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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 02:48:04 -0700
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+<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es">
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+<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" />
+<title>
+ The Project Gutenberg eBook of Cartas de mi molino, por Alfonso Daudet.
+</title>
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+ </head>
+<body>
+
+
+<pre>
+
+The Project Gutenberg EBook of Cartas de mi molino, by Alphonse Daudet
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Cartas de mi molino
+
+Author: Alphonse Daudet
+
+Translator: F. Cabañas
+
+Release Date: August 16, 2009 [EBook #29706]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS DE MI MOLINO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at https://www.pgdp.net
+
+
+
+
+
+
+</pre>
+
+<hr />
+
+<p class="c">
+<img src="images/cover.jpg"
+alt="cubierto"
+width="383"
+height="550"
+/></p>
+
+<p class="c un top15">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; BIBLIOTECA DE «LA NACION» &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
+
+<h2>ALFONSO DAUDET</h2>
+
+<h1>CARTAS DE MI MOLINO</h1>
+
+<p class="c"><span class="smcap">TRADUCCIÓN DE</span> F. CABAÑAS</p>
+
+<p class="c"><img src="images/001.png"
+alt="logo"
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+height="78"
+/></p>
+
+<p class="c"><b>BUENOS AIRES<br />
+1911</b></p>
+
+<p class="c">Reservados los derechos de traducción.</p>
+
+<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Nación</span>.&mdash;Buenos Aires</p>
+
+<hr />
+
+<h3>INDICE</h3>
+
+
+<ul class="toc">
+<li><a href="#ACTA_NOTARIAL">Acta notarial</a></li>
+<li><a href="#CARTAS_DE_MI_MOLINO">Cartas de mi molino</a></li>
+<li><a href="#LA_DILIGENCIA_DE_BEAUCAIRE">La Diligencia de Beaucaire</a></li>
+<li><a href="#LA_MULA_DEL_PAPA">La Mula del Papa</a></li>
+<li><a href="#EL_FARO_DE_LAS_SANGUINARIAS">El Faro de las Sanguinarias</a></li>
+<li><a href="#LA_AGONIA_DE_LA_GOLETA_LIGERA">La Agonia de la goleta</a></li>
+<li><a href="#LOS_ADUANEROS">Los Aduaneros</a></li>
+<li><a href="#LOS_VIEJOS">Los Viejos</a></li>
+<li><a href="#EL_SUBPREFECTO_EN_EL_CAMPO">El Subprefecto en el campo</a></li>
+<li><a href="#EL_POETA_MISTRAL">El Poeta Mistral</a></li>
+<li><a href="#LAS_NARANJAS">Las Naranjas</a></li>
+<li><a href="#EN_MILIANAH">En Milianah</a></li>
+<li><a href="#LA_LANGOSTA">La Langosta</a></li>
+<li><a href="#EN_CAMARGUE">En Camargue</a>
+<ul>
+<li><a href="#Ia">I.&mdash;La Partida</a></li>
+<li><a href="#IIa">II.&mdash;La Cabaña</a></li>
+<li><a href="#IIIa">III.&mdash;¡A la espera!</a></li>
+<li><a href="#IVa">IV:&mdash;Rojo y blanco</a></li>
+<li><a href="#Va">V.&mdash;El Vaccarés</a></li>
+</ul></li>
+<li><a href="#NOSTALGIA_DE_CUARTEL">Nostalgia de cuartel</a></li>
+<li><a href="#LAS_EMOCIONES_DE_UN_PERDIGON">Las Emociones de un perdigón rojo</a></li>
+<li><a href="#EL_EMPERADOR_CIEGO">El Emperador ciego o viaje a Bavaria para buscar una tragedia
+japonesa:</a>
+<ul><li><a href="#Ib">I.&mdash; El Señor coronel de Sieboldt</a></li>
+<li><a href="#IIb">II.&mdash;La Alemania del Sur</a></li>
+<li><a href="#IIIb">III.&mdash;En «Droschke»</a></li>
+<li><a href="#IVb">IV.&mdash;El País de lo azul</a></li>
+<li><a href="#Vb">V.&mdash;Paseo sobre el Starnberg</a></li>
+<li><a href="#VIb">VI.&mdash;La Bavaria</a></li>
+<li><a href="#VIIb">VII.&mdash;El Emperador ciego</a></li>
+</ul></li>
+</ul>
+
+
+<hr />
+
+
+<h3><a name="ACTA_NOTARIAL" id="ACTA_NOTARIAL"></a>ACTA NOTARIAL</h3>
+
+
+<p>«Compareció ante mí, Honorato Grapazi, notario
+residente en Pamperigouste:</p>
+
+<p>»El señor Gaspar Mitifio, esposo de Vivette
+Cornille, avecindado y residente en el lugar
+denominado Los Cigarrales;</p>
+
+<p>»Quien, por la presente escritura, vende y
+transfiere con todas las garantías de hecho y
+de derecho, y libre completamente de deudas,
+privilegios e hipotecas,</p>
+
+<p>»Al señor Alfonso Daudet, poeta, que reside
+en París, aquí presente y aceptante,</p>
+
+<p>»Un molino harinero de viento, situado en
+el valle del Ródano, en la Provenza, sobre una
+ladera poblada de pinos y carrascas; cuyo
+molino está abandonado desde hace más de
+veinte años e inservible para la molienda a
+causa de las vides silvestres, musgos, romeros
+y otras hierbas parásitas que ascienden por él
+hasta las aspas.</p>
+
+<p>»Sin embargo, a pesar de su estado ruinoso,
+con su gran rueda rota, y la plataforma llena
+de hierba nacida entre los ladrillos, el señor
+Alfonso Daudet declara convenirle el citado
+molino y, encontrándolo apto para servir en
+sus trabajos de poesía, lo toma por su cuenta
+y riesgo, y sin reclamar nada contra el vendedor
+por causa de las reformas que necesitará
+introducir en él.</p>
+
+<p>»La venta se hace al contado y mediante el
+precio convenido, que el señor Daudet, poeta,
+ha mostrado y colocado sobre la mesa en dinero
+contante y sonante, cuyo precio ha sido
+cobrado y guardado por el señor Mitifio; todo
+ello a vista del notario y testigos que suscriben,
+de lo cual se extiende carta de pago
+con reserva.</p>
+
+<p>»Contrato elevado en Pamperigouste, en el
+estudio de Honorato, estando presentes Francet
+Mamaï, tañedor de pífano, y Luiset, alias
+el <i>Quique</i>, portador de la cruz de los penitentes
+blancos.</p>
+
+<p>»Los cuales firman con las partes y el notario,
+previa lectura...»</p>
+
+
+
+<h3><a name="CARTAS_DE_MI_MOLINO" id="CARTAS_DE_MI_MOLINO"></a>CARTAS DE MI MOLINO</h3>
+
+<p class="cabeza">INSTALACIÓN</p>
+
+
+<p>¡Valiente susto les he dado a los conejos!
+Acostumbrados a ver durante tanto tiempo
+cerrada la puerta del molino, las paredes y la
+plataforma invadidas por la hierba, creían ya
+extinguida la raza de los molineros, y encontrando
+buena la plaza, habíanla convertido en
+una especie de cuartel general, un centro de
+operaciones estratégicas, el molino de Jemmapes
+de los conejos. Sin exageración, lo menos
+veinte vi sentados alrededor de la plataforma,
+calentándose las patas delanteras en un rayo
+de luna, la noche en que llegué al molino. Al
+abrir una ventana, ¡zas! todo el vivac sale de
+estampía a esconderse en la espesura, enseñando
+las blancas posaderas y rabo al aire. Supongo
+que volverán.</p>
+
+<p>Otro que también se sorprende mucho al verme,
+es el vecino del piso primero, un viejo
+búho, de siniestra catadura y rostro de pensador,
+el cual reside en el molino hace ya más de
+veinte años. Lo encontré en la cámara del sobradillo,
+inmóvil y erguido encima del árbol de
+cama, en medio del cascote y las tejas que se
+han desprendido. Sus redondos ojos me miraron
+un instante, asombrados, y, después, despavorido
+al no conocerme, echó a correr chillando.
+¡Hu, hu! y sacudió trabajosamente las
+alas, grises de polvo; ¡qué diablo de pensadores,
+no se cepillan jamás! No importa, tal como
+es, con su parpadeo de ojos y su cara enfurruñada,
+ese inquilino silencioso me agrada
+más que cualquiera otro, y no me corre prisa
+desahuciarlo. Conserva, como antes de habitario
+yo, toda la parte alta del molino con una entrada
+por el tejado; yo me reservo la planta
+baja, una piececita enjalbegada con cal, con la
+bóveda rebajada como el refectorio de un convento.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Desde ella escribo con la puerta abierta de
+par en par, y un sol espléndido.</p>
+
+<p>Un hermoso bosque de pinos, chispeante de
+luces, se extiende ante mí hasta el pie del repecho.
+En el horizonte destácanse las agudas
+cresterías de los Alpilles. No se percibe el ruido
+más insignificante. A lo sumo, de tarde en
+tarde, el sonido de un pífano entre los espliegos,
+un collarón de mulas en el camino. Todo
+ese magnífico paisaje provenzal sólo vive por
+la luz.</p>
+
+<p>Y actualmente, ¿cómo he de echar de menos
+ese París ruidoso y obscuro? ¡Estoy tan
+bien en mi molino! Este es el rinconcito que
+yo anhelaba, un rinconcito perfumado y cálido,
+a mil leguas de los periódicos, de los coches
+de alquiler, de la niebla. ¡Y cuántas lindas
+cosas me rodean! No hace más de una semana
+que me he instalado aquí, y tengo llena
+ya la cabeza de impresiones y recuerdos. Ayer
+tarde, por no ir más lejos, presencié el regreso
+de los rebaños a una <i>masía</i> situada al pie de
+la cuesta, y les juro que no cambiaría ese espectáculo
+por todos los estrenos que hayan tenido
+ustedes en esta semana en París. Y si no,
+juzguen.</p>
+
+<p>Sabrán que en Provenza se acostumbra enviar
+el ganado a los Alpes cuando llegan los calores.
+Brutos y personas permanecen allí arriba
+durante cinco o seis meses, alojados al sereno,
+con hierba hasta la altura del vientre;
+después, cuando el otoño empieza a refrescar la
+atmósfera, vuelven a bajar a la <i>masía</i>, y vuelta
+a rumiar burguesmente
+los grises altozanos
+perfumados por el romero. Quedábamos en que
+ayer tarde regresaban los rebaños. Desde por
+la mañana esperaba el zaguán, de par en par
+abierto, y el suelo de los apriscos había sido
+alfombrado de paja fresca. De hora en hora exclamaba
+la gente: «Ahora están en Eyguières,
+ahora en el Paradón.» Luego, repentinamente,
+a la caída de la tarde, un grito general de ¡ahí
+están! y allá abajo, en lontananza, veíamos
+avanzar el rebaño envuelto en una espesa nube
+de polvo. Todo el camino parece andar con él.
+Los viejos moruecos vienen a vanguardia, con
+los cuernos hacia adelante y aspecto montaraz;
+sigue a éstos el grueso de los carneros, las ovejas
+algo fatigadas y los corderos entre las patas
+de sus madres, las mulas con perendengues
+rojos, llevando en serones los lechales de un
+día, meciéndolos al andar; en último término,
+los perros, sudorosos y con la lengua colgante
+hasta el suelo, y dos rabadanes, grandísimos
+tunos, envueltos en mantas encarnadas, que
+les caen a modo de capas hasta los pies.</p>
+
+<p>Desfila este cortejo ante nosotros alegremente
+y se precipita en el zaguán, pateando con
+un ruido de chaparrón. Es digno de ver el
+movimiento de asombro que se produce en toda
+la casa. Los grandes pavos reales de color verde
+y oro, de cresta de tul, encaramados en sus
+perchas han conocido a los que llegan y los reciben
+con una estridente trompetería. Las aves
+de corral, recién dormidas, se despiertan sobresaltadas.
+Todo el mundo está en pie: palomas,
+patos, pavos, pintadas. El corral anda
+revuelto: las gallinas hablan de pasar en vela
+la noche. Diríase que cada carnero ha traído
+entre la lana, juntamente con un silvestre aroma
+de los Alpes, un poco de ese aire vivo de
+las montañas que embriaga y hace bailar.</p>
+
+<p>En medio de esa algarabía, el rebaño penetra
+en su yacija. Nada tan hechicero como esa
+instalación. Los borregos viejos enternécense
+al contemplar de nuevo sus pesebres. Los corderos,
+los lechales, los que nacieron durante el
+viaje y nunca han visto la granja, miran en
+derredor con extrañeza.</p>
+
+<p>Pero es mucho más enternecedor el ver los
+perros, esos valientes perros de pastor, atareadísimos
+tras de sus bestias y sin atender a otra
+cosa más que a ellas en la <i>masía</i>. Aunque el
+perro de guarda los llama desde el fondo de
+su nicho, y por más que el cubo del pozo, rebosando
+de agua fresca, les hace señas, ellos se
+niegan a ver ni a oír nada, mientras el ganado
+no esté recogido, pasada la tranca tras de la
+puertecilla con postigo, y los pastores sentados
+alrededor de la mesa en la sala baja. Sólo entonces
+consienten en irse a la perrera, y allí,
+mientras lamen su cazuela de sopa, refieren a
+sus compañeros de la granja lo que han hecho
+en lo alto de la montaña: un paisaje tétrico
+donde hay lobos y grandes plantas digitales
+purpúreas coronadas de fresco rocío hasta el
+borde de sus corolas.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_DILIGENCIA_DE_BEAUCAIRE" id="LA_DILIGENCIA_DE_BEAUCAIRE"></a>LA DILIGENCIA DE BEAUCAIRE</h3>
+
+
+<p>En el mismo día de mi llegada aquí, había
+tomado la diligencia de Beaucaire, una gran
+carraca vieja y destartalada que no necesita
+recorrer mucho camino para regresar a casa,
+pero que se pasea con lentitud a todo lo largo
+de la carretera para hacerse, por la noche, la
+ilusión de que viene de muy lejos. Íbamos cinco
+en la baca, además del conductor.</p>
+
+<p>Un guarda de Camargue, hombrecillo rechoncho
+y velludo, que trascendía a montaraz,
+con ojos saltones inyectados de sangre y con
+aretes de plata en las orejas; después dos boquereuses,
+un tahonero y su yerno, los dos
+muy rojos, con mucho jadeo, pero de magníficos
+perfiles, dos medallas romanas con la efigie
+de Vitelio. Finalmente, en la delantera y
+junto al conductor, un hombre, o por decir mejor,
+un gorro, un enorme gorro de piel de conejo,
+quien no decía nada de particular y miraba
+el camino con aspecto de tristeza.</p>
+
+<p>Todos aquellos viajeros se conocían unos a
+otros, y hablaban de sus asuntos en voz alta,
+con mucha libertad. El camargués refería que
+regresaba de Nimes, citado por el juez de instrucción
+con motivo de un garrotazo que había
+dado a un pastor. En Camargue tienen
+sangre viva. ¿Pues y en Beaucaire? ¿No pretendían
+degollarse nuestros dos boquereuses a
+propósito de la Virgen Santísima? Parece ser
+que el tahonero era de una parroquia dedicada
+de mucho tiempo atrás a Nuestra Señora, a la
+que los provenzales conocen por el piadoso nombre
+de la Buena Madre y que lleva en brazos al
+Niño Jesús; el yerno, por el contrario, cantaba
+ante el facistol de una iglesia recién construida
+y consagrada a la Inmaculada Concepción,
+esa hermosa imagen risueña que se representa
+con los brazos colgantes y despidiendo
+rayos de luz las manos. De ahí procedía la
+inquina. Merecía verse cómo se trataban esos
+dos buenos católicos y cómo ponían a sus patronas
+celestiales.</p>
+
+<p>&mdash;¡Está buena tu Inmaculada!</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues mira que tu Santa Madre!</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenas las corrió la tuya en Palestina!</p>
+
+<p>&mdash;¡Y la tuya, tan horrorosa! ¿Quién sabe
+lo que habrá hecho? Que lo diga si no San
+José.</p>
+
+<p>Para creerse en el puerto de Nápoles, no
+faltaba más que ver relucir las navajas, y a fe
+mía, creo que efectivamente la teológica disputa
+hubiera parado en eso, si el conductor no
+hubiera intervenido.</p>
+
+<p>&mdash;Déjennos en paz con sus vírgenes&mdash;dijo
+riéndose a los boquereuses;&mdash;todo eso son chismes
+de mujeres, y en los que los hombres no
+deben intervenir.</p>
+
+<p>Cuando concluyó hizo restallar la tralla con
+un mohín escéptico que afilió a su opinión a
+todos los viajeros.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>La discusión estaba terminada, pero, disparado
+ya el tahonero, necesitaba desahogarse
+con alguien, y dirigiéndose al infeliz del gorro,
+silencioso y triste en un rincón, preguntole con
+aire picaresco.</p>
+
+<p>&mdash;Amolador, ¿y tu mujer? ¿Por qué parroquia
+está?</p>
+
+<p>Es necesario creer que esta frase tendría una
+intención muy cómica, puesto que en la baca
+todo el mundo se rió a carcajadas. El amolador
+no se reía. Al ver esto, el tahonero dirigiose
+a mí.</p>
+
+<p>&mdash;¿No conoce usted, caballero, a la mujer
+del amolador? ¡Vaya con la picaruela de la
+feligresa! En Beaucaire no existen dos como
+ella.</p>
+
+<p>Redobláronse las risas. El amolador no se
+movió, limitándose a decir en voz baja, sin alzar
+la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, tahonero.</p>
+
+<p>Pero al demonio del tahonero no le acomodaba
+el callarse, y prosiguió acentuando la
+burla:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cáspita! No puede quejarse el camarada
+de tener una mujer así. No hay medio de aburrirse
+con ella un instante. ¡Figúrese usted!
+Una hermosa que se hace robar cada seis meses,
+siempre tendrá algo que referir cuando
+vuelve. Pues es igual. ¡Bonito hogar doméstico!
+Imagínese usted, señor, que todavía no hacía
+un año que estaban casados cuando ¡paf!
+va la mujer y se larga a España con un vendedor
+de chocolate. El esposo se queda solito
+en la casa gimoteando y bebiendo. Estaba como
+loco. Después de algún tiempo regresó al
+país la hermosa, vestida de española, con una
+pandereta de sonajas. Todos le decíamos:</p>
+
+<p>&mdash;Ocúltate, porque te va a matar.</p>
+
+<p>Que si quieres, ¡matar! Volvieron a unirse
+muy tranquilos, y ella le ha enseñado a tocar la
+pandereta.</p>
+
+<p>Hubo una nueva explosión de risas. Sin levantar
+la cabeza, murmuró de nuevo el amolador
+desde su rincón:</p>
+
+<p>&mdash;Cállate, tahonero.</p>
+
+<p>Pero éste no hizo caso, y continuó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Pensará usted, señor, que sin duda al
+volver de España permaneció quieta la hermosa?
+¡Quia! ¡Que si quieres! ¡Su marido había
+tomado aquello con tanta calma! Eso la
+animó para volver a las andadas. Después del
+español, hubo un oficial, a éste siguió un marinero
+del Ródano, más tarde un músico, después,
+¡qué sé yo! Y lo más notable del caso
+es que a cada escapatoria se representaba la
+misma comedia y con igual aparato. La mujer
+se marcha, el marido llora que se las pela, vuelve
+ella, consuélase él. Y siempre se la llevan, y
+siempre la recobra. ¡Ya ve usted si necesita tener
+paciencia ese marido! Debe también decirse
+que la amoladora es extraordinariamente
+guapa... un verdadero bocado de cardenal, pizpireta,
+muy mona, bien formada y además tiene
+la piel muy blanca y los ojos de color de
+avellana que siempre miran a los hombres riéndose.
+¡Si por casualidad, querido parisiense,
+llega usted alguna vez a pasar por Beaucaire!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, calla, tahonero, te lo suplico!&mdash;volvió
+a exclamar el pobre amolador con voz desgarradora.</p>
+
+<p>En ese instante se paró la diligencia. Estábamos
+en la masía de los Anglores. Allí se apearon
+los dos boquereuses, y juro a ustedes que
+no hice nada por retenerlos. ¡Tahonero farsante!
+Estaba ya dentro del patio del cortijo, y
+todavía se oían sus carcajadas.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Al salir la gente, pareció quedarse vacía la
+baca. El camargués habíase apeado en Arlés,
+el conductor marchaba a pie por la carretera,
+junto a los caballos. El amolador y yo, cada uno
+en su rincón respectivo, nos quedamos solos
+allá arriba, sin chistar. Hacía calor, el cuero
+de la baca echaba chispas. Por momentos sentí
+cerrárseme los ojos y que la cabeza se me ponía
+pesada, pero me fue imposible dormir.
+Continuaba sin cesar zumbándome en los oídos
+aquel «cállate, te lo suplico», tan melancólico
+y tan dulce. Tampoco dormía el infeliz. Situado
+yo detrás de él, veíale estremecerse sus cuadrados
+hombros, y su mano (una mano paliducha
+y vasta) temblar sobre el respaldo de la
+banqueta, como si fuera la mano de un viejo.
+Lloraba.</p>
+
+<p>&mdash;Ha llegado usted a su casa, señor parisiense&mdash;me
+gritó de repente el conductor de la diligencia,
+y con la fusta apuntaba a mi verde
+colina, con el molino clavado en la cúspide como
+una mariposa gigantesca.</p>
+
+<p>Bajé del vehículo apresuradamente. De paso
+junto al amolador, intenté mirar más abajo de
+su gorro, hubiese querido verlo antes de marcharme.
+Como si hubiera comprendido mi intención,
+el infeliz levantó bruscamente la cabeza,
+y clavando la vista en mis ojos, me dijo
+con voz sorda:</p>
+
+<p>&mdash;Míreme bien, amigo, y si oye usted decir
+algún día que ha ocurrido una desgracia en
+Beaucaire, podrá usted afirmar que conoce al
+autor de ella.</p>
+
+<p>Su rostro estaba apagado y triste, con ojos
+pequeños y mustios.</p>
+
+<p>Si en los ojos tenía lágrimas, en aquella voz
+había odio. El odio es la cólera de los pusilánimes.
+En el caso de la amoladora, no las tendría
+yo todas conmigo.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_MULA_DEL_PAPA" id="LA_MULA_DEL_PAPA"></a>LA MULA DEL PAPA</h3>
+
+
+<p>Entre los innumerables dichos graciosos,
+proverbios o adagios con que adornan sus discursos
+nuestros campesinos de Provenza, no
+conozco ninguno más pintoresco ni extraño que
+éste. Junto a mi molino y quince leguas en redondo,
+cuando se habla de un hombre rencoroso
+y vengativo, suele decirse:</p>
+
+<p>«¡No te fíes de ese hombre, porque es como
+la mula del Papa, que te guarda la coz siete
+años!»</p>
+
+<p>Durante mucho tiempo he estado investigando
+el origen de este proverbio, qué quería
+decir aquello de la mula pontificia y esa coz
+guardada siete años. Nadie ha podido informarme
+aquí acerca del particular, ni siquiera
+Francet Mamaï, mi tañedor de pífano, quien
+conoce de pe a pa las leyendas provenzales.
+Francet piensa, lo mismo que yo, que debe de
+ser reminiscencia de alguna antigua crónica del
+país de Aviñón, pero no he oído hablar jamás
+de ella, sino tan sólo por el proverbio.</p>
+
+<p>&mdash;Sólo en la biblioteca de las Cigarras puede
+usted encontrar algún antecedente&mdash;me dijo el
+anciano pífano, riendo.</p>
+
+<p>No me pareció la idea completamente disparatada,
+y como la biblioteca de las Cigarras
+está cerca de mi puerta, fui a encerrarme ocho
+días en ella.</p>
+
+<p>Es una biblioteca maravillosa, admirablemente
+organizada, abierta constantemente para
+los poetas, y servida por pequeños bibliotecarios
+con címbalos que no cesan de dar música.
+Allí pasé algunos días deliciosos, y después
+de una semana de investigaciones (hechas
+de espaldas al suelo), descubrí, al fin, lo que
+deseaba, es decir, la historia de mi mula y de
+esa famosa coz guardada siete años. El cuento
+es bonito, aunque peque de inocente, y voy
+a tratar de narrarlo como lo leí ayer mañana
+en un manuscrito de color del tiempo, que olía
+muy bien a alhucema seca y cuyos registros
+eran largos hilos de la Virgen.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>No habiendo visto Aviñón en tiempo de los
+Papas, no se ha visto nada. Jamás existió ciudad
+alguna tan alegre, viva y animada como
+ella, en el ardor por los festejos. Desde la mañana
+a la noche, todo eran procesiones y peregrinaciones,
+con las calles alfombradas de flores,
+empavesadas con tapices, llegadas de cardenales
+por el Ródano, ondeando al viento los
+estandartes, flameantes de gallardetes las galeras,
+los soldados del Papa entonando por las
+calles cánticos en latín, acompañados de las
+matracas de los frailes mendicantes; después, de
+arriba abajo de las casas que se apiñaban zumbando
+alrededor del gran palacio papal como
+abejas en torno de su colmena, percibíase también
+el tic tac de los bolillos que hacían randas,
+el vaivén de las lanzaderas que confeccionaban
+los tisúes de oro para las casullas, los martillitos
+de los cinceladores de vinajeras, las tablas
+de armonía ajustadas en los talleres de guitarrero,
+las canciones de las urdidoras, y sobresaliendo
+entre todos estos ruidos el tañido de
+las campanas y algunos sempiternos tamboriles
+que roncaban allá abajo, hacia el puente.
+Porque entre nosotros, cuando el pueblo está
+contento, necesita estar siempre bailando, y
+como por aquellos tiempos las calles de la ciudad
+eran excesivamente estrechas para la farándula,
+pífanos y tamboriles situábanse en el
+puente de Aviñón, al viento fresco del Ródano,
+y día y noche se estaba allí baila que bailarás.
+¡Ah, qué dichosos tiempos, qué ciudad tan feliz!
+Alabardas que no cortaban, prisiones de
+Estado donde se ponía a refrescar el vino. Jamás
+hambre, nunca guerra. He aquí cómo gobernaban
+a su pueblo los Papas del Condado.
+¡Tal es la causa de que los eche tanto de menos
+el pueblo!</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Entre todos los Papas, merece citarse con
+especialidad uno que era un buen viejo, llamado
+Bonifacio... ¡Oh, qué muerte más llorada
+la suya! ¡Era un príncipe tan amable, tan
+gracioso! ¡Se reía tan bien desde lo alto de
+su mula! Y cuando alguno pasaba cerca de
+él, así fuese un pobrete hilandero de <i>rubia</i> o el
+gran Vegner de la ciudad, ¡le daba su bendición
+con tanta cortesía! Un verdadero «Papa
+de Ivetot», pero de un Ivetot de Provenza, con
+algo de picaresco en la risa, un tallo de mejorana
+en la birreta, y sin el más insignificante trapicheo...
+La única Juanota que siempre se le conoció
+a este santo padre era su viña, una viñita
+plantada por él mismo a tres leguas
+de Aviñón, entre los mirtos de Château-Neuf.</p>
+
+<p>Todos los domingos, concluidas las vísperas,
+el justo varón iba a requebrarla, y cuando estaba
+allí arriba sentado al grato sol, con su mula
+cerca, y en rededor suyo sus cardenales tendidos
+a la bartola, al pie de las cepas, entonces
+mandaba destapar un frasco de vino de su cosecha
+(ese hermoso vino, de color de rubí, conocido
+desde entonces acá por el nombre de
+<i>Château-Neuf de los Papas</i>), y lo saboreaba a
+sorbitos, mirando enternecido a su viña. Consumido
+el frasco, al caer de la tarde volvíase
+alegremente a la ciudad, seguido de toda su
+corte, y al atravesar el puente de Aviñón, en
+medio de los tamboriles y de las farándulas, su
+mula, espoleada por la música, emprendía un
+trotecillo saltarín mientras que él mismo marcaba
+el paso de la danza con la birreta, lo cual
+era motivo de escándalo para los cardenales,
+pero hacía exclamar a todo el pueblo: «¡Ah,
+qué gran príncipe! ¡Ah, valiente Papa!» Después
+de su viña de Château-Neuf, lo que más
+estimaba en el mundo el Papa era su mula. El
+bendito señor se pirraba por aquel cuadrúpedo.
+Todas las noches, antes de irse a la cama, iba
+a ver si estaba cerrada la cuadra, si tenía lleno
+el pesebre, y jamás abandonaba la mesa sin
+hacer preparar en su presencia un gran ponche
+de vino a la francesa, con mucho azúcar y
+aromas, que él mismo llevaba a su mula, a despecho
+de las observaciones de los cardenales...
+Es necesario decir también que la bestia valía
+la pena. Era una hermosa mula negra salpicada
+de alazán, firme de piernas, de pelo lustroso,
+grupa ancha y redonda, que llevaba erguida
+la enjuta cabecita guarnecida toda ella
+de perendengues, lazos, cascabeles de plata,
+borlillas; además de estas buenas cualidades,
+reunía otras que el Papa no apreciaba menos:
+era dulce como un ángel, de cándido mirar y
+con un par de orejas largas en constante bamboleo,
+que le daban aspecto bonachón... Todo
+Aviñón la respetaba, y cuando pasaba por las
+calles no había agasajos que no se le hiciesen,
+pues todos sabían que ése era el mejor medio
+de ser bien quisto en la corte, y que con su
+aire inocente, la mula del Papa había conducido
+a más de uno a la fortuna. Prueba de ello
+Tistet Védène y su maravillosa aventura.</p>
+
+<p>Era al principio este Tistet Védène un descarado
+granuja, a quien su padre Guy Védène,
+el escultor en oro, se había visto en la necesidad
+de arrojar de su casa, porque además de
+que no quería trabajar, maleaba a los aprendices.
+Durante seis meses viósele arrastrar su
+sayo por todos los arroyos de las calles de
+Aviñón, pero principalmente hacia la parte
+próxima al palacio papal; porque el pícaro tenía
+desde mucho tiempo antes sus ideas respecto
+a la mula del Papa, y van a ver que no
+iba descaminado... Un día que Su Santidad se
+paseaba a solas bajo las murallas con su bestia,
+se le acerca de buenas a primeras mi Tistet y
+le dice, juntando las manos con ademán de
+asombro:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, Dios mío, gran Padre Santo, hermosa
+mula tiene!... Permítame Vuestra Santidad
+que la contemple un poco... ¡Ah, Papa
+mío, qué mula tan maravillosa!... El emperador
+de Alemania no tiene otra tal.</p>
+
+<p>Y la acariciaba, y le decía dulcemente como
+a una señorita:</p>
+
+<p>&mdash;Ven acá, alhaja, tesoro, mi perla fina...</p>
+
+<p>Y el bueno del Papa, enternecido, decía para
+sus adentros:</p>
+
+<p>&mdash;¡Qué guapo mozo!... ¡Qué cariñoso está
+con mi mula!</p>
+
+<p>¿Y saben ustedes lo que ocurrió al siguiente
+día? Tistet Védène cambió su viejo tabardo
+amarillo por una preciosa alba de encajes, una
+capa de coro de seda violeta, unos zapatos con
+hebillas, e ingresó en la escolanía del Papa,
+donde antes de él no habían podido ingresar
+más que los hijos de nobles y sobrinos de cardenales...
+¡He ahí lo que es la intriga!... Pero
+Tistet no paró ahí.</p>
+
+<p>Protegido ya por el Papa y al servicio de éste,
+el bribonzuelo continuó la farsa que tan
+bien le había salido. Insolente con todo el mundo,
+sólo tenía atenciones y miramientos con la
+mula, y siempre andaba por los patios del palacio
+con un puñado de avena o una gavilla
+de zulla, cuyos rosados racimos sacudía graciosamente
+mirando al balcón del Padre Santo,
+como quien dice: «¡Jem!... ¿Para quién es
+esto?»</p>
+
+<p>Tantas cosas hizo, que a la postre el bueno
+del Papa, que se sentía envejecer, le confió el
+cuidado de vigilar la cuadra y llevar a la mula
+su ponche de vino a la francesa; lo cual movía
+ya a risa a los cardenales.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Tampoco era esto cosa de risa para la mula.
+Por entonces, a la hora de su vino, llegaban
+siempre junto a ella cinco o seis niños de coro,
+que se metían pronto entre la paja con su capa
+de color de violeta y su alba de encajes; después,
+al cabo de un momento, un buen olor
+caliente de caramelo y de aromas perfumaba
+la cuadra, y aparecía Tistet Védène llevando
+con precaución el ponche de vino a la francesa.
+Allí comenzaba el martirio del pobre animal.</p>
+
+<p>Aquel vino aromoso que tanto le agradaba,
+que le daba calor, que le ponía alas, cometían
+la crueldad de traérselo allí, a su pesebre, y
+hacérselo respirar; después, cuando tenía impregnadas
+en el olor las narices, ¡me alegro de
+verte bueno! ¡El hermoso licor de sonrosada
+llama era engullido completamente por aquellos
+granujas!... Y si no hubieran cometido más
+crimen que robarle el vino... Pero, todos esos
+seis eran unos diablos, en cuanto bebían... Uno
+le tiraba de las orejas, otro del rabo; Quiquet
+se le encaramaba en el lomo, Bélugnet le ponía
+su birrete, y ni uno solo de aquellos pícaros
+pensaba que de una corveta o de una sarta de
+coces el bueno del animal hubiera podido enviarlos
+a todos a las nubes y aunque fuese más
+lejos... ¡Pero, no! Por algo se es la mula del
+Papa, la mula de las bendiciones y de las indulgencias...
+Por muchas travesuras que hicieran
+los muchachos, ella no se enfadaba, y sólo
+a Tistet Védène guardaba ojeriza. Y, es claro,
+cuando sentía a éste detrás de sí, le daba comezón
+en los cascos, y no le faltaba razón para
+ello. ¡Ese granujilla de Tistet hacíale unas jugarretas
+tan feas! ¡Eran tan crueles sus invenciones
+después de beber!...</p>
+
+<p>¿A que no imaginan ustedes lo que se le ocurrió
+cierto día? ¡Hacerla subir con él al campanil
+de la escolanía, allá arriba, arribota, a
+lo más alto de palacio! Y no crean que es mentira
+lo que cuento; doscientos mil provenzales
+lo han visto. Figúrense el terror de aquella
+infortunada mula, cuando después de dar vueltas
+una hora a ciegas por una escalera de caracol
+y haber subido no sé cuántos peldaños, encontrose
+de pronto en una plataforma deslumbrante
+de luz, y a mil pies debajo de ella contempló
+todo un Aviñón fantástico: las barracas
+del mercado tan pequeñas como avellanas, los
+soldados del Papa delante de su cuartel como
+hormigas rojas, y allá abajo, sobre un hilillo
+de plata, un minúsculo puentecito, donde había
+bailes y más bailes... ¡Ah, pobre bestia! ¡Qué
+susto! Del grito que soltó, retemblaron todas
+las vidrieras del palacio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué ocurre? ¿Qué sucede?&mdash;exclamó el
+Papa, asomándose al balcón precipitadamente.</p>
+
+<p>Tistet Védène estaba ya en el patio, fingiendo
+que lloraba y mesándose los cabellos:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, gran Padre Santo, qué pasa! Pues
+pasa que la mula de Su Santidad... ¡Dios mío!
+¿Qué será de mí?... Pues pasa que la mula de
+Su Santidad... ¡se ha encaramado al campanario!...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, ¿ella sola?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, excelso Padre Santo, ella sola...
+¡Mire, mire, allá arriba!... ¿Ve Su Beatitud
+la punta de las orejas asomando?... Parecen
+dos golondrinas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Misericordia!&mdash;exclamó el pobre Papa
+alzando los ojos.&mdash;¿Es que se ha vuelto loca?
+¡Pero, si se va a matar! ¿Quieres bajarte, desventurada?...</p>
+
+<p>¡Cáspita! Lo que es ella no hubiera deseado
+otra cosa sino bajarse... Pero, ¿por dónde?
+Por la escalera, no había ni qué pensarlo: a
+esas alturas se sube, pero en la bajada hay peligro
+de perniquebrarse cien veces... Y la pobre
+mula desconsolábase, y dando vueltas por
+la plataforma con los ojazos presa del vértigo,
+pensaba en Tistet Védène...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, miserable, si de ésta escapo... menuda
+coz te suelto mañana tempranito!</p>
+
+<p>Con este propósito de la coz, hacía de tripas
+corazón; sin eso, no hubiera podido mantenerse
+en pie... Al fin pudo conseguirse bajarla de
+allá arriba, pero no costó poco que digamos.
+Fue necesario descolgarla en unas angarillas,
+con cuerdas y un gato. Ya comprenderán qué
+humillación para la mula de un Papa eso de
+ser suspendida de aquella altura, moviendo las
+patas en el aire, como un abejorro al cabo de
+un hilo. ¡Y todo Aviñón que la miraba!</p>
+
+<p>A la infeliz bestia no le fue posible dormir
+en toda la noche. Parecíale que daba vueltas
+constantemente por aquella maldita plataforma,
+siendo el hazmerreír de toda la ciudad congregada
+abajo; luego, pensaba en ese infame
+Tistet Védène y en la bonita coz con que
+iba a obsequiarle al día siguiente por la mañana.
+¡Oh, amigos míos, vaya una coz! Desde
+Pamperigouste tenía que verse el humo...
+Pues bien, mientras en la cuadra le preparaban
+este magnífico recibimiento, ¿saben lo que hacía
+Tistet Védène? Deslizábase por el Ródano
+cantando en una galera pontificia y se iba a la
+corte de Nápoles con la compañía de jóvenes
+nobles que la ciudad mandaba todos los años
+junto a la reina Juana para ejercitarse en la
+diplomacia y en las buenas maneras. Tistet no
+era noble; pero el Papa deseaba a toda costa
+recompensarlo por los cuidados que había tenido
+con su bestia, y especialmente por la actividad
+que acababa de desplegar durante la empresa
+de salvamento.</p>
+
+<p>¡Valiente chasco se llevó la mula al día siguiente!</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, bandido; algo se ha olido él!&mdash;pensaba,
+mientras sacudía con furia sus cascabeles.&mdash;Pero,
+es lo mismo, ¡anda, pillo! ¡Cuando
+vuelvas te encontrarás con tu coz... te la
+guardo!...</p>
+
+<p>Y se la guardó.</p>
+
+<p>Después de la marcha de Tistet, la mula del
+Papa recobró su vida sosegada y sus aires de
+otros tiempos. No más Quiquet ni Bélugnet en
+la cuadra. Llegaron de nuevo los felices días
+del vino a la francesa, y con ellos el buen humor,
+las largas siestas, y el pasito de gavota
+al cruzar el puente de Aviñón. Sin embargo,
+desde su aventura dábanle muestras constantes
+de frialdad en la ciudad; los viejos movían la
+cabeza, los niños se reían señalando al campanario.
+El bueno del Papa mismo no confiaba
+ya tanto en su amiga, y cuando se dejaba llevar
+al extremo de echar un sueñecillo sobre los
+lomos de ella, el domingo a su regreso de la viña,
+ocurríasele siempre esta consideración:
+«¡Si fuese a despertarme allá arriba, en la plataforma!»
+Veía esto la mula, y sufría sin chistar;
+solamente cuando en presencia de ella se
+pronunciaba el nombre de Tistet Védène, erguíanse
+sus largas orejas, y afilaba con una
+risita el hierro de sus cascos en el pavimento...</p>
+
+<p>Pasaron siete años, al cabo de los cuales, Tistet
+Védène, regresó de la corte de Nápoles. No
+había concluido todavía el tiempo de su empeño
+en ella; pero había sabido que el archipámpano
+de Sevilla había muerto repentinamente en
+Aviñón, y como el cargo parecíale bueno, había
+regresado muy a prisa para gestionar que se le
+otorgara.</p>
+
+<p>Cuando ese intrigante de Védène entró en el
+salón del palacio, costole trabajo el conocerlo
+al Santo Padre: tanto era lo que había crecido
+y engruesado. Preciso es también decir que,
+por su parte, el Papa se había hecho viejo y
+no veía bien sin antiparras.</p>
+
+<p>Tistet no se acobardó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! Excelso Padre Santo, ¿ya no me
+conoce Su Beatitud?... Soy yo, ¡Tistet Védène!</p>
+
+<p>&mdash;¿Védène?...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ya sabe... el que servía el vino francés
+a la mula.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Sí... sí... ya recuerdo... ¡Guapo mozo,
+ese Tistet Védène!... Y ahora, ¿qué pretendes?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Poca cosa, Excelso Padre Santo...
+Venía a suplicarle... Y a propósito, ¿conserva
+todavía Su Beatitud aquella mula? ¿Y está
+buena?... ¡Ah! ¡Cuánto me alegro!... Pues
+bien, venía a solicitar la plaza del archipámpano
+de Sevilla, quien acaba de morir.</p>
+
+<p>&mdash;¡Archipámpano de Sevilla tú!... Pero si
+eres muy joven. Pues, ¿cuántos años tienes?</p>
+
+<p>&mdash;Veinte años y dos meses, ilustre Pontífice;
+cinco años justos más que la mula de Su Santidad...
+¡Ah, bendita de Dios la valiente bestia!...
+¡Si supiese Su Beatitud cuánto amaba
+yo a aquella mula! ¡Y con qué sentimiento
+me acordaba de ella en Italia!... ¿Me permitirá
+Su Santidad que la visite?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hijo mío, la visitarás&mdash;dijo el bueno del
+Papa, emocionado.&mdash;Y puesto que tanto amas
+a aquel bendito animal, no permito que vivas
+lejos de él. Desde este día quedas afecto a mi
+persona en calidad de archipámpano... Mis
+cardenales gritarán, pero, ¡peor para ellos! ya
+estoy acostumbrado... Vuelve mañana, al salir
+de vísperas, y Nos te impondremos las insignias
+de tu beneficio delante de Nuestro cabildo,
+y luego... te acompañaré a ver la mula,
+y vendrás a la viña con nosotros dos... ¿Eh?
+¡Ja, ja! ¡Anda, vete!...</p>
+
+<p>No es necesario decir lo satisfecho que iría
+Tistet Védène al salir del salón del Solio, y
+con qué impaciencia aguardó la ceremonia del
+siguiente día; pero mucho más satisfecha e
+impaciente que el bribón estaba la mula. Desde
+el regreso de Védène hasta las vísperas del siguiente
+día, la vengativa bestia no cesó de atiborrarse
+de avena y cocear la pared con los cascos
+de atrás. También el animal hacía sus preparativos
+para la ceremonia...</p>
+
+<p>Al día siguiente, después de haberse cantado
+vísperas, Tistet Védène hizo su entrada en el
+patio del palacio papal. En él estaban todo el
+alto clero, los cardenales con sus togas rojas, el
+«abogado del diablo» de terciopelo negro, los
+abades de conventos con sus pequeñas mitras,
+los mayordomos de fábrica de San Agrico, las
+sotanas violetas de la escolanía sin que faltaran
+numerosos individuos del bajo clero, los
+soldados del Papa de gran uniforme de gala,
+los ermitaños del monte Ventoso con sus caras
+feroces y el monacillo que los sigue tocando
+la campanilla, los hermanos disciplinantes desnudos
+de pecho y espalda, los floridos sacristanes
+con toga de jueces; todos, toditos, hasta
+los que hacen las aspersiones de agua bendita,
+y el que enciende y el que apaga los cirios...
+nadie faltaba al solemne acto... ¡Ah! ¡Era una
+hermosa ordenación! Campanas, petardos, sol,
+música, y siempre esos sonoros tamboriles que
+guiaban la danza allá abajo, en el puente de
+Aviñón...</p>
+
+<p>Al presentarse Védène en medio de la asamblea,
+su empaque y su buen talante produjeron
+un murmullo de admiración. Era un magnífico
+provenzal, rubio, con largos cabellos de puntas
+rizadas y una barbita corta y primeriza que
+parecía formada por vedijas de metal fino desprendidas
+por el buril de su padre, el escultor en
+oro. Circularon rumores de que los dedos de la
+reina Juana habían jugado algunas veces con
+aquella rubia barba, y efectivamente el señor
+de Védène tenía el glorioso aspecto y el mirar
+abstraído de los galanes amados por reinas...
+Aquel día, para honrar a su nación, había sustituido
+su vestido napolitano por un capisayo
+bordado de rosas, a la provenzala, y sobre su
+capillo temblaba una gran pluma de ibis de
+Camargue.</p>
+
+<p>Al entrar el archipámpano, saludó galantemente
+a la concurrencia, y dirigiose a la elevada
+escalinata, donde le aguardaba Su Santidad
+para imponerle las insignias de su grado:
+la cuchara de boj amarillo y la sotana de color
+de azafrán. Junto a la escalera estaba la mula,
+enjaezada y dispuesta a partir para la viña...
+Al pasar cerca de ella, sonriose satisfecho Tistet
+Védène y se detuvo para darle dos o tres
+golpecitos cariñosos en la grupa, mirando con
+el rabillo del ojo si el Papa lo observaba. La
+ocasión era propicia... La mula tomó impulso...</p>
+
+<p>&mdash;¡Toma, allá te va, bandido! ¡Siete años
+hacía que te la guardaba!</p>
+
+<p>Y le soltó una coz tan terrible, tan certera,
+que desde Pamperigouste se vio el humo, una
+humareda de polvo rubio en la que revoloteó
+una pluma de ibis... ¡Eso fue todo lo que quedó
+del infortunado Tistet Védène!...</p>
+
+<p>Pocas veces son las coces de mula tan fulminantes.
+Pero aquélla era una mula papal. Y
+además, ¡figúrense ustedes!... ¡Hacía nada
+menos que siete años que se la guardaba!...
+No hay ejemplo de odios eclesiásticos semejante
+al mencionado.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_FARO_DE_LAS_SANGUINARIAS" id="EL_FARO_DE_LAS_SANGUINARIAS"></a>EL FARO DE LAS SANGUINARIAS</h3>
+
+
+<p>No me fue posible, por muchos esfuerzos que
+hice, pegar los ojos aquella noche. El mistral
+estaba furioso, y el estrépito de sus grandes
+silbidos me desveló hasta el amanecer. El molino
+entero crujía, balanceando pesadamente sus
+aspas mutiladas, que resonaban con el cierzo
+lo mismo que el aparejo de un buque. Volaban
+las tejas de su destruida techumbre. En lontananza,
+los pinos apretados que cubrían la colina
+se agitaban zumbando entre sombras. Creyérase
+que era el alta mar...</p>
+
+<p>Esto trajo a mi memoria el recuerdo de mis
+gratos insomnios de hace tres años, cuando yo
+vivía en el faro de las Sanguinarias, allá abajo,
+en la costa de Córcega, a la entrada del golfo
+de Ajaccio, otro hermoso rincón que encontré
+para meditar y estar a solas.</p>
+
+<p>Imagínense ustedes una isla rojiza de aspecto
+salvaje, el faro en una punta, y en la otra
+una antigua torre genovesa, donde en mi tiempo
+habitaba un águila. Abajo, en la orilla del
+agua, las ruinas de un lazareto, invadido completamente
+por las hierbas; luego barrancos,
+malezas, rocas enormes, algunas cabras montaraces,
+caballejos corsos triscando con las crines
+al viento; finalmente, allá arriba, en la altura,
+entre un torbellino de aves marinas, la
+casa del faro, con su plataforma de mampostería
+blanca, donde paseaban los torreros de un
+lado a otro, la verde puerta ojival, la torrecilla
+de hierro fundido, y encima la gran linterna,
+cuyas facetas brillan al sol y despiden luz aun
+en medio del día... He aquí la isla de las Sanguinarias,
+tal como la volví a ver en mi imaginación
+esa noche, al oír roncar mis pinos.
+Antes de poseer un molino, aquella isla encantada
+era donde iba yo a retirarme siempre
+que necesitaba aire libre y soledad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué hacía allí?</p>
+
+<p>Lo mismo que ahora aquí, quizá menos.
+Cuando soplaban el mistral o la tramontana
+con extremada violencia, situábame entre
+dos peñascos al borde del agua, en medio de las
+goletas, de los mirlos, de las golondrinas, y
+allí permanecía todo el día, en esa especie de
+estupor y delicioso anonadamiento que la contemplación
+del mar produce. ¿Verdad que conocen
+ustedes esa grata embriaguez del alma?
+No se piensa, ni se sueña. Todo el ser se escapa,
+vuela, se evapora. Se es la gaviota que se
+zambulle, el polvo de espuma que sobrenada
+al sol entre dos olas, el blanco humo de aquel
+vapor-correo que desaparece en la lejanía, esa
+pequeña barca de rojo velamen dedicada a la
+pesca de corales, aquella perla de agua, ese
+jirón de bruma, todo, menos uno mismo...
+¡Oh, qué deliciosas horas de semisueño y de
+divagaciones las que pasé en mi isla!...</p>
+
+<p>Cuando el viento soplaba con fuerza impidiéndome
+estar a orillas del agua, me encerraba
+en el patio del lazareto, un patio pequeño y
+melancólico, todo él perfumado por el aroma
+del romero y del ajenjo silvestres, y allí, junto
+al lienzo de las vetustas paredes, dejábame invadir
+por el vago olor de abandono y de tristeza
+que envuelto en los rayos del sol flotaba
+entre los aposentos de piedra, abiertos por todas
+partes como tumbas antiguas. Un portazo
+o un salto ligero entre la hierba interrumpía de
+vez en cuando el silencio monótono que reinaba
+en aquel solitario lugar: era una cabra, que
+acudía a rumiar al resguardo del viento. Al
+verme se detenía absorta, y quedábase plantada
+ante mí, con aire vivaracho, los cuernos
+en alto, contemplándome con ojos juveniles...</p>
+
+<p>El portavoz de los torreros me llamaba para
+comer a las cinco, y a esa hora, por un senderito
+escarpado a pico entre los matorrales, suspenso
+encima del mar, encaminábame lentamente
+al faro, volviendo a cada momento la
+vista hacia aquel inmenso horizonte de agua y
+de luz, que parecía ensancharse conforme ascendía
+yo.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>El espectáculo era encantador desde la cima.
+Creo aún ver aquel magnífico comedor, de anchas
+losas, paramentos de encina, la sopa de
+peces humeante en medio, la puerta completamente
+abierta al blanco terrado, y los resplandores
+del Poniente que lo inundaban de
+luz... Allí me aguardaban siempre, para sentarse
+a la mesa, los torreros. Eran tres: uno
+de Marsella y dos de Córcega; los tres pequeños,
+barbudos, con igual rostro curtido y resquebrajado,
+e idéntico gabán de pelo de cabra,
+pero de aspecto y humor completamente
+distintos y aun contrarios.</p>
+
+<p>De la manera de vivir de aquellas gentes,
+deducíase al punto la diferencia de ambas razas.
+El marsellés, industrioso y vivo, siempre
+atareado, en constante movimiento, recorría la
+isla desde la mañana a la noche, cultivando,
+pescando, recogiendo huevos de aves marinas,
+ocultándose entre los matorrales para ordeñar
+una cabra al paso, y siempre dispuesto a hacer
+un alioli o a guisar alguna sopa de peces.</p>
+
+<p>Los corsos no se ocupaban absolutamente
+nada más que de su servicio; considerábanse como
+funcionarios, y pasaban todo el día en la
+cocina jugando siempre largas partidas de <i>scopa</i>,
+sin interrumpirlas más que para volver a
+encender las pipas con aire grave, y para picar
+en la palma de las manos grandes hojas de tabaco
+verde con las tijeras...</p>
+
+<p>Sin embargo, marsellés y corsos eran tres
+buenas personas, sencillos, bonachones, y muy
+considerados para con su huésped, aunque en
+el fondo lo creyeran un señor muy extraordinario.</p>
+
+<p>No les faltaban motivos para opinar así,
+¡porque eso de encerrarse en el faro!... ¡Y
+ellos, que encuentran tan largos los días, y son
+tan felices cuando les llega el turno de bajar
+a tierra!... En la buena estación, gozan de
+gran ventura todos los meses. Diez días de tierra
+firme por treinta de faro: así lo prescribe
+el reglamento. Pero en el invierno y durante
+los grandes temporales, no hay reglamentos
+que valgan. Arrecia el vendaval, suben las olas,
+la espuma blanquea las Sanguinarias, y los
+torreros de servicio permanecen bloqueados dos
+o tres meses consecutivos, y no pocas veces
+hasta con circunstancias aterradoras.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, señor, lo que me ocurrió hace
+cinco años&mdash;me refería en una ocasión el viejo
+Bartoli, mientras comíamos;&mdash;el caso me sucedió
+en esta misma mesa donde estamos, una
+tarde de invierno, como ahora. Aquella tarde
+sólo estábamos dos en el faro: un compañero
+llamado Tchéco y yo... Los demás estaban en
+tierra, enfermos, con licencia, no recuerdo
+bien... Habíamos concluido de comer, muy
+tranquilos... De repente mi camarada deja de
+comer, me mira un momento con unos ojos pícaros,
+y ¡cataplum! se cae encima de la mesa,
+con los brazos adelante. Me acerco a él, lo muevo,
+lo llamo: «¡Oh, Tché!... ¡Oh, Tché!...»
+Nada: ¡estaba muerto!... ¡Imagínese usted
+qué susto! Más de una hora estuve estupefacto
+y tembloroso ante aquel cadáver; después,
+de pronto, me acuerdo del faro. No tuve tiempo
+más que de subir a la farola y encender. La
+noche estaba ya encima... ¡Qué noche, caballero!
+El mar y el viento no tenían sus voces
+naturales. Continuamente parecíame que alguien
+me llamaba en la escalera... Y además,
+¡una fiebre, una sed! Nadie hubiera sido capaz
+de hacer que yo bajara... ¡Me daba tanto
+miedo el difunto! Sin embargo, hacia el alba
+me animé un poco. Llevé a mi compañero a
+su cama, le eché la sábana encima, recé algunas
+oraciones y en seguida fui a hacer señales
+de alarma.</p>
+
+<p>Desgraciadamente había mar gruesa y de
+fondo: por más que llamé y llamé, nadie acudió...
+Y yo a solas en el faro con mi pobre
+Tchéco, ¡sabe Dios hasta cuándo! Yo confiaba
+poder tenerlo conmigo hasta la llegada del barco;
+pero a los tres días era aún completamente
+imposible... ¿Cómo arreglármelas? ¿Llevarle
+fuera? ¿Enterrarlo? La roca era sumamente dura;
+y hay tantos cuervos en la isla! Me apenaba
+el tener que abandonarles aquel cristiano.
+Entonces pensé en bajarlo a uno de los
+departamentos del lazareto... Toda una tarde
+empleé en aquella triste faena, y le respondo
+a usted de que necesité valor... ¡Mire usted,
+caballero! Hoy todavía, cuando bajo a esta
+parte de la isla en una tarde de ventarrón, me
+parece llevar a cuestas el cadáver...</p>
+
+<p>¡Pobre viejo Bartoli! Sudaba sólo acordándose
+de ello.</p>
+
+<p>Así pasábamos las horas de la comida, charlando
+largo y tendido: el faro, el mar, narraciones
+de naufragios, historias de bandidos corsos...
+Luego, al obscurecer, el torrero del primer
+cuarto encendía su candileja, tomaba la
+pipa, la calabaza, un grueso Plutarco de cantos
+rojos, único volumen que constituía la biblioteca
+de las Sanguinarias, y desaparecía por el
+fondo. Un momento después oíase en todo el
+faro un estrépito de cadenas, de poleas, de
+grandes pesas de reloj a las cuales se daba
+cuerda.</p>
+
+<p>Yo me sentaba fuera, en la terraza, durante
+ese tiempo. El sol, muy bajo ya, descendía
+cada vez con más rapidez hacia el agua, llevándose
+tras de sí todo el horizonte. Refrescaba
+el viento, la isla teñíase de color violáceo.
+Por el espacio pasaba junto a mí con perezoso
+vuelo un gran pajarraco: era el águila que acudía
+a guarecerse a la torre... Las brumas del
+mar subían poco a poco. Bien pronto veíase tan
+sólo el blanco festón de la espuma alrededor
+de la isla... De pronto, por encima de mi cabeza,
+surgía una gran oleada de plácida luz. Estaba
+encendido el faro. Dejando en sombras
+toda la isla, el luminoso haz de rayos iba a
+caer a lo lejos en alta mar, y allí estaba yo rodeado
+de tinieblas, bajo aquellas grandes ondas
+lumínicas que apenas me salpicaban al paso...
+Pero el viento seguía refrescando. Era necesario
+recogerse. A tientas cerraba el grueso
+portón y corría las barras de hierro; después,
+y siempre a tientas, subía una escalerilla de
+fundición, que retemblaba y sonaba con mis
+pasos y llegaba a la cúspide del faro. Por supuesto,
+allá sí que había luz.</p>
+
+<p>Imagínense ustedes una gigantesca lámpara
+Cárcel, de seis filas de mecheros, en torno de
+la cual giran lentamente las paredes de la linterna,
+unas cerradas por enorme lente de cristal,
+otras abiertas a una gran vidriera fija que
+preserva del viento a la llama... Al entrar me
+deslumbraba. Esos cobres, esos estaños, esos
+reflectores de metal blanco, esas paredes de
+cristal abombado que volteaban con grandes
+círculos azulados, todo ese espejeo, toda esa
+balumba de luces, me producían vértigos por
+un instante.</p>
+
+<p>A pesar de todo, mi vista se acostumbraba
+poco a poco a ello, concluyendo yo por sentarme
+al pie mismo de la lámpara, junto al
+torrero que leía su Plutarco en alta voz, por
+temor a dormirse.</p>
+
+<p>Allá fuera, la obscuridad, el abismo. En el
+balconcillo que circunda a la vidriera, el viento
+corre aullando como un loco. Cruje el faro,
+la mar brama. En el extremo de la isla, en
+las rompientes, las olas simulan que disparan
+cañonazos. A veces, un dedo invisible toca en
+los vidrios: algún ave nocturna atraída por la
+luz, y que se estrella la cabeza contra el cristal.
+Dentro de la linterna centelleante y cálida,
+nada más que el constante chisporroteo de la
+llama, el ruido del aceite cayendo gota a gota,
+y el de la cadena que va desenrollándose, y una
+voz monótona, que salmodia la vida de Demetrio
+de Falerea.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Mediada la noche, levantábase el torrero,
+examinaba por última vez sus mechas, y bajábamos.
+En la escalera nos tropezábamos con
+el colega del segundo cuarto, quien subía restregándose
+los ojos; se le entregaba la calabaza
+y el Plutarco. Después, cuando nos íbamos
+a acostar, entrábamos un momento en la habitación
+del fondo, hecha un revoltijo de cadenas,
+grandes pesas, depósitos de estaño, calabrotes,
+y allí, a la luz del candilejo, el torrero
+escribía en el gran libro del faro, abierto constantemente.</p>
+
+<p><i>Media noche. Buque a la vista por el horizonte.
+Mar gruesa. Tempestad.</i></p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_AGONIA_DE_LA_GOLETA_LIGERA" id="LA_AGONIA_DE_LA_GOLETA_LIGERA"></a>LA AGONIA DE LA GOLETA «LIGERA»</h3>
+
+
+<p>Puesto que el mistral nos lanzó la otra noche
+a la costa de Córcega, permítanme ustedes
+que les refiera una triste historia marítima de
+que hablan con frecuencia los pescadores de
+por allá durante la velada, y acerca de la cual
+me ha suministrado la casualidad datos muy
+interesantes.</p>
+
+<p>Hace dos o tres años que ocurrió.</p>
+
+<p>Bogaba por el mar de Cerdeña, acompañado
+de siete u ocho carabineros de mar. ¡Penoso
+viaje para un novicio! En todo el mes de marzo
+no habíamos disfrutado de un solo día bueno.
+El viento del Este nos había combatido
+con fiereza y el mar no abonanzaba.</p>
+
+<p>Una tarde, que capeábamos el temporal,
+nuestra barca se refugió a la entrada del estrecho
+de Bonifacio, en medio de un archipiélago
+de islillas. Su aspecto era tranquilizador: grandes
+rocas peladas, pobladas de aves, algunas
+matas de ajenjo, espesuras de lentiscos, y acá
+y acullá entre el fango algunos maderos que
+empezaban a pudrirse; pero, a fe mía, para pasar
+la noche eran preferibles esas rocas siniestras
+al camarote de una vieja barca a medio
+cubrir, donde entraba el oleaje como Pedro
+por su casa, y con ella tuvimos que conformarnos.</p>
+
+<p>Tan pronto como desembarcamos y mientras
+los marineros encendían lumbre para guisar
+la sopa de peces, me llamó el patrón, y
+mostrándome una pequeña cerca de piedra
+blanca, perdida entre las brumas en el extremo
+de la isla, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Quiere usted venir al cementerio?</p>
+
+<p>&mdash;¡Un cementerio, patrón Lionetti! Pues,
+¿dónde nos encontramos?</p>
+
+<p>&mdash;En las islas Lavezzi, señor. Aquí fueron
+enterrados los seiscientos hombres de la fragata
+<i>Ligera</i>, en el lugar mismo en que se perdió
+hace diez años... ¡Pobre gente! No son
+muy visitados y menos mal que llegamos nosotros
+para decirles buenos días, puesto que ya
+estamos en él...</p>
+
+<p>&mdash;Con mucho gusto por mi parte, patrón.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Cuánta tristeza respira el cementerio de la
+<i>Ligera</i>!... Lo veo todavía, con su bajo tapial,
+su puerta de hierro oxidada y difícil de abrir,
+con centenares de cruces negras ocultas por la
+hierba. ¡Ni una corona de siemprevivas, ni un
+recuerdo, nada!... ¡Ah, infelices muertos abandonados,
+cuánto frío deben sentir en su tumba
+casual!</p>
+
+<p>Un momento estuvimos allí arrodillados. El
+patrón rezaba en voz alta. Enormes goletas,
+únicos guardianes del cementerio, revoloteaban
+sobre nuestras cabezas confundiendo sus roncos
+gritos con los lamentos del mar.</p>
+
+<p>Cuando concluimos de rezar, regresamos
+tristemente hacia el rincón donde había sido
+amarrada la barca. No perdieron el tiempo los
+marineros durante nuestra ausencia. Encontramos
+una gran hoguera llameante resguardada
+por un peñasco y la marmita que humeaba.
+Nos sentamos en corro, con los pies juntos a
+la lumbre, y bien pronto tuvo cada cual sobre
+sus rodillas, dentro de una cazuela de barro colorado,
+dos rebanadas de pan moreno con mucho
+caldo. Nadie habló durante la comida: estábamos
+mojados, teníamos hambre, y además
+la proximidad del cementerio... A pesar de todo
+desocupamos las cazuelas, encendimos las
+pipas y empezamos a charlar un poco. Como
+es natural, el tema de nuestra conversación fue
+la <i>Ligera</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, dígame, ¿cómo ocurrió la catástrofe?&mdash;pregunté
+al patrón, quien con la cabeza
+apoyada en las manos, miraba la lumbre con
+aire pensativo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que cómo ocurrió la catástrofe?&mdash;respondiome
+el bueno de Lionetti, suspirando con
+amargura.&mdash;¡Ah! señor, nadie del mundo pudiera
+decirlo. Todo lo que sabemos es que la
+<i>Ligera</i>, llena de tropas para Crimea, había zarpado
+de Tolón la víspera por la tarde, con mal
+tiempo. De noche todavía, empezó a arreciar
+el temporal. Viento, lluvia, mar alborotado como
+nunca. Por la mañana amainó un poco el
+viento, pero el mar continuaba tan fiero; y a
+todo esto, una maldita bruma del demonio, que
+no permitía distinguir un fanal a cuatro pasos.
+No puede usted formarse idea, señor, de
+lo traidoras que son esas brumas. Eso nada importa;
+nadie me quita de la cabeza que la
+<i>Ligera</i> debió perder el timón de madrugada;
+porque, por muy densa que fuera la bruma, sin
+una avería, el capitán no hubiese venido a estrellarse
+aquí. Era un experto marino, a quien
+todos conocíamos. Había mandado la estación
+naval de Córcega durante tres años y conocía
+la costa tan bien como yo, que no conozco otra
+cosa.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y a qué hora se supone que se estrelló la
+<i>Ligera</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Debió ser a mediodía; sí, señor, en pleno
+mediodía... Pero, ¡cáspita! con la bruma de
+mar, ese pleno mediodía no era más claro que
+una noche obscura como boca de lobo... Un
+aduanero de la costa me refirió que aquel día,
+habiendo salido de su caseta para sujetar los
+postigos, próximamente a las once y media,
+una racha de viento le llevó la gorra, y exponiéndose
+a ser llevado él mismo por la resaca,
+empezó a correr tras de aquélla a cuatro patas,
+a lo largo de la playa. Comprenderá usted que
+a los carabineros no les sobra la plata y una
+gorra cuesta cara. Pues bien, parece ser que
+al levantar un momento la cabeza nuestro hombre,
+vio, muy cerca de él, entre la bruma, un
+buque de alto bordo que huía a palo seco, sotaventeando
+las islas Lavezzi. Este buque marchaba
+con tanta velocidad, que el aduanero
+apenas tuvo tiempo de verlo bien. Sin embargo,
+todo hace suponer que sería la <i>Ligera</i>,
+puesto que media hora más tarde el pastor de
+las islas oyó en estas rocas... Pero justamente
+viene aquí el pastor de que le hablo a usted;
+él mismo podrá contarle el suceso... ¡Buenos
+días, Palombo!... Ven a calentarte un poco;
+no temas, hombre.</p>
+
+<p>Acercose a nosotros tímidamente un hombre
+encapuchado, a quien veía yo desde poco
+antes rondar alrededor de nuestra hoguera, y al
+cual había tomado por uno de los tripulantes,
+pues no sabía que hubiese pastor alguno en la
+isla.</p>
+
+<p>Era un viejo leproso, casi completamente
+idiota, atacado por no sé qué enfermedad escorbútica
+que convertía sus labios en un gran
+morro, que no podía mirarse sin repugnancia.
+Costó gran trabajo hacerle entender de qué
+se trataba. Entonces, levantándose con un dedo
+el labio enfermo, el viejo nos contó que, en
+efecto, desde su choza oyó aquel día, alrededor
+de las doce, un horrible crujido en las peñas.
+Como toda la isla estaba cubierta por el agua,
+no había podido salir, y sólo al siguiente día fue
+cuando, al abrir la puerta, pudo ver la costa
+llena de restos y cadáveres arrastrados hasta
+allí por el mar. Espantado, huyó a toda prisa
+hacia su barca, para ir a Bonifacio a buscar
+gente.</p>
+
+<p>Tomó asiento el pastor, rendido de haber hablado
+tanto, y el patrón reanudó su discurso:</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; este pobre viejo fue quien nos
+avisó. Estaba casi loco de miedo, y desde entonces
+tiene la cabeza a pájaros. Lo cierto es
+que había motivo para ello... Figúrese usted
+seiscientos cadáveres amontonados sobre la
+arena, revueltos con astillas de madera y jirones
+de lona... ¡Pobre <i>Ligera</i>!... El mar la
+había molido de golpe y hecho trizas en tal
+forma, que el pastor Palombo apenas ha podido
+encontrar entre todos sus residuos con qué
+hacer una empalizada para su choza... En
+cuanto a los hombres, desfigurados casi todos,
+espantosamente mutilados... inspiraba compasión
+el verlos asidos unos a otros, en racimos...
+Allí estaban el capitán con uniforme de gala,
+el capellán con la estola al cuello; en un rincón,
+entre dos peñascos, un grumete con los
+ojos abiertos... parecía vivo todavía; ¡pero, no!
+Era cosa decidida que nadie se librara...</p>
+
+<p>Al llegar a este punto, el patrón se interrumpió,
+gritando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ten cuidado, Nardi, que se apaga la lumbre!</p>
+
+<p>Nardi arrojó en el brasero dos o tres pedazos
+de tablones embreados, que se inflamaron,
+y Lionetti prosiguió:</p>
+
+<p>&mdash;Lo más triste de esta historia es esto:
+Tres semanas antes de la catástrofe, una pequeña
+corbeta, que iba a Crimea, lo mismo que
+la <i>Ligera</i>, naufragó del mismo modo y casi en
+el mismo sitio; sólo que aquella vez pudimos
+salvar la tripulación y veinte soldados de ingenieros
+que iban a bordo... ¡Es claro, esos
+pobres tiralíneas no estaban en su elemento!
+Se les condujo a Bonifacio y permanecieron
+dos días con nosotros en la <i>marina</i>... Después
+que se secaron bien y se pusieron en pie, ¡buenas
+noches, buena suerte! ¡Regresaron a Tolón,
+donde volvieron a ser embarcados para Crimea!...
+¿A que usted no adivina en qué buque?...
+¡En la <i>Ligera</i>, señor!... Los vimos a
+todos veinte, tumbados entre los muertos, en
+el sitio donde nos encontramos ahora... Yo
+mismo conocí a un lindo sargento de finos bigotes,
+un pisaverde de París, a quien había
+hospedado en mi casa y que nos había hecho
+reír todo el tiempo con sus historias... Al encontrarlo
+allí, se me partió el corazón... ¡Ah,
+Santa Madre!...</p>
+
+<p>Y, al decir esto, el honrado Lionetti sacudió,
+conmovido, la ceniza de su pipa y se arrebujó
+en su capotón, dándome las buenas noches...
+Durante algún tiempo, continuaron hablando a
+media voz los marineros... Después, una tras
+otra, se apagaron las pipas... No se pronunció
+una palabra más... Marchose el pastor viejo...
+Y yo me quedé solo soñando despierto, en medio
+de la tripulación dormida.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Impresionado por el lúgubre relato que acababa
+de oír, intenté reconstruir con la imaginación
+el pobre buque difunto y la historia de
+esta agonía cuyos únicos testigos fueron las
+aves goletas. Algunos detalles que me llamaron
+la atención, el capitán con uniforme de
+gala, la estola del capellán, los veinte soldados
+de ingenieros, ayudáronme a adivinar todos los
+detalles del drama... Veía zarpar de Tolón la
+fragata, al obscurecer... Sale del puerto. Hay
+mar de fondo y un viento huracanado; pero el
+capitán es un valiente marino, y todo el mundo
+está tranquilo a bordo...</p>
+
+<p>A la madrugada, se levanta la bruma de mar.
+Comienzan todos a inquietarse. Toda la tripulación
+está sobre cubierta. El capitán no abandona
+la toldilla... En el entrepuente, donde
+van metidos los soldados, la obscuridad es completa;
+la atmósfera está calurosa. Algunos están
+enfermos, tendidos sobre sus petates. El
+buque cabecea horriblemente; no se puede permanecer
+de pie. Hablan sentados en corrillos
+en el suelo, abrazándose a los bancos; es necesario
+gritar para oírse. Algunos empiezan a
+atemorizarse... ¡No es para menos el caso!
+Son frecuentes los naufragios en estos parajes;
+si no, que lo digan los «tiralíneas», y lo que
+éstos refieren es para asustar a cualquiera.</p>
+
+<p>Especialmente, su sargento primero, un parisiense
+que siempre está de broma, pone la
+carne de gallina con sus chanzonetas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un naufragio!... Pues, si es la cosa más
+divertida un naufragio. Salimos del paso con
+un baño frío, y después nos conducen a Bonifacio,
+a comer mirlos en casa del patrón Lionetti.</p>
+
+<p>Y los «tiralíneas» ríe que te reirás...</p>
+
+<p>De repente se oye un crujido... ¿Qué es eso?
+¿Qué pasa?...</p>
+
+<p>&mdash;El timón se ha ido&mdash;dice un marinero calado
+de agua, el cual cruza corriendo el entrepuente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buen viaje!&mdash;grita ese loco de sargento;
+pero esto ya no hace excitar la risa.</p>
+
+<p>Gran barullo sobre el puente. La bruma impide
+verse. Los marineros van de un lado para
+el otro horrorizados, a tientas... ¡Ya no hay
+timón! No se puede maniobrar... La <i>Ligera</i>,
+perdido el rumbo, corre con tanta velocidad
+como el viento... Entonces es cuando la ve pasar
+el aduanero; son las once y media. A proa
+de la fragata suena un cañonazo... ¡Las rompientes,
+las rompientes!... Todo concluyó: no
+hay más esperanza, va derecha a la costa...
+El capitán desciende a su camarote... Al cabo
+de un momento, ocupa nuevamente su puesto
+en la toldilla con uniforme de gala... Ha querido
+engalanarse para morir.</p>
+
+<p>En el entrepuente se contemplan ansiosos
+los soldados, sin rechistar... Los enfermos pretenden
+levantarse... el sargentito ya no se ríe...</p>
+
+<p>Entonces se abre la puerta y aparece en el
+umbral el capellán con su estola, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡De rodillas, hijos míos!</p>
+
+<p>Todos obedecen. Con voz atronadora, el sacerdote
+comienza las preces por los agonizantes.</p>
+
+<p>Sobreviene de pronto un choque formidable,
+un grito, uno solo, una gritería inmensa, brazos
+tendidos, manos que se entrelazan, ojos extraviados
+en los que se refleja con la rapidez del
+relámpago la trágica visión de la muerte...</p>
+
+<p>¡Misericordia!</p>
+
+<p>Toda la noche la pasé lo mismo: soñando,
+evocando, a los diez años del suceso, el alma
+del pobre buque cuyos restos me circundaban.
+A lo lejos, en el estrecho, rugía la tempestad,
+la tempestad; la llama de la hoguera inclinábase
+a uno y otro lado con las rachas de viento,
+y oía danzar a nuestra barca junto a las
+rocas, haciendo crujir las amarras.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LOS_ADUANEROS" id="LOS_ADUANEROS"></a>LOS ADUANEROS</h3>
+
+
+<p>Una vieja embarcación de la Aduana, semicubierta,
+era la <i>Emilia</i>, de Porto-Vecchio, a
+bordo de la cual hice aquel viaje lúgubre a las
+islas Lavezzi. Para resguardarse en ella del
+viento, de las olas y de la lluvia, sólo había un
+pequeño pabellón embreado, lo suficientemente
+amplio para contener escasamente una mesa y
+dos literas. Con tan pobres recursos, merecían
+verse nuestros marineros con el mal cariz del
+tiempo. Chorreaban los rostros, las blusas caladas
+de agua humeaban como ropa blanca puesta
+a secar en estufa, y en pleno invierno los
+infelices pasaban así días enteros, hasta las noches
+inclusive, acurrucados en sus mojados
+asientos, tiritando entre aquella humedad malsana,
+porque no se podía encender fuego a bordo,
+y muchas veces era difícil ganar la costa...
+Pues bien, ni uno de aquellos hombres se quejaba.
+En los más recios temporales, siempre
+los vi con idéntica placidez, del mismo buen
+humor. Y, no obstante, ¡qué triste vida la de
+esos carabineros de mar!</p>
+
+<p>Casados casi todos ellos, con esposa e hijos
+en tierra, permanecen meses enteros separados
+de su familia dando bordadas por aquellas tan
+peligrosas costas, alimentándose solamente de
+pan enmohecido y cebollas silvestres. ¡Jamás
+beben vino, nunca comen carne, porque la carne
+y el vino cuestan caros, y su sueldo es sólo
+quinientos francos al año! ¡Figúrense ustedes
+si habrá obscuridad en la choza de allá abajo,
+en la <i>marina</i>, y si los niños irán bien calzados!...
+¡No le hace! Todas esas gentes parecen
+contentas con su suerte. A popa, delante del
+camarote, había un gran balde lleno de agua
+llovida, donde la tripulación calmaba la sed,
+y recuerdo que, apurado el último buche, cada
+uno de esos pobres diablos sacudía su escudilla
+con un ¡ah! de satisfacción, una expresión de
+bienestar tan cómica como enternecedora.</p>
+
+<p>El que mostraba más alegría y satisfacción
+entre todos era un natural de Bonifacio, tostado,
+pequeño y rechoncho, a quien llamaban
+Palombo. Este pasábase el tiempo cantando
+aun en medio de los mayores temporales. Cuando
+el oleaje tomaba el color del plomo, cuando
+el cielo obscuro por la cerrazón llenábase de
+menudo granizo y venteaban todos la borrasca
+que iba a venir, entonces, entre el silencio absoluto
+y la ansiedad de a bordo, comenzaba a
+canturrear la voz reposada de Palombo:</p>
+
+<p class="poem">
+No, señor,<br />
+Es gran honor.<br />
+Es honrada Liseta y no fe...a:<br />
+Se queda en la alde...a...<br />
+</p>
+
+<p>Y por muchas que fueran las rachas que hacían
+crujir el velamen, zarandeando e inundando
+la barca, no dejaba de oírse la canción del
+aduanero, balanceada cual una gaviota en la
+cresta de las olas. El viento acompañaba en
+ocasiones con demasiada fuerza, y no se oían
+las palabras; pero después de cada golpe de
+mar, entre el murmullo del agua que chorreaba,
+oíase constantemente el estribillo de la
+canción:</p>
+
+<p class="poem">
+Es honrada Liseta y no fe...a:<br />
+Se queda en la alde...a...<br />
+</p>
+
+<p>Pero llegó un día de viento y lluvia muy
+fuertes, en que ya no lo oí. Era tan extraordinario
+el caso, que saqué del camarote la cabeza:</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh, Palombo! ¿No cantas hoy?</p>
+
+<p>Palombo no respondió. Estaba inmóvil, tendido
+en su banco. Me acerqué a él. Castañeteábanle
+los dientes; la fiebre hacía temblar todo
+su cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene una <i>puntura</i>&mdash;me dijeron afligidos
+sus camaradas.</p>
+
+<p>Ellos llaman <i>puntura</i> a una punzada de costado,
+una pleuresía. Aquella gran cerrazón plomiza,
+aquella barca chorreando agua, aquel pobre
+febricitante arrebujado en un viejo capote
+de caucho que relucía bajo la lluvia como una
+piel de foca: jamás he presenciado nada más
+lúgubre. El frío, el viento y el vaivén de las
+olas no tardaron en agravar en su enfermedad
+al pobre aduanero. Lo acometió el delirio y fue
+necesario atracar.</p>
+
+<p>Después de mucho tiempo y no pequeños esfuerzos,
+entramos al obscurecer en una ensenadita
+árida y silenciosa, animada solamente
+por el vuelo circular de algunas aves. En
+cuanto de la playa alcanzaba la vista, erguíanse
+altas rocas escarpadas, intrincados laberintos
+de arbustos verdes, de un verde obscuro y hojas
+perennes. Abajo, junto al agua, una casita
+blanca, con postigos grises, era el puesto de la
+Aduana. En medio de ese desierto, aquel edificio
+del Estado, con cifras como una gorra de
+uniforme, producía una impresión desagradable
+de indecible malestar. El pobre Palombo
+fue desembarcado allí. ¡Triste asilo para un
+enfermo! Encontramos al aduanero disponiéndose
+a comer al amor de la lumbre, en compañía
+de su mujer y sus hijos. Todas aquellas
+gentes tenían caras pálidas, amarillentas, grandes
+ojos sombreados por la fiebre. La madre,
+joven todavía, con un niño de pechos en los
+brazos, estremecíase de frío cuando hablaba
+con nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Es un puesto mortífero&mdash;me dijo en voz
+baja el inspector.&mdash;Nos vemos en la necesidad
+de relevar a nuestros aduaneros cada dos años.
+La fiebre de las marismas los mata.</p>
+
+<p>Sin embargo, se pretendía ir a buscar un
+módico. Para encontrar al más próximo era preciso
+ir hasta Sartène, es decir, a seis u ocho
+leguas de allí. ¿Cómo arreglárselas? Nuestros
+marineros estaban completamente extenuados
+de cansancio, y no se podía enviar a uno de los
+niños tan lejos. Entonces la mujer, inclinándose
+fuera, llamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Cecco!... ¡Cecco!</p>
+
+<p>Y entró un mocetón muy fornido, verdadero
+tipo de cazador en vedado o de <i>bandito</i>, con su
+gorro de lana parda y su gabán de pelo de cabra.
+Al desembarcar ya me había fijado en él,
+al verle sentado a la puerta, con su pipa roja
+entre los dientes y un fusil entre las piernas,
+pero, ignoro por qué, había huido al aproximarnos.
+Tal vez creyó que iban gendarmes con
+nosotros. Cuando entró, ruborizose un poco la
+aduanera.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi primo&mdash;nos dijo.&mdash;No hay temor
+de que éste se pierda entre la espesura.</p>
+
+<p>Díjole después algunas palabras en voz baja,
+señalándole el enfermo. Inclinose el hombre
+sin replicar, silbó a su perro y salió corriendo
+a todo escape, escopeta al hombro, saltando de
+peña en peña a grandes zancadas.</p>
+
+<p>Durante, ese tiempo, los niños, que parecían
+aterrados por la presencia del inspector, concluyeron
+pronto de comer las castañas y el queso
+blanco. ¡Y siempre agua, sólo agua en la
+mesa! Sin embargo, ¡hubiera venido tan bien
+un trago de vino a los pequeños! ¡Ah, miseria!
+Al fin, la madre subió a acostarlos; el padre,
+encendiendo el farol, fuese a inspeccionar la
+costa, y nosotros continuamos velando a nuestro
+enfermo, que se revolvía en su camastro
+cual si aun estuviese en alta mar, zarandeado
+por el oleaje. Para calmar un poco su <i>puntura</i>,
+calentamos guijarros y ladrillos, poniéndoselos
+en el costado. Una o dos veces, al acercarme a
+su lecho, el infeliz me conoció, y para darme
+las gracias me tendió trabajosamente la mano,
+una manaza rasposa y tan ardiente como uno
+de aquellos ladrillos sacados del fuego.</p>
+
+<p>¡Triste velada! Fuera habíase recrudecido
+el temporal al expirar el día, y era aquello un
+estrépito, una descarga cerrada, un surgidero
+de espumarajos, la batalla entre los peñascos
+y las aguas. Un golpe de viento de alta mar
+penetraba de vez en cuando en la caleta y envolvía
+nuestra casa. Conocíase por el repentino
+aumento de las llamas, que iluminaban de pronto
+los mohínos rostros de los marineros, agrupados
+en derredor de la chimenea contemplando
+el fuego con esa plácida expresión que da el
+hábito de las hermosas perspectivas y de los
+horizontes inmensos. También, a veces, quejábase
+Palombo con dulzura. Entonces volvían
+todos los ojos hacia el rincón obscuro, donde
+el pobre compañero estaba en el trance de la
+muerte, lejos de los suyos y sin ayuda, y, acongojados
+los pechos, oíanse grandes suspiros.
+Eso es todo cuanto inspiraba a aquellos trabajadores
+del mar, pacientes y dulces, el sentimiento
+de su propio infortunio. Nada de sublevaciones
+ni de huelgas.</p>
+
+<p>¡Solamente un suspiro! Sin embargo, me
+equivoco. Al pasar uno de ellos por delante de
+mí para arrojar un haz de leña al fuego, me
+dijo con voz baja y conmovida:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya ve usted, señor, que en nuestro oficio
+se sufren a veces muchas penas!</p>
+
+
+
+<h3><a name="LOS_VIEJOS" id="LOS_VIEJOS"></a>LOS VIEJOS</h3>
+
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso, tío Azam? ¿Una carta?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor... una carta que viene de París.</p>
+
+<p>¡Y poco orgulloso estaba el buen tío Azam
+con que la carta viniese de París! Yo no. Algo
+me decía que aquella parisiense de la calle de
+Juan Jacobo, al caer en mi mesa tan repentinamente
+y tan temprano, iba a hacerme perder
+toda la mañana. No me había equivocado,
+como pueden juzgar ustedes mismos. Decía así:</p>
+
+<p class="top5">«Amigo mío: Necesito que me hagas un favor.
+Cierra por un día tu molino, y ve en seguida
+a Eyguières, que es un lugarón que
+dista tres o cuatro leguas de tu residencia, un
+paseo, como quien dice. Cuando llegues, pregunta
+por el convento de las huérfanas. Pasado
+el convento, verás una casa de un solo
+piso, contiene postigos grises y un jardinillo
+detrás. Entra sin llamar, la puerta está
+siempre abierta, y cuando entres da muchas
+vocea:&mdash;¡Buenos días, buena gente! Soy
+amigo de Mauricio.&mdash;Entonces verás a dos
+viejecitos, ¡oh! pero viejos, reviejos, archiviejos,
+tenderte los brazos desde el fondo de
+sus grandes sillones, y los abrazas en mi nombre,
+de todo corazón, como si fuesen cosa tuya.
+Después hablarán ustedes; ellos te preguntarán
+por mí, y yo seré el único tema de
+su conversación; te contarán mil chocheces,
+que debes escuchar sin reírte. ¿No te reirás,
+eh? Son mis abuelos, dos seres para quienes
+yo soy toda su vida, y que no me han visto
+desde hace diez años. ¡Mira tú que diez años
+tienen días! Pero, ¿qué quieres? París me ha
+hecho prisionero como a ellos la edad avanzada.
+Son tan viejos, que si viniesen a verme,
+se quedarían en el camino. Afortunadamente,
+mi querido molinero, andas tú por ahí abajo,
+y al abrazarte, los pobres creerán en cierto
+modo que soy yo a quien abrazan. ¡Les he
+hablado tantas veces de nosotros y de la buena
+amistad que nos une!»</p>
+
+<p class="top5">¡Llévese el diablo la buena amistad! Justamente
+aquella mañana hacía un tiempo hermoso,
+pero poco adecuado para rodar por los caminos,
+demasiado mistral y excesivo sol, un
+verdadero día de Provenza. Cuando recibí aquella
+maldita carta había ya elegido mi abrigo
+entre dos rocas, y soñaba con pasar allí todo
+el día como un lagarto, inundándome de luz
+y oyendo cantar los pinos. En fin, ¿qué vamos
+a hacerle? Cerré el molino gruñendo y coloqué
+la llave debajo de la gatera. Tomé el garrote y
+la pipa, y eché a andar.</p>
+
+<p>Llegué a Eyguières próximamente a las dos.
+El villorrio estaba desierto, todo el mundo en
+el campo. En los olmos, junto a la acequia,
+blancos de polvo, cantaban las cigarras como
+en pleno Crau. En la plaza de la Alcaldía, tomando
+el sol, un asno, y en la fuente de la
+iglesia una bandada de palomas, pero ni un alma
+a quien preguntar por el convento de las
+huérfanas. Afortunadamente, aparecióseme de
+pronto una hada vieja, hilando en cuclillas arrimada
+al quicio de su puerta, le expuse mi deseo,
+y como aquella hada era muy poderosa, no
+necesitó más que levantar la rueca, y alzose al
+punto ante mí, como por arte de magia, el convento
+de las huérfanas. Era un caserón destartalado
+y obscuro, muy satisfecho de lucir sobre
+su pórtico ojival una vetusta cruz de arenisca
+roja, con una inscripción latina. Junto a aquella
+casa, vi otra más pequeña con postigos grises,
+y el jardín detrás.</p>
+
+<p>La conocí en seguida y entré sin llamar.</p>
+
+<p>Durante toda mi vida recordaré aquel largo
+corredor fresco y tranquilo, la pared pintada
+de color de rosa, el jardinillo que se entreveía
+en el fondo a través de una cortina de color,
+y en todos los tableros flores y violines descoloridos.
+Prodújome la misma impresión que hubiera
+experimentado al entrar en la casa de algún
+antiguo bailío de los tiempos de Maricastaña.
+Al fin del pasillo, a la izquierda, por una
+puerta entornada oíase el tic tac de un enorme
+reloj y una voz infantil, pero de niño de la
+escuela, que leía deteniéndose en cada sílaba:
+En...ton...ces... San... I...re...ne...o... ex...cla...mó:...
+Yo... soy... el... tri...go del... Se...ñor...
+Es... ne...ce...sa...rio... que... me...
+tri...tu...ren... las... mue...las... de... es...tos...
+a...ni...ma...les... Acerqueme con precaución
+a aquella puerta y miré.</p>
+
+<p>Entre la calma y la media luz de un cuartito,
+un buen anciano de pómulos rojos, arrugado
+hasta la punta de los dedos, dormía embutido
+en un sillón, con la boca abierta y las manos
+en las rodillas. A sus pies, una niñita con traje
+azul, esclavina grande y capillo pequeño, el
+traje de las huérfanas, leía la <i>Vida de San Ireneo</i>
+en un libro más grande que ella. Esta lectura
+milagrosa había ejercido notable influencia
+sobre toda la casa. El viejo dormía en su
+sillón, las moscas en el cielo raso y los pájaros
+en sus jaulas, allá abajo, en la ventana. El gran
+reloj repetía con insistencia monótona su acompasado
+tic tac, tic tac. En toda la estancia no
+estaba despierto nada más que un gran haz de
+luz que se filtraba derecho y blanco por entre
+los postigos cerrados, lleno de chispas vivientes
+y de valses microscópicos. En medio de
+aquel general adormecimiento, la niña proseguía
+su lectura con aire grave: En... se...gui...da...
+dos... le...o...nes... se... lan...za...ron...
+so...bre... él... y... lo... de...vo...ra...ron... En
+ese momento entré yo. Los leones de San Ireneo,
+entrando precipitadamente en la estancia, no
+hubieran producido allí más asombro del que
+yo produje. ¡Un verdadero efecto teatral! La
+pequeña exhala un grito, cáese el librote, espabílanse
+los canarios y las moscas, el viejo se
+yergue sobresaltado, despavorido y turbado yo
+mismo un poco, me paro en el umbral diciendo
+a voces:</p>
+
+<p>&mdash;¡Buenos días, buenas gentes, soy amigo
+de Mauricio!</p>
+
+<p>¡Oh! Entonces, si ustedes hubieran visto al
+pobre viejo, si le hubiesen visto precipitarse a
+mí, con los brazos extendidos, abrazarme, apretarme
+las manos, correr trastornado por la habitación,
+repitiendo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío, Dios mío!</p>
+
+<p>Reíansele todas las arrugas del rostro. Estaba
+rojo. Tartamudeaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah, caballero! ¡Ah, caballero!</p>
+
+<p>Ibase después al fondo, llamando:</p>
+
+<p>&mdash;¡Mamette!</p>
+
+<p>Se abre una puerta, y se oye en el pasillo
+un trotecito de ratón. Era Mamette. Nada tan
+conmovedor como aquella viejecita con su gorro
+de casco, su hábito carmelita y el pañuelo
+bordado, que por honrarme tenía en la mano,
+conforme a la usanza antigua. ¡Cosa enternecedora:
+se parecían! Con papalina y cosas amarillas
+también él hubiera podido llamarse Mamette.
+Pero la verdadera Mamette había debido
+llorar mucho durante su vida, y estaba aún más
+arrugada que la otra. También, como la otra,
+tenía junto a sí una niña del asilo de huérfanas,
+guardianita con esclavina azul que nunca la
+abandonaba, y el ver esos viejos amparados por
+esas huérfanas, era lo más conmovedor que puede
+concebirse.</p>
+
+<p>Mamette, al entrar, había comenzado por hacerme
+una gran reverencia; pero el viejo la
+paralizó con cuatro palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Es amigo de Mauricio.</p>
+
+<p>Y he aquí que, al punto, tiembla, llora, pierde
+el pañuelo, se pone encarnada, muy roja,
+aún más roja que él. ¡Esos viejos! La única
+gota de sangre que tienen en las venas, se les
+sube a la cara a la más pequeña emoción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pronto, pronto, una silla!&mdash;grita la vieja
+a su niña.</p>
+
+<p>&mdash;¡Abre los postigos!&mdash;dice el viejo a la
+suya.</p>
+
+<p>Y agarrándome cada cual por una mano, lleváronme
+de un trote a la ventana, abierta de
+par en par, para contemplarme mejor. Acercan
+los sillones, me instalo entre ambos en una silla
+de tijera, colócanse detrás de nosotros las dos
+niñas de azul, y comienza el interrogatorio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cómo está? ¿Qué hace? ¿Por qué no ha
+venido a vernos? ¿Está contento?</p>
+
+<p>Y patatín, y patatán. Todo esto durante dos
+horas.</p>
+
+<p>Contesté del mejor modo posible a todas las
+preguntas, diciendo acerca de mi amigo los detalles
+que conocía, inventando descaradamente
+los que ignoraba, y guardándome, sobre todo,
+de confesar que jamás había reparado en si
+cerraban bien sus ventanas, o de qué color era
+el papel de su cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;¡El papel de su cuarto! Es azul, señora,
+azul pálido con guirnaldas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad?&mdash;exclamaba conmovida la pobre
+vieja.</p>
+
+<p>Y dirigiéndose a su marido, agregaba:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es tan buen muchacho!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí, es un buen muchacho!&mdash;repetía
+el otro lleno de entusiasmo.</p>
+
+<p>Y mientras que yo hablaba había entre ellos
+movimientos de cabeza, sonrisitas maliciosas,
+guiños de ojos, aires de valor entendido. O bien,
+el viejo que se aproximaba a mí diciéndome:</p>
+
+<p>&mdash;Hable usted más fuerte. Es un poco sorda.</p>
+
+<p>Y ella por su parte:</p>
+
+<p>&mdash;Le suplico que hable algo más alto. Es un
+poco teniente.</p>
+
+<p>Yo alzaba entonces la voz, y dábanme los
+dos las gracias con una sonrisa, y entre esas
+lánguidas sonrisas con que se inclinaban hacia
+mí, pretendiendo ver en el cristal de mis ojos
+la imagen de su Mauricio, conmovíame el encontrar
+yo mismo aquella imagen, vaga, velada,
+casi imperceptible, cual si viese a mi amigo
+sonreírseme, entre una bruma, en las lejanías.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>El viejo yérguese repentinamente en el sillón.</p>
+
+<p>&mdash;¿A que no adivinas en qué estoy pensando,
+Mamette? ¡Quizá no habrá almorzado!</p>
+
+<p>Y Mamette, trastornada, levantando los ojos
+al cielo, exclama:</p>
+
+<p>&mdash;¡Sin almorzar! ¡Santo Dios!</p>
+
+<p>Pensé que hablaban todavía de Mauricio, e
+iba a responder que ese buen muchacho jamás
+se ponía a la mesa después del mediodía. Pero
+no, era a mí a quien se referían. Y eran de ver
+las idas y venidas cuando confesé que todavía
+no me había desayunado.</p>
+
+<p>&mdash;¡En seguida, el cubierto, niñas! La mesa
+en medio del cuarto, el mantel del domingo,
+los platos de flores. No se rían tanto, hagan el
+favor, y vamos de prisita.</p>
+
+<p>Creo que, efectivamente, se apresuraron.
+Apenas en el tiempo necesario para romper tres
+platos, encontrose servido el almuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un buen almuercito!&mdash;me decía Mamette
+al conducirme a la mesa;&mdash;pero es sólo para
+usted, porque nosotros ya comimos esta mañana.</p>
+
+<p>A cualquier hora que se visite a esos pobres
+viejos, siempre han comido por la mañana.</p>
+
+<p>El buen almuercito de Mamette componíase
+de dos dedos de leche, unos dátiles y una <i>barquette</i>,
+una cosa parecida a un pestiño, algo
+con que alimentarse ella y sus canarios lo menos
+durante ocho días. ¡Y decir que yo sólo me
+engullí todas aquellas provisiones! Así, pues,
+¡qué indignación alrededor de la mesa! ¡Cómo
+cuchicheaban las niñas vestidas de azul, dándose
+con el codo! Y allá abajo, dentro de sus
+jaulas, cómo parecían decirse los canarios:
+¡Oh! ¿Pues no se come ese señor de una sentada
+todo el pestiño?</p>
+
+<p>Efectivamente, me lo comí todo y casi sin
+darme cuenta de ello, distraído como estaba
+mirando a mi alrededor aquella habitación clara
+y apacible, donde flotaba como un olor a
+cosas antiguas. Lo que más me llamaba la atención
+eran dos camitas de las cuales no podía
+separar los ojos. Figurábame esos lechos, casi
+como dos cunas, a la hora del alba, cuando están
+aún ocultos por sus grandes cortinajes de
+cenefas. Dan las tres de la madrugada. A esa
+hora suelen despertarse todos los viejos.</p>
+
+<p>El pregunta:</p>
+
+<p>&mdash;¿Duermes, Mamette?</p>
+
+<p>&mdash;No, querido.</p>
+
+<p>&mdash;¿Verdad que Mauricio es un buen muchacho?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí! Es un buen muchacho.</p>
+
+<p>Y así poco más o menos, imaginábame yo
+una charla completa, sólo con haber visto esas
+dos camitas de viejo, colocadas una junto a
+otra.</p>
+
+<p>Durante este tiempo al extremo opuesto de
+la habitación desarrollábase un drama terrible
+delante del armario. Tratábase de alcanzar allá
+arriba, en la última tabla, cierto frasco de cerezas
+en aguardiente que hacía diez años que
+aguardaba a Mauricio, y con cuya apertura quisieron
+obsequiarme. A pesar de los ruegos de
+Mamette, el viejo se había empeñado en ir a
+buscar él mismo las cerezas, y encaramado sobre
+una silla, con gran espanto de su mujer,
+pretendía alcanzarlo. Figúrense el cuadro: el
+viejo temblaba, y empinábase; las niñas vestidas
+de azul, agarradas a la silla de éste, detrás
+de él Mamette, jadeante, con los brazos
+tiesos, y dominando todo esto un leve aroma
+de bergamota que despedían grandes pilas de
+ropa blanca amarillenta amontonada en el armario
+abierto. Era encantador.</p>
+
+<p>Después de esfuerzos inauditos, consiguiose,
+por fin, sacar del armario el famoso frasco y
+con él un antiguo vasito de plata completamente
+abollado, el vaso que Mauricio usaba cuando
+era pequeño. Me lo llenaron de cerezas hasta
+el borde, ¡le agradaban tanto a Mauricio las
+cerezas! Y al servirme el viejo me murmuraba
+al oído con aire golosón:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es usted muy dichoso pudiendo comerlas!
+Mi mujer es quien las ha preparado. Va
+usted a probar cosa rica.</p>
+
+<p>Su mujer, ¡ah! las había preparado pero se
+le había olvidado ponerles el azúcar. ¿Qué quieren?
+La vejez vuelve a uno distraído. ¡Pobre
+Mamette mía! sus cerezas eran malísimas, a
+pesar de lo cual yo me las comí todas sin pestañear,
+no dejando de ellas ni los rabos.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Cuando concluí de almorzar, me levanté para
+despedirme de mis huéspedes. Ellos, por su
+gusto, me hubieran retenido todavía un rato,
+para hablar de Mauricio, pero iba atardeciendo,
+estaba lejos el molino, y era necesario emprender
+la marcha.</p>
+
+<p>El viejo se había puesto de pie al mismo
+tiempo que yo.</p>
+
+<p>&mdash;Mamette, trae mi sobretodo. Voy a acompañarlo
+hasta la plaza.</p>
+
+<p>Mamette en su fuero interno pensaba indudablemente
+en que hacía ya un poco fresco para
+acompañarme hasta la plaza, pero tuvo la
+prudencia de no exponer su opinión. Unicamente,
+mientras le ayudaba a meterse las mangas
+del sobretodo, un bonito sobretodo de color rapé
+con botones de nácar, oí a la buena señora
+que le decía dulcemente:</p>
+
+<p>&mdash;No regresarás muy tarde, ¿verdad?</p>
+
+<p>A lo que él respondió, con aire picaresco:</p>
+
+<p>&mdash;¡Jem! ¡Jem! No lo sé. Pudiera ocurrir.</p>
+
+<p>Después contempláronse riendo, y las niñitas
+vestidas de azul, de verlos reír, reían, y en su
+rincón reíanse también a su manera, los canarios.
+Dicho sea entre nosotros, creo que el olor
+de las cerezas las había embriagado a todos una
+miajita.</p>
+
+<p>Cuando salimos el abuelo y yo, caía la tarde.
+La niña del vestido azul nos seguía de lejos,
+para acompañarlo a la vuelta, pero él no la veía,
+se enorgullecía de marchar de mi brazo como
+un hombre. Mamette, radiante, observaba todo
+esto desde el quicio de la puerta, y al contemplarnos,
+movía graciosamente la cabeza como
+si nos dijese: «Todavía puede andar mi marido,
+a pesar de los años que tiene.»</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_SUBPREFECTO_EN_EL_CAMPO" id="EL_SUBPREFECTO_EN_EL_CAMPO"></a>EL SUBPREFECTO EN EL CAMPO</h3>
+
+
+<p>El señor subprefecto ha salido de expedición.
+Con el cochero delante y el lacayo detrás, el
+coche de la subprefectura le conduce majestuosamente
+a la Exposición regional de La-Combe-aux-Fées.
+El señor subprefecto se puso
+en ese día memorable la hermosa casaca bordada,
+el sombrerito apuntado, el pantalón estrecho
+galoneado de plata y la espada de gala
+con empuñadura de nácar. Descansa sobre sus
+rodillas una gran cartera de piel de zapa con
+relieves, y la contempla entristecido.</p>
+
+<p>El señor subprefecto contempla entristecido
+su cartera de zapa estampada en hueco; piensa
+en el famoso discurso que en breve ha de pronunciar
+delante del vecindario de La-Combe-aux-Fées.</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados.</p>
+
+<p>Pero, aunque se atusa con insistencia las rubias
+y sedosas patillas, y repite veinte veces
+consecutivas: Señores y queridos administrados,
+no acierta a continuar el discurso.</p>
+
+<p>No acierta a continuar el discurso... ¡Es
+tanto el calor que hace dentro de aquel coche!...
+Hasta que se pierde en lontananza, el
+camino de La-Combe-aux-Fées está lleno de
+polvo, bajo el sol de mediodía. El aire abrasa...
+y especialmente los olmos de orillas del camino,
+cubiertos por completo de blanco polvo,
+millares de cigarras pasan de uno a otro árbol.
+El señor subprefecto se estremece repentinamente.
+Allá abajo, junto a una ladera, divisa
+un verde robledal que parece hacerle señas.</p>
+
+<p>El bosquecillo de carrascas parece hacerle
+señas:</p>
+
+<p>&mdash;Venga usted aquí, subprefecto; al pie de
+mis árboles estará usted perfectamente y podrá
+componer su discurso.</p>
+
+<p>El señor subprefecto queda seducido, apéase
+del coche y dice a sus gentes que le esperen
+mientras él va a componer su discurso en el
+pequeño robledal.</p>
+
+<p>En el bosquecillo de verdes carrascas hay
+pájaros, flores y fuentes bajo la fina hierba...
+Al ver al señor subprefecto con sus lindos pantalones
+y su cartera de zapa estampada, las
+aves se atemorizan y enmudecen; las fuentes
+no se atreven a meter ruido y las flores ocúltanse
+entre el césped. Toda esa gentecilla menuda
+jamás ha visto a un subprefecto, e interrógase
+en voz baja quién será ese gran señor
+que se pasea con pantalón de plata.</p>
+
+<p>Bajo el follaje interrógase la gentecilla menuda
+en voz baja quién es ese señor con pantalón
+de plata. Mientras tanto el señor subprefecto,
+encantado con el silencio y la frescura
+del bosque, se levanta los faldones de la casaca,
+coloca sobre la hierba el sombrero apuntado
+y se sienta en el musgo junto a una encina
+joven. Luego abre en las rodillas la gran
+cartera de piel de zapa con relieves y extrae
+de ella un ancho pliego de papel ministro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Es un artista!&mdash;dice la curruca.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;responde un pajarillo,&mdash;no es un artista,
+porque lleva pantalón de plata; pero puede
+ser un príncipe.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser un príncipe&mdash;repite otro pajarito.</p>
+
+<p>&mdash;Ni un artista, ni un príncipe&mdash;interrumpe
+un viejo ruiseñor, que había cantado durante
+una primavera en los jardines de la subprefectura.&mdash;Yo
+lo conozco: es... ¡un subprefecto!</p>
+
+<p>Y por todo el bosquecillo repítese sin cesar:</p>
+
+<p>&mdash;¡Es un subprefecto! ¡Un subprefecto!</p>
+
+<p>&mdash;¡Está muy calvo!&mdash;observa una alondra
+muy moñuda.</p>
+
+<p>Las flores preguntan:</p>
+
+<p>&mdash;¿Es mala persona?</p>
+
+<p>&mdash;¿Es mala persona?&mdash;preguntan las flores.</p>
+
+<p>El viejo ruiseñor contesta:</p>
+
+<p>&mdash;¡No es completamente malo!</p>
+
+<p>Y con esta seguridad, los pájaros reanudan
+su canto, las fuentes vuelven a correr y las
+flores a embalsamar el aire, como si aquel señor
+no estuviese allí. Impasible en medio de
+toda aquella agradable algarabía, el subprefecto
+invoca en su corazón a la Musa de los comicios
+agrícolas, y lápiz en ristre, declama con
+voz de ceremonia:</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados...</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados&mdash;declama
+el subprefecto, con su voz ceremoniosa.</p>
+
+<p>Interrumpido por una carcajada, vuelve la
+cabeza y no ve más que un gran picoverde que
+lo mira riéndose, de patas en el sombrero apuntado.
+El subprefecto se encoge de hombros e
+intenta reanudar su discurso; pero el picoverde
+lo interrumpe, gritándole desde lejos:</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué sirve eso?</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿Para qué sirve eso?&mdash;dice el
+subprefecto, enrojeciendo y, echando con un
+ademán a aquel pájaro insolente, prosigue a
+más y mejor:</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados&mdash;prosigue
+a más y mejor el subprefecto.</p>
+
+<p>Y he aquí que en aquel momento se yerguen
+hacia él las flores desde la punta de sus tallos,
+y le dicen con dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;Señor subprefecto, ¿no advierte usted el
+gratísimo perfume que exhalamos?</p>
+
+<p>Y las fuentes le obsequian bajo el musgo con
+una música divina, y entre las ramas, sobre su
+cabeza, bandadas de currucas le gorjean sus
+notas más sonoras, y todo el bosquecillo conspira
+para impedirle la composición de su discurso.</p>
+
+<p>Todo el bosquecillo conspira para impedirle
+la composición de su discurso.</p>
+
+<p>El señor subprefecto, embriagado de aromas,
+ebrio de música, pretende inútilmente resistir
+el nuevo encanto que le invade. Colócase de
+codos sobre la hierba, se desabrocha la hermosa
+casaca, y farfulla otras dos o tres veces:</p>
+
+<p>&mdash;Señores y queridos administrados. Señores
+y queridos adminis... Señores y queridos...</p>
+
+<p>Manda después a paseo a los administrados,
+y la Musa de los comicios agrícolas vese obligada
+a cubrirse el rostro.</p>
+
+<p>Cúbrete el rostro, ¡oh, Musa de los comicios
+agrícolas! Cuando, transcurrida una hora, las
+gentes de la subprefactura, intranquilos por su
+señor, entran en el bosquecillo, contemplan horrorizados
+un espectáculo que les hace retroceder.
+El señor subprefecto, despechugado como
+un bohemio, estaba echado boca abajo sobre la
+hierba. Habíase quitado la casaca, y mascando
+flores, el señor subprefecto componía versos.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_POETA_MISTRAL" id="EL_POETA_MISTRAL"></a>EL POETA MISTRAL</h3>
+
+
+<p>Al despertarme el domingo último e incorporarme
+en el lecho, creí, por un instante, que
+estaba en la calle del Faubourg-Montmartre.
+Llovía; el cielo estaba gris; el molino triste.
+Me espantó la idea de pasar en casa aquel día
+de lluvia, y sentíme al punto ansioso de ir a
+calentarme un poco a la de Federico Mistral,
+ese gran poeta que reside en Maillane, villorrio
+que dista tres leguas de mis pinos.</p>
+
+<p>Dicho y hecho: una estaca de ramo de mirto,
+mi Montaigne, una manta, ¡y al camino!</p>
+
+<p>No había un alma en los campos... Nuestra
+hermosa Provenza católica otorga los domingos
+descanso a la tierra... Los perros solos en los
+hogares, las granjas cerradas... De vez en
+cuando, una galera de «ordinario» con el toldo
+chorreando; una vieja, cubierta la cabeza con
+su mantón de color de hoja seca; mulas engalanadas
+con guarnición de esparto azul y blanco,
+madroños rojos, cascabeles de plata, tirando
+de una carreta en las que las gentes de las
+masías van a misa; después, allá abajo, por
+entre los jirones de la bruma, una barca en el
+río y un pescador de pie, lanzando su esparavel.</p>
+
+<p>Imposible de todo punto leer en el camino
+aquel día. Llovía a torrentes, y la tramontana
+arrojaba el agua a cubos al rostro... Hice la caminata
+de un tirón, y después de andar tres
+horas, percibí a la postre ante mí los tres cipresitos
+en medio de los cuales guarécese del
+viento la comarca de Maillane.</p>
+
+<p>No andaba ni un gato por las calles de la
+aldea; todo el mundo estaba en misa mayor.
+Al pasar yo delante de la iglesia, zumbaba el
+piporro, y vi relucir los cirios a través de las
+policromas vidrieras.</p>
+
+<p>El poeta habita al final del término municipal;
+en la postrera casa a la izquierda, en el
+camino de Saint-Remy, una casita de un solo
+piso, con un jardín delante... Entro muy despacio...
+¡No hay nadie! La puerta del salón
+está cerrada, pero oigo que detrás de ella andan
+y hablan en alta voz... Conozco muchísimo
+ese paso y esa voz... Me detengo un instante
+en el corredorcito enjalbegado con cal,
+puesta la mano en el pestillo de la puerta, muy
+emocionado. El corazón me palpita. ¡Qué impresión!</p>
+
+<p>Ahí está. Trabaja... ¿Esperaré que termine
+la estrofa? ¡A fe mía, tanto peor! ¡Adentro!</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Ah, parisienses! Cuando el poeta de Maillane
+fue a visitar a ustedes para enseñar a París
+su <i>Mireya</i>, y vieron a ese Chactas con traje
+de ciudad, con cuello recto y sombrero alto,
+que le molestaba tanto como su gloria, creyeron
+que ése era Mistral... No; no era él. En todo
+el mundo no hay nada más que un Mistral, el
+que sorprendí yo el domingo último en su lugarejo,
+con el sombrero de fieltro de alas anchas
+en la oreja, sin chaleco, de chaquetón, con su
+roja faja catalana oprimiéndole los riñones, brillantes
+los ojos, con el fuego de la inspiración
+en las mejillas, hermoso con su dulce sonrisa,
+elegante como un pastor griego, y caminando
+ligero, con las manos en los bolsillos componiendo
+versos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Hola! ¿Tú aquí?&mdash;gritó Mistral, arrojándoseme
+de un salto al cuello.&mdash;¡Qué buena
+idea has tenido de venir!... Justamente, hoy
+es la fiesta de Maillane. Tenemos la música de
+Aviñón, toros, procesión, farándula; esto será
+magnífico... Mi madre volverá pronto de misa,
+almorzaremos y, después, a ver cómo bailan
+las muchachas bonitas.</p>
+
+<p>Mientras me hablaba, miré emocionado ese
+saloncito de papel claro, que hacía mucho tiempo
+que no había visto y donde he pasado ya
+tan hermosas horas. Todo estaba igual. Siempre
+el mismo sofá de cuadros amarillos, los dos
+sillones de paja, la Venus de Milo, y la Venus
+de Arlés en la chimenea, el retrato del poeta
+por Hébert, su fotografía por Esteban Carjat,
+y en un rincón, cerca de la ventana, el escritorio,
+una humilde mesita de oficial del registro,
+completamente atestada de librotes viejos
+y de diccionarios. En medio de esa mesa de
+despacho, había un gran cuaderno abierto...
+Era <i>Calendal</i>, el nuevo poema de Federico Mistral,
+que verá la luz pública este año el día de
+Navidad. Hacía siete años que Mistral trabajaba
+en ese poema, y cerca de seis meses que
+escribió el último verso; sin embargo, todavía
+no se decide a separarse de él. Es claro, siempre
+hay una estrofa que concluir, una rima
+más sonora que encontrar... Aunque Mistral
+escribe en provenzal, pule sus versos como si
+todos pudieran leerlos en ese idioma y tenerle
+en cuenta sus esfuerzos de buen obrero... ¡Oh,
+valiente poeta! De Mistral hubiera podido también
+decir Montaigne: Acuérdense de aquél a
+quien, como le preguntasen por qué se tomaba
+tanto trabajo en un arte que sólo podía llegar
+a conocimiento de reducido número de personas,
+respondió: «Pocas necesito. Me basta una.
+Tengo suficiente con ninguna.»</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Tenía yo en las manos el cuaderno de <i>Calendal</i>,
+y hojeábalo profundamente emocionado...
+Una banda de pífanos y tamboriles resonó
+de repente en la calle delante de la ventana, y
+he aquí Mistral que corre al armario, saca de
+él vasos y botellas, coloca la mesa en medio del
+salón, y abre la puerta a los músicos, diciéndome:</p>
+
+<p>&mdash;No debes reírte... Vienen a darme la alborada...
+Soy concejal.</p>
+
+<p>La gente invadió el saloncillo. Pusieron los
+tamboriles sobre las sillas, la vieja bandera en
+un rincón, y circuló el vino trasañejo. Después
+de consumir algunas botellas a la salud de
+don Federico, de conversar gravemente acerca
+de la fiesta, de si la farándula será tan bonita
+como el año anterior, de si serán bravos los
+toros, vanse los músicos a dar la alborada a
+casa de los demás regidores. En ese momento
+llega la madre de Mistral.</p>
+
+<p>En un momento ponen la mesa; un hermoso
+mantel blanco y dos cubiertos. Yo conozco la
+costumbre de la casa: sé que, cuando Mistral
+tiene convidados, su madre no se sienta a la
+mesa... La pobre anciana no habla más que
+el provenzal, y pasaría grandes angustias si
+tuviera que conversar con franceses... Por otra
+parte, hace falta en la cocina.</p>
+
+<p>¡Santo Dios, con qué comida más suculenta
+me obsequiaron aquella mañana! Un trozo de
+cabrito asado, queso de monte, mostillo, higos,
+uvas moscateles; todo ello rociado con ese exquisito
+<i>Château-neuf de los Papas</i>, de un color
+rojo tan precioso en los vasos...</p>
+
+<p>A los postres, voy a buscar el cuaderno del
+poema y lo pongo en la mesa delante de Mistral.</p>
+
+<p>&mdash;Habíamos convenido en salir&mdash;dijo sonriéndose
+el poeta.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no! <i>¡Calendal! ¡Calendal!</i></p>
+
+<p>Mistral transige y con su voz musical y dulce,
+llevando el compás de los versos con la mano,
+empieza la lectura del primer canto:</p>
+
+<p class="poem">
+De una zagala loca de amor,<br />
+Ahora que ha dicho la desventura,<br />
+Cantaré, Dios mediante, un hijo de Cassis,<br />
+Un desgraciado pescador de anchoas...<br />
+</p>
+
+<p>Fuera oíase el tañido de las campanas tocando
+a vísperas, estallaban los cohetes en la
+plaza, pasaban y volvían a pasar pífanos y tamboriles
+por las calles. Mugían los toros de Camargue,
+conducidos para la lidia.</p>
+
+<p>Acodado en el mantel, con lágrimas en los
+ojos, escuché la historia del pescadorcillo provenzal.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Calendal es sólo un pescador; el amor lo
+transforma en héroe... Para conquistar el corazón
+de su amada, la hermosa Estérelle, acomete
+empresas milagrosas, y los doce trabajos
+de Hércules son nada si se comparan con los
+suyos.</p>
+
+<p>Una vez, como se le ocurriera hacerse rico,
+inventa formidables artes de pesca y arrastra
+al puerto todos los pescados del mar. Otra vez,
+va a retar en su propio nido de águilas a un
+terrible bandido de las gargantas de Ollionles,
+el conde Severan, entre sus matones y sus rufianes...
+¡Valiente mozo más templado es ese
+mocito Calendal! Un día tropieza en Sainte-Beaume
+con dos partidas de artesanos que habían
+ido allí a ventilar sus disputas a grandes
+golpes de compás, sobre el sepulcro del maestro
+Yago, un provenzal que construyó la armadura
+del templo de Salomón, si ustedes no
+se enojan. Calendal se lanza en medio de la
+carnicería y pone paz a los compañeros sólo
+con hablarles...</p>
+
+<p>¡Empresas sobrehumanas!... Allá arriba, en
+las peñas de Lure, existía un bosque de cedros
+inaccesibles, donde jamás leñador alguno
+se había atrevido a subir.</p>
+
+<p>Va Calendal y permanece allí treinta días
+completamente solo. Durante treinta días, óyese
+el ruido de su hacha, que resuena al hundirse
+en los troncos.</p>
+
+<p>Ruge la selva; uno tras otro caen los viejos
+árboles gigantescos y ruedan al fondo de los
+abismos, y cuando Calendal desciende, ya no
+queda ni un cedro en la montaña...</p>
+
+<p>Después de todo y como premio de tales hazañas,
+el pescador de anchoas obtiene el amor
+de Estérelle, y es nombrado cónsul por los habitantes
+de Cassis. Tal es la historia de Calendal.
+Pero, ¿qué importa Calendal? Lo que vive,
+sobre todo, en el poema, es la Provenza,
+la Provenza del mar, la Provenza de la montaña,
+con su historia, sus costumbres, sus tradiciones,
+sus paisajes, todo un pueblo candoroso
+y libre que ha encontrado su gran poeta
+antes de perecer...</p>
+
+<p>Y ahora, ¡tracen caminos de hierros, planten
+postes telegráficos, expulsen la lengua provenzal
+de las escuelas!</p>
+
+<p>¡Provenza ha de vivir eternamente en <i>Mireya</i>
+y en <i>Calendal</i>!</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>&mdash;¡Basta de poesía!&mdash;dijo Mistral, cerrando
+su cuaderno.&mdash;Es preciso ver la fiesta.</p>
+
+<p>Salimos. Todo el pueblo estaba en las calles;
+un ramalazo de cierzo había disipado las nubes
+del cielo, que brillaba alegremente sobre
+las rojas techumbres, mojadas por la lluvia.
+Llegamos a tiempo de presenciar la procesión
+que regresaba. Durante una hora fue aquello un
+interminable desfile de penitentes con capirotes,
+penitentes blancos, penitentes azules, penitentes
+grises, cofradías de mozas con velo,
+estandartes rojos con flores de oro, grandes imágenes,
+unas de madera desdoradas y conducidas
+en cuatro hombros, y otras de loza coloridas
+como ídolos con grandes ramos en la mano,
+capas de coro, incensarios, doseles de terciopelo
+verde, crucifijos rodeados de seda blanca;
+todo esto flameando al viento, entre la luz
+de los cirios y la del sol, en medio de salmos,
+de letanías y de las campanas, que no cesaban
+de tocar a rebato.</p>
+
+<p>Terminada la procesión y colocados nuevamente
+los santos en sus capillas, fuimos a ver
+los toros, más tarde los juegos en la era, las luchas
+de hombres, los tres saltos, el ahorcagato,
+el juego del odre y todo el divertido aparato de
+las fiestas provenzales... Caía la noche cuando
+regresamos a Maillane. En la plaza, frente al
+cafetín donde Mistral pasa las veladas jugando
+su partida con su amigo Zidore, habían encendido
+una hermosa hoguera... Organizábase la
+farándula. Faroles de papel recortado brillaban
+por todas partes entre la obscuridad; la juventud
+tomaba puesto, y en seguida, a un redoble
+de los tamboriles, comenzó alrededor de las
+llamas un corro desenfrenado, estrepitoso, que
+no había de cesar en toda la noche.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Después de cenar, sumamente rendidos de
+cansancio para correr de nuevo, subimos a la
+alcoba de Mistral. Es un modesto dormitorio
+de campesino, con dos grandes camas. Las paredes
+no están empapeladas; vense descubiertas
+las vigas del techo... Hace cuatro años,
+cuando la Academia concedió al autor de <i>Mireya</i>
+el premio de tres mil francos, ocurriósele
+a la señora Mistral una idea.</p>
+
+<p>&mdash;¿No te parece que empapelemos tu alcoba
+y le pongamos cielo raso?&mdash;preguntó a su
+hijo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No, no!&mdash;repuso Mistral.&mdash;Esto es el dinero
+de los poetas; no se le puede tocar.</p>
+
+<p>Y el dormitorio volvió a quedar desnudo. Pero
+mientras que duró el dinero de los poetas,
+los que han acudido a Mistral han encontrado
+abierta su bolsa...</p>
+
+<p>Me había yo llevado a la alcoba el manuscrito
+de <i>Calendal</i>, e instele para que me leyera
+otro pasaje antes de dormirme. Mistral eligió
+el episodio de la loza. En pocas palabras es el
+siguiente:</p>
+
+<p>Celebrábase una gran comida, no sé dónde.
+Ponen en la mesa una hermosa vajilla de loza
+de Moustiers. En el fondo de cada plato hay un
+asunto provenzal, dibujado en azul sobre el vidriado;
+allí está contenida toda la historia regional.</p>
+
+<p>Es digno de ver el hermoso amor con que
+está descrita esa hermosa vajilla de loza; una
+estrofa para cada plato, otros tantos pequeños
+poemas de un trabajo sencillo y erudito, acabados
+como una descripción de Teócrito.</p>
+
+<p>Cuando me recitaba Mistral sus versos en
+aquella hermosa lengua provenzal, latina en
+más de sus tres cuartas partes, hablada antiguamente
+por las reinas y que hoy sólo comprenden
+los frailes, admiraba yo en mi fuero
+interno a ese hombre. Y al pensar en el estado
+ruinoso en que halló su lengua materna y en
+lo que con ella ha hecho, imaginábame uno de
+esos vetustos palacios de los príncipes de Baux
+que se ven en los Alpilles: sin techo, sin balaustradas
+en las escalinatas, sin vidrios en las
+ventanas, quebrado el trébol de las ojivas, corroído
+por el moho el escudo de las puertas;
+gallinas picoteando en el patio de honor, cerdos
+hozando bajo las esbeltas columnillas de
+las galerías, el asno paciendo dentro de la capilla,
+donde crece la hierba, las palomas bebiendo
+en las grandes pilas de agua bendita,
+rebosantes de agua de lluvia, y finalmente, entre
+esos escombros dos o tres familias de labriegos
+que han construido chozas alrededor del
+vetusto palacio.</p>
+
+<p>Y después llega un día en que el hijo de uno
+de esos campesinos se enamora de esas grandes
+ruinas y se indigna al verlas profanadas de
+ese modo; a toda prisa arroja el ganado fuera
+del patio de honor, y viniendo en su ayuda las
+hadas, por sí solo reedifica la monumental escalera,
+vuelve a poner tableros en las paredes
+y vidrieras en los ventanajes, reconstruye las
+torres, vuelve a dorar la sala del trono y pone
+en pie el extenso palacio de otros tiempos, donde
+encontraron hospedaje papas y emperatrices.</p>
+
+<p>Ese palacio restaurado es la lengua provenzal.</p>
+
+<p>Mistral es ese hijo del campesino.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LAS_NARANJAS" id="LAS_NARANJAS"></a>LAS NARANJAS</h3>
+
+
+<p>Las naranjas tiene en París el triste aspecto
+de frutas caídas, que se toman junto a los árboles.
+Cuando llegan, en pleno invierno lluvioso
+y frío, su brillante corteza y su excesivo
+aroma, en estos países de sabores moderados,
+les dan un aire extraño, algo bohemio. Durante
+las noches de niebla, van tristemente costeando
+las aceras, amontonadas en sus carritos ambulantes,
+al mezquino fulgor de un farolillo de
+papel rojo. Un grito monótono y débil, perdido
+entre el rodar de los coches y el barullo de los
+ómnibus, les sirve de escolta.</p>
+
+<p>&mdash;¡A veinte céntimos naranjas de Valencia!</p>
+
+<p>Para las tres cuartas partes de los parisienses,
+ese fruto traído de muy lejos, de vulgar redondez,
+donde el árbol no ha dejado nada más
+que un insignificante pedúnculo verde, participa
+de la golosina, de la confitería. El papel
+de seda en que está envuelto, las festividades
+a que acompaña, contribuyen a dicha impresión.
+Cuando enero se aproxima, sobre todo,
+los millares de naranjas esparcidas por las calles,
+todas esas cáscaras arrojadas en el barro
+del arroyo, hacen pensar en algún gigantesco
+árbol de Navidad que sacudiese sobre París sus
+ramas cuajadas de frutas artificiales. No hay
+rincón alguno donde no se vean. Tras los limpios
+cristales de un escaparate, elegidas y adornadas;
+a la puerta de prisiones y asilos, entre
+paquetes de bizcochos y pequeños montones de
+manzanas; delante de los peristilos de los bailes
+y teatros los domingos. Y su exquisito aroma
+se confunde con el olor del gas, el chirrido
+de las mamparas, el polvo de las banquetas del
+paraíso. Hasta se olvida que hacen falta naranjos
+para producir las naranjas; pues, mientras
+que la fruta nos la envían directamente del
+Mediodía metida en cajones, el árbol de la estufa
+donde pasa el invierno, cortado, transformado,
+disfrazado, sólo una vez aparece, y durante
+breve tiempo, al aire libre en los paseos
+públicos.</p>
+
+<p>Para conocer bien las naranjas es necesario
+verlas en los países que las producen: en las
+islas Baleares, en Cerdeña, en Córcega, en Argelia,
+entre el aire azul dorado, en la tibia atmósfera
+del Mediterráneo. Jamás olvidaré un
+bosquecillo de naranjos que vi a las puertas de
+Blidah. ¡Allí sí que estaban hermosas! Entre
+el follaje obscuro, brillante, barnizado, las frutas
+tenían el lustre de vasos de color, y doraban
+el aire que las circundaba con esa aureola de
+esplendor que rodea a las flores de tonos vivos.
+Algunos claros permitían ver a través de las
+ramas las murallas de la reducida ciudad, el
+minarete de una mezquita, la cúpula de un
+marabut, y en lo alto la enorme masa del Atlas,
+verde en su base, nevada en la cima, como
+cubierta de blancas pieles, con cabrilleos, con
+la blancura de copos caídos.</p>
+
+<p>Estando yo allí, una noche, por no sé qué
+fenómeno desconocido desde treinta años atrás,
+aquella zona de escarchas invernales agitose sobre
+la ciudad dormida, y Blidah se despertó
+transformada, empolvada de blanco. En aquel
+aire argelino, tan tenue y tan puro, semejaba
+la nieve polvo de nácar, con reflejos de plumas
+de pavo real. Lo más hermoso era el bosque
+de naranjos. Las verdes hojas conservaban la
+nieve intacta y enhiesta como sorbetes encima
+de platillos de laca, y todos los frutos espolvoreados
+de escarcha ofrecían una entonación
+suave y espléndida, una irradiación discreta,
+como el oro velado por transparentes telas
+blancas. Aquello producía la vaga impresión de
+una fiesta de iglesia, de sotanas rojas bajo albas
+de encajes, de dorados de altares rodeados de
+randas de hilo...</p>
+
+<p>Sin embargo, mis más gratos recuerdos en
+materia de naranjas proceden de Barbicaglia,
+un gran jardín junto a Ajaccio, donde pasaba
+yo la siesta durante las horas de calor. Los naranjos,
+más altos y espaciados allí que en Blidah,
+llegaban hasta el camino, solamente separado
+del huerto por un seto vivo y una zanja.
+El mar, el inmenso mar azul, extendía su
+vasta planicie inmediatamente después del
+huerto. ¡Qué buenas horas he pasado en ese
+jardín! Por cima de mi cabeza, los naranjos
+florecidos y con fruto quemaban los aromas de
+sus esencias. Una naranja madura desprendíase
+del árbol, de vez en cuando, cayendo junto
+a mí, como aletargada por el calor, con un
+ruido mate y sin eco en la tierra apelmazada.
+Para apoderarme de ella, me bastaba extender
+la mano. Eran soberbias frutas, de un rojo purpúreo
+en su interior. Parecíanme exquisitas, y
+después ¡era tan hermoso el horizonte! Por entre
+las hojas percibíase el mar, en espacios azules
+deslumbradores como trozos de vidrio roto
+que espejearan entre las brumas del aire. Al
+mismo tiempo que eso, el movimiento del oleaje
+conmoviendo la atmósfera a grandes distancias,
+ese acompasado murmullo que nos mece
+como en una barca invisible, el calor, el olor
+de las naranjas... ¡Ah, qué bien se podía dormir
+en el huerto de Barbicaglia!</p>
+
+<p>No obstante, en ocasiones, en el momento
+más grato de la siesta, despertábanme sobresaltado
+redobles de tambor. Eran infelices músicos
+militares que ensayaban allá abajo, en el
+camino. A través de los claros del seto brillaba
+el cobre de los tambores y veía yo los grandes
+mandiles blancos encima del pantalón encarnado.
+Para guarecerse un poco de la cegadora
+luz que el polvo del camino les enviaba de reflejo
+despiadadamente, situábanse los pobres
+diablos junto al jardín, en la breve sombra del
+seto. ¡Y valiente barullo el que armaban, y asfixiante
+calor el que sufrían! Entonces, saliendo
+por fuerza de mi hipnotismo, me entretenía
+arrojándoles algunos de esos hermosos frutos
+de oro rojo que pendían al alcance de mi mano.
+El tambor a quien apuntaba se detenía. Un
+minuto de vacilación, una mirada en torno para
+averiguar de dónde vendría la soberbia naranja
+que rodaba hasta él por la zanja; recogíala
+después con ligereza y mordía a boca llena,
+sin mondarla siquiera.</p>
+
+<p>Recuerdo además que cerca de Barbicaglia,
+y separado solamente por una tapia baja, había
+un jardinillo bastante extraño, que dominaba
+yo desde la altura en que estaba. Era un
+rincón de tierra, de vulgar diseño. Sus calles,
+de brillante arena, encintadas de verdísimo boj,
+los dos cipreses de su puerta de entrada, dábanle
+apariencia de una casa de campo marsellesa.
+Ni una línea de sombra. En el fondo, un
+blanco edificio de piedra, con ventanas de sótano
+al ras del suelo. Al pronto creí que era
+una quinta; pero, después de mirar con más
+detenimiento, la cruz que la remataba y una
+inscripción grabada en la piedra, y cuyo texto
+no distinguía, me hicieron reconocer una tumba
+de familia corsa. En las inmediaciones de
+Ajaccio hay muchas de esas capillitas mortuorias,
+que se alzan solitarias rodeadas de jardines.
+La familia acude allí los domingos a visitar
+a sus muertos. Comprendida de ese modo
+la muerte, es menos triste que entre la confusión
+de los cementerios. Sólo pasos amigos turban
+el silencio.</p>
+
+<p>Desde mi sitio contemplaba yo las idas y venidas
+de un anciano que circulaba tranquilamente
+por las alamedas. Todo el día estaba podando
+los árboles, cavando, regando, cortando
+las flores marchitas con minucioso esmero.
+Después, a la caída del sol, entraba en la capillita
+donde yacían los difuntos de su familia,
+guardaba los azadones, los rastrillos, las grandes
+regaderas, todo esto tranquilamente, con
+la serenidad de un jardinero de cementerio. No
+obstante, sin darse cuenta de ello, ese buen
+hombre trabajaba con cierto recogimiento, acallando
+los ruidos y con la puerta de la bóveda cerrada
+siempre discretamente, cual si abrigara el
+temor de despertar a alguno. En medio de aquel
+silencio absoluto, el arreglo del jardinillo no turbaba
+ni a un ave, y su vecindad nada tenía
+de triste; pero el mar parecía así más inmenso,
+el cielo más alto, y en aquella siesta interminable
+trascendía en torno de ella el sentimiento
+del descanso eterno, entre la naturaleza embriagadora,
+abrumadora, pletórica de vida.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EN_MILIANAH" id="EN_MILIANAH"></a>EN MILIANAH</h3>
+
+<p class="cabeza">NOTAS DE VIAJE</p>
+
+
+<p>Voy a conducir a ustedes ahora a una linda
+y pequeña ciudad de Argelia, a doscientas o
+trescientas leguas del molino, para que pasen
+allí el día... Esto nos hará cambiar un poco
+de tantos tamboriles y cigarras...</p>
+
+<p>...Amenaza lluvia; el cielo está gris, la bruma
+envuelve las crestas del monte Zaccar. Domingo
+triste... En mi cuartito de fonda, cuya
+ventana da a las murallas árabes, procuro distraerme
+encendiendo cigarrillos... Toda la biblioteca
+de la hospedería ha sido puesta a mi
+disposición; entre una historia muy detallada
+del censo de la población y algunas novelas de
+Paul de Kock, encuentro un tomo descabalado
+de Montaigne... Abro el libro por donde él
+quiere abrirse, y vuelvo a leer la admirable carta
+en que describe el autor la muerte de La
+Boétie... Heme aquí tan meditabundo y sombrío
+como jamás lo estuve... Caen algunas gotas
+de lluvia. Cada gota, al caer sobre el reborde
+de la ventana, dibuja una ancha estrella
+en el polvo amontonado allí desde las lluvias
+del año último. El libro se me cae de las manos
+y durante largo tiempo contemplo aquella
+estrella melancólica...</p>
+
+<p>Dan las dos en el reloj de la ciudad, un antiguo
+<i>marabut</i>, cuyas frágiles paredes blancas
+percibo desde aquí... ¡Pobre diablo de <i>marabut</i>!
+¿Quién le hubiese dicho hace treinta años
+que un día tenía que sostener en medio del
+pecho una gran esfera municipal, y que todos
+los domingos a las dos en punto daría la señal
+a todas las iglesias de Milianah para tocar a
+vísperas?... ¡Tilín, talán! Ya han sido echadas
+a vuelo las campanas... Tenemos para rato...
+Decididamente, esta habitación es triste.
+Las grandes arañas de la mañana, que inspiran
+pensamientos filosóficos, han fabricado sus
+telas en todos los rincones... Vamos fuera.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Al llegar a la plaza mayor, la música del
+tercero de línea, que no se intimida por un poco
+de lluvia, va a colocarse en torno de su director.
+El general y sus hijas se asoman a una
+de las ventanas de la comandancia; en la plaza,
+el subprefecto se pasea de un lado para el
+otro, agarrado al brazo del juez de paz. Media
+docena de chiquillos árabes medio desnudos juegan
+a las bochas en un rincón, gritando desaforadamente.
+Allá abajo, acude un harapiento
+judío viejo a tomar un rayo de sol que ayer había
+dejado en aquel sitio, y queda sorprendido
+al no encontrarlo ya... «Uno, dos, tres: empiecen.»
+La música ejecuta una antigua mazurka
+de Talexy, que tocaban los organillos el invierno
+último debajo de mis ventanas. En otra
+época me aburría aquella mazurka; hoy me
+conmueve hasta hacer brotar mis lágrimas.</p>
+
+<p>¡Oh, son muy dichosos los músicos del tercero!
+Fijos los ojos en las semicorcheas, ebrios
+de ritmo y de ruido, sólo piensan en contar
+sus compases. Su alma, toda su alma está en
+esa cuartilla de papel como la palma de la mano,
+que tiembla en la punta del instrumento,
+sujeta por dos dientes de cobre. «Uno, dos,
+tres: empiecen.» A eso lo reducen todo esas
+gentes sencillas; los aires nacionales que tocan,
+jamás les producen nostalgia... ¡Ay! A mí, que
+no soy de la charanga, aquella música me entristece
+y me alejo...</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¿Dónde pasaré distraído esta tarde gris dominguera?
+¡Está bien! La tienda de Sid'Omar
+se encuentra abierta... Entremos en casa de
+Sid'Omar.</p>
+
+<p>Sid'Omar tiene tienda y, sin embargo, no
+es tendero. Es un príncipe de la sangre, hijo
+de un antiguo bey de Argel, a quien estrangularon
+los genízaros... A la muerte de su padre,
+Sid'Omar refugiose en Milianah con su
+madre, a quien adoraba, y allí residió algunos
+años como un gran señor filósofo, rodeado de
+sus lebreles, sus halcones, sus caballos y sus
+mujeres, en hermosos palacios muy frescos,
+llenos de naranjos y de fuentes. Vinieron los
+franceses. Sid'Omar fue al principio enemigo
+nuestro y aliado de Abd-el-Kader, pero concluyó
+por reñir con el emir y se sometió. El
+emir, para tomar venganza, entró en Milianah
+estando ausente Sid'Omar, saqueó sus palacios,
+taló sus naranjales, apoderose de los caballos
+y de las mujeres e hizo aplastar la garganta
+de su madre con la tapa de un arcón...
+La cólera de Sid'Omar fue terrible; alistose en
+seguida al servicio de Francia, y mientras duró
+nuestra guerra contra el emir no hubo un soldado
+mejor ni más bravo que él. Concluida la
+guerra, Sid'Omar regresó a Milianah; pero,
+aun hoy, cuando se habla de Abd-el-Kader en
+su presencia, palidece y le relampaguean los
+ojos.</p>
+
+<p>Sid'Omar tiene sesenta años, y a pesar de
+la edad y de la viruela, conserva la hermosura
+del rostro: grandes pestañas, mirada de mujer,
+una sonrisa seductora, modales de príncipe.
+Arruinado por la guerra, sólo le queda de su
+antigua opulencia, una granja en la llanura de
+Chélif y una casa en Milianah, donde vive muy
+modestamente con sus tres hijos educados a
+su vista. Los jefes indígenas le profesan gran
+veneración... Cuando hay discusiones, someten
+a su deliberación los asuntos que las provocan,
+y su juicio es casi siempre ley. Sale poco; puede
+vérsele todas las tardes en una tienda adjunta
+a su casa y que da a la calle. El mobiliario
+de esa estancia no es rico; paredes blancas enlucidas
+con cal, un banco circular de madera,
+cojines, largas pipas, dos braseros... Ahí recibe
+Sid'Omar en audiencia y administra justicia.
+Un Salomón de tienda.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>El concurso es numeroso hoy, domingo. En
+torno de la sala están en cuclillas una docena
+de jefes, arrebujados en sus albornoces. Cada
+uno de ellos tiene junto a sí una gran pipa y
+una tacita de café en una fina huevera de filigrana.
+Entro; todos permanecen inmóviles y
+atentos... Desde su sitio, Sid'Omar me saluda
+con su más encantadora sonrisa, y me invita
+con la mano a sentarme junto a él, en un gran
+almohadón de seda amarilla; después, con un
+dedo en los labios, me aconseja que escuche.</p>
+
+<p>El caso es el siguiente. El caíd de los Beni-Zugzugs
+tuvo algunas cuestiones con un judío
+de Milianah a causa de un lote de terreno, cuya
+propiedad se disputaban; las dos partes convinieron
+en llevar el litigio ante Sid'Omar y
+someterse a su fallo. Citáronse para el mismo
+día, así como a los testigos; de pronto, el judío
+varía de opinión y viene solo, sin testigos, a
+manifestar que prefiere someterse al fallo del
+juez de paz de los franceses que al de Sid'Omar... En esto estaba el asunto cuando yo
+llegué.</p>
+
+<p>El judío, un anciano de barba terrosa, túnica
+de color castaño y gorro de terciopelo, levanta
+al cielo el rostro, pone ojos suplicantes,
+besa las babuchas de Sid'Omar, inclina la cabeza,
+se arrodilla, junta las manos... No entiendo
+el árabe; pero por la pantomima del judío,
+por sus palabras <i>juez de paz, juez de paz</i>,
+que repite frecuentemente, adivino este discurso:</p>
+
+<p>Confiamos en la rectitud de Sid'Omar, Sid'Omar es prudente,
+Sid'Omar es justo... Sin
+embargo, el juez de paz resolverá mucho mejor
+esta cuestión.</p>
+
+<p>El auditorio se indigna, pero permanece impasible,
+como árabe que es... Sid'Omar, dios de
+la ironía, se sonríe escuchando, reclinado en
+su almohadón, con la mirada abstraída y la boquilla
+de ámbar entre sus labios. De pronto, en
+lo mejor de su perorata, el judío se ve cortado
+por un enérgico ¡cáspita! que le hace enmudecer;
+al mismo tiempo, un colono español,
+que está presente como testigo del caíd, abandona
+su puesto, y aproximándose al Iscariote le
+suelta un chaparrón de insultos en todos los
+idiomas y de todos colores, entre otros, cierto
+vocablo francés sumamente ofensivo... El hijo
+de Sid'Omar, que comprende el francés, se ruboriza
+al oír semejante palabra delante de su
+padre, y se marcha de la sala. Fijémonos en
+este rasgo de la educación árabe. El auditorio
+prosigue impasible y Sid'Omar siempre risueño.
+El judío se levanta y dirígese a la puerta
+andando hacia atrás, temblando de miedo, pero
+sin dejar de repetir a más y mejor su eterno
+<i>juez de paz, juez de paz</i>... Sale. El español
+lánzase furioso tras él, lo alcanza en la calle, y
+¡pim, pam! por dos veces lo abofetea en los
+carrillos... El Iscariote se arrodilla con los brazos
+en cruz... El español, un poco avergonzado,
+vuelve a entrar en la tienda... Al verlo se
+levanta el judío y pasea una mirada socarrona
+por la abigarrada multitud que lo rodea. Vense
+gentes de todas razas; malteses, mahoneses,
+negros, árabes, todos unidos por el odio a los
+judíos y gozosos porque han maltratado a uno...
+El Iscariote vacila un instante; después, agarrando
+a un árabe por la tela del albornoz, exclama:</p>
+
+<p>&mdash;Tú lo viste, Achmed, tú lo viste... Tú estabas
+delante... El cristiano me maltrató... Serás
+testigo... bien... bien... Serás testigo.</p>
+
+<p>El árabe le obliga a soltar el albornoz y rechaza
+al judío... No sabe nada, no ha presenciado
+nada: cabalmente en aquel momento miraba
+a otro lado.</p>
+
+<p>&mdash;Tú, sí, Kaddur, tú lo has visto... has visto
+al cristiano cuando me pegó&mdash;grita el infeliz Iscariote
+a un negrazo que está mondando un
+higo chumbo.</p>
+
+<p>El negro manifiesta su desprecio, escupiendo
+y se marcha; no ha visto nada... Tampoco ha
+visto nada ese muchacho maltés, cuyos ojos de
+carbón brillan maliciosos bajo su birreta. Tampoco
+ha visto nada aquella mahonesa de tez
+de ladrillo que se aleja riéndose con la cesta
+de granadas encima de la cabeza...</p>
+
+<p>Aunque el judío grita, ruega y brujulea, ¡ni
+un testigo!... Nadie ha visto nada... Afortunadamente,
+dos de sus correligionarios pasan entonces
+por la calle, con las orejas gachas, arrimados
+a las paredes. El judío los ve.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pronto, pronto, hermanos! ¡A prisa, al
+agente de negocios! ¡A prisa, al <i>juez de paz</i>!...
+Ustedes lo han visto, ustedes... ¡Han visto que
+han maltratado al viejo!</p>
+
+<p>¿Que si lo han visto?... ¡Ya lo creo!</p>
+
+<p>...Gran movimiento en la tienda de Sid'Omar... El cafetero llena las tazas, enciende
+otra vez las pipas. Charlan, se ríen a más y
+mejor. ¡Es tan divertido ver zurrarle la badana
+a un judío!... En medio de la zambra y del
+humo, me acerco despacio a la puerta; siento
+deseos de ir a rondar un poco por la judería,
+para saber qué impresión ha producido a los
+correligionarios del Iscariote la afrenta hecha
+a su hermano...</p>
+
+<p>&mdash;Venga a comer esta tarde, señor&mdash;me grita
+el bueno de Sid'Omar.</p>
+
+<p>Acepto, doy las gracias y me marcho.</p>
+
+<p>Todo el mundo anda alborotado en el barrio
+judío. El asunto ha producido ya mucho ruido.
+No hay nadie en los tenduchos. Bordadores,
+sastres, guarnicioneros, todo Israel se ha
+echado a la calle... Los hombres, con gorro de
+terciopelo y medias de lana azul, gesticulando
+en grupos, con mucha algazara... Las mujeres,
+desencajadas, abotagadas, tiesas como ídolos
+de madera, con sus faldas escurridas, con peto
+de oro y el rostro rodeado por cintas negras,
+mézclanse uno y otro grupo chillando como gatas...
+En el momento de llegar yo, se arremolina
+la muchedumbre... Apoyado en sus testigos,
+el judío, personaje principal de la comedia,
+pasa por entre dos setos de gorros, bajo
+una lluvia de exhortaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Toma venganza, hermano; vénganos, venga
+al pueblo judío. Nada temas; la ley está en
+favor tuyo.</p>
+
+<p>Un horrible enano, hediendo a pez y a suela
+vieja, se acerca a mí con aire gemebundo, y
+suspirando fuertemente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya lo ves!&mdash;me dice.&mdash;¡Cómo nos tratan
+a los pobres judíos! ¡Es un viejo! Mira.
+Poco ha faltado para que lo maten.</p>
+
+<p>No cabe duda de que el pobre Iscariote está
+más muerto que vivo. Pasa por delante de mí,
+con la vista apagada y el semblante descompuesto;
+no andando, sino arrastrándose... Sólo
+una fuerte indemnización puede curarlo; así es
+que no lo llevan a casa del médico, sino a la
+del agente de negocios.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>En Argelia hay muchos agentes de negocios,
+casi tantos como langostas. Puede creerse que
+el oficio es bueno. De todos modos tiene la ventaja
+de que en él se puede entrar a la pata la
+llana, sin estudios, ni fianza, ni avecindamiento.
+Como en París nos hacemos literatos, en
+Argelia se hacen agentes de negocios. Sólo se
+necesita saber un poco de francés, español y
+árabe, llevar siempre un código en el bolsillo,
+y tener, especialmente, el temperamento de la
+profesión.</p>
+
+<p>Las funciones del agente son muy diversas:
+sucesivamente abogado, procurador, corredor,
+perito, intérprete, tenedor de libros, comisionista,
+escribiente de portal, es el maestro Yago
+de la colonia. Pero Harpagón no tenía más
+que uno, y la colonia tiene muchos más de los
+que ha menester. Sólo en Milianah se cuentan
+por docenas. Para evitar los gastos de oficina,
+esos señores reciben generalmente a sus clientes
+en el café de la plaza mayor, y celebran
+sus consultas&mdash;¿puede decirse que las celebran?&mdash;entre
+el ajenjo y otra bebida.</p>
+
+<p>El digno Iscariote encamínase al café de la
+plaza mayor, acompañado de sus dos testigos.
+No vayamos tras de ellos.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Cuando abandono el barrio judío, paso por
+delante de la oficina árabe. Desde fuera, con
+su tejado de pizarra y el pabellón francés ondeando
+encima, podía tomársele por una alcaldía
+rural. Conozco al intérprete; entremos a
+fumar con él un cigarrillo. ¡Pitillo tras pitillo
+concluiré por matar este domingo sin sol!</p>
+
+<p>Numerosos árabes andrajosos ocupan el patio
+que precede a la oficina. Hay allí, haciendo antecámara,
+una cincuentena, agachados a lo largo
+de las paredes, arrebujados en sus albornoces.
+Aquella antecámara beduina, aunque está
+al aire libre, despide fuerte olor a piel humana.
+Pasemos pronto de largo... En la oficina veo al
+intérprete enfrascado con dos grandes vocingleros
+completamente desnudos bajo largas
+mantas mugrientas, y narrando con airada mímica
+no sé qué historia de un rosario robado.
+Tomo asiento en un rincón, sobre una estera
+y miro... Bonito traje el del intérprete. ¡Y qué
+bien le sienta al intérprete de Milianah! Parecen
+pintiparados el uno para el otro. El vestido
+es azul celeste con alamares negros y relucientes
+botones de oro. El intérprete es rubio,
+rosado, pelo rizado; un lindo húsar azul, bien
+humorado e ingenioso; un poco parlanchín,
+¡habla tantas lenguas! un poco escéptico, ¡ha
+conocido a Renán en la escuela orientalista!
+gran aficionado al <i>sport</i>, tan satisfecho en el
+vivac árabe como en las veladas de la subprefectura,
+bailarín como nadie y que hace el <i>cuscús</i>
+como cualquiera. Parisiense en una palabra;
+tal es mi hombre, y no es extraño que las
+mujeres se pirren por él. En cuanto a <i>dandysmo</i>,
+no tiene más que un rival: el sargento de
+la oficina árabe. Este, con su levita de paño
+fino y sus polainas con botones de nácar, causa
+la desesperación y la envidia a toda la guarnición.
+Destacado en la oficina árabe, está rebajado
+del servicio de cuartel y siempre se le
+ve en la calle, de guante blanco, recién rizado,
+con grandes cartapacios bajo el brazo. Es admirado
+y temido. Es una autoridad.</p>
+
+<p>No hay duda; aquella historia del rosario robado
+lleva trazas de no acabarse nunca. ¡Buenas
+tardes! No espero el final.</p>
+
+<p>Al marcharme, está en efervescencia la antecámara.
+La muchedumbre rodea a un individuo
+de elevada estatura, pálido, altivo, envuelto en
+un albornoz negro. Ese hombre había luchado
+ocho días antes con una pantera en el Zaccar.
+La pantera fue muerta, pero el hombre sacó
+medio brazo devorado. Va diariamente a la
+oficina árabe para hacer que le curen, y siempre
+lo detienen en el patio para oírle referir su
+historia. Habla lentamente y con una hermosa
+voz gutural. De vez en cuando entreabre el
+albornoz y muestra, pegado al pecho, el brazo
+izquierdo arrebujado en trapos ensangrentados.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Tan pronto como llego a la calle, estalla una
+violenta tempestad. Lluvia, truenos, relámpagos,
+viento siroco... Pronto, a refugiarse en
+cualquier sitio. Me meto por una puerta, al
+acaso, y me encuentro rodeado de una camada
+de bohemios, amontonados bajo los arcos de un
+patio morisco. Ese patio es una dependencia de
+la mezquita de Milianah; es el refugio habitual
+de la piojería árabe, y se llama el <i>patio de los
+pobres</i>.</p>
+
+<p>Grandes y escuálidos lebreles, llenos de miseria,
+se acercan dando vueltas en torno mío
+con aire amenazador. Pegado a uno de los pilares
+de la galería, procuro conservar buen continente,
+y sin hablar con nadie, contemplo la
+lluvia que rebota en las losas de colores del
+patio. Los bohemios están en el suelo, tendidos
+en grupos. Junto a mí, una mujer joven
+y casi guapa, con la garganta y las piernas desnudas,
+con grandes brazaletes de hierro en las
+muñecas y en los tobillos, canta un aire exótico,
+de tres notas melancólicas y nasales. Mientras
+canta, da de mamar a un niño pequeño completamente
+desnudo, de color broncíneo rojo, y
+con el brazo que le queda libre, machaca cebada
+en un mortero de piedra. La lluvia, empujada
+por un viento cruel, inunda a veces las
+piernas de la madre y el cuerpo de su mamoncillo.
+La bohemia no repara en ello y prosigue
+su cántico con las rachas, mientras que muele
+cebada y da el pecho.</p>
+
+<p>Cesa la tempestad... Aprovechándome de un
+claro, me apresuro a abandonar aquella corte
+de los milagros y encamínome al banquete de
+Sid'Omar; ya es hora... Al cruzar la plaza mayor,
+he vuelto a encontrar al viejo judío de antes.
+Se apoya en su agente de negocios; los
+testigos caminan alegres detrás de él; una banda
+de asquerosos chicuelos judíos salta alrededor.
+El agente se encarga de arreglar el asunto. Pedirá
+ante el tribunal una indemnización de dos
+mil francos.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>En casa de Sid'Omar me obsequian con una
+comida espléndida. El comedor da a un elegante
+patio morisco, donde murmuran dos o tres fuentes...
+Magnífica comida a la turca, que no vacilo
+en recomendar al barón Brisse. Entre otros
+platos, mencionaré un pollo con almendras, un
+alcuzcuz con vainilla, una tortuga con jugo de
+carne, algo pesado, pero de sabor exquisito, y
+bizcochos con miel, llamados <i>bocadillos del Kadí</i>...
+No se sirven más vinos que champaña. A
+pesar de la ley musulmana, Sid'Omar bebe un
+poco de él, cuando los criados no pueden verlo...
+Al concluir la comida, pasamos a la habitación
+de nuestro huésped, donde nos ofrecen dulces,
+pipas y café... El mueblaje de este dormitorio
+es sencillísimo: un diván, algunas esteras; al
+fondo, un gran lecho altísimo sobre el cual hay
+almohaditas rojas bordadas de oro... Pende de
+la pared una antigua pintura turca representando
+las proezas de cierto almirante Hamadí. A
+juzgar por la muestra, en Turquía los pintores
+no emplean más que un color en cada cuadro;
+en este cuadro se ha utilizado el verde. El mar,
+el cielo, los navíos, el mismo almirante Hamadí,
+todo es verde, ¡y qué verde!...</p>
+
+<p>La costumbre árabe exige retirarse temprano.
+Después de tomar el café y de fumadas las
+pipas, saludo a mi anfitrión y lo dejo con sus
+mujeres.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¿Dónde acabaré de pasar la velada? Es muy
+temprano para acostarme, los clarines de los
+<i>spahis</i> no han tocado todavía retreta. Además,
+los cojines de oro de Sid'Omar bailan en torno
+mío fantásticas farándulas que no me dejarían
+dormir... Estoy delante del teatro; entraré un
+momento.</p>
+
+<p>El teatro de Milianah no es otra cosa que
+un antiguo almacén de forrajes, transformado
+bien o mal en sala de espectáculos. Enormes
+quinqués que se llenan de aceite durante los
+entreactos, hacen oficio de arañas. La cazuela
+está de pie, la orquesta en bancos. Las galerías
+están muy orgullosas porque tienen sillas
+de paja... Rodea a la sala un largo pasillo, obscuro,
+sin entarimar. Parece que se está en la
+calle, nada falta para ello... La función había
+ya empezado cuando entré. Con gran extrañeza
+por mi parte, los actores no son malos, me
+refiero a los hombres; tienen arranque, vida...
+Casi todos ellos son aficionados, soldados del
+3º; el regimiento está orgulloso con esto y va
+todas las noches a aplaudirlos.</p>
+
+<p>Respecto a las mujeres, ¡ay!... son ahora y
+siempre ese eterno femenino de los teatros de
+provincias, presuntuoso, amanerado, ficticio...
+A pesar de todo, entre estas damas hay dos que
+me interesan; dos judías de Milianah, jovencitas,
+que pisan la escena por primera vez... Los
+padres están en la sala y parecen encantados.
+Están convencidos de que sus hijas van a ganar
+miles de duros en ese comercio. La leyenda de
+la Raquel, israelita, millonaria y cómica, se ha
+extendido ya mucho entre los judíos del Oriente.</p>
+
+<p>No hay nada más cómico y enternecedor que
+esas dos jóvenes judías en las tablas. Están
+atemorizadas en un rincón del escenario, empolvadas,
+pintadas, despechugadas y tiesas.
+Tienen frío, se avergüenzan. De vez en cuando
+dicen una frase sin comprenderla, y mientras
+hablan, sus ojazos hebreos contemplan al público
+con estupor.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Salgo del teatro... Todo está entre tinieblas.
+En un extremo de la plaza, oigo gritos. Acaso
+algunos malteses en vías de explicarse a navajazos.</p>
+
+<p>Me encamino lentamente a la fonda, a lo
+largo de las murallas. De la llanura suben embriagadores
+aromas de naranjos y de tuyas. El
+aire es tibio, el cielo casi diáfano... Allá abajo,
+al extremo del camino, yérguese un viejo fantasma
+de paredón, resto de algún vetusto templo.
+Ese muro es sagrado; todos los días acuden
+a él mujeres árabes a colgarle <i>ex votos</i>, jirones
+de jaiques y de otras prendas, largas
+trenzas de cabellos rubios sujetos con hilillo de
+plata, trozos de albornoz... Al tibio soplo de
+la noche, y bajo un pálido rayo de luna vese
+ondular ese abigarrado pendón de la estulticia
+humana.</p>
+
+
+
+<h3><a name="LA_LANGOSTA" id="LA_LANGOSTA"></a>LA LANGOSTA</h3>
+
+
+<p>Consignaré otro recuerdo de Argelia, y regresaré
+en seguida al molino...</p>
+
+<p>La noche de mi llegada a aquella granja del
+Sahel, me era imposible dormir. La novedad
+del país, la molestia del viaje, el aullar de los
+chacales y sobre todo un calor enervante, abrumador,
+una completa sofocación, como si las
+mallas de la mosquitera no permitiesen pasar
+un soplo de aire... Al abrir, de madrugada, la
+ventana, una bruma de estío, densa y moviéndose
+lentamente, ribeteada de negro y rosa en
+los bordes, flotaba en los aires como una nube
+de humo de pólvora sobre un campo de batalla.
+No se movía una hoja, y en esos frondosos
+jardines que tenía ante mis ojos, las viñas
+espaciadas sobre las laderas bajo espléndido sol
+que azucara los vinos, los pequeños naranjos,
+los mandarineros en interminables filas microscópicas,
+todo conservaba el mismo aspecto mohíno,
+aquella inmovilidad de hojas en espera de
+la tempestad. Los mismos bananeros, esos extensos
+cañaverales de un color verde claro, agitados
+siempre por alguna brisa que enmaraña
+su fina cabellera tan leve, alzábanse silenciosos
+y derechos, como penachos bien puestos en su
+sitio.</p>
+
+<p>Permanecí un momento contemplando aquella
+maravillosa vegetación, donde estaban reunidos
+todos los árboles del mundo, produciendo
+cada cual en su estación respectiva, flores y
+frutos exóticos. Entre los campos de trigo y
+los macizos de alcornoques, plateaba una corriente
+de agua fresca, que agradaba contemplar
+en esa asfixiante madrugada, y admirando
+a un tiempo el lujo y el orden de esas cosas,
+aquella hermosa quinta con sus arcos moriscos,
+sus terrazas completamente blancas, de flor de
+espino, las cuadras y los cobertizos agrupados
+en torno, recordaba yo que veinte años antes,
+cuando aquellas intrépidas gentes se habían
+instalado en ese valle del Sahel, no habían encontrado
+más que una mala casilla de peón caminero
+y un terreno inculto, erizado de palmeras
+enanas y lentiscos. Fue necesario crearlo
+y construirlo todo. A cada instante, levantamiento
+de árabes. Había que abandonar el arado
+para disparar. Después, las enfermedades,
+oftalmías, fiebres, la escasez de cosechas, los
+tanteos de la inexperiencia, la lucha con una
+administración ciega y siempre flotante. ¡Cuántos
+esfuerzos! ¡Qué de fatigas! ¡Qué vigilancia
+más perseverante!</p>
+
+<p>Ahora, todavía, a pesar de haber pasado los
+malos tiempos y de la fortuna con tantos esfuerzos
+adquirida, ambos, el hombre y la mujer,
+eran quienes se levantaban primero en la granja.
+A aquella hora matutina, oía sus idas y
+venidas por las grandes cocinas de la planta
+baja, vigilando el café de los trabajadores.
+No tardó en sonar una campana, y un momento
+después los obreros desfilaron por el
+camino. Viñadores de Borgoña; labradores kabilas
+con fez rojo; peones mahoneses, con
+las piernas al descubierto; malteses y luqueses;
+todo un pueblo heterogéneo, difícil de
+dirigir. El hacendado, ante la puerta, distribuía
+a cada uno de ellos su tarea de la jornada,
+con voz breve y algo dura. Cuando terminó
+el buen hombre, levantó la cabeza y escudriñó
+el cielo con desasosiego; después, al
+verme en la ventana, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mal tiempo hace para el cultivo... va a
+soplar el siroco.</p>
+
+<p>Efectivamente, a medida que se alzaba el sol,
+llegaban del Sur hasta nosotros bocanadas de
+aire cálido y asfixiante, como si viniesen de la
+puerta de un horno abierta y vuelta a cerrar.
+No se sabía adónde guarecerse, ni cómo evitar
+la angustia. Así transcurrió toda la mañana.
+Tomamos el café sobre las esteras de la galería,
+sin tener ánimo para hablar ni movernos.
+Los perros, estirándose y buscando la frescura
+de las losas, tumbábanse fatigados. El almuerzo
+nos reanimó un poco, un almuerzo abundante
+y extraño, compuesto de carpas, truchas, jabalí,
+erizo, manteca Stanelí, vinos de Crescia,
+guayabas, bananas, manjares exóticos, cuyo
+conjunto semejaban a la naturaleza tan compleja
+que nos rodeaba... Estábamos a punto de
+levantarnos de la mesa, cuando de repente, por
+la puerta-ventana, cerrada para resguardarnos
+del calor del jardín hecho un ascua de fuego,
+oyéronse grandes gritos:</p>
+
+<p>&mdash;¡La langosta! ¡La langosta!</p>
+
+<p>Mi anfitrión palideció como un hombre a
+quien anuncian un desastre, y salimos precipitadamente.
+Durante diez minutos hubo en
+aquella casa, tan sosegada poco antes, un ruido
+de pasos redoblados y voces indefinidas, que se
+perdían como en la agitación de un despertar.
+Desde la sombra de los vestíbulos, donde estaban
+durmiendo, lanzáronse fuera los criados haciendo
+resonar con palos, horcas y bieldos todos
+los objetos de metal que encontraban a mano,
+calderos de cobre, palanganas, cacerolas. Los
+pastores hacían sonar el cuerno pastoril. Otros
+llevaban caracolas marinas, trompas de caza.
+Aquello era un ruido espantoso, discordante,
+que dominaban con notas sobreagudas los «¡yu,
+yu, yu!» de las mujeres árabes de un aduar
+vecino que acudieron corriendo. Parece ser que
+en ocasiones un gran ruido, un estremecimiento
+sonoro del aire, aleja la langosta y le impide
+descender.</p>
+
+<p>Pero, ¿dónde estaban esos terribles insectos?
+En el cielo, vibrante de calor, no se veía nada
+más que una nube aparecer por el horizonte,
+cobriza, densa, como una nube de granizo, con
+el ruido de un huracán entre las mil y mil ramas
+de un bosque. Aquella nube era la langosta.
+Agarrados los unos a los otros estos insectos
+por sus alas secas extendidas, volaban en montón,
+y a pesar de nuestros gritos y de nuestros
+esfuerzos, la nube no cesaba de avanzar, proyectando
+en la llanura una sombra inmensa.
+Pronto estuvo sobre nuestras cabezas; en los
+bordes viose durante un segundo un desgarrón,
+una rotura. A semejanza de los primeros granizos
+de un turbión de pedrisco, desprendiéronse
+algunos, perceptibles, rojizos; al punto se deshizo
+toda la nube, cayendo vertical y ruidosa
+aquella granizada de insectos. Los campos quedaron
+cubiertos de saltamontes enormes, gordos
+como el dedo, en una extensión inmensa.</p>
+
+<p>Entonces diose principio a la matanza. Horrendo
+murmullo de aplastamiento de paja molida.
+Con gradas, azadones y arados revolvíase
+aquel suelo movedizo, y cuantos más insectos se
+mataba más había. Rebullíanse por capas, con
+sus altas patas enredadas unas en otras; los de
+encima saltaban ágilmente para salvarse, agarrándose
+a los belfos de los caballos enganchados
+para esa extraña labor. Los perros de la
+granja y los del aduar, azuzados a campo traviesa,
+lanzábanse sobre ellos y los trituraban
+furiosos. En ese momento llegaron dos compañías
+de turcos, con la banda de cornetas al
+frente, a ayudar a los infelices colonos, y la matanza
+varió de aspecto.</p>
+
+<p>Los soldados no aplastaban los insectos, sino
+que los quemaban esparciendo largos regueros
+de pólvora.</p>
+
+<p>Rendido de fatiga, con el estómago revuelto
+por el hedor, me metí en casa. Dentro de la
+quinta, había casi tantos insectos como fuera.
+Entraron por las aberturas de las puertas y ventanas,
+por los tubos de las chimeneas. Al borde
+de los tableros y en los cortinajes, roídos ya,
+se arrastraban, caían, volaban, trepaban por las
+blancas paredes, con una sombra gigantesca que
+hacía mayor su fealdad. Y siempre aquel olor
+hediondo. En la comida fue preciso pasar sin
+agua. Las cisternas, las fuentes, los pozos, los
+víveres de pesca, todo estaba inficionado.</p>
+
+<p>Por la noche, en mi alcoba, donde, no obstante,
+se habían matado enormes cantidades,
+oía aún rebullicio debajo de los muebles, y ese
+crujir de élitros semejante al peterreo de los
+dientes de ajo que estallan con los calores
+fuertes.</p>
+
+<p>Tampoco me fue posible dormir aquella noche.</p>
+
+<p>Además, todos estaban despiertos alrededor
+de la granja.</p>
+
+<p>Serpeaban a ras de tierra llamaradas, de un
+extremo a otro de la llanura.</p>
+
+<p>Los turcos continuaban la matanza.</p>
+
+<p>Al siguiente día, cuando abrí la ventana como
+la víspera, la langosta había emigrado. Pero,
+¡qué ruina dejaron tras de sí! Ni una flor,
+ni una brizna de hierba; todo lo dejaron negro,
+corroído, calcinado. Los bananos, los albaricoqueros,
+los abridores, los naranjos mandarines
+se distinguían solamente por el aspecto de sus
+desnudas ramas, sin el encanto y la ondulación
+de hojas que constituye la vida de los árboles.
+Empezábase la limpieza de los cauces de agua,
+de los aljibes. Por doquiera cavaban los peones
+la tierra para destruir los huevos puestos por los
+insectos. Cada terrón era destripado, desmenuzándolo
+esmeradamente. Y al ver las mil raíces
+blancas, llenas de savia, que aparecían en esos
+destrozos de tierra fértil, el corazón se oprimía
+y el alma se angustiaba...</p>
+
+
+
+<h3><a name="EN_CAMARGUE" id="EN_CAMARGUE"></a>EN CAMARGUE</h3>
+
+
+<h3><a name="Ia" id="Ia"></a>I</h3>
+
+<p class="cabeza">LA PARTIDA</p>
+
+
+<p>El recado del guarda, medio en francés, medio
+en provenzal, que ha traído un mensajero,
+anunciando que han pasado ya dos o tres buenas
+bandadas de <i>galejones</i>, de <i>carlotinas</i>, y otras
+<i>aves de primera</i>, ha producido gran rumor en
+el castillo.</p>
+
+<p>«Vendrá usted con nosotros», me han escrito
+mis amables vecinos. Y esta mañana a las cinco
+estaba esperándome al pie de la cuesta su
+gran <i>break</i>, cargado de escopetas, perros y víveres.
+Henos aquí rodando por la carretera de
+Arlés, algo seca y árida en esta madrugada de
+diciembre, en que apenas se distingue el pálido
+verdor de los olivos y el verde intenso de las
+encinas, demasiado de invernadero y como ficticio.
+No faltan madrugones que iluminan las
+vidrieras de las granjas, y en las cresterías de
+piedra de la abadía de Montmajour, los quebrantahuesos
+aletargados todavía por el sueño
+revolotean entre las ruinas. Sin embargo, encontramos
+ya, a lo largo de las zanjas, campesinas
+viejas que van al mercado, trotando en
+sus borriquillos. Vienen de la Ville-des-Baux.
+¡Seis leguas largas para sentarse una hora en
+las gradas de San Trofino y vender paquetitos
+de hierbas medicinales recolectadas en la montaña!...</p>
+
+<p>Divisamos ya las murallas de Arlés; murallas
+bajas y almenadas, como se ven en las estampas
+antiguas, donde aparecen guerreros armados
+de lanzas sobre terraplenes menores que
+ellos. Cruzamos a galope esta maravillosa y pequeña
+ciudad, una de las más pintorescas de
+Francia, con sus balcones esculpidos y barrigudos
+avanzando hasta el centro de las calles estrechas,
+con sus vetustas casas renegridas, de
+puertas pequeñas, moriscas, ojivales y bajas,
+que nos recuerdan los tiempos de Guillermo
+Court-Nez y de los sarracenos. A aquellas horas
+no había aún nadie en la calle. Sólo está
+animado el muelle del Ródano. El barco de vapor
+que hace la travesía de Camargue calienta
+las calderas junto a los escalones, dispuesto a
+partir. <i>Caseros</i> con blusa roja, muchachas de
+La Roquette que van a ganar el jornal en las
+faenas agrícolas, suben a cubierta con nosotros,
+charlando y riéndose. Bajo las amplias mantillas
+obscuras, levantadas a causa del fuerte viento
+de la mañana, la alta cofia arlesina presta elegancia
+y empequeñece a la cabeza, con ribetes
+de lindo descaro, algo así como deseos de erguirse
+para que la risa o la frase picaresca vaya
+más lejos... Suena la campana; nos ponemos
+en marcha. Con la triple velocidad del Ródano,
+de la hélice y del viento mistral, extiéndense
+las dos orillas. De un lado está la Crau, una
+llanura estéril y pedregosa. Del otro, la Camargue,
+más verde, que prolonga hasta el mar su
+hierba corta y sus marismas cuajadas de cañaverales.</p>
+
+<p>El vapor se detiene de vez en cuando junto
+a un pontón, a la izquierda o a la derecha (al
+Imperio o al Reino, según se decía en la Edad
+Media, en época del reino de Arlés, y como
+los marineros viejos del Ródano dicen hoy todavía).
+En cada pontón vese una quinta blanca
+y un ramillete de árboles. Desembarcan los trabajadores
+cargados de herramientas, y las mujeres
+con la cesta al brazo, erguidas sobre su
+talle. Hacia el Imperio o hacia el Reino, poco a
+poco va quedando vacío el vapor, y cuando descendemos
+nosotros en el puente del Mas-de-Giraud,
+casi no queda nadie a bordo.</p>
+
+<p>Para esperar al guarda que ha de venir en
+nuestra busca, entramos en el Mas-de-Giraud,
+una antigua granja de los señores de Barbentane.
+En la cocina alta, y alrededor de una mesa
+están todos los hombres de la hacienda, labradores,
+viñadores, pastores, zagales, graves,
+silenciosos, comiendo despacio, servidos por las
+mujeres, quienes comerán después. No tarda
+el guarda con la carretilla. Verdadero tipo a lo
+Fenimore, trampero por tierra y por agua, guardapesca
+y guardacaza, las gentes del país le llaman
+el <i>Rondador</i> porque, entre las brumas del
+alba o del anochecer, ocúltase siempre entre los
+cañaverales, acechando, o bien inmóvil en su
+barquichuelo, ocupado en vigilar sus atolladeros
+en los estanques y en las acequias. Su profesión
+de espía perpetuo, es quizá lo que le hace tan
+callado y taciturno. Sin embargo, mientras el
+carretón lleno de escopetas y de cestas camina
+delante de nosotros, el <i>Rondador</i> nos entera
+de la caza, refiriéndonos el número de bandadas
+de paso y los cuarteles en que las aves
+emigrantes se han posado. Charlando nos internamos
+en la comarca.</p>
+
+<p>Después de atravesar los terrenos de cultivo,
+nos encontramos en plena Camargue montaraz.
+Lagunas y acequias brillan hasta perderse de
+vista entre los pastos y las salicarias. Bosquecillos
+de tamariscos y de cañas ondulan como
+un mar en calma. Ningún árbol elevado turba
+el aspecto liso, inmenso, de la llanura. Apriscos
+de ganado extienden de vez en cuando su
+baja techumbre casi a nivel del suelo. Los rebaños
+diseminados, tumbados en las hierbas salitrosas,
+o marchando apretados en torno de la
+roja capa del pastor, no interrumpen la gran
+línea uniforme, viéndose achicados por ese espacio
+infinito de horizontes azules y claro cielo.
+Lo mismo que del mar, plano a pesar de sus
+olas, despréndese de esa llanura una sensación
+de soledad, de inmensidad, aumentada por el
+mistral que sopla incesantemente, sin trabas,
+y que, con su poderoso aliento, parece aplanar
+y engrandecer el paisaje. El lo doblega todo.
+Los arbustos más frágiles conservan la huella
+de su paso, quedan torcidos, tumbados hacia el
+Sur, como dispuestos a fugarse...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIa" id="IIa"></a>II</h3>
+
+<p class="cabeza">LA CABAÑA</p>
+
+
+<p>La cabaña no es otra cosa que un techo de
+cañas y unas paredes de cañas secas y amarillas.
+Tal vez nuestro punto de cita para la
+caza. Tipo de la casa camarguesa, la cabaña no
+tiene más que una habitación alta, grande, sin
+ventana; entra la luz por una puerta vidriera,
+que de noche se cierra con postigos. A lo largo
+de los paredones enlucidos, blanqueados con
+cal, hay armarios para colocar las armas, los
+morrales, las botas que usamos para cruzar los
+pantanos. En el fondo vense cinco o seis literas
+colocadas alrededor de un verdadero mástil
+plantado en el suelo y que sirve de apoyo al
+techo. Por la noche, cuando sopla el mistral
+y cruje la casa por todas partes, con el mar
+lejano y el viento que lo aproxima, trae su ruido
+y lo ahueca, puede creerse uno acostado en
+el camarote de un buque.</p>
+
+<p>Pero, especialmente por la tarde es cuando la
+cabaña está encantadora. En nuestros buenos
+días de invierno meridional, me agrada estar
+solo junto a la alta chimenea, donde arden humeantes
+algunas matas de tamariscos. Con las
+rachas del mistral o de la tramontana, cruje la
+puerta, chillan las cañas, y todas esas sacudidas
+son un ligero eco de la gran conmoción de
+la naturaleza que me circunda. El sol de invierno,
+agitado por la enorme corriente, se esparce,
+reúne sus rayos, los dispersa. Corren
+grandes sombras bajo un cielo azul admirable.
+La luz y los ruidos llegan por sacudidas, y las
+esquilas de los rebaños, oídas repentinamente y
+olvidadas después, perdiéndose entre el viento,
+suenan de nuevo bajo la puerta desencajada,
+con el hechizo de un estribillo de canción... La
+hora exquisita es el crepúsculo, un poco antes
+del regreso de los cazadores. Entonces el viento
+está tranquilo. Salgo un instante. El ancho
+sol rojo desciende en paz, inflamado y sin calor.
+Llega la noche, y roza con sus alas negras
+y húmedas, cuando pasa. Allá abajo, al nivel
+del suelo, vese un fogonazo, con el brillo de
+una estrella roja avivada por las tinieblas circunvecinas.
+En la escasa claridad que resta,
+apresúrase todo bicho viviente. Un largo triángulo
+de patos vuela muy abajo, cual si deseara
+tomar tierra; pero de pronto los aleja la cabaña,
+donde brilla encendido el candil. El que va
+a la cabeza de la columna, yergue el cuello, remonta
+el vuelo nuevamente, y todos los demás
+se elevan tras de él con gritos salvajes.</p>
+
+<p>No tarda en oírse un inmenso pataleo, que
+se asemeja a un ruido de lluvia. Miles de carneros
+llamados por los pastores y hostigados por
+los perros, cuyo galopar confuso y alentar jadeante
+se perciben, amontónanse con prisa, medrosos
+e indisciplinados, hacia los apriscos. Véome
+envuelto, rozado, confundido dentro de ese
+torbellino de vellones rizados, de balidos; una
+verdadera marejada, en que parece que los pastores
+son arrastrados con su sombra por olas
+que saltan... Detrás de los rebaños percíbense
+pasos conocidos, voces alegres. La cabaña está
+llena, animada, ruidosa. Chisporrotean, al arder,
+los sarmientos formando llama. Hay tanta
+mayor risa, cuanto mayor es el cansancio. Es
+un aturdimiento de regocijada fatiga; las escopetas
+arrinconadas, las grandes botas tiradas y
+revueltas, los morrales vacíos y junto a ellos
+plumajes rojos, áureos, verdes, plateados, todos
+con manchas de sangre. La mesa está puesta,
+y entre el husmillo de una sabrosa sopa de
+anguila, queda todo en silencio, ese gran silencio
+de los apetitos robustos, que solamente
+interrumpe el feroz gruñir de los perros lamiendo
+a tientas sus cazuelas delante de la
+puerta.</p>
+
+<p>La velada no se prolongará mucho. Ya no
+quedamos junto al fuego, que también parpadea,
+más que el guarda y yo. Charlamos; es
+decir, nos dirigimos uno al otro frases a medias
+palabras al uso campesino, esas interjecciones
+casi indias, breves y rápidas como las
+postrimeras chispas de los consumidos sarmientos.
+Al fin, pónese de pie el guarda, enciende
+la linterna, y piérdese su paso perezoso en la
+calma y obscuridad de la noche silenciosa...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIa" id="IIIa"></a>III</h3>
+
+<p class="cabeza">¡A LA ESPERA!</p>
+
+
+<p><i>¡La espera!</i> ¡Qué expresivo nombre éste, con
+el que se designa el puesto donde aguarda emboscado
+el cazador, y esas horas imprecisas en
+que todo <i>espera</i>, vacilando entre el día y la noche!
+El puesto de la mañana, poco antes de
+amanecer; el puesto de la tarde, cuando el sol
+se hunde en el ocaso. El de mi predilección es
+este último, sobre todo en esos países de marismas,
+donde el agua de los estanques conserva
+la luz tanto tiempo...</p>
+
+<p>En ocasiones, se utiliza como puesto el chinchorro,
+barquichuelo sin quilla, estrecho, y que
+al movimiento más leve se pone por montera.
+Oculto tras de los cañaverales, el cazador ojea
+los patos desde el fondo de la barca, de la que
+sobresalen únicamente la visera de una gorra,
+el cañón de la escopeta y la cabeza del perro,
+que olfatea el viento y papa mosquitos, o bien
+inclina, con sus patazas extendidas, toda la
+barca sobre una borda llenándola de agua. Esta
+<i>espera</i> es sumamente complicada para mi
+inexperiencia. Esta es la razón por la que casi
+siempre voy a la espera a pie, zabulléndome
+en pleno pantano, con enormes botas hechas de
+toda la longitud que el cuero permite. Camino
+con lentitud, prudentemente, temeroso de hundirme
+en el légamo. Me separo de los cañaverales,
+lleno de olores salitrosos y de saltos de
+ranas.</p>
+
+<p>Por fin me acomodo en el primer islote de
+tamariscos, o rincón de tierra seca, que encuentro.
+El guarda, en prueba de respetuosa
+consideración, permite que me acompañe su
+perro, un enorme perro de los Pirineos, con
+sus grandes lanas blancas, gran cazador y pescador
+inteligente, cuya presencia me intimida
+un poco. Cuando pasa a mi alcance una chocha
+de agua, me mira irónicamente echando
+atrás, con un movimiento de cabeza, a lo artista,
+sus largas orejas flácidas que le cuelgan
+delante de los ojos; después, posturas de parada,
+meneos de cola, toda una mímica de impaciencia,
+como queriendo decirme:</p>
+
+<p>&mdash;¡Tira!... ¿Por qué no tiras, tonto?</p>
+
+<p>Tiro, y yerro la puntería. Entonces, con todo
+su cuerpo estirado, bosteza y se alarga, fatigoso,
+aburrido, insolentemente...</p>
+
+<p>¡Pues bien, sí! No lo niego, soy un mal
+cazador. La <i>espera</i>, para mí, es la tarde al
+caer, la luz que desaparece y se refugia en el
+agua, los estanques que relucen, abrillantando
+hasta el tono de plata fina el tinte gris del cielo
+ensombrecido. Me deleita este olor del agua,
+esta misteriosa agitación de los insectos en los
+cañaverales, este suave murmullo de las largas
+hojas estremeciéndose. Oyese a veces una nota
+triste, y retumba en el cielo como el zumbido
+de una caracola marina. Es el alcaraván que
+esconde en el fondo del agua su inmenso pico
+de ave pescadora, y sopla... <i>¡ruuú!</i> Bandadas
+de grullas vuelan por encima de mi cabeza.
+Oigo el roce de las plumas, el ahuecamiento del
+plumón con el viento fuerte, y hasta el crujido
+de la minúscula osamenta, rendida de cansancio.
+Después, nada. La noche, las profundas
+tinieblas, siguiendo a la escasa claridad del día,
+que sobre las aguas ha quedado retrasada.</p>
+
+<p>De repente advierto un estremecimiento, una
+especie de molestia nerviosa, como si hubiese
+alguien detrás de mí. Al volverme veo a la compañera
+de las noches hermosas, la luna; una
+ancha luna, enteramente redonda, que llega
+suavemente, con un movimiento de ascensión
+muy perceptible al principio, y que se retarda
+mientras que aquélla se aleja del horizonte.</p>
+
+<p>Ya son bien perceptibles junto a mí los primeros
+rayos, y luego otros un poco más lejos...
+Ahora está iluminada toda la marisma. La más
+pequeña mata de hierba proyecta sombra. Concluyose
+la <i>espera</i>, las aves nos ven; es forzoso
+volver a casa. Caminamos envueltos por
+una inundación de luz azul, ligera, polvorienta,
+y cada uno de nuestros pasos en los estanques
+y en las acequias, revuelve en ellos millares de
+estrellas caídas y fulgores de rayos de luna que
+llegan hasta el fondo del agua...</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVa" id="IVa"></a>IV</h3>
+
+<p class="cabeza">ROJO Y BLANCO</p>
+
+
+<p>En una cabaña semejante a la nuestra, pero
+algo más rústica, y de la que sólo dista un tiro
+de fusil, habita nuestro guarda, con su esposa
+y sus dos hijos mayores: la moza, que prepara
+la comida de los hombres y compone las redes
+para la pesca; y el mozo, que ayuda a su
+padre a levantar las artes y a vigilar las compuertas
+de los estanques. Los dos más jóvenes
+viven con su abuela en Arlés, y allí permanecerán
+hasta que hayan aprendido a leer y celebrado
+la primera comunión, pues aquí están
+muy lejos de la iglesia y la escuela, además de
+que el aire de Camargue no vendría bien a esas
+criaturas. El hecho es que cuando llega el verano,
+cuando las charcas se secan y el blanco
+légamo de las acequias se agrieta con los grandes
+calores, es imposible habitar la isla.</p>
+
+<p>Yo pude apreciar eso una vez en el mes de
+agosto, viniendo a cazar ánades silvestres, y
+jamás olvidaré el aspecto triste y feroz de este
+paisaje abrasado. De trecho en trecho humeaban
+al sol los estanques como inmensas cubas,
+conservando en el fondo un resto de vida en
+movimiento, un hormigueo de salamandras,
+arañas y moscas de agua en busca de rincones
+húmedos. Había allí un aire hediondo, una bruma
+de miasmas densamente flotante, que innumerables
+torbellinos de mosquitos espesaban.
+Todo el mundo tiritaba en casa del guarda,
+todo el mundo padecía fiebres, y apenaba
+ver las caras amarillas y largas, los ojos agrandados
+y con ojeras, de aquellos infelices que
+durante tres meses se arrastraban bajo ese ancho
+sol inexorable que abrasa a los febricitantes
+y no consigue hacerlos entrar en calor... ¡Triste
+y penosa vida la de guardacaza en Camargue!
+Y menos mal que puede tener a su lado a su
+mujer y sus hijos; pero dos leguas más lejos,
+en la marisma, vive un guarda de caballos,
+completamente solo todo el año, de cabo a rabo,
+haciendo una verdadera vida de Robinsón.
+En su choza de cañas, construida por él mismo,
+no hay nada que no sea obra de sus manos,
+desde la hamaca tejida con mimbres, y las
+tres piedras negras reunidas en forma de hogar,
+y los troncos de tamarisco dispuestos en
+forma de escabeles, hasta la llave y la cerradura
+de madera blanca con que se cierra esta extraña
+habitación.</p>
+
+<p>Este guarda es por lo menos tan extraño como
+su residencia. Es una especie de filósofo silencioso
+como los solitarios, que oculta su desconfianza
+de labriego bajo unas cejas espesas
+como matorrales. Cuando no está en los pastos,
+vésele sentado junto a su puerta, descifrando
+pacientemente, con una aplicación infantil
+y conmovedora, uno de esos folletos de
+color de rosa, azules o amarillos en que están
+envueltos los frascos de medicina que emplea
+para los caballos. El pobre diablo no se distrae
+más que en la lectura, ni tiene más libros que
+éstos. Aunque vecinas sus cabañas, nuestro
+guarda y él nunca se visitan. Hasta evitan encontrarse.
+Un día que pregunté al <i>rondeîron</i>
+la razón de esa antipatía, me respondió con
+seriedad:</p>
+
+<p>&mdash;Tenemos distintas opiniones... El es rojo,
+y yo soy blanco.</p>
+
+<p>Y de esta manera, hasta en ese desierto cuya
+soledad hubiera debido amistarlos, esos dos
+salvajes, tan ignorantes y sencillos uno como el
+otro, esos dos boyeros de Teócrito, que solamente
+una vez cada año van a la ciudad, y a
+quienes los cafetuchos de Arlés, con sus dorados
+espejos, les deslumbran como si contemplasen
+el palacio de los Tolomeos, ¡las opiniones
+políticas les ha proporcionado una razón
+para odiarse!</p>
+
+
+
+<h3><a name="Va" id="Va"></a>V</h3>
+
+<p class="cabeza">EL VACCARÉS</p>
+
+
+<p>El Vaccarés es el espectáculo más hermoso
+que puede presenciarse en Camargue. Muchas
+veces, abandonando la caza, vengo a sentarme
+a orillas de este mar salado, un mar pequeño
+que asemeja un trozo del grande, encerrado
+entre las tierras y amansado por su mismo cautiverio.
+En vez de esa sequedad, de esa aridez
+que comúnmente entristecen la costa, el Vaccarés,
+con su ribera un poco alta, toda ella verde
+por la hierba menuda, aterciopelada, ostenta
+su flora extraordinaria y hechicera: centauras,
+tréboles acuáticos, gencianas y esas lindas salicarias,
+azules en invierno, rojas en verano, que
+mudan su color con los cambios atmosféricos,
+y con una floración no interrumpida, marcan
+las estaciones por lo diverso de sus matices.</p>
+
+<p>Allá, a las cinco de la tarde, cuando el sol
+se pone, ofrecen admirable perspectiva esas
+tres leguas de agua, sin una barca, sin una vela
+que limite y dé variedad a su extensión. No
+es ya el íntimo deleite de los estanques y acequias
+que aparecen, distanciados, entre los repliegues
+de un terreno arcilloso, bajo el cual
+se filtra el agua por doquiera, dispuesta a reaparecer
+en la menor depresión del terreno.
+Aquí la impresión es grande, vasta. A lo lejos,
+ese cabrilleo de las ondas atrae bandadas de
+fulgas, garzas reales, alcaravanes, flamencos de
+vientre blanco y alas rosadas, alineándose para
+pescar a lo largo de las márgenes, disponiendo
+sus diferentes colores en una larga faja igual,
+y además ibis, verdaderos ibis de Egipto, que
+parecen estar en su propia casa entre ese espléndido
+sol y ese mudo paisaje. Efectivamente,
+desde mi sitio no percibo más que el chapoteo
+del agua y la voz del guarda que llama
+a sus caballos, diseminados en la orilla.
+Todos tienen retumbantes nombres: «¡Cifer!...
+¡L'Estello!... ¡L'Estournello!»... Cuando se
+oye nombrar cada bruto, corre dando al viento
+las crines, a comer avena en la misma mano
+del guarda...</p>
+
+<p>Más lejos, en la misma orilla, vese una gran
+manada de bueyes, paciendo libremente como
+los caballos. De vez en cuando distingo por
+encima de unas matas de tamariscos la arista
+de sus dorsos encorvados, y sus cuernecitos que
+se yerguen en forma de media luna. La mayoría
+de estos bueyes de Camargue se crían para
+ser lidiados en las fiestas de los pueblos, y
+algunos tienen ya fama en todos los circos de
+Provenza y Languedoc. Así, por ejemplo, la
+manada que está más cerca, cuenta entre otros
+con un terrible combatiente llamado <i>Romano</i>,
+que ha despanzurrado a no sé cuántos hombres
+y caballos en las plazas de Arlés, de Nimes, de
+Tarascón. Por eso, sus compañeros le han confiado
+la jefatura; porque en esas extrañas piaras
+los brutos se gobiernan por sí mismos, agrupados
+en torno de un toro viejo a quien eligen
+como guía. Cuando en la Camargue descarga
+un huracán, terrible en esa gran llanura donde
+nada lo desvía ni lo detiene, es curioso ver replegarse
+la manada detrás de su jefe, con todas
+las cabezas inclinadas, volviendo hacia el lado
+de donde el viento sopla, esas anchas testuces
+en que se condensa la fuerza del buey. Los
+pastores provenzales llaman a esta maniobra:
+<i>volver cuernos al viento</i>. ¡E infelices los rebaños
+que no se conformen con ello! Cegada por
+la lluvia, empujada por el huracán, la manada
+en derrota gira sobre sí misma, se extravía, se
+dispersa, y corriendo enloquecidos los bueyes
+hacia adelante, pretendiendo alejarse de la tempestad,
+arrójanse en el Ródano, en el Vaccarés
+o en el mar, donde casi todos perecen.</p>
+
+
+
+<h3><a name="NOSTALGIA_DE_CUARTEL" id="NOSTALGIA_DE_CUARTEL"></a>NOSTALGIA DE CUARTEL</h3>
+
+
+<p>Esta madrugada, cuando empezaba a alborear,
+me despierta con sobresalto un tremendo
+redoble de tambor... ¡Rataplán, rataplán!...</p>
+
+<p>¿Qué es esto? ¡Un tambor en mis pinos, y
+a tales horas!... ¡Qué cosa más extraña!</p>
+
+<p>Pronto, a prisa, me levanto y corro a abrir
+la puerta.</p>
+
+<p>¡No veo a nadie! Cesó el ruido... De entre
+unas labruscas húmedas, vuelan dos o tres chorlitos
+sacudiéndose las alas. Entre los árboles se
+mece una suave brisa... Hacia el Oriente, sobre
+la aguda cresta de los Alpilles, amontónase un
+polvo de oro, de donde surge lentamente el
+sol... El primer rayo roza ya la techumbre del
+molino. En el mismo instante, el invisible tambor
+vuelve a redoblar en el campo bajo la espesura...
+¡Rataplán, rataplán!...</p>
+
+<p>¡El demonio llévese la piel de asno! Ya lo
+había olvidado. Pero, en fin, ¿quién será el
+bruto que saluda a la aurora en el fondo de los
+bosques con un tambor?... Aunque miro, no
+veo a nadie... no diviso nada más que las matas
+de alhucema y los pinos que se precipitan
+cuesta abajo hasta el camino... Quizá se oculta
+en la espesura algún duende, resuelto a burlarse
+de mí... Sin duda, es Ariel o maese Puck.
+El pícaro habrá pensado, al pasar por delante
+de mi molino:</p>
+
+<p>&mdash;Ese parisiense está muy tranquilo ahí dentro;
+vamos a darle la alborada.</p>
+
+<p>Y seguramente habrá tomado un bombo, y...
+¡rataplán!... ¡rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¿Quieres callarte, pícaro Puck? Vas a despertarme
+a las cigarras.</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Pero no era Puck.</p>
+
+<p>Era Gouguet François, alias <i>Pistolete</i>, tambor
+del regimiento 31 de infantería, a la sazón
+con licencia semestral. <i>Pistolete</i> está aburrido
+en el país, siente nostalgias, y cuando le prestan
+el instrumento del cabildo municipal, se
+marcha melancólico a los bosques a tocar el
+tambor, soñando con el cuartel del Príncipe
+Eugenio.</p>
+
+<p>Esta mañana ha venido a soñar a mi verde
+colinita... Allí está de pie, recostado contra un
+pino, con el tambor entre las piernas, tocando
+si Dios tiene qué... Bandas de perdigones espantados
+corren a sus pies sin que lo note. Las
+hierbas aromáticas perfuman el aire en torno
+suyo, sin que él las huela.</p>
+
+<p>No ve tampoco las sutiles telarañas que tiemblan
+al sol entre el ramaje, ni las agujas de pino
+que caen sobre su tambor. Absorto en su
+sueño y en su música, mira con amor moverse
+ligeros los palillos, y su caraza estúpida se
+ensancha de placer a cada redoble.</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Es muy hermoso el gran cuartel, con sus
+patios de anchas losas, sus ventanas bien alineadas,
+su población con gorra cuartelera, y
+sus galerías, bajo cuyos arcos se oye constantemente
+el ruido de las tarteras!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, la sonora escalera, los corredores enlucidos
+con cal, la oliente cuadra, los correajes
+que se lustran, la tabla del pan, las cajas de betún,
+los camastros de hierro con manta gris,
+los fusiles que brillan en el armero!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, qué días más hermosos los vividos
+en el cuerpo de guardia; los naipes que ensucian
+los dedos y se pegan como pez, la sota
+de espadas horrible con adornos a pluma, el incompleto
+tomo de una vieja novela de Pigault-Lebrun
+arrojado encima de la cama de campaña!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, las interminables noches de centinela
+en la puerta de los ministerios, la garita vieja
+donde entra la lluvia y en que los pies se
+hielan!... ¡Los coches de lujo, que salpican de
+barro cuando pasan!... ¡Oh, el trabajo suplementario,
+los días de limpieza general, el cubo
+pestífero, la cabecera de tabla, la fría diana en
+las mañanas lluviosas, la retreta entre niebla a
+la hora de encender el gas, la lista por la tarde,
+a la cual se llega arrojando el bofe!...</p>
+
+<p>¡Rataplán! ¡Rataplán!...</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, el bosque de Vincennes, los vastos
+guantes de algodón blanco, los paseos por las
+fortificaciones, la barrera de la Estrella, el cornetín
+de pistón de la sala de Marte, la bebida
+en las afueras, las confidencias entre los hipos,
+los útiles de encender que se desenvainan, la
+romanza sentimental que se canta con una
+mano puesta en el corazón!...</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>¡Sueña, sueña, hombre infeliz, que no he de
+ir yo a impedírtelo!... Golpea de firme en el
+tambor, toca haciendo un remolino con los brazos.
+No puedes parecerme ridículo.</p>
+
+<p>Si sientes la nostalgia de tu cuartel, ¿no
+experimento yo la nostalgia del mío?</p>
+
+<p>A mí me persigue mi París hasta aquí como
+el tuyo. Tú tocas el tambor bajo los pinos. Yo
+emborrono cuartillas... ¡Somos los dos unos
+provenzales! Allá, en los cuarteles de París,
+echábamos de menos nuestros Alpilles azules
+y el silvestre olor del tomillo; ahora, aquí, en
+plena Provenza, nos falta el cuartel, y amamos
+todo cuanto nos lo hace recordar...</p>
+
+<p class="ast">*<br />* *</p>
+
+<p>Las ocho suenan en la aldea. <i>Pistolete</i>, sin
+dejar sosegar los palillos, ha decidido regresar...
+Oyesele bajar por el bosque, siempre tocando...
+Y yo, tumbado sobre la hierba, enfermo de nostalgia,
+al oír el ruido del tambor que se aleja,
+creo ver desfilar entre los pinos a todo mi
+París...</p>
+
+<p>¡Ah, París!... ¡París!... ¡París siempre!</p>
+
+
+
+<h3><a name="LAS_EMOCIONES_DE_UN_PERDIGON" id="LAS_EMOCIONES_DE_UN_PERDIGON"></a>LAS EMOCIONES DE UN PERDIGON...
+ROJO</h3>
+
+
+<p>No ignoran ustedes que los perdigones andan
+en bandadas y anidan juntos en el hueco de los
+surcos, para alzar el vuelo a la alarma más insignificante,
+desparramándose como los granos
+que arrojan a la tierra para que produzcan. Mi
+acompañamiento particular es alegre y numeroso
+y acampa en un llano junto a la linde de
+un gran bosque, donde tenemos buen botín y
+magníficos refugios a uno y otro lado. Por eso,
+desde que sé correr, tengo buen plumaje y estoy
+bien alimentado, experimento la alegría
+del vivir. Sin embargo, una cosa teníame algo
+intranquilo y era esa célebre conclusión de la
+veda, de que nuestras madres hablan en voz
+baja unas con otras. Un viejo de nuestra banda
+me decía siempre acerca de esto:</p>
+
+<p>&mdash;No temas, Rojillo&mdash;me llaman Rojillo a
+causa de mi pico y de mis patas, del color de
+la serba,&mdash;no temas, Rojillo. Yo te protegeré
+el día de la apertura de la caza, y estoy seguro
+de que no ha de ocurrirte nada desagradable.</p>
+
+<p>Es un macho viejo muy bribón y vivaracho
+todavía, aun cuando tiene ya señalada la <i>herradura</i>
+en el pecho y algunas plumas blancas esparcidas
+por el cuerpo. De joven recibió en un
+ala un perdigón de plomo, y como esto le ha
+hecho ser un poco pesado, mira dos veces antes
+de volar, mide bien el tiempo y sale del
+apuro. Con frecuencia me llevaba consigo hasta
+la entrada del bosque. Hay allí una rara casita,
+escondida entre los castaños, muda como una
+madriguera vacía y siempre cerrada.</p>
+
+<p>&mdash;Mira bien esa casita, Rojillo&mdash;me decía el
+viejo;&mdash;cuando veas que sale humo por la techumbre
+y están abiertas la puerta y las ventanas,
+mala señal para nosotros.</p>
+
+<p>Y yo me fiaba de él, sabiendo positivamente
+que él era ducho en eso de las aperturas de la
+caza.</p>
+
+<p>Efectivamente, la otra mañanita, al rayar el
+alba, oí que me llamaban muy bajito dentro
+del surco...</p>
+
+<p>&mdash;Rojillo, Rojillo.</p>
+
+<p>Era mi viejo macho. Miraba de una manera
+extraña.</p>
+
+<p>&mdash;Vente en seguida&mdash;me dijo,&mdash;y haz lo
+que yo.</p>
+
+<p>Lo seguí medio adormilado, deslizándome por
+entre los terrenos, sin volar, sin saltar casi, como
+un ratón.</p>
+
+<p>Íbamos por el lado del bosque, y al pasar
+observé que había humo en la chimenea de la
+casita, luz en las ventanas, y frente a la puerta,
+de par en par, unos cazadores, unos cazadores
+equipados completamente y una traílla de perros
+que saltaban. Al pasar nosotros, gritó uno
+de los cazadores:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a registrar el llano esta mañana, y
+luego, después de almorzar, registraremos el
+bosque.</p>
+
+<p>Entonces comprendí por qué mi viejo compañero
+nos conducía tan aprisa a la arboleda. A
+pesar de esto palpitábame el corazón, especialmente
+al acordarme de mis pobres amigos.</p>
+
+<p>De repente, cuando llegábamos al lindero,
+echaron al galope detrás de nosotros a los perros...</p>
+
+<p>&mdash;¡Agáchate, agáchate!&mdash;me dijo el viejo bajándose;
+al mismo tiempo, a diez pasos de nosotros,
+una codorniz atemorizada abrió cuanto
+pudo sus alas y su pico, y tendió el vuelo dando
+un grito de miedo. Oí un formidable ruido
+y nos rodeó un polvo de un olor extraño, blanco
+y caliente, aunque apenas había salido el sol.
+Estaba yo tan asustado que ya me era imposible
+correr. Felizmente entrábamos en el bosque.
+Mi camarada se acurrucó tras una pequeña encina,
+yo me coloqué junto a él y ambos estuvimos
+allí ocultos, mirando por entre las hojas.</p>
+
+<p>En los campos oíase un terrible fuego de
+fusil. A cada escopetazo cerraba yo los ojos
+despavorido; después, cuando los volvía a abrir,
+veía el llano inmenso y desnudo, y los perros
+corriendo, olfateando entre las briznas de hierba,
+entre las gavillas, girando sobre sí mismos,
+alocados. Los cazadores juraban detrás de ellos
+y los llamaban; las escopetas brillaban al sol.
+Hubo un momento en que me pareció ver volar
+como hojas sueltas entre una nubecilla de humo,
+aun cuando en los alrededores no había
+árbol alguno. Pero el viejo macho me dijo que
+eran plumas, y efectivamente a cien pasos frente
+a nosotros un hermoso perdigón gris cayó
+dentro de un surco, doblando su cabeza ensangrentada.</p>
+
+<p>Cuando ya el sol quemaba en lo alto, cesó
+repentinamente el tiroteo. Los cazadores regresaban
+hacia la casita, donde se oía chisporrotear
+una gran hoguera de sarmientos. Conversaban
+con la escopeta al hombro, discutían
+los disparos hechos, y mientras tanto sus perros
+seguíanles jadeantes, con la lengua colgando...</p>
+
+<p>&mdash;Van a almorzar&mdash;me dijo mi compañero;&mdash;vamos
+a hacer nosotros lo mismo que ellos.</p>
+
+<p>Entramos en un sembrado de trigo morisco
+junto al bosque, un gran campo blanco y negro,
+en flor y granado, con perfumes de almendra.
+Picoteaban también allí unos hermosos
+faisanes de irisadas plumas, bajando sus crestas
+rojas por temor a ser vistos. ¡Ah! ¡Estaban menos
+altivos que de ordinario! Mientras comían,
+nos pidieron noticias preguntándonos si había
+caído alguno de los suyos. Durante este tiempo,
+el almuerzo de los cazadores, silencioso al principio,
+hacíase cada vez más bullicioso, oíamos
+chocar las copas y saltar los corchos de las botellas.
+El viejo macho me previno que ya era
+hora de volver a nuestro refugio.</p>
+
+<p>Podía decirse que a la sazón el bosque dormía.
+La charca adonde acuden los gamos a beber
+no estaba enturbiada por ningún lengüetazo.
+No se veía un hocico de conejo entre los
+serpoles del vivar. Percibíase solamente un estremecimiento
+misterioso, como si cada hoja,
+cada brizna de hierba protegiese una vida amenazada.
+¡Esa caza de monte tiene tantos escondrijos!
+Las gazaperas, la montanera, las fajinas,
+las malezas y además los hoyitos de bosque
+que durante tanto tiempo conservan el agua
+llovediza. Confieso que me hubiera agradado estar
+en el fondo de uno de esos agujeros; mas
+mi acompañante prefería estar al descubierto,
+tener anchuras, ver a lo lejos y sentir ante sí
+el campo libre. Hicimos bien, porque los cazadores
+se internaban en la selva.</p>
+
+<p>¡Oh! No podré olvidar jamás aquella primera
+descarga en el bosque, aquel tiroteo que
+horadaba las hojas como el granizo en abril y
+señalaba las cortezas de los árboles. Un conejo
+pasó huyendo a todo correr a través del camino,
+arrancando matitas de hierba con sus uñas extendidas.
+Una ardilla descendió precipitadamente
+de un castaño, dejando caer castañas
+aún verdes. Sintiéronse dos o tres pesados revuelos
+de gordos faisanes y un barullo entre las
+ramas bajas y las hojas secas, al viento de ese
+escopetazo que agitó, despertó y atemorizó a
+todo bicho viviente en el bosque. Los musgaños
+se ocultaban en lo más hondo de sus agujeros.
+Un escarabajo, que salió del hueco del
+árbol que nos guarecía, movía sus ojos prominentes
+y estúpidos, yertos de terror. Por doquiera
+veíanse pobres bichitos azorados, libélulas
+azules, moscardones, mariposas... hasta un
+saltamontes pequeñito con alas de color escarlata,
+que se detuvo junto a mi pico; pero también
+yo estaba sumamente asustado para aprovecharme
+de su miedo.</p>
+
+<p>El viejo, por su parte, seguía siempre tan
+tranquilo. Muy atento a los ladridos y a los
+disparos, hacíame señas cuando se aproximaban
+y nos íbamos un poco más lejos, fuera de
+la pista de los perros, y muy ocultos entre el
+follaje. Sin embargo, una vez mi sobresalto fue
+tremendo, porque nos consideramos ya perdidos.
+La calle de árboles que teníamos que cruzar
+estaba guardada a cada extremo por un cazador
+que atisbaba. Por un lado, un mocetón
+con patillas negras, quien sonaba como una
+panoplia vieja cuando se movía, con su cuchillo
+de monte y su cartuchera y el cuerno de municiones,
+sin mencionar que sus polainas hebilladas
+hasta las rodillas le hacían parecer aún
+más alto; en el otro extremo, un viejecito, apoyado
+muy tranquilamente en un árbol, fumaba
+en su pipa, guiñando los ojos como si tuviera
+sueño. Este no me asustaba, sino el mocetón
+de allá abajo...</p>
+
+<p>&mdash;No entiendes nada de esto, Rojillo&mdash;me
+dijo mi camarada riéndose. Y sin temor ninguno,
+con las alas abiertas de par en par, alzó
+el vuelo casi entre las piernas del terrible cazador
+de las patillas. Y la verdad es que el pobre
+hombre estaba tan engolfado con todos sus
+atavíos de caza, tan distraído contemplándose
+de arriba abajo, que cuando se echó al hombro
+la escopeta nos encontrábamos ya fuera de
+su alcance. ¡Ah! ¡Si cuando los cazadores creen
+estar solos en un rincón de un bosque, supieran
+cuántos ojuelos fijos les miran desde los matorrales,
+cuántos piquitos puntiagudos contienen
+la risa al ver su torpeza!...</p>
+
+<p>Nosotros andábamos, andábamos sin detenernos.
+Considerando que lo mejor que podía hacer
+era seguir a mi viejo acompañante, mis alas
+se desplegaban a compás de las suyas, para replegarse
+y quedar inmóviles tan pronto como
+él se detenía. Aun me parece ver todos los sitios
+por donde pasamos: el conejar cuajado de
+brezos, lleno de madrigueras junto a los árboles
+amarillentos, con esa gran cortina de robledales
+donde creía ver escondida la muerte
+por doquiera, y la verde sendita por donde mi
+madre la Perdiz había paseado tantas veces su
+pollada bajo el sol de mayo, donde picoteábamos,
+saltando, las hormigas rojas que subían
+por nuestras patas, donde encontrábamos faisanitos
+cebados, gordos como pollastres, y que
+se negaban a jugar con nosotros.</p>
+
+<p>Vi como en un sueño mi senderito, en el
+momento en que lo atravesaba una corza, erguida
+sobre sus delgadas patas con los ojos muy
+abiertos y dispuesta a saltar. Después, la balsa
+adonde acudíamos en partidas de quince o treinta,
+todos al mismo vuelo, alzándonos en un
+momento de la llanura, para beber el agua del
+manantial y salpicarnos de gotitas que rodaban
+sobre el lustroso plumaje... En medio de
+esa charca había una aliseda, algo así como un
+ramillete muy espeso, y en aquel islote nos
+guarecimos. Hubiera sido necesario que los
+perros tuviesen una nariz de primera para ir a
+buscarnos en aquel sitio. A poco de llegar nosotros,
+presentose un corzo arrastrándose sobre
+tres patas y dejando tras de sí un surco rojo
+sobre el musgo. Daba tanta tristeza el verlo,
+que oculté la cabeza bajo las hojas; pero oía
+al herido beber en la charca resollando y ardiendo
+en fiebre...</p>
+
+<p>Declinaba el día. Los disparos de escopeta se
+alejaban y disminuían en número. Después
+quedó todo en silencio... Aquello había terminado.
+Entonces regresamos despacio a la llanura,
+para saber algo de nuestra gente. Al pasar
+por delante de la casita de madera, presencié
+una cosa horrible.</p>
+
+<p>En el borde de un hoyo, los unos cerca de
+los otros, yacían liebres de rojo pelo y conejillos
+grises de cola blanca, con las patitas juntas
+por la muerte, en actitud de implorar misericordia,
+y con ojos empañados como si llorasen;
+además, perdices rojas, machos de perdiz grises,
+con la <i>herradura</i> como mi camarada, y perdigoncillos
+de aquel año que, como yo, tenían todavía
+pelusa debajo de las plumas. ¿Hay nada
+más tétrico que una ave muerta? ¡ Las alas son
+tan vivas! El verlas plegadas y frías hace temblar...
+Un gran corzo, magnífico y tranquilo,
+parecía dormir, con su lengüecita sonrosada
+fuera de la boca, cual si aun fuese a lamer.</p>
+
+<p>Y también estaban allí los cazadores, inclinados
+sobre aquella carnicería, contando y tirando
+hacia sus morrales de las patas ensangrentadas
+y de las alas rotas, con menosprecio
+de todas esas heridas recientes. Los perros,
+atraillados para el camino, fruncían aún sus hocicos
+en ristre, como si se dispusiesen a volver
+a lanzarse a los tallares del soto.</p>
+
+<p>¡Oh, mientras el ancho sol ocultábase allá
+abajo y se alejaban todos jadeantes, agrandando
+sus sombras sobre los terrones de los surcos
+y las sendas húmedas con el sereno del crepúsculo,
+cómo maldecía yo, cómo odiaba a toda
+la banda, hombres y animales!... Ni mi compañero
+ni yo podíamos lanzar, como de costumbre,
+unas notitas de despedida a ese día
+que expiraba.</p>
+
+<p>Vimos en nuestro camino infelices bestezuelas,
+muertas por un extraviado perdigón de plomo
+y sirviendo de pasto a las hormigas; musgaños
+con el hocico lleno de polvo, picazas, golondrinas
+derribadas al vuelo, tendidas de espaldas
+y levantando sus yertas patitas hacia el
+cielo, de donde descendía la noche precipitadamente,
+como suele en otoño, clara, fría y húmeda.
+Pero lo que más profundamente conmovió
+todo mi ser fue oír en los linderos del bosque,
+al margen del prado y allá abajo en los juncales
+del río, llamamientos angustiosos, tristes
+y diseminados, que, no siendo contestados por
+nadie, iban a perderse en las lejanías del espacio.</p>
+
+
+
+<h3><a name="EL_EMPERADOR_CIEGO" id="EL_EMPERADOR_CIEGO"></a>EL EMPERADOR CIEGO</h3>
+
+<p class="cabeza">O VIAJE A BAVARIA PARA BUSCAR UNA TRAGEDIA JAPONESA</p>
+
+
+<h3><a name="Ib" id="Ib"></a>I</h3>
+
+<p class="cabeza">EL SEÑOR CORONEL DE SIEBOLDT</p>
+
+
+<p>El señor de Sieboldt, el coronel bávaro al
+servicio de Holanda, señor de Sieboldt cuyas
+notables obras acerca de la flora japonesa le
+han conquistado merecida reputación en los
+círculos científicos, llegó a París, durante la
+primavera de 1866, para someter al Emperador
+un vasto proyecto de asociación internacional
+para la explotación de ese maravilloso <i>Nipon-Jepen-Japon</i>
+(Imperio de la salida del Sol), donde
+había residido durante más de treinta años.
+Esperando que se le concediera una audiencia
+en las Tullerías, el ilustre viajero (que no obstante
+su larga permanencia en el Japón había
+continuado siendo muy bávaro), pasaba sus veladas
+en una pequeña cervecería del arrabal
+Poissonnière, acompañado por una señorita joven
+de Munich que viajaba con él, y a quien
+presentaba como sobrina suya en todas partes.
+Allí fue donde lo encontré yo. Al entrar él,
+volvíanse todos para contemplar la fisonomía de
+ese anciano, firme y tieso con sus setenta y dos
+años, sus largas barbas canas, su interminable
+hopalanda, su ojal lleno de cintas con los distintivos
+de todas las academias científicas, y
+aquel extraño aspecto, que revelaba a un tiempo
+timidez y desenvoltura. El coronel se sentaba
+con mucha seriedad y sacaba del bolsillo
+un gran rábano negro; después la joven señorita
+que lo acompañaba, con todas las trazas
+de una alemana, de falda corta, chal de cenefa
+y sombrerito de viaje, cortaba ese rábano en
+rodajas muy finas, al estilo de la tierra, las espolvoreaba
+de sal, se las ofrecía a su <i>tío</i>, como
+ella le llamaba con su vocecita de ratón, y los
+dos empezaban a rumiar uno frente a otro, tranquila
+y sencillamente, sin suponer que su manera
+de conducirse en París pudiera parecer a
+nadie ridícula, puesto que no hacían ni más ni
+menos que lo que habían hecho en Munich.
+Verdad es que eran una pareja original y simpática,
+y no tardamos en ser buenos amigos.
+El bueno del hombre, viendo la satisfacción que
+experimentaba oyéndole hablar del Japón, habíame
+pedido que revisara su Memoria, y yo
+me apresuré a complacerlo, no sólo por amistad
+hacia ese viejo Simbad, sino también para
+enfrascarme más y más en el estudio de ese
+hermoso país, el amor al cual me había transmitido.
+La tal revisión me fue muy penosa.
+Toda la Memoria estaba escrita en el francés
+estrafalario que hablaba el señor de Sieboldt:
+«Si yo tenga accionistas... si yo <i>reuniría</i> fondos...»
+esos defectos de pronunciación que le
+hacían escribir desatinos como éstos: «Los
+grandes <i>botes</i> del Asia» por «los grandes <i>vates</i>
+del Asia» y «el <i>Jabón</i>» en lugar de «el <i>Japón</i>...»
+Agréguese a esto, frases de cincuenta líneas sin
+signos de puntuación, sin una sola coma, sin
+ningún descanso para respirar, y, no obstante,
+tan bien clasificadas en el cerebro del autor,
+que le parecía imposible suprimir ni una sola
+palabra, y cuando me ocurría tachar una línea
+en un lado, la volvía él a escribir un poco más
+lejos... ¡Lo mismo da! Lo cierto es que ese
+diablo de hombre era tan interesante con su
+<i>Jabón</i>, que me hacía olvidar las fatigas del trabajo,
+y llegado el día de la audiencia, la Memoria
+casi podía caminar por sí sola.</p>
+
+<p>¡Pobre veterano Sieboldt! Todavía me parece
+verlo irse a las Tullerías, con todas sus
+cruces en el pecho, con ese brillante uniforme
+de coronel (grana y oro) que no desembaulaba
+más que en las grandes ocasiones. Aun cuando
+todo el tiempo estaba ¡brum! ¡brum! irguiendo
+su elevada estatura, adiviné su emoción
+por el temblor de su brazo sobre el mío,
+y especialmente, por la insólita palidez de su
+nariz, un narigón de sabihondo, rojo por el estudio
+y por la cerveza de Munich. Cuando volví
+a encontrarlo, por la noche, estaba triunfante:
+Napoleón III lo había recibido entre dos puertas,
+escuchado durante cinco minutos y despedido
+con su frase ordinaria: «Veré... pensaré
+en ello.» Sin más que eso, el cándido japonés
+intentaba ya adquirir en arrendamiento el primer
+piso del <i>Gran-Hôtel</i>, poner comunicados
+en los periódicos, publicar prospectos; costome
+gran trabajo hacerle comprender que Su Majestad
+quizá se tomase mucho tiempo para reflexionar
+y que, mientras, lo más conveniente
+sería que volviera a Munich, donde la cámara
+estaba precisamente a punto de votar un crédito
+para la adquisición de sus grandes colecciones.
+Mis advertencias lo convencieron, y en recompensa
+del trabajo que me tomé con su famosa
+Memoria, me prometió al marchar enviarme
+una tragedia japonesa del siglo XVI,
+preciosa obra maestra desconocida por completo
+en Europa, y que había traducido <i>ex profeso</i>
+para su amigo Meyerbeer. Cuando murió el
+maestro, se disponía a escribir la música de los
+coros. Como ustedes ven, el excelente hombre
+deseaba hacerme un verdadero obsequio.</p>
+
+<p>Desgraciadamente, algunos días después de
+su partida, estalló la guerra en Alemania, y no
+volví a oír hablar más de mi tragedia. Habiendo
+invadido los prusianos los reinos de Würtemberg
+y de Bavaria, era bastante natural que
+su ardor patriótico y el gran trastorno de la invasión
+hubieran hecho olvidar al coronel la tragedia
+japonesa que, según me había manifestado,
+se titulaba <i>Emperador ciego</i>. Pero yo pensaba
+en él más que nunca, y, no sólo por deseos
+de poseer la obra ofrecida, sino también por
+curiosidad de ver de cerca lo que era la guerra,
+la invasión (¡Dios mío, ahora la recuerdo muy
+bien con todos sus horrores!) lo cierto es que
+una mañana temprano resolví marchar a Munich.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIb" id="IIb"></a>II</h3>
+
+<p class="cabeza">LA ALEMANIA DEL SUR</p>
+
+
+<p>¡Pueden ustedes hablarme de los pueblos de
+sangre gorda! En plena guerra, con ese sol
+achicharrante del mes de agosto, todo el país
+de más allá del Rhin, desde el puente de Kehl
+hasta Munich, tenía su aspecto tan frío y tan
+poco inquieto. Por las treinta ventanillas del
+vagón würtembergués que me conducía lenta
+y pesadamente a través de la Suabia, desfilaban
+paisajes, montañas, torrenteras, quebradas de
+magnífico verdor en que se sentía la frescura de
+los arroyos. Por las pendientes que desaparecían
+girando según avanzaban los vagones, había
+aldeanas tiesas en medio de sus rebaños, vestidas
+con sayas coloradas y corpiños de terciopelo,
+y los árboles eran tan verdes en derredor
+suyo, que parecía todo aquello una pastorela
+sacada de una de esas cajitas de abeto, que tan
+bien huelen a resina y a pino, de los bosques
+del Norte. De trecho en trecho, una docena de
+soldados de infantería vestidos de verde marcaban
+el paso en una pradera, con la cabeza
+erguida y una pierna al aire, llevando sus fusiles
+a modo de ballestas: era el ejército de cualquier
+principillo de Nassau. A veces también
+pasaban trenes tan lentos como el nuestro, cargados
+con grandes barcas, donde los soldados
+würtembergueses, amontonados como en una
+carroza alegórica, cantaban barcarolas a tres
+voces, al huir ante los prusianos. Y nuestras
+detenciones en todas las fondas, la inalterable
+sonrisa de los camareros, aquellas redondas caras
+tudescas ensanchadas, con la servilleta debajo
+de la barba, ante enormes tajadas de carne
+en salsa, y el parque real de Stuttgart por
+el que circulan multitud de carretelas, de galas,
+de cabalgatas, la música tocando valses y
+cancanes alrededor de las fuentes, mientras se
+combatía en Kissingen; cierto que, al acordarme
+de todo esto y pensar en lo que he visto
+cuatro años después en ese mismo mes de agosto,
+esas locomotoras frenéticas corriendo sin
+saber a dónde, como si la insolación hubiese
+enloquecido sus calderas, los vagones detenidos
+en pleno campo de batalla, los carriles cortados,
+los trenes pasando apuros, Francia mermada
+de día en día según se hacía más corta
+la línea férrea del Este, y en todo el trayecto
+de las abandonadas vías, el hacinamiento siniestro
+de esas estaciones, solitarias en un país
+perdido, llenas de heridos olvidados allá como
+bagajes... creo que aquella guerra de 1866 entre
+Prusia y los Estados del Sur no era más
+que una guerra ficticia, y que, a pesar de cuanto
+nos hayan podido decir, <i>lobo a lobo no se
+muerde</i>, si estos lobos son germanos.</p>
+
+<p>Para convencerse de ello, es suficiente ver a
+Munich. La noche de mi llegada, una hermosa
+noche de domingo llena de estrellas, toda la
+población vagaba por las calles. Flotaba en el
+aire un alegre rumor confuso, tan vago ante
+la luz como el polvo que levantaban los pasos
+de todos aquellos paseantes. En el fondo
+de las bodegas de cerveza, abovedadas y frescas;
+en los jardines de las cervecerías, donde
+mecían sus pálidas luces los farolillos de colores;
+por todas partes, mezclándose con el ruido
+de las pesadas tapaderas al caer sobre la boca
+de los jarros de cerveza, percibíanse las notas
+del triunfo que salían de los instrumentos
+de metal y los suspiros de los de madera.</p>
+
+<p>En una de esas cervecerías filarmónicas, encontré
+al coronel Sieboldt, sentado, con su sobrina,
+ante su eterno rábano negro.</p>
+
+<p>En la mesa contigua tomaba un <i>bock</i> el ministro
+de Negocios Extranjeros, acompañado
+del tío del Rey. Alrededor, burgueses con sus
+familias, oficiales con gafas y estudiantes con
+gorritas encarnadas, azules, verdemar, graves
+todos y silenciosos, escuchaban muy atentamente
+la orquesta de M. Gungel, y miraban
+subir el humo de sus pipas sin importárseles
+un ardite de Prusia, como si no existiera. Al
+verme, el coronel pareció turbarse un poco, y
+advertí que bajaba la voz para hablarme en
+francés. En torno nuestro cuchicheaban: <i>Franzose...
+Franzose...</i> Todos me miraban con manifiesta
+antipatía: Salgamos&mdash;me dijo el señor
+de Sieboldt, y cuando estuvimos fuera, encontré
+en él su agradable sonrisa de otros tiempos.
+El buen hombre no había olvidado su
+promesa, pero la clasificación de su colección
+japonesa, que acababa de vender al Estado, le
+tenía ocupadísimo. Por eso no me había escrito.
+En cuanto a mi tragedia, estaba en Würzburgo,
+en poder de la señora de Sieboldt, y para
+llegar hasta allá necesitaba una autorización
+especial de la Embajada Francesa, porque los
+prusianos se acercaban a Würzburgo y era ya
+muy difícil el conseguir entrar en dicha población.
+Tenía tales deseos de poseer mi <i>Emperador
+ciego</i>, que a no ser por el temor de encontrar
+acostado al señor de Trevise, hubiera ido
+aquella misma noche a la Embajada.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IIIb" id="IIIb"></a>III</h3>
+
+<p class="cabeza">EN «DROSCHKE»</p>
+
+
+<p>El fondista de la <i>Grappe Bleu</i> me hizo montar
+al día siguiente bien temprano en uno de
+esos pequeños vehículos de alquiler que no faltan
+nunca en los patios de las fondas para enseñar
+a los viajeros las curiosidades de la ciudad,
+y desde donde se os aparecen como entre
+las hojas de una guía los monumentos y las calles
+más importantes. No se trataba entonces
+de llevarme a ver la ciudad, sino de conducirme
+a la Embajada Francesa:&mdash;<i>¡Französische
+Ambassad!</i>&mdash;repitió el fondista dos veces. El
+cochero, un hombrecillo con traje azul y un
+sombrero enorme, parecía muy asombrado del
+nuevo destino que se daba a su coche, a su
+<i>droschke</i> (según dicen en Munich). Pero mi
+sorpresa fue mucho mayor que la suya, cuando
+le vi volver la espalda al barrio noble, entrar
+en una larga ronda de arrabal, llena de fábricas,
+casas de obreros y jardinillos, atravesar las
+puertas y conducirme fuera de la ciudad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Embajada Francesa?&mdash;le preguntaba yo
+frecuentemente con inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ya, ya</i>&mdash;respondía el hombrecillo, y seguíamos
+rodando. Deseaba pedir algunos otros
+informes; pero era imposible porque mi conductor
+no hablaba francés, y yo mismo por
+aquella época sólo conocía de la lengua alemana
+dos o tres frases muy elementales, en que
+se trataba de pan, cama y comida, y en manera
+alguna de embajador. Y aun esas frases no podía
+pronunciarlas más que cantando; he aquí
+por qué.</p>
+
+<p>Algunos años antes, había emprendido con
+un camarada tan loco como yo, a través de Alsacia,
+Suiza y el Ducado de Badén un verdadero
+viaje de buhonero, con el saco a cuestas,
+a jornadas de doce leguas, rodeando las poblaciones
+de las cuales sólo deseábamos ver las
+puertas, y marchando siempre por sendas y
+atajos sin saber a dónde nos conducirían. Esto
+nos proporcionaba, frecuentemente, la sorpresa
+de pernoctar a campo raso o bajo el alero
+desmantelado de alguna granja; pero lo que
+hacía más accidentada nuestra excursión es que
+ni uno ni otro sabíamos una palabra alemana.
+Con el auxilio de un diccionario de bolsillo, que
+compramos al pasar por Basilea, llegamos a
+construir algunas frases muy sencillas, tan inocentes
+como <i>Vir vóllen trínken bier</i> (deseamos
+beber cerveza), <i>Vir vóllen essen käse</i> (queremos
+comer queso); desgraciadamente, por poco
+complicadas que parezcan, nos costaba mucho
+trabajo retener en la memoria esas malditas
+frases. No las teníamos en la punta de la
+lengua, como dicen los cómicos. Ocurriósenos
+entonces la idea de ponerlas en música, y tan
+bien se adaptaba a ellas la tonadilla que compusimos,
+que las palabras penetraron en nuestra
+memoria con las notas, y ya no podían salir
+de allí las unas sin arrastrar consigo las
+otras. Curiosísima era la cara que ponían los
+posaderos badeneses cuando por la noche entrábamos
+en el gran comedor del Gasthaus, y
+después de desatar nuestras mochilas, cantábamos
+con voz retumbante:</p>
+
+<p class="poem">
+Vir vóllen trínken bier (<i>bis</i>)<br />
+Vir vóllen, ya, vir vóllen<br />
+<span style="margin-left: 6em;">¡Ya!</span><br />
+Vir vóllen trínken bier.<br />
+</p>
+
+<p>Pero desde entonces acá me he <i>perfeccionado</i>
+en el alemán. ¡He tenido tantas ocasiones
+de aprenderlo!... Mi vocabulario se ha enriquecido
+con una infinidad de locuciones, de frases.
+Aunque ya las hablo, no las canto... ¡Oh, no;
+no me entran deseos de cantarlas!...</p>
+
+<p>Pero volvamos a mi coche.</p>
+
+<p>Andábamos muy despacio, por una avenida
+orillada de árboles y casas blancas. De repente,
+detúvose el cochero.</p>
+
+<p>&mdash;<i>¡Da!</i>&mdash;me dijo, señalándome una casita
+oculta bajo las acacias, y que me pareció muy
+silenciosa y retirada para ser una Embajada. En
+un ángulo de la pared brillaban junto a una
+puerta tres botones de cobre superpuestos. Tiro
+de uno al azar, ábrese la puerta y entro en
+un vestíbulo elegante y cómodo, con flores y
+alfombras por doquier. En la escalera estaban
+colocadas media docena de camareras bávaras
+que habían acudido al oír mi campanillazo, con
+aquel aspecto de pájaros sin alas tan poco gracioso,
+que tienen todas las mujeres del lado allá
+del Rhin.</p>
+
+<p>Pregunto:&mdash;¿Embajada Francesa?&mdash;Me lo
+hacen repetir dos veces y hete aquí que empiezan
+a reír, pero a reír haciendo retemblar la
+baranda con sus estremecimientos. Me vuelvo
+furioso hacia mi cochero, y le hago comprender
+a fuerza de gestos que se ha equivocado, que la
+Embajada no está allí.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya&mdash;responde el hombrecillo sin inmutarse,
+y volvemos a Munich.</p>
+
+<p>Forzoso es creer que nuestro embajador de
+entonces variaba de domicilio, frecuentemente,
+o bien que por no alterar mi cochero las costumbres
+de su coche se le había antojado hacerme
+visitar, que quieras que no, la ciudad y
+sus inmediaciones. Lo cierto es que pasamos
+toda la mañana recorriendo Munich en todos
+los sentidos, en busca de aquella fantástica Embajada.
+Después de otros dos o tres intentos,
+acabé por no apearme ya del coche. El cochero
+iba y venía, deteníase en ciertas calles y hacía
+como que se informaba. Me dejé llevar sin hacer
+otra cosa que mirar en mi derredor. ¡Qué
+ciudad más aburrida y fría ese Munich, con
+sus grandes paseos, sus alineados palacios, sus
+calles extraordinariamente anchas y donde resuenan
+los pasos, su museo al aire libre de notabilidades
+bávaras tan muertas dentro de sus
+blancas estatuas!</p>
+
+<p>¡Qué gran número de columnas, de arcos,
+de frescos, de obeliscos, de templos griegos, de
+propíleos, de dísticos en letras doradas sobre
+los frontones! Todo esto esforzándose por parecer
+grandioso, pero parece como que se siente
+el vacío y el énfasis de aquella falsa grandeza,
+al ver en todos los confines de las avenidas los
+arcos triunfales por donde no pasa más que el
+horizonte, los pórticos abiertos sobre el espacio
+azul. Del mismo modo me imagino yo esas
+ciudades fantásticas, mezcla de Italia y de Alemania,
+por donde Musset hace pasearse el incurable
+tedio de su Fantasio y la peluca solemne
+y necia del príncipe de Mantua.</p>
+
+<p>Cinco o seis horas duró esta carrera en coche,
+después de las cuales el cochero volvió a
+llevarme triunfalmente al patio de la <i>Grappe-Bleue</i>,
+haciendo restallar su látigo, orgullosísimo
+de haberme enseñado a Munich. En cuanto
+a la Embajada, terminé por encontrarla dos
+calles más allá de mi fonda, pero el descubrimiento
+no me sirvió para nada, porque el canciller
+se negó a darme pasaporte para Würzburgo.
+Según parece, éramos muy mal vistos
+por aquellos días en Baviera, un francés no
+hubiera podido aventurarse sin peligro hasta
+los puestos avanzados. Fueme por lo tanto preciso
+aguardar en Munich a que la señora de
+Sieboldt tuviera ocasión de hacer llegar a mis
+manos la tragedia japonesa.</p>
+
+
+
+<h3><a name="IVb" id="IVb"></a>IV</h3>
+
+<p class="cabeza">EL PAÍS DE LO AZUL</p>
+
+
+<p>¡Rareza humana! Esos buenos bávaros, que
+tanto nos vituperaban por no haberles ayudado
+en esa guerra, no experimentaban la más
+mínima animosidad contra los prusianos. Ni
+vergüenza por las derrotas, ni odio al vencedor.
+¡Es el primer ejército del mundo!&mdash;me
+decía orgulloso el fondista de la <i>Grappe-Bleue</i>,
+al siguiente día de la batalla de Kissingen;&mdash;y
+ésa era la opinión general en Munich. En
+los cafés arrebatábanse de las manos los periódicos
+de Berlín. Reían hasta desternillarse las
+cuchufletas del <i>Kladderadatsch</i>, esas burdas
+chacotas berlinesas tan pesadas como el famoso
+martillo-pilón de la fábrica de Krupp, de
+cincuenta mil kilogramos. No dudando nadie
+acerca de la próxima entrada de los prusianos,
+cada cual preparábase a recibirlos bien. Las
+cervecerías almacenaban gran número de salchichas
+y de cochinillos de leche. En las casas
+particulares preparaban alojamientos de oficiales.</p>
+
+<p>Los únicos que mostraban alguna inquietud
+eran los Museos. Un día, al entrar en la Pinacoteca,
+encontré desnudas las paredes, y a los
+empleados clavando grandes cajones llenos de
+cuadros preparados para salir hacia el Sur. Se
+temía que el vencedor, muy respetuoso para
+con la propiedad particular, no lo fuese tanto
+con las colecciones del Estado. Por esta razón,
+de todos los Museos de la ciudad, sólo permanecía
+abierto el del señor de Sieboldt. En su
+calidad de oficial holandés y condecorado con la
+cruz del Aguila de Prusia, pensaba el coronel
+que nadie intentaría atacar su colección en su
+presencia. Y mientras esperaba la llegada de
+los prusianos, paseábase con su uniforme de
+gala a través de los tres largos salones que el
+Rey le había concedido en el jardín de la corte,
+especie de Palais-Royal más verde y tétrico que
+el francés, rodeado de claustrales muros pintados
+al fresco.</p>
+
+<p>Esas curiosidades expuestas con rótulos en
+ese gran palacio triste constituían, efectivamente,
+un museo, conjunto melancólico de cosas
+traídas de países muy lejanos, separadas de
+su medio ambiente. El mismo veterano Sieboldt
+parecía que formaba parte de él por su
+aspecto extraño. Todos los días lo visitaba y
+pasábamos juntos largas horas hojeando esos
+manuscritos japoneses ilustrados con láminas,
+esos libros científicos o históricos, unos tan
+inmensos que no se podían abrir más que en
+el suelo, otros tan largos como una uña, solamente
+legibles con una lupa muy potente, dorados,
+finos, preciosos. El señor de Sieboldt
+me hacía admirar su enciclopedia japonesa en
+noventa y dos tomos, o me traducía una oda
+del <i>Hiah-nin</i>, obra valiosísima que había sido
+publicada bajo los auspicios de los emperadores
+japoneses, y donde están las biografías, los
+retratos y fragmentos líricos de los cien poetas
+más famosos del Imperio. Después ordenábamos
+su colección de armas, los cascos de oro
+con anchas carrilleras, las corazas, las cotas de
+mallas y esos largos sables de mandoble que
+requirieron su caballero templario y con los
+cuales puede abrirse el vientre tan bien.</p>
+
+<p>Explicábame las divisas de amor pintadas sobre
+las frágiles láminas de nácar, me introducía
+en los hogares domésticos japoneses mostrándome
+el modelo de su casa en Yeddo, una miniatura
+de laca, al que no faltaba un solo detalle, desde
+las cortinillas de seda de las ventanas hasta
+las grutas artificiales de rocalla del jardín, un
+jardinillo minúsculo adornado con plantas enanas
+de la flora indígena. Lo que me agradaba
+también mucho eran los objetos del culto japonés,
+sus diminutos dioses de madera pintada,
+las casullas, los vasos sagrados y esas capillas
+portátiles, verdaderos teatros de muñecas, que
+conservan los fieles en un rincón de su casa.
+Los pequeños ídolos rojos están alineados en
+el fondo, hacia adelante pende una cuerdecita
+con nudos. Al ir a comenzar el japonés su oración,
+se inclina y toca con este cordón un timbre
+que brilla junto al altar, excitando de este
+modo la atención de sus dioses. Tenía yo un
+placer infantil en hacer sonar estos timbres
+mágicos y dejando que mis ensueños volasen
+en alas de esas ondas sonoras hasta el fondo
+de esas Asias orientales donde el sol que nace
+parece haberlo dorado todo, desde las hojas de
+sus enormes sables hasta los cantos de sus diminutos
+libros.</p>
+
+<p>Las calles de Munich producíanme un extraño
+efecto al salir de allí con los ojos deslumbrados
+por todos aquellos reflejos de laca y
+jade, por los chillones colores de los mapas geográficos,
+especialmente los días en que el coronel
+me había leído una de aquellas odas japonesas
+de una poesía casta, sublime, tan original
+como profunda. El Japón y Baviera, estos
+dos países nuevos para mí, que iba conociendo
+casi al mismo tiempo, mirando al uno al través
+del otro, se mezclaban y confundían dentro
+de mi cerebro, convertidos en una especie
+de paisaje vago, en el país de lo azul. Aquella
+línea azulada de los viajes que acababa de contemplar
+en las tazas japonesas, representando
+los rasgos de las nubes y el boceto de las
+aguas, la percibía en los azulados frescos de
+los muros. ¡Y esos soldados azules que se
+adiestraban en el manejo de las armas en las
+plazas, con sus cascos japoneses, y ese cielo
+despejado y tranquilo, azul como la flor del
+<i>Vergiss-meinnicht</i>, y ese cochero azul, que me
+conducía a la fonda de la <i>Grappe-Bleue</i>!</p>
+
+
+
+<h3><a name="Vb" id="Vb"></a>V</h3>
+
+<p class="cabeza">PASEO SOBRE EL STARNBERG</p>
+
+
+<p>También se armonizaba con las visiones azuladas
+del país entrevisto por mí el lago centelleante,
+que espejea en lo más recóndito de
+mi memoria. Sólo con escribir ese nombre de
+Starnberg, he vuelto a ver cerca de Munich la
+extensa superficie de agua, tersa, llena de cielo,
+familiar y viva por el humo de un vaporcillo
+que costeaba sus orillas. Rodeándola, las
+obscuras masas de los grandes parques, separadas
+de trecho en trecho, y como rotas por la
+blancura de las casas de campo. Más arriba villorrios
+con los aleros apiñados, nidos de casas
+colocados sobre los ribazos escarpados, más
+arriba aún, las montañas del Tirol, lejanas, del
+color del aire en que flotan, y en un extremo
+de ese cuadro algo clásico, pero tan encantador,
+el viejo, viejísimo batelero, con sus largas
+polainas y su chaleco rojo con botones de
+plata, quien me paseó un domingo entero enorgulleciéndose
+de llevar un francés en su
+barca.</p>
+
+<p>No era la primera vez que disfrutaba semejante
+honor. Acordábase perfectamente de haber
+hecho pasar en su juventud el Starnberg a
+un oficial. Hacía de esto sesenta años, y por
+el respeto con que me hablaba el buen hombre,
+comprendí la impresión que debió de causarle
+aquel francés de 1806, algún gracioso Oswaldo
+del primer imperio, con su pantalón colán,
+sus botas con arrugas en la caña, un gigantesco
+<i>schapska</i> y atrevimientos de vencedor.
+Si el barquero del Starnberg vive todavía,
+dudo que admire tanto a los franceses.</p>
+
+<p>Los habitantes de Munich pasean sus alegrías
+del domingo sobre ese hermoso lago y
+dentro de los abiertos parques de las residencias
+que lo circundan. La guerra no había alterado
+esta costumbre: El día que yo pasé en
+él, al borde del agua, estaban atestados de
+gente los merenderos, gruesas señoras sentadas
+en corro ahuecaban sus faldas sobre las praderas.
+Por entre las ramas que se cruzan sobre
+el lago azul, veíanse grupos de Gretchen y de
+estudiantes, envueltos en una aureola de humo
+de las pipas. Algo más lejos, en un claro del
+parque Maximiliano, una boda de campesinos,
+lucida y ruidosa, bebía delante de largas tablas
+colocadas en banquillos, en tanto que un
+guarda de monte, con uniforme verde y escopeta
+en mano, en la actitud de un hombre que
+dispara, enseñaba a manejar ese maravilloso
+fusil de aguja, que con tanto éxito empleaban
+los prusianos. Me era necesario el verlo para
+acordarme de que se combatía a tan corta distancia
+de nosotros. Y sin embargo, era de creer
+que había guerra, puesto que aquella misma
+noche, cuando regresaba a Munich, vi en una
+plazuela, abrigada y recogida como una capilla
+de iglesia, cirios que ardían alrededor de una
+<i>Maria-Säule</i>, y mujeres arrodilladas, cuyos prolongados
+sollozos eran interrumpidos por las
+plegarias.</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIb" id="VIb"></a>VI</h3>
+
+<p class="cabeza">LA BAVARIA</p>
+
+
+<p>No obstante lo mucho que desde hace algunos
+años se ha escrito acerca de la patriotería
+francesa, nuestras necedades patrióticas, nuestras
+vanidades y nuestras fanfarronadas, no
+creo que exista en Europa un pueblo más pretencioso,
+más vano, más infatuado consigo mismo
+que el pueblo de Baviera. Su cortísima historia,
+diez páginas sueltas de la de Alemania,
+puede leerse en las calles de Munich, gigantesca,
+desproporcionada, toda en pinturas y en
+monumentos, como uno de esos libros que se
+regalan a los niños como aguinaldo, con poco
+texto y muchas láminas. En París sólo tenemos
+un arco de triunfo. En Baviera hay diez,
+el pórtico de las Victorias, el pórtico de los
+Mariscales, y no sé cuántos obeliscos erigidos
+<i>Al valor heroico de los guerreros bávaros</i>.</p>
+
+<p>Ser grande hombre en este país es conveniente,
+porque está seguro de que su nombre
+será grabado en todas partes en mármoles y
+bronces, y se le erigirá una estatua, por lo
+menos, en medio de una plaza o en lo alto de
+algún friso entre victorias de mármol blanco.
+Esa monomanía por las estatuas, las apoteosis
+y los monumentos conmemorativos, hasta tal
+extremo llega entre estas buenas gentes, que
+en las esquinas de las calles tienen puestos pedestales
+vacíos, dispuestos para los desconocidos
+grandes hombres que surjan en el porvenir.
+En este momento deben de estar ya ocupados
+casi todos ellos. ¡Les ha suministrado la guerra
+de 1870 tantos héroes, tantos episodios gloriosos!</p>
+
+<p>Me complazco figurarme, por ejemplo, al
+ilustre general <i>von der</i> Than ligero de ropas,
+según la antigua usanza, en medio de un verde
+jardinillo, con un hermoso pedestal adornado
+con bajos relieves que representen por un lado
+los <i>Guerreros bávaros incendiando la aldea de
+Bareilles</i>, y por el otro, los <i>Guerreros bávaros
+rematando a los heridos franceses en la ambulancia
+de Woerth</i>. ¡Qué grandioso monumento
+será!</p>
+
+<p>No contentos con tener tan profusamente
+esparcidos por la ciudad sus grandes hombres,
+los bávaros los han reunido en un templo construido
+a las puertas de Munich, y al cual denominan
+la <i>Sala de la gloria</i>. Bajo un ancho
+pórtico con columnas de mármol que dan vuelta
+formando tres lados de un cuadrado, están
+colocados en repisas los bustos de los electores,
+de los reyes, de los generales, de los abogados,
+etcétera. (El catálogo está de venta en la portería).</p>
+
+<p>Algo delante elévase una colosal estatua, una
+<i>Bavaria</i> de noventa y dos pies de altura, erguida
+sobre el último rellano de una de esas grandes
+escalinatas tan melancólicas que ascienden
+al descubierto entre el verde follaje de los jardines
+públicos. Con su piel de león al hombro,
+su espada en una mano, y la corona de la gloria
+(¡en todas partes la gloria!) en la otra, al
+ver aquella inmensa mole de bronce, al fin de
+uno de esos días de agosto en que las sombras
+se alargan de un modo extraordinario, llenaba
+la silenciosa llanura con su actitud enfática. Alrededor
+de ella, a lo largo de la columnata, los
+perfiles de los hombres célebres hacían muecas
+al sol poniente. ¡Y todo aquello tan desolado,
+tan tétrico! Al oír resonar mis pasos sobre las
+losas, volvía a experimentar aquella impresión
+de grandeza en el vacío que me atormentaba
+desde mi llegada a Munich.</p>
+
+<p>Una escalerilla de fundición asciende dando
+vueltas por el interior de la <i>Bavaria</i>. Se me antojó
+subir hasta lo más alto y sentarme un momento
+dentro de la cabeza del coloso, un saloncito
+redondo alumbrado por dos ventanas
+que son los ojos. A pesar de esos ojos abiertos
+un dirección al horizonte azul de los Alpes, el
+calor allá dentro era asfixiante. El bronce caldeado
+por el sol, me envolvía en un calor pesadísimo.
+Fueme preciso bajar más que a escape.
+Pero, lo mismo da. Eso me fue suficiente
+para conocerte, ¡oh, gran <i>Bavaria</i> inflada y
+sonora! Había visto tu pecho sin corazón, tus
+rollizos brazos de cantante hinchados y sin
+músculos, tu espada de metal repujado, y sentido
+dentro de tu hueca cabeza la pesada borrachera
+y el aplanamiento cerebral de un bebedor
+de cerveza. ¡Y pensar que, al emprender
+esa insensata guerra de 1870, contaron contigo
+nuestros diplomáticos! ¡Ah, si ellos se
+hubiesen tomado también la molestia de subir
+por dentro de la <i>Bavaria</i>!</p>
+
+
+
+<h3><a name="VIIb" id="VIIb"></a>VII</h3>
+
+<p class="cabeza">¡EL EMPERADOR CIEGO!</p>
+
+
+<p>A los diez días de estancia en Munich, no había
+recibido aún ninguna noticia de mi tragedia
+japonesa. Comenzaba a desesperar de poseerla,
+cuando una noche, en el jardín de la
+cervecería donde acostumbrábamos comer, vi
+llegar a mi coronel con la cara llena de júbilo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ya está en mi poder!&mdash;me dijo,&mdash;venga
+mañana por la mañana al museo. La leeremos
+juntos. ¡Ya verá qué bonita es!</p>
+
+<p>Estaba muy animado aquella noche. Sus ojos
+brillaban al hablar. Recitaba en alta voz pasajes
+de la tragedia e intentaba cantar los coros.
+Más de una vez creyose obligada su sobrina
+a hacerle callar:&mdash;¡Tío, tío!&mdash;Yo atribuía
+aquella fiebre, aquella exaltación, a un puro
+entusiasmo lírico. Efectivamente, eran muy bellos
+los fragmentos que me recitaba, y sentía
+prisa por posesionarme de mi obra maestra.</p>
+
+<p>Al día siguiente, al llegar al jardín de la
+corte, sorprendiome extraordinariamente el encontrar
+cerrada la sala de las colecciones. La
+ausencia del museo era tan extraña en el coronel,
+que corrí a su domicilio con una vaga
+inquietud. La calle en que habitaba, una calle
+del arrabal, tranquila y corta, con jardines y
+casitas bajas, me pareció más agitada que de
+ordinario.</p>
+
+<p>La gente charlaba formando corrillos delante
+de las puertas. La de la casa de Sieboldt estaba
+cerrada, pero las persianas no.</p>
+
+<p>Todo era entrar y salir las gentes con aspecto
+triste. Presentíase allí una de esas catástrofes
+sumamente grandes para caber dentro del
+hogar, y que se desbordan hasta el exterior.
+Cuando llegué, percibí gemidos sollozantes. Salían
+del fondo de un pequeño corredor, de dentro
+de una gran habitación atestada y clara como
+una sala de estudios. Veíase en ella una larga
+mesa de madera blanca, libros, manuscritos,
+anaqueles con colecciones, álbums encuadernados
+en brocato de seda; pendientes de la
+pared había armas japonesas, estampas, grandes
+mapas geográficos, y entre ese desbarajuste
+de viajes y de estudios, el coronel tendido sobre
+su cama, con sus largas barbas blancas sobre
+su pecho, y la pobrecilla sobrina llorando de
+rodillas en un rincón.</p>
+
+<p>El señor de Sieboldt había muerto repentinamente
+aquella noche.</p>
+
+<p>No quise detenerme más y aquella misma
+tarde salí de Munich sin ánimo para perturbar
+toda aquella desolación nada más que por un
+antojo literario, y por esta causa no pude saber
+de la maravillosa tragedia japonesa más que el
+título: <i>¡El Emperador ciego!</i> Más tarde he presenciado
+la representación de otra tragedia, a
+la cual hubiera convenido perfectamente este
+título importado de Alemania: tragedia siniestra,
+saturada de lágrimas y sangre, y que no
+tenía nada de japonesa.</p>
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+<hr />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Cartas de mi molino, by Alphonse Daudet
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CARTAS DE MI MOLINO ***
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
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+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
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+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
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+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
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+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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