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+The Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La nariz de un notario
+
+Author: Edmond About
+
+Translator: Carlos De Pineda
+
+Release Date: August 23, 2008 [EBook #26404]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO ***
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net)
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+
+BIBLIOTECA de LA NACION
+
+EDMUNDO ABOUT
+
+LA NARIZ DE UN NOTARIO
+
+TRADUCCIÓN DE CARLOS DE PINEDA
+
+BUENOS AIRES
+
+1916
+
+Derechos reservados
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+INDICE
+
+
+I.--El oriente y el occidente se acometen: la sangre corre ya.
+
+II.--La caza del gato.
+
+III.--Donde defiende el notario su pellejo con más éxito.
+
+IV.--Chebachtián Romagné.
+
+V.--Grandeza y decadencia.
+
+VI.--Historia de unas gafas y consecuencias de un catarro nasal.
+
+
+
+
+A M. ALEJANDRO BIXIO
+
+
+Permitidme, señor, que encabece este humilde trabajo con el nombre
+ilustre y querido de un hombre que ha consagrado toda su vida a la causa
+del progreso; de un padre que ha ofrecido sus dos hijos a la liberación
+de Italia; de un amigo que se ha apresurado a darme una prueba de
+simpatía al siguiente día de _Gaetana_.
+
+E. A.
+
+
+
+
+LA NARIZ DE UN NOTARIO
+
+
+
+
+I
+
+EL ORIENTE Y EL OCCIDENTE SE ACOMETEN: LA SANGRE CORRE YA
+
+
+Maese Alfredo L'Ambert, antes de recibir el golpe fatal que le obligó a
+cambiar de narices, era, sin duda alguna, el notario más notable de
+Francia. En la época aquella contaba treinta y dos años; era de elevada
+estatura, y poseía unos ojos grandes y rasgados, una frente despejada y
+olímpica, y su barba y sus cabellos eran de un rubio admirable. Su nariz
+(la parte más prominente de su cuerpo), se retorcía majestuosa en forma
+de pico de águila. Aunque alguno no me crea, su nítida corbata blanca le
+sentaba a maravilla. ¿Era debido esto a que la usaba desde su más tierna
+infancia, o porque se surtía de ellas en alguna tienda afamada? Yo opino
+que eran ambas razones a un tiempo.
+
+Una cosa es atarse en torno del cuello un pañuelo de bolsillo blanco,
+hecho una torcida, y otra muy distinta formar, con arte y perfección, un
+espléndido nudo de inmaculada batista, cuyas puntas iguales, almidonadas
+sin exceso, se dirigen simétricamente a derecha e izquierda. Una corbata
+blanca elegida con acierto y anudada con esmero no es un adorno sin
+gracia; todas las mujeres os dirán lo mismo que yo. Pero no basta
+anudársela con maestría y con primor; es preciso, además, saberla
+llevar; esto es cuestión de práctica. ¿Por qué parecen los obreros tan
+torpes y desmañados el día que se casan? Porque suelen colocarse para el
+acto de la boda una corbata blanca sin previa preparación.
+
+Se acostumbra uno en seguida a llevar los más exorbitantes tocados: una
+corona por ejemplo. El soldado Bonaparte recogió una que el rey de
+Francia había dejado caer en la plaza de Luis XV: colocósela él mismo,
+sin que nadie le hubiese dado lecciones, y Europa declaró que aquel
+tocado no le sentaba muy mal. Animado por el éxito, no tardó en
+introducir la moda de las coronas en el círculo de su familia y de sus
+íntimos. Todos los que le rodeaban se la encasquetaron, o así lo
+pretendieron por lo menos. Pero este hombre extraordinario no pasó nunca
+de ser un porta-corbatas mediocre. El vizconde de C***, autor de varios
+poemas en prosa, había estudiado bien la diplomacia, o sea el arte de
+ponerse la corbata con fruto.
+
+Asistió, en 1815, a la revista de nuestro último ejército, algunos días
+antes de la campaña de Waterloo; y, ¿sabéis lo que más llamó su atención
+en aquella fiesta heroica en que se desbordó el entusiasmo desesperado
+de un gran pueblo? Que la corbata de Napoleón no estaba bien anudada.
+
+Pocos hombres, en este terreno pacífico, hubiera podido medirse con
+maese Alfredo L'Ambert. Se firmaba L'Ambert, y no Lambert, en virtud de
+un acuerdo del Consejo de Estado. El señorito L'Ambert, sucesor de su
+padre, ejercía de notario por derecho de herencia. Hacía más de dos
+siglos que esta ilustre familia se transmitía, de varón en varón, el
+estudio de la calle de Verneuil con la más elevada clientela del
+faubourg Saint-Germain.
+
+El cargo no había sido cotizado, toda vez que jamás había salido de la
+familia; pero, a juzgar por los beneficios de los cinco últimos años, no
+era posible evaluarlo en menos de trescientos mil escudos. Es decir, que
+producía un promedio anual de unas noventa mil libras. Desde hacía más
+de dos siglos todos los primogénitos de la familia habían sabido llevar
+la corbata blanca con tanta desenvoltura como llevan los cuervos sus
+mejores plumas negras, los borrachos su amoratada nariz, o los poetas
+sus raídas vestimentas. Heredero legítimo de un nombre y de una fortuna,
+el joven Alfredo había mamado en los pechos de su madre la elegancia y
+distinción, al par que los buenos principios. Despreciaba tanto como se
+merecen las innovaciones políticas introducidas en Francia a partir de
+la catástrofe de 1879. A su juicio, la nación francesa componíase de
+tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano. Opinión respetable
+y compartida hoy aún por un reducido número de senadores. Se colocaba
+modestamente a sí mismo en uno de los primeros puestos del estado llano,
+no sin sustentar ciertas pretensiones secretas de formar con la nobleza.
+Sentía un profundo desprecio hacia el grueso de la nación francesa, ese
+hacinamiento de obreros y campesinos que recibe el nombre de pueblo, o
+de vil plebe. Procuraba rozarse con él todo lo menos posible, por
+respeto a su amable persona, a quien cuidaba y quería con pasión. Sano,
+esbelto y vigoroso como un sollo de río, estaba convencido de que
+aquella gentuza era una especie de morralla creada por la Providencia
+expresamente para nutrir a los señores sollos.
+
+Hombre, por lo demás, agradable, como todos los egoístas; estimado en
+el Palacio, en el círculo, en la cámara de notarios, en las conferencias
+de San Vicente de Paúl y en la sala de armas; buen tirador de punta y de
+contrapunta; excelente bebedor y amante generoso, mientras tenía el
+corazón interesado; amigo fiel de los hombres de su rango; acreedor
+bondadoso, mientras cobraba los intereses de su capital; delicado en sus
+gustos, atildado en el vestir, limpio como un luis de nuevo cuño, y
+asiduo concurrente los domingos a los oficios de Santo Tomás de Aquino,
+y los lunes, miércoles y viernes a la Opera: hubiera sido el más
+perfecto _gentleman_ de su época, así en lo físico como en lo moral, a
+no ser por una deplorable miopía que le condenaba a usar gafas. ¿Será
+necesario agregar que sus gafas eran de oro y las más finas, ligeras y
+elegantes que salieron jamás de los talleres del celebre Mateo Luna,
+del muelle de los Plateros?
+
+No las llevaba siempre puestas, colocándoselas tan sólo en su despacho,
+o en casa de sus clientes, cuando tenía que leer alguna escritura. No es
+necesario decir que los lunes, miércoles y viernes, al entrar en el
+templo de la danza, tenía muy buen cuidado de desenmascarar sus bellos
+ojos. Ningún cristal bicóncavo velaba en semejantes ocasiones, el brillo
+encantador de sus pupilas. Es muy cierto que no veía gota, y que
+saludaba a veces a una figuranta tomándola por una estrella; pero
+marchaba siempre con el aire resuelto de un Alejandro al entrar en
+Babilonia. Por eso las muchachas del cuerpo de baile, que se complacen
+en poner remoquetes a las personas, lo habían bautizado con el
+sobrenombre de _Vencedor_. Un turco muy grueso, secretario de la
+embajada de su país, era conocido entre ellas por el mote de
+_Tranquilo_; un consejero de Estado se llamaba _Melancólico_; un
+secretario general del ministerio de***, muy vivo y bullidor, era
+conocido por _M. Turlu_, y por eso Elisita Champagne, conocida también
+por Champagne II, recibió el nombre de _Turlurette_ cuando salió de los
+corifeos para elevarse al rango de sujeto.
+
+El párrafo precedente va a dar mucho que pensar a mis lectores de
+provincias (si es que tengo la suerte de que este relato traspase alguna
+vez las fortificaciones de París). Oyendo estoy desde aquí las miles de
+preguntas que dirigen al autor mentalmente. «¿Qué se entiende por el
+templo de la danza? ¿Y por cuerpo de baile? ¿Y por estrellas de la
+Opera? ¿Y por corifeos? ¿Y por sujetos? ¿Y por figurantas? ¿Qué
+secretarios generales son esos que se codean con tales gentes, a trueque
+de que les pongan remoquetes? Y, en fin, ¿por qué extraño azar un hombre
+de posición y sólidos principios, como el señorito Alfredo L'Ambert,
+asistía tres veces por semana al templo de la danza?»
+
+¡Bah, queridos amigos! precisamente porque era un hombre de posición y
+de sólidos principios. El templo de la danza era, en aquellos tiempos,
+un amplio salón cuadrado, rodeado de viejas banquetas de terciopelo
+rojo, en el que se daban cita los hombres más distinguidos de París. A
+él concurrían no solamente los banqueros, los secretarios generales y
+los consejeros de Estado, sino hasta duques y príncipes, diputados y
+prefectos, y los senadores más partidarios del poder temporal del Papa;
+sólo faltaban los prelados. Veíanse en él ministros casados, y hasta
+los más casados de todos los ministros. Al decir que se veían no quiero
+significar que los he visto yo mismo; desde luego comprenderéis que los
+pobres periodistas no entraban en aquel lugar como en el molino. Un
+ministro tenía en sus manos las llaves de aquel salón de las Hespéridos,
+y nadie podía penetrar en él sin la venia de Su Excelencia. ¡Por eso
+tenían que ver las rivalidades, los celos y las intrigas! ¡Cuántos
+gabinetes han sido derribados bajo los más diversos pretextos, pero, en
+el fondo, porque todos los hombres de Estado tenían la pretensión de
+reinar en el templo de la danza! ¡No os imaginéis, sin embargo, que
+todos estos personajes acudían a aquel lugar atraídos por el cebo de los
+placeres ilícitos! Su intención se limitaba a fomentar un arte
+eminentemente aristocrático y político.
+
+El transcurso de los años es posible que haya hecho cambiar todo esto,
+porque las aventuras del señorito L'Ambert no datan de la semana pasada.
+No quiere decir esto, sin embargo, que se remonten a ninguna época
+antidiluviana; pero razones de alta conveniencia impídenme precisar la
+fecha exacta en que este funcionario ministerial cambió su nariz
+aguileña por una nariz recta. Por eso he dicho _en aquellos tiempos_,
+hablando de una manera vaga como los fabulistas. Contentaos con saber
+que la acción tiene lugar en cierta época de los anales del mundo,
+comprendida entre el incendio de Troya por los griegos y el del palacio
+de estío, de Pekín, por el ejército inglés: dos memorables etapas de la
+civilización europea.
+
+Un contemporáneo y cliente del señorito L'Ambert, el marqués de
+Ombremule, decía en el Café Inglés cierta noche:
+
+--Lo que nos distingue del común de los hombres es el fanatismo que
+sentimos por el baile. La canalla se desvive por la música. Se cansa de
+aplaudir cuando escucha las óperas de Rossini, de Donizetti y de Auber:
+diríase que un millón de notas, revueltas en sabrosa ensalada, tiene un
+no sé qué que halaga los oídos de esas gentes. Llevan su ridiculez hasta
+el extremo de cantar ellos mismos, con sus roncas y estridentes voces, y
+la policía les permite que se reúnan en ciertos anfiteatros para
+destrozar algunas arias. ¡Buen provecho les haga! En cuanto a mí, jamás
+me detengo a escuchar una ópera; me contento con mirarla; voy a ver la
+parte plástica, que es la única que me divierte, y me marcho después. Mi
+respetable abuela me ha contado que todas las damas encopetadas de su
+tiempo sólo iban a la Opera atraídas por el baile, y no regateaban sus
+aplausos a los bailadores. Nosotros, a nuestra vez, protegemos a las
+bailarinas: ¡maldito él que piense mal!
+
+La duquesita de Biétry, joven, linda y olvidada, tuvo la debilidad de
+reprochar a su esposo los hábitos que había aprendido en la Opera:
+
+--¿No os da vergüenza de abandonarme en un palco, con todos vuestros
+amigos, para correr no sé adónde?
+
+--Señora--respondiole él,--cuando se tienen fundadas esperanzas de
+lograr una embajada, ¿no es lo más natural que estudiemos la política?
+
+--Convenido; pero creo que habrá en París mejores escuelas para ello.
+
+--Ninguna. Aprended, querida mía, que la danza y la política son
+hermanas gemelas. El tratar de agradar constantemente, el cortejar al
+público, y tener siempre el ojo fijo sobre el director de orquesta, y
+refrenar su propio semblante, y cambiar a cada instante de traje y de
+color, y saltar de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, y
+volverse con rapidez, y caer nuevamente de pie, y sonreír, en fin, con
+los ojos llenos de lágrimas, ¿no es, acaso, dicho en pocas palabras, el
+programa del baile y la política?
+
+La duquesa sonrió, perdonó y se echó un amante.
+
+Los grandes señores, como el duque de Biétry, los hombres de Estado como
+el barón de F..., los grandes millonarios como el diminuto señor St...,
+y los simples notarios como el héroe de esta historia, codeábanse en el
+templo de la danza y entre los bastidores del teatro. Ante la sencillez
+e ignorancia de estas ochenta ingenuas que componen el cuerpo de baile,
+son iguales todos ellos. Se les conoce con el nombre de abonados, se les
+sonríe gratuitamente, se cuchichea con ellos en los rincones, se aceptan
+sus confites, y hasta sus diamantes, como galanterías sin consecuencias
+y que a nada comprometen a las que los reciben. La gente se imagina sin
+razón que es la Opera un mercado de placeres y una escuela de
+libertinaje. Nada de eso: se encuentran allí virtudes en mayor número
+que en ningún otro teatro de París. ¿Por qué? porque la virtud es allí
+más apreciada que en ninguna otra parte.
+
+¿No es cosa interesante el estudiar de cerca este pequeño pueblo de
+jóvenes, casi todas ellas de humildísima procedencia, y a quienes el
+talento o la belleza pueden elevar en un momento a las más encumbradas
+esferas del arte? Muchachitas de catorce a diez y seis años de edad, la
+mayor parte de ellas alimentadas con pan seco y con manzanas verdes en
+una buhardilla de obreros o en la garita de un portero, vienen al teatro
+con vestidos de tartán y con zapatos viejos, y su primer cuidado es
+correr a mudarse de traje, sin que nadie pueda notarlo. Un cuarto de
+hora después, bajan al templo de la danza esplendorosas, radiantes,
+cubiertas de seda, de gasas y de flores, todo a costa del Estado, y más
+brillantes que los ángeles, las hadas y las huríes de nuestros sueños.
+Los ministros y los príncipes les besan las manos y se manchan sus
+irreprochables trajes negros con el albayalde que ellas llevan en los
+brazos. Se recitan a sus oídos madrigales nuevos y viejos que sólo a
+veces comprenden. Algunas suelen tener talento natural y da gusto
+hablar con ellas. Estas no duran allí mucho tiempo.
+
+Un campanillazo indiscreto llama a las hadas al teatro; la muchedumbre
+de abonados las acompaña la entrada del escenario, las retiene y
+entretiene detrás de los bastidores móviles. Hay virtuoso de estos que
+desafía la caída las decoraciones, las manchas de petróleo los quinqués
+y los más diversos miasmas por el placer de oír murmurar a una vocecita
+ronca estas encantadoras palabras:
+
+--¡Demonio! ¿Cómo me duelen los pies!
+
+Levántase el telón y las ochenta reinas efímeras mariposean gozosas bajo
+las ardientes miradas de un público entusiasmado. Cada una de ellas ve,
+o cree adivinar, dos, tres, diez adoradores más o menos conocidos.
+¡Cuánto disfrutan mientras permanece levantado el telón! Se consideran
+hermosas, están ataviadas ricamente, ven todos los gemelos fijos en sus
+personas, sienten la admiración que producen y no tienen que temer los
+silbidos ni la crítica.
+
+Por fin suenan las doce de la noche y cambia la decoración como en los
+cuentos de hadas. La Cenicienta sube con su hermana mayor, o con su
+madre, hacia las económicas cumbres de Batignolles o de Montmartre. ¡La
+pobre cojea un poquito! El lodo inmundo salpica sus medias grises. La
+excelente madre de familia que ha cifrado sus esperanzas todas en esta
+querida hija, no cesa, durante el camino, de inculcarle sabias máximas
+de moderación y moral.
+
+--Marcha siempre derecha por el camino de la vida, hija mía--le
+dice,--¡cuidado con tropezar! Mas si el implacable destino te tiene
+deparada esa desgracia, ¡cuida mucho de caer sobre un lecho de rosas!
+
+No siempre son escuchados estos prudentes consejos. A veces el corazón
+puede más que la cabeza, y se han visto bailarinas casadas con
+bailadores. Se dan casos de jóvenes, bellas como la Venus de Anadyomene,
+renunciar a cien mil francos en joyas por unirse ante el altar con un
+empleado de dos mil. Otras abandonan a la suerte el cuidado de su
+porvenir y labran la desesperación de sus familias. Unas esperan a que
+llegue el 10 de abril para disponer de su corazón, porque se han jurado
+a sí mismas a ser juiciosas hasta los diez y siete años. Otras
+encuentran un protector de su gusto y no se atreven a confesárselo:
+temen la venganza de un consejero refrendario que ha jurado matarla, y
+suicidarse en seguida, si ama a otro que no sea él. Claro que lo ha
+dicho en broma, como podréis comprender; pero en este mundo especial se
+toman las palabras en serio. ¡Qué supina ignorancia y sencillez es la de
+estas muchachas! Hay quien ha oído disputar a dos jóvenes de diez y seis
+años sobre la nobleza de su origen y la categoría social de sus
+respectivas familias.
+
+--¡Miren la impertinente!--decía la mayor de ellas;--¡los aretes de su
+madre son de plata y los de mi padre de oro!
+
+Maese Alfredo L'Ambert, después de haber andado mariposeando mucho
+tiempo de la morena a la rubia, había acabado por prendarse de una linda
+trigueña de ojos azules. La señorita Victorina Tompam era honesta, como
+se es generalmente en la Opera, hasta que se deja de serlo.
+Excelentemente educada, por otra parte, era incapaz de adoptar una
+resolución extrema sin antes consultar a sus padres. De unos seis meses
+acá, se veía constantemente asediada muy de cerca por el apuesto notario
+y por Ayvaz-Bey, el corpulento turco de veinticinco años de edad, a
+quien hemos dicho que designaban con el remoquete de _Tranquilo_. Ambos le
+habían espetado muy razonados discursos, en los que su porvenir jugaba
+papel importante. La respetable señora Tompain había logrado, sin
+embargo, que su hija se conservase en un justo medio, esperando que uno
+de los rivales se decidiese a plantear el asunto en forma de negocio. El
+turco era un buen muchacho, honrado, decente y tímido. Esto no obstante,
+habló al fin, y fue escuchado.
+
+Todo el mundo tuvo noticia en seguida de este pequeño contecimiento,
+excepto el señorito L'Ambert, que había marchado al Poitou, con objeto
+de asistir al entierro de un tío suyo. Cuando volvió a la Opera, la
+señorita Victorina Tompain poseía un brazalete de brillantes, unas
+dormilonas de brillantes, y un corazón también de brillantes, pendiente
+de su cuello a manera de araña de salón. Ya hemos dicho al principio que
+el notario era miope; así es que no pudo ver nada de lo que debía haber
+notado en seguida, ni aun siquiera las sonrisas picarescas con que fue
+acogido a su entrada. Anduvo dando vueltas de un lado para otro,
+charlando sin cesar alegremente, y deslumbrando a todo el mundo, como
+siempre, con su proverbial elegancia, esperando con impaciencia la
+terminación del baile y la salida de las jóvenes. Habíanse cumplido sus
+cálculos: el porvenir de la señorita Victorina se hallaba asegurado,
+gracias a su excelente tío de Poitiers, que había tenido la inmejorable
+idea de morirse en el momento más oportuno.
+
+Lo que se conoce en París con el nombre de pasaje de la Opera es una red
+de galerías más o menos estrechas, más o menos alumbradas, de muy
+diversos niveles, que unen el bulevar, y las calles Lepeletier, Drouot y
+Rossini. Un largo corredor, descubierto en su mayor parte, se extiende,
+desde la calle Drouot a la calle Lepeletier, normalmente a las galerías
+del Barómetro y del Reloj. En su parte más baja, a dos pasos de la calle
+Drouot, ábrese la puerta falsa del teatro, la entrada nocturna de los
+artistas. Cada dos días, a eso de la media noche, una oleada de
+trescientas o cuatrocientas personas pasa tumultuosa ante los ojos
+vivarachos del digno papá Monge, conserje de este paraíso. Maquinistas,
+comparsas, figurantas, coristas, bailarines y bailarinas, tenores y
+sopranos, autores, compositores, administradores y abonados salen juntos
+a la calle en confuso torbellino. Los unos bajan hacia la calle Drouot,
+los otros suben la escalera que conduce, por una galería descubierta, a
+la calle Lepeletier.
+
+A mitad del pasaje descubierto, al extremo de la galería del Barómetro,
+Alfredo L'Ambert esperaba fumando un cigarrillo. Diez pasos más allá, un
+hombrecillo redondo, con un fez escarlata, aspiraba a intervalos iguales
+el humo de un cigarrillo de tabaco turco, del grueso de un dedo.
+Alrededor de ellos, más de veinte pisaverdes, unos paseando nerviosos,
+otros, con más calma, a pie firme, esperaban igualmente cada uno por su
+lado. Y los cantantes atravesaban tarareando, y las sílfides,
+arrastrando un poco el pie, pasaban cojeando, y, de minuto en minuto,
+una sombra femenina, negra, parda o marrón, deslizábase entre los
+escasos mecheros de gas, desconocida para todos, excepto para los ojos
+del amor.
+
+Las parejas se reconocen, se abordan y se marchan sin despedirse de los
+otros. Pero, ¿qué ocurre? he aquí un ruido extraño y un tumulto
+inusitado. Dos sombras han pasado veloces, dos hombres han corrido, dos
+fuegos de cigarro se han aproximado uno a otro; se han oído dos voces
+exaltadas y el estruendo de una rápida querella. Los paseantes se han
+amontonado en un punto; mas no han encontrado a nadie. Maese Alfredo
+L'Ambert se dirige, completamente solo, hacia su carruaje, que le
+aguarda en el bulevar; y a la luz de un farol lee, encogiéndose de
+hombros, esta tarjeta de visita, salpicada de sangre:
+
+
+AYVAZ-BEY
+
+SECRETARIO DE LA EMBAJADA OTOMANA
+
+_Calle de Granelle Saint-Germain, 100._
+
+
+Escuchad lo que iba diciendo entre dientes el atildado notario de la
+calle de Verneuil:
+
+--¡Maldita aventura! ¡Que me lleve el diablo si sospechaba siquiera que
+le hubiese dado derechos a este animal de turco!... porque, ¡vaya si lo
+es!... Pero, ¿por qué no me habré puesto las gafas?... Parece que le he
+pegado un puñetazo en la nariz... Sí, sin duda: su tarjeta está manchada
+de sangre, y mi mano lo está también. Heme aquí frente a un turco por
+una imperdonable torpeza; porque yo no tengo motivos para querer mal a
+ese pobre muchacho... La chica, por otra parte, me es del todo
+indiferente... ¡Que se la quede en buen hora! ¡Degollarse dos personas
+decentes por la señorita Victorina Tompain!... El maldito puñetazo es lo
+que no tiene arreglo...
+
+Esto decía entre dientes, entre sus treinta y dos dientes más blancos y
+afilados que los de un lobo. Ordenó a su cochero que se retirase a casa,
+y se dirigió, a paso lento, hacia el círculo de los Caminos de Hierro.
+Allí encontró dos amigos y les refirió su aventura. El anciano marqués
+de Villemaurin, antiguo capitán de la Guardia Real, y el joven Enrique
+Steimbourg, agente de cambio, juzgaron unánimemente que el puñetazo lo
+echaba a perder todo.
+
+
+
+
+II
+
+LA CAZA DEL GATO
+
+
+Un filósofo turco ha dicho:
+
+«No existen puñetazos agradables; pero los puñetazos en la nariz son los
+más desagradables de todos.»
+
+Y el mismo pensador, añadió con razón en el capítulo siguiente:
+
+«Pegar a un enemigo delante de la mujer a quien ama, es pegarle dos
+veces: le hieres en el cuerpo y en el alma.»
+
+He aquí por qué el paciente Ayvaz-Bey enrojecía de cólera mientras
+acompañaba a la señorita Tompain y a su madre al piso que les había
+amueblado. Despidiose de ellas a la puerta, subió con rapidez a un
+carruaje, y se hizo conducir, derramando abundante sangre, a casa de su
+colega y amigo Ahmed.
+
+Ahmed se hallaba entregado al sueño, bajo la salvaguardia de un negro
+fiel; pero, si bien es verdad que está escrito: «No despertarás a tu
+amigo cuando duerma», escrito está también: «Pero despiértale si hay
+peligro para él o para ti», y se procedió a despertar al buen Ahmed.
+
+Este era un turco de elevada estatura, de unos treinta y cinco años de
+edad, muy flaco y delicado, con largas piernas arqueadas; pero, por lo
+demás, un muchacho excelente, dotado de talento natural. Por más que
+digan, hay también gentes de mérito entre los turcos. Cuando descubrió
+la cara ensangrentada de su amigo, empezó por hacerle traer una gran
+aljofaina de agua fresca, porque está escrito: «No deliberes antes de
+haber lavado tu sangre: tus pensamientos serían confusos e impuros.»
+
+Limpio ya, mas no tranquilo, contó Ayvaz a su amigo la aventura,
+ardiendo en santa cólera. El negro que escuchaba su relato, ofreciose en
+seguida a tomar su _kandjar_, e ir a matar a L'Ambert. Ahmed-Bey le dio
+las gracias por sus buenas intenciones, y lo echó a puntapiés de la
+estancia.
+
+--¿Y qué haremos ahora?--preguntó el bueno de Ayvaz;--¿qué haremos,
+amigo mío?
+
+--Una cosa muy sencilla--replicó el interrogado:--mañana por la mañana
+le cortaré la nariz. La ley del Talión está escrita: «Ojo por ojo,
+diente por diente, nariz por nariz.»
+
+Advirtiole Ahmed que el Korán era, sin duda alguna, un buen libro; pero
+que estaba ya un poco anticuado. Los principios del honor han cambiado
+desde los tiempos de Mahoma. Aparte de que, aun queriendo, aplicar la
+ley al pie de la letra, Ayvaz sólo tendría que devolver un puñetazo al
+señor L'Ambert.
+
+--¿Con qué derecho le cortarías la nariz si él no te ha cortado la tuya?
+
+¿Pero quién sería capaz de hacer entrar en razón a un hombre joven a
+quien acaban de apabullar la nariz en presencia de su amante? Ayvaz
+sentía sed de sangre, y Ahmed tuvo que halagarle sus deseos.
+
+--Sea--le dijo.--Representamos a nuestro país en el extranjero, y no
+debemos recibir una afrenta sin dar una gallarda prueba de valor. Pero,
+¿cómo podrás batirte en duelo con el señor L'Ambert, con arreglo a la
+costumbre de este país? Jamás has manejado una espada.
+
+--¿Qué haría yo con una espada? Quiero cortarle las narices, te repito,
+y una espada no me serviría para eso...
+
+--Si al menos tirases bien con pistola...
+
+--Pero, ¿estás loco? ¿cómo habría de cortar a ese insolente las narices
+con una pistola? Yo... ¡Sí, es cosa resuelta! Ve a entrevistarte con él,
+y concierta el duelo para mañana. ¡Nos batiremos a sable!
+
+--Pero, desdichado, ¿qué harás tú con un sable? No dudo de tu valor,
+pero te digo, sin que mis palabras te ofendan, que no tienes la fuerza
+de Pons.
+
+--¡Qué importa eso! Levántate y ve a decirle que tenga a mi disposición
+su nariz mañana por la mañana.
+
+El prudente Ahmed comprendió que no estaba su amigo para razonamientos,
+y que tratar de disuadirlo sería en vano. ¿A qué predicar a un sordo
+que se aferraba a su idea, como al poder temporal los pontífices
+romanos? Vistiose, pues, Ahmed, y, acompañado del primer intérprete,
+Osmán-Bey, que acababa de regresar del Círculo Imperial, hízose conducir
+al hotel del señorito L'Ambert. La hora no podía ser menos oportuna,
+pero Ayvaz no quería desperdiciar un solo instante.
+
+El dios de las batallas tampoco lo quería; por lo menos, todo induce a
+creerlo así. En el momento en que el primer secretario iba a llamar a la
+puerta de maese L'Ambert, tropezose con el enemigo en persona, que
+regresaba a pie, conversando con sus dos testigos.
+
+Al divisar el señorito L'Ambert los bonetes encarnados de nuestros dos
+personajes, comprendió a qué habían venido, saludolos cortésmente y
+tomó la palabra con cierta altanería, no exenta de distinción.
+
+--Caballeros--les dijo,--como soy el único habitante de este hotel, no
+temo equivocarme al suponer que me hacéis el honor de venir a mi
+domicilio. Soy L'Ambert, si me permitís que me presente yo mismo.
+
+Llamó, empujó la puerta, atravesó el patio con sus cuatro acompañantes,
+y los condujo a su despacho. Allí dieron sus nombres los dos turcos,
+presentoles el notario a sus amigos, y se alejó para que pudiesen tratar
+el asunto con entera libertad.
+
+En nuestro país no puede efectuarse ningún duelo sin contar con la
+voluntad, o por lo menos con el consentimiento, de seis personas. En el
+caso presente, sin embargo, había cinco que no lo deseaban. Injusto
+sería decir que el señorito L'Ambert careciese de valor; pero no
+ignoraba que un duelo semejante, con motivo de una bailarina de la
+Opera, comprometería gravemente los prestigios de su bien acreditado
+bufete. El marqués de Villemaurin, anciano refinado y persona
+competentísima en materias de honor, dijo que el duelo es un acto noble
+en el que todo, desde el principio hasta el fin de la partida, debe ser
+extremadamente correcto. Ahora bien, un puñetazo en la nariz por una
+señorita Victorina Tompain constituía el más ridículo comienzo que se
+puede imaginar. Por otra parte, afirmó por su honor, que el señor
+Alfredo L'Ambert no había visto a Ayvaz-Bey, ni había tenido intención
+de pegarle a él ni a nadie. El señor L'Ambert había creído reconocer a
+dos señoras, y se había acercado con viveza a saludarlas.
+
+Al llevarse la mano al sombrero, había dado un fuerte golpe, sin la
+menor intención, a una persona que venía en sentido opuesto. Se trataba,
+por lo tanto, de una imperdonable torpeza, de un incidente sencillo, sin
+la menor importancia, que no pueden jamás constituir una ofensa. Dada la
+posición social y educación de maese L'Ambert, no podía nadie suponerle
+capaz de dar un puñetazo a Ayvaz-Bey. Su bien conocida miopía y la
+semioscuridad del pasaje eran las culpables de todo. En fin, el señor
+L'Ambert, accediendo a los deseos de sus testigos, estaba dispuesto a
+declarar, en presencia de Ayvaz-Bey, que lamentaba muy de veras el
+haberle causado daño de una manera completamente involuntaria.
+
+Este razonamiento, tan justo de por sí, acrecentó la autoridad, por
+todos reconocida, del orador. Era el señor de Villemaurin uno de esos
+caballerosos sujetos que parecen haber sido respetados por la muerte
+para recordarnos los usos de las edades históricas en estos tiempos de
+degeneración que atravesamos. Según su fe de bautismo, no contaba nada
+más que setenta y nueve abriles; pero, por los hábitos y costumbres de
+su cuerpo y de su espíritu, pertenecía sin duda al siglo xvi. Pensaba,
+hablaba y obraba como si hubiese servido en el ejército de la Liga y
+traído a mal traer al Bearnés. Realista convencido y católico austero,
+era tan implacable en sus odios como apasionado en sus afecciones. Su
+valor, su lealtad, su rectitud, y su caballerosidad hasta cierto punto
+exagerada, causaban la admiración de la juventud inconsciente de hoy.
+Nada le causaba risa, no le gustaban las bromas y le ofendían los
+chistes por juzgarlos una falta de respeto. Era el menos tolerante, el
+menos amable y el más honrado de todos los ancianos. Había acompañado a
+Escocia a Carlos X, después de las jornadas de julio; pero se alejó de
+Holy-Rood, al cabo de quince días, escandalizado de ver que la corte de
+Francia no tomaba muy en serio su desgracia. Solicitó la absoluta, y se
+cortó para siempre los bigotes, que conservó en una especie de joyero,
+con la siguiente inscripción: _Mis bigotes de la Guardia Real_. Sus
+subordinados todos, oficiales y soldados, sentían por él gran estima,
+pero también gran terror. Referíase en secreto que este hombre
+inflexible había metido en el calabozo a su hijo único, joven militar de
+veintidós años de edad, por un acto de insubordinación. El muchacho,
+digno hijo de tal padre, negose resueltamente a ceder, cayó enfermo y
+murió en el calabozo. Este nuevo Bruto lloró a su hijo, erigiole una
+tumba suntuosa, y lo visitó con inconcebible regularidad diez veces por
+semana, sin olvidar este deber en ninguna época ni edad; pero no se
+encorvó bajo el peso de sus remordimientos. Marchaba derecho, erguido;
+ni la edad ni el dolor habían logrado doblar sus anchas y robustas
+espaldas.
+
+Era un hombrecillo rechoncho, vigoroso, fiel a todos los ejercicios de
+su juventud, que tenía más fe en el juego de pelota que en los médicos,
+para conservar imperturbable salud. A los setenta años habíase casado,
+en segundas nupcias, con una joven noble y pobre, que le había hecho
+padre dos veces, y no perdía la esperanza de verse abuelo bien pronto.
+El amor a la vida, tan poderoso en los viejos de esta edad, sólo
+medianamente preocupábale, a pesar de ser dichoso en la tierra. Había
+tenido su último lance de honor a los setenta y dos años, con un bravo
+coronel de cinco pies y seis pulgadas de estatura, a consecuencia de
+una cuestión política, según unos, y de celos conyugales, según otros.
+Cuando un hombre de su rango y su carácter abrazaba la causa de M.
+L'Ambert, declarando que un duelo entre el notario y Ayvaz-Bey sería
+inútil, comprometedor y ordinario, la paz parecía firmada de antemano.
+
+Tal fue el parecer de M. Enrique Steimbourg, que no era ni lo bastante
+joven, ni lo suficientemente curioso para desear a toda costa el
+espectáculo de un duelo; y los dos turcos, hombres de buen sentido,
+aceptaron, de un modo provisional, la reparación que se les ofrecía,
+pero pidieron que se les autorizara para ir a consultar con Ayvaz. Los
+otros dos, entretanto, esperaron allí mismo que regresasen de la
+embajada. Eran las cuatro de la madrugada; pero el marqués no quiso
+dormir, pues no se lo permitía su conciencia; estaba decidido a dejarlo
+todo arreglado antes de meterse en la cama.
+
+Empero el terrible Ayvaz, al escuchar las primeras palabras de
+conciliación de sus amigos, sufrió un terrible acceso de cólera
+verdaderamente turca.
+
+--¡Ni que estuviera yo loco!--exclamó, blandiendo el chibuquí de jazmín
+que le hiciera compañía,--¿Pretenderéis persuadirme de que he sido yo
+quien con la nariz ha dado un golpe en el puño a M. L'Ambert? Él fue
+quien me agredió, y la prueba es que se ofrece a presentarme sus
+excusas. ¿Pero a qué tanto hablar? ¿no es suficiente prueba la sangre
+que he derramado? ¿Puedo acaso olvidar que Victorina y su madre han sido
+testigos de mi afrenta?... ¡Oh, amigos míos! ¿no me queda otro remedio
+que morir, si no le corto hoy mismo la nariz a mi ofensor!
+
+De mejor o peor grado, fue preciso reanudar las negociaciones sobre esta
+base algo ridícula. Ahmed y el intérprete tenían el espíritu lo bastante
+razonable para vituperar a su amigo, pero poseían también un corazón
+demasiado caballeresco para abandonarle en la mitad del camino. Si el
+embajador, Hamza-Bajá, se hubiese encontrado en París, hubiera zanjado
+la cuestión sin duda alguna, imponiendo su autoridad; pero,
+desgraciadamente, desempeñaba al mismo tiempo las embajadas de Francia y
+de Inglaterra, y se hallaba entonces en Londres. Los testigos del bueno
+de Ayvaz anduvieron yendo y viniendo, entre la calle de Granelle y la de
+Verneuil, sin lograr que el asunto avanzase lo debido, hasta las siete
+de la mañana. A esta hora, perdió L'Ambert la paciencia y les dijo a sus
+testigos:
+
+--¡Ya me está cargando este turco! ¡No contento con haberme birlado a la
+Tompain, se complace en hacerme pasar la noche en claro! ¡Pues bien,
+marchemos! Tal vez pudiera creer que tengo miedo de cruzar con él mi
+acero. Pero marchemos de prisa, si os parece, y tratemos de dejar
+zanjado el asunto esta misma mañana. Haré enganchar el carruaje en diez
+minutos, y nos marcharemos a dos leguas de París. Aplicaré a mi turco el
+correctivo merecido, en menos tiempo del que se tarda en contarlo, y
+antes que los periodicuchos que viven del escándalo se den cuenta del
+lance, estaremos de vuelta en mi despacho.
+
+Todavía trató el marqués de oponer una o dos objeciones; pero acabó por
+confesar que M. L'Ambert se veía obligado a batirse. La insistencia de
+Ayvaz-Bey era de pésimo gusto, y merecía una severa lección. Ninguno
+dudaba de que el belicoso notario, ventajosamente conocido en todas las
+salas de armas, era la persona elegida por el destino para enseñar a
+aquel osmanlí la cortesía francesa.
+
+--Amigo mío--decía el anciano Villemaurin a su cliente, dándole
+palmaditas sobre el hombro,--nuestra situación es excelente, toda vez
+que tenemos de nuestra parte el derecho. ¡El resto, Dios lo hará! El
+resultado no es dudoso: poseéis un corazón animoso, y una mano firme y
+rápida. Acordaos tan sólo de que no debemos tirarnos nunca a fondo;
+porque el duelo se ha hecho para corregir a los necios, mas no para
+destruirlos. Sólo los torpes matan a sus adversarios so pretexto de
+enseñarles a vivir.
+
+La elección de armas correspondía en buen derecho al excelente Ayvaz;
+pero el notario y sus testigos pusieron mala cara al enterarse de que
+había escogido el sable.
+
+--Es el arma predilecta de los militares--dijo el marqués,--o el arma de
+los burgueses que no quieren batirse. Pero, en fin, ¡vaya, si os
+empeñáis, por el sable!
+
+Los testigos de Ayvaz-Bey mostráronse conformes. Se trajeron dos sables
+del cuartel del muelle de Orsay, y quedaron citados para las diez de la
+mañana en la pequeña aldea de Parthenay, situada en el antiguo camino de
+Sceaux. Eran las ocho y media.
+
+Todos los parisienses conocen este lindo grupo de doscientas casas cuyos
+habitantes son más ricos, más limpios y más instruidos que la
+generalidad de los aldeanos. Cultivan la tierra como jardineros, y no
+como campesinos, y los campos de su término parecen en primavera un
+pequeño paraíso terrenal. Un prado de fresas floridas se extiende, cual
+manto argentado, entre un prado de frambuesas y otro de grosellas. Por
+todas partes se huele el perfume penetrante de la acacia, tan agradable
+al olfato de los porteros. París adquiere a peso de oro la cosecha de
+Parthenay, y los bravos campesinos, a quienes veis caminar a paso lento,
+con una regadera en cada mano, son casi todos pequeños capitalistas.
+
+Comen carne dos veces al día, desprecian la gallina del puchero, y
+prefieren el pollo asado. Pagan el sueldo de un instituidor y un médico
+comunal, construyen, sin necesidad de levantar empréstitos, un
+ayuntamiento y una iglesia, y votan a mi espiritual amigo el doctor
+Veron, en las elecciones municipales. Sus muchachas son preciosas, si no
+me es infiel la memoria. El sabio arqueólogo Cubaudet, archivero de la
+subprefectura de Sceaux, asegura que Parthenay es una colonia griega, y
+que su nombre se deriva de la palabra _Parthemos_, virgen o mujer joven
+(expresiones sinónimas entre los pueblos cultos). Pero esta digresión
+nos aleja del bueno de Ayvaz.
+
+Llegó el primero al lugar de la cita, todavía encolerizado. ¡Con qué
+furor paseaba por la plaza de la aldea, esperando al enemigo! Ocultaba
+bajo sus vestidos dos formidable yataganes, de finísimas hojas de
+Damasco. ¿Qué digo de Damasco? Dos hojas japonesas, de esas que cortan
+una barra de hierro con igual facilidad que si se tratase de un
+espárrago, con tal de que sean manejadas por un brazo vigoroso.
+Ahmed-Bey y el fiel intérprete seguían a su amigo y le daban los más
+sabios consejos: atacar con prudencia, descubrirse lo menos posible,
+comenzar la partida con un salto, en fin, cuantas recomendaciones pueden
+hacerse a un novicio que se presenta por primera vez en la liza, sin
+haber aprendido a tirar.
+
+--Gracias por vuestros consejos--respondía el obstinado;--pero no
+necesito tantos requisitos para cortarle las narices a un notario.
+
+El objetivo de su venganza no tardó en aparecer entre dos cristales de
+gafas, a la puerta de un carruaje. Pero M. L'Ambert no descendió,
+limitándose a saludar. El marqués echó pie a tierra, y vino a decir a
+Ahmed-Bey:
+
+--Conozco un sitio excelente, a veinte minutos de aquí; tened la
+amabilidad de subir nuevamente al carruaje, con vuestros amigos, y
+seguirnos.
+
+Tomaron los beligerantes un camino transversal, y descendieron a un
+kilómetro del caserío.
+
+--Señores--dijo el marqués,--podemos ir a pie hasta aquel bosquecillo
+que allí veis. Los cocheros pueden esperarnos aquí. Nos hemos olvidado
+de traer con nosotros un médico; pero el lacayo, que he dejado en
+Parthenay, tiene encargo de traernos el de la localidad.
+
+El cochero del turco era uno de esos merodeadores parisienses que
+circulan después de media noche bajo un número de contrabando. Ayvaz lo
+había tomado a la puerta de la señorita Tompain, y no lo había vuelto a
+dejar. El muy truhán sonrió maliciosamente cuando vio que le mandaban
+detenerse en medio del campo, y que llevaban sables debajo de las
+mantas.
+
+--¡Buena suerte, caballero!--le dijo al valiente Ayvaz.--Nada tenéis que
+temer, porque yo doy la suerte a mis clientes. Aun no hace un año llevé
+en mi coche a uno que había muerto a su adversario. Por cierto que me
+dio veinticinco francos de propina, ¡como os lo estoy refiriendo!
+
+--Yo te daré cincuenta--respondiole Ayvaz,--si quiere Dios que realice
+la venganza que medito.
+
+M. L'Ambert tiraba perfectamente, pero era demasiado conocido en las
+salas de esgrima de París para haber tenido jamás ninguna ocasión de
+batirse. Por eso, en el verdadero terreno del honor, era tan nuevo como
+Ayvaz: se comprende, por lo tanto, que aunque hubiese vencido en
+diferentes asaltos a los maestros y prebostes de varios regimientos de
+caballería, experimentase una sorda trepidación, que no era miedo, pero
+que producía efectos análogos a éste. La conversación durante el camino
+había sido animada: había hecho gala ante sus amigos de una alegría
+sincera, aunque un poco febril. Había encendido tres o cuatro cigarros,
+y arrojádolos al poco de empezados. Cuando todos descendieron del coche,
+marchó él con paso firme, demasiado firme tal vez. En el fondo de su
+alma sentía cierta aprensión completamente viril, completamente
+francesa: desconfiaba de su sistema nervioso, y temía no parecer todo lo
+valiente que era.
+
+Parece que las facultades del alma se multiplican en los momentos
+críticos de la vida. Por eso a M. L'Ambert, a pesar de hallarse
+preocupado en grado sumo con el pequeño drama en que iba a representar
+tan importante papel, los objetos más insignificantes del mundo
+exterior, los que hubieran pasado completamente inadvertidos para él en
+circunstancias ordinarias, atraían y retenían su atención con un poder
+irresistible. A sus ojos, la naturaleza se hallaba iluminada por una
+nueva luz, más clara, más transparente, más límpida, más cruda que la
+luz apagada del sol. Su preocupación subrayaba, por decirlo así, todo lo
+que sus ojos veían. En una revuelta del sendero, descubrió un gato que
+caminaba a paso lento por entre dos hileras de grosellas: uno de esos
+gatos tan comunes en las aldeas, largo, flaco, de piel blanca llena de
+manchas rojizas; uno de esos animales medio salvajes que a favor de los
+cuales hacen renuncia sus amos, con una esplendidez nada común, de todos
+los ratones que atrapan. El que atrajo la atención de L'Ambert había
+visto, sin duda, que la morada de su dueño no ofrecía ya bastante caza,
+y buscaba en plena campiña un suplemento a su pitanza. Los ojos del
+señorito L'Ambert, después de haber errado algún tiempo a la ventura,
+sintiéronse atraídos y como fascinados por el gesto de aquel gato.
+Observolo atentamente, admiró la flexibilidad de sus músculos, el
+vigoroso perfil de sus mandíbulas, y creyó hacer un descubrimiento
+trascendental, digno de un naturalista, observando que el gato es un
+tigre en miniatura.
+
+--¿Qué diablo miráis en ese punto?--preguntole el marqués, dándole, con
+cariño, una palmada en el hombro.
+
+Volvió el notario a la realidad de la vida, y respondió con el tono más
+desenvuelto del mundo:
+
+--Ese estúpido animal me ha distraído. No podéis imaginaros, marqués,
+los estragos que estas bestias ocasionan en la caza. Se comen más
+nidadas que perdigones tiramos nosotros. ¡Si tuviese una escopeta!...
+
+Y acompañando el gesto a la palabra, hizo ademán de echarse la escopeta
+a la cara, señalando al animal con el dedo. El gato comprendió la
+intención, dio un salto atrás y fugose, para reaparecer doscientos pasos
+más lejos, lavándose la cara, entre unas matas de colsa, como si
+aguardase a los parisienses.
+
+--¿Te has propuesto seguirnos?--exclamó el notario repitiendo la
+amenaza. La prudentísima bestia huyó de nuevo; pero reapareció a la
+entrada del claro del bosque donde iban a batirse. M. L'Ambert, con la
+superstición del jugador que va a exponer una suma importante, quiso
+ahuyentar aquella bestia maléfica, y le arrojó una piedra; mas, como
+errase el golpe, el gato trepó a un árbol, y allí se estuvo quedo.
+
+Entretanto, los testigos habían elegido el terreno y echado a suerte
+los puestos. El mejor tocó a M. L'Ambert. La suerte quiso también que se
+empleasen sus armas, y no los yataganes japoneses, que tal vez le
+hubiesen impuesto.
+
+A Ayvaz todo le tenía sin cuidado: cualquier arma era buena para él.
+Contemplaba la nariz de su enemigo como mira el pescador una trucha
+apetitosa suspendida del extremo de su caña. Despojose vivamente de la
+ropa que no consideró indispensable, arrojó sobre la hierba su fez rojo
+y su levita verde, y se arremangó hasta el codo las mangas de la camisa.
+Es de suponer que los turcos más dormidos se despierten al tintineo de
+las armas. Aquel grueso muchachote, cuya fisonomía no tenía nada de
+paternal, pareció transfigurarse. Su rostro se iluminó, sus ojos
+lanzaron rayos. Tomó un sable de manos del marqués, retrocedió dos
+pasos, y entonó en idioma turco una improvisación poética que su amigo
+Osmán-Bey tuvo la amabilidad de anotar y traducirnos:
+
+--Armado estoy para el combate; ¡Dios confunda al malvado que me ofende!
+La sangre se lava con sangre. Me heriste con la mano, yo te heriré con
+el sable. Tu rostro mutilado hará reír a las mujeres hermosas:
+Schelosser y Mercier, Thibert y Savile, te volverán la espalda con
+desprecio. Perderás para siempre el perfume de las rosas de Izmir. ¡Que
+Mahoma me dé fuerzas, que el valor no tengo que pedírselo a nadie!
+¡Hurra! ¡que armado estoy para el combate!
+
+Dicho esto, lanzose sobre su adversario, atacándole en tercia o en
+cuarta, pues no entiendo una palabra de estas andanzas, ni él, ni su
+adversario, ni los testigos tampoco. Pero una oleada de sangre brotó de
+la punta del sable, unas gafas rodaron por el suelo, y el notario sintió
+aligerada su cabeza del peso de su nariz. Quedábale aún de ella una
+parte para muestra, mas, tan insignificante, que no merece la pena de
+que la mencionemos siquiera.
+
+M. L'Ambert se dejó caer de espaldas, y se levantó otra vez en seguida
+para echar a correr, con la cabeza agachada, como un ciego o como un
+loco. En aquel preciso momento, un cuerpo opaco cayó desde lo alto de
+una encina. Un minuto después, presentose un hombrecillo enteco, con el
+sombrero en la mano, seguido de un lacayo de gran librea. Era M.
+Triquet, médico municipal de Parthenay.
+
+--¡Bien venido seáis, digno señor Triquet! Un ilustre notario de París
+precisa vuestros servicios con urgencia. Colocaos nuevamente vuestro
+grasiento sombrero sobre vuestro cráneo pelado, enjugaos las gotas de
+sudor que brillan sobre vuestros rojos carrillos, como el rocío sobre
+dos peonías en flor, y haceos quitar cuanto antes las manchas
+relucientes de vuestro respetable traje negro!
+
+Pero el buen hombre estaba demasiado emocionado para entrar en funciones
+sin demora. Hablaba a tontas y a locas, con voz temblorosa y jadeante.
+
+--¡Bondad divina!...--decía.--Dios os guarde, señores; reconózcanme como
+un nuevo servidor. ¿Acaso está permitido ponerse de esta manera? ¡Esto
+es una mutilación, demasiado bien lo veo! Decididamente, ya es tarde
+para tratar de reconciliaros: el mal no tiene remedio, ya está hecho.
+¡Ah, señores, señores! ¡la juventud jamás dejará de ser joven! Yo
+también estuve a punto de dejarme arrastrar por el criminal deseo de
+mutilar o destruir a un semejante. Fue en 1820. ¿Y qué hice, señores
+míos? Pues darle toda clase de excusas. De excusas, sí, y me jacto mucho
+de ello, y con tanto más motivo cuanto que toda la razón estaba de mi
+parte. ¿No habéis leído, por ventura, las admirables páginas de Rousseau
+contra el duelo? Son verdaderamente irrefutables: un trozo admirable de
+crestomatía moral y literaria. Y observad que Rousseau no dijo todavía
+en este asunto la última palabra. Si hubiese estudiado el cuerpo humano,
+esta obra maestra de la creación, esta imagen admirable de Dios sobre la
+tierra, habría demostrado, sin duda, que es gran pecado destruir un
+conjunto tan perfecto. Y no lo digo, en verdad, por la persona que ha
+recibido el golpe. ¡Dios me libre de tal cosa! ¡Tendría, sin duda,
+razones poderosas que respeto! ¡Pero si se supiese cuánto trabajo nos
+cuesta a los pobrecitos médicos el curar la más insignificante herida!
+Cierto que de eso vivimos, y de las enfermedades; pero, a pesar de todo,
+preferiría privarme de muchas cosas y no comer nada más que una tajada
+de tocino y un trozo de pan moreno, a tener que ser testigo de los
+sufrimientos del prójimo.
+
+El marqués interrumpió sus clamores.
+
+--Vaya, doctor--le dijo,--que la ocasión no es la más oportuna para
+filosofar. Este hombre se desangra como un buey, y es preciso, ante
+todo, tratar de contener la hemorragia.
+
+--Sí, señor--replicó vivamente el medicucho,--¡la hemorragia! esa es la
+verdadera palabra. Felizmente, todo lo tengo previsto. He aquí un frasco
+de agua hemostática, preparada según la fórmula de Brocchieri; yo la
+prefiero a la de Lechelle.
+
+Y se dirigió, con el frasco en la mano, hacia M. L'Ambert, que se había
+sentado al pie de un árbol y sangraba con tristeza.
+
+--Caballero--le dijo entre profundas reverencias,--podéis creerme que
+lamento sinceramente el no haber tenido el honor de conoceros con
+ocasión de un acontecimiento menos desagradable que este.
+
+Levantó melancólicamente la cabeza el señorito L'Ambert, y contestole
+con acento dolorido:
+
+--Doctor, ¿perderé la nariz?
+
+--No, señor, no la perderéis. ¡Válgame Dios, caballero! ¿cómo podríais
+perderla de nuevo, si la habéis perdido ya?
+
+Y mientras se expresaba de esta suerte, vertía el agua de Brocchieri
+sobre una compresa.
+
+--¡Cielos!--exclamó de repente,--tengo una idea, caballero. Puedo
+responderos del órgano tan útil como agradable que acabáis de perder.
+
+--¡Hablad pronto, por favor! Mi fortuna será entera para vos. ¡Ah,
+doctor! antes que vivir desfigurado de esta suerte, es preferible morir.
+
+--Eso suele decirse... ¡pero vamos a ver! ¿dónde está el trozo de nariz
+que os han cortado? No soy yo un cirujano de los vuelos de M. Velpeau, o
+de M. Huguier; pero trataré de hacer volver las cosas a su primitivo
+estado.
+
+El señorito L'Ambert levantose precipitadamente, y corrió al lugar de la
+lucha, seguido del marqués y de M. Steimbourg. Los turcos, que se
+paseaban juntos y cariacontecidos, porque el fuego de Ayvaz-Bey habíase
+extinguido en un segundo, aproximáronse también a sus antiguos
+enemigos. Hallose sin trabajo el lugar donde los combatientes habían
+pisoteado la fresca y naciente hierba; recuperáronse las gafas de oro,
+pero las narices del notario no hubo forma de encontrarlas. En cambio,
+vieron un gato, el horrible gato blanco con manchas rojizas, que se
+relamía con placer los labios ensangrentados.
+
+--¡Maldición!--exclamó el marqués, señalando al animal.
+
+Todo el mundo comprendió el gesto y la exclamación.
+
+--¿Será tiempo todavía?--preguntó el notario.
+
+--Tal vez--contestó el médico.
+
+Y todos corrieron hacia el gato. Pero el astuto animal no estaba por
+dejarse cazar, y corrió a su vez como alma que lleva el diablo a sus
+talones.
+
+Jamás había visto el pequeño bosque de Parthenay, ni volverá a ver
+tampoco, una caza semejante. Un marqués, un agente de cambio, tres
+diplomáticos, un médico de aldea, un lacayo con gran librea y un notario
+sangrando en su pañuelo, lanzáronse a carrera abierta tras un miserable
+gato. Corriendo, gritando, arrojándole piedras, ramas secas, y cuantos
+objetos encontraban al alcance de sus manos, atravesaron los caminos y
+los claros, y se internaron, bajando la cabeza, en los sitios más
+espesos del bosque. Ya agrupados, ya dispersos; unas veces escalonados
+sobre una línea recta, y otras formando círculo alrededor de la bestia;
+apaleando las malezas, sacudiendo los arbustos, trepando a los árboles,
+destrozándose el calzado con las raíces y troncos, y dejándose jirones
+de ropa entre las ramas de los arbustos, arrollábanlo todo como una
+tempestad; pero el gato endiablado corría más que el viento. En dos
+ocasiones lograron encerrarlo en un círculo, y otras tantas logró
+escapar, forzando el cerco. Un momento pareció como rendido de fatiga y
+de dolor, al caer de costado por querer saltar de un árbol a otro,
+siguiendo el camino de las ardillas. El lacayo de M. L'Ambert lanzose
+veloz sobre él, alcanzolo en pocos saltos y lo agarró por la cola. Pero
+el tigre en miniatura conquistó su libertad mediante un terrible
+zarpazo, y escapó fuera del bosque.
+
+Entonces comenzó la persecución a través de la llanura. Si largo era el
+camino que llevaban ya recorrido, inmensa era la planicie que, en forma
+de tablero de ajedrez, se extendía delante de los cazadores y de su
+codiciada presa.
+
+El calor era sofocante; gruesos nubarrones negros se amontonaban por
+occidente; el sudor corría copioso por todas las frentes; pero nada fue
+capaz de detener el furor de aquellos ocho hombres.
+
+M. L'Ambert, lleno todo de sangre, no cesaba de animar a sus compañeros
+con el gesto y con la voz. Los que nunca han visto a un notario
+corriendo tras sus narices no podrán hacerse cargo de su ardor. ¡Adiós
+frambuesas y fresas! Por dondequiera que pasaba el alud, quedaba la
+cosecha apabullada, destruida, aniquilada; todo eran flores mustias,
+brotes rotos, ramas tronchadas, tallos pisoteados. Sorprendidos los
+campesinos por la invasión de aquel azote nunca visto, arrojaban las
+regaderas, llamaban a sus vecinos, reclamaban el auxilio de los guardias
+rurales, exigían que les indemnizasen los daños y perjuicios, y
+lanzábanse en persecución de los cazadores.
+
+¡Victoria! ¡el gato ya está preso! Hase arrojado a un pozo. ¡Cubos!
+¡cuerdas! ¡escalas! Todos abrigan la esperanza, la casi seguridad de
+recuperar las narices del señorito L'Ambert intactas o poco menos. Mas
+¡ay! que este pozo no es un pozo como todos los demás. Es la boca de una
+cantera abandonada cuyas galerías forman una vasta red de más de diez
+leguas, y se extienden en todas direcciones, hallándose en comunicación
+con las catacumbas de París.
+
+Se pagan sus honorarios a M. Triquet; se abonan a los campesinos las
+indemnizaciones que exigen, y se emprende el regreso a Parthenay, bajo
+una lluvia torrencial.
+
+Antes de subir al carruaje, Ayvaz-Bey, mojado como un pato, y ya
+recuperada la calma por completo, vino a ofrecer su mano a M. L'Ambert.
+
+--Caballero--le dijo,--lamento sinceramente que mi obstinación haya
+llevado las cosas hasta este extremo. La Tompain no vale una gota
+siquiera de la sangre vertida por su culpa, y hoy mismo rompo con ella,
+pues no podría verla sin pensar en la desgracia que ha causado. Sois
+testigo de que he hecho cuanto me ha sido posible, como asimismo estos
+señores, por devolveros lo perdido. Ahora, permitidme esperar que este
+accidente no sea del todo irreparable. El médico de esta aldea nos ha
+recordado que existen en París cirujanos más hábiles que él; creo haber
+oído decir que la cirugía moderna poseía secretos infalibles para
+restaurar las partes del cuerpo humano mutiladas o perdidas. M. L'Ambert
+aceptó, con el humor que pueda suponerse cualquiera, la mano que le
+tendía su rival, y se hizo conducir al faubourg Saint-Germain en
+compañía de sus dos amigos.
+
+
+
+
+III
+
+DONDE DEFIENDE EL NOTARIO SU PELLEJO CON MÁS ÉXITO
+
+
+El cochero de Ayvaz-Bey era un hombre dichoso si los hay. Aquel bribón
+empedernido fue menos sensible a la propina de cincuenta francos que al
+placer de haber conducido a su cliente a la victoria.
+
+--¡En verdad que me agrada la manera que tenéis de arreglar a las
+personas!--le dijo al bueno de Ayvaz.--Bueno es saber cómo las gastáis.
+Si alguna vez os piso un pie, me apresuraré a pediros mil perdones en
+el acto. Ese pobre señor se verá negro si quiere tomar rapé. ¡Vamos,
+vamos! si alguien vuelve alguna vez a sostener ante mí que los turcos
+son unos torpes, ya sabré qué responderle. ¿No os dije que os daría
+buena suerte? Eso me sucede siempre. Conozco, en cambio, un viejo que le
+ocurre lo contrario: da siempre la mala pata a sus clientes. Ni por
+casualidad conduce una vez sola al terreno del honor a nadie que salga
+ileso... ¡Arre, pajarita! ¡vamos, que conduces a un héroe! ¡Hoy te
+envidiarían los caballos de los césares de Roma!
+
+Estas burlas crueles no lograron desarrugar el entrecejo de los turcos,
+y el cochero, en vista de que sus palabras no hacían gracia, adoptó el
+prudente partido de callarse.
+
+En otro carruaje infinitamente más elegante y mucho mejor entroncado,
+lamentábase el notario en presencia de sus dos amigos.
+
+--Todo concluyó para mí--les decía;--soy hombre muerto; no me queda otro
+recurso que saltarme la tapa de los sesos. ¿Cómo presentarme de nuevo en
+sociedad, en la Opera, ni en ningún otro teatro? ¿Queréis que comparezca
+ante el mundo con esta cara grotesca y lamentable, que excitará en unos
+la risa y en otros la compasión?
+
+--¡Bah!--respondiole el marqués,--la gente se acostumbra a todo. Y, en
+último caso, si el mundo nos causa espanto, permanecemos en casa.
+
+--¡Permanecer siempre en casa! ¡bonito porvenir! ¿Imagináis, por
+ventura, que han de venir las mujeres a buscarme a domicilio, en el
+estado en que me encuentro?
+
+--¡Os casaréis! He conocido a un teniente de coraceros que había
+perdido un brazo, una pierna y un ojo. Cierto que no era el terror de
+los maridos, ni el ídolo de las mujeres; pero se casó con una buena
+muchacha, ni fea ni bonita, que lo quiso con toda su alma, y lo hizo
+dichoso por completo.
+
+No debió de parecerle al notario demasiado consoladora semejante
+perspectiva, porque exclamó con acento desesperado:
+
+--¡Oh, las mujeres! ¡las mujeres! ¡las mujeres!
+
+--¡Demontre!--exclamó el marqués,--¡qué importancia concedéis a las
+mujeres! ¡Ni que ellas lo fuesen todo! Hay en el mundo otras cosas
+agradables. ¡Se dedica uno a mirar por su salud, qué diablo! A
+encarrilar su alma, a cultivar su espíritu, a hacer bien a su prójimo, a
+llenar los deberes de su estado. ¡No es preciso poseer una nariz
+prominente para ser buen cristiano, buen padre de familia y buen
+notario!
+
+--¡Notario!--replicó él con amargura poco disimulada,--¡notario! En
+efecto, eso aun lo soy. Ayer era un hombre de mundo, un verdadero
+_gentleman_, y, hasta puedo decirlo prescindiendo de falsas modestias,
+un caballero cuyo trato se disputaban todos. Hoy sólo soy un notario. ¿Y
+quién sabe si lo seguiré siendo mañana? Una indiscreción del lacayo
+bastaría para divulgar esta estúpida aventura. Con dos palabras que diga
+cualquier periódico, la justicia se verá obligada a perseguir a mi
+adversario, y a sus testigos, y a vosotros mismos, señores. Y heme
+entonces aquí conducido ante el tribunal correccional, y teniéndole que
+referir dónde, cuándo y por qué he perseguido a la señorita Victorina
+Tompain. Suponed un escándalo semejante, y decidme si el notario podrá
+sobrevivirle.
+
+--Amigo mío--le dijo el marqués,--os asustáis de peligros imaginarios.
+Las gentes de nuestro mundo, de este mundo a que vos pertenecéis
+también, poseen el derecho de rebanarse el cuello impunemente. El
+ministerio público cierra los ojos cuando se trata de nuestras
+querellas, y no hay justicia que valga. Comprendo que se metan un poco
+con los periodistas, los artistas y otros seres de condición inferior
+cuando se permiten tirar de la espada: conviene recordar a esas gentes
+que tienen puños para batirse, y que basta con creces esta arma para
+vengar la clase de honor que poseen. Pero porque un caballero se
+conduzca y proceda como tal, la justicia no tiene nada que decir, y nada
+dice. Yo he tenido unos quince o veinte lances desde que dejé el
+servicio, y algunos, en verdad, bien desgraciados para mis adversarios;
+y, sin embargo, ¿habéis leído mi nombre alguna vez en la _Gaceta de los
+Tribunales_?
+
+M. Steimbourg hallábase menos ligado con M. L'Ambert que el marqués de
+Villemaurin; no tenía, como éste, todos sus títulos de propiedad en el
+estudio de la calle de Varneuil desde hacía cuatro o cinco generaciones.
+No conocía a aquellos dos caballeros más que del círculo y de la partida
+de _whist_, y tal vez también por algunos corretajes que le habían hecho
+ganar. Pero era un buen muchacho y hombre de bastante talento, e hizo, a
+su vez, algunos razonamientos acertados al notario, para consolarle en
+su aflicción. A su entender, M. de Villemaurin ponía las cosas peor de
+lo que ya estaban: existían otros recursos. Decir a M. L'Ambert que
+quedaría desfigurado para toda su vida, era desesperar demasiado pronto
+de la ciencia.
+
+--¿De qué nos serviría haber nacido en el siglo XIX, si el menor
+accidente hubiera de ser, como antaño, un mal irreparable? ¿Qué
+superioridad tendríamos entonces sobre los hombres de la Edad de Oro? No
+blasfememos del nombre sacrosanto del progreso. La cirugía operatoria se
+halla, gracias a Dios, más floreciente que nunca en la patria de
+Ambrosio Paré. El buen doctor de Parthenay nos ha citado los nombres de
+ciertos ilustres maestros que descuellan por la habilidad con que
+reparan con éxito las injurias que sufre el cuerpo humano. Ya estamos a
+las puertas de París; enviaremos a preguntar a la farmacia más próxima,
+y en ella nos darán la dirección de Velpeau o de Huguier; vuestro lacayo
+irá a buscar en seguida a cualquiera de estas dos eminencias, y os lo
+traerá a vuestra casa. Tengo la seguridad de haber oído decir que los
+cirujanos rehacen un labio, un párpado o una oreja: ¿es acaso más
+difícil restaurar una nariz?
+
+Por muy vaga que fuese esta esperanza, reanimó, sin embargo, al infeliz
+notario, que había dejado de sangrar hacía ya media hora. La idea de
+volver a ser lo que era y de reanudar el curso normal de su vida,
+prodújole una especie de delirio. ¡Qué verdad es que nadie sabe apreciar
+la dicha de estar completo hasta que no la ha perdido!
+
+--¡Ah, amigos míos!--exclamó frotándose las manos de esperanza,--mi
+fortuna pertenece al hombre que me cure. Por grandes que sean los
+tormentos que me esperen, los sufriré gustoso si me garantizan el
+éxito. ¡Ni el dolor ni los gastos me harán retroceder!
+
+Animado de estos sentimientos llegó el notario a su casa de la calle de
+Verneuil, mientras buscaba su lacayo la dirección de los cirujanos más
+célebres. El marqués y Steimbourg le condujeron a su cuarto, y se
+despidieron de él, el uno para ir a tranquilizar a su mujer y a sus
+hijas, que no le habían vuelto a ver desde la víspera, y el otro para
+correr a la Bolsa.
+
+Solo consigo mismo, ante un espejo de Venecia que le mostraba sin piedad
+su nueva imagen, cayó Alfredo L'Ambert en un abatimiento profundo. Aquel
+hombre fuerte, que no lloraba jamás en el teatro por ser cosa propia de
+las gentes del pueblo; aquel _gentleman_ de frente bronceada, que había
+enterrado a sus padres con la impasibilidad más serena, lloró la
+mutilación de su bella persona, y se bañó en lágrimas de egoísmo.
+
+Su lacayo vino a arrancarle de su amargo dolor prometiéndole la visita
+de M. Bernier, cirujano del Hospital, miembro de la Sociedad de Cirugía
+y de la Academia de Medicina, profesor de clínica, etc., etc. El criado
+había ido a buscar al más próximo, y no anduvo desacertado, porque M.
+Bernier, si bien no estaba a la altura de los Velpeau, los Manee y los
+Huguier, ocupaba un lugar muy honroso inmediatamente después de ellos.
+
+--¡Que venga!--exclamó M. L'Ambert.--¿Por qué no está aquí ya? ¿Creen,
+por ventura, que me encuentro en situación de esperar?
+
+Y se echó a llorar de nuevo. ¡Llorar en presencia de sus domésticos! ¿Es
+posible que un sablazo modifique en tales términos las costumbres de un
+hombre? Seguramente era preciso que el arma del buen Ayvaz, al cortar
+el canal nasal, hubiese conmovido el saco lagrimal y los tubérculos
+mismos.
+
+Enjugose el notario los ojos para leer un grueso volumen en 12º, que le
+habían traído con urgencia de parte de M. Steimbourg. Era la _Cirugía
+operatoria_, de Ringuet, excelente manual enriquecido con unos
+trescientos grabados. M. Steimbourg había comprado el libro, al
+dirigirse a la Bolsa, y se lo enviaba a su cliente para tranquilizarle
+sin duda.
+
+Pero el efecto que le produjo su lectura fue muy otro de lo que se había
+supuesto. Cuando hubo hojeado el notario las primeras doscientas
+páginas, y visto desfilar ante sus ojos la serie lamentable de
+ligaduras, amputaciones, resecciones y cauterizaciones, dejó caer el
+libro y se echó en una butaca, apretando los ojos con horror. Mas esta
+precaución no evitole seguir viendo pieles seccionadas, músculos
+separados por pinzas, miembros seccionados a grandes tajos, huesos
+aserrados por manos de operadores invisibles. Los rostros de los
+operados que se ven en los dibujos anatómicos, parecíanle tranquilos,
+resignados, insensibles al dolor, y preguntábase si tal dosis de valor
+podía ser compatible con la naturaleza de las almas humanas. Seguía
+viendo, sobre todo, al cirujano de la página 89, todo vestido de negro,
+con un cuello de terciopelo en su levita. Este fantástico ser tiene la
+cabeza redonda y algo grande, la frente despejada, y asierra con esmero
+y seriedad los dos huesos de una pierna viva.
+
+--¡Monstruo!--exclamó, sin poder contenerse, M. L'Ambert.
+
+Y en aquel mismo instante, vio entrar al monstruo en persona, y el
+criado anunció a M. Bernier.
+
+El notario retrocedió, reculando, hasta el rincón más oscuro de su
+cuarto, con los ojos desmesuradamente abiertos, la mirada extraviada, y
+extendiendo hacia adelante los brazos, como para rechazar a un enemigo.
+Castañeteando los dientes, murmuró con voz sofocada, como en las novelas
+de Javier de Montepin:
+
+--¡Él! ¡él! ¡él!
+
+--Caballero--dijo el doctor,--siento haberos hecho aguardar, y os
+suplico que os calméis. Ya conozco el accidente de que acabáis de ser
+víctima, y me atrevo a esperar que el mal tenga remedio. Pero nada
+podremos hacer si tenéis miedo de mí.
+
+La palabra miedo tiene siempre un sonido desagradable para los oídos
+franceses. M. L'Ambert descargó con el pie un fuerte golpe sobre el
+suelo, avanzó decididamente hacia el doctor, y le dijo con una risita
+demasiado nerviosa para ser natural.
+
+--¡Vamos, doctor! tenéis, al parecer, ganas de broma. ¿Tengo cara, por
+ventura, de cobarde? Si lo fuese, no me hubiera puesto en el trance esta
+mañana de que me descompletasen mi pobre humanidad. Pero, mientras os
+estaba esperando, he hojeado un libro de cirugía, y acababa en este
+momento de ver en él la figura de un cirujano que tiene cierto parecido
+con vos, cuando, al entrar, me habéis hecho el efecto de un aparecido.
+Añadid a esta sorpresa las emociones sufridas esta mañana, y quién sabe
+si acaso también algún movimiento febril, y me perdonaréis lo que de
+raro hayáis notado en la acogida que os hice.
+
+--¡En hora buena!--dijo M. Bernier, recogiendo el libro del suelo.--¡Ah!
+¡leíais a Ringuet! Es muy amigo mío. Recuerdo, efectivamente, que me
+hizo representar en un grabado, con arreglo a un croquis de Leveillé.
+Pero sentaos, por favor.
+
+Calmose un poco el notario y refirió al doctor los acontecimientos de la
+jornada, sin echar en olvido el incidente del gato que, por decirlo así,
+habíale hecho perder por segunda vez su tan llorada nariz.
+
+--Es una gran desgracia--observó el cirujano,--pero es posible repararla
+en el término de un mes. Supuesto que tenéis en vuestro poder el libro
+de Ringuet, poseeréis seguramente algunas nociones de cirugía.
+
+M. L'Ambert confesó que no había llegado aún a ese capítulo.
+
+--Pues bien--replicó M. Bernier,--voy a condensároslo en cuatro
+palabras. La rinoplastia es el arte de rehacer la nariz a los
+imprudentes que la han perdido.
+
+--¿Pero es de veras, doctor?... ¿es posible ese milagro?... ¿Ha
+encontrado la cirugía la manera de...?
+
+--Ha encontrado tres sistemas nada menos. Descartemos el método francés,
+pues no lo considero aplicable al caso vuestro. Si la pérdida de
+sustancia fuese menos considerable, podría despegar los bordes de la
+herida, avivarlos, ponerlos en contacto y unirlos de primera intención.
+Mas no hay que pensar en esto.
+
+--De lo que me alegro infinito--contestole el notario.--No podéis
+imaginaros, doctor, hasta qué punto la idea de heridas avivadas y de
+bordes suturados me descomponen los nervios. ¡Examinemos otros medios
+más suaves, yo os lo ruego!
+
+--La cirugía raramente procede con dulzura; pero, en fin, os queda la
+elección entre el sistema indio y el italiano. El primero consiste en
+cortar en la piel de vuestra frente una especie de triángulo, con el
+vértice hacia abajo y la base hacia arriba, con el cual se fabrica la
+nueva nariz. Se despega este trozo de piel en toda su extensión, salvo
+el vértice inferior que debe permanecer adherido. Se le hace girar sobre
+este vértice, a fin de que me quede siempre hacia fuera la epidermis, se
+le rebate hacia abajo y se cosen sus bordes a los de la herida. En otros
+términos, puedo haceros otra nariz bastante presentable a expensas de
+vuestra frente. El éxito de la operación es casi cierto; pero siempre
+conservaréis en la frente una extensa cicatriz.
+
+--No quiero cicatrices, doctor; no las quiero a ningún precio. Os digo
+más, doctor (y perdonadme esta debilidad), desearía que, a ser posible,
+no me hicieseis ninguna operación. Acabo de sufrir una hace poco, de
+manos de ese turco condenado, y, para prueba, ya basta. Se me hiela la
+sangre al recordar la sensación solamente. Tengo tanto valor como
+cualquier otro hombre, mas tengo nervios también. La muerte no me
+asusta, pero el sufrimiento me aterra. Matadme, si queréis, pero, ¡por
+Dios no me cortéis más nada!
+
+--Caballero--replicole el doctor, con cierto dejo de ironía,--si tal
+prevención sentís contra las operaciones, hubierais debido llamar a un
+médico homeópata en vez de hacer venir a un cirujano.
+
+--No os burléis de mí, doctor. No he sabido reprimirme ante la idea de
+la operación india. Los indios son salvajes y tienen una cirugía digna
+de ellos. ¿No habéis hablado también de un sistema italiano? No me
+agradan los italianos por su política. Son un pueblo ingrato, que ha
+observado la conducta más negra con sus legítimos amos; pero, en materia
+de ciencia, no siento ninguna prevención contra esos bribones.
+
+--Muy bien--respondió el doctor,--optad, si os place, por el método
+italiano. Da a veces resultados excelentes, pero exige una inmovilidad y
+paciencia de la que tal vez no seáis capaz.
+
+--Si sólo se trata de inmovilidad y paciencia, os respondo en absoluto
+de mí.
+
+--¿Sois capaz de permanecer, por espacio de treinta días, en una
+posición extremadamente molesta?
+
+--Sí.
+
+--¿Con la nariz cosida al brazo derecho?
+
+--Sí.
+
+--En ese caso, os cortaré del brazo un trozo triangular de piel, de
+quince o diez y seis centímetros de longitud, por diez u once de
+anchura...
+
+--¿Que me cortaréis a mí ese trozo de piel?
+
+--Sin duda.
+
+--¡Pero eso es espantoso, doctor! ¡desollarme vivo! ¡sacarme el pellejo
+a tiras! ¡eso es bárbaro, inhumano, propio de la Edad Media, digno sólo
+de Shiloock, el judío de Venecia!
+
+--Lo de menos es la herida del brazo. Lo difícil es permanecer cosido a
+sí mismo por espacio de treinta días.
+
+--A mí sólo me horroriza el corte del escalpelo. Cuando se ha sentido ya
+el frío de la hoja de acero al penetrar en la carne viva, se horripila
+uno al pensarlo. Una vez, y nada más, mi querido doctor.
+
+--Siendo así, caballero, no hay nada que aquí exija mi presencia: Os
+quedaréis sin nariz para toda vuestra vida.
+
+Esta especie de condena sumió al pobre notario en profunda
+consternación, que le hizo recorrer la estancia a grandes pasos,
+mesándose los cabellos de su hermosa y rubia cabellera como un loco.
+
+--¡Mutilado!--exclamaba, llorando;--¡mutilado para siempre! ¡No hay
+remedio para mí! ¡Si existiese alguna droga, algún tópico misterioso
+cuya virtud devolviera la nariz a los que la han perdido, lo compraría a
+peso de oro! ¡Lo enviaría a buscar al fin del mundo! Hasta sería capaz
+de fletar para ello un buque si no hubiera otro remedio. ¡Pero nada! ¿de
+qué me sirve ser rico? ¿de qué sirve que seáis un cirujano ilustre, si
+toda vuestra habilidad y todos mis sacrificios no sirven absolutamente
+para nada? ¡Riqueza, ciencia! ¡he aquí dos palabras hueras!
+
+Pero M. Bernier le respondía de vez en cuando, con imperturbable calma:
+
+--Permitidme que os corte un trozo de piel del brazo, y os reconstruiré
+la nariz.
+
+M. L'Ambert pareció decidirse un instante. Quitose la levita y
+arremangose la manga de la camisa; pero cuando vio abierto el estuche
+del cirujano, y brillaron ante sus aterrados ojos las hojas relumbrantes
+de treinta instrumentos de suplicio, palideció intensamente y se
+desplomó, desmayado, sobre una butaca. Algunas gotas de agua con vinagre
+le devolvieron el conocimiento, mas no la resolución.
+
+--No pensemos más en esto--dijo recuperando la calma.--Nuestra
+generación posee toda clase de valores, mas se arredra ante el dolor. Es
+culpa de nuestros padres que nos han criado envueltos entre nubes de
+algodón en rama.
+
+Pocos instantes después, aquel joven, que profesaba los más religiosos
+principios, púsose a blasfemar de la Providencia.
+
+--En realidad--exclamó,--el mundo es una gran trapisonda, ¡bendigamos
+por ello al Creador! Con mis doscientos mil francos de renta, me quedaré
+para el resto de mi vida tan chato como una calavera; en tanto que mi
+portero, que no tiene jamás en el bolsillo diez escudos, lucirá la nariz
+de un Apolo de Beldevere. ¡La Suprema Sabiduría, que tantas cosas ha
+previsto, no acertó a prever que un turco me cortaría la cabeza por
+saludar a la señorita Victorina Tompain! Hay en Francia tres millones de
+pordioseros, todos los cuales juntos no valen medio franco, ¡y no puedo
+yo comprar a peso de oro la nariz de cualquiera de esos miserables!...
+Y, después de todo, ¿por qué?
+
+Su rostro iluminose por un rayo de esperanza, y añadió, con tono más
+dulce:
+
+--Mi anciano tío de Poitiers, en su última enfermedad, se hizo inyectar
+cien gramos de sangre bretona en la vena cefálica mediana: un antiguo
+servidor prestose a suministrársela. Mi bella tía Giromagny, cuando aún
+conservaba su belleza, hizo arrancar un incisivo a una de sus doncellas
+más hermosas para reemplazar un diente que acababa de perder. Este
+expediente dio un resultado magnífico, y no costó arriba de tres luises.
+Doctor, vos me habéis dicho que, a no ser por la trastada de ese maldito
+gato, hubierais podido colocarme nuevamente la nariz en su sitio,
+cosiéndomela con cuidado. ¿Me lo habéis dicho, o no?
+
+--Sin duda, y os lo repito.
+
+--Y si lograse comprar la nariz de algún pobre diablo, ¿podríais también
+colocármela en reemplazo de la mía?
+
+--Claro está que podría...
+
+--¡Oh, magnífico!
+
+--Pero no me prestaría a hacerlo, ni ninguno de mis colegas tampoco.
+
+--¿Y por qué, queréis decirme?
+
+--Porque mutilar a un hombre sano es un crimen, por muy estúpido que
+sea, o muy hambriento que se halle el paciente para consentir en ello.
+
+--A la verdad, doctor, que confundís mis nociones relativas a lo justo y
+a lo injusto. Yo me hice reemplazar, cuando fui llamado a filas,
+mediante un centenar de luises, por una especie de alsaciano, de pelo
+alazán tostado. A mi hombre (porque era bien mío) hubo de llevarle la
+cabeza una bala de cañón, el 30 de abril de 1849. Y como dicha bala me
+estaba destinada a mí por la suerte, puedo decir con verdad que el
+alsaciano en cuestión vendiome su cabeza y toda su persona entera por un
+centenar de luises, o algo más. El Estado no sólo toleró, sino que
+aprobó esta combinación; vos tampoco tendréis nada que objetar; es muy
+posible que vos mismo hayáis comprado también al mismo precio un hombre
+entero, que se haya matado por vos. ¡Y sois capaz de escandalizaros
+porque ofrezco doble precio, al primer bribón que se presente, por sólo
+la punta de la nariz!
+
+El doctor detúvose un momento a meditar una respuesta lógica. Pero, como
+no la encontrase, dijo al señorito L'Ambert:
+
+--Si bien no permite mi conciencia desfigurar a otro hombre en beneficio
+vuestro, creo que podría, sin escrúpulo, cortar del brazo de cualquier
+perillán los pocos centímetros cuadrados de piel que os hacen falta.
+
+--¡Vaya, doctor! ¡tomadlos de dónde mejor os plazca, con tal de que
+reparéis este estúpido accidente! Busquemos en seguida un hombre de
+buena voluntad, y ¡viva el método italiano!
+
+--Os prevengo de nuevo, sin embargo, que tendréis que permanecer un mes
+entero en una situación bien molesta.
+
+--¡Qué me importan todas las molestias del mundo, si al cabo de ese mes
+puedo presentarme de nuevo en el _foyer_ de la Opera!
+
+--Convenido. ¿Habéis pensado ya en alguien? ¿Acaso ese portero de quien
+ahora poco hablabais...?
+
+--¡Me parece muy bien! Será fácil comprarlo, con su mujer y sus hijos,
+por un centenar de escudos. Cuando Barberau, su antecesor, se retiró no
+sé adónde, para vivir de sus rentas, un cliente recomendome a este, que
+se estaba literalmente muriendo de hambre.
+
+Llamó M. L'Ambert, y ordenó al ayuda de cámara, que se presentó al
+instante, que hiciera subir a Singuet, el nuevo portero.
+
+Acudió el hombre, y lanzó un grito de espanto al contemplar el rostro de
+su amo.
+
+Era el verdadero tipo del pobre diablo parisiense, que es el más pobre
+de todos los diablos: un hombrecillo de treinta y cinco años de edad, al
+cual todos le hubieran echado sesenta, a juzgar por su aspecto flaco,
+amarillo y desmirriado.
+
+M. Bernier examinolo atentamente y le mandó volver otra vez a la
+portería.
+
+--La piel de este hombre--dijo--no sirve para nada. Acordaos que los
+jardineros toman las varas, para efectuar sus injertos, de los árboles
+más sanos y rollizos. Elegidme a un mozo fuerte y rebosando salud entre
+vuestra servidumbre; de sobra los tendréis.
+
+--Sí, pero no será empresa fácil convencerlos. Mis criados son todos
+caballeros, que poseen capitales y valores en cartera, y especulan al
+alza y a la baja, como todos los criados de casa grande. No creo que
+haya ninguno entre ellos que quiera comprar con el precio de su sangre
+un dinero que se gana tan fácilmente en la Bolsa.
+
+--Pero tal vez halléis alguno que por abnegación y cariño...
+
+--¿Abnegación y cariño entre estas gentes? ¡Creo que os burláis, doctor!
+Nuestros padres tenían servidores abnegados: nosotros sólo poseemos unos
+grandísimos pillos que medran a nuestra costa, y, en el fondo, tal vez
+salgamos ganando. Nuestros padres, que se veían amados por estas
+gentes, creíanse obligados a pagarles en la misma moneda. Sufrían sus
+defectos, asistíanlos en sus enfermedades, alimentábanlos en su vejez:
+esto era insoportable. Yo pago a mis criados para que me sirvan bien, y,
+cuando no estoy satisfecho de ellos, los despido, sin meterme a
+averiguar si es falta de voluntad, vejez o indisposición lo que motiva
+su mal comportamiento.
+
+--Entonces no encontraremos en vuestra casa el hombre que precisamos.
+¿Tenéis alguno a la vista?
+
+--¿Yo? Ninguno. Pero es igual; el primer advenedizo, el mozo de cordel
+de la esquina, el aguador que grita en este momento en la calle.
+
+Sacó del bolsillo las gafas, levantó ligeramente la cortina, examinó, a
+través de aquéllas, la calle de Beaune, y dijo al doctor:
+
+--He ahí a un muchacho que no tiene mala cara. Tened la bondad de
+hacerle señas, porque yo no me atrevo a mostrar a los transeúntes mi
+rostro.
+
+M. Bernier abrió la ventana en el momento en que la víctima elegida
+gritaba a plenos pulmones:
+
+--¡Agua muy fresca!
+
+--¡Muchacho!--gritole el doctor,--dejad vuestro tonel y subid por la
+calle de Verneuil, si queréis ganar un buen puñado de luises.
+
+
+
+
+IV
+
+CHEBACHTIÁN ROMAGNÉ
+
+
+Llamábase Romagné, por su padre. Sus padrinos le habían puesto, al
+bautizarle, Sebastián; pero, como era natural de Frognac-les-Mauriac,
+departamento de Cantal, invocaba a su patrón bajo el nombre de _Chan
+Chebachtián_. Todo hace presumir que había escrito su nombre con _ch_;
+pero, afortunadamente, no sabía escribir. Este hijo de la Auvernia
+contaba veinticuatro o veinticinco años de edad, y poseía la
+constitución de un verdadero Hércules: alto, grueso, rechoncho,
+colorado; fuerte como un buey de labor, dulce y fácil de conducir como
+un corderillo blanco. Imaginaos un hombre fabricado de la pasta mejor,
+al par que la más grosera.
+
+Era el mayor de diez hijos, entre mujercitas y varones, que tragaban y
+bullían bajo el techo paternal. Su padre poseía una cabaña, un pedazo de
+tierra, algunos castaños en el monte, media docena de cerdos, y dos
+brazos para cavar el terreno. La madre hilaba cáñamo; los varones
+ayudaban al padre; las mujercitas arreglaban la casa y se cuidaban las
+unas a las otras, haciendo la mayor de niñera de la más pequeña, y así
+todas las otras, hasta terminar la escala.
+
+El joven Sebastián jamás brilló por su inteligencia, ni por su memoria,
+ni por ningún don intelectual; pero, en cambio, poseía un corazón
+excelente. Le habían enseñado algunos capítulos del catecismo como se
+enseña a los mirlos a silbar cualquier tonadilla; pero siempre profesó
+los sentimientos más cristianos. Jamás abusó de sus fuerzas contra las
+personas ni contra los animales; evitaba las querellas y recibía con
+frecuencia coscorrones, sin devolverlos jamás. Si el subprefecto de
+Mauriac hubiese querido conceder una medalla de plata, no hubiera tenido
+más que escribir a París, porque Sebastián había salvado a muchas
+personas, con grave exposición de su propia vida, y en especial a dos
+gendarmes que estaban a punto de ahogarse, con sus caballos, en el
+torrente del Saumaise. Pero a todo el mundo le parecían sus actos
+meritorios la cosa más natural, ya que los ejecutaba por instinto, y a
+nadie se le ocurría concederle una recompensa, considerándolo casi como
+a un perro de Terranova.
+
+A la edad de veinte años entró en quintas y obtuvo un número alto,
+gracias a una novena que hizo, en unión de su familia. Después de esto,
+resolvió marcharse a París, siguiendo los usos y costumbres de la
+Auvernia, para ahorrar algunos centenares de francos, y volver después a
+ayudar a sus padres. Le dieron un traje de pana y veinte francos, que en
+Mauriac constituyen una cantidad importante, y aprovechó la ocasión de
+marchar un camarada que conocía el camino de la capital. Hizo el camino
+a pie, invirtiendo en él diez jornadas, y llegó fresco y dispuesto a
+trabajar, con catorce francos y medio en el bolsillo, y los zapatos sin
+estrenar, en la mano.
+
+Dos días más tarde, rodaba un tonel por el faubourg de Saint-Germain, en
+compañía de otro camarada que no podía ya subir las escaleras, porque
+se había relajado. En pago de sus servicios, recibió alojamiento, cama,
+manutención y ropa limpia, a razón de una camisa cada mes, sin contar el
+franco y medio semanal que le daba su patrón para sus gastos de soltero.
+Con sus economías, compró, al cabo del año, un tonel de lance, y se
+estableció por su cuenta.
+
+El éxito que obtuvo fue asombroso, y superior a cuanto pudo esperarse.
+Su ingenua cortesía, su incansable amabilidad y su intachable honradez,
+captáronle la simpatía y protección de todo el barrio. De dos mil
+escalones que solía subir al principio, llegó a siete mil gradualmente.
+Por eso enviaba hasta sesenta francos mensuales a las buenas gentes de
+Frognac. La familia bendecía su nombre y lo encomendaba a Dios con
+fervor, mañana y tarde, en sus plegarias; sus hermanos menores tenían
+pantalones nuevos, y se pensaba nada menos que enviar a los dos más
+pequeños a la escuela.
+
+Su vida, sin embargo, a pesar de soplarle la fortuna, en nada había
+cambiado: acostábase al lado de su tonel, en un mal bodegón, y renovaba
+la paja de su lecho sólo dos veces al mes. Su traje de pana estaba más
+remendado que el vestido de un arlequín. La verdad es que en vestir
+habría gastado bien poco, a no ser por los malditos zapatos que
+consumían cada mes un kilogramo de clavos. En el comer era donde no
+escatimaba lo más mínimo. Adquiría, sin regatear, diariamente cuatro
+libras de pan, y hasta, a veces, solía regalarse el estómago con un
+trozo de queso o de cebolla, o con media docena de manzanas, compradas
+en el puente nuevo. Los domingos y días festivos permitíase el lujo de
+comer sopa y carne, y el resto de la semana se chupaba los dedos
+recordándolo. Pero era demasiado buen hijo y buen hermano para
+permitirse jamás el despilfarro de tomar un vaso de vino. «El vino, el
+amor y el tabaco» eran para él artículos fabulosos, que sólo conocía de
+oídas. Con mucha mayor razón ignoraba los placeres del teatro, tan caros
+para los obreros de París. Nuestro hombre prefería acostarse a las
+siete, sin que le costara un céntimo, a aplaudir a M. Dumaine por medio
+franco.
+
+Tal era, en lo moral y en lo físico, el hombre a quien M. Bernier llamó,
+en la calle de Beaune, para que cediese un buen trozo de su piel a M.
+L'Ambert.
+
+Advertidos los criados, hiciéronle pasar en seguida.
+
+Avanzó tímidamente, con el sombrero en la mano, levantando los pies
+cuanto podía, y no atreviéndose a sentarlos sobre la alfombra. La
+tormenta de aquella mañana lo había salpicado de lodo hasta las axilas.
+
+--Si me llaman para que suministre agua a la casa--dijo saludando al
+doctor, y convirtiendo en ches cuantas eses tenía que pronunciar,--le...
+
+M. Bernier cortole la palabra.
+
+--No, amigo mío; no se trata de nada relacionado con vuestro comercio.
+
+--¿De qué se trata, pues?
+
+--De otra cosa completamente distinta. Al señor le han cortado la nariz
+esta mañana.
+
+--¡Ah, demontre! ¡pobre hombre! ¿Quién ha hecho esa villanía?
+
+--Un turco; pero esto es lo de menos.
+
+--¡Un salvaje! Sabía ya de referencia que los turcos eran salvajes; pero
+no creí que les dejasen venir a París. Esperad un momento, que voy a
+avisar a un gendarme.
+
+M. Bernier contuvo este alarde de celo del buen auvernés, y explicóle,
+en pocas palabras, la clase de servicio que se pretendía que prestase.
+Creyó, al principio, que se burlaban de él, porque se puede ser un
+excelente aguador sin tener la más pequeña noción de rinoplastia. Hízole
+comprender el doctor que se deseaba tenerle embargado durante un mes, y
+comprarle unos ciento cincuenta centímetros cuadrados de su piel.
+
+--La operación no es nada en sí--le dijo,--y os garantizo que os hará
+sufrir bien poco; pero os advierto, en cambio, que tendréis que tener
+una paciencia enorme para permanecer un mes inmóvil, con el brazo cosido
+a la nariz del señor.
+
+--Paciencia no me falta--respondió nuestro hombre;--para algo soy
+auvernés. Pero para que yo pase un mes en esta casa prestando a este
+señor un importante servicio, será necesario que me abonen los jornales
+de esos días.
+
+--Desde luego. ¿Cuánto exigís? Sebastián meditó unos instantes.
+
+--En conciencia--dijo al fin,--ese trabajo bien vale cuatro francos
+diarios.
+
+--No, amigo mío--respondiole el notario;--ese trabajo vale mil francos
+al mes, o sea, treinta y tres francos diarios.
+
+--No--replicó el doctor, con acento autoritario;--eso vale dos mil
+francos.
+
+L'Ambert inclinó la cabeza, y no se atrevió a objetar.
+
+Romagné pidió permiso para terminar aquel día su trabajo, dejar en el
+bodegón su tonel y buscar quien le reemplazase durante el mes.
+
+--Por otra parte--dijo,--no vale la pena de comenzar hoy mismo, para
+sólo medio día.
+
+Demostráronle que el caso era urgente, y tomó, en vista de ello, sus
+medidas. Mandaron a buscar a uno de sus amigos, el cual prometió
+reemplazarle por espacio de un mes.
+
+--Tú me traerás el pan todas las noches--le dijo Romagné.
+
+Pero se apresuraron a decirle que la precaución era inútil, pues le
+darían de comer en la casa.
+
+--Eso dependerá de lo que me cueste--observó él.
+
+--M. L'Ambert os dará de comer gratis.
+
+--¡Gratis! eso ya es distinto. He aquí mi piel. Cortadmela cuanto antes.
+
+Romagné soportó la operación como un valiente, sin pestañear siquiera.
+
+--Esto es un placer--decía.--Me han contado de un auvernés de mi país
+que se hacía petrificar en una fuente mediante un franco por hora.
+Prefiero dejarme cortar a pedazos. No es tan molesto, y produce mucho
+más.
+
+M. Bernier cosiole el brazo izquierdo al rostro del notario, y ambos
+hombres permanecieron, por espacio de un mes, encadenados uno al otro.
+Los dos hermanos siameses que excitaron un día la curiosidad de toda
+Europa no estaban tan indisolublemente unidos. Pero aquéllos eran
+hermanos, acostumbrados a soportarse mutuamente desde la más tierna
+infancia, y habían recibido la misma educación. Si uno hubiese sido
+aguador y el otro notario, tal vez no hubiesen dado el espectáculo de
+una amistad tan fraternal.
+
+Romagné jamás se quejaba de nada, por muy extraña que la nueva
+situación le pareciese. Obedecía como un esclavo, o, por mejor decir,
+como un buen cristiano, todos los mandatos del hombre que le comprara su
+piel. Se levantaba, se sentaba, se acostaba, se volvía hacia la derecha
+o la izquierda, según el capricho de su señor. No obedece con tanta
+sumisión al Polo Norte la aguja imantada, como Romagné a M. L'Ambert.
+
+Esta heroica mansedumbre enterneció el corazón del notario, que, a decir
+verdad, nada tenía de blando. Sintió por espacio de tres días una
+especie de gratitud por los buenos cuidados que le prodigaba su víctima;
+mas no tardó en cobrarle antipatía y hasta horror.
+
+Un hombre joven, activo y lleno de salud, no se acostumbra nunca, sin
+trabajo, a la inmovilidad absoluta. ¿Qué no será cuando se trate de
+permanecer inmóvil al lado mismo de un ser inferior, sucio y sin
+educación? Pero lo había querido así la suerte. Era preciso vivir sin
+nariz o soportar al auvernés con todas sus consecuencias: comer con él,
+dormir con él, llenar al lado suyo, y en la situación más incómoda,
+todas las funciones de la vida animal.
+
+Era Romagné un digno y excelente joven; pero roncaba como un órgano.
+Adoraba a su familia y amaba a su prójimo; pero jamás se había bañado en
+su vida por temor de malgastar el agua, objeto de su comercio. Poseía
+los sentimientos más delicados del mundo; pero no sabía imponerse los
+sacrificios más elementales que la civilización recomienda. ¡Pobre M.
+L'Ambert! ¡y pobre Romagné asimismo! ¡qué noches y qué días! ¡qué lluvia
+de puntapiés! Inútil es decir que Romagné los recibía sin quejarse,
+temeroso de que un falso movimiento diese al traste con el experimento
+del doctor Bernier.
+
+El notario recibía buen número de visitas. Vinieron a verle todos sus
+compañeros de aventuras, que se burlaban del auvernés. Enseñáronle a
+fumar cigarrillos, y a beber vino y aguardiente. El pobre diablo se
+entregaba a estos placeres con la ingenuidad de un piel roja. Lo
+emborracharon, lo ahitaron de manjares, le hicieron descender todos los
+escalones que separan al hombre de la bestia. Era preciso educarle
+nuevamente, y aquellos buenos señores acometieron esta difícil tarea con
+placer mefistofélico. ¿No era, por ventura, una cosa divertida y
+agradable la empresa de desmoralizar al auvernés?
+
+Cierto día le preguntaron en qué pensaba emplear los cien luises de M.
+L'Ambert cuando acabase de ganarlos.
+
+--Los emplearé en papel del cinco por ciento, y me producirán cien
+francos de renta--contestoles.
+
+--¿Y después?--preguntole un emperejilado millonario de veinticinco años
+de edad.--¿Serás más rico con eso? ¿serás más dichoso acaso? ¡Tendrás
+treinta céntimos de renta diaria! Si te casas, lo cual es inevitable,
+pues eres de la madera de que se fabrican los imbéciles, tendrás doce
+hijos al menos.
+
+--¡Es posible!--replicó el auvernés, riendo de buena gana.
+
+--Y, en virtud del Código civil, linda invención del Imperio, le dejarás
+a cada uno de ellos un par de céntimos al día. En tanto que, con dos mil
+francos, puedes vivir un mes lo menos como un rico, conocer los
+placeres de la vida y elevarte muy por encima de tus semejantes.
+
+Romagné se defendía como un gato panza arriba contra estas tentativas de
+corrupción; pero hubieron de descargar tantos golpes sobre su espeso
+cráneo, que acabaron por abrir en él un pequeño orificio por donde
+penetraron las ideas falsas, y se fueron apoderando de su cerebro.
+
+También acudieron las damas, de las cuales conocía L'Ambert muchísimas
+en todas las capas sociales. Romagné presenció las escenas más diversas;
+escuchó numerosas protestas de amor y fidelidad que carecían de
+verosimilitud. M. L'Ambert no sólo no se recataba de mentir como un
+bellaco en su presencia, sino que, en ocasiones, se complacía, en la
+intimidad, en mostrarle todas las falsedades que forman, por decirlo
+así, el cañamazo donde se borda la vida elegante.
+
+¡Y el mundo de los negocios! Romagné creyó descubrirlo, como Cristóbal
+Colón, porque no tenía de él noción alguna. Los clientes del notario no
+se recataban de él para tratar las mayores enormidades: hablaban en su
+presencia como pudieran hacerlo delante de una docena de ostras. Vio
+padres de familia que buscaban el modo de despojar a sus hijos en
+provecho de una amante o de alguna obra piadosa; jóvenes que estudiaban
+la manera de robar la dote a su futura esposa por medio de un contrato;
+prestamistas que exigen el diez por ciento sobre primeras hipotecas y
+prestatarios que hipotecaban fincas imaginarias.
+
+Carecía de talento y su inteligencia no era muy superior a la de
+cualquier perro de aguas; pero su conciencia se le reveló.
+
+--Vos no poseéis mi estima--le dijo un día al notario, creyendo hacerle
+un gran bien.
+
+Y la repugnancia que L'Ambert sentía por él trocose en odio mortal.
+
+En los últimos ocho días de su forzada intimidad sucediéronse las
+tempestades casi sin interrupción.
+
+Al fin adquirió Bernier la plena convicción de que el trozo de piel
+había arraigado en la cara del notario, a pesar de los innumerables
+tirones que sufriera. Desunió a los dos enemigos, y modeló una nariz a
+L'Ambert con el trozo de piel que había cesado ya de pertenecer al
+auvernés. Y el acicalado millonario de la calle de Verneuil, arrojó dos
+billetes de a mil francos al rostro de su esclavo, diciéndole:
+
+--¡Toma, infame! El dinero es lo de menos; pero me has hecho gastar lo
+menos cien mil escudos de paciencia. Vete ahora mismo de aquí; sal de
+mi casa para siempre, y haz de modo que nunca jamás, en mi vida, vuelva
+a oír pronunciar tu nombre.
+
+Romagné diole las gracias, con gesto no desprovisto de altivez, se bebió
+una botella de vino en la cocina, tomó un par de copitas con Singuet, y
+marchó tambaleándose hacia su antiguo domicilio.
+
+
+
+
+V
+
+GRANDEZA Y DECADENCIA
+
+
+M. L'Ambert volvió a entrar en el mundo con éxito; casi podría decirse
+que con gloria. Sus testigos le hicieron la más estricta justicia
+diciendo que se había batido como un león. Los viejos notarios sentíanse
+rejuvenecidos por su valor.
+
+--¡Ved ahí--decían,--lo que somos cuando se nos pone en ciertos trances!
+¡Los notarios son tan hombres como cualquier otro! La suerte de las
+armas hizo traición a maese L'Ambert; pero supo adoptar al caer un bello
+gesto: ha sido un Waterloo. ¡Aunque digan lo que quieran, somos gentes
+decididas!
+
+De esta manera se expresaban el respetable maese Clopineau, y el digno
+maese Labrique, y el untuoso maese Bontoux, y todos los nestores del
+notariado. Los jóvenes hablaban en parecidos términos, con ciertas
+variantes inspiradas por los celos.
+
+--No queremos renegar--decían,--de maese L'Ambert: ciertamente que nos
+honra, aun cuando nos compromete un poco; pero cada uno de nosotros
+hubiera procedido con el mismo valor, y quién sabe si con menos torpeza.
+Un funcionario público no debe dar estos escándalos. No se debiera ir
+nunca al terreno del honor más que por causas confesables. Si yo fuese
+padre de familia, preferiría confiar mis asuntos a un hombre prudente, y
+no a un héroe de aventuras dudosas, etc., etc.
+
+Pero la opinión del bello sexo, que es la que prevalece, habíase
+declarado en favor del héroe de Parthenay. Tal vez no hubiera contado
+con tan rara unanimidad si se hubiese conocido el episodio del gato;
+quizás también ese sexo tan encantador como injusto habría condenado a
+L'Ambert si hubiese tenido la avilantez de reaparecer ante el mundo sin
+nariz. Pero todos los testigos habían guardado la mayor discreción
+acerca del ridículo incidente del gato, y M. L'Ambert, lejos de estar
+desfigurado, parecía haber ganado en el cambio.
+
+Una baronesa observó que su fisonomía era más dulce desde que llevaba la
+nariz recta. Una vieja canonesa, dechado de malicia, preguntó al
+príncipe de B... si no haría bien en buscarle querella al turco. El
+aguileño príncipe gozaba de una reputación hiperbólica.
+
+Alguno preguntará cómo las damas del gran mundo podían interesarse en
+peligros que no habían sido corridos por ellas. Los hábitos de maese
+L'Ambert eran bien conocidos, y se sabía que una gran parte de su
+corazón y de su tiempo los empleaba en la Opera. Pero el mundo perdona
+fácilmente estas distracciones a los hombres que no se entregan a ellas
+por completo. Representa el papel del fuego, y se contenta con lo poco
+que le dan. Se agradecía a M. L'Ambert que no estuviese perdido más que
+a medias, cuando tantos, a su edad, están perdidos del todo. No dejaba
+de frecuentar las casas honradas, conversaba con las viudas, bailaba con
+las solteras y tocaba en ocasiones el piano de una manera aceptable; no
+hablaba, en fin, de caballos a la moda. Estos méritos, bastante raros
+por cierto entre los jóvenes millonarios del faubourg, le concillaban
+la benevolencia de las damas. Una linda devota, la señora de L...,
+habíale demostrado durante tres meses que los placeres más vivos no
+consisten en la disipación y el escándalo.
+
+No se crea por eso que había roto en absoluto con el cuerpo de baile; la
+severa lección recibida no le había hecho concebir el menor horror hacia
+aquella hidra de cien encantadoras cabezas. Una de sus primeras visitas
+fue para el templo donde brillaba la señorita Victorina Tompain. ¡Allí
+sí que se le tributó un recibimiento entusiasta! ¡Con qué amistosa
+curiosidad corrió todo el mundo a su encuentro! ¡Qué dulcísimos
+dictados! ¡qué apretones de manos tan cordiales! ¡Cuántos labios
+hechiceros se alargaron hacia él, en forma de tentador hocico, para
+recibir un beso amistoso, sin la menor consecuencia! El notario estaba
+radiante. Todos sus amigos de los días pares, todos los altos
+dignatarios de la francmasonería del placer, le dieron la enhorabuena
+por su curación milagrosa. Reinó durante todo un entreacto en aquel
+reino envidiable. Le hicieron referir su aventura y explicar el
+tratamiento del doctor Bernier, admirando todos la habilidad con que
+estaban dados los puntos de sutura, que apenas se conocían.
+
+--Imaginaos que ese excelente Bernier ha completado mi persona con la
+piel de un auvernés. ¡Y qué auvernés, Dios mío! ¡El más estúpido y sucio
+de la Auvernia! Nadie lo diría al ver el trozo de piel que me ha
+vendido. ¡Qué horas tan desagradables me ha hecho pasar el muy burro!...
+Los mozos de cordel que veis por las esquinas son petimetres al lado
+suyo. Pero, gracias al cielo, ya me veo libre de él. El día en que le
+pagué sus servicios y lo puse de patitas en la calle, se me quitó de
+encima un peso inmenso. Se llama Romagné, ¡bonito nombre! Jamás lo
+pronunciéis en mi presencia. ¡Si queréis que viva largos años, no me
+habléis jamás de Romagné!
+
+La señorita Victorina Tompain no fue, por cierto, la última en
+cumplimentar al héroe. Ayvaz-Bey la había abandonado indignamente,
+dejándole cuatro veces más dinero del que valía ella. El magnánimo
+L'Ambert hubo de mostrarse con ella dulce y clemente.
+
+--No os guardo rencor--le dijo,--ni a ese bravo turco tampoco. Sólo
+tengo un enemigo en el mundo: un auvernés llamado Romagné.
+
+Y pronunciaba su nombre con una entonación cómica que hizo gracia a todo
+el mundo. Creo que aun hoy día la mayor parte de aquellas señoritas
+dicen: «Mi Romagné, cuando hablan de su aguador.»
+
+De esta suerte transcurrieron los tres meses de estío. La estación fue
+deliciosa y casi todas las familias se ausentaron de París. La Opera
+viose invadida por provincianos y extranjeros. M. L'Ambert frecuentola
+bastante menos que otras veces.
+
+Casi todos los días, al sonar las seis de la tarde, despojábase de la
+gravedad del notario y partía para Maisons-Lafitte, donde había
+alquilado un chalet, y adonde acudían a verle sus amigos y hasta sus
+amiguitas. Jugaban en el jardín a toda clase de juegos campestres, y os
+garantizo que el columpio nunca holgaba.
+
+Uno de los más asiduos y animados concurrentes era el agente de cambios,
+M. Steimbourg. La aventura de Parthenay habíale ligado a L'Ambert con
+lazos más estrechos. M. Steimbourg pertenecía a una buena familia de
+israelitas convertidos; su cargo valía dos millones y poseía una fortuna
+de medio millón, de suerte que ya se podía trabar amistad con él. Las
+amantes de los dos amigos se llevaban bastante bien, lo cual equivale a
+decir que sólo se peleaban una vez por semana. ¡Qué bello es contemplar
+cuatro corazones que laten al unísono! Los hombres montaban a caballo,
+leían el _Fígaro_, o comentaban los chismes de la ciudad; las damas se
+echaban mutuamente las cartas, con gracia sin igual: ¡una edad de oro en
+miniatura!
+
+M. Steimbourg creyó un deber presentar a su amigo a su familia.
+Condújole a Bieville, donde su padre se había hecho construir un chalet.
+M. L'Ambert fue recibido en él por un viejo muy verde, una señora de
+cincuenta años, que no había abdicado aún, y dos jovencitas
+extremadamente coquetas; y a primera vista advirtió que no entraba en
+una casa de fósiles. Por el contrario: tratábase de una familia moderna
+y perfeccionada. Padre e hijo eran dos buenos compañeros que se daban
+mutuas bromas acerca de sus calaveradas. Las muchachas habían visto
+cuanto se representaba en el teatro, y leído cuanto se ha escrito. Pocas
+personas conocían mejor que ellas la crónica elegante de París; les
+habían sido mostradas, en el teatro y en el bosque de Boloña, las más
+celebradas bellezas de todas las clases sociales; las habían llevado a
+presenciar las ventas de los mobiliarios más ricos, y disertaban de la
+manera más agradable sobre las esmeraldas de la señorita X... y las
+perlas de la señorita Z... La mayor, la señorita Irma Steimbourg,
+copiaba con verdadera pasión los trajes y sombreros de la señorita
+Fargueil; la menor, había enviado a uno de sus amigos a casa de la
+señorita Figeac para que le pidiese la dirección de su modista. Una y
+otra eran ricas y poseían buena dote. Irma le gustó más a L'Ambert. El
+apuesto notario pensaba de vez en cuando que medio millón de dote y una
+mujer que sabe llevar un traje no son cosas despreciables. Viéronse con
+frecuencia, casi una vez por semana, hasta que llegaron las primeras
+heladas de noviembre.
+
+Tras un otoño dulce y brillante, cayó como una teja el invierno. Es un
+hecho bastante conocido en nuestros climas, pero la nariz de L'Ambert
+dio pruebas, en esta ocasión, de una sensibilidad extraordinaria.
+Enrojeciose un poco al principio, después mucho; fuese hinchando por
+grados hasta tornarse deforme. Después de una partida de caza alegrada
+por el viento Norte, experimentó el notario intolerable comezón. Mirose
+en el espejo de un mesón, y desagradole en extremo el color de su nariz.
+A decir verdad, parecía un sabañón mal colocado.
+
+Consolose pensando que un buen fuego le devolvería su figura natural, y,
+en efecto, el calor se la descongestionó y rebajó su color durante
+algunos momentos. Pero, al siguiente día, la comezón presentose
+nuevamente, los tejidos se inflamaron mucho más, y presentose de nuevo
+la coloración rojiza, acompañada de ciertos tintes violáceos. Ocho días
+sin salir de su casa, sentado delante del hogar, borraron tan fatales
+matices; pero reaparecieron, a pesar de las pieles de zorra azul, a la
+primera salida.
+
+Muerto de susto L'Ambert, envió a buscar en seguida al doctor Bernier.
+Este acudió a toda prisa; diagnosticó una ligera inflamación y
+prescribió unas compresas de agua helada. Sin embargo, la nariz no tuvo
+alivio, a pesar de la refrigeración, y el doctor no salía de su asombro
+al ver la persistencia del mal.
+
+--Tal vez tenga razón Dieffembach--dijo al notario,--al asegurar que la
+piel puede morir por un exceso de sangre, y recomendar que se le
+apliquen sanguijuelas. ¡Ensayemos!
+
+Aplicose a L'Ambert una sanguijuela en la punta de la nariz, y, cuando
+se desprendió, harta de sangre, reemplazósela por otra, y así
+sucesivamente, dos días y dos noches. La hinchazón y la coloración
+desaparecieron por algún tiempo; mas sus efectos no fueron de larga
+duración. Fue preciso recurrir a otro expediente. Pidió M. Bernier
+veinticuatro horas para reflexionar, y se tomó cuarenta y ocho.
+
+Cuando volvió al hotel de M. L'Ambert, estaba preocupado y daba muestras
+de una timidez excesiva, y tuvo que realizar sobre sí mismo un gran
+esfuerzo para decidirse a hablar.
+
+--La medicina--dijo al fin,--no explica satisfactoriamente todos los
+fenómenos naturales, y vengo a someteros una teoría que carece de todo
+fundamento científico. Mis colegas se burlarían de mí si les dijese que
+un pedazo de piel arrancada del cuerpo de un hombre puede permanecer
+sometida a la influencia de su primitivo poseedor. No cabe duda alguna
+de que es vuestra propia sangre, puesta en circulación por vuestro
+corazón, bajo la acción del cerebro, la que afluye a vuestra nariz; y,
+sin embargo, tentado estoy de creer que ese imbécil de auvernés no es
+extraño a estos sucesos.
+
+M. L'Ambert lanzó una exclamación de disgusto y de sorpresa. ¡Decir que
+un vil mercenario, a quien había religiosamente pagado su servicio,
+podía ejercer una influencia oculta sobre la nariz de un funcionario
+público, era una impertinencia!
+
+--Es mucho peor aun--replicó el doctor,--es un absurdo. Y, sin embargo,
+os pido autorización para buscar a Romagné. Tengo necesidad de verle hoy
+mismo, aunque no sea más que para convencerme de mi error. ¿Habéis
+conservado sus señas?
+
+--¡No lo permita Dios!
+
+--Pues bien, yo trataré de averiguarlas. Tened paciencia, no salgáis
+para nada de vuestra habitación, y suspended entre tanto toda
+medicación.
+
+Buscó en vano durante quince días. Recurrió a la policía, que le tuvo
+despistado por espacio de tres semanas. Un agente sutil y lleno de
+experiencia descubrió todos los Romagnés de París, excepto el que se
+buscaba. Encontró un inválido, un tratante en pieles de conejo, un
+abogado, un ladrón, un corredor del ramo de mercería, un gendarme y un
+millonario, todos de este mismo apellido. M. L'Ambert se abrasaba de
+impaciencia al lado del hogar, y contemplaba con desesperación su nariz
+color de escarlata. Por fin se dio con el domicilio del aguador, pero
+éste ya no vivía en él. Los vecinos refirieron que había hecho fortuna y
+vendido su tonel para gozar de la vida.
+
+M. Bernier dio una terrible batida por las tabernas y demás lugares de
+placer, en tanto que su enfermo permanecía sumido en la mayor
+melancolía.
+
+El 2 de febrero, a las diez de la mañana, el atildado notario
+calentábase tristemente los pies y contemplaba horrorizado aquella
+peonía florida en medio de su rostro, cuando un alegre tumulto conmovió
+toda la casa. Abriéronse las puertas con estrépito, de los pechos de
+todos los criados escapáronse gritos de alegría, y se vio aparecer al
+doctor, trayendo de la mano a Romagné.
+
+Era el verdadero Romagné; pero, ¡cuán cambiado estaba! Sucio,
+embrutecido, feo, con la mirada apagada, el aliento mal oliente,
+apestando a vino y tabaco, rojo de la cabeza a los pies como un cangrejo
+cocido, era el prototipo del erisipelatoso.
+
+--¡Monstruo!--le dijo M. Bernier,--se te debería caer la cara de
+vergüenza. Has descendido a un nivel más bajo que el de los brutos.
+Conservas todavía la cara del hombre, pero no su color. ¡En qué has
+empleado la fortunita que te proporcionamos? Te has revolcado en el
+cieno de todos los vicios, y te he encontrado en las afueras de París,
+tirado como un cerdo en el suelo de la taberna más inmunda.
+
+El auvernés elevó hasta el doctor su mirada, y le dijo con su amable
+acento, embellecido con este dejo propio del pueblo bajo parisiense:
+
+--¡Y bien, qué! Que he empinado un poco el codo. ¿Es acaso una razón
+para decirme esa sarta de necedades?
+
+--¿A qué llamas necedades, majadero? Te reprocho tus torpezas. ¿Por qué
+no colocaste tu dinero a interés en vez de bebértelo?
+
+--¡Fue el señor quien me dijo que me divirtiese!
+
+--¡Tunante!--exclamó el notario,--¿fui yo quien te aconsejó que te
+fueses a emborrachar fuera de las fortificaciones, con aguardiente y
+vino tinto?
+
+--Cada uno se divierte como puede... He estado con mis camaradas.
+
+--¡Vaya unos camaradas!--dijo el médico, no pudiendo reprimir un
+movimiento de cólera.--¿De manera, truhán, que llevo a cabo una cura
+maravillosa, que me llena de gloria y esparce por París mi bien ganada
+fama, y que acabará por abrirme las puertas del Instituto, y tú, en
+unión de unos cuantos borrachos de tu misma calaña, vais a hacer
+zozobrar la más divina de mi obras? ¡Si sólo se tratase de ti,
+grandísimo bellaco, te dejaríamos obrar como quisieses! Es un verdadero
+suicidio físico y moral; pero un auvernés más o menos poco importa a la
+sociedad. ¡Pero se trata de un hombre de mundo, de un rico, de tu
+bienhechor, de mi cliente! Tú lo has comprometido, desfigurado,
+asesinado con tu mala conducta. ¡Mira bien en qué estado lamentable has
+puesto al señor el rostro! El infeliz contempló la nariz que había
+contribuido a formar, y rompió en amargo llanto.
+
+--Es una verdadera desgracia, señor Bernier; pero pongo a Dios por
+testigo de que no he tenido yo la culpa. Esa nariz se ha deteriorado
+ella sola. Yo soy un hombre honrado, y os juro que no he puesto mi mano
+en ella.
+
+--¡Imbécil!--tronó M. L'Ambert,--jamás comprendes las cosas... por más
+que, en realidad, no es menester que comprendas. Se trata únicamente de
+que digas sin rodeos si quieres cambiar de conducta y renunciar a esa
+vida de crápula que me mata de rechazo. Te prevengo que tengo el brazo
+muy largo, y que, si persistes en tus vicios, sabré ponerte pronto a
+buen recaudo.
+
+--¿Preso?
+
+--Preso.
+
+--¿Preso entre los criminales? ¡Gracias, señor L'Ambert! ¡Eso sería la
+deshonra de mi familia!
+
+--¡Seguirás bebiendo, o no?
+
+--¡Ah, Dios mío! ¿cómo beber cuando no se tiene dinero? Todo lo he
+gastado ya, señor L'Ambert. Me he bebido los dos mil francos íntegros;
+me he bebido mi tonel y cuánto poseía, y no hay un alma en la tierra que
+ya quiera abrirme crédito.
+
+--Me alegro, perillán; hacen todos muy bien.
+
+--Tendré que ser juicioso a la fuerza. La miseria me amenaza, señor
+L'Ambert.
+
+--¡Te repito que me alegro!
+
+--¡Señor L'Ambert!
+
+--¿Qué?
+
+--Si tuvieseis la bondad de comprarme un tonel nuevo para ganarme la
+vida honradamente, os juro que volvería a ser un buen sujeto.
+
+--¡Buena fuera! Lo venderías al día siguiente para emborracharte.
+
+--No, señor L'Ambert, ¡os lo juro por mi honor!--Esos son juramentos de
+borracho.
+
+--¿Queréis entonces que me muera de hambre y sed? ¡Un centener de
+francos, mi buen señor L'Ambert!
+
+--¡Ni un solo céntimo! La Providencia te puso en mi camino para devolver
+a mi rostro su aspecto natural. Bebe agua, come pan seco, prívate de lo
+más necesario, muérete de hambre, si puedes; sólo a ese precio podré
+recobrar mis facciones y volveré a ser el mismo.
+
+Romagné inclinó la cabeza y retirose arrastrando los pies y saludando a
+los presentes.
+
+El notario recuperó su alegría y el médico sus ensueños de gloria.
+
+--No quiero alabarme a mí mismo--decía modestamente M. Bernier,--pero
+Leverrier descubriendo un planeta por la fuerza del cálculo, no ha
+realizado un milagro tan grande como yo. Adivinar, por el aspecto de
+vuestra nariz, que un auvernés ausente y perdido en la baraúnda de un
+París, se halla entregado a la crápula, es remontarse desde el efecto a
+la causa por caminos que la audacia del hombre no había intentado aún.
+En cuanto al tratamiento de vuestra enfermedad, se halla indicado por
+las circunstancias. La dieta aplicada a Romagné es el único remedio que
+puede curaros. La suerte ha venido a servirnos de un modo maravilloso,
+puesto que este animal se ha comido hasta su último céntimo. Habéis
+hecho perfectamente en negarle el socorro que os pedía: todos los
+esfuerzos del arte serán vanos mientras tenga que beber ese hombre.
+
+--Pero, doctor--le interrumpió L'Ambert,--¿y si no fuera ese el origen
+de mi mal? ¿y si sólo se tratase de una coincidencia fortuita? ¿No
+habéis dicho vos mismo que a veces la teoría...?
+
+--He dicho, y lo repito, que en el estado actual de los conocimientos
+humanos, vuestro caso no admite ninguna explicación lógica. Es un hecho
+cuya ley se desconoce. La relación que hoy hallamos entre vuestra nariz
+y la conducta de este auvernés, nos abre una perspectiva, engañosa tal
+vez, mas, sin duda alguna, inmensa. Esperemos algunos días: si vuestra
+nariz se cura a medida que Romagné se enmienda, se verá reforzada mi
+teoría por una nueva probabilidad. No respondo de nada; pero presiento
+una ley fisiológica, hasta aquí desconocida, y que me consideraré muy
+feliz si puedo formularla. El mundo de las ciencias se halla lleno de
+fenómenos visibles producidos por causas desconocidas. ¿Por qué la
+señora de L..., a quien conocéis como yo, tiene en el hombro izquierdo
+una cereza perfectamente pintada? ¿Es, acaso, como dicen, porque,
+hallándose encinta su madre, sintió ésta grandes deseos, que no pudo
+satisfacer, de comerse una cesta de cerezas expuestas en el escaparate
+de Chevet? ¿Qué artista invisible ha dibujado esta fruta sobre el cuerpo
+de un feto de seis semanas, del tamaño de un langostino mediano? ¿Cómo
+explicar esta acción especial de lo moral sobre lo físico? ¿Y por qué
+la cereza de la señora de L... adquiere cierta tumefacción y
+sensibilidad en el mes de abril de cada año, cuando están flor los
+cerezos? He aquí unos hechos ciertos, evidentes, palpables, y tan
+inexplicables como la hinchazón y rubicundez de vuestra nariz. ¡Pero
+tengamos paciencia!
+
+Dos días después la hinchazón la nariz del notario cedía de un modo
+visible, pero su color rojo persistía. Al final de la semana, su volumen
+habíase reducido más de una tercera parte. Al cabo de quince días,
+perdió por completo la piel, crió seguida otra nueva, y recuperó su
+forma y color primitivos.
+
+El triunfo del doctor era evidente.
+
+--Mi único sentimiento--decía,--es que no hayamos guardado a Romagné en
+una jaula, para observar en él, al mismo tiempo que en vos, los efectos
+del tratamiento. Estoy seguro que ha estado, durante siete u ocho días,
+cubierto de escamas como un pez.
+
+--¡Que el diablo cargue con él!--observó cristianamente el notario.
+
+Este, a partir de aquel día reanudó su vida ordinaria: salió carruaje, a
+caballo, a pie; danzó los bailes del faubourg, y embelleció con su
+presencia el _foyer_ de la Opera. Todas las mujeres lo acogieron
+perfectamente, en el mundo y fuera de él. Una de las que más tiernamente
+le felicitaron por su curación fue la hermana mayor de su amigo
+Steimbourg.
+
+Esta amabilísima joven, que tenía costumbre de mirar a los hombres cara
+a cara, observó que M. L'Ambert había salido de la última crisis más
+hermoso que nunca. Y en realidad, parecía como si aquellos dos o tres
+meses de enfermedad hubiesen dado a su rostro un no sé qué de perfecto.
+La nariz, sobre todo, aquella nariz recta, que acababa de recuperar sus
+ordinarias dimensiones después de una dilatación excesiva, parecía más
+fina, más blanca y más aristocrática que nunca.
+
+Esta era también la opinión del acicalado notario, que se contemplaba en
+todos los espejos con una creciente admiración de su persona. ¡Había que
+verlo frente a frente de su imagen, sonriendo, endiosado, a su propia
+nariz!
+
+Pero a la vuelta de la primavera, en la segunda quincena de marzo,
+mientras la generosa savia hacía retoñar las lilas, llegó a creer M.
+L'Ambert que sólo a su nariz le eran negados los beneficios de la
+estación y las bondades de la naturaleza. En medio del renacimiento
+general de todas las cosas, palidecía como una hoja de otoño. Sus alas,
+adelgazadas y como desecadas por el viento del desierto, adosábanse cada
+vez más a su tabique central.
+
+--¡Demontre!--decía el notario, haciéndole una mueca al espejo,--la
+distinción es cosa bella, lo mismo que la virtud; pero esto ya es
+demasiado. Mi nariz va adquiriendo una elegancia inquietante, y, si no
+trato de darle alguna fuerza y color, muy pronto no será que una sombra.
+
+Diose en ella un poco de colorete; pero sólo logró hacer resaltar más
+aun finura increíble de aquella línea recta y sin espesor que dividía su
+rostro en dos mitades. La fantástica nariz del desesperado notario hacía
+recordar la varilla de hierro que proyecta su cortante sombra sobre la
+esfera de los relojes de sol.
+
+En vano sometiose a un régimen más alimenticio el indignado millonario
+de la calle de Verneuil. Considerando que una buena alimentación,
+digerida por un estómago sólido, aprovecha por igual a todas las partes
+del cuerpo, se impuso la dulce ley de embaularse sendas tazas de caldo,
+sendos tajos de carne ensangrentada, regados con los más generosos
+vinos. Decir que estos manjares elegidos no le hicieron efecto, sería
+negar la evidencia y blasfemar de las comidas regaladas. M. L'Ambert
+adquirió en poco tiempo hermosos mofletes rojos, un pescuezo muy digno
+de cualquier ternero apoplético y una respetable panza. Pero la nariz
+parecía una especie de socio negligente o desinteresado, que no se ocupa
+en cobrar sus dividendos.
+
+Cuando un enfermo no puede comer ni beber, se le sostiene a veces por
+medio de baños alimenticios, que penetran a través de los poros de la
+piel hasta los centros vitales. M. L'Ambert trató a su nariz como a un
+enfermo a quien es preciso alimentar por separado a cualquier precio.
+Adquirió una bañera de plata sobredorada, y, seis veces al día,
+introducíala en ella y la mantenía pacientemente sumergida en sendos
+baños de leche, de vino de Borgoña, de caldo substancioso y hasta de
+salsa de tomates. ¡Trabajo perdido! la enferma salía del baño tan pálida
+y delgada y en estado tan deplorable como estaba antes de entrar.
+
+Todas las esperanzas parecían ya perdidas, cuando un día M. Bernier
+diose un golpe en la frente y exclamó:
+
+--¡Pero si hemos cometido una falta imperdonable! ¡un error digno de
+colegiales! ¡y he sido yo! ¡yo mismo, cuando este hecho constituye una
+confirmación aplastante de mi teoría...! No lo dudéis, caballero: el
+auvernés está enfermo, y es preciso curarle a él para que sanéis vos.
+
+El desdichado L'Ambert mesose los cabellos. ¡Cuánto se arrepintió de
+haber plantado a Romagné de patitas a la calle, y de haberse negado a
+socorrerle, y olvidado el quedarse con sus señas! Representábase al
+pobre diablo consumiéndose sobre un camastro, sin pan, sin rosbif y sin
+vino de Châteaux-Margaux. Esta idea destrozaba su corazón. Asociábase a
+los dolores del infeliz mercenario. Por primera vez en su vida
+compadeciose de los sufrimientos del prójimo.
+
+--¡Doctor, querido doctor!--exclamó, estrechando la mano de
+Bernier,--¡daría toda mi fortuna por salvar a ese valiente muchacho!
+
+Cinco días después, el mal había avanzado más aun. La nariz no era más
+que una película flexible, que se plegaba bajo el peso de las gafas,
+cuando M. Bernier vino a decirle que había encontrado al auvernés.
+
+--¡Victoria!--exclamó entusiasmado el notario.
+
+El cirujano encogiose de hombros y contestó que la victoria parecíale
+dudosa por lo menos.
+
+--Mi teoría--añadió,--está plenamente confirmada, y, como fisiólogo,
+tengo que declararme satisfecho; pero, como médico, quisiera ante todo
+curaros, y el estado en que he visto a ese infeliz no me inspira
+demasiadas esperanzas.
+
+--¡Vos le salvaréis, doctor!
+
+--Por lo pronto, no me pertenece actualmente: se encuentra al servicio
+de un colega mío que le estudia con cierta curiosidad.
+
+--Ya lograréis que os lo ceda. ¡Lo compraremos, si es preciso!
+
+--¡No soñéis siquiera en eso! Un médico no vende nunca a sus enfermos.
+Los mata algunas veces, en interés de la ciencia, para ver qué tienen
+dentro; pero traficar con ellos... ¡jamás! Mi amigo Fogatier me cederá,
+tal vez, vuestro auvernés; pero el pobre está muy enfermo, y, para colmo
+de desgracia, se halla tan aburrido de la vida, que quiere a todo trance
+morirse. Rechaza las medicinas, y, en cuanto a los alimentos, tan pronto
+se queja de no tener suficiente, y reclama a grandes voces su ración
+entera, como rechaza cuanto le dan, y trata de matarse por hambre.
+
+--¡Pero eso es un crimen! ¡Yo le hablaré! ¡yo le haré oír el lenguaje de
+la religión y la moral! ¿Dónde se encuentra?
+
+--En el hospital, sala de San Pablo, número 10.
+
+--¿Tenéis vuestro carruaje a la puerta?
+
+--Sí.
+
+--Pues partamos. ¡Ah, infame! ¡quiere morirse! ¿Ignora por ventura que
+todos los hombres son hermanos?
+
+
+
+
+VI
+
+HISTORIA DE UNAS GAFAS Y CONSECUENCIAS DE UN CATARRO NASAL
+
+
+Jamás predicador alguno, jamás Bossuet ni Fenelón, jamás Massillon ni
+Fléchier, jamás el mismo Mermilliod, desplegaron desde su sagrada
+cátedra una elocuencia más persuasiva y untuosa que la empleada por M.
+Alfredo L'Ambert ante el lecho de Romagné. Dirigiose primero a la razón,
+después a la conciencia, y por último al corazón del enfermo. Recurrió a
+lo profano y lo sagrado, citó textos de filósofos y santos. Mostrose
+fuerte y benigno, severo y paternal, lógico, acariciador y hasta
+complaciente. Demostrole que el suicidio es el más bochornoso de los
+crímenes, y que era menester ser bien cobarde para afrontar
+voluntariamente la muerte. Hasta se atrevió a emplear una metáfora tan
+nueva como atrevida, comparando el suicida, al desertor que abandona su
+puesto sin permiso de su cabo.
+
+El auvernés, que no había tomado nada en las últimas veinticuatro horas,
+parecía bien aferrado a su idea. Permanecía inmóvil y terco ante la
+muerte, como un asno ante un puente. A los argumentos más hábiles,
+respondía con impasible dolor:
+
+--No vale la pena, señor L'Ambert; hay demasiada miseria en este mundo.
+
+--¡Bah, amigo mío! la miseria fue instituida por Dios, que la creó para
+excitar la caridad de los ricos y la resignación de los pobres.
+
+--¿Los ricos? He pedido trabajo a todo el mundo, y me ha sido negado en
+todas partes. ¡He pedido limosna y me han amenazado con la policía!
+
+--¿Por qué no os dirigisteis a vuestros amigos? ¡A mí, por ejemplo! ¡a
+mí, que tanto os debo! ¡a mí, que tan agradecido os estoy! ¡a mí, que
+por mis venas corre vuestra propia sangre!
+
+--¡En seguida! ¡para que me hicieseis poner nuevamente de patitas en la
+calle!
+
+--¡Mis puertas estarán siempre abiertas para vos, lo mismo que mi
+bolsillo, igual que mi corazón!
+
+--¡Si siquiera me hubieseis dado cincuenta francos para comprarme un
+tonel de ocasión!
+
+--¡Pero, animal!... animal querido, quiero decir... ¡permíteme que te
+maltrate un poco, como en los tiempos en que compartía contigo mi mesa
+y mi lecho! no son ya cincuenta francos los que pienso darte, sino mil,
+dos mil, tres mil... ¡diez mil! mi fortuna entera deseo compartirla
+contigo... a prorrateo, naturalmente, de nuestras necesidades
+respectivas. ¡Es preciso que vivas! ¡es menester que seas feliz! He aquí
+la primavera que vuelve, con su cortejo de flores y la dulce melodía de
+las aves que trinan en la enramada. ¿Serás capaz de abandonar todo esto?
+¡Piensa en el inmenso dolor que ocasionarías a tus infelices padres, que
+te aguardan en tu país! ¡piensa en tus pobres hermanos! ¡en tu madre,
+sobre todo, amigo mío, que no podría sobrevivirte! ¡Volverás a verlos a
+todos! O, mejor dicho, no: permanecerás en París bajo mi protección,
+conviviendo conmigo en la intimidad más estrecha. Quiero verte dichoso,
+casado con una mujer bonita y hacendosa, padre de dos o tres hermosas
+criaturas. ¡Sonríe, hombre, sonríe! ¡Toma este plato de sopas!
+
+--¡Gracias, señor L'Ambert. Guardaos esas sopas; ¿para qué las he de
+tomar? ¡Hay tanta miseria en el mundo!
+
+--Pero, hombre, ¿no te juro que se han acabado ya tus malos días para
+siempre? ¿que me encargo de tu porvenir, bajo mi fe de notario? Si
+accedes a vivir, se acabarán tus sufrimientos, no volverás a trabajar,
+¡tus años constarán de trescientos sesenta y cinco domingos!
+
+--¿Sin lunes?
+
+--Y de lunes también, si lo prefieres. Comerás, beberás, fumarás buenos
+habanos. Serás mi comensal, mi amigo inseparable, mi otro yo. ¿Quieres
+vivir, Romagné, para ser un segundo yo?
+
+--No, no; ya que he comenzado a morir, lo mejor es acabar cuanto antes.
+
+--¡Ah, pedazo de alcornoque! ¡Voy a contarte, animal, el destino que te
+aguarda! No se trata ya solamente de las penas eternales que en tu
+obstinación endiablada acercas más a ti cada minuto; en este mundo, aquí
+mismo, mañana, quizás hoy, antes de ir a pudrirte a la fosa común, te
+llevarán al anfiteatro. Te tenderán sobre una mesa de piedra, y partirán
+tu cuerpo en pedazos. Uno henderá, a fuerza de hachazos, tu abultada
+cabeza de mulo; otro te abrirá el pecho en canal para ver si es posible
+que exista un corazón dentro de tan estúpida envuelta; otro...
+
+--¡Por favor, señor L'Ambert, que no quiero que me corten a pedazos!
+¡prefiero comer las sopas!
+
+Tres días de sopas y su robusta constitución arrancáronle de aquel
+amargo trance, y fue posible transportarle en carruaje al hotel de la
+calle de Verneuil. El mismo M. L'Ambert lo instaló con solicitud
+maternal. Alojolo en la habitación de su propio ayuda de cámara, para
+tenerle más cerca. Por espacio de un mes ejerció con verdadera
+abnegación las funciones de enfermero, pasando bastantes noches en
+claro, a la cabecera de su lecho.
+
+Estas fatigas, lejos de alterar su salud, devolvieron a su rostro su
+frescura y lozanía habituales. Cuanta mayor asiduidad desplegaba en el
+cuidado de su enfermo, más lozana y vigorosa tornábase su nariz.
+Repartía su vida entre el estudio, el auvernés y el espejo. En este
+período fue cuando escribió, distraídamente, sobre el borrador de una
+escritura de venta: «¡Qué dulce es hacer bien a su prójimo!» Máxima un
+poco vieja en sí misma, pero nueva en absoluto para él.
+
+Cuando entró Romagné en el período de franca convalecencia, su huésped y
+salvador, que tantas veces le había trozado el pan y partido los
+biftecs, le dijo:
+
+--A partir de este momento, comeremos siempre juntos. Sin embargo, si
+prefieres comer en la cocina, también serás allí perfectamente
+alimentado, y es posible, tal vez, que te encuentres más a gusto.
+
+Romagné, a fuer de hombre juicioso, obtó por la cocina.
+
+Supo conducirse en ella de tal suerte, que se captó la simpatía y el
+aprecio de todos. Lejos de prevalerse de la amistad que le unía con el
+amo, mostrose más humilde y más modesto que el último marmitón. Era un
+criado que M. L'Ambert había puesto a sus servidores. Todo el mundo
+utilizaba sus servicios, se burlaba de su acento y le daba palmadas
+amistosas a la espalda, sin que a nadie se le ocurriese darle nunca una
+propina. M. L'Ambert lo sorprendió varias veces sacando agua, cambiando
+de sitio los muebles más pesados, encerando los pisos de madera. En
+tales ocasiones le tiraba de la oreja aquel amo ideal, y le decía:
+
+--Entretente, si quieres, no hay en ello inconveniente por mi parte;
+pero no te fatigues demasiado.
+
+El infeliz muchacho, confundido por tantas bondades, se escondía en su
+habitación y lloraba de ternura.
+
+Pero no pudo conservar por mucho tiempo aquel cuarto tan cómodo y
+aseado, contiguo a las habitaciones del amo. M. L'Ambert le hizo saber,
+de un modo delicado, que echaba mucho de menos la vecindad de su ayuda
+de cámara, y el mismo Romagné solicitó autorización para alojarse en
+las buhardillas, adjudicándosele entonces un cuartucho que las
+freganchinas no habían querido nunca.
+
+«¡Dichosos los pueblos que no tienen historia!» ha dicho un sabio.
+Sebastián Romagné fue dichoso por espacio de tres meses; pero, al
+comenzar el verano, empezó a tener historia. Su corazón, largo tiempo
+invulnerable, fue herido por las flechas del amor. El antiguo aguador
+entregose, atado de pies y manos, al dios que perdió a Troya. Advirtió,
+mientras preparaba las legumbres, que la cocinera tenía unos ojillos
+grises muy bonitos, y unos mofletes rojos muy hermosos. Un suspiro,
+capaz de echar a rodar las mesas, fue la primera manifestación de su
+mal. Quiso explicarse, pero ahogó la emoción en su garganta las
+palabras. Apenas si, en su excesiva timidez, se atrevió a aprisionar a
+su Dulcinea por el talle, y a besarle los labios con pasión.
+
+Esto bastó, sin embargo, para que lo comprendieran. Era la cocinera una
+persona capaz, que le llevaba a él siete u ocho años, y ya bastante
+ducha en las lides del amor.
+
+--Ya me hago cargo--le dijo ella;--deseáis casaros conmigo.
+Perfectamente, amigo mío; podremos entendernos si traéis algo por
+delante.
+
+Él respondió ingenuamente que traía por delante todo lo que puede
+exigirse a un hombre, es decir: dos brazos vigorosos y acostumbrados al
+trabajo. La señorita Juanita riósele en sus barbas y habló con más
+claridad; el a su vez soltó la carcajada, y le dijo, con la más amable
+confianza:
+
+--¿Pero es dinero lo que deseáis? Deberíais haberlo dicho desde luego.
+¡Tengo más dinero que peso! ¿Cuánto deseáis? Fijad vos misma la suma.
+¿Os contentaríais, por ejemplo, con la mitad de la fortuna del señor
+L'Ambert?
+
+--¿La mitad de la fortuna del amo?
+
+--Ciertamente. Me lo ha dicho más de cien veces. Yo poseo la mitad de su
+fortuna; pero no hemos repartido el dinero todavía: me tiene guardada mi
+parte.
+
+--¡Qué gran majadería!
+
+--¿Majadería? Esperad, que ahora entra él. Voy a pedirle mi cuenta y os
+traeré a la cocina todo mi capital.
+
+¡Pobre inocente! sólo obtuvo de su amo una buena lección de gramática
+parda. M. L'Ambert le enseñó que prometer y dar no son palabras
+sinónimas; dignose explicarle (porque estaba de buen humor) los méritos
+y peligros de la figura llamada hipérbole; y le dijo, por último, con,
+tono dulce, es verdad, pero tan firme que no admitía réplica:
+
+--Romagné, he hecho mucho por vos, pero quiero hacer más todavía al
+alejaros de este hotel. El simple buen sentido os dice que no os halláis
+en él en calidad de dueño; quiero llevar mi bondad hasta el extremo de
+admitir que estéis en él como un ayuda de cámara; en fin, me parece que
+os haría un gran perjuicio manteniéndoos en una situación mal definida
+que pervertiría vuestros hábitos y falsearía vuestro espíritu. Llevando
+un año más esa vida parasitaria y ociosa, perderíais por completo el
+amor al trabajo. Os convertiríais en un vago, y los vagos, permitidme
+que os lo diga, son el azote de nuestra época. Poneos la mano sobre
+vuestra conciencia, y decidme si os agrada semejante perspectiva. ¡Pobre
+Romagné! ¿No habéis echado de menos muchas veces el título de obrero,
+que es vuestro más noble blasón? Porque vos sois de aquellos seres que
+la Providencia ha creado para ennoblecerse con el sudor de su frente;
+pertenecéis a la aristocracia del trabajo. Trabajad, pues; no ya como
+otras veces, entre privaciones y dudas, sino con una seguridad que yo
+garantizo y una abundancia proporcionada a vuestras modestas
+necesidades. Yo saldré a los gastos de la primera instalación; yo os
+procuraré trabajo. Si, lo que no considero posible, os faltasen los
+medios de existencia, acudid a mí en seguida, que siempre os acogeré con
+afecto paternal. Pero renunciad al absurdo proyecto de casaros con mi
+cocinera, porque no debéis enlazar vuestra suerte a la de una simple
+criada, y no quiero, por otra parte, chiquillos en mi casa.
+
+El infeliz lloró copiosamente y se deshizo en protestas de sincero
+agradecimiento. Debo decir, en descargo de M. L'Ambert, que hizo las
+cosas con bastante generosidad. Vistió de pies a cabeza a Romagné,
+amueblole un quinto piso, en la calle del Cherche-Midi, y le dio
+quinientos francos para que fuese viviendo mientras le encontraba
+trabajo. Aún no habían transcurrido ocho días, cuando le hizo entrar,
+como peón de albañil, en una fábrica de espejos de la calle de Sèvres.
+
+Transcurrió mucho tiempo, seis meses por lo menos, sin que la nariz del
+notario sufriese la menor novedad digna de especial mención. Pero un día
+en que nuestro funcionario descifraba, en compañía de su oficial mayor,
+los pergaminos de una noble y rica familia, rompiéronsele por la mitad
+las gafas, y cayeron sobre la mesa.
+
+Este pequeño accidente no le causó grandes molestias. Púsose
+provisionalmente unos quevedos con resorte de acero, e hizo cambiar el
+armazón de sus gafas en el muelle de los Plateros. Su óptico, M. Luna,
+apresurose a pedirle mil perdones, enviándole unas gafas nuevas, que se
+rompieron también por igual sitio antes de transcurrir veinticuatro
+horas.
+
+Otras terceras sufrieron la misma suerte; trajeron por cuarta vez otras
+nuevas, y les ocurrió en seguida otro tanto. El óptico no sabía ya cómo
+excusarse. En el fondo de su alma, hallábase persuadido de que M.
+L'Ambert tenía la culpa de todo.
+
+--Este señor no es razonable--decía a su mujer, mostrándole los estragos
+de los cuatro últimos días;--usa gafas del número 4, que son
+forzosamente muy pesadas; quiere por coquetería una montura muy
+liviana, y tengo la seguridad de que trata a sus gafas como si fueran de
+hierro forjado. Si le hago la menor observación se enfadará; lo mejor
+será que le envíe otras nuevas con la montura más recia, sin decirle una
+palabra.
+
+La señora de Luna encontró la idea excelente; pero las quintas gafas
+corrieron la misma suerte que las cuatro precedentes. Esta vez, M.
+L'Ambert montó en cólera, a pesar de no habérsele hecho ninguna
+observación, y mandó a buscar otras gafas a un establecimiento rival.
+
+Pero hubiérase dicho que todos los ópticos de París se habían puesto de
+acuerdo para que se rompiesen sus gafas en la nariz del pobre
+millonario. Nada menos que doce sufrieron igual suerte, unas tras otras.
+Y lo más maravilloso del caso era que los lentes de resorte de acero,
+que reemplazaban a las gafas durante los interregnos, manteníanse
+vigorosos y firmes.
+
+Ya sabéis que la paciencia no era la virtud favorita de M. Alfredo
+L'Ambert. Hallábase un día furioso, pateando sobre unas gafas,
+haciéndolas pedazos con sus tacones, cuando le anunciaron la visita del
+doctor Bernier.
+
+--¡Demontre! llegáis a tiempo--exclamó el notario, colérico.--¡Estoy,
+por lo visto, hechizado! ¡el diablo ha tomado posesión de mi persona!
+
+Las miradas del doctor fijáronse en seguida en la nariz de su cliente;
+pero encontrándola, al parecer, sana, de buen aspecto, y fresca como una
+rosa.
+
+--Me parece--observó,--que marcha todo muy bien.
+
+--De salud, sí, en efecto: me encuentro perfectamente; pero estas gafas
+endiabladas no hay forma de que se mantengan enteras.
+
+Y refirió al doctor toda la historia.
+
+Este se quedó pensativo, y dijo al cabo de un rato:
+
+--El auvernés anda por medio. ¿Tenéis aquí alguna de las monturas rotas?
+
+--Debajo de mis pies tengo la última.
+
+Recogiola M. Bernier, examinola con una lente, y le pareció que el oro
+estaba como argentado en los alrededores del sitio de la rotura.
+
+--¡Diablo!--exclamó.--¿Habrá hecho Romagné alguna calaverada?
+
+--¿Qué calaveradas queréis que haya hecho?
+
+--¿Le tenéis todavía en vuestra casa?
+
+--No; el pillo me ha abandonado. Trabaja en la ciudad.
+
+--Espero, sin embargo, que esta vez habréis conservado sus señas.
+
+--Sin duda. ¿Queréis verle?
+
+--Cuanto antes.
+
+--¿Hay algún peligro tal vez? ¡Yo me hallo perfectamente!
+
+--Vamos, por lo pronto, a casa de Romagné.
+
+Un cuarto de hora después nuestros dos personajes descendían a la puerta
+de los señores Taillade y Compañía, en la calle de Sèvres. Una amplia
+muestra, fabricada con trozos de cristal azogado, indicaba claramente el
+género de industria a que se dedicaba la casa.
+
+--Henos aquí--dijo el notario.
+
+--¡Cómo! ¿está empleado el auvernés en este establecimiento?
+
+--Sin duda alguna: yo mismo le he buscado esta colocación.
+
+--Vamos, el mal no es tan grande como llegué a suponer. Pero, de todas
+maneras, habéis cometido una imprudencia imperdonable.
+
+--¿Qué queréis decir?
+
+--Entremos.
+
+La primera persona que encontraron en el interior del edificio fue al
+auvernés, en mangas de camisa, los puños arremangados, azogando la luna
+de un espejo.
+
+--¡Hola!--exclamó el doctor,--lo que yo había previsto.
+
+--¿Pero qué?
+
+--Que se azogan las lunas con una capa de mercurio aprisionada bajo una
+hoja de estaño, ¿comprendéis?
+
+--Todavía no.
+
+--Vuestro animal tiene los brazos embadurnados de mercurio hasta los
+codos; ¿qué digo? hasta las axilas.
+
+--Mas no veo la relación...
+
+--¿No veis que, siendo vuestra nariz una fracción de su brazo, y
+poseyendo el oro una deplorable tendencia a amalgamarse con el mercurio,
+jamás podréis evitar que se os rompan vuestras gafas?
+
+--¡Demontre!
+
+--Tenéis, sin embargo, el recurso de usar gafas con montura de acero.
+
+--Me es lo mismo.
+
+--En ese caso, no corréis peligro alguno, salvo, quizás, algunos
+accidentes mercuriales.
+
+--¡Ah, no! Prefiero que Romagné trabaje en otra cosa. ¡Ven, Romagné!
+Deja lo que estás haciendo y vente con nosotros al instante. ¿Quieres
+acabar de una vez, pedazo de zopenco? ¿No sabes a lo que me expones?
+
+Habiendo acudido el dueño del taller al escuchar el rumor de la
+conversación, dio el notario su nombre, con tono bastante infatuado, y
+recordó que él había recomendado a aquel hombre por mediación de su
+tapicero. M. Taillade respondió que lo recordaba muy bien, y explicole
+que, para hacerse agradable a M. L'Ambert, y captarse su benevolencia,
+había promovido al auvernés de peón de albañil a azogador.
+
+--¿Hace quince días de eso?--preguntole el notario.
+
+--Sí, señor, ¿lo sabíais ya?
+
+--¡Demasiado, por desgracia! ¡Ah, señor! ¿cómo puede jugarse con cosas
+tan sagradas?
+
+-¿Yo...?
+
+--No, nada. Pero por mí, por vos, por la sociedad toda entera, ponedle
+nuevamente a trabajar de albañil; pero no, mejor será que me lo
+devolváis; me lo llevaré conmigo. Pagaré lo que sea necesario, pero el
+tiempo apremia. ¡Prescripción facultativa!... Romagné, amigo mío, es
+preciso que me sigáis. Habéis hecho vuestra fortuna; ¡cuanto tengo os
+pertenece!... ¡No! pero venid de todos modos; ¡os juro que no quedaréis
+descontento de mí!
+
+Y sin dejarle apenas tiempo para cambiarse de traje, llevóselo como
+arrebata el ave de rapiña a su presa. M. Taillade y sus obreros
+tomáronle por un loco. El bueno de Romagné levantaba los ojos al cielo,
+y se preguntaba qué querrían de él otra vez.
+
+Su destino fue decidido durante el camino, mientras él cazaba moscas al
+lado del cochero.
+
+--Mi querido cliente--decía el doctor al millonario,--es preciso que no
+perdáis nunca de vista a ese muchacho. Comprendo que le hayáis arrojado
+de vuestra casa, porque, a decir verdad, su trato no debe ser muy
+agradable; pero no debisteis alejarle tanto, ni pasar tanto tiempo sin
+procuraros noticias de él. Alojadle en la calle de Beaune, o en la de la
+Universidad, próximo a vuestro hotel. Dedicadle a un oficio menos
+peligroso para vos, o mejor, si queréis, pasadle una pequeña pensión sin
+darle ningún oficio: si trabaja, se fatiga y se expone. No conozco
+oficio alguno en que el hombre no exponga su piel ¡es tan fácil, por
+desgracia, un accidente! Dadle lo suficiente para que pueda vivir sin
+hacer nada. ¡Guardaos bien, sin embargo, de tenerle en la abundancia!
+Volvería a beber, y ya sabéis las consecuencias fatales que os reporta a
+vos ese vicio. Con cien francos al mes, y la casa pagada, creo que
+tendrá suficiente.
+
+--Tal vez sea demasiado... no porque me parezca la cantidad excesiva,
+sino porque preferiría darle de comer sin que pudiera emplear un solo
+céntimo en vino.
+
+--Dadle, pues, cuatro luises, pagados en cuatro plazos: los martes de
+cada semana.
+
+Ofrecieron a Romagné una pensión de ochenta francos mensuales, pero el
+auvernés respondió con desprecio, rascándose la oreja:
+
+--¿Ochenta francos nada menos? ¡Para eso no valía la pena que me
+arrancaseis de la calle de Sèvres! Allí ganaba tres francos y medio
+diarios, y enviaba dinero a mi familia. Dejadme trabajar en los espejos,
+o dadme tres francos y medio.
+
+Y no hubo más remedio que acceder, puesto que era el dueño de la
+situación.
+
+Pronto comprendió el notario que había adoptado el partido más prudente.
+El año transcurrió sin accidente alguno. Se pagaba a Romagné todas las
+semanas, y se le vigilaba diariamente. Vivía honradamente, llevando una
+existencia tranquila, sin más pasión que el juego de bolos. Y los
+hermosos ojos de la señorita Irma Steimbourg se posaban con visible
+complacencia sobre la rosada nariz del dichoso millonario.
+
+Los dos jóvenes bailaron juntos todos los cotillones del invierno; por
+eso el mundo daba ya por descontada su boda. Una noche, a la salida del
+Teatro Italiano, el anciano marqués de Villemaurin detuvo en el
+peristilo a L'Ambert.
+
+--Y bien, amigo mío--le dijo,--¿cuándo celebráis vuestras bodas?
+
+--Pero, señor marqués, si es la primera noticia que tengo sobre ese
+particular.
+
+--¿Esperáis, por ventura, que os pidan vuestra mano? ¡Al hombre toca
+hablar, qué demontre! El joven duque de Lignant, un verdadero caballero
+y un excelente muchacho, no ha esperado a que yo le ofreciese mi hija:
+ha venido, ha agradado, y se acabó. De hoy en ocho días firmaremos el
+contrato. Ya sabéis, querido amigo, que es asunto que os atañe.
+Permitidme que acompañe a esas señoras hasta el coche, y nos acercaremos
+al círculo. Por el camino hablaremos. Pero cubríos, ¡qué diablo! No
+había visto que permanecíais con el sombrero en la mano. ¡Cuando menos
+se piensa se atrapa un resfriado!
+
+El anciano y el joven caminaron del brazo hasta el bulevar, uno hablando
+y el otro prestándole atención. Y L'Ambert entró en su casa dispuesto a
+redactar el contrato de matrimonio de la señorita Carlota Augusta de
+Villemaurin. Pero había pillado un terrible constipado, que no le
+permitió hacer nada. El acta fue redactada por su oficial mayor,
+revisada por los encargados de los negocios de ambas familias, y
+transcrita, por último, en un elegante cuaderno de papel timbrado, en el
+que no faltaban más que las firmas.
+
+Llegado el día, M. L'Ambert, esclavo de sus deberes, trasladose en
+persona al hotel de Villemaurin, a pesar de una persistente coriza que
+amenazaba saltarle los ojos de sus órbitas. Sonose las narices por
+última vez en la antecámara, y los lacayos temblaron en sus asientos
+cual si hubiesen oído la trompeta del juicio final.
+
+Un criado anunció a M. L'Ambert. Llevaba puestas sus costosas gafas de
+oro, y sonreía gravemente, cual convenía en semejantes circunstancias.
+
+Con su historiada corbata, sus guantes impecables, sus zapatos de baile,
+el sombrero debajo del brazo izquierdo, y el contrato en la mano
+derecha, fue a presentar sus respetos a la marquesa, atravesó con
+modestia el círculo formado por los que la rodeaban, inclinose ante
+ella, y le dijo:
+
+--Cheñora marquecha, aquí teneich el contrato de boda de vuechtra
+cheñorita hija.
+
+La señora de Villemaurin fijó en él sus ojos espantados. Un ligero
+murmullo elevose entre los circunstantes. M. L'Ambert saludó de nuevo, y
+añadió:
+
+--¡Dioch mío! cheñora marquecha, que día tan felich va a cher echte para
+todoch!
+
+Una mano vigorosa asiole por el brazo izquierdo, haciéndole girar sobre
+sí mismo. Volviose, y reconoció al marqués.
+
+--Mi querido notario--le dijo éste, arrastrándole hasta un rincón,--el
+carnaval permite indudablemente muchas cosas; pero recordad quien sois,
+y cambiad de tono si os place.
+
+--Pero, cheñor marquech...
+
+--¡Otra vez!... Ya veis que soy paciente, pero os ruego no abuséis.
+Excusaos ante la marquesa, leednos el contrato de boda, y buenas noches.
+
+--¿Pero de qué he de echcucharme, y por qué echach buenach nochech?
+¡Cualquiera diría que he cometido una torpecha, cheñor mío!
+
+El marqués no le respondió una palabra; pero hizo señas a los criados
+que circulaban por el salón. Entreabriose la puerta, y escuchose una voz
+que gritaba en la antecámara:
+
+--¡La servidumbre del señor L'Ambert! Aturdido, confuso, fuera de sí, el
+pobre millonario salió haciendo reverencias en todas direcciones y no
+tardó en encontrarse en su carruaje, sin saber por qué ni cómo. Se
+golpeaba la frente, se arrancaba los cabellos y se pegaba pellizcos en
+los brazos para despertarse a sí mismo, por si, como creía, era juguete
+de un sueño. Pero no; no dormía; veía la hora que marcaba su reloj, leía
+los nombres de las calles, a la claridad de las luces del gas, y
+reconocía las muestras de los establecimientos. ¿Qué había dicho? ¿Qué
+había hecho? ¿Qué conveniencias había violado? ¿Qué inconveniencia o qué
+majadería suya podía haber dado lugar a que le tratasen de aquel modo?
+Porque, en fin, la duda no era posible: en la casa del señor de
+Villemaurin lo habían puesto de patitas en la calle. ¡Y el contrato de
+matrimonio estaba allí, en su mano! ¡aquel contrato redactado con tan
+singular esmero, en tan brillante estilo, y cuya lectura no había sido
+escuchada!
+
+Sin haber podido dar con la solución a aquel problema, encontrose en el
+patio de su hotel. El rostro de su portero inspiróle una idea luminosa.
+
+--¡Chinguet!--gritó.
+
+El escuálido Singuet no se hizo llamar otra vez.
+
+--Chinguet, te daré chien francoch chi me dichech la verdad; y chien
+puntapiech chi me ocultach alguna cocha.
+
+Singuet le miró con sorpresa, y sonrió con timidez.
+
+--¡Chonríech, dechalmado! ¿por qué? ¡Contechta encheguida!
+
+--¡Dios mío!--dijo el pobre diablo;--el señor dispensará... que me haya
+permitido... pero el señor imita perfectamente el acento de Romagné.
+
+--¡El achento de Romagné! ¿quién? ¡yo! ¿Hablo como un auvernech?
+
+--Demasiado lo sabe el señor. Hace ya ocho días de esto.
+
+--¿Pero qué echtach dichiendo, pollino? ¿cómo he de chaber yo una cocha
+chemejante?
+
+Singuet elevó los ojos al cielo, pensando que su amo se había vuelto
+loco; pero M. L'Ambert, aparte de aquel maldito acento, gozaba de la
+plenitud de todas sus facultades. Interrogó por separado a toda su
+servidumbre, y se persuadió de su desgracia.
+
+--¡Ah, infame aguador!--exclamaba,--¡ah, criminal! Echtoy cheguro de
+que habrá hecho alguna majadería. Que vayan a buchcarle; pero no, que
+voy a buchcarle yo michmo.
+
+Corrió a pie hasta la casa de su protegido, subió a saltos hasta el
+quinto piso, llamó sin lograr despertarle, y, enfurecido y colérico, no
+encontrando otro expediente, forzó a empujones la puerta de la
+habitación.
+
+--¡Cheñor L'Ambert!--exclamó Romagné.
+
+--¡Tunante de auvernech!--respondiole el notario.
+
+--¡Cheñor mío!
+
+--¡Chinvergüencha!
+
+Ya eran dos a destrozar el idioma.
+
+La discusión prolongose por espacio de más de un cuarto de hora, en
+medio de la mayor algarabía, sin que se aclarase el misterio. El uno se
+quejaba amargamente, como víctima; el otro se defendía diciendo que era
+inocente.
+
+--Echpérame aquí--dijo, para acabar M. L'Ambert.--M. Bernier, el médico,
+me dirá echta noche michma lo que hach hecho.
+
+Despertó a M. Bernier, y le refirió, con la consabida che, cuanto le
+había ocurrido aquella noche.
+
+--Mucho ruido y pocas nueces--le contestó el doctor, riendo de buena
+gana.
+
+--Romagné es inocente; la culpa es toda vuestra. Permanecisteis con la
+cabeza descubierta a la salida de los Italianos: de ahí procede todo el
+mal. Padecéis un fuerte ataque de coriza, y habláis por la nariz: por
+eso os expresáis en auvernés. Esto es muy lógico. Volved a vuestra casa,
+aspirad bastante acónito, conservad los pies calientes y la cabeza
+abrigada y, en lo sucesivo, adoptad toda clase de precauciones contra
+los constipados, pues ya sabéis cuáles han de ser para vos sus
+consecuencias.
+
+El desdichado notario regresó a su hotel maldiciendo como un condenado.
+
+--De manera--pensaba;--que mis precauciones resultan infructuosas. Por
+mucho que me esmere en mantener y vigilar a ese bellaco de aguador, me
+jugará constantes trastadas, y seré siempre su víctima, sin poderle
+acusar nunca de nada; ¿a qué entonces, tantos gastos? Se acabó: ya estoy
+cansado: economizaré su pensión.
+
+Y dicho y hecho. Al día siguiente, cuando el pobre Romagné vino, todavía
+aturdido, a cobrar la pensión de la semana, lo echó a la calle Singuet,
+y anunciole que no harían nada por él en lo sucesivo. Encogiose de
+hombros el auvernés, a fuer de hombre que, sin haber leído las epístolas
+de Horacio, practica el _Nil admirari_ por instinto. Singuet, que lo
+quería bien, preguntole a qué pensaba dedicarse, contestándole él que
+buscaría trabajo. Al fin y al cabo, aquella forzada ociosidad le aburría
+demasiado.
+
+M. L'Ambert sanó de su coriza y alegrose de haber borrado de su
+presupuesto la partida correspondiente a Romagné. Ningún otro accidente
+vino a interrumpir después el curso de su dicha. Hizo las paces con el
+marqués de Villemaurin y con toda su clientela del faubourg, a la que
+había escandalizado bastante. Libre de toda inquietud, pudo abandonarse,
+feliz, por la dulce pendiente que le conducía, sobre rosas, hacia la
+dote de la señorita Steimbourg. ¡Afortunado L'Ambert! le abrió su
+corazón de par en par, y mostrole los sentimientos legítimos y puros que
+lo llenaban por completo. La bella y avisada muchacha tendiole la mano a
+la inglesa, y le dijo con desparpajo:
+
+--Negocio concluido. Mis padres están de acuerdo conmigo; ya os daré mis
+instrucciones para la canastilla de boda. Procuremos abreviar todas las
+formalidades para poder marcharnos a Italia antes de que termine el
+invierno.
+
+El amor prestole sus alas. Compró, sin regatear, la canastilla,
+encomendó a los tapiceros la tarea de alhajar el cuarto de su señora,
+encargó un coche nuevo, eligió dos caballos alazanes de la más rara
+belleza, y aligeró la publicación de las amonestaciones. El banquete de
+despedida de soltero que ofreció a sus camaradas, inscrito está con
+letras de oro en los fastos del Café Inglés. Sus amantes recibieron su
+postrer adiós, y sus correspondientes brazaletes, con mal contenida
+emoción.
+
+Los partes de casamiento anunciaban que la bendición nupcial tendría
+efecto el día 3 de marzo, a la una en punto, en la iglesia de Santo
+Tomás de Aquino. Inútil parece advertir que se había colgado el altar y
+se había engalanado el templo como en las bodas de primera categoría.
+
+El día 3 de marzo, a las ocho de la mañana, despertose espontáncamente
+L'Ambert, sonrió satisfecho a los primeros rayos del sol que penetraron
+alegres por su entreabierta ventana, tomó el pañuelo de debajo de la
+almohada, y se lo llevó a la nariz a fin de esclarecer sus ideas. Pero
+el pañuelo de batista sólo encontró el vacío: la nariz ya no existía.
+
+El notario fue de un salto a mirarse en el espejo. ¡Horror y maldición!
+como dicen en las novelas de la antigua escuela. Se vio tan desfigurado
+como el día que volvió de Parthenay. Correr a su lecho, registrar
+cobertores y sábanas, mirar por detrás de la cama, sondar los colchones
+y el somier, sacudir los muebles próximos, y poner patas arriba cuanta
+cosa había en el cuarto, fue obra de pocos instantes.
+
+¡Pero nada! ¡nada! ¡nada!
+
+Colgose del cordón de la campanilla, pidió auxilio a sus criados y juró
+echarlos a todos, como a perros, si no encontraban la nariz. ¡Inútil
+amenaza! La nariz era más imposible de encontrar que la Cámara de 1816.
+
+Dos horas transcurrieron en medio de la agitación, el desorden y el
+ruido.
+
+Y entretanto, el señor de Steimbourg se vestía su levita gris con
+botones de oro; la señora de Steimbourg, en traje de gran gala, dirigía
+a dos doncellas y tres modistas, que iban y venían y giraban sin cesar
+en torno de la bella Irma. La blanca novia, embadurnada en polvos de
+arroz, como un pez antes de ser introducido en la sartén, temblaba de
+impaciencia y maltrataba a todo el mundo con admirable imparcialidad. Y
+el alcalde del distrito décimo, con su faja reglamentaria, paseábase por
+un gran salón vacío preparando una improvisación. Y los mendigos
+privilegiados de Santo Tomás de Aquino expulsaban a cajas destempladas a
+dos o tres intrigantes, llegados de no sé dónde, con objeto de
+disputarles sus limosnas. Y M. Enrique Steimbourg, que mascaba un
+cigarro, hacía ya media hora, en el fumador de su padre, extrañábase de
+que su querido Alfredo no hubiese llegado aún.
+
+Por fin perdió la paciencia, corrió a la calle de Sartine, y encontró a
+su futuro cuñado lleno de desesperación y de lágrimas. ¿Qué podía
+decirle, para consolarle, de semejante desgracia? Paseose largo rato en
+torno suyo, repitiendo sin cesar:
+
+--¡Demonio! ¡demonio! ¡demonio!
+
+Se hizo referir dos veces el fatal acontecimiento, e intercaló en la
+conversación algunas sentencias filosóficas.
+
+¡Y el maldito cirujano sin venir! Habían ido a avisarle con urgencia, a
+su casa, al hospital, a todas partes. Llegó por fin, y comprendió a
+primera vista que Romagné había muerto.
+
+--Lo sospechaba--exclamó el notario, llorando con mayor amargura, si es
+posible.--¡Bestia de Romagné! ¡Criminal!
+
+Esta fue la oración fúnebre del desdichado auvernés.
+
+--Y ahora, doctor, ¿qué haremos?
+
+--Buscar otro Romagné, y repetir la operación; pero ya habéis
+experimentado los inconvenientes de este sistema, y, si queréis creerme,
+será mucho mejor que recurramos al método indio.
+
+--¿A cortarme la piel de la frente? ¡eso jamás! Prefiero mandarme hacer
+una nariz de plata.
+
+--Hoy día se fabrican bien elegantes, por cierto--dijo el doctor.
+
+--Resta saber si la señorita Irma consentiría en dar su mano a un
+inválido con la nariz de plata. Enrique, amigo mío, ¿qué os parece?
+
+Agachó Enrique Steimbourg la cabeza, y nada respondió. Fuese a comunicar
+la noticia a su familia y a recibir órdenes de su hermana. Irma adoptó
+un gesto heroico al saber la desgracia de su prometido.
+
+--¿Os imagináis--exclamó,--que me caso con el notario por su cara? ¡Para
+eso me hubiera casado con mi primo Rodrigo, que, aunque menos rico, es
+mucho más guapo que él! Doy mi mano a M. L'Ambert porque es un hombre
+galante, que ocupa una posición envidiable en el gran mundo; por su
+carácter, sus caballos, su hotel, su talento, su sastre; todo en él me
+agrada y me encanta. Por otra parte, ya estoy vestida de novia, y, de no
+verificarse el matrimonio, padecería mi reputación. Corramos a su casa,
+madre mía; ¡lo aceptaré tal cual es!
+
+Pero cuando se halló presencia del mutilado, cesaron sus entusiasmos.
+Desplomose desmayada, y, cuando recobró el conocimiento, rompió a llorar
+copiosamente.
+
+En medio de sus sollozos, oyose un grito que parecía partir de lo más
+profundo del alma:
+
+--¡Oh, Rodrigo!--exclamó,--¡que injusta he sido contigo!
+
+M. L'Ambert permaneció soltero. Hízose fabricar una nariz de plata
+esmaltada, cedió su bufete a su oficial mayor, y compró una casita, de
+modesta apariencia, cerca de los Inválidos. Algunos buenos amigos
+alegraron su morada. Proveyose de una bodega abundante y bien surtida, y
+se consoló como pudo. Las botellas más preciadas de Château-Yquen, y las
+mejores cosechas de la hacienda Vougeot son para él.
+
+--Poseo un privilegio sobre todos los demás hombres--suele decir a
+veces, bromeando;--¡puedo beber cuanto me venga en gana sin que se me
+enrojezca la nariz!
+
+Ha permanecido fiel siempre a sus principios políticos: lee los buenos
+periódicos, y hace votos por el triunfo de Chiavone; pero no le envía
+dinero. El placer de amontonar luises le produce una dicha incalculable.
+Vive entre dos vinos y entre dos millones.
+
+Una noche de la semana pasada, en que caminaba despacio, con el bastón
+en la mano, por una de las aceras de la calle de Eblé, lanzó
+inopinadamente un grito de sorpresa. ¡La sombra de Romagné, vestido de
+pana azul, habíase erguido ante él!
+
+¿Era realmente su sombra? Las sombras no llevan nada, y ésta llevaba una
+cesta en la extremidad de un palo.
+
+--¡Romagné!--gritole el notario.
+
+El otro levantó la mirada, y respondió con su voz reposada y tranquila:
+
+--¡Buenach nochech, cheñor L'Ambert!
+
+--¡Hablas, luego vives!--dijo éste.
+
+--Chiertamente que vivo.
+
+--¡Miserable!... ¿qué has hecho de mi nariz?
+
+Y, mientras se expresaba de este modo, habíale agarrado por el cuello, y
+lo sacudía bruscamente.
+
+El auvernés desasiose con trabajo, y le dijo:
+
+--¡Dejadme, por piedad, que no puedo defenderme! ¿No obchervaich que
+choy manco? Cuando me chuprimichteich la penchión, coloquéme en el
+taller de un mecánico, y hube de dejarme el brazo tomado en un
+engranaje!
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La nariz de un notario, by Edmond About
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NARIZ DE UN NOTARIO ***
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+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
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+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
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+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
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+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
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+
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+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
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+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
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+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
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+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
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+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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