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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 02:26:40 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La nariz de un notario
+
+Author: Edmond About
+
+Translator: Carlos De Pineda
+
+Release Date: August 23, 2008 [EBook #26404]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
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+
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+
+BIBLIOTECA de LA NACION
+
+EDMUNDO ABOUT
+
+LA NARIZ DE UN NOTARIO
+
+TRADUCCIÓN DE CARLOS DE PINEDA
+
+BUENOS AIRES
+
+1916
+
+Derechos reservados
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+I.--El oriente y el occidente se acometen: la sangre corre ya.
+
+II.--La caza del gato.
+
+III.--Donde defiende el notario su pellejo con más éxito.
+
+IV.--Chebachtián Romagné.
+
+V.--Grandeza y decadencia.
+
+VI.--Historia de unas gafas y consecuencias de un catarro nasal.
+
+
+
+
+A M. ALEJANDRO BIXIO
+
+
+Permitidme, señor, que encabece este humilde trabajo con el nombre
+ilustre y querido de un hombre que ha consagrado toda su vida a la causa
+del progreso; de un padre que ha ofrecido sus dos hijos a la liberación
+de Italia; de un amigo que se ha apresurado a darme una prueba de
+simpatía al siguiente día de _Gaetana_.
+
+E. A.
+
+
+
+
+LA NARIZ DE UN NOTARIO
+
+
+
+
+I
+
+EL ORIENTE Y EL OCCIDENTE SE ACOMETEN: LA SANGRE CORRE YA
+
+
+Maese Alfredo L'Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le obligó a
+cambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario más notable de
+Francia. En la época aquella contaba treinta y dos años; era de elevada
+estatura, y poseía unos ojos grandes y rasgados, una frente despejada y
+olímpica, y su barba y sus cabellos eran de un rubio admirable. Su nariz
+(la parte más prominente de su cuerpo), se retorcía majestuosa en forma
+de pico de águila. Aunque alguno no me crea, su nítida corbata blanca le
+sentaba a maravilla. ¿Era debido esto a que la usaba desde su más tierna
+infancia, o porque se surtía de ellas en alguna tienda afamada? Yo opino
+que eran ambas razones a un tiempo.
+
+Una cosa es atarse en torno del cuello un pañuelo de bolsillo blanco,
+hecho una torcida, y otra muy distinta formar, con arte y perfección, un
+espléndido nudo de inmaculada batista, cuyas puntas iguales, almidonadas
+sin exceso, se dirigen simétricamente a derecha e izquierda. Una corbata
+blanca elegida con acierto y anudada con esmero no es un adorno sin
+gracia; todas las mujeres os dirán lo mismo que yo. Pero no basta
+anudársela con maestría y con primor; es preciso, además, saberla
+llevar; esto es cuestión de práctica. ¿Por qué parecen los obreros tan
+torpes y desmañados el día que se casan? Porque suelen colocarse para el
+acto de la boda una corbata blanca sin previa preparación.
+
+Se acostumbra uno en seguida a llevar los más exorbitantes tocados: una
+corona por ejemplo. El soldado Bonaparte recogió una que el rey de
+Francia había dejado caer en la plaza de Luis XV: colocósela él mismo,
+sin que nadie le hubiese dado lecciones, y Europa declaró que aquel
+tocado no le sentaba muy mal. Animado por el éxito, no tardó en
+introducir la moda de las coronas en el círculo de su familia y de sus
+íntimos. Todos los que le rodeaban se la encasquetaron, o así lo
+pretendieron por lo menos. Pero este hombre extraordinario no pasó nunca
+de ser un porta-corbatas mediocre. El vizconde de C***, autor de varios
+poemas en prosa, había estudiado bien la diplomacia, o sea el arte de
+ponerse la corbata con fruto.
+
+Asistió, en 1815, a la revista de nuestro último ejército, algunos días
+antes de la campaña de Waterloo; y, ¿sabéis lo que más llamó su atención
+en aquella fiesta heroica en que se desbordó el entusiasmo desesperado
+de un gran pueblo? Que la corbata de Napoleón no estaba bien anudada.
+
+Pocos hombres, en este terreno pacífico, hubiera podido medirse con
+maese Alfredo L'Ambert. Se firmaba L'Ambert, y no Lambert, en virtud de
+un acuerdo del Consejo de Estado. El señorito L'Ambert, sucesor de su
+padre, ejercía de notario por derecho de herencia. Hacía más de dos
+siglos que esta ilustre familia se transmitía, de varón en varón, el
+estudio de la calle de Verneuil con la más elevada clientela del
+faubourg Saint-Germain.
+
+El cargo no había sido cotizado, toda vez que jamás había salido de la
+familia; pero, a juzgar por los beneficios de los cinco últimos años, no
+era posible evaluarlo en menos de trescientos mil escudos. Es decir, que
+producía un promedio anual de unas noventa mil libras. Desde hacía más
+de dos siglos todos los primogénitos de la familia habían sabido llevar
+la corbata blanca con tanta desenvoltura como llevan los cuervos sus
+mejores plumas negras, los borrachos su amoratada nariz, o los poetas
+sus raídas vestimentas. Heredero legítimo de un nombre y de una fortuna,
+el joven Alfredo había mamado en los pechos de su madre la elegancia y
+distinción, al par que los buenos principios. Despreciaba tanto como se
+merecen las innovaciones políticas introducidas en Francia a partir de
+la catástrofe de 1879. A su juicio, la nación francesa componíase de
+tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano. Opinión respetable
+y compartida hoy aún por un reducido número de senadores. Se colocaba
+modestamente a sí mismo en uno de los primeros puestos del estado llano,
+no sin sustentar ciertas pretensiones secretas de formar con la nobleza.
+Sentía un profundo desprecio hacia el grueso de la nación francesa, ese
+hacinamiento de obreros y campesinos que recibe el nombre de pueblo, o
+de vil plebe. Procuraba rozarse con él todo lo menos posible, por
+respeto a su amable persona, a quien cuidaba y quería con pasión. Sano,
+esbelto y vigoroso como un sollo de río, estaba convencido de que
+aquella gentuza era una especie de morralla creada por la Providencia
+expresamente para nutrir a los señores sollos.
+
+Hombre, por lo demás, agradable, como todos los egoístas; estimado en
+el Palacio, en el círculo, en la cámara de notarios, en las conferencias
+de San Vicente de Paúl y en la sala de armas; buen tirador de punta y de
+contrapunta; excelente bebedor y amante generoso, mientras tenía el
+corazón interesado; amigo fiel de los hombres de su rango; acreedor
+bondadoso, mientras cobraba los intereses de su capital; delicado en sus
+gustos, atildado en el vestir, limpio como un luis de nuevo cuño, y
+asiduo concurrente los domingos a los oficios de Santo Tomás de Aquino,
+y los lunes, miércoles y viernes a la Opera: hubiera sido el más
+perfecto _gentleman_ de su época, así en lo físico como en lo moral, a
+no ser por una deplorable miopía que le condenaba a usar gafas. ¿Será
+necesario agregar que sus gafas eran de oro y las más finas, ligeras y
+elegantes que salieron jamás de los talleres del celebre Mateo Luna,
+del muelle de los Plateros?
+
+No las llevaba siempre puestas, colocándoselas tan sólo en su despacho,
+o en casa de sus clientes, cuando tenía que leer alguna escritura. No es
+necesario decir que los lunes, miércoles y viernes, al entrar en el
+templo de la danza, tenía muy buen cuidado de desenmascarar sus bellos
+ojos. Ningún cristal bicóncavo velaba en semejantes ocasiones, el brillo
+encantador de sus pupilas. Es muy cierto que no veía gota, y que
+saludaba a veces a una figuranta tomándola por una estrella; pero
+marchaba siempre con el aire resuelto de un Alejandro al entrar en
+Babilonia. Por eso las muchachas del cuerpo de baile, que se complacen
+en poner remoquetes a las personas, lo habían bautizado con el
+sobrenombre de _Vencedor_. Un turco muy grueso, secretario de la
+embajada de su país, era conocido entre ellas por el mote de
+_Tranquilo_; un consejero de Estado se llamaba _Melancólico_; un
+secretario general del ministerio de***, muy vivo y bullidor, era
+conocido por _M. Turlu_, y por eso Elisita Champagne, conocida también
+por Champagne II, recibió el nombre de _Turlurette_ cuando salió de los
+corifeos para elevarse al rango de sujeto.
+
+El párrafo precedente va a dar mucho que pensar a mis lectores de
+provincias (si es que tengo la suerte de que este relato traspase alguna
+vez las fortificaciones de París). Oyendo estoy desde aquí las miles de
+preguntas que dirigen al autor mentalmente. «¿Qué se entiende por el
+templo de la danza? ¿Y por cuerpo de baile? ¿Y por estrellas de la
+Opera? ¿Y por corifeos? ¿Y por sujetos? ¿Y por figurantas? ¿Qué
+secretarios generales son esos que se codean con tales gentes, a trueque
+de que les pongan remoquetes? Y, en fin, ¿por qué extraño azar un hombre
+de posición y sólidos principios, como el señorito Alfredo L'Ambert,
+asistía tres veces por semana al templo de la danza?»
+
+¡Bah, queridos amigos! precisamente porque era un hombre de posición y
+de sólidos principios. El templo de la danza era, en aquellos tiempos,
+un amplio salón cuadrado, rodeado de viejas banquetas de terciopelo
+rojo, en el que se daban cita los hombres más distinguidos de París. A
+él concurrían no solamente los banqueros, los secretarios generales y
+los consejeros de Estado, sino hasta duques y príncipes, diputados y
+prefectos, y los senadores más partidarios del poder temporal del Papa;
+sólo faltaban los prelados. Veíanse en él ministros casados, y hasta
+los más casados de todos los ministros. Al decir que se veían no quiero
+significar que los he visto yo mismo; desde luego comprenderéis que los
+pobres periodistas no entraban en aquel lugar como en el molino. Un
+ministro tenía en sus manos las llaves de aquel salón de las Hespéridos,
+y nadie podía penetrar en él sin la venia de Su Excelencia. ¡Por eso
+tenían que ver las rivalidades, los celos y las intrigas! ¡Cuántos
+gabinetes han sido derribados bajo los más diversos pretextos, pero, en
+el fondo, porque todos los hombres de Estado tenían la pretensión de
+reinar en el templo de la danza! ¡No os imaginéis, sin embargo, que
+todos estos personajes acudían a aquel lugar atraídos por el cebo de los
+placeres ilícitos! Su intención se limitaba a fomentar un arte
+eminentemente aristocrático y político.
+
+El transcurso de los años es posible que haya hecho cambiar todo esto,
+porque las aventuras del señorito L'Ambert no datan de la semana pasada.
+No quiere decir esto, sin embargo, que se remonten a ninguna época
+antidiluviana; pero razones de alta conveniencia impídenme precisar la
+fecha exacta en que este funcionario ministerial cambió su nariz
+aguileña por una nariz recta. Por eso he dicho _en aquellos tiempos_,
+hablando de una manera vaga como los fabulistas. Contentaos con saber
+que la acción tiene lugar en cierta época de los anales del mundo,
+comprendida entre el incendio de Troya por los griegos y el del palacio
+de estío, de Pekín, por el ejército inglés: dos memorables etapas de la
+civilización europea.
+
+Un contemporáneo y cliente del señorito L'Ambert, el marqués de
+Ombremule, decía en el Café Inglés cierta noche:
+
+--Lo que nos distingue del común de los hombres es el fanatismo que
+sentimos por el baile. La canalla se desvive por la música. Se cansa de
+aplaudir cuando escucha las óperas de Rossini, de Donizetti y de Auber:
+diríase que un millón de notas, revueltas en sabrosa ensalada, tiene un
+no sé qué que halaga los oídos de esas gentes. Llevan su ridiculez hasta
+el extremo de cantar ellos mismos, con sus roncas y estridentes voces, y
+la policía les permite que se reúnan en ciertos anfiteatros para
+destrozar algunas arias. ¡Buen provecho les haga! En cuanto a mí, jamás
+me detengo a escuchar una ópera; me contento con mirarla; voy a ver la
+parte plástica, que es la única que me divierte, y me marcho después. Mi
+respetable abuela me ha contado que todas las damas encopetadas de su
+tiempo sólo iban a la Opera atraídas por el baile, y no regateaban sus
+aplausos a los bailadores. Nosotros, a nuestra vez, protegemos a las
+bailarinas: ¡maldito él que piense mal!
+
+La duquesita de Biétry, joven, linda y olvidada, tuvo la debilidad de
+reprochar a su esposo los hábitos que había aprendido en la Opera:
+
+--¿No os da vergüenza de abandonarme en un palco, con todos vuestros
+amigos, para correr no sé adónde?
+
+--Señora--respondiole él,--cuando se tienen fundadas esperanzas de
+lograr una embajada, ¿no es lo más natural que estudiemos la política?
+
+--Convenido; pero creo que habrá en París mejores escuelas para ello.
+
+--Ninguna. Aprended, querida mía, que la danza y la política son
+hermanas gemelas. El tratar de agradar constantemente, el cortejar al
+público, y tener siempre el ojo fijo sobre el director de orquesta, y
+refrenar su propio semblante, y cambiar a cada instante de traje y de
+color, y saltar de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, y
+volverse con rapidez, y caer nuevamente de pie, y sonreír, en fin, con
+los ojos llenos de lágrimas, ¿no es, acaso, dicho en pocas palabras, el
+programa del baile y la política?
+
+La duquesa sonrió, perdonó y se echó un amante.
+
+Los grandes señores, como el duque de Biétry, los hombres de Estado como
+el barón de F..., los grandes millonarios como el diminuto señor St...,
+y los simples notarios como el héroe de esta historia, codeábanse en el
+templo de la danza y entre los bastidores del teatro. Ante la sencillez
+e ignorancia de estas ochenta ingenuas que componen el cuerpo de baile,
+son iguales todos ellos. Se les conoce con el nombre de abonados, se les
+sonríe gratuitamente, se cuchichea con ellos en los rincones, se aceptan
+sus confites, y hasta sus diamantes, como galanterías sin consecuencias
+y que a nada comprometen a las que los reciben. La gente se imagina sin
+razón que es la Opera un mercado de placeres y una escuela de
+libertinaje. Nada de eso: se encuentran allí virtudes en mayor número
+que en ningún otro teatro de París. ¿Por qué? porque la virtud es allí
+más apreciada que en ninguna otra parte.
+
+¿No es cosa interesante el estudiar de cerca este pequeño pueblo de
+jóvenes, casi todas ellas de humildísima procedencia, y a quienes el
+talento o la belleza pueden elevar en un momento a las más encumbradas
+esferas del arte? Muchachitas de catorce a diez y seis años de edad, la
+mayor parte de ellas alimentadas con pan seco y con manzanas verdes en
+una buhardilla de obreros o en la garita de un portero, vienen al teatro
+con vestidos de tartán y con zapatos viejos, y su primer cuidado es
+correr a mudarse de traje, sin que nadie pueda notarlo. Un cuarto de
+hora después, bajan al templo de la danza esplendorosas, radiantes,
+cubiertas de seda, de gasas y de flores, todo a costa del Estado, y más
+brillantes que los ángeles, las hadas y las huríes de nuestros sueños.
+Los ministros y los príncipes les besan las manos y se manchan sus
+irreprochables trajes negros con el albayalde que ellas llevan en los
+brazos. Se recitan a sus oídos madrigales nuevos y viejos que sólo a
+veces comprenden. Algunas suelen tener talento natural y da gusto
+hablar con ellas. Estas no duran allí mucho tiempo.
+
+Un campanillazo indiscreto llama a las hadas al teatro; la muchedumbre
+de abonados las acompaña la entrada del escenario, las retiene y
+entretiene detrás de los bastidores móviles. Hay virtuoso de estos que
+desafía la caída las decoraciones, las manchas de petróleo los quinqués
+y los más diversos miasmas por el placer de oír murmurar a una vocecita
+ronca estas encantadoras palabras:
+
+--¡Demonio! ¿Cómo me duelen los pies!
+
+Levántase el telón y las ochenta reinas efímeras mariposean gozosas bajo
+las ardientes miradas de un público entusiasmado. Cada una de ellas ve,
+o cree adivinar, dos, tres, diez adoradores más o menos conocidos.
+¡Cuánto disfrutan mientras permanece levantado el telón! Se consideran
+hermosas, están ataviadas ricamente, ven todos los gemelos fijos en sus
+personas, sienten la admiración que producen y no tienen que temer los
+silbidos ni la crítica.
+
+Por fin suenan las doce de la noche y cambia la decoración como en los
+cuentos de hadas. La Cenicienta sube con su hermana mayor, o con su
+madre, hacia las económicas cumbres de Batignolles o de Montmartre. ¡La
+pobre cojea un poquito! El lodo inmundo salpica sus medias grises. La
+excelente madre de familia que ha cifrado sus esperanzas todas en esta
+querida hija, no cesa, durante el camino, de inculcarle sabias máximas
+de moderación y moral.
+
+--Marcha siempre derecha por el camino de la vida, hija mía--le
+dice,--¡cuidado con tropezar! Mas si el implacable destino te tiene
+deparada esa desgracia, ¡cuida mucho de caer sobre un lecho de rosas!
+
+No siempre son escuchados estos prudentes consejos. A veces el corazón
+puede más que la cabeza, y se han visto bailarinas casadas con
+bailadores. Se dan casos de jóvenes, bellas como la Venus de Anadyomene,
+renunciar a cien mil francos en joyas por unirse ante el altar con un
+empleado de dos mil. Otras abandonan a la suerte el cuidado de su
+porvenir y labran la desesperación de sus familias. Unas esperan a que
+llegue el 10 de abril para disponer de su corazón, porque se han jurado
+a sí mismas a ser juiciosas hasta los diez y siete años. Otras
+encuentran un protector de su gusto y no se atreven a confesárselo:
+temen la venganza de un consejero refrendario que ha jurado matarla, y
+suicidarse en seguida, si ama a otro que no sea él. Claro que lo ha
+dicho en broma, como podréis comprender; pero en este mundo especial se
+toman las palabras en serio. ¡Qué supina ignorancia y sencillez es la de
+estas muchachas! Hay quien ha oído disputar a dos jóvenes de diez y seis
+años sobre la nobleza de su origen y la categoría social de sus
+respectivas familias.
+
+--¡Miren la impertinente!--decía la mayor de ellas;--¡los aretes de su
+madre son de plata y los de mi padre de oro!
+
+Maese Alfredo L'Ambert, después de haber andado mariposeando mucho
+tiempo de la morena a la rubia, había acabado por prendarse de una linda
+trigueña de ojos azules. La señorita Victorina Tompam era honesta, como
+se es generalmente en la Opera, hasta que se deja de serlo.
+Excelentemente educada, por otra parte, era incapaz de adoptar una
+resolución extrema sin antes consultar a sus padres. De unos seis meses
+acá, se veía constantemente asediada muy de cerca por el apuesto notario
+y por Ayvaz-Bey, el corpulento turco de veinticinco años de edad, a
+quien hemos dicho que designaban con el remoquete de _Tranquilo_. Ambos le
+habían espetado muy razonados discursos, en los que su porvenir jugaba
+papel importante. La respetable señora Tompain había logrado, sin
+embargo, que su hija se conservase en un justo medio, esperando que uno
+de los rivales se decidiese a plantear el asunto en forma de negocio. El
+turco era un buen muchacho, honrado, decente y tímido. Esto no obstante,
+habló al fin, y fue escuchado.
+
+Todo el mundo tuvo noticia en seguida de este pequeño contecimiento,
+excepto el señorito L'Ambert, que había marchado al Poitou, con objeto
+de asistir al entierro de un tío suyo. Cuando volvió a la Opera, la
+señorita Victorina Tompain poseía un brazalete de brillantes, unas
+dormilonas de brillantes, y un corazón también de brillantes, pendiente
+de su cuello a manera de araña de salón. Ya hemos dicho al principio que
+el notario era miope; así es que no pudo ver nada de lo que debía haber
+notado en seguida, ni aun siquiera las sonrisas picarescas con que fue
+acogido a su entrada. Anduvo dando vueltas de un lado para otro,
+charlando sin cesar alegremente, y deslumbrando a todo el mundo, como
+siempre, con su proverbial elegancia, esperando con impaciencia la
+terminación del baile y la salida de las jóvenes. Habíanse cumplido sus
+cálculos: el porvenir de la señorita Victorina se hallaba asegurado,
+gracias a su excelente tío de Poitiers, que había tenido la inmejorable
+idea de morirse en el momento más oportuno.
+
+Lo que se conoce en París con el nombre de pasaje de la Opera es una red
+de galerías más o menos estrechas, más o menos alumbradas, de muy
+diversos niveles, que unen el bulevar, y las calles Lepeletier, Drouot y
+Rossini. Un largo corredor, descubierto en su mayor parte, se extiende,
+desde la calle Drouot a la calle Lepeletier, normalmente a las galerías
+del Barómetro y del Reloj. En su parte más baja, a dos pasos de la calle
+Drouot, ábrese la puerta falsa del teatro, la entrada nocturna de los
+artistas. Cada dos días, a eso de la media noche, una oleada de
+trescientas o cuatrocientas personas pasa tumultuosa ante los ojos
+vivarachos del digno papá Monge, conserje de este paraíso. Maquinistas,
+comparsas, figurantas, coristas, bailarines y bailarinas, tenores y
+sopranos, autores, compositores, administradores y abonados salen juntos
+a la calle en confuso torbellino. Los unos bajan hacia la calle Drouot,
+los otros suben la escalera que conduce, por una galería descubierta, a
+la calle Lepeletier.
+
+A mitad del pasaje descubierto, al extremo de la galería del Barómetro,
+Alfredo L'Ambert esperaba fumando un cigarrillo. Diez pasos más allá, un
+hombrecillo redondo, con un fez escarlata, aspiraba a intervalos iguales
+el humo de un cigarrillo de tabaco turco, del grueso de un dedo.
+Alrededor de ellos, más de veinte pisaverdes, unos paseando nerviosos,
+otros, con más calma, a pie firme, esperaban igualmente cada uno por su
+lado. Y los cantantes atravesaban tarareando, y las sílfides,
+arrastrando un poco el pie, pasaban cojeando, y, de minuto en minuto,
+una sombra femenina, negra, parda o marrón, deslizábase entre los
+escasos mecheros de gas, desconocida para todos, excepto para los ojos
+del amor.
+
+Las parejas se reconocen, se abordan y se marchan sin despedirse de los
+otros. Pero, ¿qué ocurre? he aquí un ruido extraño y un tumulto
+inusitado. Dos sombras han pasado veloces, dos hombres han corrido, dos
+fuegos de cigarro se han aproximado uno a otro; se han oído dos voces
+exaltadas y el estruendo de una rápida querella. Los paseantes se han
+amontonado en un punto; mas no han encontrado a nadie. Maese Alfredo
+L'Ambert se dirige, completamente solo, hacia su carruaje, que le
+aguarda en el bulevar; y a la luz de un farol lee, encogiéndose de
+hombros, esta tarjeta de visita, salpicada de sangre:
+
+
+AYVAZ-BEY
+
+SECRETARIO DE LA EMBAJADA OTOMANA
+
+_Calle de Granelle Saint-Germain, 100._
+
+
+Escuchad lo que iba diciendo entre dientes el atildado notario de la
+calle de Verneuil:
+
+--¡Maldita aventura! ¡Que me lleve el diablo si sospechaba siquiera que
+le hubiese dado derechos a este animal de turco!... porque, ¡vaya si lo
+es!... Pero, ¿por qué no me habré puesto las gafas?... Parece que le he
+pegado un puñetazo en la nariz... Sí, sin duda: su tarjeta está manchada
+de sangre, y mi mano lo está también. Heme aquí frente a un turco por
+una imperdonable torpeza; porque yo no tengo motivos para querer mal a
+ese pobre muchacho... La chica, por otra parte, me es del todo
+indiferente... ¡Que se la quede en buen hora! ¡Degollarse dos personas
+decentes por la señorita Victorina Tompain!... El maldito puñetazo es lo
+que no tiene arreglo...
+
+Esto decía entre dientes, entre sus treinta y dos dientes más blancos y
+afilados que los de un lobo. Ordenó a su cochero que se retirase a casa,
+y se dirigió, a paso lento, hacia el círculo de los Caminos de Hierro.
+Allí encontró dos amigos y les refirió su aventura. El anciano marqués
+de Villemaurin, antiguo capitán de la Guardia Real, y el joven Enrique
+Steimbourg, agente de cambio, juzgaron unánimemente que el puñetazo lo
+echaba a perder todo.
+
+
+
+
+II
+
+LA CAZA DEL GATO
+
+
+Un filósofo turco ha dicho:
+
+«No existen puñetazos agradables; pero los puñetazos en la nariz son los
+más desagradables de todos.»
+
+Y el mismo pensador, añadió con razón en el capítulo siguiente:
+
+«Pegar a un enemigo delante de la mujer a quien ama, es pegarle dos
+veces: le hieres en el cuerpo y en el alma.»
+
+He aquí por qué el paciente Ayvaz-Bey enrojecía de cólera mientras
+acompañaba a la señorita Tompain y a su madre al piso que les había
+amueblado. Despidiose de ellas a la puerta, subió con rapidez a un
+carruaje, y se hizo conducir, derramando abundante sangre, a casa de su
+colega y amigo Ahmed.
+
+Ahmed se hallaba entregado al sueño, bajo la salvaguardia de un negro
+fiel; pero, si bien es verdad que está escrito: «No despertarás a tu
+amigo cuando duerma», escrito está también: «Pero despiértale si hay
+peligro para él o para ti», y se procedió a despertar al buen Ahmed.
+
+Este era un turco de elevada estatura, de unos treinta y cinco años de
+edad, muy flaco y delicado, con largas piernas arqueadas; pero, por lo
+demás, un muchacho excelente, dotado de talento natural. Por más que
+digan, hay también gentes de mérito entre los turcos. Cuando descubrió
+la cara ensangrentada de su amigo, empezó por hacerle traer una gran
+aljofaina de agua fresca, porque está escrito: «No deliberes antes de
+haber lavado tu sangre: tus pensamientos serían confusos e impuros.»
+
+Limpio ya, mas no tranquilo, contó Ayvaz a su amigo la aventura,
+ardiendo en santa cólera. El negro que escuchaba su relato, ofreciose en
+seguida a tomar su _kandjar_, e ir a matar a L'Ambert. Ahmed-Bey le dio
+las gracias por sus buenas intenciones, y lo echó a puntapiés de la
+estancia.
+
+--¿Y qué haremos ahora?--preguntó el bueno de Ayvaz;--¿qué haremos,
+amigo mío?
+
+--Una cosa muy sencilla--replicó el interrogado:--mañana por la mañana
+le cortaré la nariz. La ley del Talión está escrita: «Ojo por ojo,
+diente por diente, nariz por nariz.»
+
+Advirtiole Ahmed que el Korán era, sin duda alguna, un buen libro; pero
+que estaba ya un poco anticuado. Los principios del honor han cambiado
+desde los tiempos de Mahoma. Aparte de que, aun queriendo, aplicar la
+ley al pie de la letra, Ayvaz sólo tendría que devolver un puñetazo al
+señor L'Ambert.
+
+--¿Con qué derecho le cortarías la nariz si él no te ha cortado la tuya?
+
+¿Pero quién sería capaz de hacer entrar en razón a un hombre joven a
+quien acaban de apabullar la nariz en presencia de su amante? Ayvaz
+sentía sed de sangre, y Ahmed tuvo que halagarle sus deseos.
+
+--Sea--le dijo.--Representamos a nuestro país en el extranjero, y no
+debemos recibir una afrenta sin dar una gallarda prueba de valor. Pero,
+¿cómo podrás batirte en duelo con el señor L'Ambert, con arreglo a la
+costumbre de este país? Jamás has manejado una espada.
+
+--¿Qué haría yo con una espada? Quiero cortarle las narices, te repito,
+y una espada no me serviría para eso...
+
+--Si al menos tirases bien con pistola...
+
+--Pero, ¿estás loco? ¿cómo habría de cortar a ese insolente las narices
+con una pistola? Yo... ¡Sí, es cosa resuelta! Ve a entrevistarte con él,
+y concierta el duelo para mañana. ¡Nos batiremos a sable!
+
+--Pero, desdichado, ¿qué harás tú con un sable? No dudo de tu valor,
+pero te digo, sin que mis palabras te ofendan, que no tienes la fuerza
+de Pons.
+
+--¡Qué importa eso! Levántate y ve a decirle que tenga a mi disposición
+su nariz mañana por la mañana.
+
+El prudente Ahmed comprendió que no estaba su amigo para razonamientos,
+y que tratar de disuadirlo sería en vano. ¿A qué predicar a un sordo
+que se aferraba a su idea, como al poder temporal los pontífices
+romanos? Vistiose, pues, Ahmed, y, acompañado del primer intérprete,
+Osmán-Bey, que acababa de regresar del Círculo Imperial, hízose conducir
+al hotel del señorito L'Ambert. La hora no podía ser menos oportuna,
+pero Ayvaz no quería desperdiciar un solo instante.
+
+El dios de las batallas tampoco lo quería; por lo menos, todo induce a
+creerlo así. En el momento en que el primer secretario iba a llamar a la
+puerta de maese L'Ambert, tropezose con el enemigo en persona, que
+regresaba a pie, conversando con sus dos testigos.
+
+Al divisar el señorito L'Ambert los bonetes encarnados de nuestros dos
+personajes, comprendió a qué habían venido, saludolos cortésmente y
+tomó la palabra con cierta altanería, no exenta de distinción.
+
+--Caballeros--les dijo,--como soy el único habitante de este hotel, no
+temo equivocarme al suponer que me hacéis el honor de venir a mi
+domicilio. Soy L'Ambert, si me permitís que me presente yo mismo.
+
+Llamó, empujó la puerta, atravesó el patio con sus cuatro acompañantes,
+y los condujo a su despacho. Allí dieron sus nombres los dos turcos,
+presentoles el notario a sus amigos, y se alejó para que pudiesen tratar
+el asunto con entera libertad.
+
+En nuestro país no puede efectuarse ningún duelo sin contar con la
+voluntad, o por lo menos con el consentimiento, de seis personas. En el
+caso presente, sin embargo, había cinco que no lo deseaban. Injusto
+sería decir que el señorito L'Ambert careciese de valor; pero no
+ignoraba que un duelo semejante, con motivo de una bailarina de la
+Opera, comprometería gravemente los prestigios de su bien acreditado
+bufete. El marqués de Villemaurin, anciano refinado y persona
+competentísima en materias de honor, dijo que el duelo es un acto noble
+en el que todo, desde el principio hasta el fin de la partida, debe ser
+extremadamente correcto. Ahora bien, un puñetazo en la nariz por una
+señorita Victorina Tompain constituía el más ridículo comienzo que se
+puede imaginar. Por otra parte, afirmó por su honor, que el señor
+Alfredo L'Ambert no había visto a Ayvaz-Bey, ni había tenido intención
+de pegarle a él ni a nadie. El señor L'Ambert había creído reconocer a
+dos señoras, y se había acercado con viveza a saludarlas.
+
+Al llevarse la mano al sombrero, había dado un fuerte golpe, sin la
+menor intención, a una persona que venía en sentido opuesto. Se trataba,
+por lo tanto, de una imperdonable torpeza, de un incidente sencillo, sin
+la menor importancia, que no pueden jamás constituir una ofensa. Dada la
+posición social y educación de maese L'Ambert, no podía nadie suponerle
+capaz de dar un puñetazo a Ayvaz-Bey. Su bien conocida miopía y la
+semioscuridad del pasaje eran las culpables de todo. En fin, el señor
+L'Ambert, accediendo a los deseos de sus testigos, estaba dispuesto a
+declarar, en presencia de Ayvaz-Bey, que lamentaba muy de veras el
+haberle causado daño de una manera completamente involuntaria.
+
+Este razonamiento, tan justo de por sí, acrecentó la autoridad, por
+todos reconocida, del orador. Era el señor de Villemaurin uno de esos
+caballerosos sujetos que parecen haber sido respetados por la muerte
+para recordarnos los usos de las edades históricas en estos tiempos de
+degeneración que atravesamos. Según su fe de bautismo, no contaba nada
+más que setenta y nueve abriles; pero, por los hábitos y costumbres de
+su cuerpo y de su espíritu, pertenecía sin duda al siglo xvi. Pensaba,
+hablaba y obraba como si hubiese servido en el ejército de la Liga y
+traído a mal traer al Bearnés. Realista convencido y católico austero,
+era tan implacable en sus odios como apasionado en sus afecciones. Su
+valor, su lealtad, su rectitud, y su caballerosidad hasta cierto punto
+exagerada, causaban la admiración de la juventud inconsciente de hoy.
+Nada le causaba risa, no le gustaban las bromas y le ofendían los
+chistes por juzgarlos una falta de respeto. Era el menos tolerante, el
+menos amable y el más honrado de todos los ancianos. Había acompañado a
+Escocia a Carlos X, después de las jornadas de julio; pero se alejó de
+Holy-Rood, al cabo de quince días, escandalizado de ver que la corte de
+Francia no tomaba muy en serio su desgracia. Solicitó la absoluta, y se
+cortó para siempre los bigotes, que conservó en una especie de joyero,
+con la siguiente inscripción: _Mis bigotes de la Guardia Real_. Sus
+subordinados todos, oficiales y soldados, sentían por él gran estima,
+pero también gran terror. Referíase en secreto que este hombre
+inflexible había metido en el calabozo a su hijo único, joven militar de
+veintidós años de edad, por un acto de insubordinación. El muchacho,
+digno hijo de tal padre, negose resueltamente a ceder, cayó enfermo y
+murió en el calabozo. Este nuevo Bruto lloró a su hijo, erigiole una
+tumba suntuosa, y lo visitó con inconcebible regularidad diez veces por
+semana, sin olvidar este deber en ninguna época ni edad; pero no se
+encorvó bajo el peso de sus remordimientos. Marchaba derecho, erguido;
+ni la edad ni el dolor habían logrado doblar sus anchas y robustas
+espaldas.
+
+Era un hombrecillo rechoncho, vigoroso, fiel a todos los ejercicios de
+su juventud, que tenía más fe en el juego de pelota que en los médicos,
+para conservar imperturbable salud. A los setenta años habíase casado,
+en segundas nupcias, con una joven noble y pobre, que le había hecho
+padre dos veces, y no perdía la esperanza de verse abuelo bien pronto.
+El amor a la vida, tan poderoso en los viejos de esta edad, sólo
+medianamente preocupábale, a pesar de ser dichoso en la tierra. Había
+tenido su último lance de honor a los setenta y dos años, con un bravo
+coronel de cinco pies y seis pulgadas de estatura, a consecuencia de
+una cuestión política, según unos, y de celos conyugales, según otros.
+Cuando un hombre de su rango y su carácter abrazaba la causa de M.
+L'Ambert, declarando que un duelo entre el notario y Ayvaz-Bey sería
+inútil, comprometedor y ordinario, la paz parecía firmada de antemano.
+
+Tal fue el parecer de M. Enrique Steimbourg, que no era ni lo bastante
+joven, ni lo suficientemente curioso para desear a toda costa el
+espectáculo de un duelo; y los dos turcos, hombres de buen sentido,
+aceptaron, de un modo provisional, la reparación que se les ofrecía,
+pero pidieron que se les autorizara para ir a consultar con Ayvaz. Los
+otros dos, entretanto, esperaron allí mismo que regresasen de la
+embajada. Eran las cuatro de la madrugada; pero el marqués no quiso
+dormir, pues no se lo permitía su conciencia; estaba decidido a dejarlo
+todo arreglado antes de meterse en la cama.
+
+Empero el terrible Ayvaz, al escuchar las primeras palabras de
+conciliación de sus amigos, sufrió un terrible acceso de cólera
+verdaderamente turca.
+
+--¡Ni que estuviera yo loco!--exclamó, blandiendo el chibuquí de jazmín
+que le hiciera compañía,--¿Pretenderéis persuadirme de que he sido yo
+quien con la nariz ha dado un golpe en el puño a M. L'Ambert? Él fue
+quien me agredió, y la prueba es que se ofrece a presentarme sus
+excusas. ¿Pero a qué tanto hablar? ¿no es suficiente prueba la sangre
+que he derramado? ¿Puedo acaso olvidar que Victorina y su madre han sido
+testigos de mi afrenta?... ¡Oh, amigos míos! ¿no me queda otro remedio
+que morir, si no le corto hoy mismo la nariz a mi ofensor!
+
+De mejor o peor grado, fue preciso reanudar las negociaciones sobre esta
+base algo ridícula. Ahmed y el intérprete tenían el espíritu lo bastante
+razonable para vituperar a su amigo, pero poseían también un corazón
+demasiado caballeresco para abandonarle en la mitad del camino. Si el
+embajador, Hamza-Bajá, se hubiese encontrado en París, hubiera zanjado
+la cuestión sin duda alguna, imponiendo su autoridad; pero,
+desgraciadamente, desempeñaba al mismo tiempo las embajadas de Francia y
+de Inglaterra, y se hallaba entonces en Londres. Los testigos del bueno
+de Ayvaz anduvieron yendo y viniendo, entre la calle de Granelle y la de
+Verneuil, sin lograr que el asunto avanzase lo debido, hasta las siete
+de la mañana. A esta hora, perdió L'Ambert la paciencia y les dijo a sus
+testigos:
+
+--¡Ya me está cargando este turco! ¡No contento con haberme birlado a la
+Tompain, se complace en hacerme pasar la noche en claro! ¡Pues bien,
+marchemos! Tal vez pudiera creer que tengo miedo de cruzar con él mi
+acero. Pero marchemos de prisa, si os parece, y tratemos de dejar
+zanjado el asunto esta misma mañana. Haré enganchar el carruaje en diez
+minutos, y nos marcharemos a dos leguas de París. Aplicaré a mi turco el
+correctivo merecido, en menos tiempo del que se tarda en contarlo, y
+antes que los periodicuchos que viven del escándalo se den cuenta del
+lance, estaremos de vuelta en mi despacho.
+
+Todavía trató el marqués de oponer una o dos objeciones; pero acabó por
+confesar que M. L'Ambert se veía obligado a batirse. La insistencia de
+Ayvaz-Bey era de pésimo gusto, y merecía una severa lección. Ninguno
+dudaba de que el belicoso notario, ventajosamente conocido en todas las
+salas de armas, era la persona elegida por el destino para enseñar a
+aquel osmanlí la cortesía francesa.
+
+--Amigo mío--decía el anciano Villemaurin a su cliente, dándole
+palmaditas sobre el hombro,--nuestra situación es excelente, toda vez
+que tenemos de nuestra parte el derecho. ¡El resto, Dios lo hará! El
+resultado no es dudoso: poseéis un corazón animoso, y una mano firme y
+rápida. Acordaos tan sólo de que no debemos tirarnos nunca a fondo;
+porque el duelo se ha hecho para corregir a los necios, mas no para
+destruirlos. Sólo los torpes matan a sus adversarios so pretexto de
+enseñarles a vivir.
+
+La elección de armas correspondía en buen derecho al excelente Ayvaz;
+pero el notario y sus testigos pusieron mala cara al enterarse de que
+había escogido el sable.
+
+--Es el arma predilecta de los militares--dijo el marqués,--o el arma de
+los burgueses que no quieren batirse. Pero, en fin, ¡vaya, si os
+empeñáis, por el sable!
+
+Los testigos de Ayvaz-Bey mostráronse conformes. Se trajeron dos sables
+del cuartel del muelle de Orsay, y quedaron citados para las diez de la
+mañana en la pequeña aldea de Parthenay, situada en el antiguo camino de
+Sceaux. Eran las ocho y media.
+
+Todos los parisienses conocen este lindo grupo de doscientas casas cuyos
+habitantes son más ricos, más limpios y más instruidos que la
+generalidad de los aldeanos. Cultivan la tierra como jardineros, y no
+como campesinos, y los campos de su término parecen en primavera un
+pequeño paraíso terrenal. Un prado de fresas floridas se extiende, cual
+manto argentado, entre un prado de frambuesas y otro de grosellas. Por
+todas partes se huele el perfume penetrante de la acacia, tan agradable
+al olfato de los porteros. París adquiere a peso de oro la cosecha de
+Parthenay, y los bravos campesinos, a quienes veis caminar a paso lento,
+con una regadera en cada mano, son casi todos pequeños capitalistas.
+
+Comen carne dos veces al día, desprecian la gallina del puchero, y
+prefieren el pollo asado. Pagan el sueldo de un instituidor y un médico
+comunal, construyen, sin necesidad de levantar empréstitos, un
+ayuntamiento y una iglesia, y votan a mi espiritual amigo el doctor
+Veron, en las elecciones municipales. Sus muchachas son preciosas, si no
+me es infiel la memoria. El sabio arqueólogo Cubaudet, archivero de la
+subprefectura de Sceaux, asegura que Parthenay es una colonia griega, y
+que su nombre se deriva de la palabra _Parthemos_, virgen o mujer joven
+(expresiones sinónimas entre los pueblos cultos). Pero esta digresión
+nos aleja del bueno de Ayvaz.
+
+Llegó el primero al lugar de la cita, todavía encolerizado. ¡Con qué
+furor paseaba por la plaza de la aldea, esperando al enemigo! Ocultaba
+bajo sus vestidos dos formidable yataganes, de finísimas hojas de
+Damasco. ¿Qué digo de Damasco? Dos hojas japonesas, de esas que cortan
+una barra de hierro con igual facilidad que si se tratase de un
+espárrago, con tal de que sean manejadas por un brazo vigoroso.
+Ahmed-Bey y el fiel intérprete seguían a su amigo y le daban los más
+sabios consejos: atacar con prudencia, descubrirse lo menos posible,
+comenzar la partida con un salto, en fin, cuantas recomendaciones pueden
+hacerse a un novicio que se presenta por primera vez en la liza, sin
+haber aprendido a tirar.
+
+--Gracias por vuestros consejos--respondía el obstinado;--pero no
+necesito tantos requisitos para cortarle las narices a un notario.
+
+El objetivo de su venganza no tardó en aparecer entre dos cristales de
+gafas, a la puerta de un carruaje. Pero M. L'Ambert no descendió,
+limitándose a saludar. El marqués echó pie a tierra, y vino a decir a
+Ahmed-Bey:
+
+--Conozco un sitio excelente, a veinte minutos de aquí; tened la
+amabilidad de subir nuevamente al carruaje, con vuestros amigos, y
+seguirnos.
+
+Tomaron los beligerantes un camino transversal, y descendieron a un
+kilómetro del caserío.
+
+--Señores--dijo el marqués,--podemos ir a pie hasta aquel bosquecillo
+que allí veis. Los cocheros pueden esperarnos aquí. Nos hemos olvidado
+de traer con nosotros un médico; pero el lacayo, que he dejado en
+Parthenay, tiene encargo de traernos el de la localidad.
+
+El cochero del turco era uno de esos merodeadores parisienses que
+circulan después de media noche bajo un número de contrabando. Ayvaz lo
+había tomado a la puerta de la señorita Tompain, y no lo había vuelto a
+dejar. El muy truhán sonrió maliciosamente cuando vio que le mandaban
+detenerse en medio del campo, y que llevaban sables debajo de las
+mantas.
+
+--¡Buena suerte, caballero!--le dijo al valiente Ayvaz.--Nada tenéis que
+temer, porque yo doy la suerte a mis clientes. Aun no hace un año llevé
+en mi coche a uno que había muerto a su adversario. Por cierto que me
+dio veinticinco francos de propina, ¡como os lo estoy refiriendo!
+
+--Yo te daré cincuenta--respondiole Ayvaz,--si quiere Dios que realice
+la venganza que medito.
+
+M. L'Ambert tiraba perfectamente, pero era demasiado conocido en las
+salas de esgrima de París para haber tenido jamás ninguna ocasión de
+batirse. Por eso, en el verdadero terreno del honor, era tan nuevo como
+Ayvaz: se comprende, por lo tanto, que aunque hubiese vencido en
+diferentes asaltos a los maestros y prebostes de varios regimientos de
+caballería, experimentase una sorda trepidación, que no era miedo, pero
+que producía efectos análogos a éste. La conversación durante el camino
+había sido animada: había hecho gala ante sus amigos de una alegría
+sincera, aunque un poco febril. Había encendido tres o cuatro cigarros,
+y arrojádolos al poco de empezados. Cuando todos descendieron del coche,
+marchó él con paso firme, demasiado firme tal vez. En el fondo de su
+alma sentía cierta aprensión completamente viril, completamente
+francesa: desconfiaba de su sistema nervioso, y temía no parecer todo lo
+valiente que era.
+
+Parece que las facultades del alma se multiplican en los momentos
+críticos de la vida. Por eso a M. L'Ambert, a pesar de hallarse
+preocupado en grado sumo con el pequeño drama en que iba a representar
+tan importante papel, los objetos más insignificantes del mundo
+exterior, los que hubieran pasado completamente inadvertidos para él en
+circunstancias ordinarias, atraían y retenían su atención con un poder
+irresistible. A sus ojos, la naturaleza se hallaba iluminada por una
+nueva luz, más clara, más transparente, más límpida, más cruda que la
+luz apagada del sol. Su preocupación subrayaba, por decirlo así, todo lo
+que sus ojos veían. En una revuelta del sendero, descubrió un gato que
+caminaba a paso lento por entre dos hileras de grosellas: uno de esos
+gatos tan comunes en las aldeas, largo, flaco, de piel blanca llena de
+manchas rojizas; uno de esos animales medio salvajes que a favor de los
+cuales hacen renuncia sus amos, con una esplendidez nada común, de todos
+los ratones que atrapan. El que atrajo la atención de L'Ambert había
+visto, sin duda, que la morada de su dueño no ofrecía ya bastante caza,
+y buscaba en plena campiña un suplemento a su pitanza. Los ojos del
+señorito L'Ambert, después de haber errado algún tiempo a la ventura,
+sintiéronse atraídos y como fascinados por el gesto de aquel gato.
+Observolo atentamente, admiró la flexibilidad de sus músculos, el
+vigoroso perfil de sus mandíbulas, y creyó hacer un descubrimiento
+trascendental, digno de un naturalista, observando que el gato es un
+tigre en miniatura.
+
+--¿Qué diablo miráis en ese punto?--preguntole el marqués, dándole, con
+cariño, una palmada en el hombro.
+
+Volvió el notario a la realidad de la vida, y respondió con el tono más
+desenvuelto del mundo:
+
+--Ese estúpido animal me ha distraído. No podéis imaginaros, marqués,
+los estragos que estas bestias ocasionan en la caza. Se comen más
+nidadas que perdigones tiramos nosotros. ¡Si tuviese una escopeta!...
+
+Y acompañando el gesto a la palabra, hizo ademán de echarse la escopeta
+a la cara, señalando al animal con el dedo. El gato comprendió la
+intención, dio un salto atrás y fugose, para reaparecer doscientos pasos
+más lejos, lavándose la cara, entre unas matas de colsa, como si
+aguardase a los parisienses.
+
+--¿Te has propuesto seguirnos?--exclamó el notario repitiendo la
+amenaza. La prudentísima bestia huyó de nuevo; pero reapareció a la
+entrada del claro del bosque donde iban a batirse. M. L'Ambert, con la
+superstición del jugador que va a exponer una suma importante, quiso
+ahuyentar aquella bestia maléfica, y le arrojó una piedra; mas, como
+errase el golpe, el gato trepó a un árbol, y allí se estuvo quedo.
+
+Entretanto, los testigos habían elegido el terreno y echado a suerte
+los puestos. El mejor tocó a M. L'Ambert. La suerte quiso también que se
+empleasen sus armas, y no los yataganes japoneses, que tal vez le
+hubiesen impuesto.
+
+A Ayvaz todo le tenía sin cuidado: cualquier arma era buena para él.
+Contemplaba la nariz de su enemigo como mira el pescador una trucha
+apetitosa suspendida del extremo de su caña. Despojose vivamente de la
+ropa que no consideró indispensable, arrojó sobre la hierba su fez rojo
+y su levita verde, y se arremangó hasta el codo las mangas de la camisa.
+Es de suponer que los turcos más dormidos se despierten al tintineo de
+las armas. Aquel grueso muchachote, cuya fisonomía no tenía nada de
+paternal, pareció transfigurarse. Su rostro se iluminó, sus ojos
+lanzaron rayos. Tomó un sable de manos del marqués, retrocedió dos
+pasos, y entonó en idioma turco una improvisación poética que su amigo
+Osmán-Bey tuvo la amabilidad de anotar y traducirnos:
+
+--Armado estoy para el combate; ¡Dios confunda al malvado que me ofende!
+La sangre se lava con sangre. Me heriste con la mano, yo te heriré con
+el sable. Tu rostro mutilado hará reír a las mujeres hermosas:
+Schelosser y Mercier, Thibert y Savile, te volverán la espalda con
+desprecio. Perderás para siempre el perfume de las rosas de Izmir. ¡Que
+Mahoma me dé fuerzas, que el valor no tengo que pedírselo a nadie!
+¡Hurra! ¡que armado estoy para el combate!
+
+Dicho esto, lanzose sobre su adversario, atacándole en tercia o en
+cuarta, pues no entiendo una palabra de estas andanzas, ni él, ni su
+adversario, ni los testigos tampoco. Pero una oleada de sangre brotó de
+la punta del sable, unas gafas rodaron por el suelo, y el notario sintió
+aligerada su cabeza del peso de su nariz. Quedábale aún de ella una
+parte para muestra, mas, tan insignificante, que no merece la pena de
+que la mencionemos siquiera.
+
+M. L'Ambert se dejó caer de espaldas, y se levantó otra vez en seguida
+para echar a correr, con la cabeza agachada, como un ciego o como un
+loco. En aquel preciso momento, un cuerpo opaco cayó desde lo alto de
+una encina. Un minuto después, presentose un hombrecillo enteco, con el
+sombrero en la mano, seguido de un lacayo de gran librea. Era M.
+Triquet, médico municipal de Parthenay.
+
+--¡Bien venido seáis, digno señor Triquet! Un ilustre notario de París
+precisa vuestros servicios con urgencia. Colocaos nuevamente vuestro
+grasiento sombrero sobre vuestro cráneo pelado, enjugaos las gotas de
+sudor que brillan sobre vuestros rojos carrillos, como el rocío sobre
+dos peonías en flor, y haceos quitar cuanto antes las manchas
+relucientes de vuestro respetable traje negro!
+
+Pero el buen hombre estaba demasiado emocionado para entrar en funciones
+sin demora. Hablaba a tontas y a locas, con voz temblorosa y jadeante.
+
+--¡Bondad divina!...--decía.--Dios os guarde, señores; reconózcanme como
+un nuevo servidor. ¿Acaso está permitido ponerse de esta manera? ¡Esto
+es una mutilación, demasiado bien lo veo! Decididamente, ya es tarde
+para tratar de reconciliaros: el mal no tiene remedio, ya está hecho.
+¡Ah, señores, señores! ¡la juventud jamás dejará de ser joven! Yo
+también estuve a punto de dejarme arrastrar por el criminal deseo de
+mutilar o destruir a un semejante. Fue en 1820. ¿Y qué hice, señores
+míos? Pues darle toda clase de excusas. De excusas, sí, y me jacto mucho
+de ello, y con tanto más motivo cuanto que toda la razón estaba de mi
+parte. ¿No habéis leído, por ventura, las admirables páginas de Rousseau
+contra el duelo? Son verdaderamente irrefutables: un trozo admirable de
+crestomatía moral y literaria. Y observad que Rousseau no dijo todavía
+en este asunto la última palabra. Si hubiese estudiado el cuerpo humano,
+esta obra maestra de la creación, esta imagen admirable de Dios sobre la
+tierra, habría demostrado, sin duda, que es gran pecado destruir un
+conjunto tan perfecto. Y no lo digo, en verdad, por la persona que ha
+recibido el golpe. ¡Dios me libre de tal cosa! ¡Tendría, sin duda,
+razones poderosas que respeto! ¡Pero si se supiese cuánto trabajo nos
+cuesta a los pobrecitos médicos el curar la más insignificante herida!
+Cierto que de eso vivimos, y de las enfermedades; pero, a pesar de todo,
+preferiría privarme de muchas cosas y no comer nada más que una tajada
+de tocino y un trozo de pan moreno, a tener que ser testigo de los
+sufrimientos del prójimo.
+
+El marqués interrumpió sus clamores.
+
+--Vaya, doctor--le dijo,--que la ocasión no es la más oportuna para
+filosofar. Este hombre se desangra como un buey, y es preciso, ante
+todo, tratar de contener la hemorragia.
+
+--Sí, señor--replicó vivamente el medicucho,--¡la hemorragia! esa es la
+verdadera palabra. Felizmente, todo lo tengo previsto. He aquí un frasco
+de agua hemostática, preparada según la fórmula de Brocchieri; yo la
+prefiero a la de Lechelle.
+
+Y se dirigió, con el frasco en la mano, hacia M. L'Ambert, que se había
+sentado al pie de un árbol y sangraba con tristeza.
+
+--Caballero--le dijo entre profundas reverencias,--podéis creerme que
+lamento sinceramente el no haber tenido el honor de conoceros con
+ocasión de un acontecimiento menos desagradable que este.
+
+Levantó melancólicamente la cabeza el señorito L'Ambert, y contestole
+con acento dolorido:
+
+--Doctor, ¿perderé la nariz?
+
+--No, señor, no la perderéis. ¡Válgame Dios, caballero! ¿cómo podríais
+perderla de nuevo, si la habéis perdido ya?
+
+Y mientras se expresaba de esta suerte, vertía el agua de Brocchieri
+sobre una compresa.
+
+--¡Cielos!--exclamó de repente,--tengo una idea, caballero. Puedo
+responderos del órgano tan útil como agradable que acabáis de perder.
+
+--¡Hablad pronto, por favor! Mi fortuna será entera para vos. ¡Ah,
+doctor! antes que vivir desfigurado de esta suerte, es preferible morir.
+
+--Eso suele decirse... ¡pero vamos a ver! ¿dónde está el trozo de nariz
+que os han cortado? No soy yo un cirujano de los vuelos de M. Velpeau, o
+de M. Huguier; pero trataré de hacer volver las cosas a su primitivo
+estado.
+
+El señorito L'Ambert levantose precipitadamente, y corrió al lugar de la
+lucha, seguido del marqués y de M. Steimbourg. Los turcos, que se
+paseaban juntos y cariacontecidos, porque el fuego de Ayvaz-Bey habíase
+extinguido en un segundo, aproximáronse también a sus antiguos
+enemigos. Hallose sin trabajo el lugar donde los combatientes habían
+pisoteado la fresca y naciente hierba; recuperáronse las gafas de oro,
+pero las narices del notario no hubo forma de encontrarlas. En cambio,
+vieron un gato, el horrible gato blanco con manchas rojizas, que se
+relamía con placer los labios ensangrentados.
+
+--¡Maldición!--exclamó el marqués, señalando al animal.
+
+Todo el mundo comprendió el gesto y la exclamación.
+
+--¿Será tiempo todavía?--preguntó el notario.
+
+--Tal vez--contestó el médico.
+
+Y todos corrieron hacia el gato. Pero el astuto animal no estaba por
+dejarse cazar, y corrió a su vez como alma que lleva el diablo a sus
+talones.
+
+Jamás había visto el pequeño bosque de Parthenay, ni volverá a ver
+tampoco, una caza semejante. Un marqués, un agente de cambio, tres
+diplomáticos, un médico de aldea, un lacayo con gran librea y un notario
+sangrando en su pañuelo, lanzáronse a carrera abierta tras un miserable
+gato. Corriendo, gritando, arrojándole piedras, ramas secas, y cuantos
+objetos encontraban al alcance de sus manos, atravesaron los caminos y
+los claros, y se internaron, bajando la cabeza, en los sitios más
+espesos del bosque. Ya agrupados, ya dispersos; unas veces escalonados
+sobre una línea recta, y otras formando círculo alrededor de la bestia;
+apaleando las malezas, sacudiendo los arbustos, trepando a los árboles,
+destrozándose el calzado con las raíces y troncos, y dejándose jirones
+de ropa entre las ramas de los arbustos, arrollábanlo todo como una
+tempestad; pero el gato endiablado corría más que el viento. En dos
+ocasiones lograron encerrarlo en un círculo, y otras tantas logró
+escapar, forzando el cerco. Un momento pareció como rendido de fatiga y
+de dolor, al caer de costado por querer saltar de un árbol a otro,
+siguiendo el camino de las ardillas. El lacayo de M. L'Ambert lanzose
+veloz sobre él, alcanzolo en pocos saltos y lo agarró por la cola. Pero
+el tigre en miniatura conquistó su libertad mediante un terrible
+zarpazo, y escapó fuera del bosque.
+
+Entonces comenzó la persecución a través de la llanura. Si largo era el
+camino que llevaban ya recorrido, inmensa era la planicie que, en forma
+de tablero de ajedrez, se extendía delante de los cazadores y de su
+codiciada presa.
+
+El calor era sofocante; gruesos nubarrones negros se amontonaban por
+occidente; el sudor corría copioso por todas las frentes; pero nada fue
+capaz de detener el furor de aquellos ocho hombres.
+
+M. L'Ambert, lleno todo de sangre, no cesaba de animar a sus compañeros
+con el gesto y con la voz. Los que nunca han visto a un notario
+corriendo tras sus narices no podrán hacerse cargo de su ardor. ¡Adiós
+frambuesas y fresas! Por dondequiera que pasaba el alud, quedaba la
+cosecha apabullada, destruida, aniquilada; todo eran flores mustias,
+brotes rotos, ramas tronchadas, tallos pisoteados. Sorprendidos los
+campesinos por la invasión de aquel azote nunca visto, arrojaban las
+regaderas, llamaban a sus vecinos, reclamaban el auxilio de los guardias
+rurales, exigían que les indemnizasen los daños y perjuicios, y
+lanzábanse en persecución de los cazadores.
+
+¡Victoria! ¡el gato ya está preso! Hase arrojado a un pozo. ¡Cubos!
+¡cuerdas! ¡escalas! Todos abrigan la esperanza, la casi seguridad de
+recuperar las narices del señorito L'Ambert intactas o poco menos. Mas
+¡ay! que este pozo no es un pozo como todos los demás. Es la boca de una
+cantera abandonada cuyas galerías forman una vasta red de más de diez
+leguas, y se extienden en todas direcciones, hallándose en comunicación
+con las catacumbas de París.
+
+Se pagan sus honorarios a M. Triquet; se abonan a los campesinos las
+indemnizaciones que exigen, y se emprende el regreso a Parthenay, bajo
+una lluvia torrencial.
+
+Antes de subir al carruaje, Ayvaz-Bey, mojado como un pato, y ya
+recuperada la calma por completo, vino a ofrecer su mano a M. L'Ambert.
+
+--Caballero--le dijo,--lamento sinceramente que mi obstinación haya
+llevado las cosas hasta este extremo. La Tompain no vale una gota
+siquiera de la sangre vertida por su culpa, y hoy mismo rompo con ella,
+pues no podría verla sin pensar en la desgracia que ha causado. Sois
+testigo de que he hecho cuanto me ha sido posible, como asimismo estos
+señores, por devolveros lo perdido. Ahora, permitidme esperar que este
+accidente no sea del todo irreparable. El médico de esta aldea nos ha
+recordado que existen en París cirujanos más hábiles que él; creo haber
+oído decir que la cirugía moderna poseía secretos infalibles para
+restaurar las partes del cuerpo humano mutiladas o perdidas. M. L'Ambert
+aceptó, con el humor que pueda suponerse cualquiera, la mano que le
+tendía su rival, y se hizo conducir al faubourg Saint-Germain en
+compañía de sus dos amigos.
+
+
+
+
+III
+
+DONDE DEFIENDE EL NOTARIO SU PELLEJO CON MÁS ÉXITO
+
+
+El cochero de Ayvaz-Bey era un hombre dichoso si los hay. Aquel bribón
+empedernido fue menos sensible a la propina de cincuenta francos que al
+placer de haber conducido a su cliente a la victoria.
+
+--¡En verdad que me agrada la manera que tenéis de arreglar a las
+personas!--le dijo al bueno de Ayvaz.--Bueno es saber cómo las gastáis.
+Si alguna vez os piso un pie, me apresuraré a pediros mil perdones en
+el acto. Ese pobre señor se verá negro si quiere tomar rapé. ¡Vamos,
+vamos! si alguien vuelve alguna vez a sostener ante mí que los turcos
+son unos torpes, ya sabré qué responderle. ¿No os dije que os daría
+buena suerte? Eso me sucede siempre. Conozco, en cambio, un viejo que le
+ocurre lo contrario: da siempre la mala pata a sus clientes. Ni por
+casualidad conduce una vez sola al terreno del honor a nadie que salga
+ileso... ¡Arre, pajarita! ¡vamos, que conduces a un héroe! ¡Hoy te
+envidiarían los caballos de los césares de Roma!
+
+Estas burlas crueles no lograron desarrugar el entrecejo de los turcos,
+y el cochero, en vista de que sus palabras no hacían gracia, adoptó el
+prudente partido de callarse.
+
+En otro carruaje infinitamente más elegante y mucho mejor entroncado,
+lamentábase el notario en presencia de sus dos amigos.
+
+--Todo concluyó para mí--les decía;--soy hombre muerto; no me queda otro
+recurso que saltarme la tapa de los sesos. ¿Cómo presentarme de nuevo en
+sociedad, en la Opera, ni en ningún otro teatro? ¿Queréis que comparezca
+ante el mundo con esta cara grotesca y lamentable, que excitará en unos
+la risa y en otros la compasión?
+
+--¡Bah!--respondiole el marqués,--la gente se acostumbra a todo. Y, en
+último caso, si el mundo nos causa espanto, permanecemos en casa.
+
+--¡Permanecer siempre en casa! ¡bonito porvenir! ¿Imagináis, por
+ventura, que han de venir las mujeres a buscarme a domicilio, en el
+estado en que me encuentro?
+
+--¡Os casaréis! He conocido a un teniente de coraceros que había
+perdido un brazo, una pierna y un ojo. Cierto que no era el terror de
+los maridos, ni el ídolo de las mujeres; pero se casó con una buena
+muchacha, ni fea ni bonita, que lo quiso con toda su alma, y lo hizo
+dichoso por completo.
+
+No debió de parecerle al notario demasiado consoladora semejante
+perspectiva, porque exclamó con acento desesperado:
+
+--¡Oh, las mujeres! ¡las mujeres! ¡las mujeres!
+
+--¡Demontre!--exclamó el marqués,--¡qué importancia concedéis a las
+mujeres! ¡Ni que ellas lo fuesen todo! Hay en el mundo otras cosas
+agradables. ¡Se dedica uno a mirar por su salud, qué diablo! A
+encarrilar su alma, a cultivar su espíritu, a hacer bien a su prójimo, a
+llenar los deberes de su estado. ¡No es preciso poseer una nariz
+prominente para ser buen cristiano, buen padre de familia y buen
+notario!
+
+--¡Notario!--replicó él con amargura poco disimulada,--¡notario! En
+efecto, eso aun lo soy. Ayer era un hombre de mundo, un verdadero
+_gentleman_, y, hasta puedo decirlo prescindiendo de falsas modestias,
+un caballero cuyo trato se disputaban todos. Hoy sólo soy un notario. ¿Y
+quién sabe si lo seguiré siendo mañana? Una indiscreción del lacayo
+bastaría para divulgar esta estúpida aventura. Con dos palabras que diga
+cualquier periódico, la justicia se verá obligada a perseguir a mi
+adversario, y a sus testigos, y a vosotros mismos, señores. Y heme
+entonces aquí conducido ante el tribunal correccional, y teniéndole que
+referir dónde, cuándo y por qué he perseguido a la señorita Victorina
+Tompain. Suponed un escándalo semejante, y decidme si el notario podrá
+sobrevivirle.
+
+--Amigo mío--le dijo el marqués,--os asustáis de peligros imaginarios.
+Las gentes de nuestro mundo, de este mundo a que vos pertenecéis
+también, poseen el derecho de rebanarse el cuello impunemente. El
+ministerio público cierra los ojos cuando se trata de nuestras
+querellas, y no hay justicia que valga. Comprendo que se metan un poco
+con los periodistas, los artistas y otros seres de condición inferior
+cuando se permiten tirar de la espada: conviene recordar a esas gentes
+que tienen puños para batirse, y que basta con creces esta arma para
+vengar la clase de honor que poseen. Pero porque un caballero se
+conduzca y proceda como tal, la justicia no tiene nada que decir, y nada
+dice. Yo he tenido unos quince o veinte lances desde que dejé el
+servicio, y algunos, en verdad, bien desgraciados para mis adversarios;
+y, sin embargo, ¿habéis leído mi nombre alguna vez en la _Gaceta de los
+Tribunales_?
+
+M. Steimbourg hallábase menos ligado con M. L'Ambert que el marqués de
+Villemaurin; no tenía, como éste, todos sus títulos de propiedad en el
+estudio de la calle de Varneuil desde hacía cuatro o cinco generaciones.
+No conocía a aquellos dos caballeros más que del círculo y de la partida
+de _whist_, y tal vez también por algunos corretajes que le habían hecho
+ganar. Pero era un buen muchacho y hombre de bastante talento, e hizo, a
+su vez, algunos razonamientos acertados al notario, para consolarle en
+su aflicción. A su entender, M. de Villemaurin ponía las cosas peor de
+lo que ya estaban: existían otros recursos. Decir a M. L'Ambert que
+quedaría desfigurado para toda su vida, era desesperar demasiado pronto
+de la ciencia.
+
+--¿De qué nos serviría haber nacido en el siglo XIX, si el menor
+accidente hubiera de ser, como antaño, un mal irreparable? ¿Qué
+superioridad tendríamos entonces sobre los hombres de la Edad de Oro? No
+blasfememos del nombre sacrosanto del progreso. La cirugía operatoria se
+halla, gracias a Dios, más floreciente que nunca en la patria de
+Ambrosio Paré. El buen doctor de Parthenay nos ha citado los nombres de
+ciertos ilustres maestros que descuellan por la habilidad con que
+reparan con éxito las injurias que sufre el cuerpo humano. Ya estamos a
+las puertas de París; enviaremos a preguntar a la farmacia más próxima,
+y en ella nos darán la dirección de Velpeau o de Huguier; vuestro lacayo
+irá a buscar en seguida a cualquiera de estas dos eminencias, y os lo
+traerá a vuestra casa. Tengo la seguridad de haber oído decir que los
+cirujanos rehacen un labio, un párpado o una oreja: ¿es acaso más
+difícil restaurar una nariz?
+
+Por muy vaga que fuese esta esperanza, reanimó, sin embargo, al infeliz
+notario, que había dejado de sangrar hacía ya media hora. La idea de
+volver a ser lo que era y de reanudar el curso normal de su vida,
+prodújole una especie de delirio. ¡Qué verdad es que nadie sabe apreciar
+la dicha de estar completo hasta que no la ha perdido!
+
+--¡Ah, amigos míos!--exclamó frotándose las manos de esperanza,--mi
+fortuna pertenece al hombre que me cure. Por grandes que sean los
+tormentos que me esperen, los sufriré gustoso si me garantizan el
+éxito. ¡Ni el dolor ni los gastos me harán retroceder!
+
+Animado de estos sentimientos llegó el notario a su casa de la calle de
+Verneuil, mientras buscaba su lacayo la dirección de los cirujanos más
+célebres. El marqués y Steimbourg le condujeron a su cuarto, y se
+despidieron de él, el uno para ir a tranquilizar a su mujer y a sus
+hijas, que no le habían vuelto a ver desde la víspera, y el otro para
+correr a la Bolsa.
+
+Solo consigo mismo, ante un espejo de Venecia que le mostraba sin piedad
+su nueva imagen, cayó Alfredo L'Ambert en un abatimiento profundo. Aquel
+hombre fuerte, que no lloraba jamás en el teatro por ser cosa propia de
+las gentes del pueblo; aquel _gentleman_ de frente bronceada, que había
+enterrado a sus padres con la impasibilidad más serena, lloró la
+mutilación de su bella persona, y se bañó en lágrimas de egoísmo.
+
+Su lacayo vino a arrancarle de su amargo dolor prometiéndole la visita
+de M. Bernier, cirujano del Hospital, miembro de la Sociedad de Cirugía
+y de la Academia de Medicina, profesor de clínica, etc., etc. El criado
+había ido a buscar al más próximo, y no anduvo desacertado, porque M.
+Bernier, si bien no estaba a la altura de los Velpeau, los Manee y los
+Huguier, ocupaba un lugar muy honroso inmediatamente después de ellos.
+
+--¡Que venga!--exclamó M. L'Ambert.--¿Por qué no está aquí ya? ¿Creen,
+por ventura, que me encuentro en situación de esperar?
+
+Y se echó a llorar de nuevo. ¡Llorar en presencia de sus domésticos! ¿Es
+posible que un sablazo modifique en tales términos las costumbres de un
+hombre? Seguramente era preciso que el arma del buen Ayvaz, al cortar
+el canal nasal, hubiese conmovido el saco lagrimal y los tubérculos
+mismos.
+
+Enjugose el notario los ojos para leer un grueso volumen en 12º, que le
+habían traído con urgencia de parte de M. Steimbourg. Era la _Cirugía
+operatoria_, de Ringuet, excelente manual enriquecido con unos
+trescientos grabados. M. Steimbourg había comprado el libro, al
+dirigirse a la Bolsa, y se lo enviaba a su cliente para tranquilizarle
+sin duda.
+
+Pero el efecto que le produjo su lectura fue muy otro de lo que se había
+supuesto. Cuando hubo hojeado el notario las primeras doscientas
+páginas, y visto desfilar ante sus ojos la serie lamentable de
+ligaduras, amputaciones, resecciones y cauterizaciones, dejó caer el
+libro y se echó en una butaca, apretando los ojos con horror. Mas esta
+precaución no evitole seguir viendo pieles seccionadas, músculos
+separados por pinzas, miembros seccionados a grandes tajos, huesos
+aserrados por manos de operadores invisibles. Los rostros de los
+operados que se ven en los dibujos anatómicos, parecíanle tranquilos,
+resignados, insensibles al dolor, y preguntábase si tal dosis de valor
+podía ser compatible con la naturaleza de las almas humanas. Seguía
+viendo, sobre todo, al cirujano de la página 89, todo vestido de negro,
+con un cuello de terciopelo en su levita. Este fantástico ser tiene la
+cabeza redonda y algo grande, la frente despejada, y asierra con esmero
+y seriedad los dos huesos de una pierna viva.
+
+--¡Monstruo!--exclamó, sin poder contenerse, M. L'Ambert.
+
+Y en aquel mismo instante, vio entrar al monstruo en persona, y el
+criado anunció a M. Bernier.
+
+El notario retrocedió, reculando, hasta el rincón más oscuro de su
+cuarto, con los ojos desmesuradamente abiertos, la mirada extraviada, y
+extendiendo hacia adelante los brazos, como para rechazar a un enemigo.
+Castañeteando los dientes, murmuró con voz sofocada, como en las novelas
+de Javier de Montepin:
+
+--¡Él! ¡él! ¡él!
+
+--Caballero--dijo el doctor,--siento haberos hecho aguardar, y os
+suplico que os calméis. Ya conozco el accidente de que acabáis de ser
+víctima, y me atrevo a esperar que el mal tenga remedio. Pero nada
+podremos hacer si tenéis miedo de mí.
+
+La palabra miedo tiene siempre un sonido desagradable para los oídos
+franceses. M. L'Ambert descargó con el pie un fuerte golpe sobre el
+suelo, avanzó decididamente hacia el doctor, y le dijo con una risita
+demasiado nerviosa para ser natural.
+
+--¡Vamos, doctor! tenéis, al parecer, ganas de broma. ¿Tengo cara, por
+ventura, de cobarde? Si lo fuese, no me hubiera puesto en el trance esta
+mañana de que me descompletasen mi pobre humanidad. Pero, mientras os
+estaba esperando, he hojeado un libro de cirugía, y acababa en este
+momento de ver en él la figura de un cirujano que tiene cierto parecido
+con vos, cuando, al entrar, me habéis hecho el efecto de un aparecido.
+Añadid a esta sorpresa las emociones sufridas esta mañana, y quién sabe
+si acaso también algún movimiento febril, y me perdonaréis lo que de
+raro hayáis notado en la acogida que os hice.
+
+--¡En hora buena!--dijo M. Bernier, recogiendo el libro del suelo.--¡Ah!
+¡leíais a Ringuet! Es muy amigo mío. Recuerdo, efectivamente, que me
+hizo representar en un grabado, con arreglo a un croquis de Leveillé.
+Pero sentaos, por favor.
+
+Calmose un poco el notario y refirió al doctor los acontecimientos de la
+jornada, sin echar en olvido el incidente del gato que, por decirlo así,
+habíale hecho perder por segunda vez su tan llorada nariz.
+
+--Es una gran desgracia--observó el cirujano,--pero es posible repararla
+en el término de un mes. Supuesto que tenéis en vuestro poder el libro
+de Ringuet, poseeréis seguramente algunas nociones de cirugía.
+
+M. L'Ambert confesó que no había llegado aún a ese capítulo.
+
+--Pues bien--replicó M. Bernier,--voy a condensároslo en cuatro
+palabras. La rinoplastia es el arte de rehacer la nariz a los
+imprudentes que la han perdido.
+
+--¿Pero es de veras, doctor?... ¿es posible ese milagro?... ¿Ha
+encontrado la cirugía la manera de...?
+
+--Ha encontrado tres sistemas nada menos. Descartemos el método francés,
+pues no lo considero aplicable al caso vuestro. Si la pérdida de
+sustancia fuese menos considerable, podría despegar los bordes de la
+herida, avivarlos, ponerlos en contacto y unirlos de primera intención.
+Mas no hay que pensar en esto.
+
+--De lo que me alegro infinito--contestole el notario.--No podéis
+imaginaros, doctor, hasta qué punto la idea de heridas avivadas y de
+bordes suturados me descomponen los nervios. ¡Examinemos otros medios
+más suaves, yo os lo ruego!
+
+--La cirugía raramente procede con dulzura; pero, en fin, os queda la
+elección entre el sistema indio y el italiano. El primero consiste en
+cortar en la piel de vuestra frente una especie de triángulo, con el
+vértice hacia abajo y la base hacia arriba, con el cual se fabrica la
+nueva nariz. Se despega este trozo de piel en toda su extensión, salvo
+el vértice inferior que debe permanecer adherido. Se le hace girar sobre
+este vértice, a fin de que me quede siempre hacia fuera la epidermis, se
+le rebate hacia abajo y se cosen sus bordes a los de la herida. En otros
+términos, puedo haceros otra nariz bastante presentable a expensas de
+vuestra frente. El éxito de la operación es casi cierto; pero siempre
+conservaréis en la frente una extensa cicatriz.
+
+--No quiero cicatrices, doctor; no las quiero a ningún precio. Os digo
+más, doctor (y perdonadme esta debilidad), desearía que, a ser posible,
+no me hicieseis ninguna operación. Acabo de sufrir una hace poco, de
+manos de ese turco condenado, y, para prueba, ya basta. Se me hiela la
+sangre al recordar la sensación solamente. Tengo tanto valor como
+cualquier otro hombre, mas tengo nervios también. La muerte no me
+asusta, pero el sufrimiento me aterra. Matadme, si queréis, pero, ¡por
+Dios no me cortéis más nada!
+
+--Caballero--replicole el doctor, con cierto dejo de ironía,--si tal
+prevención sentís contra las operaciones, hubierais debido llamar a un
+médico homeópata en vez de hacer venir a un cirujano.
+
+--No os burléis de mí, doctor. No he sabido reprimirme ante la idea de
+la operación india. Los indios son salvajes y tienen una cirugía digna
+de ellos. ¿No habéis hablado también de un sistema italiano? No me
+agradan los italianos por su política. Son un pueblo ingrato, que ha
+observado la conducta más negra con sus legítimos amos; pero, en materia
+de ciencia, no siento ninguna prevención contra esos bribones.
+
+--Muy bien--respondió el doctor,--optad, si os place, por el método
+italiano. Da a veces resultados excelentes, pero exige una inmovilidad y
+paciencia de la que tal vez no seáis capaz.
+
+--Si sólo se trata de inmovilidad y paciencia, os respondo en absoluto
+de mí.
+
+--¿Sois capaz de permanecer, por espacio de treinta días, en una
+posición extremadamente molesta?
+
+--Sí.
+
+--¿Con la nariz cosida al brazo derecho?
+
+--Sí.
+
+--En ese caso, os cortaré del brazo un trozo triangular de piel, de
+quince o diez y seis centímetros de longitud, por diez u once de
+anchura...
+
+--¿Que me cortaréis a mí ese trozo de piel?
+
+--Sin duda.
+
+--¡Pero eso es espantoso, doctor! ¡desollarme vivo! ¡sacarme el pellejo
+a tiras! ¡eso es bárbaro, inhumano, propio de la Edad Media, digno sólo
+de Shiloock, el judío de Venecia!
+
+--Lo de menos es la herida del brazo. Lo difícil es permanecer cosido a
+sí mismo por espacio de treinta días.
+
+--A mí sólo me horroriza el corte del escalpelo. Cuando se ha sentido ya
+el frío de la hoja de acero al penetrar en la carne viva, se horripila
+uno al pensarlo. Una vez, y nada más, mi querido doctor.
+
+--Siendo así, caballero, no hay nada que aquí exija mi presencia: Os
+quedaréis sin nariz para toda vuestra vida.
+
+Esta especie de condena sumió al pobre notario en profunda
+consternación, que le hizo recorrer la estancia a grandes pasos,
+mesándose los cabellos de su hermosa y rubia cabellera como un loco.
+
+--¡Mutilado!--exclamaba, llorando;--¡mutilado para siempre! ¡No hay
+remedio para mí! ¡Si existiese alguna droga, algún tópico misterioso
+cuya virtud devolviera la nariz a los que la han perdido, lo compraría a
+peso de oro! ¡Lo enviaría a buscar al fin del mundo! Hasta sería capaz
+de fletar para ello un buque si no hubiera otro remedio. ¡Pero nada! ¿de
+qué me sirve ser rico? ¿de qué sirve que seáis un cirujano ilustre, si
+toda vuestra habilidad y todos mis sacrificios no sirven absolutamente
+para nada? ¡Riqueza, ciencia! ¡he aquí dos palabras hueras!
+
+Pero M. Bernier le respondía de vez en cuando, con imperturbable calma:
+
+--Permitidme que os corte un trozo de piel del brazo, y os reconstruiré
+la nariz.
+
+M. L'Ambert pareció decidirse un instante. Quitose la levita y
+arremangose la manga de la camisa; pero cuando vio abierto el estuche
+del cirujano, y brillaron ante sus aterrados ojos las hojas relumbrantes
+de treinta instrumentos de suplicio, palideció intensamente y se
+desplomó, desmayado, sobre una butaca. Algunas gotas de agua con vinagre
+le devolvieron el conocimiento, mas no la resolución.
+
+--No pensemos más en esto--dijo recuperando la calma.--Nuestra
+generación posee toda clase de valores, mas se arredra ante el dolor. Es
+culpa de nuestros padres que nos han criado envueltos entre nubes de
+algodón en rama.
+
+Pocos instantes después, aquel joven, que profesaba los más religiosos
+principios, púsose a blasfemar de la Providencia.
+
+--En realidad--exclamó,--el mundo es una gran trapisonda, ¡bendigamos
+por ello al Creador! Con mis doscientos mil francos de renta, me quedaré
+para el resto de mi vida tan chato como una calavera; en tanto que mi
+portero, que no tiene jamás en el bolsillo diez escudos, lucirá la nariz
+de un Apolo de Beldevere. ¡La Suprema Sabiduría, que tantas cosas ha
+previsto, no acertó a prever que un turco me cortaría la cabeza por
+saludar a la señorita Victorina Tompain! Hay en Francia tres millones de
+pordioseros, todos los cuales juntos no valen medio franco, ¡y no puedo
+yo comprar a peso de oro la nariz de cualquiera de esos miserables!...
+Y, después de todo, ¿por qué?
+
+Su rostro iluminose por un rayo de esperanza, y añadió, con tono más
+dulce:
+
+--Mi anciano tío de Poitiers, en su última enfermedad, se hizo inyectar
+cien gramos de sangre bretona en la vena cefálica mediana: un antiguo
+servidor prestose a suministrársela. Mi bella tía Giromagny, cuando aún
+conservaba su belleza, hizo arrancar un incisivo a una de sus doncellas
+más hermosas para reemplazar un diente que acababa de perder. Este
+expediente dio un resultado magnífico, y no costó arriba de tres luises.
+Doctor, vos me habéis dicho que, a no ser por la trastada de ese maldito
+gato, hubierais podido colocarme nuevamente la nariz en su sitio,
+cosiéndomela con cuidado. ¿Me lo habéis dicho, o no?
+
+--Sin duda, y os lo repito.
+
+--Y si lograse comprar la nariz de algún pobre diablo, ¿podríais también
+colocármela en reemplazo de la mía?
+
+--Claro está que podría...
+
+--¡Oh, magnífico!
+
+--Pero no me prestaría a hacerlo, ni ninguno de mis colegas tampoco.
+
+--¿Y por qué, queréis decirme?
+
+--Porque mutilar a un hombre sano es un crimen, por muy estúpido que
+sea, o muy hambriento que se halle el paciente para consentir en ello.
+
+--A la verdad, doctor, que confundís mis nociones relativas a lo justo y
+a lo injusto. Yo me hice reemplazar, cuando fui llamado a filas,
+mediante un centenar de luises, por una especie de alsaciano, de pelo
+alazán tostado. A mi hombre (porque era bien mío) hubo de llevarle la
+cabeza una bala de cañón, el 30 de abril de 1849. Y como dicha bala me
+estaba destinada a mí por la suerte, puedo decir con verdad que el
+alsaciano en cuestión vendiome su cabeza y toda su persona entera por un
+centenar de luises, o algo más. El Estado no sólo toleró, sino que
+aprobó esta combinación; vos tampoco tendréis nada que objetar; es muy
+posible que vos mismo hayáis comprado también al mismo precio un hombre
+entero, que se haya matado por vos. ¡Y sois capaz de escandalizaros
+porque ofrezco doble precio, al primer bribón que se presente, por sólo
+la punta de la nariz!
+
+El doctor detúvose un momento a meditar una respuesta lógica. Pero, como
+no la encontrase, dijo al señorito L'Ambert:
+
+--Si bien no permite mi conciencia desfigurar a otro hombre en beneficio
+vuestro, creo que podría, sin escrúpulo, cortar del brazo de cualquier
+perillán los pocos centímetros cuadrados de piel que os hacen falta.
+
+--¡Vaya, doctor! ¡tomadlos de dónde mejor os plazca, con tal de que
+reparéis este estúpido accidente! Busquemos en seguida un hombre de
+buena voluntad, y ¡viva el método italiano!
+
+--Os prevengo de nuevo, sin embargo, que tendréis que permanecer un mes
+entero en una situación bien molesta.
+
+--¡Qué me importan todas las molestias del mundo, si al cabo de ese mes
+puedo presentarme de nuevo en el _foyer_ de la Opera!
+
+--Convenido. ¿Habéis pensado ya en alguien? ¿Acaso ese portero de quien
+ahora poco hablabais...?
+
+--¡Me parece muy bien! Será fácil comprarlo, con su mujer y sus hijos,
+por un centenar de escudos. Cuando Barberau, su antecesor, se retiró no
+sé adónde, para vivir de sus rentas, un cliente recomendome a este, que
+se estaba literalmente muriendo de hambre.
+
+Llamó M. L'Ambert, y ordenó al ayuda de cámara, que se presentó al
+instante, que hiciera subir a Singuet, el nuevo portero.
+
+Acudió el hombre, y lanzó un grito de espanto al contemplar el rostro de
+su amo.
+
+Era el verdadero tipo del pobre diablo parisiense, que es el más pobre
+de todos los diablos: un hombrecillo de treinta y cinco años de edad, al
+cual todos le hubieran echado sesenta, a juzgar por su aspecto flaco,
+amarillo y desmirriado.
+
+M. Bernier examinolo atentamente y le mandó volver otra vez a la
+portería.
+
+--La piel de este hombre--dijo--no sirve para nada. Acordaos que los
+jardineros toman las varas, para efectuar sus injertos, de los árboles
+más sanos y rollizos. Elegidme a un mozo fuerte y rebosando salud entre
+vuestra servidumbre; de sobra los tendréis.
+
+--Sí, pero no será empresa fácil convencerlos. Mis criados son todos
+caballeros, que poseen capitales y valores en cartera, y especulan al
+alza y a la baja, como todos los criados de casa grande. No creo que
+haya ninguno entre ellos que quiera comprar con el precio de su sangre
+un dinero que se gana tan fácilmente en la Bolsa.
+
+--Pero tal vez halléis alguno que por abnegación y cariño...
+
+--¿Abnegación y cariño entre estas gentes? ¡Creo que os burláis, doctor!
+Nuestros padres tenían servidores abnegados: nosotros sólo poseemos unos
+grandísimos pillos que medran a nuestra costa, y, en el fondo, tal vez
+salgamos ganando. Nuestros padres, que se veían amados por estas
+gentes, creíanse obligados a pagarles en la misma moneda. Sufrían sus
+defectos, asistíanlos en sus enfermedades, alimentábanlos en su vejez:
+esto era insoportable. Yo pago a mis criados para que me sirvan bien, y,
+cuando no estoy satisfecho de ellos, los despido, sin meterme a
+averiguar si es falta de voluntad, vejez o indisposición lo que motiva
+su mal comportamiento.
+
+--Entonces no encontraremos en vuestra casa el hombre que precisamos.
+¿Tenéis alguno a la vista?
+
+--¿Yo? Ninguno. Pero es igual; el primer advenedizo, el mozo de cordel
+de la esquina, el aguador que grita en este momento en la calle.
+
+Sacó del bolsillo las gafas, levantó ligeramente la cortina, examinó, a
+través de aquéllas, la calle de Beaune, y dijo al doctor:
+
+--He ahí a un muchacho que no tiene mala cara. Tened la bondad de
+hacerle señas, porque yo no me atrevo a mostrar a los transeúntes mi
+rostro.
+
+M. Bernier abrió la ventana en el momento en que la víctima elegida
+gritaba a plenos pulmones:
+
+--¡Agua muy fresca!
+
+--¡Muchacho!--gritole el doctor,--dejad vuestro tonel y subid por la
+calle de Verneuil, si queréis ganar un buen puñado de luises.
+
+
+
+
+IV
+
+CHEBACHTIÁN ROMAGNÉ
+
+
+Llamábase Romagné, por su padre. Sus padrinos le habían puesto, al
+bautizarle, Sebastián; pero, como era natural de Frognac-les-Mauriac,
+departamento de Cantal, invocaba a su patrón bajo el nombre de _Chan
+Chebachtián_. Todo hace presumir que había escrito su nombre con _ch_;
+pero, afortunadamente, no sabía escribir. Este hijo de la Auvernia
+contaba veinticuatro o veinticinco años de edad, y poseía la
+constitución de un verdadero Hércules: alto, grueso, rechoncho,
+colorado; fuerte como un buey de labor, dulce y fácil de conducir como
+un corderillo blanco. Imaginaos un hombre fabricado de la pasta mejor,
+al par que la más grosera.
+
+Era el mayor de diez hijos, entre mujercitas y varones, que tragaban y
+bullían bajo el techo paternal. Su padre poseía una cabaña, un pedazo de
+tierra, algunos castaños en el monte, media docena de cerdos, y dos
+brazos para cavar el terreno. La madre hilaba cáñamo; los varones
+ayudaban al padre; las mujercitas arreglaban la casa y se cuidaban las
+unas a las otras, haciendo la mayor de niñera de la más pequeña, y así
+todas las otras, hasta terminar la escala.
+
+El joven Sebastián jamás brilló por su inteligencia, ni por su memoria,
+ni por ningún don intelectual; pero, en cambio, poseía un corazón
+excelente. Le habían enseñado algunos capítulos del catecismo como se
+enseña a los mirlos a silbar cualquier tonadilla; pero siempre profesó
+los sentimientos más cristianos. Jamás abusó de sus fuerzas contra las
+personas ni contra los animales; evitaba las querellas y recibía con
+frecuencia coscorrones, sin devolverlos jamás. Si el subprefecto de
+Mauriac hubiese querido conceder una medalla de plata, no hubiera tenido
+más que escribir a París, porque Sebastián había salvado a muchas
+personas, con grave exposición de su propia vida, y en especial a dos
+gendarmes que estaban a punto de ahogarse, con sus caballos, en el
+torrente del Saumaise. Pero a todo el mundo le parecían sus actos
+meritorios la cosa más natural, ya que los ejecutaba por instinto, y a
+nadie se le ocurría concederle una recompensa, considerándolo casi como
+a un perro de Terranova.
+
+A la edad de veinte años entró en quintas y obtuvo un número alto,
+gracias a una novena que hizo, en unión de su familia. Después de esto,
+resolvió marcharse a París, siguiendo los usos y costumbres de la
+Auvernia, para ahorrar algunos centenares de francos, y volver después a
+ayudar a sus padres. Le dieron un traje de pana y veinte francos, que en
+Mauriac constituyen una cantidad importante, y aprovechó la ocasión de
+marchar un camarada que conocía el camino de la capital. Hizo el camino
+a pie, invirtiendo en él diez jornadas, y llegó fresco y dispuesto a
+trabajar, con catorce francos y medio en el bolsillo, y los zapatos sin
+estrenar, en la mano.
+
+Dos días más tarde, rodaba un tonel por el faubourg de Saint-Germain, en
+compañía de otro camarada que no podía ya subir las escaleras, porque
+se había relajado. En pago de sus servicios, recibió alojamiento, cama,
+manutención y ropa limpia, a razón de una camisa cada mes, sin contar el
+franco y medio semanal que le daba su patrón para sus gastos de soltero.
+Con sus economías, compró, al cabo del año, un tonel de lance, y se
+estableció por su cuenta.
+
+El éxito que obtuvo fue asombroso, y superior a cuanto pudo esperarse.
+Su ingenua cortesía, su incansable amabilidad y su intachable honradez,
+captáronle la simpatía y protección de todo el barrio. De dos mil
+escalones que solía subir al principio, llegó a siete mil gradualmente.
+Por eso enviaba hasta sesenta francos mensuales a las buenas gentes de
+Frognac. La familia bendecía su nombre y lo encomendaba a Dios con
+fervor, mañana y tarde, en sus plegarias; sus hermanos menores tenían
+pantalones nuevos, y se pensaba nada menos que enviar a los dos más
+pequeños a la escuela.
+
+Su vida, sin embargo, a pesar de soplarle la fortuna, en nada había
+cambiado: acostábase al lado de su tonel, en un mal bodegón, y renovaba
+la paja de su lecho sólo dos veces al mes. Su traje de pana estaba más
+remendado que el vestido de un arlequín. La verdad es que en vestir
+habría gastado bien poco, a no ser por los malditos zapatos que
+consumían cada mes un kilogramo de clavos. En el comer era donde no
+escatimaba lo más mínimo. Adquiría, sin regatear, diariamente cuatro
+libras de pan, y hasta, a veces, solía regalarse el estómago con un
+trozo de queso o de cebolla, o con media docena de manzanas, compradas
+en el puente nuevo. Los domingos y días festivos permitíase el lujo de
+comer sopa y carne, y el resto de la semana se chupaba los dedos
+recordándolo. Pero era demasiado buen hijo y buen hermano para
+permitirse jamás el despilfarro de tomar un vaso de vino. «El vino, el
+amor y el tabaco» eran para él artículos fabulosos, que sólo conocía de
+oídas. Con mucha mayor razón ignoraba los placeres del teatro, tan caros
+para los obreros de París. Nuestro hombre prefería acostarse a las
+siete, sin que le costara un céntimo, a aplaudir a M. Dumaine por medio
+franco.
+
+Tal era, en lo moral y en lo físico, el hombre a quien M. Bernier llamó,
+en la calle de Beaune, para que cediese un buen trozo de su piel a M.
+L'Ambert.
+
+Advertidos los criados, hiciéronle pasar en seguida.
+
+Avanzó tímidamente, con el sombrero en la mano, levantando los pies
+cuanto podía, y no atreviéndose a sentarlos sobre la alfombra. La
+tormenta de aquella mañana lo había salpicado de lodo hasta las axilas.
+
+--Si me llaman para que suministre agua a la casa--dijo saludando al
+doctor, y convirtiendo en ches cuantas eses tenía que pronunciar,--le...
+
+M. Bernier cortole la palabra.
+
+--No, amigo mío; no se trata de nada relacionado con vuestro comercio.
+
+--¿De qué se trata, pues?
+
+--De otra cosa completamente distinta. Al señor le han cortado la nariz
+esta mañana.
+
+--¡Ah, demontre! ¡pobre hombre! ¿Quién ha hecho esa villanía?
+
+--Un turco; pero esto es lo de menos.
+
+--¡Un salvaje! Sabía ya de referencia que los turcos eran salvajes; pero
+no creí que les dejasen venir a París. Esperad un momento, que voy a
+avisar a un gendarme.
+
+M. Bernier contuvo este alarde de celo del buen auvernés, y explicóle,
+en pocas palabras, la clase de servicio que se pretendía que prestase.
+Creyó, al principio, que se burlaban de él, porque se puede ser un
+excelente aguador sin tener la más pequeña noción de rinoplastia. Hízole
+comprender el doctor que se deseaba tenerle embargado durante un mes, y
+comprarle unos ciento cincuenta centímetros cuadrados de su piel.
+
+--La operación no es nada en sí--le dijo,--y os garantizo que os hará
+sufrir bien poco; pero os advierto, en cambio, que tendréis que tener
+una paciencia enorme para permanecer un mes inmóvil, con el brazo cosido
+a la nariz del señor.
+
+--Paciencia no me falta--respondió nuestro hombre;--para algo soy
+auvernés. Pero para que yo pase un mes en esta casa prestando a este
+señor un importante servicio, será necesario que me abonen los jornales
+de esos días.
+
+--Desde luego. ¿Cuánto exigís? Sebastián meditó unos instantes.
+
+--En conciencia--dijo al fin,--ese trabajo bien vale cuatro francos
+diarios.
+
+--No, amigo mío--respondiole el notario;--ese trabajo vale mil francos
+al mes, o sea, treinta y tres francos diarios.
+
+--No--replicó el doctor, con acento autoritario;--eso vale dos mil
+francos.
+
+L'Ambert inclinó la cabeza, y no se atrevió a objetar.
+
+Romagné pidió permiso para terminar aquel día su trabajo, dejar en el
+bodegón su tonel y buscar quien le reemplazase durante el mes.
+
+--Por otra parte--dijo,--no vale la pena de comenzar hoy mismo, para
+sólo medio día.
+
+Demostráronle que el caso era urgente, y tomó, en vista de ello, sus
+medidas. Mandaron a buscar a uno de sus amigos, el cual prometió
+reemplazarle por espacio de un mes.
+
+--Tú me traerás el pan todas las noches--le dijo Romagné.
+
+Pero se apresuraron a decirle que la precaución era inútil, pues le
+darían de comer en la casa.
+
+--Eso dependerá de lo que me cueste--observó él.
+
+--M. L'Ambert os dará de comer gratis.
+
+--¡Gratis! eso ya es distinto. He aquí mi piel. Cortadmela cuanto antes.
+
+Romagné soportó la operación como un valiente, sin pestañear siquiera.
+
+--Esto es un placer--decía.--Me han contado de un auvernés de mi país
+que se hacía petrificar en una fuente mediante un franco por hora.
+Prefiero dejarme cortar a pedazos. No es tan molesto, y produce mucho
+más.
+
+M. Bernier cosiole el brazo izquierdo al rostro del notario, y ambos
+hombres permanecieron, por espacio de un mes, encadenados uno al otro.
+Los dos hermanos siameses que excitaron un día la curiosidad de toda
+Europa no estaban tan indisolublemente unidos. Pero aquéllos eran
+hermanos, acostumbrados a soportarse mutuamente desde la más tierna
+infancia, y habían recibido la misma educación. Si uno hubiese sido
+aguador y el otro notario, tal vez no hubiesen dado el espectáculo de
+una amistad tan fraternal.
+
+Romagné jamás se quejaba de nada, por muy extraña que la nueva
+situación le pareciese. Obedecía como un esclavo, o, por mejor decir,
+como un buen cristiano, todos los mandatos del hombre que le comprara su
+piel. Se levantaba, se sentaba, se acostaba, se volvía hacia la derecha
+o la izquierda, según el capricho de su señor. No obedece con tanta
+sumisión al Polo Norte la aguja imantada, como Romagné a M. L'Ambert.
+
+Esta heroica mansedumbre enterneció el corazón del notario, que, a decir
+verdad, nada tenía de blando. Sintió por espacio de tres días una
+especie de gratitud por los buenos cuidados que le prodigaba su víctima;
+mas no tardó en cobrarle antipatía y hasta horror.
+
+Un hombre joven, activo y lleno de salud, no se acostumbra nunca, sin
+trabajo, a la inmovilidad absoluta. ¿Qué no será cuando se trate de
+permanecer inmóvil al lado mismo de un ser inferior, sucio y sin
+educación? Pero lo había querido así la suerte. Era preciso vivir sin
+nariz o soportar al auvernés con todas sus consecuencias: comer con él,
+dormir con él, llenar al lado suyo, y en la situación más incómoda,
+todas las funciones de la vida animal.
+
+Era Romagné un digno y excelente joven; pero roncaba como un órgano.
+Adoraba a su familia y amaba a su prójimo; pero jamás se había bañado en
+su vida por temor de malgastar el agua, objeto de su comercio. Poseía
+los sentimientos más delicados del mundo; pero no sabía imponerse los
+sacrificios más elementales que la civilización recomienda. ¡Pobre M.
+L'Ambert! ¡y pobre Romagné asimismo! ¡qué noches y qué días! ¡qué lluvia
+de puntapiés! Inútil es decir que Romagné los recibía sin quejarse,
+temeroso de que un falso movimiento diese al traste con el experimento
+del doctor Bernier.
+
+El notario recibía buen número de visitas. Vinieron a verle todos sus
+compañeros de aventuras, que se burlaban del auvernés. Enseñáronle a
+fumar cigarrillos, y a beber vino y aguardiente. El pobre diablo se
+entregaba a estos placeres con la ingenuidad de un piel roja. Lo
+emborracharon, lo ahitaron de manjares, le hicieron descender todos los
+escalones que separan al hombre de la bestia. Era preciso educarle
+nuevamente, y aquellos buenos señores acometieron esta difícil tarea con
+placer mefistofélico. ¿No era, por ventura, una cosa divertida y
+agradable la empresa de desmoralizar al auvernés?
+
+Cierto día le preguntaron en qué pensaba emplear los cien luises de M.
+L'Ambert cuando acabase de ganarlos.
+
+--Los emplearé en papel del cinco por ciento, y me producirán cien
+francos de renta--contestoles.
+
+--¿Y después?--preguntole un emperejilado millonario de veinticinco años
+de edad.--¿Serás más rico con eso? ¿serás más dichoso acaso? ¡Tendrás
+treinta céntimos de renta diaria! Si te casas, lo cual es inevitable,
+pues eres de la madera de que se fabrican los imbéciles, tendrás doce
+hijos al menos.
+
+--¡Es posible!--replicó el auvernés, riendo de buena gana.
+
+--Y, en virtud del Código civil, linda invención del Imperio, le dejarás
+a cada uno de ellos un par de céntimos al día. En tanto que, con dos mil
+francos, puedes vivir un mes lo menos como un rico, conocer los
+placeres de la vida y elevarte muy por encima de tus semejantes.
+
+Romagné se defendía como un gato panza arriba contra estas tentativas de
+corrupción; pero hubieron de descargar tantos golpes sobre su espeso
+cráneo, que acabaron por abrir en él un pequeño orificio por donde
+penetraron las ideas falsas, y se fueron apoderando de su cerebro.
+
+También acudieron las damas, de las cuales conocía L'Ambert muchísimas
+en todas las capas sociales. Romagné presenció las escenas más diversas;
+escuchó numerosas protestas de amor y fidelidad que carecían de
+verosimilitud. M. L'Ambert no sólo no se recataba de mentir como un
+bellaco en su presencia, sino que, en ocasiones, se complacía, en la
+intimidad, en mostrarle todas las falsedades que forman, por decirlo
+así, el cañamazo donde se borda la vida elegante.
+
+¡Y el mundo de los negocios! Romagné creyó descubrirlo, como Cristóbal
+Colón, porque no tenía de él noción alguna. Los clientes del notario no
+se recataban de él para tratar las mayores enormidades: hablaban en su
+presencia como pudieran hacerlo delante de una docena de ostras. Vio
+padres de familia que buscaban el modo de despojar a sus hijos en
+provecho de una amante o de alguna obra piadosa; jóvenes que estudiaban
+la manera de robar la dote a su futura esposa por medio de un contrato;
+prestamistas que exigen el diez por ciento sobre primeras hipotecas y
+prestatarios que hipotecaban fincas imaginarias.
+
+Carecía de talento y su inteligencia no era muy superior a la de
+cualquier perro de aguas; pero su conciencia se le reveló.
+
+--Vos no poseéis mi estima--le dijo un día al notario, creyendo hacerle
+un gran bien.
+
+Y la repugnancia que L'Ambert sentía por él trocose en odio mortal.
+
+En los últimos ocho días de su forzada intimidad sucediéronse las
+tempestades casi sin interrupción.
+
+Al fin adquirió Bernier la plena convicción de que el trozo de piel
+había arraigado en la cara del notario, a pesar de los innumerables
+tirones que sufriera. Desunió a los dos enemigos, y modeló una nariz a
+L'Ambert con el trozo de piel que había cesado ya de pertenecer al
+auvernés. Y el acicalado millonario de la calle de Verneuil, arrojó dos
+billetes de a mil francos al rostro de su esclavo, diciéndole:
+
+--¡Toma, infame! El dinero es lo de menos; pero me has hecho gastar lo
+menos cien mil escudos de paciencia. Vete ahora mismo de aquí; sal de
+mi casa para siempre, y haz de modo que nunca jamás, en mi vida, vuelva
+a oír pronunciar tu nombre.
+
+Romagné diole las gracias, con gesto no desprovisto de altivez, se bebió
+una botella de vino en la cocina, tomó un par de copitas con Singuet, y
+marchó tambaleándose hacia su antiguo domicilio.
+
+
+
+
+V
+
+GRANDEZA Y DECADENCIA
+
+
+M. L'Ambert volvió a entrar en el mundo con éxito; casi podría decirse
+que con gloria. Sus testigos le hicieron la más estricta justicia
+diciendo que se había batido como un león. Los viejos notarios sentíanse
+rejuvenecidos por su valor.
+
+--¡Ved ahí--decían,--lo que somos cuando se nos pone en ciertos trances!
+¡Los notarios son tan hombres como cualquier otro! La suerte de las
+armas hizo traición a maese L'Ambert; pero supo adoptar al caer un bello
+gesto: ha sido un Waterloo. ¡Aunque digan lo que quieran, somos gentes
+decididas!
+
+De esta manera se expresaban el respetable maese Clopineau, y el digno
+maese Labrique, y el untuoso maese Bontoux, y todos los nestores del
+notariado. Los jóvenes hablaban en parecidos términos, con ciertas
+variantes inspiradas por los celos.
+
+--No queremos renegar--decían,--de maese L'Ambert: ciertamente que nos
+honra, aun cuando nos compromete un poco; pero cada uno de nosotros
+hubiera procedido con el mismo valor, y quién sabe si con menos torpeza.
+Un funcionario público no debe dar estos escándalos. No se debiera ir
+nunca al terreno del honor más que por causas confesables. Si yo fuese
+padre de familia, preferiría confiar mis asuntos a un hombre prudente, y
+no a un héroe de aventuras dudosas, etc., etc.
+
+Pero la opinión del bello sexo, que es la que prevalece, habíase
+declarado en favor del héroe de Parthenay. Tal vez no hubiera contado
+con tan rara unanimidad si se hubiese conocido el episodio del gato;
+quizás también ese sexo tan encantador como injusto habría condenado a
+L'Ambert si hubiese tenido la avilantez de reaparecer ante el mundo sin
+nariz. Pero todos los testigos habían guardado la mayor discreción
+acerca del ridículo incidente del gato, y M. L'Ambert, lejos de estar
+desfigurado, parecía haber ganado en el cambio.
+
+Una baronesa observó que su fisonomía era más dulce desde que llevaba la
+nariz recta. Una vieja canonesa, dechado de malicia, preguntó al
+príncipe de B... si no haría bien en buscarle querella al turco. El
+aguileño príncipe gozaba de una reputación hiperbólica.
+
+Alguno preguntará cómo las damas del gran mundo podían interesarse en
+peligros que no habían sido corridos por ellas. Los hábitos de maese
+L'Ambert eran bien conocidos, y se sabía que una gran parte de su
+corazón y de su tiempo los empleaba en la Opera. Pero el mundo perdona
+fácilmente estas distracciones a los hombres que no se entregan a ellas
+por completo. Representa el papel del fuego, y se contenta con lo poco
+que le dan. Se agradecía a M. L'Ambert que no estuviese perdido más que
+a medias, cuando tantos, a su edad, están perdidos del todo. No dejaba
+de frecuentar las casas honradas, conversaba con las viudas, bailaba con
+las solteras y tocaba en ocasiones el piano de una manera aceptable; no
+hablaba, en fin, de caballos a la moda. Estos méritos, bastante raros
+por cierto entre los jóvenes millonarios del faubourg, le concillaban
+la benevolencia de las damas. Una linda devota, la señora de L...,
+habíale demostrado durante tres meses que los placeres más vivos no
+consisten en la disipación y el escándalo.
+
+No se crea por eso que había roto en absoluto con el cuerpo de baile; la
+severa lección recibida no le había hecho concebir el menor horror hacia
+aquella hidra de cien encantadoras cabezas. Una de sus primeras visitas
+fue para el templo donde brillaba la señorita Victorina Tompain. ¡Allí
+sí que se le tributó un recibimiento entusiasta! ¡Con qué amistosa
+curiosidad corrió todo el mundo a su encuentro! ¡Qué dulcísimos
+dictados! ¡qué apretones de manos tan cordiales! ¡Cuántos labios
+hechiceros se alargaron hacia él, en forma de tentador hocico, para
+recibir un beso amistoso, sin la menor consecuencia! El notario estaba
+radiante. Todos sus amigos de los días pares, todos los altos
+dignatarios de la francmasonería del placer, le dieron la enhorabuena
+por su curación milagrosa. Reinó durante todo un entreacto en aquel
+reino envidiable. Le hicieron referir su aventura y explicar el
+tratamiento del doctor Bernier, admirando todos la habilidad con que
+estaban dados los puntos de sutura, que apenas se conocían.
+
+--Imaginaos que ese excelente Bernier ha completado mi persona con la
+piel de un auvernés. ¡Y qué auvernés, Dios mío! ¡El más estúpido y sucio
+de la Auvernia! Nadie lo diría al ver el trozo de piel que me ha
+vendido. ¡Qué horas tan desagradables me ha hecho pasar el muy burro!...
+Los mozos de cordel que veis por las esquinas son petimetres al lado
+suyo. Pero, gracias al cielo, ya me veo libre de él. El día en que le
+pagué sus servicios y lo puse de patitas en la calle, se me quitó de
+encima un peso inmenso. Se llama Romagné, ¡bonito nombre! Jamás lo
+pronunciéis en mi presencia. ¡Si queréis que viva largos años, no me
+habléis jamás de Romagné!
+
+La señorita Victorina Tompain no fue, por cierto, la última en
+cumplimentar al héroe. Ayvaz-Bey la había abandonado indignamente,
+dejándole cuatro veces más dinero del que valía ella. El magnánimo
+L'Ambert hubo de mostrarse con ella dulce y clemente.
+
+--No os guardo rencor--le dijo,--ni a ese bravo turco tampoco. Sólo
+tengo un enemigo en el mundo: un auvernés llamado Romagné.
+
+Y pronunciaba su nombre con una entonación cómica que hizo gracia a todo
+el mundo. Creo que aun hoy día la mayor parte de aquellas señoritas
+dicen: «Mi Romagné, cuando hablan de su aguador.»
+
+De esta suerte transcurrieron los tres meses de estío. La estación fue
+deliciosa y casi todas las familias se ausentaron de París. La Opera
+viose invadida por provincianos y extranjeros. M. L'Ambert frecuentola
+bastante menos que otras veces.
+
+Casi todos los días, al sonar las seis de la tarde, despojábase de la
+gravedad del notario y partía para Maisons-Lafitte, donde había
+alquilado un chalet, y adonde acudían a verle sus amigos y hasta sus
+amiguitas. Jugaban en el jardín a toda clase de juegos campestres, y os
+garantizo que el columpio nunca holgaba.
+
+Uno de los más asiduos y animados concurrentes era el agente de cambios,
+M. Steimbourg. La aventura de Parthenay habíale ligado a L'Ambert con
+lazos más estrechos. M. Steimbourg pertenecía a una buena familia de
+israelitas convertidos; su cargo valía dos millones y poseía una fortuna
+de medio millón, de suerte que ya se podía trabar amistad con él. Las
+amantes de los dos amigos se llevaban bastante bien, lo cual equivale a
+decir que sólo se peleaban una vez por semana. ¡Qué bello es contemplar
+cuatro corazones que laten al unísono! Los hombres montaban a caballo,
+leían el _Fígaro_, o comentaban los chismes de la ciudad; las damas se
+echaban mutuamente las cartas, con gracia sin igual: ¡una edad de oro en
+miniatura!
+
+M. Steimbourg creyó un deber presentar a su amigo a su familia.
+Condújole a Bieville, donde su padre se había hecho construir un chalet.
+M. L'Ambert fue recibido en él por un viejo muy verde, una señora de
+cincuenta años, que no había abdicado aún, y dos jovencitas
+extremadamente coquetas; y a primera vista advirtió que no entraba en
+una casa de fósiles. Por el contrario: tratábase de una familia moderna
+y perfeccionada. Padre e hijo eran dos buenos compañeros que se daban
+mutuas bromas acerca de sus calaveradas. Las muchachas habían visto
+cuanto se representaba en el teatro, y leído cuanto se ha escrito. Pocas
+personas conocían mejor que ellas la crónica elegante de París; les
+habían sido mostradas, en el teatro y en el bosque de Boloña, las más
+celebradas bellezas de todas las clases sociales; las habían llevado a
+presenciar las ventas de los mobiliarios más ricos, y disertaban de la
+manera más agradable sobre las esmeraldas de la señorita X... y las
+perlas de la señorita Z... La mayor, la señorita Irma Steimbourg,
+copiaba con verdadera pasión los trajes y sombreros de la señorita
+Fargueil; la menor, había enviado a uno de sus amigos a casa de la
+señorita Figeac para que le pidiese la dirección de su modista. Una y
+otra eran ricas y poseían buena dote. Irma le gustó más a L'Ambert. El
+apuesto notario pensaba de vez en cuando que medio millón de dote y una
+mujer que sabe llevar un traje no son cosas despreciables. Viéronse con
+frecuencia, casi una vez por semana, hasta que llegaron las primeras
+heladas de noviembre.
+
+Tras un otoño dulce y brillante, cayó como una teja el invierno. Es un
+hecho bastante conocido en nuestros climas, pero la nariz de L'Ambert
+dio pruebas, en esta ocasión, de una sensibilidad extraordinaria.
+Enrojeciose un poco al principio, después mucho; fuese hinchando por
+grados hasta tornarse deforme. Después de una partida de caza alegrada
+por el viento Norte, experimentó el notario intolerable comezón. Mirose
+en el espejo de un mesón, y desagradole en extremo el color de su nariz.
+A decir verdad, parecía un sabañón mal colocado.
+
+Consolose pensando que un buen fuego le devolvería su figura natural, y,
+en efecto, el calor se la descongestionó y rebajó su color durante
+algunos momentos. Pero, al siguiente día, la comezón presentose
+nuevamente, los tejidos se inflamaron mucho más, y presentose de nuevo
+la coloración rojiza, acompañada de ciertos tintes violáceos. Ocho días
+sin salir de su casa, sentado delante del hogar, borraron tan fatales
+matices; pero reaparecieron, a pesar de las pieles de zorra azul, a la
+primera salida.
+
+Muerto de susto L'Ambert, envió a buscar en seguida al doctor Bernier.
+Este acudió a toda prisa; diagnosticó una ligera inflamación y
+prescribió unas compresas de agua helada. Sin embargo, la nariz no tuvo
+alivio, a pesar de la refrigeración, y el doctor no salía de su asombro
+al ver la persistencia del mal.
+
+--Tal vez tenga razón Dieffembach--dijo al notario,--al asegurar que la
+piel puede morir por un exceso de sangre, y recomendar que se le
+apliquen sanguijuelas. ¡Ensayemos!
+
+Aplicose a L'Ambert una sanguijuela en la punta de la nariz, y, cuando
+se desprendió, harta de sangre, reemplazósela por otra, y así
+sucesivamente, dos días y dos noches. La hinchazón y la coloración
+desaparecieron por algún tiempo; mas sus efectos no fueron de larga
+duración. Fue preciso recurrir a otro expediente. Pidió M. Bernier
+veinticuatro horas para reflexionar, y se tomó cuarenta y ocho.
+
+Cuando volvió al hotel de M. L'Ambert, estaba preocupado y daba muestras
+de una timidez excesiva, y tuvo que realizar sobre sí mismo un gran
+esfuerzo para decidirse a hablar.
+
+--La medicina--dijo al fin,--no explica satisfactoriamente todos los
+fenómenos naturales, y vengo a someteros una teoría que carece de todo
+fundamento científico. Mis colegas se burlarían de mí si les dijese que
+un pedazo de piel arrancada del cuerpo de un hombre puede permanecer
+sometida a la influencia de su primitivo poseedor. No cabe duda alguna
+de que es vuestra propia sangre, puesta en circulación por vuestro
+corazón, bajo la acción del cerebro, la que afluye a vuestra nariz; y,
+sin embargo, tentado estoy de creer que ese imbécil de auvernés no es
+extraño a estos sucesos.
+
+M. L'Ambert lanzó una exclamación de disgusto y de sorpresa. ¡Decir que
+un vil mercenario, a quien había religiosamente pagado su servicio,
+podía ejercer una influencia oculta sobre la nariz de un funcionario
+público, era una impertinencia!
+
+--Es mucho peor aun--replicó el doctor,--es un absurdo. Y, sin embargo,
+os pido autorización para buscar a Romagné. Tengo necesidad de verle hoy
+mismo, aunque no sea más que para convencerme de mi error. ¿Habéis
+conservado sus señas?
+
+--¡No lo permita Dios!
+
+--Pues bien, yo trataré de averiguarlas. Tened paciencia, no salgáis
+para nada de vuestra habitación, y suspended entre tanto toda
+medicación.
+
+Buscó en vano durante quince días. Recurrió a la policía, que le tuvo
+despistado por espacio de tres semanas. Un agente sutil y lleno de
+experiencia descubrió todos los Romagnés de París, excepto el que se
+buscaba. Encontró un inválido, un tratante en pieles de conejo, un
+abogado, un ladrón, un corredor del ramo de mercería, un gendarme y un
+millonario, todos de este mismo apellido. M. L'Ambert se abrasaba de
+impaciencia al lado del hogar, y contemplaba con desesperación su nariz
+color de escarlata. Por fin se dio con el domicilio del aguador, pero
+éste ya no vivía en él. Los vecinos refirieron que había hecho fortuna y
+vendido su tonel para gozar de la vida.
+
+M. Bernier dio una terrible batida por las tabernas y demás lugares de
+placer, en tanto que su enfermo permanecía sumido en la mayor
+melancolía.
+
+El 2 de febrero, a las diez de la mañana, el atildado notario
+calentábase tristemente los pies y contemplaba horrorizado aquella
+peonía florida en medio de su rostro, cuando un alegre tumulto conmovió
+toda la casa. Abriéronse las puertas con estrépito, de los pechos de
+todos los criados escapáronse gritos de alegría, y se vio aparecer al
+doctor, trayendo de la mano a Romagné.
+
+Era el verdadero Romagné; pero, ¡cuán cambiado estaba! Sucio,
+embrutecido, feo, con la mirada apagada, el aliento mal oliente,
+apestando a vino y tabaco, rojo de la cabeza a los pies como un cangrejo
+cocido, era el prototipo del erisipelatoso.
+
+--¡Monstruo!--le dijo M. Bernier,--se te debería caer la cara de
+vergüenza. Has descendido a un nivel más bajo que el de los brutos.
+Conservas todavía la cara del hombre, pero no su color. ¡En qué has
+empleado la fortunita que te proporcionamos? Te has revolcado en el
+cieno de todos los vicios, y te he encontrado en las afueras de París,
+tirado como un cerdo en el suelo de la taberna más inmunda.
+
+El auvernés elevó hasta el doctor su mirada, y le dijo con su amable
+acento, embellecido con este dejo propio del pueblo bajo parisiense:
+
+--¡Y bien, qué! Que he empinado un poco el codo. ¿Es acaso una razón
+para decirme esa sarta de necedades?
+
+--¿A qué llamas necedades, majadero? Te reprocho tus torpezas. ¿Por qué
+no colocaste tu dinero a interés en vez de bebértelo?
+
+--¡Fue el señor quien me dijo que me divirtiese!
+
+--¡Tunante!--exclamó el notario,--¿fui yo quien te aconsejó que te
+fueses a emborrachar fuera de las fortificaciones, con aguardiente y
+vino tinto?
+
+--Cada uno se divierte como puede... He estado con mis camaradas.
+
+--¡Vaya unos camaradas!--dijo el médico, no pudiendo reprimir un
+movimiento de cólera.--¿De manera, truhán, que llevo a cabo una cura
+maravillosa, que me llena de gloria y esparce por París mi bien ganada
+fama, y que acabará por abrirme las puertas del Instituto, y tú, en
+unión de unos cuantos borrachos de tu misma calaña, vais a hacer
+zozobrar la más divina de mi obras? ¡Si sólo se tratase de ti,
+grandísimo bellaco, te dejaríamos obrar como quisieses! Es un verdadero
+suicidio físico y moral; pero un auvernés más o menos poco importa a la
+sociedad. ¡Pero se trata de un hombre de mundo, de un rico, de tu
+bienhechor, de mi cliente! Tú lo has comprometido, desfigurado,
+asesinado con tu mala conducta. ¡Mira bien en qué estado lamentable has
+puesto al señor el rostro! El infeliz contempló la nariz que había
+contribuido a formar, y rompió en amargo llanto.
+
+--Es una verdadera desgracia, señor Bernier; pero pongo a Dios por
+testigo de que no he tenido yo la culpa. Esa nariz se ha deteriorado
+ella sola. Yo soy un hombre honrado, y os juro que no he puesto mi mano
+en ella.
+
+--¡Imbécil!--tronó M. L'Ambert,--jamás comprendes las cosas... por más
+que, en realidad, no es menester que comprendas. Se trata únicamente de
+que digas sin rodeos si quieres cambiar de conducta y renunciar a esa
+vida de crápula que me mata de rechazo. Te prevengo que tengo el brazo
+muy largo, y que, si persistes en tus vicios, sabré ponerte pronto a
+buen recaudo.
+
+--¿Preso?
+
+--Preso.
+
+--¿Preso entre los criminales? ¡Gracias, señor L'Ambert! ¡Eso sería la
+deshonra de mi familia!
+
+--¡Seguirás bebiendo, o no?
+
+--¡Ah, Dios mío! ¿cómo beber cuando no se tiene dinero? Todo lo he
+gastado ya, señor L'Ambert. Me he bebido los dos mil francos íntegros;
+me he bebido mi tonel y cuánto poseía, y no hay un alma en la tierra que
+ya quiera abrirme crédito.
+
+--Me alegro, perillán; hacen todos muy bien.
+
+--Tendré que ser juicioso a la fuerza. La miseria me amenaza, señor
+L'Ambert.
+
+--¡Te repito que me alegro!
+
+--¡Señor L'Ambert!
+
+--¿Qué?
+
+--Si tuvieseis la bondad de comprarme un tonel nuevo para ganarme la
+vida honradamente, os juro que volvería a ser un buen sujeto.
+
+--¡Buena fuera! Lo venderías al día siguiente para emborracharte.
+
+--No, señor L'Ambert, ¡os lo juro por mi honor!--Esos son juramentos de
+borracho.
+
+--¿Queréis entonces que me muera de hambre y sed? ¡Un centener de
+francos, mi buen señor L'Ambert!
+
+--¡Ni un solo céntimo! La Providencia te puso en mi camino para devolver
+a mi rostro su aspecto natural. Bebe agua, come pan seco, prívate de lo
+más necesario, muérete de hambre, si puedes; sólo a ese precio podré
+recobrar mis facciones y volveré a ser el mismo.
+
+Romagné inclinó la cabeza y retirose arrastrando los pies y saludando a
+los presentes.
+
+El notario recuperó su alegría y el médico sus ensueños de gloria.
+
+--No quiero alabarme a mí mismo--decía modestamente M. Bernier,--pero
+Leverrier descubriendo un planeta por la fuerza del cálculo, no ha
+realizado un milagro tan grande como yo. Adivinar, por el aspecto de
+vuestra nariz, que un auvernés ausente y perdido en la baraúnda de un
+París, se halla entregado a la crápula, es remontarse desde el efecto a
+la causa por caminos que la audacia del hombre no había intentado aún.
+En cuanto al tratamiento de vuestra enfermedad, se halla indicado por
+las circunstancias. La dieta aplicada a Romagné es el único remedio que
+puede curaros. La suerte ha venido a servirnos de un modo maravilloso,
+puesto que este animal se ha comido hasta su último céntimo. Habéis
+hecho perfectamente en negarle el socorro que os pedía: todos los
+esfuerzos del arte serán vanos mientras tenga que beber ese hombre.
+
+--Pero, doctor--le interrumpió L'Ambert,--¿y si no fuera ese el origen
+de mi mal? ¿y si sólo se tratase de una coincidencia fortuita? ¿No
+habéis dicho vos mismo que a veces la teoría...?
+
+--He dicho, y lo repito, que en el estado actual de los conocimientos
+humanos, vuestro caso no admite ninguna explicación lógica. Es un hecho
+cuya ley se desconoce. La relación que hoy hallamos entre vuestra nariz
+y la conducta de este auvernés, nos abre una perspectiva, engañosa tal
+vez, mas, sin duda alguna, inmensa. Esperemos algunos días: si vuestra
+nariz se cura a medida que Romagné se enmienda, se verá reforzada mi
+teoría por una nueva probabilidad. No respondo de nada; pero presiento
+una ley fisiológica, hasta aquí desconocida, y que me consideraré muy
+feliz si puedo formularla. El mundo de las ciencias se halla lleno de
+fenómenos visibles producidos por causas desconocidas. ¿Por qué la
+señora de L..., a quien conocéis como yo, tiene en el hombro izquierdo
+una cereza perfectamente pintada? ¿Es, acaso, como dicen, porque,
+hallándose encinta su madre, sintió ésta grandes deseos, que no pudo
+satisfacer, de comerse una cesta de cerezas expuestas en el escaparate
+de Chevet? ¿Qué artista invisible ha dibujado esta fruta sobre el cuerpo
+de un feto de seis semanas, del tamaño de un langostino mediano? ¿Cómo
+explicar esta acción especial de lo moral sobre lo físico? ¿Y por qué
+la cereza de la señora de L... adquiere cierta tumefacción y
+sensibilidad en el mes de abril de cada año, cuando están flor los
+cerezos? He aquí unos hechos ciertos, evidentes, palpables, y tan
+inexplicables como la hinchazón y rubicundez de vuestra nariz. ¡Pero
+tengamos paciencia!
+
+Dos días después la hinchazón la nariz del notario cedía de un modo
+visible, pero su color rojo persistía. Al final de la semana, su volumen
+habíase reducido más de una tercera parte. Al cabo de quince días,
+perdió por completo la piel, crió seguida otra nueva, y recuperó su
+forma y color primitivos.
+
+El triunfo del doctor era evidente.
+
+--Mi único sentimiento--decía,--es que no hayamos guardado a Romagné en
+una jaula, para observar en él, al mismo tiempo que en vos, los efectos
+del tratamiento. Estoy seguro que ha estado, durante siete u ocho días,
+cubierto de escamas como un pez.
+
+--¡Que el diablo cargue con él!--observó cristianamente el notario.
+
+Este, a partir de aquel día reanudó su vida ordinaria: salió carruaje, a
+caballo, a pie; danzó los bailes del faubourg, y embelleció con su
+presencia el _foyer_ de la Opera. Todas las mujeres lo acogieron
+perfectamente, en el mundo y fuera de él. Una de las que más tiernamente
+le felicitaron por su curación fue la hermana mayor de su amigo
+Steimbourg.
+
+Esta amabilísima joven, que tenía costumbre de mirar a los hombres cara
+a cara, observó que M. L'Ambert había salido de la última crisis más
+hermoso que nunca. Y en realidad, parecía como si aquellos dos o tres
+meses de enfermedad hubiesen dado a su rostro un no sé qué de perfecto.
+La nariz, sobre todo, aquella nariz recta, que acababa de recuperar sus
+ordinarias dimensiones después de una dilatación excesiva, parecía más
+fina, más blanca y más aristocrática que nunca.
+
+Esta era también la opinión del acicalado notario, que se contemplaba en
+todos los espejos con una creciente admiración de su persona. ¡Había que
+verlo frente a frente de su imagen, sonriendo, endiosado, a su propia
+nariz!
+
+Pero a la vuelta de la primavera, en la segunda quincena de marzo,
+mientras la generosa savia hacía retoñar las lilas, llegó a creer M.
+L'Ambert que sólo a su nariz le eran negados los beneficios de la
+estación y las bondades de la naturaleza. En medio del renacimiento
+general de todas las cosas, palidecía como una hoja de otoño. Sus alas,
+adelgazadas y como desecadas por el viento del desierto, adosábanse cada
+vez más a su tabique central.
+
+--¡Demontre!--decía el notario, haciéndole una mueca al espejo,--la
+distinción es cosa bella, lo mismo que la virtud; pero esto ya es
+demasiado. Mi nariz va adquiriendo una elegancia inquietante, y, si no
+trato de darle alguna fuerza y color, muy pronto no será que una sombra.
+
+Diose en ella un poco de colorete; pero sólo logró hacer resaltar más
+aun finura increíble de aquella línea recta y sin espesor que dividía su
+rostro en dos mitades. La fantástica nariz del desesperado notario hacía
+recordar la varilla de hierro que proyecta su cortante sombra sobre la
+esfera de los relojes de sol.
+
+En vano sometiose a un régimen más alimenticio el indignado millonario
+de la calle de Verneuil. Considerando que una buena alimentación,
+digerida por un estómago sólido, aprovecha por igual a todas las partes
+del cuerpo, se impuso la dulce ley de embaularse sendas tazas de caldo,
+sendos tajos de carne ensangrentada, regados con los más generosos
+vinos. Decir que estos manjares elegidos no le hicieron efecto, sería
+negar la evidencia y blasfemar de las comidas regaladas. M. L'Ambert
+adquirió en poco tiempo hermosos mofletes rojos, un pescuezo muy digno
+de cualquier ternero apoplético y una respetable panza. Pero la nariz
+parecía una especie de socio negligente o desinteresado, que no se ocupa
+en cobrar sus dividendos.
+
+Cuando un enfermo no puede comer ni beber, se le sostiene a veces por
+medio de baños alimenticios, que penetran a través de los poros de la
+piel hasta los centros vitales. M. L'Ambert trató a su nariz como a un
+enfermo a quien es preciso alimentar por separado a cualquier precio.
+Adquirió una bañera de plata sobredorada, y, seis veces al día,
+introducíala en ella y la mantenía pacientemente sumergida en sendos
+baños de leche, de vino de Borgoña, de caldo substancioso y hasta de
+salsa de tomates. ¡Trabajo perdido! la enferma salía del baño tan pálida
+y delgada y en estado tan deplorable como estaba antes de entrar.
+
+Todas las esperanzas parecían ya perdidas, cuando un día M. Bernier
+diose un golpe en la frente y exclamó:
+
+--¡Pero si hemos cometido una falta imperdonable! ¡un error digno de
+colegiales! ¡y he sido yo! ¡yo mismo, cuando este hecho constituye una
+confirmación aplastante de mi teoría...! No lo dudéis, caballero: el
+auvernés está enfermo, y es preciso curarle a él para que sanéis vos.
+
+El desdichado L'Ambert mesose los cabellos. ¡Cuánto se arrepintió de
+haber plantado a Romagné de patitas a la calle, y de haberse negado a
+socorrerle, y olvidado el quedarse con sus señas! Representábase al
+pobre diablo consumiéndose sobre un camastro, sin pan, sin rosbif y sin
+vino de Châteaux-Margaux. Esta idea destrozaba su corazón. Asociábase a
+los dolores del infeliz mercenario. Por primera vez en su vida
+compadeciose de los sufrimientos del prójimo.
+
+--¡Doctor, querido doctor!--exclamó, estrechando la mano de
+Bernier,--¡daría toda mi fortuna por salvar a ese valiente muchacho!
+
+Cinco días después, el mal había avanzado más aun. La nariz no era más
+que una película flexible, que se plegaba bajo el peso de las gafas,
+cuando M. Bernier vino a decirle que había encontrado al auvernés.
+
+--¡Victoria!--exclamó entusiasmado el notario.
+
+El cirujano encogiose de hombros y contestó que la victoria parecíale
+dudosa por lo menos.
+
+--Mi teoría--añadió,--está plenamente confirmada, y, como fisiólogo,
+tengo que declararme satisfecho; pero, como médico, quisiera ante todo
+curaros, y el estado en que he visto a ese infeliz no me inspira
+demasiadas esperanzas.
+
+--¡Vos le salvaréis, doctor!
+
+--Por lo pronto, no me pertenece actualmente: se encuentra al servicio
+de un colega mío que le estudia con cierta curiosidad.
+
+--Ya lograréis que os lo ceda. ¡Lo compraremos, si es preciso!
+
+--¡No soñéis siquiera en eso! Un médico no vende nunca a sus enfermos.
+Los mata algunas veces, en interés de la ciencia, para ver qué tienen
+dentro; pero traficar con ellos... ¡jamás! Mi amigo Fogatier me cederá,
+tal vez, vuestro auvernés; pero el pobre está muy enfermo, y, para colmo
+de desgracia, se halla tan aburrido de la vida, que quiere a todo trance
+morirse. Rechaza las medicinas, y, en cuanto a los alimentos, tan pronto
+se queja de no tener suficiente, y reclama a grandes voces su ración
+entera, como rechaza cuanto le dan, y trata de matarse por hambre.
+
+--¡Pero eso es un crimen! ¡Yo le hablaré! ¡yo le haré oír el lenguaje de
+la religión y la moral! ¿Dónde se encuentra?
+
+--En el hospital, sala de San Pablo, número 10.
+
+--¿Tenéis vuestro carruaje a la puerta?
+
+--Sí.
+
+--Pues partamos. ¡Ah, infame! ¡quiere morirse! ¿Ignora por ventura que
+todos los hombres son hermanos?
+
+
+
+
+VI
+
+HISTORIA DE UNAS GAFAS Y CONSECUENCIAS DE UN CATARRO NASAL
+
+
+Jamás predicador alguno, jamás Bossuet ni Fenelón, jamás Massillon ni
+Fléchier, jamás el mismo Mermilliod, desplegaron desde su sagrada
+cátedra una elocuencia más persuasiva y untuosa que la empleada por M.
+Alfredo L'Ambert ante el lecho de Romagné. Dirigiose primero a la razón,
+después a la conciencia, y por último al corazón del enfermo. Recurrió a
+lo profano y lo sagrado, citó textos de filósofos y santos. Mostrose
+fuerte y benigno, severo y paternal, lógico, acariciador y hasta
+complaciente. Demostrole que el suicidio es el más bochornoso de los
+crímenes, y que era menester ser bien cobarde para afrontar
+voluntariamente la muerte. Hasta se atrevió a emplear una metáfora tan
+nueva como atrevida, comparando el suicida, al desertor que abandona su
+puesto sin permiso de su cabo.
+
+El auvernés, que no había tomado nada en las últimas veinticuatro horas,
+parecía bien aferrado a su idea. Permanecía inmóvil y terco ante la
+muerte, como un asno ante un puente. A los argumentos más hábiles,
+respondía con impasible dolor:
+
+--No vale la pena, señor L'Ambert; hay demasiada miseria en este mundo.
+
+--¡Bah, amigo mío! la miseria fue instituida por Dios, que la creó para
+excitar la caridad de los ricos y la resignación de los pobres.
+
+--¿Los ricos? He pedido trabajo a todo el mundo, y me ha sido negado en
+todas partes. ¡He pedido limosna y me han amenazado con la policía!
+
+--¿Por qué no os dirigisteis a vuestros amigos? ¡A mí, por ejemplo! ¡a
+mí, que tanto os debo! ¡a mí, que tan agradecido os estoy! ¡a mí, que
+por mis venas corre vuestra propia sangre!
+
+--¡En seguida! ¡para que me hicieseis poner nuevamente de patitas en la
+calle!
+
+--¡Mis puertas estarán siempre abiertas para vos, lo mismo que mi
+bolsillo, igual que mi corazón!
+
+--¡Si siquiera me hubieseis dado cincuenta francos para comprarme un
+tonel de ocasión!
+
+--¡Pero, animal!... animal querido, quiero decir... ¡permíteme que te
+maltrate un poco, como en los tiempos en que compartía contigo mi mesa
+y mi lecho! no son ya cincuenta francos los que pienso darte, sino mil,
+dos mil, tres mil... ¡diez mil! mi fortuna entera deseo compartirla
+contigo... a prorrateo, naturalmente, de nuestras necesidades
+respectivas. ¡Es preciso que vivas! ¡es menester que seas feliz! He aquí
+la primavera que vuelve, con su cortejo de flores y la dulce melodía de
+las aves que trinan en la enramada. ¿Serás capaz de abandonar todo esto?
+¡Piensa en el inmenso dolor que ocasionarías a tus infelices padres, que
+te aguardan en tu país! ¡piensa en tus pobres hermanos! ¡en tu madre,
+sobre todo, amigo mío, que no podría sobrevivirte! ¡Volverás a verlos a
+todos! O, mejor dicho, no: permanecerás en París bajo mi protección,
+conviviendo conmigo en la intimidad más estrecha. Quiero verte dichoso,
+casado con una mujer bonita y hacendosa, padre de dos o tres hermosas
+criaturas. ¡Sonríe, hombre, sonríe! ¡Toma este plato de sopas!
+
+--¡Gracias, señor L'Ambert. Guardaos esas sopas; ¿para qué las he de
+tomar? ¡Hay tanta miseria en el mundo!
+
+--Pero, hombre, ¿no te juro que se han acabado ya tus malos días para
+siempre? ¿que me encargo de tu porvenir, bajo mi fe de notario? Si
+accedes a vivir, se acabarán tus sufrimientos, no volverás a trabajar,
+¡tus años constarán de trescientos sesenta y cinco domingos!
+
+--¿Sin lunes?
+
+--Y de lunes también, si lo prefieres. Comerás, beberás, fumarás buenos
+habanos. Serás mi comensal, mi amigo inseparable, mi otro yo. ¿Quieres
+vivir, Romagné, para ser un segundo yo?
+
+--No, no; ya que he comenzado a morir, lo mejor es acabar cuanto antes.
+
+--¡Ah, pedazo de alcornoque! ¡Voy a contarte, animal, el destino que te
+aguarda! No se trata ya solamente de las penas eternales que en tu
+obstinación endiablada acercas más a ti cada minuto; en este mundo, aquí
+mismo, mañana, quizás hoy, antes de ir a pudrirte a la fosa común, te
+llevarán al anfiteatro. Te tenderán sobre una mesa de piedra, y partirán
+tu cuerpo en pedazos. Uno henderá, a fuerza de hachazos, tu abultada
+cabeza de mulo; otro te abrirá el pecho en canal para ver si es posible
+que exista un corazón dentro de tan estúpida envuelta; otro...
+
+--¡Por favor, señor L'Ambert, que no quiero que me corten a pedazos!
+¡prefiero comer las sopas!
+
+Tres días de sopas y su robusta constitución arrancáronle de aquel
+amargo trance, y fue posible transportarle en carruaje al hotel de la
+calle de Verneuil. El mismo M. L'Ambert lo instaló con solicitud
+maternal. Alojolo en la habitación de su propio ayuda de cámara, para
+tenerle más cerca. Por espacio de un mes ejerció con verdadera
+abnegación las funciones de enfermero, pasando bastantes noches en
+claro, a la cabecera de su lecho.
+
+Estas fatigas, lejos de alterar su salud, devolvieron a su rostro su
+frescura y lozanía habituales. Cuanta mayor asiduidad desplegaba en el
+cuidado de su enfermo, más lozana y vigorosa tornábase su nariz.
+Repartía su vida entre el estudio, el auvernés y el espejo. En este
+período fue cuando escribió, distraídamente, sobre el borrador de una
+escritura de venta: «¡Qué dulce es hacer bien a su prójimo!» Máxima un
+poco vieja en sí misma, pero nueva en absoluto para él.
+
+Cuando entró Romagné en el período de franca convalecencia, su huésped y
+salvador, que tantas veces le había trozado el pan y partido los
+biftecs, le dijo:
+
+--A partir de este momento, comeremos siempre juntos. Sin embargo, si
+prefieres comer en la cocina, también serás allí perfectamente
+alimentado, y es posible, tal vez, que te encuentres más a gusto.
+
+Romagné, a fuer de hombre juicioso, obtó por la cocina.
+
+Supo conducirse en ella de tal suerte, que se captó la simpatía y el
+aprecio de todos. Lejos de prevalerse de la amistad que le unía con el
+amo, mostrose más humilde y más modesto que el último marmitón. Era un
+criado que M. L'Ambert había puesto a sus servidores. Todo el mundo
+utilizaba sus servicios, se burlaba de su acento y le daba palmadas
+amistosas a la espalda, sin que a nadie se le ocurriese darle nunca una
+propina. M. L'Ambert lo sorprendió varias veces sacando agua, cambiando
+de sitio los muebles más pesados, encerando los pisos de madera. En
+tales ocasiones le tiraba de la oreja aquel amo ideal, y le decía:
+
+--Entretente, si quieres, no hay en ello inconveniente por mi parte;
+pero no te fatigues demasiado.
+
+El infeliz muchacho, confundido por tantas bondades, se escondía en su
+habitación y lloraba de ternura.
+
+Pero no pudo conservar por mucho tiempo aquel cuarto tan cómodo y
+aseado, contiguo a las habitaciones del amo. M. L'Ambert le hizo saber,
+de un modo delicado, que echaba mucho de menos la vecindad de su ayuda
+de cámara, y el mismo Romagné solicitó autorización para alojarse en
+las buhardillas, adjudicándosele entonces un cuartucho que las
+freganchinas no habían querido nunca.
+
+«¡Dichosos los pueblos que no tienen historia!» ha dicho un sabio.
+Sebastián Romagné fue dichoso por espacio de tres meses; pero, al
+comenzar el verano, empezó a tener historia. Su corazón, largo tiempo
+invulnerable, fue herido por las flechas del amor. El antiguo aguador
+entregose, atado de pies y manos, al dios que perdió a Troya. Advirtió,
+mientras preparaba las legumbres, que la cocinera tenía unos ojillos
+grises muy bonitos, y unos mofletes rojos muy hermosos. Un suspiro,
+capaz de echar a rodar las mesas, fue la primera manifestación de su
+mal. Quiso explicarse, pero ahogó la emoción en su garganta las
+palabras. Apenas si, en su excesiva timidez, se atrevió a aprisionar a
+su Dulcinea por el talle, y a besarle los labios con pasión.
+
+Esto bastó, sin embargo, para que lo comprendieran. Era la cocinera una
+persona capaz, que le llevaba a él siete u ocho años, y ya bastante
+ducha en las lides del amor.
+
+--Ya me hago cargo--le dijo ella;--deseáis casaros conmigo.
+Perfectamente, amigo mío; podremos entendernos si traéis algo por
+delante.
+
+Él respondió ingenuamente que traía por delante todo lo que puede
+exigirse a un hombre, es decir: dos brazos vigorosos y acostumbrados al
+trabajo. La señorita Juanita riósele en sus barbas y habló con más
+claridad; el a su vez soltó la carcajada, y le dijo, con la más amable
+confianza:
+
+--¿Pero es dinero lo que deseáis? Deberíais haberlo dicho desde luego.
+¡Tengo más dinero que peso! ¿Cuánto deseáis? Fijad vos misma la suma.
+¿Os contentaríais, por ejemplo, con la mitad de la fortuna del señor
+L'Ambert?
+
+--¿La mitad de la fortuna del amo?
+
+--Ciertamente. Me lo ha dicho más de cien veces. Yo poseo la mitad de su
+fortuna; pero no hemos repartido el dinero todavía: me tiene guardada mi
+parte.
+
+--¡Qué gran majadería!
+
+--¿Majadería? Esperad, que ahora entra él. Voy a pedirle mi cuenta y os
+traeré a la cocina todo mi capital.
+
+¡Pobre inocente! sólo obtuvo de su amo una buena lección de gramática
+parda. M. L'Ambert le enseñó que prometer y dar no son palabras
+sinónimas; dignose explicarle (porque estaba de buen humor) los méritos
+y peligros de la figura llamada hipérbole; y le dijo, por último, con,
+tono dulce, es verdad, pero tan firme que no admitía réplica:
+
+--Romagné, he hecho mucho por vos, pero quiero hacer más todavía al
+alejaros de este hotel. El simple buen sentido os dice que no os halláis
+en él en calidad de dueño; quiero llevar mi bondad hasta el extremo de
+admitir que estéis en él como un ayuda de cámara; en fin, me parece que
+os haría un gran perjuicio manteniéndoos en una situación mal definida
+que pervertiría vuestros hábitos y falsearía vuestro espíritu. Llevando
+un año más esa vida parasitaria y ociosa, perderíais por completo el
+amor al trabajo. Os convertiríais en un vago, y los vagos, permitidme
+que os lo diga, son el azote de nuestra época. Poneos la mano sobre
+vuestra conciencia, y decidme si os agrada semejante perspectiva. ¡Pobre
+Romagné! ¿No habéis echado de menos muchas veces el título de obrero,
+que es vuestro más noble blasón? Porque vos sois de aquellos seres que
+la Providencia ha creado para ennoblecerse con el sudor de su frente;
+pertenecéis a la aristocracia del trabajo. Trabajad, pues; no ya como
+otras veces, entre privaciones y dudas, sino con una seguridad que yo
+garantizo y una abundancia proporcionada a vuestras modestas
+necesidades. Yo saldré a los gastos de la primera instalación; yo os
+procuraré trabajo. Si, lo que no considero posible, os faltasen los
+medios de existencia, acudid a mí en seguida, que siempre os acogeré con
+afecto paternal. Pero renunciad al absurdo proyecto de casaros con mi
+cocinera, porque no debéis enlazar vuestra suerte a la de una simple
+criada, y no quiero, por otra parte, chiquillos en mi casa.
+
+El infeliz lloró copiosamente y se deshizo en protestas de sincero
+agradecimiento. Debo decir, en descargo de M. L'Ambert, que hizo las
+cosas con bastante generosidad. Vistió de pies a cabeza a Romagné,
+amueblole un quinto piso, en la calle del Cherche-Midi, y le dio
+quinientos francos para que fuese viviendo mientras le encontraba
+trabajo. Aún no habían transcurrido ocho días, cuando le hizo entrar,
+como peón de albañil, en una fábrica de espejos de la calle de Sèvres.
+
+Transcurrió mucho tiempo, seis meses por lo menos, sin que la nariz del
+notario sufriese la menor novedad digna de especial mención. Pero un día
+en que nuestro funcionario descifraba, en compañía de su oficial mayor,
+los pergaminos de una noble y rica familia, rompiéronsele por la mitad
+las gafas, y cayeron sobre la mesa.
+
+Este pequeño accidente no le causó grandes molestias. Púsose
+provisionalmente unos quevedos con resorte de acero, e hizo cambiar el
+armazón de sus gafas en el muelle de los Plateros. Su óptico, M. Luna,
+apresurose a pedirle mil perdones, enviándole unas gafas nuevas, que se
+rompieron también por igual sitio antes de transcurrir veinticuatro
+horas.
+
+Otras terceras sufrieron la misma suerte; trajeron por cuarta vez otras
+nuevas, y les ocurrió en seguida otro tanto. El óptico no sabía ya cómo
+excusarse. En el fondo de su alma, hallábase persuadido de que M.
+L'Ambert tenía la culpa de todo.
+
+--Este señor no es razonable--decía a su mujer, mostrándole los estragos
+de los cuatro últimos días;--usa gafas del número 4, que son
+forzosamente muy pesadas; quiere por coquetería una montura muy
+liviana, y tengo la seguridad de que trata a sus gafas como si fueran de
+hierro forjado. Si le hago la menor observación se enfadará; lo mejor
+será que le envíe otras nuevas con la montura más recia, sin decirle una
+palabra.
+
+La señora de Luna encontró la idea excelente; pero las quintas gafas
+corrieron la misma suerte que las cuatro precedentes. Esta vez, M.
+L'Ambert montó en cólera, a pesar de no habérsele hecho ninguna
+observación, y mandó a buscar otras gafas a un establecimiento rival.
+
+Pero hubiérase dicho que todos los ópticos de París se habían puesto de
+acuerdo para que se rompiesen sus gafas en la nariz del pobre
+millonario. Nada menos que doce sufrieron igual suerte, unas tras otras.
+Y lo más maravilloso del caso era que los lentes de resorte de acero,
+que reemplazaban a las gafas durante los interregnos, manteníanse
+vigorosos y firmes.
+
+Ya sabéis que la paciencia no era la virtud favorita de M. Alfredo
+L'Ambert. Hallábase un día furioso, pateando sobre unas gafas,
+haciéndolas pedazos con sus tacones, cuando le anunciaron la visita del
+doctor Bernier.
+
+--¡Demontre! llegáis a tiempo--exclamó el notario, colérico.--¡Estoy,
+por lo visto, hechizado! ¡el diablo ha tomado posesión de mi persona!
+
+Las miradas del doctor fijáronse en seguida en la nariz de su cliente;
+pero encontrándola, al parecer, sana, de buen aspecto, y fresca como una
+rosa.
+
+--Me parece--observó,--que marcha todo muy bien.
+
+--De salud, sí, en efecto: me encuentro perfectamente; pero estas gafas
+endiabladas no hay forma de que se mantengan enteras.
+
+Y refirió al doctor toda la historia.
+
+Este se quedó pensativo, y dijo al cabo de un rato:
+
+--El auvernés anda por medio. ¿Tenéis aquí alguna de las monturas rotas?
+
+--Debajo de mis pies tengo la última.
+
+Recogiola M. Bernier, examinola con una lente, y le pareció que el oro
+estaba como argentado en los alrededores del sitio de la rotura.
+
+--¡Diablo!--exclamó.--¿Habrá hecho Romagné alguna calaverada?
+
+--¿Qué calaveradas queréis que haya hecho?
+
+--¿Le tenéis todavía en vuestra casa?
+
+--No; el pillo me ha abandonado. Trabaja en la ciudad.
+
+--Espero, sin embargo, que esta vez habréis conservado sus señas.
+
+--Sin duda. ¿Queréis verle?
+
+--Cuanto antes.
+
+--¿Hay algún peligro tal vez? ¡Yo me hallo perfectamente!
+
+--Vamos, por lo pronto, a casa de Romagné.
+
+Un cuarto de hora después nuestros dos personajes descendían a la puerta
+de los señores Taillade y Compañía, en la calle de Sèvres. Una amplia
+muestra, fabricada con trozos de cristal azogado, indicaba claramente el
+género de industria a que se dedicaba la casa.
+
+--Henos aquí--dijo el notario.
+
+--¡Cómo! ¿está empleado el auvernés en este establecimiento?
+
+--Sin duda alguna: yo mismo le he buscado esta colocación.
+
+--Vamos, el mal no es tan grande como llegué a suponer. Pero, de todas
+maneras, habéis cometido una imprudencia imperdonable.
+
+--¿Qué queréis decir?
+
+--Entremos.
+
+La primera persona que encontraron en el interior del edificio fue al
+auvernés, en mangas de camisa, los puños arremangados, azogando la luna
+de un espejo.
+
+--¡Hola!--exclamó el doctor,--lo que yo había previsto.
+
+--¿Pero qué?
+
+--Que se azogan las lunas con una capa de mercurio aprisionada bajo una
+hoja de estaño, ¿comprendéis?
+
+--Todavía no.
+
+--Vuestro animal tiene los brazos embadurnados de mercurio hasta los
+codos; ¿qué digo? hasta las axilas.
+
+--Mas no veo la relación...
+
+--¿No veis que, siendo vuestra nariz una fracción de su brazo, y
+poseyendo el oro una deplorable tendencia a amalgamarse con el mercurio,
+jamás podréis evitar que se os rompan vuestras gafas?
+
+--¡Demontre!
+
+--Tenéis, sin embargo, el recurso de usar gafas con montura de acero.
+
+--Me es lo mismo.
+
+--En ese caso, no corréis peligro alguno, salvo, quizás, algunos
+accidentes mercuriales.
+
+--¡Ah, no! Prefiero que Romagné trabaje en otra cosa. ¡Ven, Romagné!
+Deja lo que estás haciendo y vente con nosotros al instante. ¿Quieres
+acabar de una vez, pedazo de zopenco? ¿No sabes a lo que me expones?
+
+Habiendo acudido el dueño del taller al escuchar el rumor de la
+conversación, dio el notario su nombre, con tono bastante infatuado, y
+recordó que él había recomendado a aquel hombre por mediación de su
+tapicero. M. Taillade respondió que lo recordaba muy bien, y explicole
+que, para hacerse agradable a M. L'Ambert, y captarse su benevolencia,
+había promovido al auvernés de peón de albañil a azogador.
+
+--¿Hace quince días de eso?--preguntole el notario.
+
+--Sí, señor, ¿lo sabíais ya?
+
+--¡Demasiado, por desgracia! ¡Ah, señor! ¿cómo puede jugarse con cosas
+tan sagradas?
+
+-¿Yo...?
+
+--No, nada. Pero por mí, por vos, por la sociedad toda entera, ponedle
+nuevamente a trabajar de albañil; pero no, mejor será que me lo
+devolváis; me lo llevaré conmigo. Pagaré lo que sea necesario, pero el
+tiempo apremia. ¡Prescripción facultativa!... Romagné, amigo mío, es
+preciso que me sigáis. Habéis hecho vuestra fortuna; ¡cuanto tengo os
+pertenece!... ¡No! pero venid de todos modos; ¡os juro que no quedaréis
+descontento de mí!
+
+Y sin dejarle apenas tiempo para cambiarse de traje, llevóselo como
+arrebata el ave de rapiña a su presa. M. Taillade y sus obreros
+tomáronle por un loco. El bueno de Romagné levantaba los ojos al cielo,
+y se preguntaba qué querrían de él otra vez.
+
+Su destino fue decidido durante el camino, mientras él cazaba moscas al
+lado del cochero.
+
+--Mi querido cliente--decía el doctor al millonario,--es preciso que no
+perdáis nunca de vista a ese muchacho. Comprendo que le hayáis arrojado
+de vuestra casa, porque, a decir verdad, su trato no debe ser muy
+agradable; pero no debisteis alejarle tanto, ni pasar tanto tiempo sin
+procuraros noticias de él. Alojadle en la calle de Beaune, o en la de la
+Universidad, próximo a vuestro hotel. Dedicadle a un oficio menos
+peligroso para vos, o mejor, si queréis, pasadle una pequeña pensión sin
+darle ningún oficio: si trabaja, se fatiga y se expone. No conozco
+oficio alguno en que el hombre no exponga su piel ¡es tan fácil, por
+desgracia, un accidente! Dadle lo suficiente para que pueda vivir sin
+hacer nada. ¡Guardaos bien, sin embargo, de tenerle en la abundancia!
+Volvería a beber, y ya sabéis las consecuencias fatales que os reporta a
+vos ese vicio. Con cien francos al mes, y la casa pagada, creo que
+tendrá suficiente.
+
+--Tal vez sea demasiado... no porque me parezca la cantidad excesiva,
+sino porque preferiría darle de comer sin que pudiera emplear un solo
+céntimo en vino.
+
+--Dadle, pues, cuatro luises, pagados en cuatro plazos: los martes de
+cada semana.
+
+Ofrecieron a Romagné una pensión de ochenta francos mensuales, pero el
+auvernés respondió con desprecio, rascándose la oreja:
+
+--¿Ochenta francos nada menos? ¡Para eso no valía la pena que me
+arrancaseis de la calle de Sèvres! Allí ganaba tres francos y medio
+diarios, y enviaba dinero a mi familia. Dejadme trabajar en los espejos,
+o dadme tres francos y medio.
+
+Y no hubo más remedio que acceder, puesto que era el dueño de la
+situación.
+
+Pronto comprendió el notario que había adoptado el partido más prudente.
+El año transcurrió sin accidente alguno. Se pagaba a Romagné todas las
+semanas, y se le vigilaba diariamente. Vivía honradamente, llevando una
+existencia tranquila, sin más pasión que el juego de bolos. Y los
+hermosos ojos de la señorita Irma Steimbourg se posaban con visible
+complacencia sobre la rosada nariz del dichoso millonario.
+
+Los dos jóvenes bailaron juntos todos los cotillones del invierno; por
+eso el mundo daba ya por descontada su boda. Una noche, a la salida del
+Teatro Italiano, el anciano marqués de Villemaurin detuvo en el
+peristilo a L'Ambert.
+
+--Y bien, amigo mío--le dijo,--¿cuándo celebráis vuestras bodas?
+
+--Pero, señor marqués, si es la primera noticia que tengo sobre ese
+particular.
+
+--¿Esperáis, por ventura, que os pidan vuestra mano? ¡Al hombre toca
+hablar, qué demontre! El joven duque de Lignant, un verdadero caballero
+y un excelente muchacho, no ha esperado a que yo le ofreciese mi hija:
+ha venido, ha agradado, y se acabó. De hoy en ocho días firmaremos el
+contrato. Ya sabéis, querido amigo, que es asunto que os atañe.
+Permitidme que acompañe a esas señoras hasta el coche, y nos acercaremos
+al círculo. Por el camino hablaremos. Pero cubríos, ¡qué diablo! No
+había visto que permanecíais con el sombrero en la mano. ¡Cuando menos
+se piensa se atrapa un resfriado!
+
+El anciano y el joven caminaron del brazo hasta el bulevar, uno hablando
+y el otro prestándole atención. Y L'Ambert entró en su casa dispuesto a
+redactar el contrato de matrimonio de la señorita Carlota Augusta de
+Villemaurin. Pero había pillado un terrible constipado, que no le
+permitió hacer nada. El acta fue redactada por su oficial mayor,
+revisada por los encargados de los negocios de ambas familias, y
+transcrita, por último, en un elegante cuaderno de papel timbrado, en el
+que no faltaban más que las firmas.
+
+Llegado el día, M. L'Ambert, esclavo de sus deberes, trasladose en
+persona al hotel de Villemaurin, a pesar de una persistente coriza que
+amenazaba saltarle los ojos de sus órbitas. Sonose las narices por
+última vez en la antecámara, y los lacayos temblaron en sus asientos
+cual si hubiesen oído la trompeta del juicio final.
+
+Un criado anunció a M. L'Ambert. Llevaba puestas sus costosas gafas de
+oro, y sonreía gravemente, cual convenía en semejantes circunstancias.
+
+Con su historiada corbata, sus guantes impecables, sus zapatos de baile,
+el sombrero debajo del brazo izquierdo, y el contrato en la mano
+derecha, fue a presentar sus respetos a la marquesa, atravesó con
+modestia el círculo formado por los que la rodeaban, inclinose ante
+ella, y le dijo:
+
+--Cheñora marquecha, aquí teneich el contrato de boda de vuechtra
+cheñorita hija.
+
+La señora de Villemaurin fijó en él sus ojos espantados. Un ligero
+murmullo elevose entre los circunstantes. M. L'Ambert saludó de nuevo, y
+añadió:
+
+--¡Dioch mío! cheñora marquecha, que día tan felich va a cher echte para
+todoch!
+
+Una mano vigorosa asiole por el brazo izquierdo, haciéndole girar sobre
+sí mismo. Volviose, y reconoció al marqués.
+
+--Mi querido notario--le dijo éste, arrastrándole hasta un rincón,--el
+carnaval permite indudablemente muchas cosas; pero recordad quien sois,
+y cambiad de tono si os place.
+
+--Pero, cheñor marquech...
+
+--¡Otra vez!... Ya veis que soy paciente, pero os ruego no abuséis.
+Excusaos ante la marquesa, leednos el contrato de boda, y buenas noches.
+
+--¿Pero de qué he de echcucharme, y por qué echach buenach nochech?
+¡Cualquiera diría que he cometido una torpecha, cheñor mío!
+
+El marqués no le respondió una palabra; pero hizo señas a los criados
+que circulaban por el salón. Entreabriose la puerta, y escuchose una voz
+que gritaba en la antecámara:
+
+--¡La servidumbre del señor L'Ambert! Aturdido, confuso, fuera de sí, el
+pobre millonario salió haciendo reverencias en todas direcciones y no
+tardó en encontrarse en su carruaje, sin saber por qué ni cómo. Se
+golpeaba la frente, se arrancaba los cabellos y se pegaba pellizcos en
+los brazos para despertarse a sí mismo, por si, como creía, era juguete
+de un sueño. Pero no; no dormía; veía la hora que marcaba su reloj, leía
+los nombres de las calles, a la claridad de las luces del gas, y
+reconocía las muestras de los establecimientos. ¿Qué había dicho? ¿Qué
+había hecho? ¿Qué conveniencias había violado? ¿Qué inconveniencia o qué
+majadería suya podía haber dado lugar a que le tratasen de aquel modo?
+Porque, en fin, la duda no era posible: en la casa del señor de
+Villemaurin lo habían puesto de patitas en la calle. ¡Y el contrato de
+matrimonio estaba allí, en su mano! ¡aquel contrato redactado con tan
+singular esmero, en tan brillante estilo, y cuya lectura no había sido
+escuchada!
+
+Sin haber podido dar con la solución a aquel problema, encontrose en el
+patio de su hotel. El rostro de su portero inspiróle una idea luminosa.
+
+--¡Chinguet!--gritó.
+
+El escuálido Singuet no se hizo llamar otra vez.
+
+--Chinguet, te daré chien francoch chi me dichech la verdad; y chien
+puntapiech chi me ocultach alguna cocha.
+
+Singuet le miró con sorpresa, y sonrió con timidez.
+
+--¡Chonríech, dechalmado! ¿por qué? ¡Contechta encheguida!
+
+--¡Dios mío!--dijo el pobre diablo;--el señor dispensará... que me haya
+permitido... pero el señor imita perfectamente el acento de Romagné.
+
+--¡El achento de Romagné! ¿quién? ¡yo! ¿Hablo como un auvernech?
+
+--Demasiado lo sabe el señor. Hace ya ocho días de esto.
+
+--¿Pero qué echtach dichiendo, pollino? ¿cómo he de chaber yo una cocha
+chemejante?
+
+Singuet elevó los ojos al cielo, pensando que su amo se había vuelto
+loco; pero M. L'Ambert, aparte de aquel maldito acento, gozaba de la
+plenitud de todas sus facultades. Interrogó por separado a toda su
+servidumbre, y se persuadió de su desgracia.
+
+--¡Ah, infame aguador!--exclamaba,--¡ah, criminal! Echtoy cheguro de
+que habrá hecho alguna majadería. Que vayan a buchcarle; pero no, que
+voy a buchcarle yo michmo.
+
+Corrió a pie hasta la casa de su protegido, subió a saltos hasta el
+quinto piso, llamó sin lograr despertarle, y, enfurecido y colérico, no
+encontrando otro expediente, forzó a empujones la puerta de la
+habitación.
+
+--¡Cheñor L'Ambert!--exclamó Romagné.
+
+--¡Tunante de auvernech!--respondiole el notario.
+
+--¡Cheñor mío!
+
+--¡Chinvergüencha!
+
+Ya eran dos a destrozar el idioma.
+
+La discusión prolongose por espacio de más de un cuarto de hora, en
+medio de la mayor algarabía, sin que se aclarase el misterio. El uno se
+quejaba amargamente, como víctima; el otro se defendía diciendo que era
+inocente.
+
+--Echpérame aquí--dijo, para acabar M. L'Ambert.--M. Bernier, el médico,
+me dirá echta noche michma lo que hach hecho.
+
+Despertó a M. Bernier, y le refirió, con la consabida che, cuanto le
+había ocurrido aquella noche.
+
+--Mucho ruido y pocas nueces--le contestó el doctor, riendo de buena
+gana.
+
+--Romagné es inocente; la culpa es toda vuestra. Permanecisteis con la
+cabeza descubierta a la salida de los Italianos: de ahí procede todo el
+mal. Padecéis un fuerte ataque de coriza, y habláis por la nariz: por
+eso os expresáis en auvernés. Esto es muy lógico. Volved a vuestra casa,
+aspirad bastante acónito, conservad los pies calientes y la cabeza
+abrigada y, en lo sucesivo, adoptad toda clase de precauciones contra
+los constipados, pues ya sabéis cuáles han de ser para vos sus
+consecuencias.
+
+El desdichado notario regresó a su hotel maldiciendo como un condenado.
+
+--De manera--pensaba;--que mis precauciones resultan infructuosas. Por
+mucho que me esmere en mantener y vigilar a ese bellaco de aguador, me
+jugará constantes trastadas, y seré siempre su víctima, sin poderle
+acusar nunca de nada; ¿a qué entonces, tantos gastos? Se acabó: ya estoy
+cansado: economizaré su pensión.
+
+Y dicho y hecho. Al día siguiente, cuando el pobre Romagné vino, todavía
+aturdido, a cobrar la pensión de la semana, lo echó a la calle Singuet,
+y anunciole que no harían nada por él en lo sucesivo. Encogiose de
+hombros el auvernés, a fuer de hombre que, sin haber leído las epístolas
+de Horacio, practica el _Nil admirari_ por instinto. Singuet, que lo
+quería bien, preguntole a qué pensaba dedicarse, contestándole él que
+buscaría trabajo. Al fin y al cabo, aquella forzada ociosidad le aburría
+demasiado.
+
+M. L'Ambert sanó de su coriza y alegrose de haber borrado de su
+presupuesto la partida correspondiente a Romagné. Ningún otro accidente
+vino a interrumpir después el curso de su dicha. Hizo las paces con el
+marqués de Villemaurin y con toda su clientela del faubourg, a la que
+había escandalizado bastante. Libre de toda inquietud, pudo abandonarse,
+feliz, por la dulce pendiente que le conducía, sobre rosas, hacia la
+dote de la señorita Steimbourg. ¡Afortunado L'Ambert! le abrió su
+corazón de par en par, y mostrole los sentimientos legítimos y puros que
+lo llenaban por completo. La bella y avisada muchacha tendiole la mano a
+la inglesa, y le dijo con desparpajo:
+
+--Negocio concluido. Mis padres están de acuerdo conmigo; ya os daré mis
+instrucciones para la canastilla de boda. Procuremos abreviar todas las
+formalidades para poder marcharnos a Italia antes de que termine el
+invierno.
+
+El amor prestole sus alas. Compró, sin regatear, la canastilla,
+encomendó a los tapiceros la tarea de alhajar el cuarto de su señora,
+encargó un coche nuevo, eligió dos caballos alazanes de la más rara
+belleza, y aligeró la publicación de las amonestaciones. El banquete de
+despedida de soltero que ofreció a sus camaradas, inscrito está con
+letras de oro en los fastos del Café Inglés. Sus amantes recibieron su
+postrer adiós, y sus correspondientes brazaletes, con mal contenida
+emoción.
+
+Los partes de casamiento anunciaban que la bendición nupcial tendría
+efecto el día 3 de marzo, a la una en punto, en la iglesia de Santo
+Tomás de Aquino. Inútil parece advertir que se había colgado el altar y
+se había engalanado el templo como en las bodas de primera categoría.
+
+El día 3 de marzo, a las ocho de la mañana, despertose espontáncamente
+L'Ambert, sonrió satisfecho a los primeros rayos del sol que penetraron
+alegres por su entreabierta ventana, tomó el pañuelo de debajo de la
+almohada, y se lo llevó a la nariz a fin de esclarecer sus ideas. Pero
+el pañuelo de batista sólo encontró el vacío: la nariz ya no existía.
+
+El notario fue de un salto a mirarse en el espejo. ¡Horror y maldición!
+como dicen en las novelas de la antigua escuela. Se vio tan desfigurado
+como el día que volvió de Parthenay. Correr a su lecho, registrar
+cobertores y sábanas, mirar por detrás de la cama, sondar los colchones
+y el somier, sacudir los muebles próximos, y poner patas arriba cuanta
+cosa había en el cuarto, fue obra de pocos instantes.
+
+¡Pero nada! ¡nada! ¡nada!
+
+Colgose del cordón de la campanilla, pidió auxilio a sus criados y juró
+echarlos a todos, como a perros, si no encontraban la nariz. ¡Inútil
+amenaza! La nariz era más imposible de encontrar que la Cámara de 1816.
+
+Dos horas transcurrieron en medio de la agitación, el desorden y el
+ruido.
+
+Y entretanto, el señor de Steimbourg se vestía su levita gris con
+botones de oro; la señora de Steimbourg, en traje de gran gala, dirigía
+a dos doncellas y tres modistas, que iban y venían y giraban sin cesar
+en torno de la bella Irma. La blanca novia, embadurnada en polvos de
+arroz, como un pez antes de ser introducido en la sartén, temblaba de
+impaciencia y maltrataba a todo el mundo con admirable imparcialidad. Y
+el alcalde del distrito décimo, con su faja reglamentaria, paseábase por
+un gran salón vacío preparando una improvisación. Y los mendigos
+privilegiados de Santo Tomás de Aquino expulsaban a cajas destempladas a
+dos o tres intrigantes, llegados de no sé dónde, con objeto de
+disputarles sus limosnas. Y M. Enrique Steimbourg, que mascaba un
+cigarro, hacía ya media hora, en el fumador de su padre, extrañábase de
+que su querido Alfredo no hubiese llegado aún.
+
+Por fin perdió la paciencia, corrió a la calle de Sartine, y encontró a
+su futuro cuñado lleno de desesperación y de lágrimas. ¿Qué podía
+decirle, para consolarle, de semejante desgracia? Paseose largo rato en
+torno suyo, repitiendo sin cesar:
+
+--¡Demonio! ¡demonio! ¡demonio!
+
+Se hizo referir dos veces el fatal acontecimiento, e intercaló en la
+conversación algunas sentencias filosóficas.
+
+¡Y el maldito cirujano sin venir! Habían ido a avisarle con urgencia, a
+su casa, al hospital, a todas partes. Llegó por fin, y comprendió a
+primera vista que Romagné había muerto.
+
+--Lo sospechaba--exclamó el notario, llorando con mayor amargura, si es
+posible.--¡Bestia de Romagné! ¡Criminal!
+
+Esta fue la oración fúnebre del desdichado auvernés.
+
+--Y ahora, doctor, ¿qué haremos?
+
+--Buscar otro Romagné, y repetir la operación; pero ya habéis
+experimentado los inconvenientes de este sistema, y, si queréis creerme,
+será mucho mejor que recurramos al método indio.
+
+--¿A cortarme la piel de la frente? ¡eso jamás! Prefiero mandarme hacer
+una nariz de plata.
+
+--Hoy día se fabrican bien elegantes, por cierto--dijo el doctor.
+
+--Resta saber si la señorita Irma consentiría en dar su mano a un
+inválido con la nariz de plata. Enrique, amigo mío, ¿qué os parece?
+
+Agachó Enrique Steimbourg la cabeza, y nada respondió. Fuese a comunicar
+la noticia a su familia y a recibir órdenes de su hermana. Irma adoptó
+un gesto heroico al saber la desgracia de su prometido.
+
+--¿Os imagináis--exclamó,--que me caso con el notario por su cara? ¡Para
+eso me hubiera casado con mi primo Rodrigo, que, aunque menos rico, es
+mucho más guapo que él! Doy mi mano a M. L'Ambert porque es un hombre
+galante, que ocupa una posición envidiable en el gran mundo; por su
+carácter, sus caballos, su hotel, su talento, su sastre; todo en él me
+agrada y me encanta. Por otra parte, ya estoy vestida de novia, y, de no
+verificarse el matrimonio, padecería mi reputación. Corramos a su casa,
+madre mía; ¡lo aceptaré tal cual es!
+
+Pero cuando se halló presencia del mutilado, cesaron sus entusiasmos.
+Desplomose desmayada, y, cuando recobró el conocimiento, rompió a llorar
+copiosamente.
+
+En medio de sus sollozos, oyose un grito que parecía partir de lo más
+profundo del alma:
+
+--¡Oh, Rodrigo!--exclamó,--¡que injusta he sido contigo!
+
+M. L'Ambert permaneció soltero. Hízose fabricar una nariz de plata
+esmaltada, cedió su bufete a su oficial mayor, y compró una casita, de
+modesta apariencia, cerca de los Inválidos. Algunos buenos amigos
+alegraron su morada. Proveyose de una bodega abundante y bien surtida, y
+se consoló como pudo. Las botellas más preciadas de Château-Yquen, y las
+mejores cosechas de la hacienda Vougeot son para él.
+
+--Poseo un privilegio sobre todos los demás hombres--suele decir a
+veces, bromeando;--¡puedo beber cuanto me venga en gana sin que se me
+enrojezca la nariz!
+
+Ha permanecido fiel siempre a sus principios políticos: lee los buenos
+periódicos, y hace votos por el triunfo de Chiavone; pero no le envía
+dinero. El placer de amontonar luises le produce una dicha incalculable.
+Vive entre dos vinos y entre dos millones.
+
+Una noche de la semana pasada, en que caminaba despacio, con el bastón
+en la mano, por una de las aceras de la calle de Eblé, lanzó
+inopinadamente un grito de sorpresa. ¡La sombra de Romagné, vestido de
+pana azul, habíase erguido ante él!
+
+¿Era realmente su sombra? Las sombras no llevan nada, y ésta llevaba una
+cesta en la extremidad de un palo.
+
+--¡Romagné!--gritole el notario.
+
+El otro levantó la mirada, y respondió con su voz reposada y tranquila:
+
+--¡Buenach nochech, cheñor L'Ambert!
+
+--¡Hablas, luego vives!--dijo éste.
+
+--Chiertamente que vivo.
+
+--¡Miserable!... ¿qué has hecho de mi nariz?
+
+Y, mientras se expresaba de este modo, habíale agarrado por el cuello, y
+lo sacudía bruscamente.
+
+El auvernés desasiose con trabajo, y le dijo:
+
+--¡Dejadme, por piedad, que no puedo defenderme! ¿No obchervaich que
+choy manco? Cuando me chuprimichteich la penchión, coloquéme en el
+taller de un mecánico, y hube de dejarme el brazo tomado en un
+engranaje!
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About
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+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO ***
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
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+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+The Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+Title: La nariz de un notario
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+Author: Edmond About
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+Translator: Carlos De Pineda
+
+Release Date: August 23, 2008 [EBook #26404]
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+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
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+<hr class="full" />
+
+<h3 class="un">BIBLIOTECA de LA NACION</h3>
+
+<h2>EDMUNDO ABOUT</h2>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<h1>LA NARIZ DE UN NOTARIO</h1>
+
+<p class="c">TRADUCCI&Oacute;N DE</p>
+
+<h2>CARLOS DE PINEDA</h2>
+
+<p class="img"><img src="images/001.png" alt="medallion" /></p>
+
+<p class="c top15">BUENOS AIRES</p>
+
+<p class="c">1916</p>
+
+<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Naci&oacute;n</span>.&mdash;Buenos Aires</p>
+
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<h3>INDICE</h3>
+
+<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="5">
+<tr><td align="right"><a href="#I">I.</a>&mdash;</td><td>El oriente y el occidente se acometen:
+la sangre corre ya.</td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#II">II.</a>&mdash;</td><td>La caza del gato.</td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#III">III.</a>&mdash;</td><td>Donde defiende el notario su pellejo
+con m&aacute;s &eacute;xito.</td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#IV">IV.</a>&mdash;</td><td>Chebachti&aacute;n Romagn&eacute;.</td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#V">V.</a>&mdash;</td><td>Grandeza y decadencia.</td></tr>
+
+<tr><td align="right"><a href="#VI">VI.</a>&mdash;</td><td>Historia de unas gafas y consecuencias
+de un catarro nasal.</td></tr>
+</table>
+
+<div class="caja">
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+<p class="c top15">A M. ALEJANDRO BIXIO</p>
+
+
+<p>Permitidme, se&ntilde;or, que encabece este humilde trabajo con el nombre
+ilustre y querido de un hombre que ha consagrado toda su vida a la causa
+del progreso; de un padre que ha ofrecido sus dos hijos a la liberaci&oacute;n
+de Italia; de un amigo que se ha apresurado a darme una prueba de
+simpat&iacute;a al siguiente d&iacute;a de <i>Gaetana</i>.</p>
+
+<p class="r">E. A.</p>
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+</div>
+
+<h3>LA NARIZ DE UN NOTARIO</h3>
+<p class="c">&mdash;&mdash;&mdash;</p>
+
+<h3><a name="I" id="I"></a>I</h3>
+
+<p class="c">EL ORIENTE Y EL OCCIDENTE SE ACOMETEN:<br />LA SANGRE CORRE YA</p>
+
+
+<p>Maese Alfredo L'Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le oblig&oacute; a
+cambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario m&aacute;s notable de
+Francia. En la &eacute;poca aquella contaba treinta y dos a&ntilde;os; era de elevada
+estatura, y pose&iacute;a unos ojos grandes y rasgados, una frente despejada y
+ol&iacute;mpica, y su barba y sus cabellos eran de un rubio admirable. Su nariz
+(la parte m&aacute;s prominente de su cuerpo), se retorc&iacute;a majestuosa en forma
+de pico de &aacute;guila. Aunque alguno no me crea, su n&iacute;tida corbata blanca le
+sentaba a maravilla. &iquest;Era debido esto a que la usaba desde su m&aacute;s tierna
+infancia, o porque se surt&iacute;a de ellas en alguna tienda afamada? Yo opino
+que eran ambas razones a un tiempo.</p>
+
+<p>Una cosa es atarse en torno del cuello un pa&ntilde;uelo de bolsillo blanco,
+hecho una torcida, y otra muy distinta formar, con arte y perfecci&oacute;n, un
+espl&eacute;ndido nudo de inmaculada batista, cuyas puntas iguales, almidonadas
+sin exceso, se dirigen sim&eacute;tricamente a derecha e izquierda. Una corbata
+blanca elegida con acierto y anudada con esmero no es un adorno sin
+gracia; todas las mujeres os dir&aacute;n lo mismo que yo. Pero no basta
+anud&aacute;rsela con maestr&iacute;a y con primor; es preciso, adem&aacute;s, saberla
+llevar; esto es cuesti&oacute;n de pr&aacute;ctica. &iquest;Por qu&eacute; parecen los obreros tan
+torpes y desma&ntilde;ados el d&iacute;a que se casan? Porque suelen colocarse para el
+acto de la boda una corbata blanca sin previa preparaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Se acostumbra uno en seguida a llevar los m&aacute;s exorbitantes tocados: una
+corona por ejemplo. El soldado Bonaparte recogi&oacute; una que el rey de
+Francia hab&iacute;a dejado caer en la plaza de Luis XV: coloc&oacute;sela &eacute;l mismo,
+sin que nadie le hubiese dado lecciones, y Europa declar&oacute; que aquel
+tocado no le sentaba muy mal. Animado por el &eacute;xito, no tard&oacute; en
+introducir la moda de las coronas en el c&iacute;rculo de su familia y de sus
+&iacute;ntimos. Todos los que le rodeaban se la encasquetaron, o as&iacute; lo
+pretendieron por lo menos. Pero este hombre extraordinario no pas&oacute; nunca
+de ser un porta-corbatas mediocre. El vizconde de C***, autor de varios
+poemas en prosa, hab&iacute;a estudiado bien la diplomacia, o sea el arte de
+ponerse la corbata con fruto.</p>
+
+<p>Asisti&oacute;, en 1815, a la revista de nuestro &uacute;ltimo ej&eacute;rcito, algunos d&iacute;as
+antes de la campa&ntilde;a de Waterloo; y, &iquest;sab&eacute;is lo que m&aacute;s llam&oacute; su atenci&oacute;n
+en aquella fiesta heroica en que se desbord&oacute; el entusiasmo desesperado
+de un gran pueblo? Que la corbata de Napole&oacute;n no estaba bien anudada.</p>
+
+<p>Pocos hombres, en este terreno pac&iacute;fico, hubiera podido medirse con
+maese Alfredo L'Ambert. Se firmaba L'Ambert, y no Lambert, en virtud de
+un acuerdo del Consejo de Estado. El se&ntilde;orito L'Ambert, sucesor de su
+padre, ejerc&iacute;a de notario por derecho de herencia. Hac&iacute;a m&aacute;s de dos
+siglos que esta ilustre familia se transmit&iacute;a, de var&oacute;n en var&oacute;n, el
+estudio de la calle de Verneuil con la m&aacute;s elevada clientela del
+faubourg Saint-Germain.</p>
+
+<p>El cargo no hab&iacute;a sido cotizado, toda vez que jam&aacute;s hab&iacute;a salido de la
+familia; pero, a juzgar por los beneficios de los cinco &uacute;ltimos a&ntilde;os, no
+era posible evaluarlo en menos de trescientos mil escudos. Es decir, que
+produc&iacute;a un promedio anual de unas noventa mil libras. Desde hac&iacute;a m&aacute;s
+de dos siglos todos los primog&eacute;nitos de la familia hab&iacute;an sabido llevar
+la corbata blanca con tanta desenvoltura como llevan los cuervos sus
+mejores plumas negras, los borrachos su amoratada nariz, o los poetas
+sus ra&iacute;das vestimentas. Heredero leg&iacute;timo de un nombre y de una fortuna,
+el joven Alfredo hab&iacute;a mamado en los pechos de su madre la elegancia y
+distinci&oacute;n, al par que los buenos principios. Despreciaba tanto como se
+merecen las innovaciones pol&iacute;ticas introducidas en Francia a partir de
+la cat&aacute;strofe de 1879. A su juicio, la naci&oacute;n francesa compon&iacute;ase de
+tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano. Opini&oacute;n respetable
+y compartida hoy a&uacute;n por un reducido n&uacute;mero de senadores. Se colocaba
+modestamente a s&iacute; mismo en uno de los primeros puestos del estado llano,
+no sin sustentar ciertas pretensiones secretas de formar con la nobleza.
+Sent&iacute;a un profundo desprecio hacia el grueso de la naci&oacute;n francesa, ese
+hacinamiento de obreros y campesinos que recibe el nombre de pueblo, o
+de vil plebe. Procuraba rozarse con &eacute;l todo lo menos posible, por
+respeto a su amable persona, a quien cuidaba y quer&iacute;a con pasi&oacute;n. Sano,
+esbelto y vigoroso como un sollo de r&iacute;o, estaba convencido de que
+aquella gentuza era una especie de morralla creada por la Providencia
+expresamente para nutrir a los se&ntilde;ores sollos.</p>
+
+<p>Hombre, por lo dem&aacute;s, agradable, como todos los ego&iacute;stas; estimado en
+el Palacio, en el c&iacute;rculo, en la c&aacute;mara de notarios, en las conferencias
+de San Vicente de Pa&uacute;l y en la sala de armas; buen tirador de punta y de
+contrapunta; excelente bebedor y amante generoso, mientras ten&iacute;a el
+coraz&oacute;n interesado; amigo fiel de los hombres de su rango; acreedor
+bondadoso, mientras cobraba los intereses de su capital; delicado en sus
+gustos, atildado en el vestir, limpio como un luis de nuevo cu&ntilde;o, y
+asiduo concurrente los domingos a los oficios de Santo Tom&aacute;s de Aquino,
+y los lunes, mi&eacute;rcoles y viernes a la Opera: hubiera sido el m&aacute;s
+perfecto <i>gentleman</i> de su &eacute;poca, as&iacute; en lo f&iacute;sico como en lo moral, a
+no ser por una deplorable miop&iacute;a que le condenaba a usar gafas. &iquest;Ser&aacute;
+necesario agregar que sus gafas eran de oro y las m&aacute;s finas, ligeras y
+elegantes que salieron jam&aacute;s de los talleres del celebre Mateo Luna,
+del muelle de los Plateros?</p>
+
+<p>No las llevaba siempre puestas, coloc&aacute;ndoselas tan s&oacute;lo en su despacho,
+o en casa de sus clientes, cuando ten&iacute;a que leer alguna escritura. No es
+necesario decir que los lunes, mi&eacute;rcoles y viernes, al entrar en el
+templo de la danza, ten&iacute;a muy buen cuidado de desenmascarar sus bellos
+ojos. Ning&uacute;n cristal bic&oacute;ncavo velaba en semejantes ocasiones, el brillo
+encantador de sus pupilas. Es muy cierto que no ve&iacute;a gota, y que
+saludaba a veces a una figuranta tom&aacute;ndola por una estrella; pero
+marchaba siempre con el aire resuelto de un Alejandro al entrar en
+Babilonia. Por eso las muchachas del cuerpo de baile, que se complacen
+en poner remoquetes a las personas, lo hab&iacute;an bautizado con el
+sobrenombre de <i>Vencedor</i>. Un turco muy grueso, secretario de la
+embajada de su pa&iacute;s, era conocido entre ellas por el mote de
+<i>Tranquilo</i>; un consejero de Estado se llamaba <i>Melanc&oacute;lico</i>; un
+secretario general del ministerio de***, muy vivo y bullidor, era
+conocido por <i>M. Turlu</i>, y por eso Elisita Champagne, conocida tambi&eacute;n
+por Champagne II, recibi&oacute; el nombre de <i>Turlurette</i> cuando sali&oacute; de los
+corifeos para elevarse al rango de sujeto.</p>
+
+<p>El p&aacute;rrafo precedente va a dar mucho que pensar a mis lectores de
+provincias (si es que tengo la suerte de que este relato traspase alguna
+vez las fortificaciones de Par&iacute;s). Oyendo estoy desde aqu&iacute; las miles de
+preguntas que dirigen al autor mentalmente. &laquo;&iquest;Qu&eacute; se entiende por el
+templo de la danza? &iquest;Y por cuerpo de baile? &iquest;Y por estrellas de la
+Opera? &iquest;Y por corifeos? &iquest;Y por sujetos? &iquest;Y por figurantas? &iquest;Qu&eacute;
+secretarios generales son esos que se codean con tales gentes, a trueque
+de que les pongan remoquetes? Y, en fin, &iquest;por qu&eacute; extra&ntilde;o azar un hombre
+de posici&oacute;n y s&oacute;lidos principios, como el se&ntilde;orito Alfredo L'Ambert,
+asist&iacute;a tres veces por semana al templo de la danza?&raquo;</p>
+
+<p>&iexcl;Bah, queridos amigos! precisamente porque era un hombre de posici&oacute;n y
+de s&oacute;lidos principios. El templo de la danza era, en aquellos tiempos,
+un amplio sal&oacute;n cuadrado, rodeado de viejas banquetas de terciopelo
+rojo, en el que se daban cita los hombres m&aacute;s distinguidos de Par&iacute;s. A
+&eacute;l concurr&iacute;an no solamente los banqueros, los secretarios generales y
+los consejeros de Estado, sino hasta duques y pr&iacute;ncipes, diputados y
+prefectos, y los senadores m&aacute;s partidarios del poder temporal del Papa;
+s&oacute;lo faltaban los prelados. Ve&iacute;anse en &eacute;l ministros casados, y hasta
+los m&aacute;s casados de todos los ministros. Al decir que se ve&iacute;an no quiero
+significar que los he visto yo mismo; desde luego comprender&eacute;is que los
+pobres periodistas no entraban en aquel lugar como en el molino. Un
+ministro ten&iacute;a en sus manos las llaves de aquel sal&oacute;n de las Hesp&eacute;ridos,
+y nadie pod&iacute;a penetrar en &eacute;l sin la venia de Su Excelencia. &iexcl;Por eso
+ten&iacute;an que ver las rivalidades, los celos y las intrigas! &iexcl;Cu&aacute;ntos
+gabinetes han sido derribados bajo los m&aacute;s diversos pretextos, pero, en
+el fondo, porque todos los hombres de Estado ten&iacute;an la pretensi&oacute;n de
+reinar en el templo de la danza! &iexcl;No os imagin&eacute;is, sin embargo, que
+todos estos personajes acud&iacute;an a aquel lugar atra&iacute;dos por el cebo de los
+placeres il&iacute;citos! Su intenci&oacute;n se limitaba a fomentar un arte
+eminentemente aristocr&aacute;tico y pol&iacute;tico.</p>
+
+<p>El transcurso de los a&ntilde;os es posible que haya hecho cambiar todo esto,
+porque las aventuras del se&ntilde;orito L'Ambert no datan de la semana pasada.
+No quiere decir esto, sin embargo, que se remonten a ninguna &eacute;poca
+antidiluviana; pero razones de alta conveniencia imp&iacute;denme precisar la
+fecha exacta en que este funcionario ministerial cambi&oacute; su nariz
+aguile&ntilde;a por una nariz recta. Por eso he dicho <i>en aquellos tiempos</i>,
+hablando de una manera vaga como los fabulistas. Contentaos con saber
+que la acci&oacute;n tiene lugar en cierta &eacute;poca de los anales del mundo,
+comprendida entre el incendio de Troya por los griegos y el del palacio
+de est&iacute;o, de Pek&iacute;n, por el ej&eacute;rcito ingl&eacute;s: dos memorables etapas de la
+civilizaci&oacute;n europea.</p>
+
+<p>Un contempor&aacute;neo y cliente del se&ntilde;orito L'Ambert, el marqu&eacute;s de
+Ombremule, dec&iacute;a en el Caf&eacute; Ingl&eacute;s cierta noche:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que nos distingue del com&uacute;n de los hombres es el fanatismo que
+sentimos por el baile. La canalla se desvive por la m&uacute;sica. Se cansa de
+aplaudir cuando escucha las &oacute;peras de Rossini, de Donizetti y de Auber:
+dir&iacute;ase que un mill&oacute;n de notas, revueltas en sabrosa ensalada, tiene un
+no s&eacute; qu&eacute; que halaga los o&iacute;dos de esas gentes. Llevan su ridiculez hasta
+el extremo de cantar ellos mismos, con sus roncas y estridentes voces, y
+la polic&iacute;a les permite que se re&uacute;nan en ciertos anfiteatros para
+destrozar algunas arias. &iexcl;Buen provecho les haga! En cuanto a m&iacute;, jam&aacute;s
+me detengo a escuchar una &oacute;pera; me contento con mirarla; voy a ver la
+parte pl&aacute;stica, que es la &uacute;nica que me divierte, y me marcho despu&eacute;s. Mi
+respetable abuela me ha contado que todas las damas encopetadas de su
+tiempo s&oacute;lo iban a la Opera atra&iacute;das por el baile, y no regateaban sus
+aplausos a los bailadores. Nosotros, a nuestra vez, protegemos a las
+bailarinas: &iexcl;maldito &eacute;l que piense mal!</p>
+
+<p>La duquesita de Bi&eacute;try, joven, linda y olvidada, tuvo la debilidad de
+reprochar a su esposo los h&aacute;bitos que hab&iacute;a aprendido en la Opera:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No os da verg&uuml;enza de abandonarme en un palco, con todos vuestros
+amigos, para correr no s&eacute; ad&oacute;nde?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;respondiole &eacute;l,&mdash;cuando se tienen fundadas esperanzas de
+lograr una embajada, &iquest;no es lo m&aacute;s natural que estudiemos la pol&iacute;tica?</p>
+
+<p>&mdash;Convenido; pero creo que habr&aacute; en Par&iacute;s mejores escuelas para ello.</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna. Aprended, querida m&iacute;a, que la danza y la pol&iacute;tica son
+hermanas gemelas. El tratar de agradar constantemente, el cortejar al
+p&uacute;blico, y tener siempre el ojo fijo sobre el director de orquesta, y
+refrenar su propio semblante, y cambiar a cada instante de traje y de
+color, y saltar de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, y
+volverse con rapidez, y caer nuevamente de pie, y sonre&iacute;r, en fin, con
+los ojos llenos de l&aacute;grimas, &iquest;no es, acaso, dicho en pocas palabras, el
+programa del baile y la pol&iacute;tica?</p>
+
+<p>La duquesa sonri&oacute;, perdon&oacute; y se ech&oacute; un amante.</p>
+
+<p>Los grandes se&ntilde;ores, como el duque de Bi&eacute;try, los hombres de Estado como
+el bar&oacute;n de F..., los grandes millonarios como el diminuto se&ntilde;or St...,
+y los simples notarios como el h&eacute;roe de esta historia, code&aacute;banse en el
+templo de la danza y entre los bastidores del teatro. Ante la sencillez
+e ignorancia de estas ochenta ingenuas que componen el cuerpo de baile,
+son iguales todos ellos. Se les conoce con el nombre de abonados, se les
+sonr&iacute;e gratuitamente, se cuchichea con ellos en los rincones, se aceptan
+sus confites, y hasta sus diamantes, como galanter&iacute;as sin consecuencias
+y que a nada comprometen a las que los reciben. La gente se imagina sin
+raz&oacute;n que es la Opera un mercado de placeres y una escuela de
+libertinaje. Nada de eso: se encuentran all&iacute; virtudes en mayor n&uacute;mero
+que en ning&uacute;n otro teatro de Par&iacute;s. &iquest;Por qu&eacute;? porque la virtud es all&iacute;
+m&aacute;s apreciada que en ninguna otra parte.</p>
+
+<p>&iquest;No es cosa interesante el estudiar de cerca este peque&ntilde;o pueblo de
+j&oacute;venes, casi todas ellas de humild&iacute;sima procedencia, y a quienes el
+talento o la belleza pueden elevar en un momento a las m&aacute;s encumbradas
+esferas del arte? Muchachitas de catorce a diez y seis a&ntilde;os de edad, la
+mayor parte de ellas alimentadas con pan seco y con manzanas verdes en
+una buhardilla de obreros o en la garita de un portero, vienen al teatro
+con vestidos de tart&aacute;n y con zapatos viejos, y su primer cuidado es
+correr a mudarse de traje, sin que nadie pueda notarlo. Un cuarto de
+hora despu&eacute;s, bajan al templo de la danza esplendorosas, radiantes,
+cubiertas de seda, de gasas y de flores, todo a costa del Estado, y m&aacute;s
+brillantes que los &aacute;ngeles, las hadas y las hur&iacute;es de nuestros sue&ntilde;os.
+Los ministros y los pr&iacute;ncipes les besan las manos y se manchan sus
+irreprochables trajes negros con el albayalde que ellas llevan en los
+brazos. Se recitan a sus o&iacute;dos madrigales nuevos y viejos que s&oacute;lo a
+veces comprenden. Algunas suelen tener talento natural y da gusto
+hablar con ellas. Estas no duran all&iacute; mucho tiempo.</p>
+
+<p>Un campanillazo indiscreto llama a las hadas al teatro; la muchedumbre
+de abonados las acompa&ntilde;a la entrada del escenario, las retiene y
+entretiene detr&aacute;s de los bastidores m&oacute;viles. Hay virtuoso de estos que
+desaf&iacute;a la ca&iacute;da las decoraciones, las manchas de petr&oacute;leo los quinqu&eacute;s
+y los m&aacute;s diversos miasmas por el placer de o&iacute;r murmurar a una vocecita
+ronca estas encantadoras palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demonio! &iquest;C&oacute;mo me duelen los pies!</p>
+
+<p>Lev&aacute;ntase el tel&oacute;n y las ochenta reinas ef&iacute;meras mariposean gozosas bajo
+las ardientes miradas de un p&uacute;blico entusiasmado. Cada una de ellas ve,
+o cree adivinar, dos, tres, diez adoradores m&aacute;s o menos conocidos.
+&iexcl;Cu&aacute;nto disfrutan mientras permanece levantado el tel&oacute;n! Se consideran
+hermosas, est&aacute;n ataviadas ricamente, ven todos los gemelos fijos en sus
+personas, sienten la admiraci&oacute;n que producen y no tienen que temer los
+silbidos ni la cr&iacute;tica.</p>
+
+<p>Por fin suenan las doce de la noche y cambia la decoraci&oacute;n como en los
+cuentos de hadas. La Cenicienta sube con su hermana mayor, o con su
+madre, hacia las econ&oacute;micas cumbres de Batignolles o de Montmartre. &iexcl;La
+pobre cojea un poquito! El lodo inmundo salpica sus medias grises. La
+excelente madre de familia que ha cifrado sus esperanzas todas en esta
+querida hija, no cesa, durante el camino, de inculcarle sabias m&aacute;ximas
+de moderaci&oacute;n y moral.</p>
+
+<p>&mdash;Marcha siempre derecha por el camino de la vida, hija m&iacute;a&mdash;le
+dice,&mdash;&iexcl;cuidado con tropezar! Mas si el implacable destino te tiene
+deparada esa desgracia, &iexcl;cuida mucho de caer sobre un lecho de rosas!</p>
+
+<p>No siempre son escuchados estos prudentes consejos. A veces el coraz&oacute;n
+puede m&aacute;s que la cabeza, y se han visto bailarinas casadas con
+bailadores. Se dan casos de j&oacute;venes, bellas como la Venus de Anadyomene,
+renunciar a cien mil francos en joyas por unirse ante el altar con un
+empleado de dos mil. Otras abandonan a la suerte el cuidado de su
+porvenir y labran la desesperaci&oacute;n de sus familias. Unas esperan a que
+llegue el 10 de abril para disponer de su coraz&oacute;n, porque se han jurado
+a s&iacute; mismas a ser juiciosas hasta los diez y siete a&ntilde;os. Otras
+encuentran un protector de su gusto y no se atreven a confes&aacute;rselo:
+temen la venganza de un consejero refrendario que ha jurado matarla, y
+suicidarse en seguida, si ama a otro que no sea &eacute;l. Claro que lo ha
+dicho en broma, como podr&eacute;is comprender; pero en este mundo especial se
+toman las palabras en serio. &iexcl;Qu&eacute; supina ignorancia y sencillez es la de
+estas muchachas! Hay quien ha o&iacute;do disputar a dos j&oacute;venes de diez y seis
+a&ntilde;os sobre la nobleza de su origen y la categor&iacute;a social de sus
+respectivas familias.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miren la impertinente!&mdash;dec&iacute;a la mayor de ellas;&mdash;&iexcl;los aretes de su
+madre son de plata y los de mi padre de oro!</p>
+
+<p>Maese Alfredo L'Ambert, despu&eacute;s de haber andado mariposeando mucho
+tiempo de la morena a la rubia, hab&iacute;a acabado por prendarse de una linda
+trigue&ntilde;a de ojos azules. La se&ntilde;orita Victorina Tompam era honesta, como
+se es generalmente en la Opera, hasta que se deja de serlo.
+Excelentemente educada, por otra parte, era incapaz de adoptar una
+resoluci&oacute;n extrema sin antes consultar a sus padres. De unos seis meses
+ac&aacute;, se ve&iacute;a constantemente asediada muy de cerca por el apuesto notario
+y por Ayvaz-Bey, el corpulento turco de veinticinco a&ntilde;os de edad, a
+quien hemos dicho que designaban con el remoquete de <i>Tranquilo</i>. Ambos le
+hab&iacute;an espetado muy razonados discursos, en los que su porvenir jugaba
+papel importante. La respetable se&ntilde;ora Tompain hab&iacute;a logrado, sin
+embargo, que su hija se conservase en un justo medio, esperando que uno
+de los rivales se decidiese a plantear el asunto en forma de negocio. El
+turco era un buen muchacho, honrado, decente y t&iacute;mido. Esto no obstante,
+habl&oacute; al fin, y fue escuchado.</p>
+
+<p>Todo el mundo tuvo noticia en seguida de este peque&ntilde;o contecimiento,
+excepto el se&ntilde;orito L'Ambert, que hab&iacute;a marchado al Poitou, con objeto
+de asistir al entierro de un t&iacute;o suyo. Cuando volvi&oacute; a la Opera, la
+se&ntilde;orita Victorina Tompain pose&iacute;a un brazalete de brillantes, unas
+dormilonas de brillantes, y un coraz&oacute;n tambi&eacute;n de brillantes, pendiente
+de su cuello a manera de ara&ntilde;a de sal&oacute;n. Ya hemos dicho al principio que
+el notario era miope; as&iacute; es que no pudo ver nada de lo que deb&iacute;a haber
+notado en seguida, ni aun siquiera las sonrisas picarescas con que fue
+acogido a su entrada. Anduvo dando vueltas de un lado para otro,
+charlando sin cesar alegremente, y deslumbrando a todo el mundo, como
+siempre, con su proverbial elegancia, esperando con impaciencia la
+terminaci&oacute;n del baile y la salida de las j&oacute;venes. Hab&iacute;anse cumplido sus
+c&aacute;lculos: el porvenir de la se&ntilde;orita Victorina se hallaba asegurado,
+gracias a su excelente t&iacute;o de Poitiers, que hab&iacute;a tenido la inmejorable
+idea de morirse en el momento m&aacute;s oportuno.</p>
+
+<p>Lo que se conoce en Par&iacute;s con el nombre de pasaje de la Opera es una red
+de galer&iacute;as m&aacute;s o menos estrechas, m&aacute;s o menos alumbradas, de muy
+diversos niveles, que unen el bulevar, y las calles Lepeletier, Drouot y
+Rossini. Un largo corredor, descubierto en su mayor parte, se extiende,
+desde la calle Drouot a la calle Lepeletier, normalmente a las galer&iacute;as
+del Bar&oacute;metro y del Reloj. En su parte m&aacute;s baja, a dos pasos de la calle
+Drouot, &aacute;brese la puerta falsa del teatro, la entrada nocturna de los
+artistas. Cada dos d&iacute;as, a eso de la media noche, una oleada de
+trescientas o cuatrocientas personas pasa tumultuosa ante los ojos
+vivarachos del digno pap&aacute; Monge, conserje de este para&iacute;so. Maquinistas,
+comparsas, figurantas, coristas, bailarines y bailarinas, tenores y
+sopranos, autores, compositores, administradores y abonados salen juntos
+a la calle en confuso torbellino. Los unos bajan hacia la calle Drouot,
+los otros suben la escalera que conduce, por una galer&iacute;a descubierta, a
+la calle Lepeletier.</p>
+
+<p>A mitad del pasaje descubierto, al extremo de la galer&iacute;a del Bar&oacute;metro,
+Alfredo L'Ambert esperaba fumando un cigarrillo. Diez pasos m&aacute;s all&aacute;, un
+hombrecillo redondo, con un fez escarlata, aspiraba a intervalos iguales
+el humo de un cigarrillo de tabaco turco, del grueso de un dedo.
+Alrededor de ellos, m&aacute;s de veinte pisaverdes, unos paseando nerviosos,
+otros, con m&aacute;s calma, a pie firme, esperaban igualmente cada uno por su
+lado. Y los cantantes atravesaban tarareando, y las s&iacute;lfides,
+arrastrando un poco el pie, pasaban cojeando, y, de minuto en minuto,
+una sombra femenina, negra, parda o marr&oacute;n, desliz&aacute;base entre los
+escasos mecheros de gas, desconocida para todos, excepto para los ojos
+del amor.</p>
+
+<p>Las parejas se reconocen, se abordan y se marchan sin despedirse de los
+otros. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre? he aqu&iacute; un ruido extra&ntilde;o y un tumulto
+inusitado. Dos sombras han pasado veloces, dos hombres han corrido, dos
+fuegos de cigarro se han aproximado uno a otro; se han o&iacute;do dos voces
+exaltadas y el estruendo de una r&aacute;pida querella. Los paseantes se han
+amontonado en un punto; mas no han encontrado a nadie. Maese Alfredo
+L'Ambert se dirige, completamente solo, hacia su carruaje, que le
+aguarda en el bulevar; y a la luz de un farol lee, encogi&eacute;ndose de
+hombros, esta tarjeta de visita, salpicada de sangre:</p>
+
+
+<p class="c">AYVAZ-BEY</p>
+
+<p class="c">SECRETARIO DE LA EMBAJADA OTOMANA</p>
+
+<p class="c"><i>Calle de Granelle Saint-Germain, 100.</i></p>
+
+
+<p>Escuchad lo que iba diciendo entre dientes el atildado notario de la
+calle de Verneuil:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maldita aventura! &iexcl;Que me lleve el diablo si sospechaba siquiera que
+le hubiese dado derechos a este animal de turco!... porque, &iexcl;vaya si lo
+es!... Pero, &iquest;por qu&eacute; no me habr&eacute; puesto las gafas?... Parece que le he
+pegado un pu&ntilde;etazo en la nariz... S&iacute;, sin duda: su tarjeta est&aacute; manchada
+de sangre, y mi mano lo est&aacute; tambi&eacute;n. Heme aqu&iacute; frente a un turco por
+una imperdonable torpeza; porque yo no tengo motivos para querer mal a
+ese pobre muchacho... La chica, por otra parte, me es del todo
+indiferente... &iexcl;Que se la quede en buen hora! &iexcl;Degollarse dos personas
+decentes por la se&ntilde;orita Victorina Tompain!... El maldito pu&ntilde;etazo es lo
+que no tiene arreglo...</p>
+
+<p>Esto dec&iacute;a entre dientes, entre sus treinta y dos dientes m&aacute;s blancos y
+afilados que los de un lobo. Orden&oacute; a su cochero que se retirase a casa,
+y se dirigi&oacute;, a paso lento, hacia el c&iacute;rculo de los Caminos de Hierro.
+All&iacute; encontr&oacute; dos amigos y les refiri&oacute; su aventura. El anciano marqu&eacute;s
+de Villemaurin, antiguo capit&aacute;n de la Guardia Real, y el joven Enrique
+Steimbourg, agente de cambio, juzgaron un&aacute;nimemente que el pu&ntilde;etazo lo
+echaba a perder todo.</p>
+
+
+<h3><a name="II" id="II"></a>II</h3>
+
+<p class="c">LA CAZA DEL GATO</p>
+
+
+<p>Un fil&oacute;sofo turco ha dicho:</p>
+
+<p>&laquo;No existen pu&ntilde;etazos agradables; pero los pu&ntilde;etazos en la nariz son los
+m&aacute;s desagradables de todos.&raquo;</p>
+
+<p>Y el mismo pensador, a&ntilde;adi&oacute; con raz&oacute;n en el cap&iacute;tulo siguiente:</p>
+
+<p>&laquo;Pegar a un enemigo delante de la mujer a quien ama, es pegarle dos
+veces: le hieres en el cuerpo y en el alma.&raquo;</p>
+
+<p>He aqu&iacute; por qu&eacute; el paciente Ayvaz-Bey enrojec&iacute;a de c&oacute;lera mientras
+acompa&ntilde;aba a la se&ntilde;orita Tompain y a su madre al piso que les hab&iacute;a
+amueblado. Despidiose de ellas a la puerta, subi&oacute; con rapidez a un
+carruaje, y se hizo conducir, derramando abundante sangre, a casa de su
+colega y amigo Ahmed.</p>
+
+<p>Ahmed se hallaba entregado al sue&ntilde;o, bajo la salvaguardia de un negro
+fiel; pero, si bien es verdad que est&aacute; escrito: &laquo;No despertar&aacute;s a tu
+amigo cuando duerma&raquo;, escrito est&aacute; tambi&eacute;n: &laquo;Pero despi&eacute;rtale si hay
+peligro para &eacute;l o para ti&raquo;, y se procedi&oacute; a despertar al buen Ahmed.</p>
+
+<p>Este era un turco de elevada estatura, de unos treinta y cinco a&ntilde;os de
+edad, muy flaco y delicado, con largas piernas arqueadas; pero, por lo
+dem&aacute;s, un muchacho excelente, dotado de talento natural. Por m&aacute;s que
+digan, hay tambi&eacute;n gentes de m&eacute;rito entre los turcos. Cuando descubri&oacute;
+la cara ensangrentada de su amigo, empez&oacute; por hacerle traer una gran
+aljofaina de agua fresca, porque est&aacute; escrito: &laquo;No deliberes antes de
+haber lavado tu sangre: tus pensamientos ser&iacute;an confusos e impuros.&raquo;</p>
+
+<p>Limpio ya, mas no tranquilo, cont&oacute; Ayvaz a su amigo la aventura,
+ardiendo en santa c&oacute;lera. El negro que escuchaba su relato, ofreciose en
+seguida a tomar su <i>kandjar</i>, e ir a matar a L'Ambert. Ahmed-Bey le dio
+las gracias por sus buenas intenciones, y lo ech&oacute; a puntapi&eacute;s de la
+estancia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; haremos ahora?&mdash;pregunt&oacute; el bueno de Ayvaz;&mdash;&iquest;qu&eacute; haremos,
+amigo m&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;Una cosa muy sencilla&mdash;replic&oacute; el interrogado:&mdash;ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana
+le cortar&eacute; la nariz. La ley del Tali&oacute;n est&aacute; escrita: &laquo;Ojo por ojo,
+diente por diente, nariz por nariz.&raquo;</p>
+
+<p>Advirtiole Ahmed que el Kor&aacute;n era, sin duda alguna, un buen libro; pero
+que estaba ya un poco anticuado. Los principios del honor han cambiado
+desde los tiempos de Mahoma. Aparte de que, aun queriendo, aplicar la
+ley al pie de la letra, Ayvaz s&oacute;lo tendr&iacute;a que devolver un pu&ntilde;etazo al
+se&ntilde;or L'Ambert.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con qu&eacute; derecho le cortar&iacute;as la nariz si &eacute;l no te ha cortado la tuya?</p>
+
+<p>&iquest;Pero qui&eacute;n ser&iacute;a capaz de hacer entrar en raz&oacute;n a un hombre joven a
+quien acaban de apabullar la nariz en presencia de su amante? Ayvaz
+sent&iacute;a sed de sangre, y Ahmed tuvo que halagarle sus deseos.</p>
+
+<p>&mdash;Sea&mdash;le dijo.&mdash;Representamos a nuestro pa&iacute;s en el extranjero, y no
+debemos recibir una afrenta sin dar una gallarda prueba de valor. Pero,
+&iquest;c&oacute;mo podr&aacute;s batirte en duelo con el se&ntilde;or L'Ambert, con arreglo a la
+costumbre de este pa&iacute;s? Jam&aacute;s has manejado una espada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; har&iacute;a yo con una espada? Quiero cortarle las narices, te repito,
+y una espada no me servir&iacute;a para eso...</p>
+
+<p>&mdash;Si al menos tirases bien con pistola...</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;est&aacute;s loco? &iquest;c&oacute;mo habr&iacute;a de cortar a ese insolente las narices
+con una pistola? Yo... &iexcl;S&iacute;, es cosa resuelta! Ve a entrevistarte con &eacute;l,
+y concierta el duelo para ma&ntilde;ana. &iexcl;Nos batiremos a sable!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, desdichado, &iquest;qu&eacute; har&aacute;s t&uacute; con un sable? No dudo de tu valor,
+pero te digo, sin que mis palabras te ofendan, que no tienes la fuerza
+de Pons.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; importa eso! Lev&aacute;ntate y ve a decirle que tenga a mi disposici&oacute;n
+su nariz ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>El prudente Ahmed comprendi&oacute; que no estaba su amigo para razonamientos,
+y que tratar de disuadirlo ser&iacute;a en vano. &iquest;A qu&eacute; predicar a un sordo
+que se aferraba a su idea, como al poder temporal los pont&iacute;fices
+romanos? Vistiose, pues, Ahmed, y, acompa&ntilde;ado del primer int&eacute;rprete,
+Osm&aacute;n-Bey, que acababa de regresar del C&iacute;rculo Imperial, h&iacute;zose conducir
+al hotel del se&ntilde;orito L'Ambert. La hora no pod&iacute;a ser menos oportuna,
+pero Ayvaz no quer&iacute;a desperdiciar un solo instante.</p>
+
+<p>El dios de las batallas tampoco lo quer&iacute;a; por lo menos, todo induce a
+creerlo as&iacute;. En el momento en que el primer secretario iba a llamar a la
+puerta de maese L'Ambert, tropezose con el enemigo en persona, que
+regresaba a pie, conversando con sus dos testigos.</p>
+
+<p>Al divisar el se&ntilde;orito L'Ambert los bonetes encarnados de nuestros dos
+personajes, comprendi&oacute; a qu&eacute; hab&iacute;an venido, saludolos cort&eacute;smente y
+tom&oacute; la palabra con cierta altaner&iacute;a, no exenta de distinci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Caballeros&mdash;les dijo,&mdash;como soy el &uacute;nico habitante de este hotel, no
+temo equivocarme al suponer que me hac&eacute;is el honor de venir a mi
+domicilio. Soy L'Ambert, si me permit&iacute;s que me presente yo mismo.</p>
+
+<p>Llam&oacute;, empuj&oacute; la puerta, atraves&oacute; el patio con sus cuatro acompa&ntilde;antes,
+y los condujo a su despacho. All&iacute; dieron sus nombres los dos turcos,
+presentoles el notario a sus amigos, y se alej&oacute; para que pudiesen tratar
+el asunto con entera libertad.</p>
+
+<p>En nuestro pa&iacute;s no puede efectuarse ning&uacute;n duelo sin contar con la
+voluntad, o por lo menos con el consentimiento, de seis personas. En el
+caso presente, sin embargo, hab&iacute;a cinco que no lo deseaban. Injusto
+ser&iacute;a decir que el se&ntilde;orito L'Ambert careciese de valor; pero no
+ignoraba que un duelo semejante, con motivo de una bailarina de la
+Opera, comprometer&iacute;a gravemente los prestigios de su bien acreditado
+bufete. El marqu&eacute;s de Villemaurin, anciano refinado y persona
+competent&iacute;sima en materias de honor, dijo que el duelo es un acto noble
+en el que todo, desde el principio hasta el fin de la partida, debe ser
+extremadamente correcto. Ahora bien, un pu&ntilde;etazo en la nariz por una
+se&ntilde;orita Victorina Tompain constitu&iacute;a el m&aacute;s rid&iacute;culo comienzo que se
+puede imaginar. Por otra parte, afirm&oacute; por su honor, que el se&ntilde;or
+Alfredo L'Ambert no hab&iacute;a visto a Ayvaz-Bey, ni hab&iacute;a tenido intenci&oacute;n
+de pegarle a &eacute;l ni a nadie. El se&ntilde;or L'Ambert hab&iacute;a cre&iacute;do reconocer a
+dos se&ntilde;oras, y se hab&iacute;a acercado con viveza a saludarlas.</p>
+
+<p>Al llevarse la mano al sombrero, hab&iacute;a dado un fuerte golpe, sin la
+menor intenci&oacute;n, a una persona que ven&iacute;a en sentido opuesto. Se trataba,
+por lo tanto, de una imperdonable torpeza, de un incidente sencillo, sin
+la menor importancia, que no pueden jam&aacute;s constituir una ofensa. Dada la
+posici&oacute;n social y educaci&oacute;n de maese L'Ambert, no pod&iacute;a nadie suponerle
+capaz de dar un pu&ntilde;etazo a Ayvaz-Bey. Su bien conocida miop&iacute;a y la
+semioscuridad del pasaje eran las culpables de todo. En fin, el se&ntilde;or
+L'Ambert, accediendo a los deseos de sus testigos, estaba dispuesto a
+declarar, en presencia de Ayvaz-Bey, que lamentaba muy de veras el
+haberle causado da&ntilde;o de una manera completamente involuntaria.</p>
+
+<p>Este razonamiento, tan justo de por s&iacute;, acrecent&oacute; la autoridad, por
+todos reconocida, del orador. Era el se&ntilde;or de Villemaurin uno de esos
+caballerosos sujetos que parecen haber sido respetados por la muerte
+para recordarnos los usos de las edades hist&oacute;ricas en estos tiempos de
+degeneraci&oacute;n que atravesamos. Seg&uacute;n su fe de bautismo, no contaba nada
+m&aacute;s que setenta y nueve abriles; pero, por los h&aacute;bitos y costumbres de
+su cuerpo y de su esp&iacute;ritu, pertenec&iacute;a sin duda al siglo xvi. Pensaba,
+hablaba y obraba como si hubiese servido en el ej&eacute;rcito de la Liga y
+tra&iacute;do a mal traer al Bearn&eacute;s. Realista convencido y cat&oacute;lico austero,
+era tan implacable en sus odios como apasionado en sus afecciones. Su
+valor, su lealtad, su rectitud, y su caballerosidad hasta cierto punto
+exagerada, causaban la admiraci&oacute;n de la juventud inconsciente de hoy.
+Nada le causaba risa, no le gustaban las bromas y le ofend&iacute;an los
+chistes por juzgarlos una falta de respeto. Era el menos tolerante, el
+menos amable y el m&aacute;s honrado de todos los ancianos. Hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a
+Escocia a Carlos X, despu&eacute;s de las jornadas de julio; pero se alej&oacute; de
+Holy-Rood, al cabo de quince d&iacute;as, escandalizado de ver que la corte de
+Francia no tomaba muy en serio su desgracia. Solicit&oacute; la absoluta, y se
+cort&oacute; para siempre los bigotes, que conserv&oacute; en una especie de joyero,
+con la siguiente inscripci&oacute;n: <i>Mis bigotes de la Guardia Real</i>. Sus
+subordinados todos, oficiales y soldados, sent&iacute;an por &eacute;l gran estima,
+pero tambi&eacute;n gran terror. Refer&iacute;ase en secreto que este hombre
+inflexible hab&iacute;a metido en el calabozo a su hijo &uacute;nico, joven militar de
+veintid&oacute;s a&ntilde;os de edad, por un acto de insubordinaci&oacute;n. El muchacho,
+digno hijo de tal padre, negose resueltamente a ceder, cay&oacute; enfermo y
+muri&oacute; en el calabozo. Este nuevo Bruto llor&oacute; a su hijo, erigiole una
+tumba suntuosa, y lo visit&oacute; con inconcebible regularidad diez veces por
+semana, sin olvidar este deber en ninguna &eacute;poca ni edad; pero no se
+encorv&oacute; bajo el peso de sus remordimientos. Marchaba derecho, erguido;
+ni la edad ni el dolor hab&iacute;an logrado doblar sus anchas y robustas
+espaldas.</p>
+
+<p>Era un hombrecillo rechoncho, vigoroso, fiel a todos los ejercicios de
+su juventud, que ten&iacute;a m&aacute;s fe en el juego de pelota que en los m&eacute;dicos,
+para conservar imperturbable salud. A los setenta a&ntilde;os hab&iacute;ase casado,
+en segundas nupcias, con una joven noble y pobre, que le hab&iacute;a hecho
+padre dos veces, y no perd&iacute;a la esperanza de verse abuelo bien pronto.
+El amor a la vida, tan poderoso en los viejos de esta edad, s&oacute;lo
+medianamente preocup&aacute;bale, a pesar de ser dichoso en la tierra. Hab&iacute;a
+tenido su &uacute;ltimo lance de honor a los setenta y dos a&ntilde;os, con un bravo
+coronel de cinco pies y seis pulgadas de estatura, a consecuencia de
+una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica, seg&uacute;n unos, y de celos conyugales, seg&uacute;n otros.
+Cuando un hombre de su rango y su car&aacute;cter abrazaba la causa de M.
+L'Ambert, declarando que un duelo entre el notario y Ayvaz-Bey ser&iacute;a
+in&uacute;til, comprometedor y ordinario, la paz parec&iacute;a firmada de antemano.</p>
+
+<p>Tal fue el parecer de M. Enrique Steimbourg, que no era ni lo bastante
+joven, ni lo suficientemente curioso para desear a toda costa el
+espect&aacute;culo de un duelo; y los dos turcos, hombres de buen sentido,
+aceptaron, de un modo provisional, la reparaci&oacute;n que se les ofrec&iacute;a,
+pero pidieron que se les autorizara para ir a consultar con Ayvaz. Los
+otros dos, entretanto, esperaron all&iacute; mismo que regresasen de la
+embajada. Eran las cuatro de la madrugada; pero el marqu&eacute;s no quiso
+dormir, pues no se lo permit&iacute;a su conciencia; estaba decidido a dejarlo
+todo arreglado antes de meterse en la cama.</p>
+
+<p>Empero el terrible Ayvaz, al escuchar las primeras palabras de
+conciliaci&oacute;n de sus amigos, sufri&oacute; un terrible acceso de c&oacute;lera
+verdaderamente turca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ni que estuviera yo loco!&mdash;exclam&oacute;, blandiendo el chibuqu&iacute; de jazm&iacute;n
+que le hiciera compa&ntilde;&iacute;a,&mdash;&iquest;Pretender&eacute;is persuadirme de que he sido yo
+quien con la nariz ha dado un golpe en el pu&ntilde;o a M. L'Ambert? &Eacute;l fue
+quien me agredi&oacute;, y la prueba es que se ofrece a presentarme sus
+excusas. &iquest;Pero a qu&eacute; tanto hablar? &iquest;no es suficiente prueba la sangre
+que he derramado? &iquest;Puedo acaso olvidar que Victorina y su madre han sido
+testigos de mi afrenta?... &iexcl;Oh, amigos m&iacute;os! &iquest;no me queda otro remedio
+que morir, si no le corto hoy mismo la nariz a mi ofensor!</p>
+
+<p>De mejor o peor grado, fue preciso reanudar las negociaciones sobre esta
+base algo rid&iacute;cula. Ahmed y el int&eacute;rprete ten&iacute;an el esp&iacute;ritu lo bastante
+razonable para vituperar a su amigo, pero pose&iacute;an tambi&eacute;n un coraz&oacute;n
+demasiado caballeresco para abandonarle en la mitad del camino. Si el
+embajador, Hamza-Baj&aacute;, se hubiese encontrado en Par&iacute;s, hubiera zanjado
+la cuesti&oacute;n sin duda alguna, imponiendo su autoridad; pero,
+desgraciadamente, desempe&ntilde;aba al mismo tiempo las embajadas de Francia y
+de Inglaterra, y se hallaba entonces en Londres. Los testigos del bueno
+de Ayvaz anduvieron yendo y viniendo, entre la calle de Granelle y la de
+Verneuil, sin lograr que el asunto avanzase lo debido, hasta las siete
+de la ma&ntilde;ana. A esta hora, perdi&oacute; L'Ambert la paciencia y les dijo a sus
+testigos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya me est&aacute; cargando este turco! &iexcl;No contento con haberme birlado a la
+Tompain, se complace en hacerme pasar la noche en claro! &iexcl;Pues bien,
+marchemos! Tal vez pudiera creer que tengo miedo de cruzar con &eacute;l mi
+acero. Pero marchemos de prisa, si os parece, y tratemos de dejar
+zanjado el asunto esta misma ma&ntilde;ana. Har&eacute; enganchar el carruaje en diez
+minutos, y nos marcharemos a dos leguas de Par&iacute;s. Aplicar&eacute; a mi turco el
+correctivo merecido, en menos tiempo del que se tarda en contarlo, y
+antes que los periodicuchos que viven del esc&aacute;ndalo se den cuenta del
+lance, estaremos de vuelta en mi despacho.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a trat&oacute; el marqu&eacute;s de oponer una o dos objeciones; pero acab&oacute; por
+confesar que M. L'Ambert se ve&iacute;a obligado a batirse. La insistencia de
+Ayvaz-Bey era de p&eacute;simo gusto, y merec&iacute;a una severa lecci&oacute;n. Ninguno
+dudaba de que el belicoso notario, ventajosamente conocido en todas las
+salas de armas, era la persona elegida por el destino para ense&ntilde;ar a
+aquel osmanl&iacute; la cortes&iacute;a francesa.</p>
+
+<p>&mdash;Amigo m&iacute;o&mdash;dec&iacute;a el anciano Villemaurin a su cliente, d&aacute;ndole
+palmaditas sobre el hombro,&mdash;nuestra situaci&oacute;n es excelente, toda vez
+que tenemos de nuestra parte el derecho. &iexcl;El resto, Dios lo har&aacute;! El
+resultado no es dudoso: pose&eacute;is un coraz&oacute;n animoso, y una mano firme y
+r&aacute;pida. Acordaos tan s&oacute;lo de que no debemos tirarnos nunca a fondo;
+porque el duelo se ha hecho para corregir a los necios, mas no para
+destruirlos. S&oacute;lo los torpes matan a sus adversarios so pretexto de
+ense&ntilde;arles a vivir.</p>
+
+<p>La elecci&oacute;n de armas correspond&iacute;a en buen derecho al excelente Ayvaz;
+pero el notario y sus testigos pusieron mala cara al enterarse de que
+hab&iacute;a escogido el sable.</p>
+
+<p>&mdash;Es el arma predilecta de los militares&mdash;dijo el marqu&eacute;s,&mdash;o el arma de
+los burgueses que no quieren batirse. Pero, en fin, &iexcl;vaya, si os
+empe&ntilde;&aacute;is, por el sable!</p>
+
+<p>Los testigos de Ayvaz-Bey mostr&aacute;ronse conformes. Se trajeron dos sables
+del cuartel del muelle de Orsay, y quedaron citados para las diez de la
+ma&ntilde;ana en la peque&ntilde;a aldea de Parthenay, situada en el antiguo camino de
+Sceaux. Eran las ocho y media.</p>
+
+<p>Todos los parisienses conocen este lindo grupo de doscientas casas cuyos
+habitantes son m&aacute;s ricos, m&aacute;s limpios y m&aacute;s instruidos que la
+generalidad de los aldeanos. Cultivan la tierra como jardineros, y no
+como campesinos, y los campos de su t&eacute;rmino parecen en primavera un
+peque&ntilde;o para&iacute;so terrenal. Un prado de fresas floridas se extiende, cual
+manto argentado, entre un prado de frambuesas y otro de grosellas. Por
+todas partes se huele el perfume penetrante de la acacia, tan agradable
+al olfato de los porteros. Par&iacute;s adquiere a peso de oro la cosecha de
+Parthenay, y los bravos campesinos, a quienes veis caminar a paso lento,
+con una regadera en cada mano, son casi todos peque&ntilde;os capitalistas.</p>
+
+<p>Comen carne dos veces al d&iacute;a, desprecian la gallina del puchero, y
+prefieren el pollo asado. Pagan el sueldo de un instituidor y un m&eacute;dico
+comunal, construyen, sin necesidad de levantar empr&eacute;stitos, un
+ayuntamiento y una iglesia, y votan a mi espiritual amigo el doctor
+Veron, en las elecciones municipales. Sus muchachas son preciosas, si no
+me es infiel la memoria. El sabio arque&oacute;logo Cubaudet, archivero de la
+subprefectura de Sceaux, asegura que Parthenay es una colonia griega, y
+que su nombre se deriva de la palabra <i>Parthemos</i>, virgen o mujer joven
+(expresiones sin&oacute;nimas entre los pueblos cultos). Pero esta digresi&oacute;n
+nos aleja del bueno de Ayvaz.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; el primero al lugar de la cita, todav&iacute;a encolerizado. &iexcl;Con qu&eacute;
+furor paseaba por la plaza de la aldea, esperando al enemigo! Ocultaba
+bajo sus vestidos dos formidable yataganes, de fin&iacute;simas hojas de
+Damasco. &iquest;Qu&eacute; digo de Damasco? Dos hojas japonesas, de esas que cortan
+una barra de hierro con igual facilidad que si se tratase de un
+esp&aacute;rrago, con tal de que sean manejadas por un brazo vigoroso.
+Ahmed-Bey y el fiel int&eacute;rprete segu&iacute;an a su amigo y le daban los m&aacute;s
+sabios consejos: atacar con prudencia, descubrirse lo menos posible,
+comenzar la partida con un salto, en fin, cuantas recomendaciones pueden
+hacerse a un novicio que se presenta por primera vez en la liza, sin
+haber aprendido a tirar.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias por vuestros consejos&mdash;respond&iacute;a el obstinado;&mdash;pero no
+necesito tantos requisitos para cortarle las narices a un notario.</p>
+
+<p>El objetivo de su venganza no tard&oacute; en aparecer entre dos cristales de
+gafas, a la puerta de un carruaje. Pero M. L'Ambert no descendi&oacute;,
+limit&aacute;ndose a saludar. El marqu&eacute;s ech&oacute; pie a tierra, y vino a decir a
+Ahmed-Bey:</p>
+
+<p>&mdash;Conozco un sitio excelente, a veinte minutos de aqu&iacute;; tened la
+amabilidad de subir nuevamente al carruaje, con vuestros amigos, y
+seguirnos.</p>
+
+<p>Tomaron los beligerantes un camino transversal, y descendieron a un
+kil&oacute;metro del caser&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores&mdash;dijo el marqu&eacute;s,&mdash;podemos ir a pie hasta aquel bosquecillo
+que all&iacute; veis. Los cocheros pueden esperarnos aqu&iacute;. Nos hemos olvidado
+de traer con nosotros un m&eacute;dico; pero el lacayo, que he dejado en
+Parthenay, tiene encargo de traernos el de la localidad.</p>
+
+<p>El cochero del turco era uno de esos merodeadores parisienses que
+circulan despu&eacute;s de media noche bajo un n&uacute;mero de contrabando. Ayvaz lo
+hab&iacute;a tomado a la puerta de la se&ntilde;orita Tompain, y no lo hab&iacute;a vuelto a
+dejar. El muy truh&aacute;n sonri&oacute; maliciosamente cuando vio que le mandaban
+detenerse en medio del campo, y que llevaban sables debajo de las
+mantas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buena suerte, caballero!&mdash;le dijo al valiente Ayvaz.&mdash;Nada ten&eacute;is que
+temer, porque yo doy la suerte a mis clientes. Aun no hace un a&ntilde;o llev&eacute;
+en mi coche a uno que hab&iacute;a muerto a su adversario. Por cierto que me
+dio veinticinco francos de propina, &iexcl;como os lo estoy refiriendo!</p>
+
+<p>&mdash;Yo te dar&eacute; cincuenta&mdash;respondiole Ayvaz,&mdash;si quiere Dios que realice
+la venganza que medito.</p>
+
+<p>M. L'Ambert tiraba perfectamente, pero era demasiado conocido en las
+salas de esgrima de Par&iacute;s para haber tenido jam&aacute;s ninguna ocasi&oacute;n de
+batirse. Por eso, en el verdadero terreno del honor, era tan nuevo como
+Ayvaz: se comprende, por lo tanto, que aunque hubiese vencido en
+diferentes asaltos a los maestros y prebostes de varios regimientos de
+caballer&iacute;a, experimentase una sorda trepidaci&oacute;n, que no era miedo, pero
+que produc&iacute;a efectos an&aacute;logos a &eacute;ste. La conversaci&oacute;n durante el camino
+hab&iacute;a sido animada: hab&iacute;a hecho gala ante sus amigos de una alegr&iacute;a
+sincera, aunque un poco febril. Hab&iacute;a encendido tres o cuatro cigarros,
+y arroj&aacute;dolos al poco de empezados. Cuando todos descendieron del coche,
+march&oacute; &eacute;l con paso firme, demasiado firme tal vez. En el fondo de su
+alma sent&iacute;a cierta aprensi&oacute;n completamente viril, completamente
+francesa: desconfiaba de su sistema nervioso, y tem&iacute;a no parecer todo lo
+valiente que era.</p>
+
+<p>Parece que las facultades del alma se multiplican en los momentos
+cr&iacute;ticos de la vida. Por eso a M. L'Ambert, a pesar de hallarse
+preocupado en grado sumo con el peque&ntilde;o drama en que iba a representar
+tan importante papel, los objetos m&aacute;s insignificantes del mundo
+exterior, los que hubieran pasado completamente inadvertidos para &eacute;l en
+circunstancias ordinarias, atra&iacute;an y reten&iacute;an su atenci&oacute;n con un poder
+irresistible. A sus ojos, la naturaleza se hallaba iluminada por una
+nueva luz, m&aacute;s clara, m&aacute;s transparente, m&aacute;s l&iacute;mpida, m&aacute;s cruda que la
+luz apagada del sol. Su preocupaci&oacute;n subrayaba, por decirlo as&iacute;, todo lo
+que sus ojos ve&iacute;an. En una revuelta del sendero, descubri&oacute; un gato que
+caminaba a paso lento por entre dos hileras de grosellas: uno de esos
+gatos tan comunes en las aldeas, largo, flaco, de piel blanca llena de
+manchas rojizas; uno de esos animales medio salvajes que a favor de los
+cuales hacen renuncia sus amos, con una esplendidez nada com&uacute;n, de todos
+los ratones que atrapan. El que atrajo la atenci&oacute;n de L'Ambert hab&iacute;a
+visto, sin duda, que la morada de su due&ntilde;o no ofrec&iacute;a ya bastante caza,
+y buscaba en plena campi&ntilde;a un suplemento a su pitanza. Los ojos del
+se&ntilde;orito L'Ambert, despu&eacute;s de haber errado alg&uacute;n tiempo a la ventura,
+sinti&eacute;ronse atra&iacute;dos y como fascinados por el gesto de aquel gato.
+Observolo atentamente, admir&oacute; la flexibilidad de sus m&uacute;sculos, el
+vigoroso perfil de sus mand&iacute;bulas, y crey&oacute; hacer un descubrimiento
+trascendental, digno de un naturalista, observando que el gato es un
+tigre en miniatura.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; diablo mir&aacute;is en ese punto?&mdash;preguntole el marqu&eacute;s, d&aacute;ndole, con
+cari&ntilde;o, una palmada en el hombro.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; el notario a la realidad de la vida, y respondi&oacute; con el tono m&aacute;s
+desenvuelto del mundo:</p>
+
+<p>&mdash;Ese est&uacute;pido animal me ha distra&iacute;do. No pod&eacute;is imaginaros, marqu&eacute;s,
+los estragos que estas bestias ocasionan en la caza. Se comen m&aacute;s
+nidadas que perdigones tiramos nosotros. &iexcl;Si tuviese una escopeta!...</p>
+
+<p>Y acompa&ntilde;ando el gesto a la palabra, hizo adem&aacute;n de echarse la escopeta
+a la cara, se&ntilde;alando al animal con el dedo. El gato comprendi&oacute; la
+intenci&oacute;n, dio un salto atr&aacute;s y fugose, para reaparecer doscientos pasos
+m&aacute;s lejos, lav&aacute;ndose la cara, entre unas matas de colsa, como si
+aguardase a los parisienses.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te has propuesto seguirnos?&mdash;exclam&oacute; el notario repitiendo la
+amenaza. La prudent&iacute;sima bestia huy&oacute; de nuevo; pero reapareci&oacute; a la
+entrada del claro del bosque donde iban a batirse. M. L'Ambert, con la
+superstici&oacute;n del jugador que va a exponer una suma importante, quiso
+ahuyentar aquella bestia mal&eacute;fica, y le arroj&oacute; una piedra; mas, como
+errase el golpe, el gato trep&oacute; a un &aacute;rbol, y all&iacute; se estuvo quedo.</p>
+
+<p>Entretanto, los testigos hab&iacute;an elegido el terreno y echado a suerte
+los puestos. El mejor toc&oacute; a M. L'Ambert. La suerte quiso tambi&eacute;n que se
+empleasen sus armas, y no los yataganes japoneses, que tal vez le
+hubiesen impuesto.</p>
+
+<p>A Ayvaz todo le ten&iacute;a sin cuidado: cualquier arma era buena para &eacute;l.
+Contemplaba la nariz de su enemigo como mira el pescador una trucha
+apetitosa suspendida del extremo de su ca&ntilde;a. Despojose vivamente de la
+ropa que no consider&oacute; indispensable, arroj&oacute; sobre la hierba su fez rojo
+y su levita verde, y se arremang&oacute; hasta el codo las mangas de la camisa.
+Es de suponer que los turcos m&aacute;s dormidos se despierten al tintineo de
+las armas. Aquel grueso muchachote, cuya fisonom&iacute;a no ten&iacute;a nada de
+paternal, pareci&oacute; transfigurarse. Su rostro se ilumin&oacute;, sus ojos
+lanzaron rayos. Tom&oacute; un sable de manos del marqu&eacute;s, retrocedi&oacute; dos
+pasos, y enton&oacute; en idioma turco una improvisaci&oacute;n po&eacute;tica que su amigo
+Osm&aacute;n-Bey tuvo la amabilidad de anotar y traducirnos:</p>
+
+<p>&mdash;Armado estoy para el combate; &iexcl;Dios confunda al malvado que me ofende!
+La sangre se lava con sangre. Me heriste con la mano, yo te herir&eacute; con
+el sable. Tu rostro mutilado har&aacute; re&iacute;r a las mujeres hermosas:
+Schelosser y Mercier, Thibert y Savile, te volver&aacute;n la espalda con
+desprecio. Perder&aacute;s para siempre el perfume de las rosas de Izmir. &iexcl;Que
+Mahoma me d&eacute; fuerzas, que el valor no tengo que ped&iacute;rselo a nadie!
+&iexcl;Hurra! &iexcl;que armado estoy para el combate!</p>
+
+<p>Dicho esto, lanzose sobre su adversario, atac&aacute;ndole en tercia o en
+cuarta, pues no entiendo una palabra de estas andanzas, ni &eacute;l, ni su
+adversario, ni los testigos tampoco. Pero una oleada de sangre brot&oacute; de
+la punta del sable, unas gafas rodaron por el suelo, y el notario sinti&oacute;
+aligerada su cabeza del peso de su nariz. Qued&aacute;bale a&uacute;n de ella una
+parte para muestra, mas, tan insignificante, que no merece la pena de
+que la mencionemos siquiera.</p>
+
+<p>M. L'Ambert se dej&oacute; caer de espaldas, y se levant&oacute; otra vez en seguida
+para echar a correr, con la cabeza agachada, como un ciego o como un
+loco. En aquel preciso momento, un cuerpo opaco cay&oacute; desde lo alto de
+una encina. Un minuto despu&eacute;s, presentose un hombrecillo enteco, con el
+sombrero en la mano, seguido de un lacayo de gran librea. Era M.
+Triquet, m&eacute;dico municipal de Parthenay.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien venido se&aacute;is, digno se&ntilde;or Triquet! Un ilustre notario de Par&iacute;s
+precisa vuestros servicios con urgencia. Colocaos nuevamente vuestro
+grasiento sombrero sobre vuestro cr&aacute;neo pelado, enjugaos las gotas de
+sudor que brillan sobre vuestros rojos carrillos, como el roc&iacute;o sobre
+dos peon&iacute;as en flor, y haceos quitar cuanto antes las manchas
+relucientes de vuestro respetable traje negro!</p>
+
+<p>Pero el buen hombre estaba demasiado emocionado para entrar en funciones
+sin demora. Hablaba a tontas y a locas, con voz temblorosa y jadeante.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bondad divina!...&mdash;dec&iacute;a.&mdash;Dios os guarde, se&ntilde;ores; recon&oacute;zcanme como
+un nuevo servidor. &iquest;Acaso est&aacute; permitido ponerse de esta manera? &iexcl;Esto
+es una mutilaci&oacute;n, demasiado bien lo veo! Decididamente, ya es tarde
+para tratar de reconciliaros: el mal no tiene remedio, ya est&aacute; hecho.
+&iexcl;Ah, se&ntilde;ores, se&ntilde;ores! &iexcl;la juventud jam&aacute;s dejar&aacute; de ser joven! Yo
+tambi&eacute;n estuve a punto de dejarme arrastrar por el criminal deseo de
+mutilar o destruir a un semejante. Fue en 1820. &iquest;Y qu&eacute; hice, se&ntilde;ores
+m&iacute;os? Pues darle toda clase de excusas. De excusas, s&iacute;, y me jacto mucho
+de ello, y con tanto m&aacute;s motivo cuanto que toda la raz&oacute;n estaba de mi
+parte. &iquest;No hab&eacute;is le&iacute;do, por ventura, las admirables p&aacute;ginas de Rousseau
+contra el duelo? Son verdaderamente irrefutables: un trozo admirable de
+crestomat&iacute;a moral y literaria. Y observad que Rousseau no dijo todav&iacute;a
+en este asunto la &uacute;ltima palabra. Si hubiese estudiado el cuerpo humano,
+esta obra maestra de la creaci&oacute;n, esta imagen admirable de Dios sobre la
+tierra, habr&iacute;a demostrado, sin duda, que es gran pecado destruir un
+conjunto tan perfecto. Y no lo digo, en verdad, por la persona que ha
+recibido el golpe. &iexcl;Dios me libre de tal cosa! &iexcl;Tendr&iacute;a, sin duda,
+razones poderosas que respeto! &iexcl;Pero si se supiese cu&aacute;nto trabajo nos
+cuesta a los pobrecitos m&eacute;dicos el curar la m&aacute;s insignificante herida!
+Cierto que de eso vivimos, y de las enfermedades; pero, a pesar de todo,
+preferir&iacute;a privarme de muchas cosas y no comer nada m&aacute;s que una tajada
+de tocino y un trozo de pan moreno, a tener que ser testigo de los
+sufrimientos del pr&oacute;jimo.</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s interrumpi&oacute; sus clamores.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, doctor&mdash;le dijo,&mdash;que la ocasi&oacute;n no es la m&aacute;s oportuna para
+filosofar. Este hombre se desangra como un buey, y es preciso, ante
+todo, tratar de contener la hemorragia.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or&mdash;replic&oacute; vivamente el medicucho,&mdash;&iexcl;la hemorragia! esa es la
+verdadera palabra. Felizmente, todo lo tengo previsto. He aqu&iacute; un frasco
+de agua hemost&aacute;tica, preparada seg&uacute;n la f&oacute;rmula de Brocchieri; yo la
+prefiero a la de Lechelle.</p>
+
+<p>Y se dirigi&oacute;, con el frasco en la mano, hacia M. L'Ambert, que se hab&iacute;a
+sentado al pie de un &aacute;rbol y sangraba con tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;Caballero&mdash;le dijo entre profundas reverencias,&mdash;pod&eacute;is creerme que
+lamento sinceramente el no haber tenido el honor de conoceros con
+ocasi&oacute;n de un acontecimiento menos desagradable que este.</p>
+
+<p>Levant&oacute; melanc&oacute;licamente la cabeza el se&ntilde;orito L'Ambert, y contestole
+con acento dolorido:</p>
+
+<p>&mdash;Doctor, &iquest;perder&eacute; la nariz?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or, no la perder&eacute;is. &iexcl;V&aacute;lgame Dios, caballero! &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;ais
+perderla de nuevo, si la hab&eacute;is perdido ya?</p>
+
+<p>Y mientras se expresaba de esta suerte, vert&iacute;a el agua de Brocchieri
+sobre una compresa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cielos!&mdash;exclam&oacute; de repente,&mdash;tengo una idea, caballero. Puedo
+responderos del &oacute;rgano tan &uacute;til como agradable que acab&aacute;is de perder.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hablad pronto, por favor! Mi fortuna ser&aacute; entera para vos. &iexcl;Ah,
+doctor! antes que vivir desfigurado de esta suerte, es preferible morir.</p>
+
+<p>&mdash;Eso suele decirse... &iexcl;pero vamos a ver! &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el trozo de nariz
+que os han cortado? No soy yo un cirujano de los vuelos de M. Velpeau, o
+de M. Huguier; pero tratar&eacute; de hacer volver las cosas a su primitivo
+estado.</p>
+
+<p>El se&ntilde;orito L'Ambert levantose precipitadamente, y corri&oacute; al lugar de la
+lucha, seguido del marqu&eacute;s y de M. Steimbourg. Los turcos, que se
+paseaban juntos y cariacontecidos, porque el fuego de Ayvaz-Bey hab&iacute;ase
+extinguido en un segundo, aproxim&aacute;ronse tambi&eacute;n a sus antiguos
+enemigos. Hallose sin trabajo el lugar donde los combatientes hab&iacute;an
+pisoteado la fresca y naciente hierba; recuper&aacute;ronse las gafas de oro,
+pero las narices del notario no hubo forma de encontrarlas. En cambio,
+vieron un gato, el horrible gato blanco con manchas rojizas, que se
+relam&iacute;a con placer los labios ensangrentados.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maldici&oacute;n!&mdash;exclam&oacute; el marqu&eacute;s, se&ntilde;alando al animal.</p>
+
+<p>Todo el mundo comprendi&oacute; el gesto y la exclamaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ser&aacute; tiempo todav&iacute;a?&mdash;pregunt&oacute; el notario.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez&mdash;contest&oacute; el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>Y todos corrieron hacia el gato. Pero el astuto animal no estaba por
+dejarse cazar, y corri&oacute; a su vez como alma que lleva el diablo a sus
+talones.</p>
+
+<p>Jam&aacute;s hab&iacute;a visto el peque&ntilde;o bosque de Parthenay, ni volver&aacute; a ver
+tampoco, una caza semejante. Un marqu&eacute;s, un agente de cambio, tres
+diplom&aacute;ticos, un m&eacute;dico de aldea, un lacayo con gran librea y un notario
+sangrando en su pa&ntilde;uelo, lanz&aacute;ronse a carrera abierta tras un miserable
+gato. Corriendo, gritando, arroj&aacute;ndole piedras, ramas secas, y cuantos
+objetos encontraban al alcance de sus manos, atravesaron los caminos y
+los claros, y se internaron, bajando la cabeza, en los sitios m&aacute;s
+espesos del bosque. Ya agrupados, ya dispersos; unas veces escalonados
+sobre una l&iacute;nea recta, y otras formando c&iacute;rculo alrededor de la bestia;
+apaleando las malezas, sacudiendo los arbustos, trepando a los &aacute;rboles,
+destroz&aacute;ndose el calzado con las ra&iacute;ces y troncos, y dej&aacute;ndose jirones
+de ropa entre las ramas de los arbustos, arroll&aacute;banlo todo como una
+tempestad; pero el gato endiablado corr&iacute;a m&aacute;s que el viento. En dos
+ocasiones lograron encerrarlo en un c&iacute;rculo, y otras tantas logr&oacute;
+escapar, forzando el cerco. Un momento pareci&oacute; como rendido de fatiga y
+de dolor, al caer de costado por querer saltar de un &aacute;rbol a otro,
+siguiendo el camino de las ardillas. El lacayo de M. L'Ambert lanzose
+veloz sobre &eacute;l, alcanzolo en pocos saltos y lo agarr&oacute; por la cola. Pero
+el tigre en miniatura conquist&oacute; su libertad mediante un terrible
+zarpazo, y escap&oacute; fuera del bosque.</p>
+
+<p>Entonces comenz&oacute; la persecuci&oacute;n a trav&eacute;s de la llanura. Si largo era el
+camino que llevaban ya recorrido, inmensa era la planicie que, en forma
+de tablero de ajedrez, se extend&iacute;a delante de los cazadores y de su
+codiciada presa.</p>
+
+<p>El calor era sofocante; gruesos nubarrones negros se amontonaban por
+occidente; el sudor corr&iacute;a copioso por todas las frentes; pero nada fue
+capaz de detener el furor de aquellos ocho hombres.</p>
+
+<p>M. L'Ambert, lleno todo de sangre, no cesaba de animar a sus compa&ntilde;eros
+con el gesto y con la voz. Los que nunca han visto a un notario
+corriendo tras sus narices no podr&aacute;n hacerse cargo de su ardor. &iexcl;Adi&oacute;s
+frambuesas y fresas! Por dondequiera que pasaba el alud, quedaba la
+cosecha apabullada, destruida, aniquilada; todo eran flores mustias,
+brotes rotos, ramas tronchadas, tallos pisoteados. Sorprendidos los
+campesinos por la invasi&oacute;n de aquel azote nunca visto, arrojaban las
+regaderas, llamaban a sus vecinos, reclamaban el auxilio de los guardias
+rurales, exig&iacute;an que les indemnizasen los da&ntilde;os y perjuicios, y
+lanz&aacute;banse en persecuci&oacute;n de los cazadores.</p>
+
+<p>&iexcl;Victoria! &iexcl;el gato ya est&aacute; preso! Hase arrojado a un pozo. &iexcl;Cubos!
+&iexcl;cuerdas! &iexcl;escalas! Todos abrigan la esperanza, la casi seguridad de
+recuperar las narices del se&ntilde;orito L'Ambert intactas o poco menos. Mas
+&iexcl;ay! que este pozo no es un pozo como todos los dem&aacute;s. Es la boca de una
+cantera abandonada cuyas galer&iacute;as forman una vasta red de m&aacute;s de diez
+leguas, y se extienden en todas direcciones, hall&aacute;ndose en comunicaci&oacute;n
+con las catacumbas de Par&iacute;s.</p>
+
+<p>Se pagan sus honorarios a M. Triquet; se abonan a los campesinos las
+indemnizaciones que exigen, y se emprende el regreso a Parthenay, bajo
+una lluvia torrencial.</p>
+
+<p>Antes de subir al carruaje, Ayvaz-Bey, mojado como un pato, y ya
+recuperada la calma por completo, vino a ofrecer su mano a M. L'Ambert.</p>
+
+<p>&mdash;Caballero&mdash;le dijo,&mdash;lamento sinceramente que mi obstinaci&oacute;n haya
+llevado las cosas hasta este extremo. La Tompain no vale una gota
+siquiera de la sangre vertida por su culpa, y hoy mismo rompo con ella,
+pues no podr&iacute;a verla sin pensar en la desgracia que ha causado. Sois
+testigo de que he hecho cuanto me ha sido posible, como asimismo estos
+se&ntilde;ores, por devolveros lo perdido. Ahora, permitidme esperar que este
+accidente no sea del todo irreparable. El m&eacute;dico de esta aldea nos ha
+recordado que existen en Par&iacute;s cirujanos m&aacute;s h&aacute;biles que &eacute;l; creo haber
+o&iacute;do decir que la cirug&iacute;a moderna pose&iacute;a secretos infalibles para
+restaurar las partes del cuerpo humano mutiladas o perdidas. M. L'Ambert
+acept&oacute;, con el humor que pueda suponerse cualquiera, la mano que le
+tend&iacute;a su rival, y se hizo conducir al faubourg Saint-Germain en
+compa&ntilde;&iacute;a de sus dos amigos.</p>
+
+
+<h3><a name="III" id="III"></a>III</h3>
+
+<p class="c">DONDE DEFIENDE EL NOTARIO SU PELLEJO CON M&Aacute;S &Eacute;XITO</p>
+
+
+<p>El cochero de Ayvaz-Bey era un hombre dichoso si los hay. Aquel brib&oacute;n
+empedernido fue menos sensible a la propina de cincuenta francos que al
+placer de haber conducido a su cliente a la victoria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En verdad que me agrada la manera que ten&eacute;is de arreglar a las
+personas!&mdash;le dijo al bueno de Ayvaz.&mdash;Bueno es saber c&oacute;mo las gast&aacute;is.
+Si alguna vez os piso un pie, me apresurar&eacute; a pediros mil perdones en
+el acto. Ese pobre se&ntilde;or se ver&aacute; negro si quiere tomar rap&eacute;. &iexcl;Vamos,
+vamos! si alguien vuelve alguna vez a sostener ante m&iacute; que los turcos
+son unos torpes, ya sabr&eacute; qu&eacute; responderle. &iquest;No os dije que os dar&iacute;a
+buena suerte? Eso me sucede siempre. Conozco, en cambio, un viejo que le
+ocurre lo contrario: da siempre la mala pata a sus clientes. Ni por
+casualidad conduce una vez sola al terreno del honor a nadie que salga
+ileso... &iexcl;Arre, pajarita! &iexcl;vamos, que conduces a un h&eacute;roe! &iexcl;Hoy te
+envidiar&iacute;an los caballos de los c&eacute;sares de Roma!</p>
+
+<p>Estas burlas crueles no lograron desarrugar el entrecejo de los turcos,
+y el cochero, en vista de que sus palabras no hac&iacute;an gracia, adopt&oacute; el
+prudente partido de callarse.</p>
+
+<p>En otro carruaje infinitamente m&aacute;s elegante y mucho mejor entroncado,
+lament&aacute;base el notario en presencia de sus dos amigos.</p>
+
+<p>&mdash;Todo concluy&oacute; para m&iacute;&mdash;les dec&iacute;a;&mdash;soy hombre muerto; no me queda otro
+recurso que saltarme la tapa de los sesos. &iquest;C&oacute;mo presentarme de nuevo en
+sociedad, en la Opera, ni en ning&uacute;n otro teatro? &iquest;Quer&eacute;is que comparezca
+ante el mundo con esta cara grotesca y lamentable, que excitar&aacute; en unos
+la risa y en otros la compasi&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!&mdash;respondiole el marqu&eacute;s,&mdash;la gente se acostumbra a todo. Y, en
+&uacute;ltimo caso, si el mundo nos causa espanto, permanecemos en casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Permanecer siempre en casa! &iexcl;bonito porvenir! &iquest;Imagin&aacute;is, por
+ventura, que han de venir las mujeres a buscarme a domicilio, en el
+estado en que me encuentro?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Os casar&eacute;is! He conocido a un teniente de coraceros que hab&iacute;a
+perdido un brazo, una pierna y un ojo. Cierto que no era el terror de
+los maridos, ni el &iacute;dolo de las mujeres; pero se cas&oacute; con una buena
+muchacha, ni fea ni bonita, que lo quiso con toda su alma, y lo hizo
+dichoso por completo.</p>
+
+<p>No debi&oacute; de parecerle al notario demasiado consoladora semejante
+perspectiva, porque exclam&oacute; con acento desesperado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, las mujeres! &iexcl;las mujeres! &iexcl;las mujeres!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demontre!&mdash;exclam&oacute; el marqu&eacute;s,&mdash;&iexcl;qu&eacute; importancia conced&eacute;is a las
+mujeres! &iexcl;Ni que ellas lo fuesen todo! Hay en el mundo otras cosas
+agradables. &iexcl;Se dedica uno a mirar por su salud, qu&eacute; diablo! A
+encarrilar su alma, a cultivar su esp&iacute;ritu, a hacer bien a su pr&oacute;jimo, a
+llenar los deberes de su estado. &iexcl;No es preciso poseer una nariz
+prominente para ser buen cristiano, buen padre de familia y buen
+notario!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Notario!&mdash;replic&oacute; &eacute;l con amargura poco disimulada,&mdash;&iexcl;notario! En
+efecto, eso aun lo soy. Ayer era un hombre de mundo, un verdadero
+<i>gentleman</i>, y, hasta puedo decirlo prescindiendo de falsas modestias,
+un caballero cuyo trato se disputaban todos. Hoy s&oacute;lo soy un notario. &iquest;Y
+qui&eacute;n sabe si lo seguir&eacute; siendo ma&ntilde;ana? Una indiscreci&oacute;n del lacayo
+bastar&iacute;a para divulgar esta est&uacute;pida aventura. Con dos palabras que diga
+cualquier peri&oacute;dico, la justicia se ver&aacute; obligada a perseguir a mi
+adversario, y a sus testigos, y a vosotros mismos, se&ntilde;ores. Y heme
+entonces aqu&iacute; conducido ante el tribunal correccional, y teni&eacute;ndole que
+referir d&oacute;nde, cu&aacute;ndo y por qu&eacute; he perseguido a la se&ntilde;orita Victorina
+Tompain. Suponed un esc&aacute;ndalo semejante, y decidme si el notario podr&aacute;
+sobrevivirle.</p>
+
+<p>&mdash;Amigo m&iacute;o&mdash;le dijo el marqu&eacute;s,&mdash;os asust&aacute;is de peligros imaginarios.
+Las gentes de nuestro mundo, de este mundo a que vos pertenec&eacute;is
+tambi&eacute;n, poseen el derecho de rebanarse el cuello impunemente. El
+ministerio p&uacute;blico cierra los ojos cuando se trata de nuestras
+querellas, y no hay justicia que valga. Comprendo que se metan un poco
+con los periodistas, los artistas y otros seres de condici&oacute;n inferior
+cuando se permiten tirar de la espada: conviene recordar a esas gentes
+que tienen pu&ntilde;os para batirse, y que basta con creces esta arma para
+vengar la clase de honor que poseen. Pero porque un caballero se
+conduzca y proceda como tal, la justicia no tiene nada que decir, y nada
+dice. Yo he tenido unos quince o veinte lances desde que dej&eacute; el
+servicio, y algunos, en verdad, bien desgraciados para mis adversarios;
+y, sin embargo, &iquest;hab&eacute;is le&iacute;do mi nombre alguna vez en la <i>Gaceta de los
+Tribunales</i>?</p>
+
+<p>M. Steimbourg hall&aacute;base menos ligado con M. L'Ambert que el marqu&eacute;s de
+Villemaurin; no ten&iacute;a, como &eacute;ste, todos sus t&iacute;tulos de propiedad en el
+estudio de la calle de Varneuil desde hac&iacute;a cuatro o cinco generaciones.
+No conoc&iacute;a a aquellos dos caballeros m&aacute;s que del c&iacute;rculo y de la partida
+de <i>whist</i>, y tal vez tambi&eacute;n por algunos corretajes que le hab&iacute;an hecho
+ganar. Pero era un buen muchacho y hombre de bastante talento, e hizo, a
+su vez, algunos razonamientos acertados al notario, para consolarle en
+su aflicci&oacute;n. A su entender, M. de Villemaurin pon&iacute;a las cosas peor de
+lo que ya estaban: exist&iacute;an otros recursos. Decir a M. L'Ambert que
+quedar&iacute;a desfigurado para toda su vida, era desesperar demasiado pronto
+de la ciencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; nos servir&iacute;a haber nacido en el siglo <span class="smcap">xix</span>, si el menor
+accidente hubiera de ser, como anta&ntilde;o, un mal irreparable? &iquest;Qu&eacute;
+superioridad tendr&iacute;amos entonces sobre los hombres de la Edad de Oro? No
+blasfememos del nombre sacrosanto del progreso. La cirug&iacute;a operatoria se
+halla, gracias a Dios, m&aacute;s floreciente que nunca en la patria de
+Ambrosio Par&eacute;. El buen doctor de Parthenay nos ha citado los nombres de
+ciertos ilustres maestros que descuellan por la habilidad con que
+reparan con &eacute;xito las injurias que sufre el cuerpo humano. Ya estamos a
+las puertas de Par&iacute;s; enviaremos a preguntar a la farmacia m&aacute;s pr&oacute;xima,
+y en ella nos dar&aacute;n la direcci&oacute;n de Velpeau o de Huguier; vuestro lacayo
+ir&aacute; a buscar en seguida a cualquiera de estas dos eminencias, y os lo
+traer&aacute; a vuestra casa. Tengo la seguridad de haber o&iacute;do decir que los
+cirujanos rehacen un labio, un p&aacute;rpado o una oreja: &iquest;es acaso m&aacute;s
+dif&iacute;cil restaurar una nariz?</p>
+
+<p>Por muy vaga que fuese esta esperanza, reanim&oacute;, sin embargo, al infeliz
+notario, que hab&iacute;a dejado de sangrar hac&iacute;a ya media hora. La idea de
+volver a ser lo que era y de reanudar el curso normal de su vida,
+prod&uacute;jole una especie de delirio. &iexcl;Qu&eacute; verdad es que nadie sabe apreciar
+la dicha de estar completo hasta que no la ha perdido!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, amigos m&iacute;os!&mdash;exclam&oacute; frot&aacute;ndose las manos de esperanza,&mdash;mi
+fortuna pertenece al hombre que me cure. Por grandes que sean los
+tormentos que me esperen, los sufrir&eacute; gustoso si me garantizan el
+&eacute;xito. &iexcl;Ni el dolor ni los gastos me har&aacute;n retroceder!</p>
+
+<p>Animado de estos sentimientos lleg&oacute; el notario a su casa de la calle de
+Verneuil, mientras buscaba su lacayo la direcci&oacute;n de los cirujanos m&aacute;s
+c&eacute;lebres. El marqu&eacute;s y Steimbourg le condujeron a su cuarto, y se
+despidieron de &eacute;l, el uno para ir a tranquilizar a su mujer y a sus
+hijas, que no le hab&iacute;an vuelto a ver desde la v&iacute;spera, y el otro para
+correr a la Bolsa.</p>
+
+<p>Solo consigo mismo, ante un espejo de Venecia que le mostraba sin piedad
+su nueva imagen, cay&oacute; Alfredo L'Ambert en un abatimiento profundo. Aquel
+hombre fuerte, que no lloraba jam&aacute;s en el teatro por ser cosa propia de
+las gentes del pueblo; aquel <i>gentleman</i> de frente bronceada, que hab&iacute;a
+enterrado a sus padres con la impasibilidad m&aacute;s serena, llor&oacute; la
+mutilaci&oacute;n de su bella persona, y se ba&ntilde;&oacute; en l&aacute;grimas de ego&iacute;smo.</p>
+
+<p>Su lacayo vino a arrancarle de su amargo dolor prometi&eacute;ndole la visita
+de M. Bernier, cirujano del Hospital, miembro de la Sociedad de Cirug&iacute;a
+y de la Academia de Medicina, profesor de cl&iacute;nica, etc., etc. El criado
+hab&iacute;a ido a buscar al m&aacute;s pr&oacute;ximo, y no anduvo desacertado, porque M.
+Bernier, si bien no estaba a la altura de los Velpeau, los Manee y los
+Huguier, ocupaba un lugar muy honroso inmediatamente despu&eacute;s de ellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que venga!&mdash;exclam&oacute; M. L'Ambert.&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no est&aacute; aqu&iacute; ya? &iquest;Creen,
+por ventura, que me encuentro en situaci&oacute;n de esperar?</p>
+
+<p>Y se ech&oacute; a llorar de nuevo. &iexcl;Llorar en presencia de sus dom&eacute;sticos! &iquest;Es
+posible que un sablazo modifique en tales t&eacute;rminos las costumbres de un
+hombre? Seguramente era preciso que el arma del buen Ayvaz, al cortar
+el canal nasal, hubiese conmovido el saco lagrimal y los tub&eacute;rculos
+mismos.</p>
+
+<p>Enjugose el notario los ojos para leer un grueso volumen en 12&ordm;, que le
+hab&iacute;an tra&iacute;do con urgencia de parte de M. Steimbourg. Era la <i>Cirug&iacute;a
+operatoria</i>, de Ringuet, excelente manual enriquecido con unos
+trescientos grabados. M. Steimbourg hab&iacute;a comprado el libro, al
+dirigirse a la Bolsa, y se lo enviaba a su cliente para tranquilizarle
+sin duda.</p>
+
+<p>Pero el efecto que le produjo su lectura fue muy otro de lo que se hab&iacute;a
+supuesto. Cuando hubo hojeado el notario las primeras doscientas
+p&aacute;ginas, y visto desfilar ante sus ojos la serie lamentable de
+ligaduras, amputaciones, resecciones y cauterizaciones, dej&oacute; caer el
+libro y se ech&oacute; en una butaca, apretando los ojos con horror. Mas esta
+precauci&oacute;n no evitole seguir viendo pieles seccionadas, m&uacute;sculos
+separados por pinzas, miembros seccionados a grandes tajos, huesos
+aserrados por manos de operadores invisibles. Los rostros de los
+operados que se ven en los dibujos anat&oacute;micos, parec&iacute;anle tranquilos,
+resignados, insensibles al dolor, y pregunt&aacute;base si tal dosis de valor
+pod&iacute;a ser compatible con la naturaleza de las almas humanas. Segu&iacute;a
+viendo, sobre todo, al cirujano de la p&aacute;gina 89, todo vestido de negro,
+con un cuello de terciopelo en su levita. Este fant&aacute;stico ser tiene la
+cabeza redonda y algo grande, la frente despejada, y asierra con esmero
+y seriedad los dos huesos de una pierna viva.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Monstruo!&mdash;exclam&oacute;, sin poder contenerse, M. L'Ambert.</p>
+
+<p>Y en aquel mismo instante, vio entrar al monstruo en persona, y el
+criado anunci&oacute; a M. Bernier.</p>
+
+<p>El notario retrocedi&oacute;, reculando, hasta el rinc&oacute;n m&aacute;s oscuro de su
+cuarto, con los ojos desmesuradamente abiertos, la mirada extraviada, y
+extendiendo hacia adelante los brazos, como para rechazar a un enemigo.
+Casta&ntilde;eteando los dientes, murmur&oacute; con voz sofocada, como en las novelas
+de Javier de Montepin:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Eacute;l! &iexcl;&eacute;l! &iexcl;&eacute;l!</p>
+
+<p>&mdash;Caballero&mdash;dijo el doctor,&mdash;siento haberos hecho aguardar, y os
+suplico que os calm&eacute;is. Ya conozco el accidente de que acab&aacute;is de ser
+v&iacute;ctima, y me atrevo a esperar que el mal tenga remedio. Pero nada
+podremos hacer si ten&eacute;is miedo de m&iacute;.</p>
+
+<p>La palabra miedo tiene siempre un sonido desagradable para los o&iacute;dos
+franceses. M. L'Ambert descarg&oacute; con el pie un fuerte golpe sobre el
+suelo, avanz&oacute; decididamente hacia el doctor, y le dijo con una risita
+demasiado nerviosa para ser natural.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, doctor! ten&eacute;is, al parecer, ganas de broma. &iquest;Tengo cara, por
+ventura, de cobarde? Si lo fuese, no me hubiera puesto en el trance esta
+ma&ntilde;ana de que me descompletasen mi pobre humanidad. Pero, mientras os
+estaba esperando, he hojeado un libro de cirug&iacute;a, y acababa en este
+momento de ver en &eacute;l la figura de un cirujano que tiene cierto parecido
+con vos, cuando, al entrar, me hab&eacute;is hecho el efecto de un aparecido.
+A&ntilde;adid a esta sorpresa las emociones sufridas esta ma&ntilde;ana, y qui&eacute;n sabe
+si acaso tambi&eacute;n alg&uacute;n movimiento febril, y me perdonar&eacute;is lo que de
+raro hay&aacute;is notado en la acogida que os hice.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En hora buena!&mdash;dijo M. Bernier, recogiendo el libro del suelo.&mdash;&iexcl;Ah!
+&iexcl;le&iacute;ais a Ringuet! Es muy amigo m&iacute;o. Recuerdo, efectivamente, que me
+hizo representar en un grabado, con arreglo a un croquis de Leveill&eacute;.
+Pero sentaos, por favor.</p>
+
+<p>Calmose un poco el notario y refiri&oacute; al doctor los acontecimientos de la
+jornada, sin echar en olvido el incidente del gato que, por decirlo as&iacute;,
+hab&iacute;ale hecho perder por segunda vez su tan llorada nariz.</p>
+
+<p>&mdash;Es una gran desgracia&mdash;observ&oacute; el cirujano,&mdash;pero es posible repararla
+en el t&eacute;rmino de un mes. Supuesto que ten&eacute;is en vuestro poder el libro
+de Ringuet, poseer&eacute;is seguramente algunas nociones de cirug&iacute;a.</p>
+
+<p>M. L'Ambert confes&oacute; que no hab&iacute;a llegado a&uacute;n a ese cap&iacute;tulo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien&mdash;replic&oacute; M. Bernier,&mdash;voy a condens&aacute;roslo en cuatro
+palabras. La rinoplastia es el arte de rehacer la nariz a los
+imprudentes que la han perdido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es de veras, doctor?... &iquest;es posible ese milagro?... &iquest;Ha
+encontrado la cirug&iacute;a la manera de...?</p>
+
+<p>&mdash;Ha encontrado tres sistemas nada menos. Descartemos el m&eacute;todo franc&eacute;s,
+pues no lo considero aplicable al caso vuestro. Si la p&eacute;rdida de
+sustancia fuese menos considerable, podr&iacute;a despegar los bordes de la
+herida, avivarlos, ponerlos en contacto y unirlos de primera intenci&oacute;n.
+Mas no hay que pensar en esto.</p>
+
+<p>&mdash;De lo que me alegro infinito&mdash;contestole el notario.&mdash;No pod&eacute;is
+imaginaros, doctor, hasta qu&eacute; punto la idea de heridas avivadas y de
+bordes suturados me descomponen los nervios. &iexcl;Examinemos otros medios
+m&aacute;s suaves, yo os lo ruego!</p>
+
+<p>&mdash;La cirug&iacute;a raramente procede con dulzura; pero, en fin, os queda la
+elecci&oacute;n entre el sistema indio y el italiano. El primero consiste en
+cortar en la piel de vuestra frente una especie de tri&aacute;ngulo, con el
+v&eacute;rtice hacia abajo y la base hacia arriba, con el cual se fabrica la
+nueva nariz. Se despega este trozo de piel en toda su extensi&oacute;n, salvo
+el v&eacute;rtice inferior que debe permanecer adherido. Se le hace girar sobre
+este v&eacute;rtice, a fin de que me quede siempre hacia fuera la epidermis, se
+le rebate hacia abajo y se cosen sus bordes a los de la herida. En otros
+t&eacute;rminos, puedo haceros otra nariz bastante presentable a expensas de
+vuestra frente. El &eacute;xito de la operaci&oacute;n es casi cierto; pero siempre
+conservar&eacute;is en la frente una extensa cicatriz.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero cicatrices, doctor; no las quiero a ning&uacute;n precio. Os digo
+m&aacute;s, doctor (y perdonadme esta debilidad), desear&iacute;a que, a ser posible,
+no me hicieseis ninguna operaci&oacute;n. Acabo de sufrir una hace poco, de
+manos de ese turco condenado, y, para prueba, ya basta. Se me hiela la
+sangre al recordar la sensaci&oacute;n solamente. Tengo tanto valor como
+cualquier otro hombre, mas tengo nervios tambi&eacute;n. La muerte no me
+asusta, pero el sufrimiento me aterra. Matadme, si quer&eacute;is, pero, &iexcl;por
+Dios no me cort&eacute;is m&aacute;s nada!</p>
+
+<p>&mdash;Caballero&mdash;replicole el doctor, con cierto dejo de iron&iacute;a,&mdash;si tal
+prevenci&oacute;n sent&iacute;s contra las operaciones, hubierais debido llamar a un
+m&eacute;dico home&oacute;pata en vez de hacer venir a un cirujano.</p>
+
+<p>&mdash;No os burl&eacute;is de m&iacute;, doctor. No he sabido reprimirme ante la idea de
+la operaci&oacute;n india. Los indios son salvajes y tienen una cirug&iacute;a digna
+de ellos. &iquest;No hab&eacute;is hablado tambi&eacute;n de un sistema italiano? No me
+agradan los italianos por su pol&iacute;tica. Son un pueblo ingrato, que ha
+observado la conducta m&aacute;s negra con sus leg&iacute;timos amos; pero, en materia
+de ciencia, no siento ninguna prevenci&oacute;n contra esos bribones.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien&mdash;respondi&oacute; el doctor,&mdash;optad, si os place, por el m&eacute;todo
+italiano. Da a veces resultados excelentes, pero exige una inmovilidad y
+paciencia de la que tal vez no se&aacute;is capaz.</p>
+
+<p>&mdash;Si s&oacute;lo se trata de inmovilidad y paciencia, os respondo en absoluto
+de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sois capaz de permanecer, por espacio de treinta d&iacute;as, en una
+posici&oacute;n extremadamente molesta?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Con la nariz cosida al brazo derecho?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;En ese caso, os cortar&eacute; del brazo un trozo triangular de piel, de
+quince o diez y seis cent&iacute;metros de longitud, por diez u once de
+anchura...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que me cortar&eacute;is a m&iacute; ese trozo de piel?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero eso es espantoso, doctor! &iexcl;desollarme vivo! &iexcl;sacarme el pellejo
+a tiras! &iexcl;eso es b&aacute;rbaro, inhumano, propio de la Edad Media, digno s&oacute;lo
+de Shiloock, el jud&iacute;o de Venecia!</p>
+
+<p>&mdash;Lo de menos es la herida del brazo. Lo dif&iacute;cil es permanecer cosido a
+s&iacute; mismo por espacio de treinta d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; s&oacute;lo me horroriza el corte del escalpelo. Cuando se ha sentido ya
+el fr&iacute;o de la hoja de acero al penetrar en la carne viva, se horripila
+uno al pensarlo. Una vez, y nada m&aacute;s, mi querido doctor.</p>
+
+<p>&mdash;Siendo as&iacute;, caballero, no hay nada que aqu&iacute; exija mi presencia: Os
+quedar&eacute;is sin nariz para toda vuestra vida.</p>
+
+<p>Esta especie de condena sumi&oacute; al pobre notario en profunda
+consternaci&oacute;n, que le hizo recorrer la estancia a grandes pasos,
+mes&aacute;ndose los cabellos de su hermosa y rubia cabellera como un loco.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mutilado!&mdash;exclamaba, llorando;&mdash;&iexcl;mutilado para siempre! &iexcl;No hay
+remedio para m&iacute;! &iexcl;Si existiese alguna droga, alg&uacute;n t&oacute;pico misterioso
+cuya virtud devolviera la nariz a los que la han perdido, lo comprar&iacute;a a
+peso de oro! &iexcl;Lo enviar&iacute;a a buscar al fin del mundo! Hasta ser&iacute;a capaz
+de fletar para ello un buque si no hubiera otro remedio. &iexcl;Pero nada! &iquest;de
+qu&eacute; me sirve ser rico? &iquest;de qu&eacute; sirve que se&aacute;is un cirujano ilustre, si
+toda vuestra habilidad y todos mis sacrificios no sirven absolutamente
+para nada? &iexcl;Riqueza, ciencia! &iexcl;he aqu&iacute; dos palabras hueras!</p>
+
+<p>Pero M. Bernier le respond&iacute;a de vez en cuando, con imperturbable calma:</p>
+
+<p>&mdash;Permitidme que os corte un trozo de piel del brazo, y os reconstruir&eacute;
+la nariz.</p>
+
+<p>M. L'Ambert pareci&oacute; decidirse un instante. Quitose la levita y
+arremangose la manga de la camisa; pero cuando vio abierto el estuche
+del cirujano, y brillaron ante sus aterrados ojos las hojas relumbrantes
+de treinta instrumentos de suplicio, palideci&oacute; intensamente y se
+desplom&oacute;, desmayado, sobre una butaca. Algunas gotas de agua con vinagre
+le devolvieron el conocimiento, mas no la resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No pensemos m&aacute;s en esto&mdash;dijo recuperando la calma.&mdash;Nuestra
+generaci&oacute;n posee toda clase de valores, mas se arredra ante el dolor. Es
+culpa de nuestros padres que nos han criado envueltos entre nubes de
+algod&oacute;n en rama.</p>
+
+<p>Pocos instantes despu&eacute;s, aquel joven, que profesaba los m&aacute;s religiosos
+principios, p&uacute;sose a blasfemar de la Providencia.</p>
+
+<p>&mdash;En realidad&mdash;exclam&oacute;,&mdash;el mundo es una gran trapisonda, &iexcl;bendigamos
+por ello al Creador! Con mis doscientos mil francos de renta, me quedar&eacute;
+para el resto de mi vida tan chato como una calavera; en tanto que mi
+portero, que no tiene jam&aacute;s en el bolsillo diez escudos, lucir&aacute; la nariz
+de un Apolo de Beldevere. &iexcl;La Suprema Sabidur&iacute;a, que tantas cosas ha
+previsto, no acert&oacute; a prever que un turco me cortar&iacute;a la cabeza por
+saludar a la se&ntilde;orita Victorina Tompain! Hay en Francia tres millones de
+pordioseros, todos los cuales juntos no valen medio franco, &iexcl;y no puedo
+yo comprar a peso de oro la nariz de cualquiera de esos miserables!...
+Y, despu&eacute;s de todo, &iquest;por qu&eacute;?</p>
+
+<p>Su rostro iluminose por un rayo de esperanza, y a&ntilde;adi&oacute;, con tono m&aacute;s
+dulce:</p>
+
+<p>&mdash;Mi anciano t&iacute;o de Poitiers, en su &uacute;ltima enfermedad, se hizo inyectar
+cien gramos de sangre bretona en la vena cef&aacute;lica mediana: un antiguo
+servidor prestose a suministr&aacute;rsela. Mi bella t&iacute;a Giromagny, cuando a&uacute;n
+conservaba su belleza, hizo arrancar un incisivo a una de sus doncellas
+m&aacute;s hermosas para reemplazar un diente que acababa de perder. Este
+expediente dio un resultado magn&iacute;fico, y no cost&oacute; arriba de tres luises.
+Doctor, vos me hab&eacute;is dicho que, a no ser por la trastada de ese maldito
+gato, hubierais podido colocarme nuevamente la nariz en su sitio,
+cosi&eacute;ndomela con cuidado. &iquest;Me lo hab&eacute;is dicho, o no?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, y os lo repito.</p>
+
+<p>&mdash;Y si lograse comprar la nariz de alg&uacute;n pobre diablo, &iquest;podr&iacute;ais tambi&eacute;n
+coloc&aacute;rmela en reemplazo de la m&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Claro est&aacute; que podr&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, magn&iacute;fico!</p>
+
+<p>&mdash;Pero no me prestar&iacute;a a hacerlo, ni ninguno de mis colegas tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;, quer&eacute;is decirme?</p>
+
+<p>&mdash;Porque mutilar a un hombre sano es un crimen, por muy est&uacute;pido que
+sea, o muy hambriento que se halle el paciente para consentir en ello.</p>
+
+<p>&mdash;A la verdad, doctor, que confund&iacute;s mis nociones relativas a lo justo y
+a lo injusto. Yo me hice reemplazar, cuando fui llamado a filas,
+mediante un centenar de luises, por una especie de alsaciano, de pelo
+alaz&aacute;n tostado. A mi hombre (porque era bien m&iacute;o) hubo de llevarle la
+cabeza una bala de ca&ntilde;&oacute;n, el 30 de abril de 1849. Y como dicha bala me
+estaba destinada a m&iacute; por la suerte, puedo decir con verdad que el
+alsaciano en cuesti&oacute;n vendiome su cabeza y toda su persona entera por un
+centenar de luises, o algo m&aacute;s. El Estado no s&oacute;lo toler&oacute;, sino que
+aprob&oacute; esta combinaci&oacute;n; vos tampoco tendr&eacute;is nada que objetar; es muy
+posible que vos mismo hay&aacute;is comprado tambi&eacute;n al mismo precio un hombre
+entero, que se haya matado por vos. &iexcl;Y sois capaz de escandalizaros
+porque ofrezco doble precio, al primer brib&oacute;n que se presente, por s&oacute;lo
+la punta de la nariz!</p>
+
+<p>El doctor det&uacute;vose un momento a meditar una respuesta l&oacute;gica. Pero, como
+no la encontrase, dijo al se&ntilde;orito L'Ambert:</p>
+
+<p>&mdash;Si bien no permite mi conciencia desfigurar a otro hombre en beneficio
+vuestro, creo que podr&iacute;a, sin escr&uacute;pulo, cortar del brazo de cualquier
+perill&aacute;n los pocos cent&iacute;metros cuadrados de piel que os hacen falta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, doctor! &iexcl;tomadlos de d&oacute;nde mejor os plazca, con tal de que
+repar&eacute;is este est&uacute;pido accidente! Busquemos en seguida un hombre de
+buena voluntad, y &iexcl;viva el m&eacute;todo italiano!</p>
+
+<p>&mdash;Os prevengo de nuevo, sin embargo, que tendr&eacute;is que permanecer un mes
+entero en una situaci&oacute;n bien molesta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; me importan todas las molestias del mundo, si al cabo de ese mes
+puedo presentarme de nuevo en el <i>foyer</i> de la Opera!</p>
+
+<p>&mdash;Convenido. &iquest;Hab&eacute;is pensado ya en alguien? &iquest;Acaso ese portero de quien
+ahora poco hablabais...?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me parece muy bien! Ser&aacute; f&aacute;cil comprarlo, con su mujer y sus hijos,
+por un centenar de escudos. Cuando Barberau, su antecesor, se retir&oacute; no
+s&eacute; ad&oacute;nde, para vivir de sus rentas, un cliente recomendome a este, que
+se estaba literalmente muriendo de hambre.</p>
+
+<p>Llam&oacute; M. L'Ambert, y orden&oacute; al ayuda de c&aacute;mara, que se present&oacute; al
+instante, que hiciera subir a Singuet, el nuevo portero.</p>
+
+<p>Acudi&oacute; el hombre, y lanz&oacute; un grito de espanto al contemplar el rostro de
+su amo.</p>
+
+<p>Era el verdadero tipo del pobre diablo parisiense, que es el m&aacute;s pobre
+de todos los diablos: un hombrecillo de treinta y cinco a&ntilde;os de edad, al
+cual todos le hubieran echado sesenta, a juzgar por su aspecto flaco,
+amarillo y desmirriado.</p>
+
+<p>M. Bernier examinolo atentamente y le mand&oacute; volver otra vez a la
+porter&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;La piel de este hombre&mdash;dijo&mdash;no sirve para nada. Acordaos que los
+jardineros toman las varas, para efectuar sus injertos, de los &aacute;rboles
+m&aacute;s sanos y rollizos. Elegidme a un mozo fuerte y rebosando salud entre
+vuestra servidumbre; de sobra los tendr&eacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero no ser&aacute; empresa f&aacute;cil convencerlos. Mis criados son todos
+caballeros, que poseen capitales y valores en cartera, y especulan al
+alza y a la baja, como todos los criados de casa grande. No creo que
+haya ninguno entre ellos que quiera comprar con el precio de su sangre
+un dinero que se gana tan f&aacute;cilmente en la Bolsa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero tal vez hall&eacute;is alguno que por abnegaci&oacute;n y cari&ntilde;o...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Abnegaci&oacute;n y cari&ntilde;o entre estas gentes? &iexcl;Creo que os burl&aacute;is, doctor!
+Nuestros padres ten&iacute;an servidores abnegados: nosotros s&oacute;lo poseemos unos
+grand&iacute;simos pillos que medran a nuestra costa, y, en el fondo, tal vez
+salgamos ganando. Nuestros padres, que se ve&iacute;an amados por estas
+gentes, cre&iacute;anse obligados a pagarles en la misma moneda. Sufr&iacute;an sus
+defectos, asist&iacute;anlos en sus enfermedades, aliment&aacute;banlos en su vejez:
+esto era insoportable. Yo pago a mis criados para que me sirvan bien, y,
+cuando no estoy satisfecho de ellos, los despido, sin meterme a
+averiguar si es falta de voluntad, vejez o indisposici&oacute;n lo que motiva
+su mal comportamiento.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces no encontraremos en vuestra casa el hombre que precisamos.
+&iquest;Ten&eacute;is alguno a la vista?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? Ninguno. Pero es igual; el primer advenedizo, el mozo de cordel
+de la esquina, el aguador que grita en este momento en la calle.</p>
+
+<p>Sac&oacute; del bolsillo las gafas, levant&oacute; ligeramente la cortina, examin&oacute;, a
+trav&eacute;s de aqu&eacute;llas, la calle de Beaune, y dijo al doctor:</p>
+
+<p>&mdash;He ah&iacute; a un muchacho que no tiene mala cara. Tened la bondad de
+hacerle se&ntilde;as, porque yo no me atrevo a mostrar a los transe&uacute;ntes mi
+rostro.</p>
+
+<p>M. Bernier abri&oacute; la ventana en el momento en que la v&iacute;ctima elegida
+gritaba a plenos pulmones:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Agua muy fresca!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muchacho!&mdash;gritole el doctor,&mdash;dejad vuestro tonel y subid por la
+calle de Verneuil, si quer&eacute;is ganar un buen pu&ntilde;ado de luises.</p>
+
+
+<h3><a name="IV" id="IV"></a>IV</h3>
+
+<p class="c">CHEBACHTI&Aacute;N ROMAGN&Eacute;</p>
+
+
+<p>Llam&aacute;base Romagn&eacute;, por su padre. Sus padrinos le hab&iacute;an puesto, al
+bautizarle, Sebasti&aacute;n; pero, como era natural de Frognac-les-Mauriac,
+departamento de Cantal, invocaba a su patr&oacute;n bajo el nombre de <i>Chan
+Chebachti&aacute;n</i>. Todo hace presumir que hab&iacute;a escrito su nombre con <i>ch</i>;
+pero, afortunadamente, no sab&iacute;a escribir. Este hijo de la Auvernia
+contaba veinticuatro o veinticinco a&ntilde;os de edad, y pose&iacute;a la
+constituci&oacute;n de un verdadero H&eacute;rcules: alto, grueso, rechoncho,
+colorado; fuerte como un buey de labor, dulce y f&aacute;cil de conducir como
+un corderillo blanco. Imaginaos un hombre fabricado de la pasta mejor,
+al par que la m&aacute;s grosera.</p>
+
+<p>Era el mayor de diez hijos, entre mujercitas y varones, que tragaban y
+bull&iacute;an bajo el techo paternal. Su padre pose&iacute;a una caba&ntilde;a, un pedazo de
+tierra, algunos casta&ntilde;os en el monte, media docena de cerdos, y dos
+brazos para cavar el terreno. La madre hilaba c&aacute;&ntilde;amo; los varones
+ayudaban al padre; las mujercitas arreglaban la casa y se cuidaban las
+unas a las otras, haciendo la mayor de ni&ntilde;era de la m&aacute;s peque&ntilde;a, y as&iacute;
+todas las otras, hasta terminar la escala.</p>
+
+<p>El joven Sebasti&aacute;n jam&aacute;s brill&oacute; por su inteligencia, ni por su memoria,
+ni por ning&uacute;n don intelectual; pero, en cambio, pose&iacute;a un coraz&oacute;n
+excelente. Le hab&iacute;an ense&ntilde;ado algunos cap&iacute;tulos del catecismo como se
+ense&ntilde;a a los mirlos a silbar cualquier tonadilla; pero siempre profes&oacute;
+los sentimientos m&aacute;s cristianos. Jam&aacute;s abus&oacute; de sus fuerzas contra las
+personas ni contra los animales; evitaba las querellas y recib&iacute;a con
+frecuencia coscorrones, sin devolverlos jam&aacute;s. Si el subprefecto de
+Mauriac hubiese querido conceder una medalla de plata, no hubiera tenido
+m&aacute;s que escribir a Par&iacute;s, porque Sebasti&aacute;n hab&iacute;a salvado a muchas
+personas, con grave exposici&oacute;n de su propia vida, y en especial a dos
+gendarmes que estaban a punto de ahogarse, con sus caballos, en el
+torrente del Saumaise. Pero a todo el mundo le parec&iacute;an sus actos
+meritorios la cosa m&aacute;s natural, ya que los ejecutaba por instinto, y a
+nadie se le ocurr&iacute;a concederle una recompensa, consider&aacute;ndolo casi como
+a un perro de Terranova.</p>
+
+<p>A la edad de veinte a&ntilde;os entr&oacute; en quintas y obtuvo un n&uacute;mero alto,
+gracias a una novena que hizo, en uni&oacute;n de su familia. Despu&eacute;s de esto,
+resolvi&oacute; marcharse a Par&iacute;s, siguiendo los usos y costumbres de la
+Auvernia, para ahorrar algunos centenares de francos, y volver despu&eacute;s a
+ayudar a sus padres. Le dieron un traje de pana y veinte francos, que en
+Mauriac constituyen una cantidad importante, y aprovech&oacute; la ocasi&oacute;n de
+marchar un camarada que conoc&iacute;a el camino de la capital. Hizo el camino
+a pie, invirtiendo en &eacute;l diez jornadas, y lleg&oacute; fresco y dispuesto a
+trabajar, con catorce francos y medio en el bolsillo, y los zapatos sin
+estrenar, en la mano.</p>
+
+<p>Dos d&iacute;as m&aacute;s tarde, rodaba un tonel por el faubourg de Saint-Germain, en
+compa&ntilde;&iacute;a de otro camarada que no pod&iacute;a ya subir las escaleras, porque
+se hab&iacute;a relajado. En pago de sus servicios, recibi&oacute; alojamiento, cama,
+manutenci&oacute;n y ropa limpia, a raz&oacute;n de una camisa cada mes, sin contar el
+franco y medio semanal que le daba su patr&oacute;n para sus gastos de soltero.
+Con sus econom&iacute;as, compr&oacute;, al cabo del a&ntilde;o, un tonel de lance, y se
+estableci&oacute; por su cuenta.</p>
+
+<p>El &eacute;xito que obtuvo fue asombroso, y superior a cuanto pudo esperarse.
+Su ingenua cortes&iacute;a, su incansable amabilidad y su intachable honradez,
+capt&aacute;ronle la simpat&iacute;a y protecci&oacute;n de todo el barrio. De dos mil
+escalones que sol&iacute;a subir al principio, lleg&oacute; a siete mil gradualmente.
+Por eso enviaba hasta sesenta francos mensuales a las buenas gentes de
+Frognac. La familia bendec&iacute;a su nombre y lo encomendaba a Dios con
+fervor, ma&ntilde;ana y tarde, en sus plegarias; sus hermanos menores ten&iacute;an
+pantalones nuevos, y se pensaba nada menos que enviar a los dos m&aacute;s
+peque&ntilde;os a la escuela.</p>
+
+<p>Su vida, sin embargo, a pesar de soplarle la fortuna, en nada hab&iacute;a
+cambiado: acost&aacute;base al lado de su tonel, en un mal bodeg&oacute;n, y renovaba
+la paja de su lecho s&oacute;lo dos veces al mes. Su traje de pana estaba m&aacute;s
+remendado que el vestido de un arlequ&iacute;n. La verdad es que en vestir
+habr&iacute;a gastado bien poco, a no ser por los malditos zapatos que
+consum&iacute;an cada mes un kilogramo de clavos. En el comer era donde no
+escatimaba lo m&aacute;s m&iacute;nimo. Adquir&iacute;a, sin regatear, diariamente cuatro
+libras de pan, y hasta, a veces, sol&iacute;a regalarse el est&oacute;mago con un
+trozo de queso o de cebolla, o con media docena de manzanas, compradas
+en el puente nuevo. Los domingos y d&iacute;as festivos permit&iacute;ase el lujo de
+comer sopa y carne, y el resto de la semana se chupaba los dedos
+record&aacute;ndolo. Pero era demasiado buen hijo y buen hermano para
+permitirse jam&aacute;s el despilfarro de tomar un vaso de vino. &laquo;El vino, el
+amor y el tabaco&raquo; eran para &eacute;l art&iacute;culos fabulosos, que s&oacute;lo conoc&iacute;a de
+o&iacute;das. Con mucha mayor raz&oacute;n ignoraba los placeres del teatro, tan caros
+para los obreros de Par&iacute;s. Nuestro hombre prefer&iacute;a acostarse a las
+siete, sin que le costara un c&eacute;ntimo, a aplaudir a M. Dumaine por medio
+franco.</p>
+
+<p>Tal era, en lo moral y en lo f&iacute;sico, el hombre a quien M. Bernier llam&oacute;,
+en la calle de Beaune, para que cediese un buen trozo de su piel a M.
+L'Ambert.</p>
+
+<p>Advertidos los criados, hici&eacute;ronle pasar en seguida.</p>
+
+<p>Avanz&oacute; t&iacute;midamente, con el sombrero en la mano, levantando los pies
+cuanto pod&iacute;a, y no atrevi&eacute;ndose a sentarlos sobre la alfombra. La
+tormenta de aquella ma&ntilde;ana lo hab&iacute;a salpicado de lodo hasta las axilas.</p>
+
+<p>&mdash;Si me llaman para que suministre agua a la casa&mdash;dijo saludando al
+doctor, y convirtiendo en ches cuantas eses ten&iacute;a que pronunciar,&mdash;le...</p>
+
+<p>M. Bernier cortole la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;No, amigo m&iacute;o; no se trata de nada relacionado con vuestro comercio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; se trata, pues?</p>
+
+<p>&mdash;De otra cosa completamente distinta. Al se&ntilde;or le han cortado la nariz
+esta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, demontre! &iexcl;pobre hombre! &iquest;Qui&eacute;n ha hecho esa villan&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Un turco; pero esto es lo de menos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un salvaje! Sab&iacute;a ya de referencia que los turcos eran salvajes; pero
+no cre&iacute; que les dejasen venir a Par&iacute;s. Esperad un momento, que voy a
+avisar a un gendarme.</p>
+
+<p>M. Bernier contuvo este alarde de celo del buen auvern&eacute;s, y explic&oacute;le,
+en pocas palabras, la clase de servicio que se pretend&iacute;a que prestase.
+Crey&oacute;, al principio, que se burlaban de &eacute;l, porque se puede ser un
+excelente aguador sin tener la m&aacute;s peque&ntilde;a noci&oacute;n de rinoplastia. H&iacute;zole
+comprender el doctor que se deseaba tenerle embargado durante un mes, y
+comprarle unos ciento cincuenta cent&iacute;metros cuadrados de su piel.</p>
+
+<p>&mdash;La operaci&oacute;n no es nada en s&iacute;&mdash;le dijo,&mdash;y os garantizo que os har&aacute;
+sufrir bien poco; pero os advierto, en cambio, que tendr&eacute;is que tener
+una paciencia enorme para permanecer un mes inm&oacute;vil, con el brazo cosido
+a la nariz del se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Paciencia no me falta&mdash;respondi&oacute; nuestro hombre;&mdash;para algo soy
+auvern&eacute;s. Pero para que yo pase un mes en esta casa prestando a este
+se&ntilde;or un importante servicio, ser&aacute; necesario que me abonen los jornales
+de esos d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;Desde luego. &iquest;Cu&aacute;nto exig&iacute;s? Sebasti&aacute;n medit&oacute; unos instantes.</p>
+
+<p>&mdash;En conciencia&mdash;dijo al fin,&mdash;ese trabajo bien vale cuatro francos
+diarios.</p>
+
+<p>&mdash;No, amigo m&iacute;o&mdash;respondiole el notario;&mdash;ese trabajo vale mil francos
+al mes, o sea, treinta y tres francos diarios.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;replic&oacute; el doctor, con acento autoritario;&mdash;eso vale dos mil
+francos.</p>
+
+<p>L'Ambert inclin&oacute; la cabeza, y no se atrevi&oacute; a objetar.</p>
+
+<p>Romagn&eacute; pidi&oacute; permiso para terminar aquel d&iacute;a su trabajo, dejar en el
+bodeg&oacute;n su tonel y buscar quien le reemplazase durante el mes.</p>
+
+<p>&mdash;Por otra parte&mdash;dijo,&mdash;no vale la pena de comenzar hoy mismo, para
+s&oacute;lo medio d&iacute;a.</p>
+
+<p>Demostr&aacute;ronle que el caso era urgente, y tom&oacute;, en vista de ello, sus
+medidas. Mandaron a buscar a uno de sus amigos, el cual prometi&oacute;
+reemplazarle por espacio de un mes.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; me traer&aacute;s el pan todas las noches&mdash;le dijo Romagn&eacute;.</p>
+
+<p>Pero se apresuraron a decirle que la precauci&oacute;n era in&uacute;til, pues le
+dar&iacute;an de comer en la casa.</p>
+
+<p>&mdash;Eso depender&aacute; de lo que me cueste&mdash;observ&oacute; &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;M. L'Ambert os dar&aacute; de comer gratis.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gratis! eso ya es distinto. He aqu&iacute; mi piel. Cortadmela cuanto antes.</p>
+
+<p>Romagn&eacute; soport&oacute; la operaci&oacute;n como un valiente, sin pesta&ntilde;ear siquiera.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es un placer&mdash;dec&iacute;a.&mdash;Me han contado de un auvern&eacute;s de mi pa&iacute;s
+que se hac&iacute;a petrificar en una fuente mediante un franco por hora.
+Prefiero dejarme cortar a pedazos. No es tan molesto, y produce mucho
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>M. Bernier cosiole el brazo izquierdo al rostro del notario, y ambos
+hombres permanecieron, por espacio de un mes, encadenados uno al otro.
+Los dos hermanos siameses que excitaron un d&iacute;a la curiosidad de toda
+Europa no estaban tan indisolublemente unidos. Pero aqu&eacute;llos eran
+hermanos, acostumbrados a soportarse mutuamente desde la m&aacute;s tierna
+infancia, y hab&iacute;an recibido la misma educaci&oacute;n. Si uno hubiese sido
+aguador y el otro notario, tal vez no hubiesen dado el espect&aacute;culo de
+una amistad tan fraternal.</p>
+
+<p>Romagn&eacute; jam&aacute;s se quejaba de nada, por muy extra&ntilde;a que la nueva
+situaci&oacute;n le pareciese. Obedec&iacute;a como un esclavo, o, por mejor decir,
+como un buen cristiano, todos los mandatos del hombre que le comprara su
+piel. Se levantaba, se sentaba, se acostaba, se volv&iacute;a hacia la derecha
+o la izquierda, seg&uacute;n el capricho de su se&ntilde;or. No obedece con tanta
+sumisi&oacute;n al Polo Norte la aguja imantada, como Romagn&eacute; a M. L'Ambert.</p>
+
+<p>Esta heroica mansedumbre enterneci&oacute; el coraz&oacute;n del notario, que, a decir
+verdad, nada ten&iacute;a de blando. Sinti&oacute; por espacio de tres d&iacute;as una
+especie de gratitud por los buenos cuidados que le prodigaba su v&iacute;ctima;
+mas no tard&oacute; en cobrarle antipat&iacute;a y hasta horror.</p>
+
+<p>Un hombre joven, activo y lleno de salud, no se acostumbra nunca, sin
+trabajo, a la inmovilidad absoluta. &iquest;Qu&eacute; no ser&aacute; cuando se trate de
+permanecer inm&oacute;vil al lado mismo de un ser inferior, sucio y sin
+educaci&oacute;n? Pero lo hab&iacute;a querido as&iacute; la suerte. Era preciso vivir sin
+nariz o soportar al auvern&eacute;s con todas sus consecuencias: comer con &eacute;l,
+dormir con &eacute;l, llenar al lado suyo, y en la situaci&oacute;n m&aacute;s inc&oacute;moda,
+todas las funciones de la vida animal.</p>
+
+<p>Era Romagn&eacute; un digno y excelente joven; pero roncaba como un &oacute;rgano.
+Adoraba a su familia y amaba a su pr&oacute;jimo; pero jam&aacute;s se hab&iacute;a ba&ntilde;ado en
+su vida por temor de malgastar el agua, objeto de su comercio. Pose&iacute;a
+los sentimientos m&aacute;s delicados del mundo; pero no sab&iacute;a imponerse los
+sacrificios m&aacute;s elementales que la civilizaci&oacute;n recomienda. &iexcl;Pobre M.
+L'Ambert! &iexcl;y pobre Romagn&eacute; asimismo! &iexcl;qu&eacute; noches y qu&eacute; d&iacute;as! &iexcl;qu&eacute; lluvia
+de puntapi&eacute;s! In&uacute;til es decir que Romagn&eacute; los recib&iacute;a sin quejarse,
+temeroso de que un falso movimiento diese al traste con el experimento
+del doctor Bernier.</p>
+
+<p>El notario recib&iacute;a buen n&uacute;mero de visitas. Vinieron a verle todos sus
+compa&ntilde;eros de aventuras, que se burlaban del auvern&eacute;s. Ense&ntilde;&aacute;ronle a
+fumar cigarrillos, y a beber vino y aguardiente. El pobre diablo se
+entregaba a estos placeres con la ingenuidad de un piel roja. Lo
+emborracharon, lo ahitaron de manjares, le hicieron descender todos los
+escalones que separan al hombre de la bestia. Era preciso educarle
+nuevamente, y aquellos buenos se&ntilde;ores acometieron esta dif&iacute;cil tarea con
+placer mefistof&eacute;lico. &iquest;No era, por ventura, una cosa divertida y
+agradable la empresa de desmoralizar al auvern&eacute;s?</p>
+
+<p>Cierto d&iacute;a le preguntaron en qu&eacute; pensaba emplear los cien luises de M.
+L'Ambert cuando acabase de ganarlos.</p>
+
+<p>&mdash;Los emplear&eacute; en papel del cinco por ciento, y me producir&aacute;n cien
+francos de renta&mdash;contestoles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y despu&eacute;s?&mdash;preguntole un emperejilado millonario de veinticinco a&ntilde;os
+de edad.&mdash;&iquest;Ser&aacute;s m&aacute;s rico con eso? &iquest;ser&aacute;s m&aacute;s dichoso acaso? &iexcl;Tendr&aacute;s
+treinta c&eacute;ntimos de renta diaria! Si te casas, lo cual es inevitable,
+pues eres de la madera de que se fabrican los imb&eacute;ciles, tendr&aacute;s doce
+hijos al menos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es posible!&mdash;replic&oacute; el auvern&eacute;s, riendo de buena gana.</p>
+
+<p>&mdash;Y, en virtud del C&oacute;digo civil, linda invenci&oacute;n del Imperio, le dejar&aacute;s
+a cada uno de ellos un par de c&eacute;ntimos al d&iacute;a. En tanto que, con dos mil
+francos, puedes vivir un mes lo menos como un rico, conocer los
+placeres de la vida y elevarte muy por encima de tus semejantes.</p>
+
+<p>Romagn&eacute; se defend&iacute;a como un gato panza arriba contra estas tentativas de
+corrupci&oacute;n; pero hubieron de descargar tantos golpes sobre su espeso
+cr&aacute;neo, que acabaron por abrir en &eacute;l un peque&ntilde;o orificio por donde
+penetraron las ideas falsas, y se fueron apoderando de su cerebro.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n acudieron las damas, de las cuales conoc&iacute;a L'Ambert much&iacute;simas
+en todas las capas sociales. Romagn&eacute; presenci&oacute; las escenas m&aacute;s diversas;
+escuch&oacute; numerosas protestas de amor y fidelidad que carec&iacute;an de
+verosimilitud. M. L'Ambert no s&oacute;lo no se recataba de mentir como un
+bellaco en su presencia, sino que, en ocasiones, se complac&iacute;a, en la
+intimidad, en mostrarle todas las falsedades que forman, por decirlo
+as&iacute;, el ca&ntilde;amazo donde se borda la vida elegante.</p>
+
+<p>&iexcl;Y el mundo de los negocios! Romagn&eacute; crey&oacute; descubrirlo, como Crist&oacute;bal
+Col&oacute;n, porque no ten&iacute;a de &eacute;l noci&oacute;n alguna. Los clientes del notario no
+se recataban de &eacute;l para tratar las mayores enormidades: hablaban en su
+presencia como pudieran hacerlo delante de una docena de ostras. Vio
+padres de familia que buscaban el modo de despojar a sus hijos en
+provecho de una amante o de alguna obra piadosa; j&oacute;venes que estudiaban
+la manera de robar la dote a su futura esposa por medio de un contrato;
+prestamistas que exigen el diez por ciento sobre primeras hipotecas y
+prestatarios que hipotecaban fincas imaginarias.</p>
+
+<p>Carec&iacute;a de talento y su inteligencia no era muy superior a la de
+cualquier perro de aguas; pero su conciencia se le revel&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Vos no pose&eacute;is mi estima&mdash;le dijo un d&iacute;a al notario, creyendo hacerle
+un gran bien.</p>
+
+<p>Y la repugnancia que L'Ambert sent&iacute;a por &eacute;l trocose en odio mortal.</p>
+
+<p>En los &uacute;ltimos ocho d&iacute;as de su forzada intimidad sucedi&eacute;ronse las
+tempestades casi sin interrupci&oacute;n.</p>
+
+<p>Al fin adquiri&oacute; Bernier la plena convicci&oacute;n de que el trozo de piel
+hab&iacute;a arraigado en la cara del notario, a pesar de los innumerables
+tirones que sufriera. Desuni&oacute; a los dos enemigos, y model&oacute; una nariz a
+L'Ambert con el trozo de piel que hab&iacute;a cesado ya de pertenecer al
+auvern&eacute;s. Y el acicalado millonario de la calle de Verneuil, arroj&oacute; dos
+billetes de a mil francos al rostro de su esclavo, dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma, infame! El dinero es lo de menos; pero me has hecho gastar lo
+menos cien mil escudos de paciencia. Vete ahora mismo de aqu&iacute;; sal de
+mi casa para siempre, y haz de modo que nunca jam&aacute;s, en mi vida, vuelva
+a o&iacute;r pronunciar tu nombre.</p>
+
+<p>Romagn&eacute; diole las gracias, con gesto no desprovisto de altivez, se bebi&oacute;
+una botella de vino en la cocina, tom&oacute; un par de copitas con Singuet, y
+march&oacute; tambale&aacute;ndose hacia su antiguo domicilio.</p>
+
+
+<h3><a name="V" id="V"></a>V</h3>
+
+<p class="c">GRANDEZA Y DECADENCIA</p>
+
+
+<p>M. L'Ambert volvi&oacute; a entrar en el mundo con &eacute;xito; casi podr&iacute;a decirse
+que con gloria. Sus testigos le hicieron la m&aacute;s estricta justicia
+diciendo que se hab&iacute;a batido como un le&oacute;n. Los viejos notarios sent&iacute;anse
+rejuvenecidos por su valor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ved ah&iacute;&mdash;dec&iacute;an,&mdash;lo que somos cuando se nos pone en ciertos trances!
+&iexcl;Los notarios son tan hombres como cualquier otro! La suerte de las
+armas hizo traici&oacute;n a maese L'Ambert; pero supo adoptar al caer un bello
+gesto: ha sido un Waterloo. &iexcl;Aunque digan lo que quieran, somos gentes
+decididas!</p>
+
+<p>De esta manera se expresaban el respetable maese Clopineau, y el digno
+maese Labrique, y el untuoso maese Bontoux, y todos los nestores del
+notariado. Los j&oacute;venes hablaban en parecidos t&eacute;rminos, con ciertas
+variantes inspiradas por los celos.</p>
+
+<p>&mdash;No queremos renegar&mdash;dec&iacute;an,&mdash;de maese L'Ambert: ciertamente que nos
+honra, aun cuando nos compromete un poco; pero cada uno de nosotros
+hubiera procedido con el mismo valor, y qui&eacute;n sabe si con menos torpeza.
+Un funcionario p&uacute;blico no debe dar estos esc&aacute;ndalos. No se debiera ir
+nunca al terreno del honor m&aacute;s que por causas confesables. Si yo fuese
+padre de familia, preferir&iacute;a confiar mis asuntos a un hombre prudente, y
+no a un h&eacute;roe de aventuras dudosas, etc., etc.</p>
+
+<p>Pero la opini&oacute;n del bello sexo, que es la que prevalece, hab&iacute;ase
+declarado en favor del h&eacute;roe de Parthenay. Tal vez no hubiera contado
+con tan rara unanimidad si se hubiese conocido el episodio del gato;
+quiz&aacute;s tambi&eacute;n ese sexo tan encantador como injusto habr&iacute;a condenado a
+L'Ambert si hubiese tenido la avilantez de reaparecer ante el mundo sin
+nariz. Pero todos los testigos hab&iacute;an guardado la mayor discreci&oacute;n
+acerca del rid&iacute;culo incidente del gato, y M. L'Ambert, lejos de estar
+desfigurado, parec&iacute;a haber ganado en el cambio.</p>
+
+<p>Una baronesa observ&oacute; que su fisonom&iacute;a era m&aacute;s dulce desde que llevaba la
+nariz recta. Una vieja canonesa, dechado de malicia, pregunt&oacute; al
+pr&iacute;ncipe de B... si no har&iacute;a bien en buscarle querella al turco. El
+aguile&ntilde;o pr&iacute;ncipe gozaba de una reputaci&oacute;n hiperb&oacute;lica.</p>
+
+<p>Alguno preguntar&aacute; c&oacute;mo las damas del gran mundo pod&iacute;an interesarse en
+peligros que no hab&iacute;an sido corridos por ellas. Los h&aacute;bitos de maese
+L'Ambert eran bien conocidos, y se sab&iacute;a que una gran parte de su
+coraz&oacute;n y de su tiempo los empleaba en la Opera. Pero el mundo perdona
+f&aacute;cilmente estas distracciones a los hombres que no se entregan a ellas
+por completo. Representa el papel del fuego, y se contenta con lo poco
+que le dan. Se agradec&iacute;a a M. L'Ambert que no estuviese perdido m&aacute;s que
+a medias, cuando tantos, a su edad, est&aacute;n perdidos del todo. No dejaba
+de frecuentar las casas honradas, conversaba con las viudas, bailaba con
+las solteras y tocaba en ocasiones el piano de una manera aceptable; no
+hablaba, en fin, de caballos a la moda. Estos m&eacute;ritos, bastante raros
+por cierto entre los j&oacute;venes millonarios del faubourg, le concillaban
+la benevolencia de las damas. Una linda devota, la se&ntilde;ora de L...,
+hab&iacute;ale demostrado durante tres meses que los placeres m&aacute;s vivos no
+consisten en la disipaci&oacute;n y el esc&aacute;ndalo.</p>
+
+<p>No se crea por eso que hab&iacute;a roto en absoluto con el cuerpo de baile; la
+severa lecci&oacute;n recibida no le hab&iacute;a hecho concebir el menor horror hacia
+aquella hidra de cien encantadoras cabezas. Una de sus primeras visitas
+fue para el templo donde brillaba la se&ntilde;orita Victorina Tompain. &iexcl;All&iacute;
+s&iacute; que se le tribut&oacute; un recibimiento entusiasta! &iexcl;Con qu&eacute; amistosa
+curiosidad corri&oacute; todo el mundo a su encuentro! &iexcl;Qu&eacute; dulc&iacute;simos
+dictados! &iexcl;qu&eacute; apretones de manos tan cordiales! &iexcl;Cu&aacute;ntos labios
+hechiceros se alargaron hacia &eacute;l, en forma de tentador hocico, para
+recibir un beso amistoso, sin la menor consecuencia! El notario estaba
+radiante. Todos sus amigos de los d&iacute;as pares, todos los altos
+dignatarios de la francmasoner&iacute;a del placer, le dieron la enhorabuena
+por su curaci&oacute;n milagrosa. Rein&oacute; durante todo un entreacto en aquel
+reino envidiable. Le hicieron referir su aventura y explicar el
+tratamiento del doctor Bernier, admirando todos la habilidad con que
+estaban dados los puntos de sutura, que apenas se conoc&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;Imaginaos que ese excelente Bernier ha completado mi persona con la
+piel de un auvern&eacute;s. &iexcl;Y qu&eacute; auvern&eacute;s, Dios m&iacute;o! &iexcl;El m&aacute;s est&uacute;pido y sucio
+de la Auvernia! Nadie lo dir&iacute;a al ver el trozo de piel que me ha
+vendido. &iexcl;Qu&eacute; horas tan desagradables me ha hecho pasar el muy burro!...
+Los mozos de cordel que veis por las esquinas son petimetres al lado
+suyo. Pero, gracias al cielo, ya me veo libre de &eacute;l. El d&iacute;a en que le
+pagu&eacute; sus servicios y lo puse de patitas en la calle, se me quit&oacute; de
+encima un peso inmenso. Se llama Romagn&eacute;, &iexcl;bonito nombre! Jam&aacute;s lo
+pronunci&eacute;is en mi presencia. &iexcl;Si quer&eacute;is que viva largos a&ntilde;os, no me
+habl&eacute;is jam&aacute;s de Romagn&eacute;!</p>
+
+<p>La se&ntilde;orita Victorina Tompain no fue, por cierto, la &uacute;ltima en
+cumplimentar al h&eacute;roe. Ayvaz-Bey la hab&iacute;a abandonado indignamente,
+dej&aacute;ndole cuatro veces m&aacute;s dinero del que val&iacute;a ella. El magn&aacute;nimo
+L'Ambert hubo de mostrarse con ella dulce y clemente.</p>
+
+<p>&mdash;No os guardo rencor&mdash;le dijo,&mdash;ni a ese bravo turco tampoco. S&oacute;lo
+tengo un enemigo en el mundo: un auvern&eacute;s llamado Romagn&eacute;.</p>
+
+<p>Y pronunciaba su nombre con una entonaci&oacute;n c&oacute;mica que hizo gracia a todo
+el mundo. Creo que aun hoy d&iacute;a la mayor parte de aquellas se&ntilde;oritas
+dicen: &laquo;Mi Romagn&eacute;, cuando hablan de su aguador.&raquo;</p>
+
+<p>De esta suerte transcurrieron los tres meses de est&iacute;o. La estaci&oacute;n fue
+deliciosa y casi todas las familias se ausentaron de Par&iacute;s. La Opera
+viose invadida por provincianos y extranjeros. M. L'Ambert frecuentola
+bastante menos que otras veces.</p>
+
+<p>Casi todos los d&iacute;as, al sonar las seis de la tarde, despoj&aacute;base de la
+gravedad del notario y part&iacute;a para Maisons-Lafitte, donde hab&iacute;a
+alquilado un chalet, y adonde acud&iacute;an a verle sus amigos y hasta sus
+amiguitas. Jugaban en el jard&iacute;n a toda clase de juegos campestres, y os
+garantizo que el columpio nunca holgaba.</p>
+
+<p>Uno de los m&aacute;s asiduos y animados concurrentes era el agente de cambios,
+M. Steimbourg. La aventura de Parthenay hab&iacute;ale ligado a L'Ambert con
+lazos m&aacute;s estrechos. M. Steimbourg pertenec&iacute;a a una buena familia de
+israelitas convertidos; su cargo val&iacute;a dos millones y pose&iacute;a una fortuna
+de medio mill&oacute;n, de suerte que ya se pod&iacute;a trabar amistad con &eacute;l. Las
+amantes de los dos amigos se llevaban bastante bien, lo cual equivale a
+decir que s&oacute;lo se peleaban una vez por semana. &iexcl;Qu&eacute; bello es contemplar
+cuatro corazones que laten al un&iacute;sono! Los hombres montaban a caballo,
+le&iacute;an el <i>F&iacute;garo</i>, o comentaban los chismes de la ciudad; las damas se
+echaban mutuamente las cartas, con gracia sin igual: &iexcl;una edad de oro en
+miniatura!</p>
+
+<p>M. Steimbourg crey&oacute; un deber presentar a su amigo a su familia.
+Cond&uacute;jole a Bieville, donde su padre se hab&iacute;a hecho construir un chalet.
+M. L'Ambert fue recibido en &eacute;l por un viejo muy verde, una se&ntilde;ora de
+cincuenta a&ntilde;os, que no hab&iacute;a abdicado a&uacute;n, y dos jovencitas
+extremadamente coquetas; y a primera vista advirti&oacute; que no entraba en
+una casa de f&oacute;siles. Por el contrario: trat&aacute;base de una familia moderna
+y perfeccionada. Padre e hijo eran dos buenos compa&ntilde;eros que se daban
+mutuas bromas acerca de sus calaveradas. Las muchachas hab&iacute;an visto
+cuanto se representaba en el teatro, y le&iacute;do cuanto se ha escrito. Pocas
+personas conoc&iacute;an mejor que ellas la cr&oacute;nica elegante de Par&iacute;s; les
+hab&iacute;an sido mostradas, en el teatro y en el bosque de Bolo&ntilde;a, las m&aacute;s
+celebradas bellezas de todas las clases sociales; las hab&iacute;an llevado a
+presenciar las ventas de los mobiliarios m&aacute;s ricos, y disertaban de la
+manera m&aacute;s agradable sobre las esmeraldas de la se&ntilde;orita X... y las
+perlas de la se&ntilde;orita Z... La mayor, la se&ntilde;orita Irma Steimbourg,
+copiaba con verdadera pasi&oacute;n los trajes y sombreros de la se&ntilde;orita
+Fargueil; la menor, hab&iacute;a enviado a uno de sus amigos a casa de la
+se&ntilde;orita Figeac para que le pidiese la direcci&oacute;n de su modista. Una y
+otra eran ricas y pose&iacute;an buena dote. Irma le gust&oacute; m&aacute;s a L'Ambert. El
+apuesto notario pensaba de vez en cuando que medio mill&oacute;n de dote y una
+mujer que sabe llevar un traje no son cosas despreciables. Vi&eacute;ronse con
+frecuencia, casi una vez por semana, hasta que llegaron las primeras
+heladas de noviembre.</p>
+
+<p>Tras un oto&ntilde;o dulce y brillante, cay&oacute; como una teja el invierno. Es un
+hecho bastante conocido en nuestros climas, pero la nariz de L'Ambert
+dio pruebas, en esta ocasi&oacute;n, de una sensibilidad extraordinaria.
+Enrojeciose un poco al principio, despu&eacute;s mucho; fuese hinchando por
+grados hasta tornarse deforme. Despu&eacute;s de una partida de caza alegrada
+por el viento Norte, experiment&oacute; el notario intolerable comez&oacute;n. Mirose
+en el espejo de un mes&oacute;n, y desagradole en extremo el color de su nariz.
+A decir verdad, parec&iacute;a un saba&ntilde;&oacute;n mal colocado.</p>
+
+<p>Consolose pensando que un buen fuego le devolver&iacute;a su figura natural, y,
+en efecto, el calor se la descongestion&oacute; y rebaj&oacute; su color durante
+algunos momentos. Pero, al siguiente d&iacute;a, la comez&oacute;n presentose
+nuevamente, los tejidos se inflamaron mucho m&aacute;s, y presentose de nuevo
+la coloraci&oacute;n rojiza, acompa&ntilde;ada de ciertos tintes viol&aacute;ceos. Ocho d&iacute;as
+sin salir de su casa, sentado delante del hogar, borraron tan fatales
+matices; pero reaparecieron, a pesar de las pieles de zorra azul, a la
+primera salida.</p>
+
+<p>Muerto de susto L'Ambert, envi&oacute; a buscar en seguida al doctor Bernier.
+Este acudi&oacute; a toda prisa; diagnostic&oacute; una ligera inflamaci&oacute;n y
+prescribi&oacute; unas compresas de agua helada. Sin embargo, la nariz no tuvo
+alivio, a pesar de la refrigeraci&oacute;n, y el doctor no sal&iacute;a de su asombro
+al ver la persistencia del mal.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez tenga raz&oacute;n Dieffembach&mdash;dijo al notario,&mdash;al asegurar que la
+piel puede morir por un exceso de sangre, y recomendar que se le
+apliquen sanguijuelas. &iexcl;Ensayemos!</p>
+
+<p>Aplicose a L'Ambert una sanguijuela en la punta de la nariz, y, cuando
+se desprendi&oacute;, harta de sangre, reemplaz&oacute;sela por otra, y as&iacute;
+sucesivamente, dos d&iacute;as y dos noches. La hinchaz&oacute;n y la coloraci&oacute;n
+desaparecieron por alg&uacute;n tiempo; mas sus efectos no fueron de larga
+duraci&oacute;n. Fue preciso recurrir a otro expediente. Pidi&oacute; M. Bernier
+veinticuatro horas para reflexionar, y se tom&oacute; cuarenta y ocho.</p>
+
+<p>Cuando volvi&oacute; al hotel de M. L'Ambert, estaba preocupado y daba muestras
+de una timidez excesiva, y tuvo que realizar sobre s&iacute; mismo un gran
+esfuerzo para decidirse a hablar.</p>
+
+<p>&mdash;La medicina&mdash;dijo al fin,&mdash;no explica satisfactoriamente todos los
+fen&oacute;menos naturales, y vengo a someteros una teor&iacute;a que carece de todo
+fundamento cient&iacute;fico. Mis colegas se burlar&iacute;an de m&iacute; si les dijese que
+un pedazo de piel arrancada del cuerpo de un hombre puede permanecer
+sometida a la influencia de su primitivo poseedor. No cabe duda alguna
+de que es vuestra propia sangre, puesta en circulaci&oacute;n por vuestro
+coraz&oacute;n, bajo la acci&oacute;n del cerebro, la que afluye a vuestra nariz; y,
+sin embargo, tentado estoy de creer que ese imb&eacute;cil de auvern&eacute;s no es
+extra&ntilde;o a estos sucesos.</p>
+
+<p>M. L'Ambert lanz&oacute; una exclamaci&oacute;n de disgusto y de sorpresa. &iexcl;Decir que
+un vil mercenario, a quien hab&iacute;a religiosamente pagado su servicio,
+pod&iacute;a ejercer una influencia oculta sobre la nariz de un funcionario
+p&uacute;blico, era una impertinencia!</p>
+
+<p>&mdash;Es mucho peor aun&mdash;replic&oacute; el doctor,&mdash;es un absurdo. Y, sin embargo,
+os pido autorizaci&oacute;n para buscar a Romagn&eacute;. Tengo necesidad de verle hoy
+mismo, aunque no sea m&aacute;s que para convencerme de mi error. &iquest;Hab&eacute;is
+conservado sus se&ntilde;as?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No lo permita Dios!</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, yo tratar&eacute; de averiguarlas. Tened paciencia, no salg&aacute;is
+para nada de vuestra habitaci&oacute;n, y suspended entre tanto toda
+medicaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Busc&oacute; en vano durante quince d&iacute;as. Recurri&oacute; a la polic&iacute;a, que le tuvo
+despistado por espacio de tres semanas. Un agente sutil y lleno de
+experiencia descubri&oacute; todos los Romagn&eacute;s de Par&iacute;s, excepto el que se
+buscaba. Encontr&oacute; un inv&aacute;lido, un tratante en pieles de conejo, un
+abogado, un ladr&oacute;n, un corredor del ramo de mercer&iacute;a, un gendarme y un
+millonario, todos de este mismo apellido. M. L'Ambert se abrasaba de
+impaciencia al lado del hogar, y contemplaba con desesperaci&oacute;n su nariz
+color de escarlata. Por fin se dio con el domicilio del aguador, pero
+&eacute;ste ya no viv&iacute;a en &eacute;l. Los vecinos refirieron que hab&iacute;a hecho fortuna y
+vendido su tonel para gozar de la vida.</p>
+
+<p>M. Bernier dio una terrible batida por las tabernas y dem&aacute;s lugares de
+placer, en tanto que su enfermo permanec&iacute;a sumido en la mayor
+melancol&iacute;a.</p>
+
+<p>El 2 de febrero, a las diez de la ma&ntilde;ana, el atildado notario
+calent&aacute;base tristemente los pies y contemplaba horrorizado aquella
+peon&iacute;a florida en medio de su rostro, cuando un alegre tumulto conmovi&oacute;
+toda la casa. Abri&eacute;ronse las puertas con estr&eacute;pito, de los pechos de
+todos los criados escap&aacute;ronse gritos de alegr&iacute;a, y se vio aparecer al
+doctor, trayendo de la mano a Romagn&eacute;.</p>
+
+<p>Era el verdadero Romagn&eacute;; pero, &iexcl;cu&aacute;n cambiado estaba! Sucio,
+embrutecido, feo, con la mirada apagada, el aliento mal oliente,
+apestando a vino y tabaco, rojo de la cabeza a los pies como un cangrejo
+cocido, era el prototipo del erisipelatoso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Monstruo!&mdash;le dijo M. Bernier,&mdash;se te deber&iacute;a caer la cara de
+verg&uuml;enza. Has descendido a un nivel m&aacute;s bajo que el de los brutos.
+Conservas todav&iacute;a la cara del hombre, pero no su color. &iexcl;En qu&eacute; has
+empleado la fortunita que te proporcionamos? Te has revolcado en el
+cieno de todos los vicios, y te he encontrado en las afueras de Par&iacute;s,
+tirado como un cerdo en el suelo de la taberna m&aacute;s inmunda.</p>
+
+<p>El auvern&eacute;s elev&oacute; hasta el doctor su mirada, y le dijo con su amable
+acento, embellecido con este dejo propio del pueblo bajo parisiense:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y bien, qu&eacute;! Que he empinado un poco el codo. &iquest;Es acaso una raz&oacute;n
+para decirme esa sarta de necedades?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; llamas necedades, majadero? Te reprocho tus torpezas. &iquest;Por qu&eacute;
+no colocaste tu dinero a inter&eacute;s en vez de beb&eacute;rtelo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fue el se&ntilde;or quien me dijo que me divirtiese!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tunante!&mdash;exclam&oacute; el notario,&mdash;&iquest;fui yo quien te aconsej&oacute; que te
+fueses a emborrachar fuera de las fortificaciones, con aguardiente y
+vino tinto?</p>
+
+<p>&mdash;Cada uno se divierte como puede... He estado con mis camaradas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya unos camaradas!&mdash;dijo el m&eacute;dico, no pudiendo reprimir un
+movimiento de c&oacute;lera.&mdash;&iquest;De manera, truh&aacute;n, que llevo a cabo una cura
+maravillosa, que me llena de gloria y esparce por Par&iacute;s mi bien ganada
+fama, y que acabar&aacute; por abrirme las puertas del Instituto, y t&uacute;, en
+uni&oacute;n de unos cuantos borrachos de tu misma cala&ntilde;a, vais a hacer
+zozobrar la m&aacute;s divina de mi obras? &iexcl;Si s&oacute;lo se tratase de ti,
+grand&iacute;simo bellaco, te dejar&iacute;amos obrar como quisieses! Es un verdadero
+suicidio f&iacute;sico y moral; pero un auvern&eacute;s m&aacute;s o menos poco importa a la
+sociedad. &iexcl;Pero se trata de un hombre de mundo, de un rico, de tu
+bienhechor, de mi cliente! T&uacute; lo has comprometido, desfigurado,
+asesinado con tu mala conducta. &iexcl;Mira bien en qu&eacute; estado lamentable has
+puesto al se&ntilde;or el rostro! El infeliz contempl&oacute; la nariz que hab&iacute;a
+contribuido a formar, y rompi&oacute; en amargo llanto.</p>
+
+<p>&mdash;Es una verdadera desgracia, se&ntilde;or Bernier; pero pongo a Dios por
+testigo de que no he tenido yo la culpa. Esa nariz se ha deteriorado
+ella sola. Yo soy un hombre honrado, y os juro que no he puesto mi mano
+en ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imb&eacute;cil!&mdash;tron&oacute; M. L'Ambert,&mdash;jam&aacute;s comprendes las cosas... por m&aacute;s
+que, en realidad, no es menester que comprendas. Se trata &uacute;nicamente de
+que digas sin rodeos si quieres cambiar de conducta y renunciar a esa
+vida de cr&aacute;pula que me mata de rechazo. Te prevengo que tengo el brazo
+muy largo, y que, si persistes en tus vicios, sabr&eacute; ponerte pronto a
+buen recaudo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Preso?</p>
+
+<p>&mdash;Preso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Preso entre los criminales? &iexcl;Gracias, se&ntilde;or L'Ambert! &iexcl;Eso ser&iacute;a la
+deshonra de mi familia!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Seguir&aacute;s bebiendo, o no?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Dios m&iacute;o! &iquest;c&oacute;mo beber cuando no se tiene dinero? Todo lo he
+gastado ya, se&ntilde;or L'Ambert. Me he bebido los dos mil francos &iacute;ntegros;
+me he bebido mi tonel y cu&aacute;nto pose&iacute;a, y no hay un alma en la tierra que
+ya quiera abrirme cr&eacute;dito.</p>
+
+<p>&mdash;Me alegro, perill&aacute;n; hacen todos muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;Tendr&eacute; que ser juicioso a la fuerza. La miseria me amenaza, se&ntilde;or
+L'Ambert.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Te repito que me alegro!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or L'Ambert!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Si tuvieseis la bondad de comprarme un tonel nuevo para ganarme la
+vida honradamente, os juro que volver&iacute;a a ser un buen sujeto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buena fuera! Lo vender&iacute;as al d&iacute;a siguiente para emborracharte.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or L'Ambert, &iexcl;os lo juro por mi honor!&mdash;Esos son juramentos de
+borracho.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;is entonces que me muera de hambre y sed? &iexcl;Un centener de
+francos, mi buen se&ntilde;or L'Ambert!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ni un solo c&eacute;ntimo! La Providencia te puso en mi camino para devolver
+a mi rostro su aspecto natural. Bebe agua, come pan seco, pr&iacute;vate de lo
+m&aacute;s necesario, mu&eacute;rete de hambre, si puedes; s&oacute;lo a ese precio podr&eacute;
+recobrar mis facciones y volver&eacute; a ser el mismo.</p>
+
+<p>Romagn&eacute; inclin&oacute; la cabeza y retirose arrastrando los pies y saludando a
+los presentes.</p>
+
+<p>El notario recuper&oacute; su alegr&iacute;a y el m&eacute;dico sus ensue&ntilde;os de gloria.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero alabarme a m&iacute; mismo&mdash;dec&iacute;a modestamente M. Bernier,&mdash;pero
+Leverrier descubriendo un planeta por la fuerza del c&aacute;lculo, no ha
+realizado un milagro tan grande como yo. Adivinar, por el aspecto de
+vuestra nariz, que un auvern&eacute;s ausente y perdido en la bara&uacute;nda de un
+Par&iacute;s, se halla entregado a la cr&aacute;pula, es remontarse desde el efecto a
+la causa por caminos que la audacia del hombre no hab&iacute;a intentado a&uacute;n.
+En cuanto al tratamiento de vuestra enfermedad, se halla indicado por
+las circunstancias. La dieta aplicada a Romagn&eacute; es el &uacute;nico remedio que
+puede curaros. La suerte ha venido a servirnos de un modo maravilloso,
+puesto que este animal se ha comido hasta su &uacute;ltimo c&eacute;ntimo. Hab&eacute;is
+hecho perfectamente en negarle el socorro que os ped&iacute;a: todos los
+esfuerzos del arte ser&aacute;n vanos mientras tenga que beber ese hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, doctor&mdash;le interrumpi&oacute; L'Ambert,&mdash;&iquest;y si no fuera ese el origen
+de mi mal? &iquest;y si s&oacute;lo se tratase de una coincidencia fortuita? &iquest;No
+hab&eacute;is dicho vos mismo que a veces la teor&iacute;a...?</p>
+
+<p>&mdash;He dicho, y lo repito, que en el estado actual de los conocimientos
+humanos, vuestro caso no admite ninguna explicaci&oacute;n l&oacute;gica. Es un hecho
+cuya ley se desconoce. La relaci&oacute;n que hoy hallamos entre vuestra nariz
+y la conducta de este auvern&eacute;s, nos abre una perspectiva, enga&ntilde;osa tal
+vez, mas, sin duda alguna, inmensa. Esperemos algunos d&iacute;as: si vuestra
+nariz se cura a medida que Romagn&eacute; se enmienda, se ver&aacute; reforzada mi
+teor&iacute;a por una nueva probabilidad. No respondo de nada; pero presiento
+una ley fisiol&oacute;gica, hasta aqu&iacute; desconocida, y que me considerar&eacute; muy
+feliz si puedo formularla. El mundo de las ciencias se halla lleno de
+fen&oacute;menos visibles producidos por causas desconocidas. &iquest;Por qu&eacute; la
+se&ntilde;ora de L..., a quien conoc&eacute;is como yo, tiene en el hombro izquierdo
+una cereza perfectamente pintada? &iquest;Es, acaso, como dicen, porque,
+hall&aacute;ndose encinta su madre, sinti&oacute; &eacute;sta grandes deseos, que no pudo
+satisfacer, de comerse una cesta de cerezas expuestas en el escaparate
+de Chevet? &iquest;Qu&eacute; artista invisible ha dibujado esta fruta sobre el cuerpo
+de un feto de seis semanas, del tama&ntilde;o de un langostino mediano? &iquest;C&oacute;mo
+explicar esta acci&oacute;n especial de lo moral sobre lo f&iacute;sico? &iquest;Y por qu&eacute;
+la cereza de la se&ntilde;ora de L... adquiere cierta tumefacci&oacute;n y
+sensibilidad en el mes de abril de cada a&ntilde;o, cuando est&aacute;n flor los
+cerezos? He aqu&iacute; unos hechos ciertos, evidentes, palpables, y tan
+inexplicables como la hinchaz&oacute;n y rubicundez de vuestra nariz. &iexcl;Pero
+tengamos paciencia!</p>
+
+<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s la hinchaz&oacute;n la nariz del notario ced&iacute;a de un modo
+visible, pero su color rojo persist&iacute;a. Al final de la semana, su volumen
+hab&iacute;ase reducido m&aacute;s de una tercera parte. Al cabo de quince d&iacute;as,
+perdi&oacute; por completo la piel, cri&oacute; seguida otra nueva, y recuper&oacute; su
+forma y color primitivos.</p>
+
+<p>El triunfo del doctor era evidente.</p>
+
+<p>&mdash;Mi &uacute;nico sentimiento&mdash;dec&iacute;a,&mdash;es que no hayamos guardado a Romagn&eacute; en
+una jaula, para observar en &eacute;l, al mismo tiempo que en vos, los efectos
+del tratamiento. Estoy seguro que ha estado, durante siete u ocho d&iacute;as,
+cubierto de escamas como un pez.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que el diablo cargue con &eacute;l!&mdash;observ&oacute; cristianamente el notario.</p>
+
+<p>Este, a partir de aquel d&iacute;a reanud&oacute; su vida ordinaria: sali&oacute; carruaje, a
+caballo, a pie; danz&oacute; los bailes del faubourg, y embelleci&oacute; con su
+presencia el <i>foyer</i> de la Opera. Todas las mujeres lo acogieron
+perfectamente, en el mundo y fuera de &eacute;l. Una de las que m&aacute;s tiernamente
+le felicitaron por su curaci&oacute;n fue la hermana mayor de su amigo
+Steimbourg.</p>
+
+<p>Esta amabil&iacute;sima joven, que ten&iacute;a costumbre de mirar a los hombres cara
+a cara, observ&oacute; que M. L'Ambert hab&iacute;a salido de la &uacute;ltima crisis m&aacute;s
+hermoso que nunca. Y en realidad, parec&iacute;a como si aquellos dos o tres
+meses de enfermedad hubiesen dado a su rostro un no s&eacute; qu&eacute; de perfecto.
+La nariz, sobre todo, aquella nariz recta, que acababa de recuperar sus
+ordinarias dimensiones despu&eacute;s de una dilataci&oacute;n excesiva, parec&iacute;a m&aacute;s
+fina, m&aacute;s blanca y m&aacute;s aristocr&aacute;tica que nunca.</p>
+
+<p>Esta era tambi&eacute;n la opini&oacute;n del acicalado notario, que se contemplaba en
+todos los espejos con una creciente admiraci&oacute;n de su persona. &iexcl;Hab&iacute;a que
+verlo frente a frente de su imagen, sonriendo, endiosado, a su propia
+nariz!</p>
+
+<p>Pero a la vuelta de la primavera, en la segunda quincena de marzo,
+mientras la generosa savia hac&iacute;a reto&ntilde;ar las lilas, lleg&oacute; a creer M.
+L'Ambert que s&oacute;lo a su nariz le eran negados los beneficios de la
+estaci&oacute;n y las bondades de la naturaleza. En medio del renacimiento
+general de todas las cosas, palidec&iacute;a como una hoja de oto&ntilde;o. Sus alas,
+adelgazadas y como desecadas por el viento del desierto, ados&aacute;banse cada
+vez m&aacute;s a su tabique central.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demontre!&mdash;dec&iacute;a el notario, haci&eacute;ndole una mueca al espejo,&mdash;la
+distinci&oacute;n es cosa bella, lo mismo que la virtud; pero esto ya es
+demasiado. Mi nariz va adquiriendo una elegancia inquietante, y, si no
+trato de darle alguna fuerza y color, muy pronto no ser&aacute; que una sombra.</p>
+
+<p>Diose en ella un poco de colorete; pero s&oacute;lo logr&oacute; hacer resaltar m&aacute;s
+aun finura incre&iacute;ble de aquella l&iacute;nea recta y sin espesor que divid&iacute;a su
+rostro en dos mitades. La fant&aacute;stica nariz del desesperado notario hac&iacute;a
+recordar la varilla de hierro que proyecta su cortante sombra sobre la
+esfera de los relojes de sol.</p>
+
+<p>En vano sometiose a un r&eacute;gimen m&aacute;s alimenticio el indignado millonario
+de la calle de Verneuil. Considerando que una buena alimentaci&oacute;n,
+digerida por un est&oacute;mago s&oacute;lido, aprovecha por igual a todas las partes
+del cuerpo, se impuso la dulce ley de embaularse sendas tazas de caldo,
+sendos tajos de carne ensangrentada, regados con los m&aacute;s generosos
+vinos. Decir que estos manjares elegidos no le hicieron efecto, ser&iacute;a
+negar la evidencia y blasfemar de las comidas regaladas. M. L'Ambert
+adquiri&oacute; en poco tiempo hermosos mofletes rojos, un pescuezo muy digno
+de cualquier ternero apopl&eacute;tico y una respetable panza. Pero la nariz
+parec&iacute;a una especie de socio negligente o desinteresado, que no se ocupa
+en cobrar sus dividendos.</p>
+
+<p>Cuando un enfermo no puede comer ni beber, se le sostiene a veces por
+medio de ba&ntilde;os alimenticios, que penetran a trav&eacute;s de los poros de la
+piel hasta los centros vitales. M. L'Ambert trat&oacute; a su nariz como a un
+enfermo a quien es preciso alimentar por separado a cualquier precio.
+Adquiri&oacute; una ba&ntilde;era de plata sobredorada, y, seis veces al d&iacute;a,
+introduc&iacute;ala en ella y la manten&iacute;a pacientemente sumergida en sendos
+ba&ntilde;os de leche, de vino de Borgo&ntilde;a, de caldo substancioso y hasta de
+salsa de tomates. &iexcl;Trabajo perdido! la enferma sal&iacute;a del ba&ntilde;o tan p&aacute;lida
+y delgada y en estado tan deplorable como estaba antes de entrar.</p>
+
+<p>Todas las esperanzas parec&iacute;an ya perdidas, cuando un d&iacute;a M. Bernier
+diose un golpe en la frente y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si hemos cometido una falta imperdonable! &iexcl;un error digno de
+colegiales! &iexcl;y he sido yo! &iexcl;yo mismo, cuando este hecho constituye una
+confirmaci&oacute;n aplastante de mi teor&iacute;a...! No lo dud&eacute;is, caballero: el
+auvern&eacute;s est&aacute; enfermo, y es preciso curarle a &eacute;l para que san&eacute;is vos.</p>
+
+<p>El desdichado L'Ambert mesose los cabellos. &iexcl;Cu&aacute;nto se arrepinti&oacute; de
+haber plantado a Romagn&eacute; de patitas a la calle, y de haberse negado a
+socorrerle, y olvidado el quedarse con sus se&ntilde;as! Represent&aacute;base al
+pobre diablo consumi&eacute;ndose sobre un camastro, sin pan, sin rosbif y sin
+vino de Ch&acirc;teaux-Margaux. Esta idea destrozaba su coraz&oacute;n. Asoci&aacute;base a
+los dolores del infeliz mercenario. Por primera vez en su vida
+compadeciose de los sufrimientos del pr&oacute;jimo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Doctor, querido doctor!&mdash;exclam&oacute;, estrechando la mano de
+Bernier,&mdash;&iexcl;dar&iacute;a toda mi fortuna por salvar a ese valiente muchacho!</p>
+
+<p>Cinco d&iacute;as despu&eacute;s, el mal hab&iacute;a avanzado m&aacute;s aun. La nariz no era m&aacute;s
+que una pel&iacute;cula flexible, que se plegaba bajo el peso de las gafas,
+cuando M. Bernier vino a decirle que hab&iacute;a encontrado al auvern&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Victoria!&mdash;exclam&oacute; entusiasmado el notario.</p>
+
+<p>El cirujano encogiose de hombros y contest&oacute; que la victoria parec&iacute;ale
+dudosa por lo menos.</p>
+
+<p>&mdash;Mi teor&iacute;a&mdash;a&ntilde;adi&oacute;,&mdash;est&aacute; plenamente confirmada, y, como fisi&oacute;logo,
+tengo que declararme satisfecho; pero, como m&eacute;dico, quisiera ante todo
+curaros, y el estado en que he visto a ese infeliz no me inspira
+demasiadas esperanzas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vos le salvar&eacute;is, doctor!</p>
+
+<p>&mdash;Por lo pronto, no me pertenece actualmente: se encuentra al servicio
+de un colega m&iacute;o que le estudia con cierta curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lograr&eacute;is que os lo ceda. &iexcl;Lo compraremos, si es preciso!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No so&ntilde;&eacute;is siquiera en eso! Un m&eacute;dico no vende nunca a sus enfermos.
+Los mata algunas veces, en inter&eacute;s de la ciencia, para ver qu&eacute; tienen
+dentro; pero traficar con ellos... &iexcl;jam&aacute;s! Mi amigo Fogatier me ceder&aacute;,
+tal vez, vuestro auvern&eacute;s; pero el pobre est&aacute; muy enfermo, y, para colmo
+de desgracia, se halla tan aburrido de la vida, que quiere a todo trance
+morirse. Rechaza las medicinas, y, en cuanto a los alimentos, tan pronto
+se queja de no tener suficiente, y reclama a grandes voces su raci&oacute;n
+entera, como rechaza cuanto le dan, y trata de matarse por hambre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero eso es un crimen! &iexcl;Yo le hablar&eacute;! &iexcl;yo le har&eacute; o&iacute;r el lenguaje de
+la religi&oacute;n y la moral! &iquest;D&oacute;nde se encuentra?</p>
+
+<p>&mdash;En el hospital, sala de San Pablo, n&uacute;mero 10.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ten&eacute;is vuestro carruaje a la puerta?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues partamos. &iexcl;Ah, infame! &iexcl;quiere morirse! &iquest;Ignora por ventura que
+todos los hombres son hermanos?</p>
+
+
+<h3><a name="VI" id="VI"></a>VI</h3>
+
+<p class="c">HISTORIA DE UNAS GAFAS Y CONSECUENCIAS DE UN CATARRO NASAL</p>
+
+
+<p>Jam&aacute;s predicador alguno, jam&aacute;s Bossuet ni Fenel&oacute;n, jam&aacute;s Massillon ni
+Fl&eacute;chier, jam&aacute;s el mismo Mermilliod, desplegaron desde su sagrada
+c&aacute;tedra una elocuencia m&aacute;s persuasiva y untuosa que la empleada por M.
+Alfredo L'Ambert ante el lecho de Romagn&eacute;. Dirigiose primero a la raz&oacute;n,
+despu&eacute;s a la conciencia, y por &uacute;ltimo al coraz&oacute;n del enfermo. Recurri&oacute; a
+lo profano y lo sagrado, cit&oacute; textos de fil&oacute;sofos y santos. Mostrose
+fuerte y benigno, severo y paternal, l&oacute;gico, acariciador y hasta
+complaciente. Demostrole que el suicidio es el m&aacute;s bochornoso de los
+cr&iacute;menes, y que era menester ser bien cobarde para afrontar
+voluntariamente la muerte. Hasta se atrevi&oacute; a emplear una met&aacute;fora tan
+nueva como atrevida, comparando el suicida, al desertor que abandona su
+puesto sin permiso de su cabo.</p>
+
+<p>El auvern&eacute;s, que no hab&iacute;a tomado nada en las &uacute;ltimas veinticuatro horas,
+parec&iacute;a bien aferrado a su idea. Permanec&iacute;a inm&oacute;vil y terco ante la
+muerte, como un asno ante un puente. A los argumentos m&aacute;s h&aacute;biles,
+respond&iacute;a con impasible dolor:</p>
+
+<p>&mdash;No vale la pena, se&ntilde;or L'Ambert; hay demasiada miseria en este mundo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, amigo m&iacute;o! la miseria fue instituida por Dios, que la cre&oacute; para
+excitar la caridad de los ricos y la resignaci&oacute;n de los pobres.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Los ricos? He pedido trabajo a todo el mundo, y me ha sido negado en
+todas partes. &iexcl;He pedido limosna y me han amenazado con la polic&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no os dirigisteis a vuestros amigos? &iexcl;A m&iacute;, por ejemplo! &iexcl;a
+m&iacute;, que tanto os debo! &iexcl;a m&iacute;, que tan agradecido os estoy! &iexcl;a m&iacute;, que
+por mis venas corre vuestra propia sangre!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En seguida! &iexcl;para que me hicieseis poner nuevamente de patitas en la
+calle!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mis puertas estar&aacute;n siempre abiertas para vos, lo mismo que mi
+bolsillo, igual que mi coraz&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si siquiera me hubieseis dado cincuenta francos para comprarme un
+tonel de ocasi&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero, animal!... animal querido, quiero decir... &iexcl;perm&iacute;teme que te
+maltrate un poco, como en los tiempos en que compart&iacute;a contigo mi mesa
+y mi lecho! no son ya cincuenta francos los que pienso darte, sino mil,
+dos mil, tres mil... &iexcl;diez mil! mi fortuna entera deseo compartirla
+contigo... a prorrateo, naturalmente, de nuestras necesidades
+respectivas. &iexcl;Es preciso que vivas! &iexcl;es menester que seas feliz! He aqu&iacute;
+la primavera que vuelve, con su cortejo de flores y la dulce melod&iacute;a de
+las aves que trinan en la enramada. &iquest;Ser&aacute;s capaz de abandonar todo esto?
+&iexcl;Piensa en el inmenso dolor que ocasionar&iacute;as a tus infelices padres, que
+te aguardan en tu pa&iacute;s! &iexcl;piensa en tus pobres hermanos! &iexcl;en tu madre,
+sobre todo, amigo m&iacute;o, que no podr&iacute;a sobrevivirte! &iexcl;Volver&aacute;s a verlos a
+todos! O, mejor dicho, no: permanecer&aacute;s en Par&iacute;s bajo mi protecci&oacute;n,
+conviviendo conmigo en la intimidad m&aacute;s estrecha. Quiero verte dichoso,
+casado con una mujer bonita y hacendosa, padre de dos o tres hermosas
+criaturas. &iexcl;Sonr&iacute;e, hombre, sonr&iacute;e! &iexcl;Toma este plato de sopas!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Gracias, se&ntilde;or L'Ambert. Guardaos esas sopas; &iquest;para qu&eacute; las he de
+tomar? &iexcl;Hay tanta miseria en el mundo!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, &iquest;no te juro que se han acabado ya tus malos d&iacute;as para
+siempre? &iquest;que me encargo de tu porvenir, bajo mi fe de notario? Si
+accedes a vivir, se acabar&aacute;n tus sufrimientos, no volver&aacute;s a trabajar,
+&iexcl;tus a&ntilde;os constar&aacute;n de trescientos sesenta y cinco domingos!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sin lunes?</p>
+
+<p>&mdash;Y de lunes tambi&eacute;n, si lo prefieres. Comer&aacute;s, beber&aacute;s, fumar&aacute;s buenos
+habanos. Ser&aacute;s mi comensal, mi amigo inseparable, mi otro yo. &iquest;Quieres
+vivir, Romagn&eacute;, para ser un segundo yo?</p>
+
+<p>&mdash;No, no; ya que he comenzado a morir, lo mejor es acabar cuanto antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, pedazo de alcornoque! &iexcl;Voy a contarte, animal, el destino que te
+aguarda! No se trata ya solamente de las penas eternales que en tu
+obstinaci&oacute;n endiablada acercas m&aacute;s a ti cada minuto; en este mundo, aqu&iacute;
+mismo, ma&ntilde;ana, quiz&aacute;s hoy, antes de ir a pudrirte a la fosa com&uacute;n, te
+llevar&aacute;n al anfiteatro. Te tender&aacute;n sobre una mesa de piedra, y partir&aacute;n
+tu cuerpo en pedazos. Uno hender&aacute;, a fuerza de hachazos, tu abultada
+cabeza de mulo; otro te abrir&aacute; el pecho en canal para ver si es posible
+que exista un coraz&oacute;n dentro de tan est&uacute;pida envuelta; otro...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por favor, se&ntilde;or L'Ambert, que no quiero que me corten a pedazos!
+&iexcl;prefiero comer las sopas!</p>
+
+<p>Tres d&iacute;as de sopas y su robusta constituci&oacute;n arranc&aacute;ronle de aquel
+amargo trance, y fue posible transportarle en carruaje al hotel de la
+calle de Verneuil. El mismo M. L'Ambert lo instal&oacute; con solicitud
+maternal. Alojolo en la habitaci&oacute;n de su propio ayuda de c&aacute;mara, para
+tenerle m&aacute;s cerca. Por espacio de un mes ejerci&oacute; con verdadera
+abnegaci&oacute;n las funciones de enfermero, pasando bastantes noches en
+claro, a la cabecera de su lecho.</p>
+
+<p>Estas fatigas, lejos de alterar su salud, devolvieron a su rostro su
+frescura y lozan&iacute;a habituales. Cuanta mayor asiduidad desplegaba en el
+cuidado de su enfermo, m&aacute;s lozana y vigorosa torn&aacute;base su nariz.
+Repart&iacute;a su vida entre el estudio, el auvern&eacute;s y el espejo. En este
+per&iacute;odo fue cuando escribi&oacute;, distra&iacute;damente, sobre el borrador de una
+escritura de venta: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; dulce es hacer bien a su pr&oacute;jimo!&raquo; M&aacute;xima un
+poco vieja en s&iacute; misma, pero nueva en absoluto para &eacute;l.</p>
+
+<p>Cuando entr&oacute; Romagn&eacute; en el per&iacute;odo de franca convalecencia, su hu&eacute;sped y
+salvador, que tantas veces le hab&iacute;a trozado el pan y partido los
+biftecs, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;A partir de este momento, comeremos siempre juntos. Sin embargo, si
+prefieres comer en la cocina, tambi&eacute;n ser&aacute;s all&iacute; perfectamente
+alimentado, y es posible, tal vez, que te encuentres m&aacute;s a gusto.</p>
+
+<p>Romagn&eacute;, a fuer de hombre juicioso, obt&oacute; por la cocina.</p>
+
+<p>Supo conducirse en ella de tal suerte, que se capt&oacute; la simpat&iacute;a y el
+aprecio de todos. Lejos de prevalerse de la amistad que le un&iacute;a con el
+amo, mostrose m&aacute;s humilde y m&aacute;s modesto que el &uacute;ltimo marmit&oacute;n. Era un
+criado que M. L'Ambert hab&iacute;a puesto a sus servidores. Todo el mundo
+utilizaba sus servicios, se burlaba de su acento y le daba palmadas
+amistosas a la espalda, sin que a nadie se le ocurriese darle nunca una
+propina. M. L'Ambert lo sorprendi&oacute; varias veces sacando agua, cambiando
+de sitio los muebles m&aacute;s pesados, encerando los pisos de madera. En
+tales ocasiones le tiraba de la oreja aquel amo ideal, y le dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Entretente, si quieres, no hay en ello inconveniente por mi parte;
+pero no te fatigues demasiado.</p>
+
+<p>El infeliz muchacho, confundido por tantas bondades, se escond&iacute;a en su
+habitaci&oacute;n y lloraba de ternura.</p>
+
+<p>Pero no pudo conservar por mucho tiempo aquel cuarto tan c&oacute;modo y
+aseado, contiguo a las habitaciones del amo. M. L'Ambert le hizo saber,
+de un modo delicado, que echaba mucho de menos la vecindad de su ayuda
+de c&aacute;mara, y el mismo Romagn&eacute; solicit&oacute; autorizaci&oacute;n para alojarse en
+las buhardillas, adjudic&aacute;ndosele entonces un cuartucho que las
+freganchinas no hab&iacute;an querido nunca.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Dichosos los pueblos que no tienen historia!&raquo; ha dicho un sabio.
+Sebasti&aacute;n Romagn&eacute; fue dichoso por espacio de tres meses; pero, al
+comenzar el verano, empez&oacute; a tener historia. Su coraz&oacute;n, largo tiempo
+invulnerable, fue herido por las flechas del amor. El antiguo aguador
+entregose, atado de pies y manos, al dios que perdi&oacute; a Troya. Advirti&oacute;,
+mientras preparaba las legumbres, que la cocinera ten&iacute;a unos ojillos
+grises muy bonitos, y unos mofletes rojos muy hermosos. Un suspiro,
+capaz de echar a rodar las mesas, fue la primera manifestaci&oacute;n de su
+mal. Quiso explicarse, pero ahog&oacute; la emoci&oacute;n en su garganta las
+palabras. Apenas si, en su excesiva timidez, se atrevi&oacute; a aprisionar a
+su Dulcinea por el talle, y a besarle los labios con pasi&oacute;n.</p>
+
+<p>Esto bast&oacute;, sin embargo, para que lo comprendieran. Era la cocinera una
+persona capaz, que le llevaba a &eacute;l siete u ocho a&ntilde;os, y ya bastante
+ducha en las lides del amor.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me hago cargo&mdash;le dijo ella;&mdash;dese&aacute;is casaros conmigo.
+Perfectamente, amigo m&iacute;o; podremos entendernos si tra&eacute;is algo por
+delante.</p>
+
+<p>&Eacute;l respondi&oacute; ingenuamente que tra&iacute;a por delante todo lo que puede
+exigirse a un hombre, es decir: dos brazos vigorosos y acostumbrados al
+trabajo. La se&ntilde;orita Juanita ri&oacute;sele en sus barbas y habl&oacute; con m&aacute;s
+claridad; el a su vez solt&oacute; la carcajada, y le dijo, con la m&aacute;s amable
+confianza:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es dinero lo que dese&aacute;is? Deber&iacute;ais haberlo dicho desde luego.
+&iexcl;Tengo m&aacute;s dinero que peso! &iquest;Cu&aacute;nto dese&aacute;is? Fijad vos misma la suma.
+&iquest;Os contentar&iacute;ais, por ejemplo, con la mitad de la fortuna del se&ntilde;or
+L'Ambert?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La mitad de la fortuna del amo?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente. Me lo ha dicho m&aacute;s de cien veces. Yo poseo la mitad de su
+fortuna; pero no hemos repartido el dinero todav&iacute;a: me tiene guardada mi
+parte.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; gran majader&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Majader&iacute;a? Esperad, que ahora entra &eacute;l. Voy a pedirle mi cuenta y os
+traer&eacute; a la cocina todo mi capital.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre inocente! s&oacute;lo obtuvo de su amo una buena lecci&oacute;n de gram&aacute;tica
+parda. M. L'Ambert le ense&ntilde;&oacute; que prometer y dar no son palabras
+sin&oacute;nimas; dignose explicarle (porque estaba de buen humor) los m&eacute;ritos
+y peligros de la figura llamada hip&eacute;rbole; y le dijo, por &uacute;ltimo, con,
+tono dulce, es verdad, pero tan firme que no admit&iacute;a r&eacute;plica:</p>
+
+<p>&mdash;Romagn&eacute;, he hecho mucho por vos, pero quiero hacer m&aacute;s todav&iacute;a al
+alejaros de este hotel. El simple buen sentido os dice que no os hall&aacute;is
+en &eacute;l en calidad de due&ntilde;o; quiero llevar mi bondad hasta el extremo de
+admitir que est&eacute;is en &eacute;l como un ayuda de c&aacute;mara; en fin, me parece que
+os har&iacute;a un gran perjuicio manteni&eacute;ndoos en una situaci&oacute;n mal definida
+que pervertir&iacute;a vuestros h&aacute;bitos y falsear&iacute;a vuestro esp&iacute;ritu. Llevando
+un a&ntilde;o m&aacute;s esa vida parasitaria y ociosa, perder&iacute;ais por completo el
+amor al trabajo. Os convertir&iacute;ais en un vago, y los vagos, permitidme
+que os lo diga, son el azote de nuestra &eacute;poca. Poneos la mano sobre
+vuestra conciencia, y decidme si os agrada semejante perspectiva. &iexcl;Pobre
+Romagn&eacute;! &iquest;No hab&eacute;is echado de menos muchas veces el t&iacute;tulo de obrero,
+que es vuestro m&aacute;s noble blas&oacute;n? Porque vos sois de aquellos seres que
+la Providencia ha creado para ennoblecerse con el sudor de su frente;
+pertenec&eacute;is a la aristocracia del trabajo. Trabajad, pues; no ya como
+otras veces, entre privaciones y dudas, sino con una seguridad que yo
+garantizo y una abundancia proporcionada a vuestras modestas
+necesidades. Yo saldr&eacute; a los gastos de la primera instalaci&oacute;n; yo os
+procurar&eacute; trabajo. Si, lo que no considero posible, os faltasen los
+medios de existencia, acudid a m&iacute; en seguida, que siempre os acoger&eacute; con
+afecto paternal. Pero renunciad al absurdo proyecto de casaros con mi
+cocinera, porque no deb&eacute;is enlazar vuestra suerte a la de una simple
+criada, y no quiero, por otra parte, chiquillos en mi casa.</p>
+
+<p>El infeliz llor&oacute; copiosamente y se deshizo en protestas de sincero
+agradecimiento. Debo decir, en descargo de M. L'Ambert, que hizo las
+cosas con bastante generosidad. Visti&oacute; de pies a cabeza a Romagn&eacute;,
+amueblole un quinto piso, en la calle del Cherche-Midi, y le dio
+quinientos francos para que fuese viviendo mientras le encontraba
+trabajo. A&uacute;n no hab&iacute;an transcurrido ocho d&iacute;as, cuando le hizo entrar,
+como pe&oacute;n de alba&ntilde;il, en una f&aacute;brica de espejos de la calle de S&egrave;vres.</p>
+
+<p>Transcurri&oacute; mucho tiempo, seis meses por lo menos, sin que la nariz del
+notario sufriese la menor novedad digna de especial menci&oacute;n. Pero un d&iacute;a
+en que nuestro funcionario descifraba, en compa&ntilde;&iacute;a de su oficial mayor,
+los pergaminos de una noble y rica familia, rompi&eacute;ronsele por la mitad
+las gafas, y cayeron sobre la mesa.</p>
+
+<p>Este peque&ntilde;o accidente no le caus&oacute; grandes molestias. P&uacute;sose
+provisionalmente unos quevedos con resorte de acero, e hizo cambiar el
+armaz&oacute;n de sus gafas en el muelle de los Plateros. Su &oacute;ptico, M. Luna,
+apresurose a pedirle mil perdones, envi&aacute;ndole unas gafas nuevas, que se
+rompieron tambi&eacute;n por igual sitio antes de transcurrir veinticuatro
+horas.</p>
+
+<p>Otras terceras sufrieron la misma suerte; trajeron por cuarta vez otras
+nuevas, y les ocurri&oacute; en seguida otro tanto. El &oacute;ptico no sab&iacute;a ya c&oacute;mo
+excusarse. En el fondo de su alma, hall&aacute;base persuadido de que M.
+L'Ambert ten&iacute;a la culpa de todo.</p>
+
+<p>&mdash;Este se&ntilde;or no es razonable&mdash;dec&iacute;a a su mujer, mostr&aacute;ndole los estragos
+de los cuatro &uacute;ltimos d&iacute;as;&mdash;usa gafas del n&uacute;mero 4, que son
+forzosamente muy pesadas; quiere por coqueter&iacute;a una montura muy
+liviana, y tengo la seguridad de que trata a sus gafas como si fueran de
+hierro forjado. Si le hago la menor observaci&oacute;n se enfadar&aacute;; lo mejor
+ser&aacute; que le env&iacute;e otras nuevas con la montura m&aacute;s recia, sin decirle una
+palabra.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Luna encontr&oacute; la idea excelente; pero las quintas gafas
+corrieron la misma suerte que las cuatro precedentes. Esta vez, M.
+L'Ambert mont&oacute; en c&oacute;lera, a pesar de no hab&eacute;rsele hecho ninguna
+observaci&oacute;n, y mand&oacute; a buscar otras gafas a un establecimiento rival.</p>
+
+<p>Pero hubi&eacute;rase dicho que todos los &oacute;pticos de Par&iacute;s se hab&iacute;an puesto de
+acuerdo para que se rompiesen sus gafas en la nariz del pobre
+millonario. Nada menos que doce sufrieron igual suerte, unas tras otras.
+Y lo m&aacute;s maravilloso del caso era que los lentes de resorte de acero,
+que reemplazaban a las gafas durante los interregnos, manten&iacute;anse
+vigorosos y firmes.</p>
+
+<p>Ya sab&eacute;is que la paciencia no era la virtud favorita de M. Alfredo
+L'Ambert. Hall&aacute;base un d&iacute;a furioso, pateando sobre unas gafas,
+haci&eacute;ndolas pedazos con sus tacones, cuando le anunciaron la visita del
+doctor Bernier.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demontre! lleg&aacute;is a tiempo&mdash;exclam&oacute; el notario, col&eacute;rico.&mdash;&iexcl;Estoy,
+por lo visto, hechizado! &iexcl;el diablo ha tomado posesi&oacute;n de mi persona!</p>
+
+<p>Las miradas del doctor fij&aacute;ronse en seguida en la nariz de su cliente;
+pero encontr&aacute;ndola, al parecer, sana, de buen aspecto, y fresca como una
+rosa.</p>
+
+<p>&mdash;Me parece&mdash;observ&oacute;,&mdash;que marcha todo muy bien.</p>
+
+<p>&mdash;De salud, s&iacute;, en efecto: me encuentro perfectamente; pero estas gafas
+endiabladas no hay forma de que se mantengan enteras.</p>
+
+<p>Y refiri&oacute; al doctor toda la historia.</p>
+
+<p>Este se qued&oacute; pensativo, y dijo al cabo de un rato:</p>
+
+<p>&mdash;El auvern&eacute;s anda por medio. &iquest;Ten&eacute;is aqu&iacute; alguna de las monturas rotas?</p>
+
+<p>&mdash;Debajo de mis pies tengo la &uacute;ltima.</p>
+
+<p>Recogiola M. Bernier, examinola con una lente, y le pareci&oacute; que el oro
+estaba como argentado en los alrededores del sitio de la rotura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Diablo!&mdash;exclam&oacute;.&mdash;&iquest;Habr&aacute; hecho Romagn&eacute; alguna calaverada?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; calaveradas quer&eacute;is que haya hecho?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Le ten&eacute;is todav&iacute;a en vuestra casa?</p>
+
+<p>&mdash;No; el pillo me ha abandonado. Trabaja en la ciudad.</p>
+
+<p>&mdash;Espero, sin embargo, que esta vez habr&eacute;is conservado sus se&ntilde;as.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda. &iquest;Quer&eacute;is verle?</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto antes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hay alg&uacute;n peligro tal vez? &iexcl;Yo me hallo perfectamente!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, por lo pronto, a casa de Romagn&eacute;.</p>
+
+<p>Un cuarto de hora despu&eacute;s nuestros dos personajes descend&iacute;an a la puerta
+de los se&ntilde;ores Taillade y Compa&ntilde;&iacute;a, en la calle de S&egrave;vres. Una amplia
+muestra, fabricada con trozos de cristal azogado, indicaba claramente el
+g&eacute;nero de industria a que se dedicaba la casa.</p>
+
+<p>&mdash;Henos aqu&iacute;&mdash;dijo el notario.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;est&aacute; empleado el auvern&eacute;s en este establecimiento?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda alguna: yo mismo le he buscado esta colocaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, el mal no es tan grande como llegu&eacute; a suponer. Pero, de todas
+maneras, hab&eacute;is cometido una imprudencia imperdonable.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is decir?</p>
+
+<p>&mdash;Entremos.</p>
+
+<p>La primera persona que encontraron en el interior del edificio fue al
+auvern&eacute;s, en mangas de camisa, los pu&ntilde;os arremangados, azogando la luna
+de un espejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola!&mdash;exclam&oacute; el doctor,&mdash;lo que yo hab&iacute;a previsto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que se azogan las lunas con una capa de mercurio aprisionada bajo una
+hoja de esta&ntilde;o, &iquest;comprend&eacute;is?</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a no.</p>
+
+<p>&mdash;Vuestro animal tiene los brazos embadurnados de mercurio hasta los
+codos; &iquest;qu&eacute; digo? hasta las axilas.</p>
+
+<p>&mdash;Mas no veo la relaci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No veis que, siendo vuestra nariz una fracci&oacute;n de su brazo, y
+poseyendo el oro una deplorable tendencia a amalgamarse con el mercurio,
+jam&aacute;s podr&eacute;is evitar que se os rompan vuestras gafas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demontre!</p>
+
+<p>&mdash;Ten&eacute;is, sin embargo, el recurso de usar gafas con montura de acero.</p>
+
+<p>&mdash;Me es lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;En ese caso, no corr&eacute;is peligro alguno, salvo, quiz&aacute;s, algunos
+accidentes mercuriales.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, no! Prefiero que Romagn&eacute; trabaje en otra cosa. &iexcl;Ven, Romagn&eacute;!
+Deja lo que est&aacute;s haciendo y vente con nosotros al instante. &iquest;Quieres
+acabar de una vez, pedazo de zopenco? &iquest;No sabes a lo que me expones?</p>
+
+<p>Habiendo acudido el due&ntilde;o del taller al escuchar el rumor de la
+conversaci&oacute;n, dio el notario su nombre, con tono bastante infatuado, y
+record&oacute; que &eacute;l hab&iacute;a recomendado a aquel hombre por mediaci&oacute;n de su
+tapicero. M. Taillade respondi&oacute; que lo recordaba muy bien, y explicole
+que, para hacerse agradable a M. L'Ambert, y captarse su benevolencia,
+hab&iacute;a promovido al auvern&eacute;s de pe&oacute;n de alba&ntilde;il a azogador.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hace quince d&iacute;as de eso?&mdash;preguntole el notario.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, &iquest;lo sab&iacute;ais ya?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demasiado, por desgracia! &iexcl;Ah, se&ntilde;or! &iquest;c&oacute;mo puede jugarse con cosas
+tan sagradas?</p>
+
+<p>-&iquest;Yo...?</p>
+
+<p>&mdash;No, nada. Pero por m&iacute;, por vos, por la sociedad toda entera, ponedle
+nuevamente a trabajar de alba&ntilde;il; pero no, mejor ser&aacute; que me lo
+devolv&aacute;is; me lo llevar&eacute; conmigo. Pagar&eacute; lo que sea necesario, pero el
+tiempo apremia. &iexcl;Prescripci&oacute;n facultativa!... Romagn&eacute;, amigo m&iacute;o, es
+preciso que me sig&aacute;is. Hab&eacute;is hecho vuestra fortuna; &iexcl;cuanto tengo os
+pertenece!... &iexcl;No! pero venid de todos modos; &iexcl;os juro que no quedar&eacute;is
+descontento de m&iacute;!</p>
+
+<p>Y sin dejarle apenas tiempo para cambiarse de traje, llev&oacute;selo como
+arrebata el ave de rapi&ntilde;a a su presa. M. Taillade y sus obreros
+tom&aacute;ronle por un loco. El bueno de Romagn&eacute; levantaba los ojos al cielo,
+y se preguntaba qu&eacute; querr&iacute;an de &eacute;l otra vez.</p>
+
+<p>Su destino fue decidido durante el camino, mientras &eacute;l cazaba moscas al
+lado del cochero.</p>
+
+<p>&mdash;Mi querido cliente&mdash;dec&iacute;a el doctor al millonario,&mdash;es preciso que no
+perd&aacute;is nunca de vista a ese muchacho. Comprendo que le hay&aacute;is arrojado
+de vuestra casa, porque, a decir verdad, su trato no debe ser muy
+agradable; pero no debisteis alejarle tanto, ni pasar tanto tiempo sin
+procuraros noticias de &eacute;l. Alojadle en la calle de Beaune, o en la de la
+Universidad, pr&oacute;ximo a vuestro hotel. Dedicadle a un oficio menos
+peligroso para vos, o mejor, si quer&eacute;is, pasadle una peque&ntilde;a pensi&oacute;n sin
+darle ning&uacute;n oficio: si trabaja, se fatiga y se expone. No conozco
+oficio alguno en que el hombre no exponga su piel &iexcl;es tan f&aacute;cil, por
+desgracia, un accidente! Dadle lo suficiente para que pueda vivir sin
+hacer nada. &iexcl;Guardaos bien, sin embargo, de tenerle en la abundancia!
+Volver&iacute;a a beber, y ya sab&eacute;is las consecuencias fatales que os reporta a
+vos ese vicio. Con cien francos al mes, y la casa pagada, creo que
+tendr&aacute; suficiente.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez sea demasiado... no porque me parezca la cantidad excesiva,
+sino porque preferir&iacute;a darle de comer sin que pudiera emplear un solo
+c&eacute;ntimo en vino.</p>
+
+<p>&mdash;Dadle, pues, cuatro luises, pagados en cuatro plazos: los martes de
+cada semana.</p>
+
+<p>Ofrecieron a Romagn&eacute; una pensi&oacute;n de ochenta francos mensuales, pero el
+auvern&eacute;s respondi&oacute; con desprecio, rasc&aacute;ndose la oreja:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ochenta francos nada menos? &iexcl;Para eso no val&iacute;a la pena que me
+arrancaseis de la calle de S&egrave;vres! All&iacute; ganaba tres francos y medio
+diarios, y enviaba dinero a mi familia. Dejadme trabajar en los espejos,
+o dadme tres francos y medio.</p>
+
+<p>Y no hubo m&aacute;s remedio que acceder, puesto que era el due&ntilde;o de la
+situaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Pronto comprendi&oacute; el notario que hab&iacute;a adoptado el partido m&aacute;s prudente.
+El a&ntilde;o transcurri&oacute; sin accidente alguno. Se pagaba a Romagn&eacute; todas las
+semanas, y se le vigilaba diariamente. Viv&iacute;a honradamente, llevando una
+existencia tranquila, sin m&aacute;s pasi&oacute;n que el juego de bolos. Y los
+hermosos ojos de la se&ntilde;orita Irma Steimbourg se posaban con visible
+complacencia sobre la rosada nariz del dichoso millonario.</p>
+
+<p>Los dos j&oacute;venes bailaron juntos todos los cotillones del invierno; por
+eso el mundo daba ya por descontada su boda. Una noche, a la salida del
+Teatro Italiano, el anciano marqu&eacute;s de Villemaurin detuvo en el
+peristilo a L'Ambert.</p>
+
+<p>&mdash;Y bien, amigo m&iacute;o&mdash;le dijo,&mdash;&iquest;cu&aacute;ndo celebr&aacute;is vuestras bodas?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or marqu&eacute;s, si es la primera noticia que tengo sobre ese
+particular.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esper&aacute;is, por ventura, que os pidan vuestra mano? &iexcl;Al hombre toca
+hablar, qu&eacute; demontre! El joven duque de Lignant, un verdadero caballero
+y un excelente muchacho, no ha esperado a que yo le ofreciese mi hija:
+ha venido, ha agradado, y se acab&oacute;. De hoy en ocho d&iacute;as firmaremos el
+contrato. Ya sab&eacute;is, querido amigo, que es asunto que os ata&ntilde;e.
+Permitidme que acompa&ntilde;e a esas se&ntilde;oras hasta el coche, y nos acercaremos
+al c&iacute;rculo. Por el camino hablaremos. Pero cubr&iacute;os, &iexcl;qu&eacute; diablo! No
+hab&iacute;a visto que permanec&iacute;ais con el sombrero en la mano. &iexcl;Cuando menos
+se piensa se atrapa un resfriado!</p>
+
+<p>El anciano y el joven caminaron del brazo hasta el bulevar, uno hablando
+y el otro prest&aacute;ndole atenci&oacute;n. Y L'Ambert entr&oacute; en su casa dispuesto a
+redactar el contrato de matrimonio de la se&ntilde;orita Carlota Augusta de
+Villemaurin. Pero hab&iacute;a pillado un terrible constipado, que no le
+permiti&oacute; hacer nada. El acta fue redactada por su oficial mayor,
+revisada por los encargados de los negocios de ambas familias, y
+transcrita, por &uacute;ltimo, en un elegante cuaderno de papel timbrado, en el
+que no faltaban m&aacute;s que las firmas.</p>
+
+<p>Llegado el d&iacute;a, M. L'Ambert, esclavo de sus deberes, trasladose en
+persona al hotel de Villemaurin, a pesar de una persistente coriza que
+amenazaba saltarle los ojos de sus &oacute;rbitas. Sonose las narices por
+&uacute;ltima vez en la antec&aacute;mara, y los lacayos temblaron en sus asientos
+cual si hubiesen o&iacute;do la trompeta del juicio final.</p>
+
+<p>Un criado anunci&oacute; a M. L'Ambert. Llevaba puestas sus costosas gafas de
+oro, y sonre&iacute;a gravemente, cual conven&iacute;a en semejantes circunstancias.</p>
+
+<p>Con su historiada corbata, sus guantes impecables, sus zapatos de baile,
+el sombrero debajo del brazo izquierdo, y el contrato en la mano
+derecha, fue a presentar sus respetos a la marquesa, atraves&oacute; con
+modestia el c&iacute;rculo formado por los que la rodeaban, inclinose ante
+ella, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Che&ntilde;ora marquecha, aqu&iacute; teneich el contrato de boda de vuechtra
+che&ntilde;orita hija.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Villemaurin fij&oacute; en &eacute;l sus ojos espantados. Un ligero
+murmullo elevose entre los circunstantes. M. L'Ambert salud&oacute; de nuevo, y
+a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dioch m&iacute;o! che&ntilde;ora marquecha, que d&iacute;a tan felich va a cher echte para
+todoch!</p>
+
+<p>Una mano vigorosa asiole por el brazo izquierdo, haci&eacute;ndole girar sobre
+s&iacute; mismo. Volviose, y reconoci&oacute; al marqu&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Mi querido notario&mdash;le dijo &eacute;ste, arrastr&aacute;ndole hasta un rinc&oacute;n,&mdash;el
+carnaval permite indudablemente muchas cosas; pero recordad quien sois,
+y cambiad de tono si os place.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, che&ntilde;or marquech...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Otra vez!... Ya veis que soy paciente, pero os ruego no abus&eacute;is.
+Excusaos ante la marquesa, leednos el contrato de boda, y buenas noches.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero de qu&eacute; he de echcucharme, y por qu&eacute; echach buenach nochech?
+&iexcl;Cualquiera dir&iacute;a que he cometido una torpecha, che&ntilde;or m&iacute;o!</p>
+
+<p>El marqu&eacute;s no le respondi&oacute; una palabra; pero hizo se&ntilde;as a los criados
+que circulaban por el sal&oacute;n. Entreabriose la puerta, y escuchose una voz
+que gritaba en la antec&aacute;mara:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La servidumbre del se&ntilde;or L'Ambert! Aturdido, confuso, fuera de s&iacute;, el
+pobre millonario sali&oacute; haciendo reverencias en todas direcciones y no
+tard&oacute; en encontrarse en su carruaje, sin saber por qu&eacute; ni c&oacute;mo. Se
+golpeaba la frente, se arrancaba los cabellos y se pegaba pellizcos en
+los brazos para despertarse a s&iacute; mismo, por si, como cre&iacute;a, era juguete
+de un sue&ntilde;o. Pero no; no dorm&iacute;a; ve&iacute;a la hora que marcaba su reloj, le&iacute;a
+los nombres de las calles, a la claridad de las luces del gas, y
+reconoc&iacute;a las muestras de los establecimientos. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a dicho? &iquest;Qu&eacute;
+hab&iacute;a hecho? &iquest;Qu&eacute; conveniencias hab&iacute;a violado? &iquest;Qu&eacute; inconveniencia o qu&eacute;
+majader&iacute;a suya pod&iacute;a haber dado lugar a que le tratasen de aquel modo?
+Porque, en fin, la duda no era posible: en la casa del se&ntilde;or de
+Villemaurin lo hab&iacute;an puesto de patitas en la calle. &iexcl;Y el contrato de
+matrimonio estaba all&iacute;, en su mano! &iexcl;aquel contrato redactado con tan
+singular esmero, en tan brillante estilo, y cuya lectura no hab&iacute;a sido
+escuchada!</p>
+
+<p>Sin haber podido dar con la soluci&oacute;n a aquel problema, encontrose en el
+patio de su hotel. El rostro de su portero inspir&oacute;le una idea luminosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chinguet!&mdash;grit&oacute;.</p>
+
+<p>El escu&aacute;lido Singuet no se hizo llamar otra vez.</p>
+
+<p>&mdash;Chinguet, te dar&eacute; chien francoch chi me dichech la verdad; y chien
+puntapiech chi me ocultach alguna cocha.</p>
+
+<p>Singuet le mir&oacute; con sorpresa, y sonri&oacute; con timidez.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chonr&iacute;ech, dechalmado! &iquest;por qu&eacute;? &iexcl;Contechta encheguida!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;dijo el pobre diablo;&mdash;el se&ntilde;or dispensar&aacute;... que me haya
+permitido... pero el se&ntilde;or imita perfectamente el acento de Romagn&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El achento de Romagn&eacute;! &iquest;qui&eacute;n? &iexcl;yo! &iquest;Hablo como un auvernech?</p>
+
+<p>&mdash;Demasiado lo sabe el se&ntilde;or. Hace ya ocho d&iacute;as de esto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; echtach dichiendo, pollino? &iquest;c&oacute;mo he de chaber yo una cocha
+chemejante?</p>
+
+<p>Singuet elev&oacute; los ojos al cielo, pensando que su amo se hab&iacute;a vuelto
+loco; pero M. L'Ambert, aparte de aquel maldito acento, gozaba de la
+plenitud de todas sus facultades. Interrog&oacute; por separado a toda su
+servidumbre, y se persuadi&oacute; de su desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, infame aguador!&mdash;exclamaba,&mdash;&iexcl;ah, criminal! Echtoy cheguro de
+que habr&aacute; hecho alguna majader&iacute;a. Que vayan a buchcarle; pero no, que
+voy a buchcarle yo michmo.</p>
+
+<p>Corri&oacute; a pie hasta la casa de su protegido, subi&oacute; a saltos hasta el
+quinto piso, llam&oacute; sin lograr despertarle, y, enfurecido y col&eacute;rico, no
+encontrando otro expediente, forz&oacute; a empujones la puerta de la
+habitaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Che&ntilde;or L'Ambert!&mdash;exclam&oacute; Romagn&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tunante de auvernech!&mdash;respondiole el notario.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Che&ntilde;or m&iacute;o!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chinverg&uuml;encha!</p>
+
+<p>Ya eran dos a destrozar el idioma.</p>
+
+<p>La discusi&oacute;n prolongose por espacio de m&aacute;s de un cuarto de hora, en
+medio de la mayor algarab&iacute;a, sin que se aclarase el misterio. El uno se
+quejaba amargamente, como v&iacute;ctima; el otro se defend&iacute;a diciendo que era
+inocente.</p>
+
+<p>&mdash;Echp&eacute;rame aqu&iacute;&mdash;dijo, para acabar M. L'Ambert.&mdash;M. Bernier, el m&eacute;dico,
+me dir&aacute; echta noche michma lo que hach hecho.</p>
+
+<p>Despert&oacute; a M. Bernier, y le refiri&oacute;, con la consabida che, cuanto le
+hab&iacute;a ocurrido aquella noche.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho ruido y pocas nueces&mdash;le contest&oacute; el doctor, riendo de buena
+gana.</p>
+
+<p>&mdash;Romagn&eacute; es inocente; la culpa es toda vuestra. Permanecisteis con la
+cabeza descubierta a la salida de los Italianos: de ah&iacute; procede todo el
+mal. Padec&eacute;is un fuerte ataque de coriza, y habl&aacute;is por la nariz: por
+eso os expres&aacute;is en auvern&eacute;s. Esto es muy l&oacute;gico. Volved a vuestra casa,
+aspirad bastante ac&oacute;nito, conservad los pies calientes y la cabeza
+abrigada y, en lo sucesivo, adoptad toda clase de precauciones contra
+los constipados, pues ya sab&eacute;is cu&aacute;les han de ser para vos sus
+consecuencias.</p>
+
+<p>El desdichado notario regres&oacute; a su hotel maldiciendo como un condenado.</p>
+
+<p>&mdash;De manera&mdash;pensaba;&mdash;que mis precauciones resultan infructuosas. Por
+mucho que me esmere en mantener y vigilar a ese bellaco de aguador, me
+jugar&aacute; constantes trastadas, y ser&eacute; siempre su v&iacute;ctima, sin poderle
+acusar nunca de nada; &iquest;a qu&eacute; entonces, tantos gastos? Se acab&oacute;: ya estoy
+cansado: economizar&eacute; su pensi&oacute;n.</p>
+
+<p>Y dicho y hecho. Al d&iacute;a siguiente, cuando el pobre Romagn&eacute; vino, todav&iacute;a
+aturdido, a cobrar la pensi&oacute;n de la semana, lo ech&oacute; a la calle Singuet,
+y anunciole que no har&iacute;an nada por &eacute;l en lo sucesivo. Encogiose de
+hombros el auvern&eacute;s, a fuer de hombre que, sin haber le&iacute;do las ep&iacute;stolas
+de Horacio, practica el <i>Nil admirari</i> por instinto. Singuet, que lo
+quer&iacute;a bien, preguntole a qu&eacute; pensaba dedicarse, contest&aacute;ndole &eacute;l que
+buscar&iacute;a trabajo. Al fin y al cabo, aquella forzada ociosidad le aburr&iacute;a
+demasiado.</p>
+
+<p>M. L'Ambert san&oacute; de su coriza y alegrose de haber borrado de su
+presupuesto la partida correspondiente a Romagn&eacute;. Ning&uacute;n otro accidente
+vino a interrumpir despu&eacute;s el curso de su dicha. Hizo las paces con el
+marqu&eacute;s de Villemaurin y con toda su clientela del faubourg, a la que
+hab&iacute;a escandalizado bastante. Libre de toda inquietud, pudo abandonarse,
+feliz, por la dulce pendiente que le conduc&iacute;a, sobre rosas, hacia la
+dote de la se&ntilde;orita Steimbourg. &iexcl;Afortunado L'Ambert! le abri&oacute; su
+coraz&oacute;n de par en par, y mostrole los sentimientos leg&iacute;timos y puros que
+lo llenaban por completo. La bella y avisada muchacha tendiole la mano a
+la inglesa, y le dijo con desparpajo:</p>
+
+<p>&mdash;Negocio concluido. Mis padres est&aacute;n de acuerdo conmigo; ya os dar&eacute; mis
+instrucciones para la canastilla de boda. Procuremos abreviar todas las
+formalidades para poder marcharnos a Italia antes de que termine el
+invierno.</p>
+
+<p>El amor prestole sus alas. Compr&oacute;, sin regatear, la canastilla,
+encomend&oacute; a los tapiceros la tarea de alhajar el cuarto de su se&ntilde;ora,
+encarg&oacute; un coche nuevo, eligi&oacute; dos caballos alazanes de la m&aacute;s rara
+belleza, y aliger&oacute; la publicaci&oacute;n de las amonestaciones. El banquete de
+despedida de soltero que ofreci&oacute; a sus camaradas, inscrito est&aacute; con
+letras de oro en los fastos del Caf&eacute; Ingl&eacute;s. Sus amantes recibieron su
+postrer adi&oacute;s, y sus correspondientes brazaletes, con mal contenida
+emoci&oacute;n.</p>
+
+<p>Los partes de casamiento anunciaban que la bendici&oacute;n nupcial tendr&iacute;a
+efecto el d&iacute;a 3 de marzo, a la una en punto, en la iglesia de Santo
+Tom&aacute;s de Aquino. In&uacute;til parece advertir que se hab&iacute;a colgado el altar y
+se hab&iacute;a engalanado el templo como en las bodas de primera categor&iacute;a.</p>
+
+<p>El d&iacute;a 3 de marzo, a las ocho de la ma&ntilde;ana, despertose espont&aacute;ncamente
+L'Ambert, sonri&oacute; satisfecho a los primeros rayos del sol que penetraron
+alegres por su entreabierta ventana, tom&oacute; el pa&ntilde;uelo de debajo de la
+almohada, y se lo llev&oacute; a la nariz a fin de esclarecer sus ideas. Pero
+el pa&ntilde;uelo de batista s&oacute;lo encontr&oacute; el vac&iacute;o: la nariz ya no exist&iacute;a.</p>
+
+<p>El notario fue de un salto a mirarse en el espejo. &iexcl;Horror y maldici&oacute;n!
+como dicen en las novelas de la antigua escuela. Se vio tan desfigurado
+como el d&iacute;a que volvi&oacute; de Parthenay. Correr a su lecho, registrar
+cobertores y s&aacute;banas, mirar por detr&aacute;s de la cama, sondar los colchones
+y el somier, sacudir los muebles pr&oacute;ximos, y poner patas arriba cuanta
+cosa hab&iacute;a en el cuarto, fue obra de pocos instantes.</p>
+
+<p>&iexcl;Pero nada! &iexcl;nada! &iexcl;nada!</p>
+
+<p>Colgose del cord&oacute;n de la campanilla, pidi&oacute; auxilio a sus criados y jur&oacute;
+echarlos a todos, como a perros, si no encontraban la nariz. &iexcl;In&uacute;til
+amenaza! La nariz era m&aacute;s imposible de encontrar que la C&aacute;mara de 1816.</p>
+
+<p>Dos horas transcurrieron en medio de la agitaci&oacute;n, el desorden y el
+ruido.</p>
+
+<p>Y entretanto, el se&ntilde;or de Steimbourg se vest&iacute;a su levita gris con
+botones de oro; la se&ntilde;ora de Steimbourg, en traje de gran gala, dirig&iacute;a
+a dos doncellas y tres modistas, que iban y ven&iacute;an y giraban sin cesar
+en torno de la bella Irma. La blanca novia, embadurnada en polvos de
+arroz, como un pez antes de ser introducido en la sart&eacute;n, temblaba de
+impaciencia y maltrataba a todo el mundo con admirable imparcialidad. Y
+el alcalde del distrito d&eacute;cimo, con su faja reglamentaria, pase&aacute;base por
+un gran sal&oacute;n vac&iacute;o preparando una improvisaci&oacute;n. Y los mendigos
+privilegiados de Santo Tom&aacute;s de Aquino expulsaban a cajas destempladas a
+dos o tres intrigantes, llegados de no s&eacute; d&oacute;nde, con objeto de
+disputarles sus limosnas. Y M. Enrique Steimbourg, que mascaba un
+cigarro, hac&iacute;a ya media hora, en el fumador de su padre, extra&ntilde;&aacute;base de
+que su querido Alfredo no hubiese llegado a&uacute;n.</p>
+
+<p>Por fin perdi&oacute; la paciencia, corri&oacute; a la calle de Sartine, y encontr&oacute; a
+su futuro cu&ntilde;ado lleno de desesperaci&oacute;n y de l&aacute;grimas. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a
+decirle, para consolarle, de semejante desgracia? Paseose largo rato en
+torno suyo, repitiendo sin cesar:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demonio! &iexcl;demonio! &iexcl;demonio!</p>
+
+<p>Se hizo referir dos veces el fatal acontecimiento, e intercal&oacute; en la
+conversaci&oacute;n algunas sentencias filos&oacute;ficas.</p>
+
+<p>&iexcl;Y el maldito cirujano sin venir! Hab&iacute;an ido a avisarle con urgencia, a
+su casa, al hospital, a todas partes. Lleg&oacute; por fin, y comprendi&oacute; a
+primera vista que Romagn&eacute; hab&iacute;a muerto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo sospechaba&mdash;exclam&oacute; el notario, llorando con mayor amargura, si es
+posible.&mdash;&iexcl;Bestia de Romagn&eacute;! &iexcl;Criminal!</p>
+
+<p>Esta fue la oraci&oacute;n f&uacute;nebre del desdichado auvern&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, doctor, &iquest;qu&eacute; haremos?</p>
+
+<p>&mdash;Buscar otro Romagn&eacute;, y repetir la operaci&oacute;n; pero ya hab&eacute;is
+experimentado los inconvenientes de este sistema, y, si quer&eacute;is creerme,
+ser&aacute; mucho mejor que recurramos al m&eacute;todo indio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A cortarme la piel de la frente? &iexcl;eso jam&aacute;s! Prefiero mandarme hacer
+una nariz de plata.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy d&iacute;a se fabrican bien elegantes, por cierto&mdash;dijo el doctor.</p>
+
+<p>&mdash;Resta saber si la se&ntilde;orita Irma consentir&iacute;a en dar su mano a un
+inv&aacute;lido con la nariz de plata. Enrique, amigo m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; os parece?</p>
+
+<p>Agach&oacute; Enrique Steimbourg la cabeza, y nada respondi&oacute;. Fuese a comunicar
+la noticia a su familia y a recibir &oacute;rdenes de su hermana. Irma adopt&oacute;
+un gesto heroico al saber la desgracia de su prometido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Os imagin&aacute;is&mdash;exclam&oacute;,&mdash;que me caso con el notario por su cara? &iexcl;Para
+eso me hubiera casado con mi primo Rodrigo, que, aunque menos rico, es
+mucho m&aacute;s guapo que &eacute;l! Doy mi mano a M. L'Ambert porque es un hombre
+galante, que ocupa una posici&oacute;n envidiable en el gran mundo; por su
+car&aacute;cter, sus caballos, su hotel, su talento, su sastre; todo en &eacute;l me
+agrada y me encanta. Por otra parte, ya estoy vestida de novia, y, de no
+verificarse el matrimonio, padecer&iacute;a mi reputaci&oacute;n. Corramos a su casa,
+madre m&iacute;a; &iexcl;lo aceptar&eacute; tal cual es!</p>
+
+<p>Pero cuando se hall&oacute; presencia del mutilado, cesaron sus entusiasmos.
+Desplomose desmayada, y, cuando recobr&oacute; el conocimiento, rompi&oacute; a llorar
+copiosamente.</p>
+
+<p>En medio de sus sollozos, oyose un grito que parec&iacute;a partir de lo m&aacute;s
+profundo del alma:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Rodrigo!&mdash;exclam&oacute;,&mdash;&iexcl;que injusta he sido contigo!</p>
+
+<p>M. L'Ambert permaneci&oacute; soltero. H&iacute;zose fabricar una nariz de plata
+esmaltada, cedi&oacute; su bufete a su oficial mayor, y compr&oacute; una casita, de
+modesta apariencia, cerca de los Inv&aacute;lidos. Algunos buenos amigos
+alegraron su morada. Proveyose de una bodega abundante y bien surtida, y
+se consol&oacute; como pudo. Las botellas m&aacute;s preciadas de Ch&acirc;teau-Yquen, y las
+mejores cosechas de la hacienda Vougeot son para &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Poseo un privilegio sobre todos los dem&aacute;s hombres&mdash;suele decir a
+veces, bromeando;&mdash;&iexcl;puedo beber cuanto me venga en gana sin que se me
+enrojezca la nariz!</p>
+
+<p>Ha permanecido fiel siempre a sus principios pol&iacute;ticos: lee los buenos
+peri&oacute;dicos, y hace votos por el triunfo de Chiavone; pero no le env&iacute;a
+dinero. El placer de amontonar luises le produce una dicha incalculable.
+Vive entre dos vinos y entre dos millones.</p>
+
+<p>Una noche de la semana pasada, en que caminaba despacio, con el bast&oacute;n
+en la mano, por una de las aceras de la calle de Ebl&eacute;, lanz&oacute;
+inopinadamente un grito de sorpresa. &iexcl;La sombra de Romagn&eacute;, vestido de
+pana azul, hab&iacute;ase erguido ante &eacute;l!</p>
+
+<p>&iquest;Era realmente su sombra? Las sombras no llevan nada, y &eacute;sta llevaba una
+cesta en la extremidad de un palo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Romagn&eacute;!&mdash;gritole el notario.</p>
+
+<p>El otro levant&oacute; la mirada, y respondi&oacute; con su voz reposada y tranquila:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buenach nochech, che&ntilde;or L'Ambert!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hablas, luego vives!&mdash;dijo &eacute;ste.</p>
+
+<p>&mdash;Chiertamente que vivo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miserable!... &iquest;qu&eacute; has hecho de mi nariz?</p>
+
+<p>Y, mientras se expresaba de este modo, hab&iacute;ale agarrado por el cuello, y
+lo sacud&iacute;a bruscamente.</p>
+
+<p>El auvern&eacute;s desasiose con trabajo, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dejadme, por piedad, que no puedo defenderme! &iquest;No obchervaich que
+choy manco? Cuando me chuprimichteich la penchi&oacute;n, coloqu&eacute;me en el
+taller de un mec&aacute;nico, y hube de dejarme el brazo tomado en un
+engranaje!</p>
+
+<h3>FIN</h3>
+
+<hr class="full" />
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO ***
+
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+works. See paragraph 1.E below.
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+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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