus petates. El
+buque cabecea horriblemente; no se puede permanecer
+de pie. Hablan sentados en corrillos
+en el suelo, abrazándose a los bancos; es necesario
+gritar para oírse. Algunos empiezan a
+atemorizarse... ¡No es para menos el caso!
+Son frecuentes los naufragios en estos parajes;
+si no, que lo digan los «tiralíneas», y lo que
+éstos refieren es para asustar a cualquiera.</p>
+
+<p>Especialmente, su sargento primero, un parisiense
+que siempre está de broma, pone la
+carne de gallina con sus chanzonetas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un naufragio!... Pues, si es la cosa más
+divertida un naufragio. Salimos del paso con
+un baño frío, y después nos conducen a Bonifacio,
+a comer mirlos en casa del patrón Lionetti.</p>
+
+<p>Y los «tiralíneas» ríe que te reirás...</p>
+
+<p>De repente se oye un crujido... ¿Qué es eso?
+¿Qué pasa?...</p>
+
+<p>&mdash;El timón se ha ido&mdash;dice un marinero calado
+de agua, el cual cruza corriendo el entrepuente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen viaje!&mdash;grita ese loco de sargento;
+pero esto ya no hace excitar la risa.</p>
+
+<p>Gran barullo sobre el puente. La bruma impide
+verse. Los marineros van de un lado para
+el otro horrorizados, a tientas... ¡Ya no hay
+timón! No se puede maniobrar... La <i>Ligera</i>,
+perdido el rumbo, corre con tanta velocidad
+como el viento... Entonces es cuando la ve pasar
+el aduanero; son las once y media. A proa
+de la fragata suena un cañonazo... ¡Las rompientes,
+las rompientes!... Todo concluyó: no
+hay más esperanza, va derecha a la costa...
+El capitán desciende a su camarote... Al cabo
+de un momento, ocupa nuevamente su puesto
+en la toldilla con uniforme de gala... Ha querido
+engalanarse para morir.</p>
+
+<p>En el entrepuente se contemplan ansiosos
+los soldados, sin rechistar... Los enfermos pretenden
+levantarse... el sargentito ya no se ríe...</p>
+
+<p>Entonces se abre la puerta y aparece en el
+umbral el capellán con su estola, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡De rodillas, hijos míos!</p>
+
+<p>Todos obedecen. Con voz atronadora, el sacerdote
+comienza las preces por los agonizantes.</p>
+
+<p>Sobreviene de pronto un choque formidable,
+un grito, uno solo, una gritería inmensa, brazos
+tendidos, manos que se entrelazan, ojos extraviados
+en los que se refleja con la rapidez del
+relámpago la trágica visión de la muerte...</p>
+
+<p>¡Misericordia!</p>
+
+<p>Toda la noche la pasé lo mismo: soñando,
+evocando, a los diez años del suceso, el alma
+del pobre buque cuyos restos me circundaban.
+A lo lejos, en el estrecho, rugía la tempestad,
+la tempestad; la llama de la hoguera inclinábase
+a uno y otro lado con las rachas de viento,
+y oía danzar a nuestra barca junto a las
+rocas, haciendo crujir las amarras.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LOS_ADUANEROS" id="LOS_ADUANEROS"></a>LOS ADUANEROS</h3>
+
+
+<p>Una vieja embarcación de la Aduana, semicubierta,
+era la <i>Emilia</i>, de Porto-Vecchio, a
+bordo de la cual hice aquel viaje lúgubre a las
+islas Lavezzi. Para resguardarse en ella del
+viento, de las olas y de la lluvia, sólo había un
+pequeño pabellón embreado, lo suficientemente
+amplio para contener escasamente una mesa y
+dos literas. Con tan pobres recursos, merecían
+verse nuestros marineros con el mal cariz del
+tiempo. Chorreaban los rostros, las blusas caladas
+de agua humeaban como ropa blanca puesta
+a secar en estufa, y en pleno invierno los
+infelices pasaban así días enteros, hasta las noches
+inclusive, acurrucados en sus mojados
+asientos, tiritando entre aquella humedad malsana,
+porque no se podía encender fuego a bordo,
+y muchas veces era difícil ganar la costa...
+Pues bien, ni uno de aquellos hombres se quejaba.
+En los más recios temporales, siempre
+los vi con idéntica placidez, del mismo buen
+humor. Y, no obstante, ¡qué triste vida la de
+esos carabineros de mar!</p>
+
+<p>Casados casi todos ellos, con esposa e hijos
+en tierra, permanecen meses enteros separados
+de su familia dando bordadas por aquellas tan
+peligrosas costas, alimentándose solamente de
+pan enmohecido y cebollas silvestres. ¡Jamás
+beben vino, nunca comen carne, porque la carne
+y el vino cuestan caros, y su sueldo es sólo
+quinientos francos al año! ¡Figúrense ustedes
+si habrá obscuridad en la choza de allá abajo,
+en la <i>marina</i>, y si los niños irán bien calzados!...
+¡No le hace! Todas esas gentes parecen
+contentas con su suerte. A popa, delante del
+camarote, había un gran balde lleno de agua
+llovida, donde la tripulación calmaba la sed,
+y recuerdo que, apurado el último buche, cada
+uno de esos pobres diablos sacudía su escudilla
+con un ¡ah! de satisfacción, una expresión de
+bienestar tan cómica como enternecedora.</p>
+
+<p>El que mostraba más alegría y satisfacción
+entre todos era un natural de Bonifacio, tostado,
+pequeño y rechoncho, a quien llamaban
+Palombo. Este pasábase el tiempo cantando
+aun en medio de los mayores temporales. Cuando
+el oleaje tomaba el color del plomo, cuando
+el cielo obscuro por la cerrazón llenábase de
+menudo granizo y venteaban todos la borrasca
+que iba a venir, entonces, entre el silencio absoluto
+y la ansiedad de a bordo, comenzaba a
+canturrear la voz reposada de Palombo:</p>
+
+<p class="poem">
+No, señor,<br />
+Es gran honor.<br />
+Es honrada Liseta y no fe...a:<br />
+Se queda en la alde...a...<br />
+</p>
+
+<p>Y por muchas que fueran las rachas que hacían
+crujir el velamen, zarandeando e inundando
+la barca, no dejaba de oírse la canción del
+aduanero, balanceada cual una gaviota en la
+cresta de las olas. El viento acompañaba en
+ocasiones con demasiada fuerza, y no se oían
+las palabras; pero después de cada golpe de
+mar, entre el murmullo del agua que chorreaba,
+oíase constantemente el estribillo de la
+canción:</p>
+
+<p class="poem">
+Es honrada Liseta y no fe...a:<br />
+Se queda en la alde...a...<br />
+</p>
+
+<p>Pero llegó un día de viento y lluvia muy
+fuertes, en que ya no lo oí. Era tan extraordinario
+el caso, que saqué del camarote la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh, Palombo! ¿No cantas hoy?</p>
+
+<p>Palombo no respondió. Estaba inmóvil, tendido
+en su banco. Me acerqué a él. Castañeteábanle
+los dientes; la fiebre hacía temblar todo
+su cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene una <i>puntura</i>&mdash;me dijeron afligidos
+sus camaradas.</p>
+
+<p>Ellos llaman <i>puntura</i> a una punzada de costado,
+una pleuresía. Aquella gran cerrazón plomiza,
+aquella barca chorreando agua, aquel pobre
+febricitante arrebujado en un viejo capote
+de caucho que relucía bajo la lluvia como una
+piel de foca: jamás he presenciado nada más
+lúgubre. El frío, el viento y el vaivén de las
+olas no tardaron en agravar en su enfermedad
+al pobre aduanero. Lo acometió el delirio y fue
+necesario atracar.</p>
+
+<p>Después de mucho tiempo y no pequeños esfuerzos,
+entramos al obscurecer en una ensenadita
+árida y silenciosa, animada solamente
+por el vuelo circular de algunas aves. En
+cuanto de la playa alcanzaba la vista, erguíanse
+altas rocas escarpadas, intrincados laberintos
+de arbustos verdes, de un verde obscuro y hojas
+perennes. Abajo, junto al agua, una casita
+blanca, con postigos grises, era el puesto de la
+Aduana. En medio de ese desierto, aquel edificio
+del Estado, con cifras como una gorra de
+uniforme, producía una impresión desagradable
+de indecible malestar. El pobre Palombo
+fue desembarcado allí. ¡Triste asilo para un
+enfermo! Encontramos al aduanero disponiéndose
+a comer al amor de la lumbre, en compañía
+de su mujer y sus hijos. Todas aquellas
+gentes tenían caras pálidas, amarillentas, grandes
+ojos sombreados por la fiebre. La madre,
+joven todavía, con un niño de pechos en los
+brazos, estremecíase de frío cuando hablaba
+con nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Es un puesto mortífero&mdash;me dijo en voz
+baja el inspector.&mdash;Nos vemos en la necesidad
+de relevar a nuestros aduaneros cada dos años.
+La fiebre de las marismas los mata.</p>
+
+<p>Sin embargo, se pretendía ir a buscar un
+módico. Para encontrar al más próximo era preciso
+ir hasta Sartène, es decir, a seis u ocho
+leguas de allí. ¿Cómo arreglárselas? Nuestros
+marineros estaban completamente extenuados
+de cansancio, y no se podía enviar a uno de los
+niños tan lejos. Entonces la mujer, inclinándose
+fuera, llamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cecco!... ¡Cecco!</p>
+
+<p>Y entró un mocetón muy fornido, verdadero
+tipo de cazador en vedado o de <i>bandito</i>, con su
+gorro de lana parda y su gabán de pelo de cabra.
+Al desembarcar ya me había fijado en él,
+al verle sentado a la puerta, con su pipa roja
+entre los dientes y un fusil entre las piernas,
+pero, ignoro por qué, había huido al aproximarnos.
+Tal vez creyó que iban gendarmes con
+nosotros. Cuando entró, ruborizose un poco la
+aduanera.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi primo&mdash;nos dijo.&mdash;No hay temor
+de que éste se pierda entre la espesura.</p>
+
+<p>Díjole después algunas palabras en voz baja,
+señalándole el enfermo. Inclinose el hombre
+sin replicar, silbó a su perro y salió corriendo
+a todo escape, escopeta al hombro, saltando de
+peña en peña a grandes zancadas.</p>
+
+<p>Durante, ese tiempo, los niños, que parecían
+aterrados por la presencia del inspector, concluyeron
+pronto de comer las castañas y el queso
+blanco. ¡Y siempre agua, sólo agua en la
+mesa! Sin embargo, ¡hubiera venido tan bien
+un trago de vino a los pequeños! ¡Ah, miseria!
+Al fin, la madre subió a acostarlos; el padre,
+encendiendo el farol, fuese a inspeccionar la
+costa, y nosotros continuamos velando a nuestro
+enfermo, que se revolvía en su camastro
+cual si aun estuviese en alta mar, zarandeado
+por el oleaje. Para calmar un poco su <i>puntura</i>,
+calentamos guijarros y ladrillos, poniéndoselos
+en el costado. Una o dos veces, al acercarme a
+su lecho, el infeliz me conoció, y para darme
+las gracias me tendió trabajosamente la mano,
+una manaza rasposa y tan ardiente como uno
+de aquellos ladrillos sacados del fuego.</p>
+
+<p>¡Triste velada! Fuera habíase recrudecido
+el temporal al expirar el día, y era aquello un
+estrépito, una descarga cerrada, un surgidero
+de espumarajos, la batalla entre los peñascos
+y las aguas. Un golpe de viento de alta mar
+penetraba de vez en cuando en la caleta y envolvía
+nuestra casa. Conocíase por el repentino
+aumento de las llamas, que iluminaban de pronto
+los mohínos rostros de los marineros, agrupados
+en derredor de la chimenea contemplando
+el fuego con esa plácida expresión que da el
+hábito de las hermosas perspectivas y de los
+horizontes inmensos. También, a veces, quejábase
+Palombo con dulzura. Entonces volvían
+todos los ojos hacia el rincón obscuro, donde
+el pobre compañero estaba en el trance de la
+muerte, lejos de los suyos y sin ayuda, y, acongojados
+los pechos, oíanse grandes suspiros.
+Eso es todo cuanto inspiraba a aquellos trabajadores
+del mar, pacientes y dulces, el sentimiento
+de su propio infortunio. Nada de sublevaciones
+ni de huelgas.</p>
+
+<p>¡Solamente un suspiro! Sin embargo, me
+equivoco. Al pasar uno de ellos por delante de
+mí para arrojar un haz de leña al fuego, me
+dijo con voz baja y conmovida:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya ve usted, señor, que en nuestro oficio
+se sufren a veces muchas penas!</p>
+
+
+
+<h3><a name="LOS_VIEJOS" id="LOS_VIEJOS"></a>LOS VIEJOS</h3>
+
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, tío Azam? ¿Una carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor... una carta que viene de París.</p>
+
+<p>¡Y poco orgulloso estaba el buen tío Azam
+con que la carta viniese de París! Yo no. Algo
+me decía que aquella parisiense de la calle de
+Juan Jacobo, al caer en mi mesa tan repentinamente
+y tan temprano, iba a hacerme perder
+toda la mañana. No me había equivocado,
+como pueden juzgar ustedes mismos. Decía así:</p>
+
+<p class="top5">«Amigo mío: Necesito que me hagas un favor.
+Cierra por un día tu molino, y ve en seguida
+a Eyguières, que es un lugarón que
+dista tres o cuatro leguas de tu residencia, un
+paseo, como quien dice. Cuando llegues, pregunta
+por el convento de las huérfanas. Pasado
+el convento, verás una casa de un solo
+piso, contiene postigos grises y un jardinillo
+detrás. Entra sin llamar, la puerta está
+siempre abierta, y cuando entres da muchas
+vocea:&mdash;¡Buenos días, buena gente! Soy
+amigo de Mauricio.&mdash;Entonces verás a dos
+viejecitos, ¡oh! pero viejos, reviejos, archiviejos,
+tenderte los brazos desde el fondo de
+sus grandes sillones, y los abrazas en mi nombre,
+de todo corazón, como si fuesen cosa tuya.
+Después hablarán ustedes; ellos te preguntarán
+por mí, y yo seré el único tema de
+su conversación; te contarán mil chocheces,
+que debes escuchar sin reírte. ¿No te reirás,
+eh? Son mis abuelos, dos seres para quienes
+yo soy toda su vida, y que no me han visto
+desde hace diez años. ¡Mira tú que diez años
+tienen días! Pero, ¿qué quieres? París me ha
+hecho prisionero como a ellos la edad avanzada.
+Son tan viejos, que si viniesen a verme,
+se quedarían en el camino. Afortunadamente,
+mi querido molinero, andas tú por ahí abajo,
+y al abrazarte, los pobres creerán en cierto
+modo que soy yo a quien abrazan. ¡Les he
+hablado tantas veces de nosotros y de la buena
+amistad que nos une!»</p>
+
+<p class="top5">¡Llévese el diablo la buena amistad! Justamente
+aquella mañana hacía un tiempo hermoso,
+pero poco adecuado para rodar por los caminos,
+demasiado mistral y excesivo sol, un
+verdadero día de Provenza. Cuando recibí aquella
+maldita carta había ya elegido mi abrigo
+entre dos rocas, y soñaba con pasar allí todo
+el día como un lagarto, inundándome de luz
+y oyendo cantar los pinos. En fin, ¿qué vamos
+a hacerle? Cerré el molino gruñendo y coloqué
+la llave debajo de la gatera. Tomé el garrote y
+la pipa, y eché a andar.</p>
+
+<p>Llegué a Eyguières próximamente a las dos.
+El villorrio estaba desierto, todo el mundo en
+el campo. En los olmos, junto a la acequia,
+blancos de polvo, cantaban las cigarras como
+en pleno Crau. En la plaza de la Alcaldía, tomando
+el sol, un asno, y en la fuente de la
+iglesia una bandada de palomas, pero ni un alma
+a quien preguntar por el convento de las
+huérfanas. Afortunadamente, aparecióseme de
+pronto una hada vieja, hilando en cuclillas arrimada
+al quicio de su puerta, le expuse mi deseo,
+y como aquella hada era muy poderosa, no
+necesitó más que levantar la rueca, y alzose al
+punto ante mí, como por arte de magia, el convento
+de las huérfanas. Era un caserón destartalado
+y obscuro, muy satisfecho de lucir sobre
+su pórtico ojival una vetusta cruz de arenisca
+roja, con una inscripción latina. Junto a aquella
+casa, vi otra más pequeña con postigos grises,
+y el jardín detrás.</p>
+
+<p>La conocí en seguida y entré sin llamar.</p>
+
+<p>Durante toda mi vida recordaré aquel largo
+corredor fresco y tranquilo, la pared pintada
+de color de rosa, el jardinillo que se entreveía
+en el fondo a través de una cortina de color,
+y en todos los tableros flores y violines descoloridos.
+Prodújome la misma impresión que hubiera
+experimentado al entrar en la casa de algún
+antiguo bailío de los tiempos de Maricastaña.
+Al fin del pasillo, a la izquierda, por una
+puerta entornada oíase el tic tac de un enorme
+reloj y una voz infantil, pero de niño de la
+escuela, que leía deteniéndose en cada sílaba:
+En...ton...ces... San... I...re...ne...o... ex...cla...mó:...
+Yo... soy... el... tri...go del... Se...ñor...
+Es... ne...ce...sa...rio... que... me...
+tri...tu...ren... las... mue...las... de... es...tos...
+a...ni...ma...les... Acerqueme con precaución
+a aquella puerta y miré.</p>
+
+<p>Entre la calma y la media luz de un cuartito,
+un buen anciano de pómulos rojos, arrugado
+hasta la punta de los dedos, dormía embutido
+en un sillón, con la boca abierta y las manos
+en las rodillas. A sus pies, una niñita con traje
+azul, esclavina grande y capillo pequeño, el
+traje de las huérfanas, leía la <i>Vida de San Ireneo</i>
+en un libro más grande que ella. Esta lectura
+milagrosa había ejercido notable influencia
+sobre toda la casa. El viejo dormía en su
+sillón, las moscas en el cielo raso y los pájaros
+en sus jaulas, allá abajo, en la ventana. El gran
+reloj repetía con insistencia monótona su acompasado
+tic tac, tic tac. En toda la estancia no
+estaba despierto nada más que un gran haz de
+luz que se filtraba derecho y blanco por entre
+los postigos cerrados, lleno de chispas vivientes
+y de valses microscópicos. En medio de
+aquel general adormecimiento, la niña proseguía
+su lectura con aire grave: En... se...gui...da...
+dos... le...o...nes... se... lan...za...ron...
+so...bre... él... y... lo... de...vo...ra...ron... En
+ese momento entré yo. Los leones de San Ireneo,
+entrando precipitadamente en la estancia, no
+hubieran producido allí más asombro del que
+yo produje. ¡Un verdadero efecto teatral! La
+pequeña exhala un grito, cáese el librote, espabílanse
+los canarios y las moscas, el viejo se
+yergue sobresaltado, despavorido y turbado yo
+mismo un poco, me paro en el umbral diciendo
+a voces:</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenos días, buenas gentes, soy amigo
+de Mauricio!</p>
+
+<p>¡Oh! Entonces, si ustedes hubieran visto al
+pobre viejo, si le hubiesen visto precipitarse a
+mí, con los brazos extendidos, abrazarme, apretarme
+las manos, correr trastornado por la habitación,
+repitiendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, Dios mío!</p>
+
+<p>Reíansele todas las arrugas del rostro. Estaba
+rojo. Tartamudeaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, caballero! ¡Ah, caballero!</p>
+
+<p>Ibase después al fondo, llamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mamette!</p>
+
+<p>Se abre una puerta, y se oye en el pasillo
+un trotecito de ratón. Era Mamette. Nada tan
+conmovedor como aquella viejecita con su gorro
+de casco, su hábito carmelita y el pañuelo
+bordado, que por honrarme tenía en la mano,
+conforme a la usanza antigua. ¡Cosa enternecedora:
+se parecían! Con papalina y cosas amarillas
+también él hubiera podido llamarse Mamette.
+Pero la verdadera Mamette había debido
+llorar mucho durante su vida, y estaba aún más
+arrugada que la otra. También, como la otra,
+tenía junto a sí una niña del asilo de huérfanas,
+guardianita con esclavina azul que nunca la
+abandonaba, y el ver esos viejos amparados por
+esas huérfanas, era lo más conmovedor que puede
+concebirse.</p>
+
+<p>Mamette, al entrar, había comenzado por hacerme
+una gran reverencia; pero el viejo la
+paralizó con cuatro palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Es amigo de Mauricio.</p>
+
+<p>Y he aquí que, al punto, tiembla, llora, pierde
+el pañuelo, se pone encarnada, muy roja,
+aún más roja que él. ¡Esos viejos! La única
+gota de sangre que tienen en las venas, se les
+sube a la cara a la más pequeña emoción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pronto, pronto, una silla!&mdash;grita la vieja
+a su niña.</p>
+
+<p>&mdash;¡Abre los postigos!&mdash;dice el viejo a la
+suya.</p>
+
+<p>Y agarrándome cada cual por una mano, lleváronme
+de un trote a la ventana, abierta de
+par en par, para contemplarme mejor. Acercan
+los sillones, me instalo entre ambos en una silla
+de tijera, colócanse detrás de nosotros las dos
+niñas de azul, y comienza el interrogatorio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo está? ¿Qué hace? ¿Por qué no ha
+venido a vernos? ¿Está contento?</p>
+
+<p>Y patatín, y patatán. Todo esto durante dos
+horas.</p>
+
+<p>Contesté del mejor modo posible a todas las
+preguntas, diciendo acerca de mi amigo los detalles
+que conocía, inventando descaradamente
+los que ignoraba, y guardándome, sobre todo,
+de confesar que jamás había reparado en si
+cerraban bien sus ventanas, o de qué color era
+el papel de su cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;¡El papel de su cuarto! Es azul, señora,
+azul pálido con guirnaldas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad?&mdash;exclamaba conmovida la pobre
+vieja.</p>
+
+<p>Y dirigiéndose a su marido, agregaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es tan buen muchacho!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí, es un buen muchacho!&mdash;repetía
+el otro lleno de entusiasmo.</p>
+
+<p>Y mientras que yo hablaba había entre ellos
+movimientos de cabeza, sonrisitas maliciosas,
+guiños de ojos, aires de valor entendido. O bien,
+el viejo que se aproximaba a mí diciéndome:</p>
+
+<p>&mdash;Hable usted más fuerte. Es un poco sorda.</p>
+
+<p>Y ella por su parte:</p>
+
+<p>&mdash;Le suplico que hable algo más alto. Es un
+poco teniente.</p>
+
+<p>Yo alzaba entonces la voz, y dábanme los
+dos las gracias con una sonrisa, y entre esas
+lánguidas sonrisas con que se inclinaban hacia
+mí, pretendiendo ver en el cristal de mis ojos
+la imagen de su Mauricio, conmovíame el encontrar
+yo mismo aquella imagen, vaga, velada,
+casi imperceptible, cual si viese a mi amigo
+sonreírseme, entre una bruma, en las lejanías.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>El viejo yérguese repentinamente en el sillón.</p>
+
+<p>&mdash;¿A que no adivinas en qué estoy pensando,
+Mamette? ¡Quizá no habrá almorzado!</p>
+
+<p>Y Mamette, trastornada, levantando los ojos
+al cielo, exclama:</p>
+
+<p>&mdash;¡Sin almorzar! ¡Santo Dios!</p>
+
+<p>Pensé que hablaban todavía de Mauricio, e
+iba a responder que ese buen muchacho jamás
+se ponía a la mesa después del mediodía. Pero
+no, era a mí a quien se referían. Y eran de ver
+las idas y venidas cuando confesé que todavía
+no me había desayunado.</p>
+
+<p>&mdash;¡En seguida, el cubierto, niñas! La mesa
+en medio del cuarto, el mantel del domingo,
+los platos de flores. No se rían tanto, hagan el
+favor, y vamos de prisita.</p>
+
+<p>Creo que, efectivamente, se apresuraron.
+Apenas en el tiempo necesario para romper tres
+platos, encontrose servido el almuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un buen almuercito!&mdash;me decía Mamette
+al conducirme a la mesa;&mdash;pero es sólo para
+usted, porque nosotros ya comimos esta mañana.</p>
+
+<p>A cualquier hora que se visite a esos pobres
+viejos, siempre han comido por la mañana.</p>
+
+<p>El buen almuercito de Mamette componíase
+de dos dedos de leche, unos dátiles y una <i>barquette</i>,
+una cosa parecida a un pestiño, algo
+con que alimentarse ella y sus canarios lo menos
+durante ocho días. ¡Y decir que yo sólo me
+engullí todas aquellas provisiones! Así, pues,
+¡qué indignación alrededor de la mesa! ¡Cómo
+cuchicheaban las niñas vestidas de azul, dándose
+con el codo! Y allá abajo, dentro de sus
+jaulas, cómo parecían decirse los canarios:
+¡Oh! ¿Pues no se come ese señor de una sentada
+todo el pestiño?</p>
+
+<p>Efectivamente, me lo comí todo y casi sin
+darme cuenta de ello, distraído como estaba
+mirando a mi alrededor aquella habitación clara
+y apacible, donde flotaba como un olor a
+cosas antiguas. Lo que más me llamaba la atención
+eran dos camitas de las cuales no podía
+separar los ojos. Figurábame esos lechos, casi
+como dos cunas, a la hora del alba, cuando están
+aún ocultos por sus grandes cortinajes de
+cenefas. Dan las tres de la madrugada. A esa
+hora suelen despertarse todos los viejos.</p>
+
+<p>El pregunta:</p>
+
+<p>&mdash;¿Duermes, Mamette?</p>
+
+<p>&mdash;No, querido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad que Mauricio es un buen muchacho?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí! Es un buen muchacho.</p>
+
+<p>Y así poco más o menos, imaginábame yo
+una charla completa, sólo con haber visto esas
+dos camitas de viejo, colocadas una junto a
+otra.</p>
+
+<p>Durante este tiempo al extremo opuesto de
+la habitación desarrollábase un drama terrible
+delante del armario. Tratábase de alcanzar allá
+arriba, en la última tabla, cierto frasco de cerezas
+en aguardiente que hacía diez años que
+aguardaba a Mauricio, y con cuya apertura quisieron
+obsequiarme. A pesar de los ruegos de
+Mamette, el viejo se había empeñado en ir a
+buscar él mismo las cerezas, y encaramado sobre
+una silla, con gran espanto de su mujer,
+pretendía alcanzarlo. Figúrense el cuadro: el
+viejo temblaba, y empinábase; las niñas vestidas
+de azul, agarradas a la silla de éste, detrás
+de él Mamette, jadeante, con los brazos
+tiesos, y dominando todo esto un leve aroma
+de bergamota que despedían grandes pilas de
+ropa blanca amarillenta amontonada en el armario
+abierto. Era encantador.</p>
+
+<p>Después de esfuerzos inauditos, consiguiose,
+por fin, sacar del armario el famoso frasco y
+con él un antiguo vasito de plata completamente
+abollado, el vaso que Mauricio usaba cuando
+era pequeño. Me lo llenaron de cerezas hasta
+el borde, ¡le agradaban tanto a Mauricio las
+cerezas! Y al servirme el viejo me murmuraba
+al oído con aire golosón:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es usted muy dichoso pudiendo comerlas!
+Mi mujer es quien las ha preparado. Va
+usted a probar cosa rica.</p>
+
+<p>Su mujer, ¡ah! las había preparado pero se
+le había olvidado ponerles el azúcar. ¿Qué quieren?
+La vejez vuelve a uno distraído. ¡Pobre
+Mamette mía! sus cerezas eran malísimas, a
+pesar de lo cual yo me las comí todas sin pestañear,
+no dejando de ellas ni los rabos.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Cuando concluí de almorzar, me levanté para
+despedirme de mis huéspedes. Ellos, por su
+gusto, me hubieran retenido todavía un rato,
+para hablar de Mauricio, pero iba atardeciendo,
+estaba lejos el molino, y era necesario emprender
+la marcha.</p>
+
+<p>El viejo se había puesto de pie al mismo
+tiempo que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Mamette, trae mi sobretodo. Voy a acompañarlo
+hasta la plaza.</p>
+
+<p>Mamette en su fuero interno pensaba indudablemente
+en que hacía ya un poco fresco para
+acompañarme hasta la plaza, pero tuvo la
+prudencia de no exponer su opinión. Unicamente,
+mientras le ayudaba a meterse las mangas
+del sobretodo, un bonito sobretodo de color rapé
+con botones de nácar, oí a la buena señora
+que le decía dulcemente:</p>
+
+<p>&mdash;No regresarás muy tarde, ¿verdad?</p>
+
+<p>A lo que él respondió, con aire picaresco:</p>
+
+<p>&mdash;¡Jem! ¡Jem! No lo sé. Pudiera ocurrir.</p>
+
+<p>Después contempláronse riendo, y las niñitas
+vestidas de azul, de verlos reír, reían, y en su
+rincón reíanse también a su manera, los canarios.
+Dicho sea entre nosotros, creo que el olor
+de las cerezas las había embriagado a todos una
+miajita.</p>
+
+<p>Cuando salimos el abuelo y yo, caía la tarde.
+La niña del vestido azul nos seguía de lejos,
+para acompañarlo a la vuelta, pero él no la veía,
+se enorgullecía de marchar de mi brazo como
+un hombre. Mamette, radiante, observaba todo
+esto desde el quicio de la puerta, y al contemplarnos,
+movía graciosamente la cabeza como
+si nos dijese: «Todavía puede andar mi marido,
+a pesar de los años que tiene.»</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_SUBPREFECTO_EN_EL_CAMPO" id="EL_SUBPREFECTO_EN_EL_CAMPO"></a>EL SUBPREFECTO EN EL CAMPO</h3>
+
+
+<p>El señor subprefecto ha salido de expedición.
+Con el cochero delante y el lacayo detrás, el
+coche de la subprefectura le conduce majestuosamente
+a la Exposición regional de La-Combe-aux-Fées.
+El señor subprefecto se puso
+en ese día memorable la hermosa casaca bordada,
+el sombrerito apuntado, el pantalón estrecho
+galoneado de plata y la espada de gala
+con empuñadura de nácar. Descansa sobre sus
+rodillas una gran cartera de piel de zapa con
+relieves, y la contempla entristecido.</p>
+
+<p>El señor subprefecto contempla entristecido
+su cartera de zapa estampada en hueco; piensa
+en el famoso discurso que en breve ha de pronunciar
+delante del vecindario de La-Combe-aux-Fées.</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados.</p>
+
+<p>Pero, aunque se atusa con insistencia las rubias
+y sedosas patillas, y repite veinte veces
+consecutivas: Señores y queridos administrados,
+no acierta a continuar el discurso.</p>
+
+<p>No acierta a continuar el discurso... ¡Es
+tanto el calor que hace dentro de aquel coche!...
+Hasta que se pierde en lontananza, el
+camino de La-Combe-aux-Fées está lleno de
+polvo, bajo el sol de mediodía. El aire abrasa...
+y especialmente los olmos de orillas del camino,
+cubiertos por completo de blanco polvo,
+millares de cigarras pasan de uno a otro árbol.
+El señor subprefecto se estremece repentinamente.
+Allá abajo, junto a una ladera, divisa
+un verde robledal que parece hacerle señas.</p>
+
+<p>El bosquecillo de carrascas parece hacerle
+señas:</p>
+
+<p>&mdash;Venga usted aquí, subprefecto; al pie de
+mis árboles estará usted perfectamente y podrá
+componer su discurso.</p>
+
+<p>El señor subprefecto queda seducido, apéase
+del coche y dice a sus gentes que le esperen
+mientras él va a componer su discurso en el
+pequeño robledal.</p>
+
+<p>En el bosquecillo de verdes carrascas hay
+pájaros, flores y fuentes bajo la fina hierba...
+Al ver al señor subprefecto con sus lindos pantalones
+y su cartera de zapa estampada, las
+aves se atemorizan y enmudecen; las fuentes
+no se atreven a meter ruido y las flores ocúltanse
+entre el césped. Toda esa gentecilla menuda
+jamás ha visto a un subprefecto, e interrógase
+en voz baja quién será ese gran señor
+que se pasea con pantalón de plata.</p>
+
+<p>Bajo el follaje interrógase la gentecilla menuda
+en voz baja quién es ese señor con pantalón
+de plata. Mientras tanto el señor subprefecto,
+encantado con el silencio y la frescura
+del bosque, se levanta los faldones de la casaca,
+coloca sobre la hierba el sombrero apuntado
+y se sienta en el musgo junto a una encina
+joven. Luego abre en las rodillas la gran
+cartera de piel de zapa con relieves y extrae
+de ella un ancho pliego de papel ministro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es un artista!&mdash;dice la curruca.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;responde un pajarillo,&mdash;no es un artista,
+porque lleva pantalón de plata; pero puede
+ser un príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser un príncipe&mdash;repite otro pajarito.</p>
+
+<p>&mdash;Ni un artista, ni un príncipe&mdash;interrumpe
+un viejo ruiseñor, que había cantado durante
+una primavera en los jardines de la subprefectura.&mdash;Yo
+lo conozco: es... ¡un subprefecto!</p>
+
+<p>Y por todo el bosquecillo repítese sin cesar:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es un subprefecto! ¡Un subprefecto!</p>
+
+<p>&mdash;¡Está muy calvo!&mdash;observa una alondra
+muy moñuda.</p>
+
+<p>Las flores preguntan:</p>
+
+<p>&mdash;¿Es mala persona?</p>
+
+<p>&mdash;¿Es mala persona?&mdash;preguntan las flores.</p>
+
+<p>El viejo ruiseñor contesta:</p>
+
+<p>&mdash;¡No es completamente malo!</p>
+
+<p>Y con esta seguridad, los pájaros reanudan
+su canto, las fuentes vuelven a correr y las
+flores a embalsamar el aire, como si aquel señor
+no estuviese allí. Impasible en medio de
+toda aquella agradable algarabía, el subprefecto
+invoca en su corazón a la Musa de los comicios
+agrícolas, y lápiz en ristre, declama con
+voz de ceremonia:</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados...</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados&mdash;declama
+el subprefecto, con su voz ceremoniosa.</p>
+
+<p>Interrumpido por una carcajada, vuelve la
+cabeza y no ve más que un gran picoverde que
+lo mira riéndose, de patas en el sombrero apuntado.
+El subprefecto se encoge de hombros e
+intenta reanudar su discurso; pero el picoverde
+lo interrumpe, gritándole desde lejos:</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué sirve eso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Para qué sirve eso?&mdash;dice el
+subprefecto, enrojeciendo y, echando con un
+ademán a aquel pájaro insolente, prosigue a
+más y mejor:</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados&mdash;prosigue
+a más y mejor el subprefecto.</p>
+
+<p>Y he aquí que en aquel momento se yerguen
+hacia él las flores desde la punta de sus tallos,
+y le dicen con dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;Señor subprefecto, ¿no advierte usted el
+gratísimo perfume que exhalamos?</p>
+
+<p>Y las fuentes le obsequian bajo el musgo con
+una música divina, y entre las ramas, sobre su
+cabeza, bandadas de currucas le gorjean sus
+notas más sonoras, y todo el bosquecillo conspira
+para impedirle la composición de su discurso.</p>
+
+<p>Todo el bosquecillo conspira para impedirle
+la composición de su discurso.</p>
+
+<p>El señor subprefecto, embriagado de aromas,
+ebrio de música, pretende inútilmente resistir
+el nuevo encanto que le invade. Colócase de
+codos sobre la hierba, se desabrocha la hermosa
+casaca, y farfulla otras dos o tres veces:</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados. Señores
+y queridos adminis... Señores y queridos...</p>
+
+<p>Manda después a paseo a los administrados,
+y la Musa de los comicios agrícolas vese obligada
+a cubrirse el rostro.</p>
+
+<p>Cúbrete el rostro, ¡oh, Musa de los comicios
+agrícolas! Cuando, transcurrida una hora, las
+gentes de la subprefactura, intranquilos por su
+señor, entran en el bosquecillo, contemplan horrorizados
+un espectáculo que les hace retroceder.
+El señor subprefecto, despechugado como
+un bohemio, estaba echado boca abajo sobre la
+hierba. Habíase quitado la casaca, y mascando
+flores, el señor subprefecto componía versos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_POETA_MISTRAL" id="EL_POETA_MISTRAL"></a>EL POETA MISTRAL</h3>
+
+
+<p>Al despertarme el domingo último e incorporarme
+en el lecho, creí, por un instante, que
+estaba en la calle del Faubourg-Montmartre.
+Llovía; el cielo estaba gris; el molino triste.
+Me espantó la idea de pasar en casa aquel día
+de lluvia, y sentíme al punto ansioso de ir a
+calentarme un poco a la de Federico Mistral,
+ese gran poeta que reside en Maillane, villorrio
+que dista tres leguas de mis pinos.</p>
+
+<p>Dicho y hecho: una estaca de ramo de mirto,
+mi Montaigne, una manta, ¡y al camino!</p>
+
+<p>No había un alma en los campos... Nuestra
+hermosa Provenza católica otorga los domingos
+descanso a la tierra... Los perros solos en los
+hogares, las granjas cerradas... De vez en
+cuando, una galera de «ordinario» con el toldo
+chorreando; una vieja, cubierta la cabeza con
+su mantón de color de hoja seca; mulas engalanadas
+con guarnición de esparto azul y blanco,
+madroños rojos, cascabeles de plata, tirando
+de una carreta en las que las gentes de las
+masías van a misa; después, allá abajo, por
+entre los jirones de la bruma, una barca en el
+río y un pescador de pie, lanzando su esparavel.</p>
+
+<p>Imposible de todo punto leer en el camino
+aquel día. Llovía a torrentes, y la tramontana
+arrojaba el agua a cubos al rostro... Hice la caminata
+de un tirón, y después de andar tres
+horas, percibí a la postre ante mí los tres cipresitos
+en medio de los cuales guarécese del
+viento la comarca de Maillane.</p>
+
+<p>No andaba ni un gato por las calles de la
+aldea; todo el mundo estaba en misa mayor.
+Al pasar yo delante de la iglesia, zumbaba el
+piporro, y vi relucir los cirios a través de las
+policromas vidrieras.</p>
+
+<p>El poeta habita al final del término municipal;
+en la postrera casa a la izquierda, en el
+camino de Saint-Remy, una casita de un solo
+piso, con un jardín delante... Entro muy despacio...
+¡No hay nadie! La puerta del salón
+está cerrada, pero oigo que detrás de ella andan
+y hablan en alta voz... Conozco muchísimo
+ese paso y esa voz... Me detengo un instante
+en el corredorcito enjalbegado con cal,
+puesta la mano en el pestillo de la puerta, muy
+emocionado. El corazón me palpita. ¡Qué impresión!</p>
+
+<p>Ahí está. Trabaja... ¿Esperaré que termine
+la estrofa? ¡A fe mía, tanto peor! ¡Adentro!</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Ah, parisienses! Cuando el poeta de Maillane
+fue a visitar a ustedes para enseñar a París
+su <i>Mireya</i>, y vieron a ese Chactas con traje
+de ciudad, con cuello recto y sombrero alto,
+que le molestaba tanto como su gloria, creyeron
+que ése era Mistral... No; no era él. En todo
+el mundo no hay nada más que un Mistral, el
+que sorprendí yo el domingo último en su lugarejo,
+con el sombrero de fieltro de alas anchas
+en la oreja, sin chaleco, de chaquetón, con su
+roja faja catalana oprimiéndole los riñones, brillantes
+los ojos, con el fuego de la inspiración
+en las mejillas, hermoso con su dulce sonrisa,
+elegante como un pastor griego, y caminando
+ligero, con las manos en los bolsillos componiendo
+versos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! ¿Tú aquí?&mdash;gritó Mistral, arrojándoseme
+de un salto al cuello.&mdash;¡Qué buena
+idea has tenido de venir!... Justamente, hoy
+es la fiesta de Maillane. Tenemos la música de
+Aviñón, toros, procesión, farándula; esto será
+magnífico... Mi madre volverá pronto de misa,
+almorzaremos y, después, a ver cómo bailan
+las muchachas bonitas.</p>
+
+<p>Mientras me hablaba, miré emocionado ese
+saloncito de papel claro, que hacía mucho tiempo
+que no había visto y donde he pasado ya
+tan hermosas horas. Todo estaba igual. Siempre
+el mismo sofá de cuadros amarillos, los dos
+sillones de paja, la Venus de Milo, y la Venus
+de Arlés en la chimenea, el retrato del poeta
+por Hébert, su fotografía por Esteban Carjat,
+y en un rincón, cerca de la ventana, el escritorio,
+una humilde mesita de oficial del registro,
+completamente atestada de librotes viejos
+y de diccionarios. En medio de esa mesa de
+despacho, había un gran cuaderno abierto...
+Era <i>Calendal</i>, el nuevo poema de Federico Mistral,
+que verá la luz pública este año el día de
+Navidad. Hacía siete años que Mistral trabajaba
+en ese poema, y cerca de seis meses que
+escribió el último verso; sin embargo, todavía
+no se decide a separarse de él. Es claro, siempre
+hay una estrofa que concluir, una rima
+más sonora que encontrar... Aunque Mistral
+escribe en provenzal, pule sus versos como si
+todos pudieran leerlos en ese idioma y tenerle
+en cuenta sus esfuerzos de buen obrero... ¡Oh,
+valiente poeta! De Mistral hubiera podido también
+decir Montaigne: Acuérdense de aquél a
+quien, como le preguntasen por qué se tomaba
+tanto trabajo en un arte que sólo podía llegar
+a conocimiento de reducido número de personas,
+respondió: «Pocas necesito. Me basta una.
+Tengo suficiente con ninguna.»</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Tenía yo en las manos el cuaderno de <i>Calendal</i>,
+y hojeábalo profundamente emocionado...
+Una banda de pífanos y tamboriles resonó
+de repente en la calle delante de la ventana, y
+he aquí Mistral que corre al armario, saca de
+él vasos y botellas, coloca la mesa en medio del
+salón, y abre la puerta a los músicos, diciéndome:</p>
+
+<p>&mdash;No debes reírte... Vienen a darme la alborada...
+Soy concejal.</p>
+
+<p>La gente invadió el saloncillo. Pusieron los
+tamboriles sobre las sillas, la vieja bandera en
+un rincón, y circuló el vino trasañejo. Después
+de consumir algunas botellas a la salud de
+don Federico, de conversar gravemente acerca
+de la fiesta, de si la farándula será tan bonita
+como el año anterior, de si serán bravos los
+toros, vanse los músicos a dar la alborada a
+casa de los demás regidores. En ese momento
+llega la madre de Mistral.</p>
+
+<p>En un momento ponen la mesa; un hermoso
+mantel blanco y dos cubiertos. Yo conozco la
+costumbre de la casa: sé que, cuando Mistral
+tiene convidados, su madre no se sienta a la
+mesa... La pobre anciana no habla más que
+el provenzal, y pasaría grandes angustias si
+tuviera que conversar con franceses... Por otra
+parte, hace falta en la cocina.</p>
+
+<p>¡Santo Dios, con qué comida más suculenta
+me obsequiaron aquella mañana! Un trozo de
+cabrito asado, queso de monte, mostillo, higos,
+uvas moscateles; todo ello rociado con ese exquisito
+<i>Château-neuf de los Papas</i>, de un color
+rojo tan precioso en los vasos...</p>
+
+<p>A los postres, voy a buscar el cuaderno del
+poema y lo pongo en la mesa delante de Mistral.</p>
+
+<p>&mdash;Habíamos convenido en salir&mdash;dijo sonriéndose
+el poeta.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no! <i>¡Calendal! ¡Calendal!</i></p>
+
+<p>Mistral transige y con su voz musical y dulce,
+llevando el compás de los versos con la mano,
+empieza la lectura del primer canto:</p>
+
+<p class="poem">
+De una zagala loca de amor,<br />
+Ahora que ha dicho la desventura,<br />
+Cantaré, Dios mediante, un hijo de Cassis,<br />
+Un desgraciado pescador de anchoas...<br />
+</p>
+
+<p>Fuera oíase el tañido de las campanas tocando
+a vísperas, estallaban los cohetes en la
+plaza, pasaban y volvían a pasar pífanos y tamboriles
+por las calles. Mugían los toros de Camargue,
+conducidos para la lidia.</p>
+
+<p>Acodado en el mantel, con lágrimas en los
+ojos, escuché la historia del pescadorcillo provenzal.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Calendal es sólo un pescador; el amor lo
+transforma en héroe... Para conquistar el corazón
+de su amada, la hermosa Estérelle, acomete
+empresas milagrosas, y los doce trabajos
+de Hércules son nada si se comparan con los
+suyos.</p>
+
+<p>Una vez, como se le ocurriera hacerse rico,
+inventa formidables artes de pesca y arrastra
+al puerto todos los pescados del mar. Otra vez,
+va a retar en su propio nido de águilas a un
+terrible bandido de las gargantas de Ollionles,
+el conde Severan, entre sus matones y sus rufianes...
+¡Valiente mozo más templado es ese
+mocito Calendal! Un día tropieza en Sainte-Beaume
+con dos partidas de artesanos que habían
+ido allí a ventilar sus disputas a grandes
+golpes de compás, sobre el sepulcro del maestro
+Yago, un provenzal que construyó la armadura
+del templo de Salomón, si ustedes no
+se enojan. Calendal se lanza en medio de la
+carnicería y pone paz a los compañeros sólo
+con hablarles...</p>
+
+<p>¡Empresas sobrehumanas!... Allá arriba, en
+las peñas de Lure, existía un bosque de cedros
+inaccesibles, donde jamás leñador alguno
+se había atrevido a subir.</p>
+
+<p>Va Calendal y permanece allí treinta días
+completamente solo. Durante treinta días, óyese
+el ruido de su hacha, que resuena al hundirse
+en los troncos.</p>
+
+<p>Ruge la selva; uno tras otro caen los viejos
+árboles gigantescos y ruedan al fondo de los
+abismos, y cuando Calendal desciende, ya no
+queda ni un cedro en la montaña...</p>
+
+<p>Después de todo y como premio de tales hazañas,
+el pescador de anchoas obtiene el amor
+de Estérelle, y es nombrado cónsul por los habitantes
+de Cassis. Tal es la historia de Calendal.
+Pero, ¿qué importa Calendal? Lo que vive,
+sobre todo, en el poema, es la Provenza,
+la Provenza del mar, la Provenza de la montaña,
+con su historia, sus costumbres, sus tradiciones,
+sus paisajes, todo un pueblo candoroso
+y libre que ha encontrado su gran poeta
+antes de perecer...</p>
+
+<p>Y ahora, ¡tracen caminos de hierros, planten
+postes telegráficos, expulsen la lengua provenzal
+de las escuelas!</p>
+
+<p>¡Provenza ha de vivir eternamente en <i>Mireya</i>
+y en <i>Calendal</i>!</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta de poesía!&mdash;dijo Mistral, cerrando
+su cuaderno.&mdash;Es preciso ver la fiesta.</p>
+
+<p>Salimos. Todo el pueblo estaba en las calles;
+un ramalazo de cierzo había disipado las nubes
+del cielo, que brillaba alegremente sobre
+las rojas techumbres, mojadas por la lluvia.
+Llegamos a tiempo de presenciar la procesión
+que regresaba. Durante una hora fue aquello un
+interminable desfile de penitentes con capirotes,
+penitentes blancos, penitentes azules, penitentes
+grises, cofradías de mozas con velo,
+estandartes rojos con flores de oro, grandes imágenes,
+unas de madera desdoradas y conducidas
+en cuatro hombros, y otras de loza coloridas
+como ídolos con grandes ramos en la mano,
+capas de coro, incensarios, doseles de terciopelo
+verde, crucifijos rodeados de seda blanca;
+todo esto flameando al viento, entre la luz
+de los cirios y la del sol, en medio de salmos,
+de letanías y de las campanas, que no cesaban
+de tocar a rebato.</p>
+
+<p>Terminada la procesión y colocados nuevamente
+los santos en sus capillas, fuimos a ver
+los toros, más tarde los juegos en la era, las luchas
+de hombres, los tres saltos, el ahorcagato,
+el juego del odre y todo el divertido aparato de
+las fiestas provenzales... Caía la noche cuando
+regresamos a Maillane. En la plaza, frente al
+cafetín donde Mistral pasa las veladas jugando
+su partida con su amigo Zidore, habían encendido
+una hermosa hoguera... Organizábase la
+farándula. Faroles de papel recortado brillaban
+por todas partes entre la obscuridad; la juventud
+tomaba puesto, y en seguida, a un redoble
+de los tamboriles, comenzó alrededor de las
+llamas un corro desenfrenado, estrepitoso, que
+no había de cesar en toda la noche.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Después de cenar, sumamente rendidos de
+cansancio para correr de nuevo, subimos a la
+alcoba de Mistral. Es un modesto dormitorio
+de campesino, con dos grandes camas. Las paredes
+no están empapeladas; vense descubiertas
+las vigas del techo... Hace cuatro años,
+cuando la Academia concedió al autor de <i>Mireya</i>
+el premio de tres mil francos, ocurriósele
+a la señora Mistral una idea.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te parece que empapelemos tu alcoba
+y le pongamos cielo raso?&mdash;preguntó a su
+hijo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no!&mdash;repuso Mistral.&mdash;Esto es el dinero
+de los poetas; no se le puede tocar.</p>
+
+<p>Y el dormitorio volvió a quedar desnudo. Pero
+mientras que duró el dinero de los poetas,
+los que han acudido a Mistral han encontrado
+abierta su bolsa...</p>
+
+<p>Me había yo llevado a la alcoba el manuscrito
+de <i>Calendal</i>, e instele para que me leyera
+otro pasaje antes de dormirme. Mistral eligió
+el episodio de la loza. En pocas palabras es el
+siguiente:</p>
+
+<p>Celebrábase una gran comida, no sé dónde.
+Ponen en la mesa una hermosa vajilla de loza
+de Moustiers. En el fondo de cada plato hay un
+asunto provenzal, dibujado en azul sobre el vidriado;
+allí está contenida toda la historia regional.</p>
+
+<p>Es digno de ver el hermoso amor con que
+está descrita esa hermosa vajilla de loza; una
+estrofa para cada plato, otros tantos pequeños
+poemas de un trabajo sencillo y erudito, acabados
+como una descripción de Teócrito.</p>
+
+<p>Cuando me recitaba Mistral sus versos en
+aquella hermosa lengua provenzal, latina en
+más de sus tres cuartas partes, hablada antiguamente
+por las reinas y que hoy sólo comprenden
+los frailes, admiraba yo en mi fuero
+interno a ese hombre. Y al pensar en el estado
+ruinoso en que halló su lengua materna y en
+lo que con ella ha hecho, imaginábame uno de
+esos vetustos palacios de los príncipes de Baux
+que se ven en los Alpilles: sin techo, sin balaustradas
+en las escalinatas, sin vidrios en las
+ventanas, quebrado el trébol de las ojivas, corroído
+por el moho el escudo de las puertas;
+gallinas picoteando en el patio de honor, cerdos
+hozando bajo las esbeltas columnillas de
+las galerías, el asno paciendo dentro de la capilla,
+donde crece la hierba, las palomas bebiendo
+en las grandes pilas de agua bendita,
+rebosantes de agua de lluvia, y finalmente, entre
+esos escombros dos o tres familias de labriegos
+que han construido chozas alrededor del
+vetusto palacio.</p>
+
+<p>Y después llega un día en que el hijo de uno
+de esos campesinos se enamora de esas grandes
+ruinas y se indigna al verlas profanadas de
+ese modo; a toda prisa arroja el ganado fuera
+del patio de honor, y viniendo en su ayuda las
+hadas, por sí solo reedifica la monumental escalera,
+vuelve a poner tableros en las paredes
+y vidrieras en los ventanajes, reconstruye las
+torres, vuelve a dorar la sala del trono y pone
+en pie el extenso palacio de otros tiempos, donde
+encontraron hospedaje papas y emperatrices.</p>
+
+<p>Ese palacio restaurado es la lengua provenzal.</p>
+
+<p>Mistral es ese hijo del campesino.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LAS_NARANJAS" id="LAS_NARANJAS"></a>LAS NARANJAS</h3>
+
+
+<p>Las naranjas tiene en París el triste aspecto
+de frutas caídas, que se toman junto a los árboles.
+Cuando llegan, en pleno invierno lluvioso
+y frío, su brillante corteza y su excesivo
+aroma, en estos países de sabores moderados,
+les dan un aire extraño, algo bohemio. Durante
+las noches de niebla, van tristemente costeando
+las aceras, amontonadas en sus carritos ambulantes,
+al mezquino fulgor de un farolillo de
+papel rojo. Un grito monótono y débil, perdido
+entre el rodar de los coches y el barullo de los
+ómnibus, les sirve de escolta.</p>
+
+<p>&mdash;¡A veinte céntimos naranjas de Valencia!</p>
+
+<p>Para las tres cuartas partes de los parisienses,
+ese fruto traído de muy lejos, de vulgar redondez,
+donde el árbol no ha dejado nada más
+que un insignificante pedúnculo verde, participa
+de la golosina, de la confitería. El papel
+de seda en que está envuelto, las festividades
+a que acompaña, contribuyen a dicha impresión.
+Cuando enero se aproxima, sobre todo,
+los millares de naranjas esparcidas por las calles,
+todas esas cáscaras arrojadas en el barro
+del arroyo, hacen pensar en algún gigantesco
+árbol de Navidad que sacudiese sobre París sus
+ramas cuajadas de frutas artificiales. No hay
+rincón alguno donde no se vean. Tras los limpios
+cristales de un escaparate, elegidas y adornadas;
+a la puerta de prisiones y asilos, entre
+paquetes de bizcochos y pequeños montones de
+manzanas; delante de los peristilos de los bailes
+y teatros los domingos. Y su exquisito aroma
+se confunde con el olor del gas, el chirrido
+de las mamparas, el polvo de las banquetas del
+paraíso. Hasta se olvida que hacen falta naranjos
+para producir las naranjas; pues, mientras
+que la fruta nos la envían directamente del
+Mediodía metida en cajones, el árbol de la estufa
+donde pasa el invierno, cortado, transformado,
+disfrazado, sólo una vez aparece, y durante
+breve tiempo, al aire libre en los paseos
+públicos.</p>
+
+<p>Para conocer bien las naranjas es necesario
+verlas en los países que las producen: en las
+islas Baleares, en Cerdeña, en Córcega, en Argelia,
+entre el aire azul dorado, en la tibia atmósfera
+del Mediterráneo. Jamás olvidaré un
+bosquecillo de naranjos que vi a las puertas de
+Blidah. ¡Allí sí que estaban hermosas! Entre
+el follaje obscuro, brillante, barnizado, las frutas
+tenían el lustre de vasos de color, y doraban
+el aire que las circundaba con esa aureola de
+esplendor que rodea a las flores de tonos vivos.
+Algunos claros permitían ver a través de las
+ramas las murallas de la reducida ciudad, el
+minarete de una mezquita, la cúpula de un
+marabut, y en lo alto la enorme masa del Atlas,
+verde en su base, nevada en la cima, como
+cubierta de blancas pieles, con cabrilleos, con
+la blancura de copos caídos.</p>
+
+<p>Estando yo allí, una noche, por no sé qué
+fenómeno desconocido desde treinta años atrás,
+aquella zona de escarchas invernales agitose sobre
+la ciudad dormida, y Blidah se despertó
+transformada, empolvada de blanco. En aquel
+aire argelino, tan tenue y tan puro, semejaba
+la nieve polvo de nácar, con reflejos de plumas
+de pavo real. Lo más hermoso era el bosque
+de naranjos. Las verdes hojas conservaban la
+nieve intacta y enhiesta como sorbetes encima
+de platillos de laca, y todos los frutos espolvoreados
+de escarcha ofrecían una entonación
+suave y espléndida, una irradiación discreta,
+como el oro velado por transparentes telas
+blancas. Aquello producía la vaga impresión de
+una fiesta de iglesia, de sotanas rojas bajo albas
+de encajes, de dorados de altares rodeados de
+randas de hilo...</p>
+
+<p>Sin embargo, mis más gratos recuerdos en
+materia de naranjas proceden de Barbicaglia,
+un gran jardín junto a Ajaccio, donde pasaba
+yo la siesta durante las horas de calor. Los naranjos,
+más altos y espaciados allí que en Blidah,
+llegaban hasta el camino, solamente separado
+del huerto por un seto vivo y una zanja.
+El mar, el inmenso mar azul, extendía su
+vasta planicie inmediatamente después del
+huerto. ¡Qué buenas horas he pasado en ese
+jardín! Por cima de mi cabeza, los naranjos
+florecidos y con fruto quemaban los aromas de
+sus esencias. Una naranja madura desprendíase
+del árbol, de vez en cuando, cayendo junto
+a mí, como aletargada por el calor, con un
+ruido mate y sin eco en la tierra apelmazada.
+Para apoderarme de ella, me bastaba extender
+la mano. Eran soberbias frutas, de un rojo purpúreo
+en su interior. Parecíanme exquisitas, y
+después ¡era tan hermoso el horizonte! Por entre
+las hojas percibíase el mar, en espacios azules
+deslumbradores como trozos de vidrio roto
+que espejearan entre las brumas del aire. Al
+mismo tiempo que eso, el movimiento del oleaje
+conmoviendo la atmósfera a grandes distancias,
+ese acompasado murmullo que nos mece
+como en una barca invisible, el calor, el olor
+de las naranjas... ¡Ah, qué bien se podía dormir
+en el huerto de Barbicaglia!</p>
+
+<p>No obstante, en ocasiones, en el momento
+más grato de la siesta, despertábanme sobresaltado
+redobles de tambor. Eran infelices músicos
+militares que ensayaban allá abajo, en el
+camino. A través de los claros del seto brillaba
+el cobre de los tambores y veía yo los grandes
+mandiles blancos encima del pantalón encarnado.
+Para guarecerse un poco de la cegadora
+luz que el polvo del camino les enviaba de reflejo
+despiadadamente, situábanse los pobres
+diablos junto al jardín, en la breve sombra del
+seto. ¡Y valiente barullo el que armaban, y asfixiante
+calor el que sufrían! Entonces, saliendo
+por fuerza de mi hipnotismo, me entretenía
+arrojándoles algunos de esos hermosos frutos
+de oro rojo que pendían al alcance de mi mano.
+El tambor a quien apuntaba se detenía. Un
+minuto de vacilación, una mirada en torno para
+averiguar de dónde vendría la soberbia naranja
+que rodaba hasta él por la zanja; recogíala
+después con ligereza y mordía a boca llena,
+sin mondarla siquiera.</p>
+
+<p>Recuerdo además que cerca de Barbicaglia,
+y separado solamente por una tapia baja, había
+un jardinillo bastante extraño, que dominaba
+yo desde la altura en que estaba. Era un
+rincón de tierra, de vulgar diseño. Sus calles,
+de brillante arena, encintadas de verdísimo boj,
+los dos cipreses de su puerta de entrada, dábanle
+apariencia de una casa de campo marsellesa.
+Ni una línea de sombra. En el fondo, un
+blanco edificio de piedra, con ventanas de sótano
+al ras del suelo. Al pronto creí que era
+una quinta; pero, después de mirar con más
+detenimiento, la cruz que la remataba y una
+inscripción grabada en la piedra, y cuyo texto
+no distinguía, me hicieron reconocer una tumba
+de familia corsa. En las inmediaciones de
+Ajaccio hay muchas de esas capillitas mortuorias,
+que se alzan solitarias rodeadas de jardines.
+La familia acude allí los domingos a visitar
+a sus muertos. Comprendida de ese modo
+la muerte, es menos triste que entre la confusión
+de los cementerios. Sólo pasos amigos turban
+el silencio.</p>
+
+<p>Desde mi sitio contemplaba yo las idas y venidas
+de un anciano que circulaba tranquilamente
+por las alamedas. Todo el día estaba podando
+los árboles, cavando, regando, cortando
+las flores marchitas con minucioso esmero.
+Después, a la caída del sol, entraba en la capillita
+donde yacían los difuntos de su familia,
+guardaba los azadones, los rastrillos, las grandes
+regaderas, todo esto tranquilamente, con
+la serenidad de un jardinero de cementerio. No
+obstante, sin darse cuenta de ello, ese buen
+hombre trabajaba con cierto recogimiento, acallando
+los ruidos y con la puerta de la bóveda cerrada
+siempre discretamente, cual si abrigara el
+temor de despertar a alguno. En medio de aquel
+silencio absoluto, el arreglo del jardinillo no turbaba
+ni a un ave, y su vecindad nada tenía
+de triste; pero el mar parecía así más inmenso,
+el cielo más alto, y en aquella siesta interminable
+trascendía en torno de ella el sentimiento
+del descanso eterno, entre la naturaleza embriagadora,
+abrumadora, pletórica de vida.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EN_MILIANAH" id="EN_MILIANAH"></a>EN MILIANAH</h3>
+
+<p class="cabeza">NOTAS DE VIAJE</p>
+
+
+<p>Voy a conducir a ustedes ahora a una linda
+y pequeña ciudad de Argelia, a doscientas o
+trescientas leguas del molino, para que pasen
+allí el día... Esto nos hará cambiar un poco
+de tantos tamboriles y cigarras...</p>
+
+<p>...Amenaza lluvia; el cielo está gris, la bruma
+envuelve las crestas del monte Zaccar. Domingo
+triste... En mi cuartito de fonda, cuya
+ventana da a las murallas árabes, procuro distraerme
+encendiendo cigarrillos... Toda la biblioteca
+de la hospedería ha sido puesta a mi
+disposición; entre una historia muy detallada
+del censo de la población y algunas novelas de
+Paul de Kock, encuentro un tomo descabalado
+de Montaigne... Abro el libro por donde él
+quiere abrirse, y vuelvo a leer la admirable carta
+en que describe el autor la muerte de La
+Boétie... Heme aquí tan meditabundo y sombrío
+como jamás lo estuve... Caen algunas gotas
+de lluvia. Cada gota, al caer sobre el reborde
+de la ventana, dibuja una ancha estrella
+en el polvo amontonado allí desde las lluvias
+del año último. El libro se me cae de las manos
+y durante largo tiempo contemplo aquella
+estrella melancólica...</p>
+
+<p>Dan las dos en el reloj de la ciudad, un antiguo
+<i>marabut</i>, cuyas frágiles paredes blancas
+percibo desde aquí... ¡Pobre diablo de <i>marabut</i>!
+¿Quién le hubiese dicho hace treinta años
+que un día tenía que sostener en medio del
+pecho una gran esfera municipal, y que todos
+los domingos a las dos en punto daría la señal
+a todas las iglesias de Milianah para tocar a
+vísperas?... ¡Tilín, talán! Ya han sido echadas
+a vuelo las campanas... Tenemos para rato...
+Decididamente, esta habitación es triste.
+Las grandes arañas de la mañana, que inspiran
+pensamientos filosóficos, han fabricado sus
+telas en todos los rincones... Vamos fuera.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Al llegar a la plaza mayor, la música del
+tercero de línea, que no se intimida por un poco
+de lluvia, va a colocarse en torno de su director.
+El general y sus hijas se asoman a una
+de las ventanas de la comandancia; en la plaza,
+el subprefecto se pasea de un lado para el
+otro, agarrado al brazo del juez de paz. Media
+docena de chiquillos árabes medio desnudos juegan
+a las bochas en un rincón, gritando desaforadamente.
+Allá abajo, acude un harapiento
+judío viejo a tomar un rayo de sol que ayer había
+dejado en aquel sitio, y queda sorprendido
+al no encontrarlo ya... «Uno, dos, tres: empiecen.»
+La música ejecuta una antigua mazurka
+de Talexy, que tocaban los organillos el invierno
+último debajo de mis ventanas. En otra
+época me aburría aquella mazurka; hoy me
+conmueve hasta hacer brotar mis lágrimas.</p>
+
+<p>¡Oh, son muy dichosos los músicos del tercero!
+Fijos los ojos en las semicorcheas, ebrios
+de ritmo y de ruido, sólo piensan en contar
+sus compases. Su alma, toda su alma está en
+esa cuartilla de papel como la palma de la mano,
+que tiembla en la punta del instrumento,
+sujeta por dos dientes de cobre. «Uno, dos,
+tres: empiecen.» A eso lo reducen todo esas
+gentes sencillas; los aires nacionales que tocan,
+jamás les producen nostalgia... ¡Ay! A mí, que
+no soy de la charanga, aquella música me entristece
+y me alejo...</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¿Dónde pasaré distraído esta tarde gris dominguera?
+¡Está bien! La tienda de Sid'Omar
+se encuentra abierta... Entremos en casa de
+Sid'Omar.</p>
+
+<p>Sid'Omar tiene tienda y, sin embargo, no
+es tendero. Es un príncipe de la sangre, hijo
+de un antiguo bey de Argel, a quien estrangularon
+los genízaros... A la muerte de su padre,
+Sid'Omar refugiose en Milianah con su
+madre, a quien adoraba, y allí residió algunos
+años como un gran señor filósofo, rodeado de
+sus lebreles, sus halcones, sus caballos y sus
+mujeres, en hermosos palacios muy frescos,
+llenos de naranjos y de fuentes. Vinieron los
+franceses. Sid'Omar fue al principio enemigo
+nuestro y aliado de Abd-el-Kader, pero concluyó
+por reñir con el emir y se sometió. El
+emir, para tomar venganza, entró en Milianah
+estando ausente Sid'Omar, saqueó sus palacios,
+taló sus naranjales, apoderose de los caballos
+y de las mujeres e hizo aplastar la garganta
+de su madre con la tapa de un arcón...
+La cólera de Sid'Omar fue terrible; alistose en
+seguida al servicio de Francia, y mientras duró
+nuestra guerra contra el emir no hubo un soldado
+mejor ni más bravo que él. Concluida la
+guerra, Sid'Omar regresó a Milianah; pero,
+aun hoy, cuando se habla de Abd-el-Kader en
+su presencia, palidece y le relampaguean los
+ojos.</p>
+
+<p>Sid'Omar tiene sesenta años, y a pesar de
+la edad y de la viruela, conserva la hermosura
+del rostro: grandes pestañas, mirada de mujer,
+una sonrisa seductora, modales de príncipe.
+Arruinado por la guerra, sólo le queda de su
+antigua opulencia, una granja en la llanura de
+Chélif y una casa en Milianah, donde vive muy
+modestamente con sus tres hijos educados a
+su vista. Los jefes indígenas le profesan gran
+veneración... Cuando hay discusiones, someten
+a su deliberación los asuntos que las provocan,
+y su juicio es casi siempre ley. Sale poco; puede
+vérsele todas las tardes en una tienda adjunta
+a su casa y que da a la calle. El mobiliario
+de esa estancia no es rico; paredes blancas enlucidas
+con cal, un banco circular de madera,
+cojines, largas pipas, dos braseros... Ahí recibe
+Sid'Omar en audiencia y administra justicia.
+Un Salomón de tienda.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>El concurso es numeroso hoy, domingo. En
+torno de la sala están en cuclillas una docena
+de jefes, arrebujados en sus albornoces. Cada
+uno de ellos tiene junto a sí una gran pipa y
+una tacita de café en una fina huevera de filigrana.
+Entro; todos permanecen inmóviles y
+atentos... Desde su sitio, Sid'Omar me saluda
+con su más encantadora sonrisa, y me invita
+con la mano a sentarme junto a él, en un gran
+almohadón de seda amarilla; después, con un
+dedo en los labios, me aconseja que escuche.</p>
+
+<p>El caso es el siguiente. El caíd de los Beni-Zugzugs
+tuvo algunas cuestiones con un judío
+de Milianah a causa de un lote de terreno, cuya
+propiedad se disputaban; las dos partes convinieron
+en llevar el litigio ante Sid'Omar y
+someterse a su fallo. Citáronse para el mismo
+día, así como a los testigos; de pronto, el judío
+varía de opinión y viene solo, sin testigos, a
+manifestar que prefiere someterse al fallo del
+juez de paz de los franceses que al de Sid'Omar... En esto estaba el asunto cuando yo
+llegué.</p>
+
+<p>El judío, un anciano de barba terrosa, túnica
+de color castaño y gorro de terciopelo, levanta
+al cielo el rostro, pone ojos suplicantes,
+besa las babuchas de Sid'Omar, inclina la cabeza,
+se arrodilla, junta las manos... No entiendo
+el árabe; pero por la pantomima del judío,
+por sus palabras <i>juez de paz, juez de paz</i>,
+que repite frecuentemente, adivino este discurso:</p>
+
+<p>Confiamos en la rectitud de Sid'Omar, Sid'Omar es prudente,
+Sid'Omar es justo... Sin
+embargo, el juez de paz resolverá mucho mejor
+esta cuestión.</p>
+
+<p>El auditorio se indigna, pero permanece impasible,
+como árabe que es... Sid'Omar, dios de
+la ironía, se sonríe escuchando, reclinado en
+su almohadón, con la mirada abstraída y la boquilla
+de ámbar entre sus labios. De pronto, en
+lo mejor de su perorata, el judío se ve cortado
+por un enérgico ¡cáspita! que le hace enmudecer;
+al mismo tiempo, un colono español,
+que está presente como testigo del caíd, abandona
+su puesto, y aproximándose al Iscariote le
+suelta un chaparrón de insultos en todos los
+idiomas y de todos colores, entre otros, cierto
+vocablo francés sumamente ofensivo... El hijo
+de Sid'Omar, que comprende el francés, se ruboriza
+al oír semejante palabra delante de su
+padre, y se marcha de la sala. Fijémonos en
+este rasgo de la educación árabe. El auditorio
+prosigue impasible y Sid'Omar siempre risueño.
+El judío se levanta y dirígese a la puerta
+andando hacia atrás, temblando de miedo, pero
+sin dejar de repetir a más y mejor su eterno
+<i>juez de paz, juez de paz</i>... Sale. El español
+lánzase furioso tras él, lo alcanza en la calle, y
+¡pim, pam! por dos veces lo abofetea en los
+carrillos... El Iscariote se arrodilla con los brazos
+en cruz... El español, un poco avergonzado,
+vuelve a entrar en la tienda... Al verlo se
+levanta el judío y pasea una mirada socarrona
+por la abigarrada multitud que lo rodea. Vense
+gentes de todas razas; malteses, mahoneses,
+negros, árabes, todos unidos por el odio a los
+judíos y gozosos porque han maltratado a uno...
+El Iscariote vacila un instante; después, agarrando
+a un árabe por la tela del albornoz, exclama:</p>
+
+<p>&mdash;Tú lo viste, Achmed, tú lo viste... Tú estabas
+delante... El cristiano me maltrató... Serás
+testigo... bien... bien... Serás testigo.</p>
+
+<p>El árabe le obliga a soltar el albornoz y rechaza
+al judío... No sabe nada, no ha presenciado
+nada: cabalmente en aquel momento miraba
+a otro lado.</p>
+
+<p>&mdash;Tú, sí, Kaddur, tú lo has visto... has visto
+al cristiano cuando me pegó&mdash;grita el infeliz Iscariote
+a un negrazo que está mondando un
+higo chumbo.</p>
+
+<p>El negro manifiesta su desprecio, escupiendo
+y se marcha; no ha visto nada... Tampoco ha
+visto nada ese muchacho maltés, cuyos ojos de
+carbón brillan maliciosos bajo su birreta. Tampoco
+ha visto nada aquella mahonesa de tez
+de ladrillo que se aleja riéndose con la cesta
+de granadas encima de la cabeza...</p>
+
+<p>Aunque el judío grita, ruega y brujulea, ¡ni
+un testigo!... Nadie ha visto nada... Afortunadamente,
+dos de sus correligionarios pasan entonces
+por la calle, con las orejas gachas, arrimados
+a las paredes. El judío los ve.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pronto, pronto, hermanos! ¡A prisa, al
+agente de negocios! ¡A prisa, al <i>juez de paz</i>!...
+Ustedes lo han visto, ustedes... ¡Han visto que
+han maltratado al viejo!</p>
+
+<p>¿Que si lo han visto?... ¡Ya lo creo!</p>
+
+<p>...Gran movimiento en la tienda de Sid'Omar... El cafetero llena las tazas, enciende
+otra vez las pipas. Charlan, se ríen a más y
+mejor. ¡Es tan divertido ver zurrarle la badana
+a un judío!... En medio de la zambra y del
+humo, me acerco despacio a la puerta; siento
+deseos de ir a rondar un poco por la judería,
+para saber qué impresión ha producido a los
+correligionarios del Iscariote la afrenta hecha
+a su hermano...</p>
+
+<p>&mdash;Venga a comer esta tarde, señor&mdash;me grita
+el bueno de Sid'Omar.</p>
+
+<p>Acepto, doy las gracias y me marcho.</p>
+
+<p>Todo el mundo anda alborotado en el barrio
+judío. El asunto ha producido ya mucho ruido.
+No hay nadie en los tenduchos. Bordadores,
+sastres, guarnicioneros, todo Israel se ha
+echado a la calle... Los hombres, con gorro de
+terciopelo y medias de lana azul, gesticulando
+en grupos, con mucha algazara... Las mujeres,
+desencajadas, abotagadas, tiesas como ídolos
+de madera, con sus faldas escurridas, con peto
+de oro y el rostro rodeado por cintas negras,
+mézclanse uno y otro grupo chillando como gatas...
+En el momento de llegar yo, se arremolina
+la muchedumbre... Apoyado en sus testigos,
+el judío, personaje principal de la comedia,
+pasa por entre dos setos de gorros, bajo
+una lluvia de exhortaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Toma venganza, hermano; vénganos, venga
+al pueblo judío. Nada temas; la ley está en
+favor tuyo.</p>
+
+<p>Un horrible enano, hediendo a pez y a suela
+vieja, se acerca a mí con aire gemebundo, y
+suspirando fuertemente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo ves!&mdash;me dice.&mdash;¡Cómo nos tratan
+a los pobres judíos! ¡Es un viejo! Mira.
+Poco ha faltado para que lo maten.</p>
+
+<p>No cabe duda de que el pobre Iscariote está
+más muerto que vivo. Pasa por delante de mí,
+con la vista apagada y el semblante descompuesto;
+no andando, sino arrastrándose... Sólo
+una fuerte indemnización puede curarlo; así es
+que no lo llevan a casa del médico, sino a la
+del agente de negocios.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>En Argelia hay muchos agentes de negocios,
+casi tantos como langostas. Puede creerse que
+el oficio es bueno. De todos modos tiene la ventaja
+de que en él se puede entrar a la pata la
+llana, sin estudios, ni fianza, ni avecindamiento.
+Como en París nos hacemos literatos, en
+Argelia se hacen agentes de negocios. Sólo se
+necesita saber un poco de francés, español y
+árabe, llevar siempre un código en el bolsillo,
+y tener, especialmente, el temperamento de la
+profesión.</p>
+
+<p>Las funciones del agente son muy diversas:
+sucesivamente abogado, procurador, corredor,
+perito, intérprete, tenedor de libros, comisionista,
+escribiente de portal, es el maestro Yago
+de la colonia. Pero Harpagón no tenía más
+que uno, y la colonia tiene muchos más de los
+que ha menester. Sólo en Milianah se cuentan
+por docenas. Para evitar los gastos de oficina,
+esos señores reciben generalmente a sus clientes
+en el café de la plaza mayor, y celebran
+sus consultas&mdash;¿puede decirse que las celebran?&mdash;entre
+el ajenjo y otra bebida.</p>
+
+<p>El digno Iscariote encamínase al café de la
+plaza mayor, acompañado de sus dos testigos.
+No vayamos tras de ellos.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Cuando abandono el barrio judío, paso por
+delante de la oficina árabe. Desde fuera, con
+su tejado de pizarra y el pabellón francés ondeando
+encima, podía tomársele por una alcaldía
+rural. Conozco al intérprete; entremos a
+fumar con él un cigarrillo. ¡Pitillo tras pitillo
+concluiré por matar este domingo sin sol!</p>
+
+<p>Numerosos árabes andrajosos ocupan el patio
+que precede a la oficina. Hay allí, haciendo antecámara,
+una cincuentena, agachados a lo largo
+de las paredes, arrebujados en sus albornoces.
+Aquella antecámara beduina, aunque está
+al aire libre, despide fuerte olor a piel humana.
+Pasemos pronto de largo... En la oficina veo al
+intérprete enfrascado con dos grandes vocingleros
+completamente desnudos bajo largas
+mantas mugrientas, y narrando con airada mímica
+no sé qué historia de un rosario robado.
+Tomo asiento en un rincón, sobre una estera
+y miro... Bonito traje el del intérprete. ¡Y qué
+bien le sienta al intérprete de Milianah! Parecen
+pintiparados el uno para el otro. El vestido
+es azul celeste con alamares negros y relucientes
+botones de oro. El intérprete es rubio,
+rosado, pelo rizado; un lindo húsar azul, bien
+humorado e ingenioso; un poco parlanchín,
+¡habla tantas lenguas! un poco escéptico, ¡ha
+conocido a Renán en la escuela orientalista!
+gran aficionado al <i>sport</i>, tan satisfecho en el
+vivac árabe como en las veladas de la subprefectura,
+bailarín como nadie y que hace el <i>cuscús</i>
+como cualquiera. Parisiense en una palabra;
+tal es mi hombre, y no es extraño que las
+mujeres se pirren por él. En cuanto a <i>dandysmo</i>,
+no tiene más que un rival: el sargento de
+la oficina árabe. Este, con su levita de paño
+fino y sus polainas con botones de nácar, causa
+la desesperación y la envidia a toda la guarnición.
+Destacado en la oficina árabe, está rebajado
+del servicio de cuartel y siempre se le
+ve en la calle, de guante blanco, recién rizado,
+con grandes cartapacios bajo el brazo. Es admirado
+y temido. Es una autoridad.</p>
+
+<p>No hay duda; aquella historia del rosario robado
+lleva trazas de no acabarse nunca. ¡Buenas
+tardes! No espero el final.</p>
+
+<p>Al marcharme, está en efervescencia la antecámara.
+La muchedumbre rodea a un individuo
+de elevada estatura, pálido, altivo, envuelto en
+un albornoz negro. Ese hombre había luchado
+ocho días antes con una pantera en el Zaccar.
+La pantera fue muerta, pero el hombre sacó
+medio brazo devorado. Va diariamente a la
+oficina árabe para hacer que le curen, y siempre
+lo detienen en el patio para oírle referir su
+historia. Habla lentamente y con una hermosa
+voz gutural. De vez en cuando entreabre el
+albornoz y muestra, pegado al pecho, el brazo
+izquierdo arrebujado en trapos ensangrentados.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Tan pronto como llego a la calle, estalla una
+violenta tempestad. Lluvia, truenos, relámpagos,
+viento siroco... Pronto, a refugiarse en
+cualquier sitio. Me meto por una puerta, al
+acaso, y me encuentro rodeado de una camada
+de bohemios, amontonados bajo los arcos de un
+patio morisco. Ese patio es una dependencia de
+la mezquita de Milianah; es el refugio habitual
+de la piojería árabe, y se llama el <i>patio de los
+pobres</i>.</p>
+
+<p>Grandes y escuálidos lebreles, llenos de miseria,
+se acercan dando vueltas en torno mío
+con aire amenazador. Pegado a uno de los pilares
+de la galería, procuro conservar buen continente,
+y sin hablar con nadie, contemplo la
+lluvia que rebota en las losas de colores del
+patio. Los bohemios están en el suelo, tendidos
+en grupos. Junto a mí, una mujer joven
+y casi guapa, con la garganta y las piernas desnudas,
+con grandes brazaletes de hierro en las
+muñecas y en los tobillos, canta un aire exótico,
+de tres notas melancólicas y nasales. Mientras
+canta, da de mamar a un niño pequeño completamente
+desnudo, de color broncíneo rojo, y
+con el brazo que le queda libre, machaca cebada
+en un mortero de piedra. La lluvia, empujada
+por un viento cruel, inunda a veces las
+piernas de la madre y el cuerpo de su mamoncillo.
+La bohemia no repara en ello y prosigue
+su cántico con las rachas, mientras que muele
+cebada y da el pecho.</p>
+
+<p>Cesa la tempestad... Aprovechándome de un
+claro, me apresuro a abandonar aquella corte
+de los milagros y encamínome al banquete de
+Sid'Omar; ya es hora... Al cruzar la plaza mayor,
+he vuelto a encontrar al viejo judío de antes.
+Se apoya en su agente de negocios; los
+testigos caminan alegres detrás de él; una banda
+de asquerosos chicuelos judíos salta alrededor.
+El agente se encarga de arreglar el asunto. Pedirá
+ante el tribunal una indemnización de dos
+mil francos.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>En casa de Sid'Omar me obsequian con una
+comida espléndida. El comedor da a un elegante
+patio morisco, donde murmuran dos o tres fuentes...
+Magnífica comida a la turca, que no vacilo
+en recomendar al barón Brisse. Entre otros
+platos, mencionaré un pollo con almendras, un
+alcuzcuz con vainilla, una tortuga con jugo de
+carne, algo pesado, pero de sabor exquisito, y
+bizcochos con miel, llamados <i>bocadillos del Kadí</i>...
+No se sirven más vinos que champaña. A
+pesar de la ley musulmana, Sid'Omar bebe un
+poco de él, cuando los criados no pueden verlo...
+Al concluir la comida, pasamos a la habitación
+de nuestro huésped, donde nos ofrecen dulces,
+pipas y café... El mueblaje de este dormitorio
+es sencillísimo: un diván, algunas esteras; al
+fondo, un gran lecho altísimo sobre el cual hay
+almohaditas rojas bordadas de oro... Pende de
+la pared una antigua pintura turca representando
+las proezas de cierto almirante Hamadí. A
+juzgar por la muestra, en Turquía los pintores
+no emplean más que un color en cada cuadro;
+en este cuadro se ha utilizado el verde. El mar,
+el cielo, los navíos, el mismo almirante Hamadí,
+todo es verde, ¡y qué verde!...</p>
+
+<p>La costumbre árabe exige retirarse temprano.
+Después de tomar el café y de fumadas las
+pipas, saludo a mi anfitrión y lo dejo con sus
+mujeres.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¿Dónde acabaré de pasar la velada? Es muy
+temprano para acostarme, los clarines de los
+<i>spahis</i> no han tocado todavía retreta. Además,
+los cojines de oro de Sid'Omar bailan en torno
+mío fantásticas farándulas que no me dejarían
+dormir... Estoy delante del teatro; entraré un
+momento.</p>
+
+<p>El teatro de Milianah no es otra cosa que
+un antiguo almacén de forrajes, transformado
+bien o mal en sala de espectáculos. Enormes
+quinqués que se llenan de aceite durante los
+entreactos, hacen oficio de arañas. La cazuela
+está de pie, la orquesta en bancos. Las galerías
+están muy orgullosas porque tienen sillas
+de paja... Rodea a la sala un largo pasillo, obscuro,
+sin entarimar. Parece que se está en la
+calle, nada falta para ello... La función había
+ya empezado cuando entré. Con gran extrañeza
+por mi parte, los actores no son malos, me
+refiero a los hombres; tienen arranque, vida...
+Casi todos ellos son aficionados, soldados del
+3º; el regimiento está orgulloso con esto y va
+todas las noches a aplaudirlos.</p>
+
+<p>Respecto a las mujeres, ¡ay!... son ahora y
+siempre ese eterno femenino de los teatros de
+provincias, presuntuoso, amanerado, ficticio...
+A pesar de todo, entre estas damas hay dos que
+me interesan; dos judías de Milianah, jovencitas,
+que pisan la escena por primera vez... Los
+padres están en la sala y parecen encantados.
+Están convencidos de que sus hijas van a ganar
+miles de duros en ese comercio. La leyenda de
+la Raquel, israelita, millonaria y cómica, se ha
+extendido ya mucho entre los judíos del Oriente.</p>
+
+<p>No hay nada más cómico y enternecedor que
+esas dos jóvenes judías en las tablas. Están
+atemorizadas en un rincón del escenario, empolvadas,
+pintadas, despechugadas y tiesas.
+Tienen frío, se avergüenzan. De vez en cuando
+dicen una frase sin comprenderla, y mientras
+hablan, sus ojazos hebreos contemplan al público
+con estupor.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Salgo del teatro... Todo está entre tinieblas.
+En un extremo de la plaza, oigo gritos. Acaso
+algunos malteses en vías de explicarse a navajazos.</p>
+
+<p>Me encamino lentamente a la fonda, a lo
+largo de las murallas. De la llanura suben embriagadores
+aromas de naranjos y de tuyas. El
+aire es tibio, el cielo casi diáfano... Allá abajo,
+al extremo del camino, yérguese un viejo fantasma
+de paredón, resto de algún vetusto templo.
+Ese muro es sagrado; todos los días acuden
+a él mujeres árabes a colgarle <i>ex votos</i>, jirones
+de jaiques y de otras prendas, largas
+trenzas de cabellos rubios sujetos con hilillo de
+plata, trozos de albornoz... Al tibio soplo de
+la noche, y bajo un pálido rayo de luna vese
+ondular ese abigarrado pendón de la estulticia
+humana.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_LANGOSTA" id="LA_LANGOSTA"></a>LA LANGOSTA</h3>
+
+
+<p>Consignaré otro recuerdo de Argelia, y regresaré
+en seguida al molino...</p>
+
+<p>La noche de mi llegada a aquella granja del
+Sahel, me era imposible dormir. La novedad
+del país, la molestia del viaje, el aullar de los
+chacales y sobre todo un calor enervante, abrumador,
+una completa sofocación, como si las
+mallas de la mosquitera no permitiesen pasar
+un soplo de aire... Al abrir, de madrugada, la
+ventana, una bruma de estío, densa y moviéndose
+lentamente, ribeteada de negro y rosa en
+los bordes, flotaba en los aires como una nube
+de humo de pólvora sobre un campo de batalla.
+No se movía una hoja, y en esos frondosos
+jardines que tenía ante mis ojos, las viñas
+espaciadas sobre las laderas bajo espléndido sol
+que azucara los vinos, los pequeños naranjos,
+los mandarineros en interminables filas microscópicas,
+todo conservaba el mismo aspecto mohíno,
+aquella inmovilidad de hojas en espera de
+la tempestad. Los mismos bananeros, esos extensos
+cañaverales de un color verde claro, agitados
+siempre por alguna brisa que enmaraña
+su fina cabellera tan leve, alzábanse silenciosos
+y derechos, como penachos bien puestos en su
+sitio.</p>
+
+<p>Permanecí un momento contemplando aquella
+maravillosa vegetación, donde estaban reunidos
+todos los árboles del mundo, produciendo
+cada cual en su estación respectiva, flores y
+frutos exóticos. Entre los campos de trigo y
+los macizos de alcornoques, plateaba una corriente
+de agua fresca, que agradaba contemplar
+en esa asfixiante madrugada, y admirando
+a un tiempo el lujo y el orden de esas cosas,
+aquella hermosa quinta con sus arcos moriscos,
+sus terrazas completamente blancas, de flor de
+espino, las cuadras y los cobertizos agrupados
+en torno, recordaba yo que veinte años antes,
+cuando aquellas intrépidas gentes se habían
+instalado en ese valle del Sahel, no habían encontrado
+más que una mala casilla de peón caminero
+y un terreno inculto, erizado de palmeras
+enanas y lentiscos. Fue necesario crearlo
+y construirlo todo. A cada instante, levantamiento
+de árabes. Había que abandonar el arado
+para disparar. Después, las enfermedades,
+oftalmías, fiebres, la escasez de cosechas, los
+tanteos de la inexperiencia, la lucha con una
+administración ciega y siempre flotante. ¡Cuántos
+esfuerzos! ¡Qué de fatigas! ¡Qué vigilancia
+más perseverante!</p>
+
+<p>Ahora, todavía, a pesar de haber pasado los
+malos tiempos y de la fortuna con tantos esfuerzos
+adquirida, ambos, el hombre y la mujer,
+eran quienes se levantaban primero en la granja.
+A aquella hora matutina, oía sus idas y
+venidas por las grandes cocinas de la planta
+baja, vigilando el café de los trabajadores.
+No tardó en sonar una campana, y un momento
+después los obreros desfilaron por el
+camino. Viñadores de Borgoña; labradores kabilas
+con fez rojo; peones mahoneses, con
+las piernas al descubierto; malteses y luqueses;
+todo un pueblo heterogéneo, difícil de
+dirigir. El hacendado, ante la puerta, distribuía
+a cada uno de ellos su tarea de la jornada,
+con voz breve y algo dura. Cuando terminó
+el buen hombre, levantó la cabeza y escudriñó
+el cielo con desasosiego; después, al
+verme en la ventana, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mal tiempo hace para el cultivo... va a
+soplar el siroco.</p>
+
+<p>Efectivamente, a medida que se alzaba el sol,
+llegaban del Sur hasta nosotros bocanadas de
+aire cálido y asfixiante, como si viniesen de la
+puerta de un horno abierta y vuelta a cerrar.
+No se sabía adónde guarecerse, ni cómo evitar
+la angustia. Así transcurrió toda la mañana.
+Tomamos el café sobre las esteras de la galería,
+sin tener ánimo para hablar ni movernos.
+Los perros, estirándose y buscando la frescura
+de las losas, tumbábanse fatigados. El almuerzo
+nos reanimó un poco, un almuerzo abundante
+y extraño, compuesto de carpas, truchas, jabalí,
+erizo, manteca Stanelí, vinos de Crescia,
+guayabas, bananas, manjares exóticos, cuyo
+conjunto semejaban a la naturaleza tan compleja
+que nos rodeaba... Estábamos a punto de
+levantarnos de la mesa, cuando de repente, por
+la puerta-ventana, cerrada para resguardarnos
+del calor del jardín hecho un ascua de fuego,
+oyéronse grandes gritos:</p>
+
+<p>&mdash;¡La langosta! ¡La langosta!</p>
+
+<p>Mi anfitrión palideció como un hombre a
+quien anuncian un desastre, y salimos precipitadamente.
+Durante diez minutos hubo en
+aquella casa, tan sosegada poco antes, un ruido
+de pasos redoblados y voces indefinidas, que se
+perdían como en la agitación de un despertar.
+Desde la sombra de los vestíbulos, donde estaban
+durmiendo, lanzáronse fuera los criados haciendo
+resonar con palos, horcas y bieldos todos
+los objetos de metal que encontraban a mano,
+calderos de cobre, palanganas, cacerolas. Los
+pastores hacían sonar el cuerno pastoril. Otros
+llevaban caracolas marinas, trompas de caza.
+Aquello era un ruido espantoso, discordante,
+que dominaban con notas sobreagudas los «¡yu,
+yu, yu!» de las mujeres árabes de un aduar
+vecino que acudieron corriendo. Parece ser que
+en ocasiones un gran ruido, un estremecimiento
+sonoro del aire, aleja la langosta y le impide
+descender.</p>
+
+<p>Pero, ¿dónde estaban esos terribles insectos?
+En el cielo, vibrante de calor, no se veía nada
+más que una nube aparecer por el horizonte,
+cobriza, densa, como una nube de granizo, con
+el ruido de un huracán entre las mil y mil ramas
+de un bosque. Aquella nube era la langosta.
+Agarrados los unos a los otros estos insectos
+por sus alas secas extendidas, volaban en montón,
+y a pesar de nuestros gritos y de nuestros
+esfuerzos, la nube no cesaba de avanzar, proyectando
+en la llanura una sombra inmensa.
+Pronto estuvo sobre nuestras cabezas; en los
+bordes viose durante un segundo un desgarrón,
+una rotura. A semejanza de los primeros granizos
+de un turbión de pedrisco, desprendiéronse
+algunos, perceptibles, rojizos; al punto se deshizo
+toda la nube, cayendo vertical y ruidosa
+aquella granizada de insectos. Los campos quedaron
+cubiertos de saltamontes enormes, gordos
+como el dedo, en una extensión inmensa.</p>
+
+<p>Entonces diose principio a la matanza. Horrendo
+murmullo de aplastamiento de paja molida.
+Con gradas, azadones y arados revolvíase
+aquel suelo movedizo, y cuantos más insectos se
+mataba más había. Rebullíanse por capas, con
+sus altas patas enredadas unas en otras; los de
+encima saltaban ágilmente para salvarse, agarrándose
+a los belfos de los caballos enganchados
+para esa extraña labor. Los perros de la
+granja y los del aduar, azuzados a campo traviesa,
+lanzábanse sobre ellos y los trituraban
+furiosos. En ese momento llegaron dos compañías
+de turcos, con la banda de cornetas al
+frente, a ayudar a los infelices colonos, y la matanza
+varió de aspecto.</p>
+
+<p>Los soldados no aplastaban los insectos, sino
+que los quemaban esparciendo largos regueros
+de pólvora.</p>
+
+<p>Rendido de fatiga, con el estómago revuelto
+por el hedor, me metí en casa. Dentro de la
+quinta, había casi tantos insectos como fuera.
+Entraron por las aberturas de las puertas y ventanas,
+por los tubos de las chimeneas. Al borde
+de los tableros y en los cortinajes, roídos ya,
+se arrastraban, caían, volaban, trepaban por las
+blancas paredes, con una sombra gigantesca que
+hacía mayor su fealdad. Y siempre aquel olor
+hediondo. En la comida fue preciso pasar sin
+agua. Las cisternas, las fuentes, los pozos, los
+víveres de pesca, todo estaba inficionado.</p>
+
+<p>Por la noche, en mi alcoba, donde, no obstante,
+se habían matado enormes cantidades,
+oía aún rebullicio debajo de los muebles, y ese
+crujir de élitros semejante al peterreo de los
+dientes de ajo que estallan con los calores
+fuertes.</p>
+
+<p>Tampoco me fue posible dormir aquella noche.</p>
+
+<p>Además, todos estaban despiertos alrededor
+de la granja.</p>
+
+<p>Serpeaban a ras de tierra llamaradas, de un
+extremo a otro de la llanura.</p>
+
+<p>Los turcos continuaban la matanza.</p>
+
+<p>Al siguiente día, cuando abrí la ventana como
+la víspera, la langosta había emigrado. Pero,
+¡qué ruina dejaron tras de sí! Ni una flor,
+ni una brizna de hierba; todo lo dejaron negro,
+corroído, calcinado. Los bananos, los albaricoqueros,
+los abridores, los naranjos mandarines
+se distinguían solamente por el aspecto de sus
+desnudas ramas, sin el encanto y la ondulación
+de hojas que constituye la vida de los árboles.
+Empezábase la limpieza de los cauces de agua,
+de los aljibes. Por doquiera cavaban los peones
+la tierra para destruir los huevos puestos por los
+insectos. Cada terrón era destripado, desmenuzándolo
+esmeradamente. Y al ver las mil raíces
+blancas, llenas de savia, que aparecían en esos
+destrozos de tierra fértil, el corazón se oprimía
+y el alma se angustiaba...</p>
+
+
+
+<h3><a name="EN_CAMARGUE" id="EN_CAMARGUE"></a>EN CAMARGUE</h3>
+
+
+<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3>
+
+<p class="cabeza">LA PARTIDA</p>
+
+
+<p>El recado del guarda, medio en francés, medio
+en provenzal, que ha traído un mensajero,
+anunciando que han pasado ya dos o tres buenas
+bandadas de <i>galejones</i>, de <i>carlotinas</i>, y otras
+<i>aves de primera</i>, ha producido gran rumor en
+el castillo.</p>
+
+<p>«Vendrá usted con nosotros», me han escrito
+mis amables vecinos. Y esta mañana a las cinco
+estaba esperándome al pie de la cuesta su
+gran <i>break</i>, cargado de escopetas, perros y víveres.
+Henos aquí rodando por la carretera de
+Arlés, algo seca y árida en esta madrugada de
+diciembre, en que apenas se distingue el pálido
+verdor de los olivos y el verde intenso de las
+encinas, demasiado de invernadero y como ficticio.
+No faltan madrugones que iluminan las
+vidrieras de las granjas, y en las cresterías de
+piedra de la abadía de Montmajour, los quebrantahuesos
+aletargados todavía por el sueño
+revolotean entre las ruinas. Sin embargo, encontramos
+ya, a lo largo de las zanjas, campesinas
+viejas que van al mercado, trotando en
+sus borriquillos. Vienen de la Ville-des-Baux.
+¡Seis leguas largas para sentarse una hora en
+las gradas de San Trofino y vender paquetitos
+de hierbas medicinales recolectadas en la montaña!...</p>
+
+<p>Divisamos ya las murallas de Arlés; murallas
+bajas y almenadas, como se ven en las estampas
+antiguas, donde aparecen guerreros armados
+de lanzas sobre terraplenes menores que
+ellos. Cruzamos a galope esta maravillosa y pequeña
+ciudad, una de las más pintorescas de
+Francia, con sus balcones esculpidos y barrigudos
+avanzando hasta el centro de las calles estrechas,
+con sus vetustas casas renegridas, de
+puertas pequeñas, moriscas, ojivales y bajas,
+que nos recuerdan los tiempos de Guillermo
+Court-Nez y de los sarracenos. A aquellas horas
+no había aún nadie en la calle. Sólo está
+animado el muelle del Ródano. El barco de vapor
+que hace la travesía de Camargue calienta
+las calderas junto a los escalones, dispuesto a
+partir. <i>Caseros</i> con blusa roja, muchachas de
+La Roquette que van a ganar el jornal en las
+faenas agrícolas, suben a cubierta con nosotros,
+charlando y riéndose. Bajo las amplias mantillas
+obscuras, levantadas a causa del fuerte viento
+de la mañana, la alta cofia arlesina presta elegancia
+y empequeñece a la cabeza, con ribetes
+de lindo descaro, algo así como deseos de erguirse
+para que la risa o la frase picaresca vaya
+más lejos... Suena la campana; nos ponemos
+en marcha. Con la triple velocidad del Ródano,
+de la hélice y del viento mistral, extiéndense
+las dos orillas. De un lado está la Crau, una
+llanura estéril y pedregosa. Del otro, la Camargue,
+más verde, que prolonga hasta el mar su
+hierba corta y sus marismas cuajadas de cañaverales.</p>
+
+<p>El vapor se detiene de vez en cuando junto
+a un pontón, a la izquierda o a la derecha (al
+Imperio o al Reino, según se decía en la Edad
+Media, en época del reino de Arlés, y como
+los marineros viejos del Ródano dicen hoy todavía).
+En cada pontón vese una quinta blanca
+y un ramillete de árboles. Desembarcan los trabajadores
+cargados de herramientas, y las mujeres
+con la cesta al brazo, erguidas sobre su
+talle. Hacia el Imperio o hacia el Reino, poco a
+poco va quedando vacío el vapor, y cuando descendemos
+nosotros en el puente del Mas-de-Giraud,
+casi no queda nadie a bordo.</p>
+
+<p>Para esperar al guarda que ha de venir en
+nuestra busca, entramos en el Mas-de-Giraud,
+una antigua granja de los señores de Barbentane.
+En la cocina alta, y alrededor de una mesa
+están todos los hombres de la hacienda, labradores,
+viñadores, pastores, zagales, graves,
+silenciosos, comiendo despacio, servidos por las
+mujeres, quienes comerán después. No tarda
+el guarda con la carretilla. Verdadero tipo a lo
+Fenimore, trampero por tierra y por agua, guardapesca
+y guardacaza, las gentes del país le llaman
+el <i>Rondador</i> porque, entre las brumas del
+alba o del anochecer, ocúltase siempre entre los
+cañaverales, acechando, o bien inmóvil en su
+barquichuelo, ocupado en vigilar sus atolladeros
+en los estanques y en las acequias. Su profesión
+de espía perpetuo, es quizá lo que le hace tan
+callado y taciturno. Sin embargo, mientras el
+carretón lleno de escopetas y de cestas camina
+delante de nosotros, el <i>Rondador</i> nos entera
+de la caza, refiriéndonos el número de bandadas
+de paso y los cuarteles en que las aves
+emigrantes se han posado. Charlando nos internamos
+en la comarca.</p>
+
+<p>Después de atravesar los terrenos de cultivo,
+nos encontramos en plena Camargue montaraz.
+Lagunas y acequias brillan hasta perderse de
+vista entre los pastos y las salicarias. Bosquecillos
+de tamariscos y de cañas ondulan como
+un mar en calma. Ningún árbol elevado turba
+el aspecto liso, inmenso, de la llanura. Apriscos
+de ganado extienden de vez en cuando su
+baja techumbre casi a nivel del suelo. Los rebaños
+diseminados, tumbados en las hierbas salitrosas,
+o marchando apretados en torno de la
+roja capa del pastor, no interrumpen la gran
+línea uniforme, viéndose achicados por ese espacio
+infinito de horizontes azules y claro cielo.
+Lo mismo que del mar, plano a pesar de sus
+olas, despréndese de esa llanura una sensación
+de soledad, de inmensidad, aumentada por el
+mistral que sopla incesantemente, sin trabas,
+y que, con su poderoso aliento, parece aplanar
+y engrandecer el paisaje. El lo doblega todo.
+Los arbustos más frágiles conservan la huella
+de su paso, quedan torcidos, tumbados hacia el
+Sur, como dispuestos a fugarse...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3>
+
+<p class="cabeza">LA CABAÑA</p>
+
+
+<p>La cabaña no es otra cosa que un techo de
+cañas y unas paredes de cañas secas y amarillas.
+Tal vez nuestro punto de cita para la
+caza. Tipo de la casa camarguesa, la cabaña no
+tiene más que una habitación alta, grande, sin
+ventana; entra la luz por una puerta vidriera,
+que de noche se cierra con postigos. A lo largo
+de los paredones enlucidos, blanqueados con
+cal, hay armarios para colocar las armas, los
+morrales, las botas que usamos para cruzar los
+pantanos. En el fondo vense cinco o seis literas
+colocadas alrededor de un verdadero mástil
+plantado en el suelo y que sirve de apoyo al
+techo. Por la noche, cuando sopla el mistral
+y cruje la casa por todas partes, con el mar
+lejano y el viento que lo aproxima, trae su ruido
+y lo ahueca, puede creerse uno acostado en
+el camarote de un buque.</p>
+
+<p>Pero, especialmente por la tarde es cuando la
+cabaña está encantadora. En nuestros buenos
+días de invierno meridional, me agrada estar
+solo junto a la alta chimenea, donde arden humeantes
+algunas matas de tamariscos. Con las
+rachas del mistral o de la tramontana, cruje la
+puerta, chillan las cañas, y todas esas sacudidas
+son un ligero eco de la gran conmoción de
+la naturaleza que me circunda. El sol de invierno,
+agitado por la enorme corriente, se esparce,
+reúne sus rayos, los dispersa. Corren
+grandes sombras bajo un cielo azul admirable.
+La luz y los ruidos llegan por sacudidas, y las
+esquilas de los rebaños, oídas repentinamente y
+olvidadas después, perdiéndose entre el viento,
+suenan de nuevo bajo la puerta desencajada,
+con el hechizo de un estribillo de canción... La
+hora exquisita es el crepúsculo, un poco antes
+del regreso de los cazadores. Entonces el viento
+está tranquilo. Salgo un instante. El ancho
+sol rojo desciende en paz, inflamado y sin calor.
+Llega la noche, y roza con sus alas negras
+y húmedas, cuando pasa. Allá abajo, al nivel
+del suelo, vese un fogonazo, con el brillo de
+una estrella roja avivada por las tinieblas circunvecinas.
+En la escasa claridad que resta,
+apresúrase todo bicho viviente. Un largo triángulo
+de patos vuela muy abajo, cual si deseara
+tomar tierra; pero de pronto los aleja la cabaña,
+donde brilla encendido el candil. El que va
+a la cabeza de la columna, yergue el cuello, remonta
+el vuelo nuevamente, y todos los demás
+se elevan tras de él con gritos salvajes.</p>
+
+<p>No tarda en oírse un inmenso pataleo, que
+se asemeja a un ruido de lluvia. Miles de carneros
+llamados por los pastores y hostigados por
+los perros, cuyo galopar confuso y alentar jadeante
+se perciben, amontónanse con prisa, medrosos
+e indisciplinados, hacia los apriscos. Véome
+envuelto, rozado, confundido dentro de ese
+torbellino de vellones rizados, de balidos; una
+verdadera marejada, en que parece que los pastores
+son arrastrados con su sombra por olas
+que saltan... Detrás de los rebaños percíbense
+pasos conocidos, voces alegres. La cabaña está
+llena, animada, ruidosa. Chisporrotean, al arder,
+los sarmientos formando llama. Hay tanta
+mayor risa, cuanto mayor es el cansancio. Es
+un aturdimiento de regocijada fatiga; las escopetas
+arrinconadas, las grandes botas tiradas y
+revueltas, los morrales vacíos y junto a ellos
+plumajes rojos, áureos, verdes, plateados, todos
+con manchas de sangre. La mesa está puesta,
+y entre el husmillo de una sabrosa sopa de
+anguila, queda todo en silencio, ese gran silencio
+de los apetitos robustos, que solamente
+interrumpe el feroz gruñir de los perros lamiendo
+a tientas sus cazuelas delante de la
+puerta.</p>
+
+<p>La velada no se prolongará mucho. Ya no
+quedamos junto al fuego, que también parpadea,
+más que el guarda y yo. Charlamos; es
+decir, nos dirigimos uno al otro frases a medias
+palabras al uso campesino, esas interjecciones
+casi indias, breves y rápidas como las
+postrimeras chispas de los consumidos sarmientos.
+Al fin, pónese de pie el guarda, enciende
+la linterna, y piérdese su paso perezoso en la
+calma y obscuridad de la noche silenciosa...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3>
+
+<p class="cabeza">¡A LA ESPERA!</p>
+
+
+<p><i>¡La espera!</i> ¡Qué expresivo nombre éste, con
+el que se designa el puesto donde aguarda emboscado
+el cazador, y esas horas imprecisas en
+que todo <i>espera</i>, vacilando entre el día y la noche!
+El puesto de la mañana, poco antes de
+amanecer; el puesto de la tarde, cuando el sol
+se hunde en el ocaso. El de mi predilección es
+este último, sobre todo en esos países de marismas,
+donde el agua de los estanques conserva
+la luz tanto tiempo...</p>
+
+<p>En ocasiones, se utiliza como puesto el chinchorro,
+barquichuelo sin quilla, estrecho, y que
+al movimiento más leve se pone por montera.
+Oculto tras de los cañaverales, el cazador ojea
+los patos desde el fondo de la barca, de la que
+sobresalen únicamente la visera de una gorra,
+el cañón de la escopeta y la cabeza del perro,
+que olfatea el viento y papa mosquitos, o bien
+inclina, con sus patazas extendidas, toda la
+barca sobre una borda llenándola de agua. Esta
+<i>espera</i> es sumamente complicada para mi
+inexperiencia. Esta es la razón por la que casi
+siempre voy a la espera a pie, zabulléndome
+en pleno pantano, con enormes botas hechas de
+toda la longitud que el cuero permite. Camino
+con lentitud, prudentemente, temeroso de hundirme
+en el légamo. Me separo de los cañaverales,
+lleno de olores salitrosos y de saltos de
+ranas.</p>
+
+<p>Por fin me acomodo en el primer islote de
+tamariscos, o rincón de tierra seca, que encuentro.
+El guarda, en prueba de respetuosa
+consideración, permite que me acompañe su
+perro, un enorme perro de los Pirineos, con
+sus grandes lanas blancas, gran cazador y pescador
+inteligente, cuya presencia me intimida
+un poco. Cuando pasa a mi alcance una chocha
+de agua, me mira irónicamente echando
+atrás, con un movimiento de cabeza, a lo artista,
+sus largas orejas flácidas que le cuelgan
+delante de los ojos; después, posturas de parada,
+meneos de cola, toda una mímica de impaciencia,
+como queriendo decirme:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tira!... ¿Por qué no tiras, tonto?</p>
+
+<p>Tiro, y yerro la puntería. Entonces, con todo
+su cuerpo estirado, bosteza y se alarga, fatigoso,
+aburrido, insolentemente...</p>
+
+<p>¡Pues bien, sí! No lo niego, soy un mal
+cazador. La <i>espera</i>, para mí, es la tarde al
+caer, la luz que desaparece y se refugia en el
+agua, los estanques que relucen, abrillantando
+hasta el tono de plata fina el tinte gris del cielo
+ensombrecido. Me deleita este olor del agua,
+esta misteriosa agitación de los insectos en los
+cañaverales, este suave murmullo de las largas
+hojas estremeciéndose. Oyese a veces una nota
+triste, y retumba en el cielo como el zumbido
+de una caracola marina. Es el alcaraván que
+esconde en el fondo del agua su inmenso pico
+de ave pescadora, y sopla... <i>¡ruuú!</i> Bandadas
+de grullas vuelan por encima de mi cabeza.
+Oigo el roce de las plumas, el ahuecamiento del
+plumón con el viento fuerte, y hasta el crujido
+de la minúscula osamenta, rendida de cansancio.
+Después, nada. La noche, las profundas
+tinieblas, siguiendo a la escasa claridad del día,
+que sobre las aguas ha quedado retrasada.</p>
+
+<p>De repente advierto un estremecimiento, una
+especie de molestia nerviosa, como si hubiese
+alguien detrás de mí. Al volverme veo a la compañera
+de las noches hermosas, la luna; una
+ancha luna, enteramente redonda, que llega
+suavemente, con un movimiento de ascensión
+muy perceptible al principio, y que se retarda
+mientras que aquélla se aleja del horizonte.</p>
+
+<p>Ya son bien perceptibles junto a mí los primeros
+rayos, y luego otros un poco más lejos...
+Ahora está iluminada toda la marisma. La más
+pequeña mata de hierba proyecta sombra. Concluyose
+la <i>espera</i>, las aves nos ven; es forzoso
+volver a casa. Caminamos envueltos por
+una inundación de luz azul, ligera, polvorienta,
+y cada uno de nuestros pasos en los estanques
+y en las acequias, revuelve en ellos millares de
+estrellas caídas y fulgores de rayos de luna que
+llegan hasta el fondo del agua...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3>
+
+<p class="cabeza">ROJO Y BLANCO</p>
+
+
+<p>En una cabaña semejante a la nuestra, pero
+algo más rústica, y de la que sólo dista un tiro
+de fusil, habita nuestro guarda, con su esposa
+y sus dos hijos mayores: la moza, que prepara
+la comida de los hombres y compone las redes
+para la pesca; y el mozo, que ayuda a su
+padre a levantar las artes y a vigilar las compuertas
+de los estanques. Los dos más jóvenes
+viven con su abuela en Arlés, y allí permanecerán
+hasta que hayan aprendido a leer y celebrado
+la primera comunión, pues aquí están
+muy lejos de la iglesia y la escuela, además de
+que el aire de Camargue no vendría bien a esas
+criaturas. El hecho es que cuando llega el verano,
+cuando las charcas se secan y el blanco
+légamo de las acequias se agrieta con los grandes
+calores, es imposible habitar la isla.</p>
+
+<p>Yo pude apreciar eso una vez en el mes de
+agosto, viniendo a cazar ánades silvestres, y
+jamás olvidaré el aspecto triste y feroz de este
+paisaje abrasado. De trecho en trecho humeaban
+al sol los estanques como inmensas cubas,
+conservando en el fondo un resto de vida en
+movimiento, un hormigueo de salamandras,
+arañas y moscas de agua en busca de rincones
+húmedos. Había allí un aire hediondo, una bruma
+de miasmas densamente flotante, que innumerables
+torbellinos de mosquitos espesaban.
+Todo el mundo tiritaba en casa del guarda,
+todo el mundo padecía fiebres, y apenaba
+ver las caras amarillas y largas, los ojos agrandados
+y con ojeras, de aquellos infelices que
+durante tres meses se arrastraban bajo ese ancho
+sol inexorable que abrasa a los febricitantes
+y no consigue hacerlos entrar en calor... ¡Triste
+y penosa vida la de guardacaza en Camargue!
+Y menos mal que puede tener a su lado a su
+mujer y sus hijos; pero dos leguas más lejos,
+en la marisma, vive un guarda de caballos,
+completamente solo todo el año, de cabo a rabo,
+haciendo una verdadera vida de Robinsón.
+En su choza de cañas, construida por él mismo,
+no hay nada que no sea obra de sus manos,
+desde la hamaca tejida con mimbres, y las
+tres piedras negras reunidas en forma de hogar,
+y los troncos de tamarisco dispuestos en
+forma de escabeles, hasta la llave y la cerradura
+de madera blanca con que se cierra esta extraña
+habitación.</p>
+
+<p>Este guarda es por lo menos tan extraño como
+su residencia. Es una especie de filósofo silencioso
+como los solitarios, que oculta su desconfianza
+de labriego bajo unas cejas espesas
+como matorrales. Cuando no está en los pastos,
+vésele sentado junto a su puerta, descifrando
+pacientemente, con una aplicación infantil
+y conmovedora, uno de esos folletos de
+color de rosa, azules o amarillos en que están
+envueltos los frascos de medicina que emplea
+para los caballos. El pobre diablo no se distrae
+más que en la lectura, ni tiene más libros que
+éstos. Aunque vecinas sus cabañas, nuestro
+guarda y él nunca se visitan. Hasta evitan encontrarse.
+Un día que pregunté al <i>rondeîron</i>
+la razón de esa antipatía, me respondió con
+seriedad:</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos distintas opiniones... El es rojo,
+y yo soy blanco.</p>
+
+<p>Y de esta manera, hasta en ese desierto cuya
+soledad hubiera debido amistarlos, esos dos
+salvajes, tan ignorantes y sencillos uno como el
+otro, esos dos boyeros de Teócrito, que solamente
+una vez cada año van a la ciudad, y a
+quienes los cafetuchos de Arlés, con sus dorados
+espejos, les deslumbran como si contemplasen
+el palacio de los Tolomeos, ¡las opiniones
+políticas les ha proporcionado una razón
+para odiarse!</p>
+
+
+
+<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3>
+
+<p class="cabeza">EL VACCARÉS</p>
+
+
+<p>El Vaccarés es el espectáculo más hermoso
+que puede presenciarse en Camargue. Muchas
+veces, abandonando la caza, vengo a sentarme
+a orillas de este mar salado, un mar pequeño
+que asemeja un trozo del grande, encerrado
+entre las tierras y amansado por su mismo cautiverio.
+En vez de esa sequedad, de esa aridez
+que comúnmente entristecen la costa, el Vaccarés,
+con su ribera un poco alta, toda ella verde
+por la hierba menuda, aterciopelada, ostenta
+su flora extraordinaria y hechicera: centauras,
+tréboles acuáticos, gencianas y esas lindas salicarias,
+azules en invierno, rojas en verano, que
+mudan su color con los cambios atmosféricos,
+y con una floración no interrumpida, marcan
+las estaciones por lo diverso de sus matices.</p>
+
+<p>Allá, a las cinco de la tarde, cuando el sol
+se pone, ofrecen admirable perspectiva esas
+tres leguas de agua, sin una barca, sin una vela
+que limite y dé variedad a su extensión. No
+es ya el íntimo deleite de los estanques y acequias
+que aparecen, distanciados, entre los repliegues
+de un terreno arcilloso, bajo el cual
+se filtra el agua por doquiera, dispuesta a reaparecer
+en la menor depresión del terreno.
+Aquí la impresión es grande, vasta. A lo lejos,
+ese cabrilleo de las ondas atrae bandadas de
+fulgas, garzas reales, alcaravanes, flamencos de
+vientre blanco y alas rosadas, alineándose para
+pescar a lo largo de las márgenes, disponiendo
+sus diferentes colores en una larga faja igual,
+y además ibis, verdaderos ibis de Egipto, que
+parecen estar en su propia casa entre ese espléndido
+sol y ese mudo paisaje. Efectivamente,
+desde mi sitio no percibo más que el chapoteo
+del agua y la voz del guarda que llama
+a sus caballos, diseminados en la orilla.
+Todos tienen retumbantes nombres: «¡Cifer!...
+¡L'Estello!... ¡L'Estournello!»... Cuando se
+oye nombrar cada bruto, corre dando al viento
+las crines, a comer avena en la misma mano
+del guarda...</p>
+
+<p>Más lejos, en la misma orilla, vese una gran
+manada de bueyes, paciendo libremente como
+los caballos. De vez en cuando distingo por
+encima de unas matas de tamariscos la arista
+de sus dorsos encorvados, y sus cuernecitos que
+se yerguen en forma de media luna. La mayoría
+de estos bueyes de Camargue se crían para
+ser lidiados en las fiestas de los pueblos, y
+algunos tienen ya fama en todos los circos de
+Provenza y Languedoc. Así, por ejemplo, la
+manada que está más cerca, cuenta entre otros
+con un terrible combatiente llamado <i>Romano</i>,
+que ha despanzurrado a no sé cuántos hombres
+y caballos en las plazas de Arlés, de Nimes, de
+Tarascón. Por eso, sus compañeros le han confiado
+la jefatura; porque en esas extrañas piaras
+los brutos se gobiernan por sí mismos, agrupados
+en torno de un toro viejo a quien eligen
+como guía. Cuando en la Camargue descarga
+un huracán, terrible en esa gran llanura donde
+nada lo desvía ni lo detiene, es curioso ver replegarse
+la manada detrás de su jefe, con todas
+las cabezas inclinadas, volviendo hacia el lado
+de donde el viento sopla, esas anchas testuces
+en que se condensa la fuerza del buey. Los
+pastores provenzales llaman a esta maniobra:
+<i>volver cuernos al viento</i>. ¡E infelices los rebaños
+que no se conformen con ello! Cegada por
+la lluvia, empujada por el huracán, la manada
+en derrota gira sobre sí misma, se extravía, se
+dispersa, y corriendo enloquecidos los bueyes
+hacia adelante, pretendiendo alejarse de la tempestad,
+arrójanse en el Ródano, en el Vaccarés
+o en el mar, donde casi todos perecen.</p>
+
+
+
+<h3><a name="NOSTALGIA_DE_CUARTEL" id="NOSTALGIA_DE_CUARTEL"></a>NOSTALGIA DE CUARTEL</h3>
+
+
+<p>Esta madrugada, cuando empezaba a alborear,
+me despierta con sobresalto un tremendo
+redoble de tambor... ¡Rataplán, rataplán!...</p>
+
+<p>¿Qué es esto? ¡Un tambor en mis pinos, y
+a tales horas!... ¡Qué cosa más extraña!</p>
+
+<p>Pronto, a prisa, me levanto y corro a abrir
+la puerta.</p>
+
+<p>¡No veo a nadie! Cesó el ruido... De entre
+unas labruscas húmedas, vuelan dos o tres chorlitos
+sacudiéndose las alas. Entre los árboles se
+mece una suave brisa... Hacia el Oriente, sobre
+la aguda cresta de los Alpilles, amontónase un
+polvo de oro, de donde surge lentamente el
+sol... El primer rayo roza ya la techumbre del
+molino. En el mismo instante, el invisible tambor
+vuelve a redoblar en el campo bajo la espesura...
+¡Rataplán, rataplán!...</p>
+
+<p>¡El demonio llévese la piel de asno! Ya lo
+había olvidado. Pero, en fin, ¿quién será el
+bruto que saluda a la aurora en el fondo de los
+bosques con un tambor?... Aunque miro, no
+veo a nadie... no diviso nada más que las matas
+de alhucema y los pinos que se precipitan
+cuesta abajo hasta el camino... Quizá se oculta
+en la espesura algún duende, resuelto a burlarse
+de mí... Sin duda, es Ariel o maese Puck.
+El pícaro habrá pensado, al pasar por delante
+de mi molino:</p>
+
+<p>&mdash;Ese parisiense está muy tranquilo ahí dentro;
+vamos a darle la alborada.</p>
+
+<p>Y seguramente habrá tomado un bombo, y...
+¡rataplán!... ¡rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres callarte, pícaro Puck? Vas a despertarme
+a las cigarras.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Pero no era Puck.</p>
+
+<p>Era Gouguet François, alias <i>Pistolete</i>, tambor
+del regimiento 31 de infantería, a la sazón
+con licencia semestral. <i>Pistolete</i> está aburrido
+en el país, siente nostalgias, y cuando le prestan
+el instrumento del cabildo municipal, se
+marcha melancólico a los bosques a tocar el
+tambor, soñando con el cuartel del Príncipe
+Eugenio.</p>
+
+<p>Esta mañana ha venido a soñar a mi verde
+colinita... Allí está de pie, recostado contra un
+pino, con el tambor entre las piernas, tocando
+si Dios tiene qué... Bandas de perdigones espantados
+corren a sus pies sin que lo note. Las
+hierbas aromáticas perfuman el aire en torno
+suyo, sin que él las huela.</p>
+
+<p>No ve tampoco las sutiles telarañas que tiemblan
+al sol entre el ramaje, ni las agujas de pino
+que caen sobre su tambor. Absorto en su
+sueño y en su música, mira con amor moverse
+ligeros los palillos, y su caraza estúpida se
+ensancha de placer a cada redoble.</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Es muy hermoso el gran cuartel, con sus
+patios de anchas losas, sus ventanas bien alineadas,
+su población con gorra cuartelera, y
+sus galerías, bajo cuyos arcos se oye constantemente
+el ruido de las tarteras!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, la sonora escalera, los corredores enlucidos
+con cal, la oliente cuadra, los correajes
+que se lustran, la tabla del pan, las cajas de betún,
+los camastros de hierro con manta gris,
+los fusiles que brillan en el armero!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué días más hermosos los vividos
+en el cuerpo de guardia; los naipes que ensucian
+los dedos y se pegan como pez, la sota
+de espadas horrible con adornos a pluma, el incompleto
+tomo de una vieja novela de Pigault-Lebrun
+arrojado encima de la cama de campaña!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, las interminables noches de centinela
+en la puerta de los ministerios, la garita vieja
+donde entra la lluvia y en que los pies se
+hielan!... ¡Los coches de lujo, que salpican de
+barro cuando pasan!... ¡Oh, el trabajo suplementario,
+los días de limpieza general, el cubo
+pestífero, la cabecera de tabla, la fría diana en
+las mañanas lluviosas, la retreta entre niebla a
+la hora de encender el gas, la lista por la tarde,
+a la cual se llega arrojando el bofe!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, el bosque de Vincennes, los vastos
+guantes de algodón blanco, los paseos por las
+fortificaciones, la barrera de la Estrella, el cornetín
+de pistón de la sala de Marte, la bebida
+en las afueras, las confidencias entre los hipos,
+los útiles de encender que se desenvainan, la
+romanza sentimental que se canta con una
+mano puesta en el corazón!...</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Sueña, sueña, hombre infeliz, que no he de
+ir yo a impedírtelo!... Golpea de firme en el
+tambor, toca haciendo un remolino con los brazos.
+No puedes parecerme ridículo.</p>
+
+<p>Si sientes la nostalgia de tu cuartel, ¿no
+experimento yo la nostalgia del mío?</p>
+
+<p>A mí me persigue mi París hasta aquí como
+el tuyo. Tú tocas el tambor bajo los pinos. Yo
+emborrono cuartillas... ¡Somos los dos unos
+provenzales! Allá, en los cuarteles de París,
+echábamos de menos nuestros Alpilles azules
+y el silvestre olor del tomillo; ahora, aquí, en
+plena Provenza, nos falta el cuartel, y amamos
+todo cuanto nos lo hace recordar...</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Las ocho suenan en la aldea. <i>Pistolete</i>, sin
+dejar sosegar los palillos, ha decidido regresar...
+Oyesele bajar por el bosque, siempre tocando...
+Y yo, tumbado sobre la hierba, enfermo de nostalgia,
+al oír el ruido del tambor que se aleja,
+creo ver desfilar entre los pinos a todo mi
+París...</p>
+
+<p>¡Ah, París!... ¡París!... ¡París siempre!</p>
+
+
+
+<h3><a name="LAS_EMOCIONES_DE_UN_PERDIGON" id="LAS_EMOCIONES_DE_UN_PERDIGON"></a>LAS EMOCIONES DE UN PERDIGON...
+ROJO</h3>
+
+
+<p>No ignoran ustedes que los perdigones andan
+en bandadas y anidan juntos en el hueco de los
+surcos, para alzar el vuelo a la alarma más insignificante,
+desparramándose como los granos
+que arrojan a la tierra para que produzcan. Mi
+acompañamiento particular es alegre y numeroso
+y acampa en un llano junto a la linde de
+un gran bosque, donde tenemos buen botín y
+magníficos refugios a uno y otro lado. Por eso,
+desde que sé correr, tengo buen plumaje y estoy
+bien alimentado, experimento la alegría
+del vivir. Sin embargo, una cosa teníame algo
+intranquilo y era esa célebre conclusión de la
+veda, de que nuestras madres hablan en voz
+baja unas con otras. Un viejo de nuestra banda
+me decía siempre acerca de esto:</p>
+
+<p>&mdash;No temas, Rojillo&mdash;me llaman Rojillo a
+causa de mi pico y de mis patas, del color de
+la serba,&mdash;no temas, Rojillo. Yo te protegeré
+el día de la apertura de la caza, y estoy seguro
+de que no ha de ocurrirte nada desagradable.</p>
+
+<p>Es un macho viejo muy bribón y vivaracho
+todavía, aun cuando tiene ya señalada la <i>herradura</i>
+en el pecho y algunas plumas blancas esparcidas
+por el cuerpo. De joven recibió en un
+ala un perdigón de plomo, y como esto le ha
+hecho ser un poco pesado, mira dos veces antes
+de volar, mide bien el tiempo y sale del
+apuro. Con frecuencia me llevaba consigo hasta
+la entrada del bosque. Hay allí una rara casita,
+escondida entre los castaños, muda como una
+madriguera vacía y siempre cerrada.</p>
+
+<p>&mdash;Mira bien esa casita, Rojillo&mdash;me decía el
+viejo;&mdash;cuando veas que sale humo por la techumbre
+y están abiertas la puerta y las ventanas,
+mala señal para nosotros.</p>
+
+<p>Y yo me fiaba de él, sabiendo positivamente
+que él era ducho en eso de las aperturas de la
+caza.</p>
+
+<p>Efectivamente, la otra mañanita, al rayar el
+alba, oí que me llamaban muy bajito dentro
+del surco...</p>
+
+<p>&mdash;Rojillo, Rojillo.</p>
+
+<p>Era mi viejo macho. Miraba de una manera
+extraña.</p>
+
+<p>&mdash;Vente en seguida&mdash;me dijo,&mdash;y haz lo
+que yo.</p>
+
+<p>Lo seguí medio adormilado, deslizándome por
+entre los terrenos, sin volar, sin saltar casi, como
+un ratón.</p>
+
+<p>Íbamos por el lado del bosque, y al pasar
+observé que había humo en la chimenea de la
+casita, luz en las ventanas, y frente a la puerta,
+de par en par, unos cazadores, unos cazadores
+equipados completamente y una traílla de perros
+que saltaban. Al pasar nosotros, gritó uno
+de los cazadores:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a registrar el llano esta mañana, y
+luego, después de almorzar, registraremos el
+bosque.</p>
+
+<p>Entonces comprendí por qué mi viejo compañero
+nos conducía tan aprisa a la arboleda. A
+pesar de esto palpitábame el corazón, especialmente
+al acordarme de mis pobres amigos.</p>
+
+<p>De repente, cuando llegábamos al lindero,
+echaron al galope detrás de nosotros a los perros...</p>
+
+<p>&mdash;¡Agáchate, agáchate!&mdash;me dijo el viejo bajándose;
+al mismo tiempo, a diez pasos de nosotros,
+una codorniz atemorizada abrió cuanto
+pudo sus alas y su pico, y tendió el vuelo dando
+un grito de miedo. Oí un formidable ruido
+y nos rodeó un polvo de un olor extraño, blanco
+y caliente, aunque apenas había salido el sol.
+Estaba yo tan asustado que ya me era imposible
+correr. Felizmente entrábamos en el bosque.
+Mi camarada se acurrucó tras una pequeña encina,
+yo me coloqué junto a él y ambos estuvimos
+allí ocultos, mirando por entre las hojas.</p>
+
+<p>En los campos oíase un terrible fuego de
+fusil. A cada escopetazo cerraba yo los ojos
+despavorido; después, cuando los volvía a abrir,
+veía el llano inmenso y desnudo, y los perros
+corriendo, olfateando entre las briznas de hierba,
+entre las gavillas, girando sobre sí mismos,
+alocados. Los cazadores juraban detrás de ellos
+y los llamaban; las escopetas brillaban al sol.
+Hubo un momento en que me pareció ver volar
+como hojas sueltas entre una nubecilla de humo,
+aun cuando en los alrededores no había
+árbol alguno. Pero el viejo macho me dijo que
+eran plumas, y efectivamente a cien pasos frente
+a nosotros un hermoso perdigón gris cayó
+dentro de un surco, doblando su cabeza ensangrentada.</p>
+
+<p>Cuando ya el sol quemaba en lo alto, cesó
+repentinamente el tiroteo. Los cazadores regresaban
+hacia la casita, donde se oía chisporrotear
+una gran hoguera de sarmientos. Conversaban
+con la escopeta al hombro, discutían
+los disparos hechos, y mientras tanto sus perros
+seguíanles jadeantes, con la lengua colgando...</p>
+
+<p>&mdash;Van a almorzar&mdash;me dijo mi compañero;&mdash;vamos
+a hacer nosotros lo mismo que ellos.</p>
+
+<p>Entramos en un sembrado de trigo morisco
+junto al bosque, un gran campo blanco y negro,
+en flor y granado, con perfumes de almendra.
+Picoteaban también allí unos hermosos
+faisanes de irisadas plumas, bajando sus crestas
+rojas por temor a ser vistos. ¡Ah! ¡Estaban menos
+altivos que de ordinario! Mientras comían,
+nos pidieron noticias preguntándonos si había
+caído alguno de los suyos. Durante este tiempo,
+el almuerzo de los cazadores, silencioso al principio,
+hacíase cada vez más bullicioso, oíamos
+chocar las copas y saltar los corchos de las botellas.
+El viejo macho me previno que ya era
+hora de volver a nuestro refugio.</p>
+
+<p>Podía decirse que a la sazón el bosque dormía.
+La charca adonde acuden los gamos a beber
+no estaba enturbiada por ningún lengüetazo.
+No se veía un hocico de conejo entre los
+serpoles del vivar. Percibíase solamente un estremecimiento
+misterioso, como si cada hoja,
+cada brizna de hierba protegiese una vida amenazada.
+¡Esa caza de monte tiene tantos escondrijos!
+Las gazaperas, la montanera, las fajinas,
+las malezas y además los hoyitos de bosque
+que durante tanto tiempo conservan el agua
+llovediza. Confieso que me hubiera agradado estar
+en el fondo de uno de esos agujeros; mas
+mi acompañante prefería estar al descubierto,
+tener anchuras, ver a lo lejos y sentir ante sí
+el campo libre. Hicimos bien, porque los cazadores
+se internaban en la selva.</p>
+
+<p>¡Oh! No podré olvidar jamás aquella primera
+descarga en el bosque, aquel tiroteo que
+horadaba las hojas como el granizo en abril y
+señalaba las cortezas de los árboles. Un conejo
+pasó huyendo a todo correr a través del camino,
+arrancando matitas de hierba con sus uñas extendidas.
+Una ardilla descendió precipitadamente
+de un castaño, dejando caer castañas
+aún verdes. Sintiéronse dos o tres pesados revuelos
+de gordos faisanes y un barullo entre las
+ramas bajas y las hojas secas, al viento de ese
+escopetazo que agitó, despertó y atemorizó a
+todo bicho viviente en el bosque. Los musgaños
+se ocultaban en lo más hondo de sus agujeros.
+Un escarabajo, que salió del hueco del
+árbol que nos guarecía, movía sus ojos prominentes
+y estúpidos, yertos de terror. Por doquiera
+veíanse pobres bichitos azorados, libélulas
+azules, moscardones, mariposas... hasta un
+saltamontes pequeñito con alas de color escarlata,
+que se detuvo junto a mi pico; pero también
+yo estaba sumamente asustado para aprovecharme
+de su miedo.</p>
+
+<p>El viejo, por su parte, seguía siempre tan
+tranquilo. Muy atento a los ladridos y a los
+disparos, hacíame señas cuando se aproximaban
+y nos íbamos un poco más lejos, fuera de
+la pista de los perros, y muy ocultos entre el
+follaje. Sin embargo, una vez mi sobresalto fue
+tremendo, porque nos consideramos ya perdidos.
+La calle de árboles que teníamos que cruzar
+estaba guardada a cada extremo por un cazador
+que atisbaba. Por un lado, un mocetón
+con patillas negras, quien sonaba como una
+panoplia vieja cuando se movía, con su cuchillo
+de monte y su cartuchera y el cuerno de municiones,
+sin mencionar que sus polainas hebilladas
+hasta las rodillas le hacían parecer aún
+más alto; en el otro extremo, un viejecito, apoyado
+muy tranquilamente en un árbol, fumaba
+en su pipa, guiñando los ojos como si tuviera
+sueño. Este no me asustaba, sino el mocetón
+de allá abajo...</p>
+
+<p>&mdash;No entiendes nada de esto, Rojillo&mdash;me
+dijo mi camarada riéndose. Y sin temor ninguno,
+con las alas abiertas de par en par, alzó
+el vuelo casi entre las piernas del terrible cazador
+de las patillas. Y la verdad es que el pobre
+hombre estaba tan engolfado con todos sus
+atavíos de caza, tan distraído contemplándose
+de arriba abajo, que cuando se echó al hombro
+la escopeta nos encontrábamos ya fuera de
+su alcance. ¡Ah! ¡Si cuando los cazadores creen
+estar solos en un rincón de un bosque, supieran
+cuántos ojuelos fijos les miran desde los matorrales,
+cuántos piquitos puntiagudos contienen
+la risa al ver su torpeza!...</p>
+
+<p>Nosotros andábamos, andábamos sin detenernos.
+Considerando que lo mejor que podía hacer
+era seguir a mi viejo acompañante, mis alas
+se desplegaban a compás de las suyas, para replegarse
+y quedar inmóviles tan pronto como
+él se detenía. Aun me parece ver todos los sitios
+por donde pasamos: el conejar cuajado de
+brezos, lleno de madrigueras junto a los árboles
+amarillentos, con esa gran cortina de robledales
+donde creía ver escondida la muerte
+por doquiera, y la verde sendita por donde mi
+madre la Perdiz había paseado tantas veces su
+pollada bajo el sol de mayo, donde picoteábamos,
+saltando, las hormigas rojas que subían
+por nuestras patas, donde encontrábamos faisanitos
+cebados, gordos como pollastres, y que
+se negaban a jugar con nosotros.</p>
+
+<p>Vi como en un sueño mi senderito, en el
+momento en que lo atravesaba una corza, erguida
+sobre sus delgadas patas con los ojos muy
+abiertos y dispuesta a saltar. Después, la balsa
+adonde acudíamos en partidas de quince o treinta,
+todos al mismo vuelo, alzándonos en un
+momento de la llanura, para beber el agua del
+manantial y salpicarnos de gotitas que rodaban
+sobre el lustroso plumaje... En medio de
+esa charca había una aliseda, algo así como un
+ramillete muy espeso, y en aquel islote nos
+guarecimos. Hubiera sido necesario que los
+perros tuviesen una nariz de primera para ir a
+buscarnos en aquel sitio. A poco de llegar nosotros,
+presentose un corzo arrastrándose sobre
+tres patas y dejando tras de sí un surco rojo
+sobre el musgo. Daba tanta tristeza el verlo,
+que oculté la cabeza bajo las hojas; pero oía
+al herido beber en la charca resollando y ardiendo
+en fiebre...</p>
+
+<p>Declinaba el día. Los disparos de escopeta se
+alejaban y disminuían en número. Después
+quedó todo en silencio... Aquello había terminado.
+Entonces regresamos despacio a la llanura,
+para saber algo de nuestra gente. Al pasar
+por delante de la casita de madera, presencié
+una cosa horrible.</p>
+
+<p>En el borde de un hoyo, los unos cerca de
+los otros, yacían liebres de rojo pelo y conejillos
+grises de cola blanca, con las patitas juntas
+por la muerte, en actitud de implorar misericordia,
+y con ojos empañados como si llorasen;
+además, perdices rojas, machos de perdiz grises,
+con la <i>herradura</i> como mi camarada, y perdigoncillos
+de aquel año que, como yo, tenían todavía
+pelusa debajo de las plumas. ¿Hay nada
+más tétrico que una ave muerta? ¡ Las alas son
+tan vivas! El verlas plegadas y frías hace temblar...
+Un gran corzo, magnífico y tranquilo,
+parecía dormir, con su lengüecita sonrosada
+fuera de la boca, cual si aun fuese a lamer.</p>
+
+<p>Y también estaban allí los cazadores, inclinados
+sobre aquella carnicería, contando y tirando
+hacia sus morrales de las patas ensangrentadas
+y de las alas rotas, con menosprecio
+de todas esas heridas recientes. Los perros,
+atraillados para el camino, fruncían aún sus hocicos
+en ristre, como si se dispusiesen a volver
+a lanzarse a los tallares del soto.</p>
+
+<p>¡Oh, mientras el ancho sol ocultábase allá
+abajo y se alejaban todos jadeantes, agrandando
+sus sombras sobre los terrones de los surcos
+y las sendas húmedas con el sereno del crepúsculo,
+cómo maldecía yo, cómo odiaba a toda
+la banda, hombres y animales!... Ni mi compañero
+ni yo podíamos lanzar, como de costumbre,
+unas notitas de despedida a ese día
+que expiraba.</p>
+
+<p>Vimos en nuestro camino infelices bestezuelas,
+muertas por un extraviado perdigón de plomo
+y sirviendo de pasto a las hormigas; musgaños
+con el hocico lleno de polvo, picazas, golondrinas
+derribadas al vuelo, tendidas de espaldas
+y levantando sus yertas patitas hacia el
+cielo, de donde descendía la noche precipitadamente,
+como suele en otoño, clara, fría y húmeda.
+Pero lo que más profundamente conmovió
+todo mi ser fue oír en los linderos del bosque,
+al margen del prado y allá abajo en los juncales
+del río, llamamientos angustiosos, tristes
+y diseminados, que, no siendo contestados por
+nadie, iban a perderse en las lejanías del espacio.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_EMPERADOR_CIEGO" id="EL_EMPERADOR_CIEGO"></a>EL EMPERADOR CIEGO</h3>
+
+<p class="cabeza">O VIAJE A BAVARIA PARA BUSCAR UNA TRAGEDIA JAPONESA</p>
+
+
+<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I</h3>
+
+<p class="cabeza">EL SEÑOR CORONEL DE SIEBOLDT</p>
+
+
+<p>El señor de Sieboldt, el coronel bávaro al
+servicio de Holanda, señor de Sieboldt cuyas
+notables obras acerca de la flora japonesa le
+han conquistado merecida reputación en los
+círculos científicos, llegó a París, durante la
+primavera de 1866, para someter al Emperador
+un vasto proyecto de asociación internacional
+para la explotación de ese maravilloso <i>Nipon-Jepen-Japon</i>
+(Imperio de la salida del Sol), donde
+había residido durante más de treinta años.
+Esperando que se le concediera una audiencia
+en las Tullerías, el ilustre viajero (que no obstante
+su larga permanencia en el Japón había
+continuado siendo muy bávaro), pasaba sus veladas
+en una pequeña cervecería del arrabal
+Poissonnière, acompañado por una señorita joven
+de Munich que viajaba con él, y a quien
+presentaba como sobrina suya en todas partes.
+Allí fue donde lo encontré yo. Al entrar él,
+volvíanse todos para contemplar la fisonomía de
+ese anciano, firme y tieso con sus setenta y dos
+años, sus largas barbas canas, su interminable
+hopalanda, su ojal lleno de cintas con los distintivos
+de todas las academias científicas, y
+aquel extraño aspecto, que revelaba a un tiempo
+timidez y desenvoltura. El coronel se sentaba
+con mucha seriedad y sacaba del bolsillo
+un gran rábano negro; después la joven señorita
+que lo acompañaba, con todas las trazas
+de una alemana, de falda corta, chal de cenefa
+y sombrerito de viaje, cortaba ese rábano en
+rodajas muy finas, al estilo de la tierra, las espolvoreaba
+de sal, se las ofrecía a su <i>tío</i>, como
+ella le llamaba con su vocecita de ratón, y los
+dos empezaban a rumiar uno frente a otro, tranquila
+y sencillamente, sin suponer que su manera
+de conducirse en París pudiera parecer a
+nadie ridícula, puesto que no hacían ni más ni
+menos que lo que habían hecho en Munich.
+Verdad es que eran una pareja original y simpática,
+y no tardamos en ser buenos amigos.
+El bueno del hombre, viendo la satisfacción que
+experimentaba oyéndole hablar del Japón, habíame
+pedido que revisara su Memoria, y yo
+me apresuré a complacerlo, no sólo por amistad
+hacia ese viejo Simbad, sino también para
+enfrascarme más y más en el estudio de ese
+hermoso país, el amor al cual me había transmitido.
+La tal revisión me fue muy penosa.
+Toda la Memoria estaba escrita en el francés
+estrafalario que hablaba el señor de Sieboldt:
+«Si yo tenga accionistas... si yo <i>reuniría</i> fondos...»
+esos defectos de pronunciación que le
+hacían escribir desatinos como éstos: «Los
+grandes <i>botes</i> del Asia» por «los grandes <i>vates</i>
+del Asia» y «el <i>Jabón</i>» en lugar de «el <i>Japón</i>...»
+Agréguese a esto, frases de cincuenta líneas sin
+signos de puntuación, sin una sola coma, sin
+ningún descanso para respirar, y, no obstante,
+tan bien clasificadas en el cerebro del autor,
+que le parecía imposible suprimir ni una sola
+palabra, y cuando me ocurría tachar una línea
+en un lado, la volvía él a escribir un poco más
+lejos... ¡Lo mismo da! Lo cierto es que ese
+diablo de hombre era tan interesante con su
+<i>Jabón</i>, que me hacía olvidar las fatigas del trabajo,
+y llegado el día de la audiencia, la Memoria
+casi podía caminar por sí sola.</p>
+
+<p>¡Pobre veterano Sieboldt! Todavía me parece
+verlo irse a las Tullerías, con todas sus
+cruces en el pecho, con ese brillante uniforme
+de coronel (grana y oro) que no desembaulaba
+más que en las grandes ocasiones. Aun cuando
+todo el tiempo estaba ¡brum! ¡brum! irguiendo
+su elevada estatura, adiviné su emoción
+por el temblor de su brazo sobre el mío,
+y especialmente, por la insólita palidez de su
+nariz, un narigón de sabihondo, rojo por el estudio
+y por la cerveza de Munich. Cuando volví
+a encontrarlo, por la noche, estaba triunfante:
+Napoleón III lo había recibido entre dos puertas,
+escuchado durante cinco minutos y despedido
+con su frase ordinaria: «Veré... pensaré
+en ello.» Sin más que eso, el cándido japonés
+intentaba ya adquirir en arrendamiento el primer
+piso del <i>Gran-Hôtel</i>, poner comunicados
+en los periódicos, publicar prospectos; costome
+gran trabajo hacerle comprender que Su Majestad
+quizá se tomase mucho tiempo para reflexionar
+y que, mientras, lo más conveniente
+sería que volviera a Munich, donde la cámara
+estaba precisamente a punto de votar un crédito
+para la adquisición de sus grandes colecciones.
+Mis advertencias lo convencieron, y en recompensa
+del trabajo que me tomé con su famosa
+Memoria, me prometió al marchar enviarme
+una tragedia japonesa del siglo XVI,
+preciosa obra maestra desconocida por completo
+en Europa, y que había traducido <i>ex profeso</i>
+para su amigo Meyerbeer. Cuando murió el
+maestro, se disponía a escribir la música de los
+coros. Como ustedes ven, el excelente hombre
+deseaba hacerme un verdadero obsequio.</p>
+
+<p>Desgraciadamente, algunos días después de
+su partida, estalló la guerra en Alemania, y no
+volví a oír hablar más de mi tragedia. Habiendo
+invadido los prusianos los reinos de Würtemberg
+y de Bavaria, era bastante natural que
+su ardor patriótico y el gran trastorno de la invasión
+hubieran hecho olvidar al coronel la tragedia
+japonesa que, según me había manifestado,
+se titulaba <i>Emperador ciego</i>. Pero yo pensaba
+en él más que nunca, y, no sólo por deseos
+de poseer la obra ofrecida, sino también por
+curiosidad de ver de cerca lo que era la guerra,
+la invasión (¡Dios mío, ahora la recuerdo muy
+bien con todos sus horrores!) lo cierto es que
+una mañana temprano resolví marchar a Munich.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II</h3>
+
+<p class="cabeza">LA ALEMANIA DEL SUR</p>
+
+
+<p>¡Pueden ustedes hablarme de los pueblos de
+sangre gorda! En plena guerra, con ese sol
+achicharrante del mes de agosto, todo el país
+de más allá del Rhin, desde el puente de Kehl
+hasta Munich, tenía su aspecto tan frío y tan
+poco inquieto. Por las treinta ventanillas del
+vagón würtembergués que me conducía lenta
+y pesadamente a través de la Suabia, desfilaban
+paisajes, montañas, torrenteras, quebradas de
+magnífico verdor en que se sentía la frescura de
+los arroyos. Por las pendientes que desaparecían
+girando según avanzaban los vagones, había
+aldeanas tiesas en medio de sus rebaños, vestidas
+con sayas coloradas y corpiños de terciopelo,
+y los árboles eran tan verdes en derredor
+suyo, que parecía todo aquello una pastorela
+sacada de una de esas cajitas de abeto, que tan
+bien huelen a resina y a pino, de los bosques
+del Norte. De trecho en trecho, una docena de
+soldados de infantería vestidos de verde marcaban
+el paso en una pradera, con la cabeza
+erguida y una pierna al aire, llevando sus fusiles
+a modo de ballestas: era el ejército de cualquier
+principillo de Nassau. A veces también
+pasaban trenes tan lentos como el nuestro, cargados
+con grandes barcas, donde los soldados
+würtembergueses, amontonados como en una
+carroza alegórica, cantaban barcarolas a tres
+voces, al huir ante los prusianos. Y nuestras
+detenciones en todas las fondas, la inalterable
+sonrisa de los camareros, aquellas redondas caras
+tudescas ensanchadas, con la servilleta debajo
+de la barba, ante enormes tajadas de carne
+en salsa, y el parque real de Stuttgart por
+el que circulan multitud de carretelas, de galas,
+de cabalgatas, la música tocando valses y
+cancanes alrededor de las fuentes, mientras se
+combatía en Kissingen; cierto que, al acordarme
+de todo esto y pensar en lo que he visto
+cuatro años después en ese mismo mes de agosto,
+esas locomotoras frenéticas corriendo sin
+saber a dónde, como si la insolación hubiese
+enloquecido sus calderas, los vagones detenidos
+en pleno campo de batalla, los carriles cortados,
+los trenes pasando apuros, Francia mermada
+de día en día según se hacía más corta
+la línea férrea del Este, y en todo el trayecto
+de las abandonadas vías, el hacinamiento siniestro
+de esas estaciones, solitarias en un país
+perdido, llenas de heridos olvidados allá como
+bagajes... creo que aquella guerra de 1866 entre
+Prusia y los Estados del Sur no era más
+que una guerra ficticia, y que, a pesar de cuanto
+nos hayan podido decir, <i>lobo a lobo no se
+muerde</i>, si estos lobos son germanos.</p>
+
+<p>Para convencerse de ello, es suficiente ver a
+Munich. La noche de mi llegada, una hermosa
+noche de domingo llena de estrellas, toda la
+población vagaba por las calles. Flotaba en el
+aire un alegre rumor confuso, tan vago ante
+la luz como el polvo que levantaban los pasos
+de todos aquellos paseantes. En el fondo
+de las bodegas de cerveza, abovedadas y frescas;
+en los jardines de las cervecerías, donde
+mecían sus pálidas luces los farolillos de colores;
+por todas partes, mezclándose con el ruido
+de las pesadas tapaderas al caer sobre la boca
+de los jarros de cerveza, percibíanse las notas
+del triunfo que salían de los instrumentos
+de metal y los suspiros de los de madera.</p>
+
+<p>En una de esas cervecerías filarmónicas, encontré
+al coronel Sieboldt, sentado, con su sobrina,
+ante su eterno rábano negro.</p>
+
+<p>En la mesa contigua tomaba un <i>bock</i> el ministro
+de Negocios Extranjeros, acompañado
+del tío del Rey. Alrededor, burgueses con sus
+familias, oficiales con gafas y estudiantes con
+gorritas encarnadas, azules, verdemar, graves
+todos y silenciosos, escuchaban muy atentamente
+la orquesta de M. Gungel, y miraban
+subir el humo de sus pipas sin importárseles
+un ardite de Prusia, como si no existiera. Al
+verme, el coronel pareció turbarse un poco, y
+advertí que bajaba la voz para hablarme en
+francés. En torno nuestro cuchicheaban: <i>Franzose...
+Franzose...</i> Todos me miraban con manifiesta
+antipatía: Salgamos&mdash;me dijo el señor
+de Sieboldt, y cuando estuvimos fuera, encontré
+en él su agradable sonrisa de otros tiempos.
+El buen hombre no había olvidado su
+promesa, pero la clasificación de su colección
+japonesa, que acababa de vender al Estado, le
+tenía ocupadísimo. Por eso no me había escrito.
+En cuanto a mi tragedia, estaba en Würzburgo,
+en poder de la señora de Sieboldt, y para
+llegar hasta allá necesitaba una autorización
+especial de la Embajada Francesa, porque los
+prusianos se acercaban a Würzburgo y era ya
+muy difícil el conseguir entrar en dicha población.
+Tenía tales deseos de poseer mi <i>Emperador
+ciego</i>, que a no ser por el temor de encontrar
+acostado al señor de Trevise, hubiera ido
+aquella misma noche a la Embajada.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III</h3>
+
+<p class="cabeza">EN «DROSCHKE»</p>
+
+
+<p>El fondista de la <i>Grappe Bleu</i> me hizo montar
+al día siguiente bien temprano en uno de
+esos pequeños vehículos de alquiler que no faltan
+nunca en los patios de las fondas para enseñar
+a los viajeros las curiosidades de la ciudad,
+y desde donde se os aparecen como entre
+las hojas de una guía los monumentos y las calles
+más importantes. No se trataba entonces
+de llevarme a ver la ciudad, sino de conducirme
+a la Embajada Francesa:&mdash;<i>¡Französische
+Ambassad!</i>&mdash;repitió el fondista dos veces. El
+cochero, un hombrecillo con traje azul y un
+sombrero enorme, parecía muy asombrado del
+nuevo destino que se daba a su coche, a su
+<i>droschke</i> (según dicen en Munich). Pero mi
+sorpresa fue mucho mayor que la suya, cuando
+le vi volver la espalda al barrio noble, entrar
+en una larga ronda de arrabal, llena de fábricas,
+casas de obreros y jardinillos, atravesar las
+puertas y conducirme fuera de la ciudad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Embajada Francesa?&mdash;le preguntaba yo
+frecuentemente con inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ya, ya</i>&mdash;respondía el hombrecillo, y seguíamos
+rodando. Deseaba pedir algunos otros
+informes; pero era imposible porque mi conductor
+no hablaba francés, y yo mismo por
+aquella época sólo conocía de la lengua alemana
+dos o tres frases muy elementales, en que
+se trataba de pan, cama y comida, y en manera
+alguna de embajador. Y aun esas frases no podía
+pronunciarlas más que cantando; he aquí
+por qué.</p>
+
+<p>Algunos años antes, había emprendido con
+un camarada tan loco como yo, a través de Alsacia,
+Suiza y el Ducado de Badén un verdadero
+viaje de buhonero, con el saco a cuestas,
+a jornadas de doce leguas, rodeando las poblaciones
+de las cuales sólo deseábamos ver las
+puertas, y marchando siempre por sendas y
+atajos sin saber a dónde nos conducirían. Esto
+nos proporcionaba, frecuentemente, la sorpresa
+de pernoctar a campo raso o bajo el alero
+desmantelado de alguna granja; pero lo que
+hacía más accidentada nuestra excursión es que
+ni uno ni otro sabíamos una palabra alemana.
+Con el auxilio de un diccionario de bolsillo, que
+compramos al pasar por Basilea, llegamos a
+construir algunas frases muy sencillas, tan inocentes
+como <i>Vir vóllen trínken bier</i> (deseamos
+beber cerveza), <i>Vir vóllen essen käse</i> (queremos
+comer queso); desgraciadamente, por poco
+complicadas que parezcan, nos costaba mucho
+trabajo retener en la memoria esas malditas
+frases. No las teníamos en la punta de la
+lengua, como dicen los cómicos. Ocurriósenos
+entonces la idea de ponerlas en música, y tan
+bien se adaptaba a ellas la tonadilla que compusimos,
+que las palabras penetraron en nuestra
+memoria con las notas, y ya no podían salir
+de allí las unas sin arrastrar consigo las
+otras. Curiosísima era la cara que ponían los
+posaderos badeneses cuando por la noche entrábamos
+en el gran comedor del Gasthaus, y
+después de desatar nuestras mochilas, cantábamos
+con voz retumbante:</p>
+
+<p class="poem">
+Vir vóllen trínken bier (<i>bis</i>)<br />
+Vir vóllen, ya, vir vóllen<br />
+<span style="margin-left: 6em;">¡Ya!</span><br />
+Vir vóllen trínken bier.<br />
+</p>
+
+<p>Pero desde entonces acá me he <i>perfeccionado</i>
+en el alemán. ¡He tenido tantas ocasiones
+de aprenderlo!... Mi vocabulario se ha enriquecido
+con una infinidad de locuciones, de frases.
+Aunque ya las hablo, no las canto... ¡Oh, no;
+no me entran deseos de cantarlas!...</p>
+
+<p>Pero volvamos a mi coche.</p>
+
+<p>Andábamos muy despacio, por una avenida
+orillada de árboles y casas blancas. De repente,
+detúvose el cochero.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Da!</i>&mdash;me dijo, señalándome una casita
+oculta bajo las acacias, y que me pareció muy
+silenciosa y retirada para ser una Embajada. En
+un ángulo de la pared brillaban junto a una
+puerta tres botones de cobre superpuestos. Tiro
+de uno al azar, ábrese la puerta y entro en
+un vestíbulo elegante y cómodo, con flores y
+alfombras por doquier. En la escalera estaban
+colocadas media docena de camareras bávaras
+que habían acudido al oír mi campanillazo, con
+aquel aspecto de pájaros sin alas tan poco gracioso,
+que tienen todas las mujeres del lado allá
+del Rhin.</p>
+
+<p>Pregunto:&mdash;¿Embajada Francesa?&mdash;Me lo
+hacen repetir dos veces y hete aquí que empiezan
+a reír, pero a reír haciendo retemblar la
+baranda con sus estremecimientos. Me vuelvo
+furioso hacia mi cochero, y le hago comprender
+a fuerza de gestos que se ha equivocado, que la
+Embajada no está allí.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya&mdash;responde el hombrecillo sin inmutarse,
+y volvemos a Munich.</p>
+
+<p>Forzoso es creer que nuestro embajador de
+entonces variaba de domicilio, frecuentemente,
+o bien que por no alterar mi cochero las costumbres
+de su coche se le había antojado hacerme
+visitar, que quieras que no, la ciudad y
+sus inmediaciones. Lo cierto es que pasamos
+toda la mañana recorriendo Munich en todos
+los sentidos, en busca de aquella fantástica Embajada.
+Después de otros dos o tres intentos,
+acabé por no apearme ya del coche. El cochero
+iba y venía, deteníase en ciertas calles y hacía
+como que se informaba. Me dejé llevar sin hacer
+otra cosa que mirar en mi derredor. ¡Qué
+ciudad más aburrida y fría ese Munich, con
+sus grandes paseos, sus alineados palacios, sus
+calles extraordinariamente anchas y donde resuenan
+los pasos, su museo al aire libre de notabilidades
+bávaras tan muertas dentro de sus
+blancas estatuas!</p>
+
+<p>¡Qué gran número de columnas, de arcos,
+de frescos, de obeliscos, de templos griegos, de
+propíleos, de dísticos en letras doradas sobre
+los frontones! Todo esto esforzándose por parecer
+grandioso, pero parece como que se siente
+el vacío y el énfasis de aquella falsa grandeza,
+al ver en todos los confines de las avenidas los
+arcos triunfales por donde no pasa más que el
+horizonte, los pórticos abiertos sobre el espacio
+azul. Del mismo modo me imagino yo esas
+ciudades fantásticas, mezcla de Italia y de Alemania,
+por donde Musset hace pasearse el incurable
+tedio de su Fantasio y la peluca solemne
+y necia del príncipe de Mantua.</p>
+
+<p>Cinco o seis horas duró esta carrera en coche,
+después de las cuales el cochero volvió a
+llevarme triunfalmente al patio de la <i>Grappe-Bleue</i>,
+haciendo restallar su látigo, orgullosísimo
+de haberme enseñado a Munich. En cuanto
+a la Embajada, terminé por encontrarla dos
+calles más allá de mi fonda, pero el descubrimiento
+no me sirvió para nada, porque el canciller
+se negó a darme pasaporte para Würzburgo.
+Según parece, éramos muy mal vistos
+por aquellos días en Baviera, un francés no
+hubiera podido aventurarse sin peligro hasta
+los puestos avanzados. Fueme por lo tanto preciso
+aguardar en Munich a que la señora de
+Sieboldt tuviera ocasión de hacer llegar a mis
+manos la tragedia japonesa.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV</h3>
+
+<p class="cabeza">EL PAÍS DE LO AZUL</p>
+
+
+<p>¡Rareza humana! Esos buenos bávaros, que
+tanto nos vituperaban por no haberles ayudado
+en esa guerra, no experimentaban la más
+mínima animosidad contra los prusianos. Ni
+vergüenza por las derrotas, ni odio al vencedor.
+¡Es el primer ejército del mundo!&mdash;me
+decía orgulloso el fondista de la <i>Grappe-Bleue</i>,
+al siguiente día de la batalla de Kissingen;&mdash;y
+ésa era la opinión general en Munich. En
+los cafés arrebatábanse de las manos los periódicos
+de Berlín. Reían hasta desternillarse las
+cuchufletas del <i>Kladderadatsch</i>, esas burdas
+chacotas berlinesas tan pesadas como el famoso
+martillo-pilón de la fábrica de Krupp, de
+cincuenta mil kilogramos. No dudando nadie
+acerca de la próxima entrada de los prusianos,
+cada cual preparábase a recibirlos bien. Las
+cervecerías almacenaban gran número de salchichas
+y de cochinillos de leche. En las casas
+particulares preparaban alojamientos de oficiales.</p>
+
+<p>Los únicos que mostraban alguna inquietud
+eran los Museos. Un día, al entrar en la Pinacoteca,
+encontré desnudas las paredes, y a los
+empleados clavando grandes cajones llenos de
+cuadros preparados para salir hacia el Sur. Se
+temía que el vencedor, muy respetuoso para
+con la propiedad particular, no lo fuese tanto
+con las colecciones del Estado. Por esta razón,
+de todos los Museos de la ciudad, sólo permanecía
+abierto el del señor de Sieboldt. En su
+calidad de oficial holandés y condecorado con la
+cruz del Aguila de Prusia, pensaba el coronel
+que nadie intentaría atacar su colección en su
+presencia. Y mientras esperaba la llegada de
+los prusianos, paseábase con su uniforme de
+gala a través de los tres largos salones que el
+Rey le había concedido en el jardín de la corte,
+especie de Palais-Royal más verde y tétrico que
+el francés, rodeado de claustrales muros pintados
+al fresco.</p>
+
+<p>Esas curiosidades expuestas con rótulos en
+ese gran palacio triste constituían, efectivamente,
+un museo, conjunto melancólico de cosas
+traídas de países muy lejanos, separadas de
+su medio ambiente. El mismo veterano Sieboldt
+parecía que formaba parte de él por su
+aspecto extraño. Todos los días lo visitaba y
+pasábamos juntos largas horas hojeando esos
+manuscritos japoneses ilustrados con láminas,
+esos libros científicos o históricos, unos tan
+inmensos que no se podían abrir más que en
+el suelo, otros tan largos como una uña, solamente
+legibles con una lupa muy potente, dorados,
+finos, preciosos. El señor de Sieboldt
+me hacía admirar su enciclopedia japonesa en
+noventa y dos tomos, o me traducía una oda
+del <i>Hiah-nin</i>, obra valiosísima que había sido
+publicada bajo los auspicios de los emperadores
+japoneses, y donde están las biografías, los
+retratos y fragmentos líricos de los cien poetas
+más famosos del Imperio. Después ordenábamos
+su colección de armas, los cascos de oro
+con anchas carrilleras, las corazas, las cotas de
+mallas y esos largos sables de mandoble que
+requirieron su caballero templario y con los
+cuales puede abrirse el vientre tan bien.</p>
+
+<p>Explicábame las divisas de amor pintadas sobre
+las frágiles láminas de nácar, me introducía
+en los hogares domésticos japoneses mostrándome
+el modelo de su casa en Yeddo, una miniatura
+de laca, al que no faltaba un solo detalle, desde
+las cortinillas de seda de las ventanas hasta
+las grutas artificiales de rocalla del jardín, un
+jardinillo minúsculo adornado con plantas enanas
+de la flora indígena. Lo que me agradaba
+también mucho eran los objetos del culto japonés,
+sus diminutos dioses de madera pintada,
+las casullas, los vasos sagrados y esas capillas
+portátiles, verdaderos teatros de muñecas, que
+conservan los fieles en un rincón de su casa.
+Los pequeños ídolos rojos están alineados en
+el fondo, hacia adelante pende una cuerdecita
+con nudos. Al ir a comenzar el japonés su oración,
+se inclina y toca con este cordón un timbre
+que brilla junto al altar, excitando de este
+modo la atención de sus dioses. Tenía yo un
+placer infantil en hacer sonar estos timbres
+mágicos y dejando que mis ensueños volasen
+en alas de esas ondas sonoras hasta el fondo
+de esas Asias orientales donde el sol que nace
+parece haberlo dorado todo, desde las hojas de
+sus enormes sables hasta los cantos de sus diminutos
+libros.</p>
+
+<p>Las calles de Munich producíanme un extraño
+efecto al salir de allí con los ojos deslumbrados
+por todos aquellos reflejos de laca y
+jade, por los chillones colores de los mapas geográficos,
+especialmente los días en que el coronel
+me había leído una de aquellas odas japonesas
+de una poesía casta, sublime, tan original
+como profunda. El Japón y Baviera, estos
+dos países nuevos para mí, que iba conociendo
+casi al mismo tiempo, mirando al uno al través
+del otro, se mezclaban y confundían dentro
+de mi cerebro, convertidos en una especie
+de paisaje vago, en el país de lo azul. Aquella
+línea azulada de los viajes que acababa de contemplar
+en las tazas japonesas, representando
+los rasgos de las nubes y el boceto de las
+aguas, la percibía en los azulados frescos de
+los muros. ¡Y esos soldados azules que se
+adiestraban en el manejo de las armas en las
+plazas, con sus cascos japoneses, y ese cielo
+despejado y tranquilo, azul como la flor del
+<i>Vergiss-meinnicht</i>, y ese cochero azul, que me
+conducía a la fonda de la <i>Grappe-Bleue</i>!</p>
+
+
+
+<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V</h3>
+
+<p class="cabeza">PASEO SOBRE EL STARNBERG</p>
+
+
+<p>También se armonizaba con las visiones azuladas
+del país entrevisto por mí el lago centelleante,
+que espejea en lo más recóndito de
+mi memoria. Sólo con escribir ese nombre de
+Starnberg, he vuelto a ver cerca de Munich la
+extensa superficie de agua, tersa, llena de cielo,
+familiar y viva por el humo de un vaporcillo
+que costeaba sus orillas. Rodeándola, las
+obscuras masas de los grandes parques, separadas
+de trecho en trecho, y como rotas por la
+blancura de las casas de campo. Más arriba villorrios
+con los aleros apiñados, nidos de casas
+colocados sobre los ribazos escarpados, más
+arriba aún, las montañas del Tirol, lejanas, del
+color del aire en que flotan, y en un extremo
+de ese cuadro algo clásico, pero tan encantador,
+el viejo, viejísimo batelero, con sus largas
+polainas y su chaleco rojo con botones de
+plata, quien me paseó un domingo entero enorgulleciéndose
+de llevar un francés en su
+barca.</p>
+
+<p>No era la primera vez que disfrutaba semejante
+honor. Acordábase perfectamente de haber
+hecho pasar en su juventud el Starnberg a
+un oficial. Hacía de esto sesenta años, y por
+el respeto con que me hablaba el buen hombre,
+comprendí la impresión que debió de causarle
+aquel francés de 1806, algún gracioso Oswaldo
+del primer imperio, con su pantalón colán,
+sus botas con arrugas en la caña, un gigantesco
+<i>schapska</i> y atrevimientos de vencedor.
+Si el barquero del Starnberg vive todavía,
+dudo que admire tanto a los franceses.</p>
+
+<p>Los habitantes de Munich pasean sus alegrías
+del domingo sobre ese hermoso lago y
+dentro de los abiertos parques de las residencias
+que lo circundan. La guerra no había alterado
+esta costumbre: El día que yo pasé en
+él, al borde del agua, estaban atestados de
+gente los merenderos, gruesas señoras sentadas
+en corro ahuecaban sus faldas sobre las praderas.
+Por entre las ramas que se cruzan sobre
+el lago azul, veíanse grupos de Gretchen y de
+estudiantes, envueltos en una aureola de humo
+de las pipas. Algo más lejos, en un claro del
+parque Maximiliano, una boda de campesinos,
+lucida y ruidosa, bebía delante de largas tablas
+colocadas en banquillos, en tanto que un
+guarda de monte, con uniforme verde y escopeta
+en mano, en la actitud de un hombre que
+dispara, enseñaba a manejar ese maravilloso
+fusil de aguja, que con tanto éxito empleaban
+los prusianos. Me era necesario el verlo para
+acordarme de que se combatía a tan corta distancia
+de nosotros. Y sin embargo, era de creer
+que había guerra, puesto que aquella misma
+noche, cuando regresaba a Munich, vi en una
+plazuela, abrigada y recogida como una capilla
+de iglesia, cirios que ardían alrededor de una
+<i>Maria-Säule</i>, y mujeres arrodilladas, cuyos prolongados
+sollozos eran interrumpidos por las
+plegarias.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI</h3>
+
+<p class="cabeza">LA BAVARIA</p>
+
+
+<p>No obstante lo mucho que desde hace algunos
+años se ha escrito acerca de la patriotería
+francesa, nuestras necedades patrióticas, nuestras
+vanidades y nuestras fanfarronadas, no
+creo que exista en Europa un pueblo más pretencioso,
+más vano, más infatuado consigo mismo
+que el pueblo de Baviera. Su cortísima historia,
+diez páginas sueltas de la de Alemania,
+puede leerse en las calles de Munich, gigantesca,
+desproporcionada, toda en pinturas y en
+monumentos, como uno de esos libros que se
+regalan a los niños como aguinaldo, con poco
+texto y muchas láminas. En París sólo tenemos
+un arco de triunfo. En Baviera hay diez,
+el pórtico de las Victorias, el pórtico de los
+Mariscales, y no sé cuántos obeliscos erigidos
+<i>Al valor heroico de los guerreros bávaros</i>.</p>
+
+<p>Ser grande hombre en este país es conveniente,
+porque está seguro de que su nombre
+será grabado en todas partes en mármoles y
+bronces, y se le erigirá una estatua, por lo
+menos, en medio de una plaza o en lo alto de
+algún friso entre victorias de mármol blanco.
+Esa monomanía por las estatuas, las apoteosis
+y los monumentos conmemorativos, hasta tal
+extremo llega entre estas buenas gentes, que
+en las esquinas de las calles tienen puestos pedestales
+vacíos, dispuestos para los desconocidos
+grandes hombres que surjan en el porvenir.
+En este momento deben de estar ya ocupados
+casi todos ellos. ¡Les ha suministrado la guerra
+de 1870 tantos héroes, tantos episodios gloriosos!</p>
+
+<p>Me complazco figurarme, por ejemplo, al
+ilustre general <i>von der</i> Than ligero de ropas,
+según la antigua usanza, en medio de un verde
+jardinillo, con un hermoso pedestal adornado
+con bajos relieves que representen por un lado
+los <i>Guerreros bávaros incendiando la aldea de
+Bareilles</i>, y por el otro, los <i>Guerreros bávaros
+rematando a los heridos franceses en la ambulancia
+de Woerth</i>. ¡Qué grandioso monumento
+será!</p>
+
+<p>No contentos con tener tan profusamente
+esparcidos por la ciudad sus grandes hombres,
+los bávaros los han reunido en un templo construido
+a las puertas de Munich, y al cual denominan
+la <i>Sala de la gloria</i>. Bajo un ancho
+pórtico con columnas de mármol que dan vuelta
+formando tres lados de un cuadrado, están
+colocados en repisas los bustos de los electores,
+de los reyes, de los generales, de los abogados,
+etcétera. (El catálogo está de venta en la portería).</p>
+
+<p>Algo delante elévase una colosal estatua, una
+<i>Bavaria</i> de noventa y dos pies de altura, erguida
+sobre el último rellano de una de esas grandes
+escalinatas tan melancólicas que ascienden
+al descubierto entre el verde follaje de los jardines
+públicos. Con su piel de león al hombro,
+su espada en una mano, y la corona de la gloria
+(¡en todas partes la gloria!) en la otra, al
+ver aquella inmensa mole de bronce, al fin de
+uno de esos días de agosto en que las sombras
+se alargan de un modo extraordinario, llenaba
+la silenciosa llanura con su actitud enfática. Alrededor
+de ella, a lo largo de la columnata, los
+perfiles de los hombres célebres hacían muecas
+al sol poniente. ¡Y todo aquello tan desolado,
+tan tétrico! Al oír resonar mis pasos sobre las
+losas, volvía a experimentar aquella impresión
+de grandeza en el vacío que me atormentaba
+desde mi llegada a Munich.</p>
+
+<p>Una escalerilla de fundición asciende dando
+vueltas por el interior de la <i>Bavaria</i>. Se me antojó
+subir hasta lo más alto y sentarme un momento
+dentro de la cabeza del coloso, un saloncito
+redondo alumbrado por dos ventanas
+que son los ojos. A pesar de esos ojos abiertos
+un dirección al horizonte azul de los Alpes, el
+calor allá dentro era asfixiante. El bronce caldeado
+por el sol, me envolvía en un calor pesadísimo.
+Fueme preciso bajar más que a escape.
+Pero, lo mismo da. Eso me fue suficiente
+para conocerte, ¡oh, gran <i>Bavaria</i> inflada y
+sonora! Había visto tu pecho sin corazón, tus
+rollizos brazos de cantante hinchados y sin
+músculos, tu espada de metal repujado, y sentido
+dentro de tu hueca cabeza la pesada borrachera
+y el aplanamiento cerebral de un bebedor
+de cerveza. ¡Y pensar que, al emprender
+esa insensata guerra de 1870, contaron contigo
+nuestros diplomáticos! ¡Ah, si ellos se
+hubiesen tomado también la molestia de subir
+por dentro de la <i>Bavaria</i>!</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIb" id="VIIb"></a>VII</h3>
+
+<p class="cabeza">¡EL EMPERADOR CIEGO!</p>
+
+
+<p>A los diez días de estancia en Munich, no había
+recibido aún ninguna noticia de mi tragedia
+japonesa. Comenzaba a desesperar de poseerla,
+cuando una noche, en el jardín de la
+cervecería donde acostumbrábamos comer, vi
+llegar a mi coronel con la cara llena de júbilo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya está en mi poder!&mdash;me dijo,&mdash;venga
+mañana por la mañana al museo. La leeremos
+juntos. ¡Ya verá qué bonita es!</p>
+
+<p>Estaba muy animado aquella noche. Sus ojos
+brillaban al hablar. Recitaba en alta voz pasajes
+de la tragedia e intentaba cantar los coros.
+Más de una vez creyose obligada su sobrina
+a hacerle callar:&mdash;¡Tío, tío!&mdash;Yo atribuía
+aquella fiebre, aquella exaltación, a un puro
+entusiasmo lírico. Efectivamente, eran muy bellos
+los fragmentos que me recitaba, y sentía
+prisa por posesionarme de mi obra maestra.</p>
+
+<p>Al día siguiente, al llegar al jardín de la
+corte, sorprendiome extraordinariamente el encontrar
+cerrada la sala de las colecciones. La
+ausencia del museo era tan extraña en el coronel,
+que corrí a su domicilio con una vaga
+inquietud. La calle en que habitaba, una calle
+del arrabal, tranquila y corta, con jardines y
+casitas bajas, me pareció más agitada que de
+ordinario.</p>
+
+<p>La gente charlaba formando corrillos delante
+de las puertas. La de la casa de Sieboldt estaba
+cerrada, pero las persianas no.</p>
+
+<p>Todo era entrar y salir las gentes con aspecto
+triste. Presentíase allí una de esas catástrofes
+sumamente grandes para caber dentro del
+hogar, y que se desbordan hasta el exterior.
+Cuando llegué, percibí gemidos sollozantes. Salían
+del fondo de un pequeño corredor, de dentro
+de una gran habitación atestada y clara como
+una sala de estudios. Veíase en ella una larga
+mesa de madera blanca, libros, manuscritos,
+anaqueles con colecciones, álbums encuadernados
+en brocato de seda; pendientes de la
+pared había armas japonesas, estampas, grandes
+mapas geográficos, y entre ese desbarajuste
+de viajes y de estudios, el coronel tendido sobre
+su cama, con sus largas barbas blancas sobre
+su pecho, y la pobrecilla sobrina llorando de
+rodillas en un rincón.</p>
+
+<p>El señor de Sieboldt había muerto repentinamente
+aquella noche.</p>
+
+<p>No quise detenerme más y aquella misma
+tarde salí de Munich sin ánimo para perturbar
+toda aquella desolación nada más que por un
+antojo literario, y por esta causa no pude saber
+de la maravillosa tragedia japonesa más que el
+título: <i>¡El Emperador ciego!</i> Más tarde he presenciado
+la representación de otra tragedia, a
+la cual hubiera convenido perfectamente este
+título importado de Alemania: tragedia siniestra,
+saturada de lágrimas y sangre, y que no
+tenía nada de japonesa.</p>
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+<hr />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Cartas de mi molino, by Alphonse Daudet
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS DE MI MOLINO ***
+
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+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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