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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 24466 ***
+
+
+
+
+VICENTE BLASCO IBÁÑEZ
+
+EL INTRUSO
+
+--NOVELA--
+
+22.000
+
+F. Sempere y C.ª, Editores
+
+CALLE DEL PINTOR SOROLLA, 30 Y 32
+
+VALENCIA
+
+1904
+
+
+
+
+I
+
+
+Comenzaba á clarear el día cuando despertó el doctor Aresti, sintiéndose
+empujado en un hombro. Lo primero que vió fué el rostro de manzana seca,
+verdoso y arrugado de Kataliñ, su ama de llaves, y los dos cuernos del
+pañuelo que llevaba la vieja arrollado á las sienes.
+
+--Don Luis... despierte. Muerto hay en el camino de Ortuella. El jues
+que vaya.
+
+Comenzó á vestirse el doctor, después de largos desperezos y una rebusca
+lenta de sus ropas, entre los libros y revistas que, desbordándose de
+los estantes de la inmediata habitación, se extendían por su dormitorio
+de hombre solo.
+
+Dos médicos tenía á sus órdenes en el hospital de Gallarta, pero aquel
+día estaban ausentes: el uno en Bilbao con licencia; el otro en Galdames
+desde la noche anterior, para curar á varios mineros heridos por una
+explosión de dinamita.
+
+Kataliñ le ayudó á ponerse el recio gabán, y abrió la puerta de la calle
+mientras el doctor se calaba la boina y requería su _cachaba_, grueso
+cayado con contera de lanza, que le acompañaba siempre en sus visitas á
+las minas.
+
+--Oye, Kataliñ--dijo al trasponer la puerta.--¿Sabes quién es el muerto?
+
+--_El Maestrico_ disen. El que enseñaba por la noche el abesedario á los
+pinches y era novio de esa que llaman _La Charanga_. ¡Cómo está
+Gallarta, Señor Dios! Ya se conoce, pues: la iglesia siempre vasía.
+
+--Lo de siempre--murmuró el médico.--El crimen pasional. A estos
+bárbaros no les basta con vivir rabiando y se matan por la mujer.
+
+Aresti andaba ya, calle abajo, cuando la vieja le llamó desde la puerta.
+
+--Don Luis, vuelva pronto. No olvide que hoy es San José y que le
+esperan en Bilbao. No haga á su primo una de las suyas.
+
+Aresti notó la entonación de respeto con que hablaba la vieja de aquel
+primo que le había invitado á comer por ser sus días. En todo el
+distrito minero nadie hablaba de él sin subrayar el nombre con una
+admiración casi religiosa. Hasta los que vociferaban contra su riqueza y
+poderío, le temían como á una fuerza omnipotente.
+
+El doctor, al salir de Gallarta, se abrochó el gabán, estremeciéndose de
+frío. El cielo plomizo y brumoso se confundía con las crestas de los
+montes, como si fuese un toldo gris que hubiera descendido hasta
+descansar en ellas. Soplaba el viento furioso de las estribaciones del
+Triano, que arranca las boinas de las cabezas. Aresti se afirmó los
+lentes y siguió adelante todavía soñoliento, con esa pasividad resignada
+del médico que vive esclavo del dolor ajeno. Las rudas suelas de sus
+zapatos de monte se pegaban al barro; la _cachaba_ iba marcando con su
+lanza un agujero á cada paso.
+
+La noche anterior había cenado Aresti con unos cuantos contratistas de
+las minas, lo más distinguido de Gallarta; antiguos jornaleros que iban
+camino de ser millonarios y, no pudiendo coexistir con sus antiguos
+camaradas de trabajo, ni tratarse con los burgueses de Bilbao, se
+pegaban al médico acosándolo con toda clase de agasajos. Despertaba en
+ellos cierto orgullo que el doctor Aresti, que había estudiado en el
+extranjero y del que hablaban en la villa con respeto, quisiera vivir
+entre ellos, en la sociedad primitiva y casi bárbara del distrito
+minero. Esto les halagaba como si fuese una declaración de superioridad
+en pro de los mineros de las Encartaciones sobre los _chimbos_ de
+Bilbao. Además, respetaban al doctor con cierta adoración supersticiosa
+porque era primo hermano de Sánchez Morueta y éste no ocultaba su gran
+cariño al médico...
+
+¡Sánchez Morueta! ¡Cómo quién dice nada! Hacía muchos años que no había
+estado en las minas. Aun en el mismo Bilbao, transcurrían los meses sin
+que viesen su barba cana y su cuerpo musculoso de gigante los más
+íntimos del famoso personaje. Pero ya se podía preguntar por él, lo
+mismo al gobernador de Bilbao que al último pinche de Gallarta: nadie se
+mostraba insensible ante su nombre. Desde lo alto del Triano se veían
+minas y más minas, ferrocarriles con rosarios de vagonetas, planos
+inclinados, tranvías aéreos, rebaños de hombres atacando las canteras:
+de él, todo de él. Y de él también, los altos hornos que ardían día y
+noche junto al Nervión, fabricando el acero, y gran parte de los vapores
+atracados á los muelles de la ría cargando mineral ó descargando hulla,
+y muchos más que paseaban la bandera de la matrícula de Bilbao por todos
+los mares, y la mayor parte de los nuevos palacios del ensanche y un
+sinnúmero de fábricas de explosivos, de alambres, de hojadelata, que
+funcionaban en apartados rincones de Vizcaya. Era como Dios: no se
+dejaba ver, pero se sentía su presencia en todas partes. Podía hacer á
+un hombre rico de la noche á la mañana con sólo desearlo. Hasta los
+señores de Madrid que gobernaban el país le buscaban y mimaban para que
+prestase ayuda al Estado en sus apuros y empréstitos. ¡Y el doctor
+Aresti, amado por Sánchez Morueta con un afecto doble de padre y de
+hermano, se empeñaba en vivir fuera de su protección, más allá de la
+lluvia de oro que parecía caer de su mirada y que hacía que los hombres
+se agolpasen en torno de él, con la furia brutal de la codicia,
+obligándolo á aislarse, á permanecer invisible, para no perecer bajo el
+formidable empujón de los adoradores!... La única merced que el médico
+había solicitado de su poderoso pariente, era el establecimiento en la
+cuenca minera de un hospital para los trabajadores que antes perecían
+faltos de auxilio en los accidentes de las canteras. Y con toda su fama
+de práctico de los hospitales de París, con la popularidad que le habían
+dado en la villa sus arriesgadas operaciones, fué á aislarse en las
+minas, cuando aún no tenía treinta años, viviendo en una casita de
+Gallarta con sus libros y su vieja criada Catalina.
+
+Los contratistas, los capataces, los _químicos_, toda la gente que
+formaba la clase sedentaria de las minas, admiraba á Aresti, poniendo en
+su adoración algo del asombro que despierta en el vulgo el desprecio á
+las riquezas materiales.
+
+--Le gusta vivir con nosotros--decían con orgullo.--Mejor prefiere una
+merienda con gente de boina que un banquete en el palacio que Sánchez
+Morueta tiene en Las Arenas... ¡Ser primo de Don José y pasarse meses
+sin verlo!... ¡Pero qué famoso es el doctor!
+
+El mísero rebaño de los mineros, albergado en los barracones y cantinas,
+tenía una fe ciega en su ciencia, le miraba como á un brujo capaz de los
+mayores prodigios para remendar los desperfectos del andamiaje humano.
+Pasaban por los caminos de la montaña un sinnúmero de lisiados, que, al
+conservar la vida después de horribles catástrofes, proclamaban la
+maestría del cirujano.
+
+--¡Que venga Don Luis!--gemía el minero herido por la explosión de un
+barreno, ó el pinche casi enterrado por un desprendimiento de la
+cantera.
+
+Y al ver con la mirada vidriosa de la agonía los lentes del doctor, sus
+ojos irónicos bajo unas cejas mefistofélicas y la barba en punta llena
+de canas precoces, los infelices sentíanse animados por repentina
+confianza; no percibían la llegada de la muerte, esperando hasta el
+último momento el milagro que había de salvarles.
+
+Los otros médicos del distrito eran recibidos por los enfermos con
+triste resignación. ¡Don Luis: sólo el doctor Aresti! Y las señoras de
+Gallarta, las esposas de los contratistas, antiguas aldeanas que se
+aburrían en sus flamantes chalets construidos en las afueras del pueblo,
+sentían enfermedades nunca sospechadas en tiempos anteriores, sólo por
+el gusto de hablar con el doctor, que á más de su ciencia llevaba con él
+algo de la grandeza de Sánchez Morueta y de las altas clases de Bilbao
+hasta las cuales soñaban con llegar algún día. Los maridos no
+necesitaban menos de la presencia de Aresti. Le consultaban en los
+asuntos de familia, y, apenas terminado su trabajo en las minas, le
+buscaban por las noches, organizando en su honor cenas pantagruélicas.
+Le llevaban con ellos á las pruebas de bueyes y las apuestas de
+barrenadores, fiestas brutales que organizaban en todos los pueblos de
+la provincia, cruzando apuestas de muchos miles de duros.
+
+La noche anterior, Aresti se había acostado tarde. Ya que había de comer
+en Bilbao invitado por _Don José_ (que así era conocido por antonomasia
+el poderoso Sánchez Morueta), los ricos de Gallarta, que llevaban igual
+nombre, no querían dejar de obsequiar al doctor. Y hasta más de media
+noche duró la cena en el fondín principal del pueblo: un banquete de
+platos populares y substanciosos, tales como los soñaban aquellos ricos
+improvisados en su época de hambre: conejos de monte, gallinas en toda
+clase de guisos, bacalao bajo todas las formas, un interminable desfile
+de viandas vulgares rociadas desde la primera á la última con champagne
+de las mejores marcas. El champagne era para aquellas gentes el
+distintivo de la riqueza; lo único que habían podido copiar de las
+clases elevadas. Lo querían del más caro para que constase bien su
+opulencia y lo gastaban á cajas, abriendo á golpes las botellas, riendo
+como niños cuando el líquido se derramaba por el suelo, mojándose unos á
+otros con la espuma, bebiéndolo en tanques y llenando á veces las
+palanganas para lavarse la cara con el precioso vino, despilfarro que á
+los postres nunca dejaba de producir hilaridad.
+
+Aresti sonreía recordando la fiesta de la noche anterior, las
+extravagancias infantiles de aquellos rústicos, enriquecidos rápidamente
+é imposibilitados de ostentar mejor sus ganancias en la vida aislada y
+laboriosa que llevaban en el monte.
+
+Sin detenerse en su marcha, el doctor contempló largo rato una colina
+roja que se alzaba á un lado del camino. Aquella tumefacción del paisaje
+era obra del hombre. La montaña se había formado espuerta sobre
+espuerta. A su sombra habían nacido Gallarta y la riqueza del distrito.
+Era la escoria de la mina de San Miguel de Begoña, la explotación más
+famosa de las Encartaciones: toda de mineral _campanil_ y del más rico.
+Allí habían comenzado su fortuna Sánchez Morueta y otros potentados de
+Bilbao. Sólo quedaba como recuerdo la montaña de escoria. El dinero
+estaba en la villa, y en las entrañas de la tierra los siervos anónimos
+que habían dejado parte de su existencia en el arranque del mineral.
+
+Aresti vió un grupo de gente á un lado del camino. Pasaban corriendo
+junto á él chiquillos y mujeres. A veces se detenían para llamar á los
+que estaban en los desmontes inmediatos.
+
+--¡Ené! ¡Han matado al _Maestrico_! ¡Vamos á verlo!
+
+Y seguían corriendo hacia el gentío, en el cual se destacaban los negros
+uniformes y las boinas con chapa de una pareja de miñones. Algunos
+muchachuelos, pinches de las minas, llegaban atraídos por el suceso,
+llevando en cada mano un cartucho de dinamita para los barrenos.
+Familiarizados con el explosivo, metíanse entre los grupos empujando
+para abrirse paso y ver al muerto.
+
+En medio del camino estaban inmóviles varias carretas con sus bueyes de
+raza vasca, pequeños, de patas finas, con una piel de carnero entre los
+cuernos adornando el yugo.
+
+Al llegar el doctor se abrió el compacto grupo, dejando ver un hombre
+tendido en la cuneta, con las ropas en desorden. El barro y la sangre
+formaban una máscara sobre su rostro. Aresti no tuvo más que inclinarse
+para convencerse de que estaba muerto desde muchas horas antes.
+
+El juez municipal, un contratista de los que habían cenado con Aresti,
+le habló del suceso, lamentando el madrugón que le había proporcionado.
+El pobre _Maestrico_ debía haber muerto casi instantáneamente. Tenía un
+golpe en el corazón, una de aquellas puñaladas que sólo se veían en las
+minas donde vive tanta gente salida del presidio. Además, le habían
+herido en la cara, en las manos, en todo el cuerpo. Debían ser dos los
+que le acometieron, cerrada ya la noche, cuando volvía de Bilbao. Para
+el juez, el suceso no ofrecía dudas. De allí iría á prender á los
+culpables sin miedo á equivocarse.
+
+Recordaba á Aresti, en pocas palabras, la historia del muerto; un
+andaluz, de carácter triste y pocas palabras que había rodado por el
+mundo buscándose la vida en América en cien oficios, y trabajando en
+todas las minas de España. Por las noches, cuando volvía del trabajo,
+daba lecciones á los pinches. Vivía á pupilo en casa de los padres de
+_la Charanga_, una moza guapetona y descarada que llevaba revuelta á la
+chavalería de Gallarta, prefiriendo entre todos al hijo de un licenciado
+de presidio, un rebelde que iba de una á otra cantera despedido siempre
+por su insolencia, y que, en los bailes del domingo, llamaba la atención
+por su faja de guapo arrollada desde el pecho hasta las ingles, con un
+arsenal de armas oculto. El _Maestrico_ se había enamorado de _la
+Charanga_ con la pasión reconcentrada y silenciosa de un hombre de
+cuarenta años. Los padres le querían, alabando sus costumbres sobrias,
+su actividad para ganarse la vida; y la muchacha, en su diferencia de
+bestia alegre, decía que sí á todo, continuando sus relaciones con el
+matoncillo. Iban á casarse en aquella misma semana. El _Maestrico_ había
+marchado el día anterior á Bilbao para comprar algunos regalos á la
+novia y, al regreso, el amante y su padre le habían esperado en el
+camino.
+
+Aresti oyó unos gemidos á su espalda. Entre el gentío, un minero viejo
+se llevaba las manos á los ojos.
+
+--Antón... pobre _Maestrico_. ¡Matar á un hombre así! ¡Tan bueno!...
+¡tan trabajador!
+
+Era el padre de _la Charanga_, que lloraba ante el cadáver de su pupilo.
+
+El médico se fijó en el abultado abdomen del muerto, é hizo que un miñón
+desliase la faja negra. Aparecieron dos botinas de mujer con la suela
+blanca y el charol deslumbrante; el calzado con que sueñan las muchachas
+de las minas como una elegancia suprema. El pobre _Maestrico_ había ido
+á la villa para comprar este regalo á su novia.
+
+Se abrió el grupo con cierto rumor de curiosidad, como á la llegada de
+un personaje esperado. Era _la Charanga_, con las manos en las fuertes
+caderas, los ojazos insolentes y hermosos bajo el pelo alborotado,
+mostrando al sonreír sus dientes agudos de loba impúdica.
+
+--¿Pero es verdad que han matao á _ese_?...
+
+Y fijaba su mirada en el médico, con la misma expresión de lúbrica
+generosidad con que muchas veces le había invitado á seguirla cuando le
+encontraba en el campo. Después contempló el cadáver fríamente, sin
+emoción, y al tropezar su mirada con las botas de charol rompió á reír.
+
+--¡Rediós! ¡Pus ya podía yo anoche esperar mis botas!...
+
+Fué todo lo que se le ocurrió ante el cadáver del que iba á ser su
+marido. Y rompiendo á codazos por entre los hombres que se conmovían al
+contacto de sus caderas, salió del grupo, alejándose con soberbia
+indiferencia, pensando tal vez en el otro que por amor á ella iba á ir á
+presidio.
+
+--¡La bestia!--dijo el médico al juez, siguiéndola con la mirada.--La
+hermosa bestia de los tiempos primitivos, satisfecha de que los machos
+se maten por poseerla... Esto sólo se ve aquí.
+
+Y Aresti sonreía con la satisfacción del naturalista que contempla en
+su gabinete un animal extraordinario.
+
+Llegaban de Gallarta nuevos grupos atraídos por la noticia del
+asesinato. El juez mostraba prisa por ir con la pareja de miñones en
+busca de los criminales. Unos amigos del muerto cogieron el cadáver,
+llevándolo hasta una carreta para conducirlo al pueblo. El doctor
+emprendió el regreso y, cerca ya de Gallarta, notó que un muchacho de
+unos catorce años, un pinche de los que trabajaban en las minas, le
+seguía, marchando tan pronto á su lado como delante, siempre volviendo
+la cara hacia él, mirándole con unos ojos desmesuradamente abiertos,
+suplicantes y vidriosos como si fuesen á saltarles las lágrimas.
+
+--¿Qué se ofrece caballero?--dijo Aresti con su voz alegre que parecía
+esparcir la confianza entre los desgraciados.
+
+--Señor dotor--gimió el muchacho.--Mi padre... mi pobre padre.
+
+Y como si no pudiera contener la pena tanto tiempo comprimida, se
+ahogaron las palabras en su garganta y rompió á llorar.
+
+Aresti se fijó en él. No era del país: debía ser _maketo_, de los que
+llegaban en cuadrillas de Castilla ó de León, empujados por el hambre,
+atraídos por los jornales de las minas. Un pantalón azul, con piezas
+superpuestas en las posaderas y las rodillas, oscilaba sobre sus
+zapatones claveteados, de punta levantada. La faja negra oprimía una
+camisa de franela roja, apenas cubierta por un chaleco suelto, y la
+maraña de pelos ensortijados, sucios de barro, se escapaba por debajo de
+una boina vieja. Olía á juventud descuidada, á ropas mantenidas sobre la
+carne meses enteros. Aresti conocía este perfume de las minas; el hedor
+de los cuerpos vigorosos que trabajan, sudan y duermen siempre con la
+misma envoltura.
+
+--Tu padre... ya te entiendo--dijo bondadosamente.--¿Y qué le ocurre á
+tu padre? Vamos á ver.
+
+El pinche se explicó trabajosamente. Su padre estaba arriba, en Labarga,
+en una casa de peones, muy enfermo; se moría. Al amanecer había querido
+levantarse para ir al trabajo como los demás compañeros, pero le ardía
+la piel, deliraba. El día antes había llovido y se mojó en la cantera.
+Él, que era su hijo, se había quedado para cuidarle. ¿Pero cómo,
+señor?... Estaba muy malo, mucho. ¡Para que él se hubiera decidido á
+perder el jornal del día!...
+
+Y el muchacho repitió lo de la pérdida del jornal varias veces, dándole
+con su acento una importancia extraordinaria, como la mejor demostración
+de la gravedad del enfermo.
+
+Aresti creyó consolarle, prometiendo que enviaría al médico que estaba
+en Galdames, tan pronto como volviera. Pero el muchacho rompió á llorar
+de nuevo.
+
+--Señor dotor... Usted, sólo usted... Se lo pido por lo que quiera más
+en el mundo... He bajado de Labarga para eso. Usted sabe más que todos
+juntos. La gente dice que usted hace milagros...
+
+Y apoderándose de una mano del doctor, se la besó repetidas veces sin
+saber qué decir, como si estas muestras de veneración fuesen todo su
+lenguaje y con él quisiera convencer al médico.
+
+--Basta, muchacho--dijo Aresti riendo.--No sigas. Iré á Labarga para que
+no me beses más con tu cara sucia... Buena se va á poner Kataliñ cuando
+sepa que subo al monte.
+
+El muchacho, tranquilizado por la promesa del doctor, habló con menos
+dificultad contestando á sus preguntas. Eran de tierra de Zamora y
+habían venido á las minas su padre y él con seis paisanos más. Hacía
+tres años que realizaban este viaje á la entrada del invierno. Ellos
+tenían allá su poquito de tierra. Cultivaban hierba y centeno; las
+mujeres se encargaban de los campos durante el frío y los hombres
+emprendían la peregrinación á Bilbao en busca de los jornales fabulosos,
+de once reales ó tres pesetas, de los que se hablaba con asombro en el
+país. Al venir el verano, regresaban al pueblo para recoger la cosecha y
+plantar la del año próximo. En las minas se trabajaba mucho, la vida era
+dura, morían algunos; pero se podía volver á casa con buenos ahorros.
+
+--Yo, señor dotor, gano siete reales: mi padre once ú doce. Damos un
+real por la cama y nos comemos cinco cada uno, porque aquí todo va por
+las nubes. Hay otros gastos de zapatos y calcetines, porque el mineral
+destroza mucho. Además, casi todas las semanas llueve en esta tierra y
+no se trabaja... Total, que no bebiendo vino y comiendo poco, volvemos á
+casa á los diez meses con cuarenta ó cincuenta duros.
+
+--Pues vais á ser ricos cualquier día--dijo Aresti.
+
+--¡Quia! ¡no señor!--contestó el muchacho cándidamente.--Ricos nunca lo
+seremos. ¡Aun si ese dinero fuese para nosotros!...
+
+--¿Es que lo regalais?...
+
+--Se lo llevan los mandones. Con él pagamos la contribución.
+
+Aresti caminó un buen rato en silencio, admirando una vez más la
+sencillez, la humildad de aquella gente, dura para el trabajo, habituada
+á las privaciones, sin la más leve vegetación de ideas de protesta en su
+cerebro estéril. Abandonaban casa y familia para hacer una vida de
+campamento, encorvados ante la piedra roja, arañándola de sol á sol con
+un desgaste de fuerzas que no era suplido por la alimentación,
+acelerando día por día la ruina de su organismo; y este sacrificio
+obscuro y penoso, era para sostener un derecho de propiedad ridículo
+sobre cuatro terrones infecundos, para mantener con gotas de sangre y
+pedazos de vida la pompa exterior de que se rodea el Estado.
+
+Al entrar en Gallarta, el médico pasó apresuradamente ante su casa,
+temiendo que les viera Catalina y le apostrofase por su subida al
+monte.
+
+--Vivo, muchacho; vamos aprisa. Son las siete y aún he de tomar el tren
+para Bilbao.
+
+Pasaron apresuradamente por la calle principal de Gallarta, una cuesta
+empinada y pedregosa con dos filas de casuchas que ondulaban ajustándose
+á todas sus tortuosidades. Eran míseros edificios construidos con
+mineral en la época que éste no era tan buscado; gruesos paredones
+agujereados por ventanucos, con balcones volados que amenazaban caerse y
+los pisos superiores de maderas carcomidas. Las techumbres, con grandes
+aleros de tejas rojizas y sueltas, estaban mantenidas contra los embates
+del viento por una orla de pedruscos. En los pisos bajos estaban los
+establecimientos de Gallarta, tabernas en su mayor parte. Algunas
+ventanas con vidrios empañados servían de escaparates, exhibiendo
+zapatos ó quincalla oxidada y vieja, restos de saldos de la villa,
+enviados á las minas donde todo se compra sin protesta malo y caro. A
+causa del desnivel entre la empinada calle y las casas, unas tiendas
+tenían varios peldaños ante su puerta, como si fuesen torres; otras eran
+profundas como cuevas, con una escalera interior para bajar á ellas. Los
+establecimientos de ropas ondeaban en su fachada trapos multicolores. La
+calle, con sus tiendas estrechas y lóbregas y sus casas de poca altura,
+hacía recordar la tortuosa vía de una población árabe. Algunas carretas
+permanecían detenidas á las puertas de las tabernas, moviendo los
+bueyes sus colas y bajando las testuces pacientemente, mientras adentro
+gritaban los conductores ante los vasos de vino.
+
+Aresti tenía buenas piernas, acostumbrado como estaba á aquel país
+montuoso, y apoyándose en la _cachaba_ seguía sin dificultad al pinche
+que casi corría por el camino, con dirección á Labarga, uno de los
+barrios extremos de Gallarta, situado en plena explotación minera. Así
+como ascendían por el áspero camino, era más fuerte el viento y se
+ensanchaba el paisaje. Agrandábanse los montes y se velaban los valles
+bajo la bruma de la mañana. Por la parte del mar, el Serantes, que
+guarda la desembocadura de la ría de Bilbao, recortaba sobre el cielo
+plomizo su mole coronada por un castillete abandonado. A sus pies
+extendía el mar su ancha faja obscura, cortada á trechos por otros
+montes más bajos, metiéndose en triángulos, tierra adentro, en forma de
+ensenadas y rías.
+
+Hacía algún tiempo que el doctor no había subido á pie la cuesta de
+Labarga y encontraba cierta novedad al espectáculo. Sin dejar de andar,
+iba examinando el paisaje. Una aldea que blanqueaba entre los campos al
+pie de Serantes, era San Pedro Abanto; más allá, al lado de una ría,
+alzábase la montaña de Somorrostro. Dos nombres famosos que conocía toda
+España después de la guerra civil. Como una resurrección de aquella
+lucha recordada por el doctor, sonaron varias cornetas en las alturas
+inmediatas al camino, tembló la tierra con sorda trepidación y
+estallaron varias detonaciones entre nubes de polvo rojo y piedras por
+el aire. Eran los barrenos de las minas, que se disparaban á una hora
+fija, por la mañana y por la tarde, avisando los vigilantes con sus
+cornetas para que se alejase la gente. Más allá de las minas inmediatas
+sonaron nuevas detonaciones, y luego otras más lejanas, estremeciéndose
+toda la cuenca minera con un incesante cañoneo como si tronasen baterías
+ocultas en todos los repliegues y cúspides de los montes.
+
+Aresti, excitado por este estruendo, recordaba la famosa batalla de las
+Encartaciones, cuando el ejército liberal intentaba levantar el sitio de
+Bilbao por segunda vez. La ferocidad de los hombres, la triste gloria de
+la guerra y la destrucción, habían popularizado los nombres de dos
+humildes aldeas de Vizcaya. Él no había presenciado los combates; pero
+como si los hubiera visto, después de escuchar su relato tantas veces á
+los viejos del país y á muchos de los contratistas que eran entonces
+aldeanos hambrientos y, por inconsciencia juvenil, por no enfadar al
+cura de su anteiglesia, habían tomado las armas en defensa del Señor y
+los Fueros. En una casita blanca, que se alzaba entre los robledales del
+llano, habían matado de un certero cañonazo á los dos mejores generales
+del carlismo. Después, el médico miraba el monte de Somorrostro con sus
+ásperas pendientes, aislado, lúgubre como una pirámide. Aún se
+encontraban osamentas al cavar en las faldas. Allí había sido la gran
+carnicería: los batallones del gobierno, la infantería de marina, con la
+bravura del toro que embiste bajando la cabeza sin medir el peligro,
+pugnaban por subir á lo más alto para vencer al enemigo, y éste los
+fusilaba impunemente desde sus atrincheramientos preparados con fría
+anticipación, y pareciéndole poco mortífero el fusil, apelaba á
+procedimientos de la guerra primitiva y salvaje. Soltaban desde las
+alturas ejes de hierro con ruedas, arrancados de las vagonetas de las
+minas, y estos carros de la muerte descendían saltando de peñasco en
+peñasco, con una velocidad vertiginosa que aumentaba á cada choque, á
+cada aspereza del terreno. Resucitaba la antigua lucha entre los
+celtíberos bárbaros y las disciplinadas legiones de Roma. Las ruedas
+locas rompían las masas de pantalones rojos ó azules que en vano
+intentaban avanzar; aplastaban los hombres bajo su férreo volteo, hacían
+crujir los huesos, deshilachaban los músculos, y, manchadas de sangre,
+seguían rodando hasta encallarse en el llano, ahitas de destrucción.
+
+--¡Imbéciles! ¡imbéciles--repetía mentalmente el doctor.
+
+Y pensaba con tristeza en los miles de hombres muertos en aquellos
+montes y en otros de más allá; en todos los que dormían eternamente en
+las entrañas de la tierra vasca, por un pleito de familia, por una
+simple cuestión de personas, hábilmente explotada en nombre del
+sentimiento religioso y de la repulsión que siente el vascongado por
+toda autoridad que le exija obediencia desde el otro lado del Ebro.
+
+Contrastando con estos recuerdos de una época de violencias, rodeaban al
+doctor, conforme avanzaba en su camino, la actividad del trabajo, el
+movimiento de la diaria batalla del hombre con los tesoros de la tierra.
+Los tranvías aéreos para la conducción del mineral apoyaban sus cables
+sobre los robustos postes y deslizándose por ellos, pasaba el rosario de
+tanques cargados de pedruscos rojos, salvando hondonadas y despeñaderos,
+descendiendo de meseta en meseta, siempre hacia el llano, buscando los
+descargaderos de Ortuella, la vía férrea del Triano, que es el
+respiradero de las minas.
+
+En el fondo de las grandes cortaduras de las canteras, corrían sobre los
+rieles lijeramente tendidos, las vagonetas de mineral, tiradas unas por
+caballos, empujadas otras por hombres. Veíanse grandes plataformas de
+madera, planos inclinados por los cuales resbalaban los vehículos
+amarrados á una cadena sin fin. La vía automática de una compañía
+extranjera deslizaba en un espacio de varias leguas sus vagonetas, que
+parecían seres animados. Los vehículos rodaban en dos filas, en opuestas
+direcciones, cabeceando lentamente como bueyes sumisos, siguiendo su
+camino en línea recta, encontrando un puente sobre cada abismo y
+atravesando las alturas por túneles pendientes que los devoraban.
+
+El paisaje aparecía trastornado por la mano del hombre. El minero
+violaba á la Naturaleza, volcándola, desordenando sus ropajes. Todo
+había cambiado de lugar. Las cumbres habían sido echadas abajo por la
+piqueta y el barreno: las hondonadas, rellenas de escoria roja, estaban
+convertidas en mesetas. Las faldas de los montes aparecían desgarradas:
+lo que en otros tiempos era suave declive, asustaba ahora con el
+pavoroso corte del despeñadero. Habíase cambiado el curso de las aguas;
+las antiguas fuentes admiradas por los ancianos escapábanse ahora con
+rezumamiento fangoso por las angostas galerías que perforaban las
+pendientes. Muchos montes despojados de la envoltura roja, que era su
+carne, mostraban el armazón calcáreo, la triste osamenta. Los prados de
+otras épocas, la tierra vegetal con sus maizales y robledales, todo
+había desaparecido, como si soplara sobre aquellas montañas un viento de
+fuego. Sólo quedaba el pedrusco férreo, el terrón rojo, la tierra
+codiciada por el hombre, que parecía haber ardido con interna
+combustión. A trechos quedaban algunos jirones de suelo verdeante.
+Crecía la hierba allí donde se amontonaban las vagonetas volcadas, las
+plataformas carcomidas, delatando una explotación abandonada. En estos
+rincones pacían algunos rebaños de ovejas panzudas, de largas lanas,
+dando con sus esquilas una nota de calma pastoril á aquel paisaje
+desolado que parecía recién surgido de una catástrofe geológica.
+
+El camino bordeaba la profunda zanja de una cantera. Era como uno de
+esos cráteres apagados, en los que muestra el planeta la intensidad de
+sus convulsiones. Parecía imposible que aquella profundidad fuese obra
+del hombre en tan pocos años. Abajo, las cuadrillas de mineros, atacando
+el muro de mineral con picos y palancas, semejaban bandas de insectos.
+Los caballos parecían por su tamaño escapados de una caja de juguetes.
+
+Aresti, ante este desgarrón de la corteza terrestre que mostraba al aire
+sus entrañas, recordaba las formas y colores de las piezas anatómicas
+reproducidas en sus libros de estudio. Las calizas blanqueaban como
+huesos; las fajas de mena rojiza tenían el tono sanguinolento de los
+músculos, y las manchas de tierra vegetal eran del mismo verde musgoso
+de los intestinos.
+
+A un extremo de la gigantesca excavación la montaña se había venido
+abajo, formando una cascada inmóvil de ondas de tierra y enormes
+pedruscos. El médico recordaba la catástrofe ocurrida cuatro años antes.
+La cantera se había derrumbado, cogiendo en su caída á una cuadrilla de
+obreros que trabajaba en su base. Unos habían perecido aplastados
+instantáneamente: otros habían quedado enterrados en vida, en un
+socavón, aislados del mundo por centenares de toneladas de mineral. La
+gente acudía para pegar sus oídos con horror á los peñascos
+desmoronados, creyendo escuchar los gritos implorando auxilio, los
+gemidos de los infelices que perecían lentamente en la obscuridad de las
+entrañas de la tierra. Pasaban las horas, pasaban los días. Centenares
+de obreros trabajaron con un vigor extraordinario, pretendiendo revolver
+la inmensa avalancha de mineral; pero tras una semana de trabajo, sólo
+habían avanzado algunos metros y ya no se oía nada: de la tierra no
+salía ningún lamento. Al remover los pedruscos se encontraron varios
+cadáveres: hombres desfigurados, con las piernas rotas y el cráneo
+aplastado; un pinche casi intacto, con la cara sonriente, conservando
+aún en su mano un tanque de agua. Eran los que se hallaban fuera del
+socavón en el instante del desprendimiento. Los otros que estaban en la
+cueva se pudrían tras el gigantesco tapón de mineral que los había
+aislado del mundo. De muchos de ellos ni los nombres se conocían. Habían
+llegado á las minas poco antes y los capataces sólo anotaban sus apodos.
+Tal vez en algún rincón de España los esperarían aún, creyendo que
+cuanto más larga fuese la ausencia mayores serían los ahorros.
+
+Las mujeres de Gallarta afirmaban que de noche salían gemidos del
+derrumbamiento. Durante unos meses viéronse en el camino de Labarga
+formas blancas, con luces en la cabeza, arrastrando cadenas. En las
+casas temblaban los muchachos y las jóvenes, oyendo hablar de las pobres
+almas en pena de la mina. Pero cierta mañana apareció tendido en el
+camino uno de los primeros borrachos de Gallarta, con un brazo
+fracturado y la cabeza rota, y ya no volvieron á salir fantasmas, ni
+nadie sintió deseos de adornar la catástrofe con grotescas apariciones.
+
+El recuerdo de los enterrados fué borrándose en la memoria de todos. Las
+desgracias, en aquella explotación cruel que gastaba las vidas de muchos
+miles de hombres, superponíanse unas á otras con frecuencia, ocultando y
+desvaneciendo las anteriores. Un día, las vagonetas, al chocar unas con
+otras, aplastaban á un obrero: otro día saltaban de los rieles al bajar
+por el plano inclinado cayendo sobre un grupo encorvado ante el trabajo,
+que no recelaba la muerte traidora que llegaba á sus espaldas: los
+barrenos estallaban inesperadamente abatiendo los hombres como si fuesen
+espigas; llovían pedruscos en mitad de la faena, matando
+instantáneamente; y por si esto no era bastante, había que contar con
+los navajazos á la salida de la taberna, con las riñas en la cantera,
+con las disputas en los días de cobro, con la feroz acometividad de
+aquella inmensa masa ignorante y enfurecida por la miseria, en la cual
+vivían confundidos los que al salir de los penales de Santoña,
+Valladolid ó Burgos no encontraban otro camino abierto que el de las
+minas de Bilbao, en las que se necesitaban brazos, y á nadie se
+preguntaba quién era y de dónde venía...
+
+La Muerte rondaba en torno del mísero populacho, como un lobo alrededor
+del rebaño, siempre vigilante, con las uñas afuera y los dientes agudos.
+Zarpazo aquí, dentellada allá, la gran enemiga se mostraba infatigable.
+Siempre había en el hospital más de una docena de camas ocupadas por
+carne enferma que pedía entre gemidos el auxilio de don Luis. Era un
+perpetuo estado de guerra ante la muerte; una batalla contra la ciega
+fatalidad y la barbarie de los hombres, cuyos ecos se apagaban en la
+misma montaña, llegando apenas á la opulenta Bilbao. El mineral marchaba
+ría abajo sin que nadie pensase en lo que había costado su arranque del
+suelo.
+
+Aresti salió de su ensimismamiento al ver que entraba en la calle única
+de Labarga, dos filas de míseras casuchas puestas sobre los peñascos que
+bordeaban el camino. Los edificios de Gallarta parecían palacios,
+comparados con las chozas de este barrio de mineros. Eran barracas,
+conocidas en el país con el nombre de _chabolas_, con tabiques de madera
+delgada y techumbre de planchas corroídas. Las puertas estaban en dos
+piezas horizontales: la hoja inferior quedaba cerrada como una barrera,
+y la superior, al abrirse, era la única ventana que daba á la casa luz y
+aire. Las incesantes lluvias habían podrido aquellas habitaciones,
+reblandeciendo la madera, deshilachando sus fibras como si toda ella
+fuese á convertirse en gusanos. Fuera de las casas ondeaban sobre
+cuerdas los guiñapos de color indefinible puestos á secar. Algunas
+gallinas flacas y espeluznadas corrían por el camino. Los niños
+permanecían sentados ante las puertas, graves é inmóviles, como si
+fuesen de distinta raza que la revoltosa chiquillería de los pueblos del
+llano.
+
+Al ver al doctor, salían las mujeres á las puertas de sus tugurios,
+sonriendo como en presencia de un acontecimiento inesperado, sintiendo
+de pronto el miedo á enfermedades que tenían olvidadas.
+
+--¡Chicas, es don Luis!--se gritaban unas á otras.--¡Señor doctor, aquí!
+¡Míreme usted este chico!... ¡Entre á ver á mi madre!
+
+Pero Aresti conocía de larga fecha estos recibimientos; el furor que
+acometía á todos por estar enfermos apenas le veían, sin ocurrírseles
+bajar al hospital más que en casos de extrema gravedad. Y seguía
+adelante sonriendo á unas, contestando á otras alegremente, precedido
+por el pinche zamorano que volvía la cara como si temiese verle
+secuestrado por el grupo de comadres.
+
+Un hombre de larga barba ensortijada y canosa, fumaba sentado ante una
+casucha que era la peor del barrio. Tenía los ojos casi ocultos bajo las
+cejas y un gesto de desdén contraía á cada momento su cara negruzca. Al
+ver al médico no se llevó la mano á la boina ni abandonó su inmovilidad
+de fakir, como si estuviera abstraído en la contemplación de la miseria
+que le rodeaba.
+
+--¡Salud, amigo _Barbas_!--dijo el médico alegremente, deteniéndose ante
+él.--¿Qué hay compañero?
+
+--Mucho y malo, don Luis.
+
+--Y esa revolución ¿cuándo la hacemos?...
+
+El _Barbas_ miró un instante á Aresti con ojos ceñudos, como si fuese á
+insultarle: después escupió la nicotina de sus labios con un gesto
+desdeñoso.
+
+--Búrlese, don Luis. Usted está acostumbrado á oír quejarse de dolor lo
+mismo al rico que al pobre, á ver que todos mueren igual; por eso toma á
+risa las cosas de los hombres. Al fin no somos más que animales. Hace
+usted bien. Ríase... pero el trueno gordo se acerca. Algún día
+encontrarán su merecido todos los ladrones... ¡todos! incluso su primo
+Sánchez Morueta.
+
+--¡Compañero! ¿y yo?--dijo el doctor.--¿Qué vas á hacer de mí?
+
+--Usted es un guasón que se ríe de la vida... pero entre burlas y veras
+hace bien á los pobres y vive cerca de su miseria. Usted es casi de los
+nuestros.
+
+--Gracias, compañero _Barbas_.
+
+Y dando á entender al solitario con un gesto que volvería para hablar
+con él, subió los peldaños de una casucha en cuya puerta le esperaba
+impaciente el pinche.
+
+Era la _casa de peones_, el miserable albergue de las montañas mineras,
+donde se amontonan los jornaleros. Aresti estaba habituado á visitar
+aquellos tugurios que olían á rancho agrio, á humo y á «perro mojado».
+En la entrada de la casa estaba el fogón con algo de loza vieja alineada
+en dos estantes. Los tabiques de madera eran de un amarillo viscoso,
+como si las tablas trasudasen de una pieza á otra la suciedad y la mugre
+de los habitantes. Una vieja, delgada de rostro, y enorme de cuerpo por
+los pañuelos que llevaba arrollados al busto y los innumerables
+zagalejos de su faldamenta, vigilaba el hervor de un puchero, con las
+manos cruzadas sobre el delantal de arpillera, mirándose con ojos bizcos
+los cuernos del pañuelo rojo arrollado á la cabeza. Unos gatos flacos y
+espeluznados rodaban en torno de la mujer, esperando que cayese algo de
+la olla: unos animales lúgubres, de mirada feroz, tigres empequeñecidos
+que parecían alimentarse con el hambre que sobraba á sus amos.
+
+La vieja rompió en lamentaciones al conocer á don Luis. El pobre peón
+estaba muy malito: ¡á ver si lo sacaba adelante!... Ella le había tomado
+ley después de tenerlo varios años en su casa. Y al lamentarse, había
+tal expresión de frío egoísmo en sus ojos, que el doctor la atajó
+brutalmente:
+
+--Sobre todo, lo que usted más siente, tía Gertrudis, es perder un real
+diario si muere.
+
+--¡Ay, don Luis, hijo! Semos probes y cada vez hay más casas de peones.
+Mi probe viejo está casi baldao del reuma y gana menos que un pinche
+escogiendo mineral en los lavaderos. ¡Y muchas gracias que lo aguantan,
+y con el pupilaje de estos chicos de Zamora podemos ir tirando!... ¡Ay
+Señor, después de trabajar toda la vida! El médico levantó una
+cortinilla de percal rojo y desteñido que ocultaba un tugurio sin luz,
+ocupado por la cama de los viejos. Levantó otra, y vió un cuartucho no
+mucho más grande, obstruido completamente por un camastro enorme,
+formado con tablas sin cepillar y varios banquillos. En él dormía toda
+la banda de Zamora, siete hombres y el muchacho, en mutuo contacto, sin
+separación alguna, sin más aire que el que entraba por la puerta y las
+grietas de la techumbre. Varios jergones de hoja de maíz cubrían el
+tablado: cuatro mantas cosidas unas á otras formaban la cubierta común
+de los ocho, y junto á la pared yacían destripadas y mustias algunas
+almohadas de percal rameado, brillantes por el roce mugriento de las
+cabezas.
+
+Aresti pensó con tristeza en las noches transcurridas en aquel tugurio.
+Llegaban los peones fatigados por el trabajo de romper los bloques
+arrancados por el barreno, de cargar los pedruscos en las vagonetas, de
+arrastrarlas hasta el depósito de mena y volverlas á su primitivo sitio.
+Después de una mala comida de alubias y patatas, con un poco de bacalao
+ó tocino, dormían en aquel tabuco, sin quitarse más que las botas ó,
+cuando más, el chaquetón, conservando las ropas impregnadas de sudor ó
+mojadas por la lluvia. El aire, estancado bajo un techo que podía
+tocarse con las manos, hacíase irrespirable á las pocas horas,
+espesándose con el vaho de tantos cuerpos, impregnándose del olor de
+suciedad. Los parásitos anidados en los pliegues del camastro, en las
+junturas de la madera, en los agujeros del techo, salían de caza con la
+excitación del calor, ensañándose al amparo de la obscuridad en los
+cuerpos inánimes que duermen con el sueño embrutecedor de la fatiga. En
+las noches tormentosas, cuando el viento pasa de parte á parte la
+casucha por sus resquicios y grietas, amenazando derribarla, los cuerpos
+vestidos y malolientes se buscan y se estrechan ansiando calor, y los
+sudores se juntan, las respiraciones se confunden, la suciedad
+fraterniza.
+
+El médico consideraba que aquellos ocho hombres que dormían en común
+eran amigos, eran compatriotas, ligados por el nacimiento y las
+aventuras de su peregrinación anual: y su pensamiento iba hacia otras
+casas de peones, tan míseras como aquella, donde los hombres acostados
+en la misma cama no se habían visto nunca; donde el infeliz muchacho,
+recién llegado de su tierra, dormía en contacto con un individuo, con
+otro que también acababa de llegar á la mina, tal vez recién salido del
+presidio ó fugitivo por algún crimen. Los cuerpos extraños se juntaban
+bajo la misma pegajosa cubierta, la carne se rozaba con otra carne
+sudorosa, tal vez enferma de peligrosas infecciones. Y esta
+promiscuidad, bajo la misma manta, de viejos y jóvenes, de inocentes
+jayanes recién venidos de su tierra y veteranos de la vida errante,
+conocedores de todas las corrupciones, se efectuaba en medio de una
+forzada abstinencia de la carne, en un país donde por las condiciones
+del trabajo, los hombres son mucho más numerosos que las mujeres, y la
+continua afluencia de presidiarios licenciados traía consigo todas las
+criminales aberraciones de la virilidad aislada.
+
+Aresti vió al enfermo en el fondo del camastro, junto á la pared,
+respirando jadeante. Estaba acostumbrado á visitar los tabucos de los
+mineros: nada le extrañaba, y con agilidad de muchacho saltó encima del
+tablado, marchando de rodillas sobre los jergones. Encendió una cerilla
+y entonces vió en el tabique de la cabecera que en otros tiempos había
+sido blanco, un crucifijo y varias estampas de colores, representando
+generales contemporáneos, con el ros calado y el pecho cubierto de
+bandas y cruces, héroes de la guerra que se habían cubierto de gloria
+entregando territorios al enemigo ó fusilando en masa á indígenas
+indefensos.
+
+El médico no pudo contener su risa.
+
+--¿Por qué estarán aquí estos tíos?...
+
+Las estampas habrían sido pegadas como adorno, sin fijarse en los
+personajes; ó tal vez serían recuerdos de algún antiguo soldado, cándido
+y entusiasta, que creería haber servido á las órdenes de caudillos
+inmortales.
+
+El enfermo tenía los ojos cerrados, y respiraba trabajosamente. Su piel
+ardía. Estaba vestido, conservando las mismas ropas, mojadas por la
+lluvia de la noche anterior.
+
+--Una pulmonía de padre y señor mío--dijo el doctor arrojando la cerilla
+y saliendo del camastro otra vez de rodillas.
+
+Afuera, junto al fogón, escribió una receta en una hoja de su cartera,
+encargando al pobre pinche, que después de la visita parecía más
+tranquilo, que bajase por los medicamentos al hospital.
+
+Cuando Aresti salió de la barraca, después de hacer varias
+recomendaciones á la vieja, vió que le aguardaba en medio del camino un
+contratista de los más amigos. Iba vestido de flamante pana; sobre el
+chaleco brillábale una gruesa cadena de oro y calzaba altas polainas
+fabricadas con la tela impermeable que servía de forro á las cajas de
+dinamita.
+
+--Hola, _Milord_--dijo el médico.--¿Qué, hoy no hay oficios divinos en
+la capilla de Baracaldo?
+
+--No, don Luis--dijo el contratista con cierta unción en sus
+palabras.--Demasiado sabe usted que en nuestra religión este día no es
+de fiesta.
+
+--¿Y _Milady_, siempre tan hermosa y elegante?
+
+--Vaya, no se burle usted; ya sabe que no somos más que unos pobres
+patanes con un poquito de protección.
+
+Después de esto, el llamado _Milord_ rogó al médico, que ya que estaba
+en Labarga, se llegase á la cantina de _Tocino_, el capataz de su
+confianza, que llevaba varios días inmóvil en la cama por el reuma.
+Aresti se resistía alegando su viaje á Bilbao.
+
+--Un momento nada más, don Luis: entrar y salir. Yo también tengo prisa
+por llegarme á la mina. ¡El pobre _Tocino_ me hace tanta falta cuando no
+está allí!...
+
+El doctor se dejó conducir algunos minutos más allá de Labarga, hasta
+una altura donde estaba establecida la tienda de _Tocino_. Por el camino
+bromeaba con el contratista sobre su religión. El _Milord_ había sido
+capataz de las minas de una compañía inglesa, logrando interesar al
+ingeniero director en fuerza de excederse en la vigilancia del trabajo y
+no dejar descanso á los peones de sol á sol. La protección del jefe lo
+elevó á contratista, colocándole en el camino de la riqueza, y, no
+sabiendo cómo mostrar su gratitud al inglés, había abrazado el
+protestantismo. La despreocupación religiosa era general en las minas:
+sólo se pensaba en el dinero y el trabajo. Era viudo, con una hija, y
+para ligarse más íntimamente con sus protectores, la tuvo durante seis
+años en un colegio de Inglaterra, volviendo de allá la muchacha con un
+exterior púdico y unas costumbres de _confort_ que regocijaban á toda
+Gallarta. Los domingos, _Milord_ y _Milady_ bajaban á Baracaldo,
+vestidos con trajes que encargaban á Londres, para confundirse con las
+familias de los ingenieros y los mecánicos ingleses empleados en las
+minas ó en las fundiciones de la ría, que llenaban la única capilla
+evangélica del país. Aresti, que había cogido cierto miedo á los
+_flirts_ con _Milady_, hasta el punto de rehuir el encontrarla sola y
+que conocía ciertas historias de jovenzuelos que saltaban su ventana
+durante la noche, ensalzaba irónicamente al padre lo mucho que su
+robusto retoño había ganado después de la cepilladura en el extranjero.
+
+--¡La educación inglesa!--decía _Milord_ abriendo mucho la boca para
+marcar su admiración.--¡Una gran cosa! Hay que ver lo que sabe la
+chica... Es verdad que acostumbrada á tantas finuras, se aburre aquí
+entre brutos. Pero, de mi para usted, don Luis, yo tengo mi plan, mi
+ambición, y es casarla con algún señor de la compañía.
+
+--Hará usted bien--dijo el médico con zumbona gravedad, recordando las
+ligerezas de la niña al verse libre en las minas, después de las
+pudibundeces del colegio.--Esos señores son aquí los únicos que pueden
+cargar con ella.
+
+Llegaron á la cantina de _Tocino_, una casa aislada, de mampostería, con
+un gran mirador de madera. Desde aquella altura abarcaba la vista toda
+la tierra de las Encartaciones y además el abra de Bilbao, la ría,
+Portugalete. Los pueblos aglomerados en las orillas del Nervión,
+parecían formar una sola urbe. En último término, entre montañas, se
+adivinaba la villa heroica é industriosa: el humo de las fundiciones y
+fábricas se confundía con el cielo plomizo. A la entrada de la ría, el
+alto puente de Vizcaya marcábase como un arco triunfal de negro encaje.
+
+La cantina ocupaba el piso bajo, amontonándose en ella los más diversos
+objetos y comestibles, unos en estantes y tras sucios cristales, otros
+pendientes del techo... Allí estaban almacenados todos los víveres, por
+cuya conquista dejaban los hombres pedazos de su vida en el fondo de las
+canteras. Aresti conocía aquella alimentación; alubias y patatas con un
+poco de tocino. El arroz, sólo era buscado cuando la patata resultaba
+cara. Además, colgaban del techo bacalao y trozos de tasajo americano
+entre grandes manojos de cebollas y ajos.
+
+El pan se amontonaba detrás del mostrador, al amparo de los dueños, como
+si éstos temiesen los hurtos de los parroquianos ó una súbita acometida
+de los hambrientos que pululaban afuera. Un tonel de sardinas doradas
+por la ranciedad, esparcía acre hedor. De las viguetas del techo pendían
+baterías de cocina, y en las estanterías se alineaban piezas de tela,
+botes de conservas, ferretería, alpargatas, objetos de vidrio, pero todo
+tan viejo, tan oxidado, tan mugriento, que, lo mismo comestibles que
+objetos, parecían sacados de una excavación después de un entierro de
+siglos.
+
+Tras el mostrador estaba la mujer de _Tocino_ con su hijo, un
+adolescente amarillucho, de movimientos felinos. Eran vascongados, pero
+Aresti encontraba en sus ojos duros, en la melosidad con que robaban á
+los parroquianos despreciándolos, y en su aspecto miserable, algo que le
+hacía recordar á los judíos. La gente del contorno les odiaba. Al menor
+intento de revuelta en las minas, cerraban la puerta, sirviendo el pan
+por un ventanillo. A pesar de su insaciable codicia, tenían un aspecto
+de miseria y sordidez más triste que el de la gente de fuera. El doctor
+recordaba las declamaciones de muchos mitins obreros, á los que había
+asistido por curiosidad; los apóstrofes á los explotadores de las
+cantinas que engordan con los sudores del trabajador, que se redondean
+chupándoles la sangre; y se decía con gravedad:
+
+--No; pues á éstos les luce poco la tal alimentación.
+
+A la entrada de la cantina existía una especie de jaula de madera con un
+ventanillo. Dentro de ella estaba sentado ante un pupitre el dueño de la
+tienda, envuelto en mantas, quejándose á cada momento, pero sin dejar de
+repasar unos cuadernos viejos, cubiertos de rayas y caprichosos signos,
+que le servían para su complicada contabilidad.
+
+El _Milord_ manifestó su extrañeza viéndole allí. ¡Él, que le traía nada
+menos que al doctor Aresti creyéndolo en peligro de muerte!... Mientras
+el médico le examinaba con la indiferencia del que está habituado á
+casos más graves, _Tocino_ prorrumpía en lamentaciones, haciéndole coro
+su mujer. Estaba enfermo más de lo que creían: no podía moverse: los
+dolores le mataban; pero los negocios eran ante todo y había que repasar
+las cuentas, ya que estaba cerca el día de la paga.
+
+--Vaya, _Tocino_--dijo Aresti;--lo que tienes es poca cosa,
+desaparecerá con el cambio de tiempo. ¡Quejarse así un hombrachón que
+parece un oso tras esa jaula! Es la buena vida que te das; lo mucho que
+engordas con lo que robas.
+
+--¡Pero qué cosas tiene este don Luis!--exclamó el _Milord_ mirando á la
+tendera, que enseñaba sus dientes amarillos para sonreír lo mismo que el
+protector de su marido.
+
+--¡Robar!--mugió _Tocino_.--¡Robar! ¡Siempre está usted con lo mismo!
+Tanto oye usted á los trabajadores, en su manía de mimarlos cuando se
+los llevan al hospital, que acaba por creer todas sus mentiras. Aquí á
+nadie se roba. Aquí lo único que se hace es defender lo que es de uno.
+
+Y _Tocino_ se indignaba, olvidando los dolores. Él vendía sus artículos
+al fiado ¿estamos?... se exponía á perderlos, ¿y qué cosa más natural
+que no dormirse para cobrar lo que era suyo cuando llegaba el día del
+pago en las minas?... Había que conocer á los obreros: cada uno de un
+país; lo mejorcito de cada casa. Se pasaban todo el mes comiendo al
+fiado, y el día de cobranza, si les era posible hacían lo que ellos
+llaman _la curva_; cobraban y se iban á la taberna, rehuyendo el pasar
+por la tienda de comestibles. A bien que esto no les valía con _Tocino_
+y con otros que eran capataces al mismo tiempo que cantineros. Él les
+pagaba allí mismo su trabajo y allí mismo les descontaba lo que llevaban
+comido. Aun así había sus quiebras, pues los que sólo trabajaban una
+semana, desaparecían después de haber tomado al fiado más de lo que
+importaban sus jornales.
+
+Aresti escuchaba al capataz, y aprovechando sus pausas seguía
+recriminándolo.
+
+--_Tocino_, tú eres un ladrón que vendes á los obreros los artículos
+averiados que no quieren en Bilbao, y los haces pagar más caros que en
+la villa.
+
+--Esas son mentiras que sueltan los socialistas en sus metinges--gritó
+el capataz enrojeciendo de indignación con el recuerdo de lo que decían
+los obreros en sus reuniones.
+
+--_Tocino_, tú abusas de la miseria. Los pobres peones no tienen
+libertad para comprar el pan que comen. Al que no viene á tu tienda le
+quitas el trabajo en la cantera.
+
+--Los amigos son para ayudarse unos á otros. ¿Qué tiene de particular
+que yo sólo dé trabajo á los que se surten de mi establecimiento?
+
+--Tú robas al trabajador en lo que come y en lo que trabaja,
+descontándole siempre algo del jornal. Tu amo y protector te ayuda á
+mantener esta esclavitud, no pagando al obrero semanalmente, como se
+hace en todas partes, sino por meses, para que así tenga que vivir á
+crédito y se vea obligado á comer lo que queréis darle y al precio que
+mejor os parece.
+
+--Vaya; ahora me toca á mí--dijo riendo el _Milord_.--Pero este don Luis
+es peor que los predicadores de blusa que vienen á echar soflamas en el
+frontón de Gallarta. Suerte que no le da á usted por hablar en público.
+
+--_Milord_: á todos vosotros no os parece bastante el enriqueceros
+rápidamente con el hierro y aun arañáis algunos céntimos en el jornal y
+el estómago del bracero. Las cantinas obligatorias son vuestras y de los
+capataces. Vais á medias. De día explotáis los brazos y de noche los
+estómagos. Hacéis mal, muy mal. Hasta ahora os salva la gran masa de
+peones forasteros que vienen á rabiar y á ahorrar durante algunos meses,
+pasando por todo, pues su deseo es irse. Pero cada vez se quedan más en
+el país y ya veréis la que se arma cuando esta gente, viviendo siempre
+aquí, acabe por conoceros.
+
+El doctor cortó la conversación recordando su viaje á Bilbao, y salió de
+la cantina después de hacer varias recomendaciones para la curación de
+_Tocino_. La mujer y el hijo sonreían servilmente, pero con una
+expresión hostil en la mirada, gravemente ofendidos por la franqueza del
+doctor.
+
+El contratista siguió adelante, hacia su mina, y Aresti descendió á
+Labarga pensando en la miseria del rebaño humano esparcido por la
+montaña. Varias veces había intentado rebelarse, y los resultados de su
+protesta, de las huelgas ruidosas, terminadas, en más de una ocasión,
+con sangre, no le habían hecho mejorar gran cosa. Únicamente el respeto
+á la vida humana era mayor que en los primeros años de explotación.
+Aresti recordaba su llegada á las minas, cuando se vivía en ellas casi
+con las armas en la mano, como en Alaska ó en los primitivos _placeres_
+de California. Ya no quedaban forajidos en las canteras que, con el
+vergajo en la mano, apaleasen en nombre del amo á los trabajadores
+rebeldes; ya no existía la tarifa de la carne humana, cotizándose las
+desgracias «veinte duros por un brazo, cuarenta por las dos piernas». Se
+asociaban los trabajadores establecidos en el país, creaban núcleos de
+resistencia, inspiraban cierto temor á los explotadores, logrando con
+esto que sus penalidades fuesen menos duras: pero aún faltaba la
+cohesión entre ellos, á causa del vaivén de la población minera, de
+aquel oleaje de hombres que se presentaba engrosado al comenzar el
+invierno y el hambre en las míseras comarcas del interior y se retiraba
+al llegar el buen tiempo con sus cosechas. Los gallegos huían á su
+tierra así que se iniciaba una huelga y aparecía en las minas la guardia
+civil. Habían venido á ganar dinero y evitaban los conflictos pasando
+por toda clase de explotaciones y abusos. Los castellanos y leoneses
+miraban con los brazos cruzados los esfuerzos de los compañeros
+establecidos en el país, pensando con el duro egoísmo de la gente rural,
+que en nada les importaba cambiar la suerte del trabajador, ya que ellos
+al fin habían de volver á sus tierras. Los labriegos convertidos en
+mineros eran el contrapeso inerte, incapaz de voluntad, que
+imposibilitaba la ascensión de los que vivían en el país.
+
+La cantera era el peor enemigo del obrero rebelde. En las minas de
+galerías subterráneas, con sus peligros que exigen cierta maestría, el
+personal no era fácil de sustituir; necesitaba cierto aprendizaje. Pero
+en las pródigas Encartaciones el hierro forma montañas enteras: la
+explotación es á cielo abierto; sólo se necesita hacer saltar la piedra,
+recogerla y trasladarla, cavar, romper como en la tierra del campo, y el
+bracero, empujado por el hambre, llegaba continuamente en grandes bandas
+á sustituir sin esfuerzo alguno á todo el que abandonaba su puesto
+protestando contra el abuso. Mientras no cesase la inmigración,
+cortándose la corriente continua de hombres, mientras no se estancara la
+población obrera de las Encartaciones, era difícil que el trabajo
+conquistase todos sus derechos.
+
+Aresti, con el deseo de no sufrir nuevos retrasos, redobló el paso al
+entrar en Labarga, caminando con la cabeza baja para no oír los
+llamamientos de las mujeres. Un hombre se le puso delante.
+
+--Don Luis, un momento...
+
+Era el _Barbas_, que había abandonado su inmovilidad de fakir para
+detener al doctor.
+
+--¿Qué hay, compañero?
+
+--Usted, que es bueno, quiero que se entere, ya que sube por aquí, de lo
+que hacen esos ladrones.
+
+Y le mostraba con gesto trágico su casucha. Como Aresti no parecía
+comprenderse, el _Barbas_ le mostró la parte superior de su barraca
+falta de techumbre.
+
+--Me han quitado la planchas, don Luis. Quieren que me vaya. Los ricos
+de Gallarta, todas esas gentes que he conocido pobres como yo, me odian
+y me tienen miedo. El amo de la barraca no sabe cómo echarme. Hace una
+semana me han quitado la techumbre, la lluvia cae en mi casa como en la
+calle, pero el _Barbas_ firme en su puesto con la compañera. La pobre
+vieja llora y quiere irse, pero soy capaz de darla una paliza si se
+menea de ahí. Me han de tener á la vista siempre. Hay para rato si
+piensan librarse de mí... Ahora, don Luis, han discurrido algo mejor.
+Quieren quitarme el suelo así como me han robado el techo. Piensan
+excavar la roca hasta que la casa se quede en el aire, sobre sus
+estacas, para ver si así me voy... ¡Pues no me iré! El _Barbas_, en su
+sitio, para que todos le oigan, para echarles en cara sus robos. Ni
+trabajo, ni me voy... Espero, ¿sabe usted?, espero que llegue la gorda;
+espero el día en que toda la montaña baje al llano y yo pueda quitarles
+el techo y el piso á todos los _chalets_ que se han hecho esos
+pintureros, esos piojos resucitados que la echan de señores á costa de
+los pobres.
+
+Y el _Barbas_ acompañó un buen trecho al doctor, mugiendo sus
+maldiciones y amenazas contra los contratistas que eran sus enemigos más
+inmediatos y contra los ricos de Bilbao siempre invisibles, divinidades
+maléficas que hacían sentir la fuerza de su poder en la montaña, sin
+mostrarse más que por la mediación de administradores y capataces, si
+explotaban la mina directamente, ó de contratistas si creían más
+ventajoso para ellos ajustar el arranque del mineral.
+
+Cerca ya de Gallarta, al quedar solo el doctor, vió venir hacia él un
+hombre montado en una burra blanca, tan grande y tan fuerte que casi
+parecía una mulilla. Por la cabalgadura conoció Aresti desde muy lejos á
+don Facundo, el cura párroco de Gallarta. Hacía diez años que había sido
+trasladado al distrito minero desde un pueblecillo de Álava, y afirmaba
+que la mejor tierra del mundo era la de las Encartaciones. «Paz, mucha
+paz; para todos hay vida en el mundo.» Y en santa paz vivía, siendo gran
+amigo de Aresti, y tomando á broma las doctrinas revolucionarias que el
+doctor, por aburrimiento, exponía á los ricos de Gallarta después de sus
+famosas cenas. Cierta vez que el médico, cansado de la monotonía de su
+existencia, se divirtió en propagar el budhismo entre los rudos
+contratistas y hasta intentó algunas ceremonias del culto indostánico, á
+estilo de las que había presenciado en el museo Guimet de París, el cura
+no manifestó indignación, «Bah; cosas de don Luis; chifladuras de los
+sabios: ya se cansará.» Para él, la religión verdadera no decrecía ni
+experimentaba quebranto alguno mientras se celebrasen bautizos,
+casamientos, y, sobre todo, entierros, muchos entierros.
+
+A misa sólo iban algunas viejas del pueblo: la iglesia estaba siempre
+vacía, pero el país era muy religioso y la prueba estaba en que él no
+tenía libre un momento, y continuamente veían todos trotar su burra
+blanca por los caminos y atajos de la montaña. Aquel curato valía más
+que algunos obispados. La gente pobre que no se acordaba de la casa de
+Dios, encontraba en su miseria el dinero necesario para que el pariente
+marchase á la fosa escoltado por la burra de don Facundo y mecido en su
+ataúd por el vozarrón del cura. Había días en que acompañaba cinco
+entierros en los lugares más lejanos de la parroquia; asunto de leguas.
+Pero él no se asustaba de nada mientras contase con su cabalgadura
+infatigable, y montado en ella acudía á todas partes. Delante, marchaba
+el ataúd en hombros de los mineros, escoltado por mujeres que daban
+alaridos y se mesaban el pelo con desesperación de gitanas, y detrás don
+Facundo, montado en su burra, con sobrepelliz y bonete, seguido á pie
+por el sacristán, al que llamaba su «corneta de órdenes», siempre
+cantando, pues los parientes ponían reparos á la hora de pagar si
+cantaba poco, repitiendo automáticamente los versículos del oficio de
+difuntos, al mismo tiempo que se daba el compás esgrimiendo sobre su
+cabeza la vara de fresno con que arreaba á la cabalgadura.
+
+Un alto en la marcha era lo único que le hacía perder la calma.
+
+--Aprisa, hijos míos--decía á los conductores del cadáver--que hoy aún
+me quedan tres. Tengo trabajo en Galdames y en la Arboleda.
+
+Muchas veces llegaba la obscuridad antes de que terminase su tarea de
+acompañar muertos por veredas y desmontes. Aresti recordaba una noche de
+luna clarísima, al retirarse á casa después de una cena con los
+contratistas, en las afueras de Gallarta. Oyó un canto lúgubre que
+rasgaba como un lamento la calma de la noche, y vió pasar á un hombre,
+vacilante sobre sus piernas, que parecía ebrio, llevando á cuestas á
+otro, envuelto en una sábana, con un brazo colgante que le golpeaba á
+cada paso. Después, una especie de centauro agrandado por el misterio de
+la noche, que movía algo negro como una espada, sin cesar de mugir:
+
+ Qui dormiunt in terræ pulvere, evigilabunt...
+
+--Buenas noches, don Luis--dijo el cura al reconocer al doctor.--Con
+este van hoy ocho. Es un pobrecito que ha muerto de la viruela y lo he
+dejado para lo último... ¡Después dirá usted que la Iglesia no trabaja!
+
+Y en el silencio de la noche, volvió á reanudar su lúgubre cantinela, á
+la luz de la luna, camino del cementerio.
+
+Lo único que le indignaba era que le hablasen de la extensión de la
+parroquia y lo difícil de servirla un hombre solo. ¡No, carape!: él
+tenía fuerzas para servir á Dios hasta que reventase; sobre todo,
+tratándose de entierros. Cada vez que recelaba alguna modificación
+parroquial tomaba el camino de Vitoria para ver á los señores del
+obispado después de dar un tiento doloroso á los ahorros y cuando al fin
+habían acabado por colocar á sus órdenes á dos vicarios, dedicó á éstos
+á las _faenas menudas_ del templo, reservándose él los entierros.
+
+Las asombrosas fortunas creadas en las minas habían tentado su codicia.
+Él también tenía sus contratas; también pactaba arranque de mineral con
+los señores de Bilbao é iba sobre la burra de los entierros á echar un
+vistazo al trabajo de los peones. Pero á pesar de que sus negocios
+marchaban bien y á la hora del champagne, en las cenas de los
+contratistas, le hacía confesar el médico que llevaba reunidos más de
+cuarenta mil duros, recordaba los pasados tiempos, aquella primera época
+de las minas, cuando él y don Luis eran recién llegados y cada cual
+vivía á su gusto sin obispos ni autoridades de ninguna clase. Aborrecía
+los tranvías aéreos, los planos inclinados, todos los recientes medios
+de conducción. Los buenos tiempos eran cuando el mineral iba arrastrado
+por bueyes hasta la ría, y había guardas en los caminos para ordenar el
+paso de las carretas que alegraban la montaña con sus chirridos. Sólo en
+Gallarta existían más de mil. Se exportaba menos mineral, pero se pagaba
+más caro y el dinero se repartía entre más gente. Entonces fué cuando el
+cura inauguró su iglesia y al buscar un santo patrón eligió á San
+Antonio. Aún reía el doctor recordando la candidez con que explicaba el
+cura esta preferencia.
+
+--No puede ser otro. San Antonio es el patrón de las bestias y aquí en
+Gallarta hay tanto buey....
+
+Al reconocer don Facundo al médico, refrenó el paso de su cabalgadura.
+
+--A la mina, ¿eh?--preguntó Aresti.
+
+--Sí señor: acabo de largar mi misita y ahora un rato á ver lo que hacen
+aquellos, hasta la hora de comer. Hay que cuidarse de lo divino y lo
+humano. Hay que trabajar, don Luis.
+
+--¿Pero hoy no es día de fiesta?...
+
+--¡Ah, grandísimo zumbón! Ya adivino lo que quiere decirme con su
+sonrisa. Sí, día de fiesta es, según nuestra Madre la Iglesia, y deben
+guardarla los que son ricos. Pero mire usted, cómo los pobres trabajan
+en todas las canteras. Yo no voy á privar de un jornal á mis peones,
+después de tantos días de lluvia, en los que no han podido hacer nada.
+Además, tengo mis contratos con el dueño de la mina... Vaya, adiós: le
+dejo para que se burle de mí á sus anchas.
+
+Iba ya á arrear la burra, cuando se detuvo para hacer una pregunta.
+
+--¿Dicen que han matado al _Maestrico_?... Vaya un caso. Era un buen
+muchacho, serio y ahorrador. Este es el mundo... ¡A la tarde entierro!
+¡Arre burra!
+
+Y se alejó con alegre cantoneo, gozoso por la seguridad de que había
+caído trabajo.
+
+Cuando el doctor fué á entrar en su casa todavía se vió detenido por un
+hombre que le esperaba sentado junto á la puerta. La vieja Catalina le
+llamaba furiosa desde adentro.
+
+--¡Qué está frío el desayuno!... ¡Qué no cogerá usted el tren! Ya le he
+dicho á ese condenao que su primo le espera y no está usted para
+canciones...
+
+Pero Aresti no la hizo caso y se dejó abordar por aquel hombre,
+diciéndose mentalmente: «¡Qué magnífico animal!» Tembló por su mano,
+cuando se la agarró el gigantón con una de sus garras de dedos callosos
+y gruesos. Bajo la blusa se delataba á cada movimiento una musculatura
+de atleta desarrollada por el trabajo. Su cara abobada y enorme, hacía
+recordar á Aresti la de los gigantones de las fiestas de Bilbao, que
+había admirado en su niñez.
+
+--Vengo á lo del otro día--dijo con alguna torpeza, pero mirando al
+médico en los ojos como dispuesto á pelear, si era preciso defendiendo
+sus pretensiones.
+
+--¿A lo del otro día?... Pues hijo, no me acuerdo. ¡Me buscan tantos!...
+
+Pero de pronto, el doctor pareció recordar, y una sonrisa maliciosa
+animó su rostro.
+
+--¡Ah, sí! Ya me acuerdo: vienes á lo del practicante. Tú eres el marido
+de esa... Bien ¿y qué?
+
+--Quiero que usted arregle eso, don Luis--continuó el gigantón con
+energía;--ó lo arregla usted que es tan bueno ó doy el gran escándalo.
+Ya le dije cómo los pillé en mi casa el domingo pasado: tengo testigos.
+Los llevaré al juzgado, y si él no se pone en razón y hace lo que le
+corresponde, irá á un presidio y ella á la galera.
+
+--Sí, hombre, sí--dijo Aresti.--Recuerdo tu asunto. Me gusta verte más
+tranquilo que el otro día. ¿Pero qué voy a hacer yo?
+
+--Arreglarlo, señor dotor: que ese sinvergüenza sufra castigo. ¿Va á ser
+él de mejor pasta que otros? Al juzgado iré con él.
+
+--Pero pides demasiado, hijo mío. Ya recuerdo lo que exijes. Veinte
+duros: ¡pero si el pobre enfermero es un muchacho que apenas gana eso en
+el hospital!... ¡Si es más pobre que tú!...
+
+--Bueno--dijo el gigantón con aspecto indeciso, rascándose la cabeza por
+debajo de la boina.--Pus que sean quince... ó que sean doce, ya que
+usted se empeña. Pero de ahí no bajo nada. No me conformo con menos de
+doce ó daré el escándalo. En usted confío, dotor. Ya le quisiera yo ver
+con una perra como la mía: sabría lo que es bueno. ¿Qué he de hacer? ¿Ir
+á presidio y que se mueran de hambre mis pequeños? ¡Que paguen, que
+paguen, ya que quieren hacer el guapo!
+
+Y se alejó, después de recomendar varias veces al médico, con tono
+suplicante, que no olvidase su asunto.
+
+Aresti, mientras despachaba el desayuno y vestía sus ropas de fiesta,
+colocadas sobre la cama por Catalina, pensaba en la extraña psicología
+de una gran parte de las gentes de las minas.
+
+De jóvenes se mataban por la mujer soltera; bailaban con el cuchillo
+oculto en la faja, dispuestos á disputarse la hembra á puñaladas.
+Asesinaban al rival como al infeliz _Maestrico_; y después, de casados,
+satisfecho el primer ímpetu de su apetito exacerbado por la escasez de
+mujeres, se entregaban al trabajo que gastaba su voluntad y sus fuerzas;
+olvidaban el amor hasta despreciarlo, para no pensar más que en el
+dinero, como si los envenenase el viento de fortunas rápidas y
+milagrosos encumbramientos que parecía soplar sobre las minas. Se
+exterminaban por una cuestión de jornales ó de comestibles, y al
+encontrarse frente á frente con el adulterio, torcían el gesto como ante
+una contrariedad vulgar y hasta algunos procuraban extraer de su
+desgracia cierto provecho.
+
+
+
+
+II
+
+
+Más de seis meses iban transcurridos, sin que el doctor Aresti bajara á
+Bilbao. Por esto, al pasar del tren de Ortuella al de Portugalete, en la
+estación de El Desierto, experimentó ante el magnífico panorama de la
+ría la misma impresión de asombro de los aldeanos que sólo abandonaban
+sus caseríos ó la anteiglesia de su vecindad, cuando un asunto
+importante los llamaba á la villa.
+
+El tren dejó atrás los torreones gemelos de los altos hornos de
+fundición--«los castillos feudales de Sánchez Morueta» según decía el
+doctor, que pregonaban la gloria industrial de su poderoso primo,--y
+después de atravesar un túnel, avanzó por la ribera cruzando los
+descargaderos de mineral. Eran estos á modo de baluartes que, arrancando
+de la montaña, llegaban hasta la ría, elevados algunos metros sobre el
+nivel de los campos. Los de las compañías extranjeras eran verdes, con
+los taludes cubiertos de musgo como los glacis de los fuertes modernos,
+y las pequeñas locomotoras pasaban sobre ellos ligeras y brillantes como
+juguetes. Los de las explotaciones del país eran de un rojo antipático,
+de escombros de mineral, desmoronándose con las lluvias sus pendientes,
+revelando el espíritu de sus dueños, incapaces de realzar con el más
+leve adorno los instrumentos de explotación. En la ría, junto á las
+grúas que funcionaban incesantemente, dormían los vapores, con el casco
+invisible tras la riba, mostrando por encima de ella las chimeneas y los
+mástiles. Subían de sus entrañas los grandes tanques de hierro cargados
+de hulla inglesa y, deslizándose por los rails aéreos, iban á volcar el
+negro mineral en las enormes montañas de las fábricas. Corrían por las
+vías de los descargaderos las vagonetas repletas de hierro y al llegar
+al punto más avanzado inclinábanse como si quisieran arrojarse al agua,
+soltando en los vientres de los buques su rojo contenido. Las dos
+riberas de la ría estaban en continua función, vomitando y absorviendo;
+entregando el mineral de sus montañas y apoderándose del carbón
+extranjero. Banderas de todas las nacionalidades ondeaban en las popas
+de los buques; los nombres más exóticos é impronunciables lucían en sus
+costados, y entre las chimeneas apagadas y negruzcas, erguían los
+veleros las esbeltas cruces de sus arboladuras, en el espacio azul.
+
+Por un lado del tren, se abarcaba el vertiginoso movimiento de la ría
+con sus barcos y fábricas: por la ventanilla opuesta, admirábase la paz
+de los campos, el trabajo cachazudo y tranquilo de los aldeanos,
+removiendo la tierra arcillosa. Las mujeres, con la falda atrás y las
+piernas desnudas, sudaban dobladas sobre el surco. Las vacas movían el
+baboso hocico, sin ninguna inquietud, al ver el tren y volvían de nuevo
+á rumiar con la cabeza baja sobre el verde del prado. Grupos de mujeres
+lavaban sus guiñapos casi tendidas al borde de arroyos de líquido rojo,
+como si fuese sangre. Era el eterno color del agua en los alrededores de
+Bilbao: los lavados del mineral enrojecían hasta la corriente del
+Nervión. La industria, al enriquecer al país, corrompía las aguas puras
+y cristalinas de la época pastoril. El doctor recordaba la miseria de
+los peones de las minas, que les hacía huir de las fuentes de la
+montaña, porque sus aguas abren el apetito y facilitan la digestión.
+Preferían el líquido rojo é impuro de los lavaderos porque, ensuciando
+su estómago, hacía menos frecuente el hambre.
+
+Avanzaba él tren hacia Bilbao, deteniéndose en las estaciones de la
+orilla izquierda, Luchana, Zorroza y Olaveaga, pueblos que prolongaban
+su caserío hasta la ribera opuesta. Por el centro de la ría pasaban
+pequeños remolcadores tirando de un rosario de gabarras, balandros de
+cabotaje de las matrículas de la costa, navegando lentamente por miedo á
+las revueltas; vapores que rompían las aguas con imperceptible
+movimiento hasta pegarse al descargadero. Y flotando por encima del
+bosque de chimeneas de ladrillo y de hierro, el eterno dosel de la
+moderna Bilbao, los velos en que se envuelve como si quisiera ocultar
+púdicamente su grandeza, los humos multicolores de sus fábricas, negros,
+de espesos vellones, como rebaños de la noche; blancos, ligeramente
+dorados por la luz del sol; azules y tenues como la respiración de un
+hogar campesino; amarillos rabiosos con un chisporroteo de escorias
+minerales. La blanca vedija, signo de actividad, repetíase por todo el
+paisaje, como una nota característica del panorama bilbaíno, avanzando
+por las quebraduras de la montaña donde están las vías férreas del
+mineral, resbalando por las dos orillas de la ría tras las chimeneas de
+los trenes de Portugalete y Las Arenas, ondeando sobre el casco de los
+remolcadores y de las máquinas giratorias de sus grúas.
+
+Aresti admiraba toda esta actividad como si le sorprendiera por primera
+vez.
+
+--Bilbao es grande--se decía con cierto orgullo.--Hay que confesar que
+esta gente ha hecho mucho, ¡Lástima que valga tan poco cuando la sacan
+de sus negocios!...
+
+Pasaban ante el tren los diques, con sus grandes vapores en seco, al
+aire la roja panza, que una cuadrilla de obreros rascaba y pintaba de
+nuevo. Quedaba atrás, confundiéndose con otras montañas, el famoso pico
+de Banderas, con su castillete abandonado que recordaba la heroica Noche
+Buena de Espartero, el combate de Luchana, milagro de la leyenda dorada
+del liberalismo, que aún vivía en todas las memorias agrandado por las
+fantásticas proporciones que da la tradición. Después aparecía entre los
+montes de la ribera izquierda, con una insolencia monumental que
+irritaba al doctor, la Universidad de Deusto, la obra del jesuitismo,
+señor de la villa. Eran tres enormes cuerpos de edificio con frontones
+triangulares, y á sus espaldas un parque grandioso, extendiendo su
+arboleda montaña arriba, hasta la cumbre coronada por una granja
+vaquería. En mitad del parque, sobre una eminencia del terreno, habían
+levantado los jesuítas una imagen de San José, con un arco de focos
+eléctricos. Mientras dormían los buenos padres, el semicírculo luminoso
+recordaba á los pueblos de la ría y á la misma Bilbao que allí estaba la
+orden poderosa y dominadora, pronta siempre á ponerse de pie, no
+queriendo abdicar ni ocultarse ni aun en la obscuridad de la noche. El
+doctor hallaba natural que fuese San José el escogido para esta
+glorificación; el santo resignado y sin voluntad, con la pureza gris de
+la impotencia, hermoso molde escogido por aquellos educadores para
+formar la sociedad del porvenir.
+
+Adivinábase la proximidad de la villa. A un lado surgían entre los
+campos los altos edificios del ensanche, los grupos aislados de casas
+que eran como las avanzadas de una población desbordada y en continuo
+avance. Al otro se cubrían las orillas de la ría de almacenes, tinglados
+y grúas, elevándose el carbón en montañas, sin dejar un espacio de
+muelle libre. Las embarcaciones tocábanse unas á otras amarradas á las
+enormes anillas de los malecones, en cuyas piedras una faja húmeda y
+fangosa marcaba las subidas y descensos de las mareas. Veíase el
+incesante ir y venir de las _cargueras_, míseras mujeres de ropas sucias
+y cara negra, pasando y repasando como filas de hormigas por los
+tablones que servían de puente entre los buques y el muelle. Unas
+llevaban sobre la cabeza la cesta llena de carbón; otras descargaban los
+fardos del bacalao, apilando en gigantescas masas el alimento del pobre
+que había de ser consumido en el interior de la península.
+
+Detúvose el tren después de atravesar un túnel, y el doctor, subiendo
+una larga escalera, se vió en el sitio más céntrico de la villa, junto
+al puente del Arenal, donde parecía condensarse todo el movimiento de la
+población. En aquel pedazo de ribera, robando á las aguas parte de su
+curso y hasta aprovechándose del subsuelo, la iniciativa industrial
+había escalonado tres grandes estaciones de ferrocarril: la de
+Portugalete, la de Santander y la de Madrid. A un lado estaba la Bilbao
+nueva, el ensanche, el antiguo territorio de la República de Abando, con
+sus calles rectas, de gran anchura y joven arbolado, sus casas de siete
+pisos, y sus plazas de geométrica rigidez. Al otro lado del puente, la
+Bilbao tradicional; la Bilbao de los _chimbos_, de los hijos del país
+que habían conocido la llegada de gentes del interior, atraídas por la
+prosperidad de las minas, y que formaban ahora más de la mitad del
+vecindario. Allí estaban las famosas Siete Calles, núcleo de la antigua
+villa, las iglesias viejas, el comercio rancio y las fortunas modestas y
+morigeradas de los tiempos primitivos. En el ensanche, erguía sus torres
+de un gótico ridículo la iglesia de los jesuítas, con su residencia
+anexa; y en torno de ella se alineaban con rigidez geométrica, los
+hoteles y caserones de los nuevos capitalistas, enriquecidos
+fabulosamente por las minas de la noche á la mañana.
+
+Aresti pasó el puente, siempre tembloroso bajo el paso de los tranvías y
+las carretas, y entró en el Arenal. A un lado, el teatro Arriaga
+reflejaba en las aguas del Nervión su arquitectura pretenciosa cargada
+de cariátides y estatuas; al otro, extendía el paseo sus filas de
+plátanos, por entre cuyas copas asomaban los mástiles y chimeneas de los
+buques atracados á la orilla. Piaban los pájaros, saltando sobre la
+arena de las avenidas, pero sus gritos perdíanse entre el bramido de las
+locomotoras, el silbido de los tranvías y el mugido de algún vapor que
+entraba lentamente ría arriba.
+
+Aresti dió un vistazo á la acera llamada el _boulevard_, ocupada siempre
+por los curiosos estacionados ante los cafés. Frente al Suizo, se
+colocaban los bolsistas, accionando en grupos, lamentándose de la
+decadencia de los negocios. Los pilluelos pregonaban á gritos los
+diarios recién llegados de Madrid. Pasaban solas las mujeres por el
+centro del arroyo, el devocionario en la mano, la mantilla caída sobre
+los ojos y la falda agarrada y bien ceñida, de modo que al andar se
+marcasen los tesoros dorsales, su esbeltez maciza de hembras fuertes y,
+bien proporcionadas. Aresti fijábase en la separación del hombre y la
+mujer que se notaba en las calles. Bilbao no cambiaba: cada sexo por su
+sitio. El hombre á los negocios y la mujer sola á la iglesia ó á hacer
+visitas, como única diversión. Pasó una pareja cogida del brazo.
+
+--Serán forasteros--se dijo el doctor.--Tal vez algún empleado de los
+que envía el gobierno. _Maketos_, como dicen mis paisanos.
+
+Eran ya las once, y Aresti, pasando ante la iglesia de San Nicolás, fué
+en busca de su primo. El poderoso Sánchez Morueta vivía en su hotel de
+Las Arenas, evitándose así el molesto asedio que parásitos y protegidos
+le hacían sufrir en Bilbao. Además, habituado á las costumbres inglesas,
+gustaba de residir en el campo: pero las exigencias de sus múltiples
+negocios le hacían venir casi todos los días al escritorio que tenía en
+la villa, para firmar y dirigir. Llegaba por las mañanas, á todo correr
+de sus briosos caballos y se arrojaba del coche, metiéndose en el
+escritorio como si huyera. Aun así, tenía que separar muchas veces con
+sus fuertes puños á los que le esperaban en la puerta, para proponerle
+negocios disparatados ó pedirle dinero. Una vez en su despacho, era
+difícil abordarle al través de los escribientes y criados que guardaban
+la escalera. A la salida, Sánchez Morueta sólo osaba poner el pie en la
+calle cuando tenía su carruaje cerca y podía escapar, ante la mirada
+atónita de los solicitantes que esperaban horas y más horas. Los
+despechados, la turba pedigüeña que en vano le asediaba y bloqueaba,
+llamábanle «El solitario de Las Arenas», «El ogro de la Sendeja», que
+era donde tenía su escritorio, y hasta afirmaban, faltando á la verdad,
+que su carruaje sólo tenía un asiento, para evitarse de este modo toda
+compañía. Transcurrían meses enteros sin que penetrasen en su despacho
+otras personas que algún corredor de confianza ó los principales
+empleados del escritorio, que recibían sus órdenes. Con los otros
+capitalistas de la población--muchos de ellos compañeros de la juventud,
+que habían marchado juntos con él en la primera etapa por el camino de
+la fortuna--se comunicaba telefónicamente tuteándose, pero en estilo
+conciso y seco, como si la riqueza hubiese secado los antiguos afectos.
+
+Aresti siguió su marcha á lo largo del muelle, mirando los remolinos del
+agua enrojecida por los residuos de las minas. Se detuvo un momento para
+examinar dos barcos de cabotaje, dos _cachemerines_ de la costa, con los
+títulos en vascuence pintados en la popa, y la cubierta obstruida por
+extraños cargamentos, en los que se confundían los fardos de bacalao con
+mesas y sillerías embaladas. Ofrecían igual aspecto que los carromatos
+de los ordinarios de los pueblos, cargados de los más diversos objetos.
+En uno de los buques, la tripulación se agrupaba á proa en torno del
+hornillo donde hervía el caldero del rancho. Los barcos estaban tan
+hundidos á causa de la marea baja, que el doctor, desde la riba, veía el
+fondo de sus escotillas. Aquellos hombres, que pasaban por bajo de él,
+tostados, enjutos, habituados á la lucha mortal con el mar cántabro, le
+hacían recordar á su padre, entrevisto en los primeros años de su vida y
+del que apenas quedaba en su memoria una sombra vaga.
+
+El doctor, separándose del muelle, pasó á la acera de la Sendeja. El
+escritorio de su primo estaba en un caserón antiguo y señorial, todo de
+piedra obscura, con balcones de hierro retorcido y pomos dorados, y un
+gran escudo de armas que ocupaba gran parte de la pared entre el primero
+y segundo piso. Era propiedad de una vieja devota que, por legar toda su
+fortuna á la Iglesia, se negaba á vender el edificio á Sánchez Morueta,
+dándose la satisfacción de tener por inquilino á uno de los primeros
+ricos de Bilbao.
+
+Aresti no osó subir directamente al despacho de su primo, temiendo la
+resistencia de algún portero nuevo, y las idas y venidas y consultas de
+los empleados, antes de reconocerle y dejarle paso franco. Prefirió
+entrar en el entresuelo donde estaba el despacho de los buques de la
+casa, bajo la dirección de un antiguo amigo de la familia, el capitán
+Matías Iriondo. Aquella oficina era lo único accesible del edificio,
+donde se podía entrar á la buena de Dios, sin miedo á esperar ni á
+porteros inflexibles.
+
+--¿Está el _Capi_?...--preguntó Aresti á los escribientes que trabajaban
+tras un atajadizo de cristales.
+
+--¡Pasa, _Planeta_, pasa!--gritó alguien tras una puerta del fondo del
+corredor.
+
+Y Aresti entró, al mismo tiempo que el capitán, el _Capi_ como le
+llamaba Aresti, abandonaba su escritorio avanzando hacia él con los
+brazos abiertos.
+
+--Te he conocido con sólo oírte, Luisillo--dijo Iriondo con su voz
+bronca y discordante de hombre enronquecido por la continua humedad y
+obligado á hacerse oír entre los mugidos del viento y de las olas.--¡Ay,
+_Planeta_!... Te encuentro algo aviejado.
+
+Y había que oír la expresión cariñosa que daba el marino al mote de
+_Planeta_ aplicado al doctor. Para él, en su habla bilbaína, los hombres
+se dividían en tres clases. Los que trabajaban seriamente en cosas de
+utilidad y no tenían mote alguno. Los vagos y viciosos, que no sirven de
+nada, á los que llamaba _arlotes_. Y luego venían los _planetas_, gente
+simpática y buena, pero sin seriedad ni sentido práctico; los calaveras;
+los que tienen talento, pero maldito en lo que lo emplean; los artistas
+que hacen cosas muy bonitas que no sirven para nada; los que desprecian
+el dinero llegando á la vejez sin salir de pobres. ¿Y qué mayor
+_planeta_ que aquel médico que, pudiendo hacerse de oro en Bilbao,
+prefería vivir entre los brutos de las minas?
+
+--¡Ah, _Planeta_!--decía sin soltar á Luis de entre sus brazos.--Lo
+menos hace medio año que no te veo. Y siempre tan loco, ¿verdad? Siempre
+coleccionando libros y aprendiendo cosas sin sacar de ellas provecho.
+¡Apuesto cualquier cosa á que aún no has reunido mil duros!...
+
+Y reía, con lástima cariñosa, de su querido _Planeta_, al que
+consideraba en eterna infancia, como un niño revoltoso que había que
+dejar en libertad. Aresti le examinaba con no menos cariño.
+
+--_Capi_, pues tú tampoco estás muy joven que digamos. Te probaba más el
+mar.
+
+--Tienes razón--dijo Iriondo con melancolía.--¡Si al menos pudiese ir
+todos los días al monte con la escopeta, á cazar _chimbos_!... Pero hay
+que despachar cinco ó seis barcos por semana. Tu primo quiere tragarse
+el mundo y todos trabajamos como negros... Además, nos hacemos viejos,
+Luisillo. Tú olvidas que tengo la edad de Pepe, y que ya era yo piloto,
+cuando tú aún jugabas en Olaveaga en la huerta de tu tío.
+
+Aresti admiraba el vigor del capitán. Estaba en los cincuenta años. Era
+bajo de estatura, musculoso y fuerte, con cierta tendencia á
+ensancharse, como si fuera á cuadrársele el cuerpo. Su cara se había
+recocido, como él decía, en casi todos los puntos de la línea
+ecuatorial: estaba curtida, con un color bronceado, semejante al de su
+barba, en la que sólo apuntaban algunas canas. Tenía las córneas de los
+ojos con manchas de color de tabaco, y sus pupilas, que siempre miraban
+de frente, brillaban con una expresión de bondad. Conocía todas las
+picardías del mundo: había pasado en su juventud por todos los
+desórdenes de las gentes de mar, que después de meses enteros de
+aislamiento y privación sobre las olas, bajan á tierra como lobos. Había
+brindado con todas las bebidas del mundo, incluso con las fermentaciones
+diabólicas de los negros; se había rozado con hembras de todos los
+colores, pardas, bronceadas, verdes y rojas, y, sin embargo, después de
+una vida de aventuras, notábase en él la honrada simplicidad de esos
+marinos, ascetas de los horizontes inmensos que, al abordar los puertos
+cosmopolitas, sienten el contacto de todas las podredumbres, sin llegar
+á contaminarse con ellas, sacudiéndolas apenas vuelven al desierto del
+océano.
+
+El doctor recordaba los principales detalles de su vida, que muchas
+veces había contado el _Capi_ de sobremesa en casa de Sánchez Morueta,
+con su sencillez de hombre franco y comedido al mismo tiempo, sin parar
+atención en el entrecejo de la señora que temía á cada instante
+extralimitaciones en el relato. No había mar en el globo en el cual no
+hubiese navegado alguna vez, ni clase de buque que no conociera, desde
+el _cachemerin_ al trasatlántico. De joven había hecho el cabotaje entre
+el archipiélago de Luzón y las Molucas. El sultán de allá era gran
+amigote suyo, y le invitaba, como muestra de afecto, a que escogiese
+entre sus sesenta mujeres amarillas y hocicudas. ¿Para qué? Con un
+tabaco de Manila podía llevárselas él a todas sin permiso de sultanillo.
+Había trasladado cargamentos de chinos de Hong-Kong a San Francisco de
+California; montañas de trigo de Odessa a Barcelona; recordaba viajes a
+Australia, a la vela, por el cabo de Buena Esperanza; hacía memoria, con
+sonrisa pudorosa, de sus juergas de la Habana, en plena juventud, con
+ciertos marinos rumbosos como nababs y valientes y crueles lo mismo que
+los aventureros de otros siglos, los cuales, al bajar a tierra,
+gastaban en unas cuantas noches la ganancia de sus viajes desde las
+costas de África con la bodega abarrotada de negros. Al hablar, sentía
+la nostalgia del azul negruzco e intenso del Océano, del verde luminoso
+y diáfano del mar de las Antillas, de la larga ondulación del Pacífico y
+las aguas plomizas y brumosas de los mares del Norte. El Mediterráneo le
+inspiraba desprecio, con sus puertos como Alejandría y Nápoles,
+verdaderos pudrideros de todo el detritus de Europa. «Desde Gibraltar a
+Suez--decía--, ladrones a la derecha y a la izquierda. Antes robaban en
+el mar, y ahora esperan en los puertos.»
+
+Su amistad con Sánchez Morueta, que databa de la infancia, le había
+proporcionado un retiro en tierra. Era el inspector de los numerosos
+barcos de la casa; y además, no cargaba un buque extranjero minerales de
+su principal que no lo despachase él, acumulando así una pequeña
+fortuna que le envidiaban sus antiguos compañeros de navegación. Era
+bilbaíno á la antigua en todas sus aficiones. Su mayor placer era salir
+el domingo con la escopeta al hombro á cazar _chimbos_ en los montes,
+pajarillos de varias clases, que habían proporcionado un mote á los
+hijos de la villa. El mayor de los regalos era subirse, en las tardes
+que no tenía trabajo, á algún _chacolín_ del camino de Begoña á saborear
+el bacalao á la vizcaína, rociándolo con el vinillo agrio del país. Sus
+amigos _chacolineros_ pasaban por el despacho para noticiarle
+misteriosamente cuándo se abría pipa nueva.
+
+--Capitán, esta tarde, donde Echevarri, dan espiche á un _chacolín_ de
+dos años.
+
+Y el capitán abandonaba su despacho que, por lo desarreglado y pobre,
+parecía un cuarto de marinería, sin más adornos que una mesa vieja,
+algunas sillas, un botijo en un rincón y algunas fotografías de buques
+en las paredes. Parecía imposible que allí se hablase de negocios que
+importaban millones. Un barómetro enorme, dorado y con vistosos adornos,
+regalo de Sánchez Morueta, era el único objeto notable y el que más
+estimaba el capitán, pues, por sus hábitos de hombre de mar, siempre se
+estaba preocupando del tiempo.
+
+--Tenía muchas ganas de verte--dijo Iriondo, ocupando de nuevo su sitio
+ante la mesa.--¡Las veces que he pensado en ir á pasar un día en las
+minas! Allí hay caza ahora, ¿verdad? Sólo que la gente acomodada parece
+que no se dedica á otra cosa. ¡Ay, _Planeta_! Y cómo va á alegrarse Pepe
+cuando te vea. Yo hace cuatro días que no le he hablado. Ya sabes su
+genio: viene, se va, y, cuando quiere algo, me lo dice desde arriba por
+ese tubo que tienes al lado. Es muy bueno Pepe, pero con él, cuanto
+menos se habla, mejor. Su debilidad eres tú... tú y Fernandito, ese
+ingenierete tan simpático que tiene en los altos hornos. ¡Las veces que
+Pepe te recuerda! Un día, hablando de tí y de tus _planetadas_, le oí
+decir. «Ese chico, ese chico debía estar á mi lado».
+
+--Oye _Capi_; ¿y cómo anda mi prima, la santa doña Cristina? ¿ha metido
+ya alguna comunidad de frailes en el hotel de Las Arenas?
+
+El capitán cesó de sonreír y por sus ojos cándidos pasó una sombra de
+inquietud. No podía disimular su turbación.
+
+--No sé... la veo poco. Debe estar como siempre...
+
+Y añadió con repentina resolución:
+
+--Mira, Luisillo: cada uno que proceda como mejor le parezca. Yo á mis
+barcos, y fuera de ellos nada me importa.
+
+Tras esto, quedaron los dos en silencio, como si el recuerdo de la
+esposa de Sánchez Morueta hubiera hecho pasar entre ellos algo que
+helaba las palabras y cohibía el pensamiento. Aresti se levantó para
+subir al despacho de su primo.
+
+--Por la escalera no--dijo el capitán.--Sube por ahí: es la escalerilla
+interior y llegarás más pronto. Hasta luego: yo también soy de la
+cuchipanda. Me ha invitado Pepe y nos llevará en su carruaje.... Si
+estás falto de apetito, tienes tiempo para hacer coraje. Lo menos hasta
+las dos no comeremos.
+
+El doctor subió por una escalerilla de madera con cubierta de cristales,
+que á través de un patio interior ponía en comunicación el entresuelo
+con el despacho del jefe. Arriba, las oficinas estaban instaladas con
+mayor lujo: las paredes eran de un blanco charolado; brillaban las mesas
+y taquillas de madera rojiza, así como los lomos de cobre de los grandes
+libros de cuentas. Los verdes hilos de la luz y de los timbres corrían
+por las cornisas de una á otra pieza, y sobre las chimeneas funcionaban
+relojes eléctricos. Los planos de las minas, las vistas de las fábricas
+de la casa, adornaban las paredes.
+
+Aresti, después de una corta espera, fué introducido en aquel despacho,
+del que se hablaba en Bilbao como de un laboratorio misterioso, donde
+Sánchez Morueta fabricaba raudales de oro con sólo concentrar su
+pensamiento.
+
+--¿Cómo estás, Luis?...
+
+Lo primero que vió el doctor fué una mano tendida hacia él, una mano
+firme, velluda y, sin embargo, hermosa; una mano fuerte de héroe
+prehistórico, que hubiese parecido proporcionada perteneciendo á un
+cuerpo mucho mayor. Y eso que el primo de Aresti era tan alto, que casi
+le sobrepasaba toda la cabeza; una cabeza, que conocía la villa entera,
+virilmente rapada, de ancha frente, y ojos serenos que derramaban hacia
+abajo una luz fría. Una hermosa barba patriarcal que le tapaba las
+solapas del traje parecía suavizar los salientes enérgicos de los
+pómulos y las fuertes articulaciones de su mandíbula robusta y
+prominente como la de los animales de presa. Tenía cana la barba, gris
+el pelo y, sin embargo, parecía envolverle un nimbo de juventud, de
+fuerza serena, de energía reposada y tenaz, que se comunicaba á cuantos
+le rodeaban. Era hermoso como los hombres primitivos que luchaban con la
+naturaleza hostil, con las fieras, con los semejantes, sin más auxilio
+que las energías del músculo y del pensamiento, y acababan por
+posesionarse del mundo. Aresti, recordando los dos Alcides que con la
+porra en la mano, y al aire la soberbia musculatura dan guardia á los
+blasones de armas de la provincia, decía hablando de él: «Mi primo se ha
+escapado del escudo de Vizcaya».
+
+Era sobrio en palabras, como todos los hombres que tienen el pensamiento
+y la acción en continuo uso.
+
+Conservó un instante la mano del doctor perdida en la suya, estrujándola
+con sólo un ligero movimiento, y pasada esta efusión extraordinaria en
+él, volvióse hacia su secretario, que permanecía de pie junto á la mesa
+manejando papeles y hojas telegráficas.
+
+--Siéntate, Luis--dijo como si le diese una orden--acabo en seguida.
+
+Y le volvió la espalda, olvidándolo, mientras el secretario sonreía
+servilmente al primo de su principal y le saludaba con varias
+reverencias. Aresti conocía de muchos años á aquel hombrecillo que había
+comenzado de escribiente en la casa y era ahora el empleado de confianza
+de Sánchez Morueta. El capitán le llamaba «el perro de doña Cristina»
+por la protección que le dispensaba la señora y la adhesión absoluta con
+que él le correspondía. Aresti despreciábale por las sonrisas con que
+saludaba su parentesco con el amo.
+
+Mientras el millonario leía los papeles, cambiando de vez en cuando
+alguna palabra con su secretario, el médico, hundido en un sillón,
+dejaba vagar su mirada por el despacho. Sufrían una decepción al entrar
+allí, los que hablaban con asombro del retiro misterioso del omnipotente
+Sánchez Morueta. La habitación era sencilla: dos grandes balcones sobre
+la Sendeja, con obscuros cortinajes; las paredes cubiertas de un papel
+imitación de madera; una mullida alfombra y la gran mesa de escritorio
+con una docena de sillones de cuero, anchos y profundos como si en ellos
+se hubiera de dormir. En un rincón, una caja de hierro; en otro una
+antigua arca vascongada con primitivos arabescos de talla, recuerdo
+arqueológico del país, y en las paredes, modelos en relieve de los
+principales vapores de la casa y una enorme fotografía del «_Goizeko
+izarra_» (_Estrella de la mañana_), el yate de tres mástiles y doble
+chimenea, que permanecía amarrado todo el año en la bahía de Axpe, como
+si Sánchez Morueta hubiese perdido su afición á los viajes. Sobre la
+chimenea se alineaban en escala de tamaños, fragmentos pulidos de rieles
+y piezas de fundición, muestras flamantes del acero fabricado en los
+altos hornos de la casa. Un pequeño estante contenía libros ingleses,
+anuarios comerciales, catálogos de navegación, memorias sobre minería y
+metalurgia. El único libro que estaba entre los papeles de la mesa de
+trabajo, dorado y con broches, cual un devocionario elegante, era el
+_Yacht Register_ de más reciente publicación, como si el millonario
+encadenado por sus negocios, se consolase siguiendo con el pensamiento á
+los potentados de la tierra que más dichosos que él, podían vagar por
+los mares. El despacho tenía el mismo aspecto de sobriedad y robustez de
+su dueño. Todas las maderas eran de un rojo obscuro, con ese brillo
+sólido y discreto que sólo se encuentra en las cámaras de los grandes
+buques. Aresti resumía la impresión en pocas palabras; «Allí todo olía á
+inglés.... Hasta el traje del amo».
+
+Al concentrar la atención en su primo, volvía á admirar sus manos;
+aquellas manos únicas, que parecían dotadas de vida y pensamiento
+aparte; que iban instintivamente, entre el montón de papeles, en línea
+recta y sin vacilación hacia aquello que deseaba la voluntad. Eran como
+animales independientes puestos al servicio del cuerpo, pero con fuerza
+propia para vivir por sí solas. Aresti las admiraba con cierto respeto
+supersticioso. Donde ellas estuvieran, el dinero y el poder se
+entregarían vencidos, anonadados. Nada podía resistir á aquellas
+hermosas garras de bestia luchadora é inteligente. El movimiento de la
+sangre en sus venas de grueso relieve, parecía el latido de un
+pensamiento oculto.
+
+Las poderosas zarpas acabaron por amontonar con sólo un movimiento todos
+los papeles, dando la tarea por terminada, y los ojos grises del grande
+hombre indicaron al secretario con fría mirada que podía retirarse á la
+habitación inmediata donde tenía su despacho: una pieza con grandes
+estantes cargados de carpetas verdes y algunos ejemplares raros de
+mineral bajo campanas de vidrio.
+
+--Don José, un momento,--dijo el hombrecillo;--me permito recordar á
+usted el encargo de doña Cristina, ya que está aquí el señor doctor.
+
+Y como Sánchez Morueta pareciera no acordarse, el secretario se inclinó
+hacia él, murmurando algunas palabras.
+
+El millonario dudó algunos momentos mirando á su primo.
+
+--Es un favor que te pide Cristina--dijo con alguna vacilación.--Al
+saber que venías hoy, me encargó que subieses un momento á Begoña para
+ver á don Tomás, ese cura viejo que algunas veces nos visita.
+
+Y como creyese ver en la cara del doctor un gesto de disgusto, se
+apresuró á añadir.
+
+--Anda, Luis; hazme ese favor. Piensa que son mis días y que hay que
+tener contentas á las señoras. Mi mujer y mi hija se alegrarán mucho. Es
+una visita corta: el pobre, según parece, está desahuciado de todos.
+¿Qué te cuesta darlas gusto?...
+
+En su mirada y su acento había tal tono de súplica, que Aresti aceptó
+mudamente, adivinando que con ello aliviaba de un gran peso á su
+poderoso primo. Aquel hombre envidiado por todos, el «hijo favorito de
+la fortuna», como él lo llamaba, tenía sus disgustos dentro del hogar.
+
+--Goicochea te acompañará--dijo señalando á su secretario.--Toma abajo
+mi carruaje, y, mientras vuelves, terminaré mi tarea. Hasta luego, Luis.
+
+Y cogiendo una pluma, comenzó á escribir, como si una repentina
+preocupación le hiciese olvidar por completo á su pariente.
+
+Aresti, llevando al lado á Goicochea en el mullido carruaje del
+millonario, pasó por varias calles de la Bilbao tradicional, admirando
+sus tiendas antiguas, adornadas lo mismo que en los tiempos de su niñez.
+Era igual el olor de zapatos nuevos y telas multicolores fuertemente
+teñidas. El carruaje comenzó á ascender penosamente por la áspera cuesta
+de Begoña. Terminaba el desfile de casas. Ensanchábase el horizonte,
+extendiéndose entre las montañas los campos verdes, y los robledales de
+tono bronceado, interrumpidos á trechos por las blancas manchas de las
+caserías. El sol asomaba por primera vez en la mañana al través de un
+desgarrón de las nubes, y el humo que se extendía sobre la villa tomaba
+una transparencia luminosa, como si fuese oro gaseoso. Al borde del
+camino levantábanse casas aisladas, ostentando en su puerta el
+tradicional _branque_, el ramo verde que indica la buena bebida del
+país. Eran los famosos _chacolines_ con sus rótulos: «Se venden
+voladores», para que el estruendo fuese completo en días de romería.
+
+Goicochea, que no era hombre silencioso y creía faltar al respeto al
+primo de su principal permaneciendo callado, hablaba de aquellos lugares
+con cierto entusiasmo.
+
+--Me gusta pasar por aquí, señor doctor, porque recuerdo mi juventud...
+los famosos días del sitio. Usted sería muy niño entonces, y ya no se
+acordará.
+
+Animado por la mirada interrogante del doctor, siguió hablando:
+
+--¿Ve usted dónde hemos dejado la cárcel? Pues poco más ó menos ahí
+estaba la línea entre sitiados y sitiadores. Nos fusilábamos de cerca,
+viéndonos las caras, y por las noches charlaban amigablemente los
+centinelas de una y otra parte: cambiaban cigarros y se ofrecían
+lumbre... para matarse si era preciso al amanecer.
+
+--Usted sería de _los auxiliares_, como mi primo Pepe,--dijo Aresti;--de
+los que defendían la villa.
+
+Goicochea dió un respingo en su asiento, pero en seguida recobró su
+aspecto plácido y contestó con humilde sonrisa:
+
+--¡Quia, no señor! Yo estaba con los otros: era sargento en un tercio
+vizcaíno y llevaba la contabilidad... Cosas de muchachos, don Luis:
+calaveradas. Entonces tenía uno la cabeza ligera y aún no habían llegado
+los ocho hijos que ahora me devoran.
+
+Y como si tuviera interés en que el doctor conociese exactamente sus
+creencias, siguió hablando:
+
+--Por supuesto, que ahora me río de aquellas locuras. ¡Y pensar que en
+Somorrostro casi me entierran por culpa de una bala perdida!... Ahora ya
+no soy carlista, y como yo, la mayoría de los que entonces expusimos la
+pelleja.
+
+--¿Pues qué son ustedes?...
+
+--¿Qué hemos de ser, don Luis? ¿No lo sabe usted?... Nacionalistas;
+bizkaitarras; partidarios de que el Señorío de Vizcaya vuelva á ser lo
+que fué, con sus fueros benditos y mucha religión, pero mucha. ¿Quiénes
+han traído á este país la mala peste de la libertad y todas sus
+impiedades? La gente del otro lado del Ebro, los _maketos_: y don Carlos
+no es más que un _maketo_, tan liberal como los que hoy reinan, y además
+tiene los escándalos de su vida impropia de un católico.... Lo que yo
+digo, don Luis. Quédese la Maketania con su gente sin religión y sin
+virtud y deje libre á la honrada y noble Bizkaya.... con B alta ¿eh? con
+B alta, y con K, pues la gente de España para robarnos en todo, hasta
+mete mano en nuestro nombre escribiéndolo de distinta manera.
+
+Y con el índice trazaba en el espacio grandes _bes_ para que constase
+una vez más su protesta ortográfica.
+
+El carruaje rodaba por los altos de Begoña. Dormía el camino en medio de
+una paz monacal. A un lado y á otro alzábanse grandes edificios de
+reciente construcción. Eran conventos ocupados por frailes de órdenes
+antiguas y religiosas de modernas fundaciones. La piedad de las señoras
+ricas de la villa había levantado aquellos palacios. Allí iba á parar
+una parte no pequeña de las ganancias de las minas. La limosna
+cuantiosa, y los legados testamentarios cubrían de conventos ó iglesias
+aquella parte del monte Artagán. El silencio monacal, que parecía
+extenderse por el paisaje, contrastaba con el zumbido de vida que
+exhalaba abajo la población, dominada á aquella hora por la fiebre de
+los negocios. De vez en cuando sonaba perezosamente una campana en las
+torrecillas de ladrillo rojo, llamando á gentes invisibles: se
+entreabría un portón con agudo chirrido, dejando ver una cofia monjil,
+blanca y almidonada y un rincón de huerto frondoso. Aresti, influenciado
+por este ambiente, pensaba en los místicos retiros de la Flandes
+católica, en sus conventos modernos de escrupulosa limpieza y sus
+beguinas cubiertas por tocas nítidas, de movibles alas, como mariposas
+de nieve.
+
+Goicochea seguía hablando. Ahora relataba al doctor la enfermedad de don
+Tomás, el cura que iban á visitar; «un santo varón» que en otros tiempos
+confesaba á la de Sánchez Morueta y que pronto moriría como un justo si
+la Virgen no le salvaba con un milagro. El carruaje paró ante la iglesia
+de la imagen famosa, atravesando la Plaza de la República; la República
+de Begoña, que aún conservaba esta denominación de los tiempos forales.
+
+Aresti, guiado por su acompañante, entró en la casa del cura para ver á
+éste, inmóvil en un sillón, desalentado y tembloroso ante la proximidad
+de la muerte. Al reconocer al doctor, con el que había disputado más de
+una vez en casa de Sánchez Morueta, el viejo mostró en sus gestos cierta
+esperanza. ¡A ver si podía salvarlo con aquella ciencia que había
+ensalzado tantas veces al discutir con él! No podía dormir, no podía
+acostarse; se ahogaba. Aresti conoció á primera vista la gravedad de su
+dolencia. Tenía enfermo el corazón, el órgano rebelde á todo reparo. Por
+más que intentó animar al enfermo con palabras alegres, el viejo, con su
+astucia aguzada por el miedo, adivinó la ineficacia del remedio, entre
+aquellos planes de curación que Aresti le proponía por decir algo.
+
+--¡Lo mismo que los otros!--gimió.--¡Ay Virgen de Begoña!... ¡Virgen de
+Begoñaaa!
+
+El acento desesperado con que llamaba á la Virgen, revelaba el egoísmo
+de la vida, agarrándose á la última esperanza, implorando un milagro,
+con la ilusión de que, en favor suyo, se rompiesen y transtornasen todas
+las leyes de la existencia.
+
+Al verse de nuevo en la plaza, Goicochea miró al templo y se descubrió
+como si le pesara volver á la villa sin saludar á la imagen.
+
+--Podíamos entrar un momento, ¿no le parece, don Luis? Nos queda tiempo
+de sobra. ¿Usted, indudablemente, no habrá visto á la Virgen desde que
+le coronaron como Señora de Vizcaya? Pues está muy bonita. Entremos y yo
+pediré un poco por el desgraciado don Tomás.
+
+Aresti se dejó conducir. No había estado allí desde que era niño, y le
+interesaba ver las grandes reformas que la devoción de los ricos de
+abajo había realizado en aquel edificio, convertido en fortaleza durante
+las guerras y al que afluían ahora todos los sentimientos del país
+hostiles á la nacionalidad española y á sus progresos.
+
+Pasaron bajo unas arcadas adosadas al templo; el paseo cubierto de todas
+las iglesias vascas, donde en otros tiempos se reunía el vecindario,
+amparado de la lluvia, para tratar los asuntos públicos después de la
+misa. Por algo, la mayoría de los pueblos vizcaínos tomaron el título de
+anteiglesias, en época de fueros.
+
+Entraron por una puerta lateral, y mientras Goicochea marchaba hacia el
+altar mayor, dejándose caer de rodillas ante la Virgen con devoción
+compungida, Aresti paseó por el templo, examinándolo. Los
+reclinatorios, los bancos y los altares, llamaron inmediatamente su
+atención. Eran piezas de esa ebanistería parisién del barrio de San
+Sulpicio, puesta al servicio de los fieles, que arregla oratorios para
+las señoras elegantes con el mismo refinamiento con que sus compañeros
+de oficio adornan un dormitorio ó un _budoir_. El gusto artístico del
+jesuitismo contrastaba con la arquitectura del templo, de un gótico
+sobrio, con grandes sillares sin adorno alguno. De las pilastras
+pendían, como banderas de victoria, los estandartes de las diversas
+peregrinaciones, y cubrían las paredes lápidas conmemorativas en
+vascuence y algunos cuadros horribles, inmortalizando la coronación de
+la Virgen.
+
+Al médico le interesaban más los votos que se extendían por la pared, á
+la altura de sus ojos, cuadritos de una pintura cándida y grosera,
+representando olas alborotadas, barcos próximos á zozobrar con los palos
+rotos, y descendiendo de entre los nubarrones sobre el casco
+desmantelado, un rayo semejante á una lombriz roja. Provocaban la risa
+como obras de arte, pero Aresti los miraba con respeto, viendo en ellos
+el recuerdo de un drama vivido por muchos centenares de hombres. Eran
+votos de la gente de mar, muestras de agradecimiento de tripulaciones
+vizcaínas, por haberlas salvado la imagen de Begoña de espantosas
+tempestades. Los cuadros más antiguos y borrosos representaban
+bergantines y fragatas con las velas rotas, encabritándose sobre las
+olas, flotando entre estas algún mástil roto: los más modernos eran
+vapores espantosamente ladeados por el empuje del mar, con la cubierta
+barrida por el agua. Y Aresti pensaba en la pobreza humana que resurge
+siempre ante las catástrofes ciegas de la naturaleza; en la fe que
+siente el hombre por lo maravilloso apenas ve en peligro su existencia.
+
+Goicochea había cesado de rezar y, acercándose al doctor, hablábale al
+oído con la satisfacción del que muestra las bellezas de su propia casa.
+
+--Mírela usted--decía señalando á la imagen.--¡Qué hermosa es! ¡Y qué
+bien le sienta la corona!...
+
+Aresti miraba la imagen, el «fetiche bizkaitarra», como decía él en sus
+cenas con los amigos de Gallarta, y la encontraba grotescamente fea,
+como todas las imágenes españolas que son famosas y hacen milagros. La
+cabecita de bebé parecía abrumada por una alta corona, inflada como un
+globo; hasta sus pies descendía, como un miriñaque, el manto cubierto de
+toda clase de piedras preciosas. Los diamantes, perlas y esmeraldas
+arrojadas á manos llenas por la devoción, como si el brillo pudiese
+aumentar la hermosura de la imagen, esparcíanse también sobre el
+pequeñuelo que la Virgen mostraba entre sus manos.
+
+--Cuántas joyas ¿eh?--murmuraba con entusiasmo Goicochea.--Esto sólo se
+ve en este país. Aquí hay religión y riqueza.
+
+El doctor pensaba involuntariamente en el sucio y doliente rebaño de las
+minas, calculando en cuánto habría contribuido su miseria á aquellos
+regalos inútiles, colocados por la fe y la ostentación de unos pocos,
+sobre un madero tallado.
+
+--¡Si usted hubiese visto el acto de la coronación!--continuó la voz de
+Goicochea con sordina.--Aún me estremezco de entusiasmo recordándolo.
+Fué cosa de llorar. Catorce obispos asistieron y hubo quince días de
+peregrinación de Bilbao y los pueblos. Vizcaya entera pasó por aquí:
+peregrinación de señoras, peregrinación de criadas de servir,
+peregrinación de obreros; las anteiglesias en masa con sus párrocos al
+frente, y sermones al aire libre de religiosos de todas las órdenes, y
+de padres jesuítas: pero sermones buenos de veras, en vascuence:
+diciendo lo que significaba la coronación de la Virgen como Señora de
+Vizcaya. Fíjese usted bien.... _¡Señora!_ Vizcaya sólo ha tenido
+Señores. Hasta Dios es para nosotros _Jaungoicoa_ ó sea «Señor de
+arriba.» Eso de reyes y reinas es cosa de los _maketos_. Desde el día de
+la coronación de la Señora, que moralmente hemos arreglado nuestras
+cuentas con los que viven del Ebro para allá, separándonos para siempre.
+La cosa fué conmovedora: como organizada por los principales del
+partido.... Pero vámonos, que aquí molestamos hablando.
+
+Goicochea salió del templo huyendo de las miradas que le lanzaban dos
+aldeanas viejas arrodilladas ante la Virgen.
+
+En el porche de la iglesia continuó dando expansión á su entusiasmo.
+
+--¿Y ha visto usted cuántos milagros? ¿No le enternece eso?...
+
+--Sí--dijo Aresti con gravedad.--A mí me conmueve la piedad de los
+hombres de mar que vienen aquí descalzos, trayendo su recuerdo á la
+Virgen, por haber estado próximos á naufragar y no haber naufragado.
+Gran cosa es la fe. Lo mismo que á ellos, les ocurre casi todos los días
+á marineros ingleses, suecos ó americanos que son protestantes ó no son
+nada, y se salvan á pesar de no tener una Virgen de Begoña á quien
+recomendarse. Además, vaya usted á saber los vizcaínos que se habrán
+ahogado después de implorar á la Virgen. Esos no han podido venir aquí á
+contarlo.
+
+El secretario hizo un movimiento de extrañeza, mirando escandalizado al
+médico.
+
+--Don Luis--dijo con acento dulzón.--No empiece usted á soltar de las
+suyas. Mire que no estamos en las minas, sino en la puerta de la casa de
+la Virgen, y que ésta le castigará.
+
+--No; yo no me burlo de la fe--dijo Aresti.--El hombre es naturalmente
+cobarde ante el dolor, ante un peligro que supera á sus fuerzas; basta
+que se considere perdido para creer y esperar en lo maravilloso. Me
+acuerdo de mister Peterson, un ingeniero inglés empleado en las minas,
+un protestante muy ilustrado y fervoroso que no perdía ocasión de
+burlarse de la idolatría de los católicos y de su culto á las imágenes.
+Un día, un peón despedido por él del trabajo, le dió una puñalada de
+muerte. Cuando se convenció de que no podíamos salvarle, rompió en
+lloros y aclamaciones á la Virgen, lo mismo que don Tomás. Se agarró á
+la misma fe de las mujeres más ignorantes del pueblo. Llamaba á la
+Virgen de Begoña con un vozarrón que se oía desde la calle.
+
+--¿Y llegó á salvarse?--dijo Goicochea anhelante, con la esperanza de un
+milagro.
+
+--No; murió á las pocas horas lo mismo que si no hubiera llamado á
+nadie.
+
+Goicochea, temiendo nuevas impiedades del doctor, desvió el curso de la
+conversación.
+
+--¡Qué hermosa vista!--dijo señalando la parte de la villa que se
+alcanzaba desde el porche, junta con un trozo de la ría y las montañas
+de las Encartaciones con sus cumbres rojas, de tierra removida.--Esto es
+el más hermoso balcón de Vizcaya. ¡Cuánto trabajo se abarca desde aquí!
+¡Cuánta riqueza!...
+
+Luego, añadió en tono confidencial.
+
+--Cuando veo lo mucho que ha prosperado nuestra tierra, comprendo que es
+imposible volver á nuevas aventuras. Hoy, una tercera guerra civil, otro
+sitio como el último, mataría á Vizcaya. ¿Qué sería de los altos hornos,
+de tanta fábrica y tanta vía férrea?... Por esto hemos abandonado, quien
+más quien menos, nuestra antigua bandera. Para servir á Dios no se
+necesita de política. Nosotros somos cada vez más intransigentes en lo
+tocante á la sacrosanta religión; ¿pero pelearse por reyes? Aquí no hay
+más que Vizcaya y su _Señora_ santísima. Pregunte usted si quieren
+volver á las andadas, á muchos de los contratistas de Gallarta. Yo los
+he conocido de aduaneros carlistas, descalzos y muertos de hambre, y
+ahora van camino de millonarios. Vea usted á muchos dueños de las minas
+que en su juventud cogieron el fusil. _Necuacuam_, ninguno sueña
+remotamente con una nueva guerra. Si en tiempos del sitio hubiera
+existido tanto negocio como hoy, y tanta riqueza, no habrían llegado las
+cosas á mayores. Los que comulgamos en los sanos principios, ya sabemos
+el buen camino. Lo mismo nos da que reine Juan que Pedro: lo que nos
+importa es Vizcaya y Dios... Y Dios, ya sabe usted, que está por encima
+de la Patria y del Rey.
+
+Como Aresti sonreía socarronamente, el hombrecillo pareció intimidarse
+ante su gesto.
+
+--A ver: siga usted, señor Goicochea,--dijo el doctor.--Me interesa eso,
+pues, al fin, vizcaíno soy, aunque no tenga el honor de ser
+nacionalista. ¿Y cómo vamos á conseguir que Bizkaya (con B alta) se
+emancipe de la odiosa Maketania? Piense usted que ella tiene sus
+_guiris_, sus _ches_ de pantalones rojos, prontos á disparar el fusil
+como en otros tiempos.
+
+Y Aresti, al decir estos motes, remedaba el tono de desprecio con que
+había oído á algunos como Goicochea, designar á los soldados españoles,
+llamados _ches_ en Bilbao, por ser valencianos muchos de los que
+componían la guarnición durante el sitio.
+
+--Se hará sin guerra. Es asunto de tiempo don Luis: de tiempo y de buena
+dirección. Poco á poco se hace camino. O nosotros impondremos á España
+las sanas costumbres y creencias de los antepasados, ó nos aislaremos
+como ciertos pueblos de América, que viven felices, gobernados por el
+Sagrado Corazón de Jesús. Allí están los que dirigen y son gente que lo
+entiende: allí se prepara el porvenir.
+
+Y señalaba en dirección á la ría, como si al través de las inmediatas
+alturas viese con la imaginación la Universidad de Deusto, santuario,
+para él, de la sabiduría humana.
+
+--Pues hay para rato, señor Goicochea--dijo el médico saliendo del
+porche en busca del carruaje.
+
+--No diré que no, don Luis. Nuestra redención es algo difícil por la
+continua inmigración de gentes que traen con ellas las malas costumbres
+de España. Lo peorcito de cada casa, que viene aquí á trabajar y á hacer
+fortuna. Son intrusos que toman por asalto el noble solar de Vizcaya.
+Cada vez son más: en Bilbao, hay que buscar casi con candil los
+apellidos vascongados. Todos son Martínez ó García, y se habla menos el
+vascuence que en Madrid. Esto es uno de los grandes males que nos ha
+traído la prosperidad. Pero todo se andará. Yo pienso lo que García
+Moreno, aquel gobernante del Ecuador, que, según cuentan los padres de
+Deusto, fué el estadista más grande del siglo. ¿Sabe usted lo que dijo
+al recibir la puñalada que lo mató? «Dios no muere nunca».... Pues eso
+digo yo. Dios no muere y no morirá Vizcaya que, por el amor que siente
+hacia su santísima madre, es su hija predilecta.
+
+Ya no dijo más en todo el camino. Al fin, pareció amoscarse por la
+mirada irónica del doctor y los socarrones movimientos de cabeza con que
+acogía sus palabras. Reconocía en él un digno primo de Sánchez Morueta;
+pues el secretario, á pesar de su servilismo exterior, sentía cierta
+repugnancia por su principal, un hombre silencioso que, sin alardes de
+impiedad, vivía separado de la religión, pasando meses enteros sin oír
+una misa. Él conocía los hondos disgustos que esta conducta
+proporcionaba á la buena doña Cristina, la cual, sólo valiéndose de la
+influencia que ejercía su hija sobre el padre, podía conseguir que éste
+las acompañase alguna vez á la iglesia. ¡Que hombres los dos! ¡Imposible
+parecía que fuesen de la tierra vasca, patria de tantos santos!...
+
+A las dos de la tarde se vió Aresti de nuevo en el coche, camino de Las
+Arenas con su primo y el capitán Iriondo. Goicochea, invitado también á
+la comida de familia, había salido antes en el tranvía.
+
+--Tú no descansas--decía el médico á su primo,--¡todos los días Las
+Arenas á Bilbao!
+
+--Todos los días. Cuando edifiqué el hotel, creí que me quedaría meses
+enteros mirando el mar sin ocuparme de los negocios. Pero por las
+mañanas voy de un lado á otro, sin saber qué hacer y acabo por mandar
+que enganchen. Por las tardes es diferente. Paso tranquilo las horas en
+el jardín, oyendo á Pepita que toca el piano.
+
+--¡La vida de familia!... ¡Tú eres feliz--exclamó el médico.
+
+Su primo le miró con ojos interrogantes, como si encontrase en sus
+palabras cierta ironía.
+
+--Sí: la vida de familia--dijo.--Es la que más me gusta. Lástima que en
+este Bilbao no pueda uno gozarla á sus anchas, libre de influencias
+extrañas. Tú bien lo sabes, Luis.
+
+Y calló, mientras el médico quedaba también silencioso y cabizbajo, como
+sumido en penosas reflexiones. Pasaban ante la ventanilla del carruaje
+los hoteles vistosos del Campo del Volantín, donde se albergaba la
+aristocracia de la villa; después las verjas y escalinatas de la
+Universidad de Deusto; mientras por el lado opuesto desarrollaba la ría
+sus revueltas entre los descargaderos y los barcos anclados. Aresti veía
+ahora en sentido inverso y desde la orilla opuesta el paisaje que había
+admirado por la mañana en el tren.
+
+Al pasar el carruaje por Olaveaga, los tres hombres rompieron su
+mutismo, animándose con repentina alegría. Aquella era su patria: allí
+habían nacido los tres.
+
+Y Aresti, evocando de un golpe todo el pasado, hacía preguntas á sus
+compañeros, recordándoles los incidentes de la juventud.
+
+Aún veía, como si lo tuviera ante sus ojos, al señor Juan Sánchez, el
+padre de Sánchez Morueta, el patriarca de la familia, el iniciador
+obscuro de la presente prosperidad, el que de un tirón los despegó á
+todos del bajo fondo social en que habían nacido. No era del país: había
+llegado de un pueblecillo de la costa de Santander, estableciéndose en
+Olaveaga como gabarrero, y casándose con una joven del pueblo, que tenía
+varios campos en aquella vega de Deusto, que surte de hortalizas y
+flores á Bilbao. Fué una vida de trabajo: la mujer á la huerta y él á la
+ría, que era entonces tan peligrosa como el mar, con sus _aguaduchos_ ó
+avenidas que la convertían en torrente y sus revueltas y bajos que
+hacían zozobrar las embarcaciones. Los buques se quedaban en el abra y
+las gabarras subían hasta la villa los cargamentos de bacalao y de
+maderas, necesitando, para esta conducción, de hombres expertos. Ir de
+Bilbao á Portugalete era entonces un viaje que sólo osaban emprender los
+atrevidos, tomando pasaje en las barcas que se llamaban _carrozas_. La
+góndola del Consulado, del famoso tribunal de comercio, era la única
+embarcación que surcaba la ría con frecuencia. Los gabarreros,
+intermediarios obligados de todo comercio, prosperaban rápidamente, y
+Olaveaga era el pueblo más rico del Nervión. El señor Juan servía á las
+casas más importantes, por la confianza que inspiraba su pericia. Jamás
+había averiado los géneros con un mal tropiezo en los innumerables bajos
+de la ría ó en la vuelta de la Salve; conocía las aguas palmo á palmo, y
+siempre que había que hacer el salvamento de alguna gabarra perdida, le
+llamaban á él. Así fué reuniendo una fortuna para su hijo único, que
+andando el tiempo había de ser el famoso Sánchez Morueta. En aquella
+época, el futuro millonario iba todas las mañanas al instituto de
+Bilbao, á estudiar Náutica, pues su padre le quería marino, pero de los
+de altura, para navegar y comerciar en grande, á través de todos los
+mares, como él lo hacía en la ría. El honrado gabarrero, satisfecho de
+su suerte, dueño de muchos de los lanchones que surcaban el Nervión,
+seguro ya del porvenir con lo que llevaba ahorrado, compartía su cariño
+entre su hijo Pepe y un sobrino mucho menor, que no era otro que Aresti,
+hijo de una hermana de su mujer. Las dos hembras de aquella familia de
+hortelanos, se habían unido con hombres de mar; pero la casada con el
+gabarrero, tuvo más suerte que su hermana menor, que se enamoró de
+Chomín Aresti, un mocetón de la matrícula de Bermeo, que navegaba por el
+Cantábrico como patrón de balandros de cabotaje, siempre expuesto á
+perecer en un día de galerna. A los ocho años de casados, ocurrió la
+catástrofe. Chomín se ahogó en un naufragio, y la viuda, llevando en
+brazos al futuro doctor Aresti, que entonces tenía seis años y se miraba
+con asombro el negro trajecito, lloró desesperadamente por todos los
+rincones de la casa de su hermana.
+
+--No te apures, mujer--decía el señor Juan.--Otras están peor que tú,
+que tienes á tu hermana y me tienes á mí. No morirás de hambre, ya que
+según parece, voy para rico. Si el rapaz no tiene padre, aquí estoy yo,
+que rabio, porque la mía sólo me ha dado un chico.
+
+Y así era. El gabarrero hubiera deseado que su mujer fuese dándole
+hijos, conforme prosperaba la casa. Sentíase cohibido al no poder llevar
+en sus brazos á aquel mocetón que estudiaba en Bilbao y era tan alto
+como él y mucho más serio. Por esto agarró con un entusiasmo paternal á
+su sobrino Luis, y los vecinos de Olaveaga le vieron á todas horas en la
+gabarra ó por las orillas de la ría, con el pequeño cogido de la mano,
+acariciándolo como si fuese un nuevo hijo.
+
+Aresti no conoció otro padre que el señor Juan, y Sánchez Morueta fué
+para él un hermano. El mocetón grave, de carácter áspero, tuvo para el
+pequeño dulzuras y atenciones que sorprendían á la familia.
+
+Cuando el gabarrero iba á Bilbao, llevábase á Luis, dejándolo en las
+banquetas de los escritorios mientras ajustaba con los señores la cuenta
+de sus viajes. Por las noches lo dormía sobre sus rodillas, cantándole
+los viejos zortzicos de los barqueros del Nervión ó relatándole patrañas
+que el pobre hombre apreciaba como lo más indiscutible de la sabiduría
+histórica. Gustábale especialmente relatar el origen de Bilbao. Lo
+habían fundado unos pescadores á orillas de la ría, entre las repúblicas
+de Begoña y Abando, y andaban tristes y preocupados no sabiendo qué
+nombre dar á su aglomeración de chozas. Un día, por divertirse,
+arrojaron al Nervión un botijo vacío. _Bil, bil, bil_ cantaba el agua al
+penetrar en él y cuando casi lleno se fué á fondo, lanza un sonoro
+_bao_. Los pescadores gritaron «Bilbao será su nombre». Y el gabarrero
+miraba al pequeño y á las dos mujeres que le escuchaban atónitas,
+admirando su sabiduría del pasado.
+
+El tiempo trajo grandes modificaciones en la familia. Pepe, que había
+terminado su carrera en compañía de Matías Iriondo, hijo de un vecino,
+se embarcó en un vapor que hacía viajes á Inglaterra. Al poco tiempo, no
+satisfecho de la vida del mar ó deseoso de mayor medro, se quedó en
+Londres, entrando como empleado en una casa vizcaína.
+
+Su madre murió de repente. La encontraron tendida de bruces, sobre un
+surco de aquella tierra gredosa que cultivaba desde la niñez, y que su
+marido no podía hacerla abandonar. Había querido, al irse del mundo,
+morir abrazada á aquellas hortalizas que todas las mañanas llevaba al
+mercado de Bilbao, con avaricia de aldeana. El señor Juan se sintió más
+unido á su cuñada y su sobrino. El hijo escribía de tarde en tarde: la
+ría ofrecía cada vez menos alicientes para él.
+
+Comenzaba á despertar la explotación de las minas y se hablaba de
+limpiar el Nervión, convirtiéndolo en un puerto para que los vapores
+llegasen hasta el mismo paseo del Arenal. ¡Adiós las gabarras! Y
+descuidando un negocio cuya muerte veía próxima, tranquilo ante el
+porvenir, pues poseía una fortuna de la que se hablaba con asombro en el
+pueblo, no tuvo otra ocupación que cuidarse de Luisillo y admirar sus
+progresos.
+
+--¡Diablo de rapaz!--decía hablando de él con los viejos camaradas de la
+ría.--¡De dónde habrá sacado tanto talento! ¡Nadie hubiera dicho que de
+aquel pobre patrón de Bermeo pudiera salir un hijo así!...
+
+Y el gabarrero temblaba de emoción, saltándole las lágrimas, cuando le
+hablaban en la villa de su sobrino y de lo satisfechos que tenía á los
+señores del Instituto. Llegó el momento de que Aresti, á los catorce
+años, escogiera una carrera y el viejo consultó su voluntad. A ver ¿qué
+quería ser? ¡con franqueza! Allí estaba el tío Juan con la bolsa abierta
+para costearle la carrera que más le gustase... aunque quisiera ser Sumo
+Pontífice. Marino no: ya había bastante con uno en la familia. ¿Médico?
+¿quería ser médico? Algo más grande y de mayor brillo había soñado el
+gabarrero, sin saber ciertamente lo que era.... Pero, en fin ¡vaya por
+la medicina! Y como puesto á hacer las cosas había que hacerlas bien, le
+enviaría á estudiar á Madrid. No reparaba en gasto más ó menos. Para eso
+había trabajado él, y algo le cosquilleaba la vanidad, la idea de que,
+con el tiempo, toda Olaveaga, los descendientes de los que le habían
+conocido descalzo y despechugado, remando en la ría, entregarían las
+vidas á su sobrino, viéndolo llegar como una esperanza y llamándolo á
+todas horas «señor doctor».
+
+Mientras Luis estudiaba su carrera, ocurrió la gran transformación de la
+familia, el tirón loco de la suerte que sacó de la obscuridad á Sánchez
+Morueta. Su primo se presentó inesperadamente en Olaveaga. Venía á la
+conquista de la Fortuna; sabía dónde estaba oculta y llegaba antes que
+los demás, aprovechando sus estudios y observaciones en país extranjero.
+El invento de Bessemer, que acababa de revolucionar la metalurgia
+abaratando la fabricación, hacía necesarios los hierros sin fósforo y
+ningunos como los de las minas de Bilbao. Iba á comenzar en aquellas
+montañas un período de explotación loca, de rápidas fortunas: el que
+primero se apoderase del mineral sería rico como un príncipe. Dinero...
+necesitaba dinero, para centuplicarlo en poco tiempo. Su padre apenas lo
+entendió; pero tenía fe en su hijo, le inspiraba respeto su gravedad,
+aquel pensamiento siempre reconcentrado y en función: y le entregó sus
+ahorros, vendió las gabarras y hasta la casa nueva que había construido
+imitando á las mejores de la villa y que era el asombro de Olaveaga.
+
+Entonces comenzó la historia del poderoso Sánchez Morueta, aquella
+transformación de cuento mágico, atropellándose los negocios fabulosos,
+las caricias de la buena suerte, como si les faltase tiempo para
+enriquecer á aquel hombrón que veía llegar los millones sin el más leve
+estremecimiento en su rostro impasible. Se apoderó rápidamente de la
+montaña. Allí donde asomaba el mineral de hierro, especialmente el
+llamado _campanil_, que era el más rico, allí ponía sus manos de
+vencedor, diciendo: «Esto es mío». Compraba minas para venderlas al mes
+siguiente á los ingleses que llegaban detrás de él. Tenía en el abra los
+vapores á docenas, cargándolos de aquellos terrones rojos que eran como
+oro. Bilbao hablaba de Sánchez Morueta con admiración: sonaba su nombre
+á todas horas. Mientras los demás dormían, él había visto claro; cuando
+la gente comenzaba á despertar, ya era él millonario. Tras sus espaldas
+de luchador victorioso marchaba una corte de ingenieros, contratistas y
+tardíos buscadores de la fortuna.
+
+«Tu primo está loco--escribía el señor Juan á su sobrino.--Esto es un
+escándalo; los millones entran en casa como una inundación. Ahora habla
+de construir una flota de barcos propia para que transporten el mineral
+á Inglaterra: quiere establecer fundiciones en la orilla del Nervión,
+que fabriquen carriles, puentes enteros, cañones, navíos de guerra ¡qué
+sé yo cuántas locuras más! Créeme, Luisillo; esto es demasiado: no puede
+durar».
+
+Y hablaba con asombro de su nueva existencia. Él y la madre de Luis
+vivían con el grande hombre, en una casa muy hermosa de Bilbao, con un
+batallón de empleados, sirvientes y parásitos. Una vida de abundancia y
+de movimiento que hacía pensar melancólicamente á los dos viejos en sus
+huertecitas de Olaveaga, tan tranquilas y risueñas, al abrigo de los
+montes, con la ría enfrente como un espejo en los días de sol. Además,
+el poderoso príncipe de la industria se había casado para hacer
+dignamente los honores á la fortuna que llegaba. Su mujer era una
+_señorita_ de Durango: (y el antiguo gabarrero, recalcaba con respeto y
+temor la calidad social de su nuera) una parienta de los principales que
+Sánchez Morueta había tenido en Londres. Su familia de hidalgos vivía
+estrechamente de las flacas rentas de algunas caserías: nobleza agrícola
+que hacía remontar sus blasones á los tiempos casi fabulosos de Vizcaya,
+á _Jaun Zuria_ el Cid vascongado, y que, aturdida por la escandalosa
+fortuna del hijo del gabarrero, había accedido á emparentar con él.
+Sánchez Morueta, casi al día siguiente de la boda, había continuado su
+vida de agitación, de viajes y de encierros en el escritorio. La mujer,
+de una belleza rubia, áspera y dura, fruncía el entrecejo ante los dos
+ancianos que vejetaban tímidamente en la casa, como si fuesen unos
+criados distinguidos, y vivía sola, repartiendo su tiempo entre las
+iglesias y las visitas á las principales familias de Bilbao. La
+satisfacción de anonadarlas con su lujo, el goce de provocar la envidia
+de las amigas con su riqueza, eran las únicas dulzuras que encontraba en
+el matrimonio.
+
+Después, cuando Aresti estaba próximo á terminar su carrera, ocurrió la
+muerte del señor Juan. El viejo se fué del mundo asustado de la fortuna
+de su hijo, creyéndole loco, presagiando un desquite terrible de la mala
+suerte, repitiendo tenazmente que «aquello no podía durar». Al
+presentarse Luis en Bilbao vió á su primo en plena gloria, con su
+gravedad de hombre fuerte y silencioso, insensible á las desgracias como
+á los triunfos. Sus párpados ligeramente enrojecidos y la vehemencia con
+que le apretó sobre su pecho, fueron las únicas muestras de emoción por
+la muerte de su padre.
+
+--Luis--dijo con brevedad, como si sus palabras fuesen oro,--sigue tu
+carrera: después irás al extranjero. Estudia... no vaciles ante los
+gastos. El viejo no ha muerto: si antes era yo tu hermano, ahora soy tu
+padre.
+
+Y Aresti vivió tres años en París, hizo la vida de estudiante en el
+Barrio Latino, fué interno en los hospitales, al lado de los más
+célebres cirujanos, y la fama de sus estudios llegó hasta Bilbao antes
+que él regresase. Cuando volvió, su carrera estaba hecha, entrando en su
+prestigio lo mismo el éxito de sus operaciones que la calidad de
+pariente de Sánchez Morueta.
+
+Su primo había realizado todos sus deseos: una flota en el mar, altos
+hornos de fundición junto á la ría, casi todo el mineral de Vizcaya
+monopolizado por él, y el dinero acudiendo á sus manos, embriagándolo
+con la borrachera de la fortuna.
+
+La madre de Aresti había muerto mientras él estaba en París: había
+languidecido, como su cuñado, en aquel ambiente de grandeza que la
+asustaba. El joven doctor no tenía otra familia que la de su primo y se
+instaló en su casa. Cristina, que había tenido una hija y por los
+cuidados de la maternidad salía poco de casa, acogió bien al doctor. La
+acompañaba tardes enteras hablándola de París, la famosa ciudad del
+pecado, contra la cual se exaltaban los predicadores y que ella solo
+había entrevisto en un rápido viaje de bodas. De toda la familia del
+marido, Aresti era el único que lograba despertar en ella cierta
+simpatía. Además, Sánchez Morueta siempre estaba ausente; sólo le veía
+por la noche, y aunque la escuchaba con los ojos puestos en ella, su
+pensamiento estaba lejos, muy lejos. El doctor la entretenía, se
+enteraba pacientemente de sus murmuraciones sobre las amigas, la daba
+consejos acerca de vestidos y joyas, recordando _in mente_ sus tratos
+con ciertas amigas de París, encargaba para ella periódicos de modas, y
+halagaba su vanidad, afirmando que era la señora mejor vestida de
+Bilbao.
+
+Cristina sólo torcía el gesto y parecía enfadarse con el doctor cuando á
+éste se le escapaba alguna afirmación impía, ó cuando, sin darse cuenta
+de ello, se burlaba de la devoción de las señoras y de los predicadores
+que el entusiasmo de todas ellas ponía en boga. Eran resabios, según
+Cristina, de su permanencia en un país de vicios, donde se piensa poco
+en Dios. ¿No podía estudiar y ser un sabio, como muchos padres jesuítas,
+sin separarse por eso de la religión? Debía sentar la cabeza, y para
+esto nada como casarse. Ella se encargaba de su matrimonio. Y con la
+tenacidad de una mujer hastiada de su bienestar y falta de ocupaciones,
+se dedicó á proponer á Luis todas las jóvenes casaderas que conocía,
+enumerando sus méritos entre las risas y protestas del doctor.
+
+Un día, le habló con gran decisión. Ninguna le convenía como la pequeña
+de Lizamendi. La mamá era viuda, con dos hijas; familia muy cristiana,
+emparentada con Cristina y de lo mejorcito de Vizcaya. Eran ricas,
+aunque mejor se habían visto en otros tiempos; el padre había gastado
+mucho en la guerra, arruinándose por la buena causa, como todas las
+familias decentes del país. Y Cristina daba á entender en su gesto la
+diferencia inabordable que aún existía para ella, entre la aristocracia
+antigua, defensora de la tradición, y aquella otra recién formada é hija
+de la fortuna, á la cual se había dignado descender.
+
+Aresti se vió asediado por su parienta. La pequeña de Lizamendi no le
+parecía mal. La mamá aceptaba, sonriendo, el plan de Cristina, y el
+doctor encontraba á las de Lizamendi con una frecuencia alarmante en el
+salón de su casa. Al fin acabó por ceder á los reiterados consejos de su
+prima, que parecían apoyados por el silencio y la mirada tranquila de
+Sánchez Morueta. Si había de casarse, no era mala _proporción_ la de
+Lizamendi. Él había soñado algunas veces con la tranquila existencia de
+familia, con una vida dedicada al estudio y al ejercicio de la
+profesión, encontrando, al volver á casa una boca sonriente que le
+besase, unos brazos que vinieran á sorprenderle con repentina caricia,
+mientras reflexionaba inclinado sobre un libro. Bien veía él que
+Antonieta Lizamendi era una joven insignificante, educada, como la
+mayoría de las niñas de su clase, con una instrucción de monja, sin más
+horizonte que el chismorreo de las tertulias y las visitas diarias á la
+iglesia. Pero él despertaría aquella alma; él la formaría á su imagen y
+semejanza. ¡Infeliz doctor!...
+
+Al recordar este período de su pasado, Aresti sonreía amargamente,
+burlándose de su optimismo. ¡Cambiar él á su mujer! ¡Transformarla!....
+Él era quien había estado próximo á anularse, á desaparecer aplastado en
+el engranaje lento y monótono de esa vida gris de las almas muertas. Se
+casaron, y Aresti se trasladó á la casa de su mujer. La madre no quería
+separarse de la hija; además, la familia, como ella decía, necesitaba un
+hombre para mayor respeto. El joven médico creyó de buena fe que estaba
+enamorado de su esposa. Rompiendo la costumbre bilbaína, la acompañaba á
+todas partes, hacía esfuerzos por avivar el cariño conyugal, por
+fundirse moralmente con aquella muñeca que se le había entregado, y que
+una vez cumplidos los deberes conyugales, quería seguir su vida de
+visitas, novenas y comuniones como en tiempos de soltera. La madre y la
+otra hermana eran un perpetuo obstáculo, tras el cual se ocultaba la
+esposa. Lentamente se veía Aresti empujado á un mundo nuevo que no era
+de su gusto. La fama de sus operaciones era cada vez mayor, y la familia
+disponía de él como de un objeto de lujo que la daba cierta distinción.
+Si en un convento había una monja enferma de gravedad, si un padre
+jesuíta se quejaba del estado de su salud, las de Lizamendi enviaban á
+Luis, con indicaciones que eran órdenes, contentas de poder servir
+gratuitamente á los elegidos del Señor. El médico racionalista se veía
+convertido por su familia en un trotaconventos, curando á gentes que
+insultaban su ciencia después de aprovecharla y no perdían ocasión de
+darle las gracias echándole en cara su falta de religiosidad. ¿Dónde
+estaban sus ilusiones de dedicarse al estudio y ser un sabio? ¿Dónde
+aquella mujer enamorada y entusiasta que le había de ayudar con su
+dulzura en las ásperas investigaciones de la ciencia?...
+
+Aresti, á los dos años de casado, adquirió la convicción de que su
+esposa no le amaba. Es más: le sirvió de consuelo la certidumbre de que
+ella no podía amar á nadie. La iglesia, la confesión con el padre de
+moda, un buen vestido para dar envidia á las amigas y el visiteo entre
+mujeres, lejos del hombre que no era más que el macho destinado á los
+negocios y á traer dinero á casa; estas eran todas las aspiraciones de
+su vida. Además, Aresti adivinaba en las palabras y en los ojos de su
+mujer extrañas influencias que venían de fuera. En su casa, á solas con
+Antonieta, presentía la existencia de invisibles fantasmas que le
+espiaban, que tomaban nota de sus acciones, que á cada arranque de
+pasión parecían interponerse entre su mujer y él.
+
+--¿Por qué estás siempre leyendo?--preguntaba á veces la joven.--¡Ay,
+esos libros! ¡Con qué gusto los quemaría!
+
+Con frecuencia, echábale en cara su falta de religiosidad; le oía con
+sonrisa de lástima, hablar de sus entusiasmos científicos, pensando en
+los fragmentos de sermón que había escuchado contra aquella ciencia
+malvada y perturbadora. Las otras dos mujeres de la familia no le herían
+menos en sus ilusiones. ¡Estaba solo! Más solo que cuando vivía en
+París, en su cuartucho de estudiante. La diferencia de origen, se
+acentuaba entre él y su nueva familia. Era en su casa como los esclavos
+de Roma, famosos y apreciados por su habilidad en las ciencias ó las
+artes, pero que en presencia de los señores recobraban su humilde
+condición, y seguían siendo esclavos.
+
+Al intentar una débil protesta, se aterraba apreciando la separación
+moral que existía entre él y su mujer.
+
+--Nosotras somos así--decía con altivez.--Cada uno es como se ha
+educado. Bastante se sufre viviendo con gentes que son de otra clase.
+
+La madre y la hermana iban más lejos.
+
+--Nosotras somos las de Lizamendi--le decían con arrogancia.--¿Y quién
+eres tú? Un chico de Olaveaga, criado en las gabarras de la ría.
+
+Y con un gesto de soberbia, parecían abrir entre ellas y el médico un
+abismo que nunca había de llenarse, que le condenaba á eterna separación
+de lo que él consideraba su familia.
+
+¡Cuántas veces, creyendo acariciar á una mujer, besaba á una estatua
+fría que se entregaba á él con rigidez de autómata! Las preocupaciones
+religiosas, llegaban hasta su dormitorio. «Déjame, Luis--decía su
+esposa--mañana tengo comunión en las Hijas de María, y necesito hacer
+examen de conciencia». Otras veces era Cuaresma y el ayuno se extendía
+hasta la vida conyugal. Aresti se decía amargamente que su mujer no era
+suya, que disponía de ella menos que á medias, compartiéndola en una
+especie de adulterio moral con directores de conciencia que apenas
+conocía. A veces, Antonieta, en sus momentos de cólera, tenía franquezas
+que asustaban al doctor. «Soy tu mujer y he de serte fiel, como manda la
+Santa Madre Iglesia: pero te quiero poco, lo confieso.... ¡Ay, Luis!
+¡Cómo te amaría si echases á rodar todos esos libros y fueses á la
+Iglesia como van las personas decentes!».... Con gran frecuencia notaba
+en su despacho la desaparición de revistas y libros, que tal vez
+estarían en manos de cualquier confesor curioso que desde lejos espiaba
+sus acciones.
+
+Lo que le hacía perder la calma era la insolencia con que la suegra y la
+cuñada le increpaban apenas osaba resistirse, apoyadas por el silencio
+hostil de su mujer.
+
+--¿Pero quién eres tú?--le dijeron un día.--Un pobretón que, aunque
+ganas algo, casi estás mantenido por nosotras. Cuando matabas el hambre
+en casa del gabarrero nosotras éramos más ricas que hoy. No sirves para
+otra cosa que para tragarte libros impíos y repetir sandeces de
+filósofos contra Dios y la religión. ¡Si al menos supieras ganar dinero
+como tu primo Sánchez Morueta!...
+
+Aresti no quiso sufrir más. ¿Qué hacía entre aquella gente? Por más
+tiempo que transcurriera, por más que se mantuviese en resignada
+sumisión nunca llegaría á fundirse con su nueva familia.
+
+Entonces fué cuando pidió á su primo que le enviara de médico á las
+minas, y, empaquetando los libros que constituían su única fortuna,
+salió de aquella casa lo mismo que había entrado. ¡Ay, lo mismo no!
+Había sacrificado su porvenir; había sufrido dos años de amargas
+humillaciones; ya no podía dignamente unir su destino al de otra mujer
+dentro de una sociedad gobernada por las leyes más que por los efectos.
+Además, dejaba á sus espaldas á las tres señoras de Lizamendi, que, para
+justificar la fuga del doctor, hablaban á todos de la grosería de su
+carácter y de su perversidad moral, fruto de las doctrinas impías.
+
+Después de esta fuga, la esposa de Sánchez Morueta, casi rompió toda
+relación con el doctor. Hablaba indignada de él á su marido. ¡Dejar así
+á la pobre Antonieta, que era un ángel, un modelo de virtud y devoción
+como todas las mujeres de la familia!... Fué preciso que Sánchez
+Morueta, con su grave autoridad que no admitía réplicas, manifestase su
+propósito de seguir recibiendo á Aresti en su casa, para que la esposa
+se contuviera ante el doctor. Pero terminó entre los dos la antigua
+amistad. Aresti, aislado en las minas, evitaba el bajar á Bilbao,
+sabiendo que su mujer visitaba con frecuencia la casa de su primo.
+
+Cuando Sánchez Morueta abandonó la villa para habitar su hotel de Las
+Arenas, Aresti fué á verle con más frecuencia. Le interesaba su sobrina
+Pepita, que acababa de salir del colegio y casi era una mujer. Pero en
+estas entrevistas tropezaba siempre con la frialdad, cortés en
+apariencia, pero implacablemente hostil de la señora, que así como
+avanzaba en edad, adquiría fama en Bilbao por sus entusiasmos
+religiosos. La maternidad y los años, la hacían retirarse de la
+ostentación elegante, abdicar de la supremacía que ejercía en las
+tertulias, con sus trajes y sus joyas. Ahora la llamaban irónicamente
+«la gran cristiana», y era la primera en todas las juntas de las
+asociaciones religiosas y pías fundaciones, sembrando á manos llenas,
+en cofradías y conventos, el dinero de Sánchez Morueta.
+
+Aresti, al llegar á este punto de sus recuerdos, fijaba la mirada en su
+primo, sentado junto á él en el carruaje. ¡Ay! Aquel tampoco era
+dichoso. La suerte le esperaba todos los días á la puerta de su casa,
+para acompañarlo por el mundo, pero no le seguía hasta el interior de su
+hogar. No se veía obligado á romper como él con la familia, porque el
+dinero le daba una superioridad irresistible, poniéndolo á cubierto de
+humillaciones; porque con un puñado de su riqueza, esparcida sin
+regatear, lograba entretener diariamente al enemigo, con el que estaba
+obligado á hacer vida común. Pero se sentía solo: se notaba la amargura
+del aislamiento en su gesto ensimismado y triste, en la alegría
+momentánea que experimentaba al ver á su primo, el único que lograba
+ablandar su carácter huraño, excitando sus confidencias.
+
+El carruaje había dejado atrás la dársena de Axpe, llena de vapores que
+esperaban turno para la carga; de buques sin flete que dormían en las
+aguas muertas. Era el hospital de los barcos, según palabras de Iriondo.
+En medio de aquel pueblo flotante, estaban los yates de los ricos de
+Bilbao, blancos y ligeros como juguetes, con la cubierta entoldada para
+resguardar los dorados y las maderas preciosas de las cámaras. El
+millonario lanzó al pasar una mirada melancólica sobre su yate enorme y
+gallardo, una mirada en la que vió Aresti la nostalgia de la vida del
+mar, de los amplios horizontes, de la existencia libre, sin las miserias
+y preocupaciones terrestres.
+
+Se aproximaban á Las Arenas. El puente de Vizcaya cortaba el horizonte
+con su red de cables movibles. En la ribera de enfrente, los altos
+hornos de Sánchez Morueta elevaban sus torreones de fundición, sus
+numerosas chimeneas coronadas por las nubes de humo multicolor. Bajo los
+extensos cobertizos notábase el hormigueo de varios miles de obreros.
+Llegaban arrollados por el viento los estrépitos de la industria, el
+martilleo poderoso, los resoplidos de las máquinas, el mugido de los
+convertidores del acero que lanzaban por encima de las techumbres su
+chorro de chispas y escorias.
+
+Aresti admiraba esta grandeza industrial. ¡Todo era obra de su primo!
+
+--¡Qué hermoso!--exclamó dando con el codo al millonario y mostrándole
+sus fundiciones.--¡Y pensar que de pequeño has correteado entre los
+chicos de Olaveaga! Debes estar satisfecho de tu obra. ¿Hay alguien más
+feliz que tú?...
+
+Sánchez Morueta miró un instante á su primo, con inquietud, como si
+temiera que se burlase. Después añadió con voz lenta:
+
+--Sí, no estoy descontento de la suerte. Todos hemos prosperado, Luis. A
+mí me rodea la felicidad: pero es por fuera: en todo lo que se ve....
+Ahora, por dentro... por dentro cada uno sabe lo que lleva.
+
+
+
+
+III
+
+
+Fué una «comida íntima» la que dió Sánchez Morueta por ser sus días. No
+estaban en el comedor otras señoras que la esposa del millonario y su
+hija. Los convidados eran todos de la casa, empleados como el capitán
+Iriondo, el secretario Goicochea y Fernando Sanabre, el ingeniero
+director de los altos hornos, ó parientes de la familia como el doctor
+Aresti y Fermín Urquiola.
+
+Este Urquiola visitaba con frecuencia la casa, por ser sobrino lejano de
+la señora, aunque Sánchez Morueta no mostraba por él gran simpatía. Era
+un antiguo discípulo de Deusto, que, después de abandonar la
+Universidad, seguía á las órdenes de los Padres de la Compañía lo mismo
+que cuando estudiaba en sus aulas. La juventud de Bilbao, que se llamaba
+á sí misma distinguida, admirábale por su fuerza muscular y el
+entusiasmo con que sustentaba las sanas ideas de los buenos padres. Era
+el organizador y el hombre de acción de todas las asociaciones piadosas.
+Su ideal consistía en tener á los _liberalitos_ en un puño y no dejar
+que las gentes de la Maketania se apoderasen del país. Pasaba en Bilbao
+por ser uno de los jóvenes más elegantes, pero cuando llegaban luchas
+electorales, se le veía con la boina sobre los ojos, empuñando un enorme
+garrote, al frente de los aldeanos de los pueblecillos inmediatos. La
+rizosa y poblada barba, la nariz aguileña y pesada y sus ojos negros de
+bohemio, dábanle gran prestigio entre las gentes del campo, porque las
+hacía recordar la cara adorada de su ídolo.
+
+--¡Se le parece al señor!...--murmuraban.--Tiene toda la cara de don
+Carlos.
+
+Y á Urquiola, impulsivo y brutal, que hablaba de beber sangre por la más
+leve ofensa, le satisfacía que los partidarios, por exceso de
+entusiasmo, relacionasen su nacimiento con los veleidosos amoríos del
+fugitivo rey de las montañas. Su familia, arruinada por la guerra,
+apenas si le había dejado una renta exigua para vivir, y Urquiola se
+ayudaba buscando la protección de las familias más linajudas de Bilbao,
+que veían en él un acabado ejemplar de la juventud sana educada en
+Deusto. Alborotaba en las luchas políticas, llevando á ellas la misma
+violencia de su partido cuando se batía en los montes. Por las noches
+mezclábase en los escándalos de ciertas casas del barrio de San
+Francisco, donde ejercía alguna superioridad sobre las infelices
+mercenarias de sus cuerpos, por el prestigio de su nombre y la leyenda
+sobre su nacimiento que le convertía casi en un príncipe. Los amigos
+tenían fe en su porvenir. Los padres de Deusto le protegían, sonriendo
+benévolamente ante lo que llamaban sus calaveradas. Era exceso de vida:
+ya le casarían ventajosamente y sería un modelo de caballeros cristinos.
+
+Sánchez Morueta le veía en su casa con disgusto, pero no osaba
+manifestarlo claramente por consideración á doña Cristina, que parecía
+orgullosa de su sobrino.
+
+--Este animal viene indudablemente por Pepita--decía Aresti, á quien
+interesaba Urquiola como un ejemplar raro de egoísmo y brutalidad.
+
+Y se fijaba en su sobrina, la cual, á pesar de las insinuaciones de la
+madre, mostraba más inclinación por Sanabre, el ingeniero de los altos
+hornos, que por aquel pariente cuya petulancia y descaro parecían
+intimidarla. Gustaba la joven de saber por él todo cuanto pudiera
+molestar á sus amigas. Urquiola la enteraba de todas las fiestas que
+proyectaban los padres de la Compañía para entretener y conservar bajo
+su dominio á una sociedad ociosa y opulenta; pero una vez agotados estos
+temas, la joven se alejaba de él y permanecía silenciosa, como
+abroquelada por la instintiva repulsión que parecía inspirarle el famoso
+discípulo de Deusto.
+
+Aresti veía en su sobrina la niña rica de las familias de su tierra;
+educada primero por las monjas y dirigida después por el confesor hasta
+en los hechos más pequeños de su existencia; con la voluntad adormecida,
+y considerando como un pecado, el más leve intento de iniciativa
+propia.
+
+El doctor reconocía que no era gran cosa como mujer: la alegría de la
+juventud en los ojos, los cabellos rubios de su madre, y una esbeltez de
+muchacha sana en la que todos los encantos femeniles están aún
+recogidos, como en capullo, sin la majestad exuberante de la forma
+definitiva. A través de su belleza en agraz, adivinábase el esqueleto
+fuerte y anguloso del padre. En sus manos largas, algo grandes para sus
+brazos delicados, había mucho de Sánchez Morueta. Era la primera
+evolución de la estirpe hacia el afinamiento de la ociosidad y el
+bienestar, guardando aún los signos de su origen.
+
+Iba cargada de joyas, con la suntuosidad de una aristocracia recién
+creada que se consume en medio de su lujo, falta de fiestas para lucirlo
+y siente el ansia de adornarse para pregonar su riqueza y herir la
+envidia ajena. La hija de Sánchez Morueta era tan admirada como su
+padre, cuando iba á Bilbao á oír misa en la iglesia de los jesuítas ó
+asistía por las tardes á las conferencias de las Hijas de María. Los
+jóvenes salidos de Deusto hablaban con fruición de ella y de los
+millones del padre. «¡Qué magnífico bocado!» Y cada uno acariciaba la
+posibilidad de que le tocase la lotería del matrimonio, en un país donde
+casi nadie se casa por amor y las uniones entre ricos son negocios
+vulgares convenidos por las familias con la ayuda y buen consejo de
+algún padre jesuíta.
+
+La comida deslizábase placenteramente. Todos sentían la dulzura del
+bienestar, la satisfacción de la vida, en aquel comedor, al que daban,
+el roble tallado y el cuero obscuro de las paredes, una impresión de
+suntuosidad discreta y señorial. Las grandes piezas del servicio lucían
+su brillo mate de plata vieja y sólida, trabajada á martillo. Por las
+vidrieras de las ventanas pasaban y repasaban, mecidas por el viento,
+las verdes copas de los árboles del jardín. La mesa era servida por
+criadas jóvenes, de rizados y blancos delantales. Sus caras, sanas y
+rojas como melocotones, daban una impresión de perfume primaveral
+semejante al de las flores que adornaban la mesa.
+
+Aresti estaba sentado al lado de su prima. Hacía mucho tiempo que no la
+había visto tan amable. Ni la más leve alusión á las de Lizamendi; ni
+una frase amarga para su impiedad. Sin duda, le agradecía la visita que
+por la mañana había hecho á Begoña. El doctor, examinándola, encontraba
+en ella algo de monacal, á pesar de que en honor al día se había
+cubierto de joyas. Su traje era negro y elegante, pero había en él
+cierto abandono que no pasaba inadvertido para el doctor, el cual
+recordaba sus pretensiones elegantes de otros tiempos. Notaba en ella
+los estragos de la edad, la gordura que borraba bajo el almohadillado de
+la grasa su antigua belleza de rubia altiva y dura.
+
+--Esta se entrega--pensaba Aresti.--Huele á incienso como las otras.
+
+El médico atraía las miradas y las preguntas de todos los convidados.
+Era un original que despertaba interés, viviendo como un solitario en la
+montaña, en medio de la gente de las minas, de la que se hablaba con
+cierto miedo en aquel interior elegante y rico. Miraban todos á Aresti
+como si fuese un viajero de vuelta de una exploración por países
+salvajes y misteriosos, donde la vida era ruda y peligrosa. Las minas se
+presentaban ante muchos de ellos como un país lejano, que servía para
+enriquecer á los potentados de la villa, pero al cual sólo se asomaban
+alguna vez, regresando apresuradamente. Al recordar las canteras de
+trabajo rudo y aquellas _chabolas_, donde dormían amontonados los
+hombres, digiriendo con tragos de agua roja las cucharadas de alubias
+con tocino, sentían la voluptuosidad del egoísmo. El comedor les parecía
+más hermoso, y sonreían al desfile de manjares, á las _angulas_ del
+país, enrolladas como lombrices en la tartera de plata, á los platos
+extranjeros que nunca faltaban en la cocina de Sánchez Morueta y á la
+fila de copas de diversas formas y colores que cada uno tenía delante, y
+en las cuales iban cayendo los vinos más diversos, desde el _Tokay_ y el
+_Chablis_ del principio de la comida, hasta el _Cordón Rouge_ y el
+_Pomery_, que servirían al final.
+
+Urquiola hablaba al doctor con el mismo aplomo que si estuviera en el
+café ó en la sociedad de San Luis Gonzaga, rodeado de aquella juventud
+piadosa y elegante que le tenía por capitán. Él no era enemigo del
+pueblo; la Iglesia estaba siempre con los de abajo y el Santo Padre
+escribía encíclica sobre encíclica en favor de los obreros. Pero el
+pueblo era para él, la gente de los campos, los aldeanos respetuosos con
+el cura y el señor, guardadores de las santas tradiciones. Que le diesen
+á él las buenas gentes de las anteiglesias vascas, religiosas y de sanas
+costumbres, sin más diversión que bailar el _aurrescu_ los domingos y la
+_espata danza_ en las fiestas del patrón, ni otros vicios que empinar un
+poco el codo en las romerías. Aquella gente vivía feliz en su estado,
+sin soñar en _repartos_ ni en revoluciones; antes bien, dispuesta á dar
+su sangre por Dios y las sanas costumbres. Que no le hablasen á él del
+populacho de las minas; corrompido y sin fe; hombres de todas las
+provincias, _maketos_ llegados en invasión, trayendo con ellos lo peor
+de España, contaminando con sus vicios la pureza del país; siempre
+descontentos y amenazando con huelgas, deseando el exterminio de los
+ricos y comparando su miseria con el bienestar de los demás, como si
+hasta en el cielo no existiesen categorías y clases.
+
+Y ante la mirada acariciadora de su tía, que admiraba sus ardorosas
+palabras, continuó el fuerte discípulo de Deusto:
+
+--Los míos no saben leer; no saben nada de libertad, derechos y demás
+zarandajas, y por esto son felices. Esa gentuza de las minas, que casi
+todos los domingos tiene sus mitins, vive desesperada y ansía bajar un
+día á Bilbao para robarnos, sin saber que la recibiremos á tiros.
+
+Aresti volvióse hacia su primo, que comía silencioso, lanzando alguna
+que otra mirada al sobrino de su mujer.
+
+--¿Qué te parece, Pepe, cómo piensan estos jóvenes?
+
+Y encarándose con Urquiola, le dijo con una timidez irónica, dando á
+entender su deseo de rehuir discusiones con él.
+
+--Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño _maketo_ y pecador,
+es el que trabaja y da prosperidad á Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo
+en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta
+tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo
+y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos
+llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á
+América para mantener á los blancos. Vienen empujados por la miseria, y
+ya que no podemos agradecer su sacrificio con el látigo, les pagamos con
+malas palabras.
+
+Urquiola encabritábase ante las palabras desdeñosas del doctor.
+Abominaba de aquella gente perdida, incapaz de regeneración: la prueba
+era que no ahorraban, que no hacían el menor esfuerzo por salir de su
+estado.
+
+--¡El ahorro!--exclamó Aresti.--¡Ahorrar y enriquecerse, teniendo unos
+cuantos reales de jornal, y viviendo rodeados de gentes de su misma
+clase que les explotan en el alimento y en la casa!...
+
+--Eso no--intervino Sánchez Morueta, con autoridad.--Ya sabes, Luis, que
+no estoy conforme con tus ideas. El obrero español es víctima de la
+imprevisión. En otros países es distinto: el trabajador se forma un
+pequeño capital para la vejez...
+
+--¡Bah! En otros países ocurre lo que aquí. Y lo que hace que el obrero
+moderno sea rebelde y se entregue á la lucha de clase, es la convicción
+de que, por más que ahorre sacrificando sus necesidades, no saldrá de su
+miseria. Los progresos le han cerrado el camino. En los tiempos de
+trabajo rudimentario, de industria doméstica, aún podía soñar con
+hacerse patrono; podía con sus ahorros adquirir los útiles necesarios y
+convertir su casa en un pequeño taller. Pero ahora, Pepe, por mucho que
+ayune un obrero tuyo, amasando céntimo sobre céntimo, ¿llegará á ser
+accionista de tus fundiciones? ¿podrá adquirir un pedazo de las minas,
+con todo el material necesario para la explotación?
+
+--Eso está bien--arguyó Urquiola con acento triunfante.--Este doctor
+dice á veces cosas muy oportunas. Lo que demuestra que los antiguos
+tiempos eran los buenos y que, para tranquilidad de todos, hay que
+volver á la época en que no había progreso y los hombres vivían
+tranquilos.
+
+Sánchez Morueta miró al joven con unos ojos que alarmaron á doña
+Cristina, haciéndola temer por su sobrino.
+
+--Eso es una majadería--dijo con calmosa gravedad.--Eso sólo puede
+decirse á la salida de Deusto. ¡Suprimir el progreso porque trae algunas
+complicaciones!...
+
+Y aquel hombre siempre silencioso, habló lentamente, pero con gran
+energía. Era un admirador religioso del capital. Aresti conocía su
+entusiasmo frío y firme por el dinero, que, puesto en movimiento por los
+descubrimientos industriales, había revolucionado el mundo. El
+millonario era á modo de un poeta del capital, y sacudiendo su
+ensimismamiento, rompió en un himno á aquella fuerza casi sagrada,
+puesta en manos de contadísimos iniciados. Cierto, que el trabajo, que
+era un auxiliar indispensable, sufría crisis y miserias, ¿pero por esto
+había que renegar del progreso, legítimo hijo del capitalismo
+industrial? La gran revolución moderna era obra de la religión del
+dinero, en la cual figuraba Sánchez Morueta como el más ferviente
+devoto. Utilizando los descubrimientos de la ciencia, había multiplicado
+los productos, y disminuido su valor, poniéndolos así al alcance de la
+mayoría, y facilitando su bienestar. El trabajador del presente gozaba
+de comodidades que no habían conocido los ricos de otros tiempos. El
+capital al servicio de la industria había civilizado territorios
+salvajes, había destruido fronteras históricas, estableciendo mercados
+en todo el globo: él era quien surcaba las tierras vírgenes con los
+rails de los ferrocarriles, quien removía los mares para tender los
+cables telegráficos, quien ponía en comunicación los productos de uno y
+otro hemisferio, venciendo los rigores de la naturaleza y evitando las
+grandes hambres que habían hecho rugir á la humanidad en otros siglos.
+Los poderes históricos se achicaban y humillaban ante el capital. Los
+reyes de los pueblos, soberbios como semidioses sobre sus caballos de
+guerra, cubiertos de plumas y bordados y llevando tras ellos grandes
+ejércitos, tenían que mendigar en sus apuros á los capitalistas ocultos
+en sus escritorios. Detrás de los imperios victoriosos estaban ocultos
+los verdaderos amos, los que cambiaban la faz de la tierra, venciendo á
+la naturaleza para arrancarla sus tesoros; la gran república de los
+capitalistas, silenciosa, humilde en apariencia, y sin embargo, dueña de
+la suerte del mundo. Y lo que más entusiasmaba á Sánchez Morueta, en
+esta secta oculta de universal poderío, era que sólo á la capacidad le
+estaba reservado entrar en ella. La jerarquía industrial no era como las
+dominaciones sacerdotales ó guerreras del pasado, en las que se figuraba
+sin otro derecho que el nacimiento. El hijo del capitalista, falto de
+capacidad, era expulsado por los malos negocios, y un nuevo individuo,
+aprovechando los residuos de su desgracia, venía á iniciarse en la
+poderosa secta. ¿Dónde encontrar una institución tan grande y poderosa y
+á la par tan _democrática_ y modesta? ¿Y había locos que pedían la
+muerte ó la modificación de una fuerza que había transformado la
+Tierra?...
+
+Aresti protestó. Él reconocía las grandezas del régimen capitalista, las
+ventajas sociales que había reportado á la humanidad con el auxilio del
+trabajo. El capital encontraba remunerados con creces sus servicios.
+Pero el trabajo ¿veía recompensados igualmente sus esfuerzos? ¿No se
+encontraba hoy en el mismo estado de miseria que al iniciarse á
+principios del siglo XIX la gran revolución industrial?
+
+--Eso es un error, Luis--dijo el millonario.--El trabajo está mejor que
+nunca. La prueba es que en todo el mundo baja considerablemente el
+interés del capital, mientras sube con las huelgas y las reclamaciones
+obreras el tipo de los jornales.
+
+--¡Bah!--dijo el doctor con gesto de desprecio.--¡El aumento de unos
+reales en el jornal! Remedios del momento; cataplasmas que de nada
+sirven al enfermo, pues al poco tiempo se restablece el fatal
+equilibrio, aumentándose el precio de los productos, y el trabajador,
+con más dinero en la mano, se ve tan necesitado como antes. Son cambios
+de postura, creyendo engañar con ellos á la enfermedad. Al trabajador de
+nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en
+esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el
+sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce.
+
+Las palabras de los dos hombres resonaban en el silencio del comedor.
+Todos callaban, no osando interrumpirles. Urquiola era el único que
+sonreía con aire de suficiencia, como si poseyera el secreto de aquella
+cuestión.
+
+Doña Cristina, temiendo que la polémica acabase por turbar la placidez
+de la comida, intervino, preguntando á Aresti por sus amigos de
+Gallarta. Pepita apoyó á su madre. La gustaba conocer las
+excentricidades de aquellos contratistas que no sabían en qué emplear su
+riqueza. Reía con alegría de niña educada aristocráticamente, al
+enterarse de las vulgares diversiones de aquellos ricos de la víspera,
+que, no hacían más que seguirlas huellas de su padre.
+
+Todos escuchaban al doctor, el cual, con suave ironía, describió los
+banquetes pantagruélicos de las minas, con sus lluvias de _Cordón
+Rouge_. Dentro de sus nuevos y elegantes chalets no eran menos
+originales aquellos ricos, que aún guardaban la boina y los zapatones
+del obrero. Bajaban á la villa con sus esposas, ganosos de hacer alardes
+de riqueza para deslumbrar al vecino, y compraban lo más extravagante y
+chillón, todo lo que en almacenes y tiendas no sabían á quién colocar;
+muebles complicados y bizarros que se cubrían de polvo de mineral, sin
+que sus dueños osasen acercarse á ellos, por miedo á deslucirlos. Cada
+vez que el doctor, después de una visita, quería lavarse las manos,
+quedaba asombrado ante las toallas con más colores que el iris, y las
+pastillas de jabón en forma de tigre ó de lagarto que parecían
+fabricadas para reyezuelos del África. Todos se extasiaban ante el
+asombro del médico, aceptándolo como una admiración muda. Algunos, como
+recuerdo de su pasado, guardaban bajo la cama un pellejo de vino, cual
+si fuese un tesoro. Realizaban la ilusión acariciada tantas veces en su
+época de pobreza. «Pruébelo, doctor: es de lo más selecto de la Rioja: á
+tantos duros la arroba.» Otros se cubrían de brillantes las manos y el
+pecho, pero cuidaban de ellos con meticulosidad supersticiosa, como si
+fuesen animalillos delicados y frágiles que al menor roce se podían
+desvanecer. No osaban rascarse porque, según ellos, el pelo rayaba y
+deslucía las joyas.
+
+Y en su vida monótona, de continuas ganancias y placeres vulgares, sin
+otras diversiones que la caza, la mesa y las apuestas, encontraban un
+nuevo toma para sus alardes de riqueza en la educación de los hijos. Los
+enviaban al extranjero con la esperanza de que sobrepujasen á los
+señores de la villa. Los padres los querían ingenieros, como los
+ingleses que venían á explotar las minas: las madres los soñaban
+elegantes, y de cuerpo delicado, como los señoritos que hacían la parada
+en la acera del _boulevard_ del Arenal. Unos enviaban sus hijos á
+Francia; otros á Suiza; el vecino de más allá, guiado por el deseo de
+excitar la envidia del compañero, empaquetaba su descendiente para
+Inglaterra: alguno llegaba hasta Alemania, y todos volvían de allá
+revolucionando las minas con sus cuellos y corbatas, haciéndose admirar
+por los trajes, y asombrando á sus madres con la costumbre del _tub_,
+del baño diario, del duchazo á cada momento, lo que escandalizaba á unas
+gentes que en su juventud dormían vestidas. Pero los instintos
+hereditarios reaccionaban en todos aquellos retoños de la montaña:
+resucitaba en ellos el gusto á la antigua vida y poco á poco abandonaban
+los trajes exóticos, agarraban la escopeta y volvían, como sus padres, á
+las comilonas, á la caza y hablar de ganancias de miles de duros,
+acordándose de su educación extranjera como de un sueño.
+
+La apuesta era la pasión más vehemente, el placer más vivo de los ricos
+encerrados en la montaña. Las pruebas de bueyes y los desafíos de
+barrenadores hacían que se cruzasen enormes cantidades. Era el culto á
+la fuerza, la adoración á la brutalidad, con todos los encantos del
+juego de azar. Tenían en las minas mozos hábiles en el manejo del
+barreno que gozaban entre ellos el mismo prestigio que un gran torero ó
+un pelotari famoso. En Gallarta había un jayán, vencedor en todas las
+apuestas, que los contratistas llevaban á sus cenas, cuidándolo como si
+fuese una mujer amada, tentándole los músculos para apreciar si su vigor
+decrecía, engordándolo á todas horas con champagne y fiambres, con igual
+mimo y cuidado que si fuese un gallo de pelea. Lanzaban retos á las
+gentes de otros pueblos de Vizcaya y aun de Guipúzcoa, llevando en
+triunfo á su barrenador favorito, para que luchase con los más fuertes
+de otras comarcas. Ofreciendo los billetes á puñados, seguían durante
+horas enteras el jadear de su ídolo, atacando con el hierro la piedra,
+hasta que al quedar triunfante, lanzaban sus boinas al aire, gritando
+victoria más por el orgullo de la clase que por las ganancias de la
+apuesta.
+
+Todo les servía para arriesgar el dinero que la fortuna les arrojaba á
+manos llenas. Se valían para sus porfías lo mismo de la voracidad de los
+perros de caza, que del vigor de los hombres. Algunas semanas antes
+habíanse cruzado muchos miles de duros en una apuesta que aún hacía reír
+al doctor. Tratábase de saber quién sería capaz de tragarse más sopas de
+leche, si los galgos enjutos é insaciables de uno de los contratistas ó
+los barrenadores de otro, muchachotes fornidos de Castilla, de estómago
+sin fondo, que nunca creían llegado el momento de levantarse de la mesa.
+Toda la gente desocupada del distrito acudió á presenciar el
+espectáculo. Se depositaban á puñados los billetes de Banco, como si
+fuesen retazos de papel sin ningún valor; unos por los perros, otros por
+los hombres, mientras arriba, en las canteras, estallaban los barrenos y
+el rebaño miserable de los peones se encorvaba, con el pico en alto,
+ante las rojas trincheras.
+
+--Las sopas de leche se servían en cubos--continuó Aresti.--Los galgos,
+en un momento, ¡zás, zás!, se las tragaban sin pestañear; lo mismo que
+si le echasen cartas á un buzón. Los jayanes comían lentamente, sin
+mostrar prisa. Así estuvieron varias horas....
+
+--¿Y quién ganó?--preguntaron varios al mismo tiempo, interesados por la
+estúpida apuesta.
+
+--¿Quién había de ganar? Los hombres. El que apostaba por ellos me dijo
+después con su filosofía de palurdo: «Estaba seguro de mis muchachos: el
+animal, cuando ve satisfecho su apetito, ya no quiere más, y el hombre,
+como tiene amor propio, puede seguir comiendo hasta que reviente». Y no
+se equivocaba: dos de ellos me dieron mucho que hacer, y á los pocos
+días, el cura de Gallarta montado en su burra blanca, los acompañó
+cantando hasta el cementerio.
+
+A pesar de este final triste, los convidados de Sánchez Morueta reían,
+encontrando muy interesantes las diversiones de los opulentos patanes.
+
+Era bien entrada la tarde cuando terminó la comida. El capitán Iriondo
+después de brindar por su principal y amigo se despidió, alegando que
+tenía á la carga un buque de la casa. El secretario Goicochea se fué con
+él para dar el último vistazo al escritorio. Las señoras pasaron á una
+habitación inmediata con Urquiola y el ingeniero Sanabre.
+
+Esperaban á algunas amigas de Bilbao y mientras tanto, harían música.
+Los dos jóvenes rogaron á Pepita que cantase alguna canción vascongada
+de las antiguas, tan melancólicas y dulces, distintas completamente del
+ritmo americano de los modernos zortzicos. Comenzaron á llegar hasta el
+comedor las escalas y arpegios del piano.
+
+Sánchez Morueta, con las mejillas enrojecidas por la digestión,
+mordiendo un magnífico cigarro, habló á Aresti de bajar al jardín. La
+tarde se había serenado y quería gozar de los últimos rayos de sol en
+las avenidas que rodeaban su hotel. Los dos primos pasearon por el
+jardín. Llegaba hasta ellos el movimiento invisible de la ría, el ruido
+de los tranvías al otro lado de las planchas de hierro que cubrían las
+verjas.
+
+El millonario mostraba su satisfacción al verse solo con el médico, el
+único amigo que le inspiraba confianza, y como prueba de cariño le echó
+sobre un hombro una de sus manazas. Era la primera vez en todo el día,
+que estaba á sus anchas, lejos de los negocios, terminado aquel banquete
+con gentes ante las cuales se mostraba abstraído y silencioso. El cariño
+á su Luis, á quien veía de tarde en tarde, y la placidez de una buena
+digestión, inclinábanle á las confidencias; y miraba á Aresti con ojos
+bondadosos é interrogantes, como si sólo esperase una indicación suya
+para romper á hablar.
+
+--Vamos, desembucha--dijo el médico alegremente.--Ya sé que soy tu
+confesor y que si callas ante los otros, es porque haces provisión de
+palabras para mí. ¿Qué te pasa? Aquí tienes el médico de tu alma, como
+diría uno de esos curas, amigos de tu mujer.
+
+Sánchez Morueta hizo un gesto de indiferencia. Nada le ocurría de
+extraordinario. Se fastidiaba en su aislamiento: sólo tenía un momento
+alegre cuando se encontraba con él. ¡Cuántas veces sentía el impulso de
+coger el tren é ir á buscarle en las minas! ¡Pero tenía tantas
+ocupaciones! ¡Sentía tanto miedo á presentarse en aquel feudo de la
+montaña, donde todos le pedían algo!... Sólo en Bilbao, condenado á la
+servidumbre de la riqueza, á vigilar y ordenar la llegada de aquel
+chorro de dinero que se metía por sus puertas sin desviar su curso, se
+aburría, falto de deseos y aspiraciones, con el bostezo del que nada
+espera, que es el más triste de los fastidios.
+
+Había amado y había sufrido como todos los que batallan por un ideal.
+Sabía lo que era forcejear á zarpazos con la Suerte, para hacerla suya y
+fecundarla con ardorosa violación. _Había llegado_ como los políticos
+célebres ó los grandes artistas, que empiezan su carrera desde abajo,
+conociendo la miseria y bordeando continuamente el peligro. Pero estos,
+aunque se considerasen llegados, siempre esperaban algo nuevo, siempre
+tenían la ilusión puesta en el mañana; pensaban con inquietud en la
+combinación política del día siguiente, en la obra artística, que les
+bullía en la imaginación, temblando, con el vago temor de la torpeza, al
+ir á darla forma. Pero él... él, todo lo tenía hecho: las ambiciones de
+su vida se habían realizado, cristalizándose para siempre. Había querido
+ser dueño de las minas, y suyas eran en su mayor parte, dándole un
+rendimiento fabuloso, con la regularidad de una fuente tranquila y
+perenne. ¿Para qué quería más? Establecía nuevas fabricaciones, y, al
+poco tiempo marchaban por sí solas con una exactitud desesperante.
+Construía barcos, y no naufragaba uno, para alterar con una catástrofe
+la monotonía de su existencia. La desgracia era impotente para él;
+estaba abroquelado y aunque ella corriese á estrecharle entre sus
+brazos, la caricia mortal sería un roce insignificante.
+
+Si sus barcos se perdían, estaban asegurados; si las huelgas cerraban
+momentáneamente sus fábricas, no por esto sufriría su capital grandes
+mermas: si se agotaban las minas de Bilbao, él tenía otras y otras en
+distintos puntos de España, que aguardaban la explotación. Era el
+prisionero de su buena suerte: se movía entre rejas de oro, en un
+aislamiento de ave bien cebada, que ve el espacio libre por donde
+revolotean libres los pájaros hambrientos sin poder ir con ellos. Amaba
+el mar, y tenía casi á la puerta de su casa un palacio flotante, el
+yate, cuya fotografía publicaban los periódicos ilustrados para envidia
+de los infelices: pero apenas emprendía un viaje, tenía que volver
+llamado por sus negocios. Además, él era un hombre de familia; se
+aburría en la soledad del océano ó en los puertos ruidosos, haciendo
+vida de célibe, fumando y leyendo. Su mujer odiaba los viajes: su hija
+no conocía mundo mejor que el de sus amigas de Bilbao, y tras cortas
+estancias en Londres, volvía presurosa á su país, donde era la primera,
+guardando una instintiva aversión á las grandes ciudades de gente huraña
+y atareada, entre la cual, ella y su padre pasaban inadvertidos.
+
+El millonario era el esclavo de su propia obra. Había levantado con
+brazos de titán, en torno de él, la alta torre de su fortuna, y ahora se
+debatía encerrado en ella, sin encontrar espacio para tenderse y
+descansar.
+
+No esperaba nada. Aunque descuidase sus negocios, el dinero seguiría
+viniendo á él, como si fuese incapaz de aprender otro camino. Si la
+fortuna quería volverle la espalda, sería ya tarde para hacerle sufrir
+la amargura de su infidelidad. Era tan rico, había llegado tan alto, que
+estaba á cubierto de toda inquietud. Por un instante había creído
+encontrar remedio á su aburrimiento, entregándose á la borrachera de la
+construcción; sacando de la nada la nueva Bilbao; levantando barriadas
+de palacios sobre los campos yermos, con la misma facilidad que en los
+cuentos de hadas. Pero aquello también había pasado; encontraba pueril
+levantar colmenas y más colmenas para gentes que no conocía; fabricar
+avisperos en que se cobijarían otros tan tristes como él, pero animados
+siquiera por el amargo placer de envidiarle.
+
+--Me aburro, Luis--decía el millonario.--Siento una tristeza sin
+esperanza, sin ilusiones; la tristeza de la buena fortuna, más terrible
+que todas, pues pocos hombres la conocen.
+
+Y mirando en torno de él, abarcaba en sus ojos el magnífico edificio y
+las avenidas del jardín, con sus altas arboledas, sus arriates en los
+que comenzaban á asomar las primeras flores, y allá en el fondo, el
+invernadero, cuyos cristales, bañados por el sol poniente, relucían como
+placas de oro.
+
+Aresti pensaba en la gente mísera y doliente de las minas. ¡Ay, si
+aquellos hombres que engañaban su estómago con agua sucia, no teniendo
+bastantes alubias para llenarlo, escuchasen al poderoso Sánchez Morueta
+lamentarse en medio de la opulencia de su vida!
+
+--Entonces,--dijo el doctor--eres infeliz porque nada te falta, porque
+posees todo lo que los hombres creen que les puede hacer dichosos.
+
+El millonario movió melancólicamente la cabeza. Sí; poseía todo lo que
+da la felicidad aparentemente; por esto á nadie comunicaba su tristeza,
+para que no le creyesen loco. Únicamente á su primo, que conocía por sus
+estudios las rarezas de la vida, se atrevía á hablarle.
+
+Interiormente le faltaba todo: deseaba descansar después de aquella
+marcha ruidosa por la vida, en la cual había hecho, en pocos años, el
+mismo camino que otras familias de potentados sólo recorren después de
+varias generaciones. Había conquistado la riqueza, pero era semejante á
+uno de aquellos forasteros infelices que, al volver á su país,
+satisfecho de sus ahorros en las minas, se encontrase con la casa
+destruida y la familia ausente.
+
+Aresti le escuchaba moviendo la cabeza, como si lo que su primo le
+relataba lo hubiese adivinado desde mucho tiempo antes. Pero al oír su
+lamento contra la soledad moral en que vivía, le señaló con expresión de
+protesta una ventana abierta del hotel, por donde se escapaban los
+sonidos del piano y el rumor de varias voces juveniles. «¿Y aquello?»
+
+Sánchez Morueta levantó los hombros con expresión de indiferencia.
+
+--Lo que llaman mi palacio--murmuró--no es para mí más que una casa de
+huéspedes. Vivo mejor que en la mísera pensión de Londres, donde pasé mi
+juventud de empleado; eso es todo.
+
+--¿Y tu mujer? ¿Y Cristina?
+
+--¡Mi mujer!--dijo el millonario con amargura:--yo no tengo mujer: sólo
+tengo una patrona, muy santa, muy virtuosa, que cuida de mi vida
+material, y hasta se inquieta algo cuando me ve enfermo. Soy el huésped
+que trae dinero á casa y al que se le corresponde con un poco de
+respeto. No finjas ignorancia, Luis.... Hace tiempo que adivinas cómo
+vivimos. Tú, en tu pobreza, no has sido más afortunado que yo con mis
+millones. Tú lo has dicho varias veces; en esta tierra hemos oído hablar
+de alguien que se llama Amor, pero por aquí no ha pasado nunca.
+
+Y el millonario revelaba el secreto de su vida conyugal, sin rubor
+alguno, con la confianza que le inspiraba aquel hombre que casi era su
+hermano. Se había unido con Cristina en los albores de su fortuna. ¿La
+amaba entonces? No estaba muy seguro de ello. En aquellos tiempos, sus
+amores eran con la buena suerte, y no le quedaba tiempo para otros. Se
+había casado por unir una gloria más á sus satisfacciones de triunfador;
+porque le halagaba emparentar con los que habían sido sus amos en
+Londres, y aquella señorita, de una aristocracia tradicional y rancia
+completaba la respetabilidad de su riqueza. Pero algo de amor había
+indudablemente en ello. Las ocupaciones de su vida vertiginosa, los
+continuos viajes, no le permitían con su mujer más que pasajeras y
+rápidas intimidades. Pero para él no existía otra mujer en el mundo, y
+era ciego y sordo ante muchas seducciones que le asediaban, atraídas por
+su opulencia. Sí: él reconocía ahora que había amado á Cristina con una
+pasión, en que se mezclaba el deseo á la mujer y el respeto instintivo
+del hijo del gabarrero á la señorita que había tenido entre sus
+ascendientes, casi fabulosos, á los señores de Vizcaya. Ahora se daba
+exacta cuenta de su amor, que en aquella época no hallaba tiempo ni
+ocasión para exteriorizarse en la intimidad de la vida doméstica. ¡Ah!
+¡cuando descansase--se decía entonces--cuando viera asegurada su
+fortuna, qué feliz sería con aquella mujer, digna compañera de su
+opulencia, que parecía reinar sobre la gente más encopetada de
+Bilbao!... Pero llegó el ansiado descanso, y al buscar á su mujer, en
+vano se esforzó por encontrarla. Tenía ante él una buena madre, una
+excelente dueña de casa, algo manirrota en sus gastos, pero muy
+interesada en que los negocios prosperasen: una meticulosa
+administradora del hogar, que tomaba las cuentas de la servidumbre con
+la misma minuciosidad que cuando vivía en el arruinado caserón de
+Durango, y al mismo tiempo sacaba miles de duros de la caja de su marido
+para restaurar una capilla que fuese más suntuosa que la costeada por
+alguna de las señoras que se codeaban con ella, en las Hijas de María ó
+en el salón de visitas de los padres de la Compañía.
+
+Sánchez Morueta, resucitado á la juventud después de su triunfo en los
+negocios, sufría un desencanto cada vez que se aproximaba á su mujer con
+delicadezas ó arrebatos de enamorado. Cristina le miraba con enojo, como
+si este cariño extremado la ofendiera, colocándola al nivel de las
+vendedoras de amor. Para ella, la pasión matrimonial no había de ir más
+allá de la intimidad, fría y casi mecánica, de sus primeros tiempos de
+vida común. El matrimonio era para que el hombre y la mujer viviesen sin
+dar escándalo, procreando hijos para servir á Dios y que no se perdiera
+la fortuna de la familia. Lo que llamaban amor las gentes corrompidas
+era un pecado repugnante, propio de gentes sin religión. Tratar un
+marido á su mujer con _melifluidades_ de esas que sólo se ven en los
+amantes de comedia, era envilecerla, igualarla con las que viven del
+pecado. La esposa cristiana había de ser casta en el pensamiento; cuidar
+de la salud material y moral del esposo, aconsejarle el bien y dirigir
+el hogar. Más allá sólo iban las mujeres perdidas. Y Sánchez Morueta
+tropezaba con una estatua impasible, estrellándose en todos sus intentos
+por darla vida.
+
+Nada malo podía decir de ella. Era virtuosa y era fiel. Bien es verdad,
+que aunque quisiera faltar á sus deberes le hubiese sido imposible. Su
+carne y su pensamiento estaban muertos para el amor. Jamás recordaba el
+millonario haber notado en su compañera un momento de abandono, un
+arrebato de pasión. Cuando él se doblegaba bajo el estremecimiento de la
+carne, encontraba los ojos de ella impasibles y serenos, como si
+estuviera cumpliendo un deber penoso. Los espasmos de la materia no
+turbaban su voluntad.
+
+Sánchez Morueta llegó á pensar si Cristina amaría á otro, si al casarse
+con él por interés, habría dejado en su pasado alguna ilusión que aún la
+perseguía. Pero después de examinar sus predilecciones é intimidades en
+la sociedad elegante y devota que la rodeaba, desechó sus sospechas.
+Ella sólo quería á su esposo, si es que aquello era querer. En su
+cariño, no había fuerzas para más. Y convencido de que nunca había de
+triunfar sobre una voluntad rebelde al amor, fué alejándose, sin que la
+esposa se mostrase triste y ofendida. Ella misma ayudó con no oculta
+satisfacción á este divorcio. Transcurrió el tiempo y al abandonar el
+lujo de sus primeros años de matrimonio, para tomar sitio entre las
+madres de severa respetabilidad, comenzó á seguir dentro de su casa
+ciertas prácticas austeras y casi conventuales. ¡Cuántas veces Sánchez
+Morueta se había visto rechazado con ira, porque era Cuaresma ó estaba
+ella en vísperas de una comunión aparatosa!...
+
+Al establecerse definitivamente la separación, al alejarse él para
+siempre, la mujer pareció agradecérselo con sus miradas, con una mayor
+dulzura en el trato. Era, sin duda, más feliz, libre de la asiduidad
+ardorosa del macho; de aquellas caricias que le repugnaban como una
+servidumbre cruel de su sexo.
+
+--Es muy honrada, muy virtuosa--dijo con amargura el millonario,--pero,
+para mí, como si no existiera. ¡Ay, Luis; estoy solo! Yo creo que la
+vida debe ser otra cosa: tanta honradez es inaguantable.
+
+Llegaba hasta el jardín la vocecita de la hija de Sánchez Morueta,
+cantando al piano el _Goizeko izarra_, la invocación melancólica á la
+estrella de la mañana. La tristeza poética de las montañas vascas
+esparcíase por el jardín inglés, dorado por el último llamear del sol de
+la tarde.
+
+--¿Y esa?--preguntó el médico.--¿No tienes á tu hija?...
+
+El potentado se expresó con apasionamiento. Amaba á su hija: era carne
+de su carne: el único recuerdo de la pasión que había sentido por su
+esposa. El cariño á Pepita era lo que mantenía las apariencias de paz de
+su casa: lo único que le ayudaba á sobrellevar la tristeza doméstica.
+Era como un puente que mantenía la comunicación entre él y su esposa.
+Por ella continuaba Sánchez Morueta su existencia febril de hombre de
+negocios. Tenía la obligación de defender lo que la pertenecía por su
+nacimiento. Su porvenir le causaba á veces gran inquietud. Podía casarla
+con el hijo de otro potentado: un matrimonio de millonarios en el que no
+entrase para nada el amor. ¿Pero no era esto perpetuar en la hija la
+infelicidad del padre? Observaba á Pepita, y se entristecía, adivinando
+en ella una reproducción de su madre. Quería casarla por amor, con un
+hombre al que se sintiera inclinada, pero no veía en ella la menor señal
+de apasionamiento. Se casaría, sin ardor y sin protesta, con el que le
+indicaran sus padres, para continuar con más libertad la vida insípida
+de ostentaciones y de devoción elegante. Ella, como las otras jóvenes de
+su clase, veía en la unión con el hombre un medio de independencia, sin
+que el corazón llegara á interesarse. Iría á administrar otro hogar,
+como su madre dirigía el suyo: á cuidar á un marido que trajese dinero á
+casa, y alguna vez, abandonando los negocios, entrara un momento en su
+salón. De su padre sólo tenía algo en lo físico: la educación y el alma
+eran de su madre. Si Sánchez Morueta, al escoger el yerno, se colocaba
+frente á su mujer, era casi seguro que Pepita no le seguiría á él.
+
+--La amo--decía el millonario,--la amo á pesar de todo. Pepita me quiere
+á su manera; es cariñosa conmigo, me mima y me adora, especialmente
+cuando su madre la encarga que me pida algo. Pero también junto á ella
+me siento solo. Parece que no seamos de la misma familia, que
+pertenezcamos á distinta raza. No sé explicarme, Luis: tal vez estoy
+loco; pero jamás siento con ellas, que son mi familia, esta confianza,
+este dulce abandono que tú me inspiras. Y es que tú eres de mi sangre;
+el único pariente verdadero.
+
+Aresti seguía moviendo la cabeza, como quien oye una canción harto
+conocida. No le extrañaba la situación de Sánchez Morueta: era la de
+muchos poderosos de aquella tierra. Vivían rodeados de todos los goces
+del bienestar, pero en una pobreza triste de afectos. Los matrimonios
+eran vulgares asociaciones para crear hijos y que la fortuna no se
+perdiera. Marido y mujer vivían en aislamiento moral: él buscando
+consuelo fuera de casa, en amores vergonzosamente ocultados; ella
+dedicándose á la devoción.
+
+Sánchez Morueta interrumpió estas consideraciones de su primo, como si
+ansiase decirle toda la verdad. Así era él también: necesitaba amor y
+amaba. Ya que la alegría de la vida no entraba en su casa, la había
+buscado fuera de ella. No era un enredo vulgar para satisfacción del
+sexo: era una pasión que endulzaba el ocaso de su madurez y le hacía
+soñar y sentir á los cincuenta años, con una intensidad que le
+retrogradaba á la juventud. Y con arrobamientos de adolescente,
+recreándose en el relato, recordó toda la novela de su amor.
+
+Había comenzado por una aventura vulgarísima: un encuentro en Biarritz
+con Judith, una vendedora de amor, de nacionalidad indeterminada, nacida
+en Francia, pero hija de judíos: una mujer que en plena juventud había
+corrido medio mundo y conocía casi todos los idiomas europeos. Las
+relaciones habían ido estrechándose. Apenas se separaba de ella jurando
+no volver á verla, avergonzado de su vileza y acordándose de su hija con
+remordimiento, sentía la necesidad de buscarla de nuevo, se proponía á
+sí mismo un negocio que hacía necesaria su presencia en París, ó en
+Madrid, allí donde se encontraba ella, siguiendo su existencia errante
+de aventurera del amor, tan pronto viviendo casi maritalmente y retirada
+del mundo, como exhibiendo su belleza y su voz de falsete sobre los
+tablados de los _music-hall_. ¿Qué tenía aquella mujer que le
+trastornaba con el mareo de la embriaguez? Era el encanto del pecado, el
+sabor agridulce de lo prohibido, el perfume canallesco, que entraba como
+una ráfaga de vendaval en el aburrimiento de su vida, volcando todas las
+preocupaciones y los escrúpulos. Sánchez Morueta, al considerarse
+culpable, se sentía más hombre. El remordimiento era una manifestación
+de vida que le sacaba del letargo de su existencia.
+
+Paladeaba las nimiedades del amor, que turbaban dulcemente la vulgaridad
+monótona de su vida. Las cartas de sobra prolongado y escritura femenil
+le salían al encuentro en la mesa de su despacho, entre la
+correspondencia comercial, con un perfume de alcoba pecadora que
+estremecía su carne y parecía traerle una ráfaga cargada de taponazos de
+champagne y música chillona de café concierto. La expansión, dulcemente
+truhanesca, que le llamaba con los vulgares nombres de _petit coco ó mon
+gros cheri_, hacíale sonreír juvenilmente bajo su barba venerable. Era
+una pasión que alegraba el ocaso de su vida, que resucitaba su alma casi
+en las puertas de la vejez. Amaba como un patriarca de la Biblia,
+sorprendido en el ambiente tranquilo de su tienda por las gracias
+felinas de una bayadera asiática.
+
+Había acabado por arrancar á Judith de su vida de aventuras, por
+instalarla definitivamente en Madrid, como una señora tranquila que vive
+de sus rentas. Pensó por un momento traerla á Bilbao, pero había
+desistido de ello, no por miedo á la familia, sino por temor á la villa
+hipócrita y triste, que toleraba el amancebamiento con criadas y
+costureras, que cerraba los ojos ó sonreía bondadosa ante el capricho
+del rico con mujerzuelas que no abandonasen su condición de pobres, pero
+se escandalizaba y enfurecía ante la _cocotte_, la hembra que pusiera
+en sus sonrisas algo de distinción, y rodeara de una sombra de amor las
+necesidades de la carne. Otros más valientes que él habían intentado
+aclimatar aquellas aves pasajeras en ciertos hotelitos del ensanche, y
+todo el vecindario se amotinó contra las extranjeras. Hasta habían
+cortado las cañerías del agua y la luz de sus casas, para obligarlas á
+levantar el campo.
+
+El millonario iba con frecuencia á Madrid por dos ó tres días,
+pretextando juntas de accionistas ó gestiones cerca del gobierno. Todos
+le encontraban rejuvenecido; veían en él algo nuevo é inexplicable, que
+animaba sus ojos con el brillo dulce de la adolescencia, que parecía dar
+más soltura á su cuerpo de hombre de lucha, y le hacía cuidar con mayor
+esmero del adorno de su persona.
+
+--Tú mismo--decía al médico,--te has extrañado de este cambio muchas
+veces. Es el amor, Luis. Nada como él alegra á los hombres.
+
+Y como si temiera alguna burla del doctor, hablaba de Judith con
+entusiasmo, queriendo convencer á su primo de que su madurez no hacía
+mal papel al lado de aquella juventud un poco gastada por el exceso de
+placeres. Estaba seguro de que le quería. No era que él pudiese inspirar
+una gran pasión: pero cansada de la antigua vida, se había refugiado en
+sus brazos para siempre y le amaba con un amor en el que entraba por
+mucho el agradecimiento. Esto le bastaba. No había más que ver cómo le
+sonreía, cómo salían á su encuentro los brazos blancos y suaves cuando
+se presentaba inesperadamente en el hotelito de las afueras de Madrid.
+Aquella era su verdadera casa: allí pasaba los mejores días, y á no ser
+por su hija y por la respetabilidad que exigen los negocios, allí iría á
+terminar su existencia.
+
+Además, un suceso inesperado los había unido más estrechamente: había
+afirmado aquel idilio oculto que llevaba cinco años de duración. Sólo á
+un hombre como su primo podía hacerle tal confidencia... ¡Tenía un hijo!
+Y como el doctor Aresti no pudiese contener su asombro, el millonario se
+apresuró á añadir:
+
+--Tú eres el único que lo sabe: un hijo... ¡mío! ¡bien mío! Un niño de
+tres años que empieza á hablar, y al verme me llama: «¡El papá de
+Bilbao!» El amor me da lo que tantas veces deseé en mi casa sin
+conseguirlo. ¡Un hijo!... No lleva mi apellido, no puedo confesar que
+soy su padre, pero pienso en él, espero que crezca y ¡ya vendrá á mi
+lado! ¡ya haré por él cuanto pueda, que será mucho!
+
+Y hablaba enternecido de aquel hogar oculto, de la familia improvisada
+que era para él la verdadera. Judith, engordando en su bienestar
+tranquilo; aburguesándose hasta hacer olvidar á la antigua _divette_
+aventurera, Sánchez Morueta la quería mejor así: la creía más suya. Y
+entre los dos, aquel pequeñuelo de una asombrosa precocidad. El
+millonario se enorgullecía viéndolo tan hermoso, con una belleza
+afeminada que reflejaba la de la madre, sin ningún rasgo de él.
+
+--Un verdadero hijo del amor--decía el hombretón con sonrisa
+placentera.--No hay en el pequeño nada de mi fealdad: ni mis manazas, ni
+esta cara de gigantón. Rubio como el oro, ¡y tan blanco! ¡tan delicado!
+¡tan poquita cosa! Parece un bebé de porcelana.
+
+Y recordaba al doctor una de sus frases que gozaban el privilegio de
+indignar á las gentes honradas. Los hijos del amor eran siempre los más
+hermosos: tenían algo de extraordinario, que rara vez se encontraba en
+los retoños engendrados por las parejas legales, que procrean por deber
+y por instinto, durante las noches blancas, de placer triste y monótono,
+en las que los besos tienen el sabor suculento y vulgar de la olla
+casera.
+
+Sánchez Morueta calló como fatigado por su confesión. En uno de sus
+paseos habían llegado cerca del hotel, y ahora se alejaban lentamente,
+sonando á sus espaldas el piano y el abejorreo de las conversaciones de
+la tertulia de doña Cristina.
+
+--¡Y pensar que podía haber encontrado en mi casa la felicidad que busco
+fuera, ocultándome como un malhechor!--exclamó el millonario, como si el
+recuerdo de su familia despertase en él cierto remordimiento.--Pero no
+creas, Luis, que estoy arrepentido--añadió con resolución.--Yo tengo
+derecho á ser feliz y la felicidad se toma donde se encuentra.... Pero
+dí algo, Luis. ¿Qué opinas de todo esto?
+
+Aresti encogió los hombros. De aquellos amores no quería hablar. Si
+proporcionaban á su primo cierta felicidad, hacía bien en continuarlos.
+La vida es triste y la pericia del hombre está en alegrarla, en iluminar
+con brillantes colores los contornos grises de la existencia. Bueno era
+que aquella mujer le amase según él decía: pero aunque el amor no
+existiese, resultaba lo mismo. Lo importante era que él se creyese
+amado. En el mundo se vive de la ilusión y la mentira, y la mayor
+desgracia es abrir los ojos.
+
+--Me quiere, Luis, me quiere--interrumpió el millonario
+apresuradamente.--¿Por qué había de fingir? Si hubiera sabido quién era
+yo cuando la conocí, aún podría dudar. Pero en nuestros primeros tiempos
+de amor me creía un hombre de corta fortuna. Tardó mucho á saber que era
+yo Sánchez Morueta.
+
+El doctor asombrábase ante la firme convicción de su primo. Celebraba su
+optimismo: así, su dicha no correría peligro. Él no se mezclaba en el
+asunto. A ser feliz ya que tenía fuerza de voluntad y medios sociales
+para crearse una segunda familia, que viviría en el foso, mientras
+arriba, en las tablas, tronaba la otra con todo el aparato de su
+riqueza. A Aresti sólo le interesaban los infortunios domésticos de su
+primo, su aislamiento moral dentro de la casa. Lo mismo que á él, les
+ocurría á otros. Era el eterno obstáculo con que tropezaban todos los
+que en aquella tierra querían encontrar en la esposa algo más que una
+compañera y administradora. Unos habían de buscar la alegría de su
+existencia fracasada fuera de su casa, manteniendo, por cobardía ó
+egoísmo, las apariencias de un hogar tranquilo; otros, más resueltos y
+valerosos--él, por ejemplo,--rompían abiertamente, no queriendo vivir
+encadenados á un alma muerta y volvían á su existencia de solteros, con
+la amargura de no poder buscar públicamente una nueva compañera.
+
+Aresti no censuraba á las mujeres de su país. Eran como eran, un poco
+por la frialdad de la raza nada propensa á apasionarse por lo que no
+tenga un fin inmediato y práctico, y muchísimo más por defecto de
+educación, porque los mismos hombres las habían acostumbrado al
+aislamiento, á la separación de sexos, á asociarse las mujeres con las
+mujeres, no viendo en el hombre más que una máquina de fabricar dinero é
+hijos. ¿Qué había hecho al casarse Sánchez Morueta? Lo que todos los
+poderosos de su país. El matrimonio ajustado por las familias, sin hacer
+gran caso de la voluntad de los contrayentes: después, el viaje
+aparatoso de varios meses por Europa, para alardear de riqueza, deseando
+el marido volver cuanto antes á reanudar sus negocios. Y el mismo día de
+la vuelta á Bilbao, él, al escritorio, á ganar dinero, ó al club, para
+vivir entre hombres solos, dejando á la mujer entregada para siempre á
+las amigas. Y la mujer se refugiaba entre las de su sexo, sin más
+diversiones que el visiteo y el exhibir trajes y alhajas para envidia de
+las compañeras, pues hasta la faltaban ocasiones de lucir su riqueza.
+
+No conocían la vida de sociedad con sus fiestas y saraos, como los
+aristócratas de otros países. Los padres de la Compañía, para asegurar
+su influencia, predicaban contra los bailes, como invenciones del
+demonio, propias de otras tierras que no habían gozado la gran dicha de
+heredar las sanas y virtuosas costumbres de Vizcaya. Los teatros
+funcionaban con los palcos vacíos, sin que á ellos asomara una mujer:
+las fiestas del verano eran el único esparcimiento anual para todas
+ellas. Faltas de diversión, ansiosas de reunirse, de oír música, de algo
+que despertase su sentimentalismo, buscaban en la iglesia su club y su
+teatro, pasando el día en el templo del Corazón de Jesús, allí donde la
+arquitectura afeminada y ridícula, cargada de oro y bermellón, el
+armonium, las voces hermafroditas y las bombillas eléctricas, parecían
+acariciarlas con un halago que tenía tanto de mundanal como de místico.
+
+Aresti sonreía amargamente. ¡Ay: estaba bien discurrido aquel asedio,
+para apoderarse lentamente de la mujer, llegando por medio de ella hasta
+la dominación del esposo! De ellos era principalmente la culpa, ¿Qué
+habían de hacer unos seres débiles, faltos de dirección, arrastrados
+por el especial sentimentalismo del sexo hacia todo lo absurdo? Veíanse
+obligadas á una vida de harem; siempre mujeres con mujeres, viendo sólo
+al hombre en el preciso momento del deseo; y el hábil jesuíta se
+presentaba como un remedio á su tristeza, entretenía su fastidio con una
+devoción dulzona y afeminada, era el eunuco guardián, el verdadero amo,
+dirigiendo á su antojo al tropel de odaliscas cristianas. Así llegaba
+desde la sombra á apoderarse de la voluntad de los hombres, los cuales
+se movían, sin conocer el impulso de sus acciones.
+
+Algunos aún se mostraban satisfechos y agradecidos á los sacerdotes,
+porque proporcionaban dulce entretenimiento á sus esposas, dejándolos en
+mayor libertad para sus negocios y placeres.... ¡Imbéciles! El doctor se
+indignaba ante aquella intrusión, que había acabado por cambiar á las
+mujeres de su país, matándolas el alma, convirtiéndolas en autómatas que
+aborrecían como pecados todas las manifestaciones de la vida, y llevaban
+al hogar las exigencias de una dominación acaparadora.
+
+--Tú mismo, Pepe, que te quejas de lo que ocurre en tu casa--dijo el
+doctor,--¿qué has hecho para evitarlo?...
+
+Sánchez Morueta hizo un gesto de extrañeza. ¿Él? ¿qué podía evitar él?
+¿Podía acaso cambiar el carácter de su esposa?...
+
+--Tú has dejado, como los otros--continuó el doctor,--que tu mujer
+buscase un remedio á su soledad, entregándose á la devoción. ¡Y te
+extrañas de que Cristina haya ido separándose de tí! Es un caso de
+adulterio moral, del que sois vosotros casi siempre los culpables. Se
+comprende lo que á mí me ocurrió: yo no soy rico, y en este país de
+negocios, el pobre no tiene autoridad sobre la familia. Además, junto á
+los prejuicios de la que fué mi compañera, estaban como refuerzo los de
+su madre y su hermana. Pero tú, que tienes la autoridad de la fortuna,
+¿cómo has dejado que fuesen apoderándose de una mujer á la que amabas,
+separándola de tí? Te quejas de que ya no es tu esposa; pues ese afecto
+que te falta y ha trastornado tu existencia lo tienen otros. En tus
+propias barbas han cortejado á tu mujer y te la han robado. Sí alguna
+vez piensas vengarte, ve en busca de los que la confiesan.
+
+El millonario sonrió con desdén.
+
+--¡Bah! ¡Los jesuítas! ¡Ya salió tu tema!... Efectivamente, son gente
+antipática; ya sabes que les tengo mala voluntad. Yo soy liberal; yo me
+batí en el último sitio como auxiliar, comiendo carne de caballo y pan
+de habas; yo tomaría el fusil otra vez, si volviesen los carlistas.
+¿Pero aun crees tú, Luis, en esa leyenda de los jesuítas tenebrosos,
+cometiendo los mismos crímenes que ellos atribuyen á los masones?...
+
+Y Sánchez Morueta miraba con ojos compasivos á su primo, sin dejar de
+sonreír.
+
+--No sigas, Pepe--dijo el doctor.--Adivino lo que piensas. Soy un cursi.
+Conozco la frase: es un magnífico pararrayos para desviar el odio que
+instintivamente sienten todos contra esos hombres. Es cursi hablar mal
+de los jesuítas, afirmar que constituyen un peligro. Lo distinguido, lo
+intelectual, lo moderno, es creer á ojos cerrados en cualquier patán
+astuto que, vistiendo la sotana, pronuncia sermones vulgares, y pasa las
+horas en el confesionario enterándose de vidas ajenas y adorando al
+Corazón de Jesús, que coloca por encima de Dios.
+
+--¡Yo no digo tanto!--exclamó el millonario.--Yo no creo en ellos, y
+hasta me río de sus cosas. Pero reconocerás conmigo que eso del odio al
+jesuíta es algo anticuado. Sólo aquellos progresistas cándidos y
+heroicos de otros tiempos, podían ver la mano del jesuíta en todas
+partes y creer en sus venenos y puñales.
+
+--Yo no creo en su tenebroso poderío ni en sus venganzas. En esta tierra
+nadie se atreve como yo á hablar contra ellos, y ya ves, nada malo me
+ocurre. Así que me he puesto fuera de su alcance, saliendo de una casa
+que dominaban y viviendo entre gentes que les desprecian, nada pueden
+contra mí. Aislados nada valen: pero hay que temerles allí donde les
+ayuda la imbecilidad, donde la gente va hacia ellos. ¿Cómo te explicaré
+lo que pienso? Son como los microbios, que nada valen, y, sin embargo,
+llegan á producir una epidemia. Si encuentran un ser débil preparado
+para recibirlos, lo matan; pero si tropiezan con uno fuerte, dispuesto á
+repelerlos, ellos son los que perecen. No tienen fuerza para apoderarse
+de nada por sí mismos. El que les haga frente puede estar tranquilo de
+que no lo buscarán. Pero cuentan con el auxiliar poderoso de los tontos
+y del sentimentalismo femenil, que avanza en su busca y se ofrece,
+diciéndoles: «Dominadnos, haced de nosotros lo que queráis, y dadnos en
+cambio el cielo.»
+
+Aresti no creía, como los enemigos de la Compañía en otros tiempos, en
+la grandeza y el poder del jesuitismo. La sabiduría de sus individuos
+era una leyenda. Había entre ellos (que eran miles) algunos que se
+distinguían en las ciencias y en las artes, nada más que como
+apreciables medianías. Llevando siglos de existencia, disponiendo de
+riquezas y viajando por toda la tierra, sus famosos sabios no habían
+enriquecido á la humanidad con un sólo descubrimiento de importancia. Su
+talento consistía en presentar al vulgo las medianías como genios de
+fama universal y colocar á la mayoría restante en sitios donde no se
+evidenciase su vulgaridad.
+
+El médico se reía igualmente de su poder. Sólo alcanzaba á los que caían
+ante sus confesonarios. El que cortaba toda comunicación con ellos,
+podía burlarse de su poder sin miedo alguno. Eran unos pobres hombrea,
+temibles únicamente para los que viven á su sombra.
+
+Aresti reconocía, sin embargo, que su influencia dentro de la Iglesia
+era mayor que nunca. Cuando Loyola había fundado su Compañía, las demás
+órdenes religiosas la despreciaban. Pero por ser la más moderna se había
+apoderado de todas, con la fuerza de la juventud. Además, los frailes,
+despojados de sus riquezas de otros siglos, tenían ahora que copiar los
+procedimientos de los jesuítas, que tanto les repugnaban en pasadas
+épocas. Tenían que marchar á la zaga de ellos, imitándolos para hacer
+dinero, guardando la actitud humilde del pobre ante el rico. El cuarto
+voto de obediencia al Papa, peculiar de la Compañía, había hecho
+indispensable para el Vaticano el apoyo del jesuitismo. Hasta podía
+afirmarse que el ejército monástico de Íñigo de Loyola había salvado al
+pontificado en el trance, terrible para él, de la revolución luterana.
+Era la antigua fábula del hombre y el caballo, puesta de nuevo en
+acción. El caballo prestaba sus lomos al hombre para que le defendiese y
+vengase de sus enemigos, pero una vez satisfechos sus deseos, el jinete
+se negaba á descender, condenándolo á eterna servidumbre. La compañía
+había salvado al Papa, pero esclavizándolo para siempre. El cristianismo
+había muerto con la Reforma para convertirse en catolicismo. Ahora el
+catolicismo ya no era más que una palabra: la verdadera religión era el
+jesuitismo. El Papa que bendice seguía en el Vaticano; pero el Papa que
+decreta y disciplina las conciencias, era el General, oculto en el
+_Jesu_ de Roma.
+
+--Esto á mí en nada me interesa--acabó diciendo Aresti.--Yo vivo fuera
+del gremio, y lo mismo me importa que lo dirija este que el otro.
+
+Su primo hizo un gesto de asentimiento. A él tampoco. Él no hablaba con
+la audacia del doctor, pero vivía de hecho fuera de las prácticas
+religiosas; no le preocupaban.
+
+--A tí, sí--dijo Aresti con energía.--A tí deben preocuparte. Crees que
+vives fuera de esa influencia, porque no vas á misa, ni te tratas con
+curas; pero todo llegará, tú irás, y hasta es posible que te arrodilles
+ante algún confesonario de la iglesia de los jesuítas. Estás en el
+círculo de su influencia: te tienen al alcance de su mano por medio de
+la familia; ya te agarrarán. ¡Apenas si es mal bocado el millonario
+Sánchez Morueta!
+
+El aludido sonrió. ¡Bah! No eran tan terribles. En Inglaterra se reirían
+oyéndoles hablar de tales gentes. Allí las despreciaban, si es que
+alguna vez hacían memoria de ellas.
+
+--¿Pero es que Londres es Bilbao?--gritó exasperado el doctor.--¿Acaso
+Inglaterra es España? Ya sé yo que se ríen de ellos en todas las
+naciones modernas y poderosas: únicamente Francia se rasca de vez en
+cuando para echárselos lejos. Pero vivimos en España, una nación que no
+concibe la vida sin la Iglesia, y lo que te dije de los individuos,
+puede aplicarse á los Estados. Contra los fuertes se estrellan y
+perecen, pero de los débiles, predispuestos al contagio, se apoderan
+como una enfermedad. Eso de «cursi» podrá aplicarse al que sueñe con el
+jesuíta temible, en Londres ó en Berlín: pero aquí ¡vaya con la
+_cursilería_! ¡y no puedes moverte sin tropezar con ellos!...
+
+--Sí; aquí dominan mucho--dijo el millonario con gravedad.--Yo sé que á
+otros menos poderosos, que necesitan para sus negocios del apoyo de
+capitales ajenos, los han elevado ó los han hundido, enviándoles ó
+retirándoles los accionistas. Se meten en las casas y las dirigen...
+pero es allí donde les dejan entrar. Yo, afortunadamente, aunque tú
+creas lo contrario, estoy libre de ellos. Me han buscado por mil medios;
+han intentado conquistarme; me han ofrecido indirectamente apoyos que no
+necesitaba. Estoy muy por encima para que puedan hacerme daño. Aquí no
+entrarán por más que se empeñen. Ya lo sabe Cristina: es lo único que me
+impulsaría á romper con ella, á separarme, sin miedo á lo que dijese la
+gente. Tú que sonríes y hasta parece que te burlas: ¿has visto aquí
+alguna vez una sotana? ¿tienes noticia de que vengan á visitarnos esos
+señores de la Residencia?
+
+--No: no vienen--dijo Aresti sin abandonar su gesto irónico.--¿Y para
+que habían de venir? Hace tiempo que están dentro: no necesitan de tu
+permiso. ¿A quién habían de buscar en tu casa? ¿A tu mujer y á tu hija?
+Ya les ahorras esa molestia enviándolas tú mismo á donde ellos las
+aguardan. Les cierras la puerta de tu hotel, pero antes les entregas la
+familia....
+
+--Me has repetido lo mismo varias veces: son ilusiones tuyas. Ya conoces
+mi carácter. He dicho que no entran y no entrarán. Sería un buen golpe
+para ellos apoderarse de Sánchez Morueta; pero pierden el tiempo.
+
+Aresti estaba pensativo y parecía no oírle.
+
+--El otro día--dijo con lentitud, como si reconcentrase su memoria--leí
+un drama en francés y me acordó de tí. Era _La Intrusa_ de Mæterlinck,
+¿Conoces eso?...
+
+El millonario movió la cabeza: él no tenía tiempo para la literatura.
+
+--La _Intrusa_--continuó el médico,--es la Muerte, que entra en las
+casas sin que nadie la vea; pero todos sienten los efectos de su paso.
+
+Y Aresti relató la escena lúgubre de la familia reunida en torno de la
+mesa, en la penumbra, más allá del círculo de luz de una pantalla verde.
+En la alcoba cercana está una enferma, con el sopor de la gravedad:
+fuera de la casa, á lo lejos, se oye afilar una guadaña, rayando el
+cristal negro de la noche con su chirrido. Alguien debe haber entrado en
+el jardín. Se asoman y no ven á nadie. Los cisnes graznan asustados,
+ocultando la cabeza bajo las alas como si pasase un peligro: los peces
+despiertan en el tazón de la fuente, ocultándose temblorosos: las flores
+caen deshojadas, las piedras crujen como si las pisasen unas plantas de
+inmensa pesadumbre... y sin embargo no se ve á nadie. Ya suenan pasos en
+la escalinata: la puerta se abre, á pesar de que no sopla el viento.
+Hasta la noche parece haber enmudecido sobrecogida. Intenta la familia
+cerrar las hojas y no puede, como si tropezasen con un cuerpo invisible,
+con alguien que asoma y se detiene indeciso, antes de orientarse. Y
+después, el ser misterioso avanza por la sala. Nadie le ve, pero se
+adivinan sus pasos sobre el tapiz, presienten todos que algo pasa ante
+la lámpara verde. Levanta una mano invisible la cortina del cuarto de la
+enferma y vuelve á caer sin que nadie haya entrado. ¡Un gemido!... La
+enferma acaba de morir. Es la muerte que ha llegado hasta su cama
+atravesando todos los obstáculos; la _Intrusa_, para la que no hay
+puertas, que avanza invisible, haciendo sentir en torno su oculta
+presencia.
+
+Y Aresti, después de relatar la obra de Mæterlinck, miraba silencioso á
+su primo, que parecía no comprenderle.
+
+--En tu casa ocurre lo mismo--dijo tras larga pausa.--Crees que ese
+enemigo no ha entrado, porque no le ves de carne y hueso sentarse á tu
+mesa y ocupar un sillón en la hora de las visitas. Pues hace tiempo que
+llegó hasta tu misma alcoba. Tú te lamentabas de ello hace poco. Todos
+los días vuelve, siguiendo los pasos de tu mujer y tu hija cuando
+regresan de la Iglesia de los jesuítas ó de sus juntas de Hijas de
+María. ¿No presientes la proximidad de ese enemigo invisible? No
+percibes su roce? El último de tus criados lo ve y tú estás ciego. Te
+mira á todas horas y conoce tus acciones. Sus ojos son ese secretario
+que tienes y ese señorito pariente de Cristina, que busca unirse á tí,
+pensando en tus millones más que en Pepita. Sus manos son tu mujer y tu
+hija. Ellas te agarrarán cuando te sientas débil; aprovecharán un
+instante de desaliento para empujarte dulcemente en brazos del Intruso.
+Te crees libre de él y ronda á todas horas en torno tuyo.
+
+Sánchez Morueta reía ruidosamente.
+
+--Estás loco, Luis. Por algo tienes esa fama de original. La lectura te
+ha trastornado el seso. ¿A qué tanto fantasma, y dramas, é intrusos... y
+demonios coronados? En resumen, todo es porque dejo en libertad á mi
+familia, para que se entregue á las prácticas religiosas y se entretenga
+con esa devoción bonita, inventada por los jesuítas. ¡Qué he de hacer
+yo, si eso las divierte! ¿Quieres acaso que me Imponga como un tirano de
+comedia, y diga: «Se acabó el trato con los Padres, aquí no hay más misa
+que la que diga el cura de Portugalete en el oratorio del hotel?» Eso no
+lo hago yo, Luis. Yo soy muy liberal: tal vez más que tú.
+
+Hablaba con una firmeza británica de su respeto á la libertad. Él no
+quería violentar la conciencia ajena: cada cual que siguiera sus
+creencias y que le dejaran á él con las suyas. Libertad para todos. Y
+recordaba su educación en Inglaterra, la amplitud religiosa del pueblo
+británico, con sus diversas confesiones, sin que los individuos de una
+misma familia se molesten ni enemisten por practicar diversos cultos.
+
+Aresti pareció irritado por la calma serena con que su primo hablaba de
+la libertad.
+
+--Yo también creo lo mismo--exclamó;--pero en un país como ese de que
+hablas, que apenas si ha conocido la intolerancia religiosa y la
+persecución por delitos de conciencia. Además, hay allí creencias
+diversas, y unas á otras se equilibran, amortiguando los efectos. Es una
+especie de federalismo religioso que no sale de los templos, ni pretende
+dominar al Estado y dirigir las familias. ¿Pero hablar de libertad
+absoluta en este país, que es famoso en el mundo por la Inquisición y
+por ser patria de San Ignacio?... Llevamos sobre las costillas cuatro
+siglos de tiranía clerical. La unidad católica no está consignada en las
+leyes, pero ya se encargan muchos de que perdure en las costumbres.
+Vivimos en guerra religiosa permanente. Los pocos que se emancipan han
+de estar sobre las armas, dando y recibiendo golpes. ¡Y vienes tú con
+esa pachorra inglesa hablándome de libertad y de respeto á todas las
+creencias!... Eso puede ser en otros países; podrá ser aquí, cuando
+exista esa España nueva, cuyo nacimiento se aguarda hace cerca de un
+siglo, que saca la cabeza y luego se oculta, sin decidirse á salir por
+completo de las entrañas de la Historia. No: yo no soy liberal: yo soy
+un hombre de mi tiempo, tal como me han formado las circunstancias de mi
+país, no como me lo enseñan los libros. Yo soy un jacobino; yo quiero
+ser un inquisidor al revés, ¿me entiendes?, un hombre que sueña con la
+violencia, con el hierro y con el fuego, como único remedio para limpiar
+á su tierra de la miseria del pasado.
+
+Y Aresti, siempre irónico y zumbón, se exaltaba hablando. Latía en sus
+palabras el odio á la influencia oculta que había truncado su vida,
+hiriéndolo en sus afectos de hombre pacífico, impidiéndole constituir
+una familia. Él amaba la libertad; pero era la libertad para el
+mejoramiento y bienestar de la especie humana; para ir adelante, hacia
+los nuevos ideales marcados por la ciencia: no para retroceder,
+abrazándose á instituciones que estaban muertas desde hacía siglos.
+Además, ¿por qué conceder las ventajas de la libertad á los que habían
+empleado antaño su inmenso poderío combatiéndola, arrumbando escombros
+sobre su tallo naciente y ahora, al verla vigoroso árbol, querían ser
+los primeros en gozar de su sombra? No: él no reconocía derecho para
+existir á unas creencias que eran la negación de la vida; no podía
+conceder la libertad á los tradicionales enemigos de esa misma libertad.
+
+Encarándose con Sánchez Morueta, preguntábale qué haría si supiera que
+en su escritorio existían hombres que deseaban el naufragio de sus
+barcos, el incendio de sus fábricas, el agotamiento de sus minas, la
+desaparición total de todo lo que era la existencia de su casa. ¿No los
+expulsaría, indignado? Pues esto deseaba él para los enemigos de la
+vida, para los que maldecían como pecados las más gratas dulzuras de la
+existencia; para los que adoraban la castidad antipática de la virgen
+sobre la soberana fecundidad de la madre; y ensalzaban la pereza
+contemplativa, considerando el trabajo como un castigo; y hacían la
+apología de la vagancia y la miseria convirtiéndolas en el estado
+perfecto; y tenían el hambre como signo de santidad y apartaban á las
+gentes de las felicidades positivas de la tierra, haciéndolas dirigir
+las miradas á un cielo mentido; y anatematizaban el amor carnal como
+obra del demonio. Eran, en una palabra, los que divinizaban todas las
+miserias, todos los rigores que martirizan al hombre, marcando, en
+cambio, con el sello de la execración las únicas alegrías que están á su
+alcance. Aquellos enemigos de la vida, la insultaban llamándola valle de
+lágrimas. ¿No deseaban salir de ella cuanto antes? Pues á darles gusto y
+que dejaran el sitio libre á los pecadores, á los malvados que aman este
+mundo y se conforman con todos sus defectos y tristezas, sabiendo que
+más allá no existe otro mejor.
+
+Aresti hablaba con una vehemencia feroz, brillándole los ojos con fuego
+homicida.
+
+--Eres un inquisidor--dijo su primo soriendo.--Parece mentira que un
+hombre _moderno_ como tú se exprese de tal modo.
+
+Aresti no quiso protestar. No le infundía repugnancia el mote de su
+primo. ¿Inquisidor? sea. Toda la España, ansiosa de algo nuevo, sentía
+lo mismo que él, sólo que no llegaba á razonar sus impulsos. En otros
+pueblos más adelantados, la crisis religiosa, el paso de la Fe á la
+Razón, se había verificado dulcemente, en medio del respeto y la
+libertad. La Reforma, con su espíritu de crítica y libre examen, había
+servido de puente. Pero en esta tierra había que dar un salto violento,
+pasar, sin puente alguno, desde las creencias de cuatro siglos antes,
+aún en pie y poderosas, á la vida moderna. El tránsito había de ser rudo
+y brutal. Era un ensueño querer guiar al pueblo mansamente, pasito á
+paso: había que correr, que saltar, derribando lo que aún quedase por
+delante. Había que tener en cuenta la raza, la herencia triste que pesa
+sobre este pueblo: su educación intolerante que databa de ayer. En unos
+cuantos años de vida moderna, que no era propia, sino de reflejo, no se
+podían extinguir varios siglos de ferocidad religiosa. Todo español
+lleva dentro un inquisidor. Bastaba ver cómo el más leve atentado que
+turbaba la paz pública, hasta las clases más elevadas y cultas, pedían
+la suspensión del derecho y la intervención de la fuerza. Los ricos
+aplaudían á la guardia civil cuando daba tormento, resucitando los
+procedimientos salvajes de la Inquisición; los pobres admiraban al
+fuerte, al audaz, viendo muchos de ellos la suprema gloria en la bomba
+de dinamita; los gobiernos, ante el más insignificante motín, abominaban
+de la libertad como si fuese un fardo abrumador... En otros tiempos, los
+católicos rancios presentaban sus pruebas de pureza de sangre para
+demostrar que estaban limpios de todo origen judío ó mahometano. ¿Quién
+podría jurar hoy que no circulaba por sus venas sangre de fraile ó de
+familiar del Santo Oficio?
+
+Y el doctor, que había asistido á muchas reuniones populares, recordaba
+la gradación de los sentimientos y tendencias de la gran masa. Aplaudían
+con un entusiasmo algo forzado, por costumbre más que por espontáneo
+impulso, los ataques al régimen político. Los reyes estaban lejos, y la
+gente pensaba en ellos como en una calamidad casi del pasado, que aún no
+se había extinguido, pero que debía desaparecer fatalmente, más pronto ó
+más tarde, sin grandes esfuerzos. Les interesaba la cuestión social como
+algo positivo relacionado con su bienestar; pero por más esfuerzos que
+hicieran los oradores por exponer las generosidades de la sociología
+revolucionaria, la gente sólo veía la ventaja de aumentar en unos
+cuantos reales el jornal y trabajar alguna hora menos... Pero se hablaba
+del jesuíta, del fraile, del cura, y la muchedumbre se ponía
+instintivamente de pie, con nervioso impulso, y brillaban los ojos con
+el fulgor diabólico de una venganza secular, y sonaba estrepitoso el
+trueno del aplauso delirante, y se levantaban los puños amenazadores,
+buscando al enemigo tradicional, al hombre negro, señor de España. Las
+huelgas por cuestiones de trabajo se desviaban para apedrear iglesias:
+las manifestaciones populares silbaban é insultaban á toda sotana que
+cruzaba la calle: hasta los motines contra el impuesto de Consumos
+tenían por final la quema de algún convento.
+
+--Y es que el pueblo--continuó Aresti--adivina por instinto cuál es el
+enemigo más próximo, el primero que debe acometer al despertar, y no se
+junta para algo que no dirija contra él sus iras.
+
+El doctor, guiado por un deseo de imparcialidad, reconocía que en
+apariencia ningún odio ni temor debían sentir las masas contra la
+Iglesia. Los obreros de las ciudades no iban á misa, ni se confesaban;
+vivían separados del cura, despreciándolo. ¿Por qué, pues, habían de
+temerle? Los jesuítas y los frailes sólo visitaban las casas de los
+ricos y no podían esperar los pobres que se introdujeran en sus
+miserables tugurios. ¿Por qué, pues, odiarlos? Era que la masa, por
+instinto, adivinaba en ellos la barrera opuesta á toda tentativa de
+avance. Estancando la vida del país, cortaban el paso á los de abajo.
+Ellos eran los que les habían tenido en la ignorancia durante siglos,
+haciéndoles ver que el pobre carece de otro derecho que el de la
+limosna, inculcándoles un respeto supersticioso para el potentado,
+obligándoles á creer que deben aceptarse como dones celestes las
+miserias terrenas, pues sirven para entrar en el cielo. Y el pueblo, que
+sólo conseguía ventajas en fuerza de rebeldías y revoluciones, se
+vengaba del engaño de varios siglos persiguiendo á los impostores.
+
+Además, existía un impulso de fuerza tradicional. Da las entrañas de la
+historia patria se desprendía un hálito de santo salvajismo. El brasero
+inquisitorial ardía durante siglos; el cielo azul obscurecíase con nubes
+de hollín humano; reyes, magnates y populacho habían asistido entre
+sermones y cánticos á las quemas de hombres con el mismo entusiasmo que
+provocan hoy las corridas de toros. Del fondo de la tierra clamaban
+venganza miles de seres achicharrados: ancianos cuyo único delito fué
+comentar la Biblia, mujeres trastornadas por enfermedades nerviosas, que
+después ha explicado la ciencia, niñas inocentes que seguían con la
+inconsciencia de la juventud las creencias de sus padres.
+
+--España es un país de olvido--decía el doctor.--Aún se estremecen en
+Francia recordando la matanza de San Bartolomé, que duró veinticuatro
+horas. ¡Y aquí es cursi decir que hubo Inquisición! Hasta cerebros
+poderosos que funcionan como si estuvieran vueltos del revés se han
+encargado de demostrar que sus castigos no tuvieron importancia; que fué
+una institución digna de elogios; como quien dice un jueguecito para
+divertir al pueblo. En otros países levantan estatuas á los víctimas de
+la intolerancia religiosa. Aquí la Iglesia omnipotente los ha matado por
+segunda vez, creando el vacío en la historia. De tantos miles de
+mártires, ni el nombre de uno solo ha llegado hasta el vulgo.
+
+Pero el pueblo era, sin darse cuenta de ello, el vengador del pasado,
+Aresti, que vivía en contacto con la masa, apreciaba la simplicidad de
+sus ideas, el instinto paladinesco que la impulsaba á ser la ejecutora
+de una revancha histórica. Sólo en el pueblo perduraba el recuerdo de
+aquella ferocidad religiosa, de aquel crimen repetido fríamente en
+nombre de Dios al través de los siglos; de aquellos sacrificios humanos
+que recordaban los ritos sangrientos de los fenicios ante sus
+divinidades ardientes. Y el desquite llegaba con no menos ferocidad,
+como el desahogo de un pueblo que se venga. Intentábase ahora, al menor
+motín, quemar los edificios que servían de albergue á los representantes
+del pasado odioso; algún día los incendiarían de veras con todo su
+contenido humano. Esto parecería brutal, pero era lógico en un país
+donde todavía no existe el hombre. Los hombres poblaban el resto de
+Europa. Aquí aún no se habían presentado. El hombre sería el habitante
+de la España nueva; pero antes tenían que evolucionar mucho los actuales
+pobladores del país, dignos descendientes del inquisidor, educados por
+él en el desprecio á la vida humana, en la facilidad de inmolarla como
+holocausto á las creencias. ¿De qué se quejaban los que mañana serían
+víctimas, si ellos habían envenenado el alma de un pueblo, formándolo
+durante siglos á su imagen y semejanza?...
+
+El doctor recordaba ciertos mariscos que, segregando el jugo de su
+cuerpo, forman la concha, el caparazón que les sirve de vestido y
+defensa. El español no tenía otro jugo que el de la intolerancia, el de
+la violencia. Así le habían formado y así era. En otros tiempos, el
+caparazón era negro; ahora sería rojo; pero siempre la misma envoltura:
+Él estaba orgulloso de la suya. Frente al inquisidor del pasado, el
+inquisidor en nombre del porvenir. Luego, ya llegaría el hombre, limpio
+de todo deseo de venganza, sin miedo á enemigos tradicionales, fraternal
+y dulce, que levantaría el edificio moderno sobre el solar limpio de
+escombros.
+
+--¡Estás loco!--exclamó Sánchez Morueta riendo.--Por eso te ponen esa
+fama de hombre que tiene _cosas_. Si te tomase en serio, habría para
+sentir horror por lo que dices.
+
+Aresti se encogió de hombros.
+
+--Pero ven acá, mediquillo chiflado--continuó el millonario.--Reconozco
+que esa gente es tan nociva y tan peligrosa como tú dices. Ya sabes que
+yo tampoco la tengo en gran estima, y me lamento del estado en que han
+puesto á nuestro país. Pero ¿á qué la violencia? Para acabar con ellos
+no hay como la libertad. Mueren dentro de ella como los gérmenes que se
+encuentran en un medio que no es el suyo. Perseguirlos y oprimirlos, es
+tal vez darles más fuerza, demostrar que se les tiene miedo.... ¡Mucha
+libertad, mucho progreso, y ya verás como las costumbres de la
+civilización les empujan hasta el sitio que deben ocupar, sin que osen
+salirse de él!
+
+--¡Ahora me toca á mí reír!--exclamó el doctor.
+
+Y reía mirando á su primo con ojos compasivos, mientras contestaba á sus
+razonamientos.... ¡Querer luchar con aquellas gentes, en la amplitud de
+la libertad, cuando llevaban como ventaja varios siglos de dominación,
+la incultura del país, la servidumbre de la mujer encadenada á ellos por
+el sentimentalismo de la ignorancia! ¡Cuando contaban con el apoyo del
+rico, de tradicional estolidez, que, atormentado por el remordimiento,
+compra con un trozo de su fortuna la seguridad de no ir al infierno!...
+Mientras aquellos enemigos existieran, serían estériles todos los
+esfuerzos para reanimar el país. Sólo ellos se aprovechaban de las
+ventajas del progreso nacional. Eran los perros más fuertes y ágiles, y
+se zampaban los mendrugos que la civilización arrojaba al paso, por
+encima de nuestras bardas, mientras el pobre mastín español soñaba en
+medio de su corral, flaco, enfermo y cubierto de parásitos.
+
+Había que fijarse en el trabajo de los padres de la Compañía, que eran
+los verdaderos representantes del catolicismo, el Estado Mayor del
+ejército religioso, el único que tenía el secreto de sus marchas y
+evoluciones y ocupaba las tiendas de distinción. ¿Se engrandecía
+Barcelona siguiendo el movimiento fabril de Europa? Pues allí ellos.
+Adquiría Jerez inmensa riqueza con la fama universal de sus vinos, y
+sobre las techumbres de las bodegas alzábase dominadora la iglesia del
+jesuíta. Descubría Bilbao sus minas y en seguida se presentaba el
+ignaciano á pedir su parte, levantando la universidad y el templo; la
+fábrica de autómatas y la tienda donde se vende la salvación eterna. No
+había una mancha de prosperidad y riqueza en el mísero mapa de España,
+que no la ocupasen ellos. En las pobres regiones del interior,
+condenadas á hambre perpetua y á un cultivo africano, no conocían su
+existencia. La España mísera quedaba para los curas montaraces y
+famélicos, para los merodeadores despreciables del ejército de la Fe.
+Ellos eran como los juncos, que delatan en la estepa la presencia oculta
+del agua. Donde ellos apareciesen, no era posible la duda: existía la
+riqueza.
+
+La fábrica nueva, la mina descubierta, los campos recién roturados, la
+codicia de arriba y la miseria explotada de abajo; todo se condensaba en
+provecho suyo y venía lentamente á sus manos. Aresti se indignaba ante
+la suerte de su país, tierra de maldición, tierra condenada, que había
+de permanecer en la inmovilidad, mientras se transformaba el planeta, ó
+si se abría á las caricias de la civilización era en provecho de los
+dominadores acampados sobre ella.
+
+Con el catolicismo no eran posibles los respetos. El que se mantenía
+ante él en actitud puramente defensiva, con la esperanza de que la
+Iglesia imitase su prudencia, estaba vencido de antemano. Los católicos
+de buena fe eran temibles y peligrosos por el convencimiento de que
+poseían la verdad absoluta. Dios se había tomado la molestia de
+hablarles para transmitírsela, y sentían eternamente la necesidad de
+imponerla á los hombres, aunque fuese por la fuerza, exterminando á los
+espíritus rebeldes que se resistían á recibir el beneficio. Podía
+vivirse en paz con todos los errores, siempre que fuesen fruto de la
+razón, pues la razón no se considera infalible y está pronta á
+rectificarse. ¿Pero cómo existir tranquilamente, en mutuo respeto, con
+unos hombres que tomaban todos sus pensamientos como inspiraciones
+indiscutibles de la divinidad? En ellos era instintiva la violencia; se
+indignaban ferozmente viendo desoído á Dios, que habla por su boca. Sus
+crímenes del pasado y sus pretensiones del momento, imponían el deber de
+combatirlos. Podían respetarse sus creencias, pero vigilándolos como
+locos peligrosos, teniéndolos en perpetuo estado de debilidad para que
+no intentaran imponerse por la violencia.
+
+--¡El respeto á la libertad!--continuó el doctor dirigiéndose á su
+primo.--Oyéndote, me pareces igual á un filántropo loco, que en una
+colección de fieras, se indignase ante la jaula de una pantera.
+
+Y Aresti, en su exaltación, mimaba la escena, al mismo tiempo que la
+describía de viva voz. El filántropo ideal compadecía á la bestia, ¿Con
+qué derecho la tenían entre hierros? La fiera había nacido para ser
+libre: tenía derecho á la vida de las selvas, sin obstáculo alguno, como
+en su primera edad, «Goza de tu libertad, pobre pantera», decía
+abriendo la jaula. Y el animal, al salir de un salto, mostraba su
+agradecimiento al libertador haciendo uso de su fuerza, abatiéndole de
+una zarpada, desgarrándole el pecho con los colmillos.
+
+--Suelta á la pantera de nuestra historia--gritaba el médico;--déjala en
+libertad, después que ha costado un siglo de esfuerzos colocar ante ella
+unos barrotes por entre los cuales saca las patas siempre que puede, y
+ya verás cómo corresponde á tu candidez de liberal á la antigua.
+
+--¿Y qué quieres?--preguntó Sánchez Morueta.--¿Matarla? ¿Crees que eso
+es posible, de un golpe?
+
+--Así debía ser: lo nocivo, lo peligroso hay que suprimirlo.
+
+Quedó en silencio Aresti largo rato, y luego añadió con convicción:
+
+--Matar la fiera sería lo mejor. Pero de no ser así, hay que conservarla
+entre hierros, acosarla, acabar con su fuerza, romperla las uñas,
+arrancarla los dientes, y cuando la vejez y la debilidad hayan
+convertido la pantera en un perro manso y débil, entonces, ¡puerta
+abierta! ¡libertad completa! Y si los instintos del pasado renacen en
+ella, bastará un puntapié para volverla al orden.
+
+
+
+
+IV
+
+
+El despacho de los ingenieros en los altos hornos de Sánchez Morueta,
+ocupaba el segundo piso de un edificio de moderna construcción, con las
+paredes exteriores ennegrecidas por el humo de las chimeneas que se
+alzaban entre aquél y la ría.
+
+Abajo, en las oficinas, estaban los hombres de la administración, con la
+pluma tras la oreja, llevando las complicadas cuentas de las entradas de
+mineral y de hulla, del acero elaborado, que se esparcía por toda España
+en forma de rieles, lingotes y máquinas, y de los jornales de un
+ejército de obreros ennegrecidos y tostados junto á los hornos. Arriba,
+en lo más alto, estaban los _técnicos_, el cerebro que dirigía aquel
+establecimiento industrial, grande y populoso como una ciudad.
+
+Esta parte de la casa era la única que los trabajadores veían sin odio.
+Los días de paga, muchos, al salir, miraban con ojos iracundos las
+ventanas del primer piso, como si fuesen á asomar á ellas los
+administradores que regateaban el precio de su faena, cercenándolo con
+multas y descuentos por tardanzas ó descuidos en el trabajo. Si miraban
+más arriba era con el respeto que á la gente sencilla inspira el
+estudio.
+
+Aquellos señores que pasaban el día inclinados ante los tableros de
+dibujo, trazando modelos con una minuciosidad delicada ó alineando
+números y letras para sus cálculos, eran mirados como seres superiores.
+El rebaño obrero sentíase en contacto más íntimo con aquellos hombres
+que se limitaban á dirigirles en su trabajo, que con los otros de la
+administración que les entregaban el dinero.
+
+Bajaban á ciertas horas del día á los talleres, para dar sus órdenes á
+los contramaestres, y volvían á encerrarse en su estudio misterioso, sin
+que los obreros oyeran de sus labios la menor repulsa. Su jefe era
+Fernando Sanabre, el cual, mostrando una memoria prodigiosa, conocía á
+todos los trabajadores, llamándolos por sus nombres. Cuando ellos veían
+á don Fernando en los talleres, les parecía el trabajo menos pesado y
+procuraban que su tarea fuese más rápida, como si el ingeniero hubiese
+de percibir el producto de sus esfuerzos. Aquel joven parecía tener
+alrededor de su persona el ambiente de simpatía y atracción de los
+grandes caudillos, de los apóstoles que arrastran las masas. Había
+nacido para pastor de hombres; inspiraba confianza y fe. Los que tenían
+quejas que formular iban á él, aun sabiendo que su influencia no
+alcanzaba á la administración, y después de escuchar sus consejos se
+retiraban más tranquilos, como si hubieran conseguido algo.
+
+La sencillez de su trato, la dulzura de sus palabras, aquella sonrisa
+espontánea, reflejo de un carácter recto, transparente y sin dobleces,
+cautivaban á unos hombres habituados á la voz imperiosa de los
+contramaestres y á las respuestas altivas de los escribientes de la
+dirección.
+
+Vivía como un obrero en una casa del Desierto. Era pupilo de una vieja
+cuyo marido había muerto trabajando en los altos hornos, y su hospedaje
+servía para mantener á la viuda. En torno de él había fabricado el
+afecto de los humildes una aureola de bondad.
+
+Una gran parte de su sueldo la enviaba á su madre y sus hermanas, que
+residían en la ciudad de Levante donde él había nacido. La pobre señora
+había intentado vivir cerca de él, pero temía al clima de Bilbao. Muchos
+obreros guardaban el recuerdo de una anciana con el pelo blanco peinado
+en bandos, de anticuada distinción, que paseaba en los días serenos por
+cerca de la ría, apoyada en sus dos hijas, quejándose de las lluvias
+frecuentes de aquel país, de la atmósfera cargada de carbón y polvo de
+hierro, pensando en el sol de Levante, en los campos siempre verdes, en
+los naranjales caldeados por un viento ardoroso.
+
+Los obreros, al hablar de don Fernando, ensalzaban el interés que
+mostraba por ellos. Aquel señorito era de los suyos. Sin el menor
+esfuerzo se llevaba la mano al bolsillo, para auxiliar á algún
+trabajador que por enfermedades de la familia se veía en trance apurado.
+El elogio que hacían de él era siempre el mismo: «No tiene nada suyo.»
+Además, le querían, por verle siempre en guerra con los señores de la
+administración, en defensa de la gente de los talleres. En las oficinas
+trabajaban muchos amigos de Goicochea, que se aprovechaba, para
+colocarlos, de su intimidad con el principal. Eran compañeros suyos de
+las cofradías de Bilbao, piadosos señores que se preocupaban más de los
+pensamientos de los obreros que de su trabajo, y valiéndose de ciertos
+espionajes de taller, los tenían sometidos á continua vigilancia,
+clasificándolos según sus creencias.
+
+Un día el ingeniero había tenido un choque con la administración, al ver
+despedido del trabajo, por fútiles pretextos, á un obrero antiguo. Todos
+los compañeros recordaban que un mes antes su camarada había enterrado
+civilmente, con gran escándalo de las devotas del pueblo, á un hijo
+suyo, y acusaban á los _culebrones_ de la dirección de una ruin
+venganza. Los más exaltados gritaban en son de amenaza. ¿Es que después
+de matarse trabajando, iban á imponerles á cambio del jornal lo que
+debían pensar? ¿Tendrían que ir con una vela en las procesiones, como
+ciertos hipócritas que halagaban de este modo á los amos, para
+procurarse trabajo? Sanabre tuvo una viva discusión en les oficinas y
+acabó por presentarse á Sánchez Morueta. El millonario, abstraído en
+sus negocios, ignoraba la vida interna de sus fábricas, y se indignó
+contra aquellos empleados, que eran excelentes administradores, pero se
+aprovechaban de las facultades que él les daba, para imponer sus
+creencias. Él no quería á su sombra más que trabajo. El obrero volvió á
+ocupar su sitio y toda la gente de los altos hornos agradeció al
+ingeniero esta victoria.
+
+Si Sánchez Morueta gozaba de algún afecto entre los miles de hombres que
+le veían pasar como un fantasma por el edificio de la dirección, era un
+reflejo del cariño que todos sentían por Sanabre. Aquella gente
+adivinaba la simpatía que el amo profesaba al ingeniero. Mientras don
+Fernando estuviese al lado del millonario, no había que temer que
+entrase en los altos hornos el espíritu de purificación santurrona que
+reinaba en otras fábricas. Él defendía los intereses de su principal,
+procurando que el trabajo marchase bien; pero fuera de los talleres
+todos quedaban en libertad. No ocurría lo que en las fábricas y las
+minas de otros ricos de Bilbao, donde bastaba la lectura de ciertos
+periódicos ó la asistencia á un mitin, para ser despedido con ridículos
+pretextos. ¿Qué le pediría al amo aquel don Fernando tan bueno y
+simpático que no se lo concediese?
+
+Y así era: Sánchez Morueta sentía por Sanabre un afecto casi paternal.
+Encontraba en él algo de aquel hijo, que en vano había esperado en los
+primeros tiempos de su matrimonio. Hacía ocho años que se había
+presentado una mañana en su escritorio con una carta de recomendación de
+un amigo de Madrid. Acababa de terminar su carrera de ingeniero
+industrial en Barcelona; era pobre y necesitaba vivir, mantener á su
+madre y sus hermanas que subsistían de una mísera pensión del Estado. Su
+padre había sido militar; todos los hombres de su familia eran hombres
+de guerra: la espada pasaba de generación en generación, como
+instrumento de trabajo, en aquella familia de levantinos. Pero á él no
+le gustaba la profesión de soldado: se parecía á su madre. Y Sánchez
+Morueta, examinando al muchacho, reconocía que efectivamente había en él
+muy poco de aquella estirpe de guerreros. Era delicado, con las manos
+finas, la piel lustrosa, de un moreno pálido, los ojos grandes y dulces,
+tal vez en demasía para un hombre, y una dentadura igual y nítida, sin
+esa agudeza saliente que revela el instinto de la presa. El bigote,
+ensortijado con cierta arrogancia, era la única herencia física de sus
+belicosos antecesores.
+
+El millonario sintió simpatía por el joven desde el primer instante. Tal
+vez era la fuerza del contraste entre su rudo cuerpo de luchador y la
+delicadeza de aquel meridional que ocultaba sus energías, su viveza de
+carácter, bajo un exterior suave de efebo bigotudo «Parece un tenor»--se
+dijo el millonario al conocerle. Y desde entonces, encariñado con su
+idea, no oía ópera alguna, sin encontrar en los ojos pintados de los
+cantantes y en sus movimientos perezosos, algo que le recordaba á su
+joven ingeniero.
+
+Sanabre no tardó en apoderarse del afecto de su principal. Aquel hombre
+de pocas palabras era comprendido inmediatamente por el joven. Muchas
+veces, antes de hablar, salía al encuentro de su pensamiento, lo
+adivinaba, cumpliendo las órdenes que el millonario aún no había
+formulado. Además, el ingeniero tenía sus ideas propias, y las
+comunicaba con una discreción tan suave, que el principal acababa por
+creerlas suyas.
+
+Cuando Sánchez Morueta le tomó bajo su protección acababa de fundar los
+altos hornos. Sanabre entró en el despacho de los ingenieros como un
+simple agregado, trabajando á las órdenes de un inglés, que había
+construido los hornos y era un excelente director, hasta media tarde,
+pues pasada esta hora, el _whisky_, bebido en abundancia durante el día,
+le impulsaba á las mayores extravagancias. Cuando el inglés volvió á su
+país, Sánchez Morueta miró con sonrisa paternal á su ingenierillo.
+«Muchacho, ¿te atreverías tú con todo eso?... ¡Vaya si se atrevió! El
+millonario reconocía que desde que Sanabre estaba al frente de los altos
+hornos marchaba la explotación con más regularidad, siendo menos
+frecuentes los conflictos entre la administración y el ejército obrero.
+Era un excelente engrasador que, apenas notaba un entorpecimiento en la
+complicada máquina, acudía á remediar la aspereza con su dulzura y sus
+buenas palabras. A no ser por él, hubieran surgido varias veces en los
+talleres la protesta y la huelga.
+
+Los de la administración--por exceso de celo y por antipatía instintiva
+hacia la masa jornalera, que vivía sin acordarse de la religión,
+hablando á todas horas de sus derechos,--inventaban á cada paso nuevas
+reglamentaciones para cercenar algunos céntimos de los jornales ó
+aumentar el trabajo en unos cuantos minutos. Los protegidos de Goicochea
+hablaban de la necesidad de «velar por los intereses de la casa», y al
+mismo tiempo, de meter en un puño á aquella gentuza, cada vez más
+exigente y respondona. Pero Sanabre estaba allí y servía de
+intermediario y pacificador. ¿Qué le importaban á un potentado como
+Sánchez Morueta algunas pesetas menos? Era indigno que por tan poca cosa
+entrase en guerra con la miseria aquel hijo de la Fortuna.
+
+El millonario aceptaba silenciosamente la opinión de su ingeniero, y
+renacía la paz, mientras los _jesuitones de la Dirección_ (así los
+designaban en los talleres), sonreían hipócritamente á Sanabre,
+agradeciéndole las derrotas con felina amabilidad.
+
+Muchos obreros habían notado cierta transformación en la persona y las
+costumbres del ingeniero director. Vestía con más esmero, y los que
+estaban habituados á verle en los talleres con boina y zapatos de suela
+de cáñamo, sin preocuparse del polvo del carbón ni de las chispas del
+acero, se inquietaban ahora cariñosamente por los trajes nuevos y los
+sombreros flamantes adquiridos en Bilbao, que paseaba con su antiguo
+descuido entre las fraguas chisporroteantes y las nubes negras de los
+cargaderos. Sus cuellos altos, sus corbatas de vivos colores, llamaban
+la atención de las mujeres que trabajaban en el carbón, pobres seres
+enflaquecidos por el trabajo y la bebida, que siempre tenían algo que
+pedir al ingeniero para remedio de su maternidad miserable.
+
+--¡Chicas: nos lo han cambiado!--se decían;--ya no es don Fernando:
+parece un señoritingo de los del Arenal. ¿Quién será la novia?...
+
+Su instinto de mujeres adivinaba el amor tras la repentina
+transformación.
+
+Algunas noches le veían los obreros salir en un coche para Portugalete:
+de allí pasaba por el puente colgante á Las Arenas. De alguna de estas
+excursiones volvía con una flor en la solapa, conservándola varios días,
+hasta que se secaba. Los trabajadores que tenían más confianza con él,
+sonreían al sorprender las miradas involuntarias con que acariciaba este
+adorno de la solapa, mientras pasaba revista á los talleres.
+
+--¿Cuándo es la boda, don Fernando?--le preguntaban.
+
+Y él contestaba con una sonrisa de enamorado, contento de la vida, como
+si desease comunicar algo de su felicidad á cuantos le rodeaban. La
+visión de un jardín, y de una mujer, marchaban ante él por los negros y
+ruidosos talleres, embelleciéndolo todo como un rayo de sol.
+
+Una tarde de verano, escribía Sanabre en su despacho, junto á una
+ventana abierta que encuadraba un pedazo de la ría, con dos vapores, un
+trozo de cielo azul cortado por varias chimeneas y el monte de la orilla
+opuesta. Un ingeniero belga, joven de pelo rojo, mofletado como un niño,
+y de bigote erizado, trabajaba cerca de él, y en la habitación inmediata
+los delineantes dibujaban sobre los tableros, deteniéndose algunas veces
+para pedir aclaraciones.
+
+Sanabre parecía inquieto; miraba de vez en cuando á sus subordinados con
+ojos de azoramiento, y al convencerse de que ninguno de ellos se fijaba
+en él, volvía á escribir, no en los papeles de marca grande que usaba
+para sus trabajos, sino en un pliego de cartas que el joven ingeniero
+parecía acariciar con la pluma, trazando las letras con delicadeza de
+artista.
+
+Más de dos páginas había llenado, cuando alguien dió con el bastón
+fuertes golpes en la puerta del despacho y una voz conmovió á todo el
+personal, habituado á la calma casi monástica de aquella oficina.
+
+--A ver, ¿dónde está ese ingenierete?...
+
+Lo primero que vió Sanabre al levantar la cabeza fué el brillo de unos
+lentes, y al reconocer al doctor Aresti, abandonó su sillón confuso é
+indeciso, dudando entre salir al encuentro de aquél ú ocultar la carta.
+
+Los empleados, que le conocían vagamente como pariente del principal,
+volvieron á enfrascarse en su trabajo, mientras Sanabre, todavía
+atolondrado por la inesperada visita, le ofrecía una silla junto á la
+ventana.
+
+El doctor explicaba su presencia allí. Había bajado de Gallarta, llamado
+por la mujer de un antiguo contratista que ahora vivía en el Desierto.
+Inconvenientes de la popularidad. Aquellas buenas señoras, aunque se
+trasladasen á Bilbao ó fueran á vivir al otro extremo del mundo, no
+querían otro médico que el doctor Aresti, obligándolo á ir de un lado á
+otro como un comisionista de la salud. ¡Maldito carácter que no le
+permitía negarse á nada! Y mientras venía la hora de coger el último
+tren de las minas, se había dicho: «Vamos á echar un párrafo con el
+ingenierito y de paso veré el gran feudo industrial de mi primo....»
+
+Acariciando con amistosas palmadas á Sanabre, le decía con tono
+malicioso:
+
+--Desde el día del santo de Pepe que no te había visto. Cuántas cosas
+han pasado desde entonces ¿eh?... Parece que todo va bien.
+
+Aresti tuteaba al ingeniero, sin conseguir que éste le tratase con igual
+confianza, pues el doctor le inspiraba cierto respeto, á pesar de su
+carácter comunicativo. Los escudriñadores ojos de Aresti, habituados al
+examen rápido de todo cuanto le rodeaba, iban rectos á aquella carta
+que Sanabre pretendía ocultar.
+
+--Eso no será ningún trabajo de ingeniería--dijo en voz baja y con
+sonrisa burlona.--Me da en la nariz cierto tufillo de noviazgo.... ¡Vaya
+un modo de velar por los intereses de mi primo, señor ingeniero! Y de
+seguro que en esos cajones hay algo más que planos y estudios. Cartitas
+de amor, con fina letra inglesa y alguna que otra falta de ortografía:
+tal vez flores secas y amados cintajos. Muy bien, señor ingeniero. Eso
+es _muy propio_ de la seriedad de una oficina como esta.
+
+Y reía viendo la confusión de Fernando, el cual instintivamente volvía
+la mirada hacia los cajones de un _secretaire_ inmediato, desconcertado
+por la certeza con que el doctor lo adivinaba todo. Temió Sanabre que
+sus subordinados oyeran alguna palabra del doctor: deseaba salir de allí
+cuanto antes, y se puso de pie invitando á Aresti á seguirle. ¿De veras
+que no había visto nunca los altos hornos? Pues aquella tarde era de las
+mejores: había cuela de mineral. Y salió de la oficina seguido por el
+doctor.
+
+Abajo, en la inmensa llanura de las fundiciones, surcada por vías
+férreas y cubierta de polvo de carbón, el médico detuvo á su guía, como
+si le interesase más hablar con él, que contemplar la riqueza industrial
+de su primo.
+
+--Vamos á ver, Fernandito--dijo cogiéndolo por un botón de la
+americana.--Ahora que estamos solos y no hay miedo de que nos oiga tu
+gente: ¿cómo van esos amores?...
+
+Sanabre se ruborizó, haciendo signos negativos con la cabeza; pero le
+desconcertaba la mirada del doctor, fija en él con la tenacidad
+insolente de los miopes.
+
+--¡Pero ingeniero del demonio! No niegues. ¡Si lo sé todo!... Vaya por
+descubierta, para que seas franco conmigo. La semana pasada me lo dijo
+el _Capi_ cuando vino á cazar _chimbos_ á la montaña. Ya sabes que él es
+hombre que calla y lo ve todo. Nada se le escapa de lo que ocurre en
+casa de Pepe. Conque dime, ¿cuándo piensas ser mi sobrino?
+
+Sanabre se entregó: con aquel hombre no valían disimulos. Además, el
+doctor le había inspirado una gran confianza y sentía el anhelo de todo
+enamorado por comunicar su felicidad. ¿A quién mejor que al bondadoso
+Aresti, que además aparecía ante sus ojos engrandecido por su parentesco
+con Pepita?... La reserva vergonzosa del ingeniero, se convirtió en una
+verbosidad atropellada. Quería contar de un golpe toda la historia de
+sus amores: se extrañaba de que Aresti no sintiera el mismo entusiasmo
+que él y le escuchase con gesto irónico, que daba á su cara una
+expresión de Mefistófeles bondadoso.
+
+¡Ay, qué tarde aquélla, en la que Pepita, paseando por su jardín de Las
+Arenas, y aprovechando una corta ausencia de su madre, le había
+contestado afirmativamente! Era la única vez que Sanabre creía haber
+estado ebrio: ebrio de sol, de azul celeste, de verde de los árboles, de
+aquella luz opalina que derramaban sobre el suelo unos ojos bajos y como
+avergonzados, al pronunciar el mágico monosílabo. Lo cierto era que al
+anochecer salió del hotel de Las Arenas tambaleándose, y eso que durante
+la comida no osó beber más que agua, por el respeto que le infundía
+Sánchez Morueta. Junto al puente de Vizcaya había vaciado sus bolsillos,
+derramando un puñado de pesetas entre la chiquillería que miraba con
+cierto asombro á un señorito, con el sombrero echado atrás, andando á
+grandes pasos, como un loco. En Portugalete, al tomar el tren, iba de un
+lado á otro del vagón, con una nerviosidad que inspiraba cierta
+inquietud á los viajeros, cantando entre dientes todos sus recuerdos
+musicales que tenían algo de tierno y amoroso, todos los dúos en que el
+tenor, con la mano sobre el pecho, jura eterna pasión á la tiple. ¡Qué
+noche, doctor!... Después se había serenado; su felicidad adquirió
+cierto sosiego, pero aun así, cada día le traía nuevas y profundas
+emociones. Llegaba á Las Arenas y temblaba al entrar en casa de Sánchez
+Morueta, como si éste fuese á presentarse iracundo é imponente,
+señalándole con gesto mudo la puerta. Tenían que librarse de la
+vigilancia de doña Cristina, para cambiar la carta que llevaba escrita
+con la que le entregaba Pepita en un rincón del hotel, ó en una revuelta
+del jardín: y gracias que contaban con el auxilio de Nicanora, la _aña_
+de su novia, la ama seca que, después de criar á la niña, se había
+quedado á su lado disputando su influencia, primero á la institutriz, y
+ahora á las doncellas y demás servidumbre femenina de la casa.
+
+Sanabre hablaba conmovido de la ansiedad con que aguardaba las cartas de
+Pepita; cómo las leía y releía; cuántas veces en mitad de su visita á
+los talleres, acometía su recuerdo la duda de una palabra, la sospecha
+de que tal párrafo envolvía cierta frialdad, y volaba de nuevo á su
+despacho, para deshacer el paquete amoroso, examinando atentamente la
+letra amada, como un jeroglífico que ocultaba su felicidad. Él no había
+creído nunca que pudiera amarse tan intensamente. Había conocido á
+Pepita con la falda corta y el pelo suelto, cuando jugaba en el jardín,
+bajo la mirada de acero de una inglesa huesuda, que al más leve descuido
+gritaba como un loro arisco: «¡Miss!...» ¿Quién le hubiera dicho
+entonces que se había de enamorar de aquella chiquilla? ¡Porque él
+estaba loco por Pepita, realmente loco, querido doctor!
+
+Y Aresti, sonreía con cierta compasión ante las cosas fútiles que
+constituyen los grandes acontecimientos para los enamorados, ante las
+inquietudes y tristezas en que les sumen una palabra, la falta de una
+sonrisa, cualquier circunstancia que pasa inadvertida en la existencia
+vulgar.
+
+--Es esta tu primera novia, ¿verdad?--dijo Aresti.--Ya se conoce: todos
+hemos pasado por eso. Es el sarampión de la juventud. Un signo de fuerza
+y de vida. El que no lo sufre es que lleva el alma muerta. Sigue, hijo,
+sigue.
+
+La única tristeza de Sanabre era la consideración de la gran desigualdad
+de fortuna entre él y su novia. ¿Qué diría su principal cuando se
+enterase? Le creería un aventurero que intentaba apoderarse de su
+inmensa riqueza. En aquella tierra donde se casaban las fortunas y era
+para muchos la única carrera un buen matrimonio, ¿qué pensarían de un
+ingeniero pobre que ponía los ojos nada menos que en la hija de Sánchez
+Morueta?...
+
+Fernando miraba al doctor como si quisiera adivinar su pensamiento. ¿No
+creería él también que le guiaba el deseo de conquistar de un golpe la
+riqueza? Esta duda le entristecía. Él amaba á Pepita... porque sí.
+¿Quién sabe por qué se quiere?... Tal vez, porque en aquella vida de
+Bilbao, huraña y de escaso trato social, en la que hombrea y mujeres
+vivían separados, era Pepita la única joven con la que había tenido
+algún trato, y el amor, que no piensa en diferencias sociales, ni conoce
+otros obstáculos que los de la naturaleza, le había sorprendido,
+inflamando sus treinta años, la edad de las grandes pasiones. ¡Ay! ¡Cómo
+deseaba que ella fuese una pobre que al entregarse á él, le agradeciera
+no sólo su amor sino su trabajo! ¡Qué! ¿no le creía el doctor?...
+
+--Te creo, muchacho--dijo Aresti--Claro es que no te sabrá mal ser yerno
+de un millonario; pero esto es miel sobre hojuelas y aquí las hojuelas
+son tu amor. Tú eres de otra raza; tú vienes de abajo, del Sur, de un
+país de sol y de cielo azul, donde la dulzura de la vida hace pensar
+menos en el dinero, y se mata por amor, y, se quiere tanto á la mujer...
+¡tanto! que á veces se la da de puñaladas para tirarse luego del pelo
+ante su cadáver. Sois unos animales más vehementes, más complicados é
+interesantes que los de aquí. Tengo la certeza de que si esto sigue, aún
+te verán alguna noche con una guitarra, en Las Arenas, cantando
+serenatas ante la ventana de mi sobrina.
+
+Aresti, por no molestar al ingeniero, cambió de tono y le habló con
+gravedad. Podía prepararse á sufrir disgustos. Aquello no sabía él cómo
+podía acabar; lo más probable era que terminase de mal modo.
+
+--Lo sé--dijo Sanabre con tristeza.--Temo al principal cuando se entere.
+Se indignará, sin que le falte razón para ello.
+
+--Mi primo es el menos temible. No tiene opinión formada sobre el
+porvenir de su hija. Tal vez le parezca excelente la idea de que tú, que
+eres un trabajador, continúes su obra. Hay que esperar siempre algo
+bueno de su carácter.... ¡Otros son los que debes temer!
+
+Y hablaban de su prima, la «antipáticamente virtuosa» como él la
+llamaba: aquella Cristina que se creía postergada por haberse unido á
+Sánchez Morueta á pesar de que éste le trajo la fortuna. ¿Qué iba á
+decir ahora, en plena riqueza, ante la posibilidad de emparentar con un
+empleado de su casa? Ella sólo apreciaba dos cualidades, como las únicas
+respetables en el mundo: una gran fortuna ó un nombre histórico,
+relacionado con las glorias del país vasco y de la religión....
+
+--Además, ingeniero de Dios--continuó el doctor:--tienes que luchar con
+Fermín Urquiola, que también parece que anda tras de la chica, no sé si
+por impulso propio ó empujado por la madre.
+
+Aquí se irguió Sanabre con el orgullo del hombre que sabe es preferido.
+A ese no le tenía miedo. Estaba seguro de que inspiraba á Pepita una
+aversión irresistible: bastaba ver con qué despego le trataba. Aquellas
+niñas criadas junto á las faldas de sus madres, conocían todo lo que
+pasaba en la villa. Al estar juntas, chismorreaban como novicias en
+asueto, que se enteran con curiosidad femenil de lo que ocurre más allá
+de las rejas. Pepita conocía la vida de aquel señorito, mezcla de matón
+clerical y de calavera rústico, que pasaba las noches en las casas del
+barrio de San Francisco y había sido conducido varias veces al juzgado
+por borracheras tumultuosas. No, á ese no podía quererlo Pepita: lo
+despreciaba á pesar de que la perseguía en las visitas, extremando con
+ella su cortesía empalagosa copiada de los padres de la Compañía. Se
+retiraba de él con cierta impresión de asco: como si la pudiera manchar
+con impuros contagios, á los que ella, en su inocencia, daba formas
+monstruosas.
+
+--Y de mi sobrina ¿estás muy seguro?--preguntó el doctor fríamente, con
+forzada indiferencia, como si no quisiera alarmar al joven.
+
+Sanabre sentía la ciega convicción de todo amante. Sí: estaba seguro de
+que le amaba: ¿Por qué le había de engañar, halagando sus ilusiones? El
+ingeniero no comprendía la pregunta del doctor.
+
+--Es que sois de diversa raza--continuó Aresti--Tal vez me engañe, pero
+¡qué quieres!; desde aquí, sin haber leído vuestras cartas, sin haberos
+escuchado, apostaría algo á que, de los dos, tú eres el que quieres más
+y mejor.
+
+Sanabre quedó silencioso un momento. Parecía asombrado, como si de
+repente se abriese en su pensamiento una gran ventana por la que veía
+algo nuevo. Acudían de golpe á su memoria hechos olvidados, palabras en
+las que no había puesto atención, mil insignificancias que parecían
+removidas por las palabras del doctor. Tal vez estaba éste en lo cierto.
+Pepita no parecía tomar el amor con el mismo apasionamiento que él. Era
+un incidente que alegraba su vida dándole nuevos deseos, pero sin llegar
+á turbarla profundamente. Mas el ansia de ser amado, de engañarse con
+dulces ilusiones, el egoísmo varonil, inclinado siempre á creer en una
+predilección en favor suyo, se sublevaron en Fernando.
+
+--No, doctor: me quiere. Tengo pruebas.
+
+Y las pruebas eran el fajo de cartas que estaba arriba, entre planos y
+cuadernos de cálculos; hojas de papel satinado, de suave color de rosa,
+en las que Pepita juraba quererlo «más que á su vida» y terminaba
+invariablemente «tuya hasta la muerte.» Para Sanabre, estos juramentos
+eran más solemnes é inconmovibles que las sentencias de un tribunal.
+
+--Pues si ella te quiere--dijo el doctor--¡adelante, muchacho! y á ver
+cuándo te llamo sobrino.
+
+Sintiendo cierta conmiseración por su optimismo, intentó animarle,
+disminuyendo los obstáculos ante los cuales se aterraba Fernando. Al
+padre, á pesar de sus barbazas y su entrecejo de gigante, no había que
+tenerle gran miedo. Era cuestión de que el descubrimiento le pillase de
+buen talante. Aún pasaría tiempo antes de que se enterase, preocupado
+como estaba por los nuevos negocios que le obligaban á trasladarse á
+Madrid todos los meses. Además: él sabía lo que era el amor (¡vaya si lo
+sabía!) y no era hombre que de buenas á primeras se indignase contra un
+joven, porque no había sabido resistirse á las inclinaciones de su
+corazón. Quedaban otros enemigos, y además la malicia de la gente, que
+creería cálculo lo que era amor.... Pero ¡qué demonio! un ingeniero no
+era una cosa cualquiera. Justamente, figuraba como eterno personaje,
+desde hacía años, en las novelas y los dramas. Al salir sobre las tablas
+ó en el primer capítulo un protagonista joven, noble, arrogante, que
+sólo abría la boca para decir cosas hermosas y _profundas_, ya se sabía,
+era un ingeniero.
+
+--Lo malo--añadió Aresti, recobrado su tono irónico--es que en este
+Bilbao todo es diferente del resto del mundo. El ingeniero priva en
+otros países como un primer galán del porvenir; pero aquí, ¡hijo mío!,
+el héroe de moda, el que arrambla con todo, es el abogado salido de
+Deusto.
+
+Y antes de que Sanabre volviera á hablar de su amor, el médico añadió,
+cogiéndole de un brazo:
+
+--Vaya; enséñame todo eso. Piensa que aún tengo que ir á Gallarta.
+
+Avanzaron por la llanura negra y rojiza, cubierta de polvo de hulla y de
+residuos de mineral. A cada paso tropezaban con rieles que formaban una
+complicada telaraña de vías férreas. Sanabre enumeraba todos los medios
+de comunicación que convertían el establecimiento en una red complicada,
+con numerosas agujas y plataformas movibles, para los cambios de vía.
+Tenían un ferrocarril directo á las minas; otro para las mercancías, que
+empalmaba con la vecina estación; vías para los embarcaderos, vías para
+comunicar unos talleres con otros: total, muchos kilómetros de rieles
+que se entrecruzaban en un espacio relativamente reducido. En algunos
+puntos, al encontrarse las vías, se tendían unas sobre terraplenes y
+otras pasaban por debajo, al través de pequeños túneles. El espacio
+estaba cruzado por los hilos del alumbrado y los teléfonos, y los
+cables de los tranvías aéreos. Entre esta red de acero alzábanse
+numerosos postes, con sus faros eléctricos semejantes á lunas apagadas.
+Los guardas paseaban por las vías con la carabina pendiente del hombro y
+el paraguas cerrado bajo del brazo, vigilando las vallas ó las orillas
+de la ría por donde se colaban los merodeadores en busca de la
+_chatarra_, acero viejo, piezas de máquinas desmontadas ó rollos de
+alambre, que vendían en los baratillos de Bilbao. La ría--según decía el
+capitán Iriondo--era peor que una carretera antigua. Así que cerraba la
+noche, una turba de merodeadores saqueaba las orillas, llevándose todo
+lo que estaba suelto en barcas y edificios.
+
+El ingeniero mostraba con orgullo la gran sala de los motores, que
+aprovechaban el gas de la hulla, al que antes no se daba aplicación.
+Aquello era obra suya y proporcionaba á la casa, sin nuevos gastos, una
+fuerza de más de dos mil caballos. Después venían los hornos para hacer
+el cok, que extraían del carbón, el alquitrán y el amoníaco.
+
+Luego pasaron por el desembarcadero de la hulla. Un vapor de la casa
+estaba atracado á la riba, tan hondo por el descenso de la marea, que
+sólo se le veían la chimenea y los mástiles. En aquélla destacábanse
+pintadas de rojo las enormes iniciales entrelazadas de Sánchez Morueta.
+La grúa del descargador avanzaba su inmenso brazo de hierro sobre el
+agua. El tanque, que contenía una tonelada de combustible, salía de las
+entrañas del barco, se remontaba hasta la punta del puente aéreo y,
+deslizándose con incesante chirrido, entraba tierra adentro para vomitar
+su contenido en una de las varias montañas de hulla que se interponían
+entre aquella parte del establecimiento y la ría. Otro vapor con bandera
+inglesa, estaba inmóvil, un poco más allá, hundido hasta la línea de
+flotación, esperando su turno para descargar.
+
+--Consumimos mil toneladas diarias--decía el ingeniero con
+orgullo.--Necesitamos más de un barco cada veinticuatro horas.
+
+Después, enseñó al doctor el triturador del carbón, donde trabajaban las
+mujeres entre una nube de polvillo que las cubría la cara, dándolas un
+aspecto de grotesca miseria, con la boca llorosa y los ojos enrojecidos,
+en medio de su máscara negra.
+
+Los grandes talleres, para la reparación de las maquinarias de la casa y
+construcción de máquinas nuevas, puentes y hasta barcos, no atrajeron la
+curiosidad del doctor.
+
+--Conozco esto--dijo Aresti.--Lo he visto muchas veces fuera de aquí. Lo
+que á mí me interesa es la especialidad de la casa, la base de vuestra
+industria: ver como se convierte el mineral en acero. Y señalaba los
+altos hornos, las robustas torres gemelas, unidas por el ascensor que
+subía hasta sus bocas las cargas de mineral y de combustible. Un calor
+de volcán envolvió á los dos hombres al aproximarse á los altos hornos.
+Marchaban por plataformas de tierra refractaria, surcadas con una
+regularidad geométrica por pequeñas zanjas que servían de moldes al
+mineral en fusión. Por este cuadriculado del suelo corría el hierro
+líquido al salir de los hornos, tomando la forma de lingotes. La tierra
+ardía, obligando al doctor á mover continuamente los pies. Los gruesos
+muros de los hornos irradiaban un calor sofocante que abrasaba la piel.
+El ingeniero, habituado á esta temperatura, describía con gran calma la
+función de los altos hornos.
+
+Cada uno de ellos quedaba cargado con tres mil kilos de mineral, mil
+quinientos de cok y quinientos de caliza. La carga entraba por arriba en
+los tubos gigantescos, y lentamente, en el incendio de sus entrañas,
+formábase el metal que descendía por su peso hasta salir por la base de
+las torres. Día y noche ardían los altos hornos: el enfriamiento era su
+muerte. Calentarlos y ponerlos en disposición de funcionar, costaba una
+fortuna. Si se apagaban había que derribarlos y hacerlos nuevos: asunto
+de medio millón.
+
+Un descuido en el trabajo, una huelga, podía costar la existencia á
+aquellos gigantes de la industria, que sólo vivían ardiendo y tragando
+combustible á todas horas. Cuando surgía una huelga en la montaña y los
+ferrocarriles paralizados no acarreaban mineral, había que echarles
+carbón lo mismo que si funcionasen. Aquellos enormes tubos de piedra,
+con su aspecto de grosera pesadez, eran delicados como juguetes de la
+industria, y podían inutilizarse al menor descuido.
+
+Mientras el ingeniero detallaba sus explicaciones, el médico, asombrado
+por la enorme mole de las dos torres ardientes que parecían servir de
+pilares al firmamento, pensaba en el culto del fuego, en la adoración de
+las razas antiguas al gran elemento creador y destructor, en los ídolos
+ígneos que cocían dentro de su vientre, en repugnante holocausto, las
+víctimas humanas.
+
+--Ahora van á sangrar--dijo Sanabre, señalando á un obrero viejo que
+hurgaba con una palanca en la boca del horno cubierta de tierra
+refractaria.
+
+Se abrió un pequeño agujero en la base de una de las torres y apareció
+un punto de luz deslumbradora, una estrella roja de agudos rayos que
+herían la vista. Se fué agrandando, y un arroyo rojo obscuro, como de
+sangre de toro, corrió por la tierra con un chisporroteo ruidoso.
+
+--¿Eso es el hierro?--preguntó Aresti.
+
+--No: es escoria. El hierro vendrá después.
+
+El médico respiraba con dificultad. La tarde de primavera era calurosa.
+Al lado de aquellos infiernos de la industria, la vida era imposible. Se
+enrojecían los ojos; parecía que las pestañas iban á consumirse,
+secábase la piel sintiéndose en cada poro una aguja ardiente, y los pies
+movíanse inquietos, agitando las caldeadas suelas de los zapatos.
+
+Aresti admiraba á los trabajadores, que estaban allí como en su casa,
+habituados á una temperatura asfixiante, moviéndose como salamandras
+entre arroyos de fuego, enjutos, ennegrecidos cual momias, como si el
+incendio hubiese absorbido sus músculos, dejándoles el esqueleto y la
+piel. Iban casi desnudos, con largos mandiles de cuero sobre el cuerpo
+cobrizo, como esclavos egipcios ocupados en un rito misterioso. El calor
+les hacía exponer sus miembros al chisporroteo del hierro, que volaba en
+partículas de ardiente arañazo. Algunos mostraban las cicatrices de
+horrorosas quemaduras.
+
+Sanabre señaló la boca del horno. Iba á comenzar la colada. No era una
+estrella lo que se abría en la tierra refractaria: era una gran hostia
+de fuego, un sol de color de cereza, con ondulaciones verdes, que
+abrasaba los ojos hasta cegarlos. El hierro descendía por la canal,
+esparciéndose en espesa ondulación en las cuadrículas del suelo. Aresti
+creyó morir de asfixia. El chisporroteo del metal al ponerse en contacto
+con la atmósfera, poblaba el espacio de puntos de luz, de llamas rotas
+en infinitos fragmentos. Eran mariposas azules y doradas que
+revoloteaban vertiginosamente con alas de vibrantes puntas; mosquitos
+verdosos que zumbaban un instante, desvaneciéndose para dejar paso á
+otros y otros, en interminable enjambre. El hierro era de un rosa
+intenso al salir del horno con ruidosas gárgaras; rodaba por las canales
+con la torpeza del barro, enrojeciéndose como sangre coagulada, y al
+quedar inmóvil en los moldes, se cubría de un polvo blanco, la escarcha
+del enfriamiento.
+
+El médico no podía seguir junto al horno, y tiraba de Sanabre.
+
+--Vámonos, ingeniero del demonio. Esto es para morir.
+
+Aun vieron como, cambiando de dirección la canal del horno, arrojaba su
+chorro de fuego sobre un gran tanque montado en una vagoneta. Era el
+caldo para los convertidores. Aquel mineral iba directamente á
+transformarse en acero. Silbó la locomotora, pequeña como un juguete,
+salió á toda velocidad por debajo de los cobertizos inmediatos,
+arrastrando el enorme tanque, en cuyos bordes se agitaba el líquido
+rojo, siguiendo el traqueteo de las ruedas.
+
+Aresti, casi cegado por tanto resplandor, tomó la mano del ingeniero.
+
+--¡Guíame, Virgilio!--dijo riendo.--Yo voy como el poeta de los
+infiernos: cuida de que no nos quememos.
+
+Y avanzaba por la plataforma inmediata á los altos hornos, saltando los
+arroyos de metal en ebullición. Cada vez que pasaba por encima de una de
+las zanjas, una bocanada de fuego subía por sus piernas hasta la cruz de
+los pantalones.
+
+--¡Por fin!... Aquí se respira--dijo el doctor al descender de la meseta
+donde sangraba el mineral, poniendo los pies en tierra firme.
+
+Pasó un buen rato limpiándose el sudor y haciéndose aire con el pañuelo.
+
+--Parece mentira, Fernandito--dijo con su acento zumbón--que viviendo
+aquí tengas ánimo para pensar en amores. Yo soñaría con un botijo
+grande, inmenso cual una de esas torres, lleno de agua fresca como la
+nieve.
+
+--Pues aún nos queda por ver otro infierno: sólo que este es más
+_pintoresco_.
+
+Y el ingeniero guió al doctor hacia el taller de los convertidores. Eran
+enormes campanas colocadas casi al ras de la techumbre, en espacios
+abiertos, para que esparciesen sus chorros de chispas. Los encargados de
+voltearlas cuando lo exigían las operaciones de la carga, llegaban hasta
+ellas por unas pasarelas de acero.
+
+Sanabre se entusiasmaba hablando del convertidor de Bessemer; el gran
+descubrimiento industrial que había abaratado el acero, enriqueciendo á
+Bilbao al mismo tiempo, pues exigía minerales sin fósforo, como los de
+las montañas vizcaínas. Antes del invento, el acero se fabricaba en los
+hornos antiguos por medio del puldeo, un procedimiento más lento y más
+caro; pero ahora todo el metal para vías férreas, que era el de más
+salida, lo fabricaban con rapidez vertiginosa. Y el ingeniero describía,
+con un arrobamiento de devoto, las funciones del admirable convertidor,
+que simplificaba la industria. El hierro era purificado dentro de él por
+una gigantesca corriente de aire que inutilizaba el carbono, el silicio
+y el manganeso: así se formaba el acero. No era de clase tan superior
+como el Siemens, por ejemplo, pero servía perfectamente para los rieles
+de los caminos de hierro; la gran necesidad de la vida moderna.
+
+Aresti apenas le oía, aturdido como estaba por la grandeza del
+espectáculo. Era un rugido inmenso que conmovía la techumbre del taller,
+y hacía temblar la tierra: un escape de fuerzas y de fuego por la boca
+del convertidor, á impulsos de la corriente de aire comprimido que venía
+del vecino edificio, donde estaban las grandes máquinas inyectadoras. El
+metal en ebullición arrojaba por la boca superior de la campana un
+torbellino de chispas, un ramillete de fuego. ¡Pero qué chispas! ¡qué
+fuego! Era aquello tan grande, tan inconmensurable, que Aresti
+recordaba, como un juego sin importancia, la salida del metal de los
+altos hornos.
+
+Soplaba la campana su ensordecedor rugido y subía recto por el espacio
+un surtidor que se abría en lo alto como una palmera roja, esparciendo
+plumas de luz, hojas azules, anaranjadas, de un rosa blanquecino,
+descendiendo después para apagarse antes de llegar al suelo. De vez en
+cuando, la campana era volteada por ocultos obreros, y se cerraba su
+chorro luminoso; pero de nuevo tornaba el cono hacia arriba y surgía el
+chorro con mayor rugido, con tonos azulados que iban pasando por todos
+los colores del iris. Fuera del taller aún era de día. El sol, en el
+ocaso, iluminaba el suelo, más allá de los cobertizos; pero los ojos,
+deslumbrados por este resplandor de incendio, lo veían todo negro, como
+si hubiese llegado la noche.
+
+El acero líquido caía en moldes de forma cónica. Una grúa movía los
+moldes, volteándolos cuando el acero se solidificaba; y aparecía el
+lingote cónico, en forma de pan de azúcar, de un blanco rosa, como si
+fuese de hielo con una luz interior, esparciéndose las cenizas de su
+enfriamiento al abandonar la envoltura. Cada lingote era depositado en
+un carrito, del que tiraban dos obreros, y avanzaba lentamente hacia los
+hornos de laminación, solemnemente luminoso, de un brillo divino, como
+si fuese un ídolo arrastrado por sus fieles.
+
+Aresti ya no sentía el asfixiante calor. Le entusiasmaba la original
+belleza del espectáculo. Allí quería ver él á ciertas gentes que sólo
+aspiraban la poesía en el polvo de lo antiguo, negando toda sensación
+artística á los descubrimientos modernos. Ningún poeta había dado una
+impresión de grandeza como la que se experimentaba ante aquel invento
+industrial. El infierno imaginado por el vate florentino resultaba un
+juego de chicuelos. No era preciso emprender un largo viaje para admirar
+el Vesubio. ¿Qué volcán más hermoso que aquél? Los hombres, al amparo de
+la ciencia, hacían poesía sin saberlo; la poesía viril, la de las
+fuerzas de la naturaleza.
+
+Y así seguía el doctor, desbordando su admiración en entusiásticas
+palabras ante el mugidor ramillete de fuego. La vista de los obreros que
+manejaban los bloques incandescentes y los arrastraban fuera del taller,
+pareció volverle á la realidad. Saltaban en torno de ellos las moléculas
+del acero ígneo, como moscardones de mortal picadura. Llevaban los pies
+cubiertos de trapos, y tenían que sacudirlos con frecuencia para
+librarse de las mordeduras del metal. Pasaban por entre los lingotes al
+rojo blanco con la tranquilidad de la costumbre. El más ligero roce con
+aquellos infernales panes de azúcar, convertía instantáneamente la carne
+en humo, dejando el hueso al descubierto. Podían matar á un hombre con
+su contacto, sin dejar en el ambiente más que un leve hedor de
+chamusquina, un poco de vapor: después, nada.... Y los conos diabólicos
+atraían con su luz y su blancura, confundiendo las distancias, como si
+gozasen de movimiento y vida y se metieran ellos mismos carne adentro,
+evaporándola.
+
+Aresti pasó al taller de laminar: iba atolondrado por el ruido y el
+calor. Había perdido el instinto de la conservación en aquel mundo de
+incendios y de fuerzas ensordecedoras. Sentía caprichos de niño, una
+tendencia á acariciar aquellos bloques tan refulgentes, tan bonitos, con
+su blancura sonrosada, que podían comerse su mano con sólo el roce.
+
+Pasaban los lingotes por un nuevo calentamiento en los hornos y al
+salir de ellos caían en el tren de laminar, una serie de cilindros que
+los torturaban, los aplastaban, adelgazándolos en infinita prolongación.
+Los obreros, casi desnudos, con enormes tenazas, manejaban y volteaban
+los lingotes por entre los cilindros, que se movían lentamente. La masa
+de acero enrojecida, pasaba arrastrándose junto á sus pies, como una
+bestia traidora. Marchaba hacia ellos queriendo lamerlos con su lengua
+de muerte, pero en el momento en que iba á tocarles, un hábil golpe de
+las tenazas la arrojaba entre los cilindros de donde salía por el
+extremo opuesto, para volver á entrar, siempre cambiando de forma.
+Avanzaba el lingote desde la boca del horno cabeceando, como un animal
+rojo, ventrudo y torpe; lanzaba un rugido al sentirse agarrado y surgía
+por el lado opuesto convertido en una viga de fuego, corta y encorvada:
+y en sucesivos pases adelgazábase, se estiraba con ruidosos quejidos,
+como protestando de la dolorosa dislocación, hasta que, por fin, no era
+más que una cinta incandescente que tomaba la forma del riel.
+
+El médico, una vez satisfecha su curiosidad, miraba á los obreros negros
+y recocidos por aquella temperatura de infierno, atolondrados por el
+ruido ensordecedor, sudando copiosamente, teniendo que remover
+pesadísimas masas en una atmósfera que apenas permitía la respiración.
+Aresti comprendía ahora la injusticia con que había censurado muchas
+veces el alcoholismo de aquellas pobres gentes. Pensaba en lo que haría
+él, de verse condenado por la fatalidad social á aquella labor que
+embotaba los sentidos y parecía evaporar el cerebro en un ambiente de
+fuego. Una sed eterna, semejante á la de los condenados, martirizaba á
+aquellos infelices. ¡Qué otro placer al salir de allí, que la paz y la
+sombra de la taberna, con el vaso delante que daba una alegría
+momentánea, engañando al hombre con ficticias fuerzas para seguir
+aquella vida de salamandra!...
+
+El médico pasó de largo ante los hornos de puldeo, y al salir al aire
+libre se detuvo jadeante, con la curiosidad harto satisfecha. A lo lejos
+veíanse ondular como lombrices rojas, bajo extensos cobertizos,
+interminables cintas de acero. Allí estaba la fabricación del alambre.
+El ingeniero hablaba de lo _curiosa_ que era esta manipulación, pero
+Aresti no quiso seguirle.
+
+--Ya he visto bastante--dijo con acento de cansancio.--Esto es un gran
+espectáculo... para el invierno.
+
+Allí, á cielo raso, oyendo de lejos el estrépito de las máquinas, viendo
+cruzado el espacio por las columnas de humo de las chimeneas, gozaban
+los dos de la frescura del crepúsculo.
+
+--Es una vida dura--dijo el doctor, que seguía pensando en los obreros
+del fuego.--Me dirán que este trabajo horrible es una consecuencia de
+los progresos de la industria y que hay que respetarlo en bien de la
+civilización. Conforme: pero el infeliz que ha de ganarse el pan de este
+modo, bien puede quejarse de su perra suerte, si es que le queda cerebro
+para pensar.... ¡Y aun se extrañan algunos de que esta pobre gente no se
+muestre contenta, y crea que el mundo está mal arreglado y no es un
+modelo de dulzura!
+
+Sanabre aprobaba las palabras del doctor. Él, podía apreciar á todas
+horas la dureza de aquel trabajo, sentía una conmiseración infinita por
+los obreros, cerrando los ojos ante sus defectos. Él era _algo
+socialista_; pero sólo con el doctor Aresti se atrevía á hacer tal
+confesión.
+
+--Lo más amargo de la miseria de estas gentes--dijo el médico--no
+consiste sólo en las privaciones que sufren y la rudeza con que ganan el
+pan. Está en el ambiente desmoralizador que les rodea.
+
+Y Aresti describía el sufrimiento psicológico que había sorprendido en
+todo ejército obrero acantonado en torno de Bilbao, en las minas y las
+fábricas. Los peones de las canteras vivían como bestias, ¿pero acaso
+comían y dormían mejor los labriegos del interior de España? Para
+muchos, la vida de las minas hasta constituía un mejoramiento de su
+bienestar, comparada con la existencia mísera de bestias desamparadas
+que llevaban en sus terruños los años de sequía y mala cosecha. En las
+fábricas eran los jornales superiores á los del resto de la península y
+no se sufrían los grandes paros á que se veía obligada la industria
+pobre y vacilante de otras ciudades. Y sin embargo, en las minas y en
+las fábricas todo el que trabajaba sentía un sordo rencor, una ira
+reconcentrada, un anhelo irritado de justicia, como si á todas horas
+fuesen víctimas de un robo audaz, de un despojo inhumano. Era el
+malestar moral, la protesta contra los caprichos de la Fortuna que
+acababa de pasar por allí, á la vista de todos, tocando á algunos y
+volviendo la espalda á los demás.
+
+El explotador de la mina había sido jornalero al lado de muchos que
+ahora eran sus peones; al dueño de la fábrica lo habían conocido los
+trabajadores casi tan pobre como ellos. Las riquezas eran recientes; las
+habían visto formarse los mismos que sufrían su servidumbre. El bracero
+que en su país miraba con tradicional respeto á los que eran dueños de
+la tierra por el nacimiento y la herencia, se revolvía aquí con audacia
+revolucionaria contra el compañero enriquecido. El obrero industrial,
+habituado á sufrir en otras partes la tiranía de las sociedades
+anónimas, monstruos acéfalos de la industria, irritábase á cada momento
+contra el gran patrono de reciente formación.
+
+Todos habían presenciado el despertar de la riqueza; habían tomado parte
+en él; era cosa suya; y más que la miseria, les atormentaba el
+sufrimiento moral de la desigualdad, la decepción de haber vivido en
+medio de una racha loca de la Suerte sin aprovecharse de ella. Era el
+malestar de todas las aglomeraciones humanas de formación reciente; de
+las ciudades nuevas y las comarcas mineras que empiezan su vida; la
+comparación eterna entre la propia miseria y la fortuna loca y
+caprichosa que empuja á los otros; la convicción del fracaso, más viva y
+dolorosa, ante las rápidas elevaciones presenciadas todos los días, la
+tristeza por el bien ajeno, que amarga el pan, agria el vino y hace
+soñar en venganzas colectivas, viendo un robo en cada paso hacia
+adelante que da el afortunado.
+
+El ingeniero reconocía la certeza de las observaciones del doctor. La
+situación de aquella gente era mala: su mejoramiento con las huelgas y
+los aumentos de jornal, era de un efecto momentáneo. Él creía, como
+Aresti, que aquel malestar sólo tenía un arreglo; cambiar la
+organización del mundo y proclamar la Justicia Social como única
+religión y única ley, suprimiendo la caridad que no es más que una
+hipocresía que coloca la máscara de la dulzura sobre las crueldades del
+presente. Pero aparte del malestar general que reinaba en todo el mundo,
+reconocía también aquel otro especialísimo descubierto por el doctor; el
+de los despechados, que veían enriquecerse á sus compañeros de miseria,
+ascender velozmente, mientras ellos continuaban en la miseria.
+
+Los dos hombres iban con lento paso hacia la puerta de salida, en la
+penumbra del crepúsculo, á través de las líneas férreas, subiendo y
+bajando los terraplenes del inmenso establecimiento industrial.
+
+--Lo que me irrita--dijo el doctor--en todas estas grandes fortunas que
+se forman de la noche á la mañana, es su ineficacia, su infecundidad
+para el bien de las gentes. Ya sabes que yo soy enemigo de la riqueza
+individual, pero, ¡qué demonio! hay que reconocer que en otros países
+hace algún bien y sirve para algo. En los Estados Unidos, por ejemplo,
+esos tíos que atraen el dinero á sus manos, con una buena suerte
+escandalosa é indecente, y que mueren dejando centenares de millones,
+tienen, al menos, la discreción de hacerse perdonar con obras útiles. El
+uno funda una universidad, el otro un museo, el de más allá una
+biblioteca; todos dejan algo que sirve para la emancipación y
+perfeccionamiento de aquellos á quienes explotaron durante su vida. Pero
+aquí el rico se guarda el dinero y cuando siente la comezón de perpetuar
+su nombre, construye un convento ó funda una capilla. Si se preocupa del
+porvenir es para que en lo futuro continúe la imbecilidad del
+presente.... Ya sabes cómo defino yo al rico de esta tierra, con gran
+escándalo del vulgo, que me cree loco. «Un señor que pasa su vida
+haciendo al obrero toda clase de charranadas para llevar mucho dinero á
+su mujer... y que su mujer se lo dé al jesuíta....» Aún quedan algunos
+potentados como mi primo que se defienden: pero, créeme: si aquí no
+viene una revolución, esto será otro Paraguay: aquí todos trabajamos,
+sin saberlo, para el jesuíta.
+
+Estaban cerca de la puerta, cuando Aresti se detuvo para protestar de
+nuevo contra su tierra.
+
+--Además, me indignaba la tristeza de este país. Cuando Bilbao era una
+villa comercial y de obscura vida, tengo la certeza de que la gente se
+divertía mejor. Ahora, con la riqueza, es un convento. En el mundo todos
+se alegran cuando la fortuna les entra por las puertas. Las ciudades
+mineras, con su aglomeración de gentes diversas y sus fortunas
+improvisadas son, como los puertos famosos, grandes centros
+internacionales de diversiones, de vida atropellada y alegre. Hasta los
+bandoleros celebran francachelas cuando acaban de dar un buen golpe....
+Por aquí ha pasado la Fortuna y, sin embargo, vivimos en perpetua
+Cuaresma; llevamos la tristeza en el alma, como aquellos señores
+vestidos de negro del tiempo de los Austrias.
+
+El ingeniero, escuchándole, veía el cuadro de la villa, aburrida sobre
+el montón de sus riquezas, bostezando con tedio monacal en medio de una
+prosperidad loca. Los ricos aumentaban su fortuna, sin otro goce que el
+de la posesión; adornando sus casas con un lujo que nadie había de
+admirar, pues el retraimiento de la raza y los escrúpulos religiosos se
+oponían á las fiestas de sociedad.
+
+Aresti tronaba contra la vida de las gentes opulentas. Viajaban por
+Europa como viajan las maletas, insensibles y sin enterarse de nada, y
+al volver á Bilbao, seguían su vida de escrúpulos y nimiedades. Si
+alguna vez se reunían en un salón las grandes familias, quedaban las
+jóvenes á un lado y los muchachos á otro, mirándose de lejos, como si la
+alegría expansiva de la juventud fuese un delito y el amor una
+monstruosidad. Tal vez en este aislamiento huraño, _guardador de la
+inocencia_, les ocurría lo que á ciertos escritores de la Iglesia que,
+atenaceados por la castidad, describían placeres inauditos, aberraciones
+monstruosas que nunca habían existido, abriendo con esto nuevos
+horizontes á la desmoralización.
+
+¿De qué le servía á la villa ser tan hermosa? El doctor hablaba con
+entusiasmo de la belleza material y moderna de Bilbao: su ría bordeada
+de fábricas y doks, que parece un trozo del Támesis; sus altos palacios
+blancos del ensanche, su muchedumbre atareada que llena á todas horas el
+puente del Arenal. ¡Magnífica jaula! Pero los pájaros mudos, con la
+cabeza caída, tristes.
+
+--Esto es hermoso, Fernando, pero con la belleza de un cementerio bien
+cuidado. Falta la alegría, falta el alma de un pueblo libre, que cuando
+termina el trabajo quiere entregarse á la vida. Muy bonitas esas calles
+nuevas con sus inmensas aceras; pero les falta algo para ser calles de
+ciudad: debían circular por sus aceras unas cuantas docenas de
+_cocottes_ elegantes y hermosas; vendedoras de amor, que con cierto arte
+educasen á esa juventud habituada á la vida unisexual de Deusto y de la
+cofradía de San Luis.
+
+El ingeniero protestó, con el rubor del enamorado que vive en plena
+idealidad.
+
+--¡Pero, don Luis!; usted propone cosas... enormes.
+
+Aresti pareció irritarse. Lo que él proclamaba era la vida, la juventud,
+el amor, tal como los concebía. Respetaba la virtud, pero no consideraba
+necesario que tuviese gesto de vinagre y piel de esparto. Además, porque
+la mercenaria del amor, de aspecto tolerable, estuviese desterrada de
+las calles, ¿resultaba acaso la villa una población de costumbres
+virtuosas? Con la vida y sus instintos no se juega. Si la entorpecen su
+curso en nombre de una moral de locos, rompe por donde puede,
+esparciéndose en arroyos fangosos. Él conocía su Bilbao. Los jóvenes,
+emborrachándose para matar el fastidio, agarrándose en bailes públicos
+con cocineras y criadas, buscando el amor en su forma más bestial, sin
+el más leve barniz mundano que lo idealizase. Por esto llegaban muchos
+al matrimonio encanallados, viendo en la mujer la bestia del deleite,
+sin sospecha de que la hembra es un ser sensitivo, que necesita algo más
+que el contacto sexual. En el foso de aquella villa, tan virtuosa á
+estilo católico, florecía el vicio bajo las formas más antipáticas.
+
+Aresti, en sus visitas de médico, había conocido los barrios altos de la
+villa, el albergue de las servidoras de la prostitución. Todas eran
+pequeñas, flacas, de rostro aniñado, con el raquitismo de la miseria.
+Las había de treinta y cinco años, que se presentaban con la falda
+corta, la trenza en la espalda, imitando grotescamente el ceceo de la
+infancia. Era el género más solicitado. El instinto reprimido, al no
+encontrar el fruto sano y hermoso en plena madurez, buscaba en su
+aberración el verdor agrio que excita los nervios. Los directores de la
+vida en aquel país la descoyuntaban formándola á su gusto, haciendo un
+crimen del instinto del sexo, obligándolo á refugiarse en inmundos
+rincones. Los ricos que podían proporcionarse las dulzuras amorosas con
+su más seductora decoración, entraban al amparo de la noche, ocultándose
+como criminales en casas frecuentadas por soldados y marineros. Otros,
+más audaces, asediaban á la costurerilla de la familia y comenzaban con
+ella una novela de amor, insípida y vulgar, conservándola en la casa de
+los padres que aceptaban sin protesta el amancebamiento á cambio de la
+protección del rico. Se desterraba al amor para permitir el negocio. La
+cortesana estaba proscrita por cara y peligrosa: pero se toleraba el
+padre pobre que transige con la prostitución de la hija, porque ayuda á
+ir viviendo y se oculta en la propia casa.
+
+¡Ni amor, ni bailes, ni trato social entre los dos sexos; ni expansiones
+de la juventud! Aresti lo declaraba irritado: la vida estaba momificada
+en su país. Era un cementerio muy hermoso, en el cual no había más seres
+vivos que los pájaros negros que lo cubrían con sus alas. Sólo en las
+últimas capas sociales existía algo de alegría, allí donde llegaban
+amortiguadas ó no llegaban las influencias de la religión.
+
+El doctor únicamente había sentido el roce de la vida, algún domingo por
+la tarde, en los chacolines de las afueras ó en la explanada de la
+Casilla, donde las criadas y los obreros danzaban, al son de orquestas
+callejeras, los bailes vascongados y de la montaña de Santander.
+
+Los demás estaban muertos por el fastidio ó corrompidos por la opresión.
+Conocía jóvenes ricos, sin otras aspiraciones que cambiar ocho veces de
+traje todos los días. Otros iban en automóvil por las calles, sin rumbo
+determinado, parándose ante una casa para subir de nuevo en el vehículo
+y seguir la marcha, como sí huyesen del fastidio que iba tras ellos.
+
+¿Y para eso servía la riqueza? ¿Y ésta era la alegría de un pueblo
+opulento, que teniendo una existencia que embellecer la martirizaba y
+ennegrecía con el tedio, creyendo en otra vida problemática, bajo el
+testimonio de ciertos hombres que tampoco la habían visto?...
+
+El doctor terminó enérgicamente sus protestas, viendo próximo el momento
+de tomar el tren.
+
+--Gran cosa es la virtud, Fernandito: yo la admiro y la venero cuando
+sonríe y no se coloca en frente de la vida. Pero mi tierra, triste y con
+el alma muerta, es tan virtuosa, ¡tan virtuosa! que, créeme, ¡hijo
+mío!... tanta virtud me da asco.
+
+
+
+
+V
+
+
+Doña Cristina daba el último toque á sus cabellos rubios, que ya
+comenzaban á encanecer, al mismo tiempo que con el rabillo del ojo
+seguía en un espejo la marcha del reloj colocado sobre el mármol de una
+chimenea.
+
+Eran las tres de la tarde, y á las cuatro tenía que asistir en Bilbao á
+una junta de señoras católicas, de la que era presidenta, en el Colegio
+del Sagrado Corazón.
+
+Pepita no la acompañaba. Decía estar enferma; se quejaba de dolores de
+cabeza, sentía un malestar general; en fin, cosas de muchacha, y doña
+Cristina la dejaba en el hotel bajo la vigilancia del _aña_ Nicanora.
+
+Sánchez Morueta estaba en Madrid desde hacía una semana, muy atareado
+por los nuevos negocios que todos los meses hacían necesaria su
+presencia en la capital. Su esposa aceptaba con gusto estas ausencias.
+No era que el millonario se opusiese á los gustos de su mujer é
+interviniera en su vida; pero se sentía mejor cuando estaba sola, sin
+ver aquellos ojos fríos, que no transparentaban el más leve reproche, y
+que á ella se le antojaba que la seguían en todos sus movimientos, como
+una protesta muda.
+
+Pepita presenciaba desde un rincón el tocado de su madre. No se la
+escapaba el gran cambio que ésta había sufrido. Los trajes elegantes de
+otro tiempo, se apolillaban abandonados en el guardarropa, sin que
+nuevos encargos á París y Madrid vinieran á sustituirlos. Se preocupaba
+algunas veces de las galas de su hija; quería verla elegante, y la
+aconsejaba mirando los periódicos de modas, con la misma bondad con que
+una persona mayor discute con un niño sobre juegos. Iba siempre vestida
+de negro, con telas pobres y sin brillo. Pepita notaba en sus ropas
+interiores un abandono, una rudeza, que algunas veces llegaba á rebasar
+los límites de la higiene. Revelábase en ella el desprecio á la carne,
+de los devotos fervientes; el abandono físico, la suciedad cantada como
+mérito celestial en la vida de muchos santos.
+
+Deseaba mortificar su carne, y su hija la veía en la mesa repeler los
+mejores platos, los que en otros tiempos eran más de su gusto, afirmando
+que ahora le repugnaban. De su dormitorio habían ido desapareciendo poco
+á poco todos los muebles que significaban ostentación ó comodidad. En el
+resto de la casa tronaba el lujo suntuoso y sólido, mientras en su
+cuarto sólo quedaba una cama de criada, angosta y dura, que había hecho
+bajar de las buhardas, y un Cristo grande y ensangrentado que ocupaba
+casi un lienzo de pared, entre dos cromos de vivos colorines
+representando á Jesús y á María, abriéndose el pecho para ofrecer sus
+corazones inflamados.
+
+Muchos días las criadas encontraban la cama intacta. La señora--según
+ellas afirmaban en sus conversaciones de la cocina--dormía en el suelo ó
+no dormía. Sus ropas interiores, que cada vez llegaban con mayor retraso
+á las pilas del lavadero, tenían salpicaduras de sangre. Una doncella
+había recogido olvidado sobre su cama, un horrible cinturón de esparto,
+un cilicio de los más sencillos que fabricaban ciertas monjitas de
+Begoña.
+
+Todos en la casa adivinaban las mortificaciones á que sometía su cuerpo
+la señora, y sin embargo, la veían sonriente, con una dulzura melosa en
+la voz y en el gesto, elevando los ojos á la menor contrariedad y
+exclamando: «Todo sea por Dios.» En ciertos momentos se dejaba arrastrar
+por su carácter imperioso, como si llevase en el cuerpo algo que
+exacerbaba sus nervios con oculta molestia, pero al momento replegábase
+dentro del caparazón de su bondad y con los ojos pedía perdón por su
+arrebato.
+
+El marido no parecía advertir el abandono físico y la transformación
+moral de su esposa. Hacía años que no pisaba el suelo de su cuarto.
+Cuando hablaba con ella volvía la vista ó la miraba con ojos vagos y sin
+pensamiento, que parecían no verla. Ni una protesta, ni una pregunta,
+como si en el fondo le complaciese esta transformación que le apartaba
+de ella, haciendo imposible todo retroceso.
+
+Pepita seguía, con una expresión de lástima en los ojos, el tocado
+rápido de su madre, que se peinaba á ciegas sin el menor rasgo de
+coquetería.
+
+--Mamá, ponte la capota negra; es muy bonita y te sienta bien.
+
+Doña Cristina movió la cabeza.
+
+--No, hija, nada de sombreros. Eso pasó. Cada cosa á su edad. Ya soy
+vieja y no está bien que quiera lucirme en unas reuniones que son para
+bien de la religión.
+
+--¿Pero si es una capota muy _seria_, muy _religiosa_?
+
+--La mantilla, hija; lo tradicional, lo que llevaban las gentes buenas y
+antiguas, antes de que llegasen tantas maldades del extranjero.
+
+Y aquella mujer todavía hermosa, con el encanto sabroso de la madurez,
+que ensanchaba sus formas, aterciopelándolas, parecía complacerse con
+dolorosa coquetería en apreciar en el espejo, mientras se colocaba la
+mantilla, las canas que cortaban el esplendor rubio de su cabellera, las
+ojeras azuladas y dolorosas, su boca plegada por un gesto lloroso, como
+si estuviera en perpetua oración.
+
+Doña Cristina iba á salir.
+
+--Mamá, ya sabes mi encargo--dijo Pepita.
+
+--No lo olvido--contestó la madre con sonrisa bondadosa.--No debía
+hacerlo, porque la mentira siempre es un pecado; pero, en fin, puede
+mentirse cuando no es en perjuicio de tercero. Tiraré por tí del hilito,
+para que las buenas madres no se enteren de tu pereza.
+
+Pepita imitaba la estratagema inocente de muchas de sus compañeras
+cuando no querían asistir á las reuniones de las Hijas de María. En el
+salón del colegio había un gran cuadro con los nombres de las
+congregantas y al lado de cada uno de ellos, un cordoncito azul con una
+pequeña bola de marfil. Al entrar las señoras tiraban cada una de su
+cordoncito para marcar la asistencia de este modo, y las amigas se
+encargaban algunas veces de hacerlo por las ausentes, engañando á las
+monjas, que, terminada la reunión, examinaban la lista con una
+curiosidad meticulosa.
+
+Pepita, pensando en el cuadro, veía el salón de reuniones de las Hijas
+de María con su lujo monástico y el mapa de la Orden, que era el
+principal adorno de la pared; un mapa de colores acaramelados, en el que
+figuraban Europa y América, marcándose con pequeños corazones inflamados
+las poblaciones donde el jusuitismo femenil tenía establecidos sus
+colegios. El Atlántico, de un azul de confitería, había sido rebautizado
+con un nuevo título: _Océano de Bondad_. Y nadie podía adivinar el
+sentido de esta bondad, atribuida al Atlántico por la monja autora del
+mapa.
+
+Doña Cristina salió apresuradamente. Ante la escalinata del hotel, la
+esperaba el automóvil, una máquina soberbia que había costado á Sánchez
+Morueta cincuenta mil francos en París y de la que apenas hacía uso,
+habituado como estaba al carruaje de sus primeros años de opulencia, el
+cual, al mecerle sobre los relejes del camino, le hacía pensar en sus
+negocios, como si el movimiento sacudiese sus ideas adormecidas. El
+automóvil era para las señoras. Pepita apreciábalo en mucho porque era
+un motivo de envidia para las amigas; doña Cristina consideraba como un
+homenaje á la Fe, el llegar en él á las puertas de la iglesia de los
+jesuítas. Era el _dernier cri_ de la devoción; daba á entender, según
+ella, que el progreso no está reñido con el dogma.
+
+Doña Cristina dió al _chauffeur_ la orden de llegar pronto á Bilbao y el
+vehículo salió á toda velocidad por entre los tranvías y carruajes que
+llevaban la gente á Las Arenas. La señora de Sánchez Morueta pensaba en
+la importancia de la reunión. Iban á tratar la conveniencia de una nueva
+romería á Begoña, tan ruidosa como la de la coronación de la Virgen, y
+no sabían si hacerla en el mismo año ó dejarla para el siguiente.
+Convenía organizar un alarde de fuerzas, reunir todo el país vascongado
+amante de las tradiciones y que subiera entre banderas y cánticos al
+monte Artagán, como protesta contra las gentes de las minas y las
+fábricas, que se entregaban al monstruoso socialismo, y contra los
+_maketos_ de la villa y sus hijos que ya se consideraban de la tierra,
+gentes que hablaban de República y de anticlericalismo y llamaban en sus
+mitins _fetiche_ y _nido de ratas_ á la milagrosa imagen de la patrona
+de Vizcaya.
+
+A la reunión de las señoras habían de asistir como directores é
+inspiradores el Padre Paulí, un jesuíta batallador, que estaba de moda
+en el púlpito y el confesonario, y Fermín Urquiola, que era su hombre de
+acción, «mi brazo derecho», según decía aquel tribuno de la Compañía.
+
+Doña Cristina admiraba á su sobrino viendo el afecto con que le trataban
+los Padres, cómo le hacían partícipe de sus proyectos en bien de la
+religiosidad del país. Era casi una pasión lo que sentía por Urquiola.
+Cuando la visitaba, veía en él al representante de aquellos sacerdotes
+tan queridos, que de este modo indirecto entraban en su hogar. Fermín
+era una prolongación de la Compañía que llegaba hasta ella. Sentía una
+amarga decepción de enamorada, al no poder pasar en la casa residencia
+del salón de visitas. Quería saber cómo era Deusto por dentro, aquel
+templo de la sabiduría envuelto en el misterio: y el sobrino, en sus
+visitas al hotel, cada vez más frecuentes, la deleitaba hablándola
+largas horas de los lugares que ella no podía ver por oponerse las
+reglas de la Compañía á las visitas femeniles.
+
+Entreteníala Urquiola con las minuciosidades de la vida de cada Padre,
+enumerando sus méritos: uno había viajado por países salvajes; otro
+sabía seis idiomas; el de más allá tocaba el violín como un ángel ¡y
+todos tan modestos, durmiendo en celdas pobres de una pulcra curiosidad,
+dejando por las noches en una bolsa, colgando de la puerta, las ropas y
+los zapatos que limpiaban los fámulos, y vestiéndose al romper el día,
+para emprender su santa obra!... Vivían con cierto desahogo, pero por
+ninguna parte se veían las riquezas de que hablaban los impíos. ¡Y todos
+humildes y amables, olvidados por completo de su brillante pasado, y eso
+que los había entre ellos que habían sido grandes en el mundo! Por eso
+los Padres de la Compañía tenían algo de príncipes arrepentidos, ocultos
+bajo la sotana de la obediencia.
+
+La Universidad de Deusto aún interesaba más á doña Cristina. ¡Cómo
+lamentaba ella no poder entrar en aquel palacio, tantas veces admirado
+al ir y volver á su casa; no poder correr por la montaña de su parque, y
+ver de cerca el San José, que dominaba el paisaje, bajo su dosel de
+luces eléctricas! La sabiduría de los buenos Padres se revelaba en todos
+los detalles del establecimiento. Allí estudiaban los hijos de las
+principales familias de España. La nobleza rancia y los ricos de sanos
+principios, recluían á sus vástagos en la santa escuela. Allí no corrían
+el peligro, como en las universidades laicas, de tropezar con profesores
+revolucionarios, y la ciencia antigua y moderna se servía después de
+bien pasada por el tamiz de Santo Tomás y otros grandes sabios de la
+Iglesia, únicos depositarios de la verdad.
+
+El edificio estaba dividido en cuatro cuerpos independientes, y los
+alumnos en cuatro secciones que vivían aisladas, evitándose con este
+acordonamiento muchos pecados y ciertas propagandas. Las secciones sólo
+se contemplaban de lejos en contadas fiestas del año ó al verificarse
+algún acto literario en el gran salón, que parecía un teatro con su
+patio y sus galerías. En el techo pintado al fresco, veíanse las figuras
+de San Ignacio y los Padres más famosos de la Compañía, todos entre
+nubes, revoloteando camino del cielo.
+
+Abajo, en el patio, estaban los invitados, los parientes masculinos de
+los alumnos, y en las galerías los estudiantes de las cuatro estaciones
+que, al verse frente á frente, se examinaban con curiosidad, como
+vecinos de una misma casa, que sólo se tropiezan de tarde en tarde. Iban
+los más puestos de _smoking_, muy elegantes, como hijos de buenas
+familias que eran. Los mayores se rizaban el bigote y lucían las
+sortijas. Da una galería á otra se miraban con gemelos, lo mismo que en
+el teatro, enterándose unos de otros. «Aquel pequeñito, guapo, es de
+Salamanca y muy rico... Ese moreno simpático es andaluz.» Y después de
+mirarse largamente, se saludaban con la mano... ¡Angelitos!
+
+Los actos literarios eran controversias entre los alumnos de _punta_,
+ensayadas previamente por los maestros. El estudiante que había de hacer
+las objeciones, oponiendo reparos á las santas doctrinas, era preparado
+con anticipación. Llevaba aprendidas unas cuantas tonterías, que
+representaban las ideas modernas y el otro alumno las rebatía y
+pulverizaba en un periquete, triunfando de este modo la fe sobre la
+impiedad de la falsa ciencia moderna.
+
+Un año, Urquiola, siendo estudiante del último curso, se había cubierto
+de gloria sustentando un tema propuesto por los maestros tras larga
+deliberación. «¿Los Borbones, subiendo al cadalso en Francia, expiaron
+los atentados de su familia contra la Compañía de Jesús?»... Urquiola
+sostuvo la afirmación, demostrando que la guillotina había sido un medio
+indirecto de Dios para castigar á los reyes que osaron expulsar de sus
+dominios á los jesuítas. ¡Muerte é infierno para los que se atrevían á
+perseguir á los verdaderos representantes de Jesús!... Su contradictor
+mantuvo opiniones de dulzura y olvido, objeciones humildes y tímidas,
+preparadas por los maestros. Pero con gran disgusto de todos, no
+pudieron continuarse los ejercicios, pues no faltó quien indicase á los
+Padres de Deusto que era peligroso pagar con tales juegos literarios la
+bondad de los que les habían abierto de nuevo las puertas de España.
+
+En las Pascuas de Navidad, el salón de actos se convertía en un teatro.
+Hasta en esto admiraba doña Cristina el talento y la virtud de los
+Padres. ¡Si todos los teatros fuesen como aquél, podrían asistir sin
+miedo las madres cristianas! La música era de las zarzuelillas y
+revistas en boga: pero en la letra está el pecado, y las palabras eran
+de ciertos Padres aficionados á la versificación. La mujer estaba
+excluida de todas las obras. Con el mismo ritmo con que las chulas
+cantan «la falda de percal planchá», moviendo las caderas, un alumno
+cantaba las dificultades del Derecho Natural con tanta gracia, que hasta
+parecía sonreír el sombrío San Ignacio que volaba en el techo. _La
+viejecita_ se titulaba _El viejecito_: todas las obras perdían su título
+femenino, y si en ellas figuraban dos amantes, convertíanse en dos
+primitos, compañeros de colegio, que, agarrados de la mano jurábanse
+quererse mucho, estudiar y ser obedientes y humildes con sus maestros...
+¡Serafines del cielo!
+
+Doña Cristina conmovíase con el relato de estas fiestas. Bien se notaba
+que su sobrino se había educado en aquella Universidad. Así era tan
+caballero, tan cristiano, y dedicaba sus músculos de atleta á la buena
+causa de Dios. No era como la juventud que llegaba de Madrid contaminada
+por las malas ideas, con un libertinaje en las costumbres que corrompía
+el país.
+
+La esposa del millonario se sublevaba cuando oía hablar de las
+calaveradas de Urquiola, queriendo negarlas y acabando por defenderlas
+con repentina bondad. ¡Descarríos de la juventud y malos ejemplos de los
+muchachos que no habían sido educados en Deusto! Pero su fondo era
+bueno y aquello pasaría. Urquiola estaba reservado para altos destinos,
+ahora que se mezclaba en las luchas políticas. Tenía buenos directores y
+¡quién sabe si llegaría á ser diputado, repitiendo la palabra de Dios,
+allá en Madrid, donde todos viven olvidados del cielo! Ella y su sobrino
+se bastaban para volver á Bilbao al buen camino, siempre que no les
+faltase el consejo de los sabios Padres.
+
+Y la esposa de Sánchez Morueta, acariciando estos pensamientos, corría
+en su automóvil hacia la villa, dejando tras las ruedas nubes de polvo.
+
+Pepita, desde una ventana de su cuarto, siguió un momento la marcha del
+vehículo y al verle desaparecer, esparció su mirada por el paisaje, con
+la vaguedad melancólica de los que se sienten enamorados y perciben en
+todo lo que les rodea una nueva vida.
+
+Nunca le había parecido tan hermoso el paisaje como en aquella tarde de
+verano. Estaba habituada á verlo desde su infancia, y, sin embargo,
+ahora le encontraba algo nuevo, cual si acabase de descubrirlo.
+
+Las gentes que pasaban al borde de la ría, por la carretera de Las
+Arenas, le parecían más simpáticas que las de otros días. Eran familias
+de Bilbao que bajaban del tranvía para ir á la orilla del mar. Un grupo
+de obreros pasaba, camino del _chacolín_, por entre un bosquecillo de
+pinos. Cantaban á gritos, excitados por la proximidad del mar, el
+«_Boga, boga, marinero_» de Iparraguirre y el coro del bardo vascongado
+sonaba de tal modo en el alma de la joven, que casi la hacía llorar. La
+ría brillaba bajo la caricia del sol, temblando sus ondulaciones como
+los fragmentos de un espejo. Más allá del puente de Vizcaya, cuya
+plataforma iba y venía pendiente de su manojo de cables, transportando
+carruajes elegantes, carretas de bueyes y pasajeros llegados en el tren
+de Portugalete, extendíase el abra como un desgarrón del cielo, moviendo
+sus aguas de un azul plomizo. El mar libre, chocaba en la línea del
+horizonte contra la muralla del rompeolas, coronándola de una nube de
+espuma que corría de un lado á otro como el humear de una locomotora
+invisible.
+
+Al volver Pepita la vista tierra adentro, contemplaba, avanzando sobre
+la ría, un pedazo de Londres bañado por un sol meridional; todo aquel
+pueblo de cobertizos fabriles é innumerables chimeneas sobre el que
+pesaba el poderío de Sánchez Morueta y que esparcía en el espacio sus
+torbellinos de humo sonrosado por la luz de la tarde.
+
+Bilbao estaba invisible. El horizonte cerrábase en el fondo, con un
+escalonamiento de montañas. La joven conocía los nombres de todas
+aquellas cumbres. Las había visto durante muchos años todos los días, al
+saltar de la cama, unas veces brumosas y delineando apenas su contorno
+sobre el cielo, otras veces rojas, con las manchas de sombra de sus
+barrancos y oquedades, destacándose sobre la inmensidad azul. Las más
+próximas, que parecía iban á tocarse con la mano, eran Luchana y el
+pico de Banderas. Después sobresalían sobre ellas, á una enorme
+distancia, en pleno riñón de Vizcaya, los gigantes del país, el Mañaría
+y el Gorbea, y entre los dos, como una giba inaccesible, cubierta de
+nieve, la Peña de Amboto, misteriosa y legendaria, en la que se
+desarrollaban los cuentos más tenebrosos de la imaginación vasca. Pepita
+recordaba sus terrores de la niñez, cuando su _aña_, para imponerla
+silencio, la amenazaba con llamar á la _Dama de Amboto_, especie de hada
+maléfica, hija de un _Jaun_, de un caudillo legendario, que vivía como
+encantada en lo alto del peñasco y únicamente salía de su cueva para
+quemar las mieses, matar niños y perseguir á los pobres aldeanos con
+toda clase de maleficios.
+
+La joven permaneció mucho tiempo abstraída en la contemplación del
+paisaje. De vez en cuando miraba hacia el puente colgante, como si
+pretendiera reconocer á alguien de los que pasaban la ría. Creyó por un
+momento ver algo blanco que se agitaba en la plataforma: tal vez un
+pañuelo que le saludaba con cierta discreción como temeroso de atraerse
+la curiosidad de la gente. Después ya no vió nada y creyendo en un
+engaño del deseo siguió contemplando el paisaje, con mirada vaga,
+sumiéndose poco á poco en una dulce somnolencia.
+
+La joven despertó al sentir en su espalda la mano del _aña_.
+
+--_Ése_ está ahí--dijo con tono misterioso.--Habrá que bajar al jardín.
+
+A la melancolía sucedió en la joven la inquietud, el temor. Había venido
+preparando desde mucho tiempo aquella entrevista con Fernando Sanabre, y
+al llegar el momento temblaba como si fuese á realizar un delito. La
+_aña_ reía ante los temores de la señorita, á la que trataba con la
+misma familiaridad que cuando era niña. ¡Inocente! ¿Qué mal podía haber
+en aquel encuentro de novios, en plena tarde, en un jardín y bajo la
+mirada de ella, que era como su madre? Pero Pepita no lograba
+tranquilizarse: el respeto y el miedo á su mamá la dominaban. Esperaba
+que de un momento á otro apareciese la severa figura de doña Cristina
+tras un arriate del jardín.
+
+Solamente había accedido á la entrevista después de los infinitos ruegos
+de Fernando. Este se desesperaba por no haber hablado ni una vez á solas
+con su novia, teniendo que contentarse con las rápidas palabras
+cambiadas al entrar y salir en la casa de su jefe ó con las cartas que
+llevaba y traía la _aña_ complaciente.
+
+Pepita quería que se encontrasen en el jardín, á la vista de la
+servidumbre, creyendo esto menos censurable que recibir al ingeniero
+dentro de la casa.
+
+Cuando la joven se vió bajo los árboles, Fernando atravesaba ya la
+verja, haciéndose de nuevas ante el portero, al saber que la señora no
+estaba en casa. Venía á visitarla y á enterarse de paso de cuándo
+regresaría don José de su viaje; pero ya que la señorita estaba en el
+jardín, pasaría á saludarla.
+
+Los dos jóvenes quedaron indecisos, con la emoción de la timidez, al
+verse frente á frente.
+
+--¡Vaya, pasearos! dijo animosamente la ruda Nicanora.--Deciros algo:
+hablad sin miedo. Aquí estoy yo para avisar si algo ocurre.
+
+Y poco á poco fué quedándose rezagada, dejando que los novios anduviesen
+lentamente, la vista en el suelo, con el atolondramiento del que ha
+pensado muchas cosas para decirlas y no sabe cómo empezar.
+
+De vez en cuando se miraban sonriendo. Él la acariciaba con los ojos,
+poniendo en su gesto toda la pasión, que se revolvía inquieta, no
+encontrando palabras para exteriorizarse. El silencio del jardín, la
+calma de aquella tarde de verano parecía adormecer el pensamiento de los
+dos, dando una vida extraordinaria á sus sentidos. Creían percibir
+considerablemente agrandados los movimientos del corazón, los latidos de
+la sangre al pasar por las arterias de sus sienes. Poco á poco
+envolvíales la alegría de la naturaleza, cómplice de las dulzuras del
+amor; el canturreo del agua desgranándose en el tazón de una fuente, el
+crujido de los troncos al estallar sus cortezas á impulsos de la savia,
+el lento murmullo de las hojas moviéndose solemnemente en el espacio
+caldeada, entre nubes de insectos que brillaban al sol como un
+chisporroteo de oro.
+
+Fernando fué el que habló primero, comenzando como todos los amantes con
+la expresión de la felicidad que sentía al verse por fin junto á la
+mujer amada. ¡Cómo había deseado aquel momento!... Recordaba las horas
+de muda contemplación, allá en su despacho de los altos hornos, con la
+vista fija en las cartas de ella, como si la letra de Pepita le hablase
+misteriosamente y su sonrisa brillara entre los renglones.
+
+--Mira, nena--decía el ingeniero subiendo de tono en su
+apasionamiento.--Tu voz, tu divina voz es lo que más me conmueve. Yo
+creo que te quise siempre; desde que te conocí, siendo aún muy niña. Te
+amaba sin darme cuenta de ello; pero el día en que ví claro, en que supe
+que te quería, fué escuchando una de esas canciones vascongadas, tan
+dulces, tan tristes, que parece que cantas con el alma.
+
+Fernando se había dado cuenta de su amor oyéndola cantar el _Goizeko
+izarra_, la invocación á la estrella de la mañana. Él no entendía la
+letra, pero la música, ¡ah la música! había penetrado en él hasta lo más
+hondo, como un arañazo que despertó su alma. Después había hecho que le
+tradujesen la letra.
+
+--Ya la sé--continuó el joven--la conozco y creo en ella: siento su
+infinita ternura, «La estrella de la mañana, sin mancha alguna brilla en
+el horizonte: pero á tu lado, querida mía, palidece y casi no se ve...»
+Eso es lo que yo pienso, mi vida.
+
+Y con el énfasis de todo enamorado, la comparaba con el astro del
+amanecer, resultando que la amante vencía á la estrella en hermosura y
+esplendor.
+
+Pepita, tranquilizada ya, reía ante el entusiasmo hiperbólico de su
+novio. ¡Qué exagerado! ¡Qué... romántico! ¿Pero era verdad que le
+causaba tanta impresión su voz?... Y se extrañaba de buena fe, de que
+una canción pudiera conmoverle tan hondamente. Ella cantaba por
+distraerse: parecíale una locura tomar en serio lo que se dice con
+acompañamiento de música: todo eran falsedades dulces, inventadas por
+los artistas para alegrar la vida; muy bonitas, eso sí, pero al fin
+mentiras.
+
+Por la memoria de Fernando pasó, como una ráfaga de viento helado, una
+frase que varias veces había oído al doctor. Aquella raza aparte, sentía
+una afición loca por la música: cantaba en todos los momentos de su
+vida, y sus cantos tenían la tristeza melancólica del paisaje; pero la
+emoción era de labios afuera, un sentimentalismo exterior que se perdía
+en el aire.
+
+--No, nena--dijo el amante.--Es tu alma entera lo que pones, sin
+saberlo, en tu voz. Tú eres para mí la estrella de la canción; pero no
+te diré como al final de ella: «Adiós para siempre, adiós». Si yo te
+perdiese después de ser amado, no sé qué sería de mí. Dí que me quieres,
+Pepita, dí que me amas.
+
+La joven, con cierto pudor, resistíase á decir de viva voz lo que tantas
+veces había escrito en sus cartas.
+
+--¿No lo sabes?--respondió evasivamente.--¿No te lo he dicho muchas
+veces?
+
+--Pero, repítelo, quiero oírlo de tus labios. Dí que me amas.
+
+Y Pepita, mirándole por primera vez en los ojos, dijo con cierta
+gravedad, como poniendo en sus palabras el peso de un juramento solemne:
+
+--Sí, te quiero: te amo, Fernando.
+
+¡Oh aquella mirada!... Fué para el ingeniero lo mejor de la entrevista,
+y la recogió en su memoria, esforzándose por conservarla con toda su
+luz, para que le acompañase en las largas horas que pasaba allá en la
+fundición entregado á la vida de los recuerdos.
+
+Sanabre se convencía de que era amado por Pepita. Su mirada, su voz,
+valían más que todos los papeles preciosos que guardaba en su despacho.
+Ella que se burlaba con indulgente superioridad, al oírle hablar de
+canciones y de estrellas, influida por el positivismo de su raza,
+mostrábase sincera al mirar al hombre. Fernando era para ella ese ideal
+abstracto que se forja toda mujer al sentirse enamorada por primera vez:
+el hombre modelo, conjunto de gracia y de fuerza, de sentimentalismo y
+energía, capaz de enternecerse ante una flor y de pelear como una fiera;
+ese personaje, en fin, mezcla de tenor amoroso y de paladín membrudo,
+creado por las novelas, que nunca se ve en la realidad y que turba los
+sueños de las vírgenes.
+
+--Sí, te quiero--repetía Pepita.--Por mí no temas, no seas niño, nunca
+me dirás adiós.
+
+--Bebé, ¡dulce bebé!--exclamaba con entusiasmo el ingeniero.--¡Cuánto te
+amo! ¡Qué feliz soy!...
+
+Y el _aña_ Nicanora, que los seguía á corta distancia, oyendo muchas de
+sus palabras, sonrió con cierta lástima. Todos los novios eran lo mismo;
+iguales los aldeanos que los señoritos; alguna diferencia en las
+palabras, y nada más. Sólo sabían decirse tonterías, poniendo en sus
+voces tanta solemnidad, como si la existencia del mundo dependiese de lo
+que se dijeran. ¡Ah la juventud!... Y seguía sonriendo con indulgencia
+de veterano ante el entusiasmo de los dos jóvenes.
+
+Fernando, más tranquilo después de las palabras de su novia, hablaba del
+por venir. Trabajaría; ¡quién sabe hasta dónde puede llegar un hombre!
+Desde que estaba enamorado, sentíase con nuevas fuerzas para el trabajo.
+Bullían en su pensamiento ciertas invenciones industriales, que, de
+realizarse, darían nuevas ganancias á Sánchez Morueta.
+
+Pero el recuerdo de su jefe abatió las ilusiones del ingeniero.
+
+--¿Que dirá tu padre cuando conozca nuestros amores? Ya conoces por mis
+cartas la inquietud que esto me causa; me roba el sueño muchas veces...
+¿Y tu madre? ¡Qué miedo la tengo!... Somos muy felices amándonos, pero
+el porvenir nos guarda muchos dolores. ¡Si todos en tu familia fuesen
+como el doctor!...
+
+Y hablaba con entusiasmo de Aresti, de la bondad con que seguía sus
+amores.
+
+--Sí, mi tío es muy bueno--dijo Pepita hablando del doctor como de un
+pariente lejano, del que sólo se acordaba la familia de tarde en
+tarde.--¡Lástima que tenga esas ideas! Es un _planeta_ muy simpático,
+pero mamá cree que está loco.
+
+Lo incierto de su porvenir, llevó de nuevo á los dos jóvenes á hablar de
+sus amores.
+
+Fernando sentía miedo. Los padres de ella proyectarían casarla con el
+vástago de alguna familia millonaria; tal vez con un señorito de escasa
+fortuna, que pudiera ofrecerla viejos títulos de nobleza. En todos
+pensarían antes que en él, que no era más que un servidor intelectual de
+la familia. ¡La perdería amándola tanto!... ¡La diferencia de fortuna,
+la maldita ley de clases, les cerraría el camino, separándolos!...
+
+--Tonto, ¡pero si yo sólo te quiero á tí!--decía la joven sonriendo.
+
+Y el ingeniero, conmovido por estas palabras, en un arranque ingenuo de
+agradecimiento, intentó coger las manos de su amada. Ésta las retiró
+detrás del talle, frunciendo las cejas con gesto duro.
+
+--Quieto, ¿eh?--dijo pasando sin transición de la dulzura á la altivez,
+con una voz que no parecía la misma, ofendida, como si el joven
+intentase una monstruosidad.
+
+De nuevo pasó por Fernando el recuerdo del doctor Aresti, de una de sus
+paradojas atrevidas que le valían la fama de loco. «Este es un país sin
+corazón, donde nunca se ha visto que una muchacha se escape con el
+novio.»
+
+Sanabre quedó largo rato cohibido y como avergonzado por el brusco
+movimiento de la joven. Pepita parecía arrepentida de la viveza de su
+protesta, pero callaba, aguardando á que fuese él quien reanudase la
+conversación.
+
+--Tal vez quiera tu madre que Fermín Urquiola sea tu marido--dijo el
+ingeniero tristemente.
+
+La joven aprovechó la ocasión para recobrar su voz tierna de enamorada.
+
+--Con ese, nunca, ¡nunca!
+
+Y habló de la repugnancia que le inspiraba Urquiola, con sus petulancias
+de buen mozo, cortejando á un tiempo á varias señoritas de la villa y
+escogiendo entre ellas, con la frialdad del cálculo, la que mejor le
+conviniera por su fortuna. Además, conocía su vida. Las jóvenes, en las
+tertulias, hablaban de él á hurtadillas, como de un don Juan que atraía
+á las tontas con el maléfico encanto de sus calaveradas. Todas sabían
+que tenía una mujer, allá en Bilbao la Vieja, una antigua costurera con
+la que vivía maritalmente. Hasta había oído decir que tenían hijos.
+
+--¡Oh! Con ese nunca, ¡nunca!--repetía con gestos de repugnancia.
+
+Ella era incapaz de rebelarse ante su madre: pero osaba ponerse frente
+á ella, en la apreciación de los méritos de aquel pariente tan querido
+por doña Cristina. Y como si al pensar en Urquiola recordase algún
+defecto moral de su novio, preguntó á éste con dulzura:
+
+--Dime, Fernando. ¿Tú tienes religión? ¿Es verdad que piensas como mi
+tío?... Dime que no, Fernando; dime que no.
+
+El ingeniero miró á su novia, que le contemplaba con ojos interrogantes,
+de una candidez alarmada, como si temblase ante su respuesta. Sanabre
+recordó un momento á Fausto en el jardín de Margarita. Otra muchacha
+inocente, aunque menos apasionada que la burguesilla germánica, le
+preguntaba á él en un jardín cuál era su religión. Sintió impulsos de
+romper en un himno á sus creencias humanas, como el fantástico doctor.
+Pero el miedo al ridículo le contuvo; su instinto le avisó el riesgo de
+alarmar á un alma soñolienta.
+
+--Sí, vida mía, tengo religión--dijo evasivamente.--Creo que el hombre
+debe ser bueno y feliz sobre la tierra y para ello trabajo.
+
+Pepita pareció no comprenderle y habló de su madre. Si le hacía aquella
+pregunta era porque doña Cristina, que se acordaba pocas veces de
+Fernando, no viendo en él más que un dependiente, había dicho un día que
+era igual á su primo el doctor.
+
+--¡Si supieras cuánto me hizo sufrir el pensamiento de que esto fuese
+verdad! No quise decírtelo en las cartas; pero deseaba que nos viésemos
+para convencerme de que no es cierto. Ahora estoy tranquila. Ya lo decía
+yo; ¿si eso no puede ser? Fernando es bueno: algo loco, eso sí, un
+poquito romántico, como todos los que no son de esta tierra; pero es
+imposible que piense los mismos disparates que el pecador de mi tío.
+
+Y aproximándose al joven como si se ofreciera, con una dulzura que
+contrastaba con la huraña repulsión de poco antes, añadió:
+
+--Ya que crees en Dios, ¿por qué no vas, como los muchachos de Bilbao, á
+confesarte con los Padres? ¿Por qué no te veo nunca en la Residencia?...
+
+Sanabre se encogió de hombros, no sabiendo qué decir, mientras Pepita
+seguía hablando. Él indudablemente iría á misa todos los domingos en la
+iglesia más próxima ó los altos hornos, ¿verdad? Y en sus ojos se leía
+por anticipado la afirmación á la pregunta, como si no pudiera
+ocurrírsele la sospecha de que el joven pasase sin oír misa los días
+festivos... Poco le costaba bajar a la villa, frecuentando la iglesia de
+la Residencia. Dios estaba en todas partes, pero ella--no sabía
+explicarlo bien--creía que en aquel templo tan bonito y tan cómodo se
+hallaba más cerca. Además, la religión era allí más distinguida: sólo se
+veían personas decentes.
+
+--Tengo mucho que hacer--dijo el ingeniero evadiendo la respuesta.--Yo
+pertenezco á mis deberes. El trabajo también es una religión.
+
+La joven siguió hablando, inspirada ahora por el egoísmo del amor. Nada
+perdería aproximándose á los Padres, intentando hacerse simpático á
+ellos. Eran personas muy buenas que se interesaban por los demás,
+trabajando por su felicidad. Para ellos no existían obstáculos: todo lo
+hacían llano con su sabiduría. Había que seguirlos con los ojos
+cerrados. ¡Si ellos quisieran ayudarles! ¡ay; entonces sí que no
+tendrían que temer nada!...
+
+--Fernandito--decía con voz acariciadora.--Ve por allí; hazte simpático:
+tengo la certeza de que mamá te miraría mejor si algún Padre la hablase
+de tí... ¡Y yo sería tan dichosa!...
+
+--Veremos, veremos--murmuró indeciso el ingeniero.
+
+Dudaba, con cierta esperanza, ante el camino tortuoso que le proponía su
+novia. Experimentaba la cobardía del amor, y cerraba los ojos. Él, que
+era capaz de los mayores esfuerzos por conseguir á la mujer amada ¿por
+qué había de sentir remordimientos ante un medio que tal vez era el del
+éxito?...
+
+--Te quiero--dijo con entusiasmo.--No hay nada que me detenga para
+llegar hasta tí. Buscaré á esos Padres, iré á la Residencia, seré
+_luis_: todo lo que tú me digas. ¿Pero y si á pesar de esto tu familia
+no me admite? ¿Y si tu madre quiere casarte con otro?...
+
+Sanabre abordaba por fin la gran cuestión que su inquietud amorosa
+traía preparada; lo que más le había hecho desear aquella entrevista.
+
+Pepita bajó los ojos indecisa y pensativa. No osaba mirar á su novio
+como si temiera que este leyese en su pensamiento.
+
+--Dí, mi vida--seguía preguntando el ingeniero.--¿Y si se oponen á
+nuestro amor?... Si nos separan ¿que harás tú?
+
+La joven eludió la respuesta, diciendo con ternura:
+
+--Yo te quiero mucho, Fernando. Te amo.
+
+--Lo sé, y mi alma se llena de alegría al escucharte. Pero hablemos
+seriamente: dejemos los romanticismos, como tú dices. Yo soy pobre y tú
+eres inmensamente rica. ¿Serías capaz de cambiar tu vida de opulencia
+por una existencia modesta al lado de un hombre de trabajo, que te
+amaría mucho... mucho?
+
+Pepita no pareció conmoverse ante el cambio de vida que la proponían, ni
+sintió miedo ante la modestia de que le hablaba el ingeniero.
+
+--Tú trabajarás, Fernando: tú serás rico.
+
+Y lo decía con su convicción de muchacha feliz que no creía en la
+posibilidad de la miseria; como si ésta estuviera reservada á gentes de
+otra raza y no pudiese llegar á ella ni á ninguno de los que la
+rodeaban. Vivir sin las ventajas de la riqueza, que la hacían ser la
+primera en todas partes, le parecía un absurdo del que era innecesario
+hablar.
+
+--¿Y si tus padres te ordenan que me olvides? ¿Y si nos separan?...
+¿Serás capaz de resistirte á su voluntad? ¿Les desobedecerás para ser mi
+mujer?...
+
+Se agrandaron los ojos de Pepita con expresión de asombro, como si
+escuchase algo inaudito, como si ante ella se abriese un peligro no
+previsto ni imaginado, algo monstruoso que rebasaba los límites de lo
+humano.
+
+--Te quiero, Fernando: yo no te olvidaré nunca.
+
+Y no dijo más. Su novio la acosaba con preguntas. Quería conocer su
+valor ante el futuro peligro, apreciar la fuerza de su voluntad, medir
+la extensión de su amor; pero ella, con la cabeza baja, eludía
+tenazmente la respuesta, siempre con el mismo juramento: «Te quiero, te
+amo.» ¿A qué hablar de lo que aún estaba por venir? Ya pensarían los dos
+lo que debía hacerse cuando llegase el momento.
+
+Quedaron en un silencio doloroso. Ella parecía ofendida de que se le
+quisiera obligar á violentas resoluciones: él pensaba de nuevo en el
+doctor, en aquella guitarra trovadoresca de que le había hablado el
+burlón Aresti al describir su vehemencia amorosa. Realmente, eran de
+razas distintas; sentían las pasiones de diverso modo. Y el ingeniero
+adivinaba algo de ridículo en su situación, como si realizándose las
+irónicas fantasías del doctor acabasen de sorprenderle dando su serenata
+ante el hotel del millonario.
+
+Aún pasearon mucho tiempo los dos amantes. Deteníanse para contemplar
+una flor rara, seguían con atención infantil los saltitos de los
+pájaros corriendo por los andenes. Al enfriarse un tanto su
+apasionamiento, se daban cuenta de lo que les rodeaba y veían por
+primera vez el jardín con todas sus bellezas, como si hasta entonces
+hubiese permanecido oculto entre nubes.
+
+Sanabre deseaba irse. Comenzaba á caer la tarde y podía presentarse doña
+Cristina. Pero al mismo tiempo pensaba con miedo en las horas de
+angustia que le esperaban allá en los altos hornos, si se retiraba
+llevando sobre el alma el peso de su decepción.
+
+--¡Cuando menos, dime que me querrás siempre!--dijo cogiendo una mano de
+Pepita, como si hubiese olvidado la protesta de antes.--¡Dime que,
+ocurra lo que ocurra, no me olvidarás!
+
+--Sí; te quiero: no podré olvidarte nunca.
+
+Y dejaba su mano entre las de Fernando, sin resistirse, con la misma
+tolerancia con que se entrega un objeto precioso al niño enfurruñado,
+para consolarle. El ingeniero quería olvidar y acariciaba con
+arrobamiento aquella mano que recordaba, al través de su figura, la
+potente garra de Sánchez Morueta.
+
+La intervención del _aña_ interrumpió su embriaguez amorosa. El portero
+acababa de abrir la verja y el automóvil de la casa, tras un retroceso
+para reanudar su marcha, entraba lentamente por la avenida principal del
+jardín.
+
+Corrieron los jóvenes, seguidos por el _aña_, hacia la entrada del
+hotel, para salir al encuentro de doña Cristina.
+
+Al descender ésta del automóvil y ver á Pepita con el ingeniero, miró
+severamente al _aña_. Pero la mujerona le contestó con otra mirada
+arrogante de vieja servidora, que se permite por su antigüedad no
+admitir repulsas. Aquel señorito había venido de visita y se había
+paseado con Pepita por el jardín, siempre bajo su vigilancia: ¿qué mal
+había en ello?...
+
+Sanabre no pudo ocultar su turbación al saludar á la señora de su jefe.
+Había venido para saber cuándo regresaría don José de su viaje.
+
+Doña Cristina le contestó duramente. Podía haberse ahorrado la molestia
+de la visita, preguntando por teléfono.
+
+--Es que, además, deseaba ver á ustedes--dijo Sanabre.
+
+--Muchas gracias--contestó con altivez la señora.--Agradezco su
+atención. ¿Entra usted?...
+
+Y con los ojos le daba á entender que podía retirarse.
+
+La joven vió como se alejaba su novio, humillado y cabizbajo. Después
+subió á su cuarto, esperando de un momento á otro la temible aparición
+de su madre encolerizada.
+
+No subió. Pepita creyó oír á lo lejos su voz temblona de ira y la del
+_aña_ que le contestaba con no menos acritud.
+
+Por la noche, al reunirse en el comedor, doña Cristina miró á su hija
+con insistencia, pero sus palabras fueron breves.
+
+--Que sea la última vez--dijo--que recibas visitas, ni dentro de casa...
+ni en el jardín. También es casualidad, venir ese... individuo, la misma
+tarde en que te quedas sola, diciendo que estás enferma.
+
+Y sus ojos parecían penetrar en la joven, como si quisieran escudriñar
+el alma; pero Pepita permaneció impasible, con ese sereno disimulo que
+no se aprende, que es instintivo en la mujer y se agranda con el amor.
+
+
+
+
+VI
+
+
+El amanecer era de verano, sin una nube en el cielo, delatándose la
+proximidad de la salida del sol con un celaje de color de sangre que
+apagaba el último parpadeo de las estrellas.
+
+Despertaba Bilbao. Silbaban las locomotoras anunciando los primeros
+trenes para Portugalete y Las Arenas, y pasaban corriendo por el Arenal,
+con la comida envuelta en un pañuelo, los obreros que tenían su trabajo
+en las orillas de la ría. El Nervión mostrábase entre la bruma de su
+profundo cauce, con una brillantez azulada de acero. Dos anchas fajas de
+barro marcaban en los malecones el descenso de la marea. Apagábanse en
+la parte alta de la ría las luces de los _anguleros_, que durante la
+noche iluminaban el cauce como una procesión de invisibles penitentes.
+Las aves marinas, atraídas por el resplandor rojizo de la iluminación de
+la villa, revoloteaban sobre los tejados y tendían sus alas hacia el
+mar, siguiendo la tortuosa calle de la ría hasta la inmensa plaza del
+Abra.
+
+Comenzaban á abrirse los establecimientos de la gente pobre; abacerías,
+tabernas y bodegas. Sonaban los esquilones llamando á los fieles á misa
+y como atraídas por ellos pasaban mujeres viejas, vestidas de negro, con
+aspecto mixto de bruja y dueña, y ese tufo de ropa antigua, semejante al
+olor de la piedra mohosa de los templos. A lo lejos contestaban á las
+campanas el silbido de las locomotoras, el chirrido de los cabrestantes
+de los barcos y los gritos de las _cargueras_ que reñían por
+preeminencias en el trabajo, al comenzar su vaivén de los buques á
+tierra, con la cabeza abrumada por los fardos.
+
+Por las calles comenzaban á rodar los carros de la _sarama_ recogiendo
+el estiércol: las vendedoras de _fotes_ llamaban á las puertas
+repartiendo los panecillos del desayuno.
+
+Las criadas que pasaban por el Arenal con la cesta al brazo, camino del
+mercado de San Antón, y las aldeanas que se detenían á descansar por un
+momento, dejando en el suelo los cestos de verduras y las cantimploras
+de leche, volvieron la cabeza hacia la Sendeja al oír el _taf-taf_ de un
+automóvil. El vehículo pasó veloz por la gran plaza, desapareciendo,
+ensanche adelante, al otro lado del puente.
+
+Las que eran de la villa, conocieron á la esposa y la hija de Sánchez
+Morueta, sentadas tras el _chauffeur_ de ancha gorra y aspecto
+extranjero; las dos vestidas de negro, con mantillas que casi las
+cubrían los ojos.
+
+Las criadas se abordaban haciendo comentarios. Aquella gente rica aun
+madrugaba más que ellas. Irían á la iglesia de la Residencia á
+confesarse con los padres jesuítas. Allí iba todo el señorío.
+
+El automóvil aceleró su marcha por las amplias calles del ensanche,
+desiertas á aquellas horas, y paró con violenta rapidez entre los
+carruajes que estaban estacionados ante la iglesia del Sagrado Corazón,
+una obra prodigiosa de confitería arquitectónica, en la que el blanco de
+las ojivas se combinaba con el color rosa de los muros.
+
+Doña Cristina no entraba nunca en aquella iglesia sin sentir un
+cosquilleo de bienestar. Experimentaba igual satisfacción que si
+penetrase en un salón elegante, donde sin esfuerzo alguno, con una
+dulzura casi voluptuosa y sin molestos contactos, se ganaba la salvación
+del alma.
+
+Reconocía una vez más el talento de los buenos Padres al admirar la
+decoración del templo. Era _gótico_, pero no tenía la crudeza blanca, la
+sobriedad desnuda de las viejas catedrales. La arquitectura ojival sé
+convertía en polícroma: el oro y el bermellón chorreaban por los nervios
+de los pilares, y los arcos apuntados: las bóvedas, eran azules con
+estrellas de oro, como un cielo de teatro. Esta belleza, tan _bonita_,
+sólo podían imaginarla los Padres de la Compañía.
+
+Y la de Sánchez Morueta, pensaba en su pariente el doctor, como siempre
+que había de indignarse contra alguna impiedad. Recordaba su
+comparación del hermoso templo con el forro interior de uno de esos
+baúles que usan las criadas, matizados de chillones colorines. ¡Decir
+tal cosa, cuando todo estaba en aquella iglesia discurrido y ordenado
+para comodidad y suave placer de los fieles! El órgano desgarrador y
+tempestuoso había sido reemplazado por el armónium; en vez de los santos
+negruzcos y horripilantes de la antigua devoción española veíanse
+imágenes sonrientes de fresco charolado, correctas y distinguidas cual
+corresponde á un culto de personas decentes; las lámparas de luz
+eléctrica, en gran profusión, sustituían á los cirios humosos que con su
+olor de cera daban mareos á las señoras.
+
+Doña Cristina y su hija fueron pasando entre las filas de penitentes
+arrodilladas á los lados de los confesonarios. Para ser verano estaba
+muy concurrido el templo. Pero la de Sánchez Morueta reconocía la
+influencia de la estación en la clase de público. Las señoras eran menos
+que en el invierno. La _gente baja_, menestrales acomodadas, y viejas
+beatas de medios de vida problemáticos, se aprovechaban del veraneo de
+las señoras distinguidas, para apoderarse del templo bonito y de sus
+santos sacerdotes.
+
+Pepita y su madre se arrodillaron cerca de un confesonario; el que más
+gente tenía formada ante sus rejillas. Tardaría mucho en llegarles el
+turno para la confesión.
+
+Al reconocer á las dos señoras, hubo un movimiento de respeto y
+curiosidad en la doble fila de mujeres arrodilladas, vestidas de negro y
+con la mantilla sobre los ojos. Dos viejas se levantaron ofreciéndolas
+su puesto en la fila. Doña Cristina hizo un signo de aprobación con la
+cabeza y abriendo su portamonedas dió una peseta á cada una de ellas.
+
+Las dos beatas se alejaron en busca de otro confesonario menos
+concurrido. Realmente á ellas les agradaba poco el Padre Paulí á pesar
+de su fama. Siempre escuchaba con impaciencia, cuando á través de la
+rejilla percibía el olor agrio de las mantillas viejas. Mostraba prisa
+con aquellas intrusas que se mezclaban en su elegante rebaño.
+
+La madre y la hija, al verse cerca del confesonario, con sólo dos
+penitentas por delante, abrieron sus libros de oraciones, y descansando
+las carnosidades de su cuerpo sobre las piernas dobladas, aguardaron con
+calma.
+
+Doña Cristina experimentaba la emoción de la doncella que tiente la
+proximidad del hombre amado.
+
+El Padre Paulí era un varón famoso. La buena señora admiraba su energía,
+su fuerza de voluntad, viendo en él algo de San Ignacio, que había sido
+militar antes que santo y guardaba bajo su sotana la audacia del hombre
+de guerra. No había más qué leer los papeles liberales, enterarse de los
+escándalos que habían provocado, hasta en Madrid, las palabras y los
+actos del Padre Paulí, para convencerse de que nadie trabajaba como él
+por la causa de Dios. No iba con tapujos y miedos como muchos sacerdotes
+que sólo hablaban de piedad y perdón para los enemigos, y de la dulzura
+de Jesús. Era el jabalí de la Iglesia, que al verse en terreno
+favorable, en aquella tierra donde crecía frondoso el bosque de la fe y
+de la sumisión ciega, saltaba iracundo, repartiendo colmillazos á todos
+lados. «A los enemigos de la religión, palo», decía con fiera
+arrogancia, que enardecía á su laico auxiliar Fermín Urquiola.
+
+No perdonaba medio para propagar sus belicosos propósitos. Sus sermones
+en las grandes romerías, en las fiestas de la Asociación de la Vela
+Nocturna y otras corporaciones que le tenían por director, eran arengas
+de caudillo, hablando de matar ó morir como los paladines de las
+Cruzadas, por el sagrado Corazón de Jesús. Su celebro folleto «A las
+señoras católicas», publicado en vísperas de unas elecciones, había dado
+que hablar hasta en el Congreso de los Diputados.
+
+Era un hombre de lucha que iba recto á su fin, atropellando las
+doctrinas religiosas para defender la religión. En su folleto tronaba
+contra el lujo de las mujeres y el dinero que desperdiciaban en la
+caridad. Nada de vestidos nuevos ni de limosnas; todo debían dedicarlo á
+las elecciones, á comprar votos, á corromper la voluntad de la gente,
+para sacar triunfante al candidato de Dios y deshonrar de paso aquella
+institución del sufragio, que borrando las clases y colocando el pequeño
+al nivel del grande, trastornaba las leyes de la antigua sociedad.
+
+Doña Cristina recordaba los incidentes de la lucha ruidosa, en la que
+fué victorioso caudillo el Padre Paulí. Las señoras, amenazando con no
+comprar en los establecimientos cuyos dueños votasen al candidato
+liberal; el dinero, entrando en los barrios populares como un veneno que
+enloquecía á la gente y la hacía terminar sus disputas á palos y tiros;
+las damas ricas, deslizándose en los tugurios de los miserables,
+arrogantes como amazonas, con el bolso abierto y el paquete de papeletas
+electorales. Y enfrente de este gran ejército manejado por el Padre
+Paulí, un candidato de una buena fe paradisíaca, que hacía discursos
+sobre la regeneración material de la nación y la política hidráulica,
+pidiendo canales y pantanos, como si á un país cual Vizcaya, en el que
+llueve todo el año, pudiera interesarle lo que sólo importaba á los
+_maketos_, en sus llanuras de Castilla secas, bajo un sol de África.
+Hasta había comulgado solemnemente la víspera de la elección, en una
+iglesia popular, para que su candidatura perdiera todo carácter
+antirreligioso. ¡Infeliz! ¡como si estas habilidades valiesen con la
+Iglesia que es maestra en ellas! ¡cómo si no supiesen los buenos que
+quien no está á sus órdenes en cuerpo y alma, está contra ella!...
+
+En esta lucha casi reciente, cuyo triunfo saborean envalentonadas las
+gentes religiosas, y que esparcía en torno del enérgico jesuíta un
+prestigio de caudillo invencible, había roto doña Cristina los últimos
+restos de la intimidad puramente amistosa que aún existía entra ella y
+su marido. Los liberales buscaron el auxilio de Sánchez Morueta,
+recordándole que había peleado durante el sitio, y el millonario entregó
+mil pesetas para la elección. El mismo día doña Cristina, con la amplia
+libertad de que gozaba en el manejo del dinero, dió dos mil duros al
+Padre Paulí. Al conocerse en Bilbao las dos ofrendas, cayó sobre Sánchez
+Morueta el desprecio y la burla de ambos bandos. Doña Cristina tembló en
+el primer momento ante el silencio de su esposo. Le parecía escuchar la
+risa irónica del doctor Aresti, allá en las minas. Temía la explosión
+ruidosa del gigante que se veía ridiculizado por una mujer, que no era
+para él más que una administradora del hogar. Pero transcurrieron los
+días y siguió callando, como si pasada la primera impresión de cólera,
+sólo le inspirasen desprecio aquellas contrariedades, y no quisiera
+turbar con nuevas querellas el bienestar animal que encontraba en su
+casa.
+
+Doña Cristina también había perdido su primitiva inquietud al
+transcurrir el tiempo y se mostraba satisfecha, sonriendo modestamente
+ante las amigas que la felicitaban por este rasgo de independencia
+conyugal, para mayor gloria de Dios. El elogio del Padre Paulí valía
+por todos los terrores que le había hecho sufrir el gesto hosco de su
+marido. El jesuíta la comparó en una reunión de señoras con las mujeres
+fuertes de la Biblia y con un sinnúmero de santas, todas princesas ó
+consejeras de reyes. «Con señoras tan valerosas, pronto volverá el
+reinado de Jesús sobre la tierra.» Urquiola era otro panegirista que en
+las reuniones de jóvenes católicos ensalzaba, entre risas, la gran treta
+que su tía había jugado á aquel marido gigantón con cara de vinagre.
+
+Después del ruidoso triunfo, la piadosa señora entraba en aquella
+iglesia como si fuese su casa, creyendo que el compañerismo de la
+victoria y su tan comentado sacrificio, la unían á los buenos Padres
+como si fuese de su familia.
+
+El confesor, después de despachar á varias penitentas, sacó la cabeza
+por delante del sagrado cajón, lanzando una rápida mirada á la fila de
+señoras, mientras musitaba algunas oraciones.
+
+--Me ha conocido--pensó doña Cristina con orgullo--No tardará en
+despedir á la que está delante.
+
+Pensaba en la natural sorpresa del confesor al verla allí en verano. La
+afluencia de veraneantes en Las Arenas y Portugalete, aumentaba el
+servicio religioso en las iglesias de ambos pueblos, y ella, sólo de
+tarde en tarde hacía sus visitas al templo de la Residencia. De seguro
+que el buen Padre pensaba: «Algo extraordinario le ocurre á mi hija de
+confesión.» Y así era efectivamente.
+
+No peligraba la salud de su alma ni traía ningún grave pecado que la
+abrumase con su peso. Pero el jesuíta quería que se le dijera todo,
+absolutamente todo lo que alteraba el pensamiento de sus penitentas,
+único medio de que éstas fuesen bien dirigidas, y ella llegaba para una
+confesión extraordinaria, como esposa y como madre cristiana.
+
+Primeramente, quería hablarle de cierta carta sorprendida en el despacho
+de su esposo.
+
+Sánchez Morueta había llegado el día anterior, después de una
+permanencia de dos semanas en Francia, por asuntos del comercio:
+millonarios extranjeros, que veraneaban en Biarritz y con los cuales
+había de tratar nuevos negocios. Esto, según él daba á entender en sus
+escasas palabras. Pero doña Cristina dudaba ya de todo desde que dos
+días antes de que regresase el millonario, había encontrado revolviendo
+los papeles de su mesa, una carta de color gris, perfumada de ámbar y
+con la firma de una mujer, una tal Judith, que debía ser una pagana, una
+pecadora, á juzgar por su nombre y su manera de escribir. Ella no había
+entendido gran cosa; la letra era de rasgos desordenados y fantásticos y
+además estaba en francés. Pero las pocas palabras que había podido
+adivinar, y más que esto, su instinto femenil, la hicieron comprender
+desde la primera ojeada que era una carta de amor, escrita con el mayor
+desenfado. ¡Qué asco! Toda la castidad de doña Cristina, su horror á la
+carne vil, se revolvió al contacto de aquel papel. No quiso verlo más y
+lo abandonó en el mismo sitio donde lo había encontrado. Sabía lo
+necesario: su marido tenía una amante: tal vez por esto pasaba tanto
+tiempo fuera de Bilbao...
+
+En el primer momento, doña Cristina experimentó una sensación
+desconocida; un deseo de protestar, como si fuese objeto de un robo.
+Sintió por Sánchez Morueta un interés más grande que en los primeros
+tiempos de su matrimonio. La mujer despertaba en ella irritada por la
+infidelidad. Tal vez iba á conocer el amor á impulsos de la cólera. Pero
+aquello sólo duró un instante: su alma, que parecía despertar é
+incorporarse, volvióse del otro lado y continuó su sueño.
+
+Si Pepe tenía una querida ¿á ella qué? Mejor: su indiferencia encontraba
+una justificación. Viviría más segura en su castidad: se sentiría más
+fuerte, pudiendo echar algo en cara á aquel hombre que parecía dominarla
+con su silencio. Era lo que á ella le faltaba. Doña Cristina se había
+irritado muchas veces por no poder alegar ninguna falta contra aquel
+hombre que vivía tranquilo, sin acordarse de la religión, cerrando su
+casa á los ministros de Dios.
+
+De aquella carta pecadora le había quedado el principio impreso en la
+memoria: «_Mon gros loup cheri_». ¿Qué querría decir esto? Y adivinando
+algo horrible y grotesco á la par, como los diablos panzudos pintados
+en ciertas estampas, sonreía en medio de su repugnancia, pensando en la
+figura algo ridícula de su esposo, con su barba de patriarca, enamorando
+á una de aquellas perdidas que se burlaban de los hombres, devorándolos.
+
+Nada le importaba en el fondo este descubrimiento, pero quería
+comunicárselo al Padre Paulí, y que éste la ayudara con sus consejos.
+Además, tenía que hablarle de la niña, rogando que la diese un buen
+repasón. Estaba en la edad de los caprichos y las _tonterías_, y ella,
+después de la tarde en que la había sorprendido en el jardín con el
+ingenierillo, sentía cierta intranquilidad. Hasta había efectuado un
+registro minucioso en el cuarto de la niña, presintiendo cartitas
+escondidas, algo que revelase la certeza del noviazgo. Nada había
+encontrado; pero le daba el corazón que algo existía. Tal vez lo
+guardaba oculto la _aña_ Nicanora, complaciente siempre con la señorita.
+
+Había terminado su confesión la señora arrodillada delante de ella, y
+doña Cristina ocupaba ya la rejilla, esperando que fuese absuelta la del
+lado opuesto. Se abrió por fin el ventanillo y Pepita vió por encima de
+los hombros de su madre una sombra que murmuraba:
+
+--¡Hola Cristina! ¡hija mía! ¿A qué obedece esta visita tan
+extraordinaria?...
+
+Pepita no oyó más: su madre pegó la cabeza á la rejilla, ahogándose las
+palabras de la penitenta y el confesor en un confuso murmullo.
+
+La joven, sentada sobre los talones, sintiendo de la dura carne juvenil
+la incrustación de los tacones de sus botas, leía en su devocionario
+automáticamente, mientras pensaba lo que diría al confesor.
+
+Estaba junto á su mamá y llegaban hasta ella algunas de sus palabras
+como un lejano susurro.
+
+Pepita comprendió que su madre hablaba de una carta que debía
+interesarla mucho, á juzgar por las veces que la nombró. La joven púsose
+á temblar pensando en las que tenía ocultas, como una prueba de delito,
+allá en su hotel de Las Arenas. Pero doña Cristina levantó la voz un
+poco más, como si tuviese que hacer un esfuerzo para soltar algo penoso
+y Pepita la oyó decir con gran dificultad, vacilando á cada sílaba
+«_Mon... gros... loup... cheri..._»
+
+No: aquello no iba con ella... ¿Pero por qué decía su madre tales cosas?
+¿Qué lobo era aquel, en francés, que su madre llevaba tan trabajosamente
+hasta los oídos del buen Padre? Y Pepita se mordía los labios para no
+reír, sin saber ciertamente por qué le regocijaba esta frase que no
+había encontrado nunca en sus libros cuando la enseñaban francés.
+
+Luego cesó de oír. Hablaba el confesor, y su voz, ahogada por la
+rejilla, gangosa y obscura por la costumbre del recato, llegaba hasta
+Pepita como el balbucear de un pequeñuelo: «Ña... ña... ña». Debía reñir
+á la madre á juzgar por lo encogida que ésta se mostraba, con la cabeza
+entre los hombros, como si la abrumase el interminable regaño del
+confesor.
+
+La voz de doña Cristina volvió de nuevo al oído de su hija:
+
+--Es verdad Padre: yo tengo la culpa. ¡Pero es una esclavitud tan
+dura!... Yo no he nacido para eso. Ya sabe usted que mi vocación me
+llamaba á otra parte. Pero la juventud se engaña siempre y ¡era yo
+entonces tan niña!...
+
+Calló, y de nuevo volvió á susurrar como un aleteo el «Ña... ña... ña»
+siempre con tono de reproche durante muchos minutos.
+
+--¿Cree usted Padre--volvió á murmurar la señora--que no he hecho yo
+nada por atraerle al buen camino? El día mejor de mi vida sería aquel en
+que le viese al lado de los buenos, ayudando á Dios con los bienes que
+le ha dado, aconsejándose de personas sabias y virtuosas como ustedes...
+Pero Padre: usted no lo conoce; es inabordable; siempre me ha causado
+respeto y miedo. Lo repito; yo no he nacido para esto: me repugnan los
+hombres.
+
+Volvió á sonar el «Ña... ña... ña...» más imperioso, como si diese una
+orden, y doña Cristina achicábase ante la reja, obediente á su director,
+pero anonadada por el sacrificio que la imponía.
+
+--Lo haré, Padre, lo haré. ¡Si supiera usted el asco que eso me produce!
+¡Tan tranquila que yo vivía!... Pero obedeceré, ya que no hay otro
+remedio. Dice usted bien: haberlo pensado antes de casarme. Son
+sacrificios que impone Dios para la conservación del mundo: exigencias
+de la vil materia... Obedeceré, Padre, ¡pero cuánto me cuesta! ¡qué
+repugnancia, Dios mío!...
+
+El «Ña... ña... ña» tomó una expresión interrogante.
+
+--Sí, Padre, sí: seré otra. Volveré como en otros tiempos, á preocuparme
+de la envoltura terrenal. Espero que en el cielo me recompensen este
+sacrificio. Copiaré las seducciones mundanas para servir á Dios.
+
+El murmullo del confesor sonó largamente, como si diese consejos. De vez
+en cuando, le interrumpía doña Cristina con sus afirmaciones de
+penitenta sumisa.
+
+--Así lo haré, Padre.
+
+--_¿Ña... ña... ña?_
+
+--Ya he olvidado esas cosas, pero procuraré acordarme de mis tiempos de
+vanidad.
+
+--_¿Ña... ña... ña?_
+
+--¿Quiere usted que sea hoy mismo? ¿Después de haber recibido al
+Señor?... Bien: porque usted lo dice. Será un nuevo sacrificio.
+
+Callaron un instante el confesor y la penitenta. Doña Cristina volvió la
+cabeza, como si descansase antes de entrar en la segunda parte de su
+confesión; y al ver tan próxima á Pepita, fijos en el devocionario sus
+ojos cándidos, se pegó más á la rejilla. La joven ya no oyó más que un
+lejano susurro, sin distinguir una palabra.
+
+Al terminar la confesión, la madre fué á arrodillarse en el centro del
+templo y Pepita ocupó su puesto. Poco rato tuvo que esperar. El confesor
+despachó rápidamente á la penitenta del lado opuesto, y volvió á abrir
+el ventanillo.
+
+--Hola, buena pieza. ¿Eres tú?--dijo cariñosamente á Pepita.--¿Ya has
+hecho el acto de contrición? Pues á ver esos pecadillos, á hacer la
+colada del alma, que aquí está el Padre Paulí para absolver á las niñas
+que son buenas y sumisas.
+
+Y mientras la joven iba soltando con automática regularidad los pecados
+de siempre, murmuraciones en las visitas, mentiras sin importancia,
+deseos de humillar á las amigas, desobediencias á su madre, miraba á
+través de la rejilla al famoso jesuíta, su cara sin una arruga, la nariz
+aguileña, aquella sonrisa dulce que parecía acariciar, pero que á ella
+le causaba cierto miedo, como si fuese una tenaza irresistible que
+extraía las verdades por hondas que se ocultasen.
+
+--Bien, ¿y qué más?--dijo el jesuíta cuando ella se detuvo dando por
+terminada la enumeración de sus pecados.
+
+--Nada más, Padre. No recuerdo otros pecados.
+
+--Rebusca bien en tu conciencia, hijita. ¿Nada de nuevo ha ocurrido en
+tu vida desde la última vez que nos vimos? Piénsalo. Mira que con el
+Padre Paulí no valen engaños: que hasta mí llega un pajarito que me
+cuenta todo lo que hacen las niñas embusteras, y que yo sé cuándo me
+dicen la verdad y cuándo me mienten.
+
+Pepita comenzaba á sentirse intranquila ante la sonrisa interrogante y
+maliciosa del confesor. Aquel hombre lo adivinaba todo, según afirmaba
+su madre. Con él de nada servían los tapujos. Y su inquietud convirtióse
+en miedo cuando vió que el sacerdote cesaba de sonreír y la hablaba con
+los ojos en alto, con la misma voz solemne que conmovía desde el púlpito
+á la distinguida muchedumbre de sus fieles.
+
+--Oye, hija mía. Una vez érase una princesa más bonita que tú, y más
+rica, pues sus padres eran reyes...
+
+Y describía á la princesa ideal, sin perdonar el detalle de sus trajes,
+sus carrozas y los galanes que mariposeaban en torno de ella.
+
+--Un día, en un sarao de la corte, cuando más llamaba la atención por su
+hermosura y su elegancia, danzando con el hijo de otro rey, los
+cortesanos lanzaron un grito de horror. Por la boca de la princesa
+asomaba, y volvía á ocultarse para aparecer de nuevo, la cabeza de una
+horrible serpiente... ¿Sabes lo que era aquella inmunda bestia? Pues un
+pecado que la princesa había querido ocultar á su confesor y que tomaba
+la forma de un reptil para no abandonar su cuerpo.
+
+Y el Padre Paulí, con su voz trémula de predicador horrorizado, hacía
+estremecer á la joven. El final de la historia no era más
+tranquilizador. La serpiente acababa por morder en el corazón á la
+princesa, y la desdichada descendía con el peso de su pecado á los
+infiernos.
+
+--Vamos, hija mía--dijo el confesor tras una pausa, para recobrar su
+sonrisa después de la historia horripilante.--Tú eres más buena que la
+princesa: tú no querrás perder tu alma ocultando las faltas al confesor.
+Aquí tienes al Padre Paulí que es un buenazo con las niñas que no
+mienten, pero que tiene una correa para castigar á las que son malas y
+rebeldes. Vamos, Pepita, como si hablases con una amiga; ya sabes que yo
+para tí, como si lo fuera... ¡Tú tienes un novio!
+
+--No, Padre--dijo Pepita con voz trémula, intentando todavía
+defenderse.--Es un amigo... Un amigo, ¡pues!... que lo distingo de los
+demás... que le tengo cierta simpatía...
+
+--¡Vaya por el amigo!--exclamó bondadosamente el confesor.--Y este amigo
+te escribe cartitas y tú las contestas á hurtadillas de mamá. No digas
+que no: no mientas... ¿Callas? Quedamos, pues, en que existen las cartas
+y en que os habéis visto y hablado en el jardín de Las Arenas. ¡Si es
+inútil negar! ¡Si yo todo lo sé por el pajarito!...
+
+Y el jesuíta insistía complacido en aquella ñoñez del pajarito, como si
+fuese un supremo rasgo de ingeniosa malicia.
+
+La joven acabó por confesarlo todo y el Padre Paulí tomó entonces un
+tono solemne:
+
+--Pues, hija mía; tengo que decirte que has cometido un grave pecado,
+pero á tiempo estás de arrepentirte y purificarte de él. Lo has hecho,
+indudablemente, sin saber lo que hacías, porque tú eres buena y espero
+que el arrepentimiento te volverá á la gracia de Dios. ¿Tú sabes lo
+grave que resulta tu falta? ¡Una muñeca como tú, una mocosa que debe
+vivir agarrada á las faldas de su madre y no sabe una palabra de lo que
+es el mundo, querer arreglarse por sí misma el porvenir, y engañar á
+mamá, escuchando las proposiciones de un hombre, sin saber si éste puede
+ser del gusto de sus padres y de las personas de buen consejo que los
+rodean! Vamos que merecías una zurra, como las chicuelas malcriadas que
+hacen alguna diablura.
+
+Y su mano blanca se movía tras la rejilla con burlona expresión de
+amenaza.
+
+--Tú, que eres aficionada á lecturas como todas las jovencitas del día,
+pídele á tu madre un libro titulado «_La entrada en el mundo._» Si ella
+no lo tiene, te lo dará tu primo Urquiola que seguramente lo sabe de
+memoria. Es una obrita del Padre Bresciani traducida y arreglada por
+otros Padres no menos sabios de la Compañía. Se la regalamos á los
+muchachos, cuando salen con la carrera terminada de nuestra Universidad
+de Deusto y es una guía completa de lo que debe pensar y hacer en el
+mundo todo joven cristiano. El que la sigue al pie de la letra no
+necesita más para ser un modelo de caballeros católicos y excelentes
+padres de familia. Lee ese libro, Pepita: busca los capítulos que se
+titulan «_La elección de estado_» y «_Antes que te cases_»... y verás lo
+que le corresponde hacer á la juventud cristiana para conservar pura su
+alma y no ofender á Dios. Para la elección de estado hay que meditar
+mucho antes, poniendo el pensamiento en Dios y en la santísima Virgen,
+tal como lo dispone en sus «Ejercicios Espirituales» el bienaventurado y
+glorioso compatriota nuestro San Ignacio de Loyola. La esposa debe
+escogerse después de la oración, de la meditación, del examen atento; y
+especialmente, ¡fíjate bien en esto, criatura!, «después del consejo
+maduro y reiterado de vuestros amigos prudentes, de vuestros maestros, y
+sobre todo, de vuestro director espiritual.» Así lo dice el libro.
+
+Y el confesor recalcaba lo del director espiritual, como si éste fuese
+el personaje más importante entre todos los citados.
+
+--¿Qué es el director espiritual?--continuó.--El librito lo dice
+claramente: «Es un segundo padre que la Iglesia os da para que dirija
+vuestras almas. Dejaos guiar en todo por ese fiel amigo. Si los padres
+se oponen á vuestro casamiento, creed que será por vuestro bien. Si os
+queda alguna duda sometedla á la censura prudente de vuestros
+confesores, y si éstos se oponen, resignaos; pues si las cosas no salen
+á medida de vuestros deseos es porque saldrán conforme á la voluntad de
+Dios que es lo que más os interesa. Eso del amor, no es más que
+_galantería_ mundana, inventada por poetas y novelistas defensores del
+pecado, que nunca puede dominar á una alma cristiana.» Ahí tienes,
+chiquita, todo un compendio de sabiduría que siguen los jóvenes al salir
+de nuestras aulas, y son felices. ¿Y esto, que respetan y acatan
+muchachos con más barbas que un granadero, que poseen toda la ciencia de
+nuestra Universidad, lo atropellas tú, muñeca ignorante? ¿Te atreves á
+buscar marido por tu propia cuenta y á tener amoríos, cuando hombres que
+ostentan títulos académicos no osan poner los ojos en una mujer sin
+venir aquí antes á decirme: «Padre Paulí, he pensado en Fulana ó en
+Zutana: ¿me conviene?» y se van tan satisfechos de los consejos del
+Padre, siguiéndolos fielmente?... ¡Ay, Pepita... Pepita! Bien se conoce
+que en tu casa falta una buena dirección á pesar de que mamá es casi una
+santa. Bien se ve que hay en tu familia hombres descarriados, como ese
+médico loco de las minas que ha hecho infeliz á su pobre mujer, y que
+entran allí gentes de todas clases que llevan con ellas la impiedad del
+siglo.
+
+La joven sentíase anonadada, reconociendo de pronto la inmensidad de su
+pecado. El confesor continuó con una sonrisa dulce:
+
+--Y ese señor ingeniero que te ha trastornado el seso, será poco más ó
+menos como tu tío el médico.
+
+--¡Ay, no, Padre!--se apresuró á decir Pepita aprovechando la ocasión
+para defender á su novio.--es muy buen católico: me lo dijo el otro día
+cuando hablamos en el jardín.
+
+--¡Hum, hum!--tosió el jesuíta--¿Dónde ha estudiado? En alguna de esas
+escuelas donde sólo enseñan lo que llaman ciencia y que no es más que
+puro materialismo, sin acordarse para nada de Dios. ¿Católico y no lo
+conozco?... ¿Católico joven y no viene por aquí?...
+
+--Me prometió que vendría, Padre. Dijo que se confesaría aquí; que se
+inscribiría en los _Luises_, que haría todo lo que yo le mandase. Crea
+usted, Padre, que no es malo.
+
+--¡Je, je!--rió maliciosamente el confesor.--No está mal la resolución.
+Pero nosotros, esas conversiones de última hora con vistas al
+matrimonio, las miramos con desconfianza: dan siempre malos resultados.
+El Padre Paulí es viejo y sabe mucho del mundo para que pueda engañarlo
+un boquirrubio de esos á la moderna. Queremos en nuestro jardín árboles
+que hayamos plantado nosotros, guiándolos desde que son tiernos... Y tú,
+hija mía, ¡con qué calor defiendes á ese hombre! Veo que el peligro era
+más grave de lo que creía. Si persistes en esa mala pasión, contra la
+voluntad de tus padres y de tu director espiritual, estás en pecado y no
+podré darte la absolución. ¿Entiendes?...
+
+Tembló la joven ante esta amenaza, proferida con voz imponente.
+
+--Pero tú eres buena--continuó el jesuíta cambiando de tono--y tú
+obedecerás. Mañana me envías todas las cartas que tengas de ese hombre:
+un paquetito á nombre mío y que lo entreguen al portero de la
+Residencia... Y hoy mismo, sin excusa alguna, le escribes cuatro letras
+á ese individuo. «Muy señor mío: por no disgustar á mis padres... ó por
+consejo de mi director espiritual...» en fin, tú lo escribirás bien: las
+mujeres, tenéis talento para esas cosas. Lo que importa es hacerle
+saber, de un modo que no deje lugar á dudas, que todo acabó, que ya no
+te acuerdas de él, que lo pasado fué una falta de la que te muestras
+arrepentida... ¿Estamos?
+
+Pepita movió la cabeza afirmativamente, con los ojos llorosos, sin que
+adivinase el confesor si esta emoción era por la pena del rompimiento ó
+por el miedo que le inspiraba su pecado.
+
+--¡Tonta! ¡tontita!--dijo para tranquilizarla.--¡Si todo esto es por tu
+bien!... ¿Quién es ese hombre? Un cualquiera, un ingeniero como hay
+tantos, un trabajador de levita, qué necesita de protectores como tu
+padre para ganar la comida. ¡Mire usted que estaría bien, ver á la hija
+de Sánchez Morueta casada con un ganapán, de esos que creen ser los
+hombres más útiles de nuestro siglo, porque echan rayas y manejan
+números! Eso de las princesas casándose con pastores, sólo se ve en las
+comedias. Aún es pronto para casarte: cuando llegue tu hora, obedece á
+tus padres, á mamá sobre todo, pues las mujeres saben más de estas
+cosas. Confía en el Padre Paulí, que es tu amigo, tu segundo padre, y
+entre todos ya verás cómo te elegimos un hombre que te hará feliz y aun
+elevará más tu rango en el mundo.
+
+Calló un momento el jesuíta, como si preparase un avance decisivo.
+
+--¡Con unos muchachos tan distinguidos y de tanto porvenir que salen de
+nuestra Universidad!... Una joven como tú--continuó--merece unirse con
+una gran fortuna ó un gran nombre. Fortuna ya la tienes, por la bondad
+de Dios, que ha derramado sus dones sobre tu padre. ¡Pues á casarse con
+un muchacho de porvenir y de talento, que sea en lo futuro un hombre de
+Estado, y se cubra de gloria sirviendo á Dios y á su país! Eso no es
+difícil encontrarlo. Ahí tienes, por ejemplo, á tu primo Urquiola.
+
+Pepita hizo un mohín de protesta. No: ese no.
+
+--¿Por qué no, chiquilla? ¿Tienes algo que decir de él? Es uno de los
+alumnos de _punta_ que han salido de nuestra Universidad. Con una docena
+como él, Bilbao sería nuestro por completo, y esta población aparecería
+como otra Covadonga, desde la cual emprenderíamos la reconquista de
+España encenagada en un liberalismo que es libertinaje, y olvidada de
+Dios... Comprendo por qué tuerces el gesto: chismes y enredos de
+tertulia, murmuraciones de las amigas, que por exceso de atracción en el
+pobre Urquiola, sólo saben hablar de él. ¡Ya las arreglaré yo á esas
+maldicientes!... ¿Y sabes por qué se ocupan tanto de Fermín? Porque éste
+no pone los ojos en ellas; porque saben que hace tiempo se siente
+inclinado hacia tí, con el amor honesto y respetuoso de un joven
+cristiano. Las que te hablan contra él, es porque te tienen envidia.
+
+Después de este hábil halago á la vanidad de la joven, continuó con una
+expresión de bondad y tolerancia:
+
+--Yo no digo que Urquiola sea un santo. Tampoco lo fué nuestro padre San
+Ignacio antes de que le iluminase la divina gracia. Ya ves, era militar,
+y con esto queda dicho todo. Tan vanidoso, tan enamorado de su persona y
+de gustar á las damas, que al quedarle en la pierna un hueso saliente
+después de ser herido en el cerco de Pamplona, se lo hizo aserrar, para
+que no se notase bulto alguno en las altas y elegantes botas que
+entonces se llamaban _botas polidas_... Urquiola es joven, y rebosa en
+él la energía, el exceso de expansión y de fuerza que ha puesto al
+servicio de Dios. Yo no digo que no cometa sus pecadillos; pero has de
+pensar, hija, que en el mundo no somos todos iguales, que las faltas
+cambian según los medios de vida de quien las realiza, y, por ejemplo,
+lo que es pecado en el hombre que vive tranquilamente en su casa,
+rodeado de su familia, á la que debe dar ejemplo, no lo es en el soldado
+que hace la guerra y va errante por el mundo. Eso es Fermín; un soldado,
+un combatiente de la buena causa, y se le deben dispensar ciertas cosas,
+porque las necesidades de la campaña le obligan á vivir fuera de su
+mundo... Pero ya verás cómo cambia, cómo sienta la cabeza el día que
+tenga á su lado una esposa cristiana, buena y virtuosa. ¿Sabes por qué
+le miran con tanto agrado tus amigas? Porque están seguras de su
+porvenir. Fermín será diputado en las primeras elecciones, figurará en
+Madrid, ¡y quien sabe á lo que puede llegar, cuando se cambie la suerte
+de esta nación, que seguramente se cambiará, de no olvidarnos Dios!...
+
+Callaba Pepita, sin hacer el menor signo de aprobación ó protesta ante
+los palabras del jesuíta, y éste se detuvo, creyendo haber avanzado
+demasiado. Por aquel día bien estaba con lo dicho.
+
+--No creas que tengo un interés especial en que sea Urquiola quien haga
+feliz tu vida. Tal vez tu mamá lo defienda con más tenacidad que yo,
+pues de su sangre es y conoce sus méritos. Por mí, si no es ese, que sea
+otro. De sobra los hay en la juventud brillante, esperanza de la patria
+y de la religión, que sale de Deusto. Lo que yo quiero es que escojas
+como todas las doncellas católicas y decentes, sin disgustar á tus papás
+y desobedecer á tu director. Tú eres de una familia cristiana y debes
+seguir sus costumbres. Mírate en el espejo de tus padres: se unieron con
+el consentimiento de sus familias, sin violencias ni disgustos y la
+fortuna les sonríe, y son felices, y tienen para su vejez un consuelo
+tan hermoso como tú, que eres buena y no querrás amargar los últimos
+años de su vida.
+
+Y el confesor hablaba gravemente, sin el más leve mohín, de la felicidad
+conyugal de los Sánchez Morueta.
+
+--Basta por hoy. He dicho á tu madre que vengáis por aquí con más
+frecuencia. Ya iremos hablando de lo que te conviene, pues tiempo
+tenemos de sobra. Esa almita anda algo loca y hay que tener mucho
+cuidado con ella. ¿Quedamos en que me enviarás esas cartas, para que
+nunca puedas volver á leerlas, cayendo de nuevo en el pecado?
+
+--Sí, Padre.
+
+--¿Escribirás hoy mismo á ese señor dando por terminadas para siempre
+las locuras?
+
+--Sí, Padre.
+
+--Muy bien: vamos á la absolución.
+
+Y musitando sus latines, el Padre Paulí bendijo á la joven al través de
+la rejilla: después sacó la mano por el frente del confesonario para que
+se la besase. Mientras abría el ventanillo opuesto preparando una
+sonrisa como saludo á la nueva penitenta, Pepita fué á arrodillarse al
+lado de su madre.
+
+Comulgaron tras una breve espera, después de rezar su penitencia y
+salieron del templo, saludando con inclinaciones de cabeza á las amigas
+que aún estaban arrodilladas ante los confesonarios.
+
+El automóvil emprendió el regreso á Las Arenas siguiendo la ribera de la
+ría que parecía irradiar fuego bajo el torrente ardoroso del sol.
+
+Doña Cristina sonreía al paisaje, encontrándolo más hermoso que otros
+días.
+
+--¿Pero no has notado, Pepita, qué alegría da el recibir al Señor? Dí
+que hemos empleado bien la mañana.
+
+Al entrar en el hotel se entristeció el rostro de la señora, como si se
+aproximase un peligro que quería olvidar.
+
+Las dos mujeres se encerraron en sus habitaciones. Pepita pasó horas
+enteras con la pluma en la mano, mordiendo la punta nerviosamente,
+rompiendo pliegos sin que llegasen á satisfacerle las cartas que
+escribía. Por fin entregó un sobre cerrado á la _aña_ Nicanora,
+rogándola que aquella misma tarde fuese á los altos hornos para
+entregarlo á don Fernando. Todas las preguntas de la curiosa campesina
+fueron inútiles. La niña estaba de mal humor y no quería contestar.
+
+Doña Cristina permaneció invisible hasta la hora de la comida. Llamó
+varias veces á su doncella que iba de un lado á otro, llevando dobladas
+sobre el brazo muchas piezas de ropa interior y varios vestidos. Toda la
+servidumbre cambiaba signos de asombro, como si en la casa ocurriese
+algo extraordinario. Doña Cristina revolvía su olvidado guardarropa.
+
+Al bajar Pepita al comedor, enfurruñada y triste por su esfuerzo
+epistolar, no pudo contener la admiración, viendo á su madre.
+
+--¡Pero, mamá! ¡Qué guapa estás! ¡Qué elegante te has puesto!...
+
+Guapa... sí que lo estaba; con sus cabellos de oro peinados por la
+doncella, y una capa de menjurgos de tocador que refrescaban, con
+llamativa juventud, su madurez de rubia carnosa. ¿Pero... elegante?...
+Llevaba un traje de seda clara, con los colores algo apagados y
+polvorientos; una pieza magnífica que había llegado á Bilbao desde un
+taller de la _rue de la Paix_ cuatro años antes, cuando ella volvía ya
+la espalda á las vanidades del mundo.
+
+Había engordado mucho desde entonces: la seda del pecho, cruelmente
+estirada, parecía próxima á estallar á impulso de los ocultos y
+comprimidos globos; la falda, amplia en otros tiempos, se ajustaba como
+un mallón sobre las caderas.
+
+--Qué, ¿te parezco bien?--dijo la madre, pavoneándose como una niña ante
+la admiración de su hija, que había conocido aquella moda y al verla
+resucitar inesperadamente, sentía la extrañeza que causa una
+resurrección histórica.
+
+Al moverse doña Cristina sonaba el subversivo _fru fru_ de sus finas
+ropas interiores y se esparcían en el ambiente los perfumes que se había
+prodigado con cierta indiscreción.
+
+Sánchez Morueta que leía un periódico sin notar la presencia de su
+mujer, acabó por levantar la cabeza.
+
+--¿Qué te parezco, Pepe?--dijo ella con una sonrisa que contrastaba con
+el temblor de su voz.
+
+El millonario deslizó una rápida ojeada sobre su incitante esplendor de
+fruto maduro.
+
+--No estás mal--y fijó de nuevo sus ojos en el periódico.
+
+--Ahora voy á volver á la elegancia. Quiero gozar la vida antes de que
+llegue la vejez. Nuestra hija va á tener en mí una rival. ¿Qué dices á
+esto, Pepe?...
+
+--Harás bien:--y siguió leyendo, sin saber lo que leía, con el
+pensamiento lejos, muy lejos.
+
+La comida fué triste. El millonario había llegado de su último viaje con
+un gesto melancólico, que desaparecía de pronto, dando lugar á extrañas
+nerviosidades.
+
+Él, que pasaba siempre por el hotel como un sonámbulo, sin reparar en
+los detalles de la vida doméstica ni dirigir la palabra á la
+servidumbre, venía regañando desde el día anterior con todos los de la
+casa, y bastaba una respuesta para que cerrase los puños como si fuese á
+golpear á todos.
+
+Pepita también estaba triste; pero le pesaba el silencio que reinaba en
+el comedor y hacía preguntas á su padre sobre la vida de Biarritz,
+queriendo que le describiera alguna _toilette_ de las muchas que habría
+visto en aquella sociedad elegante.
+
+Sánchez Morueta se esforzaba por contestar á gusto de su hija. Era la
+única persona ante la cual se abatía su mal humor. Hablaba con la cabeza
+baja, evitando mirar á su mujer, sentada enfrente. Varias veces sus ojos
+se habían encontrado con los de Cristina, fijos en él con una expresión
+desconocida. Esta caricia muda que tenía algo de súplica, le causaba
+por su novedad cierta molestia.
+
+Después de comer, el millonario se entró en su despacho.
+
+Cristina dejó pasar mucho tiempo y cuando los arpegios del piano la
+hicieron saber que Pepita estaba en el salón, se dirigió con paso
+resuelto en busca de su marido.
+
+Tembló al dar un golpe en la puerta para anunciar su presencia. Se
+acordaba de los cuentos de la infancia; de aquellas niñas medrosas que
+iban en busca del ogro.
+
+Al entrar en el despacho vió el gesto de asombro de Sánchez Morueta, que
+creía en la llamada de un criado: notó el movimiento instintivo de sus
+manazas, para ocultar bajo los papeles varios plieguecillos de diversos
+colores que releía con gesto hosco.
+
+Aquellas cartas ella las conocía. Por una asociación de recuerdos,
+volvió á su memoria el «_Mon gros loup cheri_», y sin saber por qué,
+sintió una tentación infantil de reír ante el gigantón de aspecto
+imponente; de arrojarse á su cuello, repitiendo, como Dios le diera á
+entender, aquella frase de _cocotte_, que debía encerrar algún misterio
+mágico para apoderarse de los hombres.
+
+--¿Qué quieres? ¿qué ocurre?--preguntó el marido con extrañeza.
+
+¿Querer?... Bien se lo decían aquellos ojos agrandados por el lápiz de
+tocador, en los que el instinto femenil ponía el fuego que no lograba
+dar la pasión: los pasos felinos, de gata enardecida, con que se
+aproximaba entre el susurro acariciador de sus ropas interiores.
+
+Al estar junto á él, no supo qué decir ni cómo empezar y apelando al
+recurso de la acción, abarcó en sus brazos de blancas carnosidades, los
+hombros del temido ogro.
+
+--¡Pepe... Pepe!--murmuró con voz tenue, como un gemido dulce.
+
+Y su boca se abrió paso entre las barbas patriarcales, con besos
+ardorosos.
+
+El grande hombre vaciló un momento, atolondrado por la onda de carne
+femenil que caía sobre él, por el perfume incitante que le envolvía, por
+los labios suaves que buscaban los suyos, enredando la barba en los
+dientes de láctea blancura.
+
+Pero fué la debilidad de un instante, que pasó como una ráfaga. Su mano
+poderosa apartó á la mujer, y ésta se sintió perdida, ante aquellos ojos
+fríos que parecían no verla, como si su atención, su pensamiento, su
+alma, pasasen por encima de ella para ir lejos, muy lejos.
+
+Después, la voz del marido sonó en el silencio de la habitación,
+lacónica, triste y monótona:
+
+--Es tarde, Cristina, es tarde.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Estaba el señor Goicochea á media mañana, trabajando en su despacho
+contiguo al de Sánchez Morueta, cuando se incorporó en el asiento con
+sorpresa, viendo entrar á su principal.
+
+Tres días antes había salido para Biarritz, manifestando á su secretario
+que tardaría unas dos semanas en regresar, y se presentaba
+inesperadamente, con una cara que daba miedo. ¿Qué negocio se le habría
+torcido al grande hombre, hasta el punto de hacerle perder su solemne
+gravedad?...
+
+Su voz sonaba trémula y algo aflautada; una voz de ira; sus ademanes
+aparecían descompuestos, y lo que más asustaba al secretario, era que
+hablaba mucho, que había perdido su concisión característica y vacilaba
+envolviendo en palabras y más palabras sus tardos pensamientos.
+
+--A ver, Goicochea; que lleven á casa el equipaje que está abajo. Avise
+usted por teléfono que luego iré.... No, diga usted que no voy, que no
+me esperen á comer. Iré á la noche. ¿Pero, qué hace usted ahí parado,
+mirándome como un bobo?... ¡Eh, alto! no se vaya usted tan pronto. A
+ver, ¡que suba el _Capi_! Llame usted á don Matías. ¡En seguida;
+listo!...
+
+Goicochea salió del despacho temblando, al pensar en el día que le
+esperaba. Conocía el carácter de su gigante: pocas rachas, pero buenas,
+como él decía. Sólo muy de tarde en tarde, le había visto perder la
+serenidad y enfurecerse; pero guardaba un vivo recuerdo de sus
+arrebatos.
+
+Cuando subió el capitán Iriondo, encontró á Sánchez Morueta paseando
+casi á saltos por el despacho, como una bestia enjaulada, las manos
+atrás y la cabeza baja. Tardó algún tiempo en ver á Iriondo, que no
+pasaba de la puerta.
+
+--Pepe, ¿qué tienes?--dijo el marino con el acento afectuoso de un
+antiguo camarada.
+
+--Nada: cosas mías, no te ocupes de mí.... Vas á llamar al teléfono de
+las minas y que busquen á mi primo Luis, que le digan que venga en
+seguida.
+
+--Pero, hombre, no será tan pronto como quieres. Gallarta está lejos: él
+tiene sus ocupaciones...
+
+--¡He dicho que venga en seguida!--gritó el millonario.--Dile que le
+necesito al momento; que estoy enfermo, que voy á morir... cualquier
+cosa. ¡Que venga pronto!... Y Luis vendrá, porque me quiere de veras: es
+mi único amigo.
+
+--Está bien--gruñó el capitán.--Los demás somos unos perros.
+
+Y encogiéndose de hombros salió del despacho. Sánchez Morueta siguió su
+paseo á grandes zancadas, con la cabeza baja, como si fuese a embestir
+contra los planos y modelos de buques colgados de las paredes.
+
+De pronto se detuvo en la puerta de la habitación contigua, mirando con
+ojos feroces al secretario, que se había escurrido hasta su mesa para
+continuar el trabajo. El pobre hombre tembló al verse enfrente de su
+irritado principal.
+
+--Señor Goicochea: va usted a hacerme el... pinturero favor de largarse
+inmediatamente. Necesito estar solo; váyase a tomar el sol, adonde le dé
+la gana.... ¡al capacho! pero márchese en seguida.
+
+Miraba al secretario de tal modo, que éste creyó que iba a recibir algún
+golpe sí tardaba en obedecer. Y cogiendo el sombrero, salió
+apresuradamente.
+
+Las oficinas parecían desiertas. Todos los empleados se encorvaban ante
+sus papeles, temblando al oír tras de los cortinajes aquella voz
+furiosa, que matizaba sus órdenes con interjecciones y juramentos
+verdaderamente extraños en tan grave personaje.
+
+En el escritorio se hizo el mismo silencio de las casas donde existe un
+enfermo. Sánchez Morueta, después de una hora de incesantes paseos, se
+dejó caer en uno de los sillones ingleses, anchos y profundos, tocando
+antes un botón eléctrico.
+
+Entró un ordenanza con aire azorado.
+
+--Tráeme un café.... pero bien fuerte.
+
+Cuando llegó el café, Sánchez Morueta fumaba un cigarro enorme, uno de
+los habanos que le enviaban de Cuba, elaborados directamente para él,
+con su nombre y su retrato en la sortija, y cuya adquisición era motivo
+de orgullo entre la gente menuda que laboraba en la Bolsa ó en los
+negocios de minas.
+
+Transcurrió otra hora, sin que el millonario diese señales de
+existencia. El timbre sonó de nuevo en el silencio del escritorio y
+corrió el criado al despacho.
+
+--Trae otro café.
+
+Sánchez Morueta fumaba el tercer cigarro, á juzgar por las dos colillas
+arrojadas á sus pies, sobre el pavimento de madera encerada, tersa como
+un espejo. Los balcones estaban cerrados, tal como los había encontrado
+al llegar, y el ambiente se llenaba de humo, se hacía irrespirable, sin
+que él se diese cuenta de ello.
+
+Mucho después de medio día, cuando los empleados se deslizaron sin ruido
+para ir á comer á sus casas, volvió á trotar el criado hacia el
+despacho, atraído por el timbre.
+
+--Dile al capitán que suba--dijo el millonario.
+
+--Don Matías no está, señor--contestó el criado.
+
+Por primera vez se le ocurrió á Sánchez Morueta mirar el gran reloj de
+la chimenea. ¡Cómo había pasado el tiempo! Y más por la fuerza de la
+costumbre que por necesidad, quiso comer, ya que á aquella hora todos
+hacían lo mismo.
+
+--Ve á donde el Suizo y trae la comida. Lo que te den... lo que á tí se
+te ocurra. Sobre todo, un buen café: no lo olvides.
+
+Cuando volvió el criado con una gran bandeja llena de platos y
+coberteras brillantes, la atmósfera del despacho era más densa. El
+millonario seguía fumando, inmóvil en su sillón, con la vista vaga y
+como perdida en un punto lejano, muy lejano.
+
+Apenas tocó los platos que el criado colocaba sobre una mesa. Bebió un
+poco de vino, probó la fruta y se abalanzó por fin al café, como si éste
+fuese su único alimento. Después hizo seña al criado para que se llevase
+los platos casi intactos.
+
+--Mira, hijo mío--dijo con dulzura inesperada.--Llévate todo eso;
+cómetelo y que de salud te sirva.
+
+Al quedarse solo encendió otro cigarro, adoptando en su sillón aquella
+inmovilidad en la que parecía soñar con los ojos abiertos.
+
+Sánchez Morueta no supo ciertamente si llegó á dormirse. Era un sopor
+dulce que no le hacía perder de vista cuanto le rodeaba. Pero en esta
+actitud, el tiempo transcurría para él inadvertido, y sentía el
+bienestar del que en nada piensa.
+
+Cuando, á la caída de la tarde, entró el doctor Aresti en el despacho,
+el millonario se reanimó, volviendo de un golpe á la vida.
+
+--¡Esto es un horno!--gritó el médico,--¡Aquí no se puede respirar; qué
+humareda; parece un incendio!
+
+Y se fué á los balcones, abriéndolos para que se disolviera la nube de
+tabaco en que se envolvía su primo.
+
+--¿Qué pasa?--dijo Aresti cuando pudo respirar con algún desahogo.--¿Qué
+te ocurre, Pepe? ¿Estás enfermo? A ver esa cara...
+
+Y después de examinar el rostro de su primo, hizo un gesto de asombro.
+Efectivamente; algo malo le ocurría. Parecía aviejado de un golpe en más
+de diez años: los pómulos salientes, los ojos hundidos, con una
+expresión de tristeza y desaliento. Además revelaba una gran fatiga
+física, como si no hubiese dormido en algunas noches.
+
+--¡Vamos á ver; ¿qué tienes? Cuenta, hijo, cuenta.
+
+Sánchez Morueta sintió el mismo dolor que si de pronto se abriesen en él
+ocultas heridas. La presencia de su primo despertaba los pensamientos
+dolorosos, adormecidos por la embrutecedora somnolencia.
+
+--¡Ay, Luis!--suspiró el gigante con un acento casi infantil, cogiendo,
+las manos de su primo.--Mi vida terminó. Han matado todas mis
+ilusiones... ¡Se fueron!... ¡se fueron!
+
+Y se abandonaba, como si quisiese caer sobre Aresti, abrumando la
+pequeñez del doctor con su corpachón.
+
+--¡Energía, Pepe! ¿Qué es esto, que te desplomas como una señorita
+desvanecida? ¡Firmes, vive Cristo! Sólo te falta echarte á llorar como
+los chiquillos. A ver: serenidad, y suelta todos tus pesares. Veamos
+por qué crees terminada tu vida, cuando eres el hijo de la suerte.
+
+El millonario fué á hablar, y Aresti le interrumpió de nuevo:
+
+--Por lo que pueda convenirte, te advierto que Fernando, tu ingeniero,
+aguarda ahí fuera. Lo he encontrado en la estación del Desierto, y al
+saber que habías llegado vino conmigo. Quiere hablarte: dice que te
+esperaba con impaciencia.
+
+Sánchez Morueta hizo un gesto de desprecio. Que aguardase. Algún asunto
+urgente de la fundición. ¿Qué le importaban á él los altos hornos, y las
+minas y los barcos? Que se perdiese todo: que se lo llevase la mala
+suerte. ¡Para lo que servía la riqueza!... Y revolvía sus ojos furiosos
+por los planos y modelos del despacho, como si maldijera del poderío
+industrial, haciéndolo responsable de su desgracia.
+
+En aquel momento aborrecía al muchacho que esperaba en las oficinas. ¡La
+juventud! ¡la insípida y antipática juventud! Aquel ingenierillo no
+tenía otros medios de vida que los que él le diese: ni riqueza, ni
+poder, y sin embargo, era posible que por sus pocos años, por su cara de
+madamita con bigote, no le ocurriera lo que á él con todos sus millones.
+¡Cristo! ¿Para qué servía, pues, el dinero?
+
+Aresti se impacientaba.
+
+--Bueno, hombre: deja en paz á ese chico, y si no quieres verle en
+seguida, que aguarde. Pero cuéntame, Pepe ¿qué te pasa?
+
+--¡Judith!...--gimió el millonario.--Ya sabes quién digo...
+
+Y vacilaba antes de seguir hablando, como avergonzado de revelar su
+tristeza.
+
+--Sí, Judith--dijo Aresti animándolo para que hablase.--Aquella
+francesa, ó judía, ó lo que sea, de la que me hablaste con entusiasmo...
+la madre de aquel niño tan hermoso... el _hijo del amor_. Estoy
+enterado. ¿Y qué ha hecho la tal Judith? ¿Alguna perrada? ¿La has
+sorprendido con alguien? ¿Ha huido y no sabes dónde está? Habla, hombre:
+cuenta sin miedo. Ya sabes que soy tu confesor y por mucho que me digas,
+nada me cogerá de sorpresa.
+
+Aresti hablaba con tranquilidad, como si desde mucho antes esperase lo
+que su primo iba á contarle; seguro de que aquella novela de amor,
+desarrollada en el ocaso de la madurez, había de tener un desenlace
+triste.
+
+Sánchez Morueta comenzó á hablar con lentitud, como si le doliese, con
+profundo desgarrón, el remover sus recuerdos. Pero, pasado el primer
+dolor, se animaba, se enardecía, embriagándose en la amargura de su
+desgracia.
+
+Había conocido por primera vez el tormento de los celos. Desde algunos
+meses antes, se mostraba triste, con nerviosidades y arrebatos impropios
+de su carácter. ¿No lo había notado Aresti?
+
+De pronto tomaba el tren para presentarse por sorpresa en aquel hotelito
+de Madrid, nido ilegal y misterioso de su felicidad.
+
+Varias cartas anónimas le habían avisado las infidelidades de Judith.
+Alguna buena alma que conocía su dicha y deseaba turbarla: tal vez una
+antigua compañera de la _divette_, envidiosa de su bienestar. Y el
+grande hombre de la industria, aquel pastor de millones que tenía miles
+de brazos á sus órdenes y flotas en el mar como un príncipe de la
+moderna realeza, había descendido durante algunos meses á una vida de
+espionaje, de astucias miserables, para convencerse de la certeza de las
+denuncias.
+
+--¡Ay, el amor, Luis!--exclamaba.--¡Cuán pequeños nos hace! ¡Cómo nos
+envilece cuando llega tarde, á una edad en que queremos, sin la certeza
+de que nos quieran!... Ahora me avergüenzo, pensando en las cosas á que
+he tenido que descender. ¡Y si no fuese más que esto!...
+
+Al llegar el verano, Judith había ido, como de costumbre, á una casita
+que el millonario le había comprado en Biarritz. Así la tenía más cerca
+de Bilbao. Allí se había convencido de que no le engañaban los
+misteriosos avisos.
+
+Hablábanle éstos de cierto individuo de existencia cosmopolita, un
+_monsieur Jules_, joven, hermoso y elegante, de problemática vida; un
+aventurero que invernaba en la Costa Azul, sirviendo de _croupier_ en
+los casinos de Niza, Menton y Monte Carlo, y en verano pasaba á las
+estaciones elegantes de los Pirineos. Judith parecía conocerle mucho
+tiempo. Era más joven que ella, y con el furor de una hembra que se da
+cuenta de su próximo ocaso, se agarraba á aquel profesional de la
+hermosura viril que, satisfecho de su persona, dejaba que las
+aventureras de las estaciones de placer se disputasen el honor de
+acapararlo, con toda clase de concesiones y sacrificios.
+
+Sánchez Morueta, después de la lectura de los anónimos, recordaba haber
+oído su nombre de labios de Judith en los momentos de abandono, hablando
+de él como de un amigo antiguo. Sabía, además, que el aventurero había
+pasado largas temporadas en Madrid ocupando su sitio, todavía caliente,
+apenas emprendía el regreso á Bilbao. Ahora se daba cuenta de las
+peticiones de Judith, cada vez mayores: de aquel afán de riquezas, de
+«asegurar su posición», como ella decía, con una voracidad creciente,
+como si la guiase un oculto consejero.
+
+El millonario no lamentaba su generosidad. ¡Qué podía importarle este
+chorreo de riqueza que no marcaba la más leve desnivelación en su
+fortuna y le proporcionaba la dicha! Lo que le enfurecía haciéndole
+abandonar su asiento con nervioso salto, era el recordar lo ridículo de
+su situación. Él, Sánchez Morueta, un hombre en pleno vigor, y que á
+tantos causaba miedo, ¡convertido en ese tipo grotesco del anciano
+verde, engañado y _pagano_, eterno personaje de todos los cuentos y las
+comedias parisienses! Él había sido _le vieux_ del que se ríe la pareja
+joven, enamorada y feliz, mientras devora alegremente sus billetes de
+Banco. ¡Dios de Dios! ¡Y por respeto al nombre que llevaba, por miedo á
+la familia y á las malditas conveniencias sociales, había salido de la
+triste aventura sin matar á ninguno de los dos!...
+
+--¡Pero, hombre, siéntate!--decía el doctor asustado al verle ir y venir
+por el despacho como un loco.--No golpees los muebles. Ya sé que de un
+puñetazo eres capaz de romper esa mesa. No los has matado y has hecho
+muy bien. ¿Acaso eres tú el primero, ni serás el último, de quien se
+burle una pájara de esas? Sigue contando... sigue.
+
+Tardó el millonario algún tiempo en recobrar su calma, y al reanudar el
+relato pasó de un salto á la escena final de su novela amorosa, á la
+última entrevista con Judith dos noches antes, en aquel hotelito de
+Biarritz donde había pasado los mejores veranos de su vida.
+
+Sánchez Morueta había llegado sin avisarla, sorprendiendo al _monsieur
+Jules_ casi ocupando su sitio. Realmente la sorpresa no había sido
+completa. No le había visto: sólo había adivinado su presencia en el
+desorden de la habitación, en los detalles que revelaban una fuga
+rápida, mientras la doncella de Judith le entretenía ante la puerta
+cerrada.
+
+Después, la escena había sido horrible entre él y su amante. ¡Ay, la
+mala hembra! ¡Qué franqueza tan cruel la suya! ¡Qué deseo de acabar de
+una vez, de plantearle descarnadamente lo anormal y repugnante de la
+situación! Podía haber seguido engañándole; negar una vez más;
+mantenerlo en la dulce ceguera que le adormecía, sin fuerzas para buscar
+la verdad. «Vivimos de mentiras: sólo el engaño es dulce», decía ella en
+las horas de abandono, cuando en brazos de Sánchez Morueta recordaba su
+pasado de aventuras. Pero ahora ya no quería mentir; estaba enamorada de
+su _Jules_, enamorada frenética, con celos de fiera al ver que se lo
+disputaban otras más jóvenes; y para atraérselo para siempre,
+legalizando su situación, no vacilaba en atropellar al amante rico, en
+destrozarle el alma con su cínica franqueza.
+
+¡Ay, cómo adoraba á aquel bergante, sólo porque era joven y guapo! ¡Con
+qué insolencia había proclamado su pasión!... El millonario revolvíase
+con furia al recordar la escena. Veía los ojos de ella, de una
+provocación insolente, unos ojos de loba en celo y aún creía oír sus
+desgarradoras palabras, en la jerga internacional que tanto le
+regocijaba en los primeros tiempos de su amor.
+
+--Sí, _mon vieux_. Lo estimo, lo amo. Con el amor no se _badina pas_. Si
+tú me quieres, sea; pero no has de atormentarme con celos; has de ser
+amigo del pobre _Jules_. Y si no, la puerta está abierta. Será lo mejor.
+_Voilà._
+
+La cínica proposición había hecho rugir al gigante, levantando sus
+zarpas con furor homicida. Pero ella ¡la maldita! tenía la tenacidad
+glacial, la audacia insolente de las malas hembras que nacen para ser
+asesinadas. Le miraba insultante, con la boca apretada y un gesto de
+desafío.
+
+--Sí, pégame; eso es muy español. Mátame, como matan en tu tierra á las
+mujeres, cuando no quieren amar. Anda, _don José_; ya estamos en el
+final de _Carmen_. ¿Dónde guardas la navaja?...
+
+Él había sentido desplomarse de un golpe todo su furor. Se dió cuenta de
+su debilidad, de su insignificancia ante aquella hembra curtida en los
+peligros de la existencia errante. Y lloró como un miserable, suplicó
+vilmente para que no lo abandonase. Hasta creía recordar que se había
+arrodillado, agarrándose á sus piernas, sintiendo la desesperación de
+perder aquella carne adorada, cuyo tibio perfume parecía despedirse de
+él al través de la batista que la cubría.
+
+Sánchez Morueta, hablaba á su primo con la cabeza baja, como un
+criminal, que, con voz sorda confiesa su crimen, y únicamente cerrando
+los ojos adquiere la fuerza necesaria para seguir mostrando su
+conciencia.
+
+Había sido un miserable. Le repugnaba el recuerdo de su debilidad, las
+lágrimas con que había mojado durante toda la noche el cuello insensible
+de aquella mujer.
+
+Ella se había apiadado del dolor del gigante, de la mueca desesperada
+del pobre patriarca, y con la conmiseración maternal que siente toda
+mujer por un hombre que llora, lo había tomado en sus brazos, apoyándole
+la cabeza en uno de sus hombros desnudos, acariciándole las barbas
+encanecidas.
+
+La gratitud y la lástima la hacían ser bondadosa, con palabras de triste
+consuelo. ¡Ah, _gros coco_! Había que tomar la vida tal como se
+presenta; aceptar las cosas buenamente, sin empeñarse en pedir
+imposibles. Cada uno se enamoraba á su hora. Él la quería, siendo casi
+un viejo: ¿por qué se extrañaba de que ella, siendo joven, tuviese
+también su momento de debilidad, enamorándose de aquel _Jules_ que
+poseía para las mujeres un encanto malsano y dominador?
+
+Se luchaba por la vida, por librarse de la pobreza, y cada cual
+trabajaba á su modo, sin acordarse del corazón, para asegurar su
+porvenir. Pero después, con el bienestar llegaba la dulce tontería del
+amor. Esto había hecho él, pasando la juventud absorbido en la caza de
+la riqueza, para enamorarse como un muchachuelo, en la época en que
+otros no tienen ilusiones. Lo mismo le ocurría á ella al ver asegurado
+su bienestar, y convencerse de que su juventud marchaba hacia el ocaso.
+¿Por qué no había de conocer su verdadero amor con sus penas y alegrías
+después de haberse rozado insensiblemente con tantos hombres?... ¡Ah
+_mon vieux_! Había que tomar la vida con serenidad filosófica. A cada
+cual su turno.
+
+Después intentaba consolarle hablando del pasado. No debía desesperarse
+el enorme _bebé_ que se adormecía llorando sobre su hombro. Podía
+afirmar que había sido amado más que muchos otros. Primeramente, le
+había querido con una simpatía pálida y pasiva, porque era bueno con
+ella, porque la había sacado de su antigua vida de artista errante,
+dándola la respetabilidad y el bienestar de una mundana que se retira.
+Después le había admirado, con una admiración rayana en el amor, al
+apreciar su poder para los negocios, su fuerza creadora que hacía nacer
+nuevas industrias, el poder mágico, que esclavizaba el dinero, la
+inteligencia que hacía danzar los millones, sin que ninguno se saliera
+de línea. Ella adoraba á los fuertes, y le hubiera amado siempre, de no
+presentarse el otro, con algo que no podía explicar. Tal vez era el
+encanto de la corrupción y de la juventud, que la enardecía, haciéndola
+cometer locuras; pero aun así confesaba que no podía compararse aquel
+hombre con _su viejo_ tan bueno y tan generoso... ¿Por qué no había de
+aceptar el obstáculo como lo hacían otros? Aún podían ser felices: los
+tres vivirían en santa calma sabiendo respetarse. Ella no olvidaba que
+poseía una fortuna, gracias á él: era buena muchacha y haría lo
+necesario para que su protector no sufriese. Pero el millonario
+contestaba con voz quejumbrosa, impotente ya para revolverse.--«Yo solo,
+yo solo.» Judith se indignaba. _¡Grosse bête, va!_ Lo que él pedía era
+imposible. Ella no podía separarse del que amaba, y tampoco quería
+mentir: ella tenía corazón.
+
+El doctor interrumpió á su primo, que se complacía con doloroso deleite
+en detallar los recuerdos de aquella noche.
+
+--¿Pero, y el niño? ¿Y el _hijo del amor_?--preguntó con cierta ironía.
+
+Sánchez Morueta miró al médico con unos ojos que pedían piedad.
+Recordaba el entusiasmo con que había hablado á Aresti del pequeñín:
+renacían en su memoria las palabras al describir su belleza delicada:
+«un verdadero hijo del amor, tan hermoso que en nada se me parece.»
+
+--No te burles, Luis, es una crueldad. Tú lo adivinaste, sin duda,
+cuando te hablé de él. También esta ilusión ha desaparecido. No queda
+nada... nada. Esa mujer no deja el menor rastro de su paso por mi vida.
+Se lo ha llevado todo... todo.
+
+Y recordaba, cómo por segunda vez sintió el instinto homicida al ver la
+sonrisa burlona con que acogió ella el recuerdo del pequeñuelo. ¡Ah, la
+cruel! ¡Con qué sencillez le había arrebatado la última ilusión,
+diciéndole que no era hijo suyo, comparando su belleza delicada con la
+de aquel tunante que llenaba su pensamiento! ¡Qué tirón tan doloroso en
+su alma!... Esta vez, Judith, á pesar de su insolencia, había sentido
+miedo ante el gesto desesperado de _su viejo_. Pero ¡ay! aquella mujer
+de carácter doble é inexplicable era invencible. De sus crueldades,
+hacía un mérito. Manteniendo en el millonario la ilusión de la
+paternidad, podía seguir explotándolo. Así se lo había aconsejado su
+amante. Pero ella era una buena muchacha y no quería mentir cuando
+llegaba la hora de las explicaciones. Aun pretendía que su antiguo
+protector le agradeciese la cruel confesión. No: el niño no era su hijo.
+Y lo repetía satisfecha, como si de este modo afirmase más sus derechos
+sobre el hombre amado, colocando el pequeñuelo como un compromiso eterno
+entre ella y el _amante de corazón_.
+
+Sánchez Morueta salió de aquella casa con el alma rendida por los
+crueles descubrimientos. ¡Ni amor, ni hijo! Sólo la convicción del
+fracaso; la tristeza de haber creído en una dicha que él mismo se
+forjaba engañándose, y un profundo desgarrón en su dignidad, el arañazo
+del ridículo en que había vivido durante varios años, que él creía los
+mejores de su existencia.
+
+Vagó todo el día por Biarritz como un sonámbulo. Por la noche, el deseo
+amoroso fué más fuerte que su voluntad, y sin darse cuenta de á dónde se
+dirigía, se vió de pronto llamando á la puerta de Judith.
+
+Fué en vano. Ella temía, sin duda, la repetición de otra noche como la
+anterior: sentía miedo, y tal vez cansancio de luchar con la pegajosidad
+de un amor desesperado. Nadie le respondió. Judith había huido con su
+amante y el pequeñuelo. Adiós, para siempre. La ilusión de varios años
+desaparecería sin dejar rastro.
+
+--Más vale así--dijo el doctor.
+
+--Sí: mejor es que haya huido.
+
+Sánchez Morueta se avergonzaba al pensar en su cobardía de la segunda
+noche. Se tenía miedo á sí mismo. Adivinaba que, viendo de nuevo á
+Judith, hubiese pasado por todo, se habría sometido á una situación
+envilecedora, á cambio de conservar algo de la antigua ilusión, una
+sombra de felicidad á la que agarrarse.
+
+Se hizo un largo silencio. El millonario, después de terminado el
+relato, se hundió en el sillón, anonadado, sin fuerzas, como si al echar
+fuera de sí el peso doloroso de los recuerdos, cayese sobre él, de un
+golpe, el cansancio de la noche anterior pasada en vela, el
+desfallecimiento del hambre.
+
+--Y ahora, ¿qué piensas hacer?--preguntó Aresti.
+
+--¿Y tú me lo preguntas?--dijo con desaliento el millonario.--¡Qué sé
+yo! No puedo pensar. Dímelo tú, que sabes más de la vida. Desde anoche
+que no tengo otro deseo que verte: me faltaba el tiempo para llegar aquí
+y llamarte. Tú eres lo único que me resta...
+
+Y miraba al doctor con ojos suplicantes, mientras éste se encogía de
+hombros, dudando de la eficacia de sus remedios para salvar á su primo.
+
+--Me siento mal, Luis--dijo quejumbrosamente Sánchez Morueta.--Yo me
+conozco. Este disgusto no quedará aquí: sentiré sus consecuencias más
+adelante... ¿Qué voy á hacer? ¿Qué me aconsejas? ¡Por tu vida, dímelo!
+
+Y suplicaba con acento desesperado, tendiendo sus manos, como un ciego
+que no osase moverse é implorase un guía.
+
+--¿Qué quieres que te aconseje?--dijo el médico.--Lo que yo te puedo
+decir, te lo diría cualquiera. ¿Piensas buscar á esa mujer?...
+
+El millonario hizo un gesto negativo. No, ¿para qué? Aquello había
+terminado. No podía olvidarla; eso nunca: le dolía la decepción, pero el
+mismo odio con que pensaba en ella, era un signo de que no tan
+fácilmente iba á librarse de su recuerdo. Sufría en silencio, intentando
+curarse: sería un hombre y, en los momentos de desaliento, el recuerdo
+del ridículo en que había vivido bastaría para darle fuerza. Pero, ¡ay!
+¡cómo le aterraba la soledad de aquella existencia que aún le quedaba
+por delante! ¡Qué miedo le causaba la monotonía de una vida sin
+ilusiones!
+
+--Vaya, Pepe: no hay que ser niño--dijo el doctor con autoridad.--Ni
+estás solo, ni te hallas tan falto de afectos. ¿No deseas mi consejo?
+Pues ahí lo tienes. Vuelve los ojos á tu casa: procura unirte á tu
+familia. Invéntate una felicidad para tu uso, como esa que te forjaste
+al lado de una desconocida. Imagínate que tu mujer te adora, y aunque no
+sea cierto, esa mentira resultará menos dolorosa que la otra, pues no
+conocerás la infidelidad, ni los celos.
+
+El millonario movió tristemente la cabeza. ¡La familia! ¡Su mujer!
+También esta retirada era imposible por culpa de aquella mala hembra.
+
+Entre él y Cristina se habían agrandado las distancias; no podía esperar
+una reconciliación. Él, en su enardecimiento amoroso, no había negado
+los hechos la tarde en que su esposa le sorprendió en su despacho. Y con
+la falta de escrúpulos del dolor, relataba á Aresti su escena con
+Cristina, la frialdad con que había acogido sus caricias, y después, la
+explicación tempestuosa entre los dos: ella echándole en cara su
+infidelidad: él aceptándola con altivez, como una consecuencia de la
+separación moral en que vivían.
+
+El doctor le escuchaba pensativo.
+
+--¿Cristina fué en busca tuya?--preguntó con cierto asombro.--Pues
+vuelve á ella y la encontrarás. No te asustes por lo ocurrido entre
+vosotros. O te buscó porque en ella ha despertado un repentino afecto
+por tí (y permite que te diga que esto es extraordinario) ó porque
+alguien se lo ha mandado. De un modo ú otro, vuelve: ella te aceptará.
+
+Sánchez Morueta le miraba con incertidumbre.
+
+--Vuelve, hombre--continuó el doctor:--es la única solución que puedo
+ofrecerte. Ya sé que esto no es gran cosa para tí, con esa necesidad de
+amor que sientes cerca de la vejez; pero siempre será un remedio para
+llenar ese vacío de tu vida que tanto te asusta. Si yo estuviera dentro
+de tu piel encontraría otros medios para emplear mi actividad,
+fabricándome ilusiones. ¡Ah, si yo tuviese tus riquezas y tu poder!...
+
+El millonario adivinaba el pensamiento de su primo, acogiéndolo con un
+gesto desdeñoso. ¡Dedicar su vida á los de abajo: ser una especie de
+santo laico que empleara su fortuna, no en limosnas infecundas, sino en
+emancipar moralmente á los parias del trabajo, proporcionándoles el pan
+de la instrucción! ¡Fundar grandes escuelas, universidades, etc., como
+aquellos ricachones de que hablaba el médico!... ¡Bah! ¿Y qué placer
+podía proporcionarle esto?... Su egoísmo profundo de hombre de presa,
+sin otros ideales que la vanidad y el goce de su persona, se reía del
+doctor. En el mundo sólo tenía importancia lo que se relacionase con él.
+¡A ver cómo no reventaban todas las gentes por cuya triste situación se
+preocupaba su primo! Si él era infeliz con toda su fortuna, ¿por qué
+habían de ser dichosas semejantes garrapatas?...
+
+Otra vez volvió á hacerse un largo silencio entre los dos. Terminaba la
+tarde; á lo lejos sonaba la sirena de un vapor. El buque en marcha hizo
+acordarse á Aresti del ingeniero que esperaba afuera, en las oficinas,
+más de una hora.
+
+--Pepe... ese muchacho. Te advierto, para que no te coja de sorpresa,
+que viene á despedirse de tí. Se marcha de Bilbao. Hemos venido hablando
+de esto todo el camino. Ha tardado algunos días á decidirse, pero ahora
+esperaba con impaciencia tu regreso, para manifestártelo.
+
+--¡Se va!... ¿Y por qué?...
+
+--¡Qué sé yo! Cosas de muchachos. Creerá que ya no puede vivir aquí. Tal
+vez sufra como tú el mal de amores. En él no resulta extraño: es cosa
+de la juventud.
+
+Sánchez Morueta no preguntó más. Adivinaba en la sonrisa del doctor algo
+que no quería conocer. Al mismo tiempo le causaba alegría la posibilidad
+de que el joven sufriera como él. Era un consuelo egoísta y feroz ver
+que á todos llegaba la desgracia, sin reparar en años ni en
+gallardías... Por esto accedió al ruego de su primo, haciendo llamar al
+ingeniero. ¡A ver, que pasase aquel compañero de desgracia!...
+
+Fernando no quiso sentarse; tenía prisa por volver á los altos hornos
+después del tiempo perdido; deseaba cumplir sus deberes hasta el último
+momento.
+
+Venía para manifestar su deseo de marcharse, de abandonar el puesto tan
+pronto como el jefe le designase un sucesor. Y hablaba con la vista
+baja, como si temiese que el millonario pudiera leerle su secreto en los
+ojos.
+
+Sánchez Morueta se deleitaba apreciando el trastorno de aquella cara
+juvenil. ¡Oh! A este también le había mordido la mala bestia; llevaba la
+señal en su palidez, en la tristeza de sus ojos.
+
+De pronto, sintió por él la fraternidad dolorosa de los penados, unidos
+eternamente por la misma cadena.
+
+--¡Te vas, hijo mío!... ¿Es algún disgusto allá en la fundición?...
+¿Acaso quieres ganar más?... Si es por dinero, habla.
+
+El ingeniero contestó con gestos negativos. Ni disgusto ni ambición de
+dinero. Era que se había cansado de vivir allí; sentía la nostalgia de
+ver países nuevos: le arrastraba la movilidad de carácter de los de su
+tierra. Iría á Asturias ó á Cataluña; tal vez se embarcase para América;
+aún no se había buscado un nuevo puesto, pero acariciaba la ilusión de
+llevar con él á su madre á un clima que fuese mejor. Por esto sólo se
+marchaba.
+
+El millonario, ante la sonrisa de Aresti y la indecisión de las palabras
+del joven, se convenció de que éste mentía.
+
+Sanabre siguió hablando. No olvidaba la bondad con que le había
+distinguido su jefe: sentía alejarse de su lado, pero estaba resuelto á
+la separación y tardaría en irse lo que tardase en encargarse de los
+altos hornos otro ingeniero. Mientras tanto, allí estaría á sus órdenes.
+
+--¡Te vas, hijo mío!--exclamó el millonario con repentino
+enternecimiento.--Ya sabes que te he querido casi como un hijo. Allí
+donde estés, si necesitas algo de mí, habla; si quieres volver, vuelve.
+No nos despidamos ahora. Iré á verte: vendrás á...
+
+El ingeniero, levantando la cabeza con repentina vivacidad, le
+interrumpió. Cuando quisiera algo de él, mientras estuviese en la
+fundición, podía darle sus órdenes por teléfono. Ya se verían, si
+Sánchez Morueta visitaba los altos hornos; y si su principal no iba por
+allá, pasaría él por el escritorio antes de marcharse. Sánchez Morueta
+nada dijo ante un deseo tan claro de evitar toda visita al palacio de
+Las Arenas.
+
+--Adiós, hijo mío... Hasta la vista.
+
+Y estrechó con efusión la mano del joven.
+
+Al quedar solos Morueta y su primo, el millonario, trastornado por
+tantas emociones, se dejó caer en el sillón.
+
+--Todos se van, Luis. Ese muchacho era otro de mis afectos. Se hace el
+vacío alrededor de mí... Y ahora, al volver á mi hogar, la frialdad de
+la casa de huéspedes, la ausencia del cariño.
+
+--No, Pepe--dijo al doctor.--Tengo la certeza de que ahora encontrarás
+allí lo que en otro tiempo deseaste. Tu mujer de seguro que te espera.
+
+--¿Y tú? ¿Me abandonarás también tú?...
+
+--Yo nunca--dijo Aresti.--Pero de poco puedo servirte. Soy un hombre, y
+lo que tú necesitas, no está á mi alcance el dártelo. La alegría de tu
+vida sólo puedes encontrarla en tu casa... Ahora... lo que yo no sé aún
+es á qué precio vas á pagarla.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+El grande hombre estaba enfermo. Había transcurrido cerca de un mes sin
+que Aresti fuese á verle, pues no quería despertar con su presencia los
+recuerdos del millonario.
+
+De vez en cuando, llegaban á él vagas noticias del estado de Sánchez
+Morueta por los contratistas de las minas. Don José no iba al
+escritorio; don José estaba enfermo en su palacio de Las Arenas. No era
+caso de gravedad: inapetencia, cansancio. Quería abarcar demasiado y los
+negocios minaban su salud.
+
+--Es la crisis que él temía--pensó el médico.--Pero cuando no me llama
+sus razones tendrá... Debe haber cambiado mucho aquella casa.
+
+Y seguía en Gallarta, con el propósito de no visitar á su primo hasta
+que éste le llamase.
+
+Un día, en Bilbao, se encontró en el Arenal con el capitán Iriondo. El
+marino se extrañaba de que Aresti no hubiese visitado á su primo.
+
+--No es que yo crea que va á morir--dijo el capitán--pero muchacho, anda
+muy malucho. No sé qué mala mosca le ha picado de algún tiempo á esta
+parte. No come, está tristón, pasa el día sentado, dejándose cuidar por
+su mujer y su hija como si fuese un niño. En fin, que no es ni sombra de
+lo que fué. Y eso que aquella casa ha cambiado mucho. Doña Cristina
+parece otra; nunca la he visto tan alegre.
+
+Y describía á la esposa de su amigo hermoseada por una nueva juventud,
+yendo por la casa con aire altivo, como si hasta entonces no se hubiera
+considerado con verdadera autoridad para dirigirla; vistiendo con tanta
+elegancia como su hija; olvidada ya de aquellos trajes obscuros que la
+daban el aspecto de una beata.
+
+Cuidaba y mimaba á su marido con gran cariño y él la seguía en sus idas
+y venidas por las habitaciones, con unos ojazos que revelaban la ternura
+del agradecimiento.
+
+En fin, querido _planeta_--continuó el capitán--que parecen unos novios.
+No sé qué diablos habrán andado en esto, pero los dos son otros,
+completamente.
+
+Aresti sonreía.
+
+--¿Entonces--preguntó--la casa de mi primo será un nido de amor?
+
+--Hombre, yo te diré--repuso el capitán con cierta vacilación.--Me gusta
+que estén así, tan amartelados, pero no me place todo lo que allí veo.
+Por ejemplo, tienes á todas horas metido en el hotel al fantasmón de
+Urquiola, que se pavonea por los salones como si ya fuese el amo. Doña
+Cristina no hace nada sin consultárselo. Además, ¿te acuerdas de
+Nicanora, el _aña_? Pues la han enviado á su pueblo con todo lo
+necesario para comprarse unos terruños y un par de vacas. Me han dicho
+que la echó doña Cristina, después de una escena algo fuerte... Pepita
+parece embobada ante Urquiola. Tal vez no le tenga gran voluntad, pero
+la mamá los aproxima, y ya verás como esto acaba en boda. Ese cachorro
+de Deusto tal vez sea mi jefe. ¡Cristo! ¡Y para esto me expuse á que me
+rompieran la cabeza cuando al sitio!...
+
+--Y Pepe ¿qué dice?...
+
+--Pepe no tiene voluntad. Habla menos que nunca, y á todo lo que ordena
+su mujer contesta que sí con la cabeza. Por dentro tal vez pensará otras
+cosas, pero no se atreve á contradecir á su Cristina, á darla un
+disgusto, metiendo en cintura á ese atrevidillo... Yo creo que debías ir
+á verle.
+
+--¿Yo?... No me ha llamado. Además, no me tienta ese cuadro de familia:
+allí no hago yo falta.
+
+--Sí, hombre, debes ir. Pepe desea verte: siempre que voy me pregunta
+por tí. No te llama... ¿qué sé yo por qué? Tal vez por no contrariar á
+su mujer. Puede que algunas veces haya tenido el llamamiento en la punta
+de la lengua y no se atreva... Ya sabes que el _Capi_ es muy franco.
+Allí no te quieren: te tienen miedo. Hasta creo que el oficioso Urquiola
+ha metido en la casa á un médico de su cuerda. Pero el pobre Pepe piensa
+en tí. Ve á verlo y le darás un alegrón. ¡Valiente cosa te importa la
+mala cara que pueda hacerte tu parienta!...
+
+Aresti pareció encabritarse oyendo esto. ¿Conque tenían á su primo en
+una especie de secuestro manso, para que no le viera, y llamaban á otro
+médico como si él hubiese muerto?... Pues allá se iba al instante.
+Sentía curiosidad por ver de cerca la nueva dicha del millonario. Al
+mismo tiempo le regocijaba pensar en el mal gesto que pondrían aquellas
+gentes ante su presencia inesperada. ¡Caería en Las Arenas como una
+bomba. ¡Je, je, je! Y riendo se despidió del capitán, para subir en el
+tranvía.
+
+Cuando á media tarde entró en el hotel de Sánchez Morueta, encontró en
+un salón á su prima y su sobrina con el imprescindible Urquiola.
+
+Antes de entrar, mientras le anunciaba una doncella, oyó un rumor de
+voces, hablando con apresuramiento, y después un ruido de pasos y de
+faldas en fuga.
+
+--¡No quiero verle!--gritó una voz sofocada que el médico creyó
+reconocer.
+
+Al entrar en la habitación notó algo que denunciaba aquella fuga
+misteriosa. El gesto con que le recibió su prima, le dió á entender lo
+inoportuno de su llegada.
+
+El doctor pensó que las que habían huido para evitarse su presencia eran
+las de Lizamendi. Aquella voz que protestaba era, sin duda, la de su
+mujer.
+
+La entrevista fué glacial, sin que la esposa del millonario hiciese el
+menor esfuerzo por disimular la antipatía que le inspiraba el médico.
+Sus ojos azules le miraban con fijeza desdeñosa. ¿A qué se presentaba
+allí? ¿Quién le había llamado? Doña Cristina se sentía ahora dueña
+absoluta del suelo que pisaba. Ella á un lado con los suyos, y el médico
+á otro. Era un extraño odioso: la sangre de nada valía cuando las almas
+se separaban para siempre.
+
+Pero el doctor despreció esta hostilidad. Hablaba como si no se diera
+cuenta de la sonrisilla insolente del abogado de Deusto; del gesto
+asombrado y medroso con que le contemplaba su sobrina como si fuese un
+aparecido.
+
+Aresti quiso ver á Morueta, y doña Cristina miró con inquietud á una
+puerta inmediata, como temiendo que el doctor llegase á pasarla.
+
+--No sé si podrás verle--dijo con los labios apretados.--Está delicado:
+no gusta de recibir visitas.
+
+--¡Bah! Los médicos entramos donde hay enfermos...
+
+Y sin esperar el permiso de la señora, púsose de pie y se dirigió á la
+puerta que comunicaba el salón con el despacho del millonario.
+
+Al levantarse el tapiz, Sánchez Morueta dió un grito de alegría,
+reconociendo á su primo.
+
+--¡Luis! ¡Luisito!...
+
+Y le tendió las manos sin abandonar el sillón. Aresti le abrazó.
+Realmente, el grande hombre no gozaba de buena salud. Había adelgazado
+mucho, su barba era casi blanca, los ojos los tenía hundidos, y en su
+rostro enjuto se marcaban los pómulos con agudas aristas, pareciendo la
+nariz más grande y pesada.
+
+Estaba leyendo un pequeño libro, y pasado el primer momento de expansión
+se apresuró á ocultarlo en uno de sus bolsillos, como si temiese que
+Aresti leyera la cubierta del volumen.
+
+Doña Cristina siguió al médico, quedando de pie cerca de los dos
+hombres, con ceño imponente, vigilando sus expansiones fraternales.
+
+Aresti se hacía explicar todos los síntomas de la enfermedad. Conocía
+aquello: no era más que un trastorno moral que se reflejaba en el
+organismo. Calma y dulzura era lo que necesitaba.
+
+--¡Un trastorno moral! Eso es--dijo la señora con voz áspera.--Siempre
+que hablases con tanta verdad. Pepe vivía demasiado... agitado. Por
+fortuna, está en buenas manos y curará. La calma y la dulzura ya sabe él
+cómo se adquieren.
+
+Y á continuación, para cortar la entrevista, recordó á su marido la
+conveniencia de hablar poco, de no cansarse, de estar solo.
+
+--¡Pero, si es Luis!--dijo el gigantón sin atreverse á mirar á su
+esposa.--¡Si con este tengo el mayor gusto en hablar! ¡Si deseaba mucho
+que viniese!... Ya ves, es el último que queda de mi familia. Somos como
+hermanos.
+
+Y su acento humilde parecía excusarse de este cariño, pedir perdón á la
+esposa por un afecto superior á su voluntad. Se notaba en él la
+abdicación del marido que vuelve hacia su mujer con el peso de una falta
+y teme á cada momento que le recuerde su pasado.
+
+Apareció Pepita en la puerta haciendo señas misteriosas á su madre y
+ésta la siguió fuera del despacho. Indudablemente, se marchaban las de
+Lizamendi, aprovechando la ausencia de Aresti y querían despedirse de
+las señoras.
+
+Al quedar solos los dos hombres, el medicó se aproximo á su primo. Les
+dejarían solos muy poco tiempo y deseaba enterarse de la verdadera
+situación del millonario. ¿Cómo vivía en su casa? ¿Era feliz?...
+
+Sánchez Morueta sólo supo hablar de su mujer.
+
+--Es un ángel... un verdadero ángel. Debías ver cómo me cuida, de qué
+cariño me rodea. Conserva su geniecillo dominador; pero no es más que
+deseo de aislarme, de tenerme siempre cerca de sus faldas. Soy otro
+hombre, Luis. Esta tranquilidad no tiene precio. Estoy como el que
+descansa después de una marcha forzada; no me atrevo á moverme.
+
+Pero, á pesar de su dicha, mostraba gran timidez, como si adivinase la
+fragilidad de aquella paz que le envolvía, y temiese romperla con el más
+leve movimiento.
+
+--¿Y _aquello_?--preguntó misteriosamente el doctor.--¿Se olvidó ya por
+completo?...
+
+El hombrón palideció como si despertase junto á un peligro é hizo un
+movimiento con sus manazas pretendiendo apartar en el espacio las
+palabras de su primo. No debía recordarle _aquello_: le causaba
+vergüenza y repugnancia.
+
+Ya no pudieron hablar más. Entró doña Cristina, pero esta vez seguida de
+su hija y Urquiola. Después de despedir á las amigas, se trasladaban al
+despacho para sentarse en torno de Sánchez Morueta, interponiéndose
+entre él y el doctor, como si quisieran evitar todo contacto entre ambos
+primos.
+
+Debía ser esta irrupción obra de doña Cristina, dispuesta á hacer
+comprender rudamente al médico su deseo de cerrarle para siempre las
+puertas de la casa. Aresti veía los ojos de los tres, fijos en él, como
+si le dijeran: «¿Qué haces aquí? Vete: tú no eres de los nuestros.»
+
+El millonario acogía con una sonrisa la solicitud con que se aproximaban
+á él, y le rodeaban como si temieran que escapase. Miraba á su primo con
+satisfacción. ¡Cómo le querían! ¿eh? ¡Cómo sentían la necesidad de no
+dejarlo solo, resarciéndole de la antigua frialdad! ¡Oh, la familia!...
+
+Hasta á Urquiola alcanzaba su gratitud. No podía permanecer indiferente
+con aquel muchachón que le llamaba tío á boca llena, extendiendo á él su
+lejano parentesco con la señora. Además le protegía en sus deseos de
+enfermo. Cuando doña Cristina, atendiendo las indicaciones del médico,
+le ocultaba los cigarros, Urquiola buscábalos, y, echando á broma la
+prohibición, obsequiaba al tío.
+
+Aresti sonreía ante la solicitud de acólito respetuoso con que mimaba á
+Sánchez Morueta, adivinando sus antojos de enfermo; la rapidez con que
+le ofrecía una cerilla, apenas se apagaba entre sus débiles dedos el
+cigarro con que le había alegrado poco antes.
+
+Doña Cristina miraba al joven, que parecía indeciso, no sabiendo cómo
+iniciar la realización de algo que había prometido. Al fijarse Urquiola
+en el libro que asomaba á un bolsillo del millonario, habló del mérito
+de la obra.
+
+--¿Le gusta á usted, tío? ¿Verdad que es muy _profunda_? Pues el segundo
+tomo todavía es mejor.
+
+Y antes de que el tío pudiera contestar, Urquiola se dirigió á Aresti,
+como si sólo por él hubiese hablado del libro. Era una de las obras más
+notables que se habían publicado en el siglo: las «_Respuestas á las
+objeciones más comunes contra la religión_» del Padre Segundo Franco, un
+jesuíta italiano, de inmenso talento. En este libro se echaban por
+tierra todas las mentiras de los enemigos del catolicismo; su falsa
+ciencia, que no es más que soberbia, sus embustes contra la Inquisición
+y contra todos los grandes hechos de la Fe, que se presentan como
+crímenes. Al que lo leía no le quedaba otro remedio que convertirse.
+Todo lo de la Iglesia quedaba justificado claramente en sus páginas,
+con esa fuerza de razonamiento que sólo poseen los Padres de la
+Compañía. El que aún estaba en el error era porque no conocía el libro.
+
+--Usted debía leerlo, doctor--dijo con impertinencia el abogado de
+Deusto.
+
+Aresti conocía la obra. Recordaba haber hojeado, cuando vivía en casa de
+las de Lizamendi, aquel solemne monumento de la estolidez, en el que se
+probaban los mayores absurdos con argumentos al alcance de cualquier
+vieja devota. El importuno consejo de Urquiola le irritó:
+
+--Joven--dijo con gravedad desdeñosa,--hace muchos años que leo lo que
+mejor me parece, sin necesidad de consejero.
+
+Sánchez Morueta bajaba la cabeza para no encontrar la mirada de su
+primo, como si le avergonzase el descubrimiento del libro.
+
+Pasaron en silencio un largo rato. Doña Cristina y su sobrino seguían
+mirándose. Parecían dispuestos á hostilizar al doctor, á exasperarle,
+buscando un rompimiento para que no volviese más a la casa. La señora
+animaba al joven con sus ojos para que entablase una discusión con el
+médico.
+
+Urquiola habló de la gran peregrinación á la Virgen de Begoña, que
+preparaban todas las personas decentes de Bilbao para el mes de
+Septiembre. Mucho había costado de organizar, pero sería una fiesta tan
+hermosa como la de la Coronación; un alarde de la Vizcaya religiosa y
+honrada que quería ser libre y volver á sus antiguos tiempos de
+grandeza.
+
+Aresti se había impuesto la prudencia, adivinando las intenciones de sus
+enemigos; pero sentía agitarse su carácter batallador y rebelde ante el
+abogado, cuyas palabras le irritaban.
+
+--¿Y qué tiempos fueron esos?--preguntó irónicamente.
+
+Urquiola, dichoso por poder mostrar ante Pepita y su madre aquella
+oratoria ruidosa que tantos éxitos le había valido en los ejercicios
+literarios de Deusto, acometió impetuosamente. ¡Parecía imposible que un
+vizcaíno hiciese tal pregunta! ¿Qué tiempos habían de ser? Los del
+Señorío; cuando Vizcaya era independiente y estaba gobernada por los
+_Jaunes_ prudentes y valerosos; cuando la mala peste del _maketismo_ no
+había aún invadido la santa tierra del árbol de Guernica; cuando los
+vascos en Padura, en Gordexola y en Otxandino hacían morder el polvo á
+los españoles, del mismo modo que siglos después, en nuestra época, sus
+descendientes habían derrotado á los _guiris_ y los _ches_ de pantalones
+rojos que enviaba España para acabar con los últimos restos de sus
+libertades.
+
+Aresti sonrió con desprecio. ¡Ya habían salido Padura y las otras dos
+batallas contra los castellanos! Dichoso país aquel, tan falto de
+historia que tenía que inventarla, dando la importancia de glorias
+nacionales á tres miserables combates de horda, allá en los tiempos de
+Mari-Castaña; tres contiendas á peñazos, golpes de cachiporra y de
+hacha, un poco mayores nada más que cualquier riña de romería.
+
+--No: Vizcaya no tiene apenas historia--continuó el doctor,--y por esto
+posee la energía de los pueblos jóvenes. Su grandeza empieza ahora; sólo
+que los enemigos de lo moderno no lo ven. Su gloria es reciente y está
+en la ría, en el puerto, en las ruinas y las fábricas, en los buques que
+pasean por todos los mares la bandera de su matrícula, en el esfuerzo
+colosal de dos generaciones que han trastornado la naturaleza para
+explotarla. Los vizcaínos que en otros tiempos iban en sus barquitos á
+la pesca de la ballena, valen más, para mí, que todos esos héroes
+cabelludos y zafios que en Padura gritaban _¡sabelian, sabelian sarrtu!_
+avisándose que debían herir con sus chuzos á los españoles en el
+vientre. Este es un país que no ha dado en los tiempos pasados más que
+obispos y marinos. Ahora despuntan los únicos hombres notables que puede
+producir esta raza con sus especiales condiciones. ¿Ve usted ahí á mi
+primo que no sueña con la gloria histórica, ni se preocupa de lo que
+pensarán de él en el porvenir? Pues es el verdadero héroe, el paladín
+moderno. Ha hecho él más por la gloria de Vizcaya con sus empresas
+industriales, que todos aquellos _Jaunes_, sucios, barbudos y llenos de
+costras.
+
+Urquiola calló, desconcertado ante este elogio á su querido tío,
+temiendo que el millonario tomase la menor respuesta como un atentado á
+la gloria de su nombre. Pero doña Cristina vino en su auxilio para que
+la discusión no quedase ahogada.
+
+--No te esfuerces, Fermín. Al doctor le importan poco las santas
+tradiciones de Vizcaya. Lo que á él le molesta es ver á todo un pueblo
+rendir homenaje á nuestra santa Patrona, en la que él no cree.
+
+Aresti se encogió de hombros. No le molestaba ninguna de aquellas
+fiestas: eran para él espectáculos curiosos, en los que estudiaba el
+afán por lo extraordinario, por las protecciones ocultas que
+experimentan la debilidad y la ignorancia. Él daba su verdadero valor á
+la manifestación del próximo mes de Septiembre. Lo religioso era en ella
+lo de menos. La gran masa inconsciente subiría al monte Artagán, con el
+deseo egoísta de ganarse el agradecimiento de la Virgen: pero la
+dirección la llevarían los que soñaban con la independencia vasca, y los
+jesuítas, que insistían en sus alardes, temiendo la propaganda social de
+las minas y el espíritu antirreligioso de los trabajadores de la villa.
+
+Al oír mentar á los jesuítas, Urquiola dió un respingo en su asiento.
+Ahora se sentía en terreno fuerte: era como si atacasen á su familia. Y
+miró á las dos mujeres, como invitándolas á que presenciasen el gran
+vapuleo que iba á dar al impío... ¿Qué tenía que decir de los jesuítas?
+Eran unos sacerdotes sabios, prudentes y buenos, que se sacrificaban por
+dirigir á las gentes hacia la virtud. Ellos, siguiendo al glorioso San
+Ignacio, habían contenido la infernal propaganda de Lutero, atajando la
+revolución religiosa, prestando á los pueblos latinos la gran merced de
+evitarles este contagio. Eran el brazo derecho del Papa; los que
+mantenían en toda su pureza el catolicismo. ¿Y sabios?... Él mismo
+conocía en Deusto á un Padre que hablaba cinco idiomas...
+
+Aresti le interrumpió:
+
+--Yo conozco empleados de hoteles que poseen más lenguas y sin embargo,
+el mundo ingrato no ensalza su sabiduría.
+
+Urquiola, herido por este sarcasmo, hizo un movimiento como si fuese á
+caer sobre el doctor, pero se repuso inmediatamente. Él estaba allí como
+apóstol: quería aplastar al impío, de cuya ciencia hablaban con respeto
+muchos tontos. Y continuó su apología del jesuitismo, hablando de su
+fundación, como si fuese un punto de partida para la humanidad. Ya
+conocía él todas las calumnias lanzadas contra la orden. ¡Mentiras de la
+masonería, que temblaba de cólera y miedo ante los hijos de San Ignacio!
+Se hablaba de la rapacidad de los jesuítas, de su codicia, de su afán
+por atesorar dinero. Embustes de los impíos y de ciertas órdenes
+religiosas, roídas por la envidia, que no reparaban que al herir á los
+ignacianos socavaban el más fuerte cimiento del catolicismo. ¡A ver!
+¿dónde estaban esos tesoros? ¿Quién los había visto?... Y aunque los
+tuvieran, ¿qué? Como decía muy bien un Padre de la Compañía en uno de
+sus libros, el mundo nada perdía con que fuesen ricos, pues dedicaban
+su dinero á la instrucción levantando Colegios y Universidades. También
+les echaban en cara el que sólo buscasen el trato con los ricos y los
+poderosos, educando únicamente á los jóvenes de nacimiento distinguido.
+¿Y qué se probaba con esto?... La igualdad es un mito de los impíos;
+hasta en el cielo hay jerarquías y los Padres se dedicaban al cultivo de
+los de arriba, de los que por su nacimiento ó su fortuna estaban
+destinados á ser pastores de hombres, dejando la gran masa que ellos no
+podían evangelizar, al cuidado de los sacerdotes del clero bajo.
+Agarrándose al tronco estaban seguros de poseer las ramas: educando á
+los privilegiados en el santo temor de Dios, mantenían el espíritu
+religioso en las instituciones directoras, en los legisladores, los
+magistrados, los militares, afirmando el porvenir más sólidamente que si
+buscaban al populacho ignorante y tornadizo, siempre dispuesto á dejarse
+engañar por absurdas propagandas...
+
+¡Ah, el populacho! ¡Con qué asco hablaba Urquiola de la masa sin
+voluntad que se dejaba arrastrar por falsos sabios, de pretendida
+ciencia! Se indignaba pensando en la ceguera de aquel rebaño, que en los
+conflictos de la miseria se revolvía contra los sacerdotes y
+especialmente contra los jesuítas. Si surgía una huelga, apedreaban los
+conventos de la Orden; si al ir en manifestación por la calle veían á un
+cura, lo silbaban y lo perseguían; en sus mitins, cuando querían
+insultar á uno de sus opresores, le llamaban jesuíta. ¿Qué daño podían
+hacer los Padres á toda aquella gente que pedía aumento de jornal ó
+menos horas de trabajo? No tenían minas ni fábricas, no eran dueños de
+empresas industriales, no explotaban al trabajador, ¿por qué, pues, iban
+contra ellos? ¿No era natural que dejasen en paz á los sacerdotes y se
+lanzaran únicamente contra los ricos? ¿A qué mezclar la religión en las
+cuestiones del trabajo?...
+
+Y el abogado miraba á Aresti con superioridad, seguro de haberle
+aplastado con estos argumentos aprendidos en Deusto, sin reparar en que,
+por defender á sus maestros, atacaba á Sánchez Morueta.
+
+El doctor sentíase irritado por el aire de triunfador que tomaba el
+joven ante las dos mujeres, las cuales parecían admiradas de sus
+palabras. Arrojó de su ánimo todo escrúpulo de prudencia, sintió el
+deseo de escandalizar á su devota prima, de exponer sus ideas sin
+consideración alguna, cerrándose para siempre las puertas de aquella
+casa. ¡Le querían echar, pero él se iría antes!... Y habló con una
+calma, con una suavidad en la voz, que contrastaba con la audacia de su
+pensamiento.
+
+A él no le extrañaba que el ejército de la miseria, en sus protestas y
+rebeldías, se dirigiese contra los sacerdotes ignacianos, á pesar de que
+éstos no tomaban parte directa en las empresas industriales. Eran los
+directores y los educadores de los ricos. Ellos daban forma á la clase
+superior; la moldeaban á su gusto. Los tiros de los desesperados, no
+iban, pues, mal dirigidos. Parecían en el primer momento caprichosos y
+locos, errando á la ventura, pero en realidad herían al verdadero
+enemigo. Los desheredados, los infelices adivinaban con el instinto de
+la desesperación dónde estaba la causa de sus males. La sociedad tenía
+por base la moral cristiana, una moral que en tiempos remotos podía ser
+oportuna, pero que había fracasado al contacto de la vida moderna.
+
+El hombre de hoy debe ocuparse de hacer su trabajo sobre la tierra, de
+modificar incesantemente el ambiente natural y social en que vive; y el
+cristiano no da importancia á una sociedad por la que pasa
+transitoriamente y cuyos intereses no deben preocuparle, pues su
+verdadera vida está más allá de la muerte. Veinte siglos lleva de
+experiencia la moral cristiana y ha dado de sí todo lo que tiene dentro.
+Su fracaso es visible por todas partes. Desconoce la justicia en la
+tierra, dejándola para el cielo; pasa indiferente ante el derecho de los
+oprimidos, queriendo consolarlos con la esperanza de que en otra vida
+que nadie ha visto, encontrarán satisfacción á sus dolores. Su única
+fórmula clara es la de la fraternidad universal; «ama á tu prójimo como
+á tí mismo», y sin embargo, transige con la guerra, bendice al fuerte,
+declara que el hombre es por naturaleza malo y corrompido, que
+únicamente se purifica cuando Dios le concede su gracia, y si no la
+tiene, si vive fuera de la comunidad santa, es el hijo del pecado, el
+ser diabólico al que hay que perseguir y exterminar.
+
+Urquiola y doña Cristina se miraban escandalizados.
+
+--¿Y la caridad?--gritó el abogado. ¿Y la sublime caridad de la moral
+cristiana?
+
+--¡La caridad!--contestó el médico sonriendo con sarcasmo.--Es el medio
+de sostener la pobreza, de fomentarla, haciéndola eterna. Los
+desgraciados la odian por instinto, al recibir sus limosnas: evitan el
+buscarla mientras pueden, viendo en ella una institución degradante, que
+perpetúa su esclavitud. Ese es otro de los grandes fracasos de la moral
+cristiana.
+
+Recordaba la maldición de Jesús á los ricos, su promesa de que les sería
+más difícil entrar en los cielos «que un camello por el agujero de una
+aguja». Y, sin embargo, todos los humanos, desoyendo á Jesús, reclamaban
+el peligro de ser ricos: todos se exponían sin miedo alguno á las llamas
+del infierno, por acaparar los bienes de la tierra. Los hombres, sin
+excepción, deseaban ejercer la caridad, tomándolo todo para sí, y no
+dando más que aquello que juzgaban innecesario ó que no podían guardar.
+La caridad no influía para nada en el progreso de los humanos: antes
+bien, era un obstáculo. No suprimía la esclavitud, no trocaba las formas
+de la propiedad, y en cambio justificaba y santificaba la división de
+los ricos y pobres. Los desdichados, en sus rebeliones, no se
+equivocaban al odiar una religión que exige al miserable que se resigne
+con su suerte y no reclama de los ricos más que una caridad de la que
+ellos son los únicos jueces, pudiendo graduarla conforme á su egoísmo.
+Los desesperados veían que, así como amenguaba la fe abajo, era arriba,
+entre los ricos, donde la religión encontraba sus defensores, á pesar de
+que su Dios los había maldecido.
+
+Los privilegiados empleaban la religión como un escudo. «Nada de esperar
+en la tierra la justicia para todos. Estaba en manos de Dios y había que
+ir á la otra vida para encontrarla. Mientras tanto, el pueblo podía ser
+feliz en su miseria con la esperanza del paraíso después de la muerte;
+dulce ilusión, supremo consuelo, que los revolucionarios sin conciencia
+le quieren arrebatar...»
+
+Así se expresaban los que tenían interés en que continuase en la tierra
+todo lo mismo, á la sombra protectora de las creencias. ¿Cómo no habían
+de indignarse los infelices contra una religión que les cerraba el
+camino de la justicia y el bienestar aquí abajo, para no darles más que
+la quimérica esperanza de una justicia divina que los ricos pueden
+sobornar con dádivas á los sacerdotes?
+
+El cristianismo había engañado al pobre, manteniéndolo en su triste
+estado con la esperanza del cielo y la amenaza del infierno. Era el
+carcelero espiritual que sostenía durante veinte siglos el extremo de su
+cadena. Ya que había llegado el instante de la revuelta ¡sus y á él!...
+Era el enemigo secular; los demás habían crecido á su amparo... El odio
+á toda religión era instintivo allí donde las masas obreras despertaban.
+Dios era para los trabajadores el primero de los gendarmes, una especie
+de funcionario invisible de la burguesía, al que retribuían los ricos
+sus buenos servicios, levantándole viviendas, derramando el dinero á
+manos llenas entre los que se llamaban sus representantes...
+
+Doña Cristina abanicábase furiosamente las mejillas enrojecidas. ¿Qué
+horrores iba soltando aquella voz suave é irónica que parecía
+acariciarla con profundos arañazos?... Ahora se arrepentía de haber
+provocado al impío y hacía señas á Urquiola para que no le contestase.
+Deseaba que se hiciera un silencio penoso, que se fuera de allí empujado
+por la sorda y desdeñosa hostilidad de todos. Pero el discípulo de
+Deusto temía aparecer vencido á los ojos de Pepita, é interrumpía al
+doctor con exclamaciones burlonas ó con gestos escandalizados. «Está
+loco: este hombre está loco.» Aprovechando una pausa de Aresti, _colocó_
+la objeción que tenía preparada. Criticar era fácil. Pero ya que el
+doctor encontraba tan defectuosa la moral cristiana, debía decir cuál
+era la suya.
+
+Aresti sonrió, mirando con lástima al joven. Era posible que no lo
+entendiese: aquellas cosas no las enseñaban en Deusto. Además, una moral
+con todos sus preceptos, no se fabrica de la noche á la mañana como un
+sermón de los padres de la Compañía. Bastante había hecho el
+pensamiento moderno en menos de un siglo; y aún estaba en la primera
+etapa de su marcha hacia el infinito. Pero aun así, su moral, una moral
+para la tierra, sin sanciones celestes, encaminada al bienestar positivo
+de los humanos, tenía forma.
+
+--Yo--dijo Aresti con sencillez--adoro la Justicia Social como fin y
+creo en la Ciencia como medio.
+
+Urquiola rompió á reír con una carcajada insolente. ¡La ciencia! ¡La
+moderna ciencia de los revolucionarios y los impíos! Ya sabía él lo que
+era aquello. Y la definía con arreglo al libro de un Padre famoso de la
+Compañía. «Cogiendo un catecismo del Padre Ripalda y escribiendo _no_
+donde el catecismo dice _sí_ y _sí_ donde dice _no_, se tiene hecha y
+derecha toda la pretendida ciencia moderna.» Urquiola se pavoneaba con
+esta definición que convertía el catecismo en centro de todos los
+pensamientos humanos, colocando al Padre Ripalda por encima de todos los
+grandes hombres de la historia. Doña Cristina, creyendo que esta
+definición tan clara era obra de su sobrino, admiraba su talento.
+
+Pero el abogado no se fijó en esta admiración, enardecido por la
+proximidad de su triunfo. Allí quería él al doctor, ¿Conque la ciencia
+podía servir de medio é instrumento á la moral?... En Deusto, aunque
+Aresti no lo creyera, también les enseñaban algo de la ciencia moderna.
+Levantaban nada más que una punta del velo que ocultaba este cúmulo de
+impiedades, para aplastarlas con el santo peso de las buenas doctrinas.
+Él conocía un poquito de la ciencia moderna, para apreciar su grosero
+materialismo, incompatible con todo ideal, é instrumento de toda
+desmoralización.
+
+El hombre era una bestia para aquella ciencia. El instinto reemplazaba
+al alma: nada del Dios omnipotente que había formado el mundo: nada de
+existencia espiritual después de perecer la materia. Esta vida sólo
+tenía por escenario la tierra. Luego de la muerte un poco de
+podredumbre: polvo: nada. Como no existía otra vida, no existían
+castigos y todos podían hacer lo que mejor placiera á sus instintos, sin
+miedo á la cólera de Dios. ¡La bestia libre y sin sanción alguna! Ya que
+no había que temer á los castigos, ¿para qué renunciar á la satisfacción
+de los apetitos? ¿Por qué imponerse privaciones respetando á los
+semejantes?... ¡A burlarse de nuestros antecesores, unos tontos que
+contenían sus pasiones por la esperanza del cielo ó el miedo al
+infierno! Los fuertes deben aplastar á los débiles: los débiles deben
+apelar á la astucia y la maldad para salvarse de los fuertes. A nadie
+hemos pedido venir al mundo, y nadie nos exigirá cuentas cuando volvamos
+á confundirnos con la tierra. El vicio es lo mismo que la virtud: el
+crimen y la bondad valen igual: vivamos y gocemos todo lo que nos sea
+posible, sin escrúpulo alguno, ya que nadie nos ha de pedir cuentas.
+
+--¿Es esta su moral, doctor--preguntaba irónicamente el abogado.--¿No es
+esto lo que se desprende de la ciencia moderna?...
+
+Las dos mujeres mostraban su admiración por Urquiola con miradas de
+lástima al médico. Hasta Sánchez Morueta, que permanecía con la cabeza
+baja, como molestado por una polémica cuya intención adivinaba, levantó
+los ojos fijándolos con cierta extrañeza en el abogado. Aquel muchacho
+no se expresaba mal. Ya no le creía tan necio, y pensaba si su mujer
+tendría razón al elogiar sus cualidades.
+
+Aresti acogió la sarcástica descripción de aquella sociedad sin Dios,
+con rostro impasible. Si la religión era un freno para los apetitos y
+las violencias ¿por qué la criminalidad era más frecuente en los pueblos
+atrasados y devotos que en aquellos otros de mayor cultura? ¿Cómo era
+que los mayores crímenes de la historia habían coincidido con los
+períodos en que el entusiasmo religioso era más ardiente?
+
+El médico hablaba en nombre de la ciencia, para la cual la falta de
+moralidad y el crimen sólo son resultados de la incultura ó de una
+regresión parcial del cerebro. Además, ¿de dónde sacaba Urquiola que
+porque no existiese una sanción divina para la moral, porque el hombre
+no sintiera el temor á los castigos eternos, se había de entregar á la
+violencia atropellando á sus semejantes? El hombre de mentalidad
+desarrollada, sabía que aunque condenado por la naturaleza á
+desaparecer, no por esto desaparecería la humanidad de la que forma
+parte. Sólo el ser inculto y brutal, con el egoísmo de la ignorancia
+podía incurrir en tales crímenes. Sólo podían pensar así los pobres de
+inteligencia que forman la principal masa de todas las religiones; los
+que no ven en el mundo nada más allá de su propia individualidad
+egoísta; los que sólo aman la virtud como un pasaporte para entrar en la
+vida eterna, y sí hacen algún bien es con la idea de que giran una letra
+sobre el porvenir para que se la paguen con un puesto en el cielo.
+
+Quedaban aún muchos seres de una mentalidad limitada, semejante á la de
+los hombres primitivos, que sólo se preocupaban de sus personas ó,
+cuando más, de sus familias. Cada uno de ellos concibe la vida como si
+su individualidad fuese el centro del universo, no interesándole más que
+lo que ve y lo que toca. Esos, en su egoísmo, tienen tal concepto de la
+importancia de su persona, que necesitan que ésta se perpetúe después de
+la muerte, admitiendo como indispensables los cielos y los castigos
+inventados por las religiones.
+
+El hombre emancipado por la ciencia, se preocupa de la suerte de la
+humanidad tanto ó más que de la de su individuo. Sabe que es un
+componente de una familia infinita, siente la solidaridad que le liga á
+su especie, está seguro de que su pensamiento vivirá aún después de
+haberse corrompido su cerebro y no se satisface con la saciedad de sus
+sentidos. Tiene la inteligencia más desarrollada que los órganos
+animales, y sus mayores placeres residen en ella. Por lo mismo que no
+duda de que su organismo material ha de morir para siempre, siente la
+necesidad de dejar rastro de su paso por el mundo con una buena acción.
+En vez de querer inmortalizarse como los devotos en un bienestar celeste
+(deseo egoísta que ningún beneficio proporciona á los demás), desea
+sobre vivirse en la especie, que es eterna, procurando á ésta la parte
+de bienestar ó felicidad á que puede contribuir con el trabajo de su
+vida. ¿Qué moral más generosa?... El ensueño individual y egoísta de un
+cielo falso é inútil, lo sustituye el hombre moderno con el ideal
+colectivo, que está de acuerdo con su razón y le procura las más altas
+satisfacciones morales.
+
+--Hacer el bien á los semejantes--continuó Aresti--sin esperanza de
+recompensa ni miedo al castigo, como lo hacemos los impíos modernos, los
+hombres del _materialismo_, es ser más idealista que el devoto que
+compra su parte de paraíso con oraciones que no remedian ningún mal de
+la tierra.
+
+El doctor se exaltaba, elevando su voz, al comparar la moral de las
+religiones y aquella moral de los pensamientos elevados y nobles que se
+desarrollaba al tranquilo amparo de la ciencia. ¡Cómo poner al mismo
+nivel al egoísta crédulo que con unos cuantos sacrificios y
+mortificaciones cree comprarse una eternidad de alegría en el cielo, y
+al hombre moderno, que hace el bien sin creer en futuras recompensas, ni
+en el agradecimiento de divinos fantasmas, únicamente por la alegría de
+socorrer al semejante, por la solidaridad que debe existir entre todos
+los que tripulan el barco errante de la Tierra!... Así habían procedido
+siempre los grandes mártires y los genios. Era la moral de los héroes de
+la humanidad: en otros siglos se había mostrado aislada, pero ahora iba
+generalizándose, conforme agonizaban los dogmas, como una afirmación de
+la conciencia colectiva.
+
+Doña Cristina y su hija miraban con extrañeza al doctor sin hacer el
+menor esfuerzo por comprender sus palabras. Estaba loco: todo aquello
+eran _filosofías alemanas_, monsergas confusas que habían inventado los
+impíos para ocultar su maldad, cuando tan claro y sencillo era creer en
+Dios y seguir lo que la Iglesia enseña. ¡Ay, si estuviera presente el
+Padre Paulí, que tan soberanas palizas soltaba desde el púlpito á los
+_filósofos_!...
+
+Urquiola ocultó con una sonrisa de superioridad desdeñosa la turbación y
+desconcierto de su pensamiento ante las palabras del doctor. De aquello
+no le habían hablado en Deusto ni una palabra, y colérico por lo que
+consideraba una derrota, deseoso de salir del paso como en sus trabajos
+electorales, con arrogancias de valiente, lamentaba la presencia de
+Sánchez Morueta. De no estar el millonario, hubiera hecho la cuestión
+personal y en nombre de la inmortalidad del alma y de la moral
+cristiana, hubiese atizado unos cuantos puñetazos al impío, luciendo
+ante las señoras sus energías de apóstol.
+
+Aresti, arrastrado por el entusiasmo, no podía callarse. El sofisma
+religioso, tolerando en la tierra la injusticia sin más consuelo que la
+esperanza en un mundo mejor, era demasiado grosero para las
+inteligencias modernas. La moral no consistía, como la proclamaba el
+cristianismo, en achicarse, en recogerse en sí mismo, en amputar los
+naturales instintos, en hacerse pequeño para pasar por el camino
+estrecho de la gloria celeste, sino en aceptar la vida tal como es, en
+amarla en toda su plenitud. La vida espiritual no era el egoísmo de un
+individuo, sino la comunión con las aspiraciones colectivas de la
+humanidad. El hombre moderno no debía perder el tiempo preguntándose
+sobre el origen del mal ó si la naturaleza está corrompida por el
+pecado: las dos grandes preocupaciones de la moral cristiana. Bastábale
+saber que la naturaleza, buena ó mala, se modifica ó transforma por el
+trabajo. Poco importaba el origen del mal: lo interesante era combatirlo
+y vencerlo, sin optimismos ni pesimismos, llevando como único guía el
+esfuerzo continuo hacia el mejoramiento.
+
+El hombre estaba condenado á hacerlo todo por sí mismo, sin la esperanza
+de fantásticas protecciones. El trabajo es su ley. El oficio de ser
+hombre era glorioso y duro. Sólo podía contar con un apoyo: la Ciencia.
+El progreso de los conocimientos positivos, la industria y la evolución
+incesante de las sociedades, modificaban la concepción de la vida y de
+sus fines. El hombre moderno, valiéndose de la crítica, tenía una idea
+justa de los límites de sus conocimientos. Ni soberbias, ni desmayos de
+humildad. No pretendía conocer lo absoluto ni el origen de las cosas.
+¿Pero es que las religiones las conocían tampoco? ¿Eran racionales las
+explicaciones de los que creían en una Providencia amparadora de la
+injusticia, y en un plan de creación ideado por unos hebreos nómadas é
+ignorantes?
+
+En cambio, el hombre conocía mejor, gracias á la ciencia, el mundo que
+le rodeaba. Si no sabía la causa primera de muchos fenómenos, había
+descubierto y utilizado las relaciones que los ligan, y en vez de ser
+siervo de la naturaleza, como en los tiempos de barbarie religiosa, la
+tenía á sus órdenes, haciéndola trabajar para su comodidad y sustento.
+Ante él se abatían obstáculos que parecían eternos: la mecánica
+aprovechaba las fuerzas naturales; modificábase la faz de la Tierra:
+suprimíase el espacio al acortar las distancias, y el planeta parecía
+empequeñecerse, haciéndose cada vez más confortable, como una habitación
+dentro de la cual la humanidad encontraba satisfechas todas sus
+necesidades.
+
+El hombre ya no quería fundar su moral sobre lo desconocido, sobre Dios,
+el fantasma bondadoso ó terrible de la infancia de la humanidad. Tampoco
+podía tolerar la moral cristiana, basada en la resignación y en la
+abstención. Esta moral no era más que un arte de mutilar la vida bajo el
+pretexto de guardar sus formas más altas, ó sea las espirituales.
+
+--Hay que aceptar la vida tal como es, y vivirla toda entera--decía el
+médico con entusiasmo.--Nuestra moral es simple y valiente: se resigna á
+la compañía de los hombres, sabiendo que no existen los ángeles, y los
+acepta tales como son. No pasa la vida orando y contemplando lo perfecto
+y lo eterno, sino que arrostra el encuentro de lo malo y de lo feo y
+hasta los busca ya que existen, para combatirlo; y triunfar de ellos. No
+mira al cielo, pues sabe que no lo hay: examina la tierra que es la
+realidad, y en vez de tener las manos siempre juntas en el rezo, que
+salva el alma, empuña los rudos instrumentos de trabajo, labora, lucha,
+suda en su eterna batalla con el sueño por transformarlo y embellecerlo,
+pensando que las fatigas del presente serán buenas obras para la
+humanidad del porvenir. Nuestra moral tiene callos en las manos. No son,
+como las de la monja, blancas, suaves, con palidez de nácar, cruzadas
+sobre el pecho, mientras, los ojos en alto buscan á Dios.
+
+Sánchez Morueta contemplaba con admiración á su primo. ¡Ah; su Luis!
+¡Que hombre!... Su pensamiento tímido y fluctuante sentíase arrastrado
+por las palabras del médico. Le entusiasmaba aquella apología de la
+actividad universal. Él era un sacerdote privilegiado y feliz del
+trabajo. Explotaba su estado embrionario, y aunque los fieles clamaban
+contra él, queriendo arrojarlo de la iglesia obrara, le satisfacía que
+la ensalzasen.
+
+La esposa apretaba los labios, palideciendo ante el desconcierto de su
+sobrino, el cual no podía asir muchas de las ideas del doctor. Con su
+instinto agresivo de mujer devota intervino en la conversación,
+queriendo auxiliar á Urquiola.
+
+--No entiendo esa moral--dijo á Aresti con voz ruda.--Nada me importa:
+esa queda para... sabios como tú. Nosotros, los brutos, nos contentamos
+con el Catecismo. Pero ya que tanto te ocupas de hacer feliz á la
+humanidad, ¿por qué no te acuerdas de la pobre de tu mujer?...
+
+Y hablaba con sorda cólera de la de Lizamendi, que muchas veces lloraba
+al visitarla, recordando el pasado. Se veía en una situación difícil, ni
+soltera, ni viuda; eludiendo hablar de su estado, ocultándolo casi, para
+que nadie pudiese creer que era ella la culpable de la separación. Y
+doña Cristina se indignaba al decir esto. ¡Qué había de ser ella! Tan
+buena, la pobrecita; tan religiosa; una alma pura de ángel...
+
+--A eso conduce vuestra moral--añadió con dureza.--A hacer infeliz á una
+pobre criatura, buena como una santa.
+
+Aresti calló. Parecía atolondrado por la injusticia del ataque. ¡Él,
+convertido en verdugo de un ángel! ¡Y aquel ángel era su mujer, y
+Cristina le echaba en cara su crimen después de haber visto la aspereza
+humillante con que le trataban las de Lizamendi!... Prefirió acoger en
+silencio el ataque, sin más protesta que un encogimiento de hombros.
+
+Pero la de Sánchez Morueta no quería verle así. Una voz lanzada, sentía
+un deseo nervioso de insultarlo, de dar pretexto para un rompimiento
+ruidoso y que no volviese.
+
+--Ya que no crees en nada de la religión--dijo tras una larga pausa, con
+una sonrisa dulce que daba miedo,--tampoco creerás en Jesús... ¿Qué es
+para tí nuestro divino redentor?
+
+¡Con qué alegría habló Aresti, lentamente, con voz suave é incisiva,
+como si quisiera que cada palabra suya fuese una bofetada sobre aquellos
+ojos azules que le miraban con desprecio!...
+
+--¿Jesús?... Fué un gran poeta de la poesía moral. Yo amo su recuerdo
+con la ternura de la compasión, viendo la inutilidad y el sarcasmo de su
+sacrificio. Sus sucesores han trastornado sus doctrinas, explicándolas y
+practicándolas al revés. Su asesinato fué una conspiración de las
+autoridades constituidas, gobernantes, ricos y sacerdotes, los mismos
+que hoy son sus devotos y explotan su recuerdo.
+
+Doña Cristina púsose de pie con nervioso impulso. Había escuchado las
+explicaciones sobre la moral, para ella confusas, guardando cierta
+calma, á pesar de que adivinaba ataques al cielo y á Dios. Pero esto de
+ahora iba contra Jesús; y la indignaba, más aún que si hubiesen negado
+su existencia, aquello de llamarle poeta. ¡El hijo de Dios un poeta!
+Para una millonaria era este el más refinado de los insultos.
+
+--¿Has oído, Pepe?--gritó mirando á su esposo.--¿Y tú consientes estas
+atrocidades en tu casa?
+
+Los ojos tímidos de Sánchez Morueta iban de su mujer á su primo, como
+asustado en su interna somnolencia por el inesperado choque.
+
+--Me voy--siguió gritando doña Cristina al ver la indecisión de su
+esposo.--No quiero escuchar más á este hombre.
+
+Y dirigiéndose á Pepita, añadió:
+
+--Niña, vámonos. Bastantes atrocidades has oído. Dale gracias á tu
+padre, que te permite aprender en casa cosas tan horribles.
+
+Las dos mujeres salieron del despacho. Urquiola se levantó, dudando un
+momento entre seguirlas ó acometer al doctor. Aquel era el momento de
+presentarse como un paladín de la fe, de hacer la cuestión personal en
+nombre de Jesús y que se tragara el médico á puñetazos aquello de
+«poeta», que no le indignaba á él menos que á doña Cristina. Pero le
+inspiraba gran respeto la presencia del millonario, temía disgustar _al
+tío_ y acabó por marcharse en busca de las señoras.
+
+Quedaron largo rato Aresti y Sánchez Morueta, con la cabeza baja, como
+anonadados por el incidente. El doctor fué el primero en romper el
+silencio.
+
+--Pepe, adiós--dijo con voz triste, abandonando su asiento, y tendiendo
+una mano á su primo.--Yo no te pregunto como tu mujer «¿y tú consientes
+eso?» Al fin es tu esposa y con ella has de vivir.
+
+--¡No te vayas así!--exclamó el millonario con ansiedad.--De seguro que
+estás enfadado; adivino que no vas á volver. No riñas conmigo: Cristina
+es así, ¿y qué voy yo á hacerla? Tú mismo lo has dicho. La familia... la
+paz de la casa... Ella es buena y me quiere: pero tiene esas ideas y á
+las mujeres hay que respetárselas. La verdad es que tú también has
+estado fuertecito...
+
+--Adiós, Pepe--volvió á repetir el médico, abandonando aquella manaza
+que ahora caía débil y sin voluntad.--Que seas muy feliz.
+
+--Pero nos veremos, ¿eh? ¿Vendrás á verme al escritorio?... Esto pasará:
+ya sabes que otras veces también habéis regañado...
+
+--Adiós, adiós.
+
+Y el doctor Aresti, sin escuchar á su primo, que le seguía formulando
+excusas, salió de allí, con la convicción de que dejaba muerto á sus
+espaldas todo su pasado; de que acababa de romperse aquel parentesco
+fraternal y perdía lo último que le restaba de su familia.
+
+
+
+
+IX
+
+
+A mediados de Agosto se inició una agitación de protesta entre los
+obreros de las minas.
+
+Los contratistas de Gallarta, al reunirse por las noches con el doctor
+Aresti, hablaban de los síntomas de rebelión en las aldeas de la cuenca
+minera. En la Arboleda los peones clamaban contra las cantinas,
+afirmando que los capataces eran los verdaderos dueños, y que el obrero
+que no se surtía de víveres en ellas era despedido del trabajo. En
+Pucheta, que era donde vivían los más levantiscos, habían ido á
+navajazos un día de paga, por negarse dos trabajadores á satisfacer su
+deuda en la tienda de un protegido de los contratistas. Se hablaba de un
+gran mitin en la plaza mayor de Gallarta, al que asistirían todos los
+mineros para acordar la huelga, en vista de que no era admitida su
+petición en favor del pago semanal. Desde el kiosco que ocupaba la
+música los domingos, hablarían los amigos del pueblo, aquellos obreros
+de Bilbao emancipados del yugo de los patronos, que se dedicaban á la
+propaganda de las doctrinas socialistas y á la organización de las
+fuerzas obreras. Y mientras llegaba el momento de la rebeldía, los
+representantes del partido en la cuenca minera, que eran en su mayoría
+taberneros, derramaban en la irritada masa el consuelo del alcohol y de
+las teorías revolucionarias.
+
+El _Milord_, en la tertulia de los contratistas, hablaba, con alarma, de
+los pinches de las minas. Aquellos diablejos que llevaban el cuchillo en
+la faja, y á los que no se atrevían á maltratar los peones por miedo á
+sus venganzas de gato, le infundían mucho miedo. Ellos eran la
+vanguardia ruidosa de todas las huelgas, comprometiendo á los hombres
+con sus audacias, haciéndolos ir más allá de lo que se proponían.
+Algunas veces habían osado apedrear de lejos á la guardia civil, cuando
+en vísperas de revuelta paseaba sus tricornios por los caminos de la
+montaña. Ahora, el _Milord_ hablaba con terror de frecuentes robos de
+dinamita en los depósitos de las canteras. Los cartuchos debían
+ocultarlos los pinches en previsión de lo que ocurriera. ¡Buena se iba á
+armar!...
+
+Al atrevimiento de los muchachos había que añadir la cólera estrepitosa
+de las mujeres, que hablaban de arrojarse en fila sobre los rieles de
+los planos inclinados y de los ferrocarriles, impidiendo toda
+circulación de mineral para que se generalizase la huelga hasta la ría,
+y se cerrasen las fundiciones, y el puerto se llenara de buques
+inactivos esperando una carga que no llegaría nunca.
+
+--Esto se pone feo, don Luis--suspiraba el admirador de
+Inglaterra.--Esto va á ser la muerte de las minas.
+
+Para darse cuenta de lo crítico de la situación, bastaba ver que los
+peones gallegos tomaban el tren y se iban á su país. Aquellos hombres
+eran capaces de rebelarse por su interés personal, pero apenas
+presentían protestas colectivas, escapaban asustados hacia su país. Las
+huelgas les olían á política, á algo peligroso en que no debían
+mezclarse los pobres. Y avisados de la bronca que preparaban los
+compañeros, deslizábanse prudentemente hacia su tierra, con el propósito
+de volver cuando todo pasase, aprovechándose entonces de las ventajas
+que los otros pudieran conseguir.
+
+--¡Pero, malditos!--exclamaba el doctor, oyendo al _Milord_ y á otros
+contratistas.--¿No es justo lo que piden? ¿Qué menos pueden reclamar que
+el cobro semanal y comprar su alimento donde mejor les convenga?...
+
+Los contratistas torcían el gesto, excusándose en la inercia de las
+costumbres. Eran los señores de la villa, los mineros ricos, las
+empresas extranjeras, los que debían dar el ejemplo. Ellos á lo antiguo
+se atenían. Además, el miedo á la huelga no causaba gran impresión en el
+fondo de su ánimo. Por grande que fuese el paro en el trabajo, poco
+perderían; el mineral no iba á desaparecer en las canteras; aguardaría á
+que fuesen á arrancarlo, si no en un mes, al siguiente, y si no al otro.
+Tenían para vivir, y se rendirían antes que ellos los que necesitaban
+el jornal para no morirse de hambre.
+
+El cura don Facundo se indignaba, no como contratista, sino como pastor
+del rebaño rebelde. No había religión, cada vez se entibiaba más la fe,
+y así andaba todo de perdido. La propaganda diabólica de los obreros de
+Bilbao había llegado hasta la gente sencilla y sufrida de la montaña.
+
+--Ya mueren aquí las gentes sin llamarme, tan tranquilas, como si fuesen
+perros--exclamaba indignado.--Cada vez hay menos entierros. Ya van al
+cementerio sin acordarse de don Facundo, escoltados por centenares de
+badulaques que se pirran por molestar á la Iglesia asistiendo á eso que
+llaman actos civiles. Señores... ¡entierros civiles en las
+Encartaciones! ¿Quién podía figurarse que veríamos esto?...
+
+Y el cura insistía en lo de los entierros, como si de todos los actos de
+hostilidad ó indiferencia para la religión, fuese este el más
+escandaloso y que más profundamente hería su pudor de sacerdote.
+
+A pesar de la agitación obrera, los amigos de Aresti sentíanse atraídos
+por otro asunto, del que hablaban con gran interés en sus francachelas
+nocturnas.
+
+Existía pendiente una apuesta ruidosa, en la que se interesaban todos
+los notables de Gallarta. El _Chiquito de Ciérvana_, el barrenador
+famoso, había recibido una especie de reto de un desconocido de
+Guipúzcoa, para que midiese sus fuerzas con él. El encuentro debía
+verificarse en Azpeitia, el centro de las fiestas vascas. Los ricos de
+allá hablaban con desprecio de las gentes de las minas, como si no
+fuesen capaces de tomar parte en la apuesta, presentándose en Azpeitia
+al lado de su barrenador.
+
+Los contratistas de Gallarta gritaban enardecidos. ¡Vaya si irían! ¡Y
+menuda paliza les aguardaba á los guipuzcoanos pretenciosos! ¡Atreverse
+con el _Chiquito de Ciérvana_, que era la gloria más grande de las
+Encartaciones! Miles de duros apostarían ellos contra las pesetas que
+pudieran ofrecer aquellos rurales de Guipúzcoa, que vivían del miserable
+cultivo de la tierra. Y en sus reuniones nocturnas acordaban los
+detalles de la apuesta, con arreglo á lo convenido por cartas y hasta
+por mensajeros, con los lejanos enemigos. El próximo domingo sería la
+lucha en la plaza mayor de Azpeitia. Marcaban el número de perforaciones
+que los dos barrenadores harían en la piedra y la duración de la
+apuesta.
+
+Olvidaban las minas y el malestar de los obreros, para no pensar más que
+en este desafío de destreza y vigor. Era la apuesta más famosa de
+cuantas habían concertado aquellos hombres, en su afán de arriesgar al
+dinero que con tanta facilidad llegaba á sus manos.
+
+En esta lucha se interesaba el espíritu de clase y el patriotismo.
+Vizcaínos contra guipuzcoanos: la gente de las Encartaciones contra
+aquellos patanes que intentaban comparar sus burdos barrenadores de las
+canteras de caliza con los de las minas de hierro, que eran casi unos
+artistas.
+
+Al aproximarse el día de la lucha, mostraban los contratistas los fajos
+de billetes de Banco, con los que habían de anonadar á los _pobres
+cuitados_ de Guipúzcoa. El _Chiquito de Ciérvana_ era vigilado y mimado
+como si fuese una tiple hermosa. No iba á las minas, y acompañaba por
+las noches á los contratistas, preocupándose todos ellos de lo que comía
+y bebía.
+
+--¿Cómo va ese valor?--le preguntaban tentándole los brazos duros y
+elásticos, que parecían de acero, pasándole las manos por el pecho con
+una suavidad casi femenil, golpeándole el tórax y complaciéndose en su
+resonancia, que revelaba salud y vigor. Y el _Chiquito_ se dejaba
+agasajar con sonrisa de ídolo, irguiendo su pequeño cuerpo de músculos
+recogidos y apretados, mientras los admiradores aspiraban al examinarle
+el olor agrio de sus sobacos sudorosos como si fuese un grato perfume.
+
+Ganaría, como siempre. Y mientras llegaba el domingo, con su estruendosa
+victoria, lo atiborraban de alimentos y le hacían beber champagne, mucho
+_Cordón Rouge_, como si el vino de los ricos afirmase de antemano su
+superioridad sobre aquel rival que sólo conocería la dulzona _sangardúa_
+de sus montañas.
+
+Los contratistas obligaron al doctor Aresti á que les acompañase á
+Azpeitia. Ellos no gozarían la victoria por completo de no presenciarla
+su ilustre amigo. Y el doctor, que habituado al afecto de aquellos
+admiradores rudos y entusiastas, no podía separarse de ellos, acabó por
+ser de la partida. En fuerza de oírles hablar de la apuesta sentía
+interés por ella.
+
+Era el único que dudaba del triunfo. La gente de Azpeitia debía conocer
+el trabajo del _Chiquito_. Los de Gallarta, en cambio, no sabían quién
+era aquel contendiente desconocido. Cuando la gente de Azpeitia iniciaba
+el reto, estaba segura indudablemente de la superioridad de su
+barrenador.
+
+Aquello parecía una encerrona: había que ser prudentes. Pero los amigos
+del doctor le contestaban con risas. ¿Dejarse vencer el _Chiquito_?... Y
+como prueba de su confianza, enseñaban de nuevo los fajos de billetes.
+Más de cincuenta mil duros iban á apostar entre todos, si es que los de
+Azpeitia tenían redaños para hacerles cara. Había que correrles,
+echándoles el dinero á las narices; así aprenderían á no ir otra vez con
+retos á los bilbaínos de las minas.
+
+La partida, el domingo al amanecer, fué casi una espedición triunfal. El
+_Chiquito_ había salido el día antes con varios de sus admiradores para
+estar bien descansado en el momento de la apuesta. Los que llegaron
+después con el doctor eran los más respetables, y llevaban con ellos el
+convoy de la expedición, enormes cestos de fiambres encargados á los
+mejores restaurante de la villa, cajones de champagne, cajas de
+cigarros. Ellos mismos, al repasar las vituallas alababan su previsión.
+Sólo en Bilbao se sabía comer: lo demás era tierra de salvajes, país de
+pobreza donde moría uno de hambre ó de asco, aunque fuese persona de las
+que _tienen cartera_.
+
+Los mineros ricos hicieron en Azpeitia una entrada de invasores. Había
+comenzado ya la fiesta con las apuestas de bueyes, y una muchedumbre de
+caseros y de gentes del pueblo se agolpaba y estrujaba en la plaza y las
+calles inmediatas. Aquellos hombres de largas blusas y boinas
+mugrientas, apoyados en fuertes garrotes, miraban con asombro, como si
+fuesen de una raza distinta, á los arrogantes mineros, que se llamaban á
+gritos y se abrían paso reclamando el auxilio del alguacil, única
+autoridad que guardaba el orden del inmenso concurso, sin más arma que
+un mimbre blanco. La gente sobria y humilde, habituada á los cultivos de
+escaso rendimiento de la montaña, admiraba los ternos nuevos y lustrosos
+de los contratistas, sus boinas flamantes, las gruesas cadenas de oro
+sobre el vientre y sus manos de antiguos obreros con dedos gruesos de
+uñas chatas, abrumados por enormes sortijas.
+
+Eran los forasteros, los ricachos que llegaban á la fiesta llevando una
+verdadera fortuna en sus bolsillos. Para conocer su importancia bastaba
+con fijarse en las miradas que lanzaban á las gentes y las casas, con
+altivez de magnates que descienden á mezclarse en una diversión
+campestre. ¿Y entre aquellas míseras gentes estaban los que habían osado
+desafiarles?... _¡Pobres cuitados!_
+
+Precedidos por el alguacil, subieron algunos de ellos á los balcones de
+la plaza, ocupados en su mayor parte por mujeres. Otros tomaron sitio en
+primera línea, junto á la cuerda que marcaba un gran rectángulo limpio
+de gente en medio de la plaza, como liza donde se verificaban los
+juegos. Allí se hacían las apuestas de última hora entre los empujones
+de la gente. Los caseros, apoyando sus manos en las espaldas que tenían
+delante, se empinaban para ver mejor. De vez en cuando un empujón
+formidable; una avalancha que amenazaba romper la cuerda. Pero bastaba
+que se levantase en alto el mimbre alguacilesco ó que se movieran las
+boinas rojas de la pareja de migueletes guipuzcoanos, para que al
+momento se iniciase un retroceso, quedando inmóvil el gentío.
+
+Aresti, desde un balcón, veía cuatro masas obscuras de boinas,
+encuadrando el espacio libre, en el cual dos parejas de toros
+arrastraban penosamente unas piedras más grandes que las muelas de un
+molino, bloques enormes que al moverse dejaban detrás de ellos la tierra
+profundamente aplastada.
+
+La alegría de los ejercicios físicos, el enardecimiento ruidoso de las
+fiestas de la tuerza, agitaba al gentío. Tiraban los bueyes penosamente,
+como si fuese á estallar la testuz bajo el yugo, esforzándose entre los
+gritos y los pinchazos de los conductores que los azuzaban coreados por
+sus partidarios, y cada vez que una piedra, con nervioso tirón, avanzaba
+algunos pasos, sonaba un clamoreo de los espectadores. Los pechos se
+hinchaban con angustia, como si quisieran comunicar su fuerza á las
+abrumadas bestias.
+
+Era una diversión de raza primitiva, de pueblo en la infancia que aún no
+ha llegado á la vida del pensamiento y admira la fuerza como la más
+gloriosa manifestación del hombre. La dura necesidad de ganarse el pan
+con el trabajo físico, hacía del vigor un culto, convertía en diversión
+los alardes de resistencia de los más fuertes, admiraba como héroes á
+los grandes partidores de leña ó á los expertos barrenadores, y para dar
+carácter de fiesta á todos los esfuerzos del músculo en el diario
+trabajo, asociaba á sus juegos al buey, manso y sufrido compañero de la
+miseria campestre.
+
+El doctor, ante estos placeres rudos y violentos del pueblo primitivo,
+recordaba las fiestas griegas, embellecidas al través de los siglos por
+el encanto del arte. Aquellos juegos al aire libre, sencillos y burdos,
+de una inmediata utilidad, recordaban involuntariamente los Juegos
+Olímpicos.
+
+--Sí; se parecen--pensaba Aresti.--Pero como se asemejan el ave de
+corral y el águila, porque las dos se cubren de plumas.
+
+Cansado del monótono espectáculo que ofrecían los bueyes, tirando entre
+el clamoreo del gentío que no se fatigaba del largo plantón, el doctor
+se distrajo examinando el aspecto de las casas y las personas.
+
+Veía Azpeitia por primera vez, aquel hermoso rincón del territorio
+vasco, que sólo de lejos rozaba la vía férrea, y en el cual parecían
+haberse refugiado el espíritu y las tradiciones de la raza. Aquella
+tierra era la de San Ignacio. A pocos minutos, en el centro del valle,
+estaba Loyola con su convento inmenso, cuya fealdad de caserón-palacio
+tentaba la curiosidad del doctor. La sombra de la Residencia madre, de
+aquel edificio semejante a un cuartel, en el que se reunían los
+comisionados del jesuitismo, llegando de todos los puntos de la tierra,
+cuando había que elegir un nuevo General de la Orden, parecía proyectar
+su sombra sobre el valle y las montañas, formando los pobladores á su
+imagen.
+
+Aresti veía en la muchedumbre muchas caras que le recordaban la faz de
+San Ignacio. Aquellos rasgos duros, impasibles, de helada firmeza, que
+se consideraban como signos característicos de una personalidad famosa,
+resultaban comunes á toda una raza.
+
+El médico se fijaba igualmente en las mujeres de los balcones. Tenían
+las formas más pronunciadas que las hembras vizcaínas, con algo de
+voluptuoso y mórbido que hacía recordar el título de «Andalucía vasca»,
+que muchos daban á Guipúzcoa; pero en su mirada había una expresión
+varonil y enérgica que hacía pensar en las fanáticas heroínas de la
+Vendée. El odio al _guiri_, al español de pantalones rojos llegado de
+las más lejanas provincias para expulsar al rey legítimo, pasaba como
+una herencia de generación en generación. Todos los hombres de edad
+madura que ocupaban la plaza habían vestido, seguramente, el capote de
+los tercios guipuzcoanos y se acordaban del monarca de las montañas, con
+su gran barba negra y la boina blanca sobre los ojos.
+
+Eibar, con la muchedumbre obrera de sus fábricas de armas, liberal y
+poco religiosa, estaba próxima, y, sin embargo, parecía al otro extremo
+del mundo, como si los montes que separaban ambas poblaciones fuesen
+infranqueables.
+
+Las casas de Azpeitia ostentaban en todas las puertas grandes placas del
+Corazón de Jesús. Era el único signo exterior de religiosidad: ni
+alardes de fe ni entusiasmos provocadores. Eso quedaba para los pueblos
+donde flaquea la devoción y la verdad divina tropieza con enemigos. En
+todo el valle parecía sobrevivir el espíritu religioso, tranquilo y
+confiado, de la Edad Media, la época que menos se preocupó de la fe, por
+lo mismo que aún no habían levantado la cabeza la duda y la impiedad.
+Mostrarse el espíritu de rebelión en una tierra que había pisado el
+bendito San Ignacio, era tan absurdo, tan inconcebible, que sólo el
+suponerlo hubiera hecho reír a aquella gente taciturna, orgullosa de
+haber dado al mundo un santo de fama universal.
+
+Pasado medio día, terminaron las pruebas de los bueyes y se desparramó
+el gentío por la población. Lo más interesante de la fiesta, las luchas
+de los _aizkoralaris_ ó partidores de leña y la apuesta de los
+barrenadores, quedaba para la tarde.
+
+Aresti y sus amigos comieron en el casino del pueblo, alarmando á los
+del país con los taponazos del champagne y la exhibición de las carteras
+repletas de billetes que arrojaban sobro las mesas con afectado
+desprecio. Llegaban nuevas gentes por todos los caminos, atraídas por la
+fama de la gran apuesta de la tarde. Aresti había salido a la calle
+huyendo de la atmósfera pesada del casino, cargada de gritos y nubes de
+tabaco. Veía llegar los coches llenos de gente: las carretas ocupadas
+por familias mientras el aldeano marchaba a la cabeza de la yunta,
+guiándola con su larga vara; grupos de caseros en mangas de camisa, con
+la chaqueta y la boina al extremo del garrote que llevaban al hombre
+como un fusil.
+
+Cerca de la plaza, vió el médico que la gente se detenía ante una
+taberna, formando compacto grupo y mirando á lo alto. En un balcón
+cantaba un viejo, de tan elevada estatura, que su boina parecía tocar el
+alero. En la calle se había hecho espontáneamente un gran silencio, y el
+viejo, inmóvil y grave, seguía su canturria con cierta seriedad
+sacerdotal. Cuando terminó su última estrofa en vascuence, con una
+entonación aguda, todo el concurso prorrumpió en risotadas, que
+contrastaban con la gravedad del cantor. Pero aún no se había extinguido
+la carcajada del público, cuando sonó una nueva voz más aguda y
+estridente desde el balcón de otra taberna, y Aresti vió á un jayán que
+cantaba como si contestase al viejo, mientras éste le escuchaba sin
+pestañear, preparando mentalmente la contrarréplica.
+
+El doctor conocía á aquellas gentes. Eran los _versolaris_, los
+trovadores éuscaros que se mostraban en todas las fiestas. La poesía
+florecía en las tabernas con el bullicio de la embriaguez. Eran rudos
+campesinos que no sabían leer, pero que mostraban cierto ingenio y una
+gran facilidad de improvisación. Sus versos sólo tenían de tales las
+rimas, con una completa ausencia de sentimiento poético. Lo que la
+muchedumbre admiraba en ellos era el ingenio satírico, lo grotesco del
+chiste y, sobre todo, la facilidad en la respuesta. En estas batallas de
+viva voz, un _versolari_ iniciaba el tema, seguro de que al momento
+surgiría la contestación de sus rivales; y así, prolongándose el
+razonamiento de unos á otros, agarrando cada cual el hilo de la
+interminable canturria donde lo abandonaba el enemigo, hacían pasar al
+público embobado horas enteras. Estos vagabundos se mantenían de sus
+versos, y en plena vida rural, llevaban la existencia independiente de
+fiera miseria y alegre parasitismo de los artistas de la bohemia en las
+grandes ciudades.
+
+Aresti admiraba la sencilla fe de aquel pueblo niño que reía las gracias
+de los _versolaris_ y admiraba sus chistes inocentes, incapaces de
+producir la más leve impresión en un hombre de la ciudad. En esta sana
+alegría encontraba el médico la gravedad del hombre del campo, su alma
+sobria á la que basta la más insignificante broma para alegrarse. Eran
+espíritus nuevos, eternamente infantiles que al ponerse en movimiento
+divertíanse con cualquier cosa. Sabían que los _versolaris_ eran
+graciosos por tradición y esto bastaba para que todos rieran aun antes
+de comprender sus palabras.
+
+El doctor observaba una vez más el carácter de la poesía entre los
+hombres del campo. La naturaleza estaba ausente casi siempre de los
+versos populares. Las estrofas campesinas, cantan guerras y amores, la
+tristeza de la partida y la alegría del retorno, celos y desesperación,
+ó se ejercen en la burla de los convecinos: pero nunca describen la
+belleza de los campos, ó la majestuosa serenidad que desciende del
+cielo. Viviendo en la eterna monotonía de las bellezas naturales, no ven
+en ellas nada de extraordinario, sintiendo con más intensidad los
+sucesos que tocan de cerca á sus personas. Tal vez son ciegos para la
+hermosura de la tierra, condenados á luchar con ella eternamente, á
+vencerla y violarla para sacar de sus entrañas el sustento.
+
+Más de una hora llevaban los _versolaris_ lanzándose razonamientos de
+balcón á balcón. Ahora eran cuatro los contendientes y la muchedumbre
+volvía sus cabezas á un lado ó á otro, según el sitio de donde partía la
+voz. Todos los trovadores recibían como popular homenaje las carcajadas
+del público, pero el que parecía triunfar era un viejo desdentado y de
+cara maliciosa, sacristán de una anteiglesia de Vizcaya que tenía gran
+renombre por el atrevimiento de sus chistes. De vez en cuando algún
+admirador salía al balcón ofreciendo el jarro á su poeta, y éste,
+después de largo trago, acometía con nueva fuerza sus canturrias.
+
+A media tarde, cuando gran parte de la plaza estaba en la sombra, corrió
+á ella la gente, oyendo el silbido del _chistu_, que hacía locas
+escalas, acompañado por el monótono baqueteo del tamboril. Los
+_versolaris_ se ocultaron. Iba á comenzar la parte más interesante de la
+fiesta.
+
+Los mineros bilbaínos, rojos y sudorosos en su digestión de ogros,
+fumando como chimeneas y eructando el champagne, ocuparon los mejores
+sitios desafiando á todos con sus retos. ¡A ver! ¿quién quería apostar?
+No había que tener miedo por cantidad más ó menos: _había cartera_ de
+sobra para todos. Y exhibían ante la mirada atónita de los caseros,
+habituados á la vida sobria y humilde de la montaña, aquellas riquezas
+en fajos de papel mugriento. Los más acomodados del país se acercaban á
+ellos, aceptando sus apuestas con una sonrisa que parecía implorar
+perdón.
+
+La fiesta comenzó por la lucha de los _aizkoralaris_. Habían colocado en
+el centro de la plaza varios troncos enormes, sujetos por palos hincados
+en la tierra, para que no rodasen. Sonó de nuevo el _chistu_ y el
+_dambolin_, y salieron los partidores de leña, llevando al hombro sus
+hachas relucientes. Arrojaron á un lado las boinas y alpargatas, y
+subiéndose sobre los troncos, comenzaron su trabajo.
+
+Un rugido que equivalía á un aplauso, acogió sus primeros golpes. Los
+mineros aplaudieron con las manos, como si estuvieran en las corridas de
+toros de Bilbao. Protegían con su benevolencia á aquellos partidores de
+leña, como gente humilde que en nada podía interesarles. En las minas de
+Bilbao no se partían troncos: podía, pues, concederse algún mérito como
+leñadores á aquellos rústicos.
+
+Las hachas subían y bajaban, abriendo profundo surco, en las muescas
+marcadas en los troncos. Volaban las astillas y cada vez que sonaba un
+golpe más fuerte, más certero, extendíase por la plaza un rumor de
+aprobación. El inmenso público adivinaba la marcha de los cortes sin
+necesidad de verlos. Habituados todos á hacer leña en el monte, conocían
+los diversos ruidos de las hachas como si éstas hablasen. Sabían, por el
+crujido de la madera, lo que faltaba á cada tronco para partirse. Alguno
+de los _aizkoralaris_ iba delante de los otros; les avanzaba por
+momentos; su corte se aproximaba rápidamente al fin: hasta que de
+pronto, un crujido especial, que no podía confundirse, hizo estremecer
+el gentío hasta los últimos límites de la plaza. Acababa de partirse un
+tronco. Y todos rugieron de entusiasmo, empinándose sobre la punta de
+los pies, queriendo pasar sobre los hombros del vecino, para saber quién
+era el vencedor.
+
+Salieron los leñadores con el hacha al hombro, saltando la cuerda,
+confundiéndose con el gentío que comentaba los incidentes de la lucha, y
+otra vez sonó el pito y el tamboril, mientras las yuntas de bueyes
+arrastraban al centro de la plaza dos enormes piedras. Llegaba el
+momento emocionante, la hora del suceso que había atraído á Azpeitia
+tanta gente. Iba á comenzar la lucha de los barrenadores.
+
+La muchedumbre callaba como los grandes públicos de las plazas de toros,
+cuando se aproxima la suerte decisiva. El tamborilero hacía sonar sus
+instrumentos como en un valle desierto. La gran masa hizo un paso
+adelante, y casi rompió la cuerda, cuando los dos barrenadores salieron
+al espacio libre.
+
+Todos querían ver á los contendientes y se empujaban, ansiando pasar su
+mirada por encima de los hombros que tenían delante.
+
+El barrenador guipuzcoano era un mocetón mofletudo, de ojos abobados,
+ruboroso y con cierto miedo, al verse objeto de todas las miradas. El
+_Chiquito de Ciérvana_ se pavoneaba con la palanca al hombro,
+presuntuoso como un torero en el redondel, como un pelotari célebre en
+la cancha, mirando á las mujeres que ocupaban los balcones.
+
+--¡Olé, mi niño!--gritaban los mineros. _¡Ené el Chiquito!..._ Ahora se
+va á ver lo bueno de las minas. ¡Aquí _hay cartera_ para él!
+
+Y mezclando los gritos del país con los que habían aprendido en las
+plazas de toros, arrojaban más allá de la cuerda sus boinas y sus
+carteras, pero llamando en seguida á los chicuelos para que las
+recogiesen. El _Chiquito_ sonreía bajo la ovación tumultuosa de sus
+protectores, viendo al mismo tiempo una señal de su triunfo en el gesto
+taciturno y miedoso de su contrincante y en la ansiedad silenciosa de
+todos los del país, que apostaban por el guipuzcoano. Los dos se
+despojaron de boinas y alpargatas y con los pies desnudos subieron sobre
+las piedras, en las cuales estaban marcados los redondeles que debían
+perforar. El trabajo duraría dos horas: el que antes lo terminase ó
+llegase más adelante sería el vencedor.
+
+Colocáronse ambos barrenadores, cada uno sobre su piedra, con las
+piernas juntas y los talones tocándose. Entre los pies desnudos que
+formaban un ángulo, subía y bajaba la barra de acero abriendo el
+orificio. La más leve desviación, podía herirles, destrozarles un pie,
+con aquel hierro movido por hercúlea fuerza. Pero no había que temer:
+sus brazos mostraban la regularidad de una máquina.
+
+Cada uno de los contendientes iba escoltado por una pareja de amigos.
+Eran los padrinos que les asistían en la lucha. Se inclinaban y
+levantaban al mismo tiempo que ellos, doblándose al compás de los
+movimientos del perforador, sirviendo de péndulo que regulaba el vaivén
+del trabajo. Al mismo tiempo, excitaban al compañero con sus gritos:
+rugían _¡haup! ¡haup!_ al doblarse por la cintura, señalando cada golpe
+con esta exclamación. Los padrinos, con los brazos inactivos, pero con
+los pulmones cruelmente dilatados por la angustia, se cansaban más aún
+que el barrenador.
+
+Los dos esperaban con las barras levantadas por encima de la cabeza.
+Dieron la señal los directores de la apuesta y en la plaza estalló una
+aclamación semejante á la que acoge la partida de los caballos en una
+carrera. Después se hizo el silencio. Sonaban los golpes del acero y el
+_¡haup! ¡haup!_ de los acompañantes con una regularidad mecánica,
+interrumpidos algunas veces por el _¡brrr!_ de los barrenadores, que al
+respirar jadeantes, parecían escupir su cólera sobre la piedra enemiga.
+
+Aresti sintió deseos de reír, viendo cómo se doblaban aquellos monigotes
+humanos que seguían con sus cuerpos el esfuerzo de los contendientes,
+fatigándose en un trabajo inútil, para transmitirles su energía.
+
+Transcurrieron algunos minutos. El _Chiquito_ trabajaba más aprisa que
+su rival. Subía y bajaba la palanca con tanta rapidez que apenas se la
+veía. Su cuerpo era una mancha indecisa y borrosa por el continuo
+movimiento; sus acompañantes no podían seguirle. Detúvose un instante y
+cambió de sitio, continuando su trabajo. Los mineros adivinaron que
+pasaba á la segunda perforación, dando por terminado el primer agujero.
+¡Y su contrincante aún estaba en el mismo sitio!...
+
+--¡Olé, _Chiquito_!--gritaron agitando sus manos cargadas de
+pedrería.--_¡Haup!... ¡haup!_
+
+Y en discordante coro juntaban sus voces á las de los dos vizcaínos que
+servían de auxiliares á su barrenador.
+
+La lucha se desarrollaba con la lenta y aplastante monotonía de todos
+los espectáculos de fuerza. Aresti, interesado por el final del combate,
+entretenía el aburrimiento de la espera comparando á los dos
+contendientes. Eran el arranque impetuoso y la destreza inteligente del
+nervio, luchando con la calma tenaz y la serena fuerza del músculo. El
+hombre-caballo frente al hombre-buey. El _Chiquito de Ciérvana_,
+vehemente en su trabajo, dejaba atrás al enemigo con sólo el primer
+arranque: el otro seguía su marcha sin darse cuenta de lo que le
+rodeaba, sin apresuramientos ni desmayos, como si no escuchase á los que
+mugían junto á su oído _¡haup! ¡haup!_ Él era quien reglamentaba los
+movimientos de sus padrinos, sin apresurarse ni dejarse arrastrar por
+ellos como lo hacía su contrincante.
+
+En cambio, el _Chiquito_ deteníase algunas veces, lanzaba en torno una
+mirada satisfecha, se escupía en las manos, y agarrando de nuevo el
+perforador continuaba el trabajo. Su burdo contendiente aún no se había
+detenido una sola vez: golpeaba la piedra, con la cabeza baja, mostrando
+la pasividad resignada del buey que abre un surco sin fin.
+
+Pasó una hora sin que ningún incidente alterase la marcha de la lucha.
+El guipuzcoano abría sus perforaciones, pasando de una á otra sin
+levantar la vista. El _Chiquito_ le llevaba aún un agujero de ventaja
+como al principio del combate. Los mineros de Bilbao continuaban en su
+alegría insultante. ¡Aún admitían apuestas! Ofrecían un duro por cada
+peseta que quisieran arriesgar en favor de aquel cuitado. Y no ocultaban
+su asombro cuando veían aceptadas sus proposiciones por las gentes del
+país. ¡Qué zonzos! ¡Y cómo iban á perder el dinero!...
+
+La segunda hora de la lucha se desarrolló en silencio. La gente parecía
+anonadada por la monotonía del espectáculo. La espera interminable
+embotaba los sentidos, dificultando toda emoción. Por esto no hubo
+gritos de triunfo ni exclamaciones de protesta, cuando comenzó á
+iniciarse la ventaja del barrenador lento é incansable, sobre el
+_Chiquito_ que hacía temblar la piedra bajo el rayo de su palanca.
+
+Aresti presentía este suceso desde mucho antes. El _Chiquito_ se detenía
+á descansar jadeante: ya no lanzaba ojeadas en derredor con expresión de
+triunfo, sino con la opacidad de la angustia. Habíanse sucedido al lado
+de él varias parejas de padrinos, fatigados de seguirle en el
+relampagueo de su trabajo; pero los que ahora le acompañaban tenían que
+gritar _¡haup, haup, haup!_ con más lentitud, esforzándose en vano por
+animarle y enardecerle, tirando de él con la palabra como si fuese una
+bestia cansada y vacilante que se encabritase bajo el látigo, sin poder
+salir de su paso.
+
+El médico sentía angustia examinando á los dos contendientes, con la
+cara pálida, sudorosos, las piernas inmóviles y como petrificadas, el
+busto en incesante vaivén, los brazos hinchados por el esfuerzo; y
+recordaba á otros que habían caído en aquellas apuestas brutales,
+muertos como por un rayo, heridos en el corazón por el exceso de
+actividad.
+
+Los mineros miraban al barrenador rústico, y después cambiaban entre sí
+ojeadas de asombro. ¡Pero, aquel animal, no descansaba nunca! Palidecían
+como si de golpe se alterase su digestión, poniéndose de pie dentro de
+su estómago, todas las buenas cosas traídas de Bilbao y rociadas con
+_Cordón Rouge_. Presentían la posibilidad de la derrota: parecían olerla
+en el silencio que pesaba sobre la plaza, en la misma gravedad de sus
+enemigos.
+
+Algunos más enérgicos se revolvían contra la posibilidad del fracaso.
+¡Venir de tan lejos, para que se burlasen de ellos unos pobretones!...
+Renacía su avaricia de antiguos miserables, que turbaba muchas veces
+con detalles de ruindad sus alardes de ostentación. Habían apostado más
+de ochenta mil duros, ¿é iban á dejarlos entre las uñas llenas de tierra
+de aquella gente? ¡Cristo! ¡Cómo se reirían de los mineros!...
+
+Los más furiosos saltaron la cuerda, y haciendo retirarse á los
+acompañantes del _Chiquito_, se colocaban á ambos lados quitándose las
+chaquetas y las boinas. Se doblaban en incesante vaivén, á pesar de su
+corpulencia; mugían _¡haup, haup!_ con toda la fuerza de sus pulmones,
+como si con sus gritos pudieran hacer entrar más adentro la palanca del
+barrenador.
+
+El _Chiquito_ cobraba nuevas fuerzas al ver junto á él á sus
+protectores, y partía en una carrera loca de furiosos golpes, espoleado
+por nerviosa energía: pero el cansancio de los músculos tornaba á
+imponerse, y el acero sonaba quejumbroso en la piedra, sin avanzar gran
+cosa.
+
+--¡Arrea, ladrón!--mugían sus ricos padrinos--¡Fuerza... porrones! ¡Me
+caso con tu madre!...
+
+Y de este modo iban intercalando en el continuo _¡haup, haup!_ toda
+clase de interjecciones amenazantes, de monstruosos juramentos que
+hacían encabritarse al barrenador como si recibiese un latigazo, para
+caer de nuevo en el desaliento.
+
+Faltaban pocos minutos para terminarla apuesta. El _Chiquito_ estaba en
+la mitad de un agujero y aún le faltaba abrir otro. Su contendiente
+había comenzado el último sin apresurarse y sin descansar, lanzando en
+torno una mirada triste de buey fatigado que contempla el horizonte con
+el deseo de que se oculte pronto el sol, para volver al establo.
+
+Los mineros ansiaban una catástrofe, un temblor del suelo, algo que les
+permitiese huir de allí, sin encontrarse con los ojos de aquellas
+gentes. El silencio con que acogían su victoria molestábales más aún que
+los gritos irónicos de algunos forasteros, que parodiaban la
+fanfarronería de los bilbaínos, ofreciendo un duro por un real, en favor
+del guipuzcoano.
+
+Terminó la lucha sin la explosión de entusiasmo que esperaba Aresti. El
+gentío se abalanzó sobre el vencedor que miraba en torno de él con ojos
+de idiota y se dejaba arrastrar inerte y sin fuerzas hacia una taberna
+próxima.
+
+Buscó el doctor á sus compañeros y no vió á ninguno. Habían desaparecido
+como evaporados por la derrota. Fuése en busca de ellos y encontró á
+muchos en la puerta del casino subiendo á los coches, con el deseo de
+huir de allí cuanto antes, como si el suelo les quemase las plantas. En
+el desorden de la fuga parecían marchar á tientas, sin fijarse en él.
+
+Dentro del casino encontró al _Chiquito_ tendido en una banqueta,
+envuelto en una manta, sudoroso y pálido, con el aspecto de un niño
+poseído de terror. Frente á él, aún lanzaban sus últimas maldiciones
+algunos de las minas.
+
+--¿Qué dice usted de esto, doctor?--preguntaron á Aresti con
+desesperación.
+
+Y el médico sonrió, levantando los hombros. Era de esperar: habían
+civilizado demasiado á su ídolo: lo habían hecho conocer el champagne,
+le habían arrancado de su barbarie primitiva y al encontrarse con otro
+de su clase, recién salido de la cantera, forzosamente había de ser el
+vencido.
+
+Todos ellos sentían la necesidad de insultarlo antes de irse. De buena
+gana hubieran golpeado aquel paquete inerte que sollozaba encogido en la
+banqueta. Le echaban en cara el vino y los manjares con que le habían
+atiborrado á todas horas.
+
+--¿Oyes, ladrón, lo que dice el doctor? Tu afición al champagne.
+Estarías borracho y por eso nos has hecho perder, cochino. Ochenta mil
+duros, ¿te enteras, sinvergüenza? Más de ochenta mil duros hemos perdido
+por tu culpa.... Por allá no vuelvas: te mataremos á patadas si apareces
+en las minas.
+
+Cada cual se alejaba, después de desahogar su cólera, con la
+precipitación loca de la fuga, sin preocuparse de los compañeros, sin
+acordarse de invitar al doctor, con el egoísmo de la derrota que borra
+toda amistad.
+
+El infeliz barrenador, al verse solo con Aresti rompió á llorar.
+
+--¡Don Luis! ¡Don Luis!...
+
+Y su voz tenía el mismo acento de súplica infantil que los lamentos de
+los mineros cuando veían aproximarse el doctor á las camas del
+hospital.
+
+Todo lo había perdido en un instante. ¡Adiós comilonas y agasajos, el
+trato con los ricos, todo lo que le hacía ser mirado con envidia por sus
+antiguos compañeros cuando se dignaba subir á las canteras acompañando á
+los contratistas! Era un héroe, un ídolo y volvía de pronto á ser un
+trabajador.... Menos aún, pues no encontraría un puesto en las minas. Si
+volvía allá serían capaces de matarlo: le aterraban como un
+remordimiento las grandes cantidades que había hecho perder á los
+señores.
+
+--Me iré--gemía.--¡Cómo se burlarán ahora de mí!... Me embarcaré en el
+primer barco que salga para América.
+
+Un grupo de gente del pueblo le interrumpió. Venían para llevarse al
+_Chiquito_: querían agasajarlo con la generosidad que da la victoria. No
+debía entristecerse: ya habían visto todos que era un gran barrenador.
+Otra vez ganaría él. Además, la cuestión había sido con aquellos señores
+tan fanfarrones: él no era más que un _mandado_. Su contrincante le
+esperaba en la taberna, para beber juntos como buenos camaradas.
+
+Y se lo llevaron, rodeándolo respetuosamente, como un testimonio de su
+gloria, con los mismos honores que una bandera cogida al enemigo.
+
+Aresti volvió á la plaza. Comenzaba á obscurecer; la gente se había
+esparcido por las calles inmediatas, agolpándose á las puertas de las
+tabernas. Los _versolaris_, cada vez más ebrios, espoleados por el gran
+suceso, improvisaban á rienda suelta, cantando el triunfo de los de la
+tierra, con alusiones á los ricos de las minas, que provocaban el
+regocijo de los aldeanos.
+
+Iban alejándose en sus carreras las familias de los caseros. Los grupos
+de campesinos bebían el último trago con los del pueblo, antes de
+emprender la marcha, deseosos de relatar los incidentes de la famosa
+lucha durante la velada en la casería.
+
+En la plaza sonaban el pito y el tamboril con cadencias de baile. Se
+había reunido toda la gente joven para celebrar la victoria con un
+_aurresku_, la gran danza vasca que tenía algo de rito primitivo. Un
+ágil bailarín que era el conductor del _aurresku_ lo iniciaba con el
+paso solemne de la invitación. Echaba la boina en tierra, y después de
+pedir la venia al alcalde que presidía el acto, se dirigía con una serie
+de minuciosos trenzados y saltos de extraordinaria agilidad, á invitar
+en el corro á la mujer que deseaba elegir como reina del baile. No había
+ejemplo de que ninguna hembra vasca, por alta que fuese su posición
+social, se negase á este honor. Aresti había visto á señoras de la
+rancia nobleza admitiendo el _aurresku_ con campesinos y marineros. Era
+una danza ceremoniosa y parca en los contactos; el hombre y la mujer
+apenas si en las diversas figuras se tocaban las puntas de los dedos.
+Ella no hacía más que completar el cuadro, mientras él, al son de las
+interminables escalas del pito, parecía hablar con los pies, con la
+mímica guerrera de los pueblos primitivos, con saltos prodigiosos y
+alardes inauditos de agilidad gimnástica, que recordaban á Aresti las
+danzas de ciertas tribus vistas por él en el Jardín de Aclimatación de
+París.
+
+El público elogiaba la soltura del bailador de Azpeitia. Un viejo casero
+hablaba á sus amigos en vascuence á espaldas del doctor. Aquel
+_aurresku_ no le llamaba la atención; él los había visto danzados por
+reyes en los buenos tiempos de la guerra. Y recordaba cierto _aurresku_
+bailado por don Carlos en Durango, en un convento de monjas, sin pecado
+para nadie, por ser la danza vascongada la más honesta del mundo.
+
+Aresti, al cerrar la noche, buscó refugio en un fondín que servía de
+alojamiento á muchos que iban al santuario de Loyola. Él sentía también
+el deseo de visitar en la mañana siguiente aquel convento, como una
+curiosidad que le resarciría de su viaje. Después estaba seguro de
+encontrar en el tren de Bilbao á muchos de sus compañeros que habrían
+ido á pernoctar en Azcoitia, en Eibar y en otros pueblos, huyendo del
+lugar de la derrota.
+
+El doctor pasó la noche en un cuarto de paredes enjalbegadas cubiertas
+de estampas de santos, y con un crucifijo sobre la cama. La hospedería
+era como una antesala del convento.
+
+A las seis de la mañana salió del pueblo, siguiendo el camino recto que
+atravesaba con geométrica rigidez el valle de Loyola. Había caído
+durante la noche una suave lluvia de verano, refrescando los campos y
+limpiando de polvo los caminos. Las altas montañas estaban encaperuzadas
+de niebla, dejando ver en sus pendientes, por entre los rasguños del
+vapor, la nota blanca de los caseríos y las manchas cobrizas de los
+robledales. Los rebaños se esparcían por las faldas marcándose sobre el
+verde fondo, como enormes piedras blancas, las ovejas de gruesos
+vellones. A lo lejos, sonaba el chirrido de invisibles carretas.
+
+Aresti llegó al monasterio á las siete. Su aspecto monumental y
+aparatoso, su fealdad solemne, contrastaban con la soledad y el silencio
+de los campos. Los gorriones perseguíanse en la doble escalinata de la
+iglesia, y revolando de ciprés en ciprés, iban á posarse sobre la
+estatua de mármol de San Ignacio. A ambos lados de la avenida que da
+acceso al monasterio, dos paseos cubiertos de plantas trepadoras, dos
+túneles de hojarasca, ofrecían su fresca sombra de tonos verdosos.
+
+El doctor contempló con cierta admiración el edificio enorme y
+aplastante. No podía negársele carácter propio. Los jesuítas tenían un
+arte suyo; el de la ostentación y la carencia de gusto. No había obra
+arquitectónica de su propiedad que no la marcasen con su sello, como si
+quisieran ser conocidos de lejos.
+
+La fachada de la iglesia, que ocupaba el centro del monasterio, era toda
+de piedra. Las columnas sostenían un frontón adornado con un escudo de
+armas gigantesco. La balaustrada se coronaba con enormes pináculos
+rematados por esferas. Detrás escalaba el espacio la cúpula del templo,
+de un gris de globo hinchado, rematada igualmente por pináculos y bolas,
+lo que la daba cierto aspecto de pagoda chinesca.
+
+A ambos lados de la iglesia, extendíanse las dos alas del monasterio, de
+rojo ladrillo, con triple fila de ventanas: dos cuerpos de edificación,
+enormes, sin ningún signo religioso. El monasterio, desprovisto de la
+cúpula, hubiese parecido un cuartel del siglo XVIII.
+
+A un lado extendía su corriente el río Urola, pasando bajo un puente
+metálico: al otro se alzaba una gran casa con soportales, de aspecto
+lujoso, en la que estaba el hotel para los ricos que llegaban á hacer
+ejercicios espirituales y no podían pernoctar en el monasterio.
+
+Aresti entró en la iglesia: una rotonda de clara luz, cubierta de
+mármoles de vivos colores.¡Ah, el templo risueño y bonito! Los altares
+eran hermosos, como los platos montados de un banquete. Mármoles de
+color de caramelo, de color de miel, de suave fresa, de un verde de
+fruta escarchada, de una blancura tierna de merengue. Sentíase el deseo
+de morder aquella piedra, pulida como un espejo, que daba á los ojos una
+sensación de dulzura. Las imágenes eran sonrientes, charoladas y
+bonitas, como si hubiesen salido de un escaparate de confitería. Los
+segmentos de la cúpula estaban ocupados por grandes escudos de las
+naciones donde la Orden ignaciana había adquirido más arraigo; las
+_provincias_ de la Compañía, como ella las llamaba en su ensueño de
+dominación universal.
+
+El doctor abandonó la iglesia después de haber distraído con su
+presencia á algunas señoras vestidas de negro, que rezaban arrodilladas
+ante el altar mayor. Debían ser huéspedas del hotel, devotas de
+distinción, venidas de muy lejos, para hacer los ejercicios en la casa
+del santo.
+
+En el atrio, un mendigo se le aproximó, con esa solicitud de todos los
+parásitos que viven á la sombra de un monumento frecuentado por
+viajeros. De una barraca, situada junto á la escalinata, en la que se
+vendían fotografías y objetos piadosos, salieron corriendo dos chicuelas
+para ofrecerse igualmente. ¿El señor deseaba ver la casa de San
+Ignacio?...
+
+Se indignó el mendigo ante esta concurrencia. ¡Largo de allí! ¿No tenían
+bastante con lo que robaban, vendiendo retratos y rosarios?... Y él fué
+quien guió al médico, por un ancho corredor que conducía á un patio
+descubierto. Allí estaba la portería. Tiró de una cadena, sonó una
+campana oculta, se abrió un ventanillio, y el mendigo, después de hablar
+por él, se dispuso a retirarse, extendiendo la mano para recoger unas
+cuantas piezas de cobre.
+
+--Ahora mismo saldrá el hermano.
+
+Pasó el doctor mucho tiempo en el patio, cuyas baldosas conservaban el
+agua de la lluvia nocturna. Todo un lado lo ocupaba la fachada de la
+antigua casa de San Ignacio. Al agrandarse el monasterio, había abarcado
+en sus nuevas construcciones al viejo castillete de Loyola, dejándolo
+dentro de su recinto, pegado á la nueva edificación.
+
+La pequeña casa, que aún parecía más mezquina al ser tragada por el
+monasterio, resultaba lo más hermoso de toda aquella balumba de
+albañilería pretenciosa. Era un castillete de dos cuerpos, que revelaba
+el período de transición del siglo XV: la diversidad de gustos
+superpuestos de aquella España católica que aún tenía moros en su
+territorio. El cuerpo inferior, el más grande y fuerte, era de grandes
+bloques de pedernal labrado, con pocas ventanas, y éstas pequeñas y
+profundas como saeteras: una verdadera muralla para vivir á cubierto de
+sorpresas y asedios. El cuerpo superior era ligero, construido con
+ladrillos rojos, marcándose sus dos pisos con dos fajas de dibujo árabe,
+y en los cuatro ángulos cuatro torrecillas delgadas, cuatro minaretes,
+que daban al remate el aspecto de una alegre corona. Abajo estaban la
+sombría alarma, el perpetuo miedo á los bandos que desgarraban el país
+vasco, los ventanucos para dar paso al arcabuz; arriba la elegancia,
+copiada de los árabes; la alegría en la construcción, de un pueblo
+artista; las ventanas graciosas como ajimeces moriscos, para soñar en
+ellas á la caída de la tarde, después de haber leído un libro de
+caballerías.
+
+Aresti creyó encontrar en este edificio algo de la dualidad de carácter
+del caballero Íñigo de Loyola en los tiempos de su juventud. Al
+cristalizarse sus aspiraciones, al tomar su voluntad forma definitiva,
+el alegre coronamiento, el castillete morisco se había convertido en
+humo, se había derrumbado, quedando únicamente en pie la base pétrea,
+sombría, con su tono lúgubre de cárcel y fortaleza al mismo tiempo.
+
+Se abrió la portería y salió el hermano.
+
+--¡Santos y buenos días!--dijo con voz melosa, inclinando la cabeza al
+mismo tiempo que levantaba los ojos para apreciar de una rápida mirada
+al visitante.
+
+Era un joven que llamaba la atención por la delgadez del cuello que
+hacía más enorme su cráneo, y por la forma de sus orejas abiertas como
+abanicos, como si quisieran despegarse. Detrás de ellas la piel florecía
+con un sinnúmero de costras y escoriaciones, unas secas ya, otras
+rezumando, con una frescura que atraía á las moscas.
+
+Era el hermano encargado de enseñar la casa del santo. Por debajo de las
+sotanas asomaban unas zapatillas de paño, con las que andaba sin el
+menor ruido: un calzado de espionaje que le permitía, como á los demás
+servidores del monasterio, deslizarse por los claustros silenciosos sin
+turbar el aislamiento de los Padres.
+
+Atravesó el patio hablando á Aresti de las suelas de su calzado, que
+eran de paño y se mojaban en los charcos de la lluvia. Una mortificación
+más. ¡Todo sea por Dios!... Y entraron en el castillete, convertido
+interiormente en capilla. Allí hacían las señoras sus ejercicios no
+pudiendo entrar en el monasterio.
+
+Subieron la escalera, adornada con imágenes en cada rellano, y entraron
+en la antigua cámara, transformada en capilla. Lo primero que llamaba la
+atención del visitante era la escasa elevación del techo. Podía tocarse
+con la mano, parecía que iba á aplastar con la pesadez de su grueso
+artesonado, todo cubierto de oro, con florones en sus profundos
+encuadramientos.
+
+El hermano explicaba con cierto orgullo el origen de los cuadros y las
+telas que adornaban las paredes. Eran regalos de princesas y reinas:
+testimonios de agradecimiento, de las altas conciencias sometidas á la
+Compañía. En el fondo estaba el altar, y en su parte baja, detrás de un
+vidrio, admiraban los devotos un verdadero interior de museo de figuras
+de cera. San Ignacio tendido en una colchoneta leía un libro, vestido
+con gregüescos y capotillo de vueltas de velludo como un galán del
+teatro clásico. Una batería oculta de luces eléctricas iluminaba esta
+exhibición de feria.
+
+El hermano no podía ocultar su admiración cada vez que explicaba el
+significado de esta parte del altar, no obstante los años que llevaba
+enseñándola á los forasteros. Aquella figura de cera era de don Íñigo
+de Loyola, cuando aún no pensaba en ser San Ignacio ni en fundar la
+Orden. Le representaba herido, con la pierna atravesada de un arcabuzazo
+en el sitio de Pamplona y leyendo la historia de la Virgen, que fué el
+punto de partida de su conversión.
+
+Con voz de _cicerone_ convencido, el hermano explicaba á Aresti la
+historia del santo.
+
+--Dios le llamó á su gracia cuando estaba convaleciente, y se olvidó de
+todo, á pesar de que era un caballero muy galán y mundano. Porque
+nuestro santo padre San Ignacio era militar, ¿sabe usted?... militar.
+
+Y esta palabra tomaba en boca del lego un tono de admiración y respeto.
+El pobre hombre, canijo y encogido, adoraba la fuerza, la arrogancia,
+los uniformes vistosos, y al recordar que el iniciador de la Orden había
+sido soldado, sonreía con cierta malicia, como si pensase en los
+devaneos y buenas fortunas de los hombres de guerra, de las cuales
+alguna habría tocado al santo, cuando aún no pensaba en serlo. Le
+llenaba de orgullo la nobleza y el carácter caballeresco de la juventud
+del fundador, pensando en las otras Ordenes, que no tenían entre sus
+iniciadores más que eremitas miserables, santos piojosos, salidos de las
+últimas capas sociales.
+
+Mientras hablaba el hermano, el doctor, mirando el monigote de cera,
+tendido en la colchoneta, pensaba en el hombre sombrío, en el vasco de
+carácter complicado, que llenó el mundo con su nombre, siendo cada
+período de su vida una contradicción violenta. Primero, el soldado
+presuntuoso y elegante, martirizando y amputando su cuerpo por parecer
+bello, y perder la rudeza propia de su país. Después, al convencerse de
+que en la vida mundana sus triunfos han terminado, el fanatismo de la
+raza que surge con toda la fuerza de una voluntad poderosa.... Entonces
+le trastorna la locura de la santidad: es humilde y fiero al mismo
+tiempo, se convierte en matón de la Virgen, queriendo dar de puñaladas á
+un morisco que blasfema de ella, y poco después se deja apedrear por los
+chicuelos de Salamanca, que le toman por un demente, viendo sus piadosas
+extravagancias, remedo de las de San Francisco de Asís. Pero la dulzura
+poética del solitario de la Umbría, su santidad soñadora, no cabe en el
+carácter positivo y práctico de un vasco. Ya que se dedica á Dios, ha de
+ser con un objeto terrenal e inmediato. Bueno es ser santo, pero debe
+servir para algo que se vea y se toque. Los instintos de hombre de pelea
+renacen en él. Ve que la Iglesia combatida por la protesta luterana
+necesita un fuerte auxilio, y lleva á la religión la disciplina del
+campamento, fundando, no una Orden, sino una Compañía, organizando un
+ejército negro que ofrece á los Papas, formando los soldados en el molde
+de su férrea voluntad, sin afectos de familia, sin pensamiento propio,
+con la rigidez de los autómatas, con esa insensibilidad que hace
+invencible. El asceta se convierte en caudillo y en esta tercera parte
+de su vida, el vagabundo apedreado por la chiquillería, toma aires de
+vice-papa, se hace llamar general por los suyos, reside en Roma entre
+los príncipes, interviniendo en las complicadas intrigas europeas, y
+muere satisfecho de su poder y de haber salvado momentáneamente al
+catolicismo conservándole los pueblos latinos.
+
+Aresti admiraba á Íñigo de Loyola como un ejemplar acabado de su raza,
+incapaz de ilusionarse por largo tiempo en cosas inmateriales, sacando
+instintivamente el poder y la riqueza de la santidad ascética, por la
+que habían pasado tantos otros con el cuerpo atormentado por la
+penitencia, comidos de parásitos, sin otra fortuna que la soga ceñida á
+los riñones.
+
+Había sido un admirable comerciante de la religión: un talento práctico
+surgido á tiempo para salvar la tienda de Roma amenazada de quiebra,
+ordenando sus negocios, dándoles nuevo rumbo y fundando su Compañía,
+aquel disciplinado cuerpo de comisionistas del catolicismo que viajaban
+por toda la tierra, explotando las pasiones y las debilidades humanas,
+para la mayor gloria de su Dios.
+
+El hermano sacó al médico de su ensimismamiento, enseñándole la parte
+superior del altar. En un relicario de oro estaba el corazón del santo.
+Era lo único que allí conservaban del fundador. El cuerpo, como sabía
+todo el mundo, estaba depositado en el _Jesu_ de Roma.
+
+--Sí: lo conozco. Lo he visto--dijo Aresti.
+
+Sin saber por qué, sintió la necesidad de deslumbrar con un embuste al
+simple lego, el cual parecía convencido de que la humanidad entera se
+interesaba por las cosas de la Orden, sin que ni un solo hombre ignorase
+dónde estaba el cuerpo de San Ignacio.
+
+--¡Ah! ¡El señor ha estado en Roma!--exclamó el hermano mirándolo con
+cierta admiración, como si de repente creciese ante sus ojos.
+
+--Sí--dijo Aresti sintiendo de nuevo la necesidad de mentir, para que le
+admirase aquel pobre hombre.--Estuve cuando la última peregrinación.
+
+El hermano modificó sus palabras y gestos. Ya no era Aresti para él uno
+de tantos viajeros de los que llegaban atraídos por la curiosidad;
+muchos de ellos, extranjeros herejes, procedentes de países que
+despreciaban á la Compañía. Era uno de la familia, casi podía
+considerarse como de la casa; y el hermano mostró empeño en enseñárselo
+todo minuciosamente, desbordándose en palabras, con la locuacidad del
+que pasa mucho tiempo condenado al silencio.
+
+Se detuvo en una puertecita inmediata al altar, inclinándose para ceder
+el paso á aquel señor tan simpático. Era una pequeña habitación, sin
+otro adorno que un retablo.
+
+--Aquí estaba enfermo nuestro santo fundador,--dijo con voz meliflua--y
+aquí fué su conversión. Pidió á la familia un libro de caballerías para
+entretenerse, pero como Dios tenía puestos sus ojos en él, hizo que
+nadie encontrase libros de tal clase y eso que abundaban en la casa.
+Entonces leyó una historia de la Virgen é inmediatamente sintióse tocado
+por la gracia y decidió dedicarse á la vida santa, renunciando al mundo.
+
+Después, el lego buscó en la pared, señalando una grieta que la cruzaba.
+
+--Mire usted esto, caballero. Por fuera aún se ve mejor; llega hasta el
+suelo partiendo las piedras del muro.... Esta grieta la hizo el diablo.
+En el mismo momento que el santo decidió dedicarse á Dios, tembló el
+suelo y se estremeció toda la casa, quedando esta abertura como
+recuerdo. Era el demonio que acogía de este modo la resolución del
+santo.
+
+--Sería de rabia--dijo Aresti con gravedad imperturbable.
+
+--De rabia y de miedo--contestó el hermano con modestia.--Tal vez el
+maligno tembló, adivinando que el santo iba á fundar nuestra Orden.
+
+Pasaron á otra habitación en el extremo opuesto de la capilla. Cada vez
+que el lego veíase ante el altar, caía de rodillas, causando la
+admiración del médico, por el gesto con que rezaba su corta oración. El
+cuerpo quedaba recto, con las manos cruzadas sobre el pecho, mientras el
+cuello se prolongaba hacia adelante, como el pescuezo de una jirafa que
+quisiera tocar el cielo.
+
+--En esta habitación--dijo el lego--nació nuestro santo fundador. Aquí
+tuvo también el hermano Garrido su revelación portentosa. Usted habrá
+oído hablar de ella....
+
+Pero viendo que el señor permanecía impasible, dijo con cierta
+impaciencia:
+
+--Pero usted sí que sabrá quién era el hermano Garrido.
+
+--¡Oh! mucho--dijo Aresti, que oía por primera vez este nombre.
+
+--Ya esperaba yo--continuó el lego--que un señor como usted conocería al
+hermano Garrido. Los padres de Roma piensan canonizarlo apenas pase el
+tiempo preciso.
+
+Y hablaba con entusiasmo de este hermano, como si fuese una celebridad
+universal, bastando citar su nombre para que todos repitiesen sus
+glorias. En aquel mismo cuarto, estando en éxtasis el hermano Garrido,
+se le había presentado la Virgen anunciándole con veintidós meses de
+anticipación, el asalto de los conventos y la degollación de los
+frailes, en los primeros años del reinado de Isabel II.
+
+--Entonces--dijo Aresti--los padres de la Compañía, avisados con tiempo
+no serían víctimas de las turbas.
+
+--A algunos mataron en el Colegio Imperial de Madrid--contestó el
+lego.--El hermano Garrido era modesto, y se calló la revelación, no
+haciéndola pública hasta después que llegó aquí la noticia de los
+asesinatos.... Era muy humilde el hermano Garrido. Por esto será algún
+día un santo más de nuestra Orden.
+
+Había terminado la visita á la casa de San Ignacio. De un momento á otro
+llegarían las señoras para hacer sus ejercicios en la capilla. Pero el
+hermano sentía cierta pena por separarse tan pronto de aquel señor
+devoto que le escuchaba sin pestañear como si le admirase.
+
+--¿Quiere usted ver el monasterio?--le preguntó.
+
+Esta invitación no la hacía á todos los visitantes: pero con él era
+distinto; él había ido á Roma en peregrinación y había visto el cuerpo
+de San Ignacio. Pasaron del castillejo al monasterio por una galería
+cubierta, en la que trabajaban varios obreros con pantalones y blusas
+del mismo azul celeste que el manto de la Virgen. Eran hermanos jóvenes
+que trabajaban de carpinteros y albañiles; mocetones de la montaña que
+deseaban emanciparse del terruño, prestando sus brazos á la Compañía
+para el trabajo reposado y lento de las casas de religión; libres ya de
+la lucha por la vida, y teniendo de antemano asegurada la salvación
+eterna, sólo con obedecer ciegamente á los superiores.
+
+--¿Quiere usted subir á la biblioteca?--preguntó el hermano.--Tiene poco
+que ver: todo en ella es antiguo.
+
+--Lo antiguo era lo mejor--dijo Aresti con gravedad.
+
+--Usted está en lo cierto. ¡Ay, si todo el mundo pensase tan sanamente
+como usted! No como la gente de ahora que sólo lee novelas y libros
+malos contra la religión.
+
+La biblioteca estaba en el último piso; una gran sala, por cuyas
+ventanas entraba á raudales la luz del sol, viéndose desde ellas los
+montes inmediatos, verdes y limpios de niebla. Unos cuantos cuerpos de
+la estantería contenían diversas ediciones de clásicos griegos y
+latinos, encuadernados en pergamino. Otros guardaban los autores
+teológicos, y el resto estaba ocupado por todos los libros escritos en
+favor y defensa de la Compañía de Jesús. Aresti leía con curiosidad los
+nombres de aquellos autores que le eran desconocidos y á los cuales
+atribuía el hermano una fama universal. Realmente, era todo antiguo en
+aquella biblioteca: olía á sepultura.
+
+Descendieron á los claustros. El médico temía encontrarse con algún
+Padre que le conociera por haber estado en Bilbao. Pero á aquella hora
+los sacerdotes estaban en sus celdas, y por los claustros únicamente
+pasaban algunos legos sin sotana, con aire apresurado, deslizándose sin
+ruido sobre sus zapatillas silenciosas. En la antesala del refectorio
+varios hermanos viejos limpiaban vasos y botellas en una fuente de
+mármol obscuro, que arrojaba cuatro chorros de agua.
+
+Aresti, solicitado por el lego, entró en una celda de las que servían de
+alojamiento á los seglares durante los diez días que duraban los
+ejercicios.
+
+--Pobrecito--decía el hermano enseñándola,--pero decentito y limpio.
+Aquí vienen toda clase de personas; banqueros, generales... hasta
+ministros. Y viven tan ricamente y son felices en esta pobreza mientras
+curiosean su alma.
+
+El doctor examinaba el cuarto, de alto techo y desahogadas proporciones.
+Junto á la ventana, una mesa con dos sillas de paja. La cama de hierro
+se ocultaba tras un tabique bajo, con una cortinilla roja en la puerta.
+
+Los claustros estaban adornados con antiguos retratos faltos de valor
+artístico, pero de cierto interés histórico. Eran los Padres más famosos
+de la Compañía por las aventuras y peligros de su existencia; los
+propagandistas del jesuitismo que se habían esparcido por la tierra en
+la primera expansión de la Orden recién fundada, ocultando su carácter y
+sus fines, amoldándose á los gustos y costumbres de los países donde se
+establecieron. Los había con grandes barbas, recios capotes, altas botas
+y gorro de piel, relatando la leyenda al pie del retrato, sus viajes por
+el Norte de las Rusias, sus arriesgadas expediciones en países de hielo.
+Otros vestían la bota floreada de la aristocracia china: habían sido
+mandarines, llegando á aconsejar á individuos de la dinastía Celeste. Y
+además de estos arriesgados viajeros, felices en sus aventuras,
+figuraban los mártires, los que habían perecido bajo las flechas de los
+tártaros ó los sables de los japoneses. El Asia, con sus enormes
+imperios catalépticos é insensibles, había tentado á aquellos
+propagandistas de la autoridad y de la vida automática y sumisa.
+
+Aresti vió todo el resto del monasterio: el refectorio, con su púlpito
+para la lectura; la capilla, en la que hacían los hombres sus ejercicios
+espirituales, colocando los Padres á la puerta una bandeja para que los
+jóvenes depositasen en un papel cerrado sus peticiones á la Virgen; la
+cocina, donde los hermanos guisanderos le explicaron los tres platos
+sólidos que correspondían á los individuos en cada comida: el salón
+acristalado, en el cual fumaban sacerdotes y seglares un cigarrillo
+único, pues en el resto del monasterio, aunque el fumar no estaba
+prohibido, era mal visto por los superiores.
+
+--Queda la huerta. ¿Quiere usted verla?--dijo el hermano con el deseo de
+prolongar algunos minutos más el trato con aquel señor que le escuchaba
+con tanta atención.
+
+Salieron á una huerta cerrada por un alto muro de piedra. En el fondo
+había una pequeña granja con sus vacas y cerdos, de los que hablaba el
+hermano con tierna admiración. Los pájaros turbaban el silencio
+monástico de aquellos campos, revoloteando en torno de los árboles
+frutales.
+
+Un seglar iba con un libro en la mano por el mismo camino que seguían
+ellos. Era la única persona que paseaba por la huerta.
+
+Aresti lo vió de espaldas y aceleró el paso como sí le acometiese de
+pronto una duda y quisiera salir de ella.
+
+--Es un señor muy rico, ¡muy rico!--dijo el hermano, adivinando su
+curiosidad.--Está haciendo los ejercicios seis días. Creo que es de
+Bilbao y que le llaman...
+
+Pero antes de que el lego dijera el nombre, el seglar se volvió oyendo
+el ruido de los pasos.
+
+--¡Pepe!...--gritó el doctor.
+
+La sorpresa no le permitió decir más al reconocer á Sánchez Morueta.
+
+--¡Luis!... ¡Primo!...--exclamó éste no menos sorprendido.
+
+Pero, pasada la primera impresión, hizo un movimiento de molestia
+semejante al del que duerme y se ve bruscamente despertado.
+
+El hermano, á impulsos de su meliflua cortesía, siguió andando para
+detenerse á alguna distancia de los dos hombres. Le inspiraba profundo
+respeto aquel devoto al que trataban con gran deferencia todos los
+Padres, permitiéndole fumar en su cuarto y bajar á la huerta á todas
+horas, con otros privilegios no menos importantes que sólo se concedían
+á muy contadas personas. El visitante que él acompañaba también adquiría
+una importancia inmensa ante sus ojos, por tratarse tan afectuosamente
+con el personaje.
+
+Los dos hombres quedaron mirándose en silencio largo rato.
+
+--¿Tú aquí?...
+
+Y Aresti encerraba en esta exclamación toda la fuerza de su asombro.
+
+Sánchez Morueta sonrió de un modo que su primo no había visto nunca en
+él. Era una expresión de resignada modestia, de decaimiento de la
+voluntad. Hablaba sencillamente, como si no hubiese ocurrido nada de
+extraordinario desde la última vez que se habían visto.
+
+Cristina y la niña le acompañaban en los ejercicios. Muchas familias de
+lo mejor de Bilbao estaban en Loyola con el mismo fin: las señoras en el
+hotel: los hombres en las celdas del monasterio. Ya llevaba allí seis
+días y le faltaban cuatro.
+
+--¿Y estás bien? ¿Te gusta esta vida?
+
+--Sí--contestó el millonario con sencillez.--Me sienta perfectamente: no
+tienes más que mirarme.
+
+Sánchez Morueta parecía repuesto de su crisis. Nada quedaba en él del
+enfermo que había visto Aresti en su última visita á Las Arenas. Su
+mirada era tranquila, con una fijeza serena: el color sanguíneo de sus
+primeros tiempos de luchador había vuelto á animar su rostro.
+
+El médico le escuchaba con asombro enumerar las ocupaciones de su vida
+en aquella casa: todas con arreglo á la distribución del tiempo marcada
+por el director de sus ejercicios. Se levantaba á las cinco y media de
+la mañana; á las seis bajaba á la capilla, leyendo durante media hora
+aquel libro que le acompañaba siempre: después meditaba una hora, oía
+misa y tomaba el desayuno, descansando hasta las diez ó paseando por la
+tranquila huerta que los buenos padres ponían á su disposición. Meditaba
+de nuevo hasta mediodía en su celda, recibiendo la visita de su
+director, rezaba el Vía Crucis en los claustros, comía á la una
+descansando de nuevo hasta las cuatro, y á esta hora bajaba á la capilla
+para escuchar las pláticas con los otros compañeros de ejercicios. A las
+siete era la estación al Santísimo Sacramento, después el Rosario, los
+dolores y gozos de San José y el examen de conciencia de todo lo hecho
+durante el día: á las nueve la cena y á las diez se acostaba.
+
+Él, que en el mundo podía dar órdenes á miles de seres, gozaba la
+extraña dulzura de ser mandado, de sentir sobre su voluntad otra que era
+superior y la dominaba. La celda pobre y la comida vulgar en el
+refectorio, le parecían de una voluptuosidad extraña después de tantos
+años de bienestar fastuoso y refinado en su palacio de Las Arenas. Los
+primeros días habían sido duros para él, pero ahora paladeaba la dulzura
+de no ser nada, de verse guiado, anulando su voluntad,
+empequeñeciéndose, pensando á todas horas en la muerte para convencerse
+de la humana insignificancia.
+
+El mundo al que había de volver le parecía lejano, muy lejano. Aquel
+Bilbao, del que era rey, estaba sin duda en otro planeta con sus
+agitaciones de lucro, con sus fiebres de egoísmo, de las que no llegaba
+nada, absolutamente nada, á aquel tranquilo rincón.
+
+--Estoy bien, Luis: mejor que nunca. La satisfacción que adivino en mi
+mujer y mi hija, me llena de alegría. Tengo la certeza de que al salir
+de aquí nos querremos más; que constituiremos una verdadera familia
+cristiana, como dice....
+
+Se detuvo como avergonzado de soltar ante Luis el nombre en que pensaba.
+Pero se arrepintió de su duda como de un pecado, y añadió con energía,
+queriendo imponer su convicción:
+
+--Los jesuítas no son malos como yo creía torpemente. Debes salir de tu
+error, Luis. Son unas excelentes personas: unos santos. ¡Ay, si tú los
+tratases!
+
+Después habló de Urquiola, que les había acompañado á los ejercicios,
+pero había tenido que salir el día antes para Bilbao, llamado por el
+Padre Paulí; de la tranquilidad de aquella vida, sin agitaciones
+cerebrales, y sin ambición, que tanto contrastaba con su existencia de
+Bilbao.
+
+--Creo, Luis, que si no tuviese á mi mujer y mi hija, aquí me quedaría
+para siempre. Esta es la verdadera vida. La de fuera ya sabes lo que es:
+penas y maldiciones.
+
+Aresti le escuchaba silencioso, mirándolo fijamente, sin pestañear, como
+en presencia de un enfermo; de «un caso interesante».
+
+--¿Y qué es eso que llevas ahí?--dijo de pronto, agarrando el libro que
+su primo conservaba cerrado en una mano.
+
+Le bastó una ojeada para conocer el pequeño volumen encuadernado en
+pasta, con una impresión gruesa y vulgar de libro devoto. Era los
+_Ejercicios espirituales de San Ignacio_, explicados por el Padre
+Claret, el famoso arzobispo de Trajanópolis, que tanto había influido
+sobre los últimos años del reinado de Isabel II.
+
+Aresti conocía el libro. Muchas veces lo había encontrado sobre su mesa
+cuando vivía con su mujer. Recordaba su estilo de piadosa belicosidad,
+hablando de las dos banderas: «la una de Cristo Señor Nuestro, sumo
+capitán; la otra de Lucifer, mortal enemigo de nuestra naturaleza
+humana.» San Ignacio y el Padre Claret llegaban á la elocuencia más
+conmovedora al describir el infierno. El fuego de aquel lugar de
+maldición era tan intenso, «que una sola centella reducía á polvo una
+piedra de molino; si caía sobre un globo de bronce lo derretía al punto,
+como si fuese de cera, y si en un lago reducido á hielo, lo hacía hervir
+en un instante.» Los condenados sentían este fuego en el cerebro, los
+dientes, lengua, garganta, hígado, pulmón, entrañas, vientre, corazón,
+venas, nervios, huesos, médula de éstos, sangre y hasta en las potencias
+del alma», y después de la horripilante enumeración, San Ignacio
+preguntaba al alma del pecador con quién deseaba irse, si con Dios ó con
+el Demonio. ¡Ah, mísero Luzbel; ridículo pazguato que ofrecía con torpe
+malicia las cortas felicidades de la tierra á cambio de una eternidad de
+tan horrible fuego! La respuesta no era dudosa. Con Dios se iban las
+almas después de los santos ejercicios.
+
+Sánchez Morueta hablaba de éstos. Los primeros días estaban dedicados á
+meditar sobre el pecado mortal, la muerte y el infierno. Después se
+meditaba con ayuda de aquel libro sobre la gloria eterna y la
+misericordia de Dios.
+
+--¿Pero tú crees en todas esas cosas del infierno y la gloria, tan
+vulgares, tan groseras como las pinta ese libro?
+
+La firme mirada de Aresti turbó á su primo.
+
+--Como creer... no puedo afirmarlo rotundamente. Me asaltan dudas, y me
+callo por no molestar á mi director. Pero todo esto me causa cierto
+bienestar. Lo absurdo me entretiene, me deleita, me vuelve á la
+tranquilidad de la niñez. Creo algunas veces que aun me mecen
+susurrándome cuentos al oído.
+
+El médico sonreía, y Sánchez Morueta se apresuró á añadir:
+
+--Pero me siento más feliz, más tranquilo que antes. Además, en estas
+meditaciones hay algo que me impresiona profundamente y que ni tú ni
+nadie podéis negar: la Muerte. Nos hacemos viejos, Luis, y ella llega y
+no valen para ablandarla riquezas ni ruegos. Desde que nada ansío, y no
+encuentro ante mí nada que conquistar, la tengo mucho miedo.
+
+Y el terror á lo desconocido, á la muerte inevitable, á la eterna
+sombra, se manifestaba en el rostro del millonario con un gesto
+desesperado.
+
+Aresti recordaba la página de la Muerte en el libro de San Ignacio, una
+página de brutal realismo, que hacía temblar á los hombres y llorar de
+horror á las mujeres. «Mirad lo que pasa en aquel cuerpo: antes hermoso
+é idolatrado, ya muerto: ya está sepultado, ya cayó.... Luego, se le
+acercan los moscones, escarabajos, sapos y sabandijas, y se saborean y
+complacen en el mal olor que despide y en la podre que empieza á manar;
+también se acercan los ratones, taladran sus vestidos ó mortaja; se
+enredan entre el cabello, entran en la boca y empiezan á comer la
+lengua, salen luego y registran todo el cuerpo entre carne y vestido.
+Mientras tanto, la putrefacción se va aumentando: ya se ve pulular una
+grande muchedumbre de gusanos que van comiendo la carne del vientre, de
+la cara y de todo el cuerpo: ya se concluyó la comida: ya los gusanos
+mueren de hambre, dejando allí unos huesos negruzcos y descarnados, que
+con el tiempo se calcinarán y convertirán en polvo. Acuérdate, hombre,
+que eres polvo y en polvo te has de volver, en cuanto al cuerpo, pues
+eres hombre de humo ó tierra.»
+
+--¡Lee esto! ¡lee esto!--decía el millonario abriendo el libro por
+aquella misma página que tenía señalada, como si fuese su obsesión.--¡La
+Muerte!--murmuraba luego.--Se habla de ella muchas veces, pero sin
+pensar en lo que realmente es, sin pararse á mirarla de cerca.... ¡Qué
+horrible! Luchar toda la vida para dar gusto á la carne, para preparar
+el pasto del gusano....
+
+Después, en voz baja, dijo al doctor:
+
+--Debe existir algo después de la muerte. No sé ciertamente si será lo
+que aquí dicen ó lo que digan en otra parte. ¿Pero qué pierdo yo con
+creer á ojos cerrados? Por lo pronto, gano la tranquilidad de la casa, y
+bueno es, por si hay algo más allá, ir preparado á todo, sin miedo á
+engaños.
+
+Aresti sonrió con lástima, ante aquel espíritu comercial, que examinaba
+la vida futura con el mismo egoísmo que si apreciase las probabilidades
+de un negocio.
+
+Ahora sí que le decía adiós para siempre. Su primo estaba bien agarrado,
+por el egoísmo y el miedo á la muerte, las dos flaquezas de los felices.
+
+--Debías quedarte aquí, Luis: venir alguna vez. Los Padres son gente
+simpática. ¿Qué perderías con ello? Aunque no creyeses en todo, podías
+callarte y ser feliz. ¿Qué sacas de tanto estudio? ¿Estás seguro de que
+todo lo que tú crees es verdad? ¿Y si después de morir te encontrases
+con la inmensa equivocación de que hay algo?...
+
+El doctor le estrechó la mano con frialdad, convencido de que se
+separaban para siempre, de que en adelante se mirarían con extrañeza,
+como si fuesen otros hombres.
+
+Y Aresti salió de la huerta, precedido por el hermano, que ahora
+callaba y parecía tener prisa en sacarle del monasterio, como si hubiese
+escuchado de lejos parte de la conversación.
+
+Antes de salir, aún se volvió para ver á su primo, que le seguía con los
+ojos y parecía decirle:
+
+--¡La Muerte, Luis!... ¡Piensa en la Muerte!
+
+
+
+
+X
+
+
+A las diez de la mañana llegó el doctor Aresti á Bilbao un domingo del
+mes de Septiembre.
+
+El tren de Portugalete iba repleto de obreros, procedentes de las minas
+y las riberas de la ría. Todos mostraban prisa por llegar á la plaza de
+Toros. Se celebraba en ella un gran mitin de protesta contra los
+patronos, por no querer aceptar las proposiciones de los mineros, los
+cuales venían amenazando con una huelga hacía dos meses. La reunión
+popular era el _ultimátum_ que lanzaban los trabajadores.
+
+Los primeros trenes de la mañana habían trasladado á Bilbao mayores
+cargamentos humanos, viendo su llegada con cierta alarma las gentes de
+la villa.
+
+No todos iban al mitin. Descendían también de los vagones aldeanos con
+gruesos garrotes, escoltando á los curas de su anteiglesia. Estos grupos
+rurales llegaban para la gran romería que subiría por la tarde al
+santuario de Begoña.
+
+El mitin de los trabajadores y la fiesta organizada por los jesuítas y
+los bizkaitarras, se encontraban en el mismo día. Un ambiente belicoso,
+que excitaba los nervios, haciendo más duras las palabras y más
+insolentes las miradas, parecía pesar sobre la villa.
+
+En el camino había apreciado Aresti el estado de los espíritus. El vagón
+estaba ocupado por obreros y por campesinos de los que iban á la
+romería. Unos y otros se miraban hostilmente, y los aldeanos acariciaban
+nerviosamente sus _cachabas_, oyendo las burlas de la gente de las
+fábricas.
+
+Callaban porque en aquella vía, invadida por la moderna industria, eran
+menos las gentes del campo. ¡Ay, si aquello hubiese sido en la línea de
+Durango, por donde descendían los rebaños de la fe para la fiesta de la
+tarde, en masas cerradas, con sus curas y estandartes á la cabeza!...
+
+Al bajar del tren el doctor Aresti, oyó que alguien le llamaba.
+
+Era el capitán Iriondo, vestido con el traje viejo de sus expediciones
+de caza. Llevaba la escopeta pendiente del hombro, y el perro, junto á
+él, husmeaba sus manos.
+
+--¿Buscas la bronca, eh?...--dijo al médico.--Tú vienes porque te gustan
+estas cosas, y yo me voy por no verlas.
+
+Se marchaba á cazar _chimbos_ á cualquier parte: le interesaba huir de
+Bilbao, no ver lo que seguramente ocurriría.
+
+--El aire huele á pólvora, querido _Planeta_: van á llover palos. Al
+venir á la estación me recordaba esta Bilbao tan nueva y tan bonita, la
+que conocí durante el sitio. Los socialistas, los republicanos, todos
+los que creen que esto marcha mal, se están reuniendo en la plaza de
+Toros entre banderas y vivas. Los otros se citan para la tarde en las
+iglesias y se enseñan los revólvers en los rincones de las sacristías.
+El Padre Paulí predica, hace tiempo, que hay que morir por la fe: el
+zascandil de Urquiola anda arengando á la juventud salida de Deusto,
+para que mate en nombre de Dios. La pobre villa parece un huevo entre
+dos piedras, y yo me voy, Luis, me voy, y admiro el gusto que tienes en
+ver estas cosas.
+
+Aresti le escuchaba con interés. Había hecho el viaje atraído por la
+posibilidad de un choque. Deseaba ver cómo los obreros de la montaña, y
+los industrialillos de la villa se atrevían por primera vez con el
+jesuitismo. Ya era hora de que Bilbao se levantase contra aquel enemigo
+que se deslizaba en sus entrañas, después que lo había derrotado por dos
+veces ante sus improvisadas trincheras, cuando se cubría con la boina
+blanca.
+
+--En esto llevas razón, Luis--dijo el capitán enardeciéndose.--Si me
+voy, es porque no puedo aguantar lo que se ve en esas calles. No pensaba
+al levantarme en salir al campo, pero de repente he cogido la escopeta
+para huir. ¡Porra! ¿De qué nos ha servido tanto comer pan de habas y
+carne de caballo á los que disparábamos el fusil en las trincheras, si
+aquellos á quienes hicimos huir se nos han metido en casa y parecen los
+amos? ¡Cómo está hoy Bilbao, chiquillo! No se puede dar un paso sin
+tropezar con un cura. Los que hace años bombardearon la villa y hoy
+darían cualquier cosa por verla entre llamas, se pasean por ella, como
+señores. Han bajado en manadas para ver á la Virgen, con el revólver en
+el bolsillo, y miran á todos con insolencia, como deseando que llegue
+pronto el momento de matar perros liberales.
+
+El capitán mostraba prisa en irse. De quedarse en la villa tal vez se
+mezclase en la lucha. Tenía miedo á su entusiasmo: podía sin darse
+cuenta liarse á golpes con aquel carlismo vergonzante que tanto le
+irritaba.
+
+--Yo no soy más que un empleado, Luis: un dependiente de Sánchez
+Morueta. ¡Y figúrate lo que haría doña Cristina si me viese mezclado en
+el jaleo; lo que diría el mismo Pepe, que tan cambiado está!... Bastante
+hago con defenderme y quedar á un lado, pues por su gusto iría esta
+tarde camino de Begoña.
+
+El recuerdo del millonario y su familia, hizo que el médico y el marino
+hablasen de la gran transformación de Sánchez Morueta. Muy poco había
+sabido de él Aresti, después de su encuentro en el monasterio de Loyola.
+
+--Es otro hombre--dijo Iriondo con tristeza.--Aquella casa ya no es la
+misma.
+
+Y evitaba dar más detalles, con la prudencia del subordinado fiel que
+teme ser indiscreto. Pero su franqueza de viejo marino se sobrepuso.
+
+--¡Qué porra! Tú eres de la familia y debes saberlo todo. Además, eres
+mi amigo y quieres á Pepe. ¡Ay, _planeta_! Aquello ya no es casa, es un
+convento, y cualquier día, el que fué nuestro grande hombre acabará por
+traernos el Padre Paulí al escritorio, para que dirija á los empleados.
+No se separa de él un instante.
+
+Y describía con rudeza la nueva vida del millonario. Todos le dominaban;
+todos estaban sobre él: la esposa, la hija, hasta aquel niño
+inaguantable de Urquiola, que le decía con la mayor insolencia: «Tío, no
+haga usted eso», «tío haga usted lo otro.» Por el momento, Sánchez
+Morueta sólo era el tío: pero no acabaría el año sin que el abogadillo
+le llamase papá. Se casaba con Pepita y todos parecían satisfechos de
+tal matrimonio: la niña, la madre y el Padre Paulí. El millonario
+callaba, como si estando contentos los demás no necesitasen consultar
+sus deseos. Urquiola iba ya por el escritorio y daba órdenes
+imperativamente á los empleados. Hasta con el capitán se atrevía; con el
+viejo amigo de Pepe, á quien siempre hablaba éste con fraternal
+atención. ¡Porra! ¡A la vejez, después de una vida de noble é
+independiente trabajo, ser criado de aquel cachorro de Deusto!... Antes
+se retiraría, abandonando á Pepe, el cual, bien mirado, ya no era el
+Pepe que él conoció.
+
+--Cómo nos lo han cambiado, Luis. ¿Querrás creer que un día en el
+escritorio, al volver de Loyola, me contó con el mayor entusiasmo que
+había hecho una confesión general, un recuento de todos los pecados de
+su existencia y me afirmaba que después de esto se sentía con mayor
+salud, como si fuese otro mundo? No he presenciado caída como esta. La
+mujer lo tiene tonto, y en esto la ayuda el tunantuelo de Urquiola. ¿No
+sabes la última hazaña de ese pillín?... No la sabrás: todo Bilbao habla
+de ella, pero á las minas no llegan estas cosas.
+
+Y relató á Aresti un suceso digno de la sección de tribunales de un
+periódico. Urquiola había dado un abortivo á aquella infeliz que vivía
+en los barrios altos y era su amante, sufriendo en silencio una
+esclavitud de miseria y de golpes, enamorada sin duda, de la fachenda
+del atleta y de su petulancia nobiliaria. Al protegido del Padre Paulí
+le aterraba la idea de tener un hijo, ahora que su matrimonio estaba
+concertado con la primera fortuna de Bilbao, y á viva fuerza había
+provocado el aborto. La enfermedad de la esclava y las murmuraciones de
+la vecindad, habían hecho intervenir en el asunto al juzgado. ¡Un
+escándalo, pero nada más! En aquella población todo se doblegaba á la
+influencia de los Padres y al respeto que inspiran los ricos.
+
+--Y Pepe--continuó el capitán,--sin enterarse de nada; y si algo sabe,
+como si no lo supiera. Basta que doña Cristina afirme que todo es
+mentira para que él lo crea: basta que el Padre Paulí le diga que
+Urquiola será un grande hombre para que él escuche impasible sus
+necedades y bravatas de cabecilla. ¡Ay, Luis! ¡Qué dominación tan rápida
+y absoluta la de esa gente!...
+
+Iriondo describía su influencia extendiéndose á todo lo que estaba bajo
+la dirección de Sánchez Morueta, á las fábricas, las fundiciones y hasta
+los barcos. Sin respeto á su cargo de inspector de navegación de la
+casa, le hacían despedir á marinos viejos que llevaban muchos años al
+servicio de Sánchez Morueta, y admitir á otros jóvenes que, apenas
+tomaban posesión de su camarote, pegaban frente á la litera una imagen
+del Corazón de Jesús. Él no osaba protestar ante el gesto autoritario
+del amo, y el miedo á los que, ocultos tras él, regulaban sus palabras y
+acciones.
+
+La semana anterior le habían dado orden de despedir á todos los obreros
+que, trabajando en la descarga de los buques, profiriesen blasfemias ó
+se mostrasen interesados en la propaganda de doctrinas impías. ¡Cristo!
+¡Él, á sus años, convertido en un hermano de la Doctrina Cristiana;
+obligándole aquellos señores á que enseñase catecismo y buenas palabras
+á los cargadores del Nervión!...
+
+--Pues, ¿y en los altos hornos?--exclamó después el capitán,--Allí va á
+haber cualquier día una huelga, seguida de la degollina de todos los
+beatos que toman las oficinas como terreno de conquista. Desde que se
+fué Sanabre, aquel chico tan simpático, la fundición es un infierno.
+Pepe tendrá cualquier día una sublevación ruidosa, y á los huelguistas
+no les faltará motivo. El trabajo y la honradez es lo de menos para los
+que dirigen la casa. Los trabajadores que no son religiosos van á la
+calle, y los talleres se llenan poco á poco de hipócritas, que trabajan
+como saben ó quieren, pero que son respetados porque van á misa y se
+inscriben en las sociedades de obreros católicos.
+
+El decaimiento moral de Sánchez Morueta, la abdicación de su voluntad,
+irritaban al marino.
+
+--Tu primo no osa moverse, Luis. Su famosa confesión general es como el
+traje nuevo de un niño: no se atreve á hacer nada, por miedo á
+mancharse. Cuando de tarde en tarde le veo, me parece que tengo delante
+á un fraile. No sabe hablar más que de la muerte; de lo que
+encontraremos en la otra vida, y vuelta otra vez con la muerte por
+arriba y por abajo, y el muy camastrón tiene mejor color y está más
+fuerte que nunca. Si yo me atreviera con él como tú, le diría: «Qué
+porra: ya sé que hemos de morir; vaya un descubrimiento. Pero mientras
+la muerte no llega, vivamos cada cual á su gusto, sin hacer la santísima
+á los demás, que es lo único en que gozan los que piensan á todas horas
+en su alma.»
+
+Faltaban pocos minutos para que partiese el tren, y el capitán se
+despidió de Aresti.
+
+--Esta tarde, en la romería, puede que tengas la gran sorpresa. Tal vez
+vaya en ella Pepe con su escapulario.
+
+Aresti dió salida á su asombro con un juramento. ¡Quién! ¿Pepe sería
+capaz de exhibirse en aquella farsa?...
+
+Iriondo no tenía la certeza de ello pero lo presentía. Era un suceso que
+llevaba preocupada á toda la familia durante la semana. La esposa quería
+verle atravesar Bilbao, con la cabeza descubierta, en las filas de los
+devotos. ¡Qué triunfo para la religión! Él, después de volver á la buena
+senda, no podía negar á Dios el prestigio que daría á la santa causa
+esta adhesión pública de un hombre de su fortuna y su poder. El
+millonario se resistía, adivinando lo ridículo de esta humillación;
+defendíase agarrado á un harapo de su antiguo carácter. Pero todos caían
+sobre él, martilleando la débil corteza de su voluntad reblandecida. La
+madre y la hija se lo suplicaban. ¡Las daría tanto placer con ello!...
+El Padre Paulí hablaba con desprecio de los cobardes que sólo aman á
+Dios en su casa y temen manifestarlo públicamente, y el matoncillo
+Urquiola hacía burla de los que no se atrevían á salir á la calle por
+miedo á los impíos.
+
+--Irá, estoy seguro--dijo el capitán con tristeza.--Lo arrastrarán, la
+familia de un lado, y de otro el miedo á parecer cobarde. ¡Adiós, Luis,
+y ten prudencia! Mira que hay cerrazón en el horizonte y la borrasca de
+esta tarde va á ser de cuidado.
+
+El doctor subió la larga escalinata de la estación, y al salir al puente
+del Arenal vió muchos balcones colgados con trapos de colores é
+inscripciones en loor de la Virgen de Begoña. En las Siete Calles, lo
+más típico y tradicional de la población, las casas empavesadas ofrecían
+el aspecto de un villorrio. Trapos multicolores ostentaban entre
+banderas el mismo rótulo en honor de la _Señora de Vizcaya_. Las gentes
+mirábanse con aire hostil; la población, dividida en dos bandos, parecía
+estremecerse en este ambiente de acometividad. Los vecinos de la villa
+contemplaban con simpatía ó con odio á los grupos de campesinos y de
+obreros, según eran sus creencias. Cada cual miraba con desconfianza al
+vecino, y todos decían lo mismo en sus conversaciones.
+
+--¡A la tarde!... ¡Oh, á la tarde!...
+
+Aresti, después de errar más de una hora por la villa, se encontró al
+atravesar el Arenal con un obrero de ropas haraposas y gran barba, que
+le saludó con un gruñido, llevándose con cierta violencia la mano á la
+boina.
+
+--Ya sabe usted, doctor, que usted es el único burgués que yo saludo.
+
+Era el _Barbas_, el terrible solitario de Labarga, que pasaba sus horas
+de vagancia encogido en el suelo, inmóvil, como un profeta de horrores,
+escupiendo amenazas é insultos sobre los ricos del país. Hacía tiempo
+que habían demolido su barraca, después de socavar el suelo. La vieja
+compañera había muerto de miseria y él vagaba por las minas, durmiendo á
+la intemperie, comiendo lo que le daban los peones y pagando esta
+limosna con insultos. Cuando estallaba un barreno cerca de él, miraba
+con ojos feroces á los obreros.
+
+--¡Bestias!--les gritaba como si cometiesen un crimen.--¡Tenéis la
+dinamita en vuestras manos y la empleáis en eso!...
+
+El doctor contestó á su saludo alegremente.
+
+--¡Compañero! ¿Tú aquí?...
+
+Había llegado por la mañana en un tren lleno de obreros. Por supuesto,
+sin billete; los compañeros querían pagárselo, pero él había protestado,
+ocultándose para viajar sin que los burgueses le explotasen.
+
+--¿Y el mitin?--preguntó Aresti.--¿No vas al mitin?
+
+El _Barbas_ hizo un mohín de desprecio. Él no perdía el tiempo en
+bobadas. Se sabía de memoria todo lo que allí podían decir. Necedades y
+cobardías. Pedir más jornal ó que lo pagasen de este modo ó del otro;
+reclamar como quien pide limosna mayores consideraciones para el que
+trabaja. ¡Como si esto sirviese de algo! Eran unos _cataplasmeros_. Y en
+esta palabra envolvía todo su desprecio á los que buscaban con reformas
+paulatinas y con una organización fuerte y disciplinada el mejoramiento
+del obrero.
+
+--Cataplasmeros, doctor--gritaba.--Nada más que cataplasmeros. Este es
+un país acostumbrado á la disciplina y á la autoridad: por eso el pobre
+que en otro tiempo fué carlista, cree ahora sin esfuerzo alguno en esas
+organizaciones casi militares, que le prometen cambiar la sociedad poco
+á poco. Pero ya se cansarán de tanta sensatez y tanto politiqueo obrero
+y entonces seguirán al _Barbas_ y á otros como él, y en veinticuatro
+horas se arreglará todo ó acabará todo. El pobre pide justicia y la
+justicia ni se solicita á pedazos ni se regatea: se toma como se puede,
+aunque acabe el mundo.
+
+Después explicó por qué había hecho el viaje. Únicamente le atraía lo
+que pudiera ocurrir por la tarde. Quería convencerse de que los pobres
+se atrevían por fin con los ricos: deseaba ver cómo corrían todos los
+enemigos por él odiados, sin que les valiese la protección de los ídolos
+celestiales á los que levantaban palacios, mientras él vagaba por el
+monte como un perro sin abrigo.
+
+La esperanza del choque y de la lucha le estremecía de placer. Husmeaba
+el ambiente amenazador, como un viejo caballo de guerra que relincha
+oliendo la pólvora.
+
+--¡Bronca!... ¡Ya se ha armado!--exclamó con alegría, mirando al otro
+lado del puente.
+
+Por la avenida del ensanche corría á todo galope un grupo de jinetes de
+la guardia civil. En último término, veíase una gran masa de gente, una
+mancha negra matizada por el rojo flotante de algunas banderas.
+
+Era el público que salía del mitin y se detenía ante los balcones de las
+mejores casas, protestando de las colgaduras en honor de la _Señora de
+Vizcaya_. La gente silbaba: comenzaban á volar las piedras por encima
+de la negra masa: caían con estrépito las vidrieras rotas.
+
+Aresti se vió solo. El _Barbas_ corría hacia el gentío, dando gritos de
+entusiasmo. ¡Duro, duro! ¡No comenzaba mal la cosa!... Quiso ir el
+doctor hacia el ensanche, pero se detuvo, viendo que la muchedumbre,
+lentamente, avanzaba su pesado oleaje con dirección al Arenal. La
+caballería, impotente para contenerla, se limitaba á ir con ella,
+creyendo evitar así mayores desmanes.
+
+Pasó la manifestación el puente, extendiéndose por el Arenal y las
+calles inmediatas. Eran obreros en su mayoría y jóvenes de la población
+cuyos sombreros se destacaban entre el oleaje de boinas y gorras. Unos
+aclamaban á la Revolución social; otros daban vivas á la República;
+algunos gritaban ¡viva España! ante las inscripciones en vascuence,
+viendo en estas loas á la _Señora de Vizcaya_ un hipócrita insulto á la
+integridad nacional. Era una amalgama de todos los odios contra aquella
+Bilbao dominada por la Compañía de Jesús y formada á su imagen.
+
+El grito de ¡abajo los jesuítas! era contestado por un rugido unánime de
+la masa. En las calles inmediatas al Arenal caían á pedradas los
+cristales. Algunos chicuelos subían por las fachadas con agilidad de
+monos para arrancar las colgaduras de la Virgen de Begoña, dejándolas
+caer sobre el gentío, que las hacía pedazos.
+
+Una noticia circuló como un relámpago por la gran masa detenida en el
+Arenal. Estaban prendiendo fuego á la iglesia de los jesuítas. Una parte
+de la manifestación, rezagada en el ensanche, sitiaba el templo,
+rociándolo con petróleo. Ya ardían las puertas.
+
+La guardia civil corrió allá á todo galope, abandonando la
+manifestación. Aresti sentía un entusiasmo casi igual al del _Barbas_.
+¡Ya ardía el odiado cubil! ¡Bilbao despertaba!...
+
+Pero iban llegando nuevas noticias. Las puertas sólo habían sido
+chamuscadas: la presencia de la autoridad había disuelto el grupo
+incendiario, extinguiendo el fuego.
+
+Era ya más de mediodía. Los grupos se aclaraban: todos se iban á comer.
+Aquello sólo había sido el prólogo de lo que ocurriría después.
+
+--A la tarde, aquí--se decían unos á otros al alejarse.
+
+Aresti entró en el restaurant del Suizo. En todas las mesas se hablaba
+también de lo que ocurriría por la tarde. A las tres estaban citados los
+de la peregrinación en el Arenal. Llegarían en varias procesiones desde
+las distintas parroquias, para reunirse todos en la iglesia de San
+Nicolás. El plan había sido preparado con el propósito de llamar la
+atención, de ocupar toda la villa, de hacer un alarde de arrogancia,
+desafiando á los enemigos.
+
+Muchos esperaban que se suspendiese la fiesta provocadora. Decían que el
+gobernador estaba influyendo cerca de sus organizadores, para que
+desistieran de ella. El Padre Paulí se negaba rotundamente, invocando
+hipócritamente la libertad. Su acólito Urquiola hablaba de la batalla de
+la tarde con aires de caudillo.
+
+Algunos mostrábanse desconsolados por la idea de que pudiera suspenderse
+la romería. Al fin, era un suceso que _amenizaba_ la vida monótona y
+gris de la población. Aresti no dudaba de que se verificase. Conocía á
+los organizadores, y su propósito de excitar á la impiedad naciente,
+para darla la batalla y afirmar así su dominación que creían en peligro.
+
+En una mesa cercana disputaban dos señores.
+
+--Me he fijado bien en la manifestación--gritaba uno de ellos.--Todos
+eran Pérez y Martínez, todos _maketos_ é hijos de _maketos_, mala gente,
+de la que ha invadido nuestro país. No iba ni uno que tuviera los cuatro
+apellidos vascongados.
+
+Y hablaba con orgullo de estos cuatro apellidos, que exhibían como una
+prueba de nobleza todos los del partido bizkaitarra.
+
+--Pues, yo los tengo--gritaba su interlocutor con acometividad,--y digo
+que deseo que esta tarde les rompan el alma á los de la romería, y
+¡ojalá arrastren á todos los jesuítas!
+
+La división que perturbaba á la villa, mostrábase, también en el
+restaurant, impulsando á unos parroquianos contra otros faltando poco
+para que se arrojaran los platos y se acometiesen con los cuchillos.
+
+A las dos volvió Aresti al Arenal. Formábanse de nuevo los grupos cerca
+del puente, mirando con hostilidad á los aldeanos que pasaban camino de
+las parroquias. Circulaban por el gentío las más contradictorias
+noticias. Ya no se verificaba la romería: oponíase á ella el gobernador,
+al que los bizkaitarras, en su fervor separatista, llamaban
+despreciativamente «el cónsul de España». Después corría de boca en boca
+la certidumbre de que iba á celebrarse la fiesta. Se estaban formando
+las comitivas en cada parroquia: pronto llegarían al Arenal para
+reunirse todas en San Nicolás.
+
+Y la gran plaza ennegrecíase de gentío inquieto. Una masa de cabezas
+cubría las aceras y las calles inmediatas. El centro del Arenal estaba
+desierto: quedaba un gran espacio libre, del que se apartaba
+instintivamente la gente: un vacío que parecía destinarse al choque de
+unos y otros.
+
+Aresti se sintió de pronto arrastrado por un violento empellón de la
+muchedumbre, estremecida al adivinar la proximidad del enemigo. Estalló
+una tempestad de gritos en una calle inmediata. Eran aclamaciones
+interrumpidas por tiros.
+
+Por encima del oleaje de cabezas pasaban en un vaivén tempestuoso los
+estandartes de la primera procesión. El médico, sin saber cómo, en uno
+de los empujones de la multitud, se vió en mitad del Arenal, cerca del
+desfile de devotos. Iban en grupos, con la cabeza descubierta; los
+hombres, empuñando grandes garrotes, y llevando al pecho el escapulario
+de la Virgen de Begoña; las mujeres escoltaban á los curas, mirando á la
+muchedumbre con sus ojos de hembras duras y fanáticas. Cesaron los
+disparos al entrar la procesión en la plaza. Entonaban los romeros un
+himno en vascuence á la Señora de Vizcaya, y de los grupos salía, como
+respuesta, _La Marsellesa_ ó _La Internacional_.
+
+Agrupáronse los devotos ante la portada de San Nicolás, y la muchedumbre
+avanzó lentamente hacia ellos. Estrechábase el espacio entre unos y
+otros, los palos levantábanse amenazantes, los insultos alternaban con
+los cánticos. De repente, el gentío se hizo atrás, volviendo sus mil
+cabezas. Una nueva procesión llegaba por el puente. Se había reunido en
+la Residencia de los jesuítas: era lo más brillante del ejército devoto
+que iba á subir á Begoña; el _señorio_ de Bilbao, en el que figuraban
+las familias ricas de la villa, los agitadores del bizkaitarrismo, los
+alumnos de Deusto. Los Padres de la Compañía más famosos, presidían las
+asociaciones obreras organizadas por ellos para contener la impiedad
+creciente del pueblo.
+
+Desfilaban en grupos, con mirada de reto, abombando el pecho para que se
+viera bien el distintivo de la Virgen, con una mano oculta en los
+bolsillos, marcándose en la tela el rígido contorno de las armas de
+fuego. Las señoras caminaban con paso marcial, sin parecer intimidadas
+por la actitud hostil del gentío, como damas altivas que no temen al
+mal gesto de su servidumbre, mirando con desprecio á toda aquella
+balumba de pobretones que se sustentaban de lo que sus poderosas
+familias querían darles.
+
+Estalló un trueno de gritos, insultos é imprecaciones. Aresti vió pasar
+á Urquiola con el revólver fuera del bolsillo, seguido de alumnos de
+Deusto y de fuertes aldeanos, como un cabecilla, orgulloso de poder
+realizar dentro de Bilbao lo que sus antecesores sólo intentaron en las
+montañas inmediatas, durante los dos famosos sitios.
+
+--¡Viva Vizcaya! ¡Viva la religión y Nuestra Señora de Begoña! ¡Mueran
+los liberales!
+
+Algunos discípulos de la Universidad jesuítica, pareciéndoles estas
+aclamaciones demasiado vulgares, daban vivas á la Unidad Católica, y los
+aldeanos los contestaban con rugidos de entusiasmo, sin entender lo que
+aquello significaba, pero adivinando que debía ser algo contra los
+impíos de la odiada Bilbao.
+
+Aresti vió pasar á la mujer y la hija de Sánchez Morueta. Después á las
+de Lizamendi en un grupo de señoras, con la falda ceñida y el andar
+arrogante. Miraban á todos lados como si buscasen á alguien entre el
+gentío hostil, y al verle, la madre y la hija mayor casi sonrieron
+satisfechas de no haberse equivocado. ¡También estaba allí!... El mal
+hombre estaba donde le correspondía. El médico vió la mirada de
+resignación y de lástima que su mujer dirigía al ciego, como si
+pidiese, con lamentos de víctima, perdón para su alma perdida. Luego vió
+destacarse de un grupo de sotanas á su enorme primo, que marchaba con la
+cabeza descubierta, brillando la condecoración de la Virgen entre la
+celosía de sus barbas, con la mirada arrogante, una mirada dura y hostil
+desconocida por Aresti.
+
+El médico no pudo ver más. Creyó de pronto que se abría el suelo de la
+plaza y que huían todos, chocando unos contra otros con el terror de la
+fuga. Algunos palos rompiéronse en pedazos; sonaban las espaldas al
+recibir los golpes con un ruido de cofres vacíos; caían muchos con la
+cara cubierta de sangre, tropezando en sus cuerpos los que huían, y
+comenzaron á sonar por todos lados, como chasquidos de tralla, los tiros
+de los revólvers.
+
+Corrían las señoras á refugiarse en San Nicolás, y los curiosos de las
+aceras, huyendo de los disparos, se arrojaban de cabeza dentro de los
+cafés, rompiendo cristales y volcando sillas y mesas.
+
+En un momento se formó un gran vacío en la plaza, quedando sembrado el
+suelo de garrotes, sombreros y boinas. Algunos heridos se arrastraban,
+manchando de sangre el suelo del paseo. Otros eran llevados en alto por
+los grupos hacia las farmacias más próximas. Mientras tanto, continuaba
+el combate entre los más resueltos de una y otra parte.
+
+De la portada de San Nicolás salían descargas cerradas, disparos de
+revólvers baratos comprados el día antes por los organizadores de la
+romería, balazos sin dirección, que iban á perderse en la arena del
+paseo ó se incrustaban en los árboles. La mayoría de los obreros
+carecían de armas y se batían con los puños ó con palos, profiriendo en
+la exaltación de la lucha blasfemias contra la Virgen de Begoña y sus
+devotos. La batalla se había fraccionado: peleábase en grupos sueltos ó
+individualmente. Los mismos compañeros no se reconocían, y muchas veces
+se golpeaban, creyendo herir á un enemigo.
+
+Aresti permanecía inmóvil en medio de la plaza, sin darse cuenta de las
+balas que á corta distancia de él levantaban las cortezas de los
+troncos. Sentíase empujado de un lado á otro por los empellones de los
+combatientes, viéndolo todo al través de una niebla gris, como si el sol
+se hubiera ocultado. Sus pies se enredaban en cuerpos blandos, que le
+hacían tropezar, y de los que salían gemidos dolorosos.
+
+En este crepúsculo del atolondramiento creyó ver á un cura enorme que se
+recogía el manteo con una mano y con la otra disparaba su revólver sobre
+un trabajador que esquivaba los tiros con agilidad simiesca.
+
+--¡Tú acabarás!--decía blandiendo una faca y desviándose de un salto
+cada vez que el sacerdote tiraba del gatillo, apuntándole.
+
+Y cuando el cilindro del arma rodó sin que saliera ya ninguna
+detonación, el obrero, con una risa feroz, se abalanzó sobre el cura,
+abrazándolo, cayendo con él al suelo, hundiéndole en la espalda el arma
+con tanto ímpetu, que la hoja quebróse en dos pedazos.
+
+Aresti creyó que se había desplomado un árbol sobre sus hombros. Fué un
+golpe que le sacó de su aturdimiento, haciéndole rugir de ira: un
+garrotazo en la espalda, que acabó con toda su bondad irónica de
+espíritu superior, despertando en él á la fiera. Levantó su bastón y
+comenzó á dar golpes delante de él, sin mirar á quién alcanzaba, sin
+acordarse de que podía ser un amigo, con el ansia de hacer daño, con la
+embriaguez de la sangre.
+
+De pronto se sintió detenido en su avance por una espalda que caía
+contra su pecho. Era un jovenzuelo, desmedrado y débil, con el
+raquitismo que da el trabajo cuando es superior á las fuerzas de la
+edad. Vaciló como si estuviera ebrio, llevándose las manos á la cara
+ensangrentada, y al intentar erguirse, un puño enorme volvió á caer
+sobre él haciéndolo rodar por tierra.
+
+Aresti, con los pies inmovilizados por el cuerpo del caído, levantó el
+bastón al ver que se alzaba contra él de nuevo aquel puño que resonaba
+sordamente golpeando como una maza. Pero el médico quedó con el brazo en
+alto al reconocer al hombre que le acometía.
+
+--¡Tú!... ¡tú!...--gritó con una voz que parecía desgarrarle la
+garganta.
+
+Tenía ante él á Sánchez Morueta, con el puño levantado, las barbas en
+desorden, y en los ojos una expresión feroz: el deseo de exterminar á la
+canalla impía que insultaba á las personas decentes y había hecho
+refugiarse á las señoras en la iglesia.
+
+Al reconocer á Aresti, bajó el brazo y la cabeza como avergonzado. En el
+mismo instante, algo blando y tibio chocó en una de sus mejillas
+escurriéndose por los hilos de su barba. ¡Su Luis, su hermano, le había
+escupido en el rostro! Era el odio que no encontraba otra forma de
+herirle, ya que las manos se negaban á ello por el antiguo respeto; era
+el desprecio al verle anonadando con su fuerza de animal bien mantenido
+y feliz, á aquel aborto de la miseria que estaba en el suelo con la cara
+ensangrentada.
+
+El millonario miró á su primo con ojos mansos y sin expresión, unos ojos
+bovinos que parecían pedirle clemencia, al mismo tiempo que se pasaba la
+mano por la barba borrando el escupitajo del odio.
+
+Fué á hablar, pero no pudo. Un fantasma negro que agitaba su manteo como
+unas alas fúnebres tiraba de él. Era el Padre Paulí.
+
+--Don José. Vámonos de aquí. ¡A Begoña! ¡A Begoña!
+
+Y le arrastró con paternal solicitud, como si el millonario fuese el
+primer estandarte de la romería.
+
+Aresti quedó inmóvil, avergonzado de su arrebato. Pero en fin, lo hecho
+bien estaba, ya que no tenía remedio. Los empellones de la gente que
+huía le sacaron de su abstracción. Los jinetes de la guardia civil
+corrían al trote por la plaza, amenazando con sus sables. Los romeros se
+agrupaban ante la iglesia, y la masa popular aglomerábase en las aceras,
+dejando la plaza limpia de gente. De vez en cuando la atravesaban
+algunos hombres, llevando en sus brazos un herido.
+
+Las piedras arrojadas por los grupos chocaban en la fachada de San
+Nicolás. Desde las dos torrecillas de la iglesia les contestaban á
+tiros.
+
+La muchedumbre sin armas, herida á mansalva desde aquella altura, rugía
+impotente, y en un arranque de desesperación, intentó arrojarse al
+asalto del templo, pero tropezó con un obstáculo que acababa de
+interponerse entre los dos bandos, una barrera azul y roja en la que
+brillaban cañones de fusil y correajes lustrosos.
+
+Dos compañías de infantería habían entrado en la plaza á paso
+gimnástico, colocándose en batalla ante la iglesia. Eran los _guiris_,
+los _ches_, la España en armas que llegaba; la odiosa Maketania con su
+pantalón rojo, sostenedora de la impiedad liberal, enemiga de la
+resurrección de la antigua Vasconia. Los soldaditos, pálidos, con la
+boca apretada, descansando sobre sus fusiles entre las pedradas y los
+tiros de revólver, daban frente á la gran masa que protestaba contra la
+romería.
+
+Llegaban para guardar el orden, pero sus ojos iban instintivamente
+hacia la muchedumbre devota, como si deseasen girar sobre sus talones y
+hacer fuego apuntando á la iglesia. Aquellos curas armados y
+vociferantes, los aldeanos fuertes y sumisos como bestias, los señoritos
+con aires de cabecilla, eran el eterno enemigo. Los soldados husmeaban
+en ellos á los que en otro tiempo habían asesinado en las montañas á sus
+hermanos, y que aun ahora deseaban volver á la lucha de emboscadas. El
+deber, con su peso férreo é irresistible, mantenía inmóvil á la doble
+fila de hombres azules y rojos.
+
+Un oficial vaciló un instante y entregando su sable á un soldado, se
+llevó una mano á un hombro. Acababa de recibir un balazo; le habían
+herido los que tiraban desde lo alto de la iglesia. Su rostro se
+contrajo con tristeza dolorosa, más que por la herida, por la amargura
+de un sacrificio sin gloria, por perder su sangre, no en la montaña
+frente á frente con el eterno enemigo, sino á la puerta de una iglesia,
+á manos tal vez de un sacristán, de uno de aquellos efebos católicos
+que, ocultos en las alturas, gritaban como mujeres aclamando á la
+religión y la Virgen.
+
+La guardia civil empujaba á los romeros fuera de la plaza. Salían en
+bandas de la iglesia con sus estandartes, desgarrados en la lucha, y
+emprendían la ascensión á Begoña escoltados por los jinetes.
+
+La muchedumbre hostil, contenida en su avance por la tropa, oía cómo se
+alejaban las cofradías por las calles empinadas que daban acceso al
+santuario.
+
+--¡Viva la Virgen!--gritaban con el enardecimiento de una lucha en la
+que habían llevado la mejor parte.
+
+--¡A Begoña! ¡A Begoña!--aullaba Urquiola agitando el revólver al frente
+de un grupo.
+
+Y las aclamaciones á la Virgen, interrumpíanlas con frecuentes
+descargas. Sin cesar en sus cánticos, hacían fuego sobre todos los que
+al borde de la cuesta contestaban á sus aclamaciones con gritos de
+protesta.
+
+Poco á poco fué quedando desierto el atrio de San Nicolás. Un muerto
+yacía en la acera, custodiado por dos guardias. Más allá, los grupos
+rodeaban á varios heridos. Algunos curas se deslizaban con paso lento á
+lo largo de las paredes esquivando el gentío. Estaban heridos é iban á
+sus casas á curarse ocultamente, huyendo de la publicidad y de enojosas
+declaraciones.
+
+Aresti pasó más de una hora de botica en botica y de café en café,
+solicitado y arrastrado por muchos que le conocían, llamado allí donde
+guardaban un herido, esforzándose por curar de primera intención, con
+los medios que tenía á su alcance, á todos los infelices que en brazos
+de la muchedumbre iban después hacia el hospital.
+
+Atendió indistintamente á unos y otros, á los que llevaban en el pecho
+el escapulario de la Virgen y á los que en el paroxismo del dolor
+creían encontrar un alivio dando vivas á la Libertad y la República. La
+carne herida, destrozada por el choque, la sangre que manchaba las
+aceras y los pavimentos de los cafés, le causaban inmensa tristeza,
+haciéndole pensar con lástima en la eterna infancia de los hombres:
+¡Matarse, herirse por un pedazo de madera groseramente tallada, que
+estaba allá en lo alto, entre luces y flores, mientras existían en el
+mundo terribles enemigos, como el hambre y la injusticia, que reclamaban
+para desaparecer el esfuerzo común y fraternal de todos los humanos!
+
+Mientras los hombres se mataban por la gloria de la Virgen de Begoña, la
+carcoma, más sabia que ellos, seguiría mordiendo las entrañas de madera
+del sonriente fetiche: tal vez á aquellas horas algún ratón roía las
+patas del ídolo milagroso, bajo su hueca saya de pedrería.
+
+El médico, fatigado por las emociones de la tarde y por la violencia de
+aquellas curas entre la enojosa curiosidad de la gente, respiró
+satisfecho cuando ya no le presentaron más heridos.
+
+Paseó entonces por la orilla de la ría, pensando en el encuentro con su
+primo, que seguramente sería el último. La injuria á Sánchez Morueta le
+mordía el pensamiento: aquel salivazo parecía haber caído sobre su alma.
+¡Ay, el intruso! El maldito intruso! ¡Cómo había penetrado entre ellos,
+matando todo afecto, anulando con el poder frío de la muerte todo un
+pasado de cariño fraternal!... No habían reñido cuerpo á cuerpo como
+los hermanos en las guerras civiles: pero se habían herido en el alma,
+separándose para siempre, como bestias enfurecidas. Se acabó la familia:
+Aresti estaba solo en el mundo.
+
+Varios grupos de muchachos corrían vociferando por las riberas del
+Nervión. Algunas mujeres daban alaridos, haciendo la señal de la cruz.
+¡Se iba acabar el mundo!... Un tropel de desalmados, furiosos después de
+la lucha en el Arenal, se habían esparcido por las Siete Calles,
+escalando las hornacinas que cobijaban las imágenes de los patronos de
+aquella Bilbao tradicional.
+
+Los santos eran arrojados de sus capillas y arrastrados después hasta la
+ribera, entre las patadas y salivazos de la turba, que quería vengar en
+aquellos cuerpos de palo, pintados y dorados, la sangre derramada por
+otros de músculos y hueso. ¡Al agua los santos! Y caían de cabeza en la
+ría las vírgenes y los bienaventurados, flotando después de la inmersión
+con la ligera porosidad de la madera vieja.
+
+La muchedumbre seguía lentamente por las riberas el tardo descenso de
+las imágenes empujadas por la corriente. Silbaban y aplaudían viendo el
+cabeceo de los santos, mientras algunas mujeres, con arrojo de mártires,
+insultaban á los impíos, amenazándoles con las manos crispadas.
+
+Una imagen de la Virgen de Begoña, arrancada de su hornacina, era la que
+más llamaba la atención. ¡Ella tenía la culpa de todo!... Y la silbaban
+é insultaban mientras la imagen descendía tendida de espaldas, mostrando
+á flor de agua su vientre dorado y su carita de muñeca sagrada. Un
+gabarrero, cruzando la ría en su barcaza, avanzó hacia la imagen como si
+quisiera cortarla el paso. Los devotos aplaudieron, presintiendo la
+piedad del marinero: iba á salvar á la Virgen.
+
+Cuando su barca estuvo cerca de la imagen, cesó de manejar el remo, y,
+levantándolo en alto, después de mirar á ambas orillas, dió con él un
+golpe tremendo á la Virgen, que desapareció en un remolino de agua para
+no flotar más. Entonces fueron los otros los que prorrumpieron en
+aplausos, mientras los devotos elevaban los ojos al cielo. ¡Hasta sobre
+las aguas se mostraba la impiedad de la villa!...
+
+Frente á un grupo peroraba un hombre de aspecto miserable, con
+movimientos desordenados, como si fuese un loco. Aresti reconoció al
+_Barbas_.
+
+--Lo de hoy no vale nada--gritaba.--No me parece mal que les metan mano
+á los que por tanto tiempo han tenido engañada á la gente, pero después
+de esto hay que ajustar la cuenta á los que la roban. Hoy ha sido la
+batalla de los santirulicos: mañana será la del pan. Ya bajarán del
+monte los que han producido con su trabajo las riquezas de todos los
+ladrones de aquí: ya reclamarán su parte. Y nada de peticiones ordenadas
+ni de aumentos de jornal, ni de limosnas. ¡Fuera los cataplasmeros! A
+cada cual lo que le corresponde, y al que se oponga, ¡dinamita... roño!
+¡dinamita!
+
+Aresti se alejó para que no le viese aquel energúmeno, que parecía
+enardecido por la sangre de la reciente lucha.
+
+Sus palabras evocaban en el pensamiento del médico las minas, con su
+población miserable, roída por las necesidades materiales y la
+desesperación de los que sienten sed de justicia. Desde aquellos
+picachos rojos, transformados y revueltos por el pico del peón y el
+trueno del barrenador, un nuevo peligro espiaba á la villa opulenta y
+feliz. Después del choque provocado por el fanatismo dominador, vendría
+la huelga de los infelices, la reclamación imperiosa de la miseria.
+
+Un ejército enemigo se ocultaba tras aquellas montañas que cerraban el
+horizonte: una horda hambrienta que algún día caería sobre la población
+como en otros tiempos las gavillas del absolutismo. Bilbao estaba
+amenazada de un tercer sitio; pero en el de ahora no se detendrían los
+enemigos ante las defensas exteriores; se esparcirían por las calles y
+bloquearían á la riqueza en sus magníficas viviendas. La guerra en
+nombre del pasado se repetiría en defensa del porvenir; los nuevos
+sitiadores llevarían la miseria como bandera, y como grito de combate el
+derecho á la vida.
+
+Aresti pensaba en la posibilidad de que desapareciese aquella riqueza
+origen de tantos males. ¿Para qué servían los tesoros de las minas? Se
+había embellecido exteriormente la población, tomando el aspecto de una
+capital: la grandeza de la industria moderna tronaba en la ría por las
+chimeneas de fábricas y buques; pero la vida era más triste que antes.
+Con la riqueza habían llegado los hombres negros, que se hacían los amos
+de todo, que se apoderaban de las conciencias, acabando por poner sus
+manos en los bienes materiales.
+
+Si la riqueza de la villa se agotara de pronto, aquellas aves de
+tristeza levantarían el vuelo hacia otros países. El suelo sería más
+pobre, pero renacería en él como planta de consuelo la alegría de la
+vida.
+
+La antigua Bilbao de los comerciantes y los marinos, que aún no conocía
+el valor del hierro, era más feliz, con la paz de un trabajo lento y
+ordenado y la llaneza fraternal de sus costumbres, que la villa moderna,
+con sus improvisadas fortunas, sus ostentaciones locas y aquella riqueza
+disparatada y rápida que apenas si dejaba en el país rastros
+beneficiosos de su paso, perdiéndose en las obscuras tragaderas del
+intruso negro, aparecido en la hora suprema de la fortuna para sentarse
+al lado de los favoritos de la suerte, ofreciéndoles el cielo á cambio
+de una participación en el botín.
+
+El saqueo de la Naturaleza, la amputación de sus entrañas de hierro,
+había servido únicamente para la felicidad de unos cuantos y para qué el
+parásito sagrado que se ocultaba tras ellos fuese el verdadero amo de
+todo. ¡Debía terminar aquel carnaval de la Fortuna, que sólo servía para
+dar nuevas fuerzas al fanatismo religioso y para irritar á la miseria,
+con el alarde de una concentración loca de la riqueza, que avivaba los
+odios sociales!...
+
+Las minas se empobrecían. Los optimistas las daban vida para veinte
+años: los más crédulos llegaban hasta treinta. Pero después vendría el
+agotamiento, la nada; la montaña pelada, con su esqueleto calcáreo al
+descubierto, sin guardar el más leve harapo del manto que la había
+cubierto durante siglos, más rico que el de muchos dominadores de la
+tierra. Algunas minas quedaban abandonadas como los caballos moribundos,
+á los que se olvida cuando ya no pueden dar utilidad. En otras, se
+aprovechaba la escoria de las viejas explotaciones, para extraer el
+hierro que habían respetado los métodos antiguos. En Gallarta se
+derribaban casas enteras, construidas algunos años antes, para
+aprovechar el mineral de su paredes. Se vivía de los residuos de la
+época de prosperidad, como en las casas donde asoma la escasez y se
+aprovechan para un nuevo yantar las sobras de la comida anterior. Tras
+esto, era de esperar la completa carencia de mineral. Serían inútiles
+todas las extratagemas de aprovechamiento; sólo encontrarían la tierra
+pobre y estéril, sin la menor partícula de hierro, y entonces vendría el
+¡sálvese quien pueda!, el momento terrible de la vuelta á la pobreza, la
+fuga desordenada y arrolladora de la muchedumbre que engañaba su hambre
+trabajando en la cantera, dejando entre sus pedruscos lo mejor de su
+vida: el aislamiento de los poderosos, encerrándose en el arca de su
+riqueza, para flotar sobre este Diluvio final.
+
+La Fortuna habría pasado un momento por aquella tierra, como por otros
+países, sin dejar más que ligeras huellas. Bilbao ofrecería el aspecto
+de las ciudades históricas de Italia, que fueron grandes, llenando el
+mundo con el poderío de su comercio, y hoy son melancólicos cementerios
+de un pasado glorioso. Quedarían en pie los palacios del ensanche, la
+ría prodigiosa con su puerto, que parece esperar las escuadras de todo
+el mundo: pero los palacios estarían desiertos, el abra, con sus
+contados barcos, tendría la triste grandeza de una jaula inmensa sin
+pájaros, y las fundiciones, los altos hornos, los cargaderos, serían
+ruinas, con sus chimeneas rotas, como esas columnas solitarias que hacen
+aún más trágica la soledad de las metrópolis muertas.
+
+Ebrios por el vino enloquecedor de la suerte, los dueños de tanta
+riqueza, no habían querido crear industrias nuevas, que fuesen libres de
+la servidumbre de la mina. Las luchas industriales con sus
+complicaciones y riesgos, no les tentaban, acostumbrados á las fáciles y
+seguras ganancias de un país donde sólo hay que arrancar los pedruscos
+del suelo para enriquecerse. La vida de la villa, el movimiento de su
+puerto, la existencia de sus fábricas, todo estaba sometido á la tierra
+roja arrancada de la montaña. El hierro era la sangre de Bilbao, el aire
+de sus pulmones, y al faltar de repente, caería la villa ostentosa con
+repentina muerte, desaparecería, como el decorado de una comedia de
+magia, aquella riqueza creada de la noche á la mañana, que era para la
+masa infeliz una opulencia insultante.
+
+Tal vez algún día los pasos de los raros transeuntes despertasen el
+mismo eco fúnebre en las calles de la nueva Bilbao, que los del viajero
+al vagar entre los muertos palacios de Pisa. Podía ser que el mar
+enemigo cegase la ría con una barra de arena, y que sólo de tarde en
+tarde remontase su corriente algún barco mercante.
+
+Aresti acariciaba esta perspectiva desoladora. Su Bilbao volvería á ser
+la villa comercial, la de las famosas ordenanzas, con una vida mediocre
+y pacífica, sin enormes capitales, pero limpia la conciencia del
+remordimiento cruel que pesaba sobre ella, cuando desfilaba por sus
+calles el ejército de la miseria, los parias del trabajo en huelga, los
+que llegaban á exhibir como una acusación muda sus harapos y su cara de
+hambre ante los palacios de los ricos.
+
+Y al ausentarse la Fortuna loca, marcharían tras sus pasos aquellos
+hombres negros que la seguían como merodeadores, que sólo se mostraban
+hablando del cielo allí donde se amontonaban los beneficios de la
+tierra. No vacilarían en abandonar una tierra exhausta, olvidándola
+como tenían olvidados á los países pobres, donde nunca se mostraban,
+como si en ellos no existiesen hijos de su Dios.
+
+Aresti, al pensar que la ruina de su país sería la señal para que los
+invasores levantasen sus tiendas, deseaba que aquella llegase cuanto
+antes: sonreía pensando en el agotamiento de las minas como en una
+catástrofe providencial y salvadora.
+
+Llevaba más de dos horas paseando por la orilla de la ría. Comenzaba el
+agonizar de la tarde. A lo lejos, por la parte del mar, el sol
+ocultábase tras la cumbre del Serantes. Un grupo de muchachos seguía la
+lenta flotación del último santo, arrojándole piedras para que no se
+detuviera en las revueltas de la corriente.
+
+Después de las agitaciones de la tarde, la calma majestuosa del
+crepúsculo de verano, parecía envolver suavemente el espíritu de Aresti,
+elevando su pensamiento. Ya no se acordaba de su villa, de aquel pedazo
+de tierra donde había de morir. Era un ataúd, en el que dormitaba,
+rodeado de seres egoístas que se defendían del vecino ó intentaban
+aplastarle, siempre en continua guerra, como si todos se creyesen
+inmortales y temblaran por su sustento durante una vida sin límites.
+
+Ahora pensaba en la humanidad; en el largo y doloroso camino que aún
+tenía por delante; en la obscura selva por donde marchaba, encadenados
+sus pies con los hierros del pasado, tendiendo las manos doloridas
+hacia el ideal, hacia la justicia, que brillaba lejos, muy lejos, como
+una estrella perdida en la noche.
+
+El sol se había ya ocultado. Sobre las aguas ligeramente enrojecidas por
+el resplandor sangriento del cielo, flotaba la imagen del último santo.
+
+Aresti pensaba en el ocaso de los dioses, en el último crepúsculo de las
+religiones. ¡Ay, si la noche que llegaba fuese eterna para los viejos
+ídolos; si al salir de nuevo el sol viese la tierra limpia de todas las
+leyendas creadas por la debilidad humana, balbuciente y temblorosa ante
+el negro secreto de la muerte!
+
+El doctor contemplaba la fuga del ídolo sobre las aguas, y, como atraído
+por él, lo seguía á lo largo de la ribera.
+
+Soñaba en el día glorioso de la humana redención: cuando desapareciesen
+los dioses y diosecillos de afeminada sonrisa que habían mantenido á los
+hombres durante siglos en la esclavitud, cantándoles la canción de la
+humildad y la repugnancia á la vida, arrullándolos en su eterna niñez,
+con la apología de la resignación cobarde ante las injusticias
+terrenales, como medio seguro de ganar el cielo...
+
+No: aquellos ídolos habían engañado á la humanidad demasiado tiempo y
+debían morir. Sus días aún serían largos, pero estaban contados. Los
+hombres comenzaban á maldecirlos, tendiendo hacia ellos las manos
+hostiles con la sublime rebeldía del sacrilegio. Eran los alcahuetes de
+la injusticia. Bajarían de sus altares como habían descendido los dioses
+del paganismo cuando les llegó su hora, siendo más hermosos que ellos.
+Quedarían en los museos entre las divinidades del pasado, sin lograr
+siquiera, en su fealdad, la admiración que inspira la armoniosa
+desnudez: se confundirían con los fetiches grotescos de los pueblos
+primitivos, y la humanidad, incapaz ya de envolver en formas groseras
+sus aspiraciones y anhelos, adoraría en el infinito de su idealismo las
+dos únicas divinidades de la nueva religión: la Ciencia y la Justicia
+Social.
+
+FIN
+
+Playa de la Malvarrosa (Valencia).
+
+Abril-Junio de 1904.
+
+ * * * * *
+
+
+DEL MISMO AUTOR
+
+NOVELAS
+
+=Arroz y tartana.= _Una peseta._
+
+=Flor de Mayo.= _Una peseta._
+
+=La Barraca.= _3'50 pesetas._
+
+=Entre naranjos.= _3 pesetas._
+
+=Cañas y barro.= _3 pesetas._
+
+=Sónnica la cortesana.= 3 pesetas.
+
+=La Catedral.= 3 pesetas.
+
+CUENTOS
+
+=Cuentos valencianos.= _Una peseta._
+
+=La Condenada.= _Una peseta._
+
+VIAJES
+
+=París= (_agotada_).
+
+=En el país del Arte= (_Tres meses en Italia_). 1'50 ptas.
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 24466 ***