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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 02:34:28 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Amparo + (Memorias de un loco) + +Author: Manuel Fernández y González + +Release Date: November 19, 2008 [EBook #27295] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + + + + +MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ + +AMPARO + +(MEMORIAS DE UN LOCO) + +SEGUNDA EDICIÓN + +MADRID + +EST. TIP. DE RICARDO FÉ + +Cedaceros, núm. 11 + +1888. + +_Es propiedad._ + + + + +EPÍLOGO + + +He pasado de los treinta años, funesta edad de tristes desengaños, que +dijo Espronceda. + +Me he arrancado mi primera cana. + +La experiencia se ha encargado de arrancarme una a una todas mis +ilusiones, o por mejor decir de secar todas mis creencias. + +Hoy sólo tengo dos: + +Creo en un Dios incomprensible. + +Creo que la vida es un sueño + +La primera verdad la ha dicho la Biblia. + +La segunda la ha dicho Calderón. + +Si alguien dijo la primera antes que la Biblia; + +Si alguien dijo la segunda antes que Calderón, quede sentado que yo no +conozco fuera de aquel admirable libro y de aquel admirable poeta, al o +a los que haya o hayan dicho aquellas dos verdades. + +Lo que yo sé decir, por experiencia propia, es que nadie cree las +verdades hasta que se las hace conocer la experiencia. + +La experiencia, en general, tiene una manera muy dura de dar a conocer +las verdades. + +Si se nos permite que supongamos que la vida es un camino sobre el cual +marchamos con los ojos vendados, se nos permitirá también suponer que la +experiencia es un poste colocado en medio de nuestro camino, hacia el +que marchamos a ciegas, y contra el cual nos rompemos las narices. + +Pero en cambio, y por mucho que el golpe nos haya dolido, encontramos +una verdad que no conocíamos; + +El reverso de una medalla; + +La antítesis de una bella idea; + +El interior de un _sepulcro blanqueado_; + +Sarcasmo y podredumbre. + +De lo que se deduce que: costándonos el conocimiento de cada verdad una +contusión, y siendo infinitas las verdades que nos obligan a descubrir +las ilusiones que debemos a nuestro amor propio, un hombre no puede +llegar a tener experiencia, sin encontrarse completamente descoyuntado. + +Un hombre lleno de experiencia es un árbol muerto, metafóricamente +hablando, contra el cual zumba desapiadadamente el _huracán de las +pasiones_, valiéndonos de otra metáfora. + +Y sin embargo de que, y continuamos en el estilo metafórico, ya no tiene +ni frutos ni hojas que el huracán pueda arrancarle, le arranca las +extremidades de las ramas secas. + +Después viene el rayo y le hace trizas. + +Después la lluvia del invierno le pudre. + +¿Dónde estaba el hermoso árbol? + +Hasta sus raíces se han podrido. + +Ese árbol no ha existido. + +Ha sido un hermoso sueño de primavera. + +Una horrible pesadilla de verano. + +Sí; Dios que ha hecho su criatura para que sea destruida, es +incomprensible. + +La vida que pasa sin dejar tras sí vestigio alguno es un sueño. + +Quede sentado que la Biblia es un gran libro; + +Que Calderón era un gran poeta; + +Y que yo soy lo que quieran mis lectores que sea. + +* * * + +Esto escribía yo una noche que no tenía sueño. + +Eran las tres. + +Estaba en calzoncillos blancos y tenía frío. + +No tenía un cuarto y estaba desesperado. + +Un viejo reloj de pared me dejaba oír un monótono tic-tac. + +El ruido de un péndulo cuando se está en cierta disposición de ánimo, es +un ruido que crispa los nervios. + +No sé a quien he oído decir que el cólera morbo es una enfermedad +nerviosa. + +De modo, que cuando no se tiene sueño, cuando no se tiene dinero, y se +tiene frío, y se oye el tic-tac de un péndulo, en medio del silencio de +la noche, se está muy expuesto a ser un _caso_. + +Por lo mismo, y cediendo a un laudable sentimiento de conservación +propia, voy a meterme de nuevo en la cama y a buscar la vida en el +sueño. + +Porque, si la vida es sueño, el sueño debe ser vida. + +Y esto es tan exacto, como que, si la vida del hombre son las ilusiones, +nada más comparable a la vida que el hermoso sueño de un sediento que +cree estar echado de bruces sobre una fuente cristalina; + +O el de un pobre que cuente oro; + +O el de un enamorado que besa y devora a una mujer hermosa; + +O el de un diputado de la oposición que se mete debajo del brazo una +cartera; + +O el de un hambriento que come en la fonda del <sc>Cisne</sc>. + +(Entre paréntesis: la fonda del <sc>Cisne</sc> es de un amigo mío, y puedo +recomendarle cualquiera de mis lectores, para que en un cubierto de a +duro le ponga un plato más.) + +* * * + +Me he metido en la cama, pero no he conseguido dormirme. + +La realidad huye de mí: el sueño me persigue. + +Soñemos, ya que no podemos vivir. + +Soñemos escribiendo. + +Escribir es muy fácil, sobre todo cuando se escribe mal. + +Por eso tenemos en España tantos literatos; + +Y tantos poetas; + +Y tantos periodistas; + +Y tantos sabios. + +Esto consiste en que en España todos estamos aburridos, o tenemos frío o +hambre, y nos distraemos escribiendo. + +También es cierto que son muy pocos los que se distraen leyéndonos. + +Por eso en España los escritores no tenemos un cuarto. + +Hay diez musas. + +O por mejor decir, no hay diez musas sino una. + +Antes había nueve. + +La una, que las ha matado, es una musa horrible que vive de dar muerte. + +Esa musa es el <sc>Hambre</sc>. + +El hambre es la musa de los españoles. + +¿Quién dijo esto? ¿Quién lo dijo? + +Venturita. + +No señor: don Ventura. + +Aun no señor: el excelentísimo señor don Ventura de la Vega. + +El que abandona a _César_ por el _Marqués de Caravaca_; + +La tragedia por la zarzuela; + +La fama por el dinero. + +Bien sabía Vega lo que se decía cuando dijo que la musa diez era el +hambre. + +Nosotros hemos dicho que el hambre es la musa única de los españoles. + +Y si no, ¿quién les inspiró la revolución de julio? + +Porque una revolución no es otra cosa que una poesía diabólica, para +producir, la cual es necesario que a todo un pueblo se le calienten los +cascos. + +¿Quién fue, pues, la musa que inspiró al pueblo de Madrid aquella +sinfonía infernal de los _tres días_ y aquel poema berroqueño en quince +cantos de las barricadas? + +Fue la libertad. + +Sí, señor: pero la libertad en su sentido real, tangible y comestible: +el deseo de comer libremente. + +¿Quién inspiró tantas cosas inspiradas como se dijeron y se escribieron? + +La necesidad de comer. + +Es verdad que no hemos comido tanto como esperábamos: que el banquete no +ha correspondido al programa... pero... + +Se conoce que estoy de muy mal humor, en que he ido a meterme con botas +y espuelas bajo la jurisdicción o en la jurisdicción del señor fiscal de +imprenta. + +Por lo mismo, y para evitar una cornada, tomemos de nuevo el olivo de la +bella literatura. + +Esto es: levantemos ante el señor fiscal, como en señal de paz, un ramo +de oliva. + +Dicen que en el Saladero es muy fácil convertirse en _caso_. [* Esto se +escribía durante el cólera.] + +Es necesario, pues, evitar de todo punto que le pongan a uno en +salmuera. + +Pero diréis, y con razón: el autor está loco: + +Perdonad: una palabra. + +Tened en cuenta que he empezado mi novela por el epílogo: es decir, que +la he acometido por la cola. + +Este epílogo, reducido a su verdadera expresión debía constar únicamente +de estas palabras: + +<sc>El autor se ha vuelto loco</sc>. + +O bien si no os agrada el modismo: + +<sc>El autor ha enloquecido</sc>. + +O bien: + +El autor no ha logrado todavía encontrar su juicio, y se lo pide a sus +lectores. + +* * * + + + + +MEMORIAS DE UN LOCO + + +Era ya muy tarde, o por mejor decir muy temprano. + +Los relojes de la villa de Madrid habían marcado las tres de la mañana. + +No había alumbrado; pero el reflejo de la nieve que cubría las calles +hacía la noche muy clara, aunque el cielo estaba muy oscuro. + +Salía yo de una de esas casas... + +Pero antes de que os diga la casa de donde salía, debo deciros quién soy +yo. + +Soy un hombre ni feo ni hermoso, que acabo de cumplir treinta y seis +años, y que en la época en que pongo la fecha de mis memorias tenía +veinticuatro. + +Soy una persona decente, porque soy rico, y lo fue mi padre y también lo +fueron mis abuelos. + +Porque soy rico y persona decente me fastidiaba en aquella época. + +Ahora no me fastidio: ahora agonizo. + +Pero en aquella época estaba hastiado. + +A los veinticuatro años había viajado mucho, y de mis viajes sólo había +sacado en limpio una suma enorme de recuerdos embrollados. + +Mi pensamiento era una especie de torre de Babel. + +En mi continuo trato con toda clase de gentes sólo había encontrado una +verdad. + +Que nuestro hombre y nuestra mujer no existen. + +O, precisando más la frase, que nuestro amigo y nuestra amante son dos +fantasmas soñados por nuestro deseo. + +Sin embargo, muchos hombres me han ofrecido su bolsa y su vida, y muchas +mujeres su cuerpo y su alma. + +Yo tomaba lo que estos hombres y estas mujeres me vendían a beneficio de +inventario, y ponía en cuenta corriente sus sacrificios frente a mi +dinero. + +Lo que significa que descubrí otra verdad que se contiene en los +siguientes versos: + + Pues el amor y la amistad se venden, + lo que hay que procurarse es el dinero. + +Si yo hubiera sido pobre, me hubiera afanado por adquirirle, para tener +un día el placer de estrechar las manos de muchos amigos y ser +estrechado entre los brazos de muchas amantes. + +Pero como era rico, me encontré en posición de entrar en el mundo de las +afecciones por la puerta principal desde el momento en que me decidí a +ser _hombre de mundo_. + +Y tuve amigos y amantes... a docenas. + +Pero comprendí que estos amigos y estas amantes no merecían ni aun los +honores de la farsa. + +Acabé por hastiarme y pensé en el suicidio. + +El hastío es la modorra del espíritu, su condensación, su no hay más +allá; su mortaja, su ataúd, su _pulvis es_. + +Un hombre hastiado es un muerto que anda; un muerto que en vez de +apestar a los vivos es apestado por ellos. + +Me decidí por el suicidio. + +Pero no adopté el medio vulgar de darme un pistoletazo, de suspenderme, +de sumergirme, de darme de puñaladas o de beber ácido prúsico. + +Tales medios no los adoptan más que los desesperados de mal género. + +Los que temen a los acreedores. + +Los que han sido bastante necios para referir su existencia a la +posesión de una mujer. + +Los etcétera, etcétera. + +Un hombre hastiado debe morir noblemente luchando brazo a brazo con el +hastío, forzándole, estrechándole, entrando de lleno en los excesos de +todo género, hasta caer bajo los estragos de una vida monstruosa, +absurda. + +Yo lo adopté todo: la crápula, la orgía el desorden, el placer... + +Yo esperaba que apareciese la tisis. + +Pero la tisis huyó espantada de mí. + +Inútilmente forcé mi organización, procuré gastarme. + +Mi organización resistió como una máquina de acero. + +Entonces me entregué resignado a mi destino. + +Como si un genio fatal y poderoso se hubiese propuesto oponerse a mi +voluntad, se me hizo imposible el suicidio, a no ser apelando al medio +ruidoso y poco decente de levantarme la tapa de los sesos, o de hacerme +matar en un duelo. + +Me reduje, pues, a satisfacer las necesidades materiales, y no pudiendo +vencer al hastío, le acepté con dignidad. + +En este estado, pues, me encontraba a las tres de la mañana, aquella en +que las calles de Madrid estaban cubiertas de nieve. + +Salía yo de una de esas casas, donde todo es permitido, donde se ríe, se +bebe, se habla libremente, se fuma y se está medio tendido y con el +sombrero puesto. + +Una de esas casas, en cada una de las cuales tiene abierta una candente +y luminosa página el mundo. + +Donde las mujeres se presentan tales cuales son, arrojada la careta del +decoro. + +Donde los hombres hacen gala de sus vicios. + +Yo no gozaba allí; pero estaba mejor que en otras partes, porque allí al +menos veía claro, y no estaba obligado a fingir ni a violentarme. + +* * * + +Adelantaba yo maquinalmente a lo largo de una calle. + +Aquella calle era corcobada de configuración y ciega de luces. + +Hacía un frío de cuarenta grados y nevaba. + +De repente brilló una luz a lo lejos, y un cuerpo humano proyectó sobre +la pared una gigantesca sombra. + +Y, sin embargo, lo que producía aquella sombra gigantesca era una niña. + +Aquella niña era una trapera. + +Iba sola, y la acompañaba un perro. + +Yo llevaba en la boca un cigarro sin encender, y con intención de +encenderle me dirigí a la trapera. + +La muchacha tenía muy poca ropa, y el perro muchas lanas. + +Sin embargo, la muchacha parecía resistir admirablemente el frío, y el +perro tiritaba. + +La muchacha cantaba a media voz, sin duda por temor de interrumpir con +su canto el sueño de los vecinos, y revolvía los montones de despojos +con su gancho, buscando trapos que, cuando encontraba, arrojaba en la +cesta. + +Al acercarme, el perro gruñó y adelantó hacia mí de una manera +amenazadora. + +La muchacha entonces me miró y seguidamente llamó a su perro. + +--¡Eh! ¡quieto, Mustafá! le dijo, dejándome oír una voz infantil y +fresca, al par que armoniosa y grave: ¿no ves que es un caballero? + +El perro retrocedió, y yo me acerqué más. + +La muchacha me miró de nuevo. + +Hay miradas que son una historia. + +Hay miradas que son un poema. + +Hay miradas que son una sátira. + +Hay miradas que dilatan el alma. + +Hay las por el contrario que la comprimen. + +La mirada de la traperita me refirió una historia muy sencilla. + +La historia de una vida de sufrimiento. + +La mirada de la traperita fue un poema que podía haberse reducido a +estas dos palabras: + +«Sufro y espero.» + +Estas dos palabras son la historia del género humano. + +Sufrir y esperar. + +¿Qué sufría aquella niña? + +La pobreza con todas sus consecuencias, acaso. + +¿Qué esperaba? + +¡Quién sabe lo que puede esperar una criatura! + +La muchacha era toda ojos: unos hermosísimos, rasgados y elocuentes ojos +negros. + +Aquellos ojos se descataban de una manera enérgica, y parecían más +grandes y más negros que lo que lo eran en realidad, sobre un semblante +flaco, muy pálido, muy triste. + +A pesar de la tristeza de aquel semblante, los ojos sonreían, pero con +la triste sonrisa de la resignación. + +Su mirada dilató mi alma, la hizo aspirar una pasión pura. + +Yo creo que fue compasión hacia aquella niña lo que me hizo sentir su +mirada. + +Y a más de la compasión un no sé qué misterioso, que no era amor ni +deseo porque ni deseo ni amor podía inspirarme aquella pobre criatura. + +Sin embargo, han pasado doce años desde que la vi la primera vez, y aún +no he podido olvidar su primera mirada. + +Me sonrío con ella como se sonríe a un hermano querido. + +Me dio _paz_ con su mirada en el alma. + +* * * + +Han caído dos lágrimas sobre el papel. + +Siempre que las lágrimas asoman a mis ojos tiemblo de miedo. + +Porque cuando mis ojos se arrasan, me sobreviene al poco tiempo uno de +esos horribles ataques, en que no pudiendo resistir lo íntimo del dolor +de mi corazón, grito y me revuelco, y me destrozo: y entonces vienen las +ligaduras y el lecho de tormento y el horrible casco de nieve. + +¡Me creen loco! + +Es necesario pues olvidar, procurar olvidar; secar las lágrimas y +esconder estas memorias. + +La miré frente a frente, y ella me miró durante algunos segundos con una +curiosidad infantil. + +--Encienda usted, caballero, me dijo, levantando su farol y abriéndole. + +Encendí mi cigarro. + +Luego volví a mirar a la traperita que cerró el farol y se puso a +rebuscar de nuevo con su gancho. + +Yo, no sé por qué, permanecía inmóvil junto a ella. + +--¿Cuánto ganas buscando trapos? la dije. + +--Según: me contestó: diez cuartos, doce, dos reales. Antes se ganaba +más; pero ahora... hay muchos traperos y pocos trapos. + +--¿Y no tienes más oficio que éste? + +--No señor. + +--¿Y con diez cuartos te mantienes? + +--Como pan unos días, y otros pan y queso. Además, la señora Adela gana +otro tanto. + +¡La señora Adela! Aquel calificativo antepuesto a un nombre hasta cierto +punto aristocrático, causó en mí un efecto inesplicable. + +--¿Quién es la señora Adela? la pregunté. + +--Es una mujer que me ha criado. + +Y al pronunciar estas palabras, creí notar en su entonación algo de +doloroso, algo de impaciente, algo que revelaba que no era la señora +Adela lo mejor del mundo para la traperita. + +Comprendí que tenía delante una pobre existencia necesitada de amparo. + +Nunca mi hastío de la vida llegó hasta el punto de hacerme indiferente a +las desgracias ajenas. + +Metí la mano en mi bolsillo y saqué una moneda. + +Era una onza. + +Yo había pensado darla un napoleón. + +Sin embargo, alargué la mano hacia la niña y la entregué la onza. + +La chica la tomó, probó su peso y se puso gravemente seria. + +--¡Gracias, caballero! me dijo, devolviéndome la onza. Me basta con lo +que gano. + +Y se puso de nuevo a revolver y a buscar, guardando un profundo +silencio, y visiblemente contrariada. + +--¿Por qué no has tomado ese dinero? la dije. + +La muchacha no contestó. + +Me obstiné, y entonces, alzándose con una dignidad y una firmeza +supremas, me dijo: + +--Si no sigue usted su camino, caballero y me deja en paz, llamaré al +sereno. + +A tal arranque tomé mi partido: arrojé la onza en la cesta de la +muchacha, y me alejé. + +--Por favor, caballero, me dijo corriendo tras de mí y con acento entre +suplicante y colérico: usted está equivocado y tira su dinero. Créame +usted: tome usted su onza: yo le doy las gracias y... no hablemos más. + +--¿Y de qué modo puedo yo hacer para favorecerte? dije volviendo y +tomando la onza. + +--Dios me favorecerá; esté usted seguro de ello. Dios y... + +La muchacha calló, tembló y fijó una mirada ansiosa en el fondo de la +calle. + +Guiado por su mirada, miré y vi otra trapera que se acercaba. + +--¡La señora Adela! exclamó la muchacha, y se puso con un ardor febril a +su interrumpido trabajo, mientras Mustafá gruñía sordamente. + +Tardó poco en llegar una mujer harapienta, alta, huesosa, como de +treinta y cinco a cuarenta años, que fijó en mí una mirada insolente. + +--¿Qué quiere este caballero? preguntó con acento de amenaza a la pobre +niña. + +--Me ha pedido fuego para un cigarro, contestó temblando la traperita. + +Yo creí deber atajar la conversación. + +--¿Es usted la señora Adela? la dije. + +--Sí, señor: ¿qué se le ofrece a usted? contestó secamente. + +--Necesito hablar con usted a solas. + +--¡Ah! ¡Necesita usted hablarme! Pues vamos. + +Y se puso en marcha. + +Noté que la traperita arrojaba sobre aquella mujer y sobre mí, una +mirada llena de ansiedad. + +Seguimos la señora Adela y yo a lo largo de la calle, y nos detuvimos a +la puerta de uno de esos cafetines, asilos de tahúres y vagos, cuya +puerta se cierra a la hora prescrita en los bandos, pero que se abre +durante toda la noche a todo el que llega. + +Llamé, abrieron, y la señora Adela y yo entramos. + +Nos sentamos junto a una mesa, y la trapera pidió aguardiente. + +Entonces, a la luz de un mechero de gas inmediato, pude observar ciertos +rasgos de distinción degradada en el semblante angular y huesoso de +aquella mujer: del mismo modo, no era difícil comprender que aún era +joven; que si parecía vieja, lo debía a excesos, y que en otro tiempo +debió ser notablemente hermosa. + +Sus manos, ese indudable signo, por el que se conocerá siempre a una +persona distinguida, eran aún bellas: su mirada altiva y fija. + +Estaba, pues, metido en una verdadera aventura. + +--Me parece que adivino de lo que quiere usted hablarme;--me dijo +mirándome con una extraña fijeza; y sin dejarme tiempo para contestar +añadió:--sin duda se trata de Amparo. + +--¡Se llama Amparo! + +--Y es una hermosa muchacha: está flaca y sobre todo mal vestida; pero +con un mes de buen trato... + +--¡Y usted la vendería, la dije con repugnancia sin dejarla concluir. + +--Hoy todo se compra y se vende, me contestó con sarcasmo: se vende el +amor, se vende la amistad. + +--¡Y se venden las hijas! + +--Amparo no es mi hija, me contestó con precipitación y con acento +singular. Hace catorce años la encontré en la calle. + +--¿Y sus padres no la reclamaron? + +--No. + +--Pero si usted no es su madre, al menos la ha criado usted. + +--Por lo mismo quiero que sea feliz, dijo la trapera con su duro acento, +que me causaba una sensación fría, punzante, indefinible. + +--¿Y para que sea feliz la vende usted? + +--La mujer no es feliz más que vendiéndose; vendiéndose muy cara +mientras es hermosa, arrancando al amor que compra, dinero para cuando +sólo puede buscarse la caridad; ¡la caridad!... + +Y después de haber pronunciado con acento de blasfemia su última +palabra, se bebió de un trago una copa de aguardiente. + +--Pues usted, la dije con desprecio, no ha sabido, por lo que se ve, +aprovechar sus buenos tiempos. + +--Es que yo no me he vendido, me contestó con una expresión singular: +por lo mismo la vendo a ella. + +--Creo que ella no piensa venderse. + +--Hará lo que yo quiera. + +--Pues bien: me encargo de esa muchacha. + +--No me gustan las palabras de sentido ambiguo. Sepamos claramente de lo +que tratamos. ¿Cuándo ha conocido usted a Amparo? + +--Esta noche. + +--¿La ha hablado usted? + +--Muy poco. + +--¿Y cómo entenderemos eso de encargarse usted de ella? + +--Creo que puede ocuparse en otro trabajo más cómodo y beneficioso, que +en el de recoger trapos. + +--Sí, ciertamente. + +--Por ejemplo: puede entrar en un taller. + +--Es verdad: repuso aquella mujer, cuyo semblante se había cubierto con +la expresión de la mayor reserva; pero es el caso, que cosiendo se gana +muy poco, y que hay que pasar por un aprendizaje, durante el cual nada +se gana. + +--¿Cuánto suele durar ese aprendizaje? + +--Acaso un año. + +--No hablemos más: venga usted conmigo. + +Pagué: salimos del café y llevé a aquella mujer a mi casa. + +Mi criado Mauricio se asombró al verme entrar con tan mala compañía, y +mucho más cuando me encerré con ella en mi gabinete. + +--De hoy en adelante, la dije, puede usted contar con doce duros +mensuales. Además, como supongo que carecerán ustedes de todo, tome +usted estos dos billetes de a mil reales, y empléelos en ropas y +utensilios. Todos los meses venga usted por la cantidad que asigno a +Amparo. + +--¡Gracias, dijo fríamente aquella mujer, y se despidió de mí. + +Cuando me quedé solo, busqué el cuaderno donde estaban consignadas mis +obligaciones, y anoté lo siguiente: + +«Doscientos cuarenta reales para Amparo.» + +Yo había hecho esto por temperamento, por costumbre, no por caridad. + +Me acosté y me dormí. + +Cuando desperté al día siguiente, había perdido el recuerdo de aquella +aventura. + +* * * + +Entró Mauricio y me dijo: + +--Ahí está una muchacha que pregunta por usted. Vino a las diez y ha +vuelto otras tres veces a ver si se había usted levantado. + +--¡Una muchacha! exclamé con extrañeza. + +--Sí, sí, señor, y no es maleja: dice que se llama Amparo. + +--¡Ah! Que entre, que entre. + +Poco después entró Amparo. + +La acompañaba su perro. + +Venía peinada y limpia, pero muy pobre y muy ligeramente vestida. + +Me saludó con gracia y con la misma digna lisura con que hubiera +saludado a un conocido antiguo. + +Sonreía tristemente y estaba encendida, sobreescitada. + +El perro fijaba en mí una atenta e inteligente mirada. + +--Perdone usted, caballero, me dijo Amparo, si he venido a incomodarle, +pero he creído que debía venir a verle. + +--¿Y por qué, hija mía? + +--¿Por qué? ¿Con qué objeto ha dado usted dinero a la señora Adela? me +contestó con precipitación y con vergüenza. + +--No hablemos de eso, la dije, la señora Adela lo sabe. + +--Nada me ha dicho, sino que ya no recogeremos más trapos; que +compraremos vestidos y camas. + +--¡Cómo! ¿No teníais camas? + +--No, señor: ese es mucho lujo para nosotras, dijo sonriendo +tristemente: cuando se ha trabajado mucho, y sobre todo, cuando, se está +acostumbrado a ello, se duerme muy bien sobre un ruedo. + +De la misma manera que otros se muestran neciamente soberbios con su +opulencia, Amparo se mostraba noblemente orgullosa con su miseria. + +--Y bien, repuse: si nada te ha dicho esa mujer, ¿cómo sabes que yo la +he dado dinero? + +--Anoche, cuando usted se alejó con ella, apagué mi farol y me fui +detrás: esperé a que saliesen ustedes del café, los seguí y vi que +entraban en esta casa. Esta mañana cuando la señora Adela me enseñó dos +papeles encarnados, cuando leí... + +--¿Sabes leer? + +--Sí, señor, contestó sin el más leve asombro de vanidad Amparo; cuando +leí lo que en aquellos papeles estaba impreso y vi que eran billetes de +banco... dinero, adiviné que aquel dinero venía de usted. + +--Y bien, ¿qué? + +--Necesito saber con qué objeto se ha desprendido usted de esa cantidad. + +--¡Bah! ¡bah! ¿Con qué objeto? Con el de que no pases más noches malas; +con el de que aprendas un oficio y puedas ser la honrada mujer de un +artesano. + +--El padre Ambrosio me ha dicho que hay en el mundo personas +caritativas; pero me ha dicho también que muchas veces se toma la +caridad por pretexto. + +--¿Y quién es el padre Ambrosio? + +--Un religioso exclaustrado de la Merced, que vive hace muchos años en +la misma casa de vecindad donde yo vivo; un digno ministro del Altísimo; +mi padre; la guía que Dios me ha dado viéndome desamparada en el mundo. + +--¡Ah! ¡un religioso! + +--El infeliz no ha podido hacer otra cosa que enseñarme a leer y a +escribir y procurar encaminarme a la virtud. Es muy pobre, pero... ¡es +un sabio! Lo poco que sé se lo debo, y, sobre todo, él me ha hecho +conocer que la mayor riqueza es la honra; la mayor felicidad tener la +conciencia tranquila; el mayor mérito a los ojos de Dios, sufrir +resignadamente la pobreza. + +--De modo que tú, pobre, miserable, destinada a un trabajo rudo y +penoso, mal alimentada, mal vestida, sin fuego con que calentarte, sin +lecho en que dormir, ¿estás resignada con tu suerte? + +--Sí, señor, contestó Amparo repitiendo su triste sonrisa. + +--¡Oh! Tú no conoces al mundo, eres muy joven; estás soñando. + +--Me he criado en una casa de vecindad y tengo ya catorce años. + +--¿Pretendes tener experiencia? + +--¡Oh! ¡sí! Yo sé que si quisiera podría vivir cómodamente, vestir +hermosas telas, concurrir a los teatros y a los paseos. Sé, porque la +señora Adela me lo ha dicho, que un hombre muy rico está enamorado de +mí. Lo sé tanto, como que me he visto maltratada muchas veces porque me +he negado... a ser feliz, como dice la señora Adela. + +--¡Oh! ¡Tan joven y ya conoces el mundo! + +--¿No he de conocerle si me he criado entre lodo? + +--Pero tu lenguaje es escogido, Amparo: tus maneras riñen con tu +posición, pareces una señorita disfrazada. + +--Lo debo al padre Ambrosio; lo debo a los libros que leo. + +--Y...¿qué libros te ha dado a leer ese religioso? + +--Cuando supe leer y escribir, me puso en las manos la imitación de +Cristo del padre Kempis. + +Yo no había leído el tal libro; pero supuse que sería un libro de +devoción como otros tantos. + +--¿Y qué más? añadí. + +--La Biblia. + +--¡Habrás leído, pues, el _Cantar de los cantares_! + +Amparo me miró profundamente y se ruborizó, lo que demostraba que había +leído aquel libro, que tenía talento y que había comprendido la +intención de mi pregunta. + +--El _Cantar de los cantares_ es un admirable libro simbólico, me dijo. + +--¿Y no has leído más? + +--Sí; sí, señor, los sermonarios de Bossuet y de Fenelón. + +--¿Y nada profano? + +--Sí; sí, señor, la historia universal de Anquetil, el Telémaco, el +padre Mariana y las poesías de nuestros clásicos. + +--¿Y novelas? + +--Ninguna... ¡ah! sí: las de doña María de Zayas, los ejemplares de +Cervantes y el Quijote, esa admirable novela. + +Y había una lisura tal en la expresión de Amparo al contestarme; tal +falta, tal negación de pretensiones, que era necesario creer que no sólo +tenía talento, sino también elevación de ideas: ¡y junto a esto tal +conformidad, tal resignación con lo ingrato de su fortuna! + +Yo, que me había interesado por ella por compasión, empecé a +interesarme por afecto, y por un momento sentí que mi hastío por la vida +desaparecía; comprendí que había encontrado algo a que podía consagrarme +dignamente: a hacer el porvenir de aquella joven tan simpática, tan +merecedora de amparo, yo era entonces impío y me dije:--Ya que la +casualidad la ha procurado un buen hombre que la eduque, yo, que soy +rico, haré lo demás: el sacerdote por una parte, y el calavera de buen +corazón por otra, haremos de ella un prodigio. + +Y dentro de mi corazón adopté a aquella niña. + +Una adopción paternal, pura, desinteresada. + +Había en Amparo algo que dilataba mi alma. + +Ni yo podía pensar de otra manera: la corrupción de la mujer por medio +del oro, me repugnaba: la rechazaban mi corazón y mi dignidad, y como +jamás pensamos voluntariamente en lo que nos repugna, ni reparé que en +Amparo existían los gérmenes de una gran hermosura, ni me incitó su +pureza, ni miré en ella más que un ser débil digno de protección. + +Por lo mismo, me apresuré a tranquilizarla respecto a mis intenciones. + +La hablé con la elocuencia del sentimiento, con su forma poética, porque +estaba seguro de ser comprendido por ella: con toda la espontaneidad de +mi franqueza y de mi desinterés, y logré que Amparo se tranquilizase +completamente. + +--¡Ah! me dijo con los ojos arrasados de lágrimas: ¡Dios se lo pague a +usted! + +Y Amparo me asió las manos, las estrechó contra su boca, y las cubrió de +lágrimas. + +Después salió. + +Mustafá, que durante esta escena había estado echado sobre la alfombra, +se levantó, me miró, movió lentamente la cola, y siguió a la niña. + +Empecé a sentir una vaga, pero dulce ansiedad: Amparo había causado en +mí una impresión profunda, me había hecho experimentar una sensación +desconocida. + +La recordaba (no podré deciros de qué modo) pero su recuerdo me dilataba +el alma. + +Era el amor de un padre satisfecho de su hija. + +Dejé de pensar en la muerte. + +Me detuve en el camino del suicidio. + +Dejé de concurrir a los lupanares. + +Arreglé mi vida. + +Causé una dolorosa sorpresa en mis administradores, anunciándoles que +iba a dedicarme al cuidado de mis intereses. + +Hice todo esto bajo la influencia de este pensamiento:--He adoptado a un +ser a quien debo procurar hacer feliz. + +Amparo había hecho en mí una revolución: me había reconciliado con la +vida. + +En recompensa, yo varié de plan respecto a su porvenir: la práctica de +un oficio mecánico me parecía indigna de ella. + +Aspiraba en su nombre a más. + +Algunos podrán creer esto exagerado; sí lo es, está en armonía con la +exageración de mi carácter; yo siento de una manera poderosa, y para +sentir me bastan pocas impresiones. + +Amparo me había impresionado fuertemente. + +* * * + +No sabía donde vivía. + +Un día encargué a Mauricio que la buscase. + +Mauricio empleó cuantos medios se conocen para encontrar una persona de +la cual se saben el nombre, las señas y la condición. + +Gracias a lo bien montada que está la policía en España, Mauricio, que +era uno de los mozos más listos que he conocido, no pudo dar con ella. + +Preguntó a los traperos y le contestaron que no la conocían. + +Fue al Ayuntamiento y sólo constaban allí el nombre y el número de +Amparo como trapera. + +Amparo empezó a hacérseme una dificultad: indudablemente a fin de mes, +la señora Adela vendría en busca de su asignación; pero yo no quería +esperar aquel plazo. + +Habían pasado quince días desde mi aventura. + +Era por la mañana y Mauricio entró alegre. + +--Ya la tenemos, exclamó. + +--¿A quién? + +--A la señorita Amparo. + +--¡Cómo! ¿sabes dónde vive? + +--Está en la antesala. + +--¡Ah! exclamé saliendo de mi gabinete y atravesando la sala; entre +usted, señora, entre usted. + +Amparo entró. + +Venía sencillamente vestida, un manto de sarga, un cordón de pelo al +cuello con una pequeña cruz dorada, un pañuelo de seda sobre los +hombros, una bata de percal, y un delantal negro; me pareció más alta y +más bella: venía encendida, alegre, con un bulto bajo el manto; me +saludó con una sonrisa sumamente afectuosa y entró en el gabinete, sobre +una de cuyas mesas dejó el bulto que traía bajo el manto, y que produjo +un sonido metálico. + +--¿Qué es eso? la dije. + +--Esto es que Dios me favorece, me contestó: son tres mil reales que he +ganado a la lotería. + +--¡Ah! exclamé adivinando su intención. + +--Tres mil reales que traigo a usted. + +--¿Y para qué quiero yo eso? + +--¿Para qué? me contestó mirándome gravemente, para que se reintegre +usted de los dos mil reales que dio a la señora Adela. + +--¡Ah! ¿eres orgullosa? + +--No por cierto, ¡sino que habrá tantos otros desdichados! + +Se me nubló el semblante, y Amparo se apresuró a decir: + +La caridad debe ser discreta; la caridad indiscreta hace más daño que +beneficio; yo ya tengo todo lo que podía desear; un cuartito alegre, una +cama blanda, ropa blanca y dos vestidos de calle. Trabajo; trabajo con +ardor, y dentro de poco seré oficiala. Emplee usted esos dos mil reales +en amparar otra desdicha, y los mil restantes guárdelos usted para +dárselos doce a doce duros a la señora Adela: hay para cuatro meses; +dentro de cuatro meses ganaré una peseta, que era cuanto deseaba. Con +que... no hablemos más. Ahí se queda eso. Tengo que comer y estar a las +tres en el taller. + +Y escapaba. + +--Espera, la dije, ¿no quieres tener nada mío? + +--¡Oh? sí, sí... el recuerdo... y el agradecimiento. ¿No basta eso? + +--Bien, me quedo con ese dinero, aunque sería mejor que los mil reales +restantes se los entregases a la señora Adela. + +--Los gastaría en aguardiente. + +--Me rindo, pero con una condición. + +--¿Cuál? + +--Ven mañana a almorzar conmigo. + +Meditó durante un momento Amparo, y contestó: + +--Vendré. Afortunadamente es domingo. + +Y saludándome alegremente, escapó. + +--¡Ah! tiene usted suerte, me dijo Mauricio; es una prenda de rey. + +Recuerdo que Mauricio, recordando un puntapié que le valió esta +observación, habló en lo sucesivo con el más profundo respeto de la +_señorita Amparo_. + +* * * + +Fuime a una joyería y gasté los tres mil reales que me había dado +Amparo, en una bonita cruz de diamantes para ella. + +La joya era de muy buen gusto, y debía parecer muy bien en el bonito +cuello de la muchacha. + +Además necesitaba dejar bien puesta mi vanidad. + +Aquella inesperada devolución la había humillado. + +Amparo me trataba por decirlo así, de potencia a potencia. + +Yo no podía conservar aquel dinero. + +Mi vanidad quedaba a cubierto, regalándola la cruz. + +Sólo con este objeto la había convidado a almorzar conmigo. + +El día siguiente a las once, Amparo estaba en mi gabinete, donde +Mauricio había servido la mesa. + +Mientras Amparo se quitaba el manto con una hechicera confianza, +Mustafá, que sin disputa era mi amigo, sentado enfrente de mí, meneaba +lentamente la lanuda cola y me miraba de hito en hito. + +Yo contemplaba a Amparo con el mismo placer con que se contempla una +cosa bella, fresca, pura, encontrada por acaso en el erial de la vida. + +Era una niña, en toda la extensión de la frase, espigadita, esbelta, con +bonitas manos, ojos hermosos, y una montaña de cabellos negros y +brillantes, agrupados en trenzas: muy blanca, muy pálida y muy delgada. + +Tenía la seducción de la pureza confiada en sí misma, que por nada se +alarma, que nada teme: iba de acá para allá, y me lo revolvía todo. + +--¡Cómo se conoce que aquí no hay una mujer! decía: polvo por todas +partes, ¡y un desorden!... todo lo que hay aquí es bueno y bello; pero +sería más bello, parecería mucho mejor, si estuviese colocado en su +sitio. Y luego... ¡estas armas! ¿para qué son estas armas? ¿a quién +tiene que matar un hombre honrado? + +--Son objetos de arte, la dije. + +--Traed: pues, a vuestro gabinete un cañón de a veinticuatro cincelado. + +--¡Ah! ¿no crees que sea necesario alguna vez?... + +--¡Nunca! + +--¿Ni aun por un asunto de honor? + +--Me horrorizaría un hombre que por una cuestión de honor hubiera matado +a un semejante suyo... ¿y estos libros?... añadió pasando con la mayor +facilidad de un objeto a otro. ¡Novelas!... Creo que en lo peor en que +puede ocupar un hombre su talento, es en escribir novelas. + +--¿Por qué? + +--¿No basta la vida real? ¿qué necesidad hay de exagerarla? + +--La novela enseña. + +--La novela vicia las costumbres. + +--Eso lo dirá el padre Ambrosio. + +--Sí por cierto; y basta para mí que el padre Ambrosio lo diga: es un +ángel... ¡Ah! el padre Ambrosio sabe que vengo a almorzar con usted. + +--¿Y qué te ha dicho? + +--Nada: absolutamente nada. ¿No sabía el padre Ambrosio que iba sola de +noche a recoger trapos por las calles? + +Este recurso a sí misma, esta manifestación de fuerza, me encantó. + +--¿Y son estas las novelas que usted lee? dijo con severidad Amparo, que +había ojeado uno de mis libros. ¡Oh! esta novela en ninguna parte está +mejor que en el fuego. + +Y arrojó el libro a la chimenea. + +Era un tomo del _Baroncito de Faublas_. + +Sólo había tenido tiempo de leer algunas líneas Amparo, y se había +puesto encendida como una guinda. + +Así con las tenazas el libro, y le saqué de la chimenea donde olía mal, +arrojándole a la jofaina. + +Prometí a Amparo hacer un auto de fe con todos mis malos libros, y +mediante esta promesa se restableció nuestra buena armonía. + +En seguida nos pusimos a almorzar. + +Yo había cuidado de que el almuerzo fuese muy sencillo y compuesto de +alimentos acomodados a las costumbres de Amparo. + +Era, en fin, un verdadero almuerzo español; con el indispensable +chocolate. + +Amparo comía con apetito y sin encogimiento. + +Mustafá sentado junto a ella gruñía con impaciencia excitado por el olor +de los manjares. + +Puse un plato al leal compañero de Amparo, que me dio las gracias con +una sonrisa, y acarició después con su pequeña mano la cabeza del perro +que comía con ansia. + +--¡Ah! dijo hablando con él, esta es la primera vez que almorzamos bien, +Mustafá. + +--Pues así puedes almorzar, la dije, todos los días. + +Pintose una expresión de reserva en el semblante de Amparo. + +Comprendí que el mundo especial en que había vivido, ese mundo que se +llama _casa de vecindad_, donde resaltan todas las miserias, todas las +adyeciones, todas las ignorancias, la había hecho recelosa y +desconfiada. + +--Puedes almorzar así todos los días, la dije, si consientes en que se +realice lo que he pensado respecto a ti. + +Amparo me miró con una profunda y grave atención, y me preguntó: + +--¿Y qué ha pensado usted? + +--He pensado, primero, en que la posición en que te encuentras es muy +precaria. + +--He nacido pobre, me contestó con altivez; mi porvenir es el trabajo; +acaso con mucha aplicación y alguna suerte podré adelantar; tener dentro +de algunos años un taller mío. + +--¿Y las enfermedades? + +--¡Buena manera de alentar a los pobres! + +--Es que yo quiero asegurar tu suerte. + +Amparo había dejado de comer, y noté que había perdido enteramente su +tranquila confianza; que estaba preocupada, disgustada, pesarosa de +haber ido a almorzar conmigo. + +--Soy rico, muy rico; sobrino de un grande de España que no tiene hijos, +ni los tendrá probablemente; heredaré sus rentas y su grandeza. + +Nublose más el semblante de Amparo. + +--No pienso casarme jamás, continué, y quiero que seas mi hija adoptiva. + +Amparo me miró de una manera penetrante, como si hubiera querido +asegurarse de hasta qué punto eran verdad mis palabras y la marcada +conmoción con que las había pronunciado. + +Sin duda mis ojos dejaban ver claro lo que mi alma sentía, porque la +expresión de reserva y de duda desapareció del semblante de Amparo, +sustituyéndola una dulce expresión de consuelo. + +--¡Ah! exclamó: ¡Quiere usted reemplazar a los padres que he perdido! + +Y aunque procuró dominar su conmoción, sus ojos se llenaron de lágrimas. + +Yo gozaba, no sabré deciros qué placer; pero me sentía feliz y joven, y +poderoso: me sentía engrandecido. + +--Sí, la dije, mientras ella callaba, con la vista inclinada, las +mejillas encendidas, sobresaltada: quiero que no vuelvas al taller. + +--¿Y qué he de hacer? me dijo. ¿Gravar a usted? ¿vivir en el ocio? No, +no podría. + +--Quiero que entres en un colegio. + +--¿Y para qué? No: eso no puede ser. Yo no acepto la adopción de usted. + +--Ya te he dicho que estoy resuelto a no casarme jamás. Aunque soy +joven, mi corazón está ya gastado; es muy viejo. Nada espera, nada +desea. + +--¡Oh! ¡no me diga usted eso! ¡no quiero creerlo! ¡una vida así debe ser +horrible! + +--¡Horrible, sí! ¡muy horrible! por lo mismo es necesario que un deber +me ligue al mundo; a la vida: representa tú ese deber. + +--Bien; me dijo, mirándome con una expresión que no pude comprender, +acepto, seré su hija adoptiva de usted... pero en un convento. + +--¡En un convento! ¡monja tú! + +--Sí; una vez monja, mi porvenir está asegurado. + +--Pero tú, que empiezas ahora a vivir... ¡renunciar de tal modo a la +esperanza! + +--Es lo único que aceptaré de usted, un dote reducido, cuanto baste... + +--No. + +--Pues no hablemos más de ello. + +Y se levantó. + +--¿Te vas ya? la dije. + +--Sí, señor; no quiero pasar mucho tiempo fuera de casa. + +--Pero ¿volverás? + +--Acaso no. + +--¿Y por qué? + +--¡Oh! ¡me ha hecho usted sufrir! adiós. + +--Espera. No quiero obligarte a que vuelvas; pero por si no nos volvemos +a ver, acepta esta memoria mía. + +Y tomé de sobre la repisa de la chimenea el estuche que contenía la cruz +que había comprado para ella el día anterior, y se lo di. + +--¿Y qué es esto? me dijo abriéndolo; ¡ah! ¡una cruz! la conservaré, la +conservaré siempre en memoria de usted. + +Y aprovechando el estupor que había causado en mí el extraño aspecto, la +profunda conmoción que noté en ella, al expresarme su deseo de ser +monja, escapó. + +Cuando quise detenerla sonó el golpe de una puerta que se cerraba, y +luego sentí que bajaba rápidamente las escaleras. + +Abrí el balcón, y la vi alejarse por la acera opuesta en paso lento y +con la cabeza baja. + +Mustafá la seguía cabizbajo también. + +--Ella volverá, me dije: y cuando menos, la señora Adela vendrá por su +asignación a fin de mes. + +Había en mi corazón algo que me hacía desear volverla a ver; y sin +embargo aquel no sé qué vago, dulce íntimo, estaba muy lejos de ser +amor. + +Y era más que caridad. + +O yo no comprendía la caridad, y me engañaba. + +O yo no comprendía el amor; y me engañaba también. + +Esto quería decir, que respecto a ciertas sensaciones, mi corazón era +inocente, o mejor dicho, estaba virgen. + +Lo que sí puedo deciros es: que el recuerdo de Amparo se fijó en mi +pensamiento, fresco, puro, consolador, lleno de encantos y de consuelos. + +Si es verdad que estoy loco, mi locura empezó el día que almorcé con +ella. + +* * * + +El no verla me tenía de muy mal humor. + +La esperaba. + +Sin embargo, Amparo no venía. + +Pasó el tiempo, y llegó el último día del mes. + +Yo esperaba que la señora Adela sería puntual, y no me engañé. + +Se me presentó más pobremente vestida que lo que yo esperaba, y sin +saludarme ni sentarse me dijo: + +--Vengo a... + +--Sí, por la asignación de Amparo, la interrumpí. + +--Eso es. + +Abrí mi cartera y la di un billete de quinientos reales. + +--No puedo devolver a usted lo que sobra, me dijo. + +--Lo mismo es, la contesté. + +--¡Ah! ¡es usted muy generoso! Gracias en su nombre; que usted lo pase +bien. + +Y se iba. + +--Espere usted, la dije: tenemos que hablar. + +--¡Ah! ¡tenemos que hablar! ¿va usted comprendiendo que es hermosa, +demasiado hermosa, para mantenerse respecto a ella en los inflexibles +límites de la caridad? + +--No se trata de eso. + +--Pues no comprendo entonces... + +--¿Qué sabe usted acerca del origen de esa niña? + +--¡Bah! ¿y qué le importa a usted? A no ser que... + +Y aquella mujer me miró con un recelo hostil. + +--¡Sería gracioso que quisiera usted casarse con una muchachuela! añadió +con sarcasmo. + +--Tampoco se trata de eso; pero si usted tuviera algún antecedente... +ayundándome usted y gastando cuanto fuese necesario, acaso lograríamos +encontrar a sus padres. + +--¿Y para qué quiere más padres que usted? + +Necesité hacer un esfuerzo para contener la cólera que me causaba la +fría insolencia de aquella mujer. + +--En último resultado, la dije, ¿se niega usted a indicarme?... + +--Nada sé; la recogí. Ignoro quién era; pero debe ser hija de buenos +padres: las ropas que la envolvían eran ricas; llevaba, además, un +magnífico medallón guarnecido de brillantes, y entre la faja un papel +que decía:--«Está bautizada, y se llama...» he olvidado el nombre; el +que tiene ahora se lo pusieron en la confirmación. + +--Es extraño que haya usted olvidado su nombre; ¿pero aún queda el +medallón? + +--No por cierto; le vendí: era necesario criarla... yo era pobre. + +--¿Pero no recuerda usted lo que el medallón contenía? + +--Sí por cierto: un retrato de mujer. + +--¿Y las señas de esa mujer? + +--Las mismas de Amparo: alguna más edad; pero tan hermosa como ella; un +parecido exacto... Y es lástima que ese retrato se haya extraviado, +porque era una prueba indudable... pero a bien que el retrato existe en +Amparo... en engordando la muchacha un poco más... el mejor día +encuentra a sus padres en la calle. + +Todas estas contestaciones habían sido pronunciadas con una intención +maligna; comprendí que existía un misterio terrible entre aquella mujer +y la pobre Amparo, y no insistí. + +La dejé ir. + +Había concebido el pensamiento de apelar a la ley para poner en claro la +procedencia de Amparo. + +Y como si hubiese comprendido mi pensamiento, aquella mujer me arrojó al +salir una insolente mirada de desafío. + +* * * + +Aquel mismo día fui a consultar a uno de los abogados de más fama. + +Me escuchó con atención, y cuando hube concluido, me dijo: + +--No veo el medio de arrancar a esa mujer su secreto: el tormento está +abolido hace muchos años; por consecuencia, si esa mujer tiene un gran +interés en ocultar la procedencia de la protegida de usted, nada +confesará. Queda sin embargo un medio. + +--¿Cuál? + +--El dinero. Pagarle su secreto al precio que pida. + +Di las gracias al abogado por su luminoso consejo; le pagué la consulta +y salí. + +Pasó un mes. + +En vano esperé a Amparo. + +La Adela se me presentó de nuevo. + +La pregunté por ella. + +--¡Ah! está desconocida, me dijo; ha engordado. ¡Ya se ve! la cuido +bien, o por mejor decir, la cuidamos bien. La enviaré por acá. + +--Ponga usted precio a su secreto, la dije desentendiéndome de su +observación, y entrando de lleno en mi objeto. + +--Es usted muy joven, me dijo, para que pueda haber perdido una hija de +la edad de Amparo; sin embargo, pudiera ser que algún amigo hubiera a +usted encargado le buscase una niña perdida. + +Y la Adela me miraba de una manera fija, escudriñadora. + +--¿Se obstina usted en no confiarme?... la dije. + +--Nada sé respecto a ella, me contestó. + +Acabé de convencerme de que nada recabaría de aquella mujer; la di +dinero; la encargué dijese a Amparo que deseaba verla, y la despedí. + +* * * + +A los pocos días, y cuando acababa de levantarme, me sorprendió un +fuerte campanillazo a la puerta. + +Abrió Mauricio; sentí pasos apresurados, y poco después se precipitó en +mi gabinete Amparo. + +Mustafá la seguía cojeando. + +Amparo se asió a mí, y me miró pálida, aterrada, anhelante. Mustafá +gruñía dolorosamente. + +Venía Amparo en el mayor desorden: deshecho el peinado; una de sus manos +envuelta en un pañuelo. + +Durante algún tiempo nada me dijo; ni yo, sorprendido, acerté a decirla +nada: luego pareció como que despertaba de un sueño, de una horrible +pesadilla, y exclamó con un acento ardiente y lleno de ansiedad: + +--¡Ah! ¡Gracias a Dios! + +Y se separó de mí, se dejó caer en un sillón, se cubrió el rostro con +las manos y rompió a llorar. + +Mustafá se acercó a ella cojeando; se sentó, me miró, y siguió con sus +dolientes gruñidos. + +Sospeché no sé qué horrible cosa, y me aterré. + +--¿Pero qué sucede? la pregunté alentando apenas. + +--Sucede, contestó Amparo, mirándome al través de sus lágrimas, que esa +infame mujer ha querido hacerme infeliz. + +No pude contestarla: sentí que toda mi sangre se reconcentraba a mi +corazón. + +--Pero afortunadamente, continuó Amparo, Mustafá me ha salvado, +acometiendo a aquel hombre, y dándome tiempo para escapar; es verdad que +el pobre ha sufrido un horrible bastonazo, y que yo he salido del lance +herida... + +--¡Herida! exclamé. + +--Sí; ¡el horrible viejo me seguía! las escaleras son estrechas y +empinadas; caí, di con la cabeza en la barandilla, y casi me he roto una +mano; pero al fin estoy aquí; aquí, con usted que me defenderá. + +No la pregunté más. + +¿Y para qué? + +Todo estaba explicado. + +Envié a Mauricio por un facultativo que se encargó de la curación de +Amparo y de Mustafá. + +La herida de la cabeza de la niña, era leve, pero profunda y grave la de +la mano. + +Mustafá tenía casi roto un hueso. + +Amparo se vio obligada a quedarse en casa. + +Dos horas después, cuando estuvo más tranquila, la dije: + +--No puedes volver a vivir con esa infame. + +--¡Oh! ¡Dios mío! ¡no! ¡imposible! + +--No puedes vivir tampoco conmigo. + +--No, no; de ningún modo. + +--Tampoco puedes vivir sola. + +--¡Dios mío! ¿y qué hacer? + +Y después de algunos instantes de triste silencio, añadió: + +--¡El convento! ¡es preciso! ¡preciso de todo punto! + +--No te daré el dote. + +--Me pondré a servir. + +--Y sirviendo, estarás expuesta a cada paso, a peligros como el de que +has escapado milagrosamente hoy. + +--¿Pero por qué cerrarme el refugio del claustro? exclamó llorando. + +--Si has de agitarte de ese modo, te dejo sola: agitándote, +afligiéndote, puedes empeorar, tienes calentura, y sólo te he hablado +porque estás en la casa de un soltero, porque es necesario evitar las +interpretaciones. He pensado en que el padre Ambrosio podría adoptarte, +ya que te repugna mi adopción. + +--¡Oh! ¡sí! ¡sí! exclamó. + +--Pero es necesario que no seas gravosa al padre Ambrosio. + +--¡Oh! ¡Dios mío! ¡otra dificultad! + +--La dificultad está salvada. Entra en un colegio. + +Quedose Amparo pensativa, y al cabo me dijo: + +--Mande usted llamar de mi parte al padre Ambrosio. + +Me dio las señas de la habitación del religioso, y Mauricio fue a +buscarle. + +* * * + +Media hora después, un hombre alto, delgado, pálido, como de sesenta +años muy modestamente vestido con ropas que demostraban un antiguo y +continuo trato con el cepillo, entró lleno de ansiedad. + +Era uno de esos hombres que llevan el corazón en la cara. + +Un corazón todo sentimiento, todo dulzura, todo abnegación, todo +caridad. + +Y en los ojos, la mirada inteligente y serena. + +Y en la frente, la severidad y la majestad de la virtud, la conciencia +de sí misma. + +Me saludó con encogimiento, y me estrechó la mano con efusión. + +--Le conozco a usted, me dijo con la voz trémula; le conozco a usted +mucho, aunque nunca le he visto hasta ahora. + +--Yo también le conozco a usted, le contesté, encantado por lo simpático +de su mirada, de su espontaneidad, de su palabra. + +Estrechó entre sus dos manos la mía, y sin disimular su impaciencia, me +dijo: + +--¿Dónde está? + +Le señalé la alcoba, y los dejé en libertad de hablar. + +La conferencia fue larga, al fin el padre Ambrosio salió profundamente +conmovido y me llegó la vez de demostrar mi impaciencia. + +--¿Acepta? le pregunté. + +Se sentó en un sillón, sacó una caja de pasta negra, me ofreció un +polvo, tomó otro, y me dijo: + +--Nos encontramos en una situación sobre manera extraña: una joven, +embellecida por Dios con cuantas virtudes pueden hacer respetable a una +criatura, sola, pobre, desventurada, se encuentra entre nosotros dos; +puesta primero, bajo la protección espiritual de un pobre exclaustrado, +y amparada después, de una manera noble, desinteresada admirable, por un +joven rico, viciado en el gran mundo, casi impío, pero que tiene un +excelente corazón. Pero he dicho mal: nuestra situación no es extraña. +¡Nos ha reunido la Providencia de Dios! + +--En efecto; en el conocimiento de nosotros tres, hay mucho de +providencial, le dije, más por ser cortés con el buen exclaustrado, que +porque yo creyese en la Providencia. Ya he dicho antes que en aquella +época era yo impío. + +--¡Pues ya lo creo! dijo con el entusiasmo de un poeta el padre +Ambrosio; mi vida era triste, llena de sufrimientos, llena de recuerdos, +combatida por pasiones que había exacerbado la desgracia, y... si hace +diez años, no hubiera encontrado a mi paso a esa niña que se arrastraba +sobre sus manecitas en los corredores de la casa de vecindad donde me +había llevado a vivir mi pobreza... Yo lo había perdido todo; parientes, +amigos, afectos, hasta la paz de mi celda, de la cual me arrojaron las +necesidades de la nación... la planta marchita y enferma que vegeta +sobre un terreno ingrato, siente con delicia, y parece reanimarse al +soplo de las auras de la mañana. Yo, muy semejante a una planta enferma, +sentí una impresión de consuelo un día que, sentado al sol en la puerta +de mi tabuco, sentí junto a mí, apoyando sus manecitas en mis rodillas, +y sonriéndose (Dios me perdone) como deben sonreír los ángeles, una niña +como de cuatro a cinco años.--Era Amparo.--Necesitaba afectos, y mi alma +se volvió a aquella existencia pura, a aquella niña que estaba muy +pobremente vestida, enflaquecida por el hambre. Supe que no tenía +padres, que estaba en poder de una mujer de la misma vecindad, que la +había encontrado en la calle. Y aquel desamparo en la infancia, aquella +miseria en un ser tan débil, me hicieron concebir el mismo pensamiento +que usted concibió cuando la encontró en medio de la noche recogiendo +trapos. He hecho... cuanto he podido... en cambio, ella me ha dado +acaso, la salvación de mi alma, porque estaba desesperado... y Amparo ha +sido para mí un amparo de Dios, porque me ha obligado a amarla: porque +amándola, he llenado mi corazón con un afecto, y he podido consolarme y +esperar con resignación el fin de mi jornada. + +--Creo que Amparo ha ejercido sobre mí una influencia muy semejante a la +que ha ejercido sobre usted. + +--¡Oh! ¡sí! me ha bastado con lo que Amparo me ha dicho de usted, y con +verle después una sola vez, para comprenderle: tiene usted el alma +virgen, sedienta, cansada de un mundo donde no vive bien: hastiada de +todo, escéptica, porque ha perdido la esperanza, y ha encontrado usted +en Amparo algo de lo que buscaba y no había podido encontrar. ¡Lo ha +encontrado usted de noche, recogiendo los despojos del lujo y de la +miseria, teniendo por único amigo un perro, por único amparo Dios! Y +porque tiene usted el alma virgen y llena de entusiasmo y de +sentimiento, ha hecho usted lo que nadie hubiera hecho; y porque Dios +quiere que crea usted en él, le ha presentado a usted de la manera más +bella, el dulce consuelo de la expansión de la caridad. + +--¿Que Dios quiere que crea en él? dije moviendo tristemente la cabeza, +quisiera creer; envidio a los que creen. Y ya que como usted dice nos ha +reunido la Providencia, sea usted mi misionero en buena hora. Le prometo +escucharle y... + +--No seré yo quien haga a usted creer en Dios, me dijo solemnemente el +padre Ambrosio, será ¡ella! + +--¡Oh! ¡acaso! El afecto que me inspira es profundo. Pero dejando el +terreno en que nos hemos metido, y en el cual tendremos lugar de volver +a entrar, porque nuestro conocimiento será largo y nuestro trato +frecuente, vengamos a la situación del momento. Mis proyectos respecto a +Amparo, se reducen a arrancarla legalmente del dominio de esa mujer; yo +había pensado adoptarla, pero soy demasiado joven y me ha parecido mejor +que la adopte usted legalmente. + +--¡Oh! ¡sí! después de lo que ha acontecido hoy a esa infeliz, yo la +hubiera adoptado de todos modos. + +--Después quiero perfeccionar su educación, poniéndola a nivel de las +jóvenes de nuestro gran mundo; casarla luego de una manera brillante a +beneficio de un magnífico dote... + +--Dejemos obrar a la Providencia, me interrumpió el exclaustrado; yo la +adopto y acepto para ahora la protección de usted; y puesto que usted +rechaza, como rechazo yo, la idea del claustro, que se la había metido +de una manera tenaz en la cabeza, entré en buen hora en un colegio: +afortunadamente soy confesor de un matrimonio muy digno; él es un +antiguo y honrado cobachuelista; ella, antes de casarse, fue maestra de +niñas en una ciudad de provincia, y hace algunos años, después de +casada, tiene en Madrid un colegio de señoritas, que poco a poco ha ido +desarrollándose y que es al fin uno de los más favorecidos. Esta es cosa +concluida, aceptada. Ella lo resistía; pero yo que pienso que el mejor +uso que puede hacer un hombre de su fortuna es favorecer a sus +semejantes, la he convencido. + +--Pues en ese caso, le dije, voy a principiar desde este momento. + +El padre Ambrosio se quedó en casa, autorizando en ella la presencia de +Amparo y yo, después de informarme por ella de la habitación de la +Adela, me fui a buscar al comisario de policía de su distrito. + +* * * + +Después de algunas soeces equivocaciones de este funcionario, respecto a +mi interés por Amparo, a quien no se por qué, conocía, entré de lleno en +la exposición del objeto que me llevaba por primera vez a tratar con +tales gentes. + +Quería yo evitar de todo punto un ruidoso procedimiento judicial, para +arrancar a Amparo del dominio de aquella malvada, y cuando el comisario +me hubo escuchado, me dijo: + +--Pues es muy sencillo de hacer lo que usted desea; pero no deja de ser +comprometido. + +--Comprendo; ¿se trata?... + +--De un abuso de autoridad. + +--Pero cuando se abusa de la autoridad para el bien... + +--Se puede ir a presidio lo mismo que cuando se abusa para el mal. + +--Ya sabe usted mi nombre... + +--Sí, sí señor: sé que la influencia de usted basta para sacarme de un +atolladero... sin embargo... + +--Sé que deben recompensarse estos servicios, añadí sacando algunos +billetes y poniéndolos sobre la mesa bajo mi mano. + +--¿Es urgente la resolución de ese negocio? me dijo el comisario. + +--Urgentísima. + +--Entonces haga usted que ese exclaustrado, ese padre Ambrosio, venga a +verme al momento, y descuide usted; es asunto de dos horas; una renuncia +de la adopción de _la Adela_ sobre _la Amparo_; la adopción en forma de +_ese fraile_; un testimonio de escribano, y... santas pascuas. Si la +Adela resiste, con arreglo a la queja de usted, la llevo a la +Galera[**], y doy parte al gobernador. Pero no resistirá, yo se lo +aseguro a usted; sé perfectamente cómo se hacen estas cosas: cuando se +ha dado un paso en vago como el que ha dado esa mujer... cuando está +ofendida la moral pública... + +[** Prisión de mujeres en Madrid. Nota para los que no conozcan la villa +y corte.] + +--Bien, bien; ¿quedamos convenidos? + +--Sí, señor. Envíeme usted _el fraile_. + +--Le enviaré al momento. Adiós. + +--Servidor de usted, caballero. + +Salí dejando sobre la mesa del comisario algunos billetes de banco. + +No sé como el bueno del funcionario arregló el negocio, pero el +resultado fue que la Adela renunció por ante escribano a todo dominio +sobre Amparo, y el padre Ambrosio la adoptó con todas las formalidades +prescritas por las leyes. + +Todo aquello se hizo en muy pocas horas. + +Amparo no pasó la noche en mi casa. + +Se la había trasladado en un coche, previo dictamen del facultativo, al +colegio de que era directora doña Gregoria de... hija de confesión del +padre Ambrosio. + +Me olvidaba decir que Mustafá había ingresado también en el colegio. + +Di orden a mi administrador general de que pagase a doña Gregoria mil +reales mensuales por la pensión de Amparo, y aquel asunto quedó para mí +enteramente concluido. + +La casualidad, según yo, o la Providencia Divina, según el padre +Ambrosio, habían arrojado delante de mí un gran infortunio. Yo había +cumplido con mi deber, según mis convicciones, y estaba tranquilo. + +Pero una vez satisfecho este deber, una vez pasada la novedad de mi +aventura, comprendí que Amparo no era bastante para arrancarme del +hastío; para reconciliarme con la vida. + +Esta decepción de mi esperanza me fue sumamente dolorosa. + +Amparo era para mí una obligación contraída que ningún sacrificio me +costaba, porque yo era muy rico. + +No me había inspirado amor, sino caridad. + +La caridad estaba satisfecha, y había desaparecido el encanto. + +Es cierto que yo sentía hacia ella un afecto profundo; que me interesaba +su porvenir... pero su porvenir estaba asegurado. Por otra parte, yo no +tenía herederos forzosos; mis padres habían muerto cuando era muy joven, +y podía nombrar a Amparo mi heredera universal. + +Ninguna dificultad, ningún interés representaba Amparo que me ligase a +la vida. + +Me había galvanizado por un momento, haciéndome sentir, a mí, cadáver +ambulante. + +Volvió mi tedio. + +Sin embargo, fui a verla todos los días mientras duró su enfermedad, +luego algunas veces a la semana... + +Amparo se mostraba silenciosa, retraída, como cohartada, delante de mí. + +Yo veía en aquel encogimiento, orgullo, altivez, pesar de verse obligada +a aceptar mis beneficios. + +Esto me disgustaba. + +Llegó un día en que creí que había sido un imbécil; que había ido, +respecto a Amparo, más allá de donde debía. + +Hasta llegué a creer que el padre Ambrosio era un hipócrita, y doña +Gregoria una mujer interesada. + +Cuando un hombre llega a disgustarse de la vida; cuando rompe el vínculo +de afectos que le unen a la sociedad; cuando, en fin, llega a dudar de +todo, o por mejor decir a no creer en nada... cuando se hace +excéptico... + +Un excéptico es la calumnia viviente. + +Un excéptico es con suma facilidad malvado. + +* * * + +Dejé de ver a Amparo. + +Y, sin embargo, el recuerdo de Amparo estaba fijo, siempre fijo en mi +alma. + +Es que halago un sueño, decía yo. + +Y el sueño, o Amparo, se hacían más persistentes en mi pensamiento. + +Por entonces, mi tío el duque de... me llamó al pueblo, a donde, cansado +como yo de todo, se había retirado. + +Fui y vi con asombro, que mi tío había tenido la fortuna de lograr +crearse una familia _sui generis_ con sus perros, sus patos, sus conejos +y sus gallinas. + +Entraban en esta familia, las flores del jardín, y las legumbres de la +huerta. + +Envidié con todo mi corazón a mi tío. + +--Te he llamado, me dijo, para un asunto de interés: cuando digo que es +de interés el asunto, claro está que a quien interesa es a ti, porque a +mí ya no me interesa nada. + +--¡Oh! ¡sí por cierto! los perros, los patos, las gallinas. + +--Tengo poder bastante para hacer completamente feliz la vida de esos +animales: ellos por su parte me pagan cumplidamente, siendo mis +cortesanos, y casi amándome: estoy seguro de que uno solo de mis perros +me sea ingrato, y de que uno de mis conejos pretenda robarme o +engañarme: las flores me recompensan de mis cuidados por ellas, dándome +su fragancia y sus colores; y... en fin... y hablando formalmente, +repito que nada me interesa en el mundo más que tú, que no me necesitas; +y si no creyera en Dios y le temiera, hace mucho tiempo que... pero no +hablemos de eso. El asunto que te interesa, consiste en que me suscitan +dificultades a la posesión del mayorazgo que tengo en Italia. + +--¿Y qué le importa a usted? + +--¡A mí! ¿pues no me ha de importar? ¿no eres tú mi heredero? ¿No sabes +que la fuerza de mis rentas está en Italia? + +--Y bien, ¿qué quiere usted? + +--Que vayas allá a ayudar con buenos patacones nuestro derecho, que de +todo hay necesidad: te daré un poder en forma, y... estás delgado, +pálido, hijo mío; vete a la hermosa Nápoles; enamora, gasta, distráete; +temo que te me mueras como se me murió mi hermano... y mi temor es muy +natural. ¡Diablo! eres lo único que queda de mi familia... + +--Iré a Nápoles, tío. + +--Pues bien: hablemos ahora cuanto quieras, de mis patos, mis gallinas, +mis conejos, mis perros y mis flores. + +Ocho días después, me despedí de mi tío y me puse en camino para Italia. + +Llegué, vi y vencí. + +Es decir, vi a los jueces, y reforcé mi derecho, o, por mejor decir, el +derecho de mi tío, con tales razones, que quedaron allanadas todas las +dificultades que se habían levantado contra su pacífica posesión de los +bienes que tenía en Italia. + +Escribí a mi tío, participándole el buen resultado del negocio, y +manifestándole que, no teniendo nada que hacer en España, iba a +completar mis viajes yendo a Oriente. + +Mi tío me contestó enviándome libramientos por valor de algunos miles de +duros, para que pudiese hacer el viaje como correspondía _a mi clase_. + +Me llevé conmigo a Mauricio, y... + +Aquí vendría bien una descripción detallada de lo que vi... pero yo no +hacía mi viaje para instruirme, sino para distraerme, y no tomé un solo +apunte, ni hice una sola pregunta. + +Me contentaba con ver, y el misterio de lo desconocido que siempre tenía +ante los ojos, me distraía. + +Sin recibir una sola carta de Europa, sin escribir, sin leer un solo +periódico europeo, estuve viajando por Oriente durante cuatro años, +vistiendo, comiendo y viviendo como los naturales del país en que me +encontraba, y permaneciendo en un lugar hasta que me cansaba de él. + +Y hubiera andado errante, sabe Dios cuanto tiempo, si no me hubiera +quedado solo. + +Mauricio, el pobre Mauricio, me había abandonado. + +Y bien contra su voluntad por cierto. + +La bala de la espingarda de un griego de Missolongi, le había servido de +medio para su último viaje. + +Para su viaje a la eternidad. + +¡Ya se ve! el bueno de Mauricio había conocido por una extraña +casualidad a una hija del tal griego, que tenía los ojos más negros y +más habladores del mundo, y, sin duda, por casualidad había encontrado +también el medio de introducirse de noche en los jardines del griego. + +La casualidad hizo también que el padre se apercibiese de los amores de +su hija con un extranjero, y... ya os lo he dicho: una bala fue a +hospedarse en la cabeza de mi doméstico, que puesto en la calle por su +matador, apenas tuvo tiempo para declarar... que después de haberle +herido... el padre había extrangulado a su hija. + +Este drama me impresionó fuertemente, y escapé. + +Sin detenerme un solo día, sin pararme en ninguna parte, me trasladé a +París. + +Esta población era para mí muy familiar, tenía en ella multitud de +amigos y toda clase de medios para pasar la vida al galope por medio de +placeres. + +Pero era el caso que los placeres no existían para mí. + +O por mejor decir, yo no existía para los placeres. + +¡Me hastiaba todo! + +La amistad me daba risa. El amor asco. + +Todos los hombres me parecían malos cómicos, que charlaban un papel +aprendido de memoria. + +En cuanto a las mujeres... ¡las mujeres! las miraba con odio. + +«He allí, me decía, esa eterna mentira engalanada, que en todas partes +ríe, que a todas partes lleva su hediondo misterio. He allí ese ser que +se venga del hombre, extraviándole y degradándole, de la degradante +posición del débil, a que el egoísmo del hombre le ha relegado. Ved la +corrupción arrastrándose por los salones, coronada de rosas.» + +Yo era indudablemente injusto. + +¿Pero qué desgraciado no lo es? + +Yo había nacido para amar, y del amor sólo había encontrado la fórmula, +la frase. + +Pero la realización, el hecho, tenía para mí el encanto de lo +desconocido, de lo imposible. + +El amor para mí no era otra cosa que un sentimiento mitho. + +Hijo como todos los mithos, del entusiasmo, del sueño, en una palabra, +de la poesía. + +El amor para mí era un idilio irrealizable. + +Las mujeres que hablaban de amor me irritaban: parecíanme los +profanadores del templo que iban a vender a él sus mercancías. + +Amparo solía surgir de tiempo en tiempo, como una excepción entre el +embrollado caos de mi escéptico pensamiento. + +Amparo, con toda su poesía, embellecida por su abandono, grata para mí, +por la protección que la dispensaba. + +Pero ¿acaso mi escepticismo no había alcanzado también a ella? + +¿Acaso no la había creído una muchachuela picardeada en una casa de +vecindad y amaestrada por un fraile hipócrita? + +¿Acaso no había huido de ella como quien huye de un peligro? + +Porque debo confesar, que desde el día en que almorzó conmigo, comprendí +con terror que Amparo podría arrastrarme a un amor nuevo, desconocido +para mí; y tanto más terrible, cuanto más accesible al amor estaba mi +alma. + +No la había olvidado un solo momento: vivía dentro de mí, no podré +deciros cómo; era una idea vaga, íntima, que se había asimilado a mi +manera de ser, a la que me había acostumbrado, que me acompañaba +siempre, que vivía conmigo. + +Pero indeterminada, misteriosa, monótona, muda con el mudismo de lo +incomprendido, como una de esas inscripciones cuneiformes que los +filólogos más profundos se esfuerzan en vano por descifrar. + +¿Qué representaba Amparo para mí? + +Un ser débil, o una estafadora que me explotaba a título de caridad. + +La duda es una cosa horrible. + +Cuando la duda se convierte en una idea fija... cuando queréis aclarar +esa duda y no podéis... cuando el ser que esa duda os inspira ha logrado +convertirse en la asimilación de vuestro deseo... cuando se ha +constituido en vuestro recuerdo... ¡oh! esa duda... esa duda es la +muerte de vuestra razón... esa duda os trae a una jaula de locos... + +Pero yo no dudo, no; ¡Dios mío! ¡yo no puedo dudar de ella! si dudo... +no es de su virtud... no... no es de su pureza... dudaba... pero +ahora... ahora, mi duda y mi locura es otra... yo pienso que Amparo no +ha existido... yo pienso que Amparo sólo ha sido para mí un hermoso +sueño de primavera... yo pienso que ha sido un fantasma soñado por mi +deseo. + +* * * + +He pasado muchos días, sin escribir en mis memorias. + +O, mejor dicho: hoy, antes de quedarme solo, cuando pensaba haber +despertado de uno de esos sueños densos, en que nada se siente; sueño de +tinieblas en que nada se ve; sueño que es la negación de la existencia y +del que se despierta, antes de acabarse de dormir, espeluznados, +estremecidos, fríos como si se hubiera sentido el contacto de la mano +de la muerte; cuando sólo creí, repito, despertar de un sueño horrible, +me han dicho que he estado un mes delirando, furioso, nombrando a +Amparo, amenazándola, apostrofándola, insultándola, prodigándola los +epítetos más degradantes. + +Yo no recuerdo nada de esto. + +Me he mirado al espejo y he visto... + +¡Oh! el aspecto de mi miseria me ha hecho llorar. + +Mi llanto ha sido una elegía muda a mi destrucción. + +Porque yo soy una ruina. + +El espejo, que no miente, me lo ha dicho. + +Y luego, hay en mis ojos una cosa que me espanta; algo de fuego +recóndito allá lejos, muy lejos, en la inmensidad, en lo infinito, +dentro del foco de mi mirada. + +Mis cabellos están blancos y rígidos, mi piel árida y arrugada, mi boca +contraída. + +Y luego estoy flaco, muy flaco. + +Debajo de mi piel, que me viene muy ancha, se pueden contar mis +ligamentos y mis arterias. + +¡Ah! sin duda estoy loco... ¡loco! + +¡Bah! no hay que afligirse por eso. + +Yo creo que el mundo no es otra cosa que un gran hospital de locos que +se comprenden y que se despedazan, comprendiéndose, y que sólo se +encierran en hospitales más pequeños a los locos a quienes no comprende +nadie... o acaso, acaso, llame el mundo locos a los que tienen razón. + +La verdad es que yo veo continuamente hombres que se creen muy cuerdos y +a mí me parecen los más rematados. + +Me causan risa y lástima. + +* * * + +No me acuerdo de lo que he hecho o dicho durante ese mes. + +Sí, indudablemente ha pasado un mes, sin que yo le sienta pasar. + +Ayer el rosal que tengo en mi ventana, estaba cubierto de rosas; hoy las +rosas están muertas, deshojadas... sólo las queda el pétalo negro y +seco. + +Ayer me trajeron un nido de ruiseñores. + +Estaban triponcillos y desnudos; tenían hambre, y abrían, piando en +coro, unas desmesuradas bocas amarillas: hoy están enteramente cubiertos +de su plumaje pardo, saltan en la jaula, y ensayan sus primeros trinos. + +Ayer mi cuadrante marcaba el mediodía natural a las doce y tres minutos +y hoy le marca a las doce y treinta y tres. + +Ha pasado un mes en que no he vivido. + +Un mes, en que el no ser me ha envejecido veinte años. + +Ayer aún era joven: hoy soy ya anciano. + +* * * + +¡Ah! ya me acuerdo... ya comprendo. + +Vivo yo en un pequeño aposento; en este aposento hay algunos muebles muy +sencillos. + +En este aposento hay una reja que da sobre un jardín... sobre un +pobrecillo jardín descuidado, en que las malvas locas se extienden +libremente, y que es mi pequeño mundo. + +Hay además una puerta muy fuerte, que tiene una rejilla muy espesa. + +Esta puerta da a un pasadizo oscuro, por donde entran, como por una +cerbatana, gritos estridentes, alaridos, bramidos, imprecaciones, +carcajadas, cantares, ruidos; son de cadenas que se arrastran, +chasquidos de puertas que se cierran, una tempestad continua de sonidos +discordantes, secos, desentonados, agudos, horribles; algunas veces, de +noche, muy tarde, suele avanzar, jadeante y cansado, por decirlo así, un +canto triste, dulce, suspirante, siempre el mismo, cuyas palabras, no +se entienden, pero cuyo sentimiento se adivina; canto con el que vuela +por la estrecha crujía, apagándose, perdiéndose, gastándose al rozar las +paredes, el alma de un ser que llora cantando: suave oleada que se +escapa de un océano de sentimiento, y que acaricia mi alma y la +consuela. + +He preguntado de qué cuerpo se exhalaba aquella alma, y me han dicho: + +--Es una pobre mujer que ha perdido a su esposo y a su hija, y se ha +vuelto loca. + +Yo amo a esa loca. + +Quisiera saber su historia. + +He ofrecido dinero, todo el que quiera, al que me traiga la historia de +esa loca, y ha sido en vano. + +La infeliz ha concentrado, ha sintetizado, ha simbolizado su historia en +esa melodía inventada por ella; en ese eterno canto sin palabras... y no +sabe más. + +No pudiendo conocer su historia, quise conocerla a ella. + +Ofrecí, compré la realización de mi deseo, y me sacaron de mi tumba, +para llevarme a otra tumba... más pequeña, más oscura, más horrible. + +Allí, replegada en un rincón, medio desnuda, temblando de frío, había +una mujer. + +Una joven con los cabellos canos... + +Una ruina como yo... + +Sin embargo, mis ojos vieron su hermosura... aquella mujer debió tener +los cabellos negros y brillantes, y los ojos negros y llenos del fuego +del amor. + +La miré, me miró, se arrancó de su rincón, y se vino a asir los hierros +de su jaula. + +Me contempló con fijeza, se sonrió, y me dijo: + +¡Tú también! + +Y luego se volvió a su rincón, y entonó su eterna melodía. + +Y entonces, cerca de mí, a mis espaldas, me estremeció una voz de mujer. + +Aquella voz había pronunciado, conmovida y trémula, una palabra de +conmiseración para la pobre loca. + +Aquella voz me hizo temblar; me volví y vi delante de mí una mujer, un +viejo y un niño. + +Y la mujer... ¡oh Dios mío! la mujer lanzó al verme un grito horrible, y +yo... yo... hace un momento que despierto... hace un momento que +recuerdo... + +¡Era ella!... ¡Amparo!... ¡viva!... ¡al lado de otro hombre!... ¡delante +de mí!... + +¡Oh! ¡es imposible! ¡imposible de todo punto! ¡mi razón perturbada por +la vista de aquella loca infeliz!... + +Pero el acento de aquella mujer, reposado, grave, sonoro... + +Y sus ojos, y su frente, y sus cabellos... + +Y su terror al verme... + +¡Oh! ¡no! ¡no puede ser! un acento parecido... un terror natural en +ella... porque yo, al escuchar aquel acento, me volví amenazador, +terrible, a la persona que lo había producido... + +No, no podía ser Amparo. + +Los muertos no se levantan de su tumba. + +Indudablemente no era ella, como no es ella ese blanco fantasma que veo +algunas veces durante mi delirio de pie e inmóvil junto a mi lecho. + +* * * + +Acabé de fastidiarme en París. + +Más aún, empecé a sentir un deseo punzante de ver a Amparo. + +Como estaba acostumbrado a hacer mi voluntad, apenas el deseo de verla +se me hizo exigente; me puse en camino. + +Llegué a Madrid, y como había alentado una ilusión acaso para entretener +mi hastío, y esta ilusión era la atmósfera en que vivía, sin tomarme más +tiempo que el necesario para lavarme y mudar de traje me presenté en el +colegio. + +Salió a abrirme una persona desconocida, que me miró con extrañeza. + +--¿Doña Gregoria...? dije. + +--No vive aquí, me contestó la criada y me dio con la puerta en las +narices. + +¡No vivía allí! sin embargo, yo no me había equivocado; era la misma +casa. + +Salí dudando, y miré a los balcones del cuarto principal. + +Allí estaba la muestra, la antigua muestra del colegio, una Minerva +coronando a una niña. + +Sin embargo, allí no vivía doña Gregoria. + +El acento con que la criada me había contestado, demostraba claramente +que no la conocía. + +Acaso había dejado la enseñanza y traspasado el colegio; ¿quién sabe? + +Volví a subir la escalera y llamé. + +Se abrió la puerta y... un perro viejo, lanudo, Mustafá, en una palabra, +se abalanzó a mí, loco de alegría, ladrando, ahullando, gruñendo, +saltando... había encontrado al fin un amigo... había encontrado a +Amparo. + +Sin hablar ni una palabra a la criada que me miraba con asombro, seguí a +Mustafá que en medio de sus caricias se dirigía hacia el interior. + +En aquel momento escuché el preludio de un piano. + +¿Qué había de misterioso en aquel sonido que penetraba en mi alma, que +me traía algo del alma de Amparo? + +Porque yo no dudaba de que ella era la que producía aquel sonido... + +Hay, sin disputa, en nosotros, un sentido íntimo, una intuición +poderosa, sabia, que nunca se engaña, que nos habla continuamente, que +nos avisa, que nos dirige, que nos ilumina, que es la inspiración del +poeta, el fuego del entusiasmo, la adivinación, y al mismo tiempo la +razón, la percepción de que no está al alcance de nuestros sentidos. + +Y esta intuición, este fenómeno de nuestro ser, no comprendido aún, me +decía: + +«Ella es la que produce esa armonía sentida, dulce, lánguida; esa +armonía que gime; esa exhalación; de un alma que sufre y llora como sólo +puede sufrir y llorar Amparo, de una manera dulce, resignada, poética: +esa es su alma trasmitida por sus dedos a las cuerdas de un +instrumento.» + +Y contuve con un ademán a la criada que iba a anunciarme, y con una +caricia acallé las ruidosas manifestaciones de alegría de Mustafá. + +La criada permaneció inmóvil y admirada en el lugar en que se +encontraba, y Mustafá, como si me hubiera comprendido, calló y se +encaminó a la puerta de la sala, en la cual se sentó, dirigiendo +alternativamente sus miradas a la persona que había dentro y a mí. + +El piano continuaba lanzando magníficas pero fugitivas armonías, como si +obedeciese a una mano distraída, pero maestra: yo me acercaba todo +conmovido, trémulo, desconcertado hacia el lugar de donde partía el +sonido, y como si aquel sonido hubiera sido el medio de una atracción +irresistible. + +Al fin aquellas armonías desordenadas, inconexas, no escritas, emanadas +por sí mismas, sin conciencia de quién las producía, se ordenaron, se +desarrollaron, crecieron, interpretando un magnífico canto de +sentimiento, y luego una voz de mujer, como yo no había oído jamás, tan +extensa, tan grave, tan dulce, tan elocuente, tan pura, cantó. + +Yo no sé lo que cantó: cuando el sentimiento se desarrolla, cuando +domina, cuando inunda todo nuestro ser, la razón calla: yo no apreciaba, +yo no comparaba, sentía, y aquel sentimiento me dominaba, me arrastraba +hacia la mujer que producía en mí aquel sentimiento. + +Cuando llegué a la puerta me detuve y lancé al interior una mirada +ansiosa: sentada de espaldas a mí, delante de un piano estaba una mujer. + +Seguía cantando. + +Yo me acerqué silenciosamente, atravesé la habitación y quedé de pie, +inmóvil, detrás de ella. + +Ella continuó cantando; pero de repente, como si mi ser se hubiera hecho +sentir del suyo, a pesar de que no me veía, de que no la tocaba, de que +no producía el menor ruido, de que contenía mi respiración, volvió la +cabeza y me miró de una manera profunda, tranquila, con una de esas +largas miradas que sólo duran un momento, y luego espiró el sonido del +piano, y ella se puso pálida, contuvo un grito, se levantó y quedó +inmóvil delante de mí. + +Por un momento ni ella ni yo hablamos. + +Yo la contemplaba. + +Nunca había visto tan soberana hermosura; nunca tanta majestad y tanta +sencillez: estaba fascinado, trémulo, y sin embargo yo no conocía a +aquel ser divino, a aquel ser a quien no me atrevo a llamar mujer. + +No, no la conocía: era para mí enteramente nueva. + +--¡Ah! perdone usted--la dije,--me he equivocado... buscaba... +dispénseme usted... a los pies de usted. + +--¡Buscaba usted a Amparo!--me dijo. + +--Sí... en efecto, una joven... + +--Que encontró usted hace seis años a media noche en la calle... + +Y los ojos de la joven se llenaron de lágrimas... + +--¡Amparo!--exclamé, reconociéndola al fin. + +--Sí, yo soy Amparo--me contestó dominándose y sonriendo tristemente; yo +soy su protegida de usted. + +Y calló, me indicó el sofá, y fue a sentarse junto a él en un sillón. + +Seguimos guardando silencio por algún tiempo. + +Yo la contemplaba con asombro. + +Quisiera poder describirla. + +Pero es imposible. + +Sólo puedo daros una descripción incompletísima; yo sólo puedo deciros +que era una joven de veinte años, alta, esbelta, admirablemente formada, +con ojos negros, grandes, brillantes, hermosos hasta lo infinito; frente +blanca, tersa, pura como el marfil; vamos: es imposible, lo veo: a una +mujer hermosa se la pinta, no se la describe, y aún pintándola, por más +que el retrato sea obra de un gran artista, sólo tendréis el remedo, +porque faltará allí la vida; porque una fisonomía no se reproduce en un +solo rasgo, en una sola manifestación; porque no pueden fijarse, +reproducirse las ondulaciones del alma; esa sonrisa a la que sucede una +gravedad triste, esa mirada anhelante que vacila y tiembla delante de +vuestra mirada y se aparta de vos para volver a buscaros, ya más serena +más cauta, rehecha de la primera impresión; esa boca entreabierta y pura +que deja escapar un hálito ardiente y entrecortado; ese seno que se +alza y se deprime obedeciendo a ese hálito; no, no; el pintor sólo puede +reproducir el alma en un momento dado, y el alma, que es la luz del +semblante, no se reproduce, no se manifiesta en una sola sensación... es +imposible que yo pueda daros una idea de Amparo. + +Lo que sí puedo deciros es que estaba completamente transformada: sólo +conservaba de lo que había sido, la cicatriz de la herida que se había +hecho en la mano derecha al huir de la infamia: por lo demás los +gérmenes morales y físicos que en ella existían cuando yo salí seis años +antes de Madrid, se habían desarrollado: en lo moral no era ya pobre +muchacha de maneras humildes, viva y tímida a un tiempo, recelosa y +confiada, conocedora sólo de la miseria y resignada por un instinto de +fuerza a su pobreza: era en el aspecto una dama en la que nada podía +echarse de menos, ni las maneras sueltas, dignas y sin afectación del +gran mundo, ni el gusto más exquisito en el traje, ni la posesión de sí +misma, ni la ausencia de toda afectación, de todo encogimiento: quedaba +siempre en ella la mirada lúcida, anhelante; la dulce palidez, la +triste sonrisa, la expresión melancólica y profundamente resignada; pero +no era aquella la resignación que se refiere a los dolores físicos, a +las privaciones, al trabajo, a la carencia de todo lo necesario: era una +resignación más terrible, porque se refería al infortunio del alma; a la +carencia de esas expansiones, sin las cuales un ser humano no es otra +cosa que un cadáver a quien su propio cuerpo sirve de ataúd ambulante. +En lo físico la transformación había sido también maravillosa: había +crecido: sus formas antes flacas se habían redondeado, modelado, +armonizado, dulcificado hasta lo infinito: se desprendía de ella tal +fuerza de vida, su piel era tan intensamente blanca, tan sedosa, tan +bellamente pálida, con una palidez nacarada; sus cabellos eran tan +negros, tan brillantes, tan ricos, que su peinado parecía estar hecho +por un escultor griego sobre ébano; las cejas negras y las pestañas +negras también, espesas, convexas, dando fuerza con su sombra a su +mirada, velándola, amortiguando su brillo; su boca pequeña, de color +vivo, fresco y puro; el corte general de la cabeza, lo esbelto del +cuello, lo redondo de los hombros, la altura virginal del seno, y los +brazos que se veían entre los encajes de una bata de seda a listas, la +suelta plegadura de esta bata que revelaba la ausencia de esos +ahuecadores con que las raquíticas mujeres de nuestros días encubren la +flacura de sus formas, todo esto la daba una fuerza de voluptuosidad +irresistible, y para aumentar esta voluptuosidad, se desprendía de ella, +de su expresión, de sus miradas, de su actitud, tal perfume de castidad, +que era necesario creer que su cuerpo como su alma estaba virgen. + +Y sin embargo, aquella boca entreabierta y suspirante, aquella mirada +vaga y tímida, aquella palidez mate, revelaban que en ella ardía el +fuego sagrado; que estaba ansiosa de amor. + +¿Pero a quién podía amar Amparo? + +¿Dónde el ser que pudiera llenar aquella alma tan entusiasta, tan +apasionada por lo bello, que se remontaba en sus aspiraciones al cielo y +vivía con pena en la tierra. + +¿Dónde el alma en que pudiera reclinarse, confundirse, vivir aquella +alma desterrada? + +Porque estas aspiraciones y estas necesidades de su alma estaban +impresas sobre el semblante de Amparo. + +Y fue tan franca en los primeros momentos de nuestra vida la expresión +de aquel semblante, que comprendí que Amparo amaba, que amaba con toda +su alma y que amaba sin esperanza. + +Y al comprender esto sentí al mismo tiempo celos y remordimientos. + +Celos porque no era yo el hombre a quien ella amaba. + +Remordimientos porque, elevando su educación, había elevado su espíritu, +la había aumentado sus aspiraciones, y la había hecho por consecuencia +infeliz. + +Porque a pesar de su magnífica hermosura, ni tenía nombre ni dote. + +Amparo era una expósita; Amparo sólo tenía necesidades. + +¡Y es tan positivista el siglo <sc>xix</sc>! + +En otros tiempos la hermosura y la virtud podrán haber sido un magnífico +dote: hoy el dote está sobre la virtud y sobre la hermosura: los viejos +son los únicos que se casan con las mujeres jóvenes, honradas y bonitas. + +El siglo <sc>xix</sc>, bajo cualquiera faz que se le mire, es el siglo de la +sangre y del lodo. + +El siglo de la compraventa. + +El siglo del incesto y del adulterio. + +El siglo corruptor y corrompido. + +El siglo en que la acepción de las palabras más notables está viciada. + +El siglo en que todo es mentira menos el dinero. + +¡Qué podéis esperar de un siglo en el cual el que invoca con entusiasmo +la patria, el amor y la fraternidad, o lo que es lo mismo la caridad, se +pone en ridículo! + +¡De un siglo en que...! + +El siglo <sc>xx</sc> hará la historia del siglo <sc>xix</sc>. + +* * * + +¿Qué podía esperar Amparo? + +Una vida de sufrimiento. + +Porque Amparo tenía la desgracia de flotar, soñando, en alas de su +entusiasmo, en una región a la cual sólo podía alzarse su deseo. + +* * * + +Todo lo que acabo de apuntar lo observé, lo comparé, lo pensé, lo deduje +en un momento en que estuvimos callando, ella turbada con la mirada +baja, y yo contemplándola absorto y enamorado. + +Sí, enamorado, y enamorado como un loco. + +Sin embargo, un mismo pensamiento, sin duda, nos hizo ponernos la +máscara de la conveniencia. + +Yo creí que debía apelar a toda mi fuerza de espíritu para mostrarme con +ella en la verdadera posición en que podía colocarme: esto es, en la +posición que me encontraba seis años antes. + +Amparo debía ser siempre para mí la misma: una protegida a quien yo +dispensaba cuanta protección debía de una manera enteramente +desinteresada: lo demás me parecía repugnante. + +Y ella... ella levantó al fin los ojos. Su semblante no mostraba más +expresión que la del respeto, la del agradecimiento: era la misma niña +de seis años antes, pero hermosa, hermosísima, con un traje de seda, en +una habitación amueblada con gusto y confiada y tranquila a mi lado, +como si se hubiera tratado de su padre. + +Pero se transparentaba bajo aquella tranquilidad algo de doloroso: se +comprendía que la careta la hacía daño. + +--¿Con que hasta tal punto me había olvidado usted--me dijo +sonriendo--que no me ha reconocido? + +--Se ha transformado usted de una manera completa--le contesté. + +--Creo que quien se ha transformado es usted. + +--¡Yo! no por cierto, siempre el mismo, se lo juro a usted. + +--¿Y ese _usted_? ¿ese encogimiento...? Yo... yo soy siempre la misma: +siempre contenta, siempre amándole a usted, siempre dando gracias a Dios +por el bien que me ha hecho... + +--Me parece, Amparo--la dije conmovido--que sufres, que no eres feliz, +que estás contrariada. + +--¡Ah! ya vuelve usted a ser el que era: el _usted_ me hacía daño: por +lo demás veamos lo que soy: una muchacha que en vez de vivir en un +tabuco, vive en un bonito cuarto: que viste seda y que borda, cose, +canta, atormenta un piano y enseña lo que se enseña en España en un +colegio. Esta es toda la diferencia: por lo demás, pienso hoy de la +misma manera que pensaba el día en que almorcé con usted. + +--¡Ah! ¡Te acuerdas! + +--Sí me acuerdo. Y en prueba de mi buena memoria: ¿continúa usted +cansado de la vida? ¿No espera usted nada? ¿No desea usted nada? + +--¡Oh!--la contesté:--nada espero, nada deseo... + +--Y en esos largos viajes... + +--Sólo he encontrado motivo para hastiarme más. + +--¡Siempre el mismo! ¡Siempre sin esperanza! exclamó de una manera +particular, y sin que por su acento pudiera yo conocer su intención. + +--Esto en mí es una enfermedad incurable, la dije: tratemos de ti... y +tú... ¿qué esperas? ¿qué deseas? + +--Yo... me contestó mirándome fijamente, pienso como pensaba hace seis +años. + +--¡No recuerdo! + +--Pienso buscar la paz y la felicidad en Dios. + +--¡Ah! ¡vuelves a lo del convento! + +--Sí. + +--Pero es extraño... ¿No amas? + +--No. + +--Eso es imposible. Una joven como tú... + +--Una joven como yo... que no se pertenece; que sólo puede dar a un +hombre inconvenientes; que no tiene apellido para sus hijos, no se casa +y una mujer como yo cuando no piensa casarse no ama. + +--El amor es un sentimiento: no se ama porque se quiere amar. + +--Sí, sí; concedido: comprendo que se ama porque se ama. Pero he tenido +la suerte de no enamorarme. + +--De seguro no habrá faltado... + +--¿Y qué importa? yo me he guardado muy bien de amar. + +--Pero... lo que yo quería está ya conseguido: eres toda una dama... + +--Sí, es verdad, soy directora de un colegio, y salgo todos los días a +dar lecciones de lenguas. + +--Pero y bien... este siglo no mira más que las apariencias: acepta un +dote cuantioso; cierra el colegio... + +--¡Ah! ¡Es que quiere usted comprarme un marido! + +La contestación de Amparo, aunque pronunciada en medio de una alegre +risa y con gran ligereza, tenía un fondo de dolor y de dignidad ofendida +que no podían desconocerse. + +--No hablemos más de eso; la dije: harás lo que quieras, todo menos ser +monja. Hablemos de otra cosa. ¿Qué se ha hecho de doña Gregoria? + +--Ha muerto hace dos años, me contestó tristemente. + +--¡Ah! ¡Pobre mujer! + +--No por cierto; murió con la resignación de una cristiana entre mis +brazos. + +--¿Y su marido? + +--Está empleado en provincias. + +--¿Y el padre Ambrosio? + +--Sigue viviendo en su casa de vecindad. + +--¿Y tú?... ¿cómo estás al frente del colegio? + +--Antes de que muriera doña Gregoria lo estaba ya. Había sufrido un +examen, y al morir doña Gregoria, era necesario cerrar el +establecimiento o encargarme yo de él... Entonces, el bueno de D. Tomás +se convino a que se le pagasen los muebles, y... en dos años nada le +debo; estoy establecida... soy independiente, tengo un pequeño +capital... lo que basta para mi dote... y ya que usted ha venido, me voy +al claustro... decididamente... me voy a buscar la paz. + +--Es que yo no quiero. + +--¿Y qué quiere usted que haga? ¿Cuál es su voluntad de usted? ¿Quiere +usted que me case? Me casaré. Pero me casaré con un pobre. + +--No, no es eso... + +--Pues el convento... + +--El colegio... + +--Una soltera sola no está bien en el mundo. + +--¿Y te casarías sólo por darme gusto? + +--No me pertenezco: usted es mi padre: mi amor y mi agradecimiento me +mandan obedecer a usted: si así no fuera, hace mucho tiempo que habría +tomado un partido cualquiera. Pero no quise tomarle sin conocimiento de +usted. Y como no sabía donde usted se encontraba... como durante seis +años no ha escrito usted una sola carta... + +--¿Y para qué? + +--¿Para qué? Para que yo no hubiese tenido ansiedad, para que yo hubiese +estado tranquila. + +--¡Ah! El no saber de mí... + +--Hubiera sido una infame si no me hubiera interesado la suerte de +usted. Le amo a usted como amaría a mis padres... y mire usted... + +Y Amparo se levantó y abrió la puerta de un gabinete. + +--Allí no entra nadie más que yo, dijo. + +--¿Y aquella luz? la pregunté señalando una que ardía delante de una +Virgen de los Dolores pintada al óleo. + +--Esa luz arde delante de la Virgen desde el día en que usted salió de +Madrid. + +Y entonces los ojos de Amparo se llenaron de lágrimas. + +No sé si hubiera cometido alguna imprudencia, porque en aquel momento +sonó una campana. + +--Adiós--me dijo tendiéndome una mano--es la hora de comer y mis niñas +me esperan. Vuelva usted. + +Salí enamorado y desesperado. + +Enamorado porque Amparo hablaba a mi corazón, a mi voluptuosidad, a mi +razón; desesperado porque nada había visto en Amparo más que una +ardiente expresión de agradecimiento. Amparo parecía enamorada de un +imposible. Yo por mi parte había tenido bastante sangre fría para no +hacerla sospechar el verdadero interés que me inspiraba. + +* * * + +Volví a mi casa preocupado, dominado por el efecto que había causado en +mí la vista de Amparo. + +Pretendí formar una idea exacta acerca del sentimiento que me inspiraba: +al recordar su mirada, opaca, llena de una vida ardiente, su sonrisa +triste, amarga en medio de su resignación, sus encantos uno por uno, y +después el magnífico conjunto de aquellos detalles admirables: el no sé +qué misterioso, vago, indefinible que emanaba de sus miradas, de su +sonrisa, de su acento, de su actitud, de todo su ser, de su alma +exhalada siempre en una manifestación sentida, dulce, extremadamente +simpática, mi corazón me decía inflamado de un ardor desconocido para +mí: + +--Necesito que sea mía, enteramente mía. + +Y al expresar mi corazón la devorante necesidad de poseerla, mi razón me +gritaba severa: + +--Es necesario que sea tu esposa. + +De la misma manera que no he podido describiros a Amparo, no puedo +haceros comprender de qué manera la deseaba, de qué manera la amaba. + +La deseaba como jamás había ansiado otra mujer. Parecíame que las +mujeres con las cuales había estragado mi corazón y mis sentidos eran de +otra especie que Amparo: me parecía que Amparo era la mujer... ella sola +la mujer: esa mitad preciosa de la vida del hombre; la compensación de +su fatiga, la alegría de sus pesares, el aliento de su corazón, la mitad +del cuerpo y del alma de nuestro hijo, de ese dulce punto de unión donde +van a confundirse en una dos existencias; la mujer con la cual nos +identificamos, que siente con nosotros como nosotros sentimos con ella; +que sufre cuando sufrimos; que goza cuando gozamos; que se muestra +orgullosa por pertenecernos, y fuerte por nuestra fuerza; que asida de +nuestro brazo se encamina tranquila a la tumba, y muere contenta y feliz +si en su lecho de muerte se ve rodeada del amor de una familia en la +cual se mira multiplicada, joven, fuerte, hermosa como en los días de su +juventud. + +Yo al desear a Amparo, deseaba la familia... yo quería rodearme de esos +testimonios de la inmortalidad humana que se llaman hijos. (Porque yo +entonces, vuelvo a repetirlo, era impío y no podía referirme a la +inmortalidad sino refiriéndome a la maldad.) Yo necesitaba, en fin, la +piedra del hogar, consagrado por el amor y por la virtud. + +La amaba... voy a procurar deciros las manifestaciones íntimas del amor +que me inspiraba Amparo. + +Era un amor, ni todo espíritu, ni todo materia. Era un amor humano: el +amor del hombre hacia la mujer: una atracción incontrastable me +arrastraba en mi pensamiento a confundirme con ella: parecíame sentirla +engrandeciendo mi ser, absorbiéndose enteramente su cuerpo y su alma, +respirando en su aliento, latiendo en su corazón, viviendo en su vida... +¡Oh! El lenguaje humano es miserable... no tiene palabras para el +sentimiento, es impotente para traducir el alma. Yo la amaba como a mí +mismo, más que a mí mismo: la amaba hacía mucho tiempo: para conocer que +la amaba necesité verla en el esplendor de su hermosura, en el lujo de +su transformación, y entonces comprendí que yo no estaba hastiado sino +sediento; que en mí no había muerto nada; que mi vida había pasado entre +un marasmo fatigoso producido por el lodo del mundo en que hasta +entonces me había revolcado. + +Aquella transición de la trapera a la dama, de la niña a la mujer, +transición para mí violenta puesto que alejado de ella durante seis años +no había podido asistir a la elaboración lenta, gradual, lógica de +aquella transformación; fue para mí... + +Suponed por un momento que el sol no existe: que sólo os alumbra una luz +artificial: que habéis recorrido el mundo armado de una linterna, +tropezando aquí, cayendo allá, buscando no sé qué quimera de vuestro +pensamiento; que habéis aplicado la luz de vuestra linterna al semblante +de todo el que habéis encontrado, y habéis visto un rostro repugnante +del cual habéis apartado los ojos con hastío; que habéis seguido siempre +adelante buscando vuestro fantasma y os habéis cansado al fin; habéis +arrojado la linterna y os habéis quedado a oscuras, exclamando: + +--El mundo es la horrible verdad de lo monstruoso, de lo deforme: la +vida una carga insoportable; el hombre nuestro hermano no existe; la +mujer nuestra ayuda es sueño. El que tiene vida en ese mundo de +horribles verdades muere; no hay Dios: no hay humanidad. El mundo es +hijo del acaso: el hombre es un reptil como otro cualquiera. + +Y suponed que cuando acabéis de pronunciar esa blasfemia aparece de +repente el sol en una explosión de luz y de armonía: que lleváis una +mano a vuestros ojos que se deslumbran, y otra sobre vuestro corazón que +se enternece lleno de una nueva vida, y que cuando volveis a abrir los +ojos os encontráis de nuevo en las tinieblas, enardecido por el próximo +y candente recuerdo de la luz divina que os ha deslumbrado, de la +armonía de los cielos que ha reanimado vuestro ser... y después de haber +supuesto esto suponed vuestra desesperación, vuestro dolor. + +Dios existe: existe la luz; pero Dios está irritado contra vos, no ha +hecho la luz para que brille en vuestros ojos; no ha hecho la armonía +para que deleite vuestros oídos: sois un ser condenado: Dios es un ser +vengativo. + +Yo había buscado en el mundo sin encontrarle el amor tal cual yo le +comprendía... le había buscado en vano y me había dicho: + +--Nuestro amigo y nuestra amante son dos fantasmas soñados por nuestro +deseo. + +Dios no puede haber dado a su hechura aspiraciones imposibles. + +Si no ha podido dárselas y las tiene no existe Dios. + +O Dios es el acaso. + +Amparo fue para mí el sol de la vida: la mujer que salía del edén y se +ponía delante de mí... la prueba material de que Dios ha dado a cada +aspiración del hombre una realización. + +Amparo realizaba mis sueños: era la mujer que yo había buscado en vano, +la mujer que hablaba a mi corazón y a mis sentidos; pero... Amparo no me +amaba: si me hubiera amado yo lo hubiera comprendido; Amparo me +consideraba como su protector, como su padre: Amparo se resignaba a +cumplir mi voluntad hasta el punto de casarse con el hombre que yo la +designase... y Amparo amaba... Amparo sufría... sus ojos, mi alma habían +apurado su sufrimiento... Amparo no era mía... había visto por un +momento mi fantasma y me le arrebataba Dios. + +Dios castigaba mi impiedad. + +* * * + +Pasaron algunos días sin que yo fuese a ver a Amparo. + +Tenía miedo de verla. + +Temía echar a perder inútilmente mi papel de protector, de padre, +dejándome arrebatar a una situación ridícula en un momento de olvido. + +En estos días mi administrador general se empeñó en darme cuentas, y me +vi obligado a ceder, para que tuviese ocasión de convencerme de que era +hombre de bien. + +Pasé por alto una multitud de partidas; pero no pude menos de reparar en +una data. + +Estaba figurada en estos términos: + +«A doña Amparo, por encargo especial del señor, cuatro mil reales.» + +--¡Cuatro mil reales!--dije con extrañeza--ese no será el total de la +data. + +--Sí, sí por cierto, señor, doña Amparo no ha recibido más. + +--¿Y en qué consiste? ¿No mandé a usted que entregase todos los meses +mil reales a doña Gregoria? + +--Sí, sí, señor, pero doña Gregoria me dijo al cuarto mes que no recibía +más... por aquel año... que a la señorita la bastaba para un año aquella +cantidad y... + +--Usted debió insistir. + +--Insistí... pero yo no podía obligar a doña Gregoria... + +--Y al año siguiente... + +--Fui el primero de enero con cuatro mil reales... + +--Pero no constan. + +--Es que doña Gregoria no los quiso recibir. + +--Es usted un torpe. + +--Yo puedo sacar a un deudor la cerilla de los oídos y se la saco, si no +encuentro otro medio de cobrar, para lo cual soy muy listo; pero no se +me ocurre que haya en lo humano un medio para hacer tomar dinero a una +persona que no quiere tomarlo; lo cual afortunadamente es muy raro. + +--Pero ¿qué razones dio a usted doña Gregoria? + +--Con las palabras más dulces del mundo, deshaciéndose en elogios y en +palabras de agradecimiento hacia usted, me dijo que la señorita Amparo, +ayudándola en el cuidado de las niñas del colegio, ganaba lo bastante +para sus necesidades. + +No supe qué contestar. Amparo volvía a hacerse superior a mí. + +Mi administrador continuó impasible relatándome sus cuentas. + +Al fin en las de dos años antes, leyó lo siguiente: + +--Cargo: recibido de doña Amparo, cuatro mil reales. + +No pude contenerme: mi irritación estalló; mi administrador es un +asesino: apuré con él la suma de los dicterios conocidos y por conocer y +le destituí. + +Amparo se engrandecía a mis ojos. + +No puedo decir que me humillaba su dignidad, porque la amaba de tal modo +que su dignidad era la dignidad mía; pero la posición en que ella se +había colocado respecto a mí me desesperaba. + +¿Con que lo que únicamente había hecho por ella había sido darla la +mano, ayudarla a salir de la precaria situación en que se encontraba? +¿Con que sólo me debía agradecimiento? ¿Con que el mayor trabajo de la +obra de su transformación había sido suyo? + +El dinero es la piedra de toque del corazón humano. + +Amparo había arrancado de en medio de entre nosotros dos el dinero. + +Amparo se había colocado delante de mí a una inmensa altura. + +Elevándose, elevó ante mis ojos a la mujer, a la humanidad, y me obligó +a confesar que existía la virtud sobre la tierra. + +Y mi corazón y mi cabeza me decían: + +--La amas, necesitas su amor para vivir. + +Y mi desesperación me decía: + +--Amparo no te ama. + +Entonces blasfemaba yo. + +--¡No hay Dios, decía! + +* * * + +Fui a verla. + +Habían pasado ocho días desde mi visita de vuelta de viaje. + +Tiré con fuerza de la campanilla y me hice anunciar. + +Amparo salió hasta el recibimiento y me tendió la mano con la mayor +naturalidad. + +--Otra vez no pida usted que le anuncien,--me dijo sonriendo. + +Y me llevó a la sala asido de la mano. + +El contacto de aquella preciosa mano, que estrechaba dulcemente la mía +con una noble confianza, como se estrecha la mano de un protector a +quien se ama, me causaba una impresión que en vano querría explicar: +parecíame que aquella mano me transmitía otra vida más pura, más fácil; +me embriagaba en un goce lánguido y tranquilo... + +Indudablemente yo estaba enamorado de remate y divinizaba todo lo que +pertenecía a Amparo; todo lo que emanaba de ella. + +Pero yo iba preparado, y tuve bastante fuerza de voluntad para no +mostrarme ni más ni menos interesado por ella que como lo estaba seis +años antes. + +Ella estaba perfectamente tranquila, alegre, confiada y retenía mi mano +en la suya, no como la retiene un amante, sino como retiene una hija la +mano de su padre, de quien ha estado separada muchos años. + +La contemplé durante algún tiempo sin perder ni un instante el cuidado +de mí mismo, temiendo que una mirada, un accidente cualquiera la hiciese +conocer el verdadero interés que me inspiraba. + +Yo era entonces un cómico que representaba dolorosamente su papel. + +--Me alegro--la dije al fin. + +--¿Y de qué se alegra usted?--me contestó mirándome con gravedad. + +--Me parece que eres feliz. + +--¡Oh! sí; completamente feliz--me contestó--ya lo creo: al cabo le +tenemos a usted. + +--¡Le tenemos!--exclamé con extrañeza. + +--Sí, sí por cierto, el padre Ambrosio y yo. Y aun el mismo Mustafá, +mírele usted echado entre nosotros y mirándole de hito en hito. A pesar +de que es ya viejo no se ha olvidado de usted; no es usted para él una +persona desconocida... ¿Ha ido a verle a usted el padre Ambrosio? + +--No por cierto, y me hubiera alegrado mucho de verle. + +--No se habrá atrevido... es tan tímido. + +--Yo iré a verle cuando salga de aquí; pero es necesario que me digas +donde vive. + +Amparo se levantó y escribió las señas que me entregó. + +Tenía un precioso carácter español. + +--Escribes muy bien--la dije. + +--Es mi obligación. ¿Se olvida usted de que soy _maestra de escuela_? + +--Quisiera verte entre las niñas. + +--Eso no puede ser. Pero figúrese usted que me ve: toda una madre de +familia: me pongo muy seria, riño mucho, las castigo con tratarlas +secamente, y las premio con un beso. + +--¡Ah! ¡Ah! + +--Y paso buenamente la vida: no sé si es soberbia, pero se me figura, +creo que el magisterio cuando se ejerce sobre niños es un sacerdocio +que impone sagrados deberes; ¡y es tan dulce el cumplimiento del deber! +Y cuando un ser cuya razón empieza a desarrollarse bajo nuestra +influencia es una niña, todo cuidado es poco, porque de la niña se hace +la mujer, la madre de familia, y la madre de familia, mal que les pese a +los que niegan toda participación a la mujer en el desarrollo social, es +la que siembra el fruto que ha de coger la sociedad: formad buenas +madres de familia, y habréis formado una generación llena de virtud, de +entusiasmo, de valor, de abnegación, de amor patrio, de virilidad, de +grandeza: los hijos son la madre: si la madre es buena, el hijo es +bueno; pero si la madre ha dado a sus hijos el pernicioso ejemplo de las +discordias domésticas, la falta de sufrimiento y de abnegación, el +escándalo continuo, el repugnante espectáculo de preferencias odiosas +respecto a este o al otro de sus hijos; si esos jóvenes corazones no han +tenido ningún buen ejemplo que imitar; si sólo han debido a su madre un +amor indiscreto y caprichoso, caricias exageradas, castigos inmotivados, +se pervierten, se desnaturalizan embotando o perdiendo todos sus buenos +instintos y constituyendo un ser artificial formado por una mala +educación. ¡Oh! ¡Las madres! ¡Las madres! + +Y Amparo inclinó la cabeza profundamente pensativa. + +Como ven mis lectores, nuestra conversación no podía ir más apartada del +punto a que mi amor hacia Amparo hubiera querido llevarla. + +Este alejamiento de nuestra conversación de mi idea fija, me favorecía +ayudándome a mantenerme firme. + +Durante dos horas, Amparo, haciendo casi sola la conversación, me dejó +conocer cuánto valía su moral: vinimos al fin a recaer en mis viajes; me +preguntó acerca de las civilizaciones extranjeras, y sin haber hablado +ni una sola palabra de su pasado ni de sus proyectos, me despedí de +ella. + +* * * + +Fui a ver al padre Ambrosio algunos días después. + +Cuando entré en la casa de vecindad, al primero a quien pregunté me +indicó la puerta del aposento del exclaustrado. + +Al asomar a ella, di un paso atrás. + +Le había sorprendido... mondando patatas. + +Pero ya era tarde. + +El padre Ambrosio me vio, se levantó, dejó sobre una pequeña mesa el +plato donde tenía las patatas mondadas, y me salió alegremente al +encuentro; con timidez sí; pero no con una timidez de vergüenza, sino +con su timidez característica. + +--¡Ah!--exclamó--usted por aquí, cuanto me alegro. Yo debiera haber ido +a verle a usted. + +--¡Oh! de ningún modo. + +--Sí, sí, pero no me he atrevido. + +--Ha hecho usted muy mal en no... atreverse. + +--Dejemos, pues, estos cumplimientos: yo me alegro mucho de verle a +usted: ¿y cómo le va a usted...? Siéntese usted aquí en el sillón..., +póngase usted el sombrero..., así...: ¿y qué me dice usted de nuestra +hija? añadió sentándose en una vieja arca: es un prodigio...; a mí ha +acabado por hacerme feliz, me ha regenerado... ¡qué niña, Dios mío, qué +niña! Ya puedo morir tranquilo, porque Amparo no necesita ya de nadie, +de nadie más que de Dios. + +--¡Me pregunta usted qué pienso de Amparo! contesté: con usted puedo ser +franco: pienso lo que piensa un hombre de una mujer que realiza todos +sus sueños, todos sus deseos, todas sus aspiraciones: de la mujer a +quien ama. + +--¡Ama usted a Amparo! exclamó el padre Ambrosio poniéndose mortalmente +pálido. + +--Sí; la amo con toda mi alma. + +--¿Y se lo ha dicho usted? + +--No, ni se lo diré nunca. + +Se tranquilizó el padre Ambrosio. + +--Yo había previsto desde hace mucho tiempo, me dijo, que usted acabaría +por amarla, y me halagaba la esperanza de que mutuamente se harían +ustedes felices. El amor en usted le vi yo nacer hace seis años y... +pero a que soñar... Amparo no sería feliz con usted. + +--¿Ama acaso a otro? + +--Yo creo que sí. + +--Yo también lo he creído. + +--Sufre... Algunas veces la he sorprendido llorando, y he comprendido la +causa de sus lágrimas: he comprendido que estaba enamorada. Un día la +sorprendí mirando un retrato. + +--¡Un retrato! ¿pero de quién? + +--No lo sé. Al verme se puso vivamente encarnada, se volvió y ocultó el +retrato en el pecho. Yo nada la pregunté, nada la dije; Amparo, con la +fuerza de voluntad que Dios la ha dado, se serenó, y nada me dijo del +retrato, ni de mi sorpresa involuntaria; dejé pasar algunos días, y a la +primera confesión la dije: + +--Tú sufres, Amparo. + +--Tengo el alma triste, me contestó. + +--¿Tienes triste el alma porque amas? + +--Yo... No señor... No amo a nadie: yo no puedo amar: yo no daría a mis +hijos una madre sin nombre. + +--Sé franca conmigo, repuse: ¿amas acaso a tu protector? + +--¡Que si le amo...! Ya se ve que le amo, me contestó con la mayor +naturalidad: acaso ¿no es mi padre? + +--No, no me refiero yo a ese amor, sino a otro más íntimo: el amor que +tiene una mujer al hombre de quien desearía ser esposa. + +--No, no le amo así, ni le podría amar nunca de ese modo; me lo +impediría el respeto que me inspira. + +--Pues, si no amas a tu protector, ¿a quién amas? + +--A nadie. + +--¿Y el retrato que ocultaste al verme el otro día? + +--¡Ah! ¡el retrato de mi madre! + +--El retrato de su madre, exclamé interrumpiendo al religioso; pues qué, +¿ha encontrado Amparo a su madre? ¿Habrá alguna razón que la impida...? + +--Lo mismo la pregunté; pero ella me contestó: es el retrato fantástico +de mi buena madre, con quien sueño todas las noches; en quien pienso +todos los días; un rostro que yo he dibujado recordando mis sueños... +Mañana le verá usted. + +No supe qué contestar. + +La hacía llorar la vista de la reproducción material de un fantasma. + +En efecto, al día siguiente me mostró una bellísima cabeza de mujer como +de cuarenta años, y había allí algo... en el semblante triste de aquel +fantasma estaba el alma de Amparo. + +Calló el religioso, y yo quedé profundamente pensativo. + +Me había dado a conocer un nuevo rasgo del carácter romancesco de +Amparo. + +--Pues bien, si ella no puede amarme, le dije, continuaré comprimiendo +dentro de mi corazón el amor que me inspira: procuraré que no salga +delante de ella ni en mis palabras, ni en mi mirada, ni en mi semblante +la más leve manifestación de ese amor. Si no puedo vencerle, volveré a +mis viajes. + +--Mucho me temo que no sea ella la primera en apartarse de nosotros. + +--¡Cómo! + +--Ella ama: estoy seguro de ello: y ama con toda la vehemencia, con toda +la firmeza de su alma: una de dos, o la persona a quien ama no repara en +ella, o no pertenece a esta vida. Amparo... acaba de decírmelo hoy por +la mañana, está resuelta a meterse en un convento, y me ha mandado +practicar las primeras diligencias. + +--¡Oh! No, de ningún modo, exclamé. ¡Monja! ¡Monja Amparo! No puede ser. + +--Ya es tarde, me dijo: es necesario decir a usted toda la verdad. Iba a +decírsela a usted; pero al revelarme usted que la amaba... temblé... +callé, no me atreví...; pero... en quince días que han pasado desde que +la vio usted por última vez, Amparo ha entrado en un convento, y dentro +de tres días más debe tomar el hábito de novicia. Esta mañana me dio +esta carta para usted. ¿Comprende usted ahora por qué no me atrevía a ir +a su casa? + +Yo estaba aterrado, y apenas pude leer una carta que me dio el padre +Ambrosio, y que contenía estas palabras: + +«Convento de.... Perdone usted si por mí misma he tomado tan grave +resolución. Yo no podía permanecer más en el mundo, y usted se opone +formalmente a que yo entre en el claustro. Perdóneme usted otra vez. +Pero mi corazón necesita paz y he venido a buscarla a esta santa +casa.--Su siempre agradecida. Amparo.» + +Sin despedirme del padre Ambrosio salí comprimiéndome las sienes con las +manos. + +Mi cabeza se rompía. + +Aquella carta había sido para mí un golpe de muerte, y apenas pude salir +a la calle. + +No sé lo que me sucedió: sólo recuerdo que al volver en mí me encontré +en un lecho extraño rodeado de una familia desconocida, y con un médico +a la cabecera. + +Mi indisposición había sido un accidente pasajero. + +Muy pronto, a consecuencia de los auxilios que se me prodigaron, volví +al uso de mis facultades. + +Me encontré en la trastienda de una barbería. + +Una buena mujer me aplicaba a las narices un paño mojado con vinagre. + +Su marido, lanceta en mano, estaba a punto de sangrarme. + +Impedí que lo hiciese, y les rogué que me procurasen un carruaje. + +Aquella buena gente me sirvió de la manera más solícita, y se negó de +todo punto a recibir la gratificación que yo les ofrecía. + +Es un bello rasgo, exclusivo de los españoles, el negarse a recibir una +recompensa cuando creen que han debido hacer lo que han hecho, y este +hecho se refiere a la caridad. + +Es una bella manera de igualar al pobre con el rico. + +En esos casos la palabra _gracias_ del fuerte, vale tanto como _el Dios +se lo pague_ del desvalido. + +Esto suponiendo, que el rico que da las _gracias_ tiene corazón. + +Yo adoro la caridad: los hombres que tienen caridad son mis hermanos. + +* * * + +Débil, con la cabeza llena de una vaguedad febril, con el corazón +fuertemente agitado, fui conducido a mi casa, donde hube de meterme en +cama. + +El efecto que había causado en mí la resolución suprema de Amparo, mi +terror por perderla, mi ansiedad, mi duda acerca de recobrarla, me +decían claro que Amparo había llegado a constituirse para mí en ese ser +que es la mitad de nuestra existencia. + +Sentía en el corazón un vacío doloroso; una hambre aguda, permítaseme +esta frase, vacío que sólo ella podía llenar, hambre que sólo ella podía +extinguir. + +Nunca mi voluntad luchó tan poderosamente contra una dificultad que casi +tenía para mí el carácter de un imposible. + +Amparo huía del mundo y se encerraba con la desesperación de su +misterioso amor en un convento. + +Yo me desesperaba: yo tenía celos de un fantasma: yo aborrecía al hombre +que Amparo amaba. + +Ninguna solución me venía al pensamiento bastante a consolarme, ya que +no a curarme de mi desesperación. + +Yo, como todos los desesperados, como todos los vencidos, me hubiera +creído feliz con muy poco: con vivir a su lado como su hermano. + +Este tímido deseo me inspiró un pensamiento, y la inspiración de este +pensamiento llevó mi mano al cordón de la campanilla, del que tiré +fuertemente. + +--Vaya usted mismo al instante, dije a mi ayuda de cámara, a la calle +tal, tal número, tal cuarto; diga usted al padre Ambrosio que deseo +verle al momento, que estoy enfermo, que le espero con impaciencia; +lleve usted un carruaje, y tráigase usted al padre Ambrosio. + +Media hora después, el exclaustrado entraba en mi alcoba. + +* * * + +Acercose a mí con la más viva solicitud. + +--¡Oh! ¡Dios mío!--dijo, comprendiéndolo todo--¿con qué tanto la ama +usted? + +--Amparo me ha convertido en un niño--le respondí. + +--¡Que feliz hubiera sido amándole a usted! + +--No pensemos en eso. Le he llamado a usted, no para hablarle de mi +amor, sino para pedirle que me ayude, que me auxilie. + +--¿Y en qué? ¿Cómo? + +--Yo comprendo que Amparo ha entrado en el convento desesperada. + +--Es verdad: Amparo que nada espera en el mundo, se ha arrojado +sollozando en los brazos de Dios. + +--Pero Dios está en todas partes. + +--Indudablemente. + +--Por ejemplo: en mi casa puede encontrar a Dios como en el convento. + +--Y ¿de qué modo puede estar Amparo en su casa de usted sino como su +esposa? + +--Cabalmente: eso es: quiero casarme con ella. + +Volvió a ponerse pálido el padre Ambrosio como cuando le dije que la +amaba. + +--Si usted pide a Amparo su mano--me dijo gravemente--se casará con +usted: si usted la abre sus brazos, se arrojará en ellos... pero ¿olvida +usted que ella ama?... ¿Que ella al ser de usted apurará un sacrificio +mortal? ¿No ha comprendido usted a Amparo? + +--Sí; y del mismo modo que la comprendo a ella, quisiera que usted me +comprendiese. + +--Comprendo que la ama usted, que la desea, que quiere casarse con ella. + +--Quiero darla únicamente mi nombre, y con mi nombre, mi posición; +quiero arrancarla de la exageración del claustro; si desea soledad, en +mi casa la tendrá; independiente de mí su habitación, si lo desea, será +una especie de celda; si acepta mi brazo, si me presta el suyo, nos +apoyaremos el uno en el otro; seremos hermanos. Su virtud estará a +cubierto de toda murmuración, sin que ella se vea reducida a un +encarcelamiento eterno, a prácticas fatigosas, a rivalidades y a +pasiones de mujeres irritadas por el secuestro, desnaturalizadas, +convertidas en un ser de distinta especie por el aislamiento. Amparo +tiene el corazón demasiado grande para que no sufra comprimido por los +caprichos monjunos y por las mil penalidades sordas y continuas del +claustro; en una palabra: Amparo se ha arrojado en una tumba, y es +necesario sacarla de ella antes que la tierra de esa tumba la cubra y la +sofoque. Es necesario que Amparo sea mi hermana y que viva a mi lado +bajo el pretexto de que es mi mujer. + +--¿Y está usted seguro de que un día no se irritará su amor y abusará en +su posición? ¿Sabe usted el inmenso sacrificio que será para Amparo +pertenecer a un hombre a quien no ama? + +--Era necesario para que llegase ese caso que yo dejara de amarla, y que +además abdicase de mi corazón y de mi orgullo. + +--¿Con que decididamente quiere usted casarse con ella? + +--Sí. + +--¿Y con qué pretexto la haremos la proposición? + +--Con ninguno; usted la dirá únicamente la verdad. + +--¡La verdad! ¡La diré que usted la ama! + +--No: eso no sería la verdad. El amor que como mujer me inspira, no es +la causa de nuestro matrimonio. La causa de nuestro matrimonio es su +aislamiento. Yo no me había de casar nunca; necesito por otra parte a mi +lado un afecto dulce, tranquilo. Hágala usted comprender que me caso con +ella... por la misma razón porque la arranqué de su miseria. + +--¡Por caridad! + +--No; no nombremos la palabra caridad: me caso por afecto... por +interés... porque la amo como si fuese mi hermana... quitemos a la +verdad lo que pueda tener de humillante... ya sabe usted que las habemos +con un corazón altivo. + +--Bien; la hablaré, pero desconfío: por lo mismo, y como esta comisión +es harto delicada, quiero que esté usted presente. + +--¡Yo!... de ningún modo. + +--Hay un medio: en el locutorio puede usted estar a un lado de la reja +sin que ella le vea. + +--Eso es repugnante. + +--Necesito que usted asista a esta grave conversación... compréndame +usted y disculpe como debe mi franqueza. + +--Pero yo confío ciegamente en usted. + +--Y yo desconfío del buen éxito de mi mensaje. Por lo mismo, quiero que +usted asista a mi lado. + +--¿Y si yo resistiese? + +--Resistiría yo. + +--Pues bien: iremos. + +* * * + +Dos días después estábamos en uno de los locutorios del convento de... +el padre Ambrosio y yo. + +Colocado junto a la pared en que estaba la reja del locutorio, Amparo no +podía verme. + +El padre Ambrosio estaba sentado en un sillón delante de la reja +cabizbajo y profundamente pensativo. + +Yo, detrás de él a poca distancia, escuchaba con toda el alma en los +oídos. + +Oyose abrir una puerta, y luego un paso reposado de mujer, el crujir de +un vestido, y luego el gruñido cariñoso e impaciente de un perro. + +--¡Ah! ¿Es usted?--dijo Amparo. + +--Sí, yo soy, hija mía, que vengo a sacarte del convento. + +--Y ¿cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? + +--Tu protector conoce, como conozco yo, que no tienes vocación al +claustro. + +--Eso importa poco, porque tengo menos vocación al mundo. + +--Tu protector comprende que has entrado aquí desesperada. + +--No lo niego. + +--Quiere que tu suerte sea menos triste. + +--Eso depende de Dios. + +--Pero Dios se vale de los hombres. + +Guardó Amparo silencio durante un momento. Mustafá seguía abalanzándose +a la reja y gruñendo. + +--Yo no podía permanecer en la difícil posición en que me +encontraba--dijo al fin ella--me veía expuesta a atrevimientos de todo +género. No podía tener a mi lado más que personas extrañas... y luego... +en fin... si el claustro es una tumba... es lo que me conviene... +sufriré, concentraré mi dolor hasta que el dolor me mate... le sufriré +resignadamente, y Dios me perdonará. Yo no puedo vivir como vivía, padre +Ambrosio... no... no... era un tormento para mí... Dígale usted que yo +le agradezco con toda mi alma el interés que por mí se toma. Que mi +felicidad depende de un milagro de Dios, y que... dentro de poco ese +milagro será imposible. + +--Amparo--repuso con autoridad y con firmeza el exclaustrado--las +exageraciones jamás producen buenos resultados. Empiezas a vivir... + +--Yo creo que ya he vivido toda mi vida. + +--Sea como tú quieras; pero estamos perdiendo el tiempo. Tengo que +hacerte una grave proposición. + +--¿De su parte? + +--De su parte. + +--¿Y cuál? + +--Te pide formalmente tu mano. + +Sucedió uno de esos solemnes silencios que se hacen oír; uno de esos +silencios cuya duración no se puede contar: uno de esos silencios que +son más elocuentes que todas cuantas palabras pudieran imaginarse para +reemplazarles. + +Luego Amparo dijo con la voz trémula, como aterrada: con acento +incomprensible: + +--¿Lo manda él? + +--El desea que tú... vivas mejor... que... en fin... + +--No, no quiero explicaciones de ningún género, repuso con una +precipitación entrecortada Amparo... comprendo... lo comprendo todo. ¿Lo +manda él? + +--El lo quiere... porque... + +--No, ni una palabra más, padre Ambrosio: dígale usted que si él +quiere... yo también quiero...; pero pronto... pronto por Dios... que yo +pare al fin donde Dios quiera que vaya a parar. + +Y entonces no pudo contenerse y rompió a llorar, luego se oyó un paso +precipitado, y la puerta que se cerraba. + +--Vea usted su obra, me dijo con desesperación y aun con ira el padre +Ambrosio. Hemos desgarrado el corazón de esa pobre Amparo. + +--No importa, le dije saliendo con él del locutorio. El tiempo la +demostrará mis intenciones, y cuando las reconozca recobrará la paz. + +Y salimos del convento. + +* * * + +Aquel mismo día escribí a mi tío una carta que sólo contenía estas +breves palabras. + +«Me caso con una mujer digna de mí, y espero que saliendo por un momento +de su retiro, venga usted a presenciar nuestra unión.» + +Aquel mismo día también puse en movimiento mi casa. + +Invadiéronla tapiceros, renové el mueblaje, aumenté mis trenes y mi +servidumbre, y preparé la servidumbre particular de Amparo. + +En cuanto a las habitaciones de ésta, no perdoné gasto ni cuidado, y +quedé satisfecho. + +El dormitorio, el tocador, el cuarto de labor y el gabinete de Amparo +eran sumamente bellos y ricos, en medio de una gran sencillez. + +Sólo se esperaba para efectuar el casamiento la llegada de mi tío. + +Pero en vez de él llegó a vueltas de correo la lacónica carta siguiente: + +«Cuando tú te casas, tu esposa debe ser un prodigio. Me alegro de tu +resolución, porque el matrimonio te dará una vida nueva. _Quiera Dios +que seas más feliz que yo lo he sido_. Ofrece a tu, para mí incógnita, +consorte, todo el cariño que la corresponde por mi parte como cosa tuya, +y si te pareciere bien, daos ella y tú por convidados a estas orillas en +el estío próximo.» + +Yo conocía a mi tío y sabía que no había de venir. + +Así, pues, la tarde del mismo día en que recibí esta carta, el padre +Ambrosio fue por Amparo al convento. + +Se me presentó ricamente vestida de blanco, coronada de rosas blancas y +más pálida que las rosas de su corona. + +Al darme la mano al pie de la escalera la sentí estremecerse; pero aquel +estremecimiento pasó, y continuó serena hablando conmigo con suma +naturalidad de cosas indiferentes. + +La ceremonia fue muy triste: el padre Ambrosio nos dio la bendición, mi +administrador general y mi mayordomo fueron nuestros testigos. + +Nadie más asistió. + +Después de esto, Amparo quedó sola conmigo. + +Yo estaba sobrecogido. + +No sabía hasta qué punto era grave el paso que acababa de dar. + +Y la gravedad de este paso no me asustaba por mí; me asustaba por ella. + +Al preguntarla el padre Ambrosio si quería ser mi esposa, un +estremecimiento profundo agitó su mano, la sentí fría y pronunció un +_sí_ apenas articulado. + +Después cuando nos quedamos solos, me miró frente a frente, pálida y +conmovida, sus ojos se llenaron de lágrimas y luego me asió las manos y +exclamó con un acento profundamente doloroso y sentido: + +--Me ha consagrado usted su vida, a mí, a la pobre muchacha abandonada, +a la infeliz trapera. Dios se lo pague a usted. ¡Quiera Dios que yo +pudiera hacer a usted feliz! + +--Yo soy feliz, la contesté, conque tú vivas tranquila, conque seas mi +hermana. Ha sido necesario dar este paso para arrancarte del convento. +Yo continúo mi vida sin deseos y sin esperanza, consagrada a ti, que +continúas siendo mi hija. + +Aproveché un pretexto y fui por un instante a encerrarme en mi gabinete. +Allí seguro de no ser oído, de no ser visto, rompí a llorar: si no +hubiera llorado mi corazón se hubiera roto. + +Yo la hubiera estrechado entre mis brazos, la hubiera arrancado +frenético aquella corona de rosas blancas... + +De seguro Amparo hubiera sido para mí una esposa sumisa... + +Pero... yo quería su amor... y ella... ¡ella se había casado conmigo +porque se lo mandaba yo! ¡por agradecimiento! + +Temía hablarla de mi amor; temía indicárselo; temía que ella se +violentase, que se fingiese enamorada de mí para pagarme con un +sacrificio inmenso mi protección... ¡No! Esto no podía ser... ¡yo debía +continuar con mi careta puesta... es más: debía mostrarme contento, +feliz... sólo me quedaba un recurso: estar poco tiempo a su lado y +viajar mucho; evitar un momento de olvido. + +Yo era infeliz. + +Pero era indudablemente menos infeliz que lo hubiera sido siendo ella +monja. + +No sé qué alegría misteriosa inundaba mi alma. Si no era mía, no sería +de otro... + +Era una posición de cierto género, y acaso... con la costumbre de +verme... ¿quién sabe? + +Yo esperaba. + +¿Viviría el hombre a quien amaba Amparo? + +¿La habría seducido este hombre?... ¿La habría abandonado?... + +¡La duda! ¡Horrible espectro que ennegrece nuestra alma con su sombra! + +¿Habéis dudado alguna vez de vuestra esposa o de vuestra madre...? + +Porque si no habéis dudado alguna vez de cualquiera de esos dos seres +que son vuestro corazón y vuestro nombre, no comprenderéis lo terrible +de la duda cuando se refiere a objetos tan sagrados. + +Yo me encontraba en una situación enteramente excepcional, y sufría +todas sus consecuencias. + +Sin embargo, las aceptaba, y cien veces que hubiera sido necesario +hubiera vuelto a casarme con Amparo. + +¡Cómo llenaba mi alma! ¡Cómo la enloquecía! ¡Cómo la desesperaba! + +¡Cuánto la había divinizado mi amor! + +Todo en ella para mí era perfecto. + +Todo en ella para mí era ardiente. + +Era un ángel de fuego que me precedía, me llevaba, me arrastraba, no +sabía a donde. + +Ahora ya lo sé. + +Ese ángel divino me ha traído a una casa de locos. + +* * * + +Volví a su lado perfectamente tranquilo. + +Es decir fingiendo de una manera perfecta una perfecta tranquilidad. + +Ella estaba sentada en un sillón junto a la chimenea y arreglaba +tranquilamente el fuego. + +Cuando me sintió se reclinó en el sillón, y me dijo sonriendo, con la +cabeza echada atrás sobre el respaldo: + +--¡Que feliz soy, Luis! + +Era la primera vez que Amparo pronunciaba mi nombre de una manera tan +familiar. + +Ahora recuerdo que es también la primera vez en que yo le escribo en +estas memorias. + +En efecto, yo me llamó Luis. + +Admirome aquella tranquilidad, aquella familiaridad, aquella sonrisa, +aquel no sé qué seductor, incitante que emana de ella. + +Sin duda Amparo había tomado su partido aceptando por entero el +sacrificio. + +Este pensamiento me desgarró el alma. + +Sin embargo me mantuve firme. + +--Yo también soy feliz--la dije--yo necesitaba el afecto desinteresado, +noble y puro de una hermana, y le tengo en ti. + +--¡Oh! yo le amo a usted como si fuera mi padre... ¡y cuánta +generosidad, Dios mío! ¿Cómo no ha retrocedido usted ante la idea de que +el mundo donde vive pretenda averiguar quién soy y de dónde vengo? + +--Nada me importa eso: lo que me estremecía era que sin vocación... + +--¡Y se ha sacrificado usted por mí...! ¡se ha imposibilitado de ser +feliz mañana...! ¡si encuentra usted una mujer que le enamore...! +¡vamos no sé en qué he estado pensando...! ¡yo no he debido...! ¡si por +un acaso...! ¡pero no... no puede ser...! + +Acercó un sillón al mío y me dijo pálida y conmovida. + +--Estamos en una situación solemne, Luis: en una situación en que acaso +no se han encontrado dos personas solas: debemos ser francos... ¿Será +acaso? + +Y se detuvo. + +--Continúa, continúa; parece que te cuesta trabajo lo que me vas a +decir. + +--Sí, sí; lo confieso; pero es preciso, es mi deber: habiendo llegado al +punto en que nos encontramos, es necesario que yo sepa... lo que debo +hacer para... + +--¿Para qué? + +--Para ser digna de tanto beneficio. + +Y luego haciendo un supremo esfuerzo añadió de una manera penosa: + +--Luis: ¿me ama usted? + +--¡Yo! ¡no!--la contesté sonriendo, porque había adivinado la pregunta y +me había preparado. + +--¡No! es decir... que se ha casado usted conmigo... ¡por... caridad! + +--Amparo, hija mía--la dije--tu gran corazón te atormenta: ¡crees que he +hecho un sacrificio inmenso... que te he sacrificado mi libertad! no... +te engañas: estoy muerto para el amor, para ese amor ardiente que nos +embriaga y nos arroja a los pies de una mujer... no, hija mía, no; eres +demasiado pura para que mi corazón, gastado ya, pueda amarte más que con +ese otro amor desinteresado de la amistad; si no hubieras pretendido +entrar en un convento, yo... nada te hubiera propuesto: te hubiera +tratado como un hermano y nada más: el día en que te hubieras casado con +un hombre de tu elección hubiera sido completamente feliz. Pero te +obstinabas, no sé por qué en ser monja: habías dado un paso decisivo, y +era necesario dar otro paso contrario, decisivo también; me daba miedo +tu resolución... tú estabas sin duda desesperada... + +--No--me contestó tristemente. + +--Tú has amado, Amparo; amas. + +--¿Es decir que somos hermanos...? ¿que es usted tan generoso que no +mira en mí siempre más que a la pobre Amparo? + +--No hay en mí generosidad, más hay afecto. + +--Pues bien: si somos hermanos, podemos hablar con franqueza. + +Yo la observaba y vi que su frente se había serenado. + +--Sí, hablemos con franqueza--la dije. + +--Pues bien: he amado a un hombre. + +--¿A un hombre digno de ti? + +--¿Digno de mí! ¡digno de ser adorado, digno de una felicidad que le ha +negado Dios! + +--¿Joven? + +--Joven y hermoso. + +--¿Y él te amaba? + +--Sí--me contestó, con su triste sonrisa habitual. + +--¿Y entonces... por qué no os habéis casado? + +--¡Ha muerto!--exclamó Amparo. + +Y se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar. + +Pero de una manera desconsolada, como si su alma entera se exhalase en +aquel llanto. + +--Pero--me dijo entre sus lágrimas--a usted le amo también: le amo de +una manera profunda; como a mi hermano... más... más aún... como amaría +a mi madre... por hacerle a usted feliz daría mi vida... y cuando el +padre Ambrosio me dijo que quería usted casarse conmigo... + +--¡Te aterraste! + +--No, no: en el momento de hacerme el padre Ambrosio la proposición en +nombre de usted, me dije: se casa conmigo por caridad: por arrancarme de +esta sepultura a que he venido desesperada: en él la caridad es la vida: +no amarguemos su vida y consentí. Pero cuando me quedé sola se me +ocurrió que tal vez podría haber en usted más que caridad: acaso me ame, +pensé: si me ama... yo le pertenezco, yo soy suya, yo debo amarle. + +--¿Y tu amor? + +--¡Es verdad! por eso debíamos hablar con franqueza y hemos hablado: en +mí hay dos amores: uno puro, desinteresado, noble, profundo: el que +usted me inspira: mi amor antes de hija, ahora de hermana: el otro amor +es un desdichado amor, sin esperanza: un amor que enluta mi alma y la +desespera: si un día me sorprende usted llorando, no lo extrañe usted: +yo cuidaré mucho que los extraños no vean el dolor en mi semblante; todo +el mudo me creerá feliz, y lo seré, en efecto, al lado de usted; pero... +permítame usted que llore alguna vez por mi amor perdido; por el amor +del hombre que Dios no me ha querido conceder. Esto no debe serle a +usted doloroso, porque no me ama sino como un hermano; no puede usted +temer que el objeto de mi amor manche su nombre, porque es imposible, de +todo punto imposible que pueda mancharle. + +--Me harás amar por ti a ese fantasma: fantasma para mí puesto que ha +muerto y no sé ni quiero saber su nombre. + +--¡Oh, sí! yo le amaré siempre, siempre, con toda mi alma. Usted no +tendrá celos, ¿no es verdad? + +--Siento únicamente que ese hombre haya muerto... porque al fin, +viviendo él, hubieras sido su esposa... + +--No hablemos nunca de esto más: nunca... nunca: ha sido una explicación +precisa. Ahora, mi buen hermano, suplico a usted me diga cuál es mi +aposento. Necesito descanso; reposo; he sufrido mucho. + +--Vamos a tener dentro de un momento al lado personas extrañas; es +necesario que delante de ellas no me hables de usted. + +Aquello era ir de mal en peor. + +Comprendí que no podía vivir al lado de Amparo sin que muy pronto me +olvidase del todo y me convirtiese en su tirano. + +En el tirano de una víctima resignada. + +¿Acaso no tenía el reciente recuerdo de su repugnancia y de su terror al +sentir sobre su frente mis labios? + +No, yo debía respetar aquella pasión viva; yo no debía ser infame; yo no +debía cobrar mis beneficios a tanta costa para Amparo. + +Pero no pude resistir a una tentación. + +Su aposento y el mío, para cubrir las apariencias, sólo estaban +separados por un gabinete y se comunicaban por dos puertas de escape. + +Me retiré a mi aposento, cambié lentamente el traje negro que me había +puesto para la ceremonia por el de casa, dejé pasar, con una impaciencia +mortal algún tiempo, y luego abrí silenciosamente la puerta de escape de +mi alcoba, y me acerqué, sin causar el más leve ruido, a la otra puerta +de escape del dormitorio de Amparo. + +Al frente, tras un bello pórtico de bambúes con cortinas de muselina +bordada, estaba su lecho. + +Antes, esto es, entre la puerta desde donde yo observaba y el pórtico de +la alcoba, había un espacio cuadrado, y en su parte media, una mesa +arrimada a la pared. + +Sobre la mesa había una lámpara con bomba de cristal opaca que esparcía +una luz velada a poca distancia. + +Lo demás del dormitorio estaba en sombra; en una media sombra +fantástica. + +Sentada en un sillón, junto a la mesa; apoyado en ella un precioso +brazo, que dejaban descubierto hasta el codo los encajes de la ancha +manga de su traje; apoyado el rostro en su mano, sola, inmóvil, +profundamente pensativa estaba Amparo. + +Tenía ceñida aún la corona de rosas blancas. + +Los brillantes de la especie de ajorca árabe, que yo la había enviado en +el canastillo de boda y que rodeaba el brazo en cuya mano apoyaba su +cabeza, me dejaban ver, heridos por la luz, destellos vivísimos, pero +inmóviles. + +Amparo parecía una estatua de cera vestida de blanco. + +Su mirada fija, abstraída, profunda, como vuelta hacia adentro, hacia su +alma, o como lanzada sin objeto a la inmensidad, al infinito, mirada que +no veía, dilatada, lúcida, brillante, llena de vida, pero de una vida +que espantaba, dejaba comprender la desesperación profunda, pero +resignada, paciente, intensamente dolorosa de un alma desolada. + +Nunca había yo llegado a concebir tanto dolor y tanta resignación: nunca +una agonía tan lenta; nunca un sufrimiento tan agudo, soportado, +apurado, dominado con tanto valor: en Amparo no había esa expresión de +disgusto, de rabia, de lucha impotente; expresión de ángel rebelde y +condenado, que es una blasfemia muda; una blasfemia en imagen. + +Era la víctima resignada al sacrificio. + +La víctima humilde y fuerte, el alma cristiana que sufre la miseria de +la vida en su manifestación más dolorosa sin rebelarse contra la +voluntad de Dios. + +En vano esperé que Amparo diese una muestra de debilidad ni de +impaciencia. + +Continuaba inmóvil y tranquila: pero con una tranquilidad que me +desgarraba el alma. + +Yo sufría de mil maneras distintas. + +Primero, el inmenso infortunio de Amparo. + +Después mi propio infortunio. + +Luego sentía celos; unos horribles celos. + +Yo no podía dudar que un amor malogrado, un amor sin esperanza, era la +causa de la desolación de Amparo. + +Yo hubiera dado toda mi vida, por sentirme amado un solo momento y de +aquel modo por Amparo. + +Además, al contemplarla tan hermosa, idealizada, transfigurada, casi me +atreveré a decir, divinizada por el sufrimiento, sentía hervir mi +sangre, latir mi corazón, abrasarse mi cabeza. + +Yo estaba loco. + +La misma fuerza de mi locura me contenía, impedía que yo lo olvidase +todo, que empujase la débil puerta que me separaba de ella y que me +arrojase en sus brazos. + +Yo blasfemaba. + +Acusaba de injusto, de cruel, de tirano, a Dios que me hacía comprender +de una manera tan horrible el tormento de Tántalo. + +Estaba inmóvil; como petrificado. + +La mirada de Amparo aunque no podía verme, caía sobre mi mirada, +absorbiendo mi alma, torturándola. + +Lentamente fui perdiendo la conciencia de mí mismo. + +Un sopor extraño se apoderó de mí. + +Amparo empezó a tomar lentamente un aspecto fantástico; a abrillantarse +su mirada, a resplandecer; su figura se aisló en medio de una niebla +vaga, azulada: desapareció a mi vista todo lo que la rodeaba, y quedó +ella sola, inmóvil siempre, pero como suspendida en medio de un espacio +indefinible, en que ni había luz ni sombra. + +Luego la vi alzarse lentamente, arrancarse su corona de rosas, y luego +irse despojando de sus joyas, de sus ropas; vi enteramente su hermoso +cuello: sus redondos hombros; luego su cabellera destrenzada agrupándose +de una manera maravillosa a ambos lados de su semblante; al fin se +volvió y se alejó lentamente; se abrieron las cortinas de la alcoba y +volvieron a cerrarse. + +Amparo había desaparecido; la fascinación había cesado, y volví a sentir +la vida real. + +A mi vez me retiré en silencio y me acosté. + +Me acosté para apurar una horrible noche de fiebre y delirio. + +* * * + +¿Por qué había yo encontrado seis años antes, sola en medio de la noche, +recogiendo trapos a aquella niña? + +¿Por qué me había causado compasión su miseria? + +Yo maldecía mi caridad; la caridad que tan feliz me había hecho, y que +tan feliz había hecho a Amparo. + +Y me decía: + +«La caridad es una debilidad; la caridad es la manía de los imbéciles; +la caridad se vuelve contra quien la practica. + +¿Por qué sentí caridad hacia Amparo? + +Porque era un insensato.» + +* * * + +Al día siguiente Amparo se me presentó tranquila y afectuosa; en vano +busqué alrededor de sus ojos ese círculo lívido que imprime una noche de +insomnio y de fiebre. + +En vano esa palidez vaga del cansancio. + +Amparo estaba fresca, sonriente; parecía feliz. + +--¿Has dormido bien?--la dije. + +--¿Y por qué no? nunca se duerme mejor que cuando nada se desea, cuando +se ha obtenido todo lo que se anhelaba: ¿y tú Luis? estás pálido, +pareces triste; si continúas así, creeré que te has sacrificado a mi +felicidad. + +--¡Oh! no: yo creía que tú... que sufrías; pero veo con placer que me he +engañado; te prometo dormir esta noche tan bien como tú. + +--Pues tranquilízate completamente, me contestó; yo nada deseo, nada +quiero más que tu amor... tu amor tal cual le siento, tal cual yo le +siento por ti; hermanos, siempre hermanos; dos y uno... ¿no es cierto +que es una felicidad que podamos amarnos de este modo? + +--¡Oh! si el mundo conociese la verdad de nuestra posición, ¿qué diría? + +--Se burlaría de nosotros, porque el mundo, que nunca profundiza, que +nunca pasa más allá de las apariencias, es muy injusto, o por mejor +decir, muy ciego. Pero si el mundo supiese que entrambos hemos amado y +sufrido; que de nuestro sufrimiento y de nuestra lucha sólo hemos sacado +la conciencia ilesa, comprendería nuestra mutua posición; tú has dejado +enterrado tu amor en el lodazal de tu juventud; ha muerto allí sofocado, +no existe para ti; yo amo a un fantasma imposible y entrambos, con el +corazón vacío para ese amor ardiente, que Dios ha puesto en el alma del +hombre y de la mujer, satisfechos el uno del otro, nos apoyamos +mutuamente y nos amamos con un amor infinitamente más puro. Debemos, +pues, dar gracias de nuestra felicidad a Dios. + +* * * + +¿Me había yo engañado la noche antes? + +¿Era en efecto feliz Amparo? + +¿O era que tenía tanta fuerza, tanto poder para ocultar su sufrimiento +como para soportarle? + +* * * + +Nunca me pareció un día tan largo. + +Cuando nos separamos aquella noche ya bastante tarde, corrí a mi +acechadero. + +Amparo no estaba inmóvil como la noche anterior; tenía un cofrecito +sobre la mesa y sacaba de él papeles escritos, que leía y ordenaba. + +Amparo con la cabeza inclinada sobre el pecho, lloraba leyendo aquellos +papeles. + +Lloraba de una manera desconsoladora, comprimiendo sus sollozos. + +¿Era que la noche antes, sobrecogida, aturdida del golpe, por llamar así +su casamiento conmigo, la intensidad del dolor había comprimido sus +lágrimas, anegado sus sollozos? + +Era indudable que Amparo se rendía a su dolor. + +Era indudable que Amparo sufría una desgracia inmensa. + +Y leía y releía aquellos papeles. + +¡Cartas sin duda del hombre a quien amaba! + +Después vi en sus manos un medallón que sacó también del cofrecito, +parecía un retrato. + +Amparo le estrechó contra sus labios, le separó de ellos, le miró de una +manera ansiosa, y exclamó: + +--¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡tened compasión de mí! + +* * * + +Se puso a escribir lentamente. + +Con mucha frecuencia se abstraía y pasaba sin escribir un largo +intervalo. + +Luego volvía a escribir. + +Pasó así gran parte de la noche, y después recogió en el cofre los +papeles y el retrato, guardó cuidadosamente el cofre en un armario, se +desnudó y desapareció tras las cortinas de su alcoba. + +Yo no supe ya qué pensar de Amparo. + +Pero me cubrí con el más perfecto disimulo, como ella se cubría conmigo. + +Nos tratábamos como si hubiéramos vivido juntos desde nuestros primeros +años. + +Las gentes nos creían el matrimonio más feliz del mundo. + +La tranquilidad aparente de Amparo cuando yo era testigo de su agonía +nocturna, de sus lágrimas y de lo intenso, de lo vivo, de lo inalterable +de su amor hacia aquel hombre, que era para mí un misterio, la +tranquilidad ficticia de Amparo, repito, me irritaba. + +Durante un mes pude sufrir la lucha entablada entre mi razón y mis +celos; pero llegó un día en que me estremecí. + +Empezaba a perder la razón; antes de perderla enteramente tomé una +resolución decisiva; la de separarme de Amparo, que era para mí un +tormento y un peligro, con el pretexto de un viaje para ir a visitar a +mi tío. + +Amparo nada me dijo cuando la anuncié este viaje, más que las siguientes +palabras: + +--Espero que volverás pronto. + +Aquella noche salí de Madrid en una silla de postas. + +Mi resolución era, no volver a ver más a Amparo. + +* * * + +Pero para cumplir una resolución es necesario ser dueño de sí mismo, y +yo no lo era. + +Parecía... voy a procurar explicarme: parecía que mi alma había quedado +fuertemente asida a Amparo, y que cada vuelta de las ruedas de la silla +de postas que me conducía, estiraba mi alma, haciéndome sufrir un +tormento inexplicable. + +Llegó un punto en que no pude resistir más. + +Habían pasado algunas horas de una tortura aguda que se hacía más +dolorosa a medida que me alejaba de ella. + +Mandé al conductor que volviese a Madrid. + +Luego, le ofrecí una recompensa por cada minuto que ganase. + +La silla de postas volaba. + +Yo me había propuesto apurar mi destino cediendo sin resistencia a los +impulsos de mi corazón. + +Había resuelto quitarme mi doloroso disfraz y morir poseyendo a Amparo. + +A medida que este pensamiento tomaba consistencia, estimulaba al +conductor prometiéndole más. + +La silla apenas tocaba con las ruedas al camino. + +A pesar de esta agudez no pudimos llegar a Madrid hasta el medio día. + +Cuando llegué a mi casa, subí anhelante las escaleras como si hubiese +estado mucho tiempo ausente de ella. + +Dominado aún por la fiebre entré en las habitaciones de Amparo. + +No estaba en ellas. + +Pregunté a mi ayuda de cámara, y me dijo: + +--La señora acaba de salir. + +--¿Y adónde? + +--Han traído una carta y la señora apenas la ha leído se ha puesto +pálida, ha pedido a Teresa una mantilla, y con el traje de casa, +acompañada de la misma Teresa, ha salido precipitadamente. + +--¿A pie? + +--Sí, señor, a pie. + +--¿Y no sabe usted adónde ha ido? + +--Nada ha dicho la señora. + +Despedí a mi ayuda de cámara y me quedé solo paseándome por mi cuarto, +aterrado, sintiendo no sé qué recelos. + +Yo no sabía qué pensar de Amparo; era para mí un misterio. + +De repente una idea poco digna, pero disculpable en la situación en que +me encontraba, me llevó a su dormitorio: + +«En el armario me había dicho, encierra el cofrecillo donde tiene el +retrato que besa, y los papeles que lee llorando. Si es necesario +forzaré el armario y conoceré a ese hombre, leeré esas cartas, sabré a +qué atenerme.» + +Afortunadamente no me vi obligado a violentar nada: el armario tenía +puesta la llave en la cerradura. + +Antes de abrir el armario, cerré las puertas para evitar una sorpresa +casual de los criados. + +Luego abrí temblando el espejo que servía de puerta al armario. + +En una tabla, cuidadosamente pegado a un rincón, estaba el cofrecillo. + +En aquella misma tabla había otro objeto. + +Un gancho de trapero. + +El gancho representaba su pasado. + +Acaso el cofrecillo constituía su presente. + +Acaso yo al abrir aquel cofrecillo determinaría su porvenir. + +Cuando el porvenir es sombriamente misterioso, tememos conocerle: como +el preso por una causa grave teme conocer la sentencia del juez. + +Durante algunos minutos vacilé; dudé si debía desentrañar el misterio +que guardaba aquel cofrecillo, o si prefería la duda a la verdad. + +Tres veces extendí mi mano hacia el cofrecillo, y tres veces la retiré. + +Pero por terrible que sea la verdad es preferible a la duda. + +Me apoderé al fin del cofrecillo, le puse sobre la mesa y le abrí. + +Al abrirle mi corazón no latía. + +Lo primero que vi fue un pequeño estuche. + +Le abrí y encontré... la cruz de brillantes que le había regalado el día +que por primera vez almorzó conmigo. + +La existencia en el cofrecillo de aquella cruz, me dio no sé qué +aliento, qué esperanza vaga, qué alegría íntima. + +Luego seguí en mi inspección: + +Buscaba el retrato y le hallé cuidadosamente envuelto en un papel muy +usado. + +Necesité hacer un violento esfuerzo para mirar aquel retrato; pero +cuando le miré... + +¡Oh! ¡Dios mío! ¡cuando le miré creí morir! + +El retrato que Amparo besaba llorando; que estrechaba contra su corazón +y contra sus labios contemplando el cual pasaba inmóvil hora tras +hora... aquel retrato... + +¡Aquel retrato era el mío! + +* * * + +¿Me habría yo engañado? + +¿Habría otro retrato en el cofrecillo? sería aquel otro el que besaba +Amparo. + +Revolví, busqué y encontré otro retrato. + +Pero era un retrato de mujer, y tenía el marco negro. + +Yo estaba seguro de que el retrato que besaba Amparo estaba contenido en +un medallón dorado. + +Aquel retrato era el mío. + +* * * + +Sentí una vaguedad fría en mi cabeza: mis ojos se oscurecieron, no pude +sostenerme de pie, y me senté en el mismo sillón en que ella se sentaba. + +Y allí, replegado sobre mí mismo, con la cabeza entre mis manos, creí +revolviendo mi destino; pasar mis dudas y mis celos; calmarse lentamente +mi desesperación; desaparecer mi presente de hacía un momento, e ir +creciendo aquel mi otro presente que hacía un momento había nacido. + +Sentí comprimirse mi corazón, como necesitado de arrojar de sí un peso +insoportable, y luego sentí que mi corazón se dilataba y lloré en un +llanto largo, tranquilo, dulce, toda la hiel que había ido depositándose +en mi corazón. + +Y luego me sentí inflamado de un fuego dulce, para mí desconocido; de un +fuego que parecía aislar dentro de sí mismo mi alma, purificarla, +levantarla hasta el cielo; pareciome tenerla en contacto con Dios, +bendecida por él; luego me sentí completamente abstraído, +espiritualizado, fuera del contacto de todo lo terreno, y pareciome +tocar con mi espíritu el espíritu de Dios, del Dios justo y bueno que +premia a los que lloran; y creí en Dios y le confesé con la inmensidad +de mi pensamiento. + +Y ya no dudé, no: y al consagrar mi felicidad a Dios, me alcé fuerte y +tranquilo, lleno de vida y de juventud y de esperanza. + +Aquel sueño de redención y de paz había pasado, y su reciente recuerdo +difundía en mi ser una calma inefable; ya mi aliento no salía ronco y +fatigoso de mi pecho: la vida me era fácil: el sol que penetraba por las +ventanas del jardín, tenía color de gloria: mis ojos veían luz: mi pecho +respiraba aire: parecíame que el espacio era armónico, que todo me +sonreía, que todo se asociaba a mi felicidad. + +Al fin había encontrado aquel amor infinito, necesidad ardiente de mi +alma. + +Al fin Dios me dejaba ver el ángel de fuego que debía ser paz y mi +gloria sobre la tierra. + +Amparo me amaba. + +Yo era el hombre más rico de la tierra; todo lo que había ansiado lo +tenía. + +* * * + +Los que no hayáis amado con toda vuestra alma y sin esperanza, no podéis +comprender lo que acabo de deciros. + +Os reiréis de mí, y creeréis hacerme mucho favor llamándome solamente +loco. + +Yo escribo para los que sufren; para los que lloran. + +Los que no veis la vida sino al través del escepticismo, no podéis +comprenderme. + +¡Callad! porque si estoy loco, mi libro es una verdad. + +La verdad de la locura. + +¿Estáis vosotros seguros de que tenéis razón? + +¡Ah! ¡ah! ¡ah! + +* * * + +Puse otra vez los dos retratos y el estuche en el cofrecillo, éste en su +lugar, cerré el armario, y no sabiendo adónde había ido Amparo, me +resigné a esperar su vuelta con la menor impaciencia posible. + +Al pasar por su gabinete vi una carta abierta sobre un velador. + +Aquella carta era sin duda la que había causado la precipitada salida de +Amparo. + +La leí y palidecí como ella había palidecido. + +El padre Ambrosio había sido atacado de una congestión cerebral, y el +médico que le asistía lo participaba a Amparo. + +Entonces comprendí por qué Amparo había salido de casa con tal +precipitación. + +Yo salí del mismo modo, y recorrí en algunos minutos la distancia que +separaba mi casa de la del exclaustrado. + +La primera persona que encontré en la habitación del religioso, sentada +y triste junto a una puerta cuyas cortinas estaban corridas, fue a +Amparo. + +Al verme se levantó de una manera nerviosa, y sus ojos se fijaron en mí +con una alegría inmensa, pero aquella alegría tuvo la duración de un +relámpago. + +--¡Ah!--dijo--yo no esperaba... que volviéseis tan pronto. + +--¡Oh! sí--la dije--no puedo vivir separado de ti. + +Y acercándome a ella, la abracé y la besé en la boca de una manera +ardiente. + +Amparo dio un gritó, se retiró y me miró de una manera profunda. + +Yo me rehice. + +--He visto la carta en que te anunciaban el triste estado de nuestro +amigo--la dije. + +--¡Oh! sí--dijo ella rehaciéndose a su vez--yo corrí, volé; +pero...--añadió tristemente--todos hemos llegado tarde. + +--¡Ha muerto! + +--No: pero no hay esperanza; se ha hecho cuanto puede hacerse. + +Amparo calló y quedó profundamente triste. + +--¿Y estás... sola? + +--Sí... el infeliz duerme; Teresa ha ido a casa para que vengan Juan y +María; he mandado traer una cama; me siento mala, desesperada, Luis; era +mi padre. + +* * * + +El buen exclaustrado murió aquella misma tarde. + +Amparo volvió a casa desolada, impresionada fuertemente; se encerró en +su aposento, y yo respeté su dolor. + +* * * + +Me vi obligado a continuar durante algunos días mi antiguo papel de +hermano. + +Al fin, una mañana, Amparo me dijo: + +--Siéntate a mi lado, Luis. + +Me senté en el sofá junto a ella. + +--Necesito que me expliques--me dijo--ciertas cosas que no comprendo +bien. Desde que has vuelto de tu extraño viaje eres otro. + +--¿Otro? + +--Sí por cierto, antes sufrías; ahora no sufres; antes no tenías ni fe +ni esperanza; ahora... Luis; yo veo en tus ojos otra vida... Luis; tú +has encontrado la felicidad que buscabas... yo quiero saber la causa de +tu felicidad. + +Amparo tenía menos paciencia que yo, y pasaba la primera el límite que +tácitamente nos habíamos señalado. + +Quise facilitarla el camino adelantándome a ella. + +--Te engañas, Amparo--la dije--yo no soy feliz, bajo el punto de vista +que tú crees. + +--¡Oh! sí, sí; yo no me engaño--me respondió. + +--Pues te has estado engañando hasta ahora; por mejor decir, yo he +sabido engañarte. + +-¡Tú! + +-Sí. + +--¡Cómo! + +--Tú no has conocido mis celos. + +--¡Tus celos! ¡amas acaso! + +--Sí, con toda mi alma, con toda mi fe, con todo mi entusiasmo. + +Y la rodee un brazo a la cintura. + +--¡Oh! ¡qué es esto! ¡Dios mío!--exclamó Amparo levantándose pálida como +un cadáver. + +--Mis celos son justos--dije fingiéndome desesperado--tu amor hacia un +ser misterioso, te hace horrible toda demostración de amor por mi parte. + +Amparo continuaba de pie, aterrada, muda, pálida, fijando en mí una +mirada llena de ansiedad, de temor, de duda; ávida, dolorosa, +suplicante, llena de impaciencia. + +Yo la atraje a mí y la senté sobre mis rodillas sin que ella opusiese +resistencia; inclinó la cabeza sobre el pecho, luego la alzó, me miró +destellando de sus magníficos ojos negros un fuego casi divino, y me +dijo con las manos puestas sobre mis hombros con la boca entreabierta, +los labios trémulos, embriagándome con el perfume de su aliento. + +--¡Luis! ¡Luis! ¡ten compasión de mí! + +Y luego reclinó la cabeza sobre mis hombros, y rodeó sus frescos brazos +a mi cuello. + +--¡Yo te amo!--la dije con voz opaca y ardiente rozando con mis labios +sus mejillas. + +Amparo se estremeció y rompió a llorar. + +--¡Te amo--continué--no sé desde cuando! me parece que te he amado toda +mi vida; que te amaba antes de nacer. + +Amparo se estrechó más contra mí. + +--He callado, porque debía callar; he sufrido cuanto he podido sufrir; +pero ya no puedo sufrir más, porque tengo celos. + +Amparo levantó su cabeza de sobre mi hombro, y me miró con una expresión +triste, grave, solemne, al través de sus lágrimas. + +Luego me dijo con voz opaca y reconcentrada: + +--¡Celos tú! ¡celos por mi amor y celos de otro hombre! ¡Esto es +horrible! ¡Esto no puede ser! + +Fue para mí tan inesperada esta exclamación de Amparo, que me estremecí, +y brotaron a mis ojos, sin duda, todos mis enamorados deseos, porque las +mejillas de Amparo se coloraron, y pasó por sus labios una indicación de +sonrisa inefable. + +--¿Con que yo lo soy para ti?--añadió--¿con que has sufrido y has +callado y has mentido, como yo he sufrido, mentido y callado? ¿con que +por una obcecación mutua hemos estado a punto de ser los más +desgraciados de la tierra? + +--¿Pero ese hombre? ¿ese hombre a quien amas? ¿es imposible de tu +deseo?... + +--Ese hombre, eres tú--me dijo exhalando en un grito inmenso toda su +alma, y dejándose caer abandonada y trémula entre mis brazos. + +--¡Oh! qué feliz soy--añadió sollozando de placer--¡Dios! ¡y tú! + +* * * + +La memoria es un don funesto. + +¡La memoria, que nos trae en la desgracia, el encendido recuerdo de la +felicidad perdida! + +¡Oh! ¡la memoria! + +¡Si Satanás no tuviese memoria, no estaría condenado! + +* * * + +Después de esto había en el manuscrito que me había entregado mi amigo +el loquero del hospital de Zaragoza, algunas hojas rasgadas. + +Púsome de muy mal humor esta laguna que aparecía de repente, acaso en la +parte más interesante de la historia de aquel pobre loco; y tanto más, +cuanto en algunos girones de hojas que habían quedado adheridos, se +leían algunas frases que demostraban que Luis no había sido muy feliz +después de su matrimonio. + +Pero para subsanar en cierto modo esta falta, quedaban íntegras más allá +de las hojas rasgadas, algunas otras escritas con seguridad, y aun nos +atreveremos a decir con reflexión, en estado de razón completa. + +He aquí aquellas páginas: + +* * * + +He despertado de un largo sueño. + +No sé cuánto tiempo ha durado mi sueño. + +Pero ha debido de ser largo. + +Me he encontrado en una prisión. + +Esto es; en un pequeño aposento, cuya puerta demasiado fuerte, tiene una +rejilla espesa, y al que da luz una ventana con reja que corresponde a +un jardín abandonado. + +En este aposento he visto algunos muebles modestos, y una cama de forma +extraña, inclinada, y a lo largo de cuyas maderas hay algunas correas. + +Estas correas demuestran que algunas veces ha habido necesidad de +sujetar en aquel lecho, a la persona que en él durmiese. + +Estando ese lecho en mi aposento, o yo en el aposento donde está ese +lecho, claro es que la persona a que alguna vez se han visto en la +necesidad de sujetar, soy yo. + +¿Y por qué razón ha podido haber esa necesidad de sujetarme? + +Yo no me acuerdo de nada. + +Tengo un recuerdo confuso de una noche en que bebí demasiado, en que me +escité demasiado, en que ardía mi cabeza, en que me parecía sentir +dentro de ella un vacío doloroso. + +Recuerdo que entonces tenía yo veinte y cuatro años; que era +desgraciado, porque la vida era para mí monótona, porque me había +hastiado de todo. + +Recuerdo que yo buscaba una vida artificial, en los excesos, en el abuso +de los licores fuertes. + +He debido pasar mucho tiempo sin la conciencia de mi existencia, o +mejor dicho, el período de mi existencia, cuyos sucesos no recuerdo, ha +debido de ser largo. + +Porque me he mirado a un espejo que tengo aquí colgado en la pared, y me +he encontrado viejo, enfermo, horriblemente demacrado, con todas las +señales de la tisis. + +He encontrado en mi mesa un manuscrito: manuscrito mío, no puedo dudar +de ello. + +Ese manuscrito me ha dicho que he estado loco, que he soñado. + +Que he vivido muchos años, entregado a una pesadilla dolorosa y que +despierto para morir. + +He recobrado indudablemente la razón. + +Al entrar un hombre con mi comida me ha mirado con asombro, y me ha +llamado: «señor duque.» + +¡Con que ha muerto mi pobre tío! + +¡Con que es verdad lo que dice ese manuscrito! + +¿Quién sabe? + +He preguntado acerca de mí mismo, acerca de mi tío, y nada ha sabido +contestarme el director del establecimiento. + +Un día me trajeron aquí porque estaba enteramente loco. + +Un curador, nombrado judicialmente, ha cuidado de mis bienes, porque yo +no tengo parientes. + +He mandado llamar a ese hombre. + +--¿Qué sabe usted de la causa de mi locura? le he preguntado. + +--Nada puedo contestar a vuecencia, me ha respondido, sino que fue +recogido de las calles públicas por donde vuecencia discurría +diariamente perdida la razón: ningún pariente se presentó a reclamar la +curaduría de vuecencia como demente, y esa curaduría se me ha conferido +por providencia judicial: vuecencia ha recobrado la razón, y estoy +dispuesto a darle cuentas. + +--No se trata ahora de eso. ¿Soy yo viudo? + +--Lo ignoro, señor: en Zaragoza se sabe únicamente que un día llegó +vuecencia en una silla de posta, procedente de Madrid, a la fonda de las +Cuatro naciones, en donde tomó el mejor aposento: en el pasaporte de +vuecencia constaban su nombre y su título: muy luego se comprendió que +vuecencia estaba gravemente enfermo: al cabo su enfermedad se agravó: lo +que antes era una monomanía tranquila, se convirtió en una locura +furiosa, y fue preciso... + +--Bien, bien; pero para reconocer mi título y mi nombre debió +identificarse mi persona. + +--Sí, señor. + +--¿Y no consta en las diligencias judiciales mi estado? + +--No, señor. + +--¿Y nadie me conocía en Zaragoza? + +--No, señor. + +--Pues bien, es necesario que usted, u otra persona de confianza, vayan +a Madrid: yo daré a usted, o a esa persona, cartas para mis antiguos +amigos. Necesito saber un período de mi historia que durante mi +enfermedad he olvidado. + +* * * + +Este hombre, que es un honrado propietario aragonés, ha partido para +Madrid. + +Pero me temo que cuando vuelva... + +Esta tos seca, lenta, sin esfuerzo... + +Me he visto obligado a guardar cama. + +* * * + +¡Amparo! + +¡Una mujer formada por la educación, sostenida por la virtud, por lo +exquisito de su sentimiento! + +Esta mujer debe de haber sido un sueño mío. + +Esta mujer no ha existido. + +Ha sido un hermoso sueño de primavera. + +Una horrible pesadilla de verano: + +¡Esa mujer! + +¿Y si ella hubiese existido? + +¿Si no hubiera sido el sueño de un loco sediento de amor? + +¡Oh! ¡qué horrible desgracia! + +He rasgado la parte más dolorosa de ese sueño o de esas memorias. + +La he rasgado y la he quemado temeroso de volver a la locura si leo +mucho ese fragmento horrible. + +Pero su recuerdo está fijo en mi memoria. + +Un día entré yo en mi casa, como suele entrarse por casualidad, sin ser +notado. + +En el gabinete de mi mujer hablaba un hombre. + +Uno de mis mayores amigos. + +Pretendía una cosa horrible. + +Pretendía que ella me hiciera traición. + +* * * + +Yo maté a aquel hombre. + +Le maté como mata un caballero a un infame que le ha ofendido. + +En duelo, con peligro de mi vida. + +* * * + +Todo esto ha debido ser un sueño. + +* * * + +¡Pero que sueño tan horrible! + +Y si no ha sido sueño. ¡Qué verdad tan aterradora! + +Parece que Dios me ha dicho: + +«Tu dudaste de mí, y me negaste al cabo: + +»Yo tuve compasión de ti, y te envié en Amparo un ángel de redención; + +»Después te sujeté a una prueba; + +»Te hice sufrir una injuria; + +»Tú no supiste perdonar la injuria y levantaste tu mano armada contra un +hombre y le mataste. + +»Tú no eras merecedor de la felicidad. + +»El ángel que yo te había dado, vio sangre humana en tu frente y se +horrorizó de ti... + +»Y el horror le mató. + +»Le mató como un tósigo lento. + +»Y el hijo, el hermoso hijo que el amor de Amparo te había dado, privado +de la ternura de su madre, murió también... + +»Y tú enloqueciste. + +»Y como Caín el maldito, fuiste separado de tus hermanos.» + +* * * + +Si esto ha sido verdad... ¡Oh Dios mío! tu justicia ha sido severa; +severa e implacable. + +Si ha sido un sueño, ¿para qué me has dado ese ardiente sueño, Dios mío, +ese sueño escrito por mi mano, que me hace dudar, que me envenena el +alma? + +¿Será acaso ese sueño un castigo a mi impiedad, a los impuros desórdenes +de mi juventud? + +* * * + +¡Cuánto tarda ese hombre que ha ido a Madrid! + +Me siento cada día más débil. + +Cada día escribo con más dificultad. + +Ignoro si podré concluir. + +* * * + +Escribo estas últimas líneas en el lecho. + +Apenas tiene fuerza mi mano para sostener la pluma. + +Tal vez ese hombre no llegue a tiempo. + +Oídme por la última vez: + +No dudéis de Dios: si sois desgraciados, aceptad resignadamente la +desgracia: si Dios os da la felicidad, no os hagáis indignos de ella; y +nunca, oyendo la voz de vuestras pasiones, siguiendo a ese fantasma que +se llama honor, echéis sangre sobre vuestra frente: sufrid y perdonad, +no sea que os pregunte Dios cuando en un momento de desesperación le +pidáis cuenta de vuestra desgracia: + +¡Caín! ¿qué has hecho con tu hermano Abel? + +* * * + +Aquí concluían las memorias del loco. Tuve la tentación de +esclarecerlas, pero me detuvo el temor de encontrar en el +esclarecimiento de estas memorias algo demasiado horrible. + +Si hemos presentado a nuestros lectores una obra incompleta, +perdónennos, porque no hemos podido hacer más. + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO *** + +***** This file should be named 27295-8.txt or 27295-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/7/2/9/27295/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is +subject to the trademark license, especially commercial +redistribution. + + + +*** START: FULL LICENSE *** + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project +Gutenberg-tm License (available with this file or online at +https://gutenberg.org/license). + + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit https://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/27295-8.zip b/27295-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..8b0925a --- /dev/null +++ b/27295-8.zip diff --git a/27295-h.zip b/27295-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..57b1bb4 --- /dev/null +++ b/27295-h.zip diff --git a/27295-h/27295-h.htm b/27295-h/27295-h.htm new file mode 100644 index 0000000..359597a --- /dev/null +++ b/27295-h/27295-h.htm @@ -0,0 +1,5300 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of +Amparo (Memorias de un loco), por Manuel Fernández Y González. + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .5em; + text-align: justify; + margin-bottom: .5em; + text-indent: 2%; + } + h1 {font-size:350%;letter-spacing:15px; + text-align: center; + clear: both; + } + hr { width: 10%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + color:black; + } + h3 {text-align: center; + clear: both;margin-top:15%; + } + hr.full { width: 100%; + margin-top: 5%; + margin-bottom: 5%; + border: solid black; + height: 5px; } + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + background:#fdfdfd; + color:black; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + .smcap {font-variant: small-caps; + font-family: "Times New Roman", serif; + font-size: large; + } + .c {text-align: center; + text-indent: 0%; + } + .dots {text-align: center;margin-top:3%; margin-bottom:3%; + text-indent: 0%;letter-spacing:10px; + } + .nota {text-align: center; + text-indent: 0%;font-size:70%; + } + .sml {text-align: center;font-size:55%; + text-indent: 0%; + } + .poem {margin-left:25%; + white-space:nowrap; + text-indent: 0%; + } + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Amparo + (Memorias de un loco) + +Author: Manuel Fernández y González + +Release Date: November 19, 2008 [EBook #27295] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + +</pre> + +<hr class="full" /> + +<h3>MANUEL FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ</h3> +<p class="sml">/\/\/\/\/\/\/\/\/\</p> + +<h1>AMPARO</h1> + +<p class="c">(MEMORIAS DE UN LOCO)</p> + +<p class="c">———</p> +<p class="c smcap">segunda edición</p> +<p class="c">———</p> + +<p class="c">MADRID<br /> +EST. TIP. DE RICARDO FÉ<br /> +Cedaceros, núm. 11<br /> +</p> +<p class="c">—</p> + +<p class="c">1888.</p> + +<p class="c"><i>Es propiedad.</i></p> + + + +<h3>EPÍLOGO</h3> + + +<p>He pasado de los treinta años, funesta edad de tristes desengaños, que +dijo Espronceda.</p> + +<p>Me he arrancado mi primera cana.</p> + +<p>La experiencia se ha encargado de arrancarme una a una todas mis +ilusiones, o por mejor decir de secar todas mis creencias.</p> + +<p>Hoy sólo tengo dos:</p> + +<p>Creo en un Dios incomprensible.</p> + +<p>Creo que la vida es un sueño</p> + +<p>La primera verdad la ha dicho la Biblia.</p> + +<p>La segunda la ha dicho Calderón.</p> + +<p>Si alguien dijo la primera antes que la Biblia;</p> + +<p>Si alguien dijo la segunda antes que Calderón, quede sentado que yo no +conozco fuera de aquel admirable libro y de aquel admirable poeta, al o +a los que haya o hayan dicho aquellas dos verdades.</p> + +<p>Lo que yo sé decir, por experiencia propia, es que nadie cree las +verdades hasta que se las hace conocer la experiencia.</p> + +<p>La experiencia, en general, tiene una manera muy dura de dar a conocer +las verdades.</p> + +<p>Si se nos permite que supongamos que la vida es un camino sobre el cual +marchamos con los ojos vendados, se nos permitirá también suponer que la +experiencia es un poste colocado en medio de nuestro camino, hacia el +que marchamos a ciegas, y contra el cual nos rompemos las narices.</p> + +<p>Pero en cambio, y por mucho que el golpe nos haya dolido, encontramos +una verdad que no conocíamos;</p> + +<p>El reverso de una medalla;</p> + +<p>La antítesis de una bella idea;</p> + +<p>El interior de un <i>sepulcro blanqueado</i>;</p> + +<p>Sarcasmo y podredumbre.</p> + +<p>De lo que se deduce que: costándonos el conocimiento de cada verdad una +contusión, y siendo infinitas las verdades que nos obligan a descubrir +las ilusiones que debemos a nuestro amor propio, un hombre no puede +llegar a tener experiencia, sin encontrarse completamente descoyuntado.</p> + +<p>Un hombre lleno de experiencia es un árbol muerto, metafóricamente +hablando, contra el cual zumba desapiadadamente el <i>huracán de las +pasiones</i>, valiéndonos de otra metáfora.</p> + +<p>Y sin embargo de que, y continuamos en el estilo metafórico, ya no tiene +ni frutos ni hojas que el huracán pueda arrancarle, le arranca las +extremidades de las ramas secas.</p> + +<p>Después viene el rayo y le hace trizas.</p> + +<p>Después la lluvia del invierno le pudre.</p> + +<p>¿Dónde estaba el hermoso árbol?</p> + +<p>Hasta sus raíces se han podrido.</p> + +<p>Ese árbol no ha existido.</p> + +<p>Ha sido un hermoso sueño de primavera.</p> + +<p>Una horrible pesadilla de verano.</p> + +<p>Sí; Dios que ha hecho su criatura para que sea destruida, es +incomprensible.</p> + +<p>La vida que pasa sin dejar tras sí vestigio alguno es un sueño.</p> + +<p>Quede sentado que la Biblia es un gran libro;</p> + +<p>Que Calderón era un gran poeta;</p> + +<p>Y que yo soy lo que quieran mis lectores que sea.</p> + +<hr /> + +<p>Esto escribía yo una noche que no tenía sueño.</p> + +<p>Eran las tres.</p> + +<p>Estaba en calzoncillos blancos y tenía frío.</p> + +<p>No tenía un cuarto y estaba desesperado.</p> + +<p>Un viejo reloj de pared me dejaba oír un monótono tic-tac.</p> + +<p>El ruido de un péndulo cuando se está en cierta disposición de ánimo, es +un ruido que crispa los nervios.</p> + +<p>No sé a quien he oído decir que el cólera morbo es una enfermedad +nerviosa.</p> + +<p>De modo, que cuando no se tiene sueño, cuando no se tiene dinero, y se +tiene frío, y se oye el tic-tac de un péndulo, en medio del silencio de +la noche, se está muy expuesto a ser un <i>caso</i>.</p> + +<p>Por lo mismo, y cediendo a un laudable sentimiento de conservación +propia, voy a meterme de nuevo en la cama y a buscar la vida en el +sueño.</p> + +<p>Porque, si la vida es sueño, el sueño debe ser vida.</p> + +<p>Y esto es tan exacto, como que, si la vida del hombre son las ilusiones, +nada más comparable a la vida que el hermoso sueño de un sediento que +cree estar echado de bruces sobre una fuente cristalina;</p> + +<p>O el de un pobre que cuente oro;</p> + +<p>O el de un enamorado que besa y devora a una mujer hermosa;</p> + +<p>O el de un diputado de la oposición que se mete debajo del brazo una +cartera;</p> + +<p>O el de un hambriento que come en la fonda del <span class="smcap">Cisne</span>.</p> + +<p>(Entre paréntesis: la fonda del <span class="smcap">Cisne</span> es de un amigo mío, y puedo +recomendarle cualquiera de mis lectores, para que en un cubierto de a +duro le ponga un plato más.)</p> + +<hr /> + +<p>Me he metido en la cama, pero no he conseguido dormirme.</p> + +<p>La realidad huye de mí: el sueño me persigue.</p> + +<p>Soñemos, ya que no podemos vivir.</p> + +<p>Soñemos escribiendo.</p> + +<p>Escribir es muy fácil, sobre todo cuando se escribe mal.</p> + +<p>Por eso tenemos en España tantos literatos;</p> + +<p>Y tantos poetas;</p> + +<p>Y tantos periodistas;</p> + +<p>Y tantos sabios.</p> + +<p>Esto consiste en que en España todos estamos aburridos, o tenemos frío o +hambre, y nos distraemos escribiendo.</p> + +<p>También es cierto que son muy pocos los que se distraen leyéndonos.</p> + +<p>Por eso en España los escritores no tenemos un cuarto.</p> + +<p>Hay diez musas.</p> + +<p>O por mejor decir, no hay diez musas sino una.</p> + +<p>Antes había nueve.</p> + +<p>La una, que las ha matado, es una musa horrible que vive de dar muerte.</p> + +<p>Esa musa es el <span class="smcap">Hambre</span>.</p> + +<p>El hambre es la musa de los españoles.</p> + +<p>¿Quién dijo esto? ¿Quién lo dijo?</p> + +<p>Venturita.</p> + +<p>No señor: don Ventura.</p> + +<p>Aun no señor: el excelentísimo señor don Ventura de la Vega.</p> + +<p>El que abandona a <i>César</i> por el <i>Marqués de Caravaca</i>;</p> + +<p>La tragedia por la zarzuela;</p> + +<p>La fama por el dinero.</p> + +<p>Bien sabía Vega lo que se decía cuando dijo que la musa diez era el +hambre.</p> + +<p>Nosotros hemos dicho que el hambre es la musa única de los españoles.</p> + +<p>Y si no, ¿quién les inspiró la revolución de julio?</p> + +<p>Porque una revolución no es otra cosa que una poesía diabólica, para +producir, la cual es necesario que a todo un pueblo se le calienten los +cascos.</p> + +<p>¿Quién fue, pues, la musa que inspiró al pueblo de Madrid aquella +sinfonía infernal de los <i>tres días</i> y aquel poema berroqueño en quince +cantos de las barricadas?</p> + +<p>Fue la libertad.</p> + +<p>Sí, señor: pero la libertad en su sentido real, tangible y comestible: +el deseo de comer libremente.</p> + +<p>¿Quién inspiró tantas cosas inspiradas como se dijeron y se escribieron?</p> + +<p>La necesidad de comer.</p> + +<p>Es verdad que no hemos comido tanto como esperábamos: que el banquete no +ha correspondido al programa... pero...</p> + +<p>Se conoce que estoy de muy mal humor, en que he ido a meterme con botas +y espuelas bajo la jurisdicción o en la jurisdicción del señor fiscal de +imprenta.</p> + +<p>Por lo mismo, y para evitar una cornada, tomemos de nuevo el olivo de la +bella literatura.</p> + +<p>Esto es: levantemos ante el señor fiscal, como en señal de paz, un ramo +de oliva.</p> + +<p>Dicen que en el Saladero es muy fácil convertirse en <i>caso</i>. <span class="nota">[* Esto se escribía durante el cólera.]</span></p> + +<p>Es necesario, pues, evitar de todo punto que le pongan a uno en +salmuera.</p> + +<p>Pero diréis, y con razón: el autor está loco:</p> + +<p>Perdonad: una palabra.</p> + +<p>Tened en cuenta que he empezado mi novela por el epílogo: es decir, que +la he acometido por la cola.</p> + +<p>Este epílogo, reducido a su verdadera expresión debía constar únicamente +de estas palabras:</p> + +<p><span class="smcap">El autor se ha vuelto loco</span>.</p> + +<p>O bien si no os agrada el modismo:</p> + +<p><span class="smcap">El autor ha enloquecido</span>.</p> + +<p>O bien:</p> + +<p>El autor no ha logrado todavía encontrar su juicio, y se lo pide a sus +lectores.</p> + + +<h3>MEMORIAS DE UN LOCO</h3> + + +<p>Era ya muy tarde, o por mejor decir muy temprano.</p> + +<p>Los relojes de la villa de Madrid habían marcado las tres de la mañana.</p> + +<p>No había alumbrado; pero el reflejo de la nieve que cubría las calles +hacía la noche muy clara, aunque el cielo estaba muy oscuro.</p> + +<p>Salía yo de una de esas casas...</p> + +<p>Pero antes de que os diga la casa de donde salía, debo deciros quién soy +yo.</p> + +<p>Soy un hombre ni feo ni hermoso, que acabo de cumplir treinta y seis +años, y que en la época en que pongo la fecha de mis memorias tenía +veinticuatro.</p> + +<p>Soy una persona decente, porque soy rico, y lo fue mi padre y también lo +fueron mis abuelos.</p> + +<p>Porque soy rico y persona decente me fastidiaba en aquella época.</p> + +<p>Ahora no me fastidio: ahora agonizo.</p> + +<p>Pero en aquella época estaba hastiado.</p> + +<p>A los veinticuatro años había viajado mucho, y de mis viajes sólo había +sacado en limpio una suma enorme de recuerdos embrollados.</p> + +<p>Mi pensamiento era una especie de torre de Babel.</p> + +<p>En mi continuo trato con toda clase de gentes sólo había encontrado una +verdad.</p> + +<p>Que nuestro hombre y nuestra mujer no existen.</p> + +<p>O, precisando más la frase, que nuestro amigo y nuestra amante son dos +fantasmas soñados por nuestro deseo.</p> + +<p>Sin embargo, muchos hombres me han ofrecido su bolsa y su vida, y muchas +mujeres su cuerpo y su alma.</p> + +<p>Yo tomaba lo que estos hombres y estas mujeres me vendían a beneficio de +inventario, y ponía en cuenta corriente sus sacrificios frente a mi +dinero.</p> + +<p>Lo que significa que descubrí otra verdad que se contiene en los +siguientes versos:</p> + +<p class="poem"> +<span style="margin-left: 2em;">Pues el amor y la amistad se venden,</span><br /> +<span style="margin-left: 2em;">lo que hay que procurarse es el dinero.</span><br /> +</p> + +<p>Si yo hubiera sido pobre, me hubiera afanado por adquirirle, para tener +un día el placer de estrechar las manos de muchos amigos y ser +estrechado entre los brazos de muchas amantes.</p> + +<p>Pero como era rico, me encontré en posición de entrar en el mundo de las +afecciones por la puerta principal desde el momento en que me decidí a +ser <i>hombre de mundo</i>.</p> + +<p>Y tuve amigos y amantes... a docenas.</p> + +<p>Pero comprendí que estos amigos y estas amantes no merecían ni aun los +honores de la farsa.</p> + +<p>Acabé por hastiarme y pensé en el suicidio.</p> + +<p>El hastío es la modorra del espíritu, su condensación, su no hay más +allá; su mortaja, su ataúd, su <i>pulvis es</i>.</p> + +<p>Un hombre hastiado es un muerto que anda; un muerto que en vez de +apestar a los vivos es apestado por ellos.</p> + +<p>Me decidí por el suicidio.</p> + +<p>Pero no adopté el medio vulgar de darme un pistoletazo, de suspenderme, +de sumergirme, de darme de puñaladas o de beber ácido prúsico.</p> + +<p>Tales medios no los adoptan más que los desesperados de mal género.</p> + +<p>Los que temen a los acreedores.</p> + +<p>Los que han sido bastante necios para referir su existencia a la +posesión de una mujer.</p> + +<p>Los etcétera, etcétera.</p> + +<p>Un hombre hastiado debe morir noblemente luchando brazo a brazo con el +hastío, forzándole, estrechándole, entrando de lleno en los excesos de +todo género, hasta caer bajo los estragos de una vida monstruosa, +absurda.</p> + +<p>Yo lo adopté todo: la crápula, la orgía el desorden, el placer...</p> + +<p>Yo esperaba que apareciese la tisis.</p> + +<p>Pero la tisis huyó espantada de mí.</p> + +<p>Inútilmente forcé mi organización, procuré gastarme.</p> + +<p>Mi organización resistió como una máquina de acero.</p> + +<p>Entonces me entregué resignado a mi destino.</p> + +<p>Como si un genio fatal y poderoso se hubiese propuesto oponerse a mi +voluntad, se me hizo imposible el suicidio, a no ser apelando al medio +ruidoso y poco decente de levantarme la tapa de los sesos, o de hacerme +matar en un duelo.</p> + +<p>Me reduje, pues, a satisfacer las necesidades materiales, y no pudiendo +vencer al hastío, le acepté con dignidad.</p> + +<p>En este estado, pues, me encontraba a las tres de la mañana, aquella en +que las calles de Madrid estaban cubiertas de nieve.</p> + +<p>Salía yo de una de esas casas, donde todo es permitido, donde se ríe, se +bebe, se habla libremente, se fuma y se está medio tendido y con el +sombrero puesto.</p> + +<p>Una de esas casas, en cada una de las cuales tiene abierta una candente +y luminosa página el mundo.</p> + +<p>Donde las mujeres se presentan tales cuales son, arrojada la careta del +decoro.</p> + +<p>Donde los hombres hacen gala de sus vicios.</p> + +<p>Yo no gozaba allí; pero estaba mejor que en otras partes, porque allí al +menos veía claro, y no estaba obligado a fingir ni a violentarme.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Adelantaba yo maquinalmente a lo largo de una calle.</p> + +<p>Aquella calle era corcobada de configuración y ciega de luces.</p> + +<p>Hacía un frío de cuarenta grados y nevaba.</p> + +<p>De repente brilló una luz a lo lejos, y un cuerpo humano proyectó sobre +la pared una gigantesca sombra.</p> + +<p>Y, sin embargo, lo que producía aquella sombra gigantesca era una niña.</p> + +<p>Aquella niña era una trapera.</p> + +<p>Iba sola, y la acompañaba un perro.</p> + +<p>Yo llevaba en la boca un cigarro sin encender, y con intención de +encenderle me dirigí a la trapera.</p> + +<p>La muchacha tenía muy poca ropa, y el perro muchas lanas.</p> + +<p>Sin embargo, la muchacha parecía resistir admirablemente el frío, y el +perro tiritaba.</p> + +<p>La muchacha cantaba a media voz, sin duda por temor de interrumpir con +su canto el sueño de los vecinos, y revolvía los montones de despojos +con su gancho, buscando trapos que, cuando encontraba, arrojaba en la +cesta.</p> + +<p>Al acercarme, el perro gruñó y adelantó hacia mí de una manera +amenazadora.</p> + +<p>La muchacha entonces me miró y seguidamente llamó a su perro.</p> + +<p>—¡Eh! ¡quieto, Mustafá! le dijo, dejándome oír una voz infantil y +fresca, al par que armoniosa y grave: ¿no ves que es un caballero?</p> + +<p>El perro retrocedió, y yo me acerqué más.</p> + +<p>La muchacha me miró de nuevo.</p> + +<p>Hay miradas que son una historia.</p> + +<p>Hay miradas que son un poema.</p> + +<p>Hay miradas que son una sátira.</p> + +<p>Hay miradas que dilatan el alma.</p> + +<p>Hay las por el contrario que la comprimen.</p> + +<p>La mirada de la traperita me refirió una historia muy sencilla.</p> + +<p>La historia de una vida de sufrimiento.</p> + +<p>La mirada de la traperita fue un poema que podía haberse reducido a +estas dos palabras:</p> + +<p>«Sufro y espero.»</p> + +<p>Estas dos palabras son la historia del género humano.</p> + +<p>Sufrir y esperar.</p> + +<p>¿Qué sufría aquella niña?</p> + +<p>La pobreza con todas sus consecuencias, acaso.</p> + +<p>¿Qué esperaba?</p> + +<p>¡Quién sabe lo que puede esperar una criatura!</p> + +<p>La muchacha era toda ojos: unos hermosísimos, rasgados y elocuentes ojos +negros.</p> + +<p>Aquellos ojos se descataban de una manera enérgica, y parecían más +grandes y más negros que lo que lo eran en realidad, sobre un semblante +flaco, muy pálido, muy triste.</p> + +<p>A pesar de la tristeza de aquel semblante, los ojos sonreían, pero con +la triste sonrisa de la resignación.</p> + +<p>Su mirada dilató mi alma, la hizo aspirar una pasión pura.</p> + +<p>Yo creo que fue compasión hacia aquella niña lo que me hizo sentir su +mirada.</p> + +<p>Y a más de la compasión un no sé qué misterioso, que no era amor ni +deseo porque ni deseo ni amor podía inspirarme aquella pobre criatura.</p> + +<p>Sin embargo, han pasado doce años desde que la vi la primera vez, y aún +no he podido olvidar su primera mirada.</p> + +<p>Me sonrío con ella como se sonríe a un hermano querido.</p> + +<p>Me dio <i>paz</i> con su mirada en el alma.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Han caído dos lágrimas sobre el papel.</p> + +<p>Siempre que las lágrimas asoman a mis ojos tiemblo de miedo.</p> + +<p>Porque cuando mis ojos se arrasan, me sobreviene al poco tiempo uno de +esos horribles ataques, en que no pudiendo resistir lo íntimo del dolor +de mi corazón, grito y me revuelco, y me destrozo: y entonces vienen las +ligaduras y el lecho de tormento y el horrible casco de nieve.</p> + +<p>¡Me creen loco!</p> + +<p>Es necesario pues olvidar, procurar olvidar; secar las lágrimas y +esconder estas memorias.</p> + +<p>La miré frente a frente, y ella me miró durante algunos segundos con una +curiosidad infantil.</p> + +<p>—Encienda usted, caballero, me dijo, levantando su farol y abriéndole.</p> + +<p>Encendí mi cigarro.</p> + +<p>Luego volví a mirar a la traperita que cerró el farol y se puso a +rebuscar de nuevo con su gancho.</p> + +<p>Yo, no sé por qué, permanecía inmóvil junto a ella.</p> + +<p>—¿Cuánto ganas buscando trapos? la dije.</p> + +<p>—Según: me contestó: diez cuartos, doce, dos reales. Antes se ganaba +más; pero ahora... hay muchos traperos y pocos trapos.</p> + +<p>—¿Y no tienes más oficio que éste?</p> + +<p>—No señor.</p> + +<p>—¿Y con diez cuartos te mantienes?</p> + +<p>—Como pan unos días, y otros pan y queso. Además, la señora Adela gana +otro tanto.</p> + +<p>¡La señora Adela! Aquel calificativo antepuesto a un nombre hasta cierto +punto aristocrático, causó en mí un efecto inesplicable.</p> + +<p>—¿Quién es la señora Adela? la pregunté.</p> + +<p>—Es una mujer que me ha criado.</p> + +<p>Y al pronunciar estas palabras, creí notar en su entonación algo de +doloroso, algo de impaciente, algo que revelaba que no era la señora +Adela lo mejor del mundo para la traperita.</p> + +<p>Comprendí que tenía delante una pobre existencia necesitada de amparo.</p> + +<p>Nunca mi hastío de la vida llegó hasta el punto de hacerme indiferente a +las desgracias ajenas.</p> + +<p>Metí la mano en mi bolsillo y saqué una moneda.</p> + +<p>Era una onza.</p> + +<p>Yo había pensado darla un napoleón.</p> + +<p>Sin embargo, alargué la mano hacia la niña y la entregué la onza.</p> + +<p>La chica la tomó, probó su peso y se puso gravemente seria.</p> + +<p>—¡Gracias, caballero! me dijo, devolviéndome la onza. Me basta con lo +que gano.</p> + +<p>Y se puso de nuevo a revolver y a buscar, guardando un profundo +silencio, y visiblemente contrariada.</p> + +<p>—¿Por qué no has tomado ese dinero? la dije.</p> + +<p>La muchacha no contestó.</p> + +<p>Me obstiné, y entonces, alzándose con una dignidad y una firmeza +supremas, me dijo:</p> + +<p>—Si no sigue usted su camino, caballero y me deja en paz, llamaré al +sereno.</p> + +<p>A tal arranque tomé mi partido: arrojé la onza en la cesta de la +muchacha, y me alejé.</p> + +<p>—Por favor, caballero, me dijo corriendo tras de mí y con acento entre +suplicante y colérico: usted está equivocado y tira su dinero. Créame +usted: tome usted su onza: yo le doy las gracias y... no hablemos más.</p> + +<p>—¿Y de qué modo puedo yo hacer para favorecerte? dije volviendo y +tomando la onza.</p> + +<p>—Dios me favorecerá; esté usted seguro de ello. Dios y...</p> + +<p>La muchacha calló, tembló y fijó una mirada ansiosa en el fondo de la +calle.</p> + +<p>Guiado por su mirada, miré y vi otra trapera que se acercaba.</p> + +<p>—¡La señora Adela! exclamó la muchacha, y se puso con un ardor febril a +su interrumpido trabajo, mientras Mustafá gruñía sordamente.</p> + +<p>Tardó poco en llegar una mujer harapienta, alta, huesosa, como de +treinta y cinco a cuarenta años, que fijó en mí una mirada insolente.</p> + +<p>—¿Qué quiere este caballero? preguntó con acento de amenaza a la pobre +niña.</p> + +<p>—Me ha pedido fuego para un cigarro, contestó temblando la traperita.</p> + +<p>Yo creí deber atajar la conversación.</p> + +<p>—¿Es usted la señora Adela? la dije.</p> + +<p>—Sí, señor: ¿qué se le ofrece a usted? contestó secamente.</p> + +<p>—Necesito hablar con usted a solas.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Necesita usted hablarme! Pues vamos.</p> + +<p>Y se puso en marcha.</p> + +<p>Noté que la traperita arrojaba sobre aquella mujer y sobre mí, una +mirada llena de ansiedad.</p> + +<p>Seguimos la señora Adela y yo a lo largo de la calle, y nos detuvimos a +la puerta de uno de esos cafetines, asilos de tahúres y vagos, cuya +puerta se cierra a la hora prescrita en los bandos, pero que se abre +durante toda la noche a todo el que llega.</p> + +<p>Llamé, abrieron, y la señora Adela y yo entramos.</p> + +<p>Nos sentamos junto a una mesa, y la trapera pidió aguardiente.</p> + +<p>Entonces, a la luz de un mechero de gas inmediato, pude observar ciertos +rasgos de distinción degradada en el semblante angular y huesoso de +aquella mujer: del mismo modo, no era difícil comprender que aún era +joven; que si parecía vieja, lo debía a excesos, y que en otro tiempo +debió ser notablemente hermosa.</p> + +<p>Sus manos, ese indudable signo, por el que se conocerá siempre a una +persona distinguida, eran aún bellas: su mirada altiva y fija.</p> + +<p>Estaba, pues, metido en una verdadera aventura.</p> + +<p>—Me parece que adivino de lo que quiere usted hablarme;—me dijo +mirándome con una extraña fijeza; y sin dejarme tiempo para contestar +añadió:—sin duda se trata de Amparo.</p> + +<p>—¡Se llama Amparo!</p> + +<p>—Y es una hermosa muchacha: está flaca y sobre todo mal vestida; pero +con un mes de buen trato...</p> + +<p>—¡Y usted la vendería, la dije con repugnancia sin dejarla concluir.</p> + +<p>—Hoy todo se compra y se vende, me contestó con sarcasmo: se vende el +amor, se vende la amistad.</p> + +<p>—¡Y se venden las hijas!</p> + +<p>—Amparo no es mi hija, me contestó con precipitación y con acento +singular. Hace catorce años la encontré en la calle.</p> + +<p>—¿Y sus padres no la reclamaron?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Pero si usted no es su madre, al menos la ha criado usted.</p> + +<p>—Por lo mismo quiero que sea feliz, dijo la trapera con su duro acento, +que me causaba una sensación fría, punzante, indefinible.</p> + +<p>—¿Y para que sea feliz la vende usted?</p> + +<p>—La mujer no es feliz más que vendiéndose; vendiéndose muy cara +mientras es hermosa, arrancando al amor que compra, dinero para cuando +sólo puede buscarse la caridad; ¡la caridad!...</p> + +<p>Y después de haber pronunciado con acento de blasfemia su última +palabra, se bebió de un trago una copa de aguardiente.</p> + +<p>—Pues usted, la dije con desprecio, no ha sabido, por lo que se ve, +aprovechar sus buenos tiempos.</p> + +<p>—Es que yo no me he vendido, me contestó con una expresión singular: +por lo mismo la vendo a ella.</p> + +<p>—Creo que ella no piensa venderse.</p> + +<p>—Hará lo que yo quiera.</p> + +<p>—Pues bien: me encargo de esa muchacha.</p> + +<p>—No me gustan las palabras de sentido ambiguo. Sepamos claramente de lo +que tratamos. ¿Cuándo ha conocido usted a Amparo?</p> + +<p>—Esta noche.</p> + +<p>—¿La ha hablado usted?</p> + +<p>—Muy poco.</p> + +<p>—¿Y cómo entenderemos eso de encargarse usted de ella?</p> + +<p>—Creo que puede ocuparse en otro trabajo más cómodo y beneficioso, que +en el de recoger trapos.</p> + +<p>—Sí, ciertamente.</p> + +<p>—Por ejemplo: puede entrar en un taller.</p> + +<p>—Es verdad: repuso aquella mujer, cuyo semblante se había cubierto con +la expresión de la mayor reserva; pero es el caso, que cosiendo se gana +muy poco, y que hay que pasar por un aprendizaje, durante el cual nada +se gana.</p> + +<p>—¿Cuánto suele durar ese aprendizaje?</p> + +<p>—Acaso un año.</p> + +<p>—No hablemos más: venga usted conmigo.</p> + +<p>Pagué: salimos del café y llevé a aquella mujer a mi casa.</p> + +<p>Mi criado Mauricio se asombró al verme entrar con tan mala compañía, y +mucho más cuando me encerré con ella en mi gabinete.</p> + +<p>—De hoy en adelante, la dije, puede usted contar con doce duros +mensuales. Además, como supongo que carecerán ustedes de todo, tome +usted estos dos billetes de a mil reales, y empléelos en ropas y +utensilios. Todos los meses venga usted por la cantidad que asigno a +Amparo.</p> + +<p>—¡Gracias, dijo fríamente aquella mujer, y se despidió de mí.</p> + +<p>Cuando me quedé solo, busqué el cuaderno donde estaban consignadas mis +obligaciones, y anoté lo siguiente:</p> + +<p>«Doscientos cuarenta reales para Amparo.»</p> + +<p>Yo había hecho esto por temperamento, por costumbre, no por caridad.</p> + +<p>Me acosté y me dormí.</p> + +<p>Cuando desperté al día siguiente, había perdido el recuerdo de aquella +aventura.</p> + +<hr /> + +<p>Entró Mauricio y me dijo:</p> + +<p>—Ahí está una muchacha que pregunta por usted. Vino a las diez y ha +vuelto otras tres veces a ver si se había usted levantado.</p> + +<p>—¡Una muchacha! exclamé con extrañeza.</p> + +<p>—Sí, sí, señor, y no es maleja: dice que se llama Amparo.</p> + +<p>—¡Ah! Que entre, que entre.</p> + +<p>Poco después entró Amparo.</p> + +<p>La acompañaba su perro.</p> + +<p>Venía peinada y limpia, pero muy pobre y muy ligeramente vestida.</p> + +<p>Me saludó con gracia y con la misma digna lisura con que hubiera +saludado a un conocido antiguo.</p> + +<p>Sonreía tristemente y estaba encendida, sobreescitada.</p> + +<p>El perro fijaba en mí una atenta e inteligente mirada.</p> + +<p>—Perdone usted, caballero, me dijo Amparo, si he venido a incomodarle, +pero he creído que debía venir a verle.</p> + +<p>—¿Y por qué, hija mía?</p> + +<p>—¿Por qué? ¿Con qué objeto ha dado usted dinero a la señora Adela? me +contestó con precipitación y con vergüenza.</p> + +<p>—No hablemos de eso, la dije, la señora Adela lo sabe.</p> + +<p>—Nada me ha dicho, sino que ya no recogeremos más trapos; que +compraremos vestidos y camas.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿No teníais camas?</p> + +<p>—No, señor: ese es mucho lujo para nosotras, dijo sonriendo +tristemente: cuando se ha trabajado mucho, y sobre todo, cuando, se está +acostumbrado a ello, se duerme muy bien sobre un ruedo.</p> + +<p>De la misma manera que otros se muestran neciamente soberbios con su +opulencia, Amparo se mostraba noblemente orgullosa con su miseria.</p> + +<p>—Y bien, repuse: si nada te ha dicho esa mujer, ¿cómo sabes que yo la +he dado dinero?</p> + +<p>—Anoche, cuando usted se alejó con ella, apagué mi farol y me fui +detrás: esperé a que saliesen ustedes del café, los seguí y vi que +entraban en esta casa. Esta mañana cuando la señora Adela me enseñó dos +papeles encarnados, cuando leí...</p> + +<p>—¿Sabes leer?</p> + +<p>—Sí, señor, contestó sin el más leve asombro de vanidad Amparo; cuando +leí lo que en aquellos papeles estaba impreso y vi que eran billetes de +banco... dinero, adiviné que aquel dinero venía de usted.</p> + +<p>—Y bien, ¿qué?</p> + +<p>—Necesito saber con qué objeto se ha desprendido usted de esa cantidad.</p> + +<p>—¡Bah! ¡bah! ¿Con qué objeto? Con el de que no pases más noches malas; +con el de que aprendas un oficio y puedas ser la honrada mujer de un +artesano.</p> + +<p>—El padre Ambrosio me ha dicho que hay en el mundo personas +caritativas; pero me ha dicho también que muchas veces se toma la +caridad por pretexto.</p> + +<p>—¿Y quién es el padre Ambrosio?</p> + +<p>—Un religioso exclaustrado de la Merced, que vive hace muchos años en +la misma casa de vecindad donde yo vivo; un digno ministro del Altísimo; +mi padre; la guía que Dios me ha dado viéndome desamparada en el mundo.</p> + +<p>—¡Ah! ¡un religioso!</p> + +<p>—El infeliz no ha podido hacer otra cosa que enseñarme a leer y a +escribir y procurar encaminarme a la virtud. Es muy pobre, pero... ¡es +un sabio! Lo poco que sé se lo debo, y, sobre todo, él me ha hecho +conocer que la mayor riqueza es la honra; la mayor felicidad tener la +conciencia tranquila; el mayor mérito a los ojos de Dios, sufrir +resignadamente la pobreza.</p> + +<p>—De modo que tú, pobre, miserable, destinada a un trabajo rudo y +penoso, mal alimentada, mal vestida, sin fuego con que calentarte, sin +lecho en que dormir, ¿estás resignada con tu suerte?</p> + +<p>—Sí, señor, contestó Amparo repitiendo su triste sonrisa.</p> + +<p>—¡Oh! Tú no conoces al mundo, eres muy joven; estás soñando.</p> + +<p>—Me he criado en una casa de vecindad y tengo ya catorce años.</p> + +<p>—¿Pretendes tener experiencia?</p> + +<p>—¡Oh! ¡sí! Yo sé que si quisiera podría vivir cómodamente, vestir +hermosas telas, concurrir a los teatros y a los paseos. Sé, porque la +señora Adela me lo ha dicho, que un hombre muy rico está enamorado de +mí. Lo sé tanto, como que me he visto maltratada muchas veces porque me +he negado... a ser feliz, como dice la señora Adela.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Tan joven y ya conoces el mundo!</p> + +<p>—¿No he de conocerle si me he criado entre lodo?</p> + +<p>—Pero tu lenguaje es escogido, Amparo: tus maneras riñen con tu +posición, pareces una señorita disfrazada.</p> + +<p>—Lo debo al padre Ambrosio; lo debo a los libros que leo.</p> + +<p>—Y...¿qué libros te ha dado a leer ese religioso?</p> + +<p>—Cuando supe leer y escribir, me puso en las manos la imitación de +Cristo del padre Kempis.</p> + +<p>Yo no había leído el tal libro; pero supuse que sería un libro de +devoción como otros tantos.</p> + +<p>—¿Y qué más? añadí.</p> + +<p>—La Biblia.</p> + +<p>—¡Habrás leído, pues, el <i>Cantar de los cantares</i>!</p> + +<p>Amparo me miró profundamente y se ruborizó, lo que demostraba que había +leído aquel libro, que tenía talento y que había comprendido la +intención de mi pregunta.</p> + +<p>—El <i>Cantar de los cantares</i> es un admirable libro simbólico, me dijo.</p> + +<p>—¿Y no has leído más?</p> + +<p>—Sí; sí, señor, los sermonarios de Bossuet y de Fenelón.</p> + +<p>—¿Y nada profano?</p> + +<p>—Sí; sí, señor, la historia universal de Anquetil, el Telémaco, el +padre Mariana y las poesías de nuestros clásicos.</p> + +<p>—¿Y novelas?</p> + +<p>—Ninguna... ¡ah! sí: las de doña María de Zayas, los ejemplares de +Cervantes y el Quijote, esa admirable novela.</p> + +<p>Y había una lisura tal en la expresión de Amparo al contestarme; tal +falta, tal negación de pretensiones, que era necesario creer que no sólo +tenía talento, sino también elevación de ideas: ¡y junto a esto tal +conformidad, tal resignación con lo ingrato de su fortuna!</p> + +<p>Yo, que me había interesado por ella por compasión, empecé a +interesarme por afecto, y por un momento sentí que mi hastío por la vida +desaparecía; comprendí que había encontrado algo a que podía consagrarme +dignamente: a hacer el porvenir de aquella joven tan simpática, tan +merecedora de amparo, yo era entonces impío y me dije:—Ya que la +casualidad la ha procurado un buen hombre que la eduque, yo, que soy +rico, haré lo demás: el sacerdote por una parte, y el calavera de buen +corazón por otra, haremos de ella un prodigio.</p> + +<p>Y dentro de mi corazón adopté a aquella niña.</p> + +<p>Una adopción paternal, pura, desinteresada.</p> + +<p>Había en Amparo algo que dilataba mi alma.</p> + +<p>Ni yo podía pensar de otra manera: la corrupción de la mujer por medio +del oro, me repugnaba: la rechazaban mi corazón y mi dignidad, y como +jamás pensamos voluntariamente en lo que nos repugna, ni reparé que en +Amparo existían los gérmenes de una gran hermosura, ni me incitó su +pureza, ni miré en ella más que un ser débil digno de protección.</p> + +<p>Por lo mismo, me apresuré a tranquilizarla respecto a mis intenciones.</p> + +<p>La hablé con la elocuencia del sentimiento, con su forma poética, porque +estaba seguro de ser comprendido por ella: con toda la espontaneidad de +mi franqueza y de mi desinterés, y logré que Amparo se tranquilizase +completamente.</p> + +<p>—¡Ah! me dijo con los ojos arrasados de lágrimas: ¡Dios se lo pague a +usted!</p> + +<p>Y Amparo me asió las manos, las estrechó contra su boca, y las cubrió de +lágrimas.</p> + +<p>Después salió.</p> + +<p>Mustafá, que durante esta escena había estado echado sobre la alfombra, +se levantó, me miró, movió lentamente la cola, y siguió a la niña.</p> + +<p>Empecé a sentir una vaga, pero dulce ansiedad: Amparo había causado en +mí una impresión profunda, me había hecho experimentar una sensación +desconocida.</p> + +<p>La recordaba (no podré deciros de qué modo) pero su recuerdo me dilataba +el alma.</p> + +<p>Era el amor de un padre satisfecho de su hija.</p> + +<p>Dejé de pensar en la muerte.</p> + +<p>Me detuve en el camino del suicidio.</p> + +<p>Dejé de concurrir a los lupanares.</p> + +<p>Arreglé mi vida.</p> + +<p>Causé una dolorosa sorpresa en mis administradores, anunciándoles que +iba a dedicarme al cuidado de mis intereses.</p> + +<p>Hice todo esto bajo la influencia de este pensamiento:—He adoptado a un +ser a quien debo procurar hacer feliz.</p> + +<p>Amparo había hecho en mí una revolución: me había reconciliado con la +vida.</p> + +<p>En recompensa, yo varié de plan respecto a su porvenir: la práctica de +un oficio mecánico me parecía indigna de ella.</p> + +<p>Aspiraba en su nombre a más.</p> + +<p>Algunos podrán creer esto exagerado; sí lo es, está en armonía con la +exageración de mi carácter; yo siento de una manera poderosa, y para +sentir me bastan pocas impresiones.</p> + +<p>Amparo me había impresionado fuertemente.</p> + +<hr /> + +<p>No sabía donde vivía.</p> + +<p>Un día encargué a Mauricio que la buscase.</p> + +<p>Mauricio empleó cuantos medios se conocen para encontrar una persona de +la cual se saben el nombre, las señas y la condición.</p> + +<p>Gracias a lo bien montada que está la policía en España, Mauricio, que +era uno de los mozos más listos que he conocido, no pudo dar con ella.</p> + +<p>Preguntó a los traperos y le contestaron que no la conocían.</p> + +<p>Fue al Ayuntamiento y sólo constaban allí el nombre y el número de +Amparo como trapera.</p> + +<p>Amparo empezó a hacérseme una dificultad: indudablemente a fin de mes, +la señora Adela vendría en busca de su asignación; pero yo no quería +esperar aquel plazo.</p> + +<p>Habían pasado quince días desde mi aventura.</p> + +<p>Era por la mañana y Mauricio entró alegre.</p> + +<p>—Ya la tenemos, exclamó.</p> + +<p>—¿A quién?</p> + +<p>—A la señorita Amparo.</p> + +<p>—¡Cómo! ¿sabes dónde vive?</p> + +<p>—Está en la antesala.</p> + +<p>—¡Ah! exclamé saliendo de mi gabinete y atravesando la sala; entre +usted, señora, entre usted.</p> + +<p>Amparo entró.</p> + +<p>Venía sencillamente vestida, un manto de sarga, un cordón de pelo al +cuello con una pequeña cruz dorada, un pañuelo de seda sobre los +hombros, una bata de percal, y un delantal negro; me pareció más alta y +más bella: venía encendida, alegre, con un bulto bajo el manto; me +saludó con una sonrisa sumamente afectuosa y entró en el gabinete, sobre +una de cuyas mesas dejó el bulto que traía bajo el manto, y que produjo +un sonido metálico.</p> + +<p>—¿Qué es eso? la dije.</p> + +<p>—Esto es que Dios me favorece, me contestó: son tres mil reales que he +ganado a la lotería.</p> + +<p>—¡Ah! exclamé adivinando su intención.</p> + +<p>—Tres mil reales que traigo a usted.</p> + +<p>—¿Y para qué quiero yo eso?</p> + +<p>—¿Para qué? me contestó mirándome gravemente, para que se reintegre +usted de los dos mil reales que dio a la señora Adela.</p> + +<p>—¡Ah! ¿eres orgullosa?</p> + +<p>—No por cierto, ¡sino que habrá tantos otros desdichados!</p> + +<p>Se me nubló el semblante, y Amparo se apresuró a decir:</p> + +<p>La caridad debe ser discreta; la caridad indiscreta hace más daño que +beneficio; yo ya tengo todo lo que podía desear; un cuartito alegre, una +cama blanda, ropa blanca y dos vestidos de calle. Trabajo; trabajo con +ardor, y dentro de poco seré oficiala. Emplee usted esos dos mil reales +en amparar otra desdicha, y los mil restantes guárdelos usted para +dárselos doce a doce duros a la señora Adela: hay para cuatro meses; +dentro de cuatro meses ganaré una peseta, que era cuanto deseaba. Con +que... no hablemos más. Ahí se queda eso. Tengo que comer y estar a las +tres en el taller.</p> + +<p>Y escapaba.</p> + +<p>—Espera, la dije, ¿no quieres tener nada mío?</p> + +<p>—¡Oh? sí, sí... el recuerdo... y el agradecimiento. ¿No basta eso?</p> + +<p>—Bien, me quedo con ese dinero, aunque sería mejor que los mil reales +restantes se los entregases a la señora Adela.</p> + +<p>—Los gastaría en aguardiente.</p> + +<p>—Me rindo, pero con una condición.</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—Ven mañana a almorzar conmigo.</p> + +<p>Meditó durante un momento Amparo, y contestó:</p> + +<p>—Vendré. Afortunadamente es domingo.</p> + +<p>Y saludándome alegremente, escapó.</p> + +<p>—¡Ah! tiene usted suerte, me dijo Mauricio; es una prenda de rey.</p> + +<p>Recuerdo que Mauricio, recordando un puntapié que le valió esta +observación, habló en lo sucesivo con el más profundo respeto de la +<i>señorita Amparo</i>.</p> + +<hr /> + +<p>Fuime a una joyería y gasté los tres mil reales que me había dado +Amparo, en una bonita cruz de diamantes para ella.</p> + +<p>La joya era de muy buen gusto, y debía parecer muy bien en el bonito +cuello de la muchacha.</p> + +<p>Además necesitaba dejar bien puesta mi vanidad.</p> + +<p>Aquella inesperada devolución la había humillado.</p> + +<p>Amparo me trataba por decirlo así, de potencia a potencia.</p> + +<p>Yo no podía conservar aquel dinero.</p> + +<p>Mi vanidad quedaba a cubierto, regalándola la cruz.</p> + +<p>Sólo con este objeto la había convidado a almorzar conmigo.</p> + +<p>El día siguiente a las once, Amparo estaba en mi gabinete, donde +Mauricio había servido la mesa.</p> + +<p>Mientras Amparo se quitaba el manto con una hechicera confianza, +Mustafá, que sin disputa era mi amigo, sentado enfrente de mí, meneaba +lentamente la lanuda cola y me miraba de hito en hito.</p> + +<p>Yo contemplaba a Amparo con el mismo placer con que se contempla una +cosa bella, fresca, pura, encontrada por acaso en el erial de la vida.</p> + +<p>Era una niña, en toda la extensión de la frase, espigadita, esbelta, con +bonitas manos, ojos hermosos, y una montaña de cabellos negros y +brillantes, agrupados en trenzas: muy blanca, muy pálida y muy delgada.</p> + +<p>Tenía la seducción de la pureza confiada en sí misma, que por nada se +alarma, que nada teme: iba de acá para allá, y me lo revolvía todo.</p> + +<p>—¡Cómo se conoce que aquí no hay una mujer! decía: polvo por todas +partes, ¡y un desorden!... todo lo que hay aquí es bueno y bello; pero +sería más bello, parecería mucho mejor, si estuviese colocado en su +sitio. Y luego... ¡estas armas! ¿para qué son estas armas? ¿a quién +tiene que matar un hombre honrado?</p> + +<p>—Son objetos de arte, la dije.</p> + +<p>—Traed: pues, a vuestro gabinete un cañón de a veinticuatro cincelado.</p> + +<p>—¡Ah! ¿no crees que sea necesario alguna vez?...</p> + +<p>—¡Nunca!</p> + +<p>—¿Ni aun por un asunto de honor?</p> + +<p>—Me horrorizaría un hombre que por una cuestión de honor hubiera matado +a un semejante suyo... ¿y estos libros?... añadió pasando con la mayor +facilidad de un objeto a otro. ¡Novelas!... Creo que en lo peor en que +puede ocupar un hombre su talento, es en escribir novelas.</p> + +<p>—¿Por qué?</p> + +<p>—¿No basta la vida real? ¿qué necesidad hay de exagerarla?</p> + +<p>—La novela enseña.</p> + +<p>—La novela vicia las costumbres.</p> + +<p>—Eso lo dirá el padre Ambrosio.</p> + +<p>—Sí por cierto; y basta para mí que el padre Ambrosio lo diga: es un +ángel... ¡Ah! el padre Ambrosio sabe que vengo a almorzar con usted.</p> + +<p>—¿Y qué te ha dicho?</p> + +<p>—Nada: absolutamente nada. ¿No sabía el padre Ambrosio que iba sola de +noche a recoger trapos por las calles?</p> + +<p>Este recurso a sí misma, esta manifestación de fuerza, me encantó.</p> + +<p>—¿Y son estas las novelas que usted lee? dijo con severidad Amparo, que +había ojeado uno de mis libros. ¡Oh! esta novela en ninguna parte está +mejor que en el fuego.</p> + +<p>Y arrojó el libro a la chimenea.</p> + +<p>Era un tomo del <i>Baroncito de Faublas</i>.</p> + +<p>Sólo había tenido tiempo de leer algunas líneas Amparo, y se había +puesto encendida como una guinda.</p> + +<p>Así con las tenazas el libro, y le saqué de la chimenea donde olía mal, +arrojándole a la jofaina.</p> + +<p>Prometí a Amparo hacer un auto de fe con todos mis malos libros, y +mediante esta promesa se restableció nuestra buena armonía.</p> + +<p>En seguida nos pusimos a almorzar.</p> + +<p>Yo había cuidado de que el almuerzo fuese muy sencillo y compuesto de +alimentos acomodados a las costumbres de Amparo.</p> + +<p>Era, en fin, un verdadero almuerzo español; con el indispensable +chocolate.</p> + +<p>Amparo comía con apetito y sin encogimiento.</p> + +<p>Mustafá sentado junto a ella gruñía con impaciencia excitado por el olor +de los manjares.</p> + +<p>Puse un plato al leal compañero de Amparo, que me dio las gracias con +una sonrisa, y acarició después con su pequeña mano la cabeza del perro +que comía con ansia.</p> + +<p>—¡Ah! dijo hablando con él, esta es la primera vez que almorzamos bien, +Mustafá.</p> + +<p>—Pues así puedes almorzar, la dije, todos los días.</p> + +<p>Pintose una expresión de reserva en el semblante de Amparo.</p> + +<p>Comprendí que el mundo especial en que había vivido, ese mundo que se +llama <i>casa de vecindad</i>, donde resaltan todas las miserias, todas las +adyeciones, todas las ignorancias, la había hecho recelosa y +desconfiada.</p> + +<p>—Puedes almorzar así todos los días, la dije, si consientes en que se +realice lo que he pensado respecto a ti.</p> + +<p>Amparo me miró con una profunda y grave atención, y me preguntó:</p> + +<p>—¿Y qué ha pensado usted?</p> + +<p>—He pensado, primero, en que la posición en que te encuentras es muy +precaria.</p> + +<p>—He nacido pobre, me contestó con altivez; mi porvenir es el trabajo; +acaso con mucha aplicación y alguna suerte podré adelantar; tener dentro +de algunos años un taller mío.</p> + +<p>—¿Y las enfermedades?</p> + +<p>—¡Buena manera de alentar a los pobres!</p> + +<p>—Es que yo quiero asegurar tu suerte.</p> + +<p>Amparo había dejado de comer, y noté que había perdido enteramente su +tranquila confianza; que estaba preocupada, disgustada, pesarosa de +haber ido a almorzar conmigo.</p> + +<p>—Soy rico, muy rico; sobrino de un grande de España que no tiene hijos, +ni los tendrá probablemente; heredaré sus rentas y su grandeza.</p> + +<p>Nublose más el semblante de Amparo.</p> + +<p>—No pienso casarme jamás, continué, y quiero que seas mi hija adoptiva.</p> + +<p>Amparo me miró de una manera penetrante, como si hubiera querido +asegurarse de hasta qué punto eran verdad mis palabras y la marcada +conmoción con que las había pronunciado.</p> + +<p>Sin duda mis ojos dejaban ver claro lo que mi alma sentía, porque la +expresión de reserva y de duda desapareció del semblante de Amparo, +sustituyéndola una dulce expresión de consuelo.</p> + +<p>—¡Ah! exclamó: ¡Quiere usted reemplazar a los padres que he perdido!</p> + +<p>Y aunque procuró dominar su conmoción, sus ojos se llenaron de lágrimas.</p> + +<p>Yo gozaba, no sabré deciros qué placer; pero me sentía feliz y joven, y +poderoso: me sentía engrandecido.</p> + +<p>—Sí, la dije, mientras ella callaba, con la vista inclinada, las +mejillas encendidas, sobresaltada: quiero que no vuelvas al taller.</p> + +<p>—¿Y qué he de hacer? me dijo. ¿Gravar a usted? ¿vivir en el ocio? No, +no podría.</p> + +<p>—Quiero que entres en un colegio.</p> + +<p>—¿Y para qué? No: eso no puede ser. Yo no acepto la adopción de usted.</p> + +<p>—Ya te he dicho que estoy resuelto a no casarme jamás. Aunque soy +joven, mi corazón está ya gastado; es muy viejo. Nada espera, nada +desea.</p> + +<p>—¡Oh! ¡no me diga usted eso! ¡no quiero creerlo! ¡una vida así debe ser +horrible!</p> + +<p>—¡Horrible, sí! ¡muy horrible! por lo mismo es necesario que un deber +me ligue al mundo; a la vida: representa tú ese deber.</p> + +<p>—Bien; me dijo, mirándome con una expresión que no pude comprender, +acepto, seré su hija adoptiva de usted... pero en un convento.</p> + +<p>—¡En un convento! ¡monja tú!</p> + +<p>—Sí; una vez monja, mi porvenir está asegurado.</p> + +<p>—Pero tú, que empiezas ahora a vivir... ¡renunciar de tal modo a la +esperanza!</p> + +<p>—Es lo único que aceptaré de usted, un dote reducido, cuanto baste...</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Pues no hablemos más de ello.</p> + +<p>Y se levantó.</p> + +<p>—¿Te vas ya? la dije.</p> + +<p>—Sí, señor; no quiero pasar mucho tiempo fuera de casa.</p> + +<p>—Pero ¿volverás?</p> + +<p>—Acaso no.</p> + +<p>—¿Y por qué?</p> + +<p>—¡Oh! ¡me ha hecho usted sufrir! adiós.</p> + +<p>—Espera. No quiero obligarte a que vuelvas; pero por si no nos volvemos +a ver, acepta esta memoria mía.</p> + +<p>Y tomé de sobre la repisa de la chimenea el estuche que contenía la cruz +que había comprado para ella el día anterior, y se lo di.</p> + +<p>—¿Y qué es esto? me dijo abriéndolo; ¡ah! ¡una cruz! la conservaré, la +conservaré siempre en memoria de usted.</p> + +<p>Y aprovechando el estupor que había causado en mí el extraño aspecto, la +profunda conmoción que noté en ella, al expresarme su deseo de ser +monja, escapó.</p> + +<p>Cuando quise detenerla sonó el golpe de una puerta que se cerraba, y +luego sentí que bajaba rápidamente las escaleras.</p> + +<p>Abrí el balcón, y la vi alejarse por la acera opuesta en paso lento y +con la cabeza baja.</p> + +<p>Mustafá la seguía cabizbajo también.</p> + +<p>—Ella volverá, me dije: y cuando menos, la señora Adela vendrá por su +asignación a fin de mes.</p> + +<p>Había en mi corazón algo que me hacía desear volverla a ver; y sin +embargo aquel no sé qué vago, dulce íntimo, estaba muy lejos de ser +amor.</p> + +<p>Y era más que caridad.</p> + +<p>O yo no comprendía la caridad, y me engañaba.</p> + +<p>O yo no comprendía el amor; y me engañaba también.</p> + +<p>Esto quería decir, que respecto a ciertas sensaciones, mi corazón era +inocente, o mejor dicho, estaba virgen.</p> + +<p>Lo que sí puedo deciros es: que el recuerdo de Amparo se fijó en mi +pensamiento, fresco, puro, consolador, lleno de encantos y de consuelos.</p> + +<p>Si es verdad que estoy loco, mi locura empezó el día que almorcé con +ella.</p> + +<hr /> + +<p>El no verla me tenía de muy mal humor.</p> + +<p>La esperaba.</p> + +<p>Sin embargo, Amparo no venía.</p> + +<p>Pasó el tiempo, y llegó el último día del mes.</p> + +<p>Yo esperaba que la señora Adela sería puntual, y no me engañé.</p> + +<p>Se me presentó más pobremente vestida que lo que yo esperaba, y sin +saludarme ni sentarse me dijo:</p> + +<p>—Vengo a...</p> + +<p>—Sí, por la asignación de Amparo, la interrumpí.</p> + +<p>—Eso es.</p> + +<p>Abrí mi cartera y la di un billete de quinientos reales.</p> + +<p>—No puedo devolver a usted lo que sobra, me dijo.</p> + +<p>—Lo mismo es, la contesté.</p> + +<p>—¡Ah! ¡es usted muy generoso! Gracias en su nombre; que usted lo pase +bien.</p> + +<p>Y se iba.</p> + +<p>—Espere usted, la dije: tenemos que hablar.</p> + +<p>—¡Ah! ¡tenemos que hablar! ¿va usted comprendiendo que es hermosa, +demasiado hermosa, para mantenerse respecto a ella en los inflexibles +límites de la caridad?</p> + +<p>—No se trata de eso.</p> + +<p>—Pues no comprendo entonces...</p> + +<p>—¿Qué sabe usted acerca del origen de esa niña?</p> + +<p>—¡Bah! ¿y qué le importa a usted? A no ser que...</p> + +<p>Y aquella mujer me miró con un recelo hostil.</p> + +<p>—¡Sería gracioso que quisiera usted casarse con una muchachuela! añadió +con sarcasmo.</p> + +<p>—Tampoco se trata de eso; pero si usted tuviera algún antecedente... +ayundándome usted y gastando cuanto fuese necesario, acaso lograríamos +encontrar a sus padres.</p> + +<p>—¿Y para qué quiere más padres que usted?</p> + +<p>Necesité hacer un esfuerzo para contener la cólera que me causaba la +fría insolencia de aquella mujer.</p> + +<p>—En último resultado, la dije, ¿se niega usted a indicarme?...</p> + +<p>—Nada sé; la recogí. Ignoro quién era; pero debe ser hija de buenos +padres: las ropas que la envolvían eran ricas; llevaba, además, un +magnífico medallón guarnecido de brillantes, y entre la faja un papel +que decía:—«Está bautizada, y se llama...» he olvidado el nombre; el +que tiene ahora se lo pusieron en la confirmación.</p> + +<p>—Es extraño que haya usted olvidado su nombre; ¿pero aún queda el +medallón?</p> + +<p>—No por cierto; le vendí: era necesario criarla... yo era pobre.</p> + +<p>—¿Pero no recuerda usted lo que el medallón contenía?</p> + +<p>—Sí por cierto: un retrato de mujer.</p> + +<p>—¿Y las señas de esa mujer?</p> + +<p>—Las mismas de Amparo: alguna más edad; pero tan hermosa como ella; un +parecido exacto... Y es lástima que ese retrato se haya extraviado, +porque era una prueba indudable... pero a bien que el retrato existe en +Amparo... en engordando la muchacha un poco más... el mejor día +encuentra a sus padres en la calle.</p> + +<p>Todas estas contestaciones habían sido pronunciadas con una intención +maligna; comprendí que existía un misterio terrible entre aquella mujer +y la pobre Amparo, y no insistí.</p> + +<p>La dejé ir.</p> + +<p>Había concebido el pensamiento de apelar a la ley para poner en claro la +procedencia de Amparo.</p> + +<p>Y como si hubiese comprendido mi pensamiento, aquella mujer me arrojó al +salir una insolente mirada de desafío.</p> + +<hr /> + +<p>Aquel mismo día fui a consultar a uno de los abogados de más fama.</p> + +<p>Me escuchó con atención, y cuando hube concluido, me dijo:</p> + +<p>—No veo el medio de arrancar a esa mujer su secreto: el tormento está +abolido hace muchos años; por consecuencia, si esa mujer tiene un gran +interés en ocultar la procedencia de la protegida de usted, nada +confesará. Queda sin embargo un medio.</p> + +<p>—¿Cuál?</p> + +<p>—El dinero. Pagarle su secreto al precio que pida.</p> + +<p>Di las gracias al abogado por su luminoso consejo; le pagué la consulta +y salí.</p> + +<p>Pasó un mes.</p> + +<p>En vano esperé a Amparo.</p> + +<p>La Adela se me presentó de nuevo.</p> + +<p>La pregunté por ella.</p> + +<p>—¡Ah! está desconocida, me dijo; ha engordado. ¡Ya se ve! la cuido +bien, o por mejor decir, la cuidamos bien. La enviaré por acá.</p> + +<p>—Ponga usted precio a su secreto, la dije desentendiéndome de su +observación, y entrando de lleno en mi objeto.</p> + +<p>—Es usted muy joven, me dijo, para que pueda haber perdido una hija de +la edad de Amparo; sin embargo, pudiera ser que algún amigo hubiera a +usted encargado le buscase una niña perdida.</p> + +<p>Y la Adela me miraba de una manera fija, escudriñadora.</p> + +<p>—¿Se obstina usted en no confiarme?... la dije.</p> + +<p>—Nada sé respecto a ella, me contestó.</p> + +<p>Acabé de convencerme de que nada recabaría de aquella mujer; la di +dinero; la encargué dijese a Amparo que deseaba verla, y la despedí.</p> + +<hr /> + +<p>A los pocos días, y cuando acababa de levantarme, me sorprendió un +fuerte campanillazo a la puerta.</p> + +<p>Abrió Mauricio; sentí pasos apresurados, y poco después se precipitó en +mi gabinete Amparo.</p> + +<p>Mustafá la seguía cojeando.</p> + +<p>Amparo se asió a mí, y me miró pálida, aterrada, anhelante. Mustafá +gruñía dolorosamente.</p> + +<p>Venía Amparo en el mayor desorden: deshecho el peinado; una de sus manos +envuelta en un pañuelo.</p> + +<p>Durante algún tiempo nada me dijo; ni yo, sorprendido, acerté a decirla +nada: luego pareció como que despertaba de un sueño, de una horrible +pesadilla, y exclamó con un acento ardiente y lleno de ansiedad:</p> + +<p>—¡Ah! ¡Gracias a Dios!</p> + +<p>Y se separó de mí, se dejó caer en un sillón, se cubrió el rostro con +las manos y rompió a llorar.</p> + +<p>Mustafá se acercó a ella cojeando; se sentó, me miró, y siguió con sus +dolientes gruñidos.</p> + +<p>Sospeché no sé qué horrible cosa, y me aterré.</p> + +<p>—¿Pero qué sucede? la pregunté alentando apenas.</p> + +<p>—Sucede, contestó Amparo, mirándome al través de sus lágrimas, que esa +infame mujer ha querido hacerme infeliz.</p> + +<p>No pude contestarla: sentí que toda mi sangre se reconcentraba a mi +corazón.</p> + +<p>—Pero afortunadamente, continuó Amparo, Mustafá me ha salvado, +acometiendo a aquel hombre, y dándome tiempo para escapar; es verdad que +el pobre ha sufrido un horrible bastonazo, y que yo he salido del lance +herida...</p> + +<p>—¡Herida! exclamé.</p> + +<p>—Sí; ¡el horrible viejo me seguía! las escaleras son estrechas y +empinadas; caí, di con la cabeza en la barandilla, y casi me he roto una +mano; pero al fin estoy aquí; aquí, con usted que me defenderá.</p> + +<p>No la pregunté más.</p> + +<p>¿Y para qué?</p> + +<p>Todo estaba explicado.</p> + +<p>Envié a Mauricio por un facultativo que se encargó de la curación de +Amparo y de Mustafá.</p> + +<p>La herida de la cabeza de la niña, era leve, pero profunda y grave la de +la mano.</p> + +<p>Mustafá tenía casi roto un hueso.</p> + +<p>Amparo se vio obligada a quedarse en casa.</p> + +<p>Dos horas después, cuando estuvo más tranquila, la dije:</p> + +<p>—No puedes volver a vivir con esa infame.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Dios mío! ¡no! ¡imposible!</p> + +<p>—No puedes vivir tampoco conmigo.</p> + +<p>—No, no; de ningún modo.</p> + +<p>—Tampoco puedes vivir sola.</p> + +<p>—¡Dios mío! ¿y qué hacer?</p> + +<p>Y después de algunos instantes de triste silencio, añadió:</p> + +<p>—¡El convento! ¡es preciso! ¡preciso de todo punto!</p> + +<p>—No te daré el dote.</p> + +<p>—Me pondré a servir.</p> + +<p>—Y sirviendo, estarás expuesta a cada paso, a peligros como el de que +has escapado milagrosamente hoy.</p> + +<p>—¿Pero por qué cerrarme el refugio del claustro? exclamó llorando.</p> + +<p>—Si has de agitarte de ese modo, te dejo sola: agitándote, +afligiéndote, puedes empeorar, tienes calentura, y sólo te he hablado +porque estás en la casa de un soltero, porque es necesario evitar las +interpretaciones. He pensado en que el padre Ambrosio podría adoptarte, +ya que te repugna mi adopción.</p> + +<p>—¡Oh! ¡sí! ¡sí! exclamó.</p> + +<p>—Pero es necesario que no seas gravosa al padre Ambrosio.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Dios mío! ¡otra dificultad!</p> + +<p>—La dificultad está salvada. Entra en un colegio.</p> + +<p>Quedose Amparo pensativa, y al cabo me dijo:</p> + +<p>—Mande usted llamar de mi parte al padre Ambrosio.</p> + +<p>Me dio las señas de la habitación del religioso, y Mauricio fue a +buscarle.</p> + +<hr /> + +<p>Media hora después, un hombre alto, delgado, pálido, como de sesenta +años muy modestamente vestido con ropas que demostraban un antiguo y +continuo trato con el cepillo, entró lleno de ansiedad.</p> + +<p>Era uno de esos hombres que llevan el corazón en la cara.</p> + +<p>Un corazón todo sentimiento, todo dulzura, todo abnegación, todo +caridad.</p> + +<p>Y en los ojos, la mirada inteligente y serena.</p> + +<p>Y en la frente, la severidad y la majestad de la virtud, la conciencia +de sí misma.</p> + +<p>Me saludó con encogimiento, y me estrechó la mano con efusión.</p> + +<p>—Le conozco a usted, me dijo con la voz trémula; le conozco a usted +mucho, aunque nunca le he visto hasta ahora.</p> + +<p>—Yo también le conozco a usted, le contesté, encantado por lo simpático +de su mirada, de su espontaneidad, de su palabra.</p> + +<p>Estrechó entre sus dos manos la mía, y sin disimular su impaciencia, me +dijo:</p> + +<p>—¿Dónde está?</p> + +<p>Le señalé la alcoba, y los dejé en libertad de hablar.</p> + +<p>La conferencia fue larga, al fin el padre Ambrosio salió profundamente +conmovido y me llegó la vez de demostrar mi impaciencia.</p> + +<p>—¿Acepta? le pregunté.</p> + +<p>Se sentó en un sillón, sacó una caja de pasta negra, me ofreció un +polvo, tomó otro, y me dijo:</p> + +<p>—Nos encontramos en una situación sobre manera extraña: una joven, +embellecida por Dios con cuantas virtudes pueden hacer respetable a una +criatura, sola, pobre, desventurada, se encuentra entre nosotros dos; +puesta primero, bajo la protección espiritual de un pobre exclaustrado, +y amparada después, de una manera noble, desinteresada admirable, por un +joven rico, viciado en el gran mundo, casi impío, pero que tiene un +excelente corazón. Pero he dicho mal: nuestra situación no es extraña. +¡Nos ha reunido la Providencia de Dios!</p> + +<p>—En efecto; en el conocimiento de nosotros tres, hay mucho de +providencial, le dije, más por ser cortés con el buen exclaustrado, que +porque yo creyese en la Providencia. Ya he dicho antes que en aquella +época era yo impío.</p> + +<p>—¡Pues ya lo creo! dijo con el entusiasmo de un poeta el padre +Ambrosio; mi vida era triste, llena de sufrimientos, llena de recuerdos, +combatida por pasiones que había exacerbado la desgracia, y... si hace +diez años, no hubiera encontrado a mi paso a esa niña que se arrastraba +sobre sus manecitas en los corredores de la casa de vecindad donde me +había llevado a vivir mi pobreza... Yo lo había perdido todo; parientes, +amigos, afectos, hasta la paz de mi celda, de la cual me arrojaron las +necesidades de la nación... la planta marchita y enferma que vegeta +sobre un terreno ingrato, siente con delicia, y parece reanimarse al +soplo de las auras de la mañana. Yo, muy semejante a una planta enferma, +sentí una impresión de consuelo un día que, sentado al sol en la puerta +de mi tabuco, sentí junto a mí, apoyando sus manecitas en mis rodillas, +y sonriéndose (Dios me perdone) como deben sonreír los ángeles, una niña +como de cuatro a cinco años.—Era Amparo.—Necesitaba afectos, y mi alma +se volvió a aquella existencia pura, a aquella niña que estaba muy +pobremente vestida, enflaquecida por el hambre. Supe que no tenía +padres, que estaba en poder de una mujer de la misma vecindad, que la +había encontrado en la calle. Y aquel desamparo en la infancia, aquella +miseria en un ser tan débil, me hicieron concebir el mismo pensamiento +que usted concibió cuando la encontró en medio de la noche recogiendo +trapos. He hecho... cuanto he podido... en cambio, ella me ha dado +acaso, la salvación de mi alma, porque estaba desesperado... y Amparo ha +sido para mí un amparo de Dios, porque me ha obligado a amarla: porque +amándola, he llenado mi corazón con un afecto, y he podido consolarme y +esperar con resignación el fin de mi jornada.</p> + +<p>—Creo que Amparo ha ejercido sobre mí una influencia muy semejante a la +que ha ejercido sobre usted.</p> + +<p>—¡Oh! ¡sí! me ha bastado con lo que Amparo me ha dicho de usted, y con +verle después una sola vez, para comprenderle: tiene usted el alma +virgen, sedienta, cansada de un mundo donde no vive bien: hastiada de +todo, escéptica, porque ha perdido la esperanza, y ha encontrado usted +en Amparo algo de lo que buscaba y no había podido encontrar. ¡Lo ha +encontrado usted de noche, recogiendo los despojos del lujo y de la +miseria, teniendo por único amigo un perro, por único amparo Dios! Y +porque tiene usted el alma virgen y llena de entusiasmo y de +sentimiento, ha hecho usted lo que nadie hubiera hecho; y porque Dios +quiere que crea usted en él, le ha presentado a usted de la manera más +bella, el dulce consuelo de la expansión de la caridad.</p> + +<p>—¿Que Dios quiere que crea en él? dije moviendo tristemente la cabeza, +quisiera creer; envidio a los que creen. Y ya que como usted dice nos ha +reunido la Providencia, sea usted mi misionero en buena hora. Le prometo +escucharle y...</p> + +<p>—No seré yo quien haga a usted creer en Dios, me dijo solemnemente el +padre Ambrosio, será ¡ella!</p> + +<p>—¡Oh! ¡acaso! El afecto que me inspira es profundo. Pero dejando el +terreno en que nos hemos metido, y en el cual tendremos lugar de volver +a entrar, porque nuestro conocimiento será largo y nuestro trato +frecuente, vengamos a la situación del momento. Mis proyectos respecto a +Amparo, se reducen a arrancarla legalmente del dominio de esa mujer; yo +había pensado adoptarla, pero soy demasiado joven y me ha parecido mejor +que la adopte usted legalmente.</p> + +<p>—¡Oh! ¡sí! después de lo que ha acontecido hoy a esa infeliz, yo la +hubiera adoptado de todos modos.</p> + +<p>—Después quiero perfeccionar su educación, poniéndola a nivel de las +jóvenes de nuestro gran mundo; casarla luego de una manera brillante a +beneficio de un magnífico dote...</p> + +<p>—Dejemos obrar a la Providencia, me interrumpió el exclaustrado; yo la +adopto y acepto para ahora la protección de usted; y puesto que usted +rechaza, como rechazo yo, la idea del claustro, que se la había metido +de una manera tenaz en la cabeza, entré en buen hora en un colegio: +afortunadamente soy confesor de un matrimonio muy digno; él es un +antiguo y honrado cobachuelista; ella, antes de casarse, fue maestra de +niñas en una ciudad de provincia, y hace algunos años, después de +casada, tiene en Madrid un colegio de señoritas, que poco a poco ha ido +desarrollándose y que es al fin uno de los más favorecidos. Esta es cosa +concluida, aceptada. Ella lo resistía; pero yo que pienso que el mejor +uso que puede hacer un hombre de su fortuna es favorecer a sus +semejantes, la he convencido.</p> + +<p>—Pues en ese caso, le dije, voy a principiar desde este momento.</p> + +<p>El padre Ambrosio se quedó en casa, autorizando en ella la presencia de +Amparo y yo, después de informarme por ella de la habitación de la +Adela, me fui a buscar al comisario de policía de su distrito.</p> + +<hr /> + +<p>Después de algunas soeces equivocaciones de este funcionario, respecto a +mi interés por Amparo, a quien no se por qué, conocía, entré de lleno en +la exposición del objeto que me llevaba por primera vez a tratar con +tales gentes.</p> + +<p>Quería yo evitar de todo punto un ruidoso procedimiento judicial, para +arrancar a Amparo del dominio de aquella malvada, y cuando el comisario +me hubo escuchado, me dijo:</p> + +<p>—Pues es muy sencillo de hacer lo que usted desea; pero no deja de ser +comprometido.</p> + +<p>—Comprendo; ¿se trata?...</p> + +<p>—De un abuso de autoridad.</p> + +<p>—Pero cuando se abusa de la autoridad para el bien...</p> + +<p>—Se puede ir a presidio lo mismo que cuando se abusa para el mal.</p> + +<p>—Ya sabe usted mi nombre...</p> + +<p>—Sí, sí señor: sé que la influencia de usted basta para sacarme de un +atolladero... sin embargo...</p> + +<p>—Sé que deben recompensarse estos servicios, añadí sacando algunos +billetes y poniéndolos sobre la mesa bajo mi mano.</p> + +<p>—¿Es urgente la resolución de ese negocio? me dijo el comisario.</p> + +<p>—Urgentísima.</p> + +<p>—Entonces haga usted que ese exclaustrado, ese padre Ambrosio, venga a +verme al momento, y descuide usted; es asunto de dos horas; una renuncia +de la adopción de <i>la Adela</i> sobre <i>la Amparo</i>; la adopción en forma de +<i>ese fraile</i>; un testimonio de escribano, y... santas pascuas. Si la +Adela resiste, con arreglo a la queja de usted, la llevo a la +Galera<sup><span class="nota">[**]</span></sup>, y doy parte al gobernador. Pero no resistirá, yo se lo +aseguro a usted; sé perfectamente cómo se hacen estas cosas: cuando se +ha dado un paso en vago como el que ha dado esa mujer... cuando está +ofendida la moral pública...</p> + +<p class="nota">[** Prisión de mujeres en Madrid. Nota para los que no +conozcan la villa y corte.]</p> + +<p>—Bien, bien; ¿quedamos convenidos?</p> + +<p>—Sí, señor. Envíeme usted <i>el fraile</i>.</p> + +<p>—Le enviaré al momento. Adiós.</p> + +<p>—Servidor de usted, caballero.</p> + +<p>Salí dejando sobre la mesa del comisario algunos billetes de banco.</p> + +<p>No sé como el bueno del funcionario arregló el negocio, pero el +resultado fue que la Adela renunció por ante escribano a todo dominio +sobre Amparo, y el padre Ambrosio la adoptó con todas las formalidades +prescritas por las leyes.</p> + +<p>Todo aquello se hizo en muy pocas horas.</p> + +<p>Amparo no pasó la noche en mi casa.</p> + +<p>Se la había trasladado en un coche, previo dictamen del facultativo, al +colegio de que era directora doña Gregoria de... hija de confesión del +padre Ambrosio.</p> + +<p>Me olvidaba decir que Mustafá había ingresado también en el colegio.</p> + +<p>Di orden a mi administrador general de que pagase a doña Gregoria mil +reales mensuales por la pensión de Amparo, y aquel asunto quedó para mí +enteramente concluido.</p> + +<p>La casualidad, según yo, o la Providencia Divina, según el padre +Ambrosio, habían arrojado delante de mí un gran infortunio. Yo había +cumplido con mi deber, según mis convicciones, y estaba tranquilo.</p> + +<p>Pero una vez satisfecho este deber, una vez pasada la novedad de mi +aventura, comprendí que Amparo no era bastante para arrancarme del +hastío; para reconciliarme con la vida.</p> + +<p>Esta decepción de mi esperanza me fue sumamente dolorosa.</p> + +<p>Amparo era para mí una obligación contraída que ningún sacrificio me +costaba, porque yo era muy rico.</p> + +<p>No me había inspirado amor, sino caridad.</p> + +<p>La caridad estaba satisfecha, y había desaparecido el encanto.</p> + +<p>Es cierto que yo sentía hacia ella un afecto profundo; que me interesaba +su porvenir... pero su porvenir estaba asegurado. Por otra parte, yo no +tenía herederos forzosos; mis padres habían muerto cuando era muy joven, +y podía nombrar a Amparo mi heredera universal.</p> + +<p>Ninguna dificultad, ningún interés representaba Amparo que me ligase a +la vida.</p> + +<p>Me había galvanizado por un momento, haciéndome sentir, a mí, cadáver +ambulante.</p> + +<p>Volvió mi tedio.</p> + +<p>Sin embargo, fui a verla todos los días mientras duró su enfermedad, +luego algunas veces a la semana...</p> + +<p>Amparo se mostraba silenciosa, retraída, como cohartada, delante de mí.</p> + +<p>Yo veía en aquel encogimiento, orgullo, altivez, pesar de verse obligada +a aceptar mis beneficios.</p> + +<p>Esto me disgustaba.</p> + +<p>Llegó un día en que creí que había sido un imbécil; que había ido, +respecto a Amparo, más allá de donde debía.</p> + +<p>Hasta llegué a creer que el padre Ambrosio era un hipócrita, y doña +Gregoria una mujer interesada.</p> + +<p>Cuando un hombre llega a disgustarse de la vida; cuando rompe el vínculo +de afectos que le unen a la sociedad; cuando, en fin, llega a dudar de +todo, o por mejor decir a no creer en nada... cuando se hace +excéptico...</p> + +<p>Un excéptico es la calumnia viviente.</p> + +<p>Un excéptico es con suma facilidad malvado.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Dejé de ver a Amparo.</p> + +<p>Y, sin embargo, el recuerdo de Amparo estaba fijo, siempre fijo en mi +alma.</p> + +<p>Es que halago un sueño, decía yo.</p> + +<p>Y el sueño, o Amparo, se hacían más persistentes en mi pensamiento.</p> + +<p>Por entonces, mi tío el duque de... me llamó al pueblo, a donde, cansado +como yo de todo, se había retirado.</p> + +<p>Fui y vi con asombro, que mi tío había tenido la fortuna de lograr +crearse una familia <i>sui generis</i> con sus perros, sus patos, sus conejos +y sus gallinas.</p> + +<p>Entraban en esta familia, las flores del jardín, y las legumbres de la +huerta.</p> + +<p>Envidié con todo mi corazón a mi tío.</p> + +<p>—Te he llamado, me dijo, para un asunto de interés: cuando digo que es +de interés el asunto, claro está que a quien interesa es a ti, porque a +mí ya no me interesa nada.</p> + +<p>—¡Oh! ¡sí por cierto! los perros, los patos, las gallinas.</p> + +<p>—Tengo poder bastante para hacer completamente feliz la vida de esos +animales: ellos por su parte me pagan cumplidamente, siendo mis +cortesanos, y casi amándome: estoy seguro de que uno solo de mis perros +me sea ingrato, y de que uno de mis conejos pretenda robarme o +engañarme: las flores me recompensan de mis cuidados por ellas, dándome +su fragancia y sus colores; y... en fin... y hablando formalmente, +repito que nada me interesa en el mundo más que tú, que no me necesitas; +y si no creyera en Dios y le temiera, hace mucho tiempo que... pero no +hablemos de eso. El asunto que te interesa, consiste en que me suscitan +dificultades a la posesión del mayorazgo que tengo en Italia.</p> + +<p>—¿Y qué le importa a usted?</p> + +<p>—¡A mí! ¿pues no me ha de importar? ¿no eres tú mi heredero? ¿No sabes +que la fuerza de mis rentas está en Italia?</p> + +<p>—Y bien, ¿qué quiere usted?</p> + +<p>—Que vayas allá a ayudar con buenos patacones nuestro derecho, que de +todo hay necesidad: te daré un poder en forma, y... estás delgado, +pálido, hijo mío; vete a la hermosa Nápoles; enamora, gasta, distráete; +temo que te me mueras como se me murió mi hermano... y mi temor es muy +natural. ¡Diablo! eres lo único que queda de mi familia...</p> + +<p>—Iré a Nápoles, tío.</p> + +<p>—Pues bien: hablemos ahora cuanto quieras, de mis patos, mis gallinas, +mis conejos, mis perros y mis flores.</p> + +<p>Ocho días después, me despedí de mi tío y me puse en camino para Italia.</p> + +<p>Llegué, vi y vencí.</p> + +<p>Es decir, vi a los jueces, y reforcé mi derecho, o, por mejor decir, el +derecho de mi tío, con tales razones, que quedaron allanadas todas las +dificultades que se habían levantado contra su pacífica posesión de los +bienes que tenía en Italia.</p> + +<p>Escribí a mi tío, participándole el buen resultado del negocio, y +manifestándole que, no teniendo nada que hacer en España, iba a +completar mis viajes yendo a Oriente.</p> + +<p>Mi tío me contestó enviándome libramientos por valor de algunos miles de +duros, para que pudiese hacer el viaje como correspondía <i>a mi clase</i>.</p> + +<p>Me llevé conmigo a Mauricio, y...</p> + +<p>Aquí vendría bien una descripción detallada de lo que vi... pero yo no +hacía mi viaje para instruirme, sino para distraerme, y no tomé un solo +apunte, ni hice una sola pregunta.</p> + +<p>Me contentaba con ver, y el misterio de lo desconocido que siempre tenía +ante los ojos, me distraía.</p> + +<p>Sin recibir una sola carta de Europa, sin escribir, sin leer un solo +periódico europeo, estuve viajando por Oriente durante cuatro años, +vistiendo, comiendo y viviendo como los naturales del país en que me +encontraba, y permaneciendo en un lugar hasta que me cansaba de él.</p> + +<p>Y hubiera andado errante, sabe Dios cuanto tiempo, si no me hubiera +quedado solo.</p> + +<p>Mauricio, el pobre Mauricio, me había abandonado.</p> + +<p>Y bien contra su voluntad por cierto.</p> + +<p>La bala de la espingarda de un griego de Missolongi, le había servido de +medio para su último viaje.</p> + +<p>Para su viaje a la eternidad.</p> + +<p>¡Ya se ve! el bueno de Mauricio había conocido por una extraña +casualidad a una hija del tal griego, que tenía los ojos más negros y +más habladores del mundo, y, sin duda, por casualidad había encontrado +también el medio de introducirse de noche en los jardines del griego.</p> + +<p>La casualidad hizo también que el padre se apercibiese de los amores de +su hija con un extranjero, y... ya os lo he dicho: una bala fue a +hospedarse en la cabeza de mi doméstico, que puesto en la calle por su +matador, apenas tuvo tiempo para declarar... que después de haberle +herido... el padre había extrangulado a su hija.</p> + +<p>Este drama me impresionó fuertemente, y escapé.</p> + +<p>Sin detenerme un solo día, sin pararme en ninguna parte, me trasladé a +París.</p> + +<p>Esta población era para mí muy familiar, tenía en ella multitud de +amigos y toda clase de medios para pasar la vida al galope por medio de +placeres.</p> + +<p>Pero era el caso que los placeres no existían para mí.</p> + +<p>O por mejor decir, yo no existía para los placeres.</p> + +<p>¡Me hastiaba todo!</p> + +<p>La amistad me daba risa. El amor asco.</p> + +<p>Todos los hombres me parecían malos cómicos, que charlaban un papel +aprendido de memoria.</p> + +<p>En cuanto a las mujeres... ¡las mujeres! las miraba con odio.</p> + +<p>«He allí, me decía, esa eterna mentira engalanada, que en todas partes +ríe, que a todas partes lleva su hediondo misterio. He allí ese ser que +se venga del hombre, extraviándole y degradándole, de la degradante +posición del débil, a que el egoísmo del hombre le ha relegado. Ved la +corrupción arrastrándose por los salones, coronada de rosas.»</p> + +<p>Yo era indudablemente injusto.</p> + +<p>¿Pero qué desgraciado no lo es?</p> + +<p>Yo había nacido para amar, y del amor sólo había encontrado la fórmula, +la frase.</p> + +<p>Pero la realización, el hecho, tenía para mí el encanto de lo +desconocido, de lo imposible.</p> + +<p>El amor para mí no era otra cosa que un sentimiento mitho.</p> + +<p>Hijo como todos los mithos, del entusiasmo, del sueño, en una palabra, +de la poesía.</p> + +<p>El amor para mí era un idilio irrealizable.</p> + +<p>Las mujeres que hablaban de amor me irritaban: parecíanme los +profanadores del templo que iban a vender a él sus mercancías.</p> + +<p>Amparo solía surgir de tiempo en tiempo, como una excepción entre el +embrollado caos de mi escéptico pensamiento.</p> + +<p>Amparo, con toda su poesía, embellecida por su abandono, grata para mí, +por la protección que la dispensaba.</p> + +<p>Pero ¿acaso mi escepticismo no había alcanzado también a ella?</p> + +<p>¿Acaso no la había creído una muchachuela picardeada en una casa de +vecindad y amaestrada por un fraile hipócrita?</p> + +<p>¿Acaso no había huido de ella como quien huye de un peligro?</p> + +<p>Porque debo confesar, que desde el día en que almorzó conmigo, comprendí +con terror que Amparo podría arrastrarme a un amor nuevo, desconocido +para mí; y tanto más terrible, cuanto más accesible al amor estaba mi +alma.</p> + +<p>No la había olvidado un solo momento: vivía dentro de mí, no podré +deciros cómo; era una idea vaga, íntima, que se había asimilado a mi +manera de ser, a la que me había acostumbrado, que me acompañaba +siempre, que vivía conmigo.</p> + +<p>Pero indeterminada, misteriosa, monótona, muda con el mudismo de lo +incomprendido, como una de esas inscripciones cuneiformes que los +filólogos más profundos se esfuerzan en vano por descifrar.</p> + +<p>¿Qué representaba Amparo para mí?</p> + +<p>Un ser débil, o una estafadora que me explotaba a título de caridad.</p> + +<p>La duda es una cosa horrible.</p> + +<p>Cuando la duda se convierte en una idea fija... cuando queréis aclarar +esa duda y no podéis... cuando el ser que esa duda os inspira ha logrado +convertirse en la asimilación de vuestro deseo... cuando se ha +constituido en vuestro recuerdo... ¡oh! esa duda... esa duda es la +muerte de vuestra razón... esa duda os trae a una jaula de locos...</p> + +<p>Pero yo no dudo, no; ¡Dios mío! ¡yo no puedo dudar de ella! si dudo... +no es de su virtud... no... no es de su pureza... dudaba... pero +ahora... ahora, mi duda y mi locura es otra... yo pienso que Amparo no +ha existido... yo pienso que Amparo sólo ha sido para mí un hermoso +sueño de primavera... yo pienso que ha sido un fantasma soñado por mi +deseo.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>He pasado muchos días, sin escribir en mis memorias.</p> + +<p>O, mejor dicho: hoy, antes de quedarme solo, cuando pensaba haber +despertado de uno de esos sueños densos, en que nada se siente; sueño de +tinieblas en que nada se ve; sueño que es la negación de la existencia y +del que se despierta, antes de acabarse de dormir, espeluznados, +estremecidos, fríos como si se hubiera sentido el contacto de la mano +de la muerte; cuando sólo creí, repito, despertar de un sueño horrible, +me han dicho que he estado un mes delirando, furioso, nombrando a +Amparo, amenazándola, apostrofándola, insultándola, prodigándola los +epítetos más degradantes.</p> + +<p>Yo no recuerdo nada de esto.</p> + +<p>Me he mirado al espejo y he visto...</p> + +<p>¡Oh! el aspecto de mi miseria me ha hecho llorar.</p> + +<p>Mi llanto ha sido una elegía muda a mi destrucción.</p> + +<p>Porque yo soy una ruina.</p> + +<p>El espejo, que no miente, me lo ha dicho.</p> + +<p>Y luego, hay en mis ojos una cosa que me espanta; algo de fuego +recóndito allá lejos, muy lejos, en la inmensidad, en lo infinito, +dentro del foco de mi mirada.</p> + +<p>Mis cabellos están blancos y rígidos, mi piel árida y arrugada, mi boca +contraída.</p> + +<p>Y luego estoy flaco, muy flaco.</p> + +<p>Debajo de mi piel, que me viene muy ancha, se pueden contar mis +ligamentos y mis arterias.</p> + +<p>¡Ah! sin duda estoy loco... ¡loco!</p> + +<p>¡Bah! no hay que afligirse por eso.</p> + +<p>Yo creo que el mundo no es otra cosa que un gran hospital de locos que +se comprenden y que se despedazan, comprendiéndose, y que sólo se +encierran en hospitales más pequeños a los locos a quienes no comprende +nadie... o acaso, acaso, llame el mundo locos a los que tienen razón.</p> + +<p>La verdad es que yo veo continuamente hombres que se creen muy cuerdos y +a mí me parecen los más rematados.</p> + +<p>Me causan risa y lástima.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>No me acuerdo de lo que he hecho o dicho durante ese mes.</p> + +<p>Sí, indudablemente ha pasado un mes, sin que yo le sienta pasar.</p> + +<p>Ayer el rosal que tengo en mi ventana, estaba cubierto de rosas; hoy las +rosas están muertas, deshojadas... sólo las queda el pétalo negro y +seco.</p> + +<p>Ayer me trajeron un nido de ruiseñores.</p> + +<p>Estaban triponcillos y desnudos; tenían hambre, y abrían, piando en +coro, unas desmesuradas bocas amarillas: hoy están enteramente cubiertos +de su plumaje pardo, saltan en la jaula, y ensayan sus primeros trinos.</p> + +<p>Ayer mi cuadrante marcaba el mediodía natural a las doce y tres minutos +y hoy le marca a las doce y treinta y tres.</p> + +<p>Ha pasado un mes en que no he vivido.</p> + +<p>Un mes, en que el no ser me ha envejecido veinte años.</p> + +<p>Ayer aún era joven: hoy soy ya anciano.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¡Ah! ya me acuerdo... ya comprendo.</p> + +<p>Vivo yo en un pequeño aposento; en este aposento hay algunos muebles muy +sencillos.</p> + +<p>En este aposento hay una reja que da sobre un jardín... sobre un +pobrecillo jardín descuidado, en que las malvas locas se extienden +libremente, y que es mi pequeño mundo.</p> + +<p>Hay además una puerta muy fuerte, que tiene una rejilla muy espesa.</p> + +<p>Esta puerta da a un pasadizo oscuro, por donde entran, como por una +cerbatana, gritos estridentes, alaridos, bramidos, imprecaciones, +carcajadas, cantares, ruidos; son de cadenas que se arrastran, +chasquidos de puertas que se cierran, una tempestad continua de sonidos +discordantes, secos, desentonados, agudos, horribles; algunas veces, de +noche, muy tarde, suele avanzar, jadeante y cansado, por decirlo así, un +canto triste, dulce, suspirante, siempre el mismo, cuyas palabras, no +se entienden, pero cuyo sentimiento se adivina; canto con el que vuela +por la estrecha crujía, apagándose, perdiéndose, gastándose al rozar las +paredes, el alma de un ser que llora cantando: suave oleada que se +escapa de un océano de sentimiento, y que acaricia mi alma y la +consuela.</p> + +<p>He preguntado de qué cuerpo se exhalaba aquella alma, y me han dicho:</p> + +<p>—Es una pobre mujer que ha perdido a su esposo y a su hija, y se ha +vuelto loca.</p> + +<p>Yo amo a esa loca.</p> + +<p>Quisiera saber su historia.</p> + +<p>He ofrecido dinero, todo el que quiera, al que me traiga la historia de +esa loca, y ha sido en vano.</p> + +<p>La infeliz ha concentrado, ha sintetizado, ha simbolizado su historia en +esa melodía inventada por ella; en ese eterno canto sin palabras... y no +sabe más.</p> + +<p>No pudiendo conocer su historia, quise conocerla a ella.</p> + +<p>Ofrecí, compré la realización de mi deseo, y me sacaron de mi tumba, +para llevarme a otra tumba... más pequeña, más oscura, más horrible.</p> + +<p>Allí, replegada en un rincón, medio desnuda, temblando de frío, había +una mujer.</p> + +<p>Una joven con los cabellos canos...</p> + +<p>Una ruina como yo...</p> + +<p>Sin embargo, mis ojos vieron su hermosura... aquella mujer debió tener +los cabellos negros y brillantes, y los ojos negros y llenos del fuego +del amor.</p> + +<p>La miré, me miró, se arrancó de su rincón, y se vino a asir los hierros +de su jaula.</p> + +<p>Me contempló con fijeza, se sonrió, y me dijo:</p> + +<p>¡Tú también!</p> + +<p>Y luego se volvió a su rincón, y entonó su eterna melodía.</p> + +<p>Y entonces, cerca de mí, a mis espaldas, me estremeció una voz de mujer.</p> + +<p>Aquella voz había pronunciado, conmovida y trémula, una palabra de +conmiseración para la pobre loca.</p> + +<p>Aquella voz me hizo temblar; me volví y vi delante de mí una mujer, un +viejo y un niño.</p> + +<p>Y la mujer... ¡oh Dios mío! la mujer lanzó al verme un grito horrible, y +yo... yo... hace un momento que despierto... hace un momento que +recuerdo...</p> + +<p>¡Era ella!... ¡Amparo!... ¡viva!... ¡al lado de otro hombre!... ¡delante +de mí!...</p> + +<p>¡Oh! ¡es imposible! ¡imposible de todo punto! ¡mi razón perturbada por +la vista de aquella loca infeliz!...</p> + +<p>Pero el acento de aquella mujer, reposado, grave, sonoro...</p> + +<p>Y sus ojos, y su frente, y sus cabellos...</p> + +<p>Y su terror al verme...</p> + +<p>¡Oh! ¡no! ¡no puede ser! un acento parecido... un terror natural en +ella... porque yo, al escuchar aquel acento, me volví amenazador, +terrible, a la persona que lo había producido...</p> + +<p>No, no podía ser Amparo.</p> + +<p>Los muertos no se levantan de su tumba.</p> + +<p>Indudablemente no era ella, como no es ella ese blanco fantasma que veo +algunas veces durante mi delirio de pie e inmóvil junto a mi lecho.</p> + +<hr /> + +<p>Acabé de fastidiarme en París.</p> + +<p>Más aún, empecé a sentir un deseo punzante de ver a Amparo.</p> + +<p>Como estaba acostumbrado a hacer mi voluntad, apenas el deseo de verla +se me hizo exigente; me puse en camino.</p> + +<p>Llegué a Madrid, y como había alentado una ilusión acaso para entretener +mi hastío, y esta ilusión era la atmósfera en que vivía, sin tomarme más +tiempo que el necesario para lavarme y mudar de traje me presenté en el +colegio.</p> + +<p>Salió a abrirme una persona desconocida, que me miró con extrañeza.</p> + +<p>—¿Doña Gregoria...? dije.</p> + +<p>—No vive aquí, me contestó la criada y me dio con la puerta en las +narices.</p> + +<p>¡No vivía allí! sin embargo, yo no me había equivocado; era la misma +casa.</p> + +<p>Salí dudando, y miré a los balcones del cuarto principal.</p> + +<p>Allí estaba la muestra, la antigua muestra del colegio, una Minerva +coronando a una niña.</p> + +<p>Sin embargo, allí no vivía doña Gregoria.</p> + +<p>El acento con que la criada me había contestado, demostraba claramente +que no la conocía.</p> + +<p>Acaso había dejado la enseñanza y traspasado el colegio; ¿quién sabe?</p> + +<p>Volví a subir la escalera y llamé.</p> + +<p>Se abrió la puerta y... un perro viejo, lanudo, Mustafá, en una palabra, +se abalanzó a mí, loco de alegría, ladrando, ahullando, gruñendo, +saltando... había encontrado al fin un amigo... había encontrado a +Amparo.</p> + +<p>Sin hablar ni una palabra a la criada que me miraba con asombro, seguí a +Mustafá que en medio de sus caricias se dirigía hacia el interior.</p> + +<p>En aquel momento escuché el preludio de un piano.</p> + +<p>¿Qué había de misterioso en aquel sonido que penetraba en mi alma, que +me traía algo del alma de Amparo?</p> + +<p>Porque yo no dudaba de que ella era la que producía aquel sonido...</p> + +<p>Hay, sin disputa, en nosotros, un sentido íntimo, una intuición +poderosa, sabia, que nunca se engaña, que nos habla continuamente, que +nos avisa, que nos dirige, que nos ilumina, que es la inspiración del +poeta, el fuego del entusiasmo, la adivinación, y al mismo tiempo la +razón, la percepción de que no está al alcance de nuestros sentidos.</p> + +<p>Y esta intuición, este fenómeno de nuestro ser, no comprendido aún, me +decía:</p> + +<p>«Ella es la que produce esa armonía sentida, dulce, lánguida; esa +armonía que gime; esa exhalación; de un alma que sufre y llora como sólo +puede sufrir y llorar Amparo, de una manera dulce, resignada, poética: +esa es su alma trasmitida por sus dedos a las cuerdas de un +instrumento.»</p> + +<p>Y contuve con un ademán a la criada que iba a anunciarme, y con una +caricia acallé las ruidosas manifestaciones de alegría de Mustafá.</p> + +<p>La criada permaneció inmóvil y admirada en el lugar en que se +encontraba, y Mustafá, como si me hubiera comprendido, calló y se +encaminó a la puerta de la sala, en la cual se sentó, dirigiendo +alternativamente sus miradas a la persona que había dentro y a mí.</p> + +<p>El piano continuaba lanzando magníficas pero fugitivas armonías, como si +obedeciese a una mano distraída, pero maestra: yo me acercaba todo +conmovido, trémulo, desconcertado hacia el lugar de donde partía el +sonido, y como si aquel sonido hubiera sido el medio de una atracción +irresistible.</p> + +<p>Al fin aquellas armonías desordenadas, inconexas, no escritas, emanadas +por sí mismas, sin conciencia de quién las producía, se ordenaron, se +desarrollaron, crecieron, interpretando un magnífico canto de +sentimiento, y luego una voz de mujer, como yo no había oído jamás, tan +extensa, tan grave, tan dulce, tan elocuente, tan pura, cantó.</p> + +<p>Yo no sé lo que cantó: cuando el sentimiento se desarrolla, cuando +domina, cuando inunda todo nuestro ser, la razón calla: yo no apreciaba, +yo no comparaba, sentía, y aquel sentimiento me dominaba, me arrastraba +hacia la mujer que producía en mí aquel sentimiento.</p> + +<p>Cuando llegué a la puerta me detuve y lancé al interior una mirada +ansiosa: sentada de espaldas a mí, delante de un piano estaba una mujer.</p> + +<p>Seguía cantando.</p> + +<p>Yo me acerqué silenciosamente, atravesé la habitación y quedé de pie, +inmóvil, detrás de ella.</p> + +<p>Ella continuó cantando; pero de repente, como si mi ser se hubiera hecho +sentir del suyo, a pesar de que no me veía, de que no la tocaba, de que +no producía el menor ruido, de que contenía mi respiración, volvió la +cabeza y me miró de una manera profunda, tranquila, con una de esas +largas miradas que sólo duran un momento, y luego espiró el sonido del +piano, y ella se puso pálida, contuvo un grito, se levantó y quedó +inmóvil delante de mí.</p> + +<p>Por un momento ni ella ni yo hablamos.</p> + +<p>Yo la contemplaba.</p> + +<p>Nunca había visto tan soberana hermosura; nunca tanta majestad y tanta +sencillez: estaba fascinado, trémulo, y sin embargo yo no conocía a +aquel ser divino, a aquel ser a quien no me atrevo a llamar mujer.</p> + +<p>No, no la conocía: era para mí enteramente nueva.</p> + +<p>—¡Ah! perdone usted—la dije,—me he equivocado... buscaba... +dispénseme usted... a los pies de usted.</p> + +<p>—¡Buscaba usted a Amparo!—me dijo.</p> + +<p>—Sí... en efecto, una joven...</p> + +<p>—Que encontró usted hace seis años a media noche en la calle...</p> + +<p>Y los ojos de la joven se llenaron de lágrimas...</p> + +<p>—¡Amparo!—exclamé, reconociéndola al fin.</p> + +<p>—Sí, yo soy Amparo—me contestó dominándose y sonriendo tristemente; yo +soy su protegida de usted.</p> + +<p>Y calló, me indicó el sofá, y fue a sentarse junto a él en un sillón.</p> + +<p>Seguimos guardando silencio por algún tiempo.</p> + +<p>Yo la contemplaba con asombro.</p> + +<p>Quisiera poder describirla.</p> + +<p>Pero es imposible.</p> + +<p>Sólo puedo daros una descripción incompletísima; yo sólo puedo deciros +que era una joven de veinte años, alta, esbelta, admirablemente formada, +con ojos negros, grandes, brillantes, hermosos hasta lo infinito; frente +blanca, tersa, pura como el marfil; vamos: es imposible, lo veo: a una +mujer hermosa se la pinta, no se la describe, y aún pintándola, por más +que el retrato sea obra de un gran artista, sólo tendréis el remedo, +porque faltará allí la vida; porque una fisonomía no se reproduce en un +solo rasgo, en una sola manifestación; porque no pueden fijarse, +reproducirse las ondulaciones del alma; esa sonrisa a la que sucede una +gravedad triste, esa mirada anhelante que vacila y tiembla delante de +vuestra mirada y se aparta de vos para volver a buscaros, ya más serena +más cauta, rehecha de la primera impresión; esa boca entreabierta y pura +que deja escapar un hálito ardiente y entrecortado; ese seno que se +alza y se deprime obedeciendo a ese hálito; no, no; el pintor sólo puede +reproducir el alma en un momento dado, y el alma, que es la luz del +semblante, no se reproduce, no se manifiesta en una sola sensación... es +imposible que yo pueda daros una idea de Amparo.</p> + +<p>Lo que sí puedo deciros es que estaba completamente transformada: sólo +conservaba de lo que había sido, la cicatriz de la herida que se había +hecho en la mano derecha al huir de la infamia: por lo demás los +gérmenes morales y físicos que en ella existían cuando yo salí seis años +antes de Madrid, se habían desarrollado: en lo moral no era ya pobre +muchacha de maneras humildes, viva y tímida a un tiempo, recelosa y +confiada, conocedora sólo de la miseria y resignada por un instinto de +fuerza a su pobreza: era en el aspecto una dama en la que nada podía +echarse de menos, ni las maneras sueltas, dignas y sin afectación del +gran mundo, ni el gusto más exquisito en el traje, ni la posesión de sí +misma, ni la ausencia de toda afectación, de todo encogimiento: quedaba +siempre en ella la mirada lúcida, anhelante; la dulce palidez, la +triste sonrisa, la expresión melancólica y profundamente resignada; pero +no era aquella la resignación que se refiere a los dolores físicos, a +las privaciones, al trabajo, a la carencia de todo lo necesario: era una +resignación más terrible, porque se refería al infortunio del alma; a la +carencia de esas expansiones, sin las cuales un ser humano no es otra +cosa que un cadáver a quien su propio cuerpo sirve de ataúd ambulante. +En lo físico la transformación había sido también maravillosa: había +crecido: sus formas antes flacas se habían redondeado, modelado, +armonizado, dulcificado hasta lo infinito: se desprendía de ella tal +fuerza de vida, su piel era tan intensamente blanca, tan sedosa, tan +bellamente pálida, con una palidez nacarada; sus cabellos eran tan +negros, tan brillantes, tan ricos, que su peinado parecía estar hecho +por un escultor griego sobre ébano; las cejas negras y las pestañas +negras también, espesas, convexas, dando fuerza con su sombra a su +mirada, velándola, amortiguando su brillo; su boca pequeña, de color +vivo, fresco y puro; el corte general de la cabeza, lo esbelto del +cuello, lo redondo de los hombros, la altura virginal del seno, y los +brazos que se veían entre los encajes de una bata de seda a listas, la +suelta plegadura de esta bata que revelaba la ausencia de esos +ahuecadores con que las raquíticas mujeres de nuestros días encubren la +flacura de sus formas, todo esto la daba una fuerza de voluptuosidad +irresistible, y para aumentar esta voluptuosidad, se desprendía de ella, +de su expresión, de sus miradas, de su actitud, tal perfume de castidad, +que era necesario creer que su cuerpo como su alma estaba virgen.</p> + +<p>Y sin embargo, aquella boca entreabierta y suspirante, aquella mirada +vaga y tímida, aquella palidez mate, revelaban que en ella ardía el +fuego sagrado; que estaba ansiosa de amor.</p> + +<p>¿Pero a quién podía amar Amparo?</p> + +<p>¿Dónde el ser que pudiera llenar aquella alma tan entusiasta, tan +apasionada por lo bello, que se remontaba en sus aspiraciones al cielo y +vivía con pena en la tierra.</p> + +<p>¿Dónde el alma en que pudiera reclinarse, confundirse, vivir aquella +alma desterrada?</p> + +<p>Porque estas aspiraciones y estas necesidades de su alma estaban +impresas sobre el semblante de Amparo.</p> + +<p>Y fue tan franca en los primeros momentos de nuestra vida la expresión +de aquel semblante, que comprendí que Amparo amaba, que amaba con toda +su alma y que amaba sin esperanza.</p> + +<p>Y al comprender esto sentí al mismo tiempo celos y remordimientos.</p> + +<p>Celos porque no era yo el hombre a quien ella amaba.</p> + +<p>Remordimientos porque, elevando su educación, había elevado su espíritu, +la había aumentado sus aspiraciones, y la había hecho por consecuencia +infeliz.</p> + +<p>Porque a pesar de su magnífica hermosura, ni tenía nombre ni dote.</p> + +<p>Amparo era una expósita; Amparo sólo tenía necesidades.</p> + +<p>¡Y es tan positivista el siglo <span class="smcap">xix</span>!</p> + +<p>En otros tiempos la hermosura y la virtud podrán haber sido un magnífico +dote: hoy el dote está sobre la virtud y sobre la hermosura: los viejos +son los únicos que se casan con las mujeres jóvenes, honradas y bonitas.</p> + +<p>El siglo <span class="smcap">xix</span>, bajo cualquiera faz que se le mire, es el siglo de la +sangre y del lodo.</p> + +<p>El siglo de la compraventa.</p> + +<p>El siglo del incesto y del adulterio.</p> + +<p>El siglo corruptor y corrompido.</p> + +<p>El siglo en que la acepción de las palabras más notables está viciada.</p> + +<p>El siglo en que todo es mentira menos el dinero.</p> + +<p>¡Qué podéis esperar de un siglo en el cual el que invoca con entusiasmo +la patria, el amor y la fraternidad, o lo que es lo mismo la caridad, se +pone en ridículo!</p> + +<p>¡De un siglo en que...!</p> + +<p>El siglo <span class="smcap">xx</span> hará la historia del siglo <span class="smcap">xix</span>.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¿Qué podía esperar Amparo?</p> + +<p>Una vida de sufrimiento.</p> + +<p>Porque Amparo tenía la desgracia de flotar, soñando, en alas de su +entusiasmo, en una región a la cual sólo podía alzarse su deseo.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Todo lo que acabo de apuntar lo observé, lo comparé, lo pensé, lo deduje +en un momento en que estuvimos callando, ella turbada con la mirada +baja, y yo contemplándola absorto y enamorado.</p> + +<p>Sí, enamorado, y enamorado como un loco.</p> + +<p>Sin embargo, un mismo pensamiento, sin duda, nos hizo ponernos la +máscara de la conveniencia.</p> + +<p>Yo creí que debía apelar a toda mi fuerza de espíritu para mostrarme con +ella en la verdadera posición en que podía colocarme: esto es, en la +posición que me encontraba seis años antes.</p> + +<p>Amparo debía ser siempre para mí la misma: una protegida a quien yo +dispensaba cuanta protección debía de una manera enteramente +desinteresada: lo demás me parecía repugnante.</p> + +<p>Y ella... ella levantó al fin los ojos. Su semblante no mostraba más +expresión que la del respeto, la del agradecimiento: era la misma niña +de seis años antes, pero hermosa, hermosísima, con un traje de seda, en +una habitación amueblada con gusto y confiada y tranquila a mi lado, +como si se hubiera tratado de su padre.</p> + +<p>Pero se transparentaba bajo aquella tranquilidad algo de doloroso: se +comprendía que la careta la hacía daño.</p> + +<p>—¿Con que hasta tal punto me había olvidado usted—me dijo +sonriendo—que no me ha reconocido?</p> + +<p>—Se ha transformado usted de una manera completa—le contesté.</p> + +<p>—Creo que quien se ha transformado es usted.</p> + +<p>—¡Yo! no por cierto, siempre el mismo, se lo juro a usted.</p> + +<p>—¿Y ese <i>usted</i>? ¿ese encogimiento...? Yo... yo soy siempre la misma: +siempre contenta, siempre amándole a usted, siempre dando gracias a Dios +por el bien que me ha hecho...</p> + +<p>—Me parece, Amparo—la dije conmovido—que sufres, que no eres feliz, +que estás contrariada.</p> + +<p>—¡Ah! ya vuelve usted a ser el que era: el <i>usted</i> me hacía daño: por +lo demás veamos lo que soy: una muchacha que en vez de vivir en un +tabuco, vive en un bonito cuarto: que viste seda y que borda, cose, +canta, atormenta un piano y enseña lo que se enseña en España en un +colegio. Esta es toda la diferencia: por lo demás, pienso hoy de la +misma manera que pensaba el día en que almorcé con usted.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Te acuerdas!</p> + +<p>—Sí me acuerdo. Y en prueba de mi buena memoria: ¿continúa usted +cansado de la vida? ¿No espera usted nada? ¿No desea usted nada?</p> + +<p>—¡Oh!—la contesté:—nada espero, nada deseo...</p> + +<p>—Y en esos largos viajes...</p> + +<p>—Sólo he encontrado motivo para hastiarme más.</p> + +<p>—¡Siempre el mismo! ¡Siempre sin esperanza! exclamó de una manera +particular, y sin que por su acento pudiera yo conocer su intención.</p> + +<p>—Esto en mí es una enfermedad incurable, la dije: tratemos de ti... y +tú... ¿qué esperas? ¿qué deseas?</p> + +<p>—Yo... me contestó mirándome fijamente, pienso como pensaba hace seis +años.</p> + +<p>—¡No recuerdo!</p> + +<p>—Pienso buscar la paz y la felicidad en Dios.</p> + +<p>—¡Ah! ¡vuelves a lo del convento!</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—Pero es extraño... ¿No amas?</p> + +<p>—No.</p> + +<p>—Eso es imposible. Una joven como tú...</p> + +<p>—Una joven como yo... que no se pertenece; que sólo puede dar a un +hombre inconvenientes; que no tiene apellido para sus hijos, no se casa +y una mujer como yo cuando no piensa casarse no ama.</p> + +<p>—El amor es un sentimiento: no se ama porque se quiere amar.</p> + +<p>—Sí, sí; concedido: comprendo que se ama porque se ama. Pero he tenido +la suerte de no enamorarme.</p> + +<p>—De seguro no habrá faltado...</p> + +<p>—¿Y qué importa? yo me he guardado muy bien de amar.</p> + +<p>—Pero... lo que yo quería está ya conseguido: eres toda una dama...</p> + +<p>—Sí, es verdad, soy directora de un colegio, y salgo todos los días a +dar lecciones de lenguas.</p> + +<p>—Pero y bien... este siglo no mira más que las apariencias: acepta un +dote cuantioso; cierra el colegio...</p> + +<p>—¡Ah! ¡Es que quiere usted comprarme un marido!</p> + +<p>La contestación de Amparo, aunque pronunciada en medio de una alegre +risa y con gran ligereza, tenía un fondo de dolor y de dignidad ofendida +que no podían desconocerse.</p> + +<p>—No hablemos más de eso; la dije: harás lo que quieras, todo menos ser +monja. Hablemos de otra cosa. ¿Qué se ha hecho de doña Gregoria?</p> + +<p>—Ha muerto hace dos años, me contestó tristemente.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Pobre mujer!</p> + +<p>—No por cierto; murió con la resignación de una cristiana entre mis +brazos.</p> + +<p>—¿Y su marido?</p> + +<p>—Está empleado en provincias.</p> + +<p>—¿Y el padre Ambrosio?</p> + +<p>—Sigue viviendo en su casa de vecindad.</p> + +<p>—¿Y tú?... ¿cómo estás al frente del colegio?</p> + +<p>—Antes de que muriera doña Gregoria lo estaba ya. Había sufrido un +examen, y al morir doña Gregoria, era necesario cerrar el +establecimiento o encargarme yo de él... Entonces, el bueno de D. Tomás +se convino a que se le pagasen los muebles, y... en dos años nada le +debo; estoy establecida... soy independiente, tengo un pequeño +capital... lo que basta para mi dote... y ya que usted ha venido, me voy +al claustro... decididamente... me voy a buscar la paz.</p> + +<p>—Es que yo no quiero.</p> + +<p>—¿Y qué quiere usted que haga? ¿Cuál es su voluntad de usted? ¿Quiere +usted que me case? Me casaré. Pero me casaré con un pobre.</p> + +<p>—No, no es eso...</p> + +<p>—Pues el convento...</p> + +<p>—El colegio...</p> + +<p>—Una soltera sola no está bien en el mundo.</p> + +<p>—¿Y te casarías sólo por darme gusto?</p> + +<p>—No me pertenezco: usted es mi padre: mi amor y mi agradecimiento me +mandan obedecer a usted: si así no fuera, hace mucho tiempo que habría +tomado un partido cualquiera. Pero no quise tomarle sin conocimiento de +usted. Y como no sabía donde usted se encontraba... como durante seis +años no ha escrito usted una sola carta...</p> + +<p>—¿Y para qué?</p> + +<p>—¿Para qué? Para que yo no hubiese tenido ansiedad, para que yo hubiese +estado tranquila.</p> + +<p>—¡Ah! El no saber de mí...</p> + +<p>—Hubiera sido una infame si no me hubiera interesado la suerte de +usted. Le amo a usted como amaría a mis padres... y mire usted...</p> + +<p>Y Amparo se levantó y abrió la puerta de un gabinete.</p> + +<p>—Allí no entra nadie más que yo, dijo.</p> + +<p>—¿Y aquella luz? la pregunté señalando una que ardía delante de una +Virgen de los Dolores pintada al óleo.</p> + +<p>—Esa luz arde delante de la Virgen desde el día en que usted salió de +Madrid.</p> + +<p>Y entonces los ojos de Amparo se llenaron de lágrimas.</p> + +<p>No sé si hubiera cometido alguna imprudencia, porque en aquel momento +sonó una campana.</p> + +<p>—Adiós—me dijo tendiéndome una mano—es la hora de comer y mis niñas +me esperan. Vuelva usted.</p> + +<p>Salí enamorado y desesperado.</p> + +<p>Enamorado porque Amparo hablaba a mi corazón, a mi voluptuosidad, a mi +razón; desesperado porque nada había visto en Amparo más que una +ardiente expresión de agradecimiento. Amparo parecía enamorada de un +imposible. Yo por mi parte había tenido bastante sangre fría para no +hacerla sospechar el verdadero interés que me inspiraba.</p> + +<hr /> + +<p>Volví a mi casa preocupado, dominado por el efecto que había causado en +mí la vista de Amparo.</p> + +<p>Pretendí formar una idea exacta acerca del sentimiento que me inspiraba: +al recordar su mirada, opaca, llena de una vida ardiente, su sonrisa +triste, amarga en medio de su resignación, sus encantos uno por uno, y +después el magnífico conjunto de aquellos detalles admirables: el no sé +qué misterioso, vago, indefinible que emanaba de sus miradas, de su +sonrisa, de su acento, de su actitud, de todo su ser, de su alma +exhalada siempre en una manifestación sentida, dulce, extremadamente +simpática, mi corazón me decía inflamado de un ardor desconocido para +mí:</p> + +<p>—Necesito que sea mía, enteramente mía.</p> + +<p>Y al expresar mi corazón la devorante necesidad de poseerla, mi razón me +gritaba severa:</p> + +<p>—Es necesario que sea tu esposa.</p> + +<p>De la misma manera que no he podido describiros a Amparo, no puedo +haceros comprender de qué manera la deseaba, de qué manera la amaba.</p> + +<p>La deseaba como jamás había ansiado otra mujer. Parecíame que las +mujeres con las cuales había estragado mi corazón y mis sentidos eran de +otra especie que Amparo: me parecía que Amparo era la mujer... ella sola +la mujer: esa mitad preciosa de la vida del hombre; la compensación de +su fatiga, la alegría de sus pesares, el aliento de su corazón, la mitad +del cuerpo y del alma de nuestro hijo, de ese dulce punto de unión donde +van a confundirse en una dos existencias; la mujer con la cual nos +identificamos, que siente con nosotros como nosotros sentimos con ella; +que sufre cuando sufrimos; que goza cuando gozamos; que se muestra +orgullosa por pertenecernos, y fuerte por nuestra fuerza; que asida de +nuestro brazo se encamina tranquila a la tumba, y muere contenta y feliz +si en su lecho de muerte se ve rodeada del amor de una familia en la +cual se mira multiplicada, joven, fuerte, hermosa como en los días de su +juventud.</p> + +<p>Yo al desear a Amparo, deseaba la familia... yo quería rodearme de esos +testimonios de la inmortalidad humana que se llaman hijos. (Porque yo +entonces, vuelvo a repetirlo, era impío y no podía referirme a la +inmortalidad sino refiriéndome a la maldad.) Yo necesitaba, en fin, la +piedra del hogar, consagrado por el amor y por la virtud.</p> + +<p>La amaba... voy a procurar deciros las manifestaciones íntimas del amor +que me inspiraba Amparo.</p> + +<p>Era un amor, ni todo espíritu, ni todo materia. Era un amor humano: el +amor del hombre hacia la mujer: una atracción incontrastable me +arrastraba en mi pensamiento a confundirme con ella: parecíame sentirla +engrandeciendo mi ser, absorbiéndose enteramente su cuerpo y su alma, +respirando en su aliento, latiendo en su corazón, viviendo en su vida... +¡Oh! El lenguaje humano es miserable... no tiene palabras para el +sentimiento, es impotente para traducir el alma. Yo la amaba como a mí +mismo, más que a mí mismo: la amaba hacía mucho tiempo: para conocer que +la amaba necesité verla en el esplendor de su hermosura, en el lujo de +su transformación, y entonces comprendí que yo no estaba hastiado sino +sediento; que en mí no había muerto nada; que mi vida había pasado entre +un marasmo fatigoso producido por el lodo del mundo en que hasta +entonces me había revolcado.</p> + +<p>Aquella transición de la trapera a la dama, de la niña a la mujer, +transición para mí violenta puesto que alejado de ella durante seis años +no había podido asistir a la elaboración lenta, gradual, lógica de +aquella transformación; fue para mí...</p> + +<p>Suponed por un momento que el sol no existe: que sólo os alumbra una luz +artificial: que habéis recorrido el mundo armado de una linterna, +tropezando aquí, cayendo allá, buscando no sé qué quimera de vuestro +pensamiento; que habéis aplicado la luz de vuestra linterna al semblante +de todo el que habéis encontrado, y habéis visto un rostro repugnante +del cual habéis apartado los ojos con hastío; que habéis seguido siempre +adelante buscando vuestro fantasma y os habéis cansado al fin; habéis +arrojado la linterna y os habéis quedado a oscuras, exclamando:</p> + +<p>—El mundo es la horrible verdad de lo monstruoso, de lo deforme: la +vida una carga insoportable; el hombre nuestro hermano no existe; la +mujer nuestra ayuda es sueño. El que tiene vida en ese mundo de +horribles verdades muere; no hay Dios: no hay humanidad. El mundo es +hijo del acaso: el hombre es un reptil como otro cualquiera.</p> + +<p>Y suponed que cuando acabéis de pronunciar esa blasfemia aparece de +repente el sol en una explosión de luz y de armonía: que lleváis una +mano a vuestros ojos que se deslumbran, y otra sobre vuestro corazón que +se enternece lleno de una nueva vida, y que cuando volveis a abrir los +ojos os encontráis de nuevo en las tinieblas, enardecido por el próximo +y candente recuerdo de la luz divina que os ha deslumbrado, de la +armonía de los cielos que ha reanimado vuestro ser... y después de haber +supuesto esto suponed vuestra desesperación, vuestro dolor.</p> + +<p>Dios existe: existe la luz; pero Dios está irritado contra vos, no ha +hecho la luz para que brille en vuestros ojos; no ha hecho la armonía +para que deleite vuestros oídos: sois un ser condenado: Dios es un ser +vengativo.</p> + +<p>Yo había buscado en el mundo sin encontrarle el amor tal cual yo le +comprendía... le había buscado en vano y me había dicho:</p> + +<p>—Nuestro amigo y nuestra amante son dos fantasmas soñados por nuestro +deseo.</p> + +<p>Dios no puede haber dado a su hechura aspiraciones imposibles.</p> + +<p>Si no ha podido dárselas y las tiene no existe Dios.</p> + +<p>O Dios es el acaso.</p> + +<p>Amparo fue para mí el sol de la vida: la mujer que salía del edén y se +ponía delante de mí... la prueba material de que Dios ha dado a cada +aspiración del hombre una realización.</p> + +<p>Amparo realizaba mis sueños: era la mujer que yo había buscado en vano, +la mujer que hablaba a mi corazón y a mis sentidos; pero... Amparo no me +amaba: si me hubiera amado yo lo hubiera comprendido; Amparo me +consideraba como su protector, como su padre: Amparo se resignaba a +cumplir mi voluntad hasta el punto de casarse con el hombre que yo la +designase... y Amparo amaba... Amparo sufría... sus ojos, mi alma habían +apurado su sufrimiento... Amparo no era mía... había visto por un +momento mi fantasma y me le arrebataba Dios.</p> + +<p>Dios castigaba mi impiedad.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Pasaron algunos días sin que yo fuese a ver a Amparo.</p> + +<p>Tenía miedo de verla.</p> + +<p>Temía echar a perder inútilmente mi papel de protector, de padre, +dejándome arrebatar a una situación ridícula en un momento de olvido.</p> + +<p>En estos días mi administrador general se empeñó en darme cuentas, y me +vi obligado a ceder, para que tuviese ocasión de convencerme de que era +hombre de bien.</p> + +<p>Pasé por alto una multitud de partidas; pero no pude menos de reparar en +una data.</p> + +<p>Estaba figurada en estos términos:</p> + +<p>«A doña Amparo, por encargo especial del señor, cuatro mil reales.»</p> + +<p>—¡Cuatro mil reales!—dije con extrañeza—ese no será el total de la +data.</p> + +<p>—Sí, sí por cierto, señor, doña Amparo no ha recibido más.</p> + +<p>—¿Y en qué consiste? ¿No mandé a usted que entregase todos los meses +mil reales a doña Gregoria?</p> + +<p>—Sí, sí, señor, pero doña Gregoria me dijo al cuarto mes que no recibía +más... por aquel año... que a la señorita la bastaba para un año aquella +cantidad y...</p> + +<p>—Usted debió insistir.</p> + +<p>—Insistí... pero yo no podía obligar a doña Gregoria...</p> + +<p>—Y al año siguiente...</p> + +<p>—Fui el primero de enero con cuatro mil reales...</p> + +<p>—Pero no constan.</p> + +<p>—Es que doña Gregoria no los quiso recibir.</p> + +<p>—Es usted un torpe.</p> + +<p>—Yo puedo sacar a un deudor la cerilla de los oídos y se la saco, si no +encuentro otro medio de cobrar, para lo cual soy muy listo; pero no se +me ocurre que haya en lo humano un medio para hacer tomar dinero a una +persona que no quiere tomarlo; lo cual afortunadamente es muy raro.</p> + +<p>—Pero ¿qué razones dio a usted doña Gregoria?</p> + +<p>—Con las palabras más dulces del mundo, deshaciéndose en elogios y en +palabras de agradecimiento hacia usted, me dijo que la señorita Amparo, +ayudándola en el cuidado de las niñas del colegio, ganaba lo bastante +para sus necesidades.</p> + +<p>No supe qué contestar. Amparo volvía a hacerse superior a mí.</p> + +<p>Mi administrador continuó impasible relatándome sus cuentas.</p> + +<p>Al fin en las de dos años antes, leyó lo siguiente:</p> + +<p>—Cargo: recibido de doña Amparo, cuatro mil reales.</p> + +<p>No pude contenerme: mi irritación estalló; mi administrador es un +asesino: apuré con él la suma de los dicterios conocidos y por conocer y +le destituí.</p> + +<p>Amparo se engrandecía a mis ojos.</p> + +<p>No puedo decir que me humillaba su dignidad, porque la amaba de tal modo +que su dignidad era la dignidad mía; pero la posición en que ella se +había colocado respecto a mí me desesperaba.</p> + +<p>¿Con que lo que únicamente había hecho por ella había sido darla la +mano, ayudarla a salir de la precaria situación en que se encontraba? +¿Con que sólo me debía agradecimiento? ¿Con que el mayor trabajo de la +obra de su transformación había sido suyo?</p> + +<p>El dinero es la piedra de toque del corazón humano.</p> + +<p>Amparo había arrancado de en medio de entre nosotros dos el dinero.</p> + +<p>Amparo se había colocado delante de mí a una inmensa altura.</p> + +<p>Elevándose, elevó ante mis ojos a la mujer, a la humanidad, y me obligó +a confesar que existía la virtud sobre la tierra.</p> + +<p>Y mi corazón y mi cabeza me decían:</p> + +<p>—La amas, necesitas su amor para vivir.</p> + +<p>Y mi desesperación me decía:</p> + +<p>—Amparo no te ama.</p> + +<p>Entonces blasfemaba yo.</p> + +<p>—¡No hay Dios, decía!</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Fui a verla.</p> + +<p>Habían pasado ocho días desde mi visita de vuelta de viaje.</p> + +<p>Tiré con fuerza de la campanilla y me hice anunciar.</p> + +<p>Amparo salió hasta el recibimiento y me tendió la mano con la mayor +naturalidad.</p> + +<p>—Otra vez no pida usted que le anuncien,—me dijo sonriendo.</p> + +<p>Y me llevó a la sala asido de la mano.</p> + +<p>El contacto de aquella preciosa mano, que estrechaba dulcemente la mía +con una noble confianza, como se estrecha la mano de un protector a +quien se ama, me causaba una impresión que en vano querría explicar: +parecíame que aquella mano me transmitía otra vida más pura, más fácil; +me embriagaba en un goce lánguido y tranquilo...</p> + +<p>Indudablemente yo estaba enamorado de remate y divinizaba todo lo que +pertenecía a Amparo; todo lo que emanaba de ella.</p> + +<p>Pero yo iba preparado, y tuve bastante fuerza de voluntad para no +mostrarme ni más ni menos interesado por ella que como lo estaba seis +años antes.</p> + +<p>Ella estaba perfectamente tranquila, alegre, confiada y retenía mi mano +en la suya, no como la retiene un amante, sino como retiene una hija la +mano de su padre, de quien ha estado separada muchos años.</p> + +<p>La contemplé durante algún tiempo sin perder ni un instante el cuidado +de mí mismo, temiendo que una mirada, un accidente cualquiera la hiciese +conocer el verdadero interés que me inspiraba.</p> + +<p>Yo era entonces un cómico que representaba dolorosamente su papel.</p> + +<p>—Me alegro—la dije al fin.</p> + +<p>—¿Y de qué se alegra usted?—me contestó mirándome con gravedad.</p> + +<p>—Me parece que eres feliz.</p> + +<p>—¡Oh! sí; completamente feliz—me contestó—ya lo creo: al cabo le +tenemos a usted.</p> + +<p>—¡Le tenemos!—exclamé con extrañeza.</p> + +<p>—Sí, sí por cierto, el padre Ambrosio y yo. Y aun el mismo Mustafá, +mírele usted echado entre nosotros y mirándole de hito en hito. A pesar +de que es ya viejo no se ha olvidado de usted; no es usted para él una +persona desconocida... ¿Ha ido a verle a usted el padre Ambrosio?</p> + +<p>—No por cierto, y me hubiera alegrado mucho de verle.</p> + +<p>—No se habrá atrevido... es tan tímido.</p> + +<p>—Yo iré a verle cuando salga de aquí; pero es necesario que me digas +donde vive.</p> + +<p>Amparo se levantó y escribió las señas que me entregó.</p> + +<p>Tenía un precioso carácter español.</p> + +<p>—Escribes muy bien—la dije.</p> + +<p>—Es mi obligación. ¿Se olvida usted de que soy <i>maestra de escuela</i>?</p> + +<p>—Quisiera verte entre las niñas.</p> + +<p>—Eso no puede ser. Pero figúrese usted que me ve: toda una madre de +familia: me pongo muy seria, riño mucho, las castigo con tratarlas +secamente, y las premio con un beso.</p> + +<p>—¡Ah! ¡Ah!</p> + +<p>—Y paso buenamente la vida: no sé si es soberbia, pero se me figura, +creo que el magisterio cuando se ejerce sobre niños es un sacerdocio +que impone sagrados deberes; ¡y es tan dulce el cumplimiento del deber! +Y cuando un ser cuya razón empieza a desarrollarse bajo nuestra +influencia es una niña, todo cuidado es poco, porque de la niña se hace +la mujer, la madre de familia, y la madre de familia, mal que les pese a +los que niegan toda participación a la mujer en el desarrollo social, es +la que siembra el fruto que ha de coger la sociedad: formad buenas +madres de familia, y habréis formado una generación llena de virtud, de +entusiasmo, de valor, de abnegación, de amor patrio, de virilidad, de +grandeza: los hijos son la madre: si la madre es buena, el hijo es +bueno; pero si la madre ha dado a sus hijos el pernicioso ejemplo de las +discordias domésticas, la falta de sufrimiento y de abnegación, el +escándalo continuo, el repugnante espectáculo de preferencias odiosas +respecto a este o al otro de sus hijos; si esos jóvenes corazones no han +tenido ningún buen ejemplo que imitar; si sólo han debido a su madre un +amor indiscreto y caprichoso, caricias exageradas, castigos inmotivados, +se pervierten, se desnaturalizan embotando o perdiendo todos sus buenos +instintos y constituyendo un ser artificial formado por una mala +educación. ¡Oh! ¡Las madres! ¡Las madres!</p> + +<p>Y Amparo inclinó la cabeza profundamente pensativa.</p> + +<p>Como ven mis lectores, nuestra conversación no podía ir más apartada del +punto a que mi amor hacia Amparo hubiera querido llevarla.</p> + +<p>Este alejamiento de nuestra conversación de mi idea fija, me favorecía +ayudándome a mantenerme firme.</p> + +<p>Durante dos horas, Amparo, haciendo casi sola la conversación, me dejó +conocer cuánto valía su moral: vinimos al fin a recaer en mis viajes; me +preguntó acerca de las civilizaciones extranjeras, y sin haber hablado +ni una sola palabra de su pasado ni de sus proyectos, me despedí de +ella.</p> + +<hr /> + +<p>Fui a ver al padre Ambrosio algunos días después.</p> + +<p>Cuando entré en la casa de vecindad, al primero a quien pregunté me +indicó la puerta del aposento del exclaustrado.</p> + +<p>Al asomar a ella, di un paso atrás.</p> + +<p>Le había sorprendido... mondando patatas.</p> + +<p>Pero ya era tarde.</p> + +<p>El padre Ambrosio me vio, se levantó, dejó sobre una pequeña mesa el +plato donde tenía las patatas mondadas, y me salió alegremente al +encuentro; con timidez sí; pero no con una timidez de vergüenza, sino +con su timidez característica.</p> + +<p>—¡Ah!—exclamó—usted por aquí, cuanto me alegro. Yo debiera haber ido +a verle a usted.</p> + +<p>—¡Oh! de ningún modo.</p> + +<p>—Sí, sí, pero no me he atrevido.</p> + +<p>—Ha hecho usted muy mal en no... atreverse.</p> + +<p>—Dejemos, pues, estos cumplimientos: yo me alegro mucho de verle a +usted: ¿y cómo le va a usted...? Siéntese usted aquí en el sillón..., +póngase usted el sombrero..., así...: ¿y qué me dice usted de nuestra +hija? añadió sentándose en una vieja arca: es un prodigio...; a mí ha +acabado por hacerme feliz, me ha regenerado... ¡qué niña, Dios mío, qué +niña! Ya puedo morir tranquilo, porque Amparo no necesita ya de nadie, +de nadie más que de Dios.</p> + +<p>—¡Me pregunta usted qué pienso de Amparo! contesté: con usted puedo ser +franco: pienso lo que piensa un hombre de una mujer que realiza todos +sus sueños, todos sus deseos, todas sus aspiraciones: de la mujer a +quien ama.</p> + +<p>—¡Ama usted a Amparo! exclamó el padre Ambrosio poniéndose mortalmente +pálido.</p> + +<p>—Sí; la amo con toda mi alma.</p> + +<p>—¿Y se lo ha dicho usted?</p> + +<p>—No, ni se lo diré nunca.</p> + +<p>Se tranquilizó el padre Ambrosio.</p> + +<p>—Yo había previsto desde hace mucho tiempo, me dijo, que usted acabaría +por amarla, y me halagaba la esperanza de que mutuamente se harían +ustedes felices. El amor en usted le vi yo nacer hace seis años y... +pero a que soñar... Amparo no sería feliz con usted.</p> + +<p>—¿Ama acaso a otro?</p> + +<p>—Yo creo que sí.</p> + +<p>—Yo también lo he creído.</p> + +<p>—Sufre... Algunas veces la he sorprendido llorando, y he comprendido la +causa de sus lágrimas: he comprendido que estaba enamorada. Un día la +sorprendí mirando un retrato.</p> + +<p>—¡Un retrato! ¿pero de quién?</p> + +<p>—No lo sé. Al verme se puso vivamente encarnada, se volvió y ocultó el +retrato en el pecho. Yo nada la pregunté, nada la dije; Amparo, con la +fuerza de voluntad que Dios la ha dado, se serenó, y nada me dijo del +retrato, ni de mi sorpresa involuntaria; dejé pasar algunos días, y a la +primera confesión la dije:</p> + +<p>—Tú sufres, Amparo.</p> + +<p>—Tengo el alma triste, me contestó.</p> + +<p>—¿Tienes triste el alma porque amas?</p> + +<p>—Yo... No señor... No amo a nadie: yo no puedo amar: yo no daría a mis +hijos una madre sin nombre.</p> + +<p>—Sé franca conmigo, repuse: ¿amas acaso a tu protector?</p> + +<p>—¡Que si le amo...! Ya se ve que le amo, me contestó con la mayor +naturalidad: acaso ¿no es mi padre?</p> + +<p>—No, no me refiero yo a ese amor, sino a otro más íntimo: el amor que +tiene una mujer al hombre de quien desearía ser esposa.</p> + +<p>—No, no le amo así, ni le podría amar nunca de ese modo; me lo +impediría el respeto que me inspira.</p> + +<p>—Pues, si no amas a tu protector, ¿a quién amas?</p> + +<p>—A nadie.</p> + +<p>—¿Y el retrato que ocultaste al verme el otro día?</p> + +<p>—¡Ah! ¡el retrato de mi madre!</p> + +<p>—El retrato de su madre, exclamé interrumpiendo al religioso; pues qué, +¿ha encontrado Amparo a su madre? ¿Habrá alguna razón que la impida...?</p> + +<p>—Lo mismo la pregunté; pero ella me contestó: es el retrato fantástico +de mi buena madre, con quien sueño todas las noches; en quien pienso +todos los días; un rostro que yo he dibujado recordando mis sueños... +Mañana le verá usted.</p> + +<p>No supe qué contestar.</p> + +<p>La hacía llorar la vista de la reproducción material de un fantasma.</p> + +<p>En efecto, al día siguiente me mostró una bellísima cabeza de mujer como +de cuarenta años, y había allí algo... en el semblante triste de aquel +fantasma estaba el alma de Amparo.</p> + +<p>Calló el religioso, y yo quedé profundamente pensativo.</p> + +<p>Me había dado a conocer un nuevo rasgo del carácter romancesco de +Amparo.</p> + +<p>—Pues bien, si ella no puede amarme, le dije, continuaré comprimiendo +dentro de mi corazón el amor que me inspira: procuraré que no salga +delante de ella ni en mis palabras, ni en mi mirada, ni en mi semblante +la más leve manifestación de ese amor. Si no puedo vencerle, volveré a +mis viajes.</p> + +<p>—Mucho me temo que no sea ella la primera en apartarse de nosotros.</p> + +<p>—¡Cómo!</p> + +<p>—Ella ama: estoy seguro de ello: y ama con toda la vehemencia, con toda +la firmeza de su alma: una de dos, o la persona a quien ama no repara en +ella, o no pertenece a esta vida. Amparo... acaba de decírmelo hoy por +la mañana, está resuelta a meterse en un convento, y me ha mandado +practicar las primeras diligencias.</p> + +<p>—¡Oh! No, de ningún modo, exclamé. ¡Monja! ¡Monja Amparo! No puede ser.</p> + +<p>—Ya es tarde, me dijo: es necesario decir a usted toda la verdad. Iba a +decírsela a usted; pero al revelarme usted que la amaba... temblé... +callé, no me atreví...; pero... en quince días que han pasado desde que +la vio usted por última vez, Amparo ha entrado en un convento, y dentro +de tres días más debe tomar el hábito de novicia. Esta mañana me dio +esta carta para usted. ¿Comprende usted ahora por qué no me atrevía a ir +a su casa?</p> + +<p>Yo estaba aterrado, y apenas pude leer una carta que me dio el padre +Ambrosio, y que contenía estas palabras:</p> + +<p>«Convento de.... Perdone usted si por mí misma he tomado tan grave +resolución. Yo no podía permanecer más en el mundo, y usted se opone +formalmente a que yo entre en el claustro. Perdóneme usted otra vez. +Pero mi corazón necesita paz y he venido a buscarla a esta santa +casa.—Su siempre agradecida. Amparo.»</p> + +<p>Sin despedirme del padre Ambrosio salí comprimiéndome las sienes con las +manos.</p> + +<p>Mi cabeza se rompía.</p> + +<p>Aquella carta había sido para mí un golpe de muerte, y apenas pude salir +a la calle.</p> + +<p>No sé lo que me sucedió: sólo recuerdo que al volver en mí me encontré +en un lecho extraño rodeado de una familia desconocida, y con un médico +a la cabecera.</p> + +<p>Mi indisposición había sido un accidente pasajero.</p> + +<p>Muy pronto, a consecuencia de los auxilios que se me prodigaron, volví +al uso de mis facultades.</p> + +<p>Me encontré en la trastienda de una barbería.</p> + +<p>Una buena mujer me aplicaba a las narices un paño mojado con vinagre.</p> + +<p>Su marido, lanceta en mano, estaba a punto de sangrarme.</p> + +<p>Impedí que lo hiciese, y les rogué que me procurasen un carruaje.</p> + +<p>Aquella buena gente me sirvió de la manera más solícita, y se negó de +todo punto a recibir la gratificación que yo les ofrecía.</p> + +<p>Es un bello rasgo, exclusivo de los españoles, el negarse a recibir una +recompensa cuando creen que han debido hacer lo que han hecho, y este +hecho se refiere a la caridad.</p> + +<p>Es una bella manera de igualar al pobre con el rico.</p> + +<p>En esos casos la palabra <i>gracias</i> del fuerte, vale tanto como <i>el Dios +se lo pague</i> del desvalido.</p> + +<p>Esto suponiendo, que el rico que da las <i>gracias</i> tiene corazón.</p> + +<p>Yo adoro la caridad: los hombres que tienen caridad son mis hermanos.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Débil, con la cabeza llena de una vaguedad febril, con el corazón +fuertemente agitado, fui conducido a mi casa, donde hube de meterme en +cama.</p> + +<p>El efecto que había causado en mí la resolución suprema de Amparo, mi +terror por perderla, mi ansiedad, mi duda acerca de recobrarla, me +decían claro que Amparo había llegado a constituirse para mí en ese ser +que es la mitad de nuestra existencia.</p> + +<p>Sentía en el corazón un vacío doloroso; una hambre aguda, permítaseme +esta frase, vacío que sólo ella podía llenar, hambre que sólo ella podía +extinguir.</p> + +<p>Nunca mi voluntad luchó tan poderosamente contra una dificultad que casi +tenía para mí el carácter de un imposible.</p> + +<p>Amparo huía del mundo y se encerraba con la desesperación de su +misterioso amor en un convento.</p> + +<p>Yo me desesperaba: yo tenía celos de un fantasma: yo aborrecía al hombre +que Amparo amaba.</p> + +<p>Ninguna solución me venía al pensamiento bastante a consolarme, ya que +no a curarme de mi desesperación.</p> + +<p>Yo, como todos los desesperados, como todos los vencidos, me hubiera +creído feliz con muy poco: con vivir a su lado como su hermano.</p> + +<p>Este tímido deseo me inspiró un pensamiento, y la inspiración de este +pensamiento llevó mi mano al cordón de la campanilla, del que tiré +fuertemente.</p> + +<p>—Vaya usted mismo al instante, dije a mi ayuda de cámara, a la calle +tal, tal número, tal cuarto; diga usted al padre Ambrosio que deseo +verle al momento, que estoy enfermo, que le espero con impaciencia; +lleve usted un carruaje, y tráigase usted al padre Ambrosio.</p> + +<p>Media hora después, el exclaustrado entraba en mi alcoba.</p> + +<hr /> + +<p>Acercose a mí con la más viva solicitud.</p> + +<p>—¡Oh! ¡Dios mío!—dijo, comprendiéndolo todo—¿con qué tanto la ama +usted?</p> + +<p>—Amparo me ha convertido en un niño—le respondí.</p> + +<p>—¡Que feliz hubiera sido amándole a usted!</p> + +<p>—No pensemos en eso. Le he llamado a usted, no para hablarle de mi +amor, sino para pedirle que me ayude, que me auxilie.</p> + +<p>—¿Y en qué? ¿Cómo?</p> + +<p>—Yo comprendo que Amparo ha entrado en el convento desesperada.</p> + +<p>—Es verdad: Amparo que nada espera en el mundo, se ha arrojado +sollozando en los brazos de Dios.</p> + +<p>—Pero Dios está en todas partes.</p> + +<p>—Indudablemente.</p> + +<p>—Por ejemplo: en mi casa puede encontrar a Dios como en el convento.</p> + +<p>—Y ¿de qué modo puede estar Amparo en su casa de usted sino como su +esposa?</p> + +<p>—Cabalmente: eso es: quiero casarme con ella.</p> + +<p>Volvió a ponerse pálido el padre Ambrosio como cuando le dije que la +amaba.</p> + +<p>—Si usted pide a Amparo su mano—me dijo gravemente—se casará con +usted: si usted la abre sus brazos, se arrojará en ellos... pero ¿olvida +usted que ella ama?... ¿Que ella al ser de usted apurará un sacrificio +mortal? ¿No ha comprendido usted a Amparo?</p> + +<p>—Sí; y del mismo modo que la comprendo a ella, quisiera que usted me +comprendiese.</p> + +<p>—Comprendo que la ama usted, que la desea, que quiere casarse con ella.</p> + +<p>—Quiero darla únicamente mi nombre, y con mi nombre, mi posición; +quiero arrancarla de la exageración del claustro; si desea soledad, en +mi casa la tendrá; independiente de mí su habitación, si lo desea, será +una especie de celda; si acepta mi brazo, si me presta el suyo, nos +apoyaremos el uno en el otro; seremos hermanos. Su virtud estará a +cubierto de toda murmuración, sin que ella se vea reducida a un +encarcelamiento eterno, a prácticas fatigosas, a rivalidades y a +pasiones de mujeres irritadas por el secuestro, desnaturalizadas, +convertidas en un ser de distinta especie por el aislamiento. Amparo +tiene el corazón demasiado grande para que no sufra comprimido por los +caprichos monjunos y por las mil penalidades sordas y continuas del +claustro; en una palabra: Amparo se ha arrojado en una tumba, y es +necesario sacarla de ella antes que la tierra de esa tumba la cubra y la +sofoque. Es necesario que Amparo sea mi hermana y que viva a mi lado +bajo el pretexto de que es mi mujer.</p> + +<p>—¿Y está usted seguro de que un día no se irritará su amor y abusará en +su posición? ¿Sabe usted el inmenso sacrificio que será para Amparo +pertenecer a un hombre a quien no ama?</p> + +<p>—Era necesario para que llegase ese caso que yo dejara de amarla, y que +además abdicase de mi corazón y de mi orgullo.</p> + +<p>—¿Con que decididamente quiere usted casarse con ella?</p> + +<p>—Sí.</p> + +<p>—¿Y con qué pretexto la haremos la proposición?</p> + +<p>—Con ninguno; usted la dirá únicamente la verdad.</p> + +<p>—¡La verdad! ¡La diré que usted la ama!</p> + +<p>—No: eso no sería la verdad. El amor que como mujer me inspira, no es +la causa de nuestro matrimonio. La causa de nuestro matrimonio es su +aislamiento. Yo no me había de casar nunca; necesito por otra parte a mi +lado un afecto dulce, tranquilo. Hágala usted comprender que me caso con +ella... por la misma razón porque la arranqué de su miseria.</p> + +<p>—¡Por caridad!</p> + +<p>—No; no nombremos la palabra caridad: me caso por afecto... por +interés... porque la amo como si fuese mi hermana... quitemos a la +verdad lo que pueda tener de humillante... ya sabe usted que las habemos +con un corazón altivo.</p> + +<p>—Bien; la hablaré, pero desconfío: por lo mismo, y como esta comisión +es harto delicada, quiero que esté usted presente.</p> + +<p>—¡Yo!... de ningún modo.</p> + +<p>—Hay un medio: en el locutorio puede usted estar a un lado de la reja +sin que ella le vea.</p> + +<p>—Eso es repugnante.</p> + +<p>—Necesito que usted asista a esta grave conversación... compréndame +usted y disculpe como debe mi franqueza.</p> + +<p>—Pero yo confío ciegamente en usted.</p> + +<p>—Y yo desconfío del buen éxito de mi mensaje. Por lo mismo, quiero que +usted asista a mi lado.</p> + +<p>—¿Y si yo resistiese?</p> + +<p>—Resistiría yo.</p> + +<p>—Pues bien: iremos.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Dos días después estábamos en uno de los locutorios del convento de... +el padre Ambrosio y yo.</p> + +<p>Colocado junto a la pared en que estaba la reja del locutorio, Amparo no +podía verme.</p> + +<p>El padre Ambrosio estaba sentado en un sillón delante de la reja +cabizbajo y profundamente pensativo.</p> + +<p>Yo, detrás de él a poca distancia, escuchaba con toda el alma en los +oídos.</p> + +<p>Oyose abrir una puerta, y luego un paso reposado de mujer, el crujir de +un vestido, y luego el gruñido cariñoso e impaciente de un perro.</p> + +<p>—¡Ah! ¿Es usted?—dijo Amparo.</p> + +<p>—Sí, yo soy, hija mía, que vengo a sacarte del convento.</p> + +<p>—Y ¿cómo? ¿Por qué? ¿Para qué?</p> + +<p>—Tu protector conoce, como conozco yo, que no tienes vocación al +claustro.</p> + +<p>—Eso importa poco, porque tengo menos vocación al mundo.</p> + +<p>—Tu protector comprende que has entrado aquí desesperada.</p> + +<p>—No lo niego.</p> + +<p>—Quiere que tu suerte sea menos triste.</p> + +<p>—Eso depende de Dios.</p> + +<p>—Pero Dios se vale de los hombres.</p> + +<p>Guardó Amparo silencio durante un momento. Mustafá seguía abalanzándose +a la reja y gruñendo.</p> + +<p>—Yo no podía permanecer en la difícil posición en que me +encontraba—dijo al fin ella—me veía expuesta a atrevimientos de todo +género. No podía tener a mi lado más que personas extrañas... y luego... +en fin... si el claustro es una tumba... es lo que me conviene... +sufriré, concentraré mi dolor hasta que el dolor me mate... le sufriré +resignadamente, y Dios me perdonará. Yo no puedo vivir como vivía, padre +Ambrosio... no... no... era un tormento para mí... Dígale usted que yo +le agradezco con toda mi alma el interés que por mí se toma. Que mi +felicidad depende de un milagro de Dios, y que... dentro de poco ese +milagro será imposible.</p> + +<p>—Amparo—repuso con autoridad y con firmeza el exclaustrado—las +exageraciones jamás producen buenos resultados. Empiezas a vivir...</p> + +<p>—Yo creo que ya he vivido toda mi vida.</p> + +<p>—Sea como tú quieras; pero estamos perdiendo el tiempo. Tengo que +hacerte una grave proposición.</p> + +<p>—¿De su parte?</p> + +<p>—De su parte.</p> + +<p>—¿Y cuál?</p> + +<p>—Te pide formalmente tu mano.</p> + +<p>Sucedió uno de esos solemnes silencios que se hacen oír; uno de esos +silencios cuya duración no se puede contar: uno de esos silencios que +son más elocuentes que todas cuantas palabras pudieran imaginarse para +reemplazarles.</p> + +<p>Luego Amparo dijo con la voz trémula, como aterrada: con acento +incomprensible:</p> + +<p>—¿Lo manda él?</p> + +<p>—El desea que tú... vivas mejor... que... en fin...</p> + +<p>—No, no quiero explicaciones de ningún género, repuso con una +precipitación entrecortada Amparo... comprendo... lo comprendo todo. ¿Lo +manda él?</p> + +<p>—El lo quiere... porque...</p> + +<p>—No, ni una palabra más, padre Ambrosio: dígale usted que si él +quiere... yo también quiero...; pero pronto... pronto por Dios... que yo +pare al fin donde Dios quiera que vaya a parar.</p> + +<p>Y entonces no pudo contenerse y rompió a llorar, luego se oyó un paso +precipitado, y la puerta que se cerraba.</p> + +<p>—Vea usted su obra, me dijo con desesperación y aun con ira el padre +Ambrosio. Hemos desgarrado el corazón de esa pobre Amparo.</p> + +<p>—No importa, le dije saliendo con él del locutorio. El tiempo la +demostrará mis intenciones, y cuando las reconozca recobrará la paz.</p> + +<p>Y salimos del convento.</p> + +<hr /> + +<p>Aquel mismo día escribí a mi tío una carta que sólo contenía estas +breves palabras.</p> + +<p>«Me caso con una mujer digna de mí, y espero que saliendo por un momento +de su retiro, venga usted a presenciar nuestra unión.»</p> + +<p>Aquel mismo día también puse en movimiento mi casa.</p> + +<p>Invadiéronla tapiceros, renové el mueblaje, aumenté mis trenes y mi +servidumbre, y preparé la servidumbre particular de Amparo.</p> + +<p>En cuanto a las habitaciones de ésta, no perdoné gasto ni cuidado, y +quedé satisfecho.</p> + +<p>El dormitorio, el tocador, el cuarto de labor y el gabinete de Amparo +eran sumamente bellos y ricos, en medio de una gran sencillez.</p> + +<p>Sólo se esperaba para efectuar el casamiento la llegada de mi tío.</p> + +<p>Pero en vez de él llegó a vueltas de correo la lacónica carta siguiente:</p> + +<p>«Cuando tú te casas, tu esposa debe ser un prodigio. Me alegro de tu +resolución, porque el matrimonio te dará una vida nueva. <i>Quiera Dios +que seas más feliz que yo lo he sido</i>. Ofrece a tu, para mí incógnita, +consorte, todo el cariño que la corresponde por mi parte como cosa tuya, +y si te pareciere bien, daos ella y tú por convidados a estas orillas en +el estío próximo.»</p> + +<p>Yo conocía a mi tío y sabía que no había de venir.</p> + +<p>Así, pues, la tarde del mismo día en que recibí esta carta, el padre +Ambrosio fue por Amparo al convento.</p> + +<p>Se me presentó ricamente vestida de blanco, coronada de rosas blancas y +más pálida que las rosas de su corona.</p> + +<p>Al darme la mano al pie de la escalera la sentí estremecerse; pero aquel +estremecimiento pasó, y continuó serena hablando conmigo con suma +naturalidad de cosas indiferentes.</p> + +<p>La ceremonia fue muy triste: el padre Ambrosio nos dio la bendición, mi +administrador general y mi mayordomo fueron nuestros testigos.</p> + +<p>Nadie más asistió.</p> + +<p>Después de esto, Amparo quedó sola conmigo.</p> + +<p>Yo estaba sobrecogido.</p> + +<p>No sabía hasta qué punto era grave el paso que acababa de dar.</p> + +<p>Y la gravedad de este paso no me asustaba por mí; me asustaba por ella.</p> + +<p>Al preguntarla el padre Ambrosio si quería ser mi esposa, un +estremecimiento profundo agitó su mano, la sentí fría y pronunció un +<i>sí</i> apenas articulado.</p> + +<p>Después cuando nos quedamos solos, me miró frente a frente, pálida y +conmovida, sus ojos se llenaron de lágrimas y luego me asió las manos y +exclamó con un acento profundamente doloroso y sentido:</p> + +<p>—Me ha consagrado usted su vida, a mí, a la pobre muchacha abandonada, +a la infeliz trapera. Dios se lo pague a usted. ¡Quiera Dios que yo +pudiera hacer a usted feliz!</p> + +<p>—Yo soy feliz, la contesté, conque tú vivas tranquila, conque seas mi +hermana. Ha sido necesario dar este paso para arrancarte del convento. +Yo continúo mi vida sin deseos y sin esperanza, consagrada a ti, que +continúas siendo mi hija.</p> + +<p>Aproveché un pretexto y fui por un instante a encerrarme en mi gabinete. +Allí seguro de no ser oído, de no ser visto, rompí a llorar: si no +hubiera llorado mi corazón se hubiera roto.</p> + +<p>Yo la hubiera estrechado entre mis brazos, la hubiera arrancado +frenético aquella corona de rosas blancas...</p> + +<p>De seguro Amparo hubiera sido para mí una esposa sumisa...</p> + +<p>Pero... yo quería su amor... y ella... ¡ella se había casado conmigo +porque se lo mandaba yo! ¡por agradecimiento!</p> + +<p>Temía hablarla de mi amor; temía indicárselo; temía que ella se +violentase, que se fingiese enamorada de mí para pagarme con un +sacrificio inmenso mi protección... ¡No! Esto no podía ser... ¡yo debía +continuar con mi careta puesta... es más: debía mostrarme contento, +feliz... sólo me quedaba un recurso: estar poco tiempo a su lado y +viajar mucho; evitar un momento de olvido.</p> + +<p>Yo era infeliz.</p> + +<p>Pero era indudablemente menos infeliz que lo hubiera sido siendo ella +monja.</p> + +<p>No sé qué alegría misteriosa inundaba mi alma. Si no era mía, no sería +de otro...</p> + +<p>Era una posición de cierto género, y acaso... con la costumbre de +verme... ¿quién sabe?</p> + +<p>Yo esperaba.</p> + +<p>¿Viviría el hombre a quien amaba Amparo?</p> + +<p>¿La habría seducido este hombre?... ¿La habría abandonado?...</p> + +<p>¡La duda! ¡Horrible espectro que ennegrece nuestra alma con su sombra!</p> + +<p>¿Habéis dudado alguna vez de vuestra esposa o de vuestra madre...?</p> + +<p>Porque si no habéis dudado alguna vez de cualquiera de esos dos seres +que son vuestro corazón y vuestro nombre, no comprenderéis lo terrible +de la duda cuando se refiere a objetos tan sagrados.</p> + +<p>Yo me encontraba en una situación enteramente excepcional, y sufría +todas sus consecuencias.</p> + +<p>Sin embargo, las aceptaba, y cien veces que hubiera sido necesario +hubiera vuelto a casarme con Amparo.</p> + +<p>¡Cómo llenaba mi alma! ¡Cómo la enloquecía! ¡Cómo la desesperaba!</p> + +<p>¡Cuánto la había divinizado mi amor!</p> + +<p>Todo en ella para mí era perfecto.</p> + +<p>Todo en ella para mí era ardiente.</p> + +<p>Era un ángel de fuego que me precedía, me llevaba, me arrastraba, no +sabía a donde.</p> + +<p>Ahora ya lo sé.</p> + +<p>Ese ángel divino me ha traído a una casa de locos.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Volví a su lado perfectamente tranquilo.</p> + +<p>Es decir fingiendo de una manera perfecta una perfecta tranquilidad.</p> + +<p>Ella estaba sentada en un sillón junto a la chimenea y arreglaba +tranquilamente el fuego.</p> + +<p>Cuando me sintió se reclinó en el sillón, y me dijo sonriendo, con la +cabeza echada atrás sobre el respaldo:</p> + +<p>—¡Que feliz soy, Luis!</p> + +<p>Era la primera vez que Amparo pronunciaba mi nombre de una manera tan +familiar.</p> + +<p>Ahora recuerdo que es también la primera vez en que yo le escribo en +estas memorias.</p> + +<p>En efecto, yo me llamó Luis.</p> + +<p>Admirome aquella tranquilidad, aquella familiaridad, aquella sonrisa, +aquel no sé qué seductor, incitante que emana de ella.</p> + +<p>Sin duda Amparo había tomado su partido aceptando por entero el +sacrificio.</p> + +<p>Este pensamiento me desgarró el alma.</p> + +<p>Sin embargo me mantuve firme.</p> + +<p>—Yo también soy feliz—la dije—yo necesitaba el afecto desinteresado, +noble y puro de una hermana, y le tengo en ti.</p> + +<p>—¡Oh! yo le amo a usted como si fuera mi padre... ¡y cuánta +generosidad, Dios mío! ¿Cómo no ha retrocedido usted ante la idea de que +el mundo donde vive pretenda averiguar quién soy y de dónde vengo?</p> + +<p>—Nada me importa eso: lo que me estremecía era que sin vocación...</p> + +<p>—¡Y se ha sacrificado usted por mí...! ¡se ha imposibilitado de ser +feliz mañana...! ¡si encuentra usted una mujer que le enamore...! +¡vamos no sé en qué he estado pensando...! ¡yo no he debido...! ¡si por +un acaso...! ¡pero no... no puede ser...!</p> + +<p>Acercó un sillón al mío y me dijo pálida y conmovida.</p> + +<p>—Estamos en una situación solemne, Luis: en una situación en que acaso +no se han encontrado dos personas solas: debemos ser francos... ¿Será +acaso?</p> + +<p>Y se detuvo.</p> + +<p>—Continúa, continúa; parece que te cuesta trabajo lo que me vas a +decir.</p> + +<p>—Sí, sí; lo confieso; pero es preciso, es mi deber: habiendo llegado al +punto en que nos encontramos, es necesario que yo sepa... lo que debo +hacer para...</p> + +<p>—¿Para qué?</p> + +<p>—Para ser digna de tanto beneficio.</p> + +<p>Y luego haciendo un supremo esfuerzo añadió de una manera penosa:</p> + +<p>—Luis: ¿me ama usted?</p> + +<p>—¡Yo! ¡no!—la contesté sonriendo, porque había adivinado la pregunta y +me había preparado.</p> + +<p>—¡No! es decir... que se ha casado usted conmigo... ¡por... caridad!</p> + +<p>—Amparo, hija mía—la dije—tu gran corazón te atormenta: ¡crees que he +hecho un sacrificio inmenso... que te he sacrificado mi libertad! no... +te engañas: estoy muerto para el amor, para ese amor ardiente que nos +embriaga y nos arroja a los pies de una mujer... no, hija mía, no; eres +demasiado pura para que mi corazón, gastado ya, pueda amarte más que con +ese otro amor desinteresado de la amistad; si no hubieras pretendido +entrar en un convento, yo... nada te hubiera propuesto: te hubiera +tratado como un hermano y nada más: el día en que te hubieras casado con +un hombre de tu elección hubiera sido completamente feliz. Pero te +obstinabas, no sé por qué en ser monja: habías dado un paso decisivo, y +era necesario dar otro paso contrario, decisivo también; me daba miedo +tu resolución... tú estabas sin duda desesperada...</p> + +<p>—No—me contestó tristemente.</p> + +<p>—Tú has amado, Amparo; amas.</p> + +<p>—¿Es decir que somos hermanos...? ¿que es usted tan generoso que no +mira en mí siempre más que a la pobre Amparo?</p> + +<p>—No hay en mí generosidad, más hay afecto.</p> + +<p>—Pues bien: si somos hermanos, podemos hablar con franqueza.</p> + +<p>Yo la observaba y vi que su frente se había serenado.</p> + +<p>—Sí, hablemos con franqueza—la dije.</p> + +<p>—Pues bien: he amado a un hombre.</p> + +<p>—¿A un hombre digno de ti?</p> + +<p>—¿Digno de mí! ¡digno de ser adorado, digno de una felicidad que le ha +negado Dios!</p> + +<p>—¿Joven?</p> + +<p>—Joven y hermoso.</p> + +<p>—¿Y él te amaba?</p> + +<p>—Sí—me contestó, con su triste sonrisa habitual.</p> + +<p>—¿Y entonces... por qué no os habéis casado?</p> + +<p>—¡Ha muerto!—exclamó Amparo.</p> + +<p>Y se cubrió el rostro con las manos y rompió a llorar.</p> + +<p>Pero de una manera desconsolada, como si su alma entera se exhalase en +aquel llanto.</p> + +<p>—Pero—me dijo entre sus lágrimas—a usted le amo también: le amo de +una manera profunda; como a mi hermano... más... más aún... como amaría +a mi madre... por hacerle a usted feliz daría mi vida... y cuando el +padre Ambrosio me dijo que quería usted casarse conmigo...</p> + +<p>—¡Te aterraste!</p> + +<p>—No, no: en el momento de hacerme el padre Ambrosio la proposición en +nombre de usted, me dije: se casa conmigo por caridad: por arrancarme de +esta sepultura a que he venido desesperada: en él la caridad es la vida: +no amarguemos su vida y consentí. Pero cuando me quedé sola se me +ocurrió que tal vez podría haber en usted más que caridad: acaso me ame, +pensé: si me ama... yo le pertenezco, yo soy suya, yo debo amarle.</p> + +<p>—¿Y tu amor?</p> + +<p>—¡Es verdad! por eso debíamos hablar con franqueza y hemos hablado: en +mí hay dos amores: uno puro, desinteresado, noble, profundo: el que +usted me inspira: mi amor antes de hija, ahora de hermana: el otro amor +es un desdichado amor, sin esperanza: un amor que enluta mi alma y la +desespera: si un día me sorprende usted llorando, no lo extrañe usted: +yo cuidaré mucho que los extraños no vean el dolor en mi semblante; todo +el mudo me creerá feliz, y lo seré, en efecto, al lado de usted; pero... +permítame usted que llore alguna vez por mi amor perdido; por el amor +del hombre que Dios no me ha querido conceder. Esto no debe serle a +usted doloroso, porque no me ama sino como un hermano; no puede usted +temer que el objeto de mi amor manche su nombre, porque es imposible, de +todo punto imposible que pueda mancharle.</p> + +<p>—Me harás amar por ti a ese fantasma: fantasma para mí puesto que ha +muerto y no sé ni quiero saber su nombre.</p> + +<p>—¡Oh, sí! yo le amaré siempre, siempre, con toda mi alma. Usted no +tendrá celos, ¿no es verdad?</p> + +<p>—Siento únicamente que ese hombre haya muerto... porque al fin, +viviendo él, hubieras sido su esposa...</p> + +<p>—No hablemos nunca de esto más: nunca... nunca: ha sido una explicación +precisa. Ahora, mi buen hermano, suplico a usted me diga cuál es mi +aposento. Necesito descanso; reposo; he sufrido mucho.</p> + +<p>—Vamos a tener dentro de un momento al lado personas extrañas; es +necesario que delante de ellas no me hables de usted.</p> + +<p>Aquello era ir de mal en peor.</p> + +<p>Comprendí que no podía vivir al lado de Amparo sin que muy pronto me +olvidase del todo y me convirtiese en su tirano.</p> + +<p>En el tirano de una víctima resignada.</p> + +<p>¿Acaso no tenía el reciente recuerdo de su repugnancia y de su terror al +sentir sobre su frente mis labios?</p> + +<p>No, yo debía respetar aquella pasión viva; yo no debía ser infame; yo no +debía cobrar mis beneficios a tanta costa para Amparo.</p> + +<p>Pero no pude resistir a una tentación.</p> + +<p>Su aposento y el mío, para cubrir las apariencias, sólo estaban +separados por un gabinete y se comunicaban por dos puertas de escape.</p> + +<p>Me retiré a mi aposento, cambié lentamente el traje negro que me había +puesto para la ceremonia por el de casa, dejé pasar, con una impaciencia +mortal algún tiempo, y luego abrí silenciosamente la puerta de escape de +mi alcoba, y me acerqué, sin causar el más leve ruido, a la otra puerta +de escape del dormitorio de Amparo.</p> + +<p>Al frente, tras un bello pórtico de bambúes con cortinas de muselina +bordada, estaba su lecho.</p> + +<p>Antes, esto es, entre la puerta desde donde yo observaba y el pórtico de +la alcoba, había un espacio cuadrado, y en su parte media, una mesa +arrimada a la pared.</p> + +<p>Sobre la mesa había una lámpara con bomba de cristal opaca que esparcía +una luz velada a poca distancia.</p> + +<p>Lo demás del dormitorio estaba en sombra; en una media sombra +fantástica.</p> + +<p>Sentada en un sillón, junto a la mesa; apoyado en ella un precioso +brazo, que dejaban descubierto hasta el codo los encajes de la ancha +manga de su traje; apoyado el rostro en su mano, sola, inmóvil, +profundamente pensativa estaba Amparo.</p> + +<p>Tenía ceñida aún la corona de rosas blancas.</p> + +<p>Los brillantes de la especie de ajorca árabe, que yo la había enviado en +el canastillo de boda y que rodeaba el brazo en cuya mano apoyaba su +cabeza, me dejaban ver, heridos por la luz, destellos vivísimos, pero +inmóviles.</p> + +<p>Amparo parecía una estatua de cera vestida de blanco.</p> + +<p>Su mirada fija, abstraída, profunda, como vuelta hacia adentro, hacia su +alma, o como lanzada sin objeto a la inmensidad, al infinito, mirada que +no veía, dilatada, lúcida, brillante, llena de vida, pero de una vida +que espantaba, dejaba comprender la desesperación profunda, pero +resignada, paciente, intensamente dolorosa de un alma desolada.</p> + +<p>Nunca había yo llegado a concebir tanto dolor y tanta resignación: nunca +una agonía tan lenta; nunca un sufrimiento tan agudo, soportado, +apurado, dominado con tanto valor: en Amparo no había esa expresión de +disgusto, de rabia, de lucha impotente; expresión de ángel rebelde y +condenado, que es una blasfemia muda; una blasfemia en imagen.</p> + +<p>Era la víctima resignada al sacrificio.</p> + +<p>La víctima humilde y fuerte, el alma cristiana que sufre la miseria de +la vida en su manifestación más dolorosa sin rebelarse contra la +voluntad de Dios.</p> + +<p>En vano esperé que Amparo diese una muestra de debilidad ni de +impaciencia.</p> + +<p>Continuaba inmóvil y tranquila: pero con una tranquilidad que me +desgarraba el alma.</p> + +<p>Yo sufría de mil maneras distintas.</p> + +<p>Primero, el inmenso infortunio de Amparo.</p> + +<p>Después mi propio infortunio.</p> + +<p>Luego sentía celos; unos horribles celos.</p> + +<p>Yo no podía dudar que un amor malogrado, un amor sin esperanza, era la +causa de la desolación de Amparo.</p> + +<p>Yo hubiera dado toda mi vida, por sentirme amado un solo momento y de +aquel modo por Amparo.</p> + +<p>Además, al contemplarla tan hermosa, idealizada, transfigurada, casi me +atreveré a decir, divinizada por el sufrimiento, sentía hervir mi +sangre, latir mi corazón, abrasarse mi cabeza.</p> + +<p>Yo estaba loco.</p> + +<p>La misma fuerza de mi locura me contenía, impedía que yo lo olvidase +todo, que empujase la débil puerta que me separaba de ella y que me +arrojase en sus brazos.</p> + +<p>Yo blasfemaba.</p> + +<p>Acusaba de injusto, de cruel, de tirano, a Dios que me hacía comprender +de una manera tan horrible el tormento de Tántalo.</p> + +<p>Estaba inmóvil; como petrificado.</p> + +<p>La mirada de Amparo aunque no podía verme, caía sobre mi mirada, +absorbiendo mi alma, torturándola.</p> + +<p>Lentamente fui perdiendo la conciencia de mí mismo.</p> + +<p>Un sopor extraño se apoderó de mí.</p> + +<p>Amparo empezó a tomar lentamente un aspecto fantástico; a abrillantarse +su mirada, a resplandecer; su figura se aisló en medio de una niebla +vaga, azulada: desapareció a mi vista todo lo que la rodeaba, y quedó +ella sola, inmóvil siempre, pero como suspendida en medio de un espacio +indefinible, en que ni había luz ni sombra.</p> + +<p>Luego la vi alzarse lentamente, arrancarse su corona de rosas, y luego +irse despojando de sus joyas, de sus ropas; vi enteramente su hermoso +cuello: sus redondos hombros; luego su cabellera destrenzada agrupándose +de una manera maravillosa a ambos lados de su semblante; al fin se +volvió y se alejó lentamente; se abrieron las cortinas de la alcoba y +volvieron a cerrarse.</p> + +<p>Amparo había desaparecido; la fascinación había cesado, y volví a sentir +la vida real.</p> + +<p>A mi vez me retiré en silencio y me acosté.</p> + +<p>Me acosté para apurar una horrible noche de fiebre y delirio.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¿Por qué había yo encontrado seis años antes, sola en medio de la noche, +recogiendo trapos a aquella niña?</p> + +<p>¿Por qué me había causado compasión su miseria?</p> + +<p>Yo maldecía mi caridad; la caridad que tan feliz me había hecho, y que +tan feliz había hecho a Amparo.</p> + +<p>Y me decía:</p> + +<p>«La caridad es una debilidad; la caridad es la manía de los imbéciles; +la caridad se vuelve contra quien la practica.</p> + +<p>¿Por qué sentí caridad hacia Amparo?</p> + +<p>Porque era un insensato.»</p> + +<hr /> + +<p>Al día siguiente Amparo se me presentó tranquila y afectuosa; en vano +busqué alrededor de sus ojos ese círculo lívido que imprime una noche de +insomnio y de fiebre.</p> + +<p>En vano esa palidez vaga del cansancio.</p> + +<p>Amparo estaba fresca, sonriente; parecía feliz.</p> + +<p>—¿Has dormido bien?—la dije.</p> + +<p>—¿Y por qué no? nunca se duerme mejor que cuando nada se desea, cuando +se ha obtenido todo lo que se anhelaba: ¿y tú Luis? estás pálido, +pareces triste; si continúas así, creeré que te has sacrificado a mi +felicidad.</p> + +<p>—¡Oh! no: yo creía que tú... que sufrías; pero veo con placer que me he +engañado; te prometo dormir esta noche tan bien como tú.</p> + +<p>—Pues tranquilízate completamente, me contestó; yo nada deseo, nada +quiero más que tu amor... tu amor tal cual le siento, tal cual yo le +siento por ti; hermanos, siempre hermanos; dos y uno... ¿no es cierto +que es una felicidad que podamos amarnos de este modo?</p> + +<p>—¡Oh! si el mundo conociese la verdad de nuestra posición, ¿qué diría?</p> + +<p>—Se burlaría de nosotros, porque el mundo, que nunca profundiza, que +nunca pasa más allá de las apariencias, es muy injusto, o por mejor +decir, muy ciego. Pero si el mundo supiese que entrambos hemos amado y +sufrido; que de nuestro sufrimiento y de nuestra lucha sólo hemos sacado +la conciencia ilesa, comprendería nuestra mutua posición; tú has dejado +enterrado tu amor en el lodazal de tu juventud; ha muerto allí sofocado, +no existe para ti; yo amo a un fantasma imposible y entrambos, con el +corazón vacío para ese amor ardiente, que Dios ha puesto en el alma del +hombre y de la mujer, satisfechos el uno del otro, nos apoyamos +mutuamente y nos amamos con un amor infinitamente más puro. Debemos, +pues, dar gracias de nuestra felicidad a Dios.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¿Me había yo engañado la noche antes?</p> + +<p>¿Era en efecto feliz Amparo?</p> + +<p>¿O era que tenía tanta fuerza, tanto poder para ocultar su sufrimiento +como para soportarle?</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Nunca me pareció un día tan largo.</p> + +<p>Cuando nos separamos aquella noche ya bastante tarde, corrí a mi +acechadero.</p> + +<p>Amparo no estaba inmóvil como la noche anterior; tenía un cofrecito +sobre la mesa y sacaba de él papeles escritos, que leía y ordenaba.</p> + +<p>Amparo con la cabeza inclinada sobre el pecho, lloraba leyendo aquellos +papeles.</p> + +<p>Lloraba de una manera desconsoladora, comprimiendo sus sollozos.</p> + +<p>¿Era que la noche antes, sobrecogida, aturdida del golpe, por llamar así +su casamiento conmigo, la intensidad del dolor había comprimido sus +lágrimas, anegado sus sollozos?</p> + +<p>Era indudable que Amparo se rendía a su dolor.</p> + +<p>Era indudable que Amparo sufría una desgracia inmensa.</p> + +<p>Y leía y releía aquellos papeles.</p> + +<p>¡Cartas sin duda del hombre a quien amaba!</p> + +<p>Después vi en sus manos un medallón que sacó también del cofrecito, +parecía un retrato.</p> + +<p>Amparo le estrechó contra sus labios, le separó de ellos, le miró de una +manera ansiosa, y exclamó:</p> + +<p>—¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡tened compasión de mí!</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Se puso a escribir lentamente.</p> + +<p>Con mucha frecuencia se abstraía y pasaba sin escribir un largo +intervalo.</p> + +<p>Luego volvía a escribir.</p> + +<p>Pasó así gran parte de la noche, y después recogió en el cofre los +papeles y el retrato, guardó cuidadosamente el cofre en un armario, se +desnudó y desapareció tras las cortinas de su alcoba.</p> + +<p>Yo no supe ya qué pensar de Amparo.</p> + +<p>Pero me cubrí con el más perfecto disimulo, como ella se cubría conmigo.</p> + +<p>Nos tratábamos como si hubiéramos vivido juntos desde nuestros primeros +años.</p> + +<p>Las gentes nos creían el matrimonio más feliz del mundo.</p> + +<p>La tranquilidad aparente de Amparo cuando yo era testigo de su agonía +nocturna, de sus lágrimas y de lo intenso, de lo vivo, de lo inalterable +de su amor hacia aquel hombre, que era para mí un misterio, la +tranquilidad ficticia de Amparo, repito, me irritaba.</p> + +<p>Durante un mes pude sufrir la lucha entablada entre mi razón y mis +celos; pero llegó un día en que me estremecí.</p> + +<p>Empezaba a perder la razón; antes de perderla enteramente tomé una +resolución decisiva; la de separarme de Amparo, que era para mí un +tormento y un peligro, con el pretexto de un viaje para ir a visitar a +mi tío.</p> + +<p>Amparo nada me dijo cuando la anuncié este viaje, más que las siguientes +palabras:</p> + +<p>—Espero que volverás pronto.</p> + +<p>Aquella noche salí de Madrid en una silla de postas.</p> + +<p>Mi resolución era, no volver a ver más a Amparo.</p> + +<hr /> + +<p>Pero para cumplir una resolución es necesario ser dueño de sí mismo, y +yo no lo era.</p> + +<p>Parecía... voy a procurar explicarme: parecía que mi alma había quedado +fuertemente asida a Amparo, y que cada vuelta de las ruedas de la silla +de postas que me conducía, estiraba mi alma, haciéndome sufrir un +tormento inexplicable.</p> + +<p>Llegó un punto en que no pude resistir más.</p> + +<p>Habían pasado algunas horas de una tortura aguda que se hacía más +dolorosa a medida que me alejaba de ella.</p> + +<p>Mandé al conductor que volviese a Madrid.</p> + +<p>Luego, le ofrecí una recompensa por cada minuto que ganase.</p> + +<p>La silla de postas volaba.</p> + +<p>Yo me había propuesto apurar mi destino cediendo sin resistencia a los +impulsos de mi corazón.</p> + +<p>Había resuelto quitarme mi doloroso disfraz y morir poseyendo a Amparo.</p> + +<p>A medida que este pensamiento tomaba consistencia, estimulaba al +conductor prometiéndole más.</p> + +<p>La silla apenas tocaba con las ruedas al camino.</p> + +<p>A pesar de esta agudez no pudimos llegar a Madrid hasta el medio día.</p> + +<p>Cuando llegué a mi casa, subí anhelante las escaleras como si hubiese +estado mucho tiempo ausente de ella.</p> + +<p>Dominado aún por la fiebre entré en las habitaciones de Amparo.</p> + +<p>No estaba en ellas.</p> + +<p>Pregunté a mi ayuda de cámara, y me dijo:</p> + +<p>—La señora acaba de salir.</p> + +<p>—¿Y adónde?</p> + +<p>—Han traído una carta y la señora apenas la ha leído se ha puesto +pálida, ha pedido a Teresa una mantilla, y con el traje de casa, +acompañada de la misma Teresa, ha salido precipitadamente.</p> + +<p>—¿A pie?</p> + +<p>—Sí, señor, a pie.</p> + +<p>—¿Y no sabe usted adónde ha ido?</p> + +<p>—Nada ha dicho la señora.</p> + +<p>Despedí a mi ayuda de cámara y me quedé solo paseándome por mi cuarto, +aterrado, sintiendo no sé qué recelos.</p> + +<p>Yo no sabía qué pensar de Amparo; era para mí un misterio.</p> + +<p>De repente una idea poco digna, pero disculpable en la situación en que +me encontraba, me llevó a su dormitorio:</p> + +<p>«En el armario me había dicho, encierra el cofrecillo donde tiene el +retrato que besa, y los papeles que lee llorando. Si es necesario +forzaré el armario y conoceré a ese hombre, leeré esas cartas, sabré a +qué atenerme.»</p> + +<p>Afortunadamente no me vi obligado a violentar nada: el armario tenía +puesta la llave en la cerradura.</p> + +<p>Antes de abrir el armario, cerré las puertas para evitar una sorpresa +casual de los criados.</p> + +<p>Luego abrí temblando el espejo que servía de puerta al armario.</p> + +<p>En una tabla, cuidadosamente pegado a un rincón, estaba el cofrecillo.</p> + +<p>En aquella misma tabla había otro objeto.</p> + +<p>Un gancho de trapero.</p> + +<p>El gancho representaba su pasado.</p> + +<p>Acaso el cofrecillo constituía su presente.</p> + +<p>Acaso yo al abrir aquel cofrecillo determinaría su porvenir.</p> + +<p>Cuando el porvenir es sombriamente misterioso, tememos conocerle: como +el preso por una causa grave teme conocer la sentencia del juez.</p> + +<p>Durante algunos minutos vacilé; dudé si debía desentrañar el misterio +que guardaba aquel cofrecillo, o si prefería la duda a la verdad.</p> + +<p>Tres veces extendí mi mano hacia el cofrecillo, y tres veces la retiré.</p> + +<p>Pero por terrible que sea la verdad es preferible a la duda.</p> + +<p>Me apoderé al fin del cofrecillo, le puse sobre la mesa y le abrí.</p> + +<p>Al abrirle mi corazón no latía.</p> + +<p>Lo primero que vi fue un pequeño estuche.</p> + +<p>Le abrí y encontré... la cruz de brillantes que le había regalado el día +que por primera vez almorzó conmigo.</p> + +<p>La existencia en el cofrecillo de aquella cruz, me dio no sé qué +aliento, qué esperanza vaga, qué alegría íntima.</p> + +<p>Luego seguí en mi inspección:</p> + +<p>Buscaba el retrato y le hallé cuidadosamente envuelto en un papel muy +usado.</p> + +<p>Necesité hacer un violento esfuerzo para mirar aquel retrato; pero +cuando le miré...</p> + +<p>¡Oh! ¡Dios mío! ¡cuando le miré creí morir!</p> + +<p>El retrato que Amparo besaba llorando; que estrechaba contra su corazón +y contra sus labios contemplando el cual pasaba inmóvil hora tras +hora... aquel retrato...</p> + +<p>¡Aquel retrato era el mío!</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¿Me habría yo engañado?</p> + +<p>¿Habría otro retrato en el cofrecillo? sería aquel otro el que besaba +Amparo.</p> + +<p>Revolví, busqué y encontré otro retrato.</p> + +<p>Pero era un retrato de mujer, y tenía el marco negro.</p> + +<p>Yo estaba seguro de que el retrato que besaba Amparo estaba contenido en +un medallón dorado.</p> + +<p>Aquel retrato era el mío.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Sentí una vaguedad fría en mi cabeza: mis ojos se oscurecieron, no pude +sostenerme de pie, y me senté en el mismo sillón en que ella se sentaba.</p> + +<p>Y allí, replegado sobre mí mismo, con la cabeza entre mis manos, creí +revolviendo mi destino; pasar mis dudas y mis celos; calmarse lentamente +mi desesperación; desaparecer mi presente de hacía un momento, e ir +creciendo aquel mi otro presente que hacía un momento había nacido.</p> + +<p>Sentí comprimirse mi corazón, como necesitado de arrojar de sí un peso +insoportable, y luego sentí que mi corazón se dilataba y lloré en un +llanto largo, tranquilo, dulce, toda la hiel que había ido depositándose +en mi corazón.</p> + +<p>Y luego me sentí inflamado de un fuego dulce, para mí desconocido; de un +fuego que parecía aislar dentro de sí mismo mi alma, purificarla, +levantarla hasta el cielo; pareciome tenerla en contacto con Dios, +bendecida por él; luego me sentí completamente abstraído, +espiritualizado, fuera del contacto de todo lo terreno, y pareciome +tocar con mi espíritu el espíritu de Dios, del Dios justo y bueno que +premia a los que lloran; y creí en Dios y le confesé con la inmensidad +de mi pensamiento.</p> + +<p>Y ya no dudé, no: y al consagrar mi felicidad a Dios, me alcé fuerte y +tranquilo, lleno de vida y de juventud y de esperanza.</p> + +<p>Aquel sueño de redención y de paz había pasado, y su reciente recuerdo +difundía en mi ser una calma inefable; ya mi aliento no salía ronco y +fatigoso de mi pecho: la vida me era fácil: el sol que penetraba por las +ventanas del jardín, tenía color de gloria: mis ojos veían luz: mi pecho +respiraba aire: parecíame que el espacio era armónico, que todo me +sonreía, que todo se asociaba a mi felicidad.</p> + +<p>Al fin había encontrado aquel amor infinito, necesidad ardiente de mi +alma.</p> + +<p>Al fin Dios me dejaba ver el ángel de fuego que debía ser paz y mi +gloria sobre la tierra.</p> + +<p>Amparo me amaba.</p> + +<p>Yo era el hombre más rico de la tierra; todo lo que había ansiado lo +tenía.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Los que no hayáis amado con toda vuestra alma y sin esperanza, no podéis +comprender lo que acabo de deciros.</p> + +<p>Os reiréis de mí, y creeréis hacerme mucho favor llamándome solamente +loco.</p> + +<p>Yo escribo para los que sufren; para los que lloran.</p> + +<p>Los que no veis la vida sino al través del escepticismo, no podéis +comprenderme.</p> + +<p>¡Callad! porque si estoy loco, mi libro es una verdad.</p> + +<p>La verdad de la locura.</p> + +<p>¿Estáis vosotros seguros de que tenéis razón?</p> + +<p>¡Ah! ¡ah! ¡ah!</p> + +<hr /> + +<p>Puse otra vez los dos retratos y el estuche en el cofrecillo, éste en su +lugar, cerré el armario, y no sabiendo adónde había ido Amparo, me +resigné a esperar su vuelta con la menor impaciencia posible.</p> + +<p>Al pasar por su gabinete vi una carta abierta sobre un velador.</p> + +<p>Aquella carta era sin duda la que había causado la precipitada salida de +Amparo.</p> + +<p>La leí y palidecí como ella había palidecido.</p> + +<p>El padre Ambrosio había sido atacado de una congestión cerebral, y el +médico que le asistía lo participaba a Amparo.</p> + +<p>Entonces comprendí por qué Amparo había salido de casa con tal +precipitación.</p> + +<p>Yo salí del mismo modo, y recorrí en algunos minutos la distancia que +separaba mi casa de la del exclaustrado.</p> + +<p>La primera persona que encontré en la habitación del religioso, sentada +y triste junto a una puerta cuyas cortinas estaban corridas, fue a +Amparo.</p> + +<p>Al verme se levantó de una manera nerviosa, y sus ojos se fijaron en mí +con una alegría inmensa, pero aquella alegría tuvo la duración de un +relámpago.</p> + +<p>—¡Ah!—dijo—yo no esperaba... que volviéseis tan pronto.</p> + +<p>—¡Oh! sí—la dije—no puedo vivir separado de ti.</p> + +<p>Y acercándome a ella, la abracé y la besé en la boca de una manera +ardiente.</p> + +<p>Amparo dio un gritó, se retiró y me miró de una manera profunda.</p> + +<p>Yo me rehice.</p> + +<p>—He visto la carta en que te anunciaban el triste estado de nuestro +amigo—la dije.</p> + +<p>—¡Oh! sí—dijo ella rehaciéndose a su vez—yo corrí, volé; +pero...—añadió tristemente—todos hemos llegado tarde.</p> + +<p>—¡Ha muerto!</p> + +<p>—No: pero no hay esperanza; se ha hecho cuanto puede hacerse.</p> + +<p>Amparo calló y quedó profundamente triste.</p> + +<p>—¿Y estás... sola?</p> + +<p>—Sí... el infeliz duerme; Teresa ha ido a casa para que vengan Juan y +María; he mandado traer una cama; me siento mala, desesperada, Luis; era +mi padre.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>El buen exclaustrado murió aquella misma tarde.</p> + +<p>Amparo volvió a casa desolada, impresionada fuertemente; se encerró en +su aposento, y yo respeté su dolor.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Me vi obligado a continuar durante algunos días mi antiguo papel de +hermano.</p> + +<p>Al fin, una mañana, Amparo me dijo:</p> + +<p>—Siéntate a mi lado, Luis.</p> + +<p>Me senté en el sofá junto a ella.</p> + +<p>—Necesito que me expliques—me dijo—ciertas cosas que no comprendo +bien. Desde que has vuelto de tu extraño viaje eres otro.</p> + +<p>—¿Otro?</p> + +<p>—Sí por cierto, antes sufrías; ahora no sufres; antes no tenías ni fe +ni esperanza; ahora... Luis; yo veo en tus ojos otra vida... Luis; tú +has encontrado la felicidad que buscabas... yo quiero saber la causa de +tu felicidad.</p> + +<p>Amparo tenía menos paciencia que yo, y pasaba la primera el límite que +tácitamente nos habíamos señalado.</p> + +<p>Quise facilitarla el camino adelantándome a ella.</p> + +<p>—Te engañas, Amparo—la dije—yo no soy feliz, bajo el punto de vista +que tú crees.</p> + +<p>—¡Oh! sí, sí; yo no me engaño—me respondió.</p> + +<p>—Pues te has estado engañando hasta ahora; por mejor decir, yo he +sabido engañarte.</p> + +<p>-¡Tú!</p> + +<p>-Sí.</p> + +<p>—¡Cómo!</p> + +<p>—Tú no has conocido mis celos.</p> + +<p>—¡Tus celos! ¡amas acaso!</p> + +<p>—Sí, con toda mi alma, con toda mi fe, con todo mi entusiasmo.</p> + +<p>Y la rodee un brazo a la cintura.</p> + +<p>—¡Oh! ¡qué es esto! ¡Dios mío!—exclamó Amparo levantándose pálida como +un cadáver.</p> + +<p>—Mis celos son justos—dije fingiéndome desesperado—tu amor hacia un +ser misterioso, te hace horrible toda demostración de amor por mi parte.</p> + +<p>Amparo continuaba de pie, aterrada, muda, pálida, fijando en mí una +mirada llena de ansiedad, de temor, de duda; ávida, dolorosa, +suplicante, llena de impaciencia.</p> + +<p>Yo la atraje a mí y la senté sobre mis rodillas sin que ella opusiese +resistencia; inclinó la cabeza sobre el pecho, luego la alzó, me miró +destellando de sus magníficos ojos negros un fuego casi divino, y me +dijo con las manos puestas sobre mis hombros con la boca entreabierta, +los labios trémulos, embriagándome con el perfume de su aliento.</p> + +<p>—¡Luis! ¡Luis! ¡ten compasión de mí!</p> + +<p>Y luego reclinó la cabeza sobre mis hombros, y rodeó sus frescos brazos +a mi cuello.</p> + +<p>—¡Yo te amo!—la dije con voz opaca y ardiente rozando con mis labios +sus mejillas.</p> + +<p>Amparo se estremeció y rompió a llorar.</p> + +<p>—¡Te amo—continué—no sé desde cuando! me parece que te he amado toda +mi vida; que te amaba antes de nacer.</p> + +<p>Amparo se estrechó más contra mí.</p> + +<p>—He callado, porque debía callar; he sufrido cuanto he podido sufrir; +pero ya no puedo sufrir más, porque tengo celos.</p> + +<p>Amparo levantó su cabeza de sobre mi hombro, y me miró con una expresión +triste, grave, solemne, al través de sus lágrimas.</p> + +<p>Luego me dijo con voz opaca y reconcentrada:</p> + +<p>—¡Celos tú! ¡celos por mi amor y celos de otro hombre! ¡Esto es +horrible! ¡Esto no puede ser!</p> + +<p>Fue para mí tan inesperada esta exclamación de Amparo, que me estremecí, +y brotaron a mis ojos, sin duda, todos mis enamorados deseos, porque las +mejillas de Amparo se coloraron, y pasó por sus labios una indicación de +sonrisa inefable.</p> + +<p>—¿Con que yo lo soy para ti?—añadió—¿con que has sufrido y has +callado y has mentido, como yo he sufrido, mentido y callado? ¿con que +por una obcecación mutua hemos estado a punto de ser los más +desgraciados de la tierra?</p> + +<p>—¿Pero ese hombre? ¿ese hombre a quien amas? ¿es imposible de tu +deseo?...</p> + +<p>—Ese hombre, eres tú—me dijo exhalando en un grito inmenso toda su +alma, y dejándose caer abandonada y trémula entre mis brazos.</p> + +<p>—¡Oh! qué feliz soy—añadió sollozando de placer—¡Dios! ¡y tú!</p> + +<hr /> + +<p>La memoria es un don funesto.</p> + +<p>¡La memoria, que nos trae en la desgracia, el encendido recuerdo de la +felicidad perdida!</p> + +<p>¡Oh! ¡la memoria!</p> + +<p>¡Si Satanás no tuviese memoria, no estaría condenado!</p> + +<hr /> + +<p>Después de esto había en el manuscrito que me había entregado mi amigo +el loquero del hospital de Zaragoza, algunas hojas rasgadas.</p> + +<p>Púsome de muy mal humor esta laguna que aparecía de repente, acaso en la +parte más interesante de la historia de aquel pobre loco; y tanto más, +cuanto en algunos girones de hojas que habían quedado adheridos, se +leían algunas frases que demostraban que Luis no había sido muy feliz +después de su matrimonio.</p> + +<p>Pero para subsanar en cierto modo esta falta, quedaban íntegras más allá +de las hojas rasgadas, algunas otras escritas con seguridad, y aun nos +atreveremos a decir con reflexión, en estado de razón completa.</p> + +<p>He aquí aquellas páginas:</p> + +<hr /> + +<p>He despertado de un largo sueño.</p> + +<p>No sé cuánto tiempo ha durado mi sueño.</p> + +<p>Pero ha debido de ser largo.</p> + +<p>Me he encontrado en una prisión.</p> + +<p>Esto es; en un pequeño aposento, cuya puerta demasiado fuerte, tiene una +rejilla espesa, y al que da luz una ventana con reja que corresponde a +un jardín abandonado.</p> + +<p>En este aposento he visto algunos muebles modestos, y una cama de forma +extraña, inclinada, y a lo largo de cuyas maderas hay algunas correas.</p> + +<p>Estas correas demuestran que algunas veces ha habido necesidad de +sujetar en aquel lecho, a la persona que en él durmiese.</p> + +<p>Estando ese lecho en mi aposento, o yo en el aposento donde está ese +lecho, claro es que la persona a que alguna vez se han visto en la +necesidad de sujetar, soy yo.</p> + +<p>¿Y por qué razón ha podido haber esa necesidad de sujetarme?</p> + +<p>Yo no me acuerdo de nada.</p> + +<p>Tengo un recuerdo confuso de una noche en que bebí demasiado, en que me +escité demasiado, en que ardía mi cabeza, en que me parecía sentir +dentro de ella un vacío doloroso.</p> + +<p>Recuerdo que entonces tenía yo veinte y cuatro años; que era +desgraciado, porque la vida era para mí monótona, porque me había +hastiado de todo.</p> + +<p>Recuerdo que yo buscaba una vida artificial, en los excesos, en el abuso +de los licores fuertes.</p> + +<p>He debido pasar mucho tiempo sin la conciencia de mi existencia, o +mejor dicho, el período de mi existencia, cuyos sucesos no recuerdo, ha +debido de ser largo.</p> + +<p>Porque me he mirado a un espejo que tengo aquí colgado en la pared, y me +he encontrado viejo, enfermo, horriblemente demacrado, con todas las +señales de la tisis.</p> + +<p>He encontrado en mi mesa un manuscrito: manuscrito mío, no puedo dudar +de ello.</p> + +<p>Ese manuscrito me ha dicho que he estado loco, que he soñado.</p> + +<p>Que he vivido muchos años, entregado a una pesadilla dolorosa y que +despierto para morir.</p> + +<p>He recobrado indudablemente la razón.</p> + +<p>Al entrar un hombre con mi comida me ha mirado con asombro, y me ha +llamado: «señor duque.»</p> + +<p>¡Con que ha muerto mi pobre tío!</p> + +<p>¡Con que es verdad lo que dice ese manuscrito!</p> + +<p>¿Quién sabe?</p> + +<p>He preguntado acerca de mí mismo, acerca de mi tío, y nada ha sabido +contestarme el director del establecimiento.</p> + +<p>Un día me trajeron aquí porque estaba enteramente loco.</p> + +<p>Un curador, nombrado judicialmente, ha cuidado de mis bienes, porque yo +no tengo parientes.</p> + +<p>He mandado llamar a ese hombre.</p> + +<p>—¿Qué sabe usted de la causa de mi locura? le he preguntado.</p> + +<p>—Nada puedo contestar a vuecencia, me ha respondido, sino que fue +recogido de las calles públicas por donde vuecencia discurría +diariamente perdida la razón: ningún pariente se presentó a reclamar la +curaduría de vuecencia como demente, y esa curaduría se me ha conferido +por providencia judicial: vuecencia ha recobrado la razón, y estoy +dispuesto a darle cuentas.</p> + +<p>—No se trata ahora de eso. ¿Soy yo viudo?</p> + +<p>—Lo ignoro, señor: en Zaragoza se sabe únicamente que un día llegó +vuecencia en una silla de posta, procedente de Madrid, a la fonda de las +Cuatro naciones, en donde tomó el mejor aposento: en el pasaporte de +vuecencia constaban su nombre y su título: muy luego se comprendió que +vuecencia estaba gravemente enfermo: al cabo su enfermedad se agravó: lo +que antes era una monomanía tranquila, se convirtió en una locura +furiosa, y fue preciso...</p> + +<p>—Bien, bien; pero para reconocer mi título y mi nombre debió +identificarse mi persona.</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—¿Y no consta en las diligencias judiciales mi estado?</p> + +<p>—No, señor.</p> + +<p>—¿Y nadie me conocía en Zaragoza?</p> + +<p>—No, señor.</p> + +<p>—Pues bien, es necesario que usted, u otra persona de confianza, vayan +a Madrid: yo daré a usted, o a esa persona, cartas para mis antiguos +amigos. Necesito saber un período de mi historia que durante mi +enfermedad he olvidado.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Este hombre, que es un honrado propietario aragonés, ha partido para +Madrid.</p> + +<p>Pero me temo que cuando vuelva...</p> + +<p>Esta tos seca, lenta, sin esfuerzo...</p> + +<p>Me he visto obligado a guardar cama.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>¡Amparo!</p> + +<p>¡Una mujer formada por la educación, sostenida por la virtud, por lo +exquisito de su sentimiento!</p> + +<p>Esta mujer debe de haber sido un sueño mío.</p> + +<p>Esta mujer no ha existido.</p> + +<p>Ha sido un hermoso sueño de primavera.</p> + +<p>Una horrible pesadilla de verano:</p> + +<p>¡Esa mujer!</p> + +<p>¿Y si ella hubiese existido?</p> + +<p>¿Si no hubiera sido el sueño de un loco sediento de amor?</p> + +<p>¡Oh! ¡qué horrible desgracia!</p> + +<p>He rasgado la parte más dolorosa de ese sueño o de esas memorias.</p> + +<p>La he rasgado y la he quemado temeroso de volver a la locura si leo +mucho ese fragmento horrible.</p> + +<p>Pero su recuerdo está fijo en mi memoria.</p> + +<p>Un día entré yo en mi casa, como suele entrarse por casualidad, sin ser +notado.</p> + +<p>En el gabinete de mi mujer hablaba un hombre.</p> + +<p>Uno de mis mayores amigos.</p> + +<p>Pretendía una cosa horrible.</p> + +<p>Pretendía que ella me hiciera traición.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Yo maté a aquel hombre.</p> + +<p>Le maté como mata un caballero a un infame que le ha ofendido.</p> + +<p>En duelo, con peligro de mi vida.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Todo esto ha debido ser un sueño.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¡Pero que sueño tan horrible!</p> + +<p>Y si no ha sido sueño. ¡Qué verdad tan aterradora!</p> + +<p>Parece que Dios me ha dicho:</p> + +<p>«Tu dudaste de mí, y me negaste al cabo:</p> + +<p>»Yo tuve compasión de ti, y te envié en Amparo un ángel de redención;</p> + +<p>»Después te sujeté a una prueba;</p> + +<p>»Te hice sufrir una injuria;</p> + +<p>»Tú no supiste perdonar la injuria y levantaste tu mano armada contra un +hombre y le mataste.</p> + +<p>»Tú no eras merecedor de la felicidad.</p> + +<p>»El ángel que yo te había dado, vio sangre humana en tu frente y se +horrorizó de ti...</p> + +<p>»Y el horror le mató.</p> + +<p>»Le mató como un tósigo lento.</p> + +<p>»Y el hijo, el hermoso hijo que el amor de Amparo te había dado, privado +de la ternura de su madre, murió también...</p> + +<p>»Y tú enloqueciste.</p> + +<p>»Y como Caín el maldito, fuiste separado de tus hermanos.»</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Si esto ha sido verdad... ¡Oh Dios mío! tu justicia ha sido severa; +severa e implacable.</p> + +<p>Si ha sido un sueño, ¿para qué me has dado ese ardiente sueño, Dios mío, +ese sueño escrito por mi mano, que me hace dudar, que me envenena el +alma?</p> + +<p>¿Será acaso ese sueño un castigo a mi impiedad, a los impuros desórdenes +de mi juventud?</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>¡Cuánto tarda ese hombre que ha ido a Madrid!</p> + +<p>Me siento cada día más débil.</p> + +<p>Cada día escribo con más dificultad.</p> + +<p>Ignoro si podré concluir.</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<p>Escribo estas últimas líneas en el lecho.</p> + +<p>Apenas tiene fuerza mi mano para sostener la pluma.</p> + +<p>Tal vez ese hombre no llegue a tiempo.</p> + +<p>Oídme por la última vez:</p> + +<p>No dudéis de Dios: si sois desgraciados, aceptad resignadamente la +desgracia: si Dios os da la felicidad, no os hagáis indignos de ella; y +nunca, oyendo la voz de vuestras pasiones, siguiendo a ese fantasma que +se llama honor, echéis sangre sobre vuestra frente: sufrid y perdonad, +no sea que os pregunte Dios cuando en un momento de desesperación le +pidáis cuenta de vuestra desgracia:</p> + +<p>¡Caín! ¿qué has hecho con tu hermano Abel?</p> + +<p class="dots">. . . . . . . . . . . . . .</p> + +<hr /> + +<p>Aquí concluían las memorias del loco. Tuve la tentación de +esclarecerlas, pero me detuvo el temor de encontrar en el +esclarecimiento de estas memorias algo demasiado horrible.</p> + +<p>Si hemos presentado a nuestros lectores una obra incompleta, +perdónennos, porque no hemos podido hacer más.</p> + +<p class="c">FIN</p> + + +<hr class="full" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Amparo, by Manuel Fernández y González + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMPARO *** + +***** This file should be named 27295-h.htm or 27295-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/7/2/9/27295/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is +subject to the trademark license, especially commercial +redistribution. + + + +*** START: FULL LICENSE *** + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project +Gutenberg-tm License (available with this file or online at +https://gutenberg.org/license). + + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm +electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all +the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy +all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. +If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project +Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the +terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or +entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. + +1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be +used on or associated in any way with an electronic work by people who +agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few +things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works +even without complying with the full terms of this agreement. See +paragraph 1.C below. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at https://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at https://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + https://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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