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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:52:50 -0700
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@@ -0,0 +1,3261 @@
+The Project Gutenberg EBook of El Mandarín, by Eça Queiroz
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El Mandarín
+
+Author: Eça Queiroz
+
+Release Date: April 22, 2006 [EBook #18228]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MANDARÍN ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
+
+
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+
+
+
+
+
+
+EL MANDARÍN
+
+EÇA DE QUEIROZ
+
+
+OBRAS DEL MISMO AUTOR
+
+La Reliquia 1 tomos.
+La ciudad y la sierra 1 "
+El primo Basilio 2 "
+Los Maias 3 "
+El crimen del padre Amaro 2 "
+Epistolario de Fradique Mendes 1 "
+
+
+Versión castellana
+
+
+CASA EDITORIAL MAUCCI
+
+Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907,
+Budapest 1907 y gran premio en la de Buenos Aires 1910
+
+Calle de Mallorca, 166.--BARCELONA
+
+
+
+
+PROLOGO
+
+
+AMIGO 1.º (_Bebiendo coñac y soda, bajo los árboles de una terraza, a
+orillas del agua._)
+
+Camarada; durante estos calores que embotan la imaginación, descansemos
+del áspero estudio de las Realidades humanas... Partamos hacia los
+campos del Ensueño, a vagar por esas azuladas colinas donde se levanta
+la torre abandonada de lo Sobrenatural y frescos musgos cubren
+amorosamente las ruinas del Idealismo... Fantaseemos...
+
+Amigo 2.º Más sobriamente, camarada, más sobriamente... y como en las
+sabias y amables Alegorías del Renacimiento, mezclando siempre una
+moralidad discreta...
+
+ (_Comedia inédita_)
+
+
+
+
+I
+
+
+Me llamo Teodoro, y fuí amanuense en el Ministerio de la Gobernación.
+
+En aquel tiempo vivía yo en la travesía de la Concepción, número 106, en
+la casa de huéspedes de doña Augusta, la espléndida doña Augusta, viuda
+del comandante Marques. Tenía dos compañeros: Cabritilla, empleado en la
+administración del barrio central, tieso, y amarillo como una vela de
+entierro y el petulante teniente Conceiro, hábil tocador de viola
+francesa.
+
+Mi existencia se deslizaba equilibrada y tranquila. Toda la semana
+sentado ante el pupitre de mi negociado, trazaba en una hermosa letra
+cursiva, sobre el papel de oficio del Estado, estas frases hechas:
+«Ilmo. y Excmo. Sr.: Tengo la honra de comunicar a V.E... Tengo el
+honor de poner en conocimiento de V.I. etc., etc.»
+
+Los domingos descansaba. Instalado entonces en el canapé del comedor, la
+pipa entre los dientes, admiraba a doña Augusta, que, los días de
+fiesta, solía limpiar con clara de huevo la caspa al teniente Conceiro.
+Esta hora, sobre todo en verano, era deliciosa. Por las ventanas
+entreabiertas penetraba el vaho cálido y soñoliento de la solanera,
+algún lejano repique de las campanas de la Concepción Nueva, y el
+arrullo de las tórtolas que se enamoran en las barandas.
+
+El monótono susurro de las moscas se balanceaba sobre el viejo tul,
+antiguo velo nupcial de la señora de Marques, que cubría ahora, en el
+aparador, los platos de cerezas. Poco a poco, el teniente, envuelto en
+un paño de afeitar, como un ídolo en su manto, adormecíase, bajo la
+fricción suave de las cariñosas manos de doña Augusta... Yo, entonces,
+enternecido, decía a la amable señora:
+
+--¡Ay, doña Augusta, es usted un ángel!
+
+Ella, siempre me llamaba «el encanijado». Yo sonreía sin escandalizarme.
+«El encanijado» era efectivamente el nombre que me daban en casa, por
+ser delgado, entrar en todas partes con el pie derecho, asustarme de los
+ratones, tener en la cabecera de mi cama una estampa de Nuestra Señora
+de los Dolores, que perteneció a mi madre, y andar un tanto corcovado.
+Sí, era desgraciadamente corcovado, por lo mucho que doblé el espinazo,
+retrocediendo asustado delante de los señores profesores, o inclinando
+la frente ante jefes y directores generales. Esta actitud de respeto es
+conveniente al covachuelista, mantiene la disciplina en un Estado bien
+organizado, y me garantizaba el descanso de los domingos y días
+festivos, el uso de alguna ropa blanca y veinticinco duros al mes.
+
+No puedo negar, a pesar de todo, que yo no tuviese ambiciones, como lo
+reconocían sagazmente la viuda de Marques y el pedante de Conceiro. No
+agitaba mi pecho el apetito heróico de dirigir, desde lo alto de un
+trono, vastos rebaños humanos; pero sí me abrasaba el deseo de poder
+comer en el Hotel Central, con champagne, apretar la mano de mimosas
+vizcondesas, y, por lo menos, dos veces a la semana, dormir, en un
+éxtasis mudo, sobre el fresco seno de Venus. ¡Oh, elegantes que os
+dirigíais vivamente a San Carlos abrigados en costosos paletots,
+luciendo la blanca corbata de «soirée!» ¡Oh, carruajes llenos de mujeres
+vestidas a la andaluza, rodando gallardamente hacia los toros, cuántas
+veces me hicísteis suspirar! Porque la certidumbre de mis veinticinco
+duros mensuales y mi gesto encogido de encanijado, me excluían para
+siempre de aquellas alegrías sociales, y venía entonces a herir mi
+pecho, como flecha que se clava en un tronco y queda mucho tiempo
+vibrando.
+
+Aun así, yo nunca llegué a considerarme un paria. La vida humilde tiene
+sus dulzuras: es grato, en una mañana de sol alegre, con la servilleta
+al cuello, delante de un bistek con patatas, desdoblar el «Diario de las
+Noticias;» durante las tardes de verano, en los bancos gratuitos del
+paseo, se gozan suavidades de idilio; y es sabroso, de noche, en
+Martiño, mientras se toma a sorbos el café, oir a los charlatanes
+injuriar a la patria.
+
+Además, nunca fuí excesivamente desgraciado, porque no tengo
+imaginación; no me consumía rodando en torno de paraísos ficticios,
+nacidos de mi propia alma deseosa, como las nubes de la evaporación de
+un lago; no suspiraba mirando las lúcidas estrellas, por un amor
+espiritual a lo Romero o por una gloria humana a lo Camoens.
+
+Soy muy positivista. Sólo aspiraba a lo racional, a lo tangible, a lo
+que era alcanzado por otros en mi barrio, a lo que es accesible a un
+bachiller. Y me iba resignando como quien ante una «table d' hôtel»
+mastica la corteza de pan seco en espera del rico plato de la «Charlotte
+russe». Las felicidades habían de llegar; y, para apresarlas, yo hacía
+todo lo que me era posible como portugués y como constitucional; se las
+pedía todas las noches a Nuestra Señora de los Dolores y compraba
+décimos de la lotería.
+
+Entretanto procuraba distraerme. Y como las circunvoluciones de mi
+cerebro no me habilitaban para componer odas a la manera de tantos
+otros que, a mi lado, se desquitaban así del tedio que la profesión les
+producía; como mi escaso sueldo, apenas suficiente para pagar la casa y
+el tabaco, no me permitía ningún vicio, había tomado el hábito discreto
+de comprar en la feria de Sadra libros antiguos desencuadernados, y por
+la noche, en mi cuarto, me entretenía con esas curiosas lecturas. Eran,
+siempre, obras de títulos sugestivos: «Galera de la inocencia», «Espejo
+milagroso», «Tristeza de los desheredados...» ¡El tipo venerable, el
+papel amarillento, la grave encuadernación frailuna, la cintita verde
+marcando la página, todo esto me encantaba! Después, aquellos relatos
+ingenuos en letra gorda inundaban de paz todo mi sér, produciéndome una
+sensación comparable a la calma penetrante de una vieja cerca de un
+monasterio, en la quebradura de un valle, a la hora del crepúsculo,
+oyendo correr el agua muy triste...
+
+Una noche, hace años, empecé a leer en uno de esos vetustos infolios, un
+capítulo titulado «Brecha de las almas;» e iba cayendo en una soñolencia
+grata, cuando este período singular se destacó del tono neutro y
+apagado de la página, como el relieve de una medalla de oro nuevo
+brillando sobre un tapete obscuro: copio textualmente:
+
+«En el fondo de la China existe un Mandarín más rico que todos los reyes
+de que nos habla la Fábula o la Historia. De él nada conoces, ni el
+nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que tú heredes
+sus bienes inenarrables, basta con que toques esa campanilla, puesta a
+tu lado, sobre un libro. El exhalará entonces un suspiro, en los lejanos
+confines de la Mongolia. Será un cadáver: y tú verás a tus pies más oro
+del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres
+hombre mortal, ¿tocarás la campanilla?»
+
+Permanecí asombrado ante la página abierta: aquella interrogación
+«hombre mortal, ¿tocarás tú la campanilla?» aunque me parecía burlona y
+picaresca, me turbaba prodigiosamente. Quise leer más; pero las líneas
+huían ondulando como sierpes asustadas, y en el vacío que dejaban, de
+una lividez de pergamino, volvía a brillar la interpelación extraña:
+«¿Tocarás tú la campanilla?»
+
+Si el volumen hubiese sido de una moderna edición Michel Levy, de
+cubierta amarilla, yo, que no me hallaba perdido en la floresta de una
+balada alemana, y podía ver desde mi cuarto blanquear a la luz del gas
+el correaje de la patrulla, hubiera cerrado el libro, disipando así la
+nerviosa alucinación. Mas aquel sombrío infolio parecía exhalar magia;
+cada letra afectaba la inquietante configuración de esos signos de la
+vieja Kábala, que encierran un atributo fatídico; las comas tenían el
+retorcido petulante de rabos de diablillos, entrevistos a la luz blanca
+de la luna; en el punto de interrogación final veía el pavoroso gancho
+con que el Tentador caza las almas que adormecieron, sin refugiarse en
+la inviolable ciudadela de la Oración.
+
+Una influencia sobrenatural se apoderó de mí, arrebatándome fuera de la
+realidad y del raciocinio; y en mi espíritu se fueron formando dos
+visiones: de un lado un Mandarín decrépito, muriendo sin dolor, lejos,
+en un kiosco chino, al «tilín-tín» de mi campanilla; ¡y de otro toda
+una montaña de oro brillando a mis pies! Esto era tan claro que hasta
+veía los ojos oblícuos del viejo empañarse, como cubiertos de una ténue
+capa de polvo; y sentía el sonido metálico del dinero rodando a mis
+plantas. Inmóvil, horrorizado, clavaba ardientemente los ojos en la
+campanilla, puesta delante de mí, sobre un diccionario francés, la
+campanilla prevista, citada en el magnífico infolio.
+
+Fué entonces cuando, del otro lado de la mesa, una voz insinuante y
+cristalina, me dijo misteriosamente:
+
+--Vamos, Teodoro, amigo mío, sé fuerte, extiende la mano y toca la
+campanilla.
+
+La pantalla verde de la vela esparcía una penumbra en derredor. Me
+levanté temblando. Y vi, pacíficamente sentado a mi lado, un individuo
+corpulento, todo vestido de luto, con sombrero de copa, las manos
+enguantadas de negro, apoyadas en el puño de un paraguas. No tenía nada
+de fantástico. Parecía tan corriente, como si viviese del mísero sueldo
+de un empleo... su originalidad estaba en su rostro, sin barba, de
+líneas fuertes y duras, la nariz brusca, presentaba la expresión rapaz
+y amenazadora de un pico de águila: el corte firme y acentuado de sus
+labios daba a su boca una expresión maligna; los ojos, al fijarse,
+semejaban los encendidos fulgores de un disparo, salido súbitamente de
+entre las zarzas tenebrosas del entrecejo fruncido; era lívido, mas, por
+su piel, corrían a veces radiaciones sanguíneas, como en un viejo mármol
+fenicio.
+
+De pronto me asaltó la idea de que mi visitante fuese el demonio en
+persona, pero luego, mi raciocinio se sublevó resueltamente contra esta
+suposición. Yo nunca creí en el diablo, como nunca tuve fe en Dios.
+Jamás lo dije en voz alta ni lo escribí en los periódicos para no
+descontentar a los Poderes públicos encargados de mantener el respeto
+hacia tales entidades: mas yo nunca creí que existiesen estos dos
+personajes, viejos como la substancia, rivales bonachones, que se pasan
+la vida haciéndose mútuas y amables perrerías, uno de barbas nevadas y
+túnica azul, vestido como el antiguo Zoroastro y habitando las alturas
+luminosas, en medio de una corte más complicada que la de Luis XIV; y el
+otro malhumorado y mañoso, ornado de cuernos, viviendo entre las
+llamas, imitación ridícula y burguesa del pintoresco Plutón. ¡No, no
+creo! Cielo e infierno son concepciones sociales para uso de la plebe, y
+yo pertenezco a la clase media. Rezo, es verdad, a Nuestra Señora de los
+Dolores, porque, así como pedí una recomendación para licenciarme; así
+como, para obtener mis veinticinco duros, imploré la benevolencia del
+diputado; igualmente, para sustraerme de la tisis, de las anginas, de la
+navaja del chulo, de la cáscara de naranja escurridiza donde puede uno
+resbalar y romperse una pierna y de otros accidentes, necesito tener una
+protección sobrehumana. El hombre prudente debe ir haciendo una serie de
+sabias adulaciones desde la Universidad hasta el paraíso. Con un
+compadre en el barrio, y una comadre mística en las alturas, el porvenir
+del licenciado está seguro.
+
+Por eso, libre de torpes supersticiones, dije familiarmente al individuo
+vestido de negro:
+
+--¿Realmente me aconsejas que toque la campanilla?
+
+El desconocido se levantó un poco el sombrero, descubriendo la frente
+estrecha y respondió, palabra por palabra:
+
+--He aquí tu caso, estimable Teodoro: ¡Veinticinco duros mensuales es
+una vergüenza social! Hay en este mundo cosas prodigiosas; vinos de
+Borgoña, como por ejemplo el «Romanée-Conti» del 58 y «Chambertín» del
+61, que cuesta cada botella, de diez a once duros, y el que bebe la
+primera copa, no vacila en asesinar a su padre, por beber la segunda...
+Fabrícanse en París y en Londres carruajes de tan suaves muelles, tan
+suaves forros y airosas ruedas, que es preferible recorrer en ellos el
+Campo Grande, a viajar, como los antiguos dioses, por el cielo, sobre
+los fofos cojines de las nubes. No haré a tu cultura la ofensa de
+informarte que se amueblan hoy las casas con un estilo y un «confort»
+tan admirables que superan a ese regalo ficticio, llamado en otro tiempo
+Bienaventuranzas. No te hablaré, Teodoro, de otros goces terrenales,
+como, por ejemplo: el Teatro Real, el baile, el café Inglés... Sólo
+llamaré tu atención sobre este hecho... Existen seres que se llaman
+mujeres. Estos seres, Teodoro, en mi tiempo, en la tercera página de la
+Biblia, apenas usaban exteriormente una «hoja de parra». Hoy son toda
+una sinfonía, todo un engañoso y delicado poema de encajes, batistas,
+sedas, flores, joyas, cachemires, gasas y terciopelos. Comprende la
+satisfacción inenarrable que sentirán los cinco dedos de un cristiano
+recorriendo y palpando esas maravillas; más también has de percibir, que
+con una pieza de cinco céntimos, no se pagan las cuentas de esos
+serafines... Ellas poseen cosas mejores: cabellos color de oro o color
+de tinieblas, resumiendo así en sus trenzas la apariencia emblemática de
+las dos grandes tentaciones humanas: el hambre del metal precioso y el
+conocimiento del absoluto trascendente. Y aún tienen más: brazos
+marmóreos, frescos como rosas salpicadas de rocío; senos sobre los
+cuales el gran Praxíteles modeló su copa, que es la línea más pura y más
+ideal de la antigüedad... Los senos, en otra era, en la idea de ese
+ingenuo anciano que los formó, que fabricó el mundo, y de quien una
+enemistad secular me veda pronunciar el nombre, eran destinados a la
+nutrición augusta de la humanidad; hoy, ninguna madre racional los
+expone a esa función deterioradora y severa, sirven sólo para
+resplandecer entre encajes a la luz de las «soirées» y para otros usos
+secretos. Las conveniencias me impiden proseguir en esta exposición
+radiante de bellezas, que constituye el Fatal Femenino... Del resto, ya
+hablaremos más tarde. Todas estas cosas, Teodoro, están más allá de tus
+veinticinco duros mensuales... Confiesa, al menos, que estas palabras
+tienen el venerable sello de la verdad.
+
+Yo murmuré con las fauces abrasadas:
+
+--¡Cierto!
+
+Y su voz prosiguió paciente y suave:
+
+--¿Qué me dices de veinte o veinticinco millones de pesetas? Bien sé que
+es una bagatela... más, en fin, constituye un comienzo; son una ligera
+habilitación para conquistar la felicidad. Ahora reflexiona sobre esto:
+El Mandarín, ese Mandarín del fondo de la China, es un viejo decrépito y
+gotoso. Como hombre, como funcionario del Celeste imperio, es más
+inútil a Pekín y a la humanidad, que un pedrisco en la boca de un perro
+hambriento. Mas la transformación de la substancia existe: te la
+garantizo yo, que sé el secreto de las cosas. Porque la tierra es así:
+recoge aquí un hombre podrido y lo restituye allá, en el conjunto de sus
+formas, como vegetal vigoroso. Bien puede ser que él, inútil como
+Mandarín en el Imperio del Sol, vaya a ser útil en otra tierra como
+odorante rosa o sabroso repollo. Matar, hijo mío, es casi equilibrar las
+necesidades universales. Eliminar en una parte el exceso para suplir en
+otra la falta. Penétrate bien en estas sólidas filosofías. Una pobre
+costurera de Londres ansía ver florecer en su ventana un tiesto lleno de
+tierra negra; una flor daría consuelo a aquella desheredada; mas en la
+disposición de los seres, por desgracia, en ese momento, la substancia
+que allá debía ser rosa, es aquí un hombre de Estado... Viene entonces
+el chulo de navaja y hiere al estadista; la puñalada le descarga los
+intestinos; lo entierran: la materia comienza a desorganizarse, mézclase
+a la vasta evolución de los átomos, y el superfluo hombre de gobierno
+va a alegrar, bajo la forma de una flor a una rubia costurera. El
+asesino es un filántropo. Déjame resumir, Teodoro; la muerte de ese
+viejo Mandarín idiota, ¡trae a tu bolsillo algunos millones de pesetas!
+Puedes desde ese momento dar un puntapié a los Poderes públicos: ¡medita
+en lo intenso de este gusto! Y desde luego serás citado en los
+periódicos, ¡a qué mayor gloria puede aspirar un sér humano! Y todo eso
+con sólo agarrar la campanilla y hacer «tilín-tín». Yo no soy un
+bárbaro: comprendo la repugnancia de un caballejo en asesinar a un
+semejante suyo; la sangre ensucia vergonzosamente los puños de la
+camisa, y siempre es repulsiva la agonía de un cuerpo humano. Mas en
+este caso, ninguno de esos torpes espectáculos... Es como quien llama a
+un criado... Y son veinte o veinticinco millones de pesetas, no
+recuerdo bien, pero los tengo anotados en mis apuntes. No dudes de mí,
+Teodoro. Soy un caballero; lo probé, cuando, haciendo la guerra a un
+tirano en la primera insurrección de la justicia, me ví precipitado
+desde las alturas. Tu imaginación no lo puede concebir... ¡Una caída
+espantosa, mi querido amigo! Grandes disgustos.
+
+Lo que me consuela es que el «Otro» está también muy alicaído, porque,
+amigo mío, cuando un Jehová tiene contra sí a un Lucifer, quítase este
+estorbo enviando contra el rebelde una legión de Arcángeles; mas cuando
+el enemigo es el hombre armado de una pluma de pato y un cuaderno de
+papel blanco, está perdido... En fin, son veinte millones de pesetas.
+Vamos, Teodoro, ahí tienes la campanilla, ¡sé un hombre!
+
+Calló el enlutado caballero.
+
+Yo bien sé lo que se debe a sí mismo un cristiano. Si este personaje me
+hubiese llevado a la cumbre de una montaña en Palestina, en una noche de
+luna llena, y desde allí, mostrándome ciudades, razas e imperios
+adormecidos, me hubiera dicho sombríamente: «Mata al Mandarín, y todo lo
+que ves en valles y colinas será tuyo», yo le habría replicado,
+siguiendo un ejemplo ilustre, con la mano levantada hacia las
+inmensidades consteladas. «¡Mi reino no es de este mundo!»
+
+Conozco bien mis autores. Mas eran veinte millones de pesetas, ofrecidos
+a la luz de una vela de esperma, en la travesía de la Concepción, por un
+sujeto de sombrero de copa, apoyado en un paraguas.
+
+Entonces no dudé. Y con mano firme repiqué la campanilla. Fué tal vez
+una ilusión; mas parecióme que una campana de boca tan ancha como el
+cielo, repicaba en la obscuridad, a través del Universo, con un són
+temeroso que ciertamente iría a despertar soles que dormían y planetas
+panzudos.
+
+El extraño individuo llevó un dedo al párpado, y limpiando una lágrima
+que nublaba su ojo rutilante, exclamó:
+
+--¡Pobre Ti-Chin-Fú!
+
+--¿Murió?
+
+--Estaba en su jardín, sosegadamente, armando, para lanzarlo al aire, un
+papagayo de papel, pasatiempo honesto de un Mandarín jubilado, cuando le
+sorprendió ese «tilín-tín» de la campanilla. Ahora yace a orillas de un
+arroyo susurrante, vestido de seda amarilla, muerto sobre la hierba
+verde, con la panza al aire, y en sus manos frías tiene su papagayo de
+papel, que parece tan muerto como él. Mañana son los funerales. ¡Que la
+sabiduría de Confucio, inspirándole, ayude a emigrar su alma!
+
+Y el buen sujeto, levantándose, se quitó respetuosamente el sombrero, y
+salió, con el paraguas debajo del brazo.
+
+Entonces, al sentir cerrar la puerta, me pareció despertar de una
+pesadilla. Salté al corredor. Una voz jovial hablaba con la señora de
+Marques; y la cancela de la escalera cerróse sutilmente.
+
+--¿Quién acaba de salir ahora, doña Augusta?--pregunté sudoroso.
+
+--Cabritilla que va a la oficina...
+
+Volví a mi cuarto: todo reposaba tranquilo, idéntico, real. El infolio
+estaba aún abierto por la página temerosa. Volví a leerla, y ahora me
+pareció la prosa anticuada de un moralista cansado; cada palabra se
+había vuelto como un carbón apagado.
+
+Me acosté y soñé que estaba lejos, más allá de Pekín, en las fronteras
+de Tartaria, en el kiosco de un convento de Lamas, oyendo máximas
+prudentes y suaves que brotaban como un aroma fino de té, de los labios
+de un Buda vivo.
+
+
+
+
+II
+
+
+Transcurrió un mes.
+
+Yo, en tanto, continué, rutinario y triste poniendo diariamente mi
+hermosa letra cursiva al servicio del Estado, y admirando, los domingos,
+la pericia con que la espléndida doña Augusta limpiaba la caspa al
+teniente Conceiro. Era cosa evidente para mí que aquella noche, dormido,
+leyendo sobre el infolio, había soñado con una «Tentación de la Montaña»
+bajo formas familiares. Instintivamente, sin embargo, me fui preocupando
+de la China. Leía los telegramas de los periódicos buscando siempre los
+que se referían a cosas del Celeste Imperio; mas nada pasaba entonces en
+la región de las razas amarillas... La «Agencia Havas» sólo
+telegrafiaba sobre la Herzegovina, la Bosnia, la Bulgaria y otras
+curiosidades bárbaras.
+
+Poco a poco fuí olvidando mi episodio fantasmagórico; y al mismo tiempo,
+como gradualmente mi espíritu se serenaba, volvían a él las antiguas
+ambiciones que lo habitaron: un nombramiento de Director General, el
+seno amoroso de Lola, bisteks más tiernos que los de doña Augusta. Mas
+tales regalos me parecían tan inaccesibles, tan fuera de la realidad,
+como los propios millones del Mandarín. Y por el monótono desierto de la
+vida, allá fué marchando la lenta caravana de mis melancolías.
+
+Un domingo de Agosto, de mañana, dormitaba en la cama, en mangas de
+camisa, con el cigarro apagado entre los labios, cuando la puerta se
+abrió suavemente y entreabriendo los párpados adormilados, ví inclinarse
+a mi lado una calva respetuosa. Y luego una voz perturbada murmuró:
+
+--¿El señor Teodoro? ¿El señor Teodoro, del Ministerio de la
+Gobernación?
+
+Me levanté lentamente sobre mi cama, y, respondí bostezando:
+
+--¡Soy yo, caballero!
+
+El individuo inclinó el espinazo, como a presencia del Rey Bobo se
+arquean los cortesanos. Era pequeño y gordo: venerables lentes de oro
+relucían en su faz bonachona, que parecía la personificación del Orden.
+
+Todo tembloroso, balbuceó azorado:
+
+--¡Traigo noticias para su señoría! Noticias de considerable
+importancia. Mi nombre es Silvestre... Silvestre Juliano y C.ª...
+Un criado servicial de vuestra excelencia... Llegaron en el correo de
+Southampton... Nosotros somos Corresponsales de Traigand, y C.ª de
+Hong-Kong.
+
+El hombre calvo sofocóse; y agitando nerviosamente en su gruesa mano un
+sobre repleto, con un sello de lacre, negro, prosiguió:
+
+--Vuestra excelencia debe de estar prevenido. Nosotros no lo
+estábamos... El azoramiento es natural... Lo que esperamos es que nos
+conserve su confianza. Vuestra excelencia es en esta tierra una flor de
+virtud, espejo de bondad. Aquí están los primeros cheques sobre Bhering
+and Brothers de Londres... Letras a treinta días sobre Rothschild.
+
+A este nombre, resonante como el mismo oro, salté velozmente del lecho.
+
+--¿Qué es eso, señor?--grité.
+
+Y él, gritando mas, blandiendo el sobre, alzado sobre la punta de las
+botas, exclamó:
+
+--¡Son ciento veinte millones de pesetas sobre Londres, París, Hamburgo
+y Amsterdán, en letras a su favor! ¡A su favor, excelentísimo señor!
+¡Por casas de Hong-Kong, de Shang-Hai y de Cantón, de la herencia del
+Mandarín Ti-Chin-Fú!
+
+Sentí temblar el mundo bajo mis pies y cerré un momento los ojos. Mas de
+pronto, comprendí que yo era desde aquel momento como una encarnación de
+lo sobrenatural, recibiendo de ella mi fuerza y sus atributos. No podía
+considerarme como un hombre, rebajándome con explicaciones humanas. Para
+no interrumpir la línea hierática de mi indiferencia, me abstuve de ir a
+sollozar de alegría, como me lo pedía el alma, sobre el vasto seno de la
+viuda de Marques.
+
+De ahora en adelante ostentaría la impasibilidad de un Dios o de un
+Demonio; me calcé con naturalidad y dije a Silvestre Juliano y C.º
+estas palabras:
+
+--Está bien. ¡El Mandarín! Ese Mandarín se portó conmigo como un
+caballero. Ya sé de lo que se trata. Es una cuestión de familia. Deje
+ahí los papeles. Buenos días, Silvestre, Juliano y C.º.
+
+Y se retiró, retrocediendo, con el cuerpo inclinado respetuosamente.
+
+Entonces abrí de par en par la ventana, y, asomando la cabeza, respiré
+el aire cálido, como un corzo cansado.
+
+Después miré hacia abajo, hacia la calle, donde la burguesía, saliendo
+de misa pululaba entre dos filas de carruajes. Mis ojos se fijaban,
+inconscientes, ora en las joyas de las mujeres, ora en los brillantes
+metales de los arreos. Y de repente la idea de mi grandeza me llenó de
+satisfacción. ¡Todos aquellos carruajes podrían ser míos! Ninguna de las
+mujeres que veía, dejaría de ofrecerme su seno desnudo, a la menor
+indicación de un caprichoso deseo. Todos aquellos hombres de levita y
+guantes negros se postrarían delante de mí como ante un Cristo, un
+Mahoma o un Buda, si yo arrojase sobre ellos un puñado de cheques de
+mis ciento veinte millones de pesetas sobre los principales Bancos de
+Europa.
+
+Me apoyé en la baranda y reí viendo la agitación efímera de aquella
+humanidad subalterna que se consideraba libre y fuerte, mientras allá
+arriba, en la habitación de un cuarto piso, yo tenía en la mano, en un
+sobre lacrado, el principio de su flaqueza y de su esclavitud.
+
+Entonces, satisfacciones del Lujo, regalos del Amor, orgullos del Poder,
+todo, todo lo gocé con la imaginación, en un instante y en un solo
+sorbo. Mas luego una gran saciedad me fué invadiendo el alma, y
+sintiendo el mundo a mis pies, bostecé como un león harto.
+
+¿De qué me servían por fin tantos millones, sino para traerme, día por
+día, la desoladora afirmación de la vileza humana?
+
+¡Y así, al choque de tanto oro iba desapareciendo ante mis ojos, como
+humo, la belleza moral del Universo! Se apoderó de mí una inmensa
+tristeza mística. Caí sobre una silla, y con el rostro, entre las manos,
+lloré copiosamente.
+
+Al poco tiempo la viuda de Marques abrió la puerta, toda vestida de seda
+negra.
+
+--¡Le estarán esperando para comer!
+
+Salí de mi amargura para responderle secamente:
+
+--Yo no como.
+
+--¡Más quedará!
+
+En aquel momento estallaban cohetes a lo lejos. Me acordé de que era
+domingo, día de toros; de repente una visión brilló, relampagueando,
+atrayéndome deliciosamente: era la corrida vista desde un palco, después
+de una comida con champagne, ¡y a la noche una orgía como una divina y
+suprema iniciación! Corrí a la mesa. Llené mi cartera de letras sobre
+Londres. Descendí a la calle con el furor de un buitre que hiende el
+aire en busca de su presa. Pasaba un carruaje vacío. Le detuve gritando:
+
+--¡A los toros!
+
+--¡Son diez reales, mi amo!
+
+Introduje la mano en la cartera cargada de millones y saqué las monedas
+que tenía: 75 céntimos...
+
+El cochero fustigó el anca de la yegua y siguió refunfuñando. Yo
+balbuceé:
+
+--Tengo letras... ¡Aquí están! Tengo letras sobre Londres, sobre
+Hamburgo...
+
+--No sirven...
+
+¡Setenta y cinco céntimos!... Y corrida, cena de lord, andaluzas
+desnudas, todo este sueño expiró como una pompa de jabón dentro de mi
+alma.
+
+Odié a la humanidad. Otro carruaje atestado de gente alegre, por poco me
+atropella.
+
+Cabizbajo, cargado de millones sobre Rothschild, volví a mi cuarto piso.
+Pedí perdón a doña Augusta, aceptando humildemente la comida que se
+dignó servirme; y pasé esta primera noche de riqueza, bostezando sobre
+el lecho solitario, mientras fuera, el alegre Conceiro, el mezquino
+teniente con veinte duros de sueldo mensuales, reía con la viola un
+alegre «fado».
+
+ * * * * *
+
+A la mañana siguiente, mientras me afeitaban, reflexioné sobre el origen
+de mi riqueza. Era evidentemente sobrenatural y sospechoso.
+
+Mas como mi racionalismo me impedía atribuir estos tesoros imprevistos a
+la generosidad de Dios o del Diablo, ficciones puramente escolásticas;
+como los fragmentos del positivismo que constituían el fondo de mi
+filosofía, no me permitían la indignación de «las causas primarias, de
+los orígenes esenciales», pronto me decidí a aceptar el fenómeno y a
+utilizarlo con largueza. Por lo tanto, corrí atropelladamente al «Londón
+Brasilian Bank».
+
+Allí arrojé por el enrejado un cheque sobre el «Banco de Inglaterra», de
+mil libras, gritando esta deliciosa palabra:
+
+--¡En oro!
+
+Un cajero me respondió con dulzura:
+
+--Tal vez le fuese más cómodo en billetes...
+
+Respondí sécamente:
+
+--¡En oro!
+
+Llené mis bolsillos; y en la calle tomé un coche. Me sentí
+extremadamente gordo; tenía en la boca sabor de oro y una sequedad de
+polvo de oro en la piel de las manos; las paredes de las casas parecían
+brillar como largas láminas de oro, y dentro de mi cerebro rodaba un mar
+de ondas de oro.
+
+Abandonado a la oscilación de los muelles, rebotando como un ordre mal
+seguro, dejaba caer sobre la calle la mirada torva de mis ojos llenos de
+amargura. En fin, tirando el sombrero sobre la nuca, estirando la
+pierna, empinando el vientre, bostecé formidablemente.
+
+Mucho tiempo rodé así por la ciudad, bestializado en un goce de Nabab.
+
+Súbitamente, un brusco apetito de gastar, de disipar oro, vino a llenar
+mi pecho como una ventolina que hincha una vela.
+
+--¡Pára, animal!--grité al cochero.
+
+El coche se paró. Miré a mi alrededor, con los párpados entornados,
+buscando un objeto caro que comprar: joya de reina o conciencia de
+estadista; nada ví, y precipitadamente entré entonces en un estanco.
+
+--¡Cigarros! ¡de peseta! ¡de diez reales!
+
+--¿Cuántos?--preguntó servilmente el estanquero.
+
+--¡Todos!--respondí brutalmente.
+
+A la puerta, una pobre enlutada, con el hijo encogido en el seno, me
+extendió su mano transparente.
+
+No hallando una sola pieza de cobre entre mis bolsillos cargados de oro,
+la rechazé con impaciencia, y con el sombrero echado sobre los ojos, me
+metí entre la turba.
+
+Fué entonces cuando ví, adelantándose, la poderosa figura del Director
+General; inmediatamente me hallé con el dorso curvado y el sombrero
+cumplimentador en la mano. Era el hábito de dependencia; mis millones no
+me habían dado aún la verticalidad de la espina dorsal.
+
+En casa desparramé el oro sobre el lecho y me revolqué en él mucho
+tiempo, gruñendo sordamente.
+
+La torre de al lado dió las tres; y el sol descendía llevándose consigo
+mi primer día de opulencia. Entonces, acorazado de libras, ¡corrí a
+divertirme!
+
+¡Ah, qué día! Comí en un gabinete del Hotel Central, solitario y
+egoísta, con la mesa atestada de botellas de Burdeos, Borgoña,
+Champagne, Rhin, licores de todas las comunidades religiosas... ¡como si
+quisiera saciar de una vez la sed de treinta años! Después,
+tambaleándome, entré en un lupanar. ¡Qué noche! La alborada clareó
+detrás de las persianas y me encontré reclinado en un diván, exhausto y
+semidesnudo, sintiendo el cuerpo y el alma desvanecerse, disolverse en
+aquel ambiente tibio donde erraba un olor suave de polvos de arroz, de
+hembras y de punch.
+
+Cuando volví a la travesía de la Concepción, las ventanas de mi cuarto
+estaban cerradas, y la vela expiraba con resplandores lívidos, en su
+palmatoria de latón. Entonces, al llegar junto a la cama, ví una cosa
+horrible; estirado, a través de la colcha, yacía la figura del Mandarín
+muerto, vestido de seda amarilla, con la coleta suelta, y entre las
+manos, como muerto también, tenía un papagayo de papel.
+
+Abrí desesperadamente la ventana. Todo desapareció y sólo hallé sobre mi
+lecho, un viejo paletó.
+
+
+
+
+III
+
+
+Entonces comenzó mi vida de millonario. Dejé apresuradamente la casa de
+la viuda de Marques, que desde que supo que era rico, me trataba de
+diferente manera sirviéndome ella misma, con su traje de seda de los
+domingos, arroz con leche, y otros platos por el estilo. Compré un
+palacio en Loreto; las magnificencias de mi vivienda, son bien conocidas
+por los indiscretos fotograbados que publicó «La Ilustración Francesa».
+Se hizo famoso en toda Europa mi lecho, de un gusto exhuberante y
+bárbaro, cubierto de placas de oro labrado, y cortinajes de un raro
+brocado negro, donde ondean, bordados en perlas, versos eróticos de
+Cátulo; una lámpara suspendida en el interior derrama su claridad
+láctea y amorosa de una nube de verano.
+
+Mis primeros meses de riqueza los pasé amando, amando con el sincero
+apasionamiento de un inexperto. La había visto, como en una página de
+novela, regando sus claveles en el balcón; se llamaba Cándida, era
+pequeñita y rubia, habitaba una casita cubierta de enredaderas y me
+recordaba por la gracia y por lo airoso de su cintura, todo lo que el
+arte ha creado más fino y frágil: Mimí, Virginia, Julieta... Todas las
+noches, en éxtasis místico caía a sus pies color de jaspe; y por la
+mañana, al despedirme, dejaba en su regazo, algunos billetes de cien
+pesetas. Al principio, ella los rechazaba con rubor, pero después los
+guardaba en su gaveta, llamándome cariñosamente su ángel tutelar.
+
+Un día en que yo andando sigilosamente sobre la espesa alfombra siria,
+entré en su tocador, ella estaba escribiendo, muy pensativa, con un dedo
+en el aire. Al verme, pálida y trémula, escondió el papel que ostentaba
+en tinta roja su monograma. Yo, en un arranque insensato de celos, se
+lo arrebaté. Era la carta, la carta, que, desde la más remota
+antigüedad, la mujer siempre escribe; comenzaba por el indispensable:
+«idolatrado mío», y era por un alférez de policía.
+
+Arranqué aquel amor de mi pecho como una planta venenosa y desconfié
+para siempre de los ángeles rubios que conservan en su mirar azul el
+reflejo de los cielos que atravesaron.
+
+Desde lo alto de mi oro, arrojé sobre la inocencia, el pudor, y otras
+idealizaciones funestas, la diabólica carcajada de Mefistófeles y
+organicé fríamente una existencia animal, grandiosa y cínica.
+
+Al medio día, entraba en mi pila de mármol rosa, donde los perfumes
+derramados daban al agua un tono opaco de leche: después, pajes rubios,
+de manos suaves, me daban fricciones con el ceremonial de quien celebra
+un culto; y envuelto en un «robe-de-chambre» de seda índica, atravesaba
+la galería mirando a mis «Fortunys» y a mis «Curots» entre dos filas
+silenciosas de lacayos, dirigiéndome al comedor, donde, servidos en
+platos de Sévres, azul y oro, humeaban los más suculentos manjares. El
+resto de la mañana lo pasaba en un «boudoir» en que el mobiliario era de
+porcelana fina de Dresde, y la profusión de flores hacían de él un
+verdadero jardín de Armida; allí, reclinado sobre cojines de seda color
+perla, saboreaba el «Diario de las Noticias», mientras lindas mujeres,
+vestidas a la japonesa, refrescaban el aire, agitando abanicos de
+plumas.
+
+Por la tarde, iba a dar una vuelta a pie hasta el puente de las Almas:
+era la hora más pesada del día. La turba abyecta se paraba a contemplar
+los bostezos del Nabab fastidiado.
+
+A veces sentía la nostalgia de mis tiempos de empleado. Entraba en casa,
+y encerrado en la biblioteca, donde el pensamiento de la humanidad
+reposaba olvidado y encuadernado en marroquí, cogía una pluma de pato y
+permanecía horas enteras escribiendo sobre papel de oficio del Estado
+estas frases hechas de otro tiempo:
+
+«Ilmo. y Excmo. Sr.: Tengo la honra de participar a V.E...--Tengo el
+honor de poner en conocimiento de V.I.»
+
+Al comenzar la noche, un criado, para anunciar la comida, hacía resonar
+por los corredores, en su bocina de plata, a la moda gótica, una
+harmonía solemne. Yo, entonces, me levantaba y entraba en el comedor
+majestuoso y solitario. Una multitud de lacayos, con libreas de seda
+negra, servía, en un silencio de sombras que resbalan, las vituallas más
+raras y los vinos más costosos que joyas. Toda la mesa resplandecía de
+flores, luces, cristales y reflejos de oro; y, enroscándose entre las
+pirámides de frutos, mezclado en el humo de los platos, erraba en el
+aire un tedio inenarrable.
+
+Después, reclinado en el fondo del cupé, iba a las «ventanas verdes»
+donde alimentaba, en un jardín, digno de un serrallo, entre
+refinamientos musulmanes, un vivero de hembras, y envuelto en una túnica
+de seda fresca y perfumada, me entregaba a los delirios más
+abominables... Me traían medio muerto a casa, al primer albor de la
+mañana, hacía maquinalmente la señal de la cruz, y, a poco, roncaba
+sonoramente, lívido y sudoroso, como un Tiberio exhausto.
+
+Entre tanto, Lisboa se arrodillaba a mis pies. El patio del palacio
+estaba constantemente invadido por la turba; desde las ventanas de la
+galería contemplaba a veces, en mis horas de fastidio, blanquear las
+pecheras de la aristocracia, negrear las sotanas del clero y relucir el
+sudor de la plebe. Todos venían a suplicar con frase abyecta, una
+pequeña participación en mi riqueza. A veces consentía en recibir a
+algún viejo aristócrata: penetraba en la sala tartamudeando adulaciones,
+rozando casi la alfombra con sus cabellos blancos; e inmediatamente,
+cruzando sobre el pecho las manos de fuertes venas donde corría sangre
+de tres siglos, me ofrecía su hija por esposa o para concubina.
+
+Todos mis conciudadanos me brindaban presentes como un ídolo sobre el
+altar: unos, odas votivas, otros, mi monograma bordado en pelo; algunos,
+chinelas o boquillas, y todos, su conciencia. Si mi mirada amortiguada
+se fijaba casualmente en la calle en alguna mujer, al día siguiente
+recibía una carta en que ella, esposa o prostituta, me regalaba su
+desnudez, su amor, y todas las complacencias de la lascivia.
+
+Los periódicos espoleaban su imaginación para hallar adjetivos dignos
+de mi grandeza; fuí el «sublime señor Teodoro»; llegué a ser el «celeste
+señor Teodoro»; y la «Gaceta», por no ser menos, llamóme el
+«extraceleste señor Teodoro». Delante de mí ninguna cabeza permaneció
+cubierta, usase corona o tiara. Todos los días me ofrecían una
+Presidencia del Consejo de Ministros o la Dirección de una Cofradía,
+ofrecimientos que rechazé siempre con enojo. Poco a poco el rumor de mis
+riquezas pasó las fronteras. «El Fígaro», habló de mí cortesmente; en
+todos sus números me llenaban de elogios; el grotesco inmortal que firma
+«Saint-Genest» me dirigió apóstrofes, pidiendo mi ayuda para salvar a
+Francia; y fué tanta mi popularidad, que todas las Ilustraciones
+extranjeras publicaron a un tiempo los detalles más insignificantes de
+mi vida íntima. Recibí de todas las princesas de Europa cartas con
+sellos heráldicos, exponiéndome por medio de fotografías y documentos la
+forma de sus cuerpos y la antigüedad de sus genealogías. Dos tonterías
+que dije durante aquel año fueron telegrafiadas al universo entero por
+la Agencia Havas; y fuí considerado mucho más ingenioso que Voltaire,
+que Rochefort y que ese mismo entendimiento que se llama «Todo el
+Mundo». Cuando mi vientre indigesto se aliviaba con un sonoro estampido,
+la humanidad lo sabía por conducto de los periódicos. Hice empréstitos a
+los reyes, subsidié guerras civiles, y fuí aclamado por todas las
+repúblicas latinas que ornan el golfo de México.
+
+Y entre tanto, vivía triste...
+
+Siempre que entraba en casa contemplaba horrorizado la misma visión; ya
+atravesada en el umbral de la puerta, ya tendida sobre mi lecho de oro,
+veía una figura extraña, de coleta negra y túnica amarilla, con un
+papagayo de papel entre las manos. ¡Era el Mandarín Ti-Chin-Fú! Yo
+entraba furioso con el puño levantado, pero todo desaparecía como por
+encanto.
+
+Entonces caía anonadado, sudoroso, sobre una poltrona y murmuraba en el
+silencio del cuarto, en donde las velas que ardían en los bruñidos
+candelabros de plata prestaban tonos sangrientos a los rojos damascos:
+
+--¡Es preciso matar a este muerto!
+
+Y todavía no era esta impertinencia de un viejo fantasma panzudo que se
+acomodaba sobre mis muebles, sobre las colchas de mi lecho, lo que más
+me exasperaba.
+
+Mi horror supremo consistía en una idea clavada en mi espíritu como un
+hierro inarrancable: «yo había asesinado a un viejo».
+
+No fué con una cuerda al cuello, según el uso musulmán, ni con veneno en
+una copa de vino de Siracusa a la manera italiana del Renacimiento, ni
+con ninguno de esos métodos clásicos que en la historia de las
+Monarquías han recibido consagraciones augustas, con el puñal
+como Juan II, o con la clava como Carlos IX.
+
+Había eliminado a un sér humano desde lejos con una campanilla. Era
+absurdo, fantástico. Mas no disminuía la trágica negrura del hecho: «Yo
+había asesinado a un viejo».
+
+Poco a poco esta certidumbre se fué petrificando en mi alma, y como una
+columna en un descampado dominó toda mi vida interior, de suerte que,
+por más desviado camino que tomasen mis pensamientos, veían siempre
+negrear en el horizonte aquella memoria acusadora; por más alto que
+levantasen el vuelo mis imaginaciones, terminaban por herirse las alas
+en ese monumento de miseria moral. ¡Ah, por más que se considere la vida
+y la muerte como vanas transformaciones de la substancia, es pavoroso el
+pensamiento que ha de bañarse en sangre caliente! Cuando después de
+comer, mientras a mi lado humeaba el café y yo languidecía, recostado en
+el sofá, en una sensación de plenitud y hartura, elevábase dentro de mí,
+melancólico, como canto que se escapa de una cárcel, un susurro de
+acusaciones.
+
+--¡Miserable, ese bienestar con que te regalas, no volverá a gozarlo el
+venerable Ti-Chin-Fú por tu causa!
+
+En vano yo replicaba a mi conciencia, recordándole la decrepitud del
+Mandarín y su gota incurable. Fecunda en argumentos, gustosa de
+controversia, ella me refutaba con furor:
+
+--Aun cuando en su más pequeña actividad, la vida es un bien supremo;
+¡porque el encanto de ella reside en su principio mismo y no en sus
+manifestaciones!
+
+Yo me revolvía contra este pedantismo retórico de rígido pedagogo.
+Alzaba altivamente la frente, gritándole con arrogancia desesperada:
+
+--¡Pues bien! Yo le he matado... ¿Qué quieres? ¡Tu nombre de conciencia
+no me asusta! Eres apenas una perversión de la sensibilidad nerviosa.
+Puedo eliminarte con un poco de agua de azahar.
+
+Inmediatamente sentía pasar por el alma, con una lentitud de brisa, un
+rumor humilde de murmuraciones irónicas:
+
+--Bien, entonces, come, duerme, báñate y ama.
+
+Yo así lo hacía. Pero luego, las propias sábanas de Holanda de mi lecho,
+tomaban ante mis ojos despavoridos los tonos lívidos de una mortaja; el
+agua perfumada en la que me bañaba se pegaba a mi piel, con la sensación
+espesa de sangre que se coagula; y los pechos desnudos de mis amantes,
+me llenaban de tristeza, como lápidas de mármol que encierran un cuerpo
+muerto. Después me asaltó una amargura mayor.
+
+Comencé a pensar que Ti-Chin-Fú tendría, sin duda, una numerosa familia,
+nietos y biznietos, que, despojados de sus riquezas, mientras yo me
+comía lo suyo en vajilla de Sévres, con una pompa de Sultán perdulario,
+atravesarían en China todos los infiernos tradicionales de la miseria
+humana, los días sin arroz, el cuerpo sin agasajos, la hermosura negada,
+el suelo cenagoso de la calle por lecho.
+
+Comprendí entonces por qué me perseguía la obesa fantasma del viejo
+letrado; y de sus labios cubiertos por los largos pelos blancos de su
+bigote, parecióme oir brotar esta acusación desolada:
+
+--Yo no me lamento por mí, que estaba ya medio muerto; lloro por los
+tristes a quienes arruinaste, y que a estas horas, cuando tú vienes de
+dormir sobre el fresco seno de tus amantes, gimen de hambre, apiñados,
+para luchar con el frío, entre el grupo repugnante de leprosos y
+ladrones en la «Puerta de los Mendigos», ¡allá al pie de las terrazas
+del Templo del Cielo!
+
+¡Oh, tortura espantosa! ¡Tortura realmente oriental! No podía llevarme a
+la boca un pedazo de pan sin recordar a los descendientes de
+Ti-Chin-Fú, pidiendo de comer, como pajarillos sin plumas que abren en
+vano el pico y pían en un nido abandonado.
+
+Si me envolvía en mi gabán de pieles me asaltaba de pronto la visión de
+las desgraciadas señoras, mimadas en otro tiempo por todas las
+comodidades del confort chino, hoy, rojas de frío, vestidas de andrajos
+de viejas sedas, caminando con los pies amoratados por un campo de
+nieve. El techo de ébano de mi palacio me recordaba la familia del
+Mandarín; durmiendo a orillas de los canales, perseguidos por los
+perros; y dentro de mi lujoso cupé me estremecía la idea de largas
+caminatas por caminos encharcados, bajo el duro invierno asiático.
+
+¡Lo que yo sufría! Y en este tiempo la multitud envidiosa poblaba mi
+palacio, comentando las felicidades inaccesibles que en él debían
+habitar.
+
+En fin, reconociendo que la conciencia se agitaba dentro de mí como una
+serpiente irritada, decidí implorar el auxilio de aquel que dicen es
+superior a la Conciencia porque dispone de la Gracia.
+
+¡Desgraciadamente yo no creía en él!... Recurrí, pues, a mi antigua
+divinidad particular, a mi ídolo predilecto, patrona de toda mi familia
+a Nuestra Señora de los Dolores. Y, regiamente pagado, un regimiento de
+curas y canónigos, por las catedrales de la ciudad y por las capillas de
+las aldeas, fué pidiendo a Nuestra Señora de los Dolores que volviese
+sus ojos piadosos hacia mi mal interior... Mas ningún alivio descendió
+de esos cielos inclementes a donde desde hace millares de años se
+dirigen en vano los clamores de la miseria humana.
+
+Entonces, yo mismo me abismé en prácticas piadosas; y Lisboa asistió a
+este espectáculo extraordinario: un rico, un Nabab postrándose
+humildemente al pie de los altares, balbuceando con las manos juntas,
+rezos y plegarias, como si viese en la Oración y en el Cielo algo más
+que una consolación ficticia que inventaron los dueños de todo, para
+contentar a los que no tienen nada. Yo pertenezco a la burguesía y sé
+que si ella muestra a la plebe crédula un paraíso distante, de goces
+inefables, es para apartar la atención de sus cofres repletos y de la
+abundancia de sus sementeras.
+
+Después, más inquieto, hice decir millares de misas, rezadas y cantadas,
+para desagraviar al alma errante de Ti-Chin-Fú. ¡Pueril desvarío de un
+cerebro peninsular! El viejo Mandarín, en clase de Letrado, de miembro
+de la Academia de los Ilan-Lin, colaborador probable del gran Tratado de
+Khou-Truane-Chou, que ya tiene publicados más de setenta y ocho mil
+setecientos treinta volúmenes, era sin duda alguna sectario de la moral
+positivista de Confucio. Nunca había quemado teas perfumadas en honor de
+Buda; y las ceremonias del sacrificio místico debían parecer a su
+abominable alma de gramático y de escéptico, simples pantominas de los
+payasos en el Teatro de Haug-Tung.
+
+Entonces, prelados astutos, con experiencia católica, me dieron un
+consejo admirable: captarme con presentes, flores, brocados y joyas,
+como si fuese a alcanzar los favores de Aspasia; y a la manera de un
+ventrudo banquero que obtiene las complacencias de una bailarina
+regalándola una quinta entre árboles, yo, por una sugestión sacerdotal,
+tenté conseguir la benevolencia de la Madre de los hombres, levantándole
+una catedral toda de mármol blanco.
+
+La abundancia de flores entre los pilares labrados dábanle perspectivas
+de paraíso; la multiplicidad de las luces recordaban magnificencias
+siderales... ¡Dispendios vanos! El fino y erudito cardenal Nani vino de
+Roma a consagrar la iglesia; mas cuando yo aquel día entré a visitar a
+mi divina huésped, lo que vi más allá de las calvas de los celebrantes,
+no fué la Reina de Gracia, rubia, con su túnica azul, sino al viejo
+Mandarín con sus ojos oblícuos y su papagayo entre las manos. Era a él,
+a su blanco bigote de tártaro, a su panza color de oca, a quien todo un
+sacerdocio recamado de oro ofrecía, al roncar del órgano, ¡la eternidad
+de las Alabanzas!
+
+Entonces, pensando que Lisboa y el medio adormecido en que me movía,
+eran favorables al desenvolvimiento de estas imaginaciones, partí, viajé
+modestamente, sin pompa, con un baul y un lacayo.
+
+Visité, en su orden clásico, París, la banal Suiza, Londres y los lagos
+taciturnos de Escocia; levanté mi tienda delante de las murallas
+exangélicas de Jerusalén; y desde Alejandría a Tebas recorrí ese largo
+Egipto monumental y triste como el corredor de un mausoleo.
+
+Conocí el mareo de los buques, la monotonía de las ruinas, las
+desilusiones del «boulevard»; y mi mal interior iba creciendo.
+
+Ahora, ya no era sólo la amargura de haber despojado a una familia
+venerable; asaltábame el remordimiento de haber privado a la sociedad de
+un personaje fundamental, un letrado perito, columna del Orden, apoyo de
+las instituciones. No se puede arrancar a un Estado una personalidad que
+vale veinte millones de pesetas sin perturbar su equilibrio. Esta idea
+era mi desesperación. Quise saber si verdaderamente la desaparición de
+Ti-Chin-Fú fué funesta a la decrépita China; leí todos los periódicos de
+Hong-Kong y Shang-Hai, velé noches enteras sobre historias de viajes,
+consulté sabios misioneros; y artículos, hombres, libros, todo me
+hablaba de la decadencia del Celeste Imperio: ¡provincias arruinadas,
+ciudades moribundas, plebes hambrientas, pestes y rebeliones, templos
+en ruinas, leyes sin autoridad, la descomposición de un mundo, como una
+nave encallada que el mar deshace tabla por tabla!
+
+¡Y yo me creía el causante de las desgracias de la sociedad china! En mi
+espíritu enfermo, Ti-Chin-Fú tomaba entonces el valor desproporcionado
+de un César, de un Moisés, de uno de esos seres providenciales que son
+la fuerza de una raza. Yo le dí muerte, y con él murió la vitalidad de
+su patria. Su vasto cerebro tal vez hubiese salvado los rasgos geniales
+de aquella vieja monarquía asiática, y yo inmovilizé su acción creadora.
+Su fortuna hubiera podido reforzar el Erario, y yo la estaba disipando
+entre fiestas y prostitutas... ¡Amigos, conocí el remordimiento inmenso,
+colosal, de haber arruinado un Imperio!
+
+Para olvidar este complicado tormento, me entregué a la orgía. Me
+instalé en un palacio de la avenida de los Campos Elíseos, y fuí
+terrible. Daba fiestas a lo Trimalción; y, en las horas más ásperas de
+la furia libertina, cuando entre la música de las charangas, entre el
+estridor brutal de los cobres, rompían el «can-cán», cuando prostitutas
+de seno desnudo, cantaban coplas canallescas; cuando mis convidados
+bohemios, ateos de cervecería, injuriaban a Dios, con la copa de
+champagne levantada, yo, poseído súbitamente como Helio y Abalo, de un
+furor de bestialidad, de un odio inmenso contra lo Pensante y lo
+Consciente, me tiraba al suelo a cuatro patas y me ponía a rebuznar
+imitando al burro.
+
+Después quise descender más; confundirme con la plebe, conocer las
+torpezas alcohólicas de la taberna; y muchas veces, vestido de blusa,
+con la gorra echada hacia atrás, del brazo de «Mes-Bottes o
+Bibi-la-Gaillarde», entre un tropel de borrachos, fuí tambaleándome por
+los «boulevares» exteriores, cantando con voz ronca:
+
+ «¡Allons, enfants de la patrie-e-e!...
+ Le jour de gloire est arrivé-e-e...»
+
+Una mañana, después de estos excesos, a la hora en que en las tinieblas
+del alma del borracho se alza una vaga aurora espiritual, nació, de
+repente, la idea de partir para la China. Y como soldados adormecidos en
+el campamento, que al són del clarín se levantan y uno a uno se van
+juntando y formando en columna, otras ideas se fueron reuniendo en mi
+espíritu, alineándose en formidable formación. Marcharía a Pekín;
+descubriría la familia de Ti-Chin-Fú; casándome con una de las señoras,
+legitimaría la posesión de mis millones; daría a aquella casa letrada su
+antigua prosperidad; para calmar el espíritu irritado del Mandarín
+celebraría pomposos funerales; iría por las provincias miserables
+distribuyendo arroz y donativos; y una vez obtenido del emperador el
+botón de cristal que ostentan los Mandarines, substituiría a la
+personalidad del Ti-Chin-Fú, pudiendo así restituir legalmente a su
+patria, sino la autoridad de su saber, al menos la fuerza de su oro.
+
+Todo esto, a veces, me parecía un programa indefinido, nebuloso, pueril
+e idealista. Mas el deseo de esta aventura original y épica, acababa por
+convencerme, arrastrándome como a las hojas secas los remolinos del
+viento. Suspiré anhelante por pisar la tierra de China. Después de
+largos preparativos aligerados a peso de oro, una noche, por fin, partí
+para Marsella. Había alquilado un buque entero: «El Ceilán». Y a la
+mañana siguiente, por un mar azul-prusia, bajo el vuelo blanco de las
+gaviotas, cuando los primeros rayos del sol ruborizaban las torres de
+Nuestra Señora de la Guardia, puse proa hacia Oriente.
+
+
+
+
+IV
+
+
+«El Ceilán» tuvo un viaje monótono y lleno de calma hasta Shang-Hai.
+Desde allí subimos por el río Azul hasta Tien-Tsin en un pequeño
+«steamer» de la Compañía Russal. Yo no iba a visitar la China con esa
+curiosidad ociosa de turista; todo el paisaje de aquella provincia,
+semejante al de un vaso de porcelana, de un tono azulado y vaporoso, con
+colinitas peladas y de tiempo en tiempo un arbusto solitario, no me hizo
+salir de mi sombría indiferencia.
+
+Cuando el capitán del «steamer», un yanki imprudente, de hocico de
+cerdo, al pasar por Nankin, me propuso ir a recorrer las monumentales
+ruinas de la vieja ciudad de porcelana, yo rechazé la proposición con un
+seco movimiento de cabeza, sin levantar los ojos tristes de la
+tranquila corriente del río.
+
+¡Qué pesados e insoportables me parecieron los días de navegación de
+Tien-Tsin a Tung-Chou, en barcos chatos que apestaban como el olor y
+suciedad de los remeros; ora a través de las tierras bajas inundadas por
+el Pei-hó, ora a lo largo de pálidos e infinitos arrozales; cruzando
+aquí una lúgubre aldea de loma negra, allá un campo cubierto de flores
+amarillas, topando a cada momento con cadáveres de mendigos, hinchados y
+verdosos, que descendían al fondo del agua, bajo un cielo fosco y bajo!
+
+En Tung-Chou quedé sorprendido al ver la escolta de cosacos que mandaba
+a mi encuentro el viejo general Camilloff, heróico oficial de las
+campañas del Asia Central, y entonces embajador de Rusia en Pekín. Me
+habían recomendado a él como un sér precioso y raro. El lenguaraz
+intérprete Sa-Tó, que el general había mandado para ponerse a mi
+servicio, me explicó que las cartas del sello imperial anunciando mi
+llegada, se habían recibido hacía tiempo por conducto de los correos de
+la cancillería que atraviesan la Siberia en trineos, desciende sobre
+los lomos del camello hasta la Gran Muralla tártara, y entregan allí su
+maleta a esos corredores mongólicos, vestidos de cuero escarlata, que
+noche y día galopan hacia Pekín.
+
+Camilloff me enviaba un «poney» de la Mandchuria, enjaezado de seda, y
+una tarjeta de visita con estas palabras escritas con lápiz bajo su
+nombre: «¡Salud! ¡El caballo es blando de boca!»
+
+Monté el «poney»; y a un «¡hurra!» de los cosacos, entre la heróica
+agitación de las lanzas, partimos a galope por la polvorienta planicie,
+porque ya la tarde declinaba, y las puertas de Pekín se cierran apenas
+el último rayo de sol huye de las torres del Templo del Cielo. Al
+principio seguimos un camino, formado por el tránsito de las caravanas,
+atravesado por enormes losas de mármol arrancadas de la antigua Vía
+Imperial. Después pasamos el puente de Palitas. Corrimos a la orilla de
+canales de agua negra; comenzaron a aparecer pomares y aldeas anidadas
+al pie de una pagoda, y de repente, en un recodo del camino, me paré
+asombrado.
+
+¡Pekín estaba delante de mí! Es una vasta muralla, monumental y bárbara,
+de un negro obscuro, extendida hasta perderse de vista, y destacándose
+con la arquitectura babilónica de sus puertas de techos curvos, sobre el
+fondo sangriento de la púrpura del sol poniente.
+
+A lo largo, hacia el norte, en medio de una nube rojiza, veíase, como
+suspendidas en el aire, las montañas de Mongolia.
+
+Una rica litera me esperaba a la puerta de Ung-Tsen-Men, para conducirme
+a través de Pekín, hasta la residencia militar de Camilloff. Ahora, la
+muralla, vista de cerca, parecía levantarse hasta los cielos con todo el
+horror de una construcción bíblica.
+
+En su base se apiñaba una confusión de barracas, feria exótica, donde
+pululaba una multitud rumorosa, y la luz de las linternas oscilantes
+salpicaba el crepúsculo de vagas manchas sangrientas. Los toldos blancos
+parecían al pie del negro muro bandadas de mariposas inmóviles.
+
+Una gran tristeza se apoderó de mi alma. Entré en la litera, y cerrando
+las cortinas de seda escarlata bordadas de oro, escoltado por los
+cosacos, penetré en la vieja Pekín, por su puerta babélica, en medio de
+una turba tumultuosa, entre carretas, caballeros mongólicos armados de
+flechas, bonzos de túnica blanca, marchando uno a uno, y largas filas de
+dromedarios balanceando cadenciosamente su carga.
+
+Al poco rato la litera se paró. El respetuoso Sa-Tó, descorrió las
+cortinas y me hallé en un jardín obscuro y silencioso, donde, entre
+sicomoros seculares, kioscos iluminados, brillaban con una luz suave,
+como colosales linternas perdidas en la selva. Los surtidores y las
+fuentes murmuraban en la sombra. Bajo un peristilo formado de maderos
+pintados de rojo, iluminado por hileras de faroles de papel
+transparente, me esperaba una membruda figura de bigotes blancos,
+apoyada en un grueso sable. Era el general Camilloff. Al adelantarme
+hacia él, lo hacía con el paso inquieto de las gacelas que, asustadas,
+huyen sin ruido entre los árboles.
+
+El viejo héroe me apretó un momento contra su pecho y me condujo luego,
+según los usos chinos, al baño de la hospitalidad, una vasta pila de
+porcelana, donde entre rodajas finas de limón sobrenadaban esponjas
+blancas despidiendo un fuerte olor a lilas.
+
+Poco después, la luna bañaba deliciosamente los jardines; y yo, muy
+fresco, de corbata blanca, entraba del brazo de Camilloff en el
+«boudoir» de la generala. Era alta y rubia, tenía los ojos verdes de las
+sirenas de Homero; en el descote bajo de su vestido de seda llevaba
+prendida una rosa blanca; y en los dedos, que yo besé respetuosamente,
+erraba un perfume fino de sándalo y de té.
+
+Hablamos mucho de Europa, del nihilismo, de Zola, de León XIII, y de la
+delgadez de Sarah.
+
+Por la galería abierta penetraba un aire cálido que trascendía a
+heliotropo. Después la dama se sentó al piano, y con su voz de contralto
+rompió el silencio melancólico de la ciudad tártara, cantando las
+picantes arias de «Madame Javart» y las melodías fatigosas del «Rey de
+Lahore».
+
+Al día siguiente, encerrado con el general en uno de los dos kioscos del
+jardín, le conté mi lamentable historia y los motivos fabulosos que me
+impulsaron a venir a Pekín. El héroe me escuchaba silencioso,
+retorciéndose sombríamente su espeso bigote de cosaco.
+
+--¿Sabe usted el idioma chino?--me preguntó de repente, clavando en mí
+sus pupilas sagaces.
+
+--Sé dos palabras importantes, mi general: «Mandarín» y «Té».
+
+El héroe se pasó la mano de gruesos tendones sobre la horrible cicatriz
+que le cruzaba la calva:
+
+--«Mandarín», amigo mío, no es palabra china y nadie la entiende en este
+país. Es el nombre que en el siglo XVI, los navegantes de su patria, de
+su hermosa patria...
+
+--Cuando nosotros teníamos navegantes...--murmuré suspirando. Mi
+interlocutor suspiró también, por cortesía, y continuó:
+
+--...Que sus navegantes dieron a los funcionarios chinos. Viene de su
+verbo, de su lindo verbo...
+
+--Cuando teníamos verbos...--interrumpí yo, por esa costumbre
+instintiva en los peninsulares de hablar mal de la patria.
+
+El general entornó un momento sus ojos redondos de viejo astuto y
+prosiguió paciente y grave:
+
+--De su lindo verbo mandar...» Le queda, por lo tanto, una palabra,
+«té». Es un vocablo que tiene gran importancia en la vida china, más lo
+creo insuficiente para servir en todas las relaciones sociales. Mi
+querido huésped pretende casarse con una señora de la familia de
+Ti-Chin-Fú, continuar la gran influencia que ejercía el Mandarín y
+substituir, doméstica y socialmente a ese llorado difunto... Para todo
+eso dispone de la palabra «té». Es poco.
+
+No pude negar que era poco. El venerable ruso, frunciendo su nariz de
+pico de milano, me opuso aún otras objeciones que yo veía levantarse
+ante mi deseo como las murallas mismas de Pekín; ninguna señora de la
+familia de Ti-Chin-Fú consentiría en casarse con un extranjero; y sería
+imposible, absolutamente imposible, que el emperador, el Hijo del Sol,
+concediese a un extraño los honores privilegiados de un Mandarín.
+
+--¿Por qué me los negaría?--exclamé.--Yo pertenezco a una distinguida
+familia de la provincia del Miño. Soy licenciado, por lo tanto, en China
+como en Coimbra, soy letrado. He pertenecido a una oficina del
+Estado... Poseo millones. Tengo la experiencia del estilo
+administrativo...
+
+El general se iba inclinando respetuosamente ante la abundancia de mis
+atributos.
+
+--No es--dijo al fin--que el emperador realmente lo rechaze; es que el
+individuo que lo propusiese, sería inmediatamente decapitado. La ley
+china, en este punto, es explícita y severa.
+
+Bajé la cabeza abrumado.
+
+--Mas, general--murmuró,--yo quiero librarme de la presencia odiosa del
+viejo Ti-Chin-Fú y de su papagayo... Si yo entregase la mitad de mis
+millones al tesoro chino, ya que no me es dado personalmente, como
+Mandarín, aplicarlos a la prosperidad del Estado, tal vez Ti-Chin-Fú se
+calmase.
+
+El general puso paternalmente su ancha mano sobre mi hombro.
+
+--Error, considerable error, joven. Esos millones nunca llegarían al
+Tesoro imperial. Se quedarían en los bolsillos insondables de las clases
+directoras; serían disipados en plantar jardines, coleccionar
+porcelanas, alfombrar salones y vestir de seda a las concubinas: no
+alimentarían una sola piedra de los caminos públicos... Irían a
+enriquecer la orgía asiática. El alma de Ti-Chin-Fú debe conocer bien el
+Imperio, y eso no le satisfaría.
+
+--¿Y si yo emplease parte de la fortuna del viejo en hacer
+particularmente, como filántropo, largas distribuciones de arroz al
+populacho hambriento? Es una idea.
+
+--Funesta--dijo el general, frunciendo horriblemente el entrecejo.--La
+corte imperial vería en esto una ambición política, un plan para ganar
+el favor de la plebe, un peligro para la dinastía... Mi buen amigo
+sería decapitado... Es grave...
+
+--¡Maldición!--grité.--¿Entonces para qué he venido a la China?
+
+El diplomático se encogió de hombros; mas luego mostró en una sonrisa
+maliciosa sus dientes amarillentos de cosaco:
+
+--Haga una cosa. Busque a la familia de Ti-Chin-Fú.
+
+Y añadió:
+
+--Yo indagaré del primer ministro, su excelencia el príncipe Tong, donde
+pára esa familia tan interesante; después reúnalos usted, y arrójeles
+una o dos docenas de millones; organice para el difunto unos funerales
+de gran ceremonia con un séquito de una legua de largo, filas de bonzos,
+todo un mundo de estandartes, palanquines, lanzas, plumas, pendones
+encarnados y, por último, legiones de plañideras lanzando gritos
+lamentables. Si después de todo su conciencia no se adormece y el
+fantasma insiste...
+
+--¿Entonces?
+
+--Entonces mataos.
+
+--Muchas gracias, mi general.
+
+ * * * * *
+
+Una cosa, sin embargo, era evidente y en ello estuvieron de acuerdo
+Camilloff, el respetuoso Sa-Tó y la generala, que para tratar a la
+familia de Ti-Chin-Fú, formar en el séquito de los funerales y, en una
+palabra, introducirme en la vida de Pekín, era preciso, desde luego,
+vestirme con un traje conforme a las maneras y al ceremonial de los
+mandarines.
+
+Mi faz amarillenta y mi largo bigote caído, favorecían el plan. Y cuando
+a la mañana siguiente, después de haber regateado con los sastres de la
+calle Cha-Cona, entré en la sala tapizada de seda escarlata, donde ya
+brillaba la vajilla del almuerzo sobre la mesa de hule negro, la
+generala retrocedió como si apareciese el propio Tong-Tché, Hijo del
+Cielo.
+
+Yo ostentaba una túnica de brocado azul obscuro abotonada a un lado, con
+el peto ricamente bordado de dragones y flores de oro, encima de una
+sobrevesta de seda de un tono azul más claro, corta, amplia y fofa; las
+calzas, de satén color de avellana, descubrían ricas babuchas amarillas,
+pespunteadas de perlas y un poco de la media sembrada de estrellitas
+obscuras, y a la cintura, en una linda faja recamada llevaba metido un
+abanico de bambú, de los que ostenta el retrato del filósofo La-o-Tsé, y
+son fabricados en Lwatón; y por esas misteriosas correlaciones con que
+el vestido influye en el carácter, yo sentía ya dentro de mí ideas e
+instintos chinescos; el amor a los ceremoniales meticulosos, el respeto
+burocrático a las fórmulas, un abyecto terror hacia el emperador, el
+odio a lo extranjero, el culto por los antepasados, el fanatismo de la
+tradición, el gusto por las cosas azucaradas.
+
+Alma y vientre eran por completo de un Mandarín. Así es que no dije a la
+generala:
+
+«Bon jour, madame», sino que, doblado por la cintura, haciendo girar los
+puños cerrados sobre la frente, baja, hice gravemente el «chinchín».
+
+--¡Está usted adorable, precioso!--decía ella con su linda sonrisa,
+golpeando las manos diminutas y pálidas.
+
+En honor de mi nueva encarnación, habían preparado aquella mañana un
+almuerzo chino. ¡Qué gentiles servilletas de papel de seda escarlata con
+monstruos fabulosos dibujados en negro! La comida dió comienzo por
+ostras de Ning-Pó. ¡Excelentes! Me sorbí dos docenas con verdadero
+regalo oriental. Después sirvieron deliciosas fibras de aletas de
+tiburón, ojos de carnero con picado de ajo, un plato de nenúfares en
+compota, naranjas de Cantón, y, en fin, el arroz tradicional, el arroz
+de los abuelos. Todo esto con la ayuda de unas cuantas botellas de
+excelente vino de Chao-Chigné. Y, en fin, con qué gozo saboreé mi taza
+de té imperial, té de la primera cosecha de marzo, cosecha única que es
+celebrada como un rito santo por las manos puras de las vírgenes.
+
+Entraron dos cantadoras, mientras nosotros fumábamos, y durante largo
+tiempo, entonaron con una modulación gutural viejas cántigas de los
+tiempos de la dinastía Ming al són de guitarras forradas de piel de
+serpiente, que dos tártaros, en cuclillas, rasgueaban con una cadencia
+melancólica y bárbara. La China tiene encantos raros.
+
+Después, la rubia generala cantó con gracia, la «Femme a barbe»: y
+cuando el general marchó con su escolta cosaca hacia el Yamen del
+príncipe Tong, a informarse de la residencia de la familia Ti-Chin-Fú,
+yo, repleto y bien dispuesto, salí con Sa-Tó a ver Pekín.
+
+ * * * * *
+
+La vivienda de Camilloff quedaba en la ciudad tártara, en los barrios
+militares y nobles. Reina allí una tranquilidad austera. Las calles
+semejan largos caminos de aldea surcados por las ruedas de los carros; y
+casi siempre se camina pegado a los muros, de donde salen ramas
+horizontales de sicomoros.
+
+A veces, una carreta pasa rápidamente, al trote de un poney mogol, con
+altas ruedas claveteadas de clavos dorados; todo en ella oscila: el
+toldo, las cortinas de seda, los penachos de plumas de los ángulos; y
+dentro se entrevé alguna hermosa dama china, cubierta de brocado claro,
+la cabeza toda llena de flores, haciendo girar en las muñecas dos aros
+de plata con un aire de tedio ceremonioso: Después alguna aristocrática
+litera de mandarín, que koolíes vestidos de azul, con la coleta suelta,
+llevan al trote, encorvados, hacia los Yamens del Estado; precédeles un
+criado que levanta en el aire rollos de seda con inscripciones bordadas,
+insignias de autoridad; y dentro el personaje gordinflón de enormes
+lentes redondos, ojea sus papeles o dormita con el labio caído.
+
+A cada momento nos parábamos para admirar las ricas tiendas con sus
+tabletas verdes de letras doradas sobre fondo negro; los parroquianos,
+en un silencio de iglesia examinan las preciosidades: porcelanas de la
+dinastía Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas, los abanicos
+maravillosos de Swatón; a veces una fresca joven de ojos oblícuos,
+vestida de azul, con amapolas de papel en la cabeza, desdobla algún rico
+brocado delante de algún grueso chino que la contempla beatíficamente
+con los dedos cruzados sobre la panza: al fondo, el mercader, aparatoso
+e inmóvil, escribe sobre tablillas de sándalo, y un perfume suave que
+entristece y perturba, brota de todas las cosas.
+
+¡He aquí las murallas que cercan a la ciudad interdicta, morada santa
+del Emperador! Jóvenes de familias patricias, descienden de la terraza
+de un templo, donde estuvieron adiestrándose en el manejo de la flecha.
+Sa-Tó, me dice sus nombres: forman parte de la guardia selecta, que en
+las ceremonias da escolta al quitasol de seda amarilla con un dragón
+bordado que es el emblema sagrado del Emperador.
+
+Todos ellos cumplimentan profundamente a un viejo de barbas venerables,
+con sobrevesta amarilla, privilegio de los ancianos. Iba hablando solo y
+llevaba en la mano una vara donde se posaban dos pájaros domesticados.
+Era un príncipe del Imperio.
+
+¡Extraños barrios! Mas nada me divertía tanto como ver a cada instante
+en la puerta de un jardín, dos mandarines panzudos que para entrar se
+hacían infinitas zalemas y cortesías, sonriendo, todo un ceremonial
+dogmático, que les hacía oscilar de un modo picaresco sobre las espaldas
+las largas plumas de pavo. Donde quiera que se levantaban los ojos se
+veían siempre enormes cometas de papel, ora en forma de dragones, ora de
+cetáceos o aves fabulosas, llenando el espacio de una inverosímil legión
+de monstruos transparentes y ondeantes.
+
+--¡Sa-Tó, basta de ciudad tártara! Vamos a ver los barrios chinos.
+
+Y allí fuimos, penetrando en la ciudad chinesca por la parte populosa de
+Tchin-Men. Aquí habita la burguesía, los mercaderes y el populacho. Las
+calles alíneanse como una pauta; y en el suelo vetusto y enlotado, hecho
+con inmundicias de cien generaciones, aún se ven algunas de aquellas
+losas de mármol de color de rosa que en otra era, en tiempo de la
+grandeza de Ming, lo cubrían.
+
+Forman las calles, ora terrenos pedregosos donde aúllan manadas de
+perros hambrientos, ora filas de chozas toscas, ora pobres tiendas con
+sus tabletas balanceándose en un asta de hierro.
+
+A lo lejos se alzan los arcos triunfales hechos con barrotes de color de
+púrpura, ligados en lo alto por un tejado oblongo de tejas azules que
+brillan como esmaltes. Una multitud rumorosa y apiñada, donde domina el
+tono pardo y azulado de los trajes, circula sin cesar; el polvo lo
+envuelve todo en una nevada amarilla; un hedor acre se respira en el
+aire; y a cada momento largas caravanas de camellos atraviesan la
+multitud, conducidos por mongoles sombríos vestidos de pieles de
+carnero...
+
+Fuimos hasta los caminos de los puentes sobre los canales, donde
+saltimbanquis semi-desnudos, con máscaras simulando demonios pavorosos,
+hacen destrezas con una picardía bárbara y sutil; y mucho tiempo estuve
+admirando los astrólogos que, vestidos con largas túnicas, adornados con
+dragones de papel, venden ruidosamente horóscopos y consultas de astros.
+¡Oh, ciudad, fabulosa y singular!
+
+De repente se levantó una gritería espantosa. Corrimos; era una cuerda
+de presos, que un soldado, de grandes lentes, empujaba con su quitasol,
+amarrados los unos a los otros por el extremo de la coleta. En aquella
+avenida vi también el cortejo de un funeral de Mandarín, todo ornado de
+oriflamas y banderolas; grupos de hombres fúnebres quemaban papeles en
+braserillos portátiles; mujeres desarrapadas aullaban de dolor
+revolcándose sobre los tapices; después se levantaban, y un koolí,
+vestido de blanco, en señal de luto, les servía el té en un gran plato
+en forma de ave.
+
+Al pasar junto al Templo del Cielo, vi apiñada en una grada una legión
+de mendigos; llevaban por todo indumento un trapo amarrado a la cintura
+con un cordel; las mujeres, con los cabellos cubiertos de viejas flores
+de papel, roían huesos tranquilamente, y los cadáveres de las criaturas
+se pudrían a su lado bajo el vuelo de los moscardones. Más adelante
+encontramos una jaula donde un condenado extendía, a través de los
+barrotes, las manos descarnadas, implorando una limosna... Después
+Sa-Tó, mostróme respetuosamente una plaza estrecha: allí, sobre pilares
+de piedra, se veían pequeñas jaulas conteniendo cabezas de decapitados,
+goteando sangre espesa y negra.
+
+--¡Oh!--exclamé fatigado y aturdido.--Sa-Tó, ahora quiero reposo,
+silencio y un cigarro caro...
+
+El intérprete inclinóse; y por una escalera de granito me llevó a las
+murallas de la ciudad, las cuales forman una explanada que cuatro carros
+de guerra apareados podrían recorrer durante leguas.
+
+Mientras Sa-Tó, sentado en el hueco de una almena, bostezaba en un
+desahogo de «cicerone» fastidiado, yo, fumando, contemplé largo rato, a
+mis pies, la vasta y sagrada Pekín.
+
+Es como una formidable ciudad de la Biblia, Babel o Nínive, que el
+profeta Jonás tardó tres días en atravesar. El grandioso muro cuadrado
+limita los cuatro puntos del horizonte con puertas de torres
+monumentales, que el aire azulado, desde aquella distancia, hace parecer
+transparentes. En la inmensidad de su recinto agloméranse confusamente
+verdores de bosques, lagos artificiales, canales brillantes, puentes de
+mármol, terrenos cubiertos de minas, tejados barnizados relucientes al
+sol; por todas partes se alzan pagodas heráldicas, blancas azoteas de
+templos, arcos triunfales, kioscos saliendo de entre el follaje de los
+jardines; después, espacios que parecen montes de porcelana; y siempre
+a intervalos regulares la mirada encuentra algunos de los bastiones, de
+aspecto heróico y fabuloso.
+
+La multitud, junto a esas edificaciones grandiosas, es apenas como
+granos de arena negra que un viento blando trae y lleva.
+
+Aquí está el vasto palacio imperial, entre arboledas misteriosas, con
+sus tejados de un amarillo de oro muy vivo. ¡Con cuánto gusto penetraría
+en sus secretos y vería desfilar, por las galerías sobrepuestas, la
+magnificencia bárbara de esas dinastías seculares!
+
+A lo lejos se levanta la torre del Templo del Cielo, semejante a tres
+quitasoles sobrepuestos; después la gran columna de los Principios,
+hierática y seca como el genio de la raza, y delante blanquean en una
+media tinta sobrenatural, las terrazas de jaspe del Santuario de la
+Purificación.
+
+Entonces interrogué a Sa-Tó; y su dedo respetuoso fué señalándome el
+Templo de los Antepasados, el Palacio de la Soberana Concordia, el
+pabellón de las Flores de las Letras, el kiosco de los Historiadores,
+brillando, entre los bosques sagrados que los cercan, con sus tejados
+lustrosos, azules, verdes, escarlata y de color de limón. Yo devoraba
+con ojos ávidos aquellos monumentos de la antigüedad asiática, lleno de
+curiosidad por conocer las impenetrables clases que los habitan, el
+principio de las Instituciones, la significación de las inscripciones,
+el espíritu de sus ciencias, la gramática, el dogma y la extraña visa
+interior de un cerebro de letrado chino. Mas ese mundo es inviolable
+como un santuario.
+
+Me senté en la muralla, y mis ojos perdiéronse en la planicie arenosa
+que se extiende más allá de los puestos hasta los contrafuertes de los
+montes mongólicos; allí, airosamente, se arremolinan ondas indefinibles
+de polvo; y a todas horas negrean filas vagarosas de caravanas. Entonces
+invadió a mi alma una melancolía que el silencio de aquellas alturas,
+envolviendo a Pekín, hacía más desolada; era como un cansancio de mí
+mismo, un largo pensar de mi sentir; allí, aislado, absorto en aquel
+mundo duro y bárbaro. Me acordé, con los ojos húmedos, de mi aldea del
+Miño, la venta con un ramo de laurel colgado sobre la puerta, el banco
+del herrador y las riberas fresca y rozagantes cuando verdean los
+linos.
+
+Era la época en que las palomas emigran de Pekín hacia el Sur. Yo las
+veía reunirse en bandadas por encima de mí, partiendo de los bosques, de
+los templos y de los pabellones imperiales; cada una llevaba, para
+librarse de los milanos, una cañita de bambú que el aire hacía silbar, y
+aquellas nubes blancas pasaban como impelidas por una brisa suave,
+dejando en silencio un lento y melancólico suspiro, una ondulación
+célica, que se perdía en los aires pálidos. Volví a casa, lento y
+pensativo.
+
+ * * * * *
+
+En la comida, Camilloff, desdoblando su servilleta, me preguntó mis
+impresiones sobre Pekín.
+
+--Pekín me hace sentir muy bien, mi general, los versos de un poeta
+portugués:
+
+ «Sóbalos ríos que vào
+ por Babylonia me achei...»
+
+--¡Pekín es un monstruo!--dijo Camilloff, haciendo oscilar su calva
+reluciente.--Y ahora considere que en esta capital, a la clase tártara y
+conquistadora que la posee, obedecen trescientos millones de hombres,
+una raza audaz, laboriosa, sufrida, política, invasora. Estudian
+nuestras ciencias... ¿Una copita de Medoc, Teodoro?... ¡Tienen una
+marina formidable! El ejército que en otro tiempo creía destrozar al
+extranjero con dragones de papel de donde salían culebras de fuego,
+¡sigue ahora la táctica prusiana y va armado con fusil de aguja! ¡Grave,
+muy grave!
+
+--Y todavía, mi general, en mi país, cuando a propósito de Macao, se
+habla del Imperio Celeste, los patriotas se pasan los dedos por las
+greñas y dicen negligentemente: «Mandamos allá cincuenta hombres y
+barremos la China».
+
+Después de citar esta sandez, quedamos silenciosos. El general, tosiendo
+formidablemente, murmuró luego, con condescendencia:
+
+--¡Portugal es un bello país!
+
+Yo exclamé con sequedad y firmeza:
+
+--¡Una pocilga, general!
+
+La generala, colocando delicadamente en el borde del plato un alón y
+limpiándose los dedos, dijo:
+
+--Es el país de la canción de Mignon; el hermoso país donde florece la
+naranja.
+
+El gordo Meriskoff, doctor alemán de la Universidad de Bom, canciller de
+la legión, hombre de aficiones poéticas, y gran comentarista, observó
+con respeto:
+
+--Generala, el dulce país de Mignon es Italia: «¿Conoces tú la tierra
+privilegiada donde la naranja da flor?» El divino Goethe se refería a
+Italia, «Italia mater». Italia será el eterno amor de la humanidad
+sensible.
+
+--¡Yo prefiero a Francia!--suspiró la esposa del primer secretario, una
+jovencita pálida de cabello rizado.
+
+--¡Ah, la Francia!--murmuraron algunos comensales, poniendo los ojos en
+blanco.
+
+El gordo Meriskoff agitó los lentes de oro.
+
+--Francia tiene un pero, que es la cuestión social.
+
+--¡Oh, la cuestión social!--murmuró sombríamente Camilloff.
+
+Y conversando con tanta sabiduría, llegamos por fin al café.
+
+Al bajar al jardín, la generala, apoyándose sentimentalmente en mi
+brazo, murmuró, junto a mi oído:
+
+--Ay, ¡quién pudiera vivir en esos palacios apasionados donde verdean
+las naranjas!...
+
+--¡Allí sí que se ama, generala!--le dije en secreto, llevándola
+dulcemente hacia la obscuridad de los sicomoros.
+
+
+
+
+V
+
+
+Fué necesario todo un largo verano para descubrir la provincia donde
+residía el difunto Ti-Chin-Fú.
+
+¡Qué episodio administrativo tan pintoresco, tan chino! El servicial
+Camilloff, que se pasaba el día entero recorriendo los Yamens del
+Estado, tuvo que probar, primero, que el deseo de conocer la morada del
+viejo Mandarín no encubría ninguna conspiración contra la seguridad del
+Imperio, y después fué preciso que jurase que no encerraba esta
+curiosidad un atentado contra los Ritos sagrados. Entonces, satisfecho,
+el príncipe Tong permitió que se hiciese la requisitoria imperial:
+centenares de escribientes palidecieron noche y día, con el pincel en la
+mano, dibujando consultas sobre papel de arroz; misteriosas
+conferencias susurraron insensatamente por todos los distritos de la
+Ciudad Imperial desde el Tribunal Astronómico hasta el Palacio de la
+Bondad Preferida; y un ejército de koolíes transportaba desde la
+legación de Rusia hasta los Kioscos de la Ciudad Interdicta, y de aquí
+al Patio de los Archivos, parihuelas que crugían bajo el peso de los
+legajos de viejos documentos.
+
+Cuando Camilloff preguntaba por el resultado de sus investigaciones, le
+contestaban satisfactoriamente que se estaban consultando los libros
+santos de La-o-Tsé, o que se iban a explorar viejos textos del tiempo de
+Nor-Xa-Chú.
+
+Y para calmar la impaciencia bélica del ruso, el príncipe Tong remitía,
+con estos recados sutiles, algún substancioso presente de confites o
+goma de bambú en caldo de azúcar.
+
+ * * * * *
+
+Mientras el general trabajaba con fervor para encontrar la familia
+Ti-Chin-Fú, yo iba tejiendo horas de seda y oro (así dice un poeta
+japonés) a los pies pequeñitos de la generala. Había un kiosco en el
+jardín, bajo los sicomoros, que se denominaba, al modo chino, el «Reposo
+discreto»; a un lado un arroyo fresco cantaba dulcemente bajo una
+fuentecilla rústica pintada de color de rosa. Las paredes las formaban
+un enrejado de bambú forrado de seda amarilla; el sol, pasando a través
+de ellas, proyectaba una luz sobrenatural de ópalo claro. En el centro,
+un diván de seda blanca, de una poesía de nube matutina, atraía como un
+lecho nupcial. En los rincones, en preciosos jarrones transparentes de
+la época de Yeng, alzábanse, con su esbeltez aristocrática, lirios
+escarlata del Japón. El suelo estaba todo cubierto de esteras finas de
+Nankín y junto a la ventana enrejada, sobre un airoso pedestal de
+sándalo, veíase abierto un abanico formado de varillas de cristal, que
+la brisa, al entrar, hacía vibrar, con modulación melancólica y tierna.
+
+Las montañas de fines de agosto en Pekín, son muy apacibles; ya vaga en
+el aire una calma otoñal; a esa hora, el consejero Mariskoff y los
+oficiales de la legación estaban siempre en la cancillería, despachando
+el correo de San Petersburgo.
+
+Yo, entonces, con el abanico en la mano, pisando sutilmente con la punta
+de las babuchas de satín las calles enarenadas del jardín, iba a
+entreabrir la puerta del «Reposo discreto»:
+
+--¿Mimí?
+
+Y la voz de la generala respondía, suave como un beso:
+
+--«All right...»
+
+¡Qué linda estaba vestida de dama china! En sus cabellos levantados
+albeaban flores raras, y sus cejas parecían más puras y negras avivadas
+con tinta de Nankín. La camisa de gasa bordada, la túnica de filigrana
+de oro, plegábase a sus senos pequeñitos y erectos. Largas y fofas
+calzas de fulard color «cadera de Ninfa», que le daba una gracia propia
+de serrallo, descendían sobre los tobillos finos, cubiertos de sedosas
+medias amarillas. Y apenas tres dedos de mi mano cabían en sus
+chinelitas.
+
+Llamábase Wladimira; nació al pie de Nid-ji-Nowgorod y fué educada por
+una vieja tía que admiraba a Rousseau, leía a Foblas, usaba cabellos
+empolvados, y parecía una basta litografía cosaca de una dama galante de
+Versalles...
+
+El sueño de Wladimira era vivir en París; y mientras hacía hervir
+delicadamente las hojas del té, me rogaba que la contase historias
+picantes de «cohetes», y me confesaba su culto por Dumas, hijo.
+
+Yo le arremangaba la larga manga de la casaca de seda de color de hoja
+muerta, y hacía viajar mis labios devotos por la piel fresca de sus
+bellos brazos; y después, sobre el diván, enlazados, pecho contra
+pecho, en un éxtasis mudo, sentíamos las maravillas de cristal resonar
+eólicamente, las palomas azules arrullarse en los plátanos, y el
+fugitivo ritmo del arroyo murmurador...
+
+Nuestros ojos humedecidos encontraban a veces un cuadro de satín negro
+por cima del diván, donde en caracteres chinos, se desarrollaban
+sentencias del libro sagrado de Li-Nun «sobre los deberes de la esposa».
+Mas ninguno de nosotros entendía el chino... Y en el silencio, nuestros
+besos volvían a comenzar espaciados, sonando dulcemente y comparables
+(en la lengua florida de aquellos países) a perlas que caen, una a una,
+sobre una bandeja de plata... ¡Oh, suaves siestas de los jardines de
+Pekín! ¿Dónde estáis ahora? ¿Dónde estáis, hojas muertas de los lirios
+escarlata del Japón?
+
+ * * * * *
+
+Una mañana Camilloff entró en la cancillería, donde yo fumaba
+amigablemente una pipa en compañía de Mariskoff y tirando su enorme
+sable sobre el canapé, nos contó radiante de alegría, las noticias que
+le había dado el penetrante príncipe Tong. Descubrióse al fin que un
+opulento mandarín, llamado Ti-Chin-Fú, vivía en otro tiempo cerca de los
+confines de la Mongolia, en la villa de Tien-Hó. Había muerto
+súbitamente; y su descendencia residía allá en la miseria, en una choza
+vil.
+
+Este descubrimiento, ciertamente, no fué debido a la burocracia
+imperial; lo hizo un astrólogo del templo de Faguas, que durante veinte
+noches hojeó en el cielo el luminoso archivo de los astros.
+
+--¡Teodoro, ese mandarín es su hombre!--exclamó Camilloff.
+
+Y Mariskoff repitió, sacudiendo la ceniza de la pipa:
+
+--¡Ese es su hombre, Teodoro!
+
+--¡Mi hombre!--murmuré sombríamente.
+
+¡Era tal vez «mi hombre», sí! Mas no me seducía ir a buscar su familia,
+en la monotonía de una caravana, por aquellos desolados rincones de la
+China. Además, desde mi llegada a Pekín, no había vuelto a ver la sombra
+odiosa de Ti-Chin-Fú y su cometa en forma de papagayo.
+
+Mi conciencia reposaba como una paloma adormecida. Por lo visto, el
+esfuerzo supremo de voluntad que tuve que hacer para abandonar las
+dulzuras del boulevard y de Loreto, y surcar los mares hasta el Celeste
+Imperio, parecían a la Eterna Equidad una expiación suficiente y una
+peregrinación reparadora. Y Ti-Chin-Fú, ya calmado, regresaría con su
+papagayo a la sempiterna inmovilidad.
+
+¿Para qué ir a Tien-Hó? ¿Por qué no quedarme allá en aquel amable
+Pekín, comiendo nenúfares en caldo de azúcar, abandonándome a la
+somnolencia amorosa del «Reposo discreto» y yendo por las tardes
+azuladas a dar mi paseo del brazo del buen Mariskoff, por las terrazas
+de jaspe de la Purificación o bajo los cedros del Templo del Cielo?
+
+El celoso Camilloff, con el lápiz en la mano, marcó en el mapa un
+itinerario hacia Tien-Hó. Mostróme en desagradable entrelazamiento,
+sombras de montes, líneas tortuosas de ríos, dibujos ondulados de
+lagunas.
+
+--¡Aquí está! Suba usted hasta Ni-ku-hé, en la margen del Pei-Hó. Desde
+allí en barcos chatos va a My-yun. ¡Buena ciudad! Hay en ella un Buda
+vivo. Desde allí a caballo, sigue hasta la fortaleza de Ché-hia. Pasa la
+gran muralla. ¡Famoso espectáculo! Descansa en el fuerte de Ku-pi-hó.
+¡Allí puede cazar gacelas!... ¡Soberbias gacelas!... Y en dos días de
+camino llega a Tien-Hó. Brillante itinerario. ¿Cuándo quiere partir?
+¿Mañana?
+
+--Mañana--murmuré tristemente.
+
+¡Pobre generala! Aquella noche, mientras Mariskoff, en el fondo de las
+salas, jugaba con tres oficiales de la embajada su «whist» sacramental,
+y Camilloff, reclinado en el sofá, con los brazos cruzados, solemne como
+en una poltrona del Congreso de Viena, dormía con la boca abierta, ella
+se sentó al piano. Yo, a su lado, en la actitud legendaria de un infante
+de Lara, desesperado por la fatalidad, me retorcía lúgubremente el
+bigote. Y la dulce criatura, entre dos gemidos del teclado, de una
+sonata penetrante, cantó volviendo hacia mí sus ojos brillantes y
+húmedos:
+
+ «L'oiseau s'envole,
+ La'bas, la'bas!...
+ L'oiseau s'envole...
+ Ne revient pas...»
+
+--El ave ha de volver al nido!--musité yo enternecido. Y, afanándome por
+esconder una lágrima, salí murmurando furiosamente:
+
+--¡Canalla de Ti-Chin-Fú! ¡Por tu causa! ¡Viejo malandrín!
+
+Al día siguiente salí para Tien-Hó, acompañado de Sa-Tó, el respetuoso
+intérprete, una larga fila de carretas, dos cosacos y todo un pueblo de
+koolíes.
+
+Al dejar la muralla de la ciudad tártara, seguimos mucho tiempo
+caminando entre las cercas de los jardines sagrados que rodean el templo
+de Confucio.
+
+Era el fin de otoño; ya las hojas estaban amarillas; una dulzura suave
+erraba en el aire.
+
+De los kioscos santos salía un susurro de cánticos monótonos y tristes.
+Por las terrazas, enormes serpientes veneradas como dioses, se iban
+arrastrando, ya entorpecidas por el frío. Y aquí y allá, al pasar,
+encontrábamos budistas decrépitos, secos como pergaminos y nudosos como
+raíces, entrecruzados de piernas en el suelo bajo los sicomoros,
+inmóviles como ídolos, contemplándose incesantemente el ombligo en
+espera de la perfección del Nirvana.
+
+Y yo iba pensando con una tristeza tan pálida como aquel cielo asiático
+de octubre, en dos lágrimas redonditas que al partir vi brillar en los
+ojos negros de la generala.
+
+
+
+
+VI
+
+
+La tarde declinaba y el sol descendía bermejo como un escudo de metal
+candente, cuando llegamos a Tien-Hó.
+
+Las negras murallas de la ciudad se alzan al Sur, al pie de un torrente
+que ruge entre rocas. En la parte de Oriente, la planicie lívida y
+polvorienta se extiende hasta un grupo obscuro de colonias donde
+blanquea el ámplio edificio de una Misión católica; y más allá, hacia el
+extremo Norte, se elevan las eternas montañas de la Mongolia, suspensas
+en el aire como nubes.
+
+Nos alojamos en una fétida barraca titulada: «Hospedería de la
+Consolación Terrestre». Me fué reservado el cuarto noble, el principal,
+que se abría sobre una galería formada por estacas. Estaba ornado de
+dragones de papel recortado, sujetos por cordeles de los travesaños del
+techo. Al menor soplo de la brisa, aquella legión de monstruos fabulosos
+oscilan cadenciosamente con un rumor seco de hojarascas, como tomando
+vida sobrenatural y grotesca.
+
+Antes de que oscureciese, fuí acompañado de Sa-Tó a contemplar la
+ciudad, mas pronto tuve que regresar sofocado por el hedor repugnante
+que exhalaban las viviendas. Todo se me figuró ser negro; las chozas, el
+suelo cenagoso, los canes hambrientos y el populacho abyecto. Regresé a
+mi albergue, donde arrieros, mongoles y criaturas piojosas, me miraban
+con asombro.
+
+--Tiene vuestra merced razón. Es mala ralea. Mas no hay peligro; yo
+maté, antes de partir, un gallo negro, y la diosa Kaonine debe estar
+contenta. Podéis dormir al abrigo de los malos espíritus. ¿Quiere,
+vuestra merced, el té?
+
+--Tráelo, Sa-Tó.
+
+Después de bebernos una taza, conversamos largamente sobre el vasto
+plan: a la mañana siguiente llevaría la dicha y la tranquilidad a la
+triste choza de la viuda de Ti-Chin-Fú, anunciándole los millones que le
+regalaba, millones ya depositados en Pekín. Después, de acuerdo con el
+mandarín Gobernador, haríamos una cuantiosa distribución de arroz al
+pueblo, y por la noche habría danzas e iluminaciones, como en una
+solemnidad pública.
+
+--¿Qué te parece, Sa-Tó?
+
+--En los labios de vuestra merced habita la sabiduría de Confucio... ¡Va
+a ser un hermoso espectáculo!
+
+Como venía cansado, bien pronto comencé a bostezar; me tendí sobre el
+lecho, envuelto en mis pieles, hice la señal de la cruz y me dormí
+pensando en los brazos blancos de la generala y en sus ojos verdes de
+sirena.
+
+Sería la media noche, cuando me despertó un rumor lento y sordo que
+envolvía la barraca, como un fuerte viento en una arboleda o una mar
+gruesa batiendo un paredón. Por la galería abierta, la luna entraba en
+el cuarto, una luna triste de otoño asiático, dando a los dragones
+colgados del techo, formas y semejanzas quiméricas.
+
+Me levanté, ya nervioso, cuando una silueta alta e inquieta, apareció a
+la claridad de la luna.
+
+--¡Soy yo, señor!--murmuró la voz despavorida de Sa-Tó.
+
+Y luego, agachándose a mis pies, me contó en un flujo de palabras roncas
+su aflicción: mientras yo dormía se esparció por la ciudad el rumor de
+que un extranjero, el «Diablo extranjero» había llegado con bagajes
+cargados de tesoros... Ya, desde el comienzo de la noche, él había
+entrevisto rostros ansiosos, de ojos voraces, rondando la barraca, como
+chacales impacientes... Y ordenó a los koolíes que atrincherasen la
+puerta con los carros de los bagajes, formados en semicírculo a la
+manera tártara.
+
+Mas poco a poco, el tumulto fué creciendo... Ahora acababa de espiar
+por un postigo, y todo el populacho de Tien-Hó rondaba en torno de la
+hospedería... ¡La diosa Kaonine no se había satisfecho con la sangre del
+gallo negro! Además, él recordaba haber visto en la puerta de una
+pagoda una cabra negra andando hacia atrás. ¡La noche sería
+terrorífica! ¡Y su pobre mujer, el hueso de su hueso, que estaba tan
+lejos, allá en Pekín!
+
+--¿Y ahora, Sa-Tó?--le pregunté.
+
+--Ahora... ¡Vuestra señoría!... Ahora...
+
+Callóse, y su figura escuálida temblaba, agazapándose como un perro que
+se le amenaza con el látigo.
+
+Entonces yo abandoné al cobarde y me adelanté hacia la galería. Abajo,
+el muro fronterizo, proyectaba una sombra fatídica. Allí se apiñaba una
+turba negra.
+
+A veces, una figura, rastreando, se adelantaba en el espacio iluminado;
+espiaba, forcejeaba en las carretas, y al sentir la luz de la luna sobre
+su cara, retrocedía rápidamente, fundiéndose en la obscuridad; y como el
+techo del cobertizo era bajo, brillaba un momento algún hierro de lanza
+inclinado.
+
+--¿Qué queréis, canallas?--rugí en portugués.
+
+A esta voz extranjera, un gruñido salió de las tinieblas; inmediatamente
+una piedra cayó a mi lado, agujereando el papel encerado de la celosía;
+después, una flecha pasó silbando cerca de mí, clavándose en un listón.
+
+Descendí rápidamente a la cocina de la hospedería. Mis kaulíes,
+asustados, batían las mandíbulas de terror; y los dos cosacos que me
+acompañaban, impasibles, fumaban sus pipas con los sables desnudos
+puestos sobre las rodillas.
+
+El viejo hostelero de lentes redondos, una vieja andrajosa que yo había
+visto en el patio echando al aire una cometa de papel, los arrieros
+mongoles, las criaturas piojosas, todos desaparecieron. Sólo quedó un
+viejo bebedor de opio, tumbado en un rincón como un fardo. Fuera se veía
+la multitud que vociferaba.
+
+Interpelé entonces a Sa-Tó, que casi se desmayaba, apoyado en la pared;
+nosotros estábamos sin armas, los dos cosacos solos, no podían rechazar
+el asalto. Era, pues, necesario ir a despintar al Mandarín gobernador,
+revelarle que yo era amigo de Camilloff, un convidado del Príncipe Tong,
+e intimarle a que acudiera a dispersar las turbas y mantener la ley
+santa de la hospitalidad.
+
+Mas Sa-Tó me contestó con voz débil como un soplo, que el gobernador,
+seguramente, era el que estaba dirigiendo el asalto. Desde las
+autoridades hasta los mendigos, la fama de mis riquezas, la leyenda de
+las carretas cargadas de oro, inflamó todos los apetitos. La prudencia
+ordenaba, como un mandamiento santo, que abandonásemos parte de los
+tesoros, las mulas y las cajas de comestibles.
+
+--¿Y vamos a quedarnos aquí, en esta aldea maldita, sin camisas, sin
+dinero y sin comida?
+
+--¡Mas con la rica vida, vuestra señoría!
+
+Cedí y ordené a Sa-Tó que fuese a proponer a la turba una copiosa
+distribución de oro, si ella consentía en regresar a sus casas y
+respetar en nosotros a los huéspedes enviados por Buda.
+
+Sa-Tó subió a la escalera de la galería, todo tembloroso, y empezó a
+arengar a la multitud, braceando, lanzando las palabras con la violencia
+de un can que ladra. Yo había abierto la maleta y le iba entregando
+sacos de monedas, que él arrojaba a puñados sobre la multitud con ademán
+de sembrador... Abajo, a cada lluvia de metales resonaba un tumulto
+furioso; después, un lento suspiro de gula satisfecha; y luego, el
+silencio, la suspensión del que espera más.
+
+--Más--murmuraba ansiosamente Sa-Tó, volviéndose hacia mí.
+
+Yo, indignado, le daba nuevos cartuchos, pilas de monedas de medio real
+envueltas en papel. Ya estaba vacía la maleta... La turba continuaba
+rugiendo insaciable.
+
+--Más ¡vuestra señoría!--suplicó Sa-Tó.
+
+--¡No tengo más, criatura! ¡El resto está en Pekín!
+
+--¡Oh, Buda santo! ¡Perdidos! ¡Perdidos!--exclamó Sa-Tó, doblando las
+rodillas.
+
+El populacho, callado, esperaba aún. De repente, una exhalación salvaje
+rasgó el aire. Y yo sentí aquella masa ávida, arremeter sobre las
+carretas que defendían la puerta, formadas en semicírculo. Al choque
+todo el maderamen de la «Hospedería de la Consolación Terrestre», crugió
+y osciló.
+
+Corrí a la baranda. Abajo bullía un tropel desesperado en torno de los
+carros derribados. Los machetes relucían al caer sobre la tapa de los
+cajones; el cuero de las maletas abríase rasgado por innumerables
+puñales, y bajo el cobertizo los dos cosacos batíanse como héroes. A la
+luz de la luna, veía alrededor del barracón agitar teas. Un alarido
+ronco elevábase, haciendo a lo lejos aullar a los perros; y de todas las
+viviendas desembocaba y corría el populacho, hombres ligeros armados de
+chuzos y hoces curvas.
+
+Súbitamente, oí el tumulto de las turbas que asaltaban la galería,
+buscándome sin duda, creyendo que yo guardaría el mejor de los tesoros,
+piedras preciosas, joyas. El terror me enloqueció. Corrí a la gradería
+de bambú que daba al patio. Rompí la valla, y penetré en la cuadra. Mi
+caballo, preso en las tinieblas relinchaba, tirando furiosamente del
+cabestro. Salté sobre él, sujetándole por las crines.
+
+En este momento, por el postigo de la cocina que había saltado en
+astillas, penetró una horda armada de linternas, lanzas, clamando
+delirante. El caballo, espantado, saltó la valla; una flecha silba a mi
+lado; después, una piedra me da en el hombro, otra en los riñones, otra
+hace blanco en el anca del animal, y otra más gruesa, me rasga la oreja.
+Agarrado desesperadamente a las crines, arqueado, con la sangre goteando
+de la oreja, galopé en una carrera furiosa, a lo largo de una calle
+negra. De repente veo delante de mí la muralla, un bastión, la puerta de
+la ciudad cerrada.
+
+Entonces, alucinado, sintiendo detrás de mí rugir la turba, abandonado
+de todo socorro humano, me acordé de Dios. Creí en él, gritándole que me
+salvase: y mi espíritu iba tumultuosamente recordando, para ofrecerle
+fragmentos de oraciones, de «Salves, Credos», que yacían en el fondo de
+mi memoria. Tras una esquina, a lo lejos, surgió una humareda de teas;
+era la turba. Loco de espanto, apreté los talones a los ijares del
+animal y corrí a lo largo de la muralla que se extendía como una vasta
+cinta negra furiosamente desenrollada. De repente vi una brecha, un
+boquete erizado de espinas y zarazas, y fuera la planicie que bajo la
+luna tenía la apariencia de una gran charca de agua dormida. Lancéme
+hacia allá, sacudiendo con los talones los ijares del potro, y galopé
+mucho tiempo por el descampado.
+
+De repente, el caballo y yo rodamos en un surco blando. Era una laguna;
+mi boca se llenó de agua pútrida, y mis pies se enredaron en las fofas
+raíces de los nenúfares. Cuando me levanté vi al caballo corriendo muy
+lejos, como una sombra, con los estribos al viento.
+
+Entonces comencé a caminar por aquella soledad, enterrándome en el fango
+y cortando a través de matorrales encharcados. La sangre de la oreja
+caía sobre mi hombro; la ropa enlodada se me pegaba a la piel, y a veces
+en la sombra, me pareció ver brillar ojos de fieras.
+
+Más lejos, encontré un cercado de piedras sueltas donde yacían, bajo
+unos arbustos, infinidad de cajas amarillas que los chinos abandonan
+sobre la tierra y donde se pudren los cadáveres. Me senté sobre una caja
+postrado de fatiga; mas un olor abominable flotaba en el aire, y al
+apoyarme sentí la sensación de un líquido viscoso que escurría por las
+hendiduras de las tablas.
+
+Quise huir. Mas las piernas, temblando, se negaron. Los árboles, las
+rocas, las hierbas altas, todo el horizonte comenzó a girar en torno mío
+como un disco muy rápido. Resplandores sanguíneos vibraban delante de
+mis ojos, y me sentí caído desde muy alto, divagando a la manera de una
+pluma que desciende. Cuando recobré el conocimiento estaba sentado sobre
+un banco de piedra, en el banco de un enorme edificio semejante a un
+convento, que el más grave silencio envolvía. Dos padres lazaristas
+lavaban cuidadosamente mi oreja. Un aire fresco circulaba; la garrucha
+de un pozo chirriaba lentamente, y una campana tocaba a maitines.
+Levanté los ojos y ví una fachada blanca con ventanillas enrejadas y una
+cruz en lo alto, y entonces, al contemplar en aquella paz de claustro
+católico como un rincón de la patria recuperada, el abrigo y la
+consolación, de mis párpados cansados rodaron dos lágrimas mudas.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Aquella mañana, dos lazaristas que se dirigían a Tien-Hó, me habían
+encontrado desmayado en el camino. Y como dijo el alegre padre Loriot,
+«era ya tiempo»; porque alrededor de mi cuerpo inmóvil revoloteaba un
+negro semicírculo de esos enormes cuervos de Tartaria, contemplándome
+con gula.
+
+Me trajeron al convento en unas parihuelas, y fué grande el regocijo de
+la comunidad cuando supo que yo era latino, cristiano y súbdito de los
+«Reyes Fidelísimos». El convento forma allí el centro de un pequeño
+pueblo católico, apiñado en torno de la maciza residencia como un
+caserío de siervos, al pie de un castillo feudal. Existe desde los
+primeros misioneros que recorrieron toda la Mandchuria. Porque nos
+hallábamos en los confines de la China. Más allá está la Mongolia, la
+«Tierra de las hierbas», inmenso prado verde obscuro, bordado de flores
+silvestres. Allí se extendía la inmensa planicie de los nómadas. Desde
+mi ventana veía negrear los círculos de las tiendas cubiertas de fieltro
+o de pieles de carnero; y a veces asistía a la partida de una tribu, que
+en filas de largas caravanas llevaba sus rebaños hacia Oeste.
+
+El superior de los lazaristas era el excelente padre Julio.
+
+Su larga permanencia entre las razas amarillas lo habían tornado casi en
+un chino. Cuando yo le encontraba en el claustro con su túnica roja, la
+larga coleta y sus venerables barbas, agitando dulcemente un enorme
+abanico, me parecía algún sabio letrado Mandarín comentando mentalmente,
+en la paz de un templo, el Libro sacro de Chú. Era un santo; mas olía a
+ajo, y este olor apartaba de él a las almas más doloridas y necesitadas
+de consuelo.
+
+¡Conservo suave memoria de los días allí pasados! mi cuarto, encalado de
+blanco, con una cruz negra, tenía un recogimiento de celda. Me
+despertaba siempre al toque de maitines. Por respeto a los viejos
+misioneros, oía misa en la capilla; y me enternecía allí, tan lejos de
+la patria católica, ver a la clara luz de la mañana la casulla del padre
+con su cruz bordada, inclinarse delante del altar y sentir sisear en el
+silencio fosco del santo recinto los «Dominus vobiscum» y los «Et cum
+espíritu tuo».
+
+Por la tarde iba a la escuela a admirar a los niños chinos, declinando
+once horas seguidas. Y, después del refectorio, paseando por el
+claustro, escuchaba historias de lejanas misiones apostólicas, en el
+«País de las hierbas», las prisiones soportadas, las marchas, los
+peligros, en fin, todas las crónicas heróicas de la Fe.
+
+Yo no conté en el convento mis aventuras fantásticas; dije que era un
+«tourista» curioso que recorría, tomando apuntes, el mundo entero. Y
+esperando que mi oreja cicatrizase me abandonaba en una dulce laxitud de
+alma, a aquella paz del monasterio.
+
+Mas estaba decidido a dejar bien pronto la China; ese Imperio bárbaro
+que ahora odiaba terriblemente. Cuando me ponía a pensar que había
+venido de los confines de occidente, para traer a una provincia china la
+abundancia de mis millones, y que, apenas llegué, fuí saqueado y
+apedreado, me agitaba un rencor sordo y pasaba horas enteras en mi
+cuarto, meditando venganzas horribles.
+
+Retirarme con mis millones era lo más práctico y fácil.
+
+Además, mi idea de resucitar, para bien de la China, la personalidad de
+Ti-Chin-Fú, me parecía ahora un absurdo, una insensatez de sueño.
+
+Yo no comprendía las lenguas ni las costumbres, ni las leyes, ni los
+sabios de aquella raza ¿qué iba a hacer allí, sino exponerme por el
+aparato de mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que hace cuarenta y
+tantos siglos que es pirata en los mares y bandido en la tierra?
+
+Ti-Chin-Fú y su cometa continuaban invisibles, remontados ciertamente al
+Cielo Chino de los abuelos, y ya el aplazamiento del remordimiento
+visible hacíame olvidar el deseo de la expiación.
+
+Sin duda el viejo letrado estaba fatigado de dejar sus regiones
+inefables para venir a reclinarse en mis muebles. Vería mis esfuerzos,
+mi deseo de ser útil a su prole, a su provincia y a su raza, y
+satisfecho, se acomodaría lo mejor posible para la eterna siesta. ¡Ya,
+nunca más vería su panza amarilla!
+
+Y entonces me mordía el apetito de marchar, ya libre y tranquilo a gozar
+la alegría de mi oro, al Loreto o los boulevares, sorbiendo la miel de
+las flores de la civilización.
+
+Mas la viuda de Ti-Chin-Fú, las mimosas señoras de su descendencia, los
+nietos pequeñitos... ¿los dejaría bárbaramente morir de hambre y frío en
+las negras viviendas de Tien-Hó? No. Esos no eran culpables de las
+pedradas que me tiró el populacho. Y yo, cristiano, aislado en un templo
+católico, teniendo a la cabecera de mi cama el Evangelio, cercado de
+existencias que eran encarnaciones de la Caridad, no podía partir del
+Imperio sin restituir a aquellos a quienes despojara, la abundancia y
+las comodidades honestas que recomendaba el clásico de la Piedad
+Filial.
+
+Entonces escribí a Camilloff. Le contaba mi abyecta fuga, bajo las
+piedras del populacho; el albergue cristiano que me dieron en la Misión,
+y mi ferviente deseo de partir del Imperio Celeste. Le pedía que
+remitiese a la mujer de Ti-Chin-Fú los millones depositados por mí en
+casa del mercader Tsing-Fó, en la avenida de Cha-Cona, al lado del arco
+triunfal de Tong, junto al templo de la diosa Kaonine.
+
+El alegre padre Loriot, que iba en misión a Pekín, llevó esta carta que
+yo lacré con el sello del convento: una cruz saliendo de un corazón
+inflamado.
+
+Los días pasaban. Las primeras nieves albearon en las montañas
+septentrionales de la Mandchuria, y yo me ocupaba en cazar gacelas en el
+«País de las Hierbas». Horas enérgicas y fuertemente vividas las de esas
+mañanas, cuando yo marchaba, con el aire agreste y sano entre monteros
+mongólicos, que, con un grito ondulado y vibrante, ojeaban los
+matorrales con sus lanzas. A veces una gacela saltaba, y con las orejas
+bajas, estiradas y finas, partía en el filo del viento. Soltábamos el
+halcón que volaba sobre ella con las alas serenas, dándole a espacios
+regulares, con toda la fuerza de su pico curvo, picotazos en el cráneo.
+Y la íbamos a encontrar, por fin, a la orilla de algún charco infecto,
+cubierto de nenúfares. Entonces, los perros negros de Tartaria
+arrojábansele sobre el vientre, y, con las patas entre sangre, y con los
+afilados colmillos le iban descubriendo las entrañas.
+
+Una mañana, el lego de la portería avistó al alegre padre Loriot,
+trepando por el camino ingente del Purgo, con su mochila al hombro y una
+criatura en los brazos; la había encontrado abandonada, desnudita,
+muriéndose a la orilla desolada de un camino. La bautizó después en un
+arroyo con el nombre de Bienhallado, y allí la traía, enternecido,
+apretando el paso, para darle pronto buena leche de las cabras del
+convento.
+
+Después de abrazar a los religiosos y enjugarse gruesas gotas de sudor,
+sacó de los bolsillos del pantalón un sobre con el sello del águila
+rusa.
+
+--Esto es lo que le manda el general Camilloff, amigo Teodoro. Está
+bueno, y la señora también... ¡Todos fuertes!
+
+Corrí a un rincón del claustro a leer los dos plieguecillos. La carta
+decía así:
+
+«Amigo, huésped y estimado Teodoro: A las primeras líneas de su carta
+quedamos consternados. Mas luego las siguientes nos llenaron de alegría,
+al saber que estaba con esos santos padres de la misión cristiana.
+
+»Yo fuí al Yamen Imperial a hacer una severa reclamación al príncipe
+Tong, sobre el escándalo de Tien-Hó.
+
+»Su excelencia mostró un júbilo desordenado. Porque aunque lamenta como
+particular la ofensa, el robo y las pedradas que mi huésped sufrió, como
+ministro del Imperio, ve ahí una dulce oportunidad para exigir a la
+ciudad de Tien-Hó, en concepto de indemnización, y en castigo de la
+injuria hecha a un extranjero, la importante suma de trescientos mil
+francos. Es, como dice Mariskoff, un excelente resultado para el Erario
+imperial y queda así vuestra oreja suficientemente vengada. Aquí,
+comienzan a picar los primeros fríos y ya estamos usando pieles. El
+buen Mariskoff sufre ahora del higado, pero el dolor no altera su
+criterio filosófico ni su sabia verbosidad.
+
+»Tuvimos un grave disgusto: el lindo perrito de la buena señora
+Tagarief, la esposa de nuestro querido secretario, el adorable «Tú-Tú»
+desapareció en la mañana del quince. Hizo la policía averiguaciones
+urgentes, mas «Tú-Tú» no ha parecido, y nuestro sentimiento es mayor
+cuanto es sabido que el populacho de Pekín aprecia extraordinariamente
+estos perritos, guisados en caldo de azúcar. Ha ocurrido un hecho
+abominable y de funestas consecuencias; la embajadora de Francia, esa
+petulante madame Gujón, ese gallo enjuto (como la llama Mariskoff), en
+la última comida de la legación, dió, despreciando todas las reglas
+internacionales, el brazo, su descarnado brazo, y su derecha en la mesa,
+a un súbdito inglés, Lord Gordon. ¿Qué me dice usted de esto? ¿Es
+creíble? ¿Es razonable? ¡Eso es destruir el orden social! ¡El brazo y la
+derecha en la mesa a un súbdito, a un escocés de color de piedra, un
+mono, cuando estaban presentes todos los embajadores, los ministros y
+yo!
+
+»Esto ha causado en el cuerpo diplomático, una sensación inenarrable.
+Esperamos instrucciones de nuestros gobiernos. Como dice Mariskoff,
+moviendo tristemente la cabeza, el asunto es grave--¡muy grave!--Lo que
+prueba (y ninguno lo duda) es que lord Gordon es el Benjamín del «Gallo
+enjuto». ¡Qué asco! ¡qué podredumbre!... La generala no está buena,
+desde que usted partió para esa maldita Tien-Hó; el doctor Pagloff no
+atina con el mal; es una languidez, un marchitamiento, una perenne
+indolencia que la tiene horas enteras inmóvil sobre el sofá, en el
+«Pabellón del Reposo discreto», con la mirada vaga y la boca llena de
+suspiros.
+
+»Yo no me desespero; sé perfectamente el mal que la mina, es una
+afección a la vejiga que contrajo, a consecuencia de las malas aguas,
+durante nuestra estancia en Madrid... ¡Hágase la voluntad del Señor!
+Ella me pide que le salude en su nombre, y desea que cuando llegue usted
+a París, si va a París, le remita por el correo de la Embajada para San
+Petersburgo (de allí vendrá a Pekín) dos docenas de guantes de doce
+botones, número «cinco y tres cuartos», de la marca «Sol», de los
+almacenes del Louvre; así como las últimas novelas de Zola;
+«Mademoiselle de Maupín», de Gautier, y una caja de frascos de
+«Opoponex».
+
+»Me olvidaba decirle que nos hemos mudado de alojamiento; dejamos la
+Embajada francesa para no tener relaciones con el «Gallo enjuto», y
+vivimos ahora en el Palacio de la Legación de Inglaterra. Estos son los
+inconvenientes de no tener la Embajada rusa palacio de su propiedad, a
+pesar de tantas reclamaciones como sobre este asunto tengo hechas a la
+cancillería de San Petersburgo.
+
+»Allí saben perfectamente que en Pekín no hay palacios; que cada
+legación tiene el suyo propio, como importante elemento de instalación y
+de influencia. ¡Mas en la corte del Czar se desatienden los más serios
+intereses de la civilización rusa! Todo lo dicho es lo único nuevo que
+acontece en Pekín y en las legaciones. Recuerdos de Mariskoff, y todos
+los de esta Embajada, y también del condesito Arturo, el Zizí de la
+legación española, en fin, de todos; y yo, muy afectuosamente, le envío
+el testimonio de mi amistad.
+
+ GENERAL CAMILLOFF.»
+
+»P.S.--En cuanto a la viuda y familia de Ti-Chin-Fú hubo un engaño; el
+astrólogo del templo de Jagua se equivocó en su interpretación sideral;
+no es realmente en Tien-Hó donde reside esa familia. Es al Sur de la
+China, en la provincia de Cantón. Mas también hay una familia Ti-Chin-Fú
+más allá de la gran Muralla, casi en la frontera rusa, en el distrito de
+Ka-ó-li. Ambas perdieron el jefe y ambas están en la miseria. Por lo
+tanto, esperando sus nuevas órdenes, no retiré el dinero de casa de
+Tsing-Fó. Esta reciente información me la envió hoy su excelencia el
+príncipe Tong, con un delicioso tarro de compota de exquisitos
+almíbares.
+
+»Debo anunciarle que nuestro buen Sa-Tó apareció hace días de regreso de
+Tien-Hó, con el labio partido y leves contusiones en el hombro, habiendo
+salvado solamente del saqueo una litografía de Nuestra Señora de los
+Dolores, que por la dedicatoria manuscrita veo que perteneció a vuestra
+respetable mamá.
+
+»Mis valientes cosacos se quedaron allá en un pozo de sangre. Su
+excelencia el príncipe Tong me ha ofrecido pagar por cada uno diez mil
+francos, tomados de la suma que, en concepto de indemnización ha
+impuesto a la ciudad de Tien-Hó.
+
+»Sa-Tó me dice que si usted, como es natural, vuelve a empezar sus
+viajes a través de la China en busca de la familia Ti-Chin-Fú, él se
+considera honrado y venturoso en acompañarle, con una fidelidad de perro
+y una docilidad de cosaco.
+
+ CAMILLOFF.»
+
+--¡No! ¡Nunca!--rugí con furor, estrujando la carta y monologando a
+largos pasos por el claustro.--¡No, por Dios o por el demonio! ¿Ir de
+nuevo a recorrer los caminos de la China? ¡Jamás! ¡Oh, suerte grotesca
+y desastrosa! ¡Dejé mi regalada vida del Loreto, mi nido amoroso de
+París, vengo volando como un tordo desde Marsella a Shang-Hai, sufro las
+pulgas de las habitaciones chinas, el hedor de las casas, la polvoreda
+de los caminos áridos ¿para qué? Tenía un plan que se levantaba hasta
+los cielos, grandioso y ornamentado como un trofeo; en él brillaban de
+alto abajo, toda suerte de acciones buenas, y he aquí, que de pronto lo
+veo caer al suelo, pieza tras pieza, convertido en furia!
+
+Quería dar mi nombre, mis millones, y la mitad de mi lecho de oro a una
+señora de la familia de Ti-Chin-Fú, y no me lo permiten los prejuicios
+sociales de una raza bárbara. Pretendo, con el botón de cristal del
+Mandarín, reconstituir los destinos de China, traerle nuevas
+prosperidades, y me lo veda la ley imperial. Aspiro a conceder una
+limosna sin fin a este populacho hambriento, y corro el peligro de ser
+decapitado como instigador de rebeliones. Vengo a socorrer a un pueblo y
+la turba amotinada me apedrea. Iba, en fin, a brindar el reposo, la
+comodidad que alababa Confucio, a la familia Ti-Chin-Fú, y esa familia
+evapórase como el humo, y otras familias surgen aquí y allá vagamente,
+al Sur y al Oeste, como claridades engañosas.
+
+¿Y tenía que ir a Cantón, a Ka-ó-lí, a exponer otra oreja a las piedras
+brutales, huir aún por caminos descampados, agarrado a las crines de un
+potro? ¡Jamás!
+
+Me paré, y con los brazos en alto, hablando a las arcadas del claustro,
+a los árboles, al aire silencioso y frío que me envolvía:
+
+--¡Ti-Chin-Fú--bramé,--Ti-Chin-Fú, para aplacarte hice todo lo que era
+racional, generoso y lógico! ¿Estás, en fin, satisfecho, letrado
+venerable, tú, tu papagayo gentil, y tu panza artificial? ¡Háblame!
+¡Háblame!
+
+Escuché, miré: la garrucha del pozo, en aquella hora del mediodía,
+chirriaba dulcemente en el patio; sobre las moreras, a lo lejos de las
+arcadas, se secaban sobre papel de seda las hojas de té de la cosecha de
+octubre; de las puertas medio cerradas del aula venía un susurro lento
+de declinaciones latinas.
+
+Reinaba una paz severa, producto de la simplicidad de las ocupaciones o
+de la austeridad de los estudios y el aire pastoril de aquella colina,
+donde dormía bajo un sol blanco de invierno, el pueblo religioso. Y en
+aquel sereno ambiente, me pareció que descendía a mi alma, de repente,
+una paz absoluta.
+
+Encendí con los dedos aún trémulos un cigarro, y dije, limpiándome una
+gota de sudor que corría por mi frente, estas palabras, resumen de mi
+destino:
+
+--Bien, Ti-Chin-Fú está contento.
+
+Fuí luego a la celda del excelente padre Julio; leía su breviario cerca
+de la ventana, saboreando confites de azúcar, con el gato del convento
+sobre el hombro.
+
+--Reverendísimo padre, me vuelvo a Europa. ¿Alguno de vuestros
+compañeros va acaso en misión hacia Shang-Hai?
+
+El venerable superior se caló los lentes, y hojeando un ámplio registro
+en letra china, murmuró así:
+
+--Quinto día de la décima luna. Sí, el padre Anacleto va a Tien-Tsin, a
+hacer una novena. Duodécima luna, el padre Sánchez para Tien-Tsin
+también, a explicar el catecismo a los huérfanos. Sí, tendrá compañía
+hasta Leste.
+
+--¿Mañana?
+
+--Mañana. Es dolorosa la separación en estos confines del mundo, cuando
+las almas se comprenden bien en Jesús. El padre Gutiérrez le arreglará
+una buena fiambrera. Nosotros ya le amábamos como a un hermano, mi
+querido Teodoro. Coma un confite, son deliciosos. Las cosas están en
+feliz reposo, cuando se hallan en su lugar natural; el lugar del corazón
+humano es el corazón de Dios, y el suyo está en este asilo seguro. Coma
+otro confite. ¿Qué es eso, hijo mío, qué es eso?
+
+Yo estaba colocando sobre el breviario abierto, en una página del
+Evangelio de la pobreza, un fajo de billetes del «Banco de Inglaterra»,
+y balbuceé:
+
+--Un recuerdo para sus pobres...
+
+--Excelente, excelente... Nuestro buen padre Gutiérrez le preparará una
+fiambrera superior... «Amén», hijo mío. «In Deo omnia spes...»
+
+ * * * * *
+
+Al día siguiente, montado en una mula blanca del convento y acompañado
+del padre Anacleto y el padre Sánchez, descendí del convento al repique
+de las campanas. Y allá vamos, hacia Hiang-Hiano, villa negra y
+amurallada, donde atracan los barcos que descienden de Tien-Tsin.
+
+Ya las tierras a lo largo del Pei-Hó estaban todas blancas de nieve; en
+las ensenadas bajas el agua empezaba ya a helarse, y envuelto en pieles
+de carnero, alrededor de las hogueras, en la popa del barco, los buenos
+padres y yo íbamos conversando de los trabajos de los misioneros, de las
+cosas de la China, y a veces de las cosas del cielo, mientras corría de
+mano en mano el frasco de ginebra.
+
+En Tien-Tsin, me separé de aquellos santos camaradas.
+
+Y después de dos semanas, en un día de sol, me paseaba fumando un
+cigarro y mirando las luchas de perros en el puerto de Hong-Kong, sobre
+la cubierta del «Java»; que iba a levar anclas con rumbo a Europa.
+
+Fué un momento conmovedor para mí, aquel en que a las primeras vueltas
+de la hélice, vi alejarme de la tierra de China.
+
+Desde que desperté, durante aquella mañana, una inquietud sorda
+comenzaba de nuevo a invadir mi alma. Ahora pensaba en que había ido a
+aquel vasto imperio a calmar por la expiación una protesta temerosa de
+la conciencia, y por fin, impelido por una impaciencia nerviosa, partía,
+sin haber hecho más que deshonrar los bigotes blancos de un general
+heróico y haber recibido una pedrada en la oreja en una ciudad de los
+confines de la Mongolia.
+
+--¡Extraño destino el mío!
+
+Hasta el anochecer estuve recostado sombríamente en la borda del buque,
+viendo el mar liso como una vasta pieza de seda azul, doblarse a los
+lados en pliegues suaves; poco a poco grandes estrellas palpitaron en la
+concavidad negra, y la hélice en la sombra iba trabajando rítmicamente.
+Me paseé errante por la cubierta, mirando aquí y allí la brújula
+iluminada, los montones de cabrestantes, las piezas de la máquina
+envueltas en una claridad ardiente, golpeando con cadencia; la humareda
+negra que se elevaba de las chimeneas ennegreciendo el firmamento; los
+marineros de barba rubia inmóviles en sus puestos, y las figuras de los
+pilotos sobre el puntal, altas y sombrías en la noche. En el camarote
+del capitán, un inglés, con blanco casco a la cabeza, rodeado de damas
+que bebían cognac, tocaba melancólicamente en la flauta el aria de
+«Bonnie Dundée».
+
+Eran las once cuando bajé a mi cámara. Las luces ya estaban apagadas;
+mas la luna, que se erguía al nivel del agua, redonda y blanca, hería
+los cristales del camarote con un rayo de claridad, y entonces, medio
+oculta y pálida, ví rígida sobre la hamaca la figura panzuda del
+Mandarín, vestido de seda amarilla con su papagayo entre las manos.
+
+¡Era él otra vez!
+
+Y fué él perpetuamente. Fué él en Singapore y en Ceilán. Fué él en los
+arsenales del desierto, cuando pasamos por el Canal de Suez;
+adelantándose en la proa de un barco mercante, cuando entramos en Malta,
+resbalando sobre las rosadas montañas de Sicilia y emergiendo de los
+mares que cercan el Peñón de Gibraltar. Cuando desembarqué en Lisboa, su
+obesa figura llenaba todo el arco de la calle Angosta, y sus ojos
+oblícuos y los dos ojos pintados de su cometa en figura de papagayo,
+parecían fijos en mí.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Entonces, teniendo la certeza de que nunca podría aplacar a Ti-Chin-Fú,
+pasé toda la noche en mi cuarto del Loreto, donde, como en otro tiempo,
+las velas que ardían en los bruñidos candelabros de plata daban a los
+rojos damascos tonos de sangre fresca, medité despojarme, como de un
+adorno de pecado, de aquellos millones sobrenaturales.
+
+¡Y así me libraría tal vez de aquella panza amarilla, y de aquella
+cometa abominable!
+
+Abandoné el palacio del Loreto, y con él mi existencia de Nabab.
+
+Regresé a mi habitación de la casa de la viuda de Marques, y volví a la
+oficina a implorar mis veinticinco duros mensuales y mi dulce pluma de
+amanuense.
+
+Mas un sufrimiento mayor vino a amargar mis días. Juzgándome arruinado,
+todos aquéllos que mi opulencia humilló, cubriéronme de ofensas. Los
+periódicos, con triunfal ironía, publicaron mi miseria. La aristocracia,
+que balbuceaba adulaciones, inclinada a mis pies de Nabab, ordenaba
+ahora a sus cocheros que atropellasen en las calles el cuerpo encogido
+del escribiente de secretaría.
+
+El clero, a quien yo había enriquecido, me acusaba de hechicero, el
+pueblo me apedreaba, y la viuda de Marques, cuando me quejaba de la
+dureza granítica de los garbanzos, poníase en jarras y gritaba:
+
+--¿Qué quiere usted más? ¡Aguantarse! ¡Valiente perdulario!
+
+Y a pesar de esta expiación, el viejo Ti-Chin-Fú, estaba siempre a mi
+lado porque sus millones que yacían ahora intactos en los Bancos, eran,
+desgraciadamente, míos.
+
+Entonces, indignado, volví a mi palacio y a mi vida de lujo. Aquella
+noche, de nuevo el resplandor de mis ventanas alumbró el Loreto, y por
+el portón abierto viéronse, como en otro tiempo, negrear con sus
+calzones de seda, las largas filas de lacayos decorativos.
+
+Luego, Lisboa, sin excepción, se arrojó a mis pies. La viuda de Marques
+me llamó llorando: «hijo de mi corazón.»
+
+Los periódicos me otorgaron los calificativos que, según la tradición,
+pertenecen a los dioses. ¡Fuí el omnipotente, el omnisciente! La
+aristocracia me besó los pies como a un tirano y el clero me incensó
+como a un viejo ídolo. Y mi desprecio por la humanidad fué tan grande,
+que se extendió hasta el mismo Dios que la creó.
+
+Desde entonces, una saciedad enervante me mantuvo durante semanas
+enteras tendido en un sofá, mudo y terrible, pensando en la felicidad
+del «no ser...»
+
+Una noche, regresando solo por una calle desierta, vi delante de mí al
+personaje vestido de negro, con el paraguas debajo del brazo, el mismo
+que en mi cuarto tranquilo y feliz de la travesía de la Concepción, me
+hiciera a un «tilín-tín» de campanilla, heredar tantos despreciables
+millones. Corrí hacia él; le agarré por la solapa des su levita
+burguesa, gritándole:
+
+--¡Líbrame de mis riquezas! ¡Resucita al Mandarín! ¡Devuélveme la paz de
+la miseria!
+
+El, pasó gravemente su paraguas debajo del otro brazo, y respondió con
+bondad:
+
+--¡No puede ser, mi apreciable señor, no puede ser!
+
+Yo me arrojé a sus pies haciéndole una súplica abyecta, mas sólo ví
+delante de mí, bajo la luz mortecina de un reverbero de gas, la forma
+escuálida de un perro hambriento hociqueando en el lodo.
+
+Nunca he vuelto a encontrar a tal individuo. Y ahora, el mundo me parece
+un inmenso montón de ruinas donde mi alma solitaria, como un desterrado
+que vaga por entre columnas caídas, gime continuamente.
+
+Las flores de mis aposentos se marchitan y nadie las renueva; la luz me
+parece una antorcha fúnebre, y cuando mis amadas vienen envueltas en la
+blancura de sus peinadores a acostarse en mi lecho, lloro, como si viera
+la legión amortajada de mis alegrías muertas.
+
+Me siento morir. Tengo ya hecho mi testamento. En él lego mis millones
+al Diablo, le pertenecen; él que los reclame y los reparta.
+
+Y a vosotros, hombres, os lego solamente estas palabras sin comentario:
+«¡Sólo sabe bien el pan que diariamente ganan nuestras manos; nunca
+matéis al Mandarín!»
+
+Y, todavía al morir, me consuela prodigiosamente esta idea: que de Norte
+a Sur, de Oeste a Este, desde la Gran Muralla de Tartaria hasta las
+ondas del mar Amarillo; en todo el vasto imperio de la China, ningún
+mandarín quedaría vivo, si tú, tan fácilmente como yo, lo pudieras
+suprimir y heredar sus millones, ¡oh, lector! criatura improvisada por
+Dios, obra mala de mala arcilla, mi semejante, y mi hermano.
+
+FIN
+
+
+
+
+Páginas Selectas de Eça de Queiroz
+
+(_Del Epistolario de Fradique Mendes_)
+
+
+
+
+A CLARA...
+
+(_Trad._)
+
+
+Mi adorada amiga:
+
+No fué en la exposición de Acuarelistas, en marzo, donde tuvo conmigo el
+primer encuentro por decreto de los Hados. Fué en invierno, mi adorada
+amiga, en el baile de los Tressans. Fué allí donde la vi, conversando
+con Md. Jouarre, junto a una consola, cuyas luces, entre los ramos de
+orquídeas, orlaban sus cabellos de aquel nimbo áureo que tan justamente
+le pertenece como «reina de la gracia entre las mujeres». Recuerdo aún
+su sonreir cansado, el vestido negro con adornos de color de oro, el
+abanico antiguo que tenía sobre el regazo. Pasé; pero luego todo me
+pareció alrededor feo y enfadoso, y volví a admirar, a «meditar» en
+silencio, su belleza, que me atraía por su esplendor potente y
+comprensible y también por no sé qué de fino y espiritual, de doliente
+y de afable, que brillaba y venía del alma. Y tan intensamente me embebí
+en mi contemplación, que me llevé conmigo su imagen hermosa y entera,
+sin faltar un hilo de sus cabellos ni una ondulación de la seda que
+vestía su cuerpo y corrí a encerrarme con ella, alborozado, como el
+artista que en alguna obscura tienda, entre polvo y trastos, descubriese
+la Obra sublime de un Maestro perfecto.
+
+Y ¿por qué no confesarlo? Esa imagen fue para mí al principio, meramente
+un Cuadro colgado en el fondo de mi alma, que yo a cada momento miraba
+para alabar, con creciente sorpresa, los encantos diversos de Línea y de
+Color. Era solamente una tela rara, puesta en un sagrario, inmóvil y
+muda en su brillo, sin otro influjo sobre mí que el de una forma muy
+bella que cautiva un gusto muy educado. Mi sér continuaba libre, atento
+a las curiosidades que hasta entonces lo solicitaban; y sólo cuando
+sentía el cansancio de las cosas imperfectas o el deseo nuevo de una
+ocupación más pura, regresaba a la Imagen que en mí guardaba como un Fra
+Angélico en su claustro, dejando los pinceles al concluir el día, de
+hinojos ante la Madona para implorar de ella descanso e inspiración
+superior.
+
+Poco a poco, sin embargo, todo lo que no fuese esta contemplación perdió
+para mí valor y encanto. Comencé a vivir cada día más recluído en el
+fondo de mi alma, perdido en la admiración de la imagen que en ella
+brillaba, hasta que sólo esta ocupación me pareció digna de la vida, y
+en el mundo todo no reconocí más que una apariencia inconstante y fuí
+como un monje en su celda, ajeno a las cosas más reales, de rodillas y
+rígido en su sueño, que es para él la única realidad.
+
+Mas no era el mío, mi adorada amiga, un pálido y pasivo éxtasis delante
+de su Imagen. ¡No! Era más bien un ansioso y fuerte estudio de ella, con
+el que yo procuraba conocer, a través de la Forma, la Esencia y (pues
+que la Belleza es el esplendor de la Verdad) deducir de las
+perfecciones de su cuerpo las superioridades de su alma. Y así fué cómo
+lentamente sorprendí el secreto de su naturaleza; su clara frente que el
+cabello descubre, tan clara y despejada, luego me contó la rectitud de
+su pensar; su sonrisa, de una nobleza tan intelectual, fácilmente me
+reveló su desdén hacia lo mundano y lo efímero y su incansable
+aspiración hacia un vivir de verdad y de belleza; cada gracia de sus
+movimientos me tradujo una delicadeza de su gusto; y en sus ojos
+diferencié lo que en ellos tan adorablemente se confunde, luz de razón,
+calor de corazón, la luz que mejor calienta la lumbre que más
+ilumina... La certeza de tantas perfecciones bastaba ya para hacer
+doblar, en una adoración perpetua, las rodillas más rebeldes. Pero
+sucedió también que al paso que la comprendía y que su Esencia se
+manifestaba tan visible y casi tangible, descendía una influencia de
+ella hacia mí, una influencia extraña, diferente de todas las
+influencias humanas, y que me dominaba con trascendente omnipotencia.
+¿Cómo lo podré decir? Monje encerrado en mi celda, comencé la
+convivencia con la Santa a quien me consagrara. Hice entonces un severo
+examen de conciencia. Investigué con inquietud si mi pensar era condigno
+de la pureza de su pensar; si en mi gusto no habría desconciertos que
+pudieran herir la disciplina de su gusto; si mi idea de la vida era tan
+alta y seria como aquella que yo presintiera en la espiritualidad de su
+mirar, de su sonreir, y si mi corazón no se dispersara y debilitara con
+exceso para poder palpitar con paralelo vigor junto a su corazón. Y he
+realizado ahora un jadeante esfuerzo para subir a una perfección
+idéntica a aquella que tan sumisamente adoro.
+
+De suerte, mi querida amiga, que se tornó sin saberlo mi educadora. Y
+tan subordinado quedé a esa dirección, que no puedo concebir los
+movimientos de mi sér sino gobernados por ella y por ella ennoblecidos.
+Sé perfectamente que todo lo que en mí surge de algún valor, idea o
+sentimiento, es obra de esa educación que su alma da a la mía desde
+lejos, sólo con existir y ser comprendida. Si hoy me abandonase su
+influencia--más bien, como un asceta, debía decir su Gracia--todo mi sér
+rodaría sin remisión a una inferioridad. Vea, pués, cómo se convirtió
+usted en necesaria y preciosa para mí. Y considere que para ejercer esa
+supremacía salvadora, sus manos no hubieron de imponerse sobre las mías;
+bastó con que yo la viera desde lejos, brillando en una fiesta. Así un
+arbusto florece en el borde de un foso porque allá arriba, en los
+remotos cielos, fulgura un gran sol que no le conoce y que le hace
+crecer, abrirse y exhalar su poco de aroma... Por eso mi amor alcanza
+ese sentimiento no descrito y sin nombre que la Planta, si tuviese
+conciencia, sentiría por la Luz.
+
+Y considere también que considerando de usted como de la luz, nada le
+ruego, ningún bien imploro de quien tanto puede y es para mí dueña de
+tanto bien. Sólo deseo que me deje vivir bajo esa influencia que,
+emanando del simple brillo de sus perfecciones, tan fácil y dulcemente
+realiza mi perfeccionamiento. Sólo pido ese caritativo permiso. Vea,
+pues, cuán distante me mantengo en la abatida humildad de una adoración,
+que hasta recela que su murmurar, murmurar de preces, roce el vestido de
+la imagen divina...
+
+Mas si, por acaso, mi querida amiga, segura de mi renuncia, la toda
+recompensa terrestre, me permitiese desarrollar junto a usted, en un día
+de soledad, las agitadas confidencias de mi pecho, seguramente que
+realizaría un acto de inefable misericordia, como en otro tiempo la
+Virgen María, cuando animaba a sus adoradores, eremitas y santos,
+descendiendo en una nube y otorgándoles una sonrisa fugitiva, o dejando
+caer entre sus manos levantadas una rosa del Paraíso. Así, mañana voy a
+pasar la tarde con Mad. Jouarre. No encuentro allí la santidad de una
+celda o de una ermita; pero sí casi su aislamiento; y si mi querida
+amiga surgiese en pleno esplendor y yo recibiese de ella, no diré una
+rosa, sino una sonrisa, quedaría entonces seguro de que este amor mío o
+este mi sentimiento indescriptible y sin nombre que va más allá del
+amor, encuentra en sus ojos piedad y permiso para esperar.
+
+ FRADIQUE.
+
+
+
+
+A MADAME DE JOUARRE
+
+(_Trad_)
+
+
+ Lisboa, junio.
+
+Mi excelente madrina:
+
+Hé aquí lo que ha «visto y hecho» desde mayo en la hermosísima Lisboa.
+«Ulyssipo pulcherrima», su admirable ahijado. Descubrí un compatriota
+mío de las Islas, mi pariente, que vive desde hace tres años
+construyendo un sistema de Filosofía en el piso tercero de una casa de
+huéspedes de la travesía de la Palha. Espíritu libre, emprendedor y
+diestro, paladín de las Ideas Generales, mi pariente, que se llama
+Procopio, considerando que la mujer no vale los tormentos que ocasiona,
+y que los ochocientos mil reis de un olivar le bastan y le sobran a un
+espiritualista, consagró su vida a la Lógica y sólo se interesa por la
+Verdad. Es un filósofo alegre, conversa sin gritar, tiene un aguardiente
+de moscatel excelente, y yo trepo con gusto dos o tres veces por semana
+a su oficina de Metafísica para saber si, conducido por la dulce alma de
+Maine de Biran, que es su cicerone en los viajes al Infinito, entrevió
+al fin oculta tras los últimos velos la Causa de las Causas. En estas
+piadosas visitas, voy poco a poco conociendo algunos de los huéspedes,
+que en ese tercer piso de la travesía de la Palha gozan de una buena
+vida de ciudad a doce tostones por día, fuera del vino y de la ropa
+limpia. Casi todas las profesiones en que se ocupa la clase media en
+Portugal están aquí representadas con fidelidad, y así puedo yo estudiar
+sin esfuerzo, como en un índice, las ideas y los sentimientos que en
+nuestro año de gracia forman el fondo moral de la nación.
+
+Esta casa de huéspedes tiene encantos. La habitación de mi primo
+Procopio tiene una estera nueva, una cama de hierro filosófica y
+virginal, vistosos visillos en las ventanas, flores y pájaros por las
+paredes, y allí se mantiene un riguroso aseo por una de esas criadas
+como sólo las produce Portugal, guapa moza de Traz-os-Montes, que
+arrastrando sus chanclas con la indolencia grave de una ninfa latina,
+barre, friega y arregla toda la casa; sirve nueve almuerzos, nueve
+comidas y nueve cenas; pega los botones a los pantalones y a los
+calzoncillos, que los portugueses están continuamente perdiendo,
+almidona las enaguas de la señora, reza el rosario de su aldea, y aún le
+queda tiempo para amar desesperadamente a un barbero vecino, que está
+resuelto a casarse con ella en cuanto le empleen en la Aduana. (Y todo
+esto por tres mil reis de salario). El almuerzo son dos platos sanos y
+abundantes, huevos y «bifftec». El vino lo envía el cosechero, un
+vinillo ligero y temprano, hecho según los venerables preceptos de las
+«geórgicas», y semejante, de seguro, al vino de la Rethia, «quo te
+carmine dicam, Rethica?» Las tostadas, hechas en lumbre fuerte, son
+incomparables. Los cuatro cuadros que adornan la sala, un retrato de
+Fontez (estadista ya muerto y tenido en gran veneración por los
+portugueses) una estampa de Pío IX sonriendo y bendiciendo, una vista
+del valle de Collares y dos doncellas besuqueando a una tórtola,
+inspiran las saludables ideas, tan necesarias, de Orden Social, de Fe,
+de Paz campestre y de inocencia.
+
+La patrona, doña Paulina Soriana, es una señora de cuarenta otoños,
+frescota y rolliza, con un pescuezo muy gordo, y toda ella más blanca
+que la blanca chambra que usa, además de una falda de seda color
+violeta. Parece una excelente señora, paciente y maternal, de buen
+juicio y de buena economía. Sin ser rigurosamente viuda, tiene un hijo,
+gordo también, que se roe las uñas y estudia en el Instituto. Se llama
+Joaquín, y por ternura Quinito; sufrió en esta primavera no sé qué grave
+enfermedad que le obliga a tomar interminables horchatas y baños de
+asiento, y está destinado por doña Paulina a la burocracia, que
+considera, con mucha justicia, la carrera más segura y más fácil.
+
+--Lo esencial para un muchacho, afirmaba hace días la apreciable señora,
+después del almuerzo y cruzando la pierna--es tener padrinos y lograr un
+empleo; ya colocado, el trabajo es poco y la paga no falta a fin de mes.
+
+Doña Paulina está tranquila acerca de la carrera de Quinito. Por el
+influjo (que es todopoderoso en estos Reinos) de un amigo seguro, el
+señor consejero Vaz Netto, hay ya en el ministerio de Obras públicas o
+en el de Justicia una silla de amanuense guardada, señalada, en espera
+de Quinito. Y como Quinito fuese reprobado en los últimos exámenes, el
+señor consejero Vaz Netto resolvió que en vista de que se mostraba tan
+desaplicado y con tan poco amor a las letras, lo mejor era no insistir
+en los estudios del Instituto y entrar inmediatamente en el destino...
+
+--Sin embargo--añadió la buena señora cuando me honró con estas
+confidencias,--me agradaría que Quinito terminase los estudios. No es
+por necesidad, ni por causa del empleo, como vuestra excelencia ve; sino
+por gusto.
+
+Quinito tiene, pues, su prosperidad satisfactoriamente asegurada. Por lo
+demás, supongo que doña Paulina le reúne un prudente peculio. En la
+casa, bien acreditada, hay ahora siete huéspedes, todos de confianza,
+estables, gastando como extraordinarios de cuarenta y cinco a cincuenta
+mil reis al mes. El más antiguo, el más respetado (y aquel que
+precisamente conozco) es Pinho, Pinho el brasileño, el comendador Pinho.
+El es quien todas las mañanas anuncia la hora del almuerzo (el reloj del
+comedor está descompuesto desde Navidad) saliendo de su cuarto
+puntualmente a las diez, con su botella de agua de Vidago, yendo a
+ocupar su silla, en la mesa, ya puesta, pero desierta, una silla
+especial de mimbres con un almohadón de viento. Nadie sabe de este Pinho
+ni la edad, ni la tierra o familia en que nació, ni su ocupación en el
+Brasil, ni el origen de su encomienda. Llegó una tarde de invierno en un
+paquebot de la «Mala Real», pasó cinco días en el Lazareto, desembarcó
+con dos baúles, la silla de mimbres y cincuenta latas de dulce; tomó su
+cuarto en esta casa de huéspedes, con ventana a la travesía, y aquí
+engorda risueña y plácidamente con el seis por ciento de sus
+inscripciones. Es un sujeto rechoncho, bajo, con barba gris, piel
+morena, con tonos de café y de ladrillo, siempre vestido de paño fino
+negro, con lentes de oro pendientes de una cinta de seda, que él, en la
+calle y en cada esquina, desenreda del cordón de oro del reloj para leer
+con interés y lentitud los carteles de los teatros. Su vida ofrece una
+de esas prudentes regularidades que tan admirablemente concurren a crear
+el orden en los Estados. Después del almuerzo, se calza sus botas de
+caña, alisa su sombrero de copa y se va muy despacio hasta la calle de
+los Capellistas, al escritorio en planta baja del corredor Godinho,
+donde pasa dos horas sentado junto a la ventana, con las velludas manos
+apoyadas en el puño del quitasol. Después se coloca el quitasol debajo
+del brazo, y por la calle del Oouro, con saboreada pachorra,
+deteniéndose a contemplar a la señora de sedas más rizadas o la
+victoria de arreos más lustrosos, alarga sus pasos hasta la tabaquería
+de Sousa, en el Rocío, donde bebe una copa de agua de Canecas, y
+descansa hasta que la tarde refresca. Sigue entonces por la Avenida,
+gozando el aire puro y el lujo de la ciudad, sentado en un banco, o da
+la vuelta al Rocío, bajo los árboles, con la cara alta y dilatada de
+bienestar. A las seis se recoge, se quita el sobretodo, se calza sus
+chinelas de tafilete, se pone una agradable cazadora de algodón, y come,
+«repitiendo» siempre de la sopa. Después del café da un «higiénico»
+paseo por la Baixa, haciendo paradas pensativas, pero risueñas, en los
+escaparates de las confiterías, y ciertos días sube al Chiado, dobla la
+esquina de la calle Nova da Trinidade y regatea con placidez y firmeza
+una entrada para el Gimnasio. Todos los viernes entra en su Banco, que
+es el «London Brasilian». Los domingos, al anochecer, con recato, visita
+a una moza gorda y limpia que vive en la calle de la Magdalena. Cada
+semestre recibe los intereses de sus inscripciones.
+
+Así, toda su existencia es un pausado reposo. Nada le inquieta, nada le
+apasiona. Para el comendador Pinho, el Universo consta de dos únicas
+entidades: él mismo, Pinho, y el Estado que le da el seis por ciento;
+por tanto, el Universo es perfecto y la vida perfecta, mientras Pinho,
+gracias a las aguas de Vidago, conserve apetito y salud, y el Estado
+siga pagando fielmente el cupón. Por lo demás, le basta con poco para
+contentar la porción de Alma y Cuerpo de que aparentemente se compone.
+La necesidad que todo sér vivo (aún las ostras, según afirman los
+naturalistas) tiene de comunicar con sus semejantes por medio de gestos
+o de sonidos, es en Pinho poco exigente. Hacia mediados de abril, sonríe
+y dice desdoblando la servilleta: «tenemos el verano encima»; todos
+concuerdan con él y Pinho goza. A mediados de octubre se pasa los dedos
+por la barba y murmura: «tenemos encima el invierno»; si otro huésped
+disiente, Pinho enmudece porque teme las controversias. Y este honesto
+cambio de ideas le basta. En la mesa, con tal que le sirvan una sopa
+suculenta en un plato hondo que pueda llenar dos veces, queda satisfecho
+y dispuesto a dar gracias a Dios. El «Diario de Pernambuco», el «Diario
+de Noticias», alguna comedia del Gimnasio o alguna de magia satisfacen
+de sobra aquellas cualidades de inteligencia y de imaginación que
+Humboldt encontró aún entre los «botecudos». En las funciones del
+sentimiento, Pinho sólo pretende (como reveló un día a mi primo) «no
+coger una enfermedad». Con la cosa pública está siempre contento,
+gobierne éste o gobierne aquél, con tal que la policía mantenga el orden
+y no se produzcan perturbaciones en los principios y en las calles,
+nocivas al pago del cupón. En cuanto al destino ulterior de su alma,
+Pinho (como me aseguró a mí mismo) «sólo desea, después de muerto, que no
+le entierren vivo». Aun acerca de punto tan importante, como es para un
+comendador su mausoleo, Pinho se contenta con poco: apenas una lápida
+lisa y decente con su nombre y un sencillo «Rogad por él».
+
+Erraríamos, sin embargo, querida madrina, suponiendo que Pinho es ajeno
+a todo cuanto sea humano. ¡No! Estoy cierto de que Pinho respeta y ama a
+la humanidad; sólo que para él la humanidad en el transcurso de su vida
+se restringió mucho. Hombres, hombres serios, verdaderamente merecedores
+de ese nombre, dignos de reverencia y afecto, y de que por ellos se
+arriesgue un paso que no canse mucho, para Pinho sólo lo son los
+prestamistas del Estado. Así, mi primo Procopio, con una malicia harto
+inesperada en un espiritualista, contóle hace tiempo en secreto,
+guiñando los ojos ¡que yo poseía muchos papeles! ¡muchas pólizas!
+¡muchas inscripciones!... Pues en la primera mañana que volví a la casa
+de huéspedes después de esta revelación, Pinho, ligeramente colorado,
+casi conmovido, me ofreció una cajita de dulce envuelta en una
+servilleta, ¡acto conmovedor que explica aquella alma! Pinho no es un
+egoísta, un Diógenes de levita negra, secamente retraído dentro del
+tonel de su inutilidad. No. Hay en él toda la humana voluntad de amar a
+sus semejantes y de servirlos. Pero, ¿quiénes son para Pinho sus
+genuínos «semejantes»? Los prestamistas del Estado. ¿Y en qué consiste
+para Pinho el acto de beneficio? En ceder a los otros aquello que a él
+le es útil. Para Pinho no hay otro bien como el uso de la guayaba, y en
+cuanto supo que yo era un poseedor de inscripciones, un semejante suyo,
+capitalista como él, no dudó, no se retrajo más de su deber humano, y
+practicó en seguida el acto de beneficio, y hélo aquí ruborizado y
+feliz, trayendo su dulce dentro de una servilleta.
+
+¿Es el comendador Pinho un ciudadano inútil? ¡No, ciertamente! Hasta
+para mantener con estabilidad y solidez el orden de una nación, no hay
+más provechoso ciudadano que este Pinho, con su placidez de hábitos, su
+fácil asentimiento a todos los hechos de la vida pública, su cuenta de
+todos los viernes en el Banco, sus placeres escondidos con higiénico
+recato, su pausa y su inercia. De un Pinho nunca puede salir idea o
+acto, afirmación o negación que desarreglen la paz del Estado. Así,
+gordo, pacífico, colocado en el organismo social, no concurriendo a su
+movimiento, pero tampoco contrariándolo, Pinho ofrece todos los
+caracteres de una excrecencia sebácea. Socialmente, Pinho es un
+lobanillo. Y nada más inofensivo; que un lobanillo; y en nuestros
+tiempos, en que el Estado está lleno de elementos morbosos y de
+parásitos que lo chupan, lo inficionan y lo sobrexcitan, esta
+«inofensibilidad» de Pinho hasta puede (en relación a los intereses del
+orden) ser considerada como una cualidad meritoria. Por esto el Estado,
+según se dice, le va a conceder el título de barón. Y barón es un título
+que honra a ambos, al Estado y a Pinho, porque con él se rinde
+simultáneamente un homenaje gracioso y discreto a la Familia y a la
+Religión.
+
+El padre de Pinho se llamaba Francisco, Francisco José Pinho. Y nuestro
+amigo va a ser hecho barón de San Francisco.
+
+¡Adiós, querida madrina! ¡Vamos con el décimo octavo día de lluvia!
+Desde el comienzo de junio y de las rosas, en este país del sol sobre
+azul, en la tierra trigueña del olivo y del laurel, queridos de Febo,
+está lloviendo, lloviendo a hilos de agua cerrados, continuos,
+imperturbables, sin un soplo de viento que los tuerza, ni un rayo de luz
+que los abrillante, formando de las nubes a las calles una movible trama
+de humedad y de tristeza, en que el alma se agita y se rinde como una
+mariposa presa en las telas de la araña. Estamos en pleno versículo
+XVII, capítulo VII del «Génesis».
+
+En el caso de que estas aguas del cielo no cesaran, yo deduzco que las
+intenciones de Jehová para con este país son diluvianas, y no juzgándome
+menos digno de la Gracia y de la Alianza divina que lo fué Noé, voy a
+comprar madera y brea y a hacer un arca según los nuevos modelos
+hebraicos y asirios. Y si por acaso de aquí a algún tiempo una paloma
+blanca fuese a batir sus alas delante de su vidriera, es que yo aporté
+al Havre en mi arca, llevando conmigo, entre otros animales, a Pinho y a
+doña Paulina, para que, más tarde, cuando hayan bajado las aguas,
+Portugal se repueble con provecho, y el Estado tenga siempre Pinhos a
+quienes pedir dinero prestado, y Quinitos gordos con quienes gastar el
+dinero que pidió a Pinho. Suyo ahijado del corazón,
+
+ FRADIQUE.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El Mandarín, by Eça Queiroz
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MANDARÍN ***
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+works. See paragraph 1.E below.
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+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
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+
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+works.
+
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+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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+*** END: FULL LICENSE ***
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+The Project Gutenberg EBook of El Mandarín, by Eça Queiroz
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El Mandarín
+
+Author: Eça Queiroz
+
+Release Date: April 22, 2006 [EBook #18228]
+
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MANDARÍN ***
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+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
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+<hr style="width: 65%;" />
+
+<h1>EL MANDAR&Iacute;N</h1>
+
+<h2>E&Ccedil;A DE QUEIROZ</h2>
+
+<h3>OBRAS DEL MISMO AUTOR</h3>
+
+<table summary="obras">
+<tr><td>La Reliquia</td><td>1 tomos.</td></tr>
+<tr><td>La ciudad y la sierra</td><td>1 &nbsp;&nbsp;"</td></tr>
+<tr><td>El primo Basilio</td><td>2 &nbsp;&nbsp;"</td></tr>
+<tr><td>Los Maias</td><td>3 &nbsp;&nbsp;"</td></tr>
+<tr><td>El crimen del padre Amaro</td><td>2 &nbsp;&nbsp;"</td></tr>
+<tr><td>Epistolario de Fradique Mendes</td><td>1 &nbsp;&nbsp;"</td></tr>
+</table>
+
+<h3>Versi&oacute;n castellana</h3>
+
+<div class="center">
+ <img src="images/diseno.jpg" width="15%"
+ alt="dise&ntilde;o" title="dise&ntilde;o" />
+</div>
+
+<p class="center noind"><b>CASA EDITORIAL MAUCCI</b><br/>
+Gran medalla de oro en las Exposiciones<br/>
+de Viena de 1903, Madrid 1907, Budapest 1907 y gran premio<br/>
+en la de Buenos Aires 1910<br/>
+<b>Calle de Mallorca, 166.&mdash;BARCELONA</b></p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<p><a name="table" id="table"></a></p>
+<table summary="table">
+<tr><td>
+<a href="#PROLOGO"><b>PROLOGO</b></a><br />
+<a href="#I"><b>I</b></a>
+<a href="#II"><b>II</b></a>
+<a href="#III"><b>III</b></a>
+<a href="#IV"><b>IV</b></a>
+<a href="#V"><b>V</b></a>
+<a href="#VI"><b>VI</b></a>
+<a href="#VII"><b>VII</b></a>
+<a href="#VIII"><b>VIII</b></a><br /><br />
+<a href="#Paginas_Selectas_de_Eca_de_Queiroz"><b>P&aacute;ginas Selectas de E&ccedil;a de Queiroz</b></a><br />
+<a href="#A_CLARA"><b>A CLARA....</b></a><br />
+<a href="#A_MADAME_DE_JOUARRE_Trad"><b>A MADAME DE JOUARRE</b></a><br />
+</td></tr>
+</table>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="PROLOGO" id="PROLOGO"></a><a href="#table">PROLOGO</a></h2>
+
+<p><span class="smcap">Amigo</span> 1.&ordm; <i>(Bebiendo co&ntilde;ac y soda, bajo los &aacute;rboles de una terraza, a
+orillas del agua.)</i></p>
+
+<p>Camarada; durante estos calores que embotan la imaginaci&oacute;n, descansemos
+del &aacute;spero estudio de las Realidades humanas.... Partamos hacia los
+campos del Ensue&ntilde;o, a vagar por esas azuladas colinas donde se levanta
+la torre abandonada de lo Sobrenatural y frescos musgos cubren
+amorosamente las ruinas del Idealismo.... Fantaseemos....</p>
+
+<p><span class="smcap">Amigo</span> 2.&ordm; M&aacute;s sobriamente, camarada, m&aacute;s sobriamente... y como en las
+sabias y amables Alegor&iacute;as del Renacimiento, mezclando siempre una
+moralidad discreta....</p>
+
+<p class="center derecha"><i>(Comedia in&eacute;dita)</i></p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/001.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#table">I</a></h2>
+
+
+<p>Me llamo Teodoro, y fu&iacute; amanuense en el Ministerio de la Gobernaci&oacute;n.</p>
+
+<p>En aquel tiempo viv&iacute;a yo en la traves&iacute;a de la Concepci&oacute;n, n&uacute;mero 106, en
+la casa de hu&eacute;spedes de do&ntilde;a Augusta, la espl&eacute;ndida do&ntilde;a Augusta, viuda
+del comandante Marques. Ten&iacute;a dos compa&ntilde;eros: Cabritilla, empleado en la
+administraci&oacute;n del barrio central, tieso, y amarillo como una vela de
+entierro y el petulante teniente Conceiro, h&aacute;bil tocador de viola
+francesa.</p>
+
+<p>Mi existencia se deslizaba equilibrada y tranquila. Toda la semana
+sentado ante el pupitre de mi negociado, trazaba en una hermosa letra
+cursiva, sobre el papel de oficio del Estado, estas frases hechas:
+&laquo;Ilmo. y Excmo. Sr.: Tengo la honra de comunicar a V.E.... Tengo el
+honor de poner en conocimiento de V.I. etc., etc.&raquo;</p>
+
+<p>Los domingos descansaba. Instalado entonces en el canap&eacute; del comedor, la
+pipa entre los dientes, admiraba a do&ntilde;a Augusta, que, los d&iacute;as de
+fiesta, sol&iacute;a limpiar con clara de huevo la caspa al teniente Conceiro.
+Esta hora, sobre todo en verano, era deliciosa. Por las ventanas
+entreabiertas penetraba el vaho c&aacute;lido y so&ntilde;oliento de la solanera,
+alg&uacute;n lejano repique de las campanas de la Concepci&oacute;n Nueva, y el
+arrullo de las t&oacute;rtolas que se enamoran en las barandas.</p>
+
+<p>El mon&oacute;tono susurro de las moscas se balanceaba sobre el viejo tul,
+antiguo velo nupcial de la se&ntilde;ora de Marques, que cubr&iacute;a ahora, en el
+aparador, los platos de cerezas. Poco a poco, el teniente, envuelto en
+un pa&ntilde;o de afeitar, como un &iacute;dolo en su manto, adormec&iacute;ase, bajo la
+fricci&oacute;n suave de las cari&ntilde;osas manos de do&ntilde;a Augusta.... Yo, entonces,
+enternecido, dec&iacute;a a la amable se&ntilde;ora:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, do&ntilde;a Augusta, es usted un &aacute;ngel!</p>
+
+<p>Ella, siempre me llamaba &laquo;el encanijado&raquo;. Yo sonre&iacute;a sin escandalizarme.
+&laquo;El encanijado&raquo; era efectivamente el nombre que me daban en casa, por
+ser delgado, entrar en todas partes con el pie derecho, asustarme de los
+ratones, tener en la cabecera de mi cama una estampa de Nuestra Se&ntilde;ora
+de los Dolores, que perteneci&oacute; a mi madre, y andar un tanto corcovado.
+S&iacute;, era desgraciadamente corcovado, por lo mucho que dobl&eacute; el espinazo,
+retrocediendo asustado delante de los se&ntilde;ores profesores, o inclinando
+la frente ante jefes y directores generales. Esta actitud de respeto es
+conveniente al covachuelista, mantiene la disciplina en un Estado bien
+organizado, y me garantizaba el descanso de los domingos y d&iacute;as
+festivos, el uso de alguna ropa blanca y veinticinco duros al mes.</p>
+
+<p>No puedo negar, a pesar de todo, que yo no tuviese ambiciones, como lo
+reconoc&iacute;an sagazmente la viuda de Marques y el pedante de Conceiro. No
+agitaba mi pecho el apetito her&oacute;ico de dirigir, desde lo alto de un
+trono, vastos reba&ntilde;os humanos; pero s&iacute; me abrasaba el deseo de poder
+comer en el Hotel Central, con champagne, apretar la mano de mimosas
+vizcondesas, y, por lo menos, dos veces a la semana, dormir, en un
+&eacute;xtasis mudo, sobre el fresco seno de Venus. &iexcl;Oh, elegantes que os
+dirig&iacute;ais vivamente a San Carlos abrigados en costosos paletots,
+luciendo la blanca corbata de &laquo;soir&eacute;e!&raquo; &iexcl;Oh, carruajes llenos de mujeres
+vestidas a la andaluza, rodando gallardamente hacia los toros, cu&aacute;ntas
+veces me hic&iacute;steis suspirar! Porque la certidumbre de mis veinticinco
+duros mensuales y mi gesto encogido de encanijado, me exclu&iacute;an para
+siempre de aquellas alegr&iacute;as sociales, y ven&iacute;a entonces a herir mi
+pecho, como flecha que se clava en un tronco y queda mucho tiempo
+vibrando.</p>
+
+<p>Aun as&iacute;, yo nunca llegu&eacute; a considerarme un paria. La vida humilde tiene
+sus dulzuras: es grato, en una ma&ntilde;ana de sol alegre, con la servilleta
+al cuello, delante de un bistek con patatas, desdoblar el &laquo;Diario de las
+Noticias;&raquo; durante las tardes de verano, en los bancos gratuitos del
+paseo, se gozan suavidades de idilio; y es sabroso, de noche, en
+Marti&ntilde;o, mientras se toma a sorbos el caf&eacute;, oir a los charlatanes
+injuriar a la patria.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, nunca fu&iacute; excesivamente desgraciado, porque no tengo
+imaginaci&oacute;n; no me consum&iacute;a rodando en torno de para&iacute;sos ficticios,
+nacidos de mi propia alma deseosa, como las nubes de la evaporaci&oacute;n de
+un lago; no suspiraba mirando las l&uacute;cidas estrellas, por un amor
+espiritual a lo Romero o por una gloria humana a lo Camoens.</p>
+
+<p>Soy muy positivista. S&oacute;lo aspiraba a lo racional, a lo tangible, a lo
+que era alcanzado por otros en mi barrio, a lo que es accesible a un
+bachiller. Y me iba resignando como quien ante una &laquo;table d' h&ocirc;tel&raquo;
+mastica la corteza de pan seco en espera del rico plato de la &laquo;Charlotte
+russe&raquo;. Las felicidades hab&iacute;an de llegar; y, para apresarlas, yo hac&iacute;a
+todo lo que me era posible como portugu&eacute;s y como constitucional; se las
+ped&iacute;a todas las noches a Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores y compraba
+d&eacute;cimos de la loter&iacute;a.</p>
+
+<p>Entretanto procuraba distraerme. Y como las circunvoluciones de mi
+cerebro no me habilitaban para componer odas a la manera de tantos
+otros que, a mi lado, se desquitaban as&iacute; del tedio que la profesi&oacute;n les
+produc&iacute;a; como mi escaso sueldo, apenas suficiente para pagar la casa y
+el tabaco, no me permit&iacute;a ning&uacute;n vicio, hab&iacute;a tomado el h&aacute;bito discreto
+de comprar en la feria de Sadra libros antiguos desencuadernados, y por
+la noche, en mi cuarto, me entreten&iacute;a con esas curiosas lecturas. Eran,
+siempre, obras de t&iacute;tulos sugestivos: &laquo;Galera de la inocencia&raquo;, &laquo;Espejo
+milagroso&raquo;, &laquo;Tristeza de los desheredados....&raquo; &iexcl;El tipo venerable, el
+papel amarillento, la grave encuadernaci&oacute;n frailuna, la cintita verde
+marcando la p&aacute;gina, todo esto me encantaba! Despu&eacute;s, aquellos relatos
+ingenuos en letra gorda inundaban de paz todo mi s&eacute;r, produci&eacute;ndome una
+sensaci&oacute;n comparable a la calma penetrante de una vieja cerca de un
+monasterio, en la quebradura de un valle, a la hora del crep&uacute;sculo,
+oyendo correr el agua muy triste....</p>
+
+<p>Una noche, hace a&ntilde;os, empec&eacute; a leer en uno de esos vetustos infolios, un
+cap&iacute;tulo titulado &laquo;Brecha de las almas;&raquo; e iba cayendo en una so&ntilde;olencia
+grata, cuando este per&iacute;odo singular se destac&oacute; del tono neutro y
+apagado de la p&aacute;gina, como el relieve de una medalla de oro nuevo
+brillando sobre un tapete obscuro: copio textualmente:</p>
+
+<p>&laquo;En el fondo de la China existe un Mandar&iacute;n m&aacute;s rico que todos los reyes
+de que nos habla la F&aacute;bula o la Historia. De &eacute;l nada conoces, ni el
+nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que t&uacute; heredes
+sus bienes inenarrables, basta con que toques esa campanilla, puesta a
+tu lado, sobre un libro. El exhalar&aacute; entonces un suspiro, en los lejanos
+confines de la Mongolia. Ser&aacute; un cad&aacute;ver: y t&uacute; ver&aacute;s a tus pies m&aacute;s oro
+del que puede so&ntilde;ar la ambici&oacute;n de un avaro. T&uacute;, que me lees y eres
+hombre mortal, &iquest;tocar&aacute;s la campanilla?&raquo;</p>
+
+<p>Permanec&iacute; asombrado ante la p&aacute;gina abierta: aquella interrogaci&oacute;n
+&laquo;hombre mortal, &iquest;tocar&aacute;s t&uacute; la campanilla?&raquo; aunque me parec&iacute;a burlona y
+picaresca, me turbaba prodigiosamente. Quise leer m&aacute;s; pero las l&iacute;neas
+hu&iacute;an ondulando como sierpes asustadas, y en el vac&iacute;o que dejaban, de
+una lividez de pergamino, volv&iacute;a a brillar la interpelaci&oacute;n extra&ntilde;a:
+&laquo;&iquest;Tocar&aacute;s t&uacute; la campanilla?&raquo;</p>
+
+<p>Si el volumen hubiese sido de una moderna edici&oacute;n Michel Levy, de
+cubierta amarilla, yo, que no me hallaba perdido en la floresta de una
+balada alemana, y pod&iacute;a ver desde mi cuarto blanquear a la luz del gas
+el correaje de la patrulla, hubiera cerrado el libro, disipando as&iacute; la
+nerviosa alucinaci&oacute;n. Mas aquel sombr&iacute;o infolio parec&iacute;a exhalar magia;
+cada letra afectaba la inquietante configuraci&oacute;n de esos signos de la
+vieja K&aacute;bala, que encierran un atributo fat&iacute;dico; las comas ten&iacute;an el
+retorcido petulante de rabos de diablillos, entrevistos a la luz blanca
+de la luna; en el punto de interrogaci&oacute;n final ve&iacute;a el pavoroso gancho
+con que el Tentador caza las almas que adormecieron, sin refugiarse en
+la inviolable ciudadela de la Oraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Una influencia sobrenatural se apoder&oacute; de m&iacute;, arrebat&aacute;ndome fuera de la
+realidad y del raciocinio; y en mi esp&iacute;ritu se fueron formando dos
+visiones: de un lado un Mandar&iacute;n decr&eacute;pito, muriendo sin dolor, lejos,
+en un kiosco chino, al &laquo;til&iacute;n-t&iacute;n&raquo; de mi campanilla; &iexcl;y de otro toda
+una monta&ntilde;a de oro brillando a mis pies! Esto era tan claro que hasta
+ve&iacute;a los ojos obl&iacute;cuos del viejo empa&ntilde;arse, como cubiertos de una t&eacute;nue
+capa de polvo; y sent&iacute;a el sonido met&aacute;lico del dinero rodando a mis
+plantas. Inm&oacute;vil, horrorizado, clavaba ardientemente los ojos en la
+campanilla, puesta delante de m&iacute;, sobre un diccionario franc&eacute;s, la
+campanilla prevista, citada en el magn&iacute;fico infolio.</p>
+
+<p>Fu&eacute; entonces cuando, del otro lado de la mesa, una voz insinuante y
+cristalina, me dijo misteriosamente:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, Teodoro, amigo m&iacute;o, s&eacute; fuerte, extiende la mano y toca la
+campanilla.</p>
+
+<p>La pantalla verde de la vela esparc&iacute;a una penumbra en derredor. Me
+levant&eacute; temblando. Y vi, pac&iacute;ficamente sentado a mi lado, un individuo
+corpulento, todo vestido de luto, con sombrero de copa, las manos
+enguantadas de negro, apoyadas en el pu&ntilde;o de un paraguas. No ten&iacute;a nada
+de fant&aacute;stico. Parec&iacute;a tan corriente, como si viviese del m&iacute;sero sueldo
+de un empleo... su originalidad estaba en su rostro, sin barba, de
+l&iacute;neas fuertes y duras, la nariz brusca, presentaba la expresi&oacute;n rapaz
+y amenazadora de un pico de &aacute;guila: el corte firme y acentuado de sus
+labios daba a su boca una expresi&oacute;n maligna; los ojos, al fijarse,
+semejaban los encendidos fulgores de un disparo, salido s&uacute;bitamente de
+entre las zarzas tenebrosas del entrecejo fruncido; era l&iacute;vido, mas, por
+su piel, corr&iacute;an a veces radiaciones sangu&iacute;neas, como en un viejo m&aacute;rmol
+fenicio.</p>
+
+<p>De pronto me asalt&oacute; la idea de que mi visitante fuese el demonio en
+persona, pero luego, mi raciocinio se sublev&oacute; resueltamente contra esta
+suposici&oacute;n. Yo nunca cre&iacute; en el diablo, como nunca tuve fe en Dios.
+Jam&aacute;s lo dije en voz alta ni lo escrib&iacute; en los peri&oacute;dicos para no
+descontentar a los Poderes p&uacute;blicos encargados de mantener el respeto
+hacia tales entidades: mas yo nunca cre&iacute; que existiesen estos dos
+personajes, viejos como la substancia, rivales bonachones, que se pasan
+la vida haci&eacute;ndose m&uacute;tuas y amables perrer&iacute;as, uno de barbas nevadas y
+t&uacute;nica azul, vestido como el antiguo Zoroastro y habitando las alturas
+luminosas, en medio de una corte m&aacute;s complicada que la de Luis XIV; y el
+otro malhumorado y ma&ntilde;oso, ornado de cuernos, viviendo entre las
+llamas, imitaci&oacute;n rid&iacute;cula y burguesa del pintoresco Plut&oacute;n. &iexcl;No, no
+creo! Cielo e infierno son concepciones sociales para uso de la plebe, y
+yo pertenezco a la clase media. Rezo, es verdad, a Nuestra Se&ntilde;ora de los
+Dolores, porque, as&iacute; como ped&iacute; una recomendaci&oacute;n para licenciarme; as&iacute;
+como, para obtener mis veinticinco duros, implor&eacute; la benevolencia del
+diputado; igualmente, para sustraerme de la tisis, de las anginas, de la
+navaja del chulo, de la c&aacute;scara de naranja escurridiza donde puede uno
+resbalar y romperse una pierna y de otros accidentes, necesito tener una
+protecci&oacute;n sobrehumana. El hombre prudente debe ir haciendo una serie de
+sabias adulaciones desde la Universidad hasta el para&iacute;so. Con un
+compadre en el barrio, y una comadre m&iacute;stica en las alturas, el porvenir
+del licenciado est&aacute; seguro.</p>
+
+<p>Por eso, libre de torpes supersticiones, dije familiarmente al individuo
+vestido de negro:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Realmente me aconsejas que toque la campanilla?</p>
+
+<p>El desconocido se levant&oacute; un poco el sombrero, descubriendo la frente
+estrecha y respondi&oacute;, palabra por palabra:</p>
+
+<p>&mdash;He aqu&iacute; tu caso, estimable Teodoro: &iexcl;Veinticinco duros mensuales es
+una verg&uuml;enza social! Hay en este mundo cosas prodigiosas; vinos de
+Borgo&ntilde;a, como por ejemplo el &laquo;Roman&eacute;e-Conti&raquo; del 58 y &laquo;Chambert&iacute;n&raquo; del
+61, que cuesta cada botella, de diez a once duros, y el que bebe la
+primera copa, no vacila en asesinar a su padre, por beber la segunda....
+Fabr&iacute;canse en Par&iacute;s y en Londres carruajes de tan suaves muelles, tan
+suaves forros y airosas ruedas, que es preferible recorrer en ellos el
+Campo Grande, a viajar, como los antiguos dioses, por el cielo, sobre
+los fofos cojines de las nubes. No har&eacute; a tu cultura la ofensa de
+informarte que se amueblan hoy las casas con un estilo y un &laquo;confort&raquo;
+tan admirables que superan a ese regalo ficticio, llamado en otro tiempo
+Bienaventuranzas. No te hablar&eacute;, Teodoro, de otros goces terrenales,
+como, por ejemplo: el Teatro Real, el baile, el caf&eacute; Ingl&eacute;s.... S&oacute;lo
+llamar&eacute; tu atenci&oacute;n sobre este hecho.... Existen seres que se llaman
+mujeres. Estos seres, Teodoro, en mi tiempo, en la tercera p&aacute;gina de la
+Biblia, apenas usaban exteriormente una &laquo;hoja de parra&raquo;. Hoy son toda
+una sinfon&iacute;a, todo un enga&ntilde;oso y delicado poema de encajes, batistas,
+sedas, flores, joyas, cachemires, gasas y terciopelos. Comprende la
+satisfacci&oacute;n inenarrable que sentir&aacute;n los cinco dedos de un cristiano
+recorriendo y palpando esas maravillas; m&aacute;s tambi&eacute;n has de percibir, que
+con una pieza de cinco c&eacute;ntimos, no se pagan las cuentas de esos
+serafines.... Ellas poseen cosas mejores: cabellos color de oro o color
+de tinieblas, resumiendo as&iacute; en sus trenzas la apariencia emblem&aacute;tica de
+las dos grandes tentaciones humanas: el hambre del metal precioso y el
+conocimiento del absoluto trascendente. Y a&uacute;n tienen m&aacute;s: brazos
+marm&oacute;reos, frescos como rosas salpicadas de roc&iacute;o; senos sobre los
+cuales el gran Prax&iacute;teles model&oacute; su copa, que es la l&iacute;nea m&aacute;s pura y m&aacute;s
+ideal de la antig&uuml;edad.... Los senos, en otra era, en la idea de ese
+ingenuo anciano que los form&oacute;, que fabric&oacute; el mundo, y de quien una
+enemistad secular me veda pronunciar el nombre, eran destinados a la
+nutrici&oacute;n augusta de la humanidad; hoy, ninguna madre racional los
+expone a esa funci&oacute;n deterioradora y severa, sirven s&oacute;lo para
+resplandecer entre encajes a la luz de las &laquo;soir&eacute;es&raquo; y para otros usos
+secretos. Las conveniencias me impiden proseguir en esta exposici&oacute;n
+radiante de bellezas, que constituye el Fatal Femenino.... Del resto, ya
+hablaremos m&aacute;s tarde. Todas estas cosas, Teodoro, est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de tus
+veinticinco duros mensuales.... Confiesa, al menos, que estas palabras
+tienen el venerable sello de la verdad.</p>
+
+<p>Yo murmur&eacute; con las fauces abrasadas:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cierto!</p>
+
+<p>Y su voz prosigui&oacute; paciente y suave:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me dices de veinte o veinticinco millones de pesetas? Bien s&eacute; que
+es una bagatela... m&aacute;s, en fin, constituye un comienzo; son una ligera
+habilitaci&oacute;n para conquistar la felicidad. Ahora reflexiona sobre esto:
+El Mandar&iacute;n, ese Mandar&iacute;n del fondo de la China, es un viejo decr&eacute;pito y
+gotoso. Como hombre, como funcionario del Celeste imperio, es m&aacute;s
+in&uacute;til a Pek&iacute;n y a la humanidad, que un pedrisco en la boca de un perro
+hambriento. Mas la transformaci&oacute;n de la substancia existe: te la
+garantizo yo, que s&eacute; el secreto de las cosas. Porque la tierra es as&iacute;:
+recoge aqu&iacute; un hombre podrido y lo restituye all&aacute;, en el conjunto de sus
+formas, como vegetal vigoroso. Bien puede ser que &eacute;l, in&uacute;til como
+Mandar&iacute;n en el Imperio del Sol, vaya a ser &uacute;til en otra tierra como
+odorante rosa o sabroso repollo. Matar, hijo m&iacute;o, es casi equilibrar las
+necesidades universales. Eliminar en una parte el exceso para suplir en
+otra la falta. Pen&eacute;trate bien en estas s&oacute;lidas filosof&iacute;as. Una pobre
+costurera de Londres ans&iacute;a ver florecer en su ventana un tiesto lleno de
+tierra negra; una flor dar&iacute;a consuelo a aquella desheredada; mas en la
+disposici&oacute;n de los seres, por desgracia, en ese momento, la substancia
+que all&aacute; deb&iacute;a ser rosa, es aqu&iacute; un hombre de Estado.... Viene entonces
+el chulo de navaja y hiere al estadista; la pu&ntilde;alada le descarga los
+intestinos; lo entierran: la materia comienza a desorganizarse, m&eacute;zclase
+a la vasta evoluci&oacute;n de los &aacute;tomos, y el superfluo hombre de gobierno
+va a alegrar, bajo la forma de una flor a una rubia costurera. El
+asesino es un fil&aacute;ntropo. D&eacute;jame resumir, Teodoro; la muerte de ese
+viejo Mandar&iacute;n idiota, &iexcl;trae a tu bolsillo algunos millones de pesetas!
+Puedes desde ese momento dar un puntapi&eacute; a los Poderes p&uacute;blicos: &iexcl;medita
+en lo intenso de este gusto! Y desde luego ser&aacute;s citado en los
+peri&oacute;dicos, &iexcl;a qu&eacute; mayor gloria puede aspirar un s&eacute;r humano! Y todo eso
+con s&oacute;lo agarrar la campanilla y hacer &laquo;til&iacute;n-t&iacute;n&raquo;. Yo no soy un
+b&aacute;rbaro: comprendo la repugnancia de un caballejo en asesinar a un
+semejante suyo; la sangre ensucia vergonzosamente los pu&ntilde;os de la
+camisa, y siempre es repulsiva la agon&iacute;a de un cuerpo humano. Mas en
+este caso, ninguno de esos torpes espect&aacute;culos.... Es como quien llama a
+un criado.... Y son veinte o veinticinco millones de pesetas, no
+recuerdo bien, pero los tengo anotados en mis apuntes. No dudes de m&iacute;,
+Teodoro. Soy un caballero; lo prob&eacute;, cuando, haciendo la guerra a un
+tirano en la primera insurrecci&oacute;n de la justicia, me v&iacute; precipitado
+desde las alturas. Tu imaginaci&oacute;n no lo puede concebir... &iexcl;Una ca&iacute;da
+espantosa, mi querido amigo! Grandes disgustos.</p>
+
+<p>Lo que me consuela es que el &laquo;Otro&raquo; est&aacute; tambi&eacute;n muy alica&iacute;do, porque,
+amigo m&iacute;o, cuando un Jehov&aacute; tiene contra s&iacute; a un Lucifer, qu&iacute;tase este
+estorbo enviando contra el rebelde una legi&oacute;n de Arc&aacute;ngeles; mas cuando
+el enemigo es el hombre armado de una pluma de pato y un cuaderno de
+papel blanco, est&aacute; perdido.... En fin, son veinte millones de pesetas.
+Vamos, Teodoro, ah&iacute; tienes la campanilla, &iexcl;s&eacute; un hombre!</p>
+
+<p>Call&oacute; el enlutado caballero.</p>
+
+<p>Yo bien s&eacute; lo que se debe a s&iacute; mismo un cristiano. Si este personaje me
+hubiese llevado a la cumbre de una monta&ntilde;a en Palestina, en una noche de
+luna llena, y desde all&iacute;, mostr&aacute;ndome ciudades, razas e imperios
+adormecidos, me hubiera dicho sombr&iacute;amente: &laquo;Mata al Mandar&iacute;n, y todo lo
+que ves en valles y colinas ser&aacute; tuyo&raquo;, yo le habr&iacute;a replicado,
+siguiendo un ejemplo ilustre, con la mano levantada hacia las
+inmensidades consteladas. &laquo;&iexcl;Mi reino no es de este mundo!&raquo;</p>
+
+<p>Conozco bien mis autores. Mas eran veinte millones de pesetas, ofrecidos
+a la luz de una vela de esperma, en la traves&iacute;a de la Concepci&oacute;n, por un
+sujeto de sombrero de copa, apoyado en un paraguas.</p>
+
+<p>Entonces no dud&eacute;. Y con mano firme repiqu&eacute; la campanilla. Fu&eacute; tal vez
+una ilusi&oacute;n; mas pareci&oacute;me que una campana de boca tan ancha como el
+cielo, repicaba en la obscuridad, a trav&eacute;s del Universo, con un s&oacute;n
+temeroso que ciertamente ir&iacute;a a despertar soles que dorm&iacute;an y planetas
+panzudos.</p>
+
+<p>El extra&ntilde;o individuo llev&oacute; un dedo al p&aacute;rpado, y limpiando una l&aacute;grima
+que nublaba su ojo rutilante, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre Ti-Chin-F&uacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Muri&oacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Estaba en su jard&iacute;n, sosegadamente, armando, para lanzarlo al aire, un
+papagayo de papel, pasatiempo honesto de un Mandar&iacute;n jubilado, cuando le
+sorprendi&oacute; ese &laquo;til&iacute;n-t&iacute;n&raquo; de la campanilla. Ahora yace a orillas de un
+arroyo susurrante, vestido de seda amarilla, muerto sobre la hierba
+verde, con la panza al aire, y en sus manos fr&iacute;as tiene su papagayo de
+papel, que parece tan muerto como &eacute;l. Ma&ntilde;ana son los funerales. &iexcl;Que la
+sabidur&iacute;a de Confucio, inspir&aacute;ndole, ayude a emigrar su alma!</p>
+
+<p>Y el buen sujeto, levant&aacute;ndose, se quit&oacute; respetuosamente el sombrero, y
+sali&oacute;, con el paraguas debajo del brazo.</p>
+
+<p>Entonces, al sentir cerrar la puerta, me pareci&oacute; despertar de una
+pesadilla. Salt&eacute; al corredor. Una voz jovial hablaba con la se&ntilde;ora de
+Marques; y la cancela de la escalera cerr&oacute;se sutilmente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n acaba de salir ahora, do&ntilde;a Augusta?&mdash;pregunt&eacute; sudoroso.</p>
+
+<p>&mdash;Cabritilla que va a la oficina....</p>
+
+<p>Volv&iacute; a mi cuarto: todo reposaba tranquilo, id&eacute;ntico, real. El infolio
+estaba a&uacute;n abierto por la p&aacute;gina temerosa. Volv&iacute; a leerla, y ahora me
+pareci&oacute; la prosa anticuada de un moralista cansado; cada palabra se
+hab&iacute;a vuelto como un carb&oacute;n apagado.</p>
+
+<p>Me acost&eacute; y so&ntilde;&eacute; que estaba lejos, m&aacute;s all&aacute; de Pek&iacute;n, en las fronteras
+de Tartaria, en el kiosco de un convento de Lamas, oyendo m&aacute;ximas
+prudentes y suaves que brotaban como un aroma fino de t&eacute;, de los labios
+de un Buda vivo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/002.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#table">II</a></h2>
+
+
+<p>Transcurri&oacute; un mes.</p>
+
+<p>Yo, en tanto, continu&eacute;, rutinario y triste poniendo diariamente mi
+hermosa letra cursiva al servicio del Estado, y admirando, los domingos,
+la pericia con que la espl&eacute;ndida do&ntilde;a Augusta limpiaba la caspa al
+teniente Conceiro. Era cosa evidente para m&iacute; que aquella noche, dormido,
+leyendo sobre el infolio, hab&iacute;a so&ntilde;ado con una &laquo;Tentaci&oacute;n de la Monta&ntilde;a&raquo;
+bajo formas familiares. Instintivamente, sin embargo, me fui preocupando
+de la China. Le&iacute;a los telegramas de los peri&oacute;dicos buscando siempre los
+que se refer&iacute;an a cosas del Celeste Imperio; mas nada pasaba entonces en
+la regi&oacute;n de las razas amarillas.... La &laquo;Agencia Havas&raquo; s&oacute;lo
+telegrafiaba sobre la Herzegovina, la Bosnia, la Bulgaria y otras
+curiosidades b&aacute;rbaras.</p>
+
+<p>Poco a poco fu&iacute; olvidando mi episodio fantasmag&oacute;rico; y al mismo tiempo,
+como gradualmente mi esp&iacute;ritu se serenaba, volv&iacute;an a &eacute;l las antiguas
+ambiciones que lo habitaron: un nombramiento de Director General, el
+seno amoroso de Lola, bisteks m&aacute;s tiernos que los de do&ntilde;a Augusta. Mas
+tales regalos me parec&iacute;an tan inaccesibles, tan fuera de la realidad,
+como los propios millones del Mandar&iacute;n. Y por el mon&oacute;tono desierto de la
+vida, all&aacute; fu&eacute; marchando la lenta caravana de mis melancol&iacute;as.</p>
+
+<p>Un domingo de Agosto, de ma&ntilde;ana, dormitaba en la cama, en mangas de
+camisa, con el cigarro apagado entre los labios, cuando la puerta se
+abri&oacute; suavemente y entreabriendo los p&aacute;rpados adormilados, v&iacute; inclinarse
+a mi lado una calva respetuosa. Y luego una voz perturbada murmur&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El se&ntilde;or Teodoro? &iquest;El se&ntilde;or Teodoro, del Ministerio de la
+Gobernaci&oacute;n?</p>
+
+<p>Me levant&eacute; lentamente sobre mi cama, y, respond&iacute; bostezando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Soy yo, caballero!</p>
+
+<p>El individuo inclin&oacute; el espinazo, como a presencia del Rey Bobo se
+arquean los cortesanos. Era peque&ntilde;o y gordo: venerables lentes de oro
+reluc&iacute;an en su faz bonachona, que parec&iacute;a la personificaci&oacute;n del Orden.</p>
+
+<p>Todo tembloroso, balbuce&oacute; azorado:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Traigo noticias para su se&ntilde;or&iacute;a! Noticias de considerable
+importancia. Mi nombre es Silvestre.... Silvestre Juliano y C.<sup>a</sup>....
+Un criado servicial de vuestra excelencia.... Llegaron en el correo de
+Southampton.... Nosotros somos Corresponsales de Traigand, y C.<sup>a</sup> de
+Hong-Kong.</p>
+
+<p>El hombre calvo sofoc&oacute;se; y agitando nerviosamente en su gruesa mano un
+sobre repleto, con un sello de lacre, negro, prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Vuestra excelencia debe de estar prevenido. Nosotros no lo
+est&aacute;bamos.... El azoramiento es natural.... Lo que esperamos es que nos
+conserve su confianza. Vuestra excelencia es en esta tierra una flor de
+virtud, espejo de bondad. Aqu&iacute; est&aacute;n los primeros cheques sobre Bhering
+and Brothers de Londres.... Letras a treinta d&iacute;as sobre Rothschild.</p>
+
+<p>A este nombre, resonante como el mismo oro, salt&eacute; velozmente del lecho.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso, se&ntilde;or?&mdash;grit&eacute;.</p>
+
+<p>Y &eacute;l, gritando mas, blandiendo el sobre, alzado sobre la punta de las
+botas, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Son ciento veinte millones de pesetas sobre Londres, Par&iacute;s, Hamburgo
+y Amsterd&aacute;n, en letras a su favor! &iexcl;A su favor, excelent&iacute;simo se&ntilde;or!
+&iexcl;Por casas de Hong-Kong, de Shang-Hai y de Cant&oacute;n, de la herencia del
+Mandar&iacute;n Ti-Chin-F&uacute;!</p>
+
+<p>Sent&iacute; temblar el mundo bajo mis pies y cerr&eacute; un momento los ojos. Mas de
+pronto, comprend&iacute; que yo era desde aquel momento como una encarnaci&oacute;n de
+lo sobrenatural, recibiendo de ella mi fuerza y sus atributos. No pod&iacute;a
+considerarme como un hombre, rebaj&aacute;ndome con explicaciones humanas. Para
+no interrumpir la l&iacute;nea hier&aacute;tica de mi indiferencia, me abstuve de ir a
+sollozar de alegr&iacute;a, como me lo ped&iacute;a el alma, sobre el vasto seno de la
+viuda de Marques.</p>
+
+<p>De ahora en adelante ostentar&iacute;a la impasibilidad de un Dios o de un
+Demonio; me calc&eacute; con naturalidad y dije a Silvestre Juliano y C.&ordm;
+estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien. &iexcl;El Mandar&iacute;n! Ese Mandar&iacute;n se port&oacute; conmigo como un
+caballero. Ya s&eacute; de lo que se trata. Es una cuesti&oacute;n de familia. Deje
+ah&iacute; los papeles. Buenos d&iacute;as, Silvestre, Juliano y C.&ordm;.</p>
+
+<p>Y se retir&oacute;, retrocediendo, con el cuerpo inclinado respetuosamente.</p>
+
+<p>Entonces abr&iacute; de par en par la ventana, y, asomando la cabeza, respir&eacute;
+el aire c&aacute;lido, como un corzo cansado.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s mir&eacute; hacia abajo, hacia la calle, donde la burgues&iacute;a, saliendo
+de misa pululaba entre dos filas de carruajes. Mis ojos se fijaban,
+inconscientes, ora en las joyas de las mujeres, ora en los brillantes
+metales de los arreos. Y de repente la idea de mi grandeza me llen&oacute; de
+satisfacci&oacute;n. &iexcl;Todos aquellos carruajes podr&iacute;an ser m&iacute;os! Ninguna de las
+mujeres que ve&iacute;a, dejar&iacute;a de ofrecerme su seno desnudo, a la menor
+indicaci&oacute;n de un caprichoso deseo. Todos aquellos hombres de levita y
+guantes negros se postrar&iacute;an delante de m&iacute; como ante un Cristo, un
+Mahoma o un Buda, si yo arrojase sobre ellos un pu&ntilde;ado de cheques de
+mis ciento veinte millones de pesetas sobre los principales Bancos de
+Europa.</p>
+
+<p>Me apoy&eacute; en la baranda y re&iacute; viendo la agitaci&oacute;n ef&iacute;mera de aquella
+humanidad subalterna que se consideraba libre y fuerte, mientras all&aacute;
+arriba, en la habitaci&oacute;n de un cuarto piso, yo ten&iacute;a en la mano, en un
+sobre lacrado, el principio de su flaqueza y de su esclavitud.</p>
+
+<p>Entonces, satisfacciones del Lujo, regalos del Amor, orgullos del Poder,
+todo, todo lo goc&eacute; con la imaginaci&oacute;n, en un instante y en un solo
+sorbo. Mas luego una gran saciedad me fu&eacute; invadiendo el alma, y
+sintiendo el mundo a mis pies, bostec&eacute; como un le&oacute;n harto.</p>
+
+<p>&iquest;De qu&eacute; me serv&iacute;an por fin tantos millones, sino para traerme, d&iacute;a por
+d&iacute;a, la desoladora afirmaci&oacute;n de la vileza humana?</p>
+
+<p>&iexcl;Y as&iacute;, al choque de tanto oro iba desapareciendo ante mis ojos, como
+humo, la belleza moral del Universo! Se apoder&oacute; de m&iacute; una inmensa
+tristeza m&iacute;stica. Ca&iacute; sobre una silla, y con el rostro, entre las manos,
+llor&eacute; copiosamente.</p>
+
+<p>Al poco tiempo la viuda de Marques abri&oacute; la puerta, toda vestida de seda
+negra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Le estar&aacute;n esperando para comer!</p>
+
+<p>Sal&iacute; de mi amargura para responderle secamente:</p>
+
+<p>&mdash;Yo no como.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;M&aacute;s quedar&aacute;!</p>
+
+<p>En aquel momento estallaban cohetes a lo lejos. Me acord&eacute; de que era
+domingo, d&iacute;a de toros; de repente una visi&oacute;n brill&oacute;, relampagueando,
+atray&eacute;ndome deliciosamente: era la corrida vista desde un palco, despu&eacute;s
+de una comida con champagne, &iexcl;y a la noche una org&iacute;a como una divina y
+suprema iniciaci&oacute;n! Corr&iacute; a la mesa. Llen&eacute; mi cartera de letras sobre
+Londres. Descend&iacute; a la calle con el furor de un buitre que hiende el
+aire en busca de su presa. Pasaba un carruaje vac&iacute;o. Le detuve gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A los toros!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Son diez reales, mi amo!</p>
+
+<p>Introduje la mano en la cartera cargada de millones y saqu&eacute; las monedas
+que ten&iacute;a: 75 c&eacute;ntimos....</p>
+
+<p>El cochero fustig&oacute; el anca de la yegua y sigui&oacute; refunfu&ntilde;ando. Yo
+balbuce&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo letras... &iexcl;Aqu&iacute; est&aacute;n! Tengo letras sobre Londres, sobre
+Hamburgo....</p>
+
+<p>&mdash;No sirven....</p>
+
+<p>&iexcl;Setenta y cinco c&eacute;ntimos!... Y corrida, cena de lord, andaluzas
+desnudas, todo este sue&ntilde;o expir&oacute; como una pompa de jab&oacute;n dentro de mi
+alma.</p>
+
+<p>Odi&eacute; a la humanidad. Otro carruaje atestado de gente alegre, por poco me
+atropella.</p>
+
+<p>Cabizbajo, cargado de millones sobre Rothschild, volv&iacute; a mi cuarto piso.
+Ped&iacute; perd&oacute;n a do&ntilde;a Augusta, aceptando humildemente la comida que se
+dign&oacute; servirme; y pas&eacute; esta primera noche de riqueza, bostezando sobre
+el lecho solitario, mientras fuera, el alegre Conceiro, el mezquino
+teniente con veinte duros de sueldo mensuales, re&iacute;a con la viola un
+alegre &laquo;fado&raquo;.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, mientras me afeitaban, reflexion&eacute; sobre el origen
+de mi riqueza. Era evidentemente sobrenatural y sospechoso.</p>
+
+<p>Mas como mi racionalismo me imped&iacute;a atribuir estos tesoros imprevistos a
+la generosidad de Dios o del Diablo, ficciones puramente escol&aacute;sticas;
+como los fragmentos del positivismo que constitu&iacute;an el fondo de mi
+filosof&iacute;a, no me permit&iacute;an la indignaci&oacute;n de &laquo;las causas primarias, de
+los or&iacute;genes esenciales&raquo;, pronto me decid&iacute; a aceptar el fen&oacute;meno y a
+utilizarlo con largueza. Por lo tanto, corr&iacute; atropelladamente al &laquo;Lond&oacute;n
+Brasilian Bank&raquo;.</p>
+
+<p>All&iacute; arroj&eacute; por el enrejado un cheque sobre el &laquo;Banco de Inglaterra&raquo;, de
+mil libras, gritando esta deliciosa palabra:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En oro!</p>
+
+<p>Un cajero me respondi&oacute; con dulzura:</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez le fuese m&aacute;s c&oacute;modo en billetes....</p>
+
+<p>Respond&iacute; s&eacute;camente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En oro!</p>
+
+<p>Llen&eacute; mis bolsillos; y en la calle tom&eacute; un coche. Me sent&iacute;
+extremadamente gordo; ten&iacute;a en la boca sabor de oro y una sequedad de
+polvo de oro en la piel de las manos; las paredes de las casas parec&iacute;an
+brillar como largas l&aacute;minas de oro, y dentro de mi cerebro rodaba un mar
+de ondas de oro.</p>
+
+<p>Abandonado a la oscilaci&oacute;n de los muelles, rebotando como un ordre mal
+seguro, dejaba caer sobre la calle la mirada torva de mis ojos llenos de
+amargura. En fin, tirando el sombrero sobre la nuca, estirando la
+pierna, empinando el vientre, bostec&eacute; formidablemente.</p>
+
+<p>Mucho tiempo rod&eacute; as&iacute; por la ciudad, bestializado en un goce de Nabab.</p>
+
+<p>S&uacute;bitamente, un brusco apetito de gastar, de disipar oro, vino a llenar
+mi pecho como una ventolina que hincha una vela.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;P&aacute;ra, animal!&mdash;grit&eacute; al cochero.</p>
+
+<p>El coche se par&oacute;. Mir&eacute; a mi alrededor, con los p&aacute;rpados entornados,
+buscando un objeto caro que comprar: joya de reina o conciencia de
+estadista; nada v&iacute;, y precipitadamente entr&eacute; entonces en un estanco.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cigarros! &iexcl;de peseta! &iexcl;de diez reales!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;ntos?&mdash;pregunt&oacute; servilmente el estanquero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Todos!&mdash;respond&iacute; brutalmente.</p>
+
+<p>A la puerta, una pobre enlutada, con el hijo encogido en el seno, me
+extendi&oacute; su mano transparente.</p>
+
+<p>No hallando una sola pieza de cobre entre mis bolsillos cargados de oro,
+la rechaz&eacute; con impaciencia, y con el sombrero echado sobre los ojos, me
+met&iacute; entre la turba.</p>
+
+<p>Fu&eacute; entonces cuando v&iacute;, adelant&aacute;ndose, la poderosa figura del Director
+General; inmediatamente me hall&eacute; con el dorso curvado y el sombrero
+cumplimentador en la mano. Era el h&aacute;bito de dependencia; mis millones no
+me hab&iacute;an dado a&uacute;n la verticalidad de la espina dorsal.</p>
+
+<p>En casa desparram&eacute; el oro sobre el lecho y me revolqu&eacute; en &eacute;l mucho
+tiempo, gru&ntilde;endo sordamente.</p>
+
+<p>La torre de al lado di&oacute; las tres; y el sol descend&iacute;a llev&aacute;ndose consigo
+mi primer d&iacute;a de opulencia. Entonces, acorazado de libras, &iexcl;corr&iacute; a
+divertirme!</p>
+
+<p>&iexcl;Ah, qu&eacute; d&iacute;a! Com&iacute; en un gabinete del Hotel Central, solitario y
+ego&iacute;sta, con la mesa atestada de botellas de Burdeos, Borgo&ntilde;a,
+Champagne, Rhin, licores de todas las comunidades religiosas... &iexcl;como si
+quisiera saciar de una vez la sed de treinta a&ntilde;os! Despu&eacute;s,
+tambale&aacute;ndome, entr&eacute; en un lupanar. &iexcl;Qu&eacute; noche! La alborada clare&oacute;
+detr&aacute;s de las persianas y me encontr&eacute; reclinado en un div&aacute;n, exhausto y
+semidesnudo, sintiendo el cuerpo y el alma desvanecerse, disolverse en
+aquel ambiente tibio donde erraba un olor suave de polvos de arroz, de
+hembras y de punch.</p>
+
+<p>Cuando volv&iacute; a la traves&iacute;a de la Concepci&oacute;n, las ventanas de mi cuarto
+estaban cerradas, y la vela expiraba con resplandores l&iacute;vidos, en su
+palmatoria de lat&oacute;n. Entonces, al llegar junto a la cama, v&iacute; una cosa
+horrible; estirado, a trav&eacute;s de la colcha, yac&iacute;a la figura del Mandar&iacute;n
+muerto, vestido de seda amarilla, con la coleta suelta, y entre las
+manos, como muerto tambi&eacute;n, ten&iacute;a un papagayo de papel.</p>
+
+<p>Abr&iacute; desesperadamente la ventana. Todo desapareci&oacute; y s&oacute;lo hall&eacute; sobre mi
+lecho, un viejo palet&oacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/003.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#table">III</a></h2>
+
+
+<p>Entonces comenz&oacute; mi vida de millonario. Dej&eacute; apresuradamente la casa de
+la viuda de Marques, que desde que supo que era rico, me trataba de
+diferente manera sirvi&eacute;ndome ella misma, con su traje de seda de los
+domingos, arroz con leche, y otros platos por el estilo. Compr&eacute; un
+palacio en Loreto; las magnificencias de mi vivienda, son bien conocidas
+por los indiscretos fotograbados que public&oacute; &laquo;La Ilustraci&oacute;n Francesa&raquo;.
+Se hizo famoso en toda Europa mi lecho, de un gusto exhuberante y
+b&aacute;rbaro, cubierto de placas de oro labrado, y cortinajes de un raro
+brocado negro, donde ondean, bordados en perlas, versos er&oacute;ticos de
+C&aacute;tulo; una l&aacute;mpara suspendida en el interior derrama su claridad
+l&aacute;ctea y amorosa de una nube de verano.</p>
+
+<p>Mis primeros meses de riqueza los pas&eacute; amando, amando con el sincero
+apasionamiento de un inexperto. La hab&iacute;a visto, como en una p&aacute;gina de
+novela, regando sus claveles en el balc&oacute;n; se llamaba C&aacute;ndida, era
+peque&ntilde;ita y rubia, habitaba una casita cubierta de enredaderas y me
+recordaba por la gracia y por lo airoso de su cintura, todo lo que el
+arte ha creado m&aacute;s fino y fr&aacute;gil: Mim&iacute;, Virginia, Julieta.... Todas las
+noches, en &eacute;xtasis m&iacute;stico ca&iacute;a a sus pies color de jaspe; y por la
+ma&ntilde;ana, al despedirme, dejaba en su regazo, algunos billetes de cien
+pesetas. Al principio, ella los rechazaba con rubor, pero despu&eacute;s los
+guardaba en su gaveta, llam&aacute;ndome cari&ntilde;osamente su &aacute;ngel tutelar.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a en que yo andando sigilosamente sobre la espesa alfombra siria,
+entr&eacute; en su tocador, ella estaba escribiendo, muy pensativa, con un dedo
+en el aire. Al verme, p&aacute;lida y tr&eacute;mula, escondi&oacute; el papel que ostentaba
+en tinta roja su monograma. Yo, en un arranque insensato de celos, se
+lo arrebat&eacute;. Era la carta, la carta, que, desde la m&aacute;s remota
+antig&uuml;edad, la mujer siempre escribe; comenzaba por el indispensable:
+&laquo;idolatrado m&iacute;o&raquo;, y era por un alf&eacute;rez de polic&iacute;a.</p>
+
+<p>Arranqu&eacute; aquel amor de mi pecho como una planta venenosa y desconfi&eacute;
+para siempre de los &aacute;ngeles rubios que conservan en su mirar azul el
+reflejo de los cielos que atravesaron.</p>
+
+<p>Desde lo alto de mi oro, arroj&eacute; sobre la inocencia, el pudor, y otras
+idealizaciones funestas, la diab&oacute;lica carcajada de Mefist&oacute;feles y
+organic&eacute; fr&iacute;amente una existencia animal, grandiosa y c&iacute;nica.</p>
+
+<p>Al medio d&iacute;a, entraba en mi pila de m&aacute;rmol rosa, donde los perfumes
+derramados daban al agua un tono opaco de leche: despu&eacute;s, pajes rubios,
+de manos suaves, me daban fricciones con el ceremonial de quien celebra
+un culto; y envuelto en un &laquo;robe-de-chambre&raquo; de seda &iacute;ndica, atravesaba
+la galer&iacute;a mirando a mis &laquo;Fortunys&raquo; y a mis &laquo;Curots&raquo; entre dos filas
+silenciosas de lacayos, dirigi&eacute;ndome al comedor, donde, servidos en
+platos de S&eacute;vres, azul y oro, humeaban los m&aacute;s suculentos manjares. El
+resto de la ma&ntilde;ana lo pasaba en un &laquo;boudoir&raquo; en que el mobiliario era de
+porcelana fina de Dresde, y la profusi&oacute;n de flores hac&iacute;an de &eacute;l un
+verdadero jard&iacute;n de Armida; all&iacute;, reclinado sobre cojines de seda color
+perla, saboreaba el &laquo;Diario de las Noticias&raquo;, mientras lindas mujeres,
+vestidas a la japonesa, refrescaban el aire, agitando abanicos de
+plumas.</p>
+
+<p>Por la tarde, iba a dar una vuelta a pie hasta el puente de las Almas:
+era la hora m&aacute;s pesada del d&iacute;a. La turba abyecta se paraba a contemplar
+los bostezos del Nabab fastidiado.</p>
+
+<p>A veces sent&iacute;a la nostalgia de mis tiempos de empleado. Entraba en casa,
+y encerrado en la biblioteca, donde el pensamiento de la humanidad
+reposaba olvidado y encuadernado en marroqu&iacute;, cog&iacute;a una pluma de pato y
+permanec&iacute;a horas enteras escribiendo sobre papel de oficio del Estado
+estas frases hechas de otro tiempo:</p>
+
+<p>&laquo;Ilmo. y Excmo. Sr.: Tengo la honra de participar a V.E...&mdash;Tengo el
+honor de poner en conocimiento de V.I.&raquo;</p>
+
+<p>Al comenzar la noche, un criado, para anunciar la comida, hac&iacute;a resonar
+por los corredores, en su bocina de plata, a la moda g&oacute;tica, una
+harmon&iacute;a solemne. Yo, entonces, me levantaba y entraba en el comedor
+majestuoso y solitario. Una multitud de lacayos, con libreas de seda
+negra, serv&iacute;a, en un silencio de sombras que resbalan, las vituallas m&aacute;s
+raras y los vinos m&aacute;s costosos que joyas. Toda la mesa resplandec&iacute;a de
+flores, luces, cristales y reflejos de oro; y, enrosc&aacute;ndose entre las
+pir&aacute;mides de frutos, mezclado en el humo de los platos, erraba en el
+aire un tedio inenarrable.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, reclinado en el fondo del cup&eacute;, iba a las &laquo;ventanas verdes&raquo;
+donde alimentaba, en un jard&iacute;n, digno de un serrallo, entre
+refinamientos musulmanes, un vivero de hembras, y envuelto en una t&uacute;nica
+de seda fresca y perfumada, me entregaba a los delirios m&aacute;s
+abominables.... Me tra&iacute;an medio muerto a casa, al primer albor de la
+ma&ntilde;ana, hac&iacute;a maquinalmente la se&ntilde;al de la cruz, y, a poco, roncaba
+sonoramente, l&iacute;vido y sudoroso, como un Tiberio exhausto.</p>
+
+<p>Entre tanto, Lisboa se arrodillaba a mis pies. El patio del palacio
+estaba constantemente invadido por la turba; desde las ventanas de la
+galer&iacute;a contemplaba a veces, en mis horas de fastidio, blanquear las
+pecheras de la aristocracia, negrear las sotanas del clero y relucir el
+sudor de la plebe. Todos ven&iacute;an a suplicar con frase abyecta, una
+peque&ntilde;a participaci&oacute;n en mi riqueza. A veces consent&iacute;a en recibir a
+alg&uacute;n viejo arist&oacute;crata: penetraba en la sala tartamudeando adulaciones,
+rozando casi la alfombra con sus cabellos blancos; e inmediatamente,
+cruzando sobre el pecho las manos de fuertes venas donde corr&iacute;a sangre
+de tres siglos, me ofrec&iacute;a su hija por esposa o para concubina.</p>
+
+<p>Todos mis conciudadanos me brindaban presentes como un &iacute;dolo sobre el
+altar: unos, odas votivas, otros, mi monograma bordado en pelo; algunos,
+chinelas o boquillas, y todos, su conciencia. Si mi mirada amortiguada
+se fijaba casualmente en la calle en alguna mujer, al d&iacute;a siguiente
+recib&iacute;a una carta en que ella, esposa o prostituta, me regalaba su
+desnudez, su amor, y todas las complacencias de la lascivia.</p>
+
+<p>Los peri&oacute;dicos espoleaban su imaginaci&oacute;n para hallar adjetivos dignos
+de mi grandeza; fu&iacute; el &laquo;sublime se&ntilde;or Teodoro&raquo;; llegu&eacute; a ser el &laquo;celeste
+se&ntilde;or Teodoro&raquo;; y la &laquo;Gaceta&raquo;, por no ser menos, llam&oacute;me el
+&laquo;extraceleste se&ntilde;or Teodoro&raquo;. Delante de m&iacute; ninguna cabeza permaneci&oacute;
+cubierta, usase corona o tiara. Todos los d&iacute;as me ofrec&iacute;an una
+Presidencia del Consejo de Ministros o la Direcci&oacute;n de una Cofrad&iacute;a,
+ofrecimientos que rechaz&eacute; siempre con enojo. Poco a poco el rumor de mis
+riquezas pas&oacute; las fronteras. &laquo;El F&iacute;garo&raquo;, habl&oacute; de m&iacute; cortesmente; en
+todos sus n&uacute;meros me llenaban de elogios; el grotesco inmortal que firma
+&laquo;Saint-Genest&raquo; me dirigi&oacute; ap&oacute;strofes, pidiendo mi ayuda para salvar a
+Francia; y fu&eacute; tanta mi popularidad, que todas las Ilustraciones
+extranjeras publicaron a un tiempo los detalles m&aacute;s insignificantes de
+mi vida &iacute;ntima. Recib&iacute; de todas las princesas de Europa cartas con
+sellos her&aacute;ldicos, exponi&eacute;ndome por medio de fotograf&iacute;as y documentos la
+forma de sus cuerpos y la antig&uuml;edad de sus genealog&iacute;as. Dos tonter&iacute;as
+que dije durante aquel a&ntilde;o fueron telegrafiadas al universo entero por
+la Agencia Havas; y fu&iacute; considerado mucho m&aacute;s ingenioso que Voltaire,
+que Rochefort y que ese mismo entendimiento que se llama &laquo;Todo el
+Mundo&raquo;. Cuando mi vientre indigesto se aliviaba con un sonoro estampido,
+la humanidad lo sab&iacute;a por conducto de los peri&oacute;dicos. Hice empr&eacute;stitos a
+los reyes, subsidi&eacute; guerras civiles, y fu&iacute; aclamado por todas las
+rep&uacute;blicas latinas que ornan el golfo de M&eacute;xico.</p>
+
+<p>Y entre tanto, viv&iacute;a triste....</p>
+
+<p>Siempre que entraba en casa contemplaba horrorizado la misma visi&oacute;n; ya
+atravesada en el umbral de la puerta, ya tendida sobre mi lecho de oro,
+ve&iacute;a una figura extra&ntilde;a, de coleta negra y t&uacute;nica amarilla, con un
+papagayo de papel entre las manos. &iexcl;Era el Mandar&iacute;n Ti-Chin-F&uacute;! Yo
+entraba furioso con el pu&ntilde;o levantado, pero todo desaparec&iacute;a como por
+encanto.</p>
+
+<p>Entonces ca&iacute;a anonadado, sudoroso, sobre una poltrona y murmuraba en el
+silencio del cuarto, en donde las velas que ard&iacute;an en los bru&ntilde;idos
+candelabros de plata prestaban tonos sangrientos a los rojos damascos:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es preciso matar a este muerto!</p>
+
+<p>Y todav&iacute;a no era esta impertinencia de un viejo fantasma panzudo que se
+acomodaba sobre mis muebles, sobre las colchas de mi lecho, lo que m&aacute;s
+me exasperaba.</p>
+
+<p>Mi horror supremo consist&iacute;a en una idea clavada en mi esp&iacute;ritu como un
+hierro inarrancable: &laquo;yo hab&iacute;a asesinado a un viejo&raquo;.</p>
+
+<p>No fu&eacute; con una cuerda al cuello, seg&uacute;n el uso musulm&aacute;n, ni con veneno en
+una copa de vino de Siracusa a la manera italiana del Renacimiento, ni
+con ninguno de esos m&eacute;todos cl&aacute;sicos que en la historia de las
+Monarqu&iacute;as han recibido consagraciones augustas, con el pu&ntilde;al
+como Juan II, o con la clava como Carlos IX.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a eliminado a un s&eacute;r humano desde lejos con una campanilla. Era
+absurdo, fant&aacute;stico. Mas no disminu&iacute;a la tr&aacute;gica negrura del hecho: &laquo;Yo
+hab&iacute;a asesinado a un viejo&raquo;.</p>
+
+<p>Poco a poco esta certidumbre se fu&eacute; petrificando en mi alma, y como una
+columna en un descampado domin&oacute; toda mi vida interior, de suerte que,
+por m&aacute;s desviado camino que tomasen mis pensamientos, ve&iacute;an siempre
+negrear en el horizonte aquella memoria acusadora; por m&aacute;s alto que
+levantasen el vuelo mis imaginaciones, terminaban por herirse las alas
+en ese monumento de miseria moral. &iexcl;Ah, por m&aacute;s que se considere la vida
+y la muerte como vanas transformaciones de la substancia, es pavoroso el
+pensamiento que ha de ba&ntilde;arse en sangre caliente! Cuando despu&eacute;s de
+comer, mientras a mi lado humeaba el caf&eacute; y yo languidec&iacute;a, recostado en
+el sof&aacute;, en una sensaci&oacute;n de plenitud y hartura, elev&aacute;base dentro de m&iacute;,
+melanc&oacute;lico, como canto que se escapa de una c&aacute;rcel, un susurro de
+acusaciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miserable, ese bienestar con que te regalas, no volver&aacute; a gozarlo el
+venerable Ti-Chin-F&uacute; por tu causa!</p>
+
+<p>En vano yo replicaba a mi conciencia, record&aacute;ndole la decrepitud del
+Mandar&iacute;n y su gota incurable. Fecunda en argumentos, gustosa de
+controversia, ella me refutaba con furor:</p>
+
+<p>&mdash;Aun cuando en su m&aacute;s peque&ntilde;a actividad, la vida es un bien supremo;
+&iexcl;porque el encanto de ella reside en su principio mismo y no en sus
+manifestaciones!</p>
+
+<p>Yo me revolv&iacute;a contra este pedantismo ret&oacute;rico de r&iacute;gido pedagogo.
+Alzaba altivamente la frente, grit&aacute;ndole con arrogancia desesperada:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues bien! Yo le he matado... &iquest;Qu&eacute; quieres? &iexcl;Tu nombre de conciencia
+no me asusta! Eres apenas una perversi&oacute;n de la sensibilidad nerviosa.
+Puedo eliminarte con un poco de agua de azahar.</p>
+
+<p>Inmediatamente sent&iacute;a pasar por el alma, con una lentitud de brisa, un
+rumor humilde de murmuraciones ir&oacute;nicas:</p>
+
+<p>&mdash;Bien, entonces, come, duerme, b&aacute;&ntilde;ate y ama.</p>
+
+<p>Yo as&iacute; lo hac&iacute;a. Pero luego, las propias s&aacute;banas de Holanda de mi lecho,
+tomaban ante mis ojos despavoridos los tonos l&iacute;vidos de una mortaja; el
+agua perfumada en la que me ba&ntilde;aba se pegaba a mi piel, con la sensaci&oacute;n
+espesa de sangre que se coagula; y los pechos desnudos de mis amantes,
+me llenaban de tristeza, como l&aacute;pidas de m&aacute;rmol que encierran un cuerpo
+muerto. Despu&eacute;s me asalt&oacute; una amargura mayor.</p>
+
+<p>Comenc&eacute; a pensar que Ti-Chin-F&uacute; tendr&iacute;a, sin duda, una numerosa familia,
+nietos y biznietos, que, despojados de sus riquezas, mientras yo me
+com&iacute;a lo suyo en vajilla de S&eacute;vres, con una pompa de Sult&aacute;n perdulario,
+atravesar&iacute;an en China todos los infiernos tradicionales de la miseria
+humana, los d&iacute;as sin arroz, el cuerpo sin agasajos, la hermosura negada,
+el suelo cenagoso de la calle por lecho.</p>
+
+<p>Comprend&iacute; entonces por qu&eacute; me persegu&iacute;a la obesa fantasma del viejo
+letrado; y de sus labios cubiertos por los largos pelos blancos de su
+bigote, pareci&oacute;me oir brotar esta acusaci&oacute;n desolada:</p>
+
+<p>&mdash;Yo no me lamento por m&iacute;, que estaba ya medio muerto; lloro por los
+tristes a quienes arruinaste, y que a estas horas, cuando t&uacute; vienes de
+dormir sobre el fresco seno de tus amantes, gimen de hambre, api&ntilde;ados,
+para luchar con el fr&iacute;o, entre el grupo repugnante de leprosos y
+ladrones en la &laquo;Puerta de los Mendigos&raquo;, &iexcl;all&aacute; al pie de las terrazas
+del Templo del Cielo!</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, tortura espantosa! &iexcl;Tortura realmente oriental! No pod&iacute;a llevarme a
+la boca un pedazo de pan sin recordar a los descendientes de
+Ti-Chin-F&uacute;, pidiendo de comer, como pajarillos sin plumas que abren en
+vano el pico y p&iacute;an en un nido abandonado.</p>
+
+<p>Si me envolv&iacute;a en mi gab&aacute;n de pieles me asaltaba de pronto la visi&oacute;n de
+las desgraciadas se&ntilde;oras, mimadas en otro tiempo por todas las
+comodidades del confort chino, hoy, rojas de fr&iacute;o, vestidas de andrajos
+de viejas sedas, caminando con los pies amoratados por un campo de
+nieve. El techo de &eacute;bano de mi palacio me recordaba la familia del
+Mandar&iacute;n; durmiendo a orillas de los canales, perseguidos por los
+perros; y dentro de mi lujoso cup&eacute; me estremec&iacute;a la idea de largas
+caminatas por caminos encharcados, bajo el duro invierno asi&aacute;tico.</p>
+
+<p>&iexcl;Lo que yo sufr&iacute;a! Y en este tiempo la multitud envidiosa poblaba mi
+palacio, comentando las felicidades inaccesibles que en &eacute;l deb&iacute;an
+habitar.</p>
+
+<p>En fin, reconociendo que la conciencia se agitaba dentro de m&iacute; como una
+serpiente irritada, decid&iacute; implorar el auxilio de aquel que dicen es
+superior a la Conciencia porque dispone de la Gracia.</p>
+
+<p>&iexcl;Desgraciadamente yo no cre&iacute;a en &eacute;l!... Recurr&iacute;, pues, a mi antigua
+divinidad particular, a mi &iacute;dolo predilecto, patrona de toda mi familia
+a Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores. Y, regiamente pagado, un regimiento de
+curas y can&oacute;nigos, por las catedrales de la ciudad y por las capillas de
+las aldeas, fu&eacute; pidiendo a Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores que volviese
+sus ojos piadosos hacia mi mal interior.... Mas ning&uacute;n alivio descendi&oacute;
+de esos cielos inclementes a donde desde hace millares de a&ntilde;os se
+dirigen en vano los clamores de la miseria humana.</p>
+
+<p>Entonces, yo mismo me abism&eacute; en pr&aacute;cticas piadosas; y Lisboa asisti&oacute; a
+este espect&aacute;culo extraordinario: un rico, un Nabab postr&aacute;ndose
+humildemente al pie de los altares, balbuceando con las manos juntas,
+rezos y plegarias, como si viese en la Oraci&oacute;n y en el Cielo algo m&aacute;s
+que una consolaci&oacute;n ficticia que inventaron los due&ntilde;os de todo, para
+contentar a los que no tienen nada. Yo pertenezco a la burgues&iacute;a y s&eacute;
+que si ella muestra a la plebe cr&eacute;dula un para&iacute;so distante, de goces
+inefables, es para apartar la atenci&oacute;n de sus cofres repletos y de la
+abundancia de sus sementeras.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, m&aacute;s inquieto, hice decir millares de misas, rezadas y cantadas,
+para desagraviar al alma errante de Ti-Chin-F&uacute;. &iexcl;Pueril desvar&iacute;o de un
+cerebro peninsular! El viejo Mandar&iacute;n, en clase de Letrado, de miembro
+de la Academia de los Ilan-Lin, colaborador probable del gran Tratado de
+Khou-Truane-Chou, que ya tiene publicados m&aacute;s de setenta y ocho mil
+setecientos treinta vol&uacute;menes, era sin duda alguna sectario de la moral
+positivista de Confucio. Nunca hab&iacute;a quemado teas perfumadas en honor de
+Buda; y las ceremonias del sacrificio m&iacute;stico deb&iacute;an parecer a su
+abominable alma de gram&aacute;tico y de esc&eacute;ptico, simples pantominas de los
+payasos en el Teatro de Haug-Tung.</p>
+
+<p>Entonces, prelados astutos, con experiencia cat&oacute;lica, me dieron un
+consejo admirable: captarme con presentes, flores, brocados y joyas,
+como si fuese a alcanzar los favores de Aspasia; y a la manera de un
+ventrudo banquero que obtiene las complacencias de una bailarina
+regal&aacute;ndola una quinta entre &aacute;rboles, yo, por una sugesti&oacute;n sacerdotal,
+tent&eacute; conseguir la benevolencia de la Madre de los hombres, levant&aacute;ndole
+una catedral toda de m&aacute;rmol blanco.</p>
+
+<p>La abundancia de flores entre los pilares labrados d&aacute;banle perspectivas
+de para&iacute;so; la multiplicidad de las luces recordaban magnificencias
+siderales.... &iexcl;Dispendios vanos! El fino y erudito cardenal Nani vino de
+Roma a consagrar la iglesia; mas cuando yo aquel d&iacute;a entr&eacute; a visitar a
+mi divina hu&eacute;sped, lo que vi m&aacute;s all&aacute; de las calvas de los celebrantes,
+no fu&eacute; la Reina de Gracia, rubia, con su t&uacute;nica azul, sino al viejo
+Mandar&iacute;n con sus ojos obl&iacute;cuos y su papagayo entre las manos. Era a &eacute;l,
+a su blanco bigote de t&aacute;rtaro, a su panza color de oca, a quien todo un
+sacerdocio recamado de oro ofrec&iacute;a, al roncar del &oacute;rgano, &iexcl;la eternidad
+de las Alabanzas!</p>
+
+<p>Entonces, pensando que Lisboa y el medio adormecido en que me mov&iacute;a,
+eran favorables al desenvolvimiento de estas imaginaciones, part&iacute;, viaj&eacute;
+modestamente, sin pompa, con un baul y un lacayo.</p>
+
+<p>Visit&eacute;, en su orden cl&aacute;sico, Par&iacute;s, la banal Suiza, Londres y los lagos
+taciturnos de Escocia; levant&eacute; mi tienda delante de las murallas
+exang&eacute;licas de Jerusal&eacute;n; y desde Alejandr&iacute;a a Tebas recorr&iacute; ese largo
+Egipto monumental y triste como el corredor de un mausoleo.</p>
+
+<p>Conoc&iacute; el mareo de los buques, la monoton&iacute;a de las ruinas, las
+desilusiones del &laquo;boulevard&raquo;; y mi mal interior iba creciendo.</p>
+
+<p>Ahora, ya no era s&oacute;lo la amargura de haber despojado a una familia
+venerable; asalt&aacute;bame el remordimiento de haber privado a la sociedad de
+un personaje fundamental, un letrado perito, columna del Orden, apoyo de
+las instituciones. No se puede arrancar a un Estado una personalidad que
+vale veinte millones de pesetas sin perturbar su equilibrio. Esta idea
+era mi desesperaci&oacute;n. Quise saber si verdaderamente la desaparici&oacute;n de
+Ti-Chin-F&uacute; fu&eacute; funesta a la decr&eacute;pita China; le&iacute; todos los peri&oacute;dicos de
+Hong-Kong y Shang-Hai, vel&eacute; noches enteras sobre historias de viajes,
+consult&eacute; sabios misioneros; y art&iacute;culos, hombres, libros, todo me
+hablaba de la decadencia del Celeste Imperio: &iexcl;provincias arruinadas,
+ciudades moribundas, plebes hambrientas, pestes y rebeliones, templos
+en ruinas, leyes sin autoridad, la descomposici&oacute;n de un mundo, como una
+nave encallada que el mar deshace tabla por tabla!</p>
+
+<p>&iexcl;Y yo me cre&iacute;a el causante de las desgracias de la sociedad china! En mi
+esp&iacute;ritu enfermo, Ti-Chin-F&uacute; tomaba entonces el valor desproporcionado
+de un C&eacute;sar, de un Mois&eacute;s, de uno de esos seres providenciales que son
+la fuerza de una raza. Yo le d&iacute; muerte, y con &eacute;l muri&oacute; la vitalidad de
+su patria. Su vasto cerebro tal vez hubiese salvado los rasgos geniales
+de aquella vieja monarqu&iacute;a asi&aacute;tica, y yo inmoviliz&eacute; su acci&oacute;n creadora.
+Su fortuna hubiera podido reforzar el Erario, y yo la estaba disipando
+entre fiestas y prostitutas... &iexcl;Amigos, conoc&iacute; el remordimiento inmenso,
+colosal, de haber arruinado un Imperio!</p>
+
+<p>Para olvidar este complicado tormento, me entregu&eacute; a la org&iacute;a. Me
+instal&eacute; en un palacio de la avenida de los Campos El&iacute;seos, y fu&iacute;
+terrible. Daba fiestas a lo Trimalci&oacute;n; y, en las horas m&aacute;s &aacute;speras de
+la furia libertina, cuando entre la m&uacute;sica de las charangas, entre el
+estridor brutal de los cobres, romp&iacute;an el &laquo;can-c&aacute;n&raquo;, cuando prostitutas
+de seno desnudo, cantaban coplas canallescas; cuando mis convidados
+bohemios, ateos de cervecer&iacute;a, injuriaban a Dios, con la copa de
+champagne levantada, yo, pose&iacute;do s&uacute;bitamente como Helio y Abalo, de un
+furor de bestialidad, de un odio inmenso contra lo Pensante y lo
+Consciente, me tiraba al suelo a cuatro patas y me pon&iacute;a a rebuznar
+imitando al burro.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s quise descender m&aacute;s; confundirme con la plebe, conocer las
+torpezas alcoh&oacute;licas de la taberna; y muchas veces, vestido de blusa,
+con la gorra echada hacia atr&aacute;s, del brazo de &laquo;Mes-Bottes o
+Bibi-la-Gaillarde&raquo;, entre un tropel de borrachos, fu&iacute; tambale&aacute;ndome por
+los &laquo;boulevares&raquo; exteriores, cantando con voz ronca:</p>
+
+<p class="stret">
+&laquo;&iexcl;Allons, enfants de la patrie-e-e!...<br />
+Le jour de gloire est arriv&eacute;-e-e....&raquo;</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de estos excesos, a la hora en que en las tinieblas
+del alma del borracho se alza una vaga aurora espiritual, naci&oacute;, de
+repente, la idea de partir para la China. Y como soldados adormecidos en
+el campamento, que al s&oacute;n del clar&iacute;n se levantan y uno a uno se van
+juntando y formando en columna, otras ideas se fueron reuniendo en mi
+esp&iacute;ritu, aline&aacute;ndose en formidable formaci&oacute;n. Marchar&iacute;a a Pek&iacute;n;
+descubrir&iacute;a la familia de Ti-Chin-F&uacute;; cas&aacute;ndome con una de las se&ntilde;oras,
+legitimar&iacute;a la posesi&oacute;n de mis millones; dar&iacute;a a aquella casa letrada su
+antigua prosperidad; para calmar el esp&iacute;ritu irritado del Mandar&iacute;n
+celebrar&iacute;a pomposos funerales; ir&iacute;a por las provincias miserables
+distribuyendo arroz y donativos; y una vez obtenido del emperador el
+bot&oacute;n de cristal que ostentan los Mandarines, substituir&iacute;a a la
+personalidad del Ti-Chin-F&uacute;, pudiendo as&iacute; restituir legalmente a su
+patria, sino la autoridad de su saber, al menos la fuerza de su oro.</p>
+
+<p>Todo esto, a veces, me parec&iacute;a un programa indefinido, nebuloso, pueril
+e idealista. Mas el deseo de esta aventura original y &eacute;pica, acababa por
+convencerme, arrastr&aacute;ndome como a las hojas secas los remolinos del
+viento. Suspir&eacute; anhelante por pisar la tierra de China. Despu&eacute;s de
+largos preparativos aligerados a peso de oro, una noche, por fin, part&iacute;
+para Marsella. Hab&iacute;a alquilado un buque entero: &laquo;El Ceil&aacute;n&raquo;. Y a la
+ma&ntilde;ana siguiente, por un mar azul-prusia, bajo el vuelo blanco de las
+gaviotas, cuando los primeros rayos del sol ruborizaban las torres de
+Nuestra Se&ntilde;ora de la Guardia, puse proa hacia Oriente.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/004.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#table">IV</a></h2>
+
+
+<p>&laquo;El Ceil&aacute;n&raquo; tuvo un viaje mon&oacute;tono y lleno de calma hasta Shang-Hai.
+Desde all&iacute; subimos por el r&iacute;o Azul hasta Tien-Tsin en un peque&ntilde;o
+&laquo;steamer&raquo; de la Compa&ntilde;&iacute;a Russal. Yo no iba a visitar la China con esa
+curiosidad ociosa de turista; todo el paisaje de aquella provincia,
+semejante al de un vaso de porcelana, de un tono azulado y vaporoso, con
+colinitas peladas y de tiempo en tiempo un arbusto solitario, no me hizo
+salir de mi sombr&iacute;a indiferencia.</p>
+
+<p>Cuando el capit&aacute;n del &laquo;steamer&raquo;, un yanki imprudente, de hocico de
+cerdo, al pasar por Nankin, me propuso ir a recorrer las monumentales
+ruinas de la vieja ciudad de porcelana, yo rechaz&eacute; la proposici&oacute;n con un
+seco movimiento de cabeza, sin levantar los ojos tristes de la
+tranquila corriente del r&iacute;o.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; pesados e insoportables me parecieron los d&iacute;as de navegaci&oacute;n de
+Tien-Tsin a Tung-Chou, en barcos chatos que apestaban como el olor y
+suciedad de los remeros; ora a trav&eacute;s de las tierras bajas inundadas por
+el Pei-h&oacute;, ora a lo largo de p&aacute;lidos e infinitos arrozales; cruzando
+aqu&iacute; una l&uacute;gubre aldea de loma negra, all&aacute; un campo cubierto de flores
+amarillas, topando a cada momento con cad&aacute;veres de mendigos, hinchados y
+verdosos, que descend&iacute;an al fondo del agua, bajo un cielo fosco y bajo!</p>
+
+<p>En Tung-Chou qued&eacute; sorprendido al ver la escolta de cosacos que mandaba
+a mi encuentro el viejo general Camilloff, her&oacute;ico oficial de las
+campa&ntilde;as del Asia Central, y entonces embajador de Rusia en Pek&iacute;n. Me
+hab&iacute;an recomendado a &eacute;l como un s&eacute;r precioso y raro. El lenguaraz
+int&eacute;rprete Sa-T&oacute;, que el general hab&iacute;a mandado para ponerse a mi
+servicio, me explic&oacute; que las cartas del sello imperial anunciando mi
+llegada, se hab&iacute;an recibido hac&iacute;a tiempo por conducto de los correos de
+la canciller&iacute;a que atraviesan la Siberia en trineos, desciende sobre
+los lomos del camello hasta la Gran Muralla t&aacute;rtara, y entregan all&iacute; su
+maleta a esos corredores mong&oacute;licos, vestidos de cuero escarlata, que
+noche y d&iacute;a galopan hacia Pek&iacute;n.</p>
+
+<p>Camilloff me enviaba un &laquo;poney&raquo; de la Mandchuria, enjaezado de seda, y
+una tarjeta de visita con estas palabras escritas con l&aacute;piz bajo su
+nombre: &laquo;&iexcl;Salud! &iexcl;El caballo es blando de boca!&raquo;</p>
+
+<p>Mont&eacute; el &laquo;poney&raquo;; y a un &laquo;&iexcl;hurra!&raquo; de los cosacos, entre la her&oacute;ica
+agitaci&oacute;n de las lanzas, partimos a galope por la polvorienta planicie,
+porque ya la tarde declinaba, y las puertas de Pek&iacute;n se cierran apenas
+el &uacute;ltimo rayo de sol huye de las torres del Templo del Cielo. Al
+principio seguimos un camino, formado por el tr&aacute;nsito de las caravanas,
+atravesado por enormes losas de m&aacute;rmol arrancadas de la antigua V&iacute;a
+Imperial. Despu&eacute;s pasamos el puente de Palitas. Corrimos a la orilla de
+canales de agua negra; comenzaron a aparecer pomares y aldeas anidadas
+al pie de una pagoda, y de repente, en un recodo del camino, me par&eacute;
+asombrado.</p>
+
+<p>&iexcl;Pek&iacute;n estaba delante de m&iacute;! Es una vasta muralla, monumental y b&aacute;rbara,
+de un negro obscuro, extendida hasta perderse de vista, y destac&aacute;ndose
+con la arquitectura babil&oacute;nica de sus puertas de techos curvos, sobre el
+fondo sangriento de la p&uacute;rpura del sol poniente.</p>
+
+<p>A lo largo, hacia el norte, en medio de una nube rojiza, ve&iacute;ase, como
+suspendidas en el aire, las monta&ntilde;as de Mongolia.</p>
+
+<p>Una rica litera me esperaba a la puerta de Ung-Tsen-Men, para conducirme
+a trav&eacute;s de Pek&iacute;n, hasta la residencia militar de Camilloff. Ahora, la
+muralla, vista de cerca, parec&iacute;a levantarse hasta los cielos con todo el
+horror de una construcci&oacute;n b&iacute;blica.</p>
+
+<p>En su base se api&ntilde;aba una confusi&oacute;n de barracas, feria ex&oacute;tica, donde
+pululaba una multitud rumorosa, y la luz de las linternas oscilantes
+salpicaba el crep&uacute;sculo de vagas manchas sangrientas. Los toldos blancos
+parec&iacute;an al pie del negro muro bandadas de mariposas inm&oacute;viles.</p>
+
+<p>Una gran tristeza se apoder&oacute; de mi alma. Entr&eacute; en la litera, y cerrando
+las cortinas de seda escarlata bordadas de oro, escoltado por los
+cosacos, penetr&eacute; en la vieja Pek&iacute;n, por su puerta bab&eacute;lica, en medio de
+una turba tumultuosa, entre carretas, caballeros mong&oacute;licos armados de
+flechas, bonzos de t&uacute;nica blanca, marchando uno a uno, y largas filas de
+dromedarios balanceando cadenciosamente su carga.</p>
+
+<p>Al poco rato la litera se par&oacute;. El respetuoso Sa-T&oacute;, descorri&oacute; las
+cortinas y me hall&eacute; en un jard&iacute;n obscuro y silencioso, donde, entre
+sicomoros seculares, kioscos iluminados, brillaban con una luz suave,
+como colosales linternas perdidas en la selva. Los surtidores y las
+fuentes murmuraban en la sombra. Bajo un peristilo formado de maderos
+pintados de rojo, iluminado por hileras de faroles de papel
+transparente, me esperaba una membruda figura de bigotes blancos,
+apoyada en un grueso sable. Era el general Camilloff. Al adelantarme
+hacia &eacute;l, lo hac&iacute;a con el paso inquieto de las gacelas que, asustadas,
+huyen sin ruido entre los &aacute;rboles.</p>
+
+<p>El viejo h&eacute;roe me apret&oacute; un momento contra su pecho y me condujo luego,
+seg&uacute;n los usos chinos, al ba&ntilde;o de la hospitalidad, una vasta pila de
+porcelana, donde entre rodajas finas de lim&oacute;n sobrenadaban esponjas
+blancas despidiendo un fuerte olor a lilas.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s, la luna ba&ntilde;aba deliciosamente los jardines; y yo, muy
+fresco, de corbata blanca, entraba del brazo de Camilloff en el
+&laquo;boudoir&raquo; de la generala. Era alta y rubia, ten&iacute;a los ojos verdes de las
+sirenas de Homero; en el descote bajo de su vestido de seda llevaba
+prendida una rosa blanca; y en los dedos, que yo bes&eacute; respetuosamente,
+erraba un perfume fino de s&aacute;ndalo y de t&eacute;.</p>
+
+<p>Hablamos mucho de Europa, del nihilismo, de Zola, de Le&oacute;n XIII, y de la
+delgadez de Sarah.</p>
+
+<p>Por la galer&iacute;a abierta penetraba un aire c&aacute;lido que trascend&iacute;a a
+heliotropo. Despu&eacute;s la dama se sent&oacute; al piano, y con su voz de contralto
+rompi&oacute; el silencio melanc&oacute;lico de la ciudad t&aacute;rtara, cantando las
+picantes arias de &laquo;Madame Javart&raquo; y las melod&iacute;as fatigosas del &laquo;Rey de
+Lahore&raquo;.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, encerrado con el general en uno de los dos kioscos del
+jard&iacute;n, le cont&eacute; mi lamentable historia y los motivos fabulosos que me
+impulsaron a venir a Pek&iacute;n. El h&eacute;roe me escuchaba silencioso,
+retorci&eacute;ndose sombr&iacute;amente su espeso bigote de cosaco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabe usted el idioma chino?&mdash;me pregunt&oacute; de repente, clavando en m&iacute;
+sus pupilas sagaces.</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; dos palabras importantes, mi general: &laquo;Mandar&iacute;n&raquo; y &laquo;T&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>El h&eacute;roe se pas&oacute; la mano de gruesos tendones sobre la horrible cicatriz
+que le cruzaba la calva:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Mandar&iacute;n&raquo;, amigo m&iacute;o, no es palabra china y nadie la entiende en este
+pa&iacute;s. Es el nombre que en el siglo XVI, los navegantes de su patria, de
+su hermosa patria....</p>
+
+<p>&mdash;Cuando nosotros ten&iacute;amos navegantes...&mdash;murmur&eacute; suspirando. Mi
+interlocutor suspir&oacute; tambi&eacute;n, por cortes&iacute;a, y continu&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;...Que sus navegantes dieron a los funcionarios chinos. Viene de su
+verbo, de su lindo verbo....</p>
+
+<p>&mdash;Cuando ten&iacute;amos verbos...&mdash;interrump&iacute; yo, por esa costumbre
+instintiva en los peninsulares de hablar mal de la patria.</p>
+
+<p>El general entorn&oacute; un momento sus ojos redondos de viejo astuto y
+prosigui&oacute; paciente y grave:</p>
+
+<p>&mdash;De su lindo verbo mandar....&raquo; Le queda, por lo tanto, una palabra,
+&laquo;t&eacute;&raquo;. Es un vocablo que tiene gran importancia en la vida china, m&aacute;s lo
+creo insuficiente para servir en todas las relaciones sociales. Mi
+querido hu&eacute;sped pretende casarse con una se&ntilde;ora de la familia de
+Ti-Chin-F&uacute;, continuar la gran influencia que ejerc&iacute;a el Mandar&iacute;n y
+substituir, dom&eacute;stica y socialmente a ese llorado difunto.... Para todo
+eso dispone de la palabra &laquo;t&eacute;&raquo;. Es poco.</p>
+
+<p>No pude negar que era poco. El venerable ruso, frunciendo su nariz de
+pico de milano, me opuso a&uacute;n otras objeciones que yo ve&iacute;a levantarse
+ante mi deseo como las murallas mismas de Pek&iacute;n; ninguna se&ntilde;ora de la
+familia de Ti-Chin-F&uacute; consentir&iacute;a en casarse con un extranjero; y ser&iacute;a
+imposible, absolutamente imposible, que el emperador, el Hijo del Sol,
+concediese a un extra&ntilde;o los honores privilegiados de un Mandar&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me los negar&iacute;a?&mdash;exclam&eacute;.&mdash;Yo pertenezco a una distinguida
+familia de la provincia del Mi&ntilde;o. Soy licenciado, por lo tanto, en China
+como en Coimbra, soy letrado. He pertenecido a una oficina del
+Estado.... Poseo millones. Tengo la experiencia del estilo
+administrativo....</p>
+
+<p>El general se iba inclinando respetuosamente ante la abundancia de mis
+atributos.</p>
+
+<p>&mdash;No es&mdash;dijo al fin&mdash;que el emperador realmente lo rechaze; es que el
+individuo que lo propusiese, ser&iacute;a inmediatamente decapitado. La ley
+china, en este punto, es expl&iacute;cita y severa.</p>
+
+<p>Baj&eacute; la cabeza abrumado.</p>
+
+<p>&mdash;Mas, general&mdash;murmur&oacute;,&mdash;yo quiero librarme de la presencia odiosa del
+viejo Ti-Chin-F&uacute; y de su papagayo.... Si yo entregase la mitad de mis
+millones al tesoro chino, ya que no me es dado personalmente, como
+Mandar&iacute;n, aplicarlos a la prosperidad del Estado, tal vez Ti-Chin-F&uacute; se
+calmase.</p>
+
+<p>El general puso paternalmente su ancha mano sobre mi hombro.</p>
+
+<p>&mdash;Error, considerable error, joven. Esos millones nunca llegar&iacute;an al
+Tesoro imperial. Se quedar&iacute;an en los bolsillos insondables de las clases
+directoras; ser&iacute;an disipados en plantar jardines, coleccionar
+porcelanas, alfombrar salones y vestir de seda a las concubinas: no
+alimentar&iacute;an una sola piedra de los caminos p&uacute;blicos.... Ir&iacute;an a
+enriquecer la org&iacute;a asi&aacute;tica. El alma de Ti-Chin-F&uacute; debe conocer bien el
+Imperio, y eso no le satisfar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si yo emplease parte de la fortuna del viejo en hacer
+particularmente, como fil&aacute;ntropo, largas distribuciones de arroz al
+populacho hambriento? Es una idea.</p>
+
+<p>&mdash;Funesta&mdash;dijo el general, frunciendo horriblemente el entrecejo.&mdash;La
+corte imperial ver&iacute;a en esto una ambici&oacute;n pol&iacute;tica, un plan para ganar
+el favor de la plebe, un peligro para la dinast&iacute;a.... Mi buen amigo
+ser&iacute;a decapitado.... Es grave....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Maldici&oacute;n!&mdash;grit&eacute;.&mdash;&iquest;Entonces para qu&eacute; he venido a la China?</p>
+
+<p>El diplom&aacute;tico se encogi&oacute; de hombros; mas luego mostr&oacute; en una sonrisa
+maliciosa sus dientes amarillentos de cosaco:</p>
+
+<p>&mdash;Haga una cosa. Busque a la familia de Ti-Chin-F&uacute;.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Yo indagar&eacute; del primer ministro, su excelencia el pr&iacute;ncipe Tong, donde
+p&aacute;ra esa familia tan interesante; despu&eacute;s re&uacute;nalos usted, y arr&oacute;jeles
+una o dos docenas de millones; organice para el difunto unos funerales
+de gran ceremonia con un s&eacute;quito de una legua de largo, filas de bonzos,
+todo un mundo de estandartes, palanquines, lanzas, plumas, pendones
+encarnados y, por &uacute;ltimo, legiones de pla&ntilde;ideras lanzando gritos
+lamentables. Si despu&eacute;s de todo su conciencia no se adormece y el
+fantasma insiste....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Entonces mataos.</p>
+
+<p>&mdash;Muchas gracias, mi general.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Una cosa, sin embargo, era evidente y en ello estuvieron de acuerdo
+Camilloff, el respetuoso Sa-T&oacute; y la generala, que para tratar a la
+familia de Ti-Chin-F&uacute;, formar en el s&eacute;quito de los funerales y, en una
+palabra, introducirme en la vida de Pek&iacute;n, era preciso, desde luego,
+vestirme con un traje conforme a las maneras y al ceremonial de los
+mandarines.</p>
+
+<p>Mi faz amarillenta y mi largo bigote ca&iacute;do, favorec&iacute;an el plan. Y cuando
+a la ma&ntilde;ana siguiente, despu&eacute;s de haber regateado con los sastres de la
+calle Cha-Cona, entr&eacute; en la sala tapizada de seda escarlata, donde ya
+brillaba la vajilla del almuerzo sobre la mesa de hule negro, la
+generala retrocedi&oacute; como si apareciese el propio Tong-Tch&eacute;, Hijo del
+Cielo.</p>
+
+<p>Yo ostentaba una t&uacute;nica de brocado azul obscuro abotonada a un lado, con
+el peto ricamente bordado de dragones y flores de oro, encima de una
+sobrevesta de seda de un tono azul m&aacute;s claro, corta, amplia y fofa; las
+calzas, de sat&eacute;n color de avellana, descubr&iacute;an ricas babuchas amarillas,
+pespunteadas de perlas y un poco de la media sembrada de estrellitas
+obscuras, y a la cintura, en una linda faja recamada llevaba metido un
+abanico de bamb&uacute;, de los que ostenta el retrato del fil&oacute;sofo La-o-Ts&eacute;, y
+son fabricados en Lwat&oacute;n; y por esas misteriosas correlaciones con que
+el vestido influye en el car&aacute;cter, yo sent&iacute;a ya dentro de m&iacute; ideas e
+instintos chinescos; el amor a los ceremoniales meticulosos, el respeto
+burocr&aacute;tico a las f&oacute;rmulas, un abyecto terror hacia el emperador, el
+odio a lo extranjero, el culto por los antepasados, el fanatismo de la
+tradici&oacute;n, el gusto por las cosas azucaradas.</p>
+
+<p>Alma y vientre eran por completo de un Mandar&iacute;n. As&iacute; es que no dije a la
+generala:</p>
+
+<p>&laquo;Bon jour, madame&raquo;, sino que, doblado por la cintura, haciendo girar los
+pu&ntilde;os cerrados sobre la frente, baja, hice gravemente el &laquo;chinch&iacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute; usted adorable, precioso!&mdash;dec&iacute;a ella con su linda sonrisa,
+golpeando las manos diminutas y p&aacute;lidas.</p>
+
+<p>En honor de mi nueva encarnaci&oacute;n, hab&iacute;an preparado aquella ma&ntilde;ana un
+almuerzo chino. &iexcl;Qu&eacute; gentiles servilletas de papel de seda escarlata con
+monstruos fabulosos dibujados en negro! La comida di&oacute; comienzo por
+ostras de Ning-P&oacute;. &iexcl;Excelentes! Me sorb&iacute; dos docenas con verdadero
+regalo oriental. Despu&eacute;s sirvieron deliciosas fibras de aletas de
+tibur&oacute;n, ojos de carnero con picado de ajo, un plato de nen&uacute;fares en
+compota, naranjas de Cant&oacute;n, y, en fin, el arroz tradicional, el arroz
+de los abuelos. Todo esto con la ayuda de unas cuantas botellas de
+excelente vino de Chao-Chign&eacute;. Y, en fin, con qu&eacute; gozo sabore&eacute; mi taza
+de t&eacute; imperial, t&eacute; de la primera cosecha de marzo, cosecha &uacute;nica que es
+celebrada como un rito santo por las manos puras de las v&iacute;rgenes.</p>
+
+<p>Entraron dos cantadoras, mientras nosotros fum&aacute;bamos, y durante largo
+tiempo, entonaron con una modulaci&oacute;n gutural viejas c&aacute;ntigas de los
+tiempos de la dinast&iacute;a Ming al s&oacute;n de guitarras forradas de piel de
+serpiente, que dos t&aacute;rtaros, en cuclillas, rasgueaban con una cadencia
+melanc&oacute;lica y b&aacute;rbara. La China tiene encantos raros.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, la rubia generala cant&oacute; con gracia, la &laquo;Femme a barbe&raquo;: y
+cuando el general march&oacute; con su escolta cosaca hacia el Yamen del
+pr&iacute;ncipe Tong, a informarse de la residencia de la familia Ti-Chin-F&uacute;,
+yo, repleto y bien dispuesto, sal&iacute; con Sa-T&oacute; a ver Pek&iacute;n.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>La vivienda de Camilloff quedaba en la ciudad t&aacute;rtara, en los barrios
+militares y nobles. Reina all&iacute; una tranquilidad austera. Las calles
+semejan largos caminos de aldea surcados por las ruedas de los carros; y
+casi siempre se camina pegado a los muros, de donde salen ramas
+horizontales de sicomoros.</p>
+
+<p>A veces, una carreta pasa r&aacute;pidamente, al trote de un poney mogol, con
+altas ruedas claveteadas de clavos dorados; todo en ella oscila: el
+toldo, las cortinas de seda, los penachos de plumas de los &aacute;ngulos; y
+dentro se entrev&eacute; alguna hermosa dama china, cubierta de brocado claro,
+la cabeza toda llena de flores, haciendo girar en las mu&ntilde;ecas dos aros
+de plata con un aire de tedio ceremonioso: Despu&eacute;s alguna aristocr&aacute;tica
+litera de mandar&iacute;n, que kool&iacute;es vestidos de azul, con la coleta suelta,
+llevan al trote, encorvados, hacia los Yamens del Estado; prec&eacute;deles un
+criado que levanta en el aire rollos de seda con inscripciones bordadas,
+insignias de autoridad; y dentro el personaje gordinfl&oacute;n de enormes
+lentes redondos, ojea sus papeles o dormita con el labio ca&iacute;do.</p>
+
+<p>A cada momento nos par&aacute;bamos para admirar las ricas tiendas con sus
+tabletas verdes de letras doradas sobre fondo negro; los parroquianos,
+en un silencio de iglesia examinan las preciosidades: porcelanas de la
+dinast&iacute;a Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas, los abanicos
+maravillosos de Swat&oacute;n; a veces una fresca joven de ojos obl&iacute;cuos,
+vestida de azul, con amapolas de papel en la cabeza, desdobla alg&uacute;n rico
+brocado delante de alg&uacute;n grueso chino que la contempla beat&iacute;ficamente
+con los dedos cruzados sobre la panza: al fondo, el mercader, aparatoso
+e inm&oacute;vil, escribe sobre tablillas de s&aacute;ndalo, y un perfume suave que
+entristece y perturba, brota de todas las cosas.</p>
+
+<p>&iexcl;He aqu&iacute; las murallas que cercan a la ciudad interdicta, morada santa
+del Emperador! J&oacute;venes de familias patricias, descienden de la terraza
+de un templo, donde estuvieron adiestr&aacute;ndose en el manejo de la flecha.
+Sa-T&oacute;, me dice sus nombres: forman parte de la guardia selecta, que en
+las ceremonias da escolta al quitasol de seda amarilla con un drag&oacute;n
+bordado que es el emblema sagrado del Emperador.</p>
+
+<p>Todos ellos cumplimentan profundamente a un viejo de barbas venerables,
+con sobrevesta amarilla, privilegio de los ancianos. Iba hablando solo y
+llevaba en la mano una vara donde se posaban dos p&aacute;jaros domesticados.
+Era un pr&iacute;ncipe del Imperio.</p>
+
+<p>&iexcl;Extra&ntilde;os barrios! Mas nada me divert&iacute;a tanto como ver a cada instante
+en la puerta de un jard&iacute;n, dos mandarines panzudos que para entrar se
+hac&iacute;an infinitas zalemas y cortes&iacute;as, sonriendo, todo un ceremonial
+dogm&aacute;tico, que les hac&iacute;a oscilar de un modo picaresco sobre las espaldas
+las largas plumas de pavo. Donde quiera que se levantaban los ojos se
+ve&iacute;an siempre enormes cometas de papel, ora en forma de dragones, ora de
+cet&aacute;ceos o aves fabulosas, llenando el espacio de una inveros&iacute;mil legi&oacute;n
+de monstruos transparentes y ondeantes.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sa-T&oacute;, basta de ciudad t&aacute;rtara! Vamos a ver los barrios chinos.</p>
+
+<p>Y all&iacute; fuimos, penetrando en la ciudad chinesca por la parte populosa de
+Tchin-Men. Aqu&iacute; habita la burgues&iacute;a, los mercaderes y el populacho. Las
+calles al&iacute;neanse como una pauta; y en el suelo vetusto y enlotado, hecho
+con inmundicias de cien generaciones, a&uacute;n se ven algunas de aquellas
+losas de m&aacute;rmol de color de rosa que en otra era, en tiempo de la
+grandeza de Ming, lo cubr&iacute;an.</p>
+
+<p>Forman las calles, ora terrenos pedregosos donde a&uacute;llan manadas de
+perros hambrientos, ora filas de chozas toscas, ora pobres tiendas con
+sus tabletas balance&aacute;ndose en un asta de hierro.</p>
+
+<p>A lo lejos se alzan los arcos triunfales hechos con barrotes de color de
+p&uacute;rpura, ligados en lo alto por un tejado oblongo de tejas azules que
+brillan como esmaltes. Una multitud rumorosa y api&ntilde;ada, donde domina el
+tono pardo y azulado de los trajes, circula sin cesar; el polvo lo
+envuelve todo en una nevada amarilla; un hedor acre se respira en el
+aire; y a cada momento largas caravanas de camellos atraviesan la
+multitud, conducidos por mongoles sombr&iacute;os vestidos de pieles de
+carnero....</p>
+
+<p>Fuimos hasta los caminos de los puentes sobre los canales, donde
+saltimbanquis semi-desnudos, con m&aacute;scaras simulando demonios pavorosos,
+hacen destrezas con una picard&iacute;a b&aacute;rbara y sutil; y mucho tiempo estuve
+admirando los astr&oacute;logos que, vestidos con largas t&uacute;nicas, adornados con
+dragones de papel, venden ruidosamente hor&oacute;scopos y consultas de astros.
+&iexcl;Oh, ciudad, fabulosa y singular!</p>
+
+<p>De repente se levant&oacute; una griter&iacute;a espantosa. Corrimos; era una cuerda
+de presos, que un soldado, de grandes lentes, empujaba con su quitasol,
+amarrados los unos a los otros por el extremo de la coleta. En aquella
+avenida vi tambi&eacute;n el cortejo de un funeral de Mandar&iacute;n, todo ornado de
+oriflamas y banderolas; grupos de hombres f&uacute;nebres quemaban papeles en
+braserillos port&aacute;tiles; mujeres desarrapadas aullaban de dolor
+revolc&aacute;ndose sobre los tapices; despu&eacute;s se levantaban, y un kool&iacute;,
+vestido de blanco, en se&ntilde;al de luto, les serv&iacute;a el t&eacute; en un gran plato
+en forma de ave.</p>
+
+<p>Al pasar junto al Templo del Cielo, vi api&ntilde;ada en una grada una legi&oacute;n
+de mendigos; llevaban por todo indumento un trapo amarrado a la cintura
+con un cordel; las mujeres, con los cabellos cubiertos de viejas flores
+de papel, ro&iacute;an huesos tranquilamente, y los cad&aacute;veres de las criaturas
+se pudr&iacute;an a su lado bajo el vuelo de los moscardones. M&aacute;s adelante
+encontramos una jaula donde un condenado extend&iacute;a, a trav&eacute;s de los
+barrotes, las manos descarnadas, implorando una limosna.... Despu&eacute;s
+Sa-T&oacute;, mostr&oacute;me respetuosamente una plaza estrecha: all&iacute;, sobre pilares
+de piedra, se ve&iacute;an peque&ntilde;as jaulas conteniendo cabezas de decapitados,
+goteando sangre espesa y negra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;exclam&eacute; fatigado y aturdido.&mdash;Sa-T&oacute;, ahora quiero reposo,
+silencio y un cigarro caro....</p>
+
+<p>El int&eacute;rprete inclin&oacute;se; y por una escalera de granito me llev&oacute; a las
+murallas de la ciudad, las cuales forman una explanada que cuatro carros
+de guerra apareados podr&iacute;an recorrer durante leguas.</p>
+
+<p>Mientras Sa-T&oacute;, sentado en el hueco de una almena, bostezaba en un
+desahogo de &laquo;cicerone&raquo; fastidiado, yo, fumando, contempl&eacute; largo rato, a
+mis pies, la vasta y sagrada Pek&iacute;n.</p>
+
+<p>Es como una formidable ciudad de la Biblia, Babel o N&iacute;nive, que el
+profeta Jon&aacute;s tard&oacute; tres d&iacute;as en atravesar. El grandioso muro cuadrado
+limita los cuatro puntos del horizonte con puertas de torres
+monumentales, que el aire azulado, desde aquella distancia, hace parecer
+transparentes. En la inmensidad de su recinto aglom&eacute;ranse confusamente
+verdores de bosques, lagos artificiales, canales brillantes, puentes de
+m&aacute;rmol, terrenos cubiertos de minas, tejados barnizados relucientes al
+sol; por todas partes se alzan pagodas her&aacute;ldicas, blancas azoteas de
+templos, arcos triunfales, kioscos saliendo de entre el follaje de los
+jardines; despu&eacute;s, espacios que parecen montes de porcelana; y siempre
+a intervalos regulares la mirada encuentra algunos de los bastiones, de
+aspecto her&oacute;ico y fabuloso.</p>
+
+<p>La multitud, junto a esas edificaciones grandiosas, es apenas como
+granos de arena negra que un viento blando trae y lleva.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; est&aacute; el vasto palacio imperial, entre arboledas misteriosas, con
+sus tejados de un amarillo de oro muy vivo. &iexcl;Con cu&aacute;nto gusto penetrar&iacute;a
+en sus secretos y ver&iacute;a desfilar, por las galer&iacute;as sobrepuestas, la
+magnificencia b&aacute;rbara de esas dinast&iacute;as seculares!</p>
+
+<p>A lo lejos se levanta la torre del Templo del Cielo, semejante a tres
+quitasoles sobrepuestos; despu&eacute;s la gran columna de los Principios,
+hier&aacute;tica y seca como el genio de la raza, y delante blanquean en una
+media tinta sobrenatural, las terrazas de jaspe del Santuario de la
+Purificaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Entonces interrogu&eacute; a Sa-T&oacute;; y su dedo respetuoso fu&eacute; se&ntilde;al&aacute;ndome el
+Templo de los Antepasados, el Palacio de la Soberana Concordia, el
+pabell&oacute;n de las Flores de las Letras, el kiosco de los Historiadores,
+brillando, entre los bosques sagrados que los cercan, con sus tejados
+lustrosos, azules, verdes, escarlata y de color de lim&oacute;n. Yo devoraba
+con ojos &aacute;vidos aquellos monumentos de la antig&uuml;edad asi&aacute;tica, lleno de
+curiosidad por conocer las impenetrables clases que los habitan, el
+principio de las Instituciones, la significaci&oacute;n de las inscripciones,
+el esp&iacute;ritu de sus ciencias, la gram&aacute;tica, el dogma y la extra&ntilde;a visa
+interior de un cerebro de letrado chino. Mas ese mundo es inviolable
+como un santuario.</p>
+
+<p>Me sent&eacute; en la muralla, y mis ojos perdi&eacute;ronse en la planicie arenosa
+que se extiende m&aacute;s all&aacute; de los puestos hasta los contrafuertes de los
+montes mong&oacute;licos; all&iacute;, airosamente, se arremolinan ondas indefinibles
+de polvo; y a todas horas negrean filas vagarosas de caravanas. Entonces
+invadi&oacute; a mi alma una melancol&iacute;a que el silencio de aquellas alturas,
+envolviendo a Pek&iacute;n, hac&iacute;a m&aacute;s desolada; era como un cansancio de m&iacute;
+mismo, un largo pensar de mi sentir; all&iacute;, aislado, absorto en aquel
+mundo duro y b&aacute;rbaro. Me acord&eacute;, con los ojos h&uacute;medos, de mi aldea del
+Mi&ntilde;o, la venta con un ramo de laurel colgado sobre la puerta, el banco
+del herrador y las riberas fresca y rozagantes cuando verdean los
+linos.</p>
+
+<p>Era la &eacute;poca en que las palomas emigran de Pek&iacute;n hacia el Sur. Yo las
+ve&iacute;a reunirse en bandadas por encima de m&iacute;, partiendo de los bosques, de
+los templos y de los pabellones imperiales; cada una llevaba, para
+librarse de los milanos, una ca&ntilde;ita de bamb&uacute; que el aire hac&iacute;a silbar, y
+aquellas nubes blancas pasaban como impelidas por una brisa suave,
+dejando en silencio un lento y melanc&oacute;lico suspiro, una ondulaci&oacute;n
+c&eacute;lica, que se perd&iacute;a en los aires p&aacute;lidos. Volv&iacute; a casa, lento y
+pensativo.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>En la comida, Camilloff, desdoblando su servilleta, me pregunt&oacute; mis
+impresiones sobre Pek&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pek&iacute;n me hace sentir muy bien, mi general, los versos de un poeta
+portugu&eacute;s:</p>
+
+<p class="stret">
+&laquo;S&oacute;balos r&iacute;os que v&agrave;o<br />
+por Babylonia me achei....&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pek&iacute;n es un monstruo!&mdash;dijo Camilloff, haciendo oscilar su calva
+reluciente.&mdash;Y ahora considere que en esta capital, a la clase t&aacute;rtara y
+conquistadora que la posee, obedecen trescientos millones de hombres,
+una raza audaz, laboriosa, sufrida, pol&iacute;tica, invasora. Estudian
+nuestras ciencias... &iquest;Una copita de Medoc, Teodoro?... &iexcl;Tienen una
+marina formidable! El ej&eacute;rcito que en otro tiempo cre&iacute;a destrozar al
+extranjero con dragones de papel de donde sal&iacute;an culebras de fuego,
+&iexcl;sigue ahora la t&aacute;ctica prusiana y va armado con fusil de aguja! &iexcl;Grave,
+muy grave!</p>
+
+<p>&mdash;Y todav&iacute;a, mi general, en mi pa&iacute;s, cuando a prop&oacute;sito de Macao, se
+habla del Imperio Celeste, los patriotas se pasan los dedos por las
+gre&ntilde;as y dicen negligentemente: &laquo;Mandamos all&aacute; cincuenta hombres y
+barremos la China&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de citar esta sandez, quedamos silenciosos. El general, tosiendo
+formidablemente, murmur&oacute; luego, con condescendencia:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Portugal es un bello pa&iacute;s!</p>
+
+<p>Yo exclam&eacute; con sequedad y firmeza:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una pocilga, general!</p>
+
+<p>La generala, colocando delicadamente en el borde del plato un al&oacute;n y
+limpi&aacute;ndose los dedos, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Es el pa&iacute;s de la canci&oacute;n de Mignon; el hermoso pa&iacute;s donde florece la
+naranja.</p>
+
+<p>El gordo Meriskoff, doctor alem&aacute;n de la Universidad de Bom, canciller de
+la legi&oacute;n, hombre de aficiones po&eacute;ticas, y gran comentarista, observ&oacute;
+con respeto:</p>
+
+<p>&mdash;Generala, el dulce pa&iacute;s de Mignon es Italia: &laquo;&iquest;Conoces t&uacute; la tierra
+privilegiada donde la naranja da flor?&raquo; El divino Goethe se refer&iacute;a a
+Italia, &laquo;Italia mater&raquo;. Italia ser&aacute; el eterno amor de la humanidad
+sensible.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo prefiero a Francia!&mdash;suspir&oacute; la esposa del primer secretario, una
+jovencita p&aacute;lida de cabello rizado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, la Francia!&mdash;murmuraron algunos comensales, poniendo los ojos en
+blanco.</p>
+
+<p>El gordo Meriskoff agit&oacute; los lentes de oro.</p>
+
+<p>&mdash;Francia tiene un pero, que es la cuesti&oacute;n social.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, la cuesti&oacute;n social!&mdash;murmur&oacute; sombr&iacute;amente Camilloff.</p>
+
+<p>Y conversando con tanta sabidur&iacute;a, llegamos por fin al caf&eacute;.</p>
+
+<p>Al bajar al jard&iacute;n, la generala, apoy&aacute;ndose sentimentalmente en mi
+brazo, murmur&oacute;, junto a mi o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;Ay, &iexcl;qui&eacute;n pudiera vivir en esos palacios apasionados donde verdean
+las naranjas!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;All&iacute; s&iacute; que se ama, generala!&mdash;le dije en secreto, llev&aacute;ndola
+dulcemente hacia la obscuridad de los sicomoros.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/005.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#table">V</a></h2>
+
+
+<p>Fu&eacute; necesario todo un largo verano para descubrir la provincia donde
+resid&iacute;a el difunto Ti-Chin-F&uacute;.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; episodio administrativo tan pintoresco, tan chino! El servicial
+Camilloff, que se pasaba el d&iacute;a entero recorriendo los Yamens del
+Estado, tuvo que probar, primero, que el deseo de conocer la morada del
+viejo Mandar&iacute;n no encubr&iacute;a ninguna conspiraci&oacute;n contra la seguridad del
+Imperio, y despu&eacute;s fu&eacute; preciso que jurase que no encerraba esta
+curiosidad un atentado contra los Ritos sagrados. Entonces, satisfecho,
+el pr&iacute;ncipe Tong permiti&oacute; que se hiciese la requisitoria imperial:
+centenares de escribientes palidecieron noche y d&iacute;a, con el pincel en la
+mano, dibujando consultas sobre papel de arroz; misteriosas
+conferencias susurraron insensatamente por todos los distritos de la
+Ciudad Imperial desde el Tribunal Astron&oacute;mico hasta el Palacio de la
+Bondad Preferida; y un ej&eacute;rcito de kool&iacute;es transportaba desde la
+legaci&oacute;n de Rusia hasta los Kioscos de la Ciudad Interdicta, y de aqu&iacute;
+al Patio de los Archivos, parihuelas que crug&iacute;an bajo el peso de los
+legajos de viejos documentos.</p>
+
+<p>Cuando Camilloff preguntaba por el resultado de sus investigaciones, le
+contestaban satisfactoriamente que se estaban consultando los libros
+santos de La-o-Ts&eacute;, o que se iban a explorar viejos textos del tiempo de
+Nor-Xa-Ch&uacute;.</p>
+
+<p>Y para calmar la impaciencia b&eacute;lica del ruso, el pr&iacute;ncipe Tong remit&iacute;a,
+con estos recados sutiles, alg&uacute;n substancioso presente de confites o
+goma de bamb&uacute; en caldo de az&uacute;car.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Mientras el general trabajaba con fervor para encontrar la familia
+Ti-Chin-F&uacute;, yo iba tejiendo horas de seda y oro (as&iacute; dice un poeta
+japon&eacute;s) a los pies peque&ntilde;itos de la generala. Hab&iacute;a un kiosco en el
+jard&iacute;n, bajo los sicomoros, que se denominaba, al modo chino, el &laquo;Reposo
+discreto&raquo;; a un lado un arroyo fresco cantaba dulcemente bajo una
+fuentecilla r&uacute;stica pintada de color de rosa. Las paredes las formaban
+un enrejado de bamb&uacute; forrado de seda amarilla; el sol, pasando a trav&eacute;s
+de ellas, proyectaba una luz sobrenatural de &oacute;palo claro. En el centro,
+un div&aacute;n de seda blanca, de una poes&iacute;a de nube matutina, atra&iacute;a como un
+lecho nupcial. En los rincones, en preciosos jarrones transparentes de
+la &eacute;poca de Yeng, alz&aacute;banse, con su esbeltez aristocr&aacute;tica, lirios
+escarlata del Jap&oacute;n. El suelo estaba todo cubierto de esteras finas de
+Nank&iacute;n y junto a la ventana enrejada, sobre un airoso pedestal de
+s&aacute;ndalo, ve&iacute;ase abierto un abanico formado de varillas de cristal, que
+la brisa, al entrar, hac&iacute;a vibrar, con modulaci&oacute;n melanc&oacute;lica y tierna.</p>
+
+<p>Las monta&ntilde;as de fines de agosto en Pek&iacute;n, son muy apacibles; ya vaga en
+el aire una calma oto&ntilde;al; a esa hora, el consejero Mariskoff y los
+oficiales de la legaci&oacute;n estaban siempre en la canciller&iacute;a, despachando
+el correo de San Petersburgo.</p>
+
+<p>Yo, entonces, con el abanico en la mano, pisando sutilmente con la punta
+de las babuchas de sat&iacute;n las calles enarenadas del jard&iacute;n, iba a
+entreabrir la puerta del &laquo;Reposo discreto&raquo;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mim&iacute;?</p>
+
+<p>Y la voz de la generala respond&iacute;a, suave como un beso:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;All right....&raquo;</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; linda estaba vestida de dama china! En sus cabellos levantados
+albeaban flores raras, y sus cejas parec&iacute;an m&aacute;s puras y negras avivadas
+con tinta de Nank&iacute;n. La camisa de gasa bordada, la t&uacute;nica de filigrana
+de oro, pleg&aacute;base a sus senos peque&ntilde;itos y erectos. Largas y fofas
+calzas de fulard color &laquo;cadera de Ninfa&raquo;, que le daba una gracia propia
+de serrallo, descend&iacute;an sobre los tobillos finos, cubiertos de sedosas
+medias amarillas. Y apenas tres dedos de mi mano cab&iacute;an en sus
+chinelitas.</p>
+
+<p>Llam&aacute;base Wladimira; naci&oacute; al pie de Nid-ji-Nowgorod y fu&eacute; educada por
+una vieja t&iacute;a que admiraba a Rousseau, le&iacute;a a Foblas, usaba cabellos
+empolvados, y parec&iacute;a una basta litograf&iacute;a cosaca de una dama galante de
+Versalles....</p>
+
+<p>El sue&ntilde;o de Wladimira era vivir en Par&iacute;s; y mientras hac&iacute;a hervir
+delicadamente las hojas del t&eacute;, me rogaba que la contase historias
+picantes de &laquo;cohetes&raquo;, y me confesaba su culto por Dumas, hijo.</p>
+
+<p>Yo le arremangaba la larga manga de la casaca de seda de color de hoja
+muerta, y hac&iacute;a viajar mis labios devotos por la piel fresca de sus
+bellos brazos; y despu&eacute;s, sobre el div&aacute;n, enlazados, pecho contra
+pecho, en un &eacute;xtasis mudo, sent&iacute;amos las maravillas de cristal resonar
+e&oacute;licamente, las palomas azules arrullarse en los pl&aacute;tanos, y el
+fugitivo ritmo del arroyo murmurador....</p>
+
+<p>Nuestros ojos humedecidos encontraban a veces un cuadro de sat&iacute;n negro
+por cima del div&aacute;n, donde en caracteres chinos, se desarrollaban
+sentencias del libro sagrado de Li-Nun &laquo;sobre los deberes de la esposa&raquo;.
+Mas ninguno de nosotros entend&iacute;a el chino.... Y en el silencio, nuestros
+besos volv&iacute;an a comenzar espaciados, sonando dulcemente y comparables
+(en la lengua florida de aquellos pa&iacute;ses) a perlas que caen, una a una,
+sobre una bandeja de plata... &iexcl;Oh, suaves siestas de los jardines de
+Pek&iacute;n! &iquest;D&oacute;nde est&aacute;is ahora? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;is, hojas muertas de los lirios
+escarlata del Jap&oacute;n?</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Una ma&ntilde;ana Camilloff entr&oacute; en la canciller&iacute;a, donde yo fumaba
+amigablemente una pipa en compa&ntilde;&iacute;a de Mariskoff y tirando su enorme
+sable sobre el canap&eacute;, nos cont&oacute; radiante de alegr&iacute;a, las noticias que
+le hab&iacute;a dado el penetrante pr&iacute;ncipe Tong. Descubri&oacute;se al fin que un
+opulento mandar&iacute;n, llamado Ti-Chin-F&uacute;, viv&iacute;a en otro tiempo cerca de los
+confines de la Mongolia, en la villa de Tien-H&oacute;. Hab&iacute;a muerto
+s&uacute;bitamente; y su descendencia resid&iacute;a all&aacute; en la miseria, en una choza
+vil.</p>
+
+<p>Este descubrimiento, ciertamente, no fu&eacute; debido a la burocracia
+imperial; lo hizo un astr&oacute;logo del templo de Faguas, que durante veinte
+noches hoje&oacute; en el cielo el luminoso archivo de los astros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Teodoro, ese mandar&iacute;n es su hombre!&mdash;exclam&oacute; Camilloff.</p>
+
+<p>Y Mariskoff repiti&oacute;, sacudiendo la ceniza de la pipa:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ese es su hombre, Teodoro!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi hombre!&mdash;murmur&eacute; sombr&iacute;amente.</p>
+
+<p>&iexcl;Era tal vez &laquo;mi hombre&raquo;, s&iacute;! Mas no me seduc&iacute;a ir a buscar su familia,
+en la monoton&iacute;a de una caravana, por aquellos desolados rincones de la
+China. Adem&aacute;s, desde mi llegada a Pek&iacute;n, no hab&iacute;a vuelto a ver la sombra
+odiosa de Ti-Chin-F&uacute; y su cometa en forma de papagayo.</p>
+
+<p>Mi conciencia reposaba como una paloma adormecida. Por lo visto, el
+esfuerzo supremo de voluntad que tuve que hacer para abandonar las
+dulzuras del boulevard y de Loreto, y surcar los mares hasta el Celeste
+Imperio, parec&iacute;an a la Eterna Equidad una expiaci&oacute;n suficiente y una
+peregrinaci&oacute;n reparadora. Y Ti-Chin-F&uacute;, ya calmado, regresar&iacute;a con su
+papagayo a la sempiterna inmovilidad.</p>
+
+<p>&iquest;Para qu&eacute; ir a Tien-H&oacute;? &iquest;Por qu&eacute; no quedarme all&aacute; en aquel amable
+Pek&iacute;n, comiendo nen&uacute;fares en caldo de az&uacute;car, abandon&aacute;ndome a la
+somnolencia amorosa del &laquo;Reposo discreto&raquo; y yendo por las tardes
+azuladas a dar mi paseo del brazo del buen Mariskoff, por las terrazas
+de jaspe de la Purificaci&oacute;n o bajo los cedros del Templo del Cielo?</p>
+
+<p>El celoso Camilloff, con el l&aacute;piz en la mano, marc&oacute; en el mapa un
+itinerario hacia Tien-H&oacute;. Mostr&oacute;me en desagradable entrelazamiento,
+sombras de montes, l&iacute;neas tortuosas de r&iacute;os, dibujos ondulados de
+lagunas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aqu&iacute; est&aacute;! Suba usted hasta Ni-ku-h&eacute;, en la margen del Pei-H&oacute;. Desde
+all&iacute; en barcos chatos va a My-yun. &iexcl;Buena ciudad! Hay en ella un Buda
+vivo. Desde all&iacute; a caballo, sigue hasta la fortaleza de Ch&eacute;-hia. Pasa la
+gran muralla. &iexcl;Famoso espect&aacute;culo! Descansa en el fuerte de Ku-pi-h&oacute;.
+&iexcl;All&iacute; puede cazar gacelas!... &iexcl;Soberbias gacelas!... Y en dos d&iacute;as de
+camino llega a Tien-H&oacute;. Brillante itinerario. &iquest;Cu&aacute;ndo quiere partir?
+&iquest;Ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana&mdash;murmur&eacute; tristemente.</p>
+
+<p>&iexcl;Pobre generala! Aquella noche, mientras Mariskoff, en el fondo de las
+salas, jugaba con tres oficiales de la embajada su &laquo;whist&raquo; sacramental,
+y Camilloff, reclinado en el sof&aacute;, con los brazos cruzados, solemne como
+en una poltrona del Congreso de Viena, dorm&iacute;a con la boca abierta, ella
+se sent&oacute; al piano. Yo, a su lado, en la actitud legendaria de un infante
+de Lara, desesperado por la fatalidad, me retorc&iacute;a l&uacute;gubremente el
+bigote. Y la dulce criatura, entre dos gemidos del teclado, de una
+sonata penetrante, cant&oacute; volviendo hacia m&iacute; sus ojos brillantes y
+h&uacute;medos:</p>
+
+<p class="stret">
+&laquo;L'oiseau s'envole,<br />
+La'bas, la'bas!...<br />
+L'oiseau s'envole....<br />
+Ne revient pas....&raquo;<br />
+</p>
+
+<p>&mdash;El ave ha de volver al nido!&mdash;musit&eacute; yo enternecido. Y, afan&aacute;ndome por
+esconder una l&aacute;grima, sal&iacute; murmurando furiosamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Canalla de Ti-Chin-F&uacute;! &iexcl;Por tu causa! &iexcl;Viejo malandr&iacute;n!</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente sal&iacute; para Tien-H&oacute;, acompa&ntilde;ado de Sa-T&oacute;, el respetuoso
+int&eacute;rprete, una larga fila de carretas, dos cosacos y todo un pueblo de
+kool&iacute;es.</p>
+
+<p>Al dejar la muralla de la ciudad t&aacute;rtara, seguimos mucho tiempo
+caminando entre las cercas de los jardines sagrados que rodean el templo
+de Confucio.</p>
+
+<p>Era el fin de oto&ntilde;o; ya las hojas estaban amarillas; una dulzura suave
+erraba en el aire.</p>
+
+<p>De los kioscos santos sal&iacute;a un susurro de c&aacute;nticos mon&oacute;tonos y tristes.
+Por las terrazas, enormes serpientes veneradas como dioses, se iban
+arrastrando, ya entorpecidas por el fr&iacute;o. Y aqu&iacute; y all&aacute;, al pasar,
+encontr&aacute;bamos budistas decr&eacute;pitos, secos como pergaminos y nudosos como
+ra&iacute;ces, entrecruzados de piernas en el suelo bajo los sicomoros,
+inm&oacute;viles como &iacute;dolos, contempl&aacute;ndose incesantemente el ombligo en
+espera de la perfecci&oacute;n del Nirvana.</p>
+
+<p>Y yo iba pensando con una tristeza tan p&aacute;lida como aquel cielo asi&aacute;tico
+de octubre, en dos l&aacute;grimas redonditas que al partir vi brillar en los
+ojos negros de la generala.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/006.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#table">VI</a></h2>
+
+
+<p>La tarde declinaba y el sol descend&iacute;a bermejo como un escudo de metal
+candente, cuando llegamos a Tien-H&oacute;.</p>
+
+<p>Las negras murallas de la ciudad se alzan al Sur, al pie de un torrente
+que ruge entre rocas. En la parte de Oriente, la planicie l&iacute;vida y
+polvorienta se extiende hasta un grupo obscuro de colonias donde
+blanquea el &aacute;mplio edificio de una Misi&oacute;n cat&oacute;lica; y m&aacute;s all&aacute;, hacia el
+extremo Norte, se elevan las eternas monta&ntilde;as de la Mongolia, suspensas
+en el aire como nubes.</p>
+
+<p>Nos alojamos en una f&eacute;tida barraca titulada: &laquo;Hospeder&iacute;a de la
+Consolaci&oacute;n Terrestre&raquo;. Me fu&eacute; reservado el cuarto noble, el principal,
+que se abr&iacute;a sobre una galer&iacute;a formada por estacas. Estaba ornado de
+dragones de papel recortado, sujetos por cordeles de los travesa&ntilde;os del
+techo. Al menor soplo de la brisa, aquella legi&oacute;n de monstruos fabulosos
+oscilan cadenciosamente con un rumor seco de hojarascas, como tomando
+vida sobrenatural y grotesca.</p>
+
+<p>Antes de que oscureciese, fu&iacute; acompa&ntilde;ado de Sa-T&oacute; a contemplar la
+ciudad, mas pronto tuve que regresar sofocado por el hedor repugnante
+que exhalaban las viviendas. Todo se me figur&oacute; ser negro; las chozas, el
+suelo cenagoso, los canes hambrientos y el populacho abyecto. Regres&eacute; a
+mi albergue, donde arrieros, mongoles y criaturas piojosas, me miraban
+con asombro.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene vuestra merced raz&oacute;n. Es mala ralea. Mas no hay peligro; yo
+mat&eacute;, antes de partir, un gallo negro, y la diosa Kaonine debe estar
+contenta. Pod&eacute;is dormir al abrigo de los malos esp&iacute;ritus. &iquest;Quiere,
+vuestra merced, el t&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Tr&aacute;elo, Sa-T&oacute;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de bebernos una taza, conversamos largamente sobre el vasto
+plan: a la ma&ntilde;ana siguiente llevar&iacute;a la dicha y la tranquilidad a la
+triste choza de la viuda de Ti-Chin-F&uacute;, anunci&aacute;ndole los millones que le
+regalaba, millones ya depositados en Pek&iacute;n. Despu&eacute;s, de acuerdo con el
+mandar&iacute;n Gobernador, har&iacute;amos una cuantiosa distribuci&oacute;n de arroz al
+pueblo, y por la noche habr&iacute;a danzas e iluminaciones, como en una
+solemnidad p&uacute;blica.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te parece, Sa-T&oacute;?</p>
+
+<p>&mdash;En los labios de vuestra merced habita la sabidur&iacute;a de Confucio... &iexcl;Va
+a ser un hermoso espect&aacute;culo!</p>
+
+<p>Como ven&iacute;a cansado, bien pronto comenc&eacute; a bostezar; me tend&iacute; sobre el
+lecho, envuelto en mis pieles, hice la se&ntilde;al de la cruz y me dorm&iacute;
+pensando en los brazos blancos de la generala y en sus ojos verdes de
+sirena.</p>
+
+<p>Ser&iacute;a la media noche, cuando me despert&oacute; un rumor lento y sordo que
+envolv&iacute;a la barraca, como un fuerte viento en una arboleda o una mar
+gruesa batiendo un pared&oacute;n. Por la galer&iacute;a abierta, la luna entraba en
+el cuarto, una luna triste de oto&ntilde;o asi&aacute;tico, dando a los dragones
+colgados del techo, formas y semejanzas quim&eacute;ricas.</p>
+
+<p>Me levant&eacute;, ya nervioso, cuando una silueta alta e inquieta, apareci&oacute; a
+la claridad de la luna.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Soy yo, se&ntilde;or!&mdash;murmur&oacute; la voz despavorida de Sa-T&oacute;.</p>
+
+<p>Y luego, agach&aacute;ndose a mis pies, me cont&oacute; en un flujo de palabras roncas
+su aflicci&oacute;n: mientras yo dorm&iacute;a se esparci&oacute; por la ciudad el rumor de
+que un extranjero, el &laquo;Diablo extranjero&raquo; hab&iacute;a llegado con bagajes
+cargados de tesoros.... Ya, desde el comienzo de la noche, &eacute;l hab&iacute;a
+entrevisto rostros ansiosos, de ojos voraces, rondando la barraca, como
+chacales impacientes.... Y orden&oacute; a los kool&iacute;es que atrincherasen la
+puerta con los carros de los bagajes, formados en semic&iacute;rculo a la
+manera t&aacute;rtara.</p>
+
+<p>Mas poco a poco, el tumulto fu&eacute; creciendo.... Ahora acababa de espiar
+por un postigo, y todo el populacho de Tien-H&oacute; rondaba en torno de la
+hospeder&iacute;a... &iexcl;La diosa Kaonine no se hab&iacute;a satisfecho con la sangre del
+gallo negro! Adem&aacute;s, &eacute;l recordaba haber visto en la puerta de una
+pagoda una cabra negra andando hacia atr&aacute;s. &iexcl;La noche ser&iacute;a
+terror&iacute;fica! &iexcl;Y su pobre mujer, el hueso de su hueso, que estaba tan
+lejos, all&aacute; en Pek&iacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ahora, Sa-T&oacute;?&mdash;le pregunt&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora... &iexcl;Vuestra se&ntilde;or&iacute;a!... Ahora....</p>
+
+<p>Call&oacute;se, y su figura escu&aacute;lida temblaba, agazap&aacute;ndose como un perro que
+se le amenaza con el l&aacute;tigo.</p>
+
+<p>Entonces yo abandon&eacute; al cobarde y me adelant&eacute; hacia la galer&iacute;a. Abajo,
+el muro fronterizo, proyectaba una sombra fat&iacute;dica. All&iacute; se api&ntilde;aba una
+turba negra.</p>
+
+<p>A veces, una figura, rastreando, se adelantaba en el espacio iluminado;
+espiaba, forcejeaba en las carretas, y al sentir la luz de la luna sobre
+su cara, retroced&iacute;a r&aacute;pidamente, fundi&eacute;ndose en la obscuridad; y como el
+techo del cobertizo era bajo, brillaba un momento alg&uacute;n hierro de lanza
+inclinado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quer&eacute;is, canallas?&mdash;rug&iacute; en portugu&eacute;s.</p>
+
+<p>A esta voz extranjera, un gru&ntilde;ido sali&oacute; de las tinieblas; inmediatamente
+una piedra cay&oacute; a mi lado, agujereando el papel encerado de la celos&iacute;a;
+despu&eacute;s, una flecha pas&oacute; silbando cerca de m&iacute;, clav&aacute;ndose en un list&oacute;n.</p>
+
+<p>Descend&iacute; r&aacute;pidamente a la cocina de la hospeder&iacute;a. Mis kaul&iacute;es,
+asustados, bat&iacute;an las mand&iacute;bulas de terror; y los dos cosacos que me
+acompa&ntilde;aban, impasibles, fumaban sus pipas con los sables desnudos
+puestos sobre las rodillas.</p>
+
+<p>El viejo hostelero de lentes redondos, una vieja andrajosa que yo hab&iacute;a
+visto en el patio echando al aire una cometa de papel, los arrieros
+mongoles, las criaturas piojosas, todos desaparecieron. S&oacute;lo qued&oacute; un
+viejo bebedor de opio, tumbado en un rinc&oacute;n como un fardo. Fuera se ve&iacute;a
+la multitud que vociferaba.</p>
+
+<p>Interpel&eacute; entonces a Sa-T&oacute;, que casi se desmayaba, apoyado en la pared;
+nosotros est&aacute;bamos sin armas, los dos cosacos solos, no pod&iacute;an rechazar
+el asalto. Era, pues, necesario ir a despintar al Mandar&iacute;n gobernador,
+revelarle que yo era amigo de Camilloff, un convidado del Pr&iacute;ncipe Tong,
+e intimarle a que acudiera a dispersar las turbas y mantener la ley
+santa de la hospitalidad.</p>
+
+<p>Mas Sa-T&oacute; me contest&oacute; con voz d&eacute;bil como un soplo, que el gobernador,
+seguramente, era el que estaba dirigiendo el asalto. Desde las
+autoridades hasta los mendigos, la fama de mis riquezas, la leyenda de
+las carretas cargadas de oro, inflam&oacute; todos los apetitos. La prudencia
+ordenaba, como un mandamiento santo, que abandon&aacute;semos parte de los
+tesoros, las mulas y las cajas de comestibles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y vamos a quedarnos aqu&iacute;, en esta aldea maldita, sin camisas, sin
+dinero y sin comida?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mas con la rica vida, vuestra se&ntilde;or&iacute;a!</p>
+
+<p>Ced&iacute; y orden&eacute; a Sa-T&oacute; que fuese a proponer a la turba una copiosa
+distribuci&oacute;n de oro, si ella consent&iacute;a en regresar a sus casas y
+respetar en nosotros a los hu&eacute;spedes enviados por Buda.</p>
+
+<p>Sa-T&oacute; subi&oacute; a la escalera de la galer&iacute;a, todo tembloroso, y empez&oacute; a
+arengar a la multitud, braceando, lanzando las palabras con la violencia
+de un can que ladra. Yo hab&iacute;a abierto la maleta y le iba entregando
+sacos de monedas, que &eacute;l arrojaba a pu&ntilde;ados sobre la multitud con adem&aacute;n
+de sembrador.... Abajo, a cada lluvia de metales resonaba un tumulto
+furioso; despu&eacute;s, un lento suspiro de gula satisfecha; y luego, el
+silencio, la suspensi&oacute;n del que espera m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s&mdash;murmuraba ansiosamente Sa-T&oacute;, volvi&eacute;ndose hacia m&iacute;.</p>
+
+<p>Yo, indignado, le daba nuevos cartuchos, pilas de monedas de medio real
+envueltas en papel. Ya estaba vac&iacute;a la maleta.... La turba continuaba
+rugiendo insaciable.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s &iexcl;vuestra se&ntilde;or&iacute;a!&mdash;suplic&oacute; Sa-T&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No tengo m&aacute;s, criatura! &iexcl;El resto est&aacute; en Pek&iacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, Buda santo! &iexcl;Perdidos! &iexcl;Perdidos!&mdash;exclam&oacute; Sa-T&oacute;, doblando las
+rodillas.</p>
+
+<p>El populacho, callado, esperaba a&uacute;n. De repente, una exhalaci&oacute;n salvaje
+rasg&oacute; el aire. Y yo sent&iacute; aquella masa &aacute;vida, arremeter sobre las
+carretas que defend&iacute;an la puerta, formadas en semic&iacute;rculo. Al choque
+todo el maderamen de la &laquo;Hospeder&iacute;a de la Consolaci&oacute;n Terrestre&raquo;, crugi&oacute;
+y oscil&oacute;.</p>
+
+<p>Corr&iacute; a la baranda. Abajo bull&iacute;a un tropel desesperado en torno de los
+carros derribados. Los machetes reluc&iacute;an al caer sobre la tapa de los
+cajones; el cuero de las maletas abr&iacute;ase rasgado por innumerables
+pu&ntilde;ales, y bajo el cobertizo los dos cosacos bat&iacute;anse como h&eacute;roes. A la
+luz de la luna, ve&iacute;a alrededor del barrac&oacute;n agitar teas. Un alarido
+ronco elev&aacute;base, haciendo a lo lejos aullar a los perros; y de todas las
+viviendas desembocaba y corr&iacute;a el populacho, hombres ligeros armados de
+chuzos y hoces curvas.</p>
+
+<p>S&uacute;bitamente, o&iacute; el tumulto de las turbas que asaltaban la galer&iacute;a,
+busc&aacute;ndome sin duda, creyendo que yo guardar&iacute;a el mejor de los tesoros,
+piedras preciosas, joyas. El terror me enloqueci&oacute;. Corr&iacute; a la grader&iacute;a
+de bamb&uacute; que daba al patio. Romp&iacute; la valla, y penetr&eacute; en la cuadra. Mi
+caballo, preso en las tinieblas relinchaba, tirando furiosamente del
+cabestro. Salt&eacute; sobre &eacute;l, sujet&aacute;ndole por las crines.</p>
+
+<p>En este momento, por el postigo de la cocina que hab&iacute;a saltado en
+astillas, penetr&oacute; una horda armada de linternas, lanzas, clamando
+delirante. El caballo, espantado, salt&oacute; la valla; una flecha silba a mi
+lado; despu&eacute;s, una piedra me da en el hombro, otra en los ri&ntilde;ones, otra
+hace blanco en el anca del animal, y otra m&aacute;s gruesa, me rasga la oreja.
+Agarrado desesperadamente a las crines, arqueado, con la sangre goteando
+de la oreja, galop&eacute; en una carrera furiosa, a lo largo de una calle
+negra. De repente veo delante de m&iacute; la muralla, un basti&oacute;n, la puerta de
+la ciudad cerrada.</p>
+
+<p>Entonces, alucinado, sintiendo detr&aacute;s de m&iacute; rugir la turba, abandonado
+de todo socorro humano, me acord&eacute; de Dios. Cre&iacute; en &eacute;l, grit&aacute;ndole que me
+salvase: y mi esp&iacute;ritu iba tumultuosamente recordando, para ofrecerle
+fragmentos de oraciones, de &laquo;Salves, Credos&raquo;, que yac&iacute;an en el fondo de
+mi memoria. Tras una esquina, a lo lejos, surgi&oacute; una humareda de teas;
+era la turba. Loco de espanto, apret&eacute; los talones a los ijares del
+animal y corr&iacute; a lo largo de la muralla que se extend&iacute;a como una vasta
+cinta negra furiosamente desenrollada. De repente vi una brecha, un
+boquete erizado de espinas y zarazas, y fuera la planicie que bajo la
+luna ten&iacute;a la apariencia de una gran charca de agua dormida. Lanc&eacute;me
+hacia all&aacute;, sacudiendo con los talones los ijares del potro, y galop&eacute;
+mucho tiempo por el descampado.</p>
+
+<p>De repente, el caballo y yo rodamos en un surco blando. Era una laguna;
+mi boca se llen&oacute; de agua p&uacute;trida, y mis pies se enredaron en las fofas
+ra&iacute;ces de los nen&uacute;fares. Cuando me levant&eacute; vi al caballo corriendo muy
+lejos, como una sombra, con los estribos al viento.</p>
+
+<p>Entonces comenc&eacute; a caminar por aquella soledad, enterr&aacute;ndome en el fango
+y cortando a trav&eacute;s de matorrales encharcados. La sangre de la oreja
+ca&iacute;a sobre mi hombro; la ropa enlodada se me pegaba a la piel, y a veces
+en la sombra, me pareci&oacute; ver brillar ojos de fieras.</p>
+
+<p>M&aacute;s lejos, encontr&eacute; un cercado de piedras sueltas donde yac&iacute;an, bajo
+unos arbustos, infinidad de cajas amarillas que los chinos abandonan
+sobre la tierra y donde se pudren los cad&aacute;veres. Me sent&eacute; sobre una caja
+postrado de fatiga; mas un olor abominable flotaba en el aire, y al
+apoyarme sent&iacute; la sensaci&oacute;n de un l&iacute;quido viscoso que escurr&iacute;a por las
+hendiduras de las tablas.</p>
+
+<p>Quise huir. Mas las piernas, temblando, se negaron. Los &aacute;rboles, las
+rocas, las hierbas altas, todo el horizonte comenz&oacute; a girar en torno m&iacute;o
+como un disco muy r&aacute;pido. Resplandores sangu&iacute;neos vibraban delante de
+mis ojos, y me sent&iacute; ca&iacute;do desde muy alto, divagando a la manera de una
+pluma que desciende. Cuando recobr&eacute; el conocimiento estaba sentado sobre
+un banco de piedra, en el banco de un enorme edificio semejante a un
+convento, que el m&aacute;s grave silencio envolv&iacute;a. Dos padres lazaristas
+lavaban cuidadosamente mi oreja. Un aire fresco circulaba; la garrucha
+de un pozo chirriaba lentamente, y una campana tocaba a maitines.
+Levant&eacute; los ojos y v&iacute; una fachada blanca con ventanillas enrejadas y una
+cruz en lo alto, y entonces, al contemplar en aquella paz de claustro
+cat&oacute;lico como un rinc&oacute;n de la patria recuperada, el abrigo y la
+consolaci&oacute;n, de mis p&aacute;rpados cansados rodaron dos l&aacute;grimas mudas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/007.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#table">VII</a></h2>
+
+
+<p>Aquella ma&ntilde;ana, dos lazaristas que se dirig&iacute;an a Tien-H&oacute;, me hab&iacute;an
+encontrado desmayado en el camino. Y como dijo el alegre padre Loriot,
+&laquo;era ya tiempo&raquo;; porque alrededor de mi cuerpo inm&oacute;vil revoloteaba un
+negro semic&iacute;rculo de esos enormes cuervos de Tartaria, contempl&aacute;ndome
+con gula.</p>
+
+<p>Me trajeron al convento en unas parihuelas, y fu&eacute; grande el regocijo de
+la comunidad cuando supo que yo era latino, cristiano y s&uacute;bdito de los
+&laquo;Reyes Fidel&iacute;simos&raquo;. El convento forma all&iacute; el centro de un peque&ntilde;o
+pueblo cat&oacute;lico, api&ntilde;ado en torno de la maciza residencia como un
+caser&iacute;o de siervos, al pie de un castillo feudal. Existe desde los
+primeros misioneros que recorrieron toda la Mandchuria. Porque nos
+hall&aacute;bamos en los confines de la China. M&aacute;s all&aacute; est&aacute; la Mongolia, la
+&laquo;Tierra de las hierbas&raquo;, inmenso prado verde obscuro, bordado de flores
+silvestres. All&iacute; se extend&iacute;a la inmensa planicie de los n&oacute;madas. Desde
+mi ventana ve&iacute;a negrear los c&iacute;rculos de las tiendas cubiertas de fieltro
+o de pieles de carnero; y a veces asist&iacute;a a la partida de una tribu, que
+en filas de largas caravanas llevaba sus reba&ntilde;os hacia Oeste.</p>
+
+<p>El superior de los lazaristas era el excelente padre Julio.</p>
+
+<p>Su larga permanencia entre las razas amarillas lo hab&iacute;an tornado casi en
+un chino. Cuando yo le encontraba en el claustro con su t&uacute;nica roja, la
+larga coleta y sus venerables barbas, agitando dulcemente un enorme
+abanico, me parec&iacute;a alg&uacute;n sabio letrado Mandar&iacute;n comentando mentalmente,
+en la paz de un templo, el Libro sacro de Ch&uacute;. Era un santo; mas ol&iacute;a a
+ajo, y este olor apartaba de &eacute;l a las almas m&aacute;s doloridas y necesitadas
+de consuelo.</p>
+
+<p>&iexcl;Conservo suave memoria de los d&iacute;as all&iacute; pasados! mi cuarto, encalado de
+blanco, con una cruz negra, ten&iacute;a un recogimiento de celda. Me
+despertaba siempre al toque de maitines. Por respeto a los viejos
+misioneros, o&iacute;a misa en la capilla; y me enternec&iacute;a all&iacute;, tan lejos de
+la patria cat&oacute;lica, ver a la clara luz de la ma&ntilde;ana la casulla del padre
+con su cruz bordada, inclinarse delante del altar y sentir sisear en el
+silencio fosco del santo recinto los &laquo;Dominus vobiscum&raquo; y los &laquo;Et cum
+esp&iacute;ritu tuo&raquo;.</p>
+
+<p>Por la tarde iba a la escuela a admirar a los ni&ntilde;os chinos, declinando
+once horas seguidas. Y, despu&eacute;s del refectorio, paseando por el
+claustro, escuchaba historias de lejanas misiones apost&oacute;licas, en el
+&laquo;Pa&iacute;s de las hierbas&raquo;, las prisiones soportadas, las marchas, los
+peligros, en fin, todas las cr&oacute;nicas her&oacute;icas de la Fe.</p>
+
+<p>Yo no cont&eacute; en el convento mis aventuras fant&aacute;sticas; dije que era un
+&laquo;tourista&raquo; curioso que recorr&iacute;a, tomando apuntes, el mundo entero. Y
+esperando que mi oreja cicatrizase me abandonaba en una dulce laxitud de
+alma, a aquella paz del monasterio.</p>
+
+<p>Mas estaba decidido a dejar bien pronto la China; ese Imperio b&aacute;rbaro
+que ahora odiaba terriblemente. Cuando me pon&iacute;a a pensar que hab&iacute;a
+venido de los confines de occidente, para traer a una provincia china la
+abundancia de mis millones, y que, apenas llegu&eacute;, fu&iacute; saqueado y
+apedreado, me agitaba un rencor sordo y pasaba horas enteras en mi
+cuarto, meditando venganzas horribles.</p>
+
+<p>Retirarme con mis millones era lo m&aacute;s pr&aacute;ctico y f&aacute;cil.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s, mi idea de resucitar, para bien de la China, la personalidad de
+Ti-Chin-F&uacute;, me parec&iacute;a ahora un absurdo, una insensatez de sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>Yo no comprend&iacute;a las lenguas ni las costumbres, ni las leyes, ni los
+sabios de aquella raza &iquest;qu&eacute; iba a hacer all&iacute;, sino exponerme por el
+aparato de mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que hace cuarenta y
+tantos siglos que es pirata en los mares y bandido en la tierra?</p>
+
+<p>Ti-Chin-F&uacute; y su cometa continuaban invisibles, remontados ciertamente al
+Cielo Chino de los abuelos, y ya el aplazamiento del remordimiento
+visible hac&iacute;ame olvidar el deseo de la expiaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Sin duda el viejo letrado estaba fatigado de dejar sus regiones
+inefables para venir a reclinarse en mis muebles. Ver&iacute;a mis esfuerzos,
+mi deseo de ser &uacute;til a su prole, a su provincia y a su raza, y
+satisfecho, se acomodar&iacute;a lo mejor posible para la eterna siesta. &iexcl;Ya,
+nunca m&aacute;s ver&iacute;a su panza amarilla!</p>
+
+<p>Y entonces me mord&iacute;a el apetito de marchar, ya libre y tranquilo a gozar
+la alegr&iacute;a de mi oro, al Loreto o los boulevares, sorbiendo la miel de
+las flores de la civilizaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Mas la viuda de Ti-Chin-F&uacute;, las mimosas se&ntilde;oras de su descendencia, los
+nietos peque&ntilde;itos... &iquest;los dejar&iacute;a b&aacute;rbaramente morir de hambre y fr&iacute;o en
+las negras viviendas de Tien-H&oacute;? No. Esos no eran culpables de las
+pedradas que me tir&oacute; el populacho. Y yo, cristiano, aislado en un templo
+cat&oacute;lico, teniendo a la cabecera de mi cama el Evangelio, cercado de
+existencias que eran encarnaciones de la Caridad, no pod&iacute;a partir del
+Imperio sin restituir a aquellos a quienes despojara, la abundancia y
+las comodidades honestas que recomendaba el cl&aacute;sico de la Piedad
+Filial.</p>
+
+<p>Entonces escrib&iacute; a Camilloff. Le contaba mi abyecta fuga, bajo las
+piedras del populacho; el albergue cristiano que me dieron en la Misi&oacute;n,
+y mi ferviente deseo de partir del Imperio Celeste. Le ped&iacute;a que
+remitiese a la mujer de Ti-Chin-F&uacute; los millones depositados por m&iacute; en
+casa del mercader Tsing-F&oacute;, en la avenida de Cha-Cona, al lado del arco
+triunfal de Tong, junto al templo de la diosa Kaonine.</p>
+
+<p>El alegre padre Loriot, que iba en misi&oacute;n a Pek&iacute;n, llev&oacute; esta carta que
+yo lacr&eacute; con el sello del convento: una cruz saliendo de un coraz&oacute;n
+inflamado.</p>
+
+<p>Los d&iacute;as pasaban. Las primeras nieves albearon en las monta&ntilde;as
+septentrionales de la Mandchuria, y yo me ocupaba en cazar gacelas en el
+&laquo;Pa&iacute;s de las Hierbas&raquo;. Horas en&eacute;rgicas y fuertemente vividas las de esas
+ma&ntilde;anas, cuando yo marchaba, con el aire agreste y sano entre monteros
+mong&oacute;licos, que, con un grito ondulado y vibrante, ojeaban los
+matorrales con sus lanzas. A veces una gacela saltaba, y con las orejas
+bajas, estiradas y finas, part&iacute;a en el filo del viento. Solt&aacute;bamos el
+halc&oacute;n que volaba sobre ella con las alas serenas, d&aacute;ndole a espacios
+regulares, con toda la fuerza de su pico curvo, picotazos en el cr&aacute;neo.
+Y la &iacute;bamos a encontrar, por fin, a la orilla de alg&uacute;n charco infecto,
+cubierto de nen&uacute;fares. Entonces, los perros negros de Tartaria
+arroj&aacute;bansele sobre el vientre, y, con las patas entre sangre, y con los
+afilados colmillos le iban descubriendo las entra&ntilde;as.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, el lego de la porter&iacute;a avist&oacute; al alegre padre Loriot,
+trepando por el camino ingente del Purgo, con su mochila al hombro y una
+criatura en los brazos; la hab&iacute;a encontrado abandonada, desnudita,
+muri&eacute;ndose a la orilla desolada de un camino. La bautiz&oacute; despu&eacute;s en un
+arroyo con el nombre de Bienhallado, y all&iacute; la tra&iacute;a, enternecido,
+apretando el paso, para darle pronto buena leche de las cabras del
+convento.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de abrazar a los religiosos y enjugarse gruesas gotas de sudor,
+sac&oacute; de los bolsillos del pantal&oacute;n un sobre con el sello del &aacute;guila
+rusa.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es lo que le manda el general Camilloff, amigo Teodoro. Est&aacute;
+bueno, y la se&ntilde;ora tambi&eacute;n... &iexcl;Todos fuertes!</p>
+
+<p>Corr&iacute; a un rinc&oacute;n del claustro a leer los dos plieguecillos. La carta
+dec&iacute;a as&iacute;:</p>
+
+<p>&laquo;Amigo, hu&eacute;sped y estimado Teodoro: A las primeras l&iacute;neas de su carta
+quedamos consternados. Mas luego las siguientes nos llenaron de alegr&iacute;a,
+al saber que estaba con esos santos padres de la misi&oacute;n cristiana.</p>
+
+<p>&raquo;Yo fu&iacute; al Yamen Imperial a hacer una severa reclamaci&oacute;n al pr&iacute;ncipe
+Tong, sobre el esc&aacute;ndalo de Tien-H&oacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Su excelencia mostr&oacute; un j&uacute;bilo desordenado. Porque aunque lamenta como
+particular la ofensa, el robo y las pedradas que mi hu&eacute;sped sufri&oacute;, como
+ministro del Imperio, ve ah&iacute; una dulce oportunidad para exigir a la
+ciudad de Tien-H&oacute;, en concepto de indemnizaci&oacute;n, y en castigo de la
+injuria hecha a un extranjero, la importante suma de trescientos mil
+francos. Es, como dice Mariskoff, un excelente resultado para el Erario
+imperial y queda as&iacute; vuestra oreja suficientemente vengada. Aqu&iacute;,
+comienzan a picar los primeros fr&iacute;os y ya estamos usando pieles. El
+buen Mariskoff sufre ahora del higado, pero el dolor no altera su
+criterio filos&oacute;fico ni su sabia verbosidad.</p>
+
+<p>&raquo;Tuvimos un grave disgusto: el lindo perrito de la buena se&ntilde;ora
+Tagarief, la esposa de nuestro querido secretario, el adorable &laquo;T&uacute;-T&uacute;&raquo;
+desapareci&oacute; en la ma&ntilde;ana del quince. Hizo la polic&iacute;a averiguaciones
+urgentes, mas &laquo;T&uacute;-T&uacute;&raquo; no ha parecido, y nuestro sentimiento es mayor
+cuanto es sabido que el populacho de Pek&iacute;n aprecia extraordinariamente
+estos perritos, guisados en caldo de az&uacute;car. Ha ocurrido un hecho
+abominable y de funestas consecuencias; la embajadora de Francia, esa
+petulante madame Guj&oacute;n, ese gallo enjuto (como la llama Mariskoff), en
+la &uacute;ltima comida de la legaci&oacute;n, di&oacute;, despreciando todas las reglas
+internacionales, el brazo, su descarnado brazo, y su derecha en la mesa,
+a un s&uacute;bdito ingl&eacute;s, Lord Gordon. &iquest;Qu&eacute; me dice usted de esto? &iquest;Es
+cre&iacute;ble? &iquest;Es razonable? &iexcl;Eso es destruir el orden social! &iexcl;El brazo y la
+derecha en la mesa a un s&uacute;bdito, a un escoc&eacute;s de color de piedra, un
+mono, cuando estaban presentes todos los embajadores, los ministros y
+yo!</p>
+
+<p>&raquo;Esto ha causado en el cuerpo diplom&aacute;tico, una sensaci&oacute;n inenarrable.
+Esperamos instrucciones de nuestros gobiernos. Como dice Mariskoff,
+moviendo tristemente la cabeza, el asunto es grave&mdash;&iexcl;muy grave!&mdash;Lo que
+prueba (y ninguno lo duda) es que lord Gordon es el Benjam&iacute;n del &laquo;Gallo
+enjuto&raquo;. &iexcl;Qu&eacute; asco! &iexcl;qu&eacute; podredumbre!... La generala no est&aacute; buena,
+desde que usted parti&oacute; para esa maldita Tien-H&oacute;; el doctor Pagloff no
+atina con el mal; es una languidez, un marchitamiento, una perenne
+indolencia que la tiene horas enteras inm&oacute;vil sobre el sof&aacute;, en el
+&laquo;Pabell&oacute;n del Reposo discreto&raquo;, con la mirada vaga y la boca llena de
+suspiros.</p>
+
+<p>&raquo;Yo no me desespero; s&eacute; perfectamente el mal que la mina, es una
+afecci&oacute;n a la vejiga que contrajo, a consecuencia de las malas aguas,
+durante nuestra estancia en Madrid... &iexcl;H&aacute;gase la voluntad del Se&ntilde;or!
+Ella me pide que le salude en su nombre, y desea que cuando llegue usted
+a Par&iacute;s, si va a Par&iacute;s, le remita por el correo de la Embajada para San
+Petersburgo (de all&iacute; vendr&aacute; a Pek&iacute;n) dos docenas de guantes de doce
+botones, n&uacute;mero &laquo;cinco y tres cuartos&raquo;, de la marca &laquo;Sol&raquo;, de los
+almacenes del Louvre; as&iacute; como las &uacute;ltimas novelas de Zola;
+&laquo;Mademoiselle de Maup&iacute;n&raquo;, de Gautier, y una caja de frascos de
+&laquo;Opoponex&raquo;.</p>
+
+<p>&raquo;Me olvidaba decirle que nos hemos mudado de alojamiento; dejamos la
+Embajada francesa para no tener relaciones con el &laquo;Gallo enjuto&raquo;, y
+vivimos ahora en el Palacio de la Legaci&oacute;n de Inglaterra. Estos son los
+inconvenientes de no tener la Embajada rusa palacio de su propiedad, a
+pesar de tantas reclamaciones como sobre este asunto tengo hechas a la
+canciller&iacute;a de San Petersburgo.</p>
+
+<p>&raquo;All&iacute; saben perfectamente que en Pek&iacute;n no hay palacios; que cada
+legaci&oacute;n tiene el suyo propio, como importante elemento de instalaci&oacute;n y
+de influencia. &iexcl;Mas en la corte del Czar se desatienden los m&aacute;s serios
+intereses de la civilizaci&oacute;n rusa! Todo lo dicho es lo &uacute;nico nuevo que
+acontece en Pek&iacute;n y en las legaciones. Recuerdos de Mariskoff, y todos
+los de esta Embajada, y tambi&eacute;n del condesito Arturo, el Ziz&iacute; de la
+legaci&oacute;n espa&ntilde;ola, en fin, de todos; y yo, muy afectuosamente, le env&iacute;o
+el testimonio de mi amistad.</p>
+
+<p class="derecha smcap">
+General Camilloff.&raquo;</p>
+
+<p>&raquo;P.S.&mdash;En cuanto a la viuda y familia de Ti-Chin-F&uacute; hubo un enga&ntilde;o; el
+astr&oacute;logo del templo de Jagua se equivoc&oacute; en su interpretaci&oacute;n sideral;
+no es realmente en Tien-H&oacute; donde reside esa familia. Es al Sur de la
+China, en la provincia de Cant&oacute;n. Mas tambi&eacute;n hay una familia Ti-Chin-F&uacute;
+m&aacute;s all&aacute; de la gran Muralla, casi en la frontera rusa, en el distrito de
+Ka-&oacute;-li. Ambas perdieron el jefe y ambas est&aacute;n en la miseria. Por lo
+tanto, esperando sus nuevas &oacute;rdenes, no retir&eacute; el dinero de casa de
+Tsing-F&oacute;. Esta reciente informaci&oacute;n me la envi&oacute; hoy su excelencia el
+pr&iacute;ncipe Tong, con un delicioso tarro de compota de exquisitos
+alm&iacute;bares.</p>
+
+<p>&raquo;Debo anunciarle que nuestro buen Sa-T&oacute; apareci&oacute; hace d&iacute;as de regreso de
+Tien-H&oacute;, con el labio partido y leves contusiones en el hombro, habiendo
+salvado solamente del saqueo una litograf&iacute;a de Nuestra Se&ntilde;ora de los
+Dolores, que por la dedicatoria manuscrita veo que perteneci&oacute; a vuestra
+respetable mam&aacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Mis valientes cosacos se quedaron all&aacute; en un pozo de sangre. Su
+excelencia el pr&iacute;ncipe Tong me ha ofrecido pagar por cada uno diez mil
+francos, tomados de la suma que, en concepto de indemnizaci&oacute;n ha
+impuesto a la ciudad de Tien-H&oacute;.</p>
+
+<p>&raquo;Sa-T&oacute; me dice que si usted, como es natural, vuelve a empezar sus
+viajes a trav&eacute;s de la China en busca de la familia Ti-Chin-F&uacute;, &eacute;l se
+considera honrado y venturoso en acompa&ntilde;arle, con una fidelidad de perro
+y una docilidad de cosaco.</p>
+
+<p class="derecha smcap">
+Camilloff.&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No! &iexcl;Nunca!&mdash;rug&iacute; con furor, estrujando la carta y monologando a
+largos pasos por el claustro.&mdash;&iexcl;No, por Dios o por el demonio! &iquest;Ir de
+nuevo a recorrer los caminos de la China? &iexcl;Jam&aacute;s! &iexcl;Oh, suerte grotesca
+y desastrosa! &iexcl;Dej&eacute; mi regalada vida del Loreto, mi nido amoroso de
+Par&iacute;s, vengo volando como un tordo desde Marsella a Shang-Hai, sufro las
+pulgas de las habitaciones chinas, el hedor de las casas, la polvoreda
+de los caminos &aacute;ridos &iquest;para qu&eacute;? Ten&iacute;a un plan que se levantaba hasta
+los cielos, grandioso y ornamentado como un trofeo; en &eacute;l brillaban de
+alto abajo, toda suerte de acciones buenas, y he aqu&iacute;, que de pronto lo
+veo caer al suelo, pieza tras pieza, convertido en furia!</p>
+
+<p>Quer&iacute;a dar mi nombre, mis millones, y la mitad de mi lecho de oro a una
+se&ntilde;ora de la familia de Ti-Chin-F&uacute;, y no me lo permiten los prejuicios
+sociales de una raza b&aacute;rbara. Pretendo, con el bot&oacute;n de cristal del
+Mandar&iacute;n, reconstituir los destinos de China, traerle nuevas
+prosperidades, y me lo veda la ley imperial. Aspiro a conceder una
+limosna sin fin a este populacho hambriento, y corro el peligro de ser
+decapitado como instigador de rebeliones. Vengo a socorrer a un pueblo y
+la turba amotinada me apedrea. Iba, en fin, a brindar el reposo, la
+comodidad que alababa Confucio, a la familia Ti-Chin-F&uacute;, y esa familia
+evap&oacute;rase como el humo, y otras familias surgen aqu&iacute; y all&aacute; vagamente,
+al Sur y al Oeste, como claridades enga&ntilde;osas.</p>
+
+<p>&iquest;Y ten&iacute;a que ir a Cant&oacute;n, a Ka-&oacute;-l&iacute;, a exponer otra oreja a las piedras
+brutales, huir a&uacute;n por caminos descampados, agarrado a las crines de un
+potro? &iexcl;Jam&aacute;s!</p>
+
+<p>Me par&eacute;, y con los brazos en alto, hablando a las arcadas del claustro,
+a los &aacute;rboles, al aire silencioso y fr&iacute;o que me envolv&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ti-Chin-F&uacute;&mdash;bram&eacute;,&mdash;Ti-Chin-F&uacute;, para aplacarte hice todo lo que era
+racional, generoso y l&oacute;gico! &iquest;Est&aacute;s, en fin, satisfecho, letrado
+venerable, t&uacute;, tu papagayo gentil, y tu panza artificial? &iexcl;H&aacute;blame!
+&iexcl;H&aacute;blame!</p>
+
+<p>Escuch&eacute;, mir&eacute;: la garrucha del pozo, en aquella hora del mediod&iacute;a,
+chirriaba dulcemente en el patio; sobre las moreras, a lo lejos de las
+arcadas, se secaban sobre papel de seda las hojas de t&eacute; de la cosecha de
+octubre; de las puertas medio cerradas del aula ven&iacute;a un susurro lento
+de declinaciones latinas.</p>
+
+<p>Reinaba una paz severa, producto de la simplicidad de las ocupaciones o
+de la austeridad de los estudios y el aire pastoril de aquella colina,
+donde dorm&iacute;a bajo un sol blanco de invierno, el pueblo religioso. Y en
+aquel sereno ambiente, me pareci&oacute; que descend&iacute;a a mi alma, de repente,
+una paz absoluta.</p>
+
+<p>Encend&iacute; con los dedos a&uacute;n tr&eacute;mulos un cigarro, y dije, limpi&aacute;ndome una
+gota de sudor que corr&iacute;a por mi frente, estas palabras, resumen de mi
+destino:</p>
+
+<p>&mdash;Bien, Ti-Chin-F&uacute; est&aacute; contento.</p>
+
+<p>Fu&iacute; luego a la celda del excelente padre Julio; le&iacute;a su breviario cerca
+de la ventana, saboreando confites de az&uacute;car, con el gato del convento
+sobre el hombro.</p>
+
+<p>&mdash;Reverend&iacute;simo padre, me vuelvo a Europa. &iquest;Alguno de vuestros
+compa&ntilde;eros va acaso en misi&oacute;n hacia Shang-Hai?</p>
+
+<p>El venerable superior se cal&oacute; los lentes, y hojeando un &aacute;mplio registro
+en letra china, murmur&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Quinto d&iacute;a de la d&eacute;cima luna. S&iacute;, el padre Anacleto va a Tien-Tsin, a
+hacer una novena. Duod&eacute;cima luna, el padre S&aacute;nchez para Tien-Tsin
+tambi&eacute;n, a explicar el catecismo a los hu&eacute;rfanos. S&iacute;, tendr&aacute; compa&ntilde;&iacute;a
+hasta Leste.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ma&ntilde;ana?</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana. Es dolorosa la separaci&oacute;n en estos confines del mundo, cuando
+las almas se comprenden bien en Jes&uacute;s. El padre Guti&eacute;rrez le arreglar&aacute;
+una buena fiambrera. Nosotros ya le am&aacute;bamos como a un hermano, mi
+querido Teodoro. Coma un confite, son deliciosos. Las cosas est&aacute;n en
+feliz reposo, cuando se hallan en su lugar natural; el lugar del coraz&oacute;n
+humano es el coraz&oacute;n de Dios, y el suyo est&aacute; en este asilo seguro. Coma
+otro confite. &iquest;Qu&eacute; es eso, hijo m&iacute;o, qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>Yo estaba colocando sobre el breviario abierto, en una p&aacute;gina del
+Evangelio de la pobreza, un fajo de billetes del &laquo;Banco de Inglaterra&raquo;,
+y balbuce&eacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Un recuerdo para sus pobres....</p>
+
+<p>&mdash;Excelente, excelente.... Nuestro buen padre Guti&eacute;rrez le preparar&aacute; una
+fiambrera superior.... &laquo;Am&eacute;n&raquo;, hijo m&iacute;o. &laquo;In Deo omnia spes....&raquo;</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, montado en una mula blanca del convento y acompa&ntilde;ado
+del padre Anacleto y el padre S&aacute;nchez, descend&iacute; del convento al repique
+de las campanas. Y all&aacute; vamos, hacia Hiang-Hiano, villa negra y
+amurallada, donde atracan los barcos que descienden de Tien-Tsin.</p>
+
+<p>Ya las tierras a lo largo del Pei-H&oacute; estaban todas blancas de nieve; en
+las ensenadas bajas el agua empezaba ya a helarse, y envuelto en pieles
+de carnero, alrededor de las hogueras, en la popa del barco, los buenos
+padres y yo &iacute;bamos conversando de los trabajos de los misioneros, de las
+cosas de la China, y a veces de las cosas del cielo, mientras corr&iacute;a de
+mano en mano el frasco de ginebra.</p>
+
+<p>En Tien-Tsin, me separ&eacute; de aquellos santos camaradas.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s de dos semanas, en un d&iacute;a de sol, me paseaba fumando un
+cigarro y mirando las luchas de perros en el puerto de Hong-Kong, sobre
+la cubierta del &laquo;Java&raquo;; que iba a levar anclas con rumbo a Europa.</p>
+
+<p>Fu&eacute; un momento conmovedor para m&iacute;, aquel en que a las primeras vueltas
+de la h&eacute;lice, vi alejarme de la tierra de China.</p>
+
+<p>Desde que despert&eacute;, durante aquella ma&ntilde;ana, una inquietud sorda
+comenzaba de nuevo a invadir mi alma. Ahora pensaba en que hab&iacute;a ido a
+aquel vasto imperio a calmar por la expiaci&oacute;n una protesta temerosa de
+la conciencia, y por fin, impelido por una impaciencia nerviosa, part&iacute;a,
+sin haber hecho m&aacute;s que deshonrar los bigotes blancos de un general
+her&oacute;ico y haber recibido una pedrada en la oreja en una ciudad de los
+confines de la Mongolia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Extra&ntilde;o destino el m&iacute;o!</p>
+
+<p>Hasta el anochecer estuve recostado sombr&iacute;amente en la borda del buque,
+viendo el mar liso como una vasta pieza de seda azul, doblarse a los
+lados en pliegues suaves; poco a poco grandes estrellas palpitaron en la
+concavidad negra, y la h&eacute;lice en la sombra iba trabajando r&iacute;tmicamente.
+Me pase&eacute; errante por la cubierta, mirando aqu&iacute; y all&iacute; la br&uacute;jula
+iluminada, los montones de cabrestantes, las piezas de la m&aacute;quina
+envueltas en una claridad ardiente, golpeando con cadencia; la humareda
+negra que se elevaba de las chimeneas ennegreciendo el firmamento; los
+marineros de barba rubia inm&oacute;viles en sus puestos, y las figuras de los
+pilotos sobre el puntal, altas y sombr&iacute;as en la noche. En el camarote
+del capit&aacute;n, un ingl&eacute;s, con blanco casco a la cabeza, rodeado de damas
+que beb&iacute;an cognac, tocaba melanc&oacute;licamente en la flauta el aria de
+&laquo;Bonnie Dund&eacute;e&raquo;.</p>
+
+<p>Eran las once cuando baj&eacute; a mi c&aacute;mara. Las luces ya estaban apagadas;
+mas la luna, que se ergu&iacute;a al nivel del agua, redonda y blanca, her&iacute;a
+los cristales del camarote con un rayo de claridad, y entonces, medio
+oculta y p&aacute;lida, v&iacute; r&iacute;gida sobre la hamaca la figura panzuda del
+Mandar&iacute;n, vestido de seda amarilla con su papagayo entre las manos.</p>
+
+<p>&iexcl;Era &eacute;l otra vez!</p>
+
+<p>Y fu&eacute; &eacute;l perpetuamente. Fu&eacute; &eacute;l en Singapore y en Ceil&aacute;n. Fu&eacute; &eacute;l en los
+arsenales del desierto, cuando pasamos por el Canal de Suez;
+adelant&aacute;ndose en la proa de un barco mercante, cuando entramos en Malta,
+resbalando sobre las rosadas monta&ntilde;as de Sicilia y emergiendo de los
+mares que cercan el Pe&ntilde;&oacute;n de Gibraltar. Cuando desembarqu&eacute; en Lisboa, su
+obesa figura llenaba todo el arco de la calle Angosta, y sus ojos
+obl&iacute;cuos y los dos ojos pintados de su cometa en figura de papagayo,
+parec&iacute;an fijos en m&iacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/008.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#table">VIII</a></h2>
+
+
+<p>Entonces, teniendo la certeza de que nunca podr&iacute;a aplacar a Ti-Chin-F&uacute;,
+pas&eacute; toda la noche en mi cuarto del Loreto, donde, como en otro tiempo,
+las velas que ard&iacute;an en los bru&ntilde;idos candelabros de plata daban a los
+rojos damascos tonos de sangre fresca, medit&eacute; despojarme, como de un
+adorno de pecado, de aquellos millones sobrenaturales.</p>
+
+<p>&iexcl;Y as&iacute; me librar&iacute;a tal vez de aquella panza amarilla, y de aquella
+cometa abominable!</p>
+
+<p>Abandon&eacute; el palacio del Loreto, y con &eacute;l mi existencia de Nabab.</p>
+
+<p>Regres&eacute; a mi habitaci&oacute;n de la casa de la viuda de Marques, y volv&iacute; a la
+oficina a implorar mis veinticinco duros mensuales y mi dulce pluma de
+amanuense.</p>
+
+<p>Mas un sufrimiento mayor vino a amargar mis d&iacute;as. Juzg&aacute;ndome arruinado,
+todos aqu&eacute;llos que mi opulencia humill&oacute;, cubri&eacute;ronme de ofensas. Los
+peri&oacute;dicos, con triunfal iron&iacute;a, publicaron mi miseria. La aristocracia,
+que balbuceaba adulaciones, inclinada a mis pies de Nabab, ordenaba
+ahora a sus cocheros que atropellasen en las calles el cuerpo encogido
+del escribiente de secretar&iacute;a.</p>
+
+<p>El clero, a quien yo hab&iacute;a enriquecido, me acusaba de hechicero, el
+pueblo me apedreaba, y la viuda de Marques, cuando me quejaba de la
+dureza gran&iacute;tica de los garbanzos, pon&iacute;ase en jarras y gritaba:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quiere usted m&aacute;s? &iexcl;Aguantarse! &iexcl;Valiente perdulario!</p>
+
+<p>Y a pesar de esta expiaci&oacute;n, el viejo Ti-Chin-F&uacute;, estaba siempre a mi
+lado porque sus millones que yac&iacute;an ahora intactos en los Bancos, eran,
+desgraciadamente, m&iacute;os.</p>
+
+<p>Entonces, indignado, volv&iacute; a mi palacio y a mi vida de lujo. Aquella
+noche, de nuevo el resplandor de mis ventanas alumbr&oacute; el Loreto, y por
+el port&oacute;n abierto vi&eacute;ronse, como en otro tiempo, negrear con sus
+calzones de seda, las largas filas de lacayos decorativos.</p>
+
+<p>Luego, Lisboa, sin excepci&oacute;n, se arroj&oacute; a mis pies. La viuda de Marques
+me llam&oacute; llorando: &laquo;hijo de mi coraz&oacute;n.&raquo;</p>
+
+<p>Los peri&oacute;dicos me otorgaron los calificativos que, seg&uacute;n la tradici&oacute;n,
+pertenecen a los dioses. &iexcl;Fu&iacute; el omnipotente, el omnisciente! La
+aristocracia me bes&oacute; los pies como a un tirano y el clero me incens&oacute;
+como a un viejo &iacute;dolo. Y mi desprecio por la humanidad fu&eacute; tan grande,
+que se extendi&oacute; hasta el mismo Dios que la cre&oacute;.</p>
+
+<p>Desde entonces, una saciedad enervante me mantuvo durante semanas
+enteras tendido en un sof&aacute;, mudo y terrible, pensando en la felicidad
+del &laquo;no ser....&raquo;</p>
+
+<p>Una noche, regresando solo por una calle desierta, vi delante de m&iacute; al
+personaje vestido de negro, con el paraguas debajo del brazo, el mismo
+que en mi cuarto tranquilo y feliz de la traves&iacute;a de la Concepci&oacute;n, me
+hiciera a un &laquo;til&iacute;n-t&iacute;n&raquo; de campanilla, heredar tantos despreciables
+millones. Corr&iacute; hacia &eacute;l; le agarr&eacute; por la solapa des su levita
+burguesa, grit&aacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;L&iacute;brame de mis riquezas! &iexcl;Resucita al Mandar&iacute;n! &iexcl;Devu&eacute;lveme la paz de
+la miseria!</p>
+
+<p>El, pas&oacute; gravemente su paraguas debajo del otro brazo, y respondi&oacute; con
+bondad:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No puede ser, mi apreciable se&ntilde;or, no puede ser!</p>
+
+<p>Yo me arroj&eacute; a sus pies haci&eacute;ndole una s&uacute;plica abyecta, mas s&oacute;lo v&iacute;
+delante de m&iacute;, bajo la luz mortecina de un reverbero de gas, la forma
+escu&aacute;lida de un perro hambriento hociqueando en el lodo.</p>
+
+<p>Nunca he vuelto a encontrar a tal individuo. Y ahora, el mundo me parece
+un inmenso mont&oacute;n de ruinas donde mi alma solitaria, como un desterrado
+que vaga por entre columnas ca&iacute;das, gime continuamente.</p>
+
+<p>Las flores de mis aposentos se marchitan y nadie las renueva; la luz me
+parece una antorcha f&uacute;nebre, y cuando mis amadas vienen envueltas en la
+blancura de sus peinadores a acostarse en mi lecho, lloro, como si viera
+la legi&oacute;n amortajada de mis alegr&iacute;as muertas.</p>
+
+<p>Me siento morir. Tengo ya hecho mi testamento. En &eacute;l lego mis millones
+al Diablo, le pertenecen; &eacute;l que los reclame y los reparta.</p>
+
+<p>Y a vosotros, hombres, os lego solamente estas palabras sin comentario:
+&laquo;&iexcl;S&oacute;lo sabe bien el pan que diariamente ganan nuestras manos; nunca
+mat&eacute;is al Mandar&iacute;n!&raquo;</p>
+
+<p>Y, todav&iacute;a al morir, me consuela prodigiosamente esta idea: que de Norte
+a Sur, de Oeste a Este, desde la Gran Muralla de Tartaria hasta las
+ondas del mar Amarillo; en todo el vasto imperio de la China, ning&uacute;n
+mandar&iacute;n quedar&iacute;a vivo, si t&uacute;, tan f&aacute;cilmente como yo, lo pudieras
+suprimir y heredar sus millones, &iexcl;oh, lector! criatura improvisada por
+Dios, obra mala de mala arcilla, mi semejante, y mi hermano.</p>
+
+<h3>FIN</h3>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/009.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="Paginas_Selectas_de_Eca_de_Queiroz" id="Paginas_Selectas_de_Eca_de_Queiroz"></a><a href="#table">P&aacute;ginas Selectas de E&ccedil;a de Queiroz</a></h2>
+
+<h3><i>(Del Epistolario de Fradique Mendes)</i></h3>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<div class="center">
+ <img src="images/010.jpg" width="50%"
+ alt="barra" title="barra" />
+</div>
+<h2><a name="A_CLARA" id="A_CLARA"></a><a href="#table">A CLARA....</a></h2>
+
+<h3><i>(Trad.)</i></h3>
+
+
+<p>Mi adorada amiga:</p>
+
+<p>No fu&eacute; en la exposici&oacute;n de Acuarelistas, en marzo, donde tuvo conmigo el
+primer encuentro por decreto de los Hados. Fu&eacute; en invierno, mi adorada
+amiga, en el baile de los Tressans. Fu&eacute; all&iacute; donde la vi, conversando
+con Md. Jouarre, junto a una consola, cuyas luces, entre los ramos de
+orqu&iacute;deas, orlaban sus cabellos de aquel nimbo &aacute;ureo que tan justamente
+le pertenece como &laquo;reina de la gracia entre las mujeres&raquo;. Recuerdo a&uacute;n
+su sonreir cansado, el vestido negro con adornos de color de oro, el
+abanico antiguo que ten&iacute;a sobre el regazo. Pas&eacute;; pero luego todo me
+pareci&oacute; alrededor feo y enfadoso, y volv&iacute; a admirar, a &laquo;meditar&raquo; en
+silencio, su belleza, que me atra&iacute;a por su esplendor potente y
+comprensible y tambi&eacute;n por no s&eacute; qu&eacute; de fino y espiritual, de doliente
+y de afable, que brillaba y ven&iacute;a del alma. Y tan intensamente me embeb&iacute;
+en mi contemplaci&oacute;n, que me llev&eacute; conmigo su imagen hermosa y entera,
+sin faltar un hilo de sus cabellos ni una ondulaci&oacute;n de la seda que
+vest&iacute;a su cuerpo y corr&iacute; a encerrarme con ella, alborozado, como el
+artista que en alguna obscura tienda, entre polvo y trastos, descubriese
+la Obra sublime de un Maestro perfecto.</p>
+
+<p>Y &iquest;por qu&eacute; no confesarlo? Esa imagen fue para m&iacute; al principio, meramente
+un Cuadro colgado en el fondo de mi alma, que yo a cada momento miraba
+para alabar, con creciente sorpresa, los encantos diversos de L&iacute;nea y de
+Color. Era solamente una tela rara, puesta en un sagrario, inm&oacute;vil y
+muda en su brillo, sin otro influjo sobre m&iacute; que el de una forma muy
+bella que cautiva un gusto muy educado. Mi s&eacute;r continuaba libre, atento
+a las curiosidades que hasta entonces lo solicitaban; y s&oacute;lo cuando
+sent&iacute;a el cansancio de las cosas imperfectas o el deseo nuevo de una
+ocupaci&oacute;n m&aacute;s pura, regresaba a la Imagen que en m&iacute; guardaba como un Fra
+Ang&eacute;lico en su claustro, dejando los pinceles al concluir el d&iacute;a, de
+hinojos ante la Madona para implorar de ella descanso e inspiraci&oacute;n
+superior.</p>
+
+<p>Poco a poco, sin embargo, todo lo que no fuese esta contemplaci&oacute;n perdi&oacute;
+para m&iacute; valor y encanto. Comenc&eacute; a vivir cada d&iacute;a m&aacute;s reclu&iacute;do en el
+fondo de mi alma, perdido en la admiraci&oacute;n de la imagen que en ella
+brillaba, hasta que s&oacute;lo esta ocupaci&oacute;n me pareci&oacute; digna de la vida, y
+en el mundo todo no reconoc&iacute; m&aacute;s que una apariencia inconstante y fu&iacute;
+como un monje en su celda, ajeno a las cosas m&aacute;s reales, de rodillas y
+r&iacute;gido en su sue&ntilde;o, que es para &eacute;l la &uacute;nica realidad.</p>
+
+<p>Mas no era el m&iacute;o, mi adorada amiga, un p&aacute;lido y pasivo &eacute;xtasis delante
+de su Imagen. &iexcl;No! Era m&aacute;s bien un ansioso y fuerte estudio de ella, con
+el que yo procuraba conocer, a trav&eacute;s de la Forma, la Esencia y (pues
+que la Belleza es el esplendor de la Verdad) deducir de las
+perfecciones de su cuerpo las superioridades de su alma. Y as&iacute; fu&eacute; c&oacute;mo
+lentamente sorprend&iacute; el secreto de su naturaleza; su clara frente que el
+cabello descubre, tan clara y despejada, luego me cont&oacute; la rectitud de
+su pensar; su sonrisa, de una nobleza tan intelectual, f&aacute;cilmente me
+revel&oacute; su desd&eacute;n hacia lo mundano y lo ef&iacute;mero y su incansable
+aspiraci&oacute;n hacia un vivir de verdad y de belleza; cada gracia de sus
+movimientos me tradujo una delicadeza de su gusto; y en sus ojos
+diferenci&eacute; lo que en ellos tan adorablemente se confunde, luz de raz&oacute;n,
+calor de coraz&oacute;n, la luz que mejor calienta la lumbre que m&aacute;s
+ilumina.... La certeza de tantas perfecciones bastaba ya para hacer
+doblar, en una adoraci&oacute;n perpetua, las rodillas m&aacute;s rebeldes. Pero
+sucedi&oacute; tambi&eacute;n que al paso que la comprend&iacute;a y que su Esencia se
+manifestaba tan visible y casi tangible, descend&iacute;a una influencia de
+ella hacia m&iacute;, una influencia extra&ntilde;a, diferente de todas las
+influencias humanas, y que me dominaba con trascendente omnipotencia.
+&iquest;C&oacute;mo lo podr&eacute; decir? Monje encerrado en mi celda, comenc&eacute; la
+convivencia con la Santa a quien me consagrara. Hice entonces un severo
+examen de conciencia. Investigu&eacute; con inquietud si mi pensar era condigno
+de la pureza de su pensar; si en mi gusto no habr&iacute;a desconciertos que
+pudieran herir la disciplina de su gusto; si mi idea de la vida era tan
+alta y seria como aquella que yo presintiera en la espiritualidad de su
+mirar, de su sonreir, y si mi coraz&oacute;n no se dispersara y debilitara con
+exceso para poder palpitar con paralelo vigor junto a su coraz&oacute;n. Y he
+realizado ahora un jadeante esfuerzo para subir a una perfecci&oacute;n
+id&eacute;ntica a aquella que tan sumisamente adoro.</p>
+
+<p>De suerte, mi querida amiga, que se torn&oacute; sin saberlo mi educadora. Y
+tan subordinado qued&eacute; a esa direcci&oacute;n, que no puedo concebir los
+movimientos de mi s&eacute;r sino gobernados por ella y por ella ennoblecidos.
+S&eacute; perfectamente que todo lo que en m&iacute; surge de alg&uacute;n valor, idea o
+sentimiento, es obra de esa educaci&oacute;n que su alma da a la m&iacute;a desde
+lejos, s&oacute;lo con existir y ser comprendida. Si hoy me abandonase su
+influencia&mdash;m&aacute;s bien, como un asceta, deb&iacute;a decir su Gracia&mdash;todo mi s&eacute;r
+rodar&iacute;a sin remisi&oacute;n a una inferioridad. Vea, pu&eacute;s, c&oacute;mo se convirti&oacute;
+usted en necesaria y preciosa para m&iacute;. Y considere que para ejercer esa
+supremac&iacute;a salvadora, sus manos no hubieron de imponerse sobre las m&iacute;as;
+bast&oacute; con que yo la viera desde lejos, brillando en una fiesta. As&iacute; un
+arbusto florece en el borde de un foso porque all&aacute; arriba, en los
+remotos cielos, fulgura un gran sol que no le conoce y que le hace
+crecer, abrirse y exhalar su poco de aroma.... Por eso mi amor alcanza
+ese sentimiento no descrito y sin nombre que la Planta, si tuviese
+conciencia, sentir&iacute;a por la Luz.</p>
+
+<p>Y considere tambi&eacute;n que considerando de usted como de la luz, nada le
+ruego, ning&uacute;n bien imploro de quien tanto puede y es para m&iacute; due&ntilde;a de
+tanto bien. S&oacute;lo deseo que me deje vivir bajo esa influencia que,
+emanando del simple brillo de sus perfecciones, tan f&aacute;cil y dulcemente
+realiza mi perfeccionamiento. S&oacute;lo pido ese caritativo permiso. Vea,
+pues, cu&aacute;n distante me mantengo en la abatida humildad de una adoraci&oacute;n,
+que hasta recela que su murmurar, murmurar de preces, roce el vestido de
+la imagen divina....</p>
+
+<p>Mas si, por acaso, mi querida amiga, segura de mi renuncia, la toda
+recompensa terrestre, me permitiese desarrollar junto a usted, en un d&iacute;a
+de soledad, las agitadas confidencias de mi pecho, seguramente que
+realizar&iacute;a un acto de inefable misericordia, como en otro tiempo la
+Virgen Mar&iacute;a, cuando animaba a sus adoradores, eremitas y santos,
+descendiendo en una nube y otorg&aacute;ndoles una sonrisa fugitiva, o dejando
+caer entre sus manos levantadas una rosa del Para&iacute;so. As&iacute;, ma&ntilde;ana voy a
+pasar la tarde con Mad. Jouarre. No encuentro all&iacute; la santidad de una
+celda o de una ermita; pero s&iacute; casi su aislamiento; y si mi querida
+amiga surgiese en pleno esplendor y yo recibiese de ella, no dir&eacute; una
+rosa, sino una sonrisa, quedar&iacute;a entonces seguro de que este amor m&iacute;o o
+este mi sentimiento indescriptible y sin nombre que va m&aacute;s all&aacute; del
+amor, encuentra en sus ojos piedad y permiso para esperar.</p>
+
+<p class="derecha smcap">Fradique.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="A_MADAME_DE_JOUARRE_Trad" id="A_MADAME_DE_JOUARRE_Trad"></a><a href="#table">A MADAME DE JOUARRE</a></h2>
+
+<h3><i>(Trad.)</i></h3>
+
+<p class="derecha">Lisboa, junio.</p>
+
+<p>Mi excelente madrina:</p>
+
+<p>H&eacute; aqu&iacute; lo que ha &laquo;visto y hecho&raquo; desde mayo en la hermos&iacute;sima Lisboa.
+&laquo;Ulyssipo pulcherrima&raquo;, su admirable ahijado. Descubr&iacute; un compatriota
+m&iacute;o de las Islas, mi pariente, que vive desde hace tres a&ntilde;os
+construyendo un sistema de Filosof&iacute;a en el piso tercero de una casa de
+hu&eacute;spedes de la traves&iacute;a de la Palha. Esp&iacute;ritu libre, emprendedor y
+diestro, palad&iacute;n de las Ideas Generales, mi pariente, que se llama
+Procopio, considerando que la mujer no vale los tormentos que ocasiona,
+y que los ochocientos mil reis de un olivar le bastan y le sobran a un
+espiritualista, consagr&oacute; su vida a la L&oacute;gica y s&oacute;lo se interesa por la
+Verdad. Es un fil&oacute;sofo alegre, conversa sin gritar, tiene un aguardiente
+de moscatel excelente, y yo trepo con gusto dos o tres veces por semana
+a su oficina de Metaf&iacute;sica para saber si, conducido por la dulce alma de
+Maine de Biran, que es su cicerone en los viajes al Infinito, entrevi&oacute;
+al fin oculta tras los &uacute;ltimos velos la Causa de las Causas. En estas
+piadosas visitas, voy poco a poco conociendo algunos de los hu&eacute;spedes,
+que en ese tercer piso de la traves&iacute;a de la Palha gozan de una buena
+vida de ciudad a doce tostones por d&iacute;a, fuera del vino y de la ropa
+limpia. Casi todas las profesiones en que se ocupa la clase media en
+Portugal est&aacute;n aqu&iacute; representadas con fidelidad, y as&iacute; puedo yo estudiar
+sin esfuerzo, como en un &iacute;ndice, las ideas y los sentimientos que en
+nuestro a&ntilde;o de gracia forman el fondo moral de la naci&oacute;n.</p>
+
+<p>Esta casa de hu&eacute;spedes tiene encantos. La habitaci&oacute;n de mi primo
+Procopio tiene una estera nueva, una cama de hierro filos&oacute;fica y
+virginal, vistosos visillos en las ventanas, flores y p&aacute;jaros por las
+paredes, y all&iacute; se mantiene un riguroso aseo por una de esas criadas
+como s&oacute;lo las produce Portugal, guapa moza de Traz-os-Montes, que
+arrastrando sus chanclas con la indolencia grave de una ninfa latina,
+barre, friega y arregla toda la casa; sirve nueve almuerzos, nueve
+comidas y nueve cenas; pega los botones a los pantalones y a los
+calzoncillos, que los portugueses est&aacute;n continuamente perdiendo,
+almidona las enaguas de la se&ntilde;ora, reza el rosario de su aldea, y a&uacute;n le
+queda tiempo para amar desesperadamente a un barbero vecino, que est&aacute;
+resuelto a casarse con ella en cuanto le empleen en la Aduana. (Y todo
+esto por tres mil reis de salario). El almuerzo son dos platos sanos y
+abundantes, huevos y &laquo;bifftec&raquo;. El vino lo env&iacute;a el cosechero, un
+vinillo ligero y temprano, hecho seg&uacute;n los venerables preceptos de las
+&laquo;ge&oacute;rgicas&raquo;, y semejante, de seguro, al vino de la Rethia, &laquo;quo te
+carmine dicam, Rethica?&raquo; Las tostadas, hechas en lumbre fuerte, son
+incomparables. Los cuatro cuadros que adornan la sala, un retrato de
+Fontez (estadista ya muerto y tenido en gran veneraci&oacute;n por los
+portugueses) una estampa de P&iacute;o IX sonriendo y bendiciendo, una vista
+del valle de Collares y dos doncellas besuqueando a una t&oacute;rtola,
+inspiran las saludables ideas, tan necesarias, de Orden Social, de Fe,
+de Paz campestre y de inocencia.</p>
+
+<p>La patrona, do&ntilde;a Paulina Soriana, es una se&ntilde;ora de cuarenta oto&ntilde;os,
+frescota y rolliza, con un pescuezo muy gordo, y toda ella m&aacute;s blanca
+que la blanca chambra que usa, adem&aacute;s de una falda de seda color
+violeta. Parece una excelente se&ntilde;ora, paciente y maternal, de buen
+juicio y de buena econom&iacute;a. Sin ser rigurosamente viuda, tiene un hijo,
+gordo tambi&eacute;n, que se roe las u&ntilde;as y estudia en el Instituto. Se llama
+Joaqu&iacute;n, y por ternura Quinito; sufri&oacute; en esta primavera no s&eacute; qu&eacute; grave
+enfermedad que le obliga a tomar interminables horchatas y ba&ntilde;os de
+asiento, y est&aacute; destinado por do&ntilde;a Paulina a la burocracia, que
+considera, con mucha justicia, la carrera m&aacute;s segura y m&aacute;s f&aacute;cil.</p>
+
+<p>&mdash;Lo esencial para un muchacho, afirmaba hace d&iacute;as la apreciable se&ntilde;ora,
+despu&eacute;s del almuerzo y cruzando la pierna&mdash;es tener padrinos y lograr un
+empleo; ya colocado, el trabajo es poco y la paga no falta a fin de mes.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Paulina est&aacute; tranquila acerca de la carrera de Quinito. Por el
+influjo (que es todopoderoso en estos Reinos) de un amigo seguro, el
+se&ntilde;or consejero Vaz Netto, hay ya en el ministerio de Obras p&uacute;blicas o
+en el de Justicia una silla de amanuense guardada, se&ntilde;alada, en espera
+de Quinito. Y como Quinito fuese reprobado en los &uacute;ltimos ex&aacute;menes, el
+se&ntilde;or consejero Vaz Netto resolvi&oacute; que en vista de que se mostraba tan
+desaplicado y con tan poco amor a las letras, lo mejor era no insistir
+en los estudios del Instituto y entrar inmediatamente en el destino....</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la buena se&ntilde;ora cuando me honr&oacute; con estas
+confidencias,&mdash;me agradar&iacute;a que Quinito terminase los estudios. No es
+por necesidad, ni por causa del empleo, como vuestra excelencia ve; sino
+por gusto.</p>
+
+<p>Quinito tiene, pues, su prosperidad satisfactoriamente asegurada. Por lo
+dem&aacute;s, supongo que do&ntilde;a Paulina le re&uacute;ne un prudente peculio. En la
+casa, bien acreditada, hay ahora siete hu&eacute;spedes, todos de confianza,
+estables, gastando como extraordinarios de cuarenta y cinco a cincuenta
+mil reis al mes. El m&aacute;s antiguo, el m&aacute;s respetado (y aquel que
+precisamente conozco) es Pinho, Pinho el brasile&ntilde;o, el comendador Pinho.
+El es quien todas las ma&ntilde;anas anuncia la hora del almuerzo (el reloj del
+comedor est&aacute; descompuesto desde Navidad) saliendo de su cuarto
+puntualmente a las diez, con su botella de agua de Vidago, yendo a
+ocupar su silla, en la mesa, ya puesta, pero desierta, una silla
+especial de mimbres con un almohad&oacute;n de viento. Nadie sabe de este Pinho
+ni la edad, ni la tierra o familia en que naci&oacute;, ni su ocupaci&oacute;n en el
+Brasil, ni el origen de su encomienda. Lleg&oacute; una tarde de invierno en un
+paquebot de la &laquo;Mala Real&raquo;, pas&oacute; cinco d&iacute;as en el Lazareto, desembarc&oacute;
+con dos ba&uacute;les, la silla de mimbres y cincuenta latas de dulce; tom&oacute; su
+cuarto en esta casa de hu&eacute;spedes, con ventana a la traves&iacute;a, y aqu&iacute;
+engorda risue&ntilde;a y pl&aacute;cidamente con el seis por ciento de sus
+inscripciones. Es un sujeto rechoncho, bajo, con barba gris, piel
+morena, con tonos de caf&eacute; y de ladrillo, siempre vestido de pa&ntilde;o fino
+negro, con lentes de oro pendientes de una cinta de seda, que &eacute;l, en la
+calle y en cada esquina, desenreda del cord&oacute;n de oro del reloj para leer
+con inter&eacute;s y lentitud los carteles de los teatros. Su vida ofrece una
+de esas prudentes regularidades que tan admirablemente concurren a crear
+el orden en los Estados. Despu&eacute;s del almuerzo, se calza sus botas de
+ca&ntilde;a, alisa su sombrero de copa y se va muy despacio hasta la calle de
+los Capellistas, al escritorio en planta baja del corredor Godinho,
+donde pasa dos horas sentado junto a la ventana, con las velludas manos
+apoyadas en el pu&ntilde;o del quitasol. Despu&eacute;s se coloca el quitasol debajo
+del brazo, y por la calle del Oouro, con saboreada pachorra,
+deteni&eacute;ndose a contemplar a la se&ntilde;ora de sedas m&aacute;s rizadas o la
+victoria de arreos m&aacute;s lustrosos, alarga sus pasos hasta la tabaquer&iacute;a
+de Sousa, en el Roc&iacute;o, donde bebe una copa de agua de Canecas, y
+descansa hasta que la tarde refresca. Sigue entonces por la Avenida,
+gozando el aire puro y el lujo de la ciudad, sentado en un banco, o da
+la vuelta al Roc&iacute;o, bajo los &aacute;rboles, con la cara alta y dilatada de
+bienestar. A las seis se recoge, se quita el sobretodo, se calza sus
+chinelas de tafilete, se pone una agradable cazadora de algod&oacute;n, y come,
+&laquo;repitiendo&raquo; siempre de la sopa. Despu&eacute;s del caf&eacute; da un &laquo;higi&eacute;nico&raquo;
+paseo por la Baixa, haciendo paradas pensativas, pero risue&ntilde;as, en los
+escaparates de las confiter&iacute;as, y ciertos d&iacute;as sube al Chiado, dobla la
+esquina de la calle Nova da Trinidade y regatea con placidez y firmeza
+una entrada para el Gimnasio. Todos los viernes entra en su Banco, que
+es el &laquo;London Brasilian&raquo;. Los domingos, al anochecer, con recato, visita
+a una moza gorda y limpia que vive en la calle de la Magdalena. Cada
+semestre recibe los intereses de sus inscripciones.</p>
+
+<p>As&iacute;, toda su existencia es un pausado reposo. Nada le inquieta, nada le
+apasiona. Para el comendador Pinho, el Universo consta de dos &uacute;nicas
+entidades: &eacute;l mismo, Pinho, y el Estado que le da el seis por ciento;
+por tanto, el Universo es perfecto y la vida perfecta, mientras Pinho,
+gracias a las aguas de Vidago, conserve apetito y salud, y el Estado
+siga pagando fielmente el cup&oacute;n. Por lo dem&aacute;s, le basta con poco para
+contentar la porci&oacute;n de Alma y Cuerpo de que aparentemente se compone.
+La necesidad que todo s&eacute;r vivo (a&uacute;n las ostras, seg&uacute;n afirman los
+naturalistas) tiene de comunicar con sus semejantes por medio de gestos
+o de sonidos, es en Pinho poco exigente. Hacia mediados de abril, sonr&iacute;e
+y dice desdoblando la servilleta: &laquo;tenemos el verano encima&raquo;; todos
+concuerdan con &eacute;l y Pinho goza. A mediados de octubre se pasa los dedos
+por la barba y murmura: &laquo;tenemos encima el invierno&raquo;; si otro hu&eacute;sped
+disiente, Pinho enmudece porque teme las controversias. Y este honesto
+cambio de ideas le basta. En la mesa, con tal que le sirvan una sopa
+suculenta en un plato hondo que pueda llenar dos veces, queda satisfecho
+y dispuesto a dar gracias a Dios. El &laquo;Diario de Pernambuco&raquo;, el &laquo;Diario
+de Noticias&raquo;, alguna comedia del Gimnasio o alguna de magia satisfacen
+de sobra aquellas cualidades de inteligencia y de imaginaci&oacute;n que
+Humboldt encontr&oacute; a&uacute;n entre los &laquo;botecudos&raquo;. En las funciones del
+sentimiento, Pinho s&oacute;lo pretende (como revel&oacute; un d&iacute;a a mi primo) &laquo;no
+coger una enfermedad&raquo;. Con la cosa p&uacute;blica est&aacute; siempre contento,
+gobierne &eacute;ste o gobierne aqu&eacute;l, con tal que la polic&iacute;a mantenga el orden
+y no se produzcan perturbaciones en los principios y en las calles,
+nocivas al pago del cup&oacute;n. En cuanto al destino ulterior de su alma,
+Pinho (como me asegur&oacute; a m&iacute; miso) &laquo;s&oacute;lo desea, despu&eacute;s de muerto, que no
+le entierren vivo&raquo;. Aun acerca de punto tan importante, como es para un
+comendador su mausoleo, Pinho se contenta con poco: apenas una l&aacute;pida
+lisa y decente con su nombre y un sencillo &laquo;Rogad por &eacute;l&raquo;.</p>
+
+<p>Errar&iacute;amos, sin embargo, querida madrina, suponiendo que Pinho es ajeno
+a todo cuanto sea humano. &iexcl;No! Estoy cierto de que Pinho respeta y ama a
+la humanidad; s&oacute;lo que para &eacute;l la humanidad en el transcurso de su vida
+se restringi&oacute; mucho. Hombres, hombres serios, verdaderamente merecedores
+de ese nombre, dignos de reverencia y afecto, y de que por ellos se
+arriesgue un paso que no canse mucho, para Pinho s&oacute;lo lo son los
+prestamistas del Estado. As&iacute;, mi primo Procopio, con una malicia harto
+inesperada en un espiritualista, cont&oacute;le hace tiempo en secreto,
+gui&ntilde;ando los ojos &iexcl;que yo pose&iacute;a muchos papeles! &iexcl;muchas p&oacute;lizas!
+&iexcl;muchas inscripciones!... Pues en la primera ma&ntilde;ana que volv&iacute; a la casa
+de hu&eacute;spedes despu&eacute;s de esta revelaci&oacute;n, Pinho, ligeramente colorado,
+casi conmovido, me ofreci&oacute; una cajita de dulce envuelta en una
+servilleta, &iexcl;acto conmovedor que explica aquella alma! Pinho no es un
+ego&iacute;sta, un Di&oacute;genes de levita negra, secamente retra&iacute;do dentro del
+tonel de su inutilidad. No. Hay en &eacute;l toda la humana voluntad de amar a
+sus semejantes y de servirlos. Pero, &iquest;qui&eacute;nes son para Pinho sus
+genu&iacute;nos &laquo;semejantes&raquo;? Los prestamistas del Estado. &iquest;Y en qu&eacute; consiste
+para Pinho el acto de beneficio? En ceder a los otros aquello que a &eacute;l
+le es &uacute;til. Para Pinho no hay otro bien como el uso de la guayaba, y en
+cuanto supo que yo era un poseedor de inscripciones, un semejante suyo,
+capitalista como &eacute;l, no dud&oacute;, no se retrajo m&aacute;s de su deber humano, y
+practic&oacute; en seguida el acto de beneficio, y h&eacute;lo aqu&iacute; ruborizado y
+feliz, trayendo su dulce dentro de una servilleta.</p>
+
+<p>&iquest;Es el comendador Pinho un ciudadano in&uacute;til? &iexcl;No, ciertamente! Hasta
+para mantener con estabilidad y solidez el orden de una naci&oacute;n, no hay
+m&aacute;s provechoso ciudadano que este Pinho, con su placidez de h&aacute;bitos, su
+f&aacute;cil asentimiento a todos los hechos de la vida p&uacute;blica, su cuenta de
+todos los viernes en el Banco, sus placeres escondidos con higi&eacute;nico
+recato, su pausa y su inercia. De un Pinho nunca puede salir idea o
+acto, afirmaci&oacute;n o negaci&oacute;n que desarreglen la paz del Estado. As&iacute;,
+gordo, pac&iacute;fico, colocado en el organismo social, no concurriendo a su
+movimiento, pero tampoco contrari&aacute;ndolo, Pinho ofrece todos los
+caracteres de una excrecencia seb&aacute;cea. Socialmente, Pinho es un
+lobanillo. Y nada m&aacute;s inofensivo; que un lobanillo; y en nuestros
+tiempos, en que el Estado est&aacute; lleno de elementos morbosos y de
+par&aacute;sitos que lo chupan, lo inficionan y lo sobrexcitan, esta
+&laquo;inofensibilidad&raquo; de Pinho hasta puede (en relaci&oacute;n a los intereses del
+orden) ser considerada como una cualidad meritoria. Por esto el Estado,
+seg&uacute;n se dice, le va a conceder el t&iacute;tulo de bar&oacute;n. Y bar&oacute;n es un t&iacute;tulo
+que honra a ambos, al Estado y a Pinho, porque con &eacute;l se rinde
+simult&aacute;neamente un homenaje gracioso y discreto a la Familia y a la
+Religi&oacute;n.</p>
+
+<p>El padre de Pinho se llamaba Francisco, Francisco Jos&eacute; Pinho. Y nuestro
+amigo va a ser hecho bar&oacute;n de San Francisco.</p>
+
+<p>&iexcl;Adi&oacute;s, querida madrina! &iexcl;Vamos con el d&eacute;cimo octavo d&iacute;a de lluvia!
+Desde el comienzo de junio y de las rosas, en este pa&iacute;s del sol sobre
+azul, en la tierra trigue&ntilde;a del olivo y del laurel, queridos de Febo,
+est&aacute; lloviendo, lloviendo a hilos de agua cerrados, continuos,
+imperturbables, sin un soplo de viento que los tuerza, ni un rayo de luz
+que los abrillante, formando de las nubes a las calles una movible trama
+de humedad y de tristeza, en que el alma se agita y se rinde como una
+mariposa presa en las telas de la ara&ntilde;a. Estamos en pleno vers&iacute;culo
+XVII, cap&iacute;tulo VII del &laquo;G&eacute;nesis&raquo;.</p>
+
+<p>En el caso de que estas aguas del cielo no cesaran, yo deduzco que las
+intenciones de Jehov&aacute; para con este pa&iacute;s son diluvianas, y no juzg&aacute;ndome
+menos digno de la Gracia y de la Alianza divina que lo fu&eacute; No&eacute;, voy a
+comprar madera y brea y a hacer un arca seg&uacute;n los nuevos modelos
+hebraicos y asirios. Y si por acaso de aqu&iacute; a alg&uacute;n tiempo una paloma
+blanca fuese a batir sus alas delante de su vidriera, es que yo aport&eacute;
+al Havre en mi arca, llevando conmigo, entre otros animales, a Pinho y a
+do&ntilde;a Paulina, para que, m&aacute;s tarde, cuando hayan bajado las aguas,
+Portugal se repueble con provecho, y el Estado tenga siempre Pinhos a
+quienes pedir dinero prestado, y Quinitos gordos con quienes gastar el
+dinero que pidi&oacute; a Pinho. Suyo ahijado del coraz&oacute;n,</p>
+
+<p class="derecha smcap">Fradique.</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El Mandarín, by Eça Queiroz
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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+
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+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+throughout numerous locations. Its business office is located at
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+ gbnewby@pglaf.org
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+Literary Archive Foundation
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+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
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+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
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+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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+
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+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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