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+The Project Gutenberg EBook of El Mandarín, by Eça Queiroz
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: El Mandarín
+
+Author: Eça Queiroz
+
+Release Date: April 22, 2006 [EBook #18228]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MANDARÍN ***
+
+
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+
+Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
+Proofreading Team at http://www.pgdp.net
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+
+
+EL MANDARÍN
+
+EÇA DE QUEIROZ
+
+
+OBRAS DEL MISMO AUTOR
+
+La Reliquia 1 tomos.
+La ciudad y la sierra 1 "
+El primo Basilio 2 "
+Los Maias 3 "
+El crimen del padre Amaro 2 "
+Epistolario de Fradique Mendes 1 "
+
+
+Versión castellana
+
+
+CASA EDITORIAL MAUCCI
+
+Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid 1907,
+Budapest 1907 y gran premio en la de Buenos Aires 1910
+
+Calle de Mallorca, 166.--BARCELONA
+
+
+
+
+PROLOGO
+
+
+AMIGO 1.º (_Bebiendo coñac y soda, bajo los árboles de una terraza, a
+orillas del agua._)
+
+Camarada; durante estos calores que embotan la imaginación, descansemos
+del áspero estudio de las Realidades humanas... Partamos hacia los
+campos del Ensueño, a vagar por esas azuladas colinas donde se levanta
+la torre abandonada de lo Sobrenatural y frescos musgos cubren
+amorosamente las ruinas del Idealismo... Fantaseemos...
+
+Amigo 2.º Más sobriamente, camarada, más sobriamente... y como en las
+sabias y amables Alegorías del Renacimiento, mezclando siempre una
+moralidad discreta...
+
+ (_Comedia inédita_)
+
+
+
+
+I
+
+
+Me llamo Teodoro, y fuí amanuense en el Ministerio de la Gobernación.
+
+En aquel tiempo vivía yo en la travesía de la Concepción, número 106, en
+la casa de huéspedes de doña Augusta, la espléndida doña Augusta, viuda
+del comandante Marques. Tenía dos compañeros: Cabritilla, empleado en la
+administración del barrio central, tieso, y amarillo como una vela de
+entierro y el petulante teniente Conceiro, hábil tocador de viola
+francesa.
+
+Mi existencia se deslizaba equilibrada y tranquila. Toda la semana
+sentado ante el pupitre de mi negociado, trazaba en una hermosa letra
+cursiva, sobre el papel de oficio del Estado, estas frases hechas:
+«Ilmo. y Excmo. Sr.: Tengo la honra de comunicar a V.E... Tengo el
+honor de poner en conocimiento de V.I. etc., etc.»
+
+Los domingos descansaba. Instalado entonces en el canapé del comedor, la
+pipa entre los dientes, admiraba a doña Augusta, que, los días de
+fiesta, solía limpiar con clara de huevo la caspa al teniente Conceiro.
+Esta hora, sobre todo en verano, era deliciosa. Por las ventanas
+entreabiertas penetraba el vaho cálido y soñoliento de la solanera,
+algún lejano repique de las campanas de la Concepción Nueva, y el
+arrullo de las tórtolas que se enamoran en las barandas.
+
+El monótono susurro de las moscas se balanceaba sobre el viejo tul,
+antiguo velo nupcial de la señora de Marques, que cubría ahora, en el
+aparador, los platos de cerezas. Poco a poco, el teniente, envuelto en
+un paño de afeitar, como un ídolo en su manto, adormecíase, bajo la
+fricción suave de las cariñosas manos de doña Augusta... Yo, entonces,
+enternecido, decía a la amable señora:
+
+--¡Ay, doña Augusta, es usted un ángel!
+
+Ella, siempre me llamaba «el encanijado». Yo sonreía sin escandalizarme.
+«El encanijado» era efectivamente el nombre que me daban en casa, por
+ser delgado, entrar en todas partes con el pie derecho, asustarme de los
+ratones, tener en la cabecera de mi cama una estampa de Nuestra Señora
+de los Dolores, que perteneció a mi madre, y andar un tanto corcovado.
+Sí, era desgraciadamente corcovado, por lo mucho que doblé el espinazo,
+retrocediendo asustado delante de los señores profesores, o inclinando
+la frente ante jefes y directores generales. Esta actitud de respeto es
+conveniente al covachuelista, mantiene la disciplina en un Estado bien
+organizado, y me garantizaba el descanso de los domingos y días
+festivos, el uso de alguna ropa blanca y veinticinco duros al mes.
+
+No puedo negar, a pesar de todo, que yo no tuviese ambiciones, como lo
+reconocían sagazmente la viuda de Marques y el pedante de Conceiro. No
+agitaba mi pecho el apetito heróico de dirigir, desde lo alto de un
+trono, vastos rebaños humanos; pero sí me abrasaba el deseo de poder
+comer en el Hotel Central, con champagne, apretar la mano de mimosas
+vizcondesas, y, por lo menos, dos veces a la semana, dormir, en un
+éxtasis mudo, sobre el fresco seno de Venus. ¡Oh, elegantes que os
+dirigíais vivamente a San Carlos abrigados en costosos paletots,
+luciendo la blanca corbata de «soirée!» ¡Oh, carruajes llenos de mujeres
+vestidas a la andaluza, rodando gallardamente hacia los toros, cuántas
+veces me hicísteis suspirar! Porque la certidumbre de mis veinticinco
+duros mensuales y mi gesto encogido de encanijado, me excluían para
+siempre de aquellas alegrías sociales, y venía entonces a herir mi
+pecho, como flecha que se clava en un tronco y queda mucho tiempo
+vibrando.
+
+Aun así, yo nunca llegué a considerarme un paria. La vida humilde tiene
+sus dulzuras: es grato, en una mañana de sol alegre, con la servilleta
+al cuello, delante de un bistek con patatas, desdoblar el «Diario de las
+Noticias;» durante las tardes de verano, en los bancos gratuitos del
+paseo, se gozan suavidades de idilio; y es sabroso, de noche, en
+Martiño, mientras se toma a sorbos el café, oir a los charlatanes
+injuriar a la patria.
+
+Además, nunca fuí excesivamente desgraciado, porque no tengo
+imaginación; no me consumía rodando en torno de paraísos ficticios,
+nacidos de mi propia alma deseosa, como las nubes de la evaporación de
+un lago; no suspiraba mirando las lúcidas estrellas, por un amor
+espiritual a lo Romero o por una gloria humana a lo Camoens.
+
+Soy muy positivista. Sólo aspiraba a lo racional, a lo tangible, a lo
+que era alcanzado por otros en mi barrio, a lo que es accesible a un
+bachiller. Y me iba resignando como quien ante una «table d' hôtel»
+mastica la corteza de pan seco en espera del rico plato de la «Charlotte
+russe». Las felicidades habían de llegar; y, para apresarlas, yo hacía
+todo lo que me era posible como portugués y como constitucional; se las
+pedía todas las noches a Nuestra Señora de los Dolores y compraba
+décimos de la lotería.
+
+Entretanto procuraba distraerme. Y como las circunvoluciones de mi
+cerebro no me habilitaban para componer odas a la manera de tantos
+otros que, a mi lado, se desquitaban así del tedio que la profesión les
+producía; como mi escaso sueldo, apenas suficiente para pagar la casa y
+el tabaco, no me permitía ningún vicio, había tomado el hábito discreto
+de comprar en la feria de Sadra libros antiguos desencuadernados, y por
+la noche, en mi cuarto, me entretenía con esas curiosas lecturas. Eran,
+siempre, obras de títulos sugestivos: «Galera de la inocencia», «Espejo
+milagroso», «Tristeza de los desheredados...» ¡El tipo venerable, el
+papel amarillento, la grave encuadernación frailuna, la cintita verde
+marcando la página, todo esto me encantaba! Después, aquellos relatos
+ingenuos en letra gorda inundaban de paz todo mi sér, produciéndome una
+sensación comparable a la calma penetrante de una vieja cerca de un
+monasterio, en la quebradura de un valle, a la hora del crepúsculo,
+oyendo correr el agua muy triste...
+
+Una noche, hace años, empecé a leer en uno de esos vetustos infolios, un
+capítulo titulado «Brecha de las almas;» e iba cayendo en una soñolencia
+grata, cuando este período singular se destacó del tono neutro y
+apagado de la página, como el relieve de una medalla de oro nuevo
+brillando sobre un tapete obscuro: copio textualmente:
+
+«En el fondo de la China existe un Mandarín más rico que todos los reyes
+de que nos habla la Fábula o la Historia. De él nada conoces, ni el
+nombre, ni el semblante, ni la seda de que se viste. Para que tú heredes
+sus bienes inenarrables, basta con que toques esa campanilla, puesta a
+tu lado, sobre un libro. El exhalará entonces un suspiro, en los lejanos
+confines de la Mongolia. Será un cadáver: y tú verás a tus pies más oro
+del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres
+hombre mortal, ¿tocarás la campanilla?»
+
+Permanecí asombrado ante la página abierta: aquella interrogación
+«hombre mortal, ¿tocarás tú la campanilla?» aunque me parecía burlona y
+picaresca, me turbaba prodigiosamente. Quise leer más; pero las líneas
+huían ondulando como sierpes asustadas, y en el vacío que dejaban, de
+una lividez de pergamino, volvía a brillar la interpelación extraña:
+«¿Tocarás tú la campanilla?»
+
+Si el volumen hubiese sido de una moderna edición Michel Levy, de
+cubierta amarilla, yo, que no me hallaba perdido en la floresta de una
+balada alemana, y podía ver desde mi cuarto blanquear a la luz del gas
+el correaje de la patrulla, hubiera cerrado el libro, disipando así la
+nerviosa alucinación. Mas aquel sombrío infolio parecía exhalar magia;
+cada letra afectaba la inquietante configuración de esos signos de la
+vieja Kábala, que encierran un atributo fatídico; las comas tenían el
+retorcido petulante de rabos de diablillos, entrevistos a la luz blanca
+de la luna; en el punto de interrogación final veía el pavoroso gancho
+con que el Tentador caza las almas que adormecieron, sin refugiarse en
+la inviolable ciudadela de la Oración.
+
+Una influencia sobrenatural se apoderó de mí, arrebatándome fuera de la
+realidad y del raciocinio; y en mi espíritu se fueron formando dos
+visiones: de un lado un Mandarín decrépito, muriendo sin dolor, lejos,
+en un kiosco chino, al «tilín-tín» de mi campanilla; ¡y de otro toda
+una montaña de oro brillando a mis pies! Esto era tan claro que hasta
+veía los ojos oblícuos del viejo empañarse, como cubiertos de una ténue
+capa de polvo; y sentía el sonido metálico del dinero rodando a mis
+plantas. Inmóvil, horrorizado, clavaba ardientemente los ojos en la
+campanilla, puesta delante de mí, sobre un diccionario francés, la
+campanilla prevista, citada en el magnífico infolio.
+
+Fué entonces cuando, del otro lado de la mesa, una voz insinuante y
+cristalina, me dijo misteriosamente:
+
+--Vamos, Teodoro, amigo mío, sé fuerte, extiende la mano y toca la
+campanilla.
+
+La pantalla verde de la vela esparcía una penumbra en derredor. Me
+levanté temblando. Y vi, pacíficamente sentado a mi lado, un individuo
+corpulento, todo vestido de luto, con sombrero de copa, las manos
+enguantadas de negro, apoyadas en el puño de un paraguas. No tenía nada
+de fantástico. Parecía tan corriente, como si viviese del mísero sueldo
+de un empleo... su originalidad estaba en su rostro, sin barba, de
+líneas fuertes y duras, la nariz brusca, presentaba la expresión rapaz
+y amenazadora de un pico de águila: el corte firme y acentuado de sus
+labios daba a su boca una expresión maligna; los ojos, al fijarse,
+semejaban los encendidos fulgores de un disparo, salido súbitamente de
+entre las zarzas tenebrosas del entrecejo fruncido; era lívido, mas, por
+su piel, corrían a veces radiaciones sanguíneas, como en un viejo mármol
+fenicio.
+
+De pronto me asaltó la idea de que mi visitante fuese el demonio en
+persona, pero luego, mi raciocinio se sublevó resueltamente contra esta
+suposición. Yo nunca creí en el diablo, como nunca tuve fe en Dios.
+Jamás lo dije en voz alta ni lo escribí en los periódicos para no
+descontentar a los Poderes públicos encargados de mantener el respeto
+hacia tales entidades: mas yo nunca creí que existiesen estos dos
+personajes, viejos como la substancia, rivales bonachones, que se pasan
+la vida haciéndose mútuas y amables perrerías, uno de barbas nevadas y
+túnica azul, vestido como el antiguo Zoroastro y habitando las alturas
+luminosas, en medio de una corte más complicada que la de Luis XIV; y el
+otro malhumorado y mañoso, ornado de cuernos, viviendo entre las
+llamas, imitación ridícula y burguesa del pintoresco Plutón. ¡No, no
+creo! Cielo e infierno son concepciones sociales para uso de la plebe, y
+yo pertenezco a la clase media. Rezo, es verdad, a Nuestra Señora de los
+Dolores, porque, así como pedí una recomendación para licenciarme; así
+como, para obtener mis veinticinco duros, imploré la benevolencia del
+diputado; igualmente, para sustraerme de la tisis, de las anginas, de la
+navaja del chulo, de la cáscara de naranja escurridiza donde puede uno
+resbalar y romperse una pierna y de otros accidentes, necesito tener una
+protección sobrehumana. El hombre prudente debe ir haciendo una serie de
+sabias adulaciones desde la Universidad hasta el paraíso. Con un
+compadre en el barrio, y una comadre mística en las alturas, el porvenir
+del licenciado está seguro.
+
+Por eso, libre de torpes supersticiones, dije familiarmente al individuo
+vestido de negro:
+
+--¿Realmente me aconsejas que toque la campanilla?
+
+El desconocido se levantó un poco el sombrero, descubriendo la frente
+estrecha y respondió, palabra por palabra:
+
+--He aquí tu caso, estimable Teodoro: ¡Veinticinco duros mensuales es
+una vergüenza social! Hay en este mundo cosas prodigiosas; vinos de
+Borgoña, como por ejemplo el «Romanée-Conti» del 58 y «Chambertín» del
+61, que cuesta cada botella, de diez a once duros, y el que bebe la
+primera copa, no vacila en asesinar a su padre, por beber la segunda...
+Fabrícanse en París y en Londres carruajes de tan suaves muelles, tan
+suaves forros y airosas ruedas, que es preferible recorrer en ellos el
+Campo Grande, a viajar, como los antiguos dioses, por el cielo, sobre
+los fofos cojines de las nubes. No haré a tu cultura la ofensa de
+informarte que se amueblan hoy las casas con un estilo y un «confort»
+tan admirables que superan a ese regalo ficticio, llamado en otro tiempo
+Bienaventuranzas. No te hablaré, Teodoro, de otros goces terrenales,
+como, por ejemplo: el Teatro Real, el baile, el café Inglés... Sólo
+llamaré tu atención sobre este hecho... Existen seres que se llaman
+mujeres. Estos seres, Teodoro, en mi tiempo, en la tercera página de la
+Biblia, apenas usaban exteriormente una «hoja de parra». Hoy son toda
+una sinfonía, todo un engañoso y delicado poema de encajes, batistas,
+sedas, flores, joyas, cachemires, gasas y terciopelos. Comprende la
+satisfacción inenarrable que sentirán los cinco dedos de un cristiano
+recorriendo y palpando esas maravillas; más también has de percibir, que
+con una pieza de cinco céntimos, no se pagan las cuentas de esos
+serafines... Ellas poseen cosas mejores: cabellos color de oro o color
+de tinieblas, resumiendo así en sus trenzas la apariencia emblemática de
+las dos grandes tentaciones humanas: el hambre del metal precioso y el
+conocimiento del absoluto trascendente. Y aún tienen más: brazos
+marmóreos, frescos como rosas salpicadas de rocío; senos sobre los
+cuales el gran Praxíteles modeló su copa, que es la línea más pura y más
+ideal de la antigüedad... Los senos, en otra era, en la idea de ese
+ingenuo anciano que los formó, que fabricó el mundo, y de quien una
+enemistad secular me veda pronunciar el nombre, eran destinados a la
+nutrición augusta de la humanidad; hoy, ninguna madre racional los
+expone a esa función deterioradora y severa, sirven sólo para
+resplandecer entre encajes a la luz de las «soirées» y para otros usos
+secretos. Las conveniencias me impiden proseguir en esta exposición
+radiante de bellezas, que constituye el Fatal Femenino... Del resto, ya
+hablaremos más tarde. Todas estas cosas, Teodoro, están más allá de tus
+veinticinco duros mensuales... Confiesa, al menos, que estas palabras
+tienen el venerable sello de la verdad.
+
+Yo murmuré con las fauces abrasadas:
+
+--¡Cierto!
+
+Y su voz prosiguió paciente y suave:
+
+--¿Qué me dices de veinte o veinticinco millones de pesetas? Bien sé que
+es una bagatela... más, en fin, constituye un comienzo; son una ligera
+habilitación para conquistar la felicidad. Ahora reflexiona sobre esto:
+El Mandarín, ese Mandarín del fondo de la China, es un viejo decrépito y
+gotoso. Como hombre, como funcionario del Celeste imperio, es más
+inútil a Pekín y a la humanidad, que un pedrisco en la boca de un perro
+hambriento. Mas la transformación de la substancia existe: te la
+garantizo yo, que sé el secreto de las cosas. Porque la tierra es así:
+recoge aquí un hombre podrido y lo restituye allá, en el conjunto de sus
+formas, como vegetal vigoroso. Bien puede ser que él, inútil como
+Mandarín en el Imperio del Sol, vaya a ser útil en otra tierra como
+odorante rosa o sabroso repollo. Matar, hijo mío, es casi equilibrar las
+necesidades universales. Eliminar en una parte el exceso para suplir en
+otra la falta. Penétrate bien en estas sólidas filosofías. Una pobre
+costurera de Londres ansía ver florecer en su ventana un tiesto lleno de
+tierra negra; una flor daría consuelo a aquella desheredada; mas en la
+disposición de los seres, por desgracia, en ese momento, la substancia
+que allá debía ser rosa, es aquí un hombre de Estado... Viene entonces
+el chulo de navaja y hiere al estadista; la puñalada le descarga los
+intestinos; lo entierran: la materia comienza a desorganizarse, mézclase
+a la vasta evolución de los átomos, y el superfluo hombre de gobierno
+va a alegrar, bajo la forma de una flor a una rubia costurera. El
+asesino es un filántropo. Déjame resumir, Teodoro; la muerte de ese
+viejo Mandarín idiota, ¡trae a tu bolsillo algunos millones de pesetas!
+Puedes desde ese momento dar un puntapié a los Poderes públicos: ¡medita
+en lo intenso de este gusto! Y desde luego serás citado en los
+periódicos, ¡a qué mayor gloria puede aspirar un sér humano! Y todo eso
+con sólo agarrar la campanilla y hacer «tilín-tín». Yo no soy un
+bárbaro: comprendo la repugnancia de un caballejo en asesinar a un
+semejante suyo; la sangre ensucia vergonzosamente los puños de la
+camisa, y siempre es repulsiva la agonía de un cuerpo humano. Mas en
+este caso, ninguno de esos torpes espectáculos... Es como quien llama a
+un criado... Y son veinte o veinticinco millones de pesetas, no
+recuerdo bien, pero los tengo anotados en mis apuntes. No dudes de mí,
+Teodoro. Soy un caballero; lo probé, cuando, haciendo la guerra a un
+tirano en la primera insurrección de la justicia, me ví precipitado
+desde las alturas. Tu imaginación no lo puede concebir... ¡Una caída
+espantosa, mi querido amigo! Grandes disgustos.
+
+Lo que me consuela es que el «Otro» está también muy alicaído, porque,
+amigo mío, cuando un Jehová tiene contra sí a un Lucifer, quítase este
+estorbo enviando contra el rebelde una legión de Arcángeles; mas cuando
+el enemigo es el hombre armado de una pluma de pato y un cuaderno de
+papel blanco, está perdido... En fin, son veinte millones de pesetas.
+Vamos, Teodoro, ahí tienes la campanilla, ¡sé un hombre!
+
+Calló el enlutado caballero.
+
+Yo bien sé lo que se debe a sí mismo un cristiano. Si este personaje me
+hubiese llevado a la cumbre de una montaña en Palestina, en una noche de
+luna llena, y desde allí, mostrándome ciudades, razas e imperios
+adormecidos, me hubiera dicho sombríamente: «Mata al Mandarín, y todo lo
+que ves en valles y colinas será tuyo», yo le habría replicado,
+siguiendo un ejemplo ilustre, con la mano levantada hacia las
+inmensidades consteladas. «¡Mi reino no es de este mundo!»
+
+Conozco bien mis autores. Mas eran veinte millones de pesetas, ofrecidos
+a la luz de una vela de esperma, en la travesía de la Concepción, por un
+sujeto de sombrero de copa, apoyado en un paraguas.
+
+Entonces no dudé. Y con mano firme repiqué la campanilla. Fué tal vez
+una ilusión; mas parecióme que una campana de boca tan ancha como el
+cielo, repicaba en la obscuridad, a través del Universo, con un són
+temeroso que ciertamente iría a despertar soles que dormían y planetas
+panzudos.
+
+El extraño individuo llevó un dedo al párpado, y limpiando una lágrima
+que nublaba su ojo rutilante, exclamó:
+
+--¡Pobre Ti-Chin-Fú!
+
+--¿Murió?
+
+--Estaba en su jardín, sosegadamente, armando, para lanzarlo al aire, un
+papagayo de papel, pasatiempo honesto de un Mandarín jubilado, cuando le
+sorprendió ese «tilín-tín» de la campanilla. Ahora yace a orillas de un
+arroyo susurrante, vestido de seda amarilla, muerto sobre la hierba
+verde, con la panza al aire, y en sus manos frías tiene su papagayo de
+papel, que parece tan muerto como él. Mañana son los funerales. ¡Que la
+sabiduría de Confucio, inspirándole, ayude a emigrar su alma!
+
+Y el buen sujeto, levantándose, se quitó respetuosamente el sombrero, y
+salió, con el paraguas debajo del brazo.
+
+Entonces, al sentir cerrar la puerta, me pareció despertar de una
+pesadilla. Salté al corredor. Una voz jovial hablaba con la señora de
+Marques; y la cancela de la escalera cerróse sutilmente.
+
+--¿Quién acaba de salir ahora, doña Augusta?--pregunté sudoroso.
+
+--Cabritilla que va a la oficina...
+
+Volví a mi cuarto: todo reposaba tranquilo, idéntico, real. El infolio
+estaba aún abierto por la página temerosa. Volví a leerla, y ahora me
+pareció la prosa anticuada de un moralista cansado; cada palabra se
+había vuelto como un carbón apagado.
+
+Me acosté y soñé que estaba lejos, más allá de Pekín, en las fronteras
+de Tartaria, en el kiosco de un convento de Lamas, oyendo máximas
+prudentes y suaves que brotaban como un aroma fino de té, de los labios
+de un Buda vivo.
+
+
+
+
+II
+
+
+Transcurrió un mes.
+
+Yo, en tanto, continué, rutinario y triste poniendo diariamente mi
+hermosa letra cursiva al servicio del Estado, y admirando, los domingos,
+la pericia con que la espléndida doña Augusta limpiaba la caspa al
+teniente Conceiro. Era cosa evidente para mí que aquella noche, dormido,
+leyendo sobre el infolio, había soñado con una «Tentación de la Montaña»
+bajo formas familiares. Instintivamente, sin embargo, me fui preocupando
+de la China. Leía los telegramas de los periódicos buscando siempre los
+que se referían a cosas del Celeste Imperio; mas nada pasaba entonces en
+la región de las razas amarillas... La «Agencia Havas» sólo
+telegrafiaba sobre la Herzegovina, la Bosnia, la Bulgaria y otras
+curiosidades bárbaras.
+
+Poco a poco fuí olvidando mi episodio fantasmagórico; y al mismo tiempo,
+como gradualmente mi espíritu se serenaba, volvían a él las antiguas
+ambiciones que lo habitaron: un nombramiento de Director General, el
+seno amoroso de Lola, bisteks más tiernos que los de doña Augusta. Mas
+tales regalos me parecían tan inaccesibles, tan fuera de la realidad,
+como los propios millones del Mandarín. Y por el monótono desierto de la
+vida, allá fué marchando la lenta caravana de mis melancolías.
+
+Un domingo de Agosto, de mañana, dormitaba en la cama, en mangas de
+camisa, con el cigarro apagado entre los labios, cuando la puerta se
+abrió suavemente y entreabriendo los párpados adormilados, ví inclinarse
+a mi lado una calva respetuosa. Y luego una voz perturbada murmuró:
+
+--¿El señor Teodoro? ¿El señor Teodoro, del Ministerio de la
+Gobernación?
+
+Me levanté lentamente sobre mi cama, y, respondí bostezando:
+
+--¡Soy yo, caballero!
+
+El individuo inclinó el espinazo, como a presencia del Rey Bobo se
+arquean los cortesanos. Era pequeño y gordo: venerables lentes de oro
+relucían en su faz bonachona, que parecía la personificación del Orden.
+
+Todo tembloroso, balbuceó azorado:
+
+--¡Traigo noticias para su señoría! Noticias de considerable
+importancia. Mi nombre es Silvestre... Silvestre Juliano y C.ª...
+Un criado servicial de vuestra excelencia... Llegaron en el correo de
+Southampton... Nosotros somos Corresponsales de Traigand, y C.ª de
+Hong-Kong.
+
+El hombre calvo sofocóse; y agitando nerviosamente en su gruesa mano un
+sobre repleto, con un sello de lacre, negro, prosiguió:
+
+--Vuestra excelencia debe de estar prevenido. Nosotros no lo
+estábamos... El azoramiento es natural... Lo que esperamos es que nos
+conserve su confianza. Vuestra excelencia es en esta tierra una flor de
+virtud, espejo de bondad. Aquí están los primeros cheques sobre Bhering
+and Brothers de Londres... Letras a treinta días sobre Rothschild.
+
+A este nombre, resonante como el mismo oro, salté velozmente del lecho.
+
+--¿Qué es eso, señor?--grité.
+
+Y él, gritando mas, blandiendo el sobre, alzado sobre la punta de las
+botas, exclamó:
+
+--¡Son ciento veinte millones de pesetas sobre Londres, París, Hamburgo
+y Amsterdán, en letras a su favor! ¡A su favor, excelentísimo señor!
+¡Por casas de Hong-Kong, de Shang-Hai y de Cantón, de la herencia del
+Mandarín Ti-Chin-Fú!
+
+Sentí temblar el mundo bajo mis pies y cerré un momento los ojos. Mas de
+pronto, comprendí que yo era desde aquel momento como una encarnación de
+lo sobrenatural, recibiendo de ella mi fuerza y sus atributos. No podía
+considerarme como un hombre, rebajándome con explicaciones humanas. Para
+no interrumpir la línea hierática de mi indiferencia, me abstuve de ir a
+sollozar de alegría, como me lo pedía el alma, sobre el vasto seno de la
+viuda de Marques.
+
+De ahora en adelante ostentaría la impasibilidad de un Dios o de un
+Demonio; me calcé con naturalidad y dije a Silvestre Juliano y C.º
+estas palabras:
+
+--Está bien. ¡El Mandarín! Ese Mandarín se portó conmigo como un
+caballero. Ya sé de lo que se trata. Es una cuestión de familia. Deje
+ahí los papeles. Buenos días, Silvestre, Juliano y C.º.
+
+Y se retiró, retrocediendo, con el cuerpo inclinado respetuosamente.
+
+Entonces abrí de par en par la ventana, y, asomando la cabeza, respiré
+el aire cálido, como un corzo cansado.
+
+Después miré hacia abajo, hacia la calle, donde la burguesía, saliendo
+de misa pululaba entre dos filas de carruajes. Mis ojos se fijaban,
+inconscientes, ora en las joyas de las mujeres, ora en los brillantes
+metales de los arreos. Y de repente la idea de mi grandeza me llenó de
+satisfacción. ¡Todos aquellos carruajes podrían ser míos! Ninguna de las
+mujeres que veía, dejaría de ofrecerme su seno desnudo, a la menor
+indicación de un caprichoso deseo. Todos aquellos hombres de levita y
+guantes negros se postrarían delante de mí como ante un Cristo, un
+Mahoma o un Buda, si yo arrojase sobre ellos un puñado de cheques de
+mis ciento veinte millones de pesetas sobre los principales Bancos de
+Europa.
+
+Me apoyé en la baranda y reí viendo la agitación efímera de aquella
+humanidad subalterna que se consideraba libre y fuerte, mientras allá
+arriba, en la habitación de un cuarto piso, yo tenía en la mano, en un
+sobre lacrado, el principio de su flaqueza y de su esclavitud.
+
+Entonces, satisfacciones del Lujo, regalos del Amor, orgullos del Poder,
+todo, todo lo gocé con la imaginación, en un instante y en un solo
+sorbo. Mas luego una gran saciedad me fué invadiendo el alma, y
+sintiendo el mundo a mis pies, bostecé como un león harto.
+
+¿De qué me servían por fin tantos millones, sino para traerme, día por
+día, la desoladora afirmación de la vileza humana?
+
+¡Y así, al choque de tanto oro iba desapareciendo ante mis ojos, como
+humo, la belleza moral del Universo! Se apoderó de mí una inmensa
+tristeza mística. Caí sobre una silla, y con el rostro, entre las manos,
+lloré copiosamente.
+
+Al poco tiempo la viuda de Marques abrió la puerta, toda vestida de seda
+negra.
+
+--¡Le estarán esperando para comer!
+
+Salí de mi amargura para responderle secamente:
+
+--Yo no como.
+
+--¡Más quedará!
+
+En aquel momento estallaban cohetes a lo lejos. Me acordé de que era
+domingo, día de toros; de repente una visión brilló, relampagueando,
+atrayéndome deliciosamente: era la corrida vista desde un palco, después
+de una comida con champagne, ¡y a la noche una orgía como una divina y
+suprema iniciación! Corrí a la mesa. Llené mi cartera de letras sobre
+Londres. Descendí a la calle con el furor de un buitre que hiende el
+aire en busca de su presa. Pasaba un carruaje vacío. Le detuve gritando:
+
+--¡A los toros!
+
+--¡Son diez reales, mi amo!
+
+Introduje la mano en la cartera cargada de millones y saqué las monedas
+que tenía: 75 céntimos...
+
+El cochero fustigó el anca de la yegua y siguió refunfuñando. Yo
+balbuceé:
+
+--Tengo letras... ¡Aquí están! Tengo letras sobre Londres, sobre
+Hamburgo...
+
+--No sirven...
+
+¡Setenta y cinco céntimos!... Y corrida, cena de lord, andaluzas
+desnudas, todo este sueño expiró como una pompa de jabón dentro de mi
+alma.
+
+Odié a la humanidad. Otro carruaje atestado de gente alegre, por poco me
+atropella.
+
+Cabizbajo, cargado de millones sobre Rothschild, volví a mi cuarto piso.
+Pedí perdón a doña Augusta, aceptando humildemente la comida que se
+dignó servirme; y pasé esta primera noche de riqueza, bostezando sobre
+el lecho solitario, mientras fuera, el alegre Conceiro, el mezquino
+teniente con veinte duros de sueldo mensuales, reía con la viola un
+alegre «fado».
+
+ * * * * *
+
+A la mañana siguiente, mientras me afeitaban, reflexioné sobre el origen
+de mi riqueza. Era evidentemente sobrenatural y sospechoso.
+
+Mas como mi racionalismo me impedía atribuir estos tesoros imprevistos a
+la generosidad de Dios o del Diablo, ficciones puramente escolásticas;
+como los fragmentos del positivismo que constituían el fondo de mi
+filosofía, no me permitían la indignación de «las causas primarias, de
+los orígenes esenciales», pronto me decidí a aceptar el fenómeno y a
+utilizarlo con largueza. Por lo tanto, corrí atropelladamente al «Londón
+Brasilian Bank».
+
+Allí arrojé por el enrejado un cheque sobre el «Banco de Inglaterra», de
+mil libras, gritando esta deliciosa palabra:
+
+--¡En oro!
+
+Un cajero me respondió con dulzura:
+
+--Tal vez le fuese más cómodo en billetes...
+
+Respondí sécamente:
+
+--¡En oro!
+
+Llené mis bolsillos; y en la calle tomé un coche. Me sentí
+extremadamente gordo; tenía en la boca sabor de oro y una sequedad de
+polvo de oro en la piel de las manos; las paredes de las casas parecían
+brillar como largas láminas de oro, y dentro de mi cerebro rodaba un mar
+de ondas de oro.
+
+Abandonado a la oscilación de los muelles, rebotando como un ordre mal
+seguro, dejaba caer sobre la calle la mirada torva de mis ojos llenos de
+amargura. En fin, tirando el sombrero sobre la nuca, estirando la
+pierna, empinando el vientre, bostecé formidablemente.
+
+Mucho tiempo rodé así por la ciudad, bestializado en un goce de Nabab.
+
+Súbitamente, un brusco apetito de gastar, de disipar oro, vino a llenar
+mi pecho como una ventolina que hincha una vela.
+
+--¡Pára, animal!--grité al cochero.
+
+El coche se paró. Miré a mi alrededor, con los párpados entornados,
+buscando un objeto caro que comprar: joya de reina o conciencia de
+estadista; nada ví, y precipitadamente entré entonces en un estanco.
+
+--¡Cigarros! ¡de peseta! ¡de diez reales!
+
+--¿Cuántos?--preguntó servilmente el estanquero.
+
+--¡Todos!--respondí brutalmente.
+
+A la puerta, una pobre enlutada, con el hijo encogido en el seno, me
+extendió su mano transparente.
+
+No hallando una sola pieza de cobre entre mis bolsillos cargados de oro,
+la rechazé con impaciencia, y con el sombrero echado sobre los ojos, me
+metí entre la turba.
+
+Fué entonces cuando ví, adelantándose, la poderosa figura del Director
+General; inmediatamente me hallé con el dorso curvado y el sombrero
+cumplimentador en la mano. Era el hábito de dependencia; mis millones no
+me habían dado aún la verticalidad de la espina dorsal.
+
+En casa desparramé el oro sobre el lecho y me revolqué en él mucho
+tiempo, gruñendo sordamente.
+
+La torre de al lado dió las tres; y el sol descendía llevándose consigo
+mi primer día de opulencia. Entonces, acorazado de libras, ¡corrí a
+divertirme!
+
+¡Ah, qué día! Comí en un gabinete del Hotel Central, solitario y
+egoísta, con la mesa atestada de botellas de Burdeos, Borgoña,
+Champagne, Rhin, licores de todas las comunidades religiosas... ¡como si
+quisiera saciar de una vez la sed de treinta años! Después,
+tambaleándome, entré en un lupanar. ¡Qué noche! La alborada clareó
+detrás de las persianas y me encontré reclinado en un diván, exhausto y
+semidesnudo, sintiendo el cuerpo y el alma desvanecerse, disolverse en
+aquel ambiente tibio donde erraba un olor suave de polvos de arroz, de
+hembras y de punch.
+
+Cuando volví a la travesía de la Concepción, las ventanas de mi cuarto
+estaban cerradas, y la vela expiraba con resplandores lívidos, en su
+palmatoria de latón. Entonces, al llegar junto a la cama, ví una cosa
+horrible; estirado, a través de la colcha, yacía la figura del Mandarín
+muerto, vestido de seda amarilla, con la coleta suelta, y entre las
+manos, como muerto también, tenía un papagayo de papel.
+
+Abrí desesperadamente la ventana. Todo desapareció y sólo hallé sobre mi
+lecho, un viejo paletó.
+
+
+
+
+III
+
+
+Entonces comenzó mi vida de millonario. Dejé apresuradamente la casa de
+la viuda de Marques, que desde que supo que era rico, me trataba de
+diferente manera sirviéndome ella misma, con su traje de seda de los
+domingos, arroz con leche, y otros platos por el estilo. Compré un
+palacio en Loreto; las magnificencias de mi vivienda, son bien conocidas
+por los indiscretos fotograbados que publicó «La Ilustración Francesa».
+Se hizo famoso en toda Europa mi lecho, de un gusto exhuberante y
+bárbaro, cubierto de placas de oro labrado, y cortinajes de un raro
+brocado negro, donde ondean, bordados en perlas, versos eróticos de
+Cátulo; una lámpara suspendida en el interior derrama su claridad
+láctea y amorosa de una nube de verano.
+
+Mis primeros meses de riqueza los pasé amando, amando con el sincero
+apasionamiento de un inexperto. La había visto, como en una página de
+novela, regando sus claveles en el balcón; se llamaba Cándida, era
+pequeñita y rubia, habitaba una casita cubierta de enredaderas y me
+recordaba por la gracia y por lo airoso de su cintura, todo lo que el
+arte ha creado más fino y frágil: Mimí, Virginia, Julieta... Todas las
+noches, en éxtasis místico caía a sus pies color de jaspe; y por la
+mañana, al despedirme, dejaba en su regazo, algunos billetes de cien
+pesetas. Al principio, ella los rechazaba con rubor, pero después los
+guardaba en su gaveta, llamándome cariñosamente su ángel tutelar.
+
+Un día en que yo andando sigilosamente sobre la espesa alfombra siria,
+entré en su tocador, ella estaba escribiendo, muy pensativa, con un dedo
+en el aire. Al verme, pálida y trémula, escondió el papel que ostentaba
+en tinta roja su monograma. Yo, en un arranque insensato de celos, se
+lo arrebaté. Era la carta, la carta, que, desde la más remota
+antigüedad, la mujer siempre escribe; comenzaba por el indispensable:
+«idolatrado mío», y era por un alférez de policía.
+
+Arranqué aquel amor de mi pecho como una planta venenosa y desconfié
+para siempre de los ángeles rubios que conservan en su mirar azul el
+reflejo de los cielos que atravesaron.
+
+Desde lo alto de mi oro, arrojé sobre la inocencia, el pudor, y otras
+idealizaciones funestas, la diabólica carcajada de Mefistófeles y
+organicé fríamente una existencia animal, grandiosa y cínica.
+
+Al medio día, entraba en mi pila de mármol rosa, donde los perfumes
+derramados daban al agua un tono opaco de leche: después, pajes rubios,
+de manos suaves, me daban fricciones con el ceremonial de quien celebra
+un culto; y envuelto en un «robe-de-chambre» de seda índica, atravesaba
+la galería mirando a mis «Fortunys» y a mis «Curots» entre dos filas
+silenciosas de lacayos, dirigiéndome al comedor, donde, servidos en
+platos de Sévres, azul y oro, humeaban los más suculentos manjares. El
+resto de la mañana lo pasaba en un «boudoir» en que el mobiliario era de
+porcelana fina de Dresde, y la profusión de flores hacían de él un
+verdadero jardín de Armida; allí, reclinado sobre cojines de seda color
+perla, saboreaba el «Diario de las Noticias», mientras lindas mujeres,
+vestidas a la japonesa, refrescaban el aire, agitando abanicos de
+plumas.
+
+Por la tarde, iba a dar una vuelta a pie hasta el puente de las Almas:
+era la hora más pesada del día. La turba abyecta se paraba a contemplar
+los bostezos del Nabab fastidiado.
+
+A veces sentía la nostalgia de mis tiempos de empleado. Entraba en casa,
+y encerrado en la biblioteca, donde el pensamiento de la humanidad
+reposaba olvidado y encuadernado en marroquí, cogía una pluma de pato y
+permanecía horas enteras escribiendo sobre papel de oficio del Estado
+estas frases hechas de otro tiempo:
+
+«Ilmo. y Excmo. Sr.: Tengo la honra de participar a V.E...--Tengo el
+honor de poner en conocimiento de V.I.»
+
+Al comenzar la noche, un criado, para anunciar la comida, hacía resonar
+por los corredores, en su bocina de plata, a la moda gótica, una
+harmonía solemne. Yo, entonces, me levantaba y entraba en el comedor
+majestuoso y solitario. Una multitud de lacayos, con libreas de seda
+negra, servía, en un silencio de sombras que resbalan, las vituallas más
+raras y los vinos más costosos que joyas. Toda la mesa resplandecía de
+flores, luces, cristales y reflejos de oro; y, enroscándose entre las
+pirámides de frutos, mezclado en el humo de los platos, erraba en el
+aire un tedio inenarrable.
+
+Después, reclinado en el fondo del cupé, iba a las «ventanas verdes»
+donde alimentaba, en un jardín, digno de un serrallo, entre
+refinamientos musulmanes, un vivero de hembras, y envuelto en una túnica
+de seda fresca y perfumada, me entregaba a los delirios más
+abominables... Me traían medio muerto a casa, al primer albor de la
+mañana, hacía maquinalmente la señal de la cruz, y, a poco, roncaba
+sonoramente, lívido y sudoroso, como un Tiberio exhausto.
+
+Entre tanto, Lisboa se arrodillaba a mis pies. El patio del palacio
+estaba constantemente invadido por la turba; desde las ventanas de la
+galería contemplaba a veces, en mis horas de fastidio, blanquear las
+pecheras de la aristocracia, negrear las sotanas del clero y relucir el
+sudor de la plebe. Todos venían a suplicar con frase abyecta, una
+pequeña participación en mi riqueza. A veces consentía en recibir a
+algún viejo aristócrata: penetraba en la sala tartamudeando adulaciones,
+rozando casi la alfombra con sus cabellos blancos; e inmediatamente,
+cruzando sobre el pecho las manos de fuertes venas donde corría sangre
+de tres siglos, me ofrecía su hija por esposa o para concubina.
+
+Todos mis conciudadanos me brindaban presentes como un ídolo sobre el
+altar: unos, odas votivas, otros, mi monograma bordado en pelo; algunos,
+chinelas o boquillas, y todos, su conciencia. Si mi mirada amortiguada
+se fijaba casualmente en la calle en alguna mujer, al día siguiente
+recibía una carta en que ella, esposa o prostituta, me regalaba su
+desnudez, su amor, y todas las complacencias de la lascivia.
+
+Los periódicos espoleaban su imaginación para hallar adjetivos dignos
+de mi grandeza; fuí el «sublime señor Teodoro»; llegué a ser el «celeste
+señor Teodoro»; y la «Gaceta», por no ser menos, llamóme el
+«extraceleste señor Teodoro». Delante de mí ninguna cabeza permaneció
+cubierta, usase corona o tiara. Todos los días me ofrecían una
+Presidencia del Consejo de Ministros o la Dirección de una Cofradía,
+ofrecimientos que rechazé siempre con enojo. Poco a poco el rumor de mis
+riquezas pasó las fronteras. «El Fígaro», habló de mí cortesmente; en
+todos sus números me llenaban de elogios; el grotesco inmortal que firma
+«Saint-Genest» me dirigió apóstrofes, pidiendo mi ayuda para salvar a
+Francia; y fué tanta mi popularidad, que todas las Ilustraciones
+extranjeras publicaron a un tiempo los detalles más insignificantes de
+mi vida íntima. Recibí de todas las princesas de Europa cartas con
+sellos heráldicos, exponiéndome por medio de fotografías y documentos la
+forma de sus cuerpos y la antigüedad de sus genealogías. Dos tonterías
+que dije durante aquel año fueron telegrafiadas al universo entero por
+la Agencia Havas; y fuí considerado mucho más ingenioso que Voltaire,
+que Rochefort y que ese mismo entendimiento que se llama «Todo el
+Mundo». Cuando mi vientre indigesto se aliviaba con un sonoro estampido,
+la humanidad lo sabía por conducto de los periódicos. Hice empréstitos a
+los reyes, subsidié guerras civiles, y fuí aclamado por todas las
+repúblicas latinas que ornan el golfo de México.
+
+Y entre tanto, vivía triste...
+
+Siempre que entraba en casa contemplaba horrorizado la misma visión; ya
+atravesada en el umbral de la puerta, ya tendida sobre mi lecho de oro,
+veía una figura extraña, de coleta negra y túnica amarilla, con un
+papagayo de papel entre las manos. ¡Era el Mandarín Ti-Chin-Fú! Yo
+entraba furioso con el puño levantado, pero todo desaparecía como por
+encanto.
+
+Entonces caía anonadado, sudoroso, sobre una poltrona y murmuraba en el
+silencio del cuarto, en donde las velas que ardían en los bruñidos
+candelabros de plata prestaban tonos sangrientos a los rojos damascos:
+
+--¡Es preciso matar a este muerto!
+
+Y todavía no era esta impertinencia de un viejo fantasma panzudo que se
+acomodaba sobre mis muebles, sobre las colchas de mi lecho, lo que más
+me exasperaba.
+
+Mi horror supremo consistía en una idea clavada en mi espíritu como un
+hierro inarrancable: «yo había asesinado a un viejo».
+
+No fué con una cuerda al cuello, según el uso musulmán, ni con veneno en
+una copa de vino de Siracusa a la manera italiana del Renacimiento, ni
+con ninguno de esos métodos clásicos que en la historia de las
+Monarquías han recibido consagraciones augustas, con el puñal
+como Juan II, o con la clava como Carlos IX.
+
+Había eliminado a un sér humano desde lejos con una campanilla. Era
+absurdo, fantástico. Mas no disminuía la trágica negrura del hecho: «Yo
+había asesinado a un viejo».
+
+Poco a poco esta certidumbre se fué petrificando en mi alma, y como una
+columna en un descampado dominó toda mi vida interior, de suerte que,
+por más desviado camino que tomasen mis pensamientos, veían siempre
+negrear en el horizonte aquella memoria acusadora; por más alto que
+levantasen el vuelo mis imaginaciones, terminaban por herirse las alas
+en ese monumento de miseria moral. ¡Ah, por más que se considere la vida
+y la muerte como vanas transformaciones de la substancia, es pavoroso el
+pensamiento que ha de bañarse en sangre caliente! Cuando después de
+comer, mientras a mi lado humeaba el café y yo languidecía, recostado en
+el sofá, en una sensación de plenitud y hartura, elevábase dentro de mí,
+melancólico, como canto que se escapa de una cárcel, un susurro de
+acusaciones.
+
+--¡Miserable, ese bienestar con que te regalas, no volverá a gozarlo el
+venerable Ti-Chin-Fú por tu causa!
+
+En vano yo replicaba a mi conciencia, recordándole la decrepitud del
+Mandarín y su gota incurable. Fecunda en argumentos, gustosa de
+controversia, ella me refutaba con furor:
+
+--Aun cuando en su más pequeña actividad, la vida es un bien supremo;
+¡porque el encanto de ella reside en su principio mismo y no en sus
+manifestaciones!
+
+Yo me revolvía contra este pedantismo retórico de rígido pedagogo.
+Alzaba altivamente la frente, gritándole con arrogancia desesperada:
+
+--¡Pues bien! Yo le he matado... ¿Qué quieres? ¡Tu nombre de conciencia
+no me asusta! Eres apenas una perversión de la sensibilidad nerviosa.
+Puedo eliminarte con un poco de agua de azahar.
+
+Inmediatamente sentía pasar por el alma, con una lentitud de brisa, un
+rumor humilde de murmuraciones irónicas:
+
+--Bien, entonces, come, duerme, báñate y ama.
+
+Yo así lo hacía. Pero luego, las propias sábanas de Holanda de mi lecho,
+tomaban ante mis ojos despavoridos los tonos lívidos de una mortaja; el
+agua perfumada en la que me bañaba se pegaba a mi piel, con la sensación
+espesa de sangre que se coagula; y los pechos desnudos de mis amantes,
+me llenaban de tristeza, como lápidas de mármol que encierran un cuerpo
+muerto. Después me asaltó una amargura mayor.
+
+Comencé a pensar que Ti-Chin-Fú tendría, sin duda, una numerosa familia,
+nietos y biznietos, que, despojados de sus riquezas, mientras yo me
+comía lo suyo en vajilla de Sévres, con una pompa de Sultán perdulario,
+atravesarían en China todos los infiernos tradicionales de la miseria
+humana, los días sin arroz, el cuerpo sin agasajos, la hermosura negada,
+el suelo cenagoso de la calle por lecho.
+
+Comprendí entonces por qué me perseguía la obesa fantasma del viejo
+letrado; y de sus labios cubiertos por los largos pelos blancos de su
+bigote, parecióme oir brotar esta acusación desolada:
+
+--Yo no me lamento por mí, que estaba ya medio muerto; lloro por los
+tristes a quienes arruinaste, y que a estas horas, cuando tú vienes de
+dormir sobre el fresco seno de tus amantes, gimen de hambre, apiñados,
+para luchar con el frío, entre el grupo repugnante de leprosos y
+ladrones en la «Puerta de los Mendigos», ¡allá al pie de las terrazas
+del Templo del Cielo!
+
+¡Oh, tortura espantosa! ¡Tortura realmente oriental! No podía llevarme a
+la boca un pedazo de pan sin recordar a los descendientes de
+Ti-Chin-Fú, pidiendo de comer, como pajarillos sin plumas que abren en
+vano el pico y pían en un nido abandonado.
+
+Si me envolvía en mi gabán de pieles me asaltaba de pronto la visión de
+las desgraciadas señoras, mimadas en otro tiempo por todas las
+comodidades del confort chino, hoy, rojas de frío, vestidas de andrajos
+de viejas sedas, caminando con los pies amoratados por un campo de
+nieve. El techo de ébano de mi palacio me recordaba la familia del
+Mandarín; durmiendo a orillas de los canales, perseguidos por los
+perros; y dentro de mi lujoso cupé me estremecía la idea de largas
+caminatas por caminos encharcados, bajo el duro invierno asiático.
+
+¡Lo que yo sufría! Y en este tiempo la multitud envidiosa poblaba mi
+palacio, comentando las felicidades inaccesibles que en él debían
+habitar.
+
+En fin, reconociendo que la conciencia se agitaba dentro de mí como una
+serpiente irritada, decidí implorar el auxilio de aquel que dicen es
+superior a la Conciencia porque dispone de la Gracia.
+
+¡Desgraciadamente yo no creía en él!... Recurrí, pues, a mi antigua
+divinidad particular, a mi ídolo predilecto, patrona de toda mi familia
+a Nuestra Señora de los Dolores. Y, regiamente pagado, un regimiento de
+curas y canónigos, por las catedrales de la ciudad y por las capillas de
+las aldeas, fué pidiendo a Nuestra Señora de los Dolores que volviese
+sus ojos piadosos hacia mi mal interior... Mas ningún alivio descendió
+de esos cielos inclementes a donde desde hace millares de años se
+dirigen en vano los clamores de la miseria humana.
+
+Entonces, yo mismo me abismé en prácticas piadosas; y Lisboa asistió a
+este espectáculo extraordinario: un rico, un Nabab postrándose
+humildemente al pie de los altares, balbuceando con las manos juntas,
+rezos y plegarias, como si viese en la Oración y en el Cielo algo más
+que una consolación ficticia que inventaron los dueños de todo, para
+contentar a los que no tienen nada. Yo pertenezco a la burguesía y sé
+que si ella muestra a la plebe crédula un paraíso distante, de goces
+inefables, es para apartar la atención de sus cofres repletos y de la
+abundancia de sus sementeras.
+
+Después, más inquieto, hice decir millares de misas, rezadas y cantadas,
+para desagraviar al alma errante de Ti-Chin-Fú. ¡Pueril desvarío de un
+cerebro peninsular! El viejo Mandarín, en clase de Letrado, de miembro
+de la Academia de los Ilan-Lin, colaborador probable del gran Tratado de
+Khou-Truane-Chou, que ya tiene publicados más de setenta y ocho mil
+setecientos treinta volúmenes, era sin duda alguna sectario de la moral
+positivista de Confucio. Nunca había quemado teas perfumadas en honor de
+Buda; y las ceremonias del sacrificio místico debían parecer a su
+abominable alma de gramático y de escéptico, simples pantominas de los
+payasos en el Teatro de Haug-Tung.
+
+Entonces, prelados astutos, con experiencia católica, me dieron un
+consejo admirable: captarme con presentes, flores, brocados y joyas,
+como si fuese a alcanzar los favores de Aspasia; y a la manera de un
+ventrudo banquero que obtiene las complacencias de una bailarina
+regalándola una quinta entre árboles, yo, por una sugestión sacerdotal,
+tenté conseguir la benevolencia de la Madre de los hombres, levantándole
+una catedral toda de mármol blanco.
+
+La abundancia de flores entre los pilares labrados dábanle perspectivas
+de paraíso; la multiplicidad de las luces recordaban magnificencias
+siderales... ¡Dispendios vanos! El fino y erudito cardenal Nani vino de
+Roma a consagrar la iglesia; mas cuando yo aquel día entré a visitar a
+mi divina huésped, lo que vi más allá de las calvas de los celebrantes,
+no fué la Reina de Gracia, rubia, con su túnica azul, sino al viejo
+Mandarín con sus ojos oblícuos y su papagayo entre las manos. Era a él,
+a su blanco bigote de tártaro, a su panza color de oca, a quien todo un
+sacerdocio recamado de oro ofrecía, al roncar del órgano, ¡la eternidad
+de las Alabanzas!
+
+Entonces, pensando que Lisboa y el medio adormecido en que me movía,
+eran favorables al desenvolvimiento de estas imaginaciones, partí, viajé
+modestamente, sin pompa, con un baul y un lacayo.
+
+Visité, en su orden clásico, París, la banal Suiza, Londres y los lagos
+taciturnos de Escocia; levanté mi tienda delante de las murallas
+exangélicas de Jerusalén; y desde Alejandría a Tebas recorrí ese largo
+Egipto monumental y triste como el corredor de un mausoleo.
+
+Conocí el mareo de los buques, la monotonía de las ruinas, las
+desilusiones del «boulevard»; y mi mal interior iba creciendo.
+
+Ahora, ya no era sólo la amargura de haber despojado a una familia
+venerable; asaltábame el remordimiento de haber privado a la sociedad de
+un personaje fundamental, un letrado perito, columna del Orden, apoyo de
+las instituciones. No se puede arrancar a un Estado una personalidad que
+vale veinte millones de pesetas sin perturbar su equilibrio. Esta idea
+era mi desesperación. Quise saber si verdaderamente la desaparición de
+Ti-Chin-Fú fué funesta a la decrépita China; leí todos los periódicos de
+Hong-Kong y Shang-Hai, velé noches enteras sobre historias de viajes,
+consulté sabios misioneros; y artículos, hombres, libros, todo me
+hablaba de la decadencia del Celeste Imperio: ¡provincias arruinadas,
+ciudades moribundas, plebes hambrientas, pestes y rebeliones, templos
+en ruinas, leyes sin autoridad, la descomposición de un mundo, como una
+nave encallada que el mar deshace tabla por tabla!
+
+¡Y yo me creía el causante de las desgracias de la sociedad china! En mi
+espíritu enfermo, Ti-Chin-Fú tomaba entonces el valor desproporcionado
+de un César, de un Moisés, de uno de esos seres providenciales que son
+la fuerza de una raza. Yo le dí muerte, y con él murió la vitalidad de
+su patria. Su vasto cerebro tal vez hubiese salvado los rasgos geniales
+de aquella vieja monarquía asiática, y yo inmovilizé su acción creadora.
+Su fortuna hubiera podido reforzar el Erario, y yo la estaba disipando
+entre fiestas y prostitutas... ¡Amigos, conocí el remordimiento inmenso,
+colosal, de haber arruinado un Imperio!
+
+Para olvidar este complicado tormento, me entregué a la orgía. Me
+instalé en un palacio de la avenida de los Campos Elíseos, y fuí
+terrible. Daba fiestas a lo Trimalción; y, en las horas más ásperas de
+la furia libertina, cuando entre la música de las charangas, entre el
+estridor brutal de los cobres, rompían el «can-cán», cuando prostitutas
+de seno desnudo, cantaban coplas canallescas; cuando mis convidados
+bohemios, ateos de cervecería, injuriaban a Dios, con la copa de
+champagne levantada, yo, poseído súbitamente como Helio y Abalo, de un
+furor de bestialidad, de un odio inmenso contra lo Pensante y lo
+Consciente, me tiraba al suelo a cuatro patas y me ponía a rebuznar
+imitando al burro.
+
+Después quise descender más; confundirme con la plebe, conocer las
+torpezas alcohólicas de la taberna; y muchas veces, vestido de blusa,
+con la gorra echada hacia atrás, del brazo de «Mes-Bottes o
+Bibi-la-Gaillarde», entre un tropel de borrachos, fuí tambaleándome por
+los «boulevares» exteriores, cantando con voz ronca:
+
+ «¡Allons, enfants de la patrie-e-e!...
+ Le jour de gloire est arrivé-e-e...»
+
+Una mañana, después de estos excesos, a la hora en que en las tinieblas
+del alma del borracho se alza una vaga aurora espiritual, nació, de
+repente, la idea de partir para la China. Y como soldados adormecidos en
+el campamento, que al són del clarín se levantan y uno a uno se van
+juntando y formando en columna, otras ideas se fueron reuniendo en mi
+espíritu, alineándose en formidable formación. Marcharía a Pekín;
+descubriría la familia de Ti-Chin-Fú; casándome con una de las señoras,
+legitimaría la posesión de mis millones; daría a aquella casa letrada su
+antigua prosperidad; para calmar el espíritu irritado del Mandarín
+celebraría pomposos funerales; iría por las provincias miserables
+distribuyendo arroz y donativos; y una vez obtenido del emperador el
+botón de cristal que ostentan los Mandarines, substituiría a la
+personalidad del Ti-Chin-Fú, pudiendo así restituir legalmente a su
+patria, sino la autoridad de su saber, al menos la fuerza de su oro.
+
+Todo esto, a veces, me parecía un programa indefinido, nebuloso, pueril
+e idealista. Mas el deseo de esta aventura original y épica, acababa por
+convencerme, arrastrándome como a las hojas secas los remolinos del
+viento. Suspiré anhelante por pisar la tierra de China. Después de
+largos preparativos aligerados a peso de oro, una noche, por fin, partí
+para Marsella. Había alquilado un buque entero: «El Ceilán». Y a la
+mañana siguiente, por un mar azul-prusia, bajo el vuelo blanco de las
+gaviotas, cuando los primeros rayos del sol ruborizaban las torres de
+Nuestra Señora de la Guardia, puse proa hacia Oriente.
+
+
+
+
+IV
+
+
+«El Ceilán» tuvo un viaje monótono y lleno de calma hasta Shang-Hai.
+Desde allí subimos por el río Azul hasta Tien-Tsin en un pequeño
+«steamer» de la Compañía Russal. Yo no iba a visitar la China con esa
+curiosidad ociosa de turista; todo el paisaje de aquella provincia,
+semejante al de un vaso de porcelana, de un tono azulado y vaporoso, con
+colinitas peladas y de tiempo en tiempo un arbusto solitario, no me hizo
+salir de mi sombría indiferencia.
+
+Cuando el capitán del «steamer», un yanki imprudente, de hocico de
+cerdo, al pasar por Nankin, me propuso ir a recorrer las monumentales
+ruinas de la vieja ciudad de porcelana, yo rechazé la proposición con un
+seco movimiento de cabeza, sin levantar los ojos tristes de la
+tranquila corriente del río.
+
+¡Qué pesados e insoportables me parecieron los días de navegación de
+Tien-Tsin a Tung-Chou, en barcos chatos que apestaban como el olor y
+suciedad de los remeros; ora a través de las tierras bajas inundadas por
+el Pei-hó, ora a lo largo de pálidos e infinitos arrozales; cruzando
+aquí una lúgubre aldea de loma negra, allá un campo cubierto de flores
+amarillas, topando a cada momento con cadáveres de mendigos, hinchados y
+verdosos, que descendían al fondo del agua, bajo un cielo fosco y bajo!
+
+En Tung-Chou quedé sorprendido al ver la escolta de cosacos que mandaba
+a mi encuentro el viejo general Camilloff, heróico oficial de las
+campañas del Asia Central, y entonces embajador de Rusia en Pekín. Me
+habían recomendado a él como un sér precioso y raro. El lenguaraz
+intérprete Sa-Tó, que el general había mandado para ponerse a mi
+servicio, me explicó que las cartas del sello imperial anunciando mi
+llegada, se habían recibido hacía tiempo por conducto de los correos de
+la cancillería que atraviesan la Siberia en trineos, desciende sobre
+los lomos del camello hasta la Gran Muralla tártara, y entregan allí su
+maleta a esos corredores mongólicos, vestidos de cuero escarlata, que
+noche y día galopan hacia Pekín.
+
+Camilloff me enviaba un «poney» de la Mandchuria, enjaezado de seda, y
+una tarjeta de visita con estas palabras escritas con lápiz bajo su
+nombre: «¡Salud! ¡El caballo es blando de boca!»
+
+Monté el «poney»; y a un «¡hurra!» de los cosacos, entre la heróica
+agitación de las lanzas, partimos a galope por la polvorienta planicie,
+porque ya la tarde declinaba, y las puertas de Pekín se cierran apenas
+el último rayo de sol huye de las torres del Templo del Cielo. Al
+principio seguimos un camino, formado por el tránsito de las caravanas,
+atravesado por enormes losas de mármol arrancadas de la antigua Vía
+Imperial. Después pasamos el puente de Palitas. Corrimos a la orilla de
+canales de agua negra; comenzaron a aparecer pomares y aldeas anidadas
+al pie de una pagoda, y de repente, en un recodo del camino, me paré
+asombrado.
+
+¡Pekín estaba delante de mí! Es una vasta muralla, monumental y bárbara,
+de un negro obscuro, extendida hasta perderse de vista, y destacándose
+con la arquitectura babilónica de sus puertas de techos curvos, sobre el
+fondo sangriento de la púrpura del sol poniente.
+
+A lo largo, hacia el norte, en medio de una nube rojiza, veíase, como
+suspendidas en el aire, las montañas de Mongolia.
+
+Una rica litera me esperaba a la puerta de Ung-Tsen-Men, para conducirme
+a través de Pekín, hasta la residencia militar de Camilloff. Ahora, la
+muralla, vista de cerca, parecía levantarse hasta los cielos con todo el
+horror de una construcción bíblica.
+
+En su base se apiñaba una confusión de barracas, feria exótica, donde
+pululaba una multitud rumorosa, y la luz de las linternas oscilantes
+salpicaba el crepúsculo de vagas manchas sangrientas. Los toldos blancos
+parecían al pie del negro muro bandadas de mariposas inmóviles.
+
+Una gran tristeza se apoderó de mi alma. Entré en la litera, y cerrando
+las cortinas de seda escarlata bordadas de oro, escoltado por los
+cosacos, penetré en la vieja Pekín, por su puerta babélica, en medio de
+una turba tumultuosa, entre carretas, caballeros mongólicos armados de
+flechas, bonzos de túnica blanca, marchando uno a uno, y largas filas de
+dromedarios balanceando cadenciosamente su carga.
+
+Al poco rato la litera se paró. El respetuoso Sa-Tó, descorrió las
+cortinas y me hallé en un jardín obscuro y silencioso, donde, entre
+sicomoros seculares, kioscos iluminados, brillaban con una luz suave,
+como colosales linternas perdidas en la selva. Los surtidores y las
+fuentes murmuraban en la sombra. Bajo un peristilo formado de maderos
+pintados de rojo, iluminado por hileras de faroles de papel
+transparente, me esperaba una membruda figura de bigotes blancos,
+apoyada en un grueso sable. Era el general Camilloff. Al adelantarme
+hacia él, lo hacía con el paso inquieto de las gacelas que, asustadas,
+huyen sin ruido entre los árboles.
+
+El viejo héroe me apretó un momento contra su pecho y me condujo luego,
+según los usos chinos, al baño de la hospitalidad, una vasta pila de
+porcelana, donde entre rodajas finas de limón sobrenadaban esponjas
+blancas despidiendo un fuerte olor a lilas.
+
+Poco después, la luna bañaba deliciosamente los jardines; y yo, muy
+fresco, de corbata blanca, entraba del brazo de Camilloff en el
+«boudoir» de la generala. Era alta y rubia, tenía los ojos verdes de las
+sirenas de Homero; en el descote bajo de su vestido de seda llevaba
+prendida una rosa blanca; y en los dedos, que yo besé respetuosamente,
+erraba un perfume fino de sándalo y de té.
+
+Hablamos mucho de Europa, del nihilismo, de Zola, de León XIII, y de la
+delgadez de Sarah.
+
+Por la galería abierta penetraba un aire cálido que trascendía a
+heliotropo. Después la dama se sentó al piano, y con su voz de contralto
+rompió el silencio melancólico de la ciudad tártara, cantando las
+picantes arias de «Madame Javart» y las melodías fatigosas del «Rey de
+Lahore».
+
+Al día siguiente, encerrado con el general en uno de los dos kioscos del
+jardín, le conté mi lamentable historia y los motivos fabulosos que me
+impulsaron a venir a Pekín. El héroe me escuchaba silencioso,
+retorciéndose sombríamente su espeso bigote de cosaco.
+
+--¿Sabe usted el idioma chino?--me preguntó de repente, clavando en mí
+sus pupilas sagaces.
+
+--Sé dos palabras importantes, mi general: «Mandarín» y «Té».
+
+El héroe se pasó la mano de gruesos tendones sobre la horrible cicatriz
+que le cruzaba la calva:
+
+--«Mandarín», amigo mío, no es palabra china y nadie la entiende en este
+país. Es el nombre que en el siglo XVI, los navegantes de su patria, de
+su hermosa patria...
+
+--Cuando nosotros teníamos navegantes...--murmuré suspirando. Mi
+interlocutor suspiró también, por cortesía, y continuó:
+
+--...Que sus navegantes dieron a los funcionarios chinos. Viene de su
+verbo, de su lindo verbo...
+
+--Cuando teníamos verbos...--interrumpí yo, por esa costumbre
+instintiva en los peninsulares de hablar mal de la patria.
+
+El general entornó un momento sus ojos redondos de viejo astuto y
+prosiguió paciente y grave:
+
+--De su lindo verbo mandar...» Le queda, por lo tanto, una palabra,
+«té». Es un vocablo que tiene gran importancia en la vida china, más lo
+creo insuficiente para servir en todas las relaciones sociales. Mi
+querido huésped pretende casarse con una señora de la familia de
+Ti-Chin-Fú, continuar la gran influencia que ejercía el Mandarín y
+substituir, doméstica y socialmente a ese llorado difunto... Para todo
+eso dispone de la palabra «té». Es poco.
+
+No pude negar que era poco. El venerable ruso, frunciendo su nariz de
+pico de milano, me opuso aún otras objeciones que yo veía levantarse
+ante mi deseo como las murallas mismas de Pekín; ninguna señora de la
+familia de Ti-Chin-Fú consentiría en casarse con un extranjero; y sería
+imposible, absolutamente imposible, que el emperador, el Hijo del Sol,
+concediese a un extraño los honores privilegiados de un Mandarín.
+
+--¿Por qué me los negaría?--exclamé.--Yo pertenezco a una distinguida
+familia de la provincia del Miño. Soy licenciado, por lo tanto, en China
+como en Coimbra, soy letrado. He pertenecido a una oficina del
+Estado... Poseo millones. Tengo la experiencia del estilo
+administrativo...
+
+El general se iba inclinando respetuosamente ante la abundancia de mis
+atributos.
+
+--No es--dijo al fin--que el emperador realmente lo rechaze; es que el
+individuo que lo propusiese, sería inmediatamente decapitado. La ley
+china, en este punto, es explícita y severa.
+
+Bajé la cabeza abrumado.
+
+--Mas, general--murmuró,--yo quiero librarme de la presencia odiosa del
+viejo Ti-Chin-Fú y de su papagayo... Si yo entregase la mitad de mis
+millones al tesoro chino, ya que no me es dado personalmente, como
+Mandarín, aplicarlos a la prosperidad del Estado, tal vez Ti-Chin-Fú se
+calmase.
+
+El general puso paternalmente su ancha mano sobre mi hombro.
+
+--Error, considerable error, joven. Esos millones nunca llegarían al
+Tesoro imperial. Se quedarían en los bolsillos insondables de las clases
+directoras; serían disipados en plantar jardines, coleccionar
+porcelanas, alfombrar salones y vestir de seda a las concubinas: no
+alimentarían una sola piedra de los caminos públicos... Irían a
+enriquecer la orgía asiática. El alma de Ti-Chin-Fú debe conocer bien el
+Imperio, y eso no le satisfaría.
+
+--¿Y si yo emplease parte de la fortuna del viejo en hacer
+particularmente, como filántropo, largas distribuciones de arroz al
+populacho hambriento? Es una idea.
+
+--Funesta--dijo el general, frunciendo horriblemente el entrecejo.--La
+corte imperial vería en esto una ambición política, un plan para ganar
+el favor de la plebe, un peligro para la dinastía... Mi buen amigo
+sería decapitado... Es grave...
+
+--¡Maldición!--grité.--¿Entonces para qué he venido a la China?
+
+El diplomático se encogió de hombros; mas luego mostró en una sonrisa
+maliciosa sus dientes amarillentos de cosaco:
+
+--Haga una cosa. Busque a la familia de Ti-Chin-Fú.
+
+Y añadió:
+
+--Yo indagaré del primer ministro, su excelencia el príncipe Tong, donde
+pára esa familia tan interesante; después reúnalos usted, y arrójeles
+una o dos docenas de millones; organice para el difunto unos funerales
+de gran ceremonia con un séquito de una legua de largo, filas de bonzos,
+todo un mundo de estandartes, palanquines, lanzas, plumas, pendones
+encarnados y, por último, legiones de plañideras lanzando gritos
+lamentables. Si después de todo su conciencia no se adormece y el
+fantasma insiste...
+
+--¿Entonces?
+
+--Entonces mataos.
+
+--Muchas gracias, mi general.
+
+ * * * * *
+
+Una cosa, sin embargo, era evidente y en ello estuvieron de acuerdo
+Camilloff, el respetuoso Sa-Tó y la generala, que para tratar a la
+familia de Ti-Chin-Fú, formar en el séquito de los funerales y, en una
+palabra, introducirme en la vida de Pekín, era preciso, desde luego,
+vestirme con un traje conforme a las maneras y al ceremonial de los
+mandarines.
+
+Mi faz amarillenta y mi largo bigote caído, favorecían el plan. Y cuando
+a la mañana siguiente, después de haber regateado con los sastres de la
+calle Cha-Cona, entré en la sala tapizada de seda escarlata, donde ya
+brillaba la vajilla del almuerzo sobre la mesa de hule negro, la
+generala retrocedió como si apareciese el propio Tong-Tché, Hijo del
+Cielo.
+
+Yo ostentaba una túnica de brocado azul obscuro abotonada a un lado, con
+el peto ricamente bordado de dragones y flores de oro, encima de una
+sobrevesta de seda de un tono azul más claro, corta, amplia y fofa; las
+calzas, de satén color de avellana, descubrían ricas babuchas amarillas,
+pespunteadas de perlas y un poco de la media sembrada de estrellitas
+obscuras, y a la cintura, en una linda faja recamada llevaba metido un
+abanico de bambú, de los que ostenta el retrato del filósofo La-o-Tsé, y
+son fabricados en Lwatón; y por esas misteriosas correlaciones con que
+el vestido influye en el carácter, yo sentía ya dentro de mí ideas e
+instintos chinescos; el amor a los ceremoniales meticulosos, el respeto
+burocrático a las fórmulas, un abyecto terror hacia el emperador, el
+odio a lo extranjero, el culto por los antepasados, el fanatismo de la
+tradición, el gusto por las cosas azucaradas.
+
+Alma y vientre eran por completo de un Mandarín. Así es que no dije a la
+generala:
+
+«Bon jour, madame», sino que, doblado por la cintura, haciendo girar los
+puños cerrados sobre la frente, baja, hice gravemente el «chinchín».
+
+--¡Está usted adorable, precioso!--decía ella con su linda sonrisa,
+golpeando las manos diminutas y pálidas.
+
+En honor de mi nueva encarnación, habían preparado aquella mañana un
+almuerzo chino. ¡Qué gentiles servilletas de papel de seda escarlata con
+monstruos fabulosos dibujados en negro! La comida dió comienzo por
+ostras de Ning-Pó. ¡Excelentes! Me sorbí dos docenas con verdadero
+regalo oriental. Después sirvieron deliciosas fibras de aletas de
+tiburón, ojos de carnero con picado de ajo, un plato de nenúfares en
+compota, naranjas de Cantón, y, en fin, el arroz tradicional, el arroz
+de los abuelos. Todo esto con la ayuda de unas cuantas botellas de
+excelente vino de Chao-Chigné. Y, en fin, con qué gozo saboreé mi taza
+de té imperial, té de la primera cosecha de marzo, cosecha única que es
+celebrada como un rito santo por las manos puras de las vírgenes.
+
+Entraron dos cantadoras, mientras nosotros fumábamos, y durante largo
+tiempo, entonaron con una modulación gutural viejas cántigas de los
+tiempos de la dinastía Ming al són de guitarras forradas de piel de
+serpiente, que dos tártaros, en cuclillas, rasgueaban con una cadencia
+melancólica y bárbara. La China tiene encantos raros.
+
+Después, la rubia generala cantó con gracia, la «Femme a barbe»: y
+cuando el general marchó con su escolta cosaca hacia el Yamen del
+príncipe Tong, a informarse de la residencia de la familia Ti-Chin-Fú,
+yo, repleto y bien dispuesto, salí con Sa-Tó a ver Pekín.
+
+ * * * * *
+
+La vivienda de Camilloff quedaba en la ciudad tártara, en los barrios
+militares y nobles. Reina allí una tranquilidad austera. Las calles
+semejan largos caminos de aldea surcados por las ruedas de los carros; y
+casi siempre se camina pegado a los muros, de donde salen ramas
+horizontales de sicomoros.
+
+A veces, una carreta pasa rápidamente, al trote de un poney mogol, con
+altas ruedas claveteadas de clavos dorados; todo en ella oscila: el
+toldo, las cortinas de seda, los penachos de plumas de los ángulos; y
+dentro se entrevé alguna hermosa dama china, cubierta de brocado claro,
+la cabeza toda llena de flores, haciendo girar en las muñecas dos aros
+de plata con un aire de tedio ceremonioso: Después alguna aristocrática
+litera de mandarín, que koolíes vestidos de azul, con la coleta suelta,
+llevan al trote, encorvados, hacia los Yamens del Estado; precédeles un
+criado que levanta en el aire rollos de seda con inscripciones bordadas,
+insignias de autoridad; y dentro el personaje gordinflón de enormes
+lentes redondos, ojea sus papeles o dormita con el labio caído.
+
+A cada momento nos parábamos para admirar las ricas tiendas con sus
+tabletas verdes de letras doradas sobre fondo negro; los parroquianos,
+en un silencio de iglesia examinan las preciosidades: porcelanas de la
+dinastía Ming, bronces, esmaltes, marfiles, sedas, armas, los abanicos
+maravillosos de Swatón; a veces una fresca joven de ojos oblícuos,
+vestida de azul, con amapolas de papel en la cabeza, desdobla algún rico
+brocado delante de algún grueso chino que la contempla beatíficamente
+con los dedos cruzados sobre la panza: al fondo, el mercader, aparatoso
+e inmóvil, escribe sobre tablillas de sándalo, y un perfume suave que
+entristece y perturba, brota de todas las cosas.
+
+¡He aquí las murallas que cercan a la ciudad interdicta, morada santa
+del Emperador! Jóvenes de familias patricias, descienden de la terraza
+de un templo, donde estuvieron adiestrándose en el manejo de la flecha.
+Sa-Tó, me dice sus nombres: forman parte de la guardia selecta, que en
+las ceremonias da escolta al quitasol de seda amarilla con un dragón
+bordado que es el emblema sagrado del Emperador.
+
+Todos ellos cumplimentan profundamente a un viejo de barbas venerables,
+con sobrevesta amarilla, privilegio de los ancianos. Iba hablando solo y
+llevaba en la mano una vara donde se posaban dos pájaros domesticados.
+Era un príncipe del Imperio.
+
+¡Extraños barrios! Mas nada me divertía tanto como ver a cada instante
+en la puerta de un jardín, dos mandarines panzudos que para entrar se
+hacían infinitas zalemas y cortesías, sonriendo, todo un ceremonial
+dogmático, que les hacía oscilar de un modo picaresco sobre las espaldas
+las largas plumas de pavo. Donde quiera que se levantaban los ojos se
+veían siempre enormes cometas de papel, ora en forma de dragones, ora de
+cetáceos o aves fabulosas, llenando el espacio de una inverosímil legión
+de monstruos transparentes y ondeantes.
+
+--¡Sa-Tó, basta de ciudad tártara! Vamos a ver los barrios chinos.
+
+Y allí fuimos, penetrando en la ciudad chinesca por la parte populosa de
+Tchin-Men. Aquí habita la burguesía, los mercaderes y el populacho. Las
+calles alíneanse como una pauta; y en el suelo vetusto y enlotado, hecho
+con inmundicias de cien generaciones, aún se ven algunas de aquellas
+losas de mármol de color de rosa que en otra era, en tiempo de la
+grandeza de Ming, lo cubrían.
+
+Forman las calles, ora terrenos pedregosos donde aúllan manadas de
+perros hambrientos, ora filas de chozas toscas, ora pobres tiendas con
+sus tabletas balanceándose en un asta de hierro.
+
+A lo lejos se alzan los arcos triunfales hechos con barrotes de color de
+púrpura, ligados en lo alto por un tejado oblongo de tejas azules que
+brillan como esmaltes. Una multitud rumorosa y apiñada, donde domina el
+tono pardo y azulado de los trajes, circula sin cesar; el polvo lo
+envuelve todo en una nevada amarilla; un hedor acre se respira en el
+aire; y a cada momento largas caravanas de camellos atraviesan la
+multitud, conducidos por mongoles sombríos vestidos de pieles de
+carnero...
+
+Fuimos hasta los caminos de los puentes sobre los canales, donde
+saltimbanquis semi-desnudos, con máscaras simulando demonios pavorosos,
+hacen destrezas con una picardía bárbara y sutil; y mucho tiempo estuve
+admirando los astrólogos que, vestidos con largas túnicas, adornados con
+dragones de papel, venden ruidosamente horóscopos y consultas de astros.
+¡Oh, ciudad, fabulosa y singular!
+
+De repente se levantó una gritería espantosa. Corrimos; era una cuerda
+de presos, que un soldado, de grandes lentes, empujaba con su quitasol,
+amarrados los unos a los otros por el extremo de la coleta. En aquella
+avenida vi también el cortejo de un funeral de Mandarín, todo ornado de
+oriflamas y banderolas; grupos de hombres fúnebres quemaban papeles en
+braserillos portátiles; mujeres desarrapadas aullaban de dolor
+revolcándose sobre los tapices; después se levantaban, y un koolí,
+vestido de blanco, en señal de luto, les servía el té en un gran plato
+en forma de ave.
+
+Al pasar junto al Templo del Cielo, vi apiñada en una grada una legión
+de mendigos; llevaban por todo indumento un trapo amarrado a la cintura
+con un cordel; las mujeres, con los cabellos cubiertos de viejas flores
+de papel, roían huesos tranquilamente, y los cadáveres de las criaturas
+se pudrían a su lado bajo el vuelo de los moscardones. Más adelante
+encontramos una jaula donde un condenado extendía, a través de los
+barrotes, las manos descarnadas, implorando una limosna... Después
+Sa-Tó, mostróme respetuosamente una plaza estrecha: allí, sobre pilares
+de piedra, se veían pequeñas jaulas conteniendo cabezas de decapitados,
+goteando sangre espesa y negra.
+
+--¡Oh!--exclamé fatigado y aturdido.--Sa-Tó, ahora quiero reposo,
+silencio y un cigarro caro...
+
+El intérprete inclinóse; y por una escalera de granito me llevó a las
+murallas de la ciudad, las cuales forman una explanada que cuatro carros
+de guerra apareados podrían recorrer durante leguas.
+
+Mientras Sa-Tó, sentado en el hueco de una almena, bostezaba en un
+desahogo de «cicerone» fastidiado, yo, fumando, contemplé largo rato, a
+mis pies, la vasta y sagrada Pekín.
+
+Es como una formidable ciudad de la Biblia, Babel o Nínive, que el
+profeta Jonás tardó tres días en atravesar. El grandioso muro cuadrado
+limita los cuatro puntos del horizonte con puertas de torres
+monumentales, que el aire azulado, desde aquella distancia, hace parecer
+transparentes. En la inmensidad de su recinto agloméranse confusamente
+verdores de bosques, lagos artificiales, canales brillantes, puentes de
+mármol, terrenos cubiertos de minas, tejados barnizados relucientes al
+sol; por todas partes se alzan pagodas heráldicas, blancas azoteas de
+templos, arcos triunfales, kioscos saliendo de entre el follaje de los
+jardines; después, espacios que parecen montes de porcelana; y siempre
+a intervalos regulares la mirada encuentra algunos de los bastiones, de
+aspecto heróico y fabuloso.
+
+La multitud, junto a esas edificaciones grandiosas, es apenas como
+granos de arena negra que un viento blando trae y lleva.
+
+Aquí está el vasto palacio imperial, entre arboledas misteriosas, con
+sus tejados de un amarillo de oro muy vivo. ¡Con cuánto gusto penetraría
+en sus secretos y vería desfilar, por las galerías sobrepuestas, la
+magnificencia bárbara de esas dinastías seculares!
+
+A lo lejos se levanta la torre del Templo del Cielo, semejante a tres
+quitasoles sobrepuestos; después la gran columna de los Principios,
+hierática y seca como el genio de la raza, y delante blanquean en una
+media tinta sobrenatural, las terrazas de jaspe del Santuario de la
+Purificación.
+
+Entonces interrogué a Sa-Tó; y su dedo respetuoso fué señalándome el
+Templo de los Antepasados, el Palacio de la Soberana Concordia, el
+pabellón de las Flores de las Letras, el kiosco de los Historiadores,
+brillando, entre los bosques sagrados que los cercan, con sus tejados
+lustrosos, azules, verdes, escarlata y de color de limón. Yo devoraba
+con ojos ávidos aquellos monumentos de la antigüedad asiática, lleno de
+curiosidad por conocer las impenetrables clases que los habitan, el
+principio de las Instituciones, la significación de las inscripciones,
+el espíritu de sus ciencias, la gramática, el dogma y la extraña visa
+interior de un cerebro de letrado chino. Mas ese mundo es inviolable
+como un santuario.
+
+Me senté en la muralla, y mis ojos perdiéronse en la planicie arenosa
+que se extiende más allá de los puestos hasta los contrafuertes de los
+montes mongólicos; allí, airosamente, se arremolinan ondas indefinibles
+de polvo; y a todas horas negrean filas vagarosas de caravanas. Entonces
+invadió a mi alma una melancolía que el silencio de aquellas alturas,
+envolviendo a Pekín, hacía más desolada; era como un cansancio de mí
+mismo, un largo pensar de mi sentir; allí, aislado, absorto en aquel
+mundo duro y bárbaro. Me acordé, con los ojos húmedos, de mi aldea del
+Miño, la venta con un ramo de laurel colgado sobre la puerta, el banco
+del herrador y las riberas fresca y rozagantes cuando verdean los
+linos.
+
+Era la época en que las palomas emigran de Pekín hacia el Sur. Yo las
+veía reunirse en bandadas por encima de mí, partiendo de los bosques, de
+los templos y de los pabellones imperiales; cada una llevaba, para
+librarse de los milanos, una cañita de bambú que el aire hacía silbar, y
+aquellas nubes blancas pasaban como impelidas por una brisa suave,
+dejando en silencio un lento y melancólico suspiro, una ondulación
+célica, que se perdía en los aires pálidos. Volví a casa, lento y
+pensativo.
+
+ * * * * *
+
+En la comida, Camilloff, desdoblando su servilleta, me preguntó mis
+impresiones sobre Pekín.
+
+--Pekín me hace sentir muy bien, mi general, los versos de un poeta
+portugués:
+
+ «Sóbalos ríos que vào
+ por Babylonia me achei...»
+
+--¡Pekín es un monstruo!--dijo Camilloff, haciendo oscilar su calva
+reluciente.--Y ahora considere que en esta capital, a la clase tártara y
+conquistadora que la posee, obedecen trescientos millones de hombres,
+una raza audaz, laboriosa, sufrida, política, invasora. Estudian
+nuestras ciencias... ¿Una copita de Medoc, Teodoro?... ¡Tienen una
+marina formidable! El ejército que en otro tiempo creía destrozar al
+extranjero con dragones de papel de donde salían culebras de fuego,
+¡sigue ahora la táctica prusiana y va armado con fusil de aguja! ¡Grave,
+muy grave!
+
+--Y todavía, mi general, en mi país, cuando a propósito de Macao, se
+habla del Imperio Celeste, los patriotas se pasan los dedos por las
+greñas y dicen negligentemente: «Mandamos allá cincuenta hombres y
+barremos la China».
+
+Después de citar esta sandez, quedamos silenciosos. El general, tosiendo
+formidablemente, murmuró luego, con condescendencia:
+
+--¡Portugal es un bello país!
+
+Yo exclamé con sequedad y firmeza:
+
+--¡Una pocilga, general!
+
+La generala, colocando delicadamente en el borde del plato un alón y
+limpiándose los dedos, dijo:
+
+--Es el país de la canción de Mignon; el hermoso país donde florece la
+naranja.
+
+El gordo Meriskoff, doctor alemán de la Universidad de Bom, canciller de
+la legión, hombre de aficiones poéticas, y gran comentarista, observó
+con respeto:
+
+--Generala, el dulce país de Mignon es Italia: «¿Conoces tú la tierra
+privilegiada donde la naranja da flor?» El divino Goethe se refería a
+Italia, «Italia mater». Italia será el eterno amor de la humanidad
+sensible.
+
+--¡Yo prefiero a Francia!--suspiró la esposa del primer secretario, una
+jovencita pálida de cabello rizado.
+
+--¡Ah, la Francia!--murmuraron algunos comensales, poniendo los ojos en
+blanco.
+
+El gordo Meriskoff agitó los lentes de oro.
+
+--Francia tiene un pero, que es la cuestión social.
+
+--¡Oh, la cuestión social!--murmuró sombríamente Camilloff.
+
+Y conversando con tanta sabiduría, llegamos por fin al café.
+
+Al bajar al jardín, la generala, apoyándose sentimentalmente en mi
+brazo, murmuró, junto a mi oído:
+
+--Ay, ¡quién pudiera vivir en esos palacios apasionados donde verdean
+las naranjas!...
+
+--¡Allí sí que se ama, generala!--le dije en secreto, llevándola
+dulcemente hacia la obscuridad de los sicomoros.
+
+
+
+
+V
+
+
+Fué necesario todo un largo verano para descubrir la provincia donde
+residía el difunto Ti-Chin-Fú.
+
+¡Qué episodio administrativo tan pintoresco, tan chino! El servicial
+Camilloff, que se pasaba el día entero recorriendo los Yamens del
+Estado, tuvo que probar, primero, que el deseo de conocer la morada del
+viejo Mandarín no encubría ninguna conspiración contra la seguridad del
+Imperio, y después fué preciso que jurase que no encerraba esta
+curiosidad un atentado contra los Ritos sagrados. Entonces, satisfecho,
+el príncipe Tong permitió que se hiciese la requisitoria imperial:
+centenares de escribientes palidecieron noche y día, con el pincel en la
+mano, dibujando consultas sobre papel de arroz; misteriosas
+conferencias susurraron insensatamente por todos los distritos de la
+Ciudad Imperial desde el Tribunal Astronómico hasta el Palacio de la
+Bondad Preferida; y un ejército de koolíes transportaba desde la
+legación de Rusia hasta los Kioscos de la Ciudad Interdicta, y de aquí
+al Patio de los Archivos, parihuelas que crugían bajo el peso de los
+legajos de viejos documentos.
+
+Cuando Camilloff preguntaba por el resultado de sus investigaciones, le
+contestaban satisfactoriamente que se estaban consultando los libros
+santos de La-o-Tsé, o que se iban a explorar viejos textos del tiempo de
+Nor-Xa-Chú.
+
+Y para calmar la impaciencia bélica del ruso, el príncipe Tong remitía,
+con estos recados sutiles, algún substancioso presente de confites o
+goma de bambú en caldo de azúcar.
+
+ * * * * *
+
+Mientras el general trabajaba con fervor para encontrar la familia
+Ti-Chin-Fú, yo iba tejiendo horas de seda y oro (así dice un poeta
+japonés) a los pies pequeñitos de la generala. Había un kiosco en el
+jardín, bajo los sicomoros, que se denominaba, al modo chino, el «Reposo
+discreto»; a un lado un arroyo fresco cantaba dulcemente bajo una
+fuentecilla rústica pintada de color de rosa. Las paredes las formaban
+un enrejado de bambú forrado de seda amarilla; el sol, pasando a través
+de ellas, proyectaba una luz sobrenatural de ópalo claro. En el centro,
+un diván de seda blanca, de una poesía de nube matutina, atraía como un
+lecho nupcial. En los rincones, en preciosos jarrones transparentes de
+la época de Yeng, alzábanse, con su esbeltez aristocrática, lirios
+escarlata del Japón. El suelo estaba todo cubierto de esteras finas de
+Nankín y junto a la ventana enrejada, sobre un airoso pedestal de
+sándalo, veíase abierto un abanico formado de varillas de cristal, que
+la brisa, al entrar, hacía vibrar, con modulación melancólica y tierna.
+
+Las montañas de fines de agosto en Pekín, son muy apacibles; ya vaga en
+el aire una calma otoñal; a esa hora, el consejero Mariskoff y los
+oficiales de la legación estaban siempre en la cancillería, despachando
+el correo de San Petersburgo.
+
+Yo, entonces, con el abanico en la mano, pisando sutilmente con la punta
+de las babuchas de satín las calles enarenadas del jardín, iba a
+entreabrir la puerta del «Reposo discreto»:
+
+--¿Mimí?
+
+Y la voz de la generala respondía, suave como un beso:
+
+--«All right...»
+
+¡Qué linda estaba vestida de dama china! En sus cabellos levantados
+albeaban flores raras, y sus cejas parecían más puras y negras avivadas
+con tinta de Nankín. La camisa de gasa bordada, la túnica de filigrana
+de oro, plegábase a sus senos pequeñitos y erectos. Largas y fofas
+calzas de fulard color «cadera de Ninfa», que le daba una gracia propia
+de serrallo, descendían sobre los tobillos finos, cubiertos de sedosas
+medias amarillas. Y apenas tres dedos de mi mano cabían en sus
+chinelitas.
+
+Llamábase Wladimira; nació al pie de Nid-ji-Nowgorod y fué educada por
+una vieja tía que admiraba a Rousseau, leía a Foblas, usaba cabellos
+empolvados, y parecía una basta litografía cosaca de una dama galante de
+Versalles...
+
+El sueño de Wladimira era vivir en París; y mientras hacía hervir
+delicadamente las hojas del té, me rogaba que la contase historias
+picantes de «cohetes», y me confesaba su culto por Dumas, hijo.
+
+Yo le arremangaba la larga manga de la casaca de seda de color de hoja
+muerta, y hacía viajar mis labios devotos por la piel fresca de sus
+bellos brazos; y después, sobre el diván, enlazados, pecho contra
+pecho, en un éxtasis mudo, sentíamos las maravillas de cristal resonar
+eólicamente, las palomas azules arrullarse en los plátanos, y el
+fugitivo ritmo del arroyo murmurador...
+
+Nuestros ojos humedecidos encontraban a veces un cuadro de satín negro
+por cima del diván, donde en caracteres chinos, se desarrollaban
+sentencias del libro sagrado de Li-Nun «sobre los deberes de la esposa».
+Mas ninguno de nosotros entendía el chino... Y en el silencio, nuestros
+besos volvían a comenzar espaciados, sonando dulcemente y comparables
+(en la lengua florida de aquellos países) a perlas que caen, una a una,
+sobre una bandeja de plata... ¡Oh, suaves siestas de los jardines de
+Pekín! ¿Dónde estáis ahora? ¿Dónde estáis, hojas muertas de los lirios
+escarlata del Japón?
+
+ * * * * *
+
+Una mañana Camilloff entró en la cancillería, donde yo fumaba
+amigablemente una pipa en compañía de Mariskoff y tirando su enorme
+sable sobre el canapé, nos contó radiante de alegría, las noticias que
+le había dado el penetrante príncipe Tong. Descubrióse al fin que un
+opulento mandarín, llamado Ti-Chin-Fú, vivía en otro tiempo cerca de los
+confines de la Mongolia, en la villa de Tien-Hó. Había muerto
+súbitamente; y su descendencia residía allá en la miseria, en una choza
+vil.
+
+Este descubrimiento, ciertamente, no fué debido a la burocracia
+imperial; lo hizo un astrólogo del templo de Faguas, que durante veinte
+noches hojeó en el cielo el luminoso archivo de los astros.
+
+--¡Teodoro, ese mandarín es su hombre!--exclamó Camilloff.
+
+Y Mariskoff repitió, sacudiendo la ceniza de la pipa:
+
+--¡Ese es su hombre, Teodoro!
+
+--¡Mi hombre!--murmuré sombríamente.
+
+¡Era tal vez «mi hombre», sí! Mas no me seducía ir a buscar su familia,
+en la monotonía de una caravana, por aquellos desolados rincones de la
+China. Además, desde mi llegada a Pekín, no había vuelto a ver la sombra
+odiosa de Ti-Chin-Fú y su cometa en forma de papagayo.
+
+Mi conciencia reposaba como una paloma adormecida. Por lo visto, el
+esfuerzo supremo de voluntad que tuve que hacer para abandonar las
+dulzuras del boulevard y de Loreto, y surcar los mares hasta el Celeste
+Imperio, parecían a la Eterna Equidad una expiación suficiente y una
+peregrinación reparadora. Y Ti-Chin-Fú, ya calmado, regresaría con su
+papagayo a la sempiterna inmovilidad.
+
+¿Para qué ir a Tien-Hó? ¿Por qué no quedarme allá en aquel amable
+Pekín, comiendo nenúfares en caldo de azúcar, abandonándome a la
+somnolencia amorosa del «Reposo discreto» y yendo por las tardes
+azuladas a dar mi paseo del brazo del buen Mariskoff, por las terrazas
+de jaspe de la Purificación o bajo los cedros del Templo del Cielo?
+
+El celoso Camilloff, con el lápiz en la mano, marcó en el mapa un
+itinerario hacia Tien-Hó. Mostróme en desagradable entrelazamiento,
+sombras de montes, líneas tortuosas de ríos, dibujos ondulados de
+lagunas.
+
+--¡Aquí está! Suba usted hasta Ni-ku-hé, en la margen del Pei-Hó. Desde
+allí en barcos chatos va a My-yun. ¡Buena ciudad! Hay en ella un Buda
+vivo. Desde allí a caballo, sigue hasta la fortaleza de Ché-hia. Pasa la
+gran muralla. ¡Famoso espectáculo! Descansa en el fuerte de Ku-pi-hó.
+¡Allí puede cazar gacelas!... ¡Soberbias gacelas!... Y en dos días de
+camino llega a Tien-Hó. Brillante itinerario. ¿Cuándo quiere partir?
+¿Mañana?
+
+--Mañana--murmuré tristemente.
+
+¡Pobre generala! Aquella noche, mientras Mariskoff, en el fondo de las
+salas, jugaba con tres oficiales de la embajada su «whist» sacramental,
+y Camilloff, reclinado en el sofá, con los brazos cruzados, solemne como
+en una poltrona del Congreso de Viena, dormía con la boca abierta, ella
+se sentó al piano. Yo, a su lado, en la actitud legendaria de un infante
+de Lara, desesperado por la fatalidad, me retorcía lúgubremente el
+bigote. Y la dulce criatura, entre dos gemidos del teclado, de una
+sonata penetrante, cantó volviendo hacia mí sus ojos brillantes y
+húmedos:
+
+ «L'oiseau s'envole,
+ La'bas, la'bas!...
+ L'oiseau s'envole...
+ Ne revient pas...»
+
+--El ave ha de volver al nido!--musité yo enternecido. Y, afanándome por
+esconder una lágrima, salí murmurando furiosamente:
+
+--¡Canalla de Ti-Chin-Fú! ¡Por tu causa! ¡Viejo malandrín!
+
+Al día siguiente salí para Tien-Hó, acompañado de Sa-Tó, el respetuoso
+intérprete, una larga fila de carretas, dos cosacos y todo un pueblo de
+koolíes.
+
+Al dejar la muralla de la ciudad tártara, seguimos mucho tiempo
+caminando entre las cercas de los jardines sagrados que rodean el templo
+de Confucio.
+
+Era el fin de otoño; ya las hojas estaban amarillas; una dulzura suave
+erraba en el aire.
+
+De los kioscos santos salía un susurro de cánticos monótonos y tristes.
+Por las terrazas, enormes serpientes veneradas como dioses, se iban
+arrastrando, ya entorpecidas por el frío. Y aquí y allá, al pasar,
+encontrábamos budistas decrépitos, secos como pergaminos y nudosos como
+raíces, entrecruzados de piernas en el suelo bajo los sicomoros,
+inmóviles como ídolos, contemplándose incesantemente el ombligo en
+espera de la perfección del Nirvana.
+
+Y yo iba pensando con una tristeza tan pálida como aquel cielo asiático
+de octubre, en dos lágrimas redonditas que al partir vi brillar en los
+ojos negros de la generala.
+
+
+
+
+VI
+
+
+La tarde declinaba y el sol descendía bermejo como un escudo de metal
+candente, cuando llegamos a Tien-Hó.
+
+Las negras murallas de la ciudad se alzan al Sur, al pie de un torrente
+que ruge entre rocas. En la parte de Oriente, la planicie lívida y
+polvorienta se extiende hasta un grupo obscuro de colonias donde
+blanquea el ámplio edificio de una Misión católica; y más allá, hacia el
+extremo Norte, se elevan las eternas montañas de la Mongolia, suspensas
+en el aire como nubes.
+
+Nos alojamos en una fétida barraca titulada: «Hospedería de la
+Consolación Terrestre». Me fué reservado el cuarto noble, el principal,
+que se abría sobre una galería formada por estacas. Estaba ornado de
+dragones de papel recortado, sujetos por cordeles de los travesaños del
+techo. Al menor soplo de la brisa, aquella legión de monstruos fabulosos
+oscilan cadenciosamente con un rumor seco de hojarascas, como tomando
+vida sobrenatural y grotesca.
+
+Antes de que oscureciese, fuí acompañado de Sa-Tó a contemplar la
+ciudad, mas pronto tuve que regresar sofocado por el hedor repugnante
+que exhalaban las viviendas. Todo se me figuró ser negro; las chozas, el
+suelo cenagoso, los canes hambrientos y el populacho abyecto. Regresé a
+mi albergue, donde arrieros, mongoles y criaturas piojosas, me miraban
+con asombro.
+
+--Tiene vuestra merced razón. Es mala ralea. Mas no hay peligro; yo
+maté, antes de partir, un gallo negro, y la diosa Kaonine debe estar
+contenta. Podéis dormir al abrigo de los malos espíritus. ¿Quiere,
+vuestra merced, el té?
+
+--Tráelo, Sa-Tó.
+
+Después de bebernos una taza, conversamos largamente sobre el vasto
+plan: a la mañana siguiente llevaría la dicha y la tranquilidad a la
+triste choza de la viuda de Ti-Chin-Fú, anunciándole los millones que le
+regalaba, millones ya depositados en Pekín. Después, de acuerdo con el
+mandarín Gobernador, haríamos una cuantiosa distribución de arroz al
+pueblo, y por la noche habría danzas e iluminaciones, como en una
+solemnidad pública.
+
+--¿Qué te parece, Sa-Tó?
+
+--En los labios de vuestra merced habita la sabiduría de Confucio... ¡Va
+a ser un hermoso espectáculo!
+
+Como venía cansado, bien pronto comencé a bostezar; me tendí sobre el
+lecho, envuelto en mis pieles, hice la señal de la cruz y me dormí
+pensando en los brazos blancos de la generala y en sus ojos verdes de
+sirena.
+
+Sería la media noche, cuando me despertó un rumor lento y sordo que
+envolvía la barraca, como un fuerte viento en una arboleda o una mar
+gruesa batiendo un paredón. Por la galería abierta, la luna entraba en
+el cuarto, una luna triste de otoño asiático, dando a los dragones
+colgados del techo, formas y semejanzas quiméricas.
+
+Me levanté, ya nervioso, cuando una silueta alta e inquieta, apareció a
+la claridad de la luna.
+
+--¡Soy yo, señor!--murmuró la voz despavorida de Sa-Tó.
+
+Y luego, agachándose a mis pies, me contó en un flujo de palabras roncas
+su aflicción: mientras yo dormía se esparció por la ciudad el rumor de
+que un extranjero, el «Diablo extranjero» había llegado con bagajes
+cargados de tesoros... Ya, desde el comienzo de la noche, él había
+entrevisto rostros ansiosos, de ojos voraces, rondando la barraca, como
+chacales impacientes... Y ordenó a los koolíes que atrincherasen la
+puerta con los carros de los bagajes, formados en semicírculo a la
+manera tártara.
+
+Mas poco a poco, el tumulto fué creciendo... Ahora acababa de espiar
+por un postigo, y todo el populacho de Tien-Hó rondaba en torno de la
+hospedería... ¡La diosa Kaonine no se había satisfecho con la sangre del
+gallo negro! Además, él recordaba haber visto en la puerta de una
+pagoda una cabra negra andando hacia atrás. ¡La noche sería
+terrorífica! ¡Y su pobre mujer, el hueso de su hueso, que estaba tan
+lejos, allá en Pekín!
+
+--¿Y ahora, Sa-Tó?--le pregunté.
+
+--Ahora... ¡Vuestra señoría!... Ahora...
+
+Callóse, y su figura escuálida temblaba, agazapándose como un perro que
+se le amenaza con el látigo.
+
+Entonces yo abandoné al cobarde y me adelanté hacia la galería. Abajo,
+el muro fronterizo, proyectaba una sombra fatídica. Allí se apiñaba una
+turba negra.
+
+A veces, una figura, rastreando, se adelantaba en el espacio iluminado;
+espiaba, forcejeaba en las carretas, y al sentir la luz de la luna sobre
+su cara, retrocedía rápidamente, fundiéndose en la obscuridad; y como el
+techo del cobertizo era bajo, brillaba un momento algún hierro de lanza
+inclinado.
+
+--¿Qué queréis, canallas?--rugí en portugués.
+
+A esta voz extranjera, un gruñido salió de las tinieblas; inmediatamente
+una piedra cayó a mi lado, agujereando el papel encerado de la celosía;
+después, una flecha pasó silbando cerca de mí, clavándose en un listón.
+
+Descendí rápidamente a la cocina de la hospedería. Mis kaulíes,
+asustados, batían las mandíbulas de terror; y los dos cosacos que me
+acompañaban, impasibles, fumaban sus pipas con los sables desnudos
+puestos sobre las rodillas.
+
+El viejo hostelero de lentes redondos, una vieja andrajosa que yo había
+visto en el patio echando al aire una cometa de papel, los arrieros
+mongoles, las criaturas piojosas, todos desaparecieron. Sólo quedó un
+viejo bebedor de opio, tumbado en un rincón como un fardo. Fuera se veía
+la multitud que vociferaba.
+
+Interpelé entonces a Sa-Tó, que casi se desmayaba, apoyado en la pared;
+nosotros estábamos sin armas, los dos cosacos solos, no podían rechazar
+el asalto. Era, pues, necesario ir a despintar al Mandarín gobernador,
+revelarle que yo era amigo de Camilloff, un convidado del Príncipe Tong,
+e intimarle a que acudiera a dispersar las turbas y mantener la ley
+santa de la hospitalidad.
+
+Mas Sa-Tó me contestó con voz débil como un soplo, que el gobernador,
+seguramente, era el que estaba dirigiendo el asalto. Desde las
+autoridades hasta los mendigos, la fama de mis riquezas, la leyenda de
+las carretas cargadas de oro, inflamó todos los apetitos. La prudencia
+ordenaba, como un mandamiento santo, que abandonásemos parte de los
+tesoros, las mulas y las cajas de comestibles.
+
+--¿Y vamos a quedarnos aquí, en esta aldea maldita, sin camisas, sin
+dinero y sin comida?
+
+--¡Mas con la rica vida, vuestra señoría!
+
+Cedí y ordené a Sa-Tó que fuese a proponer a la turba una copiosa
+distribución de oro, si ella consentía en regresar a sus casas y
+respetar en nosotros a los huéspedes enviados por Buda.
+
+Sa-Tó subió a la escalera de la galería, todo tembloroso, y empezó a
+arengar a la multitud, braceando, lanzando las palabras con la violencia
+de un can que ladra. Yo había abierto la maleta y le iba entregando
+sacos de monedas, que él arrojaba a puñados sobre la multitud con ademán
+de sembrador... Abajo, a cada lluvia de metales resonaba un tumulto
+furioso; después, un lento suspiro de gula satisfecha; y luego, el
+silencio, la suspensión del que espera más.
+
+--Más--murmuraba ansiosamente Sa-Tó, volviéndose hacia mí.
+
+Yo, indignado, le daba nuevos cartuchos, pilas de monedas de medio real
+envueltas en papel. Ya estaba vacía la maleta... La turba continuaba
+rugiendo insaciable.
+
+--Más ¡vuestra señoría!--suplicó Sa-Tó.
+
+--¡No tengo más, criatura! ¡El resto está en Pekín!
+
+--¡Oh, Buda santo! ¡Perdidos! ¡Perdidos!--exclamó Sa-Tó, doblando las
+rodillas.
+
+El populacho, callado, esperaba aún. De repente, una exhalación salvaje
+rasgó el aire. Y yo sentí aquella masa ávida, arremeter sobre las
+carretas que defendían la puerta, formadas en semicírculo. Al choque
+todo el maderamen de la «Hospedería de la Consolación Terrestre», crugió
+y osciló.
+
+Corrí a la baranda. Abajo bullía un tropel desesperado en torno de los
+carros derribados. Los machetes relucían al caer sobre la tapa de los
+cajones; el cuero de las maletas abríase rasgado por innumerables
+puñales, y bajo el cobertizo los dos cosacos batíanse como héroes. A la
+luz de la luna, veía alrededor del barracón agitar teas. Un alarido
+ronco elevábase, haciendo a lo lejos aullar a los perros; y de todas las
+viviendas desembocaba y corría el populacho, hombres ligeros armados de
+chuzos y hoces curvas.
+
+Súbitamente, oí el tumulto de las turbas que asaltaban la galería,
+buscándome sin duda, creyendo que yo guardaría el mejor de los tesoros,
+piedras preciosas, joyas. El terror me enloqueció. Corrí a la gradería
+de bambú que daba al patio. Rompí la valla, y penetré en la cuadra. Mi
+caballo, preso en las tinieblas relinchaba, tirando furiosamente del
+cabestro. Salté sobre él, sujetándole por las crines.
+
+En este momento, por el postigo de la cocina que había saltado en
+astillas, penetró una horda armada de linternas, lanzas, clamando
+delirante. El caballo, espantado, saltó la valla; una flecha silba a mi
+lado; después, una piedra me da en el hombro, otra en los riñones, otra
+hace blanco en el anca del animal, y otra más gruesa, me rasga la oreja.
+Agarrado desesperadamente a las crines, arqueado, con la sangre goteando
+de la oreja, galopé en una carrera furiosa, a lo largo de una calle
+negra. De repente veo delante de mí la muralla, un bastión, la puerta de
+la ciudad cerrada.
+
+Entonces, alucinado, sintiendo detrás de mí rugir la turba, abandonado
+de todo socorro humano, me acordé de Dios. Creí en él, gritándole que me
+salvase: y mi espíritu iba tumultuosamente recordando, para ofrecerle
+fragmentos de oraciones, de «Salves, Credos», que yacían en el fondo de
+mi memoria. Tras una esquina, a lo lejos, surgió una humareda de teas;
+era la turba. Loco de espanto, apreté los talones a los ijares del
+animal y corrí a lo largo de la muralla que se extendía como una vasta
+cinta negra furiosamente desenrollada. De repente vi una brecha, un
+boquete erizado de espinas y zarazas, y fuera la planicie que bajo la
+luna tenía la apariencia de una gran charca de agua dormida. Lancéme
+hacia allá, sacudiendo con los talones los ijares del potro, y galopé
+mucho tiempo por el descampado.
+
+De repente, el caballo y yo rodamos en un surco blando. Era una laguna;
+mi boca se llenó de agua pútrida, y mis pies se enredaron en las fofas
+raíces de los nenúfares. Cuando me levanté vi al caballo corriendo muy
+lejos, como una sombra, con los estribos al viento.
+
+Entonces comencé a caminar por aquella soledad, enterrándome en el fango
+y cortando a través de matorrales encharcados. La sangre de la oreja
+caía sobre mi hombro; la ropa enlodada se me pegaba a la piel, y a veces
+en la sombra, me pareció ver brillar ojos de fieras.
+
+Más lejos, encontré un cercado de piedras sueltas donde yacían, bajo
+unos arbustos, infinidad de cajas amarillas que los chinos abandonan
+sobre la tierra y donde se pudren los cadáveres. Me senté sobre una caja
+postrado de fatiga; mas un olor abominable flotaba en el aire, y al
+apoyarme sentí la sensación de un líquido viscoso que escurría por las
+hendiduras de las tablas.
+
+Quise huir. Mas las piernas, temblando, se negaron. Los árboles, las
+rocas, las hierbas altas, todo el horizonte comenzó a girar en torno mío
+como un disco muy rápido. Resplandores sanguíneos vibraban delante de
+mis ojos, y me sentí caído desde muy alto, divagando a la manera de una
+pluma que desciende. Cuando recobré el conocimiento estaba sentado sobre
+un banco de piedra, en el banco de un enorme edificio semejante a un
+convento, que el más grave silencio envolvía. Dos padres lazaristas
+lavaban cuidadosamente mi oreja. Un aire fresco circulaba; la garrucha
+de un pozo chirriaba lentamente, y una campana tocaba a maitines.
+Levanté los ojos y ví una fachada blanca con ventanillas enrejadas y una
+cruz en lo alto, y entonces, al contemplar en aquella paz de claustro
+católico como un rincón de la patria recuperada, el abrigo y la
+consolación, de mis párpados cansados rodaron dos lágrimas mudas.
+
+
+
+
+VII
+
+
+Aquella mañana, dos lazaristas que se dirigían a Tien-Hó, me habían
+encontrado desmayado en el camino. Y como dijo el alegre padre Loriot,
+«era ya tiempo»; porque alrededor de mi cuerpo inmóvil revoloteaba un
+negro semicírculo de esos enormes cuervos de Tartaria, contemplándome
+con gula.
+
+Me trajeron al convento en unas parihuelas, y fué grande el regocijo de
+la comunidad cuando supo que yo era latino, cristiano y súbdito de los
+«Reyes Fidelísimos». El convento forma allí el centro de un pequeño
+pueblo católico, apiñado en torno de la maciza residencia como un
+caserío de siervos, al pie de un castillo feudal. Existe desde los
+primeros misioneros que recorrieron toda la Mandchuria. Porque nos
+hallábamos en los confines de la China. Más allá está la Mongolia, la
+«Tierra de las hierbas», inmenso prado verde obscuro, bordado de flores
+silvestres. Allí se extendía la inmensa planicie de los nómadas. Desde
+mi ventana veía negrear los círculos de las tiendas cubiertas de fieltro
+o de pieles de carnero; y a veces asistía a la partida de una tribu, que
+en filas de largas caravanas llevaba sus rebaños hacia Oeste.
+
+El superior de los lazaristas era el excelente padre Julio.
+
+Su larga permanencia entre las razas amarillas lo habían tornado casi en
+un chino. Cuando yo le encontraba en el claustro con su túnica roja, la
+larga coleta y sus venerables barbas, agitando dulcemente un enorme
+abanico, me parecía algún sabio letrado Mandarín comentando mentalmente,
+en la paz de un templo, el Libro sacro de Chú. Era un santo; mas olía a
+ajo, y este olor apartaba de él a las almas más doloridas y necesitadas
+de consuelo.
+
+¡Conservo suave memoria de los días allí pasados! mi cuarto, encalado de
+blanco, con una cruz negra, tenía un recogimiento de celda. Me
+despertaba siempre al toque de maitines. Por respeto a los viejos
+misioneros, oía misa en la capilla; y me enternecía allí, tan lejos de
+la patria católica, ver a la clara luz de la mañana la casulla del padre
+con su cruz bordada, inclinarse delante del altar y sentir sisear en el
+silencio fosco del santo recinto los «Dominus vobiscum» y los «Et cum
+espíritu tuo».
+
+Por la tarde iba a la escuela a admirar a los niños chinos, declinando
+once horas seguidas. Y, después del refectorio, paseando por el
+claustro, escuchaba historias de lejanas misiones apostólicas, en el
+«País de las hierbas», las prisiones soportadas, las marchas, los
+peligros, en fin, todas las crónicas heróicas de la Fe.
+
+Yo no conté en el convento mis aventuras fantásticas; dije que era un
+«tourista» curioso que recorría, tomando apuntes, el mundo entero. Y
+esperando que mi oreja cicatrizase me abandonaba en una dulce laxitud de
+alma, a aquella paz del monasterio.
+
+Mas estaba decidido a dejar bien pronto la China; ese Imperio bárbaro
+que ahora odiaba terriblemente. Cuando me ponía a pensar que había
+venido de los confines de occidente, para traer a una provincia china la
+abundancia de mis millones, y que, apenas llegué, fuí saqueado y
+apedreado, me agitaba un rencor sordo y pasaba horas enteras en mi
+cuarto, meditando venganzas horribles.
+
+Retirarme con mis millones era lo más práctico y fácil.
+
+Además, mi idea de resucitar, para bien de la China, la personalidad de
+Ti-Chin-Fú, me parecía ahora un absurdo, una insensatez de sueño.
+
+Yo no comprendía las lenguas ni las costumbres, ni las leyes, ni los
+sabios de aquella raza ¿qué iba a hacer allí, sino exponerme por el
+aparato de mi riqueza, a los asaltos de un pueblo que hace cuarenta y
+tantos siglos que es pirata en los mares y bandido en la tierra?
+
+Ti-Chin-Fú y su cometa continuaban invisibles, remontados ciertamente al
+Cielo Chino de los abuelos, y ya el aplazamiento del remordimiento
+visible hacíame olvidar el deseo de la expiación.
+
+Sin duda el viejo letrado estaba fatigado de dejar sus regiones
+inefables para venir a reclinarse en mis muebles. Vería mis esfuerzos,
+mi deseo de ser útil a su prole, a su provincia y a su raza, y
+satisfecho, se acomodaría lo mejor posible para la eterna siesta. ¡Ya,
+nunca más vería su panza amarilla!
+
+Y entonces me mordía el apetito de marchar, ya libre y tranquilo a gozar
+la alegría de mi oro, al Loreto o los boulevares, sorbiendo la miel de
+las flores de la civilización.
+
+Mas la viuda de Ti-Chin-Fú, las mimosas señoras de su descendencia, los
+nietos pequeñitos... ¿los dejaría bárbaramente morir de hambre y frío en
+las negras viviendas de Tien-Hó? No. Esos no eran culpables de las
+pedradas que me tiró el populacho. Y yo, cristiano, aislado en un templo
+católico, teniendo a la cabecera de mi cama el Evangelio, cercado de
+existencias que eran encarnaciones de la Caridad, no podía partir del
+Imperio sin restituir a aquellos a quienes despojara, la abundancia y
+las comodidades honestas que recomendaba el clásico de la Piedad
+Filial.
+
+Entonces escribí a Camilloff. Le contaba mi abyecta fuga, bajo las
+piedras del populacho; el albergue cristiano que me dieron en la Misión,
+y mi ferviente deseo de partir del Imperio Celeste. Le pedía que
+remitiese a la mujer de Ti-Chin-Fú los millones depositados por mí en
+casa del mercader Tsing-Fó, en la avenida de Cha-Cona, al lado del arco
+triunfal de Tong, junto al templo de la diosa Kaonine.
+
+El alegre padre Loriot, que iba en misión a Pekín, llevó esta carta que
+yo lacré con el sello del convento: una cruz saliendo de un corazón
+inflamado.
+
+Los días pasaban. Las primeras nieves albearon en las montañas
+septentrionales de la Mandchuria, y yo me ocupaba en cazar gacelas en el
+«País de las Hierbas». Horas enérgicas y fuertemente vividas las de esas
+mañanas, cuando yo marchaba, con el aire agreste y sano entre monteros
+mongólicos, que, con un grito ondulado y vibrante, ojeaban los
+matorrales con sus lanzas. A veces una gacela saltaba, y con las orejas
+bajas, estiradas y finas, partía en el filo del viento. Soltábamos el
+halcón que volaba sobre ella con las alas serenas, dándole a espacios
+regulares, con toda la fuerza de su pico curvo, picotazos en el cráneo.
+Y la íbamos a encontrar, por fin, a la orilla de algún charco infecto,
+cubierto de nenúfares. Entonces, los perros negros de Tartaria
+arrojábansele sobre el vientre, y, con las patas entre sangre, y con los
+afilados colmillos le iban descubriendo las entrañas.
+
+Una mañana, el lego de la portería avistó al alegre padre Loriot,
+trepando por el camino ingente del Purgo, con su mochila al hombro y una
+criatura en los brazos; la había encontrado abandonada, desnudita,
+muriéndose a la orilla desolada de un camino. La bautizó después en un
+arroyo con el nombre de Bienhallado, y allí la traía, enternecido,
+apretando el paso, para darle pronto buena leche de las cabras del
+convento.
+
+Después de abrazar a los religiosos y enjugarse gruesas gotas de sudor,
+sacó de los bolsillos del pantalón un sobre con el sello del águila
+rusa.
+
+--Esto es lo que le manda el general Camilloff, amigo Teodoro. Está
+bueno, y la señora también... ¡Todos fuertes!
+
+Corrí a un rincón del claustro a leer los dos plieguecillos. La carta
+decía así:
+
+«Amigo, huésped y estimado Teodoro: A las primeras líneas de su carta
+quedamos consternados. Mas luego las siguientes nos llenaron de alegría,
+al saber que estaba con esos santos padres de la misión cristiana.
+
+»Yo fuí al Yamen Imperial a hacer una severa reclamación al príncipe
+Tong, sobre el escándalo de Tien-Hó.
+
+»Su excelencia mostró un júbilo desordenado. Porque aunque lamenta como
+particular la ofensa, el robo y las pedradas que mi huésped sufrió, como
+ministro del Imperio, ve ahí una dulce oportunidad para exigir a la
+ciudad de Tien-Hó, en concepto de indemnización, y en castigo de la
+injuria hecha a un extranjero, la importante suma de trescientos mil
+francos. Es, como dice Mariskoff, un excelente resultado para el Erario
+imperial y queda así vuestra oreja suficientemente vengada. Aquí,
+comienzan a picar los primeros fríos y ya estamos usando pieles. El
+buen Mariskoff sufre ahora del higado, pero el dolor no altera su
+criterio filosófico ni su sabia verbosidad.
+
+»Tuvimos un grave disgusto: el lindo perrito de la buena señora
+Tagarief, la esposa de nuestro querido secretario, el adorable «Tú-Tú»
+desapareció en la mañana del quince. Hizo la policía averiguaciones
+urgentes, mas «Tú-Tú» no ha parecido, y nuestro sentimiento es mayor
+cuanto es sabido que el populacho de Pekín aprecia extraordinariamente
+estos perritos, guisados en caldo de azúcar. Ha ocurrido un hecho
+abominable y de funestas consecuencias; la embajadora de Francia, esa
+petulante madame Gujón, ese gallo enjuto (como la llama Mariskoff), en
+la última comida de la legación, dió, despreciando todas las reglas
+internacionales, el brazo, su descarnado brazo, y su derecha en la mesa,
+a un súbdito inglés, Lord Gordon. ¿Qué me dice usted de esto? ¿Es
+creíble? ¿Es razonable? ¡Eso es destruir el orden social! ¡El brazo y la
+derecha en la mesa a un súbdito, a un escocés de color de piedra, un
+mono, cuando estaban presentes todos los embajadores, los ministros y
+yo!
+
+»Esto ha causado en el cuerpo diplomático, una sensación inenarrable.
+Esperamos instrucciones de nuestros gobiernos. Como dice Mariskoff,
+moviendo tristemente la cabeza, el asunto es grave--¡muy grave!--Lo que
+prueba (y ninguno lo duda) es que lord Gordon es el Benjamín del «Gallo
+enjuto». ¡Qué asco! ¡qué podredumbre!... La generala no está buena,
+desde que usted partió para esa maldita Tien-Hó; el doctor Pagloff no
+atina con el mal; es una languidez, un marchitamiento, una perenne
+indolencia que la tiene horas enteras inmóvil sobre el sofá, en el
+«Pabellón del Reposo discreto», con la mirada vaga y la boca llena de
+suspiros.
+
+»Yo no me desespero; sé perfectamente el mal que la mina, es una
+afección a la vejiga que contrajo, a consecuencia de las malas aguas,
+durante nuestra estancia en Madrid... ¡Hágase la voluntad del Señor!
+Ella me pide que le salude en su nombre, y desea que cuando llegue usted
+a París, si va a París, le remita por el correo de la Embajada para San
+Petersburgo (de allí vendrá a Pekín) dos docenas de guantes de doce
+botones, número «cinco y tres cuartos», de la marca «Sol», de los
+almacenes del Louvre; así como las últimas novelas de Zola;
+«Mademoiselle de Maupín», de Gautier, y una caja de frascos de
+«Opoponex».
+
+»Me olvidaba decirle que nos hemos mudado de alojamiento; dejamos la
+Embajada francesa para no tener relaciones con el «Gallo enjuto», y
+vivimos ahora en el Palacio de la Legación de Inglaterra. Estos son los
+inconvenientes de no tener la Embajada rusa palacio de su propiedad, a
+pesar de tantas reclamaciones como sobre este asunto tengo hechas a la
+cancillería de San Petersburgo.
+
+»Allí saben perfectamente que en Pekín no hay palacios; que cada
+legación tiene el suyo propio, como importante elemento de instalación y
+de influencia. ¡Mas en la corte del Czar se desatienden los más serios
+intereses de la civilización rusa! Todo lo dicho es lo único nuevo que
+acontece en Pekín y en las legaciones. Recuerdos de Mariskoff, y todos
+los de esta Embajada, y también del condesito Arturo, el Zizí de la
+legación española, en fin, de todos; y yo, muy afectuosamente, le envío
+el testimonio de mi amistad.
+
+ GENERAL CAMILLOFF.»
+
+»P.S.--En cuanto a la viuda y familia de Ti-Chin-Fú hubo un engaño; el
+astrólogo del templo de Jagua se equivocó en su interpretación sideral;
+no es realmente en Tien-Hó donde reside esa familia. Es al Sur de la
+China, en la provincia de Cantón. Mas también hay una familia Ti-Chin-Fú
+más allá de la gran Muralla, casi en la frontera rusa, en el distrito de
+Ka-ó-li. Ambas perdieron el jefe y ambas están en la miseria. Por lo
+tanto, esperando sus nuevas órdenes, no retiré el dinero de casa de
+Tsing-Fó. Esta reciente información me la envió hoy su excelencia el
+príncipe Tong, con un delicioso tarro de compota de exquisitos
+almíbares.
+
+»Debo anunciarle que nuestro buen Sa-Tó apareció hace días de regreso de
+Tien-Hó, con el labio partido y leves contusiones en el hombro, habiendo
+salvado solamente del saqueo una litografía de Nuestra Señora de los
+Dolores, que por la dedicatoria manuscrita veo que perteneció a vuestra
+respetable mamá.
+
+»Mis valientes cosacos se quedaron allá en un pozo de sangre. Su
+excelencia el príncipe Tong me ha ofrecido pagar por cada uno diez mil
+francos, tomados de la suma que, en concepto de indemnización ha
+impuesto a la ciudad de Tien-Hó.
+
+»Sa-Tó me dice que si usted, como es natural, vuelve a empezar sus
+viajes a través de la China en busca de la familia Ti-Chin-Fú, él se
+considera honrado y venturoso en acompañarle, con una fidelidad de perro
+y una docilidad de cosaco.
+
+ CAMILLOFF.»
+
+--¡No! ¡Nunca!--rugí con furor, estrujando la carta y monologando a
+largos pasos por el claustro.--¡No, por Dios o por el demonio! ¿Ir de
+nuevo a recorrer los caminos de la China? ¡Jamás! ¡Oh, suerte grotesca
+y desastrosa! ¡Dejé mi regalada vida del Loreto, mi nido amoroso de
+París, vengo volando como un tordo desde Marsella a Shang-Hai, sufro las
+pulgas de las habitaciones chinas, el hedor de las casas, la polvoreda
+de los caminos áridos ¿para qué? Tenía un plan que se levantaba hasta
+los cielos, grandioso y ornamentado como un trofeo; en él brillaban de
+alto abajo, toda suerte de acciones buenas, y he aquí, que de pronto lo
+veo caer al suelo, pieza tras pieza, convertido en furia!
+
+Quería dar mi nombre, mis millones, y la mitad de mi lecho de oro a una
+señora de la familia de Ti-Chin-Fú, y no me lo permiten los prejuicios
+sociales de una raza bárbara. Pretendo, con el botón de cristal del
+Mandarín, reconstituir los destinos de China, traerle nuevas
+prosperidades, y me lo veda la ley imperial. Aspiro a conceder una
+limosna sin fin a este populacho hambriento, y corro el peligro de ser
+decapitado como instigador de rebeliones. Vengo a socorrer a un pueblo y
+la turba amotinada me apedrea. Iba, en fin, a brindar el reposo, la
+comodidad que alababa Confucio, a la familia Ti-Chin-Fú, y esa familia
+evapórase como el humo, y otras familias surgen aquí y allá vagamente,
+al Sur y al Oeste, como claridades engañosas.
+
+¿Y tenía que ir a Cantón, a Ka-ó-lí, a exponer otra oreja a las piedras
+brutales, huir aún por caminos descampados, agarrado a las crines de un
+potro? ¡Jamás!
+
+Me paré, y con los brazos en alto, hablando a las arcadas del claustro,
+a los árboles, al aire silencioso y frío que me envolvía:
+
+--¡Ti-Chin-Fú--bramé,--Ti-Chin-Fú, para aplacarte hice todo lo que era
+racional, generoso y lógico! ¿Estás, en fin, satisfecho, letrado
+venerable, tú, tu papagayo gentil, y tu panza artificial? ¡Háblame!
+¡Háblame!
+
+Escuché, miré: la garrucha del pozo, en aquella hora del mediodía,
+chirriaba dulcemente en el patio; sobre las moreras, a lo lejos de las
+arcadas, se secaban sobre papel de seda las hojas de té de la cosecha de
+octubre; de las puertas medio cerradas del aula venía un susurro lento
+de declinaciones latinas.
+
+Reinaba una paz severa, producto de la simplicidad de las ocupaciones o
+de la austeridad de los estudios y el aire pastoril de aquella colina,
+donde dormía bajo un sol blanco de invierno, el pueblo religioso. Y en
+aquel sereno ambiente, me pareció que descendía a mi alma, de repente,
+una paz absoluta.
+
+Encendí con los dedos aún trémulos un cigarro, y dije, limpiándome una
+gota de sudor que corría por mi frente, estas palabras, resumen de mi
+destino:
+
+--Bien, Ti-Chin-Fú está contento.
+
+Fuí luego a la celda del excelente padre Julio; leía su breviario cerca
+de la ventana, saboreando confites de azúcar, con el gato del convento
+sobre el hombro.
+
+--Reverendísimo padre, me vuelvo a Europa. ¿Alguno de vuestros
+compañeros va acaso en misión hacia Shang-Hai?
+
+El venerable superior se caló los lentes, y hojeando un ámplio registro
+en letra china, murmuró así:
+
+--Quinto día de la décima luna. Sí, el padre Anacleto va a Tien-Tsin, a
+hacer una novena. Duodécima luna, el padre Sánchez para Tien-Tsin
+también, a explicar el catecismo a los huérfanos. Sí, tendrá compañía
+hasta Leste.
+
+--¿Mañana?
+
+--Mañana. Es dolorosa la separación en estos confines del mundo, cuando
+las almas se comprenden bien en Jesús. El padre Gutiérrez le arreglará
+una buena fiambrera. Nosotros ya le amábamos como a un hermano, mi
+querido Teodoro. Coma un confite, son deliciosos. Las cosas están en
+feliz reposo, cuando se hallan en su lugar natural; el lugar del corazón
+humano es el corazón de Dios, y el suyo está en este asilo seguro. Coma
+otro confite. ¿Qué es eso, hijo mío, qué es eso?
+
+Yo estaba colocando sobre el breviario abierto, en una página del
+Evangelio de la pobreza, un fajo de billetes del «Banco de Inglaterra»,
+y balbuceé:
+
+--Un recuerdo para sus pobres...
+
+--Excelente, excelente... Nuestro buen padre Gutiérrez le preparará una
+fiambrera superior... «Amén», hijo mío. «In Deo omnia spes...»
+
+ * * * * *
+
+Al día siguiente, montado en una mula blanca del convento y acompañado
+del padre Anacleto y el padre Sánchez, descendí del convento al repique
+de las campanas. Y allá vamos, hacia Hiang-Hiano, villa negra y
+amurallada, donde atracan los barcos que descienden de Tien-Tsin.
+
+Ya las tierras a lo largo del Pei-Hó estaban todas blancas de nieve; en
+las ensenadas bajas el agua empezaba ya a helarse, y envuelto en pieles
+de carnero, alrededor de las hogueras, en la popa del barco, los buenos
+padres y yo íbamos conversando de los trabajos de los misioneros, de las
+cosas de la China, y a veces de las cosas del cielo, mientras corría de
+mano en mano el frasco de ginebra.
+
+En Tien-Tsin, me separé de aquellos santos camaradas.
+
+Y después de dos semanas, en un día de sol, me paseaba fumando un
+cigarro y mirando las luchas de perros en el puerto de Hong-Kong, sobre
+la cubierta del «Java»; que iba a levar anclas con rumbo a Europa.
+
+Fué un momento conmovedor para mí, aquel en que a las primeras vueltas
+de la hélice, vi alejarme de la tierra de China.
+
+Desde que desperté, durante aquella mañana, una inquietud sorda
+comenzaba de nuevo a invadir mi alma. Ahora pensaba en que había ido a
+aquel vasto imperio a calmar por la expiación una protesta temerosa de
+la conciencia, y por fin, impelido por una impaciencia nerviosa, partía,
+sin haber hecho más que deshonrar los bigotes blancos de un general
+heróico y haber recibido una pedrada en la oreja en una ciudad de los
+confines de la Mongolia.
+
+--¡Extraño destino el mío!
+
+Hasta el anochecer estuve recostado sombríamente en la borda del buque,
+viendo el mar liso como una vasta pieza de seda azul, doblarse a los
+lados en pliegues suaves; poco a poco grandes estrellas palpitaron en la
+concavidad negra, y la hélice en la sombra iba trabajando rítmicamente.
+Me paseé errante por la cubierta, mirando aquí y allí la brújula
+iluminada, los montones de cabrestantes, las piezas de la máquina
+envueltas en una claridad ardiente, golpeando con cadencia; la humareda
+negra que se elevaba de las chimeneas ennegreciendo el firmamento; los
+marineros de barba rubia inmóviles en sus puestos, y las figuras de los
+pilotos sobre el puntal, altas y sombrías en la noche. En el camarote
+del capitán, un inglés, con blanco casco a la cabeza, rodeado de damas
+que bebían cognac, tocaba melancólicamente en la flauta el aria de
+«Bonnie Dundée».
+
+Eran las once cuando bajé a mi cámara. Las luces ya estaban apagadas;
+mas la luna, que se erguía al nivel del agua, redonda y blanca, hería
+los cristales del camarote con un rayo de claridad, y entonces, medio
+oculta y pálida, ví rígida sobre la hamaca la figura panzuda del
+Mandarín, vestido de seda amarilla con su papagayo entre las manos.
+
+¡Era él otra vez!
+
+Y fué él perpetuamente. Fué él en Singapore y en Ceilán. Fué él en los
+arsenales del desierto, cuando pasamos por el Canal de Suez;
+adelantándose en la proa de un barco mercante, cuando entramos en Malta,
+resbalando sobre las rosadas montañas de Sicilia y emergiendo de los
+mares que cercan el Peñón de Gibraltar. Cuando desembarqué en Lisboa, su
+obesa figura llenaba todo el arco de la calle Angosta, y sus ojos
+oblícuos y los dos ojos pintados de su cometa en figura de papagayo,
+parecían fijos en mí.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Entonces, teniendo la certeza de que nunca podría aplacar a Ti-Chin-Fú,
+pasé toda la noche en mi cuarto del Loreto, donde, como en otro tiempo,
+las velas que ardían en los bruñidos candelabros de plata daban a los
+rojos damascos tonos de sangre fresca, medité despojarme, como de un
+adorno de pecado, de aquellos millones sobrenaturales.
+
+¡Y así me libraría tal vez de aquella panza amarilla, y de aquella
+cometa abominable!
+
+Abandoné el palacio del Loreto, y con él mi existencia de Nabab.
+
+Regresé a mi habitación de la casa de la viuda de Marques, y volví a la
+oficina a implorar mis veinticinco duros mensuales y mi dulce pluma de
+amanuense.
+
+Mas un sufrimiento mayor vino a amargar mis días. Juzgándome arruinado,
+todos aquéllos que mi opulencia humilló, cubriéronme de ofensas. Los
+periódicos, con triunfal ironía, publicaron mi miseria. La aristocracia,
+que balbuceaba adulaciones, inclinada a mis pies de Nabab, ordenaba
+ahora a sus cocheros que atropellasen en las calles el cuerpo encogido
+del escribiente de secretaría.
+
+El clero, a quien yo había enriquecido, me acusaba de hechicero, el
+pueblo me apedreaba, y la viuda de Marques, cuando me quejaba de la
+dureza granítica de los garbanzos, poníase en jarras y gritaba:
+
+--¿Qué quiere usted más? ¡Aguantarse! ¡Valiente perdulario!
+
+Y a pesar de esta expiación, el viejo Ti-Chin-Fú, estaba siempre a mi
+lado porque sus millones que yacían ahora intactos en los Bancos, eran,
+desgraciadamente, míos.
+
+Entonces, indignado, volví a mi palacio y a mi vida de lujo. Aquella
+noche, de nuevo el resplandor de mis ventanas alumbró el Loreto, y por
+el portón abierto viéronse, como en otro tiempo, negrear con sus
+calzones de seda, las largas filas de lacayos decorativos.
+
+Luego, Lisboa, sin excepción, se arrojó a mis pies. La viuda de Marques
+me llamó llorando: «hijo de mi corazón.»
+
+Los periódicos me otorgaron los calificativos que, según la tradición,
+pertenecen a los dioses. ¡Fuí el omnipotente, el omnisciente! La
+aristocracia me besó los pies como a un tirano y el clero me incensó
+como a un viejo ídolo. Y mi desprecio por la humanidad fué tan grande,
+que se extendió hasta el mismo Dios que la creó.
+
+Desde entonces, una saciedad enervante me mantuvo durante semanas
+enteras tendido en un sofá, mudo y terrible, pensando en la felicidad
+del «no ser...»
+
+Una noche, regresando solo por una calle desierta, vi delante de mí al
+personaje vestido de negro, con el paraguas debajo del brazo, el mismo
+que en mi cuarto tranquilo y feliz de la travesía de la Concepción, me
+hiciera a un «tilín-tín» de campanilla, heredar tantos despreciables
+millones. Corrí hacia él; le agarré por la solapa des su levita
+burguesa, gritándole:
+
+--¡Líbrame de mis riquezas! ¡Resucita al Mandarín! ¡Devuélveme la paz de
+la miseria!
+
+El, pasó gravemente su paraguas debajo del otro brazo, y respondió con
+bondad:
+
+--¡No puede ser, mi apreciable señor, no puede ser!
+
+Yo me arrojé a sus pies haciéndole una súplica abyecta, mas sólo ví
+delante de mí, bajo la luz mortecina de un reverbero de gas, la forma
+escuálida de un perro hambriento hociqueando en el lodo.
+
+Nunca he vuelto a encontrar a tal individuo. Y ahora, el mundo me parece
+un inmenso montón de ruinas donde mi alma solitaria, como un desterrado
+que vaga por entre columnas caídas, gime continuamente.
+
+Las flores de mis aposentos se marchitan y nadie las renueva; la luz me
+parece una antorcha fúnebre, y cuando mis amadas vienen envueltas en la
+blancura de sus peinadores a acostarse en mi lecho, lloro, como si viera
+la legión amortajada de mis alegrías muertas.
+
+Me siento morir. Tengo ya hecho mi testamento. En él lego mis millones
+al Diablo, le pertenecen; él que los reclame y los reparta.
+
+Y a vosotros, hombres, os lego solamente estas palabras sin comentario:
+«¡Sólo sabe bien el pan que diariamente ganan nuestras manos; nunca
+matéis al Mandarín!»
+
+Y, todavía al morir, me consuela prodigiosamente esta idea: que de Norte
+a Sur, de Oeste a Este, desde la Gran Muralla de Tartaria hasta las
+ondas del mar Amarillo; en todo el vasto imperio de la China, ningún
+mandarín quedaría vivo, si tú, tan fácilmente como yo, lo pudieras
+suprimir y heredar sus millones, ¡oh, lector! criatura improvisada por
+Dios, obra mala de mala arcilla, mi semejante, y mi hermano.
+
+FIN
+
+
+
+
+Páginas Selectas de Eça de Queiroz
+
+(_Del Epistolario de Fradique Mendes_)
+
+
+
+
+A CLARA...
+
+(_Trad._)
+
+
+Mi adorada amiga:
+
+No fué en la exposición de Acuarelistas, en marzo, donde tuvo conmigo el
+primer encuentro por decreto de los Hados. Fué en invierno, mi adorada
+amiga, en el baile de los Tressans. Fué allí donde la vi, conversando
+con Md. Jouarre, junto a una consola, cuyas luces, entre los ramos de
+orquídeas, orlaban sus cabellos de aquel nimbo áureo que tan justamente
+le pertenece como «reina de la gracia entre las mujeres». Recuerdo aún
+su sonreir cansado, el vestido negro con adornos de color de oro, el
+abanico antiguo que tenía sobre el regazo. Pasé; pero luego todo me
+pareció alrededor feo y enfadoso, y volví a admirar, a «meditar» en
+silencio, su belleza, que me atraía por su esplendor potente y
+comprensible y también por no sé qué de fino y espiritual, de doliente
+y de afable, que brillaba y venía del alma. Y tan intensamente me embebí
+en mi contemplación, que me llevé conmigo su imagen hermosa y entera,
+sin faltar un hilo de sus cabellos ni una ondulación de la seda que
+vestía su cuerpo y corrí a encerrarme con ella, alborozado, como el
+artista que en alguna obscura tienda, entre polvo y trastos, descubriese
+la Obra sublime de un Maestro perfecto.
+
+Y ¿por qué no confesarlo? Esa imagen fue para mí al principio, meramente
+un Cuadro colgado en el fondo de mi alma, que yo a cada momento miraba
+para alabar, con creciente sorpresa, los encantos diversos de Línea y de
+Color. Era solamente una tela rara, puesta en un sagrario, inmóvil y
+muda en su brillo, sin otro influjo sobre mí que el de una forma muy
+bella que cautiva un gusto muy educado. Mi sér continuaba libre, atento
+a las curiosidades que hasta entonces lo solicitaban; y sólo cuando
+sentía el cansancio de las cosas imperfectas o el deseo nuevo de una
+ocupación más pura, regresaba a la Imagen que en mí guardaba como un Fra
+Angélico en su claustro, dejando los pinceles al concluir el día, de
+hinojos ante la Madona para implorar de ella descanso e inspiración
+superior.
+
+Poco a poco, sin embargo, todo lo que no fuese esta contemplación perdió
+para mí valor y encanto. Comencé a vivir cada día más recluído en el
+fondo de mi alma, perdido en la admiración de la imagen que en ella
+brillaba, hasta que sólo esta ocupación me pareció digna de la vida, y
+en el mundo todo no reconocí más que una apariencia inconstante y fuí
+como un monje en su celda, ajeno a las cosas más reales, de rodillas y
+rígido en su sueño, que es para él la única realidad.
+
+Mas no era el mío, mi adorada amiga, un pálido y pasivo éxtasis delante
+de su Imagen. ¡No! Era más bien un ansioso y fuerte estudio de ella, con
+el que yo procuraba conocer, a través de la Forma, la Esencia y (pues
+que la Belleza es el esplendor de la Verdad) deducir de las
+perfecciones de su cuerpo las superioridades de su alma. Y así fué cómo
+lentamente sorprendí el secreto de su naturaleza; su clara frente que el
+cabello descubre, tan clara y despejada, luego me contó la rectitud de
+su pensar; su sonrisa, de una nobleza tan intelectual, fácilmente me
+reveló su desdén hacia lo mundano y lo efímero y su incansable
+aspiración hacia un vivir de verdad y de belleza; cada gracia de sus
+movimientos me tradujo una delicadeza de su gusto; y en sus ojos
+diferencié lo que en ellos tan adorablemente se confunde, luz de razón,
+calor de corazón, la luz que mejor calienta la lumbre que más
+ilumina... La certeza de tantas perfecciones bastaba ya para hacer
+doblar, en una adoración perpetua, las rodillas más rebeldes. Pero
+sucedió también que al paso que la comprendía y que su Esencia se
+manifestaba tan visible y casi tangible, descendía una influencia de
+ella hacia mí, una influencia extraña, diferente de todas las
+influencias humanas, y que me dominaba con trascendente omnipotencia.
+¿Cómo lo podré decir? Monje encerrado en mi celda, comencé la
+convivencia con la Santa a quien me consagrara. Hice entonces un severo
+examen de conciencia. Investigué con inquietud si mi pensar era condigno
+de la pureza de su pensar; si en mi gusto no habría desconciertos que
+pudieran herir la disciplina de su gusto; si mi idea de la vida era tan
+alta y seria como aquella que yo presintiera en la espiritualidad de su
+mirar, de su sonreir, y si mi corazón no se dispersara y debilitara con
+exceso para poder palpitar con paralelo vigor junto a su corazón. Y he
+realizado ahora un jadeante esfuerzo para subir a una perfección
+idéntica a aquella que tan sumisamente adoro.
+
+De suerte, mi querida amiga, que se tornó sin saberlo mi educadora. Y
+tan subordinado quedé a esa dirección, que no puedo concebir los
+movimientos de mi sér sino gobernados por ella y por ella ennoblecidos.
+Sé perfectamente que todo lo que en mí surge de algún valor, idea o
+sentimiento, es obra de esa educación que su alma da a la mía desde
+lejos, sólo con existir y ser comprendida. Si hoy me abandonase su
+influencia--más bien, como un asceta, debía decir su Gracia--todo mi sér
+rodaría sin remisión a una inferioridad. Vea, pués, cómo se convirtió
+usted en necesaria y preciosa para mí. Y considere que para ejercer esa
+supremacía salvadora, sus manos no hubieron de imponerse sobre las mías;
+bastó con que yo la viera desde lejos, brillando en una fiesta. Así un
+arbusto florece en el borde de un foso porque allá arriba, en los
+remotos cielos, fulgura un gran sol que no le conoce y que le hace
+crecer, abrirse y exhalar su poco de aroma... Por eso mi amor alcanza
+ese sentimiento no descrito y sin nombre que la Planta, si tuviese
+conciencia, sentiría por la Luz.
+
+Y considere también que considerando de usted como de la luz, nada le
+ruego, ningún bien imploro de quien tanto puede y es para mí dueña de
+tanto bien. Sólo deseo que me deje vivir bajo esa influencia que,
+emanando del simple brillo de sus perfecciones, tan fácil y dulcemente
+realiza mi perfeccionamiento. Sólo pido ese caritativo permiso. Vea,
+pues, cuán distante me mantengo en la abatida humildad de una adoración,
+que hasta recela que su murmurar, murmurar de preces, roce el vestido de
+la imagen divina...
+
+Mas si, por acaso, mi querida amiga, segura de mi renuncia, la toda
+recompensa terrestre, me permitiese desarrollar junto a usted, en un día
+de soledad, las agitadas confidencias de mi pecho, seguramente que
+realizaría un acto de inefable misericordia, como en otro tiempo la
+Virgen María, cuando animaba a sus adoradores, eremitas y santos,
+descendiendo en una nube y otorgándoles una sonrisa fugitiva, o dejando
+caer entre sus manos levantadas una rosa del Paraíso. Así, mañana voy a
+pasar la tarde con Mad. Jouarre. No encuentro allí la santidad de una
+celda o de una ermita; pero sí casi su aislamiento; y si mi querida
+amiga surgiese en pleno esplendor y yo recibiese de ella, no diré una
+rosa, sino una sonrisa, quedaría entonces seguro de que este amor mío o
+este mi sentimiento indescriptible y sin nombre que va más allá del
+amor, encuentra en sus ojos piedad y permiso para esperar.
+
+ FRADIQUE.
+
+
+
+
+A MADAME DE JOUARRE
+
+(_Trad_)
+
+
+ Lisboa, junio.
+
+Mi excelente madrina:
+
+Hé aquí lo que ha «visto y hecho» desde mayo en la hermosísima Lisboa.
+«Ulyssipo pulcherrima», su admirable ahijado. Descubrí un compatriota
+mío de las Islas, mi pariente, que vive desde hace tres años
+construyendo un sistema de Filosofía en el piso tercero de una casa de
+huéspedes de la travesía de la Palha. Espíritu libre, emprendedor y
+diestro, paladín de las Ideas Generales, mi pariente, que se llama
+Procopio, considerando que la mujer no vale los tormentos que ocasiona,
+y que los ochocientos mil reis de un olivar le bastan y le sobran a un
+espiritualista, consagró su vida a la Lógica y sólo se interesa por la
+Verdad. Es un filósofo alegre, conversa sin gritar, tiene un aguardiente
+de moscatel excelente, y yo trepo con gusto dos o tres veces por semana
+a su oficina de Metafísica para saber si, conducido por la dulce alma de
+Maine de Biran, que es su cicerone en los viajes al Infinito, entrevió
+al fin oculta tras los últimos velos la Causa de las Causas. En estas
+piadosas visitas, voy poco a poco conociendo algunos de los huéspedes,
+que en ese tercer piso de la travesía de la Palha gozan de una buena
+vida de ciudad a doce tostones por día, fuera del vino y de la ropa
+limpia. Casi todas las profesiones en que se ocupa la clase media en
+Portugal están aquí representadas con fidelidad, y así puedo yo estudiar
+sin esfuerzo, como en un índice, las ideas y los sentimientos que en
+nuestro año de gracia forman el fondo moral de la nación.
+
+Esta casa de huéspedes tiene encantos. La habitación de mi primo
+Procopio tiene una estera nueva, una cama de hierro filosófica y
+virginal, vistosos visillos en las ventanas, flores y pájaros por las
+paredes, y allí se mantiene un riguroso aseo por una de esas criadas
+como sólo las produce Portugal, guapa moza de Traz-os-Montes, que
+arrastrando sus chanclas con la indolencia grave de una ninfa latina,
+barre, friega y arregla toda la casa; sirve nueve almuerzos, nueve
+comidas y nueve cenas; pega los botones a los pantalones y a los
+calzoncillos, que los portugueses están continuamente perdiendo,
+almidona las enaguas de la señora, reza el rosario de su aldea, y aún le
+queda tiempo para amar desesperadamente a un barbero vecino, que está
+resuelto a casarse con ella en cuanto le empleen en la Aduana. (Y todo
+esto por tres mil reis de salario). El almuerzo son dos platos sanos y
+abundantes, huevos y «bifftec». El vino lo envía el cosechero, un
+vinillo ligero y temprano, hecho según los venerables preceptos de las
+«geórgicas», y semejante, de seguro, al vino de la Rethia, «quo te
+carmine dicam, Rethica?» Las tostadas, hechas en lumbre fuerte, son
+incomparables. Los cuatro cuadros que adornan la sala, un retrato de
+Fontez (estadista ya muerto y tenido en gran veneración por los
+portugueses) una estampa de Pío IX sonriendo y bendiciendo, una vista
+del valle de Collares y dos doncellas besuqueando a una tórtola,
+inspiran las saludables ideas, tan necesarias, de Orden Social, de Fe,
+de Paz campestre y de inocencia.
+
+La patrona, doña Paulina Soriana, es una señora de cuarenta otoños,
+frescota y rolliza, con un pescuezo muy gordo, y toda ella más blanca
+que la blanca chambra que usa, además de una falda de seda color
+violeta. Parece una excelente señora, paciente y maternal, de buen
+juicio y de buena economía. Sin ser rigurosamente viuda, tiene un hijo,
+gordo también, que se roe las uñas y estudia en el Instituto. Se llama
+Joaquín, y por ternura Quinito; sufrió en esta primavera no sé qué grave
+enfermedad que le obliga a tomar interminables horchatas y baños de
+asiento, y está destinado por doña Paulina a la burocracia, que
+considera, con mucha justicia, la carrera más segura y más fácil.
+
+--Lo esencial para un muchacho, afirmaba hace días la apreciable señora,
+después del almuerzo y cruzando la pierna--es tener padrinos y lograr un
+empleo; ya colocado, el trabajo es poco y la paga no falta a fin de mes.
+
+Doña Paulina está tranquila acerca de la carrera de Quinito. Por el
+influjo (que es todopoderoso en estos Reinos) de un amigo seguro, el
+señor consejero Vaz Netto, hay ya en el ministerio de Obras públicas o
+en el de Justicia una silla de amanuense guardada, señalada, en espera
+de Quinito. Y como Quinito fuese reprobado en los últimos exámenes, el
+señor consejero Vaz Netto resolvió que en vista de que se mostraba tan
+desaplicado y con tan poco amor a las letras, lo mejor era no insistir
+en los estudios del Instituto y entrar inmediatamente en el destino...
+
+--Sin embargo--añadió la buena señora cuando me honró con estas
+confidencias,--me agradaría que Quinito terminase los estudios. No es
+por necesidad, ni por causa del empleo, como vuestra excelencia ve; sino
+por gusto.
+
+Quinito tiene, pues, su prosperidad satisfactoriamente asegurada. Por lo
+demás, supongo que doña Paulina le reúne un prudente peculio. En la
+casa, bien acreditada, hay ahora siete huéspedes, todos de confianza,
+estables, gastando como extraordinarios de cuarenta y cinco a cincuenta
+mil reis al mes. El más antiguo, el más respetado (y aquel que
+precisamente conozco) es Pinho, Pinho el brasileño, el comendador Pinho.
+El es quien todas las mañanas anuncia la hora del almuerzo (el reloj del
+comedor está descompuesto desde Navidad) saliendo de su cuarto
+puntualmente a las diez, con su botella de agua de Vidago, yendo a
+ocupar su silla, en la mesa, ya puesta, pero desierta, una silla
+especial de mimbres con un almohadón de viento. Nadie sabe de este Pinho
+ni la edad, ni la tierra o familia en que nació, ni su ocupación en el
+Brasil, ni el origen de su encomienda. Llegó una tarde de invierno en un
+paquebot de la «Mala Real», pasó cinco días en el Lazareto, desembarcó
+con dos baúles, la silla de mimbres y cincuenta latas de dulce; tomó su
+cuarto en esta casa de huéspedes, con ventana a la travesía, y aquí
+engorda risueña y plácidamente con el seis por ciento de sus
+inscripciones. Es un sujeto rechoncho, bajo, con barba gris, piel
+morena, con tonos de café y de ladrillo, siempre vestido de paño fino
+negro, con lentes de oro pendientes de una cinta de seda, que él, en la
+calle y en cada esquina, desenreda del cordón de oro del reloj para leer
+con interés y lentitud los carteles de los teatros. Su vida ofrece una
+de esas prudentes regularidades que tan admirablemente concurren a crear
+el orden en los Estados. Después del almuerzo, se calza sus botas de
+caña, alisa su sombrero de copa y se va muy despacio hasta la calle de
+los Capellistas, al escritorio en planta baja del corredor Godinho,
+donde pasa dos horas sentado junto a la ventana, con las velludas manos
+apoyadas en el puño del quitasol. Después se coloca el quitasol debajo
+del brazo, y por la calle del Oouro, con saboreada pachorra,
+deteniéndose a contemplar a la señora de sedas más rizadas o la
+victoria de arreos más lustrosos, alarga sus pasos hasta la tabaquería
+de Sousa, en el Rocío, donde bebe una copa de agua de Canecas, y
+descansa hasta que la tarde refresca. Sigue entonces por la Avenida,
+gozando el aire puro y el lujo de la ciudad, sentado en un banco, o da
+la vuelta al Rocío, bajo los árboles, con la cara alta y dilatada de
+bienestar. A las seis se recoge, se quita el sobretodo, se calza sus
+chinelas de tafilete, se pone una agradable cazadora de algodón, y come,
+«repitiendo» siempre de la sopa. Después del café da un «higiénico»
+paseo por la Baixa, haciendo paradas pensativas, pero risueñas, en los
+escaparates de las confiterías, y ciertos días sube al Chiado, dobla la
+esquina de la calle Nova da Trinidade y regatea con placidez y firmeza
+una entrada para el Gimnasio. Todos los viernes entra en su Banco, que
+es el «London Brasilian». Los domingos, al anochecer, con recato, visita
+a una moza gorda y limpia que vive en la calle de la Magdalena. Cada
+semestre recibe los intereses de sus inscripciones.
+
+Así, toda su existencia es un pausado reposo. Nada le inquieta, nada le
+apasiona. Para el comendador Pinho, el Universo consta de dos únicas
+entidades: él mismo, Pinho, y el Estado que le da el seis por ciento;
+por tanto, el Universo es perfecto y la vida perfecta, mientras Pinho,
+gracias a las aguas de Vidago, conserve apetito y salud, y el Estado
+siga pagando fielmente el cupón. Por lo demás, le basta con poco para
+contentar la porción de Alma y Cuerpo de que aparentemente se compone.
+La necesidad que todo sér vivo (aún las ostras, según afirman los
+naturalistas) tiene de comunicar con sus semejantes por medio de gestos
+o de sonidos, es en Pinho poco exigente. Hacia mediados de abril, sonríe
+y dice desdoblando la servilleta: «tenemos el verano encima»; todos
+concuerdan con él y Pinho goza. A mediados de octubre se pasa los dedos
+por la barba y murmura: «tenemos encima el invierno»; si otro huésped
+disiente, Pinho enmudece porque teme las controversias. Y este honesto
+cambio de ideas le basta. En la mesa, con tal que le sirvan una sopa
+suculenta en un plato hondo que pueda llenar dos veces, queda satisfecho
+y dispuesto a dar gracias a Dios. El «Diario de Pernambuco», el «Diario
+de Noticias», alguna comedia del Gimnasio o alguna de magia satisfacen
+de sobra aquellas cualidades de inteligencia y de imaginación que
+Humboldt encontró aún entre los «botecudos». En las funciones del
+sentimiento, Pinho sólo pretende (como reveló un día a mi primo) «no
+coger una enfermedad». Con la cosa pública está siempre contento,
+gobierne éste o gobierne aquél, con tal que la policía mantenga el orden
+y no se produzcan perturbaciones en los principios y en las calles,
+nocivas al pago del cupón. En cuanto al destino ulterior de su alma,
+Pinho (como me aseguró a mí mismo) «sólo desea, después de muerto, que no
+le entierren vivo». Aun acerca de punto tan importante, como es para un
+comendador su mausoleo, Pinho se contenta con poco: apenas una lápida
+lisa y decente con su nombre y un sencillo «Rogad por él».
+
+Erraríamos, sin embargo, querida madrina, suponiendo que Pinho es ajeno
+a todo cuanto sea humano. ¡No! Estoy cierto de que Pinho respeta y ama a
+la humanidad; sólo que para él la humanidad en el transcurso de su vida
+se restringió mucho. Hombres, hombres serios, verdaderamente merecedores
+de ese nombre, dignos de reverencia y afecto, y de que por ellos se
+arriesgue un paso que no canse mucho, para Pinho sólo lo son los
+prestamistas del Estado. Así, mi primo Procopio, con una malicia harto
+inesperada en un espiritualista, contóle hace tiempo en secreto,
+guiñando los ojos ¡que yo poseía muchos papeles! ¡muchas pólizas!
+¡muchas inscripciones!... Pues en la primera mañana que volví a la casa
+de huéspedes después de esta revelación, Pinho, ligeramente colorado,
+casi conmovido, me ofreció una cajita de dulce envuelta en una
+servilleta, ¡acto conmovedor que explica aquella alma! Pinho no es un
+egoísta, un Diógenes de levita negra, secamente retraído dentro del
+tonel de su inutilidad. No. Hay en él toda la humana voluntad de amar a
+sus semejantes y de servirlos. Pero, ¿quiénes son para Pinho sus
+genuínos «semejantes»? Los prestamistas del Estado. ¿Y en qué consiste
+para Pinho el acto de beneficio? En ceder a los otros aquello que a él
+le es útil. Para Pinho no hay otro bien como el uso de la guayaba, y en
+cuanto supo que yo era un poseedor de inscripciones, un semejante suyo,
+capitalista como él, no dudó, no se retrajo más de su deber humano, y
+practicó en seguida el acto de beneficio, y hélo aquí ruborizado y
+feliz, trayendo su dulce dentro de una servilleta.
+
+¿Es el comendador Pinho un ciudadano inútil? ¡No, ciertamente! Hasta
+para mantener con estabilidad y solidez el orden de una nación, no hay
+más provechoso ciudadano que este Pinho, con su placidez de hábitos, su
+fácil asentimiento a todos los hechos de la vida pública, su cuenta de
+todos los viernes en el Banco, sus placeres escondidos con higiénico
+recato, su pausa y su inercia. De un Pinho nunca puede salir idea o
+acto, afirmación o negación que desarreglen la paz del Estado. Así,
+gordo, pacífico, colocado en el organismo social, no concurriendo a su
+movimiento, pero tampoco contrariándolo, Pinho ofrece todos los
+caracteres de una excrecencia sebácea. Socialmente, Pinho es un
+lobanillo. Y nada más inofensivo; que un lobanillo; y en nuestros
+tiempos, en que el Estado está lleno de elementos morbosos y de
+parásitos que lo chupan, lo inficionan y lo sobrexcitan, esta
+«inofensibilidad» de Pinho hasta puede (en relación a los intereses del
+orden) ser considerada como una cualidad meritoria. Por esto el Estado,
+según se dice, le va a conceder el título de barón. Y barón es un título
+que honra a ambos, al Estado y a Pinho, porque con él se rinde
+simultáneamente un homenaje gracioso y discreto a la Familia y a la
+Religión.
+
+El padre de Pinho se llamaba Francisco, Francisco José Pinho. Y nuestro
+amigo va a ser hecho barón de San Francisco.
+
+¡Adiós, querida madrina! ¡Vamos con el décimo octavo día de lluvia!
+Desde el comienzo de junio y de las rosas, en este país del sol sobre
+azul, en la tierra trigueña del olivo y del laurel, queridos de Febo,
+está lloviendo, lloviendo a hilos de agua cerrados, continuos,
+imperturbables, sin un soplo de viento que los tuerza, ni un rayo de luz
+que los abrillante, formando de las nubes a las calles una movible trama
+de humedad y de tristeza, en que el alma se agita y se rinde como una
+mariposa presa en las telas de la araña. Estamos en pleno versículo
+XVII, capítulo VII del «Génesis».
+
+En el caso de que estas aguas del cielo no cesaran, yo deduzco que las
+intenciones de Jehová para con este país son diluvianas, y no juzgándome
+menos digno de la Gracia y de la Alianza divina que lo fué Noé, voy a
+comprar madera y brea y a hacer un arca según los nuevos modelos
+hebraicos y asirios. Y si por acaso de aquí a algún tiempo una paloma
+blanca fuese a batir sus alas delante de su vidriera, es que yo aporté
+al Havre en mi arca, llevando conmigo, entre otros animales, a Pinho y a
+doña Paulina, para que, más tarde, cuando hayan bajado las aguas,
+Portugal se repueble con provecho, y el Estado tenga siempre Pinhos a
+quienes pedir dinero prestado, y Quinitos gordos con quienes gastar el
+dinero que pidió a Pinho. Suyo ahijado del corazón,
+
+ FRADIQUE.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of El Mandarín, by Eça Queiroz
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MANDARÍN ***
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
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+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
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+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
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+subject to the trademark license, especially commercial
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+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
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+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
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+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
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+ http://www.gutenberg.org
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+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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