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+The Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Amparo
+ (Memorias de un loco)
+
+Author: Manuel Fernández y González
+
+Release Date: November 19, 2008 [EBook #27295]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
+
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+
+
+MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ
+
+AMPARO
+
+(MEMORIAS DE UN LOCO)
+
+SEGUNDA EDICIÓN
+
+MADRID
+
+EST. TIP. DE RICARDO FÉ
+
+Cedaceros, núm. 11
+
+1888.
+
+_Es propiedad._
+
+
+
+
+EPÍLOGO
+
+
+He pasado de los treinta años, funesta edad de tristes desengaños, que
+dijo Espronceda.
+
+Me he arrancado mi primera cana.
+
+La experiencia se ha encargado de arrancarme una a una todas mis
+ilusiones, o por mejor decir de secar todas mis creencias.
+
+Hoy sólo tengo dos:
+
+Creo en un Dios incomprensible.
+
+Creo que la vida es un sueño
+
+La primera verdad la ha dicho la Biblia.
+
+La segunda la ha dicho Calderón.
+
+Si alguien dijo la primera antes que la Biblia;
+
+Si alguien dijo la segunda antes que Calderón, quede sentado que yo no
+conozco fuera de aquel admirable libro y de aquel admirable poeta, al o
+a los que haya o hayan dicho aquellas dos verdades.
+
+Lo que yo sé decir, por experiencia propia, es que nadie cree las
+verdades hasta que se las hace conocer la experiencia.
+
+La experiencia, en general, tiene una manera muy dura de dar a conocer
+las verdades.
+
+Si se nos permite que supongamos que la vida es un camino sobre el cual
+marchamos con los ojos vendados, se nos permitirá también suponer que la
+experiencia es un poste colocado en medio de nuestro camino, hacia el
+que marchamos a ciegas, y contra el cual nos rompemos las narices.
+
+Pero en cambio, y por mucho que el golpe nos haya dolido, encontramos
+una verdad que no conocíamos;
+
+El reverso de una medalla;
+
+La antítesis de una bella idea;
+
+El interior de un _sepulcro blanqueado_;
+
+Sarcasmo y podredumbre.
+
+De lo que se deduce que: costándonos el conocimiento de cada verdad una
+contusión, y siendo infinitas las verdades que nos obligan a descubrir
+las ilusiones que debemos a nuestro amor propio, un hombre no puede
+llegar a tener experiencia, sin encontrarse completamente descoyuntado.
+
+Un hombre lleno de experiencia es un árbol muerto, metafóricamente
+hablando, contra el cual zumba desapiadadamente el _huracán de las
+pasiones_, valiéndonos de otra metáfora.
+
+Y sin embargo de que, y continuamos en el estilo metafórico, ya no tiene
+ni frutos ni hojas que el huracán pueda arrancarle, le arranca las
+extremidades de las ramas secas.
+
+Después viene el rayo y le hace trizas.
+
+Después la lluvia del invierno le pudre.
+
+¿Dónde estaba el hermoso árbol?
+
+Hasta sus raíces se han podrido.
+
+Ese árbol no ha existido.
+
+Ha sido un hermoso sueño de primavera.
+
+Una horrible pesadilla de verano.
+
+Sí; Dios que ha hecho su criatura para que sea destruida, es
+incomprensible.
+
+La vida que pasa sin dejar tras sí vestigio alguno es un sueño.
+
+Quede sentado que la Biblia es un gran libro;
+
+Que Calderón era un gran poeta;
+
+Y que yo soy lo que quieran mis lectores que sea.
+
+* * *
+
+Esto escribía yo una noche que no tenía sueño.
+
+Eran las tres.
+
+Estaba en calzoncillos blancos y tenía frío.
+
+No tenía un cuarto y estaba desesperado.
+
+Un viejo reloj de pared me dejaba oír un monótono tic-tac.
+
+El ruido de un péndulo cuando se está en cierta disposición de ánimo, es
+un ruido que crispa los nervios.
+
+No sé a quien he oído decir que el cólera morbo es una enfermedad
+nerviosa.
+
+De modo, que cuando no se tiene sueño, cuando no se tiene dinero, y se
+tiene frío, y se oye el tic-tac de un péndulo, en medio del silencio de
+la noche, se está muy expuesto a ser un _caso_.
+
+Por lo mismo, y cediendo a un laudable sentimiento de conservación
+propia, voy a meterme de nuevo en la cama y a buscar la vida en el
+sueño.
+
+Porque, si la vida es sueño, el sueño debe ser vida.
+
+Y esto es tan exacto, como que, si la vida del hombre son las ilusiones,
+nada más comparable a la vida que el hermoso sueño de un sediento que
+cree estar echado de bruces sobre una fuente cristalina;
+
+O el de un pobre que cuente oro;
+
+O el de un enamorado que besa y devora a una mujer hermosa;
+
+O el de un diputado de la oposición que se mete debajo del brazo una
+cartera;
+
+O el de un hambriento que come en la fonda del <sc>Cisne</sc>.
+
+(Entre paréntesis: la fonda del <sc>Cisne</sc> es de un amigo mío, y puedo
+recomendarle cualquiera de mis lectores, para que en un cubierto de a
+duro le ponga un plato más.)
+
+* * *
+
+Me he metido en la cama, pero no he conseguido dormirme.
+
+La realidad huye de mí: el sueño me persigue.
+
+Soñemos, ya que no podemos vivir.
+
+Soñemos escribiendo.
+
+Escribir es muy fácil, sobre todo cuando se escribe mal.
+
+Por eso tenemos en España tantos literatos;
+
+Y tantos poetas;
+
+Y tantos periodistas;
+
+Y tantos sabios.
+
+Esto consiste en que en España todos estamos aburridos, o tenemos frío o
+hambre, y nos distraemos escribiendo.
+
+También es cierto que son muy pocos los que se distraen leyéndonos.
+
+Por eso en España los escritores no tenemos un cuarto.
+
+Hay diez musas.
+
+O por mejor decir, no hay diez musas sino una.
+
+Antes había nueve.
+
+La una, que las ha matado, es una musa horrible que vive de dar muerte.
+
+Esa musa es el <sc>Hambre</sc>.
+
+El hambre es la musa de los españoles.
+
+¿Quién dijo esto? ¿Quién lo dijo?
+
+Venturita.
+
+No señor: don Ventura.
+
+Aun no señor: el excelentísimo señor don Ventura de la Vega.
+
+El que abandona a _César_ por el _Marqués de Caravaca_;
+
+La tragedia por la zarzuela;
+
+La fama por el dinero.
+
+Bien sabía Vega lo que se decía cuando dijo que la musa diez era el
+hambre.
+
+Nosotros hemos dicho que el hambre es la musa única de los españoles.
+
+Y si no, ¿quién les inspiró la revolución de julio?
+
+Porque una revolución no es otra cosa que una poesía diabólica, para
+producir, la cual es necesario que a todo un pueblo se le calienten los
+cascos.
+
+¿Quién fue, pues, la musa que inspiró al pueblo de Madrid aquella
+sinfonía infernal de los _tres días_ y aquel poema berroqueño en quince
+cantos de las barricadas?
+
+Fue la libertad.
+
+Sí, señor: pero la libertad en su sentido real, tangible y comestible:
+el deseo de comer libremente.
+
+¿Quién inspiró tantas cosas inspiradas como se dijeron y se escribieron?
+
+La necesidad de comer.
+
+Es verdad que no hemos comido tanto como esperábamos: que el banquete no
+ha correspondido al programa... pero...
+
+Se conoce que estoy de muy mal humor, en que he ido a meterme con botas
+y espuelas bajo la jurisdicción o en la jurisdicción del señor fiscal de
+imprenta.
+
+Por lo mismo, y para evitar una cornada, tomemos de nuevo el olivo de la
+bella literatura.
+
+Esto es: levantemos ante el señor fiscal, como en señal de paz, un ramo
+de oliva.
+
+Dicen que en el Saladero es muy fácil convertirse en _caso_. [* Esto se
+escribía durante el cólera.]
+
+Es necesario, pues, evitar de todo punto que le pongan a uno en
+salmuera.
+
+Pero diréis, y con razón: el autor está loco:
+
+Perdonad: una palabra.
+
+Tened en cuenta que he empezado mi novela por el epílogo: es decir, que
+la he acometido por la cola.
+
+Este epílogo, reducido a su verdadera expresión debía constar únicamente
+de estas palabras:
+
+<sc>El autor se ha vuelto loco</sc>.
+
+O bien si no os agrada el modismo:
+
+<sc>El autor ha enloquecido</sc>.
+
+O bien:
+
+El autor no ha logrado todavía encontrar su juicio, y se lo pide a sus
+lectores.
+
+* * *
+
+
+
+
+MEMORIAS DE UN LOCO
+
+
+Era ya muy tarde, o por mejor decir muy temprano.
+
+Los relojes de la villa de Madrid habían marcado las tres de la mañana.
+
+No había alumbrado; pero el reflejo de la nieve que cubría las calles
+hacía la noche muy clara, aunque el cielo estaba muy oscuro.
+
+Salía yo de una de esas casas...
+
+Pero antes de que os diga la casa de donde salía, debo deciros quién soy
+yo.
+
+Soy un hombre ni feo ni hermoso, que acabo de cumplir treinta y seis
+años, y que en la época en que pongo la fecha de mis memorias tenía
+veinticuatro.
+
+Soy una persona decente, porque soy rico, y lo fue mi padre y también lo
+fueron mis abuelos.
+
+Porque soy rico y persona decente me fastidiaba en aquella época.
+
+Ahora no me fastidio: ahora agonizo.
+
+Pero en aquella época estaba hastiado.
+
+A los veinticuatro años había viajado mucho, y de mis viajes sólo había
+sacado en limpio una suma enorme de recuerdos embrollados.
+
+Mi pensamiento era una especie de torre de Babel.
+
+En mi continuo trato con toda clase de gentes sólo había encontrado una
+verdad.
+
+Que nuestro hombre y nuestra mujer no existen.
+
+O, precisando más la frase, que nuestro amigo y nuestra amante son dos
+fantasmas soñados por nuestro deseo.
+
+Sin embargo, muchos hombres me han ofrecido su bolsa y su vida, y muchas
+mujeres su cuerpo y su alma.
+
+Yo tomaba lo que estos hombres y estas mujeres me vendían a beneficio de
+inventario, y ponía en cuenta corriente sus sacrificios frente a mi
+dinero.
+
+Lo que significa que descubrí otra verdad que se contiene en los
+siguientes versos:
+
+ Pues el amor y la amistad se venden,
+ lo que hay que procurarse es el dinero.
+
+Si yo hubiera sido pobre, me hubiera afanado por adquirirle, para tener
+un día el placer de estrechar las manos de muchos amigos y ser
+estrechado entre los brazos de muchas amantes.
+
+Pero como era rico, me encontré en posición de entrar en el mundo de las
+afecciones por la puerta principal desde el momento en que me decidí a
+ser _hombre de mundo_.
+
+Y tuve amigos y amantes... a docenas.
+
+Pero comprendí que estos amigos y estas amantes no merecían ni aun los
+honores de la farsa.
+
+Acabé por hastiarme y pensé en el suicidio.
+
+El hastío es la modorra del espíritu, su condensación, su no hay más
+allá; su mortaja, su ataúd, su _pulvis es_.
+
+Un hombre hastiado es un muerto que anda; un muerto que en vez de
+apestar a los vivos es apestado por ellos.
+
+Me decidí por el suicidio.
+
+Pero no adopté el medio vulgar de darme un pistoletazo, de suspenderme,
+de sumergirme, de darme de puñaladas o de beber ácido prúsico.
+
+Tales medios no los adoptan más que los desesperados de mal género.
+
+Los que temen a los acreedores.
+
+Los que han sido bastante necios para referir su existencia a la
+posesión de una mujer.
+
+Los etcétera, etcétera.
+
+Un hombre hastiado debe morir noblemente luchando brazo a brazo con el
+hastío, forzándole, estrechándole, entrando de lleno en los excesos de
+todo género, hasta caer bajo los estragos de una vida monstruosa,
+absurda.
+
+Yo lo adopté todo: la crápula, la orgía el desorden, el placer...
+
+Yo esperaba que apareciese la tisis.
+
+Pero la tisis huyó espantada de mí.
+
+Inútilmente forcé mi organización, procuré gastarme.
+
+Mi organización resistió como una máquina de acero.
+
+Entonces me entregué resignado a mi destino.
+
+Como si un genio fatal y poderoso se hubiese propuesto oponerse a mi
+voluntad, se me hizo imposible el suicidio, a no ser apelando al medio
+ruidoso y poco decente de levantarme la tapa de los sesos, o de hacerme
+matar en un duelo.
+
+Me reduje, pues, a satisfacer las necesidades materiales, y no pudiendo
+vencer al hastío, le acepté con dignidad.
+
+En este estado, pues, me encontraba a las tres de la mañana, aquella en
+que las calles de Madrid estaban cubiertas de nieve.
+
+Salía yo de una de esas casas, donde todo es permitido, donde se ríe, se
+bebe, se habla libremente, se fuma y se está medio tendido y con el
+sombrero puesto.
+
+Una de esas casas, en cada una de las cuales tiene abierta una candente
+y luminosa página el mundo.
+
+Donde las mujeres se presentan tales cuales son, arrojada la careta del
+decoro.
+
+Donde los hombres hacen gala de sus vicios.
+
+Yo no gozaba allí; pero estaba mejor que en otras partes, porque allí al
+menos veía claro, y no estaba obligado a fingir ni a violentarme.
+
+* * *
+
+Adelantaba yo maquinalmente a lo largo de una calle.
+
+Aquella calle era corcobada de configuración y ciega de luces.
+
+Hacía un frío de cuarenta grados y nevaba.
+
+De repente brilló una luz a lo lejos, y un cuerpo humano proyectó sobre
+la pared una gigantesca sombra.
+
+Y, sin embargo, lo que producía aquella sombra gigantesca era una niña.
+
+Aquella niña era una trapera.
+
+Iba sola, y la acompañaba un perro.
+
+Yo llevaba en la boca un cigarro sin encender, y con intención de
+encenderle me dirigí a la trapera.
+
+La muchacha tenía muy poca ropa, y el perro muchas lanas.
+
+Sin embargo, la muchacha parecía resistir admirablemente el frío, y el
+perro tiritaba.
+
+La muchacha cantaba a media voz, sin duda por temor de interrumpir con
+su canto el sueño de los vecinos, y revolvía los montones de despojos
+con su gancho, buscando trapos que, cuando encontraba, arrojaba en la
+cesta.
+
+Al acercarme, el perro gruñó y adelantó hacia mí de una manera
+amenazadora.
+
+La muchacha entonces me miró y seguidamente llamó a su perro.
+
+--¡Eh! ¡quieto, Mustafá! le dijo, dejándome oír una voz infantil y
+fresca, al par que armoniosa y grave: ¿no ves que es un caballero?
+
+El perro retrocedió, y yo me acerqué más.
+
+La muchacha me miró de nuevo.
+
+Hay miradas que son una historia.
+
+Hay miradas que son un poema.
+
+Hay miradas que son una sátira.
+
+Hay miradas que dilatan el alma.
+
+Hay las por el contrario que la comprimen.
+
+La mirada de la traperita me refirió una historia muy sencilla.
+
+La historia de una vida de sufrimiento.
+
+La mirada de la traperita fue un poema que podía haberse reducido a
+estas dos palabras:
+
+«Sufro y espero.»
+
+Estas dos palabras son la historia del género humano.
+
+Sufrir y esperar.
+
+¿Qué sufría aquella niña?
+
+La pobreza con todas sus consecuencias, acaso.
+
+¿Qué esperaba?
+
+¡Quién sabe lo que puede esperar una criatura!
+
+La muchacha era toda ojos: unos hermosísimos, rasgados y elocuentes ojos
+negros.
+
+Aquellos ojos se descataban de una manera enérgica, y parecían más
+grandes y más negros que lo que lo eran en realidad, sobre un semblante
+flaco, muy pálido, muy triste.
+
+A pesar de la tristeza de aquel semblante, los ojos sonreían, pero con
+la triste sonrisa de la resignación.
+
+Su mirada dilató mi alma, la hizo aspirar una pasión pura.
+
+Yo creo que fue compasión hacia aquella niña lo que me hizo sentir su
+mirada.
+
+Y a más de la compasión un no sé qué misterioso, que no era amor ni
+deseo porque ni deseo ni amor podía inspirarme aquella pobre criatura.
+
+Sin embargo, han pasado doce años desde que la vi la primera vez, y aún
+no he podido olvidar su primera mirada.
+
+Me sonrío con ella como se sonríe a un hermano querido.
+
+Me dio _paz_ con su mirada en el alma.
+
+* * *
+
+Han caído dos lágrimas sobre el papel.
+
+Siempre que las lágrimas asoman a mis ojos tiemblo de miedo.
+
+Porque cuando mis ojos se arrasan, me sobreviene al poco tiempo uno de
+esos horribles ataques, en que no pudiendo resistir lo íntimo del dolor
+de mi corazón, grito y me revuelco, y me destrozo: y entonces vienen las
+ligaduras y el lecho de tormento y el horrible casco de nieve.
+
+¡Me creen loco!
+
+Es necesario pues olvidar, procurar olvidar; secar las lágrimas y
+esconder estas memorias.
+
+La miré frente a frente, y ella me miró durante algunos segundos con una
+curiosidad infantil.
+
+--Encienda usted, caballero, me dijo, levantando su farol y abriéndole.
+
+Encendí mi cigarro.
+
+Luego volví a mirar a la traperita que cerró el farol y se puso a
+rebuscar de nuevo con su gancho.
+
+Yo, no sé por qué, permanecía inmóvil junto a ella.
+
+--¿Cuánto ganas buscando trapos? la dije.
+
+--Según: me contestó: diez cuartos, doce, dos reales. Antes se ganaba
+más; pero ahora... hay muchos traperos y pocos trapos.
+
+--¿Y no tienes más oficio que éste?
+
+--No señor.
+
+--¿Y con diez cuartos te mantienes?
+
+--Como pan unos días, y otros pan y queso. Además, la señora Adela gana
+otro tanto.
+
+¡La señora Adela! Aquel calificativo antepuesto a un nombre hasta cierto
+punto aristocrático, causó en mí un efecto inesplicable.
+
+--¿Quién es la señora Adela? la pregunté.
+
+--Es una mujer que me ha criado.
+
+Y al pronunciar estas palabras, creí notar en su entonación algo de
+doloroso, algo de impaciente, algo que revelaba que no era la señora
+Adela lo mejor del mundo para la traperita.
+
+Comprendí que tenía delante una pobre existencia necesitada de amparo.
+
+Nunca mi hastío de la vida llegó hasta el punto de hacerme indiferente a
+las desgracias ajenas.
+
+Metí la mano en mi bolsillo y saqué una moneda.
+
+Era una onza.
+
+Yo había pensado darla un napoleón.
+
+Sin embargo, alargué la mano hacia la niña y la entregué la onza.
+
+La chica la tomó, probó su peso y se puso gravemente seria.
+
+--¡Gracias, caballero! me dijo, devolviéndome la onza. Me basta con lo
+que gano.
+
+Y se puso de nuevo a revolver y a buscar, guardando un profundo
+silencio, y visiblemente contrariada.
+
+--¿Por qué no has tomado ese dinero? la dije.
+
+La muchacha no contestó.
+
+Me obstiné, y entonces, alzándose con una dignidad y una firmeza
+supremas, me dijo:
+
+--Si no sigue usted su camino, caballero y me deja en paz, llamaré al
+sereno.
+
+A tal arranque tomé mi partido: arrojé la onza en la cesta de la
+muchacha, y me alejé.
+
+--Por favor, caballero, me dijo corriendo tras de mí y con acento entre
+suplicante y colérico: usted está equivocado y tira su dinero. Créame
+usted: tome usted su onza: yo le doy las gracias y... no hablemos más.
+
+--¿Y de qué modo puedo yo hacer para favorecerte? dije volviendo y
+tomando la onza.
+
+--Dios me favorecerá; esté usted seguro de ello. Dios y...
+
+La muchacha calló, tembló y fijó una mirada ansiosa en el fondo de la
+calle.
+
+Guiado por su mirada, miré y vi otra trapera que se acercaba.
+
+--¡La señora Adela! exclamó la muchacha, y se puso con un ardor febril a
+su interrumpido trabajo, mientras Mustafá gruñía sordamente.
+
+Tardó poco en llegar una mujer harapienta, alta, huesosa, como de
+treinta y cinco a cuarenta años, que fijó en mí una mirada insolente.
+
+--¿Qué quiere este caballero? preguntó con acento de amenaza a la pobre
+niña.
+
+--Me ha pedido fuego para un cigarro, contestó temblando la traperita.
+
+Yo creí deber atajar la conversación.
+
+--¿Es usted la señora Adela? la dije.
+
+--Sí, señor: ¿qué se le ofrece a usted? contestó secamente.
+
+--Necesito hablar con usted a solas.
+
+--¡Ah! ¡Necesita usted hablarme! Pues vamos.
+
+Y se puso en marcha.
+
+Noté que la traperita arrojaba sobre aquella mujer y sobre mí, una
+mirada llena de ansiedad.
+
+Seguimos la señora Adela y yo a lo largo de la calle, y nos detuvimos a
+la puerta de uno de esos cafetines, asilos de tahúres y vagos, cuya
+puerta se cierra a la hora prescrita en los bandos, pero que se abre
+durante toda la noche a todo el que llega.
+
+Llamé, abrieron, y la señora Adela y yo entramos.
+
+Nos sentamos junto a una mesa, y la trapera pidió aguardiente.
+
+Entonces, a la luz de un mechero de gas inmediato, pude observar ciertos
+rasgos de distinción degradada en el semblante angular y huesoso de
+aquella mujer: del mismo modo, no era difícil comprender que aún era
+joven; que si parecía vieja, lo debía a excesos, y que en otro tiempo
+debió ser notablemente hermosa.
+
+Sus manos, ese indudable signo, por el que se conocerá siempre a una
+persona distinguida, eran aún bellas: su mirada altiva y fija.
+
+Estaba, pues, metido en una verdadera aventura.
+
+--Me parece que adivino de lo que quiere usted hablarme;--me dijo
+mirándome con una extraña fijeza; y sin dejarme tiempo para contestar
+añadió:--sin duda se trata de Amparo.
+
+--¡Se llama Amparo!
+
+--Y es una hermosa muchacha: está flaca y sobre todo mal vestida; pero
+con un mes de buen trato...
+
+--¡Y usted la vendería, la dije con repugnancia sin dejarla concluir.
+
+--Hoy todo se compra y se vende, me contestó con sarcasmo: se vende el
+amor, se vende la amistad.
+
+--¡Y se venden las hijas!
+
+--Amparo no es mi hija, me contestó con precipitación y con acento
+singular. Hace catorce años la encontré en la calle.
+
+--¿Y sus padres no la reclamaron?
+
+--No.
+
+--Pero si usted no es su madre, al menos la ha criado usted.
+
+--Por lo mismo quiero que sea feliz, dijo la trapera con su duro acento,
+que me causaba una sensación fría, punzante, indefinible.
+
+--¿Y para que sea feliz la vende usted?
+
+--La mujer no es feliz más que vendiéndose; vendiéndose muy cara
+mientras es hermosa, arrancando al amor que compra, dinero para cuando
+sólo puede buscarse la caridad; ¡la caridad!...
+
+Y después de haber pronunciado con acento de blasfemia su última
+palabra, se bebió de un trago una copa de aguardiente.
+
+--Pues usted, la dije con desprecio, no ha sabido, por lo que se ve,
+aprovechar sus buenos tiempos.
+
+--Es que yo no me he vendido, me contestó con una expresión singular:
+por lo mismo la vendo a ella.
+
+--Creo que ella no piensa venderse.
+
+--Hará lo que yo quiera.
+
+--Pues bien: me encargo de esa muchacha.
+
+--No me gustan las palabras de sentido ambiguo. Sepamos claramente de lo
+que tratamos. ¿Cuándo ha conocido usted a Amparo?
+
+--Esta noche.
+
+--¿La ha hablado usted?
+
+--Muy poco.
+
+--¿Y cómo entenderemos eso de encargarse usted de ella?
+
+--Creo que puede ocuparse en otro trabajo más cómodo y beneficioso, que
+en el de recoger trapos.
+
+--Sí, ciertamente.
+
+--Por ejemplo: puede entrar en un taller.
+
+--Es verdad: repuso aquella mujer, cuyo semblante se había cubierto con
+la expresión de la mayor reserva; pero es el caso, que cosiendo se gana
+muy poco, y que hay que pasar por un aprendizaje, durante el cual nada
+se gana.
+
+--¿Cuánto suele durar ese aprendizaje?
+
+--Acaso un año.
+
+--No hablemos más: venga usted conmigo.
+
+Pagué: salimos del café y llevé a aquella mujer a mi casa.
+
+Mi criado Mauricio se asombró al verme entrar con tan mala compañía, y
+mucho más cuando me encerré con ella en mi gabinete.
+
+--De hoy en adelante, la dije, puede usted contar con doce duros
+mensuales. Además, como supongo que carecerán ustedes de todo, tome
+usted estos dos billetes de a mil reales, y empléelos en ropas y
+utensilios. Todos los meses venga usted por la cantidad que asigno a
+Amparo.
+
+--¡Gracias, dijo fríamente aquella mujer, y se despidió de mí.
+
+Cuando me quedé solo, busqué el cuaderno donde estaban consignadas mis
+obligaciones, y anoté lo siguiente:
+
+«Doscientos cuarenta reales para Amparo.»
+
+Yo había hecho esto por temperamento, por costumbre, no por caridad.
+
+Me acosté y me dormí.
+
+Cuando desperté al día siguiente, había perdido el recuerdo de aquella
+aventura.
+
+* * *
+
+Entró Mauricio y me dijo:
+
+--Ahí está una muchacha que pregunta por usted. Vino a las diez y ha
+vuelto otras tres veces a ver si se había usted levantado.
+
+--¡Una muchacha! exclamé con extrañeza.
+
+--Sí, sí, señor, y no es maleja: dice que se llama Amparo.
+
+--¡Ah! Que entre, que entre.
+
+Poco después entró Amparo.
+
+La acompañaba su perro.
+
+Venía peinada y limpia, pero muy pobre y muy ligeramente vestida.
+
+Me saludó con gracia y con la misma digna lisura con que hubiera
+saludado a un conocido antiguo.
+
+Sonreía tristemente y estaba encendida, sobreescitada.
+
+El perro fijaba en mí una atenta e inteligente mirada.
+
+--Perdone usted, caballero, me dijo Amparo, si he venido a incomodarle,
+pero he creído que debía venir a verle.
+
+--¿Y por qué, hija mía?
+
+--¿Por qué? ¿Con qué objeto ha dado usted dinero a la señora Adela? me
+contestó con precipitación y con vergüenza.
+
+--No hablemos de eso, la dije, la señora Adela lo sabe.
+
+--Nada me ha dicho, sino que ya no recogeremos más trapos; que
+compraremos vestidos y camas.
+
+--¡Cómo! ¿No teníais camas?
+
+--No, señor: ese es mucho lujo para nosotras, dijo sonriendo
+tristemente: cuando se ha trabajado mucho, y sobre todo, cuando, se está
+acostumbrado a ello, se duerme muy bien sobre un ruedo.
+
+De la misma manera que otros se muestran neciamente soberbios con su
+opulencia, Amparo se mostraba noblemente orgullosa con su miseria.
+
+--Y bien, repuse: si nada te ha dicho esa mujer, ¿cómo sabes que yo la
+he dado dinero?
+
+--Anoche, cuando usted se alejó con ella, apagué mi farol y me fui
+detrás: esperé a que saliesen ustedes del café, los seguí y vi que
+entraban en esta casa. Esta mañana cuando la señora Adela me enseñó dos
+papeles encarnados, cuando leí...
+
+--¿Sabes leer?
+
+--Sí, señor, contestó sin el más leve asombro de vanidad Amparo; cuando
+leí lo que en aquellos papeles estaba impreso y vi que eran billetes de
+banco... dinero, adiviné que aquel dinero venía de usted.
+
+--Y bien, ¿qué?
+
+--Necesito saber con qué objeto se ha desprendido usted de esa cantidad.
+
+--¡Bah! ¡bah! ¿Con qué objeto? Con el de que no pases más noches malas;
+con el de que aprendas un oficio y puedas ser la honrada mujer de un
+artesano.
+
+--El padre Ambrosio me ha dicho que hay en el mundo personas
+caritativas; pero me ha dicho también que muchas veces se toma la
+caridad por pretexto.
+
+--¿Y quién es el padre Ambrosio?
+
+--Un religioso exclaustrado de la Merced, que vive hace muchos años en
+la misma casa de vecindad donde yo vivo; un digno ministro del Altísimo;
+mi padre; la guía que Dios me ha dado viéndome desamparada en el mundo.
+
+--¡Ah! ¡un religioso!
+
+--El infeliz no ha podido hacer otra cosa que enseñarme a leer y a
+escribir y procurar encaminarme a la virtud. Es muy pobre, pero... ¡es
+un sabio! Lo poco que sé se lo debo, y, sobre todo, él me ha hecho
+conocer que la mayor riqueza es la honra; la mayor felicidad tener la
+conciencia tranquila; el mayor mérito a los ojos de Dios, sufrir
+resignadamente la pobreza.
+
+--De modo que tú, pobre, miserable, destinada a un trabajo rudo y
+penoso, mal alimentada, mal vestida, sin fuego con que calentarte, sin
+lecho en que dormir, ¿estás resignada con tu suerte?
+
+--Sí, señor, contestó Amparo repitiendo su triste sonrisa.
+
+--¡Oh! Tú no conoces al mundo, eres muy joven; estás soñando.
+
+--Me he criado en una casa de vecindad y tengo ya catorce años.
+
+--¿Pretendes tener experiencia?
+
+--¡Oh! ¡sí! Yo sé que si quisiera podría vivir cómodamente, vestir
+hermosas telas, concurrir a los teatros y a los paseos. Sé, porque la
+señora Adela me lo ha dicho, que un hombre muy rico está enamorado de
+mí. Lo sé tanto, como que me he visto maltratada muchas veces porque me
+he negado... a ser feliz, como dice la señora Adela.
+
+--¡Oh! ¡Tan joven y ya conoces el mundo!
+
+--¿No he de conocerle si me he criado entre lodo?
+
+--Pero tu lenguaje es escogido, Amparo: tus maneras riñen con tu
+posición, pareces una señorita disfrazada.
+
+--Lo debo al padre Ambrosio; lo debo a los libros que leo.
+
+--Y...¿qué libros te ha dado a leer ese religioso?
+
+--Cuando supe leer y escribir, me puso en las manos la imitación de
+Cristo del padre Kempis.
+
+Yo no había leído el tal libro; pero supuse que sería un libro de
+devoción como otros tantos.
+
+--¿Y qué más? añadí.
+
+--La Biblia.
+
+--¡Habrás leído, pues, el _Cantar de los cantares_!
+
+Amparo me miró profundamente y se ruborizó, lo que demostraba que había
+leído aquel libro, que tenía talento y que había comprendido la
+intención de mi pregunta.
+
+--El _Cantar de los cantares_ es un admirable libro simbólico, me dijo.
+
+--¿Y no has leído más?
+
+--Sí; sí, señor, los sermonarios de Bossuet y de Fenelón.
+
+--¿Y nada profano?
+
+--Sí; sí, señor, la historia universal de Anquetil, el Telémaco, el
+padre Mariana y las poesías de nuestros clásicos.
+
+--¿Y novelas?
+
+--Ninguna... ¡ah! sí: las de doña María de Zayas, los ejemplares de
+Cervantes y el Quijote, esa admirable novela.
+
+Y había una lisura tal en la expresión de Amparo al contestarme; tal
+falta, tal negación de pretensiones, que era necesario creer que no sólo
+tenía talento, sino también elevación de ideas: ¡y junto a esto tal
+conformidad, tal resignación con lo ingrato de su fortuna!
+
+Yo, que me había interesado por ella por compasión, empecé a
+interesarme por afecto, y por un momento sentí que mi hastío por la vida
+desaparecía; comprendí que había encontrado algo a que podía consagrarme
+dignamente: a hacer el porvenir de aquella joven tan simpática, tan
+merecedora de amparo, yo era entonces impío y me dije:--Ya que la
+casualidad la ha procurado un buen hombre que la eduque, yo, que soy
+rico, haré lo demás: el sacerdote por una parte, y el calavera de buen
+corazón por otra, haremos de ella un prodigio.
+
+Y dentro de mi corazón adopté a aquella niña.
+
+Una adopción paternal, pura, desinteresada.
+
+Había en Amparo algo que dilataba mi alma.
+
+Ni yo podía pensar de otra manera: la corrupción de la mujer por medio
+del oro, me repugnaba: la rechazaban mi corazón y mi dignidad, y como
+jamás pensamos voluntariamente en lo que nos repugna, ni reparé que en
+Amparo existían los gérmenes de una gran hermosura, ni me incitó su
+pureza, ni miré en ella más que un ser débil digno de protección.
+
+Por lo mismo, me apresuré a tranquilizarla respecto a mis intenciones.
+
+La hablé con la elocuencia del sentimiento, con su forma poética, porque
+estaba seguro de ser comprendido por ella: con toda la espontaneidad de
+mi franqueza y de mi desinterés, y logré que Amparo se tranquilizase
+completamente.
+
+--¡Ah! me dijo con los ojos arrasados de lágrimas: ¡Dios se lo pague a
+usted!
+
+Y Amparo me asió las manos, las estrechó contra su boca, y las cubrió de
+lágrimas.
+
+Después salió.
+
+Mustafá, que durante esta escena había estado echado sobre la alfombra,
+se levantó, me miró, movió lentamente la cola, y siguió a la niña.
+
+Empecé a sentir una vaga, pero dulce ansiedad: Amparo había causado en
+mí una impresión profunda, me había hecho experimentar una sensación
+desconocida.
+
+La recordaba (no podré deciros de qué modo) pero su recuerdo me dilataba
+el alma.
+
+Era el amor de un padre satisfecho de su hija.
+
+Dejé de pensar en la muerte.
+
+Me detuve en el camino del suicidio.
+
+Dejé de concurrir a los lupanares.
+
+Arreglé mi vida.
+
+Causé una dolorosa sorpresa en mis administradores, anunciándoles que
+iba a dedicarme al cuidado de mis intereses.
+
+Hice todo esto bajo la influencia de este pensamiento:--He adoptado a un
+ser a quien debo procurar hacer feliz.
+
+Amparo había hecho en mí una revolución: me había reconciliado con la
+vida.
+
+En recompensa, yo varié de plan respecto a su porvenir: la práctica de
+un oficio mecánico me parecía indigna de ella.
+
+Aspiraba en su nombre a más.
+
+Algunos podrán creer esto exagerado; sí lo es, está en armonía con la
+exageración de mi carácter; yo siento de una manera poderosa, y para
+sentir me bastan pocas impresiones.
+
+Amparo me había impresionado fuertemente.
+
+* * *
+
+No sabía donde vivía.
+
+Un día encargué a Mauricio que la buscase.
+
+Mauricio empleó cuantos medios se conocen para encontrar una persona de
+la cual se saben el nombre, las señas y la condición.
+
+Gracias a lo bien montada que está la policía en España, Mauricio, que
+era uno de los mozos más listos que he conocido, no pudo dar con ella.
+
+Preguntó a los traperos y le contestaron que no la conocían.
+
+Fue al Ayuntamiento y sólo constaban allí el nombre y el número de
+Amparo como trapera.
+
+Amparo empezó a hacérseme una dificultad: indudablemente a fin de mes,
+la señora Adela vendría en busca de su asignación; pero yo no quería
+esperar aquel plazo.
+
+Habían pasado quince días desde mi aventura.
+
+Era por la mañana y Mauricio entró alegre.
+
+--Ya la tenemos, exclamó.
+
+--¿A quién?
+
+--A la señorita Amparo.
+
+--¡Cómo! ¿sabes dónde vive?
+
+--Está en la antesala.
+
+--¡Ah! exclamé saliendo de mi gabinete y atravesando la sala; entre
+usted, señora, entre usted.
+
+Amparo entró.
+
+Venía sencillamente vestida, un manto de sarga, un cordón de pelo al
+cuello con una pequeña cruz dorada, un pañuelo de seda sobre los
+hombros, una bata de percal, y un delantal negro; me pareció más alta y
+más bella: venía encendida, alegre, con un bulto bajo el manto; me
+saludó con una sonrisa sumamente afectuosa y entró en el gabinete, sobre
+una de cuyas mesas dejó el bulto que traía bajo el manto, y que produjo
+un sonido metálico.
+
+--¿Qué es eso? la dije.
+
+--Esto es que Dios me favorece, me contestó: son tres mil reales que he
+ganado a la lotería.
+
+--¡Ah! exclamé adivinando su intención.
+
+--Tres mil reales que traigo a usted.
+
+--¿Y para qué quiero yo eso?
+
+--¿Para qué? me contestó mirándome gravemente, para que se reintegre
+usted de los dos mil reales que dio a la señora Adela.
+
+--¡Ah! ¿eres orgullosa?
+
+--No por cierto, ¡sino que habrá tantos otros desdichados!
+
+Se me nubló el semblante, y Amparo se apresuró a decir:
+
+La caridad debe ser discreta; la caridad indiscreta hace más daño que
+beneficio; yo ya tengo todo lo que podía desear; un cuartito alegre, una
+cama blanda, ropa blanca y dos vestidos de calle. Trabajo; trabajo con
+ardor, y dentro de poco seré oficiala. Emplee usted esos dos mil reales
+en amparar otra desdicha, y los mil restantes guárdelos usted para
+dárselos doce a doce duros a la señora Adela: hay para cuatro meses;
+dentro de cuatro meses ganaré una peseta, que era cuanto deseaba. Con
+que... no hablemos más. Ahí se queda eso. Tengo que comer y estar a las
+tres en el taller.
+
+Y escapaba.
+
+--Espera, la dije, ¿no quieres tener nada mío?
+
+--¡Oh? sí, sí... el recuerdo... y el agradecimiento. ¿No basta eso?
+
+--Bien, me quedo con ese dinero, aunque sería mejor que los mil reales
+restantes se los entregases a la señora Adela.
+
+--Los gastaría en aguardiente.
+
+--Me rindo, pero con una condición.
+
+--¿Cuál?
+
+--Ven mañana a almorzar conmigo.
+
+Meditó durante un momento Amparo, y contestó:
+
+--Vendré. Afortunadamente es domingo.
+
+Y saludándome alegremente, escapó.
+
+--¡Ah! tiene usted suerte, me dijo Mauricio; es una prenda de rey.
+
+Recuerdo que Mauricio, recordando un puntapié que le valió esta
+observación, habló en lo sucesivo con el más profundo respeto de la
+_señorita Amparo_.
+
+* * *
+
+Fuime a una joyería y gasté los tres mil reales que me había dado
+Amparo, en una bonita cruz de diamantes para ella.
+
+La joya era de muy buen gusto, y debía parecer muy bien en el bonito
+cuello de la muchacha.
+
+Además necesitaba dejar bien puesta mi vanidad.
+
+Aquella inesperada devolución la había humillado.
+
+Amparo me trataba por decirlo así, de potencia a potencia.
+
+Yo no podía conservar aquel dinero.
+
+Mi vanidad quedaba a cubierto, regalándola la cruz.
+
+Sólo con este objeto la había convidado a almorzar conmigo.
+
+El día siguiente a las once, Amparo estaba en mi gabinete, donde
+Mauricio había servido la mesa.
+
+Mientras Amparo se quitaba el manto con una hechicera confianza,
+Mustafá, que sin disputa era mi amigo, sentado enfrente de mí, meneaba
+lentamente la lanuda cola y me miraba de hito en hito.
+
+Yo contemplaba a Amparo con el mismo placer con que se contempla una
+cosa bella, fresca, pura, encontrada por acaso en el erial de la vida.
+
+Era una niña, en toda la extensión de la frase, espigadita, esbelta, con
+bonitas manos, ojos hermosos, y una montaña de cabellos negros y
+brillantes, agrupados en trenzas: muy blanca, muy pálida y muy delgada.
+
+Tenía la seducción de la pureza confiada en sí misma, que por nada se
+alarma, que nada teme: iba de acá para allá, y me lo revolvía todo.
+
+--¡Cómo se conoce que aquí no hay una mujer! decía: polvo por todas
+partes, ¡y un desorden!... todo lo que hay aquí es bueno y bello; pero
+sería más bello, parecería mucho mejor, si estuviese colocado en su
+sitio. Y luego... ¡estas armas! ¿para qué son estas armas? ¿a quién
+tiene que matar un hombre honrado?
+
+--Son objetos de arte, la dije.
+
+--Traed: pues, a vuestro gabinete un cañón de a veinticuatro cincelado.
+
+--¡Ah! ¿no crees que sea necesario alguna vez?...
+
+--¡Nunca!
+
+--¿Ni aun por un asunto de honor?
+
+--Me horrorizaría un hombre que por una cuestión de honor hubiera matado
+a un semejante suyo... ¿y estos libros?... añadió pasando con la mayor
+facilidad de un objeto a otro. ¡Novelas!... Creo que en lo peor en que
+puede ocupar un hombre su talento, es en escribir novelas.
+
+--¿Por qué?
+
+--¿No basta la vida real? ¿qué necesidad hay de exagerarla?
+
+--La novela enseña.
+
+--La novela vicia las costumbres.
+
+--Eso lo dirá el padre Ambrosio.
+
+--Sí por cierto; y basta para mí que el padre Ambrosio lo diga: es un
+ángel... ¡Ah! el padre Ambrosio sabe que vengo a almorzar con usted.
+
+--¿Y qué te ha dicho?
+
+--Nada: absolutamente nada. ¿No sabía el padre Ambrosio que iba sola de
+noche a recoger trapos por las calles?
+
+Este recurso a sí misma, esta manifestación de fuerza, me encantó.
+
+--¿Y son estas las novelas que usted lee? dijo con severidad Amparo, que
+había ojeado uno de mis libros. ¡Oh! esta novela en ninguna parte está
+mejor que en el fuego.
+
+Y arrojó el libro a la chimenea.
+
+Era un tomo del _Baroncito de Faublas_.
+
+Sólo había tenido tiempo de leer algunas líneas Amparo, y se había
+puesto encendida como una guinda.
+
+Así con las tenazas el libro, y le saqué de la chimenea donde olía mal,
+arrojándole a la jofaina.
+
+Prometí a Amparo hacer un auto de fe con todos mis malos libros, y
+mediante esta promesa se restableció nuestra buena armonía.
+
+En seguida nos pusimos a almorzar.
+
+Yo había cuidado de que el almuerzo fuese muy sencillo y compuesto de
+alimentos acomodados a las costumbres de Amparo.
+
+Era, en fin, un verdadero almuerzo español; con el indispensable
+chocolate.
+
+Amparo comía con apetito y sin encogimiento.
+
+Mustafá sentado junto a ella gruñía con impaciencia excitado por el olor
+de los manjares.
+
+Puse un plato al leal compañero de Amparo, que me dio las gracias con
+una sonrisa, y acarició después con su pequeña mano la cabeza del perro
+que comía con ansia.
+
+--¡Ah! dijo hablando con él, esta es la primera vez que almorzamos bien,
+Mustafá.
+
+--Pues así puedes almorzar, la dije, todos los días.
+
+Pintose una expresión de reserva en el semblante de Amparo.
+
+Comprendí que el mundo especial en que había vivido, ese mundo que se
+llama _casa de vecindad_, donde resaltan todas las miserias, todas las
+adyeciones, todas las ignorancias, la había hecho recelosa y
+desconfiada.
+
+--Puedes almorzar así todos los días, la dije, si consientes en que se
+realice lo que he pensado respecto a ti.
+
+Amparo me miró con una profunda y grave atención, y me preguntó:
+
+--¿Y qué ha pensado usted?
+
+--He pensado, primero, en que la posición en que te encuentras es muy
+precaria.
+
+--He nacido pobre, me contestó con altivez; mi porvenir es el trabajo;
+acaso con mucha aplicación y alguna suerte podré adelantar; tener dentro
+de algunos años un taller mío.
+
+--¿Y las enfermedades?
+
+--¡Buena manera de alentar a los pobres!
+
+--Es que yo quiero asegurar tu suerte.
+
+Amparo había dejado de comer, y noté que había perdido enteramente su
+tranquila confianza; que estaba preocupada, disgustada, pesarosa de
+haber ido a almorzar conmigo.
+
+--Soy rico, muy rico; sobrino de un grande de España que no tiene hijos,
+ni los tendrá probablemente; heredaré sus rentas y su grandeza.
+
+Nublose más el semblante de Amparo.
+
+--No pienso casarme jamás, continué, y quiero que seas mi hija adoptiva.
+
+Amparo me miró de una manera penetrante, como si hubiera querido
+asegurarse de hasta qué punto eran verdad mis palabras y la marcada
+conmoción con que las había pronunciado.
+
+Sin duda mis ojos dejaban ver claro lo que mi alma sentía, porque la
+expresión de reserva y de duda desapareció del semblante de Amparo,
+sustituyéndola una dulce expresión de consuelo.
+
+--¡Ah! exclamó: ¡Quiere usted reemplazar a los padres que he perdido!
+
+Y aunque procuró dominar su conmoción, sus ojos se llenaron de lágrimas.
+
+Yo gozaba, no sabré deciros qué placer; pero me sentía feliz y joven, y
+poderoso: me sentía engrandecido.
+
+--Sí, la dije, mientras ella callaba, con la vista inclinada, las
+mejillas encendidas, sobresaltada: quiero que no vuelvas al taller.
+
+--¿Y qué he de hacer? me dijo. ¿Gravar a usted? ¿vivir en el ocio? No,
+no podría.
+
+--Quiero que entres en un colegio.
+
+--¿Y para qué? No: eso no puede ser. Yo no acepto la adopción de usted.
+
+--Ya te he dicho que estoy resuelto a no casarme jamás. Aunque soy
+joven, mi corazón está ya gastado; es muy viejo. Nada espera, nada
+desea.
+
+--¡Oh! ¡no me diga usted eso! ¡no quiero creerlo! ¡una vida así debe ser
+horrible!
+
+--¡Horrible, sí! ¡muy horrible! por lo mismo es necesario que un deber
+me ligue al mundo; a la vida: representa tú ese deber.
+
+--Bien; me dijo, mirándome con una expresión que no pude comprender,
+acepto, seré su hija adoptiva de usted... pero en un convento.
+
+--¡En un convento! ¡monja tú!
+
+--Sí; una vez monja, mi porvenir está asegurado.
+
+--Pero tú, que empiezas ahora a vivir... ¡renunciar de tal modo a la
+esperanza!
+
+--Es lo único que aceptaré de usted, un dote reducido, cuanto baste...
+
+--No.
+
+--Pues no hablemos más de ello.
+
+Y se levantó.
+
+--¿Te vas ya? la dije.
+
+--Sí, señor; no quiero pasar mucho tiempo fuera de casa.
+
+--Pero ¿volverás?
+
+--Acaso no.
+
+--¿Y por qué?
+
+--¡Oh! ¡me ha hecho usted sufrir! adiós.
+
+--Espera. No quiero obligarte a que vuelvas; pero por si no nos volvemos
+a ver, acepta esta memoria mía.
+
+Y tomé de sobre la repisa de la chimenea el estuche que contenía la cruz
+que había comprado para ella el día anterior, y se lo di.
+
+--¿Y qué es esto? me dijo abriéndolo; ¡ah! ¡una cruz! la conservaré, la
+conservaré siempre en memoria de usted.
+
+Y aprovechando el estupor que había causado en mí el extraño aspecto, la
+profunda conmoción que noté en ella, al expresarme su deseo de ser
+monja, escapó.
+
+Cuando quise detenerla sonó el golpe de una puerta que se cerraba, y
+luego sentí que bajaba rápidamente las escaleras.
+
+Abrí el balcón, y la vi alejarse por la acera opuesta en paso lento y
+con la cabeza baja.
+
+Mustafá la seguía cabizbajo también.
+
+--Ella volverá, me dije: y cuando menos, la señora Adela vendrá por su
+asignación a fin de mes.
+
+Había en mi corazón algo que me hacía desear volverla a ver; y sin
+embargo aquel no sé qué vago, dulce íntimo, estaba muy lejos de ser
+amor.
+
+Y era más que caridad.
+
+O yo no comprendía la caridad, y me engañaba.
+
+O yo no comprendía el amor; y me engañaba también.
+
+Esto quería decir, que respecto a ciertas sensaciones, mi corazón era
+inocente, o mejor dicho, estaba virgen.
+
+Lo que sí puedo deciros es: que el recuerdo de Amparo se fijó en mi
+pensamiento, fresco, puro, consolador, lleno de encantos y de consuelos.
+
+Si es verdad que estoy loco, mi locura empezó el día que almorcé con
+ella.
+
+* * *
+
+El no verla me tenía de muy mal humor.
+
+La esperaba.
+
+Sin embargo, Amparo no venía.
+
+Pasó el tiempo, y llegó el último día del mes.
+
+Yo esperaba que la señora Adela sería puntual, y no me engañé.
+
+Se me presentó más pobremente vestida que lo que yo esperaba, y sin
+saludarme ni sentarse me dijo:
+
+--Vengo a...
+
+--Sí, por la asignación de Amparo, la interrumpí.
+
+--Eso es.
+
+Abrí mi cartera y la di un billete de quinientos reales.
+
+--No puedo devolver a usted lo que sobra, me dijo.
+
+--Lo mismo es, la contesté.
+
+--¡Ah! ¡es usted muy generoso! Gracias en su nombre; que usted lo pase
+bien.
+
+Y se iba.
+
+--Espere usted, la dije: tenemos que hablar.
+
+--¡Ah! ¡tenemos que hablar! ¿va usted comprendiendo que es hermosa,
+demasiado hermosa, para mantenerse respecto a ella en los inflexibles
+límites de la caridad?
+
+--No se trata de eso.
+
+--Pues no comprendo entonces...
+
+--¿Qué sabe usted acerca del origen de esa niña?
+
+--¡Bah! ¿y qué le importa a usted? A no ser que...
+
+Y aquella mujer me miró con un recelo hostil.
+
+--¡Sería gracioso que quisiera usted casarse con una muchachuela! añadió
+con sarcasmo.
+
+--Tampoco se trata de eso; pero si usted tuviera algún antecedente...
+ayundándome usted y gastando cuanto fuese necesario, acaso lograríamos
+encontrar a sus padres.
+
+--¿Y para qué quiere más padres que usted?
+
+Necesité hacer un esfuerzo para contener la cólera que me causaba la
+fría insolencia de aquella mujer.
+
+--En último resultado, la dije, ¿se niega usted a indicarme?...
+
+--Nada sé; la recogí. Ignoro quién era; pero debe ser hija de buenos
+padres: las ropas que la envolvían eran ricas; llevaba, además, un
+magnífico medallón guarnecido de brillantes, y entre la faja un papel
+que decía:--«Está bautizada, y se llama...» he olvidado el nombre; el
+que tiene ahora se lo pusieron en la confirmación.
+
+--Es extraño que haya usted olvidado su nombre; ¿pero aún queda el
+medallón?
+
+--No por cierto; le vendí: era necesario criarla... yo era pobre.
+
+--¿Pero no recuerda usted lo que el medallón contenía?
+
+--Sí por cierto: un retrato de mujer.
+
+--¿Y las señas de esa mujer?
+
+--Las mismas de Amparo: alguna más edad; pero tan hermosa como ella; un
+parecido exacto... Y es lástima que ese retrato se haya extraviado,
+porque era una prueba indudable... pero a bien que el retrato existe en
+Amparo... en engordando la muchacha un poco más... el mejor día
+encuentra a sus padres en la calle.
+
+Todas estas contestaciones habían sido pronunciadas con una intención
+maligna; comprendí que existía un misterio terrible entre aquella mujer
+y la pobre Amparo, y no insistí.
+
+La dejé ir.
+
+Había concebido el pensamiento de apelar a la ley para poner en claro la
+procedencia de Amparo.
+
+Y como si hubiese comprendido mi pensamiento, aquella mujer me arrojó al
+salir una insolente mirada de desafío.
+
+* * *
+
+Aquel mismo día fui a consultar a uno de los abogados de más fama.
+
+Me escuchó con atención, y cuando hube concluido, me dijo:
+
+--No veo el medio de arrancar a esa mujer su secreto: el tormento está
+abolido hace muchos años; por consecuencia, si esa mujer tiene un gran
+interés en ocultar la procedencia de la protegida de usted, nada
+confesará. Queda sin embargo un medio.
+
+--¿Cuál?
+
+--El dinero. Pagarle su secreto al precio que pida.
+
+Di las gracias al abogado por su luminoso consejo; le pagué la consulta
+y salí.
+
+Pasó un mes.
+
+En vano esperé a Amparo.
+
+La Adela se me presentó de nuevo.
+
+La pregunté por ella.
+
+--¡Ah! está desconocida, me dijo; ha engordado. ¡Ya se ve! la cuido
+bien, o por mejor decir, la cuidamos bien. La enviaré por acá.
+
+--Ponga usted precio a su secreto, la dije desentendiéndome de su
+observación, y entrando de lleno en mi objeto.
+
+--Es usted muy joven, me dijo, para que pueda haber perdido una hija de
+la edad de Amparo; sin embargo, pudiera ser que algún amigo hubiera a
+usted encargado le buscase una niña perdida.
+
+Y la Adela me miraba de una manera fija, escudriñadora.
+
+--¿Se obstina usted en no confiarme?... la dije.
+
+--Nada sé respecto a ella, me contestó.
+
+Acabé de convencerme de que nada recabaría de aquella mujer; la di
+dinero; la encargué dijese a Amparo que deseaba verla, y la despedí.
+
+* * *
+
+A los pocos días, y cuando acababa de levantarme, me sorprendió un
+fuerte campanillazo a la puerta.
+
+Abrió Mauricio; sentí pasos apresurados, y poco después se precipitó en
+mi gabinete Amparo.
+
+Mustafá la seguía cojeando.
+
+Amparo se asió a mí, y me miró pálida, aterrada, anhelante. Mustafá
+gruñía dolorosamente.
+
+Venía Amparo en el mayor desorden: deshecho el peinado; una de sus manos
+envuelta en un pañuelo.
+
+Durante algún tiempo nada me dijo; ni yo, sorprendido, acerté a decirla
+nada: luego pareció como que despertaba de un sueño, de una horrible
+pesadilla, y exclamó con un acento ardiente y lleno de ansiedad:
+
+--¡Ah! ¡Gracias a Dios!
+
+Y se separó de mí, se dejó caer en un sillón, se cubrió el rostro con
+las manos y rompió a llorar.
+
+Mustafá se acercó a ella cojeando; se sentó, me miró, y siguió con sus
+dolientes gruñidos.
+
+Sospeché no sé qué horrible cosa, y me aterré.
+
+--¿Pero qué sucede? la pregunté alentando apenas.
+
+--Sucede, contestó Amparo, mirándome al través de sus lágrimas, que esa
+infame mujer ha querido hacerme infeliz.
+
+No pude contestarla: sentí que toda mi sangre se reconcentraba a mi
+corazón.
+
+--Pero afortunadamente, continuó Amparo, Mustafá me ha salvado,
+acometiendo a aquel hombre, y dándome tiempo para escapar; es verdad que
+el pobre ha sufrido un horrible bastonazo, y que yo he salido del lance
+herida...
+
+--¡Herida! exclamé.
+
+--Sí; ¡el horrible viejo me seguía! las escaleras son estrechas y
+empinadas; caí, di con la cabeza en la barandilla, y casi me he roto una
+mano; pero al fin estoy aquí; aquí, con usted que me defenderá.
+
+No la pregunté más.
+
+¿Y para qué?
+
+Todo estaba explicado.
+
+Envié a Mauricio por un facultativo que se encargó de la curación de
+Amparo y de Mustafá.
+
+La herida de la cabeza de la niña, era leve, pero profunda y grave la de
+la mano.
+
+Mustafá tenía casi roto un hueso.
+
+Amparo se vio obligada a quedarse en casa.
+
+Dos horas después, cuando estuvo más tranquila, la dije:
+
+--No puedes volver a vivir con esa infame.
+
+--¡Oh! ¡Dios mío! ¡no! ¡imposible!
+
+--No puedes vivir tampoco conmigo.
+
+--No, no; de ningún modo.
+
+--Tampoco puedes vivir sola.
+
+--¡Dios mío! ¿y qué hacer?
+
+Y después de algunos instantes de triste silencio, añadió:
+
+--¡El convento! ¡es preciso! ¡preciso de todo punto!
+
+--No te daré el dote.
+
+--Me pondré a servir.
+
+--Y sirviendo, estarás expuesta a cada paso, a peligros como el de que
+has escapado milagrosamente hoy.
+
+--¿Pero por qué cerrarme el refugio del claustro? exclamó llorando.
+
+--Si has de agitarte de ese modo, te dejo sola: agitándote,
+afligiéndote, puedes empeorar, tienes calentura, y sólo te he hablado
+porque estás en la casa de un soltero, porque es necesario evitar las
+interpretaciones. He pensado en que el padre Ambrosio podría adoptarte,
+ya que te repugna mi adopción.
+
+--¡Oh! ¡sí! ¡sí! exclamó.
+
+--Pero es necesario que no seas gravosa al padre Ambrosio.
+
+--¡Oh! ¡Dios mío! ¡otra dificultad!
+
+--La dificultad está salvada. Entra en un colegio.
+
+Quedose Amparo pensativa, y al cabo me dijo:
+
+--Mande usted llamar de mi parte al padre Ambrosio.
+
+Me dio las señas de la habitación del religioso, y Mauricio fue a
+buscarle.
+
+* * *
+
+Media hora después, un hombre alto, delgado, pálido, como de sesenta
+años muy modestamente vestido con ropas que demostraban un antiguo y
+continuo trato con el cepillo, entró lleno de ansiedad.
+
+Era uno de esos hombres que llevan el corazón en la cara.
+
+Un corazón todo sentimiento, todo dulzura, todo abnegación, todo
+caridad.
+
+Y en los ojos, la mirada inteligente y serena.
+
+Y en la frente, la severidad y la majestad de la virtud, la conciencia
+de sí misma.
+
+Me saludó con encogimiento, y me estrechó la mano con efusión.
+
+--Le conozco a usted, me dijo con la voz trémula; le conozco a usted
+mucho, aunque nunca le he visto hasta ahora.
+
+--Yo también le conozco a usted, le contesté, encantado por lo simpático
+de su mirada, de su espontaneidad, de su palabra.
+
+Estrechó entre sus dos manos la mía, y sin disimular su impaciencia, me
+dijo:
+
+--¿Dónde está?
+
+Le señalé la alcoba, y los dejé en libertad de hablar.
+
+La conferencia fue larga, al fin el padre Ambrosio salió profundamente
+conmovido y me llegó la vez de demostrar mi impaciencia.
+
+--¿Acepta? le pregunté.
+
+Se sentó en un sillón, sacó una caja de pasta negra, me ofreció un
+polvo, tomó otro, y me dijo:
+
+--Nos encontramos en una situación sobre manera extraña: una joven,
+embellecida por Dios con cuantas virtudes pueden hacer respetable a una
+criatura, sola, pobre, desventurada, se encuentra entre nosotros dos;
+puesta primero, bajo la protección espiritual de un pobre exclaustrado,
+y amparada después, de una manera noble, desinteresada admirable, por un
+joven rico, viciado en el gran mundo, casi impío, pero que tiene un
+excelente corazón. Pero he dicho mal: nuestra situación no es extraña.
+¡Nos ha reunido la Providencia de Dios!
+
+--En efecto; en el conocimiento de nosotros tres, hay mucho de
+providencial, le dije, más por ser cortés con el buen exclaustrado, que
+porque yo creyese en la Providencia. Ya he dicho antes que en aquella
+época era yo impío.
+
+--¡Pues ya lo creo! dijo con el entusiasmo de un poeta el padre
+Ambrosio; mi vida era triste, llena de sufrimientos, llena de recuerdos,
+combatida por pasiones que había exacerbado la desgracia, y... si hace
+diez años, no hubiera encontrado a mi paso a esa niña que se arrastraba
+sobre sus manecitas en los corredores de la casa de vecindad donde me
+había llevado a vivir mi pobreza... Yo lo había perdido todo; parientes,
+amigos, afectos, hasta la paz de mi celda, de la cual me arrojaron las
+necesidades de la nación... la planta marchita y enferma que vegeta
+sobre un terreno ingrato, siente con delicia, y parece reanimarse al
+soplo de las auras de la mañana. Yo, muy semejante a una planta enferma,
+sentí una impresión de consuelo un día que, sentado al sol en la puerta
+de mi tabuco, sentí junto a mí, apoyando sus manecitas en mis rodillas,
+y sonriéndose (Dios me perdone) como deben sonreír los ángeles, una niña
+como de cuatro a cinco años.--Era Amparo.--Necesitaba afectos, y mi alma
+se volvió a aquella existencia pura, a aquella niña que estaba muy
+pobremente vestida, enflaquecida por el hambre. Supe que no tenía
+padres, que estaba en poder de una mujer de la misma vecindad, que la
+había encontrado en la calle. Y aquel desamparo en la infancia, aquella
+miseria en un ser tan débil, me hicieron concebir el mismo pensamiento
+que usted concibió cuando la encontró en medio de la noche recogiendo
+trapos. He hecho... cuanto he podido... en cambio, ella me ha dado
+acaso, la salvación de mi alma, porque estaba desesperado... y Amparo ha
+sido para mí un amparo de Dios, porque me ha obligado a amarla: porque
+amándola, he llenado mi corazón con un afecto, y he podido consolarme y
+esperar con resignación el fin de mi jornada.
+
+--Creo que Amparo ha ejercido sobre mí una influencia muy semejante a la
+que ha ejercido sobre usted.
+
+--¡Oh! ¡sí! me ha bastado con lo que Amparo me ha dicho de usted, y con
+verle después una sola vez, para comprenderle: tiene usted el alma
+virgen, sedienta, cansada de un mundo donde no vive bien: hastiada de
+todo, escéptica, porque ha perdido la esperanza, y ha encontrado usted
+en Amparo algo de lo que buscaba y no había podido encontrar. ¡Lo ha
+encontrado usted de noche, recogiendo los despojos del lujo y de la
+miseria, teniendo por único amigo un perro, por único amparo Dios! Y
+porque tiene usted el alma virgen y llena de entusiasmo y de
+sentimiento, ha hecho usted lo que nadie hubiera hecho; y porque Dios
+quiere que crea usted en él, le ha presentado a usted de la manera más
+bella, el dulce consuelo de la expansión de la caridad.
+
+--¿Que Dios quiere que crea en él? dije moviendo tristemente la cabeza,
+quisiera creer; envidio a los que creen. Y ya que como usted dice nos ha
+reunido la Providencia, sea usted mi misionero en buena hora. Le prometo
+escucharle y...
+
+--No seré yo quien haga a usted creer en Dios, me dijo solemnemente el
+padre Ambrosio, será ¡ella!
+
+--¡Oh! ¡acaso! El afecto que me inspira es profundo. Pero dejando el
+terreno en que nos hemos metido, y en el cual tendremos lugar de volver
+a entrar, porque nuestro conocimiento será largo y nuestro trato
+frecuente, vengamos a la situación del momento. Mis proyectos respecto a
+Amparo, se reducen a arrancarla legalmente del dominio de esa mujer; yo
+había pensado adoptarla, pero soy demasiado joven y me ha parecido mejor
+que la adopte usted legalmente.
+
+--¡Oh! ¡sí! después de lo que ha acontecido hoy a esa infeliz, yo la
+hubiera adoptado de todos modos.
+
+--Después quiero perfeccionar su educación, poniéndola a nivel de las
+jóvenes de nuestro gran mundo; casarla luego de una manera brillante a
+beneficio de un magnífico dote...
+
+--Dejemos obrar a la Providencia, me interrumpió el exclaustrado; yo la
+adopto y acepto para ahora la protección de usted; y puesto que usted
+rechaza, como rechazo yo, la idea del claustro, que se la había metido
+de una manera tenaz en la cabeza, entré en buen hora en un colegio:
+afortunadamente soy confesor de un matrimonio muy digno; él es un
+antiguo y honrado cobachuelista; ella, antes de casarse, fue maestra de
+niñas en una ciudad de provincia, y hace algunos años, después de
+casada, tiene en Madrid un colegio de señoritas, que poco a poco ha ido
+desarrollándose y que es al fin uno de los más favorecidos. Esta es cosa
+concluida, aceptada. Ella lo resistía; pero yo que pienso que el mejor
+uso que puede hacer un hombre de su fortuna es favorecer a sus
+semejantes, la he convencido.
+
+--Pues en ese caso, le dije, voy a principiar desde este momento.
+
+El padre Ambrosio se quedó en casa, autorizando en ella la presencia de
+Amparo y yo, después de informarme por ella de la habitación de la
+Adela, me fui a buscar al comisario de policía de su distrito.
+
+* * *
+
+Después de algunas soeces equivocaciones de este funcionario, respecto a
+mi interés por Amparo, a quien no se por qué, conocía, entré de lleno en
+la exposición del objeto que me llevaba por primera vez a tratar con
+tales gentes.
+
+Quería yo evitar de todo punto un ruidoso procedimiento judicial, para
+arrancar a Amparo del dominio de aquella malvada, y cuando el comisario
+me hubo escuchado, me dijo:
+
+--Pues es muy sencillo de hacer lo que usted desea; pero no deja de ser
+comprometido.
+
+--Comprendo; ¿se trata?...
+
+--De un abuso de autoridad.
+
+--Pero cuando se abusa de la autoridad para el bien...
+
+--Se puede ir a presidio lo mismo que cuando se abusa para el mal.
+
+--Ya sabe usted mi nombre...
+
+--Sí, sí señor: sé que la influencia de usted basta para sacarme de un
+atolladero... sin embargo...
+
+--Sé que deben recompensarse estos servicios, añadí sacando algunos
+billetes y poniéndolos sobre la mesa bajo mi mano.
+
+--¿Es urgente la resolución de ese negocio? me dijo el comisario.
+
+--Urgentísima.
+
+--Entonces haga usted que ese exclaustrado, ese padre Ambrosio, venga a
+verme al momento, y descuide usted; es asunto de dos horas; una renuncia
+de la adopción de _la Adela_ sobre _la Amparo_; la adopción en forma de
+_ese fraile_; un testimonio de escribano, y... santas pascuas. Si la
+Adela resiste, con arreglo a la queja de usted, la llevo a la
+Galera[**], y doy parte al gobernador. Pero no resistirá, yo se lo
+aseguro a usted; sé perfectamente cómo se hacen estas cosas: cuando se
+ha dado un paso en vago como el que ha dado esa mujer... cuando está
+ofendida la moral pública...
+
+[** Prisión de mujeres en Madrid. Nota para los que no conozcan la villa
+y corte.]
+
+--Bien, bien; ¿quedamos convenidos?
+
+--Sí, señor. Envíeme usted _el fraile_.
+
+--Le enviaré al momento. Adiós.
+
+--Servidor de usted, caballero.
+
+Salí dejando sobre la mesa del comisario algunos billetes de banco.
+
+No sé como el bueno del funcionario arregló el negocio, pero el
+resultado fue que la Adela renunció por ante escribano a todo dominio
+sobre Amparo, y el padre Ambrosio la adoptó con todas las formalidades
+prescritas por las leyes.
+
+Todo aquello se hizo en muy pocas horas.
+
+Amparo no pasó la noche en mi casa.
+
+Se la había trasladado en un coche, previo dictamen del facultativo, al
+colegio de que era directora doña Gregoria de... hija de confesión del
+padre Ambrosio.
+
+Me olvidaba decir que Mustafá había ingresado también en el colegio.
+
+Di orden a mi administrador general de que pagase a doña Gregoria mil
+reales mensuales por la pensión de Amparo, y aquel asunto quedó para mí
+enteramente concluido.
+
+La casualidad, según yo, o la Providencia Divina, según el padre
+Ambrosio, habían arrojado delante de mí un gran infortunio. Yo había
+cumplido con mi deber, según mis convicciones, y estaba tranquilo.
+
+Pero una vez satisfecho este deber, una vez pasada la novedad de mi
+aventura, comprendí que Amparo no era bastante para arrancarme del
+hastío; para reconciliarme con la vida.
+
+Esta decepción de mi esperanza me fue sumamente dolorosa.
+
+Amparo era para mí una obligación contraída que ningún sacrificio me
+costaba, porque yo era muy rico.
+
+No me había inspirado amor, sino caridad.
+
+La caridad estaba satisfecha, y había desaparecido el encanto.
+
+Es cierto que yo sentía hacia ella un afecto profundo; que me interesaba
+su porvenir... pero su porvenir estaba asegurado. Por otra parte, yo no
+tenía herederos forzosos; mis padres habían muerto cuando era muy joven,
+y podía nombrar a Amparo mi heredera universal.
+
+Ninguna dificultad, ningún interés representaba Amparo que me ligase a
+la vida.
+
+Me había galvanizado por un momento, haciéndome sentir, a mí, cadáver
+ambulante.
+
+Volvió mi tedio.
+
+Sin embargo, fui a verla todos los días mientras duró su enfermedad,
+luego algunas veces a la semana...
+
+Amparo se mostraba silenciosa, retraída, como cohartada, delante de mí.
+
+Yo veía en aquel encogimiento, orgullo, altivez, pesar de verse obligada
+a aceptar mis beneficios.
+
+Esto me disgustaba.
+
+Llegó un día en que creí que había sido un imbécil; que había ido,
+respecto a Amparo, más allá de donde debía.
+
+Hasta llegué a creer que el padre Ambrosio era un hipócrita, y doña
+Gregoria una mujer interesada.
+
+Cuando un hombre llega a disgustarse de la vida; cuando rompe el vínculo
+de afectos que le unen a la sociedad; cuando, en fin, llega a dudar de
+todo, o por mejor decir a no creer en nada... cuando se hace
+excéptico...
+
+Un excéptico es la calumnia viviente.
+
+Un excéptico es con suma facilidad malvado.
+
+* * *
+
+Dejé de ver a Amparo.
+
+Y, sin embargo, el recuerdo de Amparo estaba fijo, siempre fijo en mi
+alma.
+
+Es que halago un sueño, decía yo.
+
+Y el sueño, o Amparo, se hacían más persistentes en mi pensamiento.
+
+Por entonces, mi tío el duque de... me llamó al pueblo, a donde, cansado
+como yo de todo, se había retirado.
+
+Fui y vi con asombro, que mi tío había tenido la fortuna de lograr
+crearse una familia _sui generis_ con sus perros, sus patos, sus conejos
+y sus gallinas.
+
+Entraban en esta familia, las flores del jardín, y las legumbres de la
+huerta.
+
+Envidié con todo mi corazón a mi tío.
+
+--Te he llamado, me dijo, para un asunto de interés: cuando digo que es
+de interés el asunto, claro está que a quien interesa es a ti, porque a
+mí ya no me interesa nada.
+
+--¡Oh! ¡sí por cierto! los perros, los patos, las gallinas.
+
+--Tengo poder bastante para hacer completamente feliz la vida de esos
+animales: ellos por su parte me pagan cumplidamente, siendo mis
+cortesanos, y casi amándome: estoy seguro de que uno solo de mis perros
+me sea ingrato, y de que uno de mis conejos pretenda robarme o
+engañarme: las flores me recompensan de mis cuidados por ellas, dándome
+su fragancia y sus colores; y... en fin... y hablando formalmente,
+repito que nada me interesa en el mundo más que tú, que no me necesitas;
+y si no creyera en Dios y le temiera, hace mucho tiempo que... pero no
+hablemos de eso. El asunto que te interesa, consiste en que me suscitan
+dificultades a la posesión del mayorazgo que tengo en Italia.
+
+--¿Y qué le importa a usted?
+
+--¡A mí! ¿pues no me ha de importar? ¿no eres tú mi heredero? ¿No sabes
+que la fuerza de mis rentas está en Italia?
+
+--Y bien, ¿qué quiere usted?
+
+--Que vayas allá a ayudar con buenos patacones nuestro derecho, que de
+todo hay necesidad: te daré un poder en forma, y... estás delgado,
+pálido, hijo mío; vete a la hermosa Nápoles; enamora, gasta, distráete;
+temo que te me mueras como se me murió mi hermano... y mi temor es muy
+natural. ¡Diablo! eres lo único que queda de mi familia...
+
+--Iré a Nápoles, tío.
+
+--Pues bien: hablemos ahora cuanto quieras, de mis patos, mis gallinas,
+mis conejos, mis perros y mis flores.
+
+Ocho días después, me despedí de mi tío y me puse en camino para Italia.
+
+Llegué, vi y vencí.
+
+Es decir, vi a los jueces, y reforcé mi derecho, o, por mejor decir, el
+derecho de mi tío, con tales razones, que quedaron allanadas todas las
+dificultades que se habían levantado contra su pacífica posesión de los
+bienes que tenía en Italia.
+
+Escribí a mi tío, participándole el buen resultado del negocio, y
+manifestándole que, no teniendo nada que hacer en España, iba a
+completar mis viajes yendo a Oriente.
+
+Mi tío me contestó enviándome libramientos por valor de algunos miles de
+duros, para que pudiese hacer el viaje como correspondía _a mi clase_.
+
+Me llevé conmigo a Mauricio, y...
+
+Aquí vendría bien una descripción detallada de lo que vi... pero yo no
+hacía mi viaje para instruirme, sino para distraerme, y no tomé un solo
+apunte, ni hice una sola pregunta.
+
+Me contentaba con ver, y el misterio de lo desconocido que siempre tenía
+ante los ojos, me distraía.
+
+Sin recibir una sola carta de Europa, sin escribir, sin leer un solo
+periódico europeo, estuve viajando por Oriente durante cuatro años,
+vistiendo, comiendo y viviendo como los naturales del país en que me
+encontraba, y permaneciendo en un lugar hasta que me cansaba de él.
+
+Y hubiera andado errante, sabe Dios cuanto tiempo, si no me hubiera
+quedado solo.
+
+Mauricio, el pobre Mauricio, me había abandonado.
+
+Y bien contra su voluntad por cierto.
+
+La bala de la espingarda de un griego de Missolongi, le había servido de
+medio para su último viaje.
+
+Para su viaje a la eternidad.
+
+¡Ya se ve! el bueno de Mauricio había conocido por una extraña
+casualidad a una hija del tal griego, que tenía los ojos más negros y
+más habladores del mundo, y, sin duda, por casualidad había encontrado
+también el medio de introducirse de noche en los jardines del griego.
+
+La casualidad hizo también que el padre se apercibiese de los amores de
+su hija con un extranjero, y... ya os lo he dicho: una bala fue a
+hospedarse en la cabeza de mi doméstico, que puesto en la calle por su
+matador, apenas tuvo tiempo para declarar... que después de haberle
+herido... el padre había extrangulado a su hija.
+
+Este drama me impresionó fuertemente, y escapé.
+
+Sin detenerme un solo día, sin pararme en ninguna parte, me trasladé a
+París.
+
+Esta población era para mí muy familiar, tenía en ella multitud de
+amigos y toda clase de medios para pasar la vida al galope por medio de
+placeres.
+
+Pero era el caso que los placeres no existían para mí.
+
+O por mejor decir, yo no existía para los placeres.
+
+¡Me hastiaba todo!
+
+La amistad me daba risa. El amor asco.
+
+Todos los hombres me parecían malos cómicos, que charlaban un papel
+aprendido de memoria.
+
+En cuanto a las mujeres... ¡las mujeres! las miraba con odio.
+
+«He allí, me decía, esa eterna mentira engalanada, que en todas partes
+ríe, que a todas partes lleva su hediondo misterio. He allí ese ser que
+se venga del hombre, extraviándole y degradándole, de la degradante
+posición del débil, a que el egoísmo del hombre le ha relegado. Ved la
+corrupción arrastrándose por los salones, coronada de rosas.»
+
+Yo era indudablemente injusto.
+
+¿Pero qué desgraciado no lo es?
+
+Yo había nacido para amar, y del amor sólo había encontrado la fórmula,
+la frase.
+
+Pero la realización, el hecho, tenía para mí el encanto de lo
+desconocido, de lo imposible.
+
+El amor para mí no era otra cosa que un sentimiento mitho.
+
+Hijo como todos los mithos, del entusiasmo, del sueño, en una palabra,
+de la poesía.
+
+El amor para mí era un idilio irrealizable.
+
+Las mujeres que hablaban de amor me irritaban: parecíanme los
+profanadores del templo que iban a vender a él sus mercancías.
+
+Amparo solía surgir de tiempo en tiempo, como una excepción entre el
+embrollado caos de mi escéptico pensamiento.
+
+Amparo, con toda su poesía, embellecida por su abandono, grata para mí,
+por la protección que la dispensaba.
+
+Pero ¿acaso mi escepticismo no había alcanzado también a ella?
+
+¿Acaso no la había creído una muchachuela picardeada en una casa de
+vecindad y amaestrada por un fraile hipócrita?
+
+¿Acaso no había huido de ella como quien huye de un peligro?
+
+Porque debo confesar, que desde el día en que almorzó conmigo, comprendí
+con terror que Amparo podría arrastrarme a un amor nuevo, desconocido
+para mí; y tanto más terrible, cuanto más accesible al amor estaba mi
+alma.
+
+No la había olvidado un solo momento: vivía dentro de mí, no podré
+deciros cómo; era una idea vaga, íntima, que se había asimilado a mi
+manera de ser, a la que me había acostumbrado, que me acompañaba
+siempre, que vivía conmigo.
+
+Pero indeterminada, misteriosa, monótona, muda con el mudismo de lo
+incomprendido, como una de esas inscripciones cuneiformes que los
+filólogos más profundos se esfuerzan en vano por descifrar.
+
+¿Qué representaba Amparo para mí?
+
+Un ser débil, o una estafadora que me explotaba a título de caridad.
+
+La duda es una cosa horrible.
+
+Cuando la duda se convierte en una idea fija... cuando queréis aclarar
+esa duda y no podéis... cuando el ser que esa duda os inspira ha logrado
+convertirse en la asimilación de vuestro deseo... cuando se ha
+constituido en vuestro recuerdo... ¡oh! esa duda... esa duda es la
+muerte de vuestra razón... esa duda os trae a una jaula de locos...
+
+Pero yo no dudo, no; ¡Dios mío! ¡yo no puedo dudar de ella! si dudo...
+no es de su virtud... no... no es de su pureza... dudaba... pero
+ahora... ahora, mi duda y mi locura es otra... yo pienso que Amparo no
+ha existido... yo pienso que Amparo sólo ha sido para mí un hermoso
+sueño de primavera... yo pienso que ha sido un fantasma soñado por mi
+deseo.
+
+* * *
+
+He pasado muchos días, sin escribir en mis memorias.
+
+O, mejor dicho: hoy, antes de quedarme solo, cuando pensaba haber
+despertado de uno de esos sueños densos, en que nada se siente; sueño de
+tinieblas en que nada se ve; sueño que es la negación de la existencia y
+del que se despierta, antes de acabarse de dormir, espeluznados,
+estremecidos, fríos como si se hubiera sentido el contacto de la mano
+de la muerte; cuando sólo creí, repito, despertar de un sueño horrible,
+me han dicho que he estado un mes delirando, furioso, nombrando a
+Amparo, amenazándola, apostrofándola, insultándola, prodigándola los
+epítetos más degradantes.
+
+Yo no recuerdo nada de esto.
+
+Me he mirado al espejo y he visto...
+
+¡Oh! el aspecto de mi miseria me ha hecho llorar.
+
+Mi llanto ha sido una elegía muda a mi destrucción.
+
+Porque yo soy una ruina.
+
+El espejo, que no miente, me lo ha dicho.
+
+Y luego, hay en mis ojos una cosa que me espanta; algo de fuego
+recóndito allá lejos, muy lejos, en la inmensidad, en lo infinito,
+dentro del foco de mi mirada.
+
+Mis cabellos están blancos y rígidos, mi piel árida y arrugada, mi boca
+contraída.
+
+Y luego estoy flaco, muy flaco.
+
+Debajo de mi piel, que me viene muy ancha, se pueden contar mis
+ligamentos y mis arterias.
+
+¡Ah! sin duda estoy loco... ¡loco!
+
+¡Bah! no hay que afligirse por eso.
+
+Yo creo que el mundo no es otra cosa que un gran hospital de locos que
+se comprenden y que se despedazan, comprendiéndose, y que sólo se
+encierran en hospitales más pequeños a los locos a quienes no comprende
+nadie... o acaso, acaso, llame el mundo locos a los que tienen razón.
+
+La verdad es que yo veo continuamente hombres que se creen muy cuerdos y
+a mí me parecen los más rematados.
+
+Me causan risa y lástima.
+
+* * *
+
+No me acuerdo de lo que he hecho o dicho durante ese mes.
+
+Sí, indudablemente ha pasado un mes, sin que yo le sienta pasar.
+
+Ayer el rosal que tengo en mi ventana, estaba cubierto de rosas; hoy las
+rosas están muertas, deshojadas... sólo las queda el pétalo negro y
+seco.
+
+Ayer me trajeron un nido de ruiseñores.
+
+Estaban triponcillos y desnudos; tenían hambre, y abrían, piando en
+coro, unas desmesuradas bocas amarillas: hoy están enteramente cubiertos
+de su plumaje pardo, saltan en la jaula, y ensayan sus primeros trinos.
+
+Ayer mi cuadrante marcaba el mediodía natural a las doce y tres minutos
+y hoy le marca a las doce y treinta y tres.
+
+Ha pasado un mes en que no he vivido.
+
+Un mes, en que el no ser me ha envejecido veinte años.
+
+Ayer aún era joven: hoy soy ya anciano.
+
+* * *
+
+¡Ah! ya me acuerdo... ya comprendo.
+
+Vivo yo en un pequeño aposento; en este aposento hay algunos muebles muy
+sencillos.
+
+En este aposento hay una reja que da sobre un jardín... sobre un
+pobrecillo jardín descuidado, en que las malvas locas se extienden
+libremente, y que es mi pequeño mundo.
+
+Hay además una puerta muy fuerte, que tiene una rejilla muy espesa.
+
+Esta puerta da a un pasadizo oscuro, por donde entran, como por una
+cerbatana, gritos estridentes, alaridos, bramidos, imprecaciones,
+carcajadas, cantares, ruidos; son de cadenas que se arrastran,
+chasquidos de puertas que se cierran, una tempestad continua de sonidos
+discordantes, secos, desentonados, agudos, horribles; algunas veces, de
+noche, muy tarde, suele avanzar, jadeante y cansado, por decirlo así, un
+canto triste, dulce, suspirante, siempre el mismo, cuyas palabras, no
+se entienden, pero cuyo sentimiento se adivina; canto con el que vuela
+por la estrecha crujía, apagándose, perdiéndose, gastándose al rozar las
+paredes, el alma de un ser que llora cantando: suave oleada que se
+escapa de un océano de sentimiento, y que acaricia mi alma y la
+consuela.
+
+He preguntado de qué cuerpo se exhalaba aquella alma, y me han dicho:
+
+--Es una pobre mujer que ha perdido a su esposo y a su hija, y se ha
+vuelto loca.
+
+Yo amo a esa loca.
+
+Quisiera saber su historia.
+
+He ofrecido dinero, todo el que quiera, al que me traiga la historia de
+esa loca, y ha sido en vano.
+
+La infeliz ha concentrado, ha sintetizado, ha simbolizado su historia en
+esa melodía inventada por ella; en ese eterno canto sin palabras... y no
+sabe más.
+
+No pudiendo conocer su historia, quise conocerla a ella.
+
+Ofrecí, compré la realización de mi deseo, y me sacaron de mi tumba,
+para llevarme a otra tumba... más pequeña, más oscura, más horrible.
+
+Allí, replegada en un rincón, medio desnuda, temblando de frío, había
+una mujer.
+
+Una joven con los cabellos canos...
+
+Una ruina como yo...
+
+Sin embargo, mis ojos vieron su hermosura... aquella mujer debió tener
+los cabellos negros y brillantes, y los ojos negros y llenos del fuego
+del amor.
+
+La miré, me miró, se arrancó de su rincón, y se vino a asir los hierros
+de su jaula.
+
+Me contempló con fijeza, se sonrió, y me dijo:
+
+¡Tú también!
+
+Y luego se volvió a su rincón, y entonó su eterna melodía.
+
+Y entonces, cerca de mí, a mis espaldas, me estremeció una voz de mujer.
+
+Aquella voz había pronunciado, conmovida y trémula, una palabra de
+conmiseración para la pobre loca.
+
+Aquella voz me hizo temblar; me volví y vi delante de mí una mujer, un
+viejo y un niño.
+
+Y la mujer... ¡oh Dios mío! la mujer lanzó al verme un grito horrible, y
+yo... yo... hace un momento que despierto... hace un momento que
+recuerdo...
+
+¡Era ella!... ¡Amparo!... ¡viva!... ¡al lado de otro hombre!... ¡delante
+de mí!...
+
+¡Oh! ¡es imposible! ¡imposible de todo punto! ¡mi razón perturbada por
+la vista de aquella loca infeliz!...
+
+Pero el acento de aquella mujer, reposado, grave, sonoro...
+
+Y sus ojos, y su frente, y sus cabellos...
+
+Y su terror al verme...
+
+¡Oh! ¡no! ¡no puede ser! un acento parecido... un terror natural en
+ella... porque yo, al escuchar aquel acento, me volví amenazador,
+terrible, a la persona que lo había producido...
+
+No, no podía ser Amparo.
+
+Los muertos no se levantan de su tumba.
+
+Indudablemente no era ella, como no es ella ese blanco fantasma que veo
+algunas veces durante mi delirio de pie e inmóvil junto a mi lecho.
+
+* * *
+
+Acabé de fastidiarme en París.
+
+Más aún, empecé a sentir un deseo punzante de ver a Amparo.
+
+Como estaba acostumbrado a hacer mi voluntad, apenas el deseo de verla
+se me hizo exigente; me puse en camino.
+
+Llegué a Madrid, y como había alentado una ilusión acaso para entretener
+mi hastío, y esta ilusión era la atmósfera en que vivía, sin tomarme más
+tiempo que el necesario para lavarme y mudar de traje me presenté en el
+colegio.
+
+Salió a abrirme una persona desconocida, que me miró con extrañeza.
+
+--¿Doña Gregoria...? dije.
+
+--No vive aquí, me contestó la criada y me dio con la puerta en las
+narices.
+
+¡No vivía allí! sin embargo, yo no me había equivocado; era la misma
+casa.
+
+Salí dudando, y miré a los balcones del cuarto principal.
+
+Allí estaba la muestra, la antigua muestra del colegio, una Minerva
+coronando a una niña.
+
+Sin embargo, allí no vivía doña Gregoria.
+
+El acento con que la criada me había contestado, demostraba claramente
+que no la conocía.
+
+Acaso había dejado la enseñanza y traspasado el colegio; ¿quién sabe?
+
+Volví a subir la escalera y llamé.
+
+Se abrió la puerta y... un perro viejo, lanudo, Mustafá, en una palabra,
+se abalanzó a mí, loco de alegría, ladrando, ahullando, gruñendo,
+saltando... había encontrado al fin un amigo... había encontrado a
+Amparo.
+
+Sin hablar ni una palabra a la criada que me miraba con asombro, seguí a
+Mustafá que en medio de sus caricias se dirigía hacia el interior.
+
+En aquel momento escuché el preludio de un piano.
+
+¿Qué había de misterioso en aquel sonido que penetraba en mi alma, que
+me traía algo del alma de Amparo?
+
+Porque yo no dudaba de que ella era la que producía aquel sonido...
+
+Hay, sin disputa, en nosotros, un sentido íntimo, una intuición
+poderosa, sabia, que nunca se engaña, que nos habla continuamente, que
+nos avisa, que nos dirige, que nos ilumina, que es la inspiración del
+poeta, el fuego del entusiasmo, la adivinación, y al mismo tiempo la
+razón, la percepción de que no está al alcance de nuestros sentidos.
+
+Y esta intuición, este fenómeno de nuestro ser, no comprendido aún, me
+decía:
+
+«Ella es la que produce esa armonía sentida, dulce, lánguida; esa
+armonía que gime; esa exhalación; de un alma que sufre y llora como sólo
+puede sufrir y llorar Amparo, de una manera dulce, resignada, poética:
+esa es su alma trasmitida por sus dedos a las cuerdas de un
+instrumento.»
+
+Y contuve con un ademán a la criada que iba a anunciarme, y con una
+caricia acallé las ruidosas manifestaciones de alegría de Mustafá.
+
+La criada permaneció inmóvil y admirada en el lugar en que se
+encontraba, y Mustafá, como si me hubiera comprendido, calló y se
+encaminó a la puerta de la sala, en la cual se sentó, dirigiendo
+alternativamente sus miradas a la persona que había dentro y a mí.
+
+El piano continuaba lanzando magníficas pero fugitivas armonías, como si
+obedeciese a una mano distraída, pero maestra: yo me acercaba todo
+conmovido, trémulo, desconcertado hacia el lugar de donde partía el
+sonido, y como si aquel sonido hubiera sido el medio de una atracción
+irresistible.
+
+Al fin aquellas armonías desordenadas, inconexas, no escritas, emanadas
+por sí mismas, sin conciencia de quién las producía, se ordenaron, se
+desarrollaron, crecieron, interpretando un magnífico canto de
+sentimiento, y luego una voz de mujer, como yo no había oído jamás, tan
+extensa, tan grave, tan dulce, tan elocuente, tan pura, cantó.
+
+Yo no sé lo que cantó: cuando el sentimiento se desarrolla, cuando
+domina, cuando inunda todo nuestro ser, la razón calla: yo no apreciaba,
+yo no comparaba, sentía, y aquel sentimiento me dominaba, me arrastraba
+hacia la mujer que producía en mí aquel sentimiento.
+
+Cuando llegué a la puerta me detuve y lancé al interior una mirada
+ansiosa: sentada de espaldas a mí, delante de un piano estaba una mujer.
+
+Seguía cantando.
+
+Yo me acerqué silenciosamente, atravesé la habitación y quedé de pie,
+inmóvil, detrás de ella.
+
+Ella continuó cantando; pero de repente, como si mi ser se hubiera hecho
+sentir del suyo, a pesar de que no me veía, de que no la tocaba, de que
+no producía el menor ruido, de que contenía mi respiración, volvió la
+cabeza y me miró de una manera profunda, tranquila, con una de esas
+largas miradas que sólo duran un momento, y luego espiró el sonido del
+piano, y ella se puso pálida, contuvo un grito, se levantó y quedó
+inmóvil delante de mí.
+
+Por un momento ni ella ni yo hablamos.
+
+Yo la contemplaba.
+
+Nunca había visto tan soberana hermosura; nunca tanta majestad y tanta
+sencillez: estaba fascinado, trémulo, y sin embargo yo no conocía a
+aquel ser divino, a aquel ser a quien no me atrevo a llamar mujer.
+
+No, no la conocía: era para mí enteramente nueva.
+
+--¡Ah! perdone usted--la dije,--me he equivocado... buscaba...
+dispénseme usted... a los pies de usted.
+
+--¡Buscaba usted a Amparo!--me dijo.
+
+--Sí... en efecto, una joven...
+
+--Que encontró usted hace seis años a media noche en la calle...
+
+Y los ojos de la joven se llenaron de lágrimas...
+
+--¡Amparo!--exclamé, reconociéndola al fin.
+
+--Sí, yo soy Amparo--me contestó dominándose y sonriendo tristemente; yo
+soy su protegida de usted.
+
+Y calló, me indicó el sofá, y fue a sentarse junto a él en un sillón.
+
+Seguimos guardando silencio por algún tiempo.
+
+Yo la contemplaba con asombro.
+
+Quisiera poder describirla.
+
+Pero es imposible.
+
+Sólo puedo daros una descripción incompletísima; yo sólo puedo deciros
+que era una joven de veinte años, alta, esbelta, admirablemente formada,
+con ojos negros, grandes, brillantes, hermosos hasta lo infinito; frente
+blanca, tersa, pura como el marfil; vamos: es imposible, lo veo: a una
+mujer hermosa se la pinta, no se la describe, y aún pintándola, por más
+que el retrato sea obra de un gran artista, sólo tendréis el remedo,
+porque faltará allí la vida; porque una fisonomía no se reproduce en un
+solo rasgo, en una sola manifestación; porque no pueden fijarse,
+reproducirse las ondulaciones del alma; esa sonrisa a la que sucede una
+gravedad triste, esa mirada anhelante que vacila y tiembla delante de
+vuestra mirada y se aparta de vos para volver a buscaros, ya más serena
+más cauta, rehecha de la primera impresión; esa boca entreabierta y pura
+que deja escapar un hálito ardiente y entrecortado; ese seno que se
+alza y se deprime obedeciendo a ese hálito; no, no; el pintor sólo puede
+reproducir el alma en un momento dado, y el alma, que es la luz del
+semblante, no se reproduce, no se manifiesta en una sola sensación... es
+imposible que yo pueda daros una idea de Amparo.
+
+Lo que sí puedo deciros es que estaba completamente transformada: sólo
+conservaba de lo que había sido, la cicatriz de la herida que se había
+hecho en la mano derecha al huir de la infamia: por lo demás los
+gérmenes morales y físicos que en ella existían cuando yo salí seis años
+antes de Madrid, se habían desarrollado: en lo moral no era ya pobre
+muchacha de maneras humildes, viva y tímida a un tiempo, recelosa y
+confiada, conocedora sólo de la miseria y resignada por un instinto de
+fuerza a su pobreza: era en el aspecto una dama en la que nada podía
+echarse de menos, ni las maneras sueltas, dignas y sin afectación del
+gran mundo, ni el gusto más exquisito en el traje, ni la posesión de sí
+misma, ni la ausencia de toda afectación, de todo encogimiento: quedaba
+siempre en ella la mirada lúcida, anhelante; la dulce palidez, la
+triste sonrisa, la expresión melancólica y profundamente resignada; pero
+no era aquella la resignación que se refiere a los dolores físicos, a
+las privaciones, al trabajo, a la carencia de todo lo necesario: era una
+resignación más terrible, porque se refería al infortunio del alma; a la
+carencia de esas expansiones, sin las cuales un ser humano no es otra
+cosa que un cadáver a quien su propio cuerpo sirve de ataúd ambulante.
+En lo físico la transformación había sido también maravillosa: había
+crecido: sus formas antes flacas se habían redondeado, modelado,
+armonizado, dulcificado hasta lo infinito: se desprendía de ella tal
+fuerza de vida, su piel era tan intensamente blanca, tan sedosa, tan
+bellamente pálida, con una palidez nacarada; sus cabellos eran tan
+negros, tan brillantes, tan ricos, que su peinado parecía estar hecho
+por un escultor griego sobre ébano; las cejas negras y las pestañas
+negras también, espesas, convexas, dando fuerza con su sombra a su
+mirada, velándola, amortiguando su brillo; su boca pequeña, de color
+vivo, fresco y puro; el corte general de la cabeza, lo esbelto del
+cuello, lo redondo de los hombros, la altura virginal del seno, y los
+brazos que se veían entre los encajes de una bata de seda a listas, la
+suelta plegadura de esta bata que revelaba la ausencia de esos
+ahuecadores con que las raquíticas mujeres de nuestros días encubren la
+flacura de sus formas, todo esto la daba una fuerza de voluptuosidad
+irresistible, y para aumentar esta voluptuosidad, se desprendía de ella,
+de su expresión, de sus miradas, de su actitud, tal perfume de castidad,
+que era necesario creer que su cuerpo como su alma estaba virgen.
+
+Y sin embargo, aquella boca entreabierta y suspirante, aquella mirada
+vaga y tímida, aquella palidez mate, revelaban que en ella ardía el
+fuego sagrado; que estaba ansiosa de amor.
+
+¿Pero a quién podía amar Amparo?
+
+¿Dónde el ser que pudiera llenar aquella alma tan entusiasta, tan
+apasionada por lo bello, que se remontaba en sus aspiraciones al cielo y
+vivía con pena en la tierra.
+
+¿Dónde el alma en que pudiera reclinarse, confundirse, vivir aquella
+alma desterrada?
+
+Porque estas aspiraciones y estas necesidades de su alma estaban
+impresas sobre el semblante de Amparo.
+
+Y fue tan franca en los primeros momentos de nuestra vida la expresión
+de aquel semblante, que comprendí que Amparo amaba, que amaba con toda
+su alma y que amaba sin esperanza.
+
+Y al comprender esto sentí al mismo tiempo celos y remordimientos.
+
+Celos porque no era yo el hombre a quien ella amaba.
+
+Remordimientos porque, elevando su educación, había elevado su espíritu,
+la había aumentado sus aspiraciones, y la había hecho por consecuencia
+infeliz.
+
+Porque a pesar de su magnífica hermosura, ni tenía nombre ni dote.
+
+Amparo era una expósita; Amparo sólo tenía necesidades.
+
+¡Y es tan positivista el siglo <sc>xix</sc>!
+
+En otros tiempos la hermosura y la virtud podrán haber sido un magnífico
+dote: hoy el dote está sobre la virtud y sobre la hermosura: los viejos
+son los únicos que se casan con las mujeres jóvenes, honradas y bonitas.
+
+El siglo <sc>xix</sc>, bajo cualquiera faz que se le mire, es el siglo de la
+sangre y del lodo.
+
+El siglo de la compraventa.
+
+El siglo del incesto y del adulterio.
+
+El siglo corruptor y corrompido.
+
+El siglo en que la acepción de las palabras más notables está viciada.
+
+El siglo en que todo es mentira menos el dinero.
+
+¡Qué podéis esperar de un siglo en el cual el que invoca con entusiasmo
+la patria, el amor y la fraternidad, o lo que es lo mismo la caridad, se
+pone en ridículo!
+
+¡De un siglo en que...!
+
+El siglo <sc>xx</sc> hará la historia del siglo <sc>xix</sc>.
+
+* * *
+
+¿Qué podía esperar Amparo?
+
+Una vida de sufrimiento.
+
+Porque Amparo tenía la desgracia de flotar, soñando, en alas de su
+entusiasmo, en una región a la cual sólo podía alzarse su deseo.
+
+* * *
+
+Todo lo que acabo de apuntar lo observé, lo comparé, lo pensé, lo deduje
+en un momento en que estuvimos callando, ella turbada con la mirada
+baja, y yo contemplándola absorto y enamorado.
+
+Sí, enamorado, y enamorado como un loco.
+
+Sin embargo, un mismo pensamiento, sin duda, nos hizo ponernos la
+máscara de la conveniencia.
+
+Yo creí que debía apelar a toda mi fuerza de espíritu para mostrarme con
+ella en la verdadera posición en que podía colocarme: esto es, en la
+posición que me encontraba seis años antes.
+
+Amparo debía ser siempre para mí la misma: una protegida a quien yo
+dispensaba cuanta protección debía de una manera enteramente
+desinteresada: lo demás me parecía repugnante.
+
+Y ella... ella levantó al fin los ojos. Su semblante no mostraba más
+expresión que la del respeto, la del agradecimiento: era la misma niña
+de seis años antes, pero hermosa, hermosísima, con un traje de seda, en
+una habitación amueblada con gusto y confiada y tranquila a mi lado,
+como si se hubiera tratado de su padre.
+
+Pero se transparentaba bajo aquella tranquilidad algo de doloroso: se
+comprendía que la careta la hacía daño.
+
+--¿Con que hasta tal punto me había olvidado usted--me dijo
+sonriendo--que no me ha reconocido?
+
+--Se ha transformado usted de una manera completa--le contesté.
+
+--Creo que quien se ha transformado es usted.
+
+--¡Yo! no por cierto, siempre el mismo, se lo juro a usted.
+
+--¿Y ese _usted_? ¿ese encogimiento...? Yo... yo soy siempre la misma:
+siempre contenta, siempre amándole a usted, siempre dando gracias a Dios
+por el bien que me ha hecho...
+
+--Me parece, Amparo--la dije conmovido--que sufres, que no eres feliz,
+que estás contrariada.
+
+--¡Ah! ya vuelve usted a ser el que era: el _usted_ me hacía daño: por
+lo demás veamos lo que soy: una muchacha que en vez de vivir en un
+tabuco, vive en un bonito cuarto: que viste seda y que borda, cose,
+canta, atormenta un piano y enseña lo que se enseña en España en un
+colegio. Esta es toda la diferencia: por lo demás, pienso hoy de la
+misma manera que pensaba el día en que almorcé con usted.
+
+--¡Ah! ¡Te acuerdas!
+
+--Sí me acuerdo. Y en prueba de mi buena memoria: ¿continúa usted
+cansado de la vida? ¿No espera usted nada? ¿No desea usted nada?
+
+--¡Oh!--la contesté:--nada espero, nada deseo...
+
+--Y en esos largos viajes...
+
+--Sólo he encontrado motivo para hastiarme más.
+
+--¡Siempre el mismo! ¡Siempre sin esperanza! exclamó de una manera
+particular, y sin que por su acento pudiera yo conocer su intención.
+
+--Esto en mí es una enfermedad incurable, la dije: tratemos de ti... y
+tú... ¿qué esperas? ¿qué deseas?
+
+--Yo... me contestó mirándome fijamente, pienso como pensaba hace seis
+años.
+
+--¡No recuerdo!
+
+--Pienso buscar la paz y la felicidad en Dios.
+
+--¡Ah! ¡vuelves a lo del convento!
+
+--Sí.
+
+--Pero es extraño... ¿No amas?
+
+--No.
+
+--Eso es imposible. Una joven como tú...
+
+--Una joven como yo... que no se pertenece; que sólo puede dar a un
+hombre inconvenientes; que no tiene apellido para sus hijos, no se casa
+y una mujer como yo cuando no piensa casarse no ama.
+
+--El amor es un sentimiento: no se ama porque se quiere amar.
+
+--Sí, sí; concedido: comprendo que se ama porque se ama. Pero he tenido
+la suerte de no enamorarme.
+
+--De seguro no habrá faltado...
+
+--¿Y qué importa? yo me he guardado muy bien de amar.
+
+--Pero... lo que yo quería está ya conseguido: eres toda una dama...
+
+--Sí, es verdad, soy directora de un colegio, y salgo todos los días a
+dar lecciones de lenguas.
+
+--Pero y bien... este siglo no mira más que las apariencias: acepta un
+dote cuantioso; cierra el colegio...
+
+--¡Ah! ¡Es que quiere usted comprarme un marido!
+
+La contestación de Amparo, aunque pronunciada en medio de una alegre
+risa y con gran ligereza, tenía un fondo de dolor y de dignidad ofendida
+que no podían desconocerse.
+
+--No hablemos más de eso; la dije: harás lo que quieras, todo menos ser
+monja. Hablemos de otra cosa. ¿Qué se ha hecho de doña Gregoria?
+
+--Ha muerto hace dos años, me contestó tristemente.
+
+--¡Ah! ¡Pobre mujer!
+
+--No por cierto; murió con la resignación de una cristiana entre mis
+brazos.
+
+--¿Y su marido?
+
+--Está empleado en provincias.
+
+--¿Y el padre Ambrosio?
+
+--Sigue viviendo en su casa de vecindad.
+
+--¿Y tú?... ¿cómo estás al frente del colegio?
+
+--Antes de que muriera doña Gregoria lo estaba ya. Había sufrido un
+examen, y al morir doña Gregoria, era necesario cerrar el
+establecimiento o encargarme yo de él... Entonces, el bueno de D. Tomás
+se convino a que se le pagasen los muebles, y... en dos años nada le
+debo; estoy establecida... soy independiente, tengo un pequeño
+capital... lo que basta para mi dote... y ya que usted ha venido, me voy
+al claustro... decididamente... me voy a buscar la paz.
+
+--Es que yo no quiero.
+
+--¿Y qué quiere usted que haga? ¿Cuál es su voluntad de usted? ¿Quiere
+usted que me case? Me casaré. Pero me casaré con un pobre.
+
+--No, no es eso...
+
+--Pues el convento...
+
+--El colegio...
+
+--Una soltera sola no está bien en el mundo.
+
+--¿Y te casarías sólo por darme gusto?
+
+--No me pertenezco: usted es mi padre: mi amor y mi agradecimiento me
+mandan obedecer a usted: si así no fuera, hace mucho tiempo que habría
+tomado un partido cualquiera. Pero no quise tomarle sin conocimiento de
+usted. Y como no sabía donde usted se encontraba... como durante seis
+años no ha escrito usted una sola carta...
+
+--¿Y para qué?
+
+--¿Para qué? Para que yo no hubiese tenido ansiedad, para que yo hubiese
+estado tranquila.
+
+--¡Ah! El no saber de mí...
+
+--Hubiera sido una infame si no me hubiera interesado la suerte de
+usted. Le amo a usted como amaría a mis padres... y mire usted...
+
+Y Amparo se levantó y abrió la puerta de un gabinete.
+
+--Allí no entra nadie más que yo, dijo.
+
+--¿Y aquella luz? la pregunté señalando una que ardía delante de una
+Virgen de los Dolores pintada al óleo.
+
+--Esa luz arde delante de la Virgen desde el día en que usted salió de
+Madrid.
+
+Y entonces los ojos de Amparo se llenaron de lágrimas.
+
+No sé si hubiera cometido alguna imprudencia, porque en aquel momento
+sonó una campana.
+
+--Adiós--me dijo tendiéndome una mano--es la hora de comer y mis niñas
+me esperan. Vuelva usted.
+
+Salí enamorado y desesperado.
+
+Enamorado porque Amparo hablaba a mi corazón, a mi voluptuosidad, a mi
+razón; desesperado porque nada había visto en Amparo más que una
+ardiente expresión de agradecimiento. Amparo parecía enamorada de un
+imposible. Yo por mi parte había tenido bastante sangre fría para no
+hacerla sospechar el verdadero interés que me inspiraba.
+
+* * *
+
+Volví a mi casa preocupado, dominado por el efecto que había causado en
+mí la vista de Amparo.
+
+Pretendí formar una idea exacta acerca del sentimiento que me inspiraba:
+al recordar su mirada, opaca, llena de una vida ardiente, su sonrisa
+triste, amarga en medio de su resignación, sus encantos uno por uno, y
+después el magnífico conjunto de aquellos detalles admirables: el no sé
+qué misterioso, vago, indefinible que emanaba de sus miradas, de su
+sonrisa, de su acento, de su actitud, de todo su ser, de su alma
+exhalada siempre en una manifestación sentida, dulce, extremadamente
+simpática, mi corazón me decía inflamado de un ardor desconocido para
+mí:
+
+--Necesito que sea mía, enteramente mía.
+
+Y al expresar mi corazón la devorante necesidad de poseerla, mi razón me
+gritaba severa:
+
+--Es necesario que sea tu esposa.
+
+De la misma manera que no he podido describiros a Amparo, no puedo
+haceros comprender de qué manera la deseaba, de qué manera la amaba.
+
+La deseaba como jamás había ansiado otra mujer. Parecíame que las
+mujeres con las cuales había estragado mi corazón y mis sentidos eran de
+otra especie que Amparo: me parecía que Amparo era la mujer... ella sola
+la mujer: esa mitad preciosa de la vida del hombre; la compensación de
+su fatiga, la alegría de sus pesares, el aliento de su corazón, la mitad
+del cuerpo y del alma de nuestro hijo, de ese dulce punto de unión donde
+van a confundirse en una dos existencias; la mujer con la cual nos
+identificamos, que siente con nosotros como nosotros sentimos con ella;
+que sufre cuando sufrimos; que goza cuando gozamos; que se muestra
+orgullosa por pertenecernos, y fuerte por nuestra fuerza; que asida de
+nuestro brazo se encamina tranquila a la tumba, y muere contenta y feliz
+si en su lecho de muerte se ve rodeada del amor de una familia en la
+cual se mira multiplicada, joven, fuerte, hermosa como en los días de su
+juventud.
+
+Yo al desear a Amparo, deseaba la familia... yo quería rodearme de esos
+testimonios de la inmortalidad humana que se llaman hijos. (Porque yo
+entonces, vuelvo a repetirlo, era impío y no podía referirme a la
+inmortalidad sino refiriéndome a la maldad.) Yo necesitaba, en fin, la
+piedra del hogar, consagrado por el amor y por la virtud.
+
+La amaba... voy a procurar deciros las manifestaciones íntimas del amor
+que me inspiraba Amparo.
+
+Era un amor, ni todo espíritu, ni todo materia. Era un amor humano: el
+amor del hombre hacia la mujer: una atracción incontrastable me
+arrastraba en mi pensamiento a confundirme con ella: parecíame sentirla
+engrandeciendo mi ser, absorbiéndose enteramente su cuerpo y su alma,
+respirando en su aliento, latiendo en su corazón, viviendo en su vida...
+¡Oh! El lenguaje humano es miserable... no tiene palabras para el
+sentimiento, es impotente para traducir el alma. Yo la amaba como a mí
+mismo, más que a mí mismo: la amaba hacía mucho tiempo: para conocer que
+la amaba necesité verla en el esplendor de su hermosura, en el lujo de
+su transformación, y entonces comprendí que yo no estaba hastiado sino
+sediento; que en mí no había muerto nada; que mi vida había pasado entre
+un marasmo fatigoso producido por el lodo del mundo en que hasta
+entonces me había revolcado.
+
+Aquella transición de la trapera a la dama, de la niña a la mujer,
+transición para mí violenta puesto que alejado de ella durante seis años
+no había podido asistir a la elaboración lenta, gradual, lógica de
+aquella transformación; fue para mí...
+
+Suponed por un momento que el sol no existe: que sólo os alumbra una luz
+artificial: que habéis recorrido el mundo armado de una linterna,
+tropezando aquí, cayendo allá, buscando no sé qué quimera de vuestro
+pensamiento; que habéis aplicado la luz de vuestra linterna al semblante
+de todo el que habéis encontrado, y habéis visto un rostro repugnante
+del cual habéis apartado los ojos con hastío; que habéis seguido siempre
+adelante buscando vuestro fantasma y os habéis cansado al fin; habéis
+arrojado la linterna y os habéis quedado a oscuras, exclamando:
+
+--El mundo es la horrible verdad de lo monstruoso, de lo deforme: la
+vida una carga insoportable; el hombre nuestro hermano no existe; la
+mujer nuestra ayuda es sueño. El que tiene vida en ese mundo de
+horribles verdades muere; no hay Dios: no hay humanidad. El mundo es
+hijo del acaso: el hombre es un reptil como otro cualquiera.
+
+Y suponed que cuando acabéis de pronunciar esa blasfemia aparece de
+repente el sol en una explosión de luz y de armonía: que lleváis una
+mano a vuestros ojos que se deslumbran, y otra sobre vuestro corazón que
+se enternece lleno de una nueva vida, y que cuando volveis a abrir los
+ojos os encontráis de nuevo en las tinieblas, enardecido por el próximo
+y candente recuerdo de la luz divina que os ha deslumbrado, de la
+armonía de los cielos que ha reanimado vuestro ser... y después de haber
+supuesto esto suponed vuestra desesperación, vuestro dolor.
+
+Dios existe: existe la luz; pero Dios está irritado contra vos, no ha
+hecho la luz para que brille en vuestros ojos; no ha hecho la armonía
+para que deleite vuestros oídos: sois un ser condenado: Dios es un ser
+vengativo.
+
+Yo había buscado en el mundo sin encontrarle el amor tal cual yo le
+comprendía... le había buscado en vano y me había dicho:
+
+--Nuestro amigo y nuestra amante son dos fantasmas soñados por nuestro
+deseo.
+
+Dios no puede haber dado a su hechura aspiraciones imposibles.
+
+Si no ha podido dárselas y las tiene no existe Dios.
+
+O Dios es el acaso.
+
+Amparo fue para mí el sol de la vida: la mujer que salía del edén y se
+ponía delante de mí... la prueba material de que Dios ha dado a cada
+aspiración del hombre una realización.
+
+Amparo realizaba mis sueños: era la mujer que yo había buscado en vano,
+la mujer que hablaba a mi corazón y a mis sentidos; pero... Amparo no me
+amaba: si me hubiera amado yo lo hubiera comprendido; Amparo me
+consideraba como su protector, como su padre: Amparo se resignaba a
+cumplir mi voluntad hasta el punto de casarse con el hombre que yo la
+designase... y Amparo amaba... Amparo sufría... sus ojos, mi alma habían
+apurado su sufrimiento... Amparo no era mía... había visto por un
+momento mi fantasma y me le arrebataba Dios.
+
+Dios castigaba mi impiedad.
+
+* * *
+
+Pasaron algunos días sin que yo fuese a ver a Amparo.
+
+Tenía miedo de verla.
+
+Temía echar a perder inútilmente mi papel de protector, de padre,
+dejándome arrebatar a una situación ridícula en un momento de olvido.
+
+En estos días mi administrador general se empeñó en darme cuentas, y me
+vi obligado a ceder, para que tuviese ocasión de convencerme de que era
+hombre de bien.
+
+Pasé por alto una multitud de partidas; pero no pude menos de reparar en
+una data.
+
+Estaba figurada en estos términos:
+
+«A doña Amparo, por encargo especial del señor, cuatro mil reales.»
+
+--¡Cuatro mil reales!--dije con extrañeza--ese no será el total de la
+data.
+
+--Sí, sí por cierto, señor, doña Amparo no ha recibido más.
+
+--¿Y en qué consiste? ¿No mandé a usted que entregase todos los meses
+mil reales a doña Gregoria?
+
+--Sí, sí, señor, pero doña Gregoria me dijo al cuarto mes que no recibía
+más... por aquel año... que a la señorita la bastaba para un año aquella
+cantidad y...
+
+--Usted debió insistir.
+
+--Insistí... pero yo no podía obligar a doña Gregoria...
+
+--Y al año siguiente...
+
+--Fui el primero de enero con cuatro mil reales...
+
+--Pero no constan.
+
+--Es que doña Gregoria no los quiso recibir.
+
+--Es usted un torpe.
+
+--Yo puedo sacar a un deudor la cerilla de los oídos y se la saco, si no
+encuentro otro medio de cobrar, para lo cual soy muy listo; pero no se
+me ocurre que haya en lo humano un medio para hacer tomar dinero a una
+persona que no quiere tomarlo; lo cual afortunadamente es muy raro.
+
+--Pero ¿qué razones dio a usted doña Gregoria?
+
+--Con las palabras más dulces del mundo, deshaciéndose en elogios y en
+palabras de agradecimiento hacia usted, me dijo que la señorita Amparo,
+ayudándola en el cuidado de las niñas del colegio, ganaba lo bastante
+para sus necesidades.
+
+No supe qué contestar. Amparo volvía a hacerse superior a mí.
+
+Mi administrador continuó impasible relatándome sus cuentas.
+
+Al fin en las de dos años antes, leyó lo siguiente:
+
+--Cargo: recibido de doña Amparo, cuatro mil reales.
+
+No pude contenerme: mi irritación estalló; mi administrador es un
+asesino: apuré con él la suma de los dicterios conocidos y por conocer y
+le destituí.
+
+Amparo se engrandecía a mis ojos.
+
+No puedo decir que me humillaba su dignidad, porque la amaba de tal modo
+que su dignidad era la dignidad mía; pero la posición en que ella se
+había colocado respecto a mí me desesperaba.
+
+¿Con que lo que únicamente había hecho por ella había sido darla la
+mano, ayudarla a salir de la precaria situación en que se encontraba?
+¿Con que sólo me debía agradecimiento? ¿Con que el mayor trabajo de la
+obra de su transformación había sido suyo?
+
+El dinero es la piedra de toque del corazón humano.
+
+Amparo había arrancado de en medio de entre nosotros dos el dinero.
+
+Amparo se había colocado delante de mí a una inmensa altura.
+
+Elevándose, elevó ante mis ojos a la mujer, a la humanidad, y me obligó
+a confesar que existía la virtud sobre la tierra.
+
+Y mi corazón y mi cabeza me decían:
+
+--La amas, necesitas su amor para vivir.
+
+Y mi desesperación me decía:
+
+--Amparo no te ama.
+
+Entonces blasfemaba yo.
+
+--¡No hay Dios, decía!
+
+* * *
+
+Fui a verla.
+
+Habían pasado ocho días desde mi visita de vuelta de viaje.
+
+Tiré con fuerza de la campanilla y me hice anunciar.
+
+Amparo salió hasta el recibimiento y me tendió la mano con la mayor
+naturalidad.
+
+--Otra vez no pida usted que le anuncien,--me dijo sonriendo.
+
+Y me llevó a la sala asido de la mano.
+
+El contacto de aquella preciosa mano, que estrechaba dulcemente la mía
+con una noble confianza, como se estrecha la mano de un protector a
+quien se ama, me causaba una impresión que en vano querría explicar:
+parecíame que aquella mano me transmitía otra vida más pura, más fácil;
+me embriagaba en un goce lánguido y tranquilo...
+
+Indudablemente yo estaba enamorado de remate y divinizaba todo lo que
+pertenecía a Amparo; todo lo que emanaba de ella.
+
+Pero yo iba preparado, y tuve bastante fuerza de voluntad para no
+mostrarme ni más ni menos interesado por ella que como lo estaba seis
+años antes.
+
+Ella estaba perfectamente tranquila, alegre, confiada y retenía mi mano
+en la suya, no como la retiene un amante, sino como retiene una hija la
+mano de su padre, de quien ha estado separada muchos años.
+
+La contemplé durante algún tiempo sin perder ni un instante el cuidado
+de mí mismo, temiendo que una mirada, un accidente cualquiera la hiciese
+conocer el verdadero interés que me inspiraba.
+
+Yo era entonces un cómico que representaba dolorosamente su papel.
+
+--Me alegro--la dije al fin.
+
+--¿Y de qué se alegra usted?--me contestó mirándome con gravedad.
+
+--Me parece que eres feliz.
+
+--¡Oh! sí; completamente feliz--me contestó--ya lo creo: al cabo le
+tenemos a usted.
+
+--¡Le tenemos!--exclamé con extrañeza.
+
+--Sí, sí por cierto, el padre Ambrosio y yo. Y aun el mismo Mustafá,
+mírele usted echado entre nosotros y mirándole de hito en hito. A pesar
+de que es ya viejo no se ha olvidado de usted; no es usted para él una
+persona desconocida... ¿Ha ido a verle a usted el padre Ambrosio?
+
+--No por cierto, y me hubiera alegrado mucho de verle.
+
+--No se habrá atrevido... es tan tímido.
+
+--Yo iré a verle cuando salga de aquí; pero es necesario que me digas
+donde vive.
+
+Amparo se levantó y escribió las señas que me entregó.
+
+Tenía un precioso carácter español.
+
+--Escribes muy bien--la dije.
+
+--Es mi obligación. ¿Se olvida usted de que soy _maestra de escuela_?
+
+--Quisiera verte entre las niñas.
+
+--Eso no puede ser. Pero figúrese usted que me ve: toda una madre de
+familia: me pongo muy seria, riño mucho, las castigo con tratarlas
+secamente, y las premio con un beso.
+
+--¡Ah! ¡Ah!
+
+--Y paso buenamente la vida: no sé si es soberbia, pero se me figura,
+creo que el magisterio cuando se ejerce sobre niños es un sacerdocio
+que impone sagrados deberes; ¡y es tan dulce el cumplimiento del deber!
+Y cuando un ser cuya razón empieza a desarrollarse bajo nuestra
+influencia es una niña, todo cuidado es poco, porque de la niña se hace
+la mujer, la madre de familia, y la madre de familia, mal que les pese a
+los que niegan toda participación a la mujer en el desarrollo social, es
+la que siembra el fruto que ha de coger la sociedad: formad buenas
+madres de familia, y habréis formado una generación llena de virtud, de
+entusiasmo, de valor, de abnegación, de amor patrio, de virilidad, de
+grandeza: los hijos son la madre: si la madre es buena, el hijo es
+bueno; pero si la madre ha dado a sus hijos el pernicioso ejemplo de las
+discordias domésticas, la falta de sufrimiento y de abnegación, el
+escándalo continuo, el repugnante espectáculo de preferencias odiosas
+respecto a este o al otro de sus hijos; si esos jóvenes corazones no han
+tenido ningún buen ejemplo que imitar; si sólo han debido a su madre un
+amor indiscreto y caprichoso, caricias exageradas, castigos inmotivados,
+se pervierten, se desnaturalizan embotando o perdiendo todos sus buenos
+instintos y constituyendo un ser artificial formado por una mala
+educación. ¡Oh! ¡Las madres! ¡Las madres!
+
+Y Amparo inclinó la cabeza profundamente pensativa.
+
+Como ven mis lectores, nuestra conversación no podía ir más apartada del
+punto a que mi amor hacia Amparo hubiera querido llevarla.
+
+Este alejamiento de nuestra conversación de mi idea fija, me favorecía
+ayudándome a mantenerme firme.
+
+Durante dos horas, Amparo, haciendo casi sola la conversación, me dejó
+conocer cuánto valía su moral: vinimos al fin a recaer en mis viajes; me
+preguntó acerca de las civilizaciones extranjeras, y sin haber hablado
+ni una sola palabra de su pasado ni de sus proyectos, me despedí de
+ella.
+
+* * *
+
+Fui a ver al padre Ambrosio algunos días después.
+
+Cuando entré en la casa de vecindad, al primero a quien pregunté me
+indicó la puerta del aposento del exclaustrado.
+
+Al asomar a ella, di un paso atrás.
+
+Le había sorprendido... mondando patatas.
+
+Pero ya era tarde.
+
+El padre Ambrosio me vio, se levantó, dejó sobre una pequeña mesa el
+plato donde tenía las patatas mondadas, y me salió alegremente al
+encuentro; con timidez sí; pero no con una timidez de vergüenza, sino
+con su timidez característica.
+
+--¡Ah!--exclamó--usted por aquí, cuanto me alegro. Yo debiera haber ido
+a verle a usted.
+
+--¡Oh! de ningún modo.
+
+--Sí, sí, pero no me he atrevido.
+
+--Ha hecho usted muy mal en no... atreverse.
+
+--Dejemos, pues, estos cumplimientos: yo me alegro mucho de verle a
+usted: ¿y cómo le va a usted...? Siéntese usted aquí en el sillón...,
+póngase usted el sombrero..., así...: ¿y qué me dice usted de nuestra
+hija? añadió sentándose en una vieja arca: es un prodigio...; a mí ha
+acabado por hacerme feliz, me ha regenerado... ¡qué niña, Dios mío, qué
+niña! Ya puedo morir tranquilo, porque Amparo no necesita ya de nadie,
+de nadie más que de Dios.
+
+--¡Me pregunta usted qué pienso de Amparo! contesté: con usted puedo ser
+franco: pienso lo que piensa un hombre de una mujer que realiza todos
+sus sueños, todos sus deseos, todas sus aspiraciones: de la mujer a
+quien ama.
+
+--¡Ama usted a Amparo! exclamó el padre Ambrosio poniéndose mortalmente
+pálido.
+
+--Sí; la amo con toda mi alma.
+
+--¿Y se lo ha dicho usted?
+
+--No, ni se lo diré nunca.
+
+Se tranquilizó el padre Ambrosio.
+
+--Yo había previsto desde hace mucho tiempo, me dijo, que usted acabaría
+por amarla, y me halagaba la esperanza de que mutuamente se harían
+ustedes felices. El amor en usted le vi yo nacer hace seis años y...
+pero a que soñar... Amparo no sería feliz con usted.
+
+--¿Ama acaso a otro?
+
+--Yo creo que sí.
+
+--Yo también lo he creído.
+
+--Sufre... Algunas veces la he sorprendido llorando, y he comprendido la
+causa de sus lágrimas: he comprendido que estaba enamorada. Un día la
+sorprendí mirando un retrato.
+
+--¡Un retrato! ¿pero de quién?
+
+--No lo sé. Al verme se puso vivamente encarnada, se volvió y ocultó el
+retrato en el pecho. Yo nada la pregunté, nada la dije; Amparo, con la
+fuerza de voluntad que Dios la ha dado, se serenó, y nada me dijo del
+retrato, ni de mi sorpresa involuntaria; dejé pasar algunos días, y a la
+primera confesión la dije:
+
+--Tú sufres, Amparo.
+
+--Tengo el alma triste, me contestó.
+
+--¿Tienes triste el alma porque amas?
+
+--Yo... No señor... No amo a nadie: yo no puedo amar: yo no daría a mis
+hijos una madre sin nombre.
+
+--Sé franca conmigo, repuse: ¿amas acaso a tu protector?
+
+--¡Que si le amo...! Ya se ve que le amo, me contestó con la mayor
+naturalidad: acaso ¿no es mi padre?
+
+--No, no me refiero yo a ese amor, sino a otro más íntimo: el amor que
+tiene una mujer al hombre de quien desearía ser esposa.
+
+--No, no le amo así, ni le podría amar nunca de ese modo; me lo
+impediría el respeto que me inspira.
+
+--Pues, si no amas a tu protector, ¿a quién amas?
+
+--A nadie.
+
+--¿Y el retrato que ocultaste al verme el otro día?
+
+--¡Ah! ¡el retrato de mi madre!
+
+--El retrato de su madre, exclamé interrumpiendo al religioso; pues qué,
+¿ha encontrado Amparo a su madre? ¿Habrá alguna razón que la impida...?
+
+--Lo mismo la pregunté; pero ella me contestó: es el retrato fantástico
+de mi buena madre, con quien sueño todas las noches; en quien pienso
+todos los días; un rostro que yo he dibujado recordando mis sueños...
+Mañana le verá usted.
+
+No supe qué contestar.
+
+La hacía llorar la vista de la reproducción material de un fantasma.
+
+En efecto, al día siguiente me mostró una bellísima cabeza de mujer como
+de cuarenta años, y había allí algo... en el semblante triste de aquel
+fantasma estaba el alma de Amparo.
+
+Calló el religioso, y yo quedé profundamente pensativo.
+
+Me había dado a conocer un nuevo rasgo del carácter romancesco de
+Amparo.
+
+--Pues bien, si ella no puede amarme, le dije, continuaré comprimiendo
+dentro de mi corazón el amor que me inspira: procuraré que no salga
+delante de ella ni en mis palabras, ni en mi mirada, ni en mi semblante
+la más leve manifestación de ese amor. Si no puedo vencerle, volveré a
+mis viajes.
+
+--Mucho me temo que no sea ella la primera en apartarse de nosotros.
+
+--¡Cómo!
+
+--Ella ama: estoy seguro de ello: y ama con toda la vehemencia, con toda
+la firmeza de su alma: una de dos, o la persona a quien ama no repara en
+ella, o no pertenece a esta vida. Amparo... acaba de decírmelo hoy por
+la mañana, está resuelta a meterse en un convento, y me ha mandado
+practicar las primeras diligencias.
+
+--¡Oh! No, de ningún modo, exclamé. ¡Monja! ¡Monja Amparo! No puede ser.
+
+--Ya es tarde, me dijo: es necesario decir a usted toda la verdad. Iba a
+decírsela a usted; pero al revelarme usted que la amaba... temblé...
+callé, no me atreví...; pero... en quince días que han pasado desde que
+la vio usted por última vez, Amparo ha entrado en un convento, y dentro
+de tres días más debe tomar el hábito de novicia. Esta mañana me dio
+esta carta para usted. ¿Comprende usted ahora por qué no me atrevía a ir
+a su casa?
+
+Yo estaba aterrado, y apenas pude leer una carta que me dio el padre
+Ambrosio, y que contenía estas palabras:
+
+«Convento de.... Perdone usted si por mí misma he tomado tan grave
+resolución. Yo no podía permanecer más en el mundo, y usted se opone
+formalmente a que yo entre en el claustro. Perdóneme usted otra vez.
+Pero mi corazón necesita paz y he venido a buscarla a esta santa
+casa.--Su siempre agradecida. Amparo.»
+
+Sin despedirme del padre Ambrosio salí comprimiéndome las sienes con las
+manos.
+
+Mi cabeza se rompía.
+
+Aquella carta había sido para mí un golpe de muerte, y apenas pude salir
+a la calle.
+
+No sé lo que me sucedió: sólo recuerdo que al volver en mí me encontré
+en un lecho extraño rodeado de una familia desconocida, y con un médico
+a la cabecera.
+
+Mi indisposición había sido un accidente pasajero.
+
+Muy pronto, a consecuencia de los auxilios que se me prodigaron, volví
+al uso de mis facultades.
+
+Me encontré en la trastienda de una barbería.
+
+Una buena mujer me aplicaba a las narices un paño mojado con vinagre.
+
+Su marido, lanceta en mano, estaba a punto de sangrarme.
+
+Impedí que lo hiciese, y les rogué que me procurasen un carruaje.
+
+Aquella buena gente me sirvió de la manera más solícita, y se negó de
+todo punto a recibir la gratificación que yo les ofrecía.
+
+Es un bello rasgo, exclusivo de los españoles, el negarse a recibir una
+recompensa cuando creen que han debido hacer lo que han hecho, y este
+hecho se refiere a la caridad.
+
+Es una bella manera de igualar al pobre con el rico.
+
+En esos casos la palabra _gracias_ del fuerte, vale tanto como _el Dios
+se lo pague_ del desvalido.
+
+Esto suponiendo, que el rico que da las _gracias_ tiene corazón.
+
+Yo adoro la caridad: los hombres que tienen caridad son mis hermanos.
+
+* * *
+
+Débil, con la cabeza llena de una vaguedad febril, con el corazón
+fuertemente agitado, fui conducido a mi casa, donde hube de meterme en
+cama.
+
+El efecto que había causado en mí la resolución suprema de Amparo, mi
+terror por perderla, mi ansiedad, mi duda acerca de recobrarla, me
+decían claro que Amparo había llegado a constituirse para mí en ese ser
+que es la mitad de nuestra existencia.
+
+Sentía en el corazón un vacío doloroso; una hambre aguda, permítaseme
+esta frase, vacío que sólo ella podía llenar, hambre que sólo ella podía
+extinguir.
+
+Nunca mi voluntad luchó tan poderosamente contra una dificultad que casi
+tenía para mí el carácter de un imposible.
+
+Amparo huía del mundo y se encerraba con la desesperación de su
+misterioso amor en un convento.
+
+Yo me desesperaba: yo tenía celos de un fantasma: yo aborrecía al hombre
+que Amparo amaba.
+
+Ninguna solución me venía al pensamiento bastante a consolarme, ya que
+no a curarme de mi desesperación.
+
+Yo, como todos los desesperados, como todos los vencidos, me hubiera
+creído feliz con muy poco: con vivir a su lado como su hermano.
+
+Este tímido deseo me inspiró un pensamiento, y la inspiración de este
+pensamiento llevó mi mano al cordón de la campanilla, del que tiré
+fuertemente.
+
+--Vaya usted mismo al instante, dije a mi ayuda de cámara, a la calle
+tal, tal número, tal cuarto; diga usted al padre Ambrosio que deseo
+verle al momento, que estoy enfermo, que le espero con impaciencia;
+lleve usted un carruaje, y tráigase usted al padre Ambrosio.
+
+Media hora después, el exclaustrado entraba en mi alcoba.
+
+* * *
+
+Acercose a mí con la más viva solicitud.
+
+--¡Oh! ¡Dios mío!--dijo, comprendiéndolo todo--¿con qué tanto la ama
+usted?
+
+--Amparo me ha convertido en un niño--le respondí.
+
+--¡Que feliz hubiera sido amándole a usted!
+
+--No pensemos en eso. Le he llamado a usted, no para hablarle de mi
+amor, sino para pedirle que me ayude, que me auxilie.
+
+--¿Y en qué? ¿Cómo?
+
+--Yo comprendo que Amparo ha entrado en el convento desesperada.
+
+--Es verdad: Amparo que nada espera en el mundo, se ha arrojado
+sollozando en los brazos de Dios.
+
+--Pero Dios está en todas partes.
+
+--Indudablemente.
+
+--Por ejemplo: en mi casa puede encontrar a Dios como en el convento.
+
+--Y ¿de qué modo puede estar Amparo en su casa de usted sino como su
+esposa?
+
+--Cabalmente: eso es: quiero casarme con ella.
+
+Volvió a ponerse pálido el padre Ambrosio como cuando le dije que la
+amaba.
+
+--Si usted pide a Amparo su mano--me dijo gravemente--se casará con
+usted: si usted la abre sus brazos, se arrojará en ellos... pero ¿olvida
+usted que ella ama?... ¿Que ella al ser de usted apurará un sacrificio
+mortal? ¿No ha comprendido usted a Amparo?
+
+--Sí; y del mismo modo que la comprendo a ella, quisiera que usted me
+comprendiese.
+
+--Comprendo que la ama usted, que la desea, que quiere casarse con ella.
+
+--Quiero darla únicamente mi nombre, y con mi nombre, mi posición;
+quiero arrancarla de la exageración del claustro; si desea soledad, en
+mi casa la tendrá; independiente de mí su habitación, si lo desea, será
+una especie de celda; si acepta mi brazo, si me presta el suyo, nos
+apoyaremos el uno en el otro; seremos hermanos. Su virtud estará a
+cubierto de toda murmuración, sin que ella se vea reducida a un
+encarcelamiento eterno, a prácticas fatigosas, a rivalidades y a
+pasiones de mujeres irritadas por el secuestro, desnaturalizadas,
+convertidas en un ser de distinta especie por el aislamiento. Amparo
+tiene el corazón demasiado grande para que no sufra comprimido por los
+caprichos monjunos y por las mil penalidades sordas y continuas del
+claustro; en una palabra: Amparo se ha arrojado en una tumba, y es
+necesario sacarla de ella antes que la tierra de esa tumba la cubra y la
+sofoque. Es necesario que Amparo sea mi hermana y que viva a mi lado
+bajo el pretexto de que es mi mujer.
+
+--¿Y está usted seguro de que un día no se irritará su amor y abusará en
+su posición? ¿Sabe usted el inmenso sacrificio que será para Amparo
+pertenecer a un hombre a quien no ama?
+
+--Era necesario para que llegase ese caso que yo dejara de amarla, y que
+además abdicase de mi corazón y de mi orgullo.
+
+--¿Con que decididamente quiere usted casarse con ella?
+
+--Sí.
+
+--¿Y con qué pretexto la haremos la proposición?
+
+--Con ninguno; usted la dirá únicamente la verdad.
+
+--¡La verdad! ¡La diré que usted la ama!
+
+--No: eso no sería la verdad. El amor que como mujer me inspira, no es
+la causa de nuestro matrimonio. La causa de nuestro matrimonio es su
+aislamiento. Yo no me había de casar nunca; necesito por otra parte a mi
+lado un afecto dulce, tranquilo. Hágala usted comprender que me caso con
+ella... por la misma razón porque la arranqué de su miseria.
+
+--¡Por caridad!
+
+--No; no nombremos la palabra caridad: me caso por afecto... por
+interés... porque la amo como si fuese mi hermana... quitemos a la
+verdad lo que pueda tener de humillante... ya sabe usted que las habemos
+con un corazón altivo.
+
+--Bien; la hablaré, pero desconfío: por lo mismo, y como esta comisión
+es harto delicada, quiero que esté usted presente.
+
+--¡Yo!... de ningún modo.
+
+--Hay un medio: en el locutorio puede usted estar a un lado de la reja
+sin que ella le vea.
+
+--Eso es repugnante.
+
+--Necesito que usted asista a esta grave conversación... compréndame
+usted y disculpe como debe mi franqueza.
+
+--Pero yo confío ciegamente en usted.
+
+--Y yo desconfío del buen éxito de mi mensaje. Por lo mismo, quiero que
+usted asista a mi lado.
+
+--¿Y si yo resistiese?
+
+--Resistiría yo.
+
+--Pues bien: iremos.
+
+* * *
+
+Dos días después estábamos en uno de los locutorios del convento de...
+el padre Ambrosio y yo.
+
+Colocado junto a la pared en que estaba la reja del locutorio, Amparo no
+podía verme.
+
+El padre Ambrosio estaba sentado en un sillón delante de la reja
+cabizbajo y profundamente pensativo.
+
+Yo, detrás de él a poca distancia, escuchaba con toda el alma en los
+oídos.
+
+Oyose abrir una puerta, y luego un paso reposado de mujer, el crujir de
+un vestido, y luego el gruñido cariñoso e impaciente de un perro.
+
+--¡Ah! ¿Es usted?--dijo Amparo.
+
+--Sí, yo soy, hija mía, que vengo a sacarte del convento.
+
+--Y ¿cómo? ¿Por qué? ¿Para qué?
+
+--Tu protector conoce, como conozco yo, que no tienes vocación al
+claustro.
+
+--Eso importa poco, porque tengo menos vocación al mundo.
+
+--Tu protector comprende que has entrado aquí desesperada.
+
+--No lo niego.
+
+--Quiere que tu suerte sea menos triste.
+
+--Eso depende de Dios.
+
+--Pero Dios se vale de los hombres.
+
+Guardó Amparo silencio durante un momento. Mustafá seguía abalanzándose
+a la reja y gruñendo.
+
+--Yo no podía permanecer en la difícil posición en que me
+encontraba--dijo al fin ella--me veía expuesta a atrevimientos de todo
+género. No podía tener a mi lado más que personas extrañas... y luego...
+en fin... si el claustro es una tumba... es lo que me conviene...
+sufriré, concentraré mi dolor hasta que el dolor me mate... le sufriré
+resignadamente, y Dios me perdonará. Yo no puedo vivir como vivía, padre
+Ambrosio... no... no... era un tormento para mí... Dígale usted que yo
+le agradezco con toda mi alma el interés que por mí se toma. Que mi
+felicidad depende de un milagro de Dios, y que... dentro de poco ese
+milagro será imposible.
+
+--Amparo--repuso con autoridad y con firmeza el exclaustrado--las
+exageraciones jamás producen buenos resultados. Empiezas a vivir...
+
+--Yo creo que ya he vivido toda mi vida.
+
+--Sea como tú quieras; pero estamos perdiendo el tiempo. Tengo que
+hacerte una grave proposición.
+
+--¿De su parte?
+
+--De su parte.
+
+--¿Y cuál?
+
+--Te pide formalmente tu mano.
+
+Sucedió uno de esos solemnes silencios que se hacen oír; uno de esos
+silencios cuya duración no se puede contar: uno de esos silencios que
+son más elocuentes que todas cuantas palabras pudieran imaginarse para
+reemplazarles.
+
+Luego Amparo dijo con la voz trémula, como aterrada: con acento
+incomprensible:
+
+--¿Lo manda él?
+
+--El desea que tú... vivas mejor... que... en fin...
+
+--No, no quiero explicaciones de ningún género, repuso con una
+precipitación entrecortada Amparo... comprendo... lo comprendo todo. ¿Lo
+manda él?
+
+--El lo quiere... porque...
+
+--No, ni una palabra más, padre Ambrosio: dígale usted que si él
+quiere... yo también quiero...; pero pronto... pronto por Dios... que yo
+pare al fin donde Dios quiera que vaya a parar.
+
+Y entonces no pudo contenerse y rompió a llorar, luego se oyó un paso
+precipitado, y la puerta que se cerraba.
+
+--Vea usted su obra, me dijo con desesperación y aun con ira el padre
+Ambrosio. Hemos desgarrado el corazón de esa pobre Amparo.
+
+--No importa, le dije saliendo con él del locutorio. El tiempo la
+demostrará mis intenciones, y cuando las reconozca recobrará la paz.
+
+Y salimos del convento.
+
+* * *
+
+Aquel mismo día escribí a mi tío una carta que sólo contenía estas
+breves palabras.
+
+«Me caso con una mujer digna de mí, y espero que saliendo por un momento
+de su retiro, venga usted a presenciar nuestra unión.»
+
+Aquel mismo día también puse en movimiento mi casa.
+
+Invadiéronla tapiceros, renové el mueblaje, aumenté mis trenes y mi
+servidumbre, y preparé la servidumbre particular de Amparo.
+
+En cuanto a las habitaciones de ésta, no perdoné gasto ni cuidado, y
+quedé satisfecho.
+
+El dormitorio, el tocador, el cuarto de labor y el gabinete de Amparo
+eran sumamente bellos y ricos, en medio de una gran sencillez.
+
+Sólo se esperaba para efectuar el casamiento la llegada de mi tío.
+
+Pero en vez de él llegó a vueltas de correo la lacónica carta siguiente:
+
+«Cuando tú te casas, tu esposa debe ser un prodigio. Me alegro de tu
+resolución, porque el matrimonio te dará una vida nueva. _Quiera Dios
+que seas más feliz que yo lo he sido_. Ofrece a tu, para mí incógnita,
+consorte, todo el cariño que la corresponde por mi parte como cosa tuya,
+y si te pareciere bien, daos ella y tú por convidados a estas orillas en
+el estío próximo.»
+
+Yo conocía a mi tío y sabía que no había de venir.
+
+Así, pues, la tarde del mismo día en que recibí esta carta, el padre
+Ambrosio fue por Amparo al convento.
+
+Se me presentó ricamente vestida de blanco, coronada de rosas blancas y
+más pálida que las rosas de su corona.
+
+Al darme la mano al pie de la escalera la sentí estremecerse; pero aquel
+estremecimiento pasó, y continuó serena hablando conmigo con suma
+naturalidad de cosas indiferentes.
+
+La ceremonia fue muy triste: el padre Ambrosio nos dio la bendición, mi
+administrador general y mi mayordomo fueron nuestros testigos.
+
+Nadie más asistió.
+
+Después de esto, Amparo quedó sola conmigo.
+
+Yo estaba sobrecogido.
+
+No sabía hasta qué punto era grave el paso que acababa de dar.
+
+Y la gravedad de este paso no me asustaba por mí; me asustaba por ella.
+
+Al preguntarla el padre Ambrosio si quería ser mi esposa, un
+estremecimiento profundo agitó su mano, la sentí fría y pronunció un
+_sí_ apenas articulado.
+
+Después cuando nos quedamos solos, me miró frente a frente, pálida y
+conmovida, sus ojos se llenaron de lágrimas y luego me asió las manos y
+exclamó con un acento profundamente doloroso y sentido:
+
+--Me ha consagrado usted su vida, a mí, a la pobre muchacha abandonada,
+a la infeliz trapera. Dios se lo pague a usted. ¡Quiera Dios que yo
+pudiera hacer a usted feliz!
+
+--Yo soy feliz, la contesté, conque tú vivas tranquila, conque seas mi
+hermana. Ha sido necesario dar este paso para arrancarte del convento.
+Yo continúo mi vida sin deseos y sin esperanza, consagrada a ti, que
+continúas siendo mi hija.
+
+Aproveché un pretexto y fui por un instante a encerrarme en mi gabinete.
+Allí seguro de no ser oído, de no ser visto, rompí a llorar: si no
+hubiera llorado mi corazón se hubiera roto.
+
+Yo la hubiera estrechado entre mis brazos, la hubiera arrancado
+frenético aquella corona de rosas blancas...
+
+De seguro Amparo hubiera sido para mí una esposa sumisa...
+
+Pero... yo quería su amor... y ella... ¡ella se había casado conmigo
+porque se lo mandaba yo! ¡por agradecimiento!
+
+Temía hablarla de mi amor; temía indicárselo; temía que ella se
+violentase, que se fingiese enamorada de mí para pagarme con un
+sacrificio inmenso mi protección... ¡No! Esto no podía ser... ¡yo debía
+continuar con mi careta puesta... es más: debía mostrarme contento,
+feliz... sólo me quedaba un recurso: estar poco tiempo a su lado y
+viajar mucho; evitar un momento de olvido.
+
+Yo era infeliz.
+
+Pero era indudablemente menos infeliz que lo hubiera sido siendo ella
+monja.
+
+No sé qué alegría misteriosa inundaba mi alma. Si no era mía, no sería
+de otro...
+
+Era una posición de cierto género, y acaso... con la costumbre de
+verme... ¿quién sabe?
+
+Yo esperaba.
+
+¿Viviría el hombre a quien amaba Amparo?
+
+¿La habría seducido este hombre?... ¿La habría abandonado?...
+
+¡La duda! ¡Horrible espectro que ennegrece nuestra alma con su sombra!
+
+¿Habéis dudado alguna vez de vuestra esposa o de vuestra madre...?
+
+Porque si no habéis dudado alguna vez de cualquiera de esos dos seres
+que son vuestro corazón y vuestro nombre, no comprenderéis lo terrible
+de la duda cuando se refiere a objetos tan sagrados.
+
+Yo me encontraba en una situación enteramente excepcional, y sufría
+todas sus consecuencias.
+
+Sin embargo, las aceptaba, y cien veces que hubiera sido necesario
+hubiera vuelto a casarme con Amparo.
+
+¡Cómo llenaba mi alma! ¡Cómo la enloquecía! ¡Cómo la desesperaba!
+
+¡Cuánto la había divinizado mi amor!
+
+Todo en ella para mí era perfecto.
+
+Todo en ella para mí era ardiente.
+
+Era un ángel de fuego que me precedía, me llevaba, me arrastraba, no
+sabía a donde.
+
+Ahora ya lo sé.
+
+Ese ángel divino me ha traído a una casa de locos.
+
+* * *
+
+Volví a su lado perfectamente tranquilo.
+
+Es decir fingiendo de una manera perfecta una perfecta tranquilidad.
+
+Ella estaba sentada en un sillón junto a la chimenea y arreglaba
+tranquilamente el fuego.
+
+Cuando me sintió se reclinó en el sillón, y me dijo sonriendo, con la
+cabeza echada atrás sobre el respaldo:
+
+--¡Que feliz soy, Luis!
+
+Era la primera vez que Amparo pronunciaba mi nombre de una manera tan
+familiar.
+
+Ahora recuerdo que es también la primera vez en que yo le escribo en
+estas memorias.
+
+En efecto, yo me llamó Luis.
+
+Admirome aquella tranquilidad, aquella familiaridad, aquella sonrisa,
+aquel no sé qué seductor, incitante que emana de ella.
+
+Sin duda Amparo había tomado su partido aceptando por entero el
+sacrificio.
+
+Este pensamiento me desgarró el alma.
+
+Sin embargo me mantuve firme.
+
+--Yo también soy feliz--la dije--yo necesitaba el afecto desinteresado,
+noble y puro de una hermana, y le tengo en ti.
+
+--¡Oh! yo le amo a usted como si fuera mi padre... ¡y cuánta
+generosidad, Dios mío! ¿Cómo no ha retrocedido usted ante la idea de que
+el mundo donde vive pretenda averiguar quién soy y de dónde vengo?
+
+--Nada me importa eso: lo que me estremecía era que sin vocación...
+
+--¡Y se ha sacrificado usted por mí...! ¡se ha imposibilitado de ser
+feliz mañana...! ¡si encuentra usted una mujer que le enamore...!
+¡vamos no sé en qué he estado pensando...! ¡yo no he debido...! ¡si por
+un acaso...! ¡pero no... no puede ser...!
+
+Acercó un sillón al mío y me dijo pálida y conmovida.
+
+--Estamos en una situación solemne, Luis: en una situación en que acaso
+no se han encontrado dos personas solas: debemos ser francos... ¿Será
+acaso?
+
+Y se detuvo.
+
+--Continúa, continúa; parece que te cuesta trabajo lo que me vas a
+decir.
+
+--Sí, sí; lo confieso; pero es preciso, es mi deber: habiendo llegado al
+punto en que nos encontramos, es necesario que yo sepa... lo que debo
+hacer para...
+
+--¿Para qué?
+
+--Para ser digna de tanto beneficio.
+
+Y luego haciendo un supremo esfuerzo añadió de una manera penosa:
+
+--Luis: ¿me ama usted?
+
+--¡Yo! ¡no!--la contesté sonriendo, porque había adivinado la pregunta y
+me había preparado.
+
+--¡No! es decir... que se ha casado usted conmigo... ¡por... caridad!
+
+--Amparo, hija mía--la dije--tu gran corazón te atormenta: ¡crees que he
+hecho un sacrificio inmenso... que te he sacrificado mi libertad! no...
+te engañas: estoy muerto para el amor, para ese amor ardiente que nos
+embriaga y nos arroja a los pies de una mujer... no, hija mía, no; eres
+demasiado pura para que mi corazón, gastado ya, pueda amarte más que con
+ese otro amor desinteresado de la amistad; si no hubieras pretendido
+entrar en un convento, yo... nada te hubiera propuesto: te hubiera
+tratado como un hermano y nada más: el día en que te hubieras casado con
+un hombre de tu elección hubiera sido completamente feliz. Pero te
+obstinabas, no sé por qué en ser monja: habías dado un paso decisivo, y
+era necesario dar otro paso contrario, decisivo también; me daba miedo
+tu resolución... tú estabas sin duda desesperada...
+
+--No--me contestó tristemente.
+
+--Tú has amado, Amparo; amas.
+
+--¿Es decir que somos hermanos...? ¿que es usted tan generoso que no
+mira en mí siempre más que a la pobre Amparo?
+
+--No hay en mí generosidad, más hay afecto.
+
+--Pues bien: si somos hermanos, podemos hablar con franqueza.
+
+Yo la observaba y vi que su frente se había serenado.
+
+--Sí, hablemos con franqueza--la dije.
+
+--Pues bien: he amado a un hombre.
+
+--¿A un hombre digno de ti?
+
+--¿Digno de mí! ¡digno de ser adorado, digno de una felicidad que le ha
+negado Dios!
+
+--¿Joven?
+
+--Joven y hermoso.
+
+--¿Y él te amaba?
+
+--Sí--me contestó, con su triste sonrisa habitual.
+
+--¿Y entonces... por qué no os habéis casado?
+
+--¡Ha muerto!--exclamó Amparo.
+
+Y se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar.
+
+Pero de una manera desconsolada, como si su alma entera se exhalase en
+aquel llanto.
+
+--Pero--me dijo entre sus lágrimas--a usted le amo también: le amo de
+una manera profunda; como a mi hermano... más... más aún... como amaría
+a mi madre... por hacerle a usted feliz daría mi vida... y cuando el
+padre Ambrosio me dijo que quería usted casarse conmigo...
+
+--¡Te aterraste!
+
+--No, no: en el momento de hacerme el padre Ambrosio la proposición en
+nombre de usted, me dije: se casa conmigo por caridad: por arrancarme de
+esta sepultura a que he venido desesperada: en él la caridad es la vida:
+no amarguemos su vida y consentí. Pero cuando me quedé sola se me
+ocurrió que tal vez podría haber en usted más que caridad: acaso me ame,
+pensé: si me ama... yo le pertenezco, yo soy suya, yo debo amarle.
+
+--¿Y tu amor?
+
+--¡Es verdad! por eso debíamos hablar con franqueza y hemos hablado: en
+mí hay dos amores: uno puro, desinteresado, noble, profundo: el que
+usted me inspira: mi amor antes de hija, ahora de hermana: el otro amor
+es un desdichado amor, sin esperanza: un amor que enluta mi alma y la
+desespera: si un día me sorprende usted llorando, no lo extrañe usted:
+yo cuidaré mucho que los extraños no vean el dolor en mi semblante; todo
+el mudo me creerá feliz, y lo seré, en efecto, al lado de usted; pero...
+permítame usted que llore alguna vez por mi amor perdido; por el amor
+del hombre que Dios no me ha querido conceder. Esto no debe serle a
+usted doloroso, porque no me ama sino como un hermano; no puede usted
+temer que el objeto de mi amor manche su nombre, porque es imposible, de
+todo punto imposible que pueda mancharle.
+
+--Me harás amar por ti a ese fantasma: fantasma para mí puesto que ha
+muerto y no sé ni quiero saber su nombre.
+
+--¡Oh, sí! yo le amaré siempre, siempre, con toda mi alma. Usted no
+tendrá celos, ¿no es verdad?
+
+--Siento únicamente que ese hombre haya muerto... porque al fin,
+viviendo él, hubieras sido su esposa...
+
+--No hablemos nunca de esto más: nunca... nunca: ha sido una explicación
+precisa. Ahora, mi buen hermano, suplico a usted me diga cuál es mi
+aposento. Necesito descanso; reposo; he sufrido mucho.
+
+--Vamos a tener dentro de un momento al lado personas extrañas; es
+necesario que delante de ellas no me hables de usted.
+
+Aquello era ir de mal en peor.
+
+Comprendí que no podía vivir al lado de Amparo sin que muy pronto me
+olvidase del todo y me convirtiese en su tirano.
+
+En el tirano de una víctima resignada.
+
+¿Acaso no tenía el reciente recuerdo de su repugnancia y de su terror al
+sentir sobre su frente mis labios?
+
+No, yo debía respetar aquella pasión viva; yo no debía ser infame; yo no
+debía cobrar mis beneficios a tanta costa para Amparo.
+
+Pero no pude resistir a una tentación.
+
+Su aposento y el mío, para cubrir las apariencias, sólo estaban
+separados por un gabinete y se comunicaban por dos puertas de escape.
+
+Me retiré a mi aposento, cambié lentamente el traje negro que me había
+puesto para la ceremonia por el de casa, dejé pasar, con una impaciencia
+mortal algún tiempo, y luego abrí silenciosamente la puerta de escape de
+mi alcoba, y me acerqué, sin causar el más leve ruido, a la otra puerta
+de escape del dormitorio de Amparo.
+
+Al frente, tras un bello pórtico de bambúes con cortinas de muselina
+bordada, estaba su lecho.
+
+Antes, esto es, entre la puerta desde donde yo observaba y el pórtico de
+la alcoba, había un espacio cuadrado, y en su parte media, una mesa
+arrimada a la pared.
+
+Sobre la mesa había una lámpara con bomba de cristal opaca que esparcía
+una luz velada a poca distancia.
+
+Lo demás del dormitorio estaba en sombra; en una media sombra
+fantástica.
+
+Sentada en un sillón, junto a la mesa; apoyado en ella un precioso
+brazo, que dejaban descubierto hasta el codo los encajes de la ancha
+manga de su traje; apoyado el rostro en su mano, sola, inmóvil,
+profundamente pensativa estaba Amparo.
+
+Tenía ceñida aún la corona de rosas blancas.
+
+Los brillantes de la especie de ajorca árabe, que yo la había enviado en
+el canastillo de boda y que rodeaba el brazo en cuya mano apoyaba su
+cabeza, me dejaban ver, heridos por la luz, destellos vivísimos, pero
+inmóviles.
+
+Amparo parecía una estatua de cera vestida de blanco.
+
+Su mirada fija, abstraída, profunda, como vuelta hacia adentro, hacia su
+alma, o como lanzada sin objeto a la inmensidad, al infinito, mirada que
+no veía, dilatada, lúcida, brillante, llena de vida, pero de una vida
+que espantaba, dejaba comprender la desesperación profunda, pero
+resignada, paciente, intensamente dolorosa de un alma desolada.
+
+Nunca había yo llegado a concebir tanto dolor y tanta resignación: nunca
+una agonía tan lenta; nunca un sufrimiento tan agudo, soportado,
+apurado, dominado con tanto valor: en Amparo no había esa expresión de
+disgusto, de rabia, de lucha impotente; expresión de ángel rebelde y
+condenado, que es una blasfemia muda; una blasfemia en imagen.
+
+Era la víctima resignada al sacrificio.
+
+La víctima humilde y fuerte, el alma cristiana que sufre la miseria de
+la vida en su manifestación más dolorosa sin rebelarse contra la
+voluntad de Dios.
+
+En vano esperé que Amparo diese una muestra de debilidad ni de
+impaciencia.
+
+Continuaba inmóvil y tranquila: pero con una tranquilidad que me
+desgarraba el alma.
+
+Yo sufría de mil maneras distintas.
+
+Primero, el inmenso infortunio de Amparo.
+
+Después mi propio infortunio.
+
+Luego sentía celos; unos horribles celos.
+
+Yo no podía dudar que un amor malogrado, un amor sin esperanza, era la
+causa de la desolación de Amparo.
+
+Yo hubiera dado toda mi vida, por sentirme amado un solo momento y de
+aquel modo por Amparo.
+
+Además, al contemplarla tan hermosa, idealizada, transfigurada, casi me
+atreveré a decir, divinizada por el sufrimiento, sentía hervir mi
+sangre, latir mi corazón, abrasarse mi cabeza.
+
+Yo estaba loco.
+
+La misma fuerza de mi locura me contenía, impedía que yo lo olvidase
+todo, que empujase la débil puerta que me separaba de ella y que me
+arrojase en sus brazos.
+
+Yo blasfemaba.
+
+Acusaba de injusto, de cruel, de tirano, a Dios que me hacía comprender
+de una manera tan horrible el tormento de Tántalo.
+
+Estaba inmóvil; como petrificado.
+
+La mirada de Amparo aunque no podía verme, caía sobre mi mirada,
+absorbiendo mi alma, torturándola.
+
+Lentamente fui perdiendo la conciencia de mí mismo.
+
+Un sopor extraño se apoderó de mí.
+
+Amparo empezó a tomar lentamente un aspecto fantástico; a abrillantarse
+su mirada, a resplandecer; su figura se aisló en medio de una niebla
+vaga, azulada: desapareció a mi vista todo lo que la rodeaba, y quedó
+ella sola, inmóvil siempre, pero como suspendida en medio de un espacio
+indefinible, en que ni había luz ni sombra.
+
+Luego la vi alzarse lentamente, arrancarse su corona de rosas, y luego
+irse despojando de sus joyas, de sus ropas; vi enteramente su hermoso
+cuello: sus redondos hombros; luego su cabellera destrenzada agrupándose
+de una manera maravillosa a ambos lados de su semblante; al fin se
+volvió y se alejó lentamente; se abrieron las cortinas de la alcoba y
+volvieron a cerrarse.
+
+Amparo había desaparecido; la fascinación había cesado, y volví a sentir
+la vida real.
+
+A mi vez me retiré en silencio y me acosté.
+
+Me acosté para apurar una horrible noche de fiebre y delirio.
+
+* * *
+
+¿Por qué había yo encontrado seis años antes, sola en medio de la noche,
+recogiendo trapos a aquella niña?
+
+¿Por qué me había causado compasión su miseria?
+
+Yo maldecía mi caridad; la caridad que tan feliz me había hecho, y que
+tan feliz había hecho a Amparo.
+
+Y me decía:
+
+«La caridad es una debilidad; la caridad es la manía de los imbéciles;
+la caridad se vuelve contra quien la practica.
+
+¿Por qué sentí caridad hacia Amparo?
+
+Porque era un insensato.»
+
+* * *
+
+Al día siguiente Amparo se me presentó tranquila y afectuosa; en vano
+busqué alrededor de sus ojos ese círculo lívido que imprime una noche de
+insomnio y de fiebre.
+
+En vano esa palidez vaga del cansancio.
+
+Amparo estaba fresca, sonriente; parecía feliz.
+
+--¿Has dormido bien?--la dije.
+
+--¿Y por qué no? nunca se duerme mejor que cuando nada se desea, cuando
+se ha obtenido todo lo que se anhelaba: ¿y tú Luis? estás pálido,
+pareces triste; si continúas así, creeré que te has sacrificado a mi
+felicidad.
+
+--¡Oh! no: yo creía que tú... que sufrías; pero veo con placer que me he
+engañado; te prometo dormir esta noche tan bien como tú.
+
+--Pues tranquilízate completamente, me contestó; yo nada deseo, nada
+quiero más que tu amor... tu amor tal cual le siento, tal cual yo le
+siento por ti; hermanos, siempre hermanos; dos y uno... ¿no es cierto
+que es una felicidad que podamos amarnos de este modo?
+
+--¡Oh! si el mundo conociese la verdad de nuestra posición, ¿qué diría?
+
+--Se burlaría de nosotros, porque el mundo, que nunca profundiza, que
+nunca pasa más allá de las apariencias, es muy injusto, o por mejor
+decir, muy ciego. Pero si el mundo supiese que entrambos hemos amado y
+sufrido; que de nuestro sufrimiento y de nuestra lucha sólo hemos sacado
+la conciencia ilesa, comprendería nuestra mutua posición; tú has dejado
+enterrado tu amor en el lodazal de tu juventud; ha muerto allí sofocado,
+no existe para ti; yo amo a un fantasma imposible y entrambos, con el
+corazón vacío para ese amor ardiente, que Dios ha puesto en el alma del
+hombre y de la mujer, satisfechos el uno del otro, nos apoyamos
+mutuamente y nos amamos con un amor infinitamente más puro. Debemos,
+pues, dar gracias de nuestra felicidad a Dios.
+
+* * *
+
+¿Me había yo engañado la noche antes?
+
+¿Era en efecto feliz Amparo?
+
+¿O era que tenía tanta fuerza, tanto poder para ocultar su sufrimiento
+como para soportarle?
+
+* * *
+
+Nunca me pareció un día tan largo.
+
+Cuando nos separamos aquella noche ya bastante tarde, corrí a mi
+acechadero.
+
+Amparo no estaba inmóvil como la noche anterior; tenía un cofrecito
+sobre la mesa y sacaba de él papeles escritos, que leía y ordenaba.
+
+Amparo con la cabeza inclinada sobre el pecho, lloraba leyendo aquellos
+papeles.
+
+Lloraba de una manera desconsoladora, comprimiendo sus sollozos.
+
+¿Era que la noche antes, sobrecogida, aturdida del golpe, por llamar así
+su casamiento conmigo, la intensidad del dolor había comprimido sus
+lágrimas, anegado sus sollozos?
+
+Era indudable que Amparo se rendía a su dolor.
+
+Era indudable que Amparo sufría una desgracia inmensa.
+
+Y leía y releía aquellos papeles.
+
+¡Cartas sin duda del hombre a quien amaba!
+
+Después vi en sus manos un medallón que sacó también del cofrecito,
+parecía un retrato.
+
+Amparo le estrechó contra sus labios, le separó de ellos, le miró de una
+manera ansiosa, y exclamó:
+
+--¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡tened compasión de mí!
+
+* * *
+
+Se puso a escribir lentamente.
+
+Con mucha frecuencia se abstraía y pasaba sin escribir un largo
+intervalo.
+
+Luego volvía a escribir.
+
+Pasó así gran parte de la noche, y después recogió en el cofre los
+papeles y el retrato, guardó cuidadosamente el cofre en un armario, se
+desnudó y desapareció tras las cortinas de su alcoba.
+
+Yo no supe ya qué pensar de Amparo.
+
+Pero me cubrí con el más perfecto disimulo, como ella se cubría conmigo.
+
+Nos tratábamos como si hubiéramos vivido juntos desde nuestros primeros
+años.
+
+Las gentes nos creían el matrimonio más feliz del mundo.
+
+La tranquilidad aparente de Amparo cuando yo era testigo de su agonía
+nocturna, de sus lágrimas y de lo intenso, de lo vivo, de lo inalterable
+de su amor hacia aquel hombre, que era para mí un misterio, la
+tranquilidad ficticia de Amparo, repito, me irritaba.
+
+Durante un mes pude sufrir la lucha entablada entre mi razón y mis
+celos; pero llegó un día en que me estremecí.
+
+Empezaba a perder la razón; antes de perderla enteramente tomé una
+resolución decisiva; la de separarme de Amparo, que era para mí un
+tormento y un peligro, con el pretexto de un viaje para ir a visitar a
+mi tío.
+
+Amparo nada me dijo cuando la anuncié este viaje, más que las siguientes
+palabras:
+
+--Espero que volverás pronto.
+
+Aquella noche salí de Madrid en una silla de postas.
+
+Mi resolución era, no volver a ver más a Amparo.
+
+* * *
+
+Pero para cumplir una resolución es necesario ser dueño de sí mismo, y
+yo no lo era.
+
+Parecía... voy a procurar explicarme: parecía que mi alma había quedado
+fuertemente asida a Amparo, y que cada vuelta de las ruedas de la silla
+de postas que me conducía, estiraba mi alma, haciéndome sufrir un
+tormento inexplicable.
+
+Llegó un punto en que no pude resistir más.
+
+Habían pasado algunas horas de una tortura aguda que se hacía más
+dolorosa a medida que me alejaba de ella.
+
+Mandé al conductor que volviese a Madrid.
+
+Luego, le ofrecí una recompensa por cada minuto que ganase.
+
+La silla de postas volaba.
+
+Yo me había propuesto apurar mi destino cediendo sin resistencia a los
+impulsos de mi corazón.
+
+Había resuelto quitarme mi doloroso disfraz y morir poseyendo a Amparo.
+
+A medida que este pensamiento tomaba consistencia, estimulaba al
+conductor prometiéndole más.
+
+La silla apenas tocaba con las ruedas al camino.
+
+A pesar de esta agudez no pudimos llegar a Madrid hasta el medio día.
+
+Cuando llegué a mi casa, subí anhelante las escaleras como si hubiese
+estado mucho tiempo ausente de ella.
+
+Dominado aún por la fiebre entré en las habitaciones de Amparo.
+
+No estaba en ellas.
+
+Pregunté a mi ayuda de cámara, y me dijo:
+
+--La señora acaba de salir.
+
+--¿Y adónde?
+
+--Han traído una carta y la señora apenas la ha leído se ha puesto
+pálida, ha pedido a Teresa una mantilla, y con el traje de casa,
+acompañada de la misma Teresa, ha salido precipitadamente.
+
+--¿A pie?
+
+--Sí, señor, a pie.
+
+--¿Y no sabe usted adónde ha ido?
+
+--Nada ha dicho la señora.
+
+Despedí a mi ayuda de cámara y me quedé solo paseándome por mi cuarto,
+aterrado, sintiendo no sé qué recelos.
+
+Yo no sabía qué pensar de Amparo; era para mí un misterio.
+
+De repente una idea poco digna, pero disculpable en la situación en que
+me encontraba, me llevó a su dormitorio:
+
+«En el armario me había dicho, encierra el cofrecillo donde tiene el
+retrato que besa, y los papeles que lee llorando. Si es necesario
+forzaré el armario y conoceré a ese hombre, leeré esas cartas, sabré a
+qué atenerme.»
+
+Afortunadamente no me vi obligado a violentar nada: el armario tenía
+puesta la llave en la cerradura.
+
+Antes de abrir el armario, cerré las puertas para evitar una sorpresa
+casual de los criados.
+
+Luego abrí temblando el espejo que servía de puerta al armario.
+
+En una tabla, cuidadosamente pegado a un rincón, estaba el cofrecillo.
+
+En aquella misma tabla había otro objeto.
+
+Un gancho de trapero.
+
+El gancho representaba su pasado.
+
+Acaso el cofrecillo constituía su presente.
+
+Acaso yo al abrir aquel cofrecillo determinaría su porvenir.
+
+Cuando el porvenir es sombriamente misterioso, tememos conocerle: como
+el preso por una causa grave teme conocer la sentencia del juez.
+
+Durante algunos minutos vacilé; dudé si debía desentrañar el misterio
+que guardaba aquel cofrecillo, o si prefería la duda a la verdad.
+
+Tres veces extendí mi mano hacia el cofrecillo, y tres veces la retiré.
+
+Pero por terrible que sea la verdad es preferible a la duda.
+
+Me apoderé al fin del cofrecillo, le puse sobre la mesa y le abrí.
+
+Al abrirle mi corazón no latía.
+
+Lo primero que vi fue un pequeño estuche.
+
+Le abrí y encontré... la cruz de brillantes que le había regalado el día
+que por primera vez almorzó conmigo.
+
+La existencia en el cofrecillo de aquella cruz, me dio no sé qué
+aliento, qué esperanza vaga, qué alegría íntima.
+
+Luego seguí en mi inspección:
+
+Buscaba el retrato y le hallé cuidadosamente envuelto en un papel muy
+usado.
+
+Necesité hacer un violento esfuerzo para mirar aquel retrato; pero
+cuando le miré...
+
+¡Oh! ¡Dios mío! ¡cuando le miré creí morir!
+
+El retrato que Amparo besaba llorando; que estrechaba contra su corazón
+y contra sus labios contemplando el cual pasaba inmóvil hora tras
+hora... aquel retrato...
+
+¡Aquel retrato era el mío!
+
+* * *
+
+¿Me habría yo engañado?
+
+¿Habría otro retrato en el cofrecillo? sería aquel otro el que besaba
+Amparo.
+
+Revolví, busqué y encontré otro retrato.
+
+Pero era un retrato de mujer, y tenía el marco negro.
+
+Yo estaba seguro de que el retrato que besaba Amparo estaba contenido en
+un medallón dorado.
+
+Aquel retrato era el mío.
+
+* * *
+
+Sentí una vaguedad fría en mi cabeza: mis ojos se oscurecieron, no pude
+sostenerme de pie, y me senté en el mismo sillón en que ella se sentaba.
+
+Y allí, replegado sobre mí mismo, con la cabeza entre mis manos, creí
+revolviendo mi destino; pasar mis dudas y mis celos; calmarse lentamente
+mi desesperación; desaparecer mi presente de hacía un momento, e ir
+creciendo aquel mi otro presente que hacía un momento había nacido.
+
+Sentí comprimirse mi corazón, como necesitado de arrojar de sí un peso
+insoportable, y luego sentí que mi corazón se dilataba y lloré en un
+llanto largo, tranquilo, dulce, toda la hiel que había ido depositándose
+en mi corazón.
+
+Y luego me sentí inflamado de un fuego dulce, para mí desconocido; de un
+fuego que parecía aislar dentro de sí mismo mi alma, purificarla,
+levantarla hasta el cielo; pareciome tenerla en contacto con Dios,
+bendecida por él; luego me sentí completamente abstraído,
+espiritualizado, fuera del contacto de todo lo terreno, y pareciome
+tocar con mi espíritu el espíritu de Dios, del Dios justo y bueno que
+premia a los que lloran; y creí en Dios y le confesé con la inmensidad
+de mi pensamiento.
+
+Y ya no dudé, no: y al consagrar mi felicidad a Dios, me alcé fuerte y
+tranquilo, lleno de vida y de juventud y de esperanza.
+
+Aquel sueño de redención y de paz había pasado, y su reciente recuerdo
+difundía en mi ser una calma inefable; ya mi aliento no salía ronco y
+fatigoso de mi pecho: la vida me era fácil: el sol que penetraba por las
+ventanas del jardín, tenía color de gloria: mis ojos veían luz: mi pecho
+respiraba aire: parecíame que el espacio era armónico, que todo me
+sonreía, que todo se asociaba a mi felicidad.
+
+Al fin había encontrado aquel amor infinito, necesidad ardiente de mi
+alma.
+
+Al fin Dios me dejaba ver el ángel de fuego que debía ser paz y mi
+gloria sobre la tierra.
+
+Amparo me amaba.
+
+Yo era el hombre más rico de la tierra; todo lo que había ansiado lo
+tenía.
+
+* * *
+
+Los que no hayáis amado con toda vuestra alma y sin esperanza, no podéis
+comprender lo que acabo de deciros.
+
+Os reiréis de mí, y creeréis hacerme mucho favor llamándome solamente
+loco.
+
+Yo escribo para los que sufren; para los que lloran.
+
+Los que no veis la vida sino al través del escepticismo, no podéis
+comprenderme.
+
+¡Callad! porque si estoy loco, mi libro es una verdad.
+
+La verdad de la locura.
+
+¿Estáis vosotros seguros de que tenéis razón?
+
+¡Ah! ¡ah! ¡ah!
+
+* * *
+
+Puse otra vez los dos retratos y el estuche en el cofrecillo, éste en su
+lugar, cerré el armario, y no sabiendo adónde había ido Amparo, me
+resigné a esperar su vuelta con la menor impaciencia posible.
+
+Al pasar por su gabinete vi una carta abierta sobre un velador.
+
+Aquella carta era sin duda la que había causado la precipitada salida de
+Amparo.
+
+La leí y palidecí como ella había palidecido.
+
+El padre Ambrosio había sido atacado de una congestión cerebral, y el
+médico que le asistía lo participaba a Amparo.
+
+Entonces comprendí por qué Amparo había salido de casa con tal
+precipitación.
+
+Yo salí del mismo modo, y recorrí en algunos minutos la distancia que
+separaba mi casa de la del exclaustrado.
+
+La primera persona que encontré en la habitación del religioso, sentada
+y triste junto a una puerta cuyas cortinas estaban corridas, fue a
+Amparo.
+
+Al verme se levantó de una manera nerviosa, y sus ojos se fijaron en mí
+con una alegría inmensa, pero aquella alegría tuvo la duración de un
+relámpago.
+
+--¡Ah!--dijo--yo no esperaba... que volviéseis tan pronto.
+
+--¡Oh! sí--la dije--no puedo vivir separado de ti.
+
+Y acercándome a ella, la abracé y la besé en la boca de una manera
+ardiente.
+
+Amparo dio un gritó, se retiró y me miró de una manera profunda.
+
+Yo me rehice.
+
+--He visto la carta en que te anunciaban el triste estado de nuestro
+amigo--la dije.
+
+--¡Oh! sí--dijo ella rehaciéndose a su vez--yo corrí, volé;
+pero...--añadió tristemente--todos hemos llegado tarde.
+
+--¡Ha muerto!
+
+--No: pero no hay esperanza; se ha hecho cuanto puede hacerse.
+
+Amparo calló y quedó profundamente triste.
+
+--¿Y estás... sola?
+
+--Sí... el infeliz duerme; Teresa ha ido a casa para que vengan Juan y
+María; he mandado traer una cama; me siento mala, desesperada, Luis; era
+mi padre.
+
+* * *
+
+El buen exclaustrado murió aquella misma tarde.
+
+Amparo volvió a casa desolada, impresionada fuertemente; se encerró en
+su aposento, y yo respeté su dolor.
+
+* * *
+
+Me vi obligado a continuar durante algunos días mi antiguo papel de
+hermano.
+
+Al fin, una mañana, Amparo me dijo:
+
+--Siéntate a mi lado, Luis.
+
+Me senté en el sofá junto a ella.
+
+--Necesito que me expliques--me dijo--ciertas cosas que no comprendo
+bien. Desde que has vuelto de tu extraño viaje eres otro.
+
+--¿Otro?
+
+--Sí por cierto, antes sufrías; ahora no sufres; antes no tenías ni fe
+ni esperanza; ahora... Luis; yo veo en tus ojos otra vida... Luis; tú
+has encontrado la felicidad que buscabas... yo quiero saber la causa de
+tu felicidad.
+
+Amparo tenía menos paciencia que yo, y pasaba la primera el límite que
+tácitamente nos habíamos señalado.
+
+Quise facilitarla el camino adelantándome a ella.
+
+--Te engañas, Amparo--la dije--yo no soy feliz, bajo el punto de vista
+que tú crees.
+
+--¡Oh! sí, sí; yo no me engaño--me respondió.
+
+--Pues te has estado engañando hasta ahora; por mejor decir, yo he
+sabido engañarte.
+
+-¡Tú!
+
+-Sí.
+
+--¡Cómo!
+
+--Tú no has conocido mis celos.
+
+--¡Tus celos! ¡amas acaso!
+
+--Sí, con toda mi alma, con toda mi fe, con todo mi entusiasmo.
+
+Y la rodee un brazo a la cintura.
+
+--¡Oh! ¡qué es esto! ¡Dios mío!--exclamó Amparo levantándose pálida como
+un cadáver.
+
+--Mis celos son justos--dije fingiéndome desesperado--tu amor hacia un
+ser misterioso, te hace horrible toda demostración de amor por mi parte.
+
+Amparo continuaba de pie, aterrada, muda, pálida, fijando en mí una
+mirada llena de ansiedad, de temor, de duda; ávida, dolorosa,
+suplicante, llena de impaciencia.
+
+Yo la atraje a mí y la senté sobre mis rodillas sin que ella opusiese
+resistencia; inclinó la cabeza sobre el pecho, luego la alzó, me miró
+destellando de sus magníficos ojos negros un fuego casi divino, y me
+dijo con las manos puestas sobre mis hombros con la boca entreabierta,
+los labios trémulos, embriagándome con el perfume de su aliento.
+
+--¡Luis! ¡Luis! ¡ten compasión de mí!
+
+Y luego reclinó la cabeza sobre mis hombros, y rodeó sus frescos brazos
+a mi cuello.
+
+--¡Yo te amo!--la dije con voz opaca y ardiente rozando con mis labios
+sus mejillas.
+
+Amparo se estremeció y rompió a llorar.
+
+--¡Te amo--continué--no sé desde cuando! me parece que te he amado toda
+mi vida; que te amaba antes de nacer.
+
+Amparo se estrechó más contra mí.
+
+--He callado, porque debía callar; he sufrido cuanto he podido sufrir;
+pero ya no puedo sufrir más, porque tengo celos.
+
+Amparo levantó su cabeza de sobre mi hombro, y me miró con una expresión
+triste, grave, solemne, al través de sus lágrimas.
+
+Luego me dijo con voz opaca y reconcentrada:
+
+--¡Celos tú! ¡celos por mi amor y celos de otro hombre! ¡Esto es
+horrible! ¡Esto no puede ser!
+
+Fue para mí tan inesperada esta exclamación de Amparo, que me estremecí,
+y brotaron a mis ojos, sin duda, todos mis enamorados deseos, porque las
+mejillas de Amparo se coloraron, y pasó por sus labios una indicación de
+sonrisa inefable.
+
+--¿Con que yo lo soy para ti?--añadió--¿con que has sufrido y has
+callado y has mentido, como yo he sufrido, mentido y callado? ¿con que
+por una obcecación mutua hemos estado a punto de ser los más
+desgraciados de la tierra?
+
+--¿Pero ese hombre? ¿ese hombre a quien amas? ¿es imposible de tu
+deseo?...
+
+--Ese hombre, eres tú--me dijo exhalando en un grito inmenso toda su
+alma, y dejándose caer abandonada y trémula entre mis brazos.
+
+--¡Oh! qué feliz soy--añadió sollozando de placer--¡Dios! ¡y tú!
+
+* * *
+
+La memoria es un don funesto.
+
+¡La memoria, que nos trae en la desgracia, el encendido recuerdo de la
+felicidad perdida!
+
+¡Oh! ¡la memoria!
+
+¡Si Satanás no tuviese memoria, no estaría condenado!
+
+* * *
+
+Después de esto había en el manuscrito que me había entregado mi amigo
+el loquero del hospital de Zaragoza, algunas hojas rasgadas.
+
+Púsome de muy mal humor esta laguna que aparecía de repente, acaso en la
+parte más interesante de la historia de aquel pobre loco; y tanto más,
+cuanto en algunos girones de hojas que habían quedado adheridos, se
+leían algunas frases que demostraban que Luis no había sido muy feliz
+después de su matrimonio.
+
+Pero para subsanar en cierto modo esta falta, quedaban íntegras más allá
+de las hojas rasgadas, algunas otras escritas con seguridad, y aun nos
+atreveremos a decir con reflexión, en estado de razón completa.
+
+He aquí aquellas páginas:
+
+* * *
+
+He despertado de un largo sueño.
+
+No sé cuánto tiempo ha durado mi sueño.
+
+Pero ha debido de ser largo.
+
+Me he encontrado en una prisión.
+
+Esto es; en un pequeño aposento, cuya puerta demasiado fuerte, tiene una
+rejilla espesa, y al que da luz una ventana con reja que corresponde a
+un jardín abandonado.
+
+En este aposento he visto algunos muebles modestos, y una cama de forma
+extraña, inclinada, y a lo largo de cuyas maderas hay algunas correas.
+
+Estas correas demuestran que algunas veces ha habido necesidad de
+sujetar en aquel lecho, a la persona que en él durmiese.
+
+Estando ese lecho en mi aposento, o yo en el aposento donde está ese
+lecho, claro es que la persona a que alguna vez se han visto en la
+necesidad de sujetar, soy yo.
+
+¿Y por qué razón ha podido haber esa necesidad de sujetarme?
+
+Yo no me acuerdo de nada.
+
+Tengo un recuerdo confuso de una noche en que bebí demasiado, en que me
+escité demasiado, en que ardía mi cabeza, en que me parecía sentir
+dentro de ella un vacío doloroso.
+
+Recuerdo que entonces tenía yo veinte y cuatro años; que era
+desgraciado, porque la vida era para mí monótona, porque me había
+hastiado de todo.
+
+Recuerdo que yo buscaba una vida artificial, en los excesos, en el abuso
+de los licores fuertes.
+
+He debido pasar mucho tiempo sin la conciencia de mi existencia, o
+mejor dicho, el período de mi existencia, cuyos sucesos no recuerdo, ha
+debido de ser largo.
+
+Porque me he mirado a un espejo que tengo aquí colgado en la pared, y me
+he encontrado viejo, enfermo, horriblemente demacrado, con todas las
+señales de la tisis.
+
+He encontrado en mi mesa un manuscrito: manuscrito mío, no puedo dudar
+de ello.
+
+Ese manuscrito me ha dicho que he estado loco, que he soñado.
+
+Que he vivido muchos años, entregado a una pesadilla dolorosa y que
+despierto para morir.
+
+He recobrado indudablemente la razón.
+
+Al entrar un hombre con mi comida me ha mirado con asombro, y me ha
+llamado: «señor duque.»
+
+¡Con que ha muerto mi pobre tío!
+
+¡Con que es verdad lo que dice ese manuscrito!
+
+¿Quién sabe?
+
+He preguntado acerca de mí mismo, acerca de mi tío, y nada ha sabido
+contestarme el director del establecimiento.
+
+Un día me trajeron aquí porque estaba enteramente loco.
+
+Un curador, nombrado judicialmente, ha cuidado de mis bienes, porque yo
+no tengo parientes.
+
+He mandado llamar a ese hombre.
+
+--¿Qué sabe usted de la causa de mi locura? le he preguntado.
+
+--Nada puedo contestar a vuecencia, me ha respondido, sino que fue
+recogido de las calles públicas por donde vuecencia discurría
+diariamente perdida la razón: ningún pariente se presentó a reclamar la
+curaduría de vuecencia como demente, y esa curaduría se me ha conferido
+por providencia judicial: vuecencia ha recobrado la razón, y estoy
+dispuesto a darle cuentas.
+
+--No se trata ahora de eso. ¿Soy yo viudo?
+
+--Lo ignoro, señor: en Zaragoza se sabe únicamente que un día llegó
+vuecencia en una silla de posta, procedente de Madrid, a la fonda de las
+Cuatro naciones, en donde tomó el mejor aposento: en el pasaporte de
+vuecencia constaban su nombre y su título: muy luego se comprendió que
+vuecencia estaba gravemente enfermo: al cabo su enfermedad se agravó: lo
+que antes era una monomanía tranquila, se convirtió en una locura
+furiosa, y fue preciso...
+
+--Bien, bien; pero para reconocer mi título y mi nombre debió
+identificarse mi persona.
+
+--Sí, señor.
+
+--¿Y no consta en las diligencias judiciales mi estado?
+
+--No, señor.
+
+--¿Y nadie me conocía en Zaragoza?
+
+--No, señor.
+
+--Pues bien, es necesario que usted, u otra persona de confianza, vayan
+a Madrid: yo daré a usted, o a esa persona, cartas para mis antiguos
+amigos. Necesito saber un período de mi historia que durante mi
+enfermedad he olvidado.
+
+* * *
+
+Este hombre, que es un honrado propietario aragonés, ha partido para
+Madrid.
+
+Pero me temo que cuando vuelva...
+
+Esta tos seca, lenta, sin esfuerzo...
+
+Me he visto obligado a guardar cama.
+
+* * *
+
+¡Amparo!
+
+¡Una mujer formada por la educación, sostenida por la virtud, por lo
+exquisito de su sentimiento!
+
+Esta mujer debe de haber sido un sueño mío.
+
+Esta mujer no ha existido.
+
+Ha sido un hermoso sueño de primavera.
+
+Una horrible pesadilla de verano:
+
+¡Esa mujer!
+
+¿Y si ella hubiese existido?
+
+¿Si no hubiera sido el sueño de un loco sediento de amor?
+
+¡Oh! ¡qué horrible desgracia!
+
+He rasgado la parte más dolorosa de ese sueño o de esas memorias.
+
+La he rasgado y la he quemado temeroso de volver a la locura si leo
+mucho ese fragmento horrible.
+
+Pero su recuerdo está fijo en mi memoria.
+
+Un día entré yo en mi casa, como suele entrarse por casualidad, sin ser
+notado.
+
+En el gabinete de mi mujer hablaba un hombre.
+
+Uno de mis mayores amigos.
+
+Pretendía una cosa horrible.
+
+Pretendía que ella me hiciera traición.
+
+* * *
+
+Yo maté a aquel hombre.
+
+Le maté como mata un caballero a un infame que le ha ofendido.
+
+En duelo, con peligro de mi vida.
+
+* * *
+
+Todo esto ha debido ser un sueño.
+
+* * *
+
+¡Pero que sueño tan horrible!
+
+Y si no ha sido sueño. ¡Qué verdad tan aterradora!
+
+Parece que Dios me ha dicho:
+
+«Tu dudaste de mí, y me negaste al cabo:
+
+»Yo tuve compasión de ti, y te envié en Amparo un ángel de redención;
+
+»Después te sujeté a una prueba;
+
+»Te hice sufrir una injuria;
+
+»Tú no supiste perdonar la injuria y levantaste tu mano armada contra un
+hombre y le mataste.
+
+»Tú no eras merecedor de la felicidad.
+
+»El ángel que yo te había dado, vio sangre humana en tu frente y se
+horrorizó de ti...
+
+»Y el horror le mató.
+
+»Le mató como un tósigo lento.
+
+»Y el hijo, el hermoso hijo que el amor de Amparo te había dado, privado
+de la ternura de su madre, murió también...
+
+»Y tú enloqueciste.
+
+»Y como Caín el maldito, fuiste separado de tus hermanos.»
+
+* * *
+
+Si esto ha sido verdad... ¡Oh Dios mío! tu justicia ha sido severa;
+severa e implacable.
+
+Si ha sido un sueño, ¿para qué me has dado ese ardiente sueño, Dios mío,
+ese sueño escrito por mi mano, que me hace dudar, que me envenena el
+alma?
+
+¿Será acaso ese sueño un castigo a mi impiedad, a los impuros desórdenes
+de mi juventud?
+
+* * *
+
+¡Cuánto tarda ese hombre que ha ido a Madrid!
+
+Me siento cada día más débil.
+
+Cada día escribo con más dificultad.
+
+Ignoro si podré concluir.
+
+* * *
+
+Escribo estas últimas líneas en el lecho.
+
+Apenas tiene fuerza mi mano para sostener la pluma.
+
+Tal vez ese hombre no llegue a tiempo.
+
+Oídme por la última vez:
+
+No dudéis de Dios: si sois desgraciados, aceptad resignadamente la
+desgracia: si Dios os da la felicidad, no os hagáis indignos de ella; y
+nunca, oyendo la voz de vuestras pasiones, siguiendo a ese fantasma que
+se llama honor, echéis sangre sobre vuestra frente: sufrid y perdonad,
+no sea que os pregunte Dios cuando en un momento de desesperación le
+pidáis cuenta de vuestra desgracia:
+
+¡Caín! ¿qué has hecho con tu hermano Abel?
+
+* * *
+
+Aquí concluían las memorias del loco. Tuve la tentación de
+esclarecerlas, pero me detuvo el temor de encontrar en el
+esclarecimiento de estas memorias algo demasiado horrible.
+
+Si hemos presentado a nuestros lectores una obra incompleta,
+perdónennos, porque no hemos podido hacer más.
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO ***
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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@@ -0,0 +1,5300 @@
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+ The Project Gutenberg eBook of
+Amparo (Memorias de un loco), por Manuel Fernández Y González.
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+The Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Amparo
+ (Memorias de un loco)
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+Author: Manuel Fernández y González
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+Release Date: November 19, 2008 [EBook #27295]
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+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO ***
+
+
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
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+<hr class="full" />
+
+<h3>MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ</h3>
+<p class="sml">/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p>
+
+<h1>AMPARO</h1>
+
+<p class="c">(MEMORIAS DE UN LOCO)</p>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+<p class="c smcap">segunda edición</p>
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<p class="c">MADRID<br />
+EST. TIP. DE RICARDO FÉ<br />
+Cedaceros, núm. 11<br />
+</p>
+<p class="c">&mdash;</p>
+
+<p class="c">1888.</p>
+
+<p class="c"><i>Es propiedad.</i></p>
+
+
+
+<h3>EPÍLOGO</h3>
+
+
+<p>He pasado de los treinta años, funesta edad de tristes desengaños, que
+dijo Espronceda.</p>
+
+<p>Me he arrancado mi primera cana.</p>
+
+<p>La experiencia se ha encargado de arrancarme una a una todas mis
+ilusiones, o por mejor decir de secar todas mis creencias.</p>
+
+<p>Hoy sólo tengo dos:</p>
+
+<p>Creo en un Dios incomprensible.</p>
+
+<p>Creo que la vida es un sueño</p>
+
+<p>La primera verdad la ha dicho la Biblia.</p>
+
+<p>La segunda la ha dicho Calderón.</p>
+
+<p>Si alguien dijo la primera antes que la Biblia;</p>
+
+<p>Si alguien dijo la segunda antes que Calderón, quede sentado que yo no
+conozco fuera de aquel admirable libro y de aquel admirable poeta, al o
+a los que haya o hayan dicho aquellas dos verdades.</p>
+
+<p>Lo que yo sé decir, por experiencia propia, es que nadie cree las
+verdades hasta que se las hace conocer la experiencia.</p>
+
+<p>La experiencia, en general, tiene una manera muy dura de dar a conocer
+las verdades.</p>
+
+<p>Si se nos permite que supongamos que la vida es un camino sobre el cual
+marchamos con los ojos vendados, se nos permitirá también suponer que la
+experiencia es un poste colocado en medio de nuestro camino, hacia el
+que marchamos a ciegas, y contra el cual nos rompemos las narices.</p>
+
+<p>Pero en cambio, y por mucho que el golpe nos haya dolido, encontramos
+una verdad que no conocíamos;</p>
+
+<p>El reverso de una medalla;</p>
+
+<p>La antítesis de una bella idea;</p>
+
+<p>El interior de un <i>sepulcro blanqueado</i>;</p>
+
+<p>Sarcasmo y podredumbre.</p>
+
+<p>De lo que se deduce que: costándonos el conocimiento de cada verdad una
+contusión, y siendo infinitas las verdades que nos obligan a descubrir
+las ilusiones que debemos a nuestro amor propio, un hombre no puede
+llegar a tener experiencia, sin encontrarse completamente descoyuntado.</p>
+
+<p>Un hombre lleno de experiencia es un árbol muerto, metafóricamente
+hablando, contra el cual zumba desapiadadamente el <i>huracán de las
+pasiones</i>, valiéndonos de otra metáfora.</p>
+
+<p>Y sin embargo de que, y continuamos en el estilo metafórico, ya no tiene
+ni frutos ni hojas que el huracán pueda arrancarle, le arranca las
+extremidades de las ramas secas.</p>
+
+<p>Después viene el rayo y le hace trizas.</p>
+
+<p>Después la lluvia del invierno le pudre.</p>
+
+<p>¿Dónde estaba el hermoso árbol?</p>
+
+<p>Hasta sus raíces se han podrido.</p>
+
+<p>Ese árbol no ha existido.</p>
+
+<p>Ha sido un hermoso sueño de primavera.</p>
+
+<p>Una horrible pesadilla de verano.</p>
+
+<p>Sí; Dios que ha hecho su criatura para que sea destruida, es
+incomprensible.</p>
+
+<p>La vida que pasa sin dejar tras sí vestigio alguno es un sueño.</p>
+
+<p>Quede sentado que la Biblia es un gran libro;</p>
+
+<p>Que Calderón era un gran poeta;</p>
+
+<p>Y que yo soy lo que quieran mis lectores que sea.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Esto escribía yo una noche que no tenía sueño.</p>
+
+<p>Eran las tres.</p>
+
+<p>Estaba en calzoncillos blancos y tenía frío.</p>
+
+<p>No tenía un cuarto y estaba desesperado.</p>
+
+<p>Un viejo reloj de pared me dejaba oír un monótono tic-tac.</p>
+
+<p>El ruido de un péndulo cuando se está en cierta disposición de ánimo, es
+un ruido que crispa los nervios.</p>
+
+<p>No sé a quien he oído decir que el cólera morbo es una enfermedad
+nerviosa.</p>
+
+<p>De modo, que cuando no se tiene sueño, cuando no se tiene dinero, y se
+tiene frío, y se oye el tic-tac de un péndulo, en medio del silencio de
+la noche, se está muy expuesto a ser un <i>caso</i>.</p>
+
+<p>Por lo mismo, y cediendo a un laudable sentimiento de conservación
+propia, voy a meterme de nuevo en la cama y a buscar la vida en el
+sueño.</p>
+
+<p>Porque, si la vida es sueño, el sueño debe ser vida.</p>
+
+<p>Y esto es tan exacto, como que, si la vida del hombre son las ilusiones,
+nada más comparable a la vida que el hermoso sueño de un sediento que
+cree estar echado de bruces sobre una fuente cristalina;</p>
+
+<p>O el de un pobre que cuente oro;</p>
+
+<p>O el de un enamorado que besa y devora a una mujer hermosa;</p>
+
+<p>O el de un diputado de la oposición que se mete debajo del brazo una
+cartera;</p>
+
+<p>O el de un hambriento que come en la fonda del <span class="smcap">Cisne</span>.</p>
+
+<p>(Entre paréntesis: la fonda del <span class="smcap">Cisne</span> es de un amigo mío, y puedo
+recomendarle cualquiera de mis lectores, para que en un cubierto de a
+duro le ponga un plato más.)</p>
+
+<hr />
+
+<p>Me he metido en la cama, pero no he conseguido dormirme.</p>
+
+<p>La realidad huye de mí: el sueño me persigue.</p>
+
+<p>Soñemos, ya que no podemos vivir.</p>
+
+<p>Soñemos escribiendo.</p>
+
+<p>Escribir es muy fácil, sobre todo cuando se escribe mal.</p>
+
+<p>Por eso tenemos en España tantos literatos;</p>
+
+<p>Y tantos poetas;</p>
+
+<p>Y tantos periodistas;</p>
+
+<p>Y tantos sabios.</p>
+
+<p>Esto consiste en que en España todos estamos aburridos, o tenemos frío o
+hambre, y nos distraemos escribiendo.</p>
+
+<p>También es cierto que son muy pocos los que se distraen leyéndonos.</p>
+
+<p>Por eso en España los escritores no tenemos un cuarto.</p>
+
+<p>Hay diez musas.</p>
+
+<p>O por mejor decir, no hay diez musas sino una.</p>
+
+<p>Antes había nueve.</p>
+
+<p>La una, que las ha matado, es una musa horrible que vive de dar muerte.</p>
+
+<p>Esa musa es el <span class="smcap">Hambre</span>.</p>
+
+<p>El hambre es la musa de los españoles.</p>
+
+<p>¿Quién dijo esto? ¿Quién lo dijo?</p>
+
+<p>Venturita.</p>
+
+<p>No señor: don Ventura.</p>
+
+<p>Aun no señor: el excelentísimo señor don Ventura de la Vega.</p>
+
+<p>El que abandona a <i>César</i> por el <i>Marqués de Caravaca</i>;</p>
+
+<p>La tragedia por la zarzuela;</p>
+
+<p>La fama por el dinero.</p>
+
+<p>Bien sabía Vega lo que se decía cuando dijo que la musa diez era el
+hambre.</p>
+
+<p>Nosotros hemos dicho que el hambre es la musa única de los españoles.</p>
+
+<p>Y si no, ¿quién les inspiró la revolución de julio?</p>
+
+<p>Porque una revolución no es otra cosa que una poesía diabólica, para
+producir, la cual es necesario que a todo un pueblo se le calienten los
+cascos.</p>
+
+<p>¿Quién fue, pues, la musa que inspiró al pueblo de Madrid aquella
+sinfonía infernal de los <i>tres días</i> y aquel poema berroqueño en quince
+cantos de las barricadas?</p>
+
+<p>Fue la libertad.</p>
+
+<p>Sí, señor: pero la libertad en su sentido real, tangible y comestible:
+el deseo de comer libremente.</p>
+
+<p>¿Quién inspiró tantas cosas inspiradas como se dijeron y se escribieron?</p>
+
+<p>La necesidad de comer.</p>
+
+<p>Es verdad que no hemos comido tanto como esperábamos: que el banquete no
+ha correspondido al programa... pero...</p>
+
+<p>Se conoce que estoy de muy mal humor, en que he ido a meterme con botas
+y espuelas bajo la jurisdicción o en la jurisdicción del señor fiscal de
+imprenta.</p>
+
+<p>Por lo mismo, y para evitar una cornada, tomemos de nuevo el olivo de la
+bella literatura.</p>
+
+<p>Esto es: levantemos ante el señor fiscal, como en señal de paz, un ramo
+de oliva.</p>
+
+<p>Dicen que en el Saladero es muy fácil convertirse en <i>caso</i>. <span class="nota">[* Esto se escribía durante el cólera.]</span></p>
+
+<p>Es necesario, pues, evitar de todo punto que le pongan a uno en
+salmuera.</p>
+
+<p>Pero diréis, y con razón: el autor está loco:</p>
+
+<p>Perdonad: una palabra.</p>
+
+<p>Tened en cuenta que he empezado mi novela por el epílogo: es decir, que
+la he acometido por la cola.</p>
+
+<p>Este epílogo, reducido a su verdadera expresión debía constar únicamente
+de estas palabras:</p>
+
+<p><span class="smcap">El autor se ha vuelto loco</span>.</p>
+
+<p>O bien si no os agrada el modismo:</p>
+
+<p><span class="smcap">El autor ha enloquecido</span>.</p>
+
+<p>O bien:</p>
+
+<p>El autor no ha logrado todavía encontrar su juicio, y se lo pide a sus
+lectores.</p>
+
+
+<h3>MEMORIAS DE UN LOCO</h3>
+
+
+<p>Era ya muy tarde, o por mejor decir muy temprano.</p>
+
+<p>Los relojes de la villa de Madrid habían marcado las tres de la mañana.</p>
+
+<p>No había alumbrado; pero el reflejo de la nieve que cubría las calles
+hacía la noche muy clara, aunque el cielo estaba muy oscuro.</p>
+
+<p>Salía yo de una de esas casas...</p>
+
+<p>Pero antes de que os diga la casa de donde salía, debo deciros quién soy
+yo.</p>
+
+<p>Soy un hombre ni feo ni hermoso, que acabo de cumplir treinta y seis
+años, y que en la época en que pongo la fecha de mis memorias tenía
+veinticuatro.</p>
+
+<p>Soy una persona decente, porque soy rico, y lo fue mi padre y también lo
+fueron mis abuelos.</p>
+
+<p>Porque soy rico y persona decente me fastidiaba en aquella época.</p>
+
+<p>Ahora no me fastidio: ahora agonizo.</p>
+
+<p>Pero en aquella época estaba hastiado.</p>
+
+<p>A los veinticuatro años había viajado mucho, y de mis viajes sólo había
+sacado en limpio una suma enorme de recuerdos embrollados.</p>
+
+<p>Mi pensamiento era una especie de torre de Babel.</p>
+
+<p>En mi continuo trato con toda clase de gentes sólo había encontrado una
+verdad.</p>
+
+<p>Que nuestro hombre y nuestra mujer no existen.</p>
+
+<p>O, precisando más la frase, que nuestro amigo y nuestra amante son dos
+fantasmas soñados por nuestro deseo.</p>
+
+<p>Sin embargo, muchos hombres me han ofrecido su bolsa y su vida, y muchas
+mujeres su cuerpo y su alma.</p>
+
+<p>Yo tomaba lo que estos hombres y estas mujeres me vendían a beneficio de
+inventario, y ponía en cuenta corriente sus sacrificios frente a mi
+dinero.</p>
+
+<p>Lo que significa que descubrí otra verdad que se contiene en los
+siguientes versos:</p>
+
+<p class="poem">
+<span style="margin-left: 2em;">Pues el amor y la amistad se venden,</span><br />
+<span style="margin-left: 2em;">lo que hay que procurarse es el dinero.</span><br />
+</p>
+
+<p>Si yo hubiera sido pobre, me hubiera afanado por adquirirle, para tener
+un día el placer de estrechar las manos de muchos amigos y ser
+estrechado entre los brazos de muchas amantes.</p>
+
+<p>Pero como era rico, me encontré en posición de entrar en el mundo de las
+afecciones por la puerta principal desde el momento en que me decidí a
+ser <i>hombre de mundo</i>.</p>
+
+<p>Y tuve amigos y amantes... a docenas.</p>
+
+<p>Pero comprendí que estos amigos y estas amantes no merecían ni aun los
+honores de la farsa.</p>
+
+<p>Acabé por hastiarme y pensé en el suicidio.</p>
+
+<p>El hastío es la modorra del espíritu, su condensación, su no hay más
+allá; su mortaja, su ataúd, su <i>pulvis es</i>.</p>
+
+<p>Un hombre hastiado es un muerto que anda; un muerto que en vez de
+apestar a los vivos es apestado por ellos.</p>
+
+<p>Me decidí por el suicidio.</p>
+
+<p>Pero no adopté el medio vulgar de darme un pistoletazo, de suspenderme,
+de sumergirme, de darme de puñaladas o de beber ácido prúsico.</p>
+
+<p>Tales medios no los adoptan más que los desesperados de mal género.</p>
+
+<p>Los que temen a los acreedores.</p>
+
+<p>Los que han sido bastante necios para referir su existencia a la
+posesión de una mujer.</p>
+
+<p>Los etcétera, etcétera.</p>
+
+<p>Un hombre hastiado debe morir noblemente luchando brazo a brazo con el
+hastío, forzándole, estrechándole, entrando de lleno en los excesos de
+todo género, hasta caer bajo los estragos de una vida monstruosa,
+absurda.</p>
+
+<p>Yo lo adopté todo: la crápula, la orgía el desorden, el placer...</p>
+
+<p>Yo esperaba que apareciese la tisis.</p>
+
+<p>Pero la tisis huyó espantada de mí.</p>
+
+<p>Inútilmente forcé mi organización, procuré gastarme.</p>
+
+<p>Mi organización resistió como una máquina de acero.</p>
+
+<p>Entonces me entregué resignado a mi destino.</p>
+
+<p>Como si un genio fatal y poderoso se hubiese propuesto oponerse a mi
+voluntad, se me hizo imposible el suicidio, a no ser apelando al medio
+ruidoso y poco decente de levantarme la tapa de los sesos, o de hacerme
+matar en un duelo.</p>
+
+<p>Me reduje, pues, a satisfacer las necesidades materiales, y no pudiendo
+vencer al hastío, le acepté con dignidad.</p>
+
+<p>En este estado, pues, me encontraba a las tres de la mañana, aquella en
+que las calles de Madrid estaban cubiertas de nieve.</p>
+
+<p>Salía yo de una de esas casas, donde todo es permitido, donde se ríe, se
+bebe, se habla libremente, se fuma y se está medio tendido y con el
+sombrero puesto.</p>
+
+<p>Una de esas casas, en cada una de las cuales tiene abierta una candente
+y luminosa página el mundo.</p>
+
+<p>Donde las mujeres se presentan tales cuales son, arrojada la careta del
+decoro.</p>
+
+<p>Donde los hombres hacen gala de sus vicios.</p>
+
+<p>Yo no gozaba allí; pero estaba mejor que en otras partes, porque allí al
+menos veía claro, y no estaba obligado a fingir ni a violentarme.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Adelantaba yo maquinalmente a lo largo de una calle.</p>
+
+<p>Aquella calle era corcobada de configuración y ciega de luces.</p>
+
+<p>Hacía un frío de cuarenta grados y nevaba.</p>
+
+<p>De repente brilló una luz a lo lejos, y un cuerpo humano proyectó sobre
+la pared una gigantesca sombra.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, lo que producía aquella sombra gigantesca era una niña.</p>
+
+<p>Aquella niña era una trapera.</p>
+
+<p>Iba sola, y la acompañaba un perro.</p>
+
+<p>Yo llevaba en la boca un cigarro sin encender, y con intención de
+encenderle me dirigí a la trapera.</p>
+
+<p>La muchacha tenía muy poca ropa, y el perro muchas lanas.</p>
+
+<p>Sin embargo, la muchacha parecía resistir admirablemente el frío, y el
+perro tiritaba.</p>
+
+<p>La muchacha cantaba a media voz, sin duda por temor de interrumpir con
+su canto el sueño de los vecinos, y revolvía los montones de despojos
+con su gancho, buscando trapos que, cuando encontraba, arrojaba en la
+cesta.</p>
+
+<p>Al acercarme, el perro gruñó y adelantó hacia mí de una manera
+amenazadora.</p>
+
+<p>La muchacha entonces me miró y seguidamente llamó a su perro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Eh! ¡quieto, Mustafá! le dijo, dejándome oír una voz infantil y
+fresca, al par que armoniosa y grave: ¿no ves que es un caballero?</p>
+
+<p>El perro retrocedió, y yo me acerqué más.</p>
+
+<p>La muchacha me miró de nuevo.</p>
+
+<p>Hay miradas que son una historia.</p>
+
+<p>Hay miradas que son un poema.</p>
+
+<p>Hay miradas que son una sátira.</p>
+
+<p>Hay miradas que dilatan el alma.</p>
+
+<p>Hay las por el contrario que la comprimen.</p>
+
+<p>La mirada de la traperita me refirió una historia muy sencilla.</p>
+
+<p>La historia de una vida de sufrimiento.</p>
+
+<p>La mirada de la traperita fue un poema que podía haberse reducido a
+estas dos palabras:</p>
+
+<p>«Sufro y espero.»</p>
+
+<p>Estas dos palabras son la historia del género humano.</p>
+
+<p>Sufrir y esperar.</p>
+
+<p>¿Qué sufría aquella niña?</p>
+
+<p>La pobreza con todas sus consecuencias, acaso.</p>
+
+<p>¿Qué esperaba?</p>
+
+<p>¡Quién sabe lo que puede esperar una criatura!</p>
+
+<p>La muchacha era toda ojos: unos hermosísimos, rasgados y elocuentes ojos
+negros.</p>
+
+<p>Aquellos ojos se descataban de una manera enérgica, y parecían más
+grandes y más negros que lo que lo eran en realidad, sobre un semblante
+flaco, muy pálido, muy triste.</p>
+
+<p>A pesar de la tristeza de aquel semblante, los ojos sonreían, pero con
+la triste sonrisa de la resignación.</p>
+
+<p>Su mirada dilató mi alma, la hizo aspirar una pasión pura.</p>
+
+<p>Yo creo que fue compasión hacia aquella niña lo que me hizo sentir su
+mirada.</p>
+
+<p>Y a más de la compasión un no sé qué misterioso, que no era amor ni
+deseo porque ni deseo ni amor podía inspirarme aquella pobre criatura.</p>
+
+<p>Sin embargo, han pasado doce años desde que la vi la primera vez, y aún
+no he podido olvidar su primera mirada.</p>
+
+<p>Me sonrío con ella como se sonríe a un hermano querido.</p>
+
+<p>Me dio <i>paz</i> con su mirada en el alma.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Han caído dos lágrimas sobre el papel.</p>
+
+<p>Siempre que las lágrimas asoman a mis ojos tiemblo de miedo.</p>
+
+<p>Porque cuando mis ojos se arrasan, me sobreviene al poco tiempo uno de
+esos horribles ataques, en que no pudiendo resistir lo íntimo del dolor
+de mi corazón, grito y me revuelco, y me destrozo: y entonces vienen las
+ligaduras y el lecho de tormento y el horrible casco de nieve.</p>
+
+<p>¡Me creen loco!</p>
+
+<p>Es necesario pues olvidar, procurar olvidar; secar las lágrimas y
+esconder estas memorias.</p>
+
+<p>La miré frente a frente, y ella me miró durante algunos segundos con una
+curiosidad infantil.</p>
+
+<p>&mdash;Encienda usted, caballero, me dijo, levantando su farol y abriéndole.</p>
+
+<p>Encendí mi cigarro.</p>
+
+<p>Luego volví a mirar a la traperita que cerró el farol y se puso a
+rebuscar de nuevo con su gancho.</p>
+
+<p>Yo, no sé por qué, permanecía inmóvil junto a ella.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto ganas buscando trapos? la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Según: me contestó: diez cuartos, doce, dos reales. Antes se ganaba
+más; pero ahora... hay muchos traperos y pocos trapos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no tienes más oficio que éste?</p>
+
+<p>&mdash;No señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y con diez cuartos te mantienes?</p>
+
+<p>&mdash;Como pan unos días, y otros pan y queso. Además, la señora Adela gana
+otro tanto.</p>
+
+<p>¡La señora Adela! Aquel calificativo antepuesto a un nombre hasta cierto
+punto aristocrático, causó en mí un efecto inesplicable.</p>
+
+<p>&mdash;¿Quién es la señora Adela? la pregunté.</p>
+
+<p>&mdash;Es una mujer que me ha criado.</p>
+
+<p>Y al pronunciar estas palabras, creí notar en su entonación algo de
+doloroso, algo de impaciente, algo que revelaba que no era la señora
+Adela lo mejor del mundo para la traperita.</p>
+
+<p>Comprendí que tenía delante una pobre existencia necesitada de amparo.</p>
+
+<p>Nunca mi hastío de la vida llegó hasta el punto de hacerme indiferente a
+las desgracias ajenas.</p>
+
+<p>Metí la mano en mi bolsillo y saqué una moneda.</p>
+
+<p>Era una onza.</p>
+
+<p>Yo había pensado darla un napoleón.</p>
+
+<p>Sin embargo, alargué la mano hacia la niña y la entregué la onza.</p>
+
+<p>La chica la tomó, probó su peso y se puso gravemente seria.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias, caballero! me dijo, devolviéndome la onza. Me basta con lo
+que gano.</p>
+
+<p>Y se puso de nuevo a revolver y a buscar, guardando un profundo
+silencio, y visiblemente contrariada.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué no has tomado ese dinero? la dije.</p>
+
+<p>La muchacha no contestó.</p>
+
+<p>Me obstiné, y entonces, alzándose con una dignidad y una firmeza
+supremas, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si no sigue usted su camino, caballero y me deja en paz, llamaré al
+sereno.</p>
+
+<p>A tal arranque tomé mi partido: arrojé la onza en la cesta de la
+muchacha, y me alejé.</p>
+
+<p>&mdash;Por favor, caballero, me dijo corriendo tras de mí y con acento entre
+suplicante y colérico: usted está equivocado y tira su dinero. Créame
+usted: tome usted su onza: yo le doy las gracias y... no hablemos más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y de qué modo puedo yo hacer para favorecerte? dije volviendo y
+tomando la onza.</p>
+
+<p>&mdash;Dios me favorecerá; esté usted seguro de ello. Dios y...</p>
+
+<p>La muchacha calló, tembló y fijó una mirada ansiosa en el fondo de la
+calle.</p>
+
+<p>Guiado por su mirada, miré y vi otra trapera que se acercaba.</p>
+
+<p>&mdash;¡La señora Adela! exclamó la muchacha, y se puso con un ardor febril a
+su interrumpido trabajo, mientras Mustafá gruñía sordamente.</p>
+
+<p>Tardó poco en llegar una mujer harapienta, alta, huesosa, como de
+treinta y cinco a cuarenta años, que fijó en mí una mirada insolente.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué quiere este caballero? preguntó con acento de amenaza a la pobre
+niña.</p>
+
+<p>&mdash;Me ha pedido fuego para un cigarro, contestó temblando la traperita.</p>
+
+<p>Yo creí deber atajar la conversación.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es usted la señora Adela? la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor: ¿qué se le ofrece a usted? contestó secamente.</p>
+
+<p>&mdash;Necesito hablar con usted a solas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Necesita usted hablarme! Pues vamos.</p>
+
+<p>Y se puso en marcha.</p>
+
+<p>Noté que la traperita arrojaba sobre aquella mujer y sobre mí, una
+mirada llena de ansiedad.</p>
+
+<p>Seguimos la señora Adela y yo a lo largo de la calle, y nos detuvimos a
+la puerta de uno de esos cafetines, asilos de tahúres y vagos, cuya
+puerta se cierra a la hora prescrita en los bandos, pero que se abre
+durante toda la noche a todo el que llega.</p>
+
+<p>Llamé, abrieron, y la señora Adela y yo entramos.</p>
+
+<p>Nos sentamos junto a una mesa, y la trapera pidió aguardiente.</p>
+
+<p>Entonces, a la luz de un mechero de gas inmediato, pude observar ciertos
+rasgos de distinción degradada en el semblante angular y huesoso de
+aquella mujer: del mismo modo, no era difícil comprender que aún era
+joven; que si parecía vieja, lo debía a excesos, y que en otro tiempo
+debió ser notablemente hermosa.</p>
+
+<p>Sus manos, ese indudable signo, por el que se conocerá siempre a una
+persona distinguida, eran aún bellas: su mirada altiva y fija.</p>
+
+<p>Estaba, pues, metido en una verdadera aventura.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que adivino de lo que quiere usted hablarme;&mdash;me dijo
+mirándome con una extraña fijeza; y sin dejarme tiempo para contestar
+añadió:&mdash;sin duda se trata de Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Se llama Amparo!</p>
+
+<p>&mdash;Y es una hermosa muchacha: está flaca y sobre todo mal vestida; pero
+con un mes de buen trato...</p>
+
+<p>&mdash;¡Y usted la vendería, la dije con repugnancia sin dejarla concluir.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy todo se compra y se vende, me contestó con sarcasmo: se vende el
+amor, se vende la amistad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Y se venden las hijas!</p>
+
+<p>&mdash;Amparo no es mi hija, me contestó con precipitación y con acento
+singular. Hace catorce años la encontré en la calle.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y sus padres no la reclamaron?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;Pero si usted no es su madre, al menos la ha criado usted.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo mismo quiero que sea feliz, dijo la trapera con su duro acento,
+que me causaba una sensación fría, punzante, indefinible.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para que sea feliz la vende usted?</p>
+
+<p>&mdash;La mujer no es feliz más que vendiéndose; vendiéndose muy cara
+mientras es hermosa, arrancando al amor que compra, dinero para cuando
+sólo puede buscarse la caridad; ¡la caridad!...</p>
+
+<p>Y después de haber pronunciado con acento de blasfemia su última
+palabra, se bebió de un trago una copa de aguardiente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues usted, la dije con desprecio, no ha sabido, por lo que se ve,
+aprovechar sus buenos tiempos.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo no me he vendido, me contestó con una expresión singular:
+por lo mismo la vendo a ella.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que ella no piensa venderse.</p>
+
+<p>&mdash;Hará lo que yo quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: me encargo de esa muchacha.</p>
+
+<p>&mdash;No me gustan las palabras de sentido ambiguo. Sepamos claramente de lo
+que tratamos. ¿Cuándo ha conocido usted a Amparo?</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche.</p>
+
+<p>&mdash;¿La ha hablado usted?</p>
+
+<p>&mdash;Muy poco.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cómo entenderemos eso de encargarse usted de ella?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que puede ocuparse en otro trabajo más cómodo y beneficioso, que
+en el de recoger trapos.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, ciertamente.</p>
+
+<p>&mdash;Por ejemplo: puede entrar en un taller.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad: repuso aquella mujer, cuyo semblante se había cubierto con
+la expresión de la mayor reserva; pero es el caso, que cosiendo se gana
+muy poco, y que hay que pasar por un aprendizaje, durante el cual nada
+se gana.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuánto suele durar ese aprendizaje?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso un año.</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos más: venga usted conmigo.</p>
+
+<p>Pagué: salimos del café y llevé a aquella mujer a mi casa.</p>
+
+<p>Mi criado Mauricio se asombró al verme entrar con tan mala compañía, y
+mucho más cuando me encerré con ella en mi gabinete.</p>
+
+<p>&mdash;De hoy en adelante, la dije, puede usted contar con doce duros
+mensuales. Además, como supongo que carecerán ustedes de todo, tome
+usted estos dos billetes de a mil reales, y empléelos en ropas y
+utensilios. Todos los meses venga usted por la cantidad que asigno a
+Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Gracias, dijo fríamente aquella mujer, y se despidió de mí.</p>
+
+<p>Cuando me quedé solo, busqué el cuaderno donde estaban consignadas mis
+obligaciones, y anoté lo siguiente:</p>
+
+<p>«Doscientos cuarenta reales para Amparo.»</p>
+
+<p>Yo había hecho esto por temperamento, por costumbre, no por caridad.</p>
+
+<p>Me acosté y me dormí.</p>
+
+<p>Cuando desperté al día siguiente, había perdido el recuerdo de aquella
+aventura.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Entró Mauricio y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ahí está una muchacha que pregunta por usted. Vino a las diez y ha
+vuelto otras tres veces a ver si se había usted levantado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Una muchacha! exclamé con extrañeza.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, señor, y no es maleja: dice que se llama Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! Que entre, que entre.</p>
+
+<p>Poco después entró Amparo.</p>
+
+<p>La acompañaba su perro.</p>
+
+<p>Venía peinada y limpia, pero muy pobre y muy ligeramente vestida.</p>
+
+<p>Me saludó con gracia y con la misma digna lisura con que hubiera
+saludado a un conocido antiguo.</p>
+
+<p>Sonreía tristemente y estaba encendida, sobreescitada.</p>
+
+<p>El perro fijaba en mí una atenta e inteligente mirada.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone usted, caballero, me dijo Amparo, si he venido a incomodarle,
+pero he creído que debía venir a verle.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué, hija mía?</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué? ¿Con qué objeto ha dado usted dinero a la señora Adela? me
+contestó con precipitación y con vergüenza.</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos de eso, la dije, la señora Adela lo sabe.</p>
+
+<p>&mdash;Nada me ha dicho, sino que ya no recogeremos más trapos; que
+compraremos vestidos y camas.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿No teníais camas?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor: ese es mucho lujo para nosotras, dijo sonriendo
+tristemente: cuando se ha trabajado mucho, y sobre todo, cuando, se está
+acostumbrado a ello, se duerme muy bien sobre un ruedo.</p>
+
+<p>De la misma manera que otros se muestran neciamente soberbios con su
+opulencia, Amparo se mostraba noblemente orgullosa con su miseria.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, repuse: si nada te ha dicho esa mujer, ¿cómo sabes que yo la
+he dado dinero?</p>
+
+<p>&mdash;Anoche, cuando usted se alejó con ella, apagué mi farol y me fui
+detrás: esperé a que saliesen ustedes del café, los seguí y vi que
+entraban en esta casa. Esta mañana cuando la señora Adela me enseñó dos
+papeles encarnados, cuando leí...</p>
+
+<p>&mdash;¿Sabes leer?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, contestó sin el más leve asombro de vanidad Amparo; cuando
+leí lo que en aquellos papeles estaba impreso y vi que eran billetes de
+banco... dinero, adiviné que aquel dinero venía de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, ¿qué?</p>
+
+<p>&mdash;Necesito saber con qué objeto se ha desprendido usted de esa cantidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! ¡bah! ¿Con qué objeto? Con el de que no pases más noches malas;
+con el de que aprendas un oficio y puedas ser la honrada mujer de un
+artesano.</p>
+
+<p>&mdash;El padre Ambrosio me ha dicho que hay en el mundo personas
+caritativas; pero me ha dicho también que muchas veces se toma la
+caridad por pretexto.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y quién es el padre Ambrosio?</p>
+
+<p>&mdash;Un religioso exclaustrado de la Merced, que vive hace muchos años en
+la misma casa de vecindad donde yo vivo; un digno ministro del Altísimo;
+mi padre; la guía que Dios me ha dado viéndome desamparada en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡un religioso!</p>
+
+<p>&mdash;El infeliz no ha podido hacer otra cosa que enseñarme a leer y a
+escribir y procurar encaminarme a la virtud. Es muy pobre, pero... ¡es
+un sabio! Lo poco que sé se lo debo, y, sobre todo, él me ha hecho
+conocer que la mayor riqueza es la honra; la mayor felicidad tener la
+conciencia tranquila; el mayor mérito a los ojos de Dios, sufrir
+resignadamente la pobreza.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que tú, pobre, miserable, destinada a un trabajo rudo y
+penoso, mal alimentada, mal vestida, sin fuego con que calentarte, sin
+lecho en que dormir, ¿estás resignada con tu suerte?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, contestó Amparo repitiendo su triste sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! Tú no conoces al mundo, eres muy joven; estás soñando.</p>
+
+<p>&mdash;Me he criado en una casa de vecindad y tengo ya catorce años.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pretendes tener experiencia?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡sí! Yo sé que si quisiera podría vivir cómodamente, vestir
+hermosas telas, concurrir a los teatros y a los paseos. Sé, porque la
+señora Adela me lo ha dicho, que un hombre muy rico está enamorado de
+mí. Lo sé tanto, como que me he visto maltratada muchas veces porque me
+he negado... a ser feliz, como dice la señora Adela.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡Tan joven y ya conoces el mundo!</p>
+
+<p>&mdash;¿No he de conocerle si me he criado entre lodo?</p>
+
+<p>&mdash;Pero tu lenguaje es escogido, Amparo: tus maneras riñen con tu
+posición, pareces una señorita disfrazada.</p>
+
+<p>&mdash;Lo debo al padre Ambrosio; lo debo a los libros que leo.</p>
+
+<p>&mdash;Y...¿qué libros te ha dado a leer ese religioso?</p>
+
+<p>&mdash;Cuando supe leer y escribir, me puso en las manos la imitación de
+Cristo del padre Kempis.</p>
+
+<p>Yo no había leído el tal libro; pero supuse que sería un libro de
+devoción como otros tantos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué más? añadí.</p>
+
+<p>&mdash;La Biblia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Habrás leído, pues, el <i>Cantar de los cantares</i>!</p>
+
+<p>Amparo me miró profundamente y se ruborizó, lo que demostraba que había
+leído aquel libro, que tenía talento y que había comprendido la
+intención de mi pregunta.</p>
+
+<p>&mdash;El <i>Cantar de los cantares</i> es un admirable libro simbólico, me dijo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no has leído más?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; sí, señor, los sermonarios de Bossuet y de Fenelón.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y nada profano?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; sí, señor, la historia universal de Anquetil, el Telémaco, el
+padre Mariana y las poesías de nuestros clásicos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y novelas?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna... ¡ah! sí: las de doña María de Zayas, los ejemplares de
+Cervantes y el Quijote, esa admirable novela.</p>
+
+<p>Y había una lisura tal en la expresión de Amparo al contestarme; tal
+falta, tal negación de pretensiones, que era necesario creer que no sólo
+tenía talento, sino también elevación de ideas: ¡y junto a esto tal
+conformidad, tal resignación con lo ingrato de su fortuna!</p>
+
+<p>Yo, que me había interesado por ella por compasión, empecé a
+interesarme por afecto, y por un momento sentí que mi hastío por la vida
+desaparecía; comprendí que había encontrado algo a que podía consagrarme
+dignamente: a hacer el porvenir de aquella joven tan simpática, tan
+merecedora de amparo, yo era entonces impío y me dije:&mdash;Ya que la
+casualidad la ha procurado un buen hombre que la eduque, yo, que soy
+rico, haré lo demás: el sacerdote por una parte, y el calavera de buen
+corazón por otra, haremos de ella un prodigio.</p>
+
+<p>Y dentro de mi corazón adopté a aquella niña.</p>
+
+<p>Una adopción paternal, pura, desinteresada.</p>
+
+<p>Había en Amparo algo que dilataba mi alma.</p>
+
+<p>Ni yo podía pensar de otra manera: la corrupción de la mujer por medio
+del oro, me repugnaba: la rechazaban mi corazón y mi dignidad, y como
+jamás pensamos voluntariamente en lo que nos repugna, ni reparé que en
+Amparo existían los gérmenes de una gran hermosura, ni me incitó su
+pureza, ni miré en ella más que un ser débil digno de protección.</p>
+
+<p>Por lo mismo, me apresuré a tranquilizarla respecto a mis intenciones.</p>
+
+<p>La hablé con la elocuencia del sentimiento, con su forma poética, porque
+estaba seguro de ser comprendido por ella: con toda la espontaneidad de
+mi franqueza y de mi desinterés, y logré que Amparo se tranquilizase
+completamente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! me dijo con los ojos arrasados de lágrimas: ¡Dios se lo pague a
+usted!</p>
+
+<p>Y Amparo me asió las manos, las estrechó contra su boca, y las cubrió de
+lágrimas.</p>
+
+<p>Después salió.</p>
+
+<p>Mustafá, que durante esta escena había estado echado sobre la alfombra,
+se levantó, me miró, movió lentamente la cola, y siguió a la niña.</p>
+
+<p>Empecé a sentir una vaga, pero dulce ansiedad: Amparo había causado en
+mí una impresión profunda, me había hecho experimentar una sensación
+desconocida.</p>
+
+<p>La recordaba (no podré deciros de qué modo) pero su recuerdo me dilataba
+el alma.</p>
+
+<p>Era el amor de un padre satisfecho de su hija.</p>
+
+<p>Dejé de pensar en la muerte.</p>
+
+<p>Me detuve en el camino del suicidio.</p>
+
+<p>Dejé de concurrir a los lupanares.</p>
+
+<p>Arreglé mi vida.</p>
+
+<p>Causé una dolorosa sorpresa en mis administradores, anunciándoles que
+iba a dedicarme al cuidado de mis intereses.</p>
+
+<p>Hice todo esto bajo la influencia de este pensamiento:&mdash;He adoptado a un
+ser a quien debo procurar hacer feliz.</p>
+
+<p>Amparo había hecho en mí una revolución: me había reconciliado con la
+vida.</p>
+
+<p>En recompensa, yo varié de plan respecto a su porvenir: la práctica de
+un oficio mecánico me parecía indigna de ella.</p>
+
+<p>Aspiraba en su nombre a más.</p>
+
+<p>Algunos podrán creer esto exagerado; sí lo es, está en armonía con la
+exageración de mi carácter; yo siento de una manera poderosa, y para
+sentir me bastan pocas impresiones.</p>
+
+<p>Amparo me había impresionado fuertemente.</p>
+
+<hr />
+
+<p>No sabía donde vivía.</p>
+
+<p>Un día encargué a Mauricio que la buscase.</p>
+
+<p>Mauricio empleó cuantos medios se conocen para encontrar una persona de
+la cual se saben el nombre, las señas y la condición.</p>
+
+<p>Gracias a lo bien montada que está la policía en España, Mauricio, que
+era uno de los mozos más listos que he conocido, no pudo dar con ella.</p>
+
+<p>Preguntó a los traperos y le contestaron que no la conocían.</p>
+
+<p>Fue al Ayuntamiento y sólo constaban allí el nombre y el número de
+Amparo como trapera.</p>
+
+<p>Amparo empezó a hacérseme una dificultad: indudablemente a fin de mes,
+la señora Adela vendría en busca de su asignación; pero yo no quería
+esperar aquel plazo.</p>
+
+<p>Habían pasado quince días desde mi aventura.</p>
+
+<p>Era por la mañana y Mauricio entró alegre.</p>
+
+<p>&mdash;Ya la tenemos, exclamó.</p>
+
+<p>&mdash;¿A quién?</p>
+
+<p>&mdash;A la señorita Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo! ¿sabes dónde vive?</p>
+
+<p>&mdash;Está en la antesala.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! exclamé saliendo de mi gabinete y atravesando la sala; entre
+usted, señora, entre usted.</p>
+
+<p>Amparo entró.</p>
+
+<p>Venía sencillamente vestida, un manto de sarga, un cordón de pelo al
+cuello con una pequeña cruz dorada, un pañuelo de seda sobre los
+hombros, una bata de percal, y un delantal negro; me pareció más alta y
+más bella: venía encendida, alegre, con un bulto bajo el manto; me
+saludó con una sonrisa sumamente afectuosa y entró en el gabinete, sobre
+una de cuyas mesas dejó el bulto que traía bajo el manto, y que produjo
+un sonido metálico.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué es eso? la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es que Dios me favorece, me contestó: son tres mil reales que he
+ganado a la lotería.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! exclamé adivinando su intención.</p>
+
+<p>&mdash;Tres mil reales que traigo a usted.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué quiero yo eso?</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué? me contestó mirándome gravemente, para que se reintegre
+usted de los dos mil reales que dio a la señora Adela.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿eres orgullosa?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto, ¡sino que habrá tantos otros desdichados!</p>
+
+<p>Se me nubló el semblante, y Amparo se apresuró a decir:</p>
+
+<p>La caridad debe ser discreta; la caridad indiscreta hace más daño que
+beneficio; yo ya tengo todo lo que podía desear; un cuartito alegre, una
+cama blanda, ropa blanca y dos vestidos de calle. Trabajo; trabajo con
+ardor, y dentro de poco seré oficiala. Emplee usted esos dos mil reales
+en amparar otra desdicha, y los mil restantes guárdelos usted para
+dárselos doce a doce duros a la señora Adela: hay para cuatro meses;
+dentro de cuatro meses ganaré una peseta, que era cuanto deseaba. Con
+que... no hablemos más. Ahí se queda eso. Tengo que comer y estar a las
+tres en el taller.</p>
+
+<p>Y escapaba.</p>
+
+<p>&mdash;Espera, la dije, ¿no quieres tener nada mío?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh? sí, sí... el recuerdo... y el agradecimiento. ¿No basta eso?</p>
+
+<p>&mdash;Bien, me quedo con ese dinero, aunque sería mejor que los mil reales
+restantes se los entregases a la señora Adela.</p>
+
+<p>&mdash;Los gastaría en aguardiente.</p>
+
+<p>&mdash;Me rindo, pero con una condición.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál?</p>
+
+<p>&mdash;Ven mañana a almorzar conmigo.</p>
+
+<p>Meditó durante un momento Amparo, y contestó:</p>
+
+<p>&mdash;Vendré. Afortunadamente es domingo.</p>
+
+<p>Y saludándome alegremente, escapó.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! tiene usted suerte, me dijo Mauricio; es una prenda de rey.</p>
+
+<p>Recuerdo que Mauricio, recordando un puntapié que le valió esta
+observación, habló en lo sucesivo con el más profundo respeto de la
+<i>señorita Amparo</i>.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Fuime a una joyería y gasté los tres mil reales que me había dado
+Amparo, en una bonita cruz de diamantes para ella.</p>
+
+<p>La joya era de muy buen gusto, y debía parecer muy bien en el bonito
+cuello de la muchacha.</p>
+
+<p>Además necesitaba dejar bien puesta mi vanidad.</p>
+
+<p>Aquella inesperada devolución la había humillado.</p>
+
+<p>Amparo me trataba por decirlo así, de potencia a potencia.</p>
+
+<p>Yo no podía conservar aquel dinero.</p>
+
+<p>Mi vanidad quedaba a cubierto, regalándola la cruz.</p>
+
+<p>Sólo con este objeto la había convidado a almorzar conmigo.</p>
+
+<p>El día siguiente a las once, Amparo estaba en mi gabinete, donde
+Mauricio había servido la mesa.</p>
+
+<p>Mientras Amparo se quitaba el manto con una hechicera confianza,
+Mustafá, que sin disputa era mi amigo, sentado enfrente de mí, meneaba
+lentamente la lanuda cola y me miraba de hito en hito.</p>
+
+<p>Yo contemplaba a Amparo con el mismo placer con que se contempla una
+cosa bella, fresca, pura, encontrada por acaso en el erial de la vida.</p>
+
+<p>Era una niña, en toda la extensión de la frase, espigadita, esbelta, con
+bonitas manos, ojos hermosos, y una montaña de cabellos negros y
+brillantes, agrupados en trenzas: muy blanca, muy pálida y muy delgada.</p>
+
+<p>Tenía la seducción de la pureza confiada en sí misma, que por nada se
+alarma, que nada teme: iba de acá para allá, y me lo revolvía todo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo se conoce que aquí no hay una mujer! decía: polvo por todas
+partes, ¡y un desorden!... todo lo que hay aquí es bueno y bello; pero
+sería más bello, parecería mucho mejor, si estuviese colocado en su
+sitio. Y luego... ¡estas armas! ¿para qué son estas armas? ¿a quién
+tiene que matar un hombre honrado?</p>
+
+<p>&mdash;Son objetos de arte, la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Traed: pues, a vuestro gabinete un cañón de a veinticuatro cincelado.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿no crees que sea necesario alguna vez?...</p>
+
+<p>&mdash;¡Nunca!</p>
+
+<p>&mdash;¿Ni aun por un asunto de honor?</p>
+
+<p>&mdash;Me horrorizaría un hombre que por una cuestión de honor hubiera matado
+a un semejante suyo... ¿y estos libros?... añadió pasando con la mayor
+facilidad de un objeto a otro. ¡Novelas!... Creo que en lo peor en que
+puede ocupar un hombre su talento, es en escribir novelas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Por qué?</p>
+
+<p>&mdash;¿No basta la vida real? ¿qué necesidad hay de exagerarla?</p>
+
+<p>&mdash;La novela enseña.</p>
+
+<p>&mdash;La novela vicia las costumbres.</p>
+
+<p>&mdash;Eso lo dirá el padre Ambrosio.</p>
+
+<p>&mdash;Sí por cierto; y basta para mí que el padre Ambrosio lo diga: es un
+ángel... ¡Ah! el padre Ambrosio sabe que vengo a almorzar con usted.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué te ha dicho?</p>
+
+<p>&mdash;Nada: absolutamente nada. ¿No sabía el padre Ambrosio que iba sola de
+noche a recoger trapos por las calles?</p>
+
+<p>Este recurso a sí misma, esta manifestación de fuerza, me encantó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y son estas las novelas que usted lee? dijo con severidad Amparo, que
+había ojeado uno de mis libros. ¡Oh! esta novela en ninguna parte está
+mejor que en el fuego.</p>
+
+<p>Y arrojó el libro a la chimenea.</p>
+
+<p>Era un tomo del <i>Baroncito de Faublas</i>.</p>
+
+<p>Sólo había tenido tiempo de leer algunas líneas Amparo, y se había
+puesto encendida como una guinda.</p>
+
+<p>Así con las tenazas el libro, y le saqué de la chimenea donde olía mal,
+arrojándole a la jofaina.</p>
+
+<p>Prometí a Amparo hacer un auto de fe con todos mis malos libros, y
+mediante esta promesa se restableció nuestra buena armonía.</p>
+
+<p>En seguida nos pusimos a almorzar.</p>
+
+<p>Yo había cuidado de que el almuerzo fuese muy sencillo y compuesto de
+alimentos acomodados a las costumbres de Amparo.</p>
+
+<p>Era, en fin, un verdadero almuerzo español; con el indispensable
+chocolate.</p>
+
+<p>Amparo comía con apetito y sin encogimiento.</p>
+
+<p>Mustafá sentado junto a ella gruñía con impaciencia excitado por el olor
+de los manjares.</p>
+
+<p>Puse un plato al leal compañero de Amparo, que me dio las gracias con
+una sonrisa, y acarició después con su pequeña mano la cabeza del perro
+que comía con ansia.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! dijo hablando con él, esta es la primera vez que almorzamos bien,
+Mustafá.</p>
+
+<p>&mdash;Pues así puedes almorzar, la dije, todos los días.</p>
+
+<p>Pintose una expresión de reserva en el semblante de Amparo.</p>
+
+<p>Comprendí que el mundo especial en que había vivido, ese mundo que se
+llama <i>casa de vecindad</i>, donde resaltan todas las miserias, todas las
+adyeciones, todas las ignorancias, la había hecho recelosa y
+desconfiada.</p>
+
+<p>&mdash;Puedes almorzar así todos los días, la dije, si consientes en que se
+realice lo que he pensado respecto a ti.</p>
+
+<p>Amparo me miró con una profunda y grave atención, y me preguntó:</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué ha pensado usted?</p>
+
+<p>&mdash;He pensado, primero, en que la posición en que te encuentras es muy
+precaria.</p>
+
+<p>&mdash;He nacido pobre, me contestó con altivez; mi porvenir es el trabajo;
+acaso con mucha aplicación y alguna suerte podré adelantar; tener dentro
+de algunos años un taller mío.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y las enfermedades?</p>
+
+<p>&mdash;¡Buena manera de alentar a los pobres!</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo quiero asegurar tu suerte.</p>
+
+<p>Amparo había dejado de comer, y noté que había perdido enteramente su
+tranquila confianza; que estaba preocupada, disgustada, pesarosa de
+haber ido a almorzar conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Soy rico, muy rico; sobrino de un grande de España que no tiene hijos,
+ni los tendrá probablemente; heredaré sus rentas y su grandeza.</p>
+
+<p>Nublose más el semblante de Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;No pienso casarme jamás, continué, y quiero que seas mi hija adoptiva.</p>
+
+<p>Amparo me miró de una manera penetrante, como si hubiera querido
+asegurarse de hasta qué punto eran verdad mis palabras y la marcada
+conmoción con que las había pronunciado.</p>
+
+<p>Sin duda mis ojos dejaban ver claro lo que mi alma sentía, porque la
+expresión de reserva y de duda desapareció del semblante de Amparo,
+sustituyéndola una dulce expresión de consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! exclamó: ¡Quiere usted reemplazar a los padres que he perdido!</p>
+
+<p>Y aunque procuró dominar su conmoción, sus ojos se llenaron de lágrimas.</p>
+
+<p>Yo gozaba, no sabré deciros qué placer; pero me sentía feliz y joven, y
+poderoso: me sentía engrandecido.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, la dije, mientras ella callaba, con la vista inclinada, las
+mejillas encendidas, sobresaltada: quiero que no vuelvas al taller.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué he de hacer? me dijo. ¿Gravar a usted? ¿vivir en el ocio? No,
+no podría.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero que entres en un colegio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué? No: eso no puede ser. Yo no acepto la adopción de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Ya te he dicho que estoy resuelto a no casarme jamás. Aunque soy
+joven, mi corazón está ya gastado; es muy viejo. Nada espera, nada
+desea.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡no me diga usted eso! ¡no quiero creerlo! ¡una vida así debe ser
+horrible!</p>
+
+<p>&mdash;¡Horrible, sí! ¡muy horrible! por lo mismo es necesario que un deber
+me ligue al mundo; a la vida: representa tú ese deber.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; me dijo, mirándome con una expresión que no pude comprender,
+acepto, seré su hija adoptiva de usted... pero en un convento.</p>
+
+<p>&mdash;¡En un convento! ¡monja tú!</p>
+
+<p>&mdash;Sí; una vez monja, mi porvenir está asegurado.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tú, que empiezas ahora a vivir... ¡renunciar de tal modo a la
+esperanza!</p>
+
+<p>&mdash;Es lo único que aceptaré de usted, un dote reducido, cuanto baste...</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no hablemos más de ello.</p>
+
+<p>Y se levantó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Te vas ya? la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor; no quiero pasar mucho tiempo fuera de casa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿volverás?</p>
+
+<p>&mdash;Acaso no.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡me ha hecho usted sufrir! adiós.</p>
+
+<p>&mdash;Espera. No quiero obligarte a que vuelvas; pero por si no nos volvemos
+a ver, acepta esta memoria mía.</p>
+
+<p>Y tomé de sobre la repisa de la chimenea el estuche que contenía la cruz
+que había comprado para ella el día anterior, y se lo di.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué es esto? me dijo abriéndolo; ¡ah! ¡una cruz! la conservaré, la
+conservaré siempre en memoria de usted.</p>
+
+<p>Y aprovechando el estupor que había causado en mí el extraño aspecto, la
+profunda conmoción que noté en ella, al expresarme su deseo de ser
+monja, escapó.</p>
+
+<p>Cuando quise detenerla sonó el golpe de una puerta que se cerraba, y
+luego sentí que bajaba rápidamente las escaleras.</p>
+
+<p>Abrí el balcón, y la vi alejarse por la acera opuesta en paso lento y
+con la cabeza baja.</p>
+
+<p>Mustafá la seguía cabizbajo también.</p>
+
+<p>&mdash;Ella volverá, me dije: y cuando menos, la señora Adela vendrá por su
+asignación a fin de mes.</p>
+
+<p>Había en mi corazón algo que me hacía desear volverla a ver; y sin
+embargo aquel no sé qué vago, dulce íntimo, estaba muy lejos de ser
+amor.</p>
+
+<p>Y era más que caridad.</p>
+
+<p>O yo no comprendía la caridad, y me engañaba.</p>
+
+<p>O yo no comprendía el amor; y me engañaba también.</p>
+
+<p>Esto quería decir, que respecto a ciertas sensaciones, mi corazón era
+inocente, o mejor dicho, estaba virgen.</p>
+
+<p>Lo que sí puedo deciros es: que el recuerdo de Amparo se fijó en mi
+pensamiento, fresco, puro, consolador, lleno de encantos y de consuelos.</p>
+
+<p>Si es verdad que estoy loco, mi locura empezó el día que almorcé con
+ella.</p>
+
+<hr />
+
+<p>El no verla me tenía de muy mal humor.</p>
+
+<p>La esperaba.</p>
+
+<p>Sin embargo, Amparo no venía.</p>
+
+<p>Pasó el tiempo, y llegó el último día del mes.</p>
+
+<p>Yo esperaba que la señora Adela sería puntual, y no me engañé.</p>
+
+<p>Se me presentó más pobremente vestida que lo que yo esperaba, y sin
+saludarme ni sentarse me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vengo a...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, por la asignación de Amparo, la interrumpí.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es.</p>
+
+<p>Abrí mi cartera y la di un billete de quinientos reales.</p>
+
+<p>&mdash;No puedo devolver a usted lo que sobra, me dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo es, la contesté.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡es usted muy generoso! Gracias en su nombre; que usted lo pase
+bien.</p>
+
+<p>Y se iba.</p>
+
+<p>&mdash;Espere usted, la dije: tenemos que hablar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡tenemos que hablar! ¿va usted comprendiendo que es hermosa,
+demasiado hermosa, para mantenerse respecto a ella en los inflexibles
+límites de la caridad?</p>
+
+<p>&mdash;No se trata de eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no comprendo entonces...</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué sabe usted acerca del origen de esa niña?</p>
+
+<p>&mdash;¡Bah! ¿y qué le importa a usted? A no ser que...</p>
+
+<p>Y aquella mujer me miró con un recelo hostil.</p>
+
+<p>&mdash;¡Sería gracioso que quisiera usted casarse con una muchachuela! añadió
+con sarcasmo.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco se trata de eso; pero si usted tuviera algún antecedente...
+ayundándome usted y gastando cuanto fuese necesario, acaso lograríamos
+encontrar a sus padres.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué quiere más padres que usted?</p>
+
+<p>Necesité hacer un esfuerzo para contener la cólera que me causaba la
+fría insolencia de aquella mujer.</p>
+
+<p>&mdash;En último resultado, la dije, ¿se niega usted a indicarme?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada sé; la recogí. Ignoro quién era; pero debe ser hija de buenos
+padres: las ropas que la envolvían eran ricas; llevaba, además, un
+magnífico medallón guarnecido de brillantes, y entre la faja un papel
+que decía:&mdash;«Está bautizada, y se llama...» he olvidado el nombre; el
+que tiene ahora se lo pusieron en la confirmación.</p>
+
+<p>&mdash;Es extraño que haya usted olvidado su nombre; ¿pero aún queda el
+medallón?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto; le vendí: era necesario criarla... yo era pobre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero no recuerda usted lo que el medallón contenía?</p>
+
+<p>&mdash;Sí por cierto: un retrato de mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y las señas de esa mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Las mismas de Amparo: alguna más edad; pero tan hermosa como ella; un
+parecido exacto... Y es lástima que ese retrato se haya extraviado,
+porque era una prueba indudable... pero a bien que el retrato existe en
+Amparo... en engordando la muchacha un poco más... el mejor día
+encuentra a sus padres en la calle.</p>
+
+<p>Todas estas contestaciones habían sido pronunciadas con una intención
+maligna; comprendí que existía un misterio terrible entre aquella mujer
+y la pobre Amparo, y no insistí.</p>
+
+<p>La dejé ir.</p>
+
+<p>Había concebido el pensamiento de apelar a la ley para poner en claro la
+procedencia de Amparo.</p>
+
+<p>Y como si hubiese comprendido mi pensamiento, aquella mujer me arrojó al
+salir una insolente mirada de desafío.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Aquel mismo día fui a consultar a uno de los abogados de más fama.</p>
+
+<p>Me escuchó con atención, y cuando hube concluido, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No veo el medio de arrancar a esa mujer su secreto: el tormento está
+abolido hace muchos años; por consecuencia, si esa mujer tiene un gran
+interés en ocultar la procedencia de la protegida de usted, nada
+confesará. Queda sin embargo un medio.</p>
+
+<p>&mdash;¿Cuál?</p>
+
+<p>&mdash;El dinero. Pagarle su secreto al precio que pida.</p>
+
+<p>Di las gracias al abogado por su luminoso consejo; le pagué la consulta
+y salí.</p>
+
+<p>Pasó un mes.</p>
+
+<p>En vano esperé a Amparo.</p>
+
+<p>La Adela se me presentó de nuevo.</p>
+
+<p>La pregunté por ella.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! está desconocida, me dijo; ha engordado. ¡Ya se ve! la cuido
+bien, o por mejor decir, la cuidamos bien. La enviaré por acá.</p>
+
+<p>&mdash;Ponga usted precio a su secreto, la dije desentendiéndome de su
+observación, y entrando de lleno en mi objeto.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted muy joven, me dijo, para que pueda haber perdido una hija de
+la edad de Amparo; sin embargo, pudiera ser que algún amigo hubiera a
+usted encargado le buscase una niña perdida.</p>
+
+<p>Y la Adela me miraba de una manera fija, escudriñadora.</p>
+
+<p>&mdash;¿Se obstina usted en no confiarme?... la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Nada sé respecto a ella, me contestó.</p>
+
+<p>Acabé de convencerme de que nada recabaría de aquella mujer; la di
+dinero; la encargué dijese a Amparo que deseaba verla, y la despedí.</p>
+
+<hr />
+
+<p>A los pocos días, y cuando acababa de levantarme, me sorprendió un
+fuerte campanillazo a la puerta.</p>
+
+<p>Abrió Mauricio; sentí pasos apresurados, y poco después se precipitó en
+mi gabinete Amparo.</p>
+
+<p>Mustafá la seguía cojeando.</p>
+
+<p>Amparo se asió a mí, y me miró pálida, aterrada, anhelante. Mustafá
+gruñía dolorosamente.</p>
+
+<p>Venía Amparo en el mayor desorden: deshecho el peinado; una de sus manos
+envuelta en un pañuelo.</p>
+
+<p>Durante algún tiempo nada me dijo; ni yo, sorprendido, acerté a decirla
+nada: luego pareció como que despertaba de un sueño, de una horrible
+pesadilla, y exclamó con un acento ardiente y lleno de ansiedad:</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Gracias a Dios!</p>
+
+<p>Y se separó de mí, se dejó caer en un sillón, se cubrió el rostro con
+las manos y rompió a llorar.</p>
+
+<p>Mustafá se acercó a ella cojeando; se sentó, me miró, y siguió con sus
+dolientes gruñidos.</p>
+
+<p>Sospeché no sé qué horrible cosa, y me aterré.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero qué sucede? la pregunté alentando apenas.</p>
+
+<p>&mdash;Sucede, contestó Amparo, mirándome al través de sus lágrimas, que esa
+infame mujer ha querido hacerme infeliz.</p>
+
+<p>No pude contestarla: sentí que toda mi sangre se reconcentraba a mi
+corazón.</p>
+
+<p>&mdash;Pero afortunadamente, continuó Amparo, Mustafá me ha salvado,
+acometiendo a aquel hombre, y dándome tiempo para escapar; es verdad que
+el pobre ha sufrido un horrible bastonazo, y que yo he salido del lance
+herida...</p>
+
+<p>&mdash;¡Herida! exclamé.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; ¡el horrible viejo me seguía! las escaleras son estrechas y
+empinadas; caí, di con la cabeza en la barandilla, y casi me he roto una
+mano; pero al fin estoy aquí; aquí, con usted que me defenderá.</p>
+
+<p>No la pregunté más.</p>
+
+<p>¿Y para qué?</p>
+
+<p>Todo estaba explicado.</p>
+
+<p>Envié a Mauricio por un facultativo que se encargó de la curación de
+Amparo y de Mustafá.</p>
+
+<p>La herida de la cabeza de la niña, era leve, pero profunda y grave la de
+la mano.</p>
+
+<p>Mustafá tenía casi roto un hueso.</p>
+
+<p>Amparo se vio obligada a quedarse en casa.</p>
+
+<p>Dos horas después, cuando estuvo más tranquila, la dije:</p>
+
+<p>&mdash;No puedes volver a vivir con esa infame.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡Dios mío! ¡no! ¡imposible!</p>
+
+<p>&mdash;No puedes vivir tampoco conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; de ningún modo.</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco puedes vivir sola.</p>
+
+<p>&mdash;¡Dios mío! ¿y qué hacer?</p>
+
+<p>Y después de algunos instantes de triste silencio, añadió:</p>
+
+<p>&mdash;¡El convento! ¡es preciso! ¡preciso de todo punto!</p>
+
+<p>&mdash;No te daré el dote.</p>
+
+<p>&mdash;Me pondré a servir.</p>
+
+<p>&mdash;Y sirviendo, estarás expuesta a cada paso, a peligros como el de que
+has escapado milagrosamente hoy.</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero por qué cerrarme el refugio del claustro? exclamó llorando.</p>
+
+<p>&mdash;Si has de agitarte de ese modo, te dejo sola: agitándote,
+afligiéndote, puedes empeorar, tienes calentura, y sólo te he hablado
+porque estás en la casa de un soltero, porque es necesario evitar las
+interpretaciones. He pensado en que el padre Ambrosio podría adoptarte,
+ya que te repugna mi adopción.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡sí! ¡sí! exclamó.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es necesario que no seas gravosa al padre Ambrosio.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡Dios mío! ¡otra dificultad!</p>
+
+<p>&mdash;La dificultad está salvada. Entra en un colegio.</p>
+
+<p>Quedose Amparo pensativa, y al cabo me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mande usted llamar de mi parte al padre Ambrosio.</p>
+
+<p>Me dio las señas de la habitación del religioso, y Mauricio fue a
+buscarle.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Media hora después, un hombre alto, delgado, pálido, como de sesenta
+años muy modestamente vestido con ropas que demostraban un antiguo y
+continuo trato con el cepillo, entró lleno de ansiedad.</p>
+
+<p>Era uno de esos hombres que llevan el corazón en la cara.</p>
+
+<p>Un corazón todo sentimiento, todo dulzura, todo abnegación, todo
+caridad.</p>
+
+<p>Y en los ojos, la mirada inteligente y serena.</p>
+
+<p>Y en la frente, la severidad y la majestad de la virtud, la conciencia
+de sí misma.</p>
+
+<p>Me saludó con encogimiento, y me estrechó la mano con efusión.</p>
+
+<p>&mdash;Le conozco a usted, me dijo con la voz trémula; le conozco a usted
+mucho, aunque nunca le he visto hasta ahora.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también le conozco a usted, le contesté, encantado por lo simpático
+de su mirada, de su espontaneidad, de su palabra.</p>
+
+<p>Estrechó entre sus dos manos la mía, y sin disimular su impaciencia, me
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;¿Dónde está?</p>
+
+<p>Le señalé la alcoba, y los dejé en libertad de hablar.</p>
+
+<p>La conferencia fue larga, al fin el padre Ambrosio salió profundamente
+conmovido y me llegó la vez de demostrar mi impaciencia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Acepta? le pregunté.</p>
+
+<p>Se sentó en un sillón, sacó una caja de pasta negra, me ofreció un
+polvo, tomó otro, y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Nos encontramos en una situación sobre manera extraña: una joven,
+embellecida por Dios con cuantas virtudes pueden hacer respetable a una
+criatura, sola, pobre, desventurada, se encuentra entre nosotros dos;
+puesta primero, bajo la protección espiritual de un pobre exclaustrado,
+y amparada después, de una manera noble, desinteresada admirable, por un
+joven rico, viciado en el gran mundo, casi impío, pero que tiene un
+excelente corazón. Pero he dicho mal: nuestra situación no es extraña.
+¡Nos ha reunido la Providencia de Dios!</p>
+
+<p>&mdash;En efecto; en el conocimiento de nosotros tres, hay mucho de
+providencial, le dije, más por ser cortés con el buen exclaustrado, que
+porque yo creyese en la Providencia. Ya he dicho antes que en aquella
+época era yo impío.</p>
+
+<p>&mdash;¡Pues ya lo creo! dijo con el entusiasmo de un poeta el padre
+Ambrosio; mi vida era triste, llena de sufrimientos, llena de recuerdos,
+combatida por pasiones que había exacerbado la desgracia, y... si hace
+diez años, no hubiera encontrado a mi paso a esa niña que se arrastraba
+sobre sus manecitas en los corredores de la casa de vecindad donde me
+había llevado a vivir mi pobreza... Yo lo había perdido todo; parientes,
+amigos, afectos, hasta la paz de mi celda, de la cual me arrojaron las
+necesidades de la nación... la planta marchita y enferma que vegeta
+sobre un terreno ingrato, siente con delicia, y parece reanimarse al
+soplo de las auras de la mañana. Yo, muy semejante a una planta enferma,
+sentí una impresión de consuelo un día que, sentado al sol en la puerta
+de mi tabuco, sentí junto a mí, apoyando sus manecitas en mis rodillas,
+y sonriéndose (Dios me perdone) como deben sonreír los ángeles, una niña
+como de cuatro a cinco años.&mdash;Era Amparo.&mdash;Necesitaba afectos, y mi alma
+se volvió a aquella existencia pura, a aquella niña que estaba muy
+pobremente vestida, enflaquecida por el hambre. Supe que no tenía
+padres, que estaba en poder de una mujer de la misma vecindad, que la
+había encontrado en la calle. Y aquel desamparo en la infancia, aquella
+miseria en un ser tan débil, me hicieron concebir el mismo pensamiento
+que usted concibió cuando la encontró en medio de la noche recogiendo
+trapos. He hecho... cuanto he podido... en cambio, ella me ha dado
+acaso, la salvación de mi alma, porque estaba desesperado... y Amparo ha
+sido para mí un amparo de Dios, porque me ha obligado a amarla: porque
+amándola, he llenado mi corazón con un afecto, y he podido consolarme y
+esperar con resignación el fin de mi jornada.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que Amparo ha ejercido sobre mí una influencia muy semejante a la
+que ha ejercido sobre usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡sí! me ha bastado con lo que Amparo me ha dicho de usted, y con
+verle después una sola vez, para comprenderle: tiene usted el alma
+virgen, sedienta, cansada de un mundo donde no vive bien: hastiada de
+todo, escéptica, porque ha perdido la esperanza, y ha encontrado usted
+en Amparo algo de lo que buscaba y no había podido encontrar. ¡Lo ha
+encontrado usted de noche, recogiendo los despojos del lujo y de la
+miseria, teniendo por único amigo un perro, por único amparo Dios! Y
+porque tiene usted el alma virgen y llena de entusiasmo y de
+sentimiento, ha hecho usted lo que nadie hubiera hecho; y porque Dios
+quiere que crea usted en él, le ha presentado a usted de la manera más
+bella, el dulce consuelo de la expansión de la caridad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Que Dios quiere que crea en él? dije moviendo tristemente la cabeza,
+quisiera creer; envidio a los que creen. Y ya que como usted dice nos ha
+reunido la Providencia, sea usted mi misionero en buena hora. Le prometo
+escucharle y...</p>
+
+<p>&mdash;No seré yo quien haga a usted creer en Dios, me dijo solemnemente el
+padre Ambrosio, será ¡ella!</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡acaso! El afecto que me inspira es profundo. Pero dejando el
+terreno en que nos hemos metido, y en el cual tendremos lugar de volver
+a entrar, porque nuestro conocimiento será largo y nuestro trato
+frecuente, vengamos a la situación del momento. Mis proyectos respecto a
+Amparo, se reducen a arrancarla legalmente del dominio de esa mujer; yo
+había pensado adoptarla, pero soy demasiado joven y me ha parecido mejor
+que la adopte usted legalmente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡sí! después de lo que ha acontecido hoy a esa infeliz, yo la
+hubiera adoptado de todos modos.</p>
+
+<p>&mdash;Después quiero perfeccionar su educación, poniéndola a nivel de las
+jóvenes de nuestro gran mundo; casarla luego de una manera brillante a
+beneficio de un magnífico dote...</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos obrar a la Providencia, me interrumpió el exclaustrado; yo la
+adopto y acepto para ahora la protección de usted; y puesto que usted
+rechaza, como rechazo yo, la idea del claustro, que se la había metido
+de una manera tenaz en la cabeza, entré en buen hora en un colegio:
+afortunadamente soy confesor de un matrimonio muy digno; él es un
+antiguo y honrado cobachuelista; ella, antes de casarse, fue maestra de
+niñas en una ciudad de provincia, y hace algunos años, después de
+casada, tiene en Madrid un colegio de señoritas, que poco a poco ha ido
+desarrollándose y que es al fin uno de los más favorecidos. Esta es cosa
+concluida, aceptada. Ella lo resistía; pero yo que pienso que el mejor
+uso que puede hacer un hombre de su fortuna es favorecer a sus
+semejantes, la he convencido.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en ese caso, le dije, voy a principiar desde este momento.</p>
+
+<p>El padre Ambrosio se quedó en casa, autorizando en ella la presencia de
+Amparo y yo, después de informarme por ella de la habitación de la
+Adela, me fui a buscar al comisario de policía de su distrito.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Después de algunas soeces equivocaciones de este funcionario, respecto a
+mi interés por Amparo, a quien no se por qué, conocía, entré de lleno en
+la exposición del objeto que me llevaba por primera vez a tratar con
+tales gentes.</p>
+
+<p>Quería yo evitar de todo punto un ruidoso procedimiento judicial, para
+arrancar a Amparo del dominio de aquella malvada, y cuando el comisario
+me hubo escuchado, me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues es muy sencillo de hacer lo que usted desea; pero no deja de ser
+comprometido.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo; ¿se trata?...</p>
+
+<p>&mdash;De un abuso de autoridad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero cuando se abusa de la autoridad para el bien...</p>
+
+<p>&mdash;Se puede ir a presidio lo mismo que cuando se abusa para el mal.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabe usted mi nombre...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí señor: sé que la influencia de usted basta para sacarme de un
+atolladero... sin embargo...</p>
+
+<p>&mdash;Sé que deben recompensarse estos servicios, añadí sacando algunos
+billetes y poniéndolos sobre la mesa bajo mi mano.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es urgente la resolución de ese negocio? me dijo el comisario.</p>
+
+<p>&mdash;Urgentísima.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces haga usted que ese exclaustrado, ese padre Ambrosio, venga a
+verme al momento, y descuide usted; es asunto de dos horas; una renuncia
+de la adopción de <i>la Adela</i> sobre <i>la Amparo</i>; la adopción en forma de
+<i>ese fraile</i>; un testimonio de escribano, y... santas pascuas. Si la
+Adela resiste, con arreglo a la queja de usted, la llevo a la
+Galera<sup><span class="nota">[**]</span></sup>, y doy parte al gobernador. Pero no resistirá, yo se lo
+aseguro a usted; sé perfectamente cómo se hacen estas cosas: cuando se
+ha dado un paso en vago como el que ha dado esa mujer... cuando está
+ofendida la moral pública...</p>
+
+<p class="nota">[** Prisión de mujeres en Madrid. Nota para los que no
+conozcan la villa y corte.]</p>
+
+<p>&mdash;Bien, bien; ¿quedamos convenidos?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor. Envíeme usted <i>el fraile</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Le enviaré al momento. Adiós.</p>
+
+<p>&mdash;Servidor de usted, caballero.</p>
+
+<p>Salí dejando sobre la mesa del comisario algunos billetes de banco.</p>
+
+<p>No sé como el bueno del funcionario arregló el negocio, pero el
+resultado fue que la Adela renunció por ante escribano a todo dominio
+sobre Amparo, y el padre Ambrosio la adoptó con todas las formalidades
+prescritas por las leyes.</p>
+
+<p>Todo aquello se hizo en muy pocas horas.</p>
+
+<p>Amparo no pasó la noche en mi casa.</p>
+
+<p>Se la había trasladado en un coche, previo dictamen del facultativo, al
+colegio de que era directora doña Gregoria de... hija de confesión del
+padre Ambrosio.</p>
+
+<p>Me olvidaba decir que Mustafá había ingresado también en el colegio.</p>
+
+<p>Di orden a mi administrador general de que pagase a doña Gregoria mil
+reales mensuales por la pensión de Amparo, y aquel asunto quedó para mí
+enteramente concluido.</p>
+
+<p>La casualidad, según yo, o la Providencia Divina, según el padre
+Ambrosio, habían arrojado delante de mí un gran infortunio. Yo había
+cumplido con mi deber, según mis convicciones, y estaba tranquilo.</p>
+
+<p>Pero una vez satisfecho este deber, una vez pasada la novedad de mi
+aventura, comprendí que Amparo no era bastante para arrancarme del
+hastío; para reconciliarme con la vida.</p>
+
+<p>Esta decepción de mi esperanza me fue sumamente dolorosa.</p>
+
+<p>Amparo era para mí una obligación contraída que ningún sacrificio me
+costaba, porque yo era muy rico.</p>
+
+<p>No me había inspirado amor, sino caridad.</p>
+
+<p>La caridad estaba satisfecha, y había desaparecido el encanto.</p>
+
+<p>Es cierto que yo sentía hacia ella un afecto profundo; que me interesaba
+su porvenir... pero su porvenir estaba asegurado. Por otra parte, yo no
+tenía herederos forzosos; mis padres habían muerto cuando era muy joven,
+y podía nombrar a Amparo mi heredera universal.</p>
+
+<p>Ninguna dificultad, ningún interés representaba Amparo que me ligase a
+la vida.</p>
+
+<p>Me había galvanizado por un momento, haciéndome sentir, a mí, cadáver
+ambulante.</p>
+
+<p>Volvió mi tedio.</p>
+
+<p>Sin embargo, fui a verla todos los días mientras duró su enfermedad,
+luego algunas veces a la semana...</p>
+
+<p>Amparo se mostraba silenciosa, retraída, como cohartada, delante de mí.</p>
+
+<p>Yo veía en aquel encogimiento, orgullo, altivez, pesar de verse obligada
+a aceptar mis beneficios.</p>
+
+<p>Esto me disgustaba.</p>
+
+<p>Llegó un día en que creí que había sido un imbécil; que había ido,
+respecto a Amparo, más allá de donde debía.</p>
+
+<p>Hasta llegué a creer que el padre Ambrosio era un hipócrita, y doña
+Gregoria una mujer interesada.</p>
+
+<p>Cuando un hombre llega a disgustarse de la vida; cuando rompe el vínculo
+de afectos que le unen a la sociedad; cuando, en fin, llega a dudar de
+todo, o por mejor decir a no creer en nada... cuando se hace
+excéptico...</p>
+
+<p>Un excéptico es la calumnia viviente.</p>
+
+<p>Un excéptico es con suma facilidad malvado.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Dejé de ver a Amparo.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, el recuerdo de Amparo estaba fijo, siempre fijo en mi
+alma.</p>
+
+<p>Es que halago un sueño, decía yo.</p>
+
+<p>Y el sueño, o Amparo, se hacían más persistentes en mi pensamiento.</p>
+
+<p>Por entonces, mi tío el duque de... me llamó al pueblo, a donde, cansado
+como yo de todo, se había retirado.</p>
+
+<p>Fui y vi con asombro, que mi tío había tenido la fortuna de lograr
+crearse una familia <i>sui generis</i> con sus perros, sus patos, sus conejos
+y sus gallinas.</p>
+
+<p>Entraban en esta familia, las flores del jardín, y las legumbres de la
+huerta.</p>
+
+<p>Envidié con todo mi corazón a mi tío.</p>
+
+<p>&mdash;Te he llamado, me dijo, para un asunto de interés: cuando digo que es
+de interés el asunto, claro está que a quien interesa es a ti, porque a
+mí ya no me interesa nada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡sí por cierto! los perros, los patos, las gallinas.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo poder bastante para hacer completamente feliz la vida de esos
+animales: ellos por su parte me pagan cumplidamente, siendo mis
+cortesanos, y casi amándome: estoy seguro de que uno solo de mis perros
+me sea ingrato, y de que uno de mis conejos pretenda robarme o
+engañarme: las flores me recompensan de mis cuidados por ellas, dándome
+su fragancia y sus colores; y... en fin... y hablando formalmente,
+repito que nada me interesa en el mundo más que tú, que no me necesitas;
+y si no creyera en Dios y le temiera, hace mucho tiempo que... pero no
+hablemos de eso. El asunto que te interesa, consiste en que me suscitan
+dificultades a la posesión del mayorazgo que tengo en Italia.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué le importa a usted?</p>
+
+<p>&mdash;¡A mí! ¿pues no me ha de importar? ¿no eres tú mi heredero? ¿No sabes
+que la fuerza de mis rentas está en Italia?</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, ¿qué quiere usted?</p>
+
+<p>&mdash;Que vayas allá a ayudar con buenos patacones nuestro derecho, que de
+todo hay necesidad: te daré un poder en forma, y... estás delgado,
+pálido, hijo mío; vete a la hermosa Nápoles; enamora, gasta, distráete;
+temo que te me mueras como se me murió mi hermano... y mi temor es muy
+natural. ¡Diablo! eres lo único que queda de mi familia...</p>
+
+<p>&mdash;Iré a Nápoles, tío.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: hablemos ahora cuanto quieras, de mis patos, mis gallinas,
+mis conejos, mis perros y mis flores.</p>
+
+<p>Ocho días después, me despedí de mi tío y me puse en camino para Italia.</p>
+
+<p>Llegué, vi y vencí.</p>
+
+<p>Es decir, vi a los jueces, y reforcé mi derecho, o, por mejor decir, el
+derecho de mi tío, con tales razones, que quedaron allanadas todas las
+dificultades que se habían levantado contra su pacífica posesión de los
+bienes que tenía en Italia.</p>
+
+<p>Escribí a mi tío, participándole el buen resultado del negocio, y
+manifestándole que, no teniendo nada que hacer en España, iba a
+completar mis viajes yendo a Oriente.</p>
+
+<p>Mi tío me contestó enviándome libramientos por valor de algunos miles de
+duros, para que pudiese hacer el viaje como correspondía <i>a mi clase</i>.</p>
+
+<p>Me llevé conmigo a Mauricio, y...</p>
+
+<p>Aquí vendría bien una descripción detallada de lo que vi... pero yo no
+hacía mi viaje para instruirme, sino para distraerme, y no tomé un solo
+apunte, ni hice una sola pregunta.</p>
+
+<p>Me contentaba con ver, y el misterio de lo desconocido que siempre tenía
+ante los ojos, me distraía.</p>
+
+<p>Sin recibir una sola carta de Europa, sin escribir, sin leer un solo
+periódico europeo, estuve viajando por Oriente durante cuatro años,
+vistiendo, comiendo y viviendo como los naturales del país en que me
+encontraba, y permaneciendo en un lugar hasta que me cansaba de él.</p>
+
+<p>Y hubiera andado errante, sabe Dios cuanto tiempo, si no me hubiera
+quedado solo.</p>
+
+<p>Mauricio, el pobre Mauricio, me había abandonado.</p>
+
+<p>Y bien contra su voluntad por cierto.</p>
+
+<p>La bala de la espingarda de un griego de Missolongi, le había servido de
+medio para su último viaje.</p>
+
+<p>Para su viaje a la eternidad.</p>
+
+<p>¡Ya se ve! el bueno de Mauricio había conocido por una extraña
+casualidad a una hija del tal griego, que tenía los ojos más negros y
+más habladores del mundo, y, sin duda, por casualidad había encontrado
+también el medio de introducirse de noche en los jardines del griego.</p>
+
+<p>La casualidad hizo también que el padre se apercibiese de los amores de
+su hija con un extranjero, y... ya os lo he dicho: una bala fue a
+hospedarse en la cabeza de mi doméstico, que puesto en la calle por su
+matador, apenas tuvo tiempo para declarar... que después de haberle
+herido... el padre había extrangulado a su hija.</p>
+
+<p>Este drama me impresionó fuertemente, y escapé.</p>
+
+<p>Sin detenerme un solo día, sin pararme en ninguna parte, me trasladé a
+París.</p>
+
+<p>Esta población era para mí muy familiar, tenía en ella multitud de
+amigos y toda clase de medios para pasar la vida al galope por medio de
+placeres.</p>
+
+<p>Pero era el caso que los placeres no existían para mí.</p>
+
+<p>O por mejor decir, yo no existía para los placeres.</p>
+
+<p>¡Me hastiaba todo!</p>
+
+<p>La amistad me daba risa. El amor asco.</p>
+
+<p>Todos los hombres me parecían malos cómicos, que charlaban un papel
+aprendido de memoria.</p>
+
+<p>En cuanto a las mujeres... ¡las mujeres! las miraba con odio.</p>
+
+<p>«He allí, me decía, esa eterna mentira engalanada, que en todas partes
+ríe, que a todas partes lleva su hediondo misterio. He allí ese ser que
+se venga del hombre, extraviándole y degradándole, de la degradante
+posición del débil, a que el egoísmo del hombre le ha relegado. Ved la
+corrupción arrastrándose por los salones, coronada de rosas.»</p>
+
+<p>Yo era indudablemente injusto.</p>
+
+<p>¿Pero qué desgraciado no lo es?</p>
+
+<p>Yo había nacido para amar, y del amor sólo había encontrado la fórmula,
+la frase.</p>
+
+<p>Pero la realización, el hecho, tenía para mí el encanto de lo
+desconocido, de lo imposible.</p>
+
+<p>El amor para mí no era otra cosa que un sentimiento mitho.</p>
+
+<p>Hijo como todos los mithos, del entusiasmo, del sueño, en una palabra,
+de la poesía.</p>
+
+<p>El amor para mí era un idilio irrealizable.</p>
+
+<p>Las mujeres que hablaban de amor me irritaban: parecíanme los
+profanadores del templo que iban a vender a él sus mercancías.</p>
+
+<p>Amparo solía surgir de tiempo en tiempo, como una excepción entre el
+embrollado caos de mi escéptico pensamiento.</p>
+
+<p>Amparo, con toda su poesía, embellecida por su abandono, grata para mí,
+por la protección que la dispensaba.</p>
+
+<p>Pero ¿acaso mi escepticismo no había alcanzado también a ella?</p>
+
+<p>¿Acaso no la había creído una muchachuela picardeada en una casa de
+vecindad y amaestrada por un fraile hipócrita?</p>
+
+<p>¿Acaso no había huido de ella como quien huye de un peligro?</p>
+
+<p>Porque debo confesar, que desde el día en que almorzó conmigo, comprendí
+con terror que Amparo podría arrastrarme a un amor nuevo, desconocido
+para mí; y tanto más terrible, cuanto más accesible al amor estaba mi
+alma.</p>
+
+<p>No la había olvidado un solo momento: vivía dentro de mí, no podré
+deciros cómo; era una idea vaga, íntima, que se había asimilado a mi
+manera de ser, a la que me había acostumbrado, que me acompañaba
+siempre, que vivía conmigo.</p>
+
+<p>Pero indeterminada, misteriosa, monótona, muda con el mudismo de lo
+incomprendido, como una de esas inscripciones cuneiformes que los
+filólogos más profundos se esfuerzan en vano por descifrar.</p>
+
+<p>¿Qué representaba Amparo para mí?</p>
+
+<p>Un ser débil, o una estafadora que me explotaba a título de caridad.</p>
+
+<p>La duda es una cosa horrible.</p>
+
+<p>Cuando la duda se convierte en una idea fija... cuando queréis aclarar
+esa duda y no podéis... cuando el ser que esa duda os inspira ha logrado
+convertirse en la asimilación de vuestro deseo... cuando se ha
+constituido en vuestro recuerdo... ¡oh! esa duda... esa duda es la
+muerte de vuestra razón... esa duda os trae a una jaula de locos...</p>
+
+<p>Pero yo no dudo, no; ¡Dios mío! ¡yo no puedo dudar de ella! si dudo...
+no es de su virtud... no... no es de su pureza... dudaba... pero
+ahora... ahora, mi duda y mi locura es otra... yo pienso que Amparo no
+ha existido... yo pienso que Amparo sólo ha sido para mí un hermoso
+sueño de primavera... yo pienso que ha sido un fantasma soñado por mi
+deseo.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>He pasado muchos días, sin escribir en mis memorias.</p>
+
+<p>O, mejor dicho: hoy, antes de quedarme solo, cuando pensaba haber
+despertado de uno de esos sueños densos, en que nada se siente; sueño de
+tinieblas en que nada se ve; sueño que es la negación de la existencia y
+del que se despierta, antes de acabarse de dormir, espeluznados,
+estremecidos, fríos como si se hubiera sentido el contacto de la mano
+de la muerte; cuando sólo creí, repito, despertar de un sueño horrible,
+me han dicho que he estado un mes delirando, furioso, nombrando a
+Amparo, amenazándola, apostrofándola, insultándola, prodigándola los
+epítetos más degradantes.</p>
+
+<p>Yo no recuerdo nada de esto.</p>
+
+<p>Me he mirado al espejo y he visto...</p>
+
+<p>¡Oh! el aspecto de mi miseria me ha hecho llorar.</p>
+
+<p>Mi llanto ha sido una elegía muda a mi destrucción.</p>
+
+<p>Porque yo soy una ruina.</p>
+
+<p>El espejo, que no miente, me lo ha dicho.</p>
+
+<p>Y luego, hay en mis ojos una cosa que me espanta; algo de fuego
+recóndito allá lejos, muy lejos, en la inmensidad, en lo infinito,
+dentro del foco de mi mirada.</p>
+
+<p>Mis cabellos están blancos y rígidos, mi piel árida y arrugada, mi boca
+contraída.</p>
+
+<p>Y luego estoy flaco, muy flaco.</p>
+
+<p>Debajo de mi piel, que me viene muy ancha, se pueden contar mis
+ligamentos y mis arterias.</p>
+
+<p>¡Ah! sin duda estoy loco... ¡loco!</p>
+
+<p>¡Bah! no hay que afligirse por eso.</p>
+
+<p>Yo creo que el mundo no es otra cosa que un gran hospital de locos que
+se comprenden y que se despedazan, comprendiéndose, y que sólo se
+encierran en hospitales más pequeños a los locos a quienes no comprende
+nadie... o acaso, acaso, llame el mundo locos a los que tienen razón.</p>
+
+<p>La verdad es que yo veo continuamente hombres que se creen muy cuerdos y
+a mí me parecen los más rematados.</p>
+
+<p>Me causan risa y lástima.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>No me acuerdo de lo que he hecho o dicho durante ese mes.</p>
+
+<p>Sí, indudablemente ha pasado un mes, sin que yo le sienta pasar.</p>
+
+<p>Ayer el rosal que tengo en mi ventana, estaba cubierto de rosas; hoy las
+rosas están muertas, deshojadas... sólo las queda el pétalo negro y
+seco.</p>
+
+<p>Ayer me trajeron un nido de ruiseñores.</p>
+
+<p>Estaban triponcillos y desnudos; tenían hambre, y abrían, piando en
+coro, unas desmesuradas bocas amarillas: hoy están enteramente cubiertos
+de su plumaje pardo, saltan en la jaula, y ensayan sus primeros trinos.</p>
+
+<p>Ayer mi cuadrante marcaba el mediodía natural a las doce y tres minutos
+y hoy le marca a las doce y treinta y tres.</p>
+
+<p>Ha pasado un mes en que no he vivido.</p>
+
+<p>Un mes, en que el no ser me ha envejecido veinte años.</p>
+
+<p>Ayer aún era joven: hoy soy ya anciano.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¡Ah! ya me acuerdo... ya comprendo.</p>
+
+<p>Vivo yo en un pequeño aposento; en este aposento hay algunos muebles muy
+sencillos.</p>
+
+<p>En este aposento hay una reja que da sobre un jardín... sobre un
+pobrecillo jardín descuidado, en que las malvas locas se extienden
+libremente, y que es mi pequeño mundo.</p>
+
+<p>Hay además una puerta muy fuerte, que tiene una rejilla muy espesa.</p>
+
+<p>Esta puerta da a un pasadizo oscuro, por donde entran, como por una
+cerbatana, gritos estridentes, alaridos, bramidos, imprecaciones,
+carcajadas, cantares, ruidos; son de cadenas que se arrastran,
+chasquidos de puertas que se cierran, una tempestad continua de sonidos
+discordantes, secos, desentonados, agudos, horribles; algunas veces, de
+noche, muy tarde, suele avanzar, jadeante y cansado, por decirlo así, un
+canto triste, dulce, suspirante, siempre el mismo, cuyas palabras, no
+se entienden, pero cuyo sentimiento se adivina; canto con el que vuela
+por la estrecha crujía, apagándose, perdiéndose, gastándose al rozar las
+paredes, el alma de un ser que llora cantando: suave oleada que se
+escapa de un océano de sentimiento, y que acaricia mi alma y la
+consuela.</p>
+
+<p>He preguntado de qué cuerpo se exhalaba aquella alma, y me han dicho:</p>
+
+<p>&mdash;Es una pobre mujer que ha perdido a su esposo y a su hija, y se ha
+vuelto loca.</p>
+
+<p>Yo amo a esa loca.</p>
+
+<p>Quisiera saber su historia.</p>
+
+<p>He ofrecido dinero, todo el que quiera, al que me traiga la historia de
+esa loca, y ha sido en vano.</p>
+
+<p>La infeliz ha concentrado, ha sintetizado, ha simbolizado su historia en
+esa melodía inventada por ella; en ese eterno canto sin palabras... y no
+sabe más.</p>
+
+<p>No pudiendo conocer su historia, quise conocerla a ella.</p>
+
+<p>Ofrecí, compré la realización de mi deseo, y me sacaron de mi tumba,
+para llevarme a otra tumba... más pequeña, más oscura, más horrible.</p>
+
+<p>Allí, replegada en un rincón, medio desnuda, temblando de frío, había
+una mujer.</p>
+
+<p>Una joven con los cabellos canos...</p>
+
+<p>Una ruina como yo...</p>
+
+<p>Sin embargo, mis ojos vieron su hermosura... aquella mujer debió tener
+los cabellos negros y brillantes, y los ojos negros y llenos del fuego
+del amor.</p>
+
+<p>La miré, me miró, se arrancó de su rincón, y se vino a asir los hierros
+de su jaula.</p>
+
+<p>Me contempló con fijeza, se sonrió, y me dijo:</p>
+
+<p>¡Tú también!</p>
+
+<p>Y luego se volvió a su rincón, y entonó su eterna melodía.</p>
+
+<p>Y entonces, cerca de mí, a mis espaldas, me estremeció una voz de mujer.</p>
+
+<p>Aquella voz había pronunciado, conmovida y trémula, una palabra de
+conmiseración para la pobre loca.</p>
+
+<p>Aquella voz me hizo temblar; me volví y vi delante de mí una mujer, un
+viejo y un niño.</p>
+
+<p>Y la mujer... ¡oh Dios mío! la mujer lanzó al verme un grito horrible, y
+yo... yo... hace un momento que despierto... hace un momento que
+recuerdo...</p>
+
+<p>¡Era ella!... ¡Amparo!... ¡viva!... ¡al lado de otro hombre!... ¡delante
+de mí!...</p>
+
+<p>¡Oh! ¡es imposible! ¡imposible de todo punto! ¡mi razón perturbada por
+la vista de aquella loca infeliz!...</p>
+
+<p>Pero el acento de aquella mujer, reposado, grave, sonoro...</p>
+
+<p>Y sus ojos, y su frente, y sus cabellos...</p>
+
+<p>Y su terror al verme...</p>
+
+<p>¡Oh! ¡no! ¡no puede ser! un acento parecido... un terror natural en
+ella... porque yo, al escuchar aquel acento, me volví amenazador,
+terrible, a la persona que lo había producido...</p>
+
+<p>No, no podía ser Amparo.</p>
+
+<p>Los muertos no se levantan de su tumba.</p>
+
+<p>Indudablemente no era ella, como no es ella ese blanco fantasma que veo
+algunas veces durante mi delirio de pie e inmóvil junto a mi lecho.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Acabé de fastidiarme en París.</p>
+
+<p>Más aún, empecé a sentir un deseo punzante de ver a Amparo.</p>
+
+<p>Como estaba acostumbrado a hacer mi voluntad, apenas el deseo de verla
+se me hizo exigente; me puse en camino.</p>
+
+<p>Llegué a Madrid, y como había alentado una ilusión acaso para entretener
+mi hastío, y esta ilusión era la atmósfera en que vivía, sin tomarme más
+tiempo que el necesario para lavarme y mudar de traje me presenté en el
+colegio.</p>
+
+<p>Salió a abrirme una persona desconocida, que me miró con extrañeza.</p>
+
+<p>&mdash;¿Doña Gregoria...? dije.</p>
+
+<p>&mdash;No vive aquí, me contestó la criada y me dio con la puerta en las
+narices.</p>
+
+<p>¡No vivía allí! sin embargo, yo no me había equivocado; era la misma
+casa.</p>
+
+<p>Salí dudando, y miré a los balcones del cuarto principal.</p>
+
+<p>Allí estaba la muestra, la antigua muestra del colegio, una Minerva
+coronando a una niña.</p>
+
+<p>Sin embargo, allí no vivía doña Gregoria.</p>
+
+<p>El acento con que la criada me había contestado, demostraba claramente
+que no la conocía.</p>
+
+<p>Acaso había dejado la enseñanza y traspasado el colegio; ¿quién sabe?</p>
+
+<p>Volví a subir la escalera y llamé.</p>
+
+<p>Se abrió la puerta y... un perro viejo, lanudo, Mustafá, en una palabra,
+se abalanzó a mí, loco de alegría, ladrando, ahullando, gruñendo,
+saltando... había encontrado al fin un amigo... había encontrado a
+Amparo.</p>
+
+<p>Sin hablar ni una palabra a la criada que me miraba con asombro, seguí a
+Mustafá que en medio de sus caricias se dirigía hacia el interior.</p>
+
+<p>En aquel momento escuché el preludio de un piano.</p>
+
+<p>¿Qué había de misterioso en aquel sonido que penetraba en mi alma, que
+me traía algo del alma de Amparo?</p>
+
+<p>Porque yo no dudaba de que ella era la que producía aquel sonido...</p>
+
+<p>Hay, sin disputa, en nosotros, un sentido íntimo, una intuición
+poderosa, sabia, que nunca se engaña, que nos habla continuamente, que
+nos avisa, que nos dirige, que nos ilumina, que es la inspiración del
+poeta, el fuego del entusiasmo, la adivinación, y al mismo tiempo la
+razón, la percepción de que no está al alcance de nuestros sentidos.</p>
+
+<p>Y esta intuición, este fenómeno de nuestro ser, no comprendido aún, me
+decía:</p>
+
+<p>«Ella es la que produce esa armonía sentida, dulce, lánguida; esa
+armonía que gime; esa exhalación; de un alma que sufre y llora como sólo
+puede sufrir y llorar Amparo, de una manera dulce, resignada, poética:
+esa es su alma trasmitida por sus dedos a las cuerdas de un
+instrumento.»</p>
+
+<p>Y contuve con un ademán a la criada que iba a anunciarme, y con una
+caricia acallé las ruidosas manifestaciones de alegría de Mustafá.</p>
+
+<p>La criada permaneció inmóvil y admirada en el lugar en que se
+encontraba, y Mustafá, como si me hubiera comprendido, calló y se
+encaminó a la puerta de la sala, en la cual se sentó, dirigiendo
+alternativamente sus miradas a la persona que había dentro y a mí.</p>
+
+<p>El piano continuaba lanzando magníficas pero fugitivas armonías, como si
+obedeciese a una mano distraída, pero maestra: yo me acercaba todo
+conmovido, trémulo, desconcertado hacia el lugar de donde partía el
+sonido, y como si aquel sonido hubiera sido el medio de una atracción
+irresistible.</p>
+
+<p>Al fin aquellas armonías desordenadas, inconexas, no escritas, emanadas
+por sí mismas, sin conciencia de quién las producía, se ordenaron, se
+desarrollaron, crecieron, interpretando un magnífico canto de
+sentimiento, y luego una voz de mujer, como yo no había oído jamás, tan
+extensa, tan grave, tan dulce, tan elocuente, tan pura, cantó.</p>
+
+<p>Yo no sé lo que cantó: cuando el sentimiento se desarrolla, cuando
+domina, cuando inunda todo nuestro ser, la razón calla: yo no apreciaba,
+yo no comparaba, sentía, y aquel sentimiento me dominaba, me arrastraba
+hacia la mujer que producía en mí aquel sentimiento.</p>
+
+<p>Cuando llegué a la puerta me detuve y lancé al interior una mirada
+ansiosa: sentada de espaldas a mí, delante de un piano estaba una mujer.</p>
+
+<p>Seguía cantando.</p>
+
+<p>Yo me acerqué silenciosamente, atravesé la habitación y quedé de pie,
+inmóvil, detrás de ella.</p>
+
+<p>Ella continuó cantando; pero de repente, como si mi ser se hubiera hecho
+sentir del suyo, a pesar de que no me veía, de que no la tocaba, de que
+no producía el menor ruido, de que contenía mi respiración, volvió la
+cabeza y me miró de una manera profunda, tranquila, con una de esas
+largas miradas que sólo duran un momento, y luego espiró el sonido del
+piano, y ella se puso pálida, contuvo un grito, se levantó y quedó
+inmóvil delante de mí.</p>
+
+<p>Por un momento ni ella ni yo hablamos.</p>
+
+<p>Yo la contemplaba.</p>
+
+<p>Nunca había visto tan soberana hermosura; nunca tanta majestad y tanta
+sencillez: estaba fascinado, trémulo, y sin embargo yo no conocía a
+aquel ser divino, a aquel ser a quien no me atrevo a llamar mujer.</p>
+
+<p>No, no la conocía: era para mí enteramente nueva.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! perdone usted&mdash;la dije,&mdash;me he equivocado... buscaba...
+dispénseme usted... a los pies de usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Buscaba usted a Amparo!&mdash;me dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí... en efecto, una joven...</p>
+
+<p>&mdash;Que encontró usted hace seis años a media noche en la calle...</p>
+
+<p>Y los ojos de la joven se llenaron de lágrimas...</p>
+
+<p>&mdash;¡Amparo!&mdash;exclamé, reconociéndola al fin.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, yo soy Amparo&mdash;me contestó dominándose y sonriendo tristemente; yo
+soy su protegida de usted.</p>
+
+<p>Y calló, me indicó el sofá, y fue a sentarse junto a él en un sillón.</p>
+
+<p>Seguimos guardando silencio por algún tiempo.</p>
+
+<p>Yo la contemplaba con asombro.</p>
+
+<p>Quisiera poder describirla.</p>
+
+<p>Pero es imposible.</p>
+
+<p>Sólo puedo daros una descripción incompletísima; yo sólo puedo deciros
+que era una joven de veinte años, alta, esbelta, admirablemente formada,
+con ojos negros, grandes, brillantes, hermosos hasta lo infinito; frente
+blanca, tersa, pura como el marfil; vamos: es imposible, lo veo: a una
+mujer hermosa se la pinta, no se la describe, y aún pintándola, por más
+que el retrato sea obra de un gran artista, sólo tendréis el remedo,
+porque faltará allí la vida; porque una fisonomía no se reproduce en un
+solo rasgo, en una sola manifestación; porque no pueden fijarse,
+reproducirse las ondulaciones del alma; esa sonrisa a la que sucede una
+gravedad triste, esa mirada anhelante que vacila y tiembla delante de
+vuestra mirada y se aparta de vos para volver a buscaros, ya más serena
+más cauta, rehecha de la primera impresión; esa boca entreabierta y pura
+que deja escapar un hálito ardiente y entrecortado; ese seno que se
+alza y se deprime obedeciendo a ese hálito; no, no; el pintor sólo puede
+reproducir el alma en un momento dado, y el alma, que es la luz del
+semblante, no se reproduce, no se manifiesta en una sola sensación... es
+imposible que yo pueda daros una idea de Amparo.</p>
+
+<p>Lo que sí puedo deciros es que estaba completamente transformada: sólo
+conservaba de lo que había sido, la cicatriz de la herida que se había
+hecho en la mano derecha al huir de la infamia: por lo demás los
+gérmenes morales y físicos que en ella existían cuando yo salí seis años
+antes de Madrid, se habían desarrollado: en lo moral no era ya pobre
+muchacha de maneras humildes, viva y tímida a un tiempo, recelosa y
+confiada, conocedora sólo de la miseria y resignada por un instinto de
+fuerza a su pobreza: era en el aspecto una dama en la que nada podía
+echarse de menos, ni las maneras sueltas, dignas y sin afectación del
+gran mundo, ni el gusto más exquisito en el traje, ni la posesión de sí
+misma, ni la ausencia de toda afectación, de todo encogimiento: quedaba
+siempre en ella la mirada lúcida, anhelante; la dulce palidez, la
+triste sonrisa, la expresión melancólica y profundamente resignada; pero
+no era aquella la resignación que se refiere a los dolores físicos, a
+las privaciones, al trabajo, a la carencia de todo lo necesario: era una
+resignación más terrible, porque se refería al infortunio del alma; a la
+carencia de esas expansiones, sin las cuales un ser humano no es otra
+cosa que un cadáver a quien su propio cuerpo sirve de ataúd ambulante.
+En lo físico la transformación había sido también maravillosa: había
+crecido: sus formas antes flacas se habían redondeado, modelado,
+armonizado, dulcificado hasta lo infinito: se desprendía de ella tal
+fuerza de vida, su piel era tan intensamente blanca, tan sedosa, tan
+bellamente pálida, con una palidez nacarada; sus cabellos eran tan
+negros, tan brillantes, tan ricos, que su peinado parecía estar hecho
+por un escultor griego sobre ébano; las cejas negras y las pestañas
+negras también, espesas, convexas, dando fuerza con su sombra a su
+mirada, velándola, amortiguando su brillo; su boca pequeña, de color
+vivo, fresco y puro; el corte general de la cabeza, lo esbelto del
+cuello, lo redondo de los hombros, la altura virginal del seno, y los
+brazos que se veían entre los encajes de una bata de seda a listas, la
+suelta plegadura de esta bata que revelaba la ausencia de esos
+ahuecadores con que las raquíticas mujeres de nuestros días encubren la
+flacura de sus formas, todo esto la daba una fuerza de voluptuosidad
+irresistible, y para aumentar esta voluptuosidad, se desprendía de ella,
+de su expresión, de sus miradas, de su actitud, tal perfume de castidad,
+que era necesario creer que su cuerpo como su alma estaba virgen.</p>
+
+<p>Y sin embargo, aquella boca entreabierta y suspirante, aquella mirada
+vaga y tímida, aquella palidez mate, revelaban que en ella ardía el
+fuego sagrado; que estaba ansiosa de amor.</p>
+
+<p>¿Pero a quién podía amar Amparo?</p>
+
+<p>¿Dónde el ser que pudiera llenar aquella alma tan entusiasta, tan
+apasionada por lo bello, que se remontaba en sus aspiraciones al cielo y
+vivía con pena en la tierra.</p>
+
+<p>¿Dónde el alma en que pudiera reclinarse, confundirse, vivir aquella
+alma desterrada?</p>
+
+<p>Porque estas aspiraciones y estas necesidades de su alma estaban
+impresas sobre el semblante de Amparo.</p>
+
+<p>Y fue tan franca en los primeros momentos de nuestra vida la expresión
+de aquel semblante, que comprendí que Amparo amaba, que amaba con toda
+su alma y que amaba sin esperanza.</p>
+
+<p>Y al comprender esto sentí al mismo tiempo celos y remordimientos.</p>
+
+<p>Celos porque no era yo el hombre a quien ella amaba.</p>
+
+<p>Remordimientos porque, elevando su educación, había elevado su espíritu,
+la había aumentado sus aspiraciones, y la había hecho por consecuencia
+infeliz.</p>
+
+<p>Porque a pesar de su magnífica hermosura, ni tenía nombre ni dote.</p>
+
+<p>Amparo era una expósita; Amparo sólo tenía necesidades.</p>
+
+<p>¡Y es tan positivista el siglo <span class="smcap">xix</span>!</p>
+
+<p>En otros tiempos la hermosura y la virtud podrán haber sido un magnífico
+dote: hoy el dote está sobre la virtud y sobre la hermosura: los viejos
+son los únicos que se casan con las mujeres jóvenes, honradas y bonitas.</p>
+
+<p>El siglo <span class="smcap">xix</span>, bajo cualquiera faz que se le mire, es el siglo de la
+sangre y del lodo.</p>
+
+<p>El siglo de la compraventa.</p>
+
+<p>El siglo del incesto y del adulterio.</p>
+
+<p>El siglo corruptor y corrompido.</p>
+
+<p>El siglo en que la acepción de las palabras más notables está viciada.</p>
+
+<p>El siglo en que todo es mentira menos el dinero.</p>
+
+<p>¡Qué podéis esperar de un siglo en el cual el que invoca con entusiasmo
+la patria, el amor y la fraternidad, o lo que es lo mismo la caridad, se
+pone en ridículo!</p>
+
+<p>¡De un siglo en que...!</p>
+
+<p>El siglo <span class="smcap">xx</span> hará la historia del siglo <span class="smcap">xix</span>.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¿Qué podía esperar Amparo?</p>
+
+<p>Una vida de sufrimiento.</p>
+
+<p>Porque Amparo tenía la desgracia de flotar, soñando, en alas de su
+entusiasmo, en una región a la cual sólo podía alzarse su deseo.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Todo lo que acabo de apuntar lo observé, lo comparé, lo pensé, lo deduje
+en un momento en que estuvimos callando, ella turbada con la mirada
+baja, y yo contemplándola absorto y enamorado.</p>
+
+<p>Sí, enamorado, y enamorado como un loco.</p>
+
+<p>Sin embargo, un mismo pensamiento, sin duda, nos hizo ponernos la
+máscara de la conveniencia.</p>
+
+<p>Yo creí que debía apelar a toda mi fuerza de espíritu para mostrarme con
+ella en la verdadera posición en que podía colocarme: esto es, en la
+posición que me encontraba seis años antes.</p>
+
+<p>Amparo debía ser siempre para mí la misma: una protegida a quien yo
+dispensaba cuanta protección debía de una manera enteramente
+desinteresada: lo demás me parecía repugnante.</p>
+
+<p>Y ella... ella levantó al fin los ojos. Su semblante no mostraba más
+expresión que la del respeto, la del agradecimiento: era la misma niña
+de seis años antes, pero hermosa, hermosísima, con un traje de seda, en
+una habitación amueblada con gusto y confiada y tranquila a mi lado,
+como si se hubiera tratado de su padre.</p>
+
+<p>Pero se transparentaba bajo aquella tranquilidad algo de doloroso: se
+comprendía que la careta la hacía daño.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con que hasta tal punto me había olvidado usted&mdash;me dijo
+sonriendo&mdash;que no me ha reconocido?</p>
+
+<p>&mdash;Se ha transformado usted de una manera completa&mdash;le contesté.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que quien se ha transformado es usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo! no por cierto, siempre el mismo, se lo juro a usted.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y ese <i>usted</i>? ¿ese encogimiento...? Yo... yo soy siempre la misma:
+siempre contenta, siempre amándole a usted, siempre dando gracias a Dios
+por el bien que me ha hecho...</p>
+
+<p>&mdash;Me parece, Amparo&mdash;la dije conmovido&mdash;que sufres, que no eres feliz,
+que estás contrariada.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ya vuelve usted a ser el que era: el <i>usted</i> me hacía daño: por
+lo demás veamos lo que soy: una muchacha que en vez de vivir en un
+tabuco, vive en un bonito cuarto: que viste seda y que borda, cose,
+canta, atormenta un piano y enseña lo que se enseña en España en un
+colegio. Esta es toda la diferencia: por lo demás, pienso hoy de la
+misma manera que pensaba el día en que almorcé con usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Te acuerdas!</p>
+
+<p>&mdash;Sí me acuerdo. Y en prueba de mi buena memoria: ¿continúa usted
+cansado de la vida? ¿No espera usted nada? ¿No desea usted nada?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh!&mdash;la contesté:&mdash;nada espero, nada deseo...</p>
+
+<p>&mdash;Y en esos largos viajes...</p>
+
+<p>&mdash;Sólo he encontrado motivo para hastiarme más.</p>
+
+<p>&mdash;¡Siempre el mismo! ¡Siempre sin esperanza! exclamó de una manera
+particular, y sin que por su acento pudiera yo conocer su intención.</p>
+
+<p>&mdash;Esto en mí es una enfermedad incurable, la dije: tratemos de ti... y
+tú... ¿qué esperas? ¿qué deseas?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... me contestó mirándome fijamente, pienso como pensaba hace seis
+años.</p>
+
+<p>&mdash;¡No recuerdo!</p>
+
+<p>&mdash;Pienso buscar la paz y la felicidad en Dios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡vuelves a lo del convento!</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es extraño... ¿No amas?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es imposible. Una joven como tú...</p>
+
+<p>&mdash;Una joven como yo... que no se pertenece; que sólo puede dar a un
+hombre inconvenientes; que no tiene apellido para sus hijos, no se casa
+y una mujer como yo cuando no piensa casarse no ama.</p>
+
+<p>&mdash;El amor es un sentimiento: no se ama porque se quiere amar.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; concedido: comprendo que se ama porque se ama. Pero he tenido
+la suerte de no enamorarme.</p>
+
+<p>&mdash;De seguro no habrá faltado...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué importa? yo me he guardado muy bien de amar.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... lo que yo quería está ya conseguido: eres toda una dama...</p>
+
+<p>&mdash;Sí, es verdad, soy directora de un colegio, y salgo todos los días a
+dar lecciones de lenguas.</p>
+
+<p>&mdash;Pero y bien... este siglo no mira más que las apariencias: acepta un
+dote cuantioso; cierra el colegio...</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Es que quiere usted comprarme un marido!</p>
+
+<p>La contestación de Amparo, aunque pronunciada en medio de una alegre
+risa y con gran ligereza, tenía un fondo de dolor y de dignidad ofendida
+que no podían desconocerse.</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos más de eso; la dije: harás lo que quieras, todo menos ser
+monja. Hablemos de otra cosa. ¿Qué se ha hecho de doña Gregoria?</p>
+
+<p>&mdash;Ha muerto hace dos años, me contestó tristemente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Pobre mujer!</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto; murió con la resignación de una cristiana entre mis
+brazos.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y su marido?</p>
+
+<p>&mdash;Está empleado en provincias.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el padre Ambrosio?</p>
+
+<p>&mdash;Sigue viviendo en su casa de vecindad.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tú?... ¿cómo estás al frente del colegio?</p>
+
+<p>&mdash;Antes de que muriera doña Gregoria lo estaba ya. Había sufrido un
+examen, y al morir doña Gregoria, era necesario cerrar el
+establecimiento o encargarme yo de él... Entonces, el bueno de D. Tomás
+se convino a que se le pagasen los muebles, y... en dos años nada le
+debo; estoy establecida... soy independiente, tengo un pequeño
+capital... lo que basta para mi dote... y ya que usted ha venido, me voy
+al claustro... decididamente... me voy a buscar la paz.</p>
+
+<p>&mdash;Es que yo no quiero.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y qué quiere usted que haga? ¿Cuál es su voluntad de usted? ¿Quiere
+usted que me case? Me casaré. Pero me casaré con un pobre.</p>
+
+<p>&mdash;No, no es eso...</p>
+
+<p>&mdash;Pues el convento...</p>
+
+<p>&mdash;El colegio...</p>
+
+<p>&mdash;Una soltera sola no está bien en el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y te casarías sólo por darme gusto?</p>
+
+<p>&mdash;No me pertenezco: usted es mi padre: mi amor y mi agradecimiento me
+mandan obedecer a usted: si así no fuera, hace mucho tiempo que habría
+tomado un partido cualquiera. Pero no quise tomarle sin conocimiento de
+usted. Y como no sabía donde usted se encontraba... como durante seis
+años no ha escrito usted una sola carta...</p>
+
+<p>&mdash;¿Y para qué?</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué? Para que yo no hubiese tenido ansiedad, para que yo hubiese
+estado tranquila.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! El no saber de mí...</p>
+
+<p>&mdash;Hubiera sido una infame si no me hubiera interesado la suerte de
+usted. Le amo a usted como amaría a mis padres... y mire usted...</p>
+
+<p>Y Amparo se levantó y abrió la puerta de un gabinete.</p>
+
+<p>&mdash;Allí no entra nadie más que yo, dijo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y aquella luz? la pregunté señalando una que ardía delante de una
+Virgen de los Dolores pintada al óleo.</p>
+
+<p>&mdash;Esa luz arde delante de la Virgen desde el día en que usted salió de
+Madrid.</p>
+
+<p>Y entonces los ojos de Amparo se llenaron de lágrimas.</p>
+
+<p>No sé si hubiera cometido alguna imprudencia, porque en aquel momento
+sonó una campana.</p>
+
+<p>&mdash;Adiós&mdash;me dijo tendiéndome una mano&mdash;es la hora de comer y mis niñas
+me esperan. Vuelva usted.</p>
+
+<p>Salí enamorado y desesperado.</p>
+
+<p>Enamorado porque Amparo hablaba a mi corazón, a mi voluptuosidad, a mi
+razón; desesperado porque nada había visto en Amparo más que una
+ardiente expresión de agradecimiento. Amparo parecía enamorada de un
+imposible. Yo por mi parte había tenido bastante sangre fría para no
+hacerla sospechar el verdadero interés que me inspiraba.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Volví a mi casa preocupado, dominado por el efecto que había causado en
+mí la vista de Amparo.</p>
+
+<p>Pretendí formar una idea exacta acerca del sentimiento que me inspiraba:
+al recordar su mirada, opaca, llena de una vida ardiente, su sonrisa
+triste, amarga en medio de su resignación, sus encantos uno por uno, y
+después el magnífico conjunto de aquellos detalles admirables: el no sé
+qué misterioso, vago, indefinible que emanaba de sus miradas, de su
+sonrisa, de su acento, de su actitud, de todo su ser, de su alma
+exhalada siempre en una manifestación sentida, dulce, extremadamente
+simpática, mi corazón me decía inflamado de un ardor desconocido para
+mí:</p>
+
+<p>&mdash;Necesito que sea mía, enteramente mía.</p>
+
+<p>Y al expresar mi corazón la devorante necesidad de poseerla, mi razón me
+gritaba severa:</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario que sea tu esposa.</p>
+
+<p>De la misma manera que no he podido describiros a Amparo, no puedo
+haceros comprender de qué manera la deseaba, de qué manera la amaba.</p>
+
+<p>La deseaba como jamás había ansiado otra mujer. Parecíame que las
+mujeres con las cuales había estragado mi corazón y mis sentidos eran de
+otra especie que Amparo: me parecía que Amparo era la mujer... ella sola
+la mujer: esa mitad preciosa de la vida del hombre; la compensación de
+su fatiga, la alegría de sus pesares, el aliento de su corazón, la mitad
+del cuerpo y del alma de nuestro hijo, de ese dulce punto de unión donde
+van a confundirse en una dos existencias; la mujer con la cual nos
+identificamos, que siente con nosotros como nosotros sentimos con ella;
+que sufre cuando sufrimos; que goza cuando gozamos; que se muestra
+orgullosa por pertenecernos, y fuerte por nuestra fuerza; que asida de
+nuestro brazo se encamina tranquila a la tumba, y muere contenta y feliz
+si en su lecho de muerte se ve rodeada del amor de una familia en la
+cual se mira multiplicada, joven, fuerte, hermosa como en los días de su
+juventud.</p>
+
+<p>Yo al desear a Amparo, deseaba la familia... yo quería rodearme de esos
+testimonios de la inmortalidad humana que se llaman hijos. (Porque yo
+entonces, vuelvo a repetirlo, era impío y no podía referirme a la
+inmortalidad sino refiriéndome a la maldad.) Yo necesitaba, en fin, la
+piedra del hogar, consagrado por el amor y por la virtud.</p>
+
+<p>La amaba... voy a procurar deciros las manifestaciones íntimas del amor
+que me inspiraba Amparo.</p>
+
+<p>Era un amor, ni todo espíritu, ni todo materia. Era un amor humano: el
+amor del hombre hacia la mujer: una atracción incontrastable me
+arrastraba en mi pensamiento a confundirme con ella: parecíame sentirla
+engrandeciendo mi ser, absorbiéndose enteramente su cuerpo y su alma,
+respirando en su aliento, latiendo en su corazón, viviendo en su vida...
+¡Oh! El lenguaje humano es miserable... no tiene palabras para el
+sentimiento, es impotente para traducir el alma. Yo la amaba como a mí
+mismo, más que a mí mismo: la amaba hacía mucho tiempo: para conocer que
+la amaba necesité verla en el esplendor de su hermosura, en el lujo de
+su transformación, y entonces comprendí que yo no estaba hastiado sino
+sediento; que en mí no había muerto nada; que mi vida había pasado entre
+un marasmo fatigoso producido por el lodo del mundo en que hasta
+entonces me había revolcado.</p>
+
+<p>Aquella transición de la trapera a la dama, de la niña a la mujer,
+transición para mí violenta puesto que alejado de ella durante seis años
+no había podido asistir a la elaboración lenta, gradual, lógica de
+aquella transformación; fue para mí...</p>
+
+<p>Suponed por un momento que el sol no existe: que sólo os alumbra una luz
+artificial: que habéis recorrido el mundo armado de una linterna,
+tropezando aquí, cayendo allá, buscando no sé qué quimera de vuestro
+pensamiento; que habéis aplicado la luz de vuestra linterna al semblante
+de todo el que habéis encontrado, y habéis visto un rostro repugnante
+del cual habéis apartado los ojos con hastío; que habéis seguido siempre
+adelante buscando vuestro fantasma y os habéis cansado al fin; habéis
+arrojado la linterna y os habéis quedado a oscuras, exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;El mundo es la horrible verdad de lo monstruoso, de lo deforme: la
+vida una carga insoportable; el hombre nuestro hermano no existe; la
+mujer nuestra ayuda es sueño. El que tiene vida en ese mundo de
+horribles verdades muere; no hay Dios: no hay humanidad. El mundo es
+hijo del acaso: el hombre es un reptil como otro cualquiera.</p>
+
+<p>Y suponed que cuando acabéis de pronunciar esa blasfemia aparece de
+repente el sol en una explosión de luz y de armonía: que lleváis una
+mano a vuestros ojos que se deslumbran, y otra sobre vuestro corazón que
+se enternece lleno de una nueva vida, y que cuando volveis a abrir los
+ojos os encontráis de nuevo en las tinieblas, enardecido por el próximo
+y candente recuerdo de la luz divina que os ha deslumbrado, de la
+armonía de los cielos que ha reanimado vuestro ser... y después de haber
+supuesto esto suponed vuestra desesperación, vuestro dolor.</p>
+
+<p>Dios existe: existe la luz; pero Dios está irritado contra vos, no ha
+hecho la luz para que brille en vuestros ojos; no ha hecho la armonía
+para que deleite vuestros oídos: sois un ser condenado: Dios es un ser
+vengativo.</p>
+
+<p>Yo había buscado en el mundo sin encontrarle el amor tal cual yo le
+comprendía... le había buscado en vano y me había dicho:</p>
+
+<p>&mdash;Nuestro amigo y nuestra amante son dos fantasmas soñados por nuestro
+deseo.</p>
+
+<p>Dios no puede haber dado a su hechura aspiraciones imposibles.</p>
+
+<p>Si no ha podido dárselas y las tiene no existe Dios.</p>
+
+<p>O Dios es el acaso.</p>
+
+<p>Amparo fue para mí el sol de la vida: la mujer que salía del edén y se
+ponía delante de mí... la prueba material de que Dios ha dado a cada
+aspiración del hombre una realización.</p>
+
+<p>Amparo realizaba mis sueños: era la mujer que yo había buscado en vano,
+la mujer que hablaba a mi corazón y a mis sentidos; pero... Amparo no me
+amaba: si me hubiera amado yo lo hubiera comprendido; Amparo me
+consideraba como su protector, como su padre: Amparo se resignaba a
+cumplir mi voluntad hasta el punto de casarse con el hombre que yo la
+designase... y Amparo amaba... Amparo sufría... sus ojos, mi alma habían
+apurado su sufrimiento... Amparo no era mía... había visto por un
+momento mi fantasma y me le arrebataba Dios.</p>
+
+<p>Dios castigaba mi impiedad.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Pasaron algunos días sin que yo fuese a ver a Amparo.</p>
+
+<p>Tenía miedo de verla.</p>
+
+<p>Temía echar a perder inútilmente mi papel de protector, de padre,
+dejándome arrebatar a una situación ridícula en un momento de olvido.</p>
+
+<p>En estos días mi administrador general se empeñó en darme cuentas, y me
+vi obligado a ceder, para que tuviese ocasión de convencerme de que era
+hombre de bien.</p>
+
+<p>Pasé por alto una multitud de partidas; pero no pude menos de reparar en
+una data.</p>
+
+<p>Estaba figurada en estos términos:</p>
+
+<p>«A doña Amparo, por encargo especial del señor, cuatro mil reales.»</p>
+
+<p>&mdash;¡Cuatro mil reales!&mdash;dije con extrañeza&mdash;ese no será el total de la
+data.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí por cierto, señor, doña Amparo no ha recibido más.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y en qué consiste? ¿No mandé a usted que entregase todos los meses
+mil reales a doña Gregoria?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, señor, pero doña Gregoria me dijo al cuarto mes que no recibía
+más... por aquel año... que a la señorita la bastaba para un año aquella
+cantidad y...</p>
+
+<p>&mdash;Usted debió insistir.</p>
+
+<p>&mdash;Insistí... pero yo no podía obligar a doña Gregoria...</p>
+
+<p>&mdash;Y al año siguiente...</p>
+
+<p>&mdash;Fui el primero de enero con cuatro mil reales...</p>
+
+<p>&mdash;Pero no constan.</p>
+
+<p>&mdash;Es que doña Gregoria no los quiso recibir.</p>
+
+<p>&mdash;Es usted un torpe.</p>
+
+<p>&mdash;Yo puedo sacar a un deudor la cerilla de los oídos y se la saco, si no
+encuentro otro medio de cobrar, para lo cual soy muy listo; pero no se
+me ocurre que haya en lo humano un medio para hacer tomar dinero a una
+persona que no quiere tomarlo; lo cual afortunadamente es muy raro.</p>
+
+<p>&mdash;Pero ¿qué razones dio a usted doña Gregoria?</p>
+
+<p>&mdash;Con las palabras más dulces del mundo, deshaciéndose en elogios y en
+palabras de agradecimiento hacia usted, me dijo que la señorita Amparo,
+ayudándola en el cuidado de las niñas del colegio, ganaba lo bastante
+para sus necesidades.</p>
+
+<p>No supe qué contestar. Amparo volvía a hacerse superior a mí.</p>
+
+<p>Mi administrador continuó impasible relatándome sus cuentas.</p>
+
+<p>Al fin en las de dos años antes, leyó lo siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;Cargo: recibido de doña Amparo, cuatro mil reales.</p>
+
+<p>No pude contenerme: mi irritación estalló; mi administrador es un
+asesino: apuré con él la suma de los dicterios conocidos y por conocer y
+le destituí.</p>
+
+<p>Amparo se engrandecía a mis ojos.</p>
+
+<p>No puedo decir que me humillaba su dignidad, porque la amaba de tal modo
+que su dignidad era la dignidad mía; pero la posición en que ella se
+había colocado respecto a mí me desesperaba.</p>
+
+<p>¿Con que lo que únicamente había hecho por ella había sido darla la
+mano, ayudarla a salir de la precaria situación en que se encontraba?
+¿Con que sólo me debía agradecimiento? ¿Con que el mayor trabajo de la
+obra de su transformación había sido suyo?</p>
+
+<p>El dinero es la piedra de toque del corazón humano.</p>
+
+<p>Amparo había arrancado de en medio de entre nosotros dos el dinero.</p>
+
+<p>Amparo se había colocado delante de mí a una inmensa altura.</p>
+
+<p>Elevándose, elevó ante mis ojos a la mujer, a la humanidad, y me obligó
+a confesar que existía la virtud sobre la tierra.</p>
+
+<p>Y mi corazón y mi cabeza me decían:</p>
+
+<p>&mdash;La amas, necesitas su amor para vivir.</p>
+
+<p>Y mi desesperación me decía:</p>
+
+<p>&mdash;Amparo no te ama.</p>
+
+<p>Entonces blasfemaba yo.</p>
+
+<p>&mdash;¡No hay Dios, decía!</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Fui a verla.</p>
+
+<p>Habían pasado ocho días desde mi visita de vuelta de viaje.</p>
+
+<p>Tiré con fuerza de la campanilla y me hice anunciar.</p>
+
+<p>Amparo salió hasta el recibimiento y me tendió la mano con la mayor
+naturalidad.</p>
+
+<p>&mdash;Otra vez no pida usted que le anuncien,&mdash;me dijo sonriendo.</p>
+
+<p>Y me llevó a la sala asido de la mano.</p>
+
+<p>El contacto de aquella preciosa mano, que estrechaba dulcemente la mía
+con una noble confianza, como se estrecha la mano de un protector a
+quien se ama, me causaba una impresión que en vano querría explicar:
+parecíame que aquella mano me transmitía otra vida más pura, más fácil;
+me embriagaba en un goce lánguido y tranquilo...</p>
+
+<p>Indudablemente yo estaba enamorado de remate y divinizaba todo lo que
+pertenecía a Amparo; todo lo que emanaba de ella.</p>
+
+<p>Pero yo iba preparado, y tuve bastante fuerza de voluntad para no
+mostrarme ni más ni menos interesado por ella que como lo estaba seis
+años antes.</p>
+
+<p>Ella estaba perfectamente tranquila, alegre, confiada y retenía mi mano
+en la suya, no como la retiene un amante, sino como retiene una hija la
+mano de su padre, de quien ha estado separada muchos años.</p>
+
+<p>La contemplé durante algún tiempo sin perder ni un instante el cuidado
+de mí mismo, temiendo que una mirada, un accidente cualquiera la hiciese
+conocer el verdadero interés que me inspiraba.</p>
+
+<p>Yo era entonces un cómico que representaba dolorosamente su papel.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro&mdash;la dije al fin.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y de qué se alegra usted?&mdash;me contestó mirándome con gravedad.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece que eres feliz.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! sí; completamente feliz&mdash;me contestó&mdash;ya lo creo: al cabo le
+tenemos a usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Le tenemos!&mdash;exclamé con extrañeza.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí por cierto, el padre Ambrosio y yo. Y aun el mismo Mustafá,
+mírele usted echado entre nosotros y mirándole de hito en hito. A pesar
+de que es ya viejo no se ha olvidado de usted; no es usted para él una
+persona desconocida... ¿Ha ido a verle a usted el padre Ambrosio?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto, y me hubiera alegrado mucho de verle.</p>
+
+<p>&mdash;No se habrá atrevido... es tan tímido.</p>
+
+<p>&mdash;Yo iré a verle cuando salga de aquí; pero es necesario que me digas
+donde vive.</p>
+
+<p>Amparo se levantó y escribió las señas que me entregó.</p>
+
+<p>Tenía un precioso carácter español.</p>
+
+<p>&mdash;Escribes muy bien&mdash;la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi obligación. ¿Se olvida usted de que soy <i>maestra de escuela</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Quisiera verte entre las niñas.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no puede ser. Pero figúrese usted que me ve: toda una madre de
+familia: me pongo muy seria, riño mucho, las castigo con tratarlas
+secamente, y las premio con un beso.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡Ah!</p>
+
+<p>&mdash;Y paso buenamente la vida: no sé si es soberbia, pero se me figura,
+creo que el magisterio cuando se ejerce sobre niños es un sacerdocio
+que impone sagrados deberes; ¡y es tan dulce el cumplimiento del deber!
+Y cuando un ser cuya razón empieza a desarrollarse bajo nuestra
+influencia es una niña, todo cuidado es poco, porque de la niña se hace
+la mujer, la madre de familia, y la madre de familia, mal que les pese a
+los que niegan toda participación a la mujer en el desarrollo social, es
+la que siembra el fruto que ha de coger la sociedad: formad buenas
+madres de familia, y habréis formado una generación llena de virtud, de
+entusiasmo, de valor, de abnegación, de amor patrio, de virilidad, de
+grandeza: los hijos son la madre: si la madre es buena, el hijo es
+bueno; pero si la madre ha dado a sus hijos el pernicioso ejemplo de las
+discordias domésticas, la falta de sufrimiento y de abnegación, el
+escándalo continuo, el repugnante espectáculo de preferencias odiosas
+respecto a este o al otro de sus hijos; si esos jóvenes corazones no han
+tenido ningún buen ejemplo que imitar; si sólo han debido a su madre un
+amor indiscreto y caprichoso, caricias exageradas, castigos inmotivados,
+se pervierten, se desnaturalizan embotando o perdiendo todos sus buenos
+instintos y constituyendo un ser artificial formado por una mala
+educación. ¡Oh! ¡Las madres! ¡Las madres!</p>
+
+<p>Y Amparo inclinó la cabeza profundamente pensativa.</p>
+
+<p>Como ven mis lectores, nuestra conversación no podía ir más apartada del
+punto a que mi amor hacia Amparo hubiera querido llevarla.</p>
+
+<p>Este alejamiento de nuestra conversación de mi idea fija, me favorecía
+ayudándome a mantenerme firme.</p>
+
+<p>Durante dos horas, Amparo, haciendo casi sola la conversación, me dejó
+conocer cuánto valía su moral: vinimos al fin a recaer en mis viajes; me
+preguntó acerca de las civilizaciones extranjeras, y sin haber hablado
+ni una sola palabra de su pasado ni de sus proyectos, me despedí de
+ella.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Fui a ver al padre Ambrosio algunos días después.</p>
+
+<p>Cuando entré en la casa de vecindad, al primero a quien pregunté me
+indicó la puerta del aposento del exclaustrado.</p>
+
+<p>Al asomar a ella, di un paso atrás.</p>
+
+<p>Le había sorprendido... mondando patatas.</p>
+
+<p>Pero ya era tarde.</p>
+
+<p>El padre Ambrosio me vio, se levantó, dejó sobre una pequeña mesa el
+plato donde tenía las patatas mondadas, y me salió alegremente al
+encuentro; con timidez sí; pero no con una timidez de vergüenza, sino
+con su timidez característica.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;exclamó&mdash;usted por aquí, cuanto me alegro. Yo debiera haber ido
+a verle a usted.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! de ningún modo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí, pero no me he atrevido.</p>
+
+<p>&mdash;Ha hecho usted muy mal en no... atreverse.</p>
+
+<p>&mdash;Dejemos, pues, estos cumplimientos: yo me alegro mucho de verle a
+usted: ¿y cómo le va a usted...? Siéntese usted aquí en el sillón...,
+póngase usted el sombrero..., así...: ¿y qué me dice usted de nuestra
+hija? añadió sentándose en una vieja arca: es un prodigio...; a mí ha
+acabado por hacerme feliz, me ha regenerado... ¡qué niña, Dios mío, qué
+niña! Ya puedo morir tranquilo, porque Amparo no necesita ya de nadie,
+de nadie más que de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;¡Me pregunta usted qué pienso de Amparo! contesté: con usted puedo ser
+franco: pienso lo que piensa un hombre de una mujer que realiza todos
+sus sueños, todos sus deseos, todas sus aspiraciones: de la mujer a
+quien ama.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ama usted a Amparo! exclamó el padre Ambrosio poniéndose mortalmente
+pálido.</p>
+
+<p>&mdash;Sí; la amo con toda mi alma.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y se lo ha dicho usted?</p>
+
+<p>&mdash;No, ni se lo diré nunca.</p>
+
+<p>Se tranquilizó el padre Ambrosio.</p>
+
+<p>&mdash;Yo había previsto desde hace mucho tiempo, me dijo, que usted acabaría
+por amarla, y me halagaba la esperanza de que mutuamente se harían
+ustedes felices. El amor en usted le vi yo nacer hace seis años y...
+pero a que soñar... Amparo no sería feliz con usted.</p>
+
+<p>&mdash;¿Ama acaso a otro?</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que sí.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también lo he creído.</p>
+
+<p>&mdash;Sufre... Algunas veces la he sorprendido llorando, y he comprendido la
+causa de sus lágrimas: he comprendido que estaba enamorada. Un día la
+sorprendí mirando un retrato.</p>
+
+<p>&mdash;¡Un retrato! ¿pero de quién?</p>
+
+<p>&mdash;No lo sé. Al verme se puso vivamente encarnada, se volvió y ocultó el
+retrato en el pecho. Yo nada la pregunté, nada la dije; Amparo, con la
+fuerza de voluntad que Dios la ha dado, se serenó, y nada me dijo del
+retrato, ni de mi sorpresa involuntaria; dejé pasar algunos días, y a la
+primera confesión la dije:</p>
+
+<p>&mdash;Tú sufres, Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo el alma triste, me contestó.</p>
+
+<p>&mdash;¿Tienes triste el alma porque amas?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... No señor... No amo a nadie: yo no puedo amar: yo no daría a mis
+hijos una madre sin nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Sé franca conmigo, repuse: ¿amas acaso a tu protector?</p>
+
+<p>&mdash;¡Que si le amo...! Ya se ve que le amo, me contestó con la mayor
+naturalidad: acaso ¿no es mi padre?</p>
+
+<p>&mdash;No, no me refiero yo a ese amor, sino a otro más íntimo: el amor que
+tiene una mujer al hombre de quien desearía ser esposa.</p>
+
+<p>&mdash;No, no le amo así, ni le podría amar nunca de ese modo; me lo
+impediría el respeto que me inspira.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, si no amas a tu protector, ¿a quién amas?</p>
+
+<p>&mdash;A nadie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y el retrato que ocultaste al verme el otro día?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¡el retrato de mi madre!</p>
+
+<p>&mdash;El retrato de su madre, exclamé interrumpiendo al religioso; pues qué,
+¿ha encontrado Amparo a su madre? ¿Habrá alguna razón que la impida...?</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo la pregunté; pero ella me contestó: es el retrato fantástico
+de mi buena madre, con quien sueño todas las noches; en quien pienso
+todos los días; un rostro que yo he dibujado recordando mis sueños...
+Mañana le verá usted.</p>
+
+<p>No supe qué contestar.</p>
+
+<p>La hacía llorar la vista de la reproducción material de un fantasma.</p>
+
+<p>En efecto, al día siguiente me mostró una bellísima cabeza de mujer como
+de cuarenta años, y había allí algo... en el semblante triste de aquel
+fantasma estaba el alma de Amparo.</p>
+
+<p>Calló el religioso, y yo quedé profundamente pensativo.</p>
+
+<p>Me había dado a conocer un nuevo rasgo del carácter romancesco de
+Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, si ella no puede amarme, le dije, continuaré comprimiendo
+dentro de mi corazón el amor que me inspira: procuraré que no salga
+delante de ella ni en mis palabras, ni en mi mirada, ni en mi semblante
+la más leve manifestación de ese amor. Si no puedo vencerle, volveré a
+mis viajes.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho me temo que no sea ella la primera en apartarse de nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!</p>
+
+<p>&mdash;Ella ama: estoy seguro de ello: y ama con toda la vehemencia, con toda
+la firmeza de su alma: una de dos, o la persona a quien ama no repara en
+ella, o no pertenece a esta vida. Amparo... acaba de decírmelo hoy por
+la mañana, está resuelta a meterse en un convento, y me ha mandado
+practicar las primeras diligencias.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! No, de ningún modo, exclamé. ¡Monja! ¡Monja Amparo! No puede ser.</p>
+
+<p>&mdash;Ya es tarde, me dijo: es necesario decir a usted toda la verdad. Iba a
+decírsela a usted; pero al revelarme usted que la amaba... temblé...
+callé, no me atreví...; pero... en quince días que han pasado desde que
+la vio usted por última vez, Amparo ha entrado en un convento, y dentro
+de tres días más debe tomar el hábito de novicia. Esta mañana me dio
+esta carta para usted. ¿Comprende usted ahora por qué no me atrevía a ir
+a su casa?</p>
+
+<p>Yo estaba aterrado, y apenas pude leer una carta que me dio el padre
+Ambrosio, y que contenía estas palabras:</p>
+
+<p>«Convento de.... Perdone usted si por mí misma he tomado tan grave
+resolución. Yo no podía permanecer más en el mundo, y usted se opone
+formalmente a que yo entre en el claustro. Perdóneme usted otra vez.
+Pero mi corazón necesita paz y he venido a buscarla a esta santa
+casa.&mdash;Su siempre agradecida. Amparo.»</p>
+
+<p>Sin despedirme del padre Ambrosio salí comprimiéndome las sienes con las
+manos.</p>
+
+<p>Mi cabeza se rompía.</p>
+
+<p>Aquella carta había sido para mí un golpe de muerte, y apenas pude salir
+a la calle.</p>
+
+<p>No sé lo que me sucedió: sólo recuerdo que al volver en mí me encontré
+en un lecho extraño rodeado de una familia desconocida, y con un médico
+a la cabecera.</p>
+
+<p>Mi indisposición había sido un accidente pasajero.</p>
+
+<p>Muy pronto, a consecuencia de los auxilios que se me prodigaron, volví
+al uso de mis facultades.</p>
+
+<p>Me encontré en la trastienda de una barbería.</p>
+
+<p>Una buena mujer me aplicaba a las narices un paño mojado con vinagre.</p>
+
+<p>Su marido, lanceta en mano, estaba a punto de sangrarme.</p>
+
+<p>Impedí que lo hiciese, y les rogué que me procurasen un carruaje.</p>
+
+<p>Aquella buena gente me sirvió de la manera más solícita, y se negó de
+todo punto a recibir la gratificación que yo les ofrecía.</p>
+
+<p>Es un bello rasgo, exclusivo de los españoles, el negarse a recibir una
+recompensa cuando creen que han debido hacer lo que han hecho, y este
+hecho se refiere a la caridad.</p>
+
+<p>Es una bella manera de igualar al pobre con el rico.</p>
+
+<p>En esos casos la palabra <i>gracias</i> del fuerte, vale tanto como <i>el Dios
+se lo pague</i> del desvalido.</p>
+
+<p>Esto suponiendo, que el rico que da las <i>gracias</i> tiene corazón.</p>
+
+<p>Yo adoro la caridad: los hombres que tienen caridad son mis hermanos.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Débil, con la cabeza llena de una vaguedad febril, con el corazón
+fuertemente agitado, fui conducido a mi casa, donde hube de meterme en
+cama.</p>
+
+<p>El efecto que había causado en mí la resolución suprema de Amparo, mi
+terror por perderla, mi ansiedad, mi duda acerca de recobrarla, me
+decían claro que Amparo había llegado a constituirse para mí en ese ser
+que es la mitad de nuestra existencia.</p>
+
+<p>Sentía en el corazón un vacío doloroso; una hambre aguda, permítaseme
+esta frase, vacío que sólo ella podía llenar, hambre que sólo ella podía
+extinguir.</p>
+
+<p>Nunca mi voluntad luchó tan poderosamente contra una dificultad que casi
+tenía para mí el carácter de un imposible.</p>
+
+<p>Amparo huía del mundo y se encerraba con la desesperación de su
+misterioso amor en un convento.</p>
+
+<p>Yo me desesperaba: yo tenía celos de un fantasma: yo aborrecía al hombre
+que Amparo amaba.</p>
+
+<p>Ninguna solución me venía al pensamiento bastante a consolarme, ya que
+no a curarme de mi desesperación.</p>
+
+<p>Yo, como todos los desesperados, como todos los vencidos, me hubiera
+creído feliz con muy poco: con vivir a su lado como su hermano.</p>
+
+<p>Este tímido deseo me inspiró un pensamiento, y la inspiración de este
+pensamiento llevó mi mano al cordón de la campanilla, del que tiré
+fuertemente.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya usted mismo al instante, dije a mi ayuda de cámara, a la calle
+tal, tal número, tal cuarto; diga usted al padre Ambrosio que deseo
+verle al momento, que estoy enfermo, que le espero con impaciencia;
+lleve usted un carruaje, y tráigase usted al padre Ambrosio.</p>
+
+<p>Media hora después, el exclaustrado entraba en mi alcoba.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Acercose a mí con la más viva solicitud.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡Dios mío!&mdash;dijo, comprendiéndolo todo&mdash;¿con qué tanto la ama
+usted?</p>
+
+<p>&mdash;Amparo me ha convertido en un niño&mdash;le respondí.</p>
+
+<p>&mdash;¡Que feliz hubiera sido amándole a usted!</p>
+
+<p>&mdash;No pensemos en eso. Le he llamado a usted, no para hablarle de mi
+amor, sino para pedirle que me ayude, que me auxilie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y en qué? ¿Cómo?</p>
+
+<p>&mdash;Yo comprendo que Amparo ha entrado en el convento desesperada.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad: Amparo que nada espera en el mundo, se ha arrojado
+sollozando en los brazos de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Pero Dios está en todas partes.</p>
+
+<p>&mdash;Indudablemente.</p>
+
+<p>&mdash;Por ejemplo: en mi casa puede encontrar a Dios como en el convento.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿de qué modo puede estar Amparo en su casa de usted sino como su
+esposa?</p>
+
+<p>&mdash;Cabalmente: eso es: quiero casarme con ella.</p>
+
+<p>Volvió a ponerse pálido el padre Ambrosio como cuando le dije que la
+amaba.</p>
+
+<p>&mdash;Si usted pide a Amparo su mano&mdash;me dijo gravemente&mdash;se casará con
+usted: si usted la abre sus brazos, se arrojará en ellos... pero ¿olvida
+usted que ella ama?... ¿Que ella al ser de usted apurará un sacrificio
+mortal? ¿No ha comprendido usted a Amparo?</p>
+
+<p>&mdash;Sí; y del mismo modo que la comprendo a ella, quisiera que usted me
+comprendiese.</p>
+
+<p>&mdash;Comprendo que la ama usted, que la desea, que quiere casarse con ella.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero darla únicamente mi nombre, y con mi nombre, mi posición;
+quiero arrancarla de la exageración del claustro; si desea soledad, en
+mi casa la tendrá; independiente de mí su habitación, si lo desea, será
+una especie de celda; si acepta mi brazo, si me presta el suyo, nos
+apoyaremos el uno en el otro; seremos hermanos. Su virtud estará a
+cubierto de toda murmuración, sin que ella se vea reducida a un
+encarcelamiento eterno, a prácticas fatigosas, a rivalidades y a
+pasiones de mujeres irritadas por el secuestro, desnaturalizadas,
+convertidas en un ser de distinta especie por el aislamiento. Amparo
+tiene el corazón demasiado grande para que no sufra comprimido por los
+caprichos monjunos y por las mil penalidades sordas y continuas del
+claustro; en una palabra: Amparo se ha arrojado en una tumba, y es
+necesario sacarla de ella antes que la tierra de esa tumba la cubra y la
+sofoque. Es necesario que Amparo sea mi hermana y que viva a mi lado
+bajo el pretexto de que es mi mujer.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y está usted seguro de que un día no se irritará su amor y abusará en
+su posición? ¿Sabe usted el inmenso sacrificio que será para Amparo
+pertenecer a un hombre a quien no ama?</p>
+
+<p>&mdash;Era necesario para que llegase ese caso que yo dejara de amarla, y que
+además abdicase de mi corazón y de mi orgullo.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con que decididamente quiere usted casarse con ella?</p>
+
+<p>&mdash;Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y con qué pretexto la haremos la proposición?</p>
+
+<p>&mdash;Con ninguno; usted la dirá únicamente la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;¡La verdad! ¡La diré que usted la ama!</p>
+
+<p>&mdash;No: eso no sería la verdad. El amor que como mujer me inspira, no es
+la causa de nuestro matrimonio. La causa de nuestro matrimonio es su
+aislamiento. Yo no me había de casar nunca; necesito por otra parte a mi
+lado un afecto dulce, tranquilo. Hágala usted comprender que me caso con
+ella... por la misma razón porque la arranqué de su miseria.</p>
+
+<p>&mdash;¡Por caridad!</p>
+
+<p>&mdash;No; no nombremos la palabra caridad: me caso por afecto... por
+interés... porque la amo como si fuese mi hermana... quitemos a la
+verdad lo que pueda tener de humillante... ya sabe usted que las habemos
+con un corazón altivo.</p>
+
+<p>&mdash;Bien; la hablaré, pero desconfío: por lo mismo, y como esta comisión
+es harto delicada, quiero que esté usted presente.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo!... de ningún modo.</p>
+
+<p>&mdash;Hay un medio: en el locutorio puede usted estar a un lado de la reja
+sin que ella le vea.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es repugnante.</p>
+
+<p>&mdash;Necesito que usted asista a esta grave conversación... compréndame
+usted y disculpe como debe mi franqueza.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo confío ciegamente en usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo desconfío del buen éxito de mi mensaje. Por lo mismo, quiero que
+usted asista a mi lado.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y si yo resistiese?</p>
+
+<p>&mdash;Resistiría yo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: iremos.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Dos días después estábamos en uno de los locutorios del convento de...
+el padre Ambrosio y yo.</p>
+
+<p>Colocado junto a la pared en que estaba la reja del locutorio, Amparo no
+podía verme.</p>
+
+<p>El padre Ambrosio estaba sentado en un sillón delante de la reja
+cabizbajo y profundamente pensativo.</p>
+
+<p>Yo, detrás de él a poca distancia, escuchaba con toda el alma en los
+oídos.</p>
+
+<p>Oyose abrir una puerta, y luego un paso reposado de mujer, el crujir de
+un vestido, y luego el gruñido cariñoso e impaciente de un perro.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah! ¿Es usted?&mdash;dijo Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, yo soy, hija mía, que vengo a sacarte del convento.</p>
+
+<p>&mdash;Y ¿cómo? ¿Por qué? ¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Tu protector conoce, como conozco yo, que no tienes vocación al
+claustro.</p>
+
+<p>&mdash;Eso importa poco, porque tengo menos vocación al mundo.</p>
+
+<p>&mdash;Tu protector comprende que has entrado aquí desesperada.</p>
+
+<p>&mdash;No lo niego.</p>
+
+<p>&mdash;Quiere que tu suerte sea menos triste.</p>
+
+<p>&mdash;Eso depende de Dios.</p>
+
+<p>&mdash;Pero Dios se vale de los hombres.</p>
+
+<p>Guardó Amparo silencio durante un momento. Mustafá seguía abalanzándose
+a la reja y gruñendo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no podía permanecer en la difícil posición en que me
+encontraba&mdash;dijo al fin ella&mdash;me veía expuesta a atrevimientos de todo
+género. No podía tener a mi lado más que personas extrañas... y luego...
+en fin... si el claustro es una tumba... es lo que me conviene...
+sufriré, concentraré mi dolor hasta que el dolor me mate... le sufriré
+resignadamente, y Dios me perdonará. Yo no puedo vivir como vivía, padre
+Ambrosio... no... no... era un tormento para mí... Dígale usted que yo
+le agradezco con toda mi alma el interés que por mí se toma. Que mi
+felicidad depende de un milagro de Dios, y que... dentro de poco ese
+milagro será imposible.</p>
+
+<p>&mdash;Amparo&mdash;repuso con autoridad y con firmeza el exclaustrado&mdash;las
+exageraciones jamás producen buenos resultados. Empiezas a vivir...</p>
+
+<p>&mdash;Yo creo que ya he vivido toda mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;Sea como tú quieras; pero estamos perdiendo el tiempo. Tengo que
+hacerte una grave proposición.</p>
+
+<p>&mdash;¿De su parte?</p>
+
+<p>&mdash;De su parte.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y cuál?</p>
+
+<p>&mdash;Te pide formalmente tu mano.</p>
+
+<p>Sucedió uno de esos solemnes silencios que se hacen oír; uno de esos
+silencios cuya duración no se puede contar: uno de esos silencios que
+son más elocuentes que todas cuantas palabras pudieran imaginarse para
+reemplazarles.</p>
+
+<p>Luego Amparo dijo con la voz trémula, como aterrada: con acento
+incomprensible:</p>
+
+<p>&mdash;¿Lo manda él?</p>
+
+<p>&mdash;El desea que tú... vivas mejor... que... en fin...</p>
+
+<p>&mdash;No, no quiero explicaciones de ningún género, repuso con una
+precipitación entrecortada Amparo... comprendo... lo comprendo todo. ¿Lo
+manda él?</p>
+
+<p>&mdash;El lo quiere... porque...</p>
+
+<p>&mdash;No, ni una palabra más, padre Ambrosio: dígale usted que si él
+quiere... yo también quiero...; pero pronto... pronto por Dios... que yo
+pare al fin donde Dios quiera que vaya a parar.</p>
+
+<p>Y entonces no pudo contenerse y rompió a llorar, luego se oyó un paso
+precipitado, y la puerta que se cerraba.</p>
+
+<p>&mdash;Vea usted su obra, me dijo con desesperación y aun con ira el padre
+Ambrosio. Hemos desgarrado el corazón de esa pobre Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;No importa, le dije saliendo con él del locutorio. El tiempo la
+demostrará mis intenciones, y cuando las reconozca recobrará la paz.</p>
+
+<p>Y salimos del convento.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Aquel mismo día escribí a mi tío una carta que sólo contenía estas
+breves palabras.</p>
+
+<p>«Me caso con una mujer digna de mí, y espero que saliendo por un momento
+de su retiro, venga usted a presenciar nuestra unión.»</p>
+
+<p>Aquel mismo día también puse en movimiento mi casa.</p>
+
+<p>Invadiéronla tapiceros, renové el mueblaje, aumenté mis trenes y mi
+servidumbre, y preparé la servidumbre particular de Amparo.</p>
+
+<p>En cuanto a las habitaciones de ésta, no perdoné gasto ni cuidado, y
+quedé satisfecho.</p>
+
+<p>El dormitorio, el tocador, el cuarto de labor y el gabinete de Amparo
+eran sumamente bellos y ricos, en medio de una gran sencillez.</p>
+
+<p>Sólo se esperaba para efectuar el casamiento la llegada de mi tío.</p>
+
+<p>Pero en vez de él llegó a vueltas de correo la lacónica carta siguiente:</p>
+
+<p>«Cuando tú te casas, tu esposa debe ser un prodigio. Me alegro de tu
+resolución, porque el matrimonio te dará una vida nueva. <i>Quiera Dios
+que seas más feliz que yo lo he sido</i>. Ofrece a tu, para mí incógnita,
+consorte, todo el cariño que la corresponde por mi parte como cosa tuya,
+y si te pareciere bien, daos ella y tú por convidados a estas orillas en
+el estío próximo.»</p>
+
+<p>Yo conocía a mi tío y sabía que no había de venir.</p>
+
+<p>Así, pues, la tarde del mismo día en que recibí esta carta, el padre
+Ambrosio fue por Amparo al convento.</p>
+
+<p>Se me presentó ricamente vestida de blanco, coronada de rosas blancas y
+más pálida que las rosas de su corona.</p>
+
+<p>Al darme la mano al pie de la escalera la sentí estremecerse; pero aquel
+estremecimiento pasó, y continuó serena hablando conmigo con suma
+naturalidad de cosas indiferentes.</p>
+
+<p>La ceremonia fue muy triste: el padre Ambrosio nos dio la bendición, mi
+administrador general y mi mayordomo fueron nuestros testigos.</p>
+
+<p>Nadie más asistió.</p>
+
+<p>Después de esto, Amparo quedó sola conmigo.</p>
+
+<p>Yo estaba sobrecogido.</p>
+
+<p>No sabía hasta qué punto era grave el paso que acababa de dar.</p>
+
+<p>Y la gravedad de este paso no me asustaba por mí; me asustaba por ella.</p>
+
+<p>Al preguntarla el padre Ambrosio si quería ser mi esposa, un
+estremecimiento profundo agitó su mano, la sentí fría y pronunció un
+<i>sí</i> apenas articulado.</p>
+
+<p>Después cuando nos quedamos solos, me miró frente a frente, pálida y
+conmovida, sus ojos se llenaron de lágrimas y luego me asió las manos y
+exclamó con un acento profundamente doloroso y sentido:</p>
+
+<p>&mdash;Me ha consagrado usted su vida, a mí, a la pobre muchacha abandonada,
+a la infeliz trapera. Dios se lo pague a usted. ¡Quiera Dios que yo
+pudiera hacer a usted feliz!</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy feliz, la contesté, conque tú vivas tranquila, conque seas mi
+hermana. Ha sido necesario dar este paso para arrancarte del convento.
+Yo continúo mi vida sin deseos y sin esperanza, consagrada a ti, que
+continúas siendo mi hija.</p>
+
+<p>Aproveché un pretexto y fui por un instante a encerrarme en mi gabinete.
+Allí seguro de no ser oído, de no ser visto, rompí a llorar: si no
+hubiera llorado mi corazón se hubiera roto.</p>
+
+<p>Yo la hubiera estrechado entre mis brazos, la hubiera arrancado
+frenético aquella corona de rosas blancas...</p>
+
+<p>De seguro Amparo hubiera sido para mí una esposa sumisa...</p>
+
+<p>Pero... yo quería su amor... y ella... ¡ella se había casado conmigo
+porque se lo mandaba yo! ¡por agradecimiento!</p>
+
+<p>Temía hablarla de mi amor; temía indicárselo; temía que ella se
+violentase, que se fingiese enamorada de mí para pagarme con un
+sacrificio inmenso mi protección... ¡No! Esto no podía ser... ¡yo debía
+continuar con mi careta puesta... es más: debía mostrarme contento,
+feliz... sólo me quedaba un recurso: estar poco tiempo a su lado y
+viajar mucho; evitar un momento de olvido.</p>
+
+<p>Yo era infeliz.</p>
+
+<p>Pero era indudablemente menos infeliz que lo hubiera sido siendo ella
+monja.</p>
+
+<p>No sé qué alegría misteriosa inundaba mi alma. Si no era mía, no sería
+de otro...</p>
+
+<p>Era una posición de cierto género, y acaso... con la costumbre de
+verme... ¿quién sabe?</p>
+
+<p>Yo esperaba.</p>
+
+<p>¿Viviría el hombre a quien amaba Amparo?</p>
+
+<p>¿La habría seducido este hombre?... ¿La habría abandonado?...</p>
+
+<p>¡La duda! ¡Horrible espectro que ennegrece nuestra alma con su sombra!</p>
+
+<p>¿Habéis dudado alguna vez de vuestra esposa o de vuestra madre...?</p>
+
+<p>Porque si no habéis dudado alguna vez de cualquiera de esos dos seres
+que son vuestro corazón y vuestro nombre, no comprenderéis lo terrible
+de la duda cuando se refiere a objetos tan sagrados.</p>
+
+<p>Yo me encontraba en una situación enteramente excepcional, y sufría
+todas sus consecuencias.</p>
+
+<p>Sin embargo, las aceptaba, y cien veces que hubiera sido necesario
+hubiera vuelto a casarme con Amparo.</p>
+
+<p>¡Cómo llenaba mi alma! ¡Cómo la enloquecía! ¡Cómo la desesperaba!</p>
+
+<p>¡Cuánto la había divinizado mi amor!</p>
+
+<p>Todo en ella para mí era perfecto.</p>
+
+<p>Todo en ella para mí era ardiente.</p>
+
+<p>Era un ángel de fuego que me precedía, me llevaba, me arrastraba, no
+sabía a donde.</p>
+
+<p>Ahora ya lo sé.</p>
+
+<p>Ese ángel divino me ha traído a una casa de locos.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Volví a su lado perfectamente tranquilo.</p>
+
+<p>Es decir fingiendo de una manera perfecta una perfecta tranquilidad.</p>
+
+<p>Ella estaba sentada en un sillón junto a la chimenea y arreglaba
+tranquilamente el fuego.</p>
+
+<p>Cuando me sintió se reclinó en el sillón, y me dijo sonriendo, con la
+cabeza echada atrás sobre el respaldo:</p>
+
+<p>&mdash;¡Que feliz soy, Luis!</p>
+
+<p>Era la primera vez que Amparo pronunciaba mi nombre de una manera tan
+familiar.</p>
+
+<p>Ahora recuerdo que es también la primera vez en que yo le escribo en
+estas memorias.</p>
+
+<p>En efecto, yo me llamó Luis.</p>
+
+<p>Admirome aquella tranquilidad, aquella familiaridad, aquella sonrisa,
+aquel no sé qué seductor, incitante que emana de ella.</p>
+
+<p>Sin duda Amparo había tomado su partido aceptando por entero el
+sacrificio.</p>
+
+<p>Este pensamiento me desgarró el alma.</p>
+
+<p>Sin embargo me mantuve firme.</p>
+
+<p>&mdash;Yo también soy feliz&mdash;la dije&mdash;yo necesitaba el afecto desinteresado,
+noble y puro de una hermana, y le tengo en ti.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! yo le amo a usted como si fuera mi padre... ¡y cuánta
+generosidad, Dios mío! ¿Cómo no ha retrocedido usted ante la idea de que
+el mundo donde vive pretenda averiguar quién soy y de dónde vengo?</p>
+
+<p>&mdash;Nada me importa eso: lo que me estremecía era que sin vocación...</p>
+
+<p>&mdash;¡Y se ha sacrificado usted por mí...! ¡se ha imposibilitado de ser
+feliz mañana...! ¡si encuentra usted una mujer que le enamore...!
+¡vamos no sé en qué he estado pensando...! ¡yo no he debido...! ¡si por
+un acaso...! ¡pero no... no puede ser...!</p>
+
+<p>Acercó un sillón al mío y me dijo pálida y conmovida.</p>
+
+<p>&mdash;Estamos en una situación solemne, Luis: en una situación en que acaso
+no se han encontrado dos personas solas: debemos ser francos... ¿Será
+acaso?</p>
+
+<p>Y se detuvo.</p>
+
+<p>&mdash;Continúa, continúa; parece que te cuesta trabajo lo que me vas a
+decir.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, sí; lo confieso; pero es preciso, es mi deber: habiendo llegado al
+punto en que nos encontramos, es necesario que yo sepa... lo que debo
+hacer para...</p>
+
+<p>&mdash;¿Para qué?</p>
+
+<p>&mdash;Para ser digna de tanto beneficio.</p>
+
+<p>Y luego haciendo un supremo esfuerzo añadió de una manera penosa:</p>
+
+<p>&mdash;Luis: ¿me ama usted?</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo! ¡no!&mdash;la contesté sonriendo, porque había adivinado la pregunta y
+me había preparado.</p>
+
+<p>&mdash;¡No! es decir... que se ha casado usted conmigo... ¡por... caridad!</p>
+
+<p>&mdash;Amparo, hija mía&mdash;la dije&mdash;tu gran corazón te atormenta: ¡crees que he
+hecho un sacrificio inmenso... que te he sacrificado mi libertad! no...
+te engañas: estoy muerto para el amor, para ese amor ardiente que nos
+embriaga y nos arroja a los pies de una mujer... no, hija mía, no; eres
+demasiado pura para que mi corazón, gastado ya, pueda amarte más que con
+ese otro amor desinteresado de la amistad; si no hubieras pretendido
+entrar en un convento, yo... nada te hubiera propuesto: te hubiera
+tratado como un hermano y nada más: el día en que te hubieras casado con
+un hombre de tu elección hubiera sido completamente feliz. Pero te
+obstinabas, no sé por qué en ser monja: habías dado un paso decisivo, y
+era necesario dar otro paso contrario, decisivo también; me daba miedo
+tu resolución... tú estabas sin duda desesperada...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;me contestó tristemente.</p>
+
+<p>&mdash;Tú has amado, Amparo; amas.</p>
+
+<p>&mdash;¿Es decir que somos hermanos...? ¿que es usted tan generoso que no
+mira en mí siempre más que a la pobre Amparo?</p>
+
+<p>&mdash;No hay en mí generosidad, más hay afecto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: si somos hermanos, podemos hablar con franqueza.</p>
+
+<p>Yo la observaba y vi que su frente se había serenado.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, hablemos con franqueza&mdash;la dije.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien: he amado a un hombre.</p>
+
+<p>&mdash;¿A un hombre digno de ti?</p>
+
+<p>&mdash;¿Digno de mí! ¡digno de ser adorado, digno de una felicidad que le ha
+negado Dios!</p>
+
+<p>&mdash;¿Joven?</p>
+
+<p>&mdash;Joven y hermoso.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y él te amaba?</p>
+
+<p>&mdash;Sí&mdash;me contestó, con su triste sonrisa habitual.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y entonces... por qué no os habéis casado?</p>
+
+<p>&mdash;¡Ha muerto!&mdash;exclamó Amparo.</p>
+
+<p>Y se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar.</p>
+
+<p>Pero de una manera desconsolada, como si su alma entera se exhalase en
+aquel llanto.</p>
+
+<p>&mdash;Pero&mdash;me dijo entre sus lágrimas&mdash;a usted le amo también: le amo de
+una manera profunda; como a mi hermano... más... más aún... como amaría
+a mi madre... por hacerle a usted feliz daría mi vida... y cuando el
+padre Ambrosio me dijo que quería usted casarse conmigo...</p>
+
+<p>&mdash;¡Te aterraste!</p>
+
+<p>&mdash;No, no: en el momento de hacerme el padre Ambrosio la proposición en
+nombre de usted, me dije: se casa conmigo por caridad: por arrancarme de
+esta sepultura a que he venido desesperada: en él la caridad es la vida:
+no amarguemos su vida y consentí. Pero cuando me quedé sola se me
+ocurrió que tal vez podría haber en usted más que caridad: acaso me ame,
+pensé: si me ama... yo le pertenezco, yo soy suya, yo debo amarle.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y tu amor?</p>
+
+<p>&mdash;¡Es verdad! por eso debíamos hablar con franqueza y hemos hablado: en
+mí hay dos amores: uno puro, desinteresado, noble, profundo: el que
+usted me inspira: mi amor antes de hija, ahora de hermana: el otro amor
+es un desdichado amor, sin esperanza: un amor que enluta mi alma y la
+desespera: si un día me sorprende usted llorando, no lo extrañe usted:
+yo cuidaré mucho que los extraños no vean el dolor en mi semblante; todo
+el mudo me creerá feliz, y lo seré, en efecto, al lado de usted; pero...
+permítame usted que llore alguna vez por mi amor perdido; por el amor
+del hombre que Dios no me ha querido conceder. Esto no debe serle a
+usted doloroso, porque no me ama sino como un hermano; no puede usted
+temer que el objeto de mi amor manche su nombre, porque es imposible, de
+todo punto imposible que pueda mancharle.</p>
+
+<p>&mdash;Me harás amar por ti a ese fantasma: fantasma para mí puesto que ha
+muerto y no sé ni quiero saber su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh, sí! yo le amaré siempre, siempre, con toda mi alma. Usted no
+tendrá celos, ¿no es verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Siento únicamente que ese hombre haya muerto... porque al fin,
+viviendo él, hubieras sido su esposa...</p>
+
+<p>&mdash;No hablemos nunca de esto más: nunca... nunca: ha sido una explicación
+precisa. Ahora, mi buen hermano, suplico a usted me diga cuál es mi
+aposento. Necesito descanso; reposo; he sufrido mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a tener dentro de un momento al lado personas extrañas; es
+necesario que delante de ellas no me hables de usted.</p>
+
+<p>Aquello era ir de mal en peor.</p>
+
+<p>Comprendí que no podía vivir al lado de Amparo sin que muy pronto me
+olvidase del todo y me convirtiese en su tirano.</p>
+
+<p>En el tirano de una víctima resignada.</p>
+
+<p>¿Acaso no tenía el reciente recuerdo de su repugnancia y de su terror al
+sentir sobre su frente mis labios?</p>
+
+<p>No, yo debía respetar aquella pasión viva; yo no debía ser infame; yo no
+debía cobrar mis beneficios a tanta costa para Amparo.</p>
+
+<p>Pero no pude resistir a una tentación.</p>
+
+<p>Su aposento y el mío, para cubrir las apariencias, sólo estaban
+separados por un gabinete y se comunicaban por dos puertas de escape.</p>
+
+<p>Me retiré a mi aposento, cambié lentamente el traje negro que me había
+puesto para la ceremonia por el de casa, dejé pasar, con una impaciencia
+mortal algún tiempo, y luego abrí silenciosamente la puerta de escape de
+mi alcoba, y me acerqué, sin causar el más leve ruido, a la otra puerta
+de escape del dormitorio de Amparo.</p>
+
+<p>Al frente, tras un bello pórtico de bambúes con cortinas de muselina
+bordada, estaba su lecho.</p>
+
+<p>Antes, esto es, entre la puerta desde donde yo observaba y el pórtico de
+la alcoba, había un espacio cuadrado, y en su parte media, una mesa
+arrimada a la pared.</p>
+
+<p>Sobre la mesa había una lámpara con bomba de cristal opaca que esparcía
+una luz velada a poca distancia.</p>
+
+<p>Lo demás del dormitorio estaba en sombra; en una media sombra
+fantástica.</p>
+
+<p>Sentada en un sillón, junto a la mesa; apoyado en ella un precioso
+brazo, que dejaban descubierto hasta el codo los encajes de la ancha
+manga de su traje; apoyado el rostro en su mano, sola, inmóvil,
+profundamente pensativa estaba Amparo.</p>
+
+<p>Tenía ceñida aún la corona de rosas blancas.</p>
+
+<p>Los brillantes de la especie de ajorca árabe, que yo la había enviado en
+el canastillo de boda y que rodeaba el brazo en cuya mano apoyaba su
+cabeza, me dejaban ver, heridos por la luz, destellos vivísimos, pero
+inmóviles.</p>
+
+<p>Amparo parecía una estatua de cera vestida de blanco.</p>
+
+<p>Su mirada fija, abstraída, profunda, como vuelta hacia adentro, hacia su
+alma, o como lanzada sin objeto a la inmensidad, al infinito, mirada que
+no veía, dilatada, lúcida, brillante, llena de vida, pero de una vida
+que espantaba, dejaba comprender la desesperación profunda, pero
+resignada, paciente, intensamente dolorosa de un alma desolada.</p>
+
+<p>Nunca había yo llegado a concebir tanto dolor y tanta resignación: nunca
+una agonía tan lenta; nunca un sufrimiento tan agudo, soportado,
+apurado, dominado con tanto valor: en Amparo no había esa expresión de
+disgusto, de rabia, de lucha impotente; expresión de ángel rebelde y
+condenado, que es una blasfemia muda; una blasfemia en imagen.</p>
+
+<p>Era la víctima resignada al sacrificio.</p>
+
+<p>La víctima humilde y fuerte, el alma cristiana que sufre la miseria de
+la vida en su manifestación más dolorosa sin rebelarse contra la
+voluntad de Dios.</p>
+
+<p>En vano esperé que Amparo diese una muestra de debilidad ni de
+impaciencia.</p>
+
+<p>Continuaba inmóvil y tranquila: pero con una tranquilidad que me
+desgarraba el alma.</p>
+
+<p>Yo sufría de mil maneras distintas.</p>
+
+<p>Primero, el inmenso infortunio de Amparo.</p>
+
+<p>Después mi propio infortunio.</p>
+
+<p>Luego sentía celos; unos horribles celos.</p>
+
+<p>Yo no podía dudar que un amor malogrado, un amor sin esperanza, era la
+causa de la desolación de Amparo.</p>
+
+<p>Yo hubiera dado toda mi vida, por sentirme amado un solo momento y de
+aquel modo por Amparo.</p>
+
+<p>Además, al contemplarla tan hermosa, idealizada, transfigurada, casi me
+atreveré a decir, divinizada por el sufrimiento, sentía hervir mi
+sangre, latir mi corazón, abrasarse mi cabeza.</p>
+
+<p>Yo estaba loco.</p>
+
+<p>La misma fuerza de mi locura me contenía, impedía que yo lo olvidase
+todo, que empujase la débil puerta que me separaba de ella y que me
+arrojase en sus brazos.</p>
+
+<p>Yo blasfemaba.</p>
+
+<p>Acusaba de injusto, de cruel, de tirano, a Dios que me hacía comprender
+de una manera tan horrible el tormento de Tántalo.</p>
+
+<p>Estaba inmóvil; como petrificado.</p>
+
+<p>La mirada de Amparo aunque no podía verme, caía sobre mi mirada,
+absorbiendo mi alma, torturándola.</p>
+
+<p>Lentamente fui perdiendo la conciencia de mí mismo.</p>
+
+<p>Un sopor extraño se apoderó de mí.</p>
+
+<p>Amparo empezó a tomar lentamente un aspecto fantástico; a abrillantarse
+su mirada, a resplandecer; su figura se aisló en medio de una niebla
+vaga, azulada: desapareció a mi vista todo lo que la rodeaba, y quedó
+ella sola, inmóvil siempre, pero como suspendida en medio de un espacio
+indefinible, en que ni había luz ni sombra.</p>
+
+<p>Luego la vi alzarse lentamente, arrancarse su corona de rosas, y luego
+irse despojando de sus joyas, de sus ropas; vi enteramente su hermoso
+cuello: sus redondos hombros; luego su cabellera destrenzada agrupándose
+de una manera maravillosa a ambos lados de su semblante; al fin se
+volvió y se alejó lentamente; se abrieron las cortinas de la alcoba y
+volvieron a cerrarse.</p>
+
+<p>Amparo había desaparecido; la fascinación había cesado, y volví a sentir
+la vida real.</p>
+
+<p>A mi vez me retiré en silencio y me acosté.</p>
+
+<p>Me acosté para apurar una horrible noche de fiebre y delirio.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¿Por qué había yo encontrado seis años antes, sola en medio de la noche,
+recogiendo trapos a aquella niña?</p>
+
+<p>¿Por qué me había causado compasión su miseria?</p>
+
+<p>Yo maldecía mi caridad; la caridad que tan feliz me había hecho, y que
+tan feliz había hecho a Amparo.</p>
+
+<p>Y me decía:</p>
+
+<p>«La caridad es una debilidad; la caridad es la manía de los imbéciles;
+la caridad se vuelve contra quien la practica.</p>
+
+<p>¿Por qué sentí caridad hacia Amparo?</p>
+
+<p>Porque era un insensato.»</p>
+
+<hr />
+
+<p>Al día siguiente Amparo se me presentó tranquila y afectuosa; en vano
+busqué alrededor de sus ojos ese círculo lívido que imprime una noche de
+insomnio y de fiebre.</p>
+
+<p>En vano esa palidez vaga del cansancio.</p>
+
+<p>Amparo estaba fresca, sonriente; parecía feliz.</p>
+
+<p>&mdash;¿Has dormido bien?&mdash;la dije.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y por qué no? nunca se duerme mejor que cuando nada se desea, cuando
+se ha obtenido todo lo que se anhelaba: ¿y tú Luis? estás pálido,
+pareces triste; si continúas así, creeré que te has sacrificado a mi
+felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! no: yo creía que tú... que sufrías; pero veo con placer que me he
+engañado; te prometo dormir esta noche tan bien como tú.</p>
+
+<p>&mdash;Pues tranquilízate completamente, me contestó; yo nada deseo, nada
+quiero más que tu amor... tu amor tal cual le siento, tal cual yo le
+siento por ti; hermanos, siempre hermanos; dos y uno... ¿no es cierto
+que es una felicidad que podamos amarnos de este modo?</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! si el mundo conociese la verdad de nuestra posición, ¿qué diría?</p>
+
+<p>&mdash;Se burlaría de nosotros, porque el mundo, que nunca profundiza, que
+nunca pasa más allá de las apariencias, es muy injusto, o por mejor
+decir, muy ciego. Pero si el mundo supiese que entrambos hemos amado y
+sufrido; que de nuestro sufrimiento y de nuestra lucha sólo hemos sacado
+la conciencia ilesa, comprendería nuestra mutua posición; tú has dejado
+enterrado tu amor en el lodazal de tu juventud; ha muerto allí sofocado,
+no existe para ti; yo amo a un fantasma imposible y entrambos, con el
+corazón vacío para ese amor ardiente, que Dios ha puesto en el alma del
+hombre y de la mujer, satisfechos el uno del otro, nos apoyamos
+mutuamente y nos amamos con un amor infinitamente más puro. Debemos,
+pues, dar gracias de nuestra felicidad a Dios.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¿Me había yo engañado la noche antes?</p>
+
+<p>¿Era en efecto feliz Amparo?</p>
+
+<p>¿O era que tenía tanta fuerza, tanto poder para ocultar su sufrimiento
+como para soportarle?</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Nunca me pareció un día tan largo.</p>
+
+<p>Cuando nos separamos aquella noche ya bastante tarde, corrí a mi
+acechadero.</p>
+
+<p>Amparo no estaba inmóvil como la noche anterior; tenía un cofrecito
+sobre la mesa y sacaba de él papeles escritos, que leía y ordenaba.</p>
+
+<p>Amparo con la cabeza inclinada sobre el pecho, lloraba leyendo aquellos
+papeles.</p>
+
+<p>Lloraba de una manera desconsoladora, comprimiendo sus sollozos.</p>
+
+<p>¿Era que la noche antes, sobrecogida, aturdida del golpe, por llamar así
+su casamiento conmigo, la intensidad del dolor había comprimido sus
+lágrimas, anegado sus sollozos?</p>
+
+<p>Era indudable que Amparo se rendía a su dolor.</p>
+
+<p>Era indudable que Amparo sufría una desgracia inmensa.</p>
+
+<p>Y leía y releía aquellos papeles.</p>
+
+<p>¡Cartas sin duda del hombre a quien amaba!</p>
+
+<p>Después vi en sus manos un medallón que sacó también del cofrecito,
+parecía un retrato.</p>
+
+<p>Amparo le estrechó contra sus labios, le separó de ellos, le miró de una
+manera ansiosa, y exclamó:</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡tened compasión de mí!</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Se puso a escribir lentamente.</p>
+
+<p>Con mucha frecuencia se abstraía y pasaba sin escribir un largo
+intervalo.</p>
+
+<p>Luego volvía a escribir.</p>
+
+<p>Pasó así gran parte de la noche, y después recogió en el cofre los
+papeles y el retrato, guardó cuidadosamente el cofre en un armario, se
+desnudó y desapareció tras las cortinas de su alcoba.</p>
+
+<p>Yo no supe ya qué pensar de Amparo.</p>
+
+<p>Pero me cubrí con el más perfecto disimulo, como ella se cubría conmigo.</p>
+
+<p>Nos tratábamos como si hubiéramos vivido juntos desde nuestros primeros
+años.</p>
+
+<p>Las gentes nos creían el matrimonio más feliz del mundo.</p>
+
+<p>La tranquilidad aparente de Amparo cuando yo era testigo de su agonía
+nocturna, de sus lágrimas y de lo intenso, de lo vivo, de lo inalterable
+de su amor hacia aquel hombre, que era para mí un misterio, la
+tranquilidad ficticia de Amparo, repito, me irritaba.</p>
+
+<p>Durante un mes pude sufrir la lucha entablada entre mi razón y mis
+celos; pero llegó un día en que me estremecí.</p>
+
+<p>Empezaba a perder la razón; antes de perderla enteramente tomé una
+resolución decisiva; la de separarme de Amparo, que era para mí un
+tormento y un peligro, con el pretexto de un viaje para ir a visitar a
+mi tío.</p>
+
+<p>Amparo nada me dijo cuando la anuncié este viaje, más que las siguientes
+palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Espero que volverás pronto.</p>
+
+<p>Aquella noche salí de Madrid en una silla de postas.</p>
+
+<p>Mi resolución era, no volver a ver más a Amparo.</p>
+
+<hr />
+
+<p>Pero para cumplir una resolución es necesario ser dueño de sí mismo, y
+yo no lo era.</p>
+
+<p>Parecía... voy a procurar explicarme: parecía que mi alma había quedado
+fuertemente asida a Amparo, y que cada vuelta de las ruedas de la silla
+de postas que me conducía, estiraba mi alma, haciéndome sufrir un
+tormento inexplicable.</p>
+
+<p>Llegó un punto en que no pude resistir más.</p>
+
+<p>Habían pasado algunas horas de una tortura aguda que se hacía más
+dolorosa a medida que me alejaba de ella.</p>
+
+<p>Mandé al conductor que volviese a Madrid.</p>
+
+<p>Luego, le ofrecí una recompensa por cada minuto que ganase.</p>
+
+<p>La silla de postas volaba.</p>
+
+<p>Yo me había propuesto apurar mi destino cediendo sin resistencia a los
+impulsos de mi corazón.</p>
+
+<p>Había resuelto quitarme mi doloroso disfraz y morir poseyendo a Amparo.</p>
+
+<p>A medida que este pensamiento tomaba consistencia, estimulaba al
+conductor prometiéndole más.</p>
+
+<p>La silla apenas tocaba con las ruedas al camino.</p>
+
+<p>A pesar de esta agudez no pudimos llegar a Madrid hasta el medio día.</p>
+
+<p>Cuando llegué a mi casa, subí anhelante las escaleras como si hubiese
+estado mucho tiempo ausente de ella.</p>
+
+<p>Dominado aún por la fiebre entré en las habitaciones de Amparo.</p>
+
+<p>No estaba en ellas.</p>
+
+<p>Pregunté a mi ayuda de cámara, y me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;La señora acaba de salir.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y adónde?</p>
+
+<p>&mdash;Han traído una carta y la señora apenas la ha leído se ha puesto
+pálida, ha pedido a Teresa una mantilla, y con el traje de casa,
+acompañada de la misma Teresa, ha salido precipitadamente.</p>
+
+<p>&mdash;¿A pie?</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor, a pie.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no sabe usted adónde ha ido?</p>
+
+<p>&mdash;Nada ha dicho la señora.</p>
+
+<p>Despedí a mi ayuda de cámara y me quedé solo paseándome por mi cuarto,
+aterrado, sintiendo no sé qué recelos.</p>
+
+<p>Yo no sabía qué pensar de Amparo; era para mí un misterio.</p>
+
+<p>De repente una idea poco digna, pero disculpable en la situación en que
+me encontraba, me llevó a su dormitorio:</p>
+
+<p>«En el armario me había dicho, encierra el cofrecillo donde tiene el
+retrato que besa, y los papeles que lee llorando. Si es necesario
+forzaré el armario y conoceré a ese hombre, leeré esas cartas, sabré a
+qué atenerme.»</p>
+
+<p>Afortunadamente no me vi obligado a violentar nada: el armario tenía
+puesta la llave en la cerradura.</p>
+
+<p>Antes de abrir el armario, cerré las puertas para evitar una sorpresa
+casual de los criados.</p>
+
+<p>Luego abrí temblando el espejo que servía de puerta al armario.</p>
+
+<p>En una tabla, cuidadosamente pegado a un rincón, estaba el cofrecillo.</p>
+
+<p>En aquella misma tabla había otro objeto.</p>
+
+<p>Un gancho de trapero.</p>
+
+<p>El gancho representaba su pasado.</p>
+
+<p>Acaso el cofrecillo constituía su presente.</p>
+
+<p>Acaso yo al abrir aquel cofrecillo determinaría su porvenir.</p>
+
+<p>Cuando el porvenir es sombriamente misterioso, tememos conocerle: como
+el preso por una causa grave teme conocer la sentencia del juez.</p>
+
+<p>Durante algunos minutos vacilé; dudé si debía desentrañar el misterio
+que guardaba aquel cofrecillo, o si prefería la duda a la verdad.</p>
+
+<p>Tres veces extendí mi mano hacia el cofrecillo, y tres veces la retiré.</p>
+
+<p>Pero por terrible que sea la verdad es preferible a la duda.</p>
+
+<p>Me apoderé al fin del cofrecillo, le puse sobre la mesa y le abrí.</p>
+
+<p>Al abrirle mi corazón no latía.</p>
+
+<p>Lo primero que vi fue un pequeño estuche.</p>
+
+<p>Le abrí y encontré... la cruz de brillantes que le había regalado el día
+que por primera vez almorzó conmigo.</p>
+
+<p>La existencia en el cofrecillo de aquella cruz, me dio no sé qué
+aliento, qué esperanza vaga, qué alegría íntima.</p>
+
+<p>Luego seguí en mi inspección:</p>
+
+<p>Buscaba el retrato y le hallé cuidadosamente envuelto en un papel muy
+usado.</p>
+
+<p>Necesité hacer un violento esfuerzo para mirar aquel retrato; pero
+cuando le miré...</p>
+
+<p>¡Oh! ¡Dios mío! ¡cuando le miré creí morir!</p>
+
+<p>El retrato que Amparo besaba llorando; que estrechaba contra su corazón
+y contra sus labios contemplando el cual pasaba inmóvil hora tras
+hora... aquel retrato...</p>
+
+<p>¡Aquel retrato era el mío!</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¿Me habría yo engañado?</p>
+
+<p>¿Habría otro retrato en el cofrecillo? sería aquel otro el que besaba
+Amparo.</p>
+
+<p>Revolví, busqué y encontré otro retrato.</p>
+
+<p>Pero era un retrato de mujer, y tenía el marco negro.</p>
+
+<p>Yo estaba seguro de que el retrato que besaba Amparo estaba contenido en
+un medallón dorado.</p>
+
+<p>Aquel retrato era el mío.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Sentí una vaguedad fría en mi cabeza: mis ojos se oscurecieron, no pude
+sostenerme de pie, y me senté en el mismo sillón en que ella se sentaba.</p>
+
+<p>Y allí, replegado sobre mí mismo, con la cabeza entre mis manos, creí
+revolviendo mi destino; pasar mis dudas y mis celos; calmarse lentamente
+mi desesperación; desaparecer mi presente de hacía un momento, e ir
+creciendo aquel mi otro presente que hacía un momento había nacido.</p>
+
+<p>Sentí comprimirse mi corazón, como necesitado de arrojar de sí un peso
+insoportable, y luego sentí que mi corazón se dilataba y lloré en un
+llanto largo, tranquilo, dulce, toda la hiel que había ido depositándose
+en mi corazón.</p>
+
+<p>Y luego me sentí inflamado de un fuego dulce, para mí desconocido; de un
+fuego que parecía aislar dentro de sí mismo mi alma, purificarla,
+levantarla hasta el cielo; pareciome tenerla en contacto con Dios,
+bendecida por él; luego me sentí completamente abstraído,
+espiritualizado, fuera del contacto de todo lo terreno, y pareciome
+tocar con mi espíritu el espíritu de Dios, del Dios justo y bueno que
+premia a los que lloran; y creí en Dios y le confesé con la inmensidad
+de mi pensamiento.</p>
+
+<p>Y ya no dudé, no: y al consagrar mi felicidad a Dios, me alcé fuerte y
+tranquilo, lleno de vida y de juventud y de esperanza.</p>
+
+<p>Aquel sueño de redención y de paz había pasado, y su reciente recuerdo
+difundía en mi ser una calma inefable; ya mi aliento no salía ronco y
+fatigoso de mi pecho: la vida me era fácil: el sol que penetraba por las
+ventanas del jardín, tenía color de gloria: mis ojos veían luz: mi pecho
+respiraba aire: parecíame que el espacio era armónico, que todo me
+sonreía, que todo se asociaba a mi felicidad.</p>
+
+<p>Al fin había encontrado aquel amor infinito, necesidad ardiente de mi
+alma.</p>
+
+<p>Al fin Dios me dejaba ver el ángel de fuego que debía ser paz y mi
+gloria sobre la tierra.</p>
+
+<p>Amparo me amaba.</p>
+
+<p>Yo era el hombre más rico de la tierra; todo lo que había ansiado lo
+tenía.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Los que no hayáis amado con toda vuestra alma y sin esperanza, no podéis
+comprender lo que acabo de deciros.</p>
+
+<p>Os reiréis de mí, y creeréis hacerme mucho favor llamándome solamente
+loco.</p>
+
+<p>Yo escribo para los que sufren; para los que lloran.</p>
+
+<p>Los que no veis la vida sino al través del escepticismo, no podéis
+comprenderme.</p>
+
+<p>¡Callad! porque si estoy loco, mi libro es una verdad.</p>
+
+<p>La verdad de la locura.</p>
+
+<p>¿Estáis vosotros seguros de que tenéis razón?</p>
+
+<p>¡Ah! ¡ah! ¡ah!</p>
+
+<hr />
+
+<p>Puse otra vez los dos retratos y el estuche en el cofrecillo, éste en su
+lugar, cerré el armario, y no sabiendo adónde había ido Amparo, me
+resigné a esperar su vuelta con la menor impaciencia posible.</p>
+
+<p>Al pasar por su gabinete vi una carta abierta sobre un velador.</p>
+
+<p>Aquella carta era sin duda la que había causado la precipitada salida de
+Amparo.</p>
+
+<p>La leí y palidecí como ella había palidecido.</p>
+
+<p>El padre Ambrosio había sido atacado de una congestión cerebral, y el
+médico que le asistía lo participaba a Amparo.</p>
+
+<p>Entonces comprendí por qué Amparo había salido de casa con tal
+precipitación.</p>
+
+<p>Yo salí del mismo modo, y recorrí en algunos minutos la distancia que
+separaba mi casa de la del exclaustrado.</p>
+
+<p>La primera persona que encontré en la habitación del religioso, sentada
+y triste junto a una puerta cuyas cortinas estaban corridas, fue a
+Amparo.</p>
+
+<p>Al verme se levantó de una manera nerviosa, y sus ojos se fijaron en mí
+con una alegría inmensa, pero aquella alegría tuvo la duración de un
+relámpago.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ah!&mdash;dijo&mdash;yo no esperaba... que volviéseis tan pronto.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! sí&mdash;la dije&mdash;no puedo vivir separado de ti.</p>
+
+<p>Y acercándome a ella, la abracé y la besé en la boca de una manera
+ardiente.</p>
+
+<p>Amparo dio un gritó, se retiró y me miró de una manera profunda.</p>
+
+<p>Yo me rehice.</p>
+
+<p>&mdash;He visto la carta en que te anunciaban el triste estado de nuestro
+amigo&mdash;la dije.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! sí&mdash;dijo ella rehaciéndose a su vez&mdash;yo corrí, volé;
+pero...&mdash;añadió tristemente&mdash;todos hemos llegado tarde.</p>
+
+<p>&mdash;¡Ha muerto!</p>
+
+<p>&mdash;No: pero no hay esperanza; se ha hecho cuanto puede hacerse.</p>
+
+<p>Amparo calló y quedó profundamente triste.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y estás... sola?</p>
+
+<p>&mdash;Sí... el infeliz duerme; Teresa ha ido a casa para que vengan Juan y
+María; he mandado traer una cama; me siento mala, desesperada, Luis; era
+mi padre.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>El buen exclaustrado murió aquella misma tarde.</p>
+
+<p>Amparo volvió a casa desolada, impresionada fuertemente; se encerró en
+su aposento, y yo respeté su dolor.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Me vi obligado a continuar durante algunos días mi antiguo papel de
+hermano.</p>
+
+<p>Al fin, una mañana, Amparo me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Siéntate a mi lado, Luis.</p>
+
+<p>Me senté en el sofá junto a ella.</p>
+
+<p>&mdash;Necesito que me expliques&mdash;me dijo&mdash;ciertas cosas que no comprendo
+bien. Desde que has vuelto de tu extraño viaje eres otro.</p>
+
+<p>&mdash;¿Otro?</p>
+
+<p>&mdash;Sí por cierto, antes sufrías; ahora no sufres; antes no tenías ni fe
+ni esperanza; ahora... Luis; yo veo en tus ojos otra vida... Luis; tú
+has encontrado la felicidad que buscabas... yo quiero saber la causa de
+tu felicidad.</p>
+
+<p>Amparo tenía menos paciencia que yo, y pasaba la primera el límite que
+tácitamente nos habíamos señalado.</p>
+
+<p>Quise facilitarla el camino adelantándome a ella.</p>
+
+<p>&mdash;Te engañas, Amparo&mdash;la dije&mdash;yo no soy feliz, bajo el punto de vista
+que tú crees.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! sí, sí; yo no me engaño&mdash;me respondió.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te has estado engañando hasta ahora; por mejor decir, yo he
+sabido engañarte.</p>
+
+<p>-¡Tú!</p>
+
+<p>-Sí.</p>
+
+<p>&mdash;¡Cómo!</p>
+
+<p>&mdash;Tú no has conocido mis celos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Tus celos! ¡amas acaso!</p>
+
+<p>&mdash;Sí, con toda mi alma, con toda mi fe, con todo mi entusiasmo.</p>
+
+<p>Y la rodee un brazo a la cintura.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! ¡qué es esto! ¡Dios mío!&mdash;exclamó Amparo levantándose pálida como
+un cadáver.</p>
+
+<p>&mdash;Mis celos son justos&mdash;dije fingiéndome desesperado&mdash;tu amor hacia un
+ser misterioso, te hace horrible toda demostración de amor por mi parte.</p>
+
+<p>Amparo continuaba de pie, aterrada, muda, pálida, fijando en mí una
+mirada llena de ansiedad, de temor, de duda; ávida, dolorosa,
+suplicante, llena de impaciencia.</p>
+
+<p>Yo la atraje a mí y la senté sobre mis rodillas sin que ella opusiese
+resistencia; inclinó la cabeza sobre el pecho, luego la alzó, me miró
+destellando de sus magníficos ojos negros un fuego casi divino, y me
+dijo con las manos puestas sobre mis hombros con la boca entreabierta,
+los labios trémulos, embriagándome con el perfume de su aliento.</p>
+
+<p>&mdash;¡Luis! ¡Luis! ¡ten compasión de mí!</p>
+
+<p>Y luego reclinó la cabeza sobre mis hombros, y rodeó sus frescos brazos
+a mi cuello.</p>
+
+<p>&mdash;¡Yo te amo!&mdash;la dije con voz opaca y ardiente rozando con mis labios
+sus mejillas.</p>
+
+<p>Amparo se estremeció y rompió a llorar.</p>
+
+<p>&mdash;¡Te amo&mdash;continué&mdash;no sé desde cuando! me parece que te he amado toda
+mi vida; que te amaba antes de nacer.</p>
+
+<p>Amparo se estrechó más contra mí.</p>
+
+<p>&mdash;He callado, porque debía callar; he sufrido cuanto he podido sufrir;
+pero ya no puedo sufrir más, porque tengo celos.</p>
+
+<p>Amparo levantó su cabeza de sobre mi hombro, y me miró con una expresión
+triste, grave, solemne, al través de sus lágrimas.</p>
+
+<p>Luego me dijo con voz opaca y reconcentrada:</p>
+
+<p>&mdash;¡Celos tú! ¡celos por mi amor y celos de otro hombre! ¡Esto es
+horrible! ¡Esto no puede ser!</p>
+
+<p>Fue para mí tan inesperada esta exclamación de Amparo, que me estremecí,
+y brotaron a mis ojos, sin duda, todos mis enamorados deseos, porque las
+mejillas de Amparo se coloraron, y pasó por sus labios una indicación de
+sonrisa inefable.</p>
+
+<p>&mdash;¿Con que yo lo soy para ti?&mdash;añadió&mdash;¿con que has sufrido y has
+callado y has mentido, como yo he sufrido, mentido y callado? ¿con que
+por una obcecación mutua hemos estado a punto de ser los más
+desgraciados de la tierra?</p>
+
+<p>&mdash;¿Pero ese hombre? ¿ese hombre a quien amas? ¿es imposible de tu
+deseo?...</p>
+
+<p>&mdash;Ese hombre, eres tú&mdash;me dijo exhalando en un grito inmenso toda su
+alma, y dejándose caer abandonada y trémula entre mis brazos.</p>
+
+<p>&mdash;¡Oh! qué feliz soy&mdash;añadió sollozando de placer&mdash;¡Dios! ¡y tú!</p>
+
+<hr />
+
+<p>La memoria es un don funesto.</p>
+
+<p>¡La memoria, que nos trae en la desgracia, el encendido recuerdo de la
+felicidad perdida!</p>
+
+<p>¡Oh! ¡la memoria!</p>
+
+<p>¡Si Satanás no tuviese memoria, no estaría condenado!</p>
+
+<hr />
+
+<p>Después de esto había en el manuscrito que me había entregado mi amigo
+el loquero del hospital de Zaragoza, algunas hojas rasgadas.</p>
+
+<p>Púsome de muy mal humor esta laguna que aparecía de repente, acaso en la
+parte más interesante de la historia de aquel pobre loco; y tanto más,
+cuanto en algunos girones de hojas que habían quedado adheridos, se
+leían algunas frases que demostraban que Luis no había sido muy feliz
+después de su matrimonio.</p>
+
+<p>Pero para subsanar en cierto modo esta falta, quedaban íntegras más allá
+de las hojas rasgadas, algunas otras escritas con seguridad, y aun nos
+atreveremos a decir con reflexión, en estado de razón completa.</p>
+
+<p>He aquí aquellas páginas:</p>
+
+<hr />
+
+<p>He despertado de un largo sueño.</p>
+
+<p>No sé cuánto tiempo ha durado mi sueño.</p>
+
+<p>Pero ha debido de ser largo.</p>
+
+<p>Me he encontrado en una prisión.</p>
+
+<p>Esto es; en un pequeño aposento, cuya puerta demasiado fuerte, tiene una
+rejilla espesa, y al que da luz una ventana con reja que corresponde a
+un jardín abandonado.</p>
+
+<p>En este aposento he visto algunos muebles modestos, y una cama de forma
+extraña, inclinada, y a lo largo de cuyas maderas hay algunas correas.</p>
+
+<p>Estas correas demuestran que algunas veces ha habido necesidad de
+sujetar en aquel lecho, a la persona que en él durmiese.</p>
+
+<p>Estando ese lecho en mi aposento, o yo en el aposento donde está ese
+lecho, claro es que la persona a que alguna vez se han visto en la
+necesidad de sujetar, soy yo.</p>
+
+<p>¿Y por qué razón ha podido haber esa necesidad de sujetarme?</p>
+
+<p>Yo no me acuerdo de nada.</p>
+
+<p>Tengo un recuerdo confuso de una noche en que bebí demasiado, en que me
+escité demasiado, en que ardía mi cabeza, en que me parecía sentir
+dentro de ella un vacío doloroso.</p>
+
+<p>Recuerdo que entonces tenía yo veinte y cuatro años; que era
+desgraciado, porque la vida era para mí monótona, porque me había
+hastiado de todo.</p>
+
+<p>Recuerdo que yo buscaba una vida artificial, en los excesos, en el abuso
+de los licores fuertes.</p>
+
+<p>He debido pasar mucho tiempo sin la conciencia de mi existencia, o
+mejor dicho, el período de mi existencia, cuyos sucesos no recuerdo, ha
+debido de ser largo.</p>
+
+<p>Porque me he mirado a un espejo que tengo aquí colgado en la pared, y me
+he encontrado viejo, enfermo, horriblemente demacrado, con todas las
+señales de la tisis.</p>
+
+<p>He encontrado en mi mesa un manuscrito: manuscrito mío, no puedo dudar
+de ello.</p>
+
+<p>Ese manuscrito me ha dicho que he estado loco, que he soñado.</p>
+
+<p>Que he vivido muchos años, entregado a una pesadilla dolorosa y que
+despierto para morir.</p>
+
+<p>He recobrado indudablemente la razón.</p>
+
+<p>Al entrar un hombre con mi comida me ha mirado con asombro, y me ha
+llamado: «señor duque.»</p>
+
+<p>¡Con que ha muerto mi pobre tío!</p>
+
+<p>¡Con que es verdad lo que dice ese manuscrito!</p>
+
+<p>¿Quién sabe?</p>
+
+<p>He preguntado acerca de mí mismo, acerca de mi tío, y nada ha sabido
+contestarme el director del establecimiento.</p>
+
+<p>Un día me trajeron aquí porque estaba enteramente loco.</p>
+
+<p>Un curador, nombrado judicialmente, ha cuidado de mis bienes, porque yo
+no tengo parientes.</p>
+
+<p>He mandado llamar a ese hombre.</p>
+
+<p>&mdash;¿Qué sabe usted de la causa de mi locura? le he preguntado.</p>
+
+<p>&mdash;Nada puedo contestar a vuecencia, me ha respondido, sino que fue
+recogido de las calles públicas por donde vuecencia discurría
+diariamente perdida la razón: ningún pariente se presentó a reclamar la
+curaduría de vuecencia como demente, y esa curaduría se me ha conferido
+por providencia judicial: vuecencia ha recobrado la razón, y estoy
+dispuesto a darle cuentas.</p>
+
+<p>&mdash;No se trata ahora de eso. ¿Soy yo viudo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo ignoro, señor: en Zaragoza se sabe únicamente que un día llegó
+vuecencia en una silla de posta, procedente de Madrid, a la fonda de las
+Cuatro naciones, en donde tomó el mejor aposento: en el pasaporte de
+vuecencia constaban su nombre y su título: muy luego se comprendió que
+vuecencia estaba gravemente enfermo: al cabo su enfermedad se agravó: lo
+que antes era una monomanía tranquila, se convirtió en una locura
+furiosa, y fue preciso...</p>
+
+<p>&mdash;Bien, bien; pero para reconocer mi título y mi nombre debió
+identificarse mi persona.</p>
+
+<p>&mdash;Sí, señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y no consta en las diligencias judiciales mi estado?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor.</p>
+
+<p>&mdash;¿Y nadie me conocía en Zaragoza?</p>
+
+<p>&mdash;No, señor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, es necesario que usted, u otra persona de confianza, vayan
+a Madrid: yo daré a usted, o a esa persona, cartas para mis antiguos
+amigos. Necesito saber un período de mi historia que durante mi
+enfermedad he olvidado.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Este hombre, que es un honrado propietario aragonés, ha partido para
+Madrid.</p>
+
+<p>Pero me temo que cuando vuelva...</p>
+
+<p>Esta tos seca, lenta, sin esfuerzo...</p>
+
+<p>Me he visto obligado a guardar cama.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>¡Amparo!</p>
+
+<p>¡Una mujer formada por la educación, sostenida por la virtud, por lo
+exquisito de su sentimiento!</p>
+
+<p>Esta mujer debe de haber sido un sueño mío.</p>
+
+<p>Esta mujer no ha existido.</p>
+
+<p>Ha sido un hermoso sueño de primavera.</p>
+
+<p>Una horrible pesadilla de verano:</p>
+
+<p>¡Esa mujer!</p>
+
+<p>¿Y si ella hubiese existido?</p>
+
+<p>¿Si no hubiera sido el sueño de un loco sediento de amor?</p>
+
+<p>¡Oh! ¡qué horrible desgracia!</p>
+
+<p>He rasgado la parte más dolorosa de ese sueño o de esas memorias.</p>
+
+<p>La he rasgado y la he quemado temeroso de volver a la locura si leo
+mucho ese fragmento horrible.</p>
+
+<p>Pero su recuerdo está fijo en mi memoria.</p>
+
+<p>Un día entré yo en mi casa, como suele entrarse por casualidad, sin ser
+notado.</p>
+
+<p>En el gabinete de mi mujer hablaba un hombre.</p>
+
+<p>Uno de mis mayores amigos.</p>
+
+<p>Pretendía una cosa horrible.</p>
+
+<p>Pretendía que ella me hiciera traición.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Yo maté a aquel hombre.</p>
+
+<p>Le maté como mata un caballero a un infame que le ha ofendido.</p>
+
+<p>En duelo, con peligro de mi vida.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Todo esto ha debido ser un sueño.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¡Pero que sueño tan horrible!</p>
+
+<p>Y si no ha sido sueño. ¡Qué verdad tan aterradora!</p>
+
+<p>Parece que Dios me ha dicho:</p>
+
+<p>«Tu dudaste de mí, y me negaste al cabo:</p>
+
+<p>»Yo tuve compasión de ti, y te envié en Amparo un ángel de redención;</p>
+
+<p>»Después te sujeté a una prueba;</p>
+
+<p>»Te hice sufrir una injuria;</p>
+
+<p>»Tú no supiste perdonar la injuria y levantaste tu mano armada contra un
+hombre y le mataste.</p>
+
+<p>»Tú no eras merecedor de la felicidad.</p>
+
+<p>»El ángel que yo te había dado, vio sangre humana en tu frente y se
+horrorizó de ti...</p>
+
+<p>»Y el horror le mató.</p>
+
+<p>»Le mató como un tósigo lento.</p>
+
+<p>»Y el hijo, el hermoso hijo que el amor de Amparo te había dado, privado
+de la ternura de su madre, murió también...</p>
+
+<p>»Y tú enloqueciste.</p>
+
+<p>»Y como Caín el maldito, fuiste separado de tus hermanos.»</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Si esto ha sido verdad... ¡Oh Dios mío! tu justicia ha sido severa;
+severa e implacable.</p>
+
+<p>Si ha sido un sueño, ¿para qué me has dado ese ardiente sueño, Dios mío,
+ese sueño escrito por mi mano, que me hace dudar, que me envenena el
+alma?</p>
+
+<p>¿Será acaso ese sueño un castigo a mi impiedad, a los impuros desórdenes
+de mi juventud?</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>¡Cuánto tarda ese hombre que ha ido a Madrid!</p>
+
+<p>Me siento cada día más débil.</p>
+
+<p>Cada día escribo con más dificultad.</p>
+
+<p>Ignoro si podré concluir.</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<p>Escribo estas últimas líneas en el lecho.</p>
+
+<p>Apenas tiene fuerza mi mano para sostener la pluma.</p>
+
+<p>Tal vez ese hombre no llegue a tiempo.</p>
+
+<p>Oídme por la última vez:</p>
+
+<p>No dudéis de Dios: si sois desgraciados, aceptad resignadamente la
+desgracia: si Dios os da la felicidad, no os hagáis indignos de ella; y
+nunca, oyendo la voz de vuestras pasiones, siguiendo a ese fantasma que
+se llama honor, echéis sangre sobre vuestra frente: sufrid y perdonad,
+no sea que os pregunte Dios cuando en un momento de desesperación le
+pidáis cuenta de vuestra desgracia:</p>
+
+<p>¡Caín! ¿qué has hecho con tu hermano Abel?</p>
+
+<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p>
+
+<hr />
+
+<p>Aquí concluían las memorias del loco. Tuve la tentación de
+esclarecerlas, pero me detuvo el temor de encontrar en el
+esclarecimiento de estas memorias algo demasiado horrible.</p>
+
+<p>Si hemos presentado a nuestros lectores una obra incompleta,
+perdónennos, porque no hemos podido hacer más.</p>
+
+<p class="c">FIN</p>
+
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO ***
+
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
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+
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+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
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+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
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