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+The Project Gutenberg EBook of Transfusión, by Enrique de Vedia
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Transfusión
+
+Author: Enrique de Vedia
+
+Commentator: Alejandro V. Murguiondo
+
+Release Date: August 8, 2008 [EBook #26231]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRANSFUSIÓN ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net).
+
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+
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+
+
+
+BIBLIOTECA de LA NACIÓN
+
+ENRIQUE DE VEDIA
+
+TRANSFUSIÓN
+
+BUENOS AIRES
+
+1914
+
+Derechos reservados.
+
+Imp. de LA NACIÓN.--Buenos Aires
+
+
+
+
+PRÓLOGO
+
+
+_La novela cuya publicación iniciamos hoy significa un triunfo para su
+autor y una conquista para las letras nacionales. Don Enrique de Vedia,
+acreditado ya como escritor didáctico y publicista vigoroso, también
+había hecho apreciar en varias ocasiones sus cualidades de narrador y
+sus dotes de inventiva. Con todo, en el género puramente artístico y
+literario, no había producido aún la obra que era dable esperar y que
+hoy llega con_ TRANSFUSIÓN, _como un resumen de energías y una síntesis
+de belleza_.
+
+_Es una novela autóctona en la más estricta acepción del vocablo, pero
+lo es a la manera de las que soportan traslaciones a idiomas extraños y
+ello merced a la universalidad del asunto. Este es muy original. Lo
+constituye un problema de psicología individual. En su desarrollo el
+autor muestra el descenso de un alma virtualmente generosa y, como
+contraste, el renacer de otras embebidas en la substancia de aquélla. Y
+en la notación de este doble proceso moral, el señor Vedia aguza el
+análisis hasta sorprender los movimientos menos perceptibles del
+espíritu en su crisis progresiva. Los personajes no se ocultan a sus
+atisbos de observador, que sin abstraerse jamás, logra adueñarse a veces
+de todo un carácter, merced a un sólo rasgo distintivo._
+
+_De ahí que el novelista llegue a objetivarlos con intenso calor de
+humanidad. Se animan y andan, y a medida que accionan y discurren se
+advierte en ellos las modalidades de sus tendencias, de sus estados de
+alma, según las condiciones que los determina. Son seres reales, por eso
+viven en la novela, porque antes vivieron en la realidad, donde fueron
+sorprendidos. De pronto parece que se va a dar con ellos. Tal es la
+impresión de su verdad esencial. No nos referimos sólo a los caracteres
+centrales de la novela, a los que forman el núcleo de su acción íntima,
+sino también a las figuras de segundo término, o episódicas._
+
+_El señor Vedia ha matizado_ TRANSFUSIÓN _con algunos trozos
+descriptivos que pueden citarse como páginas de primer orden. Y cuando
+del diálogo que tiene el sesgo de la frase hablada, el novelista pasa a
+describir y eleva la forma, pone en ello gradaciones tan armónicas que
+la transmisión se efectúa insensiblemente. Y ora evoque el despertar de
+la ciudad o los vastos panoramas agrestes o los cuadros de costumbres
+camperas, siempre ajusta a su naturaleza el estilo._
+
+_Y ello en una forma ágil y fácil, siempre viva, animada siempre. De ahí
+que el interés no decae un solo instante, sostenido aquí por la ternura,
+allí por lo patético, allá por el drama íntimo, acullá por un revuelo
+lírico y en todas partes por un perfecto acuerdo entre el mundo evocado
+y la energía evocadora._
+
+LA NACIÓN.
+
+Junio 10 de 1908.
+
+
+
+
+Entre los juicios que esta obra mereció, cuando vio la luz pública, se
+encuentra el siguiente, que expresa, con particular acierto, el concepto
+ideológico y la finalidad moral a que «Transfusión» responde:
+
+«Rosario, julio 15 de 1908.--Señor Enrique de Vedia.--Buenos Aires.--Mi
+distinguido amigo: Su bella concepción dramática, publicada en forma de
+romance, ha terminado de una manera original y novedosa, dejándonos con
+ganas. Efectivamente, acostumbrados en este género de producciones a que
+se aten todos los cabos para cerrar el ciclo de los acontecimientos
+referidos (artificio más que verdad), uno no se resigna a que deje de
+contársele que Anastasio vino una noche a matar a Melchor, por ejemplo;
+que Clota, desesperada, entró en un convento; que los padres del
+protagonista murieron en un hospital porque éste les derrochó toda su
+fortuna, concluyendo él mismo sus días en el manicomio, degenerado e
+imbécil, en un acceso de _delirium tremens_ o maniatado por la parálisis
+general progresiva.
+
+»La fuerza del hábito hace que uno espere el número siguiente para
+continuar la fácil y agradable lectura que se realiza como si se oyera
+un fonógrafo invisible que reproduce para el oído lo que los cuadros
+admirablemente trazados reproducen cinematográficamente en la
+imaginación y casi diríamos en la pantalla retiniana.
+
+»Ese final, en que queda Melchor, afirmado en la tranquera, con su
+simbólico ramito de fresco cedrón, viendo partir a sus amigos, que se
+llevan jirones de su psicología, es de una naturalidad tal, que recuerda
+a los grandes maestros del arte literario cuando con los más sencillos
+elementos realizan verdaderas creaciones.
+
+»Tan cierto es que un simple gesto, o una _pose_ revelan muchas veces
+todo un mundo interno oculto al ojo vulgar que sólo ve la superficie.
+
+»Hay tal revelación de recóndita onomatopeya entre este sujeto así
+plasmado en aquel ambiente todo nuestro, y el estado de su ánimo ante la
+metamorfosis que el alcohol por una parte, el contagio moral por otra y
+su indudable receptividad psíquica han producido en él, que al terminar
+uno la lectura del capítulo, se queda inconscientemente en una actitud
+análoga, con la vista clavada en un punto del espacio y una sonrisa de
+aplomo dibujándose en los labios.
+
+»La transfusión está hecha, ¿para qué más? Sutil e inadvertidamente la
+salud espiritual de Melchor ha sido absorbida por Ricardo y por Lorenzo,
+los que a su vez le han dado a respirar sus almas enfermas, como las
+flores, que al ampararse del oxígeno, que es la vida, exhalan el ácido
+carbónico, que es la muerte.
+
+»El lector pudiera exigir que el fenómeno hubiese ido produciéndose
+ocasionalmente a su vista y con casos concretos que le documenten, como
+en un boletín clínico en que se anotan todas las modalidades de un
+padecimiento cuyo curso insidioso o normal se sigue prolijamente,
+catalogando epifenómenos y detalles de escrupulosa minuciosidad, pero
+¿podría hacerse eso sin menoscabo del arte, generalizados por
+excelencia, para producir el efecto emocional y convincente que se
+busca?
+
+»El alcohol y la Venus son, por otra parte, auxiliares eficaces de
+consumo orgánico y de degeneración, de que el autor echa mano con hábil
+ingenio para producir el caso clínico observado y existente, sin duda
+alguna en gran número, en este inmenso nosocomio del mundo.
+
+»Pinturas que son verdaderas fotografías con movimiento hay en su
+romance, y Baldomero, representante genuino de nuestros hombres de
+campo, de verba pintoresca y tranquilo razonar ecuánime, ha sido
+arrancado de la realidad él mismo, en medio de aquella naturaleza
+genuinamente argentina, de horizontes dilatados y soberana
+magnificencia.
+
+»No tengo por delante su trabajo; el folletín vuela y muchas bellezas
+escapan al ojear los recuerdos. Dejo, además, como usted ve, correr la
+pluma en el natural desaliño epistolar, como que estamos conversando
+familiarmente sobre las facciones de su primogénito.
+
+»Espero ver pronto en forma de libro su bella concepción, tan sencilla y
+eficazmente presentada, para decirle en letras de molde todo lo que creo
+debe decirse de ella al público. Desde luego, el deseo de verla hecha
+carne y hueso en la escena de un teatro, me obsesiona desde el primer
+momento.
+
+»¿La va a teatralizar? Bien lo merece. Aquel: «Yo estoy con Dios así»...
+vale un Perú. Su afectísimo amigo,
+
+»ALEJANDRO V. MURGUIONDO.»
+
+
+
+
+TRANSFUSIÓN
+
+[Publicada, por primera vez, en el folletín de «LA NACIÓN» en los meses
+de junio y julio de 1908.]
+
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+--¿Suicidarte? ¿Pero comprendes bien lo que dices?
+
+--Y en definitiva, ¿para qué debo vivir? ¿Qué misión me espera? ¿Qué
+ideal puede estimularme ya?...
+
+--No te diré cuál es la razón filosófica de tu existencia, porque la
+ignoro; pero, puesto que vives, ¡vive! qué diablos.
+
+--Como cualquier animal...
+
+--¡Supongámoslo!... ¿y quién te ha dicho que los animales sufren en su
+condición de tales?...
+
+--Tú echas todo a la broma y a la jarana, porque eres feliz.
+
+--No, Ricardo, yo no soy feliz en el concepto en que tú y todos
+entienden la felicidad, porque la felicidad comprende un cúmulo de
+circunstancias que jamás se encuentran reunidas; lo que hay es que yo no
+quiero ser desgraciado y... ¡no lo soy!
+
+--Porque la desgracia no te agarra...
+
+--¡Me agarra a cada rato! ¡Me ha agarrado mil veces! pero la desgracia
+se aburre conmigo.
+
+--No te entiendo.
+
+--¡Pues es claro! La desgracia es como una persona seria que se fastidia
+en compañía de quien ríe constantemente.
+
+--Lo difícil, lo imposible es eso; reír siempre...
+
+--¡Qué ha de ser difícil! Todo es cuestión de resolverse, no sólo en
+defensa propia, te diría, sino en homenaje a la risa que es, sin
+disputa, nuestra patente de racionales.
+
+--Tampoco te entiendo.
+
+--¡Sí, hombre! Nosotros, los humanos, somos los únicos animales que
+reímos y observa que la diferencia positiva que nos distingue de los
+demás bichos de la creación es la de reír.
+
+--¿Y la de sufrir?...
+
+--¿Y quién te ha dicho que las gallinas de tu casa no sufren
+horriblemente cuando se hace guiso de pollos? ¿O que los gatos de
+nuestros tejados no se sumergen en un mar de tristeza cada vez que
+nuestros fonderos ofrecen a sus clientes el «civet de liebre»?... ¿Sabes
+lo que sucede?...
+
+--No sé adonde vas.
+
+--A esto: los animales sufren lo mismo que nosotros, pero no les
+importa.
+
+--Eso dices tú.
+
+--No, Ricardo; esto lo demuestran los mismos animales, y si no observa a
+las vacas, por ejemplo; ¿tú crees que una vaca a la que el tambero le
+quita la leche que ella formó para su ternero no sufre? ¡Sufre, che!
+pero se resigna. ¿Y sabes cómo lo demuestra?... ¡Comiendo de nuevo para
+tener leche otra vez, en la esperanza de que le alcance al hijo de sus
+entrañas!...
+
+--Comen para satisfacer una necesidad.
+
+--¡Justamente! y nosotros debemos hacer lo mismo; ¿o tú crees que no
+necesitamos nutrirnos para seguir viviendo?
+
+--No sólo de pan vive el hombre.
+
+--¡Ya lo creo! pero así como nuestra economía animal nos exige alimentos
+que se llaman pucheros, bifes, carbonada, locro--¿te gusta el locro?
+¿qué rico es con pedacitos de cordero, eh?--bueno, pues lo mismo nuestro
+ser moral reclama sus alimentos espirituales, que se llaman:
+resignación, esperanza, jovialidad, ¡risa, ché! ¡risa!... ¡mucha risa!
+
+--Es muy fácil decirlo.
+
+--¡Y hacerlo! Yo lo hago, sin dejar de rendir mi obligado tributo a los
+dolores morales; pero cuando uno de éstos me manifiesta intenciones de
+molestarme demasiado, metiéndoseme muy adentro o quedándose en mí más
+tiempo del tolerable, ¡me le planto delante, le suelto una carcajada y
+le señalo la puerta: a embromar a otro! Lo mismo que con las personas;
+como que hay «personas-dolor» y «personas-alegría». A una de éstas le
+digo: ¡Cuánto gusto! ¡Adelante! Tome asiento;--a las otras les hago
+decir con mi sirviente que no estoy.
+
+--¿Y qué haces cuando una de esas que llamas «personas-dolor» te
+sorprende y te agarra sin poder evitarlo?
+
+--¿A qué hora?
+
+--¿Cómo a qué hora?
+
+--Sí, pues; porque según la hora será el rumbo que tome; si es de día la
+llevo al club, a la Bolsa, a la casa de gobierno o a cualquier sitio que
+tenga salas de espera y puertas de escape; si es de noche, al teatro y
+en el primer entreacto ¡zas! me le escabullo.
+
+--Eso puede hacerse con las personas; pero no con los dolores morales.
+
+--¡Se hace lo mismo! Y aun es más fácil desprenderse de una pena que de
+ciertas personas profesionales de la impertinencia. ¿Ignoras acaso que
+el alcohol es un irresistible anestésico para todo dolor moral?
+
+--Sin duda; pero el remedio es peor que la enfermedad.
+
+--La tarea, pues, está en encontrar remedios que curen sin enfermar.
+
+--¿Cuáles serían?...
+
+--En tu caso ya te lo he dicho y repetido cien veces, y es necesario que
+aceptes el tratamiento que te receto: te vienes con Lorenzo y conmigo a
+la estancia del viejo; pasamos allá una temporada, cuanto más prolongada
+mejor. Comes buenos churrascos; andas a caballo; tomas aire puro y,
+contagiado por mí, acabarás por reírte de todo ese mundo de cosas
+deleznables y subalternas que actualmente te tienen envuelto en
+nieblas... ¡Contra las nieblas: sol, sol y mucho sol! y después vendrá
+sola, vibrante, sonora, la risa, la sana, la enérgica, la invencible, la
+fecunda, la suprema demostración de que no somos tan... animales...
+¡Ríete!... ¡no seas pavo!... ¡¡Ríete!!... ¡Como yo!... ¡Así...!
+
+--Es que oyéndote a ti acaba uno por ver todo color de rosa.
+
+--¡Como tú quieras! ¿pero irás con nosotros, eh?... Ya ves que Lorenzo
+ha resuelto acceder a mi pedido... y tú no puedes desairarme... por otra
+parte, la partida depende de ti y... ¡sin ti no me voy!... e impedirás
+que el pobre Lorenzo se cure también de sus males que son más o menos
+los tuyos...
+
+--¿Y qué precisión hay en que yo les acompañe?
+
+--La de curarte y, sobre todo, ¡caramba! ya basta de explicaciones: ¿vas
+o no? A esto he venido... por última vez...
+
+--Bueno, ¡iré!
+
+--¡Bravo!... ¡Venga un abrazo!... ¡Ya ha empezado tu mejoría!
+
+--Mi mejoría... Tú eres muy bueno, Melchor.
+
+--¡Ah!... ¡Soy una monada!...--contestó éste riendo de nuevo como lo
+había hecho durante todo el diálogo sostenido con su amigo de la
+infancia Ricardo Merrick, cuyo estado moral combatía desde algunos
+meses, como combatía también el de otro amigo, Lorenzo Fraga, con quien
+conservaba desde la escuela un hondo afecto, realmente fraternal.
+
+Ganada la batalla con Ricardo y convenida definitivamente la partida
+para el campo, se dirigió a casa de Lorenzo a darle la buena noticia, y
+luego a la suya, a la que ansiaba llegar pronto para darla también, como
+lo hizo, en un verdadero estallido de su inconmensurable altruismo.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+--Ya no eres un niño, Melchor--le dijo su madre,--y debes saber lo que
+haces; pero yo creo que extremas un poco las obligaciones de tu amistad
+para con Lorenzo y Ricardo.
+
+--¡Pero, mamá! ¡Gran cosa!
+
+--Pues es nada, hijo: dejas tus ocupaciones por un tiempo que tú mismo
+no sabes cuánto será; dejas a tu novia y nos dejas a nosotros por irte a
+cuidar a dos amigos.
+
+--Están enfermos, mamá, y yo creo que puedo curarlos.
+
+--¿De cuándo acá eres médico?
+
+--El mal de ellos no lo cura un médico, sino un amigo.
+
+--Pues deja que los cure otro; ¿por qué razón has de ser tú?
+
+--Ellos no tienen ningún amigo como yo; así como yo no tengo ningún
+amigo como ellos, mamá.
+
+--Todo eso está muy bueno; pero ¿qué quieres? yo no me resigno a que te
+vayas así y a que cargues con esa responsabilidad.
+
+--¿Que me vaya cómo?
+
+--Pero dime, Melchor, ¿cuánto tiempo vas a faltar de aquí?--dijo la
+señora quitándose los anteojos con que cosía.
+
+--Dos o tres meses.
+
+--¡Qué! Eso no lo sabes y aunque así fuera, tú también tienes
+obligaciones a que «antes» no habrías faltado.
+
+--¡Si no voy a faltar! Mira: en la oficina me dan licencia,
+reemplazándome el subjefe, un excelente compañero, mientras dure mi
+ausencia.
+
+--¿Y el sueldo?
+
+--¡Es claro que lo cobrará él!
+
+--¿De modo que tú no figurarás para nada?
+
+--Figuraré con licencia; y Clota... también me ha dado licencia--agregó
+Melchor, riendo y abrazando cariñosamente a su madre.
+
+--Pero yo no te la he dado todavía--replicó ella, mientras le miraba con
+una de esas miradas con que sólo una madre sabe decir: ¡bendito seas!
+
+--¿Y serías capaz de negármela, cuando voy a realizar una obra buena?
+
+--Yo no puedo darte ni negarte licencia--dijo la señora cambiando el
+tono de su voz;--tú tienes veintiocho años.
+
+--¡Todavía no!--interrumpió Melchor;--los cumplo en febrero--y
+agregó:--¡qué afán de echarme edad!
+
+--¿Y tu padre, qué dice a todo esto?
+
+--¿Él? ¡él es el primero en alentarme!
+
+--¡Hum!--moduló la señora, agregando, como en un suspiro, al ponerse de
+nuevo los anteojos:--¡En fin!...
+
+--Mira, mamita: déjate de «en fines», ¿eh? ¡No falta más sino que
+reniegues de tu propia obra!
+
+--¿Qué obra?
+
+--¡Haberme hecho como soy!
+
+--Sí... mucho...
+
+--¡Pues es claro! ¿Vas a negarme que soy tu vivo retrato?...
+¡Mírame!--dijo Melchor irguiéndose en cómica actitud, y agregó:--bueno,
+ahora hay que preparar todo.
+
+--¡Melchor!... ¡Melchor!... ¡Melchor!...--entró gritando desaforadamente
+su hermanita menor:--¡Te han traído un baúl lindísimo y nuevo!
+
+--Que lo pongan en mi cuarto, nena.
+
+--¡Y qué lindo es! ¡qué nuevo!--repetía la nena hondamente impresionada
+ante el flamante baúl, que fue puesto en el cuarto de Melchor, y
+contemplado escrupulosamente por toda la familia.
+
+Cuando Melchor quedó solo, abrió el baúl para empezar la tarea de
+preparar su viaje, aproximó una silla y sentado en ella quedó
+contemplando la luciente caja vacía.
+
+--¡Un baúl!--se decía Melchor,--¡un baúl es lo más parecido a una
+persona!... ¡Pero si es cierto!... No hay nada tan parecido a los
+hombres como los baúles... Un baúl nuevo como éste es igual, igualito a
+un recién nacido... ¿Qué se le va a poner adentro...? ¡Psh!... ¡tantas
+cosas...! A éste le toca recibir ropa limpia ahora; pero cuando vuelva,
+¿cómo vendrá esta ropa?... ¿habré usado toda?... ¿volverá sucia?...
+¿traerá toda?... ¿traerá menos?... ¿se le agregará ropa ajena?... acaso
+sucia... quizá limpia... ¡quién sabe!... ¡Pero cómo se parece un baúl a
+una persona!... Por lo pronto éste es igual a mí: le cabe en suerte
+recibir ropa limpia... algunos libros de ideas sanas y servir para un
+viaje proyectado con la mejor intención...
+
+«Lo mismo que mis padres hicieron conmigo: me llenaron de cosas
+limpias... me pusieron dentro ideas sanas y generosas... ¡me pusieron lo
+único que tienen!... y me prepararon para un viaje de buenas
+intenciones...
+
+»¡Y qué diablos! Voy cumpliéndolas... ¡es la verdad!... en el fondo de
+este baúl que se llama Melchor Astul... en el fondo, es decir, en la
+conciencia, no guardo ningún agravio... ninguna ofensa... ningún
+remordimiento... he hecho todo el bien que he podido... y sigo
+haciéndolo... he pasado por tonto muchas veces; pero no he sentido
+envidia por quienes me consideraron así... y ahora mismo sigo mi viaje
+de buenas intenciones... y lo seguiré hasta el fin... ¡hasta que el baúl
+se rompa!... o hasta que se acabe todo lo que tiene adentro... o lo
+roben los hombres... ¡o lo ensucie el uso!...
+
+»...O lo ensucie el uso... ¡las cosas que dice uno de repente!... O lo
+roben los hombres... O... lo... ensucie... el... uso...»
+
+* * *
+
+Buenos Aires inicia su despertar con roncos e incoherentes movimientos
+de dormido.
+
+Hacia el oriente la vaga y tenue coloración auroral frente a la que las
+sombras de la noche huyen como arreadas por las guías curvas de una
+amarillenta luna en su último menguante.
+
+Los faroleros realizan a la carrera una tarea de resultados extraños,
+pues al apagar la luz de los faroles entregan el campo a la más franca
+irradiación de la indecisa luz con que el día se anuncia.
+
+Entre ella se destacan, como orugas luminosas, los primeros tranvías
+conductores de semidespiertos obreros que se dirigen a sus tareas y a
+intervalos se oye el seco trac-trac de los pequeños carritos que, al
+salir del conventillo, caen del umbral a la acera y de ésta a la calle,
+conducidos por el ambulante vendedor de verduras, que se dirige veloz
+hacia el mercado de Abasto en busca de la enormemente copiosa provisión
+de hortalizas con que hace un nutrido «agosto» en el breve espacio de
+cada mañana.
+
+La claridad avanza, hundiéndose en la sombra a lo largo de las calles y
+haciendo surgir la silueta de los vigilantes escalonados en la calzada,
+mientras los noctámbulos pasan como espectros, bajo esa luz cuyos tintes
+blanquecinos aumenta la lividez de sus rostros trasnochados.
+
+Como la más limpia nota de la aurora repiquetean campanas cuyo ritmo, de
+lenta isocronía, parece bajar de planos más altos aún que los altos
+campanarios, mientras--como surgiendo de entre las apretadas piezas del
+entarugado--pasan veloces los carros que llevan a domicilio «el pan
+nuestro de cada día»...
+
+Pausados, desfilan, entre el crepitar eclosionante de la madrugada, los
+«nocheros» de plaza, cuyos jamelgos balancean la cabeza en oscilaciones
+que parecen exteriorizar ideas de infinitas y melancólicas nostalgias.
+
+De todo rumbo surge el vibrante grito de los vendedores de diarios que
+pululan llenando las calles--como esas bandadas de avecillas que en el
+bosque cantan cuando el día llega,--y es de admirar el contraste que
+ofrecen esos pilluelos diligentes y honrados, que a pulmón lleno
+proclaman su luminosa mercancía, pasando rápidos y sonoros por el lado
+del «repartidor de diarios» que, silencioso y grave, va echando por
+entre buzones, celosías y rendijas la doblada hoja impresa que aquéllos
+pregonan a gritos.
+
+Las puertas de calle se abren pesadamente, dando paso a esa emanación
+peculiar que bien pudiera llamarse el regüeldo matinal de las casas,
+mientras la sirvienta que abrió la puerta, se alisa el despeinado
+cabello, como temerosa de que la sorprenda el lechero, el vigilante, el
+repartidor de pan o el mucamo de enfrente...
+
+Desde cualquier sitio en que se mire a la distancia, vese la atmósfera
+de la ciudad densa y cargada, y sólo el punto en que el observador se
+coloca parece limpio y diáfano, ofreciéndose en el explicable fenómeno
+de sobresaturación atmosférica el más vivo remedo del que los más
+padecen al considerarse a sí mismos en el centro de la verdad luminosa,
+mientras ven o creen ver a los demás obnubilados por las sombras del
+desacierto.
+
+Ilusión de óptica en los dos casos, en que el vaho de la noche o del
+error nos envuelve...
+
+El sonrosado de la aurora se diluye gradualmente en la celeste
+diafanidad cenital, como si aquella coloración rojiza del primer
+instante hubiera sido absorbida por el mismo sol, de tal modo a su paso
+el rojo de su propia irradiación se desvanece y el contorno de la
+inextinguible hoguera se destaca nítido en la eucarística limpidez del
+cielo.
+
+Es la hora de las grandes honestidades...
+
+El que pasa la noche bajo las supremas angustias del juego--ése, para
+quien la acción y el fin de la vida están en las astucias del tapete y
+en sus éxitos repugnantes,--se alza bravamente ante los distinguidos
+tahures o «clubmen» que le rodean y palpitante de emoción o de angustia,
+proclama:
+
+--¡Caballeros! ¡No juego más; ya es de día!
+
+Más allá, alguien--acaso en ausencia del que abandona la carpeta,--ha
+dicho también temblorosamente y en voz sibilante, como el vago chirrido
+de un puñal que sale de la herida:
+
+--Bueno, basta; ya viene el día...
+
+Mientras tanto, el jornalero, el honesto jornalero de brazo nervudo y de
+tórax fuerte y levantado como su conciencia, sale para el trabajo,
+dejando en su modesto hogar a la compañera en la sencilla labor de cada
+día, y, en el divino sueño de la infancia sana, los hijos de la salud y
+el amor.
+
+Y mientras el gran vaho nocturnal se disipaba en aquella mañana de
+enero, pudo oírse, a lo largo de las calles, el repiqueteo del cascabel
+y el firme trotar de la soberbia yunta de zainos que arrastran la
+victoria de Lorenzo Fraga, en el inusitado madrugón de aquel día.
+
+La victoria se detiene en la modesta casa de Melchor Astul, que desde
+horas antes se apercibe para el viaje proyectado, tarea en la cual han
+intervenido madre y hermanas, disputándose el éxito en los refinamientos
+de la previsión, pues en los últimos detalles de un trajín semejante es
+cuando se corre el riesgo de olvidar lo fundamental: el cepillo de
+dientes; las zapatillas; el sobretodo por si refresca; el abotonador; la
+pasta dentífrica; el betún, etc., etc.
+
+Nada se ha omitido, y sólo queda para mandar por encomienda el frac de
+Melchor, que no cupo en el baúl y que «es bueno tener a la mano--según
+lo aconsejó burlescamente su hermana mayor,--por si se daba algún baile
+en el pueblo».
+
+--Bueno: ¡otro adiós! adiós, mamá; adiós, muchachas; díganle a tata que
+no me despido otra vez por no despertarlo, y escriban, ¡eh! y no se
+olviden del frac--y luego, dirigiéndose al cochero:--vamos a casa de
+Merrick, ¿sabes? en la avenida.
+
+--El señor Ricardo está ya en casa; yo fui a buscarlo.
+
+--¡Ah! entonces vamos allá.
+
+Los zainos batieron con sus cascos como el redoble de una diana al
+romper la marcha, que se hizo en seguida uniforme y firme, cual si la
+regulase el repiquetear del cascabel colgante en la punta niquelada de
+la lanza; pero a poco andar la victoria se detuvo por orden de Melchor,
+que con un pie en el estribo y medio cuerpo afuera llamó a un vendedor
+de diarios que descendía de un tranvía:
+
+--Dame _Nación_ y _Prensa_...
+
+--...No tengo cobre...
+
+--Déjalos, no más. ¡Vamos!
+
+Y la victoria continuó su marcha con Melchor, que acababa de iniciarse
+en el día como de costumbre: con un acto de relativa previsión y otro de
+generosidad.
+
+Cuando el carruaje llegó a casa de Lorenzo, éste y Merrick esperaban en
+la puerta de calle.
+
+--Estábamos haciendo votos por la prolongación de tu tardanza.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque así podríamos perder el tren y desistir de este viaje, para
+nosotros estéril y para ti penoso.
+
+--¡No sean pavos! Subo a saludar a la familia y despedirme, Lorenzo;
+bajo en seguida.
+
+--Están en el balcón; nosotros ya nos despedimos.
+
+--Ya las he visto--dijo Melchor, mientras subía «de a cuatro» la amplia
+escalera, al terminar la cual fue recibido por la familia de Lorenzo que
+en coro le hizo una de esas recepciones íntimas en que el deseo de reír
+y de llorar se mezclan.
+
+La madre de Lorenzo, que se hallaba recostada en la puerta de la sala
+que daba acceso al vestíbulo, interrumpió los saludos dirigidos a
+Melchor diciéndole:
+
+--Venga para acá... venga el santo... el bueno...
+
+--¡Señora!--exclamó Melchor dirigiéndose hacia ella, que lo recibió con
+los brazos abiertos exclamando:
+
+--Un abrazo... así... fuerte... ¡muy fuerte!--y rompió a llorar.
+
+Las hermanas de Lorenzo llevaron los pañuelos a los ojos y en medio de
+un silencio de sollozos el padre de aquél se dirigió pausadamente hacia
+el escritorio en el que penetró despacio...
+
+--¡Sólo usted... sólo usted es capaz de este sacrificio!
+
+--Qué sacrificio, señora, si Lorenzo es para mí un hermano.
+
+--Y usted es para mí un hijo desde hoy.
+
+--Bueno, señora; es decir: bueno, «mamita», dejémonos de llantos para
+los que no hay motivo y ya verán ustedes cómo dentro de poco vuelve
+Lorenzo hecho unas pascuas--dijo Melchor sonriendo al dominar la
+intensa, la profunda emoción que sentía.
+
+--¡Dios lo oiga!
+
+--¡Y me oirá! ¡si yo estoy con Dios... así!...--repuso sonriendo al
+cerrar la mano con un enérgico gesto, y agregó:
+
+--¡Bueno, adiós! que tenemos los minutos contados; adiós... «mamita»,
+adiós, Sofía; adiós, Carmencita; ¡hasta pronto, señor!--dirigiéndose al
+viejo Fraga que salía del escritorio guardando el pañuelo entre el
+chaleco y su cuerpo, acaso porque no encontraba el bolsillo de su
+saco...
+
+--¡Adiós, amigo, adiós! ¿y ya sabe, eh? cualquier cosa...
+
+--Sí, señor; pero no habrá necesidad de nada, ¡si llevamos provisiones
+para cien años!--repuso Melchor con su jovialidad habitual.
+
+Y bajó la escalera, enviando todavía un ¡adiós! a todos, entre los que
+dejaba una vez más el alivio moral que su carácter generoso y bueno
+derramaba en los espíritus atribulados o enfermos.
+
+--¡Caramba, con tu despedida!
+
+--La señora me detuvo; pero estamos en tiempo, ¡vamos!
+
+--Al Once, ché--dijo Lorenzo al cochero y el carruaje partió.
+
+--Vamos a tener un viaje espléndido... sin tierra... fresco...--decía
+Melchor,--¡ya verán qué maravilla de vida vamos a pasar!... y ¿qué tal?
+Ricardo, ¿qué dices?
+
+--¿Yo?... ¡nada! ¿qué quieres que diga?
+
+--¡Quiero que hables! ¿oyes? que te dispongas a revivir y que no olvides
+lo que te decía anoche tu madre.
+
+--¡Mi madre!...
+
+--Sí, tu madre, ¿pues qué?
+
+--Mi madre ha sido feliz toda su vida.
+
+--¿Y tú, no?... ¡Qué rico tipo!... Mira, así--y reunía en un haz las
+yemas de sus dedos,--así, ¿ves?... así hay consuelos para cada dolor.
+
+--Es posible.
+
+--No; es exacto y sólo un niño, y un niño pavo, llora porque no le dan
+un juguete.
+
+--¡Un juguete!...
+
+--¿Y a qué hora llegamos a Trenque Lauquen?--interrumpió Lorenzo.
+
+--A las cinco; pero tenemos que pasar allí la noche para salir mañana a
+la madrugada, bien temprano, camino de la «Celia».
+
+--¿Y a la estancia?--insistió Lorenzo.
+
+--Si los caminos están buenos, de 5 a 6 de la tarde.
+
+--¡Todo el día en coche! ¡Qué horror!
+
+--No; se hace una parada para almorzar y... sestear en la posta del
+«Paso»... ¿Qué te parece, Ricardo, una siesta en pleno campo?
+
+--¿El qué?...
+
+--¡El qué!... ¿Estás dormido?
+
+--Estaba distraído.
+
+--Bueno, ya llegamos; ahora en el tren te repetiré el caso.
+
+En la estación les esperaba el sirviente de la familia de Fraga, Rufino
+Mejía, uno de esos tipos criollos, sanos de cuerpo y de alma, que tenía
+en la casa sueldo de gran sirviente y prerrogativas de patrón, bien
+merecido todo en quince años de leales servicios, durante los cuales no
+había podido convencerse de que Lorenzo los había vivido también.
+
+--Los equipajes ya están cargados, niño; pero, ¿sabe?... el baúl grande
+no puede ir en este tren; pero va más tarde.
+
+--¿Por qué?
+
+--No sé qué me dijo el jefe, de que no hay furgón de encomiendas, porque
+dice que es rápido de pasajeros. Traiga la valijita.
+
+--Toma, ¿y dónde está Melchor que no lo veo?
+
+--Ahí viene con D. Ricardo.
+
+Por entre la multitud de pasajeros, empleados y changadores que llenaban
+el andén, apareció Melchor acompañando a Ricardo.
+
+--¿En qué andan?
+
+--Este, que quería comprar _La Nación_ y _La Prensa_, a pesar de que yo
+los llevo.
+
+--Y yo también.
+
+--No importa--replicó Ricardo;--yo no puedo pasarme sin los diarios.
+
+--¡Pero si los teníamos!
+
+--Bueno, déjalo--dijo Melchor, en tono de broma,--cada loco con su
+tema... y ya no faltan más que cinco minutos... ¿cargaron todo?
+
+--Todo, sí, señor--contestó Rufino.
+
+--Ché, ¿y las boletas?
+
+--Aquí están, niño.
+
+--¡Bueno, andando!--dijo Melchor.
+
+El grupo se dirigió al sitio que tenían tomado en el tren y que Rufino
+había arreglado y elegido convenientemente al lado del coche-restaurant.
+
+--Este asiento para ti, Ricardo, y éste para ti, Lorenzo; así van a ir
+más cómodos.
+
+--¿Y tú?
+
+--Yo... ¡aquí!--dijo Melchor dejándose caer en el asiento, con
+estrepitosa satisfacción.
+
+--¿No te molesta ir dando la espalda a la máquina?
+
+--No; y así les veo a ustedes las caras y aprecio la impresión que el
+viaje les hará.
+
+Sonó en ese instante la campana de partida; se oyó en toda dirección
+despedidas en voz alta; la máquina contestó: ¡lista! con su ronco
+silbato y en seguida resoplaron los cilindros y las bielas iniciaron el
+movimiento propulsor de las ruedas y el tren, pesado y largo, empezó su
+suave deslizamiento...
+
+--¡Adiós, adiós, Rufino!--exclamaron los viajeros asomados a las
+ventanillas del coche.
+
+--¡Adiós! Adiós, don Ricardo, adiós, don Melchor, adiós, niño y cuídese
+¡eh! y a ver si vuelve sano y contento.
+
+--¡Sí, Rufino, adiós!... ¡Que escriban!
+
+* * *
+
+En aquella actitud quedaron los viajeros en observación del panorama,
+que se desarrollaba ante ellos a favor de la marcha acelerada del tren,
+que a instantes parecía avanzar a saltos felinos y sinuosos.
+
+Melchor espiaba complacido a sus compañeros de viaje y viéndoles
+distraídos en la contemplación del paisaje, habría continuado en la
+misma postura, durante las diez horas del viaje que realizaba por ellos
+y sólo por ellos.
+
+Su noble espíritu altruista, su grande alma generosa y buena, su corazón
+limpio y sano--todo, ¡todo! su ser moral estaba empeñado en la obra de
+reconfortar, de encauzar, de nuevo, a sus dos amigos moralmente
+enfermos, y estimulado por la fe en sus propias energías abandonaba todo
+cuanto podía halagar a cualquier hombre de su edad y en sus ambiciones
+lícitas, con el ideal de regresar a Buenos Aires trayendo a Ricardo
+Merrick y a Lorenzo Fraga, convertidos, de la melancolía neurasténica,
+de la desilusión pasional y del escepticismo abrumador, a la jovialidad
+confortativa, a la complacencia de «ser», a la suprema satisfacción de
+vivir bajo la enérgica propulsión de una intensa salud físico-moral.
+
+--¡Ah!--pensaba Melchor, contemplando furtivamente a sus dos
+amigos.--¿Qué dirán en casa de Lorenzo y en casa de Ricardo, cuando
+vuelva con ellos, como van a volver, curados de tristezas y de
+pavadas?...
+
+En ese instante Lorenzo se retiró de la ventanilla y se acomodó en su
+asiento; Ricardo hizo lo propio, y Melchor continuó un momento
+esperando, deliberadamente, que ellos solos iniciaran alguna
+conversación, como lo hizo Lorenzo, diciendo:
+
+--Linda mañana, ¿eh?
+
+--¡Hola!--exclamó Melchor, sentándose a su vez y restregándose
+efusivamente las manos.--¿Conque ya encontramos algo lindo?
+
+--¿Y qué quieres?... ¿Quieres que encontremos fea o desapacible a esta
+espléndida mañana?
+
+--¡Bravo! ¡Progresamos! Conque espléndida, ¿eh? ¿No te decía yo que al
+empezar este paseíto iniciaríamos la mejoría?
+
+--¡Déjate de tonteras!--interrumpió Ricardo,--pues nos vas a poner en el
+caso de no poder hablar.
+
+--No... si no son tonteras... Ustedes son dos enfermos; yo soy el
+«médico», y es justo que haga clínica, apreciando en todo su valor hasta
+el síntoma menos importante para otro ojo menos experto.
+
+--¡Y en vez de clínica, haces tonteras... insisto!
+
+--Gracias por la amabilidad.
+
+--¿Vas a resentirte?
+
+--¡Qué esperanza! Nada más agradable que verse tratado así por un
+amigo...
+
+--Que precisamente por serlo desde la infancia está autorizado...
+
+--¿A pegar?...
+
+--Yo no te pego; te hago una observación amistosa.
+
+--Sí; a ti te pasa lo que a esos chicos a quienes se les ha dicho que no
+deben señalar con el índice y señalan con el anular o con el meñique;
+pero señalan con el dedo...
+
+--¡Boooletos!--gritó el jefe de tren, con innecesaria voz de trueno,
+cual si su autoridad se fundara acaso en eso, como la de los
+discutidores empedernidos que gritan demasiado, porque ignoran que no se
+gana la razón por la altura de la voz sino por la del concepto, como
+ignoraba aquél que para obtener las boletas pedidas le bastaba la gorra
+y el sacabocados.
+
+--Me ha dejado aturdido el grito del guarda--dijo Lorenzo, por romper el
+silencio que siguió a la discusión que provocó Ricardo.
+
+--¡Realmente! ¡Qué pulmones!--repuso Melchor, agregando:--¡Cómo se
+conoce que ese hombre vive viajando!
+
+--¿Y quién te dice que no vive en Buenos Aires?--replicó Ricardo.
+
+--¡Sus pulmones, el timbre de su voz y el color de su cara!
+
+--Esas son preocupaciones, de que muchos participan; pero yo veo que
+todo el mundo vive sano y fuerte en la capital.
+
+--¡Sin duda! ¡Si Buenos Aires es una de las ciudades más sanas del
+mundo!; pero cómo vas a comparar la vida en ella y aquí no más;
+fíjate... mira qué maravillas de quintas.
+
+--Sí; muy lindas...
+
+--¡Y qué ambiente!... ¡Qué diafanidad!... ¡Ya por aquí sólo se toma olor
+a flores, a yuyos, a campo, a naturaleza!
+
+--¿No se toma olor a ciudad? ¿Qué raro, eh?...--dijo riendo amablemente
+Ricardo.
+
+--¡Eso es! No se toma olor a ciudad; es decir, olor a bodegones, a
+cloacas, a hoteles, a multitudes.
+
+--¡A multitudes!... pero ¡qué buena observación! ¿Conque no hay
+multitudes en despoblado?
+
+--Te digo multitudes, empleando una metonimia.
+
+--Una... ¿qué?
+
+--Una metonimia, de causa por efecto; y así te dije olor a multitudes
+por no decirte olor a sudor.
+
+--¡Qué porquería!
+
+--¡Eso es! Olor a porquería; tal es, precisamente, el olor a ciudad.
+
+--Pero, ¡qué encono con la ciudad!--dijo Lorenzo, que parecía absorbido
+en la contemplación del paisaje, renovado caleidoscópicamente a favor de
+la marcha acelerada del tren.
+
+--No hay tal; es justicia al campo.
+
+--«Substituyendo cantidades iguales, Braulio eres», como en el cuento de
+Larra.
+
+--No; de ninguna manera; mi entusiasmo por la vida del campo no importa
+una condenación a la vida en las grandes ciudades.
+
+--Pero prefieres la primera.
+
+--¡Con toda mi alma!
+
+--Luego no te gusta vivir en Buenos Aires.
+
+--Que no me gusta...--replicó Melchor, subrayando las palabras,--tanto
+como eso... a mí me gusta Buenos Aires como el mar, al que se parece.
+
+--¿Que Buenos Aires se parece al mar?
+
+--¡Ya lo creo! Como el mar es inmenso, como el mar tiene tempestades,
+borrascas, abismos y movimientos arrolladores y hasta en sus grandes
+calmas se parece.
+
+--¿Y por eso no te gusta?
+
+--Me gusta como el mar: para bañarme; pero no para quedarme en él; me
+gusta Buenos Aires para pasar breves temporadas; ¡pero me sofoca la vida
+entre más de un millón de personas que se agitan, hablan, se mueven,
+atropellan, contagian, pegan, muerden!
+
+--¡¡Luján!!--gritó en el andén la misma formidable voz de los
+«booletos».
+
+--¿Tendremos tiempo de bajar?--preguntó Lorenzo.
+
+--Algunos minutos--repuso Melchor;--bajemos.
+
+--¡Cuánta gente baja aquí!--dijo Ricardo al pisar el andén.
+
+--Son peregrinos en su mayor parte, devotos de la Virgen de Luján.
+
+--¡Pero cuántos! Fíjate... ¡Siguen bajando!
+
+--Esto es muy frecuente; vienen no sólo de Buenos Aires, sino hasta del
+exterior.
+
+--¡Qué cosa bárbara!--exclamó Ricardo, agregando:--¿Y todos éstos
+creerán?
+
+--Si no creyeran--le contestó Melchor,--no vendrían a traer sus ofrendas
+y sus preces.
+
+--Eso... no...--replicó Ricardo, como distraídamente.--¿Vamos a ver?
+
+--¿A ver qué?
+
+--A ver qué hacen... cómo se forman... adónde van...
+
+--No hacen nada; no se forman, porque no vienen regimentados, y van,
+probablemente, a la basílica, cada uno por su cuenta o en grupos.
+
+--¿Van caminando?...
+
+--¿Y cómo quieres que vayan?
+
+--Yo creía que irían hincados--dijo burlonamente Ricardo.
+
+--Quizá no falten quienes vayan así, por alguna promesa o por fanatismo.
+
+--Subamos, ché, que va a ser la hora.
+
+De nuevo en sus asientos, Ricardo reanudó el tema, diciendo:
+
+--Deben ser felices los que creen, ¿eh?
+
+--Si la felicidad está en creer--repuso Melchor,--todos deben ser
+felices.
+
+--Todos los que creen.
+
+--¿Y tú crees que haya excepciones?
+
+--¡Cómo no ha de haberlas! y de primera fuerza: pregúntaselo a Voltaire.
+
+--¿A Voltaire? ¡Qué mal ejemplo has presentado!...
+
+¿Por qué?--repuso Ricardo, turbado visiblemente, pero dando a su voz una
+inflexión destinada a disimular la contrariedad de haber citado por
+oídas, ya que nunca había leído ni una línea del famoso escritor
+francés.
+
+--Porque cuando Voltaire tuvo viruelas llamó al confesor.
+
+--No lo recuerdo...
+
+--Sí; lo llamó, y no debía ser tan descreído cuando ante la idea de
+morir quiso ponerse bien con Dios.
+
+--¿Es cierto eso, Melchor?--preguntó Lorenzo.
+
+--Rigurosamente cierto: Voltaire hizo lo que todos; lo que aquel
+filósofo positivista que al terminar una conferencia negando la
+existencia del alma, anunció la próxima, diciendo a su auditorio: «el
+sábado, si Dios quiere, demostraré que no hay Dios».
+
+--Por lo visto, eres todo un creyente--dijo Ricardo.
+
+--Yo sí, ché; ¿para qué negarlo?
+
+--Desde luego; creer y negar que se cree, debe ser cuando menos
+fatigoso...
+
+--¡Y es... tan común!
+
+--¿Lo dices por mí?
+
+--¡Hombre!... tú me has dicho recién cosas peores.
+
+--Que has querido considerarlas así y tomar ahora una revancha
+sangrienta.
+
+--¡Sangrienta!...
+
+--Pues es nada: me dices mentiroso, hipócrita... casi apóstata.
+
+--¡Apóstata!... ¡qué gracioso!
+
+--Advierte que el ateísmo y el panteísmo se dan la mano y que si me
+supones renegando de «mi» religión, me colocas en plena apostasía.
+
+--¡Es ir lejos!
+
+--Tú me llevas...
+
+--¡Qué he de llevarte!... ¡Acaso explicablemente no he hablado nunca de
+religión contigo y al tocar incidentalmente el tema he creído ver
+confirmadas las mismas sospechas que me retrajeron antes, si alguna vez
+pensé hablarte de estas cosas.
+
+--¿Puedo saber de qué índole son esas «sospechas», señor médico?...
+
+--¡Qué tema tan aburrido!--interrumpió Lorenzo.
+
+--¿Aburrido?... ¿por parte de quién? ¿de Ricardo?... ¿o de mí?
+
+--No he dicho que ustedes hagan aburrido el tema, sino que lo es en sí
+mismo.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque hablarán todo el día y todo el mes sin arribar a nada.
+
+--¡Quién sabe!...
+
+--Sí, ché... Lorenzo tiene razón; entre un materialista y un
+espiritualista como tú...
+
+--O como tú...
+
+--¿Cómo yo?
+
+--¡Como tú y como todos! Yo sé que «viste mucho» eso de darse a
+filosofías spencerianas y diferir con los pobres de espíritu que creemos
+en Dios y sostener que descendemos del mono--aunque no sepamos de dónde
+desciende el mono,--y aunque se acabe por llamar al confesor en cuanto
+aparecen viruelas.
+
+--Será así; yo me quedo con mis ideas evolucionistas.
+
+--¡Pero tu evolucionismo necesita un punto de partida, una base de
+evolución, un átomo de vida!
+
+--Perfectamente.
+
+--¡Y bien: ahí, ahí está Dios!
+
+--¿Tan chiquito es Dios?
+
+--Tan chiquito para caber en el átomo como grande para llenar el
+Universo.
+
+--¿También está en todo el Universo?
+
+--¡Bah! Contigo no se puede discutir esto porque haces broma, como
+socorrido recurso de impotencia, desde que en lo íntimo tú eres tan
+creyente y tan cristiano como yo.
+
+--¡Qué voy a ser!
+
+--¡Eres! y eres porque es tu madre, en cuyo seno has bebido estas ideas
+y en cuyo hogar se cree en Dios y se observan los principios de la moral
+cristiana que tú mismo practicas a cada rato.
+
+--Eso es cuestión de educación.
+
+--Sí, en cuanto a la moral que observamos; pero ello nada tiene que ver
+con nuestros sentimientos religiosos.
+
+--Que yo no tengo.
+
+--Mira: no hay, no ha habido ni habrá jamás un ser humano que no sienta
+a Dios en su conciencia y en su pensamiento, mientras tenga una y otro.
+No hago cuestión de nombre; Dios; el sol; el buey Apis; la cabra de
+Méndez; el budhismo; el mahometismo; el cristianismo; el animismo, etc.,
+todo eso representa a un mismo sentimiento, porque responde a una misma
+impresión, y si nos es dado elegir, ¿cuál de todas las religiones del
+mundo nos ofrece una moral más sana, más fecunda, más generosa que
+nuestra moral cristiana en la fe de Dios?
+
+Lorenzo escuchaba el diálogo de Melchor y Ricardo mientras observaba el
+campo con la cabeza apoyada en la mano derecha, y al escuchar las
+últimas palabras de Melchor se volvió hacia éste, diciéndole:
+
+--¡Pareces un apóstol en pleno paganismo!
+
+--Bien puede haber de las dos cosas--replicó Melchor,--y más que fecundo
+me resultaría este viaje si él me hubiera de servir para convertir a
+ustedes.
+
+--¡Qué empeño!...
+
+--Muy explicable, por todo concepto; porque, ante todo, de algo hemos de
+hablar para entretener el viaje, y en vez de discutir sobre modas, el
+tema religioso puede darnos base para que ustedes tengan algo de lo que
+les falta.
+
+--Lo que a mí me falta no me lo dará la religión--dijo Ricardo.
+
+--Por lo pronto te ha dado tema para hablar con más vivacidad de la que
+te es habitual.
+
+--Lo mismo pasaría si habláramos de modas.
+
+--¡No, ché, Ricardo, por favor! No hablemos de modas por más que sea el
+tema predilecto de los hombres de... la actualidad.
+
+--Eso es cierto--dijo Lorenzo,--más de una vez lo he comprobado.
+
+--Yo lo he comprobado cuantas veces he visto reunidos media docena de
+caballeros y de damas.
+
+--No diré tanto; pero es frecuente...
+
+--¡Es fatal! en las reuniones de hoy se juega o se habla tonteras; yo no
+me he encontrado en ninguna reunión en que no se haga una de estas dos
+imbecilidades.
+
+--Tú exageras demasiado, Melchor: hay sin duda en nuestro ambiente
+social mucha superficialidad, pero hay muchos estudiosos y no escasean
+los centros realmente intelectuales.
+
+--¡No los he visto!... Yo suelo visitar a nuestras relaciones--y tú las
+conoces, Lorenzo,--sin encontrar jamás, así: ¡jamás! nada que no sea un
+«poker armado» o una acalorada discusión, entre damas y caballeros,
+sobre el costo del sombrero de fulanita; ¡pero, hombre! sin ir más
+lejos: la otra noche fui a lo de Méndez, ¿sabes? a lo de misia Edelmira,
+porque era día de recibir. Estaba Pereyra con su mujer, el doctor Gener
+con la suya, el diputado Targe, el senador Ramírez con la señora--y ¡qué
+linda estaba!...--Eguina... las dos muchachas de Gori--¡dos
+bagres!...--y no me acuerdo quiénes más, ¡pues no se habló más que de
+sombreros y de yeguas!
+
+--¿De yeguas?...
+
+--¡De yeguas, ché! porque, según pude entender, la «Nona», que es la
+señora de «Pepito», había vendido a «Toto», que es el marido de la
+«Beba», una yegua del coche, en cuatrocientos pesos, que había invertido
+en comprar un «modelo».
+
+--¿Qué es lo que dices?
+
+--¡Lo que oyes, Lorenzo!, porque has de haber observado que hoy es moda
+en sociedad designar a las personas por el apodo o por el nombre, y no
+por el apellido, y menos por el título; y así es de mal gusto hablar del
+«doctor García» cuando se le puede designar por su nombre de pila:
+Claudio, o por el sobrenombre, lo que es más distinguido: el «Nene», por
+ejemplo.
+
+--¡Qué ridiculez!
+
+--¡Y cuando el «Nene» resulta un hombre del alto de esa puerta, y con
+varios nenes de verdad a la cola!
+
+--¿Y lo del modelo?
+
+--¿Pero cómo?... ¿Qué, no sabes, Lorenzo?... ¡Ah!... yo aquella noche
+aprendí eso y mucho más: un «modelo» es un sombrero de señora traído de
+París para hacer otros iguales; pero que jamás valen lo que aquél y
+según parece la «Nona» estaba loca por comprar uno que había visto; y
+como «Pepito» (¡Pepito es decano de la Facultad!) no le daba los
+cuatrocientos pesos que costaba, la «Nona» le vendió a «Toto», con
+permiso de la «Beba», una de las yeguas del coche.
+
+--¡Cuánto disparate!...
+
+--Pues esos disparates fueron el tema de conversación durante toda la
+reunión, siendo de advertir que los más eruditos mantenedores fueron
+los caballeros... y esto es lo común... tratar temas de esa clase... o
+jugar un «pocarcito»...
+
+--Ese juego se ha divulgado mucho realmente--dijo Lorenzo.
+
+--¡Y entre qué gente! Casi no hay casa donde no se jueguen partiditas
+familiares, ché... a cinco pesos la caja, no más; ¡pero... con cada
+«metejón»!...
+
+--¿Qué ciudad es esta a que vamos llegando?
+
+--¿Esto?... esto... es Mercedes--repuso Melchor,--aquí podremos bajar un
+momento para estirar las piernas.
+
+* * *
+
+--Y en serio, Melchor, ¿habrías ido en la máquina?
+
+--¡Ya lo creo!... No sólo porque en ella se goza de un espectáculo mil
+veces más hermoso que desde esta ventanilla, sino porque habría
+conversado con el maquinista, en grande.
+
+--¡Yo no me explico, che, Lorenzo, estos gustos de Melchor!... ¡estas
+excentricidades!... ¡Conversar con el maquinista!...
+
+--Asómbrate cuanto quieras; pero confiesa que sin motivo fundado.
+
+--¿Cómo sin motivo?... ¿De qué te puede servir semejante compañía?
+
+--Es claro que el maquinista no me informará sobre el estado de
+relaciones entre el Japón y los Estados Unidos, en las que, por otra
+parte, no me intereso, porque no me importa; pero a mí me complace mucho
+estar con los tipos que me son simpáticos y de todos los hombres de
+trabajo ninguno lo es tanto para mí como el maquinista de ferrocarril.
+
+--¡Puede ser!...
+
+--Sí, Ricardo, lo es. Tú, como muchos, no concibes que haya interés más
+que en tus iguales: para ti los del Jockey o los del Círculo... fuera de
+eso... nadie vale nada.
+
+--Por lo pronto, hace más de un año que no voy al club.
+
+--No irás, Ricardo, por cualquier razón; pero no por frecuentar a gente
+de otra clase.
+
+--¿Y qué? ¿Supones que deje de ir al Círculo por visitar a los señores
+maquinistas?...
+
+--No digo eso, pero aun asimismo... si fuéramos a compulsar enseñanzas
+acaso los maquinistas--¡y como ellos tantos otros!--no sacaran la peor
+parte...
+
+--¡No digas barbaridades!...
+
+--¡Si no las digo!... Las mejores enseñanzas que yo he recogido no las
+recibí frecuentando a esas personas de que hablamos hace un momento y
+que sólo tramitan chismografía social, sino de buenas gentes que ignoran
+todo eso, pero que viven la vida intensamente. En la estancia van a
+conocer ustedes a Baldomero, el capataz, un tipo genuinamente criollo,
+que ha tenido sus contrastes y sus desgracias, pero que es amable y
+jovial en todos los casos y que al preguntarle una vez: «¿Cómo le va,
+Baldomero?...» me contestó así: «Aquí vamos, don Melchor, tragando
+amargo y escupiendo dulce.»
+
+--¡Qué hermoso!--dijo Lorenzo.
+
+--¡Admirable! ché: fíjate bien en toda la filosofía de esa fórmula tan
+sencilla puesta en boca de un hombre de campo que en medio de sus
+contrariedades comprende que debe ser amable con quienes no tienen la
+culpa de ellas y lo expresa así: «¡tragando amargo y escupiendo dulce!»
+
+--Es en bruto el concepto de Víctor Hugo... ¿te acuerdas?... en la
+«Oración por todos»...--dijo Lorenzo,--cuando al hablarle de la madre
+dice a su hija; más o menos, no me acuerdo bien: «que haciendo dos
+porciones de la vida, bebió el acíbar y te dio la miel».
+
+--¡Eso es!... Con una diferencia para mí: que en un caso hay un verso
+de «Víctor Hugo»... y en el otro la expresión sincera de un hombre de
+corazón.
+
+--¿Y qué tiene que ver todo eso con los señores maquinistas?--dijo
+Ricardo burlescamente.
+
+--¡Que es frecuente encontrar en gente de baja condición social
+conceptos y formas que impresionan más que el mejor precepto editado por
+el más campanudo moralista!
+
+--También con una diferencia, Melchor.
+
+--¿Cuál?
+
+--Que esos tipos dan, si acaso, un buen consejo cada cien años, mientras
+que en un buen texto de moral encuentras cien preceptos por página.
+
+--La razón está en que esos tratadistas son acopiadores de máximas que
+reeditan modernizándolas, mientras que nadie se ocupa en coleccionar las
+que a millares circulan entre nuestra gente de pueblo.
+
+--¡A millares!...
+
+--Como suena, y si no, fíjate en la forma con que el maquinista que nos
+lleva contestó a mi saludo cuando le pregunté: «¿cómo le va, amigo?»...
+«Bien, por lo conforme»--me dijo.
+
+--¡No veo motivo para maravillarse por eso!
+
+--¡Cómo lo has de ver, Ricardo, si tú has demostrado mil veces que eres
+incapaz de conformarte con tu suerte y hasta has pensado en que tu vida
+debía concluir el día en que una tontuela casquivana te dijo que no le
+daba la gana de quererte. A eso conduce el desprecio por todo lo que no
+esté a la altura de nuestro nivel circunvecino; a eso conduce la fiel
+observancia de ideas que nos inculca la vanidad, la petulancia y el
+espejismo social, tras del que vamos como locos, fascinados por ideales
+quiméricos o absurdos, mientras la verdadera filosofía, la del pueblo,
+la del buen pueblo manso, trabajador y resignado, ¡es despreciada por su
+origen «bajo»! ¡ése es el resultado de los que prefieren el libro con
+lujosa encuademación!... por ahí se empieza o por ahí se acaba--lo que
+es peor,--porque suele marcar el último tramo de una verdadera
+perversión en las ideas que regulan nuestra manera de ser--y en
+oposición al criterio con que se le enseñó al maquinista a sentirse
+bien, «por lo conforme», se te ha taladrado los oídos con un grito ruin
+y perverso que me parece estar oyendo: «es necesario no conformarse con
+eso»: y así has vivido tú, y tú también, ¡y todos! torturándose en la
+estúpida ambición de ambiciones nuevas.
+
+--¿Y acaso tú no las tienes?
+
+--¡Si yo no creo que la fórmula definitiva de nuestra perfectibilidad
+consista en no tenerlas, sino en restringirlas sensatamente, hasta
+ponerlas dentro de los límites de nuestro destino o de nuestra
+capacidad, habituándonos a resignarse con esto! De lo contrario, surgen
+los delitos, y los más de los crímenes; de cada mil robos uno se hará
+por necesidad, los demás, ¡por ambiciones incontenibles!
+
+--¡Qué buena marcha llevamos!
+
+--Ya ves, Lorenzo, con esta velocidad vamos doscientos o trescientos
+pasajeros, más o menos acaudalados... felices... de alta posición
+social... de gran porvenir muchos... en manos del maquinista, que actúa
+bajo una sola y tenaz preocupación: velar por nuestra vida. Un
+movimiento de despecho, de envidia ruin--si cupiera en su alma fuerte y
+sana,--bastaría para concluir con todos nosotros.
+
+--¡Y con él!--interrumpió Ricardo.
+
+--A él le bastaría con bajarse y dejar a la máquina en libertad.
+Seguramente iríamos a darnos cuenta al otro mundo, si no se repetía el
+caso de un maquinista que en esta misma vía y sabiendo que se había
+escapado un tren de pasajeros, lo esperó subido al depósito de agua de
+la estación en que se encontraba, «con licencia», y al pasar el tren se
+arrojó al ténder, en el que por la violencia del choque se rompió las
+dos piernas y así, arrastrándose penosamente, llegó hasta la palanca de
+la máquina, paró al tren y salvó la vida de todos los pasajeros.
+
+--¡Lo haría pensando en la recompensa!--dijo Ricardo.
+
+--¡Vaya un elogio!... Lo hizo porque era maquinista de ferrocarril... ¡y
+nada más! Con ese criterio la acción más noble y generosa resulta
+despreciable y lo mismo podrías pensar de otro maquinista que, al entrar
+con un tren rápido entre las quintas de Flores, vio un pequeño bulto en
+la vía, que a la distancia le pareció un perro; pero cuando estuvo casi
+encima, a pocos metros, vio que era una criatura, y sin tiempo material
+para parar la máquina pasó en dos brincos hasta el miriñaque y al llegar
+a la niñita, la levantó en alto con una mano, salvándola de una muerte
+segura.
+
+--Ché, Lorenzo: ¿qué te parece la imaginación de Melchor?...
+
+--¡Imaginación!... En los archivos de esta empresa están los
+antecedentes de estos dos casos y de muchos análogos. Si dudas, anda a
+preguntar.
+
+--¡No me da tan fuerte!
+
+--Te lo aconsejo, porque dudas; no porque me importe que no creas, desde
+que es verdad.
+
+--¡Es cuando fastidia más no ser creído!
+
+--¡Estás equivocadísimo! El que se fastidia de que no le crean, es,
+generalmente, el que miente. El que dice la verdad no se encona con
+quien no le cree; cuando más, lo compadece...
+
+* * *
+
+--Por lo que se ve, Chivilcoy debe ser una de las ciudades más
+importantes de la provincia--dijo Ricardo.
+
+--Así es--contestó Lorenzo,--y ha prosperado extraordinariamente.
+
+--¿Qué población tiene?
+
+--Cerca de treinta mil habitantes.
+
+--¿Tanto, eh?... Y Melchor, ¿dónde está?
+
+--Me dijo que ya venía... Aquí viene.
+
+--Fui a hacer un telegrama--dijo Melchor, respondiendo a Ricardo.
+
+--¿Un telegrama?... ¿a quién?
+
+--Menos averigua Dios, y perdona... ¿Subamos?
+
+Instalados en sus asientos y de nuevo en marcha, Ricardo no pudo
+reprimir su curiosidad e insistió en su pregunta:
+
+--Y al fin, ¿a quién telegrafiaste?
+
+--¡Qué curiosidad!
+
+--¿Es un secreto tan grande?
+
+--¡No, hombre!... Hice un telegrama que había prometido a Clota.
+
+La fisonomía de Ricardo se nubló intensamente, y aun cuando las sombras
+de su espíritu no hubieran asomado al semblante, su repentino silencio
+las habría delatado.
+
+Los tres amigos permanecieron callados un largo rato, en aparente
+observación del paisaje, pero, en realidad, absortos en pensamientos más
+o menos torcedores.
+
+Melchor había advertido el cambio brusco producido en Ricardo, al mismo
+tiempo que observaba en Lorenzo uno de esos aplanamientos propios de su
+estado de ánimo y que tan hondamente lo preocupaban; en el espíritu de
+Ricardo, como en la naturaleza, las sombras se habían ennegrecido ante
+la luz, y la idea de aquel telegrama, de aquel mensaje de amor y de
+felicidad, irradiaba en su imaginación como un lampo de luz obnubilante.
+
+Por su parte, Lorenzo pretendía meditar sobre su estado mental, luchando
+sin éxito con la incoherencia de sus ideas, en uno de esos curiosos
+estados de conciencia en que la voluntad parece desmayar a cada impulso
+y en que sólo se destaca nítido y claro el falso convencimiento de una
+enfermedad imaginaria.
+
+Él quería pensar en las ulterioridades del viaje que realizaba, en la
+posibilidad de reaccionar sobre un estado enfermizo, que, en realidad,
+no existía; pero vagas visiones de la infancia se superponían
+confusamente en su imaginación y al considerarlas fijadas en su memoria,
+el recuerdo de sus íntimos surgía mezclado con extravagancias de
+carácter sociológico o con problemas de política internacional, para
+concluir pensando que todo su mal radicaba en el estómago, y que si
+pudiera respirar bien, la circulación se haría cumplidamente y su
+cerebro volvería a la plenitud de su perdida energía mental.
+
+En estas situaciones Lorenzo arribaba al convencimiento de ser víctima
+de un mal incurable, a cuyo lento trabajo de destrucción debía asistir
+resignadamente «hasta que me llegue la hora de morir del todo», pensaba.
+
+Bajo el imperio de esta obsesión había leído mucho y preguntado más,
+para confirmar el convencimiento de poseer en cada caso el cuadro
+sintomatológico de toda enfermedad, y era, entretanto, un organismo sano
+y preparado para vivir a base de una discreta metodización de las
+energías físicas e intelectuales, que había disipado con la
+incontinencia propia de la edad y del enorme caudal que poseía.
+
+Melchor veía en el semblante de Lorenzo y en la vaguedad melancólica de
+su mirada, el reflejo de lo que pasaba por su espíritu; pero esta vez le
+atribulaba menos, porque el asentimiento obtenido de él para hacer el
+viaje que realizaban y permanecer en el campo algún tiempo, lo había
+considerado fundadamente como un gran paso hacia su curación, en la que
+estaba leal, sincera, hondamente interesado.
+
+--¿En qué piensas?--le preguntó, golpeándole afablemente con la palma de
+la mano en la rodilla.
+
+--¡Psh!... ¡En tantas cosas!...
+
+--¿En muchas?...
+
+--En muchas...
+
+--¿Alegres?
+
+--Si fuera como tú...
+
+--¡Qué modelito! ¿eh? pues imitarlo: ¡no vayas a creer que con las
+personas ocurre lo que con los sombreros de señora!... ¡no!
+
+--Precisamente, Melchor; tú eres un modelo que todos estimamos en lo que
+vale; pero si yo pretendiera imitarte resultaría un mamarracho.
+
+--¡Modestia... ché... modestia! Los hombres podemos y debemos imitarnos.
+Yo podría ser igual a ti o a Ricardo, pero no me conviene... en cambio,
+¿a ti te conviene ser como yo?... ¡pues me imitas!
+
+--Eso equivale a poner un changador fornido frente a un ser enteco y
+decir a éste: ¡imítalo!... levanta los pesos que aquél...
+
+--¡Es muy distinto, Lorenzo!... Y aun asimismo, a fuerza de ejercicio
+perseverante y metódico, el enteco puede llegar a imitar al changador;
+pero en cambio tú no me negarás que el hombre más sucio y desidioso de
+su persona puede reaccionar y ponerse, en una hora, a la altura del más
+higiénico y acicalado... ¿no es verdad?... todo es cuestión de jabón...
+¡mucho jabón!... y agua en abundancia.
+
+--¡En ese caso, es claro! pero dile a una madre que no llore la muerte
+de su hijo... ¡Anda! ¡dile que ría!...--dijo Ricardo.
+
+--¡Me guardaré muy bien!
+
+--¡Bueno, pues!--agregó Lorenzo.
+
+--No, me guardaré muy bien, porque ello iría contra la energía moral
+embotada momentáneamente por el dolor y porque es necesario, dulcemente
+necesario llorar al hijo muerto; pero ninguna madre se ha pasado la vida
+llorando la muerte de un hijo... se llora durante algún tiempo... más o
+menos largo... pero al fin vuelve el equilibrio moral... llega la
+resignación... la conformidad... el hábito, te diría, y gradualmente se
+vuelve a la vida... se vuelve... ¡se vuelve a la risa!... ¡Esta es la
+verdad en toda su crudeza!
+
+--Sí; pero ésa es la obra del tiempo.
+
+--¡En cambio, el individuo que pierde un ojo queda tuerto para siempre!
+
+--No sé qué me quieres decir.
+
+--Esto: que los más grandes dolores morales, el más grande de todos: el
+de una madre que pierde a un hijo, es transitorio... es casi fugaz... y
+que cuando todo nos enseña que todo es transitorio y deleznable, la
+razón nos obliga a rechazar la perdurabilidad de un estado moral que nos
+daña... ¡y está en nosotros rechazarlo!... no sólo por nuestra salud,
+sino porque vivimos rodeados de otros seres a quienes no debemos
+acongojar constantemente con el lamento de nuestras penas; porque esto
+es perverso y es cobarde, y es indigno de hombres como nosotros, que
+hemos nacido y crecido recibiendo beneficios y cariños y energías, de
+nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros amigos.
+
+A medida que Melchor hablaba, dando a su voz acentos de inusitada
+vehemencia, Lorenzo experimentaba como un consuelo ternísimo
+escuchándole y deseando que continuara en su disertación, que inoculaba
+en su espíritu una extraña sensación de energías no sentidas. Nunca,
+como en aquel momento había experimentado Lorenzo y Ricardo como él, la
+influencia tonificante que Melchor les producía, nunca como en aquel
+momento y realizando aquel viaje, se les había mostrado éste tan digno
+de ser imitado, y nunca habían sentido más candente el rubor de la
+propia debilidad, puesta en alto relieve por la tenaz y vibrante prédica
+de Melchor, quien, advirtiendo el efecto que les producía, continuó
+diciendo:
+
+--Yo no puedo pretender ofrecerme como un ejemplo de impecable
+discreción; pero nunca he trasmitido a nadie ni la más mínima
+participación en mis angustias ni en mis tristezas, que siempre han sido
+consecuencia de mis actos, y tengo--invocando la amistad a que apelaba
+Ricardo hace un rato,--el derecho de reprocharles en cuantas ocasiones
+se me presenten, la inercia moral que ustedes revelan, que ustedes
+cultivan. Así: «cultivan», como si fuera muy hermoso y muy digno
+entregarse a todas las apatías y contaminar a cuantos nos rodean con la
+baba de nuestras tristezas o de nuestras preocupaciones, en vez de
+levantar el espíritu, por el propio esfuerzo, y simular, si es
+necesario, una alegría que nos haga amables o cuando menos que no nos
+convierta en motivo de pena para nuestros íntimos y para cuantos tenemos
+que frecuentar. Tú, tú, Lorenzo, deberías vivir riendo y cantando en tu
+casa, donde eres mimado e idolatrado hasta todos los extremos, y donde
+has puesto una nota perversa de dolor infundado, desde el día en que te
+creíste enfermo de un mal que no existe más que en tu imaginación y que
+no has combatido hasta hoy en ninguna forma eficaz. Yo puedo hablarles
+así porque, sin tener ni más inteligencia ni siquiera la ilustración de
+ustedes, he cultivado la voluntad y me he aplicado a practicar los
+preceptos que mil veces les he repetido, y que ustedes, con más caudal
+que yo, pueden hacer efectivos desde el momento en que se resuelvan. Me
+es duro hablarles así y sufro más yo diciéndoles estas cosas que ustedes
+mereciéndolas; pero hemos salido de Buenos Aires dejando ustedes
+virtualmente una promesa, y yo me he encargado de que la cumplan
+contando con ustedes que al aceptar la idea de este viaje se ponían a mi
+servicio; es decir, al de un propósito honesto y digno, en cuya
+consecución el mayor beneficio será para ustedes.
+
+--Por mi parte--le interrumpió Ricardo--no he contraído con nadie la
+obligación de divertirles y si mi carácter es así la culpa no es mía.
+
+--¡Tuya, y nada más que tuya! Por lo mismo que como Lorenzo has tenido
+en tu casa cuanto has querido, el día en que alguien te negó algo te
+sentiste desgraciado. Tú eres víctima de tu propia felicidad, Ricardo.
+¡Vuélvete a ella!
+
+--¡Esas son frases, Melchor, y nada más! Porque tú, como nadie, sabes
+que la desgracia se ha cebado en mí.
+
+Al oír esto, Melchor prorrumpió en una carcajada, diciendo al subrayar
+cada sílaba:
+
+--...Que la desgracia se ha cebado en ti... ¡esto es divino!...
+
+--Ríe todo lo que quieras... eso es muy cómodo.
+
+--Pero cómo no he de reírme, Ricardo, si todas tus desgracias caben bajo
+un mismo rótulo que inspira risa: «¡amores contrariados!»
+
+Y volvió a reír estrepitosamente.
+
+--¡Yo habría de verte si Clota te dejase por otro!--dijo Ricardo
+calculando herir en lo más hondo.
+
+--¡Ya está!--prorrumpió vehementemente Melchor.--¿Quieres que te diga lo
+que sucedería?... pues bien, escucha: primero pensaría: es mentira.
+
+--¡Ah! ¿Y si no fuera mentira?
+
+--Pero espérate, ¡caramba! ¡déjame hablar! Cuando me convenciera de que
+Clota me reemplazaba sin vuelta, ¡me daría un furor tremendo!... y ganas
+de matar al otro (jamás, en ningún caso, de matarme yo), y me pondría
+triste después, muy triste durante dos o tres... horas--espérate, no me
+interrumpas;--luego tomaría un coche; me iría a Palermo, vería allí un
+mundo de muchachas jóvenes, lindas, dispuestas todas a quererme
+mucho--como que esas muchachas van buscando a quien querer, ¿eh?--pero
+yo no les haría caso, ese día, porque estaría muy triste; regresaría a
+casa, y como en casa nadie tendría la culpa de que Clota me hubiese
+olvidado por otro, diría al entrar en casa lo que un amigo mío en
+circunstancias análogas: «ahora hay que reír» y entraría riéndome... mi
+madre conocería que mi risa era fingida; me preguntaría la causa, y como
+mi madre es mi madre, yo le diría: Clota me ha engañado; me mentía: se
+ha comprometido con otro; y en seguida no más, abrazándola, agregaría:
+¡pero tú no me has mentido nunca! ¡tú me quieres siempre!... y apoyado
+en el cariño de mi madre y feliz con él, esperaría la llegada de...
+
+--¿De qué?...
+
+--¡De otra Clota más constante!--dijo Melchor riendo, y agregó:--el
+mundo está lleno de Clotas, ché Ricardo; convéncete.
+
+--Eso lo dices ahora.
+
+--Ahora y siempre, porque mi tranquilidad, mi acción en la vida y mi
+vida misma no pueden depender, ¡no deben depender! de la volubilidad de
+una muchacha ni de dos... y, por otra parte, ¿quieres nada más ridículo,
+nada más desairado, nada más cursi, que un hombre como nosotros,
+eternamente triste porque lo dejó una novia para casarse con otro con
+quien es «eternamente» feliz?... ¡Adonde iríamos a parar!
+
+--Según eso, la mujer no influye en el destino del hombre.
+
+--¡Vaya si influye!... ¡Ya lo creo!... pero la Mujer, ¿eh?... en el
+destino del Hombre, ¿eh?... así, en términos generales, y no una mujer
+especial y determinada en el destino de un hombre cualquiera; en mi
+destino, por ejemplo...
+
+--¿Si pensará lo mismo tu novia?--dijo Lorenzo, sonriendo cariñosamente.
+
+--¡Seguramente no! ¡qué gracia! Ella no tiene por qué pensar en estas
+cosas; pero tengo de ella una idea tal, la considero una muchacha tan
+discreta y tan sensata, que estoy seguro de que si yo le ocasionara una
+decepción, la recibiría virilmente, y no se entregaría a extremos
+ridículos...
+
+Estas palabras produjeron en Ricardo, a quien iban dirigidas, una
+impresión tan intensa, que pretendiendo disimularla, dijo dirigiéndose a
+Lorenzo:
+
+--¡Ché!... ¿Y los diarios?... ¿dónde los han puesto que no los veo?
+
+--Están ahí arriba--respondió Melchor, señalándolos, y agregó:--¿no les
+parece que sería bueno almorzar?... ¡Yo siento una languidez!...
+
+--Vamos a almorzar--repuso Lorenzo displicentemente, y se dirigieron al
+coche-restaurant.
+
+* * *
+
+Durante el almuerzo Melchor derrochó los recursos de su espiritualidad
+matizando la conversación mesurada y seria de Lorenzo, a quien, como de
+costumbre, incitaba a la jovialidad, diciéndole más de una vez:
+
+--No temas... come; ¡pero ríe! porque la risa es el gran digestivo;
+jamás la mesa llenará su función si no comprende estas tres condiciones
+fundamentales: buenos y abundantes alimentos; buena y abundante
+conversación: ¡y a cada bocado una carcajada formidable!
+
+--¡Estás hecho un Brillant-Savarin perfeccionado!--dijo Lorenzo.
+
+--¡Perfeccionado, ché! como que a los preceptos les sucede lo mismo que
+a los gringos: se perfeccionan aquí... entre nosotros... Les pasa en
+nuestro país lo que nos ocurría antes con nuestros cueros, que los
+mandábamos a Europa para que nos los devolvieran curtidos y
+utilizables... a nosotros nos mandan residuos cloacales y nuestra
+vitalidad social los depura y los devuelve--¡cuando se van!--curtidos y
+utilizables; pero dejando estas filosofías... ¡come!... ¿te sirvo otro
+«filet»?...
+
+--No, gracias.
+
+--¡Come! ¡no seas maula!... Acuérdate de aquel consejo: «donde vayas a
+comer, come mucho; si son tus amigos les darás placer; si son tus
+enemigos, les darás rabia».
+
+Para estimular el apetito de sus compañeros, Melchor comía con exceso y
+rompía los silencios con observaciones más o menos felices, destinadas a
+reanudar la conversación y a disipar alguna sombra en el espíritu de sus
+dos amigos.
+
+No estaba el de él desprovisto de ellas en absoluto, porque las
+alusiones a Clota, mezcladas al recuerdo de aquellas palabras de su
+madre: «dejas a tu novia», habían producido en su ánimo cierto escozor
+que, sin perturbarle demasiado, persistía en él como el confuso
+presentimiento de una amenaza.
+
+Él, que jamás había sentido la sensación de una sospecha vulgar; él, que
+se había considerado siempre fuerte en la posesión espiritual de Clota;
+él, que había desechado resueltamente toda preocupación recelosa,
+experimentaba, por primera vez, una vaga, una tenuísima alucinación de
+inquietud...
+
+No la habría descubierto el psicólogo más experimentado, tanto era de
+incipiente; no la habrían ni siquiera presentido sus compañeros de
+viaje: él mismo acaso no podía apreciarla en su exacta magnitud, que así
+es de indeciso y sutil el germen inicial en las tribulaciones del
+espíritu.
+
+En situaciones tales hay, más que una sensación ponderable, un
+presentimiento realmente inconsciente y fugaz, como el breve relámpago
+precursor de una remotísima tempestad; uno de esos destellos,
+instantáneos y pálidos, que las grandes tormentas, en marcha, lanzan en
+silencio al espacio cuando aun se encuentran muy por debajo de la línea
+del horizonte sensible.
+
+--¡Qué es eso?--exclamó con asombro Lorenzo, poniéndose de pie.
+
+--¿Has oído?--dijo en el mismo tono Ricardo y casi al mismo tiempo
+dirigiéndose a Melchor, que intensamente pálido contestó, levantándose
+con violencia:
+
+--¡Sí!... ¡es a mí!... ¿qué habrá?...
+
+El tren acababa de entrar en la estación del Bragado, y de entre la
+concurrencia bastante numerosa que ocupaba el andén había salido este
+grito:
+
+--¡Señor Melchor Astul!
+
+El llamamiento se repitió hasta que, parado el convoy, descendieron los
+tres amigos, y Melchor, impresionado y nervioso, abriéndose paso por
+entre la concurrencia, respondía a los llamamientos gritando:
+
+--¡Aquí!... ¡Aquí!...
+
+Un mensajero del telégrafo se le acercó:
+
+--¿Cómo se llama usted, señor?
+
+--Melchor Astul.
+
+--¿Tiene alguna tarjeta... o algo?
+
+--¡Sí, hombre! ¡Sí, es él!--dijeron a dúo Lorenzo y Ricardo.
+
+El mensajero los contempló un instante, los miró, más bien, y
+entregándoselo a Melchor, le dijo:
+
+--Un telegrama para usted.
+
+Melchor lo rompió temblorosamente y abriendo enormes sus grandes ojos
+azules, mientras lo espiaban anhelosos Lorenzo y Ricardo, prorrumpió con
+la voz ahogada por la emoción:
+
+--De Clota... ya vengo... voy a contestarle.
+
+--¿El recibo?... señor...--le reclamó el mensajero.
+
+--¡Ah... es cierto! ¿Tienes lápiz, Lorenzo?
+
+--No.
+
+--Yo tengo--dijo Ricardo.
+
+--Fírmale el recibo, ¿quieres?--y sacando del chaleco un montón de
+moneditas las dio al mensajero, diciéndole:
+
+--Toma... para ti--y se dirigió al telégrafo, mientras Ricardo, apoyado
+en la pared exterior de un vagón, escribía en el recibo del telegrama de
+Clota, este nombre: «Melchor Astul».
+
+Lorenzo y Ricardo volvieron a subir al coche-restaurant, en el que el
+mozo se ocupaba en poner en orden la mesa, cuyo mantel había sido
+arrastrado en parte por Melchor al levantarse.
+
+--¿Alguna otra cosa, señores?...
+
+--Vamos a esperar al compañero.
+
+--¡Conforme!--respondió el mozo, dirigiéndose hacia el pequeño mostrador
+del fondo, con movimientos idénticos a los de un pato que camina ligero.
+
+Después de un breve silencio, dijo Lorenzo:
+
+--Cómo se quieren, ¿eh?...
+
+--Y cómo tarda Melchor--respondió Ricardo, asomándose por la
+ventanilla.
+
+Melchor, entretanto, contestaba al telegrama de Clota, que decía así:
+
+«Señor Melchor Astul.--Bragado.--En el tren de las 11,20 a. m.--Y yo
+vivo en ti; viajo contigo, porque te has llevado mi
+pensamiento.--Clota.»
+
+La contestación decía:
+
+«Señorita Clotilde Iraola, Callao, 925. Capital.--¡Te engañas! Es que mi
+pensamiento se ha quedado en ti, renunciando a existir en otra forma, y
+soy por eso eternamente tuyo.--Melchor.»
+
+Cuando Melchor regresó a la mesa, preguntó al sentarse:
+
+--¿De qué hablaban?
+
+--¡Ahora la curiosidad es tuya!--respondiole Ricardo.
+
+--Es que a mí me interesa todo lo que ustedes hablen.
+
+--Te ha puesto zalamero el telegrama...
+
+--No, Ricardo; la zalamería, cuando no es ingénita, es contagiada.
+
+--Yo no te he dicho que tú seas zalamero.
+
+--Y como ustedes tampoco lo son, y yo no estoy más que con ustedes,
+quiere decir...
+
+--Te dije que te habías puesto zalamero con el telegrama.
+
+--¿Otra cosa, caballeros?--volvió a preguntar el mozo poniéndose la
+servilleta bajo el brazo y apoyándose con ambas manos en la orilla de la
+mesa.
+
+--Una tortilla de yerbas... ¿qué les parece?--dijo Melchor.
+
+--Por mí, no.
+
+--Entonces, ¿quemada, con azúcar?
+
+--Por mí, no--insistió Lorenzo, agregando:--Para mí, café.
+
+--Y para mí también.
+
+--Bueno; mozo, tráiganos café.
+
+--¡Conforme!--repuso el mozo, alejándose.
+
+--¡Mozo!..--gritó Melchor.
+
+--¡Vengo!--repuso éste, alzando la voz.
+
+--...Y cigarros.
+
+--¡Conforme!
+
+--Estaba pensando que hemos hecho una zoncera en quedarnos aquí.
+
+--Efectivamente; habríamos tenido tiempo de dar una vuelta por la
+ciudad.
+
+--Lo han pensado tarde, porque ahí tocan la campana--dijo Melchor,
+agregando:--¡Lo que se ha perdido el Bragado!...
+
+--Lo que hemos perdido, en parte, nosotros--replicó Lorenzo;--y estoy
+maravillado... estoy absorto, viendo esto y pensando que hace cuarenta
+años, no más, que los indios salvajes llegaban hasta aquí.
+
+--¿Aquí?... ¿al Bragado?...--preguntó Ricardo.
+
+--Precisamente... si éste era el límite, la línea de fronteras, marcada
+por fortines... y hace cuarenta años, más o menos, que fue avanzado
+hasta el 9 de Julio, fundado entonces.
+
+--¡Qué enormidad!
+
+--Lo que hay de enorme--continuó Lorenzo--es el crecimiento del país...
+el desarrollo portentoso que ha alcanzado en tan poco tiempo... ¡y en
+todos los grados de la civilización!... ¡Pensar que aquí estaban las
+tolderías de los indios, y que hoy no hay en todo el país ni un solo
+indio salvaje!
+
+--¡Y después nos quejamos!--interrumpió Melchor.
+
+--Así es.
+
+--¡Cómo se conoce, ¿eh? que somos hijos del país!...--insistió Melchor
+socarronamente.
+
+--¿Por qué?--preguntaron Lorenzo y Ricardo.
+
+--¿Por qué? ¡Pues por el afán de quejarnos... «sin motivo»!
+
+--Eso se explica y constituye una fuerza social, porque revela el deseo
+de alcanzar un mayor grado de progreso.
+
+--¡No, Lorenzo!... Si no me refiero a los que quieren más
+ferro-carriles... ni más industrias... ni mejor gobierno... no--decía
+Melchor, moviendo lateralmente el índice derecho, y dando a su voz
+particular intención,--no... me refiero a cierto caballeros, que yo
+conozco, y que siendo sanos, claman por salud, y que teniendo todo lo
+necesario para ser felices, viven con el ceño arrugado y que...
+
+--¡Ya saliste con tu eterno tema!--le interrumpió Ricardo.
+
+--¡Eterno!... Así continuará mientras tenga amigos muy queridos que
+siendo sanos se crean enfermos, y siendo felices se consideren
+desgraciados.
+
+--«Todo es según el color del cristal con que se mira»--le respondió
+Ricardo.
+
+--Y entonces, ¿por qué tomar un cristal ennegrecido cuando disponemos de
+cristales rosados?
+
+--Tú, dispones.
+
+--¡Convenido! ¿Y por qué no usan ustedes o no aceptan mis
+cristales?--insistió Melchor, riéndose cariñosamente.
+
+--Porque este café, visto al través de cualquier cristal rosado, seguirá
+viéndose negro.
+
+--Pues se toma un cristal de un rosado más subido y... ¡ya está! Yo
+tengo una colección de cristales en el bolsillo, y en cada caso, ¡zas!
+saco el que me conviene.
+
+--¡Es una suerte!--dijo Ricardo.--Pero a mí no me sirven de gran cosa
+tus cristales...
+
+--¡Qué! ¿Eres daltónico?
+
+--Tal vez...
+
+--¡Sí, hombre! tú y tú... ¡los dos! ¡Al fin encontré la fórmula de mi
+diagnóstico!... ¡Daltonismo moral!...--exclamó Melchor, riendo con toda
+su risa franca y contagiosa.
+
+--¿Y usted considera, señor médico--le preguntó Lorenzo, en tono por
+excepción solemne y bromista al par--que nuestro «mal» sea curable?
+
+--Lo garantizo, como dicen ahora los que se las dan de puristas, y lo
+garantizo porque han de saber ustedes que ustedes también tienen la
+colección de cristales que yo tengo.
+
+--¿Nosotros?
+
+--¡Sí, señor... ustedes!--y agregó ahuecando la voz:--Para el daltonismo
+moral, la imaginación tiene colores complementarios.
+
+--Quizá no dices un disparate--dijo Lorenzo.
+
+--¿Quieren una prueba?... Atiendan: un caballero insulta a otro; el
+insultado mira; ve una paliza en perspectiva; siente miedo, y entonces
+toma de su imaginación un color complementario... un color «sin
+vergüenza», por ejemplo, y en seguida no más «ve» que el insultador es
+despreciable, y... ¡lo desprecia!
+
+--¡Está gracioso!...
+
+--¿Otro ejemplo? ¡Nada convence tanto como la ejemplificación!... Un
+caballero se enamora de una mujer, y ve de repente, o poco a poco, que
+la mujer no lo quiere; pues toma de su imaginación el color
+complementario que se necesita, color... «indiferencia»... o mejor aún:
+color... «reciprocidad», y al instante «verá» que él tampoco la
+quiere--y Melchor terminó con una vibrante carcajada.
+
+--¿Y si no se trata de un daltónico?
+
+--¡Bah... bah... bah!... ¡No seas tan ingenuo, Ricardo! ¡Si en lo moral
+todos somos daltónicos! ¡Y todo el talento consiste en saber emplear los
+colores complementarios! Convéncete: todos somos daltónicos.
+
+--De manera que, según tu teoría, el amor...
+
+--¿El amor?--le interrumpió vehementemente Melchor, y riéndose al mismo
+tiempo que hablaba, le dijo:--¿el amor?... ¡qué gracioso!... ¿el
+amor?... ¡daltonismo puro!
+
+* * *
+
+--Va a ser la una--dijo Lorenzo mirando su reloj,--me está dando sueño.
+
+--Es la digestión.
+
+--¡No, señor!--interrumpió Melchor.--No es la digestión... ¿qué sabes
+tú?... Si fuera la digestión, sentiría siempre el mismo sueño después de
+comer; ¡es el aire!... es un efecto de oxigenación... es ya la obra del
+ambiente puro del campo.
+
+--Tal vez tienes razón; pero me siento como si hubiera tomado alcohol.
+
+--Exactamente... eso es... una especie de...
+
+--Borrachera sin vino--dijo Ricardo.
+
+--Justamente; tal es la sensación que todo habitante de las grandes
+ciudades experimenta en el campo, bajo la influencia del aire puro... El
+organismo, acostumbrado al aire enrarecido y contaminado de la ciudad,
+siente las consecuencias de una oxigenación más intensa, y como el
+oxígeno es el elemento vital, por excelencia, llegamos a la conclusión
+de que estás, Lorenzo, empezando a sentirte... ¡ebrio de vida!...
+
+--¡Si fuera así!
+
+--¡Es así!... Yo te lo anuncié y estoy, como de costumbre, teniendo
+razón. Ya verás: ¡dentro de quince días tendrás que hacer un gran
+esfuerzo de memoria para acordarte de tus enfermedades!... Ni una sola
+te quedará, para tener el gusto de... ¡quejarte!
+
+--Voy a buscar los diarios--dijo Ricardo poniéndose de pie.
+
+--Vamos para allá--dijo Lorenzo,--ya no tenemos nada que hacer aquí.
+
+--¡Qué!... ¿quieres seguir comiendo?...--le dijo Melchor, en broma,
+alcanzándole su gorra de viaje.
+
+--¡Dios me libre!
+
+--Ché, Ricardo, ¿y tú, no quieres tomar algo?
+
+--¡Dios me libre!--repitió éste como un eco de Lorenzo.
+
+--¿Conque... Dios los libre?... ¿eh?... vamos progresando.
+
+--¡Vamos... a nuestros asientos!--contestó Ricardo al abrir la puerta
+del coche-restaurant, y agregó al asegurarse la gorra, que tenía
+puesta:--¡Cuidado con las gorras! que se ha levantado viento.
+
+Al encontrarse nuevamente en el sitio que ocupaban, dijo Melchor:
+
+--¿Los diarios, no?... ¿Tú querías los diarios, Ricardo?
+
+--Sí... pero, ¿quieres creer...? A mí también me está dando sueño.
+
+--¡Yo... me... duermo!--agregó Lorenzo.
+
+--Pues aprovechen... ¡nada!... Recostarse y dormir, que quien duerme
+come.
+
+-¿Y tú?
+
+--Yo no tengo sueño... voy a leer los diarios.
+
+Lorenzo y Ricardo se dispusieron a dormir un rato, acomodándose lo mejor
+posible en los asientos, no muy amplios, mientras Melchor sacaba los
+diarios que había puesto en la percha y se ubicaba en un asiento
+inmediato.
+
+Antes de desdoblarlos se levantó y fue a bajar las cortinillas del sitio
+en que estaban sus dos amigos.
+
+--Voy a bajarlas para que nos les incomode la luz.
+
+--¡ Qué buena idea!
+
+--A mí no me molesta--dijo Ricardo.
+
+Vuelto a su asiento, Melchor tomó los diarios y quedó con ellos en la
+mano, contemplando el paisaje monótono y espléndido al mismo tiempo,
+como que ante su vista se extendía la llanura, de una horizontalidad
+perfecta, cubierta en toda su extensión por maizales y linares matizados
+a trechos con grupos de parvas secas y con los pequeños bosques de las
+estancias, por las que pasaba el tren como ocupando el extremo de un
+diámetro que girara sin cesar.
+
+--...Aquí realizaría el ideal de mi vida--pensaba Melchor,--en la más
+pequeña de estas propiedades pasaría toda mi vida, reducido al trato de
+los míos... mis padres... mis hermanos... Clota... los hijos que
+tuviéramos... todos viviendo la vida sana y pura del campo... ¡Y pensar
+que los dueños de estas estancias sólo vienen a pasar breves temporadas
+en ellas cuando los arroja de la ciudad la prescripción imperiosa de la
+crónica social que publican los diarios!... ¡Ah!... ¡es toda una tiranía
+la vida moderna!... Vanidades que no tienen nombre... exigencias que no
+tienen ningún fin moral... Absurdas necesidades que no conducen más que
+a sacrificios improductivos... una desenfrenada carrera por aventajar al
+que va delante... ¡y el poder arrollador de ese vértigo dantesco en que
+todos vivimos pagando en lágrimas y en angustias y en ruindades y en
+bajezas nuestro tributo miserable y estéril!... ¡Y cómo al alejarnos de
+ese ambiente vemos la densidad de las sombras que lo envuelven!...
+¡Cuántos hombres lacerados por la envidia... abrumados por el pesar de
+obligaciones anonadadoras y contraídas con el solo fin de pagar dos
+líneas de esa crónica social!... ¡Cuántas energías malogradas... y
+cuánto sacrificio sin provecho!... ¡Superficialidad y mentira!...
+¡mentira en todo!... La mentira contumaz en la sociedad entera... porque
+no somos una sociedad en que se mienta más o menos... ¡somos una
+sociedad que miente!... Si casi no hay un sólo hogar de alguna
+apariencia en que no impere la mentira... Los padres simulan una
+capacidad económica de que carecen... los hijos fingen una educación que
+no tienen... ¡mienten!... las hijas gastan lujos que no han pagado...
+mienten... las señoras... las señoras... las señoras...
+
+La imagen de su propia madre surgió en la imaginación de Melchor, al
+rumiar mentalmente las últimas palabras y después de una breve pausa, en
+que su espíritu quedó suspenso y absorto como ante un abismo, continuó
+en sus meditaciones:
+
+--...¿Y por qué no ha de haber muchas como ella?... ¿Qué maldita forma
+de perversidad nos impulsa a pensar mal, dando un asidero al
+desconcepto, al prejuicio... a la calumnia misma... que casi nunca
+ofrecemos al elogio... al aplauso... Oímos decir que se juega y nos
+inclinamos a creer que juegan todos... sabemos que se miente y nos
+sentimos dispuestos a considerar mentiroso a todo el mundo... ¡pero, por
+qué, señor!... nos encontramos con un caso de adulterio... y... Por otra
+parte, siempre habrá quien mienta... quien engañe... pero la virtud no
+muere... ni la fidelidad... ¡porque no puede morir el afecto... porque
+no puede morir el amor!...
+
+Melchor había dejado caer al suelo los diarios que tuvo en la mano y que
+levantó y puso sobre el asiento que tenía delante.
+
+El tren marchaba aceleradamente bajo una larga, gruesa y horizontal
+columna de humo que se proyectaba al costado de la vía en una sombra
+sinuosa y ancha que se deslizaba chata por el suelo plano; pasaba como
+escurriéndose por debajo de los alambrados; trepaba por sobre las parvas
+inmediatas, para descender luego como un torrente; cruzaba flotante los
+arroyos; espantaba a los teros que parecían huir alerteando un peligro;
+subía por las paredes de las casas en los pueblos a que el tren llegaba
+y al detenerse éste en las estaciones, parecía recogerse sobre sí misma
+para erguirse en línea recta, como el brazo de un gladiador alzado en
+alto después del triunfo.
+
+...«¿Por qué te has llevado mi pensamiento?»...--leía y releía Melchor
+en el telegrama de Clota, que había sacado del bolsillo para
+contemplarlo de nuevo como un diploma de felicidad, pensando:
+
+--...¡Qué misterioso intercambio de ideas, de anhelos, de aspiraciones
+coincidentes, en esta suprema armonía de afecto que nos une!... ¡Cómo ha
+sabido encontrar Clota la mejor forma de decir lo que yo también
+pensaba... «te has llevado mi pensamiento»! ¡De qué manera se habrá
+sentido, acompañándome con la imaginación, que ha producido esta fórmula
+tan sencilla, tan exacta, tan delicada, tan honda!... «te has llevado mi
+pensamiento»... ¿Si ocurrirá así?... porque desde que me he separado de
+ella siento en mi cerebro, en mi corazón, en mi espíritu, ¡qué sé yo!
+algo como una voz íntima que me dice: «Clota... soy Clota... ¿ves? estoy
+contigo... contigo para siempre... ¡para siempre!...»
+
+Melchor se repetía amorosamente las últimas palabras con que Clota le
+había despedido la noche antes, cuando con las manos fuertemente tomadas
+y los ojos lánguidos y firmes, puestos en los de él, le había dicho:
+
+--Hazme telegramas, escríbeme, escríbeme todos los días, cuéntame todo
+lo que hagas, y cuando vayas en viaje, cuando estés lejos, piensa
+que... estoy contigo... contigo para siempre... ¡para siempre!
+
+* * *
+
+--¿Parece que no has leído mucho?--dijo Ricardo a Melchor, asomándose
+por sobre el espaldar del asiento y viendo doblados los ejemplares de
+_La Nación_ y _La Prensa_.
+
+--En cambio parece que tú has dormido bastante--repuso Melchor,
+levantándose.
+
+--No; he dormitado.
+
+--Lo mismo que yo--dijo Lorenzo, incorporándose;--¡si no se puede dormir
+con el movimiento del tren!
+
+--¿Ni cuando estuvimos cerca, de una hora parados antes de llegar a
+«Pehuajó»?
+
+--¿Parados?... ¿Por qué?... No me he dado cuenta.
+
+--¡Ni yo tampoco!
+
+--Porque la máquina que pusieron en la estación «Guanaco» no andaba
+bien... ya lo había dicho el jefe...
+
+--¿Y por qué la pusieron?
+
+--Porque al descarrilarse la que traíamos se le rompió un eje.
+
+--¿Dónde descarrilamos?
+
+--¡Por lo visto han dormido, ché!
+
+--¿Y tú le crees a Melchor?... ¡Son cuentos!
+
+--Pero si ustedes no hubieran hecho más que dormitar los habrían
+rectificado.
+
+--¡Es claro que he dormido algo!
+
+--¿Algo?... ¡tres horitas!... ¡como una!
+
+--¿Y qué hora es?
+
+--Más de las cuatro; ya nos falta poco.
+
+--En fin--dijo Lorenzo bostezando,--hemos acortado el viaje.
+
+--Parece que hay apetito, ¿eh?
+
+--¿Por qué, Melchor?
+
+--Porque los bostezos delatan sueño--que no puedes tener,--o languidez
+de estómago que bien puedes tener porque almorzaste muy poco.
+
+--¡Qué esperanza! He almorzado el doble de lo habitual.
+
+--Mañana, en la posta del Paso, almorzarás el triple del doble y pasado
+mañana en la «Celia», el cuádruple del triple.
+
+--Mira que eres exagerado--repuso Lorenzo riéndose.
+
+Ricardo, que había permanecido sentado contemplando el aspecto de los
+plantíos, dijo, sin volver la cabeza, a Melchor que continuaba de pie:
+
+--Ché, Melchor, alcánzame _La Nación_, ¿quieres?
+
+--¿No quieres _La Prensa_?
+
+--¿Por qué?--dijo Ricardo volviéndose.
+
+--¡Porque tiene más páginas!--le contestó Melchor riendo y
+agregó:--¡Cuando estamos para llegar se te ocurre leer!...
+
+--Es que no he visto los diarios hoy.
+
+--¡Pero los has comprado!
+
+--Creo que tú has hecho lo mismo.
+
+--Yo he cumplido con la práctica establecida: ¡comprar los diarios y no
+leerlos después!
+
+--¿Quién hace eso?
+
+--¡Todo el mundo! ché, y la culpa la tienen los mismos diarios, y si no
+fíjate--dijo Melchor tomando los que tenía en el asiento y
+presentándoselos a Ricardo.
+
+--No te entiendo.
+
+--¡Que se necesita una semana para leer todo esto y ante la
+imposibilidad de hacerlo acaba uno por no leer más que los títulos y a
+veces ni eso!
+
+--¿De modo que los diarios no sirven para nada?
+
+--Van en ese camino, como que han pasado de la síntesis informativa a
+la dilución abrumadora.
+
+--¡Es ganas de criticar!
+
+--No hay tal y en mí menos; pero mira... 36 páginas... y... 24
+páginas...
+
+--¡No es precisión leer hasta los avisos!
+
+--Partamos por mitad, lo que es excesivo, y tenemos 30 páginas de
+lectura en sólo dos diarios... ¡eh!... agrégale otro tanto por la tarde.
+
+--Yo leo lo que me interesa.
+
+--Yo hago otra cosa: miro todo y no leo casi nada; por otra parte,
+pienso que los diarios de hoy no llenan su objeto porque la volubilidad
+pública reclama asuntos nuevos todos los días y, así, no es posible la
+propaganda asidua en un propósito dado, desde que en cuanto un diario
+insiste en un mismo tema el público lo deja por aburrido y por «latero».
+
+--Yo los he dejado deliberadamente para leerlos en la estancia--dijo
+Lorenzo.
+
+-Pues te quedarás sin leerlos--repuso enérgica y cómicamente Melchor.
+
+--¿Cómo así?
+
+--¡Usted, señor D. Lorenzo, va a la «Celia» a pasear, comer y dormir!
+
+--¿Y por qué no hemos de leer también?
+
+--Porque yo mando. ¡Se leerá lo que yo indique y cuando yo lo disponga!
+
+--Lo que soy yo no puedo pasarme sin leer--insistió Lorenzo.
+
+--Leerá usted, señor... conozco las teorías modernas sobre fatiga
+intelectual y los medios de combatirla y los aplicaré discretamente.
+
+--¿En qué consisten, ché?--preguntó Ricardo burlescamente.
+
+--En esto, muy sencillo; cuando se siente fatiga intelectual por exceso
+de estudio hay tres medios de combatirla; primero, dejar la lectura,
+procedimiento moroso cuando el mal es intenso; segundo, hacer ejercicios
+físicos, procedimiento violento para restablecer el equilibrio de los
+centros nerviosos; y tercero, cambiar de lectura... leer alguna cosa
+sencilla... trivial... una novela, por ejemplo.
+
+--¡Pobres novelas!...--dijo Ricardo.
+
+--¡Estás eruditísimo!--exclamó sonriendo Lorenzo.
+
+--¡Esto no es nada! ¡Ya verás, Lorenzo, como con sólo un chambergo de
+gran ala levantada te quito el... casquete neurasténico de Charcot! ¿Qué
+tal? ¡y a esta altura!
+
+--¿Cómo a esta altura?
+
+--¡A la altura de Trenque Lauquen, adonde vamos llegando... fíjate!
+
+En ese instante se oyó un estampido formidable, como si la boca de un
+cañón del «Belgrano» o del «San Martín» hubiera entrado en el coche y
+vomitado un cañonazo:
+
+--¡¡¡Booooletooos!!!
+
+Cuando el jefe del tren llevó los que Melchor humildemente le entregó,
+el convoy llegaba a su estación terminal.
+
+--¡Ahí está Hipólito!...--exclamó Melchor y asomándose por la ventanilla
+del coche que aun marchaba, le gritó:
+
+--¡Hipólito!... ¡Hipólito!... ¡aquí!...
+
+--¿Quién es ése, ché?
+
+--El cochero de la estancia... ¡verán qué tipo!... toma tu valijita,
+Lorenzo... y para ti Ricardo, toma... ¡tú que no puedes pasarte sin los
+diarios!...
+
+--¡No seas pavo!...
+
+--¡Y cuatro!... mira: los tuyos y los míos... ¡los podrás leer
+duplicadamente!
+
+Cuando descendieron del tren llegaba trotando pesadamente Hipólito, que
+al encontrarse con los viajeros se sacó respetuosamente su gran
+chambergo campero, y cuadrado--contrariendo la ordenanza militar, pues
+que formaba vértice con las puntas de los pies casi unidas y los talones
+a un geme de distancia--dijo tendiendo a Melchor su amplia mano de
+trabajo:
+
+--¿Cómo va, D. Melchor?... ¿éstos son los señores?--agregó mirando a
+Lorenzo y Ricardo.
+
+--Sí, Hipólito... mi amigo Lorenzo...
+
+--Para servirlo.
+
+--...y mi amigo Ricardo.
+
+--Para servirlo.
+
+--Y Baldomero, ¿no ha venido?
+
+--Sí, D. Melchor... ahí andaba con el jefe... ¿quiere que lo hable?
+
+--No... vamos para allá, muchachos--y volviéndose hacia Hipólito:--¿Qué
+tal están los caminos?
+
+--Hay algún barro... con la lluvia: ¡qué ha llovido!...
+
+--El maíz estará lindo, entonces.
+
+--Así es... lindo está.
+
+En ese momento salía al encuentro de los viajeros el gran capataz de la
+«Celia», Baldomero Luna, quien al ver a Melchor se dirigió hacia él
+diciéndole efusivamente:
+
+--¡Cuánto bueno por acá!
+
+--¿Qué tal, Baldomero?
+
+--¡Ahora bien, muy bien!
+
+--¿Qué, ha sucedido algo?--le preguntó Melchor, mirándole fijamente y
+conservándole tomadas ambas manos.
+
+--¡Si viera!...
+
+--Pero, ¿qué ha ocurrido?
+
+--¡Que usted no estaba aquí y ahora está!
+
+--¡Me había alarmado, caramba!
+
+Celebrando la ocurrencia de Baldomero se repitió la presentación de los
+huéspedes y el grupo se dirigió hacia el gran break de la estancia que
+se encontraba al otro extremo del andén.
+
+Al recorrer éste, Melchor fue objeto de las más afectuosas
+demostraciones:
+
+--¡Don Melchor! ¡cuánto gusto!...
+
+--¡Don Melchor!... ¡qué alegría!...
+
+--¡Don Melchor!... ¿cómo le va?...
+
+Y no pasó por el lado de alguna persona sin provocar exclamaciones
+análogas a las que invariablemente respondía dando la mano y con frases
+amables.
+
+--¡Qué popularidad tienes aquí!--le dijo Lorenzo.
+
+--¿Y dónde no?...--le interrumpió Baldomero,--si donde está D. Melchor
+está la fiesta... está la risa... ¡Si es como una gran alegría que anda
+paseando!
+
+Hipólito, que marchaba respetuosamente detrás del grupo, se adelantó al
+llegar al extremo del andén pidiendo órdenes a Melchor:
+
+--¿Van a dar una vuelta, D. Melchor?... ¿o van al hotel?...
+
+--¿Qué opinan ustedes?
+
+--Iremos a lavarnos--dijo Ricardo.
+
+--Me parece bien--agregó Lorenzo,--es muy temprano para pasear.
+
+--¡Perfectamente! vamos al hotel... vamos a pie... es cerca... allí,
+¿ven?--dijo señalando con la mano y agregó, dirigiéndose a
+Hipólito:--Espéranos allá.
+
+--Ché, Hipólito--le dijo Baldomero.--Y llévame de paso el «azulejo».
+
+El grupo se dirigió al hotel y a poco andar le interceptó el paso un
+pilluelo que con la mano tendida dijo a Melchor por todo saludo:
+
+--Don Melchor... me da «una... moneditas»?
+
+Baldomero levantó en alto el rebenque de gruesa y ancha lonja, diciendo
+al pilluelo:
+
+--¡Salí de aquí, muchacho!
+
+* * *
+
+--Vea, Garona, tiene que preparar una buena comidita para don Melchor y
+esos mozos, ¿sabe?--decía Baldomero al dueño de casa, casa que
+aventajaba sin duda a la más surtida y completa de las de la misma
+capital, pues era hotel, tienda, ferretería, almacén, bar y... ¡botica!
+todo junto, bajo la conspicua dirección de su dueño, Saverio Garona,
+italiano gordo y bonachón que usaba alpargatas y chambergo.
+
+--«No» pierda cuidado, don Baldomero.
+
+--Hágales un buen asado de costillas con ensalada.
+
+--¿De pepino?
+
+--¿De pepinos, dice?... mejor de lechuga... y unos pollos... pero que
+sean gordos...
+
+--¿Y de empezar?...
+
+--¿Es fresca esa ternera fiambre que he visto en el mostrador?
+
+--Fresca... fresca... fresca... es fresca...
+
+--Bueno, eso no, amigo Garona... pero usted sabe tener tallarines...
+
+--Hay de casualidá...
+
+--Ya está... ¡les pone una tallarinada!--dijo Baldomero riendo
+bondadosamente, al dar un puntazo con el cabo del rebenque en el
+abultado abdomen de Garona.
+
+--¡No sea juguetón!... y diga: ¿de postre?
+
+--¿Qué les va a poner?
+
+--Tengo lindo durazno en conserva.
+
+--¡Convenido! y ponga guayaba también y... ¡ya sabe!... ¿eh?... esto es
+mío... no vaya a recibirle a don Melchor.
+
+--¡«No» pierda cuidado!
+
+Cuando Baldomero regresó a unirse con los viajeros, éstos habían
+terminado la operación de lavarse y de telegrafiar a las familias y se
+encontraban rodeados de amigos de Melchor que le acribillaban a
+cumplimientos y a preguntas.
+
+--¡Caballeros!--exclamó Baldomero--los que quieran noticias pueden ir al
+telégrafo... estos señores vienen a divertirse y no a contar cuentos.
+
+--Estamos muy entretenidos, conversando.
+
+--¡Ah!... ¡don Melchor!... ya tuvo una excusa--repuso Baldomero, y
+agregó:--¡Este don Melchor tiene más aguante que la máquina del tren!...
+¡Capaz de oírlos toda la noche!...
+
+--¡Miren quién habla!--dijo un viejo paisano que tenía entre todos el
+alto prestigio de haber sido justiciero juez de paz,--cuando don Luna se
+agacha a conversar es cosa de pedir pieza con cama. ¡Si tiene más música
+que un órgano!...
+
+--Y cuando usted habla, viejo, ¿qué hay que hacer?... ¡irse!...--dijo
+Baldomero riendo estrepitosamente, y agregó:--¡Vamos, don Melchor, a dar
+una vuelta... vamos!...
+
+--Bueno, vamos... será hasta luego.
+
+--Hasta cuando usted mande--contestó el viejo por todos, y agregó
+señalando a Baldomero con una guiñada picaresca;--Y no se olvide, don
+Melchor: le recomiendo que me lo atienda... al recomendao.
+
+--¡Yo te he de dar!... viejo pícaro--dijo cariñosamente Baldomero.
+
+--¡Disculpas!--le replicó el viejo riendo y agregó:--...Por tratarme de
+vos... ¡confianzudo el mocito!...
+
+--Simpático, el viejo, ¿eh?--dijo Lorenzo al subir al break.
+
+--¡Y diablo!--le contestó Baldomero,--él sabe darse maña para arreglar
+cualquier enredo dejando contento a todos.
+
+--¿Debe ser muy viejo, no?
+
+--¡Viejísimo! señor, si cuando yo vine aquí, al campo de los «Astules» y
+¡mire que hace años! ya era viejo blanco en canas... Y don Melchor,
+¿para dónde agarramos?
+
+--¿Iremos hasta el arroyo?
+
+--¡Queda lejos! ¿No quiere ir más bien a tomar un mate con don
+Casiano?... Así estos señores conocerán algo bueno... ¡Viera cómo se ha
+puesto la Pampita!
+
+--¡Cómo no! ¡vamos!
+
+--A lo de don Casiano... ¡ché, Hipólito!
+
+Este, que se encontraba en su puesto esperando órdenes, volvió la cabeza
+y preguntó:
+
+--¿Aquí a la casa?
+
+--No, a la chacra... están en la chacra...
+
+--¡Jiú!...--moduló Hipólito interjectivamente y los caballos partieron
+guiados al parecer por un cadenero mosquiador que llevaba, por lujo, un
+cascabel en la hociquera y ante cuyo empuje podía decirse también que
+«se iba ensanchando» Trenque Lauquen.
+
+La chacra de don Casiano Contreras, situada en el límite del ejido,
+tenía excepcional fama en el pago y de tal modo imperaba su prestigioso
+atractivo que hasta los mismos caballos al dirigirse hacia ella,
+parecían que trotaban con más firme y decidido empuje; pero, ¿qué
+raro?... si era fama que los pájaros más cantores la preferían para sus
+nidos, que las rosas se ponían en ella más rosadas y las violetas más
+humildes y los sauces más llorones, y los álamos más rectos. ¡Y que
+hasta los malevos, cuando pasaban de largo por sus tranqueras, sentían
+ansias de hacerse buenos!
+
+¡De tal modo era intensa la esplendorosa irradiación de la «Pampita»...!
+
+--Parece que está pesado el camino--dijo Lorenzo.
+
+--Este pedazo está feo--le contestó Baldomero,--antes sabía haber un
+pantano aquí; pero don Casiano lo está arreglando.
+
+--¡Jiu!...¡ Jiú!...--repetía Hipólito sin sacar el látigo de la latigera
+y el break continuaba su marcha, por entre aquel gran silencio
+interrumpido sólo por el vibrante arpegio de algún pájaro o el sonar
+del cascabel cada vez que escarceaba, el cadenero.
+
+ * * * * *
+
+--Quieto, Baldomero--dijo Melchor,--deje que la abra este pueblero: a
+ver, Ricardo, una gauchada.
+
+--Vaya una gran dificultad--repuso éste bajando del break y dirigiéndose
+a abrir la tranquera, ante la que se había detenido.
+
+Así lo hizo; el break pasó y se detuvo nuevamente.
+
+--¿La cierro?--preguntó Ricardo, provocando una leve sonrisa de
+Hipólito.
+
+--Es mejor cerrarla, sí, señor--le contestó Baldomero al mismo tiempo
+que Melchor exclamaba:
+
+--¡Qué pregunta!... ¡Chambón!...
+
+El break entró en la chacra ascendiendo la pendiente del camino que daba
+acceso a la casa, en cuyo corredor estaba don Casiano que, al
+reconocerlo a la distancia, dijo a la Pampita:
+
+Son los Astules... tomá el mate, hijita--y se dirigió al encuentro del
+carruaje, que ascendía penosamente el final empinado de la cuesta.
+
+--¡Jiú!... ¡jiú!... ¡jiú!...
+
+--Torcé a la derecha, Hipólito--gritó don Casiano,--¡por ahí!...
+¡detrás de las casuarinas!... es más liviano.
+
+Así lo hizo el cochero tomando el nuevo camino que se le indicaba y que
+acababa de trazar don Casiano, para facilitar el acceso a la casa
+edificada en la cumbre de una pequeña lomada.
+
+Descendieron los paseantes y luego de efusivas demostraciones les dijo
+don Casiano:
+
+--Pasen... pasen, caballeros... aquí está más fresco... tomen asiento.
+
+--Qué hermosa chacra tiene usted, señor--dijo Lorenzo,--qué hermosos
+árboles.
+
+--Sí, señor, si algo vale es por eso... tiene árboles hechos ya... la
+chacrita vale por vieja, señor, al revés de las personas.
+
+--Yo he pensado siempre lo contrario, señor; los hombres jóvenes si
+valen es por lo que prometen para cuando sean viejos.
+
+--Pero los viejos no prometen nada, señor, y en la vida hay que prometer
+siempre... para valer algo... ¡aunque después no se de nada!--contestó
+don Casiano, riéndose.
+
+--Es que ellos han dado y siguen dando.
+
+--¡Consejos!... que no se cumplen--le interrumpió a Lorenzo don Casiano,
+agregando:--y, ¿qué van a tomar los señores?... ¿Querrán leche recién
+ordeñada?... ¿o un matecito?...
+
+--Usted estaba «mateando», don Casiano--le dijo Melchor.
+
+--Seguiremos... si ustedes gustan--contestó levantándose y aproximándose
+a una ventana, en la que, alzando la voz, dijo:--Pampita, trae mate,
+hijita.
+
+--Hemos venido a molestar, señor.
+
+--¡No, señor!... ¿y por mucho tiempo?
+
+--Es verdad pensamos pasar aquí una temporada.
+
+--Dos o tres meses--agregó Ricardo.
+
+--¿Tanto tiempo? Vendrán por algún quehacer.
+
+--¡No, don Casiano!--dijo Melchor,--¿sabe por qué vienen?... míreles las
+caras... ¡vienen a curarse!...
+
+--En verdad, que no parecen muy enfermos.
+
+--Son bromas de Melchor, señor--dijo Ricardo.
+
+--¿Bromas?... ¿A que digo «de qué» estás enfermo?... ¿Digo?
+
+--¡Pero esta muchacha que no viene!--exclamó el viejo, más que nada por
+cambiar de conversación y aproximándose de nuevo a la ventana,
+dijo:--¡Pampita! ¿y el mate?
+
+--¡Voy, tata!
+
+* * *
+
+--¡Divina!--pensaron simultáneamente Lorenzo y Ricardo al aparecer la
+Pampita, a quien fueron presentados por Melchor y de quien recibieron un
+saludo despojado de toda afectación.
+
+--¿Y el mate, hijita?
+
+--Ahí lo trae el «ñato», tata--repuso ella tomando una silla y
+sentándose con la majestad de una reina y la sencillez de una niña.
+
+En efecto, el mate llegó en manos del «ñato», muchacho de quince años,
+poseedor de una «superlativa» nariz ciranesca, que dio motivo a Lorenzo
+para romper el silencio de estupor que siguió a la deslumbrante
+aparición de la Pampita.
+
+--Creo que estoy, señorita, en la chacra de los contrastes.
+
+--¿Por qué, señor?--repuso ella envolviéndole en una verdadera
+irradiación de sus inmensos ojos verdes, circundados de largas y crespas
+pestañas negras.
+
+Cuando Lorenzo se encontró con la mirada de la Pampita; cuando vio
+aquellos dos ojos inteligentes, apacibles, escudriñadores y profundos
+como jamás habría creído encontrar; cuando vio que ella le miraba, creyó
+que había cometido una inconveniencia, una falta, una descortesía
+obligándola a mover aquellos ojos y a desplegar aquellos labios...
+
+--Me ha parecido oír el apodo del cebador de mate.
+
+--Es verdad--repuso ella sonriendo afablemente y dejando ver unos
+dientes que no podían estar sin burla en otra boca, ni pertenecer sin
+desdoro a otra dueña; tanto eran de perfectos. Yo pensaba lo mismo que
+Lorenzo, señorita; estamos sin duda en la chacra de los contrastes.
+
+--¿Lo dice usted por el «ñato»?
+
+--Así es--le contestó Ricardo, abrumado de emoción ante aquel portento
+de suprema belleza, de insuperable dignidad, de extraordinario candor.
+
+--Estaremos entonces en la chacra del contraste--dijo ella con la mayor
+ingenuidad.
+
+--Entiendo que tenemos el honor de hablar con la Pampita--repuso Lorenzo
+acentuando esta palabra.
+
+--No sé por qué el honor--contestó ella, estableciendo así la propiedad
+del apodo.
+
+--Eso lo discutiremos después.
+
+--Ni veo qué tenga esto que ver con esos contrastes a que ustedes se
+refieren.
+
+--Lo que nosotros no vemos es la razón para llamar a usted «Pampita».
+
+--Muy justa: ¡sí lo soy! yo he nacido aquí... en plena Pampa, y desde
+chica me dicen así.
+
+--¿Sabe, Pampita, por qué le dicen todo eso?--le dijo Melchor y sin
+esperar la respuesta continuó:--Porque en Buenos Aires, «pampita» se
+entiende por «indiecita» ¡y como usted no les parece «tan india»... que
+digamos!
+
+--¡Ah!--contestó ella rápidamente,--¿entonces en Buenos Aires las
+palabras se entienden de distinto modo que aquí?
+
+Los tres viajeros se miraron como interrogándose sobre el alcance de
+aquella observación y cuando se disponían a contestarla dijo don
+Casiano:
+
+--Hijita, ya que estos señores no gustan mate, ¿por qué no les muestras
+el jardín?... y les juntas unas florcitas, para que lleven.
+
+--Si ustedes lo desean...
+
+--Sí, ché, vayan--les dijo Melchor,--mientras mateamos nosotros con don
+Casiano.
+
+--Por aquí--les dijo ella señalándoles un camino de paraísos y los dos
+amigos siguieron la indicación bajo la influencia irresistible de aquel
+gesto de sencilla majestad.
+
+Sin poder evitarlo los dos pensaban lo mismo, ante aquella criatura
+excepcional de belleza y de cultura: ¿Cómo ha alcanzado este grado de
+visible educación?--se preguntaban y como para confirmar una sospecha le
+dijo Ricardo:
+
+--¿Usted ha estado mucho tiempo en Buenos Aires, señorita?
+
+--¡Pero, señor! si hubiera estado sabría el significado que allí se da a
+las palabras que usamos aquí.
+
+--Bien podría, señorita, haber estado y no conocer el de todas las
+palabras--replicó Lorenzo ligeramente turbado.
+
+--¿Ignoraría, señor, el de mi propio nombre?...--repuso riendo sin
+ofender, riendo como si supiera que toda idea de agraviar se anularía en
+ella por el prestigio avasallador de sus encantos, compulsados más en la
+expresión y la palabra ajena que en su propio espejo.
+
+Antes de que Ricardo encontrara la fórmula de una respuesta presentable,
+la Pampita tuvo la amabilidad de decirle:
+
+--¿Podría preguntar, sin indiscreción, por qué me ha hecho usted esa
+pregunta?
+
+--...Porque... me parecía haberla visto allá...
+
+--¿Cuándo?...
+
+¡«Cuándo»! repitió para sí Lorenzo, pensando al mismo tiempo: «¡qué
+preguntas formula esta muchacha!...»
+
+--Es difícil, señorita, fijar la fecha de una reminiscencia.
+
+--Más difícil es ser franco--repuso ella entre el asombro de sus dos
+acompañantes.
+
+--Yo lo soy siempre que es necesario.
+
+--Quiere decir que en este caso no lo considera usted necesario, señor.
+
+--¿Y en qué consistiría mi falta de franqueza, señorita?--dijo Ricardo
+envolviendo a Lorenzo en una mirada que parecía decir: «¡Ayúdame!», o
+«déjanos solos».
+
+--¿En qué?... ¡Y usted me lo pregunta!...--dijo riendo sonoramente la
+Pampita.
+
+--¡Sí!... ¡Yo!...--repuso Ricardo con la voz trémula.
+
+--Pues en no confesar que creyó usted encontrarse con una pampita...
+legítima... inculta; y al oírme hablar no ha podido menos que pensar
+que, necesariamente, debo haber sido educada en Buenos Aires... ¡Aquí
+también hay, señor, quienes enseñan a leer... y hay libros... no
+crea!...
+
+--¿Usted lee mucho?--le preguntó Ricardo, visiblemente confundido.
+
+--No cambie de conversación; ¡si no hablábamos de eso! ¿no es verdad,
+señor?--repuso ella dirigiéndose a Lorenzo.
+
+--Aunque no fuera así, no la desmentiría, señorita.
+
+--¿Tampoco usted es capaz de ser franco?
+
+--Ya ve si lo sooy; le confieso lo que haría, con toda franqueza.
+
+--Me doy por vencida: cerremos el capítulo. Voy a juntarles unas flores.
+
+--Acaso es tarde ya, señorita--dijo Ricardo.
+
+--¡No!--le interrumpió vivamente ella.--¡No! Si no voy a darles o a
+juntarles todas las flores del jardín...
+
+--¡Ni lo hemos podido pensar!--contestó Ricardo sonriendo y en el mismo
+tono.
+
+--A mí me basta con una sola flor, señorita, que usted me dé... la que
+usted prefiera...
+
+--¡Ah, señor! yo no tengo preferencias tratándose de flores; las quiero
+a todas igualmente.
+
+--¿Y cuando no se trata de flores?--le dijo Ricardo, bajando un poco el
+tono de la voz.
+
+--¿Y de qué?... ¿de pájaros?... ¡Me pasa lo mismo!
+
+--¿Y si se tratara de personas?--insistió Ricardo, más subyugado cada
+vez por la Pampita. Exceptuando a mi padre y a mi hermana... más o menos
+lo mismo.
+
+--¿No tiene usted más familia?--intercedió Lorenzo.
+
+--Sí, señor; pero parientes lejanos; mi madre y mis otros hermanos
+murieron hace mucho tiempo... mi hermana se casó hace cuatro años...
+vive allá... ve... derecho a ese rosal... ¡Ah!--agregó repentinamente
+dirigiéndose a la planta,--vean qué dos pimpollos tan lindos, ¿eh?--y
+cortándolos volvió con ellos al camino diciendo al separarlos--pues
+estaban en un mismo gajo: uno para usted... y otro para usted...
+
+--Mil gracias--dijo Ricardo.
+
+--Un millón de gracias--dijo Lorenzo.
+
+--Usted es más generoso: ¡un millón!
+
+--Más derrochador, habrá querido decir usted, señorita--dijo Ricardo.
+
+--¿Por qué?...
+
+--Porque las ofrece a quien parece haberlas monopolizado todas...
+
+--¡Qué gracioso... o qué amable, más bien! ¿no le parece?
+
+--Como usted quiera.
+
+--Si yo no quiero...
+
+--¿A nadie?
+
+--Ya le he dicho: a mi padre.
+
+--¿Y a nadie más?
+
+--¡Qué curiosidad! A nadie más...
+
+--¿Será eso posible?
+
+--Tan posible, que así es.
+
+--Feliz de quien pueda compartir tanto afecto.
+
+--Me parece que los llaman--dijo la Pampita, parándose, y poniendo
+atención, agregó:--Sí, los llaman... es don Baldomero, ¿volvamos?
+
+Por el mismo camino marchaba hacia ellos Baldomero, que al aproximarse
+exclamó:
+
+--Me parece, señores, que les ha gustado... la chacra, ¿no?
+
+--Ya viene usted con sus locuras.
+
+--¿Locuras?... Y te parece locura, hijita, entusiasmarse hasta perder
+los estribos, viendo...--y la señalaba a ella con la mano
+extendida--esta preciosura de... chacra.
+
+--Estábamos realmente embelesados recorriendo este jardín--dijo Lorenzo.
+
+--Puede ser, señor; pero se me hace que no han de haber mirado mucho las
+plantas; ¿qué decís vos, hijita?... Yo la trato a ésta así porque la he
+tenido en mis faldas... ¡pero hace quince años! ¿eh?--dijo Baldomero
+riéndose.
+
+--¿Y ya se van?--preguntó la Pampita dirigiéndose a Baldomero...
+
+--¡Avisa!...--le dijo éste, parándose y contemplándola fijamente.
+
+--Déjese de zonceras. ¡Cuándo tendrá juicio!
+
+--¡Es lo que te recomiendo siempre!... ¡pero no lo necesita!... ¡No
+saben ustedes lo que vale esta prenda!
+
+--¡Cállese, le digo!
+
+Don Casiano, que con Melchor llegaba a reunirse con el grupo de la
+Pampita, dijo a ésta:
+
+--¿Y ésas son las flores que les has juntado?
+
+--No quisieron más, tata.
+
+--¡Gran cosa!
+
+--Es suficiente, señor.
+
+--Apurémonos--dijo Melchor--que la noche se viene.
+
+Así lo hicieron, y al llegar al break se cambiaron efusivas expresiones
+de amistad y promesas de repetir la visita, mientras Lorenzo y Ricardo
+sentían una verdadera fascinación ejercida por aquella Pampita de veinte
+años, que había resultado querer sólo a su padre...
+
+Momentos después de partir el break, la Pampita percibía claramente el
+repiqueteo del cascabel del cadenero y las voces de Hipólito:
+
+--¡Jiú!... ¡jiú!... ¡jiú!...
+
+* * *
+
+Si Lorenzo y Ricardo habían salido hondamente entusiasmados con la
+visita a la «Pampita», ésta, había quedado más impresionada que en
+otros casos, ante la presencia de aquellos dos buenos mozos, gallardos y
+cultos.
+
+Ella sabía bien cuánto influía en los hombres que la trataban; pero en
+aquella circunstancia se acrecía su mujeril satisfacción por la calidad
+visible de los visitantes y por la distinción social que la sola amistad
+con Melchor significaba.
+
+No podía condensar en un pensamiento definido la vaga sensación que
+experimentaba; pero en su espíritu sentía como una contrariedad porque
+no se hubiera prolongado más la breve visita de los viajeros...
+
+De pie en el corredor del poniente, contemplaba el cielo encapotado, en
+cuyo horizonte se cernía limitada por una línea casi recta, una
+inconmensurable nube oscura sobre la faja de luz roja que parecía el
+ruedo flotante del manto del sol, en marcha triunfal hacia otros
+hemisferios.
+
+Aquella línea que fijaba nítidamente un límite visible entre la sombra y
+la luz, cruzaba por la imaginación de la «Pampita» como un símbolo.
+
+--¿Si sucederá lo mismo en la vida?--pensaba.--¿Si habrá también en
+nuestra existencia una línea como esa que estoy viendo por primera vez?
+Una línea así... que marque la transición de un estado a otro... entre
+dos maneras de ser... entre dos formas de vivir... ¿Y de qué lado de esa
+línea misteriosa estaré yo?... ¿Viviré en la sombra, esperando la zona
+de luz?... ¿o estaré en ésta y me espera la otra?...
+
+--Pampita, ¿y no comemos?--le preguntó don Casiano, interrumpiendo aquel
+soliloquio, cuya causa podía estar y no estar en la casual línea de luz
+del horizonte.
+
+--Sí, tata; ya mandé sacar--repuso, dirigiéndose hacia el comedor,
+seguida de su padre.
+
+Camino del pueblo iba, entretanto, el break a largo trote, hablándose en
+él del tema obligado: la «Pampita».
+
+--¡Si yo les dije que conocerían algo bueno!--decía Baldomero.
+
+--Como belleza física--decía Lorenzo,--yo no he visto nada que se le
+parezca.
+
+--¡Y qué culta!... ¡qué educada!...--repetía Ricardo.
+
+--Bueno--decía Baldomero,--el viejo ha gastado un platal en esta
+muchacha, con buenas maestras... de francés... y de piano...
+
+--¡Toca, el piano?...
+
+--¡Sabe francés?...
+
+--¡A la, perfección, señor! ¡Si cada que hay una fiesta es la
+primera!--repuso Baldomero, agregando:--¡Y miren que la cortejan!...
+¡Pero, señor!... ¡De aquí y de todas partes!... ¡Pero nada!... ¡Yo no
+sé qué demonios de ideas le han metido en la cabeza a esta muchacha que
+no quiere saber nada con «nadies»!... Así me ha sabido decir muchas
+veces: «¡No me hable, Baldomero! ¡Yo no puedo pensar en «nadies» más que
+en tata!»... ¡Fíjense!... ¡Y tan muchacha que es!... ¡Y tan linda!...
+¡Porque miren que como linda, es linda!... ¿No?...
+
+--¿Y usted la ha festejado?--le preguntó Ricardo.
+
+--¡Atiéndamelo, don Melchor!... ¡Señor! ¡Si tengo hijos mozos!--contestó
+riendo Baldomero, y agregó:--No, señor... Si la «Pampita» es como hija
+mía... sólo que alguna vez he sentido ganas de hacer gancho... ¿sabe?...
+¡porque ha tenido buenos partidos!... mozos bien... de posición... y el
+viejo se puede morir... Bueno que ella tiene la hermana;--continuaba
+Baldomero atendido por Lorenzo y Ricardo, vivamente interesados en
+aquella relación,--¡y está bien casada!... con un hombre... decente... y
+trabajador... siempre tendrá ese refugio, ¿no le parece, don Melchor?
+
+--Así es, Baldomero.
+
+--¡Siga!--dijeron a dúo Ricardo y Lorenzo.
+
+--¡Vean los señores!...--exclamó Baldomero.
+
+--...¡Si Mandinga no duerme!... ¿Mire que viniera a suceder!... ¿Y cuál
+sería?...
+
+--Nada de eso--replicó Lorenzo,--me interesa, naturalmente, el caso de
+una niña, tan excepcional como ésta.
+
+--¡Así se empieza!...--respondió Baldomero, riéndose, y agregó:--¿Pero
+ya llegamos y sabe que el mate me anda retozando entre las tripas?...
+
+En la puerta del hotel esperaba Garona, cuya silueta se proyectaba en la
+acera a favor del farol colgado en el zaguán, como la de una bordalesa
+que tuviese encima una fuente enorme; de tal modo eran anchas las alas
+de su chambergo criollo.
+
+Descendieron los paseantes y al entrar al hotel, dirigiéndose al
+comedor, don Saverio se aproximó a Baldomero y le dijo al oído:
+
+--El asado se pasó un poquito, ¡vea!
+
+--¿Por qué no lo retiró, amigo?
+
+--¡Eh, qué quiere!... ¿Sabe?... es tarde...
+
+--¿Qué dice?--preguntó Melchor a Baldomero.
+
+--El hombre está afligido porque nos hemos demorado.
+
+--Ganaremos tiempo comiendo ligero--contestó Melchor al sentarse a la
+mesa.
+
+El comedor estaba lleno de parroquianos de todas las trazas, que
+observaban prolijamente a los recién llegados y, a no interponerse entre
+unos y otros la figura amable de Melchor y la respetada de Baldomero,
+habrían pasado un mal rato los dos viajeros, pues cuando Ricardo se puso
+la servilleta en el cuello como un babero, bajo su cara afeitada, dijo
+un paisano que estaba cerca:
+
+--¡Parece un «flaire» que va a decir misa!...
+
+Baldomero alcanzó a oír la pulla y levantándose fue hacia quien la había
+lanzado y le dijo:
+
+--Vea, Martín: estos señores están conmigo, ¿entiende?
+
+--¿Y yo qué hago?
+
+--No le digo más--respondió Baldomero, disponiéndose a volver a su
+asiento; pero al hacerlo oyó que el paisano decía como en un rezongo:
+
+--...¡Tá lindo... no va a poder hablar uno!...
+
+--¡A rebencazos te voy a tapar la jeta!--le dijo en voz baja Baldomero,
+como para evitar ser oído por los demás.
+
+--¡Cualquier día!--respondió el paisano tomando disimuladamente un
+botellón que tenía delante.
+
+--¡Soltá eso!... ¡Si no estuviera con estos señores!--repuso Baldomero
+en voz aún más baja.
+
+--¡Cuando quiera, no más!
+
+--¡La facha!...--dijo Baldomero, volviendo a su asiento y dando por
+terminado el incidente que no había pasado inadvertido en el comedor más
+que para sus compañeros de mesa.
+
+--¿En qué andaba?--le preguntó Melchor.
+
+--Un encargue... que no me han cumplido--contestó como contrariado, para
+explicar así la ligera emoción que le embargaba. Pero en ese momento,
+Lorenzo, que ocupaba un asiento frente al hombre con quien Baldomero
+había estado, vio que aquél, hablando con el compañero, se besaba sin
+ruido el pulgar y el índice de la derecha en cruz.
+
+Don Saverio en persona y en homenaje a Melchor, servía la mesa, sobre la
+que puso, para empezar, una verdadera montaña de tallarines al jugo.
+
+--Yo también me siento con apetito--dijo Ricardo dirigiéndose a
+Baldomero y aludiendo a las palabras de éste en el break.
+
+--Es la mejor salsa, señor--repuso y agregó mirando a Lorenzo:--¿y
+usted, señor, se siente con disposición?
+
+--No mucha.
+
+--«L'appetit vient en mangeant»--dijo Melchor, mientras levantaba en
+toda la extensión de sus brazos los tenedores con que pretendía sacar de
+la fuente los kilométricos tallarines.
+
+--¿Qué vino gustan tomar?--preguntó Baldomero, haciendo una verdadera
+gambeta a la sentencia de Melchor.
+
+--Gracias, tomo agua--dijo Lorenzo.
+
+--Y yo también.
+
+--Para mí cualquiera.--dijo Ricardo.
+
+--¿Pero cómo?--insistió Baldomero,--¿van a comer sin vino?
+
+--Sin vino y con poca agua--repuso Melchor,--con la menos posible.
+
+--¡Qué! ¿Que el agua les hace mal?
+
+--Comiendo, sí, como a cualquiera, Baldomero.
+
+--¡Hoy nos vamos a enfermar todos, entonces--exclamó Baldomero,
+riéndose.--¿No sienten?... Está lloviendo...
+
+--Llueve efectivamente, ¡qué chasco!--dijo Ricardo.
+
+--No, Baldomero, esa agua no enferma a nadie; pero fíjese usted que es
+tan observador insistió Melchor,--que ningún animal come y bebe al mismo
+tiempo. El único es el hombre; los demás animales comen cuando tienen
+hambre y beben cuando tienen sed.
+
+--¿Sabe que es cierto?...
+
+--La observación no es mía... la he leído... no sé dónde... y la
+sigo...
+
+--Yo también--dijo Ricardo,--por eso no como con agua...
+
+--¡Pero te encharcas con vino! ¡vaya una gracia!--repuso Lorenzo.
+
+La comida siguió sin nuevos incidentes hasta el preciso momento en que
+don Saverio ponía sobre la mesa un fuentón de duraznos en almíbar y una
+gran caja de guayaba, cuando apareció por la puerta el «ñato», con una
+preciosa canasta en la mano y parándose junto a Melchor, le dijo:
+
+--Aquí le manda el patrón estos duraznos y dice que son de la chacra,
+para que convide a sus amigos y que muchos recuerdos.
+
+¡El breve y gracioso moño de cinta celeste que cerraba la canasta no
+estaba, no podía estar hecho por don Casiano!...
+
+* * *
+
+Al llegar el día, Melchor estaba de pie, habiendo abandonado la cama con
+especial cuidado de no interrumpir el sueño de sus dos compañeros, hasta
+que llegase el momento de partir.
+
+Hipólito tenía listo el break y Baldomero tomaba mate en compañía de
+Garona, que hecho a las costumbres criollas, había aprendido a «hacer
+roncar un cimarrón»--según la gráfica frase con que se da a entender que
+se ha sorbido hasta la última gota del mate.
+
+La lluvia de la noche, bien que breve, había hecho descender la
+temperatura y del suelo húmedo se alzaba un vaho saturado de emanaciones
+olorosas, que daban particular densidad a la atmósfera. Podía decirse
+que el aire estaba «gordo» y así se veía a la distancia denso y violáceo
+como una tenue niebla invernal en pleno estío.
+
+El sol soslayaba la tierra con rayos tibios, como el suave calor de un
+incendio que se inicia; pero que anunciaban para más tarde la alta
+temperatura propia de la estación y de un día sin nubes que la
+aplacaran.
+
+Comprendiéndolo así, Baldomero contestó al saludo de Melchor, que
+elogiaba la mañana, diciéndole:
+
+--Ahora está lindo; pero «hoy va a cantar la chicharra», ¿y esos
+hombres?...
+
+--Duermen todavía; no he querido despertarlos, para que descansen un
+poco más.
+
+--¿Tomará un mate, don Melchor? ¿o prefiere café?
+
+--No, mate. ¿Es dulce?
+
+--¡Verdad que usted toma dulce! Vea, Garona, haga cebar dulce también.
+
+Garona llamó a una muchacha de servicio y minutos después Melchor tomaba
+su mate.
+
+--¿Y los equipajes, Baldomero?
+
+--Ya van en viaje. El carro salió hará dos horas.
+
+--¡Pero vea usted!--dijo Melchor contemplando bondadosamente a
+Garona.--¡Cómo se aclimatan estos gringos!... ¡Quién había de decirle,
+don Saverio, que iba usted a tomar mate en su vida?
+
+--¡Qué quiere!... aquí aprendemos de todo... y quién sabe si hay alguno
+que toma más mate «de» yo--contestó enfáticamente Garona, que hacía gala
+de su capacidad de bocoy, considerando que el verdadero mérito de «un
+buen gaucho» se revela por el número de mates que pueda tomar y no por
+calidades de otro orden.
+
+--Cuando sea hora de salir, avise, Baldomero, para despertarlos.
+
+--Cuando quiera, estamos listos.
+
+--Bueno, don Saverio, haga llevar al cuarto café con leche, pan y
+manteca, bien servido, ¿eh?--y con el mate en la mano se dirigió al
+dormitorio de sus compañeros, a quienes dijo:
+
+--¡Muchachos!... ¡Aquí está la Pampita!
+
+--¡El qué?--exclamó Ricardo, irguiéndose rápidamente en la cama, al
+mismo tiempo que Lorenzo se incorporaba también.
+
+--Que ya es de día...--contestó Melchor.
+
+--Pero, ¿qué fue lo que dijiste?
+
+--¡Nada!... que es hora de levantarse...
+
+--¡Juraría que te había oído nombrar a la Pampita!
+
+--¡Estás soñando!
+
+--Yo sí que he soñado con ella--dijo Lorenzo,--¡y qué linda estaba!...
+Habíamos salido a caballo... los dos... por un camino largo... ¡muy
+largo!
+
+--¡Que te parecería corto!--le interrumpió Melchor, agregando:--Bueno,
+levántense... ya les van a traer desayuno--y como en ese momento
+apareciera un sirviente llevándolo, le dijo:--Entre, ché, póngalo
+aquí... en esta mesa--y volviéndose a Lorenzo y Ricardo:--les voy a
+servir yo... ¿cuántos terrones?...
+
+--¿Y por qué no nos dan mate?
+
+--Es mejor café con leche; el mate produce acidez al estómago cuando no
+se está acostumbrado a tomarlo como desayuno..
+
+--¿Y tú lo estás?...
+
+--No; pero a mí no me hace nada.
+
+--Si... por darte corte con esta gente... toma café con leche... no seas
+pavo--le dijo Ricardo.
+
+--Contesta... ¡macaneador!... ¿cuántos terrones?...
+
+--Para mí, tres--dijo Lorenzo.
+
+--Para mí... cinco.
+
+--¡Y querías tomar mate amargo!...
+
+--¿Quién desea un cimarrón?--preguntó Baldomero, parándose en la puerta,
+y agregó:--Buenos días, señores.
+
+--Buenos días--contestaron;--pase adelante.
+
+--¿Han descansado?
+
+--Hemos dormido perfectamente.
+
+--¡Pero han soñado mucho!--dijo Melchor, riendo, mientras servía el
+desayuno.
+
+--Si... ¿no? ¿y con quién?
+
+--Son pavadas de éste--repuso Ricardo.
+
+--¿Pavadas?... ¿Y el galope que ha pegado Lorenzo con la Pampita?...
+
+--¿Cómo es eso?... ¡Señor!... ¡Cuente!--exclamó Baldomero.
+
+--¡Cosas de Melchor, amigo!
+
+--Tú me lo has dicho recién.
+
+--Es que soñé realmente con que paseaba con ella a caballo.
+
+--¡No decía yo!... ¡Si se me hace que vamos a andar mal!--dijo
+Baldomero, agregando:--¡Vaya que ella también haya soñado!...
+
+--Sería interesante--dijo Melchor--saber con quién...
+
+--¡Así es!--repuso Baldomero.
+
+--Se le podría preguntar...--dijo Ricardo sonriendo.
+
+--¿Y si resultase que era con Lorenzo?
+
+--¡Mejor para él!
+
+--¿Y si era contigo?
+
+--Peor para él y mejor para mí.
+
+--¡Qué! ¿Que ya se la están disputando?...--dijo Baldomero, y
+agregó:--Si quieren podemos dar una vueltita por la chacra antes de ir
+para la estancia.
+
+Ante esta proposición quedaron un instante perplejos Lorenzo y Ricardo,
+que sentían vehementes deseos de aceptarla; pero éste se limitó a
+preguntar:
+
+--¿Queda de camino?
+
+--Eso es lo de menos; los caballos son guapos... y así de paso dejaban
+la canastita que la veo aquí... ¡pero sin el moño!...
+
+--Y sin los duraznos--repuso Ricardo.
+
+--Los duraznos los comimos anoche--intercedió Melchor,--pero yo no me he
+comido el moño.
+
+--¡Ni yo!
+
+--¡Ni yo tampoco!
+
+--Yo sé decir--dijo Baldomero,--que anoche cuando la puse aquí lo
+tenía.
+
+--Se lo habrán comido los ratones--dijo Ricardo.
+
+--¡Eso ha de ser!--dijo irónicamente Baldomero, agregando:--¡Miren que
+no haber caído en la cuenta!
+
+--A propósito, Baldomero, ¿quiere pedir la cuenta a Garona?
+
+--Me dijo que la pagarían a la vuelta, don Melchor...
+
+--¿Cómo a la vuelta?...
+
+--Así me dijo... ¡y es tan porfiado el gringo!...
+
+--¡Son cosas suyas!...
+
+--¿Mías?... De Garona, querrá decirme... ¿y no les parece que es hora de
+ir saliendo?...
+
+Los tres amigos se dirigieron al break que tenía en el pescante una gran
+canasta con las provisiones para el almuerzo, y subieron en él después
+de despedirse amablemente de cuantos encontraron al paso y de recomendar
+a Garona que hiciera llegar en seguida la canastita a don Casiano.
+
+--¿Y usted, don Baldomero, no sube?--preguntó Lorenzo viendo que se
+disponía a cerrar la portezuela del break.
+
+--Los voy a acompañar a caballo.
+
+--¿Hasta la estancia?
+
+--El azulejo es capaz de ir de un galope hasta Buenos Aires.
+
+Al partir el break a todo trote, Baldomero se puso al costado, galopando
+con toda la bizarría del gaucho legendario, mientras su flete dejaba
+ver, al levantar los remos y al mirar hacia adelante, con sus ojos
+vivos, que éstos no alcanzaban a divisar distancia que lo cansase.
+
+No habían andado dos leguas, cuando Baldomero exclamó:
+
+--Pará, ché Hipólito; aquel hombre viene queriendo alcanzarnos.
+
+En efecto, era un peón de Garona, que al llegar próximo al break y antes
+de que su caballo se detuviera del todo, se arrojó de él, bajándole la
+rienda, y dirigiéndose a Melchor le dijo:
+
+--Aquí le traía estos telegramas.
+
+Melchor los tomó y leyendo ávidamente la dirección de cada uno los
+repartió diciendo:
+
+--Este es para mí; señor Lorenzo Praga; señor Ricardo Merrick; éste
+también es para mí.
+
+--De mamá, que están todos buenos--dijo Lorenzo.
+
+--Lo mismo en casa--agregó Ricardo.
+
+--Por casa también, sin novedad; el otro es de Clota.
+
+Ricardo dio vuelta la cabeza y se puso a mirar hacia adelante, mientras
+Hipólito preguntaba:
+
+--¿Vamos?...
+
+--¡Vamos!...
+
+--¡Jiú!... ¡jiú!...
+
+* * *
+
+El sol al frente de los viajeros hizo exclamar a Ricardo:
+
+--Empieza a hacerse sentir el calor.
+
+--¿Quieres cambiar de asiento?--le dijo Melchor.--Aquí, Hipólito, ataja
+algo; te di ese lugar para que fueras viendo con más comodidad.
+
+--No, si es lo mismo.
+
+--¡Mira que aquí hay una sombrita!--insistió Melchor encogiéndose tras
+del cochero.
+
+--No, voy bien; es que hace calor, no más.
+
+--¿No quieres para atajarte del sol... un diario?...--le dijo Melchor
+irónicamente.
+
+--Y a propósito, ¿los traes?
+
+--¡Todos!....
+
+Baldomero que oyó hablar de diarios, aproximó su caballo hasta poner una
+mano sobre el guardabarro lateral del break y preguntó:
+
+--¿Hablan de algo los diarios?
+
+--En la estancia le van a contestar, Baldomero, porque todavía no los
+han leído...--repuso Melchor riéndose, y agregó:--Pero los compraron.
+
+Baldomero sonriéndose, separó el azulejo y con la mano de nuevo sobre el
+muslo derecho continuó galopando con insuperable gallardía.
+
+El viento movía blandamente el ala de su chambergo y levantaba leves
+nubecillas de polvo que los cascos del azulejo removían aún de entre el
+césped, de tal modo era enérgica la fuerza con que los golpeaba.
+
+El panorama parecía indicar el límite de la superficie habitada, no sólo
+porque las perspectivas del paisaje mostraban cada vez más raleadas las
+poblaciones y más pequeños los detalles vistos a la distancia, sino
+porque los ruidos, que llegaban al oído de los viajeros, eran extraños y
+tristes, casi agoreros, y hasta el vuelo pausado y oblicuo de los
+caranchos tenía el ritmo de una cadencia funeral.
+
+Las haciendas se alzaban perezosamente, entumecidas por el reposo de la
+noche y el terneraje lanzaba en tonos quejumbrosos gritos que parecían
+lamentos de agonizante, mientras al paso del break huían las vaquillonas
+y los pequeños novillos, haciendo cabriolas que tenían todo el dengue de
+mohines de burla, como si se los inspirase aquel grupo de viajeros que
+en procura de salud moral marchaban aceleradamente hacia regiones de
+inacabables melancolías.
+
+A ratos surgía, repentino y en gradación descendente, el trino
+glutinante de alguna perdiz que huía a refugiarse en su mimetismo; los
+teros saludaban a la distancia, lanzando su estridente grito y mientras
+los tordos, los cardenales y los chingolos se paseaban por el lomo de
+las vacas, las lechuzas parecían encogerse de hombros indiferentes o
+despreciativas, al levantar el vuelo de poste a poste, a medida que el
+break avanzaba en su camino.
+
+Separados por potreros que parecían dilatadísimos, veíanse los bosques
+de las estancias disminuidos por las lejanías, hasta sugerir la idea de
+pequeños montecillos, y así lo hizo notar Ricardo:
+
+--¿Por qué tienen tan pocos árboles junto a las casas, Baldomero?
+
+--¡No crea, señor, si son arboledas grandes!... Mire allá... ¿ve?...
+derecho a aquella punta de hacienda... bueno... ése es campo de los
+«Unzueces»... que tienen árboles por lujo...
+
+--¿Y no parece, eh?
+
+--Que queda lejos... pero el bosque es grande...
+
+Siguió un silencio prolongado, durante el cual Melchor sintió cien veces
+impulsos de sacar del bolsillo el telegrama de Clota, pero se abstuvo
+temeroso de provocar preguntas que no deseaba satisfacer. Ningún detalle
+del camino escapaba a la curiosa observación de Lorenzo y de Ricardo,
+que en más de un caso prefirieron ignorar la causa o la naturaleza de lo
+que veían, antes de revelar ante Hipólito la impericia campera que
+lógicamente padecían...
+
+--¡Viste!...--se limitaban a preguntarse recíprocamente al ver cruzar
+una liebre o al ver aparecer en la puerta de su cueva algún vizcachón
+valetudinario.
+
+En las postas del camino cambiaron caballos que Hipólito conocía hasta
+en sus detalles más íntimos y sin tropiezos llegaron a la del «Paso»,
+donde debían almorzar y sestear, según lo anunciado por Melchor.
+
+--¿Sabe que hemos andado ligero, Baldomero?
+
+--¿Qué hora tiene, don Melchor?
+
+--Las diez menos cuarto.
+
+--¡Verdá! que hemos andado pronto... bueno que estos caballos son de
+ley.
+
+--El que es de ley es el cochero--dijo Lorenzo,--y no le hacen justicia.
+
+--Y con caminos pesados--agregó Ricardo.
+
+--Algo... sí, señor... al salir del pueblo...; pero después, no... por
+aquí está casi seco... es que hemos tenido caballos guapos...
+
+--¡Buenos días, don Melchor! ¡Cuánto gusto!--exclamó palmoteando la
+dueña de casa.
+
+--¡Cómo está, doña Ramona!
+
+--¡Para servirlo!... «entre adentro» que está fuerte el sol... pasen,
+señores.
+
+--¿Y Anastasio?
+
+--Anda por el campo, señor... y ¡miren que han venido temprano!... pero,
+¿a qué hora salieron, don Baldomero?
+
+--No me fijé, amiga... serían las cinco.
+
+--¡Si cuando este muchacho me dijo que venía el breque... ¡qué le iba a
+creer!... Siempre saben llegar al mediodía.
+
+--Realmente, Ramona: hemos venido como chasque.
+
+--¡Como chasque! Don Melchor... ¿y la familia quedó buena?
+
+--Todos buenos, gracias.
+
+--Pero siéntense, señores, que están parados... y entrá esa canasta,
+muchacho... Anastasio no ha de tardar... ¿le cebo un mate, don
+Melchor?...
+
+--¿Mate?... Creo que mis compañeros quieren algo más sólido... ¿qué tal,
+Lorenzo?...
+
+--Venimos a tus órdenes.
+
+--¡Eso quiere decir que hay apetito!... ¿No te decía yo?...--y agregó,
+alzando la voz:--¡Baldomero!
+
+--¡A la orden, don Melchor!
+
+--...aquí hay gente curiosa por ver lo que ha traído en la canasta.
+
+--¡Ni sé lo que haya puesto Garona!... Vaya sacando, amiga. ¿Quiere?...
+Yo ya vengo--dijo desde la puerta Baldomero, teniendo del cabestro su
+azulejo al que le había sacado el cojinillo.
+
+Mientras se disponía la mesa bajo la enramada del poniente, los tres
+amigos salieron a «estirar las piernas» por las inmediaciones.
+
+--¿Por qué no llevan la escopeta? Don Melchor... puede que encuentren
+algo...
+
+--No, Baldomero... las armas las carga el diablo... y estas vacas son
+ajenas...
+
+--¡Lo dirás por ti; porque yo--replicó Ricardo en tono de broma,--donde
+pongo el ojo pongo la bala!
+
+--¡El de mejor puntería!...
+
+--No soy tan certero como tú...--contestó intencionadamente Ricardo,
+creyendo ver una alusión que no existía por cierto en la frase amistosa
+de Melchor. Comprendiéndolo, éste le dijo:
+
+--Te he dado una broma, sin intención... pero ya que lo entiendes así...
+veremos si le aciertas a la Pampita.
+
+--Parece que la Pampita te preocupa a ti más que a nosotros... Se lo
+podríamos telegrafiar a Clota... ¿qué te parece?
+
+--Viniendo de ti tiene que parecerme bien.
+
+--¡Oíganle!...
+
+--Ché, Melchor; pero qué vida pasará aquí esta gente, ¿eh?
+
+--¡Te parece, Lorenzo! Viven muy contentos y muy sanos.
+
+--Yo creo que me moriría aquí antes de una semana.
+
+--En ti me lo explico perfectamente.
+
+--¿Por qué te lo explicas?
+
+--Porque aquí no vienen diarios todos los días...
+
+--No seas pavo--repuso cariñosamente Lorenzo; y la jira continuó sin
+alejarse mucho de las casas, hasta que Baldomero les gritó:
+
+--¡Cuando gusten!
+
+Al sentarse a la mesa apareció Anastasio, cuya fisonomía impresionó
+vivamente a Lorenzo y a Ricardo que en una rápida mirada se cambiaron la
+misma impresión: ¡qué traza!
+
+En la expresión de Anastasio observaron, instantáneamente, un detalle
+extraordinario: ¡reía sin risa!
+
+Toda su cara, en lo muscular, respondía a la intención de su dueño: los
+labios se tendían abiertamente dejando ver una dentadura ennegrecida y
+sólida; las comisuras de los párpados se contraían aumentando los surcos
+radiales que partían de ellas; los pómulos se levantaban, las arrugas de
+la frente disminuían... pero los ojos permanecían impávidos y fijos.
+Casi podía decirse que al reír su envoltura corpórea, el alma quedaba
+indiferente y seria.
+
+Inspiraba lástima y miedo.
+
+Saludó con breves palabras, con monosílabos casi, y fue la única persona
+que no hizo a Melchor los agasajos que todos. Cuando éste le invitó a
+participar del almuerzo rechazó el ofrecimiento con actitudes que lo
+mismo parecían de recelo que de timidez.
+
+--Gracias... Ya churrasquié...
+
+--¿Dónde?... viejo...--preguntó asombrada Ramona, sin obtener
+contestación.
+
+--Arrímese, Anastasio--insistió Baldomero,--mire que vale más llegar a
+tiempo que andar rondando un año.
+
+--Así... dicen...--contestó Anastasio, sin moverse de su sitio y
+castigando al suelo con la punta de su lonja.
+
+Terminado el almuerzo, se dispuso la siesta bajo la caliginosidad
+creciente de un día de fuego y poco después de las 4 la caravana
+continuó su marcha en línea recta, a la «Celia».
+
+Durante esta jornada se habló de Anastasio especialmente, pues habían
+quedado Lorenzo y Ricardo impresionados con él.
+
+Melchor y Baldomero les referían la breve historia de aquel hombre
+desgraciado, especie de «Don Alvaro» del desierto, a quien la fatalidad
+le había puesto más de una vez en la boca del trabuco o en la punta del
+cuchillo el corazón de las personas a quienes más quiso en la vida.
+
+Peleando en una pulpería una noche había muerto a su hermano,
+confundiéndolo con su adversario, en medio de un entrevero; tiempo
+después llegaba tarde de la noche a su rancho, y viendo un hombre junto
+a la puerta, simuló pasar de largo por el camino, para sorprender mejor;
+descendió del caballo y agazapándose entre las cicutas se dirigió hacia
+aquel hombre que iba a robarle su felicidad; los perros no se sentían...
+
+Anastasio llegó hasta cerca de la puerta y oyó estas palabras, dichas
+entre dientes como en un rezongo:
+
+--Abrí, te digo, soy yo.
+
+La puerta se abrió y un relámpago de celos precedió a un relámpago de
+fuego: Anastasio había descargado su formidable trabuco sobre un
+salteador y sobre su mujercita inocente, matando a los dos.
+
+--¿Y hace mucho tiempo?--preguntó Ricardo.
+
+--¿Qué hará?... irá para tres años... ¿no, don Melchor?
+
+--Por ahí, Baldomero; yo no me acuerdo bien.
+
+--Pero él se acuerda bien--moduló Ricardo como hablando consigo
+mismo;--él se acuerda... ¡pobre hombre!... se ve que sufre una pena sin
+consuelo...
+
+--¿Y doña Ramona?... Ché, Ricardo--le interrumpió Melchor, repitiéndole
+al golpearle cariñosamente el muslo y mirándole fijo en sus ojos como
+para subrayar la intención de la frase:--¿Y doña Ramona?... ¿No es un
+consuelo?...
+
+* * *
+
+Iba cayendo la tarde... El sol parecía hundirse entre montañas de nubes
+que él mismo pintaba con diversos tonos entre estallidos rectos de rayos
+rojos.
+
+Por el lado del naciente se veían como apoyados al suelo en el límite
+del horizonte espesos y multiformes cúmulos parduscos sobre los cuales
+brillaba Júpiter parpadeante y sólo en la infinita limpidez del cielo.
+
+Largas hileras de haciendas mugientes regresaban de los jagüeles, con el
+aspecto de trabajadores que volviesen de pesadas tareas; las majadas se
+agrupaban como para solidarizarse ante la amenaza de peligros
+nocturnales, y mientras un lechuzón permanecía temblequeando fijo en un
+punto del espacio, pasaba cabizbajo a raudo trote un perro flaco y
+desvalido, con rumbo a las casas...
+
+Había en toda la amplitud del paisaje notas de aurora y tonos de
+indefinibles melancolías crepusculares...
+
+El break había transpuesto la última tranquera y realizaba la más breve
+de las etapas entre la prolija observación del ganado, cuyos ejemplares
+lo seguían con la vista, como reconociéndolo.
+
+--Ya estamos, muchachos: aquéllas son las casas.
+
+--¡Qué hermoso me parece todo esto!--exclamó Ricardo, ocultando quizá su
+pensamiento íntimo.
+
+--Y a mí... ¡qué triste!
+
+--Déjate de ver cosas tristes, Lorenzo, y piensa que al franquear
+aquella tranquera hemos hecho honda y firme la resolución de aquel
+amigo, que les referí ayer: «¡Ahora, hay que reírse!»
+
+--Trataremos de reírnos.
+
+--¡Y lo haremos en grande!... ¡Yo ya me vengo riendo de pensar en las
+consecuencias de los primeros galopes!... ¿Tú has andado muy poco a
+caballo, Ricardo?
+
+--¡No he andado en mi vida!
+
+--Le daremos un caballito manso--dijo Baldomero, que en ese momento se
+había aproximado al break;--el malacara de la niña Lola... ése es como
+ir en coche...
+
+--¿Será como ése?...
+
+--¡Ah... no, señor!... cosa muy diferente... el malacara es de paseo...
+
+--¡Yo vengo asombrado de la resistencia de su caballo!
+
+--Y véalo, don Ricardo... ¡mire!... ¡viene «tironeando»!... como al
+salir...
+
+Envanecido por los elogios al azulejo, Baldomero le hizo una
+«aflojadita», en momentos que llegaban a la casa, y fue a detenerse bajo
+los ombúes de la caballeriza, gritando:
+
+--¡Qué hacen que no llaman estos perros?... ¡fuera! _¡Nemo!_... ¡fuera!
+_¡Bachicha!_...
+
+Los viajeros descendieron del coche, y entre saludos a la gente que les
+esperaba se dirigieron a la casa por un caminito del jardín, guiados
+por Melchor, que al entrar en las piezas les decía:
+
+--¡La sala... ya ven... hasta piano!... para ti, Ricardo, que eres tan
+aficionado... Sigan... éste es el escritorio del viejo...--y alzando la
+voz gritó:--¡Baldomero!... haga traer luz; sigan, muchachos: el cuarto
+de mamá... estos dos son de las muchachas... éste no hay que
+presentarlo: ¿qué les parece?...
+
+--¡Qué hermosura de comedor!...
+
+--Ahora vengan por aquí... miren... un cuarto de baño...
+
+--¡Espléndido!
+
+--Mi cuarto..... y éstos que siguen... ¿ven?... para huéspedes... otro
+cuarto de baño... y todo con ventanas al corredor.
+
+--¡Es una gran casa!
+
+--De cuartos grandes no más, ché; pero es cómoda. Ahora, nos bañaremos,
+si les parece, y comeremos en seguida.... Mañana recorremos lo demás.
+
+--¡Sí, ché, a bañarnos!
+
+--Vea, José--dijo Melchor, dirigiéndose al sirviente de la estancia que
+les acompañaba con una lámpara en la mano,--ponga todo en los baños,
+prontito, y encienda las luces.
+
+--Sí, señor.
+
+--Oiga, José... ¿dónde ha puesto los equipajes?
+
+--Lo suyo está en su cuarto; los otros los pusimos en la pieza grande.
+
+--No; tráigalos al cuarto al lado del mío... así los tenemos más a la
+mano... ¿quieren que vayamos para allá?
+
+--¿Para dónde?
+
+--A sentarnos al frente mientras preparan el baño.
+
+--Bueno.
+
+Sentados en el corredor contemplaban los viajeros la llegada de la noche
+y comentaban las incidencias del viaje, cuando de pronto dijo Ricardo
+con una espontaneidad que asombró gratamente a Melchor:
+
+--¡Voy a probar el piano! ¿No estará cerrado?
+
+--Ha de tener la llave puesta, si no avisa--y volviéndose a Lorenzo:--¡y
+qué bien toca Ricardo, eh?...
+
+--¡Hum!--hizo Lorenzo bajo la presión de una angustia intensísima que
+crecía en su espíritu con el avance de la noche.
+
+De la sala salía el tenue resplandor de una lámpara a media luz; en los
+árboles del jardín gorjeaban a intervalos pajaritos que parecían
+buscarse mutuamente entre las tinieblas del follaje; a lo lejos se oían
+balidos aislados, y sentados en silencio Lorenzo y Melchor, viendo por
+entre las plantas el resplandor distante de la cocina, escuchaban las
+primeras notas con que Ricardo estimulaba su memoria.
+
+--¿Qué vas a tocar?
+
+--No sé, ché, Melchor... estoy pensando.
+
+--¡Toca el pericón nacional!... que es de circunstancias.
+
+--No lo sé...
+
+--¿Y los tristes argentinos... que son tan lindos?
+
+--Tampoco... de memoria no los recuerdo.
+
+--¡Bueno! toca lo que te dé la gana.
+
+--El quinto nocturno...
+
+Y Ricardo atacó con exquisita delicadeza la bellísima melodía de Chopín,
+cuyos acordes ponían en el ambiente una nota de intensa y honda
+melancolía.
+
+--¡Qué es eso! Lorenzo, por Dios--exclamó de pronto Melchor, poniéndose
+angustiosamente de pie y acercándose a su amigo, que había ocultado la
+cabeza en el brazo derecho puesto sobre el respaldar de la silla y
+lloraba a sollozos, mientras Ricardo continuaba tocando en el piano el
+5.º nocturno de Chopín.
+
+--¡Qué es eso?... ¡Caramba!... ¿Qué tienes?...--repetía Melchor,
+inclinado cariñosamente sobre el cuerpo de Lorenzo.
+
+--¡No sé!...--repuso éste, poniéndose de pie y reclinándose
+lánguidamente en el pecho de Melchor,--no sé... hace rato... ¡tengo una
+opresión...! que no oiga Ricardo...
+
+--Ven... ven conmigo... por aquí--y abrazados como dos hermanos que se
+consuelan, como dos amantes que se idolatran, siguieron por un camino
+del jardín hasta una pequeña glorieta en uno de cuyos bancos se
+sentaron, oyendo claras y nítidas las sugerentes notas del nocturno.
+
+--¡Cuánto te incomodo!...
+
+--No, Lorenzo, tú no puedes incomodarme jamás... ¿pero qué tienes?...
+
+--...¡No sé!... aquí... no sé qué tengo... ¡ganas de llorar!
+
+--Llora... así... llora no más... eso te hará bien...
+
+Lorenzo lloraba a sollozos, recostada la cabeza en el hombro de Melchor,
+de cuyos ojos caían silenciosas lágrimas sobre el cabello de su amigo...
+
+* * *
+
+--...Bueno... ¡ya pasó...! ¡Cuánto te incomodo!...
+
+--¡Al contrario!... acabas de darme un alegrón...
+
+--¿Esto más?... ¡eres un santo, Melchor!
+
+--¡Pues un alegrón! porque este llanto tuyo implica la crisis más franca
+en tu estado puramente moral... con esas lágrimas sé ha volcado bajo la
+presión ambiente, toda la enfermedad nerviosa de que padecías...
+
+--Ahora siento un gran alivio.
+
+--¡Es que ya estás curado!... ¿Vamos?... Te has pasado acumulando
+lágrimas engendradas por preocupaciones ridículas, mientras tu organismo
+se viciaba por influencia de esas mismas preocupaciones, y libre de
+ellas, han bastado unas cuantas horas y un poco de aire puro y de nuevas
+perspectivas para que tu organismo se revolucione y arroje de sí al
+déspota que lo esclavizaba... y que ha salido... ¡llorando!... ché...
+así son los tiranos...
+
+--¡Eres un santo, Melchor!
+
+--...lloran en cuanto no pueden seguir tiranizando... ¿te has fijado?...
+ahora ya estás libre... ¿ves?... ya estás sano.
+
+--¡Tú eres capaz de curarme!
+
+--...ya puedes decir, en legítima posesión de ti mismo: «¡Ahora hay que
+reír!»
+
+--Sí, ¡pero no vayas a reírte de mí!
+
+--¡Ni tú de mí, ¿eh? porque desde ahora todo te va a dar risa!
+
+En ese momento llegaban al corredor, en el que, asomado por la puerta de
+la sala y haciendo visera con la mano, decía Ricardo:
+
+--¿Se han quedado dormidos?...
+
+--No, sería ofensivo--le contestó Melchor al subir al corredor,--porque
+con mala música no se puede dormir, según la célebre anécdota.
+
+--¿Y de dónde vienen?
+
+--Nos alejamos un poco para oírte mejor.
+
+--No es cierto; yo debo decirte ahora la verdad, Ricardo; ¿a qué
+engañarte?... ya no hay objeto: ¡he llorado como un tonto!
+
+--¿Has llorado?... ¿Por qué...?
+
+--¡Qué sé yo!... Ese nocturno me hizo llorar.
+
+--La tesis de Tolstoy en la Sonata de Kreutzer... ya ves si hay músicas
+que no deben tocarse así no más.
+
+--Pero a Lorenzo le ha hecho bien; ya está curado.
+
+--¿Cómo así?...
+
+--Sí, Ricardo--repuso Lorenzo sonriéndose.--¡Ahora hay que reírse!
+
+* * *
+
+--¿Y Baldomero no viene a comer con nosotros?--preguntó Ricardo al
+sentarse a la mesa.
+
+--Come con su familia.
+
+--¿Por qué no lo invitas, Melchor? ¡Es tan entretenido!
+
+--Son las nueve pasadas; ya ha comido, seguramente.
+
+--¿Vendrá a tomar el café con nosotros?
+
+--Hágale decir, José, a Baldomero, que venga, a tomar el café.
+
+--Aquí está Baldomero, don Melchor; ¿para qué me necesita?--dijo
+tomándose en alto con ambas manos de los barrotes de la ventana que daba
+al corredor.
+
+--¿Ya tomó café, Baldomero?
+
+--¿De desayuno?... todavía no, don Ricardo contestó Baldomero festejando
+su propia ocurrencia.
+
+--¡Qué! ¿Es tan tarde?...
+
+--¡No, señor!... luego va a ser más tarde...
+
+--Aquí es necesario estar muy advertido, Ricardo--dijo Melchor,--porque
+aquí... el que no corre...
+
+--¡Dispara, don Melchor!--dijo Baldomero completando picarescamente la
+frase y dirigiéndose a entrar al comedor.
+
+--Parece que hay apetito, señores.
+
+--Es verdad, Baldomero... hasta yo estoy comiendo con gusto.
+
+--¿Qué sabe no tener ganas, don Lorenzo?
+
+--Pocas, generalmente... pero hoy tengo... es el aire del campo.
+
+--¡Quién sabe, señor!... Mire que en el pueblo es el mismo aire y puede
+que alguien no tenga ganas... ¡de comer!
+
+--No habría de ser por culpa mía.
+
+--No digo tanto, don Lorenzo... es un decir, no más... ¿no le parece,
+don Ricardo?...
+
+--¿De qué hablaban?...
+
+--¡Cuerpeador, el señor!...
+
+--No, Baldomero; es que estoy ocupado con esta costilla y no atendía...
+por sacarle...
+
+--¿Quieres más asado?...
+
+--Ya que te empeñas...
+
+--¡Mire que se ha hecho de rogar, don Ricardo! ¿y no le hará mal comer
+sin ganas?...
+
+--¿Sabe, Baldomero--interrumpió Lorenzo,--que estoy preocupado con una
+cosa?
+
+--Usted dirá, señor.
+
+--¿Qué le dijo a usted ayer ese hombre con quien habló, cuando estábamos
+comiendo?
+
+--¡Zonceras, señor!... que no valen la pena.
+
+--Pero usted estaba enojado, ¿no es verdad?
+
+--Tanto no, señor.
+
+--¡Sí! Usted parecía enojado y cuando usted volvió a sentarse con
+nosotros vi que él se besaba la señal de la cruz y hablaba en voz baja
+con el compañero, como profiriendo una amenaza.
+
+--¡Para que usted lo viera, don Lorenzo! ¿Qué quiere que haga ese
+laucha?
+
+--Era Martín, ¿no, Baldomero?
+
+--Él era, don Melchor. ¡Fíjese!...
+
+--No hay enemigo pequeño, Baldomero.
+
+--¡Cuando hay enemigo, don Lorenzo! Pero Martín no es hombre para
+pararse.
+
+--El que tiene aspecto de bravo es Anastasio, ¿no?--dijo Ricardo.
+
+--¿Ese?... ése es bravo con doña Ramona...
+
+--¿Es posible?--preguntó Lorenzo.
+
+--¡Le da una vida!... bueno que él se ha juntado por la necesidad no
+más.
+
+--Y ella parece una mujer excelente.
+
+--Así es; sí, señor, ¡buenaza!... y no digamos que sea mala cosa...
+porque aunque le ande cerca a los cuarenta...
+
+--Realmente--dijo Ricardo,--es más bien buena moza... ¡y ha de haber
+sido linda!
+
+--¿Anastasio la castiga, Baldomero?--preguntó como dudando Melchor.
+
+--¡Si veinte veces la ha echado del rancho!... pero, ¿a dónde va a ir la
+infeliz?
+
+--¿Por qué no la trae al campo, Baldomero?... Aquí habría trabajo que
+darle... en el puesto de las aves... o para lavar.
+
+--Para eso sí... nunca estaría de más.
+
+--Debes realizar esa obra buena; pobre infeliz--dijo Lorenzo.
+
+--Mañana mismo nos vamos de un galope hasta el «Paso», ¿qué les parece?
+y le hablo--respondió Melchor, que de pocos estímulos necesitaba, para
+lanzarse en empresas de esa clase.
+
+--¿Y piensa traerla, don Melchor?
+
+--Traerla, no; pero ofrecerle que se venga cuando quiera... es un crimen
+dejar a una mujer como ésa en semejante condición.
+
+--Harás perfectamente.
+
+--¿Y por qué no completa la obra, don Melchor?
+
+--¿Cómo?...
+
+--«Corriéndose» hasta el pueblo... y trayendo «alguien»... que sepa
+tocar el piano... para que lo acompañe a don Ricardo...
+
+--¿Y a quién podría traer?--preguntó éste, ¿o hay pianistas que se
+«alquilen»?
+
+--De eso no sé... yo conozco poco en el pueblo... ¿sabe quién le puede
+informar? es don Casiano...
+
+--Lo que es por mí se pueden ahorrar el trabajo, porque también,
+tratándose de tocar el piano, puedo aplicarme aquello de que «el buey
+suelto bien se lame».
+
+--¡Más mejor se lamen dos, don Ricardo!--dijo Baldomero coreado por las
+carcajadas de todos.
+
+--Así será... pero «solo» nací--replicó Ricardo siguiendo la
+broma,--«solo» me como esta humita y «solo» toco el piano.
+
+--¡No vaya a hablar solo también; no sea el diablo que lo tomen por
+loco...!
+
+--¿Y usted cree, Baldomero, que no hay más locos que los que hablan
+solos?...
+
+--¡Qué voy a creer, señor!... ¡si hay locos de toda laya!... locos de
+hambre... esos que hay ahora que les dicen locos de verano... ¡Si hasta
+hay locos por... la Pampita!.....
+
+--Eso de los locos de hambre, ¿lo ha dicho por mí?...
+
+--No, señor; eso, no... coma no más tranquilo...
+
+--¡Qué Baldomero éste... es la piel de Judas!
+
+--¡No me la vaya a quitar, don Ricardo, que no tengo otra...!
+
+--Y a todo esto--dijo Lorenzo,--¿qué programa tenemos para mañana?
+
+--Si se animan iremos hasta lo de Anastasio.
+
+--¿A caballo, Melchor?
+
+--¡Claro está!
+
+--¿No es muy lejos para un «debut»?
+
+--¡No, hombre! Yendo en buenos caballos y despacio...
+
+--Yo preferiría que nos ensayáramos de a poco.
+
+--Vayan ustedes en el break; yo iré a caballo.
+
+--¡Eso es! Y así podremos alternar... un poco en tu caballo... y otro en
+coche.
+
+--Si quieren--dijo Baldomero--hay caballos muy mansos y de lindo
+andar... bueno, que para ir hasta lo de Anastasio es lejos, agregó
+recapacitando.
+
+--¡Y usted hablaba de «corrernos» hasta el pueblo!
+
+--¡Es diferente, don Ricardo!... una cosa es ir a un encargue y otra es
+ir... pongo por caso, a visitar la «Pampita».
+
+--Realmente, valdría la pena--dijo Lorenzo,--conque yo que nunca me he
+fijado en muchacha alguna he quedado fuertemente impresionado con ésta.
+
+--¡Ya ves! Tú que decías que no encontrarías mujer a tu gusto, te estás
+sintiendo tiernito ahora; ha sido necesario venir a estos mundos para
+encontrarla.
+
+--Ya me estás casando, Melchor.
+
+--No digo tanto; pero tu declaración de ahora, y tu pesadilla de anoche
+dejan pensar que este viaje puede resultar de grandes... enseñanzas.
+
+--Por lo pronto hemos recogido una--dijo Ricardo,--que va contra tus
+ideas.
+
+--¿Cuál?...
+
+--¡El caso de Anastasio! Ahí tienes un hombre víctima inconsolable de un
+dolor moral.
+
+--¿Vas a ponerme como ejemplo un ser inferior, inculto, torpe, aislado
+de la sociedad en un medio que basta y sobra para llevar a la
+misantropía? ¡No, pues! Si Anastasio fuera de la condición que nosotros
+y tuviera el capital intelectual de que nosotros disponemos y viviera en
+pleno Buenos Aires, había de encontrar en su propio espíritu y en las
+influencias circundantes, los estímulos necesarios para triunfar de su
+dolor por muy hondo que sea y que yo respeto en él, porque es él; porque
+vive casi solo y a solas constantemente con sus recuerdos atribuladores;
+pero que no respetaría ni en mí mismo puesto en la situación en que
+estoy, felizmente.
+
+--¡Sabe que ha hablado lindo, don Melchor!--exclamó Baldomero.
+
+--Yo censuro--continuó diciendo vehementemente Melchor--a los que
+acarician cualquier congoja como afanosos por conservarla el mayor
+tiempo posible; yo anatematizo a los que se entregan con fruición a
+todas las desesperaciones de cualquier dolor moral por intenso que sea,
+y en vez de tirarlo al último rincón lo pasean en los labios como esos
+pordioseros que van mostrando una llaga para excitar la caridad pública;
+yo me refiero a los cobardes que se rinden sin luchar por no darse el
+trabajo de esgrimir las armas qué tienen a la mano.
+
+Lorenzo y Ricardo escuchaban a Melchor como reos ante una acusación
+irreducible, mientras Baldomero pensaba que su presencia era
+inconveniente en aquel momento, en que comprendía instintivamente que
+Melchor desempeñaba una función trascendental.
+
+--Bueno, don Melchor, voy a dejarlos.
+
+--¿Ya se va, Baldomero? ¿no quiere una copita de coñac?
+
+--Gracias, don Melchor, no tomo.
+
+--¡Tome! Yo también voy a tomar para festejar la venida de ustedes.
+
+--¿Vas a tomar coñac, Melchor?--le dijo Lorenzo con visible extrañeza.
+
+--¡Qué me va a hacer!... ¡una copita a la salud de ustedes... y de
+Clota!... ¡agua... ché... me he abrasado!...
+
+--¡Para qué tomaste!
+
+--Bueno, don Melchor, yo voy a retirarme; ¿le digo entonces a Hipólito
+que ate?
+
+--Sí, que ate, y que me ensillen el zaino.
+
+--¿Para qué hora piensan salir?
+
+--Yo voy a ir a despertarlo.
+
+--Será, señor, si no hace un paseo más largo...
+
+--¿Qué paseo?
+
+--El galope con la «Pampita»...
+
+--La «Pampita»... la «Pampita»...--repetían Lorenzo y Ricardo.
+
+* * *
+
+En el momento en que Lorenzo abría la puerta para salir al corredor,
+llegaba Baldomero con el mate en la mano.
+
+--¡Vaya, don Lorenzo, así me gusta!
+
+--Ya ve: lavado y listo.
+
+--¿Y los compañeros?
+
+--Ricardo se está vistiendo; pero Melchor duerme todavía.
+
+--¿Duerme todavía?... Sabe que es raro.
+
+--Lo he despertado dos veces y se ha vuelto a dormir.
+
+--Y... ¿se anima a ir a caballo?
+
+--Hasta el «Paso»... es demasiado.
+
+--Están ensillando caballos para ustedes; yo mandé ensillar el malacara
+de la niña Lola para don Ricardo, que le había prometido, y para usted
+un overito de la nena, que es una malva. ¿No quiere un mate?...
+
+--¿Dulce?
+
+--¿Usted también toma dulce?... le daremos con azúcar. ¿Vamos para
+allá?...
+
+--Bueno, ¿y no me desconocerán los perros?
+
+--Son mansos, no tenga reparo.
+
+A la tenuísima vislumbre de un amanecer apacible siguieron la estrecha
+senda del jardín que daba acceso a las caballerizas, en las que a favor
+de un farol pequeño y sucio el caballerizo ensillaba los caballos que un
+muchacho rasqueteaba previamente.
+
+En el boj que bordeaba el camino, tropezaba Lorenzo a cada paso, al
+mismo tiempo que esquivaba, al tacto, las guías con flores que los
+rosales parecían tenderle como para brindarle las galas de sus
+productos.
+
+Al presentarse en el sitio en que se rasqueteaban y ensillaban los
+caballos, éstos resoplaron vibrantemente en forma que Lorenzo quiso
+entender como una burla, casi como si fueran carcajadas caballunas, como
+si hubieran sido capaces de pensar al verle: ¡Y éste es el que va a
+montarnos!... mientras los perros le contemplaban a cierta distancia sin
+que faltara alguno más confiado que se llegase a helarle las
+pantorrillas con el soplido explorador de su hocico.
+
+Bajo el alero de la caballeriza tubaban palomas con tonos de dianas
+distantes y el «errás-errás» de la rasqueta era apagado a veces por el
+repentino aleteo de alguna gallina madrugadora que se descolgaba al
+suelo y daba luego una pequeña carrerita cacareando a grito herido, como
+si hubiera realizado una hazaña prodigiosa.
+
+Las vacas tamberas se aproximaban solas a sus palenques desoyendo los
+reclamos temblorosos de sus crías embozaladas y mientras todo despertaba
+a la tarea diurna en aquel breve trecho, cruzaba el espacio una bandada
+de patos laguneros, rumbo a la luz, dejando caer desde lo alto gritos
+que parecían decir como el del cuervo de Poé: «¡ja... más!... ¡ja...
+más!...»
+
+El día avanzaba poniendo tintes amarillentos en las aristas de las cosas
+haciéndolas surgir de entre la brumosidad ambiente y uno de los detalles
+de aquel cuadro campestre que más llamó la atención de Lorenzo, fue un
+perrazo bayo que se alzó de pronto sobre sus cuatro patas rígidas,
+levantó la cola, recta como una espada, arqueó graciosamente su cuerpo y
+lanzó un gran bostezo para echarse de nuevo lamiéndose los labios como
+si lo paladeara...
+
+--Aquí está su overo, don Lorenzo, quítele lo desparejo...
+
+--¿Es un poco chico, no?
+
+--¿Cuándo ha visto licor en jarro de agua?...
+
+--¡Lo he visto en botellas!
+
+--¡Pero no en pipas! Si vamos a eso. ¡Este es un caballito... mire!...
+¡qué usted verá!...
+
+--¿Y aquél?
+
+--¡Ese es el crédito de don Melchor! ¡Yo no sé qué le encuentra a ese
+caballo!... ¡Porque si es el andar, no vale gran cosa... ni siquiera
+sabe armarse... estrellero! ¡como el sólo! y hasta algo mosquiador... en
+fin: es un gusto.
+
+--¿Y qué quiere decir estrellero?
+
+--Que va con la cabeza así... ¿ve?... y el cogote por lo
+consiguiente--dijo Baldomero estirando el brazo y la mano hacia
+adelante.
+
+--¿Y no tienen algún caballo de «sobrepaso»?--preguntó Lorenzo por
+compensar en algo la ignorancia evidenciada.
+
+--Hay un petizo. ¡Fíjese!... ¿Quiere verlo?--y volviéndose al muchacho
+que rasqueteaba al malacara dijo:
+
+--Ché, Juancito, echá el «Risueño»...
+
+--Está en el potrero de las coloradas.
+
+--¿Desde cuándo?
+
+--Afloja una mano--respondió el muchacho como si contestara a la
+pregunta.
+
+--¿Y se llama «Risueño» el petizo?--preguntó sonriendo Lorenzo.
+
+--¿Sabe por qué le pusieron?... porque cuando siente el freno, que se lo
+van a poner en la boca, sabe levantar el labio, que parece que se
+estuviera riendo.
+
+--¡Ahí viene Ricardo!... ¡Qué _toilette_ tan larga!
+
+--No, es que me quedé hablando con Melchor; buenos días, Baldomero.
+
+--¿Cómo pasó la noche, don Ricardo?
+
+--He dormido muy bien... ¡qué linda mañana! ¿eh?
+
+--¿Y Melchor?
+
+--Me ha costado un triunfo despertarlo. Dice que tiene más pereza que
+vergüenza.
+
+--¡Y él sabe ser madrugador!... Estará cansado... o puede que tenga un
+atraso de sueño.
+
+--Voy a verlo, ya vuelvo, espérame aquí con Baldomero.
+
+Por la ventana del dormitorio vio Lorenzo al subir al corredor, que
+Melchor estaba sentado en el borde de la cama con las manos sobre los
+muslos en actitud de profundo ensimismamiento; pero en el mismo instante
+en que le golpeó el vidrio, Melchor le miró sonriendo como si hubiera
+estado pensando en cosas alegres.
+
+Lorenzo penetró en el dormitorio, ligeramente preocupado con la actitud
+en que había sorprendido a Melchor, y le dijo:
+
+--¿No te sientes bien?
+
+--¿Yo?... ¡Perfectamente!... ¿Por qué?
+
+--Me dijo Ricardo que estabas sin muchas ganas de levantarte.
+
+--¡Cosas de Ricardo! ¡Tenía un poco de sueño y nada más!... en un
+periquete me visto e iremos a dar un galope; espérate.
+
+Lorenzo se aproximó a la ventana, por la que se veía gran parte del
+jardín, la casa de Baldomero a la izquierda y al fondo las caballerizas
+rodeadas de corpulentos y seculares ombúes.
+
+En la parte posterior de la casa continuaba el jardín hasta el punto en
+que empezaba el monte de frutales y era de tal modo vibrante y compacto,
+si puede decirse, casi aturdidor, el cantar matinal de los pájaros, que
+hizo exclamar a Lorenzo:
+
+--Parece una pajarera esta casa.
+
+--¿Has visto?... ¡Cuánto pájaro! ¿eh? Es que aquí no se les persigue y,
+al contrario, cuando están las muchachas les echan montones de alpiste y
+de maíz de guinea por todas partes.
+
+--¡Qué lindo es eso!
+
+--Aquí todo es lindo, ché, hay que convencerse, y si no fuera que la
+estancia queda tan lejos de Buenos Aires, yo me vendría a vivir a ella
+para siempre.
+
+--¿Y qué te lo impide?... Al fin tu empleo no te da gran cosa.
+
+--No; si yo lo conservo por ocuparme en algo y porque es de porvenir;
+pero no sería justo que la condenase a Clota a este aislamiento... ¿Por
+mí? Si yo me dejase llevar de mi tendencia no me movía más de aquí.
+
+--¡Te parece!... al mes saldrías volando para la ciudad... Nosotros no
+hemos nacido para la vida embrutecedora del campo... para esta
+soledad... este aislamiento...
+
+--Todo tiene sus encantos y sus compensaciones, Lorenzo. Aquí hay
+soledad; pero hay salud; hay aislamiento pero no hay decepciones.
+
+--¿Y de qué decepciones puedes quejarte tú?
+
+--¡Bah!... Es que yo disimulo; pero si tú supieras cuántos me han
+frecuentado asiduamente, cuando yo no tenía más tarea que atenderles y
+distraerles y se me han retirado en cuanto me vieron ocupado o
+preocupado.
+
+--¡Eso me parece muy natural!
+
+--¡Ah!... ¡Sí!... «¡muy natural!» Llevarme tribulaciones, angustias,
+conflictos de todo género, para que yo los consolase o los arreglara y
+el día que me tocaba quejarme a mí, encontrarme solo entre las cuatro
+paredes de mi cuarto.
+
+--¡Pero tú no puedes decir eso, Melchor! ¡Tú menos que nadie!
+
+--¡Bah!... Con excepción de Ricardo y de ti, ¿dime? ¿cuáles son mis
+amigos ahora?
+
+--¡Pero los de siempre, Melchor! Es claro que te frecuentan menos por
+tus visitas a Clota... y porque, al fin y al cabo, tú también has
+cambiado... ya no eres tan chacotón ni tan conversador como antes.
+
+--¡Yo no he cambiado!--le interrumpió Melchor con cierta vehemencia,
+suspendiendo la tarea de anudarse la corbata.--¡Son ellos los que me
+habrán hecho cambiar!... Los que supieron aprovecharme siempre que me
+necesitaron, y para sacarme el cuerpo el día que pude necesitar de
+ellos: ¡porque todos son así!...
+
+--¡Son ganas de quejarte!
+
+--¡Bueno! Así será, no hablemos más de esto; mira qué monada esa
+ratoncita... ¡allí!... ¿La ves?... bajo aquel clavel...
+
+--¿Sabes cuál es su nombre técnico?
+
+--¡Qué voy a saber!
+
+--Troglodita.
+
+--¡Eso querría ser yo!...
+
+En ese momento se presentó en la puerta del cuarto Juancito, el pequeño
+peón de la caballeriza, y dijo:
+
+--Buen día, don Melchor... ¿que si no van a ir?
+
+* * *
+
+--¡Qué barbaridad! ¡Ya no puedo tomar más!--dijo Ricardo poniendo en el
+suelo un vaso con un poco de leche.
+
+--Ni yo tampoco: he tomado demasiada.
+
+--A mí sáqueme otro vaso, Águeda.
+
+--¡Será a la vaca, niño Melchor!--contestó la vieja que ordeñaba, riendo
+de su propia ocurrencia y procurando cubrir con sus labios plegados de
+arrugas el solo diente que le quedaba en la boca, largo y amarillento,
+como hueso de bagual en una zanja.
+
+--¡Vea!... ¡Doña Águeda mojando también!
+
+--¡No se descuide, don Baldomero, que cuando llueve se mojan
+todos!--replicó la vieja disponiéndose a ordeñar, al sentarse en
+cuclillas al pie de una vaca negra que rumiaba tranquilamente, mientras
+movía, sin éxito, el tronco de su cola atada en la punta a sus propios
+garrones.
+
+--Yo he tenido que desayunarme con leche--dijo Lorenzo,--cansado de
+esperar un mate dulce que me ofrecieron...
+
+--¡Pero, si usted se fue a conversar con don Melchor!...
+
+--Le digo por broma, Baldomero; si yo prefiero la leche.
+
+--¿Y al fin?... ¿Nos vamos a pasar aquí la mañana?
+
+--¡Cuando quieran!... ¿Van a ir a caballo?--preguntó Melchor.
+
+--Si hemos de ir hasta lo de Anastasio, prefiero el coche.
+
+--No, Lorenzo, iremos otro día; vamos a dar una vuelta por el campo, no
+más.
+
+--Entonces nos ensayaremos... ¿qué te parece, Ricardo?
+
+--¡Convenido!... ¡a caballo!
+
+--¿Y eso?... ¿No decía, don Melchor, que iba a ir hoy para hablar a doña
+Ramona?...
+
+--Iremos mañana, Baldomero, u otro día... Cuando estén más acostumbrados
+al caballo, ¿no le parece?...
+
+--Como usted mande... ¿y no sería bueno consultarle primero al patrón?
+
+--No hay necesidad; al viejo le parece bien todo lo que yo hago, y
+tratándose de una cosa así, más.
+
+Al tomar los caballos, dijo Ricardo:
+
+--¡Baldomero!... ¡bajo su responsabilidad!
+
+--Monte sin cuidado, señor. ¡Si el malacara es una dama!
+
+Efectivamente, ni el malacara de Ricardo, ni el overo de Lorenzo
+parecieron darse por entendidos de la carga que tenían, pues quedaron
+inmóviles en el mismo sitio, sin dar señales de vida.
+
+Los dos jinetes sentían la honda emoción de una expectativa
+trascendental, temerosos de las consecuencias de una repentina
+resolución de los nobles brutos, y abrumados también por la actitud de
+intensa curiosidad con que eran observados por Baldomero, Hipólito,
+José, Águeda, el caballerizo, Juancito, los perros, las vacas y hasta
+las palomas que sobre los tirantes del techo inclinaban sus cabecitas
+como para mirarlos mejor.
+
+--¿Vamos?...--dijo Melchor, correctamente montado en su zaino.
+
+--Bue...e...no--Contestó Ricardo, pensando:--¡Aquí va a pasar algo!
+
+Casi al pensamiento de Melchor respondió el zaino avanzando, con su
+cabeza levantada como si explorase el horizonte; el malacara, por
+instinto, que no por resolución de su jinete, lo siguió; viendo el overo
+que sus compañeros se iban, no quiso quedarse solo y en un ex abrupto
+mortificante, salió al trotecito.
+
+Lorenzo creyó, en el primer instante, que se había desbocado; pero no
+perdió su serenidad hasta el extremo de no oír que Baldomero le decía:
+
+--Que se divierta.
+
+A favor de la marcha del overo pudo ponerse pronto al lado de Melchor, a
+quien le preguntó, sin volver la cabeza por temor de perder el
+equilibrio que a duras penas había podido conservar:
+
+--¿Por qué... me... habrá... dicho... Baldomero... que... me...
+divierta?...
+
+--¡Qué encuentras de raro en eso?
+
+--¿Yo?... nada...--repuso Lorenzo que empezaba a sudar; y
+agregó:--no... vayamos... tan... ligero...
+
+--Sujeta, si te incomoda el trote.
+
+Obedeció Lorenzo tan estrictamente, que el overo se paró.
+
+--¿Qué te pasa?... ¿Por qué te paras?...
+
+--«Él»... se paró.
+
+--¡Sigue... hombre!...
+
+El «hombre» no siguió; siguió el caballo, reanudando su irritante
+trotecito a favor del cual los pantalones de Lorenzo se acortaban
+aceleradamente.
+
+Ricardo había tomado posesión del malacara descubriendo en él una
+condición salvadora: era íntimo amigo del zaino... ¡inseparable! y
+resolvió no contrariar en lo más mínimo el noble afecto del noble bruto.
+De esta suerte, a través del zaino y de Ricardo, Melchor gobernaba al
+malacara, convertido por discreta resolución de su jinete en la sombra
+del compañero de pesebre, cuyos movimientos seguía con absoluta
+libertad.
+
+--Tu... caballo... sí... que... es... bueno...--dijo Lorenzo a quien el
+zangoloteo a que el suyo lo obligaba le impedía emitir más de tres
+sílabas seguidas.
+
+--Tiene muy buen tranco, realmente.--contestó Ricardo;--pero el tuyo es
+más bonito.
+
+--¿Quieres... cambiar?...
+
+--No; voy bien, en éste.
+
+--Lolita hace lo que quiere en ese caballo--dijo Melchor.
+
+--¡Quién fuera Lolita!--pensó Ricardo.
+
+--¡Quién podrá hacerlo con este monstruo!--pensó Lorenzo.
+
+--Lo que despuntemos este alambrado, podremos galopar.
+
+--¿Para... qué?... Melchor... no... tenemos... apuro...
+
+Melchor, que había notado las angustias inmotivadas de Lorenzo,
+prorrumpió en una carcajada, diciéndole:
+
+--¡Vienes temiéndole a ese caballo en el que la nena hace lo que quiere!
+
+--La... nena... ella... sabe... andar.
+
+--¡Pero si cualquiera sabe andar en ese caballo!
+
+--Es... que... yo... no... lo... conozco--repuso Lorenzo sudando a mares
+y viendo pavorosamente que el fin del alambrado estaba próximo.
+
+Por la fatiga que sentía, por el calor que lo abrumaba, por la tirantez
+de su ropa en toda dirección y por otros detalles concurrentes,
+calculaba Lorenzo haber andado varias leguas, cuando al volver la cabeza
+por un movimiento de instintiva curiosidad, vio a corta distancia que
+Águeda desataba la cola de la lechera negra.
+
+--¿Galopemos?...--dijo Melchor inclinando ligeramente el cuerpo hacia
+adelante, y los tres caballos aceptaron la invitación...
+
+Cuando Lorenzo iba a romper en una enérgica protesta, se encontró
+galopando sin poder evitarlo; pero al mismo tiempo notó, o creyó notar,
+que esa nueva forma de marcha era más soportable, bien que le molestaba
+algo el movimiento de ascenso y descenso de los jinetes que llevaba al
+lado.
+
+Lo agradable del galope no le impedía pensar, con cierta inquietud, en
+un suceso inevitable, y en una observación de orden distinto: ¿Cómo será
+al parar?; ¡qué difícil es hablar cuando se galopa!...
+
+El galope duró cuanto lo permitió la naturaleza del suelo, que a no
+haberse interpuesto un bañado continuaría acaso todavía; y el paseo se
+prolongó por mucho tiempo, pues pasado el momento de la prueba inicial,
+Ricardo y Lorenzo se posesionaron resueltamente de sus caballos, a los
+que, a ratos, creían sinceramente que ellos los habían domado.
+
+Sudorosos, contentos ¡«gauchos» ya! regresaron a las casas, en las que
+entraron casi a media rienda, desoyendo las indicaciones de Melchor,
+pues querían mostrar a «todo el mundo» que eran capaces de jinetear como
+el mejor.
+
+Al bajar de los caballos sintieron, sin embargo, sensaciones no
+experimentadas y reveladoras por lo mismo de anormalidades, cuyas
+consecuencias no podían calcular: punzadas agudas en las plantas de los
+pies; temblor en las piernas; ardor en los ojos y resistencia en la ropa
+interior a desprenderse de algunas partes.
+
+* * *
+
+A la mañana siguiente, cuando Baldomero entró al dormitorio, con las
+primeras luces del día, a despertarles, para montar en los caballos ya
+ensillados, Lorenzo y Ricardo, dijeron casi al unísono:
+
+--¡Yo no puedo moverme!... ¡ay!...
+
+Melchor insistió tenazmente en la conveniencia de vencer los dolores que
+sentían y volver a repetir la prueba del día anterior; pero toda
+dialéctica resultó estéril:
+
+--«No puedo moverme.»
+
+--«Me duele todo el cuerpo.»
+
+--«No puedo darme vuelta»--contestaban.
+
+--Mañana será peor, levántense, no sean maulas. Convénzanse de que a
+esos dolores, «como a todos», se les domina y vence con un poco de
+voluntad.
+
+--¡Yo necesitaría toda la del mundo para mover una pierna!... ¡ay!...
+
+--Después les va a pesar... ¡vamos!... ¡un poco de energía y arriba!...
+Vean que esos dolores perduran mucho si se les anda con paños tibios...
+¡Vamos, pues, arriba!... Montamos a a caballo...
+
+-¡Ay!...
+
+-¡Ay!...
+
+--...y nos vamos de un galope...
+
+-¡Ay!...
+
+-¡Ay!...
+
+--...hasta lo de Anastasio.
+
+Todo fue inútil. La resistencia estimulada por dolores muy agudos, llegó
+a la más rotunda negativa ante la idea de galopar «hasta lo de
+Anastasio».
+
+--¡Pues yo voy!--dijo Melchor,--y voy no sólo porque estoy comprometido
+conmigo mismo a ir, sino porque también me duele el cuerpo y estoy en la
+certeza de que si hoy me dejo dominar por los dolores, mañana no podré
+moverme; conque, hasta luego.
+
+--¿No vendrás a almorzar?... ¡Ay!...
+
+--Según: si me acometen dolores «tan horrendos» como los que a ustedes
+les dominan, tendré que quedarme hasta que se me pasen; si no son tanto
+que mi voluntad pueda vencerlos, estaré aquí de nueve a diez.
+
+Los dos enfermos quedaron en sus camas, comentando la energía física de
+Melchor, mientras Baldomero se disponía a aplicarles los remedios de
+circunstancias, estimulándoles también a levantarse y hacer un poco de
+ejercicio.
+
+--¡Pero no a caballo!--contestaban.
+
+Entretanto, Melchor cruzaba campos, llevado por su zaino, cavilando
+sobre la conducta de Lorenzo y Ricardo, que así se resistían a
+acompañarle en la tarea que iba a desempeñar.
+
+Cuando llegó a casa de Anastasio encontró a Ramona poniendo agua a las
+gallinas.
+
+--¡Don Melchor!... ¡Ave María!... ¡Qué sorpresa... y cuánto gusto!...
+
+--¿Cómo le va, Ramona?
+
+--¡Para servirlo!... ¿Y qué milagro?... ¿Solo?... ¿Qué lo trae por
+aquí?...
+
+--Solo, sí, Ramona... ¿Y Anastasio?...
+
+--Salió ayer, don Melchor, y no ha vuelto... quién sabe «ande esté».
+
+--¿Y usted está sola?...
+
+--Sólita... así es. El muchacho anda por ahí... salió a recorrer... ¿Y
+no quiere «entrar adentro»?... aquí hay «resolana»... para usted.
+
+Entraron al dormitorio de Anastasio: una pieza cuadrada y blanqueada que
+tenía sobre una pared un rifle colgado y más abajo un trabuco mohoso;
+una cama bien tendida con colcha de damasco azul y blanco; una mesa con
+diversos tarritos y botellas de bebidas; tres gruesas sillas de pino y
+paja y una percha de la que pendían diversas piezas de vestir; en las
+paredes, manchadas por vinchucas, un almanaque conservando aún la hoja
+del 31 de diciembre, varias estampas religiosas y un grabado grande con
+el retrato del gobernador.
+
+--Tome asiento, don Melchor. ¡Pero cuánto gusto de verlo!... ¿Y solo ha
+venido?
+
+--Ya le dije, Ramona: solo; mis compañeros quedaron en la estancia algo
+doloridos porque ayer anduvieron mucho a caballo.
+
+--Así es... bueno, cuando no hay la costumbre... ¿Y usted no?
+
+--¡Ya ve: me he venido de un galope; mire por la puerta cómo ha sudado
+el zaino!
+
+Para poder verlo desde el sitio en que se encontraba, tuvo que
+aproximarse a Melchor hasta rozarlo casi con su cuerpo llevándole, por
+un instante, mezclado al olor a campo, la dura sensación de aquel
+contacto.
+
+--¿Y qué milagro?... ¿Don Melchor... le cebaré un matesito?
+
+Melchor se había quedado contemplándola, como distraído y tardó un poco
+en decirle:
+
+--He venido, Ramona, gracias, no voy a tomar mate, para hablar con usted
+y me alegro de encontrarla sola.
+
+Con un sencillo movimiento de cabeza Ramona echó hacia adelante su
+larga, gruesa y renegrida trenza cuya extremidad ató con una hilacha que
+arrancó del ruedo de su vestido.
+
+--Y he venido porque he sabido que Anastasio la maltrata...
+
+--El hombre es bueno, pero tiene mal genio, sí, señor.
+
+--...y un hombre así no la merece... Que varias veces la ha echado de
+aquí...
+
+--Así es, sí, señor...
+
+--...y yo he venido para decirle que cuando quiera se puede ir a casa...
+allí tendrá algún trabajito liviano... y podrá vivir respetada...
+
+--...¡Siempre tan bueno, don Melchor!
+
+--...y cuando venga la familia podrá ganar un sueldito ayudando en la
+casa.
+
+--¡Bueno, que si Anastasio no bebiera!... porque todo es la bebida,
+señor...
+
+--La bebida o lo que sea... usted no debe dejarse maltratar.
+
+--Si hasta ha querido llegar a matarme...--dijo Ramona derramando
+algunas lágrimas.
+
+--Ya ve, pues, no, es preciso que usted abandone a este hombre que, al
+fin y al cabo, ¿qué le da?...
+
+--Así es... sí, señor.
+
+--Bueno, déjese de llorar--dijo Melchor poniéndose de pie y golpeándole
+cariñosamente la cabeza con la palma de la mano que ella tomó y apretó
+suavemente entre las suyas.
+
+Momentos después regresaba Melchor a gran galope, meditando sobre la
+torpeza humana que lleva a los hombres al vicio, a la sevicia y al
+crimen, cuando basta casi siempre un ápice de energía y buen sentido
+para triunfar, sin violencias, sobre toda idiosincrasia inicial.
+
+--Ya vuelve don Melchor--dijo Baldomero, divisándolo a la distancia,
+desde la glorieta del jardín, hasta la que a duras penas se habían
+trasladado los «doloridos».
+
+--¿Dónde?...
+
+--Allá... ¿ven?... derechito a la punta de aquel potrero...
+
+--Yo no veo nada.
+
+--¡Pero, don Ricardo!... mire de aquí... por entre los dos «ombuses»
+aquellos...
+
+--Y eso que se ve, ¿es Melchor?
+
+--Él es, señor.
+
+--¡Qué vista!
+
+--Si se ve clarito... y viene lindo, no más, el zaino.
+
+--¿No decía usted que es un mancarrón?
+
+--Mancarrón, no, don Lorenzo... Como caballo es guapo; pero hay miles
+mejores... de más vista... y de más lindo andar.
+
+--¿Y por qué lo ha elegido Melchor?
+
+--¡Ahí tiene!... ¡vaya uno a saber! Para él no hay otro igual... bueno,
+que lo conoce.
+
+--¿Él lo amansó?
+
+--No, señor... yo se lo tironeaba al principio... pero lo acabó de
+amansarlo un extranjero que trajeron de domador a la estancia de los
+Cabrales, ¿sabe?... aquel monte que se ve allá... ¿ve?
+
+--Algún domador de escuela, ¿no?
+
+--Yo no sé en qué escuela habría aprendido... ¡pero para domar como
+él!...
+
+--¿No sabía domar?
+
+--No es eso... ¡cada que me acuerdo!... ¡Mire que me he reído!... le
+hablaba al caballo, ¿sabe? ¡como a un cristiano! ¡y le hablaba en su
+lengua!... ¡fíjese!... ¡qué le iba a entender!
+
+--Ahora sí se distingue a Melchor.
+
+--¿Ha visto, don Ricardo?... ¡Si yo no sé mentir!
+
+--¿Qué bien viene, eh?
+
+--¡Ha de venir contento!... Si don Melchor es así... en haciendo el
+bien...
+
+--¡Ah!... Melchor es un hombre excepcional--dijo Lorenzo.
+
+--¿Por aquí ha de tener mucho prestigio, no?--preguntó Ricardo.
+
+--¿Don Melchor?... ¡Con una palabra, junta a todo el mundo!... ¡Si don
+Melchor es como la cocinera, que en cuando afila el cuchillo se le
+amontonan las gatos.
+
+* * *
+
+--Ahora un poco de música, Ricardo--dijo Melchor levantándose de la
+mesa.
+
+--Hay que pedir el asentimiento de Lorenzo...
+
+--¡Cómo te acuerdas!... ¿ eh? pero puedes tocar no más, sin temor de que
+llore; ¡yo creo que a cada hora que paso aquí me renuevo de pies a
+cabeza!
+
+--A mí me pasa lo mismo; tengo ganas de gritar a veces: ¡estoy
+contento!... ¡Viva Melchor!... así... ché, como un chico--dijo Ricardo
+abrazando efusivamente a su noble amigo.
+
+--¡No seas loco!... Esto no es más que el principio... dentro de dos
+meses hablaremos.
+
+Los tres amigos se dirigieron hacia la sala por el amplio corredor,
+débilmente iluminado por una luna nueva que apenas amortiguaba la luz de
+sus estrellas más próximas, pero que daba realce a las flores más
+blancas del jardín.
+
+--¿Qué quieren que toque?--preguntó Ricardo mientras procuraba encender
+una lámpara de pie que estaba junto al piano.
+
+--Lo que quieras--le contestó Lorenzo,--aunque sea el quinto nocturno.
+
+--No, voy a tocar--dijo sentándose en la banqueta--la serenata de
+Schuber.
+
+En el jardín frente a la puerta de la sala se sentaron Lorenzo y
+Melchor, a quienes momentos después se agregó Baldomero, diciendo:
+
+--Con permiso, don Melchor, si no incomodo.
+
+--¡No, Baldomero! ¡Al contrario! Aquí estamos tomando fresco y oyendo el
+piano.
+
+--Por eso he venido; cada que don Ricardo toca, siento una gran alegría,
+señor, y se me hace que es la niña Lola y que está la familia, y hasta
+me parece que el viejo anda por aquí.
+
+--Es el poder evocador de la música, Baldomero; probablemente usted no
+ha oído aquí más que a las muchachas.
+
+--Así es, don Lorenzo.
+
+--Y al oír el piano su imaginación retrotrae escenas pasadas que se
+actualizan en su espíritu y le hacen reconstruir el cuadro que vio la
+primera vez.
+
+--...Así... será, sí, señor... yo... en eso no soy muy baquiano, don
+Lorenzo; pero ¡mire que me gusta oír el piano!
+
+--Fíjate, Melchor, cómo perdura en Baldomero una impresión musical,
+cuando por lo común son fugaces.
+
+--¿Fugaces?... ¡Qué disparate!... Precisamente es la sensación que por
+más tiempo se fija en nosotros.
+
+--Estás equivocado: ¿a que no te acuerdas de algo de lo que oíste en la
+última temporada teatral?
+
+--Posiblemente no podría repetirlo; pero si lo volviera a oír dentro de
+algunos años lo recordaría y asistiría imaginativamente a la escena que
+me rodeaba, la primera vez que lo escuché.
+
+--Eso quiere decir que tengo razón, aunque te parezca lo contrario; pues
+la música te haría evocar un cuadro en el que algo más interesante para
+ti te impresionó, uniéndose a la emoción musical que aisladamente, lo
+repito, es fugaz.
+
+--¡Pero si tú mismo acabas de hablar del poder evocador de la música!
+
+--Cuando ella se vincula con otra impresión; tú has estado en el teatro
+cien veces, habrás oído veinte o treinta óperas; pero sólo una mínima
+parte de éstas tendrá poder evocador en tu espíritu: las que estén
+vinculadas a sensaciones de otro orden.
+
+--¿Qué están diciendo ustedes de la música?--preguntó Ricardo, que se
+aproximó arrastrando un grueso sillón de paja, en el que se sentó.
+
+--¿Qué, ya no toca más, don Ricardo?--le preguntó Baldomero, al mismo
+tiempo en que Melchor le decía:
+
+--¡Macanas de éste!--señalando a Lorenzo.
+
+--No hay tal; yo decía que la música no tiene poder evocador sino cuando
+está vinculada a sensaciones de otro orden; por ejemplo: yo he oído
+«Bohéme» una noche en que me declaraba a mi novia; ¡es hipotético, eh!,
+y en momentos en que ella me aceptaba vi a un bombero, en el paraíso,
+que se sacaba el morrión y se pasaba el pañuelo por la cabeza; pues
+desde entonces cada vez que oigo aquella ópera o que veo a un bombero
+secarse el sudor surge en mi memoria, el cuadro completo de aquella
+noche, sin que por esto pueda decir que hay un gran poder evocador en
+los bomberos que sudan...
+
+--¡Pero lo hay en la música!
+
+--No lo niego; pero, ¿dónde está para nosotros cuando escuchamos una
+ópera nueva?... ¿un himno nacional que no sea el nuestro?... ¿un trozo
+cualquiera que no hayamos oído nunca, y que no tenga reminiscencias de
+algo conocido?...
+
+--En cambio si dentro de veinte años oyeras tocar el 5.º nocturno, se te
+representaría la escena de la otra noche.
+
+--¡Es claro! porque evocaría en mí el recuerdo de una situación moral
+inolvidable, acaso me ocurriera lo mismo volviendo a ver a Baldomero.
+
+--¿Dentro de veinte años? ¡Don Lorenzo!... ¡Estaré en el otro mundo!...
+
+--¿Usted cree en el otro mundo, Baldomero?...
+
+Este se quitó el chambergo, miró al cielo estrellado y diáfano y después
+de un breve instante de silencio exclamó bajando la cabeza:
+
+--Sí, creo, don Lorenzo... ¿y usted no?...
+
+--Yo no he pensado en eso todavía; pero puede ser que con el tiempo...
+
+--Ya es algo--le interrumpió Melchor, que estaba tendido en su sillón, y
+tenía recostada la cabeza en el respaldo, de cuyos costados se había
+tomado con las manos como para sostenerse mejor, y agregó, sin apartar
+la mirada del cielo:--por ahí se empieza... tras la incredulidad
+adquirida por frotamiento, que no por convicciones... llega la
+indiferencia... luego se abandona gradualmente el afán de negar... y un
+buen día... o una buena noche como ésta, se mira al cielo... se
+contempla un momento esta portentosa... esta estupenda armonía
+sideral... esta maravillosa rotación de soles y de repente brota en el
+alma un punto de luz... que crece... se dilata... la llena... y la
+ilumina...
+
+--¡A mí no me ha aparecido todavía el punto de luz!--dijo Ricardo,
+riéndose.
+
+--Es que tu espíritu estará aún en estado sólido--le contestó Melchor.
+
+--¡El espíritu en estado sólido!... ¡qué gracioso!
+
+--Parece un disparate--insistió Melchor,--un contrasentido; pero acaso
+no lo es porque bien puede compararse las diversas situaciones de
+nuestro espíritu, frente a ciertas ideas, con los estados de los cuerpos
+en la naturaleza: sólido, líquido y gaseoso. Tu espíritu--continuó
+Melchor atentamente escuchado por Baldomero--está ante la idea de Dios,
+por ejemplo, en estado sólido; el de Lorenzo en estado líquido, o de
+equilibrio indiferente, y de ahí pasará al estado gaseoso, que le
+permitirá elevarse... elevarse cada vez más y sentir energías, ante las
+cuales toda presión resultará estéril para volverlo a sus estados
+anteriores.
+
+--¡Has hecho un párrafo que bien podría figurar en un tratado de
+psicofísica!--le dijo Ricardo.
+
+--Mejor estaría en el libro de tus memorias, cuando las escribas.
+
+--¿Tan cierto estás de mi conversión?
+
+--Como que estoy viendo a Júpiter; fíjate qué maravilla--dijo Melchor,
+señalando al astro.
+
+--Realmente--exclamó Lorenzo;--qué bueno sería tener aquí un telescopio
+para observarlo y ver sus satélites.
+
+--¡Ah! Con un telescopio nos pasaríamos las noches en claro.
+
+--Menos yo, ché, Melchor.
+
+--¿Por qué, Ricardo?
+
+--Porque me marea mirar al cielo.
+
+--¡Te marea!... ¿Pero que estás diciendo?...
+
+--Lo que oyes: Yo no tengo cabeza para contemplar estas cosas y si me
+esfuerzo por entenderlas, acabo por aturdirme... ¡qué sé yo!
+
+--¡Pues, hombre!--dijo Lorenzo,--a mí me ha sucedido algo análogo; sobre
+todo al calcular las distancias siderales... pensar que la luz de las
+pléyades... aquel grupito... ¿ves, Ricardo?... tarda cuatrocientos mil
+años en llegar a la tierra.
+
+--¡Ni con tropilla!--exclamó Baldomero.
+
+--Mira qué espléndido está Sirio, ché, Melchor.
+
+--Ese es el príncipe de nuestro cielo, Lorenzo, después de Venus; pero,
+para mí, lo más hermoso son las estrellas dobles... ¿Tú no has visto con
+telescopio, el alpha del Centauro?
+
+--Efectivamente es soberbia... como todas las dobles; pero de todo este
+espectáculo grandioso--continuó Lorenzo,--hay algo en el firmamento más
+grande para mí que él mismo y es la desesperante incógnita de su
+origen...
+
+--¿Y la de su fin?--le preguntó Ricardo.
+
+--¿Cómo la de su fin?
+
+--Sí, Lorenzo, porque suponiendo que haya un Dios creador del universo,
+admitiendo--lo que no es difícil,--que Dios existe y que ha hecho todo
+eso, yo me pregunto: ¿para qué diablos lo ha hecho?...
+
+* * *
+
+--Cuando gusten, señores, ya están ensillados los caballos--exclamó
+Baldomero aproximándose a la ventana del comedor, donde se encontraban
+tomando te Lorenzo y Melchor, quien al oírle se volvió hacia la ventana
+diciendo:
+
+--Vamos en seguida, esperamos a Ricardo que todavía está en el baño.
+
+--¡Y está linda la tarde!... fresquita.
+
+--¿Realmente, Baldomero, y usted nos acompañará?--le preguntó Lorenzo.
+
+--No, señor, yo voy a quedarme, que tengo un quehacer.
+
+--¿Y es tan urgente que no pueda dejarlo para otro día?
+
+--Así es, sí, señor, son datos que tengo que mandarle al patrón que me
+los ha pedido.
+
+--¿Por qué no le encarga ese trabajo a Hipólito?
+
+--¿En cuestión de cuentas?--dijo Baldomero riéndose, y agregó:--ése «no
+arrima ni bocha».
+
+En eso apareció Ricardo y preguntó:
+
+--¿Saldremos en los mismos caballos del otro día, no?
+
+--Menos don Lorenzo que me decía que quería un caballo más grande que el
+overo.
+
+--¿Cuál le han ensillado, Baldomero?
+
+--El tostado, don Melchor; es el más grande que hay...
+
+--Grande y manso, le pedí; ¡no vaya a darme un potro!
+
+--¿Potro, dice, don Lorenzo?... Mire: ¡cuando ese caballo era potro
+usted no había nacido!...
+
+--Bueno: andando--dijo Melchor, y se dirigieron a la caballeriza.
+
+Era una de esas deliciosas tardes de enero, en que el sol se oculta
+entre nubes que lo aplacan tras un día templado y en que el ambiente del
+campo parece que se empapa con las emanaciones de las flores silvestres
+y de los pastos olorosos, y en que hasta los ganados se entregan al
+placer de pasear por los potreros, recorriéndolos al acaso.
+
+Antes de subir a caballo, Ricardo y Lorenzo permanecieron un largo rato
+contemplando a las gallinas que, ante la sola perspectiva de la
+noche--aunque remota,--se entregaban al laborioso trajín de buscar
+ubicación en las ramas de los árboles, sobre las ruedas de los carros,
+en lo más alto de una escalera de mano arrimada a la pared y que
+parecía ofrecer el mejor sitio para pasar la noche, de tal modo se
+agitaban por conquistarla, discutiendo visiblemente en nerviosos
+cacareos a que el respectivo gallo ponía término con picotazos que
+parecían al mismo tiempo caricia y reproche, traducible así: «¡Estáte
+quieta!»
+
+Lo propio ocurría con las palomas en sus casilleros, a los que entraban
+y salían en continuo movimiento, interrumpido sólo para observar la
+formidable encarnizada lucha que trababan de pronto dos machos
+encrespados, cuyas gallardías y cuyos aletazos, sugerían la línea de dos
+caballeros medioevales que, sobre los hombros las flotantes capas,
+combatieran por la dama.
+
+Indiferente a todo, en la apariencia, y como un «manchón» colocado
+cuidadosamente se veía en la cresta de una raíz del ombú grande, un gato
+barcino que, de cuando en cuando, entreabría sus ojos lumínicos y
+transparentes y como ajeno a toda intención carnicera, los dirigía hacia
+las ramas, en las que cantaba de paso un pájaro que se dirigía a su
+nido.
+
+Cuando Lorenzo se encontró sobre el tostado, exclamó:
+
+--¡Qué caballo tan ancho!
+
+--Así es; sí, señor; es un poco «sillón»--le contestó Baldomero, pero
+ignorando Lorenzo la acepción en que se empleaba esta palabra, dijo a su
+vez:
+
+--¿Sillón?... Esto parece más bien sofá... ¡me hace doler las piernas!
+
+--Pero tiene buen andar, don Lorenzo; y a éste puede castigarlo sin
+asco.
+
+--¿Es muy lerdo?
+
+--Regular, señor; como todo caballo viejo.
+
+--¡Caramba con tus investigaciones!--dijo Melchor, agregando:--¡ni que
+fueras a comprarlo!
+
+--Me lo estoy haciendo presentar, ¡ché! nada más natural.
+
+--Bueno, andando, que se nos va a pasar la tarde.
+
+El zaino salió en su estilo habitual, marchando tras de Ricardo, que se
+había adelantado bastante, en «su» malacara; pero Melchor advirtió que
+Lorenzo permanecía en la caballeriza, y se detuvo a decirle en voz alta:
+
+--¿Continúa el interrogatorio?
+
+--No... ché...
+
+--¿Y qué haces ahí?... ¡Ven!
+
+--¡Es que este caballo no anda!....
+
+--Castíguelo sin recelo, don Lorenzo--le dijo Baldomero,--es medio
+remolón al salir.
+
+Lorenzo siguió el consejo, pero notó que cada vez que le pegaba el
+tostado hacía un movimiento de encogimiento, que él consideraba como la
+amenaza de violencias alarmantes y en vez de acentuar disminuía la
+intensidad de sus rebencazos, hasta reemplazarlos por amables golpes de
+talón.
+
+--¡Péguele sin miedo, señor; si es de mañero!--le decía Baldomero.
+
+--Es que no anda...
+
+--Trae ese arreador, Juancito--dijo Baldomero al pequeño peón, que le
+entregó el que tenía en la mano y que aquél enarboló amenazante,
+mientras Lorenzo le decía:
+
+--¡No le pegue muy fuerte!
+
+Estimulado por Baldomero y por Melchor que había vuelto a la
+caballeriza, el tostado realizó la proeza de salir al trote, moviéndose
+con la brusquedad y violencia de un tranvía eléctrico salido de sus
+rieles, en cuya capota o techo fuese montado Lorenzo, que para el caso
+era igual.
+
+El novel caballero calculaba que sus equilibrios se agotarían a los
+pocos minutos de aquella marcha, y cuando se disponía a disminuirla
+enérgicamente, advirtió con espanto que se aceleraba por obra del
+perrazo bayo que, como comprendiendo que el tostado no imponía respeto
+a nadie, se entretenía en morderle los garrones por burla...
+
+Los mordiscos del perro determinaron una catástrofe, porque el tostado
+comprendió que para salvarse de ellos debía alzar las patas y lo hizo
+sin avisarlo a su jinete, que, al encontrarse en el plano inclinado que
+el caballo formó en su breve posición defensiva, siguió la dirección
+aquél, hasta su intersección con la línea horizontal del suelo.
+
+Al caer Lorenzo, el perro huyó despavorido, con la cola entre las
+piernas; el tostado se quedó mirando a Lorenzo con profundo asombro, sin
+comprender, evidentemente, la razón de aquella caída, mientras Baldomero
+corría hacia el caído, que se levantó diciéndole:
+
+--¿Vio qué corcovo, eh?...
+
+--¿Se ha hecho daño, don Lorenzo?
+
+--No; ¡si en cuanto empezó a corcovear me bajé!
+
+Cuando Lorenzo decía estas palabras llegaron a su lado Melchor y
+Ricardo, que reían desconsideradamente.
+
+--¿Cómo te caíste?--le preguntó éste.
+
+--¡Qué pregunta!... si no me caí; vi que empezaba a corcovear y resolví
+bajarme... ¡qué pavada!...
+
+Y como viera que la causa principal--el perrazo bayo--había
+desaparecido del sitio de la catástrofe, Lorenzo se aventuró a montar de
+nuevo, estimulado sin duda por la experiencia recogida, que le enseñaba
+cuánto suelen ser de soportables algunas caídas.
+
+El paseo continuó sin contratiempos, bien que disminuido en sus
+encantos, para Lorenzo, por la insalvable dificultad de conseguir que su
+caballo armonizara movimientos con los de sus amigos, pues el tostado
+tenía el tranco más lento que los otros y el galope más tendido, de modo
+que en el primer caso se quedaba atrás y en el otro se adelantaba
+demasiado, cuando su jinete conseguía ponerlo en ese tren.
+
+El mismo Lorenzo llegó a reírse de su situación, diciendo:
+
+--¡Pobre caballo éste; qué galope tan feo tiene!
+
+Fue necesario renunciar al galope y ponerse al tranco, procurando
+Lorenzo que su monumental caballo lo desarrollara dentro de límites
+adecuados.
+
+En la intimidad con Melchor y en ausencia de testigos, se resarcieron
+con creces del discreto silencio observado desde el pueblo hasta la
+estancia, durante el viaje en el break y ni el más mínimo detalle
+escapaba a las preguntas que formulaban Ricardo y Lorenzo:
+
+--¿Qué es eso?
+
+--¿Cómo se llama ese pájaro?
+
+--¿Qué animal es aquél?, etc., etc.
+
+Melchor les informaba pacientemente sobre las vizcachas y sus perjuicios
+para el campo; sobre los caracteres de los teros, que gritaban lejos del
+nido; de los chajaes, que alertean por todo motivo; de los avestruces,
+que con un instinto asombroso ponen un huevo fuera del nido, para
+alimentar después a sus charabones; de los padrillos y sus
+procedimientos sultanescos y de cuanto detalle campestre cayó bajo la
+observación entusiasta de sus dos amigos.
+
+Al regresar hacia las casas y agotados casi los temas, que el paseo
+sugería, Lorenzo dijo:
+
+--Todo esto es muy interesante; pero lo mejor que he encontrado hasta
+ahora para mí, es Baldomero, ¡qué gran tipo!
+
+--¿Más interesante que la «Pampita»?--le preguntó Melchor sonriéndose.
+
+--No para Ricardo, sin duda; pero sí para mí--y agregó:--Ricardo está
+enamorado de la Pampita; pero yo lo estoy de Baldomero.
+
+--¿Te acuerdas de lo que te decía en el tren, hablándote de él?...
+
+--¿Hace mucho que está al servicio de ustedes?
+
+--Más de diez años, y gracias a él la estancia ha prosperado, porque
+tiene todas las condiciones imaginables, sin ningún defecto: es
+honradísimo a carta cabal y trabajador sin descanso.
+
+--¿Y su familia, ché?
+
+--La mujer es enferma... llena de manías... suele pasar temporadas
+larguísimas sin salir de sus piezas.
+
+--¿Será neurasténica?
+
+--¡Qué sé yo!... lo que sé es que lo hace víctima de sus caprichos.
+
+--¡Pobre Baldomero!... y tan jovial siempre.
+
+En ese momento llegaron a una pequeña zanja de casi un metro de ancho,
+que Melchor propuso saltar, como lo hizo en su zaino, deteniéndose del
+otro lado.
+
+--A ver, Ricardo... ¡salta!
+
+El malacara, parado al borde de la zanja, cuya profundidad no llegaba a
+medio metro, juntó las cuatro patas y a una incitación de su jinete,
+saltó con él, que se había tomado prolijamente de la cabezada de su
+montura y que experimentó, después del salto, la grata sensación de
+conservarse en ella.
+
+--Ahora tú...
+
+--¿Y éste sabe saltar?--preguntó Lorenzo ligeramente pálido, mientras su
+caballo, parado junto a la zanja, contemplaba el campo en toda
+dirección.
+
+--¡Anímalo!...
+
+Así lo hizo Lorenzo, a puro talón, ocupadas las manos en funciones
+previsoras, y cuando el tostado comprendió que se le ordenaba salvar el
+obstáculo, estiró una mano que, mientras doblaba la otra, fue bajando
+despacio, hasta afirmarla en el fondo de la zanja donde luego puso
+aquélla, quedando en la violenta posición consiguiente; aproximó en
+seguida las patas traseras una de las cuales metió en la zanja, que
+finalmente pasó tras contorsiones que dieron a Lorenzo la sensación de
+haber transmontado en dos trancos la mismísima cordillera de los Andes.
+
+* * *
+
+Después de una buena siesta conversaban en la glorieta del jardín
+Lorenzo, Ricardo y Baldomero que a ratos veían, por entre las plantas y
+los arbustos, la silueta de Melchor dando órdenes en la caballeriza.
+
+--¡No ha de ser sólo por buscar correspondencia!... don Ricardo--decía
+Baldomero mientras armaba un cigarrillo cuyo papel, en el extremo
+exterior pasó por la lengua alisando luego la parte humedecida, con la
+yema del pulgar pasada de punta a punta.
+
+--Y por pasear un poco, Baldomero.
+
+--¡Y por hacer alguna visita!...
+
+--No haría más que cumplir lo prometido.
+
+--¡Confiesa, Ricardo, que la Pampita te quita el sueño!
+
+--Algo hay de eso... en realidad. Me interesaría volver a hablar con
+ella... ¡qué demonio de muchacha!... ¡es tan linda!... ¡y tan
+educadita!...
+
+--En eso, dificulto--dijo Baldomero--que haya otra igual... ¡porque
+miren que don Casiano le ha puesto maestras!... Y de las mejores que
+pudo traer de Buenos Aires... ¡Sí, señor! Si a veces sabían decirle que
+la iba a enfermar con tanto estudio porque la pobrecita se pasaba los
+días con los libros... y «meta» piano de sol a sol.
+
+--Es un caso curioso, como pocos; porque don Casiano no es un hombre
+ilustrado, ¿no? ¿Qué se habrá propuesto con la Pampita?
+
+--Vea, don Ricardo--así sabía decirme el viejo cada que yo le decía lo
+mismo:--«lo hago por su bien, amigo Baldomero, porque yo no me he de
+casar otra vez... la muchachita es linda por demás y me la van a
+codiciar... y yo no puedo tenerla atada a los tientos... así que he
+creído que con la educación se le puede dar una defensa... para que
+pueda estar sola... y andar por donde quiera... sin peligrar...»
+
+--¿Qué sensato el viejo, eh?
+
+--Y lo ha conseguido, don Ricardo, porque la Pampita no ha dado qué
+decir, eso sí, y todos saben que el que cae a la chacra con malas
+intenciones... ¡sale como escupida en plancha caliente!...
+
+--¡Qué buena comparación!--exclamó Ricardo riéndose a tiempo en que
+Lorenzo decía:
+
+--La Pampita habrá salido ingénitamente honesta... porque lo que es la
+educación no iba a corregir ni a morigerar un temperamento meridional
+puesto en contacto asiduo con la naturaleza.
+
+--Bueno, de eso yo no entiendo, don Lorenzo; pero lo que sé decirle es
+que la Pampita puede ir donde quiera sin que nadie le falte.
+
+--Yo creo que estás perfectamente equivocado, Lorenzo, porque, ¿cómo no
+ha de haber influido la educación en ella como en toda persona?
+
+--¿Para conducirse honesta y virtuosa en la situación de ella?...
+¿Asediada sin duda, a cada paso por individuos de toda condición? ¿Con
+veinte años y la libertad de que ha debido gozar?... ¡Bah!... ¡eso no lo
+hace la educación!
+
+--¡Vaya si lo hace! Y si no observa los diversos grados de moral que se
+advierte en las sociedades menos educadas... compara a una niña de la
+alta sociedad con una chinita inculta... ¿Cómo vas a sostener que tienen
+el mismo pudor, ni la misma conciencia del propio decoro?
+
+--Esos son resultados del medio en que se vive.
+
+--Claro está, y según parece lo que don Casiano se proponía era poner a
+su hija a cubierto de las influencias del medio en que debía vivir,
+exactamente: tú lo has dicho.
+
+--En eso yo no entro--dijo Baldomero,--pero que la Pampita es una
+muchacha decente... ¿eso?... ¡por donde la busquen!... Y póngala a la
+prueba, don Lorenzo.
+
+--¡Si yo no lo pongo en duda! Basta verla para comprender lo que es, y
+por otra parte si así no fuera, no la habría mandado el padre a pasear
+sola con nosotros, por el jardín.
+
+--Lo que voy viendo en mi sentir, es que va ir saliendo cierto lo que yo
+decía... ¡Si se me hace que la Pampita va ir a conocer Buenos Aires!...
+
+--Por lo pronto yo voy a... bañarme--dijo Lorenzo levantándose.
+
+--No te demores... que yo también quiero bañarme y usted acompáñeme a
+traer duraznos...
+
+--Como quiera, don Ricardo. Vamos.
+
+Al dirigirse al monte de durazneros cruzaron el jardín en silencio; pero
+al entrar en aquél, dijo Ricardo:
+
+--Baldomero, en los pocos días que lo he tratado me ha parecido
+encontrar en usted un hombre serio, de experiencia y capaz de dar un
+consejo.
+
+--Usted dirá, don Ricardo.
+
+--Yo quiero hacerle una confidencia, primero, para que se explique usted
+mi situación.
+
+--Algo me habló don Melchor...
+
+--Él le habrá dicho entonces que he sido un hombre muy desgraciado en
+mis aspiraciones.
+
+--¡Zonceras de mujeres!...
+
+--Por una de ellas he estado a punto de cometer un crimen si no hubiera
+tenido un amigo como Melchor.
+
+--Eso no debe hacerse nunca, ni por nadie.
+
+--He sido engañado de la manera más cruel y más infame... haciéndoseme
+el motivo de la burla y de la risa de toda la sociedad, por quien
+calculaba que yo valía en plata más de lo que puedo tener... y no una
+vez.
+
+--¡Olvídese, don Ricardo!...
+
+--Así lo he conseguido gracias a Melchor que me ha prestado energías y
+voluntad para sobreponerme a todo... y para empezar a vivir de nuevo...
+como si me hubiera dado un pedazo de su gran espíritu.
+
+--¡Capaz de dárselo todo!...
+
+--Él me ha salvado y gracias a él, y nada más que a él, cada día que
+paso me siento más fuerte y más capaz de luchar como un hombre, tomando
+«las cosas como son y no como deben ser».
+
+--¡Si don Melchor es capaz de sanar a un muerto!
+
+--Es lo que ha hecho conmigo y con Lorenzo... ¡y con tantos otros!...
+Bueno, pues, ¿cómo cree usted que me recibiría la «Pampita», si yo le
+mostrara pretensiones?
+
+--¡No le decía yo, don Ricardo!...
+
+--Conteste a mi pregunta, usted que la conoce perfectamente.
+
+--Vea, don Ricardo, para qué le voy a decir una cosa por otra: la
+«Pampita» es una muchacha de mucha voluntad... ahora si usted la
+quiebra... puede que agarre...
+
+--¿Cree usted que esté firmemente resuelta a conservarse al lado del
+padre?...
+
+--¡Ni que hablar!... ¡Si ya le he dicho que ha tenido miles de
+ocasiones!... mejorando lo presente; pero haga la diligencia, don
+Ricardo... ¡de menos nos hizo Dios!
+
+--¿Usted querría acompañarme?...
+
+--Vea, don Ricardo, vaya solo, ¡que en cuestiones de mujeres... es como
+en punto a domar!--dijo riéndose afablemente Baldomero--...¡entre dos no
+sacan caballo bueno!
+
+--¿Y quién podría acompañarme?
+
+--¿Hasta el pueblo?... Juancito lo puede acompañar.
+
+--Convenido, y que esto quede entre nosotros, ¿eh?...
+
+--¡Don Ricardo, ni que hablar!
+
+* * *
+
+--¿Ché, Melchor, dónde pusiste los diarios que trajimos?... ¿Por qué te
+ríes?
+
+--¡Pero, hombre!... ¡Recién se te ocurre leerlos!...
+
+--¿Y tú los has leído?...
+
+--¡Casi no los leía allá!... ¡y voy a venir a la estancia para ocuparme
+en eso!...
+
+--¿Y para qué los trajiste?
+
+--¡Porque los compré!...
+
+--¿Y para qué los compraste?
+
+--Por no ser menos que tú.
+
+--Bueno, contesta: ¿dónde están?...
+
+--Ricardo los guardó, pero yo no sé dónde.
+
+--¡Qué fastidio!... ¡José!--dijo Lorenzo alzando la voz.
+
+--¿Señor?
+
+--Hágame el servicio de ver en nuestro dormitorio... o por ahí... si
+están unos diarios... y tráigamelos.
+
+--Don Ricardo los guardó en el baúl, señor... pero se llevó la llave.
+
+--¡Qué contrariedad tan grande!... ¡Caramba!... ¿está seguro, José?
+
+--Sí, señor, si los guardó delante de mí... estaban arriba de la mesa
+desde que ustedes vinieron.
+
+--¡Qué fastidio!... Bueno... vaya no más; ¿pero para qué los habrá
+guardado?... ¡qué tontera tan grande!...
+
+--Realmente, Lorenzo, es como para sublevar... ¡como que yo también
+estoy por indignarme!...
+
+--No digo eso; pero no me negarás que ha sido una tilinguería guardarlos
+bajo llave... ¿asunto de qué?...
+
+--Lo ha de haber hecho sin darse cuenta... ¡calcula cómo tendría la
+cabeza ante la idea de ir a conquistar a la «Pampita»!
+
+--¡Cómo le irá a Ricardo! ¿eh?...
+
+--Puede ser que le vaya bien.
+
+--Yo no creo que esté enamorado... así: fulminantemente.
+
+--¡Que no!... ¡piensa que es linda como un sol!
+
+--Aunque lo sea... para mí, Ricardo va tras la «Pampita» por un
+movimiento de despecho y nada más. Él se ha entusiasmado con la idea de
+lucirla en Palermo... y en el teatro... a los ojos de sus ex novias...
+¡esto es todo!
+
+--¿Por qué pensar eso?... Ricardo es un temperamento extraordinariamente
+apasionado, y yo me explico muy bien el paso que da. Ha visto en esta
+muchacha un conjunto de cualidades de primer orden, casi excepcionales,
+y no tiene nada de extraño que se sienta inclinado a ella.
+
+--Eso estaría muy bueno después de tratarla un tiempo.
+
+--No, Lorenzo, mira: en la vida, generalmente, se toma novia como se
+toma casa: casi siempre por el aspecto. Son muy raros los que compulsan
+serenamente las condiciones de las muchachas que tratan para elegir al
+fin la que más convenga, y esto mismo es antipático, casi inmoral: ¡se
+quiere porque sí y sepa Dios por qué!
+
+--¡Así son los chascos!
+
+--¡Perfectamente! pero es preferible equivocarse sin calcular a
+equivocarse calculando.
+
+--Por eso yo me he puesto a cubierto de los dos casos--dijo Lorenzo
+sonriendo afablemente.
+
+--¡Tú!... ¡qué gracia!... Tú has vivido en forma que no te permitía
+pensar en «novias»...
+
+--Eso es historia antigua...
+
+--Felizmente para ti. Después el estudio te ha absorbido todo tu tiempo,
+como que por una de esas reacciones muy explicables te pasaste a la otra
+alforja...
+
+--Para recuperar lo perdido.
+
+--¡Una barbaridad!... ¡ché... dar de a tres años de ingeniería juntos...
+y estudiar veinte horas diarias!
+
+--¡Qué exageración!
+
+--¡Bueno: diez y nueve!... Da gracias a Dios que pudiste substraerte a
+esa vida.
+
+--No tuve más remedio... cuando me enfermé.
+
+--¡Qué enfermedad, ni qué embelecos! ¡Tú eres más sano que yo! y lo has
+sido siempre. La prueba la tienes en tu estado actual; ya ves cómo te
+repones por días; duermes perfectamente ahora; comes con bastante
+apetito... ¡calcula cómo estarás dentro de un mes!
+
+--¡Todo te lo debo a ti!... y si vieras el bien que me hacías cuando me
+estimulabas a reaccionar en los días en que me sentía más abatido... Hoy
+recuerdo perfectamente la intensa influencia que ejercías en mi espíritu
+y la situación de ánimo en que me dejabas después de aquellos sermones
+inacabables...
+
+--Eso es historia antigua, te diré a mi vez.
+
+--Pero que llena mi espíritu como una enseñanza suprema. ¡Si a veces
+pienso en que tú has realizado en mí un caso de «avatar», como el de
+Gauthier, ¿te acuerdas?
+
+--No lo he leído.
+
+--¿No?... ¡qué raro!
+
+--Lo raro es que lo confiese, porque nadie lo hace; ¿te has fijado?
+
+--¿El qué?
+
+--Confesar que no se ha leído un libro de cierta notoriedad; ¿tú has
+encontrado a alguien que confiese no haber leído a Sarmiento, a Mitre, a
+López, a Estrada o a alguno de nuestros grandes autores de renombre?
+
+--Tal vez tienes razón.
+
+--¡Y sin tal vez! Yo no he hablado con una sola persona que me haya
+dicho que no ha leído el «Facundo», por ejemplo.
+
+--Y lo habrán leído...
+
+--El dos por ciento de los que lo dicen... si hoy nadie lee, ché, nada
+más que los programas de las carreras y la crónica social de los
+diarios.
+
+--¡No me hagas acordar de los diarios! que me subleva pensar en la
+conducta de Ricardo.
+
+--¿Qué canallada, eh?
+
+--Con permiso...--dijo Baldomero golpeando con los nudillos de la mano
+en la puerta de la sala, donde conversaban Lorenzo y Melchor, recostado
+éste en el sofá, mientras esperaban la hora de almorzar.
+
+--¡Entre, Baldomero!
+
+--¡Aquí está fresquito!--dijo éste sacándose el sombrero y peinándose el
+cabello con los dedos.
+
+--Siéntese... ¿qué hay de nuevo?
+
+--Hay, don Melchor, que acaba de llegar Zenón, ¿sabe?, el peón de los
+Cabrales, que venía de llevar unos animales para el campo de los
+Unzueces y dice que por el cañadón de las tunas, ¿sabe?, encontró a doña
+Ramona, que se viene de a pie con esta calor..
+
+--¿Viene para acá?
+
+--Así dice.
+
+--¿Y por qué no la alzó?
+
+--Porque no es de anca el que montaba y venía con gran apuro de llegar
+ligero, que de no, dice, le habría dado su caballo.
+
+--¡Pobre infeliz!... Bueno... Baldomero: ¿volvió el carrito de repartir
+la carne a los puestos?
+
+--«Reciencito» llegó.
+
+--Vaya corriendo, y dígale a Hipólito que a todo lo que pueda salga con
+el carrito y la traiga a esa infeliz.
+
+Instantes, después se oía el ruido del carrito que salía en la dirección
+indicada.
+
+--¿Qué distancia hay, Melchor, de aquí al cañadón de las tunas?
+
+--Sus seis leguas largas, y calcula para caminarlas con este día.
+
+--¡Pobre mujer!... ¿qué le habrá pasado?
+
+--Alguna paliza del bestia de Anastasio.
+
+--¿Pero es posible que le pegue a esa mujer?
+
+--Es que bebe... tal vez algún «peludo»... por otra parte Anastasio es
+un hombre de muy mal carácter y como te decía el otro día, ha tomado a
+Ramona para tener quien le lave y le cocine; pero no le tiene ni el más
+mínimo cariño.
+
+--¿Él la habrá despedido o ella vendrá no más por tu ofrecimiento?
+
+--No; sin un motivo fundado no se vendría.
+
+--¿Y no tendrá consecuencias para ti?
+
+--¿Qué consecuencias?
+
+--Él sabrá que se viene a la estancia, por supuesto.
+
+--Si no lo sabe ya, lo sabrá, ¿y qué tiene eso?
+
+--¡Quién sabe!, ese hombre tiene un aspecto diabólico.
+
+--¡Pero si Ramona no está casada con él!; ella es una mujer dueña de
+hacer lo que quiera... y si él la maltrata puede venir a refugiarse aquí
+o a donde le convenga.
+
+--Sí, lo comprendo; pero como ha mediado tu intervención, no sea el
+diablo que él crea que tú la has sonsacado...
+
+--¡Y que lo crea, suponte!... Si fuera una chiquilina, vaya y pase...
+pero ¡una mujer de casi cuarenta años!
+
+--¿Y no tiene familia?
+
+--Creo que sí... no estoy seguro... esta mujer vivió con un soldado de
+la policía, al que lo mataron en un boliche, y después se unió con
+Anastasio... es todo lo que sé.
+
+--Está el almuerzo, niño--dijo el sirviente; y los dos amigos pasaron al
+comedor.
+
+Al terminar el almuerzo se presentó Baldomero y preguntó:
+
+--¿Dónde la va a poner a Ramona, don Melchor?
+
+--¡Es cierto!... Hay que buscarle alojamiento... ¿En sus piezas no
+cabría?...
+
+--¿De dónde?... Si el patrón hubiera hecho los cuartos que dijo...
+
+--¿Y en los galpones?...
+
+--¿Qué?... ¿la piensa poner con los peones?
+
+--En el cuarto de Águeda.
+
+--Sólo bajo la cama... si la vieja duerme en el cuartito de las
+herramientas, ¿sabe? que es un brete.
+
+--La pondremos entonces en el cuarto de las sirvientas, ¿no le parece?
+
+--Como usted disponga, don Melchor; pero quién sabe si a la señora le
+gusta que esté aquí...
+
+--¡Que no! Si Ramona es una mujer limpia.
+
+--Ya empieza a darte trabajo esa mujer--dijo Lorenzo.
+
+--¡Ninguno!--replicó Melchor.--Nosotros si que vamos a darle trabajo: la
+haremos nuestra sirvienta, y nos tenderá las camas mejor que José, para
+lo que no se necesita mucho.
+
+--Hago lo que puedo, niño--dijo José, levantando las copas de la
+mesa;--no soy muy baquiano en tender camas.
+
+--¡Si lo digo en broma, José! Usted las tiende perfectamente...
+mal--agregó Melchor, en momentos que José se alejaba llevando una
+bandeja al antecomedor.
+
+--¿Quedamos entonces que a doña Ramona la va poner en ese cuarto?
+
+--Eso es, Baldomero.
+
+Este se retiró, diciendo medio entre dientes «¡qué criolla diabla!...
+cómo ha calzado»...
+
+* * *
+
+La tardanza de Ricardo empezaba a preocupar a Melchor, que se disponía a
+ir o a mandar en su busca cuando al cabo de cuatro días de ausencia y en
+momentos en que se levantaban de almorzar, llegó a la estancia bajo un
+sol de fuego.
+
+--¿Cómo vienes a esta hora?--fue el saludo de Melchor.
+
+--¡Si vieran!--repuso Ricardo al bajar del caballo, que al pararse dejó
+caer la cabeza hasta casi tocar el suelo con la barbada, al mismo tiempo
+que palpitaban sus ijares con extraordinaria celeridad,--¡el monstruo de
+Anastasio nos sacó cortitos!... ¿Y por aquí?... ¿qué tal?... ¡Uf!...
+¡Qué calor!... ¡y qué hambre!...
+
+--Ven a almorzar, ¿o quieres bañarte antes?
+
+--No; me haría mal; ¡uf!... estoy muy agitado... qué calor tan
+espantoso... ¡Si creía que no llegábamos nunca!
+
+--Siéntate aquí, mientras te traen el almuerzo. ¡Apúrese, José! Y
+cuenta, ¿qué ha pasado?...
+
+--...Ahí traigo un montón de cartas... Pues cuando llegamos al «Paso», a
+eso de las diez, en la esperanza de almorzar algo y esperar la caída del
+sol, salió a recibirnos Anastasio con su facha patibularia. Al sofrenar
+mi caballo, le di los buenos días, y no me contestó; pero creí no haber
+sido oído, y me disponía a bajar, cuando dirigiéndose hacia mí, me dijo
+textualmente: «Bajá, si querés que te cruce a lazazos».
+
+--¿Qué dices, Ricardo?
+
+--Lo que oyes; llámalo a Juancito y te lo repetirá. El pobre muchacho se
+ha dado un susto mayúsculo. Cuando oí aquello, le pregunté:
+
+»--¿Por qué me dice eso, amigo?
+
+»--¡Porque lo voy a cumplir, hijo de tal!--me contestó.
+
+»En ese momento, Juancito, que se había bajado ya, montó de un salto y
+acercándoseme, me dijo: «Vamos, don Ricardo, no le conteste»; pero yo le
+dije: «No me insulte, Anastasio, porque le puede costar caro». Al oír
+esto, se entró rápidamente y volvió a salir, poniéndose el cuchillo en
+la cintura y con un amador en la mano, diciéndome:
+
+»--Caro me lo van a pagar ustedes--y al mismo tiempo gritaba hacia el
+interior:--¡Enfréname el bayo!
+
+»Comprendí que iba a verme obligado a usar de mi revólver, y como
+Juancito me gritaba de lejos que siguiera, que me iba a comprometer,
+opté por aceptar su consejo y me alejé al galope, alcanzando a oírle
+juramentos y amenazas contra ti. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?»
+
+--Que doña Ramona lo ha dejado y se ha venido; pero, ¡qué animal!...
+
+--No te decía yo, Melchor, que esto podría tener consecuencias.
+
+--¡Bah!... Perro que ladra, no muerde.
+
+--¿No muerde?... ¡Lo que soy yo no vuelvo a pasar por allí; y creo que
+tú debes cuidarte de ese bandido.
+
+Al mismo tiempo que José avisaba que estaba listo el almuerzo de
+Ricardo, Baldomero llegó y después de saludar a éste, dijo:
+
+--¿Ha visto, don Melchor, lo que ha sucedido?
+
+--Me estaba contando Ricardo.
+
+--¿Sabe que me están dando ganas de ir yo?
+
+--¡Ni se le ponga, Baldomero! Déjelo no más... eso, se arreglará solo.
+
+Ricardo se había levantado para almorzar y había sacado de un pequeño
+paquete que le dio Juancito un montón de cartas que en su casi
+totalidad estaban dirigidas a Melchor, a quien entregándoselas le dijo:
+
+--¡Ahí tienes lectura para rato!
+
+Melchor las tomó con cierta displicencia, preocupado con el incidente en
+el Paso, y fue a sentarse en el escritorio, donde se aplicó a la tarea
+de leerlas mientras Lorenzo hacía lo propio acompañando a Ricardo en la
+mesa, junto con Baldomero.
+
+--De Clota...--decía Melchor a medida que leía los sobres;--ésta
+también...; del viejo...; de Clota...; de Clota...; de mamá...; de
+Lolita...; éstas tres de Clota...
+
+Y así fue clasificando las cartas que ponía reunidas por procedencias
+hasta que, terminada esta operación previa, tomó todas las de Clota que
+eran las más y procurando descifrar la fecha en el sello del correo que
+inutiliza la estampilla perdió un buen rato en ponerlas por orden.
+
+--¡Cuántas cartas!... ¡qué barbaridad! Empezaré por la de mamá:
+
+«Hijo mío: Hace hoy ocho días que te fuiste y me parece que hace un año,
+te extraño como si hiciera meses que no te viera, pero es porque para mí
+es lo mismo no haberte visto en un mes que saber que no te voy a ver en
+todo ese tiempo y por eso sufro ya como si estuviera hoy en el último
+día de todos los que pasarán sin verte y sin oírte decir todos los
+disparates con que me haces reír hasta cuando no tengo ganas de reírme.
+Por aquí no hay más novedad, sino que tu Tata no se siente bien desde el
+viernes, pero no es cosa de cuidado; todos te extrañan mucho y están
+deseando que vuelvas; Clota ha llamado varias veces por teléfono para
+pedir noticias y dice que no ha recibido cartas tuyas como nosotros
+tampoco las hemos recibido, ¿qué es eso? ¿por qué no escribes?
+
+«Suspendo aquí porque en este momento entra Clota con la señora que
+vienen a comer con nosotros. Recibe muchos abrazos muy fuertes de tu
+madre.
+
+»P. S.--Rufino te manda muchos recuerdos.»
+
+Melchor quedó un largo rato con la cabeza apoyada en la mano izquierda
+contemplando la carta que conservó en la derecha, mirándola con los ojos
+desmesuramente abiertos, como si pretendiera ver algo más allá de
+aquellos renglones trazados por la mano de su madre idolatrada, hasta
+que de pronto la llevó a sus labios y la besó...
+
+Leyó después la de su padre, escrita el jueves, antes de sentirse mal;
+las de sus hermanas, entre las que recibió una de la «nena» en que le
+pedía que al regresar de la estancia le llevara «un pichón de paloma
+pero que sea todo blanco»; las de sus amigos que invariablemente
+lamentaban su «partida en secreto, como si no quisieras despedirte»; y
+luego empezó a leer, por orden de fechas, las cartas de su novia.
+
+Más de una vez mientras las leía creyó alcanzar a ver que alguien se
+asomaba por la puerta de la sala y así era en efecto, pues cuando
+acababa de leer la última levantó de pronto la vista y vio en la puerta
+a Ramona.
+
+--¿Qué quiere, Ramona?--le preguntó.
+
+Vestida con sus mejores trapitos y ceñida la cintura con una faja negra
+que sobre la bata blanca marcaba nítidamente el límite de su robusto
+talle, se aproximó cautelosamente mirando hacia el comedor y al estar
+casi junto a Melchor le dijo:
+
+--¿Ha visto lo que ha hecho Anastasio?...
+
+--Eso no tiene importancia, Ramona, Anastasio estaría borracho...
+
+--Quién sabe, don Melchor... Anastasio es un hombre malo... muy malo...
+
+--¿Teme usted que le haga algo?
+
+--Por mí... no... don Melchor... y aunque me hiciera... aunque me
+matara... ¿yo qué valgo?...
+
+--Anastasio se guardará muy bien de pensar en venir aquí a buscarla...
+y con el tiempo se le pasará todo.
+
+--¿Usted cree, don Melchor?
+
+--Esté segura, Ramona... no le hará nada... no tema.
+
+--Ya le decía, don Melchor, por mí no tengo miedo ninguno.
+
+--Pues entonces, esté tranquila... o, ¿quiere volver al lado de él?
+
+--¿Por qué me dice «eso», don Melchor?--contestó ella aproximándosele
+aún más, bajando la voz como temerosa de ser oída, e inundándole con
+olor a cedrón de que tenía en la mano un gajo estrujado.
+
+--Le pregunto, Ramona, porque bien podría suceder.
+
+--¡Cómo había de ser!... ¿me cree capaz, don Melchor, de volverme con
+ese hombre?...
+
+--Pues entonces esté tranquila, Ramona... vaya, no más, ocúpese de sus
+cosas y no vuelva a hablarme de esto.
+
+--¿Me voy... entonces...?
+
+--Sí, Ramona; vaya no más.
+
+--Será hasta luego... entonces... ¡cuántas cartas ha recibido!... don
+Melchor.
+
+--Es verdad... de la familia... y de mis amigos--dijo Melchor poniéndose
+de pie, como para salir.
+
+--Ha de haber... alguna... otra... ¡no diga!
+
+--¡Bien puede ser!--le contestó sonriendo afablemente al dirigirse, como
+lo hizo, hacia las piezas interiores contemplado desde la puerta del
+escritorio por Ramona que al salir al corredor tiró a un cantero del
+jardín el gajo de cedrón estrujado que tenía en la mano.
+
+* * *
+
+La sobremesa de Ricardo se había prolongado comentando el suceso del
+«Paso» y refiriendo detalles de su permanencia en el pueblo cuando se
+presentó Melchor diciendo:
+
+--Voy a guardar estas cartas... ya vuelvo--y siguió de largo para su
+dormitorio del que regresó en seguida.
+
+--Total--dijo Baldomero al sentarse Melchor, dirigiéndose a
+Ricardo,--muchos cuentos... y de lo principal... ¡nada!
+
+--¿Me esperabas a mí, no es cierto?--dijo Melchor y dirigiéndose al
+sirviente que se retiraba después de haber guardado unos platos:--José,
+antes de irse, deme una taza de café.
+
+--Empezaré, pues, por lo que Baldomero llama lo principal.
+
+--¿Y de no?... ¿a qué fue don Ricardo?
+
+--¡Andando! Tienes la palabra.
+
+--Y en una sola lo diré todo: la «Pampita»...
+
+--¿El qué?
+
+--...la «Pampita»...
+
+--¡Acaba!
+
+--¡Se hace de rogar!... don Ricardo.
+
+--...pues... la «Pampita»...
+
+--¡Estás muy pavo!
+
+--¡...me... ha... desahuciado!
+
+--¡Eso no es cierto! no lo dirías en ese tono.
+
+--Ciertísimo, Melchor.
+
+--No te creo.
+
+--Bueno, cuenta cómo fue--dijo Lorenzo.
+
+--Ante todo no deja de ser realmente excepcional esta confidencia hecha
+por mí a todos ustedes, en un asunto que generalmente se tramita a solas
+con la propia conciencia; pero sería ridículo que tuviera secretos para
+contigo, Melchor, tratándose de un síntoma de salud moral, readquirida
+por tu esfuerzo; sería cuando menos pavo que los guardara para contigo,
+Lorenzo, en un caso en que nos hemos hecho confidencias y confesiones
+recíprocas, y sería ingrato con el amigo Baldomero, si no le contase
+cómo me fue con su consejo, pues han de saber ustedes que lo consulté
+con él. Hecha esta declaración previa, que se impone, voy a referirles
+el episodio.
+
+El lunes llegué al pueblo a las cuatro más o menos, porque me demoré muy
+poco en el «Paso», y después de descansar un rato y bañarme, fui a lo de
+don Casiano como a eso de las siete. Al pasar la tranquera...
+
+--¡Se le haría cuesta abajo!...--dijo Baldomero riéndose.
+
+--...¡al contrario!... vi que la «Pampita» estaba sentada en el
+corredor, leyendo, y tan absorbida en la lectura que no me sintió llegar
+hasta que estuve junto al corredor, bajo ese aguaribay grande, ¿se
+acuerdan? que está a la derecha. Al verme, dijo como si se tratara de la
+cosa más habitual:
+
+--¿Es usted... señor?... Buenas tardes...--y cerrando el libro que puso
+sobre la silla al levantarse, se aproximó al borde del corredor,
+mientras yo bajaba del caballo, cuyas riendas puse en una horqueta
+formada por un gajo roto.
+
+Yo no puedo pensar en describirla... ¡era algo estupendo!... tenía la
+cabeza envuelta en una gasa verde oscura, recogida atrás con unos
+mechones de cabellos envueltos con la gasa sobre la nuca marmórea, y que
+me parecían luchar entre sí como si defendieran una posesión divina...
+yo no he visto... no... ¡no hay en el mundo una criatura que se le
+parezca!
+
+--¡Sabe, don Ricardo, que está apretando... la calor!
+
+--No interrumpa, Baldomero... y no se ría de mí... que usted las ha de
+haber pasado iguales...
+
+--Es un decir... don Ricardo.
+
+--Pues en cuanto bajé del caballo vi aparecer al «ñato», a otro
+individuo que parecía peón, a una señora de buen aspecto y alguien
+más... no me acuerdo... que me miraron desde una distancia y se alejaron
+en seguida, en momentos en que la «Pampita» me tendía la mano y me
+saludaba como a un viejo amigo, ofreciéndome asiento. Después supe que
+aquella señora era su maestra de labores y que pasa una temporada con
+ella. Le pregunté por su padre: «Está en el pueblo», me contestó,
+agregando: «Quizá venga antes de comer; ¿quiere hablar con él?» «Sí...
+y... no... señorita», le repuse. Ella me miró fijamente un instante y
+girando sobre sí misma tomó del asiento que ocupaba el libro que había
+estado leyendo y que fue a poner de canto entre las rejas de la ventana
+próxima. Al volver a sentarse me dijo que no sabría descifrar el enigma
+planteado con mi contestación. «Quizá» le contesté «fuera indiscreto
+aclararlo sin su permiso.» «¿Y necesita usted de mi autorización para
+hablar?», me preguntó riéndose. «No se ría usted» le dije, «porque acaso
+hubiéramos de hablar de cosas serias... muy serias». «Vea, usted...
+señor... a mí me interesan siempre las cosas serias... a pesar de ser
+una muchacha como cualquiera... Cuando vienen ciertas personas a visitar
+a tata y hablan de «cosas serias», yo me entretengo mucho más que con
+las conversaciones de mis amigas... ¿qué raro, eh?» «En un espíritu
+selecto como el de usted» le respondí, «eso se explica; pero,
+desgraciadamente, mi conversación no tendrá aquel carácter, y permítame
+que insista en pedirle su permiso para hablarle de las «cosas serias» a
+que me he referido.» ¿Y quieren creer ustedes lo que me dijo?... Pues me
+preguntó con una ingenuidad insuperable: «¿Usted va a comer con
+nosotros?» Yo me quedé como aturdido y sólo atiné a decirle: «Creo que
+usted no está segura de que su señor padre venga a comer...» «Por eso le
+pregunto» me contestó, «para mandarlo buscar.» «Pues bien», le dije, en
+una forma que no pude reprimir, «de usted depende que acepte su
+inestimable invitación o que me retire inmediatamente, y acaso para
+siempre». Yo había visto a la Pampita sonriente, amable, bromista,
+seria, sin perder el gesto de suprema bondad que la distingue: ¿te
+acuerdas, Lorenzo? Pero yo no había imaginado ver aquella divina
+expresión de dignidad reposada y grave con que habló conmigo desde ese
+instante para decirme después y reiteradamente: «Yo tengo que
+agradecerle de veras, señor, el honor que usted me dispensa, pero que,
+aun cuando me sintiera inclinada a aceptar, por mucho que no lo merezca,
+no podría aceptarlo sin menoscabar el concepto que me he formado de mis
+deberes de hija: yo me debo a mi padre, señor, y sería una criminal--yo
+lo entiendo así, perdóneme--si lo abandonara en sus últimos años». «¿Ni
+con el asentimiento de él?» le pregunté, y me contestó: «Ni con el
+asentimiento de él... que me lo daría, estoy segura, si creyera que
+podría hacerme más feliz...--pero que yo tendría que juzgar en su
+verdadero significado: como un supremo sacrificio hecho por mí y que yo
+no podría imponer ni aceptar».
+
+--¡No le decía!... don Ricardo... ¡si esa muchacha es tremenda!... Y
+diga que usted iba con buenas intenciones...
+
+--¿Y al fin?--dijo Melchor,--¿a qué arribaron?
+
+--¡A nada!... A la noche volví y hablé con don Casiano largamente; le
+expuse con toda franqueza mis aspiraciones y hasta lo que tengo y lo
+que tendré con el tiempo en punto a recursos: llegué a decirle que
+liquidaría todo y me vendría a establecer aquí; el buen viejo me trató
+con toda consideración; pero diciéndome invariablemente: «Vea, señor, lo
+que ella resuelva, estará bien... ¿qué quiere que yo me ponga a
+contrariarla?... háblele usted, no más... y si es por visitarla, puede
+venir cuando quiera». Así lo hice; el martes, casi pasé el día allí;
+comí con ellos, tocamos el piano, conversamos largamente; volví ayer...
+hemos estado horas y horas solos; pero la última palabra de la Pampita
+al despedirme fue la primera: «Me debo a mi padre y no lo abandonaré en
+sus últimos años». «¿Me permite usted que la frecuente?» le dije
+teniéndole la mano tomada. «Siempre me será grata su visita», me
+contestó, y cuando salí por la tranquera para venirme, la vi en el
+corredor; la saludé con el sombrero y ella me contestó con la mano. Me
+vine y... aquí estoy.»
+
+--Mi opinión, Ricardo, es que tú nos cuentas la mitad de la jornada;
+pero con lo dicho me basta para comprender que esto es asunto concluido.
+
+--No he reservado nada, Melchor; te he dicho toda la verdad, ¿y
+concluido?... ¿por qué?...
+
+--Porque si la Pampita no te aceptara de plano, te lo habría dicho o te
+lo habría hecho saber por don Casiano.
+
+--Es claro que no les he repetido sílaba por sílaba cuanto hemos
+hablado, pero tengo la certeza de que si don Casiano vive veinte años,
+durante ellos la Pampita se conservará igual.
+
+--¡Qué se va a conservar!... ¡no seas ingenuo!... mantiene una actitud
+simpática, porque es inteligentísima, para hacerse más interesante, pero
+ha comprendido que tú eres un gran partido y no lo perderá.
+
+--Haces mal en hablar así... la Pampita es incapaz de una coquetería, ni
+de una farsa: me ha revelado un propósito firme y sincero, que nada ni
+nadie hará modificar.
+
+--Bueno; no te resientas.
+
+--¡Si no me resiento!
+
+--Haces una defensa que lo parece.
+
+--Es que tú pretendes presentar a la Pampita como a una cualquiera.
+
+--No, Ricardo, yo no puedo considerarla con tu criterio, esto es todo;
+creo que es una mujer, y nada más; y así, la juzgo como a todas...
+igualita a todas: las novias, o las solteras en un grupo: buenas,
+amables, sencillas, modestas, etcétera... preparándose a formar el otro
+grupo, ¡el antitético!
+
+--La Pampita no es de esa clase, Melchor, y tan no lo es, que se
+conserva hace tiempo en la misma actitud y no la modificará ni por mí ni
+por nadie.
+
+--Vuelve mañana; insiste; plantea un dilema de términos extremos, y ya
+verás... ¡La Pampita no puede ser una mujer distinta de todas!
+
+--¡Pues lo es! y no me ciega un entusiasmo perturbador; pero sé
+perfectamente que aun cuando me aceptara de plano, como tú dices, se
+mantendría en su actitud de hoy, mientras viva su padre; podré ir
+veinte, cien veces, y siempre me diría lo mismo.
+
+--¡Quién sabe! Ricardo, insiste y allá veremos.
+
+--Este no es asunto que se gane con la insistencia, ¿no es verdad,
+Baldomero?... usted que la conoce bien.
+
+--Así es, sí, señor; pero lo que usted cuenta, ¿sabe? ya es un adelanto
+y puede que volviendo muchas veces... porque vea, don Ricardo, que
+«cuantos más chicharrones más grasa sale...»--contestó Baldomero
+provocando carcajadas hasta del mismo Ricardo.
+
+--En fin--dijo Lorenzo,--yo pienso como Melchor: ¡ésta es campaña
+ganada, Ricardo!... ¡Y tanto que si quieres acompañarnos a una siestita,
+podrás dormir sobre tus laureles!... ¿eh?...
+
+--¡Qué va a dormir, Ricardo!... No está para eso.
+
+--¿Que no, Melchor? dormiré a pierna suelta, buena falta me hace.
+
+--Y a todo esto, Ricardo, ¿cuál es el síntoma de salud moral a que te
+referiste?
+
+--¡Hombre!... que si la Pampita me desahuciara rotundamente, ¡y eso que
+esta vez va como nunca!, yo me conformaría pensando...
+
+--¡Con los colores complementarios!--le interrumpió Melchor.
+
+--No, ché, pensando en lo que tú nos decías en el tren, ¿te acuerdas?
+«el mundo está lleno de Clotas».
+
+* * *
+
+--¿Quiere que vayamos, don Melchor, a ver esa hacienda que han traído?
+
+--Bueno, ¿ustedes se animan?
+
+--No, ché, yo voy a quedarme para escribir a casa.
+
+--Y yo también; ya te dije.
+
+--Estoy por imitarlos, Baldomero, porque no escribo hace días. ¿Qué le
+parece que fuéramos mañana a ver la hacienda?
+
+--Mejor que escriba mañana, don Melchor; de todos modos Hipólito saldrá
+tarde... y siempre tendrá tiempo... también puede escribir luego, a la
+noche, ¿no le parece?
+
+--¡Estoy tan cansado!...
+
+--¿De qué, don Melchor?... Usted ahora sabe cansarse de nada...
+
+--He andado tanto estos días... y he dormido poco en las últimas noches.
+
+--¡Tu receta, Melchor, acuérdate!--intercedió Ricardo,--contra el
+cansancio, el ejercicio.
+
+--Sí, don Melchor, vamos; puede que hallemos algún animal que valga,
+porque a veces en tropas así sabe venir, «un repente», algún mestizo de
+sangre.
+
+--Bueno, voy a vestirme; ¿mandó ensillar?
+
+--¿En cuál va a ir?... ¿En el zaino?...
+
+--No; hágame ensillar el _Platero_... con recado, ¡eh!--repuso Melchor
+dirigiéndose a su dormitorio.
+
+Bajo el corredor quedaron con Baldomero, Lorenzo y Ricardo tomando mate
+y comentando el deseo de Melchor de montar al _Platero_, redomón que lo
+era aún y que podía dar una sorpresa; pero las órdenes de Melchor se
+cumplían al pie de la letra y momentos después el _Platero_ ensillado
+giraba amenazante y piafando alrededor del pilar de la caballeriza en
+que había sido atado.
+
+Melchor apareció calzando botas y vestido con amplia bombacha negra
+ceñida por un cinturón de gamuza blanca; blusa negra; chambergo color
+plomo; en el cuello un pañuelo celeste cuyas puntas delanteras caían
+sobre la pechera de su camiseta y en la mano un pequeño rebenque,
+trenzado, con virolas de plata.
+
+--¿Qué tal?--preguntó al presentarse.
+
+--¡Pareces un gaucho de verdad!
+
+--A mí me pareces otra cosa: un orillero de Palermo con ínfulas de
+hombre de campo--dijo Lorenzo.
+
+--Mejor estaría de frac y sombrero de copa, ¿no?...
+
+--¡Sin duda! Cuando menos, Melchor, estarías en traje más propio de tu
+condición.
+
+En ese momento apareció Ramona y dirigiéndose a Melchor le entregó un
+perfumado pañuelo de manos, diciéndole:
+
+--Tanto pedírmelo y se iba sin él.
+
+--Es verdad, gracias. Conque, ¿vamos, Baldomero?
+
+--...Cuando... quiera... don Melchor--dijo Baldomero, que se había
+quedado contemplando a Ramona.
+
+Acompañados por Ricardo y Lorenzo se dirigieron a la caballeriza donde
+Hipólito palmeaba en la tabla del pescuezo al _Platero_, mientras lo
+tenía sujeto por una oreja.
+
+--Aguarde que yo monte, don Melchor; ¡tenéselo, ché, Hipólito!
+
+--¿Por qué, Baldomero?
+
+--Para pechárselo, si es caso--repuso éste al montar en su «azulejo»,
+agregando:--Monte ahora, don Melchor.
+
+Este había puesto el pie en el estribo, pero el _Platero_ giraba sin
+cesar y sin dar tiempo a montar, hasta, que parado un instante Melchor
+aprovechó para volear la pierna en el mismo momento en que el redomón se
+tendía de costado, como en una espantada, abalanzándose hasta dar
+algunos pasos en las patas traseras.
+
+--¡Y que te me ibas!... ¡maula!...--gritó Melchor afirmándose en el
+recado y dando un formidable rebencazo al _Platero_, que arqueándose
+agachó la cabeza, lanzó como un rugido, dio un corcovo colosal que hizo
+cimbrar a Melchor, y partió medio trabado avanzando de través hacia el
+alambrado de la quinta, al que no llegó porque Baldomero, rápido y
+oportuno, le puso el «azulejo» al lado, diciéndole a Melchor:
+
+--¡No lo castigue!--y los dos caballos partieron pujando como en una
+carrera que hubiese de darse «puesta».
+
+--Cualquier día van a costarle caras estas gracias--dijo Lorenzo,
+contemplando a Melchor sobre cuyos hombros se veía a la distancia las
+puntas flotantes del pañuelo, agitadas por el vendaval que el _Platero_
+producía.
+
+--¡Ni potro que fuera... para sacarlo a don Melchor!--se aventuró a
+decir Ramona, como si la agitara un hondo orgullo ante la proeza
+realizada por su patrón.
+
+--Él mandó... por eso lo ensillé--dijo Hipólito, contestando a Lorenzo,
+como si considerara que le alcanzaba el reproche.
+
+--Yo no hago un cargo a nadie, Hipólito; pero si un día ocurre una
+desgracia todos vamos a ser culpables.
+
+--Mientras esté don Baldomero no ha de ser.
+
+--Dios lo quiera--repuso Ricardo, dirigiéndose con Lorenzo hacia el
+escritorio, en el que se disponían a escribir.
+
+Sentados frente a frente y listos para empezar la tarea, dijo Ricardo,
+golpeando con la pluma en el fondo del tintero, como si quisiera
+empaparla mejor:
+
+--¿Sabes, Lorenzo, que estoy con una preocupación?
+
+--Yo tengo la misma.
+
+--¿Cuál?
+
+--Melchor.
+
+--¿Cómo has adivinado?
+
+--No podía ser otra.
+
+--¿Y en qué consiste la tuya?
+
+--En el cambio radical que se está operando y acentuando en él.
+
+--¡Has visto!...
+
+--Hace ya muchos días que lo observo, y hasta me ha parecido más de una
+vez que se excedía en la mesa.
+
+--De eso es el sueño que lo invade después de comer, y yo lo he visto
+muchas veces, entre horas, tomando coñac en el antecomedor.
+
+--¿Es posible?... ¿A más del vino de la mesa?
+
+--Él me ha dicho que lo toma para ayudar a la digestión... cuando come
+demasiado.
+
+--...¡Un muchacho que nunca ha bebido!... Y en todo se le nota un cambio
+alarmante... Está perezoso... indolente... todo lo deja para después...
+tiene un montón de cartas sin contestar...
+
+--Hay otro detalle más extraño y es su afán de quejarse de todo: nadie
+lo quiere, nadie le guarda consideración, sus amigos no le escriben,
+¡qué sé yo!
+
+--A mí me tiene esto más preocupado de lo que tú te imaginas; pero no me
+resuelvo a hablarle porque temo que se enoje; por otra parte, ya no es
+un chico, y quién sabe a qué propósitos responde con su actual conducta.
+
+--A nada, ché, Lorenzo, ¿qué se va a proponer?... Es dejadez, no más; va
+en camino de ponerse en el mismo estado de laxitud o de atrofiamiento
+moral en que nosotros estábamos.
+
+--Y de que él nos sacó...
+
+--Sí, pero es distinto; nosotros teníamos causas que podían ser
+combatidas por él, como lo hizo excitivamente; pero en él no ocurre lo
+propio.
+
+--En él debe haber una causa también.
+
+--¡Vaya uno a buscarla!... ¡bah!... ¿y quién nos dice que todas las
+amabilidades y todos los altruismos de Melchor no han respondido al
+deseo de reciprocidades, que cree no haber conseguido y de ahí su estado
+actual...?
+
+--¿Por qué pensar eso?...
+
+--Digo no más... porque veo que él cambia por instantes... y no para
+mejorar... y además yo no encuentro la causa de este cambio, que a mí me
+parece de muy mal aspecto...
+
+--Sí... realmente... pero... ¡en fin!... yo me encuentro perplejo, no sé
+qué partido tomar...
+
+--Yo pienso que lo discreto es no meternos a redentores; si a él le
+gusta la vida que está haciendo, ¡que la haga!
+
+--Tal vez pudiéramos influir en algún sentido... quizá volviéndonos a
+Buenos Aires.
+
+--¡Ya estás pensando en eso!...
+
+--Tú podrías quedarte, desde que tienes un interés; pero yo me iría con
+él.
+
+--Y crees que Melchor acepte el regreso ya... ¡No creas!
+
+--¿Y por qué no?
+
+--¿Pero no has observado que él lo pasa «ahora» muy bien?...
+
+--...Algo me ha parecido notar...
+
+--¡Sí, hombre! si Baldomero lo ha comprendido y me lo ha dicho anoche.
+Creo que él piensa hablarle...
+
+--...¡Qué colmo sería!...
+
+Entretanto el _Platero_ había disminuido sus impulsos y galopaba
+tranquilo como un caballo definitivamente domado.
+
+--Sujetemos, don Melchor.
+
+--Sujetemos--contestó éste poniendo su caballo al paso. Así siguieron
+contemplando el estado del campo y el de las haciendas, gordas «a
+rajarlas con la uña».
+
+--¿Qué año excepcional, eh?
+
+--Así es, don Melchor, para las siembras y la hacienda.
+
+--A eso me refiero.
+
+--Yo también...
+
+--¿Por qué me lo dice en ese tono?
+
+--Vea, don Melchor... yo quería hablar con usted... si me permite...
+¿sabe?... porque no querría faltarle... ¿me comprende?...
+
+--Puede hablar, Baldomero, todo lo que quiera, lo que es por mí...
+
+--Yo digo por el respeto, ¿no?... porque a la verdad, que si el patrón
+llegase a venir...
+
+--¿El qué?... ¡Hable claro!
+
+--Porque yo veo cosas... Don Melchor... ¡vamos!... que no están bien...
+y en una persona como usted... don Melchor... que no es por alabarlo...
+pero usted comprende bien que todo se sabe... y después son los
+enredos... y vaya, que lo llegue a saber la familia.
+
+--Mire, Baldomero, yo he vivido bastante para necesitar consejos, ¿me
+entiende? y sé lo que hago y hago lo que se me da mi real gana.
+
+--No digo lo contrario... no, señor; pero vea: esos mozos que están con
+usted...
+
+--¡Son pavadas! de ellos, que quieren que me pase el día escribiendo
+cartas a cuantos imbéciles me escriben...
+
+--No es eso... no... don Melchor...
+
+--...y que se espantan porque tomo vino en la mesa.
+
+--Tampoco... don Melchor...
+
+--...como si pudiera hacerme mal.
+
+--¿Quién va a decir eso?...
+
+--...porque ahora tomo y antes no tomaba... ¡bah!...
+
+--No es eso... don...
+
+--¡Bueno, Baldomero! ¡ya basta!... ¿me entiende?... No me venga usted
+con pavadas que no voy a atender--exclamó Melchor vehementemente.
+
+--No le hablaré entonces, don Melchor.
+
+--¡Sí, es lo más discreto! ¡y basta!
+
+--...si se ha de incomodar... pero no son pavadas... no... señor...
+no... son... pa... va... das...--repetía Baldomero, como hablando
+consigo mismo y en silencio continuaron durante todo el tiempo que duró
+la jira hasta que Melchor dijo:
+
+--¿Volvamos?...
+
+--Volvamos... don Melchor.
+
+* * *
+
+--Hoy es el día de más calor que hemos tenido, ¿no te parece?...
+
+--El termómetro lo confirma, Lorenzo; a las diez marcaba 39 grados.
+
+--¡Cómo estarán en Buenos Aires, ché, Melchor!
+
+--Ya ves... y tú decías que es preferible vivir allá.
+
+--Con todo, ché: los ventiladores... los baños... los helados...
+
+--En cambio aquí refresca a las tardes, y las noches son siempre
+soportables, cuando menos.
+
+--¿Lloverá hoy?--preguntó Ricardo.
+
+--¡Sin duda!--dijo Melchor,--el barómetro marca ya 755
+milímetros--agregó, mirando al que pendía de la pared del comedor, donde
+acababan de almorzar.
+
+--¡Qué agradable sería dormir la siesta bajo un buen aguacero!
+
+--Aquí tienes, ché, Ricardo, un día excelente para ir a visitar la
+«Pampita»... y hacer méritos...
+
+--¡Hacer una barbaridad!... porque me moriría en el camino.
+
+Así habría sucedido sin duda, pues un sol de fuego caía a plomo sobre
+los campos, en los que danzaba macábricamente un temblequeante vaho de
+capas superpuestas entre las que todo se agitaba, desfigurándose con
+perfiles movibles y ridículos, pues tan pronto parecía que los álamos y
+los eucaliptus se encogían en contorsiones de dolor, como parecía que
+los ombúes se empinaban en espirales, o que las vacas multiplicaban
+repentinamente el número de sus patas, sus cabezas, o sus colas.
+
+Las ovejas se agrupaban protegiéndose mutuamente de la calcinación solar
+de los sesos, que cada una ponía bajo el vientre de la vecina, hasta
+ofrecer, en compacto conjunto, el aspecto de grandes quillangos puestos
+a secar.
+
+En los sitios en que la densidad de las capas atmosféricas era mayor,
+los fenómenos del espejismo se mostraban en forma de lagos y de ríos
+que, no por ser idénticos a los verdaderos, llegaban a engañar al ojo
+inerrable de los animales sedientos.
+
+Bajo la sombra de los ombúes de la caballeriza, se refugiaban los perros
+echados de lado, con las patas estiradas como para ahorrarse el calor de
+sus contactos, indiferentes a la presencia de las gallinas que buscando
+la misma sombra, se ubicaban junto a ellos, salpicándolos con la tierra
+que removían con las alas en procura de capas más frescas y sólo cuando
+algún idilio gallináceo molestaba demasiado a un perro, éste se
+levantaba resignadamente, daba algunos trancos, dirigía una mirada hacia
+el campo como pensando: ¡qué calor tendrán las vacas!, y se echaba de
+nuevo rezongando entre colmillos algún lamento perruno.
+
+De pronto un gallo, como si recordase repentinamente una orden, olvidada
+al amanecer, lanzaba las cuatro notas de su vibrante canto al que sólo
+respondía, por excepción, el ronco trisílabo de un gallito enano y
+tuerto trepado al eje de un carro en la caballeriza, por cuyos pesebres
+circulaban cacareando «sotto-voce» las gallinas más inquietas del
+corral.
+
+En competencia con ellas, las movedizas ratoncitas pululaban gorjeando
+vibrantemente y era interesante seguir el revoletear de cualquiera que,
+del barrote superior de una ventana, modulaba su trino y se descolgaba
+veloz hasta el pie de un rosal, donde cantaba de nuevo, para dirigirse
+como en una diligencia urgente a posarse de costado en la pata del catre
+en que dormía un peón, repetir allí su trinar aleteado y volar a un
+tirante del techo de la caballeriza, recorrerlo afanosamente, como un
+pesquisante tras del delincuente, aparecer por el otro extremo, mirando
+a todos los rumbos y partir, de pronto, en línea recta hacia la glorieta
+del jardín.
+
+A ratos se oía el «meee» tembloroso de algún corderito afligido; el
+silbar, agudo y breve, de los cardenales bajo el corredor; la carcajada
+burlona de los «pirinchos» y el trueno retumbante y sordo de una gran
+tormenta que avanzaba lentamente, como llevada por viejos bueyes
+cansados.
+
+A medida que el sol declinaba, ascendía la tormenta pesada y amenazante,
+hasta que llegó un momento en que tomó vuelo, avanzó resueltamente sobre
+el sol enviándole una avanzada de nubes que lo velaron un poco, mientras
+el grueso de la tempestad proyectaba a lo lejos negras sombras que se
+disipaban a trechos cada vez que, del seno de las nubes, partía el
+repentino fogonazo de un relámpago cuya luz se mostraba por grandes
+claros en las sombras del suelo--a la manera de los que se abren en los
+camalotes o en las algas que cubren aguas tranquilas cuando se arroja
+sobre ellos una piedra.
+
+De pronto cruzó una ráfaga de aire fresco que se aceleró por instantes,
+intensificándose hasta disolver los grupos de sofocadas gallinas,
+levantar torbellinos danzantes de polvo, sacudir los ramajes y aun
+torcer las copas de los mismos ombúes, gruesos y anchos, como una
+satisfacción sanchesca.
+
+Las palomas salieron del sopor en que habían dormitado, lanzándose en
+dos bandadas a combatir con las rachas, como dos escuadrillas que
+evolucionaran en un mar agitado, para regresar al puerto en línea, de
+combate por rumbos contrarios.
+
+De pronto también las copas de los árboles volvieron a su posición
+recta; el polvo quedó en suspensión descendiendo, lentamente, sobre el
+suelo; las haciendas levantaron la cabeza como investigando la causa de
+aquel cambio; los caballos relincharon un rezongo; el sol brilló de
+nuevo en todo su esplendor, rencoroso y candente: la tormenta había
+pasado en su colosal ruta parabólica, rumbo al poniente, donde pareció
+detenerse, como a esperar al sol.
+
+Baldomero, de pie en la puerta de su dormitorio, dijo, prendiéndose el
+tirador que sujetaba sus bombachas y mirando a la tormenta:
+
+--¡Ah!... ¡canalla!... no quisiste descargar... ¡Si la seca se afirma...
+yo no sé qué va a ser!...
+
+Y como si la tormenta, envuelta en el conglomerado de sus cirrus
+obedeciera a su voz, empezó a moverse hacia el sud, siguiendo la línea
+del horizonte lentamente, casi agazapándose, como si quisiera realizar
+un movimiento envolvente para tomar al sol por retaguardia, mientras
+éste seguía en su aparente caída diurna.
+
+Al llenar el cuadrante que recorría, la tormenta desplegó sus avanzadas
+hacia el cénit desarrollándose en toda su amplitud, y, a medida que el
+sol descendía a su ocaso, ella ocupaba la imponderable inmensidad del
+cielo, anticipando y ennegreciendo la luz crepuscular de aquella tarde.
+
+Cuando el sol se hundía, como una enorme elipse roja, tras las capas
+atmosféricas que ondulaban sobre el suelo, la tormenta, silenciosa,
+solemne, triunfal, descargó sus primeras gotas que, amplias y gruesas,
+golpeaban en los ramajes y levantaban del suelo tenues circulillos de
+polvo finísimo.
+
+Sin relámpagos, sin truenos, la lluvia se hacía más copiosa cada vez,
+hasta convertirse en un diluvio nutrido y firme que el suelo absorbía
+sediento, dejando que el exceso de agua se acumulara en pequeñas
+corrientes que seguían el desnivel del piso como arroyos y ríos vistos
+desde gran altura y mientras el formidable aguacero caía como una
+colosal cortina chinesca de gruesos e infinitos hilos incoloros, las
+movedizas «ratoncitas» trinaban en los tirantes de los aleros como
+diciendo acongojadas: ¡qué va a ser de nosotras!...
+
+La lluvia continuó sin interrupción alegrando y reviviendo todo y cuando
+los tres amigos, ya casi de noche, tomaban asiento en el comedor se oyó
+ladrar los perros como si algo extraordinario ocurriera.
+
+--¿Qué sucede, José?--preguntó Melchor al sirviente que ponía la sopa en
+la mesa.
+
+--Debe andar gente, don Melchor, por como ladran... voy a ver.
+
+Tras del sirviente salieron al corredor Melchor y Lorenzo que por el
+ruido continuado de la lluvia sólo pudieron percibir los gritos de
+Hipólito llamando a los perros y los de Baldomero que por el corredor de
+sus piezas se dirigía a la caballeriza preguntando en voz alta:
+
+--¿Qué hay?...
+
+Momentos después se presentó Baldomero, de cuyo poncho se escurría el
+agua por las puntas y dirigiéndose a Melchor le dijo:
+
+--Son dos gringos... mercachifles... que piden pasar la noche; ¡pero
+cómo llueve!...
+
+--Pobres infelices--dijo Lorenzo al mismo tiempo que Ricardo
+incorporándose al grupo preguntaba:
+
+--¿Qué es lo que hay?
+
+--Vea, Baldomero, dígales que esto no es posada.
+
+--¡Qué?... ¿Los vas a echar, Melchor?...
+
+--Déjelos, don Melchor--dijo Baldomero,--que duerman en la
+caballeriza... ¿qué mal pueden hacer?... ¡Llueve tan feo!...
+
+--¡Como han venido, que se vayan!
+
+--No hagas eso, Melchor.
+
+--¡Pero! ¿qué es lo que hay?--repitió Ricardo.
+
+--Dos gringos, ché--le contestó Melchor,--dos bribones... que quieren
+pasar aquí la noche.
+
+--¿Y...? déjalos...
+
+--¡Ni pienso!... Vaya, Baldomero, y hágalos salir del campo.
+
+--¿De «verdá», don Melchor...?
+
+--¿Pero no me entiende?... ¿o quiere que vaya yo?...
+
+--Déjalos, ¡infelices!--insistió Lorenzo.
+
+--¡No quiero!... ¡Vaya!... ¡No me da la gana!...
+
+--Está bien, don Melchor--dijo Baldomero dirigiéndose hacia la
+caballeriza por el caminito del jardín en el que quedaron visibles, a la
+luz del farol del corredor, las hondas huellas de sus botas.
+
+--¡Baldomero!--gritó Melchor aproximándose al límite del corredor, hasta
+recibir algunas gotas de lluvia y haciendo bocina con la mano,--¡que los
+acompañe Hipólito hasta la tranquera!
+
+--Está bien, señor--se oyó a la distancia bajo la lluvia y momentos
+después los dos mercachifles cargados con un enorme peso que aquélla
+aumentaba, salían chapaleando barro, conducidos por Hipólito a caballo,
+mientras Melchor desdoblaba la servilleta que se ponía en las faldas, y
+tomaba un plato de suculenta sopa de arroz con ajíes de la huerta...
+
+* * *
+
+--¡Así!...--decía Baldomero, juntando los dedos de ambas manos, y riendo
+placenteramente,--¡así!... va a caer gente el domingo...¡Si se me hace
+que no va a faltar nadie!...
+
+--¿Y vendrán muchachas?--preguntó Lorenzo.
+
+--¡Como gato al bofe!... señor. ¿En habiendo bailable?... ¡ni qué
+hablar! ¡Y más cuando han sabido que es por festejar el santo de don
+Melchor y qué habrá carneada... y carreras! ¡Viera don Lorenzo, cómo
+abren los ojos, los mozos, cuando les digo que usted va a largar
+«veinte» de premio al mejor flete criollo en seis cuadras!... ¡Si se me
+hace que hasta de a pie la corrían!
+
+--¿Avisó al comisario, Baldomero?
+
+--Hoy de mañana le hablé, don Melchor, y me dijo que estaba gustoso y
+que no faltaría.
+
+--Yo creo--dijo Ricardo,--que para un «fieston» como el que preparan
+deberías invitar a don Casiano... quizás viniera.
+
+--¡Anda tú!... Vas mañana... y te lo traes el domingo.
+
+--¿En serio?... ¿Me autorizas para ir a invitarlo en tu nombre?
+
+--¡Por indicación tuya!... ¡pero no le digas que se trata de mi
+cumpleaños, porque lo pondrías en el compromiso de regalarme algo y no
+sea el diablo que me regalara... la «Pampita»!
+
+--¡No seas bárbaro!... Bueno: ¿voy?
+
+--Como te parezca... lo que es por mí...
+
+--Convenido; ¿me hará preparar caballo, Baldomero?
+
+--¿Cómo no, señor, si usted dispone?
+
+--¿Y me acompañará Juancito?
+
+--¡Sí, hombre!, te acompañará Juancito... y llevará el «tostado» ¡que es
+de «anca»!... por si hay que traer a la «Pampita».
+
+--Te ha dado fuerte con la «Pampita»...
+
+--¡Más fuerte te ha dado a ti!
+
+--¿Y qué camino debemos tomar, Baldomero, para evitar un nuevo encuentro
+con Anastasio?
+
+--Juancito le dirá, don Ricardo; pueden pasar por el campo de los Gómez,
+¿sabe don Melchor? que no es una vuelta grande.
+
+--¡Y aunque sea! Yo soy capaz de dar la vuelta al mundo por no
+encontrarme con Anastasio.
+
+--Qué, ¿le tiene tanto miedo?
+
+--Miedo, no, Baldomero; ¿pero a qué comprometerme?
+
+--¡Cuando ya estás comprometido con la «Pampita»!--dijo Melchor,
+sonriendo.
+
+--¡Dale con la «Pampita»...! casi estoy por creer que te acuerdas más de
+ella que de Clota...
+
+Melchor, que acababa con el mate que tenía en la mano, se lo dio a
+Ramona, diciéndole:
+
+--No me dé más.
+
+La conversación continuó anticipando comentarios sobre las fiestas
+proyectadas para festejar el cumpleaños de Melchor, postergado hasta el
+domingo, con el objeto de poder darle todo el esplendor que, según
+Baldomero, merecía.
+
+--Al fin son dos días, no más, mientras que mañana no podrían venir
+muchos--decía éste.
+
+--Lo que a mí me interesa más es el baile--dijo Lorenzo,--porque nunca
+he visto un «pericón», ni un «gato», ni nada de eso.
+
+--Pues saldrá de la «curiosidá», don Lorenzo.
+
+Baldomero se interrumpió de pronto, poniéndose de pie y mirando a la
+distancia atentamente en forma que despertó la curiosidad de todos, que
+se levantaron también preguntándole:
+
+--¿Qué mira?...
+
+--...Allá... Si no me engaño... viene un coche... y viene para acá...
+
+--¿Dónde?
+
+--...Allá... bajando la loma... ¿ve?... derechito a la tranquera...
+
+--¡Es cierto!--dijo Lorenzo.--Ahora lo veo perfectamente.
+
+--Y yo también--dijo Ricardo,--podríamos ir a salirle al encuentro; ¿qué
+les parece?
+
+--Vamos, la tarde está fresca.
+
+--¡No ve! Don Melchor: ahí endereza a la tranquera, ¿quién será?...
+
+--Ahora lo sabremos, vamos.
+
+El grupo se dirigió al encuentro del coche que visiblemente se dirigía a
+la «Celia».
+
+--Viene del pueblo, don Melchor... de la cochería de Gaspar, ¿sabe?... y
+viene con una persona...--dijo Baldomero.
+
+--¿Quién será?
+
+--Alguno de los muchachos, ¿no te parece, Melchor?... que viene a pasar
+el día de mañana contigo.
+
+--¡No, Lorenzo!... ¿quién va a pensar en eso!
+
+--¿Y por qué no?...
+
+--Porque no...
+
+El carruaje había pasado la tranquera y se aproximaba rápidamente al
+grupo que se había detenido a contemplarlo bajo un árbol, cuando de
+pronto vieron que el viajero les anticipaba un saludo agitando su
+sombrero.
+
+--¡Es Rufino!... ¡Es Rufino!...--dijo Lorenzo y agregó con viva
+satisfacción:--¡qué bueno!
+
+Efectivamente era Rufino, el viejo sirviente de la casa de Lorenzo, que
+descendió del pescante de un salto y lo saludo como un amigo íntimo,
+casi como un padre:
+
+--¡Cómo está, niño?... ¡Qué buena cara tiene!... ¿Se siente bien?...
+
+--Perfectamente, Rufino, ¿y por allá?
+
+--Todos están muy buenos... ¿cómo lo pasa, don Melchor?... ¿y usted, don
+Ricardo?...
+
+Contestaron éstos amablemente y luego de presentarle a Baldomero, dieron
+orden al cochero que entrase a la caballeriza y reunidos, todos,
+regresaron a pie en dirección a las casas.
+
+--Pues, sí, niño, la señora tenía resuelto mandarme para verlo y para
+que le trajera unas cosas que le manda a don Melchor--cosa que estuviera
+aquí mañana, ¿no?--y que le trajese noticias de casa que están todos
+buenos, a Dios gracias, y deseando verlo, como, a usted, don Ricardo,
+que me dijo su mamá que le dijera que están muy contentos con sus
+noticias y que por qué no les ha mandado el retrato de la niña.
+
+--Muy pronto irá, Rufino, quizás lo lleve yo mismo.
+
+--¿Qué, ya están por volverse, don Ricardo?... Viera qué calor en la
+ciudad... ¡y miren que esto es lindo!... Si es una gloria estar aquí....
+El que no anda muy bien, es su papá, don Melchor.
+
+--¿Qué es lo que ha tenido?... En las cartas no me decían que estuviese
+enfermo de cuidado...
+
+--Parece que lo atacó el hígado... y algo de los riñones también.
+
+--¿Ha estado en cama muchos días?...
+
+--Anteayer se levantó, don Melchor; pero los ha tenido medio afligidos
+porque los médicos decían que por su edad que había que tener cuidado.
+
+--Y diga, amigo--le preguntó Baldomero,--¿ya está bien el viejo?
+
+--Bien del todo, no, señor; pero está mejor... eso sí... y cuidándose no
+ha de suceder nada... ¿y sabe la novedad, niño?--agregó dirigiéndose a
+Lorenzo,--que la niña Sofía está pedida y según me dijo la señora que le
+dijera, que parece que para mayo o junio.
+
+--Sí, Rufino, Sofía me escribió dándome la noticia.
+
+--Las niñas no hablan de otra, cosa, niño, y todos los días se llenan
+de amigas que la felicitan ¡y es un ir a las tiendas!... ¡Mire que da
+trabajo un casamiento!...
+
+--¡Cuénteselo a don Ricardo, amigo!--dijo Baldomero riéndose.
+
+--¿Y por qué a mí?... Más cerca lo tiene a Melchor.
+
+--Ahora que me hace acordar: me dijo la señora, don Melchor, que le
+dijera que la niña Clota los acompañó sin descanso en los días que el
+señor estaba peor.
+
+--Pero... ¿qué ha estado mal el viejo?--le preguntó Melchor.
+
+--Sí, señor... al principio no estuvo muy bien, ¿no le decía?... pero ya
+va mejor.
+
+El grupo se dirigió a la caballeriza de donde regresó a las piezas
+interiores a las que Rufino y Baldomero llevaron los paquetes de que
+aquél era portador y que fueron colocados en la mesa de la sala.
+
+Rufino entregó a Lorenzo algunas cosas diciéndole:
+
+--Esto le manda la señora, niño, y esta carta--y dirigiéndose a Melchor
+agregó:--Estas cosas le mandan de su casa, don Melchor, y estas cartas
+que me dieron y a más... espérese, don Melchor, aquí le traigo... pero,
+¿dónde lo he puesto?--repetía buscando en los bolsillos interiores
+afanosamente,--¡ah!... aquí está... esto que le mandaba la niña Clota...
+
+Melchor, que se había dispuesto a retirarse, al recibir los paquetes y
+las cartas, se detuvo hasta que Rufino le entregó un pequeño estuche que
+hizo exclamar a todos:
+
+--¡A ver!... ¡A ver!...
+
+Melchor puso todo sobre la mesa y con absoluta calma, sin apuro, casi
+displicentemente, desató el pequeño estuche que abrió y, sin detenerse a
+contemplarlo, lo mostró a Lorenzo y Ricardo que exclamaron:
+
+--¡Qué maravilla!...
+
+--¡Qué buen gusto!...
+
+La caballeriza, barrida y regada prolijamente, había sido desalojada de
+cuanto podía disminuir su capacidad de salón de baile, dispuesto con
+bancos en los costados; un gran farol sobre la pared del fondo; cuatro
+farolitos chinescos colgantes del techo y guías de sauces adornando los
+pilares del frente.
+
+En el monte de durazneros se había dispuesto lo necesario para el
+almuerzo, consistente en una vaquillona con cuero, empanadas, frutas,
+cerveza y limonada gaseosa en abundancia; todo listo para las doce bajo
+la prolija vigilancia de Melchor que se hallaba vestido con traje de
+gala: botas claras de cuero de chancho, bombacha de hilo crudo; tirador
+de charol negro; camisa de seda celeste claro; blusa corta de grano de
+oro; gran «panamá» con ancha cinta de colores; y por detrás, debajo de
+la blusa asomaba el caño bruñido de un revólver.
+
+En los palenques no cabía ni un caballo más y bajo los ombúes estaban
+los carros en que habían llegado las familias invitadas que se
+diseminaron por los jardines y el monte, anticipando comentarios sobre
+el esplendor de aquella fiesta excepcional.
+
+El paisanaje se había reunido en la «cancha» improvisada donde se medía
+las distancias a correr y en cuyas inmediaciones «se caminaban» del
+cabestro los parejeros que eran, sin disputa, tanto mejores cuanto peor
+aspecto presentaban.
+
+--¡A ver!... ¡esa gente!... ¡Si no quieren churrasquear!--gritó Melchor
+desde la puerta del jardín y el grupo abigarrado y cadencioso se dirigió
+hacia el monte discutiendo a voces las condiciones de los caballos, que
+los muchachos paseaban a morral:
+
+--¡Le tomo! amigo, dos paradas de a peso al «rosillo» contra el
+«malacara»...
+
+--Doy tres a dos al «gateao», contra el que raye.
+
+--¡Quién dice que juega al «ruano»?
+
+--¡No crean!... ¡el «malacara» de este hombre es muy ligero!... ¡«pal»
+pasto!...
+
+--Si cuando corre el «overo» de don Lucas uno no sabe, por lo ligero que
+va, ¡si es que recula!
+
+--No té me habías de escapar, lagartija, si te corriese en él--dijo don
+Lucas, el capataz en la estancia lindera de Cabral, dirigiéndose a un
+peón joven, alto, delgado y lampiño que había estado a su servicio y que
+al caminar doblaba las piernas como si tuviese desarticuladas las
+rodillas.
+
+Al pasar por el camino del jardín inmediato a la sala, Melchor salió de
+ésta, después de decir algo muy en secreto a Ramona, y se puso a la
+cabeza del grupo al que sirvió de guía y al que había de quedar
+vinculado en la fiesta, si pensaba seguir el consejo de aquélla:--No se
+mezcle, don Melchor, con esas mujeres que pueden traerle un disgusto...
+
+Los comensales llegaron al monte en el que habitualmente no se oía más
+ruido que el cantar de los pájaros y el seco «tac» de los duraznos que
+caían, de las ramas al suelo, en el último grado de madurez.
+
+--¡A ver--gritó un viejo paisano, bajo, grueso, apellidado Montero,--si
+echan reses a la playa!
+
+En diversos y pintorescos grupos se realizó el almuerzo presidido por la
+mesa dispuesta para Melchor que sentó a ella a los convidados más
+representativos: el comisario Maidagan, don Lucas, Baldomero, Lorenzo y
+dos muchachas hijas de un colono alemán a las que puso a su lado, al
+mismo tiempo que decía al hermano de ellas que las había acompañado:
+
+--Usted no cabe aquí, amigo; pero ha de ser buen gaucho... acomódese por
+allí...
+
+Durante el almuerzo, Melchor tuvo extremadas atenciones con sus vecinas
+a una de las que le dijo en los primeros momentos y en tono
+confidencial:
+
+--Parece que mi amigo Lorenzo ha simpatizado con su hermanita...
+
+--¡Oj!... mi «guérmana» no «está» para un señor así.
+
+--Pero usted sí... para eso y mucho más...
+
+La muchacha ingenua y sencilla se puso más roja de lo que era: por
+primera vez, en su vida, sintió en los oídos el palpitar acelerado y
+martillante de su propio corazón y, como en un desvanecimiento extraño,
+tuvo la visión fugaz de una hermosa casa de campo en cuya puerta un
+carruaje esperase a su dueña...
+
+Melchor lo comprendió y cuando se disponía a insinuarse en el lenguaje
+agresivo y mudo de una pasión fingida llamó su atención, y la de todos,
+el viejo Montero, que alzándose a la distancia le gritó:
+
+--¡Don Melchor!... y no lo tome a mal: a la «salú» de su futura, la niña
+Clota, que nos dice Hipólito...
+
+Y el viejo que tenía en frente al cochero de la estancia levantaba en
+alto un jarro de lata tomado por los bordes con las puntas de los dedos
+vueltos hacia abajo.
+
+--¡Por la niña Clota!...
+
+--¡Por la futura del patrón!...--gritaron en coro todos, cuando llegó
+Ramona que, tocando suavemente en el hombro a Melchor, le dijo:
+
+--Se avista a don Ricardo que viene con Juancito--y regresó a las piezas
+de la casa, no sin mirar despreciativamente a la rabia enrojecida que su
+patrón tenía al lado.
+
+Momentos antes de terminar el almuerzo llegó Ricardo que, al encontrarse
+con Melchor; lo abrazó efusivamente:
+
+--¡Que los cumplas muy felices!
+
+--¿Cómo te fue?...
+
+--¡Perfectamente!...
+
+--¿No te dije?...
+
+--...hasta donde es posible--agregó Ricardo tomando asiento donde no
+había cabido el hermano de las rubias.
+
+Terminado el almuerzo, se entregaron los invitados a tocar la guitarra y
+payar algunos, otros a jugar a las bochas, la taba o el truco, mientras
+los invitados a la mesa de Melchor se dirigieron con éste a la sala para
+oír a Ricardo en el piano.
+
+A los acordes de éste la gente empezó a reunirse en el corredor donde se
+hizo una tertulia en que el piano alternaba con la guitarra, mientras
+Melchor atendía a todos, como dueño de casa, haciendo servir algunas
+botellas de sidra espumante.
+
+Llegó luego la hora de las carreras que debían empezar por la del premio
+ofrecido por Lorenzo y en la que tomarían parte cinco caballos.
+
+La carrera debía ser largada por Lorenzo, teniendo por juez de raya al
+comisario Maidagan, pero aquél no sospechó la laboriosa operación en que
+se había comprometido, pues cada vez que calculó poder bajar la señal de
+la partida debió desistir, porque el «overo» hacía punta, o el «ruano»
+se quedaba atrás, o el «rosillo» se anticipaba, o el «malacara» se
+volvía, o el «gateao» permanecía firme en la raya.
+
+Entre la línea fijada a los caballos y la de la partida definitiva,
+ocupada por Lorenzo, había unos treinta metros que aquéllos recorrieron
+treinta veces, sin presentarse en línea, hasta que por fin Lorenzo les
+dijo:
+
+--Bueno, amigos, va la última: voy a largar... ¡y el que se quede atrás
+que se quede!
+
+Los cinco caballos, ante esta amenaza, pasaron por delante de Lorenzo en
+irreprochable formación; bajó la señal; sonaron los rebenques y el lote
+partió, levantando tras sí como la cortina de polvo de un automóvil en
+marcha.
+
+Todo el paisanaje se lanzó a escape tras los competidores entre los que
+desde el «pique» hizo «punta» el «malacara» montado por Juancito--el
+peón de la caballeriza solicitado al efecto por su dueño con la promesa
+de darle dos pesos si ganaba la carrera.--Llegó segundo el «rosillo»
+montado por su dueño, Lucas Bando, que había tomado varias «paradas»
+dando «fila» con su cacaballo y que al bajar de éste dijo a gritos:
+
+--¡Meten un caballo de sangre y así qué gracia!... Con un animal de la
+estancia... ¡«Pchá» que son vivos!...
+
+Melchor, que montaba el «zaino» y que había bebido más de lo habitual
+por estimular a sus invitados, al oír a Bando, picó su caballo y
+poniéndosele al lado le dijo:
+
+--¡Avisa si querés que estrene este arreador!
+
+--¡Sí!... usted está en su casa... y... ¿por qué hacen correr ese
+caballo por criollo, entonces?...
+
+--Porque es criollo, ¿entendés «guacho»?
+
+--Vea, don Melchor, respete a la gente si quiere que no le falten...
+
+--¡Pero qué te has pensado, canalla!--dijo Melchor haciendo girar el
+cinturón como para sacar el revólver.
+
+Hubo un instante de pavoroso silencio, durante el cual Bando se recostó
+en el anca del «rosillo» y sereno y sonriente miró a Melchor, a quien
+Maidagan tomó del brazo diciéndole:
+
+--¡Qué va a hacer!... Don Melchor... ¡Si no vale la pena!...--al mismo
+tiempo que decía a Bando:--¡Monte y retírese, amigo!
+
+--¡Suélteme, Maidagan!... ¡Suélteme, le digo!
+
+--Primero voy a pagar honradamente lo que he perdido--repuso
+Bando;--para irse hay tiempo... «anque» sea al otro mundo...
+
+Lorenzo y Ricardo se aproximaron a Melchor y lo llevaron para la
+caballeriza, donde se habían refugiado las mujeres, y donde le tuvieron,
+poco menos que a la fuerza, hasta que, apaciguados los ánimos, volvieron
+al sitio de las carreras, que se tramitaban en inacabables discusiones,
+y desde el cual pudieron ver a la distancia, que Lucas Bando se
+alejaba, solo, llevando de tiro a su «rosillo».
+
+* * *
+
+En varias mesas puestas bajo el ombú grande, se había improvisado la
+cantina, gratis, atendida por Rufino a pedido de Melchor, con la
+recomendación de dar preferencia al despacho de limonada gaseosa.
+
+Terminadas las carreras se organizó el baile designándose bastonero al
+viejo Montero que aceptó el cargo diciendo:
+
+--¡La primera pieza «pal» patrón!...
+
+La orquesta, formada por dos guitarras y un acordeón, rompió con una
+habanera cadenciosa y sensual; las mujeres ocupaban los bancos,
+abanicándose complacidas; los hombres de pie, sobre uno de los costados
+descubiertos, las contemplaban «comentándolas», cuando avanzó Melchor y,
+parándose frente a la rubia que había tenido al lado en la mesa, se sacó
+un pequeño ramito del ojal y mientras los músicos suspendían la
+ejecución de la habanera, le dijo;
+
+--Para la reina de la fiesta, a la que le pido quiera acompañarme a
+iniciar el baile.
+
+La muchacha tornó el ramito y aceptando el brazo que Melchor le ofrecía
+salió con él que, en seguida, hizo seña a los músicos para que
+continuaran, mientras se paseaba con su compañera cuya mano derecha
+apretaba fuertemente con la izquierda.
+
+Él estaba, sin duda, hermoso bajo la influencia de la profunda exitación
+que lo dominaba. Sus mejillas habían recobrado el sonrosado color de
+otros días y por sobre sus hondas ojeras brillaban sus enormes ojos de
+fauno estival; los labios enrojecidos y gruesos y lascivos brotaban,
+entre el bigote y la rubia barba crecida, como una roja amapola en un
+trigal maduro y su aliento de horno quemaba las mejillas de su inocente
+y sencilla compañera, cuyo respirar acelerado y ansioso contestaba, sin
+palabras, a las tremantes insinuaciones de su gallardo y prestigioso
+galán.
+
+Las guitarras sonaban metálicamente bajo los golpes violentos y secos en
+las bordonas; el acordeón se quejaba en el desmayo rítmico de sus notas,
+prolongadas en calderones que le exigían todo el desarrollo de su caja
+y, aprovechando uno de éstos, Melchor se puso al frente de la rubia
+arrastrando la pierna izquierda cuyo pie trazó en el suelo un
+semicírculo y pasándole el brazo derecho por el talle, al que se ajustó
+como un cinturón ardiente, le tomó, con toda delicadeza, la punta de los
+dedos de su mano derecha que levantó hasta la altura de los hombros y
+mirándola lánguidamente en los labios temblorosos, empezó a bailar tan
+unido a ella
+
+«Que sus dos almas en una acaso se misturaron».
+
+--¡Quiébrela, niño...!--dijo una voz que partió del grupo de paisanos,
+hacia el que Melchor lanzó una mirada de indignación visible...
+
+La pareja giraba lentamente, bajo las miradas de todos y con
+especialidad del hermano de la rubia cuyos movimientos seguía ansioso y
+lívido mientras le torturaban penosamente los comentarios circundantes.
+
+Cuando el acordeón, como una isoca que se encoge, se replegó ondulante
+emitiendo su gorjeo final y los guitarristas rasguearon sobre las
+cuerdas como en un pizzicatto decreciente y sonaron los aplausos y aquel
+«cinturón ardiente» se corrió por la cintura como una culebra que se
+desliza, y Melchor se inclinó en una graciosa reverencia sobre la
+rubia, el hermano de ésta avanzó resueltamente y sin calcular la
+impresión que provocaba en todos, la tomó del brazo diciéndole que era
+hora de retirarse, al mismo tiempo que hacía una seña a la otra hermana
+sentada con Lorenzo bajo el farol de la pared del fondo.
+
+Fue inútil cuanto se hizo por modificar la resolución que arrancaba del
+baile a sus dos mejores prestigios; pero las criollas experimentaron un
+alivio viendo alejarse a las dos rubias, cuyas mejillas tenían el color,
+la pelusa y hasta el perfume de los priscos maduros.
+
+--...¡Cretino!... ¡Imbécil!...--repetía Melchor contemplando a las dos
+muchachas que se alejaban llevadas por el hermano, en el carro bajo y
+ancho del colono.
+
+--¡Rufino, deme un vaso de cerveza; de la que está en el balde!
+
+--No bebas más, Melchor...
+
+--Déjate de pavadas, Lorenzo; tengo sed.
+
+--Toma limonada.
+
+--¡Pero qué afán de darme consejos!... ¡Caramba!... Deme la cerveza,
+Rufino.
+
+--Don Lorenzo--exclamó Baldomero desde la caballeriza,--aquí le han
+hecho un pericón... Usted que quería verlo. ¡Venga!...
+
+Cuando Lorenzo salió de bajo el ombú de la cantina, oyó el compasado y
+monótono «¡glú!... ¡gluglú!... ¡glú!» de las guitarras y el «¡ras!...
+¡rasrrás!... ¡ras!» de los pies cepillando el piso al girar de los
+bailarines, como en las cadenas de los lanceros.
+
+Tras de Lorenzo, se aproximó Melchor que a cada figura gritaba:
+
+--¡Más listos!... ¡más vivo ese movimiento!... ¡Parecen hombres de
+palo!...
+
+Terminado el pericón, llegó Hipólito con una escalera y encendió la luz
+de los faroles, pues la pared del fondo, en el lado del poniente,
+proyectaba una sombra que oscurecía al local. Realizada aquella
+operación, se ennegrecieron las «damas», que sentadas en los bancos
+fueron revistadas por Melchor, de cuyo panamá bajó sobre los ojos el ala
+delantera.
+
+Al llegar frente al farol de la pared vio, bajo la penumbra de éste, una
+pareja que conversaba íntimamente.
+
+--¿Y ustedes?... ¿qué hacen, que no bailan?
+
+--«Ahura» hemos de bailar, señor, lo que toquen.
+
+--¡A ver!... Déjenme sentar a mí también--les dijo Melchor,--quiero
+verles las caras.
+
+La pareja unida se corrió hacia un lado, dejando sitio junto al paisano;
+pero Melchor le dijo a éste, metiendo el cabo de su rebenque entre él y
+su compañera:
+
+--No, yo en el medio.
+
+En el mismo instante los músicos empezaron a tocar algo semejante a una
+«mazurka» y levantándose rápido el paisano dijo a su compañera:
+
+--Acompáñeme, que ahí tocan.
+
+La criollita no se hizo repetir la invitación y de la mano de su
+compañero se alejó mientras Melchor se sentaba y decía:
+
+--Vayan no más, que no se han de ir muy lejos...--pero no volvió a
+verlos aquella tarde.
+
+El baile continuó hasta que al entrar la noche se retiraron los
+convidados, muchos de los cuales destacaban, sobre las últimas
+vislumbres del crepúsculo, la silueta oscilante en el caballo que por sí
+sólo marchaba a la querencia.
+
+Aquella fiesta dejó en el espíritu de Lorenzo, de Ricardo y aun de
+Rufino, una penosa impresión que se trasmitieron mutuamente mientras
+Melchor, que la había engendrado, tomaba el baño que todas las tardes le
+preparaba Ramona.
+
+--Yo no me debo meter, niño; pero, en mi sentir, don Melchor va
+mal--decía Rufino,--y diga que don Baldomero no le pierde pisada...
+
+--En lo único que hace mal Melchor, es en querer alternar con esta
+gente, Rufino.
+
+--Y otras cosas, niño, que me ha dejado comprender don Baldomero... ¡y
+cómo lo quiere este hombre!...
+
+--¡Como todos! ¿quién no ha de querer a Melchor?--repuso Lorenzo.
+
+--Así es, niño; pero vea, don Baldomero dice que usted puede mucho y que
+de no que le hable al patrón.
+
+--No ha de haber necesidad de nada, Rufino, porque esta fiesta no ha de
+repetirse.
+
+--Más vale así, niño; ¡mire que seria una lástima!...
+
+--¿Y usted tiene todo listo para regresar mañana, Rufino?--le preguntó
+Lorenzo para cortar la conversación.
+
+--Sí, niño, todo, sólo me faltan unas cartas que me dijo don Melchor que
+me iba a dar.
+
+Terminado el baño de Melchor reapareció éste y pasaron al comedor donde
+durante la comida comentó complacidamente los diversos episodios del
+día, lamentando sólo no haber tenido tiempo de escribir las cartas que
+había pensado enviar con Rufino, cuyo regreso estaba improrrogablemente
+fijado para la mañana siguiente según lo tratado en la cochería de
+Gaspar.
+
+--¿Parece que a ustedes no los ha dejado satisfechos la fiesta?--dijo de
+pronto Melchor al terminar la comida.
+
+--¿Cómo no?...--repuso Ricardo,--hemos asistido a un espectáculo muy
+interesante; yo no hablo mucho porque estoy cansado con el galopón de
+esta mañana y el trajín de todo el día.
+
+--¿Y tú?
+
+--¿Yo?... ¿Qué más quieres que te diga?... Me parece que he elogiado
+bastante, y de lo que no me merece elogios... ¿a qué hablar?...
+
+--¿Por ejemplo?...
+
+--Si te empeñas... me parece muy censurable tu afán de identificarte con
+todo este chusmaje... de vestirte como ellos... hablar como ellos... ¡y
+hasta beber a la par de ellos, Melchor!
+
+--¡Apareció el aristócrata!... ¿y qué más?...
+
+--¡Hombre!... mucho más que callo quizás por no fastidiarte.
+
+--Sí, ché Lorenzo, para hablar tonteras mejor es callarse...
+
+--Así será... ¡tonteras!--dijo Lorenzo levantándose de la mesa en
+momentos en que Melchor decía a José:
+
+--Traiga el cognac...
+
+Al oír esto, Lorenzo, que trasponía la puerta del comedor, se detuvo un
+instante y antes de continuar dijo:
+
+--¿También sería tontera criticarte eso?...--y se alejó.
+
+--¡Ven... no te vayas... ché Lorenzo!... ¡Si no me voy a
+emborrachar!--dijo Melchor en voz alta y prorrumpió en una carcajada...
+
+* * *
+
+El ambiente de amables alegrías se había modificado gradualmente en la
+estancia de Astul hasta ofrecer a ratos el aspecto de una casa de duelo.
+
+Ricardo, Lorenzo y Melchor paseaban como con desgano; se aislaban, acaso
+sin determinarlo deliberadamente y cuando conversaban lo hacían sobre
+temas indiferentes o fríos. Largas horas trascurrían sin hablarse y más
+de una vez tomaban asiento en la mesa conservando cada uno el libro que
+leía y al que servía de atril la copa o la botella que se tenía delante.
+
+Así había pasado la hora empleada en comer una tarde en que Ricardo
+rompió el silencio diciendo:
+
+--¡Vamos a levantarnos de la mesa roncos!
+
+--Ustedes han dado en no hablar.
+
+--Seguimos tu ejemplo.
+
+--¿Y de qué quieres que hable, Ricardo?... ¡Yo tan luego!... No tengo
+temas agradables, ché...
+
+--¡Yo tengo--dijo Lorenzo,--ahora que me acuerdo! Entre las cartas que
+nos trajeron hoy recibí una del doctor Moreno en que me dice que te pida
+permiso para mandar aquí a todos sus enfermos en vista de las noticias
+que le daba de mi estado.
+
+--¡Al fin me da la razón ese pillo!
+
+--¿Pillo?... ¿Por qué?... el doctor Moreno es todo un caballero,
+Melchor.
+
+--Sí... sin duda... un caballero que te habría declarado sano el primer
+día que te vio, si no hubiera comprendido que eras un buen filón.
+
+--¿Pero por qué hablas así del doctor Moreno?
+
+--Porque todos «ésos» son iguales; mercaderes de la peor especie que en
+la mayoría de los casos venden enfermedades a sanos y no salud a
+enfermos... traficantes que toman a un hombre como el viejo y lo atan a
+la cama para sacarles el jugo.
+
+--Yo no niego que haya médicos de esa índole; pero son la excepción...
+Moreno es un hombre digno y serio.
+
+--¡Bah!... ¡Bah!... No me hables de los hombres serios--exclamó Melchor
+reaccionando sobre la nerviosidad con que habló de los médicos y
+sonriendo como si compadeciera a Lorenzo por su ingenuidad.
+
+--Que también, para ti, los hombres serios son... unos...
+
+--¡Truanes! en la mayoría de los casos--le interrumpió Melchor,--¡porque
+casi siempre revisten de seriedad, fingida, un estado de conciencia que
+haría poner colorado a un negro!
+
+--Te confieso que me aturdes cada vez que te oigo hablar así y que todo
+mi discernimiento se desvanece cuando te veo en tren de escarnecer
+despiadadamente todo cuanto debe merecernos respeto.
+
+--¿Pero crees, Lorenzo--interrumpió Melchor violentamente,--que yo
+puedo, tener respeto por la cáfila de bribones que se habrán completado
+para declarar enfermo al viejo... cuando el viejo no tiene más
+«enfermedad» que la de tener algunos recursos?... ¿Y crees que yo puedo
+o debo respetar a esos ceremoniosos caballeros que hablan solemnemente y
+no se sonríen siquiera ante nadie, para poder pasar por «hombres
+serios»?... ¡Bah! no seas infeliz: en la mayoría de los casos son unos
+grandísimos trapalones que después de haber tocado en todos los fondos
+de la corrupción y del vicio, ahitos de impudicias y de concupiscencias,
+se cubren las llagas con el manto de los honestos y de los virtuosos...
+verdaderos escenógrafos en el drama de la propia vida, que nos la pintan
+o nos la muestran a la manera de esos telones teatrales que representan,
+vistos de lejos, un hermoso paisaje apacible, hecho burdamente a
+escobazos con pinturas ordinarias.
+
+--Me apena como no es decible todo lo que estás diciendo... tú no
+pensabas así.
+
+--¡Es que he aprendido!
+
+--Yo también aprendí, y de ti especialmente, a pensar de otro modo y no
+me pesa, Melchor, porque en mi experiencia, poca o mucha, los pillos
+representan el uno por ciento de los hombres que he conocido.
+
+--¡Que no has conocido!... precisamente: ¡que no has conocido! porque
+han sido suficientemente astutos para embaucarte.
+
+--¿De modo que la proporción es inversa?...
+
+--Posible... ¡casi seguramente!...
+
+--¡No digas eso, por Dios, Melchor!--exclamó Lorenzo poniéndose de pie y
+caminando nerviosamente a lo largo del comedor, mientras Ricardo, echado
+hacia atrás en su asiento, arrojaba al techo tenues espirales del humo
+de su, cigarro, como deseando substraerse a la discusión.
+
+--No lo diré si te incomoda--repuso Melchor con voluptuosa indiferencia.
+
+--¡Me, desespera verte así!... Yo no sé qué influencias perniciosas
+gravitan ahora en tu espíritu para hacerte ver las cosas y los
+hombres...
+
+--¡Como son!--le interrumpió Melchor con vehemencia, agregando:--yo he
+pasado diez años creyendo en todo lo bueno, lo amable, lo digno; yo he
+pagado ya el tributo de mi inocencia; pero he aprendido a defenderme y a
+calcular hasta la más solapada intención del que tengo delante y hoy me
+siento capaz de juzgar a las cosas y a los hombres y a las mujeres sin
+engañarme, ¿entiendes?...
+
+--¿Cómo he de entenderte, Melchor, si me hablas de condiciones negativas
+desde que sólo te sirven para ver todo malo, corrupto, repugnante?
+
+--¿Y qué culpa tengo yo de que las cosas sean así?...
+
+--¡Es que no son!... Tú no puedes considerar así a tu madre, ni a tu
+padre, ni a los de Ricardo ni a los míos.
+
+--Pongamos punto final, ché Lorenzo, si vas a argumentarme con las
+madres... Son argumentos excesivos... y de los que seguramente no pienso
+como tú.
+
+Lorenzo se disponía a contestar; pero se limitó a mirar fijamente a
+Melchor que al notar su silencio se inclinó sobre la mesa para buscar,
+por debajo de la gran lámpara colgante, la cara de su amigo que se
+había parado al otro extremo de la mesa.
+
+--Mírame todo lo que quieras, Lorenzo, si no he dicho una blasfemia.
+
+--Te miro asombrado, sencillamente; creí que ibas a formular una
+protesta de respeto, de reverencia para las madres y vi en seguida que
+me equivocaba... una vez más.
+
+--Y qué te equivocabas, ¿por qué?... ¿pretendes imponerme, también, tus
+ideas o fórmulas de amor filial?... ¿me consideras capaz de la villanía
+de proclamar mi amor a mi madre como el más grande de los que mi corazón
+puede y debe sentir?
+
+--¡Melchor!... ¡Pero qué estás diciendo, por Dios!... ¿Tú, el hijo
+amantísimo, hace dos meses, vas a declarar ahora que no quieres a tu
+santa madre?
+
+--Por mucho que te espantes y por mucho que ahueques la voz, te diré sin
+sensiblerías ridículas que para mí el famoso amor a la madre encubre un
+agravio miserable y ruin.
+
+--¡Qué monstruosidad!...--exclamó Lorenzo.
+
+Al oír esto y ver a Lorenzo que se tomaba la cabeza con ambas manos,
+Melchor se levantó de la mesa, en la que acaso había bebido demasiado, y
+dando en ella un puñetazo dijo poco menos que a gritos:
+
+--Con todos tus gestos de ridículo reproche y con todos tus desplantes
+de moralista recién llegado, tú, tú no serías capaz de explicarme
+satisfactoriamente esta difundida predilección por la madre... este
+miserable afán de posponer al padre, invariablemente, en el orden de
+nuestros afectos... esta, cobarde fórmula que la noción del adulterio
+impone en los espíritus bajos... Habla... te callas, ¿eh?... Y quizás te
+callas porque empiezas a comprender que te has vinculado, sin
+reflexionarlo ni un instante, a esa agraviante predilección por la madre
+que sólo se explica por medio de un raciocinio repugnante: ¡amo a mi
+madre, sobre todas las cosas, porque tengo la certeza de que soy su
+hijo!
+
+--Estás blasfemando, Melchor; pero sin duda mereces que se te
+disculpe... tú no estás en condiciones de discutir «ahora»... mañana
+hablaremos.
+
+--¿Qué me quieres decir?... ¿que estoy borracho?--rugió Melchor
+aproximándose a Lorenzo en actitud amenazante. Al verlo Ricardo se
+interpuso rápidamente, diciendo:
+
+--No discutan más, Melchor... tú te alteras demasiado.
+
+--Si no me altero, ché--repuso Melchor apaciblemente; pero alzando de
+nuevo el tono de la voz exclamó;--¡sólo que no le voy a permitir a
+Lorenzo ni a nadie, que me falte en mi casa!
+
+--Yo soy incapaz de ofenderte--dijo Lorenzo en el mismo instante en que
+entrando al comedor y dirigiéndose a Melchor, dijo Baldomero:
+
+--Quiere venir un momento, don Melchor...
+
+--¿Para qué?...
+
+--Tengo que hablarlo; venga un momento...
+
+--¿Qué misterio es ése?... ¡Hable aquí, Baldomero!...
+
+Este se aproximó a Melchor y bajando la voz como si quisiera hablar para
+él solo, pero dejándose oír por Lorenzo y Ricardo a quienes, por detrás
+de Melchor, hacía señas de que no era cierto, le dijo:
+
+--Ahí está Anastasio... venga... Patroncito...
+
+Melchor se puso visiblemente pálido y dejándose llevar por Baldomero
+salió del comedor.
+
+* * *
+
+Las cartas que Lorenzo y Ricardo habían enviado a sus familias fueron
+portadoras de noticias cada vez más halagüeñas, pues a medida que
+vivieron la vida sana del campo sintieron sus influencias en francas
+manifestaciones de robustecimiento físico ya que en lo moral habían sido
+definitivamente curados por la acción tenaz, y altruista de Melchor.
+
+Este en cambio había caído en un desnivel, que lo condujo rápidamente a
+todos los grados de la perversión, como si las energías de su espíritu
+se hubieran agotado o se hubieran trasvasado al de sus amigos,
+respondiendo al principio en virtud del cual, cuando un platillo de la
+balanza sube, el otro baja.
+
+La vida del campo, en sus formas genuinamente camperas, había
+contribuido a culminar un proceso de decaimiento moral que se había
+iniciado sutilmente en Melchor, con alguna antelación a su viaje a la
+estancia; pero que no había pasado inadvertido para el espíritu de su
+madre cuando le decía: «tienes deberes a que «_antes_» no habrías
+faltado», y la libertad absoluta de que gozaba en la estancia; las
+influencias circundantes, en el estímulo de los ejemplos que le
+rodeaban; la avidez de energías físicas, equiparables a la del peón o
+del toro y que se adueñó de su espíritu en cuanto lo encontró
+desprevenido o débil; la distancia interpuesta entre sus jueces y sus
+actos; las mismas resistencias subalternas con que solía chocar, todo
+propendía a acelerar la caída y más de una vez mientras Ricardo
+ejecutaba en el piano una sonata de Beethoven, Melchor en la
+caballeriza, punteaba una milonga en la guitarra mugrienta de algún
+peón.
+
+El aislamiento y el alcohol aceleraron el proceso de su agotamiento
+moral y cuando un resto de luz iluminaba su cerebro haciéndole mirar
+hacia atrás con vergüenza o hacia adelante con miedo se consolaba
+pidiendo un mate a Ramona o bebiendo otra copa de cognac para reír en
+seguida como un luchador que se conquista un triunfo.
+
+Sus reacciones eran fugaces; tenía a la mano los recursos para anularlas
+y a ellos se acogía porque nunca le traicionaban ni le mentían, mientras
+crecía en su espíritu el convencimiento de ser víctima de la
+indiferencia y del egoísmo de todos los que deberían rodearle solícitos
+para brindarle consuelos que le negaron, goces que le usurpaban y
+energías que le habían robado, para concluir pensando: ya nadie se
+interesa por mí... nadie me reclama con sinceridad, como si yo les
+incomodara... nadie me da un consejo realmente honesto y digno de ser
+aceptado... ¡nadie me escribe, siquiera., sino por forma!...
+
+Y entretanto las cartas amantísimas de su madre eran contestadas de
+tarde en tarde y en breves líneas, y las cartas apasionadas y sinceras
+de su novia muchas veces las leía Ramona antes que él y las de sus
+amigos no merecían en muchos casos más que una mirada de burla o de
+encono...
+
+Ninguna causa positiva justificó el descenso y la caída; pero había
+prodigado su jovialidad ingénita hasta sentirse entristecido, y había
+trasvasado sus altruismos hasta ponerse egoísta y había dilapidado sus
+energías morales hasta caer exánime en la abyección y en el vicio.
+
+De nada valían las admoniciones amables de Lorenzo y Ricardo, ni los
+consejos respetuosos de Baldomero, ni los reclamos angustiosos de la
+propia madre, ni las hondas protestas de invariable y sincero afecto de
+su novia; Melchor, el bueno, el digno, el honesto, el fuerte, había
+caído, quizás para no levantarse más.
+
+Cuando, transcurridos más de dos meses, Lorenzo y Ricardo resolvieron
+regresar a Buenos Aires en plena y amplia posesión de la salud
+físico-moral que habían readquirido por la acción exclusiva y constante
+de Melchor, éste les manifestó el propósito de quedarse en la estancia
+«durante algunos días más».
+
+--No te quedes, ¿para qué? vente con nosotros--le repetía Lorenzo.
+
+--Tengo que hacer aquí.
+
+--¡Pero si no tienes nada que hacer, Melchor!, y aunque tuvieras, vente
+con nosotros y te vuelves después.
+
+--Ahora no puedo, yo sé por qué lo digo.
+
+--¡Te inventas quehaceres, Melchor! Piensa que en tu casa están abatidos
+por tu conducta... que tu padre está enfermo... que Clota tiene derecho
+a exigirte que vayas... tú no puedes proceder así con esa niña.
+
+--Ni ella tampoco conmigo.
+
+--¡Vamos, Melchor... déjate de cavilaciones infundadas! Clota es una
+muchacha excelente y te ha demostrado una consecuencia que parece que no
+quisieras reconocer.
+
+--Sí, Melchor, Lorenzo tiene razón, tú no debes quedarte.
+
+--¡Tú también!... ¡Hombre!... ¡No faltaba más!... Por poco voy a tener
+que pedirles permiso a ustedes para fumar un cigarrillo.
+
+--No, Melchor... nosotros no pretendemos contrariarte, ni primar en tus
+resoluciones sensatas; pero tú necesitas, por tu bien, salir de aquí...
+acuérdate de las últimas cartas de tu casa.
+
+--Yo las voy a contestar.
+
+--Contéstalas yendo, anda a ver a los viejos, arregla tu situación en tu
+oficina.
+
+--¡Para lo que me importa del empleo¡ ¡bien me pueden destituir!
+
+--Pero evítalo, pide nueva licencia, o renuncia de una vez.
+
+--¡No quiero!... ¡Qué me echen!... ¡Mejor!...
+
+--¡Cómo ha de ser mejor!... Y sobre todo tu padre está enfermo.
+
+--El viejo no tiene nada...
+
+--Eso no lo sabes... Además, Clota...
+
+--¡Bueno: basta! ¡Al diablo!... ¡Yo no los traje a ustedes de
+tutores!... ¡Váyanse cuando les dé la gana! ¿Entienden?... Yo sé lo que
+hago... ¡Váyanse al diablo, y cuanto antes!...
+
+Al prorrumpir en estas exclamaciones, dichas a gritos, Melchor se había
+levantado de la mesa en que almorzaban arrojando violentamente la
+servilleta que al dar contra una copa la volteó y dirigiose a las piezas
+interiores en una de las que entró dando un formidable portazo.
+
+--Debemos irnos ahora mismo, Lorenzo.
+
+--Sin pérdida de tiempo... esta situación no puede prolongarse... voy a
+ver a Baldomero para que nos facilite los medios... ¡está colmada la
+medida!...
+
+Tras de Lorenzo, salió Ricardo en busca de Baldomero a quien
+encontraron entretenido en trenzar unas riendas con tientos de carnero
+sujetos a una argolla en la pared de la caballeriza.
+
+--Baldomero--le dijo Lorenzo, intensamente agitado,--nosotros
+necesitamos salir en seguida para el pueblo.
+
+--¿Y... eso?...
+
+--Sí, Baldomero, háganos el favor de darnos caballos, o el break; pero
+sin demora; no debemos ni podemos permanecer aquí más tiempo.
+
+--Pero... ¿qué, ha pasado algo?
+
+--Lo que tenía que suceder, desgraciadamente.
+
+Baldomero dejó caer contra la pared la rienda que estaba haciendo y que
+empezó a destrenzarse sola; se levantó del trozo de madera en que estaba
+sentado y roscándose la cabeza, dijo:
+
+--¡Miren qué trabajo!... Ya decía yo... ¿y don Melchor?
+
+--No sabemos; después de insultarnos groseramente se fue para adentro...
+y nos ha echado.
+
+--¿Qué dice, don Ricardo?... ¿Y está en su cuarto?
+
+--No, en su cuarto no está.
+
+--No... está... en... su... cuarto... ¡Voy a hablarlo!
+
+--Mande ensillar, primero.
+
+--¡Qué se van a ir a esta hora y con «esta» calor! ya vuelvo... miren
+qué trabajo--agregó alejándose.
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+--¿Dónde está don Melchor, Ramona?
+
+--Yo no sé.
+
+--...Hum... conque... no... sé... ¿eh?
+
+--¡Oh!... Y si no sé... ¿qué quiere que le haga?... Andará por ahí...
+
+--¿Por dónde?... ¡diga... le digo!
+
+--¿Y no le digo que no sé...? Búsquelo.
+
+--¿Qué hay conmigo?--dijo Melchor, saliendo al corredor y revelando en
+su semblante y en sus gestos la profunda agitación que lo embargaba.
+
+--Nada, don Melchor... yo quería hablarlo... ¿quiere que vamos para
+allá?--repuso Baldomero señalando hacia la sala.
+
+--¡Hable aquí, no más! ¿Qué hay?...
+
+Baldomero dirigió a Ramona una mirada que era una indicación de
+alejarse, como lo hizo, y mientras Melchor se paseaba nerviosamente por
+delante de él le dijo, en tono humilde y tímido:
+
+--Me dice don Lorenzo que se van...
+
+--¿Y...? ¡Qué se vayan!--contestó Melchor casi gritando.
+
+--Yo pensaba que no se iban a ir todavía, don Melchor.
+
+--¡Piense lo que le dé la gana! ¿Entiende?...
+
+--Y también pensaba que soy merecedor de que usted no me trate así, don
+Melchor.
+
+--¡Pero qué pretende usted?... ¿Qué se ha figurado?--exclamó Melchor
+parándose un instante frente a Baldomero en actitud amenazante.
+
+--Cálmese, don Melchor, si yo no le falto... yo sé respetar a la
+gente... pero estos señores parece que se van a ir con mala impresión...
+
+--¡Mejor para ellos!
+
+--¿Por qué no les habla, don Melchor?... Son mozos buenos... vea... y...
+¡mire que lo quieren a usted!...
+
+--¡A mí!... a mí no me quiere nadie, ¿entiende?...
+
+--¿Por qué dice eso?...
+
+--¡Porque es así!... Yo he tenido muchos amigos cuando tenía qué dar,
+¿sabe, Baldomero? ¡pero se acabaron esos tiempos!...
+
+--¡Cómo se van a acabar, señor! ¡Si a usted lo quieren hasta los
+chimangos!...
+
+--¡Yo sé lo que digo, ¿entiende? y no me chupo el dedo... y sé que ni
+uno de los que se llamaron amigos míos se acuerda de mí para nada!
+
+--¿Sabe, don Melchor, que me está haciendo acordar al carancho que come
+y grita al mismo tiempo?... porque, ¿dónde va a ir usted que no
+encuentre amigos de verdad?
+
+--¡Eso era antes!... y ya lo ve: hasta éstos me dejan.
+
+--Porque usted los trató mal... don Melchor.
+
+--¡Mienten!... Son ellos... que se empeñan en convencerme de que soy un
+sinvergüenza y un miserable y qué sé yo...
+
+--Les habrá entendido mal, don Melchor.
+
+--Les entiendo perfectamente y sé adonde van... ¡Es el recurso de todos!
+enojarse después del beneficio para no tener el trabajo de dar un pucho
+de gratitud... ¡Ruines!... Mientras lo precisan al amigo no se ofenden
+por nada... ¡Todos... todos son iguales!... ¡y el día en que le han
+sacado el jugo... ¡canallas!... se resienten por cualquier pavada... y
+lo cuerean sin ascos!...
+
+--Cálmese, don Melchor; no hable así; estos señores son mozos bien...
+¿quiere que los hable?...
+
+--¡Quiero que se vayan cuanto antes! Y que me dejen en paz... ¡que se
+vayan a hablar mal de mí, a otra parte!--repuso Melchor gritando como
+para ser oído por todos y entró a su cuarto diciendo en voz alta:
+
+--¡Ramona!... Deme un mate, que no he almorzado nada.
+
+* * *
+
+--Don Lorenzo, el coche está ya...
+
+--Vamos en seguida, Baldomero; háganos poner estas cosas en el break.
+
+--Y diga, don Lorenzo, ¿por qué no le hablan a don Melchor?... puede que
+cambie.
+
+--Es inútil, Baldomero, él ha visto perfectamente que nos vamos y no nos
+ha dicho ni una palabra... ¡Cómo ha de ser!...
+
+--¡Hágalo por los viejos!--dijo Baldomero dejando caer unas lágrimas que
+quedaron como engarzadas en las puntas de su barba entrecana.
+
+--Nosotros sufrimos más que usted, porque no sólo asistimos al cuadro
+que nos ofrece Melchor... sino que vamos a encontrarnos con su
+familia... ¡sobre todo con la señora!... ¡con la madre! y calcule
+nuestra situación...
+
+--¡Maldita sea la hora en que vine a encariñarme con esta gente para
+tener que ver estas cosas!--dijo el noble Baldomero arrojando lejos un
+bozal que tenía en la mano, y agregó casi entre sollozos:--¡Esto va a
+matar a los viejos!... ¡al pobre viejo enfermo!... ¡un mozo así... ya
+formado... y que es el orgullo de ellos... pobres... pobres viejos!...
+¡éste es el pago!... ¡Mire, don Lorenzo: a mí no me da vergüenza
+lagrimear delante de ustedes... ¿sabe?... porque ustedes van a ver
+llorar a muchos hombres!...
+
+--Lo mismo nos pasa a nosotros, Baldomero; ¿pero qué quiere que
+hagamos?...
+
+--...¡Es una fatalidad!...
+
+--Así es, Baldomero... y para mí es una pena como usted no se imagina...
+
+--¡Háblelo, don Lorenzo...! usted puede mucho... dígale cómo está el
+viejo... ¡lléveselo, señor!... ¡lléveselo por lo que más quiera!... aquí
+va a ser su perdición...
+
+En ese momento se oyó la voz de Melchor que gritó desde su cuarto:
+
+--¡Baldomero!... Hágame ensillar el zaino.
+
+--¡Voy, don Melchor!--contestó y como si no hubiera oído la orden se
+dirigió hacia el sitio en que Melchor estaba, pasándose las mangas de su
+blusa por los ojos.
+
+--Que me haga ensillar el zaino, le dije.
+
+--¿Piensa salir con esta calor?
+
+--Voy a acompañar a los muchachos que se van--contestó Melchor mientras,
+sentado en el borde de su cama, se calzaba tranquilamente las botas de
+montar.
+
+--¿Y usted también se va con ellos, don Melchor?...--le preguntó
+insinuantemente Baldomero.
+
+--¡Ni pienso!... ¿a qué?... ¡No! Voy a acompañarlos hasta la tranquera
+del bajo.
+
+--A mí se me hace, don Melchor, que andan con ganas de quedarse unos
+días más, ¿sabe? para irse con usted... ¿por qué no les habla?
+
+--No, Baldomero, déjelos que se vayan--respondió Melchor continuando en
+la tarea de vestirse, con la más extraordinaria tranquilidad de
+espíritu,--ya no tienen nada que hacer aquí... vinieron a curarse... ya
+están curados... ahora se van... nada más lógico... vinieron enfermos y
+se van «sanitos»... vinieron descreídos... y usted les ha oído hablar de
+Dios contemplando las noches estrelladas, ¿se acuerda?... vinieron
+enfermos de cuerpo y alma... y se vuelven sanos... fuertes... con fe...
+¡con todo!... sólo dejan aquí... lo que ya no sirve... lo que ya no
+necesitan... ¡al amigo de «antes»!... ¡déjelos que se vayan!... ¡así son
+todos! ¡todos!... ¡todos!... ¡igualitos!...
+
+--¡Siento como que me duele el corazón, oyéndolo hablar así, don
+Melchor...! ¿por qué dice todo eso?
+
+--¡Porque es verdad!
+
+--Qué ha de ser, ¡señor!... y aunque fuera... que no lo es... siempre
+hay quienes lo quieren de veras, don Melchor.
+
+--¡A mí?... ¡Bah!...
+
+--¿Y los viejos?... ¿y las niñas?... ¡sus hermanas, don Melchor!
+¡recuérdese de la «nena»!
+
+Al oír esto Melchor que se ponía el «panamá» mirándose en el espejo del
+ropero, dio vuelta rápidamente hacia Baldomero clavándole la vista como
+en un reproche y cuando parecía que iba a prorrumpir en una amenaza dijo
+como renunciando a ella y como para terminar con el diálogo:
+
+--¿Mandó ensillar el zaino?
+
+--...Voy... Sí, señor... voy... ¡cómo... ha... de... ser!...--contestó
+Baldomero alejándose.
+
+Momentos después el caballerizo ensillaba al zaino sin que nadie más que
+él estuviera en la caballeriza, que parecía abandonada.
+
+Águeda, José, Juancito y los peones comentaban, en la cocina, lo que
+pasaba «adentro»; bajo el ombú grande estaba el break en cuyo estribo
+trasero se había sentado Lorenzo que tenía la cabeza apoyada entre las
+manos; en las gruesas raíces del ombú estaba sentado Hipólito y junto a
+él, que con un palito trazaba marcas de hacienda en el suelo, Ricardo
+de pie le consultaba sobre la hora de llegar al pueblo.
+
+Casi no se advertía más movimiento que el piafar de los caballos y el
+batir continuo de sus colas espantando las moscas bravas y a ratos el
+«_gué_»... «_gué_»... de alguna gallina que salía de los pastos en busca
+de su nidal; ¡pero en medio del sopor de aquella hora bochornosa una
+racha helada cruzaba por la estancia!...
+
+En eso apareció por el camino del jardín que daba acceso a la
+caballeriza la figura esbelta de Melchor en cuyo rostro empalidecido se
+destacaban las ojeras negras y profundas. Vestía su traje predilecto y
+en el ojal de la blusa llevaba un hermoso gajo de sedrón...
+
+--¿Ya están listos, muchachos?--preguntó amablemente, casi sonriendo.
+
+--Sí, Melchor... ya estamos listos--le contestó Lorenzo, profundamente
+abatido;--¿no tienes nada que mandar?
+
+--Nada, ché... recuerdos... y si van por casa le dices al viejo que le
+voy a escribir... y que yo iré dentro de unos días...
+
+--¿Cuándo?... más o menos.
+
+--¡Hombre!... Cuando me desocupe.
+
+--¿Tienes algún trabajo que realizar?...
+
+--El que correspondería al mayordomo... un establecimiento como éste...
+aunque no sea gran cosa, necesita un mayordomo.
+
+--¿Y Baldomero?...
+
+--Por ahí andará--dijo Melchor como si contestara a la pregunta,
+dirigiéndose hacia su zaino y agregó:--cuando quieran.
+
+Los dos viajeros se despidieron de todas las personas del servicio y al
+disponerse a hacerlo con Melchor, éste les dijo:
+
+--Los voy a acompañar.
+
+--¡Cómo?... Vas a molestarte... ¡y con este calor!
+
+Por toda respuesta Melchor montó a caballo y cerrándole violentamente
+las espuelas se dirigió por el jardín, entre la estupefacción de todos,
+hasta el corredor de la casa al que subió con su caballo y aproximándolo
+a la ventana llamó a Ramona, de quién los viajeros no se habían
+despedido. Habló con ella que instantes después le alcanzó un vaso, cuyo
+contenido bebió de un trago, y por el mismo camino volvió a colocarse
+junto al break que luego se puso en marcha acompañado por él en
+silencio... Así llegaron a la tranquera que Melchor se apresuró a abrir
+sin bajar del caballo; el break se detuvo y descendieron los dos
+viajeros aproximándose a Melchor que apoyado en la estribera izquierda
+recogió la pierna derecha en cuyo pie conservó colgante el estribo y
+sostenido por ella parecía dispuesto a escuchar tranquilamente la
+despedida en una actitud de tan visible indiferencia que desconcertó a
+los dos desde el primer instante.
+
+--¡Bueno, Melchor, adiós! Sólo nos queda agradecerte cuanto has hecho
+por nosotros--le dijo Lorenzo, fija y fríamente contemplado por
+Melchor,--y pedirte disculpas por lo que te hemos incomodado.
+
+--Bueno, adiós, entonces, que les vaya bien.
+
+--Por mi parte, Melchor, no sabría cómo pagarte algo de lo mucho que has
+hecho por mí.
+
+--¿Yo?... ¡Bah! A mí no me debes nada.
+
+--Si quieres--dijo Lorenzo,--encárgame algo para tu casa.
+
+--Les das recuerdos.
+
+--O para Clota.
+
+--«Y le dices al viejo que le voy a escribir... y que yo iré dentro de
+unos días»--volvió a repetir Melchor.
+
+--¡Cuanto antes, Melchor!--le dijo Lorenzo bajo la presión de una
+emoción tan intensa que casi le ahogaba la voz.--¡Cuánto antes!... tú no
+debes quedarte aquí.
+
+--Y me quedo.
+
+--Pero haces mal; si quisieras nos volveríamos a las casas para irnos
+contigo mañana o pasado... ¿Quieres?...
+
+--No, váyanse no más, yo me quedo muy bien solo.
+
+--¡Cómo ha de ser!--exclamó Lorenzo ahogado por las ansias de llorar y
+agregó:--yo seguiré mañana para Buenos Aires; pero Ricardo quedará unos
+días en el pueblo, así es que cualquier cosa que necesites aquí o
+allá...
+
+--¿Yo?... ¡Qué voy a necesitar!...
+
+ * * * * *
+
+ * * * * *
+
+¡«Jiú»!, moduló Hipólito y el coche partió a todo trote, como si una
+fuerza superior lo arrancara de aquel sitio y al través de lágrimas
+silenciosas vio Lorenzo que Melchor había bajado del caballo para cerrar
+la tranquera, en la que apoyó luego los brazos cruzados, y bajo un sol
+de fuego les contemplaba alejarse, mientras el zaino arrancaba, por
+vicio, las matas de pasto que el freno le permitía morder...
+
+FIN
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Transfusión, by Enrique de Vedia
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TRANSFUSIÓN ***
+
+***** This file should be named 26231-8.txt or 26231-8.zip *****
+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/2/6/2/3/26231/
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at DP Europe (http://dp.rastko.net).
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+
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+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
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+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
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+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
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+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
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+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
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+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
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+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
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