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diff --git a/26404-8.txt b/26404-8.txt new file mode 100644 index 0000000..9c9ce8d --- /dev/null +++ b/26404-8.txt @@ -0,0 +1,3499 @@ +The Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: La nariz de un notario + +Author: Edmond About + +Translator: Carlos De Pineda + +Release Date: August 23, 2008 [EBook #26404] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO *** + + + + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + + + + + + + + +BIBLIOTECA de LA NACION + +EDMUNDO ABOUT + +LA NARIZ DE UN NOTARIO + +TRADUCCIÓN DE CARLOS DE PINEDA + +BUENOS AIRES + +1916 + +Derechos reservados + +Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires + + + + +INDICE + + +I.--El oriente y el occidente se acometen: la sangre corre ya. + +II.--La caza del gato. + +III.--Donde defiende el notario su pellejo con más éxito. + +IV.--Chebachtián Romagné. + +V.--Grandeza y decadencia. + +VI.--Historia de unas gafas y consecuencias de un catarro nasal. + + + + +A M. ALEJANDRO BIXIO + + +Permitidme, señor, que encabece este humilde trabajo con el nombre +ilustre y querido de un hombre que ha consagrado toda su vida a la causa +del progreso; de un padre que ha ofrecido sus dos hijos a la liberación +de Italia; de un amigo que se ha apresurado a darme una prueba de +simpatía al siguiente día de _Gaetana_. + +E. A. + + + + +LA NARIZ DE UN NOTARIO + + + + +I + +EL ORIENTE Y EL OCCIDENTE SE ACOMETEN: LA SANGRE CORRE YA + + +Maese Alfredo L'Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le obligó a +cambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario más notable de +Francia. En la época aquella contaba treinta y dos años; era de elevada +estatura, y poseía unos ojos grandes y rasgados, una frente despejada y +olímpica, y su barba y sus cabellos eran de un rubio admirable. Su nariz +(la parte más prominente de su cuerpo), se retorcía majestuosa en forma +de pico de águila. Aunque alguno no me crea, su nítida corbata blanca le +sentaba a maravilla. ¿Era debido esto a que la usaba desde su más tierna +infancia, o porque se surtía de ellas en alguna tienda afamada? Yo opino +que eran ambas razones a un tiempo. + +Una cosa es atarse en torno del cuello un pañuelo de bolsillo blanco, +hecho una torcida, y otra muy distinta formar, con arte y perfección, un +espléndido nudo de inmaculada batista, cuyas puntas iguales, almidonadas +sin exceso, se dirigen simétricamente a derecha e izquierda. Una corbata +blanca elegida con acierto y anudada con esmero no es un adorno sin +gracia; todas las mujeres os dirán lo mismo que yo. Pero no basta +anudársela con maestría y con primor; es preciso, además, saberla +llevar; esto es cuestión de práctica. ¿Por qué parecen los obreros tan +torpes y desmañados el día que se casan? Porque suelen colocarse para el +acto de la boda una corbata blanca sin previa preparación. + +Se acostumbra uno en seguida a llevar los más exorbitantes tocados: una +corona por ejemplo. El soldado Bonaparte recogió una que el rey de +Francia había dejado caer en la plaza de Luis XV: colocósela él mismo, +sin que nadie le hubiese dado lecciones, y Europa declaró que aquel +tocado no le sentaba muy mal. Animado por el éxito, no tardó en +introducir la moda de las coronas en el círculo de su familia y de sus +íntimos. Todos los que le rodeaban se la encasquetaron, o así lo +pretendieron por lo menos. Pero este hombre extraordinario no pasó nunca +de ser un porta-corbatas mediocre. El vizconde de C***, autor de varios +poemas en prosa, había estudiado bien la diplomacia, o sea el arte de +ponerse la corbata con fruto. + +Asistió, en 1815, a la revista de nuestro último ejército, algunos días +antes de la campaña de Waterloo; y, ¿sabéis lo que más llamó su atención +en aquella fiesta heroica en que se desbordó el entusiasmo desesperado +de un gran pueblo? Que la corbata de Napoleón no estaba bien anudada. + +Pocos hombres, en este terreno pacífico, hubiera podido medirse con +maese Alfredo L'Ambert. Se firmaba L'Ambert, y no Lambert, en virtud de +un acuerdo del Consejo de Estado. El señorito L'Ambert, sucesor de su +padre, ejercía de notario por derecho de herencia. Hacía más de dos +siglos que esta ilustre familia se transmitía, de varón en varón, el +estudio de la calle de Verneuil con la más elevada clientela del +faubourg Saint-Germain. + +El cargo no había sido cotizado, toda vez que jamás había salido de la +familia; pero, a juzgar por los beneficios de los cinco últimos años, no +era posible evaluarlo en menos de trescientos mil escudos. Es decir, que +producía un promedio anual de unas noventa mil libras. Desde hacía más +de dos siglos todos los primogénitos de la familia habían sabido llevar +la corbata blanca con tanta desenvoltura como llevan los cuervos sus +mejores plumas negras, los borrachos su amoratada nariz, o los poetas +sus raídas vestimentas. Heredero legítimo de un nombre y de una fortuna, +el joven Alfredo había mamado en los pechos de su madre la elegancia y +distinción, al par que los buenos principios. Despreciaba tanto como se +merecen las innovaciones políticas introducidas en Francia a partir de +la catástrofe de 1879. A su juicio, la nación francesa componíase de +tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano. Opinión respetable +y compartida hoy aún por un reducido número de senadores. Se colocaba +modestamente a sí mismo en uno de los primeros puestos del estado llano, +no sin sustentar ciertas pretensiones secretas de formar con la nobleza. +Sentía un profundo desprecio hacia el grueso de la nación francesa, ese +hacinamiento de obreros y campesinos que recibe el nombre de pueblo, o +de vil plebe. Procuraba rozarse con él todo lo menos posible, por +respeto a su amable persona, a quien cuidaba y quería con pasión. Sano, +esbelto y vigoroso como un sollo de río, estaba convencido de que +aquella gentuza era una especie de morralla creada por la Providencia +expresamente para nutrir a los señores sollos. + +Hombre, por lo demás, agradable, como todos los egoístas; estimado en +el Palacio, en el círculo, en la cámara de notarios, en las conferencias +de San Vicente de Paúl y en la sala de armas; buen tirador de punta y de +contrapunta; excelente bebedor y amante generoso, mientras tenía el +corazón interesado; amigo fiel de los hombres de su rango; acreedor +bondadoso, mientras cobraba los intereses de su capital; delicado en sus +gustos, atildado en el vestir, limpio como un luis de nuevo cuño, y +asiduo concurrente los domingos a los oficios de Santo Tomás de Aquino, +y los lunes, miércoles y viernes a la Opera: hubiera sido el más +perfecto _gentleman_ de su época, así en lo físico como en lo moral, a +no ser por una deplorable miopía que le condenaba a usar gafas. ¿Será +necesario agregar que sus gafas eran de oro y las más finas, ligeras y +elegantes que salieron jamás de los talleres del celebre Mateo Luna, +del muelle de los Plateros? + +No las llevaba siempre puestas, colocándoselas tan sólo en su despacho, +o en casa de sus clientes, cuando tenía que leer alguna escritura. No es +necesario decir que los lunes, miércoles y viernes, al entrar en el +templo de la danza, tenía muy buen cuidado de desenmascarar sus bellos +ojos. Ningún cristal bicóncavo velaba en semejantes ocasiones, el brillo +encantador de sus pupilas. Es muy cierto que no veía gota, y que +saludaba a veces a una figuranta tomándola por una estrella; pero +marchaba siempre con el aire resuelto de un Alejandro al entrar en +Babilonia. Por eso las muchachas del cuerpo de baile, que se complacen +en poner remoquetes a las personas, lo habían bautizado con el +sobrenombre de _Vencedor_. Un turco muy grueso, secretario de la +embajada de su país, era conocido entre ellas por el mote de +_Tranquilo_; un consejero de Estado se llamaba _Melancólico_; un +secretario general del ministerio de***, muy vivo y bullidor, era +conocido por _M. Turlu_, y por eso Elisita Champagne, conocida también +por Champagne II, recibió el nombre de _Turlurette_ cuando salió de los +corifeos para elevarse al rango de sujeto. + +El párrafo precedente va a dar mucho que pensar a mis lectores de +provincias (si es que tengo la suerte de que este relato traspase alguna +vez las fortificaciones de París). Oyendo estoy desde aquí las miles de +preguntas que dirigen al autor mentalmente. «¿Qué se entiende por el +templo de la danza? ¿Y por cuerpo de baile? ¿Y por estrellas de la +Opera? ¿Y por corifeos? ¿Y por sujetos? ¿Y por figurantas? ¿Qué +secretarios generales son esos que se codean con tales gentes, a trueque +de que les pongan remoquetes? Y, en fin, ¿por qué extraño azar un hombre +de posición y sólidos principios, como el señorito Alfredo L'Ambert, +asistía tres veces por semana al templo de la danza?» + +¡Bah, queridos amigos! precisamente porque era un hombre de posición y +de sólidos principios. El templo de la danza era, en aquellos tiempos, +un amplio salón cuadrado, rodeado de viejas banquetas de terciopelo +rojo, en el que se daban cita los hombres más distinguidos de París. A +él concurrían no solamente los banqueros, los secretarios generales y +los consejeros de Estado, sino hasta duques y príncipes, diputados y +prefectos, y los senadores más partidarios del poder temporal del Papa; +sólo faltaban los prelados. Veíanse en él ministros casados, y hasta +los más casados de todos los ministros. Al decir que se veían no quiero +significar que los he visto yo mismo; desde luego comprenderéis que los +pobres periodistas no entraban en aquel lugar como en el molino. Un +ministro tenía en sus manos las llaves de aquel salón de las Hespéridos, +y nadie podía penetrar en él sin la venia de Su Excelencia. ¡Por eso +tenían que ver las rivalidades, los celos y las intrigas! ¡Cuántos +gabinetes han sido derribados bajo los más diversos pretextos, pero, en +el fondo, porque todos los hombres de Estado tenían la pretensión de +reinar en el templo de la danza! ¡No os imaginéis, sin embargo, que +todos estos personajes acudían a aquel lugar atraídos por el cebo de los +placeres ilícitos! Su intención se limitaba a fomentar un arte +eminentemente aristocrático y político. + +El transcurso de los años es posible que haya hecho cambiar todo esto, +porque las aventuras del señorito L'Ambert no datan de la semana pasada. +No quiere decir esto, sin embargo, que se remonten a ninguna época +antidiluviana; pero razones de alta conveniencia impídenme precisar la +fecha exacta en que este funcionario ministerial cambió su nariz +aguileña por una nariz recta. Por eso he dicho _en aquellos tiempos_, +hablando de una manera vaga como los fabulistas. Contentaos con saber +que la acción tiene lugar en cierta época de los anales del mundo, +comprendida entre el incendio de Troya por los griegos y el del palacio +de estío, de Pekín, por el ejército inglés: dos memorables etapas de la +civilización europea. + +Un contemporáneo y cliente del señorito L'Ambert, el marqués de +Ombremule, decía en el Café Inglés cierta noche: + +--Lo que nos distingue del común de los hombres es el fanatismo que +sentimos por el baile. La canalla se desvive por la música. Se cansa de +aplaudir cuando escucha las óperas de Rossini, de Donizetti y de Auber: +diríase que un millón de notas, revueltas en sabrosa ensalada, tiene un +no sé qué que halaga los oídos de esas gentes. Llevan su ridiculez hasta +el extremo de cantar ellos mismos, con sus roncas y estridentes voces, y +la policía les permite que se reúnan en ciertos anfiteatros para +destrozar algunas arias. ¡Buen provecho les haga! En cuanto a mí, jamás +me detengo a escuchar una ópera; me contento con mirarla; voy a ver la +parte plástica, que es la única que me divierte, y me marcho después. Mi +respetable abuela me ha contado que todas las damas encopetadas de su +tiempo sólo iban a la Opera atraídas por el baile, y no regateaban sus +aplausos a los bailadores. Nosotros, a nuestra vez, protegemos a las +bailarinas: ¡maldito él que piense mal! + +La duquesita de Biétry, joven, linda y olvidada, tuvo la debilidad de +reprochar a su esposo los hábitos que había aprendido en la Opera: + +--¿No os da vergüenza de abandonarme en un palco, con todos vuestros +amigos, para correr no sé adónde? + +--Señora--respondiole él,--cuando se tienen fundadas esperanzas de +lograr una embajada, ¿no es lo más natural que estudiemos la política? + +--Convenido; pero creo que habrá en París mejores escuelas para ello. + +--Ninguna. Aprended, querida mía, que la danza y la política son +hermanas gemelas. El tratar de agradar constantemente, el cortejar al +público, y tener siempre el ojo fijo sobre el director de orquesta, y +refrenar su propio semblante, y cambiar a cada instante de traje y de +color, y saltar de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, y +volverse con rapidez, y caer nuevamente de pie, y sonreír, en fin, con +los ojos llenos de lágrimas, ¿no es, acaso, dicho en pocas palabras, el +programa del baile y la política? + +La duquesa sonrió, perdonó y se echó un amante. + +Los grandes señores, como el duque de Biétry, los hombres de Estado como +el barón de F..., los grandes millonarios como el diminuto señor St..., +y los simples notarios como el héroe de esta historia, codeábanse en el +templo de la danza y entre los bastidores del teatro. Ante la sencillez +e ignorancia de estas ochenta ingenuas que componen el cuerpo de baile, +son iguales todos ellos. Se les conoce con el nombre de abonados, se les +sonríe gratuitamente, se cuchichea con ellos en los rincones, se aceptan +sus confites, y hasta sus diamantes, como galanterías sin consecuencias +y que a nada comprometen a las que los reciben. La gente se imagina sin +razón que es la Opera un mercado de placeres y una escuela de +libertinaje. Nada de eso: se encuentran allí virtudes en mayor número +que en ningún otro teatro de París. ¿Por qué? porque la virtud es allí +más apreciada que en ninguna otra parte. + +¿No es cosa interesante el estudiar de cerca este pequeño pueblo de +jóvenes, casi todas ellas de humildísima procedencia, y a quienes el +talento o la belleza pueden elevar en un momento a las más encumbradas +esferas del arte? Muchachitas de catorce a diez y seis años de edad, la +mayor parte de ellas alimentadas con pan seco y con manzanas verdes en +una buhardilla de obreros o en la garita de un portero, vienen al teatro +con vestidos de tartán y con zapatos viejos, y su primer cuidado es +correr a mudarse de traje, sin que nadie pueda notarlo. Un cuarto de +hora después, bajan al templo de la danza esplendorosas, radiantes, +cubiertas de seda, de gasas y de flores, todo a costa del Estado, y más +brillantes que los ángeles, las hadas y las huríes de nuestros sueños. +Los ministros y los príncipes les besan las manos y se manchan sus +irreprochables trajes negros con el albayalde que ellas llevan en los +brazos. Se recitan a sus oídos madrigales nuevos y viejos que sólo a +veces comprenden. Algunas suelen tener talento natural y da gusto +hablar con ellas. Estas no duran allí mucho tiempo. + +Un campanillazo indiscreto llama a las hadas al teatro; la muchedumbre +de abonados las acompaña la entrada del escenario, las retiene y +entretiene detrás de los bastidores móviles. Hay virtuoso de estos que +desafía la caída las decoraciones, las manchas de petróleo los quinqués +y los más diversos miasmas por el placer de oír murmurar a una vocecita +ronca estas encantadoras palabras: + +--¡Demonio! ¿Cómo me duelen los pies! + +Levántase el telón y las ochenta reinas efímeras mariposean gozosas bajo +las ardientes miradas de un público entusiasmado. Cada una de ellas ve, +o cree adivinar, dos, tres, diez adoradores más o menos conocidos. +¡Cuánto disfrutan mientras permanece levantado el telón! Se consideran +hermosas, están ataviadas ricamente, ven todos los gemelos fijos en sus +personas, sienten la admiración que producen y no tienen que temer los +silbidos ni la crítica. + +Por fin suenan las doce de la noche y cambia la decoración como en los +cuentos de hadas. La Cenicienta sube con su hermana mayor, o con su +madre, hacia las económicas cumbres de Batignolles o de Montmartre. ¡La +pobre cojea un poquito! El lodo inmundo salpica sus medias grises. La +excelente madre de familia que ha cifrado sus esperanzas todas en esta +querida hija, no cesa, durante el camino, de inculcarle sabias máximas +de moderación y moral. + +--Marcha siempre derecha por el camino de la vida, hija mía--le +dice,--¡cuidado con tropezar! Mas si el implacable destino te tiene +deparada esa desgracia, ¡cuida mucho de caer sobre un lecho de rosas! + +No siempre son escuchados estos prudentes consejos. A veces el corazón +puede más que la cabeza, y se han visto bailarinas casadas con +bailadores. Se dan casos de jóvenes, bellas como la Venus de Anadyomene, +renunciar a cien mil francos en joyas por unirse ante el altar con un +empleado de dos mil. Otras abandonan a la suerte el cuidado de su +porvenir y labran la desesperación de sus familias. Unas esperan a que +llegue el 10 de abril para disponer de su corazón, porque se han jurado +a sí mismas a ser juiciosas hasta los diez y siete años. Otras +encuentran un protector de su gusto y no se atreven a confesárselo: +temen la venganza de un consejero refrendario que ha jurado matarla, y +suicidarse en seguida, si ama a otro que no sea él. Claro que lo ha +dicho en broma, como podréis comprender; pero en este mundo especial se +toman las palabras en serio. ¡Qué supina ignorancia y sencillez es la de +estas muchachas! Hay quien ha oído disputar a dos jóvenes de diez y seis +años sobre la nobleza de su origen y la categoría social de sus +respectivas familias. + +--¡Miren la impertinente!--decía la mayor de ellas;--¡los aretes de su +madre son de plata y los de mi padre de oro! + +Maese Alfredo L'Ambert, después de haber andado mariposeando mucho +tiempo de la morena a la rubia, había acabado por prendarse de una linda +trigueña de ojos azules. La señorita Victorina Tompam era honesta, como +se es generalmente en la Opera, hasta que se deja de serlo. +Excelentemente educada, por otra parte, era incapaz de adoptar una +resolución extrema sin antes consultar a sus padres. De unos seis meses +acá, se veía constantemente asediada muy de cerca por el apuesto notario +y por Ayvaz-Bey, el corpulento turco de veinticinco años de edad, a +quien hemos dicho que designaban con el remoquete de _Tranquilo_. Ambos le +habían espetado muy razonados discursos, en los que su porvenir jugaba +papel importante. La respetable señora Tompain había logrado, sin +embargo, que su hija se conservase en un justo medio, esperando que uno +de los rivales se decidiese a plantear el asunto en forma de negocio. El +turco era un buen muchacho, honrado, decente y tímido. Esto no obstante, +habló al fin, y fue escuchado. + +Todo el mundo tuvo noticia en seguida de este pequeño contecimiento, +excepto el señorito L'Ambert, que había marchado al Poitou, con objeto +de asistir al entierro de un tío suyo. Cuando volvió a la Opera, la +señorita Victorina Tompain poseía un brazalete de brillantes, unas +dormilonas de brillantes, y un corazón también de brillantes, pendiente +de su cuello a manera de araña de salón. Ya hemos dicho al principio que +el notario era miope; así es que no pudo ver nada de lo que debía haber +notado en seguida, ni aun siquiera las sonrisas picarescas con que fue +acogido a su entrada. Anduvo dando vueltas de un lado para otro, +charlando sin cesar alegremente, y deslumbrando a todo el mundo, como +siempre, con su proverbial elegancia, esperando con impaciencia la +terminación del baile y la salida de las jóvenes. Habíanse cumplido sus +cálculos: el porvenir de la señorita Victorina se hallaba asegurado, +gracias a su excelente tío de Poitiers, que había tenido la inmejorable +idea de morirse en el momento más oportuno. + +Lo que se conoce en París con el nombre de pasaje de la Opera es una red +de galerías más o menos estrechas, más o menos alumbradas, de muy +diversos niveles, que unen el bulevar, y las calles Lepeletier, Drouot y +Rossini. Un largo corredor, descubierto en su mayor parte, se extiende, +desde la calle Drouot a la calle Lepeletier, normalmente a las galerías +del Barómetro y del Reloj. En su parte más baja, a dos pasos de la calle +Drouot, ábrese la puerta falsa del teatro, la entrada nocturna de los +artistas. Cada dos días, a eso de la media noche, una oleada de +trescientas o cuatrocientas personas pasa tumultuosa ante los ojos +vivarachos del digno papá Monge, conserje de este paraíso. Maquinistas, +comparsas, figurantas, coristas, bailarines y bailarinas, tenores y +sopranos, autores, compositores, administradores y abonados salen juntos +a la calle en confuso torbellino. Los unos bajan hacia la calle Drouot, +los otros suben la escalera que conduce, por una galería descubierta, a +la calle Lepeletier. + +A mitad del pasaje descubierto, al extremo de la galería del Barómetro, +Alfredo L'Ambert esperaba fumando un cigarrillo. Diez pasos más allá, un +hombrecillo redondo, con un fez escarlata, aspiraba a intervalos iguales +el humo de un cigarrillo de tabaco turco, del grueso de un dedo. +Alrededor de ellos, más de veinte pisaverdes, unos paseando nerviosos, +otros, con más calma, a pie firme, esperaban igualmente cada uno por su +lado. Y los cantantes atravesaban tarareando, y las sílfides, +arrastrando un poco el pie, pasaban cojeando, y, de minuto en minuto, +una sombra femenina, negra, parda o marrón, deslizábase entre los +escasos mecheros de gas, desconocida para todos, excepto para los ojos +del amor. + +Las parejas se reconocen, se abordan y se marchan sin despedirse de los +otros. Pero, ¿qué ocurre? he aquí un ruido extraño y un tumulto +inusitado. Dos sombras han pasado veloces, dos hombres han corrido, dos +fuegos de cigarro se han aproximado uno a otro; se han oído dos voces +exaltadas y el estruendo de una rápida querella. Los paseantes se han +amontonado en un punto; mas no han encontrado a nadie. Maese Alfredo +L'Ambert se dirige, completamente solo, hacia su carruaje, que le +aguarda en el bulevar; y a la luz de un farol lee, encogiéndose de +hombros, esta tarjeta de visita, salpicada de sangre: + + +AYVAZ-BEY + +SECRETARIO DE LA EMBAJADA OTOMANA + +_Calle de Granelle Saint-Germain, 100._ + + +Escuchad lo que iba diciendo entre dientes el atildado notario de la +calle de Verneuil: + +--¡Maldita aventura! ¡Que me lleve el diablo si sospechaba siquiera que +le hubiese dado derechos a este animal de turco!... porque, ¡vaya si lo +es!... Pero, ¿por qué no me habré puesto las gafas?... Parece que le he +pegado un puñetazo en la nariz... Sí, sin duda: su tarjeta está manchada +de sangre, y mi mano lo está también. Heme aquí frente a un turco por +una imperdonable torpeza; porque yo no tengo motivos para querer mal a +ese pobre muchacho... La chica, por otra parte, me es del todo +indiferente... ¡Que se la quede en buen hora! ¡Degollarse dos personas +decentes por la señorita Victorina Tompain!... El maldito puñetazo es lo +que no tiene arreglo... + +Esto decía entre dientes, entre sus treinta y dos dientes más blancos y +afilados que los de un lobo. Ordenó a su cochero que se retirase a casa, +y se dirigió, a paso lento, hacia el círculo de los Caminos de Hierro. +Allí encontró dos amigos y les refirió su aventura. El anciano marqués +de Villemaurin, antiguo capitán de la Guardia Real, y el joven Enrique +Steimbourg, agente de cambio, juzgaron unánimemente que el puñetazo lo +echaba a perder todo. + + + + +II + +LA CAZA DEL GATO + + +Un filósofo turco ha dicho: + +«No existen puñetazos agradables; pero los puñetazos en la nariz son los +más desagradables de todos.» + +Y el mismo pensador, añadió con razón en el capítulo siguiente: + +«Pegar a un enemigo delante de la mujer a quien ama, es pegarle dos +veces: le hieres en el cuerpo y en el alma.» + +He aquí por qué el paciente Ayvaz-Bey enrojecía de cólera mientras +acompañaba a la señorita Tompain y a su madre al piso que les había +amueblado. Despidiose de ellas a la puerta, subió con rapidez a un +carruaje, y se hizo conducir, derramando abundante sangre, a casa de su +colega y amigo Ahmed. + +Ahmed se hallaba entregado al sueño, bajo la salvaguardia de un negro +fiel; pero, si bien es verdad que está escrito: «No despertarás a tu +amigo cuando duerma», escrito está también: «Pero despiértale si hay +peligro para él o para ti», y se procedió a despertar al buen Ahmed. + +Este era un turco de elevada estatura, de unos treinta y cinco años de +edad, muy flaco y delicado, con largas piernas arqueadas; pero, por lo +demás, un muchacho excelente, dotado de talento natural. Por más que +digan, hay también gentes de mérito entre los turcos. Cuando descubrió +la cara ensangrentada de su amigo, empezó por hacerle traer una gran +aljofaina de agua fresca, porque está escrito: «No deliberes antes de +haber lavado tu sangre: tus pensamientos serían confusos e impuros.» + +Limpio ya, mas no tranquilo, contó Ayvaz a su amigo la aventura, +ardiendo en santa cólera. El negro que escuchaba su relato, ofreciose en +seguida a tomar su _kandjar_, e ir a matar a L'Ambert. Ahmed-Bey le dio +las gracias por sus buenas intenciones, y lo echó a puntapiés de la +estancia. + +--¿Y qué haremos ahora?--preguntó el bueno de Ayvaz;--¿qué haremos, +amigo mío? + +--Una cosa muy sencilla--replicó el interrogado:--mañana por la mañana +le cortaré la nariz. La ley del Talión está escrita: «Ojo por ojo, +diente por diente, nariz por nariz.» + +Advirtiole Ahmed que el Korán era, sin duda alguna, un buen libro; pero +que estaba ya un poco anticuado. Los principios del honor han cambiado +desde los tiempos de Mahoma. Aparte de que, aun queriendo, aplicar la +ley al pie de la letra, Ayvaz sólo tendría que devolver un puñetazo al +señor L'Ambert. + +--¿Con qué derecho le cortarías la nariz si él no te ha cortado la tuya? + +¿Pero quién sería capaz de hacer entrar en razón a un hombre joven a +quien acaban de apabullar la nariz en presencia de su amante? Ayvaz +sentía sed de sangre, y Ahmed tuvo que halagarle sus deseos. + +--Sea--le dijo.--Representamos a nuestro país en el extranjero, y no +debemos recibir una afrenta sin dar una gallarda prueba de valor. Pero, +¿cómo podrás batirte en duelo con el señor L'Ambert, con arreglo a la +costumbre de este país? Jamás has manejado una espada. + +--¿Qué haría yo con una espada? Quiero cortarle las narices, te repito, +y una espada no me serviría para eso... + +--Si al menos tirases bien con pistola... + +--Pero, ¿estás loco? ¿cómo habría de cortar a ese insolente las narices +con una pistola? Yo... ¡Sí, es cosa resuelta! Ve a entrevistarte con él, +y concierta el duelo para mañana. ¡Nos batiremos a sable! + +--Pero, desdichado, ¿qué harás tú con un sable? No dudo de tu valor, +pero te digo, sin que mis palabras te ofendan, que no tienes la fuerza +de Pons. + +--¡Qué importa eso! Levántate y ve a decirle que tenga a mi disposición +su nariz mañana por la mañana. + +El prudente Ahmed comprendió que no estaba su amigo para razonamientos, +y que tratar de disuadirlo sería en vano. ¿A qué predicar a un sordo +que se aferraba a su idea, como al poder temporal los pontífices +romanos? Vistiose, pues, Ahmed, y, acompañado del primer intérprete, +Osmán-Bey, que acababa de regresar del Círculo Imperial, hízose conducir +al hotel del señorito L'Ambert. La hora no podía ser menos oportuna, +pero Ayvaz no quería desperdiciar un solo instante. + +El dios de las batallas tampoco lo quería; por lo menos, todo induce a +creerlo así. En el momento en que el primer secretario iba a llamar a la +puerta de maese L'Ambert, tropezose con el enemigo en persona, que +regresaba a pie, conversando con sus dos testigos. + +Al divisar el señorito L'Ambert los bonetes encarnados de nuestros dos +personajes, comprendió a qué habían venido, saludolos cortésmente y +tomó la palabra con cierta altanería, no exenta de distinción. + +--Caballeros--les dijo,--como soy el único habitante de este hotel, no +temo equivocarme al suponer que me hacéis el honor de venir a mi +domicilio. Soy L'Ambert, si me permitís que me presente yo mismo. + +Llamó, empujó la puerta, atravesó el patio con sus cuatro acompañantes, +y los condujo a su despacho. Allí dieron sus nombres los dos turcos, +presentoles el notario a sus amigos, y se alejó para que pudiesen tratar +el asunto con entera libertad. + +En nuestro país no puede efectuarse ningún duelo sin contar con la +voluntad, o por lo menos con el consentimiento, de seis personas. En el +caso presente, sin embargo, había cinco que no lo deseaban. Injusto +sería decir que el señorito L'Ambert careciese de valor; pero no +ignoraba que un duelo semejante, con motivo de una bailarina de la +Opera, comprometería gravemente los prestigios de su bien acreditado +bufete. El marqués de Villemaurin, anciano refinado y persona +competentísima en materias de honor, dijo que el duelo es un acto noble +en el que todo, desde el principio hasta el fin de la partida, debe ser +extremadamente correcto. Ahora bien, un puñetazo en la nariz por una +señorita Victorina Tompain constituía el más ridículo comienzo que se +puede imaginar. Por otra parte, afirmó por su honor, que el señor +Alfredo L'Ambert no había visto a Ayvaz-Bey, ni había tenido intención +de pegarle a él ni a nadie. El señor L'Ambert había creído reconocer a +dos señoras, y se había acercado con viveza a saludarlas. + +Al llevarse la mano al sombrero, había dado un fuerte golpe, sin la +menor intención, a una persona que venía en sentido opuesto. Se trataba, +por lo tanto, de una imperdonable torpeza, de un incidente sencillo, sin +la menor importancia, que no pueden jamás constituir una ofensa. Dada la +posición social y educación de maese L'Ambert, no podía nadie suponerle +capaz de dar un puñetazo a Ayvaz-Bey. Su bien conocida miopía y la +semioscuridad del pasaje eran las culpables de todo. En fin, el señor +L'Ambert, accediendo a los deseos de sus testigos, estaba dispuesto a +declarar, en presencia de Ayvaz-Bey, que lamentaba muy de veras el +haberle causado daño de una manera completamente involuntaria. + +Este razonamiento, tan justo de por sí, acrecentó la autoridad, por +todos reconocida, del orador. Era el señor de Villemaurin uno de esos +caballerosos sujetos que parecen haber sido respetados por la muerte +para recordarnos los usos de las edades históricas en estos tiempos de +degeneración que atravesamos. Según su fe de bautismo, no contaba nada +más que setenta y nueve abriles; pero, por los hábitos y costumbres de +su cuerpo y de su espíritu, pertenecía sin duda al siglo xvi. Pensaba, +hablaba y obraba como si hubiese servido en el ejército de la Liga y +traído a mal traer al Bearnés. Realista convencido y católico austero, +era tan implacable en sus odios como apasionado en sus afecciones. Su +valor, su lealtad, su rectitud, y su caballerosidad hasta cierto punto +exagerada, causaban la admiración de la juventud inconsciente de hoy. +Nada le causaba risa, no le gustaban las bromas y le ofendían los +chistes por juzgarlos una falta de respeto. Era el menos tolerante, el +menos amable y el más honrado de todos los ancianos. Había acompañado a +Escocia a Carlos X, después de las jornadas de julio; pero se alejó de +Holy-Rood, al cabo de quince días, escandalizado de ver que la corte de +Francia no tomaba muy en serio su desgracia. Solicitó la absoluta, y se +cortó para siempre los bigotes, que conservó en una especie de joyero, +con la siguiente inscripción: _Mis bigotes de la Guardia Real_. Sus +subordinados todos, oficiales y soldados, sentían por él gran estima, +pero también gran terror. Referíase en secreto que este hombre +inflexible había metido en el calabozo a su hijo único, joven militar de +veintidós años de edad, por un acto de insubordinación. El muchacho, +digno hijo de tal padre, negose resueltamente a ceder, cayó enfermo y +murió en el calabozo. Este nuevo Bruto lloró a su hijo, erigiole una +tumba suntuosa, y lo visitó con inconcebible regularidad diez veces por +semana, sin olvidar este deber en ninguna época ni edad; pero no se +encorvó bajo el peso de sus remordimientos. Marchaba derecho, erguido; +ni la edad ni el dolor habían logrado doblar sus anchas y robustas +espaldas. + +Era un hombrecillo rechoncho, vigoroso, fiel a todos los ejercicios de +su juventud, que tenía más fe en el juego de pelota que en los médicos, +para conservar imperturbable salud. A los setenta años habíase casado, +en segundas nupcias, con una joven noble y pobre, que le había hecho +padre dos veces, y no perdía la esperanza de verse abuelo bien pronto. +El amor a la vida, tan poderoso en los viejos de esta edad, sólo +medianamente preocupábale, a pesar de ser dichoso en la tierra. Había +tenido su último lance de honor a los setenta y dos años, con un bravo +coronel de cinco pies y seis pulgadas de estatura, a consecuencia de +una cuestión política, según unos, y de celos conyugales, según otros. +Cuando un hombre de su rango y su carácter abrazaba la causa de M. +L'Ambert, declarando que un duelo entre el notario y Ayvaz-Bey sería +inútil, comprometedor y ordinario, la paz parecía firmada de antemano. + +Tal fue el parecer de M. Enrique Steimbourg, que no era ni lo bastante +joven, ni lo suficientemente curioso para desear a toda costa el +espectáculo de un duelo; y los dos turcos, hombres de buen sentido, +aceptaron, de un modo provisional, la reparación que se les ofrecía, +pero pidieron que se les autorizara para ir a consultar con Ayvaz. Los +otros dos, entretanto, esperaron allí mismo que regresasen de la +embajada. Eran las cuatro de la madrugada; pero el marqués no quiso +dormir, pues no se lo permitía su conciencia; estaba decidido a dejarlo +todo arreglado antes de meterse en la cama. + +Empero el terrible Ayvaz, al escuchar las primeras palabras de +conciliación de sus amigos, sufrió un terrible acceso de cólera +verdaderamente turca. + +--¡Ni que estuviera yo loco!--exclamó, blandiendo el chibuquí de jazmín +que le hiciera compañía,--¿Pretenderéis persuadirme de que he sido yo +quien con la nariz ha dado un golpe en el puño a M. L'Ambert? Él fue +quien me agredió, y la prueba es que se ofrece a presentarme sus +excusas. ¿Pero a qué tanto hablar? ¿no es suficiente prueba la sangre +que he derramado? ¿Puedo acaso olvidar que Victorina y su madre han sido +testigos de mi afrenta?... ¡Oh, amigos míos! ¿no me queda otro remedio +que morir, si no le corto hoy mismo la nariz a mi ofensor! + +De mejor o peor grado, fue preciso reanudar las negociaciones sobre esta +base algo ridícula. Ahmed y el intérprete tenían el espíritu lo bastante +razonable para vituperar a su amigo, pero poseían también un corazón +demasiado caballeresco para abandonarle en la mitad del camino. Si el +embajador, Hamza-Bajá, se hubiese encontrado en París, hubiera zanjado +la cuestión sin duda alguna, imponiendo su autoridad; pero, +desgraciadamente, desempeñaba al mismo tiempo las embajadas de Francia y +de Inglaterra, y se hallaba entonces en Londres. Los testigos del bueno +de Ayvaz anduvieron yendo y viniendo, entre la calle de Granelle y la de +Verneuil, sin lograr que el asunto avanzase lo debido, hasta las siete +de la mañana. A esta hora, perdió L'Ambert la paciencia y les dijo a sus +testigos: + +--¡Ya me está cargando este turco! ¡No contento con haberme birlado a la +Tompain, se complace en hacerme pasar la noche en claro! ¡Pues bien, +marchemos! Tal vez pudiera creer que tengo miedo de cruzar con él mi +acero. Pero marchemos de prisa, si os parece, y tratemos de dejar +zanjado el asunto esta misma mañana. Haré enganchar el carruaje en diez +minutos, y nos marcharemos a dos leguas de París. Aplicaré a mi turco el +correctivo merecido, en menos tiempo del que se tarda en contarlo, y +antes que los periodicuchos que viven del escándalo se den cuenta del +lance, estaremos de vuelta en mi despacho. + +Todavía trató el marqués de oponer una o dos objeciones; pero acabó por +confesar que M. L'Ambert se veía obligado a batirse. La insistencia de +Ayvaz-Bey era de pésimo gusto, y merecía una severa lección. Ninguno +dudaba de que el belicoso notario, ventajosamente conocido en todas las +salas de armas, era la persona elegida por el destino para enseñar a +aquel osmanlí la cortesía francesa. + +--Amigo mío--decía el anciano Villemaurin a su cliente, dándole +palmaditas sobre el hombro,--nuestra situación es excelente, toda vez +que tenemos de nuestra parte el derecho. ¡El resto, Dios lo hará! El +resultado no es dudoso: poseéis un corazón animoso, y una mano firme y +rápida. Acordaos tan sólo de que no debemos tirarnos nunca a fondo; +porque el duelo se ha hecho para corregir a los necios, mas no para +destruirlos. Sólo los torpes matan a sus adversarios so pretexto de +enseñarles a vivir. + +La elección de armas correspondía en buen derecho al excelente Ayvaz; +pero el notario y sus testigos pusieron mala cara al enterarse de que +había escogido el sable. + +--Es el arma predilecta de los militares--dijo el marqués,--o el arma de +los burgueses que no quieren batirse. Pero, en fin, ¡vaya, si os +empeñáis, por el sable! + +Los testigos de Ayvaz-Bey mostráronse conformes. Se trajeron dos sables +del cuartel del muelle de Orsay, y quedaron citados para las diez de la +mañana en la pequeña aldea de Parthenay, situada en el antiguo camino de +Sceaux. Eran las ocho y media. + +Todos los parisienses conocen este lindo grupo de doscientas casas cuyos +habitantes son más ricos, más limpios y más instruidos que la +generalidad de los aldeanos. Cultivan la tierra como jardineros, y no +como campesinos, y los campos de su término parecen en primavera un +pequeño paraíso terrenal. Un prado de fresas floridas se extiende, cual +manto argentado, entre un prado de frambuesas y otro de grosellas. Por +todas partes se huele el perfume penetrante de la acacia, tan agradable +al olfato de los porteros. París adquiere a peso de oro la cosecha de +Parthenay, y los bravos campesinos, a quienes veis caminar a paso lento, +con una regadera en cada mano, son casi todos pequeños capitalistas. + +Comen carne dos veces al día, desprecian la gallina del puchero, y +prefieren el pollo asado. Pagan el sueldo de un instituidor y un médico +comunal, construyen, sin necesidad de levantar empréstitos, un +ayuntamiento y una iglesia, y votan a mi espiritual amigo el doctor +Veron, en las elecciones municipales. Sus muchachas son preciosas, si no +me es infiel la memoria. El sabio arqueólogo Cubaudet, archivero de la +subprefectura de Sceaux, asegura que Parthenay es una colonia griega, y +que su nombre se deriva de la palabra _Parthemos_, virgen o mujer joven +(expresiones sinónimas entre los pueblos cultos). Pero esta digresión +nos aleja del bueno de Ayvaz. + +Llegó el primero al lugar de la cita, todavía encolerizado. ¡Con qué +furor paseaba por la plaza de la aldea, esperando al enemigo! Ocultaba +bajo sus vestidos dos formidable yataganes, de finísimas hojas de +Damasco. ¿Qué digo de Damasco? Dos hojas japonesas, de esas que cortan +una barra de hierro con igual facilidad que si se tratase de un +espárrago, con tal de que sean manejadas por un brazo vigoroso. +Ahmed-Bey y el fiel intérprete seguían a su amigo y le daban los más +sabios consejos: atacar con prudencia, descubrirse lo menos posible, +comenzar la partida con un salto, en fin, cuantas recomendaciones pueden +hacerse a un novicio que se presenta por primera vez en la liza, sin +haber aprendido a tirar. + +--Gracias por vuestros consejos--respondía el obstinado;--pero no +necesito tantos requisitos para cortarle las narices a un notario. + +El objetivo de su venganza no tardó en aparecer entre dos cristales de +gafas, a la puerta de un carruaje. Pero M. L'Ambert no descendió, +limitándose a saludar. El marqués echó pie a tierra, y vino a decir a +Ahmed-Bey: + +--Conozco un sitio excelente, a veinte minutos de aquí; tened la +amabilidad de subir nuevamente al carruaje, con vuestros amigos, y +seguirnos. + +Tomaron los beligerantes un camino transversal, y descendieron a un +kilómetro del caserío. + +--Señores--dijo el marqués,--podemos ir a pie hasta aquel bosquecillo +que allí veis. Los cocheros pueden esperarnos aquí. Nos hemos olvidado +de traer con nosotros un médico; pero el lacayo, que he dejado en +Parthenay, tiene encargo de traernos el de la localidad. + +El cochero del turco era uno de esos merodeadores parisienses que +circulan después de media noche bajo un número de contrabando. Ayvaz lo +había tomado a la puerta de la señorita Tompain, y no lo había vuelto a +dejar. El muy truhán sonrió maliciosamente cuando vio que le mandaban +detenerse en medio del campo, y que llevaban sables debajo de las +mantas. + +--¡Buena suerte, caballero!--le dijo al valiente Ayvaz.--Nada tenéis que +temer, porque yo doy la suerte a mis clientes. Aun no hace un año llevé +en mi coche a uno que había muerto a su adversario. Por cierto que me +dio veinticinco francos de propina, ¡como os lo estoy refiriendo! + +--Yo te daré cincuenta--respondiole Ayvaz,--si quiere Dios que realice +la venganza que medito. + +M. L'Ambert tiraba perfectamente, pero era demasiado conocido en las +salas de esgrima de París para haber tenido jamás ninguna ocasión de +batirse. Por eso, en el verdadero terreno del honor, era tan nuevo como +Ayvaz: se comprende, por lo tanto, que aunque hubiese vencido en +diferentes asaltos a los maestros y prebostes de varios regimientos de +caballería, experimentase una sorda trepidación, que no era miedo, pero +que producía efectos análogos a éste. La conversación durante el camino +había sido animada: había hecho gala ante sus amigos de una alegría +sincera, aunque un poco febril. Había encendido tres o cuatro cigarros, +y arrojádolos al poco de empezados. Cuando todos descendieron del coche, +marchó él con paso firme, demasiado firme tal vez. En el fondo de su +alma sentía cierta aprensión completamente viril, completamente +francesa: desconfiaba de su sistema nervioso, y temía no parecer todo lo +valiente que era. + +Parece que las facultades del alma se multiplican en los momentos +críticos de la vida. Por eso a M. L'Ambert, a pesar de hallarse +preocupado en grado sumo con el pequeño drama en que iba a representar +tan importante papel, los objetos más insignificantes del mundo +exterior, los que hubieran pasado completamente inadvertidos para él en +circunstancias ordinarias, atraían y retenían su atención con un poder +irresistible. A sus ojos, la naturaleza se hallaba iluminada por una +nueva luz, más clara, más transparente, más límpida, más cruda que la +luz apagada del sol. Su preocupación subrayaba, por decirlo así, todo lo +que sus ojos veían. En una revuelta del sendero, descubrió un gato que +caminaba a paso lento por entre dos hileras de grosellas: uno de esos +gatos tan comunes en las aldeas, largo, flaco, de piel blanca llena de +manchas rojizas; uno de esos animales medio salvajes que a favor de los +cuales hacen renuncia sus amos, con una esplendidez nada común, de todos +los ratones que atrapan. El que atrajo la atención de L'Ambert había +visto, sin duda, que la morada de su dueño no ofrecía ya bastante caza, +y buscaba en plena campiña un suplemento a su pitanza. Los ojos del +señorito L'Ambert, después de haber errado algún tiempo a la ventura, +sintiéronse atraídos y como fascinados por el gesto de aquel gato. +Observolo atentamente, admiró la flexibilidad de sus músculos, el +vigoroso perfil de sus mandíbulas, y creyó hacer un descubrimiento +trascendental, digno de un naturalista, observando que el gato es un +tigre en miniatura. + +--¿Qué diablo miráis en ese punto?--preguntole el marqués, dándole, con +cariño, una palmada en el hombro. + +Volvió el notario a la realidad de la vida, y respondió con el tono más +desenvuelto del mundo: + +--Ese estúpido animal me ha distraído. No podéis imaginaros, marqués, +los estragos que estas bestias ocasionan en la caza. Se comen más +nidadas que perdigones tiramos nosotros. ¡Si tuviese una escopeta!... + +Y acompañando el gesto a la palabra, hizo ademán de echarse la escopeta +a la cara, señalando al animal con el dedo. El gato comprendió la +intención, dio un salto atrás y fugose, para reaparecer doscientos pasos +más lejos, lavándose la cara, entre unas matas de colsa, como si +aguardase a los parisienses. + +--¿Te has propuesto seguirnos?--exclamó el notario repitiendo la +amenaza. La prudentísima bestia huyó de nuevo; pero reapareció a la +entrada del claro del bosque donde iban a batirse. M. L'Ambert, con la +superstición del jugador que va a exponer una suma importante, quiso +ahuyentar aquella bestia maléfica, y le arrojó una piedra; mas, como +errase el golpe, el gato trepó a un árbol, y allí se estuvo quedo. + +Entretanto, los testigos habían elegido el terreno y echado a suerte +los puestos. El mejor tocó a M. L'Ambert. La suerte quiso también que se +empleasen sus armas, y no los yataganes japoneses, que tal vez le +hubiesen impuesto. + +A Ayvaz todo le tenía sin cuidado: cualquier arma era buena para él. +Contemplaba la nariz de su enemigo como mira el pescador una trucha +apetitosa suspendida del extremo de su caña. Despojose vivamente de la +ropa que no consideró indispensable, arrojó sobre la hierba su fez rojo +y su levita verde, y se arremangó hasta el codo las mangas de la camisa. +Es de suponer que los turcos más dormidos se despierten al tintineo de +las armas. Aquel grueso muchachote, cuya fisonomía no tenía nada de +paternal, pareció transfigurarse. Su rostro se iluminó, sus ojos +lanzaron rayos. Tomó un sable de manos del marqués, retrocedió dos +pasos, y entonó en idioma turco una improvisación poética que su amigo +Osmán-Bey tuvo la amabilidad de anotar y traducirnos: + +--Armado estoy para el combate; ¡Dios confunda al malvado que me ofende! +La sangre se lava con sangre. Me heriste con la mano, yo te heriré con +el sable. Tu rostro mutilado hará reír a las mujeres hermosas: +Schelosser y Mercier, Thibert y Savile, te volverán la espalda con +desprecio. Perderás para siempre el perfume de las rosas de Izmir. ¡Que +Mahoma me dé fuerzas, que el valor no tengo que pedírselo a nadie! +¡Hurra! ¡que armado estoy para el combate! + +Dicho esto, lanzose sobre su adversario, atacándole en tercia o en +cuarta, pues no entiendo una palabra de estas andanzas, ni él, ni su +adversario, ni los testigos tampoco. Pero una oleada de sangre brotó de +la punta del sable, unas gafas rodaron por el suelo, y el notario sintió +aligerada su cabeza del peso de su nariz. Quedábale aún de ella una +parte para muestra, mas, tan insignificante, que no merece la pena de +que la mencionemos siquiera. + +M. L'Ambert se dejó caer de espaldas, y se levantó otra vez en seguida +para echar a correr, con la cabeza agachada, como un ciego o como un +loco. En aquel preciso momento, un cuerpo opaco cayó desde lo alto de +una encina. Un minuto después, presentose un hombrecillo enteco, con el +sombrero en la mano, seguido de un lacayo de gran librea. Era M. +Triquet, médico municipal de Parthenay. + +--¡Bien venido seáis, digno señor Triquet! Un ilustre notario de París +precisa vuestros servicios con urgencia. Colocaos nuevamente vuestro +grasiento sombrero sobre vuestro cráneo pelado, enjugaos las gotas de +sudor que brillan sobre vuestros rojos carrillos, como el rocío sobre +dos peonías en flor, y haceos quitar cuanto antes las manchas +relucientes de vuestro respetable traje negro! + +Pero el buen hombre estaba demasiado emocionado para entrar en funciones +sin demora. Hablaba a tontas y a locas, con voz temblorosa y jadeante. + +--¡Bondad divina!...--decía.--Dios os guarde, señores; reconózcanme como +un nuevo servidor. ¿Acaso está permitido ponerse de esta manera? ¡Esto +es una mutilación, demasiado bien lo veo! Decididamente, ya es tarde +para tratar de reconciliaros: el mal no tiene remedio, ya está hecho. +¡Ah, señores, señores! ¡la juventud jamás dejará de ser joven! Yo +también estuve a punto de dejarme arrastrar por el criminal deseo de +mutilar o destruir a un semejante. Fue en 1820. ¿Y qué hice, señores +míos? Pues darle toda clase de excusas. De excusas, sí, y me jacto mucho +de ello, y con tanto más motivo cuanto que toda la razón estaba de mi +parte. ¿No habéis leído, por ventura, las admirables páginas de Rousseau +contra el duelo? Son verdaderamente irrefutables: un trozo admirable de +crestomatía moral y literaria. Y observad que Rousseau no dijo todavía +en este asunto la última palabra. Si hubiese estudiado el cuerpo humano, +esta obra maestra de la creación, esta imagen admirable de Dios sobre la +tierra, habría demostrado, sin duda, que es gran pecado destruir un +conjunto tan perfecto. Y no lo digo, en verdad, por la persona que ha +recibido el golpe. ¡Dios me libre de tal cosa! ¡Tendría, sin duda, +razones poderosas que respeto! ¡Pero si se supiese cuánto trabajo nos +cuesta a los pobrecitos médicos el curar la más insignificante herida! +Cierto que de eso vivimos, y de las enfermedades; pero, a pesar de todo, +preferiría privarme de muchas cosas y no comer nada más que una tajada +de tocino y un trozo de pan moreno, a tener que ser testigo de los +sufrimientos del prójimo. + +El marqués interrumpió sus clamores. + +--Vaya, doctor--le dijo,--que la ocasión no es la más oportuna para +filosofar. Este hombre se desangra como un buey, y es preciso, ante +todo, tratar de contener la hemorragia. + +--Sí, señor--replicó vivamente el medicucho,--¡la hemorragia! esa es la +verdadera palabra. Felizmente, todo lo tengo previsto. He aquí un frasco +de agua hemostática, preparada según la fórmula de Brocchieri; yo la +prefiero a la de Lechelle. + +Y se dirigió, con el frasco en la mano, hacia M. L'Ambert, que se había +sentado al pie de un árbol y sangraba con tristeza. + +--Caballero--le dijo entre profundas reverencias,--podéis creerme que +lamento sinceramente el no haber tenido el honor de conoceros con +ocasión de un acontecimiento menos desagradable que este. + +Levantó melancólicamente la cabeza el señorito L'Ambert, y contestole +con acento dolorido: + +--Doctor, ¿perderé la nariz? + +--No, señor, no la perderéis. ¡Válgame Dios, caballero! ¿cómo podríais +perderla de nuevo, si la habéis perdido ya? + +Y mientras se expresaba de esta suerte, vertía el agua de Brocchieri +sobre una compresa. + +--¡Cielos!--exclamó de repente,--tengo una idea, caballero. Puedo +responderos del órgano tan útil como agradable que acabáis de perder. + +--¡Hablad pronto, por favor! Mi fortuna será entera para vos. ¡Ah, +doctor! antes que vivir desfigurado de esta suerte, es preferible morir. + +--Eso suele decirse... ¡pero vamos a ver! ¿dónde está el trozo de nariz +que os han cortado? No soy yo un cirujano de los vuelos de M. Velpeau, o +de M. Huguier; pero trataré de hacer volver las cosas a su primitivo +estado. + +El señorito L'Ambert levantose precipitadamente, y corrió al lugar de la +lucha, seguido del marqués y de M. Steimbourg. Los turcos, que se +paseaban juntos y cariacontecidos, porque el fuego de Ayvaz-Bey habíase +extinguido en un segundo, aproximáronse también a sus antiguos +enemigos. Hallose sin trabajo el lugar donde los combatientes habían +pisoteado la fresca y naciente hierba; recuperáronse las gafas de oro, +pero las narices del notario no hubo forma de encontrarlas. En cambio, +vieron un gato, el horrible gato blanco con manchas rojizas, que se +relamía con placer los labios ensangrentados. + +--¡Maldición!--exclamó el marqués, señalando al animal. + +Todo el mundo comprendió el gesto y la exclamación. + +--¿Será tiempo todavía?--preguntó el notario. + +--Tal vez--contestó el médico. + +Y todos corrieron hacia el gato. Pero el astuto animal no estaba por +dejarse cazar, y corrió a su vez como alma que lleva el diablo a sus +talones. + +Jamás había visto el pequeño bosque de Parthenay, ni volverá a ver +tampoco, una caza semejante. Un marqués, un agente de cambio, tres +diplomáticos, un médico de aldea, un lacayo con gran librea y un notario +sangrando en su pañuelo, lanzáronse a carrera abierta tras un miserable +gato. Corriendo, gritando, arrojándole piedras, ramas secas, y cuantos +objetos encontraban al alcance de sus manos, atravesaron los caminos y +los claros, y se internaron, bajando la cabeza, en los sitios más +espesos del bosque. Ya agrupados, ya dispersos; unas veces escalonados +sobre una línea recta, y otras formando círculo alrededor de la bestia; +apaleando las malezas, sacudiendo los arbustos, trepando a los árboles, +destrozándose el calzado con las raíces y troncos, y dejándose jirones +de ropa entre las ramas de los arbustos, arrollábanlo todo como una +tempestad; pero el gato endiablado corría más que el viento. En dos +ocasiones lograron encerrarlo en un círculo, y otras tantas logró +escapar, forzando el cerco. Un momento pareció como rendido de fatiga y +de dolor, al caer de costado por querer saltar de un árbol a otro, +siguiendo el camino de las ardillas. El lacayo de M. L'Ambert lanzose +veloz sobre él, alcanzolo en pocos saltos y lo agarró por la cola. Pero +el tigre en miniatura conquistó su libertad mediante un terrible +zarpazo, y escapó fuera del bosque. + +Entonces comenzó la persecución a través de la llanura. Si largo era el +camino que llevaban ya recorrido, inmensa era la planicie que, en forma +de tablero de ajedrez, se extendía delante de los cazadores y de su +codiciada presa. + +El calor era sofocante; gruesos nubarrones negros se amontonaban por +occidente; el sudor corría copioso por todas las frentes; pero nada fue +capaz de detener el furor de aquellos ocho hombres. + +M. L'Ambert, lleno todo de sangre, no cesaba de animar a sus compañeros +con el gesto y con la voz. Los que nunca han visto a un notario +corriendo tras sus narices no podrán hacerse cargo de su ardor. ¡Adiós +frambuesas y fresas! Por dondequiera que pasaba el alud, quedaba la +cosecha apabullada, destruida, aniquilada; todo eran flores mustias, +brotes rotos, ramas tronchadas, tallos pisoteados. Sorprendidos los +campesinos por la invasión de aquel azote nunca visto, arrojaban las +regaderas, llamaban a sus vecinos, reclamaban el auxilio de los guardias +rurales, exigían que les indemnizasen los daños y perjuicios, y +lanzábanse en persecución de los cazadores. + +¡Victoria! ¡el gato ya está preso! Hase arrojado a un pozo. ¡Cubos! +¡cuerdas! ¡escalas! Todos abrigan la esperanza, la casi seguridad de +recuperar las narices del señorito L'Ambert intactas o poco menos. Mas +¡ay! que este pozo no es un pozo como todos los demás. Es la boca de una +cantera abandonada cuyas galerías forman una vasta red de más de diez +leguas, y se extienden en todas direcciones, hallándose en comunicación +con las catacumbas de París. + +Se pagan sus honorarios a M. Triquet; se abonan a los campesinos las +indemnizaciones que exigen, y se emprende el regreso a Parthenay, bajo +una lluvia torrencial. + +Antes de subir al carruaje, Ayvaz-Bey, mojado como un pato, y ya +recuperada la calma por completo, vino a ofrecer su mano a M. L'Ambert. + +--Caballero--le dijo,--lamento sinceramente que mi obstinación haya +llevado las cosas hasta este extremo. La Tompain no vale una gota +siquiera de la sangre vertida por su culpa, y hoy mismo rompo con ella, +pues no podría verla sin pensar en la desgracia que ha causado. Sois +testigo de que he hecho cuanto me ha sido posible, como asimismo estos +señores, por devolveros lo perdido. Ahora, permitidme esperar que este +accidente no sea del todo irreparable. El médico de esta aldea nos ha +recordado que existen en París cirujanos más hábiles que él; creo haber +oído decir que la cirugía moderna poseía secretos infalibles para +restaurar las partes del cuerpo humano mutiladas o perdidas. M. L'Ambert +aceptó, con el humor que pueda suponerse cualquiera, la mano que le +tendía su rival, y se hizo conducir al faubourg Saint-Germain en +compañía de sus dos amigos. + + + + +III + +DONDE DEFIENDE EL NOTARIO SU PELLEJO CON MÁS ÉXITO + + +El cochero de Ayvaz-Bey era un hombre dichoso si los hay. Aquel bribón +empedernido fue menos sensible a la propina de cincuenta francos que al +placer de haber conducido a su cliente a la victoria. + +--¡En verdad que me agrada la manera que tenéis de arreglar a las +personas!--le dijo al bueno de Ayvaz.--Bueno es saber cómo las gastáis. +Si alguna vez os piso un pie, me apresuraré a pediros mil perdones en +el acto. Ese pobre señor se verá negro si quiere tomar rapé. ¡Vamos, +vamos! si alguien vuelve alguna vez a sostener ante mí que los turcos +son unos torpes, ya sabré qué responderle. ¿No os dije que os daría +buena suerte? Eso me sucede siempre. Conozco, en cambio, un viejo que le +ocurre lo contrario: da siempre la mala pata a sus clientes. Ni por +casualidad conduce una vez sola al terreno del honor a nadie que salga +ileso... ¡Arre, pajarita! ¡vamos, que conduces a un héroe! ¡Hoy te +envidiarían los caballos de los césares de Roma! + +Estas burlas crueles no lograron desarrugar el entrecejo de los turcos, +y el cochero, en vista de que sus palabras no hacían gracia, adoptó el +prudente partido de callarse. + +En otro carruaje infinitamente más elegante y mucho mejor entroncado, +lamentábase el notario en presencia de sus dos amigos. + +--Todo concluyó para mí--les decía;--soy hombre muerto; no me queda otro +recurso que saltarme la tapa de los sesos. ¿Cómo presentarme de nuevo en +sociedad, en la Opera, ni en ningún otro teatro? ¿Queréis que comparezca +ante el mundo con esta cara grotesca y lamentable, que excitará en unos +la risa y en otros la compasión? + +--¡Bah!--respondiole el marqués,--la gente se acostumbra a todo. Y, en +último caso, si el mundo nos causa espanto, permanecemos en casa. + +--¡Permanecer siempre en casa! ¡bonito porvenir! ¿Imagináis, por +ventura, que han de venir las mujeres a buscarme a domicilio, en el +estado en que me encuentro? + +--¡Os casaréis! He conocido a un teniente de coraceros que había +perdido un brazo, una pierna y un ojo. Cierto que no era el terror de +los maridos, ni el ídolo de las mujeres; pero se casó con una buena +muchacha, ni fea ni bonita, que lo quiso con toda su alma, y lo hizo +dichoso por completo. + +No debió de parecerle al notario demasiado consoladora semejante +perspectiva, porque exclamó con acento desesperado: + +--¡Oh, las mujeres! ¡las mujeres! ¡las mujeres! + +--¡Demontre!--exclamó el marqués,--¡qué importancia concedéis a las +mujeres! ¡Ni que ellas lo fuesen todo! Hay en el mundo otras cosas +agradables. ¡Se dedica uno a mirar por su salud, qué diablo! A +encarrilar su alma, a cultivar su espíritu, a hacer bien a su prójimo, a +llenar los deberes de su estado. ¡No es preciso poseer una nariz +prominente para ser buen cristiano, buen padre de familia y buen +notario! + +--¡Notario!--replicó él con amargura poco disimulada,--¡notario! En +efecto, eso aun lo soy. Ayer era un hombre de mundo, un verdadero +_gentleman_, y, hasta puedo decirlo prescindiendo de falsas modestias, +un caballero cuyo trato se disputaban todos. Hoy sólo soy un notario. ¿Y +quién sabe si lo seguiré siendo mañana? Una indiscreción del lacayo +bastaría para divulgar esta estúpida aventura. Con dos palabras que diga +cualquier periódico, la justicia se verá obligada a perseguir a mi +adversario, y a sus testigos, y a vosotros mismos, señores. Y heme +entonces aquí conducido ante el tribunal correccional, y teniéndole que +referir dónde, cuándo y por qué he perseguido a la señorita Victorina +Tompain. Suponed un escándalo semejante, y decidme si el notario podrá +sobrevivirle. + +--Amigo mío--le dijo el marqués,--os asustáis de peligros imaginarios. +Las gentes de nuestro mundo, de este mundo a que vos pertenecéis +también, poseen el derecho de rebanarse el cuello impunemente. El +ministerio público cierra los ojos cuando se trata de nuestras +querellas, y no hay justicia que valga. Comprendo que se metan un poco +con los periodistas, los artistas y otros seres de condición inferior +cuando se permiten tirar de la espada: conviene recordar a esas gentes +que tienen puños para batirse, y que basta con creces esta arma para +vengar la clase de honor que poseen. Pero porque un caballero se +conduzca y proceda como tal, la justicia no tiene nada que decir, y nada +dice. Yo he tenido unos quince o veinte lances desde que dejé el +servicio, y algunos, en verdad, bien desgraciados para mis adversarios; +y, sin embargo, ¿habéis leído mi nombre alguna vez en la _Gaceta de los +Tribunales_? + +M. Steimbourg hallábase menos ligado con M. L'Ambert que el marqués de +Villemaurin; no tenía, como éste, todos sus títulos de propiedad en el +estudio de la calle de Varneuil desde hacía cuatro o cinco generaciones. +No conocía a aquellos dos caballeros más que del círculo y de la partida +de _whist_, y tal vez también por algunos corretajes que le habían hecho +ganar. Pero era un buen muchacho y hombre de bastante talento, e hizo, a +su vez, algunos razonamientos acertados al notario, para consolarle en +su aflicción. A su entender, M. de Villemaurin ponía las cosas peor de +lo que ya estaban: existían otros recursos. Decir a M. L'Ambert que +quedaría desfigurado para toda su vida, era desesperar demasiado pronto +de la ciencia. + +--¿De qué nos serviría haber nacido en el siglo XIX, si el menor +accidente hubiera de ser, como antaño, un mal irreparable? ¿Qué +superioridad tendríamos entonces sobre los hombres de la Edad de Oro? No +blasfememos del nombre sacrosanto del progreso. La cirugía operatoria se +halla, gracias a Dios, más floreciente que nunca en la patria de +Ambrosio Paré. El buen doctor de Parthenay nos ha citado los nombres de +ciertos ilustres maestros que descuellan por la habilidad con que +reparan con éxito las injurias que sufre el cuerpo humano. Ya estamos a +las puertas de París; enviaremos a preguntar a la farmacia más próxima, +y en ella nos darán la dirección de Velpeau o de Huguier; vuestro lacayo +irá a buscar en seguida a cualquiera de estas dos eminencias, y os lo +traerá a vuestra casa. Tengo la seguridad de haber oído decir que los +cirujanos rehacen un labio, un párpado o una oreja: ¿es acaso más +difícil restaurar una nariz? + +Por muy vaga que fuese esta esperanza, reanimó, sin embargo, al infeliz +notario, que había dejado de sangrar hacía ya media hora. La idea de +volver a ser lo que era y de reanudar el curso normal de su vida, +prodújole una especie de delirio. ¡Qué verdad es que nadie sabe apreciar +la dicha de estar completo hasta que no la ha perdido! + +--¡Ah, amigos míos!--exclamó frotándose las manos de esperanza,--mi +fortuna pertenece al hombre que me cure. Por grandes que sean los +tormentos que me esperen, los sufriré gustoso si me garantizan el +éxito. ¡Ni el dolor ni los gastos me harán retroceder! + +Animado de estos sentimientos llegó el notario a su casa de la calle de +Verneuil, mientras buscaba su lacayo la dirección de los cirujanos más +célebres. El marqués y Steimbourg le condujeron a su cuarto, y se +despidieron de él, el uno para ir a tranquilizar a su mujer y a sus +hijas, que no le habían vuelto a ver desde la víspera, y el otro para +correr a la Bolsa. + +Solo consigo mismo, ante un espejo de Venecia que le mostraba sin piedad +su nueva imagen, cayó Alfredo L'Ambert en un abatimiento profundo. Aquel +hombre fuerte, que no lloraba jamás en el teatro por ser cosa propia de +las gentes del pueblo; aquel _gentleman_ de frente bronceada, que había +enterrado a sus padres con la impasibilidad más serena, lloró la +mutilación de su bella persona, y se bañó en lágrimas de egoísmo. + +Su lacayo vino a arrancarle de su amargo dolor prometiéndole la visita +de M. Bernier, cirujano del Hospital, miembro de la Sociedad de Cirugía +y de la Academia de Medicina, profesor de clínica, etc., etc. El criado +había ido a buscar al más próximo, y no anduvo desacertado, porque M. +Bernier, si bien no estaba a la altura de los Velpeau, los Manee y los +Huguier, ocupaba un lugar muy honroso inmediatamente después de ellos. + +--¡Que venga!--exclamó M. L'Ambert.--¿Por qué no está aquí ya? ¿Creen, +por ventura, que me encuentro en situación de esperar? + +Y se echó a llorar de nuevo. ¡Llorar en presencia de sus domésticos! ¿Es +posible que un sablazo modifique en tales términos las costumbres de un +hombre? Seguramente era preciso que el arma del buen Ayvaz, al cortar +el canal nasal, hubiese conmovido el saco lagrimal y los tubérculos +mismos. + +Enjugose el notario los ojos para leer un grueso volumen en 12º, que le +habían traído con urgencia de parte de M. Steimbourg. Era la _Cirugía +operatoria_, de Ringuet, excelente manual enriquecido con unos +trescientos grabados. M. Steimbourg había comprado el libro, al +dirigirse a la Bolsa, y se lo enviaba a su cliente para tranquilizarle +sin duda. + +Pero el efecto que le produjo su lectura fue muy otro de lo que se había +supuesto. Cuando hubo hojeado el notario las primeras doscientas +páginas, y visto desfilar ante sus ojos la serie lamentable de +ligaduras, amputaciones, resecciones y cauterizaciones, dejó caer el +libro y se echó en una butaca, apretando los ojos con horror. Mas esta +precaución no evitole seguir viendo pieles seccionadas, músculos +separados por pinzas, miembros seccionados a grandes tajos, huesos +aserrados por manos de operadores invisibles. Los rostros de los +operados que se ven en los dibujos anatómicos, parecíanle tranquilos, +resignados, insensibles al dolor, y preguntábase si tal dosis de valor +podía ser compatible con la naturaleza de las almas humanas. Seguía +viendo, sobre todo, al cirujano de la página 89, todo vestido de negro, +con un cuello de terciopelo en su levita. Este fantástico ser tiene la +cabeza redonda y algo grande, la frente despejada, y asierra con esmero +y seriedad los dos huesos de una pierna viva. + +--¡Monstruo!--exclamó, sin poder contenerse, M. L'Ambert. + +Y en aquel mismo instante, vio entrar al monstruo en persona, y el +criado anunció a M. Bernier. + +El notario retrocedió, reculando, hasta el rincón más oscuro de su +cuarto, con los ojos desmesuradamente abiertos, la mirada extraviada, y +extendiendo hacia adelante los brazos, como para rechazar a un enemigo. +Castañeteando los dientes, murmuró con voz sofocada, como en las novelas +de Javier de Montepin: + +--¡Él! ¡él! ¡él! + +--Caballero--dijo el doctor,--siento haberos hecho aguardar, y os +suplico que os calméis. Ya conozco el accidente de que acabáis de ser +víctima, y me atrevo a esperar que el mal tenga remedio. Pero nada +podremos hacer si tenéis miedo de mí. + +La palabra miedo tiene siempre un sonido desagradable para los oídos +franceses. M. L'Ambert descargó con el pie un fuerte golpe sobre el +suelo, avanzó decididamente hacia el doctor, y le dijo con una risita +demasiado nerviosa para ser natural. + +--¡Vamos, doctor! tenéis, al parecer, ganas de broma. ¿Tengo cara, por +ventura, de cobarde? Si lo fuese, no me hubiera puesto en el trance esta +mañana de que me descompletasen mi pobre humanidad. Pero, mientras os +estaba esperando, he hojeado un libro de cirugía, y acababa en este +momento de ver en él la figura de un cirujano que tiene cierto parecido +con vos, cuando, al entrar, me habéis hecho el efecto de un aparecido. +Añadid a esta sorpresa las emociones sufridas esta mañana, y quién sabe +si acaso también algún movimiento febril, y me perdonaréis lo que de +raro hayáis notado en la acogida que os hice. + +--¡En hora buena!--dijo M. Bernier, recogiendo el libro del suelo.--¡Ah! +¡leíais a Ringuet! Es muy amigo mío. Recuerdo, efectivamente, que me +hizo representar en un grabado, con arreglo a un croquis de Leveillé. +Pero sentaos, por favor. + +Calmose un poco el notario y refirió al doctor los acontecimientos de la +jornada, sin echar en olvido el incidente del gato que, por decirlo así, +habíale hecho perder por segunda vez su tan llorada nariz. + +--Es una gran desgracia--observó el cirujano,--pero es posible repararla +en el término de un mes. Supuesto que tenéis en vuestro poder el libro +de Ringuet, poseeréis seguramente algunas nociones de cirugía. + +M. L'Ambert confesó que no había llegado aún a ese capítulo. + +--Pues bien--replicó M. Bernier,--voy a condensároslo en cuatro +palabras. La rinoplastia es el arte de rehacer la nariz a los +imprudentes que la han perdido. + +--¿Pero es de veras, doctor?... ¿es posible ese milagro?... ¿Ha +encontrado la cirugía la manera de...? + +--Ha encontrado tres sistemas nada menos. Descartemos el método francés, +pues no lo considero aplicable al caso vuestro. Si la pérdida de +sustancia fuese menos considerable, podría despegar los bordes de la +herida, avivarlos, ponerlos en contacto y unirlos de primera intención. +Mas no hay que pensar en esto. + +--De lo que me alegro infinito--contestole el notario.--No podéis +imaginaros, doctor, hasta qué punto la idea de heridas avivadas y de +bordes suturados me descomponen los nervios. ¡Examinemos otros medios +más suaves, yo os lo ruego! + +--La cirugía raramente procede con dulzura; pero, en fin, os queda la +elección entre el sistema indio y el italiano. El primero consiste en +cortar en la piel de vuestra frente una especie de triángulo, con el +vértice hacia abajo y la base hacia arriba, con el cual se fabrica la +nueva nariz. Se despega este trozo de piel en toda su extensión, salvo +el vértice inferior que debe permanecer adherido. Se le hace girar sobre +este vértice, a fin de que me quede siempre hacia fuera la epidermis, se +le rebate hacia abajo y se cosen sus bordes a los de la herida. En otros +términos, puedo haceros otra nariz bastante presentable a expensas de +vuestra frente. El éxito de la operación es casi cierto; pero siempre +conservaréis en la frente una extensa cicatriz. + +--No quiero cicatrices, doctor; no las quiero a ningún precio. Os digo +más, doctor (y perdonadme esta debilidad), desearía que, a ser posible, +no me hicieseis ninguna operación. Acabo de sufrir una hace poco, de +manos de ese turco condenado, y, para prueba, ya basta. Se me hiela la +sangre al recordar la sensación solamente. Tengo tanto valor como +cualquier otro hombre, mas tengo nervios también. La muerte no me +asusta, pero el sufrimiento me aterra. Matadme, si queréis, pero, ¡por +Dios no me cortéis más nada! + +--Caballero--replicole el doctor, con cierto dejo de ironía,--si tal +prevención sentís contra las operaciones, hubierais debido llamar a un +médico homeópata en vez de hacer venir a un cirujano. + +--No os burléis de mí, doctor. No he sabido reprimirme ante la idea de +la operación india. Los indios son salvajes y tienen una cirugía digna +de ellos. ¿No habéis hablado también de un sistema italiano? No me +agradan los italianos por su política. Son un pueblo ingrato, que ha +observado la conducta más negra con sus legítimos amos; pero, en materia +de ciencia, no siento ninguna prevención contra esos bribones. + +--Muy bien--respondió el doctor,--optad, si os place, por el método +italiano. Da a veces resultados excelentes, pero exige una inmovilidad y +paciencia de la que tal vez no seáis capaz. + +--Si sólo se trata de inmovilidad y paciencia, os respondo en absoluto +de mí. + +--¿Sois capaz de permanecer, por espacio de treinta días, en una +posición extremadamente molesta? + +--Sí. + +--¿Con la nariz cosida al brazo derecho? + +--Sí. + +--En ese caso, os cortaré del brazo un trozo triangular de piel, de +quince o diez y seis centímetros de longitud, por diez u once de +anchura... + +--¿Que me cortaréis a mí ese trozo de piel? + +--Sin duda. + +--¡Pero eso es espantoso, doctor! ¡desollarme vivo! ¡sacarme el pellejo +a tiras! ¡eso es bárbaro, inhumano, propio de la Edad Media, digno sólo +de Shiloock, el judío de Venecia! + +--Lo de menos es la herida del brazo. Lo difícil es permanecer cosido a +sí mismo por espacio de treinta días. + +--A mí sólo me horroriza el corte del escalpelo. Cuando se ha sentido ya +el frío de la hoja de acero al penetrar en la carne viva, se horripila +uno al pensarlo. Una vez, y nada más, mi querido doctor. + +--Siendo así, caballero, no hay nada que aquí exija mi presencia: Os +quedaréis sin nariz para toda vuestra vida. + +Esta especie de condena sumió al pobre notario en profunda +consternación, que le hizo recorrer la estancia a grandes pasos, +mesándose los cabellos de su hermosa y rubia cabellera como un loco. + +--¡Mutilado!--exclamaba, llorando;--¡mutilado para siempre! ¡No hay +remedio para mí! ¡Si existiese alguna droga, algún tópico misterioso +cuya virtud devolviera la nariz a los que la han perdido, lo compraría a +peso de oro! ¡Lo enviaría a buscar al fin del mundo! Hasta sería capaz +de fletar para ello un buque si no hubiera otro remedio. ¡Pero nada! ¿de +qué me sirve ser rico? ¿de qué sirve que seáis un cirujano ilustre, si +toda vuestra habilidad y todos mis sacrificios no sirven absolutamente +para nada? ¡Riqueza, ciencia! ¡he aquí dos palabras hueras! + +Pero M. Bernier le respondía de vez en cuando, con imperturbable calma: + +--Permitidme que os corte un trozo de piel del brazo, y os reconstruiré +la nariz. + +M. L'Ambert pareció decidirse un instante. Quitose la levita y +arremangose la manga de la camisa; pero cuando vio abierto el estuche +del cirujano, y brillaron ante sus aterrados ojos las hojas relumbrantes +de treinta instrumentos de suplicio, palideció intensamente y se +desplomó, desmayado, sobre una butaca. Algunas gotas de agua con vinagre +le devolvieron el conocimiento, mas no la resolución. + +--No pensemos más en esto--dijo recuperando la calma.--Nuestra +generación posee toda clase de valores, mas se arredra ante el dolor. Es +culpa de nuestros padres que nos han criado envueltos entre nubes de +algodón en rama. + +Pocos instantes después, aquel joven, que profesaba los más religiosos +principios, púsose a blasfemar de la Providencia. + +--En realidad--exclamó,--el mundo es una gran trapisonda, ¡bendigamos +por ello al Creador! Con mis doscientos mil francos de renta, me quedaré +para el resto de mi vida tan chato como una calavera; en tanto que mi +portero, que no tiene jamás en el bolsillo diez escudos, lucirá la nariz +de un Apolo de Beldevere. ¡La Suprema Sabiduría, que tantas cosas ha +previsto, no acertó a prever que un turco me cortaría la cabeza por +saludar a la señorita Victorina Tompain! Hay en Francia tres millones de +pordioseros, todos los cuales juntos no valen medio franco, ¡y no puedo +yo comprar a peso de oro la nariz de cualquiera de esos miserables!... +Y, después de todo, ¿por qué? + +Su rostro iluminose por un rayo de esperanza, y añadió, con tono más +dulce: + +--Mi anciano tío de Poitiers, en su última enfermedad, se hizo inyectar +cien gramos de sangre bretona en la vena cefálica mediana: un antiguo +servidor prestose a suministrársela. Mi bella tía Giromagny, cuando aún +conservaba su belleza, hizo arrancar un incisivo a una de sus doncellas +más hermosas para reemplazar un diente que acababa de perder. Este +expediente dio un resultado magnífico, y no costó arriba de tres luises. +Doctor, vos me habéis dicho que, a no ser por la trastada de ese maldito +gato, hubierais podido colocarme nuevamente la nariz en su sitio, +cosiéndomela con cuidado. ¿Me lo habéis dicho, o no? + +--Sin duda, y os lo repito. + +--Y si lograse comprar la nariz de algún pobre diablo, ¿podríais también +colocármela en reemplazo de la mía? + +--Claro está que podría... + +--¡Oh, magnífico! + +--Pero no me prestaría a hacerlo, ni ninguno de mis colegas tampoco. + +--¿Y por qué, queréis decirme? + +--Porque mutilar a un hombre sano es un crimen, por muy estúpido que +sea, o muy hambriento que se halle el paciente para consentir en ello. + +--A la verdad, doctor, que confundís mis nociones relativas a lo justo y +a lo injusto. Yo me hice reemplazar, cuando fui llamado a filas, +mediante un centenar de luises, por una especie de alsaciano, de pelo +alazán tostado. A mi hombre (porque era bien mío) hubo de llevarle la +cabeza una bala de cañón, el 30 de abril de 1849. Y como dicha bala me +estaba destinada a mí por la suerte, puedo decir con verdad que el +alsaciano en cuestión vendiome su cabeza y toda su persona entera por un +centenar de luises, o algo más. El Estado no sólo toleró, sino que +aprobó esta combinación; vos tampoco tendréis nada que objetar; es muy +posible que vos mismo hayáis comprado también al mismo precio un hombre +entero, que se haya matado por vos. ¡Y sois capaz de escandalizaros +porque ofrezco doble precio, al primer bribón que se presente, por sólo +la punta de la nariz! + +El doctor detúvose un momento a meditar una respuesta lógica. Pero, como +no la encontrase, dijo al señorito L'Ambert: + +--Si bien no permite mi conciencia desfigurar a otro hombre en beneficio +vuestro, creo que podría, sin escrúpulo, cortar del brazo de cualquier +perillán los pocos centímetros cuadrados de piel que os hacen falta. + +--¡Vaya, doctor! ¡tomadlos de dónde mejor os plazca, con tal de que +reparéis este estúpido accidente! Busquemos en seguida un hombre de +buena voluntad, y ¡viva el método italiano! + +--Os prevengo de nuevo, sin embargo, que tendréis que permanecer un mes +entero en una situación bien molesta. + +--¡Qué me importan todas las molestias del mundo, si al cabo de ese mes +puedo presentarme de nuevo en el _foyer_ de la Opera! + +--Convenido. ¿Habéis pensado ya en alguien? ¿Acaso ese portero de quien +ahora poco hablabais...? + +--¡Me parece muy bien! Será fácil comprarlo, con su mujer y sus hijos, +por un centenar de escudos. Cuando Barberau, su antecesor, se retiró no +sé adónde, para vivir de sus rentas, un cliente recomendome a este, que +se estaba literalmente muriendo de hambre. + +Llamó M. L'Ambert, y ordenó al ayuda de cámara, que se presentó al +instante, que hiciera subir a Singuet, el nuevo portero. + +Acudió el hombre, y lanzó un grito de espanto al contemplar el rostro de +su amo. + +Era el verdadero tipo del pobre diablo parisiense, que es el más pobre +de todos los diablos: un hombrecillo de treinta y cinco años de edad, al +cual todos le hubieran echado sesenta, a juzgar por su aspecto flaco, +amarillo y desmirriado. + +M. Bernier examinolo atentamente y le mandó volver otra vez a la +portería. + +--La piel de este hombre--dijo--no sirve para nada. Acordaos que los +jardineros toman las varas, para efectuar sus injertos, de los árboles +más sanos y rollizos. Elegidme a un mozo fuerte y rebosando salud entre +vuestra servidumbre; de sobra los tendréis. + +--Sí, pero no será empresa fácil convencerlos. Mis criados son todos +caballeros, que poseen capitales y valores en cartera, y especulan al +alza y a la baja, como todos los criados de casa grande. No creo que +haya ninguno entre ellos que quiera comprar con el precio de su sangre +un dinero que se gana tan fácilmente en la Bolsa. + +--Pero tal vez halléis alguno que por abnegación y cariño... + +--¿Abnegación y cariño entre estas gentes? ¡Creo que os burláis, doctor! +Nuestros padres tenían servidores abnegados: nosotros sólo poseemos unos +grandísimos pillos que medran a nuestra costa, y, en el fondo, tal vez +salgamos ganando. Nuestros padres, que se veían amados por estas +gentes, creíanse obligados a pagarles en la misma moneda. Sufrían sus +defectos, asistíanlos en sus enfermedades, alimentábanlos en su vejez: +esto era insoportable. Yo pago a mis criados para que me sirvan bien, y, +cuando no estoy satisfecho de ellos, los despido, sin meterme a +averiguar si es falta de voluntad, vejez o indisposición lo que motiva +su mal comportamiento. + +--Entonces no encontraremos en vuestra casa el hombre que precisamos. +¿Tenéis alguno a la vista? + +--¿Yo? Ninguno. Pero es igual; el primer advenedizo, el mozo de cordel +de la esquina, el aguador que grita en este momento en la calle. + +Sacó del bolsillo las gafas, levantó ligeramente la cortina, examinó, a +través de aquéllas, la calle de Beaune, y dijo al doctor: + +--He ahí a un muchacho que no tiene mala cara. Tened la bondad de +hacerle señas, porque yo no me atrevo a mostrar a los transeúntes mi +rostro. + +M. Bernier abrió la ventana en el momento en que la víctima elegida +gritaba a plenos pulmones: + +--¡Agua muy fresca! + +--¡Muchacho!--gritole el doctor,--dejad vuestro tonel y subid por la +calle de Verneuil, si queréis ganar un buen puñado de luises. + + + + +IV + +CHEBACHTIÁN ROMAGNÉ + + +Llamábase Romagné, por su padre. Sus padrinos le habían puesto, al +bautizarle, Sebastián; pero, como era natural de Frognac-les-Mauriac, +departamento de Cantal, invocaba a su patrón bajo el nombre de _Chan +Chebachtián_. Todo hace presumir que había escrito su nombre con _ch_; +pero, afortunadamente, no sabía escribir. Este hijo de la Auvernia +contaba veinticuatro o veinticinco años de edad, y poseía la +constitución de un verdadero Hércules: alto, grueso, rechoncho, +colorado; fuerte como un buey de labor, dulce y fácil de conducir como +un corderillo blanco. Imaginaos un hombre fabricado de la pasta mejor, +al par que la más grosera. + +Era el mayor de diez hijos, entre mujercitas y varones, que tragaban y +bullían bajo el techo paternal. Su padre poseía una cabaña, un pedazo de +tierra, algunos castaños en el monte, media docena de cerdos, y dos +brazos para cavar el terreno. La madre hilaba cáñamo; los varones +ayudaban al padre; las mujercitas arreglaban la casa y se cuidaban las +unas a las otras, haciendo la mayor de niñera de la más pequeña, y así +todas las otras, hasta terminar la escala. + +El joven Sebastián jamás brilló por su inteligencia, ni por su memoria, +ni por ningún don intelectual; pero, en cambio, poseía un corazón +excelente. Le habían enseñado algunos capítulos del catecismo como se +enseña a los mirlos a silbar cualquier tonadilla; pero siempre profesó +los sentimientos más cristianos. Jamás abusó de sus fuerzas contra las +personas ni contra los animales; evitaba las querellas y recibía con +frecuencia coscorrones, sin devolverlos jamás. Si el subprefecto de +Mauriac hubiese querido conceder una medalla de plata, no hubiera tenido +más que escribir a París, porque Sebastián había salvado a muchas +personas, con grave exposición de su propia vida, y en especial a dos +gendarmes que estaban a punto de ahogarse, con sus caballos, en el +torrente del Saumaise. Pero a todo el mundo le parecían sus actos +meritorios la cosa más natural, ya que los ejecutaba por instinto, y a +nadie se le ocurría concederle una recompensa, considerándolo casi como +a un perro de Terranova. + +A la edad de veinte años entró en quintas y obtuvo un número alto, +gracias a una novena que hizo, en unión de su familia. Después de esto, +resolvió marcharse a París, siguiendo los usos y costumbres de la +Auvernia, para ahorrar algunos centenares de francos, y volver después a +ayudar a sus padres. Le dieron un traje de pana y veinte francos, que en +Mauriac constituyen una cantidad importante, y aprovechó la ocasión de +marchar un camarada que conocía el camino de la capital. Hizo el camino +a pie, invirtiendo en él diez jornadas, y llegó fresco y dispuesto a +trabajar, con catorce francos y medio en el bolsillo, y los zapatos sin +estrenar, en la mano. + +Dos días más tarde, rodaba un tonel por el faubourg de Saint-Germain, en +compañía de otro camarada que no podía ya subir las escaleras, porque +se había relajado. En pago de sus servicios, recibió alojamiento, cama, +manutención y ropa limpia, a razón de una camisa cada mes, sin contar el +franco y medio semanal que le daba su patrón para sus gastos de soltero. +Con sus economías, compró, al cabo del año, un tonel de lance, y se +estableció por su cuenta. + +El éxito que obtuvo fue asombroso, y superior a cuanto pudo esperarse. +Su ingenua cortesía, su incansable amabilidad y su intachable honradez, +captáronle la simpatía y protección de todo el barrio. De dos mil +escalones que solía subir al principio, llegó a siete mil gradualmente. +Por eso enviaba hasta sesenta francos mensuales a las buenas gentes de +Frognac. La familia bendecía su nombre y lo encomendaba a Dios con +fervor, mañana y tarde, en sus plegarias; sus hermanos menores tenían +pantalones nuevos, y se pensaba nada menos que enviar a los dos más +pequeños a la escuela. + +Su vida, sin embargo, a pesar de soplarle la fortuna, en nada había +cambiado: acostábase al lado de su tonel, en un mal bodegón, y renovaba +la paja de su lecho sólo dos veces al mes. Su traje de pana estaba más +remendado que el vestido de un arlequín. La verdad es que en vestir +habría gastado bien poco, a no ser por los malditos zapatos que +consumían cada mes un kilogramo de clavos. En el comer era donde no +escatimaba lo más mínimo. Adquiría, sin regatear, diariamente cuatro +libras de pan, y hasta, a veces, solía regalarse el estómago con un +trozo de queso o de cebolla, o con media docena de manzanas, compradas +en el puente nuevo. Los domingos y días festivos permitíase el lujo de +comer sopa y carne, y el resto de la semana se chupaba los dedos +recordándolo. Pero era demasiado buen hijo y buen hermano para +permitirse jamás el despilfarro de tomar un vaso de vino. «El vino, el +amor y el tabaco» eran para él artículos fabulosos, que sólo conocía de +oídas. Con mucha mayor razón ignoraba los placeres del teatro, tan caros +para los obreros de París. Nuestro hombre prefería acostarse a las +siete, sin que le costara un céntimo, a aplaudir a M. Dumaine por medio +franco. + +Tal era, en lo moral y en lo físico, el hombre a quien M. Bernier llamó, +en la calle de Beaune, para que cediese un buen trozo de su piel a M. +L'Ambert. + +Advertidos los criados, hiciéronle pasar en seguida. + +Avanzó tímidamente, con el sombrero en la mano, levantando los pies +cuanto podía, y no atreviéndose a sentarlos sobre la alfombra. La +tormenta de aquella mañana lo había salpicado de lodo hasta las axilas. + +--Si me llaman para que suministre agua a la casa--dijo saludando al +doctor, y convirtiendo en ches cuantas eses tenía que pronunciar,--le... + +M. Bernier cortole la palabra. + +--No, amigo mío; no se trata de nada relacionado con vuestro comercio. + +--¿De qué se trata, pues? + +--De otra cosa completamente distinta. Al señor le han cortado la nariz +esta mañana. + +--¡Ah, demontre! ¡pobre hombre! ¿Quién ha hecho esa villanía? + +--Un turco; pero esto es lo de menos. + +--¡Un salvaje! Sabía ya de referencia que los turcos eran salvajes; pero +no creí que les dejasen venir a París. Esperad un momento, que voy a +avisar a un gendarme. + +M. Bernier contuvo este alarde de celo del buen auvernés, y explicóle, +en pocas palabras, la clase de servicio que se pretendía que prestase. +Creyó, al principio, que se burlaban de él, porque se puede ser un +excelente aguador sin tener la más pequeña noción de rinoplastia. Hízole +comprender el doctor que se deseaba tenerle embargado durante un mes, y +comprarle unos ciento cincuenta centímetros cuadrados de su piel. + +--La operación no es nada en sí--le dijo,--y os garantizo que os hará +sufrir bien poco; pero os advierto, en cambio, que tendréis que tener +una paciencia enorme para permanecer un mes inmóvil, con el brazo cosido +a la nariz del señor. + +--Paciencia no me falta--respondió nuestro hombre;--para algo soy +auvernés. Pero para que yo pase un mes en esta casa prestando a este +señor un importante servicio, será necesario que me abonen los jornales +de esos días. + +--Desde luego. ¿Cuánto exigís? Sebastián meditó unos instantes. + +--En conciencia--dijo al fin,--ese trabajo bien vale cuatro francos +diarios. + +--No, amigo mío--respondiole el notario;--ese trabajo vale mil francos +al mes, o sea, treinta y tres francos diarios. + +--No--replicó el doctor, con acento autoritario;--eso vale dos mil +francos. + +L'Ambert inclinó la cabeza, y no se atrevió a objetar. + +Romagné pidió permiso para terminar aquel día su trabajo, dejar en el +bodegón su tonel y buscar quien le reemplazase durante el mes. + +--Por otra parte--dijo,--no vale la pena de comenzar hoy mismo, para +sólo medio día. + +Demostráronle que el caso era urgente, y tomó, en vista de ello, sus +medidas. Mandaron a buscar a uno de sus amigos, el cual prometió +reemplazarle por espacio de un mes. + +--Tú me traerás el pan todas las noches--le dijo Romagné. + +Pero se apresuraron a decirle que la precaución era inútil, pues le +darían de comer en la casa. + +--Eso dependerá de lo que me cueste--observó él. + +--M. L'Ambert os dará de comer gratis. + +--¡Gratis! eso ya es distinto. He aquí mi piel. Cortadmela cuanto antes. + +Romagné soportó la operación como un valiente, sin pestañear siquiera. + +--Esto es un placer--decía.--Me han contado de un auvernés de mi país +que se hacía petrificar en una fuente mediante un franco por hora. +Prefiero dejarme cortar a pedazos. No es tan molesto, y produce mucho +más. + +M. Bernier cosiole el brazo izquierdo al rostro del notario, y ambos +hombres permanecieron, por espacio de un mes, encadenados uno al otro. +Los dos hermanos siameses que excitaron un día la curiosidad de toda +Europa no estaban tan indisolublemente unidos. Pero aquéllos eran +hermanos, acostumbrados a soportarse mutuamente desde la más tierna +infancia, y habían recibido la misma educación. Si uno hubiese sido +aguador y el otro notario, tal vez no hubiesen dado el espectáculo de +una amistad tan fraternal. + +Romagné jamás se quejaba de nada, por muy extraña que la nueva +situación le pareciese. Obedecía como un esclavo, o, por mejor decir, +como un buen cristiano, todos los mandatos del hombre que le comprara su +piel. Se levantaba, se sentaba, se acostaba, se volvía hacia la derecha +o la izquierda, según el capricho de su señor. No obedece con tanta +sumisión al Polo Norte la aguja imantada, como Romagné a M. L'Ambert. + +Esta heroica mansedumbre enterneció el corazón del notario, que, a decir +verdad, nada tenía de blando. Sintió por espacio de tres días una +especie de gratitud por los buenos cuidados que le prodigaba su víctima; +mas no tardó en cobrarle antipatía y hasta horror. + +Un hombre joven, activo y lleno de salud, no se acostumbra nunca, sin +trabajo, a la inmovilidad absoluta. ¿Qué no será cuando se trate de +permanecer inmóvil al lado mismo de un ser inferior, sucio y sin +educación? Pero lo había querido así la suerte. Era preciso vivir sin +nariz o soportar al auvernés con todas sus consecuencias: comer con él, +dormir con él, llenar al lado suyo, y en la situación más incómoda, +todas las funciones de la vida animal. + +Era Romagné un digno y excelente joven; pero roncaba como un órgano. +Adoraba a su familia y amaba a su prójimo; pero jamás se había bañado en +su vida por temor de malgastar el agua, objeto de su comercio. Poseía +los sentimientos más delicados del mundo; pero no sabía imponerse los +sacrificios más elementales que la civilización recomienda. ¡Pobre M. +L'Ambert! ¡y pobre Romagné asimismo! ¡qué noches y qué días! ¡qué lluvia +de puntapiés! Inútil es decir que Romagné los recibía sin quejarse, +temeroso de que un falso movimiento diese al traste con el experimento +del doctor Bernier. + +El notario recibía buen número de visitas. Vinieron a verle todos sus +compañeros de aventuras, que se burlaban del auvernés. Enseñáronle a +fumar cigarrillos, y a beber vino y aguardiente. El pobre diablo se +entregaba a estos placeres con la ingenuidad de un piel roja. Lo +emborracharon, lo ahitaron de manjares, le hicieron descender todos los +escalones que separan al hombre de la bestia. Era preciso educarle +nuevamente, y aquellos buenos señores acometieron esta difícil tarea con +placer mefistofélico. ¿No era, por ventura, una cosa divertida y +agradable la empresa de desmoralizar al auvernés? + +Cierto día le preguntaron en qué pensaba emplear los cien luises de M. +L'Ambert cuando acabase de ganarlos. + +--Los emplearé en papel del cinco por ciento, y me producirán cien +francos de renta--contestoles. + +--¿Y después?--preguntole un emperejilado millonario de veinticinco años +de edad.--¿Serás más rico con eso? ¿serás más dichoso acaso? ¡Tendrás +treinta céntimos de renta diaria! Si te casas, lo cual es inevitable, +pues eres de la madera de que se fabrican los imbéciles, tendrás doce +hijos al menos. + +--¡Es posible!--replicó el auvernés, riendo de buena gana. + +--Y, en virtud del Código civil, linda invención del Imperio, le dejarás +a cada uno de ellos un par de céntimos al día. En tanto que, con dos mil +francos, puedes vivir un mes lo menos como un rico, conocer los +placeres de la vida y elevarte muy por encima de tus semejantes. + +Romagné se defendía como un gato panza arriba contra estas tentativas de +corrupción; pero hubieron de descargar tantos golpes sobre su espeso +cráneo, que acabaron por abrir en él un pequeño orificio por donde +penetraron las ideas falsas, y se fueron apoderando de su cerebro. + +También acudieron las damas, de las cuales conocía L'Ambert muchísimas +en todas las capas sociales. Romagné presenció las escenas más diversas; +escuchó numerosas protestas de amor y fidelidad que carecían de +verosimilitud. M. L'Ambert no sólo no se recataba de mentir como un +bellaco en su presencia, sino que, en ocasiones, se complacía, en la +intimidad, en mostrarle todas las falsedades que forman, por decirlo +así, el cañamazo donde se borda la vida elegante. + +¡Y el mundo de los negocios! Romagné creyó descubrirlo, como Cristóbal +Colón, porque no tenía de él noción alguna. Los clientes del notario no +se recataban de él para tratar las mayores enormidades: hablaban en su +presencia como pudieran hacerlo delante de una docena de ostras. Vio +padres de familia que buscaban el modo de despojar a sus hijos en +provecho de una amante o de alguna obra piadosa; jóvenes que estudiaban +la manera de robar la dote a su futura esposa por medio de un contrato; +prestamistas que exigen el diez por ciento sobre primeras hipotecas y +prestatarios que hipotecaban fincas imaginarias. + +Carecía de talento y su inteligencia no era muy superior a la de +cualquier perro de aguas; pero su conciencia se le reveló. + +--Vos no poseéis mi estima--le dijo un día al notario, creyendo hacerle +un gran bien. + +Y la repugnancia que L'Ambert sentía por él trocose en odio mortal. + +En los últimos ocho días de su forzada intimidad sucediéronse las +tempestades casi sin interrupción. + +Al fin adquirió Bernier la plena convicción de que el trozo de piel +había arraigado en la cara del notario, a pesar de los innumerables +tirones que sufriera. Desunió a los dos enemigos, y modeló una nariz a +L'Ambert con el trozo de piel que había cesado ya de pertenecer al +auvernés. Y el acicalado millonario de la calle de Verneuil, arrojó dos +billetes de a mil francos al rostro de su esclavo, diciéndole: + +--¡Toma, infame! El dinero es lo de menos; pero me has hecho gastar lo +menos cien mil escudos de paciencia. Vete ahora mismo de aquí; sal de +mi casa para siempre, y haz de modo que nunca jamás, en mi vida, vuelva +a oír pronunciar tu nombre. + +Romagné diole las gracias, con gesto no desprovisto de altivez, se bebió +una botella de vino en la cocina, tomó un par de copitas con Singuet, y +marchó tambaleándose hacia su antiguo domicilio. + + + + +V + +GRANDEZA Y DECADENCIA + + +M. L'Ambert volvió a entrar en el mundo con éxito; casi podría decirse +que con gloria. Sus testigos le hicieron la más estricta justicia +diciendo que se había batido como un león. Los viejos notarios sentíanse +rejuvenecidos por su valor. + +--¡Ved ahí--decían,--lo que somos cuando se nos pone en ciertos trances! +¡Los notarios son tan hombres como cualquier otro! La suerte de las +armas hizo traición a maese L'Ambert; pero supo adoptar al caer un bello +gesto: ha sido un Waterloo. ¡Aunque digan lo que quieran, somos gentes +decididas! + +De esta manera se expresaban el respetable maese Clopineau, y el digno +maese Labrique, y el untuoso maese Bontoux, y todos los nestores del +notariado. Los jóvenes hablaban en parecidos términos, con ciertas +variantes inspiradas por los celos. + +--No queremos renegar--decían,--de maese L'Ambert: ciertamente que nos +honra, aun cuando nos compromete un poco; pero cada uno de nosotros +hubiera procedido con el mismo valor, y quién sabe si con menos torpeza. +Un funcionario público no debe dar estos escándalos. No se debiera ir +nunca al terreno del honor más que por causas confesables. Si yo fuese +padre de familia, preferiría confiar mis asuntos a un hombre prudente, y +no a un héroe de aventuras dudosas, etc., etc. + +Pero la opinión del bello sexo, que es la que prevalece, habíase +declarado en favor del héroe de Parthenay. Tal vez no hubiera contado +con tan rara unanimidad si se hubiese conocido el episodio del gato; +quizás también ese sexo tan encantador como injusto habría condenado a +L'Ambert si hubiese tenido la avilantez de reaparecer ante el mundo sin +nariz. Pero todos los testigos habían guardado la mayor discreción +acerca del ridículo incidente del gato, y M. L'Ambert, lejos de estar +desfigurado, parecía haber ganado en el cambio. + +Una baronesa observó que su fisonomía era más dulce desde que llevaba la +nariz recta. Una vieja canonesa, dechado de malicia, preguntó al +príncipe de B... si no haría bien en buscarle querella al turco. El +aguileño príncipe gozaba de una reputación hiperbólica. + +Alguno preguntará cómo las damas del gran mundo podían interesarse en +peligros que no habían sido corridos por ellas. Los hábitos de maese +L'Ambert eran bien conocidos, y se sabía que una gran parte de su +corazón y de su tiempo los empleaba en la Opera. Pero el mundo perdona +fácilmente estas distracciones a los hombres que no se entregan a ellas +por completo. Representa el papel del fuego, y se contenta con lo poco +que le dan. Se agradecía a M. L'Ambert que no estuviese perdido más que +a medias, cuando tantos, a su edad, están perdidos del todo. No dejaba +de frecuentar las casas honradas, conversaba con las viudas, bailaba con +las solteras y tocaba en ocasiones el piano de una manera aceptable; no +hablaba, en fin, de caballos a la moda. Estos méritos, bastante raros +por cierto entre los jóvenes millonarios del faubourg, le concillaban +la benevolencia de las damas. Una linda devota, la señora de L..., +habíale demostrado durante tres meses que los placeres más vivos no +consisten en la disipación y el escándalo. + +No se crea por eso que había roto en absoluto con el cuerpo de baile; la +severa lección recibida no le había hecho concebir el menor horror hacia +aquella hidra de cien encantadoras cabezas. Una de sus primeras visitas +fue para el templo donde brillaba la señorita Victorina Tompain. ¡Allí +sí que se le tributó un recibimiento entusiasta! ¡Con qué amistosa +curiosidad corrió todo el mundo a su encuentro! ¡Qué dulcísimos +dictados! ¡qué apretones de manos tan cordiales! ¡Cuántos labios +hechiceros se alargaron hacia él, en forma de tentador hocico, para +recibir un beso amistoso, sin la menor consecuencia! El notario estaba +radiante. Todos sus amigos de los días pares, todos los altos +dignatarios de la francmasonería del placer, le dieron la enhorabuena +por su curación milagrosa. Reinó durante todo un entreacto en aquel +reino envidiable. Le hicieron referir su aventura y explicar el +tratamiento del doctor Bernier, admirando todos la habilidad con que +estaban dados los puntos de sutura, que apenas se conocían. + +--Imaginaos que ese excelente Bernier ha completado mi persona con la +piel de un auvernés. ¡Y qué auvernés, Dios mío! ¡El más estúpido y sucio +de la Auvernia! Nadie lo diría al ver el trozo de piel que me ha +vendido. ¡Qué horas tan desagradables me ha hecho pasar el muy burro!... +Los mozos de cordel que veis por las esquinas son petimetres al lado +suyo. Pero, gracias al cielo, ya me veo libre de él. El día en que le +pagué sus servicios y lo puse de patitas en la calle, se me quitó de +encima un peso inmenso. Se llama Romagné, ¡bonito nombre! Jamás lo +pronunciéis en mi presencia. ¡Si queréis que viva largos años, no me +habléis jamás de Romagné! + +La señorita Victorina Tompain no fue, por cierto, la última en +cumplimentar al héroe. Ayvaz-Bey la había abandonado indignamente, +dejándole cuatro veces más dinero del que valía ella. El magnánimo +L'Ambert hubo de mostrarse con ella dulce y clemente. + +--No os guardo rencor--le dijo,--ni a ese bravo turco tampoco. Sólo +tengo un enemigo en el mundo: un auvernés llamado Romagné. + +Y pronunciaba su nombre con una entonación cómica que hizo gracia a todo +el mundo. Creo que aun hoy día la mayor parte de aquellas señoritas +dicen: «Mi Romagné, cuando hablan de su aguador.» + +De esta suerte transcurrieron los tres meses de estío. La estación fue +deliciosa y casi todas las familias se ausentaron de París. La Opera +viose invadida por provincianos y extranjeros. M. L'Ambert frecuentola +bastante menos que otras veces. + +Casi todos los días, al sonar las seis de la tarde, despojábase de la +gravedad del notario y partía para Maisons-Lafitte, donde había +alquilado un chalet, y adonde acudían a verle sus amigos y hasta sus +amiguitas. Jugaban en el jardín a toda clase de juegos campestres, y os +garantizo que el columpio nunca holgaba. + +Uno de los más asiduos y animados concurrentes era el agente de cambios, +M. Steimbourg. La aventura de Parthenay habíale ligado a L'Ambert con +lazos más estrechos. M. Steimbourg pertenecía a una buena familia de +israelitas convertidos; su cargo valía dos millones y poseía una fortuna +de medio millón, de suerte que ya se podía trabar amistad con él. Las +amantes de los dos amigos se llevaban bastante bien, lo cual equivale a +decir que sólo se peleaban una vez por semana. ¡Qué bello es contemplar +cuatro corazones que laten al unísono! Los hombres montaban a caballo, +leían el _Fígaro_, o comentaban los chismes de la ciudad; las damas se +echaban mutuamente las cartas, con gracia sin igual: ¡una edad de oro en +miniatura! + +M. Steimbourg creyó un deber presentar a su amigo a su familia. +Condújole a Bieville, donde su padre se había hecho construir un chalet. +M. L'Ambert fue recibido en él por un viejo muy verde, una señora de +cincuenta años, que no había abdicado aún, y dos jovencitas +extremadamente coquetas; y a primera vista advirtió que no entraba en +una casa de fósiles. Por el contrario: tratábase de una familia moderna +y perfeccionada. Padre e hijo eran dos buenos compañeros que se daban +mutuas bromas acerca de sus calaveradas. Las muchachas habían visto +cuanto se representaba en el teatro, y leído cuanto se ha escrito. Pocas +personas conocían mejor que ellas la crónica elegante de París; les +habían sido mostradas, en el teatro y en el bosque de Boloña, las más +celebradas bellezas de todas las clases sociales; las habían llevado a +presenciar las ventas de los mobiliarios más ricos, y disertaban de la +manera más agradable sobre las esmeraldas de la señorita X... y las +perlas de la señorita Z... La mayor, la señorita Irma Steimbourg, +copiaba con verdadera pasión los trajes y sombreros de la señorita +Fargueil; la menor, había enviado a uno de sus amigos a casa de la +señorita Figeac para que le pidiese la dirección de su modista. Una y +otra eran ricas y poseían buena dote. Irma le gustó más a L'Ambert. El +apuesto notario pensaba de vez en cuando que medio millón de dote y una +mujer que sabe llevar un traje no son cosas despreciables. Viéronse con +frecuencia, casi una vez por semana, hasta que llegaron las primeras +heladas de noviembre. + +Tras un otoño dulce y brillante, cayó como una teja el invierno. Es un +hecho bastante conocido en nuestros climas, pero la nariz de L'Ambert +dio pruebas, en esta ocasión, de una sensibilidad extraordinaria. +Enrojeciose un poco al principio, después mucho; fuese hinchando por +grados hasta tornarse deforme. Después de una partida de caza alegrada +por el viento Norte, experimentó el notario intolerable comezón. Mirose +en el espejo de un mesón, y desagradole en extremo el color de su nariz. +A decir verdad, parecía un sabañón mal colocado. + +Consolose pensando que un buen fuego le devolvería su figura natural, y, +en efecto, el calor se la descongestionó y rebajó su color durante +algunos momentos. Pero, al siguiente día, la comezón presentose +nuevamente, los tejidos se inflamaron mucho más, y presentose de nuevo +la coloración rojiza, acompañada de ciertos tintes violáceos. Ocho días +sin salir de su casa, sentado delante del hogar, borraron tan fatales +matices; pero reaparecieron, a pesar de las pieles de zorra azul, a la +primera salida. + +Muerto de susto L'Ambert, envió a buscar en seguida al doctor Bernier. +Este acudió a toda prisa; diagnosticó una ligera inflamación y +prescribió unas compresas de agua helada. Sin embargo, la nariz no tuvo +alivio, a pesar de la refrigeración, y el doctor no salía de su asombro +al ver la persistencia del mal. + +--Tal vez tenga razón Dieffembach--dijo al notario,--al asegurar que la +piel puede morir por un exceso de sangre, y recomendar que se le +apliquen sanguijuelas. ¡Ensayemos! + +Aplicose a L'Ambert una sanguijuela en la punta de la nariz, y, cuando +se desprendió, harta de sangre, reemplazósela por otra, y así +sucesivamente, dos días y dos noches. La hinchazón y la coloración +desaparecieron por algún tiempo; mas sus efectos no fueron de larga +duración. Fue preciso recurrir a otro expediente. Pidió M. Bernier +veinticuatro horas para reflexionar, y se tomó cuarenta y ocho. + +Cuando volvió al hotel de M. L'Ambert, estaba preocupado y daba muestras +de una timidez excesiva, y tuvo que realizar sobre sí mismo un gran +esfuerzo para decidirse a hablar. + +--La medicina--dijo al fin,--no explica satisfactoriamente todos los +fenómenos naturales, y vengo a someteros una teoría que carece de todo +fundamento científico. Mis colegas se burlarían de mí si les dijese que +un pedazo de piel arrancada del cuerpo de un hombre puede permanecer +sometida a la influencia de su primitivo poseedor. No cabe duda alguna +de que es vuestra propia sangre, puesta en circulación por vuestro +corazón, bajo la acción del cerebro, la que afluye a vuestra nariz; y, +sin embargo, tentado estoy de creer que ese imbécil de auvernés no es +extraño a estos sucesos. + +M. L'Ambert lanzó una exclamación de disgusto y de sorpresa. ¡Decir que +un vil mercenario, a quien había religiosamente pagado su servicio, +podía ejercer una influencia oculta sobre la nariz de un funcionario +público, era una impertinencia! + +--Es mucho peor aun--replicó el doctor,--es un absurdo. Y, sin embargo, +os pido autorización para buscar a Romagné. Tengo necesidad de verle hoy +mismo, aunque no sea más que para convencerme de mi error. ¿Habéis +conservado sus señas? + +--¡No lo permita Dios! + +--Pues bien, yo trataré de averiguarlas. Tened paciencia, no salgáis +para nada de vuestra habitación, y suspended entre tanto toda +medicación. + +Buscó en vano durante quince días. Recurrió a la policía, que le tuvo +despistado por espacio de tres semanas. Un agente sutil y lleno de +experiencia descubrió todos los Romagnés de París, excepto el que se +buscaba. Encontró un inválido, un tratante en pieles de conejo, un +abogado, un ladrón, un corredor del ramo de mercería, un gendarme y un +millonario, todos de este mismo apellido. M. L'Ambert se abrasaba de +impaciencia al lado del hogar, y contemplaba con desesperación su nariz +color de escarlata. Por fin se dio con el domicilio del aguador, pero +éste ya no vivía en él. Los vecinos refirieron que había hecho fortuna y +vendido su tonel para gozar de la vida. + +M. Bernier dio una terrible batida por las tabernas y demás lugares de +placer, en tanto que su enfermo permanecía sumido en la mayor +melancolía. + +El 2 de febrero, a las diez de la mañana, el atildado notario +calentábase tristemente los pies y contemplaba horrorizado aquella +peonía florida en medio de su rostro, cuando un alegre tumulto conmovió +toda la casa. Abriéronse las puertas con estrépito, de los pechos de +todos los criados escapáronse gritos de alegría, y se vio aparecer al +doctor, trayendo de la mano a Romagné. + +Era el verdadero Romagné; pero, ¡cuán cambiado estaba! Sucio, +embrutecido, feo, con la mirada apagada, el aliento mal oliente, +apestando a vino y tabaco, rojo de la cabeza a los pies como un cangrejo +cocido, era el prototipo del erisipelatoso. + +--¡Monstruo!--le dijo M. Bernier,--se te debería caer la cara de +vergüenza. Has descendido a un nivel más bajo que el de los brutos. +Conservas todavía la cara del hombre, pero no su color. ¡En qué has +empleado la fortunita que te proporcionamos? Te has revolcado en el +cieno de todos los vicios, y te he encontrado en las afueras de París, +tirado como un cerdo en el suelo de la taberna más inmunda. + +El auvernés elevó hasta el doctor su mirada, y le dijo con su amable +acento, embellecido con este dejo propio del pueblo bajo parisiense: + +--¡Y bien, qué! Que he empinado un poco el codo. ¿Es acaso una razón +para decirme esa sarta de necedades? + +--¿A qué llamas necedades, majadero? Te reprocho tus torpezas. ¿Por qué +no colocaste tu dinero a interés en vez de bebértelo? + +--¡Fue el señor quien me dijo que me divirtiese! + +--¡Tunante!--exclamó el notario,--¿fui yo quien te aconsejó que te +fueses a emborrachar fuera de las fortificaciones, con aguardiente y +vino tinto? + +--Cada uno se divierte como puede... He estado con mis camaradas. + +--¡Vaya unos camaradas!--dijo el médico, no pudiendo reprimir un +movimiento de cólera.--¿De manera, truhán, que llevo a cabo una cura +maravillosa, que me llena de gloria y esparce por París mi bien ganada +fama, y que acabará por abrirme las puertas del Instituto, y tú, en +unión de unos cuantos borrachos de tu misma calaña, vais a hacer +zozobrar la más divina de mi obras? ¡Si sólo se tratase de ti, +grandísimo bellaco, te dejaríamos obrar como quisieses! Es un verdadero +suicidio físico y moral; pero un auvernés más o menos poco importa a la +sociedad. ¡Pero se trata de un hombre de mundo, de un rico, de tu +bienhechor, de mi cliente! Tú lo has comprometido, desfigurado, +asesinado con tu mala conducta. ¡Mira bien en qué estado lamentable has +puesto al señor el rostro! El infeliz contempló la nariz que había +contribuido a formar, y rompió en amargo llanto. + +--Es una verdadera desgracia, señor Bernier; pero pongo a Dios por +testigo de que no he tenido yo la culpa. Esa nariz se ha deteriorado +ella sola. Yo soy un hombre honrado, y os juro que no he puesto mi mano +en ella. + +--¡Imbécil!--tronó M. L'Ambert,--jamás comprendes las cosas... por más +que, en realidad, no es menester que comprendas. Se trata únicamente de +que digas sin rodeos si quieres cambiar de conducta y renunciar a esa +vida de crápula que me mata de rechazo. Te prevengo que tengo el brazo +muy largo, y que, si persistes en tus vicios, sabré ponerte pronto a +buen recaudo. + +--¿Preso? + +--Preso. + +--¿Preso entre los criminales? ¡Gracias, señor L'Ambert! ¡Eso sería la +deshonra de mi familia! + +--¡Seguirás bebiendo, o no? + +--¡Ah, Dios mío! ¿cómo beber cuando no se tiene dinero? Todo lo he +gastado ya, señor L'Ambert. Me he bebido los dos mil francos íntegros; +me he bebido mi tonel y cuánto poseía, y no hay un alma en la tierra que +ya quiera abrirme crédito. + +--Me alegro, perillán; hacen todos muy bien. + +--Tendré que ser juicioso a la fuerza. La miseria me amenaza, señor +L'Ambert. + +--¡Te repito que me alegro! + +--¡Señor L'Ambert! + +--¿Qué? + +--Si tuvieseis la bondad de comprarme un tonel nuevo para ganarme la +vida honradamente, os juro que volvería a ser un buen sujeto. + +--¡Buena fuera! Lo venderías al día siguiente para emborracharte. + +--No, señor L'Ambert, ¡os lo juro por mi honor!--Esos son juramentos de +borracho. + +--¿Queréis entonces que me muera de hambre y sed? ¡Un centener de +francos, mi buen señor L'Ambert! + +--¡Ni un solo céntimo! La Providencia te puso en mi camino para devolver +a mi rostro su aspecto natural. Bebe agua, come pan seco, prívate de lo +más necesario, muérete de hambre, si puedes; sólo a ese precio podré +recobrar mis facciones y volveré a ser el mismo. + +Romagné inclinó la cabeza y retirose arrastrando los pies y saludando a +los presentes. + +El notario recuperó su alegría y el médico sus ensueños de gloria. + +--No quiero alabarme a mí mismo--decía modestamente M. Bernier,--pero +Leverrier descubriendo un planeta por la fuerza del cálculo, no ha +realizado un milagro tan grande como yo. Adivinar, por el aspecto de +vuestra nariz, que un auvernés ausente y perdido en la baraúnda de un +París, se halla entregado a la crápula, es remontarse desde el efecto a +la causa por caminos que la audacia del hombre no había intentado aún. +En cuanto al tratamiento de vuestra enfermedad, se halla indicado por +las circunstancias. La dieta aplicada a Romagné es el único remedio que +puede curaros. La suerte ha venido a servirnos de un modo maravilloso, +puesto que este animal se ha comido hasta su último céntimo. Habéis +hecho perfectamente en negarle el socorro que os pedía: todos los +esfuerzos del arte serán vanos mientras tenga que beber ese hombre. + +--Pero, doctor--le interrumpió L'Ambert,--¿y si no fuera ese el origen +de mi mal? ¿y si sólo se tratase de una coincidencia fortuita? ¿No +habéis dicho vos mismo que a veces la teoría...? + +--He dicho, y lo repito, que en el estado actual de los conocimientos +humanos, vuestro caso no admite ninguna explicación lógica. Es un hecho +cuya ley se desconoce. La relación que hoy hallamos entre vuestra nariz +y la conducta de este auvernés, nos abre una perspectiva, engañosa tal +vez, mas, sin duda alguna, inmensa. Esperemos algunos días: si vuestra +nariz se cura a medida que Romagné se enmienda, se verá reforzada mi +teoría por una nueva probabilidad. No respondo de nada; pero presiento +una ley fisiológica, hasta aquí desconocida, y que me consideraré muy +feliz si puedo formularla. El mundo de las ciencias se halla lleno de +fenómenos visibles producidos por causas desconocidas. ¿Por qué la +señora de L..., a quien conocéis como yo, tiene en el hombro izquierdo +una cereza perfectamente pintada? ¿Es, acaso, como dicen, porque, +hallándose encinta su madre, sintió ésta grandes deseos, que no pudo +satisfacer, de comerse una cesta de cerezas expuestas en el escaparate +de Chevet? ¿Qué artista invisible ha dibujado esta fruta sobre el cuerpo +de un feto de seis semanas, del tamaño de un langostino mediano? ¿Cómo +explicar esta acción especial de lo moral sobre lo físico? ¿Y por qué +la cereza de la señora de L... adquiere cierta tumefacción y +sensibilidad en el mes de abril de cada año, cuando están flor los +cerezos? He aquí unos hechos ciertos, evidentes, palpables, y tan +inexplicables como la hinchazón y rubicundez de vuestra nariz. ¡Pero +tengamos paciencia! + +Dos días después la hinchazón la nariz del notario cedía de un modo +visible, pero su color rojo persistía. Al final de la semana, su volumen +habíase reducido más de una tercera parte. Al cabo de quince días, +perdió por completo la piel, crió seguida otra nueva, y recuperó su +forma y color primitivos. + +El triunfo del doctor era evidente. + +--Mi único sentimiento--decía,--es que no hayamos guardado a Romagné en +una jaula, para observar en él, al mismo tiempo que en vos, los efectos +del tratamiento. Estoy seguro que ha estado, durante siete u ocho días, +cubierto de escamas como un pez. + +--¡Que el diablo cargue con él!--observó cristianamente el notario. + +Este, a partir de aquel día reanudó su vida ordinaria: salió carruaje, a +caballo, a pie; danzó los bailes del faubourg, y embelleció con su +presencia el _foyer_ de la Opera. Todas las mujeres lo acogieron +perfectamente, en el mundo y fuera de él. Una de las que más tiernamente +le felicitaron por su curación fue la hermana mayor de su amigo +Steimbourg. + +Esta amabilísima joven, que tenía costumbre de mirar a los hombres cara +a cara, observó que M. L'Ambert había salido de la última crisis más +hermoso que nunca. Y en realidad, parecía como si aquellos dos o tres +meses de enfermedad hubiesen dado a su rostro un no sé qué de perfecto. +La nariz, sobre todo, aquella nariz recta, que acababa de recuperar sus +ordinarias dimensiones después de una dilatación excesiva, parecía más +fina, más blanca y más aristocrática que nunca. + +Esta era también la opinión del acicalado notario, que se contemplaba en +todos los espejos con una creciente admiración de su persona. ¡Había que +verlo frente a frente de su imagen, sonriendo, endiosado, a su propia +nariz! + +Pero a la vuelta de la primavera, en la segunda quincena de marzo, +mientras la generosa savia hacía retoñar las lilas, llegó a creer M. +L'Ambert que sólo a su nariz le eran negados los beneficios de la +estación y las bondades de la naturaleza. En medio del renacimiento +general de todas las cosas, palidecía como una hoja de otoño. Sus alas, +adelgazadas y como desecadas por el viento del desierto, adosábanse cada +vez más a su tabique central. + +--¡Demontre!--decía el notario, haciéndole una mueca al espejo,--la +distinción es cosa bella, lo mismo que la virtud; pero esto ya es +demasiado. Mi nariz va adquiriendo una elegancia inquietante, y, si no +trato de darle alguna fuerza y color, muy pronto no será que una sombra. + +Diose en ella un poco de colorete; pero sólo logró hacer resaltar más +aun finura increíble de aquella línea recta y sin espesor que dividía su +rostro en dos mitades. La fantástica nariz del desesperado notario hacía +recordar la varilla de hierro que proyecta su cortante sombra sobre la +esfera de los relojes de sol. + +En vano sometiose a un régimen más alimenticio el indignado millonario +de la calle de Verneuil. Considerando que una buena alimentación, +digerida por un estómago sólido, aprovecha por igual a todas las partes +del cuerpo, se impuso la dulce ley de embaularse sendas tazas de caldo, +sendos tajos de carne ensangrentada, regados con los más generosos +vinos. Decir que estos manjares elegidos no le hicieron efecto, sería +negar la evidencia y blasfemar de las comidas regaladas. M. L'Ambert +adquirió en poco tiempo hermosos mofletes rojos, un pescuezo muy digno +de cualquier ternero apoplético y una respetable panza. Pero la nariz +parecía una especie de socio negligente o desinteresado, que no se ocupa +en cobrar sus dividendos. + +Cuando un enfermo no puede comer ni beber, se le sostiene a veces por +medio de baños alimenticios, que penetran a través de los poros de la +piel hasta los centros vitales. M. L'Ambert trató a su nariz como a un +enfermo a quien es preciso alimentar por separado a cualquier precio. +Adquirió una bañera de plata sobredorada, y, seis veces al día, +introducíala en ella y la mantenía pacientemente sumergida en sendos +baños de leche, de vino de Borgoña, de caldo substancioso y hasta de +salsa de tomates. ¡Trabajo perdido! la enferma salía del baño tan pálida +y delgada y en estado tan deplorable como estaba antes de entrar. + +Todas las esperanzas parecían ya perdidas, cuando un día M. Bernier +diose un golpe en la frente y exclamó: + +--¡Pero si hemos cometido una falta imperdonable! ¡un error digno de +colegiales! ¡y he sido yo! ¡yo mismo, cuando este hecho constituye una +confirmación aplastante de mi teoría...! No lo dudéis, caballero: el +auvernés está enfermo, y es preciso curarle a él para que sanéis vos. + +El desdichado L'Ambert mesose los cabellos. ¡Cuánto se arrepintió de +haber plantado a Romagné de patitas a la calle, y de haberse negado a +socorrerle, y olvidado el quedarse con sus señas! Representábase al +pobre diablo consumiéndose sobre un camastro, sin pan, sin rosbif y sin +vino de Châteaux-Margaux. Esta idea destrozaba su corazón. Asociábase a +los dolores del infeliz mercenario. Por primera vez en su vida +compadeciose de los sufrimientos del prójimo. + +--¡Doctor, querido doctor!--exclamó, estrechando la mano de +Bernier,--¡daría toda mi fortuna por salvar a ese valiente muchacho! + +Cinco días después, el mal había avanzado más aun. La nariz no era más +que una película flexible, que se plegaba bajo el peso de las gafas, +cuando M. Bernier vino a decirle que había encontrado al auvernés. + +--¡Victoria!--exclamó entusiasmado el notario. + +El cirujano encogiose de hombros y contestó que la victoria parecíale +dudosa por lo menos. + +--Mi teoría--añadió,--está plenamente confirmada, y, como fisiólogo, +tengo que declararme satisfecho; pero, como médico, quisiera ante todo +curaros, y el estado en que he visto a ese infeliz no me inspira +demasiadas esperanzas. + +--¡Vos le salvaréis, doctor! + +--Por lo pronto, no me pertenece actualmente: se encuentra al servicio +de un colega mío que le estudia con cierta curiosidad. + +--Ya lograréis que os lo ceda. ¡Lo compraremos, si es preciso! + +--¡No soñéis siquiera en eso! Un médico no vende nunca a sus enfermos. +Los mata algunas veces, en interés de la ciencia, para ver qué tienen +dentro; pero traficar con ellos... ¡jamás! Mi amigo Fogatier me cederá, +tal vez, vuestro auvernés; pero el pobre está muy enfermo, y, para colmo +de desgracia, se halla tan aburrido de la vida, que quiere a todo trance +morirse. Rechaza las medicinas, y, en cuanto a los alimentos, tan pronto +se queja de no tener suficiente, y reclama a grandes voces su ración +entera, como rechaza cuanto le dan, y trata de matarse por hambre. + +--¡Pero eso es un crimen! ¡Yo le hablaré! ¡yo le haré oír el lenguaje de +la religión y la moral! ¿Dónde se encuentra? + +--En el hospital, sala de San Pablo, número 10. + +--¿Tenéis vuestro carruaje a la puerta? + +--Sí. + +--Pues partamos. ¡Ah, infame! ¡quiere morirse! ¿Ignora por ventura que +todos los hombres son hermanos? + + + + +VI + +HISTORIA DE UNAS GAFAS Y CONSECUENCIAS DE UN CATARRO NASAL + + +Jamás predicador alguno, jamás Bossuet ni Fenelón, jamás Massillon ni +Fléchier, jamás el mismo Mermilliod, desplegaron desde su sagrada +cátedra una elocuencia más persuasiva y untuosa que la empleada por M. +Alfredo L'Ambert ante el lecho de Romagné. Dirigiose primero a la razón, +después a la conciencia, y por último al corazón del enfermo. Recurrió a +lo profano y lo sagrado, citó textos de filósofos y santos. Mostrose +fuerte y benigno, severo y paternal, lógico, acariciador y hasta +complaciente. Demostrole que el suicidio es el más bochornoso de los +crímenes, y que era menester ser bien cobarde para afrontar +voluntariamente la muerte. Hasta se atrevió a emplear una metáfora tan +nueva como atrevida, comparando el suicida, al desertor que abandona su +puesto sin permiso de su cabo. + +El auvernés, que no había tomado nada en las últimas veinticuatro horas, +parecía bien aferrado a su idea. Permanecía inmóvil y terco ante la +muerte, como un asno ante un puente. A los argumentos más hábiles, +respondía con impasible dolor: + +--No vale la pena, señor L'Ambert; hay demasiada miseria en este mundo. + +--¡Bah, amigo mío! la miseria fue instituida por Dios, que la creó para +excitar la caridad de los ricos y la resignación de los pobres. + +--¿Los ricos? He pedido trabajo a todo el mundo, y me ha sido negado en +todas partes. ¡He pedido limosna y me han amenazado con la policía! + +--¿Por qué no os dirigisteis a vuestros amigos? ¡A mí, por ejemplo! ¡a +mí, que tanto os debo! ¡a mí, que tan agradecido os estoy! ¡a mí, que +por mis venas corre vuestra propia sangre! + +--¡En seguida! ¡para que me hicieseis poner nuevamente de patitas en la +calle! + +--¡Mis puertas estarán siempre abiertas para vos, lo mismo que mi +bolsillo, igual que mi corazón! + +--¡Si siquiera me hubieseis dado cincuenta francos para comprarme un +tonel de ocasión! + +--¡Pero, animal!... animal querido, quiero decir... ¡permíteme que te +maltrate un poco, como en los tiempos en que compartía contigo mi mesa +y mi lecho! no son ya cincuenta francos los que pienso darte, sino mil, +dos mil, tres mil... ¡diez mil! mi fortuna entera deseo compartirla +contigo... a prorrateo, naturalmente, de nuestras necesidades +respectivas. ¡Es preciso que vivas! ¡es menester que seas feliz! He aquí +la primavera que vuelve, con su cortejo de flores y la dulce melodía de +las aves que trinan en la enramada. ¿Serás capaz de abandonar todo esto? +¡Piensa en el inmenso dolor que ocasionarías a tus infelices padres, que +te aguardan en tu país! ¡piensa en tus pobres hermanos! ¡en tu madre, +sobre todo, amigo mío, que no podría sobrevivirte! ¡Volverás a verlos a +todos! O, mejor dicho, no: permanecerás en París bajo mi protección, +conviviendo conmigo en la intimidad más estrecha. Quiero verte dichoso, +casado con una mujer bonita y hacendosa, padre de dos o tres hermosas +criaturas. ¡Sonríe, hombre, sonríe! ¡Toma este plato de sopas! + +--¡Gracias, señor L'Ambert. Guardaos esas sopas; ¿para qué las he de +tomar? ¡Hay tanta miseria en el mundo! + +--Pero, hombre, ¿no te juro que se han acabado ya tus malos días para +siempre? ¿que me encargo de tu porvenir, bajo mi fe de notario? Si +accedes a vivir, se acabarán tus sufrimientos, no volverás a trabajar, +¡tus años constarán de trescientos sesenta y cinco domingos! + +--¿Sin lunes? + +--Y de lunes también, si lo prefieres. Comerás, beberás, fumarás buenos +habanos. Serás mi comensal, mi amigo inseparable, mi otro yo. ¿Quieres +vivir, Romagné, para ser un segundo yo? + +--No, no; ya que he comenzado a morir, lo mejor es acabar cuanto antes. + +--¡Ah, pedazo de alcornoque! ¡Voy a contarte, animal, el destino que te +aguarda! No se trata ya solamente de las penas eternales que en tu +obstinación endiablada acercas más a ti cada minuto; en este mundo, aquí +mismo, mañana, quizás hoy, antes de ir a pudrirte a la fosa común, te +llevarán al anfiteatro. Te tenderán sobre una mesa de piedra, y partirán +tu cuerpo en pedazos. Uno henderá, a fuerza de hachazos, tu abultada +cabeza de mulo; otro te abrirá el pecho en canal para ver si es posible +que exista un corazón dentro de tan estúpida envuelta; otro... + +--¡Por favor, señor L'Ambert, que no quiero que me corten a pedazos! +¡prefiero comer las sopas! + +Tres días de sopas y su robusta constitución arrancáronle de aquel +amargo trance, y fue posible transportarle en carruaje al hotel de la +calle de Verneuil. El mismo M. L'Ambert lo instaló con solicitud +maternal. Alojolo en la habitación de su propio ayuda de cámara, para +tenerle más cerca. Por espacio de un mes ejerció con verdadera +abnegación las funciones de enfermero, pasando bastantes noches en +claro, a la cabecera de su lecho. + +Estas fatigas, lejos de alterar su salud, devolvieron a su rostro su +frescura y lozanía habituales. Cuanta mayor asiduidad desplegaba en el +cuidado de su enfermo, más lozana y vigorosa tornábase su nariz. +Repartía su vida entre el estudio, el auvernés y el espejo. En este +período fue cuando escribió, distraídamente, sobre el borrador de una +escritura de venta: «¡Qué dulce es hacer bien a su prójimo!» Máxima un +poco vieja en sí misma, pero nueva en absoluto para él. + +Cuando entró Romagné en el período de franca convalecencia, su huésped y +salvador, que tantas veces le había trozado el pan y partido los +biftecs, le dijo: + +--A partir de este momento, comeremos siempre juntos. Sin embargo, si +prefieres comer en la cocina, también serás allí perfectamente +alimentado, y es posible, tal vez, que te encuentres más a gusto. + +Romagné, a fuer de hombre juicioso, obtó por la cocina. + +Supo conducirse en ella de tal suerte, que se captó la simpatía y el +aprecio de todos. Lejos de prevalerse de la amistad que le unía con el +amo, mostrose más humilde y más modesto que el último marmitón. Era un +criado que M. L'Ambert había puesto a sus servidores. Todo el mundo +utilizaba sus servicios, se burlaba de su acento y le daba palmadas +amistosas a la espalda, sin que a nadie se le ocurriese darle nunca una +propina. M. L'Ambert lo sorprendió varias veces sacando agua, cambiando +de sitio los muebles más pesados, encerando los pisos de madera. En +tales ocasiones le tiraba de la oreja aquel amo ideal, y le decía: + +--Entretente, si quieres, no hay en ello inconveniente por mi parte; +pero no te fatigues demasiado. + +El infeliz muchacho, confundido por tantas bondades, se escondía en su +habitación y lloraba de ternura. + +Pero no pudo conservar por mucho tiempo aquel cuarto tan cómodo y +aseado, contiguo a las habitaciones del amo. M. L'Ambert le hizo saber, +de un modo delicado, que echaba mucho de menos la vecindad de su ayuda +de cámara, y el mismo Romagné solicitó autorización para alojarse en +las buhardillas, adjudicándosele entonces un cuartucho que las +freganchinas no habían querido nunca. + +«¡Dichosos los pueblos que no tienen historia!» ha dicho un sabio. +Sebastián Romagné fue dichoso por espacio de tres meses; pero, al +comenzar el verano, empezó a tener historia. Su corazón, largo tiempo +invulnerable, fue herido por las flechas del amor. El antiguo aguador +entregose, atado de pies y manos, al dios que perdió a Troya. Advirtió, +mientras preparaba las legumbres, que la cocinera tenía unos ojillos +grises muy bonitos, y unos mofletes rojos muy hermosos. Un suspiro, +capaz de echar a rodar las mesas, fue la primera manifestación de su +mal. Quiso explicarse, pero ahogó la emoción en su garganta las +palabras. Apenas si, en su excesiva timidez, se atrevió a aprisionar a +su Dulcinea por el talle, y a besarle los labios con pasión. + +Esto bastó, sin embargo, para que lo comprendieran. Era la cocinera una +persona capaz, que le llevaba a él siete u ocho años, y ya bastante +ducha en las lides del amor. + +--Ya me hago cargo--le dijo ella;--deseáis casaros conmigo. +Perfectamente, amigo mío; podremos entendernos si traéis algo por +delante. + +Él respondió ingenuamente que traía por delante todo lo que puede +exigirse a un hombre, es decir: dos brazos vigorosos y acostumbrados al +trabajo. La señorita Juanita riósele en sus barbas y habló con más +claridad; el a su vez soltó la carcajada, y le dijo, con la más amable +confianza: + +--¿Pero es dinero lo que deseáis? Deberíais haberlo dicho desde luego. +¡Tengo más dinero que peso! ¿Cuánto deseáis? Fijad vos misma la suma. +¿Os contentaríais, por ejemplo, con la mitad de la fortuna del señor +L'Ambert? + +--¿La mitad de la fortuna del amo? + +--Ciertamente. Me lo ha dicho más de cien veces. Yo poseo la mitad de su +fortuna; pero no hemos repartido el dinero todavía: me tiene guardada mi +parte. + +--¡Qué gran majadería! + +--¿Majadería? Esperad, que ahora entra él. Voy a pedirle mi cuenta y os +traeré a la cocina todo mi capital. + +¡Pobre inocente! sólo obtuvo de su amo una buena lección de gramática +parda. M. L'Ambert le enseñó que prometer y dar no son palabras +sinónimas; dignose explicarle (porque estaba de buen humor) los méritos +y peligros de la figura llamada hipérbole; y le dijo, por último, con, +tono dulce, es verdad, pero tan firme que no admitía réplica: + +--Romagné, he hecho mucho por vos, pero quiero hacer más todavía al +alejaros de este hotel. El simple buen sentido os dice que no os halláis +en él en calidad de dueño; quiero llevar mi bondad hasta el extremo de +admitir que estéis en él como un ayuda de cámara; en fin, me parece que +os haría un gran perjuicio manteniéndoos en una situación mal definida +que pervertiría vuestros hábitos y falsearía vuestro espíritu. Llevando +un año más esa vida parasitaria y ociosa, perderíais por completo el +amor al trabajo. Os convertiríais en un vago, y los vagos, permitidme +que os lo diga, son el azote de nuestra época. Poneos la mano sobre +vuestra conciencia, y decidme si os agrada semejante perspectiva. ¡Pobre +Romagné! ¿No habéis echado de menos muchas veces el título de obrero, +que es vuestro más noble blasón? Porque vos sois de aquellos seres que +la Providencia ha creado para ennoblecerse con el sudor de su frente; +pertenecéis a la aristocracia del trabajo. Trabajad, pues; no ya como +otras veces, entre privaciones y dudas, sino con una seguridad que yo +garantizo y una abundancia proporcionada a vuestras modestas +necesidades. Yo saldré a los gastos de la primera instalación; yo os +procuraré trabajo. Si, lo que no considero posible, os faltasen los +medios de existencia, acudid a mí en seguida, que siempre os acogeré con +afecto paternal. Pero renunciad al absurdo proyecto de casaros con mi +cocinera, porque no debéis enlazar vuestra suerte a la de una simple +criada, y no quiero, por otra parte, chiquillos en mi casa. + +El infeliz lloró copiosamente y se deshizo en protestas de sincero +agradecimiento. Debo decir, en descargo de M. L'Ambert, que hizo las +cosas con bastante generosidad. Vistió de pies a cabeza a Romagné, +amueblole un quinto piso, en la calle del Cherche-Midi, y le dio +quinientos francos para que fuese viviendo mientras le encontraba +trabajo. Aún no habían transcurrido ocho días, cuando le hizo entrar, +como peón de albañil, en una fábrica de espejos de la calle de Sèvres. + +Transcurrió mucho tiempo, seis meses por lo menos, sin que la nariz del +notario sufriese la menor novedad digna de especial mención. Pero un día +en que nuestro funcionario descifraba, en compañía de su oficial mayor, +los pergaminos de una noble y rica familia, rompiéronsele por la mitad +las gafas, y cayeron sobre la mesa. + +Este pequeño accidente no le causó grandes molestias. Púsose +provisionalmente unos quevedos con resorte de acero, e hizo cambiar el +armazón de sus gafas en el muelle de los Plateros. Su óptico, M. Luna, +apresurose a pedirle mil perdones, enviándole unas gafas nuevas, que se +rompieron también por igual sitio antes de transcurrir veinticuatro +horas. + +Otras terceras sufrieron la misma suerte; trajeron por cuarta vez otras +nuevas, y les ocurrió en seguida otro tanto. El óptico no sabía ya cómo +excusarse. En el fondo de su alma, hallábase persuadido de que M. +L'Ambert tenía la culpa de todo. + +--Este señor no es razonable--decía a su mujer, mostrándole los estragos +de los cuatro últimos días;--usa gafas del número 4, que son +forzosamente muy pesadas; quiere por coquetería una montura muy +liviana, y tengo la seguridad de que trata a sus gafas como si fueran de +hierro forjado. Si le hago la menor observación se enfadará; lo mejor +será que le envíe otras nuevas con la montura más recia, sin decirle una +palabra. + +La señora de Luna encontró la idea excelente; pero las quintas gafas +corrieron la misma suerte que las cuatro precedentes. Esta vez, M. +L'Ambert montó en cólera, a pesar de no habérsele hecho ninguna +observación, y mandó a buscar otras gafas a un establecimiento rival. + +Pero hubiérase dicho que todos los ópticos de París se habían puesto de +acuerdo para que se rompiesen sus gafas en la nariz del pobre +millonario. Nada menos que doce sufrieron igual suerte, unas tras otras. +Y lo más maravilloso del caso era que los lentes de resorte de acero, +que reemplazaban a las gafas durante los interregnos, manteníanse +vigorosos y firmes. + +Ya sabéis que la paciencia no era la virtud favorita de M. Alfredo +L'Ambert. Hallábase un día furioso, pateando sobre unas gafas, +haciéndolas pedazos con sus tacones, cuando le anunciaron la visita del +doctor Bernier. + +--¡Demontre! llegáis a tiempo--exclamó el notario, colérico.--¡Estoy, +por lo visto, hechizado! ¡el diablo ha tomado posesión de mi persona! + +Las miradas del doctor fijáronse en seguida en la nariz de su cliente; +pero encontrándola, al parecer, sana, de buen aspecto, y fresca como una +rosa. + +--Me parece--observó,--que marcha todo muy bien. + +--De salud, sí, en efecto: me encuentro perfectamente; pero estas gafas +endiabladas no hay forma de que se mantengan enteras. + +Y refirió al doctor toda la historia. + +Este se quedó pensativo, y dijo al cabo de un rato: + +--El auvernés anda por medio. ¿Tenéis aquí alguna de las monturas rotas? + +--Debajo de mis pies tengo la última. + +Recogiola M. Bernier, examinola con una lente, y le pareció que el oro +estaba como argentado en los alrededores del sitio de la rotura. + +--¡Diablo!--exclamó.--¿Habrá hecho Romagné alguna calaverada? + +--¿Qué calaveradas queréis que haya hecho? + +--¿Le tenéis todavía en vuestra casa? + +--No; el pillo me ha abandonado. Trabaja en la ciudad. + +--Espero, sin embargo, que esta vez habréis conservado sus señas. + +--Sin duda. ¿Queréis verle? + +--Cuanto antes. + +--¿Hay algún peligro tal vez? ¡Yo me hallo perfectamente! + +--Vamos, por lo pronto, a casa de Romagné. + +Un cuarto de hora después nuestros dos personajes descendían a la puerta +de los señores Taillade y Compañía, en la calle de Sèvres. Una amplia +muestra, fabricada con trozos de cristal azogado, indicaba claramente el +género de industria a que se dedicaba la casa. + +--Henos aquí--dijo el notario. + +--¡Cómo! ¿está empleado el auvernés en este establecimiento? + +--Sin duda alguna: yo mismo le he buscado esta colocación. + +--Vamos, el mal no es tan grande como llegué a suponer. Pero, de todas +maneras, habéis cometido una imprudencia imperdonable. + +--¿Qué queréis decir? + +--Entremos. + +La primera persona que encontraron en el interior del edificio fue al +auvernés, en mangas de camisa, los puños arremangados, azogando la luna +de un espejo. + +--¡Hola!--exclamó el doctor,--lo que yo había previsto. + +--¿Pero qué? + +--Que se azogan las lunas con una capa de mercurio aprisionada bajo una +hoja de estaño, ¿comprendéis? + +--Todavía no. + +--Vuestro animal tiene los brazos embadurnados de mercurio hasta los +codos; ¿qué digo? hasta las axilas. + +--Mas no veo la relación... + +--¿No veis que, siendo vuestra nariz una fracción de su brazo, y +poseyendo el oro una deplorable tendencia a amalgamarse con el mercurio, +jamás podréis evitar que se os rompan vuestras gafas? + +--¡Demontre! + +--Tenéis, sin embargo, el recurso de usar gafas con montura de acero. + +--Me es lo mismo. + +--En ese caso, no corréis peligro alguno, salvo, quizás, algunos +accidentes mercuriales. + +--¡Ah, no! Prefiero que Romagné trabaje en otra cosa. ¡Ven, Romagné! +Deja lo que estás haciendo y vente con nosotros al instante. ¿Quieres +acabar de una vez, pedazo de zopenco? ¿No sabes a lo que me expones? + +Habiendo acudido el dueño del taller al escuchar el rumor de la +conversación, dio el notario su nombre, con tono bastante infatuado, y +recordó que él había recomendado a aquel hombre por mediación de su +tapicero. M. Taillade respondió que lo recordaba muy bien, y explicole +que, para hacerse agradable a M. L'Ambert, y captarse su benevolencia, +había promovido al auvernés de peón de albañil a azogador. + +--¿Hace quince días de eso?--preguntole el notario. + +--Sí, señor, ¿lo sabíais ya? + +--¡Demasiado, por desgracia! ¡Ah, señor! ¿cómo puede jugarse con cosas +tan sagradas? + +-¿Yo...? + +--No, nada. Pero por mí, por vos, por la sociedad toda entera, ponedle +nuevamente a trabajar de albañil; pero no, mejor será que me lo +devolváis; me lo llevaré conmigo. Pagaré lo que sea necesario, pero el +tiempo apremia. ¡Prescripción facultativa!... Romagné, amigo mío, es +preciso que me sigáis. Habéis hecho vuestra fortuna; ¡cuanto tengo os +pertenece!... ¡No! pero venid de todos modos; ¡os juro que no quedaréis +descontento de mí! + +Y sin dejarle apenas tiempo para cambiarse de traje, llevóselo como +arrebata el ave de rapiña a su presa. M. Taillade y sus obreros +tomáronle por un loco. El bueno de Romagné levantaba los ojos al cielo, +y se preguntaba qué querrían de él otra vez. + +Su destino fue decidido durante el camino, mientras él cazaba moscas al +lado del cochero. + +--Mi querido cliente--decía el doctor al millonario,--es preciso que no +perdáis nunca de vista a ese muchacho. Comprendo que le hayáis arrojado +de vuestra casa, porque, a decir verdad, su trato no debe ser muy +agradable; pero no debisteis alejarle tanto, ni pasar tanto tiempo sin +procuraros noticias de él. Alojadle en la calle de Beaune, o en la de la +Universidad, próximo a vuestro hotel. Dedicadle a un oficio menos +peligroso para vos, o mejor, si queréis, pasadle una pequeña pensión sin +darle ningún oficio: si trabaja, se fatiga y se expone. No conozco +oficio alguno en que el hombre no exponga su piel ¡es tan fácil, por +desgracia, un accidente! Dadle lo suficiente para que pueda vivir sin +hacer nada. ¡Guardaos bien, sin embargo, de tenerle en la abundancia! +Volvería a beber, y ya sabéis las consecuencias fatales que os reporta a +vos ese vicio. Con cien francos al mes, y la casa pagada, creo que +tendrá suficiente. + +--Tal vez sea demasiado... no porque me parezca la cantidad excesiva, +sino porque preferiría darle de comer sin que pudiera emplear un solo +céntimo en vino. + +--Dadle, pues, cuatro luises, pagados en cuatro plazos: los martes de +cada semana. + +Ofrecieron a Romagné una pensión de ochenta francos mensuales, pero el +auvernés respondió con desprecio, rascándose la oreja: + +--¿Ochenta francos nada menos? ¡Para eso no valía la pena que me +arrancaseis de la calle de Sèvres! Allí ganaba tres francos y medio +diarios, y enviaba dinero a mi familia. Dejadme trabajar en los espejos, +o dadme tres francos y medio. + +Y no hubo más remedio que acceder, puesto que era el dueño de la +situación. + +Pronto comprendió el notario que había adoptado el partido más prudente. +El año transcurrió sin accidente alguno. Se pagaba a Romagné todas las +semanas, y se le vigilaba diariamente. Vivía honradamente, llevando una +existencia tranquila, sin más pasión que el juego de bolos. Y los +hermosos ojos de la señorita Irma Steimbourg se posaban con visible +complacencia sobre la rosada nariz del dichoso millonario. + +Los dos jóvenes bailaron juntos todos los cotillones del invierno; por +eso el mundo daba ya por descontada su boda. Una noche, a la salida del +Teatro Italiano, el anciano marqués de Villemaurin detuvo en el +peristilo a L'Ambert. + +--Y bien, amigo mío--le dijo,--¿cuándo celebráis vuestras bodas? + +--Pero, señor marqués, si es la primera noticia que tengo sobre ese +particular. + +--¿Esperáis, por ventura, que os pidan vuestra mano? ¡Al hombre toca +hablar, qué demontre! El joven duque de Lignant, un verdadero caballero +y un excelente muchacho, no ha esperado a que yo le ofreciese mi hija: +ha venido, ha agradado, y se acabó. De hoy en ocho días firmaremos el +contrato. Ya sabéis, querido amigo, que es asunto que os atañe. +Permitidme que acompañe a esas señoras hasta el coche, y nos acercaremos +al círculo. Por el camino hablaremos. Pero cubríos, ¡qué diablo! No +había visto que permanecíais con el sombrero en la mano. ¡Cuando menos +se piensa se atrapa un resfriado! + +El anciano y el joven caminaron del brazo hasta el bulevar, uno hablando +y el otro prestándole atención. Y L'Ambert entró en su casa dispuesto a +redactar el contrato de matrimonio de la señorita Carlota Augusta de +Villemaurin. Pero había pillado un terrible constipado, que no le +permitió hacer nada. El acta fue redactada por su oficial mayor, +revisada por los encargados de los negocios de ambas familias, y +transcrita, por último, en un elegante cuaderno de papel timbrado, en el +que no faltaban más que las firmas. + +Llegado el día, M. L'Ambert, esclavo de sus deberes, trasladose en +persona al hotel de Villemaurin, a pesar de una persistente coriza que +amenazaba saltarle los ojos de sus órbitas. Sonose las narices por +última vez en la antecámara, y los lacayos temblaron en sus asientos +cual si hubiesen oído la trompeta del juicio final. + +Un criado anunció a M. L'Ambert. Llevaba puestas sus costosas gafas de +oro, y sonreía gravemente, cual convenía en semejantes circunstancias. + +Con su historiada corbata, sus guantes impecables, sus zapatos de baile, +el sombrero debajo del brazo izquierdo, y el contrato en la mano +derecha, fue a presentar sus respetos a la marquesa, atravesó con +modestia el círculo formado por los que la rodeaban, inclinose ante +ella, y le dijo: + +--Cheñora marquecha, aquí teneich el contrato de boda de vuechtra +cheñorita hija. + +La señora de Villemaurin fijó en él sus ojos espantados. Un ligero +murmullo elevose entre los circunstantes. M. L'Ambert saludó de nuevo, y +añadió: + +--¡Dioch mío! cheñora marquecha, que día tan felich va a cher echte para +todoch! + +Una mano vigorosa asiole por el brazo izquierdo, haciéndole girar sobre +sí mismo. Volviose, y reconoció al marqués. + +--Mi querido notario--le dijo éste, arrastrándole hasta un rincón,--el +carnaval permite indudablemente muchas cosas; pero recordad quien sois, +y cambiad de tono si os place. + +--Pero, cheñor marquech... + +--¡Otra vez!... Ya veis que soy paciente, pero os ruego no abuséis. +Excusaos ante la marquesa, leednos el contrato de boda, y buenas noches. + +--¿Pero de qué he de echcucharme, y por qué echach buenach nochech? +¡Cualquiera diría que he cometido una torpecha, cheñor mío! + +El marqués no le respondió una palabra; pero hizo señas a los criados +que circulaban por el salón. Entreabriose la puerta, y escuchose una voz +que gritaba en la antecámara: + +--¡La servidumbre del señor L'Ambert! Aturdido, confuso, fuera de sí, el +pobre millonario salió haciendo reverencias en todas direcciones y no +tardó en encontrarse en su carruaje, sin saber por qué ni cómo. Se +golpeaba la frente, se arrancaba los cabellos y se pegaba pellizcos en +los brazos para despertarse a sí mismo, por si, como creía, era juguete +de un sueño. Pero no; no dormía; veía la hora que marcaba su reloj, leía +los nombres de las calles, a la claridad de las luces del gas, y +reconocía las muestras de los establecimientos. ¿Qué había dicho? ¿Qué +había hecho? ¿Qué conveniencias había violado? ¿Qué inconveniencia o qué +majadería suya podía haber dado lugar a que le tratasen de aquel modo? +Porque, en fin, la duda no era posible: en la casa del señor de +Villemaurin lo habían puesto de patitas en la calle. ¡Y el contrato de +matrimonio estaba allí, en su mano! ¡aquel contrato redactado con tan +singular esmero, en tan brillante estilo, y cuya lectura no había sido +escuchada! + +Sin haber podido dar con la solución a aquel problema, encontrose en el +patio de su hotel. El rostro de su portero inspiróle una idea luminosa. + +--¡Chinguet!--gritó. + +El escuálido Singuet no se hizo llamar otra vez. + +--Chinguet, te daré chien francoch chi me dichech la verdad; y chien +puntapiech chi me ocultach alguna cocha. + +Singuet le miró con sorpresa, y sonrió con timidez. + +--¡Chonríech, dechalmado! ¿por qué? ¡Contechta encheguida! + +--¡Dios mío!--dijo el pobre diablo;--el señor dispensará... que me haya +permitido... pero el señor imita perfectamente el acento de Romagné. + +--¡El achento de Romagné! ¿quién? ¡yo! ¿Hablo como un auvernech? + +--Demasiado lo sabe el señor. Hace ya ocho días de esto. + +--¿Pero qué echtach dichiendo, pollino? ¿cómo he de chaber yo una cocha +chemejante? + +Singuet elevó los ojos al cielo, pensando que su amo se había vuelto +loco; pero M. L'Ambert, aparte de aquel maldito acento, gozaba de la +plenitud de todas sus facultades. Interrogó por separado a toda su +servidumbre, y se persuadió de su desgracia. + +--¡Ah, infame aguador!--exclamaba,--¡ah, criminal! Echtoy cheguro de +que habrá hecho alguna majadería. Que vayan a buchcarle; pero no, que +voy a buchcarle yo michmo. + +Corrió a pie hasta la casa de su protegido, subió a saltos hasta el +quinto piso, llamó sin lograr despertarle, y, enfurecido y colérico, no +encontrando otro expediente, forzó a empujones la puerta de la +habitación. + +--¡Cheñor L'Ambert!--exclamó Romagné. + +--¡Tunante de auvernech!--respondiole el notario. + +--¡Cheñor mío! + +--¡Chinvergüencha! + +Ya eran dos a destrozar el idioma. + +La discusión prolongose por espacio de más de un cuarto de hora, en +medio de la mayor algarabía, sin que se aclarase el misterio. El uno se +quejaba amargamente, como víctima; el otro se defendía diciendo que era +inocente. + +--Echpérame aquí--dijo, para acabar M. L'Ambert.--M. Bernier, el médico, +me dirá echta noche michma lo que hach hecho. + +Despertó a M. Bernier, y le refirió, con la consabida che, cuanto le +había ocurrido aquella noche. + +--Mucho ruido y pocas nueces--le contestó el doctor, riendo de buena +gana. + +--Romagné es inocente; la culpa es toda vuestra. Permanecisteis con la +cabeza descubierta a la salida de los Italianos: de ahí procede todo el +mal. Padecéis un fuerte ataque de coriza, y habláis por la nariz: por +eso os expresáis en auvernés. Esto es muy lógico. Volved a vuestra casa, +aspirad bastante acónito, conservad los pies calientes y la cabeza +abrigada y, en lo sucesivo, adoptad toda clase de precauciones contra +los constipados, pues ya sabéis cuáles han de ser para vos sus +consecuencias. + +El desdichado notario regresó a su hotel maldiciendo como un condenado. + +--De manera--pensaba;--que mis precauciones resultan infructuosas. Por +mucho que me esmere en mantener y vigilar a ese bellaco de aguador, me +jugará constantes trastadas, y seré siempre su víctima, sin poderle +acusar nunca de nada; ¿a qué entonces, tantos gastos? Se acabó: ya estoy +cansado: economizaré su pensión. + +Y dicho y hecho. Al día siguiente, cuando el pobre Romagné vino, todavía +aturdido, a cobrar la pensión de la semana, lo echó a la calle Singuet, +y anunciole que no harían nada por él en lo sucesivo. Encogiose de +hombros el auvernés, a fuer de hombre que, sin haber leído las epístolas +de Horacio, practica el _Nil admirari_ por instinto. Singuet, que lo +quería bien, preguntole a qué pensaba dedicarse, contestándole él que +buscaría trabajo. Al fin y al cabo, aquella forzada ociosidad le aburría +demasiado. + +M. L'Ambert sanó de su coriza y alegrose de haber borrado de su +presupuesto la partida correspondiente a Romagné. Ningún otro accidente +vino a interrumpir después el curso de su dicha. Hizo las paces con el +marqués de Villemaurin y con toda su clientela del faubourg, a la que +había escandalizado bastante. Libre de toda inquietud, pudo abandonarse, +feliz, por la dulce pendiente que le conducía, sobre rosas, hacia la +dote de la señorita Steimbourg. ¡Afortunado L'Ambert! le abrió su +corazón de par en par, y mostrole los sentimientos legítimos y puros que +lo llenaban por completo. La bella y avisada muchacha tendiole la mano a +la inglesa, y le dijo con desparpajo: + +--Negocio concluido. Mis padres están de acuerdo conmigo; ya os daré mis +instrucciones para la canastilla de boda. Procuremos abreviar todas las +formalidades para poder marcharnos a Italia antes de que termine el +invierno. + +El amor prestole sus alas. Compró, sin regatear, la canastilla, +encomendó a los tapiceros la tarea de alhajar el cuarto de su señora, +encargó un coche nuevo, eligió dos caballos alazanes de la más rara +belleza, y aligeró la publicación de las amonestaciones. El banquete de +despedida de soltero que ofreció a sus camaradas, inscrito está con +letras de oro en los fastos del Café Inglés. Sus amantes recibieron su +postrer adiós, y sus correspondientes brazaletes, con mal contenida +emoción. + +Los partes de casamiento anunciaban que la bendición nupcial tendría +efecto el día 3 de marzo, a la una en punto, en la iglesia de Santo +Tomás de Aquino. Inútil parece advertir que se había colgado el altar y +se había engalanado el templo como en las bodas de primera categoría. + +El día 3 de marzo, a las ocho de la mañana, despertose espontáncamente +L'Ambert, sonrió satisfecho a los primeros rayos del sol que penetraron +alegres por su entreabierta ventana, tomó el pañuelo de debajo de la +almohada, y se lo llevó a la nariz a fin de esclarecer sus ideas. Pero +el pañuelo de batista sólo encontró el vacío: la nariz ya no existía. + +El notario fue de un salto a mirarse en el espejo. ¡Horror y maldición! +como dicen en las novelas de la antigua escuela. Se vio tan desfigurado +como el día que volvió de Parthenay. Correr a su lecho, registrar +cobertores y sábanas, mirar por detrás de la cama, sondar los colchones +y el somier, sacudir los muebles próximos, y poner patas arriba cuanta +cosa había en el cuarto, fue obra de pocos instantes. + +¡Pero nada! ¡nada! ¡nada! + +Colgose del cordón de la campanilla, pidió auxilio a sus criados y juró +echarlos a todos, como a perros, si no encontraban la nariz. ¡Inútil +amenaza! La nariz era más imposible de encontrar que la Cámara de 1816. + +Dos horas transcurrieron en medio de la agitación, el desorden y el +ruido. + +Y entretanto, el señor de Steimbourg se vestía su levita gris con +botones de oro; la señora de Steimbourg, en traje de gran gala, dirigía +a dos doncellas y tres modistas, que iban y venían y giraban sin cesar +en torno de la bella Irma. La blanca novia, embadurnada en polvos de +arroz, como un pez antes de ser introducido en la sartén, temblaba de +impaciencia y maltrataba a todo el mundo con admirable imparcialidad. Y +el alcalde del distrito décimo, con su faja reglamentaria, paseábase por +un gran salón vacío preparando una improvisación. Y los mendigos +privilegiados de Santo Tomás de Aquino expulsaban a cajas destempladas a +dos o tres intrigantes, llegados de no sé dónde, con objeto de +disputarles sus limosnas. Y M. Enrique Steimbourg, que mascaba un +cigarro, hacía ya media hora, en el fumador de su padre, extrañábase de +que su querido Alfredo no hubiese llegado aún. + +Por fin perdió la paciencia, corrió a la calle de Sartine, y encontró a +su futuro cuñado lleno de desesperación y de lágrimas. ¿Qué podía +decirle, para consolarle, de semejante desgracia? Paseose largo rato en +torno suyo, repitiendo sin cesar: + +--¡Demonio! ¡demonio! ¡demonio! + +Se hizo referir dos veces el fatal acontecimiento, e intercaló en la +conversación algunas sentencias filosóficas. + +¡Y el maldito cirujano sin venir! Habían ido a avisarle con urgencia, a +su casa, al hospital, a todas partes. Llegó por fin, y comprendió a +primera vista que Romagné había muerto. + +--Lo sospechaba--exclamó el notario, llorando con mayor amargura, si es +posible.--¡Bestia de Romagné! ¡Criminal! + +Esta fue la oración fúnebre del desdichado auvernés. + +--Y ahora, doctor, ¿qué haremos? + +--Buscar otro Romagné, y repetir la operación; pero ya habéis +experimentado los inconvenientes de este sistema, y, si queréis creerme, +será mucho mejor que recurramos al método indio. + +--¿A cortarme la piel de la frente? ¡eso jamás! Prefiero mandarme hacer +una nariz de plata. + +--Hoy día se fabrican bien elegantes, por cierto--dijo el doctor. + +--Resta saber si la señorita Irma consentiría en dar su mano a un +inválido con la nariz de plata. Enrique, amigo mío, ¿qué os parece? + +Agachó Enrique Steimbourg la cabeza, y nada respondió. Fuese a comunicar +la noticia a su familia y a recibir órdenes de su hermana. Irma adoptó +un gesto heroico al saber la desgracia de su prometido. + +--¿Os imagináis--exclamó,--que me caso con el notario por su cara? ¡Para +eso me hubiera casado con mi primo Rodrigo, que, aunque menos rico, es +mucho más guapo que él! Doy mi mano a M. L'Ambert porque es un hombre +galante, que ocupa una posición envidiable en el gran mundo; por su +carácter, sus caballos, su hotel, su talento, su sastre; todo en él me +agrada y me encanta. Por otra parte, ya estoy vestida de novia, y, de no +verificarse el matrimonio, padecería mi reputación. Corramos a su casa, +madre mía; ¡lo aceptaré tal cual es! + +Pero cuando se halló presencia del mutilado, cesaron sus entusiasmos. +Desplomose desmayada, y, cuando recobró el conocimiento, rompió a llorar +copiosamente. + +En medio de sus sollozos, oyose un grito que parecía partir de lo más +profundo del alma: + +--¡Oh, Rodrigo!--exclamó,--¡que injusta he sido contigo! + +M. L'Ambert permaneció soltero. Hízose fabricar una nariz de plata +esmaltada, cedió su bufete a su oficial mayor, y compró una casita, de +modesta apariencia, cerca de los Inválidos. Algunos buenos amigos +alegraron su morada. Proveyose de una bodega abundante y bien surtida, y +se consoló como pudo. Las botellas más preciadas de Château-Yquen, y las +mejores cosechas de la hacienda Vougeot son para él. + +--Poseo un privilegio sobre todos los demás hombres--suele decir a +veces, bromeando;--¡puedo beber cuanto me venga en gana sin que se me +enrojezca la nariz! + +Ha permanecido fiel siempre a sus principios políticos: lee los buenos +periódicos, y hace votos por el triunfo de Chiavone; pero no le envía +dinero. El placer de amontonar luises le produce una dicha incalculable. +Vive entre dos vinos y entre dos millones. + +Una noche de la semana pasada, en que caminaba despacio, con el bastón +en la mano, por una de las aceras de la calle de Eblé, lanzó +inopinadamente un grito de sorpresa. ¡La sombra de Romagné, vestido de +pana azul, habíase erguido ante él! + +¿Era realmente su sombra? Las sombras no llevan nada, y ésta llevaba una +cesta en la extremidad de un palo. + +--¡Romagné!--gritole el notario. + +El otro levantó la mirada, y respondió con su voz reposada y tranquila: + +--¡Buenach nochech, cheñor L'Ambert! + +--¡Hablas, luego vives!--dijo éste. + +--Chiertamente que vivo. + +--¡Miserable!... ¿qué has hecho de mi nariz? + +Y, mientras se expresaba de este modo, habíale agarrado por el cuello, y +lo sacudía bruscamente. + +El auvernés desasiose con trabajo, y le dijo: + +--¡Dejadme, por piedad, que no puedo defenderme! ¿No obchervaich que +choy manco? Cuando me chuprimichteich la penchión, coloquéme en el +taller de un mecánico, y hube de dejarme el brazo tomado en un +engranaje! + +FIN + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO *** + +***** This file should be named 26404-8.txt or 26404-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/2/6/4/0/26404/ + +Produced by Chuck Greif and the Online Distributed +Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net) + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit http://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. 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