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+The Project Gutenberg EBook of La niña robada, by Hendrik Conscience
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: La niña robada
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+Author: Hendrik Conscience
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+Release Date: October 12, 2007 [EBook #22975]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NIÑA ROBADA ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<h3>BIBLIOTECA de LA NACI&Oacute;N</h3>
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+<h1>LA NI&Ntilde;A ROBADA</h1>
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+<p class="c"><img src="images/001.png" alt="medallion" /></p>
+<p class="c">BUENOS AIRES</p>
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+<p class="c">1919</p>
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+<p class="c">Derechos reservados.</p>
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+<p class="c">Imp. de <span class="smcap">La Naci&oacute;n</span>.&mdash;Buenos Aires</p>
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+<h1>LA NI&Ntilde;A ROBADA</h1>
+<table summary="toc" cellspacing="0" cellpadding="0" style="margin-top:5%;">
+<tr><td><b>Cap&iacute;tulos: </b>
+<a href="#I"><b>I, </b></a>
+<a href="#II"><b>II, </b></a>
+<a href="#III"><b>III, </b></a>
+<a href="#IV"><b>IV, </b></a>
+<a href="#V"><b>V, </b></a>
+<a href="#VI"><b>VI, </b></a>
+<a href="#VII"><b>VII</b></a>
+</td></tr>
+</table>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>I</h2>
+
+
+<p>La ma&ntilde;ana era hermosa; el cielo estaba claro y profundo como un mar
+azul; el sol desprend&iacute;a del follaje de las encinas un perfume penetrante
+que dilataba los pulmones y daba bienestar al coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>Catalina sali&oacute; de su choza y se adelant&oacute; hasta la orilla del bosque, por
+un sendero que, dando varios circuitos, conduc&iacute;a a la calzada de la
+aldea de Orsdael.</p>
+
+<p>Aunque caminase muy ligero, iba mirando al suelo como una persona cuyo
+esp&iacute;ritu est&aacute; oprimido por el peso de alguna inquietud. Y hasta de
+cuando en cuando meneaba la cabeza, volviendo los ojos hacia el
+castillo, con expresi&oacute;n de tristeza. Pensaba, sin duda, en la suerte de
+Marta Sweerts, en las sangrientas afrentas que ten&iacute;a que sufrir todos
+los d&iacute;as, en la inutilidad de los esfuerzos para descubrir el
+impenetrable secreto.</p>
+
+<p>Cuando lleg&oacute; a la carretera, advirti&oacute; al intendente que iba unos cien
+pasos delante de ella. Esto la alegr&oacute; porque no hab&iacute;a visto a Marta
+desde hac&iacute;a una semana. Esperaba que si pod&iacute;a entrar en conversaci&oacute;n con
+Mathys, sabr&iacute;a noticias de su amiga, y quiz&aacute; esta ocasi&oacute;n le permitir&iacute;a
+decirle algunas palabras en su favor.</p>
+
+<p>Apresur&oacute; el paso hasta que alcanz&oacute; al intendente. Cuando estuvo a su
+lado le dijo en tono cort&eacute;s, casi acariciador:</p>
+
+<p>&mdash;Buen d&iacute;a, se&ntilde;or Mathys. &iexcl;Qu&eacute; cielo tan claro! &iexcl;Qu&eacute; aire tan puro!
+Parece que uno se sintiera rejuvenecido, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hace buen tiempo... Buenos d&iacute;as&mdash;murmur&oacute; Mathys sin mirar a la
+campesina.</p>
+
+<p>Dicho esto, acort&oacute; el paso como si quisiera quedarse m&aacute;s atr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Perdone, se&ntilde;or intendente, que me atreva a hacerle una pregunta: mi
+respeto, mi afecto por usted son mi disculpa. Parec&eacute;is estar enfermo,
+pero conf&iacute;o que no ser&aacute; nada.</p>
+
+<p>&mdash;No estoy enfermo&mdash;respondi&oacute; Mathys refunfu&ntilde;ando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiz&aacute; tendr&eacute;is un disgusto o habr&eacute;is sido tambi&eacute;n objeto de una
+injusticia?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, he tenido un disgusto y estoy incomodado. Vos, Catalina, hab&eacute;is
+contribu&iacute;do a ello m&aacute;s que nadie; pero quiero creer que vos, lo mismo
+que yo, habr&eacute;is sido enga&ntilde;ada por una falsa apariencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que yo soy la causa de vuestra tristeza!&mdash;exclam&oacute; la campesina con
+sorpresa&mdash;. &iexcl;Imposible, se&ntilde;or intendente!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me ha hecho en toda ocasi&oacute;n elogios exagerados de la nueva aya?
+&iquest;No me hab&eacute;is pintado a vuestra amiga como una mujer buena, atenta y
+amable? &iquest;No llegasteis hasta hacerme creer vos misma que estaba
+agradecida a mi amistad y me ten&iacute;a alg&uacute;n afecto?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no es as&iacute;, se&ntilde;or?</p>
+
+<p>&mdash;Callaos, Catalina; el aya es orgullosa, mal educada y col&eacute;rica. Al
+principio supo disimular sus defectos; pero ahora apenas si se digna
+responderme. Tiene un humor &aacute;spero y sombr&iacute;o. Casi estoy por creer,
+cuando reflexiono respecto de su conducta arrogante, que me mira como su
+sirviente. Para protegerla contra la condesa, me expongo de la ma&ntilde;ana a
+la noche a sufrir altercados y disgustos... &iexcl;Y ser recompensado por un
+fr&iacute;o desd&eacute;n! No, no, esto no puede continuar. Hace demasiado tiempo que
+dejo turbar mi tranquilidad en beneficio de una ingrata. &iexcl;Es preciso que
+parta de Orsdael!</p>
+
+<p>Sorprendida y profundamente conmovida por estas palabras, Catalina
+inclin&oacute; la cabeza y escuchaba temblando. Quiz&aacute; estaba absorbida en sus
+pensamientos y trataba de encontrar un medio de desviar el golpe fatal
+que amenazaba a su desgraciada amiga. Mathys, satisfecho de haber
+encontrado motivo para dar rienda suelta a su mal humor, prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Os parece advertir en mi fisonom&iacute;a que estoy disgustado? Pues bien,
+s&iacute;, tengo motivos para estarlo. C&oacute;mo ha sucedido esto, no lo s&eacute;; pero
+desde la primera vez que vi a Marta, se despert&oacute; en m&iacute; un sincero afecto
+por ella. La he protegido y defendido sin cesar, hice cuanto pude por
+serle agradable. &iquest;Qu&eacute; ped&iacute;a yo en recompensa? Un poco de amistad, nada
+m&aacute;s... y ella, ella parece temerme u odiarme. Eso me da pena; pero ahora
+se acab&oacute;, empiezo a detestarla. &iquest;Sab&eacute;is qu&eacute; pensaba, Catalina, cuando
+vinisteis a interrumpirme? Me preguntaba si despedir&iacute;a ma&ntilde;ana mismo al
+aya o si tendr&iacute;a paciencia ocho d&iacute;as m&aacute;s. Es natural que esta idea os
+entristezca; pero reconocer&eacute;is, sin duda, que os hab&eacute;is enga&ntilde;ado tanto
+como yo respecto al car&aacute;cter de vuestra amiga... &iquest;Qu&eacute; os pasa? &iquest;Por qu&eacute;
+me mir&aacute;is con esa expresi&oacute;n tan extra&ntilde;a, Catalina?</p>
+
+<p>La campesina ten&iacute;a los ojos fijos en &eacute;l, con una expresi&oacute;n de dolor y de
+compasi&oacute;n, meneando la cabeza silenciosamente.</p>
+
+<p>&mdash;No os comprendo&mdash;murmur&oacute; Mathys sorprendido&mdash;. &iquest;Qu&eacute; significa esa
+triste sonrisa?</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevo a hablar&mdash;murmur&oacute; Catalina suspirando&mdash;. Puede que
+traicionara un secreto que mi pobre amiga quiere mantener oculto; pero,
+creedme, se&ntilde;or intendente, vuestro despecho no es fundado. Si pudierais
+leer en el coraz&oacute;n de Marta, quiz&aacute; reconocer&iacute;ais a vuestra vez hasta qu&eacute;
+punto vuestro esp&iacute;ritu se aleja de la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, vais a contarme otra vez la misma canci&oacute;n; pero es in&uacute;til. No os
+imagin&aacute;is su conducta para conmigo; no veis su frialdad despreciativa.
+Es preciso que se marche del castillo, mi tranquilidad exige que se
+vaya; no quiero dejarme despreciar por alguien que, a no ser por m&iacute;, no
+hubiera puesto nunca los pies en Orsdael.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si su frialdad no fuera m&aacute;s que una simulaci&oacute;n para ocultar un
+sentimiento que se reprocha a s&iacute; misma?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un sentimiento que se reprocha a s&iacute; misma!&mdash;repiti&oacute; Mathys
+sorprendido&mdash;. &iquest;Un sentimiento de amor?</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; parece.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &eacute;se es mi secreto.</p>
+
+<p>&mdash;Os re&iacute;s seguramente, Catalina. Pero es igual, acortad un poco el paso.
+Explicadme lo que cre&eacute;is saber.</p>
+
+<p>La campesina fingi&oacute; asustarse de una revelaci&oacute;n importante. Se detuvo,
+mir&oacute; a su rededor para ver si nadie los escuchaba, y dijo con voz
+vacilante:</p>
+
+<p>&mdash;Yo no s&eacute; si hago bien en tratar de penetrar lo que pasa en el coraz&oacute;n
+de mi amiga; pero tambi&eacute;n a vos os debo considerar y no quiero dejaros
+en un error que os entristece. Deb&eacute;is saber que Marta tiene principios
+muy severos respecto de la virtud de las mujeres, y que, su coraz&oacute;n es
+todav&iacute;a puro y sencillo como el de una ni&ntilde;a de veinte a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! pretender&iacute;ais hacerme creer...</p>
+
+<p>&mdash;Es muy natural, se&ntilde;or. Ha sido criada en un convento y no sali&oacute; de &eacute;l
+m&aacute;s que para casarse con un hombre viejo ya, que ella no conoc&iacute;a casi.
+Su marido muri&oacute; poco tiempo despu&eacute;s. &iquest;Os dais cuenta? Es como si no
+hubiese estado casada nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Pero eso, &iquest;qu&eacute; tiene que ver conmigo? Sed m&aacute;s clara; &iquest;ad&oacute;nde quer&eacute;is
+llegar?</p>
+
+<p>&mdash;Hago cuanto puedo, se&ntilde;or, para que adivin&eacute;is lo que no me atrevo a
+deciros abiertamente. Escuchad todav&iacute;a un momento con paciencia, os lo
+ruego... Quiz&aacute; ya lo hay&aacute;is olvidado; pero cuando se es joven o se
+conserva el coraz&oacute;n joven, hay momentos en la vida en que se sue&ntilde;a
+noche y d&iacute;a, en que la misma imagen est&aacute; sin cesar ante nuestros ojos,
+en que se lucha en vano contra un sentimiento que se quer&iacute;a sofocar,
+pero cuyo poder nos domina con una tiran&iacute;a implacable. Entonces uno se
+vuelve triste, y la persona cuya presencia nos impresiona es aquella a
+que demostramos frialdad para ocultarle el secreto de nuestra debilidad.</p>
+
+<p>Catalina, a prop&oacute;sito, hab&iacute;a hablado lentamente y en tono misterioso.
+Quer&iacute;a hacer impresi&oacute;n en el esp&iacute;ritu de Mathys, y despertar en su
+coraz&oacute;n, por medio de palabras ambiguas, una esperanza que fuera un
+obst&aacute;culo a la partida de Marta. Parec&iacute;a haber ya conseguido en parte su
+objeto, porque una sonrisa hab&iacute;a plegado los labios del intendente, y
+durante alg&uacute;n tiempo baj&oacute; los ojos con aire pensativo. Sin embargo,
+sacudi&oacute; de nuevo la cabeza con desconfianza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; significa esto?...&mdash;dijo ir&oacute;nicamente&mdash;. Esas s&oacute;lo son
+conjeturas que no prueban nada. &iquest;Sab&eacute;is acaso algo m&aacute;s? &iquest;Por qu&eacute; os
+deten&eacute;is a medio camino? Acabad de una vez.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, el hombre cuya imagen est&aacute; siempre delante de sus ojos, el
+hombre que ha interesado tan profundamente su coraz&oacute;n, el hombre a quien
+ama con toda la fuerza t&iacute;mida de su primer amor...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Acabad, pues!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si fuerais vos, se&ntilde;or intendente?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo? &iexcl;Bah! &iexcl;es imposible!&mdash;exclam&oacute; Mathys, que ocultaba con pena su
+emoci&oacute;n y fingi&oacute; completa incredulidad para arrancar a Catalina el
+secreto cuya revelaci&oacute;n deb&iacute;a colmarle de alegr&iacute;a&mdash;. &iquest;Marta no es
+insensible a mi amistad? Vamos, hablemos claramente. &iquest;Marta me ama? &iquest;Os
+lo ha dicho?</p>
+
+<p>&mdash;Una mujer, una mujer honesta y pura como Marta, nunca dice semejantes
+cosas...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo pod&eacute;is saberlo entonces?</p>
+
+<p>&mdash;El aya tiene mucha confianza en m&iacute;, se&ntilde;or; harto he comprendido por
+sus palabras que su esp&iacute;ritu es presa de una pasi&oacute;n secreta. Y como
+siempre habla de vuestra amabilidad y de vuestra amistad, creo poder
+deducir que es en vos en quien piensa.</p>
+
+<p>Una sonrisa ir&oacute;nica apareci&oacute; en los labios de Mathys, aunque creyera
+interiormente en la sinceridad de Catalina, y aunque estuviera inclinado
+a embriagarse en la esperanza halagadora que, por c&aacute;lculo, ella le hab&iacute;a
+hecho sorber gota a gota.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De manera que ella no os ha dicho nada?&mdash;pregunt&oacute; con expresi&oacute;n
+indiferente&mdash;. Eso no es m&aacute;s que una sospecha. Seguid vuestro camino,
+Catalina; tengo que ir hasta la aldea, pero no camino tan ligero como
+vos.</p>
+
+<p>Entristecida por el fracaso aparente de su tentativa, Catalina le dijo
+con voz suplicante:</p>
+
+<p>&mdash;Puedo preguntaros, se&ntilde;or intendente, &iquest;qu&eacute; es lo que hab&eacute;is decidido
+respecto de mi amiga? &iexcl;Ah, tenedle compasi&oacute;n! Si le quit&aacute;is vuestra
+generosa protecci&oacute;n no tendr&aacute; ning&uacute;n recurso de vida, y quiz&aacute; se vea
+reducida a ser sirvienta en una casa humilde. &iexcl;Una mujer de nacimiento
+tan distinguido, y tan bien educada! &iquest;Puedo confiar en vuestra bondad,
+se&ntilde;or?</p>
+
+<p>&mdash;Dentro de dos d&iacute;as se habr&aacute; marchado&mdash;respondi&oacute; el intendente que
+cre&iacute;a que Catalina sab&iacute;a m&aacute;s de lo que hab&iacute;a dicho, y que el temor le
+inducir&iacute;a a hacer una declaraci&oacute;n m&aacute;s completa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tened l&aacute;stima, se&ntilde;or!&mdash;exclam&oacute; la campesina con verdadera inquietud.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de l&aacute;stima; su ingratitud tiene que ser castigada; quiero
+recuperar mi tranquilidad.</p>
+
+<p>Catalina sigui&oacute; durante alg&uacute;n tiempo indecisa; era evidente que luchaba
+contra un sentimiento doloroso; pero de pronto exhal&oacute; un profundo
+suspiro; acerc&oacute; la boca al o&iacute;do del intendente, y balbuci&oacute; con voz
+agitada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vos lo hab&eacute;is querido! Me arranc&aacute;is el secreto de mi desgraciada
+amiga... Pues bien, s&iacute;, os ama, piensa en vos, y ese amor irresistible
+es la causa de su pena. Me lo ha dicho y repetido m&aacute;s de una vez,
+derramando abundantes l&aacute;grimas. &iquest;Est&aacute;is contento ahora, se&ntilde;or?</p>
+
+<p>El intendente tom&oacute; ambas manos de la campesina, y, mir&aacute;ndola en los ojos
+con una alegr&iacute;a casi insensata, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh Catalina! &iexcl;Catalina! repet&iacute;dmelo, afirm&aacute;dmelo una vez m&aacute;s. &iquest;De
+veras, esa frialdad es s&oacute;lo la m&aacute;scara de un amor secreto? &iquest;Me ama
+Marta, de veras, con sinceridad de un alma pura...? &iquest;Est&aacute;is bien cierta
+de esto, en verdad? &iquest;Ella misma os lo ha dicho de un modo claro y
+distinto, que haga imposible toda equivocaci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Ay, se&ntilde;or&mdash;suspir&oacute; Catalina con una tristeza verdadera&mdash;, &iquest;por qu&eacute; me
+hab&eacute;is arrancado esta revelaci&oacute;n? No voy a ser capaz de mostrarme a los
+ojos de mi amiga despu&eacute;s de semejante deslealtad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no, os alarm&aacute;is sin motivo. Marta, por el contrario, debe estaros
+agradecida. Sin vos yo hubiera cometido una injusticia; ma&ntilde;ana mismo
+habr&iacute;a recibido la orden de dejar Orsdael para siempre.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, &iquest;qui&eacute;n sabe si se quedar&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora se quedar&aacute;, y si la condesa quisiera hacerle la vida demasiado
+amarga y no la tratara bien, yo soy capaz de todo por defenderla. Pod&eacute;is
+estar tranquila, os recompensar&eacute; a vos tambi&eacute;n; los honorarios de
+vuestro marido ser&aacute;n aumentados; tendr&eacute;is m&aacute;s tierras que cultivar.
+Seguid, Catalina; ahora me siento m&aacute;s &aacute;gil y con el coraz&oacute;n m&aacute;s
+contento. Mientras vamos andando volveremos a hablar de este asunto.</p>
+
+<p>Volvieron a ponerse en marcha. El intendente sigui&oacute; demostrando su
+alegr&iacute;a. Cuanto antes tratar&iacute;a de hablar a Marta y pedirle perd&oacute;n por
+sus sospechas mal fundadas, y hacerle comprender por medio de palabras
+buenas que conoc&iacute;a la causa de su pesar.</p>
+
+<p>Catalina no hac&iacute;a m&aacute;s que suspirar mientras &eacute;l hablaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que os apena tanto?&mdash;le pregunt&oacute;&mdash;. Parece que tuvierais
+ganas de llorar.</p>
+
+<p>Catalina estaba muy triste, en efecto. Para salvar a su amiga amenazada,
+hab&iacute;a tenido que recurrir a una mentira peligrosa. &iquest;Qu&eacute; iba a suceder
+ahora; si el intendente, alentado por la falsa revelaci&oacute;n, se pon&iacute;a a
+asediar a Marta con su afecto m&aacute;s vivamente que nunca? La &aacute;spera acogida
+con que lo recibir&iacute;a lo llenar&iacute;a de enojo, y la viuda ser&iacute;a
+inexorablemente despedida. Catalina no sab&iacute;a qu&eacute; hacer; su &uacute;nica
+esperanza era conseguir que aquel hombre presuntuoso se condujera con
+Marta respetuosa y moderadamente. El le repiti&oacute; su pregunta:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; est&aacute;is tan afligida?</p>
+
+<p>&mdash;Vuestras palabras me asustan, se&ntilde;or&mdash;le respondi&oacute;&mdash;. Ten&eacute;is la
+intenci&oacute;n de declararle a mi pobre amiga que sent&iacute;s afecto por ella y
+que sab&eacute;is que su coraz&oacute;n no es indiferente a vuestra amistad. &iexcl;Por
+Dios os pido evitadle esa verg&uuml;enza! No la hag&aacute;is sonrojarse en vuestra
+presencia; huir&iacute;a indudablemente de Orsdael...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo es eso!&mdash;murmur&oacute; Mathys&mdash;, ahora s&iacute; que no os comprendo. Me ama,
+yo la amo; no se atreve a dec&iacute;rmelo; quiero hacer lo posible para que la
+confesi&oacute;n sea ligera y f&aacute;cil, y eso la har&iacute;a huir como si fuera objeto
+de un sangriento ultraje. &iquest;Qu&eacute; significa eso? &iquest;hay acaso otros secretos
+que yo no conozco?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or intendente, no hay otros; pero ten&eacute;is que ser justo y
+reconocer la delicadeza de vuestra posici&oacute;n delante de mi pobre amiga.
+&iquest;Qu&eacute; sois para ella? Un amo que le demuestra amistad; y ella no es para
+vos, &iquest;verdad?, m&aacute;s que una sirvienta que os debe obediencia. Es, pues,
+natural que haga esfuerzos para ocultar un sentimiento que debe
+inspirarle temor y verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>El intendente baj&oacute; la cabeza y sonri&oacute; a sus propios pensamientos, como
+si aquellas palabras hubiesen determinado en su esp&iacute;ritu una reflexi&oacute;n
+brusca.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&iacute;a generoso de vuestra parte&mdash;continu&oacute; Catalina&mdash;, que
+considerarais de vuestra parte la timidez de Marta. No podr&eacute;is darle
+mayor prueba de afecto que contentaros con la revelaci&oacute;n que me hab&eacute;is
+arrancado... Por Dios, se&ntilde;or, os lo ruego, no le habl&eacute;is de amor.
+Ofender&iacute;ais su honesta reserva, y no debo ocult&aacute;roslo, y se marchar&iacute;a de
+Orsdael para preservar su honor de toda apariencia de debilidad.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, Catalina, pod&eacute;is estar tranquila; conozco un medio seguro
+de salvar todas las dificultades&mdash;dijo victoriosamente Mathys&mdash;. Ma&ntilde;ana,
+probablemente, el aya os traer&aacute; la noticia de que me ha confesado su
+afecto sin haber temblado ni sonrojado.</p>
+
+<p>La campesina lo mir&oacute; con sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Es bien sencillo&mdash;exclam&oacute;&mdash;, voy a proponerle que se case conmigo...
+&iquest;Por qu&eacute; lanz&aacute;is ese grito de inquietud? Os he comprendido. Mientras
+Marta no sea para m&iacute; m&aacute;s que una sirvienta, tiene que sonrojarse de su
+amor; pero as&iacute; que tenga la certidumbre de ser mi mujer, tendr&aacute;, por el
+contrario, mil razones para estar orgullosa de mi amistad. &iquest;No es &eacute;se
+vuestro modo de pensar?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;balbuci&oacute; Catalina estremeci&eacute;ndose&mdash;. Pero, &iquest;acaso quer&eacute;is
+proponerle el matrimonio tan pronto, ma&ntilde;ana mismo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; esperar y prolongar su tristeza? Ese era desde hace tiempo
+mi prop&oacute;sito. Despu&eacute;s de la feliz seguridad que me hab&eacute;is dado, no tengo
+por qu&eacute; vacilar.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que eso la llenar&aacute; de felicidad... pero... pero, &iquest;y si por
+casualidad no aceptara?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si no aceptara?&mdash;repiti&oacute; el intendente con una mueca de
+desconfianza&mdash;ser&iacute;a la prueba de que me hab&eacute;is enga&ntilde;ado, Catalina, y
+claro que despu&eacute;s de este ultraje, no soportar&iacute;a ni un momento su
+presencia en el castillo. Pero &iexcl;bah! &iexcl;bah! no es posible que me rechace.
+Este casamiento debe hacerla feliz, yo poseo una linda fortunita, Marta
+no tendr&iacute;a que servir a nadie y pasar&iacute;a una vida f&aacute;cil y agradable...</p>
+
+<p>Catalina camin&oacute; silenciosamente durante alg&uacute;n tiempo mientras Mathys se
+restregaba las manos y se entregaba a rientes reflexiones. La campesina
+se detuvo de pronto a la entrada de un sendero.</p>
+
+<p>&mdash;Disculpadme, se&ntilde;or intendente, es muy honroso para la mujer de un
+pobre guardabosque ir a la aldea as&iacute;, en compa&ntilde;&iacute;a de su amo, pero es
+preciso pasar all&aacute; por la peque&ntilde;a huerta para comprar lino para la
+cortijera que me espera a las nueve.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, Catalina, os doy los buenos d&iacute;as. Pasado ma&ntilde;ana, el aya os
+har&aacute; saber que va a ser la esposa leg&iacute;tima de Mathys. Ser&aacute; una alegre
+boda, y como me hab&eacute;is sido &uacute;til en este asunto, har&eacute; de modo que
+asist&aacute;is a ella. Hay tras de vuestra casa, cerca del bosque, un retazo
+en que hubo cebada. Desde ma&ntilde;ana pod&eacute;is cultivarla, os la doy en
+locaci&oacute;n.</p>
+
+<p>La campesina balbuce&oacute; un agradecimiento, y se alej&oacute; por el sendero que
+estaba cercado de zarzas a ambos lados. Caminaba muy lentamente y
+echaba, de cuando en cuando, una mirada a trav&eacute;s del follaje, para ver
+si el intendente no hab&iacute;a llegado a la vuelta del camino. As&iacute; que lo vi&oacute;
+desaparecer tras el &aacute;ngulo del bosque, se volvi&oacute; hacia el camino y se
+dirigi&oacute; a pasos precipitados al castillo.</p>
+
+<p>Estaba asustada y triste; el coraz&oacute;n le lat&iacute;a con violencia.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; imprudencia hab&iacute;a cometido! Reducida por la necesidad a emplear un
+medio extremo, crey&oacute; que deb&iacute;a salvar a su amiga de una mentira, y ahora
+esa mentira se iba a volver contra ella para asestarle un golpe
+irreparable y hacerla echar de Orsdael.</p>
+
+<p>Al caminar se hablaba a s&iacute; misma y se torturaba el esp&iacute;ritu a fin de
+reparar, si era posible, el mal que hab&iacute;a hecho involuntariamente. No
+le quedaba m&aacute;s esperanza que decidir a Marta a representar hasta el fin
+su triste comedia con el intendente. Catalina sab&iacute;a bien que su amiga
+acoger&iacute;a ese consejo con horror, tanto m&aacute;s cuanto que hab&iacute;a sorprendido
+por sus palabras que el odio del aya hacia &eacute;l no hab&iacute;a hecho sino
+aumentar; pero, &iquest;qu&eacute; hacer contra un concatenamiento de circunstancias
+fatales? Y puesto que Marta hab&iacute;a emprendido una lucha leg&iacute;tima contra
+los ladrones y verdugos de su hija, &iquest;por qu&eacute; retroceder&iacute;a ante el papel
+que ten&iacute;a que proseguir, cuando la libertad de su pobre Laura pod&iacute;a ser
+el precio de ese nuevo sacrificio?</p>
+
+<p>Catalina lleg&oacute; pronto al llano en medio del cual se levantan las torres
+de Orsdael, y, desde la elevaci&oacute;n en que se encontraba, mir&oacute; hacia todos
+los lados. De pronto lanz&oacute; una exclamaci&oacute;n de alegr&iacute;a y de sorpresa.
+Ve&iacute;a al aya sentada con Elena en un banco del jard&iacute;n, detr&aacute;s del
+castillo.</p>
+
+<p>Estaban completamente solas; all&iacute; s&oacute;lo estaba el jardinero, y estaba
+trabajando a una gran distancia.</p>
+
+<p>La campesina acort&oacute; el paso, afect&oacute; un aire indiferente, y se puso a
+avanzar despacio, como si se paseara, hacia el cerco y penetr&oacute; en &eacute;l.
+Desde lejos hizo un llamado premioso al aya. Esta, sorprendida por
+aquellos ademanes ins&oacute;litos, se levant&oacute; y le dijo a la se&ntilde;orita:</p>
+
+<p>&mdash;Elena, qu&eacute;date aqu&iacute; en el banco, Catalina tiene algo importante que
+decirme, finge que no la has visto.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, mi buena Marta&mdash;respondi&oacute; la joven&mdash;, no me mover&eacute; de aqu&iacute;.</p>
+
+<p>La campesina avanz&oacute; silenciosamente por el sendero, y se aproxim&oacute; a la
+viuda, que se hab&iacute;a ido a sentar en un banco algo apartado, vuelto de
+espaldas al castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntese a mi lado, Catalina&mdash;le dijo&mdash;, y h&aacute;bleme despacio, pues el
+bosque puede ocultar esp&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; os pasa? Ten&eacute;is los ojos llorosos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, el coraz&oacute;n oprimido por el espanto. Vais a pasar por una prueba
+suprema, Marta, y tiemblo al pensar que os falten las fuerzas
+necesarias.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; nuevo dolor me espera? No importa, mi valor no sucumbir&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fatales ilusiones!&mdash;suspir&oacute; la campesina&mdash;. Sois tan dichosa en poder
+saborear el amor de vuestra hija, que lo olvid&aacute;is todo y no hac&eacute;is m&aacute;s
+esfuerzo para librarla de su triste esclavitud. Me temo que vuestra
+debilidad y vuestra imprevisi&oacute;n van a ser causa de una gran desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; infundado es vuestro reproche, Catalina! No transcurre un minuto
+que yo no tenga presente el fin sagrado que me he propuesto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo creo, pero desde hace algunas semanas os neg&aacute;is a hacer sacrificios
+para conseguirlo. Hab&eacute;is tratado al se&ntilde;or Mathys con una frialdad tan
+altanera que ha acabado por declarar su intenci&oacute;n de alejaros del
+castillo ma&ntilde;ana mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; la viuda con voz ahogada&mdash;. &iexcl;Verme separada quiz&aacute;s
+para siempre de mi desgraciada hija! Y no s&eacute; nada a&uacute;n; nada, sino que no
+tengo derechos para hacer reconocer mis derechos maternos.</p>
+
+<p>&mdash;Tened paciencia, Marta, todo depende de vuestra voluntad y resoluci&oacute;n
+de esp&iacute;ritu: se os deja el derecho de elegir; est&aacute;is llamada a decidir
+vos misma vuestra suerte. S&iacute;, s&iacute;, conoc&eacute;is hasta qu&eacute; punto puede y debe
+extenderse el sacrificio de una madre; pronto vais a saberlo, porque
+cont&aacute;is para ello con un medio infalible. Si vacil&aacute;is, si llega a
+faltaros la energ&iacute;a necesaria, ma&ntilde;ana os ver&eacute;is lejos de Orsdael y
+vuestra hija seguir&aacute; siendo la v&iacute;ctima de la se&ntilde;ora Bruinsteen, hasta
+que una muerte prematura o una enajenaci&oacute;n mental corone la maldad de
+sus verdugos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios, tenedme l&aacute;stima, Catalina; hablad claramente! &iquest;Por qu&eacute; me
+tortur&aacute;is as&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario, Marta; ten&eacute;is que comprender que la menor debilidad
+puede volverse un crimen, y que vuestra respuesta va a decidir como un
+fallo supremo respecto de la vida de vuestra hija y de vuestra felicidad
+misma.</p>
+
+<p>Dicho esto, tom&oacute; la mano de su amiga y agreg&oacute; con tierna compasi&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Tened valor y escuchadme con calma... El se&ntilde;or Mathys quiere hacer
+para con vos una tentativa solemne y decisiva. Ma&ntilde;ana os propondr&aacute;... os
+preguntar&aacute; si quer&eacute;is ser su mujer. No lo rechac&eacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;La mujer de Mathys&mdash;exclam&oacute; la viuda con extrema palidez en las
+mejillas&mdash;. &iquest;Yo la mujer de ese hombre vulgar y bajo?</p>
+
+<p>&mdash;Os equivoc&aacute;is respecto al sentido de mis palabras&mdash;interrumpi&oacute; la
+campesina&mdash;. No digo que deb&eacute;is ser la esposa de ese hombre
+despreciable. Aceptad su proposici&oacute;n en apariencia. Hay cien medios para
+retroceder despu&eacute;s. Mientras tanto, como prometida de Mathys, tendr&eacute;is
+el derecho de interrogarle sobre su vida pasada, y, si sois h&aacute;bil, el
+descubrimiento del secreto no podr&aacute; escaparos. La felicidad de vuestra
+hija es el precio de vuestro sacrificio. &iquest;No encontrar&eacute;is en vuestro
+coraz&oacute;n de madre la fuerza necesaria para conquistarla? Vamos, querida
+Marta, tranquilizadme; decidme que tambi&eacute;n soportar&eacute;is con valor esta
+&uacute;ltima prueba. &iquest;C&oacute;mo no me respond&eacute;is?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, dejadme llorar!&mdash;dijo Marta sollozando&mdash;; las l&aacute;grimas calmar&aacute;n
+un poco mi angustia y disipar&aacute;n el aturdimiento de la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Por amor de Dios, Marta, no perdamos tiempo. Pueden sorprendernos a
+cada instante e interrumpirnos en nuestra conversaci&oacute;n. La suerte de
+vuestra hija est&aacute; en vuestras manos, tened piedad de ella. Decidid:
+&iquest;ser&aacute; Laura libre y feliz, o estar&aacute; condenada a una muerte lenta?
+&iexcl;Hablad, libradme del miedo que os hace temblar!</p>
+
+<p>Marta respondi&oacute; con una sonrisa penosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hacerle creer que consiento en ser su mujer? Eso es hoy lo que se
+exige de m&iacute;. Pues bien, si cre&eacute;is que esa palabra puede salvar a mi
+hija, la pronunciar&eacute;. Orad, Catalina, para que mi valor sea m&aacute;s fuerte
+que mi desprecio, que mi indignaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, gracias; hice mal en dudar de vuestra fuerza de voluntad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chito! No habl&eacute;is m&aacute;s, oigo un ruido tras de las plantas&mdash;interrumpi&oacute;
+Marta.</p>
+
+<p>Se pusieron a escuchar en silencio; era el jardinero que pasaba por el
+sendero cargado con un haz de largas ramas que rozaban con el follaje.
+Pas&oacute; sin reparar, aparentemente al menos, en las dos mujeres. Dirigi&oacute;,
+sin embargo, una mirada de soslayo a la se&ntilde;orita, y se encogi&oacute; de
+hombros con una expresi&oacute;n medio ir&oacute;nica, medio compasiva, vi&eacute;ndola
+sentada en el banco con la cabeza gacha, como una verdadera loca.</p>
+
+<p>&mdash;Escuchad, querida Marta&mdash;prosigui&oacute; Catalina&mdash;, preparaos para recibir
+la declaraci&oacute;n de amor del intendente; en esa solemne entrevista no
+dejar&aacute; de demostraros una exaltaci&oacute;n de afecto. Si lo rechaz&aacute;is con una
+frialdad visible, se convencer&aacute; de que le odi&aacute;is, y llevar&aacute; a cabo su
+primera resoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No, Catalina, me dominar&eacute; para hacerle creer que le escucho con toda
+gratitud.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no basta, porque &eacute;l se imagina que lo am&aacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; insolente!&mdash;interrumpi&oacute; el aya&mdash;. &iexcl;Amar a ese monstruo! As&iacute; que
+lo veo, mi coraz&oacute;n se oprime, y la indignaci&oacute;n me embarga.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute;, tendr&eacute;is que fingir lo contrario y si os obliga a semejante
+confesi&oacute;n decidle claramente que lo am&aacute;is. &iquest;Os espanta esta idea?
+&iquest;Tembl&aacute;is como una ca&ntilde;a? &iquest;Es tan grande la adversi&oacute;n que os inspira
+Mathys?...</p>
+
+<p>&mdash;Un horror que no puedo expresaros, Catalina. O&iacute;dme y juzgad. La semana
+pasada castig&oacute; tan cruelmente a mi pobre Laura, que durante varios d&iacute;as
+le quedaron las marcas en el cuerpo, los rastros de su crueldad. &iexcl;El
+miserable marc&oacute; sus u&ntilde;as en las mejillas de mi hija! &iquest;Y puedo decirle
+que le amo? &iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a capaz de violentar as&iacute; sus sentimientos? &iexcl;Ah!
+por la felicidad de mi hija ser&iacute;a capaz de afrontar mil muertes crueles,
+pero me falta valor para esta abdicaci&oacute;n de mi conciencia, para este
+suicidio moral.</p>
+
+<p>&mdash;Y, sin embargo, no hay m&aacute;s remedio&mdash;dijo la campesina&mdash;, o someteros a
+la odiosa necesidad o ser despedida de Orsdael, dejando a vuestra hija
+entregada a sus verdugos.</p>
+
+<p>La viuda estaba soportando dolores indecibles; su rostro se hab&iacute;a puesto
+de una palidez mortal, sus manos temblaban de fiebre, los
+estremecimientos nerviosos recorr&iacute;an todo su cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; situaci&oacute;n tan terrible!&mdash;murmur&oacute;&mdash;El enemigo m&aacute;s cruel de mi hija
+me hablar&aacute; de amor. Tendr&eacute; que prestar o&iacute;do a sus galanter&iacute;as
+abominables... y decirle: &laquo;&iexcl;Os amo!&raquo;, &iexcl;manchar mis labios con estas
+palabras imp&iacute;as!</p>
+
+<p>Hubo un silencio bastante largo. Cuando Catalina crey&oacute; que la emoci&oacute;n de
+su amiga se hab&iacute;a calmado un tanto, repuso:</p>
+
+<p>&mdash;Mi buena Marta, &eacute;sta es una batalla decisiva, ten&eacute;is que calcular las
+probabilidades con fr&iacute;a prudencia, como un soldado que ve al mismo
+tiempo la muerte y la victoria ante sus ojos. Quiz&aacute; no teng&aacute;is que hacer
+un esfuerzo semejante sobre vos misma. Le he suplicado a Mathys que
+respete vuestro recato; quiz&aacute; consig&aacute;is dejarlo satisfecho con algunas
+palabras ambiguas. Esperemos que se mantendr&aacute; dentro de los l&iacute;mites m&aacute;s
+estrictos; pero, sea como fuese, acordaos que tendr&eacute;is que arrepentiros
+eternamente si, por falta de voluntad, os condenarais a vuestra hija y a
+vos a la desesperaci&oacute;n y a la esclavitud. Tened compasi&oacute;n de vuestra
+triste suerte. Dar&iacute;a gracias a Dios si pudiera sufrir en vuestro lugar,
+pero...</p>
+
+<p>En ese momento se abri&oacute; violentamente una de las ventanas del castillo,
+y una voz irritada llam&oacute; al aya por su nombre.</p>
+
+<p>&mdash;Es la condesa&mdash;exclam&oacute; Marta asustada&mdash;, he dejado pasar la hora...
+Tenemos que entrar en casa... Alejaos, Catalina. &iexcl;Ay! &iexcl;c&oacute;mo voy a ser
+rega&ntilde;ada e insultada!</p>
+
+<p>La campesina se alej&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Cueste lo que cueste, Marta, es preciso que os vuelva a ver hoy;
+quiero retemplaros para la prueba suprema. Yo tambi&eacute;n he emprendido un
+combate contra los verdugos de vuestra hija.</p>
+
+<p>La viuda murmur&oacute; acerc&aacute;ndose a la joven:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;gueme, Elena, la se&ntilde;ora condesa... tu madre nos llama.</p>
+
+<p>La joven se puso a caminar silenciosamente al lado de su aya, hasta que
+siguiendo por un sendero estuvieron fuera de la vista de la ventana.
+Entonces le pregunt&oacute; con voz casi ininteligible:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, &iquest;qu&eacute; os ha dicho Catalina? &iexcl;Qu&eacute; p&aacute;lida est&aacute;is! &iquest;Est&aacute;is
+disgustada, verdad?</p>
+
+<p>&mdash;No ha sido nada&mdash;balbuce&oacute; Catalina&mdash;, una triste noticia; en seguida
+se me pasar&aacute; esto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esa Catalina! no le tengo mucha confianza, Marta. Es muy amable con
+vos, pero siempre le sonr&iacute;e con afecto al intendente. Puede que sea una
+mala mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una mala mujer!&mdash;repiti&oacute; la viuda&mdash;. Es la bondad y la abnegaci&oacute;n
+misma; te quiere como si fueras su propia hija.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces, &iquest;la hab&eacute;is transformado con vuestro incomprensible poder?
+Antes ven&iacute;a con frecuencia al castillo y m&aacute;s de una vez oy&oacute; las crueles
+injurias que mi madre me infer&iacute;a y nunca not&eacute; en su rostro la menor
+se&ntilde;al de compasi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Elena, Elena, eres injusta sin saberlo. Esa mujer dar&iacute;a su sangre por
+verte dichosa. Un d&iacute;a te explicar&aacute;s este enigma... Ahora, c&aacute;llate; ah&iacute;
+viene el jardinero y podr&iacute;a o&iacute;rnos.</p>
+
+
+
+
+<h2><a name="II" id="II"></a>II</h2>
+
+
+<p>El aya estaba sentada en su cuarto con la cabeza baja y los ojos
+cerrados. De cuando en cuando, su pecho se alzaba y dejaba escapar un
+triste suspiro.</p>
+
+<p>Por fin irgui&oacute; lentamente la cabeza y dirigi&oacute; una mirada extraviada al
+espacio. Una triste sonrisa vag&oacute; por sus labios; la expresi&oacute;n de su
+rostro era mezcla de sufrimiento, resignaci&oacute;n y desprecio. Muy luego,
+sus sentimientos tomaron otra direcci&oacute;n. Busc&oacute; con la mano en su pecho,
+sac&oacute; una caja de oro y la abri&oacute;. Mir&oacute; durante alg&uacute;n tiempo con expresi&oacute;n
+de espanto el retrato que encerraba. En la disposici&oacute;n de esp&iacute;ritu en
+que Marta se encontraba, le pareci&oacute; que los ojos del soldado se animaban
+y la miraban con airado reproche. Esta ilusi&oacute;n adquiri&oacute; en su esp&iacute;ritu
+agitado una especie de realidad y apart&oacute; instintivamente aquella imagen
+como la de un terrible acusador, y aproxim&oacute; el retrato a sus ojos,
+murmurando con voz tr&eacute;mula:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh mi H&eacute;ctor, &iexcl;qu&eacute; severa es tu mirada! No, no dudes de mi valor;
+cumplir&eacute; con la misi&oacute;n que me impusiste en tu lecho de muerte. Si he
+vacilado al acercarse esta prueba suprema, era por amor a ti, era por
+defender el coraz&oacute;n que sigue am&aacute;ndote m&aacute;s all&aacute; de la tumba, hasta la
+apariencia de una mancha. Ahora, la lucha ha terminado, la madre ha
+vencido en m&iacute; a la esposa y vaciar&aacute; el c&aacute;liz hasta el fondo. &iexcl;Ah! es un
+martirio horrible descender as&iacute; al abismo de la degradaci&oacute;n, aunque ello
+sea para defender a nuestra hija, el gaje de nuestro amor.</p>
+
+<p>Marta se puso de repente en pie como si alg&uacute;n golpe violento la hubiese
+herido y escuch&oacute; palideciendo... Le parec&iacute;a haber o&iacute;do un ruido en el
+corredor. Permaneci&oacute; inm&oacute;vil hasta que sali&oacute; de su error; pero se le
+escap&oacute; un grito de angustia y se puso a temblar murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;Valor y energ&iacute;a; y ya tiemblo y palidezco al solo pensar en su
+aparici&oacute;n.</p>
+
+<p>Se dej&oacute; caer en una silla. Sin duda una confianza nueva iba penetrando
+en ella, porque una sonrisa de reto se dibuj&oacute; lentamente en sus labios,
+mientras una chispa de coraje brill&oacute; en sus ojos. Se levant&oacute; y pas&oacute; al
+otro cuarto, se detuvo delante del postigo y mir&oacute;, a trav&eacute;s del vidrio,
+a la ni&ntilde;a que estaba en un rinc&oacute;n leyendo y estudiando sus lecciones.
+Marta se detuvo, inm&oacute;vil, para no distraerla. Fij&oacute; en ella sus ojos como
+si buscara en aquella larga y profunda mirada la fuerza necesaria para
+no sucumbir en la prueba temida.</p>
+
+<p>En aquel momento sinti&oacute; claramente que abr&iacute;an la puerta. Una ligera
+palidez decolor&oacute; sus pupilas. Su pecho se dilat&oacute; y su respiraci&oacute;n se
+hizo penosa, mientras volv&iacute;a a su cuarto. Pero aquella emoci&oacute;n parec&iacute;a
+m&aacute;s bien signo de una fuerte voluntad que un acceso de temor. Dirigi&oacute;
+una mirada suplicante al cielo y se sent&oacute; junto a la mesa. All&iacute; tom&oacute; su
+labor y esper&oacute; con indiferencia afectada la llegada de Mathys.</p>
+
+<p>El intendente apareci&oacute; en la pieza y balbuce&oacute; algunas palabras corteses.
+Aunque fuere d&iacute;a de trabajo, vest&iacute;a sus mejores ropas, y para ponerse
+sin duda a la altura de la situaci&oacute;n, hab&iacute;ase puesto guantes blancos. Su
+aparici&oacute;n en aquel traje solemne hizo temblar a Marta en los primeros
+momentos, pero luego, dominada por la necesidad, se puso de pie
+sonriendo y respondi&oacute; al saludo de Mathys con suave amabilidad.</p>
+
+<p>Esta acogida amistosa alent&oacute; al intendente, que se aproxim&oacute; triunfante,
+y le dijo con expresi&oacute;n ligera:</p>
+
+<p>&mdash;Mi querida Marta, est&aacute;is sin duda sorprendida de verme en este traje,
+&iquest;verdad? Hace tiempo que algo me oprime el coraz&oacute;n... Separados por una
+enojosa desinteligencia, una pena que no nos atrev&iacute;amos a confesar, nos
+hac&iacute;a sufrir a los dos; ahora vengo a romper el hielo... El hombre es
+d&eacute;bil, no os enoj&eacute;is... yo no tengo la culpa, Marta, de que vos se&aacute;is
+hermosa... y que yo no sea insensible...</p>
+
+<p>El intendente hab&iacute;a cre&iacute;do que no le costar&iacute;a el menor esfuerzo hacer su
+pedido. Por lo que le hab&iacute;a dicho Catalina, sab&iacute;a que el aya acoger&iacute;a su
+proposici&oacute;n con una alegr&iacute;a, si no ruidosa, por lo menos sincera.</p>
+
+<p>Sin embargo, su tono familiar y el giro atrevido de sus frases hab&iacute;an
+asustado a Marta, y, aunque hubiese conservado en sus labios una sonrisa
+fingida, hab&iacute;a en su mirada algo de severo que detuvo a Mathys
+imponi&eacute;ndole ser m&aacute;s respetuoso y reservado. No sab&iacute;a ya qu&eacute; decir, y
+balbuce&oacute; confusamente:</p>
+
+<p>&mdash;De veras... es algo extra&ntilde;o... cuando se est&aacute; herido en el coraz&oacute;n...
+las ideas se confunden. &iexcl;El asunto me parec&iacute;a tan f&aacute;cil y sencillo!...
+En fin, a los cuarenta o a los veinte, el amor es siempre el amor... He
+venido para hablaros de una cosa que sin duda tiene que seros agradable
+y no s&eacute; por d&oacute;nde comenzar.</p>
+
+<p>&mdash;Hac&eacute;is mal, se&ntilde;or&mdash;dijo el aya con voz dulce&mdash;. Hablad; sea lo que
+fuere lo que teng&aacute;is que decirme, os escuchar&eacute; con atenci&oacute;n. Serv&iacute;os
+tomar asiento.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, as&iacute; estaremos mejor&mdash;prosigui&oacute; Mathys algo cohibido&mdash;.
+Sentaos vos tambi&eacute;n, Marta. Parec&eacute;is estar inquieta. Tem&eacute;is que la
+condesa nos sorprenda, &iquest;verdad? No teng&aacute;is cuidado; la he hecho ir con
+un pretexto f&uacute;til a la granja grande. Estar&aacute; ausente una hora por lo
+menos. Vamos, no somos ni&ntilde;os. &iquest;Puedo hablaros, Marta, con franqueza?</p>
+
+<p>&mdash;Con toda franqueza, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero no es como intendente del castillo, ni como vuestro superior
+que os lo pregunto, sino como amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Sois demasiado bondadoso, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, no comenzamos mal&mdash;dijo Mathys restreg&aacute;ndose las manos&mdash;.
+En seguida nos entenderemos, Marta. Escuchadme: &iquest;Habr&eacute;is notado, verdad,
+c&oacute;mo desde el primer d&iacute;a de vuestra llegada a Orsdael os demostr&eacute;
+amistad, c&oacute;mo os proteg&iacute; contra la crueldad y el odio de la condesa,
+c&oacute;mo espiaba vuestros pasos y os segu&iacute;a para tener la felicidad de
+encontraros y hablaros? &iquest;No hab&eacute;is adivinado, acaso, la causa de este
+afecto?</p>
+
+<p>&mdash;Creo haberla adivinado, se&ntilde;or. Os confesar&eacute; que me asusto porque s&oacute;lo
+soy una sirvienta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una sirvienta! Pero si ten&eacute;is la belleza, los ojos de una reina.
+Desde la primera vez que os vi, Marta, me impresionaron los encantos de
+vuestra persona, de vuestro lenguaje, de vuestra seductora sonrisa... No
+tembl&eacute;is as&iacute;, amiga m&iacute;a; mis intenciones son puras y honradas. Ya s&eacute; que
+en materia de pudor sois muy severa y hasta muy hosca. Esa reserva me
+enga&ntilde;&oacute; en un principio, haci&eacute;ndome creer que me despreciabais. Pero
+atribuyo un alto precio a la bondad, sobre todo en vos, hermosa Marta.
+As&iacute;, pues, es superfluo que os diga que os amo, lo sab&eacute;is de hace
+tiempo; sin embargo, todav&iacute;a no conoc&eacute;is la extensi&oacute;n de mi afecto.
+Noche y d&iacute;a pienso en vos, y vuestra imagen no me deja sosiego; mi m&aacute;s
+hermoso sue&ntilde;o consiste en haceros la compa&ntilde;era de mi vida, para jam&aacute;s
+apartarme de vos, buena y querida Marta.</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras apasionadas, Mathys tom&oacute; la mano de la
+viuda.</p>
+
+<p>Esta estaba p&aacute;lida y a pesar de los violentos esfuerzos que hac&iacute;a sobre
+s&iacute; misma, no pod&iacute;a dominar sus emociones, ni su visible estremecimiento.</p>
+
+<p>Felizmente Mathys se equivoc&oacute; con respecto a aquella emoci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Perdonad, Marta&mdash;dijo con m&aacute;s calma&mdash;, perdonad el sentimiento que me
+arrebata. &iexcl;Ah! os lo ruego, antes de que os declare formalmente el
+objeto de mi visita, decidme que no hab&eacute;is permanecido indiferente a mi
+cari&ntilde;o. S&eacute; que vuestro coraz&oacute;n es sensible y agradecido, pero me ser&iacute;a
+muy dulce sentir una palabra halag&uuml;e&ntilde;a de vuestros labios queridos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is que os diga?&mdash;balbuce&oacute; Marta casi dominada por la
+angustia&mdash;. &iquest;Qu&eacute; dese&aacute;is que os responda?</p>
+
+<p>&mdash;Una sola palabra: un &laquo;s&iacute;&raquo; quedo y breve, Marta. Marta, &iquest;me am&aacute;is?</p>
+
+<p>El aya baj&oacute; silenciosamente la cabeza; su frente y sus mejillas se
+cubrieron de un vivo sonrojo. Sufr&iacute;a atrozmente y luchaba con
+desesperaci&oacute;n contra la verg&uuml;enza que le causaba y le oprim&iacute;a el
+coraz&oacute;n. Mathys la miraba con expresi&oacute;n de alegr&iacute;a y de triunfo. El, que
+era ya viejo, conseguir&iacute;a por mujer una criatura hermosa, buena y que se
+sonrojaba como un ni&ntilde;o a la primera palabra que pudiera rozar su rubor.
+Respet&oacute; un momento su silencio y pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No me dec&iacute;s nada, Marta? &iquest;Me neg&aacute;is la palabra que ha de hacerme
+feliz?</p>
+
+<p>&mdash;Una mujer... mi posici&oacute;n respecto a vos. &iquest;Me exig&iacute;s, me arranc&aacute;is esa
+confesi&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Os lo suplico, Marta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, s&iacute;&mdash;dijo el aya con voz casi ininteligible.</p>
+
+<p>Mathys abri&oacute; los brazos y lanz&oacute; un grito; pero la viuda se alz&oacute; de un
+salto de su silla, y con una mirada, que la indignaci&oacute;n y el miedo
+hac&iacute;an irresistible, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or, se&ntilde;or, no ofend&aacute;is mi dignidad de mujer. Si quer&eacute;is convencerme
+de que realmente me am&aacute;is, respetad al menos vuestro amor por m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ten&eacute;is raz&oacute;n, Marta; la felicidad me hace perder la cabeza&mdash;murmur&oacute; el
+intendente, dominado y casi desconcertado&mdash;. Volvamos a sentarnos y
+escuchadme. Hac&eacute;is mal en asustaros por la demostraci&oacute;n primera de mi
+amor sincero, y vais a reconocerlo inmediatamente. O&iacute;dme, querida
+amiga; hace quince a&ntilde;os que soy intendente de la condesa de Bruinsteen,
+he ganado bastante dinero y gastado poco. He reunido una peque&ntilde;a
+fortuna, y puedo hacer independiente y feliz a la mujer que elija por
+compa&ntilde;era. Mi coraz&oacute;n es joven, mi salud es buena y estoy lleno de vida.
+Vuestro dulce lenguaje, vuestras maneras honestas, algo inexplicable, el
+encanto misterioso de vuestros ojos... &iexcl;Ay, ay! me estoy poniendo
+hablador... Bueno, bueno, ya sospech&aacute;is lo que os quiero decir, Marta.
+Consent&iacute;s con alegr&iacute;a, &iquest;verdad? Vuestra vacilaci&oacute;n... Pero, &iquest;acaso no me
+comprend&eacute;is?</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevo a comprenderos, se&ntilde;or&mdash;respondi&oacute; el aya&mdash;. Un favor, un
+honor semejante para una pobre sirvienta...</p>
+
+<p>&mdash;Me hab&eacute;is comprendido, Marta. Pues bien, hablar&eacute; claramente. &iquest;Quer&eacute;is
+ser mi mujer y compartir mi fortuna? Dadme la mano y no agreguemos nada
+m&aacute;s.</p>
+
+<p>Marta puso su mano en la suya.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;is conmovida, tembl&aacute;is&mdash;exclam&oacute; alegremente Mathys&mdash;. Es natural,
+yo mismo tiemblo de alegr&iacute;a. Calmaos ahora, Marta, que todo ha
+conclu&iacute;do. No me agradezc&aacute;is, querida amiga, que os ofrezca una
+existencia libre y exenta de inquietudes, porque vos me aport&aacute;is todo lo
+que un hombre necesita para ser feliz. Estamos, pues, a mano. Hay
+personas que van a tratar de impedir nuestro casamiento; no les dejemos
+tiempo para que nos susciten serios obst&aacute;culos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, la condesa!&mdash;dijo el aya suspirando&mdash;. Me echar&aacute; del castillo as&iacute;
+que sepa lo que acab&aacute;is de decirme.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Echaros!&mdash;exclam&oacute; el intendente con una sonrisa de desprecio&mdash;. La
+condesa se pondr&aacute; furiosa y os injuriar&aacute; probablemente; pero no tem&aacute;is
+nada; haga y diga lo que quiera, tendr&aacute; que someterse a mi voluntad.
+Poseo medios infalibles para vencer su resistencia.</p>
+
+<p>Una chispa de secreta esperanza brot&oacute; en los ojos de Marta; alz&oacute; la
+cabeza, di&oacute; a su fisonom&iacute;a una expresi&oacute;n seria, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Perdonadme, se&ntilde;or; pero me parece que, sin ser indiscreta, he
+conquistado desde hace un momento el derecho de interrogaros respecto de
+cosas que me inspiran cierta desconfianza y que me inquietan.</p>
+
+<p>&mdash;Ten&eacute;is, Marta, todos los derechos de una prometida.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, se&ntilde;or, demostradme que sois sincero. Desde hace tiempo me
+pregunto por qu&eacute; la condesa os persigue y esp&iacute;a sin cesar. &iquest;Por qu&eacute; la
+amistad que me ten&eacute;is le inspira una especie de celos y la pone
+furiosa?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! es s&oacute;lo porque me odia, y no le agrada que los servidores tengan
+por m&iacute; m&aacute;s respeto y afecto que por ella.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero creeros... &iquest;Si me enga&ntilde;arais, sin embargo?</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; ideas ten&eacute;is, Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute; bien! Si no fuera m&aacute;s que por esas apariencias, se&ntilde;or, har&iacute;a
+mal en estar inquieta; pero hay otro misterio que me espanta; a pesar de
+vuestro importante cargo de intendente, est&aacute;is al servicio de la
+condesa, es vuestra ama, tiene derecho a vuestra obediencia. &iquest;C&oacute;mo es,
+entonces, que cuando ello es necesario, se encuentra bajo vuestro
+dominio y tenga que someterse a vuestra voluntad, como dec&iacute;s vos mismo?</p>
+
+<p>Aquella pregunta pareci&oacute; confundir a Mathys, porque balbuce&oacute; una
+respuesta confusa. Esta vacilaci&oacute;n hizo que Marta se estremeciera de
+esperanza y alegr&iacute;a; pero, sin embargo, prosigui&oacute; con fingida tristeza:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La causa de vuestra influencia sobre la condesa no ser&aacute; acaso de tal
+naturaleza que no pueda conocerla la mujer a quien hab&eacute;is ofrecido
+vuestra mano, y no podr&iacute;a suceder que si yo la descubriese me viera en
+el caso de rechazar vuestras proposiciones? Disculpad que os hable as&iacute;,
+porque me veo obligada, a pesar m&iacute;o, a sospechar de vuestra sinceridad.</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso, querida Marta, est&aacute;is equivocada. El asunto de que
+habl&aacute;is no puede tener influencia sobre nuestro afecto rec&iacute;proco ni
+afectar en nada mi lealtad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; ese inter&eacute;s en ocultarme esa raz&oacute;n con tanto empe&ntilde;o?</p>
+
+<p>&mdash;Hay cosas que no pueden decirse&mdash;murmur&oacute; Mathys&mdash;, sobre todo cuando
+carecen de inter&eacute;s para aquella que... que desea conocerlas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Entonces es un secreto?&mdash;exclam&oacute; el aya&mdash;. Un secreto entre vos y
+yo... ya.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, s&iacute;, es un secreto&mdash;respondi&oacute; Mathys&mdash;. Mi honor, y, por
+consiguiente el vuestro, Marta, puede depender de la menor indiscreci&oacute;n
+a ese respecto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! tranquilizadme, se&ntilde;or, disipad esta duda de mi esp&iacute;ritu,
+acordadme esa prueba de vuestro amor.</p>
+
+<p>&mdash;No, Marta, s&oacute;lo mi mujer puede tener el mismo inter&eacute;s que yo en
+guardar este secreto.</p>
+
+<p>La viuda junt&oacute; ambas manos y suspir&oacute; acarici&aacute;ndolo con la mirada, y
+palpitando de emoci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mathys, Mathys, os lo ruego, os lo suplico!</p>
+
+<p>&mdash;El d&iacute;a de nuestro casamiento conocer&eacute;is el secreto, antes no. Tengo
+que permanecer inflexible por grande que sea la emoci&oacute;n que experimento
+bajo vuestra mirada... Pero, &iquest;qu&eacute; es lo que oigo? Esa voz que se oye
+abajo... &iexcl;Es la condesa! Se ha vuelto a toda prisa, furiosa sin duda de
+que la haya enga&ntilde;ado. Tengo que irme, Marta. Cuando esta causa de mal
+humor haya pasado, le anunciar&eacute; nuestro casamiento. Est&aacute;is de nuevo
+temblando, calmaos. Si la se&ntilde;ora llega a venir y os interroga decidle
+que os he reprendido. Eso la alegrar&aacute;. &iexcl;Adi&oacute;s! La condesa anda gritando
+como una loca; me busca. M&aacute;s tarde hablaremos de los medios de apresurar
+nuestro casamiento.</p>
+
+<p>Marta lo sigui&oacute; y acompa&ntilde;&oacute; hasta la puerta; pero, habiendo pasado un
+brusco capricho por el esp&iacute;ritu del intendente, se volvi&oacute; y tom&oacute; a Marta
+en los brazos. El aya di&oacute; un salto hacia atr&aacute;s dando un grito, y Mathys
+sali&oacute; de la pieza ech&aacute;ndose a re&iacute;r.</p>
+
+<p>La viuda se dej&oacute; caer en una silla y se puso a llorar de verg&uuml;enza y de
+dolor. De cuando en cuando alzaba los ojos al cielo. No le dejaron
+tiempo, sin embargo, de aliviar el coraz&oacute;n. La condesa entr&oacute; bruscamente
+en el cuarto y echando a todas partes miradas furibundas, se puso a
+gritar:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el intendente? Os pregunto, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el intendente? &iquest;No
+me o&iacute;s acaso, insolente?</p>
+
+<p>&mdash;Estaba aqu&iacute; hace un momento, se&ntilde;ora&mdash;respondi&oacute; Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde ha ido?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; significan, veamos, esas l&aacute;grimas y esa palidez?</p>
+
+<p>&mdash;Me ha retado, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Os ha retado! &iquest;y por eso llor&aacute;is?&mdash;exclam&oacute; la condesa dulcificando el
+tono&mdash;, &iquest;os ha maltratado acaso?</p>
+
+<p>&mdash;Me ha dicho palabras que me han afectado mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Es un hombre falso y cruel, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, es un hombre falso y cruel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! no repar&eacute;is en sus maneras brutales. Ahora lo voy a arreglar yo
+a ese insolente... Burlarse de m&iacute;, hacerme ir hasta la granja grande por
+un motivo rid&iacute;culo... Vamos, Marta, consolaos, m&aacute;s vale que &eacute;l os
+maltrate a que quiera enga&ntilde;aros con su falsa amistad. Secad vuestras
+l&aacute;grimas e id a pasear al jard&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dijo el aya cuya atenci&oacute;n se hab&iacute;a despertado al o&iacute;r estas
+&uacute;ltimas palabras&mdash;, desear&iacute;a ir hasta la casa de Catalina, la mujer del
+guardabosque. Eso me consolar&iacute;a un poco en medio de mi desgracia.</p>
+
+<p>&mdash;No hay ning&uacute;n inconveniente para negaros esa distracci&oacute;n, Marat, pero
+preferir&iacute;a que, desde ma&ntilde;ana, permanecierais m&aacute;s tiempo en el jard&iacute;n con
+Elena; me desagrada el tener que llamaros como ayer casi al caer la
+noche. Mirad, llevad a Elena a casa del guardabosque. Catalina es una
+mujer prudente. Colocad a la loca en un rinc&oacute;n y cuando hay&aacute;is
+conversado con vuestra amiga, volveos al jard&iacute;n; pero tened cuidado de
+no perder de vista a Elena ni un solo instante.</p>
+
+<p>&mdash;Ni un instante, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que no sab&eacute;is d&oacute;nde est&aacute; el intendente?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora, se march&oacute; corriendo en cuando sinti&oacute; vuestra voz abajo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cobarde! se habr&aacute; ido a esconder, pero lo encontrar&eacute;. Tengo que
+averiguar por qu&eacute; se ha burlado de m&iacute;.</p>
+
+<p>Dichas estas palabras, sali&oacute; renegando, y se alej&oacute; r&aacute;pidamente.</p>
+
+<p>Esta conversaci&oacute;n le devolvi&oacute; a la viuda las fuerzas necesarias para
+dominar los impulsos de su coraz&oacute;n. &iquest;Ten&iacute;a, en efecto, un gran deseo de
+ver a Catalina? &iquest;O m&aacute;s bien deseaba alejarse de la casa para evitar en
+lo posible una entrevista con el intendente? Reflexion&oacute; un instante, se
+sec&oacute; los ojos y las mejillas y abri&oacute; la puerta del cuarto de Elena.</p>
+
+<p>&mdash;Querida ni&ntilde;a, guarda tu libro&mdash;le dijo&mdash;. Vamos a ir a pasear. Tu
+madre nos ha dado permiso para ir hasta la casa de Catalina.</p>
+
+<p>La joven se puso de pie r&aacute;pidamente y, como si aquella sonrisa la
+colmase de felicidad, uni&oacute; sus manos; pero inmediatamente las dej&oacute; caer
+y qued&oacute; inm&oacute;vil; luego le pregunt&oacute; a su aya:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, &iquest;qu&eacute; os ha sucedido? Ten&eacute;is los ojos colorados. &iexcl;Si hab&eacute;is
+llorado!</p>
+
+<p>&mdash;No ha sido nada, mi buena Elena, el intendente me reprendi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Dios m&iacute;o, &iquest;os maltrat&oacute; como a m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No, no; de palabra, de palabra solamente. Te asustas sin motivo.
+Ap&uacute;rate; tu chal. &iexcl;Est&aacute; el tiempo m&aacute;s hermoso!</p>
+
+<p>La joven estaba acostumbrada, desde hac&iacute;a tiempo, a obedecer sin
+replicar, y a no insistir nunca cuando el aya le expresaba el deseo de
+no ser interrogada. Estaba convencida de que Marta le ocultaba muchos
+secretos; pero cre&iacute;a que de eso depend&iacute;a la permanencia en Orsdael, de
+su protectora. Se prepar&oacute; silenciosa y luego sigui&oacute; al aya.</p>
+
+<p>Al llegar a la puerta del castillo trat&oacute; de consolar a Marta, dici&eacute;ndole
+palabras alegres; pero viendo que estaba absorta en sus pensamientos
+melanc&oacute;licos, camin&oacute; silenciosamente a su lado.</p>
+
+<p>La casa del guarda estaba abierta; no hab&iacute;a nadie en ella; pero despu&eacute;s
+de buscar alg&uacute;n tiempo vieron a Catalina, ocupada en arrancar las malas
+hierbas en el jard&iacute;n.</p>
+
+<p>As&iacute; que la campesina vi&oacute; a la joven y a su aya, se incorpor&oacute; y fu&eacute; a
+recibirlas. Una ardiente curiosidad se le&iacute;a en sus ojos, y, mientras se
+iba acercando, interrogaba al aya con la mirada. Despu&eacute;s de haber
+saludado cort&eacute;smente a la jovencita se volvi&oacute; hacia su amiga, y murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra venida a mi casa me indica que Mathys os ha halado. &iquest;C&oacute;mo han
+pasado las cosas? &iquest;Quedar&eacute;is en Orsdael?</p>
+
+<p>Marta le hizo comprender por una se&ntilde;a misteriosa que no pod&iacute;a hablar de
+esas cosas delante de la se&ntilde;orita. Pase&oacute; la vista por todos los puntos
+del jard&iacute;n. Este estaba rodeado por una espesa cerca, y al fondo hab&iacute;a
+un banco cubierto de yedras y madreselvas. Se ve&iacute;a en verdad una
+abertura en la cerca, pero quedaba cerca de la casa, y alguien que
+estuviera bajo aquel techo de follaje no podr&iacute;a ser visto desde afuera.</p>
+
+<p>&mdash;Anda, Elena, si&eacute;ntate en el banco, bajo la glorieta&mdash;dijo el aya&mdash;.
+Tengo que entrar en la casa con Catalina, para hablar de un asunto
+importante. Toma, aqu&iacute; tienes mi bolsa de labores, en ella encontrar&aacute;s
+un tejido. Ten paciencia, que volver&eacute; a buscarte dentro de algunos
+minutos.</p>
+
+<p>Se alej&oacute;, y entr&oacute; en la casa con Catalina, cuyo coraz&oacute;n palpitaba de
+curiosidad.</p>
+
+<p>La joven camin&oacute; lentamente por el sendero; recogi&oacute; aqu&iacute; y all&aacute; algunas
+flores, e hizo un ramito, que se puso en el seno. Despu&eacute;s se sent&oacute; en el
+banco y se puso a concluir la gorra que Marta hab&iacute;a comenzado. Mientras
+que sus manos manejaban r&aacute;pidamente las agujas, su mirada vagaba delante
+de s&iacute;, meditabunda y olvidada de lo que hac&iacute;a. El aya tardaba m&aacute;s de lo
+que hab&iacute;a dicho; pero Elena no parec&iacute;a reparar en ello. Quiz&aacute; pensaba en
+las huellas de las l&aacute;grimas sorprendidas en los ojos de Marta; quiz&aacute; se
+preguntaba cu&aacute;l pod&iacute;a ser la causa del misterio que la rodeaba. Quiz&aacute;
+tambi&eacute;n una imagen querida se alzaba ante sus ojos; porque a veces una
+sonrisa se dibujaba en sus labios. Sea lo que fuera, sus pensamientos
+se fueron volviendo tan absorbentes que dej&oacute; de tejer y su cabeza se
+inclin&oacute; suavemente sobre su pecho como si sus ojos se hubieran cerrado
+para mirar m&aacute;s profundamente dentro de s&iacute; misma.</p>
+
+<p>Mientras estaba sumida en sus meditaciones, un hombre atraves&oacute; el
+agujero de la cerca y penetr&oacute; en el sendero.</p>
+
+<p>Se detuvo y lanz&oacute; una mirada casi indiferente al jard&iacute;n. Era un joven de
+buena presencia y vestido con esmero. Iba a proseguir su paseo cuando
+not&oacute; a la joven sentada bajo la glorieta, inm&oacute;vil y con la cabeza
+inclinada. Se le escap&oacute; un grito ahogado. Se desliz&oacute; a lo largo de la
+cerca y se aproxim&oacute; sin ruido. A cinco o seis pasos de ella se puso un
+dedo sobre los labios y balbuce&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Elena, querida Elena!</p>
+
+<p>La joven se puso de pie temblando y pronta a lanzar un grito de alarma;
+pero la se&ntilde;al que le hac&iacute;a el joven y la muda plegaria que se le&iacute;a en
+sus ojos detuvieron la voz en los labios de Elena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Federico! &iexcl;Ah, Federico! idos, apartaos de este sitio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Silencio, silencio, os lo ruego! No me priv&eacute;is de este instante de
+felicidad&mdash;murmur&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; es preciso que os hable, cueste lo que cueste.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!&mdash;suspir&oacute; la joven&mdash;, mi madre despidi&oacute; a Rosal&iacute;a porque vos me
+hablasteis. Si Marta, mi protectora, me fuera quitada, me morir&iacute;a de
+pena.</p>
+
+<p>&mdash;No es lo mismo; por otra parte el destino lo quiere; no hay que
+vacilar. Vamos, querida m&iacute;a, calmaos; sentaos en el banco; as&iacute; ser&aacute;
+menos f&aacute;cil que nos vean.</p>
+
+<p>Tom&oacute; a la joven de la mano y la condujo al banco a pesar de las s&uacute;plicas
+y de la resistencia de ella. Una vez sentado junto a la joven,
+prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Elena, he estado enfermo en Bruselas, en peligro de morir;
+tranquilizaos, no tembl&eacute;is as&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;En peligro de morir&mdash;repiti&oacute; la joven&mdash;. &iexcl;Oh! era por eso que mi
+coraz&oacute;n estaba lleno de temores y que lloraba cuando pensaba en vos...</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, Elena, por vuestro recuerdo. &iquest;De modo que no me hab&eacute;is
+olvidado?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Olvidado, Federico? Vos y Marta sois las &uacute;nicas criaturas que me
+hab&eacute;is amado en la tierra.</p>
+
+<p>El joven mene&oacute; la cabeza, y dijo precipitadamente:</p>
+
+<p>&mdash;No tenemos tiempo para cambiar palabras dulces. Decidme, Elena, &iquest;de
+d&oacute;nde procede vuestra aya?</p>
+
+<p>&mdash;De Bruselas, Federico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es su apellido?</p>
+
+<p>&mdash;Se llama Marta, Marta Sweerts.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es una parienta del conde, vuestro finado padre? &iquest;No es vuestra
+prima o t&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No ha sido mandada por alguien de vuestra familia para protegeros?</p>
+
+<p>&mdash;No lo creo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No lo cre&eacute;is, no lo sab&eacute;is?&mdash;murmur&oacute; Federico con decepci&oacute;n&mdash;. &iquest;La
+presencia de esa mujer oculta acaso un secreto?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, muchos secretos; pero no intent&eacute;is penetrarlos, tal vez de
+ellos dependa mi felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vuestra felicidad? &iquest;Est&aacute;is bien cierta de que esa mujer sea sincera?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! amigo m&iacute;o; esa duda es una gran injusticia. &iexcl;Sospechar de Marta,
+un &aacute;ngel de generosidad y compasi&oacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;is cierta? &iquest;No finge? Entonces, Elena, debe ser sin duda de la
+familia de vuestro padre, porque s&oacute;lo la voz de la sangre puede inspirar
+palabras y sentimientos como los que ha expresado delante de m&iacute;. Y si no
+supiera que sois la hija de la condesa de Bruinsteen dudar&iacute;a de que
+fuera &eacute;sta, y no Marta, vuestra Marta...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;exclam&oacute; la joven con orgullosa alegr&iacute;a&mdash;, &iexcl;es mi madre por el
+alma, por el coraz&oacute;n! &iexcl;Ah, Federico, qu&eacute; felices deben ser los hijos que
+tengan una madre as&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no os ha dicho por qu&eacute; os quiere de una manera tan sorprendente, ni
+qui&eacute;n pueda haberla mandado para consolaros o defenderos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Federico! Marta cuenta a ese respecto cosas extra&ntilde;as. &iquest;Sab&eacute;is
+qui&eacute;n la ha enviado a m&iacute;? Un hombre que hace cerca de veinte a&ntilde;os que
+est&aacute; en el cielo. Un h&eacute;roe, un oficial de h&uacute;sares, condecorado con la
+cruz de honor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un oficial de h&uacute;sares!&mdash;exclam&oacute; el joven.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, un oficial de h&uacute;sares, que me quer&iacute;a antes que yo naciese.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! ah&iacute; est&aacute; el secreto, seguid hablando, Elena.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, fu&eacute; &eacute;l quien la mand&oacute; hacia aqu&iacute;; y cuando Marta ruega por
+m&iacute; se le aparece a menudo, y siempre le ordena que me quiera mucho. Es
+singular, no lo comprendo, pero es cierto, porque lo dice Marta, y lo
+que ella dice...</p>
+
+<p>Una grosera carcajada vino a interrumpirles.</p>
+
+<p>Un hombre que estaba en la abertura de la cerca y que extend&iacute;a el pu&ntilde;o
+hacia ellos, grit&oacute; con toda la fuerza de sus pulmones:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, ah, bribona, est&aacute;s otra vez ah&iacute;! Corro en busca de la condesa
+para hacerle saber lo que pasa aqu&iacute;. Esta vez te va a salir mal.</p>
+
+<p>Elena se puso vivamente de pie, azorada por aquella amenaza, y huy&oacute;
+hacia la casa dando gritos agudos. Federico trat&oacute; de calmarla; pero
+viendo que no lo escuchaba, pas&oacute; por la abertura y desapareci&oacute; tras de
+la cerca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay? &iquest;Qu&eacute; ha sucedido?&mdash;exclamaron a un mismo tiempo la viuda y
+la campesina, que hab&iacute;an acudido al jard&iacute;n&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n ha hablado de la
+condesa en voz tan alta y amenazadora?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Marta, querida Marta, perd&oacute;name!&mdash;suplic&oacute; la joven asustada
+echando los brazos al cuello de su aya y poni&eacute;ndose a llorar sobre su
+pecho&mdash;. He hecho mal. Ser&eacute;is despedida, y yo morir&eacute; de pena y de dolor.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; tranquil&iacute;zate, querida Elena&mdash;dijo la viuda prodig&aacute;ndole sus
+caricias para calmarla&mdash;. Habla. &iquest;Qu&eacute; ha sucedido?</p>
+
+<p>&mdash;Federico, Federico estuvo en el jard&iacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Dios m&iacute;o!&mdash;exclamaron las dos mujeres&mdash;. &iquest;Federico estuvo con vos
+en el jard&iacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, yo quer&iacute;a llamaros; pero me pidi&oacute; tanto que no lo hiciera. No tuve
+el valor de hacerlo. Sus ojos, su voz... Mientras que yo lo o&iacute;a en un
+culpable abandono de m&iacute; misma, el pe&oacute;n jardinero se acerc&oacute; a la abertura
+del cerco. Vi&oacute; a Federico y corri&oacute; al castillo para avis&aacute;rselo a mi
+madre. &iexcl;Ay, mi buena Marta! lo que yo tendr&eacute; que sufrir no es nada, me
+lo merezco; pero vos... Sostenedme, no puedo m&aacute;s, mis fuerzas me
+abandonan.</p>
+
+<p>El aya oprimi&oacute; a la joven contra su pecho, y la bes&oacute; con ternura,
+murmurando a su o&iacute;do palabras de consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Ven, Elena&mdash;dijo la viuda tom&aacute;ndola del brazo&mdash;, no podemos permanecer
+aqu&iacute;. Tu madre estar&aacute; aun m&aacute;s irritada si no nos viera regresar
+inmediatamente.</p>
+
+<p>Antes de salir de la casa del guardabosque, Catalina tom&oacute; la mano a la
+viuda y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, sois la hija de un soldado. Veo lo que pasa en vuestro coraz&oacute;n
+y admiro vuestro valor. El se&ntilde;or Mathys os defender&aacute; a las dos de las
+crueldades de la condesa. Id a buscarlo en seguida, llamadlo en vuestro
+auxilio; &eacute;l ser&aacute; vuestro protector.</p>
+
+<p>Cuando la viuda y la jovencita se vieron en el camino del castillo se
+pusieron a caminar a toda prisa; y volvieron a cambiar entrecortadas
+frases. Elena suplicaba a su aya le perdonara lo que ella llamaba su
+culpable olvido de s&iacute; misma, y deploraba de antemano la p&eacute;rdida de su
+generosa protectora; Marta, aunque medio muerta de inquietud, ocultaba
+su emoci&oacute;n para calmar la desesperaci&oacute;n de su hija; y darle el valor
+necesario para soportar el cruel castigo que sin duda la esperaba.</p>
+
+<p>Vieron a la vieja cocinera que acud&iacute;a hacia ella con el pe&oacute;n jardinero.
+Este &uacute;ltimo, cuando estuvieron cerca, le grit&oacute; a Marta con altaner&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, dadle las llaves del cuarto alto a Mariana; la condesa lo
+manda. Y no resist&aacute;is a su orden, porque si no, recurrir&eacute; a la violencia
+para quitaros las llaves. Os est&aacute; prohibido subir.</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto, Marta&mdash;dijo en tono m&aacute;s dulce la cocinera&mdash;. Ten&eacute;is que
+confiarme a la se&ntilde;orita. La condesa os espera en el sal&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Las llaves&mdash;murmur&oacute; el aya con espanto&mdash;. Y con la se&ntilde;orita, &iquest;qu&eacute; van
+a hacer?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! va a ser severamente castigada por su imprudencia&mdash;suspir&oacute;
+Mariana&mdash;. Sin embargo, la compadezco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La van a maltratar?</p>
+
+<p>La cocinera hizo un gesto afirmativo, y viendo que Marta palidec&iacute;a y
+temblaba, le murmur&oacute; al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;No os alarm&eacute;is, tratar&eacute; de estar junto a la se&ntilde;orita hasta que se
+acabe este asunto.</p>
+
+<p>&mdash;Y el intendente, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;, Mariana, el intendente?&mdash;exclam&oacute; la
+viuda.</p>
+
+<p>&mdash;No est&aacute; en el castillo; creo que ha ido al bosque a hablar con los
+aserradores. Id en seguida a hablar con la condesa; tal vez, Marta, no
+se muestre tan terrible como cre&eacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;Ten valor, Elena, no llores as&iacute;&mdash;dijo la viuda a la joven
+atemorizada&mdash;. Yo soy la &uacute;nica causante de esto; yo sola soportar&eacute; las
+consecuencias de mi fatal imprudencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, no, no!&mdash;exclam&oacute; Elena&mdash;. Sois inocente. Se lo dir&eacute; a mi madre.
+Si quiere vengarse de lo que ha pasado, que sea s&oacute;lo en m&iacute;. Os lo
+ruego, Marta, no me hag&aacute;is doblemente desgraciada.</p>
+
+<p>Pero una mirada severa y un adem&aacute;n imperioso le indicaron que deb&iacute;a
+someterse sin r&eacute;plica. Call&oacute; y baj&oacute; la cabeza.</p>
+
+<p>El aya le di&oacute; las llaves a Mariana, mir&oacute; ansiosamente una vez m&aacute;s a su
+hija con ansiedad y corri&oacute; al castillo temblorosa.</p>
+
+
+
+
+<h2><a name="III" id="III"></a>III</h2>
+
+
+<p>Cuando Marta entr&oacute; en la sala, vacil&oacute; un instante, pero luego, arm&aacute;ndose
+de valor, golpe&oacute; suavemente a la puerta de la pieza.</p>
+
+<p>&mdash;Entrad&mdash;respondi&oacute; una voz en tono seco.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Bruinsteen estaba sentada en un sill&oacute;n. Sus ojos inflamados
+parec&iacute;an lanzar rel&aacute;mpagos; ten&iacute;a, sin embargo, una sonrisa en los
+labios, una expresi&oacute;n de alegr&iacute;a sarc&aacute;stica y triunfante. Estaba
+contenta porque un acontecimiento inesperado hab&iacute;a entregado indefensa a
+sus manos a aquella mujer a quien odiaba. Al entrar la viuda murmur&oacute;
+algunas palabras de disculpa; pero la condesa no le dej&oacute; tiempo para
+hablar claramente y exclam&oacute; en tono ir&oacute;nico:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, ah! &iquest;Est&aacute;is aqu&iacute;? Vamos a ver, hip&oacute;crita, cobarde, &iquest;cu&aacute;nto dinero
+os ha dado Federico para traicionarme? &iexcl;Hasta d&oacute;nde puede llegar la
+falsedad! La se&ntilde;ora es modesta, instru&iacute;da, reservada; hay que medir las
+palabras con ella, &iexcl;es tan sensible!... &iexcl;Y esta miserable ladrona vende
+el honor de mi casa, por dinero! &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! Atreveos a disculparos; sois
+una desvergonzada; pero vos misma hab&eacute;is ca&iacute;do en vuestra celada. Nada
+puede salvaros, se acab&oacute;. Si no me contuviera os patear&iacute;a como a una
+v&iacute;bora; pero quiero contenerme; tengo curiosidad por ver qu&eacute; medios
+rid&iacute;culos vais a emplear para eludir el castigo de vuestra baja
+debilidad. Hablad, sed breve; porque todo es in&uacute;til; dentro de pocos
+minutos vuestra suerte se habr&aacute; fijado.</p>
+
+<p>Marta uni&oacute; las manos y dijo con voz suplicante, mientras las l&aacute;grimas
+corr&iacute;an por sus mejillas:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, se&ntilde;ora! comprendo vuestra justa c&oacute;lera, pero dejadme explicaros
+c&oacute;mo sucedi&oacute; esa desgracia. Quiz&aacute; veais en mis palabras una raz&oacute;n para
+no ser inexorable con vuestra pobre e inocente sirvienta...</p>
+
+<p>&mdash;No os and&eacute;is con tantas vueltas, os digo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo llev&eacute; con vuestro permiso a la se&ntilde;orita a casa del guarda. Catalina
+estaba en el jard&iacute;n; hice sentar a Elena en una glorieta y entr&eacute; en la
+casa con mi amiga, para que la se&ntilde;orita no oyera nuestra conversaci&oacute;n.
+Entonces el se&ntilde;or de Bergmans se desliz&oacute; al jard&iacute;n por una abertura de
+la cerca y habl&oacute; con la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y vos no sab&iacute;ais que deb&iacute;a ir all&iacute;? &iquest;Y os imagin&aacute;is que me vais a
+hacer creer eso?&mdash;exclam&oacute; la condesa.</p>
+
+<p>&mdash;Creedme, se&ntilde;ora; yo ignoraba por completo su presencia en Orsdael.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vamos, vamos! Me expres&aacute;is el deseo de ir a casa del guarda; sois
+bastante astuta para elegir la hora de vuestro paseo habitual para
+arrancarme el permiso; coloc&aacute;is a Elena en el jard&iacute;n para que pueda
+hablar con entera libertad con su cobarde adorador; &eacute;ste acude all&iacute;...
+&iquest;Y todo este juego, h&aacute;bilmente combinado, resulta ser ahora una mera
+casualidad? &iexcl;Deb&eacute;is tener una opini&oacute;n muy triste de m&iacute; si esper&aacute;is
+enga&ntilde;arme con esas ni&ntilde;er&iacute;as!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Soy inocente, se&ntilde;ora, os lo juro!</p>
+
+<p>La condesa se ech&oacute; a re&iacute;r.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un juramento!&mdash;exclam&oacute; la condesa&mdash;. &iquest;Qu&eacute; significa eso en los labios
+de una infidente descarada? &iquest;No os di orden de que no perdierais un solo
+instante de vista a Elena?</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, se&ntilde;ora, en eso falt&eacute; a vuestras &oacute;rdenes. Me arrepiento
+sinceramente de ello; &eacute;sa es la &uacute;nica falta que tengo que reprocharme; y
+por eso es que imploro vuestro perd&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Perd&oacute;n! ahora veremos. &iquest;Permaneci&oacute; mucho tiempo Federico con Elena?</p>
+
+<p>&mdash;Dos o tres minutos, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto tiempo, &iquest;y qu&eacute; le dijo?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella no os llam&oacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que s&iacute;, se&ntilde;ora, pero yo no la o&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hip&oacute;crita, no le oisteis y estabais a diez pasos de distancia! Os
+hab&eacute;is arreglado con la loca para enga&ntilde;arme. Aunque finj&aacute;is estar triste
+y asustada, interiormente, &iquest;verdad?, est&aacute;is contenta. El dinero que
+Federico os ha dado o prometido, os indemnizar&aacute; de los resultados de
+vuestra vil traici&oacute;n. Marchaos, salid del castillo, y esperad delante de
+la puerta vuestros bagajes. Suplicad y rogad cuanto quer&aacute;is; no
+volver&eacute;is a poner los pies en el castillo.</p>
+
+<p>&mdash;Oh, se&ntilde;ora, no se&aacute;is inexorable conmigo!&mdash;exclam&oacute; Marta tr&eacute;mula de
+emoci&oacute;n&mdash;, me desped&iacute;s de aqu&iacute;. &iquest;Ad&oacute;nde ir&eacute;? Tened compasi&oacute;n de una
+pobre viuda. &iquest;Me acus&aacute;is de deslealtad? &iquest;Cre&eacute;is que he consentido por
+dinero en exponerme a vuestra justa c&oacute;lera? &iexcl;Ah! &iexcl;si supierais que dar&iacute;a
+la mitad de mi vida por seguir a vuestro servicio!</p>
+
+<p>La condesa pareci&oacute; no escucharla y se puso de pie animada por un nuevo
+furor.</p>
+
+<p>&mdash;En cuanto a la est&uacute;pida loca&mdash;exclam&oacute;&mdash;, en seguida tendr&aacute; su
+merecido. Voy a tratar de que no olvide este d&iacute;a; para que no se le
+vuelva a ocurrir el deseo de ver a mi enemigo. S&iacute;; quiero que en
+adelante tiemble y tenga miedo al s&oacute;lo o&iacute;r pronunciar su nombre.</p>
+
+<p>Estas palabras le arrancaron a Marta un grito de desesperaci&oacute;n. Se ech&oacute;
+a los pies de la condesa, abraz&oacute; sus rodillas y recurri&oacute; a las m&aacute;s
+ardientes s&uacute;plicas, para mitigar su c&oacute;lera; pero la se&ntilde;ora de
+Bruinsteen, que la miraba con triunfante iron&iacute;a, se alej&oacute; y la rechaz&oacute;
+duramente, mientras le indicaba la puerta, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Idos, idos de aqu&iacute;! No os perdonar&eacute;. Durante demasiado tiempo os
+entendisteis con el intendente para desafiarme y burlaros de m&iacute;. Ahora
+est&aacute;is perdida. El mismo Mathys, si estuviera aqu&iacute;, os echar&iacute;a, del
+castillo. Marchaos, basta de cobard&iacute;as in&uacute;tiles, basta de mentiras;
+marchaos os digo. &iquest;Vais a obligarme a llamar a mis sirvientes para verme
+libre de vuestras s&uacute;plicas hip&oacute;critas?</p>
+
+<p>Pero la viuda sigui&oacute; arrastr&aacute;ndose a sus pies y balbuceando todas las
+s&uacute;plicas que la desesperaci&oacute;n m&aacute;s profunda pod&iacute;a sugerirle. Estas
+palabras s&oacute;lo sirvieron para aumentar la c&oacute;lera y la indignaci&oacute;n de la
+condesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?&mdash;exclam&oacute;&mdash;, &iquest;os he entendido bien? &iquest;Perd&oacute;n? &iquest;Ped&iacute;s perd&oacute;n para
+la loca? &iquest;Entonces le ten&eacute;is cari&ntilde;o? &iquest;Os asusta la idea de que reciba el
+justo castigo de su maldad?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;No, no, se&ntilde;ora! Os pido perd&oacute;n para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Acabar&eacute;is de una vez&mdash;grit&oacute; la se&ntilde;ora de Bruinsteen&mdash;. Ya hab&eacute;is dicho
+vuestra &uacute;ltima palabra en Orsdael. Vamos, &iquest;quer&eacute;is marcharos? &iquest;s&iacute; o no?</p>
+
+<p>Y como Marta siguiera de rodillas y llorara tendi&eacute;ndole los brazos, se
+puso de pie violentamente, la empuj&oacute; rabiosa y le di&oacute; como adi&oacute;s un
+golpe tan violento, que la pobre Marta se golpe&oacute; contra la pared y
+permaneci&oacute; un instante aturdida.</p>
+
+<p>La puerta de la pieza volvi&oacute; a abrirse, y una cruel amenaza le devolvi&oacute;
+a la viuda la conciencia de su posici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;grit&oacute; la condesa&mdash;, &iquest;est&aacute;is empe&ntilde;ada en que os eche a la calle?</p>
+
+<p>Marta camin&oacute; hacia la puerta y sali&oacute; de la casa vacilante, aniquilada,
+deshecha y casi sin ideas. Se imaginaba la escena de violencias y
+crueles tormentos que Elena iba a sufrir, y su imaginaci&oacute;n estaba tan
+impresionada por aquel doloroso espect&aacute;culo, que permaneci&oacute; inm&oacute;vil y
+como petrificada delante del castillo:</p>
+
+<p>Una voz que pronunciaba su nombre le hizo alzar la cabeza y le arranc&oacute;
+un grito de alegr&iacute;a. Tendi&oacute; las manos hacia el intendente, que acud&iacute;a
+hacia ella dando muestras de impaciencia y de c&oacute;lera.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; lo que ha pasado&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Catalina me lo ha contado todo.
+Pero, &iquest;qu&eacute; ha dicho la condesa? &iquest;Est&aacute;is llorando? &iquest;Os ha maltratado?</p>
+
+<p>&mdash;Cruelmente maltratado, se&ntilde;or. Me ha echado, se&ntilde;or; no puedo subir
+siquiera a buscar mi ropa.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; loca, Marta; &iquest;acaso ten&eacute;is la culpa de que ese brib&oacute;n de Federico
+haya tenido la idea de reaparecer de repente? Vamos, vamos, re&iacute;os de la
+injusticia de la condesa y volved a vuestro cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevo&mdash;dijo la viuda con verdadero miedo&mdash;; me har&iacute;a echar a la
+calle por los sirvientes.</p>
+
+<p>Mathys la tom&oacute; la mano y la arrastr&oacute;, diciendo con gran agitaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Echaros a la calle? Quisiera ver que os tocara con un dedo solamente.
+Se aferra a ese pretexto para echaros. No es de vos de quien se venga,
+es de m&iacute;. Sabe que me hiere al maltrataros; pero ahora veremos c&oacute;mo van
+a andar las cosas. No tembl&eacute;is, aunque estuviera cien veces irritada,
+ceder&iacute;a, y se volver&iacute;a mansa como un cordero. No s&oacute;lo le impondr&eacute; que en
+adelante os deje en paz y os respete, sino que le declarar&eacute; a la vez que
+os he elegido por mujer y que pronto ser&eacute;is mi esposa.</p>
+
+<p>&mdash;No, Mathys, no hag&aacute;is eso; su furor no reconocer&iacute;a l&iacute;mites&mdash;exclam&oacute; la
+viuda.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute;; pero, aunque se volviera loca furiosa, poseo los medios de
+desarmarla. No teng&aacute;is temor; si yo se lo exijo, os pedir&aacute; perd&oacute;n por su
+brutalidad.</p>
+
+<p>&mdash;No, no la humill&eacute;is, emplead la, persuasi&oacute;n; limitaos a demostrarle mi
+inocencia, para que me perdone mi descuido de un instante.</p>
+
+<p>&mdash;Eso corre de mi cuenta, Marta; yo tambi&eacute;n tengo que vengarme.
+Permaneced aqu&iacute; y tened valor; no saldr&eacute;is de Orsdael.</p>
+
+<p>El intendente entr&oacute; y cerr&oacute; la puerta. Momentos despu&eacute;s Marta oy&oacute; los
+ecos de una voz irritada, y apenas hubo dicho algunas palabras la voz
+m&aacute;s agria aun de la condesa se mezcl&oacute; a sus amenazas; ora era un rumor
+sordo; ora era una tempestad que iba siempre creciendo; hubo momentos en
+que hasta el piso temblaba al choque de violentas patadas.</p>
+
+<p>Marta estaba de pie y toda tr&eacute;mula en la escalera; con la mirada fija en
+la puerta, escuchando aquella disputa, de la que pod&iacute;a depender su
+felicidad y la de su hija. Por mucha atenci&oacute;n que pusiera no pod&iacute;a
+entender una palabra; el ruido de las voces amortiguado por la pesada
+puerta, s&oacute;lo le llegaba de un modo indistinto y confuso.</p>
+
+<p>El altercado duraba desde hac&iacute;a largo rato, sin que la se&ntilde;ora de
+Bruinsteen ni Mathys perdieran terreno, ni parecieran rendirse. La voz
+del intendente hab&iacute;a llegado poco a poco al diapas&oacute;n m&aacute;s elevado, y sin
+duda la obstinaci&oacute;n de la condesa lo llenaba de furor, porque lleg&oacute; a
+gritar tan fuerte que la viuda crey&oacute; distinguir algunas de sus amenazas.
+Las palabras de &laquo;madre falsa, ladrona de herencias&raquo; llegaron a sus o&iacute;dos
+y la hicieron estremecer. Sus enemigos estaban hablando del secreto cuyo
+conocimiento ella persegu&iacute;a al precio de las m&aacute;s sangrientas
+humillaciones y los m&aacute;s crueles sufrimientos.</p>
+
+<p>Impresionada hasta el punto de que casi le faltaban las fuerzas, apoy&oacute;
+la mano en la pared y se desliz&oacute; hasta la puerta. Su coraz&oacute;n lat&iacute;a
+violentamente y poco faltaba para que la angustia la venciera.</p>
+
+<p>La voz del intendente segu&iacute;a gritando con la misma violencia; pero la
+condesa hablaba al mismo tiempo que &eacute;l, y Marta s&oacute;lo pudo o&iacute;r sonidos
+mezclados y confusos, y palabras sin ning&uacute;n sentido. Crey&oacute; entender, sin
+embargo, que hablaban de Elena, del viejo conde y de su herencia.
+Temblando de impaciencia y de esperanza, apoy&oacute; el o&iacute;do a la puerta; pero
+su esperanza qued&oacute; frustrada porque las voces parecieron calmarse y se
+debilitaron...</p>
+
+<p>De pronto, como si la condesa le hubiera inferido una injuria
+sangrienta, el intendente le replic&oacute; con nuevo furor. La viuda se
+inclin&oacute; y peg&oacute; el o&iacute;do contra el agujero de la cerradura. En esa actitud
+o&iacute;a casi todo lo que dec&iacute;a Mathys.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ja, ja!&mdash;gritaba burlonamente&mdash;. &iquest;Conque tambi&eacute;n me echar&eacute;is a m&iacute;?
+Est&aacute; bien, os conozco desde hace tiempo, se&ntilde;ora, he tomado mis
+precauciones a tiempo. Hab&eacute;is sido lo bastante tonta para darme un
+escrito de vuestro pu&ntilde;o y letra. Este documento es una espada suspendida
+sobre vuestra cabeza. Me obedecer&eacute;is, me obedecer&eacute;is os digo... o si no,
+la miseria, la ruina, la c&aacute;rcel os espera. Yo fu&iacute; vuestro c&oacute;mplice,
+vuestro instrumento, pero para vengarme...</p>
+
+<p>Marta, mediante un esfuerzo nervioso, concentr&oacute; todas las fuerzas de su
+alma en el o&iacute;do; suspendi&oacute; la respiraci&oacute;n; el secreto que hubiera pagado
+con su vida iba probablemente a serle revelado.</p>
+
+<p>Pero tuvo que erguirse y retroceder lanzando un grito sofocado. La vieja
+cocinera bajaba la escalera y se le acercaba sonriendo.</p>
+
+<p>Mariana hab&iacute;a visto que el aya ten&iacute;a el o&iacute;do pegado a la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando ah&iacute; dentro, Marta, para que lo est&eacute;is oyendo con
+tanta inquietud? &iquest;Hablan de vos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, de m&iacute;&mdash;murmur&oacute; la viuda.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero molestaros con mi presencia; dentro de un rato me dir&eacute;is lo
+que haya pasado, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>La viuda aplic&oacute; de nuevo el o&iacute;do a la cerradura; pero la pelea se hab&iacute;a
+calmado sensiblemente y las voces s&oacute;lo zumbaban confusas en una
+conversaci&oacute;n com&uacute;n. Despu&eacute;s de haber escuchado largo rato e in&uacute;tilmente,
+Marta exhal&oacute; un doloroso suspiro y se alej&oacute; de la puerta. Ten&iacute;a los ojos
+llenos de l&aacute;grimas; pero consigui&oacute; dominar su dolor, al ver que la
+cocinera estaba todav&iacute;a en la escalera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es lo que han dicho de vos? &iquest;Os despiden o pod&eacute;is quedaros?</p>
+
+<p>--- Me echan&mdash;balbuce&oacute; Marta temblando de emoci&oacute;n y sin entender casi lo
+que la cocinera le preguntaba.</p>
+
+<p>&mdash;Despedida y sin remedio, &iquest;no queda ninguna esperanza? Es una
+desgracia, Marta, y os compadezco sinceramente. La se&ntilde;orita me cont&oacute;
+c&oacute;mo pasaron las cosas. Vos no ten&eacute;is la culpa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La se&ntilde;orita?&mdash;pregunt&oacute; Marta&mdash;. &iquest;C&oacute;mo se siente? Est&aacute; muy afligida,
+&iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre criatura loca! Es cosa de llorar de l&aacute;stima, aunque se tenga el
+coraz&oacute;n de piedra.</p>
+
+<p>&mdash;Teme que la maltraten, &iquest;no es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;No, no; otra persona pensar&iacute;a en ello; &iexcl;pero una pobre loca! &iquest;Cre&eacute;is
+que no piensa en ella? Todo lo que grita es: &laquo;Marta, Marta&raquo;, y s&oacute;lo la
+preocupa el que vos teng&aacute;is que sufrir las consecuencias de su
+imprudencia. Es singular; no os demostraba, sin embargo, mucho cari&ntilde;o;
+hasta cre&iacute;a que os odiaba, y sin embargo, en el momento de perderos,
+demuestra por vos un cari&ntilde;o extraordinario. Su cabeza est&aacute; perdida; no
+sabe lo que dice ni lo que hace.</p>
+
+<p>Se abri&oacute; la puerta de la sala y apareci&oacute; el intendente en el corredor;
+estaba colorado, y ten&iacute;a los ojos rojos de c&oacute;lera. La presencia de
+Mariana pareci&oacute; molestarle, e hizo un gesto imperioso para alejarla;
+pero cambi&oacute; de idea, le tom&oacute; a la cocinera las dos llaves que ten&iacute;a en
+la mano y le dijo a Marta, dirigi&eacute;ndose a la escalera:</p>
+
+<p>&mdash;Seguidme, Marta.</p>
+
+<p>La viuda obedeci&oacute;. La condujo a su propio cuarto, la hizo sentar cerca
+de la mesa, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; ten&eacute;is vuestras llaves, Marta. El asunto est&aacute; arreglado; pero no
+fu&eacute; sin trabajo; he tenido que emplear los medios m&aacute;s en&eacute;rgicos para
+vencerla; pod&eacute;is quedaros en Orsdael y no ten&eacute;is nada que temer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me ha perdonado!&mdash;exclam&oacute; el aya.</p>
+
+<p>&mdash;Una mujer como la condesa no perdona jam&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, con todo, &iquest;puedo quedarme?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no era lo dif&iacute;cil; la se&ntilde;ora de Bruinsteen consinti&oacute; en ello sin
+mayor resistencia; pero cuando le dije que ibais a ser mi mujer casi le
+di&oacute; de rabia un ataque de apoplej&iacute;a... &iquest;Esto os sorprende, Marta? Se
+dir&iacute;a &iquest;verdad? que est&aacute; celosa porque yo distingo a otra mujer. Nada de
+eso; me odia, pero tiene necesidad de m&iacute;, y me teme. Si yo quisiera
+podr&iacute;a hacerle mucho da&ntilde;o y hasta arruinarla por completo. Por eso
+querr&iacute;a tenerme bajo su dependencia; pero se acab&oacute;, estoy cansado de
+esta existencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; terribles secretos hay entonces entre vos y la condesa?&mdash;dijo
+Marta con terror fingido&mdash;. Quiz&aacute; la se&ntilde;ora condesa ha cometido alguna
+falta y vos la sab&eacute;is...</p>
+
+<p>&mdash;No me pregunt&eacute;is nada de eso&mdash;replic&oacute; Mathys&mdash;. El d&iacute;a de nuestro
+casamiento lo sabr&eacute;is todo. Antes no me arrancar&eacute;is una palabra. Vos
+misma reconocer&eacute;is que este silencio era una plausible prudencia.
+Hablemos ahora de asuntos serios. La escena que acaba de producirse
+entre la condesa y yo, no nos permite esperar largo tiempo. Debemos
+apurar cuanto se pueda nuestro casamiento. La maldad de la se&ntilde;ora
+Bruinsteen hallar&aacute; todav&iacute;a medio de romperlo. Esta misma noche
+escribir&eacute;is las cartas para que os manden los papeles necesarios de
+Bruselas, y si ten&eacute;is tanta prisa como yo, nos casaremos dentro de seis
+semanas.</p>
+
+<p>La viuda parec&iacute;a que ya no le o&iacute;a y dirig&iacute;a la mirada con atenci&oacute;n
+particular al fondo del cuarto. Hab&iacute;a un escritorio de caoba entre unos
+bonitos muebles y sillones de terciopelo. Hab&iacute;a tambi&eacute;n cuatro cuadros
+con marcos dorados. Pero el objeto en que Marta fijaba los ojos, era un
+cofre con fuertes herrajes que estaba al pie del pupitre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;is distra&iacute;da, Marta?&mdash;observ&oacute; el intendente&mdash;. Decidme, querida
+amiga, &iquest;escribir&eacute;is esta tarde para que os manden de Bruselas los
+papeles necesarios? &iquest;Har&eacute;is lo posible, a fin de que no perdamos un
+instante en celebrar nuestro casamiento?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;&mdash;replic&oacute; la viuda cuya mirada se encontraba irresistiblemente
+atra&iacute;da por el cofre de hierro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;is mirando mis muebles?&mdash;pregunt&oacute; alegremente el intendente&mdash;.
+S&iacute;, Marta, no tendremos que comprar muchos para instalar nuestra casa.
+Todo lo que veis aqu&iacute; me pertenece. Un buen escritorio, magn&iacute;ficos
+sillones, &iquest;no es cierto?</p>
+
+<p>Marta trat&oacute; de sonre&iacute;r y pregunt&oacute; con fingido buen humor:</p>
+
+<p>&mdash;Me imagino que este cofre ser&aacute; el mueble principal de la casa. &iquest;Es sin
+duda en el que guard&aacute;is las econom&iacute;as?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda, y tambi&eacute;n papeles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Papeles? &iquest;Papeles preciosos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con qu&eacute; expresi&oacute;n me pregunt&aacute;is eso, Marta!&mdash;dijo Mathys vacilante&mdash;.
+&iquest;Pod&eacute;is imaginaros que en un cofre as&iacute;, no se guarda todo lo que uno
+quiere conservar?</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, no hay nada que excite tanto la curiosidad de una mujer
+como una caja de hierro que parece encerrar cosas misteriosas. Dentro de
+algunas semanas ser&eacute; vuestra esposa. Sed, pues, bueno, y decidme de
+antemano qu&eacute; encierra ese cofre.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, loca, est&aacute;is bromeando. &iquest;Qu&eacute; puede haber en &eacute;l? Un poco de
+dinero y t&iacute;tulos de deudas p&uacute;blicas; porque ya os imaginar&eacute;is que no
+soy tan est&uacute;pido como para guardar mi dinero sin que produzca. Cuando
+volvamos de la iglesia, ya marido y mujer, os entregar&eacute; las llaves del
+cofre y de los armarios. Hasta entonces, querida, tendr&eacute;is que dominar
+vuestra ansiedad, porque todo permanecer&aacute; bien cerrado. Vamos, dejad a
+un lado esos caprichos. Escuchadme, Marta: una vez casados podremos
+seguir viviendo en el castillo, si no prefer&iacute;s tener una casa vuestra;
+pod&eacute;is escoger. Aqu&iacute; se pueden conseguir muchos provechos, se puede
+vivir sin gastos y redondear tranquilamente la fortuna.</p>
+
+<p>&mdash;Preferir&iacute;a seguir en Orsdael&mdash;dijo Marta que pensaba en su hija.</p>
+
+<p>&mdash;Eso me agrada&mdash;replic&oacute; el intendente&mdash;; tanto m&aacute;s cuanto no ser&eacute;is m&aacute;s
+sirvienta ni aya, y no tendr&eacute;is que servir a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Y la se&ntilde;orita, &iquest;qui&eacute;n la cuidar&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Ya se ha pensado en eso, Marta. Dentro de pocos d&iacute;as estar&aacute; lejos del
+castillo, y tengo razones para creer que no volver&aacute; nunca a &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es eso? &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is decir?&mdash;balbuce&oacute; la viuda presa de una
+s&uacute;bita ansiedad.</p>
+
+<p>&mdash;Es cosa resuelta; la se&ntilde;orita entrar&aacute; en un convento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En un convento? &iquest;En un convento de religiosas?</p>
+
+<p>&mdash;Naturalmente. Parece que eso os agita violentamente. &iquest;Os imagin&aacute;is
+quiz&aacute; que cuando Elena no est&eacute; aqu&iacute;, la condesa podr&aacute; despediros, no
+necesitando ya vuestros servicios?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, Mathys, en efecto; esa noticia me hace temblar.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;is en un error. Esta decisi&oacute;n ha sido tomada a instancias m&iacute;as,
+para hacer desaparecer toda causa de desavenencias y discordias, y para
+estar seguros de tener una vida agradable.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;a qu&eacute; convento la mandar&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Lo ignoro a&uacute;n, la condesa se encargar&aacute; de buscarlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;is hacer una monja de Elena? Sin embargo, eso es imposible. &iexcl;Una
+loca!</p>
+
+<p>&mdash;No; estar&aacute; all&iacute; como pupila mientras se resuelva otra cosa... Oigo
+rega&ntilde;ar a la condesa; est&aacute; descargando su c&oacute;lera sobre los sirvientes.
+Voy a tratar de calmarla, ahora que ha consentido en todo. As&iacute; que sepa
+algo nuevo, vendr&eacute; a dec&iacute;roslo. Id a vuestro cuarto, Marta, y tratad de
+descansar de vuestras emociones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;No me atrevo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; tem&eacute;is?</p>
+
+<p>&mdash;A la condesa. Ir&aacute; all&iacute; y me castigar&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, se lo he prohibido. Me ha prometido que no hablar&aacute; de lo que ha
+jurado. Si os dice, sin embargo, alguna frase desagradable, haced como
+si no la oyerais; pero no cre&aacute;is que llegue hasta maltrataros.</p>
+
+<p>&mdash;Vendr&aacute; a verme, sin embargo. &iexcl;Ah! Tiemblo ante la sola idea de
+encontrarme con ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; ha de ir?</p>
+
+<p>&mdash;Para retar y castigar a la se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto, pero eso, &iquest;qu&eacute; os importa? Dejad que le aplique a la loca
+el castigo que merece su falsedad. Si tuviera tiempo, me parece que le
+har&iacute;a sentir a esa tonta que no tiene derecho a re&iacute;rse de nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;Pero comprended, Mathys; yo estar&eacute; junto a ella, y la condesa en su
+enojo se exaltar&aacute; tanto contra m&iacute; como contra ella. Estoy cansada de
+estas escenas odiosas; si tengo que seguir soport&aacute;ndolas, prefiero huir
+de Orsdael.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iquest;Qu&eacute; significa esto ahora?&mdash;murmur&oacute; el intendente descontento&mdash;.
+Al fin y al cabo yo no le puedo impedir a la se&ntilde;ora de Bruinsteen que se
+acerque a su hija.</p>
+
+<p>Marta le tom&oacute; las manos y le dijo con extremada suavidad, mir&aacute;ndolo con
+aire de cari&ntilde;o:</p>
+
+<p>&mdash;Mathys, buen Mathys, todo lo pod&eacute;is obtener de la condesa. Dadme una
+nueva prueba de vuestro afecto. Exigidle la promesa de que no vaya a ver
+a la se&ntilde;orita al menos hasta dentro de tres o cuatro d&iacute;as. De esta
+manera evitar&eacute; el peligro de ser maltratada e injuriada por ella.
+&iexcl;Mathys, sed complaciente, libradme de esta inquietud, os lo ruego!</p>
+
+<p>El intendente, conmovido por su mirada y por su acento, inclin&oacute; un
+momento la cabeza, y murmur&oacute; sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; hechicera sois! Hac&eacute;is de m&iacute; lo que quer&eacute;is. Vamos, quedad
+tranquila, har&eacute; lo que dese&aacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La condesa no ir&aacute; a ver a la se&ntilde;orita?</p>
+
+<p>&mdash;Hasta dentro de tres d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, gracias, gracias!</p>
+
+<p>Mathys se levant&oacute; y sali&oacute; del cuarto. En la puerta se detuvo y le dijo a
+la sirvienta que lo hab&iacute;a seguido:</p>
+
+<p>&mdash;Quedaos en paz, Marta; as&iacute; que est&eacute;is m&aacute;s tranquila, escribid las
+cartas para pedir vuestros papeles. Ya sab&eacute;is lo que necesit&aacute;is; os lo
+he dicho ya. Consolaos de vuestras desgracias. Nuestro casamiento os
+har&aacute; olvidar vuestras penas. Estad segura de que seremos felices.</p>
+
+<p>La viuda lo mir&oacute; alejarse para estar segura de que no retroceder&iacute;a, y
+as&iacute; que hubo bajado la escalera comprimi&oacute; un grito de alegr&iacute;a y corri&oacute; a
+su cuarto.</p>
+
+<p>Antes de que hubiese llegado a la puerta, sus labios murmuraron
+alegremente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Elena, Elena, hija m&iacute;a, mi querida ni&ntilde;a! &iexcl;Me quedo, me quedo! &iexcl;No me
+separar&eacute; de ti mientras viva!</p>
+
+
+
+
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2>
+
+
+<p>La se&ntilde;orita de Bruinsteen estaba sentada delante de una mesa y copiaba
+pasajes de un libro. Por grande que fuera la atenci&oacute;n que pusiera en su
+trabajo, de cuando en cuando volv&iacute;a la cabeza para dirigir una triste
+sonrisa a su aya, que, sentada junto a la pared y con los ojos
+entornados, parec&iacute;a sumida en sombr&iacute;os pensamientos.</p>
+
+<p>Un silencio completo reinaba en el cuarto; los rayos del sol oblicuos y
+su d&eacute;bil claridad anunciaban el declinar del d&iacute;a.</p>
+
+<p>Marta estaba triste e inquieta. No le hab&iacute;a dicho todav&iacute;a a Elena que
+hab&iacute;an resuelto mandarla al convento. Ten&iacute;a miedo de desgarrarle el
+coraz&oacute;n con aquella triste noticia. Por otra parte, ten&iacute;a la esperanza
+de que con ayuda de Mathys conseguir&iacute;a parar el golpe fatal que las
+amenazaba a las dos. En realidad, el intendente, que no comprend&iacute;a por
+qu&eacute; Marta deseaba impedir la partida de la joven, hab&iacute;a rechazado sus
+tentativas como absurdas; pero todav&iacute;a pod&iacute;a contar con algunos d&iacute;as, y
+cre&iacute;a que conseguir&iacute;a convencer a Mathys, sin traicionar los motivos que
+la inspiraban. Por desgracia, el intendente hab&iacute;a salido muy temprano
+aquel d&iacute;a del castillo; hab&iacute;a salido en el coche grande y s&oacute;lo volver&iacute;a
+muy tarde. &iquest;Por qu&eacute; no le hab&iacute;a hablado Mathys de aquel viaje? &iquest;Qu&eacute; le
+ocultaba? Al hacer esta reflexi&oacute;n, se puso p&aacute;lida y empez&oacute; a temblar,
+porque una sospecha terrible acababa de cruzarle el esp&iacute;ritu. El
+convento... &iquest;Ser&iacute;a una casa de sanidad? &iexcl;Horror! &iexcl;Su hija encerrada
+entre criaturas dementes y condenada a encierro perpetuo! Despu&eacute;s,
+Marta rechaz&oacute; esta idea y pas&oacute; a suposiciones menos atroces. Las
+palabras de Mathys le hab&iacute;an hecho pensar que se dejaba llevar por
+suposiciones mal fundadas. Y vacilando as&iacute; entre una d&eacute;bil esperanza y
+una angustiosa ansiedad, la pobre Marta alzaba los ojos al cielo y se
+dol&iacute;a de la suerte que la amenazaba tan cruelmente, en el momento mismo
+en que estaba cerca de descubrir el secreto de sus enemigos.</p>
+
+<p>Elena volvi&oacute; la cabeza hacia ella y exhal&oacute; un suspiro de compasi&oacute;n; no
+se atrev&iacute;a a hablarle porque Marta le hab&iacute;a rogado que terminara
+silenciosamente su trabajo. Sin embargo, un momento despu&eacute;s hab&iacute;a
+terminado su tarea; se levant&oacute;, se acerc&oacute; al aya, le mostr&oacute; el escrito,
+y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mirad, querida Marta, he terminado.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; muy bien, querida&mdash;dijo el aya echando una distra&iacute;da mirada al
+papel&mdash;. Ya escribes mejor; tu aplicaci&oacute;n supera mis esperanzas.</p>
+
+<p>La joven acerc&oacute; una silla, tom&oacute; la mano de la viuda, y le dijo en tono
+suplicante:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, est&aacute;is disgustada, &iquest;verdad? &iexcl;Oh! &iquest;por qu&eacute; no podr&eacute; rescatar mi
+fatal desobediencia? Sufr&iacute;s por culpa m&iacute;a, vos que sois la bondad y el
+cari&ntilde;o mismos. Es como si me traspasaran el coraz&oacute;n a pu&ntilde;aladas.
+Consolaos, Marta, eso no volver&aacute; a suceder jam&aacute;s; si alguna vez Federico
+llega a aproximarse, pedir&eacute; auxilio y escapar&eacute; al instante. Hasta me
+empe&ntilde;ar&eacute; en olvidarlo por completo.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; te equivocas, mi querida Elena; &eacute;se no es el motivo de mi
+melancol&iacute;a&mdash;respondi&oacute; Marta.</p>
+
+<p>&mdash;No me atrevo a preguntaros ese motivo porque no os gusta que se os
+interrogue. Pero, &iexcl;me dais pena, Marta! Lo conozco bien en vuestra
+fisonom&iacute;a; ten&eacute;is pena y ten&eacute;is miedo. Pod&eacute;is quedaros a mi lado, sin
+embargo; mi madre nos ha perdonado a las dos, seg&uacute;n dec&iacute;s. Esta
+felicidad inesperada, debiera alegraros; sin embargo, est&aacute;is p&aacute;lida, y
+vuestra mirada est&aacute; obscurecida por pensamientos inquietos. Vamos,
+vamos, quiero que mis besos os hagan sonre&iacute;r.</p>
+
+<p>Le di&oacute; un beso a Marta y la aproxim&oacute; con fuerza contra su coraz&oacute;n,
+mientras que aqu&eacute;lla se entregaba pacientemente a las caricias de la
+ni&ntilde;a, retribuy&eacute;ndolas y tratando de sonre&iacute;r. Permanecieron luego mudas y
+mir&aacute;ndose con expresi&oacute;n afectuosa, hasta que un ligero golpe en la
+puerta las vino a turbar en la expansi&oacute;n de su mutuo afecto.</p>
+
+<p>Marta se apresur&oacute; a ver qui&eacute;n era la que llamaba a la puerta, y
+volvi&eacute;ndose inmediatamente a la joven, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Elena, es Mariana, la cocinera; tu madre me ordena que baje en seguida
+contigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mi madre nos llama?&mdash;exclam&oacute; la joven&mdash;. Dios m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; ir&aacute; a
+suceder?</p>
+
+<p>La viuda no estaba menos asustada, pero se domin&oacute;, y dijo con aparente
+tranquilidad:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; palideces, pobrecilla? Yo voy contigo. No temas nada, no me
+apartar&eacute; de ti.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! no es por m&iacute; por quien tiemblo, querida Marta; es por vos que
+sufro tanto sin ser culpable. Mi madre puede castigarme cruelmente. Eso
+no es nada; pero, &iquest;y si se le ocurriera castigar mi falta en vos, en mi
+presencia?</p>
+
+<p>&mdash;No, no; te est&aacute;s agitando por un vano temor. Vamos, no podemos hacer
+esperar a tu madre. Ten calma y s&iacute;gueme.</p>
+
+<p>Marta baj&oacute; con la joven, y abri&oacute; la puerta de la sala. Un suspiro
+ahogado se le escap&oacute;. Vi&oacute; sentado al lado de la condesa a un hombre
+vestido de negro, de una fisonom&iacute;a fr&iacute;a y sonriente, cuya mirada le hel&oacute;
+la sangre en las venas.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien&mdash;dijo con sequedad la condesa&mdash;. Dejad a la se&ntilde;orita con
+nosotros, cerrad la puerta, idos arriba y esperad all&iacute; mis &oacute;rdenes...
+&iquest;No me comprend&eacute;is?</p>
+
+<p>La viuda sali&oacute; de la pieza, pero permaneci&oacute; en el corredor. Sus piernas
+se negaban a alejarse de un sitio en que sin duda iba a decidirse la
+suerte de su hija y a pronunciarse una sentencia irrevocable. Un ruido
+en la cerradura le hizo temer que la condesa fuera a sorprenderla. Subi&oacute;
+r&aacute;pidamente la escalera y fu&eacute; a refugiarse a su cuarto, donde se dej&oacute;
+caer sobre una silla, y escondi&oacute; la cabeza entre las manos.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n era ese hombre vestido de negro? Probablemente un m&eacute;dico. &iquest;Qu&eacute;
+iba a hacer a Orsdael, donde nadie estaba enfermo? &iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;a que
+quedar solo con Elena? &iexcl;La casa de sanidad! En efecto, la desgraciada
+madre lo sab&iacute;a desde hac&iacute;a tiempo; las leyes que protegen la libertad
+personal, no velan con la vigilancia necesaria la puerta del abismo, que
+se llama la casa de sanidad. La declaraci&oacute;n de un solo m&eacute;dico basta para
+condenar a reclusi&oacute;n perpetua; y una vez encerrada la pobre v&iacute;ctima en
+esa tumba muda, &iquest;qui&eacute;n reconocer&iacute;a la fatal equivocaci&oacute;n en un lugar tan
+atroz y tan extraordinario que hasta los gestos y las palabras de las
+personas razonables toman apariencias de locura? La viuda qued&oacute; como
+aplastada bajo el peso de tales pensamientos, hasta que el repiqueteo de
+la campanilla le di&oacute; la orden de bajar. Al pie de la escalera, vi&oacute; que
+el visitante sub&iacute;a a un coche.</p>
+
+<p>Cuando hubo abierto la puerta de la sala, la condesa le dijo con un tono
+y una expresi&oacute;n en que estallaba la alegr&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Marta, acompa&ntilde;ad a la se&ntilde;orita a su cuarto; cerrad cuidadosamente las
+puertas y volved pronto; tengo que hablaros de un asunto importante.</p>
+
+<p>Elena lloraba y temblaba; parec&iacute;a estar muy asustada; comenzaba a
+explicarse la causa de aquel miedo, cuando Marta le hizo comprender con
+una mirada imperiosa que deb&iacute;a reservar aquella confidencia para cuando
+estuviesen solas. Cuando llegaron al cuarto de Elena, Marta cerr&oacute; las
+puertas y pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que te ha sucedido, querida ni&ntilde;a? Habla pronto, que tu
+madre me espera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay de m&iacute;! &iexcl;Me mandan a un convento, lejos de aqu&iacute;!&mdash;dijo sollozando
+la joven&mdash;. Huir de mi prisi&oacute;n, salir de Orsdael, ser&iacute;a un cielo; pero
+separarme de vos, Marta, me matar&aacute;; &iexcl;no puedo vivir sin vos!</p>
+
+<p>&mdash;Ten valor y consu&eacute;late&mdash;dijo Marta sofocando su propia emoci&oacute;n&mdash;. En
+cualquier parte que est&eacute;s, yo estar&eacute; siempre a tu lado. &iquest;Qu&eacute; hizo y qu&eacute;
+dijo el desconocido? Es preciso que yo lo sepa; pero ap&uacute;rate, ap&uacute;rate,
+que ya empieza a repicar la campanilla.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or desconocido me tom&oacute; la mano; fij&oacute; largo rato sus ojos
+penetrantes en los m&iacute;os, como si quisiera indagar con su mirada el fondo
+de mi alma. Mi coraz&oacute;n lat&iacute;a violentamente, mi esp&iacute;ritu se extraviaba,
+una nube me empa&ntilde;aba la vista.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; te pregunt&oacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Una porci&oacute;n de cosas extra&ntilde;as e incomprensibles; en qu&eacute; pienso, en qu&eacute;
+sue&ntilde;o, si me agradar&iacute;a jugar con otras se&ntilde;oritas o si me agradar&iacute;a
+entrar en un convento para hacerme religiosa...</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;qu&eacute; le respondiste?</p>
+
+<p>&mdash;No recuerdo, balbuc&iacute;. Su mirada fija y profunda me quitaba toda
+conciencia de m&iacute; misma.</p>
+
+<p>&mdash;Debieron sorprenderle mucho tus respuestas, &iquest;no es cierto?</p>
+
+<p>&mdash;No, parec&iacute;a muy satisfecho y meneaba la cabeza con aire aprobador;
+despu&eacute;s se dirigi&oacute; a la mesa y escribi&oacute; algo sobre un gran papel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; Marta, levantando las manos al cielo.</p>
+
+<p>Elena la mir&oacute; temblando; pero la viuda evit&oacute; la explicaci&oacute;n, dici&eacute;ndole,
+mientras se iba del cuarto:</p>
+
+<p>&mdash;No temas, querida. Hay secretos que un d&iacute;a conocer&aacute;s. Por ahora no
+tienes nada que temer. Vuelvo dentro de un momento.</p>
+
+<p>&mdash;Sentaos, Marta&mdash;le dijo la condesa cuando ella hubo entrado a la
+sala&mdash;. Tengo muchos motivos para estar enojada con vos; pero quiero
+olvidar el pasado, sobre todo ahora que la &uacute;nica causa de mi c&oacute;lera y
+dolor va a alejarse de Orsdael. Lo que voy a deciros os alegrar&aacute; a vos
+tambi&eacute;n; es para vos como para m&iacute; una noticia feliz. Elena entra ma&ntilde;ana
+en un convento, de manera que os ver&eacute;is libre de su guarda, y podr&eacute;is
+pasearos todo el d&iacute;a y hacer lo que quer&aacute;is... &iquest;Por qu&eacute; parec&eacute;is
+disgustada? yo cre&iacute; que os iba a causar gran alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Marta comprend&iacute;a muy bien que deb&iacute;a fingir una gran satisfacci&oacute;n. Trat&oacute;
+de sonre&iacute;r a la vez que balbuc&iacute;a un agradecimiento; pero, a pesar de sus
+esfuerzos, pod&iacute;a leerse en su fisonom&iacute;a una inquietud cruel.</p>
+
+<p>&mdash;Me imagino que tem&eacute;is perder vuestro empleo despu&eacute;s de la partida de
+Elena; est&aacute;is equivocada, Marta; he convenido con Mathys que
+permanecer&eacute;is en Orsdael hasta vuestro casamiento, y aun despu&eacute;s, si as&iacute;
+lo quer&eacute;is. Me agradar&iacute;a mucho que hicierais esto &uacute;ltimo. Una vez que
+Elena no est&eacute; ante mi vista, y encerrada en un sitio seguro, yo no
+estar&eacute; ni apenada ni col&eacute;rica. Me har&eacute;is compa&ntilde;&iacute;a, y yo har&eacute; cuanto me
+sea posible para haceros agradable vuestra permanencia en mi castillo.
+Mi lenguaje os sorprende, &iquest;verdad? &iquest;No acostumbro a hablar tan
+amistosamente? Es que hoy me sucede una felicidad por la cual suspiraba
+desde hace mucho tiempo, como por la libertad de la esclavitud m&aacute;s dura.
+La loca era para m&iacute; una fuente de dolor y un peso tan penoso como el
+grillete de un presidiario. Me veo libre de esa cadena y respiro por vez
+primera a mi placer. La alegr&iacute;a vuelve bueno y amable.</p>
+
+<p>Marta hab&iacute;a tenido el tiempo necesario para recuperar su propio dominio.</p>
+
+<p>Mientras la condesa hablaba, murmur&oacute; sonriendo algunas palabras de
+asentimiento, y se hab&iacute;a armado de valor para averiguar lo que deseaba
+saber.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; buena sois, se&ntilde;ora!&mdash;dijo&mdash;. Entonces, &iquest;puedo quedar en Orsdael?
+&iquest;Sois tan generosa que me hag&aacute;is este favor? &iquest;Y no tendr&eacute; que guardar
+m&aacute;s a la se&ntilde;orita? &iexcl;Oh, cu&aacute;nto os agradezco que me libr&eacute;is de ese penoso
+servicio! Pero, &iquest;y si Elena no quiere seguir en el convento y vuelve
+aqu&iacute;?... Es obcecada y no es posible tenerla siempre encerrada.</p>
+
+<p>&mdash;No, no volver&aacute;&mdash;exclam&oacute; alegremente la condesa&mdash;. Va a entrar a un
+lugar del que no se sale nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me fiar&iacute;a&mdash;dijo malignamente la viuda&mdash;. El se&ntilde;or de Bergams
+sabr&aacute; ad&oacute;nde est&aacute; y le proporcionar&aacute; los medios de salir del convento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! Federico no lo sabr&aacute;; no lo sabremos m&aacute;s que yo y el intendente;
+en el sitio a que va las ventanas tienen estrechas rejas de hierro, por
+donde no se podr&iacute;a escapar ni un gato. &iexcl;Ja! &iexcl;Ja! &iquest;Por qu&eacute; ocultaros lo
+que va a complaceros tanto como a m&iacute;? Escuchad; os lo voy a decir en
+confianza; pero no lo dig&aacute;is a nadie, porque es preciso que todos crean
+realmente que Elena va a entrar a un convento para hacerse religiosa. De
+este modo se hablar&aacute; menos de su desaparici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;No va a entrar a un convento?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, va a entrar a un convento porque es una casa habitada y dirigida
+por religiosas.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Bruinsteen inclin&oacute; la cabeza sobre el hombro de la viuda y
+murmur&oacute; algo al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vi&oacute; usted a ese se&ntilde;or que estuvo aqu&iacute;? Un se&ntilde;or que vino para juzgar
+la raz&oacute;n y la inteligencia de mi hija. Las cosas pasaron muy felizmente;
+Elena se mostr&oacute; mucho m&aacute;s est&uacute;pida y loca de lo que realmente es; en
+seguida me firm&oacute; una declaraci&oacute;n en que afirma que su cerebro se halla
+desequilibrado... y... ya os imaginar&eacute;is lo dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El qu&eacute;? &iquest;el qu&eacute;, se&ntilde;ora?... No comprendo&mdash;balbuce&oacute; Marta casi
+desfallecida.</p>
+
+<p>&mdash;Es f&aacute;cil de comprender, sin embargo: Elena va a entrar en una casa de
+sanidad.</p>
+
+<p>Un grito penetrante se le escap&oacute; a la pobre viuda; pero se domin&oacute; en
+seguida y estall&oacute; en una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ese grito?&mdash;murmur&oacute; la condesa estupefacta.</p>
+
+<p>&mdash;Es de alegr&iacute;a, se&ntilde;ora, de alegr&iacute;a&mdash;dijo Marta&mdash;. Ahora me podr&eacute; casar,
+vos ser&eacute;is libre y feliz, estar&eacute;is libre de todo pesar. &iexcl;Ah, qu&eacute;
+satisfecha estoy! Menos por m&iacute; que por vos, que sois mi buena y generosa
+se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Enga&ntilde;ada por estas halagadoras palabras, la condesa exclam&oacute; alegremente:</p>
+
+<p>&mdash;Os creo, la victoria me ha causado a m&iacute; tambi&eacute;n una viva impresi&oacute;n.
+Desde que estoy cierta del triunfo, mi coraz&oacute;n se ha aliviado de un peso
+enorme. Es un verdadero martirio verse abrumada durante muchos a&ntilde;os por
+una loca, que ha recibido de la naturaleza un car&aacute;cter detestable, que
+no tiene m&aacute;s prop&oacute;sito que deshonrar mi nombre y arrancarme la vida.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, es un martirio cruel para una madre verse obligada,
+despu&eacute;s de tantos sufrimientos, a encerrar a su hija &uacute;nica en una casa
+de sanidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; quer&eacute;is, Marta; cuando no hay m&aacute;s remedio!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Va ir lejos de aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, bastante lejos.</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto m&aacute;s lejos, mejor ser&aacute; para vos y para m&iacute;... De esta modo habr&aacute;
+menos peligro de que el se&ntilde;or de Bergams descubra su paradero. &iquest;La
+se&ntilde;orita ir&aacute;, sin duda, al extranjero?</p>
+
+<p>&mdash;No me pregunt&eacute;is eso&mdash;respondi&oacute; la condesa visiblemente molestada por
+la curiosidad del aya&mdash;. Mathys ha ido esta ma&ntilde;ana a hablar con la
+directora del convento y a anunciarle la llegada de Elena. Si regresa
+antes de la noche, podr&eacute;is preguntarle lo que os interesa. Si cree que
+debe dec&iacute;roslo, est&aacute; bien; pero yo le hecho prometer formalmente que
+callar&iacute;a el sitio adonde va a ser conducida Elena ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;ma&ntilde;ana! &iexcl;tan pronto!</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana, a las diez en punto, vendr&aacute; a buscarla un coche de la ciudad.
+Estaremos ausentes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Estaremos ausentes durante mucho tiempo, se&ntilde;ora? Porque tendr&eacute;, por
+supuesto, que preparar algunos equipajes, y llevar ropa para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Vos permanecer&eacute;is a mi lado, Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; mujer acompa&ntilde;ar&aacute; entonces a vuestra hija?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna, ir&aacute; Mathys solamente. Ya est&aacute; todo conclu&iacute;do y arreglado. Por
+otra parte, no es lejos, porque Mathys estar&aacute; de regreso al d&iacute;a
+siguiente. El sol se ha ocultado ya tras del bosque; id, Marta, a
+vuestro cuarto y preparad las ropas de Elena. Har&eacute; que os lleven dentro
+de un momento un par de valijas y unas cajas de cart&oacute;n. Ocupaos en
+colocar en ellas las cosas de mi hija, para no tener que apresuraros
+demasiado ma&ntilde;ana. Sed discreta, no dig&aacute;is nada de lo que os he dicho...,
+y que la loca llore o grite, no os importe, dejadla que grite como si no
+la oyerais. Es la &uacute;ltima vez que os molestar&aacute;.</p>
+
+<p>Marta sali&oacute; de la sala con la sonrisa en los labios y murmurando
+palabras de agradecimiento, pero as&iacute; que estuvo sola las l&aacute;grimas
+brotaron de sus ojos y se vi&oacute; obligada a apoyarse en la barandilla de la
+escalera, porque sus piernas vacilantes se negaban a sostenerla.</p>
+
+<p>En el primer piso se detuvo en medio del pasillo con el pecho jadeante
+para que su esp&iacute;ritu tuviera tiempo de recogerse y su valor de templarse
+a fin de preparar a su hija contra el dolor de la separaci&oacute;n, o de
+consolarla con una falsa esperanza. Era una fatalidad implacable que
+pesaba sobre ella desde que hab&iacute;a pisado a Orsdael; ten&iacute;a que disimular,
+fingir, mentir siempre, lo mismo a su hija que a sus indignos verdugos.</p>
+
+<p>Permaneci&oacute; un momento inm&oacute;vil, absorta en sus sombr&iacute;os pensamientos.
+Luego, de golpe, irgui&oacute; la cabeza. En sus ojos negros brillaba una
+especie de altivez dolorosa y una especie de audacia amenazadora, como
+si lanzara un reto a sus enemigos invisibles; sus facciones contra&iacute;das
+se distendieron de pronto, sin embargo, y su expresi&oacute;n se torn&oacute;
+tranquila y paciente, al dirigirse a pasos lentos al cuarto de Elena;
+una suave serenidad iluminaba su rostro, y le dijo a la joven que se
+arroj&oacute; desesperada a su cuello con los ojos llenos de l&aacute;grimas:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Elena, mi querida hija; no llores as&iacute;. Tu desesperaci&oacute;n no es
+razonable. Lo que temes, no suceder&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Dios sea loado!&mdash;exclam&oacute; la joven con una risa nerviosa&mdash;. Ten&iacute;a
+raz&oacute;n en confiar en vuestro maravilloso poder. &iquest;Hab&eacute;is convencido a mi
+madre? &iquest;Ya no ir&eacute; al convento? &iquest;Puedo quedarme con vos? &iexcl;Oh! &iexcl;Gracias,
+gracias, mi &aacute;ngel bueno!</p>
+
+<p>&mdash;Si&eacute;ntate, Elena&mdash;dijo la viuda conduci&eacute;ndola hasta una silla&mdash;, y
+trata de escucharme con calma. El d&iacute;a toca a su fin: tengo que trabajar
+todav&iacute;a y no me alcanza el tiempo para conversar largo rato contigo. Es
+cosa resuelta que vayas al convento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Marta, mirad c&oacute;mo tiemblo!</p>
+
+<p>&mdash;Haces mal. Escucha lo que voy a decirte. Ma&ntilde;ana a las diez, vendr&aacute; un
+coche a buscarte... &iquest;Por qu&eacute; te asustas tanto? No hay la menor raz&oacute;n
+para ello. &iquest;Es acaso tan dulce y agradable la vida en este estrecho
+calabozo?</p>
+
+<p>&mdash;Con vos, Marta, este obscuro cuarto es para m&iacute; un para&iacute;so en la
+tierra.</p>
+
+<p>&mdash;Estar&aacute;s seguramente mejor en el convento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! Entonces, Marta, &iquest;vienes conmigo? S&iacute;, s&iacute;, estoy contenta. &iexcl;Si
+pudiera irme en seguida de este sitio en que he sufrido tanto!</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto, hija m&iacute;a, pero seguramente no partir&eacute; en el mismo coche que
+t&uacute; y no me ver&aacute;s en todo el viaje... &iquest;Te pones p&aacute;lida otra vez? Trata
+de dominar tu espanto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por amor de Dios, no me enga&ntilde;&eacute;is, Marta!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ndo os he enga&ntilde;ado?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jam&aacute;s!... &iexcl;Jam&aacute;s!... perdonadme esta duda. No s&eacute; lo que me pasa,
+tengo el coraz&oacute;n oprimido, apenas puedo respirar, tiemblo de pies a
+cabeza; una voz secreta me dice que voy a perderos para siempre. &iexcl;Antes
+preferir&iacute;a morir, Marta, a no volveros a ver m&aacute;s!</p>
+
+<p>La viuda, aunque su coraz&oacute;n sangraba cruelmente, dulcific&oacute; a&uacute;n m&aacute;s la
+voz y trat&oacute; de calmar a la joven, asegur&aacute;ndole que no se separar&iacute;a nunca
+de ella y que estar&iacute;a siempre a su lado para quererla y protegerla. Por
+fin, cuando crey&oacute; haberlo conseguido agreg&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, Elena, ya que este viaje te asusta tanto, todav&iacute;a creo que
+lo podr&eacute; impedir. El intendente sali&oacute; esta ma&ntilde;ana y volver&aacute; tarde esta
+noche. Espiar&eacute; su vuelta e ir&eacute; a verlo en su cuarto. Por medio de &eacute;l
+quiz&aacute; consiga que tu madre vuelva sobre su decisi&oacute;n. Si esta &uacute;ltima
+tentativa no da resultado, es preciso que demuestres que tienes valor y
+juicio, y que no dificultes mi protecci&oacute;n con tu debilidad. Sube al
+coche, d&eacute;jate conducir sin quejas ni resistencias; aunque tengas que
+pasar algunos d&iacute;as sin m&iacute; en el convento, soporta con paciencia esta
+corta ausencia, segura de que me tendr&aacute;s pronta a tu lado, m&aacute;s abnegada
+y poderosa que antes. Es posible, Elena, que tus enemigos hayan querido
+prepararte una existencia dolorosa en el convento, pero debes saber que
+tengo bastante amor y fuerzas para triunfar de su maldad.</p>
+
+<p>Marta consigui&oacute;, por fin, fingiendo una confianza absoluta, dar a su
+hija el valor necesario. Elena prometi&oacute; que har&iacute;a el viaje sin quejarse,
+retemplada por la idea de que su protectora estar&iacute;a presente en el
+momento de la partida para alentarla y sostenerla.</p>
+
+<p>Era tiempo de que la joven fuera a acostarse y tratara de descansar
+despu&eacute;s del golpe terrible que su coraz&oacute;n hab&iacute;a recibido. Los consuelos
+y las predicciones del aya le hab&iacute;an hecho esperar que su existencia
+ser&iacute;a menos amarga en el convento que en el castillo de Orsdael.</p>
+
+<p>La viuda sali&oacute; despu&eacute;s de abrazar tiernamente a Elena.</p>
+
+<p>Apenas hubo Marta cerrado la puerta, la expresi&oacute;n de su rostro cambi&oacute;
+por completo. Las se&ntilde;ales de espanto reaparecieron alrededor de sus
+labios, y sus ojos abiertos sondeaban los espacios con una especie de
+extrav&iacute;o, su propio pensamiento la arrastraba, y, sin embargo, era ese
+mismo pensamiento el que, hac&iacute;a un instante, le hab&iacute;a inspirado el valor
+de arrojar a sus enemigos un victorioso reto. Ahora parec&iacute;a vacilar y
+retroceder ante la ejecuci&oacute;n, aunque la felicidad de su hija fuera el
+premio de su audacia.</p>
+
+<p>Su cuarto estaba casi a obscuras; el crep&uacute;sculo de la noche no permit&iacute;a
+distinguir los objetos, sino como formas grises...</p>
+
+<p>De pronto lanz&oacute; un grito extra&ntilde;o; su resoluci&oacute;n era ya inquebrantable.</p>
+
+<p>&mdash;Soy madre&mdash;se dijo&mdash;; Dios me perdonar&aacute;.</p>
+
+<p>Corri&oacute; con precipitaci&oacute;n febricitante hacia el cuarto del intendente, se
+dej&oacute; caer sobre la puerta, apoy&oacute; contra ella el hombro, se arque&oacute; sobre
+las piernas, contrajo los m&uacute;sculos para vencer el obst&aacute;culo de la
+cerradura. La puerta hab&iacute;a sido sin duda mal cerrada, porque se abri&oacute; al
+primer empuje. Un grito ronco sali&oacute; de la garganta de la viuda
+semienloquecida. Salt&oacute; hacia el cofre de hierro, tante&oacute; por todas partes
+la cerradura, la sacudi&oacute; temblando y jadeando, bram&oacute; de desesperaci&oacute;n
+cuando comprendi&oacute; que era imposible violentarla. Sin embargo, en aquel
+cofre hab&iacute;a un objeto, un escrito cuya posesi&oacute;n hubiera comprado al
+precio de su sangre. La libertad de su hija, su derecho de madre, su
+felicidad, s&oacute;lo estaban separados de sus manos tr&eacute;mulas, por las
+delgadas paredes de aquel cofre; &iexcl;y tendr&iacute;a que dejarlo all&iacute;, que
+renunciar a toda esperanza y sucumbir bajo el peso de su impotencia!
+Pero no se di&oacute; por vencida a&uacute;n. Acudi&oacute; a la chimenea y tom&oacute; las pinzas
+de hierro. Se arroj&oacute; al suelo delante del cofre, introdujo el
+instrumento con una violencia insensata, entre la tapa y la cerradura,
+se apoy&oacute; con tal fuerza contra las tenazas, que las dobl&oacute;, como si
+fueran de plomo. Sudaba copiosamente; jadeaba como si un gran peso le
+oprimiera el pecho; su coraz&oacute;n lat&iacute;a con furia. Nada, todo era in&uacute;til.</p>
+
+<p>Por fin, hizo un &uacute;ltimo esfuerzo, rompi&oacute; las tenazas, y Marta sinti&oacute; con
+terror inexplicable que ten&iacute;a sangre en las manos.</p>
+
+<p>Recogi&oacute; los pedazos del instrumento roto y corri&oacute; a su cuarto, cayendo
+sin conocimiento en una silla.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; en s&iacute; largo rato despu&eacute;s. Primero se sinti&oacute; desalentada y como
+aniquilada por la fatiga; una nueva claridad ilumin&oacute; su esp&iacute;ritu,
+comenz&oacute; a reflexionar, y a buscar en aquella necesidad extrema, si no
+exist&iacute;a alg&uacute;n &uacute;ltimo medio de continuar su lucha contra el destino.</p>
+
+<p>&iquest;Despertar&iacute;a su hija? &iquest;La vestir&iacute;a apresuradamente y emprender&iacute;a la fuga
+con ella a favor de la obscuridad? Pero, &iquest;a d&oacute;nde ir&iacute;a? &iquest;No la
+perseguir&iacute;an y muy luego dar&iacute;an con ella? La pondr&iacute;an en la c&aacute;rcel... Y,
+&iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a la suerte de su pobre Elena? &iquest;Ir&iacute;a a hablar a la condesa, le
+declarar&iacute;a su nombre y reclamar&iacute;a su derecho de madre sobre la joven? No
+pod&iacute;a probar ese derecho, la &uacute;nica prueba estaba en poder de sus
+enemigos y a la menor sospecha destruir&iacute;an infaliblemente ese
+testimonio. &iquest;Huir&iacute;a sola del castillo? &iquest;Correr&iacute;a horas enteras a trav&eacute;s
+de los bosques, para invocar el socorro de Federico? &iquest;Qui&eacute;n le indicar&iacute;a
+el camino? &iquest;Y qu&eacute; podr&iacute;a hacer aquel joven m&aacute;s que ella?</p>
+
+<p>La inutilidad de sus meditaciones le arrancaba penosos suspiros. La
+atroz convicci&oacute;n de que la puerta de la casa de sanidad iba a cerrarse
+sobre su hija querida, le oprim&iacute;a el coraz&oacute;n y hac&iacute;a correr por todo su
+cuerpo un fr&iacute;o glacial.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de haber permanecido un rato inm&oacute;vil y como inerte, una
+inspiraci&oacute;n brusca y misteriosa la hizo erguirse vivamente con un rayo
+de alegr&iacute;a en los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;exclam&oacute;&mdash;, lo que voy a intentar ser&iacute;a culpable en otra
+circunstancia de mi vida, pero no me es dado escoger, debo salvar a todo
+precio la vida de mi hija.</p>
+
+
+
+
+<h2><a name="V" id="V"></a>V</h2>
+
+
+<p>Eran las once de la noche cuando el coche en que viajaba el intendente
+lleg&oacute; a todo galope por el camino que conduc&iacute;a al castillo y se detuvo
+delante de la puerta. Los caballos, fatigados por aquella r&aacute;pida
+carrera, estaban jadeantes y cubiertos de sudor. Mathys salt&oacute; al suelo y
+llam&oacute;; la puerta se abri&oacute; en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Veo luz en la ventana. &iquest;La se&ntilde;ora est&aacute; despierta todav&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, os est&aacute; esperando&mdash;le respondieron.</p>
+
+<p>A la vez que refunfu&ntilde;aba con singular vivacidad, abri&oacute; la puerta de la
+sala y, en vez de responder al saludo, al alegre saludo y las preguntas
+premiosas de la condesa, se dej&oacute; caer en una silla exhalando un suspiro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;qu&eacute; os pasa, mi buen Mathys?&mdash;exclam&oacute; la condesa&mdash;, &iexcl;qu&eacute;
+sudoroso y p&aacute;lido est&aacute;is!</p>
+
+<p>&mdash;Dejadme respirar, dejadme reponer del susto mortal que he sentido.</p>
+
+<p>&mdash;Hablad, os lo ruego. &iquest;Qu&eacute; es lo que ha pasado? &iexcl;Me hac&eacute;is temblar,
+Mathys!</p>
+
+<p>&mdash;Es cosa de temblar, se&ntilde;ora; he estado a punto de ser asesinado a una
+legua de aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Asesinado! &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is decir?</p>
+
+<p>&mdash;Os contar&eacute; eso ma&ntilde;ana; pero no, ya veo que no ten&eacute;is compasi&oacute;n de mi
+estado, y no me conceder&eacute;is un minuto de reposo hasta que lo sep&aacute;is
+todo. Pues bien, he aqu&iacute; en pocas palabras lo que me ha pasado. Cuando
+llegamos a la aldea en que vive Federico Bergams, el cochero me propuso
+que atraves&aacute;ramos el bosque de Muraster para acortar el camino. Yo no
+acept&eacute; porque la obscuridad es intensa, y confieso que no me gusta andar
+por los caminos apartados, sobre todo de noche. Pero como ya era tarde y
+ten&iacute;a ganas de encontrarme en mi cama, me dej&eacute; convencer por el cochero,
+y tomamos por el camino travieso. Todo march&oacute; bien durante una hora.
+Pero tuvimos que pasar por un valle rodeado por todas partes por bosques
+espesos. Yo no me sent&iacute;a a gusto porque la sombra era tal que no pod&iacute;a
+distinguir ni al cochero ni a los caballos, y ya empezaba a pensar en
+aquel crimen cometido en ese sitio hace a&ntilde;os, cuando de pronto oigo un
+silbido agudo detr&aacute;s de m&iacute;. Le grito al cochero que castigue a los
+caballos; pero un silbido an&aacute;logo se hace sentir por todas partes,
+delante y detr&aacute;s de nosotros. Yo estaba m&aacute;s muerto que vivo y ya me ve&iacute;a
+rodeado de una banda de asesinos. El cochero estaba quiz&aacute; m&aacute;s asustado
+que yo, quiz&aacute; los caballos tuvieron conciencia del peligro, porque se
+pusieron a volar como el viento. Yo ya me felicitaba de que hubi&eacute;ramos
+escapado, cuando tres o cuatro hombres salieron del bosque y nos
+gritaron que nos detuvi&eacute;ramos; pero algunos buenos fustazos despertaron
+el valor de los caballos. Uno de los bandidos invisibles hizo un disparo
+de pistola y la bala pas&oacute; tan cerca de mis o&iacute;dos, que todav&iacute;a me siguen
+zumbando. Desde ese momento los caballos galoparon sin cesar hasta el
+castillo. Son unos animales soberbios y el cochero debe ser muy h&aacute;bil.
+No s&eacute; como no nos rompimos el pescuezo en esta carrera salvaje. &iexcl;Ah!
+comienzo a tranquilizarme, pero necesito descansar, y os ruego que me
+permit&aacute;is retirarme.</p>
+
+<p>La condesa abri&oacute; la puerta de un armario y sac&oacute; una botella y una copa.</p>
+
+<p>&mdash;Mi pobre Mathys&mdash;le dijo tom&aacute;ndole la mano&mdash;, vuestro susto debe haber
+sido grande. Tomad, bebed una copa de vino de Espa&ntilde;a, esto os repondr&aacute;.
+Ahora est&aacute;is en seguridad en el castillo, todo temor ha desaparecido. Os
+dejar&iacute;a marchar a pesar de mi ardiente deseo de saber si hab&eacute;is
+conseguido el objeto de vuestro viaje; pero no pod&eacute;is iros a la cama tan
+agitado, y deb&eacute;is darle a vuestro esp&iacute;ritu el tiempo necesario para que
+se calme. Bebed un sorbo, os digo, esto os repondr&aacute;, mi buen amigo.</p>
+
+<p>El intendente mir&oacute; a la condesa con sorpresa; hab&iacute;a en el timbre de su
+voz y en su fisonom&iacute;a algo tan suave y cari&ntilde;oso, que no supo qu&eacute; pensar
+y se pregunt&oacute; si no ocultar&iacute;a alguna celada bajo aquella amabilidad
+extraordinaria. Supuso que la condesa hab&iacute;a sido dominada por completo
+por sus amenazas de la v&iacute;spera y que no le halagaba m&aacute;s que para impedir
+las realizara en un momento de c&oacute;lera.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Mathys&mdash;dijo la se&ntilde;ora de Bruinsteen&mdash;, olvidad vuestra
+aventura de esta noche, y hacedme el favor de darme algunas
+explicaciones sobre el resultado de vuestro viaje. &iquest;Le hablasteis a la
+directora de la casa de sanidad?</p>
+
+<p>&mdash;Estuve cerca de una hora junto con ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aceptar&aacute;n a Elena sin dificultad?</p>
+
+<p>&mdash;Sin ninguna dificultad. La declaraci&oacute;n del m&eacute;dico y vuestro pedido,
+eso es todo lo que pide.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por fin vamos a vernos libres de esa loca desnaturalizada! &iquest;Es cosa
+segura, Mathys, que se la vigilar&aacute; con cuidado y que no se dejar&aacute; que
+nadie se acerque a ella?</p>
+
+<p>&mdash;Le he explicado a la directora que un joven interesado y codicioso la
+persigue por su fortuna, y que ese cobarde seductor tratar&aacute; de verla o
+le aconsejar&aacute; por medio de cartas o de intermediarios que se escape de
+la casa. Se me ha tranquilizado a ese respecto. Puesto que no
+repararemos en los gastos, se le dar&aacute; una guardiana severa que estar&aacute;
+junto con ella siempre, y dormir&aacute; en el mismo cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no volver&aacute; a salir jam&aacute;s de la casa de sanidad?</p>
+
+<p>&mdash;Jam&aacute;s, a menos que lo pid&aacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Entonces, no tendr&aacute; que esperar poco!&mdash;dijo la condesa restreg&aacute;ndose
+las manos&mdash;. Puede estar segura de que no volver&aacute; a saber lo que es el
+campo libre y el espacio azul. Se acab&oacute;, ahora que ha sido declarada
+loca, y que va a ser encerrada para siempre, nadie se preocupar&aacute; de
+ella. El secreto de su nacimiento quedar&aacute; encerrado en la casa de
+sanidad. Yo me vuelvo curadora de su fortuna, y si muere, de fastidio o
+de enfermedad, heredar&eacute;, naturalmente, sus bienes, en calidad de madre.</p>
+
+<p>S&iacute;, s&iacute;, ser&eacute;is inmensamente rica, y yo, que he sacrificado toda mi vida
+en favor de vuestro bienestar y de vuestros intereses, &iquest;qu&eacute; recompensa
+tendr&eacute;? Un pu&ntilde;ado de oro, economizado sueldo a sueldo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un pu&ntilde;ado de dinero?&mdash;dijo la se&ntilde;ora de Bruinsteen, riendo de
+incredulidad&mdash;. &iquest;Pens&aacute;is que no s&eacute; cu&aacute;ntas acciones de la deuda del
+Estado y cu&aacute;ntos t&iacute;tulos de empr&eacute;stitos encerr&aacute;is all&aacute; arriba, en
+vuestra caja de hierro? Vamos, vamos, no os enoj&eacute;is, mi buen Mathys, no
+os envidio de ning&uacute;n modo vuestro tesoro. Ahora que hemos conseguido el
+fin de nuestra vida, quiero demostraros mi agradecimiento con un legado
+considerable. El molino de agua de Lisck es una linda propiedad, &iquest;no es
+cierto?</p>
+
+<p>&mdash;El molino de agua&mdash;repiti&oacute; el intendente&mdash;. &iquest;Y qu&eacute; hay con eso?</p>
+
+<p>&mdash;Es una linda granja, con quince cuadras de tierra gorda.</p>
+
+<p>&mdash;En efecto, se&ntilde;ora; &iquest;qu&eacute; es lo que quer&eacute;is decir?</p>
+
+<p>&mdash;Que estoy decidida a regalaros ese molino, Mathys.</p>
+
+<p>El intendente lanz&oacute; un grito de alegre sorpresa, y tom&oacute; entre las suyas
+la mano de la condesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, se&ntilde;ora, qu&eacute; generosa sois!&mdash;dijo&mdash;. Ahora ya no deploro todo lo
+que he hecho por vos. &iquest;Me dais entonces el molino de agua con la granja?
+&iquest;Irrevocablemente, en plena propiedad?</p>
+
+<p>&mdash;Es decir&mdash;respondi&oacute; la condesa&mdash;que tendr&eacute;is el usufructo y gozar&eacute;is
+de los arriendos.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me parec&iacute;a&mdash;dijo el intendente con amarga decepci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Sois injusto, Mathys&mdash;observ&oacute; la se&ntilde;ora de Bruinsteen&mdash;. Hago todo lo
+que puedo por disponer de ellos a mi antojo. Si muere, el molino de agua
+ser&aacute; vuestro; pero, mientras tanto, ten&eacute;is que contentaros con la renta
+y los r&eacute;ditos. Es una bonita renta anual.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, pero es revocable, se&ntilde;ora, y no s&eacute; que est&eacute;is dispuesta a mi favor
+el a&ntilde;o que viene; &iquest;y si se os ocurre casaros, ahora que la loca no os
+estorba el camino?</p>
+
+<p>&mdash;No, no tem&aacute;is nada, Mathys.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quer&eacute;is, se&ntilde;ora, que aprecie vuestro regalo y lo considere como
+recompensa de los sacrificios que he hecho por vos?</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, dadme un escrito de vuestra mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; escrito?&mdash;murmur&oacute; inquieta la condesa&mdash;. &iquest;Un escrito de mi mano?</p>
+
+<p>&mdash;Es f&aacute;cil de comprender, se&ntilde;ora; un vale por una suma de dinero
+bastante considerable para compensar el valor del molino de agua y de la
+granja. S&oacute;lo entonces le dar&eacute; realmente las gracias.</p>
+
+<p>&mdash;Pero&mdash;dijo la condesa con c&oacute;lera mal contenida&mdash;, si la casualidad
+hiciera que yo no heredase los bienes de Elena, seguir&iacute;a siendo, sin
+embargo, vuestra deudora. Ya me hab&eacute;is hecho vuestra esclava exigi&eacute;ndome
+un primer escrito. No me he de poner por segunda vez bajo vuestra
+dependencia.</p>
+
+<p>Mathys se levant&oacute; para retirarse y repiti&oacute; con amarga sonrisa:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, se&ntilde;ora. Vuestra extra&ntilde;a amabilidad, vuestro lenguaje
+halag&uuml;e&ntilde;o me hac&iacute;an prever que quer&iacute;ais enga&ntilde;arme. Cu&aacute;l puede ser
+vuestra intenci&oacute;n secreta lo ignoro, pero creedme, jug&aacute;is una partida
+peligrosa. La loca partir&aacute; ma&ntilde;ana, pero todo no ha conclu&iacute;do por eso.
+Ya sab&eacute;is que aunque Elena estuviera encerrada varios a&ntilde;os, me bastar&iacute;a
+decir una palabra para libertarla a ella y sumiros a vos en la pobreza.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mi querido Mathys, os equivoc&aacute;is; yo no tengo ning&uacute;n prop&oacute;sito
+secreto&mdash;dijo la condesa con tono suave y humilde&mdash;. Mi &uacute;nico proyecto
+era recompensar vuestra abnegaci&oacute;n, y cre&iacute;a que os causar&iacute;a placer esta
+noticia. No desconfi&eacute;is de m&iacute;, os lo ruego; el molino de agua ser&aacute;
+vuestro, si no es ahora, ser&aacute; m&aacute;s adelante. Hablaremos m&aacute;s detenidamente
+de este asunto cuando volv&aacute;is del convento, y estad seguro que os dejar&eacute;
+satisfecho, aunque tenga que daros otra vez mi firma. Id a descansar
+ahora, mi buen amigo; ma&ntilde;ana tendr&eacute;is que partir bastante temprano.
+Tomad esta l&aacute;mpara. Que pas&eacute;is buena noche. Dormid tranquilo, Mathys;
+vais a quedar sorprendido de mi generosidad.</p>
+
+<p>El intendente sali&oacute; de la sala refunfu&ntilde;ando. Subi&oacute; lentamente la
+escalera, reflexionando sobre la amable sorpresa que le hab&iacute;a hecho la
+condesa, y su modo astuto de ofrecerle con mucho &eacute;nfasis una donaci&oacute;n
+que pod&iacute;a retirarle al d&iacute;a siguiente. &iquest;Qu&eacute; h&aacute;bil maniobra ocultaba
+aquello? &iquest;Quer&iacute;a la se&ntilde;ora de Bruinsteen tenderle una celada? &iquest;Buscaba
+alg&uacute;n medio de impedir su casamiento con Marta? &iquest;C&oacute;mo sab&iacute;a la condesa
+que pose&iacute;a t&iacute;tulos de renta? &iquest;Qui&eacute;n le hab&iacute;a dicho que sus papeles
+estaban encerrados en el cofre de hierro?</p>
+
+<p>Se aproxim&oacute; a su cuarto pensativo y desconfiado. Cuando fu&eacute; a poner la
+llave en la cerradura, la puerta se abri&oacute; sola. Esto le sorprendi&oacute; y se
+detuvo inquieto. &iquest;Se habr&iacute;a olvidado de echar la llave al salir? &iquest;Hab&iacute;a
+entrado alguno en su cuarto durante su ausencia? Iba a darse cuenta de
+ello.</p>
+
+<p>De pronto se estremeci&oacute; y volvi&oacute; la cabeza; era un ruido de pasos que se
+deslizaba en el piso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sois vos, Marta?&mdash;dijo&mdash;. &iexcl;C&oacute;mo! &iquest;Todav&iacute;a est&aacute;is en pie? Son cerca
+de las doce. &iquest;Quer&iacute;ais hablarme antes de acostaros? Os agradezco esa
+ben&eacute;vola atenci&oacute;n, querida amiga.</p>
+
+<p>Pero la viuda se coloc&oacute; misteriosamente el &iacute;ndice sobre los labios, y
+mientras &eacute;l la miraba estupefacto, ella le tom&oacute; el brazo derecho y le
+condujo silenciosamente al fondo de la pieza, le indic&oacute; una silla y se
+sent&oacute; a su lado, junto a la mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; significa este silencio y este aire de misterio? Me hac&eacute;is
+temblar.</p>
+
+<p>&mdash;Hablad despacio, que nadie nos oiga&mdash;dijo Marta con voz sofocada&mdash;. Un
+gran peligro pende de vuestra cabeza. Vuestros enemigos han tendido una
+celada a vuestros pies y de antemano celebran vuestra p&eacute;rdida...
+Respondedme, Mathys, y no os sorprend&aacute;is de mis preguntas. &iquest;Es cierto
+que una vez cometisteis una acci&oacute;n que podr&iacute;a entregaros, a la menor
+indiscreci&oacute;n, a la justicia?</p>
+
+<p>El intendente murmur&oacute; algunas palabras confusas, como si no
+comprendiera bien lo que se le preguntaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quiera Dios que me hayan enga&ntilde;ado!&mdash;prosigui&oacute; Marta&mdash;. &iexcl;Oh Mathys,
+hoy he sabido cosas atroces! Durante toda la tarde he reflexionado en la
+penosa situaci&oacute;n con que me amenaza esa inesperada revelaci&oacute;n. Me
+pregunto con inquietud si puedo ser la esposa de un hombre a quien
+acusan de haber cometido un crimen.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;qu&eacute; dec&iacute;s?&mdash;exclam&oacute; el intendente palideciendo&mdash;. &iquest;Un crimen?
+&iquest;Y os refer&iacute;s a m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chito! &iexcl;chito! dejadme proseguir. Manteneos tranquilo y escuchadme
+hasta el fin; la felicidad de toda vuestra vida, quiz&aacute; dependa de
+vuestra sangre fr&iacute;a... Despu&eacute;s de pensarlo bien, me acord&eacute; del afecto
+que me ten&eacute;is; la gratitud y la compasi&oacute;n vencieron, y he pensado que
+sois sin duda v&iacute;ctima de personas perversas que quieren librarse de un
+testigo inocente, mediante alguna cobarde traici&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No os comprendo&mdash;balbuce&oacute; el intendente.</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser que, en efecto, no me comprend&aacute;is. Hablar&eacute; m&aacute;s claro, pero
+dadme antes vuestra palabra de que vais a dominar vuestra indignaci&oacute;n, y
+a no salir de esta pieza hasta que yo os lo permita. Si no os conservais
+due&ntilde;o de vos, os perder&eacute;is irremisiblemente.</p>
+
+<p>&mdash;Os prometo, Marta, conservar mi sangre fr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y hablar en voz baja?</p>
+
+<p>&mdash;Muy baja.</p>
+
+<p>&mdash;Si tomo estas precauciones, Mathys, es solamente para preservaros de
+un gran peligro. No podr&eacute;, sin duda, ser vuestra mujer; pero me hab&eacute;is
+demostrado afecto, y quiero demostraros, al menos, que soy agradecida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no podr&eacute;is ser mi mujer? &iexcl;Oh! os juro, Marta, que me han
+calumniado.</p>
+
+<p>&mdash;Yo as&iacute; lo creo, se&ntilde;or, y me lo va a demostrar la sinceridad de
+vuestras palabras. Os ruego, Mathys, que, para bien vuestro, no me
+ocult&eacute;is la verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Pero hablad claramente; &iquest;qu&eacute; es lo que quer&eacute;is saber?</p>
+
+<p>Aproxim&aacute;ndose a &eacute;l, la viuda le pregunt&oacute; con voz contenida:</p>
+
+<p>&mdash;Decidme, Mathys, &iquest;Elena es realmente hija de la se&ntilde;ora de Bruinsteen?</p>
+
+<p>Al o&iacute;r esta pregunta, Mathys pareci&oacute; haberse vuelto mudo; sin embargo,
+despu&eacute;s de un rato de silencio, respondi&oacute; tratando de sonre&iacute;r:</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo creo por lo menos; &iquest;de qui&eacute;n ser&iacute;a, si no, la hija?</p>
+
+<p>&mdash;Eso no est&aacute; bien, se&ntilde;or&mdash;dijo Marta con un tono de triste reproche&mdash;.
+Yo trato de obtener la consoladora convicci&oacute;n de que he sido enga&ntilde;ada, a
+lo menos respecto a la parte que hab&eacute;is tomado en ella; pero si os
+parece que deb&eacute;is fingir conmigo, me es imposible protegeros y tengo
+que abandonaros a la muerte atroz que os amenaza. No pens&eacute;is en nuestro
+casamiento: &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a resolverme a llevar un nombre que hoy o ma&ntilde;ana
+puede ser deshonrado por una sentencia infamante?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;qu&eacute; dec&iacute;s?&mdash;balbuce&oacute; el intendente espantado por las
+palabras de Marta, pero retrocediendo ante la revelaci&oacute;n que ella le
+quer&iacute;a arrancar&mdash;. Os he prometido confiar ciertos secretos as&iacute; que
+estemos casados. &iquest;Por qu&eacute; no esper&aacute;is ese momento para interrogarme?</p>
+
+<p>&mdash;Porque ese momento no llegar&aacute;, si no obtengo de vuestra boca toda la
+verdad.</p>
+
+<p>&mdash;Decidme de qu&eacute; se me acusa y ver&eacute; si puedo responder ahora con entera
+franqueza.</p>
+
+<p>Marta pareci&oacute; ofendida por aquella resistencia y permaneci&oacute; algunos
+minutos muda. Despu&eacute;s dijo, como adoptando una brusca resoluci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Elena no es la hija de la se&ntilde;ora Bruinsteen; es hija de un oficial de
+h&uacute;sares, y tuvo como nodriza una campesina, en Elterbeck, cerca de
+Bruselas...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;qui&eacute;n os ha dicho eso?</p>
+
+<p>&mdash;Lo sabr&eacute;is si por vuestra parte me demostr&aacute;is alguna confianza. Vamos,
+respondedme: &iquest;Elena es hija de la condesa de Bruinsteen, s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, no&mdash;suspir&oacute; Mathys como si aquella confesi&oacute;n le hubiera
+atemorizado.</p>
+
+<p>Marta dej&oacute; escapar un grito de alivio; porque bien que no hubiese dudado
+de que la joven era su hija, la confirmaci&oacute;n de esa creencia la llen&oacute; de
+una alegr&iacute;a infinita. Pero, como viera que el intendente la mirara con
+desconfianza, prosigui&oacute; con acento m&aacute;s tranquilo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, Mathys, qu&eacute; feliz me hace esta prueba de vuestra sinceridad! Ella
+me permite esperar que os hayan acusado injustamente. Se pretende que
+vos robasteis a esa ni&ntilde;a y la trajisteis a casa del conde de Bruinsteen
+sin que &eacute;l ni la condesa supieran nada de antemano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mentira, calumnia!&mdash;exclam&oacute; el intendente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chist!&mdash;murmur&oacute; el aya&mdash;, acordaos de vuestra promesa. Yo tambi&eacute;n
+creo que se trata de traicionaros a fin de que vos solo cargu&eacute;is con la
+pena de un delito que la ley castiga con cinco a&ntilde;os de presidio. Quiero
+salvaros por gratitud, por abnegaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n puede haberos revelado cosas semejantes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No lo adivin&aacute;is? La nodriza ha muerto, pero hay otras personas que
+conocen el secreto del robo de la ni&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Otras personas? No existen, Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No hay otros testigos? &iquest;Est&aacute;is seguro?</p>
+
+<p>&mdash;Ni uno solo, el marido de la nodriza muri&oacute; hace catorce a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Esta certidumbre le caus&oacute; a la viuda una sensaci&oacute;n dolorosa; pero ocult&oacute;
+su emoci&oacute;n y prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;El secreto se habr&aacute; entonces revelado por s&iacute; solo, a menos que la
+se&ntilde;ora...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La condesa? &iexcl;Es imposible!</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, ha sido la condesa quien me lo ha confiado.</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso entonces que est&eacute; loca, o que el mismo diablo la haya
+empujado a hacer tal extravagancia&mdash;exclam&oacute; Mathys&mdash;. &iexcl;Oh! yo lo sabr&eacute;,
+tendr&aacute; que darme cuenta de su traici&oacute;n.</p>
+
+<p>Y se puso de pie para salir.</p>
+
+<p>Pero el aya, que ya hab&iacute;a previsto ese movimiento, lo retuvo del brazo
+dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Dominad vuestra indignaci&oacute;n, se&ntilde;or; si sal&iacute;s de esta pieza antes de
+o&iacute;rme hasta el fin, nada podr&aacute; salvaros del deshonor y de la c&aacute;rcel.</p>
+
+<p>&mdash;Pero es algo incomprensible&mdash;murmur&oacute; Mathys desalentado&mdash;. &iquest;Entonces
+ella misma me quiere poner en peligro para perderme? &iquest;Qu&eacute; la puede
+impulsar a cometer semejante locura? &iquest;Qu&eacute; fin puede tener en vista?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que la impulsa es el odio ardiente que os tiene; y al acusaros de
+un crimen ante mi, quiere impedir nuestro casamiento. Pero vos no sois
+culpable del robo de la criatura: &iquest;VERDAD? Vamos, Mathys, os lo suplico,
+no me dej&eacute;is en esta penosa duda: &iquest;vacil&aacute;is a&uacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; responder. Me parece que estoy so&ntilde;ando.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute; hay&aacute;is prestado vuestra ayuda&mdash;dijo la viuda con dulzura
+pac&iacute;fica&mdash;, pero, si no hab&eacute;is hecho m&aacute;s que cumplir las &oacute;rdenes de
+vuestros se&ntilde;ores, s&oacute;lo hab&eacute;is sido el instrumento pasivo de las personas
+que ten&iacute;an derecho a vuestra obediencia.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, es as&iacute;&mdash;afirm&oacute; Mathys.</p>
+
+<p>&mdash;En este caso, quiz&aacute; os fuera f&aacute;cil justificar vuestra intervenci&oacute;n, y
+probar vuestra inocencia... Vamos, decidme c&oacute;mo pasaron las cosas. Lo s&eacute;
+todo, pero deseo encontrar en vuestro relato, medio de defensa de
+vuestros enemigos. No me ocult&eacute;is nada. Despu&eacute;s os dir&eacute; el infame
+proyecto formado para perderos.</p>
+
+<p>El intendente vacilaba a&uacute;n e inclinaba la cabeza para reflexionar.</p>
+
+<p>Marta ten&iacute;a sus ojos encendidos fijos en &eacute;l; la esperanza y la
+impaciencia le hac&iacute;an saltar el coraz&oacute;n en el pecho.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La condesa debe estar loca! &iexcl;revelar semejantes cosas a mi futura
+esposa! &iexcl;Ah! Con raz&oacute;n presum&iacute;a yo alg&uacute;n ardid de serpiente bajo su
+falsa amabilidad. Pero jam&aacute;s hubiese cre&iacute;do que el odio y la maldad la
+cegaran hasta este punto. Marta&mdash;agreg&oacute;&mdash;, no puedo pretender que soy
+inocente del todo, pero hay alguien m&aacute;s culpable que yo, y no creo que
+os sea dif&iacute;cil encontrarme excusas.</p>
+
+<p>&mdash;Tened valor, Mathys&mdash;dijo la viuda&mdash;, yo le he de perdonar mucho al
+hombre que me ha protegido y defendido.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, escuchad, vais a saberlo todo. La se&ntilde;ora... o m&aacute;s bien
+Margarita de Schminspaen, era sirvienta, y yo lacayo, en Bruselas, en
+casa del conde de Bruinsteen, un hombre gastado y loco que se pasaba
+ocho meses del a&ntilde;o en su sill&oacute;n, paralizado por la gota. Margarita, por
+medio de halagos y adulaciones, lo ten&iacute;a dominado por completo. El conde
+no ten&iacute;a m&aacute;s que parientes lejanos por el lado materno, y ella los ten&iacute;a
+alejados, para hacerse due&ntilde;a de &eacute;l por completo. Yo cre&iacute;a que proced&iacute;a
+as&iacute; por amor, por gratitud a nuestro se&ntilde;or, y como se mostraba atenta y
+amistosa conmigo, yo la ayudaba por todos los medios. &iquest;Es esto
+censurable?</p>
+
+<p>&mdash;La gratitud es un noble sentimiento&mdash;murmur&oacute; el aya, la cual,
+previendo que Mathys tratar&iacute;a de justificarse, pon&iacute;a toda su atenci&oacute;n en
+discernir de sus palabras la verdad y la mentira.</p>
+
+<p>&mdash;Margarita me enga&ntilde;aba, sin embargo&mdash;prosigui&oacute; el intendente&mdash;. Ten&iacute;a
+un fin secreto, y quer&iacute;a poseer su fortuna despu&eacute;s de su muerte. El
+mejor medio de conseguirlo, era el casamiento, seg&uacute;n ella. El se&ntilde;or
+Bruinsteen, vencido por sus largas instancias y por sus maniobras de
+una habilidad infinita, se dej&oacute; por fin llevar hasta eso. Pero Margarita
+se vi&oacute; en parte defraudada en sus esperanzas, porque el contrato
+estipulaba que la considerable fortuna del conde pertenec&iacute;a a sus
+leg&iacute;timos herederos, si no ten&iacute;a hijos de su casamiento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella no tuvo familia?&mdash;interrumpi&oacute; la viuda.</p>
+
+<p>&mdash;Vais a saberlo; Margarita vivi&oacute; dos largos a&ntilde;os de inquietud. El
+conde, que mejor&oacute; un poco en su salud, recuper&oacute; un tanto la claridad de
+esp&iacute;ritu; pareci&oacute; deplorar su casamiento, y su mujer le inspir&oacute;
+aversi&oacute;n. Ella ten&iacute;a poca esperanza de que favoreciera en su testamento
+a aquella que le hab&iacute;a inducido a contraer un matrimonio deshonroso. El
+deseo m&aacute;s ardiente de Margarita, se vi&oacute;, sin embargo, cumplido. En el
+tercer a&ntilde;o de su uni&oacute;n el Cielo le acord&oacute; una hija, que recibi&oacute; el
+nombre de Elena. Pero su alegr&iacute;a fu&eacute; de corta duraci&oacute;n; la ni&ntilde;a naci&oacute;
+enferma, y al cabo de dos o tres semanas se puso tan flaca que no cupo
+duda de que vivir&iacute;a poco tiempo m&aacute;s. Pod&eacute;is imaginaros la desesperaci&oacute;n
+de la se&ntilde;ora. No s&oacute;lo sufr&iacute;a su cari&ntilde;o de madre, sino que, si su hija
+mor&iacute;a, la fortuna del conde se le escapaba. El doctor pretendi&oacute; que no
+quedaba otra esperanza que darle a la criatura una nodriza robusta y
+hacerle respirar el aire del campo. Yo me hab&iacute;a informado de una
+nodriza, y conoc&iacute;a una robusta campesina no lejos de Bruselas, que se
+hab&iacute;a presentado a ofrecerse. Como la peque&ntilde;a Elena estaba casi muerta,
+parti&oacute; al d&iacute;a siguiente con una sirvienta y la ni&ntilde;a. Pero en casa de la
+campesina, ya encontr&eacute; el sitio ocupado por otra criatura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La hija del oficial de h&uacute;sares!&mdash;suspir&oacute; Marta con voz casi
+ininteligible.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, de su viuda, porque al d&iacute;a siguiente, supe que su padre hab&iacute;a
+muerto. Yo no sab&iacute;a qu&eacute; hacer y me encontraba en una gran dificultad,
+porque tem&iacute;a que la peque&ntilde;a Elena muriera en mis brazos por falta de
+pr&oacute;ximos auxilios. Merced a la promesa de una generosa recompensa, hice
+consentir a la campesina en que cuidara y amamantara a la ni&ntilde;a durante
+algunos d&iacute;as, hasta que encontrara otra nodriza. Al volver, a la condesa
+le di cuenta de mi aventura, tratando de prepararla para la fatal
+noticia que iba a recibir sin duda al d&iacute;a siguiente. La certidumbre de
+que su hija estaba por morir llen&oacute; a la condesa de indecible
+desesperaci&oacute;n, y al mismo tiempo la llen&oacute; de rabia; sin embargo, ya
+deb&iacute;a haber pensado en recurrir a alg&uacute;n expediente supremo porque me
+rog&oacute; que no dijera nada a nadie de aquello, y durante la tarde fingi&oacute;
+dormir para combinar y madurar un proyecto tan h&aacute;bil como criminal. Era
+de noche, cuando me hizo llamar... &iexcl;Ay! pluguiera al Cielo que nunca
+hubiera hallado a tan p&eacute;rfida mujer. Mi vida no estar&iacute;a amenazada por un
+terror incesante y por arrepentimiento continuo. Mi coraz&oacute;n es honrado y
+soy incapaz de cometer espont&aacute;neamente una injusticia; pero la
+compasi&oacute;n que me inspiraba...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; os dice?&mdash;interrumpi&oacute; la viuda, que escuchaba palpitante las
+palabras que recog&iacute;a de los labios del culpable.</p>
+
+<p>&mdash;Le resist&iacute;, me negu&eacute;; pero ella me rog&oacute;, me suplic&oacute;, reg&oacute; mis manos
+con sus l&aacute;grimas, y tanto hizo que hubiera ablandado el coraz&oacute;n m&aacute;s
+insensible. Despu&eacute;s me amenazaba con su venganza e iba a echarme a la
+calle. Si, por el contrario, consent&iacute;a en ayudarla, promet&iacute;a
+enriquecerme.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; era lo que os exig&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Vencido por la compasi&oacute;n, ced&iacute; a sus deseos, y me encargu&eacute; de la
+ejecuci&oacute;n de su proyecto... Est&aacute;is impaciente, Marta. Yo mismo tengo
+miedo de esta revelaci&oacute;n. Mi esp&iacute;ritu se revela y mi conciencia sufre.
+La se&ntilde;ora estaba dispuesta a arriesgar una tentativa desesperada, para
+colocar a la ni&ntilde;a ajena, en el lugar de Elena si &eacute;sta llegaba a morir, a
+fin de conservar as&iacute; la posibilidad de poseer la fortuna del conde. Con
+el bolsillo lleno de oro y autorizado para las m&aacute;s brillantes promesas,
+part&iacute; aquella misma noche y golpe&eacute; a las puertas de la nodriza, con el
+pretexto de informarme del estado de la criatura. La ni&ntilde;a viv&iacute;a a&uacute;n,
+pero la nodriza no dudaba de que no pasar&iacute;a del d&iacute;a siguiente. &iquest;Qu&eacute; os
+dir&eacute;? Me cost&oacute; gran esfuerzo hacerle comprender a aquella simple lo que
+deseaba de ella, y en un principio rechaz&oacute; con horror mi proposici&oacute;n;
+pero la vista del oro y la promesa de una renta anual, acabaron de
+triunfar de sus escr&uacute;pulos. Las circunstancias favorecieron de una
+manera muy particular la ejecuci&oacute;n del proyecto de la condesa. El cambio
+proyectado pod&iacute;a hacerse sin despertar la sospecha de nadie... Las cosas
+pasaron de este modo: La peque&ntilde;a Elena muri&oacute; al d&iacute;a siguiente por la
+tarde. Se le anunci&oacute; a la viuda del oficial que su hija hab&iacute;a muerto.
+Una persona extra&ntilde;a vino a asistir al entierro. Nadie sospech&oacute; la menor
+supercher&iacute;a, y, tres meses despu&eacute;s, el conde de Bruinsteen estrechaba
+entre sus brazos a la ni&ntilde;a robada, dando gracias a Dios por haberle
+conservado a su &uacute;nica heredera... Veo, Marta, que ten&eacute;is los ojos
+llorosos. Es una triste historia y soy muy digno de que se me tenga
+l&aacute;stima, &iquest;verdad? &iexcl;Ser dominado por una mujer falsa y perversa, y sufrir
+toda mi vida por cumplir una orden de mis se&ntilde;ores, cuando todav&iacute;a
+ignoraba por completo lo que es el mundo!</p>
+
+<p>Marta se hab&iacute;a afectado profundamente al o&iacute;r el final del relato del
+intendente. Hab&iacute;a despertado en ella dolorosos recuerdos y hecho sangrar
+viejas heridas. Sin embargo, no le faltaron fuerzas para ocultar su
+emoci&oacute;n y simular otra aparente. Todo lo que hac&iacute;a, por otra parte, lo
+hab&iacute;a premeditado; en la soledad de sus reflexiones hab&iacute;a previsto con
+tanto acierto todas las fases posibles de esta conversaci&oacute;n, que se
+dirig&iacute;a a su fin preciso, con paso firme a trav&eacute;s de todas las
+dificultades. Despu&eacute;s de un breve silencio, prosigui&oacute; suspirando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre Mathys! Sois la v&iacute;ctima de una ciega abnegaci&oacute;n. Os compadezco;
+el terrible peligro que os amenaza me arranca l&aacute;grimas de compasi&oacute;n y de
+angustia. La maldad es muy grande en los corazones perversos. Aquella
+por quien os hab&eacute;is sacrificado, quiere preparar ella misma vuestra
+p&eacute;rdida y entregaros a la justicia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La condesa?&mdash;exclam&oacute; el intendente.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, la condesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es imposible! Tengo pruebas que le impiden tramar algo contra m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pose&eacute;is un documento firmado por ella, ya lo s&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo sab&eacute;is?&mdash;murmur&oacute; el intendente estupefacto.</p>
+
+<p>La viuda aproxim&oacute; su silla como para revelarle secretos importantes.</p>
+
+<p>&mdash;Escuchad, Mathys; sofocad por el momento vuestra indignaci&oacute;n y hablad
+quedo&mdash;le dijo con tono misterioso&mdash;. Lo que vais a saber os llenar&aacute; de
+temor y de c&oacute;lera; pero cobrad coraje y no tem&aacute;is nada; yo luchar&eacute; junto
+con vos contra vuestros enemigos, y estad seguro de que, uniendo
+nuestros esfuerzos, haremos fracasar sus p&eacute;rfidas maquinaciones.</p>
+
+<p>&mdash;Os doy las gracias por vuestra abnegaci&oacute;n&mdash;respondi&oacute; Mathys&mdash;, y me
+felicito de que la condesa no haya conseguido con su calumnia quitarme
+vuestra estimaci&oacute;n... Pero no me doy cuenta de lo que tem&eacute;is, Marta. La
+se&ntilde;ora no puede hacer nada contra m&iacute;, os lo repito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cre&eacute;is eso? &iquest;Estais tranquilo porque ten&eacute;is en vuestro poder un
+documento firmado por ella? Y si os robara ese papel, &iquest;no estar&iacute;ais por
+completo en su poder? &iquest;No podr&iacute;a pretender entonces que ignora por
+completo el robo de la ni&ntilde;a? &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a demostrar entonces que Elena
+no es su hija, puesto que todos los testigos han muerto, y que vuestra
+acusaci&oacute;n ser&iacute;a considerada como una acci&oacute;n perversa?</p>
+
+<p>&mdash;Pero ella no puede quitarme ese papel, no sabe d&oacute;nde est&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;En la caja de hierro&mdash;dijo el aya.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, no es cierto!&mdash;exclam&oacute; el intendente, estremeci&eacute;ndose de temor y
+de sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;Mathys, Mathys, &iquest;por qu&eacute; quer&eacute;is enga&ntilde;arme? &iquest;No me quer&eacute;is entonces
+permitir que os salve?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ya no s&eacute; ni lo que digo!&mdash;murmur&oacute; el intendente&mdash;. S&iacute;, s&iacute;, Marta;
+est&aacute; en el cofre.</p>
+
+<p>&mdash;El hierro es duro, Mathys; pero el acero es m&aacute;s duro a&uacute;n. &iquest;Y si
+fracturaran ese cofre durante vuestra ausencia y os quitaran ese
+documento?</p>
+
+<p>El intendente, asaltado por una inquietud secreta, se puso vivamente de
+pie, sac&oacute; una llave del bolsillo y abri&oacute; el cofre. Luego lo volvi&oacute; a
+cerrar con la misma rapidez, y volvi&oacute; junto a la viuda, con una sonrisa
+en los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute; est&aacute; todav&iacute;a, nadie lo ha sacado&mdash;exclam&oacute; respirando
+ruidosamente&mdash;. Pero la verdad es que parece que hubieran tratado de
+forzar el cofre&mdash;agreg&oacute; examinando la cerradura&mdash;. Pero es absurdo que
+me asuste. &iquest;C&oacute;mo har&iacute;a una mujer para forzar un mueble como &eacute;ste?</p>
+
+<p>&mdash;Hay cerrajeros en la aldea.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; quer&eacute;is decir? &iquest;Ser&iacute;a capaz la condesa de consumar un acto
+tan criminal?</p>
+
+<p>&mdash;Juzgad por vos mismo, Mathys. Mientras estabais en viaje, la se&ntilde;ora me
+hizo llamar. Me interrog&oacute; durante m&aacute;s de una hora para convencerse de
+que yo estaba dispuesta a asociarme a ella contra vos. Intent&oacute; volveros
+tan perverso y miserable ante mis ojos, que os hubiera tomado por un
+demonio si no os hubiera conocido. Me ha prometido una fortuna y una
+existencia feliz hasta el fin de mis d&iacute;as. Inspirada por mi gratitud
+hacia vos y por mi odio hacia ella, fing&iacute; entrar por entero en sus
+proyectos; y promet&iacute; ayudarla sinceramente, libertarla, como dec&iacute;a ella,
+de vuestra cruel tiran&iacute;a, que est&aacute; envenenando su vida desde hace m&aacute;s de
+quince a&ntilde;os. Tened calma, os lo suplico, Mathys... De esa manera le
+arranqu&eacute; el secreto de sus intenciones y obtuve de ella los medios de
+defenderos contra ella:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; le pasa por la cabeza?&mdash;murmur&oacute; Mathys, aplastado por
+aquella revelaci&oacute;n&mdash;. &iquest;Se ha vuelto loca entonces?</p>
+
+<p>&mdash;No, sabe muy bien lo que quiere. Su objeto es aniquilar la prueba de
+su complicidad, y teneros sometido a sus pies, como un instrumento
+impotente; a fin de pretender que ella no ha sabido nunca nada, si el
+secreto de la substituci&oacute;n llega a descubrirse alg&uacute;n d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y se imagina que substraer&aacute; el documento que contiene esa caja?</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana ten&eacute;is que hacer un viaje y permanecer&eacute;is ausente hasta el d&iacute;a
+siguiente. Tiene tiempo para fracturar veinte cofres como &eacute;ste.</p>
+
+<p>&mdash;Su esperanza quedar&aacute; defraudada, porque me quedar&eacute; en casa y no har&eacute;
+el viaje. De ese modo...</p>
+
+<p>La viuda hab&iacute;a probablemente previsto esta respuesta, que no pareci&oacute;
+hacer gran impresi&oacute;n en ella.</p>
+
+<p>&mdash;Imposible. Es preciso, Mathys, que part&aacute;is&mdash;le replic&oacute;&mdash;. Si no
+quer&eacute;is salir de la casa ten&eacute;is que declararle a la condesa la causa de
+vuestra negativa. Me acusar&iacute;a a m&iacute;, con raz&oacute;n, de falsedad; y yo
+quedar&iacute;a &iexcl;ay! perdida, y a vos no os quedar&iacute;a la menor esperanza de ver
+realizados vuestros deseos.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces hay otro medio, pondr&eacute; el documento en mi cartera y lo
+llevar&eacute; conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;No hag&aacute;is eso, Mathys; la condesa lo ha previsto todo. Que dej&eacute;is la
+prueba en la casa o que os la llev&eacute;is consigo, ha jurado apoderarse de
+ella; y tened la seguridad de que lo conseguir&aacute; si no encontramos otro
+medio de enga&ntilde;arla.</p>
+
+<p>&mdash;En verdad, Marta, que no os comprendo. &iquest;C&oacute;mo se podr&iacute;a apoderar la
+condesa de un papel que yo llevo conmigo? Mientras estoy en viaje, ella
+no...</p>
+
+<p>Pero la viuda no quer&iacute;a dejarle tiempo para que reflexionara; hab&iacute;a
+sabido por un sirviente lo pasado en el bosque y lo interrumpi&oacute; con voz
+tr&eacute;mula:</p>
+
+<p>&mdash;Esperad lo peor que pueda imaginarse, Mathys. La condesa no se ha
+atrevido a decirme abiertamente su pensamiento, pero he comprendido muy
+bien por sus palabras que no retroceder&iacute;a ni ante un atentado. Se ha
+puesto en el caso de que os llev&eacute;is con vos el documento, y me ha
+hablado en t&eacute;rminos encubiertos de hombres pagados para espiaros y
+atacaros...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hombres pagados para atacarme?&mdash;pregunt&oacute; el intendente, cuyo esp&iacute;ritu
+conturbado asoci&oacute; las palabras de Marta con la emboscada de esa noche&mdash;.
+&iquest;Est&aacute;is cierta de que la condesa haya dicho algo parecido?</p>
+
+<p>&mdash;Completamente segura.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces no viajar&eacute; m&aacute;s que de d&iacute;a; no saldr&eacute; de la carretera, y
+me har&eacute; acompa&ntilde;ar por gente segura.</p>
+
+<p>&mdash;Vanas precauciones. Aunque tuviera que hacer ocultar a la gente en su
+propia alcoba para haceros registrar al regreso, se apoderar&iacute;a del
+documento, no lo dud&eacute;is...</p>
+
+<p>&mdash;En ese caso no saldr&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la se&ntilde;orita? Es preciso que parta, Mathys. Todo retardo podr&iacute;a
+inspirar sospechas e impedir su reclusi&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Es que ma&ntilde;ana mismo le dir&eacute; a la condesa que conozco su cobarde
+proyecto contra m&iacute;. La obligar&eacute; a renunciar a &eacute;l, amenaz&aacute;ndola con mi
+venganza. Quiero que se eche a mis pies, y que me pida perd&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;entonces quer&eacute;is sacrificarme!&mdash;exclam&oacute; Marta con ansiedad
+simulada&mdash;. &iexcl;C&oacute;mo! &iquest;Os atrever&iacute;ais, despu&eacute;s de eso, a dejarme un solo
+instante en Orsdael, junto con la condesa? No, no; si revel&aacute;is mi
+traici&oacute;n, huir&eacute; de aqu&iacute; al despuntar el d&iacute;a. Es preciso que no lo sepa
+nunca, jam&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; medio puedo emplear para que el documento no pueda caer en
+manos de la condesa?</p>
+
+<p>Marta se pas&oacute; la mano por la cabeza, fingiendo torturar su esp&iacute;ritu,
+buscando una idea que pudiera salvarlos. De pronto se puso de pie
+lanzando un grito de alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios sea loado!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Conozco un medio infalible para enga&ntilde;arla
+y burlar sus tentativas. Dadme el documento, Mathys; lo coser&eacute; al fondo
+de mi falda. Nadie lo buscar&aacute; all&iacute;, y por m&aacute;s que busque y haga vuestra
+enemiga, jam&aacute;s encontrar&aacute; el testimonio de su crimen.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Daros ese documento, mi sola arma contra su maldad, mi seguridad, mi
+fuerza?&mdash;dijo entre dientes el intendente, con sonrisa ir&oacute;nica&mdash;. No,
+no, ese tesoro no se separar&aacute; de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Os lo suplico, Mathys&mdash;dijo la viuda p&aacute;lida y temblorosa&mdash;. Dejadme
+salvaros. &iexcl;Ah! No me negu&eacute;is el &uacute;nico medio de salvaros de las celadas
+de vuestros enemigos.</p>
+
+<p>El intendente, enga&ntilde;&aacute;ndose respecto a la agitaci&oacute;n del aya, le dijo con
+el tono de una resoluci&oacute;n irrevocable:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Marta, est&aacute;is exagerando el peligro que me amenaza. En todo
+caso, la firma de la condesa es un medio infalible de defendernos
+victoriosamente contra sus proyectos perversos. Os agradezco vuestras
+simpat&iacute;as, pero el documento no estar&aacute; nunca en otras manos que las
+m&iacute;as. No me habl&eacute;is m&aacute;s de eso, que ya sabr&eacute; encontrar un sitio oculto
+en el que nadie lo descubrir&aacute;.</p>
+
+<p>Marta, herida por una cruel decepci&oacute;n, se puso las manos delante de los
+ojos, lanzando un grito penetrante. La &uacute;ltima esperanza que le quedaba
+en la &uacute;ltima extremidad, se hab&iacute;a desvanecido.</p>
+
+<p>En el momento mismo en que cre&iacute;a aferrar la prueba tan ardientemente
+deseada, acababa de anonadarla una vez m&aacute;s el convencimiento de su
+impotencia. &iexcl;Su hija, su pobre hija, iba a ser encerrada en una casa de
+locos, perder&iacute;a en ella la raz&oacute;n, y sin duda alguna morir&iacute;a!</p>
+
+<p>Esta certidumbre le desgarr&oacute; el coraz&oacute;n, apag&oacute; el &uacute;ltimo fervor de su
+esperanza y abati&oacute; la fuerza de esp&iacute;ritu que a&uacute;n le quedaba. Se entreg&oacute;
+por entero a su dolor, sollozando en alta voz, y llorando en tal
+abundancia, que las l&aacute;grimas le empapaban las mejillas.</p>
+
+<p>Mathys, que la crey&oacute; ofendida por su negativa, trat&oacute; de hacerla
+comprender que se equivocaba. Le dijo que no dudaba de su afecto por &eacute;l
+y que ten&iacute;a una confianza ilimitada en su abnegaci&oacute;n; pero que, respecto
+a ese asunto, hab&iacute;a tomado hac&iacute;a largos a&ntilde;os, una resoluci&oacute;n firme de la
+que no pod&iacute;a apartarse; pod&iacute;a estar tranquila a ese respecto; &eacute;l sabr&iacute;a
+muy bien poner el documento al abrigo de las asechanzas de la condesa, y
+como el fin que impulsaba a Marta era conseguirlo de otra manera, no
+hab&iacute;a raz&oacute;n alguna para que se inquietara de esa manera.</p>
+
+<p>Pero, dijera Mathys lo que dijera, la viuda, aniquilada, agotadas las
+fuerzas y las ideas, qued&oacute; abismada por su dolor, y s&oacute;lo respondi&oacute; por
+medio de suspiros y sollozos.</p>
+
+<p>El intendente la mir&oacute; durante un rato, siguiendo con la mirada las
+l&aacute;grimas que ca&iacute;an de sus mejillas. Sacudi&oacute; la cabeza contrariado, y
+pareci&oacute; luchar con un pensamiento penoso. Poco a poco, sin embargo, su
+rostro tom&oacute; una expresi&oacute;n compasiva. La desesperaci&oacute;n de Marta hac&iacute;a m&aacute;s
+fuerza en &eacute;l que sus recursos m&aacute;s h&aacute;biles.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien&mdash;dijo al fin&mdash;, os dar&eacute; la prueba de confianza que me
+exig&iacute;s. &iexcl;Ah! &iexcl;si supierais lo que me ped&iacute;s!</p>
+
+<p>Dichas estas palabras, se adelant&oacute; lentamente hacia el cofre.</p>
+
+<p>La viuda le dirigi&oacute; una mirada de soslayo; la silla temblaba, movida por
+el estremecimiento de su cuerpo y ten&iacute;a que apretarse el pecho para
+contener los latidos de su coraz&oacute;n. El intendente se aproxim&oacute; a ella y
+le entreg&oacute; el documento en un sobre sellado.</p>
+
+<p>&mdash;Tomad, Marta&mdash;le dijo&mdash;; conservad esto con cuidado hasta que yo
+vuelva de viaje. No lo abr&aacute;is; ocultadlo entre las ropas; que no se os
+separe ni un instante. Ya veis que tengo tanta confianza en vos como si
+fuerais mi mujer... &iexcl;Qu&eacute; emocionada est&aacute;is! Calmaos, querida amiga, os
+hab&eacute;is equivocado respecto a mis intenciones.</p>
+
+<p>Tr&eacute;mula y casi desfallecida de alegr&iacute;a, Marta escondi&oacute; el sobre en su
+seno. En el primer momento no pod&iacute;a hablar y balbuceaba palabras
+confusas; pero la posesi&oacute;n del precioso documento pronto le devolvi&oacute; la
+energ&iacute;a. Domin&oacute; su conmoci&oacute;n y exclam&oacute; apretando con ansia febril la
+mano del intendente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh Mathys! &iexcl;Si supierais cu&aacute;n feliz me siento! El m&aacute;s bello sue&ntilde;o de
+mi vida parec&iacute;a desvanecerse para siempre y hete aqu&iacute; que se realiza de
+golpe. &iexcl;Gracias, gracias! Guardar&eacute; el documento, como si de &eacute;l
+dependiera mi salvaci&oacute;n eterna. Aunque me pusieran la punta de un pu&ntilde;al
+en el pecho, no lo entregar&iacute;a. &iexcl;Os lo juro!... Pasado ma&ntilde;ana&mdash;prosigui&oacute;,
+cambiando de tono&mdash;os lo devolver&eacute; tal cual est&aacute;, y entonces
+deliberaremos sobre lo que tenemos que hacer. Ahora, Mathys, id a
+descansar; est&aacute;is probablemente muy cansado del viaje de hoy, y ten&eacute;is
+que volverlo a hacer ma&ntilde;ana. No tem&aacute;is nada; ni aun la muerte podr&iacute;a
+arrancarme este precioso dep&oacute;sito.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, me siento deshecho, no s&oacute;lo por el viaje sino por todo lo dem&aacute;s, y
+sobre todo, por las emociones que he sufrido hoy.</p>
+
+<p>El aya, devorada por una fiebre interior, se puso de pie, y dirigi&eacute;ndose
+a la puerta:</p>
+
+<p>&mdash;Pod&eacute;is estar tranquilo, Mathys. Ma&ntilde;ana temprano estar&eacute; levantada para
+ir a hablar a la se&ntilde;ora, y si durante la noche hubiera inventado nuevas
+celadas contra vos, vendr&eacute; en seguida a revel&aacute;roslas. En todo caso, no
+le dig&aacute;is nada antes de que nos volvamos a ver. &iexcl;Buenas noches!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Buenas noches!&mdash;dijo el intendente mirando con fijeza al aya.</p>
+
+<p>Esta mirada singular no le pas&oacute; inadvertida a Marta y le hel&oacute; la sangre,
+porque crey&oacute; leer en sus ojos que le hab&iacute;a acometido un &iacute;mpetu furioso
+de correr tras ella y recuperar el documento.</p>
+
+<p>Se dirigi&oacute; lentamente hacia la puerta, y hasta volvi&oacute; la cabeza para
+decir sonriendo: &laquo;&iexcl;Buenas noches, buenas noches!&raquo; pero as&iacute; que sali&oacute; al
+comedor obscuro, se puso a correr hacia su cuarto en puntas de pie con
+una rapidez como si tuviera alas.</p>
+
+<p>Ech&oacute; la llave a la puerta, corri&oacute; a la ventana que daba al campo, la
+abri&oacute;, midi&oacute; su altura, se alej&oacute; de ella murmurando algunas palabras
+sofocadas; se acerc&oacute; en seguida a la mesa, encendi&oacute; una peque&ntilde;a l&aacute;mpara,
+sac&oacute; el sobre de su seno y rompi&oacute; el sello con mano tr&eacute;mula.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;balbuce&oacute;&mdash;. &iexcl;El reconocimiento de mi derecho de
+madre! &iexcl;La condesa declara que ella orden&oacute; el robo! El nombre, el dulce
+nombre de mi Laura.</p>
+
+<p>Fu&eacute; interrumpida por un murmullo que lleg&oacute; hasta su o&iacute;do; crey&oacute; o&iacute;r que
+la llamaban.</p>
+
+<p>Una sonrisa de felicidad ilumin&oacute; su rostro. Se levant&oacute;, guard&oacute; el papel
+en el seno y corri&oacute; al cuarto de Elena. Cuando abri&oacute; la puerta oy&oacute; un
+quejido doloroso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh Marta! &iquest;sois vos, de veras? &iexcl;So&ntilde;aba que no os volver&iacute;a a ver m&aacute;s!</p>
+
+<p>Pero un beso ahog&oacute; las palabras en sus labios.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi hija, mi hija, mi hija querida!&mdash;dijo la viuda con voz tr&eacute;mula&mdash;;
+calla, calla, no llores. No ir&aacute;s al convento. Ya no m&aacute;s penas, no m&aacute;s
+dolores, al&eacute;grate. Ma&ntilde;ana ser&aacute;s feliz. No ir&aacute;s al convento. R&iacute;ete, ponte
+contenta. Ma&ntilde;ana ver&aacute;s a tus enemigos arrastrarse a tus pies e implorar
+tu piedad.</p>
+
+<p>La joven, asustada por aquellas efusiones, y por el tono ardiente de la
+voz, apart&oacute; la cabeza y murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qui&eacute;n sois, entonces?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n soy? &iquest;Qui&eacute;n soy?...&mdash;repiti&oacute; la viuda casi loca y con una
+vehemente imprudencia&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n soy?... El secreto de mi amor, de mi
+vida. Yo soy tu... &iexcl;Oh! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;qu&eacute; locura iba a hacer!</p>
+
+<p>Y retrocedi&oacute; temblando.</p>
+
+<p>Elena, cuyo coraz&oacute;n hac&iacute;a temblar el presentimiento de una revelaci&oacute;n
+suprema, tendi&oacute; las manos en la obscuridad, haciendo un gesto
+suplicante; pero Marta hab&iacute;a recuperado un poco de sangre fr&iacute;a y
+murmur&oacute;, mientras depositaba otro beso m&aacute;s en la frente de su hija:</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no ha llegado todav&iacute;a el momento de la revelaci&oacute;n. C&aacute;llate,
+luz de mis ojos, mi esperanza, mi felicidad, no me preguntes nada. No me
+conocer&aacute;s hasta el momento de la liberaci&oacute;n. Ma&ntilde;ana, Laura; ma&ntilde;ana,
+Elena; sabr&aacute;s qu&eacute; v&iacute;nculos nos unen... Tengo que apartarme de ti, hija
+m&iacute;a; podr&iacute;a sucumbir a una tentaci&oacute;n que nos ser&iacute;a fatal a las dos.
+Duerme, duerme en paz... ma&ntilde;ana un nuevo sol lucir&aacute; para ti y para m&iacute;.</p>
+
+<p>Y huy&oacute; r&aacute;pidamente del cuarto, cerrando la puerta tras s&iacute;.</p>
+
+
+
+
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2>
+
+
+<p>Las sombras eran intensas; los campos y los bosques estaban cubiertos de
+tiniebla; pero ya una claridad dudosa temblaba en el horizonte; la
+aurora iba muy luego a aparecer y a llenar el espacio con la luz dorada
+de una ma&ntilde;ana espl&eacute;ndida.</p>
+
+<p>En aquel momento, el follaje de las encinas verdes se abr&iacute;a detr&aacute;s de la
+casa de Andr&eacute;s, el guardabosque. Una sombra de mujer surgi&oacute; entre los
+arbustos espesos que flanqueaban el camino. Se detuvo, mir&oacute; con
+desconfianza hacia todos los lados, trat&oacute; de penetrar con la mirada la
+obscuridad gris y se desliz&oacute; lentamente hacia la casa del guarda.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en el jard&iacute;n por una abertura de la cerca, se aproxim&oacute; a una
+peque&ntilde;a ventana, golpe&oacute; en ella misteriosamente y dijo con la voz pegada
+a los vidrios:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Catalina! &iexcl;Catalina!</p>
+
+<p>Abri&oacute;se la puerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sois vos, Marta?&mdash;dijo la mujer del guardabosque, sorprendida&mdash;&iexcl;Dios
+m&iacute;o! &iexcl;y todav&iacute;a es de noche! &iquest;Qu&eacute; es lo que os pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Apresuraos, venid pronto; tengo que hablaros en seguida&mdash;balbuce&oacute; el
+aya.</p>
+
+<p>Al cabo de cinco minutos, Catalina abri&oacute; la puerta, y apareci&oacute; junto con
+su marido en el jard&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vos aqu&iacute;, Marta, a estas horas!&mdash;dijo&mdash;. &iquest;Os han obligado a salir del
+castillo antes que fuera de d&iacute;a?</p>
+
+<p>La viuda le ech&oacute; los brazos al cuello, la atrajo a su pecho y le
+murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Catalina! &iexcl;ah, Catalina! &iexcl;Dios me ha dado la victoria! Que me proteja
+a&uacute;n durante algunas horas, y mi Laura ser&aacute; libre para siempre. &iexcl;Hoy
+podr&aacute; llamarme madre, delante de todo el mundo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is decir?</p>
+
+<p>&mdash;Callaos, Catalina, vuestro marido podr&iacute;a o&iacute;rnos. Quiero estar sola con
+vos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, entrad, Andr&eacute;s cuidar&aacute; la puerta.</p>
+
+<p>Catalina habl&oacute; un momento a su marido y luego entr&oacute; en la casa con la
+viuda. La condujo a una pieza aparte, cerr&oacute; la puerta, y le tom&oacute; las
+manos diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; nadie puede o&iacute;rnos, Marta. Satisfaced mi ardiente curiosidad.
+&iexcl;Vuestra Laura quedar&aacute; hoy libre! &iexcl;Quiera Dios que vuestra esperanza se
+realice!</p>
+
+<p>La viuda le cont&oacute; en pocas palabras y de prisa lo que hab&iacute;a sucedido;
+c&oacute;mo hab&iacute;an resuelto encerrar a su hija en una casa de sanidad
+desconocida; lo que hab&iacute;a sufrido ante ese peligro extremo; c&oacute;mo,
+inspirada por la desesperaci&oacute;n, hab&iacute;a osado intentarlo todo, y c&oacute;mo el
+intendente, despu&eacute;s de una larga resistencia, le hab&iacute;a entregado la
+prueba de su derecho de madre, y del rapto de su hija.</p>
+
+<p>M&aacute;s de una vez, durante aquel r&aacute;pido relato, Catalina hab&iacute;a lanzado, a
+pesar suyo, un grito de admiraci&oacute;n y de triunfo; pero luego, calmada y
+llamada a silencio por la viuda, se puso a llorar, y l&aacute;grimas de
+felicidad corr&iacute;an por sus mejillas, en la obscuridad.</p>
+
+<p>&mdash;Calmaos, Catalina, el tiempo para m&iacute; es precioso&mdash;dijo la viuda&mdash;.
+&iquest;Comprender&eacute;is ahora por qu&eacute; vengo aqu&iacute;? Estando en posesi&oacute;n de este
+documento, no me atrevo a permanecer en el castillo. Mathys y la condesa
+me lo quitar&iacute;an por la violencia y hasta cometer&iacute;an un nuevo crimen, si
+fuera preciso. Yo s&oacute;lo soy una mujer y necesito del auxilio de los
+hombres para defenderme de los enemigos de mi hija. Voy a la casa de
+Federico Bergams; su t&iacute;o es notario y &eacute;l conoce las leyes. Me dir&aacute;n lo
+que tengo que hacer, y vendr&aacute;n conmigo a Orsdael a oponerse a la partida
+de Elena. Vive a dos leguas de aqu&iacute;; es de noche, no conozco los
+caminos, tengo miedo de que me suceda algo. Vuestro marido puede
+acompa&ntilde;arme y conducirme... No tem&aacute;is nada, Catalina; es el &uacute;ltimo
+sacrificio que os pido, y sea cual fuere el resultado definitivo de la
+lucha, os recompensar&eacute; y asegurar&eacute; vuestra suerte, hasta el fin de
+vuestros d&iacute;as...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vos recompensarme!&mdash;dijo Catalina con tristeza&mdash;. No est&aacute; bien que me
+habl&eacute;is as&iacute;. Mi mayor recompensa es vuestra felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;Ya lo s&eacute;, amiga m&iacute;a; pero vuestro marido no puede ser v&iacute;ctima de
+vuestra generosidad. No discutamos a ese respecto. Yo tengo que partir
+de aqu&iacute;; pueden notar mi ausencia, buscarme, perseguirme, &iexcl;oh Dios m&iacute;o!
+&iexcl;si me sorprendieran, podr&iacute;an todav&iacute;a arrancar la libreta de mi hija, mi
+vida!</p>
+
+<p>&mdash;Voy a confiaros a mi marido; fiad en &eacute;l, Marta; llevar&aacute; su fusil y os
+defender&aacute; si es necesario a costa de su sangre.</p>
+
+<p>Cuando el guardabosque entr&oacute; en el cuarto, su mujer le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Andr&eacute;s, es preciso que partas en seguida con el aya. Est&aacute; encargada de
+una misi&oacute;n importante, y como es de noche todav&iacute;a, y los caminos no sean
+quiz&aacute; seguros para una mujer, la condesa quiere que la acompa&ntilde;es.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien, mujer. En dos minutos me pongo la blusa y estoy listo.</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;ora va a casa de Federico Bergams. Eso te parecer&aacute; raro,
+&iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso. Poco me importa donde me mande la condesa&mdash;respondi&oacute; el
+guardabosque, listo para partir.</p>
+
+<p>&mdash;Un momento&mdash;dijo Catalina&mdash;. El mensaje que la se&ntilde;ora va a cumplir, es
+un secreto. Nadie debe verla ni encontrarla, por lo menos hasta media
+legua de distancia de Orsdael. La llevar&aacute;s, pues, por caminos apartados
+y por el bosque.</p>
+
+<p>&mdash;Muy bien&mdash;dijo el guarda, subiendo una peque&ntilde;a escalera para ir a
+vestirse.</p>
+
+<p>&mdash;Pero decidme, Marta&mdash;murmur&oacute; la campesina despu&eacute;s de un momento de
+silencio&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n os abri&oacute; la puerta del castillo?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie, Catalina; baj&eacute; por la ventana de mi cuarto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&oacute;mo! &iquest;desde tan alto? &iexcl;Pero eso es imposible!</p>
+
+<p>&mdash;Pues creedme, Catalina&mdash;respondi&oacute; el aya&mdash;; as&iacute; que me encontr&eacute; sola
+en mi cuarto, con la prueba inestimable sobre mi coraz&oacute;n, me fu&eacute;
+imposible tener un momento de reposo. Temblaba, el sudor de la angustia
+corr&iacute;a por mi cuerpo. Hostigada por el miedo, por el mortal
+convencimiento de que Mathys aparecer&iacute;a para que le devolviera el
+documento, calcul&eacute;, inclinando la cabeza en la ventana, la altura del
+salto que tendr&iacute;a que dar para escapar de aquel peligro inminente. El
+menor ruido me hac&iacute;a temblar, el grito de un p&aacute;jaro casi me hizo
+desvanecer de angustia. &iexcl;Oh! ten&iacute;a en mi pecho la salvaci&oacute;n de mi hija y
+estaba todav&iacute;a en poder de mis tiranos. No pod&iacute;a permanecer en aquella
+dolorosa perplejidad, y quiz&aacute;, ofuscada hasta la locura, por un ruido en
+el corredor, iba a precipitarme hacia el vac&iacute;o, cuando se me ocurri&oacute; una
+idea salvadora. Un&iacute; las s&aacute;banas de la cama con un fuerte nudo, las at&eacute; a
+la baranda de la ventana y trat&eacute; de bajar al suelo. La vehemencia del
+deseo me prest&oacute; una fuerza sobrenatural, y mi &aacute;ngel bueno me protegi&oacute;
+sin duda, porque las s&aacute;banas eran demasiado cortas y ca&iacute; de una gran
+altura, sin herirme, sin embargo. Despu&eacute;s, desliz&aacute;ndome a lo largo de
+las paredes, corr&iacute; hasta el puente. Lo atraves&eacute;, ech&eacute; a andar entre los
+arbustos y las zarzas hasta que...</p>
+
+<p>La llegada del guardabosque interrumpi&oacute; su explicaci&oacute;n. Andr&eacute;s descans&oacute;
+despacio la culata de su fusil en el suelo, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, estoy pronto; cuando gust&eacute;is.</p>
+
+<p>En la puerta las dos mujeres se abrazaron y cambiaron algunas palabras
+m&aacute;s; despu&eacute;s Marta sigui&oacute; al guarda a trav&eacute;s del bosque.</p>
+
+<p>Andr&eacute;s condujo al aya por senderos cubiertos y di&oacute; muchos rodeos para
+evitar las carreteras. Permanec&iacute;a silencioso, y s&oacute;lo hac&iacute;a alguna
+advertencia en voz baja, cuando alg&uacute;n paso o alg&uacute;n pozo interceptaba el
+paso.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de media hora larga, condujo a la viuda por un camino ancho. La
+primera luz del alba empezaba a esparcirse en el espacio, y ya pod&iacute;an
+distinguirse los objetos a trav&eacute;s da la niebla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No corremos el riesgo de encontrar a alguien por aqu&iacute;?&mdash;pregunt&oacute; la
+viuda.</p>
+
+<p>&mdash;No me parece, se&ntilde;ora. Todav&iacute;a es muy temprano&mdash;respondi&oacute; el guarda.</p>
+
+<p>&mdash;Si me viese alguien que fuera a Orsdael&mdash;suspir&oacute; Marta.</p>
+
+<p>&mdash;El camino es recto, se&ntilde;ora; mirar&eacute; a lo lejos; si alguien viene nos
+internaremos en el bosque.</p>
+
+<p>&mdash;Este misterio tiene que sorprenderos, amigo m&iacute;o; pero antes de
+mediod&iacute;a conocer&eacute;is la causa.</p>
+
+<p>&mdash;No es necesario. Yo hago lo que me mandan y no me meto en lo dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;n pasando cosas muy extra&ntilde;as en Orsdael, y pronto se producir&aacute;n
+all&iacute; sucesos extraordinarios que llenar&aacute;n a todos de asombro. Vos sois
+un hombre bueno y fiel y ser&eacute;is recompensado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cosas extra&ntilde;as! S&iacute;, s&iacute;; pero no es cuenta m&iacute;a... Camin&aacute;is ligero,
+se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;El mensaje que llevo es urgente, amigo m&iacute;o; pero si os sent&iacute;s
+cansado...</p>
+
+<p>&mdash;No, no; es una observaci&oacute;n. Puesto que lo dese&aacute;is, apresurar&eacute; el paso.</p>
+
+<p>El guarda, para demostrar que no se cansaba tan pronto, alarg&oacute; el paso y
+continu&oacute; con tanta rapidez, que la viuda apenas pod&iacute;a seguirlo, aunque
+aquella rapidez secundaba sus deseos.</p>
+
+<p>Marta pronunciaba de tiempo en tiempo palabras para interrumpir el
+silencio y mostrarse reconocida para con su gu&iacute;a; pero &eacute;ste, creyendo
+que cumpl&iacute;a, en circunstancias importantes, una orden de la condesa, no
+respond&iacute;a sino con un s&iacute; o un no y cortaba en seguida la conversaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Entretanto el cielo se iba aclarando poco a poco, y cuando por fin se
+vi&oacute; el campanario de la iglesia que les indicaba como un faro el t&eacute;rmino
+de su viaje, el sol, surgiendo del horizonte, circundaba toda la
+naturaleza con su luz esplendorosa.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;an cruzado en el camino con algunos campesinos que, con la azada
+al hombro, se dirig&iacute;an al trabajo de los campos. Cuanto m&aacute;s se acercaban
+a la aldea, m&aacute;s gente encontraban; pero como Marta se consideraba ya
+libre del alcance de sus enemigos, no repar&oacute; en las miradas de sorpresa
+de los campesinos y sigui&oacute; su camino hasta que el guardabosque se detuvo
+delante de una gran casa y le dijo sonriendo:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, &eacute;sta es la casa del se&ntilde;or Bergams; &iquest;puedo volverme a Orsdael?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, volveos a vuestra casa, amigo m&iacute;o&mdash;respondi&oacute; la viuda.</p>
+
+<p>Pero, cambiando de opini&oacute;n, dijo en seguida:</p>
+
+<p>&mdash;No, no, permaneced aqu&iacute;; no pod&eacute;is volveros a Orsdael.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces, se&ntilde;ora, con vuestro permiso, cerca de aqu&iacute; hay un
+mes&oacute;n. Si me lleg&aacute;is a necesitar, hacedme llamar all&iacute;.</p>
+
+<p>Una vieja sirvienta abri&oacute; la puerta, y pregunt&oacute; mirando al aya con ojos
+escrutadores:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! es para un testamento. &iquest;No es eso? Entrad, el notario todav&iacute;a
+duerme; voy a despertarlo.</p>
+
+<p>Marta le dijo al entrar:</p>
+
+<p>&mdash;Buena mujer, os equivoc&aacute;is; deseo hablar al joven se&ntilde;or Bergams.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tan temprano?</p>
+
+<p>&mdash;Y en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no s&eacute;, no me atrevo&mdash;dijo la sirvienta con desconfianza&mdash;. El
+se&ntilde;or est&aacute; acostado todav&iacute;a. &iquest;No podr&iacute;ais esperar una media horita?</p>
+
+<p>&mdash;No, os ruego que vay&aacute;is en seguida y dig&aacute;is al se&ntilde;or Federico que el
+aya del castillo de Orsdael ha venido a hablarle de cosas importantes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El aya de la se&ntilde;orita de Bruinsteen!&mdash;exclam&oacute; la sirvienta con
+sorpresa&mdash;. &iexcl;Oh, ya comprendo! S&iacute;, s&iacute;, voy a llamarlo. Sentaos, se&ntilde;ora.
+Es preciso darle al menos tiempo para vestirse.</p>
+
+
+
+
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>VII</h2>
+
+
+<p>Mathys hab&iacute;a pasado una mala noche. Aunque estuviera muy agitado por los
+acontecimientos del d&iacute;a, la fatiga lo hab&iacute;a sumido en un pesado sue&ntilde;o,
+que no fu&eacute; turbado hasta el otro d&iacute;a a la ma&ntilde;ana por espantosas
+pesadillas.</p>
+
+<p>Cuando el sol se hubo alzado, cuando la campana del castillo llam&oacute; a los
+obreros al trabajo, Mathys despert&oacute; con la frente cubierta de sudor.
+Trat&oacute; de volverse a dormir, pero el recuerdo de las im&aacute;genes horrorosas
+que hab&iacute;a visto en sue&ntilde;o le asediaba a&uacute;n el esp&iacute;ritu y hac&iacute;a latir su
+coraz&oacute;n con violencia. Salt&oacute; fuera del lecho y se visti&oacute; a la vez que
+murmuraba entre dientes:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; temor absurdo me agita? Era un sue&ntilde;o, un sue&ntilde;o espantoso,
+insensato. Marta me estima, sus intereses son los mismos que los m&iacute;os.
+&iquest;Por qu&eacute; me enga&ntilde;ar&iacute;a? No, no, pues har&iacute;a pedazos su felicidad sin raz&oacute;n
+ni provecho para ella. En todo caso, he cometido una imprudencia.
+&iexcl;Entregarme as&iacute; indefenso a una mujer! &iquest;Estar&iacute;a embriagado o habr&iacute;a
+perdido el juicio?... La condesa tiene la culpa de todo. El odio que me
+tiene debe ser muy grande para que la haya impulsado a cometer un acto
+tan perverso y est&uacute;pido. Revelarle a una persona extra&ntilde;a el secreto del
+que depend&iacute;a su propia fortuna, su honor, su vida. Es incomprensible, y
+si la duda fuera posible, dir&iacute;a que Marta me ha mentido descaradamente.
+Pero nadie en la tierra sabe de este desgraciado asunto m&aacute;s que la
+condesa y yo. Es ella, pues, la que nos ha traicionado. &iquest;C&oacute;mo me
+vengar&eacute;? Quiero verla arrastrarse otra vez a mis pies antes de la
+partida de la loca... Pero, ante todo, ir&eacute; a pedirle a Marta que me
+devuelva la prueba; sin esa arma soy impotente. &iexcl;Oh, vamos a verlo! La
+condesa me dar&aacute; cuenta de su infame complot.</p>
+
+<p>Al decir estas palabras, se dirigi&oacute; al cuarto de la viuda y golpe&oacute; a la
+puerta. Esper&oacute; un rato, volvi&oacute; a golpear y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Marta... Marta... soy yo. Esperar&eacute; que est&eacute;is vestida; pero os lo
+ruego, respondedme.</p>
+
+<p>El silencio m&aacute;s completo sigui&oacute; reinando en su derredor. Una rara
+ansiedad lo domin&oacute;...</p>
+
+<p>Llam&oacute; al aya en alta voz y golpe&oacute; con el pu&ntilde;o contra la puerta; pero fu&eacute;
+en vano, el cuarto permaneci&oacute; silencioso como una tumba.</p>
+
+<p>Un grito de espanto se le escap&oacute; al intendente, que se puso l&iacute;vido
+aunque tratara de tranquilizarse dici&eacute;ndose que probablemente Marta se
+hab&iacute;a levantado temprano.</p>
+
+<p>Estas &uacute;ltimas palabras hicieron renacer una sonrisa de alivio en los
+labios del intendente.</p>
+
+<p>Baj&oacute; la escalera corriendo y le pregunt&oacute; al portero si no hab&iacute;a visto
+al aya. Este le respondi&oacute; negativamente; le nombr&oacute; todas las personas,
+obreros o no, que hab&iacute;an salido del castillo, y le asegur&oacute; que nadie m&aacute;s
+hab&iacute;a salvado la puerta, puesto que &eacute;l ten&iacute;a la &uacute;nica llave y no se
+hab&iacute;a movido de all&iacute; desde el llamado de la campana.</p>
+
+<p>Estas &uacute;ltimas palabras hicieron reaparecer una sonrisa de alivio en los
+labios de Mathys. El aya estaba, pues, en el castillo, porque no exist&iacute;a
+otra salida que la portalada. Sin embargo, no estaba tranquilo y se puso
+a recorrer la casa de arriba abajo, preguntando a todo el mundo si hab&iacute;a
+visto bajar al aya. Record&oacute; que Marta hab&iacute;a expresado la intenci&oacute;n de ir
+a hablar temprano con la condesa; se dispon&iacute;a, pues, a subir la escalera
+que conduc&iacute;a al departamento de la se&ntilde;ora de Bruinsteen, cuando la
+camarera le detuvo, dici&eacute;ndole que acababa de ver a su se&ntilde;ora, sumida en
+el m&aacute;s profundo sue&ntilde;o. Mathys recorri&oacute; todo el edificio hasta las
+buhardillas. La inutilidad de sus esfuerzos le llenaba de una inquietud
+inexplicable. Quiz&aacute; Marta estuviera enferma, quiz&aacute; las sacudidas de la
+v&iacute;spera hab&iacute;an perturbado violentamente su sistema nervioso. Al
+asaltarle esta idea, corri&oacute; tras la sirvienta y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Ve a ver a la se&ntilde;ora, y p&iacute;dele las llaves de las piezas del aya. Las
+necesito en seguida, ir&eacute; a buscarlas yo mismo. Corred, volad, es preciso
+que la se&ntilde;ora se levante. &iexcl;Puede que haya sucedido una desgracia!</p>
+
+<p>La sirvienta trajo dos llaves; sin escuchar lo que quer&iacute;a decirle de
+parte de la condesa, Mathys subi&oacute; la escalera corriendo. Abri&oacute; la puerta
+del cuarto de Marta y ech&oacute; una ojeada sobre el lecho. Estaba vac&iacute;o.</p>
+
+<p>P&aacute;lido y tr&eacute;mulo, puso la llave en la cerradura, de la segunda puerta.
+Vi&oacute; a la joven sentada en una silla en el fondo de su cuarto; ya estaba
+levantada y vestida, a pesar de la hora tan ins&oacute;lita. Ten&iacute;a, pues, que
+saber lo que hab&iacute;a pasado.</p>
+
+<p>Mathys se acerc&oacute; a la joven, la mir&oacute; con los ojos hechos ascuas y
+exclam&oacute;, apret&aacute;ndole las mu&ntilde;ecas hasta deshac&eacute;rselas:</p>
+
+<p>&mdash;Ten cuidado, dime la verdad, porque si me enga&ntilde;aras, ser&iacute;a capaz de
+todo... &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el aya?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;&mdash;balbuce&oacute; la joven, que temblaba de miedo.</p>
+
+<p>&mdash;Imprudente, no me mientas o te aplasto bajo mis pies. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;
+Marta?</p>
+
+<p>&mdash;Tened compasi&oacute;n de m&iacute;; yo no lo s&eacute;, se&ntilde;or. Aunque me quitarais la vida
+yo no podr&iacute;a deciros otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s levantada y vestida?</p>
+
+<p>&mdash;Porque me despert&oacute; un ruido extra&ntilde;o, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ruido?</p>
+
+<p>&mdash;Un golpe, como si alguien hubiera ca&iacute;do...</p>
+
+<p>Pero la joven se asust&oacute;, pensando que si dec&iacute;a la verdad pod&iacute;a exponer
+a su benefactora a un peligro. Se puso a balbucear y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Un ruido, un crujido...</p>
+
+<p>&mdash;No me hagas hervir la sangre, &iexcl;desgraciada!&mdash;dijo Mathys&mdash;. Vamos,
+&iquest;qu&eacute; es lo que has o&iacute;do?</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda a los p&aacute;jaros nocturnos en la torre.</p>
+
+<p>El intendente estaba seguro de que la joven sab&iacute;a las cosas, y no las
+quer&iacute;a decir; conoc&iacute;a su inflexible tenacidad y la idea de que
+permanecer&iacute;a indomable lo hizo arder en furor. Volvi&eacute;ndose hacia la
+puerta, le grit&oacute; con acento atronador:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esp&eacute;rate un momento y ya ver&aacute;s si te hago hablar!</p>
+
+<p>Iba a salir del cuarto, cuando not&oacute; en el suelo un papelito doblado que
+hab&iacute;a sido empujado por la puerta cuando &eacute;l la abri&oacute;.</p>
+
+<p>Desdobl&oacute; el papel y ley&oacute; estas l&iacute;neas escritas en l&aacute;piz con mano
+tr&eacute;mula. &laquo;Elena, parto para salvarte. Suceda lo que suceda, no temas
+nada. Mi promesa ser&aacute; cumplida. Dentro de dos horas quedar&aacute;s libre para
+siempre.&raquo;</p>
+
+<p>Mathys mir&oacute; el papel durante alg&uacute;n tiempo con aire extraviado, despu&eacute;s
+lanz&oacute; un grito de rabia y corri&oacute; al otro cuarto, buscando alg&uacute;n objeto
+con qu&eacute; golpear a la pobre Elena; su mirada tropez&oacute; con la ventana y vi&oacute;
+las s&aacute;banas atadas a los barrotes de hierro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se ha ido! &iexcl;Huy&oacute; esta noche!&mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iexcl;Ya est&aacute; a varias horas de
+Orsdael! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Y se lleva mi vida! &iexcl;Estoy perdido!
+&iexcl;Estoy perdido!</p>
+
+<p>Ebrio de c&oacute;lera, azorado por el terror, se precipit&oacute; sobre la joven, la
+tom&oacute; de los hombros, la sacudi&oacute; violentamente y le pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Marta?... &iquest;Qu&eacute; es lo que te ha prometido?... &iquest;Qu&eacute; es lo
+que quiere hacer? &iexcl;Habla o te mato!</p>
+
+<p>Pero la joven volvi&oacute; la cabeza, dobl&oacute; la espalda y permaneci&oacute; muda,
+aunque el intendente repitiera varias veces su amenaza; en su furor le
+golpe&oacute; con el pu&ntilde;o la espalda y la cabeza y luego sali&oacute; del cuarto,
+jurando y blasfemando. Se detuvo, sin embargo, en el corredor y se puso
+a reflexionar sobre su cr&iacute;tica situaci&oacute;n. Estaba p&aacute;lido como la muerte,
+vacilaba sobre sus piernas, las ideas se confund&iacute;an en su cabeza. &iquest;Cu&aacute;l
+pod&iacute;a ser la intenci&oacute;n de Marta? Quer&iacute;a sin duda vengarse de la condesa
+que la hab&iacute;a maltratado; pero no se daba cuenta, la insensata, de que
+iba a perder al mismo tiempo a su amigo y protector.</p>
+
+<p>Baj&oacute; la escalera y entr&oacute; en la sala, donde encontr&oacute; a la sirvienta, la
+que le dijo que la se&ntilde;ora estaba ya levantada e iba a bajar en seguida.</p>
+
+<p>Se dej&oacute; caer en una silla, angustiado de nuevo por sus terribles
+perplejidades. Todav&iacute;a quedaba cierta duda en su esp&iacute;ritu. El aya no
+pod&iacute;a quererle mal, y sin duda no se hab&iacute;a dado cuenta de las
+consecuencias de lo que iba a hacer. Quiz&aacute; le fuera posible todav&iacute;a
+impedir la revelaci&oacute;n del secreto, porque Marta seguir&iacute;a sus consejos,
+as&iacute; que &eacute;l pudiera hablarle. En esa certidumbre, resolvi&oacute; no decirle
+nada a la condesa, que se hab&iacute;a dejado arrancar por Marta la prueba de
+la substituci&oacute;n de criaturas. Estaba profundamente avergonzado de
+aquella imbecilidad, estando bien seguro, por otra parte, de que la
+condesa no le temer&iacute;a ni le tendr&iacute;a la menor consideraci&oacute;n, as&iacute; que
+supiera que aquella arma no estaba en sus manos.</p>
+
+<p>Cuando la se&ntilde;ora de Bruinsteen entr&oacute; en la sala, vi&oacute; que hab&iacute;a l&aacute;grimas
+en los ojos del intendente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;is llorando, Mathys?&mdash;le pregunt&oacute; asustada&mdash;. &iquest;Qu&eacute; ha sucedido?
+La sirvienta me ha hablado de una desgracia; pero conf&iacute;o en que no os ha
+sucedido nada, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>El intendente ech&oacute; llave a las dos puertas y deteni&eacute;ndose con los brazos
+cruzados y los ojos echando llamas ante la condesa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sentaos, se&ntilde;ora! &iexcl;Sentaos, os lo ordeno! Hab&eacute;is cometido una cobarde
+traici&oacute;n; quiero ser vuestro juez, vuestro juez inexorable. &iquest;Qu&eacute; le
+hab&eacute;is dicho a Marta?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; significa esto?&mdash;murmur&oacute; la condesa retrocediendo&mdash;. &iexcl;Me
+dais miedo!</p>
+
+<p>&mdash;Respondedme, respondedme&mdash;bram&oacute; Mathys, mir&aacute;ndola en los ojos, con los
+dientes apretados y los labios contra&iacute;dos&mdash;. &iquest;Qu&eacute; le hab&eacute;is dicho ayer a
+Marta?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, por Dios, &iquest;qu&eacute; os pasa?&mdash;balbuce&oacute; la condesa de Bruinsteen
+asustada&mdash;. Se dir&iacute;a que quer&eacute;is asesinarme. No deis un paso m&aacute;s porque
+grito pidiendo auxilio.</p>
+
+<p>&mdash;Si dais un s&oacute;lo grito, os rompo la cabeza&mdash;grit&oacute; el intendente fuera
+de s&iacute;&mdash;. Respondedme en seguida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le dije al aya? &iexcl;Oh, poca cosa, Mathys! Es cierto que le dije que
+Elena iba a ser llevada hoy a la casa de sanidad.</p>
+
+<p>&mdash;No, no ha sido eso.</p>
+
+<p>&mdash;Pero hasta le ocult&eacute; el nombre del establecimiento a que va a ser
+llevada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Despreciable, hip&oacute;crita!&mdash;exclam&oacute; Mathys&mdash;. &iexcl;Quer&eacute;is ahorraros la
+confesi&oacute;n de vuestra fals&iacute;a! Voy a arrancaros la careta, se&ntilde;ora; lo s&eacute;
+todo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sab&eacute;is? Os lo ruego, hablad m&aacute;s claro, me hac&eacute;is temblar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le revelasteis a Marta el secreto del nacimiento de Elena?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo! &iexcl;Qu&eacute; idea tan insensata! &iquest;C&oacute;mo se me podr&iacute;a ocurrir perderme a m&iacute;
+misma?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le hab&eacute;is dicho que Elena es hija de un oficial de h&uacute;sares y que
+fu&eacute; robada a una nodriza cerca de Bruselas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pregunta! A Dios gracias, no se me escap&oacute; una palabra a ese
+respecto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; impavidez y qu&eacute; osad&iacute;a! Pero la denegaci&oacute;n es in&uacute;til. Hab&eacute;is
+querido vengaros de m&iacute; y le hab&eacute;is dicho a Marta que la ni&ntilde;a fu&eacute;
+conducida al castillo sin que vos lo supierais. De ese modo, cobarde
+mentirosa, quer&eacute;is hacer pesar sobre m&iacute; solo la falta; pero os hab&eacute;is
+enga&ntilde;ado. La c&aacute;rcel...</p>
+
+<p>&mdash;Callaos, callaos, &iexcl;imprudente!&mdash;exclam&oacute; la condesa&mdash;. Podr&iacute;an o&iacute;ros.
+&iquest;Qu&eacute; pesadilla os ha revuelto de ese modo la cabeza? Est&aacute;is
+completamente ofuscado. &iquest;Que yo le he revelado a Marta el secreto del
+nacimiento de Elena? &iquest;Que yo he vendido mi libertad y mi honor para
+satisfacer mi venganza contra vos? Pero, &iquest;no veis que eso es absurdo e
+imposible?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Traidora!&mdash;bram&oacute; Mathys.</p>
+
+<p>&mdash;No quer&eacute;is creerme&mdash;prosigui&oacute; la se&ntilde;ora de Bruinsteen&mdash;. Si lleg&aacute;is a
+probarme que he dejado sospechar ese secreto por una sola palabra, os
+doy la mitad de mi fortuna... &iquest;Os re&iacute;s? &iquest;No os parece bastante? Si me
+convenc&eacute;is de esa estupidez tan cobarde, os doy el derecho ante Dios y
+ante los hombres de vengaros de m&iacute;, aunque sea mat&aacute;ndome.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r estas palabras, pronunciadas con una energ&iacute;a que no dejaba lugar
+a dudas, Mathys dej&oacute; caer la cabeza sobre el pecho. Convencido al fin de
+que hab&iacute;a acusado a la condesa sin raz&oacute;n, se sinti&oacute; embargado por una
+desesperaci&oacute;n profunda; se estremeci&oacute; de verg&uuml;enza al pensar que se
+hab&iacute;a dejado arrastrar por un ciego amor, a hacer una revelaci&oacute;n fatal,
+y que &eacute;l era el &uacute;nico traidor para con su c&oacute;mplice. Resolvi&oacute; m&aacute;s
+firmemente que nunca el no confesar que hab&iacute;a confiado la prueba del
+crimen a Marta. Aunque lo dominara el miedo ten&iacute;a la confusa esperanza
+de que el aya no quer&iacute;a hacer nada contra &eacute;l. Pero, como esta esperanza
+era muy dudosa, un sudor fr&iacute;o ba&ntilde;aba la frente del intendente
+consternado.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, mi buen Mathys&mdash;dijo la condesa&mdash;, est&aacute;is enfermo. Tengo piedad
+de vuestros terrores inexplicables. Tratad de calmar vuestros sentidos
+agitados. Hay un medio infalible de convenceros de que vuestras
+sospechas eran infundadas. Voy a hacer llamar a Marta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es in&uacute;til!&mdash;exclam&oacute; el intendente&mdash;. Marta ya no est&aacute; en Orsdael.
+Esta noche at&oacute; las s&aacute;banas a las varas de su ventana, y huy&oacute; del
+castillo. Sabe Dios si ya no est&aacute; a cuatro o cinco leguas de aqu&iacute;...
+&iexcl;Con nuestro secreto! &iexcl;Ay de nosotros! &iquest;Qu&eacute; nos ir&aacute; a suceder?</p>
+
+<p>La condesa lo mir&oacute; un momento en silencio, como aturdida por la noticia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Huy&oacute;? &iquest;El aya ha hu&iacute;do durante la noche del castillo?&mdash;murmur&oacute;&mdash;.
+&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is decir?</p>
+
+<p>Se aproxim&oacute; a Mathys con expresi&oacute;n de c&oacute;lera contenida y pregunt&oacute; con
+voz severa:</p>
+
+<p>&mdash;Ha hu&iacute;do con nuestro secreto, &iquest;hab&eacute;is dicho, se&ntilde;or? &iquest;Qu&eacute; significa
+esto? &iquest;Hab&eacute;is sido lo bastante indiscreto para confi&aacute;rselo?</p>
+
+<p>&mdash;Era in&uacute;til; lo sab&iacute;a todo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;por qui&eacute;n? &iquest;Qui&eacute;n se lo hab&iacute;a dicho? Como no fu&iacute; yo, ten&eacute;is que
+haber sido vos. &iexcl;Ah! Cu&aacute;ntas veces tem&iacute; que vuestro est&uacute;pido amor por
+esa mujer nos trajera una desgracia; pero nunca pens&eacute; que llegarais a
+encegueceros hasta ese exceso de locura y de crimen...</p>
+
+<p>&mdash;Siento que se me va la cabeza. No s&eacute; lo que me pasa&mdash;dijo sollozando
+el intendente, completamente anonadado&mdash;. Es un enigma que llena de
+espanto; yo no le dije nada; vos tampoco le hicisteis revelaci&oacute;n alguna.
+&iquest;C&oacute;mo se explica entonces que lo sepa todo? &iquest;Existe en el mundo alguna
+otra persona que sepa nuestros secretos?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie m&aacute;s que nosotros... Pero no os comprendo&mdash;dijo la condesa&mdash;.
+&iexcl;Est&aacute;is sombr&iacute;o y espantado, como si vuestra condena resonara ya en
+vuestros o&iacute;dos! &iexcl;Os cre&iacute;a m&aacute;s valiente, Mathys! &iquest;Qu&eacute; importa lo que ha
+sucedido? &iquest;Que Marta se pondr&aacute;, a propalar que Elena no es mi hija? Pues
+bien, yo sostendr&eacute; que me calumnia, y en caso de necesidad la demandar&eacute;,
+para que repare ese ultraje a mi honor. Nada m&aacute;s sencillo; no quedan ni
+pruebas ni testigos, y aunque le hubierais revelado el secreto, bastar&aacute;
+decirle que miente descaradamente.</p>
+
+<p>El intendente exhal&oacute; un profundo suspiro, pero no dijo nada.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de unos instantes de silencio, la se&ntilde;ora de Bruinsteen murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; aventura tan sorprendente! Me torturo el esp&iacute;ritu para adivinar
+qu&eacute; es lo que se propone Marta. &iexcl;Huir de esa manera en medio de la
+noche! Eso debe ser alguna otra tentativa de Federico Bergams. &iquest;Elena
+est&aacute; en su cuarto?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, la se&ntilde;orita est&aacute; en su cuarto&mdash;respondi&oacute; buscando algo en el
+bolsillo&mdash;. Mirad, le hab&iacute;an deslizado esta carta por debajo de la
+puerta. Quiz&aacute; esto os explique las intenciones de Marta.</p>
+
+<p>La condesa tom&oacute; el billete y lo ley&oacute;. Al principio sus labios se
+contrajeron de rabia; pero en seguida una sonrisa ir&oacute;nica apareci&oacute; en
+sus labios.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Parto para salvarte. Dentro de algunas horas ser&aacute;s libre para
+siempre&raquo;... &iexcl;Ah! &iexcl;Ah! &iquest;No es m&aacute;s que esto? &iexcl;Ya veremos! El cuarto de
+Elena est&aacute; cerrado, &iquest;no es cierto, Mathys? &iquest;No comprend&eacute;is que es una
+nueva molestia que Federico quiere causarnos? Ha corrompido a Marta como
+a Rosal&iacute;a, por medio de dinero y de promesas, para favorecer sus
+proyectos. Ahora lo comprendo todo. Ha hu&iacute;do para ir a advertir a
+Federico que Elena va a ser conducida a la casa de sanidad. Tiene
+esperanza de impedirlo. Vamos, Mathys, poseemos los medios infalibles
+para frustrar su esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Medios infalibles?&mdash;repiti&oacute; el intendente sumido m&aacute;s que nunca en sus
+temores.</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si viniera con los representantes de la justicia?</p>
+
+<p>&mdash;Los representantes de la justicia no tienen nada que hacer aqu&iacute;, y,
+por otra parte, no encontrar&iacute;an a Elena. No esperemos el coche que ha de
+venir de la ciudad. Haced enganchar el nuestro, y partir&eacute;is con la
+loca. Sea lo que fuere lo proyectado por Marta y Federico, su prop&oacute;sito
+fracasar&aacute;, as&iacute; que Elena est&eacute; a algunas leguas de aqu&iacute;. No temo nada;
+todo lo que podr&iacute;a hacerse ser&iacute;a retrasar algunos d&iacute;as la partida de la
+loca. Pero una vez que ella est&eacute; en el camino, me sobrar&aacute; tiempo para
+intentar un proceso contra Marta y su c&oacute;mplice. No comprendo c&oacute;mo pod&eacute;is
+abatiros tanto por un hecho desagradable, es cierto, pero nada, nada
+grave para nosotros. Las cosas pasar&aacute;n como cuando la visita del
+procurador del Rey. &iquest;Qu&eacute; se puede intentar contra nosotros, sin ninguno
+de los testigos, sin una prueba? Recobrad vuestra calma, amigo m&iacute;o;
+preparaos para el viaje, partid sin demora, haced volar los caballos
+hasta que Elena est&eacute; fuera del alcance de nuestros perseguidores.</p>
+
+<p>Mathys se hab&iacute;a puesto de pie y reflexionaba. Una especie de sonrisa
+ilumin&oacute; su fisonom&iacute;a, mientras dec&iacute;a con precipitaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;, partamos en seguida!... Vamos lejos, muy lejos, muy lejos. Se
+me ocurre una idea. &iquest;Si partiera para Par&iacute;s con Elena?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no para la casa de sanidad?</p>
+
+<p>&mdash;No hay pocas casas de sanidad en Francia.</p>
+
+<p>&mdash;No comprendo vuestra intenci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Reparad, se&ntilde;ora, que la autoridad podr&iacute;a preguntarnos el nombre de la
+casa de sanidad, y quiz&aacute; nuestros enemigos consiguieran de ese modo su
+objeto. En Francia todas las pesquisas ser&iacute;an in&uacute;tiles; m&aacute;s adelante,
+cuando todo est&eacute; cumplido y pueda volver aqu&iacute; con la loca, tomar&eacute;
+dinero, bastante dinero, para poder salvar all&aacute; todas las dificultades.</p>
+
+<p>La condesa lo mir&oacute; con aire burl&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Mathys, Mathys&mdash;le dijo&mdash;, ten&eacute;is miedo como un ni&ntilde;o. Me parece que
+pens&aacute;is m&aacute;s en vuestra seguridad que en la de Elena. No me sorprender&iacute;a
+que a causa de vuestro temor exagerado, quisierais llevaros todo nuestro
+dinero. Sea como fuere, id a Francia; quiz&aacute; sea una medida prudente.
+Pero haced ante todo preparar el coche, para que no teng&aacute;is que esperar
+cuando est&eacute;is prontos. No creo que tengamos que temer nada por ahora;
+con todo, apresuraos, porque es necesario preverlo todo.</p>
+
+<p>El intendente se dirigi&oacute; a la puerta.</p>
+
+<p>La condesa le grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Tened valor, Mathys; la situaci&oacute;n no es tan desesperada como cre&eacute;is.</p>
+
+<p>Pero apenas estuvo delante de la casa se puso p&aacute;lido como un muerto, y
+todos los miembros le temblaban.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Demasiado tarde! &iexcl;Demasiado tarde!&mdash;se dec&iacute;a el intendente, dejando
+caer los brazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;All&aacute;, por el camino, viene un coche!... Federico Bergams y Marta
+est&aacute;n sentados en el banco delantero. Hay otras personas en el coche...
+&iexcl;Pobres de nosotros, estamos perdidos!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Perdidos?&mdash;exclam&oacute; la condesa despu&eacute;s de un instante de reflexi&oacute;n&mdash;.
+&iquest;Perdidos? Todav&iacute;a no, Mathys, y aunque nos tenga que pasar algo
+enojoso, nos vengaremos de nuestros delatores. No triunfar&aacute;n. Vamos,
+daos prisa, conducid a Elena a la bodega; bajo la torre de la escalera
+secreta. Nadie la encontrar&aacute; all&iacute;. Permaneced a su lado hasta que yo os
+llame. Dir&eacute; que ya ha partido. Dejadme hacer; fiad en m&iacute;. Vuestros
+enemigos se marchar&aacute;n del castillo sin haber descubierto nada. Entonces,
+llevar&eacute;is a la loca a Francia. Pero, &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;qu&eacute; indeciso y
+consternado est&aacute;is!</p>
+
+<p>Tom&oacute; al intendente por los hombros, lo empuj&oacute; fuera de la puerta y lo
+mir&oacute; salir y subir hasta que desapareci&oacute; en el pasillo. Luego se volvi&oacute;
+hacia la sala, se sent&oacute; en un sill&oacute;n y tom&oacute; una actitud indiferente.</p>
+
+<p>Momentos despu&eacute;s se abri&oacute; la puerta y entr&oacute; Marta seguida de Federico y
+el notario.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vil mentirosa!&mdash;grit&oacute; la condesa indic&aacute;ndole la puerta con el dedo&mdash;,
+salid de mi vista. Marchaos, o llamo a mis sirvientes para que os
+arrojen fuera del castillo. La justicia castigar&aacute; vuestra perversidad.</p>
+
+<p>Se precipit&oacute; para tocar el cord&oacute;n de la campanilla; pero el notario le
+sujet&oacute; la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; significa esto?&mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iquest;Quer&eacute;is hacerme violencia en mi
+propia casa? No soy m&aacute;s que una mujer, pero...</p>
+
+<p>&mdash;Sentaos, se&ntilde;ora, os lo ruego, a fin de evitaros una verg&uuml;enza&mdash;dijo el
+notario reconduci&eacute;ndola a su sill&oacute;n con una frialdad imperiosa&mdash;.
+Escuchadme un momento. Vais a reconocer que el esc&aacute;ndalo os ser&iacute;a
+desfavorable.</p>
+
+<p>&mdash;En fin, &iquest;qu&eacute; es lo que ten&eacute;is que decirme?&mdash;dijo la condesa tr&eacute;mula de
+despecho.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, la ni&ntilde;a nacida de vuestro matrimonio con el conde de
+Bruinsteen ya no existe, muri&oacute; en 10 de febrero de 1816. Mediante una
+culpable substituci&oacute;n, fu&eacute; tra&iacute;da a vuestra casa la hija de un oficial
+de h&uacute;sares que se llamaba H&eacute;ctor Hagens. Corresponde a la justicia
+examinar qu&eacute; castigo merece un acto semejante, pero nosotros venimos en
+nombre de la madre leg&iacute;tima para que su hija nos sea inmediatamente
+entregada. No os resist&aacute;is, se&ntilde;ora, porque eso ser&iacute;a obligarnos a
+invocar la autoridad de la ley, y pensad en la verg&uuml;enza p&uacute;blica que eso
+os acarrear&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;Oh!&mdash;dijo sard&oacute;nicamente la condesa&mdash;, no negar&eacute;is que os he
+escuchado con calma. Esa historia de la joven, de un oficial, es un
+cuento inventado por los envidiosos; en cuanto a Elena, ya no est&aacute; en
+Orsdael.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; Marta palideciendo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Os imaginabais que no sab&iacute;a por qu&eacute; hab&iacute;ais hu&iacute;do del castillo
+durante la noche como una ladrona?&mdash;replic&oacute; victoriosamente la
+condesa&mdash;. Ah&iacute;, sobre la mesa, est&aacute; el papel que deslizasteis bajo la
+puerta de Elena, sirvienta infiel. &iquest;Quer&iacute;ais libertarla? Es decir, &iquest;la
+quer&iacute;ais vender a alguien que os hab&iacute;a pagado para traicionarme? Sea
+cual fuese el medio que emple&aacute;is, vuestra infame maquinaci&oacute;n ha sido
+descubierta de antemano. Elena ha partido lejos de aqu&iacute;, para el
+extranjero.</p>
+
+<p>Un grito desgarrador se hizo o&iacute;r, y Marta cay&oacute; sin conocimiento contra
+la pared de la sala.</p>
+
+<p>Federico corri&oacute; hacia ella, le pas&oacute; el brazo debajo de la cabeza y trat&oacute;
+de volverla en s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dijo el notario a la condesa&mdash;. Os est&aacute;is perdiendo vos misma.
+Tenemos pruebas, pruebas irrecusables. &iexcl;La c&aacute;rcel va a abrirse para vos!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pruebas pod&eacute;is tener de una historia que es mentira?</p>
+
+<p>&mdash;Un documento firmado por vos, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Un documento falso.</p>
+
+<p>&mdash;Esperad, vais a quedar anonadada.</p>
+
+<p>El notario corri&oacute; hacia la viuda desmayada y se puso a buscar con prisa
+febril entre los pliegues de su bata para encontrar la prueba escrita.
+Los esfuerzos resultaron infructuosos. Temblaba de impaciencia y de
+ansiedad, pensando que se hubiera perdido el precioso papel.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Marta, no es posible! Marta, Marta.</p>
+
+<p>En ese momento se oyeron gritos confusos en el castillo, y antes de que
+nadie pudiera hacer un movimiento, la puerta se abri&oacute; con violencia.
+Elena, perseguida por el intendente, entr&oacute; en la sala y cay&oacute; a los pies
+de la condesa.</p>
+
+<p>Mathys, que parec&iacute;a ciego de rabia, quiso detenerla; pero Federico dej&oacute;
+caer a Marta en brazos del notario, salt&oacute; sobre el intendente, lo asi&oacute;
+por el cuello y lo arroj&oacute; con fuerza irresistible a la pared, mientras
+le gritaba fuera de s&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si das un solo paso te aplasto!</p>
+
+<p>Mientras tanto, dominada por el terror, la joven gritaba, con los brazos
+tendidos hacia la condesa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh madre m&iacute;a, perd&oacute;n, tened piedad de m&iacute;, me va a asesinar&iexcl; &iexcl;Yo soy
+vuestra hija, defendedme, madre, madre querida!</p>
+
+<p>Aquel grito desesperado, aquel dulce nombre de madre, repercuti&oacute; en el
+coraz&oacute;n de Marta. Abri&oacute; los ojos, pas&oacute; una mirada vaga a su rededor, y
+lanz&oacute; un profundo suspiro, tendiendo los brazos.</p>
+
+<p>El notario le tom&oacute; la mano y dijo con voz tr&eacute;mula:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El papel! &iexcl;La prueba! &iexcl;Aqu&iacute; est&aacute;!</p>
+
+<p>Y volvi&eacute;ndose a la condesa:</p>
+
+<p>&mdash;Ahora, se&ntilde;ora, tendr&eacute;is que reconocer que fuisteis vos quien orden&oacute;
+que robara la ni&ntilde;a a vuestro sirviente. Es imposible negarlo. &iexcl;Todas las
+circunstancias agravantes acompa&ntilde;an al crimen; ya sab&eacute;is lo que os
+espera: la p&eacute;rdida de vuestra fortuna, el eterno deshonor y cinco a&ntilde;os
+de presidio!</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora de Bruinsteen fij&oacute; un momento la mirada en el papel. Se puso
+p&aacute;lida como la muerte, y todo su cuerpo se estremeci&oacute;. Ech&oacute; una mirada
+de venganza sobre Mathys, que estaba como petrificado; despu&eacute;s lanz&oacute; un
+grito de desesperaci&oacute;n, y dej&oacute; caer la cabeza sobre la mesa ocultando la
+cara con la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Madre, &iquest;qu&eacute; ha sucedido? &iquest;qu&eacute; peligro os amenaza?&mdash;pregunt&oacute; la joven
+de rodillas, dominada por el miedo y la piedad.</p>
+
+<p>Pero una voz conocida le provoc&oacute; otra emoci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Laura... Elena...!&mdash;exclam&oacute; la viuda completamente vuelta en s&iacute;&mdash;.
+&iexcl;No llames madre a esa mujer! Ven aqu&iacute;, sobre mi coraz&oacute;n, querida m&iacute;a...</p>
+
+<p>Pero call&oacute; de pronto, por el temor de que una revelaci&oacute;n inesperada
+fuera a causar a su hija una emoci&oacute;n fatal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh Marta! &iexcl;Vos aqu&iacute;! &iexcl;Ahora ya no me puede suceder nada
+malo!&mdash;exclam&oacute; la joven arroj&aacute;ndose en sus brazos.</p>
+
+<p>Esta, despu&eacute;s de haberla besado tiernamente, la apart&oacute; de s&iacute; y dijo con
+calma aparente:</p>
+
+<p>&mdash;Elena, t&uacute; no eres hija de esa mujer. Fuiste robada en la cuna. S&oacute;lo
+era tu verdugo, y nada te vincula a ella ni por la sangre ni por el
+afecto. Dios te ha dado otra madre.</p>
+
+<p>La joven mir&oacute; muda y tr&eacute;mula.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Otra madre?... &iexcl;Oh!... &iexcl;Y vive a&uacute;n!&mdash;murmur&oacute; con voz imperceptible.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vive! &iexcl;Vive! domina tu emoci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;exclam&oacute; la joven&mdash;, esa sonrisa divina, esa mirada ardiente, esa
+alma en vuestros ojos... &iexcl;Oh! &iexcl;Marta! &iexcl;Marta! si fuerais mi madre, me
+morir&iacute;a de felicidad.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien; s&iacute;, Elena... Laura, eres mi hija: yo soy tu madre.</p>
+
+<p>La joven cay&oacute; casi desmayada sobre el pecho de la viuda; l&aacute;grimas de
+ternura indecible rodaron por sus mejillas; acarici&oacute; a la madre, la bes&oacute;
+y luego le dijo ligero:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tambi&eacute;n tengo padre, verdad? Madre, madre m&iacute;a, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! tu buen padre ya no existe. Toma, hija m&iacute;a, aqu&iacute; tienes su
+retrato.</p>
+
+<p>Y le entreg&oacute; a su hija su relicario de oro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;H&eacute;ctor! &iexcl;Era mi padre!&mdash;exclam&oacute; la joven arroj&aacute;ndose a sus
+rodillas&mdash;. Ahora comprendo los secretos que me rodeaban. &iexcl;Oh, que Dios
+sea bendecido! &iexcl;He sufrido, he sufrido mucho; pero la recompensa es m&aacute;s
+grande que los dolores soportados!</p>
+
+<p>Federico segu&iacute;a junto a la joven, con la sonrisa de felicidad y la
+admiraci&oacute;n en el rostro. Todas aquellas revelaciones y todas aquellas
+sacudidas se hab&iacute;an sucedido tan r&aacute;pidamente, que Elena no hab&iacute;a tenido
+a&uacute;n tiempo para advertir su presencia.</p>
+
+<p>Marta le tom&oacute; la mano y le hizo ponerse de pie, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Laura, te llamas Laura, hija m&iacute;a, le has dado gracia a Dios porque le
+plugo devolverte una buena madre, pero a&uacute;n no conoces los tesoros de su
+bondad para contigo; adem&aacute;s, te ha dado, Laura, un esposo fiel y digno
+de ser amado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Federico, Federico!</p>
+
+<p>Y los dos j&oacute;venes cayeron en los brazos el uno del otro...</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ahora partamos&mdash;dijo Marta, tomando a su hija de la mano&mdash;.
+Huyamos de esta casa de odiosa memoria. Nuestra alegr&iacute;a necesita aire,
+alegr&iacute;a, libertad, seguridad...</p>
+
+<p>Pero la condesa, que hasta ese instante hab&iacute;a estado sumida en la
+desesperaci&oacute;n, oy&oacute; estas &uacute;ltimas palabras con un p&aacute;nico extremo. Se dej&oacute;
+caer a los pies de Laura, se arrastr&oacute; sobre las rodillas y se puso a
+decir, mientras abundantes l&aacute;grimas brotaban de sus ojos, y le ca&iacute;an por
+las mejillas:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh se&ntilde;orita, tened compasi&oacute;n de mi desgracia! perd&oacute;n, perd&oacute;n, para
+una pobre mujer. Maldecidme, tomad mi fortuna, pero no me entregu&eacute;is a
+la justicia. Ser&eacute; pobre, me arrepentir&eacute; de mi crimen. Mandadme lo que
+quer&aacute;is y obedecer&eacute; como una esclava; pero no me mand&eacute;is a la c&aacute;rcel.
+Elena... Laura... estoy a vuestros pies. &iexcl;Oh! &iexcl;tened piedad de m&iacute;, no
+rechac&eacute;is mi s&uacute;plica!</p>
+
+<p>Mathys, al ver a la condesa a los pies de la joven, tambi&eacute;n se puso de
+rodillas y se arrastr&oacute; temblando hasta donde estaba Marta. Implor&oacute; su
+piedad con las manos juntas, y los ojos llorosos. No le dirigi&oacute; ning&uacute;n
+reproche, se reconoci&oacute; culpable y confes&oacute; que, como madre, ten&iacute;a que
+proceder como lo hab&iacute;a hecho; pero record&oacute; su afecto por ella, aquel
+sentimiento sincero a que deb&iacute;a la recuperaci&oacute;n de su hija, y le suplic&oacute;
+que no entregara a la vindicta ley a aquel que hab&iacute;a contribu&iacute;do tanto a
+su felicidad.</p>
+
+<p>Esta s&uacute;plica tan humilde hizo que Marta mirara a Mathys profundamente
+impresionada e indecisa respecto a lo que deb&iacute;a hacer. Su hija fu&eacute; a
+ponerse con las manos juntas delante de ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh madre querida, perd&oacute;n, perd&oacute;n para la se&ntilde;ora de Bruinsteen!
+&iexcl;Perdonadla!</p>
+
+<p>&mdash;Quiero olvidarlo todo, hija m&iacute;a&mdash;murmur&oacute; la viuda&mdash;. Mi felicidad no
+necesita de la desdicha de la se&ntilde;ora ni de la de Mathys. Pero, &iquest;qu&eacute;
+puedo hacer? No lo s&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Escuchadme todos&mdash;interrumpi&oacute; el notario&mdash;. Puesto que la se&ntilde;ora y el
+intendente parecen arrepentidos, existe un medio para substraerlos de
+la ley y hasta de asegurarles la posesi&oacute;n de lo que les pertenece
+personalmente. Pueden expatriarse hoy mismo. Si aceptan mis
+proposiciones, les prometo mi ayuda. De ese modo evitar&aacute;n la prisi&oacute;n, y
+nos evitar&aacute;n graves molestias. Tomad, Marta, recuperad esta prueba.
+Guardadla muy bien. Ahora, marchaos; yo me quedo aqu&iacute;, para terminar
+asuntos importantes. Estar&eacute; a vuestro lado a mediod&iacute;a.</p>
+
+<p>Marta tom&oacute; a su hija de una mano y a Federico de la otra, conduci&eacute;ndola
+as&iacute; hasta el coche que estaba en la puerta del castillo.</p>
+
+<p>La viuda lanz&oacute; un grito de alegr&iacute;a al ver a Catalina, que estaba parada
+en el camino, junto al carruaje. Arrastr&oacute; a su hija hacia aqu&eacute;lla,
+exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Ven, Laura, ven; &eacute;sta es la mujer que te ha devuelto a tu madre; que
+se ha sacrificado por tu felicidad y por la m&iacute;a. Te he dicho que la
+abrazar&iacute;as alg&uacute;n d&iacute;a con tierna gratitud; pues bien, hija m&iacute;a,
+estr&eacute;chala entre tus brazos; es un coraz&oacute;n noble el que sentir&aacute;s latir
+sobre tu pecho.</p>
+
+<p>Marta y Laura se echaron al cuello de la campesina, y la colmaron de
+agradecimientos y de caricias. La vieja lavandera estaba tan emocionada,
+que un torrente de l&aacute;grimas le corr&iacute;a por los ojos, sin que pudiera
+hablar. De pronto, Marta la tom&oacute; de una mano y la arrastr&oacute; hasta el
+coche.</p>
+
+<p>&mdash;Catalina, querida Catalina&mdash;le dijo&mdash;. Ten&eacute;is que venir con nosotros.
+Vuestro marido os espera en Maraghem. Habr&aacute; fiesta, quiero que est&eacute;is a
+mi lado; ten&eacute;is el porvenir asegurado. Mi yerno tiene un coraz&oacute;n noble,
+y os pagar&aacute; vuestra deuda. Vuestro marido ser&aacute; intendente de sus
+tierras, vivir&eacute;is a mi lado, seguir&eacute;is siendo mi compa&ntilde;era fiel y mi
+amiga, hasta que la tumba nos separe. &iexcl;Venid! &iexcl;Venid!</p>
+
+<p>La pobre Catalina estaba aturdida, la alegr&iacute;a la abrumaba; sin embargo,
+resisti&oacute; a la suave violencia de Marta, y rechaz&oacute; el honor que se le
+ofrec&iacute;a. Pero Federico la tom&oacute; por la cintura, Marta y Laura por los
+brazos, y de ese modo Catalina se encontr&oacute; en el coche, sin saber c&oacute;mo.</p>
+
+<p>El l&aacute;tigo resta&ntilde;&oacute;; el coche parti&oacute; como una flecha; se alzaron nubes de
+polvo en el camino; se oyeron gritos de alegr&iacute;a y el carruaje
+desapareci&oacute; en la vuelta del camino, con la rapidez del viento.</p>
+
+<p>FIN</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La niña robada, by Hendrik Conscience
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA NIÑA ROBADA ***
+
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+
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
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+
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+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card donations.
+To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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